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+The Project Gutenberg EBook of Fortunata y Jacinta, by Benito Pérez Galdós
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Fortunata y Jacinta
+ dos historias de casadas
+
+Author: Benito Pérez Galdós
+
+Release Date: November 5, 2005 [EBook #17013]
+[Last updated on December 21, 2019]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK FORTUNATA Y JACINTA ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+
+Fortunata y Jacinta: (dos historias de casadas)
+
+por B. Pérez Galdós
+
+
+
+
+Parte primera
+
+
+
+
+-I-
+
+Juanito Santa Cruz
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Las noticias más remotas que tengo de la persona que lleva este nombre
+me las ha dado Jacinto María Villalonga, y alcanzan al tiempo en que
+este amigo mío y el otro y el de más allá, Zalamero, Joaquinito Pez,
+Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad. No cursaban todos
+el mismo año, y aunque se reunían en la cátedra de Camús, separábanse en
+la de Derecho Romano: el chico de Santa Cruz era discípulo de Novar, y
+Villalonga de Coronado. Ni tenían todos el mismo grado de aplicación:
+Zalamero, juicioso y circunspecto como pocos, era de los que se ponen en
+la primera fila de bancos, mirando con faz complacida al profesor
+mientras explica, y haciendo con la cabeza discretas señales de
+asentimiento a todo lo que dice. Por el contrario, Santa Cruz y
+Villalonga se ponían siempre en la grada más alta, envueltos en sus
+capas y más parecidos a conspiradores que a estudiantes. Allí pasaban el
+rato charlando por lo bajo, leyendo novelas, dibujando caricaturas o
+soplándose recíprocamente la lección cuando el catedrático les
+preguntaba. Juanito Santa Cruz y Miquis llevaron un día una sartén (no
+sé si a la clase de Novar o a la de Uribe, que explicaba Metafísica) y
+frieron un par de huevos. Otras muchas tonterías de este jaez cuenta
+Villalonga, las cuales no copio por no alargar este relato. Todos ellos,
+a excepción de Miquis que se murió en el 64 soñando con la gloria de
+Schiller, metieron infernal bulla en el célebre alboroto de la noche de
+San Daniel. Hasta el formalito Zalamero se descompuso en aquella ruidosa
+ocasión, dando pitidos y chillando como un salvaje, con lo cual se ganó
+dos bofetadas de un guardia veterano, sin más consecuencias. Pero
+Villalonga y Santa Cruz lo pasaron peor, porque el primero recibió un
+sablazo en el hombro que le tuvo derrengado por espacio de dos meses
+largos, y el segundo fue cogido junto a la esquina del Teatro Real y
+llevado a la prevención en una cuerda de presos, compuesta de varios
+estudiantes decentes y algunos pilluelos de muy mal pelaje. A la sombra
+me lo tuvieron veinte y tantas horas, y aún durara más su cautiverio, si
+de él no le sacara el día 11 su papá, sujeto respetabilísimo y muy bien
+relacionado.
+
+¡Ay!, el susto que se llevaron D. Baldomero Santa Cruz y Barbarita no es
+para contado. ¡Qué noche de angustia la del 10 al 11! Ambos creían no
+volver a ver a su adorado nene, en quien, por ser único, se miraban y se
+recreaban con inefables goces de padres chochos de cariño, aunque no
+eran viejos. Cuando el tal Juanito entró en su casa, pálido y
+hambriento, descompuesta la faz graciosa, la ropita llena de sietes y
+oliendo a pueblo, su mamá vacilaba entre reñirle y comérsele a besos. El
+insigne Santa Cruz, que se había enriquecido honradamente en el comercio
+de paños, figuraba con timidez en el antiguo partido progresista; mas no
+era socio de la revoltosa _Tertulia_, porque las inclinaciones
+antidinásticas de Olózaga y Prim le hacían muy poca gracia. Su club era
+el salón de un amigo y pariente, al cual iban casi todas las noches D.
+Manuel Cantero, D. Cirilo Álvarez y D. Joaquín Aguirre, y algunas D.
+Pascual Madoz. No podía ser, pues, D. Baldomero, por razón de afinidades
+personales, sospechoso al poder. Creo que fue Cantero quien le acompañó
+a Gobernación para ver a González Bravo, y éste dio al punto la orden
+para que fuese puesto en libertad el revolucionario, el anarquista, el
+descamisado Juanito.
+
+Cuando el niño estudiaba los últimos años de su carrera, verificose en
+él uno de esos cambiazos críticos que tan comunes son en la edad
+juvenil. De travieso y alborotado volviose tan juiciosillo, que al mismo
+Zalamero daba quince y raya. Entrole la comezón de cumplir
+religiosamente sus deberes escolásticos y aun de instruirse por su
+cuenta con lecturas sin tasa y con ejercicios de controversia y palique
+declamatorio entre amiguitos. No sólo iba a clase puntualísimo y cargado
+de apuntes, sino que se ponía en la grada primera para mirar al profesor
+con cara de aprovechamiento, sin quitarle ojo, cual si fuera una novia,
+y aprobar con cabezadas la explicación, como diciendo: «yo también me sé
+eso y algo más». Al concluir la clase, era de los que le cortan el paso
+al catedrático para consultarle un punto oscuro del texto o que les
+resuelva una duda. Con estas dudas declaran los tales su furibunda
+aplicación. Fuera de la Universidad, la fiebre de la ciencia le traía
+muy desasosegado. Por aquellos días no era todavía costumbre que fuesen
+al Ateneo los sabios de pecho que están mamando la leche del
+conocimiento. Juanito se reunía con otros cachorros en la casa del chico
+de Tellería (Gustavito) y allí armaban grandes peloteras. Los temas más
+sutiles de Filosofía de la Historia y del Derecho, de Metafísica y de
+otras ciencias especulativas (pues aún no estaban de moda los estudios
+experimentales, ni el transformismo, ni Darwin, ni Haeckel eran para
+ellos, lo que para otros el trompo o la cometa. ¡Qué gran progreso en
+los entretenimientos de la niñez! ¡Cuando uno piensa que aquellos mismos
+nenes, si hubieran vivido en edades remotas, se habrían pasado el tiempo
+mamándose el dedo, o haciendo y diciendo toda suerte de boberías...!
+
+Todos los dineros que su papá le daba, dejábalos Juanito en casa de
+Bailly-Baillière, a cuenta de los libros que iba tomando. Refiere
+Villalonga que un día fue Barbarita _reventando_ de gozo y orgullo a la
+librería, y después de saldar los débitos del niño, dio orden de que
+entregaran a este todos los mamotretos que pidiera, aunque fuesen caros
+y tan grandes como misales. La bondadosa y angelical señora quería poner
+un freno de modestia a la expresión de su vanidad maternal. Figurábase
+que ofendía a los demás, haciendo ver la supremacía de su hijo entre
+todos los hijos nacidos y por nacer. No quería tampoco profanar,
+haciéndolo público, aquel encanto íntimo, aquel himno de la conciencia
+que podemos llamar los _misterios gozosos_ de Barbarita. Únicamente se
+clareaba alguna vez, soltando como al descuido estas entrecortadas
+razones: «¡Ay qué chico!... ¡cuánto lee! Yo digo que esas cabezas tienen
+algo, algo, sí señor, que no tienen las demás... En fin, más vale que le
+dé por ahí».
+
+Concluyó Santa Cruz la carrera de Derecho, y de añadidura la de
+Filosofía y Letras. Sus papás eran muy ricos y no querían que el niño
+fuese comerciante, ni había para qué, pues ellos tampoco lo eran ya.
+Apenas terminados los estudios académicos, verificose en Juanito un
+nuevo cambiazo, una segunda crisis de crecimiento, de esas que marcan el
+misterioso paso o transición de edades en el desarrollo individual.
+Perdió bruscamente la afición a aquellas furiosas broncas oratorias por
+un más o un menos en cualquier punto de Filosofía o de Historia; empezó
+a creer ridículos los sofocones que se había tomado por probar que _en
+las civilizaciones de Oriente el poder de las castas sacerdotales era un
+poquito más ilimitado que el de los reyes_, contra la opinión de
+Gustavito Tellería, el cual sostenía, dando puñetazos sobre la mesa, que
+lo era _un poquitín menos_. Dio también en pensar que maldito lo que le
+importaba que _la conciencia fuera la intimidad total del ser racional
+consigo mismo_, o bien otra cosa semejante, como quería probar,
+hinchándose de convicción airada, Joaquinito Pez. No tardó, pues, en
+aflojar la cuerda a la manía de las lecturas, hasta llegar a no leer
+absolutamente nada. Barbarita creía de buena fe que su hijo no leía ya
+porque había agotado el pozo de la ciencia.
+
+Tenía Juanito entonces veinticuatro años. Le conocí un día en casa de
+Federico Cimarra en un almuerzo que este dio a sus amigos. Se me ha
+olvidado la fecha exacta; pero debió de ser esta hacia el 69, porque
+recuerdo que se habló mucho de Figuerola, de la capitación y del derribo
+de la torre de la iglesia de Santa Cruz. Era el hijo de D. Baldomero muy
+bien parecido y además muy simpático, de estos hombres que se
+recomiendan con su figura antes de cautivar con su trato, de estos que
+en una hora de conversación ganan más amigos que otros repartiendo
+favores positivos. Por lo bien que decía las cosas y la gracia de sus
+juicios, aparentaba saber más de lo que sabía, y en su boca las
+paradojas eran más bonitas que las verdades. Vestía con elegancia y
+tenía tan buena educación, que se le perdonaba fácilmente el hablar
+demasiado. Su instrucción y su ingenio agudísimo le hacían descollar
+sobre todos los demás mozos de la partida, y aunque a primera vista
+tenía cierta semejanza con Joaquinito Pez, tratándoles se echaban de ver
+entre ambos profundas diferencias, pues el chico de Pez, por su ligereza
+de carácter y la garrulería de su entendimiento, era un verdadero
+botarate.
+
+Barbarita estaba loca con su hijo; mas era tan discreta y delicada, que
+no se atrevía a elogiarle delante de sus amigas, sospechando que todas
+las demás señoras habían de tener celos de ella. Si esta pasión de madre
+daba a Barbarita inefables alegrías, también era causa de zozobras y
+cavilaciones. Temía que Dios la castigase por su orgullo; temía que el
+adorado hijo enfermara de la noche a la mañana y se muriera como tantos
+otros de menos mérito físico y moral. Porque no había que pensar que el
+mérito fuera una inmunidad. Al contrario, los más brutos, los más feos y
+los perversos son los que se hartan de vivir, y parece que la misma
+muerte no quiere nada con ellos. Del tormento que estas ideas daban a su
+alma se defendía Barbarita con su ardiente fe religiosa. Mientras oraba,
+una voz interior, susurro dulcísimo como chismes traídos por el Ángel de
+la Guarda, le decía que su hijo no moriría antes que ella. Los cuidados
+que al chico prodigaba eran esmeradísimos; pero no tenía aquella buena
+señora las tonterías dengosas de algunas madres, que hacen de su cariño
+una manía insoportable para los que la presencian, y corruptora para las
+criaturas que son objeto de él. No trataba a su hijo con mimo. Su
+ternura sabía ser inteligente y revestirse a veces de severidad dulce.
+
+¿Y por qué le llamaba todo el mundo y le llama todavía casi unánimemente
+_Juanito_ Santa Cruz? Esto sí que no lo sé. Hay en Madrid muchos casos
+de esta aplicación del diminutivo o de la fórmula familiar del nombre,
+aun tratándose de personas que han entrado en la madurez de la vida.
+Hasta hace pocos años, al autor cien veces ilustre de _Pepita Jiménez_,
+le llamaban sus amigos y los que no lo eran, _Juanito_ Valera. En la
+sociedad madrileña, la más amena del mundo porque ha sabido combinar la
+cortesía con la confianza, hay algunos _Pepes, Manolitos_ y _Pacos_ que,
+aun después de haber conquistado la celebridad por diferentes conceptos,
+continúan nombrados con esta familiaridad democrática que demuestra la
+llaneza castiza del carácter español. El origen de esto habrá que
+buscarlo quizá en ternuras domésticas o en hábitos de servidumbre que
+trascienden sin saber cómo a la vida social. En algunas personas, puede
+relacionarse el diminutivo con el sino. Hay efectivamente Manueles que
+nacieron predestinados para ser _Manolos_ toda su vida. Sea lo que
+quiera, al venturoso hijo de D. Baldomero Santa Cruz y de doña Bárbara
+Arnaiz le llamaban _Juanito_, y _Juanito_ le dicen y le dirán quizá
+hasta que las canas de él y la muerte de los que le conocieron niño
+vayan alterando poco a poco la campechana costumbre.
+
+Conocida la persona y sus felices circunstancias, se comprenderá
+fácilmente la dirección que tomaron las ideas del joven Santa Cruz al
+verse en las puertas del mundo con tantas probabilidades de éxito. Ni
+extrañará nadie que un chico guapo, poseedor del arte de agradar y del
+arte de vestir, hijo único de padres ricos, inteligente, instruido, de
+frase seductora en la conversación, pronto en las respuestas, agudo y
+ocurrente en los juicios, un chico, en fin, al cual se le podría poner
+el rótulo social de _brillante_, considerara ocioso y hasta ridículo el
+meterse a averiguar si hubo o no un idioma único primitivo, si el Egipto
+fue una colonia bracmánica, si la China es absolutamente independiente
+de tal o cual civilización asiática, con otras cosas que años atrás le
+quitaban el sueño, pero que ya le tenían sin cuidado, mayormente si
+pensaba que lo que él no averiguase otro lo averiguaría... «Y por último
+--decía--pongamos que no se averigüe nunca. ¿Y qué...?». El mundo
+tangible y gustable le seducía más que los incompletos conocimientos de
+vida que se vislumbran en el fugaz resplandor de las ideas _sacadas a la
+fuerza_, chispas obtenidas en nuestro cerebro por la percusión de la
+voluntad, que es lo que constituye el estudio. Juanito acabó por
+declararse a sí mismo que más sabe el que vive _sin querer saber_ que el
+que _quiere saber sin vivir_, o sea aprendiendo en los libros y en las
+aulas. Vivir es relacionarse, gozar y padecer, desear, aborrecer y amar.
+La lectura es vida artificial y prestada, el usufructo, mediante una
+función cerebral, de las ideas y sensaciones ajenas, la adquisición de
+los tesoros de la verdad humana por compra o por estafa, no por el
+trabajo. No paraban aquí las filosofías de Juanito, y hacía una
+comparación que no carece de exactitud. Decía que entre estas dos
+maneras de vivir, observaba él la diferencia que hay entre comerse una
+chuleta y que le vengan a contar a uno cómo y cuándo se la ha comido
+otro, haciendo el cuento muy a lo vivo, se entiende, y describiendo la
+cara que ponía, el gusto que le daba la masticación, la gana con que
+tragaba y el reposo con que digería.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Empezó entonces para Barbarita nueva época de sobresaltos. Si antes sus
+oraciones fueron pararrayos puestos sobre la cabeza de Juanito para
+apartar de ella el tifus y las viruelas, después intentaban librarle de
+otros enemigos no menos atroces. Temía los escándalos que ocasionan
+lances personales, las pasiones que destruyen la salud y envilecen el
+alma, los despilfarros, el desorden moral, físico y económico.
+Resolviose la insigne señora a tener carácter y a vigilar a su hijo.
+Hízose fiscalizadora, reparona, entrometida, y unas veces con dulzura,
+otras con aspereza que le costaba trabajo fingir, tomaba razón de todos
+los actos del joven, tundiéndole a preguntas: «¿A dónde vas con ese
+cuerpo?... ¿De dónde vienes ahora?... ¿Por qué entraste anoche a las
+tres de la mañana?... ¿En qué has gastado los mil reales que ayer te
+di?... A ver, ¿qué significa este perfume que se te ha pegado a la
+cara?...». Daba sus descargos el delincuente como podía, fatigando su
+imaginación para procurarse respuestas que tuvieran visos de lógica,
+aunque estos fueran como fulgor de relámpago. Ponía una de cal y otra de
+arena, mezclando las contestaciones categóricas con los mimos y las
+zalamerías. Bien sabía cuál era el flanco débil del enemigo. Pero
+Barbarita, mujer de tanto espíritu como corazón, se las tenía muy tiesas
+y sabía defenderse. En algunas ocasiones era tan fuerte la acometida de
+cariñitos, que la mamá estaba a punto de rendirse, fatigada de su
+entereza disciplinaria. Pero, ¡quia!, no se rendía; y vuelta al ajuste
+de cuentas, y al inquirir, y al tomar acta de todos los pasos que el
+predilecto daba por entre los peligros sociales. En honor a la verdad,
+debo decir que los desvaríos de Juanito no eran ninguna cosa del otro
+jueves. En esto, como en todo lo malo, hemos progresado de tal modo, que
+las barrabasadas de aquel niño bonito hace quince años, nos parecerían
+hoy timideces y aun actos de ejemplaridad relativa.
+
+Presentose en aquellos días al simpático joven la coyuntura de hacer su
+primer viaje a París, adonde iban Villalonga y Federico Ruiz
+comisionados por el Gobierno, el uno a comprar máquinas de agricultura,
+el otro a adquirir aparatos de astronomía. A D. Baldomero le pareció
+muy bien el viaje del chico, para que viese mundo; y Barbarita no se
+opuso, aunque le mortificaba mucho la idea de que su hijo correría en la
+capital de Francia temporales más recios que los de Madrid. A la pena de
+no verle uníase el temor de que le sorbieran aquellos gabachos y
+gabachas, tan diestros en desplumar al forastero y en maleficiar a los
+jóvenes más juiciosos. Bien se sabía ella que allá hilaban muy fino en
+esto de explotar las debilidades humanas, y que Madrid era, comparado en
+esta materia con París de Francia, un lugar de abstinencia y
+mortificación. Tan triste se puso un día pensando en estas cosas y tan
+al vivo se le representaban la próxima perdición de su querido hijo y
+las redes en que inexperto caía, que salió de su casa resuelta a
+implorar la misericordia divina del modo más solemne, conforme a sus
+grandes medios de fortuna. Primero se le ocurrió encargar muchas misas
+al cura de San Ginés, y no pareciéndole esto bastante, discurrió mandar
+poner de Manifiesto la Divina Majestad todo el tiempo que el niño
+estuviese en París. Ya dentro de la Iglesia, pensó que lo del Manifiesto
+era un lujo desmedido y por lo mismo quizá irreverente. No, guardaría el
+recurso gordo para los casos graves de enfermedad o peligro de muerte.
+Pero en lo de las misas sí que no se volvió atrás, y encargó la mar de
+ellas, repartiendo además aquella semana más limosnas que de costumbre.
+
+Cuando comunicaba sus temores a D. Baldomero, este se echaba a reír y le
+decía: «El chico es de buena índole. Déjale que se divierta y que la
+corra. Los jóvenes del día necesitan despabilarse y ver mucho mundo. No
+son estos tiempos como los míos, en que no la corría ningún chico del
+comercio, y nos tenían a todos metidos en un puño hasta que nos casaban.
+¡Qué costumbres aquellas tan diferentes de las de ahora! La
+civilización, hija, es mucho cuento. ¿Qué padre le daría hoy un par de
+bofetadas a un hijo de veinte años por haberse puesto las botas nuevas
+en día de trabajo? ¿Ni cómo te atreverías hoy a proponerle a un mocetón
+de estos que rece el rosario con la familia? Hoy los jóvenes disfrutan
+de una libertad y de una iniciativa para divertirse que no gozaban los
+de antaño. Y no creas, no creas que por esto son peores. Y si me apuras,
+te diré que conviene que los chicos no sean tan encogidos como los de
+entonces. Me acuerdo de cuando yo era pollo. ¡Dios mío, qué soso era! Ya
+tenía veinticinco años, y no sabía decir a una mujer o señora sino _que
+usted lo pase bien_, y de ahí no me sacaba nadie. Como que me había
+pasado en la tienda y en el almacén toda la niñez y lo mejor de mi
+juventud. Mi padre era una fiera; no me perdonaba nada. Así me crié, así
+salí yo, con unas ideas de rectitud y unos hábitos de trabajo, que ya
+ya... Por eso bendigo hoy los coscorrones que fueron mis verdaderos
+maestros. Pero en lo referente a sociedad, yo era un salvaje. Como mis
+padres no me permitían más compañía que la de otros muchachones tan
+ñoños como yo, no sabía ninguna suerte de travesuras, ni habia visto a
+una mujer más que por el forro, ni entendía de ningún juego, ni podía
+hablar de nada que fuera mundano y corriente. Los domingos, mi mamá
+tenía que ponerme la corbata y encasquetarme el sombrero, porque todas
+las prendas del día de fiesta parecían querer escapárseme del cuerpo. Tú
+bien te acuerdas. Anda, que también te has reído de mí. Cuando mis
+padres me hablaron... así, a boca de jarro, de que me iba a casar
+contigo, ¡me corrió un frío por todo el espinazo...! Todavía me acuerdo
+del miedo que te tenía. Nuestros padres nos dieron esto amasado y
+cocido. Nos casaron como se casa a los gatos, y punto concluido. Salió
+bien; pero hay tantos casos en que esta manera de hacer familias sale
+malditamente... ¡Qué risa! Lo que me daba más miedo cuando mi madre me
+habló de casarme, fue el compromiso en que estaba de hablar contigo...
+No tenía más remedio que decirte algo... ¡Caramba, qué sudores pasé!
+'Pero yo ¿qué le voy a decir, si lo único que sé es _que usted lo pase
+bien_, y en saliendo de ahí soy hombre perdido...?'.
+
+Ya te he contado mil veces la saliva amarga que tragaba ¡ay, Dios mío!,
+cuando mi madre me mandaba ponerme la levita de paño negro para llevarme
+a tu casa. Bien te acuerdas de mi famosa levita, de lo mal que me estaba
+y de lo desmañado que era en tu presencia, pues no me arrancaba a decir
+una palabra sino cuando alguien me ayudaba. Los primeros días me
+inspirabas verdadero terror, y me pasaba las horas pensando cómo había
+de entrar y qué cosas había de decir, y discurriendo alguna triquiñuela
+para hacer menos ridícula mi cortedad... Dígase lo que se quiera, hija,
+aquella educación no era buena. Hoy no se puede criar a los hijos de esa
+manera. Yo ¡qué quieres que te diga!, creo que en lo esencial Juanito no
+ha de faltarnos. Es de casta honrada, tiene la formalidad en la masa de
+la sangre. Por eso estoy tranquilo, y no veo con malos ojos que se
+despabile, que conozca el mundo, que adquiera soltura de modales...».
+
+--No, si lo que menos falta hace a mi hijo es adquirir soltura, porque
+la tiene desde que era una criatura... Si no es eso. No se trata aquí de
+modales, sino de que me le coman esas bribonas...
+
+--Mira, mujer, para que los jóvenes adquieran energía contra el vicio,
+es preciso que lo conozcan, que lo caten, sí, hija, que lo caten. No hay
+peor situación para un hombre que pasarse la mitad de la vida rabiando
+por probarlo y no pudiendo conseguirlo, ya por timidez, ya por
+esclavitud. No hay muchos casos como yo, bien lo sabes; ni de estos
+tipos que jamás, ni antes ni después de casados, tuvieron trapicheos,
+entran muchos en libra. Cada cual en su época. Juanito, en la suya, no
+puede ser mejor de lo que es, y si te empeñas en hacer de él un
+anacronismo o una rareza, un _non_ como su padre, puede que lo eches a
+perder.
+
+Estas razones no convencían a Barbarita, que seguía con toda el alma
+fija en los peligros y escollos de la Babilonia parisiense, porque había
+oído contar horrores de lo que allí pasaba. Como que estaba infestada la
+gran ciudad de unas mujeronas muy guapas y elegantes que al pronto
+parecían duquesas, vestidas con los más bonitos y los más nuevos arreos
+de la moda. Mas cuando se las veía y oía de cerca, resultaban ser unas
+tiotas relajadas, comilonas, borrachas y ávidas de dinero, que
+desplumaban y resecaban al pobrecito que en sus garras caía. Contábale
+estas cosas el marqués de Casa-Muñoz que casi todos los veranos iba al
+extranjero.
+
+Las inquietudes de aquella incomparable señora acabaron con el regreso
+de Juanito. ¡Y quién lo diría! Volvió mejor de lo que fue. Tanto hablar
+de París, y cuando Barbarita creía ver entrar a su hijo hecho una
+lástima, todo rechupado y anémico, se le ve más gordo y lucio que
+antes, con mejor color y los ojos más vivos, muchísimo más alegre, más
+hombre en fin, y con una amplitud de ideas y una puntería de juicio que
+a todos dejaba pasmados. ¡Vaya con París!... El marqués de Casa-Muñoz
+se lo decía a Barbarita: «No hay que _involucrar_, París es muy malo;
+pero también es muy bueno».
+
+
+
+
+-II-
+
+Santa Cruz y Arnaiz. Vistazo histórico sobre el comercio matritense
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Don Baldomero Santa Cruz era hijo de otro D. Baldomero Santa Cruz que en
+el siglo pasado tuvo ya tienda de paños del Reino en la calle de la Sal,
+en el mismo local que después ocupó D. Mauro Requejo. Había empezado el
+padre por la más humilde jerarquía comercial, y a fuerza de trabajo,
+constancia y orden, el hortera de 1796 tenía, por los años del 10 al 15,
+uno de los más reputados establecimientos de la Corte en pañería
+nacional y extranjera. Don Baldomero II, que así es forzoso llamarle
+para distinguirle del fundador de la dinastía, heredó en 1848 el copioso
+almacén, el sólido crédito y la respetabilísima firma de D. Baldomero I,
+y continuando las tradiciones de la casa por espacio de veinte años más,
+retirose de los negocios con un capital sano y limpio de quince millones
+de reales, después de traspasar la casa a dos muchachos que servían en
+ella, el uno pariente suyo y el otro de su mujer. La casa se denominó
+desde entonces _Sobrinos de Santa Cruz_, y a estos sobrinos, D.
+Baldomero y Barbarita les llamaban familiarmente _los Chicos_.
+
+En el reinado de D. Baldomero I, o sea desde los orígenes hasta 1848, la
+casa trabajó más en géneros del país que en los extranjeros. Escaray y
+Pradoluengo la surtían de paños, Brihuega de bayetas, Antequera de
+pañuelos de lana. En las postrimerías de aquel reinado fue cuando la
+casa empezó a trabajar en géneros _de fuera_, y la reforma arancelaria
+de 1849 lanzó a D. Baldomero II a mayores empresas. No sólo realizó
+contratos con las fábricas de Béjar y Alcoy para dar mejor salida a los
+productos nacionales, sino que introdujo los famosos Sedanes para
+levitas, y las telas que tanto se usaron del 45 al 55, aquellos
+patencures, anascotes, cúbicas y chinchillas que ilustran la gloriosa
+historia de la sastrería moderna. Pero de lo que más provecho sacó la
+casa fue del ramo de capotes y uniformes para el Ejército y la Milicia
+Nacional, no siendo tampoco despreciable el beneficio que obtuvo del
+_artículo para capas_, el abrigo propiamente español que resiste a todas
+las modas de vestir, como el garbanzo resiste a todas las modas de
+comer. Santa Cruz, Bringas y Arnaiz el gordo, monopolizaban toda la
+pañería de Madrid y surtían a los tenderos de la calle de Atocha, de la
+Cruz y Toledo.
+
+En las contratas de vestuario para el Ejército y Milicia Nacional, ni
+Santa Cruz, ni Arnaiz, ni tampoco Bringas daban la cara. Aparecía como
+contratista un tal Albert, de origen belga, que había empezado por
+introducir paños extranjeros con mala fortuna. Este Albert era hombre
+muy para el caso, activo, despabilado, seguro en sus tratos aunque no
+estuvieran escritos. Fue el auxiliar eficacísimo de Casarredonda en sus
+valiosas contratas de lienzos gallegos para la tropa. El pantalón blanco
+de los soldados de hace cuarenta años ha sido origen de grandísimas
+riquezas. Los _fardos de Coruñas y Viveros_ dieron a Casarredonda y al
+tal Albert más dinero que a los Santa Cruz y a los Bringas los capotes y
+levitas militares de Béjar, aunque en rigor de verdad estos comerciantes
+no tenían por qué quejarse. Albert murió el 55, dejando una gran
+fortuna, que heredó su hija casada con el sucesor de Muñoz, el de la
+inmemorial ferretería de la calle de Tintoreros.
+
+En el reinado de D. Baldomero II, las prácticas y procedimientos
+comerciales se apartaron muy poco de la rutina heredada. Allí no se supo
+nunca lo que era un anuncio en el Diario, ni se emplearon viajantes para
+extender por las provincias limítrofes el negocio. El refrán de _el buen
+paño en el arca se vende_ era verdad como un templo en aquel sólido y
+bien reputado comercio. Los detallistas no necesitaban que se les
+llamase a son de cencerro ni que se les embaucara con artes
+charlatánicas. Demasiado sabían todos el camino de la casa, y las
+metódicas y honradas costumbres de esta, la fijeza de los precios, los
+descuentos que se hacían por pronto pago, los plazos que se daban, y
+todo lo demás concerniente a la buena inteligencia entre vendedor y
+parroquiano. El escritorio no alteró jamás ciertas tradiciones
+venerandas del laborioso reinado de D. Baldomero I. Allí no se usaron
+nunca estos copiadores de cartas que son una aplicación de la imprenta a
+la caligrafía. La correspondencia se copiaba _a pulso_ por un empleado
+que estuvo cuarenta años sentado en la misma silla delante del mismo
+atril, y que por efecto de la costumbre casi copiaba la carta matriz de
+su principal sin mirarla. Hasta que D. Baldomero realizó el traspaso, no
+se supo en aquella casa lo que era un metro, ni se quitaron a la vara de
+Burgos sus fueros seculares. Hasta pocos años antes del traspaso, no usó
+Santa Cruz los sobres para cartas, y estas se cerraban sobre sí mismas.
+
+No significaban tales rutinas terquedad y falta de luces. Por el
+contrario, la clara inteligencia del segundo Santa Cruz y su
+conocimiento de los negocios, sugeríanle la idea de que cada hombre
+pertenece a su época y a su esfera propias, y que dentro de ellas debe
+exclusivamente actuar. Demasiado comprendió que el comercio iba a sufrir
+profunda transformación, y que no era él el llamado a dirigirlo por los
+nuevos y más anchos caminos que se le abrían. Por eso, y porque ansiaba
+retirarse y descansar, traspasó su establecimiento a los _Chicos_ que
+habían sido deudos y dependientes suyos durante veinte años. Ambos eran
+trabajadores y muy inteligentes. Alternaban en sus viajes al extranjero
+para buscar y traer las _novedades_, alma del tráfico de telas. La
+concurrencia crecía cada año, y era forzoso apelar al reclamo, recibir y
+expedir viajantes, mimar al público, contemporizar y abrir cuentas
+largas a los parroquianos, y singularmente a las parroquianas. Como los
+_Chicos_ habían abarcado también el comercio de lanillas, merinos, telas
+ligeras para vestidos de señora, pañolería, confecciones y otros
+artículos de uso femenino, y además abrieron tienda al por menor y al
+_vareo_, tuvieron que pasar por el inconveniente de las morosidades e
+insolvencias que tanto quebrantan al comercio. Afortunadamente para
+ellos, la casa tenía un crédito inmenso.
+
+La casa del gordo Arnaiz era relativamente moderna. Se había hecho
+pañero porque tuvo que quedarse con las existencias de Albert, para
+indemnizarse de un préstamo que le hiciera en 1843. Trabajaba
+exclusivamente en género extranjero; pero cuando Santa Cruz hizo su
+traspaso a los Chicos, también Arnaiz se inclinaba a hacer lo mismo,
+porque estaba ya muy rico, muy obeso, bastante viejo y no quería
+trabajar. Daba y tomaba letras sobre Londres y representaba a dos
+Compañías de seguros. Con esto tenía lo bastante para no aburrirse. Era
+hombre que cuando se ponía a toser hacía temblar el edificio donde
+estaba; excelente persona, librecambista rabioso, anglómano y solterón.
+Entre las casas de Santa Cruz y Arnaiz no hubo nunca rivalidades; antes
+bien, se ayudaban cuanto podían. El gordo y D. Baldomero tratáronse
+siempre como hermanos en la vida social y como compañeros queridísimos
+en la comercial, salvo alguna discusión demasiado agria sobre temas
+arancelarios, porque Arnaiz había hecho la gracia de leer a Bastiat y
+concurría a los _meetings_ de la Bolsa, no precisamente para oír y
+callar, sino para echar discursos que casi siempre acababan en sofocante
+tos. Trinaba contra todo arancel que no significara un simple recurso
+fiscal, mientras que D. Baldomero, que en todo era templado, pretendía
+que se conciliasen los intereses del comercio con los de la industria
+española. «Si esos catalanes no fabrican más que adefesios --decía
+Arnaiz entre tos y tos--, y reparten dividendos de sesenta por ciento a
+los accionistas...».
+
+--¡Dale!, ya pareció aquello--respondía don Baldomero--Pues yo te
+probaré...
+
+Solía no probar nada, ni el otro tampoco, quedándose cada cual con su
+opinión; pero con estas sabrosas peloteras pasaban el tiempo. También
+había entre estos dos respetables sujetos parentesco de afinidad, porque
+doña Bárbara, esposa de Santa Cruz, era prima del gordo, hija de
+Bonifacio Arnaiz, comerciante en pañolería de la China. Y escudriñando
+los troncos de estos linajes matritenses, sería fácil encontrar que los
+Arnaiz y los Santa Cruz tenían en sus diferentes ramas una savia común,
+la savia de los Trujillos. «Todos somos unos--dijo alguna vez el gordo
+en las expansiones de su humor festivo, inclinado a las sinceridades
+democráticas--, tú por tu madre y yo por mi abuela, somos Trujillos
+netos, _de patente_; descendemos de aquel Matías Trujillo que tuvo
+albardería en la calle de Toledo allá por los tiempos del motín de capas
+y sombreros. No lo invento yo; lo canta una escritura de juros que tengo
+en mi casa. Por eso le he dicho ayer a nuestro pariente Ramón
+Trujillo... ya sabéis que me le han hecho conde... le he dicho que
+adopte por escudo un frontil y una jáquima con un letrero que diga:
+_Pertenecí a Babieca_...».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Nació Barbarita Arnaiz en la calle de Postas, esquina al callejón de San
+Cristóbal, en uno de aquellos oprimidos edificios que parecen estuches o
+casas de muñecas. Los techos se cogían con la mano; las escaleras había
+que subirlas con el credo en la boca, y las habitaciones parecían
+destinadas a la premeditación de algún crimen. Había moradas de estas, a
+las cuales se entraba por la cocina. Otras tenían los pisos en declive,
+y en todas ellas oíase hasta el respirar de los vecinos. En algunas se
+veían mezquinos arcos de fábrica para sostener el entramado de las
+escaleras, y abundaba tanto el yeso en la construcción como escaseaban
+el hierro y la madera. Eran comunes las puertas de cuarterones, los
+baldosines polvorosos, los cerrojos imposibles de manejar y las
+vidrieras emplomadas. Mucho de esto ha desaparecido en las renovaciones
+de estos últimos veinte años; pero la estrechez de las viviendas
+subsiste.
+
+Creció Bárbara en una atmósfera saturada de olor de sándalo, y las
+fragancias orientales, juntamente con los vivos colores de la pañolería
+chinesca, dieron acento poderoso a las impresiones de su niñez. Como se
+recuerda a las personas más queridas de la familia, así vivieron y viven
+siempre con dulce memoria en la mente de Barbarita los dos maniquís de
+tamaño natural vestidos de mandarín que había en la tienda y en los
+cuales sus ojos aprendieron a ver. La primera cosa que excitó la
+atención naciente de la niña, cuando estaba en brazos de su niñera,
+fueron estos dos pasmarotes de semblante lelo y desabrido, y sus
+magníficos trajes morados. También había por allí una persona a quien la
+niña miraba mucho, y que la miraba a ella con ojos dulces y cuajados de
+candoroso chino. Era el retrato de Ayún, de cuerpo entero y tamaño
+natural, dibujado y pintado con dureza, pero con gran expresión. Mal
+conocido es en España el nombre de este peregrino artista, aunque sus
+obras han estado y están a la vista de todo el mundo, y nos son
+familiares como si fueran obra nuestra. Es el ingenio bordador de los
+pañuelos de Manila, el inventor del tipo de rameado más vistoso y
+elegante, el poeta fecundísimo de esos madrigales de crespón compuestos
+con flores y rimados con pájaros. A este ilustre chino deben las
+españolas el hermosísimo y característico chal que tanto favorece su
+belleza, el mantón de Manila, al mismo tiempo señoril y popular, pues lo
+han llevado en sus hombros la gran señora y la gitana. Envolverse en él
+es como vestirse con un cuadro. La industria moderna no inventará nada
+que iguale a la ingenua poesía del mantón, salpicado de flores,
+flexible, pegadizo y mate, con aquel fleco que tiene algo de los enredos
+del sueño y aquella brillantez de color que iluminaba las muchedumbres
+en los tiempos en que su uso era general. Esta prenda hermosa se va
+desterrando, y sólo el pueblo la conserva con admirable instinto. Lo
+saca de las arcas en las grandes épocas de la vida, en los bautizos y en
+las bodas, como se da al viento un himno de alegría en el cual hay una
+estrofa para la patria. El mantón sería una prenda vulgar si tuviera la
+ciencia del diseño; no lo es por conservar el carácter de las artes
+primitivas y populares; es como la leyenda, como los cuentos de la
+infancia, candoroso y rico de color, fácilmente comprensible y
+refractario a los cambios de la moda.
+
+Pues esta prenda, esta nacional obra de arte, tan nuestra como las
+panderetas o los toros, no es nuestra en realidad más que por el uso; se
+la debemos a un artista nacido a la otra parte del mundo, a un tal Ayún,
+que consagró a nosotros su vida toda y sus talleres. Y tan agradecido
+era el buen hombre al comercio español, que enviaba a los de acá su
+retrato y los de sus catorce mujeres, unas señoras tiesas y pálidas como
+las que se ven pintadas en las tazas, con los pies increíbles por lo
+chicos y las uñas increíbles también por lo largas.
+
+Las facultades de Barbarita se desarrollaron asociadas a la
+contemplación de estas cosas, y entre las primeras conquistas de sus
+sentidos, ninguna tan segura como la impresión de aquellas flores
+bordadas con luminosos torzales, y tan frescas que parecía cuajarse en
+ellas el rocío. En días de gran venta, cuando había muchas señoras en la
+tienda y los dependientes desplegaban sobre el mostrador centenares de
+pañuelos, la lóbrega tienda semejaba un jardín. Barbarita creía que se
+podrían coger flores a puñados, hacer ramilletes o guirnaldas, llenar
+canastillas y adornarse el pelo. Creía que se podrían deshojar y
+también que tenían olor. Esto era verdad, porque despedían ese tufillo
+de los embalajes asiáticos, mezcla de sándalo y de resinas exóticas que
+nos trae a la mente los misterios budistas.
+
+Más adelante pudo la niña apreciar la belleza y variedad de los abanicos
+que había en la casa, y que eran una de las principales riquezas de
+ella. Quedábase pasmada cuando veía los dedos de su mamá sacándolos de
+las perfumadas cajas y abriéndolos como saben abrirlos los que comercian
+en este artículo, es decir, con un desgaire rápido que no los estropea y
+que hace ver al público la ligereza de la prenda y el blando rasgueo de
+las varillas. Barbarita abría cada ojo como los de un ternero cuando su
+mamá, sentándola sobre el mostrador, le enseñaba abanicos sin dejárselos
+tocar; y se embebecía contemplando aquellas figuras tan monas, que no le
+parecían personas, sino _chinos_, con las caras redondas y tersas como
+hojitas de rosa, todos ellos risueños y estúpidos, pero muy lindos, lo
+mismo que aquellas casas abiertas por todos lados y aquellos árboles que
+parecían matitas de albahaca... ¡Y pensar que los árboles eran el té
+nada menos, estas hojuelas retorcidas, cuyo zumo se toma para el dolor
+de barriga...!
+
+Ocuparon más adelante el primer lugar en el tierno corazón de la hija
+de D. Bonifacio Arnaiz y en sus sueños inocentes, otras preciosidades
+que la mamá solía mostrarle de vez en cuando, previa amonestación de no
+tocarlos; objetos labrados en marfil y que debían de ser los juguetes
+con que los ángeles se divertían en el Cielo. Eran al modo de torres de
+muchos pisos, o barquitos con las velas desplegadas y muchos remos por
+una y otra banda; también estuchitos, cajas para guantes y joyas,
+botones y juegos lindísimos de ajedrez. Por el respeto con que su mamá
+los cogía y los guardaba, creía Barbarita que contenían algo así como el
+Viático para los enfermos, o lo que se da a las personas en la iglesia
+cuando comulgan. Muchas noches se acostaba con fiebre porque no le
+habían dejado satisfacer su anhelo de coger para sí aquellas monerías.
+Hubiérase contentado ella, en vista de prohibición tan absoluta, con
+aproximar la yema del dedo índice al pico de una de las torres; pero ni
+aun esto... Lo más que se le permitía era poner sobre el tablero de
+ajedrez que estaba en la vitrina de la ventana enrejada (entonces no
+había escaparates), todas las piezas de un juego, no de los más finos, a
+un lado las blancas, a otro las encarnadas.
+
+Barbarita y su hermano Gumersindo, mayor que ella, eran los únicos hijos
+de D. Bonifacio Arnaiz y de doña Asunción Trujillo. Cuando tuvo edad
+para ello, fue a la escuela de una tal doña Calixta, sita en la calle
+Imperial, en la misma casa donde estaba el Fiel Contraste. Las niñas con
+quienes la de Arnaiz hacía mejores migas, eran dos de su misma edad y
+vecinas de aquellos barrios, la una de la familia de Moreno, del dueño
+de la droguería de la calle de Carretas, la otra de Muñoz, el
+comerciante de hierros de la calle de Tintoreros. Eulalia Muñoz era muy
+vanidosa, y decía que no había casa como la suya y que daba gusto verla
+toda llena de unos pedazos de hierro _mu_ grandes, _del tamaño de la
+caña de doña Calixta_, y tan pesados, tan pesados que ni cuatrocientos
+hombres los podían levantar. Luego había un sin fin de martillos,
+garfios, peroles _mu grandes, mu grandes_... «más anchos que este
+cuarto». Pues, ¿y los paquetes de clavos? ¿Qué cosa había más bonita? ¿Y
+las llaves que parecían de plata, y las planchas, y los anafres, y otras
+cosas lindísimas? Sostenía que ella no necesitaba que sus papás le
+comprasen muñecas, porque las hacía con un martillo, vistiéndolo con una
+toalla. ¿Pues y las agujas que había en su casa? No se acertaban a
+contar. Como que todo Madrid iba allí a comprar agujas, y su papá se
+carteaba con el fabricante... Su papá recibía miles de cartas al día, y
+las cartas olían a hierro... como que venían de Inglaterra, donde todo
+es de hierro, hasta los caminos... «Sí, hija, sí, mi papá me lo ha
+dicho. Los caminos están embaldosados de hierro, y por allí encima van
+los coches echando demonios».
+
+Llevaba siempre los bolsillos atestados de chucherías, que mostraba para
+dejar bizcas a sus amigas. Eran tachuelas de cabeza dorada, corchetes,
+argollitas pavonadas, hebillas, pedazos de papel de lija, vestigios de
+muestrarios y de cosas rotas o descabaladas. Pero lo que tenía en más
+estima, y por esto no lo sacaba sino en ciertos días, era su colección
+de etiquetas, pedacitos de papel verde, recortados de los paquetes
+inservibles, y que tenían el famoso escudo inglés, con la jarretiera, el
+leopardo y el unicornio. En todas ellas se leía: Birmingham. «Veis...
+este señor _Bermingán_ es el que se cartea con mi papá todos los días,
+en inglés; y son tan amigos, que siempre le está diciendo que vaya allá;
+y hace poco le mandó, dentro de una caja de clavos, un jamón ahumado que
+olía como a chamusquina, y un pastelón así, mirad, del tamaño del
+brasero de doña Calixta, que tenía dentro muchas pasas chiquirrininas, y
+picaba como la guindilla; pero _mu_ rico, hijas, _mu_ rico».
+
+La chiquilla de Moreno fundaba su vanidad en llevar papelejos con
+figuritas y letras de colores, en los cuales se hablaba de píldoras, de
+barnices o de ingredientes para teñirse el pelo. Los mostraba uno por
+uno, dejando para el final el gran efecto, que consistía en sacar de
+súbito el pañuelo y ponerlo en las narices de sus amigas, diciéndoles:
+_goled_. Efectivamente, quedábanse las otras medio desvanecidas con el
+fuerte olor de agua de Colonia o de los _siete ladrones_, que el pañuelo
+tenía. Por un momento, la admiración las hacía enmudecer; pero poco a
+poco íbanse reponiendo, y Eulalia, cuyo orgullo rara vez se daba por
+vencido, sacaba un tornillo dorado sin cabeza, o un pedazo de talco, con
+el cual decía que iba a hacer un espejo. Difícil era borrar la grata
+impresión y el éxito del perfume. La ferretera, algo corrida, tenía que
+guardar los trebejos, después de oír comentarios verdaderamente
+injustos. La de la droguería hacía muchos ascos, diciendo: «¡Uy, cómo
+apesta eso, hija, guarda, guarda esas ordinarieces!».
+
+Al siguiente día, Barbarita, que no quería dar su brazo a torcer,
+llevaba unos papelitos muy raros de pasta, todos llenos de garabatos
+chinescos. Después de darse mucha importancia, haciendo que lo enseñaba
+y volviéndolo a guardar, con lo cual la curiosidad de las otras llegaba
+al punto de la desazón nerviosa, de repente ponía el papel en las
+narices de sus amigas, diciendo en tono triunfal: «¿Y eso?». Quedábanse
+Castita y Eulalia atontadas con el aroma asiático, vacilando entre la
+admiración y la envidia; pero al fin no tenían más remedio que humillar
+su soberbia ante el olorcillo aquel de la niña de Arnaiz, y le pedían
+por Dios que las dejase catarlo más. Barbarita no gustaba de prodigar su
+tesoro, y apenas acercaba el papel a las respingadas narices de las
+otras, lo volvía a retirar con movimiento de cautela y avaricia,
+temiendo que la fragancia se marchara por los respiraderos de sus
+amigas, como se escapa el humo por el cañón de una chimenea. El tiro de
+aquellos olfatorios era tremendo. Por último, las dos amiguitas y otras
+que se acercaron movidas de la curiosidad, y hasta la propia doña
+Calixta, que solía descender a la familiaridad con las alumnas ricas,
+reconocían, por encima de todo sentimiento envidioso, que ninguna niña
+tenía cosas tan bonitas como la de la tienda de Filipinas.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Esta niña y otras del barrio, bien apañaditas por sus respectivas mamás,
+peinadas a estilo de maja, con peineta y flores en la cabeza, y sobre
+los hombros pañuelo de Manila de los que llaman de talle, se reunían en
+un portal de la calle de Postas para pedir _el cuartito para la Cruz de
+Mayo_, el 3 de dicho mes, repicando en una bandeja de plata, junto a una
+mesilla forrada de damasco rojo. Los dueños de la casa llamada _del
+portal de la Virgen_, celebraban aquel día una simpática fiesta y ponían
+allí, junto al mismo taller de cucharas y molinillos que todavía
+existe, un altar con la cruz enramada, muchas velas y algunas figuras de
+nacimiento. A la Virgen, que aún se venera allí, la enramaban también
+con yerbas olorosas, y el fabricante de cucharas, que era gallego, se
+ponía la montera y el chaleco encarnado. Las pequeñuelas, si los mayores
+se descuidaban, rompían la consigna y se echaban a la calle, en reñida
+competencia con otras chiquillas pedigüeñas, correteando de una acera a
+otra, deteniendo a los señores que pasaban, y acosándoles hasta obtener
+el ochavito. Hemos oído contar a la propia Barbarita que para ella no
+había dicha mayor que pedir para la Cruz de Mayo, y que los caballeros
+de entonces eran en esto mucho más galantes que los de ahora, pues no
+desairaban a ninguna niña bien vestidita que se les colgara de los
+faldones.
+
+Ya había completado la hija de Arnaiz su educación (que era harto
+sencilla en aquellos tiempos y consistía en leer sin acento, escribir
+sin ortografía, contar haciendo trompetitas con la boca, y bordar con
+punto de marca el dechado), cuando perdió a su padre. Ocupaciones serias
+vinieron entonces a robustecer su espíritu y a redondear su carácter. Su
+madre y hermano, ayudados del gordo Arnaiz, emprendieron el inventario
+de la casa, en la cual había algún desorden. Sobre las existencias de
+pañolería no se hallaron datos ciertos en los libros de la tienda, y al
+contarlas apareció más de lo que se creía. En el sótano estaban, muertos
+de risa, varios fardos de cajas que aún no habían sido abiertos. Además
+de esto, las casas importadoras de Cádiz, Cuesta y Rubio, anunciaban dos
+remesas considerables que estaban ya en camino. No había más remedio que
+cargar con todo aquel exceso de género, lo que realmente era una
+contrariedad comercial en tiempos en que parecía iniciarse la
+generalización de los abrigos _confeccionados_, notándose además en la
+clase popular tendencias a vestirse como la clase media. La decadencia
+del mantón de Manila empezaba a iniciarse, porque si los pañuelos
+llamados de talle, que eran los más baratos, se vendían bien en Madrid
+(mayormente el día de San Lorenzo, para la
+
+_parroquia de la chinche_) y tenían regular salida para Valencia y
+Málaga, en cambio el gran mantón, los ricos chales de tres, cuatro y
+cinco mil reales se vendían muy poco, y pasaban meses sin que ninguna
+parroquiana se atreviera con ellos.
+
+Los herederos de Arnaiz, al inventariar la riqueza de la casa, que sólo
+en aquel artículo no bajaba de cincuenta mil duros, comprendieron que se
+aproximaba una crisis. Tres o cuatro meses emplearon en clasificar,
+ordenar, poner precios, confrontar los apuntes de don Bonifacio con la
+correspondencia y las facturas venidas directamente de Cantón o
+remitidas por las casas de Cádiz. Indudablemente el difunto Arnaiz no
+había visto claro al hacer tantos pedidos; se cegó, deslumbrado por
+cierta alucinación mercantil; tal vez sintió demasiado _el amor al
+artículo_ y fue más artista que comerciante. Había sido dependiente y
+socio de la Compañía de Filipinas, liquidada en 1833, y al emprender por
+sí el negocio de pañolería de Cantón, creía conocerlo mejor que nadie.
+En verdad que lo conocía; pero tenía una fe imprudente en la perpetuidad
+de aquella prenda, y algunas ideas supersticiosas acerca de la afinidad
+del pueblo español con los espléndidos crespones rameados de mil
+colores. «Mientras más chillones--decía--, más venta».
+
+En esto apareció en el extremo Oriente un nuevo artista, un genio que
+acabó de perturbar a D. Bonifacio. Este innovador fue Senquá, del cual
+puede decirse que representaba con respecto a Ayún, en aquel arte
+budista, lo que en la música representaba Beethoven con respecto a
+Mozart. Senquá modificó el estilo de Ayún, dándole más amplitud,
+variando más los tonos, haciendo, en fin, de aquellas sonatas graciosas,
+poéticas y elegantes, sinfonías poderosas con derroche de vida,
+combinaciones nuevas y atrevimientos admirables. Ver D. Bonifacio las
+primeras muestras del estilo de Senquá y chiflarse por completo, fue
+todo uno. «¡Barástolis!, ¡esto es la gloria divina--decía--; es mucho
+chino este...!». Y de tal entusiasmo nacieron pedidos imprudentes y el
+grave error mercantil, cuyas consecuencias no pudo apreciar aquel
+excelente hombre, porque le cogió la muerte.
+
+El inventario de abanicos, tela de nipis, crudillo de seda, tejidos de
+Madrás y objetos de marfil también arrojaba cifras muy altas, y se hizo
+minuciosamente. Entonces pasaron por las manos de Barbarita todas las
+preciosidades que en su niñez le parecían juguetes y que le habían
+producido fiebre. A pesar de la edad y del juicio adquirido con ella, no
+vio nunca con indiferencia tales chucherías, y hoy mismo declara que
+cuando cae en sus manos alguno de aquellos delicados campanarios de
+marfil, le dan ganas de guardárselo en el seno y echar a correr.
+
+Cumplidos los quince años, era Barbarita una chica bonitísima,
+torneadita, fresca y sonrosada, de carácter jovial, inquieto y un tanto
+burlón. No había tenido novio aún, ni su madre se lo permitía.
+Diferentes moscones revoloteaban alrededor de ella, sin resultado. La
+mamá tenía sus proyectos, y empezaba a tirar acertadas líneas para
+realizarlos. Las familias de Santa Cruz y Arnaiz se trataban con amistad
+casi íntima, y además tenían vínculos de parentesco con los Trujillos.
+La mujer de don Baldomero I y la del difunto Arnaiz eran primas
+segundas, floridas ramas de aquel nudoso tronco, de aquel albardero de
+la calle de Toledo, cuya historia sabía tan bien el gordo Arnaiz. Las
+dos primas tuvieron un pensamiento feliz, se lo comunicaron una a otra,
+asombráronse de que se les hubiera ocurrido a las dos la misma cosa...
+«ya se ve, era tan natural...» y aplaudiéndose recíprocamente,
+resolvieron convertirlo en realidad dichosa. Todos los descendientes del
+extremeño aquel de los aparejos borricales se distinguían siempre por su
+costumbre de trazar una línea muy corta y muy recta entre la idea y el
+hecho. La idea era casar a Baldomerito con Barbarita.
+
+Muchas veces había visto la hija de Arnaiz al chico de Santa Cruz; pero
+nunca le pasó por las mientes que sería su marido, porque el tal, no
+sólo no le había dicho nunca media palabra de amores, sino que ni
+siquiera la miraba como miran los que pretenden ser mirados. Baldomero
+era juicioso, muy bien parecido, fornido y de buen color, cortísimo de
+genio, sosón como una calabaza, y de tan pocas palabras que se podían
+contar siempre que hablaba. Su timidez no decía bien con su corpulencia.
+Tenía un mirar leal y cariñoso, _como el de un gran perro de aguas_.
+
+Pasaba por la honestidad misma, iba a misa todos los días que lo mandaba
+la Iglesia, rezaba el rosario con la familia, trabajaba diez horas
+diarias o más en el escritorio sin levantar cabeza, y no gastaba el
+dinero que le daban sus papás. A pesar de estas raras dotes, Barbarita,
+si alguna vez le encontraba en la calle o en la tienda de Arnaiz o en la
+casa, lo que acontecía muy pocas veces, le miraba con el mismo interés
+con que se puede mirar una saca de carbón o un fardo de tejidos. Así es
+que se quedó como quien ve visiones cuando su madre, cierto día de
+precepto, al volver de la iglesia de Santa Cruz, donde ambas confesaron
+y comulgaron, le propuso el casamiento con Baldomerito. Y no empleó para
+esto circunloquios ni diplomacias de palabra, sino que se fue al asunto
+con estilo llano y decidido. ¡Ah, la línea recta de los Trujillos...!
+
+Aunque Barbarita era desenfadada en el pensar, pronta en el responder, y
+sabía sacudirse una mosca que le molestase, en caso tan grave se quedó
+algo mortecina y tuvo vergüenza de decir a su mamá que no quería maldita
+cosa al chico de Santa Cruz... Lo iba a decir; pero la cara de su madre
+pareciole de madera. Vio en aquel entrecejo la línea corta y sin curvas,
+la barra de acero trujillesca, y la pobre niña sintió miedo, ¡ay qué
+miedo! Bien conoció que su madre se había de poner como una leona, si
+ella se salía con la inocentada de querer más o menos. Callose, pues,
+como en misa, y a cuanto la mamá le dijo aquel día y los subsiguientes
+sobre el mismo tema del casorio, respondía con signos y palabras de
+humilde aquiescencia. No cesaba de sondear su propio corazón, en el cual
+encontraba a la vez pena y consuelo. No sabía lo que era amor; tan sólo
+lo sospechaba. Verdad que no quería a su novio; pero tampoco quería a
+otro. En caso de querer a alguno, este alguno podía ser aquel.
+
+Lo más particular era que Baldomero, después de concertada la boda, y
+cuando veía regularmente a su novia, no le decía de cosas de amor ni una
+miaja de letra, aunque las breves ausencias de la mamá, que solía
+dejarles solos un ratito, le dieran ocasión de lucirse como galán. Pero
+nada... Aquel zagalote guapo y desabrido no sabía salir en su
+conversación de las rutinas más triviales. Su timidez era tan
+ceremoniosa como su levita de paño negro, de lo mejor de Sedán, y que
+parecía, usada por él, como un reclamo del buen género de la casa.
+Hablaba de los reverberos que había puesto el marqués de Pontejos, del
+cólera del año anterior, de la degollina de los frailes, y de las muchas
+casas magníficas que se iban a edificar en los solares de los derribados
+conventos. Todo esto era muy bonito para dicho en la tertulia de una
+tienda; pero sonaba a cencerrada en el corazón de una doncella, que no
+estando enamorada, tenía ganas de estarlo.
+
+También pensaba Barbarita, oyendo a su novio, que la procesión iba por
+dentro y que el pobre chico, a pesar de ser tan grandullón, no tenía
+alma para sacarla fuera. «¿Me querrá?» se preguntaba la novia. Pronto
+hubo de sospechar que si Baldomerito no le hablaba de amor
+explícitamente, era por pura cortedad y por no saber cómo arrancarse;
+pero que estaba enamorado hasta las gachas, reduciéndose a declararlo
+con delicadezas, complacencias y puntualidades muy expresivas. Sin duda
+el amor más sublime es el más discreto, y las bocas más elocuentes
+aquellas en que no puede entrar ni una mosca. Mas no se tranquilizaba la
+joven razonando así, y el sobresalto y la incertidumbre no la dejaban
+vivir. «¡Si también le estaré yo queriendo sin saberlo!» pensaba. ¡Oh!,
+no; interrogándose y respondiéndose con toda lealtad, resultaba que no
+le quería absolutamente nada. Verdad que tampoco le aborrecía, y algo
+íbamos ganando.
+
+Y en este desabridísimo noviazgo pasaron algunos meses, al cabo de los
+cuales Baldomero se soltó y despabiló algo. Su boca se fue desellando
+poquito a poco hasta que rompió, como un erizo de castaña que madura y
+se abre, dejando ver el sazonado fruto. Palabra tras palabra, fue
+soltando las castañas, aquellas ideas elaboradas y guardadas con
+religiosa maternidad, como esconde Naturaleza sus obras en gestación.
+Llegó por fin el día señalado para la boda, que fue el 3 de Mayo de
+1835, y se casaron en Santa Cruz, sin aparato, instalándose en la casa
+del esposo, que era una de las mejores del barrio, en la plazuela de la
+Leña.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+A los dos meses de casados, y después de una temporadilla en que
+Barbarita estuvo algo distraída, melancólica y como con ganas de llorar,
+alarmando mucho a su madre, empezaron a notarse en aquel matrimonio, en
+tan malas condiciones hecho, síntomas de idilio. Baldomero parecía otro.
+En el escritorio canturriaba, y buscaba pretextos para salir, subir a la
+casa y decir una palabrita a su mujer, cogiéndola en los pasillos o
+donde la encontrase. También solía equivocarse al sentar una partida, y
+cuando firmaba la correspondencia, daba a los rasgos de la tradicional
+rúbrica de la casa una amplitud de trazo verdaderamente grandiosa,
+terminando el rasgo final hacia arriba como una invocación de gratitud
+dirigida al Cielo. Salía muy poco, y decía a sus amigos íntimos que no
+se cambiaría por un Rey, ni por su tocayo Espartero, pues no había
+felicidad semejante a la suya. Bárbara manifestaba a su madre con gozo
+discreto, que Baldomero no le daba el más mínimo disgusto; que los dos
+caracteres se iban armonizando perfectamente, que él era bueno como el
+mejor pan y que tenía mucho talento, un talento que se descubría donde
+y como debe descubrirse, en las ocasiones. En cuanto estaba diez minutos
+en la casa materna, ya no se la podía aguantar, porque se ponía
+desasosegaba y buscaba pretextos para marcharse diciendo: «Me voy, que
+está mi marido solo».
+
+El idilio se acentuaba cada día, hasta el punto de que la madre de
+Barbarita, disimulando su satisfacción, decía a esta: «Pero, hija, vais
+a dejar tamañitos a los _Amantes de Teruel_». Los esposos salían a paseo
+juntos todas las tardes. Jamás se ha visto a D. Baldomero II en un
+teatro sin tener al lado a su mujer. Cada día, cada mes y cada año, eran
+más tórtolos, y se querían y estimaban más. Muchos años después de
+casados, parecía que estaban en la luna de miel. El marido ha mirado
+siempre a su mujer como una criatura sagrada, y Barbarita ha visto
+siempre en su esposo el hombre más completo y digno de ser amado que en
+el mundo existe. Cómo se compenetraron ambos caracteres, cómo se formó
+la conjunción inaudita de aquellas dos almas, sería muy largo de contar.
+El señor y la señora de Santa Cruz, que aún viven y ojalá vivieran mil
+años, son el matrimonio más feliz y más admirable del presente siglo.
+Debieran estos nombres escribirse con letras de oro en los antipáticos
+salones de la Vicaría, para eterna ejemplaridad de las generaciones
+futuras, y debiera ordenarse que los sacerdotes, al leer la epístola de
+San Pablo, incluyeran algún parrafito, en latín o castellano, referente
+a estos excelsos casados. Doña Asunción Trujillo, que falleció en 1841
+en un día triste de Madrid, el día en que fusilaron al general León,
+salió de este mundo con el atrevido pensamiento de que para alcanzar la
+bienaventuranza no necesitaba alegar más título que el de autora de
+aquel cristiano casamiento. Y que no le disputara esta gloria Juana
+Trujillo, madre de Baldomero, la cual había muerto el año anterior,
+porque Asunción probaría ante todas las cancillerías celestiales que a
+ella se le había ocurrido la sublime idea antes que a su prima.
+
+Ni los años, ni las menudencias de la vida han debilitado nunca el
+profundísimo cariño de estos benditos cónyuges. Ya tenían canas las
+cabezas de uno y otro, y D. Baldomero decía a todo el que quisiera oírle
+que amaba a su mujer _como el primer día_. Juntos siempre en el paseo,
+juntos en el teatro, pues a ninguno de los dos le gusta la función si el
+otro no la ve también. En todas las fechas que recuerdan algo dichoso
+para la familia, se hacen recíprocamente sus regalitos, y para colmo de
+felicidad, ambos disfrutan de una salud espléndida. El deseo final del
+señor de Santa Cruz es que ambos se mueran juntos, el mismo día y a la
+misma hora, en el mismo lecho nupcial en que han dormido toda su vida.
+
+Les conocí en 1870. D. Baldomero tenía ya sesenta años, Barbarita
+cincuenta y dos. Él era un señor de muy buena presencia, el pelo
+entrecano, todo afeitado, colorado, fresco, más joven que muchos hombres
+de cuarenta, con toda la dentadura completa y sana, ágil y bien
+dispuesto, sereno y festivo, la mirada dulce, siempre la mirada aquella
+de perrazo de Terranova. Su esposa pareciome, para decirlo de una vez,
+una mujer guapísima, casi estoy por decir monísima. Su cara tenía la
+frescura de las rosas cogidas, pero no ajadas todavía, y no usaba más
+afeite que el agua clara. Conservaba una dentadura ideal y un cuerpo
+que, aun sin corsé, daba quince y raya a muchas fantasmonas exprimidas
+que andan por ahí. Su cabello se había puesto ya enteramente blanco, lo
+cual la favorecía más que cuando lo tenía entrecano. Parecía pelo
+empolvado a estilo Pompadour, y como lo tenía tan rizoso y tan bien
+partido sobre la frente, muchos sostenían que ni allí había canas ni
+Cristo que lo fundó. Si Barbarita presumiera, habría podido recortar muy
+bien los cincuenta y dos años plantándose en los treinta y ocho, sin que
+nadie le sacara la cuenta, porque la fisonomía y la expresión eran de
+juventud y gracia, iluminadas por una sonrisa que era la pura miel...
+Pues si hubiera querido presumir con malicia, ¡digo...!, a no ser lo
+que era, una matrona respetabilísima con toda la sal de Dios en su
+corazón, habría visto acudir los hombres como acuden las moscas a una de
+esas frutas que, por lo muy maduras, principian a arrugarse, y les
+chorrea por la corteza todo el azúcar.
+
+¿Y Juanito? Pues Juanito fue esperado desde el primer año de aquel
+matrimonio sin par. Los felices esposos contaban con él este mes, el que
+viene y el otro, y estaban viéndole venir y deseándole como los judíos
+al Mesías. A veces se entristecían con la tardanza; pero la fe que
+tenían en él les reanimaba. Si tarde o temprano había de venir... era
+cuestión de paciencia. Y el muy pillo puso a prueba la de sus padres,
+porque se entretuvo diez años por allá, haciéndoles rabiar. No se dejaba
+ver de Barbarita más que en sueños, en diferentes aspectos infantiles,
+ya comiéndose los puños cerrados, la cara dentro de un gorro con muchos
+encajes, ya talludito, con su escopetilla al hombro y mucha picardía en
+los ojos. Por fin Dios le mandó en carne mortal, cuando los esposos
+empezaron a quejarse de la Providencia y a decir que les había engañado.
+Día de júbilo fue aquel de Septiembre de 1845 en que vino a ocupar su
+puesto en el más dichoso de los hogares Juanito Santa Cruz. Fue padrino
+del crío el gordo Arnaiz, quien dijo a Barbarita: «A mí no me la das tú.
+Aquí ha habido matute. Este ternero lo has traído de la Inclusa para
+engarnos... ¡Ah!, estos proteccionistas no son más que contrabandistas
+disfrazados».
+
+Criáronle con regalo y exquisitos cuidados, pero sin mimo. D. Baldomero
+no tenía carácter para poner un freno a su estrepitoso cariño paternal,
+ni para meterse en severidades de educación y formar al chico como le
+formaron a él. Si su mujer lo permitiera, habría llevado Santa Cruz su
+indulgencia hasta consentir que el niño hiciera en todo su real gana.
+¿En qué consistía que habiendo sido él educado tan rígidamente por D.
+Baldomero I, era todo blanduras con su hijo? ¡Efectos de la evolución
+educativa, paralela de la evolución política! Santa Cruz tenía muy
+presentes las ferocidades disciplinarias de su padre, los castigos que
+le imponía, y las privaciones que le había hecho sufrir. Todas las
+noches del año le obligaba a rezar el rosario con los dependientes de la
+casa; hasta que cumplió los veinticinco nunca fue a paseo solo, sino en
+corporación con los susodichos dependientes; el teatro no lo cataba sino
+el día de Pascua, y le hacían un trajecito nuevo cada año, el cual no se
+ponía más que los domingos. Teníanle trabajando en el escritorio o en el
+almacén desde las nueve de la mañana a las ocho de la noche, y había de
+servir para todo, lo mismo para mover un fardo que para escribir
+cartas. Al anochecer, solía su padre echarle los tiempos por encender el
+velón de cuatro mecheros antes de que las tinieblas fueran completamente
+dueñas del local. En lo tocante a juegos, no conoció nunca más que el
+mus, y sus bolsillos no supieron lo que era un cuarto hasta mucho
+después del tiempo en que empezó a afeitarse. Todo fue rigor, trabajo,
+sordidez. Pero lo más particular era que creyendo D. Baldomero que tal
+sistema había sido eficacísimo para formarle a él, lo tenía por
+deplorable tratándose de su hijo. Esto no era una falta de lógica, sino
+la consagración práctica de la idea madre de aquellos tiempos, el
+progreso. ¿Qué sería del mundo sin progreso?, pensaba Santa Cruz, y al
+pensarlo sentía ganas de dejar al chico entregado a sus propios
+instintos. Había oído muchas veces a los economistas que iban de
+tertulia a casa de Cantero, la célebre frase _laissez aller, laissez
+passer_... El gordo Arnaiz y su amigo Pastor, el economista, sostenían
+que todos los grandes problemas se resuelven por sí mismos, y D. Pedro
+Mata opinaba del propio modo, aplicando a la sociedad y a la política el
+sistema de la medicina expectante. La naturaleza se cura sola; no hay
+más que dejarla. Las fuerzas reparatrices lo hacen todo, ayudadas del
+aire. El hombre se educa sólo en virtud de las suscepciones constantes
+que determina en su espíritu la conciencia, ayudada del ambiente social.
+D. Baldomero no lo decía así; pero sus vagas ideas sobre el asunto se
+condensaban en una expresión de moda y muy socorrida: «el mundo marcha».
+
+Felizmente para Juanito, estaba allí su madre, en quien se equilibraban
+maravillosamente el corazón y la inteligencia. Sabía coger las
+disciplinas cuando era menester, y sabía ser indulgente a tiempo. Si no
+le pasó nunca por las mientes obligar a rezar el rosario a un chico que
+iba a la Universidad y entraba en la cátedra de Salmerón, en cambio no
+le dispensó del cumplimiento de los deberes religiosos más elementales.
+Bien sabía el muchacho que si hacía novillos a la misa de los domingos,
+no iría al teatro por la tarde, y que si no sacaba buenas notas en
+Junio, no había dinero para el bolsillo, ni toros, ni excursiones por el
+campo con Estupiñá (luego hablaré de este tipo) para cazar pájaros con
+red o liga, ni los demás divertimientos con que se recompensaba su
+aplicación.
+
+Mientras estudió la segunda enseñanza en el colegio de Masarnau, donde
+estaba a media pensión, su mamá le repasaba las lecciones todas las
+noches, se las metía en el cerebro a puñados y a empujones, como se mete
+la lana en un cojín. Ved por dónde aquella señora se convirtió en
+sibila, intérprete de toda la ciencia humana, pues le descifraba al
+niño los puntos oscuros que en los libros había, y aclaraba todas sus
+dudas, allá como Dios le daba a entender. Para manifestar hasta dónde
+llegaba la sabiduría enciclopédica de doña Bárbara, estimulada por el
+amor materno, baste decir que también le traducía los temas de latín,
+aunque en su vida había ella sabido palotada de esta lengua. Verdad que
+era traducción libre, mejor dicho, liberal, casi demagógica. Pero Fedro
+y Cicerón no se hubieran incomodado si estuvieran oyendo por encima del
+hombro de la maestra, la cual sacaba inmenso partido de lo poco que el
+discípulo sabía. También le cultivaba la memoria, descargándosela de
+fárrago inútil, y le hacía ver claros los problemas de aritmética
+elemental, valiéndose de garbanzos o judías, pues de otro modo no andaba
+ella muy a gusto por aquellos derroteros. Para la Historia Natural,
+solía la maestra llamar en su auxilio al león del Retiro, y únicamente
+en la Química se quedaban los dos parados, mirándose el uno al otro,
+concluyendo ella por meterle en la memoria las fórmulas, después de
+observar que estas cosas no las entienden más que los boticarios, y que
+todo se reduce a si se pone más o menos cantidad de agua del pozo.
+Total: que cuando Juan se hizo bachiller en Artes, Barbarita declaraba
+riendo que con estos teje-manejes se había vuelto, sin saberlo, una doña
+Beatriz Galindo para latines y una catedrática universal.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+En este interesante periodo de la crianza del heredero, desde el 45 para
+acá, sufrió la casa de Santa Cruz la transformación impuesta por los
+tiempos, y que fue puramente externa, continuando inalterada en lo
+esencial. En el escritorio y en el almacén aparecieron los primeros
+mecheros de gas hacia el año 49, y el famoso velón de cuatro luces
+recibió tan tremenda bofetada de la dura mano del progreso, que no se le
+volvió a ver más por ninguna parte. En la caja habían entrado ya los
+primeros billetes del Banco de San Fernando, que sólo se usaban para el
+pago de letras, pues el público los miraba aún con malos ojos. Se
+hablaba aún de talegas, y la operación de contar cualquier cantidad era
+obra para que la desempeñara Pitágoras u otro gran aritmético, pues con
+los doblones y ochentines, las pesetas catalanas, los duros españoles,
+los de veintiuno y cuartillo, las onzas, las pesetas columnarias y las
+monedas macuquinas, se armaba un belén espantoso.
+
+Aún no se conocían el sello de correo, ni los sobres ni otras conquistas
+del citado progreso. Pero ya los dependientes habían empezado a
+sacudirse las cadenas; ya no eran aquellos parias del tiempo de D.
+Baldomero I, a quienes no se permitía salir sino los domingos y en
+comunidad, y cuyo vestido se confeccionaba por un patrón único, para que
+resultasen uniformados como colegiales o presidiarios. Se les dejaba
+concurrir a los bailes de Villahermosa o de candil, según las aficiones
+de cada uno. Pero en lo que no hubo variación fue en aquel piadoso
+atavismo de hacerles rezar el rosario todas las noches. Esto no pasó a
+la historia hasta la época reciente del traspaso a _los Chicos_.
+Mientras fue D. Baldomero jefe de la casa, esta no se desvió en lo
+esencial de los ejes diamantinos sobre que la tenía montada el padre, a
+quien se podría llamar _D. Baldomero el Grande_. Para que el progreso
+pusiera su mano en la obra de aquel hombre extraordinario, cuyo retrato,
+debido al pincel de D. Vicente López, hemos contemplado con satisfacción
+en la sala de sus ilustres descendientes, fue preciso que todo Madrid se
+transformase; que la desamortización edificara una ciudad nueva sobre
+los escombros de los conventos; que el Marqués de Pontejos adecentase
+este lugarón; que las reformas arancelarias del 49 y del 68, pusieran
+patas arriba todo el comercio madrileño; que el grande ingenio de
+Salamanca idease los primeros ferrocarriles; que Madrid se _colocase_,
+por arte del vapor, a cuarenta horas de París, y por fin, que hubiera
+muchas guerras y revoluciones y grandes trastornos en la riqueza
+individual.
+
+También la casa de Gumersindo Arnaiz, hermano de Barbarita, ha pasado
+por grandes crisis y mudanzas desde que murió D. Bonifacio. Dos años
+después del casamiento de su hermana con Santa Cruz, casó Gumersindo con
+Isabel Cordero, hija de D. Benigno Cordero, mujer de gran disposición,
+que supo ver claro en el negocio de tiendas y ha sido la salvadora de
+aquel acreditado establecimiento. Comprometido éste del 40 al 45, por
+los últimos errores del difunto Arnaiz, se defendió con los _mahones_,
+aquellas telas ligeras y frescas que tanto se usaron hasta el 54. El
+género de China decaía visiblemente. Las galeras aceleradas iban
+trayendo a Madrid cada día con más presteza las novedades parisienses, y
+se apuntaba la invasión lenta y tiránica de los medios colores, que
+pretenden ser signo de cultura. La sociedad española empezaba a presumir
+de _seria_; es decir, a vestirse lúgubremente, y el alegre imperio de
+los colorines se derrumbaba de un modo indudable. Como se habían ido las
+capas rojas, se fueron los pañuelos de Manila. La aristocracia los cedía
+con desdén a la clase media, y esta, que también quería ser aristócrata,
+entregábalos al pueblo, último y fiel adepto de los matices vivos. Aquel
+encanto de los ojos, aquel prodigio de color, remedo de la naturaleza
+sonriente, encendida por el sol de Mediodía, empezó a perder terreno,
+aunque el pueblo, con instinto de colorista y poeta, defendía la prenda
+española como defendió el parque de Monteleón y los reductos de
+Zaragoza. Poco a poco iba cayendo el chal de los hombros de las mujeres
+hermosas, porque la sociedad se empeñaba en parecer grave, y para ser
+grave nada mejor que envolverse en tintas de tristeza. Estamos bajo la
+influencia del Norte de Europa, y ese maldito Norte nos impone los
+grises que toma de su ahumado cielo. El sombrero de copa da mucha
+respetabilidad a la fisonomía, y raro es el hombre que no se cree
+importante sólo con llevar sobre la cabeza un cañón de chimenea. Las
+señoras no se tienen por tales si no van vestidas de color de hollín,
+ceniza, rapé, verde botella o pasa de corinto. Los tonos vivos las
+encanallan, porque el pueblo ama el rojo bermellón, el amarillo tila, el
+cadmio y el verde forraje; y está tan arraigado en la plebe el
+sentimiento del color, que la _seriedad_ no ha podido establecer su
+imperio sino transigiendo. El pueblo ha aceptado el oscuro de las capas,
+imponiendo el rojo de las vueltas; ha consentido las capotas,
+conservando las mantillas y los pañuelos chillones para la cabeza; ha
+transigido con los gabanes y aun con el _polisón_, a cambio de las
+toquillas de gama clara, en que domina el celeste, el rosa y el amarillo
+de Nápoles. El crespón es el que ha ido decayendo desde 1840, no sólo
+por la citada evolución de la _seriedad_ europea, que nos ha cogido de
+medio a medio, sino por causas económicas a las que no podíamos
+sustraernos.
+
+Las comunicaciones rápidas nos trajeron mensajeros de la potente
+industria belga, francesa e inglesa, que necesitaban mercados. Todavía
+no era moda ir a buscarlos al África, y los venían a buscar aquí,
+cambiando cuentas de vidrio por pepitas de oro; es decir, lanillas,
+cretonas y merinos, por dinero contante o por obras de arte. Otros
+mensajeros saqueaban nuestras iglesias y nuestros palacios, llevándose
+los brocados históricos de casullas y frontales, el tisú y los
+terciopelos con bordados y aplicaciones, y otras muestras riquísimas de
+la industria española. Al propio tiempo arramblaban por los espléndidos
+pañuelos de Manila, que habían ido descendiendo hasta las gitanas.
+También se dejó sentir aquí, como en todas partes, el efecto de otro
+fenómeno comercial, hijo del progreso. Refiérome a los grandes
+acaparamientos del comercio inglés, debidos al desarrollo de su inmensa
+marina. Esta influencia se manifestó bien pronto en aquellos humildes
+rincones de la calle de Postas por la depreciación súbita del género de
+la China. Nada más sencillo que esta depreciación. Al fundar los
+ingleses el gran depósito comercial de Singapore, monopolizaron el
+tráfico del Asia y arruinaron el comercio que hacíamos por la vía de
+Cádiz y cabo de Buena Esperanza con aquellas apartadas regiones. Ayún y
+Senquá dejaron de ser nuestros mejores amigos, y se hicieron amigos de
+los ingleses. El sucesor de estos artistas, el fecundo e inspirado
+King-Cheong se cartea en inglés con nuestros comerciantes y da sus
+precios en libras esterlinas. Desde que Singapore apareció en la
+geografía práctica, el género de Cantón y Shangai dejó de venir en
+aquellas pesadas fragatonas de los armadores de Cádiz, los Fernández de
+Castro, los Cuesta, los Rubio; y la dilatada travesía del Cabo pasó a la
+historia como apéndice de los fabulosos trabajos de Vasco de Gama y de
+Alburquerque. La vía nueva trazáronla los vapores ingleses combinados
+con el ferrocarril de Suez.
+
+Ya en 1840 las casas que traían directamente el género de Cantón no
+podían competir con las que lo encargaban a Liverpool. Cualquier
+mercachifle de la calle de Postas se proveía de este artículo sin ir a
+tomarlo en los dos o tres depósitos que en Madrid había. Después las
+corrientes han cambiado otra vez, y al cabo de muchos años ha vuelto a
+traer España directamente las obras de King-Cheong; mas para esto ha
+sido preciso que viniera la gran vigorización del comercio después del
+68 y la robustez de los capitales de nuestros días.
+
+El establecimiento de Gumersindo Arnaiz se vio amenazado de ruina,
+porque las tres o cuatro casas cuya especialidad era como una herencia o
+traspaso de la Compañía de Filipinas, no podían seguir monopolizando la
+pañolería y demás artes chinescas. Madrid se inundaba de género a precio
+más bajo que el de las facturas de D. Bonifacio Arnaiz, y era preciso
+realizar de cualquier modo. Para compensar las pérdidas de la
+_quemazón_, urgía plantear otro negocio, buscar nuevos caminos, y aquí
+fue donde lució sus altas dotes Isabel Cordero, esposa de Gumersindo,
+que tenía más pesquis que este. Sin saber pelotada de Geografía,
+comprendía que había un Singapore y un istmo de Suez.
+
+Adivinaba el fenómeno comercial, sin acertar a darle nombre, y en vez de
+echar maldiciones contra los ingleses, como hacía su marido, se dio a
+discurrir el mejor remedio. ¿Qué corrientes seguirían? La más marcada
+era la de las _novedades_, la de la influencia de la fabricación
+francesa y belga, en virtud de aquella ley de los grises del Norte,
+invadiendo, conquistando y anulando nuestro ser colorista y romancesco.
+El vestir se anticipaba al pensar y cuando aún los versos no habían sido
+desterrados por la prosa, ya la lana había hecho trizas a la seda.
+
+«Pues apechuguemos con las _novedades_» dijo Isabel a su marido,
+observando aquel furor de modas que le entraba a esta sociedad y el afán
+que todos los madrileños sentían de ser elegantes _con seriedad_. Era,
+por añadidura, la época en que la clase media entraba de lleno en el
+ejercicio de sus funciones, apandando todos los empleos creados por el
+nuevo sistema político y administrativo, comprando a plazos todas las
+fincas que habían sido de la Iglesia, constituyéndose en propietaria del
+suelo y en usufructuaria del presupuesto, absorbiendo en fin los
+despojos del absolutismo y del clero, y fundando el imperio de la
+levita. Claro es que la levita es el símbolo; pero lo más interesante de
+tal imperio está en el vestir de las señoras, origen de energías
+poderosas, que de la vida privada salen a la pública y determinan hechos
+grandes. ¡Los trapos, ay! ¿Quién no ve en ellos una de las principales
+energías de la época presente, tal vez una causa generadora de
+movimiento y vida? Pensad un poco en lo que representan, en lo que
+valen, en la riqueza y el ingenio que consagra a producirlos la ciudad
+más industriosa del mundo, y sin querer, vuestra mente os presentará
+entre los pliegues de las telas de moda todo nuestro organismo
+mesocrático, ingente pirámide en cuya cima hay un sombrero de copa; toda
+la máquina política y administrativa, la deuda pública y los
+ferrocarriles, el presupuesto y las rentas, el Estado tutelar y el
+parlamentarismo socialista.
+
+Pero Gumersindo e Isabel habían llegado un poco tarde, porque las
+_novedades_ estaban en manos de mercaderes listos, que sabían ya el
+camino de París. Arnaiz fue también allá; mas no era hombre de gusto y
+trajo unos adefesios que no tuvieron aceptación. La Cordero, sin
+embargo, no se desanimaba. Su marido empezaba a atontarse; ella a _ver
+claro_. Vio que las costumbres de Madrid se transformaban rápidamente,
+que esta orgullosa Corte iba a pasar en poco tiempo de la condición de
+aldeota indecente a la de capital civilizada. Porque Madrid no tenía de
+metrópoli más que el nombre y la vanidad ridícula. Era un payo con
+casaca de gentil-hombre y la camisa desgarrada y sucia. Por fin el
+paleto se disponía a ser señor de verdad. Isabel Cordero, que se
+anticipaba a su época, presintió la traída de aguas del Lozoya, en
+aquellos veranos ardorosos en que el Ayuntamiento refrescaba y
+alimentaba las fuentes del Berro y de la Teja con cubas de agua sacada
+de los pozos; en aquellos tiempos en que los portales eran sentinas y en
+que los vecinos iban de un cuarto a otro con el pucherito en la mano,
+pidiendo por favor un poco de agua para afeitarse.
+
+La perspicaz mujer vio el porvenir, oyó hablar del gran proyecto de
+Bravo Murillo, como de una cosa que ella había sentido en su alma. Por
+fin Madrid, dentro de algunos años, iba a tener raudales de agua
+distribuidos en las calles y plazas, y adquiriría la costumbre de
+lavarse, por lo menos, la cara y las manos. Lavadas estas partes, se
+lavaría después otras. Este Madrid, que entonces era futuro, se le
+representó con visiones de camisas limpias en todas las clases, de
+mujeres ya acostumbradas a mudarse todos los días, y de señores que eran
+la misma pulcritud. De aquí nació la idea de dedicar la casa al género
+blanco, y arraigada fuertemente la idea, poco a poco se fue haciendo
+realidad. Ayudado por D. Baldomero y Arnaiz, Gumersindo empezó a traer
+batistas finísimas de Inglaterra, holandas y escocias, irlandas y
+madapolanes, _nansouk_ y cretonas de Alsacia, y la casa se fue
+levantando no sin trabajo de su postración hasta llegar a adquirir una
+prosperidad relativa. Complemento de este negocio _en blanco_, fueron la
+damasquería gruesa, los cutíes para colchones y la mantelería de
+Courtray que vino a ser _especialidad_ de la casa, como lo decía un
+rótulo añadido al letrero antiguo de la tienda. Las puntillas y
+encajería mecánica vinieron más tarde, siendo tan grandes los pedidos de
+Arnaiz, que una fábrica de Suiza trabajaba sólo para él. Y por fin, las
+crinolinas dieron al establecimiento buenas ganancias. Isabel Cordero,
+que había presentido el Canal del Lozoya, presintió también el
+miriñaque; que los franceses llamaban _Malakoff_, invención absurda que
+parecía salida de un cerebro enfermo de tanto pensar en la dirección de
+los globos.
+
+De la pañolería y artículos asiáticos, sólo quedaban en la casa por los
+años del 50 al 60 tradiciones religiosamente conservadas. Aún había
+alguna torrecilla de marfil, y buena porción de mantones ricos de alto
+precio en cajas primorosas. Era quizás Gumersindo la persona que en
+Madrid tenía más arte para doblarlos, porque ha de saberse que doblar un
+crespón era tarea tan difícil como hinchar un perro. No sabían hacerlo
+sino los que de antiguo tenían la costumbre de manejar aquel artículo,
+por lo cual muchas damas, que en algún baile de máscaras se ponían el
+chal, lo mandaban al día siguiente, con la caja, a la tienda de
+Gumersindo Arnaiz, para que este lo doblase según arte tradicional, es
+decir, dejando oculta la rejilla de a tercia y el fleco de a cuarta, y
+visible en el cuartel superior el dibujo central. También se conservaban
+en la tienda los dos maniquís vestidos de mandarines. Se pensó en
+retirarlos, porque ya estaban los pobres un poco tronados; pero
+Barbarita se opuso, porque dejar de verlos allí haciendo juego con la
+fisonomía lela y honrada del Sr. de Ayún, era como si enterrasen a
+alguno de la familia; y aseguró que si su hermano se obstinaba en
+quitarlos, ella se los llevaría a su casa para ponerlos en el comedor,
+haciendo juego con los aparadores.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Aquella gran mujer, Isabel Cordero de Arnaiz, dotada de todas las
+agudezas del traficante y de todas las triquiñuelas económicas del ama
+de gobierno, fue agraciada además por el Cielo con una fecundidad
+prodigiosa. En 1845, cuando nació Juanito, ya había tenido ella cinco, y
+siguió pariendo con la puntualidad de los vegetales que dan fruto cada
+año. Sobre aquellos cinco hay que apuntar doce más en la cuenta; total,
+diez y siete partos, que recordaba asociándolos a fechas célebres del
+reinado de Isabel II. «Mi primer hijo--decía--nació cuando vino la tropa
+carlista hasta las tapias de Madrid. Mi Jacinta nació cuando se casó la
+Reina, con pocos días de diferencia. Mi Isabelita vino al mundo el día
+mismo en que el cura Merino le pegó la puñalada a Su Majestad, y tuve a
+Rupertito el día de San Juan del 58, el mismo día que se inauguró la
+traída de aguas».
+
+Al ver la estrecha casa, se daba uno a pensar que la ley de
+impenetrabilidad de los cuerpos fue el pretexto que tomó la muerte para
+mermar aquel bíblico rebaño. Si los diez y siete chiquillos hubieran
+vivido, habría sido preciso ponerlos en los balcones como los tiestos, o
+colgados en jaulas de machos de perdiz. El garrotillo y la escarlatina
+fueron entresacando aquella mies apretada, y en 1870 no quedaban ya más
+que nueve. Los dos primeros volaron a poco de nacidos. De tiempo en
+tiempo se moría uno, ya crecidito, y se aclaraban las filas. En no sé
+qué año, se murieron tres con intervalo de cuatro meses. Los que
+rebasaron de los diez años, se iban criando regularmente.
+
+He dicho que eran nueve. Falta consignar que de estas nueve cifras,
+siete correspondían al sexo femenino. ¡Vaya una plaga que le había caído
+al bueno de Gumersindo! ¿Qué hacer con siete chiquillas? Para guardarlas
+cuando fueran mujeres, se necesitaba un cuerpo de ejército. ¿Y cómo
+casarlas bien a todas? ¿De dónde iban a salir siete maridos buenos?
+Gumersindo, siempre que de esto se le hablaba, echábalo a broma,
+confiando en la buena mano que tenía su mujer para todo.
+«Verán--decía--, cómo saca ella de debajo de las piedras siete yernos de
+primera». Pero la fecunda esposa no las tenía todas consigo. Siempre que
+pensaba en el porvenir de sus hijas se ponía triste; y sentía como
+remordimientos de haber dado a su marido una familia que era un problema
+económico. Cuando hablaba de esto con su cuñada Barbarita, lamentábase
+de parir hembras como de una responsabilidad. Durante su campaña
+prolífica, desde el 38 al 60, acontecía que a los cuatro o cinco meses
+de haber dado a luz, ya estaba otra vez en cinta. Barbarita no se
+tomaba el trabajo de preguntárselo, y lo daba por hecho. «Ahora--le
+decía--, vas a tener un muchacho». Y la otra, enojada, echando pestes
+contra su fecundidad, respondía: «Varón o hembra, estos regalos debieran
+ser para ti. A ti debiera Dios darte un canario de alcoba todos los
+años».
+
+Las ganancias del establecimiento no eran escasas; pero los esposos
+Arnaiz no podían llamarse ricos, porque con tanto parto y tanta muerte
+de hijos y aquel familión de hembras la casa no acababa de florecer como
+debiera. Aunque Isabel hacía milagros de arreglo y economía, el
+considerable gasto cotidiano quitaba al establecimiento mucha savia.
+Pero nunca dejó de cumplir Gumersindo sus compromisos comerciales, y si
+su capital no era grande, tampoco tenía deudas. El _quid_ estaba en
+colocar bien las siete chicas, pues mientras esta tremenda campaña
+matrimoñesca no fuera coronada por un éxito brillante, en la casa no
+podía haber grandes ahorros.
+
+Isabel Cordero era, veinte años ha, una mujer desmejorada, pálida,
+deforme de talle, como esas personas que parece se están desbaratando y
+que no tienen las partes del cuerpo en su verdadero sitio. Apenas se
+conocía que había sido bonita. Los que la trataban no podían
+imaginársela en estado distinto del que se llama interesante, porque el
+barrigón parecía en ella cosa normal, como el color de la tez o la
+forma de la nariz. En tal situación y en los breves periodos que tenía
+libres, su actividad era siempre la misma, pues hasta el día de caer en
+la cama estaba sobre un pie, atendiendo incansable al complicado
+gobierno de aquella casa. Lo mismo funcionaba en la cocina que en el
+escritorio, y acabadita de poner la enorme sartén de migas para la cena
+o el calderón de patatas, pasaba a la tienda a que su marido la enterase
+de las facturas que acababa de recibir o de los avisos de letras.
+Cuidaba principalmente de que sus niñas no estuviesen ociosas. Las más
+pequeñas y los varoncitos iban a la escuela; las mayores trabajaban en
+el gabinete de la casa, ayudando a su madre en el repaso de la ropa, o
+en acomodar al cuerpo de los varones las prendas desechadas del padre.
+Alguna de ellas se daba maña para planchar; solían también lavar en el
+gran artesón de la cocina, y zurcir y echar un remiendo. Pero en lo que
+mayormente sobresalían todas era en el arte de arreglar sus propios
+perendengues. Los domingos, cuando su mamá las sacaba a paseo, en larga
+procesión, iban tan bien apañaditas que daba gusto verlas. Al ir a misa,
+desfilaban entre la admiración de los fieles; porque conviene apuntar
+que eran muy monas. Desde las dos mayores que eran ya mujeres, hasta la
+última, que era una miniaturita, formaban un rebaño interesantísimo que
+llamaba la atención por el número y la escala gradual de las tallas.
+Los conocidos que las veían entrar, decían: «ya está ahí doña Isabel con
+el muestrario». La madre, peinada con la mayor sencillez, sin ningún
+adorno, flácida, pecosa y desprovista ya de todo atractivo personal que
+no fuera la respetabilidad, pastoreaba aquel rebaño, llevándolo por
+delante como los paveros en Navidad.
+
+¡Y que no pasaba flojos apuros la pobre para salir airosa en aquel papel
+inmenso! A Barbarita le hacía ordinariamente sus confidencias. «Mira,
+hija, algunos meses me veo tan agonizada, que no sé qué hacer. Dios me
+protege, que si no... Tú no sabes lo que es vestir siete hijas. Los
+varones, con los desechos de la ropa de su padre que yo les arreglo, van
+tirando. ¡Pero las niñas!... ¡Y con estas modas de ahora y este
+suponer!... ¿Viste la pieza de merino azul?, pues no fue bastante y tuve
+que traer diez varas más. ¡Nada te quiero decir del ramo de zapatos!
+Gracias que dentro de casa la que se me ponga otro calzado que no sea
+las alpargatitas de cáñamo, ya me tiene hecha una leona. Para llenarles
+la barriga, me defiendo con las patatas y las migas. Este año he
+suprimido los estofados. Sé que los dependientes refunfuñan; pero no me
+importa. Que vayan a otra parte donde los traten mejor. ¿Creerás que un
+quintal de carbón se me va como un soplo? Me traigo a casa dos arrobas
+de aceite, y a los pocos días... pif... parece que se lo han chupado las
+lechuzas. Encargo a Estupiñá dos o tres quintales de patatas, hija, y
+como si no trajera nada». En la casa había dos mesas. En la primera
+comían el principal y su señora, las niñas, el dependiente más antiguo y
+algún pariente, como Primitivo Cordero cuando venía a Madrid de su finca
+de Toledo, donde residía. A la segunda se sentaban los dependientes
+menudos y los dos hijos, uno de los cuales hacía su aprendizaje en la
+tienda de blondas de Segundo Cordero. Era un total de diez y siete o
+diez y ocho bocas. El gobierno de tal casa, que habría rendido a
+cualquiera mujer, no fatigaba visiblemente a Isabel. A medida que las
+niñas iban creciendo, disminuía para la madre parte del trabajo
+material; pero este descanso se compensaba con el exceso de vigilancia
+para guardar el rebaño, cada vez más perseguido de lobos y expuesto a
+infinitas asechanzas. Las chicas no eran malas, pero eran jovenzuelas, y
+ni Cristo Padre podía evitar los atisbos por el único balcón de la casa
+o por la ventanucha que daba al callejón de San Cristóbal. Empezaban a
+entrar en la casa cartitas, y a desarrollarse esas intrigüelas inocentes
+que son juegos de amor, ya que no el amor mismo. Doña Isabel estaba
+siempre con cada ojo como un farol, y no las perdía de vista un momento.
+A esta fatiga ruda del espionaje materno uníase el trabajo de exhibir y
+airear el muestrario, por ver si caía algún parroquiano o por otro
+nombre, marido. Era forzoso _hacer el artículo_, y aquella gran mujer,
+negociante en hijas, no tenía más remedio que vestirse y concurrir con
+su _género_ a tal o cual tertulia de amigas, porque si no lo hacía,
+ponían las nenas unos morros que no se las podía aguantar. Era también
+de rúbrica el paseíto los domingos, en corporación, las niñas muy bien
+arregladitas con cuatro pingos que parecían lo que no eran, la mamá muy
+estirada de guantes, que le imposibilitaban el uso de los dedos, con
+manguito que le daba un calor excesivo a las manos, y su buena
+cachemira. Sin ser vieja lo parecía.
+
+Dios, al fin, apreciando los méritos de aquella heroína, que ni un punto
+se apartaba de su puesto en el combate social, echó una mirada de
+benevolencia sobre el muestrario y después lo bendijo. La primera chica
+que se casó fue la segunda, llamada Candelaria, y en honor de la verdad,
+no fue muy lucido aquel matrimonio. Era el novio un buen muchacho,
+dependiente en la camisería de la viuda de Aparisi. Llamábase Pepe
+Samaniego y no tenía más fortuna que sus deseos de trabajar y su
+honradez probada. Su apellido se veía mucho en los rótulos del comercio
+menudo. Un tío suyo era boticario en la calle del Ave María. Tenía un
+primo pescadero, otro tendero de capas en la calle de la Cruz, otro
+prestamista, y los demás, lo mismo que sus hermanos, eran todos
+horteras. Pensaron primero los de Arnaiz oponerse a aquella unión; mas
+pronto se hicieron esta cuenta: «No están los tiempos para hilar muy
+delgado en esto de los maridos. Hay que tomar todo lo que se presente,
+porque son siete a colocar. Basta con que el chico sea formal y
+trabajador».
+
+Casose luego la mayor, llamada Benigna en memoria de su abuelito el
+héroe de Boteros. Esta sí que fue buena boda. El novio era Ramón
+Villuendas, hijo mayor del célebre cambiante de la calle de Toledo; gran
+casa, fortuna sólida. Era ya viudo con dos chiquillos, y su parentela
+ofrecía variedad chocante en orden de riqueza. Su tío D. Cayetano
+Villuendas estaba casado con Eulalia hermana del marqués de Casa-Muñoz,
+y poseía muchos millones; en cambio, había un Villuendas tabernero y
+otro que tenía un tenducho de percales y bayetas llamado _El Buen
+Gusto_. El parentesco de los Villuendas pobres con los ricos no se veía
+muy claro; pero parientes eran y muchos de ellos se trataban y se
+tuteaban.
+
+La tercera de las chicas, llamada Jacinta, pescó marido al año
+siguiente. ¡Y qué marido!... Pero al llegar aquí, me veo precisado a
+cortar esta hebra, y paso a referir ciertas cosas que han de preceder a
+la boda de Jacinta.
+
+
+
+
+
+-III-
+
+Estupiñá
+
+
+
+
+--i--
+
+
+En la tienda de Arnaiz, junto a la reja que da a la calle de San
+Cristóbal, hay actualmente tres sillas de madera curva de Viena, las
+cuales sucedieron hace años a un banco sin respaldo forrado de hule
+negro, y este banco tuvo por antecesor a un arcón o caja vacía. Aquélla
+era la sede de la inmemorial tertulia de la casa. No había tienda sin
+tertulia, como no podía haberla sin mostrador y santo tutelar. Era esto
+un servicio suplementario que el comercio prestaba a la sociedad en
+tiempos en que no existían casinos, pues aunque había sociedades
+secretas y clubs y cafés más o menos patrióticos, la gran mayoría de los
+ciudadanos pacíficos no iba a ellos, prefiriendo charlar en las tiendas.
+Barbarita tiene aún reminiscencias vagas de la tertulia en los tiempos
+de su niñez. Iba un fraile muy flaco que era el padre Alelí, un señor
+pequeñito con anteojos, que era el papá de Isabel, algunos militares y
+otros tipos que se confundían en su mente con las figuras de los dos
+mandarines.
+
+Y no sólo se hablaba de asuntos políticos y de la guerra civil, sino de
+cosas del comercio. Recuerda la señora haber oído algo acerca de los
+primeros fósforos o mistos que vinieron al mercado, y aun haberlos
+visto. Era como una botellita en la cual se metía la cerilla, y salía
+echando lumbre. También oyó hablar de las primeras alfombras de moqueta,
+de los primeros colchones de muelles, y de los primeros ferrocarriles,
+que alguno de los tertulios había visto en el extranjero, pues aquí ni
+asomos de ellos había todavía. Algo se apuntó allí sobre el billete de
+Banco, que en Madrid no fue papel-moneda corriente hasta algunos años
+después, y sólo se usaba entonces para los pagos fuertes de la banca.
+Doña Bárbara se acuerda de haber visto el primer billete que llevaron a
+la tienda como un objeto de curiosidad, y todos convinieron en que era
+mejor una onza. El gas fue muy posterior a esto.
+
+La tienda se transformaba; pero la tertulia era siempre la misma en el
+curso lento de los años. Unos habladores se iban y venían otros. No
+sabemos a qué época fija se referirían estos párrafos sueltos que al
+vuelo cogía Barbarita cuando, ya casada, entraba en la tienda a
+descansar un ratito, de vuelta de paseo o de compras: «¡Qué hermosotes
+iban esta mañana los del _tercero de fusileros_ con sus pompones
+nuevos!»... «El Duque ha oído misa hoy en las Calatravas. Iba con Linaje
+y con San Miguel»...
+
+«¿Sabe usted, Estupiñá, lo que dicen ahora? Pues dicen que los ingleses
+proyectan construir barcos de _fierro_».
+
+El llamado Estupiñá debía de ser indispensable en todas las tertulias de
+tiendas, porque cuando no iba a la de Arnaiz, todo se volvía preguntar:
+«Y Plácido, ¿qué es de él?». Cuando entraba le recibían con
+exclamaciones de alegría, pues con su sola presencia animaba la
+conversación. En 1871 conocí a este hombre, que fundaba su vanidad en
+_haber visto toda la historia de España_ en el presente siglo. Había
+venido al mundo en 1803 y se llamaba hermano de fecha de Mesonero
+Romanos, por haber nacido, como este, el 19 de Julio del citado año. Una
+sola frase suya probará su inmenso saber en esa historia viva que se
+aprende con los ojos: «Vi a José I como le estoy viendo a usted ahora».
+Y parecía que se relamía de gusto cuando le preguntaban: «¿Vio usted al
+duque de Angulema, a lord Wellington?...». «Pues ya lo creo». Su
+contestación era siempre la misma: «Como le estoy viendo a usted». Hasta
+llegaba a incomodarse cuando se le interrogaba en tono dubitativo. «¡Que
+si vi entrar a María Cristina!... Hombre, si eso es de ayer...». Para
+completar su erudición ocular, hablaba del _aspecto que presentaba
+Madrid_ el 1.º de Septiembre de 1840, como si fuera cosa de la semana
+pasada. Había visto morir a Canterac; ajusticiar a Merino, «nada menos
+que sobre el propio patíbulo», por ser él hermano de la Paz y Caridad;
+había visto matar a Chico..., precisamente ver no, pero oyó los tiritos,
+hallándose en la calle de las Velas; había visto a Fernando VII el 7 de
+Julio cuando salió al balcón a decir a los milicianos que _sacudieran_ a
+los de la Guardia; había visto a Rodil y al sargento García arengando
+desde otro balcón, el año 36; había visto a O'Donnell y Espartero
+abrazándose, a Espartero solo saludando al pueblo, a O'Donnell solo,
+todo esto en un balcón, y por fin, en un balcón había visto también en
+fecha cercana a otro personaje diciendo a gritos que se habían acabado
+los Reyes. La historia que Estupiñá sabía estaba escrita en los
+balcones.
+
+La biografía mercantil de este hombre es tan curiosa como sencilla. Era
+muy joven cuando entró de hortera en casa de Arnaiz, y allí sirvió
+muchos años, siempre bien quisto del principal por su honradez
+acrisolada y el grandísimo interés con que miraba todo lo concerniente
+al establecimiento. Y a pesar de tales prendas, Estupiñá no era un buen
+dependiente. Al despachar, entretenía demasiado a los parroquianos, y si
+le mandaban con un recado o comisión a la Aduana, tardaba tanto en
+volver, que muchas veces creyó D. Bonifacio que le habían llevado preso.
+La singularidad de que teniendo Plácido estas mañas, no pudieran los
+dueños de la tienda prescindir de él, se explica por la ciega confianza
+que inspiraba, pues estando él al cuidado de la tienda y de la caja, ya
+podían Arnaiz y su familia echarse a dormir. Era su fidelidad tan grande
+como su humildad, pues ya le podían reñir y decirle cuantas perrerías
+quisieran, sin que se incomodase. Por esto sintió mucho Arnaiz que
+Estupiñá dejara la casa en 1837, cuando se le antojó establecerse con
+los dineros de una pequeña herencia. Su principal, que le conocía bien,
+hacía lúgubres profecías del porvenir comercial de Plácido, trabajando
+por su cuenta.
+
+Prometíaselas él muy felices en la tienda de bayetas y paños del Reino
+que estableció en la Plaza Mayor, junto a la Panadería. No puso
+dependientes, porque la cortedad del negocio no lo consentía; pero su
+tertulia fue la más animada y dicharachera de todo el barrio. Y ved aquí
+el secreto de lo poco que dio de sí el establecimiento, y la
+justificación de los vaticinios de D. Bonifacio. Estupiñá tenía un vicio
+hereditario y crónico, contra el cual eran impotentes todas las demás
+energías de su alma; vicio tanto más avasallador y terrible cuanto más
+inofensivo parecía. No era la bebida, no era el amor, ni el juego ni el
+lujo; era la conversación. Por un rato de palique era Estupiñá capaz de
+dejar que se llevaran los demonios el mejor negocio del mundo. Como él
+pegase la hebra con gana, ya podía venirse el cielo abajo, y antes le
+cortaran la lengua que la hebra. A su tienda iban los habladores más
+frenéticos, porque el vicio llama al vicio. Si en lo más sabroso de su
+charla entraba alguien a comprar, Estupiñá le ponía la cara que se pone
+a los que van a dar sablazos. Si el género pedido estaba sobre el
+mostrador, lo enseñaba con gesto rápido, deseando que acabase pronto la
+interrupción; pero si estaba en lo alto de la anaquelería, echaba hacia
+arriba una mirada de fatiga, como el que pide a Dios paciencia,
+diciendo: «¿Bayeta amarilla? Mírela usted. Me parece que es angosta para
+lo que usted la quiere». Otras veces dudaba o aparentaba dudar si tenía
+lo que le pedían. «¿Gorritas para niño? ¿Las quiere usted de visera de
+hule?... Sospecho que hay algunas, pero son de esas que no se usan
+ya...».
+
+Si estaba jugando al tute o al mus, únicos juegos que sabía y en los que
+era maestro, primero se hundía el mundo que apartar él su atención de
+las cartas. Era tan fuerte el ansia de charla y de trato social, se lo
+pedía el cuerpo y el alma con tal vehemencia, que si no iban habladores
+a la tienda no podía resistir la comezón del vicio, echaba la llave, se
+la metía en el bolsillo y se iba a otra tienda en busca de aquel licor
+palabrero con que se embriagaba. Por Navidad, cuando se empezaban a
+armar los puestos de la Plaza, el pobre tendero no tenía valor para
+estarse metido en aquel cuchitril oscuro. El sonido de la voz humana, la
+luz y el rumor de la calle eran tan necesarios a su existencia como el
+aire. Cerraba, y se iba a dar conversación a las mujeres de los puestos.
+A todas las conocía, y se enteraba de lo que iban a vender y de cuanto
+ocurriera en la familia de cada una de ellas. Pertenecía, pues, Estupiñá
+a aquella raza de tenderos, de la cual quedan aún muy pocos ejemplares,
+cuyo papel en el mundo comercial parece ser la atenuación de los males
+causados por los excesos de la oferta impertinente, y disuadir al
+consumidor de la malsana inclinación a gastar el dinero. «D. Plácido,
+¿tiene usted pana azul?».--«¡Pana azul!, ¿y quién te mete a ti en esos
+lujos? Sí que la tengo; pero es cara para ti». --«Enséñemela usted... y
+a ver si me la arregla»... Entonces hacía el hombre un desmedido
+esfuerzo, como quien sacrifica al deber sus sentimientos y gustos más
+queridos, y bajaba la pieza de tela. «Vaya, aquí está la pana. Si no la
+has de comprar, si todo es gana de moler, ¿para qué quieres verla?
+¿Crees que yo no tengo nada qué hacer?».--«Lo que dije; estas mujeres
+marean a Cristo. Hay otra clase, sí señora. ¿La compras, sí o no? A
+veinte y dos reales, ni un cuarto menos».--«Pero déjela ver... ¡ay qué
+hombre! ¿Cree que me voy a comer la pieza?»... «A veinte y dos
+realetes». --«¡Ande y que lo parta un rayo!».--«Que te parta a ti, mal
+criada, respondona, tarasca...».
+
+Era muy fino con las señoras de alto copete. Su afabilidad tenía tonos
+como este: «¿La cúbica? Sí que la hay. ¿Ve usted la pieza allá arriba?
+Me parece, señora, que no es lo que usted busca... digo, me parece; no
+es que yo me quiera meter... Ahora se estilan rayaditas: de eso no
+tengo. Espero una remesa para el mes que entra. Ayer vi a las niñas con
+el Sr. D. Cándido. Vaya, que están creciditas. ¿Y cómo sigue el señor
+mayor? ¡No le he visto desde que íbamos juntos a la bóveda de San
+Ginés!»... Con este sistema de vender, a los cuatro años de comercio se
+podían contar las personas que al cabo de la semana traspasaban el
+dintel de la tienda. A los seis años no entraban allí ni las moscas.
+Estupiñá abría todas las mañanas, barría y regaba la acera, se ponía los
+manguitos verdes y se sentaba detrás del mostrador a leer el _Diario de
+Avisos_. Poco a poco iban llegando los amigos, aquellos hermanos de su
+alma, que en la soledad en que Plácido estaba le parecían algo como la
+paloma del arca, pues le traían en el pico algo más que un ramo de
+oliva, le traían la palabra, el sabrosísimo fruto y la flor de la vida,
+el alcohol del alma, con que apacentaba su vicio... Pasábanse el día
+entero contando anécdotas, comentando sucesos políticos, tratando de tú
+a Mendizábal, a Calatrava, a María Cristina y al mismo Dios, trazando
+con el dedo planes de campaña sobre el mostrador en extravagantes líneas
+tácticas; demostrando que Espartero debía ir necesariamente por aquí y
+Villarreal por allá; refiriendo también sucedidos del comercio, llegadas
+de tal o cual género; lances de Iglesia y de milicia y de mujeres y de
+la corte, con todo lo demás que cae bajo el dominio de la bachillería
+humana. A todas estas el cajón del dinero no se abría ni una sola vez,
+y a la vara de medir, sumida en plácida quietud, le faltaba poco para
+reverdecer y echar flores como la vara de San José. Y como pasaban meses
+y meses sin que se renovase el género, y allí no había más que maulas y
+vejeces, el trueno fue gordo y repentino. Un día le embargaron todo, y
+Estupiñá salió de la tienda con tanta pena como dignidad.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Aquel gran filósofo no se entregó a la desesperación. Viéronle sus
+amigos tranquilo y resignado. En su aspecto y en el reposo de su
+semblante había algo de Sócrates, admitiendo que Sócrates fuera hombre
+dispuesto a estarse siete horas seguidas con la palabra en la boca.
+Plácido había salvado el honor, que era lo importante, pagando
+religiosamente a todo el mundo con las existencias. Se había quedado con
+lo puesto y sin una mota. No salvó más mueble que la vara de medir. Era
+forzoso, pues, buscar algún modo de ganarse la vida. ¿A qué se
+dedicaría? ¿En qué ramo del comercio emplearía sus grandes dotes?
+Dándose a pensar en esto, vino a descubrir que en medio de su gran
+pobreza conservaba un capital que seguramente le envidiarían muchos: las
+relaciones. Conocía a cuantos almacenistas y tenderos había en Madrid;
+todas las puertas se le franqueaban, y en todas partes le ponían buena
+cara por su honradez, sus buenas maneras y principalmente por aquella
+bendita labia que Dios le había dado. Sus relaciones y estas aptitudes
+le sugirieron, pues, la idea de dedicarse a corredor de géneros. D.
+Baldomero Santa Cruz, el gordo Arnaiz, Bringas, Moreno, Labiano y otros
+almacenistas de paños, lienzos o novedades, le daban piezas para que las
+fuera enseñando de tienda en tienda. Ganaba el 2 por 100 de comisión por
+lo que vendía. ¡María Santísima, qué vida más deliciosa y qué bien hizo
+en adoptarla, porque cosa más adecuada a su temperamento no se podía
+imaginar! Aquel correr continuo, aquel entrar por diversas puertas,
+aquel saludar en la calle a cincuenta personas y preguntarles por la
+familia era su vida, y todo lo demás era muerte. Plácido no había nacido
+para el presidio de una tienda. Su elemento era la calle, el aire libre,
+la discusión, la contratación, el recado, ir y venir, preguntar,
+cuestionar, pasando gallardamente de la seriedad a la broma. Había
+mañana en que se echaba al coleto toda la calle de Toledo de punta a
+punta, y la Concepción Jerónima, Atocha y Carretas.
+
+Así pasaron algunos años. Como sus necesidades eran muy cortas, pues no
+tenía familia que mantener ni ningún vicio como no fuera el de gastar
+saliva, bastábale para vivir lo poco que el corretaje le daba. Además,
+muchos comerciantes ricos le protegían. Este, a lo mejor, le regalaba
+una capa; otro un corte de vestido; aquel un sombrero o bien comestibles
+y golosinas. Familias de las más empingorotadas del comercio le sentaban
+a su mesa, no sólo por amistad sino por egoísmo, pues era una diversión
+oírle contar tan diversas cosas con aquella exactitud pintoresca y aquel
+esmero de detalles que encantaba. Dos caracteres principales tenía su
+entretenida charla, y eran: que nunca se declaraba ignorante de cosa
+alguna, y que jamás habló mal de nadie. Si por acaso se dejaba decir
+alguna palabra ofensiva, era contra la Aduana; pero sin individualizar
+sus acusaciones.
+
+Porque Estupiñá, al mismo tiempo que corredor, era contrabandista. Las
+piezas de Hamburgo de 26 hilos que pasó por el portillo de Gilimón,
+valiéndose de ingeniosas mañas, no son para contadas. No había otro como
+él para atravesar de noche ciertas calles con un bulto bajo la capa,
+figurándose mendigo con un niño a cuestas. Ninguno como él poseía el
+arte de deslizar un duro en la mano del empleado fiscal, en momentos de
+peligro, y se entendía con ellos tan bien para este fregado, que las
+principales casas acudían a él para desatar sus líos con la Hacienda. No
+hay medio de escribir en el Decálogo los delitos fiscales. La moral del
+pueblo se rebelaba, más entonces que ahora, a considerar las
+defraudaciones a la Hacienda como verdaderos pecados, y conforme con
+este criterio, Estupiñá no sentía alboroto en su conciencia cuando ponía
+feliz remate a una de aquellas empresas. Según él, lo que la Hacienda
+llama suyo no es suyo, sino de la nación, es decir, de Juan Particular,
+y burlar a la Hacienda es devolver a Juan Particular lo que le
+pertenece. Esta idea, sustentada por el pueblo con turbulenta fe, ha
+tenido también sus héroes y sus mártires. Plácido la profesaba con no
+menos entusiasmo que cualquier caballista andaluz, sólo que era de
+infantería, y además no quitaba la vida a nadie. Su conciencia, envuelta
+en horrorosas nieblas tocante a lo fiscal, manifestábase pura y luminosa
+en lo referente a la propiedad privada. Era hombre que antes de guardar
+un ochavo que no fuese suyo, se habría estado callado un mes.
+
+Barbarita le quería mucho. Habíale visto en su casa desde que tuvo el
+don de ver y apreciar las cosas; conocía bien, por opinión de su padre y
+por experiencia propia, las excelentes prendas y lealtad del hablador.
+Siendo niña, Estupiñá la llevaba a la escuela de la rinconada de la
+calle Imperial, y por Navidad iba con él a ver los nacimientos y los
+puestos de la plaza de Santa Cruz. Cuando D. Bonifacio Arnaiz enfermó
+para morirse, Plácido no se separó de él ni enfermo ni difunto hasta
+que le dejó en la sepultura. En todas las penas y alegrías de la casa
+era siempre el partícipe más sincero. Su posición junto a tan noble
+familia era entre amistad y servidumbre, pues si Barbarita le sentaba a
+su mesa muchos días, los más del año empleábale en recados y comisiones
+que él sabía desempeñar con exactitud suma. Ya iba a la plaza de la
+Cebada en busca de alguna hortaliza temprana, ya a la Cava Baja a
+entenderse con los ordinarios que traían encargos, o bien a Maravillas,
+donde vivían la planchadora y la encajera de la casa. Tal ascendiente
+tenía la señora de Santa Cruz sobre aquella alma sencilla y con fe tan
+ciega la respetaba y obedecía él, que si Barbarita le hubiera dicho:
+«Plácido, hazme el favor de tirarte por el balcón a la calle», el
+infeliz no habría vacilado un momento en hacerlo.
+
+Andando los años, y cuando ya Estupiñá iba para viejo y no hacía
+corretaje ni contrabando, desempeñó en la casa de Santa Cruz un cargo
+muy delicado. Como era persona de tanta confianza y tan ciegamente
+adicto a la familia, Barbarita le confiaba a Juanito para que le llevase
+y le trajera al colegio de Massarnau, o le sacara a paseo los domingos y
+fiestas. Segura estaba la mamá de que la vigilancia de Plácido era como
+la de un padre, y bien sabía que se habría dejado matar cien veces antes
+que consentir que nadie tocase al _Delfín_ (así le solía llamar) en la
+punta del cabello. Ya era este un polluelo con ínfulas de hombre cuando
+Estupiñá le llevaba a los Toros, iniciándole en los misterios del arte,
+que se preciaba de entender como buen madrileño. El niño y el viejo se
+entusiasmaban por igual en el bárbaro y pintoresco espectáculo, y a la
+salida Plácido le contaba sus proezas taurómacas, pues también, allá en
+su mocedad, había echado sus quiebros y pases de muleta, y tenía traje
+completo con lentejuelas, y toreaba novillos por lo fino, sin olvidar
+ninguna regla... Como Juanito le manifestara deseos de ver el traje,
+contestábale Plácido que hacía muchos años su hermana la sastra (que de
+Dios gozaba) lo había convertido en túnica de un Nazareno, que está en
+la iglesia de Daganzo de Abajo.
+
+Fuera del platicar, Estupiñá no tenía ningún vicio, ni se juntó jamás
+con personas ordinarias y de baja estofa. Una sola vez en su vida tuvo
+que ver con gente de mala ralea, con motivo del bautizo del chico de un
+sobrino suyo, que estaba casado con una tablajera. Entonces le ocurrió
+un lance desagradable del cual se acordó y avergonzó toda su vida; y fue
+que el pillete del sobrinito, confabulado con sus amigotes, logró
+embriagarle, dándole subrepticiamente un Chinchón capaz de marear a una
+piedra. Fue una borrachera estúpida, la primera y última de su vida; y
+el recuerdo de la degradación de aquella noche le entristecía siempre
+que repuntaba en su memoria. ¡Infames, burlar así a quien era la misma
+sobriedad! Me le hicieron beber con engaño evidente aquellas nefandas
+copas, y después no vacilaron en escarnecerle con tanta crueldad como
+grosería. Pidiéronle que cantara la Pitita, y hay motivos para creer que
+la cantó, aunque él lo niega en redondo. En medio del desconcierto de
+sus sentidos, tuvo conciencia del estado en que le habían puesto, y el
+decoro le sugirió la idea de la fuga. Echose fuera del local pensando
+que el aire de la noche le despejaría la cabeza; pero aunque sintió
+algún alivio, sus facultades y sentidos continuaban sujetos a los más
+garrafales errores. Al llegar a la esquina de la Cava de San Miguel, vio
+al sereno; mejor dicho, lo que vio fue el farol del sereno, que andaba
+hacia la rinconada de la calle de Cuchilleros. Creyó que era el Viático,
+y arrodillándose y descubriéndose, según tenía por costumbre, rezó una
+corta oración y dijo: «¡que Dios le dé lo que mejor le convenga!». Las
+carcajadas de sus soeces burladores, que le habían seguido, le volvieron
+a su acuerdo, y conocido el error, se metió a escape en su casa, que a
+dos pasos estaba. Durmió, y al día siguiente como si tal cosa. Pero
+sentía un remordimiento vivísimo que por algún tiempo le hacía suspirar
+y quedarse meditabundo. Nada afligía tanto su honrado corazón como la
+idea de que Barbarita se enterara de aquel chasco del Viático.
+Afortunadamente, o no lo supo, o si lo supo no se dio nunca por
+entendida.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Cuando conocí personalmente a este insigne hijo de Madrid, andaba ya al
+ras con los sesenta años; pero los llevaba muy bien. Era de estatura
+menos que mediana, regordete y algo encorvado hacia adelante. Los que
+quieran conocer su rostro, miren el de Rossini, ya viejo, como nos le
+han transmitido las estampas y fotografías del gran músico, y pueden
+decir que tienen delante el divino Estupiñá. La forma de la cabeza, la
+sonrisa, el perfil sobre todo, la nariz corva, la boca hundida, los ojos
+picarescos, eran trasunto fiel de aquella hermosura un tanto burlona,
+que con la acentuación de las líneas en la vejez se aproximaba algo a la
+imagen de Polichinela. La edad iba dando al perfil de Estupiñá un cierto
+parentesco con el de las cotorras.
+
+En sus últimos tiempos, del 70 en adelante, vestía con cierta
+originalidad, no precisamente por miseria, pues los de Santa Cruz
+cuidaban de que nada le faltase, sino por espíritu de tradición, y por
+repugnancia a introducir novedades en su guardarropa. Usaba un sombrero
+chato, de copa muy baja y con las alas planas, el cual pertenecía a una
+época que se había borrado ya de la memoria de los sombreros, y una capa
+de paño verde, que no se le caía de los hombros sino en lo que va de
+Julio a Septiembre. Tenía muy poco pelo, casi se puede decir ninguno;
+pero no usaba peluca. Para librar su cabeza de las corrientes frías de
+la iglesia, llevaba en el bolsillo un gorro negro, y se lo calaba al
+entrar. Era gran madrugador, y por la mañanita con la fresca se iba a
+Santa Cruz, luego a Santo Tomás y por fin a San Ginés. Después de oír
+varias misas en cada una de estas iglesias, calado el gorro hasta las
+orejas, y de echar un parrafito con beatos o sacristanes, iba de capilla
+en capilla rezando diferentes oraciones. Al despedirse, saludaba con la
+mano a las imágenes, como se saluda a un amigo que está en el balcón, y
+luego tomaba su agua bendita, fuera gorro, y a la calle.
+
+En 1869, cuando demolieron la iglesia de Santa Cruz, Estupiñá pasó muy
+malos ratos.
+
+Ni el pájaro a quien destruyen su nido, ni el hombre a quien arrojan de
+la morada en que nació, ponen cara más afligida que la que él ponía
+viendo caer entre nubes de polvo los pedazos de cascote. Por aquello de
+ser hombre no lloraba. Barbarita, que se había criado a la sombra de la
+venerable torre, si no lloraba al ver tan sacrílego espectáculo era
+porque estaba volada, y la ira no le permitía derramar lágrimas. Ni
+acertaba a explicarse por qué decía su marido que D. Nicolás Rivero era
+una gran persona. Cuando el templo desapareció; cuando fue arrasado el
+suelo, y andando los años se edificó una casa en el sagrado solar,
+Estupiñá no se dio a partido. No era de estos caracteres acomodaticios
+que reconocen los hechos consumados. Para él la iglesia estaba siempre
+allí, y toda vez que mi hombre pasaba por el punto exacto que
+correspondía al lugar de la puerta, se persignaba y se quitaba el
+sombrero.
+
+Era Plácido hermano de la Paz y Caridad, cofradía cuyo domicilio estuvo
+en la derribada parroquia. Iba, pues, a auxiliar a los reos de muerte en
+la capilla y a darles conversación en la hora tremenda, hablándoles de
+lo tonta que es esta vida, de lo bueno que es Dios y de lo ricamente que
+iban a estar en la gloria. ¡Qué sería de los pobrecitos reos si no
+tuvieran quien les diera un poco de jarabe de pico antes de entregar su
+cuello al verdugo!
+
+A las diez de la mañana concluía Estupiñá invariablemente lo que
+podríamos llamar su jornada religiosa. Pasada aquella hora, desaparecía
+de su rostro rossiniano la seriedad tétrica que en la iglesia tenía, y
+volvía a ser el hombre afable, locuaz y ameno de las tertulias de
+tienda. Almorzaba en casa de Santa Cruz o de Villuendas o de Arnaiz, y
+si Barbarita no tenía nada que mandarle, emprendía su tarea para
+_defender el garbanzo_, pues siempre hacía el papel de que trabajaba
+como un negro. Su afectada ocupación en tal época era el corretaje de
+dependientes, y fingía que los colocaba mediante un estipendio. Algo
+hacía en verdad, mas era en gran parte pura farsa; y cuando le
+preguntaban si iban bien los negocios, respondía en el tono de
+comerciante ladino que no quiere dejar clarear sus pingües ganancias:
+«Hombre, nos vamos defendiendo; no hay queja... Este mes he colocado lo
+menos treinta chicos... como no hayan sido cuarenta...».
+
+Vivía Plácido en la Cava de San Miguel. Su casa era una de las que
+forman el costado occidental de la Plaza Mayor, y como el basamento de
+ellas está mucho más bajo que el suelo de la Plaza, tienen una altura
+imponente y una estribación formidable, a modo de fortaleza. El piso en
+que el tal vivía era cuarto por la Plaza y por la Cava séptimo. No
+existen en Madrid alturas mayores, y para vencer aquellas era forzoso
+apechugar con ciento veinte escalones, _todos de piedra_, como decía
+Plácido con orgullo, no pudiendo ponderar otra cosa de su domicilio. El
+ser _todas de piedra_, desde la Cava hasta las bohardillas, da a las
+escaleras de aquellas casas un aspecto lúgubre y monumental, como de
+castillo de leyendas, y Estupiñá no podía olvidar esta circunstancia que
+le hacía interesante en cierto modo, pues no es lo mismo subir a su
+casa por una escalera como las del Escorial, que subir por viles
+peldaños de palo, como cada hijo de vecino.
+
+El orgullo de trepar por aquellas gastadas berroqueñas no excluía lo
+fatigoso del tránsito, por lo que mi amigo supo explotar sus buenas
+relaciones para abreviarlo. El dueño de una zapatería de la Plaza,
+llamado Dámaso Trujillo, le permitía entrar por su tienda, cuyo rótulo
+era _Al ramo de azucenas_. Tenía puerta para la escalera de la Cava, y
+usando esta puerta Plácido se ahorraba treinta escalones.
+
+El domicilio del hablador era un misterio para todo el mundo, pues nadie
+había ido nunca a verle, por la sencilla razón de que D. Plácido no
+estaba en su casa sino cuando dormía. Jamás había tenido enfermedad que
+le impidiera salir durante el día. Era el hombre más sano del mundo.
+Pero la vejez no había de desmentirse, y un día de Diciembre del 69 fue
+notada la falta del grande hombre en los círculos a donde solía ir.
+Pronto corrió la voz de que estaba malo, y cuantos le conocían sintieron
+vivísimo interés por él. Muchos dependientes de tiendas se lanzaron por
+aquellos escalones de piedra en busca de noticias del simpático enfermo,
+que padecía de un reuma agudo en la pierna derecha. Barbarita le mandó
+en seguida su médico, y no satisfecha con esto, ordenó a Juanito que
+fuese a visitarle, lo que el Delfín hizo de muy buen grado.
+
+Y sale a relucir aquí la visita del Delfín al anciano servidor y amigo
+de su casa, porque si Juanito Santa Cruz no hubiera hecho aquella
+visita, esta historia no se habría escrito. Se hubiera escrito otra, eso
+sí, porque por do quiera que el hombre vaya lleva consigo su novela;
+pero esta no.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Juanito reconoció el número 11 en la puerta de una tienda de aves y
+huevos. Por allí se había de entrar sin duda, pisando plumas y
+aplastando cascarones. Preguntó a dos mujeres que pelaban gallinas y
+pollos, y le contestaron, señalando una mampara, que aquella era la
+entrada de la escalera del 11. Portal y tienda eran una misma cosa en
+aquel edificio característico del Madrid primitivo. Y entonces se
+explicó Juanito por qué llevaba muchos días Estupiñá, pegadas a las
+botas, plumas de diferentes aves. Las cogía al salir, como las había
+cogido él, por más cuidado que tuvo de evitar al paso los sitios en que
+había plumas y algo de sangre. Daba dolor ver las anatomías de aquellos
+pobres animales, que apenas desplumados eran suspendidos por la cabeza,
+conservando la cola como un sarcasmo de su mísero destino. A la
+izquierda de la entrada vio el Delfín cajones llenos de huevos, acopio
+de aquel comercio. La voracidad del hombre no tiene límites, y sacrifica
+a su apetito no sólo las presentes sino las futuras generaciones
+gallináceas. A la derecha, en la prolongación de aquella cuadra lóbrega,
+un sicario manchado de sangre daba garrote a las aves. Retorcía los
+pescuezos con esa presteza y donaire que da el hábito, y apenas soltaba
+una víctima y la entregaba agonizante a las desplumadoras, cogía otra
+para hacerle la misma caricia. Jaulones enormes había por todas partes,
+llenos de pollos y gallos, los cuales asomaban la cabeza roja por entre
+las cañas, sedientos y fatigados, para respirar un poco de aire, y aun
+allí los infelices presos se daban de picotazos por aquello de _si tú
+sacaste más pico que yo... si ahora me toca a mí sacar todo el
+pescuezo_.
+
+Habiendo apreciado este espectáculo poco grato, el olor de corral que
+allí había, y el ruido de alas, picotazos y cacareo de tanta víctima,
+Juanito la emprendió con los famosos peldaños de granito, negros ya y
+gastados. Efectivamente, parecía la subida a un castillo o prisión de
+Estado. El paramento era de fábrica cubierta de yeso y este de rayas e
+inscripciones soeces o tontas. Por la parte más próxima a la calle,
+fuertes rejas de hierro completaban el aspecto feudal del edificio. Al
+pasar junto a la puerta de una de las habitaciones del entresuelo,
+Juanito la vio abierta y, lo que es natural, miró hacia dentro, pues
+todos los accidentes de aquel recinto despertaban en sumo grado su
+curiosidad. Pensó no ver nada y vio algo que de pronto le impresionó,
+una mujer bonita, joven, alta... Parecía estar en acecho, movida de una
+curiosidad semejante a la de Santa Cruz, deseando saber quién demonios
+subía a tales horas por aquella endiablada escalera. La moza tenía
+pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el
+momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese
+característico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las
+madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les
+da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca
+para volver luego a su volumen natural.
+
+Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que
+era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas
+con ella.
+
+--¿Vive aquí--le preguntó--el Sr. de Estupiñá?
+
+--¿D. Plácido?... en lo _más último de arriba_ --contestó la joven,
+dando algunos pasos hacia fuera.
+
+Y Juanito pensó: «Tú sales para que te vea el pie. Buena bota»...
+Pensando esto, advirtió que la muchacha sacaba del mantón una mano con
+mitón encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se
+desbordaba del pecho del joven Santa Cruz, y no pudo menos de decir:
+
+--¿Qué come usted, criatura?
+
+--¿No lo ve usted? --replicó mostrándoselo--Un huevo.
+
+--¡Un huevo crudo! Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por
+segunda vez el huevo roto y se atizó otro sorbo.
+
+--No sé cómo puede usted comer esas babas crudas--dijo Santa Cruz, no
+hallando mejor modo de trabar conversación.
+
+--Mejor que guisadas. ¿Quiere usted?--replicó ella ofreciendo al Delfín
+lo que en el cascarón quedaba.
+
+Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas gelatinosas
+y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta; pero no;
+le repugnaban los huevos crudos.
+
+--No, gracias. Ella entonces se lo acabó de sorber, y arrojó el
+cascarón, que fue a estrellarse contra la pared del tramo inferior.
+Estaba limpiándose los dedos con el pañuelo, y Juanito discurriendo por
+dónde pegaría la hebra, cuando sonó abajo una voz terrible que dijo:
+_¡Fortunaaá!_ Entonces la chica se inclinó en el pasamanos y soltó un
+_yia voy_ con chillido tan penetrante que Juanito creyó se le desgarraba
+el tímpano. El _yia_ principalmente sonó como la vibración agudísima de
+una hoja de acero al deslizarse sobre otra. Y al soltar aquel sonido,
+digno canto de tal ave, la moza se arrojó con tanta presteza por las
+escaleras abajo, que parecía rodar por ellas. Juanito la vio
+desaparecer, oía el ruido de su ropa azotando los peldaños de piedra y
+creyó que se mataba. Todo quedó al fin en silencio, y de nuevo emprendió
+el joven su ascensión penosa. En la escalera no volvió a encontrar a
+nadie, ni una mosca siquiera, ni oyó más ruido que el de sus propios
+pasos.
+
+Cuando Estupiñá le vio entrar sintió tanta alegría, que a punto estuvo
+de ponerse bueno instantáneamente por la sola virtud del contento. No
+estaba el hablador en la cama sino en un sillón, porque el lecho le
+hastiaba, y la mitad inferior de su cuerpo no se veía porque estaba
+liado como las momias, y envuelto en mantas y trapos diferentes. Cubría
+su cabeza, orejas inclusive, el gorro negro de punto que usaba dentro de
+la iglesia. Más que los dolores reumáticos molestaba al enfermo el no
+tener con quién hablar, pues la mujer que le servía, una tal doña
+Brígida, patrona o ama de llaves, era muy displicente y de pocas
+palabras. No poseía Estupiñá ningún libro, pues no necesitaba de ellos
+para instruirse. Su biblioteca era la sociedad y sus textos las palabras
+calentitas de los vivos. Su ciencia era su fe religiosa, y ni para rezar
+necesitaba breviarios ni florilogios, pues todas las oraciones las
+sabía de memoria. Lo impreso era para él música, garabatos que no sirven
+de nada. Uno de los hombres que menos admiraba Plácido era Guttenberg.
+Pero el aburrimiento de su enfermedad le hizo desear la compañía de
+alguno de estos habladores mudos que llamamos libros. Busca por aquí,
+busca por allá, y no se encontraba cosa impresa. Por fin, en polvoriento
+arcón halló doña Brígida un mamotreto perteneciente a un exclaustrado
+que moró en la misma casa allá por el año 40. Abriolo Estupiñá con
+respeto, ¿y qué era? El tomo undécimo del _Boletín Eclesiástico de la
+Diócesis de Lugo_. Apechugó, pues, con aquello, pues no había otra cosa.
+Y se lo atizó todo, de cabo a rabo, sin omitir letra, articulando
+correctamente las sílabas en voz baja a estilo de rezo. Ningún tropiezo
+le detenía en su lectura, pues cuando le salía al encuentro un latín
+largo y oscuro, le metía el diente sin vacilar. Las pastorales,
+sinodales, bulas y demás entretenidas cosas que el libro traía, fueron
+el único remedio de su soledad triste, y lo mejor del caso es que llegó
+a tomar el gusto a manjar tan desabrido, y algunos párrafos se los
+echaba al coleto dos veces, masticando las palabras con una sonrisa, que
+a cualquier observador mal enterado le habría hecho creer que el tomazo
+era de Paul de Kock.
+
+«Es cosa muy buena» dijo Estupiñá, guardando el libro al ver que Juanito
+se reía.
+
+Y estaba tan agradecido a la visita del Delfín, que no hacía más que
+mirarle recreándose en su guapeza, en su juventud y elegancia. Si
+hubiera sido veinte veces hijo suyo, no le habría contemplado con más
+amor. Dábale palmadas en la rodilla, y le interrogaba prolijamente por
+todos los de la familia, desde Barbarita, que era el número uno, hasta
+el gato. El Delfín, después de satisfacer la curiosidad de su amigo,
+hízole a su vez preguntas acerca de la vecindad de aquella casa en que
+estaba. «Buena gente--respondió Estupiñá--; sólo hay unos inquilinos que
+alborotan algo por las noches. La finca pertenece al Sr. de Moreno Isla,
+y puede que se la administre yo desde el año que viene. Él lo desea; ya
+me habló de ello tu mamá, y he respondido que estoy a sus órdenes...
+Buena finca; con un cimiento de pedernal que es una gloria... escalera
+de piedra, ya habrás visto; sólo que es un poquito larga. Cuando
+vuelvas, si quieres acortar treinta escalones, entras por el _Ramo de
+azucenas_, la zapatería que está en la Plaza. Tú conoces a Dámaso
+Trujillo. Y si no le conoces, con decir: «voy a ver a Plácido» te dejará
+pasar.
+
+Estupiñá siguió aún más de una semana sin salir de casa, y el Delfín iba
+todos los días a verle ¡todos los días!, con lo que estaba mi hombre
+más contento que unas Pascuas, pero en vez de entrar por la zapatería,
+Juanito, a quien sin duda no cansaba la escalera, entraba siempre por el
+establecimiento de huevos de la Cava.
+
+
+
+
+-IV-
+
+Perdición y salvamento del Delfín
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Pasados algunos días, cuando ya Estupiñá andaba por ahí restablecido
+aunque algo cojo, Barbarita empezó a notar en su hijo inclinaciones
+nuevas y algunas mañas que le desagradaron. Observó que el Delfín, cuya
+edad se aproximaba a los veinticinco años, tenía horas de infantil
+alegría y días de tristeza y recogimiento sombríos. Y no pararon aquí
+las novedades. La perspicacia de la madre creyó descubrir un notable
+cambio en las costumbres y en las compañías del joven fuera de casa, y
+lo descubrió con datos observados en ciertas inflexiones muy
+particulares de su voz y lenguaje. Daba a la _elle_ el tono arrastrado
+que la gente baja da a la _y_ consonante; y se le habían pegado modismos
+pintorescos y expresiones groseras que a la mamá no le hacían maldita
+gracia. Habría dado cualquier cosa por poder seguirle de noche y ver con
+qué casta de gente se juntaba. Que esta no era fina, a la legua se
+conocía.
+
+Y lo que Barbarita no dudaba en calificar de encanallamiento, empezó a
+manifestarse en el vestido. El Delfín se encajó una capa de esclavina
+corta con mucho ribete, mucha trencilla y pasamanería. Poníase por las
+noches el sombrerito pavero, que, a la verdad, le caía muy bien, y se
+peinaba con los mechones ahuecados sobre las sienes. Un día se presentó
+en la casa un sastre con facha de sacristán, que era de los que hacen
+ropa ajustada para toreros, chulos y matachines; pero doña Bárbara no le
+dejó sacar la cinta de medir, y poco faltó para que el pobre hombre
+fuera rodando por las escaleras. «¿Es posible--dijo a su niño, sin
+disimular la ira--, que se te antoje también ponerte esos pantalones
+ajustados con los cuales las piernas de los hombres parecen zancas de
+cigüeña?». Y una vez roto el fuego, rompió la señora en acusaciones
+contra su hijo por aquellas maneras nuevas de hablar y de vestir. Él se
+reía, buscando medios de eludir la cuestión; pero la inflexible mamá le
+cortaba la retirada con preguntas contundentes. ¿A dónde iba por las
+noches? ¿Quiénes eran sus amigos? Respondía él que los de siempre, lo
+cual no era verdad, pues salvo Villalonga, que salía con él muy puesto
+también de capita corta y pavero, los antiguos condiscípulos no
+aportaban ya por la casa. Y Barbarita citaba a Zalamero, a Pez, al chico
+de Tellería. ¿Cómo no hacer comparaciones? Zalamero, a los veintisiete
+años, era ya diputado y subsecretario de Gobernación, y se decía que
+Rivero quería dar a Joaquinito Pez un Gobierno de provincia. Gustavito
+hacía cada artículo de crítica y cada estudio sobre los Orígenes de tal
+o cual cosa, que era una bendición, y en tanto él y Villalonga ¿en qué
+pasaban el tiempo?, ¿en qué?, en adquirir hábitos ordinarios y en
+tratarse con zánganos de coleta. A mayor abundamiento, en aquella época
+del 70 se le desarrolló de tal modo al Delfín la afición a los toros,
+que no perdía corrida, ni dejaba de ir al apartado ningún día y a veces
+se plantaba en la dehesa. Doña Bárbara vivía en la mayor intranquilidad,
+y cuando alguien le contaba que había visto a su ídolo en compañía de un
+individuo del arte del cuerno, se subía a la parra y... «Mira, Juan,
+creo que tú y yo vamos a perder las amistades. Como me traigas a casa a
+uno de esos tagarotes de calzón ajustado, chaqueta corta y botita de
+caña clara, te pego, sí, hago lo que no he hecho nunca, cojo una escoba
+y ambos salís de aquí pitando»... Estos furores solían concluir con
+risas, besos, promesas de enmienda y reconciliaciones cariñosas, porque
+Juanito se pintaba solo para desenojar a su mamá.
+
+Como supiera un día la dama que su hijo frecuentaba los barrios de
+Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel, encargó a
+Estupiñá que vigilase, y este lo hizo con muy buena voluntad llevándole
+cuentos, dichos en voz baja y melodramática: «Anoche cenó en la
+pastelería del sobrino de Botín, en la calle de Cuchilleros... ¿sabe la
+señora? También estaba el Sr. de Villalonga y otro que no conozco, un
+tipo así... ¿cómo diré?, de estos de sombrero redondo y capa con
+esclavina ribeteada. Lo mismo puede pasar por un _randa_ que por un
+señorito disfrazado».
+
+--¿Mujeres...?--preguntó con ansiedad Barbarita.
+
+--Dos, señora, dos--dijo Plácido corroborando con igual número de dedos
+muy estirados lo que la voz denunciaba--. No les pude ver las estampas.
+Eran de estas de mantón pardo, delantal azul, buena bota y pañuelo a la
+cabeza... en fin, un par de reses muy bravas.
+
+A la semana siguiente, otra delación:
+
+«Señora, señora...».
+
+--¿Qué? --Ayer y anteayer entró el niño en una tienda de la Concepción
+Jerónima, donde venden filigranas y corales de los que usan las amas de
+cría...
+
+--¿Y qué? --Que pasa allí largas horas de la tarde y de la noche. Lo sé
+por Pepe Vallejo, el de la cordelería de enfrente, a quien he encargado
+que esté con mucho ojo.
+
+--¿Tienda de filigranas y de corales?
+
+--Sí, señora; una de estas platerías de puntapié, que todo lo que tienen
+no vale seis duros.
+
+No la conozco; se ha puesto hace poco; pero yo me enteraré. Aspecto de
+pobreza. Se entra por una puerta vidriera que también es entrada del
+portal, y en el vidrio han puesto un letrero que dice: _Especialidad en
+regalos para amas_... Antes estaba allí un relojero llamado Bravo, que
+murió de miserere.
+
+De pronto los cuentos de Estupiñá cesaron. A Barbarita todo se le volvía
+preguntar y más preguntar, y el dichoso hablador no sabía nada. Y
+cuidado que tenía mérito la discreción de aquel hombre, porque era el
+mayor de los sacrificios; para él equivalía a cortarse la lengua el
+tener que decir: «no sé nada, absolutamente nada». A veces parecía que
+sus insignificantes e inseguras revelaciones querían ocultar la verdad
+antes que esclarecerla. «Pues nada, señora; he visto a Juanito en un
+simón, solo, por la Puerta del Sol... digo... por la Plaza del Ángel...
+Iba con Villalonga... se reían mucho los dos... de algo que les hacía
+gracia...». Y todas las denuncias eran como estas, bobadas,
+subterfugios, evasivas... Una de dos: o Estupiñá no sabía nada, o si
+sabía no quería decirlo por no disgustar a la señora.
+
+Diez meses pasaron de esta manera, Barbarita interrogando a Estupiñá, y
+este no queriendo o no teniendo qué responder, hasta que allá por Mayo
+del 70, Juanito empezó a abandonar aquellos mismos hábitos groseros que
+tanto disgustaban a su madre. Esta, que lo observaba atentísimamente,
+notó los síntomas del lento y feliz cambio en multitud de accidentes de
+la vida del joven. Cuánto se regocijaba la señora con esto, no hay para
+qué decirlo. Y aunque todo ello era inexplicable llegó un momento en que
+Barbarita dejó de ser curiosa, y no le importaba nada ignorar los
+desvaríos de su hijo con tal que se reformase. Lentamente, pues,
+recobraba el Delfín su personalidad normal. Después de una noche que
+entró tarde y muy sofocado, y tuvo cefalalgia y vómitos, la mudanza
+pareció más acentuada. La mamá entreveía en aquella ignorada página de
+la existencia de su heredero, amores un tanto libertinos, orgías de mal
+gusto, bromas y riñas quizás; pero todo lo perdonaba, todo, todito, con
+tal que aquel trastorno pasase, como pasan las indispensables crisis de
+las edades. «Es un sarampión de que no se libra ningún muchacho de estos
+tiempos--decía--. Ya sale el mío de él, y Dios quiera que salga en bien.
+
+Notó también que el Delfín se preocupaba mucho de ciertos recados o
+esquelitas que a la casa traían para él, mostrándose más bien temeroso
+de recibirlos que deseoso de ellos. A menudo daba a los criados orden de
+que le negaran y de que no se admitiera carta ni recado. Estaba algo
+inquieto, y su mamá se dijo gozosa: «Persecución tenemos; pero él parece
+querer cortar toda clase de comunicaciones. Esto va bien». Hablando de
+esto con su marido, D. Baldomero, en quien lo progresista no quitaba lo
+autoritario (emblema de los tiempos), propuso un plan defensivo que
+mereció la aprobación de ella. «Mira, hija, lo mejor es que yo hable hoy
+mismo con el Gobernador, que es amigo nuestro. Nos mandará acá una
+pareja de orden público, y en cuanto llegue hombre o mujer de malas
+trazas con papel o recadito, me lo trincan, y al Saladero de cabeza».
+
+Mejor que este plan era el que se le había ocurrido a la señora. Tenían
+tomada casa en Plencia para pasar la temporada de verano, fijando la
+fecha de la marcha para el 8 o el 10 de Julio. Pero Barbarita, con
+aquella seguridad del talento superior que en un punto inicia y ejecuta
+las resoluciones salvadoras, se encaró con Juanito, y de buenas a
+primeras le dijo: «Mañana mismo nos vamos a Plencia».
+
+Y al decirlo se fijó en la cara que puso. Lo primero que expresó el
+Delfín fue alegría. Después se quedó pensativo. «Pero deme usted dos o
+tres días. Tengo que arreglar varios asuntos...».
+
+--¿Qué asuntos tienes tú, hijo? Música, música. Y en caso de que tengas
+alguno, créeme, vale más que lo dejes como está.
+
+Dicho y hecho. Padres e hijo salieron para el Norte el día de San Pedro.
+Barbarita iba muy contenta, juzgándose ya vencedora, y se decía por el
+camino: «Ahora le voy a poner a mi pollo una calza para que no se me
+escape más». Instaláronse en su residencia de verano, que era como un
+palacio, y no hay palabras con qué ponderar lo contentos y saludables
+que todos estaban. El Delfín, que fue desmejoradillo, no tardó en
+reponerse, recobrando su buen color, su palabra jovial y la plenitud de
+sus carnes. La mamá se la tenía guardada. Esperaba ocasión propicia, y
+en cuanto esta llegó supo acometer la empresa aquella de la calza, como
+persona lista y conocedora de las mañas del ave que era preciso
+aprisionar. Dios la ayudaba sin duda, porque el pollo no parecía muy
+dispuesto a la resistencia.
+
+«Pues sí--dijo ella, después de una conversación preparada con gracia--.
+Es preciso que te cases. Ya te tengo la mujer buscada. Eres un
+chiquillo, y a ti hay que dártelo todo hecho. ¡Qué será de ti el día en
+que yo te falte! Por eso quiero dejarte en buenas manos... No te rías,
+no; es la verdad, yo tengo que cuidar de todo, lo mismo de pegarte el
+botón que se te ha caído, que de elegirte la que ha de ser compañera de
+toda tu vida, la que te ha de mimar cuando yo me muera. ¿A ti te cabe en
+la cabeza que pueda yo proponerte nada que no te convenga?... No. Pues a
+callar, y pon tu porvenir en mis manos. No sé qué instinto tenemos las
+madres, algunas quiero decir. En ciertos casos no nos equivocamos; somos
+infalibles como el Papa».
+
+La esposa que Barbarita proponía a su hijo era Jacinta, su prima, la
+tercera de las hijas de Gumersindo Arnaiz. ¡Y qué casualidad! Al día
+siguiente de la conferencia citada, llegaban a Plencia y se instalaban
+en una casita modesta, Gumersindo e Isabel Cordero con toda su caterva
+menuda. Candelaria no salía de Madrid, y Benigna había ido a Laredo.
+
+Juan no dijo que sí ni que no. Limitose a responder por fórmula que lo
+pensaría; pero una voz de su alma le declaraba que aquella gran mujer y
+madre tenía tratos con el Espíritu Santo, y que su proyecto era un
+verdadero caso de infalibilidad.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Porque Jacinta era una chica de prendas excelentes, modestita, delicada,
+cariñosa y además muy bonita. Sus lindos ojos estaban ya declarando la
+sazón de su alma o el punto en que tocan a enamorarse y enamorar.
+Barbarita quería mucho a todas sus sobrinas; pero a Jacinta la adoraba;
+teníala casi siempre consigo y derramaba sobre ella mil atenciones y
+miramientos, sin que nadie, ni aun la propia madre de Jacinta, pudiera
+sospechar que la criaba para nuera. Toda la parentela suponía que los
+señores de Santa Cruz tenían puestas sus miras en alguna de las chicas
+de Casa-Muñoz, de Casa-Trujillo o de otra familia rica y titulada.
+Pero Barbarita no pensaba en tal cosa. Cuando reveló sus planes a D.
+Baldomero, este sintió regocijo, pues también a él se le había ocurrido
+lo mismo.
+
+Ya dije que el Delfín prometió pensarlo; mas esto significaba sin duda
+la necesidad que todos sentimos de no aparecer sin voluntad propia en
+los casos graves; en otros términos, su amor propio, que le gobernaba
+más que la conciencia, le exigía, ya que no una elección libre, el
+simulacro de ella. Por eso Juanito no sólo lo decía, sino que parecía
+como que pensaba, yéndose a pasear solo por aquellos peñascales, y se
+engañaba a sí mismo diciéndose: «¡qué pensativo estoy!». Porque estas
+cosas son muy serias, ¡vaya!, y hay que revolverlas mucho en el magín.
+Lo que hacía el muy farsante era saborear de antemano lo que se le
+aproximaba y ver de qué manera decía a su madre con el aire más grave y
+filosófico del mundo: «Mamá, he meditado profundísimamente sobre este
+problema, pesando con escrúpulo las ventajas y los inconvenientes, y la
+verdad, aunque el caso tiene sus más y sus menos, aquí me tiene usted
+dispuesto a complacerla».
+
+Todo esto era comedia, y querer echárselas de hombre reflexivo. Su madre
+había recobrado sobre él aquel ascendiente omnímodo que tuvo antes de
+las trapisondas que apuntadas quedan, y como el hijo pródigo a quien los
+reveses hacen ver cuánto le daña el obrar y pensar por cuenta propia,
+descansaba de sus funestas aventuras pensando y obrando con la cabeza y
+la voluntad de su madre.
+
+Lo peor del caso era que nunca le había pasado por las mientes casarse
+con Jacinta, a quien siempre miró más como hermana que como prima.
+Siendo ambos de muy corta edad (ella tenía un año y meses menos que él)
+habían dormido juntos, y habían derramado lágrimas y acusádose
+mutuamente por haber secuestrado él las muñecas de ella, y haber ella
+arrojado a la lumbre, para que se derritieran, los soldaditos de él.
+Juan la hacía rabiar, descomponiéndole la casa de muñecas, ¡anda!, y
+Jacinta se vengaba arrojando en su barreño de agua los caballos de Juan
+para que se ahogaran... ¡anda! Por un rey mago, negro por más señas,
+hubo unos dramas que acabaron en leña por partida doble, es decir, que
+Barbarita azotaba alternadamente uno y otro par de nalgas como el que
+toca los timbales; y todo porque Jacinta le había cortado la cola al
+camello del rey negro; cola de cerda, no vayan a creer... «Envidiosa».
+«Acusón»... Ya tenían ambos la edad en que un misterioso respeto les
+prohibía darse besos, y se trataban con vivo cariño fraternal. Jacinta
+iba todos los martes y viernes a pasar el día entero en casa de
+Barbarita, y esta no tenía inconveniente en dejar solos largos ratos a
+su hijo y a su sobrina; porque si cada cual en sí tenía el desarrollo
+moral que era propio de sus veinte años, uno frente a otro continuaban
+en la _edad del pavo_, muy lejos de sospechar que su destino les
+aproximaría cuando menos lo pensasen.
+
+El paso de esta situación fraternal a la de amantes no le parecía al
+joven Santa Cruz cosa fácil. Él, que tan atrevido era lejos del hogar
+paterno, sentíase acobardado delante de aquella flor criada en su
+propia casa, y tenía por imposible que las cunitas de ambos, reunidas,
+se convirtieran en tálamo. Mas para todo hay remedio menos para la
+muerte, y Juanito vio con asombro, a poco de intentar la metamorfosis,
+que las dificultades se desleían como la sal en el agua; que lo que a él
+le parecía montaña era como la palma de la mano, y que el tránsito de la
+fraternidad al enamoramiento se hacía _como una seda_. La primita,
+haciéndose también la sorprendida en los primeros momentos y aun la
+vergonzosa, dijo también que aquello debía pensarse. Hay motivos para
+creer que Barbarita se lo había hecho pensar ya. Sea lo que quiera, ello
+es que a los cuatro días de romperse el hielo ya no había que enseñarles
+nada de noviazgo. Creeríase que no habían hecho en su vida otra cosa más
+que estar picoteando todo el santo día. El país y el ambiente eran
+propicios a esta vida nueva. Rocas formidables, olas, playa con
+caracolitos, praderas verdes, setos, callejas llenas de arbustos,
+helechos y líquenes, veredas cuyo término no se sabía, caseríos rústicos
+que al caer de la tarde despedían de sus abollados techos humaredas
+azules, celajes grises, rayos de sol dorando la arena, velas de
+pescadores cruzando la inmensidad del mar, ya azul, ya verdoso, terso un
+día, otro aborregado, un vapor en el horizonte tiznando el cielo con su
+humo, un aguacero en la montaña y otros accidentes de aquel admirable
+fondo poético, favorecían a los amantes, dándoles a cada momento un
+ejemplo nuevo para aquella gran ley de la Naturaleza que estaban
+cumpliendo.
+
+Jacinta era de estatura mediana, con más gracia que belleza, lo que se
+llama en lenguaje corriente una mujer _mona_. Su tez finísima y sus ojos
+que despedían alegría y sentimiento componían un rostro sumamente
+agradable. Y hablando, sus atractivos eran mayores que cuando estaba
+callada, a causa de la movilidad de su rostro y de la expresión
+variadísima que sabía poner en él. La estrechez relativa en que vivía la
+numerosa familia de Arnaiz, no le permitía variar sus galas; pero sabía
+triunfar del amaneramiento con el arte, y cualquier perifollo anunciaba
+en ella una mujer que, si lo quería, estaba llamada a ser elegantísima.
+Luego veremos. Por su talle delicado y su figura y cara porcelanescas,
+revelaba ser una de esas hermosuras a quienes la Naturaleza concede poco
+tiempo de esplendor, y que se ajan pronto, en cuanto les toca la primera
+pena de la vida o la maternidad.
+
+Barbarita, que la había criado, conocía bien sus notables prendas
+morales, los tesoros de su corazón amante, que pagaba siempre con creces
+el cariño que se le tenía, y por todo esto se enorgullecía de su
+elección. Hasta que ciertas tenacidades de carácter que en la niñez eran
+un defecto, agradábanle cuando Jacinta fue mujer porque no es bueno que
+las hembras sean todas miel, y conviene que guarden una reserva de
+energía para ciertas ocasiones difíciles.
+
+La noticia del matrimonio de Juanito cayó en la familia Arnaiz como una
+bomba que revienta y esparce, no desastres y muertes, sino esperanza y
+dichas. Porque hay que tener en cuenta que el Delfín, por su fortuna,
+por sus prendas, por su talento, era considerado como un ser bajado del
+cielo. Gumersindo Arnaiz no sabía lo que le pasaba; lo estaba viendo y
+aún le parecía mentira; y siendo el amartelamiento de los novios
+bastante empalagoso, a él le parecía que todavía se quedaban cortos y
+que debían entortolarse mucho más. Isabel era tan feliz que, de vuelta
+ya en Madrid, decía que le iba a dar algo, y que seguramente su
+empobrecida naturaleza no podría soportar tanta felicidad. Aquel
+matrimonio había sido la ilusión de su vida durante los últimos años,
+ilusión que por lo muy hermosa no encajaba en la realidad. No se había
+atrevido nunca a hablar de esto a su cuñada, por temor de parecer
+excesivamente ambiciosa y atrevida.
+
+Faltábale tiempo a la buena señora para dar parte a sus amigas del feliz
+suceso; no sabía hablar de otra cosa, y aunque desmadejada ya y sin
+fuerzas a causa del trabajo y de los alumbramientos, cobraba nuevos
+bríos para entregarse con delirante actividad a los preparativos de
+boda, al equipo y demás cosas. ¡Qué proyectos hacía, qué cosas
+inventaba, qué previsión la suya! Pero en medio de su inmensa tarea, no
+cesaba de tener corazonadas pesimistas, y exclamaba con tristeza: «¡Si
+me parece mentira!... ¡Si yo no he de verlo!...». Y este presentimiento,
+por ser de cosa mala, vino a cumplirse al cabo, porque la alegría
+inquieta fue como una combustión oculta que devoró la poca vida que allí
+quedaba. Una mañana de los últimos días de Diciembre, Isabel Cordero,
+hallándose en el comedor de su casa, cayó redonda al suelo como herida
+de un rayo. Acometida de violentísimo ataque cerebral, falleció aquella
+misma noche, rodeada de su marido y de sus consternados y amantes hijos.
+No recobró el conocimiento después del ataque, no dijo esta boca es mía,
+ni se quejó. Su muerte fue de esas que vulgarmente se comparan a la de
+_un pajarito_. Decían los vecinos y amigos que había _reventado de
+gusto_. Aquella gran mujer, heroína y mártir del deber, autora de diez y
+siete españoles, se embriagó de felicidad sólo con el olor de ella, y
+sucumbió a su primera embriaguez. En su muerte la perseguían las fechas
+célebres, como la habían perseguido en sus partos, cual si la historia
+la rondara deseando tener algo que ver con ella. Isabel Cordero y D.
+Juan Prim expiraron con pocas horas de diferencia.
+
+
+
+
+-V-
+
+Viaje de novios
+
+
+
+
+--i--
+
+
+La boda se verificó en Mayo del 71. Dijo D. Baldomero con muy buen
+juicio que pues era costumbre que se largaran los novios, acabadita de
+recibir la bendición, a correrla por esos mundos, no comprendía fuese de
+rigor el paseo por Francia o por Italia, habiendo en España tantos
+lugares dignos de ser vistos. Él y Barbarita no habían ido ni siquiera a
+Chamberí, porque en su tiempo los novios se quedaban donde estaban, y el
+único español que se permitía viajar era el duque de Osuna, D. Pedro.
+¡Qué diferencia de tiempos!... Y ahora, hasta Periquillo Redondo, el que
+tiene el bazar de corbatas al aire libre en la esquina de la casa de
+Correos había hecho su viajecito a París... Juanito se manifestó
+enteramente conforme con su papá, y recibida la bendición nupcial,
+verificado el almuerzo en familia sin aparato alguno a causa del luto,
+sin ninguna cosa notable como no fuera un conato de brindis de Estupiñá,
+cuya boca tapó Barbarita a la primera palabra; dadas las despedidas, con
+sus lágrimas y besuqueos correspondientes, marido y mujer se fueron a la
+estación. La primera etapa de su viaje fue Burgos, a donde llegaron a
+las tres de la mañana, felices y locuaces, riéndose de todo, del frío y
+de la oscuridad. En el alma de Jacinta, no obstante, las alegrías no
+excluían un cierto miedo, que a veces era terror. El ruido del ómnibus
+sobre el desigual piso de las calles, la subida a la fonda por angosta
+escalera, el aposento y sus muebles de mal gusto, mezcla de desechos de
+ciudad y de lujos de aldea, aumentaron aquel frío invencible y aquella
+pavorosa expectación que la hacían estremecer. ¡Y tantísimo como quería
+a su marido!... ¿Cómo compaginar dos deseos tan diferentes; que su
+marido se apartase de ella y que estuviese cerca? Porque la idea de que
+se pudiera ir, dejándola sola, era como la muerte, y la de que se
+acercaba y la cogía en brazos con apasionado atrevimiento, también la
+ponía temblorosa y asustada. Habría deseado que no se apartara de ella,
+pero que se estuviera quietecito.
+
+Al día siguiente, cuando fueron a la catedral, ya bastante tarde, sabía
+Jacinta una porción de expresiones cariñosas y de íntima confianza de
+amor que hasta entonces no había pronunciado nunca, como no fuera en la
+vaguedad discreta del pensamiento que recela descubrirse a sí mismo. No
+le causaba vergüenza el decirle al otro que le idolatraba, así, así,
+clarito... al pan pan y al vino vino... ni preguntarle a cada momento si
+era verdad que él también estaba hecho un idólatra y que lo estaría
+hasta el día del Juicio final. Y a la tal preguntita, que había venido a
+ser tan frecuente como el pestañear, el que estaba de turno contestaba
+_Chí_, dando a esta sílaba un tonillo de pronunciación infantil. El
+_Chí_ se lo había enseñado Juanito aquella noche, lo mismo que el decir,
+también en estilo mimoso, _¿me quieles?_, y otras tonterías y
+chiquilladas empalagosas, dichas de la manera más grave del mundo. En la
+misma catedral, cuando les quitaba la vista de encima el sacristán que
+les enseñaba alguna capilla o preciosidad reservada, los esposos
+aprovechaban aquel momento para darse besos a escape y a hurtadillas,
+frente a la santidad de los altares consagrados o detrás de la estatua
+yacente de un sepulcro. Es que Juanito era un pillín, y un goloso y un
+atrevido. A Jacinta le causaban miedo aquellas profanaciones; pero las
+consentía y toleraba, poniendo su pensamiento en Dios y confiando en que
+Este, al verlas, volvería la cabeza con aquella indulgencia propia del
+que es fuente de todo amor.
+
+Todo era para ellos motivo de felicidad. Contemplar una maravilla del
+arte les entusiasmaba y de puro entusiasmo se reían, lo mismo que de
+cualquier contrariedad. Si la comida era mala, risas; si el coche que
+les llevaba a la Cartuja iba danzando en los baches del camino, risas;
+si el sacristán de las Huelgas les contaba mil papas, diciendo que la
+señora abadesa se ponía mitra y gobernaba a los curas, risas. Y a más de
+esto, todo cuanto Jacinta decía, aunque fuera la cosa más seria del
+mundo, le hacía a Juanito una gracia extraordinaria. Por cualquier
+tontería que este dijese, su mujer soltaba la carcajada. Las crudezas de
+estilo popular y aflamencado que Santa Cruz decía alguna vez,
+divertíanla más que nada y las repetía tratando de fijarlas en su
+memoria. Cuando no son muy groseras, estas fórmulas de hablar hacen
+gracia, como caricaturas que son del lenguaje.
+
+El tiempo se pasa sin sentir para los que están en éxtasis y para los
+enamorados. Ni Jacinta ni su esposo apreciaban bien el curso de las
+fugaces horas. Ella, principalmente, tenía que pensar un poco para
+averiguar si tal día era el tercero o el cuarto de tan feliz existencia.
+Pero aunque no sepa apreciar bien la sucesión de los días, el amor
+aspira a dominar en el tiempo como en todo, y cuando se siente
+victorioso en lo presente, anhela hacerse dueño de lo pasado, indagando
+los sucesos para ver si le son favorables, ya que no puede destruirlos y
+hacerlos mentira. Fuerte en la conciencia de su triunfo presente,
+Jacinta empezó a sentir el desconsuelo de no someter también el pasado
+de su marido, haciéndose dueña de cuanto este había sentido y pensado
+antes de casarse. Como de aquella acción pretérita sólo tenía leves
+indicios, despertáronse en ella curiosidades que la inquietaban. Con los
+mutuos cariños crecía la confianza, que empieza por ser inocente y va
+adquiriendo poco a poco la libertad de indagar y el valor de las
+revelaciones. Santa Cruz no estaba en el caso de que le mortificara la
+curiosidad, porque Jacinta era la pureza misma. Ni siquiera había tenido
+un novio de estos que no hacen más que mirar y poner la cara afligida.
+Ella sí que tenía campo vastísimo en que ejercer su espíritu crítico.
+Manos a la obra. No debe haber secretos entre los esposos. Esta es la
+primera ley que promulga la curiosidad antes de ponerse a oficiar de
+inquisidora.
+
+Porque Jacinta hiciese la primera pregunta llamando a su marido _Nene_
+(como él le había enseñado), no dejó este de sentirse un tanto molesto.
+Iban por las alamedas de chopos que hay en Burgos, rectas e inacabables,
+como senderos de pesadilla. La respuesta fue cariñosa, pero evasiva. ¡Si
+lo que la _nena_ anhelaba saber era un devaneo, una tontería...!, cosas
+de muchachos. La educación del hombre de nuestros días no puede ser
+completa si este no trata con toda clase de gente, si no echa un vistazo
+a todas las situaciones posibles de la vida, si no toma el tiento a las
+pasiones todas. Puro estudio y educación pura... No se trataba de amor,
+porque lo que es amor, bien podía decirlo, él no lo había sentido nunca
+hasta que le hizo tilín la que ya era su mujer.
+
+Jacinta creía esto; pero la fe es una cosa y la curiosidad otra. No
+dudaba ni tanto así del amor de su marido; pero quería saber, sí señor,
+quería enterarse de ciertas aventurillas. Entre esposos debe haber
+siempre la mayor confianza, ¿no es eso? En cuanto hay secretos, adiós
+paz del matrimonio. Pues bueno; ella quería leer de cabo a rabo ciertas
+paginitas de la vida de su esposo antes de casarse. ¡Como que estas
+historias ayudan bastante a la educación matrimonial! Sabiéndolas de
+memoria, las mujeres viven más avisadas, y a poquito que los maridos se
+deslicen... ¡tras!, ya están cogidos.
+
+«Que me lo tienes que contar todito... Si no, no te dejo vivir».
+
+Esto fue dicho en el tren, que corría y silbaba por las angosturas de
+Pancorvo. En el paisaje veía Juanito una imagen de su conciencia. La vía
+que lo traspasaba, descubriendo las sombrías revueltas, era la
+indagación inteligente de Jacinta. El muy tuno se reía, prometiendo, eso
+sí, contar luego; pero la verdad era que no contaba nada de sustancia.
+
+«¡Sí, porque me engañas tú a mí!... A buena parte vienes... Sé más de lo
+que te crees. Yo me acuerdo bien de algunas cosas que vi y oí. Tu mamá
+estaba muy disgustada, porque te nos habías hecho muy chu... la... pito;
+eso es».
+
+El marido continuaba encerrado en su prudencia; mas no por eso se
+enfadaba Jacinta. Bien le decía su sagacidad femenil que la obstinación
+impertinente produce efectos contrarios a los que pretende. Otra habría
+puesto en aquel caso unos morritos muy serios; ella no, porque fundaba
+su éxito en la perseverancia combinada con el cariño capcioso y
+diplomático. Entrando en un túnel de la Rioja, dijo así:
+
+«¿Apostamos a que sin decirme tú una palabra, lo averiguo todo?».
+
+Y a la salida del túnel, el enamorado esposo, después de estrujarla con
+un abrazo algo teatral y de haber mezclado el restallido de sus besos al
+mugir de la máquina humeante, gritaba:
+
+«¿Qué puedo yo ocultar a esta mona golosa?... Te como; mira que te como.
+¡Curiosona, fisgona, feúcha! ¿Tú quieres saber? Pues te lo voy a contar,
+para que me quieras más».
+
+--¿Más? ¡Qué gracia! Eso sí que es difícil.
+
+--Espérate a que lleguemos a Zaragoza.
+
+--No, ahora. --¿Ahora mismo?
+
+--_Chí_.
+
+--No... en Zaragoza. Mira que es historia larga y fastidiosa.
+
+--Mejor... Cuéntala y luego veremos.
+
+--Te vas a reír de mí. Pues señor... allá por Diciembre del año
+pasado... no, del otro... ¿Ves?, ya te estás riendo.
+
+--Que no me río, que estoy más seria que el Papamoscas.
+
+--Pues bueno, allá voy... Como te iba diciendo, conocí a una mujer...
+Cosas de muchachos. Pero déjame que empiece por el principio. Érase una
+vez... un caballero anciano muy parecido a una cotorra y llamado
+Estupiñá, el cual cayó enfermo y... cosa natural, sus amigos fueron a
+verle... y uno de estos amigos, al subir la escalera de piedra, encontró
+una muchacha que se estaba comiendo un huevo crudo... ¿Qué tal?...
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+--Un huevo crudo... ¡qué asco!--exclamó Jacinta escupiendo una
+salivita--. ¿Qué se puede esperar de quien se enamora de una mujer que
+come huevos crudos?...
+
+--Hablando aquí con imparcialidad, te diré que era guapa. ¿Te enfadas?
+
+--¡Qué me voy a enfadar, hombre! Sigue...
+
+Se comía el huevo, y te ofrecía y tú participaste...
+
+--No, aquel día no hubo nada. Volví al siguiente y me la encontré otra
+vez.
+
+--Vamos, que le caíste en gracia y te estaba esperando.
+
+No quería el Delfín ser muy explícito, y contaba a grandes rasgos,
+suavizando asperezas y pasando como sobre ascuas por los pasajes de
+peligro. Pero Jacinta tenía un arte instintivo para el manejo del
+gancho, y sacaba siempre algo de lo que quería saber. Allí salió a
+relucir parte de lo que Barbarita inútilmente intentó averiguar...
+¿Quién era la del huevo?... Pues una chica huérfana que vivía con su
+tía, la cual era huevera y pollera en la Cava de San Miguel. ¡Ah!
+¡Segunda Izquierdo!... por otro nombre la _Melaera_, ¡qué basilisco!...
+¡qué lengua!... ¡qué rapacidad!... Era viuda, y estaba liada, así se
+dice, con un picador. «Pero basta de digresiones. La segunda vez que
+entré en la casa, me la encontré sentada en uno de aquellos peldaños de
+granito, llorando».
+
+--¿A la tía? --No, mujer, a la sobrina. La tía le acababa de echar los
+tiempos, y aún se oían abajo los resoplidos de la fiera... Consolé a la
+pobre chica con cuatro palabrillas y me senté a su lado en el escalón.
+
+--¡Qué poca vergüenza!
+
+--Empezamos a hablar. No subía ni bajaba nadie. La chica era
+confianzuda, inocentona, de estas que dicen todo lo que sienten, así lo
+bueno como lo malo. Sigamos. Pues señor... al tercer día me la encontré
+en la calle. Desde lejos noté que se sonreía al verme. Hablamos cuatro
+palabras nada más; y volví y me colé en la casa; y me hice amigo de la
+tía y hablamos; y una tarde salió el picador de entre un montón de
+banastas donde estaba durmiendo la siesta, todo lleno de plumas, y
+llegándose a mí me echó la zarpa, quiero decir, que me dio la manaza y
+yo se la tomé, y me convidó a unas copas, y acepté y bebimos. No
+tardamos Villalonga y yo en hacernos amigos de los amigos de aquella
+gente... No te rías... Te aseguro que Villalonga me arrastraba a
+aquella vida, porque se encaprichó por otra chica del barrio, como yo
+por la sobrina de Segunda.
+
+--¿Y cuál era más guapa?
+
+--¡La mía!--replicó prontamente el Delfín, dejando entrever la fuerza de
+su amor propio--, la mía... un animalito muy mono, una salvaje que no
+sabía leer ni escribir. Figúrate, ¡qué educación! ¡Pobre pueblo!, y
+luego hablamos de sus pasiones brutales, cuando nosotros tenemos la
+culpa... Estas cosas hay que verlas de cerca... Sí, hija mía, hay que
+poner la mano sobre el corazón del pueblo, que es sano... sí, pero a
+veces sus latidos no son latidos, sino patadas... ¡Aquella infeliz
+chica...! Como te digo, un animal; pero buen corazón, buen corazón...
+¡pobre _nena_!
+
+Al oír esta expresión de cariño, dicha por el Delfín tan
+espontáneamente, Jacinta arrugó el ceño. Ella había heredado la
+aplicación de la palabreja, que ya le disgustaba por ser como desecho de
+una pasión anterior, un vestido o alhaja ensuciados por el uso; y
+expresó su disgusto dándole al pícaro de Juanito una bofetada, que para
+ser de mujer y en broma resonó bastante.
+
+«¿Ves?, ya estás enfadada. Y sin motivo. Te cuento las cosas como
+pasaron... Basta ya, basta de cuentos».
+
+--No, no. No me enfado. Sigue, o te pego otra.
+
+--No me da la gana... Si lo que yo quiero es borrar un pasado que
+considero infamante; si no quiero tener ni memoria de él... Es un
+episodio que tiene sus lados ridículos y sus lados vergonzosos. Los
+pocos años disculpan ciertas demencias, cuando de ellas se saca el honor
+puro y el corazón sano. ¿Para qué me obligas a repetir lo que quiero
+olvidar, si sólo con recordarlo paréceme que no merezco este bien que
+hoy poseo, tú, niña mía?
+
+--Estás perdonado--dijo la esposa, arreglándose el cabello que Santa
+Cruz le había descompuesto al acentuar de un modo material aquellas
+expresiones tan sabias como apasionadas--. No soy impertinente, no exijo
+imposibles. Bien conozco que los hombres la han de correr antes de
+casarse. Te prevengo que seré muy celosa si me das motivo para serlo;
+pero celos retrospectivos no tendré nunca.
+
+Esto sería todo lo razonable y discreto que se quiera suponer; pero la
+curiosidad no disminuía, antes bien aumentaba. Revivió con fuerza en
+Zaragoza, después que los esposos oyeron misa en el Pilar y visitaron la
+Seo.
+
+«Si me quisieras contar algo más de aquello...» indicó Jacinta, cuando
+vagaban por las solitarias y románticas calles que se extienden detrás
+de la catedral.
+
+Santa Cruz puso mala cara. «¡Pero qué tontín! Si lo quiero saber para
+reírme, nada más que para reírme. ¿Qué creías tú, que me iba a
+enfadar?... ¡Ay, qué bobito!... No, es que me hacen gracia tus
+calaveradas. Tienen un _chic_. Anoche pensé en ellas, y aun soñé un
+poquitito con la del huevo crudo y la tía y el mamarracho del tío. No,
+si no me enojaba; me reía, créelo, me divertía viéndote entre esa
+aristocracia, hecho un caballero, una persona decente, vamos, con el
+pelito sobre la oreja. Ahora te voy a anticipar la continuación de la
+historia. Pues señor... le hiciste el amor por lo fino, y ella lo
+admitió por lo basto. La sacaste de la casa de su tía y os fuisteis los
+dos a otro nido, en la Concepción Jerónima».
+
+Juanito miró fijamente a su mujer, y después se echó a reír. Aquello no
+era adivinación de Jacinta. Algo había oído sin duda, por lo menos el
+nombre de la calle. Pensando que convenía seguir el tono festivo, dijo
+así:
+
+«Tú sabías el nombre de la calle; no vengas echándotelas de zahorí... Es
+que Estupiñá me espiaba y le llevaba cuentos a mamá».
+
+--Sigue con tu conquista. Pues señor...
+
+--Cuestión de pocos días. En el pueblo, hija mía, los procedimientos son
+breves. Ya ves cómo se matan. Pues lo mismo es el amor. Un día le dije:
+«Si quieres probarme que me quieres, huye de tu casa conmigo». Yo pensé
+que me iba a decir que no.
+
+--Pensaste mal... sobre todo si en su casa había... leña.
+
+--La respuesta fue coger el mantón, y decirme _vamos_. No podía salir
+por la Cava. Salimos por la zapatería que se llama _Al ramo de
+azucenas_. Lo que te digo; el pueblo es así, sumamente ejecutivo y
+enemigo de trámites.
+
+Jacinta miraba al suelo más que a su marido.
+
+--Y a renglón seguido la consabida palabrita de casamiento--dijo
+mirándole de lleno y observándole indeciso en la respuesta.
+
+Aunque Jacinta no conocía personalmente a ninguna víctima de las
+palabras de casamiento, tenía una clara idea de estos pactos diabólicos
+por lo que de ellos había visto en los dramas, en las piezas cortas y
+aun en las óperas, presentados como recurso teatral, unas veces para
+hacer llorar al público y otras para hacerle reír. Volvió a mirar a su
+marido, y notando en él una como sonrisilla de hombre de mundo, le dio
+un pellizco acompañado de estos conceptos, un tanto airados:
+
+«Sí, la palabra de casamiento con reserva mental de no cumplirla, una
+burla, una estafa, una villanía. ¡Qué hombres!... Luego dicen... ¿Y esa
+tonta no te sacó los ojos cuando se vio chasqueada?... Si hubiera sido
+yo...».
+
+--Si hubieras sido tú, tampoco me habrías sacado los ojos.
+
+--Que sí... pillo... granujita. Vaya, no quiero saber más, no me cuentes
+más.
+
+--¿Para qué preguntas tú? Si te digo que no la quería, te enfadas
+conmigo y tomas partido por ella... ¿Y si te dijera que la quería, que
+al poco tiempo de sacarla de su casa, se me ocurría la simpleza de
+cumplir la palabra de casamiento que le di?
+
+--¡Ah, tuno!--exclamó Jacinta con ira cómica, aunque no enteramente
+cómica--. Agradece que estamos en la calle, que si no, ahora mismo te
+daba un par de repelones y de cada manotada me traía un mechón de
+pelo... Con que casarte... ¡y me lo dices a mí!... ¡a mí!
+
+La carcajada lanzada por Santa Cruz retumbó en la cavidad de la
+plazoleta silenciosa y desierta con ecos tan extraños, que los dos
+esposos se admiraron de oírla. Formaban la rinconada aquella vetustos
+caserones de ladrillo modelado a estilo mudéjar, en las puertas
+gigantones o salvajes de piedra con la maza al hombro, en las cornisas
+aleros de tallada madera, todo de un color de polvo uniforme y
+tristísimo. No se veían ni señales de alma viviente por ninguna parte.
+Tras las rejas enmohecidas no aparecía ningún resquicio de maderas
+entornadas por el cual se pudiera filtrar una mirada humana.
+
+«Esto es tan solitario, hija mía--dijo el marido, quitándose el
+sombrero y riendo--, que puedes armarme el gran escándalo sin que se
+entere nadie».
+
+Juanito corría. Jacinta fue tras él con la sombrilla levantada. «Que no
+me coges». --«A que sí».--«Que te mato...». Y corrieron ambos por el
+desigual pavimento lleno de yerba, él riendo a carcajadas, ella
+coloradita y con los ojos húmedos. Por fin, ¡pum!, le dio un
+sombrillazo, y cuando Juanito se rascaba, ambos se detuvieron jadeantes,
+sofocados por la risa.
+
+«Por aquí» dijo Santa Cruz señalando un arco que era la única salida.
+
+Y cuando pasaban por aquel túnel, al extremo del cual se veía otra
+plazoleta tan solitaria y misteriosa como la anterior, los amantes, sin
+decirse una palabra, se abrazaron y estuvieron estrechamente unidos,
+besuqueándose por espacio de un buen minuto y diciéndose al oído las
+palabras más tiernas.
+
+«Ya ves, esto es sabrosísimo. Quién diría que en medio de la calle podía
+uno...».
+
+--Si alguien nos viera... --murmuró Jacinta ruborizada, porque en
+verdad, aquel rincón de Zaragoza podía ser todo lo solitario que se
+quisiese, pero no era una alcoba.
+
+--Mejor... si nos ven, mejor... Que se aguanten el gorro.
+
+Y vuelta a los abracitos y a los vocablos de miel.
+
+--Por aquí no pasa un alma... --dijo él--. Es más, creo que por aquí no
+ha pasado nunca nadie. Lo menos hay dos siglos que no ha corrido por
+estas paredes una mirada humana...
+
+--Calla, me parece que siento pasos.
+
+--Pasos... ¿a ver?... --Sí, pasos. En efecto, alguien venía. Oyose, sin
+poder determinar por dónde, un arrastrar de pies sobre los guijarros del
+suelo. Por entre dos casas apareció de pronto una figura negra. Era un
+sacerdote viejo. Cogiéronse del brazo los consortes y avanzaron
+afectando la mayor compostura. El clérigo, al pasar junto a ellos, les
+miró mucho.
+
+«Paréceme--indicó la esposa, agarrándose más al brazo de su marido y
+pegándose mucho a él--, que nos lo ha conocido en la cara».
+
+--¿Qué nos ha conocido?
+
+--Que estábamos... tonteando.
+
+--Psch... ¿y a mí, qué?
+
+--Mira--dijo ella cuando llegaron a un sitio menos desierto--, no me
+cuentes más historias. No quiero saber más. Punto final.
+
+Rompió a reír, a reír, y el Delfín tuvo que preguntarle muchas veces la
+causa de su hilaridad para obtener esta respuesta:
+
+«¿Sabes de qué me río? De pensar en la cara que habría puesto tu mamá si
+le entras por la puerta una nuera de mantón, sortijillas y pañuelo a la
+cabeza, una nuera que dice _diquiá luego_ y no sabe leer».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+«Quedamos en que no hay más cuentos».
+
+--No más... Bastante me he reído ya de tu tontería. Francamente, yo creí
+que eras más avisado... Además, todo lo que me puedas contar me lo
+figuro. Que te aburriste pronto. Es natural... El hombre bien criado y
+la mujer ordinaria no emparejan bien. Pasa la ilusión, y después ¿qué
+resulta? Que ella huele a cebolla y dice palabras feas... A él... como
+si lo viera... se le revuelve el estómago, y empiezan las cuestiones. El
+pueblo es sucio, la mujer de clase baja, por más que se lave el palmito,
+siempre es pueblo. No hay más que ver las casas por dentro. Pues lo
+mismo están los benditos cuerpos.
+
+Aquella misma tarde, después de mirar la puerta del Carmen y los
+elocuentes muros de Santa Engracia, que vieron lo que nadie volverá a
+ver, paseaban por las arboledas de Torrero. Jacinta, pesando mucho sobre
+el brazo de su marido, porque en verdad estaba cansadita, le dijo:
+
+«Una sola cosa quiero saber, una sola. Después punto en boca. ¿Qué casa
+era esa de la Concepción Jerónima...?».
+
+--Pero, hija, ¿qué te importa?... Bueno, te lo diré. No tiene nada de
+particular. Pues señor... vivía en aquella casa un tío de la tal,
+hermano de la huevera, buen tipo, el mayor perdido y el animal más
+grande que en mi vida he visto; un hombre que lo ha sido todo,
+presidiario y revolucionario de barricadas, torero de invierno y
+tratante en ganado. ¡Ah! ¡José Izquierdo!... te reirías si le vieras y
+le oyeras hablar. Este tal le sorbió los sesos a una pobre mujer, viuda
+de un platero y se casó con ella. Cada uno por su estilo, aquella pareja
+valía un imperio. Todo el santo día estaban riñendo, de pico se
+entiende... ¡Y qué tienda, hija, qué desorden, qué escenas! Primero se
+emborrachaba él solo, después los dos a turno. Pregúntale a Villalonga;
+él es quien cuenta esto a maravilla y remeda los jaleos que allí se
+armaban. Paréceme mentira que yo me divirtiera con tales escándalos. ¡Lo
+que es el hombre! Pero yo estaba ciego; tenía entonces la manía de lo
+popular.
+
+--¿Y su tía, cuando la vio deshonrada, se pondría hecha una furia,
+verdad?
+
+--Al principio sí... te diré...--replicó el Delfín buscando las
+callejuelas de una explicación algo enojosa--. Pero más que por la
+deshonra se enfurecía por la fuga. Ella quería tener en su casa a la
+pobre muchacha, que era su machacante. Esta gente del pueblo es atroz.
+¡Qué moral tan extraña la suya!, mejor dicho, no tiene ni pizca de
+moral. Segunda empezó por presentarse todos los días en la tienda de la
+Concepción Jerónima, y armar un escándalo a su hermano y a su cuñada.
+«Que si tú eres esto, si eres lo otro...». Parece mentira; Villalonga y
+yo, que oíamos estos _jollines_ desde el entresuelo, no hacíamos más que
+reírnos. ¡A qué degradación llega uno cuando se deja caer así! Estaba yo
+tan tonto, que me parecía que siempre había de vivir entre semejante
+chusma. Pues no te quiero decir, hija de mi alma... un día que se metió
+allí el picador, el querindango de Segunda. Este caballero y mi amigo
+Izquierdo se tenían muy mala voluntad... ¡Lo que allí se dijeron!... Era
+cosa de alquilar balcones.
+
+--No sé cómo te divertía tanto salvajismo.
+
+--Ni yo lo sé tampoco. Creo que me volví otro de lo que era y de lo que
+volví a ser. Fue como un paréntesis en mi vida. Y nada, hija de mi alma,
+fue el maldito capricho por aquella hembra popular, no sé qué de
+entusiasmo artístico, una demencia ocasional que no puedo explicar.
+
+--¿Sabes lo que estoy deseando ahora?--dijo bruscamente Jacinta.
+
+--Que te calles, hombre, que te calles. Me repugna eso. Razón tienes; tú
+no eras entonces tú. Trato de figurarme cómo eras y no lo puedo
+conseguir. Quererte yo y ser tú como a ti mismo te pintas son dos cosas
+que no puedo juntar.
+
+--Dices bien, quiéreme mucho, y lo pasado pasado. Pero aguárdate un
+poco: para dejar redondo el cuento, necesito añadir una cosa que te
+sorprenderá. A las dos semanas de aquellos dimes y diretes, de tanta
+bronca y de tanto escándalo entre los hermanos Izquierdo, y entre
+Izquierdo y el picador, y tía y sobrina, se reconciliaron todos, y se
+acabaron las riñas y no hubo más que finezas y apretones de manos.
+
+--Sí que es particular. ¡Qué gente!
+
+--El pueblo no conoce la dignidad. Sólo le mueven sus pasiones o el
+interés. Como Villalonga y yo teníamos dinero largo para _juergas_ y
+cañas, unos y otros tomaron el gusto a nuestros bolsillos, y pronto
+llegó un día en que allí no se hacía más que beber, palmotear, tocar la
+guitarra, _venga de ahí_, comer magras. Era una orgía continua. En la
+tienda no se vendía; en ninguna de las dos casas se trabajaba. El día
+que no había comida de campo había cena en la casa hasta la madrugada.
+La vecindad estaba escandalizada. La policía rondaba. Villalonga y yo
+como dos insensatos...
+
+--¡Ay, qué par de apuntes!... Pero hijo, está lloviendo... a mí me ha
+caído una gota en la punta de la nariz... ¿Ves?... Aprisita, que nos
+mojamos.
+
+El tiempo se les puso muy malo, y en todo el trayecto hasta Barcelona no
+cesó de llover. Arrimados marido y mujer a la ventanilla, miraban la
+lluvia, aquella cortina de menudas líneas oblicuas que descendían del
+Cielo sin acabar de descender. Cuando el tren paraba, se sentía el
+gotear del agua que los techos de los coches arrojaban sobre los
+estribos. Hacía frío, y aunque no lo hiciera, los viajeros lo tendrían
+sólo de ver las estaciones encharcadas, los empleados calados y los
+campesinos que venían a tomar el tren con un saco por la cabeza. Las
+locomotoras chorreaban agua y fuego juntamente, y en los hules de las
+plataformas del tren de mercancías se formaban bolsas llenas de agua,
+pequeños lagos donde habrían podido beber los pájaros, si los pájaros
+tuvieran sed aquel día.
+
+Jacinta estaba contenta, y su marido también, a pesar de la melancolía
+llorona del paisaje; pero como había otros viajeros en el vagón, los
+recién casados no podían entretener el tiempo con sus besuqueos y
+tonterías de amor. Al llegar, los dos se reían de la formalidad con que
+habían hecho aquel viaje, pues la presencia de personas extrañas no les
+dejó ponerse babosos. En Barcelona estuvo Jacinta muy distraída con la
+animación y el fecundo bullicio de aquella gran colmena de hombres.
+Pasaron ratos muy dichosos visitando las soberbias fábricas de Batlló y
+de Sert, y admirando sin cesar, de taller en taller, las maravillosas
+armas que ha discurrido el hombre para someter a la Naturaleza. Durante
+tres días, la historia aquella del huevo crudo, la mujer seducida y la
+familia de insensatos que se amansaban con orgías, quedó completamente
+olvidada o perdida en un laberinto de máquinas ruidosas y ahumadas, o en
+el triquitraque de los telares. Los de Jacquard con sus incomprensibles
+juegos de cartones agujereados tenían ocupada y suspensa la imaginación
+de Jacinta, que veía aquel prodigio y no lo quería creer. ¡Cosa
+estupenda! «Está una viendo las cosas todos los días, y no piensa en
+cómo se hacen, ni se le ocurre averiguarlo. Somos tan torpes, que al ver
+una oveja no pensamos que en ella están nuestros gabanes. ¿Y quién ha de
+decir que las chambras y enaguas han salido de un árbol? ¡Toma, el
+algodón! ¿Pues y los tintes? El carmín ha sido un bichito, y el negro
+una naranja agria, y los verdes y azules carbón de piedra. Pero lo más
+raro de todo es que cuando vemos un burro, lo que menos pensamos es que
+de él salen los tambores. ¿Pues, y eso de que las cerillas se saquen de
+los huesos, y que el sonido del violín lo produzca la cola del caballo
+pasando por las tripas de la cabra?».
+
+Y no paraba aquí la observadora. En aquella excursión por el campo
+instructivo de la industria, su generoso corazón se desbordaba en
+sentimientos filantrópicos, y su claro juicio sabía mirar cara a cara
+los problemas sociales. «No puedes figurarte--decía a su marido, al
+salir de un taller--, cuánta lástima me dan esas infelices muchachas
+que están aquí ganando un triste jornal, con el cual no sacan ni para
+vestirse. No tienen educación, son como máquinas, y se vuelven tan
+tontas... más que tontería debe de ser aburrimiento... se vuelven tan
+tontas digo, que en cuanto se les presenta un pillo cualquiera se dejan
+seducir... Y no es maldad; es que llega un momento en que dicen: 'Vale
+más ser mujer mala que máquina buena'».
+
+--Filosófica está mi mujercita.
+
+--Vaya... di que no me he lucido... En fin, no se habla más de eso. Di
+si me quieres, sí o no... pero pronto, pronto.
+
+Al otro día, en las alturas de Tibidabo, viendo a sus pies la inmensa
+ciudad tendida en el llano, despidiendo por mil chimeneas el negro
+resuello que declara su fogosa actividad, Jacinta se dejó caer del lado
+de su marido y le dijo:
+
+«Me vas a satisfacer una curiosidad... la última».
+
+Y en el momento que tal habló arrepintiose de ello, porque lo que
+deseaba saber, si picaba mucho en curiosidad, también le picaba algo el
+pudor. ¡Si encontrara una manera delicada de hacer la pregunta...!
+Revolvió en su mente todo lo que sabía y no hallaba ninguna fórmula que
+sentase bien en su boca. Y la cosa era bastante natural. O lo había
+pensado o lo había soñado la noche anterior; de eso no estaba segura;
+mas era una consecuencia que a cualquiera se le ocurre sacar. El orden
+de sus juicios era el siguiente: ¿Cuánto tiempo duró el enredo de mi
+marido con esa mujer?, no lo sé. Pero durase más o durase menos, bien
+podría suceder que... hubiera nacido algún chiquillo». Esta era la
+palabra difícil de pronunciar, _¡chiquillo!_, Jacinta no se atrevía, y
+aunque intentó sustituirla con _familia, sucesión_, tampoco salía.
+
+--No, no era nada. --Tú has dicho que me ibas a preguntar no sé qué.
+
+--Era una tontería; no hagas caso.
+
+--No hay nada que más me cargue que esto... decirle a uno que le van a
+preguntar una cosa y después no preguntársela. Se queda uno confuso y
+haciendo mil cálculos. Eso, eso, guárdalo bien... No le caerán moscas.
+Mira, hija de mi alma, cuando no se ha de tirar no se apunta.
+
+--Ya tiraré... tiempo hay, hijito.
+
+--Dímelo ahora... ¿Qué será, qué no será?
+
+--Nada... no era nada. Él la miraba y se ponía serio. Parecía que le
+adivinaba el pensamiento, y ella tenía tal expresión en sus ojos y en su
+sonrisilla picaresca, que casi casi se podía leer en su cara la palabra
+que andaba por dentro. Se miraban, se reían, y nada más. Para sí dijo la
+esposa: «a su tiempo maduran las uvas. Vendrán días de mayor confianza,
+y hablaremos... y sabré si hay o no algún _hueverito_ por ahí».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Jacinta no tenía ninguna especie de erudición. Había leído muy pocos
+libros. Era completamente ignorante en cuestiones de geografía
+artística; y sin embargo, apreciaba la poesía de aquella región costera
+mediterránea que se desarrolló ante sus ojos al ir de Barcelona a
+Valencia. Los pueblecitos marinos desfilaban a la izquierda de la vía,
+colocados entre el mar azul y una vegetación espléndida. A trozos, el
+paisaje azuleaba con la plateada hoja de los olivos; más allá las viñas
+lo alegraban con la verde gala del pámpano. La vela triangular de las
+embarcaciones, las casitas bajas y blancas, la ausencia de tejados
+puntiagudos y el predominio de la línea horizontal en las
+construcciones, traían al pensamiento de Santa Cruz ideas de arte y
+naturaleza helénica. Siguiendo las rutinas a que se dan los que han
+leído algunos libros, habló también de Constantino, de Grecia, de las
+barras de Aragón y de los pececillos que las tenían pintadas en el lomo.
+Era de cajón sacar a relucir las colonias fenicias, cosa de que Jacinta
+no entendía palotada, ni le hacía falta. Después vinieron Prócida y las
+Vísperas Sicilianas, D. Jaime de Aragón, Roger de Flor y el Imperio de
+Oriente, el duque de Osuna y Nápoles, Venecia y el marqués de Bedmar,
+Massanielo, los Borgias, Lepanto, D. Juan de Austria, las galeras y los
+piratas, Cervantes y los padres de la Merced.
+
+Entretenida Jacinta con los comentarios que el otro iba poniendo a la
+rápida visión de la costa mediterránea, condensaba su ciencia en estas o
+parecidas expresiones: «¿Y la gente que vive aquí, será feliz o será tan
+desgraciada como los aldeanos de tierra adentro, que nunca han tenido
+que ver con el Gran Turco ni con la capitana de D. Juan de Austria?
+Porque los de aquí no apreciarán que viven en un paraíso, y el pobre,
+tan pobre es en Grecia como en Getafe».
+
+Agradabilísimo día pasaron, viendo el risueño país que a sus ojos se
+desenvolvía, el caudaloso Ebro, las marismas de su delta, y por fin, la
+maravilla de la región valenciana, la cual se anunció con grupos de
+algarrobos, que de todas partes parecían acudir bailando al encuentro
+del tren. A Jacinta le daban marcos cuando los miraba con fijeza. Ya se
+acercaban hasta tocar con su copudo follaje la ventanilla; ya se
+alejaban hacia lo alto de una colina; ya se escondían tras un otero,
+para reaparecer haciendo pasos y figuras de minueto o jugando al
+escondite con los palos del telégrafo.
+
+El tiempo, que no les había sido muy favorable en Zaragoza y Barcelona,
+mejoró aquel día. Espléndido sol doraba los campos. Toda la luz del
+cielo parecía que se colaba dentro del corazón de los esposos. Jacinta
+se reía de la danza de los algarrobos, y de ver los pájaros posados en
+fila en los alambres telegráficos. «Míralos, míralos allí. ¡Valientes
+pícaros! Se burlan del tren y de nosotros».
+
+--Fíjate ahora en los alambres. Son iguales al pentagrama de un papel de
+música. Mira cómo sube, mira cómo baja. Las cinco rayas parece que están
+grabadas con tinta negra sobre el cielo azul, y que el cielo es lo que
+se mueve como un telón de teatro no acabado de colgar.
+
+--Lo que yo digo--expresó Jacinta riendo--Mucha poesía, mucha cosa
+bonita y nueva; pero poco que comer. Te lo confieso, marido de mi alma;
+tengo un hambre de mil demonios. La madrugada y este fresco del campo,
+me han abierto el apetito de par en par.
+
+--Yo no quería hablar de esto para no desanimarte. Pronto llegaremos a
+una estación de fonda. Si no, compraremos aunque sea unas rosquillas o
+pan seco... El viajar tiene estas peripecias. Ánimo chica, y dame un
+beso, que las hambres con amor son menos.
+
+--Allá van tres, y en la primera estación, mira bien, hijo, a ver si
+descubrimos algo. ¿Sabes lo que yo me comería ahora?
+
+--¿Un bistec? --No. --¿Pues qué? --Uno y medio. --Ya te contentarás con
+naranja y media.
+
+Pasaban estaciones, y la fonda no parecía. Por fin, en no sé cuál
+apareció una mujer, que tenía delante una mesilla con licores,
+rosquillas, pasteles adornados con hormigas y unos... ¿qué era aquello?
+«¡Pájaros fritos!--gritó Jacinta a punto que Juan bajaba del vagón--.
+Tráete una docena... No... oye, dos docenas».
+
+Y otra vez el tren en marcha. Ambos se colocaron rodillas con rodillas,
+poniendo en medio el papel grasiento que contenía aquel _montón de
+cadáveres_ fritos, y empezaron a comer con la prisa que su mucha hambre
+les daba.
+
+«¡Ay, qué ricos están! Mira qué pechuga... Este para ti, que está muy
+gordito».
+
+--No, para ti, para ti. La mano de ella era tenedor para la boca de él,
+y viceversa. Jacinta decía que en su vida había hecho una comida que más
+le supiese.
+
+«Este sí que está de buen año... ¡pobre ángel! El infeliz estaría ayer
+con sus compañeros posado en el alambre tan contento, tan guapote,
+viendo pasar el tren y diciendo «allá van esos brutos»... hasta que vino
+el más bruto de todos, un cazador y... ¡prum!... Todo para que nosotros
+nos regaláramos hoy. Y a fe que están sabrosos. Me ha gustado este
+almuerzo.
+
+--Y a mí. Ahora veamos estos pasteles. El ácido fórmico es bueno para la
+digestión.
+
+--¿El ácido qué...?
+
+--Las hormigas, chica. No repares, y adentro. Mételes el diente. Están
+riquísimos.
+
+Restauradas las fuerzas, la alegría se desbordaba de aquellas almas. «Ya
+no me marean los algarrobos--decía Jacinta--; bailad, bailad. ¡Mira qué
+casas, qué emparrados! Y aquello, ¿qué es?, naranjos. ¡Cómo huelen!».
+
+Iban solos. ¡Qué dicha, siempre solitos! Juan se sentó junto a la
+ventana y Jacinta sobre sus rodillas. Él le rodeaba la cintura con el
+brazo. A ratos charlaban, haciendo ella observaciones cándidas sobre
+todo lo que veía. Pero después transcurrían algunos ratos sin que
+ninguno dijera una palabra. De repente volviose Jacinta hacia su marido,
+y echándole un brazo alrededor del cuello, le soltó esta:
+
+«No me has dicho cómo se llamaba».
+
+--¿Quién? --preguntó Santa Cruz algo atontado.
+
+--Tu adorado tormento, tu... Cómo se llamaba o cómo se llama... porque
+supongo que vivirá.
+
+--No lo sé... ni me importa. Vaya con lo que sales ahora.
+
+--Es que hace un rato me dio por pensar en ella. Se me ocurrió de
+repente. ¿Sabes cómo? Vi unos refajos encarnados puestos a secar en un
+arbusto. Tú dirás que qué tiene que ver... Es claro, nada; pero vete a
+saber cómo se enlazan en el pensamiento las ideas. Esta mañana me acordé
+de lo mismo cuando pasaban rechinando las carretillas cargadas de
+equipajes. Anoche me acordé, ¿cuándo creerás? Cuando apagaste la luz. Me
+pareció que la llama era una mujer que decía ¡ay!, y se caía muerta. Ya
+sé que son tonterías, pero en el cerebro pasan cosas muy particulares.
+¿Con que, _nenito_, desembuchas eso, sí o no?
+
+--¿Qué? --El nombre. --Déjame a mí de nombres.
+
+--¡Qué poco amable es este señor!--dijo abrazándole--. Bueno, guarda el
+secretito, hombre, y dispensa. Ten cuidado no te roben esa preciosidad.
+Eso, eso es, o somos reservados o no. Yo me quedo lo mismo que estaba.
+No creas que tengo gran interés en saberlo. ¿Qué me meto yo en el
+bolsillo con saber un nombre más?
+
+--Es un nombre muy feo... No me hagas pensar en lo que quiero
+olvidar--replicó Santa Cruz con hastío--No te digo una palabra, ¿sabes?
+
+
+--Gracias, amado pueblo... Pues mira, si te figuras que voy a tener
+celos, te llevas chasco. Eso quisieras tú para darte tono. No los tengo
+ni hay para qué.
+
+No sé qué vieron que les distrajo de aquella conversación. El paisaje
+era cada vez más bonito, y el campo, convirtiéndose en jardín, revelaba
+los refinamientos de la civilización agrícola. Todo era allí nobleza, o
+sea naranjos, los árboles de hoja perenne y brillante, de flores
+olorosísimas y de frutas de oro, árbol ilustre que ha sido una de las
+más socorridas muletillas de los poetas, y que en la región valenciana
+está por los suelos, quiero decir, que hay tantos, que hasta los poetas
+los miran ya como si fueran cardos borriqueros. Las tierras labradas
+encantan la vista con la corrección atildada de sus líneas. Las
+hortalizas bordan los surcos y dibujan el suelo, que en algunas partes
+semeja un cañamazo. Los variados verdes, más parece que los ha hecho el
+arte con una brocha, que no la Naturaleza con su labor invisible. Y por
+todas partes flores, arbustos tiernos; en las estaciones acacias
+gigantescas que extienden sus ramas sobre la vía; los hombres con
+zaragüelles y pañuelo liado a la cabeza, resabio morisco; las mujeres
+frescas y graciosas, vestidas de indiana y peinadas con rosquillas de
+pelo sobre las sienes.
+
+«¿Y cuál es --preguntó Jacinta deseosa de instruirse--el árbol de las
+chufas?».
+
+Juan no supo contestar, porque tampoco él sabía de dónde diablos salían
+las chufas. Valencia se aproximaba ya. En el vagón entraron algunas
+personas; pero los esposos no dejaron la ventanilla. A ratos se veía el
+mar, tan azul, tan azul, que la retina padecía el engaño de ver verde el
+cielo.
+
+¡Sagunto! ¡Ay, qué nombre!, cuando se le ve escrito con las letras
+nuevas y acaso torcidas de una estación, parece broma. No es de todos
+los días ver envueltas en el humo de las locomotoras las inscripciones
+más retumbantes de la historia humana. Juanito, que aprovechaba las
+ocasiones de ser sabio sentimental, se pasmó más de lo conveniente de la
+aparición de aquel letrero.
+
+«Y qué, ¿qué es?--preguntó Jacinta picada de la novelería--. ¡Ah!
+Sagunto, ya... un nombre. De fijo que hubo aquí alguna marimorena. Pero
+habrá llovido mucho desde entonces. No te entusiasmes, hijo, y tómalo
+con calma. ¿A qué viene tanto _¡ah!, ¡oh!_...? Todo porque aquellos
+brutos...».
+
+--¿Chica, qué estás ahí diciendo?
+
+--Sí, hijo de mi alma, porque aquellos brutos... no me vuelvo atrás...
+hicieron una barbaridad. Bueno, llámalos héroes si quieres, y cierra
+esa boca que te me estás pareciendo al Papamoscas de Burgos.
+
+Vuelta a contemplar el jardín agrícola en cuyo verdor se destacaban las
+cabañas de paja con una cruz en el pico del techo. En los bardales vio
+Jacinta unas plantas muy raras, de vástagos escuetos y pencas enormes,
+que llamaron su atención. «Mira, mira, qué esperpento de árbol. ¿Será el
+de los higos chumbos?».
+
+--No, hija mía, los higos chumbos los da esa otra planta baja, compuesta
+de unas palas erizadas de púas. Aquello otro es la pita, que da por
+fruto las sogas.
+
+--Y el esparto, ¿dónde está?
+
+--Hasta eso no llega mi sabiduría. Por ahí debe de andar.
+
+El tren describía amplísima curva. Los viajeros distinguieron una gran
+masa de edificios cuya blancura descollaba entre el verde. Los grupos de
+árboles la tapaban a trechos; después la descubrían. «Ya estamos en
+Valencia, chiquilla; mírala allí».
+
+Valencia era la ciudad mejor situada del mundo, según dijo un agudo
+observador, por estar construida en medio del campo. Poco después, los
+esposos, empaquetados dentro de una tartana, penetraban por las calles
+angostas y torcidas de la ciudad campestre. «¡Pero qué país, hijo!... Si
+esto parece un biombo... ¿A dónde nos lleva este hombre?».--«A la fonda
+sin duda».
+
+A media noche, cuando se retiraron fatigados a su domicilio después de
+haber paseado por las calles y oído media _Africana_ en el teatro de la
+Princesa, Jacinta sintió que de repente, sin saber cómo ni por qué, la
+picaba en el cerebro el gusanillo aquel, la idea perseguidora, la penita
+disfrazada de curiosidad. Juan se resistió a satisfacerla, alegando
+razones diversas. «No me marees, hija... Ya te he dicho que quiero
+olvidar eso...».
+
+--Pero el nombre, _nene_, el nombre nada más. ¿Qué te cuesta abrir la
+boca un segundo?... No creas que te voy a reñir, tontín.
+
+Hablando así se quitaba el sombrero, luego el abrigo, después el cuerpo,
+la falda, el _polisón_, y lo iba poniendo todo con orden en las butacas
+y sillas del aposento. Estaba rendida y no veía las santas horas de dar
+con sus fatigadas carnes en la cama. El esposo también iba soltando
+ropa. Aparentaba buen humor; pero la curiosidad de Jacinta le
+desagradaba ya. Por fin, no pudiendo resistir a las monerías de su
+mujer, no tuvo más remedio que decidirse. Ya estaban las cabezas sobre
+las almohadas, cuando Santa Cruz echó perezoso de su boca estas
+palabras:
+
+«Pues te lo voy a decir; pero con la condición de que en tu vida más...
+en tu vida más me has de mentar ese nombre, ni has de hacer la menor
+alusión... ¿entiendes? Pues se llama...».
+
+--Gracias a Dios, hombre. Le costaba mucho trabajo decirlo. La otra le
+ayudaba.
+
+--Se llama _For_...
+
+--_For_... _narina_.
+
+--No. _For_... _tuna_...
+
+--_Fortunata_.
+
+--Eso... Vamos, ya estás satisfecha.
+
+--Nada más. Te has portado, has sido amable. Así es como te quiero yo.
+
+Pasado un ratito, dormía como un ángel... dormían los dos.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+«¿Sabes lo que se me ha ocurrido?--dijo Santa Cruz a su mujer dos días
+después en la estación de Valencia--. Me parece una tontería que vayamos
+tan pronto a Madrid. Nos plantaremos en Sevilla. Pondré un parte a
+casa».
+
+Al pronto Jacinta se entristeció. Ya tenía deseos de ver a sus hermanas,
+a su papá y a sus tíos y suegros. Pero la idea de prolongar un poco
+aquel viaje tan divertido, conquistó en breve su alma. ¡Andar así,
+llevados en las alas del tren, que algo tiene siempre, para las almas
+jóvenes, de dragón de fábula, era tan dulce, tan entretenido...!
+
+Vieron la opulenta ribera del Júcar, pasaron por Alcira, cubierta de
+azahares, por Játiva la risueña; después vino Montesa, de feudal
+aspecto, y luego Almansa en territorio frío y desnudo. Los campos de
+viñas eran cada vez más raros, hasta que la severidad del suelo les dijo
+que estaban en la adusta Castilla. El tren se lanzaba por aquel campo
+triste, como inmenso lebrel, olfateando la vía y ladrando a la noche
+tarda, que iba cayendo lentamente sobre el llano sin fin. Igualdad,
+palos de telégrafo, cabras, charcos, matorrales, tierra gris, inmensidad
+horizontal sobre la cual parecen haber corrido los mares poco ha; el
+humo de la máquina alejándose en bocanadas majestuosas hacia el
+horizonte; las guardesas con la bandera verde señalando el paso libre,
+que parece el camino de lo infinito; bandadas de aves que vuelan bajo, y
+las estaciones haciéndose esperar mucho, como si tuvieran algo bueno...
+Jacinta se durmió y Juanito también. Aquella dichosa Mancha era un
+narcótico. Por fin bajaron en Alcázar de San Juan, a media noche,
+muertos de frío. Allí esperaron el tren de Andalucía, tomaron chocolate,
+y vuelta a rodar por otra zona manchega, la más ilustre de todas, la
+Argamasillesca.
+
+Pasaron los esposos una mala noche por aquella estepa, matando el frío
+muy juntitos bajo los pliegues de una sola manta, y por fin llegaron a
+Córdoba, donde descansaron y vieron la Mezquita, no bastándoles un día
+para ambas cosas. Ardían en deseos de verse en la sin par Sevilla...
+Otra vez al tren. Serían las nueve de la noche cuando se encontraron
+dentro de la romántica y alegre ciudad, en medio de aquel idioma ceceoso
+y de los donaires y chuscadas de la gente andaluza. Pasaron allí creo
+que ocho o diez días, encantados, sin aburrirse ni un solo momento,
+viendo los portentos de la arquitectura y de la Naturaleza, participando
+del buen humor que allí se respira con el aire y se recoge de las
+miradas de los transeúntes. Una de las cosas que más cautivaban a
+Jacinta era aquella costumbre de los patios amueblados y ajardinados, en
+los cuales se ve que las ramas de una azalea bajan hasta acariciar las
+teclas del piano, como si quisieran tocar. También le gustaba a Jacinta
+ver que todas las mujeres, aun las viejas que piden limosna, llevan su
+flor en la cabeza. La que no tiene flor se pone entre los pelos
+cualquier hoja verde y va por aquellas calles vendiendo vidas.
+
+Una tarde fueron a comer a un bodegón de Triana, porque decía Juanito
+que era preciso conocer todo de cerca y codearse con aquel originalísimo
+pueblo, artista nato, poeta que parece pintar lo que habla, y que
+recibió del Cielo el don de una filosofía muy socorrida, que consiste en
+tomar todas las cosas por el lado humorístico, y así la vida, una vez
+convertida en broma, se hace más llevadera. Bebió el Delfín muchas
+cañas, porque opinaba con gran sentido práctico que para asimilarse a
+Andalucía y sentirla bien en sí, es preciso introducir en el cuerpo toda
+la manzanilla que este pueda contener. Jacinta no hacía más que probarla
+y la encontraba áspera y acídula, sin conseguir apreciar el olorcillo a
+_pero de Ronda_ que dicen que tiene aquella bebida.
+
+Retiráronse de muy buen humor a la fonda, y al llegar a ella vieron que
+en el comedor había mucha gente. Era un banquete de boda. Los novios
+eran españoles anglicanizados de Gibraltar. Los esposos Santa Cruz
+fueron invitados a tomar algo, pero lo rehusaron; únicamente bebieron un
+poco de Champagne, por que no dijeran. Después un inglés muy pesado, que
+chapurraba el castellano con la boca fruncida y los dientes apretados,
+como si quisiera mordiscar las palabras, se empeñó en que habían de
+tomar unas cañas. «De ninguna manera... muchas gracias». --«¡Ooooh!,
+sí»... El comedor era un hervidero de alegría y de chistes, entre los
+cuales empezaban a sonar algunos de gusto dudoso. No tuvo Santa Cruz más
+remedio que ceder a la exigencia de aquel maldito inglés, y tomando de
+sus manos la copa, decía a media voz: «Valiente _curdela_ tienes tú».
+Pero el inglés no entendía... Jacinta vio que aquello se iba poniendo
+malo. El inglés llamaba al orden, diciendo a los más jóvenes con su
+boquita cerrada que tuvieran _fundamenta_. Nadie necesitaba tanto como
+él que se le llamase al orden, y sobre todo, lo que más falta le hacía
+era que le recortaran la bebida, porque aquello no era ya boca, era un
+embudo. Jacinta presintió la jarana, y tomando una resolución súbita,
+tiró del brazo a su marido y se lo llevó, a punto que este empezaba a
+tomarle el pelo al inglés.
+
+«Me alegro--dijo el Delfín, cuando su mujer le conducía por las
+escaleras arriba--; me alegro de que me hubieras sacado de allí, porque
+no puedes figurarte lo que me iba cargando el tal inglés, con sus
+dientes blancos y apretados, con su amabilidad y su zapatito bajo... Si
+sigo un minuto más, le pego un par de trompadas... Ya se me subía la
+sangre a la cabeza...».
+
+Entraron en su cuarto, y sentados uno frente a otro, pasaron un rato
+recordando los graciosos tipos que en el comedor estaban y los equívocos
+que allí se decían. Juan hablaba poco y parecía algo inquieto. De
+repente le entraron ganas de volver abajo. Su mujer se oponía.
+Disputaron. Por fin Jacinta tuvo que echar la llave a la puerta.
+
+«Tienes razón--dijo Santa Cruz dejándose caer a plomo sobre la
+silla.--Más vale que me quede aquí... porque si bajo, y vuelve el
+_mister_ con sus finuras, le pego... Yo también sé _boxear_».
+
+Hizo el ademán del _box_, y ya entonces su mujer le miró muy seria.
+
+--Debes acostarte--le dijo. --Es temprano... Nos estaremos aquí de
+tertulia... sí... ¿tú no tienes sueño? Yo tampoco. Acompañaré a mi cara
+mitad. Ese es mi deber, y sabré cumplirlo, sí señora. Porque yo soy
+esclavo del deber...
+
+Jacinta se había quitado el sombrero y el abrigo. Juanito la sentó sobre
+sus rodillas y empezó a saltarla como a los niños cuando se les hace el
+caballo. Y dale con la tarabilla de que él era esclavo de su deber, y de
+que lo primero de todo es la familia. El trote largo en que la llevaba
+su marido empezó a molestar a Jacinta, que se desmontó y se fue a la
+silla en que antes estaba. Él entonces se puso a dar paseos rápidos por
+la habitación.
+
+--Mi mayor gusto es estar al lado de mi adorada _nena_--decía sin
+mirarla--. _Te amo con delirio_ como se dice en los dramas. Bendita sea
+mi madrecita... que me casó contigo...
+
+Hincósele delante y le besó las manos. Jacinta le observaba con atención
+recelosa, sin pestañear, queriendo reírse y sin poderlo conseguir. Santa
+Cruz tomó un tono muy plañidero para decirle:
+
+«¡Y yo tan estúpido que no conocí tu mérito!, ¡yo que te estaba mirando
+todos los días, como mira el burro la flor sin atreverse a comérsela! ¡Y
+me comí el cardo!... ¡Oh!, perdón, perdón... Estaba ciego, encanallado;
+era yo muy _cañí_... esto quiere decir _gitano_, vida mía. El vicio y la
+grosería habían puesto una costra en mi corazón... llamémosle
+_garlochín_... Jacintilla, no me mires así. Esto que te digo es la pura
+verdad. Si te miento, que me quede muerto ahora mismo. Todas mis faltas
+las veo claras esta noche. No sé lo que me pasa; estoy como inspirado...
+tengo más espíritu, créetelo... te quiero más, cielito, paloma, y te voy
+a hacer un altar de oro para adorarte».
+
+«¡Jesús, qué fino está el tiempo!--exclamó la esposa que ya no podía
+ocultar su disgusto--. ¿Por qué no te acuestas?».
+
+--Acostarme yo, yo... cuando tengo que contarte tantas cosas,
+_chavala_!--añadió Santa Cruz, que cansado ya de estar de rodillas,
+había cogido una banqueta para sentarse a los pies de su mujer--.
+Perdona que no haya sido franco contigo. Me daba vergüenza de revelarte
+ciertas cosas. Pero ya no puedo más: mi conciencia se vuelca como una
+urna llena que se cae... así, así; y afuera todo... Tú me absolverás
+cuando me oigas, ¿verdad? Di que sí... Hay momentos en la vida de los
+pueblos, quiero decir, en la vida del hombre, momentos terribles, alma
+mía. Tú lo comprendes... Yo no te conocía entonces. Estaba como la
+humanidad antes de la venida del Mesías, a oscuras, apagado el gas...
+sí. No me condenes, no, no, no me condenes sin oírme...
+
+Jacinta no sabía qué hacer. Uno y otro se estuvieron mirando breve rato,
+los ojos clavados en los ojos, hasta que Juan dijo en voz queda:
+
+«¡Si la hubieras visto...! Fortunata tenía los ojos como dos estrellas,
+muy semejantes a los de la Virgen del Carmen que antes estaba en Santo
+Tomás y ahora en San Ginés. Pregúntaselo a Estupiñá, pregúntaselo si lo
+dudas... a ver... Fortunata tenía las manos bastas de tanto trabajar, el
+corazón lleno de inocencia...
+
+Fortunata no tenía educación; aquella boca tan linda se comía muchas
+letras y otras las equivocaba. Decía _indilugencias, golver, asín._ Pasó
+su niñez cuidando el _ganado_. ¿Sabes lo que es el ganado? Las gallinas.
+Después criaba los palomos a sus pechos. Como los palomos no comen sino
+del pico de la madre, Fortunata se los metía en el seno, ¡y si vieras tú
+qué seno tan bonito!, sólo que tenía muchos rasguños que le hacían los
+palomos con los garfios de sus patas. Después cogía en la boca un buche
+de agua y algunos granos de algarroba, y metiéndose el pico en la
+boca... les daba de comer... Era la paloma madre de los tiernos
+pichoncitos... Luego les daba su calor natural... les arrullaba, les
+hacía _rorrooó_... les cantaba canciones de nodriza... ¡Pobre
+Fortunata, pobre _Pitusa_!... ¿Te he dicho que la llamaban la _Pitusa_?
+¿No?... pues te lo digo ahora. Que conste... Yo la perdí... sí... que
+conste también; es preciso que cada cual cargue con su
+responsabilidad... Yo la perdí, la engañé, le dije mil mentiras, le hice
+creer que me iba a casar con ella. ¿Has visto?... ¡Si seré pillín!...
+Déjame que me ría un poco... Sí, todas las papas que yo le decía, se las
+tragaba... El pueblo es muy inocente, es tonto de remate, todo se lo
+cree con tal que se lo digan con palabras finas... La engañé, le
+_garfiñé_ su honor, y tan tranquilo. Los hombres, digo, los señoritos,
+somos unos miserables; creemos que el honor de las hijas del pueblo es
+cosa de juego... No me pongas esa cara, vida mía. Comprendo que tienes
+razón; soy un infame, merezco tu desprecio; porque... lo que tú dirás,
+una mujer es siempre una criatura de Dios, ¿verdad?... y yo, después que
+me divertí con ella, la dejé abandonada en medio de las calles...
+justo... su destino es el destino de las perras... Di que sí».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Jacinta estaba alarmadísima, medio muerta de miedo y de dolor. No sabía
+qué hacer ni qué decir. «Hijo mío--exclamó limpiando el sudor de la
+frente de su marido--, ¡cómo estás...! Cálmate, por María Santísima.
+Estás delirando».
+
+--No, no; esto no es delirio, es arrepentimiento--añadió Santa Cruz,
+quien, al moverse, por poco se cae, y tuvo que apoyar las manos en el
+suelo--. ¿Crees acaso que el vino...? ¡Oh! no, hija mía, no me hagas ese
+disfavor. Es que la conciencia se me ha subido aquí al cuello, a la
+cabeza, y me pesa tanto, que no puedo guardar bien el equilibrio...
+Déjame que me prosterne ante ti y ponga a tus pies todas mis culpas para
+que las perdones... No te muevas, no me dejes solo, por Dios... ¿A dónde
+vas? ¿No ves mi aflicción?
+
+--Lo que veo... ¡Oh! Dios mío. Juan, por amor de Dios, sosiégate; no
+digas más disparates. Acuéstate. Yo te haré una taza de té.
+
+--¡Y para qué quiero yo té, desventurada!...--dijo el otro en un tono
+tan descompuesto, que a Jacinta se le saltaron las lágrimas--. ¡Té...!,
+lo que quiero es tu perdón, el perdón de la humanidad, a quien he
+ofendido, a quien he ultrajado y pisoteado. Di que sí... Hay momentos en
+la vida de los pueblos, digo, en la vida de los hombres, en que uno
+debiera tener mil bocas para con todas ellas a la vez... expresar la,
+la, la... Sería uno un coro... eso, eso... Porque yo he sido malo, no me
+digas que no, no me lo digas...
+
+Jacinta advirtió que su marido sollozaba. ¿Pero de veras sollozaba o
+era broma?
+
+«Juan, ¡por Dios!, me estás atormentando».
+
+--No, niña de mi alma --replicó él sentado en el suelo sin descubrir el
+rostro, que tenía entre las manos--. ¿No ves que lloro? Compadécete de
+este infeliz... He sido un perverso... Porque la _Pitusa_ me
+idolatraba... Seamos francos.
+
+Alzó entonces la cabeza, y tomó un aire más tranquilo.
+
+--Seamos francos; la verdad ante todo... me idolatraba. Creía que yo no
+era como los demás, que era la caballerosidad, la hidalguía, la
+decencia, la nobleza en persona, el acabose de los hombres... ¡Nobleza,
+qué sarcasmo! Nobleza en la mentira; digo que no puede ser... y que no,
+y que no. ¡Decencia porque se lleva una ropa que llaman levita!... ¡Qué
+humanidad tan farsante! El pobre siempre debajo; el rico hace lo que le
+da la gana. Yo soy rico... di que soy inconstante... La ilusión de lo
+pintoresco se iba pasando. La grosería con gracia seduce algún tiempo,
+después marca... Cada día me pesaba más la carga que me había echado
+encima. El picor del ajo me repugnaba. Deseé, puedes creerlo, que la
+_Pitusa_ fuera mala para darle una puntera... Pero, quia... ni por
+esas... ¿Mala ella? a buena parte... Si le mando echarse al fuego por
+mí, ¡al fuego de cabeza! Todos los días jarana en la casa. Hoy acababa
+en bien, mañana no... Cantos, guitarreo... José Izquierdo, a quien
+llaman _Platón_ porque comía en un plato como un barreño, arrojaba
+chinitas al picador... Villalonga y yo les echábamos a pelear o les
+reconciliábamos cuando nos convenía... La _Pitusa_ temblaba de verlos
+alegres y de verlos enfurruñados... ¿Sabes lo que se me ocurría? No
+volver a aportar más por aquella maldita casa... Por fin resolvimos
+Villalonga y yo largamos con viento fresco y no volver más. Una noche se
+armó tal gresca, que hasta las navajas salieron, y por poco nadamos
+todos en un lago de sangre... Me parece que oigo aquellas finuras:
+«¡indecente, cabrón, _najabao, randa, murcia_...! No era posible
+semejante vida. Di que no. El hastío era ya irresistible. La misma
+_Pitusa_ me era odiosa, como las palabras inmundas... Un día dije
+_vuelvo_, y no volví más... Lo que decía Villalonga: cortar por lo
+sano... Yo tenía algo en mi conciencia, un hilito que me tiraba hacia
+allá... Lo corté... Fortunata me persiguió; tuve que jugar al escondite.
+Ella por aquí, yo por allá... Yo me escurría como una anguila. No me
+cogía, no. El último a quien vi fue Izquierdo; le encontré un día
+subiendo la escalera de mi casa. Me amenazó; díjome que la _Pitusa_
+estaba _cambrí_ de cinco meses... _¡Cambrí de cinco meses...!_ Alcé los
+hombros... Dos palabras él, dos palabras yo... alargué este brazo, y
+plaf... Izquierdo bajó de golpe un tramo entero... Otro estirón, y
+plaf... de un brinco el segundo tramo... y con la cabeza para abajo...
+
+Esto último lo dijo enteramente descompuesto. Continuaba sentado en el
+suelo, las piernas extendidas, apoyado un brazo en el asiento de la
+silla. Jacinta temblaba. Le había entrado mortal frío, y daba diente con
+diente. Permanecía en pie en medio de la habitación, como una estatua,
+contemplando la figura lastimosísima de su marido, sin atreverse a
+preguntarle nada ni a pedirle una aclaración sobre las extrañas cosas
+que revelaba.
+
+«¡Por Dios y por tu madre! --dijo al fin movida del cariño y del
+miedo--, no me cuentes más. Es preciso que te acuestes y procures
+dormirte. Cállate ya».
+
+--¡Que me calle!... ¡que me calle! ¡Ah!, esposa mía, esposa adorada,
+ángel de mi salvación... Mesías mío... ¿Verdad que me perdonas?... di
+que sí.
+
+Se levantó de un salto y trató de andar... No podía. Dando una rápida
+vuelta fue a desplomarse sobre el sofá, poniéndose la mano sobre los
+ojos y diciendo con voz cavernosa: «¡Qué horrible pesadilla!». Jacinta
+fue hacia él, le echó los brazos al cuello y le arrulló como se arrulla
+a los niños cuando se les quiere dormir.
+
+Vencido al cabo de su propia excitación, el cerebro del Delfín caía en
+estúpido embrutecimiento. Y sus nervios, que habían empezado a calmarse,
+luchaban con la sedación. De repente se movía, como si saltara algo en
+él y pronunciaba algunas sílabas. Pero la sedación vencía, y al fin se
+quedó profundamente dormido. A media noche pudo Jacinta con no poco
+trabajo llevarle hasta la cama y acostarle. Cayó en el sueño como en un
+pozo, y su mujer pasó muy mala noche, atormentada por el desagradable
+recuerdo de lo que había visto y oído.
+
+Al día siguiente Santa Cruz estaba como avergonzado. Tenía conciencia
+vaga de los disparates que había hecho la noche anterior, y su amor
+propio padecía horriblemente con la idea de haber estado ridículo. No se
+atrevía a hablar a su mujer de lo ocurrido, y esta, que era la misma
+prudencia, además de no decir una palabra, mostrábase tan afable y
+cariñosa como de costumbre. Por último, no pudo mi hombre resistir el
+afán de explicarse, y preparando el terreno con un sin fin de
+zalamerías, le dijo:
+
+«Chiquilla, es preciso que me perdones el mal rato que te di anoche...
+Debí ponerme muy pesadito... ¡Qué malo estaba! En mi vida me ha pasado
+otra igual. Cuéntame los disparates que te dije, porque yo no me
+acuerdo».
+
+--¡Ay! fueron muchos; pero muchos... Gracias que no había más público
+que yo.
+
+--Vamos, con franqueza... estuve inaguantable.
+
+--Tú lo has dicho... --Es que no sé... En mi vida, puedes creerlo, he
+cogido una turca como la que cogí anoche. El maldito inglés tuvo la
+culpa y me la ha de pagar. ¡Dios mío, cómo me puse!... ¿Y qué dije, qué
+dije?... No hagas caso, vida mía, porque seguramente dije mil cosas que
+no son verdad. ¡Qué bochorno! ¿Estás enfadada? No, si no hay para qué...
+
+--Cierto. Como estabas... Jacinta no se atrevió a decir «borracho». La
+palabra horrible negábase a salir de su boca.
+
+--Dilo, hija. Di _ajumao_, que es más bonito y atenúa un poco la
+gravedad de la falta.
+
+--Pues como estabas _ajumaíto_, no eras responsable de lo que decías.
+
+--Pero qué, ¿se me escapó alguna palabra que te pudiera ofender?
+
+--No; sólo una media docena de voces elegantes, de las que usa la alta
+sociedad. No las entendí bien. Lo demás bien clarito estaba, demasiado
+clarito. Lloraste por tu _Pitusa_ de tu alma, y te llamabas miserable
+por haberla abandonado. Créelo, te pusiste que no había por dónde
+cogerte.
+
+--Vaya, hija, pues ahora con la cabeza despejada, voy a decirte dos
+palabritas para que no me juzgues por peor de lo que soy.
+
+Se fueron de paseo por las Delicias abajo, y sentados en solitario
+banco, vueltos de cara al río, charlaron un rato. Jacinta se quería
+comer con los ojos a su marido, adivinándole las palabras antes de que
+las dijera, y confrontándolas con la expresión de los ojos a ver si eran
+sinceras. ¿Habló Juan con verdad? De todo hubo. Sus declaraciones eran
+una verdad refundida como las comedias antiguas. El amor propio no le
+permitía la reproducción fiel de los hechos. Pues señor... al volver de
+Plencia ya comprometido a casarse y enamorado de su novia, quiso saber
+qué vuelta llevó Fortunata, de quien no había tenido noticias en tanto
+tiempo. No le movía ningún sentimiento de ternura, sino la compasión y
+el deseo de socorrerla si se veía en un mal paso. _Platón_ estaba fuera
+de Madrid y su mujer en el otro mundo. No se sabía tampoco a dónde
+diantres había ido a parar el picador; pero Segunda había traspasado la
+huevería y tenía en la misma Cava un poco más abajo, cerca ya de la
+escalerilla, una covacha a que daba el nombre de _establecimiento_. En
+aquella caverna habitaba y hacía el café que vendía por la mañana a la
+gente del mercado. Cuatro cacharros, dos sillas y una mesa componían el
+ajuar. En el resto del día prestaba servicios en la taberna del
+_pulpitillo_. Había venido tan a menos en lo físico y en lo económico,
+que a su antiguo tertulio le costó trabajo reconocerla.
+
+«¿Y la otra?...». porque esto era lo que importaba.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Santa Cruz tardó algún tiempo en dar la debida respuesta. Hacía rayas en
+el suelo con el bastón. Por fin se expresó así:
+
+«Supe que en efecto había...».
+
+Jacinta tuvo la piedad de evitarle las últimas palabras de la oración,
+diciéndolas ella. Al Delfín se le quitó un peso de encima.
+
+«Traté de verla..., la busqué por aquí y por allá... y nada... Pero qué,
+¿no lo crees? Después no pude ocuparme de nada. Sobrevino la muerte de
+tu mamá. Transcurrió algún tiempo sin que yo pensara en semejante cosa,
+y no debo ocultarte que sentía cierto escozorcillo aquí, en la
+conciencia... Por Enero de este año, cuando me preparaba a hacer
+diligencias, una amiga de Segunda me dijo que la _Pitusa_ se había
+marchado de Madrid. ¿A dónde? ¿Con quién? Ni entonces lo supe ni lo he
+sabido después. Y ahora te juro que no la he vuelto a ver más ni he
+tenido noticias de ella».
+
+La esposa dio un gran suspiro. No sabía por qué; pero tenía sobre su
+alma cierta pesadumbre, y en su rectitud tomaba para sí parte de la
+responsabilidad de su marido en aquella falta; porque falta había sin
+duda. Jacinta no podía considerar de otro modo el hecho del abandono,
+aunque este significara el triunfo del amor legítimo sobre el criminal,
+y del matrimonio sobre el amancebamiento... No podían entretenerse más
+en ociosas habladurías, porque pensaban irse a Cádiz aquella tarde y era
+preciso disponer el equipaje y comprar algunas chucherías. De cada
+población se habían de llevar a Madrid regalitos para todos. Con la
+actividad propia de un día de viaje, las compras y algunas despedidas,
+se distrajeron tan bien ambos de aquellos desagradables pensamientos,
+que por la tarde ya estos se habían desvanecido.
+
+Hasta tres días después no volvió a rebullir en la mente de Jacinta el
+gusanillo aquel. Fue cosa repentina, provocada por no sé qué, por esas
+misteriosas iniciativas de la memoria que no sabemos de dónde salen. Se
+acuerda uno de las cosas contra toda lógica, y a veces el encadenamiento
+de las ideas es una extravagancia y hasta una ridiculez. ¿Quién creería
+que Jacinta se acordó de Fortunata al oír pregonar las _bocas de la
+Isla_? Porque dirá el curioso, y con razón, que qué tienen que ver las
+bocas con aquella mujer. Nada, absolutamente nada.
+
+Volvían los esposos de Cádiz en el tren correo. No pensaban detenerse ya
+en ninguna parte, y llegarían a Madrid de un tirón. Iban muy gozosos,
+deseando ver a la familia, y darle a cada uno su regalo. Jacinta, aunque
+picada del gusanillo aquel, había resuelto no volver a hablar de tal
+asunto, dejándolo sepultado en la memoria, hasta que el tiempo lo
+borrara para siempre. Pero al llegar a la estación de Jerez, ocurrió
+algo que hizo revivir inesperadamente lo que ambos querían olvidar. Pues
+señor... de la cantina de la estación vieron salir al condenado inglés
+de la noche de marras, el cual les conoció al punto y fue a saludarles
+muy fino y galante, y a ofrecerles unas cañas. Cuando se vieron libres
+de él, Santa Cruz le echó mil pestes, y dijo que algún día había de
+tener ocasión de darle el _par de galletas_ que se tenía ganadas. «Este
+danzante tuvo la culpa de que yo me pusiera aquella noche como me puse y
+de que te contara aquellos horrores...».
+
+Por aquí empezó a enredarse la conversación hasta recaer otra vez en el
+_punto negro_. Jacinta no quería que se le quedara en el alma una idea
+que tenía, y a la primera ocasión la echó fuera de sí.
+
+«¡Pobres mujeres! --exclamó--. Siempre la peor parte para ellas».
+
+--Hija mía, hay que juzgar las cosas con detenimiento, examinar las
+circunstancias... ver el medio ambiente... --dijo Santa Cruz preparando
+todos los chirimbolos de esa dialéctica convencional con la cual se
+prueba todo lo que se quiere.
+
+Jacinta se dejó hacer caricias. No estaba enfadada. Pero en su espíritu
+ocurría un fenómeno muy nuevo para ella. Dos sentimientos diversos se
+barajaban en su alma, sobreponiéndose el uno al otro alternativamente.
+Como adoraba a su marido, sentíase orgullosa de que este hubiese
+despreciado a otra para tomarla a ella. Este orgullo es primordial, y
+existirá siempre aun en los seres más perfectos. El otro sentimiento
+procedía del fondo de rectitud que lastraba aquella noble alma y le
+inspiraba una protesta contra el ultraje y despiadado abandono de la
+desconocida. Por más que el Delfín lo atenuase, había ultrajado a la
+humanidad. Jacinta no podía ocultárselo a sí misma. Los triunfos de su
+amor propio no le impedían ver que debajo del trofeo de su victoria
+había una víctima aplastada. Quizás la víctima merecía serlo; pero la
+vencedora no tenía nada que ver con que lo mereciera o no, y en el
+altar de su alma le ponía a la tal víctima una lucecita de compasión.
+
+Santa Cruz, en su perspicacia, lo comprendió, y trataba de librar a su
+esposa de la molestia de complacer a quien sin duda no lo merecía. Para
+esto ponía en funciones toda la maquinaria más brillante que sólida de
+su raciocinio, aprendido en el comercio de las liviandades humanas y en
+someras lecturas. «Hija de mi alma, hay que ponerse en la realidad. Hay
+dos mundos, el que se ve y el que no se ve. La sociedad no se gobierna
+con las ideas puras. Buenos andaríamos... No soy tan culpable como
+parece a primera vista; fíjate bien. Las diferencias de educación y de
+clase establecen siempre una gran diferencia de procederes en las
+relaciones humanas. Esto no lo dice el Decálogo; lo dice la realidad. La
+conducta social tiene sus leyes que en ninguna parte están escritas;
+pero que se sienten y no se pueden conculcar. Faltas cometí, ¿quién lo
+duda?, pero imagínate que hubiera seguido entre aquella gente, que
+_hubiera cumplido mis compromisos_ con la _Pitusa_... No te quiero decir
+más. Veo que te ríes. Eso me prueba que hubiera sido un absurdo, una
+locura recorrer lo que, visto de allá, parecía el camino derecho. Visto
+de acá, ya es otro distinto. En cosas de moral, lo recto y lo torcido
+son según de donde se mire. No había, pues, más remedio que hacer lo que
+hice, y salvarme... Caiga el que caiga. El mundo es así. Debía yo
+salvarme, ¿sí o no? Pues debiendo salvarme, no había más remedio que
+lanzarme fuera del barco que se sumergía. En los naufragios siempre hay
+alguien que se ahoga... Y en el caso concreto del abandono, hay también
+mucho que hablar. Ciertas palabras no significan nada por sí. Hay que
+ver los hechos... Yo la busqué para socorrerla; ella no quiso parecer.
+Cada cual tiene su destino. El de ella era ese: no parecer cuando yo la
+buscaba».
+
+Nadie diría que el hombre que de este modo razonaba, con arte tan sutil
+y paradójico, era el mismo que noches antes, bajo la influencia de una
+bebida espirituosa, había vaciado toda su alma con esa sinceridad brutal
+y disparada que sólo puede compararse al vómito físico, producido por un
+emético muy fuerte. Y después, cuando el despejo de su cerebro le hacía
+dueño de todas sus triquiñuelas de hombre leído y mundano, no volvió a
+salir de sus labios ni un solo vocablo soez, ni una sola espontaneidad
+de aquellas que existían dentro de él, como existen los trapos de
+colorines en algún rincón de la casa del que ha sido cómico, aunque sólo
+lo haya sido de afición. Todo era convencionalismo y frase ingeniosa en
+aquel hombre que se había emperejilado intelectualmente, cortándose una
+levita para las ideas y planchándole los cuellos al lenguaje.
+
+Jacinta, que aún tenía poco mundo, se dejaba alucinar por las dotes
+seductoras de su marido. Y le quería tanto, quizás por aquellas mismas
+dotes y por otras, que no necesitaba hacer ningún esfuerzo para creer
+cuanto le decía, si bien creía por fe, que es sentimiento, más que por
+convicción. Largo rato charlaron, mezclando las discusiones con los
+cariños discretos (por que en Sevilla entró gente en el coche y no había
+que pensar en la _besadera_), y cuando vino la noche sobre España, cuyo
+radio iban recorriendo, se durmieron allá por Despeñaperros, soñaron con
+lo mucho que se querían, y despertaron al fin en Alcázar con la idea
+placentera de llegar pronto a Madrid, de ver a la familia, de contar
+todas las peripecias del viaje (menos la escenita de la noche aquella) y
+de repartir los regalos.
+
+A Estupiñá le llevaban un bastón que tenía por puño la cabeza de una
+cotorra.
+
+
+
+
+-VI-
+
+Más y más pormenores referentes a esta ilustre familia
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Pasaban meses, pasaban años, y en aquella dichosa casa todo era paz y
+armonía. No se ha conocido en Madrid familia mejor avenida que la de
+Santa Cruz, compuesta de dos parejas; ni es posible imaginar una
+compatibilidad de caracteres como la que existía entre Barbarita y
+Jacinta. He visto juntas muchas veces a la suegra y a la nuera, y por
+Dios que se manifestaba muy poco en ellas la diferencia de edades.
+Barbarita conservaba a los cincuenta y tres años una frescura
+maravillosa, el talle perfecto y la dentadura sorprendente. Verdad que
+tenía el cabello casi enteramente blanco; el cual más parecía empolvado
+conforme al estilo Pompadour, que encanecido por la edad. Pero lo que la
+hacía más joven era su afabilidad constante, aquel sonreír gracioso y
+benévolo con que iluminaba su rostro.
+
+De veras que no tenían por qué quejarse de su destino aquellas cuatro
+personas. Se dan casos de individuos y familias a quienes Dios no les
+debe nada; y sin embargo, piden y piden.
+
+Es que hay en la naturaleza humana un vicio de mendicidad; eso no tiene
+duda. Ejemplo los de Santa Cruz, que gozaban de salud cabal, eran ricos,
+estimados de todo el mundo y se querían entrañablemente. ¿Qué les hacía
+falta? Parece que nada. Pues alguno de los cuatro pordioseaba. Es que
+cuando un conjunto de circunstancias favorables pone en las manos del
+hombre gran cantidad de bienes, privándole de uno solo, la fatalidad de
+nuestra naturaleza o el principio de descontento que existe en nuestro
+barro constitutivo le impulsan a desear precisamente lo poquito que no
+se le ha otorgado. Salud, amor, riqueza, paz y otras ventajas no
+satisfacían el alma de Jacinta; y al año de casada, más aún a los dos
+años, deseaba ardientemente lo que no tenía. ¡Pobre joven! Lo tenía
+todo, menos chiquillos.
+
+Esta pena, que al principio fue desazón insignificante, impaciencia tan
+sólo convirtiose pronto en dolorosa idea de vacío. Era poco cristiano,
+al decir de Barbarita, desesperarse por la falta de sucesión. Dios, que
+les diera tantos bienes, habíales privado de aquel. No había más remedio
+que resignarse, alabando la mano del que lo mismo muestra su
+omnipotencia dando que quitando.
+
+De este modo consolaba a su nuera, que más le parecía hija; pero allá en
+sus adentros deseaba tanto como Jacinta la aparición de un muchacho que
+perpetuase la casta y les alegrase a todos. Se callaba este ardiente
+deseo por no aumentar la pena de la otra; mas atendía con ansia a todo
+lo que pudiera ser síntoma de esperanzas de sucesión. ¡Pero quia! Pasaba
+un año, dos, y nada; ni aun siquiera esas presunciones vagas que hacen
+palpitar el corazón de las que sueñan con la maternidad, y a veces les
+hacen decir y hacer muchas tonterías.
+
+«No tengas prisa, hija --decía Barbarita a su sobrina--. Eres muy joven.
+No te apures por los chiquillos, que ya los tendrás, te cargarás de
+familia, y te aburrirás como se aburrió tu madre, y pedirás a Dios que
+no te dé más. ¿Sabes una cosa? Mejor estamos así. Los muchachos lo
+revuelven todo y no dan más que disgustos. El sarampión, el
+garrotillo... ¡Pues nada te quiero decir de las amas!... ¡qué
+calamidad!... Luego estás hecha una esclava... Que si comen, que si se
+indigestan, que si se caen y se abren la cabeza. Vienen después las
+inclinaciones que sacan. Si salen de mala índole... si no estudian...
+¡qué sé yo!...».
+
+Jacinta no se convencía. Quería canarios de alcoba a todo trance, aunque
+salieran raquíticos y feos; aunque luego fueran traviesos, enfermos y
+calaveras; aunque de hombres la mataran a disgustos. Sus dos hermanas
+mayores parían todos los años, como su madre. Y ella nada, ni
+esperanzas. Para mayor contrasentido, Candelaria, que estaba casada con
+un pobre, había tenido dos de un vientre. ¡Y ella, que era rica, no
+tenía ni siquiera medio!... Dios estaba ya chocho sin duda.
+
+Vamos ahora a otra cosa. Los de Santa Cruz, como familia respetabilísima
+y rica, estaban muy bien relacionados y tenían amigos en todas las
+esferas, desde la más alta a la más baja. Es curioso observar cómo
+nuestra edad, por otros conceptos infeliz, nos presenta una dichosa
+confusión de todas las clases, mejor dicho, la concordia y
+reconciliación de todas ellas. En esto aventaja nuestro país a otros,
+donde están pendientes de sentencia los graves pleitos históricos de la
+igualdad. Aquí se ha resuelto el problema sencilla y pacíficamente,
+gracias al temple democrático de los españoles y a la escasa vehemencia
+de las preocupaciones nobiliarias. Un gran defecto nacional, la
+empleomanía, tiene también su parte en esta gran conquista. Las oficinas
+han sido el tronco en que se han injertado las ramas históricas, y de
+ellas han salido amigos el noble tronado y el plebeyo ensoberbecido por
+un título universitario; y de amigos, pronto han pasado a parientes.
+Esta confusión es un bien, y gracias a ella no nos aterra el contagio de
+la guerra social, porque tenemos ya en la masa de la sangre un
+socialismo atenuado e inofensivo. Insensiblemente, con la ayuda de la
+burocracia, de la pobreza y de la educación académica que todos los
+españoles reciben, se han ido compenetrando las clases todas, y sus
+miembros se introducen de una en otra, tejiendo una red espesa que
+amarra y solidifica la masa nacional. El nacimiento no significa nada
+entre nosotros, y todo cuanto se dice de los pergaminos es conversación.
+No hay más diferencias que las esenciales, las que se fundan en la buena
+o mala educación, en ser tonto o discreto, en las desigualdades del
+espíritu, eternas como los atributos del espíritu mismo. La otra
+determinación positiva de clases, el dinero, está fundada en principios
+económicos tan inmutables como las leyes físicas, y querer impedirla
+viene a ser lo mismo que intentar beberse la mar.
+
+Las amistades y parentescos de las familias de Santa Cruz y Arnaiz
+pueden ser ejemplo de aquel feliz revoltijo de las clases sociales; mas,
+¿quién es el guapo que se atreve a formar estadística de las ramas de
+tan dilatado y laberíntico árbol, que más bien parece enredadera, cuyos
+vástagos se cruzan, suben, bajan y se pierden en los huecos de un
+follaje densísimo? Sólo se puede intentar tal empresa con la ayuda de
+Estupiñá, que sabe al dedillo la historia de todas las familias
+comerciales de Madrid, y todos los enlaces que se han hecho en medio
+siglo. Arnaiz el gordo también se pirra por hablar de linajes y por
+buscar parentescos, averiguando orígenes humildes de fortunas
+orgullosas, y haciendo hincapié en la desigualdad de ciertos
+matrimonios, a los cuales, en rigor de verdad, se debe la formación del
+terreno democrático sobre que se asienta la sociedad española. De una
+conversación entre Arnaiz y Estupiñá han salido las siguientes noticias:
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Ya sabemos que la madre de D. Baldomero Santa Cruz y la de Gumersindo y
+Barbarita Arnaiz eran parientes y venían del Trujillo extremeño y
+albardero. La actual casa de banca _Trujillo_ y _Fernández_, de una
+respetabilidad y solidez intachables, procede del mismo tronco.
+Barbarita es, pues, pariente del jefe de aquella casa, aunque su
+parentesco resulta algo lejano. El primer conde de Trujillo está casado
+con una de las hijas del famoso negociante Casarredonda, que hizo
+colosal fortuna vendiendo fardos de _Coruñas_ y _Viveros_ para vestir a
+la tropa y a la Milicia Nacional. Otra de las hijas del marqués de
+Casarredonda era duquesa de Gravelinas. Ya tenemos aquí, perfectamente
+enganchadas, a la aristocracia antigua y al comercio moderno.
+
+Pero existe en Cádiz una antigua y opulenta familia comercial que sirvió
+como ninguna para enredar más la madeja social. Las hijas del famoso
+Bonilla, importador de pañolería y después banquero y extractor de
+vinos, casaron: la una con Sánchez Botín, propietario, de quien vino la
+generala Minio, la marquesa de Tellería y Alejandro Sánchez Botín, la
+otra con uno de los Morenos de Madrid, co-fundador de los Cinco Gremios
+y del Banco de San Fernando, y la tercera con el duque de Trastamara, de
+donde vino Pepito Trastamara. El hijo único de Bonilla casó con una
+Trujillo.
+
+Pasemos ahora a los Morenos, procedentes del valle de Mena, una de las
+familias más dilatadas y que ofrecen más desigualdades y contrastes en
+sus infinitos y desparramados miembros. Arnaiz y Estupiñá disputan, sin
+llegar a entenderse, sobre si el tronco de los Morenos estuvo en una
+droguería o en una peletería. En esto reina cierta oscuridad, que no se
+disipará mientras no venga uno de estos averiguadores fanáticos que son
+capaces de contarle a Noé los pelos que tenía en la cabeza y el número
+de _eses_ que hizo cuando cogió la primera _pítima_ de que la historia
+tiene noticia. Lo que sí se sabe es que un Moreno casó con una
+Isla-Bonilla a principios del siglo, viniendo de aquí la Casa de giro
+que del 19 al 35 estuvo en la subida de Santa Cruz junto a la iglesia, y
+después en la plazuela de Pontejos. Por la misma época hallamos un
+Moreno en la Magistratura, otro en la Armada, otro en el Ejército y otro
+en la Iglesia. La Casa de banca no era ya _Moreno_ en 1870, sino
+_Ruiz-Ochoa_ y _Compañía_, aunque uno de sus principales socios era don
+Manuel Moreno-Isla. Tenemos diferentes estirpes del tronco remotísimo
+de los Morenos. Hay los Moreno-Isla, los Moreno-Vallejo y los
+Moreno-Rubio, o sea los Morenos ricos y los Morenos pobres, ya tan
+distantes unos de otros que muchos ni se tratan ni se consideran afines.
+Castita Moreno, aquella presumida amiga de Barbarita en la escuela de la
+calle Imperial, había nacido en los Morenos ricos y fue a parar, con los
+vaivenes de la vida, a los Morenos pobres. Se casó con un farmacéutico
+de la interminable familia de los Samaniegos, que también tienen su
+puesto aquí. Una joven perteneciente a los Morenos ricos casó con un
+Pacheco, aristócrata segundón, hermano del duque de Gravelinas, y de
+esta unión vino Guillermina Pacheco a quien conoceremos luego. Ved ahora
+cómo una rama de los Morenos se mete entre el follaje de los
+Gravelinas, donde ya se engancha también el ramojo de los Trujillos, el
+cual venía ya trabado con los Arnaiz de Madrid y con los Bonillas de
+Cádiz, formando una maraña cuyos hilos no es posible seguir con la
+vista.
+
+Aún hay más. D. Pascual Muñoz, dueño de un acreditadísimo
+establecimiento de hierros en la calle de Tintoreros, progresista de
+inmenso prestigio en los barrios del Sur, verdadera potencia electoral y
+política en Madrid, casó con una Moreno de no sé qué rama, emparentada
+con Mendizábal y con Bonilla, de Cádiz. Su hijo, que después fue marqués
+de Casa-Muñoz, casó con la hija de Albert, el que daba la cara en las
+contratas de paños y lienzos con el Gobierno. Eulalia Moreno, hija
+también del D. Pascual y hermana del actual marqués, se unió a D.
+Cayetano Villuendas, rico propietario de casas, progresista rancio.
+Dejamos sueltos estos cabos para tomarlos más adelante.
+
+Los Samaniegos, oriundos, como los Morenos, del país de Mena también son
+ciento y la madre. Ya sabemos que la hija segunda de Gumersindo Arnaiz,
+hermana de Jacinta, casó con Pepe Samaniego, hijo de un droguista
+arruinado de la Concepción Jerónima... Hay muchos Samaniegos en el
+comercio menudo, y leyendo el instructivo libro de los rótulos de
+tiendas, se encuentra la _Farmacia de Samaniego_ en la calle del Ave
+María (cuyo dueño era el marido de Castita Moreno), y la _Carnicería de
+Samaniego_ en la de las Maldonadas. Sin rótulo hay un Samaniego
+prestamista y medio curial, otro cobrador del Banco, otro que tiene
+tienda de sedas en la calle de Botoneras y, por fin, varios que son
+horteras en diferentes tiendas. El Samaniego agente de Bolsa es primo de
+estos.
+
+La hija mayor de Gumersindo Arnaiz se casó con Ramón Villuendas, ya
+viudo con dos hijos, célebre cambiante de la calle de Toledo, la casa de
+Madrid que más trabaja en el negocio de moneda. Un hermano de este casó
+con la hija de la viuda de Aparisi, dueño de la camisería en que fue
+dependiente Pepe Samaniego. El tío de ambos, D. Cayetano Villuendas,
+progresistón y riquísimo casero, era el esposo de Eulalia Muñoz, y su
+gran fortuna procedía del negocio de curtidos en una época anterior a la
+de Céspedes. Ya se ató el cabo que quedara pendiente poco ha.
+
+Ahora se nos presentan algunos ramos que parecen sueltos y no lo están.
+¿Pero quién podrá descubrir su misterioso enlace con los revueltos y
+cruzados vástagos de esta colosal enredadera? ¿Quién puede indagar si
+Dámaso Trujillo, el que puso en la Plaza Mayor la zapatería _Al ramo de
+azucenas_, pertenece al genuino linaje de los Trujillos antes
+mencionados? ¿Cuál será el averiguador que se lance a poner en claro si
+el dueño de _El Buen gusto_, un tenducho de mantas de la calle de la
+Encomienda, es pariente indudable de los Villuendas ricos? Hay quien
+dice que Pepe Moreno Vallejo, el cordelero de la Concepción Jerónima, es
+primo hermano de D. Manuel Moreno-Isla, uno de los Morenos que atan
+perros con longaniza; y se dice que un Arnaiz, empleado de poco sueldo,
+es pariente de Barbarita. Hay un Muñoz y Aparisi, tripicallero en las
+inmediaciones del Rastro, que se supone primo segundo del marqués de
+Casa-Muñoz y de su hermana la viuda de Aparisi; y por fin, es preciso
+hacer constar que un cierto Trujillo, jesuita, reclama un lugar en
+nuestra enredadera, y también hay que dársele al Ilustrísimo Obispo de
+Plasencia, fray Luis Moreno-Isla y Bonilla. Asimismo lleva en su árbol
+el nombre de Trujillo, la mujer de Zalamero, subsecretario de
+Gobernación; pero su primer apellido es Ruiz Ochoa y es hija de la
+distinguida persona que hoy está al frente de la banca de Moreno.
+
+Barbarita no se trataba con todos los individuos que aparecen en esta
+complicada enredadera. A muchos les esquivaba por hallarse demasiado
+altos; a otros apenas les distinguía por hallarse muy bajos. Sus
+amistades verdaderas, como los parentescos reconocidos, no eran en gran
+número, aunque sí abarcaban un círculo muy extenso, en el cual se
+entremezclaban todas las jerarquías. En un mismo día, al salir de paseo
+o de compras, cambiaba saludos más o menos afectuosos con la de Ruiz
+Ochoa, con la generala Minio, con Adela Trujillo, con un Villuendas
+rico, con un Villuendas pobre, con el pescadero pariente de Samaniego,
+con la duquesa de Gravelinas, con un Moreno Vallejo magistrado, con un
+Moreno Rubio médico, con un Moreno Jáuregui sombrerero, con un Aparisi
+canónigo, con varios horteras, con tan diversa gente, en fin, que otra
+persona de menos tino habría trocado los nombres y tratamientos.
+
+La mente más segura no es capaz de seguir en su laberíntico enredo las
+direcciones de los vástagos de este colosal árbol de linajes
+matritenses. Los hilos se cruzan, se pierden y reaparecen donde menos se
+piensa. Al cabo de mil vueltas para arriba y otras tantas para abajo, se
+juntan, se separan, y de su empalme o bifurcación salen nuevos enlaces,
+madejas y marañas nuevas. Cómo se tocan los extremos del inmenso ramaje
+es curioso de ver; por ejemplo, cuando Pepito Trastamara, que lleva el
+nombre de los bastardos de D. Alfonso XI, va a pedir dinero a Cándido
+Samaniego, prestamista usurero, individuo de la _Sociedad protectora de
+señoritos necesitados_.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Los de Santa Cruz vivían en su casa propia de la calle de Pontejos,
+dando frente a la plazuela del mismo nombre; finca comprada al difunto
+Aparisi, uno de los socios de la Compañía de Filipinas. Ocupaban los
+dueños el principal, que era inmenso, con doce balcones a la calle y
+mucha comodidad interior. No lo cambiara Barbarita por ninguno de los
+modernos hoteles, donde todo se vuelve escaleras y están además abiertos
+a los cuatro vientos. Allí tenía número sobrado de habitaciones, todas
+en un solo andar desde el salón a la cocina. Ni trocara tampoco su
+barrio, aquel _riñón de Madrid_ en que había nacido, por ninguno de los
+caseríos flamantes que gozan fama de más ventilados y alegres. Por más
+que dijeran, el barrio de Salamanca es _campo_... Tan apegada era la
+buena señora al terruño de su arrabal nativo, que para ella no vivía en
+Madrid quien no oyera por las mañanas el ruido cóncavo de las cubas de
+los aguadores en la fuente de Pontejos; quien no sintiera por mañana y
+tarde la batahola que arman los coches correos; quien no recibiera a
+todas horas el hálito tenderil de la calle de Postas, y no escuchara por
+Navidad los zambombazos y panderetazos de la plazuela de Santa Cruz;
+quien no oyera las campanadas del reloj de la Casa de Correos tan claras
+como si estuvieran dentro de la casa; quien no viera pasar a los
+cobradores del Banco cargados de dinero y a los carteros salir en
+procesión. Barbarita se había acostumbrado a los ruidos de la vecindad,
+cual si fueran amigos, y no podía vivir sin ellos.
+
+La casa era tan grande, que los dos matrimonios vivían en ella
+holgadamente y les sobraba espacio. Tenían un salón algo anticuado, con
+tres balcones. Seguía por la izquierda el gabinete de Barbarita, luego
+otro aposento, después la alcoba. A la derecha del salón estaba el
+despacho de Juanito, así llamado no porque este tuviese nada que
+despachar allí, sino porque había mesa con tintero y dos hermosas
+librerías. Era una habitación muy bien puesta y cómoda. El gabinetito de
+Jacinta, inmediato a esta pieza, era la estancia más bonita y elegante
+de la casa y la única tapizada con tela; todas las demás lo estaban con
+colgadura de papel, de un arte dudoso, dominando los grises y tórtola
+con oro. Veíanse en esta pieza algunas acuarelas muy lindas compradas
+por Juanito, y dos o tres óleos ligeros, todo selecto y de regulares
+firmas, porque Santa Cruz tenía buen gusto dentro del gusto vigente. Los
+muebles eran de raso o de felpa y seda combinadas con arreglo a la moda,
+siendo de notar que lo que allí se veía no chocaba por original ni
+tampoco por rutinario. Seguía luego la alcoba del matrimonio joven, la
+cual se distinguía principalmente de la paterna en que en esta había
+lecho común y los jóvenes los tenían separados. Sus dos camas de
+palosanto eran muy elegantes, con pabellones de seda azul. La de los
+padres parecía un andamiaje de caoba con cabecera de morrión y columnas
+como las de un sagrario de Jueves Santo. La alcoba _de los pollos_ se
+comunicaba con habitaciones de servicio, y le seguían dos grandes piezas
+que Jacinta destinaba a los niños... cuando Dios se los diera.
+Hallábanse amuebladas con lo que iba sobrando de los aposentos que se
+ponían de nuevo, y su aspecto era por demás heterogéneo. Pero el arreglo
+definitivo de estas habitaciones vacantes existía completo en la
+imaginación de Jacinta, quien ya tenía previstos hasta los últimos
+detalles de todo lo que se había de poner allí cuando el caso llegara.
+
+El comedor era interior, con tres ventanas al patio, su gran mesa y
+aparadores de nogal llenos de finísima loza de China, la consabida
+sillería de cuero claveteado, y en las paredes papel imitando roble,
+listones claveteados también, y los bodegones al óleo, no malos, con la
+invariable raja de sandía, el conejo muerto y unas ruedas de merluza que
+de tan bien pintadas parecía que olían mal. Asimismo era interior el
+despacho de D. Baldomero.
+
+Estaban abonados los de Santa Cruz a un landó. Se les veía en los
+paseos; pero su tren era de los que _no llaman la atención_. Juan solía
+tener por temporadas un faetón o un tílburi, que guiaba muy bien, y
+también tenía caballo de silla; mas le picaba tanto la comezón de la
+variedad que a poco de montar un caballo, ya empezaba a encontrarle
+defectos y quería venderlo para comprar otro. Los dos matrimonios se
+daban buena vida; pero sin presumir, huyendo siempre de señalarse y de
+que los periódicos les llamaran _anfitriones_. Comían bien; en su casa
+había muy poca etiqueta y cierto patriarcalismo, porque a veces se
+sentaban a la mesa personas de clase humilde y otras muy decentes que
+habían venido a menos. No tenían cocinero de estos de gorro blanco, sino
+una cocinera antigua muy bien amañada, que podía medir sus talentos con
+cualquier _jefe_; y la ayudaban dos _pinchas_, que más bien eran
+alumnas.
+
+Todos los primeros de mes recibía Barbarita de su esposo mil duretes. D.
+Baldomero disfrutaba una renta de veinticinco mil pesos, parte de
+alquileres de sus casas, parte de acciones del Banco de España y lo
+demás de la participación que conservaba en su antiguo almacén. Daba
+además a su hijo dos mil duros cada semestre para sus gastos
+particulares, y en diferentes ocasiones le ofreció un pequeño capital
+para que emprendiera negocios por sí; pero al chico le iba bien con su
+dorada indolencia y no quería quebraderos de cabeza. El resto de su
+renta lo capitalizaba D. Baldomero, bien adquiriendo más acciones cada
+año, bien amasando para hacerse con una casa más. De aquellos mil duros
+que la señora cogía cada mes, daba al Delfín dos o tres mil reales, que
+con esto y lo que del papá recibía estaba como en la gloria; y los diez
+y siete mil reales restantes eran para el gasto diario de la casa y para
+los de ambas damas, que allá se las arreglaban muy bien en la
+distribución, sin que jamás hubiese entre ellas el más ligero pique por
+un duro de más o de menos. Del gobierno doméstico cuidaban las dos, pero
+más particularmente la suegra, que mostraba ciertas tendencias al
+despotismo ilustrado. La nuera tenía el delicado talento de respetar
+esto, y cuando veía que alguna disposición suya era derogada por la
+autócrata, mostrábase conforme. Barbarita era administradora general de
+puertas adentro, y su marido mismo, después que religiosamente le
+entregaba el dinero, no tenía que pensar en nada de la casa, como no
+fuese en los viajes de verano. La señora lo pagaba todo, desde el
+alquiler del coche a la peseta de _El Imparcial_, sin que necesitara
+llevar cuentas para tan complicada distribución, ni apuntar cifra
+alguna. Era tan admirable su tino aritmético, que ni una sola vez pasó
+más allá de la indecisa raya que tan fácilmente traspasan los ricos;
+llegaba el fin de mes y siempre había un _superávit_ con el cual
+ayudaba a ciertas empresas caritativas de que se hablará más adelante.
+Jacinta gastaba siempre mucho menos de lo que su suegra le daba para
+menudencias; no era aficionada a estrenar a menudo, ni a enriquecer a
+las modistas. Los hábitos de economía adquiridos en su niñez estaban tan
+arraigados que, aunque nunca le faltó dinero, traía a casa una costurera
+para hacer trabajillos de ropa y arreglos de trajes que otras señoras
+menos ricas suelen encargar fuera. Y por dicha suya, no tenía que
+calentarse la cabeza para discurrir el empleo de sus sobrantes, pues
+allí estaba su hermana Candelaria, que era pobre y se iba cargando de
+familia. Sus hermanitas solteras también recibían de ella frecuentes
+dádivas; ya los sombreritos de moda, ya el _fichú_ o la manteleta, y
+hasta vestidos completos acabados de venir de París.
+
+El abono que tomaron en el Real a un turno de palco principal fue idea
+de D. Baldomero quien no tenía malditas ganas de oír óperas, pero quería
+que Barbarita fuera a ellas para que le contase, al acostarse o después
+de acostados, todo lo que había visto en el _Regio coliseo_. Resultó que
+a Barbarita no la llamaba mucho el Real; mas aceptó con gozo para que
+fuera Jacinta. Esta, a su vez, no tenía verdaderamente muchas ganas de
+teatro; pero alegrose mucho de poder llevar al Real a sus hermanitas
+solteras, porque las pobrecillas, si no fuera así, no lo catarían nunca.
+Juan, que era muy aficionado a la música, estaba abonado a diario, con
+seis amigos, a un palco alto de proscenio.
+
+Las de Santa Cruz no llamaban la atención en el teatro, y si alguna
+mirada caía sobre el palco era para las pollas colocadas en primer
+término con simetría de escaparate. Barbarita solía ponerse en primera
+fila para echar los gemelos en redondo y poder contarle a Baldomero algo
+más que cosas de decoraciones y del argumento de la ópera. Las dos
+hermanas casadas, Candelaria y Benigna, iban alguna vez, Jacinta casi
+siempre; pero se divertía muy poco. Aquella mujer mimada por Dios, que
+la puso rodeada de ternura y bienandanzas en el lugar más sano, hermoso
+y tranquilo de este valle de lágrimas, solía decir en tono quejumbroso
+que _no tenía gusto para nada_. La envidiada de todos, envidiaba a
+cualquier mujer pobre y descalza que pasase por la calle con un mamón en
+brazos liado en trapos. Se le iban los ojos tras de la infancia en
+cualquier forma que se le presentara, ya fuesen los niños ricos,
+vestidos de marineros y conducidos por la institutriz inglesa, ya los
+mocosos pobres, envueltos en bayeta amarilla, sucios, con caspa en la
+cabeza y en la mano un pedazo de pan lamido. No aspiraba ella a tener
+uno solo, sino que quería verse rodeada de una _serie_, desde el pillín
+de cinco años, hablador y travieso, hasta el rorró de meses que no hace
+más que reír como un bobo, tragar leche y apretar los puños. Su
+desconsuelo se manifestaba a cada instante, ya cuando encontraba una
+bandada que iba al colegio, con sus pizarras al hombro y el lío de
+libros llenos de mugre, ya cuando le salía al paso algún precoz mendigo
+cubierto de andrajos, mostrando para excitar la compasión sus carnes sin
+abrigo y los pies descalzos, llenos de sabañones. Pues como viera los
+alumnos de la Escuela Pía, con su uniforme galonado y sus guantes, tan
+limpios y bien puestos que parecían caballeros chiquitos, se los comía
+con los ojos. Las niñas vestidas de rosa o celeste que juegan a la rueda
+en el Prado y que parecen flores vivas que se han caído de los árboles;
+las pobrecitas que envuelven su cabeza en una toquilla agujereada; los
+que hacen sus primeros pinitos en la puerta de una tienda agarrándose a
+la pared; los que chupan el seno de sus madres mirando por el rabo del
+ojo a la persona que se acerca a curiosear; los pilletes que enredan en
+las calles o en el solar vacío arrojándose piedras y rompiéndose la ropa
+para desesperación de las madres; las nenas que en Carnaval se visten de
+chulas y se contonean con la mano clavada en la cintura; las que piden
+para la Cruz de Mayo; los talluditos que usan ya bastón y ganan premios
+en los colegios, y los que en las funciones de teatro por la tarde
+sueltan el grito en la escena más interesante, distrayendo a los
+actores y enfureciendo al público... todos, en una palabra, le
+interesaban igualmente.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Y de tal modo se iba enseñoreando de su alma el afán de la maternidad,
+que pronto empezó a embotarse en ella la facultad de apreciar las
+ventajas que disfrutaba. Estas llegaron a ser para ella invisibles, como
+lo es para todos los seres el fundamental medio de nuestra vida, la
+atmósfera. ¿Pero qué hacía Dios que no mandaba uno siquiera de los
+chiquillos que en número infinito tiene por allá? ¿En qué estaba
+pensando su Divina Majestad? Y Candelaria, que apenas tenía con qué
+vivir, ¡uno cada año!... Y que vinieran diciendo que hay equidad en el
+Cielo... Sí; no está mala justicia la de arriba... sí... ya lo estamos
+viendo... De tanto pensar en esto, parecía en ocasiones monomaniaca, y
+tenía que apelar a su buen juicio para no dar a conocer el desatino de
+su espíritu, que casi casi iba tocando en la ridiculez. ¡Y le ocurrían
+cosas tan raras...! Su pena tenía las intermitencias más extrañas, y
+después de largos periodos de sosiego se presentaba impetuosa y aguda,
+como un mal crónico que está siempre en acecho para acometer cuando
+menos se le espera. A veces, una palabra insignificante que en la calle
+o en su casa oyera o la vista de cualquier objeto le encendían de súbito
+en la mente la llama de aquel tema, produciéndole opresiones en el pecho
+y un sobresalto inexplicable.
+
+Se distraía cuidando y mimando a los niños de sus hermanas, a los cuales
+quería entrañablemente; pero siempre había entre ella y sus sobrinitos
+una distancia que no podía llenar. No eran suyos, no los había _tenido_
+ella, no se los sentía unidos a sí por un hilo misterioso. Los
+verdaderamente unidos no existían más que en su pensamiento, y tenía que
+encender y avivar este, como una fragua, para forjarse las alegrías
+verdaderas de la maternidad. Una noche salió de la casa de Candelaria
+para volverse a la suya poco antes de la hora de comer. Ella y su
+hermana se habían puesto de puntas por una tontería, porque Jacinta
+mimaba demasiado a Pepito, nene de tres años, el primogénito de
+Samaniego. Le compraba juguetes caros, le ponía en la mano, para que las
+rompiera, las figuras de china de la sala y le permitía comer mil
+golosinas. «¡Ah!, si fueras madre de verdad no harías esto...». --«Pues
+si no lo soy, mejor... ¿A ti qué te importa?». --«A mí nada. Dispensa,
+hija, ¡qué genio!». --«Si no me enfado...».--«¡Vaya, que estás
+mimadita!».
+
+Estas y otras tonterías no tenían consecuencias, y al cuarto de hora se
+echaban a reír, y en paz. Pero aquella noche, al retirarse, sentía la
+Delfina ganas de llorar. Nunca se había mostrado en su alma de un modo
+tan imperioso el deseo de tener hijos. Su hermana la había humillado, su
+hermana se enfadaba de que quisiera tanto al sobrinito. ¿Y aquello qué
+era sino celos?... Pues cuando ella tuviera un chico, no permitiría a
+nadie ni siquiera mirarle... Recorrió el espacio desde la calle de las
+Hileras a la de Pontejos, extraordinariamente excitada, sin ver a nadie.
+Llovía un poco y ni siquiera se acordó de abrir su paraguas. El gas de
+los escaparates estaba ya encendido, pero Jacinta, que acostumbraba
+pararse a ver las novedades, no se detuvo en ninguna parte. Al llegar a
+la esquina de la plazuela de Pontejos y cuando iba a atravesar la calle
+para entrar en el portal de su casa, que estaba enfrente, oyó algo que
+la detuvo. Corriole un frío cortante por todo el cuerpo; quedose parada,
+el oído atento a un rumor que al parecer venía del suelo, de entre las
+mismas piedras de la calle. Era un gemido, una voz de la naturaleza
+animal pidiendo auxilio y defensa contra el abandono y la muerte. Y el
+lamento era tan penetrante, tan afilado y agudo, que más que voz de un
+ser viviente parecía el sonido de la prima de un violín herida
+tenuemente en lo más alto de la escala. Sonaba de esta manera:
+_miiii_... Jacinta miraba al suelo; porque sin duda el quejido aquel
+venía de lo profundo de la tierra. En sus desconsoladas entrañas lo
+sentía ella penetrar, traspasándole como una aguja el corazón.
+
+Busca por aquí, busca por allá, vio al fin junto a la acera por la parte
+de la plaza una de esas hendiduras practicadas en el encintado, que se
+llaman _absorbederos_ en el lenguaje municipal, y que sirven para dar
+entrada en la alcantarilla al agua de las calles. De allí, sí, de allí
+venían aquellos lamentos que trastornaban el alma de la Delfina,
+produciéndole un dolor, una efusión de piedad que a nada pueden
+compararse. Todo lo que en ella existía de presunción materna, toda la
+ternura que los éxtasis de madre soñadora habían ido acumulando en su
+alma se hicieron fuerza activa para responder al _miiiii_ subterráneo
+con otro _miiii_ dicho a su manera.
+
+¿A quién pediría socorro? «Deogracias» gritó llamando al portero.
+Felizmente, el portero estaba en la esquina de la calle de la Paz
+hablando con un conductor del coche-correo, y al punto oyó la voz de su
+señorita. En cuatro trancos se puso a su lado.
+
+«Deogracias... eso... que ahí suena... mira a ver...» dijo la señorita
+temblando y pálida.
+
+El portero prestó atención; después se puso de cuatro pies, mirando a su
+ama con semblante de marrullería y jovialidad.
+
+«Pues... esto... ¡Ah!, son unos gatitos que han tirado a la
+alcantarilla».
+
+--¡Gatitos!... ¿estás seguro... pero estás seguro de que son gatitos?
+
+--Sí, señorita; y deben ser de la gata de la librería de ahí enfrente,
+que parió anoche y no los puede criar todos...
+
+Jacinta se inclinó para oír mejor. El _miiii_ sonaba ya tan profundo que
+apenas se percibía. «Sácalos» dijo la dama con voz de autoridad
+indiscutible.
+
+Deogracias se volvió a poner en cuatro pies, se arremangó el brazo y lo
+metió por aquel hueco. Jacinta no podía advertir en su rostro la
+expresión de incredulidad, casi de burla. Llovía más, y por el
+absorbedero empezaba a entrar agua, chorreando dentro con un ruido de
+freidera que apenas permitía ya oír el ahilado _miiii_. No obstante, la
+Delfina lo oía siempre bien claro. El portero volvió hacia arriba, como
+quien invoca al Cielo, su cara estúpida, y dijo sonriendo:
+
+«Señorita, no se puede. Están muy hondos... pero muy hondos».
+
+--¿Y no se puede levantar esta baldosa?--indicó ella, pisando fuerte en
+ella.
+
+--¿Esta baldosa?--repitió Deogracias, poniéndose de pie y mirando a su
+ama como se mira a la persona de cuya razón se duda--. Por poderse...
+avisando al Ayuntamiento... El teniente alcalde Sr. Aparisi, es vecino
+de casa... Pero...
+
+Ambos aguzaban su oído. «Ya no se oye nada --observó Deogracias,
+poniéndose más estúpido--. Se han ahogado...».
+
+No sabía el muy bruto la puñalada que daba a su ama con estas palabras.
+Jacinta, sin embargo, creía oír el gemido en lo profundo. Pero aquello
+no podía continuar. Empezó a ver la inmensa desproporción que había
+entre la grandeza de su piedad y la pequeñez del objeto a que la
+consagraba. Arreció la lluvia, y el absorbedero deglutaba ya una onda
+gruesa que hacía gargarismos y bascas al chocar con las paredes de aquel
+gaznate... Jacinta echó a correr hacia la casa y subió. Los nervios se
+le pusieron tan alborotados y el corazón tan oprimido, que sus suegros y
+su marido la creyeron enferma; y sufrió toda la noche la molestia
+indecible de oír constantemente el _miiii_ del absorbedero. En verdad
+que aquello era una tontería, quizás desorden nervioso; pero no lo podía
+remediar. ¡Ah! Si su suegra sabía por Deogracias lo ocurrido en la calle
+¡cuánto se había de burlar! Jacinta se avergonzaba de antemano,
+poniéndose colorada, sólo de considerar que entraba Barbarita
+diciéndole con su maleante estilo: «Pero hija, ¿conque es cierto que
+mandaste a Deogracias meterse en las alcantarillas para salvar unos
+niños abandonados...?».
+
+Sólo a su marido, _bajo palabra de secreto_, contó el lance de los
+gatitos. Jacinta no podía ocultarle nada, y tenía un gusto particular en
+hacerle confianza hasta de las más vanas tonterías que por su cabeza
+pasaban referentes a aquel tema de la maternidad. Y Juan, que tenía
+talento, era indulgente con estos desvaríos del cariño vacante o de la
+maternidad sin hijo. Aventurábase ella a contarle cuanto le pasaba, y
+muchas cosas que a la luz del día no osara decir, decíalas en la
+intimidad y soledad conyugales, porque allí venían como de molde, porque
+allí se decían sin esfuerzo cual si se dijeran por sí solas, porque, en
+fin, los comentarios sobre la sucesión tenían como una base en la
+renovación de las probabilidades de ella.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Hacía mal Barbarita, pero muy mal, en burlarse de la manía de su hija.
+¡Como si ella no tuviera también su manía, y buena! Por cierto que
+llevaba a Jacinta la gran ventaja de poder satisfacerse y dar realidad a
+su pensamiento. Era una viciosa que se hartaba de los goces ansiados,
+mientras que la nuera padecía horriblemente por no poseer nunca lo que
+anhelaba. La satisfacción del deseo _chiflaba_ a la una tanto como a la
+otra la privación del mismo.
+
+Barbarita tenía la _chifladura_ de las compras. Cultivaba el arte por el
+arte, es decir, la compra por la compra. Adquiría por el simple placer
+de adquirir, y para ella no había mayor gusto que hacer una excursión de
+tiendas y entrar luego en la casa cargada de cosas que, aunque no
+estaban demás, no eran de una necesidad absoluta. Pero no se salía nunca
+del límite que le marcaban sus medios de fortuna, y en esto precisamente
+estaba su magistral arte de marchante rica.
+
+El vicio aquel tenía sus depravaciones, porque la señora de Santa Cruz
+no sólo iba a las tiendas de lujo, sino a los mercados, y recorría de
+punta a punta los cajones de la plazuela de San Miguel, las pollerías de
+la calle de la Caza y los puestos de la ternera fina en la costanilla de
+Santiago. Era tan conocida _doña Barbarita_ en aquella zona, que las
+placeras se la disputaban y armaban entre sí grandes ciscos por la
+preferencia de una tan ilustre parroquiana.
+
+Lo mismo en los mercados que en las tiendas tenía un auxiliar
+inestimable, un ojeador que tomaba aquellas cosas cual si en ello le
+fuera la salvación del alma. Este era Plácido Estupiñá. Como vivía en
+la Cava de San Miguel, desde que se levantaba, a la primera luz del día,
+echaba una mirada de águila sobre los cajones de la plaza. Bajaba cuando
+todavía estaba la gente tomando la mañana en las tabernas y en los cafés
+ambulantes, y daba un vistazo a los puestos, enterándose del cariz del
+mercado y de las cotizaciones. Después, bien embozado en la pañosa, se
+iba a San Ginés, a donde llegaba algunas veces antes de que el sacristán
+abriera la puerta. Echaba un párrafo con las beatas que le habían cogido
+la delantera, alguna de las cuales llevaba su chocolatera y cocinilla, y
+hacía su desayuno en el mismo pórtico de la iglesia. Abierta esta, se
+metían todos dentro con tanta prisa como si fueran a coger puesto en una
+función de gran lleno, y empezaban las misas. Hasta la tercera o la
+cuarta no llegaba Barbarita, y en cuanto la veía entrar, Estupiñá se
+corría despacito hasta ella, deslizándose de banco en banco como una
+sombra, y se le ponía al lado. La señora rezaba en voz baja moviendo los
+labios. Plácido tenía que decirle muchas cosas, y entrecortaba su rezo
+para irlas desembuchando.
+
+«Va a salir la de D. Germán en la capilla de los Dolores... Hoy reciben
+congrio en la casa de Martínez; me han enseñado los despachos de
+Laredo... llena eres de gracia; el Señor es contigo... coliflor no hay,
+porque no han venido los arrieros de Villaviciosa por estar perdidos los
+caminos... ¡Con estas malditas aguas...!, y bendito es el fruto de tu
+vientre, Jesús...».
+
+Pasaba tiempo a veces sin que ninguno de los dos chistara, ella a un
+extremo del banco, él a cierta distancia, detrás, ora de rodillas, ora
+sentados. Estupiñá se aburría algunas veces por más que no lo declarase,
+y le gustaba que alguna beata rezagada o beato sobón le preguntara por
+la misa: «¿Se alcanza esta?». Estupiñá respondía que sí o que no de la
+manera más cortés, añadiendo siempre en el caso negativo algo que
+consolara al interrogador: «Pero esté usted tranquilo; va a salir en
+seguida la del padre Quesada, que es una pólvora...». Lo que él quería
+era ver si saltaba conversación.
+
+Después de un gran rato de silencio, consagrado a las devociones,
+Barbarita se volvía a él diciéndole con altanería impropia de aquel
+santo lugar:
+
+«Vaya, que tu amigo el Sordo nos la ha jugado buena».
+
+--¿Por qué, señora?
+
+--Porque te dije que le encargaras medio solomillo, y ¿sabes lo que me
+mandó?, un pedazo enorme de contrafalda o babilla y un trozo de
+espaldilla, lleno de piltrafas y tendones... Vaya un modo de portarse
+con los parroquianos. Nunca más se le compra nada. La culpa la tienes
+tú... Ahí tienes lo que son tus _protegidos_...
+
+Dicho esto, Barbarita seguía rezando y Plácido se ponía a echar pestes
+mentalmente contra el Sordo, un tablajero a quien él... No le protegía;
+era que _le había recomendado_. Pero ya se las cantaría él muy claras al
+tal Sordo. Otras familias a quienes le recomendara, quejáronse de que
+les había dado _tapa del cencerro_, es decir, pescuezo, que es la carne
+peor, en vez de tapa verdadera. En estos tiempos tan desmoralizados no
+se puede recomendar a nadie. Otras mañanas iba con esta monserga: «¡Cómo
+está hoy el mercado de caza! ¡Qué perdices, señora! Divinidades,
+verdaderas divinidades».
+
+--No más perdiz. Hoy hemos de ver si Pantaleón tiene buenos cabritos.
+También quisiera una buena lengua de vaca, _cargada_, y ver si hay
+ternera fina.
+
+--La hay tan fina, señora, que parece _talmente_ merluza.
+
+--Bueno, pues que me manden un buen solomillo y chuletas riñonadas. Ya
+sabes; no vayas a descolgarte con las agujas cortas del otro día.
+Conmigo no se juega.
+
+--Descuide usted... ¿Tiene la señora convidados mañana?
+
+--Sí; y de pescados ¿qué hay?
+
+--He _apalabrado_ el salmón por si viene mañana... Lo que tenemos hoy es
+peste de langosta.
+
+Y concluidas las misas, se iban por la calle Mayor adelante en busca de
+emociones puras, inocentes, logradas con la oficiosidad amable del uno y
+el dinero copioso de la otra. No siempre se ocupaban de cosas de comer.
+Repetidas veces llevó Estupiñá cuentos como este:
+
+«Señora, señora, no deje de ver las cretonas que han recibido los
+_chicos_ de Sobrino... ¡Qué divinidad!».
+
+Barbarita interrumpía un _Padrenuestro_ para decir, todavía con la
+expresión de la religiosidad en el rostro: «¿Rameaditas?, sí, y con
+golpes de oro. Eso es lo que se estila ahora».
+
+Y en el pórtico, donde ya estaba Plácido esperándola, decía: «Vamos a
+casa de los _chicos_ de Sobrino».
+
+Los cuales enseñaban a Barbarita, a más de las cretonas, unos satenes de
+algodón floreados que eran la gran novedad del día; y a la viciosa le
+faltaba tiempo para comprarle un vestido a su nuera, quien solía pasarlo
+a alguna de sus hermanas.
+
+Otra embajada: «Señora, señora, esta ya no se alcanza; pero pronto va a
+salir la del sobrino del señor cura, que es otro padre Fuguilla por lo
+pronto que la despacha. Ya recibió Pla los quesitos aquellos... no
+recuerdo cómo se llaman».
+
+--Ahora y en la hora de nuestra muerte... sí, ya... ¡Si son como las
+rosquillas inglesas que me hiciste comprar el otro día y que olían a
+viejo...! Parecían de la boda de San Isidro.
+
+A pesar de este regaño, al salir iban a casa de Pla con ánimo de no
+comprar más que dos libras de pasas de Corinto para hacer un pastel
+inglés, y la señora se iba enredando, enredando, hasta dejarse en la
+tienda obra de ochocientos o novecientos reales. Mientras Estupiñá
+admiraba, de mostrador adentro, las grandes novedades de aquel Museo
+universal de comestibles, dando su opinión pericial sobre todo, probando
+ya una galleta de almendra y coco, que parecía _talmente_ mazapán de
+Toledo, ya apreciando por el olor la superioridad del té o de las
+especias, la dama se tomaba por su cuenta a uno de los dependientes, que
+era un Samaniego, y... adiós mi dinero. A cada instante decía Barbarita
+que no más, y tras de la colección de purés para sopas, iban las _perlas
+del Nizán_, el _gluten de la estrella_, las salsas inglesas, el _caldo
+de carne de tortuga de mar_, la docena de botellas de Saint-Emilion,
+que tanto le gustaba a Juanito, el bote de _champignons extra_, que
+agradaban a D. Baldomero, la lata de anchoas, las trufas y otras
+menudencias. Del portamonedas de Barbarita, siempre bien provisto, salía
+el importe, y como hubiera un pico en la suma, tomábase la libertad de
+suprimirlo _por pronto pago_.
+
+--Ea, chicos, que lo mandéis todo al momento _a casa_--decía con
+despotismo Estupiñá al despedirse, señalando las compras.
+
+--Vaya, quedaos con Dios--decía doña Barbarita, levantándose de la silla
+a punto que aparecía el principal por la puerta de la trastienda, y
+saludaba con mil afectos a su parroquiana, quitándose la gorra de seda.
+
+--Vamos pasando hijo... ¡Ay, que _ladronicio_ el de esta casa!... No
+vuelvo a entrar más aquí... Abur, abur.
+
+--_Hasta mañana_, señora. A los pies de usted... Tantas cosas a D.
+Baldomero... Plácido, Dios le guarde.
+
+--Maestro... que haya salud. Ciertos artículos se compraban siempre al
+por mayor, y si era posible de primera mano. Barbarita tenía en la
+médula de los huesos la fibra de comerciante, y se pirraba por sacar el
+género _arreglado_. Pero, ¡cuán distantes de la realidad habrían quedado
+estos intentos sin la ayuda del espejo de los corredores, Estupiñá el
+Grande! ¡Lo que aquel santo hombre andaba para encontrar huevos frescos
+en gran cantidad...! Todos los polleros de la Cava le traían en
+palmitas, y él se daba no poca importancia, diciéndoles: «o tenemos
+formalidad o no tenemos formalidad. Examinemos el artículo, y después se
+discutirá... calma, hombre, calma». Y allí era el mirar huevo por huevo
+al trasluz, el sopesarlos y el hacer mil comentarios sobre su probable
+antigüedad. Como alguno de aquellos tíos le engañase, ya podía
+encomendarse a Dios, porque llegaba Estupiñá como una fiera amenazándole
+con el teniente alcalde, con la inspección municipal y hasta con la
+horca.
+
+Para el vino, Plácido se entendía con los vinateros de la Cava Baja, que
+van a hacer sus compras a Arganda, Tarancón o a la Sagra, y se ponía de
+acuerdo con un medidor para que le tomase una partida de tantos o
+cuantos cascos, y la remitiese por conducto de un carromatero ya
+conocido. Ello había de ser género de confianza, _talmente_ moro. El
+chocolate era una de las cosas en que más actividad y celo desplegaba
+Plácido, porque en cuanto Barbarita le daba órdenes ya no vivía el
+hombre. Compraba el cacao superior, el azúcar y la canela en casa de
+Gallo, y lo llevaba todo a hombros de un mozo, sin perderlo de vista, a
+la casa del que hacía las tareas. Los de Santa Cruz no transigían con
+los chocolates industriales, y el que tomaban había de ser hecho a
+brazo. Mientras el chocolatero trabajaba, Estupiñá se convertía en
+mosca, quiero decir que estaba todo el día dando vueltas alrededor de la
+tarea para ver si se hacía _a toda conciencia_, porque en estas cosas
+hay que andar con mucho ojo.
+
+Había días de compras grandes y otros de menudencias; pero días sin
+comprar no los hubo nunca. A falta de cosa mayor, la viciosa no entraba
+nunca en su casa sin el par de guantes, el imperdible, los polvos para
+limpiar metales, el paquete de horquillas o cualquier chuchería de los
+bazares de _todo a real_. A su hijo le llevaba regalitos sin fin,
+corbatas que no usaba, botonaduras que no se ponía nunca. Jacinta
+recibía con gozo lo que su suegra llevaba para ella, y lo iba
+trasmitiendo a sus hermanas solteras y casadas, menos ciertas cosas cuyo
+traspaso no le permitían. Por la ropa blanca y por la mantelería tenía
+la señora de Santa Cruz verdadera pasión. De la tienda de su hermano
+traía piezas enteras de holanda finísima, de batistas y madapolanes. D.
+Baldomero II y D. Juan I tenían ropa para un siglo.
+
+A entrambos les surtía de cigarros la propia Barbarita. El primero
+fumaba puros, el segundo papel. Estupiñá se encargaba de traer estos
+peligrosos artículos de la casa de un truchimán que los vendía de
+_ocultis_, y cuando atravesaba las calles de Madrid con las cajas debajo
+de su capa verde, el corazón le palpitaba de gozo, considerando la
+trastada que le jugaba a la Hacienda pública y recordando sus hermosos
+tiempos juveniles. Pero en los liberalescos años de 71 y 72 ya era otra
+cosa... La policía fiscal no se metía en muchos dibujos. El temerario
+contrabandista, no obstante, hubiera deseado tener un mal encuentro para
+probar al mundo entero que era hombre capaz de arruinar la _Renta_ si se
+lo proponía. Barbarita examinaba las cajas y sus marcas, las regateaba,
+olía el tabaco, escogía lo que le parecía mejor y pagaba muy bien.
+Siempre tenía D. Baldomero un surtido tan variado como excelente, y el
+buen señor conservaba, entre ciertos hábitos tenaces del antiguo
+hortera, el de reservar los cigarros mejores para los domingos.
+
+
+
+
+-VII-
+
+Guillermina, virgen y fundadora
+
+
+
+
+--i--
+
+
+De cuantas personas entraban en aquella casa, la más agasajada por toda
+la familia de Santa Cruz era Guillermina Pacheco, que vivía en la
+inmediata, tía de Moreno Isla y prima de Ruiz-Ochoa, los dos socios
+principales de la antigua banca de Moreno. Los miradores de las dos
+casas estaban tan próximos, que por ellos se comunicaba doña Bárbara con
+su amiga, y un toquecito en los cristales era suficiente para establecer
+la correspondencia.
+
+Guillermina entraba en aquella casa como en la suya, sin etiqueta ni
+cumplimiento alguno. Ya tenía su lugar fijo en el gabinete de Barbarita,
+una silla baja; y lo mismo era sentarse que empezar a hacer media o a
+coser. Llevaba siempre consigo un gran lío o cesto de labor, calábase
+los anteojos, cogía las herramientas, y ya no paraba en toda la noche.
+Hubiera o no en las otras habitaciones gente de cumplido, ella no se
+movía de allí ni tenía que ver con nadie. Los amigos asiduos de la casa,
+como el marqués de Casa-Muñoz, Aparisi o Federico Ruiz, la miraban ya
+como se mira lo que está siempre en un mismo sitio y no puede estar en
+otro. Los de fuera y los de dentro trataban con respeto, casi con
+veneración, a la ilustre señora, que era como una figurita de
+nacimiento, menuda y agraciada, la cabellera con bastantes canas, aunque
+no tantas como la de Barbarita, las mejillas sonrosadas, la boca
+risueña, el habla tranquila y graciosa, y el vestido humildísimo.
+
+Algunos días iba a comer allí, es decir, a sentarse a la mesa. Tomaba un
+poco de sopa, y en lo demás no hacía más que picar. D. Baldomero solía
+enfadarse y le decía: «Hija de mi alma, cuando quieras hacer penitencia
+no vengas a mi casa. Observo que no pruebas aquello que más te gusta. No
+me vengas a mí con cuentos. Yo tengo buena memoria. Te oí decir muchas
+veces en casa de mi padre que te gustaban las codornices, y ahora las
+tienes aquí y no las pruebas. ¡Que no tienes gana!... Para esto siempre
+hay gana. Y veo que no tocas el pan... Vamos, Guillermina, que perdemos
+las amistades...».
+
+Barbarita, que conocía bien a su amiga, no machacaba como D. Baldomero,
+dejándola comer lo que quisiese o no comer nada. Si por acaso estaba en
+la mesa el gordo Arnaiz, se permitía algunas cuchufletas de buen género
+sobre aquellos antiquísimos estilos de santidad, consistentes en no
+comer. «Lo que entra por la boca no daña al alma. Lo ha dicho San
+Francisco de Sales nada menos». La de Pacheco, que tenía buenas
+despachaderas, no se quedaba callada, y respondía con donaire a todas
+las bromas sin enojarse nunca. Concluida la comida, se diseminaban los
+comensales, unos a tomar café al despacho y a jugar al tresillo, otros a
+formar grupos más o menos animados y chismosos, y Guillermina a su
+sillita baja y al teje maneje de las agujas. Jacinta se le ponía al lado
+y tomaba muy a menudo parte en aquellas tareas, tan simpáticas a su
+corazón. Guillermina hacía camisolas, calzones y chambritas para sus
+ciento y pico de hijos de ambos sexos.
+
+Lo referente a esta insigne dama lo sabe mejor que nadie Zalamero, que
+está casado con una de las chicas de Ruiz-Ochoa. Nos ha prometido
+escribir la biografía de su excelsa pariente cuando se muera, y
+entretanto no tiene reparo en dar cuantos datos se le pidan, ni en
+rectificar a ciencia cierta las versiones que el criterio vulgar ha
+hecho correr sobre las causas que determinaron en Guillermina, hace
+veinticinco años, la pasión de la beneficencia. Alguien ha dicho que
+amores desgraciados la empujaron a la devoción primero, a la caridad
+propagandista y militante después. Mas Zalamero asegura que esta opinión
+es tan tonta como falsa. Guillermina, que fue bonita y aun un poquillo
+presumida, no tuvo nunca amores, y si los tuvo no se sabe absolutamente
+nada de ellos. Es un secreto guardado con sepulcral reserva en su
+corazón. Lo que la familia admite es que la muerte de su madre la
+impresionó tan vivamente, que hubo de proponerse, como el otro, _no
+servir a más señores que se le pudieran morir_. No nació aquella sin
+igual mujer para la vida contemplativa. Era un temperamento soñador,
+activo y emprendedor; un espíritu con ideas propias y con iniciativas
+varoniles. No se le hacía cuesta arriba la disciplina en el terreno
+espiritual; pero en el material sí, por lo cual no pensó nunca en
+afiliarse a ninguna de las órdenes religiosas más o menos severas que
+hay en el orbe católico. No se reconocía con bastante paciencia para
+encerrarse y estar todo el santo día bostezando el _gori gori_, ni para
+ser soldado en los valientes escuadrones de Hermanas de la Caridad. La
+llama vivísima que en su pecho ardía no le inspiraba la sumisión pasiva,
+sino actividades iniciadoras que debían desarrollarse en la libertad.
+Tenía un carácter inflexible y un tesoro de dotes de mando y de
+facultades de organización que ya quisieran para sí algunos de los
+hombres que dirigen los destinos del mundo. Era mujer que cuando se
+proponía algo iba a su fin derecha como una bala, con perseverancia
+grandiosa sin torcerse nunca ni desmayar un momento, inflexible y
+serena. Si en este camino recto encontraba espinas, las pisaba y
+adelante, con los pies ensangrentados.
+
+Empezó por unirse a unas cuantas señoras nobles amigas suyas que habían
+establecido asociaciones para socorros domiciliarios, y al poco tiempo
+Guillermina sobrepujó a sus compañeras. Estas lo hacían por vanidad, a
+veces de mala gana; aquella trabajaba con ardiente energía, y en esto se
+le fue la mitad de su legítima. A los dos años de vivir así, se la vio
+renunciar por completo a vestirse y ataviarse como manda la moda que se
+atavíen las señoras. Adoptó el traje liso de merino negro, el manto,
+pañolón oscuro cuando hacía frío, y unos zapatones de paño holgados y
+feos. Tal había de ser su empaque en todo el resto de sus días.
+
+La asociación benéfica a que pertenecía no se acomodaba al ánimo
+emprendedor de Guillermina, pues quería ella picar más alto, intentando
+cosas verdaderamente difíciles y tenidas por imposibles. Sus talentos de
+fundadora se revelaron entonces, asustando a todo aquel señorío que no
+sabía salir de ciertas rutinas. Algunas amigas suyas aseguraron que
+estaba loca, porque demencia era pensar en la fundación de un asilo
+para huerfanitos, y mayor locura dotarle de recursos permanentes. Pero
+la infatigable iniciadora no desmayaba, y el asilo _fue hecho_,
+sosteniéndose en los tres primeros años de su difícil existencia con
+parte de la renta que le quedaba a Guillermina y con los donativos de
+sus parientes ricos. Pero de pronto la institución empezó a crecer; se
+hinchaba y cundía como las miserias humanas, y sus necesidades subían en
+proporciones aterradoras. La dama pignoró los restos de su legítima;
+después tuvo que venderlos. Gracias a sus parientes, no se vio en el
+trance fatal de tener que mandar a la calle a los asilados a que
+pidieran limosna para sí y para la fundadora. Y al propio tiempo
+repartía periódicamente cuantiosas limosnas entre la gente pobre de los
+distritos de la Inclusa y Hospital; vestía muchos niños, daba ropa a los
+viejos, medicinas a los enfermos, alimentos y socorros diversos a todos.
+Para no suspender estos auxilios y seguir sosteniendo el asilo era
+forzoso buscar nuevos recursos. ¿Dónde y cómo? Ya las amistades y
+parentescos estaban tan explotados, que si se tiraba un poco más de la
+cuerda, era fácil que se rompiera. Los más generosos empezaban a poner
+mala cara, y los cicateros, cuando se les iba a cobrar la cuota, decían
+que no estaban en casa.
+
+«Llegó un día --dijo Guillermina, suspendiendo su labor, para contar el
+caso a varios amigos de Barbarita--, en que las cosas se pusieron muy
+feas. Amaneció aquel día, y los veintitrés pequeñuelos de Dios que yo
+había recogido y que estaban en una casucha baja y húmeda de la calle de
+Zarzal, aposentados como conejos, no tenían qué comer. Tirando de aquí y
+de allá, podían pasar aquel día; pero ¿y el siguiente? Yo no tenía ya ni
+dinero ni quien me lo diera. Debía no sé cuántas fanegas de judías, doce
+docenas de alpargatas, tantísimas arrobas de aceite; no me quedaba que
+empeñar o que vender más que el rosario. Los primos, que me sacaban de
+tantos apuros, ya habían hecho los imposibles... Me daba vergüenza de
+volver a pedirles. Mi sobrino Manolo, que solía ser mi paño de lágrimas,
+estaba en Londres. Y suponiendo que mi primo Valeriano me tapase mis
+veintitrés bocas (y la mía veinticuatro) por unos cuantos días, ¿cómo me
+arreglaría después? Nada, nada, era indispensable arañar la tierra y
+buscar cuartos de otra manera y por otros medios.
+
+»El día aquel fue día de pruebas para mí. Era un viernes de Dolores, y
+las siete espadas, señores míos, estaban clavadas aquí... Me pasaban
+como unos rayos por la frente. Una idea era lo que yo necesitaba, y más
+que una idea, valor, sí, valor para lanzarme... De repente noté que
+aquel valor tan deseado entraba en mí, pero un valor tremendo, como el
+de los soldados cuando se arrojan sobre los cañones enemigos... Trinqué
+la mantilla y me eché a la calle. Ya estaba decidida, y no crean, alegre
+como unas Pascuas, porque sabía lo que tenía que hacer. Hasta entonces
+yo había pedido a los amigos; desde aquel momento pediría a todo bicho
+viviente, iría de puerta en puerta con la mano así... Del primer tirón
+me planté en casa de una duquesa extranjera, a quien no había visto en
+mi vida. Recibiome con cierto recelo; me tomó por una trapisondista;
+pero a mí, ¿qué me importaba? Diome la limosna y, en seguida, para
+alentarme y apurar el cáliz de una vez, estuve dos días sin parar
+subiendo escaleras y tirando de las campanillas. Una familia me
+recomendaba a otra, y no quiero decir a ustedes las humillaciones, los
+portazos y los desaires que recibí. Pero el dichoso maná iba cayendo a
+gotitas a gotitas... Al poco tiempo vi que el negocio iba mejor de lo
+que yo esperaba. Algunos me recibían casi con palio; pero la mayor parte
+se quedaban fríos, mascullando excusas y buscando pretextos para no
+darme un céntimo. 'Ya ve usted, hay tantas atenciones... no se cobra...
+el Gobierno se lo lleva todo con las contribuciones...'. Yo les
+tranquilizaba. 'Un _perro chico_, un _perro chico_ es lo que me hace
+falta'. Y aquí me daban el _perro_, allá el duro, en otra parte el
+billetito de cinco o de diez... o nada. Pero yo tan campante. ¡Ah!,
+señores, este oficio tiene muchas quiebras. Un día subí a un cuarto
+segundo, que me había recomendado no sé quién. La tal recomendación fue
+una broma estúpida. Pues señor, llamo, entro, y me salen tres o cuatro
+tarascas... ¡Ay, Dios mío, eran mujeres de mala vida!... Yo, que veo
+aquello... lo primero que me ocurrió fue echar a correr. 'Pero no--me
+dije--, no me voy. Veremos si les saco algo'. Hija, me llenaron de
+injurias, y una de ellas se fue hacia dentro y volvió con una escoba
+para pegarme. ¿Qué creen ustedes que hice? ¿Acobardarme? Quia. Me metí
+más adentro y les dije cuatro frescas... pero bien dichas... ¡bonito
+genio tengo yo...! ¡Pues creerán ustedes que les saqué dinero! Pásmense,
+pásmense... la más desvergonzada, la que me salió con la escoba fue a
+los dos días a mi casa a llevarme un napoleón.
+
+»Bueno... pues verán ustedes. La costumbre de pedir me ha ido dando esta
+bendita cara de vaqueta que tengo ahora. Conmigo no valen desaires ni sé
+ya lo que son sonrojos. He perdido la vergüenza. Mi piel no sabe ya lo
+que es ruborizarse, ni mis oídos se escandalizan por una palabra más o
+menos fina. Ya me pueden llamar _perra judía_; lo mismo que si me
+llamaran _la perla de Oriente_; todo me suena igual... No veo más que mi
+objeto, y me voy derechita a él sin hacer caso de nada. Esto me da
+tantos ánimos que me atrevo con todo. Lo mismo le pido al Rey que al
+último de los obreros. Oigan ustedes este golpe: Un día dije: 'Voy a
+ver a D. Amadeo'. Pido mi audiencia, llego, entro, me recibe muy serio.
+Yo imperturbable, le hablé de mi asilo y le dije que esperaba algún
+auxilio de su real munificencia. '¿Un asilo de ancianos?'--me preguntó.
+'No señor, de niños'. --'¿Son muchos?'. Y no dijo más. Me miraba con
+afabilidad. ¡Qué hombre!, ¡qué bocaza! Mandó que me dieran seis mil
+_guealés_... Luego vi a doña María Victoria, ¡qué excelente señora!
+Hízome sentar a su lado; tratábame como su igual; tuve que darle mil
+noticias del asilo, explicarle todo... Quería saber lo que comen los
+pequeños, qué ropa les pongo... En fin, que nos hicimos amigas...
+Empeñada en que fuera yo allá todos los días... A la semana siguiente me
+mandó montones de ropa, piezas de tela y suscribió a sus niños por una
+cantidad mensual.
+
+»Con que ya ven ustedes cómo así, a lo tonto a lo tonto, ha venido sobre
+mi asilo el pan de cada día. La suscripción fija creció tanto que al año
+pude tomar la casa de la calle de Alburquerque, que tiene un gran patio
+y mucho desahogo. He puesto una zapatería para que los muchachos
+grandecitos trabajen, y dos escuelas para que aprendan. El año pasado
+eran sesenta y ya llegan a ciento diez. Se pasan apuros; pero vamos
+viviendo. Un día andamos mal y al otro llueven provisiones. Cuando veo
+la despensa vacía, _me echo a la calle_, como dicen los revolucionarios,
+y por la noche ya llevo a casa la libreta para tantas bocas. Y hay días
+en que no les falta su extraordinario, ¿qué creían ustedes? Hoy les he
+dado un arroz con leche, que no lo comen mejor los que me oyen. Veremos
+si al fin me salgo con la mía, que es un grano de anís, nada menos que
+levantarles un edificio de nueva planta, un verdadero palacio con la
+holgura y la distribución convenientes, todo muy propio, con
+departamento de esto, departamento de lo otro, de modo que me quepan
+allí doscientos o trescientos huérfanos, y puedan vivir bien y educarse
+y ser buenos cristianos».
+
+
+
+
+--ii<sc/>-
+
+
+«Un edificio _ad hoc_» dijo con incredulidad el marqués de Casa-Muñoz,
+que era uno de los presentes.
+
+--_Ad... hoc_, sí señor--replicó Guillermina, acentuando las dos
+palabras latinas--. Pues está usted adelantado de noticias. ¿No sabe que
+tengo el terreno y los planos, y que ya me están haciendo el vaciado?
+¿Sabe usted el sitio? Más abajo del que ocupan las _Micaelas_, esas que
+recogen y corrigen las mujeres pérdidas. El arquitecto y los delineantes
+me trabajan gratis. Ahora no pido sólo dinero, sino ladrillo recocho y
+pintón. Con que a ver...
+
+--¿Tiene usted ya la memoria de cantería?
+
+--preguntó con vivo interés Aparisi, que era hombre fuerte en negocio de
+berroqueña.
+
+--Sí, señor. ¿Me quiere usted dar algo?
+
+--Le doy a usted--dijo Aparisi, acompañando su generosidad de un gesto
+imperial--, la friolera de sesenta metros cúbicos de piedra sillar que
+tengo en la Guindalera.
+
+--¿A cómo? --preguntó Guillermina, mirándole con los ojos guiñados y
+apuntándole con la aguja de media.
+
+--A nada... La piedra es de usted. --Gracias, Dios se lo pague. Y el
+marqués, ¿qué me da?
+
+--Pues yo... ¿Quiere usted dos vigas de hierro de doble T que me
+sobraron de la casa de la Carrera?
+
+--¿Pues no las he de querer? Yo lo tomo todo, hasta una llave vieja,
+para cuando se acabe el edificio. ¿Saben ustedes lo que me llevé ayer a
+casa? Cuatro azulejos de cocina, un grifo y tres paquetitos de argollas.
+Todo sirve, amigos. Si en algún tejar me dan cuatro ladrillos, los
+acepto y a la obra con ellos. ¿Ven ustedes cómo hacen los pájaros sus
+nidos? Pues yo construiré mi palacio de huérfanos cogiendo aquí una
+pajita y allá otra. Ya se lo he dicho a Bárbara, no ha de tirar ni un
+clavo, aunque esté torcido, ni una tabla, aunque esté rota. Los sellos
+de correo se venden, las cajas de cerillas también... ¿Con qué creen
+ustedes que he comprado yo el gran lavabo que tenemos en el asilo? Pues
+juntando cabos de vela y vendiéndolos al peso. El otro día me ofrecieron
+una petaca de cuero de Rusia. «¿Para qué le sirve eso?» dirán estos
+señores. Pues me sirvió para hacer un regalo a uno de los delineantes
+que trabajan en el proyecto... ¿Ven ustedes a este marqués de
+Casa-Muñoz, que me está oyendo y me ha ofrecido dos vigas de doble T?
+Bueno: ¿cuánto apuestan a que le saco algo más? ¿Pues qué, creen ustedes
+que el señor marqués tiene sus grandes yeserías de Vallecas para ver
+estos apuros míos y no acudir a ellos?
+
+--Guillermina--dijo Casa-Muñoz algo conmovido--, cuente usted con
+doscientos quintales, y del blanco, que es a nueve reales.
+
+--¿Qué dije yo? Bueno. Y este señor de Ruiz ¿qué hará por mí?
+
+--Hija de mi alma, yo no tengo ni un clavo ni una astilla, pero le juro
+a usted por mi salvación que un domingo me salgo por las afueras y robo
+una teja para llevársela a usted... robaré dos, tres, una docena de
+tejas... Y hay más. Si quiere usted mis dos comedias, mis folletos
+sobre la _Unión ibérica_ y sobre la _Organización de los bomberos en
+Suiza_, mi obra de los _Castillos_, todo está a su disposición. Diez
+ejemplares de cada cosa para que hagan lotes en una _tómbola_.
+
+--¿Lo ven ustedes? Cae el maná, cae. Si en estas cosas no hay más que
+ponerse a ello... Mi amigo Baldomero también dará algo.
+
+--Las campanas--dijo el insigne comerciante--, y si me apuran, el
+pararrayos y las veletas. Quiero concluir el edificio, ya que el amigo
+Aparisi lo quiere empezar.
+
+--La primera piedra no hay quien me la quite--expresó Aparisi con toda
+la hinchazón de su amor propio.
+
+--Algo más daremos, ¿verdad Baldomero?--apuntó Barbarita--, por ejemplo,
+toda la capilla, con su órgano, altares, imágenes...
+
+--Todo lo que tú quieras, hija. Y eso que las _Micaelas_ nos han llevado
+un pico. Les hemos hecho casi la mitad del edificio. Pero ahora le toca
+a Guillermina. Ya sabe ella dónde estamos.
+
+El grupo que rodeaba a la fundadora se fue disolviendo. Algunos,
+creyendo sin duda que lo que allí se trataba más era broma que otra
+cosa, se fueron al salón a hablar _seriamente_ de política y negocios.
+D. Baldomero, que deseaba echar aquella noche una partida de mus, el
+juego clásico y tradicional de los comerciantes de Madrid, esperó a que
+entrase Pepe Samaniego, que era maestro consumado, para armar la
+partida. Durante un largo rato no se oía en el salón más que _envido a
+la chica... envido a los pares... órdago_.
+
+Las tres señoras estuvieron un momento solas, hablando de aquel proyecto
+de Guillermina, que seguía cose que te cose, ayudada por Jacinta. Hacía
+algún tiempo que a esta se le había despertado vivo entusiasmo por las
+empresas de la Pacheco, y a más de reservarle todo el dinero que podía,
+se picaba los dedos cosiendo para ella durante largas horas. Es que
+sentía un cierto consuelo en confeccionar ropas de niño y en suponer que
+aquellas mangas iban a abrigar bracitos desnudos. Ya había hecho dos
+visitas al asilo de la calle de Alburquerque y acompañado una vez a
+Guillermina en sus excursiones a las miserables zahúrdas donde viven los
+pobres de la Inclusa y Hospital.
+
+Había que oírla cuando volvió a aquella su primera visita a los barrios
+del Sur. «¡Qué desigualdades!--decía, desflorando sin saberlo el
+problema social--. Unos tanto y otros tan poco. Falta equilibrio y el
+mundo parece que se cae. Todo se arreglaría si los que tienen mucho
+dieran lo que les sobra a los que no poseen nada. ¿Pero qué cosa
+sobra?... Vaya usted a saber». Guillermina aseguraba que se necesita
+mucha fe para no acobardarse ante los espectáculos que la miseria
+ofrece. «Porque se encuentran almas buenas, sí--decía--; pero también
+mucha ingratitud. La falta de educación es para el pobre una desventaja
+mayor que la pobreza. Luego la propia miseria les ataca el corazón a
+muchos y se lo corrompe. A mí me han insultado; me han arrojado puñados
+de estiércol y tronchos de berza; me han llamado _tía bruja_...».
+
+A Barbarita le daba aquella noche por hablar de arquitectura y no perdía
+ripio. Entró a la sazón Moreno Isla, y le recibieron con exclamaciones
+de alegría. Llamole la señora y le dijo: «¿Tiene usted cascote?».
+
+Las tres se reían viendo la sorpresa y confusión de Moreno, que era una
+excelente persona, como de cuarenta y cinco años, célibe y riquísimo, de
+aficiones tan inglesas que se pasaba en Londres la mayor parte del año;
+alto, delgado y de muy mal color porque estaba muy delicado de salud.
+
+«Que si tengo cascote. ¿Es para usted?».
+
+--Usted conteste y no sea como los gallegos, que cuando se les hace una
+pregunta hacen otra. Puesto que está usted de derribo, ¿tiene cascote,
+sí o no?
+
+--Sí que lo tengo... y pedernal magnífico. A sesenta reales el carro,
+todo lo que usted quiera. El cascote a ocho reales... ¡Ah, tonto de mí!
+Ya sé de qué se trata. La santurrona les está embaucando con las
+fantasmagorías del asilo que va a edificar... Cuidado, mucho cuidado con
+los timos. Antes de que ponga la primera piedra, nos llevará a todos a
+San Bernardino.
+
+--Cállate, que ya saben todos lo avariento que eres. Si no te pido nada,
+roñoso, cicatero.
+
+Guárdate tus carros de pedernal, que ya te los pondrán en la balanza el
+día del gran saldo final, ya sabes, cuando suenen las trompetas
+aquellas, sí, y entonces, cuando veas que la balanza se te cae del lado
+de la avaricia, dirás: «Señor, quítame estos carros de piedra y cascote
+que me hunden en el Infierno», y todos diremos: «no, no, no... échenle
+carga, que es muy malo».
+
+--Con poner en el otro platillo los perros grandes y chicos que me has
+sacado, me salvo--díjole Moreno riendo y manoseándole la cara.
+
+--No me hagas carantoñas, sobrinillo. Si crees que eso te vale, gran
+miserable, usurero, recocho en dinero--repitió Guillermina con tono y
+sonrisa de chanza benévola--. ¡Qué hombres estos! Todavía quieres más, y
+estás derribando una manzana de casas viejas para hacer casas
+domingueras y sacarles las entrañas a los pobres.
+
+--No hagan ustedes caso de esta _rata eclesiástica_--indicó Moreno,
+sentándose entre Barbarita y Jacinta--. Me está arruinando. Voy a tener
+que irme a un pueblo porque no me deja vivir. Es que no me puedo
+descuidar. Estoy en casa vistiéndome... siento un susurro, algo así como
+paso de ladrones; miro, veo un bulto, doy un grito... Es ella, la rata
+que ha entrado y se va escurriendo por entre los muebles. Nada; por
+pronto que acudo, ya mi querida tía me ha registrado la ropa que está en
+el perchero y se ha llevado todo lo que había en el bolsillo del
+chaleco.
+
+La fundadora, atacada de una hilaridad convulsiva, se reía con toda su
+alma.
+
+--Pero ven acá, pillo--dijo secándose las lágrimas que la risa había
+hecho brotar de sus ojos--, si contigo no valen buenos medios. Anda,
+hijo, el que te roba a ti..., ya sabes el refrán... el que te roba a ti
+se va al Cielo derecho.
+
+--A donde vas tú a ir es al _Modelo_...
+
+--Cállate la boca, bobón, y no me denuncies, que te traerá peor
+cuenta...
+
+No siguió este diálogo, que prometía dar mucho juego, porque del salón
+llamaron a Moreno con enérgica insistencia. Oíase desde el gabinete
+rumor de un hablar vivo, y la mezclada agitación de varias voces, entre
+las cuales se distinguían claramente las de Juan, Villalonga y Zalamero,
+que acababan de entrar.
+
+Moreno fue allá, y Guillermina, que aún no había acabado de reír, decía
+a sus amigas.
+
+«Es un angelón... No tenéis idea de la pasta celestial de que está
+formado el corazón de este hombre».
+
+Barbarita no tenía sosiego hasta no enterarse del por qué de aquel
+tumulto que en el salón había. Fue a ver y volvió con el cuento:
+
+«Hijas, que el rey se marcha».
+
+--¡Qué dices, mujer!
+
+--Que D. Amadeo, cansado de bregar con esta gente, tira la corona por la
+ventana y dice: «Vayan ustedes a marcar al Demonio».
+
+--¡Todo sea por Dios! --exclamó Guillermina dando un suspiro y volviendo
+imperturbable a su trabajo.
+
+Jacinta pasó al salón, más que por enterarse de las noticias, por ver a
+su marido que aquel día no había comido en casa.
+
+«Oye--le dijo en secreto Guillermina, deteniéndola, y ambas se miraban
+con picardía;--con veinte duros que le sonsaques hay bastante».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+«En Bolsa no se supo nada. Yo lo supe en el Bolsín a las diez--dijo
+Villalonga--. Fui al Casino a llevar la noticia. Cuando volví al Bolsín,
+se estaba haciendo el consolidado a 20.
+
+--Lo hemos de ver a 10, señores --dijo el marqués de Casa-Muñoz en tono
+de Hamlet.
+
+--¡El Banco a 175...! --exclamó D. Baldomero pasándose la mano por la
+cabeza, y arrojando hacia el suelo una mirada fúnebre.
+
+--Perdone usted, amigo --rectificó Moreno Isla--. Está a 172, y si usted
+quiere comprarme las mías a 170, ahora mismo las largo. No quiero más
+papel de la querida patria. Mañana me vuelvo a Londres.
+
+--Sí--dijo Aparisi poniendo semblante profético--; porque la que se va a
+armar ahora aquí, será de órdago.
+
+--Señores, no seamos impresionables--indicó el marqués de Casa-Muñoz,
+que gustaba de dominar las situaciones con mirada alta--. Ese buen señor
+se ha cansado; no era para menos; ha dicho: «ahí queda eso». Yo en su
+caso habría hecho lo mismo. Tendremos algún trastorno; habrá su poco de
+República; pero ya saben ustedes que las naciones no mueren...
+
+--El golpe viene de fuera --manifestó Aparisi--. Esto lo veía yo venir.
+Francia...
+
+--No _involucremos_ las cuestiones, señores --dijo Casa-Muñoz poniendo
+una cara muy parlamentaria--. Y si he de hablar ingenuamente, diré a
+ustedes que a mí no me asusta la República, lo que me asusta es el
+republicanismo.
+
+Miró a todos para ver qué tal había caído esta frase. No podía dudarse
+de que el murmullo aquel con que fue acogida era laudatorio.
+
+«Señor Marqués --declaró Aparisi picado de rivalidad--, el pueblo
+español es un pueblo digno... que en los momentos de peligro, sabe
+ponerse...».
+
+--¿Y qué tiene que ver una cosa con otra?...--saltó el marqués incómodo,
+anonadando a su contrario con una mirada--. No _involucre_ usted las
+cuestiones.
+
+Aparisi, propietario y concejal de oficio, era un hombre que se preciaba
+de _poner los puntos sobre las íes_; pero con el marqués de Casa-Muñoz
+no le valía su suficiencia, porque este no toleraba imposiciones y era
+capaz de poner puntos sobre las haches. Había entre los dos una
+rivalidad tácita, que se manifestaba en la emulación para lanzar
+observaciones sintéticas sobre todas las cosas. Una mirada de profunda
+antipatía era lo único que a veces dejaba entrever el pugilato
+espiritual de aquellos dos atletas del pensamiento. Villalonga, que era
+observador muy picaresco, aseguraba haber descubierto entre Aparisi y
+Casa-Muñoz un antagonismo o competencia en la emisión de palabras
+escogidas. Se desafiaban a cuál hablaba más por lo fino, y si el marqués
+daba muchas vueltas al _involucrar_, al _ad hoc_, al _sui generis_ y
+otros términos latinos, en seguida se veía al otro poniendo en prensa el
+cerebro para obtener frases tan selectas como _la concatenación de las
+ideas_. A veces parecía triunfante Aparisi, diciendo que tal o cual cosa
+era el _bello ideal_ de los pueblos; pero Casa-Muñoz tomaba arranque y
+diciendo _el desiderátum_, hacía polvo a su contrario.
+
+Cuenta Villalonga que hace años hablaba Casa-Muñoz disparatadamente, y
+sostiene y jura haberle oído decir, cuando aún no era marqués, que las
+_puertas estaban herméticamente_ _ abiertas_; pero esto no ha llegado a
+comprobarse. Dejando a un lado las bromas, conviene decir que era el
+marqués persona apreciabilísima, muy corriente, muy afable en su trato,
+excelente para su familia y amigos. Tenía la misma edad que D.
+Baldomero; mas no llevaba tan bien los años. Su dentadura era artificial
+y sus patillas teñidas tenían un viso carminoso, contrastando con la
+cabeza sin pintar. Aparisi era mucho más joven, hombre que presumía de
+pie pequeño y de manos bonitas, la cara arrebolada, el bigote castaño
+cayendo a lo chino, los ojos grandes, y en la cabeza una de esas calvas
+que son para sus poseedores un diploma de talento. Lo más característico
+en el concejal perpetuo era la expresión de su rostro, semejante a la de
+una persona que está oliendo algo muy desagradable, lo que provenía de
+cierta contracción de los músculos nasales y del labio superior. Por lo
+demás, buena persona, que no debía nada a nadie. Había tenido almacén de
+maderas, y se contaba que en cierta época les puso los puntos sobre las
+íes a los pinares de Balsain. Era hombre sin instrucción, y... lo que
+pasa... por lo mismo que no la tenía gustaba de aparentarla. Cuenta el
+tunante de Villalonga que hace años usaba Aparisi el _e pur si muove_
+de Galileo; pero el pobrecito no le daba la interpretación verdadera, y
+creía que aquel célebre dicho significaba _por si acaso_.
+
+Así, se le oyó decir más de una vez: «Parece que no lloverá; pero sacaré
+el paraguas _e pur si muove_».
+
+Jacinta trincó a su marido por el brazo y le llevó un poquito aparte:
+
+«Y qué, _nene_, ¿hay barricadas?».
+
+--No, hija, no hay nada. Tranquilízate.
+
+--¿No volverás a salir esta noche?... Mira que me asustaré mucho si
+sales.
+
+--Pues no saldré... ¿Qué... qué buscas?
+
+Jacinta, riendo, deslizaba su mano por el forro de la levita, buscando
+el bolsillo del pecho.
+
+--¡Ay!, yo iba a ver si te sacaba la cartera sin que me sintieses...
+
+--Vaya con la descuidera... --¡Quia!, si no sé... Esto quien lo hace
+bien es Guillermina, que le saca a Manolo Moreno las pesetas del
+bolsillo del chaleco sin que él lo sienta... A ver...
+
+Jacinta, dueña ya de la cartera, la abrió.
+
+--¿Te enfadarías si te quito este billete de veinte duros? ¿Te hace
+falta?
+
+--No por cierto. Toma lo que quieras.
+
+--Es para Guillermina. Mamá le dio dos, y le falta un pico para poder
+pagar mañana el trimestre del alquiler del asilo.
+
+Contestole el Delfín apretándole con mucha efusión las dos manos y
+arrugando el billete que estaba en ellas.
+
+En cuanto Guillermina pescó lo que le faltaba para completar su
+cantidad, dejó la costura y se puso el manto. Despidiéndose brevemente
+de las dos señoras, atravesó el salón a prisa.
+
+«¡A esa, a esa! --gritó Moreno--, sin duda se lleva algo. Caballeros,
+vean ustedes si les falta el reloj. Bárbara, que debajo de la mantilla
+de _la rata eclesiástica_ veo un bulto... ¿No había aquí candeleros de
+plata?».
+
+En medio de la jovial algazara que estas bromas producían, salió
+Guillermina, esparciendo sobre todos una sonrisa inefable que parecía
+una bendición.
+
+En seguida, cebáronse todos con furia en el tema suculento de la partida
+del Rey, y cada cual exponía sus opiniones con ínfulas de profecía, como
+si en su vida hubieran hecho otra cosa que vaticinar acertando.
+Villalonga estaba ya viendo a D. Carlos entrar en Madrid, y el marqués
+de Casa-Muñoz hablaba de
+
+_las exageraciones liberticidas_ de la demagogia roja y de la demagogia
+blanca como si las estuviera mirando pintadas en la pared de enfrente;
+el ex-subsecretario de Gobernación, Zalamero, leía clarito en el
+porvenir el nombre del Rey Alfonso, y el concejal decía que _el
+alfonsismo estaba aún en la nebulosa de lo desconocido_. El mismo
+Aparisi y Federico Ruiz profetizaron luego en una sola cuerda... ¡Qué
+demonio! Ellos no se asustaban de la República. Como si lo vieran... no
+iba a pasar nada. Es que aquí somos muy impresionables, y por cualquier
+contratiempo nos parece que se nos cae el Cielo encima. «Yo les aseguro
+a ustedes --decía Aparisi, puesta la mano sobre el pecho--, que no
+pasará nada, pero nada. Aquí no se tiene idea de lo que es el pueblo
+español... Yo respondo de él, me atrevo a responder con la cabeza,
+vaya...». Moreno no vaticinaba; no hacía más que decir: «Por si vienen
+mal dadas, me voy mañana para Londres». Aquel ricacho soltero alardeaba
+de carecer en absoluto del sentimiento de la patria, y estaba tan
+extranjerizado que nada español le parecía bueno. Los autores dramáticos
+lo mismo que las comidas, los ferrocarriles lo mismo que las industrias
+menudas, todo le parecía de una inferioridad lamentable. Solía decir que
+aquí los tenderos no saben envolver en un papel una libra de cualquier
+cosa. «Compra usted algo, y después que le miden mal y le cobran caro,
+el envoltorio de papel que le dan a usted se le deshace por el camino.
+No hay que darle vueltas; somos una raza inhábil hasta no poder más».
+
+Don Baldomero decía con acento de tristeza una cosa muy sensata: «¡Si D.
+Juan Prim viviera...!». Juan y Samaniego se apartaron del corrillo y
+charlaban con Jacinta y doña Bárbara, tratando de quitarles el miedo. No
+habría tiros, ni jarana... no sería preciso hacer provisiones... ¡Ah!
+Barbarita soñaba ya con hacer provisiones. A la mañana siguiente, si no
+había barricadas, ella y Estupiñá se ocuparían de eso.
+
+Poco a poco fueron desfilando. Eran las doce. Aparisi y Casa-Muñoz se
+fueron al Bolsín a saber noticias, no sin que antes de partir dieran una
+nueva muestra de su rivalidad. El concejal de oficio estaba tan
+excitado, que la contracción de su hocico se acentuaba, como si el olor
+aquel imaginario fuera el de la aza fétida. Zalamero, que iba a
+Gobernación, quiso llevarse al Delfín; pero este, a quien su mujer tenía
+cogido del brazo, se negó a salir... «Mi mujer no me deja».
+
+--Mi tocaya--dijo Villalonga--, se está volviendo muy
+anticonstitucional.
+
+Por fin se quedaron solos los de casa. Don Baldomero y Barbarita besaron
+a sus hijos y se fueron a acostar. Esto mismo hicieron Jacinta y su
+marido.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+Escenas de la vida íntima
+
+
+
+
+--i--
+
+
+A poco de acostarse notó Jacinta que su marido dormía profundamente.
+Observábale desvelada, tendiendo una mirada tenaz de cama a cama. Creyó
+que hablaba en sueños... pero no; era simplemente quejido sin
+articulación que acostumbraba a lanzar cuando dormía, quizá por causa de
+una mala postura. Los pensamientos políticos nacidos de las
+conversaciones de aquella noche, huyeron pronto de la mente de Jacinta.
+¿Qué le importaba a ella que hubiese República o Monarquía, ni que D.
+Amadeo se fuera o se quedase? Más le importaba la conducta de aquel
+ingrato que a su lado dormía tan tranquilo. Porque no tenía duda de que
+Juan andaba algo distraído, y esto no lo podían notar sus padres por la
+sencilla razón de que no le veían nunca tan cerca como su mujer. El
+pérfido guardaba tan bien las apariencias, que nada hacía ni decía _en
+familia_ que no revelara una conducta regular y correctísima. Trataba a
+su mujer con un cariño tal, que... vamos, se le tomaría por enamorado.
+Sólo allí, de aquella puerta para adentro, se descubrían las trastadas;
+sólo ella, fundándose en datos negativos, podía destruir la aureola que
+el público y la familia ponían al glorioso Delfín. Decía su mamá que era
+el marido modelo. ¡Valiente pillo! Y la esposa no podía contestar a su
+suegra cuando le venía con aquellas historias... Con qué cara le diría:
+«Pues no hay tal modelo, no señora, no hay tal modelo, y cuando yo lo
+digo, bien sabido me lo tendré».
+
+Pensando en esto, pasó Jacinta parte de aquella noche, atando cabos,
+como ella decía, para ver si de los hechos aislados lograba sacar alguna
+afirmación. Estos hechos, valga la verdad, no arrojaban mucha luz que
+digamos sobre lo que se quería demostrar. Tal día y a tal hora Juan
+había salido bruscamente, después de estar un rato muy pensativo, pero
+muy pensativo. Tal día y a tal hora Juan había recibido una carta, que
+le había puesto de mal humor. Por más que ella hizo, no la había podido
+encontrar. Tal día y a tal hora, yendo ella y Barbarita por la calle de
+Preciados, se encontraron a Juan que venía deprisa y muy abstraído. Al
+verlas, quedose algo cortado; pero sabía dominarse pronto. Ninguno de
+estos datos probaba nada; pero no cabía duda: su marido se la estaba
+pegando.
+
+De vez en cuando estas cavilaciones cesaban, porque Juan sabía
+arreglarse de modo que su mujer no llegase a cargarse de razón para
+estar descontenta. Como la herida a que se pone bálsamo fresco, la pena
+de Jacinta se calmaba. Pero los días y las noches, sin saber cómo,
+traíanla lentamente otra vez a la misma situación penosa. Y era muy
+particular; estaba tan tranquila, sin pensar en semejante cosa, y por
+cualquier incidente, por una palabra sin interés o referencia trivial,
+le asaltaba la idea como un dardo arrojado de lejos por desconocida mano
+y que venía a clavársele en el cerebro. Era Jacinta observadora,
+prudente y sagaz. Los más insignificantes gestos de su esposo, las
+inflexiones de su voz, todo lo observaba con disimulo, sonriendo cuando
+más atenta estaba, escondiendo con mil zalamerías su vigilancia, como
+los naturalistas esconden y disimulan el lente con que examinan el
+trabajo de las abejas. Sabía hacer preguntas capciosas, verdaderas
+trampas cubiertas de follaje. ¡Pero bueno era el otro para dejarse
+coger!
+
+Y para todo tenía el ingenioso culpable palabras bonitas: «La luna de
+miel perpetua es un contrasentido, es... hasta ridícula. El entusiasmo
+es un estado infantil impropio de personas normales. El marido piensa en
+sus negocios, la mujer en las cosas de su casa, y uno y otro se tratan
+más como amigos que como amantes. Hasta las palomas, hija mía, hasta las
+palomas cuando pasan de cierta edad, se hacen cariños así... de una
+manera sesuda». Jacinta se reía con esto; pero no admitía tales
+componendas. Lo más gracioso era que él se las echaba de hombre ocupado.
+¡Valiente truhán! ¡Si no tenía absolutamente nada que hacer más que
+pasear y divertirse...! Su padre había trabajado toda la vida como un
+negro para asegurar la holgazanería dichosa del príncipe de la casa...
+En fin, fuese lo que fuese, Jacinta se proponía no abandonar jamás su
+actitud de humildad y discreción. Creía firmemente que Juan no daría
+nunca escándalos, y no habiendo escándalo, las cosas irían pasando así.
+No hay existencia sin gusanillo, un parásito interior que la roe y a sus
+expensas vive, y ella tenía dos: los apartamientos de su marido y el
+desconsuelo de no ser madre. Llevaría ambas penas con paciencia, con tal
+que no saltara algo más fuerte.
+
+Por respeto a sí misma, nunca había hablado de esto a nadie, ni al mismo
+Delfín. Pero una noche estaba este tan comunicativo, tan bromista, tan
+pillín, que a Jacinta se le llenó la boca de sinceridad, y palabra tras
+palabra, dio salida a todo lo que pensaba. «Tú me estás engañando, y no
+es de ahora, es de hace tiempo. Si creerás que soy tonta... El tonto
+eres tú».
+
+La primera contestación de Santa Cruz fue romper a reír. Su mujer le
+tapaba la boca para que no alborotase. Después el muy tunante empezó a
+razonar sus explicaciones, revistiéndolas de formas seductoras. ¡Pero
+qué huecas le parecieron a Jacinta, que en las dialécticas del corazón
+era más maestra que él por saber amar de veras! Y a ella le tocó reír
+después y desmenuzar tan livianos argumentos... El sueño, un sueño dulce
+y mutuo les cogió, y se durmieron felices... Y ved lo que son las cosas,
+Juan se enmendó, o al menos pareció enmendarse.
+
+Tenía Santa Cruz en altísimo grado las triquiñuelas del artista de la
+vida, que sabe disponer las cosas del mejor modo posible para
+sistematizar y refinar sus dichas. Sacaba partido de todo, distribuyendo
+los goces y ajustándolos a esas misteriosas mareas del humano apetito
+que, cuando se acentúan, significan una organización viciosa. En el
+fondo de la naturaleza humana hay también, como en la superficie social,
+una sucesión de modas, periodos en que es de rigor cambiar de apetitos.
+Juan tenía temporadas. En épocas periódicas y casi fijas se hastiaba de
+sus correrías, y entonces su mujer, tan mona y cariñosa, le ilusionaba
+como si fuera la mujer de otro. Así lo muy antiguo y conocido se
+convierte en nuevo. Un texto desdeñado de puro sabido vuelve a interesar
+cuando la memoria principia a perderle y la curiosidad se estimula.
+Ayudaba a esto el tiernísimo amor que Jacinta le tenía, pues allí sí que
+no había farsa, ni vil interés ni estudio. Era, pues, para el Delfín
+una dicha verdadera y casi nueva volver a su puerto después de mil
+borrascas. Parecía que se restauraba con un cariño tan puro, tan leal y
+tan suyo, pues nadie en el mundo podía disputárselo.
+
+En honor de la verdad, se ha de decir que Santa Cruz amaba a su mujer.
+Ni aun en los días que más viva estaba la marea de la infidelidad, dejó
+de haber para Jacinta un hueco de preferencia en aquel corazón que tenía
+tantos rincones y callejuelas. Ni la variedad de aficiones y caprichos
+excluía un sentimiento inamovible hacia su compañera por la ley y la
+religión. Conociendo perfectamente su valer moral, admiraba en ella las
+virtudes que él no tenía y que según su criterio, tampoco le hacían
+mucha falta. Por esta última razón no incurría en la humildad de
+confesarse indigno de tal joya, pues su amor propio iba siempre por
+delante de todo, y teníase por merecedor de cuantos bienes disfrutaba o
+pudiera disfrutar en este bajo mundo. Vicioso y discreto, sibarita y
+hombre de talento, aspirando a la erudición de todos los goces y con
+bastante buen gusto para espiritualizar las cosas materiales, no podía
+contentarse con gustar la belleza comprada o conquistada, la gracia, el
+donaire, la extravagancia; quería gustar también la virtud, no
+precisamente vencida, que deja de serlo, sino la pura, que en su pureza
+misma tenía para él su picante.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Por lo dicho se habrá comprendido que el Delfín era un hombre
+enteramente desocupado. Cuando se casó, hízole proposiciones don
+Baldomero para que tomase algunos miles y negociara con ellos, ya
+jugando a la Bolsa, ya en otra especulación cualquiera. Aceptó el joven,
+mas no le satisfizo el ensayo, y renunció en absoluto a meterse en
+negocios que traen muchas incertidumbres y desvelos. D. Baldomero no
+había podido sustraerse a esa preocupación tan española de que los
+padres trabajen para que los hijos descansen y gocen. Recreábase aquel
+buen señor en la ociosidad de su hijo como un artesano se recrea en su
+obra, y más la admira cuanto más doloridas y fatigadas se le quedan las
+manos con que la ha hecho.
+
+Conviene decir también que el joven aquel no era derrochador. Gastaba,
+sí, pero con pulso y medida, y sus placeres dejaban de serlo cuando
+empezaban a exigirle algo de disipación. En tales casos era cuando la
+virtud le mostraba su rostro apacible y seductor. Tenía cierto respeto
+ingénito al bolsillo, y si podía comprar una cosa con dos pesetas, no
+era él seguramente quien daba tres. En todas las ocasiones, el
+desprenderse de una cantidad fuerte le costaba siempre algún trabajo, al
+contrario de los dadivosos que cuando dan parece que se les quita un
+peso de encima. Y como conocía tan bien el valor de la moneda, sabía
+emplearla en la adquisición de sus goces de una manera prudente y casi
+mercantil. Ninguno sabía como él _sacar el jugo_ a un billete de cinco
+duros o de veinte. De la cantidad con que cualquier manirroto se
+proporciona un placer, Juanito Santa Cruz sacaba siempre dos.
+
+A fuer de hábil financiero, sabía pasar por generoso cuando el caso lo
+exigía. Jamás hizo locuras, y si alguna vez sus apetitos le llevaron a
+ciertas pendientes, supo agarrarse a tiempo para evitar un resbalón. Una
+de las más puras satisfacciones de los señores de Santa Cruz era saber a
+ciencia cierta que su hijo no tenía trampas, como la mayoría de los
+hijos de familia en estos depravados tiempos.
+
+Algo le habría gustado a D. Baldomero que el Delfín diera a conocer sus
+eximios talentos en la política. ¡Oh!, si él se lanzara, seguramente
+descollaría. Pero Barbarita le desanimaba. «¡La política, la política!
+¿Pues no estamos viendo lo que es? Una comedia. Todo se vuelve
+habladurías y no hacer nada de provecho...». Lo que hacía cavilar algo a
+D. Baldomero II era que su hijo no tuviese la firmeza de ideas que él
+tenía, pues él pensaba el 73 lo mismo que había pensado el 45; es decir,
+que debe haber mucha libertad y mucho palo, que la libertad hace muy
+buenas migas con la religión, y que conviene perseguir y escarmentar a
+todos los que van a la política a hacer chanchullos.
+
+Porque Juan era la inconsecuencia misma. En los tiempos de Prim,
+manifestose entusiasta por la candidatura del duque de Montpensier. «Es
+el hombre que conviene, desengañaos, un hombre que lleva al dedillo las
+cuentas de su casa, un modelo de padre de familia». Vino D. Amadeo, y el
+Delfín se hizo tan republicano que daba miedo oírle. «La Monarquía es
+imposible; hay que convencerse de ello. Dicen que el país no está
+preparado para la República; pues que lo preparen. Es como si se
+pretendiera que un hombre supiera nadar sin decidirse a entrar en el
+agua. No hay más remedio que pasar algún mal trago... La desgracia
+enseña... y si no, vean esa Francia, esa prosperidad, esa inteligencia,
+ese patriotismo... esa manera de pagar los cinco mil millones...». Pues
+señor, vino el 11 de Febrero y al principio le pareció a Juan que todo
+iba a qué quieres boca. «Es admirable. La Europa está atónita. Digan lo
+que quieran, el pueblo español tiene un gran sentido». Pero a los dos
+meses, las ideas pesimistas habían ganado ya por completo su ánimo.
+«Esto es una pillería, esto es una vergüenza. Cada país tiene el
+Gobierno que merece, y aquí no puede gobernar más que un hombre que esté
+siempre con una estaca en la mano». Por gradaciones lentas, Juanito
+llegó a defender con calor la idea alfonsina. «Por Dios, hijo--decía D.
+Baldomero con inocencia--, si eso no puede ser» y sacaba a relucir los
+_jamases_ de Prim. Poníase Barbarita de parte del desterrado príncipe, y
+como el sentimiento tiene tanta parte en la suerte de los pueblos, todas
+las mujeres apoyaban al príncipe y le defendían con argumentos sacados
+del corazón. Jacinta dejaba muy atrás a las más entusiastas por D.
+Alfonso. «¡Es un niño!»... Y no daba más razón.
+
+Teníase a sí mismo el heredero de Santa Cruz por una gran persona.
+Estaba satisfecho, cual si se hubiera creado y visto que era bueno.
+«Porque yo--decía esforzándose en aliar la verdad con la modestia--, no
+soy de lo peorcito de la humanidad. Reconozco que hay seres superiores a
+mí, por ejemplo, mi mujer; pero ¡cuántos hay inferiores, cuántos!». Sus
+atractivos físicos eran realmente grandes, y él mismo lo declaraba en
+sus soliloquios íntimos: «¡Qué guapo soy! Bien dice mi mujer que no hay
+otro más salado. La pobrecilla me quiere con delirio... y yo a ella lo
+mismo, como es justo. Tengo la gran figura, visto bien, y en modales y
+en trato me parece... que somos algo». En la casa no había más opinión
+que la suya; era el oráculo de la familia y les cautivaba a todos no
+sólo por lo mucho que le querían y mimaban, sino por el sortilegio de su
+imaginación, por aquella bendita labia suya y su manera de insinuarse.
+La más subyugada era Jacinta, quien no se hubiera atrevido a sostener
+delante de la familia que lo blanco es blanco, si su querido esposo
+sostenía que es negro. Amábale con verdadera pasión, no teniendo poca
+parte en este sentimiento la buena facha de él y sus relumbrones
+intelectuales. Respecto a las perfecciones morales que toda la familia
+declaraba en Juan, Jacinta tenía sus dudas. Vaya si las tenía. Pero
+viéndose sola en aquel terreno de la incertidumbre, llenábase de
+tristeza y decía: «¿Me estaré quejando de vicio? ¿Seré yo, como
+aseguran, la más feliz de las mujeres, y no habré caído en ello?».
+
+Con estas consideraciones azotaba y mortificaba su inquietud para
+aplacarla como los penitentes vapulean la carne para reducirla a la
+obediencia del espíritu. Con lo que no se conformaba era con no tener
+chiquillos, «porque todo se puede ir conllevando --decía--, menos eso.
+Si yo tuviera un niño, me entretendría mucho con él, y no pensaría en
+ciertas cosas». De tanto cavilar en esto, su mente padecía alucinaciones
+y desvaríos. Algunas noches, en el primer periodo del sueño, sentía
+sobre su seno un contacto caliente y una boca que la chupaba. Los
+lengüetazos la despertaban sobresaltada, y con la tristísima impresión
+de que todo aquello era mentira, lanzaba un ¡ay!, y su marido le decía
+desde la otra cama: «¿Qué es eso, nenita?... ¿pesadilla?».--«Sí, hijo,
+un sueño muy malo». Pero no quería decir la verdad por temor de que Juan
+lo tomara a risa.
+
+Los pasillos de su gran casa le parecían lúgubres, sólo porque no sonaba
+en ellos el estrépito de las pataditas infantiles. Las habitaciones
+inservibles destinadas a la chiquillería, _cuando la hubiera_,
+infundíanle tal tristeza, que los días en que se sentía muy tocada de la
+manía, no pasaba por ellas. Cuando por las noches veía entrar de la
+calle a D. Baldomero, tan bondadoso y jovial, siempre con su cara de
+Pascua, vestido de finísimo paño negro y tan limpio y sonrosado, no
+podía menos de pensar en los nietos que aquel señor debía tener para que
+hubiera lógica en el mundo, y decía para sí: «¡Qué abuelito se están
+perdiendo!».
+
+Una noche fue al teatro Real de muy mala gana. Había estado todo el día
+y la noche anterior en casa de Candelaria que tenía enferma a la niña
+pequeña. Mal humorada y soñolienta, deseaba que la ópera se acabase
+pronto; pero desgraciadamente la obra, como de Wagner, era muy larga,
+música excelente según Juan y todas las personas de gusto, pero que a
+ella no le hacía maldita gracia. No lo entendía, vamos. Para ella no
+había más música que la italiana, mientras más clarita y más de
+organillo mejor. Puso su muestrario en primera fila, y se colocó en la
+última silla de atrás. Las tres pollas, Barbarita II, Isabel y Andrea,
+estaban muy gozosas, sintiéndose flechadas por mozalbetes del paraíso y
+de palcos por asiento. También de butacas venía algún anteojazo bueno.
+Doña Bárbara no estaba. Al llegar al cuarto acto, Jacinta sintió
+aburrimiento. Miraba mucho al palco de su marido y no le veía. ¿En dónde
+estaba? Pensando en esto, hizo una cortesía de respeto al gran Wagner,
+inclinando suavemente la graciosa cabeza sobre el pecho. Lo último que
+oyó fue un trozo descriptivo en que la orquesta hacía un rumor semejante
+al de las trompetillas con que los mosquitos divierten al hombre en las
+noches de verano. Al arrullo de esta música, cayó la dama en sueño
+profundísimo, uno de esos sueños intensos y breves en que el cerebro
+finge la realidad como un relieve y un histrionismo admirables. La
+impresión que estos letargos dejan suele ser más honda que la que nos
+queda de muchos fenómenos externos y apreciados por los sentidos.
+Hallábase Jacinta en un sitio que era su casa y no era su casa... Todo
+estaba forrado de un satén blanco con flores que el día anterior había
+visto ella y Barbarita en casa de Sobrino... Estaba sentada en un _puff_
+y por las rodillas se le subía un muchacho lindísimo, que primero le
+cogía la cara, después le metía la mano en el pecho. «Quita, quita...
+eso es caca... ¡qué asco!... cosa fea, es para el gato...». Pero el
+muchacho no se daba a partido. No tenía más que la camisa de finísima
+holanda, y sus carnes finas resbalaban sobre la seda de la bata de su
+mamá. Era una bata color _azul gendarme_ que semanas antes había
+regalado a su hermana Candelaria... «No, no, eso no... quita...
+caca...». Y él insistiendo siempre, pesadito, monísimo. Quería
+desabotonar la bata, y meter mano. Después dio cabezadas contra el seno.
+Viendo que nada conseguía, se puso serio, tan extraordinariamente serio
+que parecía un hombre. La miraba con sus ojazos vivos y húmedos,
+expresando en ellos y en la boca todo el desconsuelo que en la humanidad
+cabe. Adán, echado del paraíso, no miraría de otro modo el bien que
+perdía. Jacinta quería reírse; pero no podía porque el pequeño le
+clavaba su inflamado mirar en el alma. Pasaba mucho tiempo así, el
+niño-hombre mirando a su madre, y derritiendo lentamente la entereza de
+ella con el rayo de sus ojos. Jacinta sentía que se le desgajaba algo en
+sus entrañas. Sin saber lo que hacía soltó un botón... Luego otro. Pero
+la cara del chico no perdía su seriedad. La madre se alarmaba y... fuera
+el tercer botón... Nada, la cara y la mirada del nene siempre adustas,
+con una gravedad hermosa, que iba siendo terrible... El cuarto botón,
+el quinto, todos los botones salieron de los ojales haciendo gemir la
+tela. Perdió la cuenta de los botones que soltaba. Fueron ciento, puede
+que mil... Ni por esas... La cara iba tomando una inmovilidad
+sospechosa. Jacinta, al fin, metió la mano en su seno, sacó lo que el
+muchacho deseaba, y le miró segura de que se desenojaría cuando viera
+una cosa tan rica y tan bonita... Nada; cogió entonces la cabeza del
+muchacho, la atrajo a sí, y que quieras que no le metió en la boca...
+Pero la boca era insensible, y los labios no se movían. Toda la cara
+parecía de una estatua. El contacto que Jacinta sintió en parte tan
+delicada de su epidermis, era el roce espeluznante del yeso, roce de
+superficie áspera y polvorosa. El estremecimiento que aquel contacto le
+produjo dejola por un rato atónita, después abrió los ojos, y se hizo
+cargo de que estaban allí sus hermanas; vio los cortinones pintados de
+la boca del teatro, la apretada concurrencia de los costados del
+paraíso. Tardó un rato en darse cuenta de dónde estaba y de los
+disparates que había soñado, y se echó mano al pecho con un movimiento
+de pudor y miedo. Oyó la orquesta, que seguía imitando a los mosquitos,
+y al mirar al palco de su marido, vio a Federico Ruiz, el gran melómano,
+con la cabeza echada hacia atrás, la boca entreabierta, oyendo y
+gustando con fruición inmensa la deliciosa música de los violines con
+sordina. Parecía que le caía dentro de la boca un hilo del clarificado
+más fino y dulce que se pudiera imaginar. Estaba el hombre en un puro
+éxtasis. Otros melómanos furiosos vio la dama en el palco; pero ya había
+concluido el cuarto acto y Juan no parecía.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Si todo lo que les pasa a las personas superiores mereciera una
+efeméride, es fácil que en una hoja de calendario americano,
+correspondiente a Diciembre del 73, se encontrara este parrafito: «Día
+_tantos_: fuerte catarro de Juanito Santa Cruz. La imposibilidad de
+salir de casa le pone de un humor de doscientos mil diablos». Estaba
+sentado junto a la chimenea, envuelto de la cintura abajo en una manta
+que parecía la piel de un tigre, gorro calado hasta las orejas, en la
+mano un periódico, en la silla inmediata tres, cuatro, muchos
+periódicos. Jacinta le daba bromas por su forzada esclavitud, y él,
+hallando distracción en aquellas guasitas, hizo como que le pegaba, la
+cogió por un brazo, le atenazó la barba con los dedos, le sacudió la
+cabeza, después le dio bofetadas, terribles bofetadas, y luego
+muchísimos porrazos en diferentes partes del cuerpo, y grandes pinchazos
+o estocadas con el dedo índice muy tieso. Después de bien cosida a
+puñaladas, le cortó la cabeza segándole el pescuezo, y como si aún no
+fuera bastante sevicia, la acribilló con cruelísimas e inhumanas
+cosquillas, acompañando sus golpes de estas feroces palabras: «¡Qué
+_guasoncita_ se me ha vuelto mi nena!... Voy yo a enseñar a mi payasa a
+dar bromitas, y le voy a dar una solfa buena para que no le queden ganas
+de...».
+
+Jacinta se desbarataba de risa, y el Delfín hablando con un poco de
+seriedad, prosiguió: «Bien sabes que no soy callejero... A fe que te
+puedes quejar. Maridos conozco que cuando ponen el pie en la calle, del
+tirón se están tres días sin parecer por la casa. Estos podrían tomarme
+a mí por modelo».
+
+--Mariquita date tono--replicó Jacinta secándose las lágrimas que la
+risa y las cosquillas le habían hecho derramar--. Ya sé que hay otros
+peores; pero no pongo yo mi mano en el fuego porque seas el número uno.
+
+Juan meneó la cabeza en señal de amenaza. Jacinta se puso lejos de su
+alcance, por si se repetían las bárbaras cosquillas.
+
+«Es que tú exiges demasiado» dijo el marido, deplorando que su mujer no
+le tuviese por el más perfecto de los seres creados.
+
+Jacinta hizo un mohín gracioso con fruncimiento de cejas y labios, el
+cual quería decir: «No me quiero meter en discusiones contigo, porque
+saldría con las manos en la cabeza». Y era verdad, porque el Delfín
+hacía las prestidigitaciones del razonamiento con muchísima habilidad.
+
+«Bueno--indicó ella--. Dejémonos de tonterías. ¿Qué quieres almorzar?».
+
+--Eso mismo venía yo a saber --dijo doña Bárbara apareciendo en la
+puerta--. Almorzarás lo que quieras; pero pongo en tu conocimiento, para
+tu gobierno, que he traído unas calandrias riquísimas. _Divinidades_,
+como dice Estupiñá.
+
+--Tráiganme lo que quieran, que tengo más hambre que un maestro de
+escuela.
+
+Cuando salieron las dos damas, Santa Cruz pensó un ratito en su mujer,
+formulando un panegírico mental. ¡Qué ángel! Todavía no había acabado él
+de cometer una falta, y ya estaba ella perdonándosela. En los días
+precursores del catarro, hallábase mi hombre en una de aquellas etapas o
+mareas de su inconstante naturaleza, las cuales, alejándole de las
+aventuras, le aproximaban a su mujer. Las personas más hechas a la vida
+ilegal sienten en ocasiones vivo anhelo de ponerse bajo la ley por poco
+tiempo. La ley las tienta como puede tentar el capricho. Cuando Juan se
+hallaba en esta situación, llegaba hasta desear permanecer en ella; aún
+más, llegaba a creer que seguiría. Y la Delfina estaba contenta. «Otra
+vez ganado--pensaba--. ¡Si la buena durara!... ¡si yo pudiera ganarle de
+una vez para siempre y derrotar en toda la línea a las
+_cantonales_...!».
+
+Don Baldomero entró a ver a su hijo antes de pasar al comedor. «¿Qué es
+eso, chico? Lo que yo digo: no te abrigas. ¡Qué cosas tenéis tú y
+Villalonga! ¡Pararse a hablar a las diez de la noche en la esquina del
+Ministerio de la Gobernación, que es otra punta del diamante! Te vi.
+Venía yo con Cantero de la Junta del Banco. Por cierto que estamos
+desorientados. No se sabe a dónde irá a parar esta anarquía. ¡Las
+acciones a 138!... Pase usted, Aparisi... Es Aparisi que viene a
+almorzar con nosotros».
+
+El concejal entró y saludó a los dos Santa Cruz.
+
+--¿Qué periódicos has leído?--preguntó el papá calándose los quevedos,
+que sólo usaba para leer--. Toma _La Época_ y dame _El Imparcial_...
+Bueno, bueno va esto. ¡Pobre España! Las acciones a 138... el
+consolidado a 13.
+
+--¿Qué 13?... Eso quisiera usted--observó el eterno concejal--. Anoche
+lo ofrecían a 11 en el Bolsín y no lo quería nadie. Esto es el diluvio.
+
+Y acentuando de una manera notabilísima aquella expresión de oler una
+cosa muy mala, añadió que todo lo que estaba pasando lo había previsto
+él, y que los sucesos no discrepaban ni tanto así de lo que _día por
+día_ había venido él profetizando. Sin hacer mucho caso de su amigo, D.
+Baldomero leyó en voz alta la noticia o estribillo de todos los días.
+«La partida tal entró en tal pueblo, quemó el archivo municipal, se
+racionó, y volvió a salir... La columna tal perseguía activamente al
+cabecilla cual, y después de racionarse...».
+
+«Ea--dijo sin acabar de leer--, vamos a racionarnos nosotros. El marqués
+no viene. Ya no se le espera más».
+
+En esto entró Blas, el criado de Juan con la mesita, ya puesta, en que
+había de almorzar el enfermo. Poco después apareció Jacinta trayendo
+platos. Después de saludarla, Aparisi le dijo:
+
+«Guillermina me ha dado un recado para usted... Hoy no hay _odisea
+filantrópica_ a la _parroquia de la chinche_, porque anda en busca de
+ladrillo portero para cimientos. Ya tiene hecho todo el vaciado del
+edificio... y por poco dinero. Unos carros trabajando a destajo, otros
+de limosna, aquel que ayuda medio día, el otro que va un par de horas,
+ello es que no le sale el metro cúbico ni a cinco reales. Y no sé qué
+tiene esa mujer. Cuando va a examinar las obras, parece que hasta las
+mulas de los carros la conocen y tiran más fuerte para darle gusto...
+Francamente, yo que siempre creí que el tal edificio no era _factible_,
+voy viendo...
+
+«Milagro, milagro» apuntó D. Baldomero en marcha hacia el comedor.
+
+--¿Y tú?--preguntó Juan a su consorte al quedarse solos--. ¿Almuerzas
+aquí o allá?
+
+--¿Quieres que aquí? Almorzaré en las dos partes. Dice tu mamá que te
+estoy mimando mucho.
+
+--Toma, golosa--le dijo él alargándole un pedazo de tortilla en el
+tenedor.
+
+Después de comérselo, la Delfina corrió al comedor. Al poco rato volvió
+riendo.
+
+«Aquí te tengo reservada esta pechuga de calandria. Toma, abre la
+boquita, nena».
+
+La nena cogió el tenedor, y después de comerse la pechuga, volvió a
+reír.
+
+--¡Qué alegre está el tiempo!
+
+--Es que ha llegado el marqués, y desde que se sentó en la mesa
+empezaron Aparisi y él a tirotearse.
+
+--¿Qué han dicho? --Aparisi afirmó que la Monarquía no era _factible_, y
+después largó un _ipso facto_, y otras cosas muy finas.
+
+Juan soltó la carcajada. «El marqués estará furioso».
+
+--Come en silencio, meditando una venganza. Te contaré lo que ocurra.
+¿Quieres pescadilla?, ¿quieres bistec?
+
+--Tráeme lo que quieras con tal que vengas pronto.
+
+Y no tardó en volver, trayendo un plato de pescado.
+
+«Hijo de mi vida, le mató».
+
+--¿Quién?
+
+--El marqués a Aparisi... le dejó en el sitio.
+
+--Cuenta, cuenta. --Pues de primera intención soltole a su enemigo un
+_delirium tremens_ a boca de jarro, y después, sin darle tiempo de
+respirar, un _mane tegel fare_. El otro se ha quedado como atontado por
+el golpe. Veremos con lo que sale.
+
+--¡Qué célebre! Tomaremos café juntos--dijo Santa Cruz--. Vente pronto
+para acá. ¡Qué coloradita estás!
+
+--Es de tanto reírme. --Cuando digo que me estás haciendo tilín...
+
+--Al momento vuelvo... Voy a ver lo que salta por allá. Aparisi está
+indignado con Castelar, y dice que lo que le pasa a Salmerón es porque
+no ha seguido sus consejos...
+
+--¡Los consejos de Aparisi! --Sí, y al marqués lo que le tiene con el
+alma en un hilo es que se levante _la masa obrera_.
+
+Volvió Jacinta al comedor, y el último cuento que trajo fue este:
+
+«Chico, si estás allí te mueres de risa. ¡Pobre Muñoz! El otro se ha
+rehecho y le está soltando unos primores... Figúrate. Ahora está
+contando que ha visto un proyectil de los que tiran los carcas, y el
+fusil Berdan... No dice agujeros, sino _orificios_. Todo se vuelve
+_orificios_, y el marqués no sabe lo que le pasa...».
+
+No pudo seguir, porque entró Muñoz, fumando un gran puro, a saludar al
+enfermo.
+
+«Hola, Juanín... ¿Estamos _exclaustrados_?... ¿Y qué es?... ¿coriza? Eso
+es bueno, y cuando la mucosa necesita eliminar, que elimine... En fin,
+yo me...». Iba a decir _me largo_; pero al ver entrar a Aparisi (tal
+creyeron Jacinta y su marido), dijo: «me ausento».
+
+A eso de las tres, marido y mujer estaban solos en el despacho, él en el
+sillón leyendo periódicos, ella arreglando la habitación que estaba algo
+desordenada. Barbarita había salido a comprar. El criado anunció a un
+hombre que quería hablar con el _señor joven_.
+
+--Ya sabes que no recibe--dijo la señorita, y tomando de manos de Blas
+una tarjeta que este traía leyó: _José Ido del Sagrario, corredor de
+publicaciones nacionales y extranjeras_.
+
+--Que entre, que entre al instante --ordenó Santa Cruz, saltando en su
+asiento--. Es el loco más divertido que puedes imaginar. Verás cómo nos
+reímos... Cuando nos cansemos de oírle, le echamos. ¡Tipo más
+célebre...! Le vi hace días en casa de Pez, y nos hizo morir de risa.
+
+Al poco rato entró en el despacho un hombre muy flaco, de cara enfermiza
+y toda llena de lóbulos y carúnculas, los pelos bermejos y muy tiesos,
+como crines de escobillón, la ropa prehistórica y muy raída, corbata
+roja y deshilachada, las botas muertas de risa. En una mano traía el
+sombrero que era un _claque_ del año en que esta prenda se inventó, el
+primogénito de los _claques _ sin género de duda, y en la otra un lío de
+carteras-prospectos para hacer suscriciones a libros de lujo, las cuales
+estaban tan sobadas, que la mugre no permitía ver los dorados de la
+pasta. Impresionó penosamente a la compasiva Jacinta aquella estampa de
+miseria en traje de persona decente, y más lástima tuvo cuando le vio
+saludar con urbanidad y sin encogimiento, como hombre muy hecho al trato
+social.
+
+«Hola, Sr. de Ido... ¡cuánto gusto de verle!--le dijo Santa Cruz con
+fingida seriedad--. Siéntese, y dígame qué le trae por aquí».
+
+--Con permiso... ¿Quiere usted _Mujeres célebres_?
+
+Jacinta y su marido se miraron. --O _Mujeres de la Biblia_--prosiguió
+Ido, enseñando carteras--. Como el Sr. de Santa Cruz me dijo el otro día
+en casa del Sr. de Pez que deseaba conocer las publicaciones de las
+casas de Barcelona que tengo el honor de representar... ¿O quiere usted
+_Cortesanas célebres, Persecuciones religiosas, Hijos del Trabajo,
+Grandes inventos, Dioses del Paganismo_...?
+
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Basta, basta, no cite usted más obras ni me enseñe más carteras. Ya le
+dije que no me gustan libros por suscrición. Se extravían las entregas,
+y es volverse loco... Prefiero tomar alguna obra completa. Pero no tenga
+prisa. Estará usted cansado de tanto correr por ahí. ¿Quiere tomar una
+copita?
+
+--Muchísimas gracias. Nunca bebo.
+
+--¿No?, pues el otro día, cuando nos vimos en casa de Joaquín, decía
+este que estaba usted algo peneque... se entiende, un poco alegre...
+
+--Perdone usted, Sr. de Santa Cruz --replicó Ido avergonzado--. Yo no me
+embriago; no me he embriagado jamás. Algunas veces, sin saber cómo ni
+por qué, me entra cierta excitación, y me pongo así, nervioso y como
+echando chispas... me pongo eléctrico. ¿Ven ustedes?... ya lo estoy.
+Fíjese usted, Sr. D. Juan, y observe cómo se me mueve el párpado
+izquierdo y el músculo este de la quijada en el mismo lado. ¿Lo ve
+usted...?, ya está la función armada. Francamente, así no se puede
+vivir. Los médicos me dicen que coma carne. Como carne y me pongo peor.
+Ea, ya estoy como un muelle de reloj... Si usted me da su permiso me
+retiro...
+
+--Hombre, no, descanse usted. Eso se le pasará. ¿Quiere usted un vaso de
+agua?
+
+Jacinta sintió que no le dejase marchar, porque la idea de que el hombre
+aquel iba a caer allí con una pataleta le inspiraba repugnancia y miedo.
+Como Juan insistiese en lo del vaso de agua, díjole a su esposa por lo
+bajo: «Este infeliz lo que tiene es hambre».
+
+--A ver, Sr. de Ido--indicó la dama--, ¿se comería usted una chuletita?
+
+Don José respondió tácitamente, con la expresión de una incredulidad
+profunda. Cada vez parecía más extraño su mirar y más acentuado el
+temblor del párpado y la mejilla.
+
+--Perdóneme usted, señora... Como la cabeza se me va, no puedo hacerme
+cargo de nada. Usted ha dicho que si me comería yo una...
+
+--Una chuletita. --Mi cabeza no puede apreciar bien... Padezco de
+olvidos de nombres y cosas. ¿A qué llama usted una chuleta?--añadió
+llevándose la mano a las erizadas crines, por donde se le escapaba la
+memoria y le entraba la electricidad--. ¿Por ventura, lo que usted
+llama... no sé cómo, es un pedazo de carne con un rabito que es de
+hueso?
+
+--Justo. Llamaré para que se la traigan.
+
+--No se moleste, señora. Yo llamaré.
+
+--Que le traigan dos--dijo el señorito gozando con la idea de ver comer
+a un hambriento.
+
+Jacinta salió, y mientras estuvo fuera Ido hablaba de su mala suerte.
+
+«En este país, Sr. D. Juanito, no se protege a las letras. Yo que he
+sido profesor de primera enseñanza, yo que he escrito obras de amena
+literatura tengo que dedicarme a correr publicaciones para llevar un
+pedazo de pan a mis hijos... Todos me lo dicen: si yo hubiera nacido en
+Francia, ya tendría _hotel_...».
+
+--Eso es indudable. ¿No ve usted que aquí no hay quien lea, y los pocos
+que leen no tienen dinero?...
+
+--Naturalmente--decía Ido a cada instante, echando ansiosas miradas en
+redondo por ver si aparecía la chuleta.
+
+Jacinta entró con un plato en la mano. Tras ella vino Blas con el mismo
+velador en que había almorzado el señorito, un cubierto, servilleta,
+panecillo, copa y botella de vino. Miró estas cosas Ido con estupor
+famélico, no bien disimulado por la cortesía, y le entró una risa
+nerviosa, señal de hallarse próximo a la plenitud de aquel estado que
+llamaba eléctrico. La Delfina se volvió a sentar junto a su marido y
+miraba entre espantada y compasiva al desgraciado D. José. Este dejó en
+el suelo las carteras y el _claque_, que no se cerraba nunca, y cayó
+sobre las chuletas como un tigre... Entre los mascullones salían de su
+boca palabras y frases desordenadas: «Agradecidísimo... Francamente,
+habría sido falta de educación desairar... No es que tenga apetito,
+naturalmente... He almorzado fuerte... ¿pero cómo desairar?
+Agradecidísimo...».
+
+--Observo una cosa, querido D. José--dijo Santa Cruz.
+
+--¿Qué? --Que no masca usted lo que come. --¡Oh!, ¿le interesa a usted
+que masque?
+
+--No, a mí no. --Es que no tengo muelas... Como como los pavos.
+Naturalmente... así me sienta mejor.
+
+--¿Y no bebe usted? --Media copita nada más... El vino no me hace
+provecho; pero muy agradecido, muy agradecido...--y a medida que iba
+comiendo, le bailaban más el párpado y el músculo, que parecían ya
+completamente declarados en huelga. Notábase en sus brazos y cuerpo
+estremecimientos muy bruscos, como si le estuvieran haciendo cosquillas.
+
+«Aquí donde le ves--dijo Santa Cruz--, se tiene una de las mujeres más
+guapas de Madrid».
+
+Hizo un signo a Jacinta que quería decir: «Espérate, que ahora viene lo
+bueno».
+
+--¿Es de veras? --Sí. No se la merece. Ya ves que él es feo adrede.
+
+--Mi mujer... Nicanora... --murmuró Ido sordamente, ya en el último
+bocado--, la Venus de Médicis... carnes de raso...
+
+--¡Tengo unas ganas de conocer a esa célebre hermosura...!--afirmó Juan.
+
+Don José no había dejado nada en el plato más que el hueso. Después
+exhaló un hondísimo suspiro, y llevándose la mano al pecho, dejó escapar
+con bronca voz estas palabras:
+
+--La hermosura exterior nada más... sepulcro blanqueado... corazón lleno
+de víboras.
+
+Su mirada infundió tanto terror a Jacinta, que dijo por señas a su
+marido que le dejara salir. Pero el otro, queriendo divertirse un rato,
+hostigó la demencia de aquel pobre hombre para que saltara.
+
+«Venga acá, querido D. José. ¿Qué tiene usted que decir de su esposa, si
+es una santa?».
+
+--¡Una santa!, ¡una santa! --repitió Ido, con la barba pegada al pecho y
+echando al Delfín una mirada que en otra cara habría sido feroz--. Muy
+bien, señor mío. ¿Y usted en qué se funda para asegurarlo sin pruebas?
+
+--La voz pública lo dice. --Pues la voz pública se engaña--gritó Ido
+alargando el cuello y accionando con energía--. La voz pública no sabe
+lo que se pesca.
+
+--Pero cálmese usted, pobre hombre--se atrevió a expresar Jacinta--. A
+nosotros no nos importa que su mujer de usted sea lo que quiera.
+
+--¡Que no les importa!... --replicó Ido con entonación trágica de actor
+de la legua--. Ya sé que estas cosas a nadie le importan más que a mí,
+al esposo ultrajado, al hombre que sabe poner su honor por encima de
+todas las cosas.
+
+--Es claro que a él le importa principalmente--dijo Santa Cruz
+hostigándole más--. Y que tiene el genio blando este señor Ido.
+
+--Y para que usted, señora --añadió el desgraciado mirando a Jacinta de
+un modo que la hizo estremecer--, pueda apreciar la justa indignación de
+un hombre de honor, sepa que mi esposa es... ¡adúuultera!
+
+Dijo esta palabra con un alarido espantoso, levantándose del asiento y
+extendiendo ambos brazos como suelen hacer los bajos de ópera cuando
+echan una maldición. Jacinta se llevó las manos a la cabeza. Ya no podía
+resistir más aquel desagradable espectáculo. Llamó al criado para que
+acompañara al desventurado corredor de obras literarias. Pero Juan,
+queriendo divertirse más, procuraba calmarle.
+
+«Siéntese, Sr. D. José, y no se excite tanto. Hay que llevar estas cosas
+con paciencia».
+
+--¡Con paciencia, con paciencia! --exclamó Ido, que en su estado
+eléctrico repetía siempre la última frase que se le decía, como si la
+mascase, a pesar de no tener muelas.
+
+--Sí, hombre; estos tragos no hay más remedio que irlos pasando. Amargan
+un poco; pero al fin el hombre, como dijo el otro, se va _jaciendo_.
+
+--¡Se va _jaciendo_! ¿Y el honor, señor de Santa Cruz?...
+
+Y otra vez hincaba la barba en el pecho, mirando con los ojos medio
+escondidos en el casco, y cerrándolos de súbito, como los toros que
+bajan el testuz para acometer. Las carúnculas del cuello se le
+inyectaban de tal modo, que casi eclipsaban el rojo de la corbata.
+Parecía un pavo cuando la excitación de la pelea con otro pavo le
+convierte en animal feroz.
+
+--El honor--expresó Juan--. ¡Bah!, el honor es un sentimiento
+convencional...
+
+Ido se acercó paso a paso a Santa Cruz y le tocó en el hombro muy
+suavemente, clavándole sus ojos de pavo espantado. Después de una larga
+pausa, durante la cual Jacinta se pegó a su marido como para defenderle
+de una agresión, el infeliz dijo esto, empezando muy bajito como si
+secreteara, y elevando gradualmente la voz hasta terminar de una manera
+estentórea: «Y si usted descubre que su mujer, la Venus de Médicis, la
+de las carnes de raso, la del cuello de cisne, la de los ojos cual
+estrellas... si usted descubre que esa divinidad, a quien usted ama con
+frenesí, esa dama que fue tan pura; si usted descubre, repito, que falta
+a sus deberes y acude a misteriosas citas con un duque, con un grande de
+España, sí señor, con el mismísimo duque de Tal».
+
+--Hombre, eso es muy grave, pero muy grave--afirmó Juan, poniéndose más
+serio que un juez--. ¿Está usted seguro de lo que dice?
+
+--¡Que si estoy seguro!... Lo he visto, lo he visto.
+
+Pronunció esto con oprimido acento, como quien va a romper en llanto.
+
+--Y usted, Sr. D. José de mi alma--dijo Santa Cruz fingiéndose, no ya
+serio sino consternado--, ¿qué hace que no pide una satisfacción al
+duque?
+
+--¡Duelos... duelitos a mí!--replicó Ido con sarcasmo--. Eso es para los
+tontos. Esas cosas se arreglan de otro modo.
+
+Y vuelta a empezar bajito, para concluir a gritos:
+
+«Yo haré justicia, se lo juro a usted... Espero cogerlos _in fraganti_
+otra vez, _in fraganti_, Sr. D. Juan. Entonces aparecerán los dos
+cadáveres atravesados por una sola espada... Esta es la venganza, esta
+es la ley... por una sola espada... Y me quedaré tan fresco, como si tal
+cosa. Y podré salir por ahí mostrando mis manos manchadas con la sangre
+de los adúlteros y decir a gritos: 'Aprended de mí, maridos, a defender
+vuestro honor. Ved estas manos justicieras, vedlas y besadlas...'. Y
+vendrán todos... toditos a besarme las manos. Y será un besamanos,
+porque hay tantos, tantísimos...».
+
+Al llegar a este grado de su lastimoso acceso, el infeliz Ido ya no
+tenía atadero. Gesticulaba en medio de la habitación, iba de un lado
+para otro, parábase delante de los esposos sin ninguna muestra de
+respeto, daba rápidas vueltas sobre un tacón y tenía todas las trazas
+de un hombre completamente irresponsable de lo que dice y hace. El
+criado estaba en la puerta riendo, esperando que sus amos le mandasen
+poner a aquel adefesio en la calle. Por fin, Juan hizo una seña a Blas;
+y a su mujer le dijo por lo bajo: «dale un par de duros». Dejose
+conducir hasta la puerta el pobre D. José sin decir una palabra, ni
+despedirse. Blas le puso en la cabeza el primogénito de todos los
+_claques_, en una mano las mugrientas carteras, en otra los dos duros
+que para el caso le dio la señorita; la puerta se cerró y oyose el
+pesado, inseguro paso del hombre eléctrico por las escaleras abajo.
+
+--A mí no me divierte esto --opinó Jacinta--. Me da miedo. ¡Pobre
+hombre! La miseria, el no comer le habrán puesto así.
+
+--Es lo más inofensivo que te puedes figurar. Siempre que va a casa de
+Joaquín, le pinchamos para que hable de la adúuultera. Su demencia es
+que su mujer se la pega con un grande de España. Fuera de eso, es
+razonable y muy veraz en cuanto habla. ¿De qué provendrá esto, Dios mío?
+Lo que tú dices, el no comer. Este hombre ha sido también autor de
+novelas, y de escribir tanto adulterio, no comiendo más que judías, se
+le reblandeció el cerebro.
+
+Y no se habló más del loco. Por la noche fue Guillermina, y Jacinta, que
+conservaba la mugrienta tarjeta con las señas de Ido, se la dio a su
+amiga para que en sus excursiones le socorriese. En efecto, la familia
+del corredor de obras (Mira el Río 12), merecía que alguien se
+interesara por ella. Guillermina conocía la casa y tenía en ella muchos
+parroquianos. Después de visitarla, hizo a su amiguita una pintura muy
+patética de la miseria que en la madriguera de los Idos reinaba. La
+esposa era una infeliz mujer, mártir del trabajo y de la inanición,
+humilde, estropeadísima, fea de encargo, mal pergeñada. Él ganaba poco,
+casi nada. Vivía la familia de lo que ganaban el hijo mayor, cajista, y
+la hija, polluela de buen ver que aprendía para peinadora.
+
+Una mañana, dos días después de la visita de Ido, Blas avisó que en el
+recibimiento estaba el hombre aquel de los pelos tiesos. Quería hablar
+con la señorita. Venía muy pacífico. Jacinta fue allí, y antes de llegar
+ya estaba abriendo su portamonedas.
+
+--Señora--le dijo Ido al tomar lo que se le daba--, estoy agradecidísimo
+a sus bondades; pero ¡ay!, la señora no sabe que estoy desnudo... quiero
+decir, que esta ropa que llevo se me está deshaciendo sobre las
+carnes... Y naturalmente, si la señora tuviera unos pantaloncitos
+desechados del señor D. Juan...
+
+--¡Ah! Sí... buscaré. Vuelva usted.
+
+--Porque la señora doña Guillermina, que es tan buena, nos socorrió con
+bonos de carne y pan, y a Nicanora le dio una manta, que nos viene como
+bendición de Dios, porque en la cama nos abrigábamos con toda mi ropa y
+la suya puesta sobre las sábanas...
+
+--Descuide usted, Sr. del Sagrario; yo le procuraré alguna prenda en
+buen uso. Tiene usted la misma estatura de mi marido.
+
+--Y a mucha honra... Agradecidísimo, señora; pero créame la señora, se
+lo digo con la mano puesta en el corazón: más me convendría ropa de
+niños que ropa de hombre, porque no me importa estar desnudo con tal que
+mis chicos estén vestidos. No tengo más que una camisa, que Nicanora,
+naturalmente, me lava ciertas y determinadas noches mientras duermo,
+para ponérmela por la mañana... pero no me importa. Anden mis niños
+abrigados, y a mí que me parta una pulmonía.
+
+--Yo no tengo niños--dijo la dama con tanta pena como el otro al decir
+«no tengo camisa».
+
+Maravillábase Jacinta de lo muy razonable que estaba el corredor de
+obras. No advirtió en él ningún indicio de las extravagancias de marras.
+
+«La señora no tiene hijos... ¡Qué lástima!--exclamó Ido--. Dios no sabe
+lo que se hace... Y yo pregunto: si la señora no tiene niños, ¿para
+quién son los niños? Lo que yo digo... ese señor Dios será todo lo sabio
+que quieran; pero yo no le paso ciertas cosas».
+
+Esto le pareció a la Delfina tan discreto, que creyó tener delante al
+primer filósofo del mundo; y le dio más limosna.
+
+«Yo no tengo niños --repitió--, pero ahora me acuerdo. Mis hermanas los
+tienen...».
+
+--Mil y mil cuatrillones de gracias, señora. Algunas prendas de abrigo,
+como las que repartió el otro día doña Guillermina a los chicos de mis
+vecinos, no nos vendrían mal.
+
+--¿Doña Guillermina repartió a los vecinos y a usted no?... ¡Ah!,
+descuide usted; ya le echaré yo un buen réspice.
+
+Alentado por esta prueba de benevolencia, Ido empezó a tomar confianza.
+Avanzó algunos pasos dentro del recibimiento, y bajando la voz dijo a la
+señorita:
+
+«Repartió doña Guillermina unos capuchoncitos de lana, medias y otras
+cosas; pero no nos tocó nada. Lo mejor fue para los hijos de la señá
+Joaquina y para el _Pitusín_, el niño ese... ¿no sabe la señora?, ese
+chiquillín que tiene consigo mi vecino Pepe Izquierdo... un hombre de
+bien, tan desgraciado como yo... No le quiero quitar al _Pitusín_ la
+preferencia. Comprendo que lo mejor debe caerle a él por ser de la
+familia.
+
+--¿Qué dice usted, hombre? ¿De quién habla usted?--indicó Jacinta
+sospechando que Ido se electrizaba. Y en efecto, creyó notar síntomas de
+temblor en el párpado.
+
+«El _Pitusín_--prosiguió Ido tomándose más confianza y bajando más la
+voz--, es un nene de tres años, muy mono por cierto, hijo de una tal
+Fortunata, mala mujer, señora, muy mala... Yo la vi una vez, una vez
+sola. Guapetona; pero muy loca. Mi vecino me ha enterado de todo...
+
+Pues como decía, el pobre _Pitusín_ es muy salado... ¡más listo que
+Cachucha y más malo...! Trae al retortero a toda la vecindad. Yo le
+quiero como a mis hijos. El señor Pepe le recogió no sé dónde, porque su
+madre le quería tirar...».
+
+Jacinta estaba aturdidísima, como si hubiera recibido un fuerte golpe en
+la cabeza. Oía las palabras de Ido sin acertar a hacerle preguntas
+terminantes. ¡Fortunata, el _Pitusín_!... ¿No sería esto una nueva
+extravagancia de aquel cerebro novelador?
+
+«Pero, vamos a ver...--dijo la señorita al fin, comenzando a
+serenarse--. Todo eso que usted me cuenta, ¿es verdad o es locura de
+usted?... Porque a mí me han dicho que usted ha escrito novelas, y que
+por escribirlas comiendo mal, ha perdido la chaveta».
+
+--Yo le juro a la señora que lo que le he dicho es el Santísimo
+Evangelio--replicó Ido poniéndose la mano sobre el pecho--. José
+Izquierdo es persona formal. No sé si la señora lo conocerá. Tuvo
+platería en la Concepción Jerónima, un gran establecimiento...
+especialidad en regalos para amas... No sé si fue allí donde nació el
+_Pitusín_; lo que sí sé es que, naturalmente, es hijo de su esposo de
+usted, el señor D. Juanito de Santa Cruz.
+
+--Usted está loco --exclamó la dama con arranque de enojo y despecho--.
+Usted es un embustero... Márchese usted.
+
+Empujole hacia la puerta mirando a todos lados por si había en el
+recibimiento o en los pasillos alguien que tales despropósitos oyera. No
+había nadie. D. José se deshizo en reverencias; pero no se turbó porque
+le llamaran loco.
+
+«Si la señora no me cree --se limitó a decir--, puede enterarse en la
+vecindad...».
+
+Jacinta le retuvo entonces. Quería que hablase más.
+
+«Dice usted que ese José Izquierdo... Pero no quiero saber nada. Váyase
+usted».
+
+Ido había traspasado el hueco de la puerta, y Jacinta cerró de golpe, a
+punto que él abría la boca para añadir quizás algún pormenor interesante
+a sus revelaciones. Tuvo la dama intenciones de llamarle. Figurábase que
+al través de la madera, cual si esta fuera un cristal, veía el párpado
+tembloroso de Ido y su cara de pavo, que ya le era odiosa como la de un
+animal dañino. «No, no abro... --pensó--. Es una serpiente... ¡Qué
+hombre! Se finge el loco para que le tengan lástima y le den dinero».
+Cuando le oyó bajar las escaleras volvió a sentir deseos de más
+explicaciones. En aquel mismo instante subían Barbarita y Estupiñá
+cargados de paquetes de compras. Jacinta les vio por el ventanillo y
+huyó despavorida hacia el interior de la casa, temerosa de que le
+conocieran en la cara el desquiciamiento que aquel condenado hombre
+había producido en su alma.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+¡Cómo estuvo aquel día la pobrecita! No se enteraba de lo que le decían,
+no veía ni oía nada. Era como una ceguera y sordera moral, casi física.
+La culebra que se le había enroscado dentro, desde el pecho al cerebro,
+le comía todos los pensamientos y las sensaciones todas, y casi le
+estorbaba la vida exterior. Quería llorar; ¿pero qué diría la familia al
+verla hecha un mar de lágrimas? Habría que decir el motivo... Las
+reacciones fuertes y pasajeras de toda pena no le faltaban, y cuando
+aquella marca de consuelo venía, sentía breve alivio. ¡Si todo era un
+embuste, si aquel hombre estaba loco...! Era autor de novelas de brocha
+gorda y no pudiendo ya escribirlas para el público, intentaba llevar a
+la vida real los productos de su imaginación llena de tuberculosis. Sí,
+sí, sí: no podía ser otra cosa: tisis de la fantasía. Sólo en las
+novelas malas se ven esos hijos de sorpresa que salen cuando hace falta
+para complicar el argumento. Pero si lo revelado podía ser una papa,
+también podía no serlo, y he aquí concluida la reacción de alivio. La
+culebra entonces, en vez de desenroscarse, apretaba más sus duros
+anillos.
+
+Aquel día, el demonio lo hizo, estaba Juan mucho peor de su catarro. Era
+el enfermo más impertinente y dengoso que se pudiera imaginar. Pretendía
+que su mujer no se apartara de él, y notando en ella una tristeza que no
+le era habitual, decíale con enojo: «¿Pero qué tienes, qué te pasa,
+hija? Vaya, pues me gusta... Estoy yo aquí hecho una plasta, aburrido y
+pasando las de Caín, y te me vienes tú ahora con esa cara de juez.
+Ríete, por amor de Dios». Y Jacinta era tan buena, que al fin hacía un
+esfuerzo para aparecer contenta. El Delfín no tenía paciencia para
+soportar las molestias de un simple catarro, y se desesperaba cuando le
+venía uno de esos rosarios de estornudos que no se acaban nunca.
+Empeñábase en despejar su cabeza de la pesada fluxión sonándose con
+estrépito y cólera.
+
+«Ten paciencia, hijo--le decía su madre--. Si fuera una enfermedad
+grave, ¿qué harías?».
+
+--Pues pegarme un tiro, mamá. Yo no puedo aguantar esto. Mientras más me
+sueno, más abrumada tengo la cabeza. Estoy harto de beber aguas.
+¡Demonio con las aguas! No quiero más brebajes. Tengo el estómago como
+una charca. ¡Y me dicen que tenga paciencia! Cualquier día tengo yo
+paciencia. Mañana me echo a la calle.
+
+--Falta que te dejemos. --Al menos ríanse, cuéntenme algo,
+distráiganme. Jacinta, siéntate a mi lado. Mírame.
+
+--Si ya te estoy mirando. Estás muy guapito con tu pañuelo liado en la
+cabeza, la nariz colorada, los ojos como tomates...
+
+--Búrlate; mejor. Eso me gusta... Ya te daría yo mi constipado. No, si
+no quiero más caramelos. Con tus caramelos me has puesto el cuerpo como
+una confitería. Mamá...
+
+--¿Qué? --¿Estaré bueno mañana? Por Dios, tengan compasión de mí,
+háganme llevadera esta vida. Estoy en un potro. Me carga el sudar. Si me
+desabrigo, toso; si me abrigo, echo el quilo... Mamá, Jacinta,
+distraedme; tráiganme a Estupiñá para reírme un rato con él.
+
+Jacinta, al quedarse otra vez sola con su marido, volvió a sus
+pensamientos. Le miró por detrás de la butaca en que sentado estaba.
+«¡Ah, cómo me has engañado!...». Porque empezaba a creer que el loco,
+con serlo tan rematado, había dicho verdades. Las inequívocas
+adivinaciones del corazón humano decíanle que la desagradable historia
+del _Pitusín_ era cierta. Hay cosas que forzosamente son ciertas, sobre
+todo siendo cosas malas. ¡Entrole de improviso a la pobrecita esposa una
+rabia...! Era como la cólera de las palomas cuando se ponen a pelear.
+Viendo muy cerca de sí la cabeza de su marido, sintió deseos de tirarle
+del cabello que por entre las vueltas del pañuelo de seda salía. «¡Qué
+rabia tengo! --pensó Jacinta apretando sus bonitísimos dientes--, por
+haberme ocultado una cosa tan grave... ¡Tener un hijo y abandonarlo
+así!»... Se cegó; vio todo negro. Parecía que le entraban convulsiones.
+Aquel _Pitusín_ desconocido y misterioso, aquella hechura de su marido,
+sin que fuese, como debía, hechura suya también, era la verdadera
+culebra que se enroscaba en su interior... «¿Pero qué culpa tiene el
+pobre niño...? --pensó después transformándose por la piedad--. ¡Este,
+este tunante...!». Miraba la cabeza, ¡y qué ganas tenía de arrancarle
+una mecha de pelo, de pegarle un coscorrón!... ¿Quién dice uno?... dos,
+tres, cuatro coscorrones muy fuertes para que aprendiera a no engañar a
+las personas.
+
+«Pero mujer, ¿qué haces ahí detrás de mí?--murmuró él sin volver la
+cabeza--. Lo que digo, hoy parece que estás lela. Ven acá, hija».
+
+--¿Qué quieres? --Niña de mi vida, hazme un favorcito.
+
+Con aquellas ternuras se le pasó a la Delfina todo su furor de
+coscorrones. Aflojó los dientes y dio la vuelta hasta ponérsele delante.
+
+«Hazme el favorcito de ponerme otra manta. Creo que me he enfriado
+algo».
+
+Jacinta fue a buscar la manta. Por el camino decía: «En Sevilla me contó
+que había hecho diligencias por socorrerla. Quiso verla y no pudo. Murió
+mamá, pasó tiempo; no supo más de ella... Como Dios es mi padre, yo he
+de saber lo que hay de verdad en esto, y si... (se ahogaba al llegar a
+esta parte de su pensamiento) si es verdad que los hijos que no le nacen
+en mí le nacen en otra...».
+
+Al ponerle la manta le dijo: «Abrígate bien, infame»; y a Juanito no se
+le ocultó la seriedad con que lo decía. Al poco rato volvió a tomar el
+acento mimoso:
+
+«Jacintilla, niña de mi corazón, ángel de mi vida, llégate acá. Ya no
+haces caso del sinvergüenza de tu maridillo».
+
+--Celebro que te conozcas. ¿Qué quieres?
+
+--Que me quieras y me hagas muchos mimos. Yo soy así. Reconozco que no
+se me puede aguantar. Mira, tráeme agua azucarada... templadita, ¿sabes?
+Tengo sed.
+
+Al darle el agua, Jacinta le tocó la frente y las manos.
+
+«¿Crees que tengo calentura?».
+
+--De pollo asado. No tienes más que impertinencias. Eres peor que los
+chiquillos.
+
+--Mira, hijita, cordera; cuando venga _La Correspondencia_, me la
+leerás. Tengo ganas de saber cómo se desenvuelve Salmerón. Luego me
+leerás _La Época_. ¡Qué buena eres! Te estoy mirando y me parece mentira
+que tenga yo por mujer a un serafín como tú. Y que no hay quien me quite
+esta ganga... ¡Qué sería de mí sin ti... enfermo, postrado...!
+
+--¡Vaya una enfermedad! Sí; lo que es por quejarte no quedará...
+
+Doña Bárbara entró diciendo con autoridad: «A la cama, niño, a la cama.
+Ya es de noche y te enfriarás en ese sillón».
+
+--Bueno, mamá; a la cama me voy. Si yo no chisto, si no hago más que
+obedecer a mis tiranas... Si soy una malva. Blas, Blas..., ¿pero dónde
+se mete este condenado hombre?
+
+María Santísima, lo que bregaron para acostarle. La suerte de ellas era
+que lo tomaban a broma. «Jacinta, ponme un pañuelo de seda en la
+garganta... Chica, no aprietes tanto que me ahogas... Quita, quita, tú
+no sabes. Mamá, ponme tú el pañuelo... No, quitádmelo; ninguna de las
+dos sabe liar un pañuelo. ¡Pero qué gente más inútil!».
+
+Pasa un ratito. «Mamá, ¿ha venido _La Correspondencia_?».
+
+--No, hijo. No te desabrigues. Mete estos brazos. Jacinta, cúbrele los
+brazos.
+
+--Bueno, bueno, ya están metidos los brazos. ¿Los meto más? Eso es, se
+empeñan en que me ahogue. Me han puesto un baúl mundo encima. Jacinta,
+quita _jierro_, que el peso me agobia... Pero, chica, no tanto; sube más
+arribita el edredón... tengo el pescuezo helado. Mamá... lo que digo,
+hacen las cosas de mala gana. Así no me pongo nunca bueno. Y ahora se
+van a comer. ¿Y me voy a quedar solo con Blas?
+
+--No, tonto, Jacinta comerá aquí contigo.
+
+Mientras su mujer comía, ni un momento dejó de importunarla: «Tú no
+comes, tú estás desganada; a ti te pasa algo; tú disimulas algo... A mí
+no me la das tú. Francamente, nunca está uno tranquilo... pensando
+siempre si te nos pondrás mala. Pues es preciso comer; haz un
+esfuerzo... ¿Es que no comes para hacerme rabiar?... Ven acá, tontuela,
+echa la cabecita aquí. Si no me enfado, si te quiero más que a mi vida,
+si por verte contenta, firmaba yo ahora un contrato de catarro
+vitalicio... Dame un poquito de esa camuesa... ¡Qué buena está! Déjame
+que te chupe el dedo...».
+
+Iban llegando los amigos de la casa que solían ir algunas noches.
+
+«Mamá, por las llagas y por todos los clavos de Cristo, no me traigas
+acá a Aparisi... Ahora le da porque todo ha de ser _obvio... obvio_ por
+arriba, _obvio_ por abajo. Si me le traes le echo a cajas destempladas».
+
+--Vaya, no digas tonterías. Puede que entre a saludarte; pero saldrá en
+seguida. ¿Quién ha entrado ahora?... ¡Ah!, me parece que es Guillermina.
+
+--Tampoco la quiero ver. Me va a aburrir con su edificio. ¡Valiente
+chifladura! Esa mujer está loca. Anoche me dio la gran jaqueca, con que
+si sacó las maderas de _seis_ a treinta y ocho reales, y las _carreras
+de pie y cuarto _ a diez y seis reales pie. Me armó un triquitraque de
+pies que me dejó la cabeza pateada. No me la entren aquí. No me importa
+saber a cómo valen el ladrillo pintón y las alfargías... Mamá, ponte de
+centinela y aquí no me entra más que Estupiñá. Que venga Placidito, para
+que me cuente sus glorias, cuando iba al portillo de Gilimón a meter
+contrabando, y a la bóveda de San Ginés a abrirse las carnes con el
+zurriago... Que venga para decirle: «lorito, daca la pata».
+
+--¡Pero, qué impertinente! Ya sabes que el pobre Plácido se acuesta
+entre nueve y diez. Tiene que estar en planta a las cinco de la mañana.
+Como que va a despertar al sacristán de San Ginés, que tiene un sueño
+muy pesado.
+
+--Y porque el sacristán de San Ginés sea un dormilón, ¿me he de
+fastidiar yo? Que entre Estupiñá y me dé tertulia. Es la única persona
+que me divierte.
+
+--Hijo, por amor de Dios, mete esos brazos.
+
+--Ea, pues si no viene Rossini, no los meto y saco todo el cuerpo fuera.
+
+Y entraba Plácido y le contaba mil cosas divertidas, que siento no
+poder reproducir aquí. No contento con esto, quería divertirse a costa
+de él, y recordando un pasaje de la vida de Estupiñá que le habían
+contado, decíale:
+
+«A ver, Plácido, cuéntanos aquel lance tuyo cuando te arrodillaste
+delante del sereno, creyendo que era el Viático...».
+
+Al oír esto, el bondadoso y parlanchín anciano se desconcertaba.
+Respondía torpemente, balbuciendo negativas y «¿quién te ha contado esa
+paparrucha?». A lo mejor, saltaba Juan con esto: «¿Pero di, Plácido, tú
+no has tenido nunca novia?».
+
+--Vaya, vaya, este Juanito --decía Estupiñá levantándose para
+marcharse--, tiene hoy ganas de comedia.
+
+Barbarita, que tanto apreciaba a su buen amigo, estaba, como suele
+decirse, al quite de estas bromas que tanto le molestaban. «Hijo, no te
+pongas tan pesado... deja marchar a Plácido. Tú, como te estás durmiendo
+hasta las once de la mañana, no te acuerdas del que madruga».
+
+Jacinta, entre tanto, había salido un rato de la alcoba. En el salón vio
+a varias personas, Casa-Muñoz, Ramón Villuendas, D. Valeriano
+Ruiz-Ochoa y alguien más, hablando de política con tal expresión de
+terror, que más bien parecían conspiradores. En el gabinete de Barbarita
+y en el rincón de costumbre halló a Guillermina haciendo obra de media
+con hilo crudo. En el ratito que estuvo sola con ella, la enteró del
+plan que tenía para la mañana siguiente. Irían juntas a la calle de Mira
+el Río, porque Jacinta tenía un interés particular en socorrer a la
+familia de aquel pasmarote que hace las suscriciones. «Ya le contaré a
+usted; tenemos que hablar largo». Ambas estuvieron de cuchicheo un buen
+cuarto de hora, hasta que vieron aparecer a Barbarita.
+
+«Hija, por Dios, ve allá. Hace un rato que te está llamando. No te
+separes de él. Hay que tratarle como a los chiquillos».
+
+«Pero mujer, te marchas y me dejas así... ¡qué alma tienes!--gritó el
+Delfín cuando vio entrar a su esposa--. Vaya una manera de cuidarle a
+uno. Nada... Lo mismo que a un perro».
+
+--Hijo de mi alma, si te dejé con Plácido y tu mamá... Perdóname, ya
+estoy aquí.
+
+Jacinta parecía alegre, Dios sabría por qué... Inclinose sobre el lecho
+y empezó a hacerle mimos a su marido, como podría hacérselos a un niño
+de tres años.
+
+--¡Ay, qué mañosito se me ha vuelto este nene!... Le voy a dar azotes...
+Toma, este por tu mamá, este por tu papá y este grande... por tu
+parienta...
+
+--¡Rica! --Si no me quieres nada. --Anda, zalamera... quien no me
+quiere nada eres tú.
+
+--Nada en gracia de Dios. --¿Cuánto me quieres?
+
+--Tanto así. --Es poco. --Pues como de aquí a la Cibeles... no al
+Cielo... ¿Estás satisfecho?
+
+--_Chí_.
+
+Jacinta se puso seria. «Arréglame esta almohada».
+
+--¿Así? --No, más alta. --¿Estás bien? --No, más bajita... Magnífico.
+Ahora, ráscame aquí, en la paletilla.
+
+--¿Aquí? --Más abajito... más arribita... ahí... fuerte... ¡Ay, niña de
+mi vida, eres la gloria eterna!... ¡Qué dicha la mía en poseerte!...
+
+«Cuando estás malo es cuando me dices esas cosas... Ya me las pagarás
+todas juntas».
+
+--Sí, soy un pillo... Pégame.
+
+--Toma, toma. --Cómeme... --Sí, que te como, y te arranco un bocado...
+
+--¡Ay! ¡ay!, no tanto, caramba. ¡Si alguien nos viera!...
+
+--Creería que nos habíamos vuelto tontos rematados--observó Jacinta
+riéndose con cierta melancolía.
+
+--Estas simplezas no son para que las vea nadie...
+
+--¿Cierras los ojos? Duérmete, a... rorró...
+
+--Eso es, quieres que me duerma para echar a correr a darle cuerda a esa
+maniática de Guillermina. Tú eres responsable de que se chifle por
+completo, porque le fomentas el tema del edificio... Ya estás deseando
+que cierre yo los ojos para irte. Más que estar conmigo te gusta el
+palique. ¿Sabes lo que te digo? Que si me duermo, te tienes que estar
+aquí, de centinela, para cuidar de que no me destape.
+
+--Bueno, hombre, bueno; me estaré.
+
+Quedose aletargado; pero en seguida abrió los ojos, y lo primero que
+vieron fue los de Jacinta, fijos en él con atención amante. Cuando se
+durmió de veras, la centinela abandonó su puesto para correr al lado de
+Guillermina con quien tenía pendiente una interesantísima conferencia.
+
+
+
+
+-IX-
+
+Una visita al Cuarto Estado
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Al día siguiente, el Delfín estaba poco más o menos lo mismo. Por la
+mañana, mientras Barbarita y Plácido andaban por esas calles de tienda
+en tienda, entregados al deleite de las compras precursoras de Navidad,
+Jacinta salió acompañada de Guillermina. Había dejado a su esposo con
+Villalonga, después de enjaretarle la mentirilla de que iba a la Virgen
+de la Paloma a oír una misa que había prometido. El atavío de las dos
+damas era tan distinto, que parecían ama y criada. Jacinta se puso su
+abrigo, sayo o _pardessus_ color de pasa, y Guillermina llevaba el traje
+modestísimo de costumbre.
+
+Iba Jacinta tan pensativa, que la bulla de la calle de Toledo no la
+distrajo de la atención que a su propio interior prestaba. Los puestos a
+medio armar en toda la acera desde los portales a San Isidro, las
+baratijas, las panderetas, la loza ordinaria, las puntillas, el cobre de
+Alcaraz y los veinte mil cachivaches que aparecían dentro de aquellos
+nichos de mal clavadas tablas y de lienzos peor dispuestos, pasaban ante
+su vista sin determinar una apreciación exacta de lo que eran. Recibía
+tan sólo la imagen borrosa de los objetivos diversos que iban pasando, y
+lo digo así, porque era como si ella estuviese parada y la pintoresca
+vía se corriese delante de ella como un telón. En aquel telón había
+racimos de dátiles colgados de una percha; puntillas blancas que caían
+de un palo largo, en ondas, como los vástagos de una trepadora, pelmazos
+de higos pasados, en bloques, turrón en trozos como sillares que
+parecían acabados de traer de una cantera; aceitunas en barriles
+rezumados; una mujer puesta sobre una silla y delante de una jaula,
+mostrando dos pajarillos amaestrados, y luego montones de oro, naranjas
+en seretas o hacinadas en el arroyo. El suelo intransitable ponía
+obstáculos sin fin, pilas de cántaros y vasijas, ante los pies del
+gentío presuroso, y la vibración de los adoquines al paso de los carros
+parecía hacer bailar a personas y cacharros. Hombres con sartas de
+pañuelos de diferentes colores se ponían delante del transeúnte como si
+fueran a capearlo. Mujeres chillonas taladraban el oído con pregones
+enfáticos, acosando al público y poniéndole en la alternativa de comprar
+o morir. Jacinta veía las piezas de tela desenvueltas en ondas a lo
+largo de todas las paredes, percales azules, rojos y verdes, tendidos de
+puerta en puerta, y su mareada vista le exageraba las curvas de aquellas
+rúbricas de trapo. De ellas colgaban, prendidas con alfileres, toquillas
+de los colores vivos y elementales que agradan a los salvajes. En
+algunos huecos brillaba el naranjado que chilla como los ejes sin grasa;
+el bermellón nativo, que parece rasguñar los ojos; el carmín, que tiene
+la acidez del vinagre; el cobalto, que infunde ideas de envenenamiento;
+el verde de panza de lagarto, y ese amarillo tila, que tiene cierto aire
+de poesía mezclado con la tisis, como en la _Traviatta_. Las bocas de
+las tiendas, abiertas entre tanto colgajo, dejaban ver el interior de
+ellas tan abigarrado como la parte externa, los horteras de bruces en el
+mostrador, o vareando telas, o charlando. Algunos braceaban, como si
+nadasen en un mar de pañuelos. El sentimiento pintoresco de aquellos
+tenderos se revela en todo. Si hay una columna en la tienda la revisten
+de corsés encarnados, negros y blancos, y con los refajos hacen
+graciosas combinaciones decorativas.
+
+Dio Jacinta de cara a diferentes personas muy ceremoniosas. Eran
+maniquís vestidos de señora con tremendos _polisones_, o de caballero
+con terno completo de lanilla. Después gorras muchas gorras, posadas y
+alineadas en percheros del largo de toda una casa; chaquetas ahuecadas
+con un palo, zamarras y otras prendas que algo, sí, algo tenían de seres
+humanos sin piernas ni cabeza. Jacinta, al fin, no miraba nada;
+únicamente se fijó en unos hombres amarillos, completamente amarillos,
+que colgados de unas horcas se balanceaban a impulsos del aire. Eran
+juegos de calzón y camisa de bayeta, cosidas una pieza a otra, y que
+así, al pronto, parecían personajes de azufre. Los había también
+encarnados. ¡Oh!, el rojo abundaba tanto, que aquello parecía un pueblo
+que tiene la religión de la sangre. Telas rojas, arneses rojos,
+collarines y frontiles rojos con madroñaje arabesco. Las puertas de las
+tabernas también de color de sangre. Y que no son ni tina ni dos.
+Jacinta se asustaba de ver tantas, y Guillermina no pudo menos de
+exclamar: «¡Cuánta perdición!, una puerta sí y otra no, taberna. De aquí
+salen todos los crímenes».
+
+Cuando se halló cerca del fin de su viaje, la Delfina fijaba
+exclusivamente su atención en los chicos que iba encontrando. Pasmábase
+la señora de Santa Cruz de que hubiera tantísima madre por aquellos
+barrios, pues a cada paso tropezaba con una, con su crío en brazos, muy
+bien agasajado bajo el ala del mantón. A todos estos ciudadanos del
+porvenir no se les veía más que la cabeza por encima del hombro de su
+madre. Algunos iban vueltos hacia atrás, mostrando la carita redonda
+dentro del círculo del gorro y los ojuelos vivos, y se reían con los
+transeúntes. Otros tenían el semblante mal humorado, como personas que
+se llaman a engaño en los comienzos de la vida humana. También vio
+Jacinta no uno, sino dos y hasta tres, camino del cementerio. Suponíales
+muy tranquilos y de color de cera dentro de aquella caja que llevaba un
+tío cualquiera al hombro, como se lleva una escopeta.
+
+«Aquí es» dijo Guillermina, después de andar un trecho por la calle del
+Bastero y de doblar una esquina. No tardaron en encontrarse dentro de un
+patio cuadrilongo. Jacinta miró hacia arriba y vio dos filas de
+corredores con antepechos de fábrica y pilastrones de madera pintada de
+ocre, mucha ropa tendida, mucho refajo amarillo, mucha zalea puesta a
+secar, y oyó un zumbido como de enjambre. En el patio, que era casi todo
+de tierra, empedrado sólo a trechos, había chiquillos de ambos sexos y
+de diferentes edades. Una zagalona tenía en la cabeza toquilla roja con
+agujeros, o con _orificios_, como diría Aparisi; otra, toquilla blanca,
+y otra estaba con las greñas al aire. Esta llevaba zapatillas de orillo,
+y aquella botitas finas de caña blanca, pero ajadas ya y con el tacón
+torcido. Los chicos eran de diversos tipos. Estaba el que va para la
+escuela con su cartera de estudio, y el pillete descalzo que no hace más
+que vagar. Por el vestido se diferenciaban poco, y menos aún por el
+lenguaje, que era duro y con inflexiones dejosas.
+
+«Chicooo... mia éste... Que te rompo la cara... ¿sabeees...?».
+
+--¿Ves esa farolona?--dijo Guillermina a su amiga--, es una de las hijas
+de Ido... Esa, esa que está dando brincos como un saltamontes... ¡Eh!,
+chiquilla... No oyen... venid acá.
+
+Todos los chicos, varones y hembras, se pusieron a mirar a las dos
+señoras, y callaban entre burlones y respetuosos, sin atreverse a
+acercarse. Las que se acercaban paso a paso eran seis u ocho palomas
+pardas, con reflejos irisados en el cuello; lindísimas, gordas. Venían
+muy confiadas meneando el cuerpo como las chulas, picoteando en el suelo
+lo que encontraban, y eran tan mansas, que llegaron sin asustarse hasta
+muy cerca de las señoras. De pronto levantaron el vuelo y se plantaron
+en el tejado. En algunas puertas había mujeres que sacaban esteras a que
+se orearan, y sillas y mesas. Por otras salía como una humareda: era el
+polvo del barrido. Había vecinas que se estaban peinando las trenzas
+negras y aceitosas, o las guedejas rubias, y tenían todo aquel matorral
+echado sobre la cara como un velo. Otras salían arrastrando zapatos en
+chancleta por aquellos empedrados de Dios, y al ver a las forasteras
+corrían a sus guaridas a llamar a otras vecinas, y la noticia cundía, y
+aparecían por las enrejadas ventanas cabezas peinadas o a medio peinar.
+
+«¡Eh!, chiquillos, venid acá» repitió Guillermina; y se fueron
+acercando escalonados por secciones, como cuando se va a dar un ataque.
+Algunos, más resueltos, las manos a la espalda, miraron a las dos damas
+del modo más insolente. Pero uno de ellos, que sin duda tenía instintos
+de caballero, se quitó de la cabeza un andrajo que hacía el papel de
+gorra y les preguntó que a quién buscaban. «¿Eres tú del señor de Ido?».
+El rapaz respondió que no, y al punto destacose del grupo la niña de las
+zancas largas, de las greñas sueltas y de los zapatos de orillo,
+apartando a manotadas a todos los demás muchachos que se enracimaban ya
+en derredor de las señoras.
+
+«¿Está tu padre arriba?». La chica respondió que sí, y desde entonces
+convirtiose en individuo de Orden Público. No dejaba acercar a nadie;
+quería que todos los granujas se retiraran y ser ella sola la que guiase
+a las dos damas hasta arriba. «¡Qué pesados, qué sobones!... En todo
+quieren meter las narices... Atrás, gateras, atrás... Quitarvos de en
+medio; dejar paso».
+
+Su anhelo era marchar delante. Habría deseado tener una campanilla para
+ir tocando por aquellos corredores a fin de que supieran todos qué gran
+visita venía a la casa.
+
+«Niña, no es preciso que nos acompañes--dijo Guillermina que no gustaba
+de que nadie se sofocase tanto por ella--. Nos basta con saber que están
+en casa».
+
+Pero la zancuda no hacía caso. En el primer peldaño de la escalera
+estaba sentada una mujer que vendía higos pasados en una sereta, y por
+poco no la planta el zapato de orillo en mitad de la cara. Y todo porque
+no se apartaba de un salto para dejar el paso libre... «¡Vaya dónde se
+va usted a poner, tía bruja!... Afuera o la reviento de una patada...».
+
+Subieron, no sin que a Jacinta le quedaran ganas de examinar bien toda
+la pillería que en el patio quedaba. Allá en el fondo había divisado dos
+niños y una niña. Uno de ellos era rubio y como de tres años. Estaban
+jugando con el fango, que es el juguete más barato que se conoce.
+Amasábanlo para hacer tortas del tamaño de _perros grandes_. La niña,
+que era de más edad, había construido un hornito con pedazos de
+ladrillo, y a la derecha de ella había un montón de panes, bollos y
+tortas, todo de la misma masa que tanto abundaba allí. La señora de
+Santa Cruz observó este grupo desde lejos. ¿Sería alguno de aquellos? El
+corazón le saltaba en el pecho y no se atrevía a preguntar a la zancuda.
+En el último peldaño de la escalera encontraron otro obstáculo: dos
+muchachuelas y tres nenes, uno de estos en mantillas, interceptaban el
+paso. Estaban jugando con arena _fina_ de fregar. El mamón estaba fajado
+y en el suelo, con las patas y las manos al aire, berreando, sin que
+nadie le hiciera caso. Las dos niñas habían extendido la arena sobre el
+piso, y de trecho en trecho habían puesto diferentes palitos con
+cuerdas y trapos. Era el secadero de ropa de las Injurias, propiamente
+imitado.
+
+«¡Qué tropa, Dios! --exclamó la zancuda con indignación de celador de
+ornato público, que no causó efecto--. Cuidado donde se van a poner...
+¡Fuera, fuera!... y tú, _pitoja_, recoge a tu hermanillo, que le vamos a
+espachurrar». Estas amonestaciones de una autoridad tan celosa fueron
+oídas con el más insolente desdén. Uno de los mocosos arrastraba su
+panza por el suelo, abierto de las cuatro patas; el otro cogía puñados
+de arena y se lavaba la cara con ella, acción muy lógica, puesto que la
+arena representaba el agua. «Vamos, hijos, quitaos de en medio--les dijo
+Guillermina a punto que la zancuda destruía con el pie el lavadero,
+gritando--: Sinvergüenzonas, ¿no tenéis otro sitio donde jugar? ¡Vaya
+con la canalla esta...!». y echó adelante resuelta a destruir cualquier
+obstáculo que se pusiera al paso. Las otras chiquillas cogieron a los
+mocosos, como habrían cogido una muñeca, y poniéndoselos al cuadril,
+volaron por aquellos corredores.
+
+«Vamos--dijo Guillermina a su guía--, no las riñas tanto, que también tú
+eres buena...».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Avanzaron por el corredor, y a cada paso un estorbo. Bien era un brasero
+que se estaba encendiendo, con el tubo de hierro sobre las brasas para
+hacer tiro; bien el montón de zaleas o de ruedos, ya una banasta de
+ropa; ya un cántaro de agua. De todas las puertas abiertas y de las
+ventanillas salían voces o de disputa, o de algazara festiva. Veían las
+cocinas con los pucheros armados sobre las ascuas, las artesas de lavar
+junto a la puerta, y allá en el testero de las breves estancias la
+indispensable cómoda con su hule, el velón con pantalla verde y en la
+pared una especie de altarucho formado por diferentes estampas, alguna
+lámina al cromo de prospectos o periódicos satíricos, y muchas
+fotografías. Pasaban por un domicilio que era taller de zapatería, y los
+golpazos que los zapateros daban a la suela, unidos a sus cantorrios,
+hacían una algazara de mil demonios. Más allá sonaba el convulsivo
+tiquitique de una máquina de coser, y acudían a las ventanas bustos y
+caras de mujeres curiosas. Por aquí se veía un enfermo tendido en un
+camastro, más allá un matrimonio que disputaba a gritos. Algunas vecinas
+conocieron a doña Guillermina y la saludaban con respeto. En otros
+círculos causaba admiración el empaque elegante de Jacinta. Poco más
+allá cruzáronse de una puerta a otra observaciones picantes e
+irrespetuosas. «Señá Mariana, ¿ha visto que nos hemos traído el sofá en
+la rabadilla? ¡Ja, ja, ja!».
+
+Guillermina se paró, mirando a su amiga: «Esas chafalditas no van
+conmigo. No puedes figurarte el odio que esta gente tiene a los
+_polisones_, en lo cual demuestran un sentido... ¿cómo se dice?, un
+sentido _estético_ superior al de esos haraganes franceses que inventan
+tanto pegote estúpido».
+
+Jacinta estaba algo corrida; pero también se reía, Guillermina dio dos
+pasos atrás, diciendo: «Ea, señoras, cada una a su trabajo, y dejen en
+paz a quien no se mete con ustedes».
+
+Luego se detuvo junto a una de las puertas y tocó en ella con los
+nudillos.
+
+«La señá Severiana no está--dijo una de las vecinas--. ¿Quiere la señora
+dejar recado?...».
+
+--No; la veré otro día.
+
+Después de recorrer dos lados del corredor principal, penetraron en una
+especie de túnel en que también había puertas numeradas; subieron como
+unos seis peldaños, precedidas siempre de la zancuda, y se encontraron
+en el corredor de otro patio, mucho más feo, sucio y triste que el
+anterior. Comparado con el segundo, el primero tenía algo de
+aristocrático y podría pasar por albergue de familias _distinguidas_.
+
+Entre uno y otro patio, que pertenecían a un mismo dueño y por eso
+estaban unidos, había un escalón social, la distancia entre eso que se
+llama _capas_. Las viviendas, en aquella segunda _capa_, eran más
+estrechas y miserables que en la primera; el revoco se caía a pedazos, y
+los rasguños trazados con un clavo en las paredes parecían hechos con
+más saña, los versos escritos con lápiz en algunas puertas más necios y
+groseros, las maderas más despintadas y roñosas, el aire más viciado, el
+vaho que salía por puertas y ventanas más espeso y repugnante. Jacinta,
+que había visitado algunas casas de corredor, no había visto ninguna tan
+tétrica y mal oliente. «¿Qué, te asustas, niña bonita?--le dijo
+Guillermina--. ¿Pues qué te creías tú, que esto era el Teatro Real o la
+casa de Fernán-Núñez? Ánimo. Para venir aquí se necesitan dos cosas:
+caridad y estómago».
+
+Echando una mirada a lo alto del tejado, vio la Delfina que por encima
+de este asomaba un tenderete en que había muchos cueros, tripas u otros
+despojos, puestos a secar. De aquella región venía, arrastrado por las
+ondas del aire, un olor nauseabundo. Por los desiguales tejados
+paseábanse gatos de feroz aspecto, flacos, con las quijadas angulosas,
+los ojos dormilones, el pelo erizado. Otros bajaban a los corredores y
+se tendían al sol; pero los propiamente salvajes, vivían y aun se
+criaban arriba, persiguiendo el sabroso ratón de los secaderos.
+
+Pasaron junto a las dos damas figuras andrajosas, ciegos que iban dando
+palos en el suelo, lisiados con montera de pelo, pantalón de soldado,
+horribles caras. Jacinta se apretaba contra la pared para dejar paso
+franco. Encontraban mujeres con pañuelo a la cabeza y mantón pardo,
+tapándose la boca con la mano envuelta en un pliegue del mismo mantón.
+Parecían moras; no se les veía más que un ojo y parte de la nariz.
+Algunas eran agraciadas; pero la mayor parte eran flacas, pálidas,
+tripudas y envejecidas antes de tiempo.
+
+Por los ventanuchos abiertos salía, con el olor a fritangas y el
+ambiente chinchoso, murmullo de conversaciones dejosas, arrastrando
+toscamente las sílabas finales. Este modo de hablar de la tierra ha
+nacido en Madrid de una mixtura entre el deje andaluz, puesto de moda
+por los soldados, y el dejo aragonés, que se asimilan todos los que
+quieren darse aires varoniles.
+
+Nueva barricada de chiquillos les cortó el paso. Al verles, Jacinta y
+aun Guillermina, a pesar de su costumbre de ver cosas raras, quedáronse
+pasmadas, y hubiérales dado espanto lo que miraban, si las risas de
+ellos no disiparan toda impresión terrorífica. Era una manada de
+salvajes, compuesta de dos tagarotes como de diez y doce años, una niña
+más chica, y otros dos _chavales_, cuya edad y sexo no se podía saber.
+Tenían todos ellos la cara y las manos llenas de chafarrinones negros,
+hechos con algo que debía de ser betún o barniz japonés del más fuerte.
+Uno se había pintado rayas en el rostro, otro anteojos, aquél bigotes,
+cejas y patillas con tan mala maña, que toda la cara parecía revuelta en
+heces de tintero. Los pequeñuelos no parecían pertenecer a la raza
+humana, y con aquel maldito tizne extendido y resobado por la cara y las
+manos semejaban micos, diablillos o engendros infernales.
+
+«Malditos seáis... --gritó la zancuda, cuando vio aquellas fachas
+horrorosas--. ¡Pero cómo os habéis puesto así, sinvergüenzones,
+indecentes, puercos, marranos...!».
+
+--En el nombre del Padre... --exclamó Guillermina persignándose--. ¿Pero
+has visto...?
+
+Contemplaban ellos a las damas, mudos y con grandísima emoción, gozando
+íntimamente en la sorpresa y terror que sus espantables cataduras
+producían en aquellas señoriticas tan requetefinas. Uno de los pequeños
+intentó echar la zarpa al abrigo de Jacinta; pero la zancuda empezó a
+dar chillidos: «Quitarvos allá, desapartaísos, gorrinos asquerosos...
+que mancháis a estas señoras con esas manazas».
+
+«¡Bendito Dios!... Si parecen caníbales... No nos toquéis... La culpa
+no tenéis vosotros, sino vuestras madres, que tal os consienten...
+
+Y si no me engaño, estos dos gandulones son tus hermanos, niña».
+
+Los dos aludidos, mostrando al sonreír sus dientes blancos como la leche
+y sus labios más rojos que cerezas entre el negro que los rodeaba,
+contestaron que sí con sus cabezas de salvaje. Empezaban a sentirse
+avergonzados y no sabían por dónde tirar. En el mismo instante salió una
+mujeraza de la puerta más próxima, y agarrando a una de las niñas
+embadurnadas, le levantó las enaguas y empezó a darle tal solfa en salva
+la parte, que los castañetazos se oían desde el primer patio. No tardó
+en aparecer otra madre furiosa, que más que mujer parecía una loba, y la
+emprendió con otro de los mandingas a bofetada sucia, sin miedo a
+mancharse ella también. «Canallas, cafres, ¡cómo se han puesto!». Y al
+punto fueron saliendo más madres irritadas. ¡La que se armó! Pronto se
+vieron lágrimas resbalando sobre el betún, llanto que al punto se volvía
+negro. «Te voy a matar, grandísimo pillo, ladrón...». Estos son los
+condenados charoles que usa la señá Nicanora. Pero, ¡re--Dios!, señá
+Nicanora, ¿para qué deja usté que las criaturas...?».
+
+Una de las mujeres que más alborotaban se aplacó al ver a las dos damas.
+Era la señora de Ido del Sagrario, que tenía en la cara sombrajos y
+manchurrones de aquel mismo betún de los caribes, y las manos
+enteramente negras.
+
+Turbose un poco ante la visita: «Pasen las señoras... Me encuentran
+hecha una compasión».
+
+Guillermina y Jacinta entraron en la mansión de Ido, que se componía de
+una salita angosta y de dos alcobas interiores más oprimidas y lóbregas
+aún, las cuales daban el _quién vive_ al que a ellas se asomaba. No
+faltaban allí la cómoda y la lámina del Cristo del _Gran Poder_, ni las
+fotografías descoloridas de individuos de la familia y de niños muertos.
+La cocina era un cubil frío donde había mucha ceniza, pucheros volcados,
+tinajas rotas y el artesón de lavar lleno de trapos secos y de polvo. En
+la salita, los ladrillos tecleaban bajo los pies. Las paredes eran como
+de carbonería, y en ciertos puntos habían recibido bofetadas de cal, por
+lo que resultaba un claro-oscuro muy fantástico. Creeríase que andaban
+espectros por allí, o al menos sombras de linterna mágica. El sofá de
+Vitoria era uno de los muebles más alarmantes que se pueden imaginar. No
+había más que verle para comprender que no respondía de la seguridad de
+quien en él se sentase. Las dos o tres sillas eran también muy
+sospechosas. La que parecía mejor, seguramente la pegaba. Vio Jacinta,
+salteados por aquellos fantásticos muros, carteles de publicaciones
+ilustradas, de librillos de papel de fumar y cartones de almanaques
+americanos que ya no tenían hojas. Eran años muertos.
+
+Pero lo que mayormente excitó la curiosidad de ambas señoras fue un gran
+tablero que en el centro de la estancia había, cogiéndola casi toda; una
+mesa armada sobre bancos como la que usan los papelistas, y encima de
+ella grandes paquetes o manos de pliegos de papel fino de escribir. A un
+extremo los cuadernillos apilados formaban compactas resmas blancas; a
+otro las mismas resmas ya con bordes negros, convertidas en papel de
+luto.
+
+Ido extendía sobre el tablero los pliegos de papel abiertos. Una
+muchacha, que debía de ser Rosita, contaba los pliegos ya enlutados y
+formaba los cuadernillos. Nicanora pidió permiso a las señoras para
+seguir trabajando. Era una mujer más envejecida que vieja, y bien se
+conocía que nunca había sido hermosa. Debió de tener en otro tiempo
+buenas carnes, pero ya su cuerpo estaba lleno de pliegues y abolladuras
+como un zurrón vacío. Allí, valga la verdad, no se sabía lo que era
+pecho, ni lo que era barriga. La cara era hocicuda y desagradable. Si
+algo expresaba era un genio muy malo y un carácter de vinagre; pero en
+esto engañaba aquel rostro como otros muchos que hacen creer lo que no
+es. Era Nicanora una infeliz mujer, de más bondad que entendimiento,
+probada en las luchas de la vida, que había sido para ella una batalla
+sin victorias ni respiro alguno. Ya no se defendía más que con la
+paciencia, y de tanto mirarle la cara a la adversidad debía de
+provenirle aquel alargamiento de morros que la afeaba
+considerablemente. La _Venus de Médicis_ tenía los párpados enfermos,
+rojos y siempre húmedos, privados de pestañas, por lo cual decían de
+ella que _con un ojo lloraba a su padre y con otro a su madre_.
+
+Jacinta no sabía a quién compadecer más, si a Nicanora por ser como era,
+o a su marido por creerla Venus cuando se _electrizaba_. Ido estaba muy
+cohibido delante de las dos damas. Como la silla en que doña Guillermina
+se sentó empezase a exhalar ciertos quejidos y a hacer desperezos,
+anunciando quizás que se iba a deshacer, D. José salió corriendo a traer
+una de la vecindad. Rosita era graciosa, pero desmedrada y clorótica, de
+color de marfil. Llamaba la atención su peinado en sortijillas, batido,
+engomado y puesto con muchísimo aquel.
+
+«¿Pero qué hace usted, mujer, con esa pintura?» preguntó Guillermina a
+Nicanora.
+
+_--Soy lutera_.
+
+--Somos _luteranos_--dijo Ido sonriendo, muy satisfecho por tener
+ocasión de soltar aquel chiste que era viejo y había sido soltado sin
+número de veces.
+
+--¡Qué dice este hombre! --exclamó la fundadora horrorizada.
+
+--Cállate tú y no disparates--replicó Nicanora--. Yo soy _lutera_, vamos
+al decir, pinto papel de luto. Cuando no tengo otro trabajo, me traigo a
+casa unas cuantas resmas, y las enluto mismamente como las señoras ven.
+El almacenista paga un real por resma. Yo pongo el tinte, y trabajando
+todo el día, me quedan seis o siete reales. Pero los tiempos están
+malos, y hay poco papel que teñir. Todas las luteras están paradas,
+señora... porque, naturalmente, o se muere poca gente, o no les echan
+papeletas... Hombre--dijo a su marido, haciéndole estremecer--, ¿qué
+haces ahí con la boca abierta? _Desmiente_.
+
+Ido, que estaba oyendo a su mujer, como se oye a un orador brillante,
+despertó de su éxtasis y se puso a _desmentir_. Llaman así al acto de
+colocar los pliegos de papel unos sobre otros, escalonados, dejando
+descubierta en todos una fajita igual, que es lo que se tiñe. Como
+Jacinta observaba atentamente el trabajo de D. José, este se esmeró en
+hacerlo con desusada perfección y ligereza. Daba gusto ver aquellos
+bordes, que por lo iguales parecían hechos a compás. Rosita apilaba
+pliegos y resmas sin decir una palabra. Nicanora hizo a Jacinta, mirando
+a su marido, una seña que quería decir: «Hoy está bueno». Después empezó
+a pasar rápidamente la brocha sobre el papel, como se hace con los
+estarcidos.
+
+--Y las suscriciones de entregas --preguntó Guillermina--, ¿dan algo que
+comer?
+
+Ido abrió la boca para emitir pronta y juiciosa respuesta a esta
+pregunta; pero su mujer tomó rápidamente la palabra, quedándose él un
+buen rato con la boca abierta.
+
+--Las suscripciones--declaró la _Venus de Médicis_--, son una calamidad.
+Aquí José tiene poca suerte... es muy honrado y le engaña
+cualisquiera. El público es cosa mala, señoras, y suscritor hay que no
+paga ni aunque le arrastren. Luego, como el mes pasado perdió _aquí_
+(este aquí era D. José) un billete de cuatrocientos reales, el encargado
+de las obras se lo va cobrando, descontándole de las primas que le
+tocan. Por eso, naturalmente, nos hemos atrasado tanto, y lo poco que se
+apaña se lo birla el casero.
+
+Ido, desde que se dijo aquello del billete perdido, no volvió a levantar
+los ojos de su trabajo. Aquel descuido que tuvo le avergonzaba como si
+hubiera sido un delito.
+
+«Pues lo primero que tienen ustedes que hacer--indicó la Pacheco--, es
+poner una escuela a esos dos tagarotes y a la berganta de su niña
+pequeña».
+
+--No los mando, porque me da vergüenza de que salgan a la calle con
+tanto pingajo.
+
+--No importa. Además, esta amiguita y yo daremos a ustedes alguna ropa
+para los muchachos. Y el mayor, ¿gana algo?
+
+--Me gana cinco reales en una imprenta.
+
+Pero no tiene formalidad. Cuando le parece deja el trabajo, y se va a
+las becerradas de Getafe o de Leganés, y no parece en tres días. Quiere
+ser torero y nos trae crucificados. Se va al matadero por las tardes,
+cuando degüellan, y en casa, dormido, habla de que si puso las
+banderillas a _porta-gayola_...
+
+--Y usted--preguntó Jacinta a Rosita--, ¿en qué se ocupa?
+
+Rosita se puso muy encarnada. Iba a contestar; pero su madre, que
+llevaba la palabra por toda la familia, respondió:
+
+«Es peinadora... Está aprendiendo con una vecina maestra. Ya tiene
+algunas parroquianas. Pero no le pagan, naturalmente... Es una sosona, y
+como no le pongan los cuartos en la mano, no hay de qué. Yo le digo que
+no sea _panoli_ y que tenga genio; pero... ya usted la ve. Como su
+padre, que el día que no le engaña uno le engañan dos».
+
+Guillermina, después de sacar varios bonos, como billetes de teatro, y
+dar a la infeliz familia los que necesitaba para proveerse de garbanzos,
+pan y carne por media semana, dijo que se marchaba. Pero Jacinta no se
+conformó con salir tan pronto. Había ido allí con determinado fin, y por
+nada del mundo se retiraría sin intentar al menos realizarlo. Varias
+veces tuvo la palabra en la boca para hacer una pregunta a D. José, y
+este la miraba como diciendo: «estoy rabiando porque me pregunte usted
+por el _Pituso_». Por fin, decidiose la dama a romper el silencio sobre
+punto tan capital, y levantándose dio algunos pasos hacia donde Ido
+estaba. Este no necesitó más que verla venir; y saliendo rápidamente del
+cuarto, volvió al poco con una criatura de la mano.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+«¡El Dulce Nombre!...» exclamó la Pacheco viendo entrar aquel adefesio,
+y todos los demás lanzaron una exclamación parecida al mirar al niño,
+con la cara tan completamente pintada de negro que no se veía el color
+de su carne por parte alguna. Sus manos chorreaban betún, y en el traje
+se habían limpiado las suyas asquerosísimas los otros muchachos. El
+_Pitusín_ tenía el cabello negro. Sus labios rojos sobre aquel chapapote
+superaban al coral más puro. Los dientecillos le brillaban cual si
+fueran de cristal. La lengua que sacaba, por tener la creencia de que
+todo negrito, para ser tal negrito, debe estirar la lengua todo lo más
+posible, parecía una hoja de rosa.
+
+«¡Qué horror!... ¡Ah!, tunantes... ¡Bendito Dios!, ¡cómo le han
+puesto!... Anda, ¡que apañado estás!...». Las vecinas se enracimaban en
+las puertas riendo y alborotando. Jacinta estaba atónita y apenada.
+Pasáronle por la mente ideas extrañas; la mancha del pecado era tal, que
+aun a la misma inocencia extendía su sombra; y el maldito se reía detrás
+de su infernal careta, gozoso de ver que todos se ocupaban de él, aunque
+fuera para escarnecerle. Nicarona dejó sus pinturas para correr detrás
+de los bergantes y de la zancuda, que también debía de tener alguna
+parte en aquel desaguisado. La osadía del negrito no conocía límites, y
+extendió sus manos pringadas hacia aquella señora tan maja que le miraba
+tanto. «Quita allá, demonio... quita allá esas manos» le gritaron.
+Viendo que no le dejaban tocar a nadie, y que su facha causaba risa, el
+chico daba patadas en medio del corro, sacando la lengua y presentando
+sus diez dedos como garras. De este modo tenía, a su parecer, el aspecto
+de un bicho muy malo que se comía a la gente, o por lo menos que se la
+quería comer.
+
+Oyose el pie de paliza que Nicarona, hecha una veneno, estaba dando a
+sus hijos, y el gemir de ellos. El _Pituso_ empezó a cansarse pronto de
+su papel de mico, porque eso de no poder pegarse a nadie tenía poca
+gracia. Lo mejor que podía hacer en su situación desairada, era meterse
+los dedos en la boca; pero sabía tan mal aquel endiablo potaje negro,
+que pronto los hubo de retirar.
+
+«¿Será veneno eso? --observó Jacinta, alarmada--. Que lo laven, ¿por qué
+no lo lavan?».
+
+--Pues estás bonito, Juanín--díjole Ido--. ¡Y esta señora que te quería
+dar un beso!
+
+Ávida de tocarle, la Delfina le agarró un mechón de cabello, lo único en
+que no había pintura. «¡Pobrecito, cómo está!...». De repente le
+entraron a Juanín ganas de llorar. Ya no enseñaba la lengua; lo que
+hacía era dar suspiros.
+
+«¿Pero ese Sr. Izquierdo, no está?--preguntó a Ido Jacinta llevándole
+aparte--. Yo tengo que hablar con él. ¿Dónde vive?».
+
+--Señora--replicó D. José con finura--, la puerta de su domicilio está
+cerrada... herméticamente, muy herméticamente.
+
+--Pues quiero verle, quiero hablar con él.
+
+--Yo lo pondré en su conocimiento--repuso el corredor de obras, que
+gustaba de emplear formas burocráticas cuando la ocasión lo pedía.
+
+--Ea, vámonos, que es tarde --dijo impaciente Guillermina--. Otro día
+volveremos.
+
+--Sí, volveremos... Pero que lo laven... ¡pobre niño! Debe de estar en
+un martirio horrible con ese emplasto en la cara. Di, tontín, ¿quieres
+que te laven?
+
+El _Pituso_ dijo que sí con la cabeza. Su aflicción crecía, y poco le
+faltaba para romper a llorar. Todas las vecinas reconocieron la
+necesidad de lavarle; pero unas no tenían agua y otras no querían
+gastarla en tal objeto. Por fin una mujer agitanada y con faldas de
+percal rameado, el talle muy bajo, un pañuelo caído por los hombros, el
+pelo lacio y la tez crasa y de color de _terra-cotta_, se pareció por
+allí de repente, y quiso dar una lección a las vecinas delante de las
+señoras, diciendo que ella tenía agua de sobra para _despercudir_ y
+_chovelar_ a aquel ángel. Se le llevaron en burlesca procesión, él
+delante, aislado por su propio tizne, y ya con la dignidad tan por los
+suelos, que empezaba a dar _jipíos_; los chicos detrás haciendo una
+bulla infernal, y la tarasca aquella del moño lacio amenazándolos con
+_endiñarles_ si no se quitaban de en medio. Desapareció la comparsa por
+una puerquísima y angosta escalera que del ángulo del corredor partía.
+Jacinta hubiera querido subir también; pero Guillermina la sofocaba con
+sus prisas. «¿Hija, sabes tú la hora que es?».
+
+«Sí, nos iremos... Lo que es por mí, ya estamos andando» decía la otra
+sin moverse del corredor, mirando a la techumbre, en la cual no veía
+otra cosa que el horrible tinglado donde colgaban los cueros puestos a
+secar. Entre tanto, la fundadora, a pesar de su mucha prisa, entablaba
+una rápida conversación con D. José.
+
+«¿No tiene usted ya nada que hacer en casa?».
+
+--Absolutamente nada, señora. Ya están _desmentidas_ las últimas resmas.
+Pensaba yo ahora irme a dar una vuelta y a tomar el aire.
+
+--Le conviene a usted el ejercicio... perfectamente. Pues oiga usted, al
+mismo tiempo que se orea un poco, me va a hacer un servicio.
+
+--Estoy a disposición de la señora.
+
+--Se sale usted a la Ronda... tira usted para abajo, dejando a la
+izquierda la fábrica del gas. ¿Entiende usted?... ¿Sabe usted la
+estación de las Pulgas? Bueno, pues antes de llegar a ella hay una casa
+en construcción... Está concluida la obra de fábrica y ahora están
+armando una chimenea muy larga, porque va a ser _sierra mecánica_... ¿Se
+va usted enterando? No tiene pérdida. Pues entra usted y pregunta por el
+guarda de la obra, que se llama Pacheco... lo mismito que yo. Usted le
+dice: «Vengo por los ladrillos de doña Guillermina». Ido repitió, como
+los chicos que aprenden una lección:
+
+«Vengo por los ladrillos, etc...».
+
+--El dueño de esa fábrica me ha dado unos setenta ladrillos, lo único
+que le sobra... poca cosa, pero a mí todo me sirve... Bueno; coge usted
+los ladrillos y me los lleva a la obra... son para mi obra.
+
+--¿A la obra?... ¿Qué obra?
+
+--Hombre, en Chamberí... mi asilo... ¿Está usted lelo?
+
+--¡Ah! perdone la señora... cuando oí la obra, creí al pronto que era
+una obra literaria.
+
+--Si no puede usted de un viaje, emplee dos.
+
+--O tres, o cuatro... tantísimo gusto en ello... Si necesario fuese,
+naturalmente, tantos viajes como ladrillos...
+
+--Y si me hace bien el recado, cuente con un hongo casi nuevo... Me lo
+han dado ayer en una casa, y lo reservo para los amigos que me ayudan...
+¿Con que lo hará usted? Hoy por ti y mañana por mí. Vaya, abur, abur.
+
+Ido y su mujer se deshacían en cumplidos y fueron escoltando a las
+señoras hasta la puerta de la calle. En la calle de Toledo tomaron ellas
+un simón para ganar tiempo, y el bendito Ido se fue a cumplir el encargo
+que la fundadora le había hecho. No era una misión _delicada_
+ciertamente, como él deseara; pero el principio de caridad que entrañaba
+aquel acto lo trocaba de vulgar en sublime. Toda la santa tarde estuvo
+mi hombre ocupado en el transporte de los ladrillos, y tuvo la
+satisfacción de que ni uno solo de los setenta se le rompiera por el
+camino. El contento que inundaba su alma le quitaba el cansancio, y
+provenía su gozo casi exclusivamente de que Jacinta, en aquel ratito en
+que le llevó aparte, le había dado un duro. No puso él la moneda en el
+bolsillo de su chaleco, donde la habría descubierto Nicanora, sino en la
+cintura, muy bien escondida en una faja que usaba pegada a la carne para
+abrigarse la boca del estómago. Porque conviene fijar bien las cosas...
+aquel duro, dado aparte, lejos de las miradas famélicas del resto de la
+familia, era exclusivamente para él. Tal había sido la intención de la
+señorita, y D. José habría creído ofender a su bienhechora
+interpretándola de otro modo. Guardaría, pues, su tesoro, y se valdría
+de todas las trazas de su ingenio para defenderlo de las miradas y de
+las uñas de Nicanora... porque si esta lo descubría, ¡Santo Cristo de
+los Guardias...!
+
+Pasó la noche en grandísima intranquilidad. Temía que su mujer
+descubriese con ojo perspicaz el matute que él encerraba en su cintura.
+La maldita parecía que olía la plata. Por eso estaba tan azorado y no se
+daba por seguro en ninguna posición, creyendo que al través de la ropa
+se le iba a ver la moneda. Durante la cena estuvieron todos muy alegres;
+tiempo hacía que no habían cenado tan bien. Pero al acostarse volvió Ido
+a ser atormentado por sus temores, y no tuvo más remedio que estar toda
+la noche hecho un ovillo, con las manos cruzadas en la cintura, porque
+si en una de las revueltas que ambos daban sobre los accidentados
+jergones la mano de su mujer llegaba a tocar el duro, se lo quitaba, tan
+fijo como tres y dos son cinco. Durmió, pues, tan mal que en realidad
+dormía con un ojo y velaba con el otro, atento siempre a defender su
+contrabando. Lo peor fue que viéndole su mujer tan retortijado y hecho
+todo una _ese_, creyó que tenía el dolor espasmódico que le solía dar; y
+como el mejor remedio para eso eran las friegas, Nicanora le propuso
+dárselas, y al oír tal proposición, tembláronle a Ido las carnes,
+viéndose descubierto y perdido. «Ahora sí que la hemos hecho buena»
+pensó. Pero su talento le sugirió la respuesta, y dijo que no tenía ni
+pizca de dolor, sino frío, y sin más explicaciones se volvió contra la
+pared, pegándose a ella como un engrudo, y haciéndose el dormido. Llegó
+por fin el día y con él la calma al corazón de Ido, quien se acicaló y
+se lavó casi toda la cara, poniéndose la corbata encarnada con cierta
+presunción.
+
+Eran ya las diez de la mañana, porque con aquello de lavarse _bien_ se
+había ido bastante tiempo. Rosita tardó mucho en traer el agua, y
+Nicanora se había dado la inmensa satisfacción de ir a la compra. Todos
+los individuos de la familia, cuando se encontraban uno frente a otro,
+se echaban a reír, y el más risueño era D. José, porque... ¡si
+supieran!...
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Echose mi hombre a la calle, y tiró por la de Mira el Río baja, cuya
+cuesta es tan empinada que se necesita hacer algo de volatines para no
+ir rodando de cabeza por aquellos pedernales. Ido la bajó, casi como la
+bajan los chiquillos, de un aliento, y una vez en la explanada que
+llaman el _Mundo Nuevo_, su espíritu se espació, como pájaro lanzado a
+los aires. Empezó a dar resoplidos, cual si quisiera meter en sus
+pulmones más aire del que cabía, y sacudió el cuerpo como las gallinas.
+El picorcillo del sol le agradaba, y la contemplación de aquel cielo
+azul, de incomparable limpieza y diafanidad, daba alas a su alma
+voladora. Candoroso e impresionable, D. José era como los niños o los
+poetas de verdad, y las sensaciones eran siempre en él vivísimas, las
+imágenes de un relieve extraordinario. Todo lo veía agrandado
+hiperbólicamente o empequeñecido, según los casos. Cuando estaba alegre,
+los objetos se revestían a sus ojos de maravillosa hermosura; todo le
+_sonreía_, según la expresión común que le gustaba mucho usar. En cambio
+cuando estaba afligido, que era lo más frecuente, las cosas más bellas
+se afeaban volviéndose negras, y se cubrían de un velo... parecíale más
+propio decir _de un sudario_. Aquel día estaba el hombre de buenas, y la
+excitación de la dicha hacíale más niño y más poeta que otras veces. Por
+eso el campo del _Mundo Nuevo_, que es el sitio más desamparado y más
+feo del globo terráqueo, le pareció una bonita plaza. Salió a la Ronda y
+echó miradas de artista a una parte y otra. Allí la puerta de Toledo
+¡qué soberbia arquitectura! A la otra parte la fábrica del gas... ¡oh
+prodigios de la industria!... Luego el cielo espléndido y aquellos lejos
+de Carabanchel, perdiéndose en la inmensidad, con remedos y aun con
+murmullos de Océano... ¡sublimidades de la Naturaleza!... Andando,
+andando, le entró de improviso un celo tan vehemente por la instrucción
+pública, que le faltó poco para caerse de espaldas ante los estólidos
+letreros que veía por todas partes.
+
+_No se premite tender rropa, y ni clabar clabos_, decía en una pared, y
+D. José exclamó: «¡Vaya una barbaridad!... ¡Ignorantes!... ¡emplear dos
+conjunciones copulativas! Pero pedazos de animales, ¿no veis que la
+primera, naturalmente, junta las voces o cláusulas en concepto
+afirmativo y la segunda en concepto negativo?... ¡Y que no tenga qué
+comer un hombre que podría enseñar la Gramática a todo Madrid y corregir
+estos delitos del lenguaje!... ¿Por qué no me había de dar el Gobierno,
+vamos a ver, por qué no me había de dar el encargo, mediante
+proporcionales emolumentos, de vigilar los rótulos?... ¡Zoquetes, qué
+multas os pondría!... Pues también tú estás bueno: _Se alquilan
+qartos_... muy bien, señor mío. ¿Le gustan a usted tanto las _úes_ que
+se las come con arroz? ¡Ah!, si el Gobierno me nombrara _ortógrafo de la
+vía pública_, ya veríais... Vamos, otro que tal: _se proive_... Se
+prohíbe rebuznar, digo yo».
+
+Hallábase en lo más entretenido de aquella crítica literaria, tan propia
+de su oficio, cuando vio que hacia él iban tres individuos de calzón
+ajustado, botas de caña, chaqueta corta, gorra, el pelo echadito
+_palante_, caras de poca vergüenza.
+
+Eran los tales tipos muy madrileños y pertenecían al gremio de los
+_randas_. El uno era _descuidero_, el otro _tomador_, y el tercero hacía
+a pelo y a pluma. Ido les conocía, porque vivían en su patio, siempre
+que no eran inquilinos de los del Saladero, y no gustaba de tratarse con
+semejante gentuza. De buena gana les habría dado una puntera en salva la
+parte; pero no se atrevía. Una cosa es reformar la ortografía pública, y
+otra aplicar ciertos correctivos a la especie humana. «Allá van los
+buenos días» le dijeron los chulos alegremente, y a Ido se le puso la
+carne como la de las gallinas, porque se acordó del duro y temió que se
+lo _garfiñaran_ si entraba en parola con ellos. Pasando de largo, les
+dijo con mucha cortesía: «Dios les guarde, caballeros... Conservarse» y
+apretó a correr. No le volvió el alma al cuerpo hasta que les hubo
+perdido de vista.
+
+«Es preciso que me convide a algo» pensaba el pendolista; y hacía la
+crítica mental de los manjares que más le gustaban. Cerca de la puerta
+de Toledo se encontró con un mielero alcarreño que paraba en su misma
+casa. Estaban hablando, cuando pasó un pintor de panderetas, también
+vecino, y ambos le convidaron a unas copas. «Váyanse al rábano,
+ordinariotes...» pensó Ido, y les dio las gracias, separándose al punto
+de ellos. Andando más vio un ventorro en la acera derecha de la
+Ronda...
+
+«¡Comer de fonda!». Esta idea se le clavó en el cerebro. Un rato estuvo
+Ido del Sagrario ante el establecimiento de _El Tartera_, que así se
+llamaba, mirando los dos tiestos de _bónibus_ llenos de polvo, las
+insignias de los bolos y la rayuela, la mano negra con el dedo tieso
+señalando la puerta, y no se decidía a obedecer la indicación de aquel
+dedo. ¡Le sentaba tan mal la carne...! Desde que la comía le entraba
+aquel mal tan extraño y daba en la gracia estúpida de creer que Nicanora
+era la Venus de Médicis. Acordose, no obstante, de que el médico le
+recetaba siempre comer carne, y cuanto más cruda mejor. De lo más hondo
+de su naturaleza salía un bramido que le pedía ¡carne, carne, carne! Era
+una voz, un prurito irresistible, una imperiosa necesidad orgánica, como
+la que sienten los borrachos cuando están privados del fuego y de la
+picazón del alcohol.
+
+Por fin no pudo resistir; colose dentro del ventorrillo, y tomando
+asiento junto a una de aquellas despintadas mesas, empezó a palmotear
+para que viniera el mozo, que era el mismo _Tartera_, un hombre
+gordísimo, con chaleco de Bayona y mandil de lanilla verde rayado de
+negro. No lejos de donde estaba Ido había un rescoldo dentro de enorme
+braserón, y encima una parrilla casi tan grande como la reja de una
+ventana. Allí se asaban las chuletas de ternera, que con la chamusquina
+en tan viva lumbre, despedían un olor apetitoso. «Chuletas» dijo D.
+José, y a punto vio entrar a un amigo, el cual le había visto a él y
+por eso sin duda entraba.
+
+«Hola, amigo Izquierdo... Dios le guarde».
+
+--Le vi pasar, maestro y dije, digo: A cuenta que voy a echar un
+espotrique con mi tocayo...
+
+Sentose sin ceremonia el tal, y poniendo los codos sobre la mesa, miró
+fijamente a su tocayo. O las miradas no expresaban nada, o la de aquel
+sujeto era un memorial pidiendo que se le convidara. Ido era tan
+caballero que le faltó tiempo para hacer la invitación, añadiendo una
+frase muy prudente. «Pero, tocayo, sepa que no tengo más que un duro...
+Con que no se corra mucho...». Hizo el otro un gesto tranquilizador y
+cuando el _Tartera_ puso el servicio, si servicio puede llamarse un par
+de cuchillos con mango de cuerno, servilleta sucia y salero, y pidió
+órdenes acerca del vino, le dijo, dice: «¿Pardillo yo?... pa chasco...
+Tráete de la tierra».
+
+A todo esto asintió Ido del Sagrario, y siguió contemplando a su amigo,
+el cual parecía un grande hombre aburrido, carácter agriado por la
+continuidad de las luchas humanas. José Izquierdo representaba cincuenta
+años, y era de arrogante estatura. Pocas veces se ve una cabeza tan
+hermosa como la suya y una mirada tan noble y varonil. Parecía más bien
+italiano que español, y no es maravilla que haya sido, en época
+posterior al 73, en plena Restauración, el modelo predilecto de nuestros
+pintores más afanados.
+
+«Me alegro de verle a usted tocayo--le dijo Ido, a punto que las
+chuletas eran puestas sobre la mesa--, porque tenía que comunicarle
+cosas de importancia. Es que ayer estuvo en casa doña Jacinta, la esposa
+del Sr. D. Juanito Santa Cruz, y preguntó por el chico y le vio...
+quiero decir, no le vio porque estaba todito dado de negro... y luego
+dijo que dónde estaba usted, y como usted no estaba, quedó en
+volver...».
+
+Izquierdo debía de tener hambre atrasada, porque al ver las chuletas,
+les echó una mirada guerrera que quería decir: «¡Santiago y a ellas!» y
+sin responder nada a lo que el otro hablaba, les embistió con furia. Ido
+empezó a engullir comiéndose grandes pedazos sin masticarlos. Durante un
+rato, ambos guardaron silencio. Izquierdo lo rompió dando fuerte golpe
+en la mesa con el mango del cuchillo, y diciendo:
+
+«¡Re-hostia con la Repóblica!... ¡Vaya una porquería!».
+
+Ido asintió con una cabezada.
+
+«¡Repoblicanos de chanfaina... pillos, buleros, piores que serviles,
+moderaos, piores que moderaos!--prosiguió Izquierdo con fiera
+exaltación--.
+
+No colocarme a mí, a mí, que soy el endivido que más bregó por la
+Repóblica en esta judía tierra... Es la que se dice: cría cuervos...
+¡Ah! Señor de Martos, señor de Figueras, señor de Pi... a cuenta que
+ahora no conocen a este pobrete de Izquierdo, porque lo ven
+maltrajeao... pero antes, cuando Izquierdo tenía por sí las afloencias
+de la Inclusa y cuando Bicerra le venía a ver pal cuento de echarnos a
+la calle, entonces... ¡Hostia! Hamos venido a menos. Pero si por un es
+caso golviésemos a más, yo les juro a esos figurones que tendremos una
+_yeción_.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Ido seguía corroborando, aunque no había entendido aquello de la
+_yeción_, ni lo entendiera nadie. Con tal palabra Izquierdo expresaba
+una colisión sangrienta, una marimorena o cosa así. Bebía vaso tras vaso
+sin que su cabeza se afectase, por ser muy resistente.
+
+«Porque mirosté, maestro, lo que les atufa es el aquel de haber estado
+mi endivido en Cartagena... Y yo digo que a mucha honra, ¡re-hostia!
+Allí estábamos los verídicos liberales. Y a cuenta que yo, tocayo, toda
+mi vida no he hecho más que derramar mi sangre por la judía libertad. El
+54, ¿qué hice?, batirme en las barricadas como una presona decente. Que
+se lo pregunten al difunto D. Pascual Muñoz el de la tienda de jierros,
+padre del marqués de Casa-Muñoz, que era el hombre de más afloencias en
+estos arrabales, y me dijo mismamente aquel día: 'Amigo Platón, vengan
+esos cinco'. Y aluego jui con el propio D. Pascual a Palacio, y D.
+Pascual subió a pleticar con la Reina, y pronto bajó con aquel papé
+firmado por la Reina en que les daba la gran patá a los moderaos. D.
+Pascual me dijo que pusiera un pañuelo branco en la punta de un palo y
+que malchara delante diciendo: 'cese er fuego, cese er fuego...'. El 56,
+era yo teniente de melicianos, y O'Donnell me cogió miedo, y cuando
+pleticó a la tropa dijo: 'si no hay quien me coja a Izquierdo, no hamos
+hecho na'. El 66, cuando la de los artilleros, mi compare Socorro y yo
+estuvimos pegando tiros en la esquina de la calle de Laganitos... El 68,
+cuando la santísima, estuve haciendo la guardia en el Banco, pa que no
+robaran, y le digo asté que si por un es caso llega a paicerse por allí
+algún randa, lo suicido... Pues tocan luego a la recompensa, y a Pucheta
+me le hacen guarda de la Casa de Campo, a Mochila del Pardo... y a mí
+una patá. A cuenta que yo no pido más que un triste destino pa portear
+el correo a cualsiquiera parte, y na... Voy a ver a Bicerra, ¿y
+piensasté que me conoce?, ¡pa chasco!... Le digo que soy Izquierdo, por
+mote _Platón_, y menea la cabeza.
+
+Es la que se dice: 'no se acuerdan del judío escalón dimpués que están
+parriba...'. Dimpués me casé y juimos viviendo tal cual. Pero cuando
+vino la judía Repóblica, se me había muerto mi Dimetria, y yo no tenía
+que comer; me jui a ver al señor de Pi, y le dije, digo: 'Señor de Pi,
+aquí vengo sobre una colocación...'. ¡Pa chasco! A cuenta de que el
+hombre me debía de tener tirria, porque se remontó y dijo que él no
+tenía colocaciones. ¡Y un judío portero me puso en la calle!
+¡Re-contra-hostia!, ¡si viviera Calvo Asensio!, aquel sí era un endivido
+que sabía las comenencias, y el tratamiento de las personas verídicas.
+¡Vaya un amigo que me perdí! Toda la Inclusa era nuestra, y en tiempo
+leitoral, ni Dios nos tosía, ni Dios, ¡hostia!... ¡Aquél sí, aquél
+sí!... A cuenta que me cogía del brazo y nos entrábamos en un café, o en
+la taberna a tomar una angelita... porque era muy llano y más liberal
+que la Virgen Santísima. ¿Pero estos de ahora?... es la que dice; ni
+liberales ni repoblicanos, ni na. Mirosté a ese Pi... un mequetrefe. ¿Y
+Castelar?, otro mequetrefe. ¿Y Salmerón?, otro mequetrefe. ¿Roque
+Barcia?, mismamente. Luego, si es caso, vendrán a pedir que les
+ayudemos, ¿pero yo...? No me pienso menear; basta de _yeciones_. Si se
+junde la Repóblica que se junda, y si se junde el judío pueblo, que se
+junda también».
+
+Apuró de nuevo el vaso, y el otro José admiraba igualmente su facundia y
+su receptividad de bebedor. Izquierdo soltó luego una risa sarcástica,
+prosiguiendo así:
+
+«Dicen que les van a traer a Alifonso... ¡Pa chasco! Por mí que lo
+traigan. A cuenta que es como si verídicamente trajeran al Terso. Es la
+que se dice: pa mí lo mismo es blanco que negro. Óigame lo bueno: El año
+pasado, estando en Alcoy, los carcas me jonjabaron. Me corrí a la
+partida de Callosa de Ensarriá y tiré montón de tiros a la Guardia
+Cevil. ¡Qué _yeción_! Salta por aquí, salta por allá. Pero pronto me
+llamé andana porque me habían hecho contrata de medio duro diario, y los
+rumbeles solutamente no paicían. Yo dije: 'José mío, güélvete liberal,
+que lo de carca no tercia'. Una nochecita me escurrí, y del tirón me jui
+a Barcelona, donde la carpanta fue tan grande, maestro, que por poco doy
+las boqueás. ¡Ay!, tocayo, si no es porque se me terció encontrarme allí
+con mi sobrina Fortunata, no la cuento. Socorriome... es buena chica, y
+con los cuartos que me dio, trinqué el judío tren, y a Madriz...».
+
+--Entonces--dijo Ido, fatigado de aquel relato incoherente, y de aquel
+vocabulario grotesco--, recogió usted a ese precioso niño...
+
+Buscaba Ido la novela dentro de aquella gárrula página contemporánea;
+pero Izquierdo, como hombre de más seso, despreciaba la novela para
+volver a la grave historia.
+
+«Allego y me aboco con los comiteles y les canto claro: '¿Pero señores,
+nos acantonamos o no nos acantonamos?... porque si no va a haber aquí
+una _yeción_. ¡Se reían de mí!... ¡pillos! ¡Como que estaban vendidos al
+moderaísmo!... Sabusté tocayo, ¿con qué me motejaban aquellos
+mequetrefes? Pues na; con que yo no sé leer ni escribir: No es todo lo
+verídico, ¡hostia!, porque leer ya sé, aunque no del todo lo seguío que
+se debe. Como escribir, no escribo porque se me corre la tinta por el
+dedo... ¡Bah!, es la que se dice: los escribidores, los periodiqueros, y
+los publicantones son los que han perdío con sus tiologías a esta judía
+tierra, maestro».
+
+Ido tardó mucho tiempo en apoyar esto, por ser quien era; pero Izquierdo
+le apretó el brazo con tanta fuerza, que al fin no tuvo más remedio que
+asentir con una cabezada, haciendo la reserva mental de que sólo por la
+violencia daba su autorizado voto a tal barbaridad.
+
+«Entonces, tocayo de mi arma, viendo que me querían meter en el
+estaribel y enredarme con los guras, tomé el olivo y no juimos a
+Cartagena. ¡Ay, qué vida aquella! ¡Re-hostia! A mí me querían hacer
+menistro de la Gubernación; pero dije que nones. No me gustan suponeres.
+A cuenta que salimos con las freatas por aquellos mares de mi arma. Y
+entonces, que quieras que no, me ensalzaron a tiniente de navío, y
+estaba mismamente a las órdenes del general Contreras, que me trataba
+de tú. ¡Ay qué hombre y qué buen avío el suyo! Parecía verídicamente el
+gran turco con su gorro colorao. Aquello era una gloria. ¡Alicante,
+Águilas! Pelotazo va, pelotazo viene. Si por un es caso nos dejan,
+tocayo, nos comemos el santísimo mundo y lo acantonamos toíto... ¡Orán!
+¡Ay qué mala sombra tiene Orán y aquel judío _vu_ de los franceses que
+no hay cristiano que lo pase!... Me najo de allí, güelvo a mi Españita,
+entro en Madriz mu callaíto, tan fresco... ¿a mí qué?... y me presento a
+estos tiólogos, mequetrefes y les digo: 'Aquí me tenéis, aquí tenéis a
+la personalidá del endivido verídico que se pasó la santísima vida
+peleando como un gato tripa arriba por las judías libertades... Matarme,
+hostia, matarme; a cuenta que no me queréis colocar...'. ¿Usté me hizo
+caso? Pues ellos tampoco. Espotrica que te espotricarás en las Cortes, y
+el santísimo pueblo que reviente. Y yo digo que es menester acantonar a
+Madriz, pegarte fuego a las Cortes, al Palacio Real, y a lo judíos
+ministerios, al Monte de Piedad, al cuartel de la Guardia Cevil y al
+Dipósito de las Aguas, y luego hacer un racimo de horca con Castelar,
+Pi, Figueras, Martos, Bicerra y los demás, por moderaos, por
+moderaos...».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Dijo el _por moderaos_ hasta seis veces, subiendo gradualmente de tono,
+y la última repetición debió de oírse en el puente de Toledo. El otro
+José estaba muy aturdido con la bárbara charla del grande hombre, el más
+desgraciado de los héroes y el más desconocido de los mártires. Su
+máscara de misantropía y aquella displicencia de genio perseguido eran
+natural consecuencia de haber llegado al medio siglo sin encontrar su
+asiento, pues treinta años de tentativas y de fracasos son para abatir
+el ánimo más entero. Izquierdo había sido chalán, tratante en trigos,
+revolucionario, jefe de partidas, industrial, fabricante de velas, punto
+figurado en una casa de juego y dueño de una _chirlata_; había casado
+dos veces con mujeres ricas, y en ninguno de estos diferentes estados y
+ocasiones obtuvo los favores de la voluble suerte. De una manera y otra,
+casado y soltero, trabajando por su cuenta y por la ajena, siempre mal,
+siempre mal, ¡hostia!
+
+La vida inquieta, las súbitas apariciones y desapariciones que hacía, y
+el haber estado en _gurapas_ algunas temporadillas rodearon de misterio
+su vida, dándole una reputación deplorable. Se contaban de él horrores.
+Decían que había matado a Demetria, su segunda mujer, y cometido otros
+nefandos crímenes, violencias y atropellos. Todo era falso. Hay que
+declarar que parte de su mala reputación la debía a sus fanfarronadas y
+a toda aquella humareda revolucionaria que tenía en la cabeza. La mayor
+parte de sus empresas políticas eran soñadas, y sólo las creían ya
+poquísimos oyentes, entre los cuales Ido del Sagrario era el de mayores
+tragaderas. Para completar su retrato, sépase que no había estado en
+Cartagena. De tanto pensar en el dichoso cantón, llegó sin duda a
+figurarse que había estado en él, hablando por los codos de aquellas
+tremendas _yeciones_ y dando detalles que engañaban a muchos bobos. Lo
+de la partida de Callosa sí parece cierto.
+
+También se puede asegurar, sin temor de que ningún dato histórico pruebe
+lo contrario, que _Platón_ no era valiente, y que, a pesar de tanta
+baladronada, su reputación de braveza empezaba a decaer como todas las
+glorias de fundamento inseguro. En los tiempos a que me refiero, el
+descrédito era tal que la propia vanidad _platónica_ estaba ya por los
+suelos. Principiaba a creerse una nulidad, y allá en sus soliloquios
+desesperados, cuando le salía mal alguna de las bajezas con que se
+procuraba dinero, se escarnecía sinceramente, diciéndose: «soy pior que
+una caballería; soy más tonto que un cerrojo; no sirvo absolutamente
+para nada». El considerar que había llegado a los cincuenta años sin
+saber _plumear_ y leyendo sólo a trangullones, le hacía formar de su
+_endivido_ la idea más desventajosa. No ocultaba su dolor por esto, y
+aquel día se lo expresó a su tocayo con sentida ingenuidad:
+
+«Es una gaita esto de no saber escribir... ¡Hostia!, si yo supiera...
+Créalo: ese es el por qué de la tirria que me tiene Pi».
+
+Don José no le contestó. Estaba doblado por la cintura, porque el
+digerir las dos enormes chuletas que se había atizado, no se presentaba
+como un problema de fácil solución. Izquierdo no reparó que a su amigo
+le temblaba horriblemente el párpado, y que las carúnculas del cuello y
+los berrugones de la cara, inyectados y turgentes, parecían próximos a
+reventar. Tampoco se fijó en la inquietud de D. José, que se movía en el
+asiento como si este tuviese espinas; y volviendo a lamentarse de su
+destino, se dejó decir: «Porque no hacen solutamente estimación de los
+verídicos hombres del mérito. Tanto mequetrefe colocao, y a nosotros,
+tocayo, a estos dos hombres de calidá nadie les ensalza. A cuenta de
+ellos se lo pierden; porque usted, ¡hostia!, sería un lince para la
+Destrución pública, y yo... yo».
+
+La vanidad de _Platón_ cayó de golpe cuando más se remontaba, y no
+encontrando aplicación adecuada a su personalidad, se estrelló en la
+conciencia de su estolidez. «Yo... para tirar de un carromato--pensó--.
+Después dejó caer la varonil y gallarda cabeza sobre el pecho y estuvo
+meditando un rato sobre _el por qué_ de su perra suerte. Ido permaneció
+completamente insensible a la lisonja que le soltara su amigo, y tenía
+la imaginación sumergida en sombrío lago de tristezas, dudas, temores y
+desconfianzas. A Izquierdo le roía el pesimismo. La carga de la bebida
+en su estómago no tuvo poca parte en aquel desaliento horrible, durante
+el cual vio desfilar ante su mente los treinta años de fracasos que
+formaban su historia activa... Lo más singular fue que en su tristeza
+sentía una dulce voz silbándole en el oído: «Tú sirves para algo... no
+te amontones...». Mas no se convencía, no. «Al que me dijera
+--pensaba--, cuál es la judía cosa pa que sirve este piazo de hombre, le
+querría, si es caso, más que a mi padre». Aquel desventurado era como
+otros muchos seres que se pasan la mayor parte de la vida fuera de su
+sitio, rodando, rodando, sin llegar a fijarse en la casilla que su
+destino les ha marcado. Algunos se mueren y no llegan nunca; Izquierdo
+debía llegar, a los cincuenta y un años, al puesto que la Providencia le
+asignara en el mundo, y que bien podríamos llamar glorioso. Un año
+después de lo que ahora se narra estaba ya aquel planeta errante, puedo
+dar fe de ello, en su sitio cósmico. _Platón_ descubrió al fin la ley de
+su sino, aquello para que exclusiva y _solutamente_ servía. Y tuvo
+sosiego y pan, fue útil y desempeñó un gran papel, y hasta se hizo
+célebre y se lo disputaban y le traían en palmitas. No hay ser humano,
+por despreciable que parezca, que no pueda ser eminencia en algo, y
+aquel buscón sin suerte, después de medio siglo de equivocaciones, ha
+venido a ser, por su hermosísimo talante, el gran _modelo_ de la pintura
+histórica contemporánea. Hay que ver la nobleza y arrogancia de su
+figura cuando me lo encasquetan una armadura fina, o ropillas y
+balandranes de raso, y me lo ponen _haciendo_ el duque de Gandía, al
+sentir la corazonada de hacerse santo, o el marqués de Bedmar ante el
+Consejo de Venecia, o Juan de Lanuza en el patíbulo, o el gran Alba
+poniéndoles las peras a cuarto a los flamencos. Lo más peregrino es que
+aquella caballería, toda ignorancia y rudeza, tenía un notable instinto
+de la postura, sentía hondamente la facha del personaje, y sabía
+traducirla con el gesto y la expresión de su admirable rostro.
+
+Pero en aquella sazón, todo esto era futuro y sólo se presentaba a la
+mente embrutecida de _Platón_ como presentimiento indeciso de glorias y
+bienandanza. El héroe dio un suspiro, a que contestó el poeta con otro
+suspiro más tempestuoso. Mirando cara a cara a su amigo, Ido tosió dos o
+tres veces, y con una vocecilla que sonaba metálicamente, le dijo,
+poniéndole la mano en el hombro:
+
+«Usted es desgraciado porque no le hacen justicia; pero yo lo soy más,
+tocayo, porque no hay mayor desdicha que el deshonor».
+
+--¡Repóblica puerca, repóblica cochina!--rebuznó _Platón_, dando en la
+mesa un porrazo tan recio, que todo el ventorro tembló.
+
+--Porque todo se puede conllevar--dijo Ido bajando la voz
+lúgubremente--, menos la infidelidad conyugal. Terrible cosa es hablar
+de esto, querido tocayo, y que esta deshonrada boca pregone mi propia
+ignominia... pero hay momentos, francamente, naturalmente, en que no
+puede uno callar. El silencio es delito, sí señor... ¿Por qué ha de
+echar sobre mí la sociedad esta befa, no siendo yo culpable? ¿No soy
+modelo de esposos y padres de familia? ¿Pues cuándo he sido yo
+adúltero?, ¿cuándo?... que me lo digan.
+
+De repente, y saltando cual si fuera de goma, el hombre eléctrico se
+levantó... Sentía una ansiedad que le ahogaba, un furor que le ponía los
+pelos de punta. En este excepcional desconcierto no se olvidó de pagar,
+y dando su duro al _Tartera_, recogió la vuelta.
+
+«Noble amigo--díjole a Izquierdo al oído--, no me acompañe usted...
+Estimo en lo que valen sus ofrecimientos de ayuda. Pero debo ir solo,
+enteramente solo, sí señor; les cogeré _in _ _ fraganti_...
+¡Silencio...!, ¡chis!... La ley me autoriza a hacer un escarmiento...
+pero horrible, tremendo... ¡Silencio digo!».
+
+Y salió de estampía, como una saeta. Viéndole correr, se reían Izquierdo
+y el _Tartera_. El infeliz Ido iba derecho a su camino sin reparar en
+ningún tropiezo. Por poco tumba a un ciego, y le volcó a una mujer la
+cesta de los cacahuetes y piñones. Atravesó la Ronda, el Mundo Nuevo y
+entró en la calle de Mira el Río baja, cuya cuesta se echó a pechos sin
+tomar aliento. Iba desatinado, gesticulando, los ojos fulminantes, el
+labio inferior muy echado para fuera. Sin reparar en nadie ni en nada,
+entró en la casa, subió las escaleras, y pasando de un corredor a otro,
+llegó pronto a su puerta. Estaba cerrada sin llave. Púsose en acecho, el
+oído en el agujero de la llave, y empujando de improviso la abrió con
+estrépito, y echó un vocerrón muy tremendo: ¡Adúuultera!
+
+«¡Cristo!, ya le tenemos otra vez con el dichoso _dengue_...--chilló
+Nicanora, reponiéndose al instante de aquel gran susto--. Pobrecito mío,
+hoy viene perdido...».
+
+Don José entró a pasos largos y marcados, con desplantes de cómico de la
+legua; los ojos saltándosele del casco; y repetía con un tono cavernoso
+la terrorífica palabra: ¡adúuultera!
+
+--Hombre de Dios--dijo la infeliz mujer, dejando a un lado el trabajo,
+que aquel día no era pintura, sino costura--, tú has comido, ¿verdad?...
+Buena la hemos hecho...
+
+Le miraba con más lástima que enojo, y con cierta tranquilidad relativa,
+como se miran los males ya muy añejos y conocidos.
+
+«--Fuertecillo es el ataque... Corazón, ¡cómo estás hoy! Algún indino te
+ha convidado... Si le cojo... Mira, José, debes acostarte...».
+
+--Por Dios, papá--dijo Rosita, que había entrado detrás de su padre--,
+no nos asustes... Quítate de la cabeza esas andróminas.
+
+Apartola él lejos de sí con enérgico ademán, y siguió dando aquellos
+pasos tragicómicos sin orden ni concierto. Parecía registrar la casa; se
+asomaba a las fétidas alcobas, daba vueltas sobre un tacón, palpaba las
+paredes, miraba debajo de las sillas, revolviendo los ojos con fiereza y
+haciendo unos aspavientos que harían reír grandemente si la compasión no
+lo impidiera. La vecindad, que se divertía mucho con el _dengue_ del
+buen ido, empezó a congregarse en el corredor. Nicanora salió a la
+puerta: «Hoy está atroz... Si yo cogiera al lipendi que le convidó a
+magras...».
+
+--¡Venga usted acá, dama infiel!--le dijo el frenético esposo,
+cogiéndola por un brazo.
+
+Hay que advertir que ni en lo más fuerte del acceso era brutal. O
+porque tuviera muy poca fuerza o porque su natural blando no fuese nunca
+vencido de la fiebre de aquella increíble desazón, ello es que sus manos
+apenas causaban ofensa. Nicanora le sujetó por ambos brazos, y él,
+sacudiéndose y pateando, descargaba su ira con estas palabras roncas:
+«No me lo negarás ahora... Le he visto, le he visto yo».
+
+--¿A quién has visto, corazón?... ¡Ah!, sí, al duque. Sí, aquí le
+tengo... No me acordaba... ¡Pícaro duque, que te quiere quitar esa
+recondenada prenda tuya!
+
+Desprendido de las manos de su mujer, que como tenazas le sujetaban, Ido
+volvió a sus mímicas, y Nicanora, sabiendo que no había más medio de
+aplacarle que dar rienda suelta a su insana manía para que el ataque
+pasara más pronto, le puso en la mano un palillo de tambor que allí
+habían dejado los chicos, y empujándole por la espalda... «Ya puedes
+escabecharnos--le dijo--, anda, anda; estamos allí, en el camarín, tan
+agasajaditos... Fuerte, hijo; dale firme y sácanos el mondongo...».
+
+Dando trompicones, entró Ido en una de las alcobas, y apoyando la
+rodilla en el camastro que allí había empezó a dar golpes con el
+palillo, pronunciando torpemente estas palabras: «Adúlteros, expiad
+vuestro crimen». Los que desde el corredor le oían, reíanse a todo
+trapo, y Nicanora arengaba al público diciendo: «pronto se le pasará;
+cuanto más fuerte, menos le dura».
+
+«Así, así... muertos los dos... charco de sangre... yo vengado, mi honra
+la... la... vadita» murmuraba él dando golpes cada vez más flojos, y al
+fin se desplomó sobre el jergón boca abajo. Las piernas colgaban fuera,
+la cara se oprimía contra la almohada, y en tal postura rumiaba
+expresiones oscuras que se apagaban resolviéndose en ronquidos. Nicanora
+le volvió cara arriba para que respirase bien, le puso las piernas
+dentro de la cama, manejándole como a un muerto, y le quitó de la mano
+el palo. Arreglole las almohadas y le aflojó la ropa. Había entrado en
+el segundo periodo, que era el comático, y aunque seguía delirando, no
+movía ni un dedo, y apretaba fuertemente los párpados, temeroso de la
+luz. Dormía la mona de carne.
+
+Cuando la _Venus de Médicis_ salió del cubil, vio que entre las personas
+que miraban por la ventana, estaba Jacinta, acompañada de su doncella.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Había presenciado parte de la escena y estaba aterrada. «Ya le pasó lo
+peor--dijo Nicanora saliendo a recibirla--. Ataque muy fuerte... Pero no
+hace daño. ¡Pobre ángel! Se pone de esta conformidad cuando come».
+
+--¡Cosa más rara! --expresó Jacinta entrando.
+
+--Cuando come carne... Sí señora. Dice el médico que tiene el cerebro
+como pasmado, porque durante mucho tiempo estuvo escribiendo cosas de
+mujeres malas, sin comer nada más que las condenadas judías... La
+miseria, señora, esta vida de perros. ¡Y si supiera usted qué buen
+hombre es!... Cuando está tranquilo no hace cosa mala ni dice una
+mentira... Incapaz de matar una pulga. Se estará dos años sin probar el
+pan, con tal que sus hijos lo coman. Ya ve la señora si soy desgraciada.
+Dos años hace que José empezó con estas incumbencias. ¡Se pasaba las
+noches en vela, sacando de su cabeza unas fábulas...!, todo tocante a
+damas infieles, guapetonas, que se iban de picos pardos con unos duques
+muy adúlteros... y los maridos trinando... ¡Qué cosas inventaba! Y por
+la mañana las ponía en limpio en papel de marquilla con una letra que
+daba gusto verla. Luego le dio el tifus, y se puso tan malo que estuvo
+_suministrado_ y creíamos que se iba. Sanó y le quedaron estas
+calenturas de la sesera, este _dengue_ que le da siempre que toma
+sustancia. Tiene temporadas, señora; a veces el ataque es muy ligero, y
+otras se pone tan encalabrinado que sólo de pasar por delante del
+Matadero le baila el párpado y empieza a decir disparates. Bien dicen,
+señora, que la carne es uno de los enemigos del alma... Cuidado con lo
+que saca... ¡Que yo me adultero, y que se la pego con un duque!... Miren
+que yo con esta facha...
+
+No interesaba a Jacinta aquel triste relato tanto como creía Nicanora, y
+viendo que esta no ponía punto, tuvo la dama que ponerlo.
+
+«Perdone usted--dijo dulcificando su acento todo lo posible--, pero
+dispongo de poco tiempo. Quisiera hablar con ese señor que llaman
+_Don_... José Izquierdo».
+
+--Para servir a vuecencia--dijo una voz en la puerta, y al mirar, encaró
+Jacinta con la arrogantísima figura de _Platón_, quien no le pareció tan
+fiero como se lo habían pintado.
+
+Díjole la Delfina que deseaba hablarle, y él la invitó con toda la
+cortesía de que era capaz a pasar a su habitación. Ama y criada se
+pusieron en marcha hacia el 17, que era la vivienda de Izquierdo.
+
+«¿En dónde está el _Pituso_?» preguntó Jacinta a mitad del camino.
+
+Izquierdo miró al patio donde jugaban varios chicos, y no viéndole por
+ninguna parte, soltó un gruñido. Cerca del 17, en uno de los ángulos del
+corredor había un grupo de cinco o seis personas entre grandes y chicos,
+en el centro del cual estaba un niño como de diez años, ciego, sentado
+en una banqueta y tocando la guitarra. Su brazo era muy pequeño para
+alcanzar el extremo del mango. Tocaba al revés, pisando las cuerdas con
+la derecha y rasgueando con la izquierda, puesta la guitarra sobre las
+rodillas, boca y cuerdas hacia arriba.
+
+La mano pequeña y bonita del ceguezuelo hería con gracia las cuerdas,
+sacando de ellas arpegios dulcísimos y esos punteados graves que tan
+bien expresan el sentir hondo y rudo de la plebe. La cabeza del músico
+oscilaba como la de esos muñecos que tienen por pescuezo una espiral de
+acero, y revolvía de un lado para otro los globos muertos de sus ojos
+cuajados, sin descansar un punto. Después de mucho y mucho puntear y
+rasguear, rompió con chillona voz el canto:
+
+_A Pepa la gitani... i... i..._
+
+Aquel _iiii_ no se acababa nunca, daba vueltas para arriba y para abajo
+como una rúbrica trazada con el sonido. Ya les faltaba el aliento a los
+oyentes cuando el ciego se determinó a posarse en el final de la frase:
+
+_lla-cuando la parió su madre..._
+
+Expectación, mientras el músico echaba de lo hondo del pecho unos ayes y
+gruñidos como de un perrillo al que le están pellizcando el rabo. _¡Ay,
+ay, ay!_... Por fin concluyó:
+
+_sólo para las narices_
+
+_le dieron siete calambres._
+
+Risas, algazara, pataleos... Junto al niño cantor había otro ciego,
+viejo y curtido, la cara como un corcho, montera de pelo encasquetada y
+el cuerpo envuelto en capa parda con más remiendos que tela. Su risilla
+de suficiencia le denunciaba como autor de la celebrada estrofa. Era
+también maestro, padre quizás, del ciego chico y le estaba enseñando el
+oficio. Jacinta echó un vistazo a todo aquel conjunto, y entre las
+respetables personas que formaban el corro, distinguió una cuya
+presencia la hizo estremecer. Era el _Pituso_, que asomando por entre el
+ciego grande y el chico, atendía con toda su alma a la música, puesta
+una mano en la cintura y la otra en la boca. «Ahí está» dijo al Sr.
+Izquierdo, que al punto le sacó del grupo para llevarle consigo. Lo más
+particular fue que si cuando la fisonomía del _Pituso_ estaba
+embadurnada creyó Jacinta advertir en ella un gran parecido con Juanito
+Santa Cruz, al mirarla en su natural ser, aunque no efectivamente
+limpia, el parecido se había desvanecido.
+
+«No se parece» pensaba entre alegre y desalentada, cuando Izquierdo le
+señaló la puerta para que entrase.
+
+Cuentan Jacinta y su criada que al verse dentro de la reducida, inmunda
+y desamparada celda, y al observar que el llamado _Platón_ cerraba la
+puerta, les entró un miedo tan grande que a entrambas se les ocurrió
+salir a la ventanilla a pedir socorro. Miró la señora de soslayo a la
+criada, por ver si esta mostraba entereza de ánimo; pero Rafaela estaba
+más muerta que viva. «Este bandido--pensó Jacinta--, nos va a retorcer
+el pescuezo sin dejarnos chistar». Algo se tranquilizaba oyendo muy
+cerca el guitarreo y el rum rum de la multitud que rodeaba a los dos
+ciegos. Izquierdo les ofreció las dos sillas que en la estancia había, y
+él se sentó sobre un baúl, poniendo al _Pituso_ sobre sus rodillas.
+
+Rafaela cuenta que en aquel momento se le ocurrió un plan infalible para
+defenderse del monstruo, si por acaso las atacaba. Desde el punto en que
+le viera hacer un ademán hostil, ella se le colgaría de las barbas. Si
+en el mismo instante y muy de sopetón su señorita tenía la destreza
+suficiente para coger un asador que muy cerca de su mano estaba y
+metérselo por los ojos, la cosa era hecha.
+
+No había allí más muebles que las dos sillas y el baúl. Ni cómoda, ni
+cama, ni nada. En la oscura alcoba debía de haber algún camastro. De la
+pared colgaba una grande y hermosa lámina detrás de cuyo cristal se
+veían dos trenzas negras de pelo, hermosísimas, enroscadas al modo de
+culebras, y entre ellas una cinta de seda con este letrero: _¡Hija mía!_
+«¿De quién es ese pelo?» preguntó Jacinta vivamente, y la curiosidad le
+alivió por un instante el miedo.
+
+--De la hija de mi mujer --replicó _Platón_ con gravedad, echando una
+mirada de desdén al cuadro de las trenzas.
+
+--Yo creí que eran de... --balbució la dama sin atreverse a acabar la
+frase--. Y la joven a quien pertenecía ese pelo, ¿dónde está?
+
+--En el cementerio--gruñó Izquierdo con acento más propio de bestia que
+de hombre.
+
+Jacinta examinó al _Pituso_ chico y... cosa rara, volvió a advertir
+parecido con el gran _Pituso_. Le miró más, y mientras más le miraba más
+semejanza. ¡Santo Dios! Llamole, y el señor Izquierdo dijo al niño con
+cierta aspereza atenuada que en él podía pasar por dulzura: «Anda,
+piojín, y da un beso a esta señora». El nene, en pie, se resistía a dar
+un paso hacia adelante. Estaba como asustado y clavaba en la señora las
+estrellas de sus ojos. Jacinta había visto ojos lindos, pero como
+aquellos no los había visto nunca. Eran como los del Niño Dios pintado
+por Murillo. «Ven, ven» le dijo llamándole con ese movimiento de las dos
+manos que había aprendido de las madres. Y él tan serio, con las
+mejillas encendidas por la vergüenza infantil, que tan fácilmente se
+resuelve en descaro.
+
+«A cuenta que no es corto de genio; pero se espanta de las personas
+finas» dijo Izquierdo empujándole hasta que Jacinta pudo cogerle.
+
+--Si es todo un caballero formal --declaró la señorita dándole un beso
+en su cara sucia que aún olía a la endiablada pintura--. ¿Cómo estás
+hoy tan serio y ayer te reías tanto y me enseñabas tu lengüecita?
+
+Estas palabras rompieron el sello a la seriedad de Juanín, porque lo
+mismo fue oírlas que desplegar su boca en una sonrisa angelical. Riose
+también Jacinta; pero su corazón sintió como un repentino golpe, y se le
+nublaron los ojos. Con la risa del gracioso chiquillo resurgía de un
+modo extraordinario el parecido que la dama creía encontrar en él.
+Figurose que la raza de Santa Cruz le salía a la cara como poco antes le
+había salido el carmín del rubor infantil. «Es, es...» pensó con
+profunda convicción, comiéndose a miradas la cara del rapazuelo. Vela en
+ella las facciones que amaba; pero allí había además otras desconocidas.
+Entrole entonces una de aquellas rabietinas que de tarde en tarde
+turbaban la placidez de su alma, y sus ojos, iluminados por aquel
+rencorcillo, querían interpretar en el rostro inocente del niño las
+aborrecidas y culpables bellezas de la madre. Habló, y su metal de voz
+había cambiado completamente. Sonaba de un modo semejante a los bajos de
+la guitarra: «Señor Izquierdo, ¿tiene usted ahí por casualidad el
+retrato de su sobrina?».
+
+Si Izquierdo hubiera respondido que sí, ¡cómo se habría lanzado Jacinta
+sobre él! Pero no había tal retrato, y más valía así. Durante un rato
+estuvo la dama silenciosa, sintiendo que se le hacía en la garganta el
+nudo aquel, síntoma infalible de las grandes penas. En tanto, el _Pituso_
+adelantaba rápidamente en el camino de la confianza. Empezó por tocar
+con los dedos tímidamente una pulsera de monedas antiguas que Jacinta
+llevaba, y viendo que no le reñían por este desacato, sino que la
+señora aquella tan guapa le apretaba contra sí, se decidió a examinar el
+imperdible, los flecos del mantón y principalmente el manguito, aquella
+cosa de pelos suaves con un agujero, donde se metía la mano y estaba tan
+calentito.
+
+Jacinta le sentó sobre sus rodillas y trató de ahogar su desconsuelo,
+estimulando en su alma la piedad y el cariño que el desvalido niño le
+inspiraba. Un examen rápido sobre el vestido de él le reprodujo la pena.
+¡Que el hijo de su marido estuviese con las carnecitas al aire, los pies
+casi desnudos...! Le pasó la mano por la cabeza rizosa, haciendo voto en
+su noble conciencia de querer al hijo de otra como si fuera suyo. El
+rapaz fijaba su atención de salvaje en los guantes de la señora. No
+tenía él ni idea remota de que existieran aquellas manos de mentira,
+dentro de las cuales estaban las manos verdaderas.
+
+«¡Pobrecito! --exclamó con vivo dolor Jacinta, observando que el mísero
+traje del _Pituso_ era todo agujeros. Tenía un hombro al aire, y una de
+las nalgas estaba también a la intemperie. ¡Con cuánto amor pasó la mano
+por aquellas finísimas carnes, de las cuales pensó que nunca habían
+conocido el calor de una mano materna, y que estaban tan heladas de
+noche como de día!
+
+«Toca, toca--dijo a la criada--; muertecito de frío».
+
+Y al Sr. Izquierdo: «Pero ¿por qué tiene usted a este pobre niño tan
+desabrigado?».
+
+--Soy pobre, señora --refunfuñó Izquierdo con la sequedad de siempre--.
+No me quieren colocar... por decente...
+
+Iba a seguir espetando el relato de sus cuitas políticas; pero Jacinta
+no le hizo caso. Juanín, cuya audacia crecía por momentos, atrevíase ya
+nada menos que a posarle la mano en la cara, con muchísimo respeto, eso
+sí.
+
+«Te voy a traer unas botas muy bonitas» le dijo la que quería ser madre
+adoptiva, echándole las palabras con un beso en su oído sucio.
+
+El muchacho levantó un pie. ¡Y qué pie! Más valía que ningún cristiano
+lo viera. Era una masa de informe esparto y de trapo asqueroso, llena de
+lodo y con un gran agujero, por el cual asomaba la fila de deditos
+rosados.
+
+«¡Bendito Dios! --exclamó Rafaela rompiendo a reír--. ¿Pero Sr.
+Izquierdo, tan pobre es usted que no tiene para...?».
+
+--Solutamente... --¡Te voy a poner más majo...!, verás. Te voy a poner
+un vestido muy precioso, tu sombrero, tus botas de charol.
+
+Comprendiendo aquello, el muy tuno ¡abría cada ojo...! De todas las
+flaquezas humanas, la primera que apunta en el niño, anunciando el
+hombre, es la presunción. Juanín entendió que le iban a poner guapo y
+soltó una carcajada. Pero las ideas y las sensaciones cambian
+rápidamente en esta edad, y de improviso el _Pituso_ dio una palmada y
+echó un gran suspiro. Es una manera especial que tienen los chicos de
+decir: «Esto me aburre; de buena gana me marcharía». Jacinta le retuvo a
+la fuerza.
+
+--Vamos a ver, Sr. de Izquierdo--dijo la dama, planteando decididamente
+la cuestión--. Ya sé por su vecino de usted quién es la mamá de este
+niño. Está visto que usted no lo puede criar ni educar. Yo me lo llevo.
+
+Izquierdo se preparó a la respuesta.
+
+--Diré a la señora... yo... verídicamente, le tengo ley. Le quiero, si a
+mano viene, como hijo... Socórrale la señora, por ser de la casta que
+es; colóqueme a mí, y yo lo criaré.
+
+--No, estos tratos no me convienen. Seremos amigos; pero con la
+condición de que me llevo este pobre ángel a mi casa. ¿Para qué le
+quiere usted? ¿Para que se críe en esos patios malsanos entre
+pilletes?... Yo le protegeré a usted, ¿qué quiere?, ¿un destino?, ¿una
+cantidad?
+
+--Si la señora--insinuó Izquierdo torvamente, soltando las palabras
+después de rumiarlas mucho--, me logra una cosa...
+
+--A ver qué cosa... --La señora se aboca con Castelar... que me tiene
+tanta tirria... o con el Sr. de Pi.
+
+--Déjeme usted a mí de _pi_ y de _pa_... Yo no le puedo dar a usted
+ningún destino.
+
+--Pues si no me dan la ministración del Pardo, el hijo se queda aquí...
+¡hostia! --declaró Izquierdo con la mayor aspereza, levantándose.
+Parecía responder con la exhibición de su gallarda estatura más que con
+las palabras.
+
+--La administración del Pardo nada menos. Sí, para usted estaba. Hablaré
+a mi esposo, el cual reconocerá a Juanín y le reclamará por la justicia,
+puesto que su madre le ha abandonado.
+
+Rafaela cuenta que al oír esto, se desconcertó un tanto _Platón_. Pero
+no se dio a partido, y cogiendo en brazos al niño le hizo caricias a su
+modo: «¿Quién te quiere a ti, churumbé?... ¿A quién quieres tú, piojín
+mío?».
+
+El chico le echó los brazos al cuello.
+
+«Yo no le impido ni le impediré a usted que le siga queriendo, ni aun
+que le vea alguna vez --dijo la señora, contemplando a Juanín como una
+tonta--. Volveré mañana y espero convencerle... y en cuanto a la
+administración del Pardo, no crea usted que digo que no. Podría ser...
+no sé...».
+
+Izquierdo se dulcificó un poco.
+
+«Nada, nada--pensó Jacinta--, este hombre es un chalán. No sé tratar con
+esta clase de gente. Mañana vuelvo con Guillermina y entonces... aquí te
+quiero ver. Para usted--dijo luego en voz alta--, lo mejor sería una
+cantidad. Me parece que está la patria oprimida».
+
+Izquierdo dio un suspiro y puso al chico en el suelo. «Un endivido, que
+se pasó su santísima vida bregando porque los españoles sean libres...».
+
+--Pero, hombre de Dios, ¿todavía les quiere usted más libres?
+
+--No... es la que se dice... cría cuervos... Sepa usté que Bicerra,
+Castelar y otros mequetrefes, todo lo que son me lo deben a mí.
+
+--Cosa más particular. El ruido de la guitarra y de los cantos de los
+ciegos arreció considerablemente, uniéndose al estrépito de tambores de
+Navidad.
+
+«¿Y tú no tienes tambor?» preguntó Jacinta al pequeñuelo, que apenas
+oída la pregunta ya estaba diciendo que no con la cabeza.
+
+--¡Que barbaridad! ¡Miren que no tener tú un tambor...! Te lo voy a
+comprar hoy mismo, ahora mismo. ¿Me das un beso?
+
+No se hacía de rogar el _Pituso_. Empezaba a ser descarado. Jacinta sacó
+un paquetito de caramelos, y él, con ese instinto de los golosos, se
+abalanzó a ver lo que la señora sacaba de aquellos papeles. Cuando
+Jacinta le puso un caramelo dentro de la boca, Juanín se reía de gusto.
+
+«¿Cómo se dice?» le preguntó Izquierdo.
+
+Inútil pregunta, porque él no sabía que cuando se recibe algo se dan las
+gracias.
+
+Jacinta le volvió a coger en brazos y a mirarle. Otra vez le pareció que
+el parecido se borraba. ¡Si no sería...! Era conveniente averiguarlo y
+no proceder con precipitación. Guillermina se encargaría de esto. De
+repente el muy pillo la miró, y sacándose el caramelo de la boca, se lo
+ofreció para que chupase ella.
+
+«No, tonto, si tengo más».
+
+Después, viendo que su galantería no era estimada, le enseñó la lengua.
+
+«¡Grandísimo tuno, me haces burla, a mí!...».
+
+Y él, entusiasmándose, volvió a sacar la lengua, y habló por primera vez
+en aquella conferencia, diciendo muy claro: «Putona».
+
+Ama y criada rompieron a reír, y Juanín lanzó una carcajada
+graciosísima, repitiendo la expresión, y dando palmadas como para
+aplaudirse.
+
+--¡Qué cosas le enseña usted!...
+
+--Vaya, hijo, no digas exprisiones...
+
+--¿Me quieres?--le dijo la Delfina apretándole contra sí.
+
+El chico clavó sus ojos en Izquierdo.
+
+«Dile que sí pero a cuenta que no te vas con ella... ¿sabes?... que no
+te vas con ella, porque quieres más a tu papá Pepe, piojín..., y que a
+tu papá le tien que dar la ministración».
+
+Volvió el bárbaro a cogerle, y Jacinta se despidió, haciendo propósito
+firme de volver con el refuerzo de su amiga.
+
+«Adiós, adiós, Juanín. Hasta mañana»; y le besó la mano, pues la cara
+era imposible por tenerla toda untada de caramelo.
+
+--Adiós, rico--dijo Rafaela pellizcándole los dedos de un pie que
+asomaban por las claraboyas del calzado.
+
+Y salieron. Izquierdo, que aunque se tenía por caballería, preciábase de
+ser caballero, salió a despedirlas a la puerta de la calle, con el
+pequeño en brazos. Y le movía la manecita para hacerle saludar a las dos
+mujeres hasta que doblaron la esquina de la calle del Bastero.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+A las nueve del día siguiente ya estaban allí otra vez ama y doncella,
+esperando a Guillermina, que convino en unirse con su amiga en cuanto
+despachara ciertos quehaceres que tenía en la estación de las Pulgas.
+Había recibido dos vagones de sillares y obtenido del director de la
+Compañía del Norte que le hicieran la descarga gratis con las grúas de
+la empresa... ¡los pasos que tuvo que dar para esto! Pero al fin se
+salió con la suya, y además quería que del transporte se encargara la
+misma empresa, que bastante dinero ganaba, y bien podía dar a los
+huérfanos desvalidos unos cuantos viajes de camiones.
+
+En cuanto entraron Jacinta y Rafaela vieron a Juanín jugando en el
+patio. Llamáronle y no quiso venir. Las miraba desde lejos, riendo, con
+media mano metida dentro de la boca; pero en cuanto le enseñaron el
+tambor que le traían, como se enseñan al toro, azuzándole, las
+banderillas que se le han de clavar, vino corriendo como exhalación. Su
+contento era tal que parecía que le iba a dar una pataleta, y estaba tan
+inquieto, que a Jacinta le costó trabajo colgarle el tambor. Cogidos los
+palillos uno en cada mano, empezó a dar porrazos sobre el parche,
+corriendo por aquellos muladares, envidiado de los demás, y sin ocuparse
+de otra cosa que de meter toda la bulla posible.
+
+Jacinta y Rafaela subieron. La criada llevaba un lío de cosas, dádivas
+que la señora traía a los menesterosos de aquella pobrísima vecindad.
+Las mujeres salían a sus puertas movidas de la curiosidad; empezaba el
+chismorreo, y poco después, en los murmurantes corros que se formaron,
+circulaban noticias y comentos: «A la señá Nicanora le ha traído un
+mantón borrego, al tío _Dido_ un sombrero y un chaleco de Bayona, y a
+Rosa le ha puesto en la mano cinco duros como cinco soles...». --«A la
+baldada del número 9 le ha traído una manta de cama, y a la señá
+Encarnación un aquel de franela para la reuma, y al tío Manjavacas un
+ungüento en un tarro largo que lo llaman _pitofufito_... sabe, lo que le
+di yo a mi niña el año pasado, lo cual no le quitó de
+morírseme...».--«Ya estoy viendo a Manjavacas empeñando el tarro o
+cambiándolo por gotas de aguardiente...».--«Oí que le quiere comprar el
+niño a señó Pepe, y que le da treinta mil duros... y le hace
+gobernaor...».--«¿Gobernaor de qué?...». --«Paicen bobas... pues tiene
+que ser de las caballerizas repoblicanas...».
+
+Jacinta empezaba a impacientarse porque no llegaba su amiga, y en tanto
+tres o cuatro mujeres, hablando a un tiempo, le exponían sus necesidades
+con hiperbólico estilo. Esta tenía a sus dos niños descalcitos; la otra
+no los tenía descalzos ni calzados, porque se le morían todos, y a ella
+le había quedado una angustia en el pecho que decían era una _eroísma_.
+La de más allá tenía cinco hijos y vísperas, de lo que daba fe el
+promontorio que le alzaba las faldas media vara del suelo. No podía ir
+en tal estado a la Fábrica de Tabacos, por lo cual estaba pasando la
+familia una _crujida_ buena. El pariente de estotra no trabajaba, porque
+se había caído de un andamio y hacía tres meses que estaba en el catre
+con un tolondrón en el pecho y muchos dolores, echando sangre por la
+boca. Tantas y tantas lástimas oprimían el corazón de Jacinta, llevando
+a su mente ideas muy latas sobre la extensión de la miseria humana. En
+el seno de la prosperidad en que ella vivía, no pudo darse nunca cuenta
+de lo grande que es el imperio de la pobreza, y ahora veía que, por
+mucho que se explore, no se llega nunca a los confines de este dilatado
+continente. A todos les daba alientos y prometía ampararles en la
+medida de sus alcances, que, si bien no cortos, eran quizás
+insuficientes para acudir a tanta y tanta necesidad. El círculo que la
+rodeaba se iba estrechando, y la dama empezaba a sofocarse. Dio algunos
+pasos; pero de cada una de sus pisadas brotaba una compasión nueva;
+delante de su caridad luminosa íbanse levantando las desdichas humanas,
+y reclamando el derecho a la misericordia. Después de visitar varias
+casas, saliendo de ellas con el corazón desgarrado, hallábase otra vez
+en el corredor, ya muy intranquila por la tardanza de su amiga, cuando
+sintió que le tiraban suavemente de la cachemira. Volviose y vio una
+niña como de cinco o seis años, lindísima, muy limpia, con una hoja de
+_bónibus_ en el pelo.
+
+«Señora--le dijo la niña con voz dulce y tímida, pronunciando con la más
+pura corrección--, ¿ha visto usted mi delantal?».
+
+Cogiendo por los bordes el delantal, que era de cretona azul, recién
+planchado y sin una mota, lo mostraba a la señorita.
+
+«Sí... ya lo veo--dijo ésta admirada de tanta gracia y coquetería--.
+Estás muy guapa y el delantal es... magnífico».
+
+--Lo he estrenado hoy... no lo ensuciaré, porque no bajo al
+patio--añadió la pequeña, hinchando de gozo y vanidad sus naricillas.
+
+--¿De quién eres? ¿Cómo te llamas?
+
+--Adoración. --¡Qué mona eres... y qué simpática!
+
+--Esta niña--dijo una de las vecinas--, es hija de una mujer muy mala
+que la llaman _Mauricia la Dura_. Ha vivido aquí dos veces, porque la
+pusieron en las _Arrecogidas_, y se escapó, y ahora no se sabe dónde
+anda.
+
+--¡Pobre niña!... su mamá no la quiere.
+
+--Pero tiene por mamá a su tía Severiana, que la ampara como si fuera
+hija y la va criando. ¿No conoce la señorita a Severiana?
+
+--He oído hablar de ella a mi amiga.
+
+--Sí, la señorita Guillermina la quiere mucho... Como que ella y
+Mauricia son hijas de la planchadora de la casa... ¡Severiana!... ¿Dónde
+está esa mujer?
+
+--En la compra--replicó Adoración.
+
+--Vaya, que eres muy señorita.
+
+La otra, que se oyó llamar señorita, no cabía en sí de satisfacción.
+
+«Señora--dijo, encantando a Jacinta con su metal de voz argentino y su
+pronunciación celestial--. Yo no me pinté la cara el otro día...».
+
+--¡Tú no...!, ya lo sabía. Eres muy aseada.
+
+--No, no me pinté --repitió acentuando tan fuertemente el no con la
+cabeza, que parecía que se le rompía el pescuezo--. Esos puercachones me
+querían pintar, pero no me dejé.
+
+Jacinta y Rafaela estaban embelesadas. No habían visto una niña tan
+bonita, tan modosa y que se metiera por los ojos como aquella. Daba
+gusto ver la limpieza de su ropa. La falda la tenía remendada, pero
+aseadísima; los zapatos eran viejos, pero bien defendidos, y el delantal
+una obra maestra de pulcritud.
+
+En esto llegó la tía y madre adoptiva de Adoración. Era guapetona, alta
+y garbosa, mujer de un papelista, y la inquilina más ordenada, o si se
+quiere, más pudiente de aquella colmena. Vivía en una de las
+habitaciones mejores del primer patio y no tenía hijos propios, razón
+más para que Jacinta simpatizase con ella. En cuanto se vieron se
+comprendieron. Severiana estimó en lo que valían las bondades de la dama
+para con la pequeña; hízola entrar en su casa, y le ofreció una silla de
+las que llaman de Viena, mueble que en aquellos tugurios pareciole a
+Jacinta el colmo de la opulencia.
+
+«¿Y mi ama doña Guillermina?--preguntó Severiana--. Ya sé que viene
+ahora todos los días. ¿Usted no me conoce? Mi madre fue planchadora en
+casa de los señores de Pacheco... allí nos criamos mi hermana Mauricia y
+yo».
+
+--He oído hablar de ustedes a Guillermina...
+
+Severiana dejó el cesto de la compra, que bien repleto traía, arrojó
+mantón y pañuelo, y no pudo resistir un impulso de vanidad. Entre las
+habitantes de las casas domingueras es muy común que la que viene de la
+plaza con abundante compra la exponga a la admiración y a la envidia de
+las vecinas. Severiana empezó a sacar su repuesto, y alargando la mano
+lo mostraba de la puerta afuera... «Vean ustedes... una brecolera... un
+cuarterón de carne de falda... un pico de carnero con carrilladas...
+escarola...» y por último salió la gran sensación. Severiana la enseñó
+como un trofeo, reventando de orgullo. «¡Un conejo!» clamaron media
+docena de voces... «¡Hija, cómo te has corrido!».--«Hija, porque se
+puede, y lo he sacado por siete riales». Jacinta creyó que la cortesía
+la obligaba a lisonjear a la dueña de la casa, mirando con muchísimo
+interés las provisiones y elogiando su bondad y baratura.
+
+Hablose luego de Adoración, que se había cosido a las faldas de Jacinta,
+y Severiana empezó a referir:
+
+«Esta niña es de mi hermana Mauricia... La señora metió en las Micaelas
+a mi hermana, pero esta se fugó, encaramándose por una tapia; y ahora la
+estamos buscando para volverla a encerrar allá».
+
+--Conozco mucho esa Orden--dijo la de Santa Cruz--, y soy muy amiga de
+las madres Micaelas.
+
+Allí la enderezarán... Crea usted que hacen milagros...
+
+--Pero si es muy mala... señora, muy mala--replicó Severiana dando un
+suspiro--. Aquí me dejó esta criatura, y no nos pesa, porque me tira el
+alma como si la hubiera parido... lo cual que todos los míos me han
+nacido muertos; y mi Juan Antonio le ha tomado tal ley a la chica, que
+no se puede pasar sin ella. Es una pinturera, eso sí, y me enreda mucho.
+Como que nació y se crió entre mujeres malas, que la enseñaron a
+fantasiar y a ponerse polvos en la cara. Cuando va por la calle, hace
+unos meneos con el cuerpo que... ya le digo que la deslomo, si no se le
+quita esa maña... ¡Ah!, ¡verás tú, verás, bribonaza! Lo bueno que tiene
+es que no me empuerca la ropa y le gusta lavarse manos, brazos, hocico,
+y hasta el cuerpo, señora, hasta el cuerpo. Como coja un pedazo de jabón
+de olor, pronto da cuenta de él. ¿Pues el peinarse? Ya me ha roto tres
+espejos, y un día... ¿que creerá la señora que estaba haciendo?... pues
+pintándose las cejas con un corcho quemado.
+
+Adoración púsose como la grana, avergonzada de las perrerías que se
+contaban de ella.
+
+«No lo hará más --dijo la dama sin hartarse de acariciar aquella cara
+tan tersa y tan bonita; y variando la conversación, lo que agradeció
+mucho la pequeña, se puso a mirar y alabar el buen arreglo de la
+salita».
+
+«Tiene usted una casa muy mona».
+
+--Para menestrales, talcualita. Ya sabe la señorita que está a su
+disposición. Es muy grande para nosotros; pero tengo aquí una amiga que
+vive en compañía, doña Fuensanta, viuda de un señor comandante. Mi
+marido es bueno como los panes de Dios. Me gana catorce riales y no
+tiene ningún vicio. Vivimos tan ricamente.
+
+Jacinta admiró la cómoda, bruñida de tanto fregoteo, y el altar que
+sobre ella formaban mil baratijas, y las fotografías de gente de tropa,
+con los pantalones pintados de rojo y los botones de amarillo. El Cristo
+del Gran Poder y la Virgen de la Paloma, eran allí dos hermosos cuadros;
+había un gran cromo con la _Numancia_, navegando en un mar de musgo, y
+otro cuadrito bordado con _dos corazones amantes_, hechos a estilo de
+dechado, unidos con una cinta.
+
+Se hacía tarde, y Jacinta no tenía sosiego. Por fin, saliendo al
+corredor, vio venir a su amiga presurosa, acalorada... «No me riñas,
+hija; no sabes cómo me han marcado esos badulaques en la estación de las
+Pulgas. Que no pueden hacer nada sin orden expresa del Consejo. No han
+hecho caso de la tarjeta que llevé, y tengo que volver esta tarde, y los
+sillares allí muertos de risa y la obra parada... Pero en fin, vamos a
+nuestro asunto. ¿En dónde está ese que se come la gente? Adiós,
+Severiana... Ahora no me puedo entretener contigo. Luego hablaremos».
+
+Avanzaron en busca de la guarida de Izquierdo, siempre rodeadas de
+vecinas. Adoración iba detrás, cogida a la falda de Jacinta, como los
+pajes que llevan la cola de los reyes, y delante abriendo calle, como un
+batidor, la zancuda, que aquel día parecía tener las canillas más
+desarrolladas y las greñas más sueltas. Jacinta le había llevado unas
+botas, y estaba la chica muy incomodada porque su madre no se las dejaba
+poner hasta el domingo.
+
+Vieron entornada la puerta del 17, y Guillermina la empujó. Grande fue
+su sorpresa al encarar, no con el señor _Platón_ a quien esperaba
+encontrar allí, sino con una mujerona muy altona y muy feona, vestida de
+colorines, el talle muy bajo, la cara como teñida de ferruje, el pelo
+engrasado y de un negro que azuleaba. Echose a reír aquel vestiglo,
+enseñando unos dientes cuya blancura con la nieve se podría comparar, y
+dijo a las señoras que _Don_ Pepe no estaba, pero que al momentico
+vendría. Era la vecina del bohardillón, llamada comúnmente la
+_gallinejera_, por tener puesto de gallineja y fritanga en la esquina de
+la Arganzuela. Solía prestar servicios domésticos al decadente señor de
+aquel domicilio, barrerle el cuarto una vez al mes, apalearle el jergón,
+y darle una mano de refregones al _Pituso_, cuando la porquería le ponía
+una costra demasiado espesa en su angelical rostro. También solía
+preparar para el grande hombre algunos platos exquisitos, como dos
+cuartos de molleja, dos cuartos de sangre frita y a veces una ensalada
+de escarola, bien cargada de ajo y comino.
+
+No tardó en venir Izquierdo, y echose fuera la estantigua aquella
+gitanesca, a quien Rafaela miraba con verdadero espanto, rezando
+mentalmente un Padre-nuestro porque se marchara pronto. Venía el bárbaro
+dando resoplidos, cual si le rindiera la fatiga de tanto negocio como
+entre manos traía, y arrojando su pavero en el rincón y limpiándose con
+un pañuelo en forma de pelota el sudor de la nobilísima frente, soltó
+este gruñido: «Vengo de en ca Bicerra... ¿Ustés me recibieron? Pues él
+tampoco... ¡el muy soplao, el muy...! La culpa tengo yo que me rebajo a
+endividos tan... disinificantes».
+
+--Cálmese usted, Sr. Pepe --indicó Jacinta, sintiéndose fuerte en
+compañía de su amiga.
+
+Como no había más que dos sillas, Rafaela tuvo que sentarse en el baúl y
+el grande hombre no comprendido quedose en pie; mas luego tomó una cesta
+vacía que allí estaba, la puso boca abajo y acomodó su respetable
+persona en ella.
+
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Desde que se cruzaron las primeras palabras de aquella conferencia, que
+no dudo en llamar memorable, cayó Izquierdo en la cuenta de que tenía
+que habérselas con un diplomático mucho más fuerte que él. La tal doña
+Guillermina, con toda su opinión de santa y su carita de Pascua, se le
+atravesaba. Ya estaba seguro de que le volvería tarumba con sus
+_tiologías_ porque aquella señora debía de ser muy nea, y él, la verdad,
+no sabía tratar con neos.
+
+«Con que Sr. Izquierdo--propuso la fundadora sonriendo--, ya sabe
+usted... esta amiga mía quiere recoger a ese pobre niño, que tan mal se
+cría al lado de usted... Son dos obras de caridad, porque a usted le
+socorreremos también, siempre que no sea muy exigente...».
+
+--¡Hostia, con la tía bruja esta!--dijo para sí _Platón_, revolviendo
+las palabras con mugidos; y luego en voz alta--: Pues como dije a la
+señora, si la señora quiere al _Pituso_, que se aboque con Castelar...
+
+--Eso sí; para que le hagan a usted ministro... Sr. Izquierdo, no nos
+venga usted con sandeces. ¿Cree que somos tontas? A buena parte viene...
+Usted no puede desempeñar ningún destino, porque no sabe leer.
+
+Recibió Izquierdo tan tremendo golpe en su vanidad, que no supo qué
+contestar. Tomando una actitud noble, puesta la mano en el pecho,
+repuso:
+
+«Señora, eso de no saber no es todo lo verídico... digo que no es todo
+lo verídico... verbi gracia: que es mentira. A cuenta que nos moteja
+porque semos probes. La probeza no es deshonra».
+
+--No lo es, cierto, pero sí; pero tampoco es honra, ¿estamos? Conozco
+pobres muy honrados; pero también los hay que son buenos pájaros.
+
+--Yo soy todo lo decente... ¿estamos?
+
+--¡Ah!, sí... Todos nos llamamos personas decentes; pero facilillo es
+probarlo. Vamos a ver. ¿Cómo se ha pasado usted la vida? Vendiendo
+burros y caballos, después conspirando y armando barricadas...
+
+--¡Y a mucha honra, y a mucha honra!... ¡re-hostia!--gritó fuera de sí
+el chalán, levantándose encolerizado--. ¡Vaya con las tías estas...!
+
+Jacinta daba diente con diente. Rafaela quiso salir a llamar; pero su
+propio temor le había paralizado las piernas.
+
+«Ja, ja, ja... nos llama _tías_...--exclamó Guillermina echándose a reír
+cual si hubiera oído un inocente chiste--. Vaya con el excelentísimo
+señor... ¿Y piensa que nos vamos a enfadar por la flor que nos echa?
+Quia; yo estoy muy acostumbrada a estas finuras. Peores cosas le dijeron
+a Cristo.
+
+--Señora... señora... no me saque la dinidá; mire que me estoy
+aguantando... aguantando...
+
+--Más aguantamos nosotras. --Yo soy un endivido... tal y como...
+
+--Lo que es usted, bien lo sabemos: un holgazanote y un bruto... Sí
+hombre, no me desdigo... ¿Piensa usted que le tengo miedo? A ver; saque
+pronto esa navaja...
+
+--No la gasto pa mujeres... --Ni para hombres... Si creerá este
+fantasmón que nos va a acoquinar porque tiene esa fachada... Siéntese
+usted y no haga visajes, que eso servirá para asustar a chicos, pero no
+a mí. Además de bruto es usted un embustero, porque ni ha estado en
+Cartagena ni ese es el camino, y todo lo que cuenta de las revoluciones
+es gana de hablar. A mí me ha enterado quien le conoce a usted bien...
+¡Ah!, pobre hombre, ¿sabe usted lo que nos inspira? Pues lástima, una
+lástima que no puede ponderarle, por lo grande que es...
+
+Completamente aturdido, cual si le hubieran descargado una maza sobre el
+cuello, Izquierdo se sentó sobre la cesta, y esparció sus miradas por el
+suelo. Rafaela y Jacinta respiraron, pasmadas del valor de su amiga, a
+quien veían como una criatura sobrenatural.
+
+--Con que vamos a ver--prosiguió esta guiñando los ojos, como siempre
+que exponía un asunto importante--. Nosotras nos llevamos al niñito, y
+le damos a usted una cantidad para que se remedie...
+
+--¿Y qué hago yo con un triste estipendio? ¿Cree que yo me vendo?
+
+--¡Ay, qué delicados están los tiempos!... Usted, ¿qué se ha de vender?
+Falta que haya quien le compre. Y esto no es compra, sino socorro. No me
+dirá usted que no lo necesita...
+
+--En fin, pa no cansar... --replicó bruscamente José--, si me dan la
+ministración...
+
+--Una cantidad y punto concluido...
+
+--¡Que no me da la gana, que no me da la santísima gana!
+
+--Bueno, bueno, no grite usted tanto, que no somos sordas. Y no sea
+usted tan fino, que tales finuras son impropias de un señor
+revolucionario tan... feroz.
+
+--Usted me quema la sangre... --¿Con que destino, y si no no? Tijeretas
+han de ser. A fe que está el hombre cortadito para administrador. Sr.
+Izquierdo, dejemos las bromas a un lado; me da mucha lástima de usted;
+porque, lo digo con sinceridad, no me parece tan mala persona como cree
+la gente. ¿Quiere usted que le diga la verdad? Pues usted es un
+infelizote que no ha tenido parte en ningún crimen ni en la invención de
+la pólvora.
+
+Izquierdo alzó la vista del suelo y miró a Guillermina sin ningún
+rencor. Parecía confirmar con una mirada de sinceridad lo que la
+fundadora declaraba.
+
+«Y lo sostengo, este hijo de Dios no es un hombre malo. Dicen por ahí
+que usted asesinó a su segunda mujer... ¡Patraña! Dicen que usted ha
+robado en los caminos... ¡Mentira! Dicen por ahí que usted ha dado
+muchos trabucazos en las barricadas... ¡Paparrucha!».
+
+--Parola, parola, parola --murmuró Izquierdo con amargura.
+
+--Usted se ha pasado la vida luchando por el pienso y no sabiendo nunca
+vencer. No ha tenido arreglo... La verdad, este vendehumos es hombre de
+poca disposición: no sabe nada, no trabaja, no tiene pesquis más que
+para echar fanfarronadas y decir que se come los niños crudos. Mucho
+hablar de la República y de los cantones, y el hombre no sirve ni para
+los oficios más toscos... ¿Qué tal?, ¿me equivoco? ¿Es este el retrato
+de usted, sí o no?...
+
+_Platón_ no decía nada, y pasó y repasó su hermosa mirada por los
+ladrillos del piso, como si los quisiera barrer con ella. Las palabras
+de Guillermina resonaban en su alma con el acento de esas verdades
+eternas contra las cuales nada pueden las argucias humanas.
+
+«Después --añadió la santa--, el pobre hombre ha tenido que valerse de
+mil arbitrios no muy limpios para poder vivir, porque es preciso
+vivir... Hay que ser indulgente con la miseria, y otorgarle un poquitín
+de licencia para el mal».
+
+Durante la breve pausa que siguió a los últimos conceptos de
+Guillermina, el infeliz hombre cayó en su conciencia como en un pozo, y
+allí se vio tal cual era realmente, despojado de los trapos de oropel en
+que su amor propio le envolvía; pensó lo que otras veces había pensado,
+y se dijo en sustancia: «Si soy un verídico mulo, un buen Juan que no
+sabe matar un mosquito; y esta diabla de santa tiene dentro el cuerpo al
+Pae Eterno».
+
+Guillermina no le quitaba los ojos, que con los guiños se volvían
+picarescos. Era una maravilla cómo le adivinaba los pensamientos. Parece
+mentira, pero no lo es, que después de otra pausa solemne, dijo la
+Pacheco estas palabras:
+
+«Porque eso de que Castelar le coloque es cosa de labios afuera. Usted
+mismo no lo cree ni en sueños. Lo dice por embobar a Ido y otros tontos
+como él... Ni ¿qué destino le van a dar a un hombre que firma con una
+cruz? Usted que alardea de haber hecho tantas revoluciones y de que nos
+ha traído la dichosa República, y de que ha fundado el cantón de
+Cartagena... ¡así ha salido él!... usted que se las echa de hombre
+perseguido y nos llama neas con desprecio y publica por ahí que le van a
+hacer archipámpano, se contentará... dígalo con franqueza, se contentará
+con que le den una portería...».
+
+A Izquierdo le vibró el corazón, y este movimiento del ánimo fue tan
+claramente advertido por Guillermina, que se echó a reír, y tocándole la
+rodilla con la mano, repitió:
+
+«¿No es verdad que se contentará?... Vamos, hijo mío, confiéselo por la
+pasión y muerte de nuestro Redentor, en quien todos creemos».
+
+Los ojos del chalán se iluminaron. Se le escapó una sonrisilla y dijo
+con viveza:
+
+«¿Portería de ministerio?».
+
+--No, hijo, no tanto... Español había de ser. Siempre picando alto y
+queriendo servir al Estado... Hablo de portería de casa particular.
+
+Izquierdo frunció el ceño. Lo que él quería era ponerse uniforme con
+galones. Volvió a sumergirse de una zambullida en su conciencia, y allí
+dio volteretas alrededor de la portería de casa particular. Él, lo dicho
+dicho, estaba ya harto de tanto bregar por la perra existencia. ¿Qué
+mejor descanso podía apetecer que lo que le ofrecía aquella _tía_, que
+debía de ser sobrina de la Virgen Santísima?... Porque ya empezaba a ser
+viejo y no estaba para muchas bromas. La oferta significaba pitanza
+segura, poco trabajo; y si la portería era de casa grande, el uniforme
+no se lo quitaba nadie... Ya tenía la boca abierta para soltar un
+_conforme_ más grande que la casa de que debía ser portero, cuando el
+amor propio, que era su mayor enemigo, se le amotinó, y la fanfarronería
+cultivada en su mente armole una gritería espantosa. Hombre perdido.
+Empezó a menear la cabeza con displicencia, y echando miradas de desdén
+a una parte y otra, dijo: «¡Una portería!... es poco».
+
+--Ya se ve... no puede olvidar que ha sido ministro de la Gobernación,
+es decir, que lo quisieron nombrar... aunque me parece que se convino en
+que todo ello fue invención de esa gran cabeza. Veo que entre usted y D.
+José Ido, otro que tal, podrían inventar lindas novelas. ¡Ah!, la
+miseria, el mal comer, ¡cómo hacen desvariar estos pobres cerebros!...
+En resumidas cuentas, Sr. Izquierdo...
+
+Este se había levantado, y poniéndose a dar paseos por la habitación con
+las manos en los bolsillos, expresó sus magnánimos pensamientos de esta
+manera:
+
+«Mi dinidá y sinificancia no me premiten... Es la que se dice: quisiera,
+pero no pué ser, no pué ser. Si quieren solutamente socorrerme por que
+me quitan a mi piojín de mi arma, me atengo al honorario».
+
+--¡Alabado sea Dios! Al fin caemos en la cantidad...
+
+Jacinta veía el cielo abierto... pero este cielo se nubló cuando el
+bárbaro desde un rincón, donde su voz hacía ecos siniestros, soltó estas
+fatídicas palabras:
+
+«Ea... pues... mil duros, y trato hecho».
+
+--¡Mil duros!--dijo Guillermina--. ¡La Virgen nos acompañe!, ya los
+quisiéramos para nosotros. Siempre será un poquito menos.
+
+--No bajo ni un chavo. --¿A que sí? Porque si usted es chalán también yo
+soy chalana.
+
+Jacinta discurría ya cómo se las compondría para juntar los mil duros,
+que al principio le parecieron suma muy grande, después pequeña, y así
+estuvo un rato apreciando con diversos criterios de cantidad la cifra.
+
+«Que no rebajo ni tanto así. Lo mismo me da monea metálica que pápiros
+del Banco. Pero ojo al guarismo, que no rebajo na».
+
+--Eso, eso, tengamos carácter... ¡Pues no tiene pocas pretensiones! Ni
+usted con toda su casta vale mil cuartos, cuanto más mil duros... Vaya,
+¿quiere dos mil reales?
+
+Izquierdo hizo un gesto de desprecio.
+
+«¿Qué, se nos enfada?... Pues nada, quédese usted con su angelito. ¿Pues
+qué se ha creído el muy majadero, que nos tragábamos la bola de que el
+_Pituso_ es hijo del esposo de esta señora? ¿Cómo se prueba eso?...».
+
+--Yo na tengo que ver... pues bien claro está que es pae
+natural--replicó Izquierdo de mal talante--, pae natural del hijo de mi
+sobrina, verbo y gracia, Juanín.
+
+--¿Tiene usted la partida de bautismo?
+
+--La tengo--dijo el salvaje mirando al cofre sobre el que se sentaba
+Rafaela.
+
+--No, no saque usted papeles, que tampoco prueban nada. En cuanto a la
+paternidad _natural_, como usted dice, será o no será. Pediremos
+informes a quien pueda darlos.
+
+Izquierdo se rascaba la frente, como escarbando para extraer de ella una
+idea. La alusión a Juanito hízole recordar sin duda cuando rodó
+ignominiosamente por la escalera de la casa de Santa Cruz. Jacinta, en
+tanto, quería llegar a un arreglo ofreciendo la mitad; mas Guillermina,
+que le adivinó en el semblante sus deseos de conciliación, le impuso
+silencio, y levantándose, dijo:
+
+«Señor Izquierdo; guárdese usted su _churumbé_, que lo que es este timo
+no le ha salido».
+
+--Señora... ¡Hostia!, yo soy un hombre de bien, y conmigo no se queda
+ninguna nea, ¿estamos? --replicó él con aquella rabia superficial que no
+pasaba de las palabras.
+
+--Es usted muy amable... Con las finuras que usted gasta no es posible
+que nos entendamos. ¡Si habrá usted creído que esta señora tenía un gran
+interés en apropiarse del niño! Es un capricho, nada más que un
+capricho. Esta simple se ha empeñado en tener chiquillos... manía tonta,
+porque cuando Dios no quiere darlos, Él se sabrá por qué... Vio al
+_Pituso_, le dio lástima, le gustó... pero es muy caro el animalito. En
+estos dos patios los dan por nada, a escoger... por nada, sí, alma de
+Dios, y con agradecimiento encima... ¿Qué te creías, que no hay más que
+tu piojín?... Ahí está esa niña preciosísima que llaman Adoración...
+Pues nos la llevaremos cuando queramos, porque la voluntad de Severiana
+es la mía... Con que abur... ¿Qué tienes que contestar?
+
+Ya te veo venir: que el _Pituso_ es de la propia sangre de los señores
+de Santa Cruz. Podrá ser, y podrá no ser... Ahora mismo nos vamos a
+contarle el caso al marido de mi amiga, que es hombre de mucha
+influencia y se tutea con Pi y almuerza con Castelar y es hermano de
+leche de Salmerón... Él verá lo que hace. Si el niño es suyo, te lo
+quitará; y si no lo es, ayúdame a sentir. En este caso, pedazo de
+bárbaro, ni dinero, ni portería, ni nada.
+
+Izquierdo estaba como aturdido con esta rociada de palabras vivas y
+contundentes. Guillermina, en aquellas grandes crisis oratorias, tuteaba
+a todo el mundo... Después de empujar hacia la puerta a Jacinta y a
+Rafaela, volviose al desgraciado, que no acertaba a decir palabra, y
+echándose a reír con angélica bondad, le habló en estos términos:
+
+«Perdóname que te haya tratado duramente como mereces... Yo soy así. Y
+no te vayas a creer que me he enfadado. Pero no quiero irme sin darte
+una limosna y un consejo. La limosna en esta. Toma, para ayuda de un
+panecillo».
+
+Alargó la mano ofreciéndole dos duros, y viendo que el otro no los
+tomaba, púsolos sobre una de las sillas.
+
+«El consejo allá va. Tú no vales absolutamente para nada. No sabes
+ningún oficio, ni siquiera el de peón, porque eres haragán y no te
+gusta cargar pesos. No sirves ni para barrendero de las calles, ni
+siquiera para llevar un cartel con anuncios... Y sin embargo,
+desventurado, no hay hechura de Dios que no tenga su _para qué_ en este
+taller admirable del trabajo universal; tú has nacido para un gran
+oficio, en el cual puedes alcanzar mucha gloria y el pan de cada día.
+Bobalicón, ¿no has caído en ello?... ¡Eres tan bruto!... ¿Pero di, no te
+has mirado al espejo alguna vez? ¿No se te ha ocurrido?... Pareces
+lelo... Pues te lo diré: para lo que tú sirves es para modelo de
+pintores... ¿no entiendes? Pues ellos te ponen vestido de santo, o de
+caballero, o de Padre Eterno, y te sacan el retrato... porque tienes la
+gran figura. Cara, cuerpo, expresión, todo lo que no es del alma es en
+ti noble y hermoso; llevas en tu persona un tesoro, un verdadero tesoro
+de líneas... Vamos, apuesto a que no lo entiendes».
+
+La vanidad aumentó la turbación en que el bueno de Izquierdo estaba.
+Presunciones de gloria le pasaron con ráfagas de hoguera por la
+frente... Entrevió un porvenir brillante... ¡Él, retratado por los
+pintores!... ¡Y eso se pagaba! Y se ganaban cuartos por vestirse,
+ponerse y ¡ah!... _Platón_ se miró en el vidrio del cuadro de las
+trenzas; pero no se veía bien...
+
+«Con que no lo olvides... Preséntate en cualquier estudio, y eres un
+hombre. Con tu piojín a cuestas, serías el San Cristóbal más hermoso que
+se podría ver. Adiós, adiós...».
+
+
+
+
+
+-X-
+
+
+Más escenas de la vida íntima
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Saliendo por los corredores, decía Guillermina a su amiga:
+
+«Eres una inocentona... tú no sabes tratar con esta gente. Déjame a mí,
+y estate tranquila, que el _Pituso_ es tuyo. Yo me entiendo. Si ese
+bribón te coge por su cuenta, te saca más de lo que valen todos los
+chicos de la Inclusa juntos con sus padres respectivos. ¿Qué pensabas tú
+ofrecerle? ¿Diez mil reales? Pues me los das, y si lo saco por menos, la
+diferencia es para mi obra».
+
+Después de platicar un rato con Severiana en la salita de esta, salieron
+escoltadas por diferentes cuerpos y secciones de la granujería de los
+dos patios. A Juanín, por más que Jacinta y Rafaela se desojaban
+buscándole, no le vieron por ninguna parte.
+
+Aquel día, que era el 22, empeoró el Delfín a causa de su impaciencia y
+por aquel afán de querer anticiparse a la naturaleza, quitándole a esta
+los medios de su propia reparación. A poco de levantarse tuvo que
+volverse a la cama, quejándose de molestias y dolores puramente
+ilusorios. Su familia, que ya conocía bien sus mañas, no se alarmaba, y
+Barbarita recetábale sin cesar sábanas y resignación. Pasó la noche
+intranquilo; pero se estuvo durmiendo toda la mañana del 23, por lo que
+pudo Jacinta dar otro salto, acompañada de Rafaela, a la calle de Mira
+el Río. Esta visita fue de tan poca sustancia, que la dama volvió muy
+triste a su casa. No vio al _Pituso_ ni al Sr. Izquierdo. Díjole
+Severiana que Guillermina había estado antes y echado un largo
+parlamento con el _endivido_, quien tenía al chico montado en el hombro,
+ensayándose sin duda para _hacer_ el San Cristóbal. Lo único que sacó
+Jacinta en limpio de la excursión de aquel día fue un nuevo testimonio
+de la popularidad que empezaba a alcanzar en aquellas casas. Hombres y
+mujeres la rodeaban y poco faltó para que la llevaran en volandas. Oyose
+una voz que gritaba: «¡viva la simpatía!» y le echaron coplas de gusto
+dudoso, pero de muy buena intención. Los de Ido llevaban la voz cantante
+en este concierto de alabanzas, y daba gozo ver a D. José tan elegante,
+con las prendas en buen uso que Jacinta le había dado, y su hongo casi
+nuevo de color café. El primogénito de los _claques_ fue objeto de una
+serie de transacciones y reventas chalanescas, hasta que lo adquirió por
+dos cuartos un cierto vecino de la casa, que tenía la especialidad de
+hacer el _higuí_ en los Carnavales.
+
+Adoración se pegaba a doña Jacinta desde que la veía entrar. Era como
+una idolatría el cariño de aquella chicuela. Quedábase estática y lela
+delante de la señorita, devorándola con sus ojos, y si esta le cogía la
+cara o le daba un beso, la pobre niña temblaba de emoción y parecía que
+le entraba fiebre. Su manera de expresar lo que sentía era dar de
+cabezadas contra el cuerpo de su ídolo, metiendo la cabeza entre los
+pliegues del mantón y apretando como si quisiera abrir con ella un
+hueco. Ver partir a _doña_ Jacinta era quedarse Adoración sin alma, y
+Severiana tenía que ponerse seria para hacerla entrar en razón. Aquel
+día le llevó la dama unas botitas muy lindas, y prometió llevarle otras
+prendas, pendientes y una sortija con un diamante fino del tamaño de un
+garbanzo; más grande todavía, del tamaño de una avellana.
+
+Al volver a su casa, tenía la Delfina vivos deseos de saber si
+Guillermina había hecho algo. Llamola por el balcón; pero la fundadora
+no estaba. Probablemente, según dijo la criada, no regresaría hasta la
+noche porque había tenido que ir por tercera vez a la estación de las
+Pulgas, a la obra y al asilo de la calle de Alburquerque.
+
+Aquel día ocurrió en casa de Santa Cruz un suceso feliz. Entró D.
+Baldomero de la calle cuando ya se iban a sentar a la mesa, y dijo con
+la mayor naturalidad del mundo que le había caído la lotería. Oyó
+Barbarita la noticia con calma, casi con tristeza, pues el capricho de
+la suerte loca no le hacía mucha gracia. La Providencia no había andado
+en aquello muy lista que digamos, porque ellos no necesitaban de la
+lotería para nada, y aun parecía que les estorbaba un premio que, en
+buena lógica, debía de ser para los infelices que juegan por mejorar de
+fortuna. ¡Y había tantas personas aquel día dadas a Barrabás por no
+haber sacado ni un triste reintegro! El 23, a la hora de la lista
+grande, Madrid parecía el país de las desilusiones, porque... ¡cosa más
+particular!, a nadie le tocaba. Es preciso que a uno le toque para creer
+que hay agraciados.
+
+Don Baldomero estaba muy sereno, y el golpe de suerte no le daba calor
+ni frío. Todos los años compraba un billete entero, por rutina o vicio,
+quizás por obligación, como se toma la cédula de vecindad u otro
+documento que acredite la condición de español neto, sin que nunca
+sacase más que fruslerías, algún reintegro o premios muy pequeños. Aquel
+año le tocaron doscientos cincuenta mil reales. Había dado, como
+siempre, muchas participaciones, por lo cual los doce mil quinientos
+duros se repartían entre la multitud de personas de diferente posición y
+fortuna; pues si algunos ricos cogían buena breva, también muchos pobres
+pellizcaban algo. Santa Cruz llevó la lista al comedor, y la iba leyendo
+mientras comía, haciendo la cuenta de lo que a cada cual tocaba. Se le
+oía como se oye a los niños del Colegio de San Ildefonso que sacan y
+cantan los números en el acto de la extracción.
+
+«_Los Chicos_ jugaron dos décimos y se calzan cincuenta mil reales.
+Villalonga un décimo: veinticinco mil. Samaniego la mitad».
+
+Pepe Samaniego apareció en la puerta a punto que D. Baldomero pregonaba
+su nombre y su premio, y el favorecido no pudo contener su alegría y
+empezó a dar abrazos a todos los presentes, incluso a los criados.
+
+«Eulalia Muñoz, un décimo: veinticinco mil reales. Benignita, medio
+décimo: doce mil quinientos reales. Federico Ruiz, dos duros: cinco mil
+reales. Ahora viene toda la morralla. Deogracias, Rafaela y Blas han
+jugado diez reales cada uno. Les tocan mil doscientos cincuenta».
+
+«El carbonero, ¿a ver el carbonero?» dijo Barbarita que se interesaba
+por los jugadores de la última escala lotérica.
+
+--El carbonero echó diez reales; Juana, nuestra insigne cocinera,
+veinte, el carnicero quince... A ver, a ver: Pepa la pincha cinco
+reales, y su hermana otros cinco. A estas les tocan seiscientos
+cincuenta reales.
+
+--¡Qué miseria! --Hija, no lo digo yo, lo dice la aritmética.
+
+Los partícipes iban llegando a la casa atraídos por el olor de la
+noticia, que se extendió rápidamente; y la cocinera, las pinchas y otras
+personas de la servidumbre se atrevían a quebrantar la etiqueta,
+llegándose a la puerta del comedor y asomando sus caras regocijadas para
+oír cantar al señor la cifra de aquellos dineros que les caían. La
+señorita Jacinta fue quien primero llevó los parabienes a la cocina, y
+la pincha perdió el conocimiento por figurarse que con los tristes cinco
+reales le habían caído lo menos tres millones. Estupiñá, en cuanto supo
+lo que pasaba, salió como un rayo por esas calles en busca de los
+agraciados para darles la noticia. Él fue quien dio las albricias a
+Samaniego, y cuando ya no halló ningún interesado, daba la gran jaqueca
+a todos los conocidos que encontraba. ¡Y él no se había sacado nada!
+
+Sobre esto habló Barbarita a su marido con toda la gravedad discreta que
+el caso requería.
+
+«Hijo, el pobre Plácido está muy desconsolado. No puede disimular su
+pena, y eso de salir a dar la noticia es para que no le conozcamos en la
+cara la hiel que está tragando».
+
+--Pues hija, yo no tengo la culpa... Te acordarás que estuvo con el
+medio duro en la mano, ofreciéndolo y retirándolo, hasta que al fin su
+avaricia pudo más que la ambición, y dijo: «Para lo que yo me he de
+sacar, más vale que emplee mi escudito en anises...». ¡Toma anises!
+
+--¡Pobrecillo!... ponlo en la lista.
+
+Don Baldomero miró a su esposa con cierta severidad. Aquella infracción
+de la aritmética parecíale una cosa muy grave.
+
+«Ponlo, hombre, ¿qué más te da? Que estén todos contentos...».
+
+Don Baldomero II se sonrió con aquella bondad patriarcal tan suya, y
+sacando otra vez lista y lápiz, dijo en alta voz: «Rossini, diez reales:
+le tocan mil doscientos cincuenta».
+
+Todos los presentes se apresuraron a felicitar al favorecido, quedándose
+él tan parado y suspenso, que creyó que le tomaban el pelo.
+
+«No, si yo no...». Pero Barbarita le echó unas miradas que le cortaron
+el hilo de su discurso. Cuando la señora miraba de aquel modo no había
+más remedio que callarse.
+
+«¡Si habrá nacido de pie este bendito Plácido--dijo D. Baldomero a su
+nuera--, que hasta se saca la lotería sin jugar!».
+
+--Plácido--gritó Jacinta riéndose con mucha gana--, es el que nos ha
+traído la suerte.
+
+--Pero si yo...--murmuró otra vez Estupiñá, en cuyo espíritu las
+nociones de la justicia eran siempre muy claras, como no se tratara de
+contrabando.
+
+--Pero tonto... cómo tendrás esa cabeza--dijo Barbarita con mucho
+fuego--, que ni siquiera te acuerdas de que me diste medio duro para la
+lotería.
+
+--Yo... cuando usted lo dice... En fin... la verdad, mi cabeza anda,
+_talmente_, así un poco ida...
+
+Se me figura que Estupiñá llegó a creer a pie juntillas que había dado
+el escudo.
+
+«¡Cuando yo decía que el número era de los más bonitos...!--manifestó D.
+Baldomero con orgullo--. En cuanto el lotero me lo entregó, sentí la
+corazonada».
+
+--Como bonito...--agregó Estupiñá--, no hay duda que lo es.
+
+--Si tenía que salir, eso bien lo veía yo--afirmó Samaniego con esa
+convicción que es resultado del gozo--. ¡Tres _cuatros_ seguidos,
+después un _cero_, y acabar con un _ocho_...! Tenía que salir.
+
+El mismo Samaniego fue quien discurrió celebrar con panderetazos y
+villancicos el fausto suceso, y Estupiñá propuso que fueran todos los
+agraciados a la cocina para hacer ruido con las cacerolas. Mas Barbarita
+prohibió todo lo que fuera barullo, y viendo entrar a Federico Ruiz, a
+Eulalia Muñoz y a uno de los _Chicos_, Ricardo Santa Cruz mandó destapar
+media docena de botellas de _champagne_.
+
+Toda esta algazara llegaba a la alcoba de Juan, que se entretenía oyendo
+contar a su mujer y a su criado lo que pasaba, y singularmente el
+milagro del premio de Estupiñá. Lo que se rió con esto no hay para qué
+decirlo. La prisión en que tan a disgusto estaba volvíale pronto a su
+mal humor y poniéndose muy regañón decía a su mujer: «Eso, eso, déjame
+solo otra vez para ir a divertirte con la bullanga de esos idiotas. ¡La
+lotería!, ¡qué atraso tan grande! Es de las cosas que debieran
+suprimirse; mata el ahorro; es la Providencia de las haraganes. Con la
+lotería no puede haber prosperidad pública... ¿Qué?, te marchas otra
+vez. ¡Bonita manera de cuidar a un enfermo! Y vamos a ver, ¿qué demonios
+tienes tú que hacer por esas calles toda la mañana? A ver, explícame,
+quiero saberlo; porque es ya lo de todos los días».
+
+Jacinta daba sus excusas risueña y sosegada. Pero le fue preciso soltar
+una mentirijilla. Había salido por la mañana a comprar nacimientos,
+velitas de color y otras chucherías para los niños de Candelaria.
+
+«Pues entonces--replicó Juanito revolviéndose entre las sábanas--, yo
+quiero que me digan para qué sirven mamá y Estupiñá, que se pasan la
+vida mareando a los tenderos y se saben de memoria los puestos de Santa
+Cruz... A ver, que me expliquen esto...».
+
+La algazara de los premiados, que iba cediendo algo, se aumentó con la
+llegada de Guillermina, la cual supo en su casa la nueva y entró
+diciendo a voces: «Cada uno me tiene que dar el veinticinco por ciento
+para mi obra... Si no, Dios y San José les amargarán el premio».
+
+--El veinticinco por ciento es mucho para la gente menuda--dijo D.
+Baldomero--. Consúltalo con San José y verás cómo me da la razón.
+
+--¡Hereje!...--replicó la dama haciéndose la enfadada--, herejote...
+después que chupas el dinero de la Nación, que es el dinero de la
+Iglesia, ahora quieres negar tu auxilio a mi obra, a los pobres... El
+veinticinco por ciento y tú el cincuenta por ciento... Y punto en boca.
+Si no, lo gastarás en botica. Con que elige.
+
+--No, hija mía; por mí te lo daré todo...
+
+--Pues no harás nada de más, avariento. Se están poniendo bien las
+cosas, a fe mía... El ciento de _pintón_, que estaba la semana pasada a
+diez reales, ahora me lo quieren cobrar a once y medio, y el _pardo_ a
+diez y medio. Estoy volada. Los materiales por las nubes...
+
+Samaniego se empeñó en que la santa había de tomar una copa de
+_Champagne_.
+
+«¿Pero tú qué has creído de mí, viciosote? ¡Yo beber esas porquerías!...
+¿Cuándo cobras, mañana? Pues prepárate. Allí me tendrás como la maza de
+Fraga. No te dejaré vivir».
+
+Poco después Guillermina y Jacinta hablaban a solas, lejos de todo oído
+indiscreto.
+
+«Ya puedes vivir tranquila--le dijo la Pacheco--. El _Pituso_ es tuyo.
+He cerrado el trato esta tarde. No puedes figurarte lo que bregué con
+aquel Iscariote. Perdí la cuenta de las hostias que me echó el muy
+blasfemo. Allá me sacó del cofre la partida de bautismo, un papelejo que
+apestaba. Este documento no prueba nada. El chico será o no será...
+¡quién lo sabe! Pero pues tienes este capricho de ricacha mimosa, allá
+con Dios... Todo esto me parece irregular. Lo primero debió ser hablar
+del caso a tu marido. Pero tú buscas la sorpresita y el efecto teatral.
+Allá lo veremos... Ya sabes, hija, el trato es trato. Me ha costado Dios
+y ayuda hacer entrar en razón al Sr. Izquierdo. Por fin se contenta con
+seis mil quinientos reales. Lo que sobra de los diez mil reales es para
+mí, que bien me lo he sabido ganar... Con que mañana, yo iré después de
+medio día; ve tú también con los santos cuartos.
+
+Púsose Jacinta muy contenga. Había realizado su antojo; ya tenía su
+juguete. Aquello podría ser muy bien una niñería; pero ella tenía sus
+razones para obrar así. El plan que concibió para presentar al _Pituso_
+a la familia e introducirlo en ella, revelaba cierta astucia. Pensó que
+nada debía decir por el pronto al Delfín. Depositaría su hallazgo en
+casa de su hermana Candelaria hasta ponerle presentable. Después diría
+que era un huerfanito abandonado en las calles, recogido por ella... ni
+una palabra referente a quién pudiera ser la mamá ni menos el papá de
+tal muñeco. Todo el toque estaba en observar la cara que pondría Juan al
+verle. ¿Diríale algo la voz misteriosa de la sangre? ¿Reconocería en las
+facciones del pobre niño las de...? Al interés dramático de este lance
+sacrificaba Jacinta la conveniencia de los procedimientos propios de
+tal asunto. Imaginándose lo que iba a pasar, la turbación del infiel, el
+perdón suyo, y mil cosas y pormenores novelescos que barruntaba,
+producíase en su alma un goce semejante al del artista que crea o
+compone, y también un poco de venganza, tal y como en alma tan noble
+podía producirse esta pasión.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Cuando fue al cuarto del Delfín, Barbarita le hacía tomar a este un
+tazón de té con coñac. En el comedor continuaba la bulla; pero los
+ánimos estaban más serenos. «Ahora--dijo la mamá--, han pegado la hebra
+con la política. Dice Samaniego que hasta que no corten doscientas o
+trescientas cabezas; no habrá paz. El marqués no está por el
+derramamiento de sangre, y Estupiñá le preguntaba por qué no había
+aceptado la diputación que le ofrecieron...
+
+Se puso lo mismito que un pavo, y dijo que él no quería meterse en...
+
+--No dijo eso--saltó Juanito, suspendiendo la bebida.
+
+--Que sí, hijo; dijo que no quería meterse en estos... no sé qué.
+
+--Que no dijo eso, mamá. No alteres tú también la verdad de los textos.
+
+--Pero hijo, si lo he oído yo.
+
+--Aunque lo hayas oído, te sostengo que no pudo decir eso... vaya.
+
+--¿Pues qué? --El marqués no pudo decir _meterse_... yo pongo mi cabeza
+a que dijo _inmiscuirse_... Si sabré yo cómo hablan las personas finas.
+
+Barbarita soltó la carcajada.
+
+--Pues sí... tienes razón, así, así fue... que no quería
+_inmiscuirse_...
+
+--¿Lo ves?... Jacinta. --¿Qué quieres, niño mimoso?
+
+--Mándale un recado a Aparisi. Que venga al momento.
+
+--¿Para qué? ¿Sabes la hora que es?
+
+--En cuanto sepa el motivo, se planta aquí de un salto.
+
+--¿Pero a qué? --¡Ahí es nada! ¿Crees que va a dejar pasar eso de
+_inmiscuirse_? Yo quiero saber cómo se sacude esa mosca...
+
+Las dos damas celebraron aquella broma mientras le arreglaban la cama.
+Guillermina había salido de la casa sin despedirse, y poco a poco se
+fueron marchando los demás. Antes de las doce, todo estaba en silencio,
+y los papás se retiraron a su habitación, después de encargar a Jacinta
+que estuviese muy a la mira para que el Delfín no se desabrigara. Este
+parecía dormido profundamente, y su esposa se acostó sin sueño, con el
+ánimo más dispuesto a la centinela que al descanso. No había
+transcurrido una hora, cuando Juan despertó intranquilo, rompiendo a
+hablar de una manera algo descompuesta. Creyó Jacinta que deliraba, y se
+incorporó en su cama; mas no era delirio, sino inquietud con algo de
+impertinencia. Procuró calmarle con palabras cariñosas; pero él no se
+daba a partido. «¿Quieres que llame?».--«No; es tarde, y no quiero
+alarmar... Es que estoy nervioso. Se me ha espantado el sueño. Ya se ve;
+todo el día en este pozo del aburrimiento. Las sábanas arden y mi cuerpo
+está frío».
+
+Jacinta se echó la bata, y corrió a sentarse al borde del lecho de su
+marido. Pareciole que tenía algo de calentura. Lo peor era que sacaba
+los brazos y retiraba las mantas. Temerosa de que se enfriara, apuró
+todas las razones para sosegarle, y viendo que no podía ser, quitose la
+bata y se metió con él en la cama, dispuesta a pasar la noche
+abrigándole por fuerza como a los niños, y arrullándole para que se
+durmiera. Y la verdad fue que con esto se sosegó un tanto, porque le
+gustaban los mimos, y que se molestaran por él, y que le dieran tertulia
+cuando estaba desvelado. ¡Y cómo se hacía el nene, cuando su mujer, con
+deliciosa gentileza materna, le cogía entre sus brazos y le apretaba
+contra sí para agasajarle, prestándole su propio calor! No tardó Juan en
+aletargarse con la virtud de estos melindres. Jacinta no quitaba sus
+ojos de los ojos de él, observando con atención sostenida si se dormía,
+si murmuraba alguna queja, si sudaba. En esta situación oyó claramente
+la una, la una y media, las dos, cantadas por la campana de la Puerta
+del Sol con tan claro timbre, que parecían sonar dentro de la casa. En
+la alcoba había una luz dulce, colada por pantalla de porcelana.
+
+Y cuando pasaba un rato largo sin que él se moviera, Jacinta se
+entregaba a sus reflexiones. Sacaba sus ideas de la mente, como el avaro
+saca las monedas, cuando nadie le ve, y se ponía a contarlas y a
+examinarlas y a mirar si entre ellas había alguna falsa. De repente
+acordábase de la jugarreta que le tenía preparada a su marido, y su alma
+se estremecía con el placer de su pueril venganza. El _Pituso_ se le
+metía al instante entre ceja y ceja. ¡Le estaba viendo! La contemplación
+ideal de lo que aquellas facciones tenían de desconocido, el trasunto de
+las facciones de la madre, era lo que más trastornaba a Jacinta,
+enturbiando su piadosa alegría. Entonces sentía las cosquillas, pues no
+merecen otro nombre, las cosquillas de aquella infantil rabia que solía
+acometerla, sintiendo además en sus brazos cierto prurito de apretar y
+apretar fuerte para hacerle sentir al infiel el furor de la paloma que
+la dominaba. Pero la verdad era que no apretaba ni pizca, por miedo de
+turbarle el sueño. Si creía notar que se estremecía con escalofríos,
+apretaba sí dulcemente, liándose a él para comunicarle todo el calor
+posible. Cuando él gemía o respiraba muy fuerte, le arrullaba dándole
+suaves palmadas en la espalda, y por no apartar sus manos de aquella
+obligación, siempre que quería saber si sudaba o no, acercaba su nariz o
+su mejilla a la frente de él.
+
+Serían las tres cuando el Delfín abrió los ojos, despabilándose
+completamente, y miró a su mujer, cuya cara no distaba de la suya el
+espacio de dos o tres narices. «¡Qué bien me encuentro ahora!--le dijo
+con dulzura--. Estoy sudando; ya no tengo frío. ¿Y tú no duermes? ¡Ah!
+La gran lotería es la que me ha tocada a mí. Tú eres mi premio gordo.
+¡Qué buena eres!».
+
+--¿Te duele la cabeza? --No me duele nada. Estoy bien; pero me he
+desvelado; no tengo sueño. Si no lo tienes tú tampoco, cuéntame algo. A
+ver dime a dónde fuiste esta mañana.
+
+--A contar los frailes, que se ha perdido uno. Así nos decía mamá cuando
+mis hermanas y yo le preguntábamos dónde había ido.
+
+--Respóndeme al derecho. ¿A dónde fuiste?
+
+Jacinta se reía, porque le ocurrió dar a su marido un bromazo muy
+chusco.
+
+«¡Qué alegre está el tiempo! ¿De qué te ríes?».
+
+--Me río de ti... ¡Qué curiosos son estos hombres! ¡Virgen María!, todo
+lo quieren saber.
+
+--Claro, y tenemos derecho a ello. --No puede una salir a compras...
+--Dale con las tiendas. Competencia con mamá y Estupiñá; eso no puede
+ser. Tú no has ido a compras.
+
+--Que sí. --¿Y qué has comprado?
+
+--Tela. --¿Para camisas mías? Si tengo... creo que son veintisiete
+docenas.
+
+--Para camisas tuyas, sí; pero te las hago chiquititas.
+
+--¡Chiquititas! --Sí, y también te estoy haciendo unos baberos muy
+monos.
+
+--¡A mí, baberos a mí!
+
+--Sí, tonto; por si se te cae la baba.
+
+--¡Jacinta! --Anda... y se ríe el muy simple. ¡Verás qué camisas! Sólo
+que las mangas son así... no te cabe más que un dedo en ellas.
+
+--¿De veras que tú?... A ver ponte seria... Si te ríes no creo nada.
+
+--¿Ves que seria me pongo?... Es que me haces reír tú... Vaya, te
+hablaré con formalidad. Estoy haciendo un ajuar.
+
+--Vamos, no quiero oírte... ¡Qué guasoncita!
+
+--Que es verdad. --Pero. --¿Te lo digo? Di si te lo digo.
+
+Pasó un ratito en que se estuvieron mirando. La sonrisa de ambos parecía
+una sola, saltando de boca a boca.
+
+--¡Qué pesadez!... di pronto...
+
+--Pues allá va... Voy a tener un niño.
+
+--¡Jacinta! ¿Qué me cuentas?... Estas cosas no son para bromas--dijo
+Santa Cruz con tal alborozo, que su mujer tuvo que meterle en cintura.
+
+--Eh, formalidad. Si te destapas me callo.
+
+--Tú bromeas... Pues si fuera eso verdad, no lo habrías cantado poco...
+¡con las ganitas que tú tienes! Ya se lo habrías dicho hasta a los
+sordos. Pero di, ¿y mamá lo sabe?
+
+--No, no lo sabe nadie todavía.
+
+--Pero mujer... Déjame, voy a tirar de la campanilla.
+
+--Tonto... loco... estate quieto o te pego.
+
+--Que se levanten todos en la casa para que sepan... Pero, ¿es farsa
+tuya? Sí, te lo conozco en los ojos.
+
+--Si no te estás quieto, no te digo más...
+
+--Bueno, pues me estaré quieto... Pero responde, ¿es presunción tuya
+o...?
+
+--Es certeza. --¿Estás segura? Tan segura como si le estuviera viendo, y
+le sintiera correr por los pasillos... ¡Es más salado, más pillín...!,
+bonito como un ángel, y tan granuja como su papá.
+
+--¡Ave María Purísima, qué precocidad! Todavía no ha nacido y ya sabes
+que es varón, y que es tan granuja como yo.
+
+La Delfina no podía tener la risa. Tan pegados estaban el uno al otro,
+que parecía que Jacinta se reía con los labios de su marido, y que este
+sudaba por los poros de las sienes de su mujer.
+
+«¡Vaya con mi señora, lo que me tenía guardado!» añadió con
+incredulidad.
+
+--¿Te alegras? --¿Pues no me he de alegrar? Si fuera cierto, ahora mismo
+ponía en planta a toda la familia para que lo supieran; de fijo que papá
+se encasquetaba el sombrero y se echaba a la calle, disparado, a comprar
+un nacimiento. Pero vamos a ver, explícate, ¿cuándo será eso?
+
+--Pronto. --¿Dentro de seis meses? ¿Dentro de cinco?
+
+--Más pronto. --¿Dentro de tres?
+
+--Más prontísimo... está al caer, al caer.
+
+--¡Bah!... Mira, esas bromas son impertinentes. ¿Con que fuera de
+cuenta? Pues nada, no se te conoce.
+
+--Porque lo disimulo. --Sí; para disimular estás tú. Lo que harías tú,
+con las ganas que tienes de chiquillos, sería salir para que todo el
+mundo te viera con tu bombo, y mandar a Rossini con un suelto a _La
+Correspondencia_.
+
+--Pues te digo que ya no hay día seguro. Nada, hombre, cuando le veas te
+convencerás.
+
+--¿Pero a quién he de ver?
+
+--Al... a tu hijito, a tu nenín de tu alma.
+
+--Te digo formalmente que me llenas de confusión, porque para chanza me
+parece mucha insistencia; y si fuera verdad, no lo habrías tenido tan
+guardado hasta ahora.
+
+Comprendiendo Jacinta que no podía sostener más tiempo el bromazo, quiso
+recoger vela, y le incitó a que se durmiera, porque la conversación
+acalorada podía hacerle daño.
+
+«Tiempo hay de que hablemos de esto--le dijo--; y ya... ya te irás
+convenciendo».
+
+--_Güeno_ --replicó él con puerilidad graciosa tomando el tono de un
+niño a quien arrullan.
+
+--A ver si te duermes... Cierra esos ojitos. ¿Verdad que me quieres?
+
+--Más que a mi vida. Pero, hija de mi alma, ¡qué fuerza tienes! ¡Cómo
+aprietas!
+
+--Si me engañas te cojo y... así, así...
+
+--¡Ay! --Te deshago como un bizcocho. --¡Qué gusto! --Y ahora, a
+_mimir_...
+
+Este y otros términos que se dicen a los niños les hacían reír cada vez
+que los pronunciaban; pero la confianza y la soledad daban encanto a
+ciertas expresiones que habrían sido ridículas en pleno día y delante de
+gente. Pasado un ratito, Juan abrió los ojos, diciendo en tono de
+hombre:
+
+«¿Pero de veras que vas a tener un chico?...».
+
+--_Chí_... y a _mimir_... _ro_... _ro_...
+
+Entre dientes le cantaba una canción de adormidera, dándole palmadas en
+la espalda.
+
+«¡Qué gusto ser _bebé_!--murmuró el Delfín--, ¡sentirse en los brazos de
+la mamá, recibir el calor de su aliento y...!».
+
+Pasó otro rato, y Juan, despabilándose y fingiendo el lloriqueo de un
+tierno infante en edad de lactancia, chilló así:
+
+--Mama... mama... --¿Qué? --Teta. Jacinta sofocó una carcajada.
+
+--_Ahola_ no... teta caca... cosa fea...
+
+Ambos se divertían con tales simplezas. Era un medio de entretener el
+tiempo y de expresar su cariño.
+
+--Toma teta--díjole Jacinta metiéndole un dedo en la boca; y él se lo
+chupaba diciendo que estaba muy rica, con otras muchas tontadas,
+justificadas sólo por la ocasión, la noche y la dulce intimidad.
+
+--¡Si alguien nos oyera, cómo se reiría de nosotros!
+
+--Pero como no nos oye nadie... Las cuatro: ¡qué tarde!
+
+--Di qué temprano. Ya pronto se levantará Plácido para ir a despertar al
+sacristán de San Ginés. ¡Qué frío tendrá!...
+
+--¡Cuánto mejor nosotros aquí, tan abrigaditos!
+
+--Me parece que de esta me duermo, vida.
+
+--Y yo también, corazón.
+
+Se durmieron como dos ángeles, mejilla con mejilla.
+
+
+
+
+---iii--
+
+
+24 de Diciembre.
+
+Por la mañana encargó Barbarita a Jacinta ciertos menesteres domésticos
+que la contrariaron; pero la misma retención en la casa ofreció
+coyuntura a la joven para dar un paso que siempre le había inspirado
+inquietud. Díjole Barbarita que no saliera en todo aquel día, y como
+tenía que salir forzosamente, no hubo más remedio que revelar a su
+suegra el lío que entre manos traía. Pidiole perdón por no haberle
+confiado aquel secreto, y advirtió con grandísima pena que su suegra no
+se entusiasmaba con la idea de poseer a Juanín. «¿Pero tú sabes lo grave
+que es eso?... así, sin más ni más... un hijo llovido. ¿Y qué pruebas
+hay de que sea tal hijo?... ¿No será que te han querido estafar? ¿Y
+crees tú que se parece realmente? ¿No será ilusión tuya?... Porque todo
+eso es muy vago... Esos hallazgos de hijos parecen cosa de novela...».
+
+La Delfina se descorazonó mucho. Esperaba una explosión de júbilo en su
+mamá política. Pero no fue así. Barbarita, cejijunta y preocupada, le
+dijo con frialdad: «No sé qué pensar de ti; pero en fin, tráetelo y
+escóndelo hasta ver... la cosa es muy grave. Diré a tu marido que
+Benigna está enferma y has ido a visitarla». Después de esta
+conversación, fue Jacinta a la casa de su hermana a quien también confió
+su secreto, concertando con ella el depositar el niño allí hasta que
+Juan y D. Baldomero lo supieran. «Veremos cómo lo toman» añadió dando un
+gran suspiro. Estaba Jacinta aquella tarde fuera de sí. Veía al _Pituso_
+como si lo hubiera parido, y se había acostumbrado tanto a la idea de
+poseerlo, que se indignaba de que su suegra no pensase lo mismo que
+ella.
+
+Juntose Rafaela con su ama en la casa de Benigna, y helas aquí por la
+calle de Toledo abajo. Llevaban plata menuda para repartir a los pobres,
+y algunas chucherías, entre ellas la sortija que la señorita había
+prometido a Adoración. Era una soberbia alhaja, comprada aquella mañana
+por Rafaela en los bazares de _Liquidación por saldo, a real y medio la
+pieza_, y tenía un diamante tan grande y bien tallado, que al mismo
+Regente le dejaría bizco con el fulgor de sus luces. En la fabricación
+de esta soberbia piedra había sido empleado el casco más valioso de un
+fondo de vaso. Apenas llegaron a los corredores del primer patio,
+viéronse rodeadas por pelotones de mujeres y chicos, y para evitar
+piques y celos, Jacinta tuvo que poner algo en todas las manos. Quién
+cogía la peseta, quién el duro o el medio duro. Algunas, como Severiana,
+que, dicho sea entre paréntesis, tenía para aquella noche una magnífica
+lombarda, lomo adobado y el besugo correspondiente, se contentaban con
+un saludo afectuoso. Otros no se daban por satisfechos con lo que
+recibían. A todos preguntaba Jacinta que qué tenían para aquella noche.
+Algunas entraban con el besugo cogido por las agallas; otras no habían
+podido traer más que cascajo. Vio a muchas subir con el jarro de leche
+de almendras, que les dieran en el café de los Naranjeros, y de casi
+todas las cocinas salía tufo de fritangas y el campaneo de los
+almireces. Este besaba el duro que la señorita le daba, y el otro
+tirábalo al aire para cogerlo con algazara, diciendo: «¡Aire, aire, a la
+plaza!». Y salían por aquellas escaleras abajo camino de la tienda.
+Había quien preparaba su banquete con un _hocico con carrilleras_, una
+libra de _tapa del cencerro_, u otras despreciadas partes de la res
+vacuna, o bien con asadura, bofes de cerdo, sangre frita y desperdicios
+aún peores. Los más opulentos dábanse tono con su pedazo de turrón del
+que se parte con martillo, y la que había traído una granada tenía buen
+cuidado de que la vieran. Pero ningún habitante de aquellas regiones de
+miseria era tan feliz como Adoración, ni excitaba tanto la envidia entre
+las amigas, pues la rica alhaja que ceñía su dedo y que mostraba con el
+puño cerrado, era fina y de ley y había costado unos grandes dinerales.
+Aun las pequeñas que ostentaban zapatos nuevos, debidos a la caridad de
+_doña_ Jacinta, los habrían cambiado por aquella monstruosa y
+relumbrante piedra. La poseedora de ella, después que recorrió ambos
+corredores enseñándola, se pegó otra vez a la señorita, frotándose el
+lomo contra ella como los gatos.
+
+«No me olvidaré de ti, Adoración» le dijo la señorita, que con esta
+frase parecía anunciar que no volvería pronto.
+
+En ambos patios había tal ruido de tambores, que era forzoso alzar la
+voz para hacerse oír. Cuando a los tamborazos se unía el estrépito de
+las latas de petróleo, parecía que se desplomaban las frágiles casas. En
+los breves momentos que la tocata cesaba, oíase el canto de un mirlo
+silbando la frase del himno de Riego, lo único que del tal himno queda
+ya. En la calle de Mira del Río tocaba un pianillo de manubrio, y en la
+calle del Bastero otro, armándose entre los dos una zaragata musical,
+como si las dos piezas se estuvieran arañando en feroz pelea con las
+uñas de sus notas. Eran una polka y un andante patético, enzarzados como
+dos gatos furibundos. Esto y los tambores, y los gritos de la vieja que
+vendía higos, y el clamor de toda aquella vecindad alborotada, y la risa
+de los chicos, y el ladrar de los perros pusiéronle a Jacinta la cabeza
+como una grillera.
+
+Repartidas las limosnas, fue al 17, donde ya estaba Guillermina,
+impaciente por su tardanza. Izquierdo y el _Pituso_ estaban también; el
+primero fingiéndose muy apenado de la separación del chico. Ya la
+fundadora había entregado el _triste estipendio_.
+
+«Vaya, abreviemos» dijo esta cogiendo al muchacho que estaba como
+asustado.
+
+--¿Quieres venirte conmigo? --_Mela pa ti_... --replicó el _Pituso_ con
+brío, y se echó a reír, alabando su propia gracia.
+
+Las tres mujeres se rieron mucho también de aquella salida tan fina, e
+Izquierdo, rascándose la noble frente, dijo así:
+
+«La señorita... a cuenta que ahora le enseñará a no soltar
+exprisiones».
+
+--Buena falta le hace... En fin, vámonos.
+
+Juanín hizo alguna resistencia; pero al fin se dejó llevar, seducido con
+la promesa de que le iban a comprar un nacimiento y muchas cosas buenas
+para que se las comiera todas.
+
+«Ya le he prometido al Sr. de Izquierdo--dijo Guillermina--, que se le
+procurará una colocación, y por de pronto ya le he dado mi tarjeta para
+que vaya a ver con ella a uno de los artistas de más fama, que está
+pintando ahora un magnífico _Buen Ladrón_. Vaya... quédese con Dios».
+
+Despidiose de ellas el futuro modelo con toda la urbanidad que en él era
+posible, y salieron. Rafaela llevaba en brazos el chico. Como a fines de
+Diciembre son tan cortos los días, cuando salieron de la casa ya se
+echaba la noche encima. El frío era intenso, penetrante y traicionero
+como de helada, bajo un cielo bruñido, inmensamente desnudo y con las
+estrellas tan desamparadas, que los estremecimientos de su luz parecían
+escalofríos. En la calle del Bastero se insurreccionó el _Pituso_. Su
+bellísima frente ceñuda indicaba esta idea: «¿Pero a dónde me llevan
+estas tías?». Empezó a rascarse la cabeza, y dijo con sentimiento: _«Pae
+Pepe...»._ --¿Qué te importa a ti tu papá Pepe? ¿Quieres un rabel? Di lo
+que quieres.
+
+--_Quelo citunas_ --replicó alargando la jeta--. No, _citunas_ no; un
+pez.
+
+--¿Un pez?... ahora mismo--le dijo su futura mamá, que estaba
+nerviosísima, sintiendo toda aquella vibración glacial de las estrellas
+dentro de su alma.
+
+En la calle de Toledo volvieron a sonar los cansados pianitos, y también
+allí se engarfiñaron las dos piezas, una tonadilla de la _Mascota_ y la
+sinfonía de _Semíramis_. Estuvieron batiéndose con ferocidad, a
+distancia como de treinta pasos, tirándose de los pelos, dándose
+dentelladas y cayendo juntas en la mezcla inarmónica de sus propios
+sonidos. Al fin venció _Semíramis_, que resonaba orgullosa marcando sus
+nobles acentos, mientras se extinguían las notas de su rival, gimiendo
+cada vez más lejos, confundidas con el tumulto de la calle.
+
+Érales difícil a las tres mujeres andar aprisa, por la mucha gente que
+venía calle abajo, caminando presurosa con la querencia del hogar
+próximo. Los obreros llevaban el saquito con el jornal; las mujeres
+algún comistrajo recién comprado; los chicos, con sus bufandas
+enroscadas en el cuello, cargaban rabeles, nacimientos de una tosquedad
+prehistórica o tambores que ya iban bien baqueteados antes de llegar a
+la casa. Las niñas iban en grupo de dos o de tres, envuelta la cabeza en
+toquillas, charlando cada una por siete. Cuál llevaba una botella de
+vino, cuál el jarrito con leche de almendra; otras salían de las tiendas
+de comestibles dando brincos o se paraban a ver los puestos de
+panderetas, dándoles con disimulo un par de golpecitos para que sonaran.
+En los puestos de pescado los maragatos limpiaban los besugos, arrojando
+las escamas sobre los transeúntes, mientras un ganapán vestido con los
+calzonazos negros y el mandil verde rayado berreaba fuera de la puerta:
+«¡Al vivo de hoy, al vivito!»... Enorme farolón con los cristales muy
+limpios alumbraba las pilas de lenguados, sardinas y pajeles, y las
+canastas de almejas. En las carnicerías sonaban los machetazos con sorda
+trepidación, y los platillos de las pesas, subiendo y bajando sin cesar,
+hacían contra el mármol del mostrador los ruidos más extraños, notas de
+misteriosa alegría. En aquellos barrios algunos tenderos hacen gala de
+poseer, además de géneros exquisitos, una imaginación exuberante, y para
+detener al que pasa y llamar compradores, se valen de recursos teatrales
+y fantásticos. Por eso vio Jacinta de puertas afuera pirámides de
+barriles de aceitunas que llegaban hasta el primer piso, altares hechos
+con cajas de mazapán, trofeos de pasas y arcos triunfales festoneados
+con escobones de dátiles. Por arriba y por abajo banderas españolas con
+poéticas inscripciones que decían: el _Diluvio en mazapán, o Turrón del
+Paraíso_ _ terrenal_... Más allá _Mantecadas de Astorga bendecidas por
+Su Santidad Pío IX_. En la misma puerta uno o dos horteras vestidos
+ridículamente de frac, con chistera abollada, las manos sucias y la cara
+tiznada, gritaban desaforadamente ponderando el género y dándolo a
+probar a todo el que pasaba. Un vendedor ambulante de turrón había
+discurrido un rótulo peregrino para anonadar a sus competidores los
+orgullosos tenderos de establecimiento. ¿Qué pondría? Porque decir que
+el género era muy bueno no significaba nada. Mi hombre había clavado en
+el más gordo bloque de aquel almendrado una banderita que decía:
+_Turrón higiénico_. Con que ya lo veía el público... El otro turrón
+sería todo lo sabroso y dulce que quisieran; mas no era _higiénico_.
+
+--_Quelo_ un pez... --gruñó el _Pituso_ frotándose con mal humor los
+ojos.
+
+--Mira--le decía Rafaela--, tu mamá te va a comprar un pez de dulce.
+
+--_Pae Pepe_... --repitió el chico llorando.
+
+--¿Quieres una pandereta?... sí, una pandereta grande, que suene mucho.
+
+Las tres hacían esfuerzos para acallarle, ofreciéndole cuanto había que
+ofrecer. Después de comprada la pandereta, el chico dijo que quería una
+naranja. Le compraron también naranjas. La noche avanzaba, y el tránsito
+se hacía difícil por la acera estrecha, resbaladiza y húmeda, tropezando
+a cada instante con la gente que la invadía.
+
+«Verás, verás, ¡qué nacimiento tan bonito!--le decía Jacinta para
+calmarle--¡Y qué niños tan guapos! Y un pez grande, tremendo, todo de
+mazapán, para que te lo comas entero».
+
+--_¡Gande, gande!_ A ratos se tranquilizaba, pero de repente le entraba
+el berrinche y se ponía a dar patadas en el aire. Rafaela, que era una
+mujer de poquísimas fuerzas, ya no podía más. Guillermina se lo quitó de
+los brazos, diciendo:
+
+«Dámele acá... no puedes ya con tu alma... Ea, caballerito; a callar se
+ha dicho...».
+
+El _Pituso_ le dio un porrazo en la cabeza.
+
+«Mira que te estrello... Verás la azotaina que te vas a llevar... ¡Y qué
+gordo está el tunante!, parece mentira...».
+
+--_Quelo un batón_... ¡hostia!
+
+--¿Un bastón?... también te lo compramos, hijo, si te estás calladito...
+A ver, dónde encontraremos bastones ahora...
+
+--Buena falta le hace--dijo Guillermina, y de los de acebuche, que
+escuecen bien, para enseñarle a no ser mañoso.
+
+De esta manera llegaron a los portales y a la casa de Villuendas, ya
+cerrada la noche. Entraron por la tienda, y en la trastienda Jacinta se
+dejó caer fatigadísima sobre un saco lleno de monedas de cinco duros. Al
+_Pituso_ le depositó Guillermina sobre un voluminoso fardo que
+contenía... ¡mil onzas!
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Los dependientes que estaban haciendo el recuento y balance, metían en
+las arcas de hierro los cartuchos de oro y los paquetes de billetes de
+Banco, sujetos con un elástico. Otro contaba sobre una mesa pesetas
+gastadas y las cogía después con una pala como si fueran lentejas.
+Manejaban el _género_ con absoluta indiferencia, cual si los sacos de
+monedas lo fueran de patatas, y las resmas de billetes, papel de
+estraza. A Jacinta le daba miedo ver aquello, y entraba siempre allí con
+cierto respeto parecido al que le inspiraba la iglesia, pues el temor de
+llevarse algún billete de cuatro mil reales pegado a la ropa le ponía
+nerviosa.
+
+Ramón Villuendas no estaba; pero Benigna bajó al momento, y lo primero
+que hizo fue observar atentamente la cara sucia de aquel aguinaldo que
+su hermana le traía.
+
+«Qué, ¿no le encuentras parecido?» díjole Jacinta algo picada.
+
+--La verdad, hija... no sé qué te diga...
+
+--Es el vivo retrato--afirmó la otra, queriendo cerrar la puerta, con
+una opinión absoluta, a todas las dudas que pudieran surgir.
+
+--Podrá ser... Guillermina se despidió rogando a los dependientes que le
+cambiaran por billetes tres monedas de oro que llevaba. «Pero me habéis
+de dar premio--les dijo--. Tres reales por ciento. Si no, me voy a la
+Lonja del Almidón, donde tienen más caridad que vosotros».
+
+En esto entró el amo de la casa, y tomando las monedas, las miró
+sonriendo.
+
+«Son falsas... tienen hoja».
+
+--Usted sí que tiene hoja --replicó la santa con gracia, y los demás se
+reían--. Una peseta de premio por cada una.
+
+--¡Cómo va subiendo!... Usted nos tira al degüello.
+
+--Lo que merecéis, publicanos.
+
+Villuendas tomó de un cercano montón dos duros y los añadió a los
+billetes del cambio.
+
+«Vaya... para que no diga...».
+
+--Gracias... Ya sabía yo que usted...
+
+--A ver, doña Guillermina, espere un ratito--añadió Ramón--. ¿Es cierto
+lo que me han contado, que usted, cuando no cae bastante dinero en la
+suscrición para la obra, le cuelga a San José un ladrillo del pescuezo
+para que busque cuartos?
+
+--El señor San José no necesita de que le colguemos nada, pues hace
+siempre lo que nos conviene... Con que buenas noches; ahí les queda ese
+caballerito. Lo primero que deben hacer es ponerle a remojo para que se
+le ablande la mugre.
+
+Ramón miró al _Pituso_. Su semblante no expresaba tampoco una convicción
+muy profunda respecto al parecido. Sonreía Benigna, y si no hubiera sido
+por consideración a su querida hermana, habría dicho del _Pituso_ lo que
+de las monedas que no sonaban bien: _Es falso_, o por lo menos, _tiene
+hoja_.
+
+«Lo primero es que le lavemos».
+
+--No se va a dejar--indicó Jacinta--. Este no ha visto nunca el agua.
+Vamos, arriba.
+
+Subiéronle, y que quieras que no, le despojaron de los pingajos que
+vestía y trajeron un gran barreño de agua. Jacinta mojaba sus dedos en
+ella diciendo con temor: «¿estará muy fría?, ¿estará muy caliente?
+¡Pobre ángel, qué mal rato va a pasar!». Benigna no se andaba en tantos
+reparos, y ¡pataplum!, le zambulló dentro, sujetándole brazos y piernas.
+¡Cristo! Los chillidos del _Pituso_ se oían desde la Plaza Mayor.
+Enjabonáronle y restregáronle sin miramiento alguno, haciendo tanto caso
+de sus berridos como si fueran expresiones de alegría. Sólo Jacinta, más
+piadosa, agitaba el agua queriendo hacerle creer que aquello era muy
+divertido. Sacado al fin de aquel suplicio y bien envuelto en una sábana
+de baño, Jacinta le estrechó contra su seno diciéndole que ahora sí que
+estaba guapo. El calorcillo calmaba la irritación de sus chillidos,
+cambiándolos en sollozos, y la reacción, junto con la limpieza, le animó
+la cara, tiñéndosela de ese rosicler puro y celestial que tiene la
+infancia al salir del agua. Le frotaban para secarle y sus brazos
+torneados, su fina tez y hermosísimo cuerpo producían a cada instante
+exclamaciones de admiración. «¡Es un niño Jesús... es una divinidad este
+muñeco!».
+
+Después empezaron a vestirle. Una le ponía las medias, otra le entraba
+una camisa finísima. Al sentir la molestia del vestir volviole el mal
+humor, y trajéronle un espejo para que se mirara, a ver si el amor
+propio y la presunción acallaban su displicencia.
+
+«Ahora, a cenar... ¿Tienes ganita?».
+
+El _Pituso_ abría una boca descomunal y daba unos bostezos que eran la
+medida aproximada de su gana de comer.
+
+«Ay, ¡qué ganitas tiene el niño! Verás... Vas a comer cosas ricas...».
+
+--¡Patata!--gritó con ardor famélico.
+
+--¿Qué patatas, hombre? Mazapán, sopa de almendra...
+
+--¡Patata, hostia! --repitió él pataleando.
+
+--Bueno, patatitas, todo lo que tú quieras.
+
+Ya estaba vestido. La buena ropa le caía tan bien que parecía haberla
+usado toda su vida. No fue algazara la que armaron los niños de
+Villuendas cuando le vieron entrar en el cuarto donde tenían su
+nacimiento. Primero se sorprendieron en masa, después parecía que se
+alegraban; por fin determináronse los sentimientos de recelo y
+suspicacia. La familia menuda de aquella casa se componía de cinco
+cabezas, dos niñas grandecitas, hijas de la primera mujer de Ramón, y
+los tres hijos de Benigna, dos de los cuales eran varones.
+
+Juanín se quedó pasmado y lelo delante del nacimiento. La primera
+manifestación que hizo de sus ideas acerca de la libertad humana y de la
+propiedad colectiva consistió en meter mano a las velas de colores. Una
+de las niñas llevó tan a mal aquella falta de respeto, y dio unos
+chillidos tan fuertes que por poco se arma allí la de San Quintín.
+
+«¡Ay Dios mío! --exclamó Benigna--. Vamos a tener un disgusto con este
+salvajito...».
+
+--Yo le compraré a él muchas velas--afirmó Jacinta--. ¿Verdad, hijo, que
+tú quieres velas?
+
+Lo que él quería principalmente era que le llenaran la barriga, porque
+volvió a dar aquellos bostezos que partían el alma. «A comer, a comer»
+dijo Benigna, convocando a toda la tropa menuda. Y los llevó por delante
+como un hato de pavos. La comida estaba dispuesta para los niños, porque
+los papás cenarían aquella noche en casa del tío Cayetano.
+
+Jacinta se había olvidado de todo, hasta de marcharse a su casa, y no
+supo apreciar el tiempo mientras duró la operación de lavar y vestir al
+_Pituso_. Al caer en la cuenta de lo tarde que era, púsose
+precipitadamente el manto, y se despidió del _Pituso_, a quien dio
+muchos besos. «¡Qué fuerte te da, hija!» le dijo su hermana sonriendo.
+Y razón tenía hasta cierto punto, porque a Jacinta le faltaba poco para
+echarse a llorar.
+
+Y Barbarita, ¿qué había hecho en la mañana de aquel día 24? Veámoslo.
+Desde que entró en San Ginés, corrió hacia ella Estupiñá como perro de
+presa que embiste, y le dijo frotándose las manos: «Llegaron las ostras
+gallegas. ¡Buen susto me ha dado el salmón! Anoche no he dormido. Pero
+con seguridad le tenemos. Viene en el tren de hoy».
+
+Por más que el gran Rossini sostenga que aquel día oyó la misa con
+devoción, yo no lo creo. Es más; se puede asegurar que ni cuando el
+sacerdote alzaba en sus dedos al Dios sacramentado, estuvo Plácido tan
+edificante como otras veces, ni los golpes de pecho que se dio
+retumbaban tanto como otros días en la caja del tórax. El pensamiento se
+le escapaba hacia la liviandad de las compras, y la misa le pareció
+larga, tan larga, que se hubiera atrevido a decir al cura, en confianza,
+que se _menease_ más. Por fin salieron la señora y su amigo. Él se
+esforzaba en dar a lo que era gusto las apariencias del cumplimiento de
+un deber penoso. Se afanaba por todo, exagerando las dificultades. «Se
+me figura--dijo con el mismo tono que debe emplear Bismarck para decir
+al emperador Guillermo que desconfía de la Rusia--, que los pavos de la
+_escalerilla_ no están todo lo bien cebados que debíamos suponer. Al
+salir hoy de casa les he tomado el peso uno por uno, y francamente, mi
+parecer es que se los compremos a González. Los capones de este son muy
+ricos... También les tomé el peso. En fin, usted lo verá».
+
+Dos horas se llevaron en la calle de Cuchilleros, cogiendo y soltando
+animales, acosados por los vendedores, a quienes Plácido trataba a la
+baqueta. Echábaselas él de tener un pulso tan fino para apreciar el
+peso, que ni un adarme se le escapaba. Después de dejarse allí bastante
+dinero, tiraron para otro lado. Fueron a casa de Ranero para elegir
+algunas culebras del legítimo mazapán de Labrador, y aún tuvieron tela
+para una hora más. «Lo que la señora debía haber hecho hoy--dijo
+Estupiñá sofocado, y fingiéndose más sofocado de lo que estaba--, es
+traerse una lista de cosas, y así no se nos olvidaba nada».
+
+Volvieron a la casa a las diez y media, porque Barbarita quería
+enterarse de cómo había pasado su hijo la noche, y entonces fue cuando
+Jacinta reveló lo del _Pituso_ a su mamá política, quedándose esta tan
+sorprendida como poco entusiasmada, según antes se ha dicho. Sin cuidado
+ya con respecto a Juan, que estaba aquel día mucho mejor, doña Bárbara
+volvió a echarse a la calle con su escudero y canciller. Aún faltaban
+algunas cosillas, la mayor parte de ellas para regalar a deudos y amigos
+de la familia. Del pensamiento de la gran señora no se apartaba lo que
+su nuera le había dicho. ¿Qué casta de nieto era aquel? Porque la cosa
+era grave... ¡Un hijo del Delfín! ¿Sería verdad? Virgen Santísima, ¡qué
+novedad tan estupenda! ¡Un nietecito por detrás de la Iglesia! ¡Ah!,
+las resultas de los devaneos de marras... Ella se lo temía... Pero ¿y si
+todo era hechura de la imaginación exaltada de Jacinta y de su angelical
+corazón? Nada, nada, aquella misma noche al acostarse, le había de
+contar todo a Baldomero.
+
+Nuevas compras fueron realizadas en aquella segunda parte de la mañana,
+y cuando regresaban, cargados ambos de paquetes, Barbarita se detuvo en
+la plazuela de Santa Cruz, mirando con atención de compradora los
+nacimientos. Estupiñá se echaba a discurrir, y no comprendía por qué la
+señora examinaba con tanto interés los puestos, estando ya todos los
+chicos de la parentela de Santa Cruz _surtidos de aquel artículo_.
+Creció el asombro de Plácido cuando vio que la señora, después de tratar
+como en broma un portal de los más bonitos, lo compró. El respeto selló
+los labios del amigo, cuando ya se desplegaban para decir: «¿Y para
+quién es este Belén, señora?».
+
+La confusión y curiosidad del anciano llegaron al colmo cuando
+Barbarita, al subir la escalera de la casa, le dijo con cierto misterio:
+«Dame esos paquetes, y métete este armatoste debajo de la capa. Que no
+lo vea nadie cuando entremos». ¿Qué significaban estos tapujos?
+¡Introducir un Belén cual si fuera matute! Y como expertísimo
+contrabandista, hizo Plácido su alijo con admirable limpieza. La señora
+lo tomó de sus manos, y llevándolo a su alcoba con minuciosas
+precauciones para que de nadie fuera visto, lo escondió, bien cubierto
+con un pañuelo, en la tabla superior de su armario de luna.
+
+Todo el resto del día estuvo la insigne dama muy atareada, y Estupiñá
+saliendo y entrando, pues cuando se creía que no faltaba nada, salíamos
+con que se había olvidado lo más importante. Llegada la noche, inquietó
+a Barbarita la tardanza de Jacinta, y cuando la vio entrar fatigadísima,
+el vestido mojado y toda hecha una lástima, se encerró un instante con
+ella, mientras se mudaba, y le dijo con severidad:
+
+«Hija, pareces loca... Vaya por dónde te ha dado... por traerme nietos a
+casa... Esta tarde tuve la palabra en la boca para contarle a Baldomero
+tu calaverada; pero no me atreví... Ya debes suponer si la cosa me
+parece grave...».
+
+Era crueldad expresarse así, y debía mi señora doña Bárbara considerar
+que allá se iban compras con compras y manías con manías. Y no paró aquí
+el réspice, pues a renglón seguido vino esta observación, que dejó
+helada a la infeliz Jacinta: «Doy de barato que ese muñeco sea mi nieto.
+Pues bien: ¿no se te ocurre que el trasto de su madre puede reclamarlo
+y metemos en un pleitazo que nos vuelva locos?».
+
+--¿Cómo lo ha de reclamar si lo abandonó?--contestó la otra sofocada,
+queriendo aparentar un gran desprecio de las dificultades.
+
+--Sí, fíate de eso... Eres una inocente.
+
+--Pues si lo reclama, no se lo daré--manifestó Jacinta con una
+resolución que tenía algo de fiereza--. Diré que es hijo mío, que le he
+parido yo, y que prueben lo contrario... a ver, que me lo prueben.
+
+Exaltada y fuera de sí, Jacinta, que se estaba vistiendo a toda prisa,
+soltó la ropa para darse golpes en el pecho y en el vientre. Barbarita
+quiso ponerse seria; pero no pudo.
+
+«No, tú eres la que tienes que probar que lo has parido... Pero no
+pienses locuras, y tranquilízate ahora, que mañana hablaremos».
+
+--¡Ay, mamá!--dijo la nuera enterneciéndose--. ¡Si usted le viera...!
+
+Barbarita, que ya tenía la mano en el llamador de la puerta para
+marcharse, volvió junto a su nuera para decirle: «¿Pero se parece?...
+¿Estás segura de que se parece?...».
+
+--¿Quiere usted verlo?, sí o no.
+
+--Bueno, hija, le echaremos un vistazo... No es que yo crea... Necesito
+pruebas; pero pruebas muy claritas... No me fío yo de un parecido que
+puede ser ilusorio, y mientras Juan no me saque de dudas seguiré
+creyendo que a donde debe ir tu _Pituso_ es a la Inclusa.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+¡Excelente y alegre cena la de aquella noche en casa de los opulentos
+señores de Santa Cruz! Realmente no era cena sino comida retrasada, pues
+no gustaba la familia de trasnochar, y por tanto, caía dentro de la
+jurisdicción de la vigilia más rigurosa. Los pavos y capones eran para
+los días siguientes, y aquella noche cuanto se sirvió en la mesa
+pertenecía a los reinos de Neptuno. Sólo se sirvió carne a Juan, que
+estaba ya mejor y pudo ir a la mesa. Fue verdadero festín de cardenales,
+con desmedida abundancia de peces, mariscos y de cuanto cría la mar,
+todo tan por lo fino y tan bien aderezado y servido que era una gloria.
+Veinticinco personas había en la mesa, siendo de notar que el conjunto
+de los convidados ofrecía perfecto muestrario de todas las clases
+sociales. La enredadera de que antes hablé había llevado allí sus
+vástagos más diversos. Estaba el marqués de Casa-Muñoz, de la
+aristocracia monetaria, y un Álvarez de Toledo, hermano del duque de
+Gravelinas, de la aristocracia antigua, casado con un Trujillo.
+Resultaba no sé qué irónica armonía de la conjunción aquella de los dos
+nobles, oriundo el uno del gran Alba, y el otro sucesor de D. Pascual
+Muñoz, dignísimo ferretero de la calle de Tintoreros. Por otro lado nos
+encontramos con Samaniego, que era casi un hortera, muy cerca de
+Ruiz-Ochoa, o sea la alta banca. Villalonga representaba el Parlamento,
+Aparisi el Municipio, Joaquín Pez el Foro, y Federico Ruiz representaba
+muchas cosas a la vez: la Prensa, las Letras, la Filosofía, la Crítica
+musical, el Cuerpo de Bomberos, las Sociedades Económicas, la
+Arqueología y los Abonos químicos. Y Estupiñá, con su levita nueva de
+paño fino, ¿qué representaba? El comercio antiguo, sin duda, las
+tradiciones de la calle de Postas, el contrabando, quizás _la religión
+de nuestros mayores_, por ser hombre tan sinceramente piadoso. D. Manuel
+Moreno Isla no fue aquella noche; pero sí Arnaiz el gordo, y Gumersindo
+Arnaiz, con sus tres pollas, Barbarita II, Andrea e Isabel; mas a sus
+tres hermanas eclipsaba Jacinta, que estaba guapísima, con un vestido
+muy sencillo de rayas negras y blancas sobre fondo encarnado. También
+Barbarita tenía buen ver. Desde su asiento al extremo de la mesa,
+Estupiñá la flechaba con sus miradas, siempre que corrían de boca en
+boca elogios de aquellos platos tan ricos y de la variedad inaudita de
+pescados. El gran Rossini, cuando no miraba a su ídolo, charlaba sin
+tregua y en voz baja con sus vecinos, volviendo inquietamente a un lado
+y otro su perfil de cotorra.
+
+Nada ocurrió en la cena digno de contarse. Todo fue alegría sin nubes, y
+buen apetito sin ninguna desazón. El pícaro del Delfín hacía beber a
+Aparisi y a Ruiz para que se alegraran, porque uno y otro tenían un vino
+muy divertido, y al fin consiguió con el _Champagne_ lo que con el
+Jerez no había conseguido. Aparisi, siempre que se ponía peneque,
+mostraba un entusiasmo exaltado por las glorias nacionales. Sus
+_jumeras_ eran siempre una fuerte emersión de lágrimas patrióticas,
+porque todo lo decía llorando. Allí brindó por _los héroes de
+Trafalgar_, por _los héroes del Callao_ y por otros muchos héroes
+marítimos; pero tan conmovido el hombre y con los músculos olfatorios
+tan respingados, que se creería que Churruca y Méndez Núñez eran sus
+papás y que olían muy mal. A Ruiz también le daba por el patriotismo y
+por los héroes; pero inclinándose a lo terrestre y empleando un cierto
+tono de fiereza. Allí sacó a Tetuán y a Zaragoza poniendo al extranjero
+como chupa de dómine, diciendo, en fin, que _nuestro porvenir está en
+África_, y que el Estrecho es un arroyo español. De repente levantose
+Estupiñá el grande, copa en mano, y no puede formarse idea de la
+expectación y solemnísimo silencio que precedieron a su breve discurso.
+Conmovido y casi llorando, aunque no estaba _ajumao_, brindó por la
+noble compañía, por los nobles señores de la casa y por... aquí una
+pausa de emoción y una cariñosa mirada a Jacinta... y porque la noble
+familia tuviera pronto sucesión, como él esperaba... y sospechaba... y
+creía.
+
+Jacinta se puso muy colorada, y todos, todos los presentes, incluso el
+Delfín, celebraron mucho la gracia. Después hubo gran tertulia en el
+salón; pero poco después de las doce se habían retirado todos. Durmió
+Jacinta sin sosiego, y a la mañana siguiente, cuando su marido no había
+despertado aún, salió para ir a misa. Oyola en San Ginés, y después fue
+a casa de Benigna, donde encontró escenas de desolación. Todos los
+sobrinitos estaban alborotados, inconsolables, y en cuanto la vieron
+entrar corrieron hacia ella pidiendo justicia. ¡Vaya con lo que había
+hecho Juanín!... ¡Ahí era nada en gracia de Dios! Empezó por arrancarles
+la cabeza a las figuras del nacimiento... y lo peor era que se reía al
+hacerlo, como si fuera una gracia. ¡Vaya una gracia! Era un
+sinvergüenza, un desalmado, un asesino. Así lo atestiguaban Isabel,
+Paquito y los demás, hablando confusa y atropelladamente, porque la
+indignación no les permitía expresarse con claridad. Disputábanse la
+palabra y se cogían a la tiita, empinándose sobre las puntas de los
+pies. Pero ¿dónde estaba el muy bribón? Jacinta vio aparecer su cara
+inteligente y socarrona. Cuando él la vio, quedose algo turbado, y se
+arrimó a la pared. Acercósele Jacinta, mostrándole severidad y
+conteniendo la risa... pidiole cuentas de sus horribles crímenes.
+¡Arrancar la cabeza a las figuras!... Escondía el
+_Pituso_ la cara muy avergonzado, y se metía el dedo en la nariz... La
+mamá adoptiva no había podido obtener de él una respuesta, y las
+acusaciones rayaban en frenesí. Se le echaban en cara los delitos más
+execrables, y se hacía burla de él y de sus hábitos groseros.
+
+«Tiita, ¿no sabes? --decía Ramona riendo--. Se come las cáscaras de
+naranja...».
+
+--¡Cochino! Otra voz infantil atestiguó con la mayor solemnidad que
+había visto más. Aquella mañana, Juanín estaba en la cocina royendo
+cáscaras de patata. Esto sí que era marranada.
+
+Jacinta besó al delincuente, con gran estupefacción de los otros chicos.
+
+«Pues tienes bonito el delantal». Juanín tenía el delantal como si
+hubiera estado fregando los suelos con él. Toda la ropa estaba
+igualmente sucia.
+
+--Tiita--le dijo Isabelita haciéndose la ofendida--.
+
+Si vieras... No hace más que arrastrarse por los suelos y dar coces
+como los burros. Se va a la basura y coge los puñados de ceniza para
+echárnosla por la cara...
+
+Entró Benigna, que venía de misa, y corroboró todas aquellas denuncias,
+aunque con tono indulgente.
+
+«Hija, no he visto un salvaje igual. El pobrecito... bien se ve entre
+qué gentes se ha criado».
+
+--Mejor... Así le domesticaremos.
+
+--¡Qué palabrotas dice!... ¡Ramón se ha reído más...! No sabes la gracia
+que le hace su lengua de arriero. Anoche nos dio malos ratos, porque
+llamaba a su _Pae Pepe_ y se acordaba de la pocilga en que ha vivido...
+¡Pobrecito! Esta mañana se me orinó en la sala. Llegué yo y me lo
+encontré con las enaguas levantadas... Gracias que no se le antojó
+hacerlo sobre el _puff_... lo hizo en la coquera... He tenido que cerrar
+la sala, porque me destrozaba todo. ¿Has visto cómo ha puesto el
+nacimiento? A Ramón le hizo muchísima gracia... y salió a comprar más
+figuras; porque si no, ¿quién aguanta a esta patulea? No puedes
+figurarte la que se armó aquí anoche. Todos llorando en coro, y el otro
+cogiendo figuras y estrellándolas contra el suelo.
+
+--¡Pobrecillo!--exclamó Jacinta prodigando caricias a su hijo adoptivo y
+a todos los demás, para evitar una tempestad de celos--. ¿Pero no veis
+que él se ha criado de otra manera que vosotros? Ya irá aprendiendo a
+ser fino. ¿Verdad, hijo mío? (Juan decía que sí con la cabeza y
+examinaba un pendiente de Jacinta)... Sí; pero no me arranques la
+oreja... Es preciso que todos seáis buenos amiguitos, y que os llevéis
+como hermanos. ¿Verdad, Juan, que tú no vuelves a romper las figuras?...
+¿Verdad que no? Vaya, él es formal. Ramoncita, tú que eres la mayor,
+enséñale en vez de reñirle.
+
+--Es muy fresco: también se quería comer una vela--dijo Ramoncita
+implacable.
+
+--Las velas no se comen, no. Son para encenderlas... Veréis qué pronto
+aprende él todas las cosas... Si creeréis que no tiene talento.
+
+--No hay medio de hacerle comer más que con las manos--apuntó Benigna
+riendo.
+
+--Pero mujer, ¿cómo quieres que sepa...? Si en su vida ha visto él un
+tenedor... Pero ya aprenderá... ¿No observas lo listo que es?
+
+Villuendas entró con las figuras.
+
+«Vaya, a ver si estas se salvan de la guillotina».
+
+Mirábalas el _Pituso_ sonriendo con malicia, y los demás niños se
+apoderaron de ellas, tomando todo género de precauciones para librarlas
+de las manos destructoras del salvaje, que no se apartaba de su madre
+adoptiva. El instinto, fuerte y precoz en las criaturas como en los
+animalitos, le impulsaba a pegarse a Jacinta y a no apartarse de ella
+mientras en la casa estaba...
+
+Era como un perrillo que prontamente distingue a su amo entre todas las
+personas que le rodean, y se adhiere a él y le mima y acaricia.
+
+Creíase Jacinta madre, y sintiendo un placer indecible en sus entrañas,
+estaba dispuesta a amar a aquel pobre niño con toda su alma. Verdad que
+era hijo de otra. Pero esta idea, que se interponía entre su dicha y
+Juanín, iba perdiendo gradualmente su valor. ¿Qué le importaba que fuera
+hijo de otra? Esa otra quizá había muerto, y si vivía lo mismo daba,
+porque le había abandonado. Bastábale a Jacinta que fuera hijo de su
+marido para quererle ciegamente. ¿No quería Benigna a los hijos de la
+primera mujer de su marido como si fueran hijos suyos? Pues ella quería
+a Juanín como si le hubiera llevado en sus entrañas. ¡Y no había más que
+hablar! Olvido de todo, y nada de celos retrospectivos. En la excitación
+de su cariño, la dama acariciaba en su mente un plan algo atrevido. «Con
+ayuda de Guillermina--pensaba--, voy a hacer la pamema de que he sacado
+este niño de la Inclusa, para que en ningún tiempo me lo puedan quitar.
+Ella lo arreglará, y se hará un documento en toda regla... Seremos
+falsarias y Dios bendecirá nuestro fraude».
+
+Le dio muchos besos, recomendándole que fuera bueno, y no hiciese
+porquerías. Apenas se vio Juanín en el suelo, agarró el bastón de
+Villuendas y se fue derecho hacia el nacimiento en la actitud más
+alarmante. Villuendas se reía sin atajarle, gritando: «¡Adiós, mi
+dinero!, ¡eh!... ¡socorro!, ¡guardias...!».
+
+Chillido unánime de espanto y desolación llenó la casa. Ramoncita
+pensaba seriamente en que debía llamarse a la Guardia Civil.
+
+«Pillo, ven acá; eso no se hace» gritó Jacinta corriendo a sujetarle.
+
+Una cosa agradaba mucho a la joven. Juanín no obedecía a nadie más que a
+ella. Pero la obedecía a medias, mirándola con malicia, y suspendiendo
+su movimiento de ataque.
+
+«Ya me conoce--pensaba ella--. Ya sabe que soy su mamá, que lo seré de
+veras... Ya, ya le educaré yo como es debido».
+
+Lo más particular fue que cuando se despidió, el _Pituso_ quería irse
+con ella. «Volveré, hijo de mi alma, volveré... ¿Veis cómo me quiere?,
+¿lo veis?... Con que portarse bien todos, y no regañar. Al que sea malo,
+no le quiero yo...».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+No se le cocía el pan a Barbarita hasta no aplacar su curiosidad viendo
+aquella alhaja que su hija le había comprado, un nieto. Fuera este
+apócrifo o verdadero, la señora quería conocerle y examinarle; y en
+cuanto tuvo Juan compañía, buscaron suegra y nuera un pretexto para
+salir, y se encaminaron a la morada de Benigna. Por el camino, Jacinta
+exploró otra vez el ánimo de su tía, esperando que se hubieran disipado
+sus prevenciones; pero vio con mucho disgusto que Barbarita continuaba
+tan severa y suspicaz como el día precedente. «A Baldomero le ha sabido
+esto muy mal. Dice que es preciso garantías... y, francamente, yo creo
+que has obrado muy de ligero...».
+
+Cuando entró en la casa y vio al _Pituso_, la severidad, lejos de
+disminuir, parecía más acentuada. Contempló Barbarita sin decir palabra
+al que le presentaban como nieto, y después miró a su nuera, que estaba
+en ascuas, con un nudo muy fuerte en la garganta. Mas de repente, y
+cuando Jacinta se disponía a oír denegaciones categóricas, la abuela
+lanzó una fuerte exclamación de alegría, diciendo así:
+
+«¡Hijo de mi alma!... ¡amor mío!, ven, ven a mis brazos».
+
+Y lo apretó contra sí tan enérgicamente, que el _Pituso_ no pudo menos
+de protestar con un chillido.
+
+«¡Hijo mío!... corazón... gloria, ¡qué guapo eres!... Rico, tesoro; un
+beso a tu abuelita».
+
+--¿Se parece?--preguntó Jacinta no pudiendo expresarse bien, porque se
+le caía la baba, como vulgarmente se dice.
+
+--¡Que si se parece! --observó Barbarita tragándole con los ojos--.
+Clavado, hija, clavado... ¿Pero qué duda tiene? Me parece que estoy
+mirando a Juan cuando tenía cuatro años.
+
+Jacinta se echó a llorar. «Y por lo que hace a esa fantasmona...--agregó
+la señora examinando más las facciones del chico--, bien se le conoce en
+este espejo que es guapa... Es una perfección este niño».
+
+Y vuelta a abrazarle y a darle besos.
+
+«Pues nada, hija --añadió después con resolución--, a casa con él».
+
+Jacinta no deseaba otra cosa. Pero Barbarita corrigió al instante su
+propia espontaneidad, diciendo: «No... no nos precipitemos. Hay que
+hablar antes a tu marido. Esta noche sin falta se lo dices tú, y yo me
+encargo de volver a tantear a Baldomero... Si es clavado, pero
+clavado...».
+
+--¡Y usted que dudaba! --Qué quieres... Era preciso dudar, porque estas
+cosas son muy delicadas. Pero la procesión me andaba por dentro.
+¿Creerás que anoche he soñado con este muñeco? Ayer, sin saber lo que
+hacía compré un nacimiento. Lo compré maquinalmente, por efecto de un no
+sé qué... mi resabio de compras movido del pensamiento que me dominaba.
+
+--Bien sabía yo que usted cuando le viera...
+
+--¡Dios mío! ¡Y las tiendas cerradas hoy!--exclamó Barbarita en tono de
+consternación--. Si estuvieran abiertas, ahora mismo le compraba un
+vestidito de marinero con su gorra en que diga: _Numancia_. ¡Qué bien le
+estará! Hijo de mi corazón, ven acá... No te me escapes; si te quiero
+mucho, ¡si soy tu abuelita...! Me dicen estos tontainas que has roto el
+camello del Rey negro. Bien, vida mía, bien roto está. Ya le compraré yo
+a mi niño una gruesa de camellos y de reyes negros, blancos y de todos
+los colores.
+
+Jacinta tenía ya celos. Pero consolábase de ellos viendo que Juanín no
+quería estar en el regazo de su abuela y se deslizaba de los brazos de
+esta para buscar los de su mamá verdadera. En aquel punto de la escena
+que se describe, empezaron de nuevo las acusaciones y una serie de
+informes sobre los distintos actos de barbarie consumados por Juanín.
+Los cinco fiscales se enracimaban en torno a las dos damas, formulando
+cada cual su queja en los términos más difamatorios. ¡Válganos Dios lo
+que había hecho! Había cogido una bota de Isabelita y tirádola dentro de
+la jofaina llena de agua para que nadase como un pato. «¡Ay, qué rico!»
+clamaba Barbarita comiéndosele a besos. Después se había quitado su
+propio calzado, porque era un marrano que gustaba de andar descalzo con
+las patas sobre el suelo. «¡Ay, qué rico!...». Quitose también las
+medias y echó a correr detrás del gato, cogiéndolo por el rabo y dándole
+muchas vueltas... Por eso estaba tan mal humorado el pobre animalito...
+Luego se había subido a la mesa del comedor para pegarle un palo a la
+lámpara... «¡Ay, qué rico!».
+
+«¡Cuidado que es desgracia!--repitió la señora de Santa Cruz dando un
+gran suspiro--, ¡las tiendas cerradas hoy!... Porque es preciso
+comprarle ropita, mucha ropita... Hay en casa de Sobrino unas medidas de
+colores y unos trajecitos de punto que son una preciosidad... Ángel,
+ven, ven con tu abuelita... ¡Ah!, ya conoce el muy pillo lo que has
+hecho por él, y no quiere estar con nadie más que contigo».
+
+--Ya lo creo...--indicó Jacinta con orgullo--. Pero no; él es bueno
+¿sí?, y quiere también a su abuelita, ¿verdad?
+
+Al retirarse, iban por la calle tan desatinadas la una como la otra. Lo
+dicho dicho: aquella misma noche hablarían las dos a sus respectivos
+maridos.
+
+Aquel día, que fue el 25, hubo gran comida, y Juanito se retiró temprano
+de la mesa muy fatigado y con dolor de cabeza. Su mujer no se atrevió a
+decirle nada, reservándose para el día siguiente. Tenía bien preparado
+todo el discurso, que confiaba en pronunciarlo entero sin el menor
+tropiezo y sin turbarse. El 26 por la mañana entró D. Baldomero en el
+cuarto de su hijo cuando este se acababa de levantar, y ambos estuvieron
+allí encerrados como una media hora. Las dos damas esperaban ansiosas en
+el gabinete el resultado de la conferencia, y las impresiones de
+Barbarita no tenían nada de lisonjeras: «Hija, Baldomero no se nos
+presenta muy favorable. Dice que es necesario probarlo... ya ves tú,
+probarlo; y que eso del parecido será ilusión nuestra... Veremos lo que
+dice Juan».
+
+Tan anhelantes estaban las dos, que se acercaron a la puerta de la
+alcoba por ver si pescaban alguna sílaba de lo que el padre y el hijo
+hablaban. Pero no se percibía nada. La conversación era sosegada, y a
+veces parecía que Juan se reía. Pero estaba de Dios que no pudieran
+salir de aquella cruel duda tan pronto como deseaban. Pareció que el
+mismo demonio lo hizo, porque en el momento de salir D. Baldomero del
+cuarto de su hijo, he aquí que se presentan en el despacho Villalonga y
+Federico Ruiz. El primero cayó sobre Santa Cruz para hablarle de los
+préstamos al Tesoro que hacía con dinero suyo y ajeno, ganándose el
+ciento por ciento en pocos meses, y el segundo se metió de rondón en el
+cuarto del Delfín. Jacinta no pudo hablar con este; pero se sorprendió
+mucho de verle risueño y de la mirada maliciosa y un tanto burlona que
+su marido le echó.
+
+Fueron todos a almorzar y el misterio continuaba. Cuenta Jacinta que
+nunca como en aquella ocasión sintió ganas de dar a una persona de
+bofetadas y machacarla contra el suelo. Hubiera destrozado a Federico
+Ruiz, cuya charla insustancial y mareante, como zumbido de abejón, se
+interponía entre ella y su marido. El maldito tenía en aquella época la
+demencia de _los castillos_; estaba haciendo averiguaciones sobre todos
+los que en España existen más o menos ruinosos, para escribir una gran
+obra heráldica, arqueológica y de castrametación sentimental, que aunque
+estuviese bien hecha no había de servir para nada. Mareaba a Cristo con
+sus aspavientos por si tales o cuales ruinas eran bizantinas, mudéjares
+o lombardas con influencia mozárabe y perfiles románicos. «¡Oh!, ¡el
+castillo de Coca!, ¿pues y el de Turégano?... Pero ninguno llegaba a los
+del Bierzo... ¡Ah!, ¡el Bierzo!... la riqueza que hay en ese país es un
+asombro». Luego resultaba que la tal _riqueza_ era de muros
+despedazados, de aleros podridos y de bastiones que se caían piedra a
+piedra. Ponía los ojos en blanco, las manos en cruz y los hombros a la
+altura de las orejas para decir: «hay una ventana en el Castillo de
+Ponferrada que... vamos... no puedo expresar lo que es aquello...».
+Creeríase que por la tal ventana se veía al Padre Eterno y a toda la
+Corte Celestial. «Caramba con la ventana--pensaba Jacinta, a quien le
+estaba haciendo daño el almuerzo--. Me gustaría de veras si sirviera
+para tirarte por ella a la calle con todos tus condenados castillos».
+
+Villalonga y D. Baldomero no prestaban ni pizca de atención a los
+entusiasmos de su insufrible amigo, y se ocupaban en cosas de más
+sustancia.
+
+«Porque, figúrese usted... el Director del Tesoro acepta el préstamo en
+consolidado que está a 13... y extiende el pagaré por todo el valor
+nominal... al interés del 12 por 100. Usted vaya atando cabos...».
+
+--Es escandaloso... ¡Pobre país!...
+
+Un instante se vieron solos Juanito y su mujer, y pudieron decirse
+cuatro palabras. Jacinta quiso hacerle una pregunta que tenía preparada;
+pero él se anticipó dejándola yerta con esta cruelísima frase, dicha en
+tono cariñoso: «Nena, ven acá, ¿con que hijitos tenemos?».
+
+Y no era posible explicarse más, porque la tertulia se enzarzó y
+vinieron otros amigos que empezaron a reír y a bromear, tomándole el
+pelo a Federico Ruiz con aquello de los castillos y preguntándole con
+seriedad si los había estudiado todos sin que se le escapase alguno en
+la cuenta. Después la conversación recayó en la política. Jacinta estaba
+desesperada, y en los ratos que podía cambiar una palabrita con su
+suegra, esta poníale una cara muy desconsolada, diciéndole: «Mal
+negocio, hija, mal negocio».
+
+Por la noche, comensales otra vez, y luego tertulia y mucha gente. Hasta
+las doce duró aquel martirio. Se marcharon al fin uno a uno.
+
+Jacinta les hubiera echado, abriendo todas las ventanas y sacudiéndoles
+con una servilleta, como se hace con las moscas. Cuando su marido y
+ella se quedaron solos, parecíale la casa un paraíso; pero sus
+ansiedades eran tan grandes que no podía saborear el dulce aislamiento.
+¡Solos en la alcoba! Al fin...
+
+Juan cogió a su mujer cual si fuera una muñeca, y le dijo:
+
+«Alma mía, tus sentimientos son de ángel; pero tu razón, allá por esas
+nubes, se deja alucinar. Te han engañado; te han dado un soberbio timo».
+
+--Por Dios, no me digas eso --murmuró Jacinta, después de una pausa en
+que quiso hablar y no pudo.
+
+--Si desde el principio hubieras hablado conmigo...--añadió el Delfín
+muy cariñoso--. Pero aquí tienes el resultado de tus tapujos... ¡Ah, las
+mujeres!, todas ellas tienen una novela en la cabeza, y cuando lo que
+imaginan no aparece en la vida, que es lo más común, sacan su
+composicioncita.
+
+Estaba la infeliz tan turbada que no sabía qué decir: «Ese José
+Izquierdo...».
+
+--Es un tunante. Te ha engañado de la manera más chusca... Sólo tú, que
+eres la misma inocencia puedes caer en redes tan mal urdidas... Lo que
+me espanta es que Izquierdo haya podido tener ideas... Es tan bruto;
+pero tan bruto, que en aquella cabeza no cabe una invención de esta
+clase. Por lo bestia que es, parece honrado sin serlo. No, no discurrió
+él tan gracioso timo. O mucho me engaño, o esto salió de la cabeza de un
+novelista que se alimenta con judías.
+
+--El pobre Ido es incapaz... --De engañar a sabiendas, eso sí. Pero no
+te quepa duda. La primitiva idea de que ese niño es mi hijo debió ser
+suya. La concebiría como sospecha, como inspiración
+artístico-flatulenta, y el otro se dijo: «Pues toma, aquí hay un
+negocio». Lo que es a _Platón_ no se le ocurre; de eso estoy seguro.
+
+Jacinta, anonadada, quería defender su tema a todo trance. «Juanín es tu
+hijo, no me lo niegues» replicó llorando.
+
+--Te juro que no... ¿Cómo quieres que te lo jure?... ¡Ay Dios mío!,
+ahora se me está ocurriendo que ese pobre niño es el hijo de la hijastra
+de Izquierdo. ¡Pobre Nicolasa! Se murió de sobreparto. Era una excelente
+chica. Su niño tiene, con diferencia de tres meses, la misma edad que
+tendría el mío si viviese.
+
+--¡Si viviese! --Si viviese... sí... Ya ves cómo te canto claro. Esto
+quiere decir que no vive.
+
+--No me has hablado nunca de eso --declaró severamente Jacinta--. Lo
+último que me contaste fue... qué sé yo... No me gusta recordar esas
+cosas. Pero se me vienen al pensamiento sin querer. «No la vi más, no
+supe más de ella; intenté socorrerla y no la pude encontrar». A ver,
+¿fue esto lo que me dijiste?
+
+--Sí, y era la verdad, la pura verdad. Pero más adelante hay otro
+episodio, del cual no te he hablado nunca, porque no había para qué.
+Cuando ocurrió, hacía ya un año que estábamos casados; vivíamos en la
+mejor armonía... Hay ciertas cosas que no se deben decir a una esposa.
+Por discreta y prudente que sea una mujer, y tú lo eres mucho, siempre
+alborota algo en tales casos; no se hace cargo de las circunstancias, ni
+se fija en los móviles de las acciones. Entonces callé, y creo
+firmemente que hice bien en callar. Lo que pasó no es desfavorable para
+mí. Podía habértelo dicho; pero ¿y si lo interpretabas mal? Ahora ha
+llegado la ocasión de contártelo, y veremos qué juicio formas. Lo que sí
+puedo asegurarte es que ya no hay más. Esto que te voy a decir es el
+último párrafo de una historia que te he referido por entregas. Y se
+acabó. Asunto agotado... Pero es tarde, hija mía, nos acostaremos,
+dormiremos y mañana...
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+«No, no, no--gritó Jacinta más bien airada que impaciente--. Ahora
+mismo... ¿Crees que yo puedo dormir en esta ansiedad?».
+
+--Pues lo que es yo, chiquilla, me acuesto--dijo el Delfín,
+disponiéndose a hacerlo--. Si creerás tú que te voy a revelar algo que
+pone los pelos de punta. ¡Si no es nada...!, te lo cuento porque es la
+prueba de que te han engañado. Veo que pones una cara muy tétrica. Pues
+si no fuera porque el lance es bastante triste, te diría que te
+rieras... ¡Te has de quedar más convencida...! Y no te apures por la
+_plancha_, hija. Ahí tienes lo que las personas sacan de ser demasiado
+buenas. Los ángeles, como que están acostumbrados a volar, no andan por
+la tierra sin dar un traspié a cada paso.
+
+Se había acostumbrado de tal modo Jacinta a la idea de hacer suyo a
+Juanín, de criarle y educarle como hijo, que le lastimaba al sentirlo
+arrancado de sí por una prueba, por un argumento en que intervenía la
+aborrecida mujer aquella cuyo nombre quería olvidar. Lo más particular
+era que seguía queriendo al _Pituso_, y que su cariño y su amor propio
+se sublevaban contra la idea de arrojarle a la calle. No le abandonaría
+ya, aunque su marido, su suegra y el mundo entero se rieran de ella y la
+tuvieran por loca y ridícula.
+
+«Y ahora--siguió Santa Cruz, muy bien empaquetado entre sus sábanas--,
+despídete de tu novela, de esa grande invención de dos ingenios, Ido del
+Sagrario y José Izquierdo... Vamos allá... Lo último que te dije
+fue...».
+
+--Fue que se había marchado de Madrid y que no pudiste averiguar a
+dónde. Esto me lo contaste en Sevilla.
+
+--¡Qué memoria tienes! Pues pasó tiempo, y al año de casados, un día, de
+repente, plaf... entras tú en mi cuarto y me das una carta.
+
+--¿Yo? --Sí, una cartita que trajeron para mí. La abro, me quedo así un
+poco atontado... Me preguntas qué es, y te digo: «Nada, es la madre del
+pobre Valledor que me pide una recomendación para el alcalde...». Cojo
+mi sombrero y a la calle.
+
+--¡Volvía a Madrid, te llamaba, te escribía!...--observó Jacinta,
+sentándose al borde del lecho, la mirada fija, apagada la voz.
+
+--Es decir, hacía que me escribieran, porque la pobrecilla no sabe...
+«Pues señor, no hay más remedio que ir allá». Cree que tu pobre marido
+iba de muy mal humor. No puedes figurarte lo que le molestaba la
+resurrección de una cosa que creía muerta y desaparecida para siempre.
+«¿Por dónde saldrá ahora?... ¿Para qué me llamará?». Yo decía también:
+«De fijo que hay muchacho por en medio». Esta sucesión me cargaba. «Pero
+en fin, ¡qué remedio!...» pensaba al subir por aquellas oscuras
+escaleras. Era una casa de la calle de Hortaleza, al parecer de
+huéspedes. En el bajo hay tienda de ataúdes. ¿Y qué era?, que la infeliz
+había venido a Madrid con su hijo, con el mío: ¿por qué no decirlo
+claro?, y con un hombre, el cual estaba muy mal de fondos, lo que no
+tiene nada de particular... Llegar y ponerse malo el pobre niño fue todo
+uno. Viose la pobre en un trance muy apurado. ¿A quién acudir? Era
+natural: a mí. Yo se lo dije. «Has hecho perfectamente...». La más negra
+era que el garrotillo le cogió al pobrecillo nene tan de filo, que
+cuando yo llegué... te va a dar mucha pena, como me la dio a mí... pues
+sí, cuando llegué, el pobre niño estaba expirando. Lo que yo le decía al
+verla hecha un mar de lágrimas: «¿Por qué no me avisaste antes?». Claro,
+yo habría llevado uno o dos buenos médicos y quién sabe, quién sabe si
+le hubiéramos salvado.
+
+Jacinta callaba. El terror no la dejaba articular palabra.
+
+«¿Y tú no lloraste?» fue lo primero que se le ocurrió decir.
+
+--Te aseguro que pasé un rato... ¡ay qué rato! ¡Y tener que disimular en
+casa delante de ti! Aquella noche ibas tú al Real. Yo fui también; pero
+te juro que en mi vida he sentido, como en aquella noche, la tristeza
+agarrada a mi alma. Tú no te acordarás... No sabías nada.
+
+--Y... --Y nada más. Le compré la cajita azul más bonita que había en la
+tienda de abajo, y se le llevó al cementerio en un carro de lujo con dos
+caballos empenachados, sin más compañía que la del hombre de Fortunata y
+el marido, o lo que fuera, de la patrona. En la Red de San Luis, mira lo
+que son las casualidades, me encontré a mamá... Díjome: «¡Qué pálido
+estás!». «Es que vengo de casa de Moreno Vallejo a quien le han cortado
+hoy la pierna». En efecto, le habían cortado la pierna, a consecuencia
+de la caída del caballo. Diciéndolo, miré desaparecer por la calle de
+la Montera abajo el carro con la cajita azul... ¡Cosas del mundo! Vamos
+a ver: si yo te hubiera contado esto, ¿no habrían sobrevenido mil
+disgustos, celos y cuestiones?
+
+--Quizás no--dijo la esposa dando un gran suspiro--. Según lo que venga
+detrás. ¿Qué pasó después?
+
+--Todo lo que sigue es muy soso. Desde que se dio tierra al pequeñuelo,
+yo no tenía otro deseo que ver a la madre tomando el portante. Puedes
+creérmelo: no me interesaba nada. Lo único que sentía era compasión por
+sus desgracias, y no era floja la de vivir con aquel bárbaro, un tiote
+grosero que la trataba muy mal y no la dejaba ni respirar. ¡Pobre mujer!
+Yo le dije, mientras él estaba en el cementerio: «¿Cómo es que vives con
+este animal y le aguantas?». Y respondiome: «No tengo más amparo que
+esta fiera. No le puedo ver; pero el agradecimiento...». Es triste cosa
+vivir de esta manera, aborreciendo y agradeciendo. Ya ves cuánta
+desgracia, cuánta miseria hay en este mundo, niña mía... Bueno, pues
+sigo diciéndote que aquella infeliz pareja me dio la gran jaqueca. El
+tal, que era mercachifle de estos que ponen puestos en las ferias,
+pretendía una plaza de contador de la depositaría de un pueblo.
+¡Valiente animal! Me atosigaba con sus exigencias, y aun con amenazas, y
+no tardé en comprender que lo que quería era sacarme dinero. La pobre
+Fortunata no me decía nada. Aquel bestia no le permitía que me viera y
+hablara sin estar él presente, y ella, delante de él, apenas alzaba del
+suelo los ojos; tan aterrorizada la tenía. Una noche, según me contó la
+patrona, la quiso matar el muy bruto. ¿Sabes por qué?, porque me había
+mirado. Así lo decía él... Me puedes creer, como esta es noche, que
+Fortunata no me inspiraba sino lástima. Se había desmejorado mucho de
+físico, y en lo espiritual no había ganado nada. Estaba flaca, sucia,
+vestía de pingos que olían mal, y la pobreza, la vida de perros y la
+compañía de aquel salvaje habíanle quitado gran parte de sus atractivos.
+A los tres días se me hicieron insoportables las exigencias de la fiera,
+y me avine a todo. No tuve más remedio que decir: «Al enemigo que huye,
+puente de plata»; y con tal de verles marchar, no me importaba el
+sablazo que me dieron. Aflojé los cuartos a condición de que se habían
+de ir inmediatamente. Y aquí paz y después gloria. Y se acabó mi cuento,
+niña de mi vida, porque no he vuelto a saber una palabra de aquel
+respetable tronco, lo que me llena de contento.
+
+Jacinta tenía su mirada engarzada en los dibujos de la colcha. Su marido
+le tomó una mano y se la apretó mucho. Ella no decía más que «¡Pobre
+
+_Pituso_, pobre Juanín!». De repente una idea hirió su mente como un
+latigazo, sacándola de aquel abatimiento en que estaba. Era la
+convicción última que se revolvía furiosa en las agonías del
+vencimiento. No existe nada que se resigne a morir, y el error es quizás
+lo que con más bravura se defiende de la muerte. Cuando el error se ve
+amenazado de esa ridiculez a que el lenguaje corriente da el nombre de
+_plancha_, hace desesperados esfuerzos, azuzado por el amor propio, para
+prolongar su existencia. De los escombros de sus ilusiones deshechas
+sacó, pues, Jacinta el último argumento, el último; pero lo esgrimió con
+brío, quizás por lo mismo que ya no tenía más. «Todo lo que has dicho
+será verdad: no lo pongo en duda. Pero yo no te digo sino una cosa: ¿Y
+el parecido?».
+
+Lo mismo fue oír esto el Delfín, que partirse de risa.
+
+«¡El parecido! Si no hay tal parecido ni lo puede haber. Sólo existe en
+tu imaginación. Los chicos de esa edad se parecen siempre a quien quiere
+el que los mira. Obsérvale bien ahora, examínale las facciones con
+imparcialidad, pero con imparcialidad y conciencia, ¿sabes?... y si
+después de esto sigues encontrando parecido, es que hay brujería en
+ello».
+
+Jacinta le contemplaba en su mente con aquella imparcialidad tan
+recomendada, y... la verdad... el parecido subsistía... aunque un
+poquillo borroso y desvaneciéndose por grados. En la desesperación de su
+inevitable derrota, encontró aún la dama otro argumento.
+
+«Tu mamá también le encontró un gran parecido».
+
+--Porque tú le calentaste la cabeza. Tú y mamá sois dos buenas
+maniáticas. Yo reconozco que en esta casa hace falta un chiquitín.
+También yo lo deseo tanto como vosotras; pero esto, hija de mi alma, no
+se puede ir a buscar a las tiendas, ni lo debe traer Estupiñá debajo de
+la capa, como las cajas de cigarros. El parecido, convéncete tontuela,
+no es más que la exaltación de tu pensamiento por causa de esa maldita
+novela del niño encontrado. Y puedes creerlo, si como historia el caso
+es falso, como novela es cursi. Si no, fíjate en las personas que te han
+ayudado al desarrollo de tu obra: Ido del Sagrario, un flatulento; José
+Izquierdo, un loco de la clase de cabellerías; Guillermina, una loca
+santa, pero loca al fin. Luego viene mamá, que al verte a ti chiflada,
+se chifla también. Su bondad le oscurece la razón, como a ti, porque
+sois tan buenas que a veces, créelo, es preciso ataros. No, no te rías;
+a las personas que son muy buenas, muy buenas, llega un momento en que
+no hay más remedio que atarlas.
+
+Jacinta le sonreía con tristeza, y su marido le hizo muchas caricias,
+afanándose por tranquilizarla. Tanto le rogó que se acostara, que al fin
+accedió a ello.
+
+«Mañana--dijo ella--, irás conmigo a verle».
+
+--A quién... ¿al chiquillo de Nicolasa?... ¡Yo!
+
+--Aunque no sea más que por curiosidad... Considéralo como una compra
+que hemos hecho las dos maniáticas. Si compráramos un perrito, ¿no
+querrías verle?
+
+--Bueno, pues iré. Falta que mamá me deje salir mañana... y bien podría,
+que este encierro me va cargando ya.
+
+Acostose Jacinta en su lecho, y al poco rato observó que su esposo
+dormía. Ella tenía poco sueño y pensaba en lo que acababa de oír. ¡Qué
+cuadro más triste y qué visión aquella de la miseria humana! También
+pensó mucho en el _Pituso_. «Se me figura que ahora le quiero más.
+¡Pobrecito, tan lindo, tan mono y no parecerse...! Pero si yo me
+confirmo en que se parece... ¡Que es ilusión! ¿Cómo ha de ser ilusión?
+No me vengan a mí con cuentos. Aquellos plieguecitos de la nariz cuando
+se ríe... aquel entrecejo...». Y así estuvo hasta muy tarde.
+
+El 28 por la mañana, ya de vuelta de misa, entró Barbarita en la alcoba
+del matrimonio joven a decirles que el día estaba muy bueno, y que el
+enfermo podía salir bien abrigado. «Os cogéis el coche y vais a dar una
+vuelta por el Retiro». Jacinta no deseaba otra cosa, ni el Delfín
+tampoco. Sólo que en vez de ir al Retiro, se personaron en casa de Ramón
+Villuendas. Hallábase este en el escritorio; pero cuando les vio entrar
+subió con ellos, deseando presenciar la escena del reconocimiento, que
+esperaba fuera patética y teatral. Mucho se pasmaron él y Benigna de que
+Juan viera al pequeñuelo con sosegada indiferencia, sin hacer ninguna
+demostración de cariño paternal.
+
+«Hola, barbián--dijo Santa Cruz sentándose y cogiendo al chico por ambas
+manos--. Pues es guapo de veras. Lástima que no sea nuestro... No te
+apures, mujer, ya vendrá el verdadero _Pituso_, el legítimo, de los
+propios cosecheros o de la propia tía Javiera».
+
+Benigna y Ramón miraban a Jacinta.
+
+«Vamos a ver--prosiguió el otro constituyéndose en tribunal--. Vengan
+ustedes aquí y digan imparcialmente, con toda rectitud y libertad de
+juicio, si este chico se parece a mí».
+
+Silencio. Lo rompió Benigna para decir:
+
+«Verdaderamente... yo... nunca encontré tal parecido».
+
+--¿Y tú?--preguntó Juan a Ramón.
+
+--Yo... pues digo lo mismo que Benigna.
+
+Jacinta no sabía disimular su turbación.
+
+«Ustedes dirán lo que quieran... pero yo... Es que no se fijan bien... Y
+en último caso, vamos a ver, ¿me negarán que es monísimo?».
+
+--¡Ah!, eso no... y que tiene que ser un gran pillete. Tiene a quien
+salir. Su padre fue primero empleado en el _gas_; después punto figurado
+en la casa de juego del _pulpitillo_.
+
+--¡Punto figurado! ¿Y qué es eso?
+
+--¡Oh!, una gran posición... El papá de este niño, si no me engaño, debe
+de estar ahora tomando aires en Ceuta.
+
+--Eso, eso no--indicó Jacinta con rabia--. ¿También quieres tú infamar a
+mi niño? Dámele acá... ¿No es verdad, hijo, que tu papá no...?
+
+Todos se echaron a reír. Consolábase ella de su desairada situación
+besándole y diciendo:
+
+«Mirad cómo me quiere. Pues no, no le abandono, aunque lo mande quien lo
+mande. Es mío».
+
+--Como que te ha costado tu dinero.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+El chico le echó los brazos al cuello y miró a los demás con rencor,
+como indignado de la nota infamante que se quería arrojar sobre su
+estirpe. Los otros niños se le llevaron para jugar, no sin que antes le
+hiciera Jacinta muchas carantoñas, por lo cual dijo Benigna que no
+_debía darle tan fuerte_.
+
+«Cállate tú... Digo que no le abandono. Me le llevaré a casa».
+
+--¿Estás loca? --insinuó el Delfín con severidad.
+
+--No, que estoy bien cuerda. --Vamos, ten discreción... No digo yo
+tampoco que se le eche a la calle; pero en el Hospicio, bien
+recomendado, no lo pasaría mal.
+
+--¡En el Hospicio! --exclamó Jacinta con la cara muy encendida--, ¡para
+que me le manden a los entierros... y le den de comer aquellas
+bazofias...!
+
+--¿Pero tú qué crees? Eres una criatura. ¿De dónde sacas que así se
+toman niños ajenos? Chica, chica, estás en pleno romanticismo.
+
+Benigna y su marido manifestaron con enérgicos signos de cabeza que
+aquello del romanticismo estaba muy bien dicho.
+
+«Pero si yo también le quiero proteger--afirmó Juan apreciando los
+sentimientos de su mujer y disculpando su exageración--. Ha sido una
+suerte para él haber caído en nuestras manos librándose de las de
+Izquierdo. Pero no disloquemos las ideas. Una cosa es protegerle y otra
+llevárnosle a casa. Aunque yo quisiera darte ese gusto, falta que mi
+padre lo consintiera. Tus buenos sentimientos te hacen delirar, ¿verdad,
+Benigna? Yo le he dicho que a las personas muy buenas, muy buenas, es
+menester atarlas algunas veces. Esta es un ángel, y los ángeles caen en
+la tontería de creer que el mundo es el cielo. El mundo no es el cielo,
+¿verdad, Ramón?, y nuestras acciones no pueden ser basadas en el
+criterio angelical. Si todo lo que piensan y sienten los ángeles, como
+mi mujer, se llevara a la práctica, la vida sería imposible,
+absolutamente imposible. Nuestras ideas deben inspirarse en las ideas
+generales, que son el ambiente moral en que vivimos. Yo bien sé que se
+debe aspirar a la perfección; pero no dando de puntapiés a la armonía
+del mundo, ¡pues bueno estaría!... a la armonía del mundo, que es...
+para que lo sepas... un grandioso mecanismo de imperfecciones,
+admirablemente equilibradas y combinadas. Vamos a ver, te he convencido,
+¿sí o no?
+
+--Así, así --replicó Jacinta muy triste, un poco aturdida por las
+paradojas de su marido. Jacinta tenía idea tan alta de los talentos y de
+las sabias lecturas del Delfín, que rara vez dejaba de doblegarse ante
+ellas, aunque en su fuero interno guardase algunos juicios
+independientes que la modestia y la subordinación no le permitían
+manifestar. No habían transcurrido diez segundos después de aquel _así,
+así_, cuando se oyó una gran chillería. «¿Qué es, qué hay?». ¡Qué había
+de ser sino alguna barbaridad de Juanín! Así lo comprendió Benigna,
+corriendo alarmada al comedor, de donde el temeroso estrépito venía.
+
+--¡Bien por los chicos valientes! --dijo Santa Cruz, a punto que Ramón
+Villuendas se despedía para bajar al escritorio. Jacinta corrió al
+comedor y a poco volvió aterrada.
+
+«¿No sabes lo que ha hecho? Había en el comedor una bandeja de arroz con
+leche. Juanín se sube sobre una silla y empieza a coger el arroz con
+leche a puñados... así, así, y después de hartarse, lo tira por el suelo
+y se limpia las manos en las cortinas».
+
+Oyose la voz de Benigna, hecha una furia: «Te voy a matar...
+¡indecente!, ¡cafre!». Los demás chicos aparecieron chillando. Jacinta
+les regañó: «Pero vosotros, tontainas, ¿no veíais lo que estaba
+haciendo? ¿Por qué no avisasteis? ¿Es que le dejáis enredar para después
+reíros y armar estos alborotos?».
+
+--Mujer, llévate, llévate de una vez de mi casa este cachorro de
+tigre--dijo Benigna, entrando muy soliviantada--. ¡Virgen del Carmen, mi
+bandeja de arroz con leche!
+
+Los chicos de Villuendas saltaban gozosos.
+
+«Vosotros tenéis la culpa, bobones; vosotros que le azuzáis» díjoles la
+tiita, que en alguien tenía que descargar su enfado.
+
+«Tú le tienes que lavar --manifestó Benigna, sin cejar en su cólera--,
+tú, tú. ¡Cómo me ha puesto las cortinas!».
+
+--Bueno, mujer, le lavaré. No te apures.
+
+--Y vestirle de limpio. Yo no puedo. Bastante tengo con los míos... Y
+nada más.
+
+--Vaya, no alborotes tanto, que todo ello es poca cosa.
+
+Jacinta y su marido fueron al comedor, donde le encontraron hecho un
+adefesio, cara, manos y vestido llenos de aquella pringue.
+
+«Bien, bien por los hombres bravos--gritó Juan en presencia de la
+fiera--. Mano al arroz con leche. Me hace gracia este muchacho».
+
+--Te voy a matar, pillo--le dijo su mamá adoptiva, arrodillándose ante
+él y conteniendo la risa--. Te has puesto bonito... verás que jabonadura
+te vas a llevar.
+
+Mientras duró el lavatorio, los Villuendas chicos se enracimaban en
+torno a su tiito, subiéndosele a las rodillas y colgándosele de los
+brazos para contarle las grandes cochinadas que hacía el bruto de
+Juanín. No sólo se comía las velas, sino que lamía los platos, y
+_dimpués_... tiraba los tenedores al suelo. Cuando su papá Ramón le
+reprendía, le enseñaba la lengua, diciendo _hostias_ y otras
+_isprisiones_ feas, y _dimpués_... hacía una cosa muy indecente, ¡vaya!,
+que era levantarse el vestido por detrás, dar media vuelta echándose a
+reír y enseñar el culito.
+
+Santa Cruz no podía permanecer serio. Volvió al fin Jacinta, trayendo de
+la mano al delincuente ya lavado y vestido de limpio, y a poco entró
+Benigna, completamente aplacada, y encarándose con su cuñado, le dijo
+con la mayor severidad: «¿Tienes ahí un duro? No tengo suelto». Juan se
+apresuró a sacar el duro, y en el mismo momento en que lo ponía en la
+mano de Benigna, Jacinta y los chicos soltaron una carcajada. Santa Cruz
+cayó de su burro.
+
+«Me la has dado, chica. No me acordaba de que es hoy día de Inocentes.
+Buena ha sido, buena. Ya me extrañó a mi un poco que en esta casa del
+dinero no hubiera suelto».
+
+--Tomad--dijo Benigna a los niños--; vuestro tiito os convida a dulces.
+
+--Para inocentadas--indicó Juan riendo--, la que nos ha querido dar mi
+mujer.
+
+--A mí no--replicó Benigna--. Aquí hemos hablado mucho de esto, y la
+verdad, él podría ser auténtico; pero la tostada del parecido no la
+encontrábamos. Y pues resulta que esta preciosa fierecita no es de la
+familia... yo me alegro, y pido que me hagan el favor de quitármela de
+casa. Bastantes jaquecas me dan las mías.
+
+Jacinta y su marido le rogaron al retirarse que le tuviese un día más.
+Ya decidirían.
+
+Cosas muy crueles había de oír Jacinta aquel día, pero de cuanto oyó
+nada le causara tanto asombro y descorazonamiento como estas palabras
+que Barbarita le dijo al oído:
+
+«Baldomero está incomodado con tu bromazo. Juan le habló claro. No hay
+tal hijo ni a cien mil leguas. La verdad, tú te precipitaste; y en
+cuanto al parecido... Hablando con franqueza, hija; no se parece nada,
+pero nada».
+
+Era lo que le quedaba por oír a Jacinta.
+
+«Pero usted... ¡por la Virgen santísima! también...--atreviose a decir
+cuando el espanto se lo permitió--, también usted creyó...».
+
+--Es que se me pegaron tus ilusiones --replicó la suegra esforzándose en
+disculpar su error--. Dice Juan que es manía; yo lo llamo ilusión, y las
+ilusiones se pegan como las viruelas. Las ideas fijas son contagiosas.
+Por eso, mira tú, por eso tengo yo tanto miedo a los locos y me asusto
+tanto de verme a su lado. Es que cuando alguno está cerca de mí y se
+pone a hacer visajes, me pongo también yo a hacer lo mismo. Somos monos
+de imitación... Pues sí, convéncete, lo del parecido es ilusión, y las
+dos... lo diré muy bajito, las dos hemos hecho una soberbia plancha. ¿Y
+ahora, qué hacer? No se te pase por la cabeza traerle aquí. Baldomero no
+lo consiente, y tiene mucha razón. Yo... si he de decirte la verdad, le
+he tomado cariño. ¡Ay!, sus salvajadas me divierten. ¡Es tan mono! ¡Qué
+ojitos aquellos!, ¿pues y los plieguecitos de la nariz?... y aquella
+boca, aquellos labios, el piquito que hace con los labios, sobre todo.
+Ven acá y verás el nacimiento que le compré.
+
+Llevó a Jacinta a su cuarto de vestir y después de mostrarle el
+nacimiento, le dijo: «Aquí hay más contrabando. Mira. Esta mañana fui a
+las tiendas, y... aquí tienes: medias de color, un traje de punto, azul,
+a estilo inglés. Mira la gorra que dice _Numancia_. Este es un capricho
+que yo tenía. Estará saladísimo. Te juro que si no le veo con el
+letrero en la frente, voy a tener un disgusto».
+
+Jacinta oyó y vio esto con melancolía.
+
+«¡Si supiera usted lo que hizo esta mañana!» dijo; y contó el lance del
+arroz con leche.
+
+--¡Ay, Dios mío, qué gracioso!... Es para comérselo... Yo, te digo la
+verdad, le traería a casa si no fuera porque a Baldomero y a Juan no les
+gustan estos tapujos... ¡Ay!, de veras te lo digo. No puede una vivir
+sin tener algún ser pequeñito a quien adorar. ¡Hija de mi alma!, es una
+gran desgracia para todos que tú no nos _des_ algo.
+
+A Jacinta se le clavó esta frase en el corazón, y estuvo temblando un
+rato en él y agrandando la herida, como sucede con las flechas que no se
+han clavado bien.
+
+«Pues sí, esta casa es muy... muy sosona. Le falta una criatura que
+chille y alborote, que haga diabluras, que nos traiga a todos mareados.
+Cuando le hablo de esto a Baldomero, se ríe de mí; pero bien se le
+conoce que es hombre dispuesto a andar por esos suelos a cuatro pies,
+con los chicos a la pela».
+
+--Puesto que Benigna no le quiere tener --dijo la nuera--, ni es posible
+tampoco tenerle aquí, le pondremos en casa de Candelaria. Yo le pasaré
+un tanto al mes a mi hermana para que el huésped no sea una carga
+pesada...
+
+--Me parece muy bien pensado; pero muy bien pensado. Estás como las
+gatas paridas, escondiendo las crías hoy aquí, mañana allá.
+
+--¿Y qué remedio hay?... Porque lo que es al Hospicio no va. Eso que no
+lo piensen... ¡Qué cosas se le ocurren a mi marido! Ya, como a él no le
+han hecho ir nunca a los entierros, pisando lodos, aguantando la lluvia
+y el frío, le parece muy natural que el otro pobrecito se críe entre
+ataúdes... Sí, está fresco.
+
+--Yo me encargo de pagarle la pensión en casa de Candelaria--dijo
+Barbarita, secreteándose con su hija como los chiquillos que están
+concertando una travesura--. Me parece que debo empezar por comprarle
+una camita. ¿A ti qué te parece?
+
+Replicó la otra que le parecía muy bien y se consoló mucho con esta
+conversación, dándose a forjar planes y a imaginar goces maternales.
+Pero quiso su mala suerte que aquel mismo día o el próximo cortase el
+vuelo de su mente D. Baldomero, el cual la llamó a su despacho para
+echarle el siguiente sermón:
+
+«Querida, me ha dicho Bárbara que estás muy confusa por no saber qué
+hacer con ese muchacho. No te apures; todo se arreglará.
+
+Porque tú te ofuscaras, no vamos a echarle a la calle. Para otra vez,
+bueno será que no te dejes llevar de tu buen corazón... tan a paso de
+carga, porque todo debe moderarse, hija, hasta los impulsos sublimes...
+Dice Juan, y está muy en lo justo, que los procedimientos angelicales
+trastornan la sociedad. Como nos empeñemos todos en ser perfectos, no
+nos podremos aguantar unos a otros, y habría que andar a bofetadas...
+Bueno, pues te decía, que ese pobre niño queda bajo mi protección; pero
+no vendrá a esta casa, porque sería indecoroso, ni a la casa de ninguna
+persona de la familia, porque parecería tapujo».
+
+No estaba conforme con estas ideas Jacinta; pero el respeto que su padre
+político le inspiraba le quitó el resuello, imposibilitándola de
+expresar lo mucho y bueno que se le ocurría.
+
+«Por consiguiente --prosiguió el respetable señor tomándole a su nuera
+las dos manos--, ese caballerito que compraste será puesto en el asilo
+de Guillermina... No hay que fruncir las cejas. Allí estará como en la
+gloria. Ya he hablado con la santa. Yo le pensiono, para que se le dé
+educación y una crianza conveniente. Aprenderá un oficio, y quién sabe,
+quién sabe si una carrera. Todo está en que saque disposición. Paréceme
+que no te entusiasmas con mi idea. Pero reflexiona un poquito y verás
+que no hay otro camino... Allí estará tan ricamente, bien comido, bien
+abrigado... Ayer le di a Guillermina cuatro piezas de paño del Reino
+para que les haga chaquetas. Verás que guapines les va a poner. ¡Y que
+no les llenan bien la barriga en gracia de Dios! Observa, si no, los
+cachetes que tienen, y aquellos colores de manzana. Ya quisieran muchos
+niños, cuyos papás gastan levita y cuyas mamás se zarandean por ahí,
+estar tan lucidos y bien apañados como están los de Guillermina».
+
+Jacinta se iba convenciendo, y cada vez sentía menos fuerza para
+oponerse a las razones de aquel excelente hombre.
+
+«Sí; aquí donde me ves--agregó Santa Cruz con jovialidad--, yo también
+le tengo cariño a ese muñeco... quiero decir que no me libré del
+contagio de vuestra manía de meter chicos en esta casa. Cuando Bárbara
+me lo dijo, estaba ella tan creída de que era mi nieto, que yo también
+me lo tragué. Verdad que exigí pruebas... pero mientras venían tales
+pruebas, perdí la chaveta... ¡cosas de viejo!, y estuve todo aquel día
+haciendo catálogos. Yo procuraba no darle mucha cuerda a Bárbara, ni
+dejarme arrastrar por ella, y me decía: «Tengamos serenidad y no
+chocheemos hasta ver...». Pero pensando en ello, te lo digo ahora en
+confianza, salí a la calle, me reía solo, y sin saber lo que me hacía,
+me metí en el Bazar de la Unión y...».
+
+Don Baldomero, acentuando más su sonrisa paternal, abrió una gaveta de
+su mesa y sacó un objeto envuelto en papeles.
+
+«Y le compré esto... Es un acordeón. Pensaba dárselo cuando lo trajerais
+a casa... Verás qué instrumento tan bonito y qué buenas voces...
+veinticuatro reales».
+
+Cogiendo el acordeón por las dos tapas, empezó a estirarlo y a
+encogerlo, haciendo _flin flan_ repetidas veces. Jacinta se reía y al
+propio tiempo se le escaparon dos lágrimas. Entró entonces de improviso
+Barbarita, diciendo: «¿Qué música es esta?... A ver, a ver».
+
+--Nada, querida--declaró el buen señor acusándose francamente--. Que a
+mí también se me fue el santo al Cielo. No lo quería decir. Cuando tú me
+saliste con que lo del nieto era una novela, _flin flan_, me dio la idea
+de tirar esta música a la calle, sin que nadie la viera; pero ya que se
+compró para él, _flin flan_, que la disfrute... ¿no os parece?
+
+--A ver, dame acá--indicó Barbarita contentísima, ansiosa de tañer el
+pueril instrumento--. ¡Ah!, calavera, así me gastas el dinero en vicios.
+Dámelo... lo tocaré yo... _flin flan_... ¡Ay!, no sé qué tiene esto...
+¡da un gusto oírlo! Parece que alegra toda la casa.
+
+Y salió tocando por los pasillos y diciendo a Jacinta: «Bonito
+juguete... ¿verdad? Ponte la mantilla, que ahora mismo vamos a
+llevárselo, _flin flan_...».
+
+
+
+
+
+-XI-
+
+Final, que viene a ser principio
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Quien manda, manda. Resolviose la cuestión del _Pituso_ conforme a lo
+dispuesto por don Baldomero, y la propia Guillermina se lo llenó una
+mañanita a su asilo, donde quedó instalado. Iba Jacinta a verle muy a
+menudo, y su suegra la acompañaba casi siempre. El niño estaban tan
+mimado, que la fundadora del establecimiento tuvo que tomar cartas en el
+asunto, amonestando severamente a sus amigas y cerrándoles la puerta no
+pocas veces. En los últimos días de aquel infausto año, entráronle a
+Jacinta melancolías, y no era para menos, pues el desairado y risible
+desenlace de la novela _Pitusiana_ hubiera abatido al más pintado.
+Vinieron luego otras cosillas, menudencias si se quiere, pero como caían
+sobre un espíritu ya quebrantado, resultaban con mayor pesadumbre de la
+que por sí tenían. Porque Juan, desde que se puso bueno y tomó calle,
+dejó de estar tan expansivo, sobón y dengoso como en los días del
+encierro, y se acabaron aquellas escenas nocturnas en que la confianza
+imitaba el lenguaje de la inocencia. El Delfín afectaba una gravedad y
+un seso propios de su talento y reputación; pero acentuaba tanto la
+postura, que parecía querer olvidar con una conducta sensata las
+chiquilladas del periodo catarral. Con su mujer mostrábase siempre
+afable y atento, pero frío, y a veces un tanto desdeñoso. Jacinta se
+tragaba este acíbar sin decir nada a nadie. Sus temores de marras
+empezaban a condensarse, y atando cabos y observando pormenores, trataba
+de personalizar las distracciones de su marido. Pensaba primero en la
+institutriz de las niñas de Casa-Muñoz, por ciertas cosillas que había
+visto casualmente, y dos o tres frases, cazadas al vuelo, de una
+conversación de Juan con su confidente Villalonga. Después tuvo esto por
+un disparate y se fijó en una amiga suya, casada con Moreno Vallejo,
+tendero de novedades de muy reducido capital. Dicha señora gastaba un
+lujo estrepitoso, dando mucho que hablar. Había, pues, un amante. A
+Jacinta se le puso en la cabeza que este era el Delfín, y andaba
+desalada tras una palabra, un acento, un detalle cualquiera que se lo
+confirmase. Más de una vez sintió las cosquillas de aquella rabietina
+infantil que le entraba de sopetón, y daba patadillas en el suelo y
+tenía que refrenarse mucho para no irse hacia él y tirarle del pelo
+diciéndole: _pillo... farsante_, con todo lo demás que en su gresca
+matrimonial se acostumbra. Lo que más la atormentaba era que le quería
+más cuando él se ponía tan juicioso haciendo el bonitísimo papel de una
+persona que está en la sociedad para dar ejemplo de moderación y buen
+criterio. Y nunca estaba Jacinta más celosa que cuando su marido se daba
+aquellos aires de formalidad, porque la experiencia le había enseñado a
+conocerle, y ya se sabía, cuando el Delfín se mostraba muy decidor de
+frases sensatas, envolviendo a la familia en el incienso de su
+argumentación paradójica, _picos pardos_ seguros.
+
+Vinieron días marcados en la historia patria por sucesos resonantes, y
+aquella familia feliz discutía estos sucesos como los discutíamos todos.
+¡El 3 de Enero de 1874!... ¡El golpe de Estado de Pavía! No se hablaba
+de otra cosa, ni había nada mejor de qué hablar. Era grato al
+temperamento español un cambio teatral de instituciones, y volcar una
+situación como se vuelca un puchero electoral. Había estado
+admirablemente hecho, según D. Baldomero, y el ejército había salvado
+_una vez más_ a la desgraciada nación española. El consolidado había
+llegado a 11 y las acciones del Banco a 138. El crédito estaba hundido.
+La guerra y la anarquía no se acababan; habíamos llegado al _período
+álgido del incendio_, como decía Aparisi, y pronto, muy pronto, el que
+tuviera una peseta la enseñaría como cosa rara.
+
+Deseaban todos que fuese Villalonga a la casa para que les contara la
+memorable sesión de la noche del 2 al 3, porque la había presenciado en
+los escaños rojos. Pero el representante del país no aportaba por allá.
+Por fin se apareció el día de Reyes por la mañana. Pasaba Jacinta por el
+recibimiento, cuando el amigo de la casa entró.
+
+«Tocaya, buenos días... ¿cómo están por aquí? ¿Y el monstruo, se ha
+levantado ya?».
+
+Jacinta no podía ver al dichoso tocayo. Fundábase esta antipatía en la
+creencia de que Villalonga era el corruptor de su marido y el que le
+arrastraba a la infidelidad.
+
+«Papá ha salido --díjole no muy risueña--. ¡Cuánto sentirá no verle a
+usted para que le cuente eso!... ¿Tuvo usted mucho miedo? Dice Juan que
+se metió usted debajo de un banco».
+
+--¡Ay, qué gracia! ¿Ha salido también Juan?
+
+--No, se está vistiendo. Pase usted.
+
+Y fue detrás de él, porque siempre que los dos amigos se encerraban,
+hacía ella los imposibles por oír lo que decían, poniendo su orejita
+rosada en el resquicio de la mal cerrada puerta. Jacinto esperó en el
+gabinete, y su tocaya entró a anunciarle.
+
+«Pero qué, ¿ha venido ya ese pelagatos?».
+
+--Sí... resalao... aquí estoy.
+
+--Pasa, danzante... ¡Dichosos los ojos...
+
+El amigote entró. Jacinta notaba en los ojos de este algo de intención
+picaresca. De buena gana se escondería detrás de una cortina para
+estafarles sus secretos a aquel par de tunantes. Desgraciadamente tenía
+que ir al comedor a cumplir ciertas órdenes que Barbarita le había
+dado... Pero daría una vueltecita, y trataría de pescar algo...
+
+«Cuenta, chico, cuenta. Estábamos rabiando por verte».
+
+Y Villalonga dio principio a su relato delante de Jacinta; pero en
+cuanto esta se marchó, el semblante del narrador inundose de malicia.
+Miraron ambos a la puerta; cerciorose el compinche de que la esposa se
+había retirado, y volviéndose hacia el Delfín, le dijo con la voz
+temerosa que emplean los conspiradores domésticos:
+
+«¿Chico, no sabes... la noticia que te traigo...? ¡Si supieras a quién
+he visto! ¿Nos oirá tu mujer?».
+
+--No, hombre, pierde cuidado --replicó Juan poniéndose los botones de la
+pechera--. Claréate pronto.
+
+--Pues he visto a quien menos puedes figurarte... Está aquí.
+
+--¿Quién? --Fortunata... Pero no tienes idea de su transformación. ¡Vaya
+un cambiazo! Está guapísima, elegantísima. Chico, me quedé turulato
+cuando la vi.
+
+Oyéronse los pasos de Jacinta. Cuando apareció levantando la cortina,
+Villalonga dio una brusca retorcedura a su discurso: «No, hombre, no me
+has entendido; la sesión empezó por la tarde y se suspendió a las ocho.
+Durante la suspensión se trató de llegar a una inteligencia. Yo me
+acercaba a todos los grupos a oler aquel guisado... ¡jum!, malo, malo;
+el ministerio Palanca se iba cociendo, se iba cociendo... A todas
+esas... ¡figúrate si estarían ciegos aquellos hombres!... a todas estas,
+fuera de las Cortes se estaba preparando la máquina para echarles la
+zancadilla. Zalamero y yo salíamos y entrábamos a turno para llevar
+noticias a una casa de la calle de la Greda, donde estaban Serrano,
+Topete y otros. 'Mi general, no se entienden. Aquello es una balsa de
+aceite... hirviendo. Tumban a Castelar. En fin, se ha de ver ahora'.
+'Vuelva usted allá. ¿Habrá votación?'.--'Creo que sí'. --'Tráiganos
+usted el resultado'».
+
+--El resultado de la votación --indicó Santa Cruz--, fue contrario a
+Castelar. Di una cosa, ¿y si hubiera sido favorable?
+
+--No se habría hecho nada. Tenlo por cierto. Pues como te decía, habló
+Castelar...
+
+Jacinta ponía mucha atención a esto; pero entró Rafaela a llamarla y
+tuvo que retirarse.
+
+«Gracias a Dios que estamos solos otra vez--dijo el compinche después
+que la vio salir--. ¿Nos oirá?».
+
+--¿Qué ha de oír?... ¡Qué medroso te has vuelto! Cuenta, pronto. ¿Dónde
+la viste?
+
+--Pues anoche... estuve en el Suizo hasta las diez. Después me fui un
+rato al Real, y al salir ocurriome pasar por _Praga_ a ver si estaba
+allí Joaquín Pez, a quien tenía que decir una cosa. Entro y lo primero
+que me veo es una pareja... en las mesas de la derecha... Quedeme
+mirando como un bobo... Eran un señor y una mujer vestida con una
+elegancia... ¿cómo te diré?, con una elegancia improvisada. «Yo conozco
+esa cara», fue lo primero que se me ocurrió. Y al instante caí... «¡Pero
+si es esa condenada de Fortunata!». Por mucho que yo te diga, no puedes
+formarte idea de la metamorfosis... Tendrías que verla por tus propios
+ojos. Está de rechupete. De fijo que ha estado en París, porque sin
+pasar por allí no se hacen ciertas transformaciones. Púseme todo lo
+cerca posible, esperando oírla hablar. «¿Cómo hablará?» me decía yo.
+Porque el talle y el corsé, cuando hay dentro calidad, los arreglan los
+modistos fácilmente; pero lo que es el lenguaje... Chico, habías de
+verla y te quedarías lelo, como yo. Dirías que su elegancia es de lance
+y que no tiene aire de señora... Convenido; no tiene aire de señora; ni
+falta... pero eso no quita que tenga un aire seductor, capaz de...
+Vamos, que si la ves, tiras piedras. Te acordarás de aquel cuerpo sin
+igual, de aquel busto estatuario, de esos que se dan en el pueblo y
+mueren en la oscuridad cuando la civilización no los busca y los
+_presenta_. Cuántas veces lo dijimos: «¡Si este busto supiera
+explotarse...!». Pues ¡hala!, ya lo tienes en perfecta explotación. ¿Te
+acuerdas de lo que sostenías?... «El pueblo es la cantera. De él salen
+las grandes ideas y las grandes bellezas. Viene luego la inteligencia,
+el arte, la mano de obra, saca el bloque, lo talla»... Pues chico, ahí
+la tienes bien labrada... ¡Qué líneas tan primorosas!... Por supuesto,
+hablando, de fijo que mete la pata. Yo me acercaba con disimulo.
+Comprendí que me había conocido y que mis miradas la cohibían...
+¡Pobrecilla! Lo elegante no le quitaba lo ordinario, aquel no sé qué de
+pueblo, cierta timidez que se combina no sé cómo con el descaro, la
+conciencia de valer muy poco, pero muy poco, moral e intelectualmente,
+unida a la seguridad de esclavizar... ¡ah, bribonas!, a los que valemos
+más que ellas... digo, no me atrevo a afirmar que valgamos más, como no
+sea por la forma... En resumidas cuentas, chico, está que _ahuma_. Yo
+pensaba en la cantidad de agua que había precedido a la transformación.
+Pero ¡ah!, las mujeres aprenden esto muy pronto. Son el mismo demonio
+para asimilarse todo lo que es del reino de la _toilette_. En cambio, yo
+apostaría que no ha aprendido a leer... Son así; luego dicen que si las
+pervertimos. Pues volviendo a lo mismo, la metamorfosis es completa.
+Agua, figurines, la fácil costumbre de emperejilarse; después seda,
+terciopelo, el sombrerito...
+
+--¡Sombrero!--exclamó Juan en el colmo de la estupefacción.
+
+--Sí; y no puedes figurarte lo bien que le cae. Parece que lo ha llevado
+toda la vida... ¿Te acuerdas del pañolito por la cabeza con el pico
+arriba y la lazada?... ¡Quién lo diría! ¡Qué transiciones!... Lo que te
+digo... Las que tienen genio, aprenden en un abrir y cerrar de ojos. La
+raza española es tremenda, chico, para la asimilación de todo lo que
+pertenece a la forma... ¡Pero si habías de verla tú...! Yo, te lo
+confieso, estaba pasmado, absorto, embebe...
+
+¡Ay Dios mío!, entró Jacinta, y Villalonga tuvo que dar un quiebro
+violentísimo...
+
+«Te digo que estaba embebecido. El discurso de Salmerón fue admirable...
+pero de lo más admirable... Aún me parece que estoy viendo aquella cara
+de _hijo del desierto_, y aquel movimiento horizontal de los ojos y la
+gallardía de los gestos. Gran hombre; pero yo pensaba: 'No te valen tus
+filosofías; en buena te has metido, y ya verás la que te tenemos
+armada'. Habló después Castelar. ¡Qué discursazo!, ¡qué valor de
+hombre!, ¡cómo se crecía! Parecíame que tocaba al techo. Cuando
+concluyó: 'A votar, a votar...'».
+
+Jacinta volvió a salir sin decir nada. Sospechaba quizás que en su
+ausencia los tunantes hablaban de otro asunto, y se alejó con ánimo de
+volver y aproximarse cautelosa.
+
+«Y aquel hombre... ¿quién era?» preguntó el Delfín que sentía el ardor
+de una curiosidad febril.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Te diré... desde que le vi, me dije: «Yo conozco esa cara». Pero no pude
+caer en quién era. Entró Pez y hablamos... Él también quería
+reconocerle. Nos devanábamos los sesos. Por fin caímos en la cuenta de
+que habíamos visto a aquel sujeto días antes en el despacho del director
+del Tesoro. Creo que hablaba con este del pago de unos fusiles
+encargados a Inglaterra. Tiene acento catalán, gasta bigote y perilla...
+cincuenta años... bastante antipático. Pues verás; como Joaquín y yo la
+mirábamos tanto, el tío aquel se escamaba. Ella no _se timaba_...
+parecía como vergonzosa... ¡y qué mona estaba con su vergüenza! ¿Te
+acuerdas de aquel palmito descolorido con cabos negros? Pues ha mejorado
+mucho, porque está más gruesa, más llena de cara y de cuerpo.
+
+Santa Cruz estaba algo aturdido. Oyose la voz de Barbarita, que entraba
+con su nuera.
+
+«Salí de estampía...--siguió Villalonga--a anunciar a los amigos que
+había empezado la votación... A los pies de usted, Barbarita... Yo bien,
+¿y usted? Aquí estaba contando... Pues decía que eché a correr...».
+
+--Hacia la calle de la Greda. --No... los amigos se habían trasladado a
+una casa de la calle de Alcalá, la de Casa-Irujo, que tiene ventanas al
+parque del ministerio de la Guerra... Subo y me les encuentro muy
+desanimados. Me asomé con ellos a las ventanas que dan a Buenavista, y
+no vi nada... «¿Pero a cuándo esperan? ¿En qué están pensando?...».
+Francamente, yo creí que el golpe se había chafado y que Pavía no se
+atrevía a echar las tropas a la calle. Serrano, impaciente, limpiaba los
+cristales empañados, para mirar, y abajo no se veía nada. «Mi general
+--le dije--, yo veo una faja negra, que así de pronto, en la oscuridad
+de la noche, parece un zócalo... Mire usted bien, ¿no será una fila de
+hombres?».--«¿Y qué hacen ahí pegados a la pared?».--«Vea usted, vea
+usted, el zócalo se mueve. Parece una culebra que rodea todo el edificio
+y que ahora se desenrosca... ¿Ve usted?... la punta se extiende hacia
+las rampas».--«Soldados son--dijo en voz baja el general, y en el mismo
+instante entró Zalamero con medio palmo de lengua fuera, diciendo: «La
+votación sigue: la ventaja que llevaba al principio Salmerón, la lleva
+ahora Castelar... nueve votos... Pero aún falta por votar la mitad del
+Congreso...». Ansiedad en todas las caras... A mí me tocaba entonces ir
+allá, para traer el resultado final de la votación... Tras, tras... cojo
+mi calle del Turco, y entrando en el Congreso, me encontré a un
+periodista que salía: «La proposición lleva diez votos de ventaja.
+Tendremos ministerio Palanca». ¡Pobre Emilio!... Entré. En el salón
+estaban votando ya las filas de arriba. Eché un vistazo y salí. Di la
+vuelta por la curva, pensando lo que acababa de ver en Buenavista, la
+cinta negra enroscada en el edificio... Figueras salió por la
+escalerilla del reloj, y me dijo: «Usted qué cree, ¿habrá trifulca esta
+noche?». Y le respondí: «Váyase usted tranquilo, maestro, que no habrá
+nada...». «Me parece--dijo con socarronería--que esto se lo lleva
+Pateta». Yo me reí. Y a poco pasa un portero, y me dice con la mayor
+tranquilidad del mundo, que por la calle del Florín había tropa. «¿De
+veras? Visiones de usted. ¡Qué tropa ni qué niño muerto!». Yo me hacía
+de nuevas. Asomé la jeta por la puerta del reloj. «No me muevo de
+aquí--pensé, mirando la mesa--. Ahora veréis lo que es canela...».
+Estaban leyendo el resultado de la votación. Leían los nombres de todos
+los votantes sin omitir uno. De repente aparecen por la puerta del
+rincón de Fernando el Católico varios quintos mandados por un oficial, y
+se plantan junto a la escalera de la mesa. Parecían comparsas de teatro.
+Por la otra puerta entró un coronel viejo de la Guardia Civil.
+
+«El coronel Iglesias--dijo Barbarita, que deseaba terminase el relato--.
+De buena escapó el país... Bien, Jacinto, supongo que almorzará usted
+con nosotros».
+
+--Pues ya lo creo--dijo el Delfín--. Hoy no le suelto; y pronto mamá,
+que es tarde.
+
+Barbarita y Jacinta salieron. «¿Y Salmerón qué hizo?».
+
+--Yo puse toda mi atención en Castelar, y le vi llevarse la mano a los
+ojos y decir: ¡qué ignominia! En la mesa se armó un barullo espantoso...
+gritos, protestas. Desde el reloj vi una masa de gente, todos en pie...
+No distinguía al presidente. Los quintos inmóviles... De repente ¡pum!,
+sonó un tiro en el pasillo...
+
+--Y empezó la desbandada... Pero dime otra cosa, chico. No puedo apartar
+de mi pensamiento... ¿Decías que llevaba sombrero?
+
+--¿Quién?... ¡Ah, aquella!
+
+--Sí, sombrero, y de muchísimo gusto--dijo el compinche con tanto
+énfasis como si continuara narrando el suceso histórico--, y vestido
+azul elegantísimo y abrigo de terciopelo...
+
+--¿Tú estás de guasa? Abrigo de terciopelo.
+
+--Vaya... y con pieles, un abrigo soberbio. Le caía tan bien... que...
+
+Entró Jacinta sin anunciarse ni con ruido de pasos ni de ninguna otra
+manera. Villalonga giró sobre el último concepto como una veleta
+impulsada por fuerte racha de viento.
+
+«El abrigo que yo llevaba... mi gabán de pieles... quiero decir, que en
+aquella marimorena me arrancaron una solapa... la piel de una solapa
+quiero decir...».
+
+--Cuando se metió usted debajo del banco.
+
+--Yo no me metí debajo de ningún banco, tocaya. Lo que hice fue ponerme
+en salvo como los demás por lo que pudiera tronar.
+
+--Mira, mira, querida esposa--dijo Santa Cruz, mostrando a su mujer el
+chaleco, que se quitó apenas puesto--. Mira cómo cuelga ese último botón
+de abajo. Hazme el favor de pegárselo o decirle a Rafaela que se lo
+pegue, o en último caso llamar al coronel Iglesias.
+
+--Venga acá--dijo Jacinta con mal humor, saliendo otra vez.
+
+--En buen apuro me vi, camaraíta --dijo Villalonga conteniendo la
+risa--. ¿Se enteraría? Pues verás; otro detalle. Llevaba unos pendientes
+de turquesas, que eran la gracia divina sobre aquel cutis moreno pálido.
+¡Ay, qué orejitas de Dios y qué turquesas! Te las hubieras comido.
+Cuando les vimos levantarse, nos propusimos seguir a la pareja para
+averiguar dónde vivía. Toda la gente que había en Praga la miraba, y
+ella más parecía corrida que orgullosa. Salimos... tras, tras... calle
+de Alcalá, Peligros, Caballero de Gracia, ellos delante, nosotros
+detrás. Por fin dieron fondo en la calle del Colmillo. Llamaron al
+sereno, les abrió, entraron.
+
+En una casa que está en la acera del Norte entre la tienda de figuras de
+yeso y el establecimiento de burras de leche... allí.
+
+Entró Jacinta con el chaleco.
+
+--Vamos... a ver... ¿Manda usía otra cosa?
+
+--Nada más, hijita; muchas gracias. Dice este monstruo que no tuvo miedo
+y que se salió tan tranquilo... yo no lo creo.
+
+--¿Pero miedo a qué?... Si yo estaba en el ajo... Os diré el último
+detalle para que os asombréis. Los cañones que puso Pavía en las
+boca-calles estaban descargados. Y ya veis los que pasó dentro. Dos
+tiros al aire, y lo mismo que se desbandan los pájaros posados en un
+árbol cuando dais debajo de él dos palmadas, así se desbandó la asamblea
+de la República.
+
+--El almuerzo está en la mesa. Ya pueden ustedes venir--dijo la esposa,
+que salió delante de ellos muy preocupada.
+
+--¡Estómagos, a defenderse!
+
+Algunas palabras había cogido la Delfina al vuelo que no tenían, a su
+parecer, ninguna relación con aquello de las Cortes, el coronel Iglesias
+y el ministerio Palanca. Indudablemente había moros por la costa. Era
+preciso descubrir, perseguir y aniquilar al corsario a todo trance. En
+la mesa versó la conversación sobre el mismo asunto, y Villalonga,
+después de volver a contar el caso con todos sus pelos y señales para
+que lo oyera D. Baldomero, añadió diferentes pormenores que daban color
+a la historia.
+
+--¡Ah! Castelar tuvo golpes admirables. «¿Y la Constitución
+federal?...». --«La quemasteis en Cartagena».
+
+--¡Qué bien dicho! --El único que se resistía a dejar el local fue Díaz
+Quintero, que empezó a pegar gritos y a forcejear con los guardias
+civiles... Los diputados y el presidente abandonaron el salón por la
+puerta del reloj y aguardaron en la biblioteca a que les dejaran salir.
+Castelar se fue con dos amigos por la calle del Florín, y retirose a su
+casa, donde tuvo un fuerte ataque de bilis.
+
+Estas referencias o noticias sueltas eran en aquella triste historia
+como las uvas desgranadas que quedan en el fondo del cesto después de
+sacar los racimos. Eran las más maduras, y quizás por esto las más
+sabrosas.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+En los siguientes días, la observadora y suspicaz Jacinta notó que su
+marido entraba en casa fatigado, como hombre que ha andado mucho. Era la
+perfecta imagen del corredor que va y viene y sube escaleras y recorre
+calles sin encontrar el negocio que busca. Estaba cabizbajo como los que
+pierden dinero, como el cazador impaciente que se desperna de monte en
+monte sin ver pasar alimaña cazable; como el artista desmemoriado a
+quien se le escapa del filo del entendimiento la idea feliz o la imagen
+que vale para él un mundo. Su mujer trataba de reconocerle, echando en
+él la sonda de la curiosidad cuyo plomo eran los celos; pero el Delfín
+guardaba sus pensamientos muy al fondo y cuando advertía conatos de
+sondaje, íbase más abajo todavía.
+
+Estaba el pobre Juanito Santa Cruz sometido al horroroso suplicio de la
+idea fija. Salió, investigó, rebuscó, y la mujer aquella, visión
+inverosímil que había trastornado a Villalonga, no parecía por ninguna
+parte. ¿Sería sueño, o ficción vana de los sentidos de su amigo? La
+portera de la casa indicada por Jacinto se prestó a dar cuantas noticias
+se le exigían, mas lo único de provecho que Juan obtuvo de su
+indiscreción complaciente fue que en la casa de huéspedes del segundo
+habían vivido un señor y una señora, «guapetona ella» durante dos días
+nada más. Después habían desaparecido... La portera declaraba con
+notoria agudeza que, a su parecer, el señor se había largado por el
+tren, y la _individua_, señora... o lo que fuera... _andaba por Madrid_.
+¿Pero dónde demonios andaba? Esto era lo que había que averiguar. Con
+todo su talento no podía Juan darse explicación satisfactoria del
+interés, de la curiosidad o afán amoroso que despertaba en él una
+persona a quien dos años antes había visto con indiferencia y hasta con
+repulsión. La forma, la pícara forma, alma del mundo, tenía la culpa.
+Había bastado que la infeliz joven abandonada, miserable y quizás mal
+oliente se trocase en la aventurera elegante, limpia y seductora, para
+que los desdenes del hombre del siglo, que rinde culto al arte personal,
+se trocaran en un afán ardiente de apreciar por sí mismo aquella
+transformación admirable, prodigio de esta nuestra edad de seda. «Si
+esto no es más que curiosidad, pura curiosidad...--se decía Santa Cruz,
+caldeando su alma turbada--. Seguramente, cuando la vea me quedaré como
+si tal cosa; pero quiero verla, quiero verla a todo trance... y
+mientras no la vea, no creeré en la metamorfosis». Y esta idea le
+dominaba de tal modo, que lo infructuoso de sus pesquisas producíale un
+dolor indecible, y se fue exaltando, y por último figurábase que tenía
+sobre sí una grande, irreparable desgracia. Para acabar de aburrirle y
+trastornarle, un día fue Villalonga con nuevos cuentos. «He averiguado
+que el hombre aquel es un trapisondista... Ya no está en Madrid. Lo de
+los fusiles era un timo... letras falsificadas».
+
+--Pero ella... --A ella la ha visto ayer Joaquín Pez... Sosiégate,
+hombre, no te vaya a dar algo. ¿Dónde dices? Pues por no sé qué calle.
+La calle no importa. Iba vestida con la mayor humildad... Tú dirás como
+yo, ¿y el abrigo de terciopelo?... ¿y el sombrerito?... ¿y las
+turquesas?... Paréceme que me dijo Joaquín que aún llevaba las
+turquesas... No, no, no dijo esto, porque si las hubiera llevado, no las
+habría visto. Iba de pañuelo a la cabeza, bien anudado debajo de la
+barba, y con un mantón negro de mucho uso, y un gran lío de ropa en la
+mano... ¿Te explicas esto? ¿No? Pues yo sí... En el lío iba el abrigo, y
+quizás otras prendas de ropa...
+
+--Como si lo viera--apuntó Juanito con rápido discernimiento--. Joaquín
+la vio entrar en una casa de préstamos.
+
+--Hombre, ¡qué talentazo tienes!... Verde y con asa...
+
+--¿Pero no la vio salir; no la siguió después para ver dónde vive?
+
+--Eso te tocaba a ti... También él lo habría hecho. Pero considera, alma
+cristiana, que Joaquinito es de la Junta de Aranceles y Valoraciones, y
+precisamente había junta aquella tarde, y nuestro amigo iba al
+ministerio con la puntualidad de un Pez.
+
+Quedose Juan con esta noticia más pensativo y peor humorado, sintiendo
+arreciar los síntomas del mal que padecía, y que principalmente se
+alojaba en su imaginación, mal de ánimo con mezcla de un desate nervioso
+acentuado por la contrariedad. ¿Por qué la despreció cuando la tuvo como
+era, y la solicitaba cuando se volvió muy distinta de lo que había
+sido?... El pícaro ideal, ¡ay!, el eterno _¿cómo será?_ Y la pobre
+Jacinta, a todas estas, descrismándose por averiguar qué demonches de
+antojo o manía embargaba el ánimo de su inteligente esposo. Este se
+mostraba siempre considerado y afectuoso con ella; no quería darle
+motivo de queja; mas para conseguirlo, necesitaba apelar a su misma
+imaginación dañada, revestir a su mujer de formas que no tenía, y
+suponérsela más ancha de hombros, más alta, más mujer, más pálida... y
+con las turquesas aquellas en las orejas... Si Jacinta llega a descubrir
+este arcano escondidísimo del alma de Juanito Santa Cruz, de fijo pide
+el divorcio. Pero estas cosas estaban muy adentro, en cavernas más
+hondas que el fondo de la mar, y no llegara a ella la sonda de Jacinta
+ni con todo el plomo del mundo.
+
+Cada día más dominado por su frenesí investigador, visitó Santa Cruz
+diferentes casas, unas de peor fama que otras, misteriosas aquellas,
+estas al alcance de todo el público. No encontrando lo que buscaba en lo
+que parece más alto, descendió de escalón en escalón, visitó lugares
+donde había estado algunas veces y otros donde no había estado nunca.
+Halló caras conocidas y amigas, caras desconocidas y repugnantes, y a
+todas pidió noticias, buscando remedio al tifus de curiosidad que le
+consumía. No dejó de tocar a ninguna puerta tras de la cual pudieran
+esconderse la vergüenza perdida o la perdición vergonzosa. Sus
+explicaciones parecían lo que no eran por el ardor con que las
+practicaba y el carácter humanitario de que las revestía. Parecía un
+padre, un hermano que desalado busca a la prenda querida que ha caído en
+los dédalos tenebrosos del vicio. Y quería cohonestar su inquietud con
+razones filantrópicas y aun cristianas que sacaba de su entendimiento
+rico en sofisterías. «Es un caso de conciencia. No puedo consentir que
+caiga en la miseria y en la abyección, siendo, como soy, responsable...
+¡Oh!, mi mujer me perdone; pero una esposa, por inteligente que sea, no
+puede hacerse cargo de los motivos morales, sí, morales que tengo para
+proceder de esta manera».
+
+Y siempre que iba de noche por las calles, todo bulto negro o pardo se
+le antojaba que era la que buscaba. Corría, miraba de cerca... y no era.
+A veces creía distinguirla de lejos, y la forma se perdía en el gentío
+como la gota en el agua. Las siluetas humanas que en el claro oscuro de
+la movible muchedumbre parecen escamoteadas por las esquinas y los
+portales, le traían descompuesto y sobresaltado. Mujeres vio muchas, a
+oscuras aquí, allá iluminadas por la claridad de las tiendas; mas la
+suya no parecía. Entraba en todos los cafés, hasta en algunas tabernas
+entró, unas veces solo, otras acompañado de Villalonga. Iba con la
+certidumbre de encontrarla en tal o cual parte; pero al llegar, la
+imagen que llevaba consigo, como hechura de sus propios ojos, se
+desvanecía en la realidad. «¡Parece que donde quiera que voy --decía con
+profundo tedio--llevo su desaparición, y que estoy condenado a
+expulsarla de mi vista con mi deseo de verla!». Decíale Villalonga que
+tuviera paciencia; pero su amigo no la tenía; iba perdiendo la serenidad
+de su carácter, y se lamentaba de que a un hombre tan grave y bien
+equilibrado como él le trastornase tanto un mero capricho, una tenacidad
+del ánimo, desazón de la curiosidad no satisfecha. «Cosas de los
+nervios, ¿verdad Jacintillo? Esta pícara imaginación... Es como cuando
+tú te ponías enfermo y delirante esperando ver salir una carta que no
+salía nunca. Francamente, yo me creía más fuerte contra esta horrible
+neurosis de la carta que no sale».
+
+Una noche que hacía mucho frío, entró el Delfín en su casa no muy tarde,
+en un estado lamentable. Se sentía mal, sin poder precisar lo que era.
+Dejose caer en un sillón y se inclinó de un lado con muestras de
+intensísimo dolor. Acudió a él su amante esposa, muy asustada de verle
+así y de oír los ayes lastimeros que de sus labios se escapaban, junto
+con una expresión fea que se perdona fácilmente a los hombres que
+padecen. «¿Qué tienes, nenito?». El Delfín se oprimía con la mano el
+costado izquierdo. Al pronto creyó Jacinta que a su marido le habían
+pegado una puñalada. Dio un grito... miró; no tenía sangre...
+
+«¡Ah! ¿Es que te duele?... ¡Pobrecito niño! Eso será frío... Espérate,
+te pondré una bayeta caliente... te daremos friegas con... con
+árnica...».
+
+Entró Barbarita y miró alarmada a su hijo, pero antes de tomar ninguna
+disposición, echole una buena reprimenda porque no se recataba del
+crudísimo viento seco del Norte que en aquellos días reinaba. Juan
+entonces se puso a tiritar, dando diente con diente. El frío que le
+acometió fue tan intenso que las palabras de queja salían de sus labios
+como pulverizadas. La madre y la esposa se miraron con terror
+consultándose recíprocamente en silencio sobre la gravedad de aquellos
+síntomas... Es mucho Madrid este. Sale de caza un cristiano por esas
+calles, noche tras noche. ¿En dónde estará la res? Tira por aquí, tira
+por allá, y nada. La res no cae. Y cuando más descuidado está el
+cazador, viene callandito por detrás una pulmonía de la finas, le
+apunta, tira, y me le deja seco.
+
+Madrid.--Enero de 1886.
+
+FIN DE LA PRIMERA PARTE
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+
+Parte segunda
+
+
+
+-I-
+
+Maximiliano Rubín
+
+
+
+
+--i--
+
+
+La venerable tienda de tirador de oro que desde inmemorial tiempo estuvo
+en los soportales de Platerías, entre las calles de la Caza y San Felipe
+Neri, desapareció, si no estoy equivocado, en los primeros días de la
+revolución del 68. En una misma fecha cayeron, pues, dos cosas
+seculares, el trono aquel y la tienda aquella, que si no era tan antigua
+como la Monarquía española, éralo más que los Borbones, pues su
+fundación databa de 1640, como lo decía un letrero muy mal pintado en la
+anaquelería. Dicho establecimiento sólo tenía una puerta, y encima de
+ella este breve rótulo: _Rubín_.
+
+Federico Ruiz, que tuvo años ha la manía de escribir artículos sobre los
+_Oscuros pero indudables vestigios de la raza israelita en la moderna
+España_ (con los cuales artículos le hicieron un folletito los editores
+de la Revista que los publicó gratis), sostenía que el apellido de Rubín
+era judío y fue usado por algunos conversos que permanecieron aquí
+después de la expulsión. «En la calle de Milaneses, en la de Mesón de
+Paños y en Platerías se albergaban diferentes familias de _ex-deicidas_,
+cuyos últimos vástagos han llegado hasta nosotros, ya sin carácter
+_fisonómico ni etnográfico_». Así lo decía el fecundo publicista, y
+dedicaba medio artículo a demostrar que el verdadero apellido de los
+Rubín era _Rubén_. Como nadie le contradecía, dábase él a probar cuanto
+le daba la gana, con esa buena fe y ese honrado entusiasmo que ponen
+algunos sabios del día en ciertos trabajos de erudición que el público
+no lee y que los editores no pagan. Bastante hacen con publicarlos. No
+quisiera equivocarme; pero me parece que todo aquel judaísmo de mi amigo
+era pura fluxión de su acatarrado cerebro, el cual eliminaba aquellas
+enfadosas materias como otras muchas, según el tiempo y las
+circunstancias. Y me consta que D. Nicolás Rubín, último poseedor de la
+mencionada tienda, era cristiano viejo, y ni siquiera se le pasaba por
+la cabeza que sus antecesores hubieran sido fariseos con rabo o sayones
+narigudos de los que salen en los pasos de Semana Santa.
+
+La muerte de este D. Nicolás Rubín y el acabamiento de la tienda fueron
+simultáneos.
+
+Tiempo hacía que las deudas socavaban la casa, y se sostenía apuntalada
+por las consideraciones personales que los acreedores tenían a su dueño.
+El motivo de la ruina, según opinión de todos los amigos de la familia,
+fue la mala conducta de la esposa de Nicolás Rubín, mujer desarreglada y
+escandalosa, que vivía con un lujo impropio de su clase, y dio mucho que
+hablar por sus devaneos y trapisondas. Diversas e inexplicables
+alternativas hubo en aquel matrimonio, que tan pronto estaba unido como
+disuelto de hecho, y el marido pasaba de las violencias más bárbaras a
+las tolerancias más vergonzosas. Cinco veces la echó de su casa y otras
+tantas volvió a admitirla, después de pagarle todas sus trampas. Cuentan
+que Maximiliana Llorente era una mujer bella y deseosa de agradar, de
+esas que no caben en la estrechez vulgar de una tienda. Se la llevó Dios
+en 1867, y al año siguiente pasó a mejor vida el pobre Nicolás Rubín, de
+una rotura de varisis, no dejando a sus hijos más herencia que la
+detestable reputación doméstica y comercial, y un pasivo enorme que
+difícilmente pudo ser pagado con las existencias de la tienda. Los
+acreedores arramblaron por todo, hasta por la anaquelería, que sólo
+sirvió para leña. Era contemporánea del Conde-Duque de Olivares.
+
+Los hijos de aquel infortunado comerciante eran tres. Fijarse bien en
+sus nombres y en la edad que tenían cuando acaeció la muerte del padre.
+
+_Juan Pablo_, de veintiocho años.
+
+_Nicolás_, de veinticinco.
+
+_Maximiliano_, de diecinueve.
+
+Ninguno de los tres se parecía a los otros dos ni en el semblante ni en
+la complexión, y sólo con muy buena voluntad se les encontraba el aire
+de familia. De esta heterogeneidad de las tres caras vino sin duda la
+maliciosa versión de que los tales eran hijos de diferentes padres.
+Podía ser calumnia, podía no serlo; pero debe decirse para que el lector
+vaya formando juicio. Algo tenían de común, ahora que recuerdo, y era
+que todos padecían de fuertes y molestísimas jaquecas. Juan Pablo era
+guapo, simpático y muy bien plantado, de buena estatura, ameno y fácil
+en el decir, de inteligencia flexible y despierta. Nicolás era
+desgarbado, vulgarote, la cara encendida y agujereada como un cedazo a
+causa de la viruela, y tan peludo, que le salían mechones por la nariz y
+por las orejas. Maximiliano era raquítico, de naturaleza pobre y
+linfática, absolutamente privado de gracias personales. Como que había
+nacido de siete meses y luego se le criaron con biberón y con una cabra.
+
+Cuando murió el padre de estos tres mozos, Nicolás, o sea el peludo
+(para que se les vaya distinguiendo), se fue a vivir a Toledo con su
+tío D. Mateo Zacarías Llorente, capellán de _Doncellas Nobles_, el cual
+le metió en el Seminario y le hizo sacerdote; Juan Pablo y Maximiliano
+se fueron a vivir con su tía paterna doña Guadalupe Rubín, viuda de
+Jáuregui, conocida vulgarmente por _Doña Lupe la de los pavos_, la cual
+vivió primero en el barrio de Salamanca y después en Chamberí, señora de
+tales circunstancias, que bien merece toda la atención que le voy a
+consagrar más adelante. En un pueblo de la Alcarria tenían los hermanos
+Rubín una tía materna, viuda, sin hijos y rica; mas como estaba
+vendiendo vidas, la herencia de esta señora no era más que una esperanza
+remota.
+
+No había más remedio que trabajar, y Juan Pablo empezó a buscarse la
+vida. Odiaba de tal modo las tiendas de tiradores de oro, que cuando
+pasaba por alguna, parecía que le entraba la jaqueca. Metiose en un
+negocio de pescado, uniéndose a cierto individuo que lo recibía en
+comisión para venderlo al por mayor por seretas de fresco y barriles de
+escabeche en la misma estación o en la plaza de la Cebada; pero en los
+primeros meses surgieron tales desavenencias con el socio, que Juan
+Pablo abandonó la pesca y se dedicó a viajante de comercio. Durante un
+par de años estuvo rodando por los ferrocarriles con sus cajas de
+muestras. De Barcelona hasta Huelva, y desde Pontevedra a Almería no le
+quedó rincón que no visitase, deteniéndose en Madrid todo el tiempo que
+podía. Trabajó en sombreros de fieltro, en calzado de Soldevilla, y
+derramó por toda la Península, como se esparce sobre el papel la
+arenilla de una salvadera, diferentes artículos de comercio. En otra
+temporada corrió chocolates, pañuelos y chales _galería_, conservas,
+devocionarios y hasta palillos de dientes. Por su diligencia, su
+honradez y por la puntualidad con que remitía los fondos recaudados, sus
+comitentes le apreciaban mucho. Pero no se sabe cómo se las componía,
+que siempre estaba _más pobre que las ratas_, y se lamentaba con
+amanerado pesimismo de su pícara suerte. Todas sus ganancias se le iban
+_por entre los dedos_, frecuentando mucho los cafés en sus ratos de
+descanso, convidando sin tasa a los amigos y dándose la mejor vida
+posible en las poblaciones que visitaba. A los funestos resultados de
+este sistema llamaba él _haber nacido con mala sombra_. La misma
+heterogeneidad y muchedumbre de artículos que corría mermó pronto los
+resultados de sus viajes y algunas casas empezaron a retirarle su
+confianza, y el aburrido viajante, siempre de mal temple y echando
+maldiciones y ternos contra los mercachifles, aspiraba a un cambio de
+vida y a ocupación más lucrativa y noble.
+
+Día memorable fue para Juan Pablo aquel en que tropezó con un cierto
+amigote de la infancia, camarada suyo en San Isidro. El amigo era
+diputado de los que llamaban _cimbros_, y Juan Pablo, que era hombre de
+mucha labia, le encareció tanto su aburrimiento de la vida comercial y
+lo bien dispuesto que estaba para la administrativa, que el otro se lo
+creyó, y hágote empleado. Rubín fue al mes siguiente inspector de
+policía en no sé qué provincia. Pero su infame estrella se la había
+jurado: a los tres meses cambió la situación política, y mi Rubín
+cesante. Había tomado el gusto a la carne de nómina, y ya no podía ser
+más que empleado o pretendiente. No sé qué hay en ello, pero es lo
+cierto que hasta la cesantía parece que es un goce amargo para ciertas
+naturalezas, porque las emociones del pretender las vigorizan y entonan,
+y por eso hay muchos que el día que les colocan se mueren. La
+irritabilidad les ha dado vida y la sedación brusca les mata. Juan Pablo
+sentía increíbles deleites en ir al café, hablar mal del Gobierno,
+anticipar nombramientos, darse una vuelta por los ministerios, acechar
+al protector en las esquinas de Gobernación o a la salida del Congreso,
+dar el salto del tigre y caerle encima cuando le veía venir. Por fin
+salió la credencial. Pero, ¡qué demonio!, siempre la condenada suerte
+persiguiéndole, porque todos los empleos que le daban eran de lo más
+antipático que imaginarse puede. Cuando no era algo de la policía
+secreta, era cosa de cárceles o presidios.
+
+Entretanto cuidaba de su hermano pequeño, por quien sentía un cariño que
+se confundía con la lástima, a causa de las continuas enfermedades que
+el pobre chico padecía. Pasados los veinte años, se vigorizó un poco,
+aunque siempre tenía sus arrechuchos; y viéndole más entonado, Juan
+Pablo determinó darle una carrera para que no se malograse como él se
+malogró, por falta de una dirección fija desde la edad en que se plantea
+el porvenir de los hombres. Achacaba el mayor de los Rubín su desgracia
+a la disparidad entre sus aptitudes innatas y los medios de
+exteriorizarse. «¡Oh, si mi padre me hubiera dado una
+carrera!---pensaba---, yo sería hoy algo en el mundo...».
+
+No tardó en recibir un nuevo golpe, pues cuando soñaba con un ascenso le
+limpiaron otra vez el comedero. Y he aquí a mi hombre paseándose por
+Madrid con las manos en los bolsillos, o viendo correr tontamente las
+horas en este y el otro café, hablando de la situación ¡siempre de la
+situación, de la guerra y de lo infames, indecentes y mamarrachos que
+son los políticos españoles! ¡Duro en ellos! Así se desahogan los
+espíritus alborotados y tempestuosos. Y por aquella vez no había
+esperanzas para Juan Pablo, porque los _suyos_, los que él llamaba con
+tanto énfasis los _míos_, estaban por los suelos, y había lo que llaman
+_racha_ en las regiones burocráticas. A veces exploraba el mísero
+cesante su conciencia, y se asombraba de no encontrar en ella nada en
+qué fundar terminantemente su filiación política. Porque ideas fijas...
+Dios las diera; había leído muy poco y nutría su entendimiento de lo que
+en los cafés escuchaba y de lo que los periódicos le decían. No sabía
+fijamente si era liberal o no, y con el mayor desparpajo del mundo
+llamaba _doctrinario_ a cualquiera sin saber lo que la palabra
+significaba. Tan pronto sentía en su espíritu, sin saber por qué ni por
+qué no, frenético entusiasmo por los derechos del hombre; tan pronto se
+le inundaba el alma de gozo oyendo decir que el Gobierno iba a dar mucho
+estacazo y a pasarse los tales derechos por las narices.
+
+En tal situación, presentose inopinadamente en Madrid Nicolás Rubín, el
+curita peludo, que también tenía sus pretensiones de ingresar no sé si
+en el clero castrense o en el catedral, y ambos hermanos celebraron unos
+coloquios muy reservados, paseando solos por las afueras. De resultas de
+esto, Juan Pablo apareció un día en el café con cierta animación, mucho
+desenfado en sus juicios políticos, dándolas de profeta y expresando más
+altaneramente que nunca su desprecio de la situación dominante. A los
+que de esta manera se conducen, se les mira en los cafés con un poquillo
+de respeto y aun con cierta envidia, suponiéndoles conocedores de
+secretos de Estado o de alguna intriga muy gorda. «El amigo
+Rubín--dijo, en ausencia de él D. Basilio Andrés de la Caña, que era
+uno de los puntos fijos en la mesa--, me parece a mí que no juega
+limpio con nosotros. Si le van a colocar que lo diga de una vez. ¿Qué
+tenemos, viene _la federal_ o qué? _¡Misterios! ¡Meditemos!_... ¿O es
+que le lleva cuentos a don Práxedes? Bueno, señores, que se los lleve.
+No me importa el espionaje».
+
+Esto pasaba a fines de 1872. De pronto Rubín dijo que iba al extranjero
+a reanudar sus trabajos de viajante de comercio. Desapareció de Madrid,
+y al cabo de meses se susurró en la tertulia del café que estaba en la
+facción, y que D. Carlos le había nombrado algo como contador o
+intendente en su Cuartel Real. Súpose más tarde que había ido a
+Inglaterra a comprar fusiles, que hizo un alijo cerca de Guetaria, que
+vino disfrazado a Madrid y pasó a la Mancha y Andalucía en el verano del
+73, cuando la Península, ardiendo por los cuatro costados, era una
+inmensa pira a la cual cada español había llevado su tea y el Gobierno
+soplaba.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Juan Pablo, que siempre se había equivocado en lo referente a sí mismo y
+andaba por caminos torcidos, acertó al disponer que su hermano pequeño
+siguiese la carrera de Farmacia. Muchas personas que no hacen más que
+disparates, poseen esta perspicacia del consejo y de la dirección de los
+demás, y no dando pie con bola en los destinos propios, ven claro en los
+del prójimo. En tal decisión tuvo además bastante parte un grande amigo
+del difunto Nicolás Rubín y de toda la familia (el farmacéutico
+Samaniego, dueño de la acreditada botica de la calle del Ave María),
+prometiendo tomar bajo sus auspicios a Maximiliano, llevársele de
+mancebo o practicante con la mira de que, andando el tiempo, se quedase
+al frente del establecimiento.
+
+Empezó Maximiliano sus estudios el 69, y su hermano y su tía le
+ponderaban lo bonita que era la Farmacia y lo mucho que con ella se
+ganaba, por ser muy caros los medicamentos y muy baratas las primeras
+materias: agua del pozo, ceniza del fogón, tierra de los tiestos,
+etcétera... El pobre chico, que era muy dócil, con todo se mostraba
+conforme. Lo que es entusiasmo, hablando en plata, no lo tenía por esta
+carrera ni por otra alguna; no se había despertado en él ningún afán
+grande ni esa curiosidad sedienta de que sale la sabiduría. Era tan
+endeble que la mayor parte del año estaba enfermo, y su entendimiento no
+veía nunca claro en los senos de la ciencia, ni se apoderaba de una idea
+sino después de echarle muchas lazadas como si la amarrara. Usaba de su
+escasa memoria como de un ave de cetrería para cazar las ideas; pero el
+halcón se le marchaba a lo mejor, dejándole con la boca abierta y
+mirando al cielo.
+
+Fueron penosísimos los primeros pasos en la carrera. La pereza y la
+debilidad le retenían en el lecho por las mañanas más tiempo del
+regular, y la pobre doña Lupe pasaba la pena negra para sacarle de las
+sábanas. Levantábase ella muy temprano, y se ponía a dar golpes con el
+almirez junto a la misma cabeza del durmiente, que las más de las veces
+no se daba por entendido de tal estruendo. Luego le hacía cosquillas,
+acostaba al gato con él, le retiraba las sábanas con la debida
+precaución para que no se enfriase. El sueño se cebaba de tal modo en
+aquel cuerpo, por las exigencias de la reparación orgánica, que el
+despertar del estudiante era obra de romanos y una de las cosas en que
+más energía y constancia desplegaba doña Lupe.
+
+El muchacho estudiaba y quería cumplir con su deber; pero no podía ir
+más allá de sus alcances. Doña Lupe le ayudaba a estudiar las
+lecciones, animábale en sus desfallecimientos, y cuando le veía apurado
+y temeroso por la proximidad de los exámenes, se ponía la mantilla y se
+iba a hablar con los profesores. Tales cosas les decía, que el chico
+pasaba, aunque con malas notas. Como no estuviese enfermo, asistía
+puntualmente a clase, y era de los que traían mayor trajín de notas,
+apuntes y cuadernos. Entraba en el aula cargado con aquel fardo, y no
+perdía sílaba de lo que el profesor decía.
+
+Era de cuerpo pequeño y no bien conformado, tan endeble que parecía que
+se lo iba a llevar el viento, la cabeza chata, el pelo lacio y ralo.
+Cuando estaban juntos él y su hermano Nicolás, a cualquiera que les
+viese se le ocurriría proponer al segundo que otorgase al primero los
+pelos que le sobraban. Nicolás se había llevado todo el cabello de la
+familia, y por esta usurpación pilosa, la cabeza de Maximiliano
+anunciaba que tendría calva antes de los treinta años. Su piel era
+lustrosa, fina, cutis de niño con transparencias de mujer desmedrada y
+clorótica. Tenía el hueso de la nariz hundido y chafado, como si fuera
+de sustancia blanda y hubiese recibido un golpe, resultando de esto no
+sólo fealdad sino obstrucciones de respiración nasal, que eran sin duda
+la causa de que tuviera siempre la boca abierta. Su dentadura había
+salido con tanta desigualdad que cada pieza estaba, como si dijéramos,
+donde le daba la gana. Y menos mal si aquellos condenados huesos no le
+molestaran nunca; ¡pero si tenía el pobrecito cada dolor de muelas que
+le hacía poner el grito más allá del Cielo! Padecía también de corizas y
+las empalmaba, de modo que resultaba un coriza crónico, con la
+pituitaria echando fuego y destilando sin cesar. Como ya iba aprendiendo
+el oficio, se administraba el yoduro de potasio en todas las formas
+posibles, y andaba siempre con un canuto en la boca aspirando brea,
+demonios o no sé qué.
+
+Dígase lo que se quiera, Rubín no tenía ilusión ninguna con la Farmacia.
+Mas no estaba vacía de aspiraciones altas el alma de aquel joven, tan
+desfavorecido por la Naturaleza que física y moralmente parecía hecho de
+sobras. A los dos o tres años de carrera, aquel molusco empezó a sentir
+vibraciones de hombre, y aquel ciego de nacimiento empezó a entrever las
+fases grandes y gloriosas del astro de la vida. Vivía doña Lupe en
+aquella parte del barrio de Salamanca que llamaban _Pajaritos_.
+Maximiliano veía desde la ventana de su tercer piso a los alumnos de
+Estado Mayor, cuando la Escuela estaba en el 40 antiguo de la calle de
+Serrano; y no hay idea de la admiración que le causaban aquellos
+jóvenes, ni del arrobamiento que le producía la franja azul en el
+pantalón, el ros, la levita con las hojas de roble bordadas en el
+cuello, y la espada... ¡tan chicos algunos y ya con espada! Algunas
+noches, Maximiliano soñaba que tenía su tizona, bigote y uniforme, y
+hablaba dormido. Despierto deliraba también, figurándose haber crecido
+una cuarta, tener las piernas derechas y el cuerpo no tan caído para
+adelante, imaginándose que se le arreglaba la nariz, que le brotaba el
+pelo y que se le ponía un empaque marcial como el del más pintado. ¡Qué
+suerte tan negra! Si él no fuera tan desgarbado de cuerpo y le hubieran
+puesto a estudiar aquella carrera, ¡cuánto se habría aplicado!
+Seguramente, a fuerza de sobar los libros, le habría salido el talento,
+como se saca lumbre a la madera frotándola mucho.
+
+Los sábados por la tarde, cuando los alumnos iban al ejercicio con su
+fusil al hombro, Maximiliano se iba tras ellos para verles maniobrar, y
+la fascinación de este espectáculo durábale hasta el lunes. En la clase
+misma, que por la placidez del local y la monotonía de la lección
+convidaba a la somnolencia, se ponía a jugar con la fantasía y a
+provocar y encender la ilusión. El resultado era un completo éxtasis, y
+al través de la explicación sobre las propiedades terapéuticas de las
+tinturas madres, veía a los alumnos militares en su estudio táctico de
+campo, como se puede ver un paisaje al través de una vidriera de
+colores.
+
+Los chicos de la clase de Botánica se entretenían en ponerse motes
+semejantes a las nomenclaturas de Linneo. A un tal Anacleto que se las
+tiraba de muy fino y muy señorito, le llamaban _Anacletus
+obsequiosissimus_; a Encinas, que era de muy corta estatura, le llamaban
+_Quercus gigantea_. Olmedo era muy abandonado y le caía admirablemente
+el _Ulmus sylvestris_. Narciso Puerta era feo, sucio y mal oliente.
+Pusiéronle _Pseudo-Narcissus odoripherus_. A otro que era muy pobre y
+gozaba de un empleíto, le pusieron _Christophorus oficinalis_ y por
+último, a Maximiliano Rubín, que era feísimo, desmañado y de muy cortos
+alcances, se le llamó durante toda la carrera _Rubinius vulgaris_.
+
+Al entrar el año de 1874, tenía Maximiliano veinticinco y no
+representaba aún más de veinte. Carecía de bigote, pero no de granos que
+le salían en diferentes puntos de la cara. A los veintitrés años tuvo
+una fiebre nerviosa que puso en peligro su vida; pero cuando salió de
+ella parecía un poco más fuerte; ya no era su respiración tan fatigosa
+ni sus corizas tan tenaces, y hasta los condenados raigones de sus
+muelas parecían más civilizados. No usaba ya el ioduro tan a pasto ni el
+canuto de brea, y sólo las jaquecas persistían, como esos amigos
+machacones cuya visita periódica causa espanto. Juan Pablo estaba
+entonces en el Cuartel Real, y doña Lupe dejaba a Maximiliano en
+libertad, porque le creía inaccesible a los vicios por razón de su
+pobreza física, de su natural apático y de la timidez que era el
+resultado de aquellas desventajas. Y además de libertad, dábale su tía
+algún dinero para sus placeres de mozo, segura de que no había de
+gastarlo sino con mucho pulso. Inclinábase el chico a economizar, y
+tenía una hucha de barro en la cual iba metiendo las monedas de plata y
+algún centén de oro que le daban sus hermanos cuando venían a Madrid. En
+la ropa era muy mirado, y gustaba de hacerse trajes baratos y de moda,
+que cuidaba como a las niñas de sus ojos. De esto le sobrevino alguna
+presunción, y gracias a ella su figura no parecía tan mala como era
+realmente. Tenía su buena capa de embozos colorados; por la noche se
+liaba en ella, metíase en el tranvía y se iba a dar una vuelta hasta las
+once, rara vez hasta las doce. Por aquel tiempo se mudó doña Lupe a
+Chamberí, buscando siempre casas baratas, y Maximiliano fue perdiendo
+poco a poco la ilusión de los alumnos de Estado Mayor.
+
+Su timidez, lejos de disminuir con los años, parecía que aumentaba.
+Creía que todos se burlaban de él considerándole insignificante y para
+poco. Exageraba sin duda su inferioridad, y su desaliento le hacía huir
+del trato social. Cuando le era forzoso ir a alguna visita, la casa en
+que debía entrar imponíale miedo, aun vista por fuera, y estaba dando
+vueltas por la calle antes de decidirse a penetrar en ella. Temía
+encontrar a alguien que le mirara con malicia, y pensaba lo que había de
+decir, aconteciendo las más de las veces que no decía nada. Ciertas
+personas le infundían un respeto que casi casi era pánico, y al verlas
+venir por la calle se pasaba a la otra acera. Estas personas no le
+habían hecho daño alguno; al contrario, eran amigos de su padre, o de
+doña Lupe o de Juan Pablo. Cuando iba al café con los amigos, estaba muy
+bien si no había más que dos o tres. En este caso hasta se le soltaba la
+lengua y se ponía a hablar sobre cualquier asunto. Pero como se
+reunieran seis u ocho personas, enmudecía, incapaz de tener una opinión
+sobre nada. Si se veía obligado a expresarse, o porque se querían
+_quedar con él_ o porque sin malicia le preguntaban algo, ya estaba mi
+hombre como la grana y tartamudeando.
+
+Por esto le gustaba más, cuando el tiempo no era muy frío, vagar por las
+calles, embozadito en su pañosa, viendo escaparates y la gente que iba y
+venía, parándose en los corros en que cantaba un ciego, y mirando por
+las ventanas de los cafés. En estas excursiones podía muy bien emplear
+dos horas sin cansarse, y desde que se daba cuerda y cogía impulso, el
+cerebro se le iba calentando, calentando hasta llegar a una presión
+altísima en que el joven errante se figuraba estar persiguiendo
+aventuras y ser muy otro de lo que era. La calle con su bullicio y la
+diversidad de cosas que en ella se ven, ofrecía gran incentivo a aquella
+imaginación, que al desarrollarse tarde, solía desplegar los bríos de
+que dan muestras algunos enfermos graves. Al principio no le llamaban la
+atención las mujeres que encontraba; pero al poco tiempo empezó a
+distinguir las guapas de las que no lo eran, y se iba en seguimiento de
+alguna, por puro éxtasis de aventura, hasta que encontraba otra mejor y
+la seguía también. Pronto supo distinguir de _clases_, es decir, llegó a
+tener tan buen ojo, que conocía al instante las que eran honradas y las
+que no. Su amigo _Ulmus sylvestris_, que a veces le acompañaba, indújole
+a romper la reserva que su encogimiento le imponía, y Maximiliano
+conoció a algunas que había visto más de una vez y que le habían
+parecido muy guapetonas. Pero su alma permanecía serena en medio de sus
+tentativas viciosas: las mismas con quienes pasó ratos agradables le
+repugnaban después, y como las viera venir por la calle, les huía el
+bulto.
+
+Agradábale más vagar solo que en compañía de Olmedo, porque este le
+distraía, y el goce de Maximiliano consistía en pensar e imaginar
+libremente y a sus anchas, figurándose realidades y volando sin tropiezo
+por los espacios de lo posible, aunque fuera improbable. Andar, andar y
+soñar al compás de las piernas, como si su alma repitiera una música
+cuyo ritmo marcaban los pasos, era lo que a él le deleitaba. Y como
+encontrara mujeres bonitas, solas, en parejas o en grupos, bien con
+toquilla a la cabeza o con manto, gozaba mucho en afirmarse a sí mismo
+que _aquellas eran honradas_, y en seguirlas hasta ver a dónde iban.
+«¡Una honrada! ¡Que me quiera una honrada!». Tal era su ilusión... Pero
+no había que pensar en tal cosa. Sólo de pensar que le dirigía la
+palabra a una honrada, le temblaban las carnes. ¡Si cuando iba a su casa
+y estaban en ella Rufinita Torquemada o la señora de Samaniego con su
+hija Olimpia, se metía en la cocina por no verse obligado a
+saludarlas...!
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+De esta manera aquel misántropo llegó a vivir más con la visión interna
+que con la externa. El que antes era como una ostra había venido a ser
+algo como un poeta. Vivía dos existencias, la del pan y la de las
+quimeras. Esta la hacía a veces tan espléndida y tal alta, que cuando
+caía de ella a la del pan, estaba todo molido y maltrecho. Tenía
+Maximiliano momentos en que se llegaba a convencer de que era otro, esto
+siempre de noche y en la soledad vagabunda de sus paseos. Bien era
+oficial de ejército y tenía una cuarta más de alto, nariz aguileña,
+mucha fuerza muscular y una cabeza... una cabeza que no le dolía nunca;
+o bien un paisano pudiente y muy galán, que hablaba por los codos sin
+turbarse nunca, capaz de echarle una flor a la mujer más arisca, y que
+estaba en sociedad de mujeres como el pez en el agua. Pues como dije, se
+iba calentando de tal modo los sesos, que se lo llegaba a creer. Y si
+aquello le durara, sería tan loco como cualquiera de los que están en
+Leganés. La suerte suya era que aquello se pasaba, como pasaría una
+jaqueca; pero la alucinación recobraba su imperio durante el sueño, y
+allí eran los disparates y el teje maneje de unas aventuras generalmente
+muy tiernas, muy por lo fino, con abnegaciones, sacrificios, heroísmos y
+otros fenómenos sublimes del alma. Al despertar, en ese momento en que
+los juicios de la realidad se confunden con las imágenes mentirosas del
+sueño y hay en el cerebro un crepúsculo, una discusión vaga entre lo que
+es verdad y lo que no lo es, el engaño persistía un rato, y Maximiliano
+hacía por retenerlo, volviendo a cerrar los ojos y atrayendo las
+imágenes que se dispersaban. «Verdaderamente--decía él--, ¿por qué ha de
+ser una cosa más real que la otra? ¿Por qué no ha de ser sueño lo del
+día y vida efectiva lo de la noche? Es cuestión de nombres y de que
+diéramos en llamar _dormir_ a lo que llamamos _despertar_, y _acostarse_
+al _levantarse_... ¿Qué razón hay para que no diga yo ahora mientras me
+visto: 'Maximiliano, ahora te estás echando a dormir. Vas a pasar mala
+noche, con pesadilla y todo, o sea con clase de _Materia farmacéutica
+animal_...?'».
+
+El tal _Ulmus sylvestris_ era un chico simpático, buen mozo, alegre y de
+cabeza un tanto ligera. De todos los compañeros de _Rubinius vulgaris_,
+aquel era el que más le quería, y Maximiliano le pagaba con un cariño
+que tenía algo de respeto. Llevaba Olmedo una vida muy poco ejemplar,
+mudando cada mes de casa de huéspedes, pasándose las noches en lugares
+pecaminosos, y haciendo todos los disparates estudiantiles, como si
+fueran un programa que había que cumplir sin remedio. Últimamente vivía
+con una tal Feliciana, graciosa y muy corrida, dándose importancia con
+ello, como si el _entretener_ mujeres fuese una carrera en que había que
+matricularse para ganar título de hombre hecho y derecho. Dábale él lo
+poco que tenía, y ella afanaba por su lado para ir viviendo, un día con
+estrecheces, otro con rumbo y siempre con la mayor despreocupación.
+Tomaba él en serio este género de vida, y cuando tenía dinero, invitaba
+a sus amigos a _tomar un bacalao_ en su _hotel_, dándose unos aires de
+hombre de mundo y pillín, con cierta imitación mala del desgaire
+parisiense que conocía por las novelas de Paul de Kock. Feliciana era
+de Valencia, y ponía muy bien el arroz; pero el servicio de la mesa y
+la mesa misma tenían que ver. Y Olmedo lo hacía todo tan al vivo y tan
+con arreglo a programa, que se emborrachaba sin gustarle el vino,
+cantaba flamenco sin saberlo cantar, destrozaba la guitarra y hacía
+todos los desatinos que, a su parecer, constituían el rito de perdido;
+pues a él se le antojó ser perdido, como otros son masones o caballeros
+cruzados, por el prurito de desempeñar papeles y de tener una
+significación. Si existiera el uniforme de perdido, Olmedo se lo hubiera
+puesto con verdadero entusiasmo, y sentía que no hubiese un distintivo
+cualquiera, cinta, plumacho o galón, para salir con él, diciendo
+tácitamente: «Vean ustedes lo perdulario que soy». Y en el fondo era un
+infeliz. Aquello no era más que una prolongación viciosa de la _edad del
+pavo_.
+
+Maximiliano no iba nunca a las francachelas de su amigo, aunque este le
+convidaba siempre. Pero se informaba de la salud de Feliciana, como si
+fuera una señora, y Olmedo también tomaba esto en serio, diciendo: «La
+tengo un poquillo delicada. Hoy le he dicho a Orfila que se pase por
+casa». Este Orfila era un estudiantillo de último año de Medicina, que
+se llamaba lo mismo que el célebre doctor, y curaba, es decir, recetaba
+a los amigos y a las amigas de los amigos.
+
+Un día, al salir de clase, dijo Olmedo a Rubín: «Vete por casa si
+quieres ver una mujer... hasta allí. Es una amiga de Feliciana, que se
+ha ido a nuestro _hotel_ unos días mientras encuentra colocación».
+
+--¿Es honrada?--preguntó Rubín, mostrando en su tono la importancia que
+daba a la honradez.
+
+--¡Honrada!, ¡qué narices!--exclamó el perdis riendo--. ¿Pero tú crees
+que hay alguna mujer que sea... lo que se llama honrada?
+
+Esto lo dijo con aplomo filosófico, el sombrero inclinado sobre la sien
+derecha como distintivo de sus ideas acerca de la depravación humana. Ya
+no había mujeres honradas: lo decía un conocedor profundo de la sociedad
+y del vicio. El escepticismo de Olmedo era signo de infancia, un
+desorden de transición fisiológica, algo como una segunda dentición.
+Todo se reduce a echar muchas babas, y luego ya viene el hombre con
+otras ideas y otra manera de ser.
+
+«¡Con que no es honrada!...» apuntó Maximiliano, que habría deseado que
+todas las hembras lo fueran.
+
+--¿Qué ha de ser, hombre?... ¡Buena púa está! Llegó a Madrid no hace
+mucho tiempo con un barbián... creo que tratante en fusiles. ¡Traían un
+tren, chico!... La vi una noche... Te juro que daba el puro opio.
+Parecía del propio París... Pero yo no sé lo que pasó, ¡narices!
+
+Aquel señor no jugaba limpio, y una mañana se largó dejando un pico muy
+grande en la casa de huéspedes, y otro pico no sé dónde, y picos y
+picos... Total, que la pobre tuvo que empeñar todos sus trapos y se
+quedó con lo puesto, nada más que con lo puesto, cuando lo tiene puesto
+se entiende. Feliciana se la encontró no sé dónde hecha un mar de
+lágrimas, y le dijo: «vente a mi casa». ¡Allí está! Hace sus saliditas,
+ojo al Cristo, para lo cual Feliciana le presta su ropa. No te creas; es
+una chica muy buena. ¡Tiene un ángel...!
+
+Por la noche fue Maximiliano al _hotel_ de Feliciana, tercer piso en la
+calle de Pelayo, y al entrar, lo primero que vio... Es que junto a la
+puerta de entrada había un cuartito pequeño, que era donde moraba la
+huéspeda, y esta salía de su escondrijo cuando Rubín entraba. Feliciana
+había salido a abrir con el quinqué en la mano, porque lo llevaba para
+la sala, y a la luz vivísima del petróleo sin pantalla, encaró
+Maximiliano con la más extraordinaria hermosura que hasta entonces
+habían visto sus ojos. Ella le miró a él como a una cosa rara, y él a
+ella como a sobrenatural aparición.
+
+Pasó Rubín a la salita, y dejando su capa, se sentó en un sillón de hule
+cuyos muelles asesinaban la parte del cuerpo que sobre ellos caía.
+Olmedo quería que su amigo jugase con él a la siete y media; pero como
+Maximiliano se negase a ello, empezó a hacer solitarios. Puso Feliciana
+sobre la luz una pantalla de figurines vestidos con pegotes de trapo, y
+después se echó con indolencia en la butaca, abrigándose con su mantón
+alfombrado.
+
+«Fortunata--gritó llamando a su amiga, que daba vueltas por toda la casa
+como si buscara alguna cosa--. ¿Qué se te ha perdido?».
+
+--Chica, mi toquilla azul.--¿Vas a salir ya?--Sí: ¿qué hora es?
+
+Rubín se alegró de aquella ocasión que se le presentaba de prestar un
+servicio a mujer tan hermosa, y sacando su reloj con mucha solemnidad,
+dijo: «Las nueve menos siete minutos... y medio». No podía decirse la
+hora con exactitud más escrupulosa.
+
+«Ya ves--dijo Feliciana--. tienes tiempo... Hasta las diez. Con que
+salgas de aquí a las diez menos cuarto... ¿Pero esa toquilla?... Mírala,
+mírala en esa silla junto a la cómoda».
+
+--¡Ay!, hija... si llega a ser perro me muerde.
+
+Se la puso, envolviéndose la cabeza, echando miradas a un espejo de
+marco negro que sobre la cómoda estaba, y después se sentó en una silla
+a hacer tiempo. Entonces Maximiliano la miró mejor. No se hartaba de
+mirarla, y una obstrucción singular se le fijó en el pecho, cortándole
+la respiración. ¿Y qué decir? Porque había que decir algo. El pobre
+joven se sentía delante de aquella hermosura más cortado que en la
+visita de más campanillas.
+
+«Bien puedes abrigarte» indicó Feliciana a su amiga; y Rubín vio el
+cielo abierto, porque pudo decir en tono de sentencia filosófica:
+
+--Sí, está la noche fresquecita.
+
+--Llévate el llavín...--añadió Feliciana--. Ya sabes que el sereno se
+llama Paco. Suele estar en la taberna.
+
+La otra no desplegaba sus labios. Parecía que estaba de muy mal humor.
+Maximiliano contemplaba como un bobo aquellos ojos, aquel entrecejo
+incomparable y aquella nariz perfecta, y habría dado algo de mucho
+precio porque ella se hubiese dignado mirarle de otra manera que como se
+mira a los bichos raros. «¡Qué lástima que no sea honrada!--pensaba--. Y
+quién sabe si lo será, quiero decir que conserve la honradez del alma en
+medio de...».
+
+Estaba muy fija en él la idea aquella de las dos honradeces, en algunos
+casos armonizadas, en otros no. Habló Fortunata poco y vulgar; todo lo
+que dijo fue de lo menos digno de pasar a la historia: que hacía mucho
+frío, que se le había descosido un mitón, que aquel llavín parecía la
+_maza de Fraga_, que al volver a casa entraría en la botica a comprar
+unas pastillas para la tos.
+
+Maximiliano estaba encantado, y no atreviéndose a desplegar los labios,
+daba su asentimiento con una sonrisa, sin quitar los extáticos ojos de
+aquel semblante que le parecía angelical. Y cuanto ella dijo lo oyó como
+si fuera una sarta de conceptos ingeniosísimos. «¡Si es un ángel!... No
+ha dicho ni una palabra malsonante... ¡Y qué metal de voz! No he oído en
+mi vida música tan grata... ¿Cómo será el decir esta mujer un _te
+quiero_, diciéndolo con verdad y con alma?». Esta idea produjo en la
+mente de Rubín sacudidas que le duraron mediano rato. Le corrió un frío
+por el espinazo y vínole cierto picor a la nariz como cuando se ha
+bebido gaseosa.
+
+Cansado de hacer solitarios, Olmedo se puso a contar cuentos indecentes,
+lo que a Maximiliano le pareció muy mal. Otras noches había oído
+anécdotas parecidas y se había reído; pero aquella noche se ponía de
+todos colores deseando que a su condenado amigo se le secara la boca.
+«¡Qué desvergüenza contar aquellas marranadas delante de personas... de
+personas decentes, sí señor!». Estaba Rubín tan desconcertado como si
+las dos mujeres allí presentes fuesen remilgadas damas o alumnas de un
+colegio monjil; pero su timidez le impedía mandar callar a Olmedo.
+Fortunata no se reía tampoco de aquellos estúpidos chistes; pero más
+bien parecía indiferente que indignada de oírlos. Estaba distraída
+pensando en sus cosas. ¿Qué cosas serían aquellas? Diera Maximiliano
+por saberlas... su hucha con todo lo que contenía. Al acordarse de su
+tesoro tuvo otra sacudida, y se removió en el asiento lastimándose mucho
+con el duro contacto de aquellos mal llamados muelles.
+
+«Pero el cuento más salado ¡narices!--dijo Olmedo--, es el del panadero.
+¿Lo sabes tú? Cuando aquel obispo fue a la visita pastoral y se acostó
+en la cama del cura... Veréis...».
+
+Fortunata se levantó para marcharse. Ocurriole a Maximiliano salir
+detrás de ella para ver dónde iba. Era la manera especial suya de hacer
+la corte. En su espíritu soñador existía la vaga creencia de que
+aquellos seguimientos entrañaban una comunicación misteriosa, quizás
+magnética. Seguir, mirando de lejos, era un lenguaje o telegrafía _sui
+generis_, y la persona seguida, aunque no volviese la vista atrás, debía
+de conocer en sí los efectos del fluido de atracción. Salió Fortunata
+despidiéndose muy fríamente, y a los dos minutos se despidió también
+Maximiliano con ánimo de alcanzarla todavía en el portal. Pero aquel
+condenado _Ulmus sylvestris_ le entretuvo a la fuerza, cogiéndole una
+mano y apretándosela con bárbaros alardes de vigor muscular, para reírse
+con los chillidos de dolor que daba el pobre _Rubinius vulgaris_. «¡Qué
+asno eres!--exclamaba este, retirando al fin su mano magullada, con los
+dedos pegados unos a otros--. ¡Vaya unas gracias!..
+
+Esto y contar porquerías es tu fuerte. Mejor te pusieras a estudiar».
+
+--_Niño del mérito, papos-castos_, ¿quieres hacer el favor de tocarme
+las narices?
+
+--No te hagas ordinario--dijo Rubín con bondad--. Si no lo eres, si
+aunque quieras parecerlo no lo puedes conseguir.
+
+Esto lastimó el amor propio de Olmedo más que si su amigo le hubiera
+llenado de insultos, porque todo lo llevaba con paciencia menos que se
+le rebajase un pelo de la graduación de perdis que se había dado. Le
+supo tan mal la indulgencia de Rubín, que salió tras él hasta la puerta,
+diciéndole entre otras tonterías: «¡Valiente hipócrita estás tú...
+narices! Estos silfidones, a lo mejor la pegan».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Maximiliano bajó la escalera como la baja uno cuando tiene ocho años y
+se le ha caído el juguete de la ventana al patio. Llegó sin aliento al
+portal, y allí dudó si debía tomar a la derecha o a la izquierda de la
+calle. El corazón le dijo que fuera hacia la calle de San Marcos. Apretó
+el paso pensando que Fortunata no debía de andar muy a prisa y que la
+alcanzaría pronto. «¿Será aquella?». Creyó ver la toquilla azul; pero al
+acercarse notó que no era la nube de su cielo. Cuando veía una mujer
+_que _ _ pudiera ser ella_, acortaba el paso por no aproximarse
+demasiado, pues acercándose mucho no eran tan misteriosos los encantos
+del seguimiento. Anduvo calles y más calles, retrocedió, dio vueltas a
+esta y la otra manzana, y la _dama nocturna_ no parecía. Mayor
+desconsuelo no sintió en su vida. Si la encontrara era capaz hasta de
+hablarle y decirle algún amoroso atrevimiento. Se agitó tanto en aquel
+paseo vagabundo, que a las once ya no se podía tener en pie, y se
+arrimaba a las paredes para descansar un rato. Irse a su casa sin
+encontrarla y darse un buen trote con ella... a distancia de treinta
+pasos, dábale mucha tristeza. Pero al fin se hizo tan tarde y estaba tan
+fatigado, que no tuvo más remedio que coger el tranvía de Chamberí y
+retirarse. Llegó y se acostó, deseando apagar la luz para pensar sobre
+la almohada. Su espíritu estaba abatidísimo. Asaltáronle pensamientos
+tristes, y sintió ganas de llorar. Apenas durmió aquella noche, y por la
+mañana hizo propósito de ir al _hotel_ de Feliciana en cuanto saliera de
+clase.
+
+Hízolo como lo pensó, y aquel día pudo vencer un poco su timidez.
+Feliciana le ayudaba, estimulándole con maña, y así logró Rubín decir a
+la otra algunas cosas que por disimulo de sus sentimientos quiso que
+fueran maliciosas. «Tardecillo vino usted anoche. A las once no había
+vuelto usted todavía». Y por este estilo otras frases vulgares que
+Fortunata oía con indiferencia y que contestaba de un modo desdeñoso.
+Maximiliano reservaba las purezas de su alma para ocasión más oportuna,
+y con feliz instinto había determinado iniciarse como uno de tantos,
+como un cualquiera que no quería más que divertirse un rato. Dejoles
+solos la tunanta de Feliciana, y Rubín se acobardó al principio; pero de
+repente se rehízo. No era ya el mismo hombre. La fe que llenaba su alma,
+aquella pasión nacida en la inocencia y que se desarrolló en una noche
+como árbol milagroso que surge de la tierra cargado de fruto, le removía
+y le transfiguraba. Hasta la maldita timidez quedaba reducida a un
+fenómeno puramente externo. Miró sin pestañear a Fortunata, y cogiéndole
+una mano, le dijo con voz temblorosa: «Si usted me quiere querer, yo...
+la querré más que a mi vida».
+
+Fortunata le miró también a él, sorprendida. Le parecía imposible que el
+_bicho raro_ se expresase así... Vio en sus ojos una lealtad y una
+honradez que la dejaron pasmada. Después reflexionó un instante,
+tratando de apoyarse en un juicio pesimista. Se habían burlado tanto de
+ella, que lo que estaba viendo no podía ser sino una nueva burla. Aquel
+era, sin duda, más pillo y más embustero que los demás. Consecuencia de
+tales ideas fue la sonora carcajada que soltó la mujer aquella ante la
+faz compungida de un hombre que era todo espíritu. Pero él no se
+desconcertó, y la circunstancia de verse escuchado con atención, dábale
+un valor desconocido. ¡Ánimo! «Si usted me quiere, yo la adoraré, yo la
+idolatraré a usted...».
+
+Revelaba la tal mujer un gran escepticismo, y lo que hacía la muy pícara
+era tomar a risa la pasión del joven.
+
+«¿Y si lo probara?--dijo Maximiliano con seriedad que le dio, ¡parece
+mentira!, un tornasol de hermosura--; ¿si le probara a usted de un modo
+que no dejase lugar a dudas...?».
+
+--¿Qué?--¡Que la idolatraré!... no, que ya la estoy idolatrando.
+
+--¡_Tie_ gracia!... ¡idolatrando!, ¡ja, ja!--repitió la otra, y devolvía
+la palabra como se devuelve una pelota en el juego.
+
+Maximiliano no insistió en emplear vocablos muy expresivos. Comprendió
+que lo ridículo se le venía encima. No dijo más que: «Bueno, seremos
+amigos... Me contento con eso por hoy. Yo soy un infeliz, quiero decir,
+soy bueno. Hasta ahora no he querido a ninguna mujer».
+
+Fortunata le miraba y, francamente, no podía acostumbrarse a aquella
+nariz chafada, a aquella boca tan sin gracia, al endeble cuerpo que
+parecía se iba a deshacer de un soplo. ¡Que siempre se enamoraran de
+ella tipos así! Obligada a disimular y a hacer ciertos papeles, aunque
+en verdad no los hacía muy bien, siguió la conversación en aquel
+terreno.
+
+«Esta noche quiero hablar con usted--dijo Rubín categóricarnente--.
+Vendré a las ocho y media. ¿Me da usted palabra de no salir... o de
+esperarme para salir conmigo?».
+
+Diole ella la palabra que con tanta necesidad le pedía el joven, y así
+concluyó la entrevista. Rubín se fue corriendo a su casa.
+
+¡Qué chico! Si parecía otro. Él mismo notaba que algo se había abierto
+dentro de sí, como arca sellada que se rompe, soltando un mundo de
+cosas, antes comprimidas y ahogadas. Era la crisis, que en otros es
+larga o poco acentuada, y allí fue violenta y explosiva. ¡Si hasta le
+parecía que tenía talento...! Como que aquella tarde se le ocurrieron
+pensamientos magníficos y juicios de una originalidad sorprendente.
+Había formado de sí mismo un concepto poco favorable como hombre de
+inteligencia; pero ya, por efecto del súbito amor, creíase capaz de dar
+quince y raya a más de cuatro. La modestia cedió el puesto a un cierto
+orgullo que tomaba posesión de su alma... «Pero ¿y si no me
+quiere?--pensaba desanimándose y cayendo a tierra con las alas rotas--.
+Es que me tendrá que querer... No es el primer caso... Cuando me
+conozca...».
+
+Al mismo tiempo la apatía y la pereza quedaban vencidas... Andábanle por
+dentro comezones y pruritos nuevos, un deseo de hacer algo, y de probar
+su voluntad en actos grandes y difíciles... Iba por la calle sin ver a
+nadie, tropezando con los transeúntes, y a poco se estrella contra un
+árbol del paseo de Luchana. Al entrar en la calle de Raimundo Lulio vio
+a su tía en el balcón tomando el sol. Verla y sentir un miedo muy
+grande, pero muy grande, fue todo uno. «¡Si mi tía lo sabe...!». Pero
+del miedo salió al instante la reacción de valor, y apretó los puños
+debajo de la capa, los apretó tanto que le dolieron los dedos. «Si mi
+tía se opone, que se oponga y que se vaya a los demonios». Nunca, ni aun
+con el pensamiento, había hablado Maximiliano de doña Lupe con tan poco
+respeto. Pero los antiguos moldes estaban rotos. Todo el mundo y toda la
+existencia anteriores a aquel estado novísimo se hundían o se disipaban
+como las tinieblas al salir el sol. Ya no había tía, ni hermanos, ni
+familia, ni nada, y quien quiera que se le atravesase en su camino era
+declarado enemigo. Maximiliano tuvo tal acceso de coraje, que hasta se
+ofreció a su mente con caracteres odiosos la imagen de doña Lupe, de su
+segunda madre. Al subir las escaleras de la casa se serenó, pensando que
+su tía no sabía nada, y si lo sabía, que lo supiera, ¡ea!... «¡Qué
+carácter estoy echando!» se dijo al meterse en su cuarto.
+
+Cerró cuidadosamente la puerta y cogió la hucha. Su primer impulso fue
+estrellarla contra el suelo y romperla para sacar el dinero; y ya la
+tenía en la mano para consumar tan antieconómico propósito, cuando le
+asaltaron temores de que su tía oyera el ruido y entrase y le armara un
+cisco. Acordose de lo orgullosa que estaba doña Lupe de la hucha de su
+sobrino. Cuando iban visitas a la casa la enseñaba como una cosa rara,
+sonándola y dando a probar el peso, para que todos se pasmaran de lo
+arregladito y previsor que era el niño. «Esto se llama formalidad. Hay
+pocos chicos que sean así...».
+
+Maximiliano discurrió que para realizar su deseo, necesitaba comprar
+otra hucha de barro exactamente igual a aquella y llenarla de cuartos
+para que sonara y pesara... Se estuvo riendo a solas un rato, pensando
+en el chasco que le iba a dar a su tía... ¡él, que no había cometido
+nunca una travesura...!, lo único que había hecho, años atrás, era
+robarle a su tía botones para coleccionarlos. ¡Instintos de
+coleccionista, que son variantes de la avaricia! Alguna vez llegó hasta
+cortarle los botones de los vestidos; pero con un solfeo que le dieron
+no le quedaron ganas de repetirlo. Fuera de esto, nada; siempre había
+sido la misma mansedumbre, y tan económico que su tía le amaba más quizá
+por la virtud del ahorro que por las otras.
+
+«Pues señor; manos a la obra. En la cacharrería del paseo de Santa
+Engracia hay huchas exactamente iguales. Compraré una; miraré bien esta
+para tomarle bien las medidas».
+
+Estaba Maximiliano con la hucha en la mano mirándola por arriba y por
+abajo, como si la fuera a retratar, cuando se abrió la puerta y entró
+una chiquilla como de doce años, delgada y espigadita, los brazos
+arremangados, muy atusada de flequillo y sortijillas, con un delantal
+que le llegaba a los pies. Lo mismo fue verla Maximiliano, que se turbó
+cual si le hubieran sorprendido en un acto vergonzoso.
+
+«¿Qué buscas tú aquí, chiquilla sin vergüenza?».
+
+Por toda contestación, la rapaza le enseñó medio palmo de lengua,
+plegando los ojos y haciendo unas muecas de careta fea de lo más
+estrafalario y grotesco que se puede imaginar.
+
+--Sí, bonita te pones... Lárgate de aquí, o verás...
+
+Era la criada de la casa. Doña Lupe odiaba a las mujeronas, y siempre
+tomaba a su servicio niñas para educarlas y amoldarlas a su gusto y
+costumbres. Llamábanla Papitos no sé por qué. Era más viva que la
+pólvora, activa y trabajadora cuando quería, holgazana y mañosa algunos
+días. Tenía el cuerpo esbelto, las manos ásperas del trabajo y el agua
+fría, la cara diablesca, con unos ojos reventones de que sacaba mucho
+partido para hacer reír a la gente, la boca hocicuda y graciosa, con un
+juego de labios y unos dientes blanquísimos que eran como de encargo
+para producir las muecas más extravagantes. Los dos dientes centrales
+superiores eran enormes, y se le veían siempre, porque ni cuando estaba
+de morros cerraba completamente la boca.
+
+Oída la conminación que le hizo Maximiliano, Papitos se desvergonzó más.
+Ella las gastaba así. Cuanto más la amenazaban más pesadita se ponía.
+Volvió a echar fuera una cantidad increíble de lengua, y luego se puso a
+decir en voz baja: «Feo, feo...» hasta treinta o cuarenta veces. Esta
+apreciación, que no era contraria a la verdad ni mucho menos, nunca
+había inspirado a Rubín más que desprecio; pero en aquella ocasión le
+indignó tanto, vamos... que de buena gana le hubiera cortado a Papitos
+toda aquella lenguaza que sacaba.
+
+«¡Si no te largas, de la patada que te doy...!».
+
+Fue tras ella; pero Papitos se puso a salvo. Parecía que volaba. Desde
+el fondo del pasillo, en la puerta de la cocina, repetía sus burlas,
+haciendo con las manos gestos de mico. Volvió él a su cuarto muy
+incomodado y a poco entró ella otra vez.
+
+«¿Qué buscas aquí?».
+
+--Vengo _a por_ la lámpara para aviarla...
+
+El motivo de haber dicho esto la chiquilla con relativo juicio y
+serenidad, fue que se oyeron los pasos de doña Lupe, y su voz temerosa:
+«Mira, Papitos, que voy allá...».
+
+--Tía, venga usted... Está de jarana...
+
+--¡Acusón!--le dijo por lo bajo la chicuela al coger la lámpara--, feón.
+
+--La culpa la tienes tú--añadió severamente doña Lupe, en la puerta--,
+porque te pones a jugar con ella, le ríes las gracias, y ya ves. Cuando
+quieres que te respete, no puede ser. Es muy mal criada.
+
+La tía y el sobrino hablaron un instante.
+
+«¿También vendrás tarde esta noche? Mira que las noches están muy frías.
+Estas heladas son crueles. Tú no estás para valentías».
+
+--No, si no siento nada. Nunca he estado mejor--dijo Rubín, sintiendo
+que la timidez le ganaba otra vez.
+
+--No hagamos simplezas... Hace un frío horrible. ¡Qué año tan malo!
+¿Creerás que anoche no pude entrar en calor hasta la madrugada? Y eso
+que me eché encima cuatro mantas. ¡Qué atrocidad! Como que estamos entre
+las _Cátedras de Roma y Antioquía_, que es, según decía mi Jáuregui, el
+peor tiempo de Madrid.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+¿Va usted esta noche a casa de doña Silvia?--preguntole Rubín.
+
+--Eso pienso. Si tú sales me dejarás allá, y luego irás a buscarme a las
+once en punto.
+
+Esto contrariaba a Maximiliano, porque le tasaba el tiempo; pero no dijo
+nada.
+
+--Y esta tarde, ¿sale usted?--preguntó luego deseando que su tía saliese
+antes de comer, para verificar, mientras ella estuviese fuera, la
+sustitución de las huchas.
+
+--Puede que me llegue un ratito a casa de Paca Morejón.
+
+«Yo la acompañaré a usted... Tengo que ir a ver a Narciso para que me
+preste unos apuntes. La dejaré a usted en la calle de la Habana».
+
+Doña Lupe fue a la cocina y le armó una gran chillería a Papitos porque
+había dejado quemar el principio. Pero la chica estaba muy acostumbrada
+a todo, y se quedaba tan fresca. Como que acabadita de oírse llamar con
+las denominaciones más injuriosas y de recibir un pellizco que le
+atenazaba la carne, poníase detrás de su ama a hacer visajes y a sacar
+la lengua, mientras se rascaba el brazo dolorido.
+
+«Si creerás tú que no te estoy viendo, bribona» decía doña Lupe sin
+volverse, entre risueña y enojada. Y no se podía pasar sin ella.
+Necesitaba tener una criatura a quien reprender y enseñar por los
+procedimientos suyos.
+
+Púsose la mantilla doña Lupe, y tía y sobrino salieron. La primera se
+quedó en la calle de Arango, y el segundo se fue a comprar la hucha y
+tornó a su casa. Había llegado la ocasión de consumar el atentado, y el
+que durante la premeditación se mostraba tan valeroso, cuando se
+aproximaba el instante crítico sentía vivísima inquietud. Empezó por
+asegurarse de la curiosidad de Papitos, echando la llave a la puerta
+después de encender la luz; pero ¿cómo asegurarse de su propia
+conciencia que se le alborotaba, pintándole la falta proyectada como
+nefando delito? Comparó las dos huchas, observando con satisfacción que
+eran exactamente iguales en volumen y en el color del barro. No era
+posible que nadie adviniese la sustitución. Manos a la obra. Lo primero
+era romper la primitiva para coger el oro y la plata, pasando a la nueva
+la calderilla, con más de dos pesetas en _perros_ que al objeto había
+cambiado en la tienda de comestibles. Romper la olla sin hacer ruido era
+cosa imposible. Permaneció un rato sentado en una silla junto a la cama,
+con las dos huchas sobre esta, acariciando suavemente la que iba a ser
+víctima. Su mirada vagaba alrededor de la luz, cazando una idea. La luz
+iluminaba la mesilla cubierta de hule negro, sobre el cual estaban los
+libros de estudio, forrados con periódicos y muy bien ordenados por doña
+Lupe; dos o tres frascos de sustancias medicinales, el tintero y varios
+números de _La Correspondencia_. La mirada del joven revoloteó por la
+estrecha cavidad del cuarto, como si siguiera las curvas del vuelo de
+una mosca, y fue de la mesa a la percha en que pendían aquellos moldes
+de sí mismo, su ropa, el chaqué que reproducía su cuerpo y los
+pantalones que eran sus propias piernas colgadas como para que se
+estiraran. Miró después la cómoda, el baúl y las botas que sobre él
+estaban, sus propios pies cortados, pero dispuestos a andar. Un
+movimiento de alegría y la animación de la cara indicaron que
+Maximiliano había atrapado la idea. Bien lo decía él: con aquellas cosas
+se había vuelto de repente hombre de talento. Levantose, y cogiendo una
+bota salió y fue a la cocina, donde estaba Papitos cantando.
+
+«Chiquilla, ¿me das la mano del almirez? Esta bota tiene un clavo
+tremendo, pero tremendo, que me ha dejado cojo».
+
+Papitos cogió la mano del almirez, haciendo el ademán de machacar al
+señorito la cabeza.
+
+«Vamos, niña, estate quieta. Mira que le cuento todo a la tía. Me
+encargó que tuviera cuidado contigo, y que si te movías de la cocina, te
+diera dos coscorrones».
+
+Papitos se puso a picar la escarola, sin dejar de hacer visajes.
+
+«Y yo le diré--replicó--, yo le diré lo que hace... el muy
+trapisondista...».
+
+Maximiliano se estremeció. «Tonta, ¿qué es lo que yo hago?...» dijo
+sorteando su turbación.
+
+--Encerrarse en su cuarto, _¡ay olé! ¡ay olé!_... para que nadie le
+vea; pero yo le he visto por el agujero de la llave... _¡ay olé! ¡ay
+olé!_...
+
+--¿Qué?--Escribiéndole cartas a la novia.
+
+--Mentira... ¿yo...? Quita allá, enredadora...
+
+Volvió a su cuarto, llevando la mano del almirez, y echada otra vez la
+llave, tapó el agujero con un pañuelo.
+
+«Ella no mirará; pero por si se le ocurre...».
+
+El tiempo apremiaba y doña Lupe podía venir. Cuando cogió la hucha
+llena, el corazón le palpitaba y su respiración era difícil. Dábale
+compasión de la víctima, y para evitar su enternecimiento, que podría
+frustrar el acto, hizo lo que los criminales que se arrojan frenéticos a
+dar el primer golpe para perder el miedo y acallar la conciencia,
+impidiéndose el volver atrás. Cogió la hucha y con febril mano le atizó
+un porrazo. La víctima exhaló un gemido seco. Se había cascado, pero no
+estaba rota aún. Como este primer golpe fue dado sobre el suelo, le
+pareció a Maximiliano que había retumbado mucho, y entonces puso sobre
+la cama el cacharro herido. Su azoramiento era tal que casi le pega a la
+hucha vacía en vez de hacerlo a la llena; pero se serenó, diciendo:
+«¡Qué tonto soy! Si esto es mío, ¿por qué no he de disponer de ello
+cuando me dé la gana?». Y leña, más leña... La infeliz víctima, aquel
+antiguo y leal amigo, modelo de honradez y fidelidad, gimió a los
+fieros golpes, abriéndose al fin en tres o cuatro pedazos. Sobre la cama
+se esparcieron las tripas de oro, plata y cobre. Entre la plata, que era
+lo que más abundaba, brillaban los centenes como las pepitas amarillas
+de un melón entre la pulpa blanca. Con mano trémula, el asesino lo
+recogió todo menos la calderilla, y se lo guardó en el bolsillo del
+pantalón. Los cascos esparcidos semejaban pedazos de un cráneo, y el
+polvillo rojo del barro cocido que ensuciaba la colcha blanca pareciole
+al criminal manchas de sangre. Antes de pensar en borrar las huellas del
+estropicio, pensó en poner los cuartos en la hucha nueva, operación
+verificada con tanta precipitación que las piezas se atragantaban en la
+boca y algunas no querían pasar. Como que la boca era un poquitín más
+estrecha que la de la muerta. Después metió el cobre de las dos pesetas
+que había cambiado.
+
+No había tiempo que perder. Sentía pasos. ¿Subiría ya doña Lupe? No, no
+era ella; pero pronto vendría y era forzoso despachar. Aquellos cascos,
+¿dónde los echaría? He aquí un problema que le puso los pelos de punta
+al asesino. Lo mejor era envolver aquellos despojos sangrientos en un
+pañuelo y tirarlos en medio de la calle cuando saliera. ¿Y la sangre?
+Limpió la colcha como pudo, soplando el polvo. Después advirtió que su
+mano derecha y el puño de la camisa conservaban algunas señales, y se
+ocupó en borrarlas cuidadosamente. También la mano del almirez necesitó
+de un buen limpión. ¿Tendría algo en la ropa? Se miró bien de pies a
+cabeza. No había nada, absolutamente nada. Como todos los matadores en
+igual caso, fue escrupuloso en el examen; pero a estos desgraciados se
+les olvida siempre algo, y donde menos lo piensan se conserva el dato
+acusador que ilumina a la justicia.
+
+Lo que desconcertó a Rubín cuando creyó concluida su faena, fue la
+aprensión de advertir que la hucha nueva no se parecía nada a la
+sacrificada. ¿Cómo antes del crimen las vio tan iguales que parecían una
+misma? Error de los sentidos. También podía ser error la diferencia que
+después del crimen notaba. ¿Se equivocó antes o se equivocaba después?
+En la enorme turbación de su ánimo no podía decidir nada. «Pero si,
+basta tener ojos--decía--, para conocer que esta hucha no es aquella...
+En esta el barro es más recocho, de color más oscuro, y tiene por aquí
+una mancha negra... A la simple vista se ve que no es la misma... Dios
+nos asista. ¿A ver el peso?... Pues el peso me parece que es menor en
+esta... No, más bien mayor, mucho mayor... ¡Fatalidad!».
+
+Quedose parado un largo rato mirando a la luz y viendo en ella a doña
+Lupe en el acto de coger la hucha falsa y decir: «Pero esta hucha... no
+sé... me parece... no es la misma». Dando un gran suspiro, envolvió
+rápidamente en un pañuelo los destrozados restos de la víctima, y los
+guardó en la cómoda hasta el momento de salir. Puso la nueva hucha en el
+sitio de costumbre, que era el cajón alto de la cómoda, abrió la puerta,
+quitando el pañuelo que tapaba el agujero de la llave, y después de
+llevar a la cocina el instrumento alevoso, volvió a su cuarto con idea
+de contar el dinero... Pero si era suyo, ¿a qué tanto miedo y zozobra?
+Él no había robado nada a nadie, y sin embargo, estaba como los
+ladrones. Más derecho era referir a su tía lo que le pasaba, que no
+andar con tapujos. ¡Sí, pues buena se pondría doña Lupe si él le contara
+su aventura y el empleo que daba a sus ahorros! Valía más callar, y
+adelante.
+
+No pudo entretenerse en contar su tesoro, porque entró doña Lupe,
+dirigiéndose inmediatamente a la cocina. Maximiliano se paseaba en su
+cuarto esperando que le llamasen a comer, y hacía cálculos mentales
+sobre aquella desconocida suma que tanto le pesaba. «Mucho debe de ser,
+pero mucho--calculaba--; porque en tal tiempo eché un dobloncito de
+cuatro, y en cual tiempo otro. Y cuando tomé la medicina aquella que
+sabía tan mal, me dio mi tía dos duritos, y cada vez que había que tomar
+purga un durito o medio durito. Lo que es en monedas de a cinco, puede
+que pasen de quince».
+
+Sintió que le renacía el valor. Pero cuando le llamaron a comer, y fue
+al comedor y se encaró con su tía, pensó que esta le iba a conocer en la
+cara lo que había hecho. Mirábale ella lo mismo que el día infausto en
+que le robara los botones arrancándolos de la ropa... Y al sobrinito se
+le alborotó la conciencia, haciéndole ver peligros donde no los había.
+«Me parece--cavilaba, tragando la sopa--, que la colcha no ha quedado
+muy limpia... Caspitina, se me olvidó una cosa; pero una cosa muy
+importante... ver si habían caído pedacitos de barro en alguna parte.
+Ahora recuerdo que oí el _tin_, como si un casquillo saltara en el
+momento del golpe y fuera a chocar disparado con el frasco de ioduro. En
+el suelo quizás... ¡y mi tía barre todos los días!... ¡Cómo me mira! Si
+sospechará algo... Lo que ahora me faltaba era que mi tía hubiese pasado
+por la tienda al volver de casa de las de Morejón, y le hubiera dicho el
+tendero: «Aquí estuvo su sobrino a cambiar dos pesetas en calderilla».
+
+El mirar escrutador de doña Lupe no tenía nada de particular.
+Acostumbrada ella a estudiarle la cara, para ver cómo andaba de salud, y
+el tal semblante era un libro en que la buena señora había aprendido más
+Medicina que Farmacia su sobrino en los textos impresos.
+
+«Me parece que tú no andas bien...--le dijo--. Cuando entré te sentí
+toser... Estas heladas...
+
+Por Dios, ten mucho cuidado; no tengamos aquí otra como la del año
+pasado, que empalmaste cuatro catarros y por poco pierdes el curso. No
+olvides de liarte un pañuelo de seda en la cabeza, de noche, cuando te
+acuestes; y yo que tú empezaría a tomar el agua de brea... No hagas
+ascos. Es bueno curarse en salud. Por sí o por no, mañana te traigo las
+pastillas de Tolú».
+
+Con esto se tranquilizó el joven comprendiendo que las miradas no eran
+más que la inspección médica de todos los días. Comieron y se prepararon
+para salir. El criminal se embozó bien en la capa y apagó la luz de su
+cuarto para coger los restos de la víctima y sacarlos ocultamente. Como
+las monedas que en el bolsillo del pantalón llevaba no eran paja, se
+denunciaban sonando una contra otra. Por evitar este ruido inoportuno,
+Maximiliano se metió un pañuelo en aquel bolsillo, atarugándolo bien
+para que las piezas de plata y oro no chistasen, y así fue en efecto,
+pues en todo el trayecto desde Chamberí hasta la casa de Torquemada el
+oído de doña Lupe, que siempre se afinaba con el rumor de dinero como el
+oído de los gatos con los pasos del ratón, y hasta parecía que entiesaba
+las orejas, no percibió nada, absolutamente nada. El sobrinito, cuando
+creía que las monedas se movían, atarugaba el bolsillo como quien ataca
+un arma. ¡Creeríase que le había salido un tumor en la pierna!...
+
+
+
+
+-II-
+
+Afanes y contratiempos de un redentor
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Grande fue el asombro de Fortunata aquella noche cuando vio que
+Maximiliano sacaba puñados de monedas diferentes, y contaba con rapidez
+la suma, apartando el oro de la plata. A la sorpresa un tanto alegre de
+la joven, siguió pronto sospecha de que su improvisado amigo hubiese
+adquirido aquel caudal por medios no muy limpios. Creyó ver en él un
+hijo de familia que, arrastrado de la pasión y cegado por la tontería,
+se había incautado de la caja paterna. Esta idea la mortificó mucho,
+haciéndole ver la cruel insistencia con que su destino la maltrataba.
+Desde que fue lanzada a los azares de aquella vida, se había visto
+siempre unida a hombres groseros, perversos o tramposos, _lo peor de
+cada casa_.
+
+No dejó entrever a Maximiliano sus sospechas sobre la procedencia del
+dinero, que, viniera de donde viniese, no podía ser mal recibido, y poco
+a poco se fue tranquilizando al ver que el apreciable muchacho hacía
+alarde de poseer ideas económicas enteramente contrarias a las de sus
+predecesores. «Esto--dijo mostrándole un grupito de monedas de oro--, es
+para que desempeñes la ropa que te sea más necesaria... Los trajes de
+lujo, el abrigo de terciopelo, el sombrero y las alhajas se sacarán más
+adelante, y se renovará el préstamo para que no se pierdan. Olvídate por
+ahora de todo lo que es pura ostentación. Acabose el barullo. Se gastará
+nada más que lo que se tenga, para no hacer ni una trampa, pero ni una
+sola trampa. Fíjate bien». Esta sensatez era cosa nueva para Fortunata,
+y empezó a corregir algo sus primeras ideas acerca de su amante y a
+considerarle mejor que los demás. En los días siguientes Olmedo confirmó
+esta buena opinión, hablándole con vivos encarecimientos de la
+formalidad de aquel chico y de lo muy arregladito que era.
+
+Quedó convenido entre Fortunata y su protector tomar un cuarto que
+estaba desalquilado en la misma casa. Rubín insistió mucho en la
+modestia y baratura de los muebles que se habían de poner, porque...
+(para que se vea si era juicioso) «conviene empezar por poco». Después
+se vería, y el humilde hogar iría creciendo y embelleciéndose
+gradualmente. Aceptaba ella todo sin entusiasmo ni ilusión alguna, más
+bien _por probar_. Maximiliano le era poco simpático; pero en sus
+palabras y en sus acciones había visto desde el primer momento la
+persona decente, novedad grande para ella. Vivir con una persona
+decente despertaba un poco su curiosidad. Dos días estuvo ocupada en
+instalarse. Los muebles se los alquiló una vecina que había levantado
+casa, y Rubín atendió a todo con tal tino, que Fortunata se pasmaba de
+sus admirables dotes administrativas, pues no tenía ni idea remota de
+aquel ingenioso modo de defender una peseta, ni sabía cómo se recorta un
+gasto para reducirlo de seis a cinco, con otras artes financieras que el
+excelente chico había aprendido de doña Lupe.
+
+Tratando de medir el cariño que sentía por su amiga, Maximiliano hallaba
+pálida e inexpresiva la palabra querer, teniendo que recurrir a las
+novelas y a la poesía en busca del verbo amar, tan usado en los
+ejercicios gramaticales como olvidado en el lenguaje corriente. Y aun
+aquel verbo le parecía desabrido para expresar la dulzura y ardor de su
+cariño. Adorar, idolatrar y otros cumplían mejor su oficio de dar a
+conocer la pasión exaltada de un joven enclenque de cuerpo y robusto de
+espíritu.
+
+Cuando el enamorado se iba a su casa, llevaba en sí la impresión de
+Fortunata transfigurada. Porque no ha habido princesa de cuento oriental
+ni dama del teatro romántico que se ofreciera a la mente de un caballero
+con atributos más ideales ni con rasgos más puros y nobles. Dos
+Fortunatas existían entonces, una la de carne y hueso, otra la que
+Maximiliano llevaba estampada en su mente. De tal modo se sutilizaron
+los sentimientos del joven Rubín con aquel extraordinario amor, que este
+le inspiraba no sólo las buenas acciones, el entusiasmo y la abnegación,
+sino también la delicadeza llevada hasta la castidad. Su naturaleza
+pobre no tenía exigencias; su espíritu las tenía grandes, y estas eran
+las que más le apremiaban. Todo lo que en el alma humana puede existir
+de noble y hermoso brotó en la suya, como los chorros de lava en el
+volcán activo. Soñaba con redenciones y regeneraciones, con lavaduras de
+manchas y con sacar del pasado negro de su amada una vida de méritos. El
+generoso galán veía los más sublimes problemas morales en la frente de
+aquella infeliz mujer, y resolverlos en sentido del bien parecíale la
+más grande empresa de la voluntad humana. Porque su loco entusiasmo le
+impulsaba a la salvación social y moral de su ídolo, y a poner en esta
+obra grandiosa todas las energías que alborotaban su alma. Las
+peripecias vergonzosas de la vida de ella no le desalentaban, y hasta
+medía con gozo la hondura del abismo del cual iba a sacar a su amiga; y
+la había de sacar pura o purificada. En aquellas confidencias que ambos
+tenían, creía Maximiliano advertir en la pecadora un cierto fondo de
+rectitud y menos corrupción de lo que a primera vista parecía.
+
+¿Se equivocaría en esto? A veces lo sospechaba; pero su buena fe
+triunfaba al instante de esta sospecha. Lo que sí podía sostener sin
+miedo a equivocarse era que Fortunata tenía vivos deseos de mejorar su
+personalidad, es decir, de adecentarse y pulirse. Su ignorancia era,
+como puede suponerse, completa. Leía muy mal y a trompicones, y no sabía
+escribir.
+
+Lo esencial del saber, lo que saben los niños y los paletos, ella lo
+ignoraba, como lo ignoran otras mujeres de su clase y aun de clase
+superior. Maximiliano se reía de aquella incultura rasa, tomando en
+serio la tarea de irla corrigiendo poco a poco. Y ella no disimulaba su
+barbarie; por el contrario, manifestaba con graciosa sinceridad sus
+ardientes deseos de adquirir ciertas ideas y de aprender palabras finas
+y decentes. Cada instante estaba preguntando el significado de tal o
+cual palabra, e informándose de mil cosas comunes. No sabía lo que es el
+Norte y el Sur. Esto le sonaba a cosa de viento; pero nada más. Creía
+que un senador es algo del Ayuntamiento. Tenía sobre la imprenta ideas
+muy extrañas, creyendo que los autores mismos ponían en las páginas
+aquellas letras tan iguales. No había leído jamás libro ninguno, ni
+siquiera novela. Pensaba que Europa es un pueblo y que Inglaterra es un
+país de acreedores. Respecto del sol, la luna y todo lo demás del
+firmamento, sus nociones pertenecían al orden de los pueblos
+primitivos. Confesó un día que no sabía quién fue Colón. Creía que era
+un general, así como O'Donnell o Prim. En lo religioso no estaba más
+aventajada que en lo histórico. La poca doctrina cristiana que aprendió
+se le había olvidado. Comprendía a la Virgen, a Jesucristo y a San
+Pedro; les tenía por muy buenas personas, pero nada más. Respecto a la
+inmortalidad y a la redención, sus primeras ideas eran muy confusas.
+Sabía que arrepintiéndose uno, bien arrepentido, se salva; eso no tenía
+duda, y por más que dijeran, nada que se relacionase con el amor era
+pecado.
+
+Sus defectos de pronunciación eran atroces. No había fuerza humana que
+le hiciera decir _fragmento, magnífico, enigma_ y otras palabras
+usuales. Se esforzaba en vencer esta dificultad, riendo y machacando en
+ella; pero no lo conseguía. Las _eses_ finales se le convertían en
+_jotas_, sin que ella misma lo notase ni evitarlo pudiera, y se comía
+muchas sílabas. Si supiera ella qué bonita boca se le ponía al
+comérselas, no intentara enmendar su graciosa incorrección. Pero
+Maximiliano se había erigido en maestro, con rigores de dómine e ínfulas
+de académico. No la dejaba vivir, y estaba en acecho de los solecismos
+para caer sobre ellos como el gato sobre el ratón. «No se dice
+_diferiencia_, sino diferencia. No se dice _Jacometrenzo_, ni _Espiritui
+Santo_, ni _indilugencias_. Además _escamón_ y _escamarse_ son palabras
+muy feas, y llamar _tiologías_ a todo lo que no se entiende es una
+barbaridad. Repetir a cada instante _pa chasco_ es costumbre ordinaria»,
+etc...
+
+Lo mejorcito que aquella mujer tenía era su ingenuidad. Repetidas veces
+sacó Maximiliano a relucir el caso de la deshonra de ella, por ser muy
+importante este punto en el plan de regeneración. El inspirado y
+entusiasta mancebo hacía hincapié en lo malos que son los señoritos y en
+la necesidad de una ley a la inglesa que proteja a las muchachas
+inocentes contra los seductores. Fortunata no entendía palotada de estas
+leyes. Lo único que sostenía era que el tal Juanito Santa Cruz era el
+único hombre a quien había querido de verdad, y que le amaba siempre.
+¿Por qué decir otra cosa? Reconociendo el otro con caballeresca lealtad
+que esta consecuencia era laudable, sentía en su alma punzada de celos,
+que trastornaba por un instante sus planes de redención.
+
+«¿Y le quieres tanto, que si le vieras en algún peligro le salvarías?».
+
+--Claro que sí... me lo puedes creer. Si le viera en un peligro, le
+sacaría en bien, aunque me perdiera yo. No sé decir más que lo que me
+sale de _entre mí_. Si no es verdad esto, que no llegue a la noche con
+salud.
+
+Se puso tan guapa al hacer esta declaración, que Rubín la miró mucho
+antes de decir:
+
+«No, no jures; no necesitas jurarlo. Te creo. Di otra cosa. Y si ahora
+entrara por esa puerta y te dijera: 'Fortunata, ven' ¿irías?».
+
+Fortunata miró a la puerta. Rubín tragaba saliva y buscaba en el sitio
+donde tenemos el bigote algo que retorcer, y encontrando sólo unos pelos
+muy tenues, los martirizaba cruelmente.
+
+«Eso... según...--dijo ella plegando su entrecejo--. Me iría o no me
+iría...».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Maximiliano quería saberlo todo. Era como el buen médico que le pide al
+enfermo las noticias más insignificantes del mal que padece y de su
+historia para saber cómo ha de curarle. Fortunata no ocultaba nada, eso
+bueno tenía, y el doctor amante se encontraba a veces con más quizás de
+lo necesario para la prodigiosa cura. ¡Y qué horrorizado se quedaba
+oyendo contar lo mal que se portó el seductor de aquella hermosura! El
+honradísimo aprendiz de farmacéutico no comprendía que pudieran existir
+hombres tan malos, y las penas todas del infierno parecíanle pocas para
+castigarles. Criminal más perverso que los asesinos y ladrones era,
+según él, el señorito seductor de doncella pobre, que le hacía creer que
+se iba a casar con ella, y después la dejaba plantada en medio del
+arroyo con su chiquillo o con las vísperas. ¿Por cuánto haría esto él,
+Maximiliano Rubín?... El tal Juanito Santa Cruz era, pues, el hombre más
+infame, más execrable y vil que se podía imaginar. Pero la misma
+ofendida no extremaba mucho, como parecía natural, los anatemas contra
+el seductor, por cuya razón tuvo Maximiliano que redoblar su furia
+contra él, llamándole monstruo y otras cosas muy malas. Fortunata veíase
+forzada a repetirlo; pero no había medio de que pronunciara la palabra
+_monstruo_. Se le atravesaba como otras muchas, y al fin, después de mil
+tentativas que parecían náuseas, la soltaba entre sus bonitísimos
+dientes y labios, como si la escupiera.
+
+Prefería contar particularidades de su infancia. Su difunto padre poseía
+un cajón en la plazuela y era hombre honrado. Su madre tenía, como
+Segunda, su tía paterna, el tráfico de huevos. Llamábanla a ella desde
+niña la _Pitusa_, porque fue muy raquítica y encanijada hasta los doce
+años; pero de repente dio un gran estirón y se hizo mujer de talla y de
+garbo. Sus padres se murieron cuando ella tenía doce años... Oía estas
+cosas Maximiliano con mucho placer. Pero con todo, mandábala que fuese
+al grano, a las cosas graves, como lo referente al hijo que había
+tenido. Cuando parte de esta historia fue contada, al joven le faltó
+poco para que se le saltaran las lágrimas. La tierna criatura sin más
+amparo que su madre pobre, la aflicción de esta al verse abandonada,
+eran en verdad un cuadro tristísimo que partía el corazón. ¿Por qué no
+le citó ante los tribunales? Es lo que debía haber hecho. A estos
+tunantes hay que tratarles a la baqueta. Otra cosa. ¿Por qué no se le
+ocurrió darle un escándalo, ir a la casa con el crío en brazos y
+presentarse a doña Bárbara y a D. Baldomero y contarles allí bien
+clarito la gracia que había hecho su hijo?... Pero no, esto no hubiera
+sido muy conforme con la dignidad. Más valía despreciarle, dejándole
+entregado a su conciencia, sí, a su conciencia, que buen jaleo le había
+de armar tarde o temprano.
+
+Fortunata, al oír esto, fijaba sus ojos en el suelo, repitiendo como una
+máquina aquello de que lo mejor era el desprecio. Sí, despreciarle,
+repetía el otro, pues era ignominia solicitar su protección. Aunque le
+dieran lo que le dieran, no era capaz Fortunata de decir _ignominia_.
+Maximiliano insistió en que había sido una gran falta pedir amparo al
+mismo Juanito Santa Cruz, a aquel infame, cuando volvió ella a Madrid y
+le cayó su niño enfermo.
+
+«Pero, tontín, si no es por él, no hubiéramos tenido con qué enterrarle»
+dijo Fortunata saliendo a la defensa de su propio verdugo.
+
+--Primero le dejo yo insepulto, que recurrir... La dignidad, hija, es
+antes que todo. Fíjate bien en esto. Lo que quiero saber ahora es qué
+sujeto era ese con quien te uniste después, el que te sacó de Madrid y
+te llevó de pueblo en pueblo como los trastos de una feria.
+
+--Era un hombre traicionero y malo--dijo Fortunata con desgana, como si
+el recuerdo de aquella parte de su vida le fuera muy desagradable--. Me
+fui con él porque me vi perdida, y no tenía a dónde volverme. Era
+hermano de un vecino nuestro en la Cava de San Miguel. Primeramente tuvo
+un cajón de casquería en la plaza, y después puso tienda de quincalla
+iba a todas las ferias con un sin fin de arcas llenas de baratijas, y
+armaba tiendas. Le llamaban _Juárez el negro_ por tener la color muy
+morena. Viéndome tan mal, me ofreció el oro y el moro, y que iba a hacer
+y a acontecer. Mi tía me echó de la casa y mi tío se desapareció. Yo
+estaba enferma, y Juárez me dijo que si me iba con él, me llevaría a
+baños. Decía que ganaba montes y montones en las romerías, y que yo iba
+a estar como una reina. No se podía casar conmigo porque era casado,
+pero en cuantito que se muriera su mujer, que era una borrachona,
+cumpliría, si señor, cumpliría conmigo.
+
+Y siguió relatando con rapidez aquella página fea, deseando concluirla
+pronto. Lo del señorito Santa Cruz, siendo tan desastroso, lo refería
+con prolijidad y aun con cierta amarga complacencia; pero lo de _Juárez
+el negro_ salía de sus labios como una confesión forzada o testimonio
+ante tribunales, de esos que van quemando la boca a medida que salen.
+¡Cuánto le pesó ponerse en manos de aquel hombre! Era un perdido, un
+charrán, una mala persona. Hubiérase resistido a seguirle, si no le
+empujaran a ello los parientes con quienes vivía, los cuales no tenían
+maldita gana de mantenerle el pico. Pronto vio que todo lo que ofrecía
+_Juárez el negro_ era conversación. No ganaba un cuarto; con el mundo
+entero armaba camorra, y todo el veneno que iba amasando en su maldecida
+alma, por la mala suerte, lo descargaba sobre su querida... En fin, vida
+más arrastrada no la había pasado ella nunca ni esperaba volverla a
+pasar... Con el dinero que Juanito Santa Cruz les dio, cuando estuvieron
+en Madrid y se murió el niñito, hubiera podido el muy bestia de Juárez
+arreglar su comercio; pero ¿qué hizo? Beber y más beber. El vinazo y el
+aguardientazo le remataron. Una mañana despertó ella oyéndole dar unos
+grandes gruñidos... así como si le estuvieran apretando el tragadero.
+¿Qué era? Que se estaba muriendo. Saltó espantada de la cama, y llamó a
+los vecinos. No hubo tiempo de _suministrarle_ y sólo le cogió la
+Unción. Esto pasaba en Lérida. A los dos días, vendió sus cuatro trastos
+y con los cuartos que pudo juntar plantose en Barcelona. Había hecho
+juramento de no volver a tratar con animales. Libertad, libertad y
+libertad era lo que le pedían el cuerpo y el alma.
+
+La verdad ante todo. ¿Para qué decir una cosa por otra? La franqueza es
+una virtud cuando no se tienen otras, y la franqueza obligaba a
+Fortunata a declarar que en la primera temporada de anarquía moral se
+había divertido algo, olvidando sus penas como las olvidan los
+borrachos. Su éxito fue grande, y su falta de educación ayudaba a
+cegarla. Llegó a creer que encenegándose mucho se vengaba de los que la
+habían perdido, y solía pensar que si el pícaro Santa Cruz la veía hecha
+un brazo de mar, tan elegantona y triunfante, se le antojaría quererla
+otra vez. ¡Pero sí, para él estaba...! Contó a renglón seguido tantas
+cosas, que Maximiliano se sintió lastimado. Tuvo precisión de _echar un
+velo, _ como dicen los retóricos, sobre aquella parte de la historia de
+su amada. El velo tenía que ser muy denso porque la franqueza de
+Fortunata arrojaba luz vivísima sobre los sucesos referidos, y su
+pintoresco lenguaje los hacía reverberar... Dio ella entonces algunos
+cortes a su relación, comiéndose no ya las letras sino párrafos y
+capítulos enteros, y he aquí en sustancia lo que dijo: Torrellas, el
+célebre paisajista catalán, era tan celoso que no la dejaba vivir.
+Inventaba mil tormentos armándole trampas para ver si caía o no caía.
+Tan odioso llegó a serle aquel hombre, que al fin se dejó ella caer.
+Metiose adrede en la trampa, conociéndola, por gusto de jugarle una
+partida al muy majadero, porque así se vengaba de las muchas que le
+habían jugado a ella. Y nada más... Total, que por poco la mata el
+condenado pintor de árboles... Lo que más quemaba a este era que la
+infidelidad había sido con un íntimo amigo suyo, pintor también, autor
+del cuadro de David mirando a... Fortunata no se acordaba del nombre,
+pero era una que estaba bañándose... A ninguno de los dos artistas
+quería ella; por ninguno de los dos hubiera dado dos cuartos, si se
+compraran con dinero. Más que ellos valían sus cuadros. Desde que engañó
+al primero con el segundo, se le puso en la cabeza la idea de pegársela
+a los dos con otro, y la satisfacción de este deseo se la proporcionó un
+empleado joven, pobre y algo simpático que se parecía mucho a Juanito
+Santa Cruz.
+
+Otro velo... Maximiliano se vio precisado a echar otro velo... «Cállate,
+hazme el favor de callarte» le dijo, pensando que, según iba saliendo la
+historia, necesitaba lo menos una pieza de tul. Pero ella siguió
+narrando. Pues como iba diciendo, el tal joven salió también un buen
+punto. Una mañana, mientras ella dormía, le empeñó todas sus alhajas,
+para jugar. Y aquí paz... Vino después un viejo que le daba mucho dinero
+y la llevó a París donde se engalanó y afinó extraordinariamente su
+gusto para vestirse. ¡Viejo más cuco!... Había sido general carcunda en
+la otra guerra, y trataba mucho con gente de sotana. Era muy vicioso y
+le daba muchas jaquecas con _tantismas_ incumbencias como tenía. Un día
+se quemó ella y le plantó en la calle. Sucesor, Camps, que le puso casa
+con gran rumbo. Parecía hombre muy rico; pero luego resultó que era un
+trampa-larga. Antes de venir a Madrid le dio a ella olor de chubasco, y
+a poco de estar aquí vio que se venía la tempestad encima. Camps traía
+recomendaciones para el director del Tesoro, y quiso cobrar unos pagarés
+falsos de fusiles que se suponían comprados por el Gobierno. Una noche
+entró en casa muy enfurruñado, trincó una maleta pequeña, llenola de
+ropa, pidió a Fortunata todo el dinero que tenía y dijo que iba al
+Escorial. Escorial fue, que no ha vuelto a parecer. Lo demás bien lo
+sabía Maximiliano... El sucesor de Camps había sido él, y ya se le
+conocía en cierto resplandor de sus ojos el orgullo que la herencia le
+produjera. Porque bien claro lo había dicho Fortunata. ¡Gracias a Dios
+que encontraba en su camino una persona decente!
+
+Sentíase Maximiliano poseedor de una fuerza redentora, hermana de las
+fuerzas creadoras de la Naturaleza. ¡Ya vería el mundo la irradiación de
+bondad y de verdad que él iba a arrojar sobre aquella infeliz víctima
+del hombre!
+
+Desde que la conoció y sintió que el Cielo se le metía en su alma, todo
+en él fue idealismo, nobleza y buenas acciones. ¡Qué diferencia entre él
+y los perdularios en cuyas manos estuvo aquella pobrecita! Por mucho que
+se buscara en la vida de Rubín, no se encontrarían más que dolores de
+cabeza y otras molestias físicas; pero a ver, que le sacaran algún acto
+ignominioso, ni siquiera una falta.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Una de las cosas a que Maximiliano daba más importancia para poner en
+ejecución su plan redentorista era que Fortunata le amara, porque sin
+esto la sublime obra iba a tener sus dificultades. Si Fortunata se
+prendaba de él, aunque se prendara por lo moral, que es la menor
+cantidad de amor posible, no era tan difícil que él la convirtiera al
+bien por la atracción de su alma. De esta necesidad de amor previo
+emanaba la insistencia con que Maximiliano le preguntaba a su ídolo si
+le quería ya algo, si le iba queriendo. Algunas veces contestaba ella
+que sí con esa facilidad mecánica y rutinaria de los niños aplicados que
+se saben la lección; otras veces, más sincera y reflexiva, respondía que
+el cariño no depende de la voluntad ni menos de la razón, y por esto
+acontece que una mujer, que no tiene pelo de tonta, se enamorisca de
+cualquier pelagatos, y da calabazas a las personas decentes. Aseguraba
+estar muy agradecida a Maximiliano por lo bien que se había portado con
+ella, y de aquella gratitud saldría, con el trato, el querer. Según
+Rubín, el orden natural de las cosas en el mundo espiritual establece
+que el amor nazca del agradecimiento, aunque también nace de otros
+padres. El corazón le decía, como él dice las cosas, a la calladita, que
+Fortunata le había de querer de firme; y esperaba con paciencia el
+cumplimiento de esta dulce profecía. Sin embargo, no las tenía todas
+consigo, porque como se dan casos de que salga fallido lo que el corazón
+anuncia, pasaba el pobre chico horas de verdadera angustia, y a solas en
+su casa, se metía en unos cálculos muy hondos para averiguar el estado
+de los sentimientos de su querida. Rápidamente pasaba de la duda más
+cruel a las afirmaciones terminantes. Tan pronto pensaba que no le
+quería ni pizca, como que le empezaba a querer, y todo era discutir y
+analizar palabras, gestos y actos de ella, interpretándolos de una
+manera o de otra. «¿Por qué me dijo tal o cual cosa? ¿Qué querría
+expresar con aquella reticencia?... Y aquella carcajadita, ¿qué
+significaba?... Ayer, cuando me abrió la puerta, no me dijo nada... Pero
+cuando me marché díjome que me abrigara bien».
+
+La casa estaba en una de las muchas rinconadas de la antigua calle de
+San Antón. En el portal había una relojería entre cristales, quedando
+tan poco espacio para la entrada, que los gordos tenían que pasar de
+medio lado; en el piso bajo y tienda una bollería que inundaba la casa
+de emanaciones de canela y azúcar. En el piso principal radicaba una
+casa de préstamos con farolón a la calle, y en ciertos días había en los
+balcones ventilación de capas empeñadas. Más arriba los pisos estaban
+divididos en viviendas estrechas y de poco precio. Había derecha,
+izquierda y dos interiores. Los vecinos eran de dos clases: mujeres
+sueltas, o familias que tenían su comercio en el próximo mercado de San
+Antón. Hueveras y verduleras poblaban aquellos reducidos aposentos,
+echando sus hijos a la escalera para que jugasen. En uno de los segundos
+exteriores vivía Feliciana, y Fortunata en un tercero interior. Lo
+alquiló Rubín por encontrarlo tan a mano, con intención de tomar
+vivienda mejor cuando variaran las circunstancias.
+
+Pasaba Maximiliano allí todo el tiempo de que podía disponer. Por la
+noche estaba hasta las doce y a veces hasta la una, no faltando ni aun
+cuando se veía acometido de sus terribles jaquecas. La sorpresa y
+confusión que a doña Lupe causaba esto no hay para qué decirlas, y no se
+satisfacía con las explicaciones que su sobrinito daba. «Aquí hay gato
+encerrado--decía la astuta señora--, o en términos más claros, _gata
+encerrada_».
+
+Cuando Maximiliano iba con jaqueca a la casa de su amante, esta le
+cuidaba casi tan bien como la propia doña Lupe, y hacía los imposibles
+por conseguir que no metieran bulla los chicos de la huevera. Esto lo
+agradecía tanto el enfermo que se le aumentaba el amor, si fuera capaz
+de aumento lo que ya era tan grande. Observó con satisfacción que
+Fortunata salía a la calle lo menos posible. Por la mañana bajaba a
+hacer su compra, con su cesto al brazo, y al cuarto de hora volvía. Ella
+misma se hacía la comida y limpiaba la casa, en cuyas operaciones se le
+iba casi todo el día. No recibía visitas de mujeres de conducta dudosa,
+y la suya era estrictamente ajustada a las prácticas de una vida
+regular. «Tiene la honradez en la médula de los huesos--decía
+Maximiliano rebosando alegría--. Le gusta tanto trabajar, que cuando
+tiene hecha una cosa la desbarata y la vuelve a hacer por no estar
+ociosa. El trabajo es el fundamento de la virtud. Lo que digo, esta
+mujer ha sido mala a la fuerza».
+
+En medio de estos dulcísimos ensueños de su alma arrebatada, sentía
+Maximiliano unos saetazos que le hacían volver sobresaltado a la
+realidad. Era como la feroz picada de un mosquito cuando estamos
+empezando a dormirnos dulcemente... Por mucho que se estirase el dinero
+sacado de la hucha, al fin se tenía que concluir, porque todo es finito
+en este mundo, y el metálico precisamente es una de las cosas más
+finitas que se pueden imaginar... ¡María Santísima!, cuando el temido
+momento llegase... ¡cuando la última peseta del último duro fuera
+cambiada...! Si el mosquito le picaba a Maximiliano cuando estaba en su
+cama dormido o preparándose a ello, incorporábase tan desvelado cual si
+fueran las doce del día, o se ponía a dar vueltas en el lecho y a
+calentarlo con el ardor de su febril zozobra. A veces invocaba al Cielo
+con íntimo fervor de oración. Esperaba que la obra generosa que había
+emprendido pesase mucho en las recónditas intenciones de la Providencia
+para que Esta le sacase del atolladero en que los amantes iban a caer.
+Él no era un granuja; ella se estaba portando bien, y con su conducta
+echaba velos y más velos sobre lo pasado. Si la Providencia no tenía en
+cuenta estas circunstancias, ¿de qué le valía a uno portarse bien y ser
+un modelo de orden y buena fe? Esto es claro como el agua. Fortunata
+pensaba lo mismo, cuando él le confiaba sus temores. Tenía que ser así,
+o todo lo que se habla de la Providencia es patraña. Pronto diré cómo se
+salieron con la suya, con lo cual se demostró que tenían allá arriba, en
+los mismos cielos, alguna entidad de peso que les protegía. Bien ganada
+se tenían esta protección, porque él, enaltecido por su cariño, ella,
+aspirando a la honradez y ensayándose en practicarla, eran dos seres que
+valían cualquier dinero, o en otros términos, dignos de que se les
+facilitaran los medios de continuar su campaña virtuosa.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+La única visita que recibían era la de Feliciana y Olmedo. Ni una ni
+otro agradaban mucho a Maximiliano: ella por ser ordinaria y de
+sentimientos innobles, incapaz de apetecer la honradez como estado
+permanente; él por ser muy atropellado, muy hablador, muy amigo de
+contar cuentos sucios y de decir palabras indecentes. Entraba siempre
+con el sombrero echado atrás, afectando una grosería de maneras que no
+tenía, imitando los modales y hasta el andar de los borrachos,
+arrastrando las palabras, pero absteniéndose de beber con disculpa de
+mal de estómago, en realidad porque se mareaba y embrutecía a la segunda
+copa. En confianza dijo Maximiliano a Fortunata que debían mudarse de
+casa para no tener vecinos tan contrarios al método de personas decentes
+que se habían impuesto.
+
+De todo lo que el enamorado pensaba hacer para la redención de su
+querida, nada le parecía tan urgente como enseñarla a escribir y a leer
+bien. Todas las mañanas la tenía media hora haciendo palotes. Fortunata
+deseaba aprender; pero ni con la paciencia ni con la atención sostenida
+se desarrollaban sus talentos caligráficos. Estaban ya muy duros
+aquellos dedos para tales primores. El hábito del trabajo en su infancia
+había dado robustez a sus manos, que eran bonitas, aunque bastas, cual
+manos de obrera. No tenía pulso para escribir, se manchaba de tinta los
+dedos y sudaba mucho, poniéndose sofocada y haciendo con los labios una
+graciosa trompeta en el momento de trazar el palote.
+
+«Nada de hociquitos, hija de mi alma; eso es muy feo--le decía el
+profesor acariciándole la cabeza--. No agarrotes los dedos... Si es cosa
+sencillísima, y lo más fácil...».
+
+Ya se ve, para él era fácil; pero ella, que en su vida las había visto
+más gordas, hallaba en la escritura una dificultad invencible. Decía con
+tristeza que no aprendería jamás, y se lamentaba de que en su niñez no
+la hubieran puesto a la escuela. La lectura la cansaba también y la
+aburría soberanamente, porque después de estarse un mediano rato sacando
+las sílabas como quien saca el agua de un pozo, resultaba que no
+entendía ni jota de lo que el texto decía. Arrojaba con desprecio el
+libro o periódico, diciendo que ya no estaba la Magdalena para
+tafetanes.
+
+Si en el orden literario no mostraba ninguna aplicación, en lo tocante
+al arte social no sólo era aplicadísima, sino que revelaba aptitudes
+notables. Las lecciones que Maximiliano le daba referentes a cosas de
+urbanidad y a conocimientos rudimentarios de los que exige la buena
+educación eran tan provechosas, que le bastaban a veces indicaciones
+leves para asimilarse una idea o un conjunto de ideas. «Aunque te
+estorbe lo negro--le decía él--, me parece que tú tienes talento». En
+poco tiempo le enseñó todas las fórmulas que se usan en una visita de
+cumplido, cómo se saluda al entrar y al despedirse, cómo se ofrece la
+casa y otras muchas particularidades del trato fino. Y también aprendió
+cosas tan importantes como la sucesión de los meses del año, que no
+sabía, y cuál tiene treinta y cuál treinta y un días. Aunque parezca
+mentira, este es uno de los rasgos característicos de la ignorancia
+española, más en las ciudades que en las aldeas, y más en las mujeres
+que en los hombres. Gustaba mucho de los trabajos domésticos, y no se
+cansaba nunca. Sus músculos eran de acero, y su sangre fogosa se avenía
+mal con la quietud. Como pudiera, más se cuidaba de prolongar los
+trabajos que de abreviarlos. Planchar y lavar le agradaba en extremo, y
+entregábase a estas faenas con delicia y ardor, desarrollando sin
+cansarse la fuerza de sus puños. Tenía las carnes duras y apretadas, y
+la robustez se combinaba en ella con la agilidad, la gracia con la
+rudeza para componer la más hermosa figura de salvaje que se pudiera
+imaginar. Su cuerpo no necesitaba corsé para ser esbeltísimo. Vestido
+enorgullecía a las modistas; desnudo o a medio vestir, cuando andaba por
+aquella casa tendiendo ropa en el balcón, limpiando los muebles o
+cargando los colchones cual si fueran cojines, para sacarlos al aire,
+parecía una figura de otros tiempos; al menos, así lo pensaba Rubín, que
+sólo había visto belleza semejante en pinturas de amazonas o cosa tal.
+Otras veces le parecía mujer de la Biblia, la Betsabée aquella del baño,
+la Rebeca o la Samaritana, señoras que había visto en una obra
+ilustrada, y que, con ser tan barbianas, todavía se quedaban dos dedos
+más abajo de la sana hermosura y de la gallardía de su amiga.
+
+En los comienzos de aquella vida, Maximiliano abandonó mucho sus
+estudios; pero cuando fue metodizando su amor, la conciencia de la
+misión moral que se proponía cumplir le estimuló al estudio, para
+hacerse pronto hombre de carrera. Y era muy particular lo que le
+ocurría. Se notaba más despierto, más perspicaz para comprender, más
+curioso de los secretos de la ciencia, y le interesaba ya lo que antes
+le aburriera. En sus meditaciones, solía decir que _le había entrado
+talento_, como si dijese que le había entrado calentura. Indudablemente
+no era ya el mismo. En media hora se aprendía una lección que antes le
+llevaba dos horas y al fin no la sabía. Creció su admiración al
+observarse en clase contestando con relativa facilidad a las preguntas
+del profesor y al notar que se le ocurrían apreciaciones muy juiciosas;
+y el profesor y los alumnos se pasmaban de que _Rubinius vulgaris_ se
+hubiera despabilado como por ensalmo. Al propio tiempo hallaba vivo
+placer en ciertas lecturas extrañas a la Farmacia, y que antes le
+cautivaban poco. Algunos de sus compañeros solían llevar al aula, para
+leer a escondidas, obras literarias de las más famosas. Rubín no fue
+nunca aficionado a introducir de contrabando en clase, entre las páginas
+de la _Farmacia químico-orgánica_, el _Werther_ de Goëthe o los dramas
+de Shakespeare. Pero después de aquella sacudida que el amor le dio,
+entrole tal gusto por las grandes creaciones literarias, que se
+embebecía leyéndolas. Devoró el _Fausto_ y los poemas de Heine, con la
+particularidad de que la lengua francesa, que antes le estorbaba, se le
+hizo pronto fácil. En fin, que mi hombre había pasado una gran crisis.
+El cataclismo amoroso varió su configuración interna. Considerábase como
+si hubiera estado durmiendo hasta el momento en que su destino le puso
+delante la mujer aquella y el problema de la redención.
+
+«Cuando yo era tonto--decía sin ocultarse a sí mismo el desprecio con
+que se miraba en aquella época que bien podría llamarse antediluviana--,
+cuando yo era tonto, éralo por carecer de un objeto en la vida. Porque
+eso son los tontos, personas que no tienen misión alguna».
+
+Fortunata no tenía criada. Decía que ella se bastaba y se sobraba para
+todos los quehaceres de casa tan reducida. Muchas tardes, mientras
+estaba en la cocina, Maximiliano estudiaba sus lecciones, tendido en el
+sofá de la sala. Si no fuera porque el espectro de la hucha se le solía
+aparecer de vez en cuando anunciándole el acabamiento del dinero
+extraído de ella, ¡cuán feliz habría sido el pobre chico! A pesar de
+esto, la dicha le embargaba. Entrábale una embriaguez de amor que le
+hacía ver todas las cosas teñidas de optimismo. No había dificultades,
+no había peligros ni tropiezos. El dinero ya vendría de alguna parte.
+Fortunata era buena, y bien claros estaban ya sus propósitos de
+decencia. Todo iba a pedir de boca, y lo que faltaba era concluir la
+carrera y... Al llegar aquí, un pensamiento que desde el principio de
+aquellos amores tenía muy guardadito, porque no quería manifestarlo sino
+en sazón oportuna, se le vino a los labios. No pudo retener más tiempo
+aquel secreto que se le salía con empuje, y si no lo decía reventaba,
+sí, reventaba; porque aquel pensamiento era todo su amor, todo su
+espíritu, la expresión de todo lo nuevo y sublime que en él había, y no
+se puede encerrar cosa tan grande en la estrechez de la discreción.
+Entró la pecadora en la sala, que hacía también las veces de comedor, a
+poner la mesa, operación en extremo sencilla y que quedaba hecha en
+cinco minutos. Maximiliano se abalanzó a su querida con aquella especie
+de vértigo de respeto que le entraba en ocasiones, y besándole
+castamente un brazo que medio desnudo traía, cogiéndole después la mano
+basta y estrechándola contra su corazón, le dijo:
+
+«Fortunata, yo me caso contigo».
+
+Ella se echó a reír con incredulidad; pero Rubín repitió el _me caso
+contigo_ tan solemnemente, que Fortunata lo empezó a creer. «Hace
+tiempo--añadió él--, que lo había pensado... Lo pensé cuando te conocí,
+hace un mes... Pero me pareció bien no decirte nada hasta no tratarte un
+poco... O me caso contigo o me muero. Este es el dilema».
+
+--_Tie_ gracia... ¿Y qué quiere decir _dilema_?
+
+--Pues esto: que o me caso o me muero. Has de ser mía ante Dios y los
+hombres. ¿No quieres ser honrada? Pues con el deseo de serlo y un
+nombre, ya está hecha la honradez. Me he propuesto hacer de ti una
+persona decente y lo serás, lo serás si tú quieres...
+
+Inclinose para coger los libros que se habían caído al suelo. Fortunata
+salió para traer lo que en la mesa faltaba, y al entrar le dijo:
+
+--Esas cosas se calculan bien... no por mí, sino por ti.
+
+--¡Ah!, ya lo tengo pensado; pero muy bien pensado... ¿Y a ti, te había
+ocurrido esto?
+
+--No... no me pasaba por la imaginación. Tu familia ha de hacer la
+contra.
+
+--Pronto seré mayor de edad--afirmó Rubín con brío--. Opóngase o no, lo
+mismo me da...
+
+Fortunata se sentó a su lado, dejando la mesa a medio poner y la comida
+a punto de quemarse. Maximiliano le dio muchos abrazos y besos, y ella
+estaba como aturdida... poco risueña en verdad, esparciendo miradas de
+un lado para otro. La generosidad de su amigo no le era indiferente, y
+contestó a los apretones de manos con otros no tan fuertes, y a las
+caricias de amor con otras de amistad. Levantose para volver a la
+cocina, y en ella su pensamiento se balanceó en aquella idea del
+casorio, mientras maquinalmente echaba la sopa en la sopera... «¡Casarme
+yo!... _¡pa chasco...!_, ¡y con este encanijado...! ¡Vivir siempre,
+siempre con él, todos los días... de día y de noche!... ¡Pero calcula
+tú, mujer... ser honrada, ser casada, señora de Tal... persona
+decente...!».
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Maximiliano solía contar algunos particulares de la familia de Rubín,
+por lo cual tenía ella noticias de doña Lupe, de Juan Pablo y del cura.
+Con los detalles que el joven iba dando de sus parientes, ya Fortunata
+les conocía como si les hubiera tratado. Aquella noche, excitado por el
+entusiasmo que le produjo la resolución de casamiento, se dejó decir,
+tocante a su tía, algo que era quizá indiscreto. Doña Lupe prestaba
+dinero, por mediación de un tal Torquemada, a militares, empleados y a
+todo el que cayese. Hablando con completa sinceridad, Maximiliano no
+_era partidario_ de aquella manera de constituirse una renta; pero él
+¿qué tenía que ver con los actos de su señora tía? Esta le amaba mucho y
+probablemente le haría su heredero. Tenía una papelera antigua, negra y
+muy grande, de hierro, frente a su cama, donde guardaba el dinero y los
+pagarés de los préstamos. Gastaba lo preciso y de mes en mes su fortuna
+aumentaba, sabe Dios cuánto. Debía de ser muy rica, pero muy rica,
+porque él veía que Torquemada le llevaba _resmas_ de billetes. En cuanto
+a su hermano Juan Pablo, ya se sabía a ciencia cierta que estaba con los
+carlistas, y si estos triunfaban, ocuparía una posición muy alta. Su
+hermano Nicolás había de parar en canónigo, y quién sabe, quién sabe si
+en obispo... En fin, que por todos lados se ofrecía a la joven pareja
+horizontes sonrosados. En estas y otras conversaciones se pasaron la
+primera noche, hasta que se retiró Maximiliano a su casa, quedándose
+Fortunata tan pensativa y preocupada que se durmió muy tarde y pasó la
+noche intranquila.
+
+El amante también estaba poco dispuesto al sueño; mas era porque el
+entusiasmo le hacía cosquillas en el epigastrio, atravesándole un bulto
+en el vértice de los pulmones, con lo que le pesaba el respirar, y
+además poníale candelas encendidas en el cerebro. Por más que él soplaba
+para apagarlas y poder dormirse, no lo podía conseguir. Su tía estaba
+con él un poco seria. Sin duda sospechaba algo, y como persona de mucho
+pesquis, no se tragaba ya aquellas bolas del estudiar fuera de casa y de
+los amigos enfermos a quienes era preciso velar. A los dos días de aquel
+en que el exaltado mozo se arrancó a prometer su mano, doña Lupe tuvo
+con él una grave conferencia. El semblante de la señora no revelaba tan
+sólo recelo, sino profunda pena, y cuando llamó a su sobrino para
+encerrarse con él en el gabinete, este sintió desvanecerse su valor.
+Quitose la señora el manto y lo puso sobre la cómoda bien doblado.
+Después de clavar en él los alfileres, mirando a su sobrino de un modo
+que le hizo estremecer, le dijo: «Tengo que hablarte _detenidamente_».
+Siempre que su tía empleaba el _detenidamente_, era para echarle un
+réspice.
+
+«¿Tienes hoy jaqueca?» le preguntó después doña Lupe.
+
+Maximiliano estaba muy bien de la cabeza; pero para colocarse en buena
+situación, dijo que sentía principios de jaqueca. Así doña Lupe tendría
+compasión de él. Dejose caer en un sillón y se comprimió la frente.
+
+«Pues se trata de una mala noticia--aseveró la viuda de Jáuregui--,
+quiero decir, mala, precisamente mala no... aunque tampoco es buena».
+
+Rubín, sin comprender a qué podía referirse su tía, barruntó que nada
+tenía que ver aquello con sus amores clandestinos, y respiró. La
+opresión del epigastrio se le hizo más ligera, y se acabó de
+tranquilizar al oír esto:
+
+«La noticia no ha de afectarte mucho. ¿Para qué tanto rodeo? Tu tía doña
+Melitona Llorente ha pasado a mejor vida. Mira la carta en que me lo
+dice el señor cura de Molina de Aragón. Murió como una santa, recibió
+todos los Sacramentos y dejó treinta mil reales para misas».
+
+Maximiliano conocía muy poco a su tía materna. La había visto sólo dos o
+tres veces siendo muy niño, y no vivía en su imaginación sino por las
+rosquillas y el arrope que mandaba de regalo todos los años en vida de
+D. Nicolás Rubín. La noticia del fallecimiento de esta buena señora le
+afectó poco.
+
+«Todo sea por Dios» murmuró por decir algo.
+
+Doña Lupe se volvió de espaldas para abrir el cajón de la cómoda y en
+esta postura le dijo:
+
+«Tú y tus hermanos heredáis a Melitona, que por mis cuentas debía tener
+un capitalito sano de veinte o veinticinco mil duros».
+
+Maximiliano no oyó bien por estar su tía de espaldas, y aquello le
+interesaba tanto que se levantó, puso un codo sobre la cómoda y allí se
+hizo repetir el concepto para enterarse bien.
+
+«Esas son mis cuentas--agregó doña Lupe--; pero ya ves que en los
+pueblos no se sabe lo que se tiene y lo que no se tiene. Probablemente
+la difunta emplearía algún dinero en préstamos, que es como tirarlo al
+viento. Se cobra tarde y mal, cuando se cobra. De modo que no os hagáis
+muchas ilusiones. Cuando Juan Pablo venga a Madrid irá a Molina de
+Aragón a enterarse del testamento y recoger lo que es vuestro».
+
+--Pues que vaya inmediatamente--dijo Maximiliano dando una palmada sobre
+la cómoda--; pero aquello de llegar y en la misma estación coger el
+billete y zas... al tren otra vez.
+
+--Hombre, no tanto. Tu hermano está en Bayona. Lo mejor es que se pase
+por Molina antes de venir a Madrid. Le escribiré hoy mismo. Sosiégate;
+tú eres así, o la apatía andando o la pura pólvora... Eso es ahora, que
+antes, para mover un pie le pedías licencia al otro. Te has vuelto muy
+atropellado.
+
+Le miró de un modo tan indagador, que al pobre chico se le volvieron a
+abatir los ánimos. Era hombre de carácter siempre que su tía no le
+clavase la flecha de sus ojuelos pardos y sagaces, y viose tan perdido
+que se apresuró a variar la conversación, preguntando a su tía cuántos
+años tenía doña Melitona. Estuvo la señora de Jáuregui un ratito
+haciendo cuentas, estirado el labio inferior, la cabeza oscilando como
+un péndulo y los ojos vueltos al techo, hasta que salió una cifra, de la
+cual Maximiliano no se hizo cargo. Volvió después doña Lupe a tomar en
+boca la metamorfosis de su sobrino, deslizando algunas bromitas, que a
+este le supieron a cuerno quemado. «Ya se ve, con esos estudios que
+haces ahora en casa de los amigos, te habrás vuelto un pozo de
+ciencia... A mí no me vengas con fábulas. Tú te pasas el día y la mitad
+de la noche en alguna conspiración... porque por el lado de las mujeres
+no temo nada, francamente. Ni a ti te gusta eso, ni puedes aunque te
+gustara...».
+
+Aquel _ni puedes_ incomodaba tanto al joven y le parecía tan humillante,
+que a punto estuvo de dar a su tía un mentís como una casa. Pero no pasó
+de aquí, pues doña Lupe tuvo que ocuparse de cosas más graves que
+averiguar si su sobrino podía o no podía. Papitos fue quien le salvó
+aquel día, atrayendo a sí toda la atención del ama de la casa. Porque la
+mona aquella tenía días. Algunos lo hacía todo tan bien y con tanta
+diligencia y aseo, que doña Lupe decía que era una perla. Pero otros no
+se la podía aguantar. Aquel día empezó de los buenos y concluyó siendo
+de los peores. Por la mañana había cumplido admirablemente; estuvo muy
+suelta de lengua y de manos, haciendo garatusas y dando brincos en
+cuanto la señora le quitaba la vista de encima. Semejante fiebre era
+señal de próximos trastornos. En efecto, por la tarde dividió en dos la
+tapa de una sopera, y desde entonces todo fue un puro desastre. Cuando
+se enfurruñaba creeríase que hacía las cosas mal adrede. Le mandaban
+esto y se salía con lo otro. No se pueden contar las faltas que cometió
+en una hora. Bien decía doña Lupe que tenía los demonios metidos en el
+cuerpo y que era mala, pero mala de veras, una sinvergüenza, una mal
+criada y una calamidad... _en toda la extensión de la palabra_. Y
+mientras más repelones le daban, peor que peor. Pasó tanta agua del
+puchero del agua caliente al puchero de la verdura, que esta quedó
+encharcada. Los garbanzos se quemaron, y cuando fueron a comerlos
+amargaban como demonios. La sopa no había cristiano que la pasara de
+tanta sal como le echó aquella condenada. Luego era una insolente,
+porque en vez de reconocer sus torpezas decía que la señora tenía la
+culpa, y que ella, la muy piojosa, no estaría allí ni un día más porque
+_misté... en cualsiquiera parte la tratarían mejor_.
+
+Doña Lupe discutía con ella violentamente, argumentando con crueles
+pellizcos, y añadiendo que estaba autorizada por la madre para
+descuartizarla si preciso era. A lo que Papitos contestaba echando
+lumbre por los ojos: «¡Ay, hija, no me descuartice usted tanto!». Este
+solía ser el periodo culminante de la disputa, que concluía dándole la
+señora a su sirviente una gran bofetada y rompiendo la otra a llorar...
+Los disparates seguían, y al servir la mesa ponía los platos sobre ella
+sin considerar que no eran de hierro. Doña Lupe la amenazaba con
+mandarla a la _galera_ o con llamar una pareja, con escabecharla y
+ponerla en salmuera, y poco a poco se iba aplacando la fierecilla hasta
+que se quedaba como un guante.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Maximiliano, gozoso de ver que su tía con aquel gran alboroto, no se
+ocupaba de él, poníase de parte de la autoridad y en contra de Papitos.
+Sí, sí; era muy mala, muy descarada, y había que atarla corto. Azuzaba
+la cólera de doña Lupe para que esta no se revolviese contra él
+hablándole de su cambio de costumbres y de lo que hacía fuera de casa.
+
+Doña Lupe fue aquella noche a casa de las de la Caña, y se estuvo allá
+las horas muertas. Maximiliano entró a las once. Había dejado a
+Fortunata acostada y casi dormida, y se retiró decidido a afrontar las
+chafalditas de su tía y a explicarse con ella. Porque después del caso
+de la herencia, ya no podía dudar de que la Providencia le favorecía,
+abriéndole camino. Nunca había sido él muy religioso; pero aquella noche
+parecíale desacato y aun ingratitud no consagrar a la divinidad un
+pensamiento, ya que no una oración. Estaba como un demente. Por el
+camino miraba a las estrellas y las encontraba más hermosas que nunca, y
+muy mironas y habladoras. A Fortunata, sin mentarle la herencia por
+respeto a la difunta, le dijo algo de sus fincas de Molina de Aragón, y
+de que si el dinero en hipotecas era el mejor dinero del mundo. A veces
+su imaginación agrandaba las cifras de la herencia, añadiéndole ceros,
+«porque esa gente de los pueblos no gasta un cuarto, y no hace más que
+acumular, acumular...».
+
+Los faroles de la calle le parecían astros, los transeúntes excelentes
+personas, movidas de los mejores deseos y de sentimientos nobilísimos.
+Entró en su casa resuelto a espontanearse con su tía... «¿Me
+atreveré?--pensaba--. Si me atreviera... ¿Y qué hay de malo en esto? En
+último caso, ¿qué puede hacer mi tía? ¿Acaso me va a comer? Si me niega
+el derecho de casarme con quien me dé la gana, ya le diré yo cuántas son
+cinco. No se conoce el genio de las personas hasta que no llega la
+ocasión de mostrarlo». A pesar de estas disposiciones belicosas, cuando
+Papitos le dijo que la señora no había vuelto todavía, quitósele de
+encima un gran peso, porque en verdad la revelación del secreto y el
+cisco que había de seguirle eran para acoquinar al más pintado. No le
+arredraba el miedo de ser vencido, porque su amor y su misión le darían
+seguramente coraje; pero convenía proceder con tacto y diplomacia,
+pensar bien lo que iba a decir para no ofender a su tía, y, si era
+posible, ponerla de su parte en aquel tremendo pleito.
+
+Se fue a la cocina detrás de Papitos, siguiendo una costumbre antigua de
+hacer tertulia y de entretenerse en pláticas sabrosas cuando se
+encontraban solos. Un año antes, la criadita y el estudiante se pasaban
+las horas muertas en la cocina, contándose cuentos o proponiéndose
+acertijos. En estos era fuerte la chiquilla. Sus carcajadas se oían
+desde la calle cuando repetía la adivinanza, sin que el otro la pudiera
+acertar. Maximiliano se rascaba la cabeza, aguzando su entendimiento;
+pero la solución no salía. Papitos le llamaba zote, bruto y otras cosas
+peores sin que él se ofendiera. Tomaba su revancha en los cuentos, pues
+sabía muchos, y ella los escuchaba con embeleso, abierta la boca de par
+en par y los ojos clavados en el narrador. Aquella noche estaba Papitos
+de muy mal temple por la soba que se había llevado, y le tenía mucha
+tirria al señorito porque no se puso de su parte en la contienda, como
+otras veces. «Feo, tonto--le dijo aguzando la jeta cuando le vio
+sentarse en la mesilla de pino de la cocina--. Acusón, patoso... memo en
+polvo».
+
+Maximiliano buscaba una fórmula para pedirle perdón sin menoscabo de su
+dignidad de señorito. Sentíase con impulsos de protección hacia ella.
+Verdad que habían jugado juntos; que el año anterior, a pesar de la
+diferencia de edades, eran tan niños el uno como el otro, y se
+entretenían en enredos inocentes. Pero ya las cosas habían cambiado. Él
+era hombre, ¡y qué hombre!, y Papitos una chiquilla retozona sin pizca
+de juicio. Pero tenía buena índole, y cuando sentara la cabeza y diera
+un estirón sería una criada inapreciable. La chiquilla, después que le
+dijo todas aquellas injurias, se puso a repasar una media, en la cual
+tenía metida la mano izquierda como en un guante. Sobre la mesa estaba
+su estuche de costura, que era una caja de tabacos. Dentro de ella había
+carretes, cintajos, un canuto de agujas muy roñoso, un pedazo de cera
+blanca, botones y otras cosas pertinentes al arte de la costura. La
+cartilla en que Papitos aprendía a leer estaba también allí, con las
+hojas sucias y reviradas. El quinqué de la cocina con el tubo ahumado y
+sin pantalla, iluminaba la cara gitanesca de la criada, dándole un tono
+de bronce rojizo, y la cara pálida y serosa del señorito con sus ojeras
+violadas y sus granulaciones alrededor de los labios.
+
+«¿Quieres que te tome la lección?» dijo Rubín cogiendo la cartilla.
+
+--Ni falta... canijo, espátula, _paice_ un garabito... No quiero que me
+tome _lición_--replicó la chica remedándole la voz y el tono.
+
+--No seas salvaje... Es preciso que aprendas a leer, para que seas mujer
+completa--dijo Rubín esforzándose en parecer juicioso--. Hoy has estado
+un poco salida de madre, pero ya eso pasó. Teniendo juicio, se te mirará
+siempre como de la familia.
+
+--_¡Mia este!_... Me zampo yo a la familia...--chilló la otra
+remedándole y haciendo las morisquetas diabólicas de siempre.
+
+--No te abandonaremos nunca--manifestó el joven henchido de deseos de
+protección--. ¿Sabes lo que te digo?... Para que lo sepas, chica, para
+que lo sepas, ten entendido que cuando yo me case... cuando yo me case,
+te llevaré conmigo para que seas la doncella de mi señora.
+
+Al soltar la carcajada se tendió Papitos para atrás con tanta fuerza,
+que el respaldo de la silla crujió como si se rompiera.
+
+--¡Casarse él, _vusté_!... memo, más que memo, ¡casarse!--exclamó--. Si
+la señorita dice que _vusté_ no se puede casar... Sí, se lo decía a
+doña Silvia la otra noche.
+
+La indignación que sintió Maximiliano al oír este concepto fue tan viva,
+que de manifestarse en hechos habría ocurrido una catástrofe. Porque tal
+ultraje no podía contestarse sino agarrando a Papitos por el pescuezo y
+estrangulándola. El inconveniente de esto consistía en que Papitos tenía
+mucha más fuerza que él.
+
+--Eres lo más animal y lo más grosero...--balbució Rubín--, que he visto
+en mi vida. Si no te curas de esas tonterías, nunca serás nada.
+
+Papitos alargó el brazo izquierdo en que tenía la media, y asomando sus
+dedos por los agujeros, le cogió la nariz al señorito y le tiró de ella.
+
+--¡Que te estés quieta!... ¡vaya!... Tú no te has llevado nunca una
+solfa buena, y soy yo quien te la va a dar... ¿Y por qué son esas risas
+estúpidas?... ¿Porque he dicho que me caso? Pues sí señor, me caso
+porque me da la gana.
+
+Tiempo hacía que Maximiliano deseaba hablar de aquella manera con
+alguien, y manifestar su pensamiento libre y sin turbación. La
+confidencia que tan difícil era con otra persona, resultaba fácil con la
+cocinerita, y el hombre se creció después de dichas las primeras
+palabras.
+
+«Tú eres una inocente--le dijo poniéndole la mano en el hombro--, tú no
+conoces el mundo, ni sabes lo que es una pasión verdadera».
+
+Al llegar a este punto, Papitos no entendió ni jota de lo que su
+señorito le decía... Era un lenguaje nuevo, como eran nuevas la
+expresión de él y la cara seria que puso. No ponía aquella cara cuando
+contaba los cuentos.
+
+«Porque verás tú--continuó Rubín, expresándose con alma--; el amor es la
+ley de las leyes, el amor gobierna el mundo. Si yo encuentro la mujer
+que me gusta, que es la mitad, si no la totalidad de mi vida, una mujer
+que me transforme, inspirándome acciones nobles y dándome cualidades que
+antes no tenía, ¿por qué no me he de casar con ella? A ver, que me lo
+digan; que me den una razón, media razón siquiera... Porque tú no me has
+de salir con argumentos tontos; tú no has de participar de esas
+preocupaciones por las cuales...».
+
+Al llegar aquí, el orador se embarulló algo, y no ciertamente por miedo
+a la dialéctica de su contrario. Papitos, después de asombrarse mucho de
+la solemnidad con que el señorito hablaba y de las cosas incomprensibles
+que le decía, empezó a aburrirse. Siguió Maximiliano descargando su
+corazón, que otra coyuntura de desahogo como aquella no se le volvería a
+presentar, y por fin la niña estiró el brazo izquierdo sobre la mesa, y
+como estaba tan fatigada del ajetreo de aquel día y de los coscorrones,
+hizo del brazo almohada y reclinó su cabeza en ella. En aquel momento,
+Maximiliano, exaltado por su propia elocuencia, se dejó decir: «La única
+razón que me dan es que si ha sido o no ha sido esto o lo otro. Respondo
+que es falso, falsísimo. Si hay en su existencia días vergonzosos, y no
+diré tanto como vergonzosos, días borrascosos, días desventurados, ha
+sido por ley de la necesidad y de la pobreza, no por vicio... Los
+hombres, los señoritos, esa raza de Caín, corrompida y miserable, tienen
+la culpa... Lo digo y lo repito. La responsabilidad de que tanta mujer
+se pierda recae sobre el hombre. Si se castigara a los seductores y a
+los petimetres... la sociedad...».
+
+Papitos dormía como un ángel, apoyada la mejilla sobre el brazo tieso, y
+conservando en la mano de él la media, por cuyos agujeros asomaban los
+dedos. Dormía con plácido reposo, la cara seria, como si aprobase
+inconscientemente las perrerías que el otro decía de los seductores, y
+aprovechara la lección para cuando le tocara. El propio calor de sus
+palabras llevó a Maximiliano a una exaltación que parecía insana. No
+podía estar quieto ni callado. Levantose y fue por los pasillos
+adelante, hablando solo en baja voz o haciendo gestos. El pasillo estaba
+oscuro; pero él conocía tan bien todos los rincones, que andaba por
+ellos sin vacilación ni tropiezo. Entró en la sala que también estaba a
+oscuras, penetró en el gabinete de su tía, que a la misma boca de lobo
+se igualara en lo tenebroso, y allí se le redobló la facundia, y la
+energía de sus declamaciones rayaba en frenesí. Apoyando las cláusulas
+con enfático gesto, se le ocurrían frases de admirable efecto
+contundente, frases capaces de tirar de espaldas a todos los individuos
+de la familia si las oyeran. ¡Qué lástima que no estuviera allí su
+tía...! Como si la estuviera viendo, le soltó estas atrevidas
+expresiones: «Y para que lo sepa usted de una vez, yo no cedo ni puedo
+ceder, porque sigo en esto el impulso de mi conciencia, y contra la
+conciencia no valen pamplinas, ni ese cúmulo, ese cúmulo, sí señora,
+de... preocupaciones rancias que usted me opone. Yo me caso, me caso, y
+me caso, porque soy dueño de mis actos, porque soy mayor de edad, porque
+me lo dicta mi conciencia, porque me lo manda Dios; y si usted lo
+aprueba, ella y yo le abriremos nuestros amantes brazos y será usted
+nuestra madre, nuestra consejera, nuestra guía...».
+
+Vamos, que sentía de veras no estuviese delante de él en el sillón de
+hule la propia viuda de Jáuregui en imagen corpórea, porque de fijo le
+diría lo mismo que estaba diciendo ante su imagen figurada y supuesta.
+Después salió otra vez al pasillo, donde continuó la perorata,
+paseándose de un extremo a otro, y gesticulando a favor de la oscuridad.
+La soledad, el silencio de la noche y la poca luz favorecen a los
+tímidos para su comedia de osados y lenguaraces, teniéndose a sí mismos
+por público y envalentonándose con su fácil éxito. Maximiliano hablaba
+quedito; sus fuertes manotadas no correspondían al diapasón bajo de las
+palabras, cuya vehemencia sofocada las hacía parecer como un ensayo.
+
+Cuando doña Lupe llamó a la puerta, su sobrino le abrió, y pasmose ella
+de que estuviera en pie todavía. «¡Qué despabilado está el tiempo!» dijo
+la señora con cierto retintín, que hizo estremecer al joven, limpiando
+súbitamente su espíritu de toda idea de independencia, como se limpia de
+sombras un farol cuando aparece dentro de él la llama del gas. Al oír la
+campanilla, acudió la chica dando traspiés y restregándose los ojos.
+Doña Lupe no dijo más que: «a la cama todo Cristo». Era muy tarde y
+Papitos tenía que madrugar. El sobrino y la cocinerita entraron sin
+hacer ruido en sus respectivas madrigueras, como los conejos cuando oyen
+los pasos del cazador.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+La declaración de Maximiliano había puesto a Fortunata en perplejidad
+grande y penosa. Aquella noche y las siguientes durmió mal por la viveza
+del pensar y las contradictorias ideas que se le ocurrían. Después de
+acostada tuvo que levantarse y se arrojó, liada en una manta, en el
+sofá de la sala; pero no se quedaban las cavilaciones entre las sábanas,
+sino que iban con ella a donde quiera que iba. La primera noche
+dominaron al fin, tras largo debate, las ideas afirmativas. «¡Casarme
+yo, y casarme con un hombre de bien, con _una persona decente_...!». Era
+lo más que podía desear... ¡Tener un nombre, no tratar más con gentuza,
+sino con caballeros y señoras! Maximiliano era un bienaventurado, y
+seguramente la haría feliz. Esto pensaba por la mañana, después de
+lavarse y encender la lumbre, cuando cogía la cesta para ir a la compra.
+Púsose el manto y el pañuelo por la cabeza, y bajó a la calle. Lo mismo
+fue poner el pie en la vía pública que sus ideas variaron.
+
+«¡Pero vivir siempre con este chico... tan feo como es! Me da por el
+hombro, y yo le levanto como una pluma. Un marido que tiene menor fuerza
+que la mujer no es, no puede ser marido. El pobrecillo es un bendito de
+Dios; pero no le podré querer aunque viva con él mil años. Esto será
+ingratitud, pero ¿qué le vamos a hacer?, no lo puedo remediar...».
+
+Tan distraída estaba, que el carnicero le preguntó tres veces lo que
+quería sin obtener respuesta. Por fin se enteró. «Hoy no llevo más que
+media libra de falda para el cocido y una chuletita de lomo. Señor Paco,
+pésemelo bien».
+
+--Tome usted, simpatía, y mande.
+
+También compró dos onzas de tocino; luego una brecolera en el puesto de
+verduras de la carnicería, y en la tienda de la esquina, arroz, cuatro
+huevos y una lata de pimientos morrones. Al volver a su casa, revisó la
+lumbre y se puso a limpiar y a barrer. Mientras quitaba el polvo a los
+muebles, volvió al tema: «No se encuentra todos los días un hombre que
+quiera echarse encima una carga como esta».
+
+Hizo la cama y después empezó a peinarse. Al ver en el espejo su linda
+cara pálida, diole por emplear argumentos comparativos: «Porque ¡María
+_Santisma_!, si Maximiliano apostaba a feo, no había quien le ganara...
+¡Y qué mal huelen las boticas! Debió de haber seguido otra carrera...
+Dios me favorezca... Si tuviera algún hijo me acompañaría con él;
+pero... ¡quia!...».
+
+Después de esta reticencia, que por lo terminante parecía hija de una
+convicción profunda, siguió contemplando y admirando su belleza. Estaba
+orgullosa de sus ojos negros, tan bonitos que, según dictamen de ella
+misma, _le daban la puñalada al Espiritui Santo_. La tez era una
+preciosidad por su pureza mate y su transparencia y tono de marfil
+recién labrado; la boca, un poco grande, pero fresca y tan mona en la
+risa como en el enojo... ¡Y luego unos dientes! «Tengo los
+dientes--decía ella mostrándoselos--, como pedacitos de leche cuajada».
+
+La nariz era perfecta. «Narices como la mía, pocas se ven»... Y por fin,
+componiéndose la cabellera negra y abundante como los malos
+pensamientos, decía: «¡Vaya un pelito que me ha dado Dios!». Cuando
+estaba concluyendo, se le vino a las mientes una observación, que no
+hacía entonces por primera vez. Hacíala todos los días, y era esta:
+«¡Cuánto más guapa estoy ahora que... antes! He ganado mucho».
+
+Y después se puso muy triste. Los pedacitos de leche cuajada
+desaparecieron bajo los labios fruncidos, y se le armó en el entrecejo
+como una densa nube. El rayo que por dentro pasaba decía así: «¡Si me
+viera ahora...!». Bajo el peso de esta consideración estuvo un largo
+rato quieta y muda, la vista independiente a fuerza de estar fija.
+Despertó al fin de aquello que parecía letargo, y volviendo a mirarse,
+animose con la reflexión de su buen palmito en el espejo. «Digan lo que
+quieran, lo mejor que tengo es el entrecejo... Hasta cuando me enfado es
+bonito... ¿A ver cómo me pongo cuando me enfado? Así, así... ¡Ah,
+llaman!».
+
+El campanillazo de la puerta la obligó a dejar el tocador. Salió a abrir
+con la peineta en una mano y la toalla por los hombros. Era el redentor,
+que entró muy contento y le dijo que acabara de peinarse. Como faltaba
+tan poco, pronto quedó todo hecho. Maximiliano la elogió por su
+resolución de no tomar peinadoras.
+
+¿Por qué las mujeres no se han de peinar solas? La que no sabe que
+aprenda. Eso mismo decía Fortunata. El pobre chico no dejaba de expresar
+su admiración por el buen arreglo y economía de su futura, haciendo por
+sus propias manos la tarea que desempeñan mal esas bergantas ladronas
+que llaman criadas de servir. Fortunata aseguraba que aquella costumbre
+suya no tenía mérito porque el trabajo le gustaba. «Eres una
+alhajita--le decía su amante con orgullo--. En cuanto a las peinadoras,
+todas son unas grandes alcahuetas, y en la casa donde entran no puede
+haber paz».
+
+Más adelante tomarían alguna criada, porque no convenía tampoco que ella
+se matase a trabajar. Estarían seguramente en buena posición, y puede
+que algunos días tuvieran convidados a su mesa. La servidumbre es
+necesaria, y llegaría un día seguramente en que no se podrían pasar sin
+una niñera. Al oír esto, por poco suelta la risa Fortunata; pero se
+contuvo, concretándose a decir en su interior: «¡Para qué querrá niñeras
+este desventurado...!».
+
+A renglón seguido, sacó el joven a relucir el tema del casorio, y dijo
+tales cosas que Fortunata no pudo menos de rendir el espíritu a tanta
+generosidad y nobleza de alma. «Tu comportamiento decidirá de su
+suerte--afirmó él--, y como tu comportamiento ha de ser bueno, porque tu
+alma tiene todos los resortes del bien, estamos al cabo de la calle. Yo
+pongo sobre tu cabeza la corona de mujer honrada; tú harás porque no se
+te caiga y por llevarla dignamente. Lo pasado, pasado está, y el
+arrepentimiento no deja ni rastro de mancha, pero ni rastro. Lo que diga
+el mundo no nos importe. ¿Qué es el mundo? Fíjate bien y verás que no es
+nada, cuando no es la conciencia».
+
+A Fortunata se le humedecieron los ojos, porque era muy accesible a la
+emoción, y siempre que se le hablaba con solemnidad y con un sentido
+generoso, se conmovía aunque no entendiera bien ciertos conceptos. La
+enternecían el tono, el estilo y la expresión de los ojos. Creyó
+entonces caso de conciencia hacer una observación a su amigo.
+
+«Piensa bien lo que haces--le dijo--, y no comprometas por mí tu...».
+
+Quería decir dignidad; pero no dio con la palabra por el poco uso que en
+su vida había hecho de vocablos de esta naturaleza. Pero se dio sus
+mañas para expresar toscamente la idea, diciendo: «Calcula que los que
+me conozcan te van a llamar _el marido de la Fortunata_, en vez de
+llamarte por tu nombre de pila. Yo te agradezco mucho lo que haces por
+mí; pero como te estimo no quiero verte con...».
+
+Quería decir con un estigma en la frente; pero ni conocía la palabra ni
+aunque la conociera la habría podido decir correctamente. «No quiero
+que te tomen el pelo por mí», fue lo que dijo, y se quedó tan fresca,
+esperando convencerle. Pero Maximiliano, fuerte en su idea y en su
+conciencia, como dentro de un doble baluarte inexpugnable, se echó a
+reír. Semejantes argumentos eran para él como sería para los poseedores
+de Gibraltar ver que les quisiera asaltar un enemigo armado con una
+caña. ¡Valiente caso hacía él de las estupideces del vulgo!... Cuando su
+conciencia le decía: «mira, hijo, este es el camino del bien; vete por
+él», ya podía venir todo el género humano a detenerle; ya podían
+apuntarle con un cañón rayado. Porque él iba sacando un carácter de que
+aún no se había enterado la gente, un carácter de acero, y todo lo que
+se decía de su timidez era conversación. «Que tú seas buena, honrada y
+leal es lo que importa: lo demás corre de mi cuenta, déjame a mí, tú
+déjame a mí».
+
+Poco después almorzaba Fortunata, y Maximiliano estudiaba, cambiando de
+vez en cuando algunas palabras. Toda aquella tarde dominaron en el
+espíritu de la joven las ideas optimistas, porque él se dejó decir algo
+de su herencia, de tierras e hipotecas en Molina de Aragón, asegurando
+que _sus viñas podían darle tanto más cuanto_. Por la noche avisaron
+para que les trajeran café, y vino el mozo de _la Paz_ con él. Olmedo y
+Feliciana entraron de tertulia. Estaban de monos y apenas se hablaban,
+señal inequívoca de pelotera doméstica. Y es que si los estados más
+sólidos se quebrantan cuando la hacienda no marcha con perfecta
+regularidad, aquella casa, hogar, familia o lo que fuera, no podía menos
+de resentirse de las anomalías de un presupuesto cuyo carácter
+permanente era el déficit. Feliciana tenía ya pignorado lo mejorcito de
+su ropa, y Olmedo había perdido el crédito de una manera absoluta. Por
+la falta de crédito se pierden las repúblicas lo mismo que las
+monarquías. Y no se hacía ya ilusiones el bueno de Olmedo acerca de la
+catástrofe próxima. Sus amigos, que le conocían bien, descubrían en él
+menos entereza para desempeñar el papel de libertino, y a menudo se le
+clareaba la buena índole al través de la máscara. A Maximiliano le
+contaron que habían sorprendido a Olmedo en el Retiro estudiando a
+hurtadillas. Cuando le vieron sus amigos, escondió los libros entre el
+follaje, porque le sabía mal que le descubrieran aquella flaqueza. Daba
+mucha importancia a la consecuencia en los actos humanos, y tenía por
+deshonra el soltar de improviso la casaca e insignias de perdulario.
+¿Qué diría la gente, qué los amigos, qué los mocosos, más jóvenes que
+él, que le tomaban por modelo? Hallábase en la situación de uno de esos
+chiquillos que para darse aires de hombres encienden un cigarro muy
+fuerte y se lo empiezan a fumar y se marean con él; pero tratan de
+dominar las náuseas para que no se diga que se han emborrachado. Olmedo
+no podía aguantar más la horrible desazón, el asco y el vértigo que
+sentía; pero continuaba con el cigarro en la boca haciendo que tiraba de
+él, pero sin chupar cosa mayor.
+
+Feliciana, por su parte, había empezado a campar por sus respetos. Lo
+dicho, la honradez y el amor eran cosas muy buenas; pero no daban de
+comer. El calavera de oficio no se permitió aquella noche ninguna
+barrabasada. Sólo al entrar, y cuando los cuatro se sentaron a tomar
+café dijo con su habitual desenfado: «Narices, ya está reunido aquí
+toíto el _Demi-Monde_». Fortunata y Feliciana no comprendieron; pero
+Rubín se puso encarnado y se incomodó mucho; porque aplicar tales
+vocablos a personas dispuestas a unirse en santo vínculo le parecía una
+falta de respeto, una grosería y una cochinada, sí señor, una
+cochinada... Mas se calló por no armar camorra ni quitar a la reunión
+sus tonos de circunspección y formalidad. Acordose de que nada había
+dicho a su amigo del casorio proyectado, siendo evidente que Olmedo
+habló en términos tan _liberales_ por ignorancia. Determinó, pues,
+revelarle su pensamiento en la primera ocasión, para que en lo sucesivo
+midiera y pesara mejor sus palabras.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Aquella noche fue también mala para Fortunata, pues se la pasó casi toda
+cavilando, discurriendo sobre si _el otro_ se acordaría o no de ella.
+Era muy particular que no le hubiese encontrado nunca en la calle. Y por
+falta de mirar bien a todos lados no era ciertamente. ¿Estaría malo,
+estaría fuera de Madrid? Más adelante, cuando supo que en Febrero y
+Marzo había estado Juanito Santa Cruz enfermo de pulmonía, acordose de
+que aquella noche lo había soñado ella. Y fue verdad que lo soñó a la
+madrugada, cuando su caldeado cerebro se adormeció, cediendo a una como
+borrachera de cavilaciones. Al despertar ya de día, el reposo profundo
+aunque breve había vuelto del revés las imágenes y los pensamientos en
+su mente. «A mi boticarito me atengo--dijo después que echó el Padre
+Nuestro por las ánimas, de que no se olvidaba nunca--. Viviremos tan
+apañaditos». Levantose, encendió su lumbre, bajó a la compra, y de
+tienda en tienda pensaba que Maximiliano podía dar un estirón, echar más
+pecho y más carnes, ser más hombre, en una palabra, y curarse de aquel
+maldito romadizo crónico que le obligaba a estarse sonando
+constantemente. De la bondad de su corazón no había nada que decir,
+porque era un santo, y como se casara de verdad, su mujer había de
+hacer de él lo que quisiera. Con cuatro palabritas de miel, ya estaba él
+contento y achantado. Lo que importaba era no llevarle la contraria en
+todo aquello de la conciencia y de las misiones... aquí un adjetivo que
+Fortunata no recordaba. Era _sublimes_; pero lo mismo daba; ya se sabía
+que era una cosa muy buena.
+
+Aquel día la compra duró algo más, pues habiéndole anunciado Maximiliano
+que almorzaría con ella, pensaba hacerle un plato que a entrambos les
+gustaba mucho, y que era la especialidad culinaria de Fortunata, el
+arroz con menudillos. Lo hacía tan ricamente, que era para chuparse los
+dedos. Lástima que no fuera tiempo de alcachofas, porque las hubiera
+traído para el arroz. Pero trajo un poco de cordero que le daba mucho
+aquel. Compró chuletas de ternera, dos reales de menudillos y unas
+sardinas escabechadas para segundo plato.
+
+De vuelta a su casa armó los tres pucheros con el minucioso cuidado que
+la cocina española exige, y empezó a hacer su arroz en la cacerola.
+Aquel día no hubo en la cocina cacharro que no funcionara. Después de
+freír la cebolla y de machacar el ajo y de picar el menudillo, cuando
+ninguna cosa importante quedaba olvidada, lavose la pecadora las manos y
+se fue a peinar, poniendo más cuidado en ello que otros días. Pasó el
+tiempo; la cocina despedía múltiples y confundidos olores. ¡Dios, con
+la faena que en ella había! Cuando llegó Rubín, a las doce, salió a
+abrirle su amiga con semblante risueño. Ya estaba la mesa puesta, porque
+la mujer aquella multiplicaba el tiempo, y como quisiera, todo lo hacia
+con facilidad y prontitud. Dijo el enamorado que tenía mucha hambre, y
+ella le recomendó una chispita de paciencia. Se le había olvidado una
+cosa muy importante, el vino, y bajaría a buscarlo. Pero Maximiliano se
+prestó a desempeñar aquel servicio doméstico, y bajó más pronto que la
+vista.
+
+Media hora después estaban sentados a la mesa en amor y compaña; pero en
+aquel instante se vio Fortunata acometida bruscamente de unos
+pensamientos tan extraños, que no sabía lo que le pasaba. Ella misma
+comparó su alma en aquellos días a una veleta. Tan pronto marcaba para
+un lado como para otro. De improviso, como si se levantara un fuerte
+viento, la veleta daba la vuelta grande y ponía la punta donde antes
+tenía la cola. De estos cambiazos había sentido ella muchos; pero
+ninguno como el de aquel momento, el momento en que metió la cuchara
+dentro del arroz para servir a su futuro esposo. No sabría ella decir
+cómo fue ni cómo vino aquel sentimiento a su alma, ocupándola toda; no
+supo más sino que le miró y sintió una antipatía tan horrible hacia el
+pobre muchacho, que hubo de violentarse para disimularla.
+
+Sin advertir nada, Maximiliano elogiaba el perfecto condimento del
+arroz; pero ella se calló, echando para adentro, con las primeras
+cucharadas, aquel fárrago amargo que se le quería salir del corazón. Muy
+_para entre sí_, dijo: «Primero me hacen a mí en pedacitos como estos,
+que casarme con semejante hombre... ¿Pero no le ven, no le ven que ni
+siquiera parece un hombre?... Hasta huele mal... Yo no quiero decir lo
+que me da cuando calculo que toda la vida voy a estar mirando delante de
+mí esa nariz de rabadilla».
+
+«Parece que estás triste, moñuca» le dijo Rubín, que solía darle este
+cariñoso mote.
+
+Contestó ella que el arroz no había quedado tan bien como deseara.
+Cuando comían las chuletas, Maximiliano le dijo con cierta pedantería de
+dómine: «Una de las cosas que tengo que enseñarte es a comer con tenedor
+y cuchillo, no con tenedor sólo. Pero tiempo tengo de instruirte en esa
+y en otras cosas más».
+
+También le cargaba a ella tanta corrección. Deseaba hablar bien y ser
+persona fina y decente; pero ¡cuánto más aprovechadas las lecciones si
+el maestro fuera otro, sin aquella destiladera de nariz, sin aquella
+cara deslucida y muerta, sin aquel cuerpo que no parecía de carne, sino
+de cordilla!
+
+Esta antipatía de Fortunata no estorbaba en ella la estimación, y con la
+estimación mezclábase una lástima profunda de aquel desgraciado,
+caballero del honor y de la virtud, tan superior moralmente a ella. El
+aprecio que le tenía, la gratitud, y aquella conmiseración inexplicable,
+porque no se compadece a los superiores, eran causa de que refrenase su
+repugnancia. No era ella muy fuerte en disimular, y otro menos alucinado
+que Rubín habría conocido que el lindísimo entrecejo ocultaba algo. Pero
+veía las cosas por el lente de sus ideas propias, y para él todo era
+como debía ser y no como era. Alegrose mucho Fortunata de que el
+almuerzo concluyese, porque eso de estar sosteniendo una conversación
+seria y oyendo advertencias y correcciones no la divertía mucho.
+Gustábale más el trajín de recoger la loza y levantar la mesa, operación
+en que puso la mano no bien tomaron el café. Y para estar más tiempo en
+la cocina que en la sala, revisó los pucheros, y se puso a picar la
+ensalada cuando aún no hacía falta. De rato en rato daba una vuelta por
+la sala, donde Maximiliano se había puesto a estudiar. No le era fácil
+aquel día fijar su atención en los libros. Estaba muy distraído, y cada
+vez que su amiga entraba, toda la ciencia farmacéutica se desvanecía de
+su mente. A pesar de esto quería que estuviese allí, y aun se enojó algo
+por lo mucho que prolongaba los ratos de cocina. «Chica, no trabajes
+tanto, que te vas a cansar. Trae tu labor y siéntate aquí».
+
+«Es que si me pongo aquí no estudias, y lo que te conviene es estudiar
+para que no pierdas el año--replicó ella--. ¡Pues si lo pierdes y tienes
+que volverlo a estudiar...!».
+
+Esta razón hizo efecto grande en el ánimo de Rubín. «No importa que
+estés aquí. Con tal que no me hables, estudiaré. Viéndote, parece que
+comprendo mejor las cosas, y que se me abren las compuertas del
+entendimiento. Te pones aquí, tú a tu costura, yo a mis libros. Cuando
+me siento muy torpe, ¡pim!, te miro y al momento me despabilo».
+
+Fortunata se rió un poco, y ausentándose un instante, trajo la costura.
+
+«¿Sabes?--le dijo Rubín, apenas ella se sentó--. Mi hermano Juan Pablo
+se fue a Molina a arreglar eso de la herencia de la tía Melitona. Mi tía
+Lupe le escribió y antes de venir a Madrid se plantó allá. Escribe
+diciendo que no habrá grandes dificultades».
+
+--¿De veras?, ¡vamos!... Más vale así.
+
+--Como lo oyes. Aún no puedo decir lo que nos tocará a cada hermano. Lo
+que sí te aseguro es que me alegro de esto por ti, exclusivamente por
+ti. Luego te quejarás de la Providencia. Porque cuanto más aseguradas
+están las materialidades de la vida, más segura es la conservación del
+honor. La mitad de las deshonras que hay en la vida no son más que
+pobreza, chica, pobreza. Créete que ha venido Dios a vernos, y si ahora
+no nos portamos bien, merecemos que nos arrastren.
+
+Fortunata hubiera dicho para sí: «¡Vaya un moralista que me ha salido!»
+pero no tenía noticia de esta palabra, y lo que dijo fue: «Ya estoy de
+_misionero_ hasta aquí», usando la palabra _misionero_ con un sentido
+doble, a saber: el de predicador y el de agente de aquello que Rubín
+llamaba _su misión_.
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Maximiliano comunicó a Olmedo sus planes de casamiento encargándole el
+mayor sigilo, porque no convenía que se divulgasen antes de tiempo, para
+evitar maledicencias tontas. Creyó el gran perdis que su amigo estaba
+loco, y en el fondo de su alma le compadecía, aunque admiraba el
+atrevimiento de Rubín para hacer la más grande y escandalosa calaverada
+que se podía imaginar. ¡Casarse con una...! Esto era un colmo, el colmo
+del _buen fin_, y en semejante acto había una mezcla horrenda de
+ignominia y de abnegación sublime, un no sé qué de osadía y al mismo
+tiempo de bajeza, que levantó al bueno de Rubín, a sus ojos, de aquel
+fondo de vulgaridad en que estaba. Porque Rubín podía ser un tonto; pero
+no era un tonto vulgar, era uno de esos tontos que tocan lo sublime con
+la punta de los dedos. Verdad que no llegan a agarrarlo; pero ello es
+que lo tocan. Olmedo, al mismo tiempo que sondeaba la inmensa gravedad
+del propósito de su amigo, no pudo menos de reconocer que a él, Olmedo,
+al perdulario de oficio, no se le había pasado nunca por la cabeza una
+majadería de aquel calibre.
+
+«Descuida, chico, lo que es por mí no lo sabrá nadie, ¡qué narices! Soy
+tu amigo ¿sí o no?, pues basta ¡narices! Te doy mi palabra de honor;
+estate tranquilo».
+
+La palabra de _Ulmus sylvestris_, cuando se trataba de algo comprendido
+en la jurisdicción de la picardía, era sagrada. Pero en aquella ocasión
+pudo más el prurito chismográfico que el fuero del honor picaresco, y el
+gran secreto fue revelado a Narciso Puerta _(Pseudo-Narcisus
+odoripherus)_ con la mayor reserva, y previo juramento de no
+transmitirlo a nadie. «Te lo digo en confianza, porque sé que ha de
+quedar de ti para mí».
+
+«Descuida, chico, no faltaba más... Ya tú me conoces».
+
+En efecto, Narciso no lo dijo a nadie, con una sola excepción. Porque,
+verdaderamente, ¿qué importaba confiar el secretillo a una sola persona,
+a una sola, que de fijo no lo había de propalar?
+
+«Te lo digo a ti sólo, porque sé que eres muy discreto--murmuró Narciso
+al oído de su amigo Encinas _(Quercus gigantea)_--. Cuidado con lo que
+te encargo... pero mucho cuidado. Sólo tú lo sabes. No tengamos un
+disgusto».
+
+--Hombre, no seas tonto... Parece que me conoces de ayer. Ya sabes que
+soy un sepulcro.
+
+Y el sepulcro se abrió en casa de las de la Caña, con la mayor reserva
+se entiende, y después de hacer jurar a todos de la manera más solemne
+que guardarían aquel profundo arcano. «¡Pero qué cosas tiene usted,
+Encinas! No nos haga usted tan poco favor. Ni que fuéramos chiquillas,
+para ir con el cuento y comprometerle a usted...».
+
+Pero una de aquellas señoras creía que era pecado mortal no indicar algo
+a doña Lupe, porque esta al fin lo tenía que saber, y más valía
+prepararla para tan tremendo golpe. ¡Pobre señora! Era un dolor verla
+con aquella tranquilidad, tan ajena a la deshonra que la amenazaba.
+Total, que la noticia llegó a la sutil oreja de doña Lupe a los tres
+días de haber salido del labio tímido de _Rubinius vulgaris_.
+
+Cuentan que doña Lupe se quedó un buen rato como quien ve visiones.
+Después dio a entender que algo barruntaba ella, por la conducta anómala
+de su sobrino. ¡Casarse con una que ha tenido que ver con muchos
+hombres! ¡Bah!, no sería cierto quizás. Y si lo era, pronto se había de
+saber; porque, eso sí, a doña Lupe no se le apagaría en el cuerpo la
+bomba, y aquella misma noche o al día siguiente por la mañana,
+Maximiliano y ella se verían las caras... Que la señora viuda de
+Jáuregui estaba volada, lo probó la inseguridad de su paso al recorrer
+la distancia entre el domicilio de las de la Caña y el suyo. Hablaba
+sola, y se le cayó el paraguas dos veces, y cuando se bajó a recogerlo,
+se le cayó el pañuelo, y por fin, en vez de entrar en el portal de su
+casa, entró en el próximo. ¡Como estuviera en casa el muy hipocritón, su
+tía le iba a poner verde! Pero no estaría seguramente, porque eran las
+once de la noche, y el señoritingo no entraba ya nunca antes de las doce
+o la una... ¡Quién lo había de decir; pero quién lo había de decir...!,
+aquel cuitado, aquella calamidad de chico, aquella inutilidad, tan
+fulastre y para poco que no tenía aliento para apagar una vela, y que a
+los dieciocho años, sí, bien lo podía asegurar doña Lupe, no sabía lo
+que son mujeres y creía que los niños que nacen vienen de París; aquel
+hombre fallido enamorarse así, ¡y de quién!, ¡de una mujer perdida...!,
+pero perdida... en toda la extensión de la palabra.
+
+«¿Ha venido el señorito?» preguntó a su criada, y como esta le
+contestara que no, frunció los labios en señal de impaciencia.
+
+El desasosiego y la ira habrían llegado qué sé yo a dónde, si no se
+desahogaran un poco sobre la inocente cabeza de Papitos, y se dice la
+cabeza, porque esta fue lo que más padeció en aquel achuchón. Ha de
+saberse que Papitos era un tanto presumida, y que siendo su principal
+belleza el cabello negro y abundante, en él ponía sus cinco sentidos. Se
+peinaba con arte precoz, haciéndose sortijillas y patillas, y para
+rizarse el fleco, no teniendo tenazas, empleaba un pedazo de alambre
+grueso, calentándolo hasta el rojo. Hubiera querido hacer estas cosas
+por la mañana; pero como su ama se levantaba antes que ella, no podía
+ser. La noche, cuando estaba sola, era el mejor tiempo para dedicarse
+con entera libertad a la peluquería elegante. Un pedazo de espejo, un
+batidor desdentado, un poco de tragacanto y el alambre gordo le
+bastaban. Por mal de sus pecados, aquella noche se había trabajado el
+pelo con tanta perfección, que... «¡hija, ni que fueras a un baile!» se
+había dicho ella a sí misma, con risa convulsiva, al mirarse en el
+espejo por secciones de cara, porque de una vez no se la podía mirar
+toda.
+
+«Puerca, fantasmona, mamarracho--gritó doña Lupe destruyendo con
+manotada furibunda todos aquellos perfiles que la chiquilla había hecho
+en su cabeza--. En esto pasas el tiempo... ¿No te da vergüenza de andar
+con la ropa llena de agujeros, y en vez de ponerte a coser te da por
+atusarte las crines? ¡Presumida, sinvergüenza! ¿Y la cartilla? Ni
+siquiera la habrás mirado... Ya, ya te daré yo pelitos. Voy a llevarte
+a la barbería y a raparte la cabeza, dejándotela como un huevo».
+
+Si le hubieran dicho que le cortaban la cabeza, no hubiera sentido la
+chica más terror.
+
+«Eso, ahora el moquito y la lagrimita, después me envenenas la sangre
+con tus peinados indecentes. Pareces la mona del Retiro... Estás
+bonita... sí... Pero qué, ¿también te has echado pomada?».
+
+Doña Lupe se olió la mano con que había estropeado impíamente el
+criminal flequillo. Al acercar la mano a su nariz, hízolo con ademán tan
+majestuoso, que es lástima no lo reprodujera un buen maestro de
+escultura.
+
+«Gorrina... me has pringado la mano... ¡Uy, qué pestilencia!... ¿De
+dónde has sacado esta porquería?».
+
+--Me la dio el _sito_ Maxi--respondió Papitos con humildad...
+
+Esto llevó bruscamente las ideas de doña Lupe a la verdadera causa de su
+ira. Ocurriósele hacer un reconocimiento en el cuarto de su sobrino, lo
+que agradeció mucho Papitos, porque de este modo tenía fin de inmediato
+el sofoco que estaba pasando. «Vete a la cocina» le dijo la señora; y no
+necesitó repetírselo, porque se escabulló como un ratoncillo que siente
+ruido. Doña Lupe encendió luz en el cuarto de Maximiliano, y empezó a
+observar. «¡Si encontrara alguna carta!--pensó--. ¡Pero quia! Ahora
+recuerdo que me han dicho que esa tarasca no sabe escribir. Es un
+animal en toda la extensión de la palabra».
+
+Registra por aquí, registra por allá, nada encontraba que sirviera de
+comprobación a la horrible noticia. Abrió la cómoda, valiéndose de las
+llaves de la suya, y allí tampoco había nada. La hucha estaba en su
+sitio y llena, quizás más pesada que antes. Retratos, no los vio por
+ninguna parte. Hallábase doña Lupe engolfada en su investigación
+policíaca, sin descubrir rastro del crimen, cuando entró Maximiliano.
+Papitos le abrió la puerta; dirigiose a su cuarto sorprendido de ver luz
+en él, y al encarar con su tía, que estaba revolviendo el tercer cajón
+de la cómoda, comprendió que su secreto había sido descubierto, y le
+corrieron escalofríos de muerte por todo el cuerpo. Doña Lupe supo
+contenerse. Era persona de buen juicio y muy oportunista, quiero decir
+que no gustaba de hacer cosa ninguna fuera de sazón, y para calentarle
+las orejas a su sobrino no era buena hora la media noche. Porque
+seguramente ella había de alzar la voz y no convenía el escándalo.
+También era probable que al chico le diera una jaqueca muy fuerte si le
+sofocaban tan a deshora, y doña Lupe no quería martirizarle. Lelo y mudo
+estaba el estudiante en la puerta de su cuarto, cuando su tía se volvió
+hacia él, y echándole una mirada muy significativa, le dijo:
+
+«Pasa; yo me voy. Duerme tranquilo, y mañana te ajustaré las
+cuentas...». Se fue hacia su alcoba; pero no había dado diez pasos,
+cuando volvió airada amenazándole con la mano y con un grito:
+«¡Grandísimo pillo!... Pero tente boca. Quédese esto para mañana... A
+dormir se ha dicho».
+
+No durmió Maximiliano pensando en la escena que iba a tener con su tía.
+Su imaginación agrandaba a veces el conflicto haciéndolo tan
+hermosamente terrible como una escena de Shakespeare; otras lo reducía a
+proporciones menudas. «¿Y qué, señora tía, y qué?--decía alzando los
+hombros dentro de la cama, como si estuviera en pie--. He conocido una
+mujer, me gusta y me quiero casar con ella. No veo el motivo de tanta...
+Pues estamos frescos... ¿Soy yo alguna máquina?... ¿no tengo mi libre
+albedrío?... ¿Qué se ha figurado usted de mí?». A ratos se sentía tan
+fuerte en su derecho, que le daban ganas de levantarse, correr a la
+alcoba de su tía, tirarle de un pie, despertarla y soltarle este
+jicarazo: «Sepa usted que al son que me tocan bailo. Si mi familia se
+empeña en tratarme como a un chiquillo, yo le probaré a mi familia que
+soy hombre». Pero se quedó helado al suponer la contestación de su tía,
+que seguramente sería esta: «¿Qué habías tú de ser hombre, qué habías de
+ser...?».
+
+Cuando el buen chico se levantó al día siguiente, que era domingo, ya
+doña Lupe había vuelto de misa. Entrole Papitos el chocolate, y, la
+verdad, no pudo pasarlo, porque se le había puesto en el epigastrio la
+tirantez angustiosa, síntoma infalible de todas las situaciones
+apuradas, lo mismo por causa de exámenes que por otro temor o sobresalto
+cualquiera. Estaba lívido, y la señora debió de sentir lástima cuando le
+vio entrar en su gabinete, como el criminal que entra en la sala de
+juicio. La ventana estaba abierta, y doña Lupe la cerró para que el
+pobrecillo no se constipase, pues una cosa es la salud y otra la
+justicia. Venía el delincuente con las manos en los bolsillos y una
+gorrita escocesa en la cabeza, las botas nuevas y la ropa de dentro de
+casa, tan mustio y abatido que era preciso ser de bronce para no
+compadecerle. Doña Lupe tenía una falda de diario con muchos y grandes
+remiendos admirablemente puestos, delantal azul de cuadros, toquilla
+oscura envolviendo el arrogante busto, pañuelo negro en la cabeza,
+mitones colorados y borceguíes de fieltro gruesos y blandos, tan blandos
+que sus pasos eran como los de un gato. El gabinetito era una pieza muy
+limpia. Una cómoda y el armario de luna de forma vulgar eran los
+principales muebles. El sofá y sillería tenían forro de _crochet_ a
+estilo de casa de huéspedes, todo hecho por la señora de la casa.
+
+Pero lo que daba cierto aspecto grandioso al gabinete era el retrato
+del difunto esposo de doña Lupe, colgado en el sitio presidencial, un
+cuadrángano al óleo, perverso, que representaba a D. Pedro Manuel de
+Jáuregui, alias _el de los Pavos_, vestido de comandante de la Milicia
+Nacional, con su morrión en una mano y en otra el bastón de mando.
+Pintura más chabacana no era posible imaginarla. El autor debía de ser
+una especialidad en las muestras de casas de vacas y de burras de leche.
+Sostenía, no obstante, doña Lupe que el retrato de Jáuregui era una obra
+maestra, y a cuantos lo contemplaban les hacía notar dos cosas
+sobresalientes en aquella pintura, a saber: que donde quiera que se
+pusiese el espectador los ojos del retrato miraban al que le miraba, y
+que la cadena del reloj, la gola, los botones, la carrillera y placa del
+morrión, en una palabra, toda la parte metálica estaba pintada de la
+manera más extraordinaria y magistral.
+
+Las fotografías que daban guardia de honor al lienzo eran muchas, pero
+colgadas con tan poco sentimiento de la simetría, que se las creería
+seres animados que andaban a su arbitrio por la pared.
+
+«Muy bien, Sr. D. Maximiliano, muy bien--dijo doña Lupe mirando
+severísimamente a su sobrino--. Siéntate que hay para rato».
+
+
+
+
+--III--
+
+Doña Lupe la de los Pavos
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Maximiliano no se sentó, doña Lupe sí, y en el centro del sofá debajo
+del retrato, como para dar más austeridad al juicio. Repitió el «muy
+bien, Sr. D. Maximiliano» con retintín sarcástico. Por lo general,
+siempre que su tía le daba tratamiento, llamándole _señor don_, el pobre
+chico veía la nube del pedrisco sobre su cabeza.
+
+«¡Estarse una matando toda la vida--prosiguió ella--, para sacar
+adelante al dichoso sobrinito, sortearle las enfermedades a fuerza de
+mimos y cuidados, darle una carrera quitándome yo el pan de la boca,
+hacer por él lo que no todas las madres hacen por sus hijos para que al
+fin!... ¡Buen pago, bueno!... No, no me expliques nada, si estoy
+perfectamente informada. Sé quién es esa... dama ilustre con quien te
+quieres casar. Vamos, que buena doncella te canta... ¿Y creerás que
+vamos a consentir tal deshonra en la familia? Dime que todo es una
+chiquillada y no se hable más del asunto».
+
+Maximiliano no podía decir tal cosa; pero tampoco podía decir otra,
+porque si en el fondo de su ánimo empezaban a levantarse olas de
+entereza, esas olas reventaban y se descomponían antes de llegar a la
+orilla, o sea a los labios. Estaba tan cortado, que sintiendo dentro de
+sí la energía no la podía mostrar por aquella pícara emoción nerviosa
+que le embargaba. Dejó esparcir sus miradas por la pared testera, como
+buscando por allí un apoyo. En ciertas situaciones apuradas y en los
+grandes estupores del alma, las miradas suelen fijarse en algo
+insignificante y que nada tiene que ver con la situación. Maximiliano
+contempló un rato el grupo fotográfico de las chicas de Samaniego,
+Aurora y Olimpia, con mantilla blanca, enlazados los brazos, la una muy
+adusta, la otra sentimental. ¿Por qué miraba aquello? Su turbación le
+llevaba a colgar las miradas aquí y allí, prendiendo el espíritu en
+cualquier objeto, aunque fueran las cabezas de los clavos que sostenían
+los retratos.
+
+«Explícate, hombre--añadió doña Lupe, que era viva de genio--. ¿Es una
+niñería?».
+
+--No, señora--respondió el acusado, y esta negación, que era afirmación,
+empezó a darle ánimos, aligerándole un poco la angustia aquella de la
+boca del estómago.
+
+--¿Estás seguro de que no es chiquillada? ¡Valiente idea tienes tú del
+mundo y de las mujeres, inocente!... Yo no puedo consentir que una
+pindonga de esas te coja y te engañé para timarte tu nombre honrado,
+como otros timan el reloj. A ti hay que tratarte siempre como a los
+niños atrasaditos que están a medio desarrollar. Hay que recordar que
+hace cinco años todavía iba yo por la mañana a abrocharte los calzones,
+y que tenías miedo de dormir solo en tu cuarto.
+
+Idea tan desfavorable de su personalidad exasperaba al joven. Sentía
+crecer dentro la bravura; pero le faltaban palabras. ¿Dónde demonios
+estaban aquellas condenadas palabras que no se le ocurrían en trance
+semejante? El maldito hábito de la timidez era la causa de aquel
+silencio estúpido. Porque la mirada de doña Lupe ejercía sobre él
+fascinación singularísima, y teniendo mucho que decir, no lograba
+decirlo. «¿Pero qué diría yo?... ¿Cómo empezaría yo?» pensaba fijando la
+vista en el retrato de Torquemada y su esposa, de bracete.
+
+--Todo se arreglará--indicó doña Lupe en tono conciliador--, si consigo
+quitarte de la cabeza esas humaredas. Porque tú tienes sentimientos
+honrados, tienes buen juicio... Pero siéntate. Me da fatiga de verte en
+pie.
+
+--Es menester que usted se entere bien--dijo Maximiliano al sentarse en
+el sillón, creyendo haber encontrado un buen cabo de discurso para
+empezar--; se entere bien de las cosas... Yo... pensaba hablar a
+usted...
+
+--¿Y por qué no lo hiciste? ¡Qué tal sería ello!... ¡Vaya, que un chico
+delicadito como tú, meterse con esas viciosonas...! Y no te quepa
+duda... Así, pronto entregarás la pelleja. Si caes enfermo, no vengas a
+que te cuide tu tía, que para eso sí sirvo yo, ¿eh?, para eso sí sirvo,
+ingrato, tunante... ¿Y te parece bien que cuando me miro en ti, cuando
+te saco adelante con tanto trabajo y soy para ti más que una madre; te
+parece bien que me des este pago, infame, y que te me cases con una
+mujer de mala vida?
+
+Rubín se puso verde y le salió un amargor intensísimo del corazón a los
+labios.
+
+«No es eso, tía, no es eso--sostuvo, entrando en posesión de sí mismo--.
+No es mujer de mala vida. La han engañado a usted».
+
+--El que me ha engañado eres tú con tus encogimientos y tus timideces...
+Pero ahora lo veremos. No creas que vas a jugar conmigo; no creas que te
+voy a dejar hacer tu gusto. ¿Por quién me tomas, bobalicón?... ¡Ah, si
+yo no hubiera tenido tanta confianza...! ¡Pero si he sido una tonta; si
+me creí que tú no eras capaz de mirar a una mujer! Buena me la has dado,
+buena. Eres un apunte... en toda la extensión de la palabra.
+
+Maximiliano, al oír esto, estaba profundamente embebecido, mirando el
+retrato de Rufinita Torquemada. La veía y no la veía, y sólo
+confusamente y con vaguedades de pesadilla, se hacía cargo de la
+actitud de la señorita aquella, retratada sobre un fondo marino y
+figurando que estaba en una barca. Vuelto en sí, pensó en defenderse;
+pero no podía encontrar las armas, es decir, las palabras. Con todo, ni
+por un instante se le ocurría ceder. Flaqueaba su máquina nerviosa; pero
+la voluntad permanecía firme.
+
+«A usted la han informado mal--insinuó con torpeza--, respecto a la
+persona... que... Ni hay tal vida airada ni ese es el camino... Yo
+pensaba decirle a usted: 'Tía, pues yo... quiero a esta persona, y... mi
+conciencia...'».
+
+--Cállate, cállate y no me saques la cólera, que al oírte decir que
+quieres a una tiota chubasca, me dan ganas de ahogarte, más por tonto
+que por malo... y al oírte hablar de conciencia en este tratado, me dan
+ganas de... Dios me perdone... ¿Sabes lo que te digo?--añadió alzando la
+voz--, ¿sabes lo que te digo? Que desde este momento vuelvo a tratarte
+como cuando tenías doce años. Hoy no me sales de casa. Ea, ya estoy yo
+en funciones con mis disciplinas... Y desde mañana me vuelves a tomar el
+aceite de hígado de bacalao. Vete a tu cuarto y quítate las botas. Hoy
+no me pisas la calle.
+
+Dios sabe lo que iba a contestar el acusado. Quedó suelta en el aire la
+primera palabra, porque llegó una visita. Era el Sr. de Torquemada,
+persona de confianza en la casa, que al entrar iba derecho al gabinete,
+a la cocina, al comedor o a donde quiera que la señora estuviese. La
+fisonomía de aquel hombre era difícil de entender. Sólo doña Lupe, en
+virtud de una larga práctica, sabía encontrar algunos jeroglíficos en
+aquella cara ordinaria y enjuta, que tenía ciertos rasgos de tipo
+militar con visos clericales. Torquemada había sido alabardero en su
+mocedad, y conservando el bigote y perilla, que eran ya entrecanos,
+tenía un no sé qué de eclesiástico, debido sin duda a la mansedumbre
+afectada y dulzona, y a un cierto subir y bajar de párpados con que
+adulteraba su grosería innata. La cabeza se le inclinaba siempre al lado
+derecho. Su estatura era alta, mas no arrogante; su cabeza calva, crasa
+y escamosa, con un enrejado de pelos mal extendidos para cubrirla. Por
+ser aquel día domingo, llevaba casi limpio el cuello de la camisa, pero
+la capa era el número dos, con las vueltas aceitosas y los ribetes
+deshilachados. Los pantalones, mermados por el crecimiento de las
+rodilleras, se le subían tanto que parecía haber montado a caballo sin
+trabillas. Sus botas, por ser domingo, estaban aquel día embetunadas y
+eran tan chillonas que se oían desde una legua.
+
+«¿Y cómo está la familia?» preguntó al tomar asiento, después de dar su
+mano siempre sudorosa a doña Lupe y al sobrino.
+
+--Perfectamente bien--dijo la señora observando con ansiedad el
+semblante de Torquemada--. ¿Y en casa?
+
+--No hay novedad, a Dios gracias. Doña Lupe esperaba aquel día noticia
+de un asunto que le interesaba mucho. Como siempre se ponía en lo peor
+para que las desgracias no la cogieran desprevenida, pensó, al ver
+entrar a su agente, que le traía malas nuevas. Temió preguntarle. La
+cara de militar adulterado no expresaba más que un interés decidido por
+la familia. Al fin Torquemada, que no gustaba de perder el tiempo, dijo
+a su amiga:
+
+«Vamos, doña Lupe, que hoy estamos de buena. ¿A que no me acierta usted
+la peripecia que le traigo?».
+
+La fisonomía de la señora se iluminó, pues sabía que su amigo llamaba
+peripecia a toda cobranza inesperada. Echose él a reír, y metió mano al
+bolsillo interior de su americana.
+
+«¡Ay! No me lo diga usted, D. Francisco--exclamó doña Lupe con
+incredulidad, cruzando las manos--. ¿Ha pagado...?».
+
+--Lo va usted a ver... Yo... tampoco lo esperaba. Como que fui anoche a
+decirle que el lunes se le embargaría. Hoy por la mañana, cuando me
+estaba vistiendo para ir a misa, me le veo entrar. Creí que venía a
+pedirme más prórrogas. Como siempre nos está engañando, que hoy, que
+mañana... Yo no le creo ni la Biblia. Es muy fabulista. Pero en fin,
+pedradas de estas nos den todos los días. «Señor de Torquemada--me dice
+muy serio--, vengo a pagarle a usted...». Me quedé lo que llaman
+atónito. Como que no esperaba la peripecia. Finalmente, que me dio el
+_guano_, o sean ocho mil reales, cogió su pagaré, y a vivir.
+
+--Lo que yo le decía a usted--observó doña Lupe casi sin poder hablar,
+con la alegría atravesada en la garganta--. El tal Joaquinito Pez es una
+persona decente. Él pasa sus apurillos como todos esos hijos de familia
+que se dan buena vida, y un día tienen, otro no. De fijo que será
+jugador...
+
+Torquemada hizo una separación de billetes, dando la mayor parte a doña
+Lupe.
+
+«Los seis mil reales de usted... dos mil míos. Buen chiripón ha sido
+este. Yo los contaba, como quien dice, perdidos, porque el tal
+Joaquinito está, según oí, con el agua al cuello. ¿Quién será el
+desgraciado a quien ha dado el sablazo? A bien que a nosotros no nos
+importa».
+
+--Como no le hemos de prestar más...
+
+--Mire usted, doña Lupe--dijo Torquemada, haciendo una perfecta _o_ con
+los dedos pulgar e índice y enseñándosela a su interlocutora.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Doña Lupe contempló la _o_ con veneración y escuchó:
+
+«Mire usted, señora, estos señoritos disolutos son buenos parroquianos,
+porque no reparan en el materialismo del premio y del plazo; pero al fin
+la dan, y la dan gorda. Hay que tener mucho ojo con ellos. Al principio,
+el embargo les asusta; pero como lleguen a perder el punto una vez, lo
+mismo les da _fu_ que _fa_. Aunque usted les ponga en la publicidad de
+la _Gaceta_, se quedan tan frescos. Vea usted al marquesito de
+Casa-Bojío; le embargué el mes pasado; le vendí hasta la lámina en que
+tenía el árbol genealógico. Pues, finalmente, a los tres días me le vi
+en un faetón, como si tal cosa, y pasó por junto a mí y las ruedas me
+salpicaron el barro de la calle... No es que me importe el materialismo
+del barro; lo digo para que se vea lo que son... ¿Pues creerá usted que
+encontró después quien le prestara? Ello fue al cuatro mensual; pero aun
+al cinco sería, como quien dice, el todo por el todo. Verdad que no
+molestan, y si a mano viene, cuando piden prórroga, por tenerle a uno
+contento le dan un destinillo para un sobrino, como hizo el chico de Pez
+conmigo... pero el materialismo del destino no importa; a lo mejor la
+pegan y de canela fina, créame usted. Por eso, ya puede venir ahora a
+tocar a esta puerta, que le he de mandar a plantar cebollino».
+
+Al llegar aquí Torquemada sacó su sebosa petaca. Como tenía tanta
+confianza, iba a echar un cigarro; ofreció a Maximiliano, y doña Lupe
+respondió bruscamente por él diciendo con desdén: «Este no fuma».
+
+Las operaciones previas de la fumada duraban un buen rato, porque
+Torquemada le variaba el papel al cigarrillo. Después encendió el
+fósforo raspándolo en el muslo. «Como seguro--prosiguió--, aunque da
+mucho que hacer, el _chico_ de la tienda de ropas hechas, José María
+Vallejo. Allí me tiene todos los primeros de mes, como un perro de
+presa... Mil duros me tiene allí, y no le cobro más que veintiséis todos
+los meses. ¿Que se atrasa? «Hijo, yo tengo un gran compromiso y no te
+puedo aguardar». Cojo media docena de capas, y me las llevo, y tan
+fresco... Y no lo hago por el materialismo de las capas, sino para que
+mire bien el plazo. Si no hay más remedio, señora. Es menester tratarles
+así, porque no guardan consideración. Se figuran que tiene uno el dinero
+para que ellos se diviertan. ¿Se acuerda usted de aquellos estudiantes
+que nos dieron tanta guerra?, fue el primer dinero de usted que coloqué.
+¡Aquel Cienfuegos, aquel Arias Ortiz! Vaya unos peines. Si no es por mí,
+no se les cobra...
+
+Y eran tan tunantes, que después que iban a casa llorándome tocante a la
+prórroga, me los encontraba en el café atizándose bisteques... y vengan
+copas de ron y marrasquino... Lo mismo que aquel tendero de la calle
+Mayor, aquel Rubio que tenía peletería, ¿se acuerda usted? Un día,
+finalmente, me trajo su reloj, los pendientes de su mujer, y doce cajas
+de pieles y manguitos, y aquella misma tarde, aquella mismísima tarde,
+señora, me le veo en la Puerta del Sol, encaramándose en un coche para
+ir a los Toros... Si son así... quieren el dinero, como quien dice, para
+el materialismo de tirarlo. Por eso estoy todo el santo día vigilando a
+José María Vallejo, que es un buen hombre, sin despreciar a nadie. Voy a
+la tienda y veo si hay gente, si hay movimiento; echo una guiñada al
+cajón; me entero de si el chico que va a cobrar las cuentas trae
+_guano_; sermoneo al principal, le doy consejos, le recomiendo que al
+que paga no le crucifique. ¡Si es la verdad, si no hay más camino...!
+Finalmente, el que se hace de manteca pronto se lo meriendan. Y no lo
+agradecen, no señora, no agradecen el interés que me tomo por ellos.
+Cuando me ven entrar, ¡si viera usted qué cara me ponen! No reparan que
+están trabajando con mi dinero. Y finalmente, ¿qué eran ellos? Unos
+pobres pelagatos. Les parece que porque me dan veintiséis duros al mes,
+ya han cumplido... Dicen que es mucho y yo digo que me lo tienen que
+agradecer, porque los tiempos están malos, pero muy malos».
+
+En toda la parte del siglo XIX que duró la larguísima existencia
+usuraria de D. Francisco Torquemada, no se le oyó decir una sola vez
+siquiera que los tiempos fueran buenos. Siempre eran malos, pero muy
+malos. Aun así, el 68 ya tenía Torquemada dos casas en Madrid, y había
+empezado sus negocios con doce mil reales que heredó su mujer el 51. Los
+un día mezquinos capitales de doña Lupe, él se los había centuplicado en
+un par de lustros, siendo esta la única persona que asociaba a sus
+oscuros negocios. Cobrábale una comisión insignificante, y se tomaba por
+los asuntos de ella tanto interés como por los propios, en razón a la
+gran amistad que había tenido con el difunto Jáuregui.
+
+«Y con esta fecha y con esta facha me voy» dijo levantándose y
+colgándose la capa que se le caía del hombro izquierdo.
+
+--¿Tan pronto?--Señora, que no he oído misa. Lo que le decía a usted,
+estaba vistiéndome para salir a oírla, cuando entró Joaquinito a darme
+la gran peripecia.
+
+--¡Buena ha sido, buena!--exclamó doña Lupe, oprimiendo contra su seno
+la mano en que tenía los billetes, tan bien cogidos que no se veía el
+papel por entre los dedos.
+
+--Quédate con Dios--dijo Torquemada a Maximiliano que sólo contestó al
+saludo con un _ju ju_...
+
+Y salió al recibimiento, acompañado de doña Lupe. Maximiliano les sintió
+cuchicheando en la puerta. Por fin se oyeron las botas chillonas del
+ex-alabardero bajando la escalera, y doña Lupe reapareció en el
+gabinete. El júbilo que le causaba la cobranza de aquel dinero que creía
+perdido era tan grande, que sus ojos pardos le lucían como dos carbones
+encendidos, y su boca traía bosquejada una sonrisa. Desde que la vio
+entrar, conoció Maximiliano que su cólera se había aplacado. El _guano_,
+como decía Torquemada, no podía menos de dulcificarla; y llegándose a
+donde estaba el delincuente, que no se había movido de la butaca, le
+puso una mano en el hombro, empuñando fuertemente en la otra los
+billetes, y le dijo:
+
+«No, no te sofoques... no es para tomarlo así. Yo te digo estas cosas
+por tu bien...».
+
+--Yo, realmente--repuso Maximiliano con serenidad, que más le asombró a
+él mismo que a doña Lupe--, no me he sofocado... yo estoy tranquilo,
+porque mi conciencia...
+
+Aquí se volvió a embarullar. Doña Lupe no le dio tiempo a desenvolverse
+porque se metió en la alcoba, cerrando las vidrieras. Desde el gabinete
+la sintió Maximiliano trasteando.
+
+Guardaba el dinero. Abriendo después la puerta, mas sin salir de la
+alcoba, la señora siguió hablando con su sobrino:
+
+«Ya sabes lo que te he dicho. Hoy no me sales a la calle... Y desde
+mañana empezarás a tomarme el aceite de hígado de bacalao, porque todo
+eso que te da no es más que debilidad del cerebro... Luego seguiremos
+con el fosfato, otra vez con el fosfato. No debiste dejar de
+tomarlo...».
+
+Maximiliano, como no tenía delante a su tía, se permitió una sonrisa
+burlona. Miraba en aquel momento a su tío el Sr. de Jáuregui, que le
+miraba también a él, como es consiguiente. No pudo menos de observar que
+el digno esposo de su tía era horrendo; ni comprendía cómo doña Lupe no
+se moría de miedo cuando se quedaba sola, de noche, en compañía de
+semejante espantajo.
+
+«Con que ya sabes--dijo al aparecer en la puerta, abrochándose su cuerpo
+de merino negro, pues se estaba disponiendo para salir--. Ya puedes ir a
+quitarte las botas. Estás preso».
+
+Fuese el joven a su cuarto sin decir nada, y doña Lupe se quedó pensando
+en lo dócil que era. El rigor de su autoridad, que el muchacho acataba
+siempre con veneración, sería remedio eficaz y pronto del desorden de
+aquella cabeza. Bien lo decía ella. «En cuanto yo le doy cuatro gritos,
+le pongo como una liebre. Trabajo les mando a esas lobas que me le
+quieran trastornar».
+
+«¡Papitos...!» gritó la señora, y al punto se oyeron las patadas de la
+chica en el pasillo como las de un caballo en el Hipódromo. Presentose
+con una patata en la mano y el cuchillo en la otra.
+
+«Mira--le dijo su ama con voz queda--. Ten cuidado de ver lo que hace el
+señorito Maxi mientras yo estoy fuera. A ver si escribe alguna carta o
+qué hace».
+
+La mona se dio por enterada, y volvió a la cocina dando brincos.
+
+«A ver--dijo la señora hablando consigo misma--, ¿se me olvidará algo?..
+¡Ah!, el portamonedas. ¿Qué hay que traer?... Fideos, azúcar... y nada
+más. ¡Ah!, el aceite de hígado de bacalao: lo que es eso no se lo
+perdono. A cucharetazos es como se cura esto. Y ahora no habrá el
+realito de vellón por cada toma. Ya es un hombre, quiero decir, ya no es
+un chiquillo».
+
+Figúrese el lector cuál sería el asombro de doña Lupe _la de los Pavos_,
+cuando vio entrar en la sala a su sobrino, no con zapatillas ni en tren
+de andar por casa, sino empaquetado para salir, con su capa de vueltas
+encarnadas, su chaqué azul y su honguito de color de café. Tan
+estupefacta y colérica estaba por la desobediencia del mancebo, que
+apenas pudo balbucir una protesta: «Pe... pero...».
+
+«Tía--dijo Maximiliano con voz alterada y temblorosa--, no pue... no
+puedo obedecer a usted... Soy mayor de edad. He cumplido veinticinco
+años... Yo la respeto a usted; respéteme usted a mí».
+
+Y sin esperar respuesta, dio media vuelta y salió de la casa a toda
+prisa, temiendo sin duda que su tía le agarrase por los faldones.
+
+Bien claro explicaba él su conducta, chismorreando consigo mismo: «Yo no
+sé defenderme con palabras; yo no puedo hablar, y me aturullo y me turbo
+sólo de que mi tía me mire; pero me defenderé con hechos. Mis nervios me
+venden; pero mi voluntad podrá más que mis nervios, y lo que es la
+voluntad, bien firme la tengo ahora. Que se metan conmigo; que venga
+todo el género humano a impedirme esta resolución; yo no discutiré, yo
+no diré una palabra; pero a donde voy, voy, y al que se me ponga por
+delante, sea quien sea, le piso y sigo mi camino».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Doña Lupe se quedó que no sabía lo que le pasaba.
+
+«¡Papitos, Papitos!... No, no te llamo... vete... ¿Pero has visto qué
+insolente? Si no es él, no es él... Es que me le han vuelto del revés,
+me le han embrujado. ¿Habrá tunante? Si estoy por seguirle y avisar a
+una pareja de Orden Público para que me le trinquen... Pero a la noche
+nos veremos las caras. Porque tú has de volver, tú tienes que volver,
+sietemesino hipócrita... Papitos, toma, toma; bájate por los fideos y el
+azúcar. Yo no salgo, no puedo salir. Creo que me va a dar algo... Mira,
+te pasas por la botica y pides un frasco de aceite de hígado de bacalao,
+del que yo traía. Ya saben ellos. Dices que yo iré a pagarlo... Oye,
+oye, no traigas eso. ¡Si no lo va a querer tomar...! Tráete una vara.
+No, no traigas tampoco vara... Te pasas por la droguería y pides diez
+céntimos de sanguinaria. A mí me va a dar algo...».
+
+Estaba en efecto amenazada de un arrebato de sangre, y la cosa no era
+para menos. Nunca había visto en su sobrino un rasgo de independencia
+como el que acababa de ver. Había sido siempre tan poquita cosa, que
+donde le ponían allí se estaba. Voluntad propia, no la tuvo jamás. En
+ningún tiempo fue preciso ponerle la mano encima, porque un fruncimiento
+de cejas bastaba para traerle a la obediencia. ¿Qué había pasado en
+aquel cordero para convertirle en algo así como un leoncillo? La mente
+de doña Lupe no podía descifrar misterio tan grande. Tras de la cólera y
+la confusión vino el abatimiento, y se sentía tan rendida físicamente
+como si hubiera estado toda la mañana ocupada en alguna faena penosa.
+
+Quitose con pausa los trapitos domingueros que se había empezado a
+poner, y volvió a llamar a la mona para decirle: «No hagas más que unas
+sopas de ajo. El señoritingo no vendrá a almorzar, y si viene le acusaré
+las cuarenta».
+
+Tomando la sillita baja, que usaba cuando cosía, la colocó junto al
+balcón. Le dolía la cintura y al sentarse exhaló un ¡ay! Para coser
+usaba siempre gafas. Se las puso, y sacando obra de su cesta de costura,
+empezó a repasar unas sábanas. No le repugnaba a doña Lupe trabajar los
+domingos, porque sus escrúpulos religiosos se los había quitado Jáuregui
+en tantos años de propaganda matrimonial progresista. Púsose, pues, a
+zurcir en su sitio de costumbre, que era junto a la vidriera. En el
+balcón tenía dos o tres tiestos, y por entre las secas ramas veía la
+calle. Como el cuarto era principal, desde aquel sitio se vería muy bien
+pasar gente en caso de que la gente quisiese pasar por allí. Pero la
+calle de Raimundo Lulio y la de Don Juan de Austria, que hace ángulo con
+ella, son de muy poco tránsito. Parece aquello un pueblo. La única
+distracción de doña Lupe en sus horas solitarias era ver quién entraba
+en el taller de coches inmediato o en la imprenta de enfrente, y si
+pasaba o no doña Guillermina Pacheco en dirección del asilo de la calle
+de Alburquerque. Lugar y ocasión admirables eran aquellos para
+reflexionar, con los trapos sobre la falda, la aguja en la mano, los
+espejuelos calados, la cesta de la ropa al lado, el gato hecho una
+pelota de sueño a los pies de su ama. Aquel día doña Lupe tenía, más que
+nunca, materia larga de meditaciones.
+
+«¡Que se esté una sacrificada toda la vida para esto!... Él no lo sabe,
+¿qué ha de saber, si es un tontín? Le ponen el plato delante, ¿y qué
+sabe las agonías que ha costado ponérselo?... Pues si le dijera yo que
+cada garbanzo, algunos días, tiempo ha, tenía el valor de una perla...
+según lo que costaba traerlo a casa...! No sé qué habría sido de mí sin
+el Sr. de Torquemada, ni qué hubiera sido de Maxi sin mí. ¡Lucida
+existencia sería la suya si no hubiera tenido más arrimo que el de sus
+hermanos! Dime, bobo de Coria, ¿si yo no hubiera trabajado como una
+negra para defender el panecillo y poner esta casa en el pie que tiene;
+si no discurriera tanto como discurro, calentándome los sesos a todas
+horas y empleando en mil menudencias estas entendederas que Dios me ha
+dado, ¿qué habría sido de ti, ingratuelo?... ¡Ah! ¡Si viviera mi
+Jáuregui!».
+
+El recuerdo de su difunto, que siempre se avivaba en la mente de doña
+Lupe cuando se veía en algún conflicto, la enterneció. En todas sus
+aflicciones se consolaba con la dulce memoria de su felicidad
+matrimonial, pues Jáuregui había sido el mejor de los hombres y el
+número uno de los maridos. «¡Ay, mi Jáuregui!» exclamaba echando toda
+el alma en un suspiro.
+
+Don Pedro Manuel de Jáuregui había servido en el Real Cuerpo de
+Alabarderos. Después se dedicó a negocios, y era tan honrado, pero tan
+sosamente honrado, que no dejó al morir más que cinco mil reales.
+Oriundo de la provincia de León, recibía partidas de huevos y otros
+artículos de recoba. Todos los paveros leoneses, zamoranos y segovianos
+depositaban en sus manos el dinero que ganaban, para que lo girase a los
+pueblos productores del artículo, y de aquí vino el apodo que le dieron
+en Puerta Cerrada y que heredó doña Lupe. También recibía Jáuregui, por
+Navidad, remesas de mantecadas de Astorga, y a su casa iban a cobrar y a
+dejar fondos todos los ordinarios de la maragatería. En política hizo
+gran papel D. Pedro por ser uno de los corifeos de la Milicia Nacional,
+y era tan sensato, que la única vez que se sublevó lo hizo al grito
+mágico de ¡Viva Isabel II! Falleció aquel bendito, y doña Lupe se
+hubiera muerto también si el dolor matara. Y no se vaya a creer que le
+faltaron pretendientes a la viudita, pues había, entre otros, un D.
+Evaristo Feijoo, coronel de ejército, que le rondaba la calle y no la
+dejaba vivir. Pero la fidelidad a la memoria de su feo y honrado
+Jáuregui se sobreponía en doña Lupe a todos los intereses de la tierra.
+Después vino la crianza y cuidado de su sobrinito, que le dieron esa
+distracción tan saludable para las desazones del alma. Torquemada y los
+negocios ayudáronla también a entretener su existencia y a conllevar su
+dolor... Pasó tiempo, ganó dinero, y lentamente vino la situación en que
+la he descrito. Frisaba ya doña Lupe en los cincuenta años, mas estaba
+tan bien conservada, que no parecía tener más de cuarenta. Había sido en
+su mocedad frescachona de cuerpo y enjuta de rostro, y tenía cierto
+parecido remoto con Juan Pablo. Sus ojos pardos conservaban la viveza de
+la juventud; pero tenía cierta adustez jurídica en la cara, acentuada de
+líneas y seca de color. Sobre el labio superior, fino y violado cual los
+bordes de una reciente herida, le corría un bozo tenue, muy tenue, como
+el de los chicos precoces, vello finísimo que no la afeaba ciertamente;
+por el contrario, era quizás la única pincelada feliz de aquel rostro
+semejante a las pinturas de la Edad Media, y hacía la gracia el tal bozo
+de ir a terminarse sobre el pico derecho de la boca con una verruguita
+muy mona, de la cual salían dos o tres pelos bermejos que a la luz
+brillaban retorcidos como hilillos de cobre. El busto era hermoso,
+aunque, como se verá más adelante, había en él algo y aun algos de
+falseamiento de la verdad.
+
+Descollaba doña Lupe por la inteligencia y por el prurito de mostrarla a
+cada instante.
+
+Así como a otras el amor propio les inspira la presunción, a la viuda de
+Jáuregui le infundía convicciones de superioridad intelectual y el deseo
+de dirigir la conducta ajena, resplandeciendo en el consejo y en todo lo
+que es práctico y gubernativo. Era una de esas personas que, no habiendo
+recibido educación, parece que la han tenido cumplidísima, por lo bien
+que se expresan, por la firmeza con que se imponen un carácter y lo
+sostienen, y por lo bien que disfrazan con las retóricas sociales las
+brutalidades del egoísmo humano.
+
+De la memoria de su Jáuregui llevó el pensamiento a su sobrino. Eran sus
+dos amores. Subiéndose las gafas que se le habían deslizado hasta la
+punta de la nariz, prosiguió así: «Pues conmigo no juega. Le pongo en la
+calle como tres y dos son cinco. Tendré que hacer un esfuerzo, porque le
+quiero como debe de quererse a los hijos... ¡Yo que tenía la ilusión de
+casarle con Rufina o al menos con Olimpia!... No, me gusta mucho más
+Rufina Torquemada. Cuidado que soy tonta. Al verle tan huraño, y que se
+escondía cuando entraba doña Silvia con su hija, creía que hablarle a
+este chico de mujeres era como mentarle al diablo la cruz. Fíese usted
+de apariencias. Y ahora resulta que hace meses sostiene a una mujer, y
+se pasa el día entero con ella y... Vamos, yo tengo que ver esto para
+creerlo... Y otra cosa: ¿cómo se las arreglará para mantenerla?... La
+hucha está allí con su peso de siempre...».
+
+Doña Lupe, al llegar aquí, se engolfó en cavilaciones tan abstrusas que
+no es posible seguirla. Su mente se sumergía y salía a flote, como un
+madero arrojado en medio de las bravas olas. La buena señora estuvo así
+toda la tarde. Llegada la noche, deseaba ardientemente que el sobrino
+entrase de la calle para descargar sobre él todo el material de lavas
+que el volcán de su pecho no podía contener. Entró el sietemesino muy
+tarde, cuando su tía estaba ya comiendo y se había servido el cocido.
+Maximiliano se sentó a la mesa sin decir nada, muy grave y algo azorado.
+Empezó a comer con apetito la sopa fría, echando miradas indagatorias e
+inquietas a su señora tía, que evitaba el mirarle... _por no romper_...
+«Debo contenerme--pensaba ella--, hasta que coma... Y parece que tiene
+ganitas...». A ratos el joven daba hondos suspiros mirando a su tía,
+cual si deseara tener una explicación con ella. Más de una vez quiso
+doña Lupe romper en denuestos; pero el silencio y la compostura de su
+sobrino la contenían, haciéndole temer que se repitiera el rasgo varonil
+de aquella mañana. Por fin, apenas cató el joven unas pasas que de
+postre había, se levantó para ir a su cuarto; y apenas le vio doña Lupe
+de espalda, se le encendieron bruscamente los ánimos y corrió tras él,
+conteniendo las palabras que a la boca se le salían. Estaba el pobre
+chico encendiendo el quinqué de su cuarto, cuando la señora apareció en
+la puerta, gritando con toda la fuerza de sus pulmones: «Zascandil».
+
+No se inmutó Maximiliano ni aun cuando doña Lupe, repitiendo su
+apóstrofe, llegó al cuarto o al quinto _zascandil_. Y como si esta
+palabra fuera el tapón de su ira, tras ella corrieron en vena abundante
+las quejas por lo que el chico había hecho aquella mañana. «Y no quiero
+hablar ahora del motivo--añadió ella--; de esa moza que te has echado...
+y que sin duda empieza por pegarte su mala educación. Voy a la patochada
+de esta mañana. ¿Crees que tu tía es algún trapo viejo?».
+
+El muchacho se sentó en la silla que junto a la cama estaba, y apoyando
+el codo en esta, aguantó el achuchón, sin mirar a su juez. Tenía un
+palillo entre los dientes, y lo llevaba de un lado para otro de la boca
+con nerviosa presteza. Ya se le había quitado el gran temor que la
+hermana de su padre le infundía. Como ciertos cobardes se vuelven
+valientes desde que disparan el primer tiro, Maximiliano, una vez que
+rompió el fuego con la hombrada de aquella mañana, sentía su voluntad
+libre del freno que le pusiera la timidez. Dicha timidez era un fenómeno
+puramente nervioso, y en ella tenían no poca parte también sus
+rutinarios hábitos de subordinación y apocamiento. Mientras no hubo en
+su alma una fuerza poderosa, aquellos hábitos y la diátesis nerviosa
+formaron la costra o apariencia de su carácter; pero surgió dentro la
+energía, que estuvo luchando durante algún tiempo por mostrarse,
+rompiendo la corteza. La timidez o falsa humildad endurecía esta, y como
+la energía interior no encontraba un auxilio en la palabra, porque la
+sumisión consuetudinaria y la cortedad no le habían permitido educarla
+para discutir, pasaba tiempo sin que la costra se rompiera. Por fin, lo
+que no pudieron hacer las palabras, lo hizo un acto. Roto el cascarón,
+Maximiliano se encontró más valiente y dispuesto a medirse con la fiera.
+Lo que antes era como levantar una montaña, parecíale ya como alzar del
+suelo un pañuelo.
+
+Oyó en calma los desahogos de su tía. ¡Cuántos argumentos se podían
+oponer a los que la buena señora disparaba con más ardor que lógica!
+Pero lo que es en argumentar con palabras ¡qué diablo!, todavía no
+estaba él fuerte. Argumentaba con hechos. En esto sí que se pintaba
+solo. Cuando su tía tomó respiro dejándose caer sofocada en la silla
+próxima a la mesa, Maximiliano rompió a hablar a su vez; pero no era
+aquello razonar, era como si cogiera su corazón y lo volcara sobre la
+cama, lo mismo que había volcado la hucha después de cascarla.
+
+«La quiero tanto--dijo sin mirar a su tía, y encontrando palabras
+relativamente fáciles para expresar sus sentimientos--, la quiero tanto,
+que toda mi vida está en ella, y ni ley ni familia ni el mundo entero me
+pueden apartar de ella... Si me ponen en esta mano la muerte y en esta
+otra dejar de quererla y me obligan a escoger, preferiré mil veces
+morirme, matarme o que me maten... La quise desde el momento en que la
+vi, y no puedo dejar de quererla, sino dejando de vivir... de modo que
+es tontería oponerse a lo que tengo pensado, porque salto por encima de
+todo y si me ponen delante una pared la paso... ¿Ve usted cómo rompen
+los jinetes del Circo de Price los papeles que les ponen delante cuando
+saltan sobre los caballos? Pues así rompo yo una pared si me la ponen
+entre ella y yo».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Este símil hubo de impresionar vivamente a la gran doña Lupe, que
+contempló un rato a su sobrino con más lástima que ira.
+
+«Yo me he llevado chascos en mi vida--dijo meneando la cabeza como los
+muñecos que tienen un alambre en el pescuezo--; pero un chasco como este
+no me lo he llevado nunca. Me la has dado completa, a fondo, de
+maestro... Cierto que no tengo poder sobre ti... Si te pierdes, bien
+perdido estás. No me vengas a mí después con arrumacos. Te crié, te
+eduqué, he sido para ti una madre. ¿No te parece que debías haberme
+dicho: 'pues tía, esto hay'?».
+
+--Cierto que sí--replicó vivamente Maximiliano--, pero me daba reparo,
+tía. Ahora que me he soltado paréceme la cosa más fácil del mundo. De
+esta falta le pido a usted perdón, porque reconozco que me porté mal.
+Pero se me trababa la lengua cuando quería decir algo, y me entraban
+sudores... Me acostumbré a no hablar a usted más que de si me dolía o no
+la cabeza, de que se me había caído un botón, de si llovía o estaba seco
+y otras tonterías así... Oiga usted ahora, que después de callar tanto
+me parece que reviento si no le cuento a usted todo. La conocí hace tres
+meses. Estaba pobre, había sido muy desgraciada...
+
+--Sí, sí, me han dicho que es muy corrida. Tienes buenas
+tragaderas--afirmó doña Lupe con crueldad.
+
+--No haga usted caso... los hombres son muy malos. ¿No conviene usted
+conmigo en que los hombres son muy malos? Y dígame usted ahora. ¿No es
+acción noble traer al buen camino a una alma buena que se ha
+descarriado?
+
+--¡Y tú, tú--chilló la de Jáuregui con espanto, persignándose--, te has
+metido a pastor!
+
+--Pero aguárdese usted, tía. No juzgue usted las cosas tan de
+ligero--insistió Maximiliano, apurado por no saber expresarse bien--.
+¡Si ella está arrepentida! Ni ha sido tampoco tan mala como a usted le
+han dicho. Si es un ángel...
+
+--¡De cornisa! Buen provecho.
+
+--Créame usted, y cuando la conozca...
+
+--¡Yo... conocerla yo! De eso está libre... Repito que buen provecho te
+haga tu oveja, mejor dicho, tu cabra descarriada.
+
+--Pero si no es eso... es que yo no me expreso bien. Dígame una cosa,
+¿el querer ser honrada no es lo mismo que serlo? ¿Dice usted que no?
+Pues yo no lo veo así, yo no lo veo así.
+
+--¿Cómo ha de ser lo mismo querer ser una cosa que serlo?
+
+--En el terreno moral sí... Si conmigo es honrada y sin mí podría no
+serlo, ¿cómo quiere usted que yo le diga, anda y vete a los demonios?
+¿No es más natural y humano que la acoja y la salve? Pues qué, las obras
+grandes y ¿cómo diré?... cristianas, ¿se han de mirar por el lado del
+egoísmo?
+
+Creyó el pobre muchacho que había puesto una pica en Flandes con este
+argumento, y observó el efecto que en su tía había hecho. La verdad es
+que doña Lupe se quedó un instante algo confusa sin saber qué responder.
+Al fin le contestó con desdén:
+
+«Estás loco. Esas cosas no se le ocurren a nadie que tenga sesos. Me
+voy, te dejo, porque si estoy aquí, te pego, no tengo más remedio que
+romperte encima el palo de una escoba, y la verdad, si eres poco hombre
+para ese amor tan sublime, aún lo eres menos para recibir una paliza».
+
+Maximiliano la sujetó por el vestido y la obligó a sentarse otra vez.
+
+«Óigame usted... tía. Yo la quiero a usted mucho; yo le debo a usted la
+vida, y aunque usted se empeñe en reñir conmigo, no lo ha de
+conseguir... Vamos a ver. Lo que yo hago ahora, lo que la tiene a usted
+tan enojada es, según voy viendo, una acción noble, y mi conciencia me
+la aprueba, y estoy satisfecho de ella como si tuviera a Dios dentro de
+mí diciéndome: _bien, bien_... Porque usted no me puede hacer creer que
+estamos en el mundo sólo para comer, dormir, digerir la comida y
+pasearnos. No; estamos para otra cosa. Y si yo siento dentro de mí una
+fuerza muy grande, pero muy grande, que me impulsa a la salvación de
+otra alma lo he de realizar, aunque se hunda el mundo».
+
+--Lo que tú tienes--afirmó doña Lupe queriendo sostener su papel--, es
+la tontería que te rebosa por todo el cuerpo... y nada más. No me
+engatusarás con palabritas. Vaya que de la noche a la mañana has
+aprendido unos términos y unos floreos de frases que me tienen
+pasmada... Estás hecho un poeta... en toda la extensión de la palabra;
+yo siempre he tenido a los poetas por unos grandes embusteros... tontos
+de atar... Tú no eres ya el sobrinito que yo crié. ¡Cómo me has
+engañado!... ¡Una mujer, una manceba, un belén...!, y ahora viene la de
+me caso, y a Roma por todo. Anda, ya no te quiero; ya no soy tu tiita
+Lupe... No te echo de mi casa por lástima, porque espero que todavía has
+de arrepentirte y me has de pedir perdón.
+
+Maximiliano, ya completamente sereno, movió la cabeza expresando duda.
+
+«El perdón ya lo pedí por haber callado, y ya no tengo que pedir más
+perdones. Todavía hay algo que usted no sabe y que le quiero decir.
+¿Cómo la he mantenido durante tres meses? ¡Ay, tía! Rompí la hucha;
+tenía tres mil y pico de reales, lo bastante para que viva con modestia,
+porque es muy económica, sumamente económica, tía, y no gasta más que lo
+preciso».
+
+Esta revelación hizo vacilar un momento la ira de doña Lupe. ¡Era
+económica!... El joven sacó la hucha, y mostrándola a su tía, reveló el
+suceso como la cosa más natural del mundo, reproduciéndolo a lo vivo.
+«Mire usted, cogí la hucha vieja, después de traer esta, que es
+enteramente igual. Machaqué la llena; cogí el oro y la plata y pasé a
+esta el cobre, añadiendo dos pesetas en cuartos para que pesara lo
+mismo... ¿Quiere usted verlo?».
+
+Antes que doña Lupe respondiera, Maximiliano estrelló la hucha contra el
+suelo, y las piezas de cobre inundaron la habitación.
+
+«Ya veo, ya veo que no tienes desperdicio--observó doña Lupe recogiendo
+la calderilla--. ¿Y cuando se te acabe el dinero? ¿Vendrás a que yo te
+dé? ¡Ay, qué equivocado estás!».
+
+--Cuando se me acabe, Dios me socorrerá por algún lado--dijo Maximiliano
+con fe.
+
+Estaba excitadísimo y tenía el rostro encendido. Doña Lupe no había
+visto nunca tanto brillo en aquellos ojos ni animación semejante en
+aquella cara. Cuando entre los dos hubieron recogido las piezas, la tía
+las envolvió en un número de _La Correspondencia_, y arrojando el
+paquete sobre la cómoda, dijo con soberano menosprecio:
+
+«Ahí tienes para el regalo de boda».
+
+Maximiliano guardó en la cómoda el pesado paquete, y después se puso la
+capa. Doña Lupe no se atrevió a retenerle, pues aunque su corazón se
+llenó de sentimientos de soberbia y autoridad, nada de esto pudo
+traducirse al exterior, porque en el momento de intentarlo, un freno
+inexplicable la contuvo. Sentía desvanecida su autoridad sobre el
+enamorado joven; veía una fuerza efectiva y revolucionaria delante de su
+fuerza histórica, y si no le tenía miedo, era innegable que aquel
+repentino tesón la infundía algún respeto.
+
+Aquella mujer que dormía a pierna suelta después de haber estrangulado,
+en connivencia con Torquemada, a un infeliz deudor, estaba intranquila
+ante los problemas de conciencia que le había planteado su sobrino tan
+candorosamente. Si quería tanto a esa mujer, ¿con qué derecho oponerse a
+que se casara con ella? Y si tenía la tal inclinaciones honradas, y buen
+síntoma de honradez era el ser tan económica, ¿quién cargaba con la
+responsabilidad de atajarla en el camino de la reforma? Doña Lupe empezó
+a llenarse de escrúpulos. Su corazón no era depravado sino en lo tocante
+a préstamos; era como los que tienen un vicio, que fuera de él, y cuando
+no están atacados de fiebre, son razonables, prudentes y discretos.
+
+Al día siguiente, después de otro altercado con su sobrino, apuntaron
+vagamente en su alma las ideas de transacción. Ya no cabía duda de que
+la pasión de Maximiliano era tenaz y profunda, y de que le prestaba
+energías incontrastables. Ponerse frente a ella era como ponerse delante
+de una ola muy hinchada en el momento de reventar. Doña Lupe reflexionó
+mucho todo aquel día, y como tenía un gran sentido de la realidad,
+empezó a reconocer el poder que ejercen sobre nuestras acciones los
+hechos consumados, y el escaso valor de las ideas contra ellos. Lo de
+Maxi sería un disparate, ella seguía creyendo que era una burrada atroz;
+mas era un hecho, y no había otro remedio que admitirlo como tal. Pensó
+entonces con admirable tino que cuando en el orden privado, lo mismo
+que en el público, se inicia un poderoso impulso revolucionario, lógico,
+motivado, que arranca de la naturaleza misma de las cosas y se fortifica
+en las circunstancias, es locura plantársele delante; lo práctico es
+sortearlo y con él dejarse ir aspirando a dirigirlo y encauzarlo. Pues a
+sortear y dirigir aquella revolución doméstica; que atajarla era
+imposible, y el que se le pusiera delante, arrollado sería sin
+remedio... De esta idea provino la relativa tolerancia con que habló a
+su sobrino en la segunda noche de confianzas, la maña con que le fue
+sacando noticias y pormenores de su novia, sin aparentar curiosidad,
+aventurándose a darle algunos consejos. Verdad que entre col y col le
+soltaba ciertas frescuras; pero esto era muy estudiado para que Maxi no
+viera el juego. «No cuentes conmigo para nada; allá te las hayas... Ya
+te he dicho que no quiero saber si tu novia tiene los ojos negros o
+amarillos. A mí no me vengas con zalamerías. Te oigo por consideración;
+pero no me importa. ¿Que la vaya yo a ver? ¡Estás tú fresco...!».
+
+A Maximiliano le había dado su metamorfosis una penetración
+intermitente. En ocasiones poseía la vista rápida y segura del ingenio
+superior; en ocasiones era tan ciego que no veía tres sobre un burro.
+Las pasiones exaltadas producen estas pasmosas diferencias en la
+eficacia de una facultad, y hacen a los hombres romos o agudos cual si
+estuviera el espíritu sometido a una influencia lunática. Aquel día leyó
+el joven en el corazón de doña Lupe y apreció sus disposiciones
+pacificadoras, a pesar de las frases estudiadas con que las quería
+disimular. Hizo además un razonamiento que demuestra la agudeza genial
+que adquiría en ciertos momentos de verdadero estro, adivinando por arte
+de inspiración los arcanos del alma de sus semejantes. El razonamiento
+fue este: «Mi tía se ablanda; mi tía se da a partido. Y como Fortunata
+no le debe dinero, ni se lo deberá nunca, porque estoy yo para
+impedirlo, ha de llegar día en que sean amigas».
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Porque doña Lupe era tal y como su sobrino la pintaba en aquella breve
+consideración; era juiciosa, razonable, se hacía cargo de todo, miraba
+con ojos un tanto escépticos las flaquezas humanas, y sabía perdonar las
+ofensas y hasta las injurias; pero lo que es una deuda no la perdonaba
+nunca. Había en ella dos personas distintas, la mujer y la prestamista.
+El que quisiera estar bien con ella y gozar de su amistad, tuviese mucho
+cuidado de que las dos naturalezas no se confundieran nunca. Un simple
+pagaré, extendido y firmado de la manera más cordial del mundo, bastaba
+a convertir la amiga en basilisco, la mujer cristiana en inquisidora.
+
+La doble personalidad de esta señora tenía un signo externo en su
+cuerpo, una representación fatal, obra de la cirugía, que en este punto
+fue una ciencia justiciera y acusadora. A doña Lupe le faltaba un pecho,
+por amputación a consecuencia del tumor scirroso de que padeció en vida
+de su marido. Como presumía de buen cuerpo y usaba corsé dentro de casa,
+aquella parte que le faltaba la suplió con una bien construida pelota de
+algodón en rama. A la vista, después de vestida, ofrecía gallardo
+conjunto; pero tras de la ropa, sólo la mitad de su seno era de carne;
+la otra mitad era insensible y bien se le podía clavar un puñal sin que
+le doliese. Lo mismo era su corazón; la mitad de carne, la mitad de
+algodón. La índole de las relaciones que con las personas tuviese
+determinaba el predominio de tal o cual mitad. No mediando ningún
+pagaré, daba gusto de tratar con aquella señora; mas como las
+circunstancias la hicieran _inglesa_, ya estaba fresco el que se metiese
+con ella.
+
+Y no había sido así en vida de su marido. Verdad que en aquel tiempo
+venturoso, no manejaba más dinero que el que Jáuregui le daba para el
+gasto de la casa. Después de viuda, viéndose con cuatro cachivaches y
+cinco mil reales, imaginó fundar una casa de huéspedes, pero Torquemada
+se lo quitó de la cabeza, ofreciéndose a colocarle sus dineros con buen
+interés y toda la seguridad posible. El éxito y las ganancias
+engolosinaron a doña Lupe, que adquirió gradual y rápidamente todas las
+cualidades del perfecto usurero, y echó el medio pecho de algodón,
+haciéndose insensible, implacable y dura cuando de la cobranza puntual
+de sus créditos se trataba. Los primeros años de esta vida pasó la
+señora grandes apuros, porque los réditos, aun con ser tan crecidos, no
+le bastaban al sostenimiento de su casa. Pero a fuerza de orden y
+economía fue saliendo adelante, y aun hizo verdaderos milagros
+atendiendo a las medicinas que Maximiliano necesitaba y a los
+considerables gastos de su carrera. Quería mucho a su sobrino y se
+afanaba porque nada le faltara. Este mérito grande no se le podía negar.
+Lo que dijo del garbanzo que tenía el valor de una perla, es muy cierto.
+Pero no lo es que hubiese practicado la usura por el solo interés de dar
+carrera al sietemesino. Esto se lo decía ella a sí propia en sus
+soliloquios; pero era uno de esos sofismas con que quiere cohonestarse y
+ennoblecerse el egoísmo humano. Doña Lupe _trabajaba en préstamos_ por
+pura afición que le infundió Torquemada, y sin sobrino y sin necesidades
+habría hecho lo mismo.
+
+Cuando vinieron los años bonancibles y el capitalito de la viuda
+ascendió a dos mil duros, iniciose un periodo de buena suerte que debía
+de ser pronto increíble prosperidad. Cayó en las combinadas redes de los
+dos prestamistas un pobre señor, más desgraciado que perverso (que había
+sido director general y vivía con gran rumbo a pesar de estar a la
+cuarta pregunta), y no quiero decir cómo le pusieron. Los dos mil duros
+de doña Lupe crecieron como la espuma en el término de tres años,
+renovando obligaciones, acumulando intereses y aumentando estos cada año
+desde dos por ciento mensual, que era el tipo primitivo, a cuatro. A la
+pobre víctima le sacó Torquemada mucho más, porque se adjudicó sus
+muebles riquísimos por un pedazo de pan; pero el tal se lo tenía muy
+bien merecido. Después se rehízo con un destino en la administración de
+Cuba; se volvió a perder, tornó a reponerse en Filipinas, y ahora está
+por cuarta vez en poder de los vampiros. Como ya no hay dinero en las
+colonias, parece difícil que este desventurado haga la quinta pella.
+Dicen que América para los americanos. ¡Vaya una tontería! América para
+los usureros de Madrid.
+
+En la fecha en que nuestra narración coge a doña Lupe, tenía ya un
+caudalito de diez mil duros, parte asegurado en acciones del Banco y
+parte en préstamos con pagaré legalizado, figurando mucha mayor cantidad
+de la percibida por el deudor. El ex-alabardero era enemigo _del
+materialismo_ de las hipotecas con seguridad legal y rédito prudente.
+Los préstamos arriesgados con premio muy subido eran su delicia y su
+arte predilecto, porque aun cuando alguno no se cobrase hasta la víspera
+del Juicio Final, la mayor parte de las víctimas caían atontadas por el
+miedo al escándalo, y se doblaba el dinero en poco tiempo. Tenía olfato
+seguro para rastrear a las personas pundonorosas, de esas que entregan
+el pellejo antes que permitir andar en lenguas de la fama, y con estas
+se metía hasta el fondo, _se atracaba de deudor_.
+
+Poco a poco fue transmitiendo su manera de ser, de obrar y sentir a su
+compinche, como se pasa la imagen de un papel a otro por medio del calco
+o el estarcido. Cada vez que D. Francisco le llevaba dinero cobrado, un
+problema de usura resuelto y finiquito, se alegraba tanto la viudita que
+se le abrían los poros, y por aquellas vías se le entraba el carácter de
+Torquemada a posesionarse del suyo e informarlo de nuevo.
+
+La esposa de Torquemada estaba hecha tan a semejanza de este, que doña
+Lupe la oía y la trataba como al propio don Francisco. Y con el trato
+frecuente que las dos señoras tenían, doña Silvia llegó también a
+ejercer gran influencia sobre su amiga, imprimiendo en esta algunos
+rasgos de su fisonomía moral. Era hombruna, descarada y cuando se ponía
+en jarras hacía temblar a medio mundo. Más de una vez aguardó en la
+calle a un acreedor, con acecho de asesino apostado, para insultarle sin
+piedad delante de la gente que pasaba. A esto no llegó ni podía llegar
+la de Jáuregui, porque tenía ciertas delicadezas de índole y de
+educación que se sobreponían a sus enconos de usurera. Pero sí fueron
+juntas alguna vez a la casa de una infeliz viuda que les debía dinero, y
+después de apremiarla inútilmente para que les pagara, echaron miradas
+codiciosas hacia los muebles. Las dos harpías cambiaron breves palabras
+frente a la víctima, que por poco se muere del susto. «A usted le
+conviene esta copa-brasero--dijo doña Silvia--, y a mí aquella cómoda».
+Hicieron subir a los mozos de cordel y se llevaron los citados objetos,
+después de quitarle a la cómoda la ropa y a la copa el fuego. La deudora
+se avino a todo por perder de vista a las dos infernales mujeres que
+tanto pavor le causaban.
+
+La copa aquella estaba en la sala de doña Lupe; mas no se encendía
+nunca. Maximiliano sabía su procedencia, así como la de un bargueño y un
+armario soberbio que en la alcoba estaban. La mesa en que el estudiante
+escribía entró en la casa de la misma manera, y la vajilla buena que se
+usaba en ciertos días fue adquirida por la quinta parte de su valor, en
+pago de un pico que adeudaba una amiga íntima. Doña Silvia había hecho
+el negocio, que doña Lupe no se atreviera a tanto. Un centro de plata,
+dos bandejas del mismo metal y una tetera que la señora mostraba con
+orgullo, habían ido a la casa empeñadas también por una amiga íntima y
+allí se quedaron por insolvencia. Maximiliano se había enterado de
+muchos pormenores concernientes a los manejos de su tía. Las alhajas,
+vestidos de señora, encajes y mantones de Manila que pasaban a ser
+suyos, tras largo cautiverio, vendíalos por conducto de una corredora
+llamada Mauricia la Dura. Esta iba a la casa con frecuencia en otros
+tiempos; pero ya apenas _corría_, y doña Lupe la echaba muy de menos,
+porque aunque era muy alborotada y disoluta, cumplía siempre bien.
+Asimismo había podido observar Maximiliano en su propia casa lo
+implacable que era su tía con los deudores, y de este conocimiento vino
+el inspirado juicio que formuló de esta manera: «Si me caso con
+Fortunata y si la suerte nos trae escaseces, antes pediremos limosna por
+las calles que pedir a mi tía un préstamo de dos pesetas... Mientras más
+amigos, más claros».
+
+
+
+
+-IV-
+
+Nicolás y Juan Pablo Rubín.--Propónense nuevas artes y medios de
+redención
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Hallábase doña Lupe, en el fondo de su alma, inclinada a la transacción
+lenta que imponían las circunstancias; mas no quiso dar su brazo a
+torcer ni dejar de mostrar una inflexibilidad prudente, hasta tanto que
+viniese Juan Pablo y hablaran tía y sobrino de la inaudita novedad que
+había en la familia. Una mañana, cuando Maximiliano estaba aún en la
+cama no bien dormido ni despierto, sintió ruido en la escalera y en los
+pasillos. Oyó primero patadas y gritos de mozos que subían baúles,
+después la voz de su hermano Juan Pablo; y lo mismo fue oírla, que
+sentir renovado en su alma aquel pícaro miedo que parecía vencido.
+
+No tenía malditas ganas de levantarse. Oyó a su tía regateando con los
+mozos por si eran tres o eran dos y medio. Después, le pareció que Juan
+Pablo y su tía hablaban en el comedor. ¡Si le estaría contando
+aquello...! Seguramente, porque su tía era muy novelera, y no le gustaba
+de que ciertas cosas se le enranciaran dentro del cuerpo. Oyó luego que
+su hermano se lavaba en el cuarto inmediato, y cuando doña Lupe entró
+para llevarle toallas, cuchichearon largo rato. Maximiliano calculó que
+probablemente hablarían de la herencia; pero no las tenía todas consigo.
+Trataba de darse ánimos considerando que su hermano era el más simpático
+de la familia, el de más talento y el que mejor se hacía cargo de las
+cosas.
+
+Levantose al fin de mala gana. Ya lavado y vestido, vacilaba en salir, y
+se estuvo un ratito con la mano en el picaporte. Doña Lupe tocó a la
+puerta, y entonces ya no hubo más remedio que salir. Estaba pálido y
+daba lástima verle. Abrazó a su hermano, y en el mirar de este, en el
+tono de sus palabras, conoció al punto que sabía la grande, increíble
+historia. No tenía ganas el joven de explicaciones ni disputas aquella
+hora, y como era un poco tarde se apresuró a irse a la clase. Mas no
+tuvo sosiego en ella, ni cesó de pensar en lo que su hermano diría y
+haría. Esta perplejidad le arrancaba suspiros. El miedo, el pícaro miedo
+era su principal enemigo. Conveníale, pues, quitarse pronto la máscara
+ante su hermano como se la había quitado ante doña Lupe, pues hasta que
+lo hiciera no se reintegraría en el uso de su voluntad. Si Juan Pablo
+salía por la tremenda, quizás era mejor, porque así no estaba
+Maximiliano en el caso de guardarle consideraciones; pero si se ponía
+en un pie de astucias diplomáticas, fingiendo ceder para resistir con la
+inercia, entonces... Esto ¡ay!, lo temía más que nada.
+
+Pronto había de salir de dudas. Cuando Maximiliano entró a almorzar, ya
+estaba Juan Pablo sentado a la mesa, y a poco llegó doña Lupe con una
+bandeja de huevos fritos y lonjas de jamón. Gozosa estaba aquel día la
+señora, porque Papitos se portaba bien, como siempre que había aumento
+de trabajo. «Es tan novelera esta mona--decía--, que cuando tenemos
+mucho que hacer parece que se multiplica. Lo que ella quiere es lucirse,
+y como vea ocasiones de lucimiento, es un oro. Cuando menos hay que
+hacer es cuando la pega. Me la traje a casa hecha una salvajita, y poco
+a poco le he ido quitando mañas. Era golosa, y siempre que iba a la
+tienda por algo, lo había de catar. ¿Creerás que se comía los fideos
+crudos?... La recogí de un basurero de Cuatro Caminos, hambrienta,
+cubierta de andrajos. Salía a pedir y por eso tenía todos los malos
+hábitos de la vagancia. Pero con mi sistema la voy enderezando. Porrazo
+va, porrazo viene, la verdad es que sacaré de ella una mujer en toda la
+extensión de la palabra».
+
+--Está tan malo el servicio en Madrid--observó Juan Pablo--, que no debe
+usted mirarle mucho los defectos.
+
+Durante todo el almuerzo hablaron del servicio, y a cada cosa que decían
+miraban a Maximiliano como impetrando su asentimiento. El joven observó
+que su hermano estaba serio con él, pero aquella seriedad indicaba que
+le reconocía hombre, pues hasta entonces le trató siempre como a un
+niño. El estudiante esperaba burlas, que era lo que más temía, o una
+reprimenda paternal. Ni una cosa ni otra se apuntaba en el lenguaje
+indiferente y frío de Juan Pablo. Este, después de almorzar, sintiose
+amagado de la jaqueca y se echó de muy mal humor en su cama. Toda la
+tarde y parte de la noche estuvo entre las garras de aquella desazón más
+molesta que grave. No eran sus ataques tan penosos como los de
+Maximiliano, y generalmente le era fácil anegar el dolor hemicráneo en
+la onda del sueño. Ya sabía que el cansancio de los viajes consecutivos
+le producía el ataque, y que este se pasaba en la noche mas no por esto
+lo llevaba con paciencia. Renegando de su suerte estuvo hasta muy tarde,
+y al fin descansó con sosegado sueño.
+
+En tanto, doña Lupe hacía mil consideraciones sobre el apático desdén
+con que Juan Pablo recibiera la noticia de _aquello_. Había fruncido el
+ceño; después había opinado que su hermano era loco, y por fin, alzando
+los hombros, dijo: «¿Yo qué tengo que ver? Es mayor de edad. Allá se las
+haya».
+
+Lo mismo Maximiliano que su tía habían notado que Juan Pablo estaba
+triste. Primero lo atribuyeron a cansancio; pero notaron luego que
+después de las doce horas de sueño reparador, estaba más triste aún. No
+sostenía ninguna conversación. Parecía que nada le interesaba, ni aun la
+herencia, de la que hablaba poco, aunque siempre en términos precisos.
+
+«¿Sabes que tu hermano lo ha tomado con calma?» dijo doña Lupe a Maxi
+una noche.
+
+--¿Qué?--El asunto tuyo. Dos veces le he hablado. ¿Y sabes lo que hace?
+Alzar los hombros, sacudir la ceniza del cigarro con el dedo meñique, y
+decir que ahí se las den todas.
+
+El enamorado oía con júbilo estas palabras, que eran para él un gran
+consuelo. Indudablemente Juan Pablo observaba la prudente regla de
+respetar los sentimientos y propósitos ajenos para que le respetaran los
+suyos. Hablaba tan poco, que doña Lupe tenía que sacarle las palabras
+con cuchara. «O está también haciendo el trovador--decía doña Lupe--, o
+le pasa algo. Estoy yo divertida con mis sobrinos. Todos están con
+murria. Al menos Maxi es franco y dice lo que quiere».
+
+Hubiera hurgado doña Lupe a su sobrino mayor para que le relevase la
+causa de su tristeza; pero como presumía fuese cosa de política, no
+quiso tocar este punto delicado por no armar camorra con Juan Pablo,
+que era o había sido carlista, al paso que doña Lupe era liberal, cosa
+extraña, liberal _en toda la extensión de la palabra_. Después de servir
+a D. Carlos en una posición militar administrativa, Rubín había sido
+expulsado del Cuartel Real. Sus íntimos amigos le oyeron hablar de
+calumnias y de celadas traidoras; pero nada se sabía concretamente.
+Dejaba escapar de su pecho exclamaciones de ira, juramentos de venganza
+y apóstrofes de despecho contra sí mismo. «¡Bien merecido lo tengo por
+meterme con esa gente!». Cuando llegó a Madrid echado de la corte de D.
+Carlos, fue a casa de su tía, según costumbre antigua; pero apenas
+paraba en la casa. Dormía fuera, comía también fuera, casi siempre en
+los cafés o en casa de alguna amiga, y doña Lupe se desazonaba juzgando
+con razón que semejante vida no se ajustaba a las buenas prácticas
+morales y económicas. De repente, el misántropo volvió al Norte,
+diciendo que regresaría pronto, y mientras estuvo fuera se supo la
+muerte de Melitona Llorente. La primera noticia que de la herencia tuvo
+Juan Pablo diósela su tía paterna por una carta que le dirigió a Bayona.
+Preparábase a volver a España, y la carta aquella con la noticia que
+llevaba aceleró su vuelta. Entró por Santander, se fue a Zaragoza por
+Miranda y de allí a Molina de Aragón. Diez días estuvo en esta villa,
+donde ninguna dificultad de importancia le ofreció la toma de posesión
+del caudal heredado. Este ascendía a unos treinta mil duros entre
+inmuebles y dinero dado a rédito sobre fincas; y descontadas las mandas
+y los derechos de traslación de dominio, quedaban unos veintisiete mil
+duros. Cada hermano cobraría nueve mil. Juan Pablo, al llegar a Madrid,
+escribió a Nicolás para que también viniese, con objeto de estar
+reunidos los tres hermanos y tratar de la partición.
+
+He dicho que doña Lupe rehuía el hablar de política con Juan Pablo. En
+realidad, ella no entendía jota de política, y si era liberal, éralo por
+sentimiento, como tributo a la memoria de su Jáuregui y por respeto al
+uniforme de miliciano nacional que este tan gallardamente ostentaba en
+su retrato. Pero si le hubieran dicho que explicara los puntos
+esenciales del dogma liberal, se habría visto muy apurada para
+responder. No sabía más sino que aquellos malditos _carcas_ eran unos
+indecentes que nos querían traer la Inquisición y las _caenas_. Había
+respirado aquella señora aires tan progresistas durante su niñez y en
+los gloriosos veinte años de su unión con Jáuregui, que no quería ni oír
+hablar de absolutismo. No comprendía cómo su sobrino, un muchacho tan
+listo, había cometido la borricada de hacerse súbdito de aquel zagalón
+de D. Carlos, un perdido, un zafiote, un déspota _en toda la extensión
+de la palabra_.
+
+En la cuestión religiosa, las ideas de doña Lupe se adaptaban al
+criterio de su difunto esposo, que era el más juicioso de los hombres y
+sabía dar _a Dios lo que es de Dios y al César_, etc... Este estribillo
+lo repetía muy orgullosamente la viuda siempre que saltaba una
+oportunidad, añadiendo que creía cuanto la Santa Madre Iglesia manda
+creer; pero que mientras menos trato tuviera con curas, mejor. Oía su
+misa los domingos y confesaba muy de tarde en tarde; mas de este paso
+regular no la sacaba nadie.
+
+Desde un día en que disputando con su sobrino sobre este tema, se
+amontonaron los dos y por poco se tiran los trastos a la cabeza, no
+quiso doña Lupe volver a mentar a los _carcundas_ delante de Juan Pablo.
+Y cuando le vio venir del Cuartel Real, corrido y humillado, tuvo la
+señora una alegría tal que con dificultad podía disimularla. Se acordaba
+de su Jáuregui y de las cosas oportunas y sapientísimas que este decía
+sobre todo desgraciado que se metía con curas, pues era lo mismo que
+acostarse con niños. «Y no aprenderá--pensaba doña Lupe--; todavía es
+capaz de volver a las andadas, y de ir allá a quitarle motas al zángano
+de Carlos _Siete_.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Durmiose Maxi aquella noche arrullado por la esperanza. Síntoma de
+conciliación era que su tía no le hablaba ya con ira, y aun parecía
+tenerle en verdadero concepto de hombre o de varón. A veces, hasta
+parecía que la insigne señora le tenía cierto respeto. ¡Si no hay como
+mostrarse duro y decidido para que le respeten a uno...! Por lo demás,
+doña Lupe había vuelto a cuidarle con su acostumbrada solicitud. Le
+ponía en la mesa los platos de su gusto, y en su cuarto nada faltaba
+para su regalo y comodidad. En fin, que el pobre chico estaba
+satisfecho; sentía que el terreno se solidificaba bajo sus plantas, y se
+reconocía más árbitro de su destino, y casi triunfante en la descomunal
+batalla que estaba dando a su familia.
+
+En cuanto a Juan Pablo, no había nada que temer. Los dos hermanos no
+tenían ocasiones de hablar mucho, porque el primogénito, después de
+almorzar, se marchaba a uno de los cafés de la Puerta del Sol y allí se
+estaba las horas muertas. Por la noche o venía muy tarde o no venía. La
+idea de que su hermano andaba de picos pardos regocijaba a Maxi porque
+«ahora se verá--decía--, quién es más juicioso, quién cumple mejor las
+leyes de la moral. Que no nos venga aquí echándosela de plancheta con
+su _neísmo_».
+
+En suma, que mi hombre se veía más respetado y considerado desde que se
+las tuvo tiesas con su tía la mañana de marras. La única persona que no
+participaba ni poco ni mucho de este respeto era Papitos, que cada día
+le trataba con familiaridad más chocarrera. «Feo, cara de pito, memo en
+polvo--decíale sacando un trozo de lengua tal que casi parecía
+inverosímil--. Valiente mico está _vusté_... Verá cómo no le dejan
+casar... Sí, para _vusté_ estaba. Bobo, más que bobo». Maximiliano la
+despreciaba y se lo decía: «Lárgate de aquí, sinvergüenza, o te quito
+todas las muelas de una bofetada». «_¿Vusté, vusté?_, ja, ja. Si le
+cojo, del primer borleo va a parar al tejado».
+
+Más valía no hacerle caso. Era una inocente que no sabía lo que se
+decía. Estaba Papitos arreglando el cuarto de _sito_ Maxi, donde se puso
+la cama para el cura, que debía llegar al día siguiente por la mañana.
+No veía el estudiante con buenos ojos este arreglo, porque siempre que
+su hermano Nicolás venía a Madrid y dormía en aquel cuarto le espantaba
+el sueño con sus ronquidos. Eran sus fauces y conducto nasal trompeta de
+Jericó con diferentes registros a cual peor. Maxi se ponía tan nervioso,
+que a veces tenía que salirse de la cama y del cuarto. Lo que más le
+incomodaba era que a la mañana siguiente el cura sostenía que no había
+dormido nada.
+
+Indicó a doña Lupe que le librara de este martirio poniendo a Nicolás en
+otra habitación. ¿Pero dónde, si no había más aposentos en la casa? La
+señora le prometió ponerle la cama en su propia alcoba si el cura
+roncaba mucho la primera noche. «Pero ahora que me acuerdo, yo también
+ronco... En fin, ya se arreglará. Aunque sea en la sala te podrás
+quedar».
+
+Llegó Nicolás Rubín a la mañanita siguiente, y Maxi le vio entrar como
+un enemigo más con quien tendría que batirse. El carácter sacerdotal de
+su hermano le impresionaba, pues por mucho que su tía y él hablaran
+contra el _neísmo_, un cura siempre es una autoridad en cualquier
+familia. A este hermano le quería Maxi menos que a Juan Pablo, sin duda
+por haber vivido ausente de él durante su niñez.
+
+Los dos hermanos mayores almorzaron juntos, mas no hablaron ni palotada
+de política, por no chocar con doña Lupe. Precisamente Nicolás fue quien
+metió a Juan Pablo por el aro carlista, prometiéndole villas y
+castillos. Habíale dado recomendaciones para elevadas personas del
+Cuartel Real y para unos clérigos de caballería que residían en Bayona.
+Pero nada, como digo, se habló en la mesa. No se les ocultaba que su tía
+sabía hacer guardar los respetos debidos a la entidad de Jáuregui,
+presente siempre en la casa por ficción mental, de que era símbolo el
+feo retrato que en el gabinete estaba. Hablaban del tiempo, de lo mal
+que se vivía en Toledo, de que el viento se había llevado toda la flor
+del albaricoque, y de otras zarandajas, honrando sin melindres el buen
+almuerzo.
+
+De sobremesa, Juan Pablo propuso, puesto que estaban todos reunidos,
+tratar algunos puntos de la herencia, que debían ponerse en claro. Él no
+quería propiedad rústica, y si sus hermanos lo aprobaban, recibiría su
+parte en metálico e hipotecas. Otras hipotecas y las tierras serían para
+Nicolás y Maximiliano. Estos se conformaron con lo que su hermano
+proponía, y a doña Lupe le dieron ganas de tomar cartas en el asunto;
+pero no se atrevió a intervenir en un negocio que no le incumbía. No
+tuvo más remedio que tragar saliva y callarse. Después le dijo a
+Maximiliano: «Habéis sido unos tontos. Tu hermano quiere su parte en
+metálico para gastarla en cuatro días. Es una mano rota. ¿A mí qué me va
+ni me viene? Pues más te habría valido recibir lo tuyo en dinero
+contante, que bien colocado por mí, te habría dado una rentita bien
+segura. Y si no, lo has de ver. Yo quiero saber cómo te las vas tú a
+gobernar con tanto olivo, tanto parral y ese pedazo de monte bajo que
+dicen que te toca. Lo mismo que el majagranzas de Nicolás; a todo decía
+que sí. Por de pronto tendréis que tomar un administrador que os robará
+los ojos, y os dará cada cuenta que Dios tirita. ¡Qué par de zopencos
+sois! Yo te miraba y te quería comer con los ojos, dándote a entender
+que te resistieras; y tú, hecho un marmolillo... Y luego quieres
+echártela de hombre de carácter. Bonito camino, sí señor, bonito camino
+tomas».
+
+Otra cosa había propuesto también el primogénito, a la que accedieron
+gustosos los otros dos hermanos. Cuando murió D. Nicolás Rubín, todos
+los _ingleses_ cobraron con las existencias de la tienda, a excepción de
+uno, que había sido el mejor y más fiel amigo del difunto en sus días
+buenos y malos. Este acreedor era Samaniego, el boticario de la calle
+del Ave María, y su crédito ascendía, con el interés vencido de seis por
+ciento, a sesenta y tantos mil reales. Propuso Juan Pablo satisfacerlo
+como un homenaje a la justicia y a la buena memoria de su querido padre,
+y se votó afirmativamente por unanimidad. La misma doña Lupe aprobó este
+acuerdo, que si recortaba un poco el capital de la herencia, era un acto
+de lealtad y como una consagración póstuma de la honradez de su infeliz
+hermano. Samaniego no había reclamado nunca el pago de su deuda, y esta
+delicadeza pesaba más en el ánimo de los Rubín para pagarle. Ambas
+familias se visitaban a menudo, tratándose con la mayor cordialidad, y
+aun se llegó a decir que Juan Pablo no miraba con malos ojos a la mayor
+de las hijas del boticario, llamada Aurora, y de cuyas virtudes, talento
+y aptitud para el trabajo se hacía toda lenguas doña Lupe.
+
+Aprobadas la partición propuesta por Juan Pablo y la cancelación del
+crédito de Samaniego.
+
+Maximiliano, con estas cosas, se sentía cada vez más fuerte. Había
+tomado acuerdos en consejo de familia, luego era hombre. Si tenía la
+personalidad legal, ¿cómo no tener la otra? Figurábase que algo crecía y
+se vigorizaba dentro de él, y hasta llegó a imaginar que si le pusieran
+en una báscula había de pesar más que antes de aquellas determinaciones.
+Sin duda tenía también más robustez física, más dureza de músculos, más
+plenitud de pulmones. No obstante, estaba sobre ascuas hasta que su
+hermano el cleriguito no se explicase. Podría suceder muy bien que
+cuando todo iba como una seda, saliese con ciertas _mistiquerías_
+propias de su oficio, sacando el Cristo de debajo de la sotana y
+alborotando la casa.
+
+La noche del mismo día en que se trató de la herencia, supo Nicolás lo
+que pasaba, y no lo tomó con tanta calma como Juan Pablo. Su primer
+arranque fue de indignación. Tomó una actitud consternada y meditabunda,
+haciendo el papel de hombre entero, a quien no asustan las dificultades
+y que tiene a gala el presentarles la cara. Las relaciones entre Nicolás
+y la viuda, que habían sido frías hasta un par de meses antes de los
+sucesos referidos, eran en la fecha de estos muy cordiales, y no porque
+tía y sobrino tuviesen conformidad de genio, sino por cierta
+coincidencia en procederes económicos que atenuaba la gran disparidad
+entre sus caracteres. Doña Lupe no había simpatizado nunca con Nicolás;
+primero, porque las sotanas en general no la hacían feliz; segundo,
+porque aquel sobrino suyo no se dejaba querer. No tenía las seducciones
+personales de Juan Pablo, ni la humildad del pequeño. Su fisonomía no
+era agradable, distinguiéndose por lo peluda, como antes se indicó. Bien
+decía doña Lupe que así como el primogénito se llevara todos los
+talentos de la familia, Nicolás se había adjudicado todos los pelos de
+ella. Se afeitaba hoy, y mañana tenía toda la cara negra. Recién
+afeitado, sus mandíbulas eran de color pizarra. El vello le crecía en
+las manos y brazos como la yerba en un fértil campo, y por las orejas y
+narices le asomaban espesos mechones. Diríase que eran las ideas, que
+cansadas de la oscuridad del cerebro se asomaban por los balcones de la
+nariz y de las orejas a ver lo que pasaba en el mundo.
+
+Cargábanle a doña Lupe sus pretensiones sermonarias y cierta grosería
+entremezclada con la soberbia clerical. Las relaciones entre una y otro
+eran puramente de fórmula, hasta que a Nicolás, en uno de los viajes que
+hizo a Madrid, se le ocurrió entregar a la tía sus ahorros para que se
+los colocara, y véase aquí cómo se estableció entre estas dos personas
+una corriente de simpatía convencional que había de producir la amistad.
+Era como dos países separados por esenciales diferencias de raza y
+antagonismos de costumbres, y unidos luego por un tratado de comercio.
+Lo contrario pasó entre Juan Pablo y doña Lupe. Esta le tuvo en otro
+tiempo mucho cariño y apreciaba sus grandes atractivos personales; pero
+ya le iba dando de lado en sus afectos. No le perdonaba sus hábitos de
+despilfarro y el poco aprecio que hacía del dinero gastándolo tan sin
+sustancia. Ni una sola vez, ni una, le había dado un pico para que se lo
+colocase a rédito. Siempre estaba a la cuarta pregunta, y como pudiera
+sacarle a su tía alguna cantidad por medio de combinaciones dignas del
+mejor hacendista, no dejaba de hacerlo, y a la viuda se le requemaba la
+sangre con esto. Véase, pues, cómo se entendía mejor con el más
+antipático de sus sobrinos que con el más simpático.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Conocedor Nicolás de la tremenda noticia, le faltó tiempo para pegar la
+hebra de su soporífero sermón, sólo interrumpido cuando Papitos trajo la
+ensalada. Porque Nicolás Rubín no podía dormir si no le ponían delante a
+punto de las once una ensalada de lechuga o escarola, según el tiempo,
+bien aliñada, bien meneada, con el indispensable ajito frotado en la
+ensaladera, y la golosina del apio en su tiempo. Había comido muy bien
+el dichoso cura, circunstancia que no debe notarse, pues no hay memoria
+de que dejara de hacerlo cumplidamente ningún día del año. Pero su
+estómago era un verdadero molino, y a las tres horas de haberse llenado,
+había que cargarlo otra vez. «Esto no es más que debilidad--decía
+poniendo una cara grave y a veces consternada--, y no hay idea de los
+esfuerzos que he hecho por corregirla. El médico me manda que coma poco
+y a menudo».
+
+Cayó sobre aquel forraje de la ensalada, e inclinaba la cara sobre ella
+como el bruto sobre la cavidad del pesebre lleno de yerba.
+
+«Le diré a usted, tía--murmuraba con el gruñido que la masticación le
+permitía--. Yo no soy de mucho comer, aunque lo parezca».
+
+--Podías serlo más. Come, hijo, que el comer no es pecado gordo.
+
+--Le diré a usted, tía...
+
+No le dijo nada, porque la operación aquella de mascar los jugosos
+tallos de la escarola absorbía toda su atención. Los gruesos labios le
+relucían con la pringue, y esta se le escurría por las comisuras de la
+boca formando un hilo corriente, que hubiera descendido hasta la
+garganta si los cañones de la mal rapada barba no lo detuvieran. Tenía
+puesto un gorro negro de lana con borlita que le caía por delante al
+inclinar la cabeza, y se retiraba hacia atrás cuando la alzaba. A doña
+Lupe (no lo podía remediar) le daba asco el modo de comer de su sobrino,
+considerando que más le valía saber menos de cosas teológicas y un
+poquito más de arte de urbanidad. Como estaban los dos solos, dábale
+bromas sobre aquello del comer poco y a menudo; pero él se apresuró a
+variar la conversación, llevándola al asunto de Maxi.
+
+«Una cosa muy seria, tía, pero que muy seria».
+
+--Sí que lo es; pero creo muy difícil quitársela de la cabeza.
+
+--Eso corre de mi cuenta... ¡Oh! Si no tuviera yo otras montañas que
+levantar en vilo...--dijo el clérigo apartando de sí la ensaladera, en
+la cual no quedaba ni una hebra--. Verá usted... verá usted si le vuelvo
+yo del revés como un calcetín. Para esas cosas me pinto...
+
+No pudo concluir la frase, porque le vino de lo hondo del cuerpo a la
+boca una tan voluminosa cantidad de gases, que las palabras tuvieron que
+echarse a un lado para darle salida. Fue tan sonada la regurgitación,
+que doña Lupe tuvo que apartar la cara, aunque Nicolás se puso la palma
+de la mano delante de la boca a guisa de mampara. Este movimiento era
+una de las pocas cosas relativamente finas que sabía.
+
+«...me pinto solo--terminó, cuando ya los fluidos se habían difundido
+por el comedor--. Verá usted, en cuanto llegue le echo el toro... ¡Oh!,
+es mi fuerte. Me parece que ya está ahí».
+
+Oyose la campanilla, y la misma doña Lupe abrió a su sobrino. Lo mismo
+fue entrar este en el comedor que conocer en la cara impertinente de su
+hermano que ya sabía _aquello_... No le dio Nicolás tiempo a prepararse,
+porque de buenas a primeras le embocó de este modo:
+
+«Siéntese usted aquí, caballerito, que tenemos que hablar. Vaya, que me
+ha dejado frío lo que acabo de saber. Estamos bien. Con que...».
+
+La mano tiesa volvió a ponerse delante de la boca, a punto que se
+atascaban las palabras, sufriendo la cabeza como una trepidación.
+
+«Con que aquí hace cada cual lo que le da la gana, sin tener en cuenta
+las leyes divinas ni humanas, y haciendo mangas y capirotes de la
+religión, de la dignidad de la familia...».
+
+Maximiliano, que al principiar el réspice, estaba anonadado, se rehízo
+de súbito, y todas las fuerzas de su espíritu se pronunciaron con
+varonil arranque. Tal era el síntoma característico del _hombre nuevo_
+que en él había surgido. Roto el hielo de la cortedad desde el momento
+en que la tremenda cuestión salía a _vista pública_, le brotaban del
+fondo del alma aquellos alientos grandes para su defensa. Discutir, eso
+no; pero lo que es obrar, sí, o al menos demostrar con palabras breves y
+enfáticas su firme propósito de independencia...
+
+«¡Bah!--exclamó apartando la vista de su hermano con un movimiento
+desdeñoso de la cabeza--. No quiero oír sermones. Yo sé bien lo que debo
+hacer».
+
+Dijo, y levantándose se marchó a su cuarto.
+
+--Bien, muy bien--murmuró el cura quedándose corrido, mirando a doña
+Lupe y a Papitos, la cual se pasmaba de aquel mirar que parecía una
+consulta--. Y qué mal educadito y que rabiosito se ha vuelto. Bien, muy
+bien; pero muy...
+
+Un metro cúbico de gas se precipitó a la boca con tanta violencia, que
+Nicolás tuvo que ponerse tieso para darle salida franca, y a pesar de lo
+furioso que estaba, supo cuidar de que la mano desempeñara su
+obligación. Doña Lupe también parecía indignada, aunque si se hubiera
+ido a examinar bien el interior de la digna señora, se habría visto que
+en medio del enojo que su dignidad le imponía, nacía tímidamente un
+sentimiento extraño de regocijo por aquella misma independencia de su
+sobrino. ¡Si sería efectivamente un hombre, un carácter entero...!
+Siempre le disgustó a ella que fuera tan encogido y para poco. ¿Por qué
+no se había de alegrar de ver en él un rasgo siquiera de personalidad
+árbitra de sí misma? «Hay que ver por dónde sale este demonches de
+chico--pensaba con cierta travesura--. ¡Y qué geniazo va sacando!».
+
+«Pero muy bien, perfectamente bien--dijo el cura apoyando las manos en
+los brazos del sillón, para enderezar el cuerpo--. Verás ahora,
+grandísimo piruétano, cómo te pongo yo las peras a cuarto. Tía, buenas
+noches. Ahora va a ser la gorda. Acostados los dos, hablaremos».
+
+Encerrose Nicolás en su alcoba, que era la de su hermano, y ambos se
+metieron en la cama. Doña Lupe se puso fuera a escuchar. Al principio no
+oyó más que el crujir de los hierros de la cama del clérigo, que era muy
+mala y endeble, y en cuanto se movía el desgraciado ocupador de ella
+volvíase toda una pura música, la que unida al ruido de los muelles del
+colchón veterano, hubiera quitado el sueño a todo hombre que no fuese
+Nicolás Rubín. Después oyó doña Lupe la voz de Maxi, opaca, pero entera
+y firme. Nicolás no le dejaba meter baza; pero el otro se las tenía
+tiesas... ¡Terrible duelo entre el sermón y el lenguaje sincero de los
+afectos! Ponía singular atención doña Lupe a la voz del sietemesino, y
+se hubiera alegrado de oír algo estupendo, categórico y que se saliera
+de lo común; pero no podía distinguir bien los conceptos, porque la voz
+de Maxi era muy apagada y parecía salir de la cavidad de una botella. En
+cambio los gritos del cura se oían claramente desde el pasillo. «Miren
+por dónde sale ahora este...--pensó doña Lupe volviendo la cara con
+desdén--. ¡Qué tendrán que ver Santo Tomás ni el padre Suárez con...!».
+Al fin dejó de oírse la voz cavernosa del sacerdote, y en cambio se
+percibió un silbido rítmico, al que siguieron pronto mugidos como los
+del aire filtrándose por los huecos de un torreón en ruinas.
+
+«Ya está roncando ese...--dijo doña Lupe retirándose a su alcoba--. ¡Qué
+noche va a pasar el otro pobre!».
+
+Serían las nueve de la mañana siguiente, cuando Nicolás pidió a Papitos
+su chocolate. Salió del cuarto con la cara muy mal lavada, y algunas
+partes de ella parecían no haber visto más agua que la del bautismo.
+
+«¿Ese chocolate?» preguntó en el comedor, resobándose las manos una con
+otra, como si quisiera sacar fuego de ellas.
+
+--Ahora mismo. El chocolate había de ser con canela, hecho con leche,
+por supuesto, y en ración de dos onzas. Le habían de acompañar un bollo
+de tahona, varios bizcochitos y agua con azucarillo. Y aún decía Nicolás
+que tomaba chocolate no por tomarlo, sino nada más que por fumarse un
+cigarrillo encima.
+
+--¿Y qué resultó anoche?--preguntó doña Lupe al ponerle delante todo
+aquel cargamento.
+
+--Pues nada, que no hay quien le apee--respondió el clérigo, sumergiendo
+el primer bizcochito en el espeso líquido--. Lo que usted decía: no es
+posible quitárselo de la cabeza. Una de dos, o matarle o dejarle, y como
+no le hemos de matar... Al fin convenimos en que yo vería hoy a esa...
+cabra loca.
+
+--No me parece mal.--Y según la impresión que me haga, determinaremos.
+
+--¿Vais juntos?--No, yo solo, quiero ir solo. Además él está hoy con
+jaqueca.
+
+--¿Con jaqueca? ¡Pobrecito!
+
+Doña Lupe corrió a ver a Maximiliano, que después de empezar a vestirse,
+había tenido que echarse otra vez en la cama. Provocado sin duda por las
+emociones de aquellos días, por el largo debate con su hermano Nicolás,
+y más aún quizás por los insufribles ronquidos de este, apareció el
+temido acceso. Desde media noche sintió Maxi un entorpecimiento
+particular dentro de la cabeza, acompañado del presagio del mal. La
+atonía siguió, con el deseo de sueño no satisfecho y luego una punzada
+detrás del ojo izquierdo, la cual se aliviaba con la compresión bajo la
+ceja. El paciente daba vueltas en la cama buscando posturas, sin
+encontrar la del alivio. Resolvíase luego la punzada en dolor
+gravitativo, extendiéndose como un cerco de hierro por todo el cráneo.
+El trastorno general no se hacía esperar, ansiedad, náuseas, ganas de
+moverse, a las que seguían inmediatamente ganas más vivas todavía de
+estarse quieto. Esto no podía ser, y por fin le entraba aquella desazón
+epiléptica, aquel maldito hormigueo por todo el cuerpo. Cuando trató de
+levantarse parecíale que la cabeza se le abría en dos o tres cascos,
+como se había abierto la hucha a los golpes de la mano del almirez.
+Sintió entrar a su tía. Doña Lupe conocía tan bien la enfermedad, que no
+tenía más que verle para comprender el periodo de ella en que estaba.
+
+«¿Tienes ya el clavo?--le preguntó en voz muy baja--. Te pondré
+láudano».
+
+Había aparecido el clavo, que era la sensación de una baguetilla de
+hierro caliente atravesada desde el ojo izquierdo a la coronilla.
+Después pasaba al ojo derecho este suplicio, algo atenuado ya. Doña
+Lupe, tan cariñosa como siempre, le puso láudano, y arreglando la cama y
+cerrando bien las maderas, le dejó para ir a hacer una taza de té,
+porque era preciso que tomase algo. El enfermo dijo a su tía que si iba
+Olmedo a buscarle para ir a clase, le dejase pasar para hacerle un
+encargo. Fue Olmedo, y Maximiliano le rogó corriese a avisar a Fortunata
+la visita del clérigo, para que estuviese prevenida. «Oye, adviértele
+que tenga mucho cuidado con lo que dice; que hable sin miedo y con
+sinceridad; basta con esto. Dile cómo estoy y que no la podré ver hasta
+mañana».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+El aviso, puntualmente transmitido por Olmedo, de la visita del cura
+puso a Fortunata en gran confusión. Pareciole al pronto un honor harto
+grande, luego compromiso, porque la visita de persona tan respetable
+indicaba que la cosa iba de veras. No se conceptuaba, además, con
+bastante finura para recibir a sujetos de tanta autoridad. «¡Un señor
+eclesiástico!... ¡qué vergüenza voy a pasar! Porque de seguro me
+preguntará cosas como cuando una se va a confesar... ¿Y cómo me pondré?
+¿Me vestiré con los trapitos de cristianar, o de cualquier manera?...
+Quizás sea mejor ponerme hecha un pingo, a lo pobre, para que no crea...
+No, no es propio. Me vestiré decente y modestita». Despachados los más
+urgentes quehaceres del día, peinose con mucha sencillez, se puso su
+vestido negro, las botas nuevas; púsose también su pañuelo de lana
+oscuro, sujeto con un imperdible de metal blanco que representaba una
+golondrina, y mirándose al espejo, aprobó su perfecta facha de mujer
+honesta. Antes de arreglarse había almorzado precipitadamente, con poca
+gana, porque no le gustaban visitas tan serias, ni sabía lo que en ellas
+había de decir. La idea de soltar alguna barbaridad o de no responder
+derechamente a lo que se le preguntara, le quitó el apetito... Y bien
+mirado, ¿qué necesidad tenía ella de visitas de curas? Pero no tuvo
+tiempo de pensar mucho en esto, porque de repente... tilín. Era
+próximamente la una y media.
+
+Corrió a abrir la puerta. El corazón le saltaba en el pecho. La figura
+negra avanzó por el pasillo para entrar en la salita. Fortunata estaba
+tan turbada que no acertó a decirle que se sentase y dejara la canaleja.
+Maxi, que al hablar de la familia se dejaba guiar más por el amor propio
+que por la sinceridad, le había hecho mil cuentos hiperbólicos de
+Nicolás, pintándole como persona de mucha virtud y talento, y ella se
+los había creído. Por esto se desilusionó algo al ver aquella figura
+tosca de cura de pueblo, aquellas barbas mal rapadas y la abundancia de
+vello negro que parecía cultivado para formar cosecha. La cara era
+desagradable, la boca grande y muy separada de la nariz corva y chica;
+la frente espaciosa, pero sin nobleza; el cuerpo fornido, las manos
+largas, negras y poco familiarizadas con el jabón; la tez morena,
+áspera y aceitosa. El ropaje negro del cura revelaba desaseo, y este
+detalle bien observado por Fortunata la ilusionó otra vez respecto a la
+santidad del sujeto, porque en su ignorancia suponía la limpieza reñida
+con la virtud. Poco después, notando que su futuro hermano político
+olía, y no a ámbar, se confirmó en aquella idea.
+
+«Parece que está usted como asustada--dijo Nicolás con fría sonrisa
+clerical--. No me tenga usted miedo. No me como a la gente. ¿Se figura
+usted a lo que vengo?».
+
+--Sí señor... no... digo, me figuro. Maximiliano...
+
+--Maximiliano es un tarambana--afirmó el clérigo con la seguridad
+burlesca del que se siente frente a un interlocutor demasiado débil--, y
+usted lo debe conocer como lo conozco yo. Ahora ha dado en la simpleza
+de casarse con usted... No, si no me enfado. No crea usted que la voy a
+reñir. Yo soy moro de paz, amiga mía, y vengo aquí a tratar la cosa por
+las buenas. Mi idea es esta: ver si es usted una persona juiciosa, y si
+como persona juiciosa comprende que esto del casorio es una botaratada;
+ni más ni menos... Y si lo reconoce así, pretendo, esta, esta es la
+cosa, que usted misma sea quien se lo quite de la cabeza... ni menos ni
+más.
+
+Fortunata conocía _La Dama de las Camelias_, por haberla oído leer.
+Recordaba la escena aquella del padre suplicando a la _dama_ que le
+quite de la cabeza al chico la tontería de amor que le degrada, y sintió
+cierto orgullo de encontrarse en situación semejante. Más por coquetería
+de virtud que por abnegación, aceptó aquel bonito papel que se le
+ofrecía, ¡y vaya si era bonito! Como no le costaba trabajo desempeñarlo
+por no estar enamorada ni mucho menos, respondió en tono dulce y grave:
+
+«Yo estoy dispuesta a hacer todo lo que usted me mande».
+
+--Bien, muy bien, perfectamente bien--dijo Nicolás, orgulloso de lo que
+creía un triunfo de su personalidad, que se imponía sólo con
+mostrarse--. Así me gusta a mí la gente. ¿Y si le mando que no vuelva a
+ver más a mi hermano, que se escape esta noche para que cuando él vuelva
+mañana no la encuentre?
+
+Al oír esto, Fortunata vaciló.
+
+«Lo haré, sí, señor--contestó al fin, cuidando luego de buscar
+inconvenientes al plan del sacerdote--. ¿Pero a dónde iré yo que él no
+venga tras de mí? Al último rincón de la tierra ha de ir a buscarme.
+Porque usted no sabe lo desatinado que está por... esta su servidora».
+
+--¡Oh!, lo sé, lo sé... A buena parte viene. ¿De modo que usted cree que
+no adelantamos nada con darle esquinazo?... Esta es la cosa.
+
+--Nada, señor, pero nada--declaró ella, disgustada ya del papel de _Dama
+de las Camelias_, porque si el casarse con Maximiliano era una solución
+poco grata a su alma, la vida pública la aterraba en tales términos, que
+todo le parecía bien antes que volver a ella.
+
+--Bien, perfectamente bien--afirmó Nicolás dándose aires de persona que
+medita mucho las cosas, y razona a lo matemático--. Ya tenemos un punto
+de partida, que es la buena disposición de usted... esta es la cosa.
+Respóndame ahora. ¿No tiene usted quién la ampare si rompe con mi
+hermano?
+
+--No señor.--¿No tiene usted familia?--No señor.--Pues está usted
+aviada... De forma y manera--dijo cruzando los brazos y echando el
+cuerpo atrás--, que en tal caso no tiene más remedio que... que echarse
+a la buena vida... al amor libre... a... Ya usted me entiende.
+
+--Sí, señor, entiendo... no tengo más camino--manifestó la joven con
+humildad.
+
+--¡Tremenda responsabilidad para mí!--exclamó el curita moviendo la
+cabeza y mirando al suelo, y lo repitió hasta unas cinco veces en tono
+de púlpito.
+
+En aquel instante le vinieron al pensamiento ideas distintas de las que
+había llevado a la visita, y más conformes con su empinada soberbia
+clerical. Había ido con el propósito de romper aquellos lazos, si la
+novia de su hermano no se prestaba medianamente a ello; pero cuando la
+vio tan humilde, tan resignada a su triste suerte, entrole apetito de
+componendas y de mostrar sus habilidades de zurcidor moral. «He aquí una
+ocasión de lucirme--pensó--. Si consigo este triunfo, será el más grande
+y cristiano de que puede vanagloriarse un sacerdote. Porque figúrense
+ustedes que consigo hacer de esta samaritana una señora ejemplar y tan
+católica como la primera... figúrenselo ustedes...». Al pensar esto,
+Nicolás creía estar hablando con sus colegas. Tomaba en serio su oficio
+de pescador de gente, y la verdad, nunca se le había presentado un pez
+como aquel. Si lo sacaba de las aguas de la corrupción, «¡qué victoria,
+señores, pero qué pesca!». En otros casos semejantes, aunque no de tanta
+importancia, en los cuales había él mangoneado con todos sus ardides
+apostólicos, alcanzó éxitos de relumbrón que le hicieron objeto de
+envidia entre el clero toledano. Sí; el curita Rubín había reconciliado
+dos matrimonios que andaban a la greña, había salvado de la prostitución
+a una niña bonita, había obligado a casarse a tres seductores con las
+respectivas seducidas; todo por la fuerza persuasiva de su dialéctica...
+«Soy de encargo para estas cosas» fue lo último que pensó, hinchado de
+vanidad y alegría como caudillo valeroso que ve delante de sí una gran
+batalla. Después se frotó mucho las manos, murmurando:
+
+«Bien, bien; esta es la cosa». Era el movimiento inicial del obrero que
+se aligera las manos antes de empezar una ruda faena, o del cavador que
+se las escupe antes de coger la azada. Después dijo bruscamente y
+sonriendo:
+
+«¿Me permite usted echar un cigarrillo?».
+
+--Sí, señor, pues no faltaba más...--replicó Fortunata, que esperaba el
+resultado de aquel meditar y del frote de las manos.
+
+--Pues sí--declaró gravemente Nicolás, chupando su cigarrillo--, me
+falta valor para lanzarla a usted al mundo malo; mejor dicho, la caridad
+y el ministerio que profeso me vedan hacerlo. Cuando un náufrago quiere
+salvarse, ¿es humano darle una patada desde la orilla? No; lo humano es
+alargarle una mano o echarle un palo para que se agarre... esta es la
+cosa.
+
+--Sí, señor--indicó Fortunata agradecida--, porque yo soy náu...
+
+Iba a decir _náufraga_; pero temiendo no pronunciar bien palabra tan
+difícil, la guardó para otra ocasión, diciendo para sí: «No metamos la
+pata sin necesidad».
+
+«Pues lo que yo necesito ahora--agregó Rubín terciándose el manteo sobre
+las piernas, y accionando como un hombre que necesita tener los brazos
+libres para una gran faena--, es ver en usted señales claras de
+arrepentimiento y deseo de una vida regular y decente; lo que yo
+necesito ahora es leer en su interior, en su corazón de usted. Vamos
+allá. ¿Hace mucho tiempo que no se confiesa usted?».
+
+La Samaritana se puso colorada, porque le daba vergüenza de decir que
+hacía lo menos diez o doce años que no se había confesado. Por fin lo
+declaró.
+
+«Perfectamente--dijo Nicolás, acercando su sillón al sofá en que la
+joven estaba--. Le prevengo a usted que tengo mucha experiencia de esto.
+Hace cinco años que practico el confesonario, y que las cazo al vuelo.
+Quiero decir que a mí no hay mujer que me engañe».
+
+Fortunata tuvo miedo y Nicolás aproximó más el sillón. Aunque estaban
+solos, ciertas cosas debían decirse en voz baja.
+
+«Vamos a ver, ¿quién fue el primero?» preguntó el presbítero llevándose
+la mano tiesa a la boca, porque con la pregunta querían salir también
+ciertos gases.
+
+Contó ella lo de Juanito Santa Cruz, pasando no poca vergüenza, y dando
+a conocer la triste historia incoherente.
+
+«Abrevie usted. Hay muchos pormenores que ya me los sé, como me sé el
+Catecismo... Que le dio a usted palabra de casamiento y que usted fue
+tan boba que se lo creyó. Que un día la cogió descuidada y sola... Bah,
+bah... lo de siempre. Después habrá usted conocido a otros muchos
+hombres, ¿a cuántos próximamente?».
+
+Fortunata miró al techo, haciendo un cálculo numérico.
+
+«Es difícil decir... Lo que es conocer...».
+
+El sacerdote se sonrió. «Quiero decir tratar con intimidad; hombres con
+quienes ha vivido usted en relaciones de un mes, de dos... esta es la
+cosa. No me refiero a los conocimientos de un instante, que eso vendrá
+después».
+
+«Pues serán...» dijo ella pasando un rato muy malo.
+
+--Vamos, no se asuste usted del número.
+
+--Pues podrán ser... como unos ocho... Deje usted que me acuerde bien...
+
+--Basta ya; lo mismo da ocho que doce o que ochocientos doce. ¿Le
+repugna a usted la memoria de esos escándalos?
+
+--¡Oh!, sí, señor... Crea usted que...
+
+--Que no los puede ver ni pintados. Lo creo... ¡Valientes pillos! Sin
+embargo, dígame usted: ¿No volvería a tener amistad con alguno de ellos,
+si la solicitara?
+
+Con ninguno...--dijo Fortunata.--¿De veras? Piénselo usted bien.
+
+Fortunata lo pensó, y al cabo de un ratito, la lealtad y buena fe con
+que se confesaba mostráronse en esta declaración:
+
+«Con uno... qué sé yo... Pero no puede ser».
+
+--Déjese usted de que pueda o no pueda ser. Ese uno, esa excepción de su
+hastío es el primero, ese tal D. Juanito. No necesita usted
+confirmarlo. Me sé estas historias al dedillo. ¿No ve usted, hija mía,
+que he sido confesor de las Arrepentidas de Toledo durante cinco años
+largos de talle?
+
+--Pero no puede ser. Está casado, es muy feliz, y no se acuerda de mí.
+
+--A saber, a saber... Pero en fin, usted confiesa que es el único sujeto
+a quien de veras quiere, el único por quien de veras siente apetito de
+amores y esa cosa, esa tontería que ustedes las mujeres...
+
+--El único.--Y a los demás que los parta un rayo.
+
+--A los demás, nada.--¿Y a mi hermano?... esta es la cosa.
+
+Lo brusco de la pregunta aturdió a la penitente. No la esperaba, ni se
+acordaba para nada en aquel momento del pobre Maxi. Como era tan sincera
+no pensó ni por un momento en alterar la verdad. Las cosas claras.
+Además, el clérigo aquel parecíale muy listo, y si le decía una cosa por
+otra conocería el embuste.
+
+«Pues a su hermano de usted, tampoco».
+
+--Perfectamente--dijo el curita, acercando su sillón todo lo más que
+acercarse podía.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Para que ningún malicioso interprete mal las bruscas aproximaciones del
+sillón de Nicolás Rubín al asiento de su interlocutora, conviene hacer
+constar de una vez que era hombre de temple fortísimo, o más propiamente
+hablando, frigidísimo. La belleza femenina no le conmovía o le conmovía
+muy poco, razón por la cual su castidad carecía de mérito. La carne que
+a él le tentaba era otra, la de ternera por ejemplo, y la de cerdo más,
+en buenas magras, chuletas riñonadas o solomillo bien puesto con
+guisantes. Más pronto se le iban los ojos detrás de un jamón que de una
+cadera, por suculenta que esta fuese, y la mejor _falda_ para él era la
+que da nombre al guisado. Jactábase de su inapetencia mujeril haciendo
+de ella una estupenda virtud; pero no necesitaba andar a cachetes con el
+demonio para triunfar. Las embestidas del sillón eran simplemente un
+hábito de confianza, adquirido con el uso del secreto penitenciario.
+
+«Lo que se llama querer...--dijo Fortunata haciendo esfuerzos para
+expresarse claramente--, querer, ¿entiende usted?, no; pero aprecio,
+estimación sí».
+
+--¿De modo que no hay lo que llaman ilusión?...
+
+--No señor.--Pero hay esa afición tranquila, que puede ser principio de
+una amistad constante, de ese afecto puro, honesto y reposado que hace
+la felicidad de los matrimonios.
+
+Fortunata no se atrevió a responder claro.
+
+Le parecía mucho lo que el eclesiástico proponía. Recortándolo algo se
+podía aceptar.
+
+«Puedo llegar a quererle con el trato...».
+
+--Perfectamente... Porque es preciso que usted se fije bien en una cosa:
+eso de la ilusión es pura monserga, eso es para bobas. Ilusionarse con
+un caballerete porque tenga los ojos así o asado, porque tenga el
+bigotito de esta manera, el cuerpo derecho y el habla dengosa, es propio
+de hembras salvajes. Amar de ese modo no es amar, es perversión, es
+vicio, hija mía. El verdadero amor es el espiritual, y la única manera
+de amar es enamorarse de la persona por las prendas del alma. Las
+mujeres de estos tiempos se dejan pervertir por las novelas y por las
+ideas falsas que otras mujeres les imbuyen acerca del amor. ¡Patraña y
+propaganda indecente que hace Satanás por mediación de los poetas,
+novelistas y otros holgazanes! Diranle a usted que el amor y la
+hermosura física son hermanos, y le hablarán a usted de Grecia y del
+naturalismo pagano. No haga usted caso de patrañas, hija mía, no crea en
+otro amor que en el espiritual, o sea en las simpatías de alma con
+alma...
+
+La prójima adivinaba más que entendía esto, que era contrario a sus
+sentimientos; pero como lo decía un sabio, no había más remedio que
+contestar a todo que sí. Viendo que hacía indicaciones afirmativas con
+la cabeza, el cura se animaba, añadiendo con énfasis:
+
+«Sostener otra cosa es renegar del catolicismo y volver a la
+mitología... esta es la cosa».
+
+--Claro--apuntó la joven; pero en su interior se preguntaba qué quería
+decir aquello de la mitología... porque de seguro no sería cosa de
+mitones.
+
+Aquel clérigo, arreglador de conciencias, que se creía médico de
+corazones dañados de amor, era quizás la persona más inepta para el
+oficio a que se dedicaba, a causa de su propia virtud, estéril y
+glacial, condición negativa que, si le apartaba del peligro, cerraba sus
+ojos a la realidad del alma humana. Practicaba su apostolado por
+fórmulas rutinarias o rancios aforismos de libros escritos por santos a
+la manera de él, y había hecho inmensos daños a la humanidad arrastrando
+a doncellas incautas a la soledad de un convento, tramando casamientos
+entre personas que no se querían, y desgobernando, en fin, la máquina
+admirable de las pasiones. Era como los médicos que han estudiado el
+cuerpo humano en un atlas de Anatomía. Tenía recetas charlatánicas para
+todo, y las aplicaba al buen tun tun, haciendo estragos por donde quiera
+que pasaba.
+
+«De esta manera, hija mía--añadió lleno de fatuidad--, puede darse el
+caso de que una mujer hermosa llegue a amar entrañablemente a un hombre
+feo. El verdadero amor, fíjese usted en esto y estámpelo en su memoria,
+es el de alma por alma. Todo lo demás es obra de la imaginación, la
+loca de la casa.
+
+A Fortunata le hizo gracia esta figura.
+
+«¿Quién hace caso de la imaginación?--prosiguió él, oyéndose, y muy
+satisfecho del efecto que creía causar--. Cuando la loca le alborote a
+usted, no se dé por entendida, hija. ¿Haría usted caso de una persona
+que pasara ahora por la calle diciendo disparates? Pues lo mismo es,
+exactamente lo mismo. A la imaginación se la mira con desprecio, y se
+hace lo contrario de lo que ella inspira. Comprendo que usted, por la
+vida mala que ha llevado y por no haber tenido a su lado buenos
+ejemplos, no podrá durante algún tiempo meter en cintura a la loca de la
+casa; pero aquí estamos para enseñarla. Aquí me tiene a mí, y me parece
+que sé lo que traigo entre manos... Empecemos. Para que usted sea digna
+de casarse con un hombre honrado, lo primerito es que me vuelva los ojos
+a la religión, empezando por edificarse interiormente.
+
+--Sí señor--respondió humildemente la prójima, que entendía lo de la
+religión; pero no lo de la edificación. Para ella edificar era lo mismo
+que hacer casas,
+
+--Bien. ¿Está usted dispuesta a ponerse bajo mi dirección y a hacer todo
+lo que yo le mande?--propuso el cura con la hinchazón de vanidad que le
+daba aquel papel sublime de lañador de almas cascadas.
+
+--Sí señor.--¿Y cómo estamos de doctrina cristiana?
+
+Dijo esto con un tonillo de superioridad impertinente, lo mismo que
+dicen algunos médicos: «a ver la lengua».
+
+--Yo... la _dotrina_--replicó la penitente temblando...--muy mal. No sé
+nada.
+
+El capellán no hizo aspavientos. Al contrario, le gustaba que sus
+catecúmenos estuvieran rasos y limpios de toda ciencia, para poder él
+enseñárselo todo. Después meditó un rato, las manos cruzadas y dando
+vuelta a los pulgares uno sobre otro. Fortunata le miraba en silencio.
+No podía dudar de que era hombre muy sabedor de cosas del mundo y de las
+flaquezas humanas, y pensó que le convenía ponerse bajo su dirección. En
+aquel momento hallábase bajo la influencia de ideas supersticiosas
+adquiridas en su infancia respecto a la religión y al clero. Su
+catecismo era harto elemental y se reducía a dos o tres nociones
+incompletas, el Cielo y el Infierno, padecer aquí para gozar allá, o lo
+contrario. Su moral era puramente personal, intuitiva y no tenía nada
+que ver con lo poco que recordaba de la doctrina cristiana. Formó del
+hermano de Maxi buen concepto, porque se lavaba poco y sabía mucho y no
+reñía a las pecadoras, sino que las trataba con dulzura, ofreciéndoles
+el matrimonio, la salvación, y hablándoles del alma y otras cosas muy
+bonitas.
+
+«Todo depende de que usted sepa mandar a paseo a la loquilla--continuó
+Nicolás saliendo de su abstracción--. Ya sabe usted lo que Jesús le dijo
+a la samaritana cuando habló con ella en el pozo, en una situación
+parecida a la que ahora tenemos usted y yo...».
+
+Fortunata se sonrió, afectando entender la cita; pero se había quedado a
+oscuras.
+
+«Si usted quiere mejorar de vida y edificársenos interiormente para
+adquirir la fuerza necesaria, aquí me tiene. ¿Pues para qué estamos?
+Cuando yo considere segura la reforma de usted, quizás no ponga tantos
+peros al casorio con mi hermano. El pobre está loco por usted; me dijo
+anoche que si no le dejamos casar se muere. Mi tía quiere quitárselo de
+la cabeza; mas yo le dije: «Calma, calma, las cosas hay que verlas
+despacio. No nos precipitemos, tía», y por eso me vine aquí. Me
+comprometo a curarle a usted esa enfermedad de la imaginación que
+consiste en tener cariño al hombre indigno que la perdió. Conseguido
+esto, amará usted al que ha de ser su marido, y lo amará con ilusión
+espiritual, no de los sentidos... ni más ni menos. ¡Oh, he alcanzado yo
+tantos triunfos de estos; he salvado a tanta gente que se creía dañada
+para siempre! Convénzase usted, en esto, como en otras cosas, todo es
+ponerse a ello, todo es empezar... Imagínese usted lo bien que estará
+cuando se nos reforme; vivirá feliz y considerada, tendrá un nombre
+respetable, y habrá quien la adore, no por sus gracias personales, que
+maldito lo que significan, sino por las espirituales, que es lo que
+importa. Al principio tendrá usted que hacer algunos esfuerzos; será
+preciso que se olvide de su buen palmito. Esto es quizás lo más difícil,
+pero hagámonos la cuenta de que la única hermosura verdad es la del
+alma, hija mía, porque de la del cuerpo dan cuenta los gusanos...».
+
+Esto le pareció muy bien a la pecadora, y decía que sí con la cabeza.
+
+«Pues vamos a cuentas. ¿Usted quiere que establezcamos la posibilidad,
+esta es la cosa, la posibilidad de casarse con un Rubín?».
+
+--Sí señor--respondió Fortunata con cierto miedo, espantada aún por
+aquello de los gusanos.
+
+--Pues es preciso que se nos someta usted a la siguiente prueba--dijo el
+cura, tapándose un bostezo, porque eran ya las cuatro y no habría tenido
+inconveniente en tomar una friolera--. Hay en Madrid una institución
+religiosa de las más útiles, la cual tiene por objeto recoger a las
+muchachas extraviadas y convertirlas a la verdad por medio de la
+oración, del trabajo y del recogimiento. Unas, desengañadas de la poca
+sustancia que se saca al deleite, se quedan allí para siempre; otras
+salen ya _edificadas_, bien para casarse, bien para servir en casas de
+personas respetabilísimas. Son muy pocas las que salen para volver a la
+perdición. También entran allí señoras decentes a expiar sus pecados,
+esposas ligeras de cascos que han hecho alguna trastada a sus maridos, y
+otras que buscan en la soledad la dicha que no tuvieron en el bullicio
+del mundo.
+
+Fortunata seguía dando cabezadas. Había oído hablar de aquella casa, que
+era el convento de las Micaelas.
+
+«Perfectamente; así se llama. Bueno, usted va allá y la tenemos
+encerradita durante tres, cuatro meses o más. El capellán de la casa es
+tan amigo mío, que es como si fuera yo mismo. Él la dirigirá a usted
+espiritualmente, puesto que yo no puedo hacerlo porque tengo que
+volverme a Toledo. Pero siempre que venga a Madrid, he de ir a tomarle
+el pulso y a ver cómo anda esa educación, sin perjuicio de que antes de
+entrar en el convento, le he de dar a usted un buen recorrido de
+doctrina cristiana para que no se nos vaya allá enteramente cerril. Si
+pasado un plazo prudencial, me resulta usted en tal disposición de
+espíritu que yo la crea digna de ser mi hermana política, podría quizás
+llegar a serlo. Yo le respondo a usted de que, como este indigno
+capellán dé el pase, toda la familia dirá _amén_».
+
+Estas palabras fueron dichas con sencillez y dulzura. Eran una de sus
+mejores y más estudiadas recetas, y tenía para ello un tonillo de
+convicción que hacía efecto grande en las inexpertas personas a quienes
+se dirigían.
+
+En Fortunata fue tan grande el efecto, que casi casi se le saltaron las
+lágrimas. Indudablemente era muy de agradecer el interés que aquel
+bondadoso apóstol de Cristo se tomaba por ella. Y todo sin regaños, sin
+manotadas, tratándola como un buen pastor trataría a la más querida de
+sus ovejas. A pesar de esta excelente disposición de su ánimo, la
+infeliz vacilaba un poco. De una parte le seducía la vida retirada,
+silenciosa y cristiana del claustro. Bien pudiera ser que allí se
+cerrase por completo la herida de su corazón. Había que probarlo al
+menos. De otra parte la aterraba lo desconocido, las monjas... ¿cómo
+serían las monjas?, ¿cómo la tratarían? Pero Nicolás se adelantó a sus
+temores, diciéndole que eran las señoras más indulgentes y cariñosas que
+se podían ver. A la samaritana se le aguaron los ojos, y pensó en lo que
+sería ella convertida de _chica_ en señora, la imaginación limpia de
+aquella maleza que la perdía, la conciencia hecha de nuevo, el
+entendimiento iluminado por mil cosas bonitas que aprendería. La misma
+imaginación, a quien el maestro había puesto que no había por donde
+cogerla, fue la que le encendió fuegos de entusiasmo en su alma,
+infundiéndole el orgullo de ser otra mujer distinta de lo que era.
+
+«Pues sí, pues sí... quiero entrar en las Micaelas» afirmó con arranque.
+
+--Pues nada, a purificarse tocan. ¿Ve usted cómo nos hemos
+entendido?--dijo el clérigo con alegría, levantándose--. Cansado ya de
+tanto discutir, yo le dije a mi hermano: Si tu pasión es tan fuerte que
+no la puedes combatir, pon el pleito en mis manos, tonto, que yo te lo
+arreglaré. Si es mi oficio; si para eso estamos; si no sé hacer otra
+cosa... ¿Para qué serviría yo si no sirviera para enderezar torceduras
+de estas?
+
+El orgullo se le rezumía por todos los poros como si fuera sudor; los
+ojos le brillaban. Cogió la canaleja, diciendo:
+
+«Volveré por aquí. Hablaré a mi hermano y a mi tía. Tenemos ya una gran
+base de arreglo, que es su conformidad de usted con todo lo que le mande
+este pobre sacerdote».
+
+Fortunata al darle la mano se la besó.
+
+Las últimas palabras de la visita fueron referentes al mal tiempo, a que
+él no podía estar en Madrid sino dos semanas, y por fin a la jaqueca que
+tenía Maximiliano aquel día.
+
+«Es mal de familia. Yo también las padezco. Pero lo que principalmente
+me trae descompuesto ahora es un pícaro mal de estómago... debilidad,
+dicen que es debilidad... Tengo que comer muy a menudo y muy poca
+cantidad... esta es la cosa... Es efecto del excesivo trabajo... ¡qué le
+vamos a hacer! Al llegar esta hora se me pone aquí un perrito... lo
+mismo que un perrito que me estuviera mordiendo. Y como no le eche algo
+al condenado, me da muy mal rato».
+
+--Si quiere usted... aguarde usted... yo...--dijo Fortunata pasando
+revista mental a su pobre despensa.
+
+--Quite usted allá, criatura... No faltaba más... ¿Piensa que no me
+puedo pasar...? No es que yo apetezca nada; lo tomo hasta con asco; pero
+me sienta bien, conozco que me sienta bien.
+
+--Si quiere usted, traeré... No tengo en casa; pero bajaré a la
+tienda...
+
+--Quite usted allá... no me lo diga ni en broma... Vaya, abur, abur... Y
+cuidarse, cuidarse mucho, ¿eh?, que andan pulmonías.
+
+El clérigo salió y fue a casa de un amigo donde le solían dar, en
+aquella crítica hora, el remedio de su debilidad de estómago.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+En la noche de aquel memorable día, y cuando la jaqueca se le calmó,
+pudo enterarse Maxi de que su hermano había ido a la calle de Pelayo, y
+de que sus impresiones «no habían sido malas» según declaración del
+propio cura. Daba este mucha importancia a su apostolado, y cuando le
+caía en las manos uno de aquellos negocios de conquista espiritual,
+exageraba los peligros y dificultades para dar más valor a su victoria.
+El otro se abrasaba en impaciencia; mas no conseguía obtener de Nicolás
+sino medias palabras. «Allá veremos... estas no son cosas de juego... Ya
+tengo las manos en la masa... no es mala masa; pero hay que trabajarla a
+pulso... esta es la cosa. He de volver allá... Es preciso que tengas
+paciencia... ¿pues tú qué te crees?». El pobre chico no veía las santas
+horas de que llegase el día para saber por ella pormenores de la
+conferencia. Fortunata le vio entrar sobre las diez, pálido como la
+cera, convaleciente de la jaqueca, que le dejaba mareos, aturdimiento y
+fatiga general. Se echó en el sofá; cubriole su amiga la mitad del
+cuerpo con una manta, púsole almohadas para que recostase la cabeza, y a
+medida que esto hacía, le aplacaba la curiosidad contándole
+precipitadamente todo.
+
+Aquella idea de llevarla al convento como a una casa de purificación,
+pareciole a Maxi prueba estupenda del gran talento catequizador de su
+hermano. A él le había pasado vagamente por la cabeza algo semejante;
+mas no supo formularlo. ¡Qué insigne hombre era Nicolás! ¡Ocurrirle
+aquello!... Tamizada por la religión, Fortunata volvería a la sociedad
+limpia de polvo y paja, y entonces ¿quién osaría dudar de su
+honorabilidad? El espíritu del sietemesino, revuelto desde el fondo a la
+superficie por la pasión, como un mar sacudido por furioso huracán, se
+corría, digámoslo así, de una parte a otra, explayándose en toda idea
+que se le pusiese delante. Así, lo mismo fue presentársele la idea
+religiosa, que tenderse hacia ella y cubrirla toda con impetuosa y
+fresca onda. ¡La religión, qué cosa tan buena!... ¡Y él, tan torpe, que
+no había caído en ello! No era torpeza sino distracción. Es que andaba
+muy distraído. Y su manceba, que más bien era ya novia, se le apareció
+entonces con aureola resplandeciente y se revistió de ideales atributos.
+Creeríase que el amor que le inspiraba se iba a depurar aún más,
+haciéndose tan sutil como aquel que dicen le tenía a Beatriz el Dante, o
+el de Petrarca por Laura, que también era amor de lo más fino.
+
+Nunca había sido Maximiliano muy dado a lo religioso; pero en aquel
+instante le entraron de sopetón en el espíritu unos ardores de piedad
+tan singulares, unas ganas de tomarse confianzas con Cristo o con la
+Santísima Trinidad, y aun con tal o cual santo, que no sabía lo que le
+pasaba. El amor le conducía a la devoción, como le habría conducido a la
+impiedad, si las cosas fuesen por aquel camino. Tan bien le pareció el
+plan de su hermano, que el gozo le reprodujo el dolor de cabeza, aunque
+levemente. Comprimiéndose con dos dedos de la mano la ceja izquierda,
+habló a Fortunata de lo buenas que debían de ser aquellas madres
+Micaelas, de lo bonito que sería el convento, y de las preciosas y
+utilísimas cosas que allí aprendería, soltando como por ensalmo la
+cáscara amarga y trocándose en señora, sí, en señora tan decente, que
+habría otras lo mismo, pero más no... más no.
+
+A Fortunata se le comunicó el entusiasmo. ¡La religión! Tampoco ella
+había caído en esto. ¡Cuidado que no ocurrírsele una cosa tan
+sencilla...! Lo particular era que veía su purificación como se ve un
+milagro cuando se cree en ellos, como convertir el agua en vino o hacer
+de cuatro peces cuarenta.
+
+«Dime una cosa--preguntó a Maxi, acordándose de que era bella--. ¿Y me
+pondrán tocas blancas?».
+
+--Puede que sí--replicó él con seriedad--. No puedo asegurártelo; pero
+es fácil que sí te las pongan.
+
+Fortunata cogió una toalla y echándosela por la cabeza, se fue a mirar
+al espejo. Acordose entonces de una cosa esencial, esto es, que en la
+nueva existencia, la hermosura física no valía un pito y que lo que
+importaba y tenía valor era la del alma. Observando la cara que tenía
+Maxi aquel día y lo pálido que estaba, consideró que las prendas morales
+del joven empezaban a transparentarse en su rostro, haciéndole menos
+desagradable... Entrevió una mudanza radical en su manera de ver las
+cosas.
+
+«¡Quién sabe--se dijo--, lo que pasará después de estar allí tratando
+con las monjas, rezando y viendo a todas horas la custodia! De seguro me
+volveré otra sin sentirlo. Yo saco la cuenta de lo bueno que puede
+sucederme, por lo malo que me ha sucedido. Calculo que esto es como
+cuando una teme llegar a la cosa más mala del mundo y dice una: 'jamás
+llegaré a eso'. Y ¿qué pasa?, que luego llega una y se asombra de verse
+allí, y dice: 'parecía mentira'. Pues lo mismo será con lo bueno. Dice
+una: 'jamás llegaré tan arriba', y sin saber cómo, arriba se encuentra».
+
+Maximiliano se quedó a almorzar; pero la irritación de su estómago y la
+desgana hubieron de contenerle en la más prudente frugalidad. Ella en
+cambio tenía buen apetito, porque había trabajado mucho aquella mañana y
+quizás porque estaba contenta y excitada. De aquí tomó pie el redentor
+para hablar de lo mucho que comía su hermano Nicolás. Esto desilusionó
+un poco a Fortunata, que se quedó como lela, mirando a su amante, y
+deteniendo el tenedor a poca distancia de la boca. Creía ella que los
+curas de mucho saber y virtud debían de conocerse en el poco uso que
+hacían del agua y jabón, y también en que su alimento no podía ser sino
+yerbas cocidas y sin sal.
+
+Toda la tarde estuvieron platicando acerca de la ida al convento y
+también sobre cosas relacionadas con la parte material de su existencia
+futura. «En la partición--dijo con cierto énfasis Maximiliano--, me
+tocan fincas rústicas. Mi tía se enfadó porque deseaba para mí el dinero
+contante; pero yo no soy de su opinión; prefiero los inmuebles».
+
+Fortunata apoyó esta idea con un signo de cabeza; mas no estaba segura
+de lo que significaba la palabra _inmueble_, ni quería tampoco
+preguntarlo. Ello debía de ser lo contrario de muebles. Maxi la sacó de
+dudas más tarde, hablando de sus olivares y viñas y de la buena cosecha
+que se anunciaba; por lo cual vino a entender que inmuebles es lo mismo
+que decir árboles. También ella prefería las propiedades de campo a
+todas las demás clases de riqueza. Después que se retiró su amante, se
+quedó pensando en su fortuna, y todo aquel fárrago de olivos, parrales y
+carrascales que tenía metido en la cabeza le impidió dormir hasta muy
+tarde, enderezando aún más sus propósitos por la vía de la honradez.
+
+«A ver, ¿qué tal?... ¿cómo es?... ¿es guapa?» había preguntado doña Lupe
+a Nicolás con vivísima curiosidad.
+
+Aunque el insigne clérigo no tenía cierta clase de pasiones, sabía
+apreciar el género a la vista. Hizo con los dedos de su mano derecha un
+manojo, y llevándolos a la boca los apartó al instante, diciendo:
+
+«Es una mujer... hasta allí».
+
+Doña Lupe se quedó desconcertada. A los peligros ya conocidos debían
+unirse los que ofrece por sí misma toda belleza superior dentro de la
+máquina del matrimonio. «Las mujeres casadas _no deben_ ser muy
+hermosas» dijo la señora promulgando la frase con acento de convicción
+profunda.
+
+Hízole otras mil preguntas para aplacar su ardentísima curiosidad; cómo
+estaba vestida y peinada; qué tal se expresaba; cómo tenía arreglada la
+casa, y Nicolás respondía echándoselas de observador. Sus impresiones no
+habían sido malas, y aunque no tenía bastantes datos para formar juicio
+del verdadero carácter de la prójima, podía anticipar, fiado en su
+experiencia, en su buen ojo y en un cierto no sé que, presunciones
+favorables. Con esto la curiosidad de doña Lupe se acaloraba más, y ya
+no podía tener sosiego hasta no meter su propia nariz en aquel guisado.
+Visitar a la tal no le parecía digno, habiendo hecho tantos aspavientos
+en contra suya; pero estar muchos días sin verla y averiguarle las
+faltas, si las tenía, era imposible. Hubiera deseado verla _por un
+agujerito_. Con el sobrinillo no quería la señora dar su brazo a torcer,
+y siempre se mostraba intolerante, aunque ya con menos fuego. Pareciole
+buena idea aquello de purificarla en las Micaelas, y aunque a nadie lo
+dijo, para sí consideraba aquel camino como el único que podía conducir
+a una solución. Rabiaba por echarle la vista encima al _basilisco_, y
+como su sobrino no le decía que fuera a verla, este silencio hacíala
+rabiar más. Un día ya no pudo contenerse, y cogiendo descuidado a Maxi
+en su cuarto, le embocó esto de buenas a primeras: «No creas que voy yo
+a rebajarme a eso...».
+
+--¿A qué, señora?
+
+--A visitar a tu... no puedo pronunciar ciertas palabras. Me parece
+indecoroso que yo vaya allá, a pesar de todos esos proyectos de legía
+eclesiástica que le vais a dar.
+
+--Señora, si yo no he dicho a usted nada...
+
+--Te digo que no iré... no iré.
+
+--Pero tía...--No hay tía que valga. No me lo has dicho; pero lo deseas.
+¿Crees que no te leo yo los pensamientos? ¡Qué podrás tú disimular
+delante de mí! Pues no, no te sales con la tuya. Yo no voy allá sino en
+el caso de que me llevéis atada de pies y manos.
+
+--Pues la llevaremos atada de manos y pies--dijo Maxi, riendo.
+
+Lo deseaba, sí; pero como tenía su criterio formado y su invariable
+línea de conducta trazada, no daba un valor excesivo a lo que de la
+visita pudiera resultar. Véase por dónde la fuerza de las circunstancias
+había puesto a doña Lupe en una situación subalterna, y el pobre chico,
+que meses antes no se atrevía a chistar delante de ella, miraba a su tía
+de igual a igual. La dignidad de su pasión había hecho del niño un
+hombre, y como el plebeyo que se ennoblece, miraba a su antiguo
+autócrata con respeto, pero sin miedo.
+
+Como Nicolás visitaba algunos días a Fortunata para enseñarle la
+doctrina cristiana, doña Lupe se ponía furiosa. Tantas idas y venidas
+decía ella que le tenían revuelto el estómago. Pero el sentimiento que
+verdaderamente la hacía chillar era como envidia de que fuese Nicolás y
+no pudiera ir ella. Por este motivo andaban tía y sobrino algo
+desavenidos. Corría Marzo, y el día de San José dijo Nicolás en la mesa:
+«Tía, ya hay fresa». Pero la indirecta no hizo efecto en la económica
+viuda. Volvió a la carga el clérigo en diferentes ocasiones: «¡Qué fresa
+más rica he visto hoy! Tía, ¿a cómo estará ahora la fresa?».
+
+--No lo sé, ni me importa--replicó ella--, porque como no la pienso
+traer hasta que no se ponga a tres reales...
+
+Nicolás dio un suspiro, mientras doña Lupe decía para sí: «Como no comas
+más fresa que la que yo te ponga, tragaldabas, aviado estás».
+
+Y como doña Lupe era algo golosa, trajo un día un cucurucho de fresa,
+bien escondido entre la mantilla; mas no lo puso en la mesa. Concluida
+la comida, y mientras Nicolás leía _La Correspondencia _ o _ El
+Papelito_ en el comedor, doña Lupe se encerraba en su cuarto para
+comerse la fresa bien espolvoreada con azúcar. En cuanto el cura se
+echaba a la calle, salía doña Lupe de su escondite para ofrecer a
+Maximiliano un poco de aquella sabrosa fruta, y entraba en su cuarto con
+el platito y la cucharilla. Agradecía mucho estas finezas el chico, y se
+comía la golosina. Mirábale comer su tía con expectante atención, y
+cuando quedaban en el plato no más que seis o siete fresas, se lo
+quitaba de las manos diciendo: «Esto para Papitos que está con cada ojo
+como los de un besugo».
+
+La chiquilla se comía las fresas, y después, con los lengüetazos que le
+daba al plato, lo dejaba como si lo hubiera lavado.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Juan Pablo prestaba atención muy escasa al asunto de Maximiliano y a
+todos los demás asuntos de la familia, como no fuera el de la herencia.
+Su anhelo era cobrar pronto para pagar sus trampas. Entraba de noche muy
+tarde, y casi siempre comía fuera, lo que agradecía mucho doña Lupe,
+pues Nicolás con su voracidad puntual le desequilibraba el presupuesto
+de la casa. La misantropía que le entró a Juan Pablo desde su desairado
+regreso del Cuartel Real no se alteró en aquellos días que sucedieron a
+la herencia. Hablaba muy poco, y cuando doña Lupe le nombraba el casorio
+de Maxi, como cuando se le pega a uno un alfilerazo para que no se
+duerma, alzaba los hombros, decía palabras de desdén hacia su hermano y
+nada más. «Con su pan se lo coma... ¿Y a mí qué?».
+
+De carlismo no se hablaba en la casa, porque doña Lupe no lo consentía.
+Pero una mañana, los dos hermanos mayores se enfrascaron de tal modo en
+la conversación, más bien disputa, que no hicieron maldito caso de la
+señora. Juan Pablo estaba lavándose en su cuarto, entró Nicolás a
+decirle no sé qué, y por si el cura Santa Cruz era un bandido o un loco,
+se fueron enzarzando, enzarzando hasta que...
+
+«¿Quieres que te diga una cosa?--gritaba el primogénito,
+descomponiéndose--. Pues don Carlos no ha triunfado ya por vuestra
+culpa, por culpa de los curas. Hay que ir allá, como he ido yo, para
+hacerse cargo de las intrigas de la gentualla de sotana, que todo lo
+quiere para sí, y no va más que a desacreditar con calumnias y chismes a
+los que verdaderamente trabajan. Yo no podía estar allí; me ahogaba. Le
+dije a Dorregaray: 'mi general, no sé cómo usted aguanta esto', y él se
+alzaba de hombros, ¡poniéndome una cara...! No pasaba día sin que los
+lechuzos le llevaran un cuento a don Carlos. Que Dorregaray andaba en
+tratos con Moriones para rendirse, que Moriones le había ofrecido diez
+millones de reales, en fin, mil indecencias. Cuando llegó a mi noticia
+que me acusaban de haber ido al Cuartel General de Moriones a llevar
+recados de mi jefe, me volé, y aquella misma tarde, habiéndome
+encontrado a la camarilla en el atrio de la iglesia de San Miguel, me
+lié la manta a la cabeza, y por poco se arma allí un Dos de Mayo. «Aquí
+no hay más traidores que ustedes. Lo que tienen es envidia del traidor,
+si le hubiera, por el provecho que saque de su traición. No digo yo por
+diez millones; pero por diez mil ochavos venderían ustedes al Rey, y
+toda su descendencia; ladrones infames, tíos de Judas». En fin, que si
+no acierta a pasar el coronel Goiri, que me quería mucho, y me coge a la
+fuerza y me arranca de allí y me lleva a mi casa, aquella tarde sale el
+redaño de un cura a ver la puesta del sol. Estuve tres días en cama con
+un amago de ataque cerebral. Cuando me levanté, pedí una audiencia a Su
+Majestad. Su contestación fue ponerme en la mano el canuto y el
+pasaporte para la frontera. En fin, que los _engarza-rosarios_ dieron
+conmigo en tierra, porque no me prestaba a ayudarles en sus
+maquinaciones contra los leales y valientes. Por las sotanas se perdió
+don Carlos V, y al VII no le aprovechó la lección. Allá se las haya. ¿No
+querías religión?, pues ahí la tienes; atrácate de curas, indigéstate y
+revienta.
+
+--Es una apreciación tuya--dijo Nicolás moderando su ira--, que no me
+parece muy fundada... esta es la cosa.
+
+--¿Tú qué sabes lo que es el mundo y la realidad? Estás en babia.
+
+--Y tú, me parece que estás algo ido, porque cuidado que has dicho
+disparates.
+
+--Cállate la boca, estúpido...--dijo Nicolás, sulfurándose.
+
+--¿Sabes lo que te digo?--gritó Juan Pablo, alzando arrogante la voz--,
+que a mí no se me manda callar, ¿estamos? He tenido el honor de decirle
+cuatro frescas al obispo de Persépolis, y quien no teme a las sotanas
+moradas, ¿qué miedo ha de tener a las negras?...
+
+--Pues yo te digo...--agregó Nicolás descompuesto, trémulo y no sabiendo
+si amenazar con los puños o simplemente con las palabras--, yo te digo
+que eres un chisgarabís.
+
+--¿Qué alboroto es este?--clamó doña Lupe entrando a poner paz--. ¡Vaya
+con los caballeros estos! Ya les dije otra vez a los señores ojalateros,
+que cuando quisieran disputar por alto se fueran a hacerlo a la calle.
+En mi casa no quiero escándalos.
+
+--Es que con este bruto no se puede discutir...--dijo Nicolás, que casi
+no podía respirar de tan sofocado como estaba.
+
+Juan Pablo no decía nada, y siguió vistiéndose, volviendo la espalda a
+su hermano.
+
+«¡Vaya un genio que has echado!--le dijo doña Lupe, sin que él la
+mirara--. Podías considerar que tu hermano es sacerdote... Y sobre todo,
+no vengas echándotela de plancheta; porque si te salió mal el pase a _la
+infame facción_, y has tenido que volverte con las manos en la cabeza,
+¿qué culpa tenemos los demás?».
+
+Juan Pablo no se dignó contestar. Doña Lupe cogió por un brazo al cura y
+se lo llevó consigo temerosa de que se enzarzaran otra vez. En el
+comedor estaba Maximiliano sentado ya para almorzar. Había oído la
+reyerta sin dársele una higa de lo que resultara. Allá ellos. A Nicolás
+no le quitó su berrinchín el apetito, pues ninguna turbación del ánimo,
+por grande que fuera, le podía privar de su más característica
+manifestación orgánica. Los tres oyeron gritos en la calle, y doña Lupe
+puso atención, creyendo que era un _extraordinario_ de periódico
+anunciando triunfos del ejército liberal sobre los carlistas. En
+aquellos días del año 1874, menudeaban los suplementos de periódico,
+manteniendo al vecindario en continua ansiedad.
+
+«Papitos--dijo la señora--, toma dos cuartos y bájate a comprar el
+_extraordinario de la Gaceta_. Veréis cómo habla de alguna buena tollina
+que les han dado a los _tersos_».
+
+Nicolás que tenía un oído sutilísimo, después de callar un rato y hacer
+callar a todos, dijo: «Pero, tía, no sea usted chiflada. Si no hay tal
+pregón de _extraordinario_. Lo que dice la voz, claramente se oye... El
+_freeeesero... fresa_».
+
+--Puede que así sea--replicó doña Lupe, guardando su portamonedas más
+pronto que la vista--. Pero está tan verde, que es un puro vinagre...
+
+--Todo sea por Dios--se dejó decir Nicolás suspirando--. Peor lo pasó
+Jesús, que pidió agua y le dieron hiel.
+
+Mascando el último bocado, salió Maximiliano para irse a clase, llevando
+la carga de sus libros, y mucho después almorzó Juan Pablo solo.
+Aquellos almuerzos servidos a distintas horas molestaban mucho a doña
+Lupe. ¿Se creían sus sobrinos que aquella casa era una posada? El único
+que tenía consideración, el que menos guerra daba y el que menos comía
+era Maxi, el de la pasta de ángel, siempre comedido, aun después de que
+le volvieron tarumba los ojos de una mujer. Sobre esto reflexionaba doña
+Lupe aquella tarde, cosiendo en la sillita, junto al balcón de la calle,
+sin más compañía que la del gato.
+
+«Dígase lo que se quiera, es el mejor de los tres--pensaba, metiendo y
+sacando la aguja--, mejor que el egoistón de Nicolás, mejor que el
+tarambana de Juan Pablo... ¿Que se quiere casar con una...? Hay que ver,
+hay que ver eso. No se puede juzgar sin oír... Podría suceder que no
+fuera... Se dan casos... ¡Vaya!... Y está enamorado como un tonto... ¿Y
+qué le vamos a hacer? Dios nos tenga de su mano».
+
+Entró Nicolás de la calle y preguntado por doña Lupe, dijo que venía de
+casa del _basilisco_. Aquel día se mostró más satisfecho, llegando a
+asegurar que su catecúmena comprendía bien las cosas de religión, y que
+en lo moral parecía ser _de buena madera_, con lo que llegó a su colmo
+la curiosidad de la viuda y ya no le fue posible sostener por más tiempo
+el papel desdeñoso que representaba.
+
+«Tanto te empeñarás--dijo al estudiante aquella noche--, que al fin lo
+vas a conseguir».
+
+--¿Qué, tía?--Que vaya yo en persona a ver a esa... Pero conste que si
+voy es contra mi voluntad.
+
+Maximiliano, que era bondadoso y quería estar bien con ella, no quiso
+manifestarle indiferencia. «Pues sí, tía, si usted va a verla, se lo
+agradeceremos toda nuestra vida».
+
+--Ninguna falta me hacen vuestros agradecimientos, si es que me decido a
+ir, que todavía no lo sé...
+
+--Sí, tía.--Ni voy, si es que me decido, porque me lo agradezcáis, sino
+por medir con mis propios ojos toda la hondura del abismo en que te
+quieres arrojar, a ver si hallo aún modo de apartarte de él.
+
+--Mañana mismo, tía; yo la acompaño a usted--dijo entusiasmado el
+chico--. Verá usted mi abismo, y cuando lo vea me empujará.
+
+Y fue al día siguiente doña Lupe, vestida con los trapitos de
+cristianar, porque antes había ido a la gran función del asilo de doña
+Guillermina, por invitación de esta, de lo que estaba muy satisfecha.
+Quería dar el golpe, y como tenía tanto dominio sobre sí y se expresaba
+con tanta soltura, juzgaba fácil darse mucho lustre en la visita.
+
+Así fue en efecto. Pocas veces en su vida, ni aun en los mejores días de
+Jáuregui, se dio doña Lupe tanto pisto como en aquella entrevista, pues
+siendo el _basilisco_ tan poco fuerte en artes sociales y hallándose tan
+cohibida por su situación y su mala fama, la otra se despachó a su gusto
+y se empingorotó hasta un extremo increíble. Trataba doña Lupe a su
+presunta sobrina con urbanidad; pero guardando las distancias. Había de
+conocerse hasta en los menores detalles, que la visitada era una moza de
+cáscara amarga, con recomendables pretensiones de decencia, y la
+visitante una señora, y no una señora cualquiera, sino la señora de
+Jáuregui, el hombre más honrado y de más sanas costumbres que había
+existido en todo tiempo en Madrid o por lo menos en Puerta Cerrada. Y su
+condición de dama se probaba en que después de haber hecho todo lo
+posible, en la primera parte de la visita, por mostrar cierta severidad
+de principios, juzgó en la segunda que venía bien caerse un poco del
+lado de la indulgencia. El verdadero señorío jamás se complace en
+humillar a los inferiores. Doña Lupe se sintió con unas ganas tan vivas
+de protección con respecto a Fortunata, que no podría llevarse cuenta de
+los consejos que le dio y reglas de conducta que se sirvió trazarle. Es
+que se pirraba por proteger, dirigir, aconsejar y tener alguien sobre
+quien ejercer dominio...
+
+Una de las cosas que más gracia le hicieron en Fortunata, fue su timidez
+para expresarse. Se le conocía en seguida que no hablaba como las
+personas finas, y que tenía miedo y vergüenza de decir disparates. Esto
+la favoreció en opinión de doña Lupe, porque el desenfado en el lenguaje
+habría sido señal de anarquía en la voluntad. «No se apure usted--le
+decía la viuda, tocándole familiarmente la rodilla con su abanico--; que
+no es posible aprender en un día a expresarse como nosotras. Eso vendrá
+con el tiempo y el uso y el trato. Pronunciar mal una palabra no es
+vergüenza para nadie, y la que no ha recibido una educación esmerada no
+tiene la culpa de ello».
+
+Fortunata estaba pasando la pena negra con aquella visita de _tantismo
+cumplido_, y un color se le iba y otro se le venía, sin saber cómo
+contestar a las preguntas de doña Lupe ni si sonreír o ponerse seria. Lo
+que deseaba era que se largara pronto. Hablaron de la ida al convento,
+resolución que la tía de Maxi alabó mucho, esforzándose en sacar de su
+cabeza los conceptos más alambicados y los vocablos más requetefinos. A
+tal extremo hubo de llegar en esto, que Fortunata quedose en ayunas de
+muchas cosas que le oyó. Por fin llegó el instante de la despedida, que
+Fortunata deseaba con ansia y temía, considerándose incapaz de decir con
+claridad y sosiego todas aquellas fórmulas últimas y el ofrecimiento de
+la casa. La de Jáuregui lo hizo como persona corrida en esto; Fortunata
+tartamudeó, y todo lo dijo al revés.
+
+Maximiliano habló poco durante la visita. No hacía más que estar _al
+quite_, acudiendo con el capote allí donde Fortunata se veía en peligro
+por torpeza de lenguaje. Cuando salió doña Lupe, creyó que debía
+acompañarla hasta la calle, y así lo hizo.
+
+«Si es una bobona...--dijo la viuda a su sobrino--; tal para cual...
+Parece que la han cogido con lazo. En manos de una persona inteligente,
+esta mujer podría enderezarse, porque no debe de tener mal fondo. Pero
+yo dudo que tú...».
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Doña Lupe era persona de buen gusto y apreció al instante la hermosura
+del _basilisco_ sin ponerle reparos, como es uso y costumbre en juicios
+de mujeres. Aun aquellas que no tienen pretensiones de belleza se
+resisten a proclamar la ajena. «Es bonita de veras--decía para sí la
+viuda, camino de su casa--, lo que se llama bonita. Pero es una salvaje
+que necesita que la domestiquen». Los deseos de aprender que Fortunata
+manifestaba le agradaron mucho, y sintió que se agitaban en su alma, con
+pruritos de ejercitarse, sus dotes de maestra, de consejera, de
+protectora y jefe de familia. Poseía doña Lupe la aptitud y la vanidad
+educativas, y para ella no había mayor gloria que tener alguien sobre
+quien desplegar autoridad. Maxi y Papitos eran al mismo tiempo hijos y
+alumnos, porque la señora se hacía siempre querer de los seres
+inferiores a quienes educaba. El mismo Jáuregui había sido también, al
+decir de la gente, tan discípulo como marido.
+
+Volvió, pues, a su casa la tía de Maximiliano revolviendo en su mente
+planes soberbios. La pasión de domesticar se despertaba en ella delante
+de aquel magnífico animal que estaba pidiendo una mano hábil que lo
+desbravase. Y véase aquí cómo a impulsos de distintas pasiones, tía y
+sobrino vinieron a coincidir en sus deseos; véase cómo la tirana de la
+casa concluyó por mirar con ojos benévolos a la misma persona de quien
+había dicho tantas perrerías. Mucho agradecía esto el joven, y juzgando
+por sí mismo, creía que la indulgencia de doña Lupe se derivaba de un
+afecto, cuando en rigor provenía de esa imperiosa necesidad que sienten
+los humanos de ejercitar y poner en funciones toda facultad grande que
+poseen. Por esto la viuda no cesaba de pensar en el gran partido que
+podía sacar de Fortunata, desbastándola y puliéndola hasta tallarla en
+señora, e imaginaba una victoria semejante a la que Maximiliano
+pretendía alcanzar en otro orden. La cosa no sería fácil, porque el
+animal debía tener muchos resabios; pero mientras más grandes fueran las
+dificultades, más se luciría la maestra. De repente le entraban a la
+señora de Jáuregui recelos punzantes, y decía: «Si no puede ser, si es
+mucha mujer para medio hombre. Si no existiera este maldito
+desequilibrio de sangre, él con su cariño y yo con lo mucho que sé,
+domaríamos a la fiera; pero esta moza se nos tuerce el mejor día, no hay
+duda de que se nos tuerce».
+
+Media semana estuvo en esta lucha, ya queriendo ceder para oficiar de
+maestra, ya perseverando en sus primitivos temores e inclinándose a no
+intervenir para nada... Pero con las amigas tenía que representar otros
+papeles, pues era vanidosa fuera de casa, y no gustaba nunca de aparecer
+en situación desairada o ridícula. Cuidaba mucho de ponerse siempre muy
+alta, para lo cual tenía que exagerar y embellecer cuanto la rodeaba.
+Era de esas personas que siempre alaban desmedidamente las cosas
+propias. Todo lo suyo era siempre bueno: su casa era la mejor de la
+calle, su calle la mejor del barrio, y su barrio el mejor de la villa.
+Cuando se mudaba de cuarto, esta supremacía domiciliaria iba con ella a
+donde quiera que fuese. Si algo desairado o ridículo le ocurría, lo
+guardaba en secreto; pero si era cosa lisonjera, la publicaba poco menos
+que con repiques. Por esto cuando se corrió entre las familias amigas
+que el sietemesino se quería casar con una tarasca, no sabía _la de los
+Pavos_ cómo arreglarse para quedar bien. Dificilillo de componer era
+aquello, y no bastaba todo su talento a convertir en blanco lo negro,
+como otras veces había hecho.
+
+Varias noches estuvo en la tertulia de las de la Caña completamente
+achantada y sin saber por dónde tirar. Pero desde el día en que vio a
+Fortunata, se sacudió la morriña, creyendo haber encontrado un punto de
+apoyo para levantar de nuevo el mundo abatido de su optimismo. ¿En qué
+creeréis que se fundó para volver a tomar aquellos aires de persona
+superior a todos los sucesos? Pues en la hermosura de Fortunata. Por
+mucho que se figuraran de su belleza, no tendrían idea de la realidad.
+En fin, que había visto mujeres guapas, pero como aquella ninguna. Era
+una divinidad _en toda la extensión de la palabra_.
+
+Pasmadas estaban las amigas oyéndola, y aprovechó doña Lupe este asombro
+para acudir con el siguiente ardid estratégico: «Y en cuanto a lo de su
+mala vida, hay mucho que hablar... No es tanto como se ha dicho. Yo me
+atrevo a asegurar que es muchísimo menos».
+
+Interrogada sobre la condición moral y de carácter de la divinidad, hizo
+muchas salvedades y distingos: «Eso no lo puedo decir... No he hablado
+con ella más que una vez. Me ha parecido humilde, de un carácter
+apocado, de esas que son fáciles de dominar por quien pueda y sepa
+hacerlo». Hablando luego de que la metían en las Micaelas, todas las
+presentes elogiaron esta resolución, y doña Lupe se encastilló más en su
+vanidad, diciendo que había sido idea suya y condición que puso para
+transigir, que después de una larga cuarentena religiosa podía ser
+admitida en la familia, pues las cosas no se podían llevar a punto de
+lanza, y eso de tronar con Maximiliano y cerrarle la puerta, muy pronto
+se dice; pero hacerlo ya es otra cosa.
+
+Entre tanto, acercábase el día designado para llevar el _basilisco_ a
+las Micaelas. Nicolás Rubín había hablado al capellán, su compañero de
+Seminario, el cual habló a la Superiora, que era una dama ilustre, amiga
+íntima y pariente lejana de Guillermina Pacheco. Acordada la admisión en
+los términos que marca el reglamento de la casa, sólo se esperaba para
+realizarla a que pasasen los días de Semana Santa. El Jueves salieron
+Maxi y su amiga a andar algunas estaciones, y el Viernes muy tempranito
+fueron a la Cara de Dios, dándose después un largo paseo por San
+Bernardino. Fortunata estaba, con la religión, como chiquillo con
+zapatos nuevos, y quería que su amante le explicase lo que significan el
+Jueves Santo y las Tinieblas, el Cirio Pascual y demás símbolos. Maxi
+salía del paso con dificultad, y allá se las arreglaba de cualquier
+modo, poniendo a los huecos de su ignorancia los remiendos de su
+inventiva. La religión que él sentía en aquella crisis de su alma era
+demasiado alta y no podía inspirarle verdadero interés por ningún culto;
+pero bien se le alcanzaba que la inteligencia de Fortunata no podía
+remontarse más arriba del punto a donde alcanzan las torres de las
+iglesias católicas. Él sí; él iba lejos, muy lejos, llevado del
+sentimiento más que de la reflexión, y aunque no tenía base de estudios
+en qué apoyarse, pensaba en las causas que ordenan el universo e
+imprimen al mundo físico como al mundo moral movimiento solemne, regular
+y matemático. «Todo lo que debe pasar, pasa--decía--, y todo lo que debe
+ser, es». Le había entrado fe ciega en la acción directa de la
+Providencia sobre el mecanismo funcionante de la vida menuda. La
+Providencia dictaba no sólo la historia pública sino también la privada.
+Por debajo de esto ¿qué significaban los símbolos? Nada. Pero no quería
+quitarle a Fortunata su ilusión de las imágenes, del _gori gori_ y de
+las pompas teatrales que se admiran en las iglesias, porque, ya se ve...
+la pobrecilla no tenía su inteligencia cultivada para comprender ciertas
+cosas, y a fuer de pecadora, convenía conservarla durante algún tiempo
+sujeta a observación, en aquel orden de ideas relativamente bajo, que
+viene a ser algo como sanitarismo moral o policía religiosa.
+
+El entusiasmo que la joven sentía era como los encantos de una moda que
+empieza. Iban, pues, los dos amantes, como he dicho, por aquellos
+altozanos de Vallehermoso, ya entre tejares, ya por veredas trazadas en
+un campo de cebada, y al fin se cansaron de tanta charla religiosa. A
+Rubín se le acabó su saber de liturgia, y a Fortunata le empezaba a
+molestar un pie, a causa de la apretura de la bota. El calzado estrecho
+es gran suplicio, y la molestia física corta los vuelos de la mente.
+Habían pasado por junto a los cementerios del Norte, luego hicieron alto
+en los depósitos de agua; la samaritana se sentó en un sillar y se quitó
+la bota. Maximiliano le hizo notar lo bien que lucía desde allí el
+apretado caserío de Madrid con tanta cúpula y detrás un horizonte
+inmenso que parecía la mar. Después le señaló hacia el lado del Oriente
+una mole de ladrillo rojo, parte en construcción, y le dijo que aquel
+era el convento de las Micaelas donde ella iba a entrar. Pareciéronle a
+Fortunata bonitos el edificio y su situación, expresando el deseo de
+entrar pronto, aquel mismo día si era posible. Asaltó entonces el
+pensamiento de Rubín una idea triste. Bueno era lo bueno, pero no lo
+demasiado. Tanta piedad podía llegar a ser una desgracia para él, porque
+si Fortunata se entusiasmaba mucho con la religión y se volvía santa de
+veras, y no quería más cuentas con el mundo, sino quedarse allí
+encerradita adorando la custodia durante todo el resto de sus días...
+¡Oh!, esta idea sofocó tanto al pobre redentor, que se puso rojo. Y bien
+podía suceder, porque algunas que entraban allí cargadas de pecados se
+corregían de tal modo y se daban con tanta gana a la penitencia, que no
+querían salir más, y hablarles de casarse era como hablarles del
+demonio... Pero no, Fortunata no sería así; no tenía ella cariz de
+volverse santa _en toda la extensión de la palabra_, como diría doña
+Lupe. Si lo fuera, Maximiliano se moriría de pena, se volvería entonces
+protestante, masón, judío, ateo.
+
+No manifestó estos temores a su querida, que estaba con un pie calzado y
+otro descalzo, mirando atentamente las idas y venidas de una procesión
+de hormigas. Únicamente le dijo: «Tiempo tienes de entrar. No conviene
+tampoco que te dé muy fuerte».
+
+Era preciso seguir. Volvió a ponerse la bota y... ¡ay!, ¡qué dolor!, lo
+malo fue que aquel día, Viernes Santo, no había coches, y no era posible
+volver a casa de otra manera que a pie.
+
+«Nos hemos alejado mucho--dijo Maximiliano ofreciéndole su brazo--.
+Apóyate y así no cojearás tanto... ¿Sabes lo que pareces así, llevada a
+remolque?... pues una embarazada fuera de cuenta, que ya no puede dar un
+paso, y yo parezco el marido que pronto va a ser padre». No pudo menos
+de hacerla reír esta idea, y recordando que la noche anterior,
+Maximiliano, en las efusiones epilépticas de su cariño, había hablado
+algo de sucesión, dijo para su sayo: «De eso sí que estás tú libre».
+
+El jueves siguiente fue conducida Fortunata a las Micaelas.
+
+
+
+
+-V-
+
+Las Micaelas por fuera
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Hay en Madrid tres conventos destinados a la corrección de mujeres. Dos
+de ellos están en la población antigua, uno en la ampliación del Norte,
+que es la zona predilecta de los nuevos institutos religiosos y de las
+comunidades expulsadas del centro por la incautación revolucionaria de
+sus históricas casas. En esta faja Norte son tantos los edificios
+religiosos que casi es difícil contarlos. Los hay para monjas reclusas,
+y para las religiosas que viven en comunicación con el mundo y en
+batalla ruda con la miseria humana, en estas órdenes modernas derivadas
+de la de San Vicente de Paúl, cuya mortificación consiste en recoger
+ancianos, asistir enfermos o educar niños. Como por encanto hemos visto
+levantarse en aquella zona grandes pelmazos de ladrillo, de dudoso valer
+arquitectónico, que manifiestan cuán positiva es aún la propaganda
+religiosa, y qué resultados tan prácticos se obtienen del ahorro
+espiritual, o sea la limosna, cultivado por buena mano. Las _Hermanitas
+de los Pobres_, las _Siervas de María_ y otras, tan apreciadas en
+Madrid por los positivos auxilios que prestan al vecindario, han labrado
+en esta zona sus casas con la prontitud de las obras de contrata. De
+institutos para clérigos sólo hay uno, grandón, vulgar y triste como un
+falansterio. Las Salesas Reales, arrojadas del convento que les hizo
+doña Bárbara, tienen también domicilio nuevo, y otras monjas históricas,
+las que recogieron y guardaron los huesos de D. Pedro el Cruel, acampan
+allá sobre las alturas del barrio de Salamanca.
+
+La planicie de Chamberí, desde los Pozos y Santa Bárbara hasta más allá
+de Cuatro Caminos, es el sitio preferido de las órdenes nuevas. Allí
+hemos visto levantarse el asilo de Guillermina Pacheco, la mujer
+constante y extraordinaria, y allí también la casa de las Micaelas.
+Estos edificios tienen cierto carácter de improvisación, y en todos,
+combinando la baratura con la prisa, se ha empleado el ladrillo al
+descubierto, con ciertos aires mudéjares y pegotes de gótico a la
+francesa. Las iglesias afectan, en las frágiles escayolas que las
+decoran interiormente, el estilo adamado con pretensiones de elegante de
+la basílica de Lourdes. Hay, pues, en ellas una impresión de aseo y
+arreglo que encanta la vista, y una deplorable manera arquitectónica. La
+importación de los nuevos estilos de piedad, como el del Sagrado
+Corazón, y esas manadas de curas de babero expulsados de Francia, nos
+han traído una cosa buena, el aseo de los lugares destinados al culto; y
+una cosa mala, la perversión del gusto en la decoración religiosa.
+Verdad que Madrid apenas tenía elementos de defensa contra esta
+invasión, porque las iglesias de esta villa, además de muy sucias, son
+verdaderos adefesios como arte. Así es que no podemos alzar mucho el
+gallo. El barroquismo sin gracia de nuestras parroquias, los canceles
+llenos de mugre, las capillas cubiertas de horribles escayolas
+empolvadas y todo lo demás que constituye la vulgaridad indecorosa de
+los templos madrileños, no tiene que echar nada en cara a las
+cursilerías de esta novísima monumentalidad, también armada en yesos
+deleznables y con derroche de oro y pinturas al temple, pero que al
+menos despide olor de aseo, y tiene el decoro de los sitios en que anda
+mucho la santidad de la escoba, del agua y el jabón.
+
+El caserón que llamamos _Las Micaelas_ estaba situado más arriba del de
+Guillermina, allá donde las rarificaciones de la población aumentan en
+términos de que es mucho más extenso el suelo baldío que el edificado.
+Por algunos huecos del caserío se ven horizontes esteparios y luminosos,
+tapias de cementerios coronadas de cipreses, esbeltas chimeneas de
+fábricas como palmeras sin ramas, grandes extensiones de terreno mal
+sembrado para pasto de las burras de leche y de las cabras. Las casas
+son bajas, como las de los pueblos, y hay algunas de corredor con
+habitaciones numeradas, cuyas puertas se ven por la medianería. El
+edificio de las Micaelas había sido una casa particular, a la que se
+agregó un ala interior costeando dos lados de la huerta en forma de
+medio claustro, y a la sazón se le estaba añadiendo por el lado opuesto
+la iglesia, que era amplia y del estilo de moda, ladrillo sin revoco
+modelado a lo mudéjar y cabos de cantería de Novelda labrada en ojival
+constructivo. Como la iglesia estaba aún a medio hacer, el culto se
+celebraba en la capilla provisional, que era una gran crujía baja, a la
+izquierda de la puerta.
+
+En el arreglo de esta crujía para convertirla en templo interino,
+manifestábase el buen deseo, la pulcritud y la inocencia artística de
+las excelentes señoras que componían la comunidad. Las paredes estaban
+estucadas, como las de nuestras alcobas, porque este es un género de
+decoración barato en Madrid y sumamente favorable a la limpieza. En el
+fondo estaba el altar, que era, ya se sabe, blanco y oro, de un estilo
+tan visto y tan determinado, que parece que viene en los figurines. A
+derecha e izquierda, en cromos chillones de gran tamaño, los dos
+Sagrados Corazones, y sobre ellos se abrían dos ventanas enjutísimas,
+terminadas por arriba en corte ojival, con vidrios blancos, rojos y
+azules, combinados en rombo, como se usan en las escaleras de las casas
+modernas.
+
+Cerca de la puerta había una reja de madera que separaba el público de
+las monjas los días en que el público entraba, que eran los jueves y
+domingos. De la reja para adentro, el piso estaba cubierto de hule, y a
+los costados de lo que bien podremos llamar nave había dos filas de
+sillas reclinatorios. A la derecha de la nave dos puertas, no muy
+grandes: la una conducía a la sacristía, la otra a la habitación que
+hacía de coro. De allí venían los flauteados de un harmonium tañido
+candorosamente en los acordes de la tónica y la dominante, y con las
+modulaciones más elementales; de allí venían también los exaltados
+acentos de las dos o tres monjas cantoras. La música era digna de la
+arquitectura, y sonaba a zarzuela sentimental o a canción de las que se
+reparten como regalo a las suscritoras en los periódicos de modas. En
+esto ha venido a parar el grandioso canto eclesiástico, por el abandono
+de los que mandan en estas cosas y la latitud con que se vienen
+permitiendo novedades en el severo culto católico.
+
+La pecadora fue llevada a las Micaelas pocos días después de la Pascua
+de Resurrección. Aquel día, desde que despertó, se le puso a Maxi la
+obstrucción en la boca del estómago, pero tan fuerte como si tuviera
+entre pecho y espalda atravesado un palo. Molestia semejante sentía en
+los días de exámenes, pero no con tanta intensidad. Fortunata parecía
+contenta, y deseaba que la hora llegase pronto para abreviar la
+expectación y perplejidad en que los dos amantes estaban, sin saber qué
+decirse. A ella por lo menos no se le ocurría nada que decirle, y aunque
+a él se le pasaban por el magín muchas cosas, tenía cierta aversión
+innata a lo teatral, y no gustaba de hablar gordo en ciertas ocasiones.
+Si ha de decirse verdad, Maxi inspiraba aquel día a su novia un
+sentimiento de cariño dulce y sosegado, con su poquillo de lástima. Y él
+procuraba dar a la conversación tono familiar, hablando del tiempo o
+recomendando a la joven que tuviese cuidado de no olvidar alguna
+importante prenda de ropa. Nicolás, que estaba presente, no habría
+permitido tampoco zalamerías de amor ni besuqueo, y ayudaba a recoger y
+agrupar todas las cosas que habían de llevarse, añadiendo observaciones
+tan prácticas como esta: «Ya sabe usted que ni perfumes ni joyas ni
+ringorrangos de ninguna clase entran en aquella casa. Todo el bagaje
+mundano se arroja a la puerta».
+
+Cuando vino el mozo que debía llevar el baúl, Fortunata estaba ya
+dispuesta, vestida con la mayor sencillez. Maximiliano miró diferentes
+veces su reloj sin enterarse de la hora. Nicolás, que estaba más sereno,
+miró el suyo y dijo que era tarde. Bajaron los tres, y fueron
+pausadamente y sin hablar hacia la calle de Hortaleza a tomar un coche
+simón. Instalose el joven con no poco trabajo en la bigotera, porque las
+faldas de su futura esposa y la ropa talar del clérigo estorbaban lo que
+no es decible la entrada y la salida; y si el trayecto fuera más largo,
+el martirio de aquellas seis piernas que no sabían cómo colocarse habría
+sido muy grande. La neófita miraba por la ventanilla, atraída vagamente
+y sin interés su atención por la gente que pasaba. Creeríase que miraba
+hacia fuera por no mirar hacia dentro; Maximiliano se la comía con los
+ojos, mientras el presbítero procuraba en vano animar la conversación
+con algunas cuchufletas bien poco ingeniosas.
+
+Llegaron por fin al convento. En la puerta había dos o tres mendigas
+viejas, que pidieron limosna, y a Maximiliano le faltó tiempo para
+dársela. Le amargaba extraordinariamente la boca, y su voz ahilada salía
+de la garganta con interrupciones y síncopas como la de un asmático. Su
+turbación le obligaba a refugiarse en los temas vulgares... «¡Vaya que
+son pesados estos pobres!... Parece que hay misa, porque se oye la
+campanilla de alzar... Es bonita la casa, y alegre, sí señor, alegre».
+
+Entraron en una sala que hay a la derecha, en el lado opuesto a la
+capilla. En dicha sala recibían visitas las monjas, y las recogidas a
+quienes se permitía ver a su familia los jueves por la tarde, durante
+hora y media, en presencia de dos madres. Adornada con sencillez rayana
+en pobreza, la tal sala no tenía más que algunas estampas de santos y un
+cuadrote de San José, al óleo, que parecía hecho por la misma mano que
+pintó el Jáuregui de la casa de doña Lupe. El piso era de baldosín, bien
+lavado y frotado, sin más defensa contra el frío que dos esteritas de
+junco delante de los dos bancos que ocupaban los testeros principales.
+Dichos bancos, las sillas y un canapé de patas curvas eran piezas
+diferentes, y bien se conocía que todo aquel pobre menaje provenía de
+donativos o limosnas de esta y la otra casa. Ni cinco minutos tuvieron
+que esperar, porque al punto entraron dos madres que ya estaban
+avisadas, y casi pisándoles los talones entró el señor capellán, un
+hombrón muy campechano y que de todo se reía. Llamábase D. León Pintado,
+y en nada correspondía la persona al nombre. Nicolás Rubín y aquel
+pasmarote tan grande y tan jovial se abrazaron y se saludaron
+tuteándose. Una de las dos monjas era joven, coloradita, de boca
+agraciada y ojos que habrían sido lindísimos si no adolecieran de
+estrabismo. La otra era seca y de edad madura, con gafas, y daba bien
+claramente a entender que tenía en la casa más autoridad que su
+compañera. A las palabras que dijeron, impregnadas de esa cortesía
+dulzona que informa el estilo y el metal de voz de las religiosas del
+día, iba la neófita a contestar alguna cosa apropiada al caso; pero se
+cortó y de sus labios no pudo salir más que un _ju ju_, que las otras no
+entendieron. La sesión fue breve. Sin duda las madres Micaelas no
+gustaban de perder el tiempo. «Despídase usted» le dijo la seca,
+tomándola por un brazo. Fortunata estrechó la mano de Maxi y de Nicolás,
+sin distinguir entre los dos, y dejose llevar. _Rubinius vulgaris_ dio
+un paso, dejando solos a los dos curas que hablaban cogiéndose
+recíprocamente las borlas de sus manteos, y vio desaparecer a su amada,
+a su ídolo, a su ilusión, por la puerta aquella pintada de blanco, que
+comunicaba la sala con el resto de la religiosa morada. Era una puerta
+como otra cualquiera; pero cuando se cerró otra vez, pareciole al
+enamorado chico cosa diferente de todo lo que contiene el mundo en el
+vastísimo reino de las puertas.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Echó a andar hacia Madrid por el polvoriento camino del antiguo Campo de
+Guardias, y volviendo a mirar su reloj por un movimiento maquinal,
+tampoco entonces se hizo cargo de la hora que era. No se dio cuenta de
+que su hermano y D. León Pintado, entretenidos en una conversación
+interesante y parándose cada diez palabras, se habían quedado atrás.
+Hablaban de las oposiciones a la lectoral de Sigüenza y de las peloteras
+que ocurrieron en ella. El capellán, como candidato reventado, ponía de
+oro y azul al obispo de la diócesis y a todo el cabildo. Maximiliano,
+sin advertir las paradas, siguió andando hasta que se encontró en su
+casa. Abriole doña Lupe la puerta y le hizo varias preguntas: «Y qué
+tal, ¿iba contenta?». Revelaban estas interrogaciones tanto interés como
+curiosidad, y el joven, animado por la benevolencia que en su tía
+observaba, departió con ella, arrancándose a mostrarle algunas de las
+afiladas púas que le rasguñaban el corazón. Tenía un presentimiento vago
+de no volverla a ver, no porque ella se muriese, sino porque dentro del
+convento y contagiada de la piedad de las monjas, podía chiflarse
+demasiado con las cosas divinas y enamorarse de la vida espiritual hasta
+el punto de no querer ya marido de carne y hueso, sino a Jesucristo, que
+es el esposo que a las monjas de verdadera santidad les hace tilín. Esto
+lo expresó irreverentemente con medias palabras; pero doña Lupe sacó
+toda la sustancia a los conceptos. «Bien podría suceder eso--le dijo con
+acento de convicción, que turbó más a Maximiliano--, y no sería el
+primer caso de mujeres malas... quiero decir ligeras... que se han
+convertido en un abrir y cerrar de ojos, volviéndose tan del revés, que
+luego no ha habido más remedio que canonizarlas».
+
+El redentor sintió frío en el corazón. ¡Fortunata canonizada! Esta idea,
+por lo muy absurda que era, le atormentó toda la mañana. «Francamente
+--dijo al fin, después de muchas meditaciones--, tanto como canonizar,
+no; pero bien podría darle por el misticismo y no querer salir, y
+quedarme yo _in albis_». Vamos, que semejante idea le aterraba! En tal
+caso no tenía más remedio que volverse él santito también, dedicarse a
+la Iglesia y hacerse cura... ¡Jesús qué disparate! ¡Cura!, ¿y para qué?
+De vuelta en vuelta, su mente llegó a un torbellino doloroso en el cual
+no tuvo ya más remedio que ahogar las ideas, para librarse del tormento
+que le ocasionaban. Intentó estudiar... Imposible. Ocurriole escribir a
+Fortunata, encargándole que no hiciera caso alguno de lo que le dijesen
+las monjas acerca de la vida espiritual, la gracia y el amor místico...
+Otro disparate. Por fin se fue calmando, y la razón se clareaba un poco
+tras aquellas nieblas.
+
+Las once serían ya, cuando desde su cuarto sintió un grande altercado
+entre doña Lupe y Papitos. El motivo de aquella doméstica zaragata fue
+que a Nicolás Rubín se le ocurrió la idea trágica de convidar a almorzar
+a su amigo el padre Pintado, y no fue lo peor que se le ocurriera, sino
+que se apresurase a ejecutarla con aquella frescura clerical que en tan
+alto grado tenía, metiendo a su camarada por las puertas de la casa sin
+ocuparse para nada de si en esta había o no los bastimentos necesarios
+para dos bocas de tal naturaleza.
+
+Doña Lupe que tal vio y oyó, no pudo decir nada, por estar el otro
+clérigo delante; pero tenía la sangre requemada. Su orgullo no le
+permitía desprestigiar la casa, poniéndoles un artesón de bazofia para
+que se hartaran; y afrontando despechada el conflicto, decía para su
+sayo cosas que habrían hecho saltar a toda la curia eclesiástica. «No sé
+lo que se figura este heliogábalo... cree que mi casa es la posada del
+Peine. Después que él me come un codo, trae a su compinche para que me
+coma el otro. Y por las trazas, debe tener buen diente y un estómago
+como las galerías del Depósito de aguas... ¡Ay, Dios mío!, ¡qué egoístas
+son estos curas...! Lo que yo debía hacer era ponerle la cuentecita, y
+entonces... ¡ah!, entonces sí que no se volvía a descolgar con
+invitados, porque es _Alejandro en puño_ y no le gusta ser rumboso sino
+con dinero ajeno».
+
+El volcán que rugía en el pecho de la señora de Jáuregui no podía
+arrojar su lava sino sobre Papitos, que para esto justamente estaba.
+Había empezado aquel día la monilla por hacer bien las cosas; pero la
+riñó su ama tan sin razón, que... ¡diablo de chica!, concluyó por
+hacerlo todo al revés. Si le ordenaban quitar agua de un puchero, echaba
+más. En vez de picar cebolla, machacaba ajos; la mandaron a la tienda
+por una lata de sardinas y trajo cuatro libras de bacalao de Escocia;
+rompió una escudilla, y tantos disparates hizo que doña Lupe por poco le
+aporrea el cráneo con la mano del almirez. «De esto tengo la culpa yo,
+grandísima bestia, por empeñarme en domar acémilas y en hacer de ellas
+personas... Hoy te vas a tu casa, a la choza del muladar de Cuatro
+Caminos donde estabas, entre cerdos y gallinas, que es la sociedad que
+te cuadra...». Y por aquí seguía la retahíla... ¡Pobre Papitos!
+Suspiraba y le corrían las lágrimas por la cara abajo. Había llegado ya
+a tal punto su azoramiento, que no daba pie con bola.
+
+Entre tanto los dos curas estaban en la sala, fumando cigarrillos, las
+canalejas sobre sillas, groseramente espatarrados ambos en los dos
+sillones principales, y hablando sin cesar del mismo tema de las
+oposiciones de Sigüenza. La culpa de todo la tenía el deán, que era un
+trasto y quería la lectoral a todo trance para su sobrinito. ¡Valientes
+perros estaban tío y sobrino! Este había hecho discursos racionalistas,
+y cuando la _Gloriosa_ dio vivas a Topete y a Prim en una reunión de
+demócratas. Doña Lupe entró al fin haciendo violentísimas contorsiones
+con los músculos de su cara para poder brindarles una sonrisa en el
+momento de decir que ya podían pasar... que tendrían que dispensar
+muchas faltas, y que iban a hacer penitencia.
+
+Y mientras se sentaban, miró con terror al amigo de su sobrino, que era
+lo mismo que un buey puesto en dos pies, y pensaba que si el apetito
+correspondía al volumen, todo lo que en la mesa había no bastara para
+llenar aquel inmenso estómago. Felizmente, Maxi estaba tan sin gana, que
+apenas probó bocado; doña Lupe se declaró también inapetente, y de este
+modo se fue resolviendo el problema y no hubo conflicto que lamentar. El
+padre Pintado, a pesar de ser tan proceroso, no era hombre de mucho
+comer y amenizó la reunión contando otra vez... las oposiciones de
+Sigüenza. Doña Lupe, por cortesía, afirmaba que era una barbaridad que
+no le hubieran dado a él la lectoral.
+
+La ira de la señora de Jáuregui no se calmó con el feliz éxito del
+almuerzo... y siguió machacando sobre la pobre Papitos. Esta, que
+también tenía su genio, hervía interiormente en despecho y deseos de
+revancha. «¡Miren la tía bruja--decía para sí, bebiéndose las
+lágrimas--, con su teta menos...! Mejor tuviera vergüenza de ponerse la
+teta de trapo para que crea la gente que tiene las dos de verdad, como
+las tienen todas y como las tendré yo el día de mañana...». Por la
+tarde, cuando la señora salió, encargando que le limpiara la ropa,
+ocurriole a la mona tomar de su ama una venganza terrible; pero una de
+esas venganzas que dejan eterna memoria. Se le ocurrió poner, colgado en
+el balcón, el cuerpo de vestido que pegada tenía la _cosa falsa_ con que
+doña Lupe engañaba al público. La malicia de Papitos imaginaba que
+puesto en el balcón el testimonio de la falta de su señora, la gente que
+pasase lo había de ver y se había de reír mucho. Pero no ocurrieron de
+este modo las cosas, porque ningún transeúnte se fijó en el pecho
+postizo, que era lo mismo que una vejiga de manteca; y al fin la
+chiquilla se apresuró a quitarlo, discurriendo con buen juicio que si
+doña Lupe al entrar veía colgado del balcón aquel acusador de su
+defecto, se había de poner hecha una fiera, y sería capaz de cortarle a
+su criada _las dos cosas de verdad_ que pensaba tener.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+A la mañana siguiente, Maximiliano encaminó sus pasos al convento, no
+por entrar, que esto era imposible, sino por ver aquellas paredes tras
+de las cuales respiraba la persona querida. La mañana estaba deliciosa,
+el cielo despejadísimo, los árboles del paseo de Santa Engracia
+empezaban a echar la hoja. Detúvose el joven frente a las Micaelas,
+mirando la obra de la nueva iglesia que llegaba ya a la mitad de las
+ojivas de la nave principal. Alejándose hasta más allá de la acera de
+enfrente, y subiendo a unos montones de tierra endurecida, se veía, por
+encima de la iglesia en construcción, un largo corredor del convento, y
+aun se podían distinguir las cabezas de las monjas o recogidas que por
+él andaban. Pero como la obra avanzaba rápidamente, cada día se veía
+menos. Observó Maxi en los días sucesivos que cada hilada de ladrillos
+iba tapando discretamente aquella interesante parte de la interioridad
+monjil, como la ropa que se extiende para velar las carnes descubiertas.
+Llegó un día en que sólo se alcanzaban a ver las zapatas de los maderos
+que sostenían el techo del corredor, y al fin la masa constructiva lo
+tapó todo, no quedando fuera más que las chimeneas, y aun para columbrar
+estas era preciso tomar la visual desde muy lejos.
+
+Al Norte había un terreno mal sembrado de cebada. Hacia aquel ejido, en
+el cual había un poste con letrero anunciando venta de solares, caían
+las tapias de la huerta del convento, que eran muy altas. Por encima de
+ellas asomaban las copas de dos o tres soforas y de un castaño de
+Indias. Pero lo más visible y lo que más cautivaba la atención del
+desconsolado muchacho era un motor de viento, sistema Parson, para
+noria, que se destacaba sobre altísimo aparato a mayor altura que los
+tejados del convento y de las casas próximas. El inmenso disco,
+semejante a una sombrilla japonesa a la cual se hubiera quitado la
+convexidad, daba vueltas sobre su eje pausada o rápidamente, según la
+fuerza del aire. La primera vez que Maxi lo observó, movíase el disco
+con majestuosa lentitud, y era tan hermoso de ver con su coraza de
+tablitas blancas y rojas, parecida a un plumaje, que tuvo fijos en él
+los tristes ojos un buen cuarto de hora. Por el Sur la huerta lindaba
+con la medianería de una fábrica de tintas de imprimir, y por el Este
+con la tejavana perteneciente al inmediato taller de cantería, donde se
+trabajaba mucho. Así como los ojos de Maximiliano miraban con
+inexplicable simpatía el disco de la noria, su oído estaba preso, por
+decirlo así, en la continua y siempre igual música de los canteros,
+tallando con sus escoplos la dura berroqueña. Creeríase que grababan en
+lápidas inmortales la leyenda que el corazón de un inconsolable poeta
+les iba dictando letra por letra. Detrás de esta tocata reinaba el
+augusto silencio del campo, como la inmensidad del cielo detrás de un
+grupo de estrellas.
+
+También se paseaba por aquellos andurriales, sin perder de vista el
+convento; iba y venía por las veredas que el paso traza en los terrenos,
+matando la yerba, y a ratos sentábase al sol, cuando este no picaba
+mucho. Montones de estiércol y paja rompían a lo lejos la uniformidad
+del suelo; aquí y allí tapias de ladrillo de color de polvo, letreros
+industriales sobre faja de yeso, casas que intentaban rodearse de un
+jardinillo sin poderlo conseguir; más allá tejares y las casetas
+plomizas de los vigilantes de consumos, y en todo lo que la vista abarca
+un sentimiento profundísimo de soledad expectante. Turbábala sólo algún
+perro sabio de los que, huyendo de la estricnina municipal, se pasean
+por allí sin quitar la vista del suelo. A veces el joven volvía al
+camino real y se dejaba ir un buen trecho hacia el Norte; pero no tenía
+ganas de ver gente y se echaba fuera, metiéndose otra vez por el campo
+hasta divisar las arcadas del acueducto del Lozoya. La vista de la
+sierra lejana suspendía su atención, y le encantaba un momento con
+aquellos brochazos de azul intensísimo y sus toques de nieve; pero muy
+luego volvía los ojos al Sur, buscando los andamiajes y la mole de las
+Micaelas, que se confundía con las casas más excéntricas de Chamberí.
+
+Todas las mañanas antes de ir a clase, hacía Rubín esta excursión al
+campo de sus ilusiones. Era como ir a misa, para el hombre devoto, o
+como visitar el cementerio donde yacen los restos de la persona querida.
+Desde que pasaba de la iglesia de Chamberí veía el disco de la noria, y
+ya no le quitaba los ojos hasta llegar próximo a él. Cuando el motor
+daba sus vueltas con celeridad, el enamorado, sin saber por qué y
+obedeciendo a un impulso de su sangre, avivaba el paso. No sabía
+explicarse por qué oculta relación de las cosas la velocidad de la
+máquina le decía: «apresúrate, ven, que hay novedades». Pero luego
+llegaba y no había novedad ninguna, como no fuera que aquel día soplaba
+el viento con más fuerza. Desde la tapia de la huerta oíase el rumor
+blando del volteo del disco, como el que hacen las cometas, y sentíase
+el crujir del mecanismo que transmite la energía del viento al vástago
+de la bomba... Otros días le veía quieto, amodorrado en brazos del aire.
+Sin saber por qué, deteníase el joven; pero luego seguía andando
+despacio. Hubiera él lanzado al aire el mayor soplo posible de sus
+pulmones para hacer andar la máquina. Era una tontería; pero no lo podía
+remediar. El estar parado el motor parecíale señal de desventura.
+
+Pero lo que más tormento daba a Maximiliano era la distinta impresión
+que sacaba todos los jueves de la visita que a su futura hacía. Iba
+siempre acompañado de Nicolás, y como además no se apartaban de la
+recogida las dos monjas, no había medio de expresarse con confianza. El
+primer jueves encontró a Fortunata muy contenta; el segundo, estaba
+pálida y algo triste. Como apenas se sonreía, faltábale aquel rasgo
+hechicero de la contracción de los labios, que enloquecía a su amante.
+La conversación fue sobre asuntos de la casa, que Fortunata elogió
+mucho, encomiando los progresos que hacía en la lectura y escritura, y
+jactándose del cariño que le habían tomado las señoras. Como en uno de
+los sucesivos jueves dijera algo acerca de lo que le había gustado la
+fiesta de Pentecostés, la principal del año en la comunidad, y después
+recayera la conversación sobre temas de iglesia y de culto, expresándose
+la neófita con bastante calor, Maximiliano volvió a sentirse atormentado
+por la idea aquella de que su querida se iba a volver mística y a
+enamorarse perdidamente de un rival tan temible como Jesucristo. Se le
+ocurrían cosas tan extravagantes como aprovechar los pocos momentos de
+distracción de las madres para secretearse con su amada y decirle que no
+creyera en aquello de la Pentecostés, figuración alegórica nada más,
+porque no hubo ni podía haber tales lenguas de fuego ni Cristo que lo
+fundó; añadiendo, si podía, que la vida contemplativa es la más estéril
+que se puede imaginar, aun como preparación para la inmortalidad, porque
+las luchas del mundo y los deberes sociales bien cumplidos son lo que
+más purifica y ennoblece las almas. Ocioso es añadir que se guardó para
+sí estas doctrinas escandalosas porque era difícil expresarlas delante
+de las madres.
+
+
+
+
+-VI-
+
+Las Micaelas por dentro
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Cuando las dos madres aquellas, la bizca y la seca, la llevaron adentro,
+Fortunata estaba muy conmovida. Era aquella sensación primera de miedo y
+vergüenza de que se siente poseído el escolar cuando le ponen delante de
+sus compañeros, que han de ser pronto sus amigos, pero que al verle
+entrar le dirigen miradas de hostilidad y burla. Las recogidas que
+encontró al paso mirábanla con tanta impertinencia, que se puso muy
+colorada y no sabía qué expresión dar a su cara. Las madres, que tantos
+y tan diversos rostros de pecadoras habían visto entrar allí, no
+parecían dar importancia a la belleza de la nueva recogida. Eran como
+los médicos que no se espantan ya de ningún horror patológico que vean
+entrar en las clínicas. Hubo de pasar un buen rato antes de que la joven
+se serenase y pudiera cambiar algunas palabras con sus compañeras de
+lazareto. Pero entre mujeres se rompe más pronto aún que entre
+colegiales ese hielo de las primeras horas, y palabra tras palabra
+fueron brotando las simpatías, echando el cimiento de futuras
+amistades.
+
+Como ella esperaba y deseaba, pusiéronle una toca blanca; mas no había
+en el convento espejos en que mirar si caía bien o mal. Luego le
+hicieron poner un vestido de lana burda y negra muy sencillo; pero
+aquellas prendas sólo eran de indispensable uso al bajar a la capilla y
+en las horas de rezo, y podía quitárselas en las horas de trabajo,
+poniéndose entonces una falda vieja de las de su propio ajuar y un
+cuerpo, también de lana, muy honesto, que recibían para tales casos. Las
+recogidas dividíanse en dos clases, una llamada las _Filomenas_ y otra
+las _Josefinas_. Constituían la primera, las mujeres sujetas a
+corrección; la segunda componíase de niñas puestas allí por sus padres,
+para que las educaran, y más comúnmente por madrastras que no querían
+tenerlas a su lado. Estos dos grupos o familias no se comunicaban en
+ninguna ocasión. Dicho se está que Fortunata pertenecía a la clase de
+las _Filomenas_. Observó que buena parte del tiempo se dedicaba a
+ejercicios religiosos, rezos por la mañana, doctrina por la tarde.
+Enterose luego de que los jueves y domingos había adoración del
+Sacramento, con larguísimas y entretenidas devociones, acompañadas de
+música. En este ejercicio y en la misa matinal, las recogidas, como las
+madres, entraban en la iglesia con un gran velo por la cabeza, el cual
+era casi tan grande como una sábana.
+
+Lo tomaban en la habitación próxima a la entrada, y al salir lo volvían
+a dejar después de doblarlo.
+
+Acostumbrada la prójima a levantarse a las nueve o las diez de la
+mañana, éranle penosos aquellos madrugones que en el convento se usaban.
+A las cinco de la mañana ya entraba Sor Antonia en los dormitorios
+tocando una campana que les desgarraba los oídos a las pobres
+durmientes. El madrugar era uno de los mejores medios de disciplina y
+educación empleados por las madres, y el velar a altas horas de la noche
+una mala costumbre que combatían con ahínco, como cosa igualmente nociva
+para el alma y para el cuerpo. Por esto, la monja que estaba de guardia
+pasaba revista a los dormitorios a diferentes horas de la noche, y como
+sorprendiese murmullos de secreteo, imponía severísimos castigos.
+
+Los trabajos eran diversos y en ocasiones rudos. Ponían las maestras
+especial cuidado en desbastar aquellas naturalezas enviciadas o fogosas,
+mortificando las carnes y ennobleciendo los espíritus con el cansancio.
+Las labores delicadas, como costura y bordados, de que había taller en
+la casa, eran las que menos agradaban a Fortunata, que tenía poca
+afición a los primores de aguja y los dedos muy torpes. Más le agradaba
+que la mandaran lavar, brochar los pisos de baldosín, limpiar las
+vidrieras y otros menesteres propios de criadas de escalera abajo. En
+cambio, como la tuvieran sentada en una silla haciendo trabajos de marca
+de ropa se aburría de lo lindo. También era muy de su gusto que la
+pusieran en la cocina a las órdenes de la hermana cocinera, y era de ver
+cómo fregaba ella sola todo el material de cobre y loza, mejor y más
+pronto que dos o tres de las más diligentes.
+
+Mucho rigor y vigilancia desplegaban las madres en lo tocante a
+relaciones entre las llamadas arrepentidas, ya fuesen _Filomenas_ o
+_Josefinas_. Eran centinelas sagaces de las amistades que se pudieran
+entablar y de las parejas que formara la simpatía. A las prójimas
+antiguas y ya conocidas y probadas por su sumisión, se las mandaba a
+acompañar a las nuevas y sospechosas. Había algunas a quienes no se
+permitía hablar con sus compañeras sino en el corro principal en las
+horas de recreo.
+
+A pesar de la severidad empleada para impedir las parejas íntimas o
+grupos, siempre había alguna infracción hipócrita de esta observancia.
+Era imposible evitar que entre cuarenta o cincuenta mujeres hubiese dos
+o tres que se pusieran al habla, aprovechando cualquier coyuntura
+oportuna en las varias ocupaciones de la casa. Un sábado por la mañana
+Sor Natividad, que era la Superiora (por más señas la madrecita seca que
+recibió a Fortunata el día de su entrada), mandó a esta que brochase
+los baldosines de la sala de recibir. Era Sor Natividad vizcaína, y tan
+celosa por el aseo del convento que lo tenía siempre como tacita de
+plata, y en viendo ella una mota, un poco de polvo o cualquier suciedad,
+ya estaba desatinada y fuera de sí, poniendo el grito en el Cielo como
+si se tratara de una gran calamidad caída sobre el mundo, otro pecado
+original o cosa así. Apóstol fanático de la limpieza, a la que seguía
+sus doctrinas la agasajaba y mimaba mucho, arrojando tremendos anatemas
+sobre las que prevaricaban, aunque sólo fuera venialmente, en aquella
+moral cerrada del aseo. Cierto día armó un escándalo porque no habían
+limpiado... ¿qué creeréis?, las cabezas doradas de los clavos que
+sostenían las estampas de la sala. En cuanto a los cuadros, había que
+descolgarlos y limpiarlos por detrás lo mismo que por delante. «Si no
+tenéis alma, ni un adarme de gracia de Dios--les decía--, y no os habéis
+de condenar por malas, sino por puercas». El sábado aquel mandó, como
+digo, dar cera y brochado al piso de la sala, encargando a Fortunata y a
+otra compañera que se lo habían de dejar _lo mismo que la cara del Sol_.
+
+Era para Fortunata este trabajo no sólo fácil, sino divertido. Gustábale
+calzarse en el pie derecho el grueso escobillón, y arrastrando el paño
+con el izquierdo, andar de un lado para otro en la vasta pieza, con
+paso de baile o de patinación, puesta la mano en la cintura y
+ejercitando en grata gimnasia todos los músculos hasta sudar
+copiosamente, ponerse la cara como un pavo y sentir unos dulcísimos
+retozos de alegría por todo el cuerpo. La compañera que Sor Natividad le
+dio en aquella faena era una _filomena_ en cuyo rostro se había fijado
+no pocas veces la neófita, creyendo reconocerlo. Indudablemente había
+visto aquella cara en alguna parte, pero no recordaba dónde ni cuándo.
+Ambas se habían mirado mucho, como deseando tener una explicación; pero
+no se habían dirigido nunca la palabra. Lo que sí sabía Fortunata era
+que aquella mujer daba mucha guerra a las madres por su carácter
+alborotado y desigual.
+
+Desde que la Superiora las dejó solas, la otra rompió a patinar y a
+hablar al mismo tiempo. Parándose después ante Fortunata, le dijo:
+«Porque nosotras nos conocemos, ¿eh? A mí me llaman _Mauricia la Dura_.
+¿No te acuerdas de haberme visto en casa de la Paca?».
+
+«¡Ah... sí!...» indicó Fortunata, y cargando sobre el pie derecho, tiró
+para otro lado frotando el suelo con amazónica fuerza.
+
+Mauricia la Dura representaba treinta años o poco más, y su rostro era
+conocido de todo el que entendiese algo de iconografía histórica, pues
+era el mismo, exactamente el mismo de Napoleón Bonaparte antes de ser
+Primer Cónsul. Aquella mujer singularísima, bella y varonil tenía el
+pelo corto y lo llevaba siempre mal peinado y peor sujeto. Cuando se
+agitaba mucho trabajando, las melenas se le soltaban, llegándole hasta
+los hombros, y entonces la semejanza con el precoz caudillo de Italia y
+Egipto era perfecta. No inspiraba simpatías Mauricia a todos los que la
+veían; pero el que la viera una vez, no la olvidaba y sentía deseos de
+volverla a mirar. Porque ejercían indecible fascinación sobre el
+observador aquellas cejas rectas y prominentes, los ojos grandes y
+febriles, escondidos como en acecho bajo la concavidad frontal, la
+pupila inquieta y ávida, mucho hueso en los pómulos, poca carne en las
+mejillas, la quijada robusta, la nariz romana, la boca acentuada
+terminando en flexiones enérgicas, y la expresión, en fin, soñadora y
+melancólica. Pero en cuanto Mauricia hablaba, adiós ilusión. Su voz era
+bronca, más de hombre que de mujer, y su lenguaje vulgarísimo, revelando
+una naturaleza desordenada, con alternativas misteriosas de depravación
+y de afabilidad.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Después que se reconocieron, callaron un rato, trabajando las dos con
+igual ahínco. Un tanto fatigadas se sentaron en el suelo, y entonces
+Mauricia, arrastrándose hasta llegar junto a su compañera, le dijo:
+
+«Aquel día... ¿sabes?, acabadita de marcharte tú, estuvo en casa de la
+Paca Juanito Santa Cruz».
+
+Fortunata la miró aterrada.
+
+«¿Qué día?» fue lo único que dijo.
+
+--¿No te acuerdas? El día que estuviste tú, el día en que te conocí...
+_Paices_ boba. Yo me lié con la Visitación, que me robó un pañuelo, la
+muy ladrona sinvergüenza. Le metí mano, y... ¡ras!, le trinqué la oreja
+y me quedé con el pendiente en la mano, partiéndole el pulpejo... por
+poco me traigo media cara. Ella me mordió un brazo, mira... todavía está
+aquí la señal; pero yo le dejé sellaíto un ojo... todavía no lo ha
+abierto, y le saqué una tira de pellejo ¡ras!, desde semejante parte,
+aquí por la sien... hasta la barba. Si no nos apartan, si no me coges tú
+a mí por la cintura, y Paca a ella, la reviento... creételo.
+
+--Ya me acuerdo de aquella trifulca--dijo Fortunata mirando a su
+compañera con miedo.
+
+--A mí, la que me la hace me la paga. No sé si sabes que a la Matilde,
+aquella silfidona rubia...
+
+--No sé, no la conozco.--Pues allá se me vino con unos chismajos, porque
+yo _hablaba_ entonces con el chico de Tellería y... Pues la cogí un día,
+la tiré al suelo, me estuve paseando sobre ella todo el tiempo que me
+dio la gana... y luego, cogí una badila y del primer golpe le abrí un
+ojal en la cabeza, del tamaño de un duro... La llevaron al hospital...
+Dicen que por el boquete que le hice se le veía la sesada... Buen repaso
+le di. Pues otro día, estando en el Modelo... verás... me dijo una tía
+muy pindongona y muy facha que si yo era no sé qué y no sé cuánto, y de
+la primer bofetada que le alumbré fue rodando por el suelo con las patas
+al aire. Nada, que tuvieron que atarme... Pues volviendo a lo que decía.
+Aquel día que tuve la zaragata con Visitación...
+
+Sintieron venir a la Superiora, y rápidamente se levantaron y se
+pusieron a brochar otra vez. La monja miró el piso, ladeando la cara
+como los pájaros cuando miran al suelo, y se retiró. Un rato después,
+las dos arrepentidas volvieron a pegar su hebra.
+
+«No aportaste más por allí. Yo le pregunté después a la Paca si había
+vuelto por allí el _chico_ de Santa Cruz, y me contestó: 'Calla hija, si
+han dicho aquí anoche que está con _plumonía_...'. Pobrecito, por poco
+no lo cuenta. Estuvo si se las lía, si no se las lía... Por ti pregunté
+a la Feliciana una tarde que fui a enseñarle los mantones de Manila que
+yo estaba corriendo, y me dijo que te ibas a casar con un boticario...
+ya, el sobrino de doña Lupe _la de los Pavos_... ¡Ah!, chica, si esa tal
+doña Lupe es lo que más conozco... Pregúntale por mí. Le he vendido más
+alhajas que pelos tengo en la cabeza. ¡Ah!, entonces sí que estaba yo
+bien; pero de repente me trastorné, y caí tan enferma del estómago, que
+no podía pasar nada, y lo mismo era entrarme bocado en él o gota de
+agua, que parecía que me encendían lumbre; y mi hermana Severiana, que
+vive en la calle de Mira el Río, me llevó a su casa, y allí me entraron
+unos calambres que creí que espichaba; y una noche, viendo que aquello
+no se me quería calmar, salí de estampía, y en la taberna me atizé tres
+copas de aguardiente, arreo, tras, tras, tras, y salí, y en medio a
+medio de la calle caíme al suelo, y los chiquillos se me ajuntaron a la
+redonda, y luego vinieron los guindillas y me soplaron en la prevención.
+Severiana quiso llevarme otra vez a su casa; pero entonces una señora
+que conocemos, esa doña Guillermina... la habrás oído nombrar... me
+cogió por su cuenta y me trajo a este _establecimiento_. La doña
+Guillermina es una que se ha echado mismamente a pobre, ¿sabes?, y pide
+limosna y está haciendo un palación ahí abajo para _los huérfanos_. Mi
+hermana y yo nos criamos en su casa, ¡gran casa la de los señores de
+Pacheco! Personas muy ricas, no te creas, y mi madre era la que les
+planchaba. Por eso nos tiene tanta ley doña Guillermina, que siempre que
+me ve con miseria me socorre, y dice que mientras más mala sea yo más me
+ha de socorrer. Pues que quise que no, aquí me metieron... Ya me habían
+metido antes; pero no estuve más que una semana, porque me escapé
+subiéndome por la tapia de la huerta como los gatos».
+
+Esta historia, contada con tan aterradora sinceridad, impresionó mucho a
+la otra _filomena_. Siguieron ambas bailando a lo largo de la sala,
+deslizándose sobre el ya pulimentado piso, como los patinadores sobre el
+hielo, y Fortunata, a quien le escarbaba en el interior lo que referente
+a ella habla dicho Mauricia la Dura, quiso aclarar un punto importante,
+diciéndole:
+
+«Yo no fui más que dos veces a casa de la Paca, y por mi gusto no
+hubiera ido ninguna. La necesidad, hija... Después no volví más porque
+me salieron relaciones con el chico con quien me voy a casar».
+
+Después de una pausa, durante la cual viniéronle al pensamiento muchas
+cosas pasadas, creyó oportuno decir algo, conforme a las ideas que
+aquella casa imponía: «¿Y para qué me buscaba a mí ese hombre?... ¿para
+qué? Para perderme otra vez. Con una basta».
+
+--Los hombres son muy caprichosos--dijo en tono de filosofía Mauricia la
+Dura--, y cuando la tienen a una a su disposición, no le hacen más caso
+que a un trasto viejo; pero si una habla con otro, ya el de antes quiere
+arrimarse, por el aquel de la golosina que otro se lleva. Pues digo...
+si una se pone a ser verbigracia honrada, los muy peines no pasan por
+eso, y si una se mete mucho a rezar y a confesar y comulgar, se les
+encienden más a ellos las querencias, y se pirran por nosotras desde que
+nos convertimos por lo eclesiástico... Pues qué, ¿crees tú que Juanito
+no viene a rondar este convento desde que sabe que estás aquí? _Paices_
+boba. Tenlo por cierto, y alguno de los coches que se sienten por ahí,
+créete que es el suyo.
+
+--No seas tonta... no digas burradas--replicó la otra palideciendo--. No
+puede ser... Porque mira tú, él cayó con la pulmonía en Febrero...
+
+--Bien enterada estás.--Lo sé por Feliciana, a quien se lo contó, _días
+atrás_, un señor que es amigo de Villalonga. Pues verás, él cayó con la
+pulmonía en Febrero, y en este _entremedio_ conocí yo al chico con quien
+hablo... El otro estuvo dos meses muy malito... si se va si no se va.
+Por fin salió, y en Marzo se fue con su mujer a Valencia.
+
+--¿Y qué?--Que todavía no habrá vuelto.
+
+--_Paices_ boba... Esto es un decir. Y si no ha vuelto, volverá...
+Quiere decirse que te hará la rueda cuando venga y se entere de que
+ahora vas para santa.
+
+--Tú sí que eres boba... déjame en paz. Y suponiendo que venga y me
+ronde... ¿A mí qué?
+
+Sor Natividad examinó el brochado y vio «que era bueno». Satisfacción de
+artista resplandecía en su carita seca. Miró al techo tratando de
+descubrir alguna mota producida por las moscas; pero no había nada, y
+hasta las cabezas de los clavos de la pared, limpiados el día antes,
+resplandecían como estrellitas de oro. La Superiora volvía las gafas a
+todas partes buscando algo que reprender; pero nada encontró que
+mereciese su crítica estrecha. Dispuso que antes de entrar los muebles
+los limpiasen y frotasen bien para que todo el polvo quedase fuera; pero
+encargó mucho que aquella operación se hiciese _al hilo_ de la madera; y
+como las dos trabajadoras no entendiesen bien lo que esto significaba,
+cogió ella misma un trapo y prácticamente les hizo ver con la mayor
+seriedad cuál era su sistema. Cuando se quedaron solas otra vez,
+Mauricia dijo a su amiga: «Hay que tener contenta a esta _tía chiflada_,
+que es buena persona, y como le froten los muebles _al hilo_, la tienes
+partiendo un piñón».
+
+Mauricia tenía días. Las monjas la consideraban lunática, porque si las
+más de las veces la sometían fácilmente a la obediencia, haciéndola
+trabajar, entrábale de golpe como una locura y rompía a decir y hacer
+los mayores desatinos. La primera vez que esto pasó, las religiosas se
+alarmaron; mas domada la furia sin que fuese preciso apelar a la fuerza,
+cuando se repetían los accesos de indisciplina y procacidad no les daban
+gran importancia. Era un espectáculo imponente y aun divertido el que de
+tiempo en tiempo, comúnmente cada quince o veinte días, daba Mauricia a
+todo el personal del convento. La primera vez que lo presenció
+Fortunata, sintió verdadero terror.
+
+Iniciábasele aquel trastorno a Mauricia como se inician las
+enfermedades, con síntomas leves, pero infalibles, los cuales se van
+acentuando y recorren después todo el proceso morboso. El periodo
+prodrómico solía ser una cuestión con cualquier recogida por el
+chocolate del desayuno, o por si al salir le tropezaron y la otra lo
+hizo con mala intención. Las madres intervenían, y Mauricia callaba al
+fin, quedándose durante dos o tres horas taciturna, rebelde al trato,
+haciéndolo todo al revés de como se le mandaba. Su diligencia pasmosa
+trocábase en dejadez; y como las madres la reprendieran, no les
+respondía nada cara a cara; pero en cuanto volvían la espalda, dejaba
+oír gruñidos, masticando entre ellos palabras soeces. A este periodo
+seguía por lo común una travesura ruidosa y carnavalesca, hecha de
+improviso para provocar la risa de algunas _Filomenas_ y la indignación
+de las señoras. Mauricia aprovechaba el silencio de la sala de labores
+para lanzar en medio de ella un gato con una chocolatera amarrada a la
+cola, o hacer cualquier otro disparate más propio de chiquillos que de
+mujeres formales. Sor Antonia, que era la bondad misma, mirábala con
+toda la severidad que cabía en su carácter angelical, y Mauricia le
+devolvía la mirada con insolente dureza, diciendo: «Si no he sido
+_yio_... _amos_, si no he sido _yio_... ¿Para qué me mira usted
+tantooo?... ¿Es que me quiere retrataaar...?».
+
+Aquel día, Sor Antonia llamó a la Superiora, que era una vizcaína muy
+templada. Esta dijo al entrar: «¿Ya está otra vez suelto el
+enemigo?...». Y decretó que fuese encerrada en el cuarto que servía de
+prisión cuando alguna recogida se insubordinaba. Aquí fue el estallar la
+fiereza de aquella maldita mujer. «¡Encerrarme a mí!... ¿De veee... ras?
+No me lo diga usted... prenda».
+
+--Mauricia--dijo con varonil entereza la monja, soltando una expresión
+de su tierra--, déjese usted de _chínchirri-máncharras_, y obedezca. Ya
+sabe usted que no nos asusta con sus botaratadas. Aquí no tenemos miedo
+a ninguna tarasca. Por compasión y caridad no la echamos a la calle, ya
+lo sabe usted... Vamos, hija, pocas palabras y a hacer lo que se le
+manda.
+
+A Mauricia le temblaba la quijada, y sus ojos tomaban esa opacidad
+siniestra de los ojos de los gatos cuando van a atacar. Las recogidas la
+miraban con miedo, y algunas monjas rodearon a la Superiora para hacerla
+respetar.
+
+«Vaya con lo que sale ahora la tía chiflada... ¡Encerrarme a mí! A donde
+voy es a mi casa, ¡hala...!, a mi casa, de donde me sacaron engañada
+estas indecentonas, sí señor, engañada, porque yo era honrada como un
+sol, y aquí no nos enseñan más que peines y peinetas... ¡Ja ja ja!...
+Vaya con las señoras virtuosas y _santifiquísimas_. ¡Ja ja ja!...».
+
+Estos monosílabos guturales los emitía con todo el grueso de su
+gruesísima voz, y con tal acento de sarcasmo infame y de grosería, que
+habrían sacado de quicio a personas de menos paciencia y flema que Sor
+Natividad y sus compañeras. Estaban tan hechas a ser tratadas de aquel
+modo y habían domado fieras tan espantables, que ya las injurias no les
+hacían efecto. «Vamos--dijo la Superiora frunciendo el ceño--; callando,
+y baje usted al patio».
+
+--Pues me gusta la santidad de estas traviatonas de iglesia... ¡Ja ja
+ja!...--gritó la infame puesta en jarras y mirando en redondo a todo el
+concurso de recogidas--. Se encierran aquí para retozar a sus anchas con
+los curánganos de babero... ¡Ja ja ja!... ¡qué peines!... y con los que
+no son de babero.
+
+Muchas recogidas se tapaban los oídos. Otras, suspensa la mano sobre el
+bastidor, miraban a las monjas y se pasmaban de su serenidad. En aquel
+instante apareció en la sala una figura extraña. Era Sor Marcela, una
+monja vieja, coja y casi enana, la más desdichada estampa de mujer que
+puede imaginarse. Su cara, que parecía de cartón, era morena, dura,
+chata, de tipo mongólico, los ojos expresivos y afables como los de
+algunas bestias de la raza cuadrumana. Su cuerpo no tenía forma de
+mujer, y al andar parecía desbaratarse y hundirse del lado izquierdo,
+imprimiendo en el suelo un golpe seco que no se sabía si era de pie de
+palo o del propio muñón del hueso roto. Su fealdad sólo era igualada por
+la impavidez y el desdén compasivo con que miró a Mauricia.
+
+Sor Marcela traía en la mano derecha una gran llave, y apuntando con
+ella al esternón de la delincuente, hizo un castañeteo de lengua y no
+dijo más que esto: «Andando».
+
+Quitose la fiera con rápido movimiento su toca, sacudió las melenas y
+salió al corredor, echando por aquella boca insolencias terribles. La
+coja volvió a indicarle el camino, y Mauricia, moviendo los brazos como
+aspas de molino de viento, se puso a gritar:
+
+«¡Peines y peinetas!... ¿Pues no me quieren deshonrar y encerrarme como
+si yo fuera una _criminala_? ¡Tunantas!... cuando si yo quisiera, de
+tres bofetadas las tumbaba a todas patas arriba...».
+
+A pesar de estas fierezas, la coja la llevaba por delante con la misma
+calma con que se conduce a un perro que ladra mucho, pero que se sabe no
+ha de morder. A mitad de la escalera se volvió la harpía, y mirando con
+inflamados ojos a las monjas que en el corredor quedaban, les decía en
+un grito estridente: «¡Ladronas, más que ladronas!... ¡Grandísimas
+púas!...».
+
+Dicho esto, la coja le ponía suavemente la mano en la espalda,
+empujándola hacia adelante. En el patio tuvo que cogerla por un brazo,
+porque quería subir de nuevo.
+
+«Si no te hacen caso, estúpida--le dijo--, si no eres tú la que hablas
+sino el demonio que te anda dentro de la boca. Cállate ya por amor de
+Dios y no marees más».
+
+--El demonio eres tú--replicó la fiera, que parecía ya, por lo muy
+exaltada, irresponsable de los disparates que decía--. Facha,
+mamarracho, esperpento...
+
+--Echa, echa más veneno--murmuraba Sor Marcela con tranquilidad,
+abriendo la puerta de la prisión--. Así te pasará más pronto el
+arrechucho. Vaya, adentro, y mañana como un guante. A la noche te traeré
+de comer. Paciencia, hija...
+
+Mauricia ladró un poco más; pero con tanto furor de palabras no hacía
+resistencia verdadera, de modo que aquella pobre vieja inválida la
+manejaba como a un niño. Bastó que esta la cogiese por un brazo y la
+metiera dentro del encierro, para que la prisión se efectuase sin ningún
+inconveniente, después de tanta bulla. Sor Marcela echó la llave dando
+dos vueltas, y la guardó en su bolsillo. Su rostro, tan parecido a una
+máscara japonesa, continuaba imperturbable. Cuando atravesaba el patio
+en dirección a la escalera, oyó el _ja ja ja_ de Mauricia, que estaba
+asomada por uno de los dos tragaluces con barras de hierro que la puerta
+tenía en su parte superior. La monja no se detuvo a oír las injurias que
+la fiera le decía.
+
+«¡Eh!... coja... galápago, vuelve acá y verás qué morrazo te doy... ¡Qué
+facha!, cañamón, pata y media...».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+La faz napoleónica, lívida y con la melena suelta, volvió a asomar en la
+reja a la caída de la tarde. Y Sor Marcela pasó repetidas veces por
+delante de la cárcel, volviendo de registrar los nidos de las gallinas,
+por ver si tenían huevos, o de regar los pensamientos y francesillas que
+cultivaba en un rincón de la huerta. El patio, que era pequeño y se
+comunicaba con la huerta por una reja de madera casi siempre abierta,
+estaba muy mal empedrado, resultando tan irregular el paso de la coja,
+que los balanceos de su cuerpo semejaban los de una pequeña embarcación
+en un mar muy agitado. Muy a menudo andaba Sor Marcela por allí, pues
+tenía la llave de la leñera y carbonera, la del calabozo y la de otra
+pieza en que se guardaban trastos de la casa y de la iglesia.
+
+Ya cerca de la noche, como he dicho, Mauricia no se quitaba de la reja
+para hablar a la monja cuando pasaba. Su acento había perdido la
+aspereza iracunda de por la mañana, aunque estaba más ronca y tenía
+tonos de dolor y de miseria, implorando caridad. La fiera estaba domada.
+Fuertemente asida con ambas manos a los hierros, la cara pegada a estos,
+alargando la boca para ser mejor oída, decía con voz plañidera:
+
+«Cojita mía... cañamoncito de mi alma, ¡cuánto te quiero!... Allá va el
+patito con sus meneos; una, dos, tres... Lucero del convento, ven y
+escucha, que te quiero decir una cosita».
+
+A estas expresiones de ternura, mezcladas de burla cariñosa, la monja no
+contestaba ni siquiera con una mirada. Y la otra seguía:
+
+«¡Ay, mi galapaguito de mi alma, qué enfadadito está conmigo, que le
+quiero tanto!... Sor Marcela, una palabrita, nada más que una palabrita.
+Yo no quiero que me saques de aquí, porque me merezco la encerrona. Pero
+¡ay niñita mía, si vieras qué mala me he puesto! _Paice_ que me están
+arrancando el estómago con unas tenazas de fuego... Es de la tremolina
+de esta mañana. Me dan tentaciones de ahorcarme colgándome de esta reja
+con un cordón hecho de tiras del refajo. Y lo voy a hacer, sí, lo hago y
+me cuelgo si no me miras y me dices algo... Cojita graciosa, enanita
+remonona, mira, oye: si quieres que te quiera más que a mi vida y te
+obedezca como un perro, hazme un favor que voy a pedirte; tráeme nada
+más que una lagrimita de aquella gloria divina que tú tienes, de aquello
+que te recetó el médico para tu mal de barriga... Anda, ángel, mira que
+te lo pido con toda mi alma, porque esta penita que tengo aquí no se me
+quiere quitar, y parece que me voy a morir. Anda, rica, cañamón de los
+ángeles; tráeme lo que te pido, así Dios te dé la vida celestial que te
+tienes ganada, y tres más, y así te coronen los serafines cuando entres
+en el Cielo con tu patita coja...».
+
+La monja pasaba... trun, trun... hiriendo los guijarros con aquel pie
+duro que debía ser como la pata de una silla; y no concedía a la
+prisionera ni respuesta ni mirada. Al anochecer, bajó con la cena para
+la presa, y abriendo la puerta penetró en el lóbrego aposento. Por el
+pronto no vio a Mauricia, que estaba acurrucada sobre unas tablas, las
+rodillas junto al pecho, las manos cruzadas sobre las rodillas, y en las
+manos apoyada la barba.
+
+«No veo. ¿Dónde estás?» murmuró la coja sentándose sobre otro rimero de
+tablas.
+
+Contestó Mauricia con un gruñido, como el de un mastín a quien dan con
+el pie para que se despierte. Sor Marcela puso junto a sí un plato de
+menestra y un pan. «La Superiora--dijo--, no quería que te trajera más
+que pan y agua; pero intercedí por ti... No te lo mereces. Aunque me
+proponga no tener entrañas, no lo puedo conseguir. A ti te manejo yo a
+mi modo y sé que mientras peor se te trate, más rabiosa te pones... Y
+para que veas, hija, hasta dónde llevo mi condescendencia...» añadió
+sacando de debajo del manto un objeto...
+
+Creyérase que Mauricia lo había olido, porque de improviso alzó la
+cabeza, adquiriendo tal animación y vida su cara que parecía
+_mismamente_ la del otro cuando, señalando las pirámides, dijo lo de los
+_cuarenta siglos_. La mazmorra estaba oscura, mas por la puerta entraba
+la última claridad del día, y las dos mujeres allí encerradas se podían
+ver y se veían, aunque más bien como bultos que como personas. Mauricia
+alargó las manos con ansia hasta tocar la botella, pronunciando palabras
+truncadas y balbucientes para expresar su gratitud; pero la monja
+apartaba el codiciado objeto.
+
+«¡Eh!... las manos quietas. Si no tenemos formalidad, me voy. Ya ves que
+no soy tirana, que llevo la caridad hasta un límite que quizás sea
+imprudente. Pero yo digo: 'Dándole un poquito, nada más que una miajita,
+la consuelo, y aquí no puede haber vicio'. Porque yo sé lo que es la
+debilidad de estómago y cuánto hace sufrir. Negar y negar siempre al
+preso pecador todo lo que pide, no es bueno. El Señor no puede negar
+esto. Tengamos misericordia y consolemos al triste».
+
+Diciendo esto sacó un cortadillo y se preparó a escanciar corta porción
+del precioso licor, el cual era un coñac muy bueno que solía usar para
+combatir sus rebeldes dispepsias. Luego cayó en la cuenta de que antes
+debía comerse Mauricia el plato de menestra. La presa lo comprendió así,
+apresurándose a devorar la cena para abreviar.
+
+«Esto que te doy--añadió la monja--, es una reparación de los nervios y
+un puntal del ánimo desmayado. No creas que lo hago a escondidas de la
+Superiora, pues acaba de autorizarme para darte esta golosina, siempre
+que sea en la medida que separa la necesidad del apetito y el remedio
+del deleite. Yo sé que esto te entona y te da la alegría necesaria para
+cumplir bien con los deberes. Mira tú por dónde lo que algunos podrían
+tener por malo, es bueno en medida razonable».
+
+Mauricia estaba tan agradecida, que no acertaba a expresar su gratitud.
+La cojita echó en el cortadillo una cantidad, así como un dedo,
+inclinando la botella con extraordinario pulso para que no saliera más
+de lo conveniente; y al dárselo a la presa, le repitió el sermón. ¡Y
+cómo se relamía la otra después de beber, y qué bien le supo! Conocía
+muy bien al galapaguito para atreverse a pedir más. Sabía, por
+experiencia de casos análogos, que no traspasaba jamás el límite que su
+bondad y su caridad le imponían. Era buena como un ángel para conceder,
+y firme como una roca para detenerse en el punto que debía.
+
+«Ya sé--dijo tapando cuidadosamente la botella--, que con este consuelo
+de tus nervios desmayados estarás más dispuesta, y la reparación del
+cuerpo ayuda la del alma».
+
+En efecto, Mauricia empezó a sentirse alegre, y con la alegría vínole
+una viva disposición del ánimo para la obediencia y el trabajo, y tantas
+ganas le entraron de todo lo bueno, que hasta tuvo deseos de rezar, de
+confesarse y de hacer devociones exageradas como las que hacía Sor
+Marcela, que, al decir de las recogidas, llevaba cilicio.
+
+«Dígale por Dios a la Superiora que estoy arrepentida y que me
+perdone... que yo cuando me da el toque y me pongo a despotricar soy un
+papagayo, y la lengua se lo dice sola. Sáqueme pronto de aquí, y
+trabajaré como nunca, y si me mandan fregar toda la casa de arriba a
+abajo, la fregaré. Échenme penitencias gordas y las cumpliré en un decir
+luz».
+
+--Me gusta verte tan entrada en razón--le dijo la madre, recogiendo el
+plato--; pero por esta noche no saldrás de aquí. Medita, medita en tus
+pecados, reza mucho y pídele al Señor y a la Santísima Virgen que te
+iluminen.
+
+Mauricia creía que estaba ya bastante iluminada, porque la excitación
+encendía sus ideas dándole un cierto entusiasmo; y después de hacer un
+poco de ejercicio corporal colgándose de la reja, porque sus miembros
+apetecían estirarse, se puso a rezar con toda la devoción de que era
+capaz, luchando con las varias distracciones que llevaban su mente de un
+lado para otro, y por fin se quedó dormida sobre el duro lecho de
+tablas. Sacáronla del encierro al día siguiente temprano, y al punto se
+puso a trabajar en la cocina, sumisa, callada y desplegando maravillosas
+actividades. Después de cumplir una condena, lo que ocurría
+infaliblemente una vez cada treinta o cuarenta días, la mujer
+napoleónica estaba cohibida y como avergonzada entre sus compañeras,
+poniendo toda su atención en las obligaciones, demostrando un celo y
+obediencia que encantaban a las madres. Durante cuatro o cinco días
+desempeñaba sin embarazo ni fatiga la tarea de tres mujeres. Pasadas dos
+semanas, advertían que se iba cansando; ya no había en su trabajo
+aquella corrección y diligencia admirables; empezaban las omisiones, los
+olvidos, los descuidillos, y todo esto iba en aumento hasta que la
+repetición de las faltas anunciaba la proximidad de otro estallido. Con
+Fortunata volvió a intimar después de la escena violenta que he
+descrito, y juntas echaron largos párrafos en la cocina, mientras
+pelaban patatas o fregaban los peroles y cazuelas. Allí gozaban de
+cierta libertad, y estaban sin tocas y en traje de _mecánica_ como las
+criadas de cualquier casa.
+
+«Yo tengo una niña--dijo Mauricia en una de sus confidencias--. La puse
+por nombre Adoración. ¡Es más mona...! Está con mi hermana Severiana,
+porque yo, como gasto este geniazo, le doy malos ejemplos sin querer,
+¿tú sabes?, y mejor vive el angelito con Severiana que conmigo. Esa doña
+Jacinta, esposa de tu señor, quiere mucho a mi niña, y le compra ropa y
+le da el toque por llevársela consigo; como que está rabiando por tener
+chiquillos y el Señor no se los quiere dar. Mal hecho, ¿verdad? Pues los
+hijos deben ser para los ricos y no para los pobres, que no los pueden
+mantener».
+
+Fortunata se manifestó conforme con estas ideas. Algo había oído ella
+contar del desmedido afán de aquella señora por tener hijos; pero
+Mauricia le dijo algo más, contándole también el caso del _Pituso_, a
+quien Jacinta quiso recoger creyéndolo hijo de su marido y de la propia
+Fortunata. Tal efecto hizo en esta la historia de aquel increíble caso
+de delirio maternal y de pasión no satisfecha, que estuvo tres días sin
+poder apartarlo del pensamiento.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Desde el corredor alto se veía parte del Campo de Guardias, el Depósito
+de aguas del Lozoya, el cementerio de San Martín y el caserío de Cuatro
+Caminos, y detrás de esto los tonos severos del paisaje de la Moncloa y
+el admirable horizonte que parece el mar, líneas ligeramente onduladas,
+en cuya aparente inquietud parece balancearse, como la vela de un barco,
+la torre de Aravaca o de Húmera. Al ponerse el sol, aquel magnífico
+cielo de Occidente se encendía en espléndidas llamas, y después de
+puesto, apagábase con gracia infinita, fundiéndose en las palideces del
+ópalo. Las recortadas nubes oscuras hacían figuras extrañas,
+acomodándose al pensamiento o a la melancolía de los que las miraban, y
+cuando en las calles y en las casas era ya de noche, permanecía en
+aquella parte del cielo la claridad blanda, cola del día fugitivo, la
+cual lentamente también se iba.
+
+Estas hermosuras se ocultarían completamente a la vista de _Filomenas_ y
+_Josefinas_ cuando estuviera concluida la iglesia en que se trabajaba
+constantemente. Cada día, la creciente masa de ladrillos tapaba una
+línea de paisaje.
+
+Parecía que los albañiles, al poner cada hilada, no construían, sino que
+borraban. De abajo arriba, el panorama iba desapareciendo como un mundo
+que se anega. Hundiéronse las casas del paseo de Santa Engracia, el
+Depósito de aguas, después el cementerio. Cuando los ladrillos rozaban
+ya la bellísima línea del horizonte, aún sobresalían las lejanas torres
+de Húmera y las puntas de los cipreses del Campo Santo. Llegó un día en
+que las recogidas se alzaban sobre las puntas de los pies o daban saltos
+para ver algo más y despedirse de aquellos amigos que se iban para
+siempre. Por fin la techumbre de la iglesia se lo tragó todo, y sólo se
+pudo ver la claridad del crepúsculo, la cola del día arrastrada por el
+cielo.
+
+Pero si ya no se veía nada, se oía, pues el tiqui tiqui del taller de
+canteros parecía formar parte de la atmósfera que rodeaba el convento.
+Era ya un fenómeno familiar, y los domingos, cuando cesaba, la falta de
+aquella música era para todas las habitantes de la casa la mejor
+apreciación de día de fiesta. Los domingos, empezaba a oírse desde las
+dos el tambor que ameniza el Tío Vivo y balancines que están junto al
+Depósito de aguas. Este bullicio y el de la muchedumbre que concurre a
+los merenderos de los Cuatro Caminos y de Tetuán, duraba hasta muy
+entrada la noche. Mucho molestó en los primeros tiempos a algunas
+monjas el tal tamboril, no sólo por la pesadez de su toque, sino por la
+idea de lo mucho que se peca al son de aquel mundano instrumento. Pero
+se fueron acostumbrando, y por fin lo mismo oían el rumor del Tío Vivo
+los domingos, que el de los picapedreros los días de labor. Algunas
+tardes de día de fiesta, cuando las recogidas se paseaban por la huerta
+o el patio, la tolerancia de las madres llegaba hasta el extremo de
+permitirles bailar una chispita, con decencia se entiende, al son de
+aquellas músicas populares. ¡Cuántas memorias evocadas, cuántas
+sensaciones reverdecidas en aquellos poquitos compases y vueltas de las
+pobres reclusas! ¡Qué recuerdo tan vivo de las polkas bailadas con
+horteras en el salón de la Alhambra, de tarde, levantando mucho polvo
+del piso, las manos muy sudadas y chupando caramelos revenidos! Y lo
+peor de todo y lo que en definitiva las había perdido era que aquellos
+benditos horteras iban todos con buen fin. El buen fin precisamente,
+disculpando los malos medios, era la más negra. Porque después, ni fin
+ni principio ni nada más que vergüenza y miseria.
+
+La monja que más empeñadamente abogaba porque se las dejase zarandearse
+un ratito era Sor Marcela, que por su cojera y su facha parecía incapaz
+de apreciar el sentimiento estético de la danza. Pero la mujer aquella
+con su aplastada cara japonesa, sabía mucho del mundo y de las pasiones
+humanas, tenía el corazón rebosando tolerancia y caridad, y sostenía
+esta tesis: que la privación absoluta de los apetitos alimentados por la
+costumbre más o menos viciosa, es el peor de los remedios, por engendrar
+la desesperación, y que para curar añejos defectos es conveniente
+permitirlos de vez en cuando con mucha medida.
+
+Un día sorprendió a Mauricia en la carbonera fumándose un cigarrillo,
+cosa ciertamente fea e impropia de una mujer. La coja no se apresuró a
+quitarle el cigarro de la boca, como parecía natural. Sólo le dijo:
+«¡Qué cochina eres! No sé cómo te puede gustar eso. ¿No te mareas?».
+Mauricia se reía; y cerrando fuertemente un ojo porque el humo se le
+había metido en él, miró a la monja con el otro, y alargándole el
+cigarro, le dijo: «Pruebe, señora». ¡Cosa inaudita! Sor Marcela dio una
+chupada y después arrojó el cigarro, haciendo ascos, escupiendo mucho y
+poniendo una cara tan fea como la de esos fetiches monstruosos de las
+idolatrías malayas. Mauricia lo recogió y siguió chupando, alternando un
+ojo con otro en el cerrarse y en el mirar. Después hablaron de la
+procedencia del pitillo. La otra no quería confesarlo; pero la
+madrecita, que sabía tanto, le dijo: «Los albañiles te lo han tirado
+desde la obra. No lo niegues. Ya te vi haciéndoles garatusas. Si la
+Superiora sabe que andas en telégrafos con los albañiles, buena te la
+arma... y con razón. Tira ya el tabacazo, indecente... ¡Ay, qué asco! Me
+ha dejado la boca perdida. No comprendo cómo os puede gustar ese ardor,
+ese picor de mil demonios. Los hombres, como si no tuvieran bastantes
+vicios, los inventan cada día...». Mauricia tiró el cigarro y apagolo
+con el pie.
+
+Fortunata, al mes de estar allí, tuvo otra amiga con quien intimó
+bastante. Doña Manolita era _señora_ en regla, puesto que era casada,
+ayudaba a las monjas en las clases de lectura y escritura, y ponía un
+empeño particular en enseñar a Fortunata, de lo que principalmente vino
+su amistad. Permitían las madres a aquella recogida cierta latitud en la
+observancia de las reglas; se la dejaba sola con una o dos _filomenas_
+durante largo rato, bien en la sala de estudio, bien en la huerta; se le
+permitía ir al departamento de _Josefinas_, y como tenía habitación
+aparte y pagaba buena pensión, gozaba de más comodidad que sus
+compañeras de encierro.
+
+Fortunata y ella, una vez que se conocieron, no tardaron en referirse
+sus respectivas historias. La que ya conocemos salió descarnada; pero
+Manolita adornó la suya tanto y de tal modo la quiso hacer patética, que
+no la conocería nadie. Según su relato, no había pecado, todo había sido
+pura equivocación; pero su marido, que era muy bruto y tenía la culpa,
+sí, él tenía la culpa, de las equivocaciones, o si se quiere, malas
+tentaciones de ella, la había metido allí sin andarse con rodeos. Como
+aquella señora había ocupado una regular posición, contaba con embeleso
+cosas del mundo y sus pompas, de los saraos a que asistía, de los muchos
+y buenos vestidos que usaba. Porque su marido era comerciante de
+novedades, hombre inferior a ella por el nacimiento; como que su papá
+era oficial primero de la Dirección de la Deuda. Oyendo estas
+ponderaciones orgullosas, Fortunata se echaba a pensar qué cosa tan
+empingorotada sería aquel destino del papá de su amiga.
+
+Pero lo mejor fue que en la conversación salió de repente una cosa
+interesantísima. Manolita conocía a los de Santa Cruz. ¡Vaya!, si su
+marido, Pepe Reoyos, era íntimo, pero íntimo, de D. Baldomero. Y ella,
+la propia Manolita, visitaba mucho a doña Bárbara. De aquí saltó la
+conversación a hablar de Jacinta. ¡Ah! Jacinta era una mujer muy mona:
+lo tenía todo, bondad, belleza, talento y virtud. El danzante de Juan no
+merecía tal joya, por ser muy dado a picos pardos. Pero fuera de esto,
+era un excelente chico, y muy simpático, pero mucho.
+
+«Ya sabrá usted--dijo luego--, que cayó malo con pulmonía en Febrero de
+este año. Por poco se muere. En esta casa, que debe mucha protección a
+los señores de Santa Cruz, pusieron al Señor de Manifiesto, y cuando
+estuvo fuera de peligro, Jacinta costeó unas funciones solemnes. Como
+que vino el obispo auxiliar a decirnos la misa...».
+
+--¿De veras?... _tie_ gracia.
+
+--Como usted lo oye. ¡Lo que usted se perdió! Jacinta es una de las
+señoras que más han ayudado a sostener esta casa. Ya se ve, como no
+tiene hijos... no sabe en qué gastar el dinero. ¿Se ha fijado usted en
+aquellos grandes ramos, monísimos, con flores de tisú de oro y hojas de
+plata?
+
+--Sí--replicó Fortunata que atendía con toda su alma--. ¡Los que se
+pusieron en el altar el día de Pentecostés!
+
+--Los mismos. Pues los regaló Jacinta. Y el manto de la Virgen, el manto
+de brocado con ramos... ¡qué mono!, también es donativo suyo, en acción
+de gracias por haberse puesto bueno su marido.
+
+Fortunata lanzó una exclamación de pasmo y maravilla. ¡Cosa más rara! ¡Y
+ella había tenido en su mano, días antes, para limpiarle unas gotas de
+cera, aquel mismo manto que había servido para pagar, digámoslo así, la
+salvación del chico de Santa Cruz! Y no obstante, todo era muy natural,
+sólo que a ella se le revolvían los pensamientos y le daba qué pensar,
+no el hecho en sí, sino la casualidad, eso es, la casualidad, el haber
+tenido en su mano objetos relacionados, por medio de una curva social,
+con ella misma, sin que ella misma lo sospechara.
+
+--Pues no sabe usted lo mejor--añadió Manolita, gozándose en el asombro
+de la otra, el cual más bien parecía espanto--. La custodia, sabe usted,
+la custodia en que se pone al propio Dios, también vino de allá. Fue
+regalo de Barbarita, que hizo promesa de ofrecerla a estas monjas si su
+hijo se ponía bueno. No vaya usted a creer que es de oro; es de plata
+sobredorada; pero muy _mona_, ¿verdad?
+
+Fortunata tenía sus pensamientos tan en lo hondo, que no paró mientes en
+la increíble tontería de llamar mona a una custodia.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Y no pudo en muchos días apartar de su pensamiento las cosas que le
+refirió doña Manolita que, entre paréntesis, no acababa de serle
+simpática, y lo que más metida en reflexiones la traía no era
+precisamente que aquellos hechos de regalar la custodia y el manto se
+hubieran verificado, sino la casualidad... «_Tie_ gracia». Si hubiera
+ella ido al convento algunos días antes, habría asistido a la solemne
+misa, con obispo y todo, que se dijo en acción de gracias por haberse
+puesto bueno el tal... Esto tenía más gracia. Y por su parte Fortunata,
+que sabía perdonar las ofensas, no habría tenido inconveniente en unir
+sus votos a los de todo el personal de la casa... Esto tenía más gracia
+todavía.
+
+Pero lo que produjo en su alma inmenso trastorno fue el ver a la propia
+Jacinta, viva, de carne y hueso. Ni la conocía ni vio nunca su retrato;
+pero de tanto pensar en ella había llegado a formarse una imagen que,
+ante la realidad, resultó completamente mentirosa. Las señoras que
+protegían la casa sosteniéndola con cuotas en metálico o donativos, eran
+admitidas a visitar el interior del convento cuando quisieren; y en
+ciertos días solemnes se hacía limpieza general y se ponía toda la casa
+como una plata, sin desfigurarla ni ocultar las necesidades de ella,
+para que las protectoras vieran bien a qué orden de cosas debían aplicar
+su generosidad. El día de Corpus, después de misa mayor, empezaron las
+visitas que duraron casi toda la tarde. Marquesas y duquesas, que habían
+venido en coches blasonados, y otras que no tenían título pero sí mucho
+dinero, desfilaron por aquellas salas y pasillos, en los cuales la
+dirección fanática de Sor Natividad y las manos rudas de las recogidas
+habían hecho tales prodigios de limpieza que, según frase vulgar, se
+podía comer en el suelo sin necesidad de manteles. Las labores de
+bordado de las _Filomenas_, las planas de las _Josefinas_ y otros
+primores de ambas estaban expuestos en una sala, y todo era plácemes y
+felicitaciones. Las señoras entraban y salían, dejando en el ambiente de
+la casa un perfume mundano que algunas narices de reclusas aspiraban con
+avidez. Despertaban curiosidad en los grupos de muchachas los vestidos y
+sombreros de toda aquella muchedumbre elegante, libre, en la cual había
+algunas, justo es decirlo, que habían pecado mucho más, pero muchísimo
+más que la peor de las que allí estaban encerradas. Manolita no dejó de
+hacer al oído de su amiga esta observación picante. En medio de aquel
+desfile vio Fortunata a Jacinta, y Manolita (marcando esta sola
+excepción en su crítica social), cuidó de hacerle notar la gracia de la
+señora de Santa Cruz, la elegancia y sencillez de su traje, y aquel aire
+de modestia que se ganaba todos los corazones. Desde que Jacinta
+apareció al extremo del corredor, Fortunata no quitó de ella sus ojos,
+examinándole con atención ansiosa el rostro y el andar, los modales y el
+vestido. Confundida con otras compañeras en un grupo que estaba a la
+puerta del comedor, la siguió con sus miradas, y se puso en acecho junto
+a la escalera para verla de cerca cuando bajase, y se le quedó, por fin,
+aquella simpática imagen vivamente estampada en la memoria.
+
+La impresión moral que recibió la samaritana era tan compleja, que ella
+misma no se daba cuenta de lo que sentía. Indudablemente su natural
+rudo y apasionado la llevó en el primer momento a la envidia. Aquella
+mujer le había quitado lo suyo, lo que, a su parecer, le pertenecía de
+derecho. Pero a este sentimiento mezclábase con extraña amalgama otro
+muy distinto y más acentuado. Era un deseo ardentísimo de parecerse a
+Jacinta, de ser como ella, de tener su aire, su _aquel_ de dulzura y
+señorío. Porque de cuantas damas vio aquel día, ninguna le pareció a
+Fortunata tan señora como la de Santa Cruz, ninguna tenía tan impresa en
+el rostro y en los ademanes la decencia. De modo que si le propusieran a
+la prójima, en aquel momento, transmigrar al cuerpo de otra persona, sin
+vacilar y a ojos cerrados habría dicho que quería ser Jacinta.
+
+Aquel resentimiento que se inició en su alma iba trocándose poco a poco
+en lástima, porque Manolita le repitió hasta la saciedad que Jacinta
+sufría desdenes y horribles desaires de su marido. Llegó a sentar como
+principio general que todos los maridos quieren más a sus mujeres
+eventuales que a las fijas, aunque hay excepciones. De modo que Jacinta,
+al fin y al cabo y a pesar del Sacramento, era tan víctima como
+Fortunata. Cuando esta idea se cruzó entre una y otra, el rencor de la
+pecadora fue más débil y su deseo de parecerse a aquella otra víctima
+más intenso.
+
+En los días sucesivos figurábase que seguía viéndola o que se iba a
+aparecer por cualquier puerta cuando menos lo esperase... El mucho
+pensar en ella la llevó, al amparo de la soledad del convento, a tener
+por las noches ensueños en que la señora de Santa Cruz aparecía en su
+cerebro con el relieve de las cosas reales. Ya soñaba que Jacinta se le
+presentaba a llorarle sus cuitas y a contarle las perradas de su marido,
+ya que las dos cuestionaban sobre cuál era más víctima; ya, en fin, que
+transmigraban recíprocamente, tomando Jacinta el exterior de Fortunata y
+Fortunata el exterior de Jacinta. Estos disparates recalentaban de tal
+modo el cerebro de la reclusa, que despierta seguía imaginando desvaríos
+del mismo si no de mayor calibre.
+
+Cortaban estas cavilaciones las visitas de Maximiliano todos los jueves
+y domingos, entre las cuatro y seis de la tarde. Veía la joven con gusto
+llegar la ocasión de aquellas visitas, las deseaba y las esperaba,
+porque Maximiliano era el único lazo efectivo que con el mundo tenía, y
+aunque el sentimiento religioso conquistara algo en ella, no la había
+desligado de los intereses y afectos mundanos. Por esta parte bien podía
+estar tranquilo el bueno de Rubín, porque ni una sola vez, en los
+momentos de mayor fervor piadoso, le pasó a la pecadora por el magín la
+idea de volverse santa a machamartillo.
+
+Veía, pues, a Maximiliano con gusto, y aun se le hacían cortas las horas
+que en su compañía pasaba hablando de doña Lupe y de Papitos, o haciendo
+cálculos honestos sobre sucesos que habían de venir. Cierto que
+físicamente el apreciable chico le desagradaba; pero también es verdad
+que se iba acostumbrando a él, que sus defectos no le parecían ya tan
+grandes y que la gratitud iba ahondando mucho en su alma. Si hacía
+examen de corazón, encontraba que en cuestión de amor a su redentor
+había ganado muy poco; pero el aprecio y estimación eran seguramente
+mayores, y sobre todo, lo que había crecido y fortalecídose en su
+pensamiento era la conveniencia de casarse para ocupar un lugar honroso
+en el mundo. A ratos se preguntaba con sinceridad de dónde y cómo le
+había venido el fortalecimiento de aquella idea; mas no acertaba a darse
+respuesta. ¿Era quizás que el silencio y la paz de aquella vida hacían
+nacer y desarrollarse en ella la facultad del sentido común? Si era así,
+no se daba cuenta de semejante fenómeno, y lo único que su rudeza sabía
+formular era esto: «Es que de tanto pensar me ha entrado talento, como a
+Maximiliano le entró de tanto quererme, y este talento es el que me dice
+que me debo casar, que seré tonta de remate si no me caso».
+
+Feliz entre todos los mortales se creía el buen estudiante de Farmacia,
+viendo que su querida no rechazaba la idea de dar por concluida la
+cuarentena y apresurar el casamiento. Sin duda estaba ya su alma más
+limpia que una patena. Lo malo era que el tontaina de Nicolás, a los
+cinco meses de estar la pobre chica en el convento, decía que no era
+bastante y que por lo menos debían esperar al año. Maximiliano se ponía
+furioso, y doña Lupe, consultada sobre el particular, dio su dictamen
+favorable a la salida. Aunque dos o tres veces, llevada por su sobrino
+había visitado al _basilisco_, no había podido averiguar si estaba ya
+bien despercudida de las máculas de marras, pero ella quería ejercitar,
+como he dicho antes, su facultad educatriz, y todo lo que se tardase en
+tener a Fortunata bajo su jurisdicción, se detenía el gran experimento.
+Desconfiaba algo la buena señora de la eficacia de los institutos
+religiosos para enderezar a la gente torcida. Lo que allí aprendían,
+decía, era el arte de disimular sus resabios con formas hipócritas. En
+el mundo, en el mundo, en medio de las circunstancias es donde se
+corrigen los defectos, bajo una dirección sabia. Muy santo y muy bueno
+que al raquitismo se apliquen los reconstituyentes; pero doña Lupe
+opinaba que de nada valen estos si no van acompañados del ejercicio al
+aire libre y de la gimnasia, y esto era lo que ella quería aplicar, el
+mundo, la vida y al mismo tiempo principios.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Con las _Josefinas_ no tenía Fortunata relación alguna. Eran todas niñas
+de cinco a diez o doce años, que vivían aparte ocupando las habitaciones
+de la fachada. Comían antes que las otras en el mismo comedor, y bajaban
+a la huerta a hora distinta que las _Filomenas_. Toda la mañana estaban
+las niñas diciendo a coro sus lecciones, con un chillar cadencioso y
+plañidero que se oía en toda la casa. Por la tarde cantaban también la
+doctrina. Para ir a la iglesia, salían de su departamento
+procesionalmente, de dos en dos, con su pañuelo negro a la cabeza, y se
+ponían a los lados del presbiterio capitaneadas por las dos monjas
+maestras.
+
+Como Fortunata hacía cada día nuevas relaciones de amistad entre las
+_Filomenas_, debo mencionar aquí a dos de estas, quizás las más jóvenes,
+que se distinguían por la exageración de sus manifestaciones religiosas.
+Una de ellas era casi una niña, de tipo finísimo, rubia, y tenía muy
+bonita voz. Cantaba en el coro los estribillos de muy dudoso gusto con
+que se celebraba la presencia del Dios Sacramentado. Llamábase Belén, y
+en el tiempo que allí había pasado dio pruebas inequívocas de su deseo
+de enmienda. Sus pecados no debían de ser muchos, pues era muy joven;
+pero fueran como se quiera, la chica parecía dispuesta a no dejar en su
+alma ni rastro de ellos, según la vida de perros que llevaba, las
+atroces penitencias que hacía y el frenesí con que se consagraba a las
+tareas de piedad. Decíase que había sido corista de zarzuela, pasando de
+allí a peor vida, hasta que una mano caritativa la sacó del cieno para
+ponerla en aquel seguro lugar. Inseparable de esta era Felisa, de alguna
+más edad, también de tipo fino y como de señorita, sin serlo. Ambas se
+juntaban siempre que podían, trabajaban en el mismo bastidor y comían en
+el propio plato, formando pareja indisoluble en las horas de recreo. La
+procedencia de Felisa era muy distinta de la de su amiguita. No había
+pertenecido al teatro más que de una manera indirecta, por ser doncella
+de una actriz famosa, y en el teatro tuvo también su perdición. Llevola
+a las Micaelas doña Guillermina Pacheco, que la cazó, puede decirse, en
+las calles de Madrid, echándole una pareja de Orden Público, y sin más
+razón que su voluntad, se apoderó de ella. Guillermina las gastaba así,
+y lo que hizo con Felisa habíalo hecho con otras muchas, sin dar
+explicaciones a nadie de aquel atentado contra los derechos
+individuales.
+
+Si querían ver incomodadas a Felisa y Belén, no había más que hablarles
+de volver al mundo. ¡De buena se habían librado! Allí estaban tan
+ricamente, y no se acordaban de lo que dejaron atrás más que para
+compadecer a las infelices que aún seguían entre las uñas del demonio.
+No había en toda la casa, salvo las monjas, otras más rezonas. Si las
+dejaran, no saldrían de la capilla en todo el día. Los largos ejercicios
+piadosos de las distintas épocas del año, como octava de Corpus,
+sermones de Cuaresma, flores de María, les sabían siempre a poco. Belén
+ponía con tanto calor sus facultades musicales al servicio de Dios, que
+cantaba coplitas hasta quedarse ronca, y cantaría hasta morir. Ambas
+confesaban a menudo y hacían preguntas al capellán sobre dudas muy
+sutiles de la conciencia, pareciéndose en esto a los estudiantes
+aplicaditos que acorralan al profesor a la salida de clase para que les
+aclare un punto difícil. Las monjas estaban contentas de ellas, y aunque
+les agradaba ver tanta piedad, como personas expertas que eran y
+conocedoras de la juventud, vigilaban mucho a la pareja, cuidando de que
+nunca estuviese sola. Felisa y Belén, juntas todo el día, se separaban
+por las noches, pues sus dormitorios eran distintos. Las madres
+desplegaban un celo escrupuloso en separar durante las horas de descanso
+a las que en las de trabajo propendían a juntarse, obedeciendo las
+naturales atracciones de la simpatía y de la congenialidad.
+
+Los lazos de afecto que unían a Fortunata con Mauricia eran muy
+extraños, porque a la primera le inspiraba terror su amiga cuando
+estaba en el _ataque_; enojábanla sus audacias, y sin embargo, algún
+poder diabólico debía de tener la Dura para conquistar corazones, pues
+la otra simpatizaba con ella más que con las demás y gustaba
+extraordinariamente de su conversación íntima. Cautivábale sin duda su
+franqueza y aquella prontitud de su entendimiento para encontrar razones
+que explicaran todas las cosas. La fisonomía de Mauricia, su expresión
+de tristeza y gravedad, aquella palidez hermosa, aquel mirar profundo y
+acechador la fascinaban, y de esto procedía que la tuviese por autoridad
+en cuestiones de amores y en la definición de la moral rarísima que
+ambas profesaban. Un día las pusieron a lavar en la huerta. Estaban en
+traje de _mecánica_, sin tocas, sintiendo con gusto el picor del sol y
+el fresco del aire sobre sus cuellos robustos. Fortunata hizo a su amiga
+algunas confidencias acerca de su próxima salida y de la persona con
+quien iba a casarse.
+
+«No me digas más, chica... te conviene, te conviene. ¡Peines y peinetas!
+A doña Lupe la conozco como si la hubiera parido. Cuando la veas,
+pregúntale por Mauricia la Dura, y verás cómo me pone en las nubes.
+¡Ah!, ¡cuánta guita le he llevado! A mí me llaman la _dura_; pero a ella
+debieran llamarla la _apretada_. Chica, es así... (diciendo esto
+mostraba a su amiga el puño fuertemente cerrado). Pero es mujer de
+mucho caletre y que se sabe timonear. ¿Qué te crees tú? Tiene millones
+escondidos en el Banco y en el Monte. ¡Digo! Si sabe más que Cánovas esa
+tía. Al sobrino le he visto algunas veces. Oí que es tonto y que no
+sirve para nada. Mejor para ti; ni de encargo, chica. No podías pedir a
+Dios que te cayera mejor breva. Tú bien puedes hacer caso de lo que yo
+te diga, pues tengo yo mucha linterna... _amos_, que veo mucho. Créelo
+porque yo te lo digo: si tu marido es un _alilao_, quiere decirse, si se
+deja gobernar por ti y te pones tú los pantalones, puedes cantar el
+aleluya, porque eso y estar en la gloria es lo mismo. Hasta para ser
+_mismamente_ honrada te conviene».
+
+En el vivo interés que este diálogo tenía para las dos mujeres, a veces
+los cuatro vigorosos brazos metidos en el agua se detenían, y las manos
+enrojecidas dejaban en paz por un momento el envoltorio de ropa anegada,
+que chillaba con los hervores del jabón. Puestas una frente a otra a los
+dos lados de la artesa, mirábanse cara a cara en aquellos cortos
+intervalos de descanso, y después volvían con furor al trabajo sin parar
+por eso la lengua.
+
+«Hasta para ser honrada--repitió Fortunata, echando todo el peso de su
+cuerpo sobre las manos, para estrujar el rollo de tela como si lo
+amasara--. De eso no se hable, porque hazte cuenta... yo, una vez que
+me case, honrada tengo que ser. No quiero más belenes».
+
+--Sí, es lo mejor para vivir una... tan ancha--dijo Mauricia--. Pero a
+saber cómo vienen las cosas... porque una dice: «esto deseo», y después
+se pone a hacerlo y ¡tras!, lo que una quería que saliera pez sale rana.
+Tú estás en grande, chica, y te ha venido Dios a ver. Puedes hacer
+rabiar al chico de Santa Cruz, porque en cuanto te vea hecha una persona
+decente se ha de ir a ti como el gato a la carne. Créetelo porque te lo
+digo yo.
+
+--Quita, quita; si él no se acuerda ya ni del santo de mi nombre.
+
+--_Paices_ boba, ¿qué apuestas a que en cuanto te echen el Sacramento,
+pierde pie...? No conoces tú el peine.
+
+--Verás cómo no pasa eso.
+
+--¿Qué apuestas? Sí, porque creerás que ahora mismo no te anda rondando.
+Como si lo viera. ¡Y me harás creer tú a mí que no piensas en él!...
+Cuando una está encerrada entre tanta cosa de religión, misa va y misa
+viene, sermón por arriba y sermón por abajo, mirando siempre a la
+custodia, respirando tufo de monjas, vengan luces y tira de incensario,
+_paice_ que le salen a una _de entre sí_ todas las cosas malas o buenas
+que ha pasado en el mundo, como las hormigas salen del agujero cuando se
+pone el Sol, y la religión lo que hace es refrescarle a una la
+entendedera y ponerle el corazón más tierno.
+
+Alentada por esta declaración arrancose Fortunata a revelar que, en
+efecto, pensaba algo, y que algunas noches tenía sueños extravagantes. A
+lo mejor soñaba que iba por los portales de la calle de la Fresa y
+¡plan!, se le encontraba de manos a boca. Otras veces le veía saliendo
+del Ministerio de Hacienda. Ninguno de estos sitios tenía significación
+en sus recuerdos. Después soñaba que era ella la esposa y Jacinta la
+querida del tal, unas veces abandonada, otras no. La manceba era la que
+deseaba los chiquillos y la esposa la que los tenía. «Hasta que un
+día... me daba tanta lástima que le dije, digo: 'Bueno, pues tome usted
+una criatura para que no llore más'».
+
+--¡Ay, qué salado!--exclamó Mauricia--. Es buen golpe. Lo que una sueña
+tiene su aquel.
+
+--¡Vaya unos disparates! Como te lo digo, me parecía que lo estaba
+viendo. Yo era la señora por delante de la Iglesia, ella por detrás, y
+lo más particular es que yo no le tenía tirria, sino lástima, porque yo
+paría un chiquillo todos los años, y ella... ni esto... A la noche
+siguiente volvía a soñar lo mismo, y por el día a pensarlo. ¡Vaya unas
+papas! ¿Qué me importa que _la_ Jacinta beba los vientos por tener un
+chiquillo sin poderlo conseguir, mientras que yo?...
+
+--Mientras que tú los tienes siempre y cuando te dé la gana. Dilo tonta,
+y no te acobardes.
+
+--Quiere decirse que ya lo he tenido y bien podría volverlo a tener.
+
+--¡Claro! Y que no rabiará poco la otra cuando vea que lo que ella no
+puede, para ti es coser y cantar... Chica, no seas tonta, no te rebajes,
+no le tengas lástima, que ella no la tuvo de ti cuando te birló lo que
+era tuyo y muy tuyo... Pero a la que nace pobre no se la respeta, y así
+anda este mundo pastelero. Siempre y cuando puedas darle un disgusto,
+dáselo, por vida del santísimo peine... Que no se rían de ti porque
+naciste pobre. Quítale lo que ella te ha quitado, y adivina quién te
+dio.
+
+Fortunata no contestó. Estas palabras y otras semejantes que Mauricia le
+solía decir, despertaban siempre en ella estímulos de amor o
+desconsuelos que dormitaban en lo más escondido de su alma. Al oírlas,
+un relámpago glacial le corría por todo el espinazo, y sentía que las
+insinuaciones de su compañera concordaban con sentimientos que ella
+tenía muy guardados, como se guardan las armas peligrosas.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Sorprendidas por una monja en esta sabrosa conversación que las hacía
+desmayar en el trabajo, tuvieron que callarse. Mauricia dio salida al
+agua sucia, y Fortunata abrió el grifo para que se llenara la artesa con
+el agua limpia del depósito de palastro. Creeríase que aquello
+simbolizaba la necesidad de llevar pensamientos claros al diálogo un
+tanto impuro de las dos amigas. La artesa tardaba mucho en llenarse,
+porque el depósito tenía poca agua. El gran disco que transmitía a la
+bomba la fuerza del viento, estaba aquel día muy perezoso, moviéndose
+tan sólo a ratos con indolente majestad; y el aparato, después de gemir
+un instante como si trabajara de mala gana, quedaba inactivo en medio
+del silencio del campo. Ganas tenían las dos recogidas de seguir
+charlando; pero la monja no las dejaba y quiso ver cómo aclaraban la
+ropa. Después las amigas tuvieron que separarse, porque era jueves y
+Fortunata había de vestirse para recibir la visita de los de Rubín.
+Mauricia se quedó sola tendiendo la ropa.
+
+Maximiliano dijo categóricamente aquella tarde que por acuerdo de la
+familia y con asentimiento de la Superiora, en el próximo mes de
+Setiembre se daría por concluida la reclusión de Fortunata, y esta
+saldría para casarse. Las madres no tenían queja de ella y alababan su
+humildad y obediencia. No se distinguía, como Belén y Felisa, por su
+ardiente celo religioso, lo que indicaba falta de vocación para la vida
+claustral; pero cumplía sus deberes puntualmente, y esto bastaba. Había
+adelantado mucho en la lectura y escritura, y se sabía de corrido la
+doctrina cristiana, con cuya luz las Micaelas reputaban a su discípula
+suficientemente alumbrada para guiarse en los senderos rectos o
+tortuosos del mundo; y tenían por cierto que la posesión de aquellos
+principios daba a sus alumnas increíble fuerza para hacer frente a todas
+las dudas. En esto hay que contar con la índole, con el esqueleto
+espiritual, con esa forma interna y perdurable de la persona, que suele
+sobreponerse a todas las transfiguraciones epidérmicas producidas por la
+enseñanza; pero con respecto a Fortunata, ninguna de las madres, ni aun
+las que más de cerca la habían tratado, tenían motivos para creer que
+fuera mala. Considerábanla de poco entendimiento, docilota y fácilmente
+gobernable. Verdad que en todo lo que corresponde al reino inmenso de
+las pasiones, las monjas apenas ejercitaban su facultad educatriz, bien
+porque no conocieran aquel reino, bien porque se asustaran de asomarse a
+sus fronteras.
+
+Debe decirse que aquella tarde, cuando Maximiliano habló a su futura de
+próxima salida, los sentimientos de ella experimentaron un retroceso.
+¡Salir, casarse!... En aquel instante parecíale su dichoso novio más
+antipático que nunca, y advirtió con miedo que aquellas regiones
+magníficas de la hermosura del alma no habían sido descubiertas por
+ella en la soledad y santidad de las Micaelas, como le anunciara Nicolás
+Rubín, a pesar de haber rezado tanto y de haber oído _tantismos_
+sermones. Porque lo que el capellán decía en el púlpito era que debemos
+hacer todo lo posible para salvarnos, que seamos buenos y que no
+pequemos; también decía que se debe amar a Dios sobre todas las cosas y
+que Dios es _hermosismo_ en sí y tal como el alma le ve; pero a ella se
+le figuraba que por bajo de esto quedaba libre el corazón para el amor
+mundano, que este entra por los ojos o por la simpatía, y no tiene nada
+que ver con que la persona querida se parezca o no se parezca a los
+santos. De este modo caía por tierra toda la doctrina del cura Rubín, el
+cual entendía tanto de amor como de herrar mosquitos.
+
+En resumen, que los sentimientos de la prójima hacia su marido futuro no
+habían cambiado en nada. No obstante, cuando Maximiliano le dijo que ya
+tenía elegida la casita que iba a alquilar y le consultó acerca de los
+muebles que compraría, aquella presunción o sentimiento de su hogar
+honrado despertó en el ánimo de Fortunata la dignidad de la nueva vida,
+se sintió impulsada hacia aquel hombre que la redimía y la regeneraba.
+De este modo vino a mostrarse complacidísima con la salida próxima, y
+dijo mil cosas oportunas acerca de los muebles, de la vajilla y hasta de
+la batería de cocina.
+
+Despidiéronse muy gozosos, y Fortunata se retiró con la mente hecha a
+aquel orden de ideas. ¡Un hogar honrado y tranquilo!... ¡Si era lo que
+ella había deseado toda su vida!... ¡Si jamás tuvo afición al lujo ni a
+la vida de aparato y perdición!... ¡Si su gusto fue siempre la oscuridad
+y la paz, y su maldito destino la llevaba a la publicidad y a la
+inquietud!... ¡Si ella había soñado siempre con verse rodeada de un
+corro chiquito de personas queridas, y vivir como Dios manda, queriendo
+bien a los suyos y bien querida de ellos, pasando la vida sin afanes!...
+¡Si fue lanzada a la vida mala por despecho y contra su voluntad, y no
+le gustaba, no señor, no le gustaba!... Después de pensar mucho en esto
+hizo examen de conciencia, y se preguntó qué había obtenido de la
+religión en aquella casa. Si en lo tocante a prendarse de las guapezas
+del alma había adelantado poco, en otro orden algo iba ganando. Gozaba
+de cierta paz espiritual, desconocida para ella en épocas anteriores,
+paz que sólo turbaba Mauricia arrojando en sus oídos una maligna frase.
+Y no fue esto la única conquista, pues también prendió en ella la idea
+de la resignación y el convencimiento de que debemos tomar las cosas de
+la vida como vienen, recibir con alegría lo que se nos da, y no aspirar
+a la realización cumplida y total de nuestros deseos. Esto se lo decía
+aquella misma claridad esencial, aquella _idea blanca_ que salía de la
+custodia. Lo malo era que en aquellas largas horas, a veces aburridas,
+que pasaba de rodillas ante el Sacramento, la faz envuelta en un gran
+velo al modo de mosquitero, la pecadora solía fijarse más en la
+custodia, marco y continente de la sagrada forma, que en la forma misma,
+por las asociaciones de ideas que aquella joya despertaba en su mente.
+
+Y llegaba a creerse la muy tonta que la forma, _la idea blanca_, le
+decía con familiar lenguaje semejante al suyo: «No mires tanto este
+cerco de oro y piedras que me rodea, y mírame a mí que soy la verdad. Yo
+te he dado el único bien que puedes esperar. Con ser poco, es más de lo
+que te mereces. Acéptalo y no me pidas imposibles. ¿Crees que estamos
+aquí para mandar, verbi gracia, que se altere la ley de la sociedad sólo
+porque a una marmotona como tú se le antoja? El hombre que me pides es
+un señor de muchas campanillas y tú una pobre muchacha. ¿Te parece fácil
+que Yo haga casar a los señoritos con las criadas o que a las muchachas
+del pueblo las convierta en señoras? ¡Qué cosas se os ocurren, hijas! Y
+además, tonta, ¿no ves que es casado, casado por mi religión y en mis
+altares?, ¡y con quién!, con uno de mis ángeles hembras. ¿Te parece que
+no hay más que enviudar a un hombre para satisfacer el antojito de una
+corrida como tú? Cierto que lo que a mí me conviene, como tú has dicho,
+es traerme acá a Jacinta. Pero eso no es cuenta tuya. Y supón que la
+traigo, supón que se queda viudo. ¡Bah! ¿Crees que se va a casar
+contigo? Sí, para ti estaba. ¡Pues no se casaría si te hubieras
+conservado honrada, _cuanti más_, sosona, habiéndote echado tan a
+perder! Si es lo que Yo digo: parece que estáis locas rematadas, y que
+el vicio os ha secado la mollera. Me pedís unos disparates que no sé
+cómo los oigo. Lo que importa es dirigirse a Mí con el corazón limpio y
+la intención recta, como os ha dicho ayer vuestro capellán, que no habrá
+inventado la pólvora; pero, en fin, es buen hombre y sabe su obligación.
+A ti, Fortunata, te miré con _indilugencia_ entre las descarriadas,
+porque volvías a Mí tus ojos alguna vez, y Yo vi en ti deseos de
+enmienda; pero ahora, hija, me sales con que sí, serás honrada, todo lo
+honrada que Yo quiera, siempre y cuando que te dé el hombre de tu
+gusto... ¡Vaya una gracia!... Pero en fin, no me quiero enfadar. Lo
+dicho, dicho: soy infinitamente misericordioso contigo, dándote un bien
+que no mereces, deparándote un marido honrado y que te adora, y todavía
+refunfuñas y pides más, más, más... Ved aquí por qué se cansa Uno de
+decir que sí a todo... No calculan, no se hacen cargo estas
+desgraciadas. Dispone Uno que a tal o cual hombre se le meta en la
+cabeza la idea de regenerarlas, y luego vienen ellas poniendo peros. Ya
+salen con que ha de ser bonito, ya con que ha de ser Fulano y si no,
+no. Hijas de mi alma, Yo no puedo alterar mis obras ni hacer mangas y
+capirotes de mis propias leyes. ¡Para hombres bonitos está el tiempo!
+Con que resignarse, hijas mías, que por ser cabras no ha de abandonaros
+vuestro pastor; tomad ejemplo de las ovejas con quien vivís; y tú,
+Fortunata, agradéceme sinceramente el bien inmenso que te doy y que no
+te mereces, y déjate de hacer melindres y de pedir gollerías, porque
+entonces no te doy nada y tirarás otra vez al monte. Con que,
+cuidadito...».
+
+Cuando las recogidas, al retirarse, se quitaban el velo, las más
+próximas a Fortunata notaron que esta se sonreía.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Es cosa muy cargante para el historiador verse obligado a hacer mención
+de muchos pormenores y circunstancias enteramente pueriles, y que más
+bien han de excitar el desdén que la curiosidad del que lee, pues aunque
+luego resulte que estas nimiedades tienen su engranaje efectivo en la
+máquina de los acontecimientos, no por esto parecen dignas de que se las
+traiga a cuento en una relación verídica y grave. Ved, pues, por qué
+pienso que se han de reír los que lean aquí ahora que Sor Marcela tenía
+miedo a los ratones; y no valdrá seguramente añadir que el miedo de la
+cojita era grande, espantoso, ocasionado a desagradables incidentes y
+aun a derivaciones trágicas. Como ella sintiera en la soledad de su
+celda el bulle bulle del maldecido animal, ya no pegaba los ojos en toda
+la noche. Le entraba tal rabia, que no podía ni siquiera rezar, y la
+rabia, más que contra el ratón, era contra Sor Natividad, que se había
+empeñado en que no hubiera gatos en el convento, porque el último que
+allí existió no participaba de sus ideas en punto al aseo de todos los
+rincones de la casa.
+
+En una de aquellas noches de Agosto le dio el diminuto roedor tanta
+guerra a la madrecita, que esta se levantó al amanecer con la firmísima
+resolución de cazarlo y hacer el más terrible de los escarmientos. Era
+tan insolente el tal, que después de ser día claro se paseaba por la
+celda muy tranquilo y miraba a Sor Marcela con sus ojuelos negros y
+pillines. «Verás, verás--dijo esta subiéndose con gran trabajo a la
+cama, porque la idea de que el ratón se acercase a uno de sus pies,
+aunque fuera el de palo, causábale terror--, lo que es hoy no te
+escapas... déjate estar, que ya te compondremos».
+
+Llamó a Fortunata y a Mauricia, y en breves palabras las puso al
+corriente de la situación. Ambas recogidas, particularmente la Dura, no
+querían otra cosa. O se apoderaban del enemigo, o no eran ellas quienes
+eran. Bajó Sor Marcela a la iglesia, y las dos mujeres emprendieron su
+campaña. No quedó trasto que no removieran, y para separar de su sitio
+la cómoda, que era pesadísima, estuvieron haciendo esfuerzos varoniles
+cosa de un cuarto de hora, no acabando antes porque la risa les cortaba
+las fuerzas. Por fin, tanto trabajaron que cuando Sor Marcela salió de
+la iglesia, una monja le dio la feliz noticia de que el ratón había sido
+cogido. Subió la enana a su celda, y la algazara de las recogidas le
+anunciaba por el camino las diabluras de Mauricia, que tenía el ratón
+vivo en la mano y asustaba con él a sus compañeras.
+
+Costó algún trabajo restablecer el orden y que Mauricia diese muerte a
+la víctima y la arrojase. Sor Marcela dispuso que le volviesen a poner
+los trastos de la celda lo mismo que estaban, y acabose el cuento del
+ratón.
+
+El día siguiente fue uno de los más calurosos de aquel verano. En las
+habitaciones que caían al Mediodía era imposible parar, porque faltaba
+el aire respirable. Donde quiera que daba el sol, el ambiente seco,
+quieto y abrasado tostaba. Ni aun las ramas más altas de los árboles de
+la huerta se movían, y el disco de Parson, inmóvil, miraba a la
+inmensidad como una pupila cuajada y moribunda. De doce a tres, se
+suspendía todo trabajo en la casa, porque no había cuerpo ni espíritu
+que lo resistiera.
+
+Algunas monjas se retiraban a su celda a dormir la siesta; otras se iban
+a la iglesia que era lo más fresco de la casa, y sentadas en las
+banquetas, apoyando en la pared su espalda, o rezaban con somnolencia, o
+descabezaban un sueñecillo.
+
+Las _Filomenas_ caían también rendidas de cansancio. Algunas se iban a
+sus dormitorios, y otras tendíanse en el suelo de la sala de labores o
+de la escuela. Las monjas que las vigilaban permitían aquella infracción
+a la regla, porque ellas tampoco podían resistir, y cerrando dulcemente
+sus ojos y arrullándose en un plácido arrobo, conservaban en las
+facciones, como una careta, el mohín de la maestra, cuya obligación es
+mantener la disciplina.
+
+En la sala de escuela había dos o tres grupos de mujeres sentadas en los
+bancos, con la cabeza y el busto descansando sobre las mesas. Algunas
+roncaban con estrépito. La monja se había dormido también con la cabeza
+echada hacia atrás y la boca abierta. En una de las carpetas de estudio,
+dos recogidas velaban: una era Belén, que leía en su libro de rezos, y
+la otra Mauricia la Dura, que tenía la cabeza inclinada sobre la
+carpeta, apoyando la frente en un puño cerrado. Al principio, su vecina
+Belén creyó que rezaba, porque oyó cierto murmullo y algún silabeo
+fugaz. Pero luego observó que lo que hacía Mauricia era llorar.
+
+«¿Qué tienes, mujer?» le dijo Belén, alzándole a viva fuerza la cabeza.
+
+La pecadora no contestó nada; mas la otra pudo observar que su rostro
+estaba tan bañado en lágrimas como si le hubiesen echado por la frente
+un cubo de agua, y sus ojos encendidos y aquella grandísima humedad
+igualaban el rostro de Mauricia al de la Magdalena; así al menos lo vio
+Belén. Tantas preguntas le hizo esta y tanto cariño le mostró, que al
+fin obtuvo respuesta de la pobre mujer desolada, que no parecía tener
+consuelo ni hartarse nunca de llorar.
+
+«¿Qué he de tener, desgraciada de mí?--exclamó al fin bebiéndose sus
+lágrimas--, sino que hoy, sin saber por qué ni por qué no, me veo tal y
+como soy; soy mala, mala, más que mala, y se me vienen al filo del
+pensamiento toditos los pecados que he cometido, desde el primero hasta
+el último...».
+
+--Pues, hija--arguyó Belén con aquel sonsonete que había aprendido y que
+tan bien se acomodaba a su figura angelical y a sus moditos
+insinuantes--, ten entendido que aunque tus crímenes fueran tantos como
+las arenas de la mar, Dios te los perdonará si te arrepientes de ellos.
+
+Oír esto Mauricia y dar un gran berrido y soltar otra catarata de
+lágrimas fue todo uno.
+
+«No, no, no--murmuró luego entre sollozos tales que parecía que se
+ahogaba--. A mí no me puede perdonar, a mí no, porque he sido muy
+arrastrada, pero mucho, y cuanto pecado hay, chica, lo he cometido yo...
+Y si no, di uno, nómbrame el que quieras, y de seguro que lo tengo
+metido aquí...».
+
+--Qué cosas tienes, mujer--observó Belén muy apurada, acordándose de
+cuando fue corista y representándose con terror el escenario de la
+Zarzuela--; otras han hecho también pecados feos, pero los han llorado
+como tú, y cátalas perdonadas.
+
+Mauricia tenía un pañuelo en la mano; pero con la humedad del lloro y
+del sudor era ya como una pelota. Amasábalo en la mano y se lo pasaba
+por la angustiada frente.
+
+«¿Pero cómo te ha dado así... tan de repente?--dijo la otra confusa.
+¡Ah!, es que Dios toca en el corazón cuando menos lo piensa una. Llora,
+hija, desahógate, y no te asustes... ¿Sabes lo que vas a hacer? Mañana
+te confiesas... Puede que se te haya quedado algo por decir y confesar,
+porque siempre se queda algo sin saber cómo, y esos pozos son lo que más
+atormenta... pues dilo todo, rebaña bien... Así lo hice yo, y hasta que
+lo hice no tuve tranquilidad. Luego el perro de Satanás me atormentaba
+por vengarse, y cuando empezaba la misa, a mí me parecía que alzaban el
+telón, y cuando yo rompía a cantar, se me venía a la boca aquello de _El
+_ _ Siglo_, que dice: _'Somos figurines vivos...'_. Y un día por poco
+no lo suelto... Pillinadas del diablo; pero no podía conmigo ni con mi
+fe, y tanto hice que lo metí en un puño, y ahora, que se atreva, ¿a que
+no se atreve?... Llora, hija, llora todo lo que quieras, que Dios te
+iluminará y te dará su gracia».
+
+Ni por esas. Mientras más consuelos le daba Belén, más inconsolable
+estaba la otra, y más caudaloso era el río de sus lágrimas. Sor Antonia,
+la madre que gobernaba allí, se despertó, y para disimular su descuido,
+dio una fuerte voz, sin incomodarse mucho con las durmientes y añadiendo
+que hacía un calor horrible. Un instante después, Belén y la monja
+cuchichearon, sin duda a propósito de Mauricia a quien miraban. Tenía
+Belén vara alta con las señoras, por su humildad y devoción y por la
+diligencia con que iba a contarles cuanto hacían y decían sus
+compañeras.
+
+Era domingo, y a las cuatro toda la comunidad entró en la iglesia donde
+había ejercicio y sermón. Las _Filomenas_ ocuparon su sitio detrás de
+las monjas, unas y otras con los velos por la cabeza. Las _Josefinas_
+permanecían en la habitación que hacía de coro. Belén y las damas
+cantoras entonaban inocentes romanzas, mientras duró el Manifiesto, en
+las cuales se decía que tenían el _pecho ardiendo en llamas de amor_ y
+otras candideces por el estilo. La que tocaba el _harmonium_ hacía en
+los descansos unos ritornellos muy cursis. Pero a pesar de estas
+profanaciones artísticas, la iglesita estaba muy mona, como diría
+Manolita, apacible, misteriosa y relativamente fresca, inundada de la
+fragancia de las flores naturales.
+
+A Fortunata le tocó al lado Mauricia. Cuenta la que después fue señora
+de Rubín que en una ocasión que miró a su compañera, hubo de observar al
+través del velo suyo y del de ella una expresión tan particular que se
+quedó atónita. Mauricia, al entrar, lloraba; pero al cabo de un rato más
+bien parecía reírse con contenida y satánica risa. Fortunata no pudo
+comprender el motivo de esto, y creyó que la oscuridad del velo le
+desfiguraba la realidad de la cara de su pareja. Volvió a mirar con
+disimulo, haciendo que se volvía para ahuyentar una mosca, y... ello
+podría ser ilusión, pero los ojos de Mauricia parecían dos ascuas. En
+fin, todo sería aprensión.
+
+Subió D. León Pintado al púlpito y echó un sermonazo lleno de los
+amaneramientos que el tal usaba en su oratoria. Lo que aquella tarde
+dijo habíalo dicho ya otras tardes, y ciertas frases no se le caían de
+la boca. Tronó, como siempre, contra los librepensadores, a quienes
+llamó _apóstoles del error_ unas mil y quinientas veces. Al salir de la
+iglesia, Fortunata echó, como de costumbre, una mirada al público, que
+estaba tras de la verja de madera, y vio a Maximiliano, que no faltaba
+ningún domingo a aquella amorosa cita muda. Le vio con simpatía. Notaba
+gozosa que empezaban a perder valor ante sus ojos los defectos físicos
+del apreciable joven. ¡Si serían aquellos los brotes del amor por la
+hermosura del alma! Lo que más consolaba a Fortunata era la esperanza
+cada día más firme, porque el capellán se lo había dicho no pocas veces
+en el confesonario, de que cuando se casase y viviese santamente con su
+marido a la sombra de las leyes divinas y humanas, le había de amar;
+pero no así de cualquier modo, sino con verdadero calor y arranque del
+alma. También le decía esto la forma, _la idea blanca_ encerrada en la
+custodia.
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Llegada la noche, y recogidas las _Josefinas_ a su dormitorio, las
+madres permitieron que las _Filomenas_ estuvieran en la huerta hasta más
+tarde de lo reglamentario, por ver si salía un poco de fresco. Eran ya
+las nueve, y la tierra abrasaba; el aire no se movía; las estrellas
+parecían más próximas según el fulgor vivísimo con que brillaban, y
+veíase entre las grandes y medianas mayor número, al parecer, de las
+pequeñitas, tantas, tantas que era como un polvo de plata esparcido
+sobre aquel azul intensísimo.
+
+La luna nueva se puso temprano, bajando al horizonte como una hoz,
+rodeada de aureola blanquecina que anunciaba más calor para el día
+siguiente.
+
+Las recogidas formaban diferentes grupos sentadas en el suelo y en la
+escalera de madera que comunica el corredor principal con la huerta, y
+se quitaban las tocas para disminuir el calor de la piel. Algunas
+miraban el motor de viento que seguía inmóvil. Al borde del estanque que
+está al pie del aparato, había tres mujeres, Fortunata, Felisa y doña
+Manolita, sentadas sobre el muro de ladrillo, gozando de la frescura del
+agua próxima. Aquel era el mejor sitio; pero no lo decían, porque el
+egoísmo les hacía considerar que si se enracimaban allí todas las
+mujeres, el escaso fresco del agua se repartiría más y tocarían a menos.
+En el opuesto lado de la huerta, que era el sitio más apartado y feo,
+había un tinglado, bajo el cual se veían tiestos vacíos o rotos, un
+montón de mantillo que parecía café molido, dos carretillas, regaderas y
+varios instrumentos de jardinería. En otro tiempo hubo allí un cubil, y
+en el cubil un cerdo que se criaba con los desperdicios; pero el
+Ayuntamiento mandó quitar el animal de San Antón, y el cubil estaba
+vacío.
+
+Desde el anochecer se puso allí Mauricia la Dura, sola, sobre el montón
+de mantillo; y como era el sitio más caldeado, nadie la quiso
+acompañar.
+
+Alguna se le aproximó en son de burla; pero no pudo obtener de ella una
+sola palabra. Estaba sentada a lo moro, con los brazos caídos, la cabeza
+derecha, más napoleónica que nunca, la vista fija enfrente de sí con
+dispersión vaga más bien de persona soñadora que meditabunda. Parecía
+lela o quizás tenía semejanza con esos penitentes del Hindostán que se
+están tantísimos días seguidos mirando al cielo sin pestañear, en un
+estado medio entre la modorra y el éxtasis. Ya era tarde cuando se le
+acercó Belén sentándosele al lado. La miró atentamente, preguntándole
+que qué hacía allí y en qué pensaba, y por fin Mauricia desplegó sus
+labios de esfinge, y dijo estas palabras que le produjeron a Belencita
+una corriente fría en el espinazo:
+
+«He visto a Nuestra Señora».
+
+--¿Qué dices, mujer, qué te pasa?--le preguntó la ex-corista con
+ansiedad muy viva.
+
+--He visto a la Virgen--repitió Mauricia con una seguridad y aplomo que
+dejaron a la otra como quien no sabe lo que le pasa.
+
+--¿Tú estás segura de lo que dices?
+
+--¡Oh!... Así me muera si no es verdad. Te lo juro por estas
+cruces--dijo la iluminada con voz trémula, besándose las manos--. La he
+visto... bajó por allí, donde está el abanicón de la noria... Bajaba en
+mitad de una luz... ¿cómo te lo diré?... de una luz que no te puedes
+figurar... de una luz que era, verbi gracia como las puras mieles...
+
+--¡Como las mieles!--repitió Belén no comprendiendo.
+
+--Pues... tan dulce que... Después vino andando, andando hacia acá y se
+puso allí, delantito. Pasó por entre vosotras y vosotras no la veíais.
+Yo sola la veía... No traía el niño Dios en brazos. Dio dos o tres
+pasitos más y se paró otra vez. Mira, ¿ves aquella piedrecita?, pues
+allí... y me estuvo mirando... Yo no podía respirar.
+
+--¿Y te dijo algo, te dijo algo?--preguntó Belén toda ojos, pálida como
+una muerta.
+
+--Nada... pero lloraba mirándome... ¡Se le caían unos lagrimones...! No
+traía nene Dios; _paicía_ que se lo habían quitado. Después dio la
+vuelta para allá y volvió a pasar entre vosotras sin que la vierais,
+hasta llegar _mismamente_ a aquel árbol... Allí vi muchos angelitos que
+subían y bajaban corre que corre del tronco a las ramas y...
+
+--Y de las ramas al tronco...--Y después... ya no vi nada... Me quedé
+como ciega... quiere decirse, enteramente ciega; estuve un rato sin ver
+gota, sin poder moverme. Sentía aquí, entre mí, una cosa...
+
+--Como una pena...--Como pena no, un gusto, un consuelo...
+
+Se acercó entonces Fortunata, y ambas callaron.
+
+--Si están de secreto, me voy.
+
+--Yo creo--dijo Belén, después de una grave pausa--, que eso debes
+consultarlo con el confesor.
+
+Mauricia se levantó y andando lentamente retirose a la habitación donde
+dormía y tenía su ropa. Creyeron las otras dos que se había ido a
+acostar, y quedáronse allí haciendo comentarios sobre el extraño caso,
+que Belén transmitió a Fortunata con todos sus pelos y señales. Belén lo
+creía o afectaba creerlo, Fortunata no. Pero de pronto vieron que la
+Dura volvía y se sentaba de nuevo sobre el montón de mantillo. Miráronla
+con recelo y se alejaron.
+
+De pronto sonó en la huerta un ¡ah! prolongado y gozoso, como los que
+lanza la multitud en presencia de los fuegos artificiales. Todas las
+recogidas miraban al disco, que se había movido solemnemente, dando dos
+vueltas y parándose otra vez. «Aire, aire» gritaron varias voces. Pero
+el motor no dio después más que media vuelta, y otra vez quieto. El
+vástago de hierro chilló un instante, y las que estaban junto al
+estanque oyeron en lo profundo de la bomba una regurgitación tenue. El
+caño escupió un salivazo de agua, y todo quedó después en la misma
+quietud chicha y desesperante.
+
+Belén se había puesto a charlar por lo bajo con una monja llamada Sor
+Facunda, que era la marisabidilla de la casa, muy leída y escribida,
+bondadosa e inocente hasta no más, directora de todas las funciones
+extraordinarias, camarera de la Virgen y de todas las imágenes que
+tenían alguna ropa que ponerse, muy querida de las _Filomenas_ y aún más
+de las _Josefinas_, y persona tan candorosa, que cuanto le decían, sobre
+todo si era bueno, se lo creía como el Evangelio. Basta decir en elogio
+de la _sancta simplicitas_ de esta señora, que en sus confesiones jamás
+tenía nada de qué acusarse, pues ni con el pensamiento había pecado
+nunca; mas como creyera que era muy desairado no ofrecer nada
+absolutamente ante el tribunal de la penitencia, revolvía su magín
+buscando algo que pudiera tener siquiera un tufillo de maldad, y se
+rebañaba la conciencia para sacar unas cosas tan sutiles y sin
+sustancia, que el capellán se reía para su sotana. Como el pobre D. León
+Pintado tenía que vivir de aquello, lo oía seriamente, y hacía que
+tomaba muy en consideración aquellos pecados tan superfirolíticos que no
+había cristiano que los comprendiera... Y la monja se ponía muy
+compungida, diciendo que no lo volvería a hacer; y él, que era muy tuno,
+decía que sí, que era preciso tener cuidado para otra vez, y que patatín
+y que patatán... Tal era Sor Facunda, dama ilustre de la más alta
+aristocracia, que dejó riquezas y posición por meterse en aquella vida,
+mujer pequeñita, no bien parecida, afable y cariñosa, muy aficionada a
+hacerse querer de las jóvenes. Llevaba siempre tras sí, en las horas de
+recreo, un hato de niñas precozmente místicas, preguntonas, rezonas y
+cuya conducta, palabras y entusiasmos pertenecían a lo que podría
+llamarse _el pavo_ de la santidad.
+
+Difícil es averiguar lo que pasó en el cotarro que formaban Sor Facunda
+y sus amiguitas. Ello fue que Belén, temblando de emoción y con la cara
+ansiosa, dijo a la monja: «Mauricia ha visto a la Virgen...». Y poco
+después repetían las otras con indefinible asombro: «¡Ha visto a la
+Virgen!».
+
+Sor Facunda, seguida de su escolta, se acercó a Mauricia, a quien miró
+un buen rato sin decirle palabra. Estaba la infeliz mujer en la misma
+postura morisca, la cabeza apoyada sobre las rodillas. Parecía llorar.
+
+«Mauricia--le dijo en tono lacrimoso la monja, con aquella buena fe que
+en ella equivalía a la gracia divina--. Porque hayas sido muy mala no
+vayas a creerte que Dios te niega su perdón».
+
+Oyose un gran bramido, y la reclusa mostró su cara inundada de llanto.
+Dijo algunas palabras ininteligibles y estropajosas, a las que Sor
+Facunda y compañía no sacaron ninguna sustancia. De repente se levantó.
+Su rostro, a la claridad de la luna, tenía una belleza grandiosa que las
+circunstantes no supieron apreciar. Sus ojos despedían fulgor de
+inspiración. Se apretó el pecho con ambas manos en actitud semejante a
+las que la escultura ha puesto en algunas imágenes, y dijo con acento
+conmovedor estas palabras:
+
+«¡Oh mi señora!... te lo traeré, te lo traeré...».
+
+Echando a correr hacia la escalera con gran presteza, pronto
+desapareció. Sor Facunda habló con las otras madres. Cuando toda la
+comunidad, a la voz de la Superiora, se recogía abandonando la huerta y
+subiendo lentamente a las habitaciones (la mayor parte de las mujeres de
+mala gana, porque el calor de la noche convidaba a estar al aire libre),
+corrió la voz de que la visionaria se había acostado.
+
+Fortunata, que pocos días antes fue trasladada al dormitorio en que
+estaba Mauricia, vio que esta se había acostado vestida y descalza.
+Acercose a ella y por su bronca respiración creyó entender que dormía
+profundamente. Mucho le daba qué pensar el singular estado en que su
+amiga se había puesto, y esperaba que le pasaría pronto, como otros
+_toques_ semejantes aunque de diverso carácter. Largo tiempo estuvo
+desvelada, pensando en aquello y en otras cosas, y a eso de las doce,
+cuando en el dormitorio y en la casa toda reinaban el silencio y la paz,
+notó que Mauricia se levantaba. Pero no se atrevió a hablarle ni a
+detenerla, por no turbar el silencio del dormitorio, iluminado por una
+luz tan débil que le faltaba poco para extinguirse. Mauricia atravesó
+la estancia sin hacer ruido, como sombra, y se fue. Poco después
+Fortunata sentía sueño y se aletargaba; mas en aquel estado indeciso
+entre el dormir y el velar, creyó ver a su compañera entrar otra vez en
+el dormitorio sin que se le sintieran los pasos. Metiose debajo de la
+cama, donde tenía un cofre; revolvió luego entre los colchones...
+Después Fortunata no se hizo cargo de nada, porque se durmió de veras.
+
+Mauricia salió al corredor, y atravesándolo todo, se sentó en el primer
+peldaño de la escalera.
+
+«Te digo que me atreveré...».
+
+¿Con quién hablaba? Con nadie, porque estaba enteramente sola. No tenía
+más compañía en aquella soledad que las altas estrellas.
+
+«¿Qué dices?--preguntó después como quien sostiene un diálogo--. Habla
+más alto, que con el ruido del órgano no se oye. ¡Ah!, ya entiendo...
+Estate tranquila, que aunque me maten, yo te lo traeré. Ya sabrán quién
+es Mauricia la Dura, que no teme ni a Dios... Ja ja ja... Mañana, cuando
+venga el capellán y bajen esas tías pasteleras a la iglesia, ¡qué chasco
+se van a llevar!».
+
+Soltando una risilla insolente, se precipitó por la escalera abajo. ¿Qué
+demonios pasaba en aquel cerebro?... Entró por la puerta pequeña que
+comunica el patio con el largo pasillo interior del edificio, y una vez
+allí pasó sin obstáculo al vestíbulo, tentando la pared porque la
+oscuridad era completa. Se le oía un cierto rechinar de dientes y algún
+monosílabo gutural que lo mismo pudiera ser signo de risa que de cólera.
+Por fin llegó palpando paredes a la puerta de la capilla, y buscando la
+cerradura con las manos, empezó a rasguñar en el hierro. La llave no
+estaba puesta... «¡Peines y peinetas, dónde estará la condenada llave!»
+murmuró con un rugido de hondísimo despecho. Probó a abrir valiéndose de
+la fuerza y de la maña. Pero ni una ni otra valían en aquel caso. La
+puerta del sagrado recinto estaba bien cerrada. Siguió la infeliz mujer
+exhalando gemidos, como los de un perro que se ha quedado fuera de su
+casa y quiere que le abran. Después de media hora de inútiles esfuerzos,
+desplomose en el umbral de la puerta, e inclinando la cabeza se durmió.
+Fue uno de esos sueños que se parecen al morir instantáneo. La cabeza
+dio contra el canto como una piedra que cae, y la torcida postura en que
+quedaba el cuerpo al caer doblándose con violencia, fue causa de que el
+resuello se le dificultara, produciéndose en los conductos de la
+respiración silbidos agudísimos, a los que siguió un estertor como de
+líquidos que hierven.
+
+Aletargada profundamente, Mauricia hizo lo que no había podido hacer
+despierta, y prosiguió la acción interrumpida por una puerta bien
+cerrada. Faltó el hecho real, pero no la realidad del mismo en la
+voluntad. Entró, pues, la tarasca en la iglesia y allí pudo andar sin
+tropiezo, porque la lámpara del altar daba luz bastante para ver el
+camino. Sin vacilar dirigió sus pasos al altar mayor, diciendo por el
+camino: «Si no te voy a hacer mal ninguno, Diosecito mío; si voy a
+llevarte con tu mamá que está ahí fuera llorando por ti y esperando a
+que yo te saque... ¿Pero qué?... no quieres ir con tu mamaíta... Mira
+que te está esperando... tan guapetona, tan maja, con aquel manto todito
+lleno de estrellas y los pies encima del _biricornio_ de la luna...
+Verás, verás, qué bien te saco yo, monín... Si te quiero mucho; ¿pero no
+me conoces?... Soy Mauricia la Dura, soy tu amiguita».
+
+Aunque andaba muy aprisa, tardaba mucho tiempo en llegar al altar,
+porque la capilla, que era tan chica, se había vuelto muy grande. Lo
+menos había media legua desde la puerta al altar... Y mientras más
+andaba, más lejos, más lejos... Llegó por fin y subió los dos, tres,
+cuatro escalones, y le causaba tanta extrañeza verse en aquel sitio
+mirando de cerca la mesa aquella cubierta con finísimo y albo lienzo,
+que un rato estuvo sin poder dar el último paso. Le entró una risa
+convulsiva cuando puso su mano sobre el ara sagrada... «¿Quién me había
+de decir?... ¡oh, mi re--Dios de mi alma que yo... ji ji ji!...». Apartó
+el Crucifijo que está delante de la puerta del sagrario, alargó luego el
+brazo; pero como no alcanzaba, alargábalo más y más, hasta que llegó a
+dolerle mucho de tantos estirones... Por fin, gracias a Dios, pudo abrir
+la puerta que sólo tocan las manos ungidas del sacerdote. Levantando la
+cortinilla, buscó un momento en el misterioso, santo y venerado hueco...
+¡Oh!, no había nada. Busca por aquí, busca por allí y nada... Acordose
+de que no era aquel el sitio donde está la custodia, sino otro más alto.
+Subió al altar, puso los pies en el ara santa... Busca por aquí, por
+allí... ¡Ah!, por fin tropezaron sus dedos con el metálico pie de la
+custodia. Pero qué frío estaba, tan frío que quemaba. El contacto del
+metal llevó por todo lo largo del espinazo de Mauricia una corriente
+glacial... Vaciló. ¿Lo cogería, sí o no? Sí, sí mil veces; aunque
+muriera, era preciso cumplir. Con exquisito cuidado, más con gran
+decisión, empuñó la custodia bajando con ella por una escalera que antes
+no estaba allí. Orgullo y alegría inundaron el alma de la atrevida mujer
+al mirar en su propia mano la representación visible de Dios... ¡Cómo
+brillaban los rayos de oro que circundan el viril, y qué misteriosa y
+plácida majestad la de la hostia purísima, guardada tras el cristal,
+blanca, divina y con todo el aquel de persona, sin ser más que una
+sustancia de delicado pan!
+
+Con increíble arrogancia Mauricia descendía, sin sentir peso alguno.
+Alzaba la custodia como la alza el sacerdote para que la adoren los
+fieles... «¿Veis cómo me he atrevido?--pensaba--. ¿No decías que no
+podía ser?... Pues pudo ser, ¡qué peine!». Seguía por la iglesia
+adelante. La purísima hostia, con no tener cara, miraba cual si tuviera
+ojos... y la sacrílega, al llegar bajo el coro, empezaba a sentir miedo
+de aquella mirada. «No, no te suelto, ya no vuelves allí... ¡A casa con
+tu mamá...! ¿sí? ¿Verdad que el niño no llora y quiere ir con su
+mamá?...». Diciendo esto, atrevíase a agasajar contra su pecho la
+sagrada forma. Entonces notó que la sagrada forma no sólo tenía ya ojos
+profundos tan luminosos como el cielo, sino también voz, una voz que la
+tarasca oyó resonar en su oído con lastimero son. Había desaparecido
+toda sensación de la materialidad de la custodia; no quedaba más que lo
+esencial, la representación, el símbolo puro, y esto era lo que Mauricia
+apretaba furiosamente contra sí. «Chica--le decía la voz--, no me
+saques, vuelve a ponerme donde estaba. No hagas locuras... Si me sueltas
+te perdonaré tus pecados, que son tantos que no se pueden contar; pero
+si te obstinas en llevarme, te condenarás. Suéltame y no temas, que yo
+no le diré nada a D. León ni a las monjas para que no te riñan...
+Mauricia, chica, ¿qué haces...? ¿Me comes, me comes...?».
+
+Y nada más... ¡Qué desvarío! Por grande que sea un absurdo siempre tiene
+cabida en el inconmensurable hueco de la mente humana.
+
+
+
+
+--x--
+
+
+Por la mañana tempranito, la Superiora y Sor Facunda se tropezaron al
+salir de sus respectivas celdas.
+
+«Créame usted--dijo Sor Facunda--, algo hay de extraordinario.
+Consultaré ahora mismo con D. León. El caso de Mauricia debe de
+examinarse detenidamente».
+
+Sor Natividad, que era mujer de mucho entendimiento y estaba
+acostumbrada a los pueriles entusiasmos de su compañera, no hizo más que
+sonreír con bondad. Hubiera dicho a Sor Facunda: «qué tonta es usted,
+hija»; pero no le dijo nada; y sacando un manojo de llaves se fue hacia
+el guardarropa.
+
+«¿Pero en dónde está esa loca?» preguntó después.
+
+--No parece por ninguna parte--dijo Fortunata, que por orden de Sor
+Marcela había bajado en busca de su amiga--. Arriba no está.
+
+En los dormitorios de las _Filomenas_ había gran tráfago. Todas se
+lavaban la cara y las manos, riñendo por el agua, cuestionando sobre si
+tú me quitaste la toalla o si esa es mi agua. «Que no, que mi agua es
+esta». Otra sacaba de debajo de la cama un zoquete de pan y empezaba a
+comérselo. «¡Ay, qué hambre tengo...!, con estos calores, cuidado que
+suda una; no se puede vivir... ¡Y ponerse ahora la toca!».
+
+Sor Antonia entraba, imponía silencio y les daba prisa. Oíase el
+esquilón de la capilla. El sacristán se había asomado varias veces por
+la reja de la sacristía que da al vestíbulo diciendo sucesivamente:
+«Todavía no ha venido don León...» «ya está ahí D. León...» «ya se está
+vistiendo». Oíanse en la parte alta los pasos de toda la comunidad que
+iba hacia el templo a oír la primera misa. Delante fueron las
+_Josefinas_, soñolientas aún y dando bostezos, empujándose unas a otras.
+Seguían las _Filomenas_ con cierto orden, las más diligentes dando prisa
+a las perezosas. Donde hay muchas mujeres, tiene que haber ese rumor de
+colegio, que se hace superior a la disciplina más severa. Entre chacota
+y risas se oía el rumorcillo aquel: «Mauricia... ¿no sabéis? Vio anoche
+la propia figura de la Virgen».
+
+--Mujer, quita allá.--Mi palabra... Pregúntaselo a Belén.
+
+--¡Bah!, ni que fuéramos tontas...
+
+--¿La cara de la Virgen?... Vaya... Sería la de Nuestra Señora del
+Aguardiente.
+
+Pero Sor Facunda y las de su cotarro iban por la escalera abajo
+diciendo que el hecho podía ser falso, y podía también no serlo; y que
+el ser Mauricia muy pecadora no significaba nada, porque de otras
+muchísimo más perversas se había valido Dios para sus fines.
+
+Dijo la misa D. León, que parecía _el padre fuguilla_ por la presteza
+con que despachaba. Había sido cura de tropa, y a las monjas no les
+acababa de gustar la marcial diligencia de su capellán. Más tarde
+celebraba don Hildebrando, cura francés de los de babero, el cual era lo
+contrario que Pintado, pues estiraba la misa hasta lo increíble.
+
+Cuando la comunidad salía de la capilla, doña Manolita, que había
+entrado de las últimas, sofocada, se acercó a la Superiora y le dijo que
+Mauricia estaba en la huerta sobre el montón de mantillo.
+
+--Ya... en la basura--replicó Sor Natividad frunciendo el ceño--; es su
+sitio.
+
+Bajaron las recogidas al refectorio a tomar el chocolate con rebanada de
+pan. Animación mundana reinaba en el frugal desayuno, y aunque las
+monjas se esforzaban por mantener un orden cuartelesco, no lo podían
+conseguir.
+
+«Ese plato es el mío. Dame mi servilleta... Te digo que es la mía...
+¡Vaya! ¡Ay, San Antonio, qué duro está el pan!... Este sí que es de la
+boda de San Isidro.
+
+--¡A callar!
+
+Algunas tenían un apetito voraz; se habrían comido triple ración, si se
+la dieran.
+
+Inmediatamente después empezaba a distribuirse toda aquella tropa
+mujeril, como soldados que se incorporan a sus respectivos regimientos.
+Estas bajaban a la cocina, aquellas subían a la escuela y salón de
+costura, y otras, quitándose las tocas y poniéndose la falda de
+_mecánica_, se dedicaban a la limpieza de la casa.
+
+Estaba la Superiora hablando con Sor Antonia en la puerta de una celda,
+cuando llegó muy apurada una reclusa, diciendo: «Le he mandado que venga
+y no quiere venir. Me ha querido pegar. ¡Si no echo a correr...! Después
+cogió un montón de aquella basura y me lo tiró. Mire usted...».
+
+La recogida enseñó a las madres su hombro manchado de mantillo.
+
+«Tendré que ir yo... ¡Ay, qué mujer!... ¡qué guerra nos da!--dijo la
+Superiora...--. ¿Dónde está Sor Marcela? Que traiga la llave de la
+perrera. Hoy tendremos _chínchirri-máncharras_... Está más tocada que
+nunca. Dios nos dé paciencia.
+
+--¡Y Sor Facunda que me ha dicho ahora mismo--indicó Sor Antonia con
+franca risa y bizcando más los ojos--, que Mauricia había visto a la
+Virgen!
+
+La Superiora respondió a aquella risa con otra menos franca. Tres o
+cuatro _Filomenas_ de las más hombrunas bajaron a la huerta con orden
+expresa de traer a la visionaria.
+
+--¡Pobre mujer y qué perdida se pone!--observó Sor Natividad dentro del
+corrillo de monjas que se iba formando--. Males de nervios, y nada más
+que males de nervios.
+
+Y al decirlo, sus miradas chocaron con las de Sor Facunda, que se
+acercaba con semblante extraordinariamente afligido.
+
+«¿Pero no ha consultado usted este caso con el señor capellán?» le dijo.
+
+--Sí--replicó Sor Natividad con un poco de humorismo--, y el capellán me
+ha dicho que la meta en la perrera.
+
+--¡Encerrarla porque llora!...--exclamó la otra que en su timidez no se
+atrevía a contradecir a la Superiora--. El caso merecía examinarse.
+
+--Para preverlo todo--indicó la vizcaína--, avisaremos también al
+médico.
+
+--¿Y qué tiene que ver el médico...? En fin, yo no sé. Quien manda,
+manda. Pero me parecía... Ello podrá ser cosa física; pero ¿si no lo
+fuera? Si efectivamente Mauricia... No es que yo lo afirme; pero tampoco
+me atrevo a negarlo. Aquel llorar continuo, ¿qué puede ser sino
+arrepentimiento? A saber los medios que el Señor escoge...
+
+Y se retiró a su celda. Casi casi se dieron un encontronazo Sor Facunda
+alejándose y Sor Marcela que al corrillo se acercaba, dando balances y
+golpeando el suelo duramente con su pie de madera. Su semblante
+descompuesto por la ira estaba más feo que nunca; con la prisa que traía
+apenas podía respirar, y las primeras frases le salieron de la boca
+desmenuzadas por el enojo: «Ya, ya sabemos... ¡San Antonio!...
+bribona... parece mentira... ¡Ay, Dios mío!, si es para volverse
+loca...».
+
+Habló algunas palabras en voz muy baja con la Superiora, quien al oírlas
+puso una cara que daba miedo.
+
+«Yo... bien lo sabe usted...--balbució Sor Marcela--, lo tenía para mi
+mal del estómago... coñac superior».
+
+--Pero esa maldita ¿cómo...? Si esto parece... ¡Jesús me valga! Estoy
+horrorizada. ¿Pero cuándo...?
+
+--Es muy sencillo... hágase usted cargo. Anteayer, ¡San Antonio
+bendito!, cuando estuvo en mi celda moviendo los trastos para coger el
+ratón.
+
+A la Superiora se le escapó, sin poderlo remediar, una ligera
+sonrisilla; mas al punto volvió a poner cara de palo. Y la enana corrió
+hacia donde estaban las recogidas, y lo mismo que dijera a Sor Natividad
+se lo repitió a Fortunata, sin poner un freno a su ira: «¿Habrase visto
+diablura semejante?... ¿Qué te parece? ¡Estamos todas horripiladas!».
+
+Fortunata no dijo nada y se puso muy seria. Quizás no la cogía de nuevo
+la declaración de la monja. Obedeciendo a esta subió al dormitorio en
+busca de pruebas del nefando crimen imputado a su amiga.
+
+«Ahí tienen ustedes--decía la Superiora a las que más cerca de ella
+estaban--, cómo esa arrastrada ha visto visiones... ¡Ya!, ¡qué no vería
+ella!... ¿Pero no viene al fin? Yo le juro que no vuelve a hacernos
+otra. Es preciso ajustarle bien las cuentas...».
+
+La cojita se presentó otra vez en el corrillo mostrando la enorme llave
+de la perrera; la esgrimía como si fuera una pistola, con amenaza
+homicida. Realmente estaba furiosa, y el topetazo de su pie duro sobre
+el suelo tenía una violencia y sonoridad excepcionales. En esto llegó
+Fortunata trayendo una botella, que al punto le arrebató Sor Marcela.
+
+«¡Vacía, enteramente vacía!--exclamó esta levantándola en alto y
+mirándola al trasluz--. Y estaba casi llena, pues apenas...».
+
+Aplicó después su nariz chafada a la boca de la botella, diciendo con
+lastimera entonación: «No ha dejado más que el olor... ¡Bribonaza!, ya
+te daría yo bebida...». De la nariz de la coja pasó el cuerpo del delito
+a la de Sor Natividad y de esta a otras narices próximas, resultando, de
+la apreciación del tufo, mayor severidad en el comentario del crimen.
+
+«¡Qué asco! Buen pechugón se ha dado...--exclamó la Superiora--. Ya,
+¡cómo estará aquel cuerpo con todo ese líquido ardiente! Nunca nos había
+pasado otra... La arreglaremos, la arreglaremos. ¿Pero viene o no?».
+
+Bajaba ya, decidida a abreviar la tardanza del acto de justicia, cuando
+se oyó un gran tumulto. Las tres mujeronas que habían ido en busca de la
+delincuente, pasaban de la huerta al patio por la puertecilla verde,
+huyendo despavoridas y dando voces de pánico. Sonó en dicha puerta el
+estampido de un fuerte cantazo.
+
+«¡Que nos mata, que nos mata!» gritaban las tres, recogiendo sus faldas
+para correr más fácilmente por la escalera arriba. Asomáronse las madres
+al barandal del corredor que sobre el patio caía, y vieron aparecer a
+Mauricia, descalza, las melenas sueltas, la mirada ardiente y
+extraviada, y todas las apariencias, en fin, de una loca. La Superiora,
+que era mujer de genio fuerte, no se pudo contener y desde arriba gritó:
+«Trasto... infame, si no te estás quieta, verás».
+
+«Una pareja, una pareja de Orden Público» apuntaron varias voces de
+monjas.
+
+--No... veréis... Si yo me basto y me sobro...--indicó la Superiora,
+haciendo alarde de ser mujer para el caso--. Lo que es conmigo no juega.
+
+Púsose Mauricia de un salto en el rincón frontero al corredor donde las
+madres estaban, y desde allí las miró con insolencia, sacando y
+estirando la lengua, y haciendo muecas y gestos indecentísimos.
+
+«¡Tiorras, so tiorras!» gritaba, e inclinándose con rápido movimiento,
+cogió del suelo piedras y pedazos de ladrillo, y empezó a dispararlos
+con tanto vigor como buena puntería. Las monjas y las recogidas, que al
+sentir el alboroto salieron en tropel a los corredores del principal y
+del segundo piso, prorrumpieron en chillidos. Parecía que se venía el
+mundo abajo. ¡Dios mío, qué bulla! Y a las exclamaciones de arriba
+respondía la tarasca con aullidos salvajes.
+
+Unas se agachaban resguardándose tras el barandal de fábrica cuando
+venía la pedrada; otras asomaban la cabeza un momento y la volvían a
+esconder. Los proyectiles menudeaban, y con ellos las voces de aquella
+endemoniada mujer. Parecía una amazona. Tenía un pecho medio
+descubierto, el cuerpo del vestido hecho girones y las melenas cortas le
+azotaban la cara en aquellos movimientos del hondero que hacía con el
+brazo derecho. Su catadura les parecía horrible a las señoras monjas;
+pero estaba bella en rigor de verdad, y más arrogante, varonil y
+napoleónica que nunca.
+
+Sor Marcela intentó bajar valerosa, pero a los tres peldaños cogió miedo
+y viró para arriba. Su cara filipina se había puesto de color de
+mostaza inglesa.
+
+«¡Verás tú si bajo, infame diablo!» era su muletilla; pero ello es que
+no bajaba.
+
+Por una reja de la sacristía que da al patio, asomó la cara del
+sacristán, y poco después la de D. León Pintado. Dos monjas que estaban
+de turno en la portería se asomaron también por otra ventana baja; pero
+lo mismo fue verlas Mauricia que empezar también a mandarles piedras.
+Nada, que tuvieron que retirarse. Asustadas las infelices, quisieron
+pedir auxilio. En aquel instante llamó alguien a la puerta del convento,
+y a poco entró una señora, de visita, que pasó al salón, y enterándose
+de lo que ocurría, asomose también a la ventana baja. Era Guillermina
+Pacheco, que se persignó al ver la tragedia que allí se había armado.
+
+«¡En el nombre del...! ¡Pero tú!... ¡Mauricia!... ¿cómo se entiende?...
+¿qué haces?... ¿estás loca?».
+
+La portera y la otra monja no la pudieron contener, y Guillermina salió
+al patio por la puerta que lo comunica con el vestíbulo.
+
+«Guillermina--gritó Sor Natividad desde arriba--, no salgas...
+Cuidado... mira que es una fiera... Ahí tienes, ahí tienes la alhaja que
+tú nos has traído... Retírate por Dios, mira que está loca y no
+repara... Hazme el favor de llamar a una pareja de Orden Público».
+
+--¿Qué pareja ni pareja?--dijo Guillermina incomodadísima--.
+¡Mauricia!... ¡cómo se entiende!
+
+Pero no había tenido tiempo de decirlo cuando una peladilla de arroyo le
+rozó la cara. Si le da de lleno la descalabra.
+
+«¡Jesús!... Pero no, no es nada».
+
+Y llevándose la mano a la parte dolorida, clamó: «Infame, a mí, a mí me
+has tirado!».
+
+«A usted, sí, y a todo el género mundano--gritó con voz tan ronca, que
+apenas se entendía--, so tía pastelera... Váyase pronto de aquí».
+
+Las monjas horrorizadas elevaban sus manos al Cielo; algunas lloraban.
+En esto, D. León Pintado había abierto con no poco trabajo la reja de la
+sacristía; saltó al patio, única manera de comunicarse con el convento
+desde la sacristía, y abalanzándose a Mauricia le sujetó ambos brazos.
+
+«¡Suéltame, León, capellán de peinetas!» rugió la visionaria...
+
+Pero Pintado tenía manos de hierro, aunque era de pocos ánimos, y una
+vez lanzado al heroísmo, no sólo sujetó a Mauricia, sino que le aplicó
+dos sonoras bofetadas. La escena era repugnante. Tras el capellán salió
+también su acólito, y mientras los dos arreglaban a la Dura, las monjas,
+viendo sojuzgado al enemigo, arriesgáronse a bajar y acudieron a
+Guillermina, que con el pañuelo se restañaba la sangre de su leve
+herida. Con cierta tranquilidad, y más risueña que enojada, la fundadora
+dijo a sus amigas: «¡Cuidado que pasan unas cosas...! Yo venía a que me
+dierais los ladrillos y el cascote que os sobran, y mirad qué pronto me
+he salido con la mía... Nada, ponedla ahora mismo en la calle, y que se
+vaya a los quintos infiernos, que es donde debe estar».
+
+«Ahora mismo. D. León, no la maltrate usted» dijo la Superiora.
+
+--¡Zángano!... ¡mala puñalada te mate!...--bramaba Mauricia, que ya
+tenía pocas fuerzas y había caído al suelo--. ¡Un sacerdote pegando a
+una... señora!
+
+--Que le traigan su ropa--gritó Sor Natividad--. Pronto, pronto. Me
+parece mentira que la veré salir...
+
+Mauricia ya no se defendía. Había perdido su salvaje fuerza; pero su
+semblante expresaba aún ferocidad y desorden mental.
+
+Luego se vio que desde el corredor alto tiraban un par de botas, luego
+un mantón...
+
+--Bajarlo, hijas, bajarlo--dijo desde el patio la Superiora, mirando
+hacia arriba y ya recobrada la serenidad con que daba siempre sus
+órdenes. Fortunata bajó un lío de ropa, y recogiendo las botas, se lo
+dio todo a Mauricia, es decir, se lo puso delante. La espantosa escena
+descrita había impresionado desagradablemente a la joven, que sintió
+profunda compasión de su amiga. Si las monjas se lo hubieran permitido,
+quizás ella habría aplacado a la bestia.
+
+«Toma tu ropa, tus botas--le dijo en voz baja y en tono apacible--.
+Pero, hija, ¡cómo te has puesto!... ¿No conoces ya que has estado
+trastornada?».
+
+--Quítate de ahí, pendoncillo... quítate o te...
+
+--Dejarla, dejarla--dijo la Superiora--. No decirle una palabra más. A
+la calle, y hemos concluido.
+
+Con gran dificultad se levantó Mauricia del suelo y recogió su ropa. Al
+ponerse en pie pareció recobrar parte de su furor.
+
+«Que se te queda este lío».
+
+--Las botas, las botas. La tarasca lo recogió todo. Ya salía sin decir
+nada, cuando Guillermina la miró severamente.
+
+«¡Pero qué mujer esta! Ni siquiera sabe salir con decencia».
+
+Iba descalza, cogidas las botas por los tirantes.
+
+--Póngase usted las botas--le gritó la Superiora.
+
+--No me da la gana. Abur... ¡Son todas unas judías pasteleras...!
+
+--Paciencia, hija, paciencia... necesitamos mucha paciencia--dijo Sor
+Natividad a sus compañeras, tapándose los oídos.
+
+Se le franquearon todas las puertas, abriéndolas de par en par y
+resguardándose tras las hojas de ellas, como se abren las puertas del
+toril para que salga la fiera a la plaza. La última que cambió algunas
+palabras con ella fue Fortunata, que la siguió hasta el vestíbulo movida
+de lástima y amistad, y aún quiso arrancarle alguna declaración de
+arrepentimiento. Pero la otra estaba ciega y sorda; no se enteraba de
+nada, y dio a su amiga tal empujón, que si no se apoya en la pared cae
+redonda al suelo.
+
+Salió triunfante, echando a una parte y otra miradas de altivez y
+desprecio. Cuando vio la calle, sus ojos se iluminaron con fulgores de
+júbilo y gritó: «¡Ay, mi querida calle de mi alma!». Extendió y cerró
+los brazos, cual si en ellos quisiera apretar amorosamente todo lo que
+veían sus ojos. Respiró después con fuerza, parose mirando azorada a
+todos lados, como el toro cuando sale al redondel. Luego, orientándose,
+tiró muy decidida por el paseo abajo. Era cosa de ver aquella mujerona
+descalza, desgarrada, melenuda, despidiendo de sus ojos fiereza, con un
+lío bajo el brazo y las botas colgando de una mano. Las pocas personas
+que por allí pasaban, miráronla con asombro. Al llegar junto a los
+almacenes de la Villa, pasó junto a varios chicos, barrenderos, que
+estaban sentados en sus carretillas con las escobas en la mano.
+Tuviéronla ellos por persona de poco más o menos y se echaron a reír
+delante de su cara napoleónica.
+
+«Vaya, que buena _curda_ te llevas, ¡oleeé!...».
+
+Y ella se les puso delante en actitud arrogantísima, alzó el brazo que
+tenía libre y les dijo:
+
+«¡Apóstoles del error!».
+
+Prorrumpiendo al mismo tiempo en estúpida risa, pasó de largo. A los
+barrenderos les hizo aquello mucha gracia, y poniéndose en marcha con
+las carretillas por delante y las escobas sobre ellas, siguieron detrás
+de Mauricia, como una escolta de burlesca artillería, haciendo un ruido
+de mil demonios y disparándole bala rasa de groserías e injurias.
+
+
+
+
+-VII-
+
+La boda y la luna de miel
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Por fin se acordó que Fortunata saldría del convento para casarse en la
+segunda quincena de Setiembre. El día señalado estaba ya muy próximo, y
+si el pensamiento de la reclusa no se había familiarizado aún de una
+manera terminante con la nueva vida que la esperaba, no tenía duda de
+que le convenía casarse, comprendiendo que no debemos aspirar a lo
+mejor, sino aceptar el bien posible que en los sabios lotes de la
+Providencia nos toca. En las últimas visitas, Maxi no hablaba más que de
+la proximidad de su dicha. Contole un día que ya tenía tomada la casa,
+un cuarto precioso en la calle de Sagunto, cerca de su tía; otro la
+entretuvo refiriéndole pormenores deliciosos de la instalación. Ya se
+habían comprado casi todos los muebles. Doña Lupe, que se pintaba sola
+para estas cosas, recorría diariamente las almonedas anunciadas en _La
+Correspondencia_, adquiriendo gangas y más gangas. La cama de matrimonio
+fue lo único que se tomó en el almacén; pero doña Lupe la sacó tan
+arreglada, que era como de lance. Y no sólo tenían ya casa y muebles,
+sino también criada. Torquemada les recomendó una que servía para todo y
+que guisaba muy bien, mujer de edad mediana, formal, limpia y sentada.
+Bien podía decirse de ella que era también ganga como los muebles,
+porque el servicio estaba muy malo en Madrid, pero muy malo. Nombrábase
+Patricia, pero Torquemada la llamaba _Patria_, pues era hombre tan
+económico que ahorraba hasta las letras, y era muy amigo de las
+abreviaturas por ahorrar saliva cuando hablaba y tinta cuando escribía.
+
+Otra tarde le dio Maxi una hermosa sorpresa. Cuando Fortunata entró en
+el convento, las papeletas de alhajas y ropas de lujo que estaban
+empeñadas quedaron en poder del joven, que hizo propósito de liberar
+aquellos objetos en cuanto tuviese medios para ello. Pues bien, ya podía
+anunciar a su amada con indecible gozo que cuando entrara en la nueva
+casa, encontraría en ella las prendas de vestir y de adorno que la
+infeliz había arrojado al mar el día de su naufragio. Por cierto que las
+alhajas le habían gustado mucho a doña Lupe por lo ricas y elegantes, y
+del abrigo de terciopelo dijo que con ligeras reformas sería una pieza
+espléndida. Esto le llevó naturalmente a hablar de la herencia. Ya había
+cogido su parte, y con un pico que recibió en metálico había redimido
+las prendas empeñadas. Ya era propietario de inmuebles, y más valía esto
+que el dinero contante. Y a propósito de la herencia, también le contó
+que entre su hermano mayor y doña Lupe habían surgido ruidosas
+desavenencias. Juan Pablo empleó toda su parte en pagar las deudas que
+le devoraban y un descubierto que dejara en la administración carlista.
+No bastándole el caudal de la herencia, había tenido el atrevimiento de
+pedir prestada una cantidad a doña Lupe, la cual se voló ¡y le dijo
+tantas cosas...! Total, que tuvieron una fuerte pelotera, y desde
+entonces no se hablaban tía y sobrino, y este se había ido a vivir con
+una querida. «¡Y viva la moralidad! ¡Y tradicionalista me soy!».
+
+Charlaron otro día de la casa, que era preciosa, con vistas muy buenas.
+Como que del balcón del gabinete se alcanzaba a ver un poquito del
+Depósito de aguas; papeles nuevos, alcoba estucada, calle tranquila,
+poca vecindad, dos cuartos en cada piso, y sólo había principal y
+segundo. A tantas ventajas se unía la de estar todo muy a la mano:
+debajo carbonería, a cuatro pasos carnicería, y en la esquina próxima
+tienda de ultramarinos.
+
+No podía olvidárseles el importante asunto de la carrera de _Rubinius
+vulgaris_. A mediados de Setiembre se había examinado de la única clase
+que le faltaba para aprobar el último año, y lo más pronto que le fuera
+posible tomaría el grado. Desde luego entraría de practicante en la
+botica de Samaniego, el cual estaba gravemente enfermo, y si se moría,
+la viuda tendría que confiar a dos licenciados la explotación de la
+farmacia. Maxi entraría seguramente de segundo, con el tiempo llegaría a
+ser primero, y por fin amo del establecimiento. En fin, que todo iba
+bien y el porvenir les sonreía.
+
+Estas cosas daban a Fortunata alegría y esperanza, avivando los
+sentimientos de paz, orden y regularidad doméstica que habían nacido en
+ella. Con ayuda de la razón, estimulaba en su propia voluntad la
+dirección aquella, y se alegraba de tener casa, nombre y decoro.
+
+Dos días antes de la salida, confesó con el padre Pintado; expurgación
+larga, repaso general de conciencia desde los tiempos más remotos. La
+preparación fue como la de un examen de grado, y el capellán tomo aquel
+caso con gran solicitud y atención. Allí donde la penitente no podía
+llegar con su sinceridad, llegaba el penitenciario con sus preguntas de
+gancho. Era perro viejo en aquel oficio. Como no tenía nada de gazmoño,
+la confesión concluyó por ser un diálogo de amigos. Diole consejos sanos
+y prácticos, hízole ver con palmarios ejemplos, algunos del orden
+humorístico, la perdición que trae a la criatura el dejarse mover de
+los sentidos, y le pintó las ventajas de una vida de continencia y
+modestia, dando de mano a la soberbia, al desorden y a los apetitos.
+Descendiendo de las alturas espirituales al terreno de la filosofía
+utilitaria, don León demostró a su penitente que el portarse bien es
+siempre ventajoso, que a la larga el mal, aunque venga acompañado de
+triunfos brillantes, acaba por infligir a la criatura cierto grado de
+penalidad sin esperar a las de la otra vida, que son siempre infalibles.
+«Hágase usted la cuenta--le dijo también--, de que es otra mujer, de que
+se ha muerto y resucitado en otro mundo. Si encuentra usted algún día
+por ahí a las personas que en aquella pasada vida la arrastraron a la
+perdición, figúrese que son fantasmas, sombras, así como suena, y no las
+mire siquiera». Por fin, encomendole la devoción de la Santísima Virgen,
+como un ejercicio saludable del espíritu y una predisposición a las
+buenas acciones. La penitente se quedó muy gozosa, y el día que hizo la
+comunión se observó con una tranquilidad que nunca había tenido.
+
+La despedida de las monjas fue muy sentida. Fortunata se echó a llorar.
+Sus compañeras Belén y Felisa le dieron besos, regaláronle estampitas y
+medallas, asegurándole que rezarían por ella. Doña Manolita mostrose
+envidiosa y desconsolada. Ella también saldría, pues sólo estaba allí
+por equivocación; pronto se habían de ver claras las cosas, y el asno
+de su marido vendría a pedirle perdón y a sacarla de aquel encierro. Sor
+Marcela, Sor Antonia, la Superiora y las demás madres mostráronse muy
+afables con ella, asegurando que era de las recogidas que les habían
+dado menos que hacer. Despidiéronla con sentimiento de verla salir; pero
+dándole parabienes por su boda y el buen fin que su reclusión había
+tenido.
+
+En la sala esperaban Maximiliano y doña Lupe, que la recogieron y se la
+llevaron en un coche de alquiler. Estaba convenido de antemano llevarla
+a la casa del novio, cosa verdaderamente un poco irregular; pero como
+ella no tenía en Madrid parientes, al menos conocidos, doña Lupe no vio
+solución mejor al problema de alojamiento. La boda se verificaría el
+lunes 1.º de Octubre, dos días después de la salida de las Micaelas.
+
+Sentía la señora de Jáuregui el goce inefable del escultor eminente a
+quien entregan un pedazo de cera y le dicen que modele lo mejor que
+sepa. Sus aptitudes educativas tenían ya materia blanda en quien
+emplearse. De una salvaje _en toda la extensión de la palabra_, formaría
+una señora, haciéndola a su imagen y semejanza. Tenía que enseñarle
+todo, modales, lenguaje, conducta. Mientras más pobreza de educación
+revelaba la alumna, más gozaba la maestra con las perspectivas e
+ilusiones de su plan.
+
+Aquella misma mañana, cuando estaban almorzando, tuvo ya ocasión, con
+tanto regocijo en el alma como dignidad en el semblante, de empezar a
+aplicar sus enseñanzas. «No se dice _armejas_ sino _almejas_. Hija, hay
+que irse acostumbrando a hablar como Dios manda». Quería doña Lupe que
+Fortunata se prestase a reconocerla por directora de sus acciones en lo
+moral y en lo social, y mostraba desde los primeros momentos una
+severidad no exenta de tolerancia, como cumple a profesores que saben al
+pelo su obligación.
+
+Destinósele una habitación contigua a la alcoba de la señora, y que le
+servía a esta de guardarropa. Había allí tantos cachivaches y tanto
+trasto, que la huéspeda apenas podía moverse; pero dos días se pasan de
+cualquier manera. Durante aquellos dos días, hallábase la joven muy
+cohibida delante de la que iba a ser su tía, porque esta no bajaba del
+trípode ni cesaba en sus correcciones; y rara vez abría la boca
+Fortunata sin que la otra dejara de advertirle algo, ya referente a la
+pronunciación, ya a la manera de conducirse, mostrándose siempre
+autoritaria, aunque con estudiada suavidad. «En los conventos--decía--,
+se corrigen muchos defectos; pero también se adquieren modales
+encogidos. Suéltese usted, y cuando salude a las visitas, hágalo con
+serenidad y sin atropellarse».
+
+Estas cosas ponían a Fortunata de mal humor, y su encogimiento crecía.
+
+Consideraba que cuando estuviera en su casa, se emanciparía de aquella
+tutela enojosa, sin chocar, por supuesto, porque además doña Lupe le
+parecía mujer de gran utilidad, que sabía mucho y aconsejaba algunas
+cosas muy puestas en razón.
+
+Molestaban a Fortunata las visitas que, según ella, sólo iban por
+curiosear. Doña Silvia no había podido resistir la curiosidad y se
+plantó en la casa el mismo día en que la novia salió del convento. Al
+otro día fue Paquita Morejón, esposa de D. Basilio Andrés de la Caña, y
+ambas parecieron a Fortunata impertinentes y entrometidas. Su finura
+resultole afectada, como de personas ordinarias que se empeñan en no
+parecerlo.
+
+Las visitas le daban cumplida enhorabuena por su boda. En los ojos se
+les leía este pensamiento: «¡Vaya una ganga la de usted!». La señora de
+D. Basilio repitió la visita el segundo día. Iba vestida de pingajos de
+seda mal arreglados, queriendo aparentar. Hízose muy pegajosa; quería
+intimar y elogiaba la hermosura de la novia, como un medio indirecto de
+expresar las deficiencias de la misma en el orden moral.
+
+Otra visita notable fue la de Juan Pablo, a quien llevó su hermano. Doña
+Lupe y el mayor de los Rubines no se hablaban después de la marimorena
+que tuvieron al repartir la herencia. Con gran sorpresa de la novia,
+Juan Pablo estuvo afectuoso con ella. Creeríase que intentaba hacer
+rabiar a su tía, concediendo su benevolencia a la persona de quien
+aquella había dicho tantas perrerías. Durante la visita, que no fue
+breve, sentose Fortunata en el borde de una silla, como una paleta, algo
+atontada y no sabiendo qué decir para sostener la conversación con un
+hombre que se expresaba tan bien. Al despedirse, diole Juan Pablo un
+fuerte apretón de manos, diciéndole que asistiría a la boda.
+
+Luego fueron tía y sobrina a ver la casa matrimonial. Doña Lupe le
+mostró uno por uno los muebles, haciéndole notar lo buenos que eran, y
+que su colocación, dispuesta por ella, no podía ser más acertada. El
+juicio sobre cada parte de la casa y sobre los trastos y su distribución
+dábalo ya por anticipado doña Lupe, de modo que la otra no tuviese que
+decir más que «sí... verdad...».
+
+De vuelta, ya avanzada la tarde, a la calle de Raimundo Lulio, se
+ocuparon en disponer varias cosas para el día siguiente. Maximiliano
+había ido a invitar a algunos amigos, y doña Lupe salió también diciendo
+que volvería antes de anochecido. Quedose sola Fortunata, y se puso a
+hacer en su vestido de gro negro, que había de lucir en la ceremonia,
+ciertos arreglos de escasa importancia. No tenía más compañía que la de
+Papitos, que se escapaba de la cocina para ponerse al lado de la
+señorita, cuya hermosura admiraba tanto. El peinado era la principal
+causa de la estupefacción de la chiquilla, y habría dado esta un dedo de
+la mano por poder imitarlo. Sentose a su lado y no se hartaba de
+contemplarla, llenándose de regocijo cuando la otra solicitaba su ayuda,
+aunque sólo fuera para lo más insignificante. En esto llamaron a la
+puerta; corrió a abrir la mona, y Fortunata no supo lo que le pasaba
+cuando vio entrar en la sala a Mauricia la Dura.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+El sentimiento que le inspiraba aquella mujer en las Micaelas; la
+inexplicable mescolanza de terror y atracción prodújose en aquel
+instante en su alma con mayor fuerza. Mauricia le infundía miedo y al
+propio tiempo una simpatía irresistible y misteriosa, cual si le
+sugiriera la idea de cosas reprobables y al mismo tiempo gratas a su
+corazón. Miró a su amiga sin hablarle, y esta se le acercó sonriendo,
+como si quisiera decir: «Lo que menos esperabas tú era verme aquí
+ahora...».
+
+--¿De veras eres tú...?
+
+Y observó que Mauricia traía unos zapatos muy bonitos de cuero
+amarillo, atados con cordones azules terminados en madroños.
+
+--¡Y qué bien calzada!...
+
+--¿Qué te creías tú?
+
+Después le miró la cara. Estaba muy pálida; los ojos parecían más
+grandes y traicioneros, acechando en sus profundos huecos violados bajo
+la ceja recta y negra. La nariz parecía de marfil, la boca más acentuada
+y los dos pliegues que la limitaban más enérgicos. Todo el semblante
+revelaba melancolía y profundidad de pensamiento, al menos así lo
+consideró Fortunata sin poder expresar por qué. Traía Mauricia un mantón
+nuevo y a la cabeza un pañuelo de seda de fajas azul-turquí y rojo vivo,
+delantal de cuadritos y falda de tartán, y en la mano un bulto atado con
+un pañuelo por las cuatro puntas.
+
+«¿No está doña Lupe?» dijo sentándose sin ninguna ceremonia.
+
+--Ya le he dicho que no--replicó Papitos con mal modo.
+
+--No te he preguntado a ti, refistolera, métome-en-todo. Lárgate a tu
+cocina, y déjanos en paz.
+
+Papitos se fue refunfuñando.
+
+--¿Qué traes por aquí?--le preguntó Fortunata, que desde que la vio
+entrar, sentía palpitaciones muy fuertes.
+
+--Pues nada... Estoy otra vez corriendo prendas, y aquí traigo unos
+mantones para que los vea esa tía pastelera...
+
+--¡Qué manera de hablar! Corrígete, mujer... ¿Te has olvidado ya de la
+que hiciste en el convento? ¡Vaya un escándalo! Lo sentí mucho por ti.
+Aquel día me puse mala.
+
+--Chica, no me hables... Vaya, que me trastorné de veras. Pero una
+tentación cualquiera la tiene. ¿Y qué, dije muchas barbaridades? Yo no
+me acuerdo. No estaba en mí, no sabía lo que hacía. Sólo me acuerdo de
+que vi a la Pura y Limpia, y después quise entrar en la iglesia y coger
+al Santísimo Sacramento... soñé que me comía la hostia... Nunca me ha
+dado un toque tan fuerte, chica... ¡Qué cosas se le ocurren a una cuando
+se sube el mengue a la cabeza! Créemelo porque yo te lo digo: cuando se
+me serenó el sentido, estaba abochornada... El único a quien guardaba
+rencor era al tío capellán. Me lo hubiera comido a bocados. A las
+señoras no. Me daban ganas de ir a pedirles perdón; pero por el aquel de
+la _dinidá_ no fui. Lo que más me escocía era haberle tirado un
+ladrillazo a doña Guillermina. Esto sí que no me lo paso, no me lo
+paso... Y le he cogido tal miedo, que cuando la veo venir por la calle,
+se me sube toda la color a la cara, y me voy por otro lado para que no
+me vea. A mi hermana le ha dicho que me perdona, ¿ves?, y que todavía
+cuenta hacer algo por mí.
+
+--Es que eres atroz...--le dijo Fortunata--. Si no te quitas ese vicio,
+vas a parar en mal.
+
+--Quita, mujer, y no me digas nada... Pues si desde que salí de las
+Micaelas no he vuelto a catarlo... Soy ahora, como quien dice, otra. No
+quiero vivir con mi hermana, porque Juan Antonio y yo no casamos bien;
+pero a persona decente no me gana nadie ahora. Créetelo porque yo te lo
+digo. No lo vuelvo a catar. Y si no, tú lo has de ver... Y pasando a
+otra cosa, ya sé que te casas mañana.
+
+--¿Por dónde lo has sabido?
+
+--Eso, acá yo... Todo se sabe--replicó la Dura con malicia--. Vaya, que
+te ha caído la lotería. Yo me alegro, porque te quiero.
+
+En esto Mauricia se inclinó bruscamente y recogió del suelo un objeto
+pequeño. Era un botón.
+
+«Buen agüero, mira--dijo mostrándolo a Fortunata--. Señal de que vas a
+ser dichosa».
+
+--No creas en brujerías.--¿Que no crea?... _Paices_ boba. Cuando una se
+encuentra un botón, quiere decirse que a una le va a pasar algo. Si el
+botón es como este, blanco y con cuatro _ujeritos_, buena señal; pero si
+es negro y con tres, mala.
+
+--Eso es un disparate.--Chica, es el Evangelio. Lo he probado la mar de
+veces. Ahora vas a estar en grande. ¿Sabes una cosa?
+
+Dijo esto último con tal intención, que Fortunata, cuya ansiedad crecía
+sin saber por qué, vio tras el _sabes una cosa_ una confidencia de
+extraordinaria gravedad.
+
+--¿Qué?--Que te quemas.--¿Cómo que me quemo?
+
+--Nada, mujer, que te quemas, que le tienes muy cerca. Te gustan las
+cosas claras, ¿verdad?, pues allá va. Volvió de Valencia muy bueno y muy
+enamoradito de ti. Lo que yo te decía, chica, lo mismo fue enterarse de
+que estabas en las Micaelas haciéndote la católica, que se le encendió
+el celo, y todas las tardes pasaba por allí en su _featón_. Los hombres
+son así: lo que tienen lo desprecian, y lo que ven guardado con llave y
+candados, eso, eso es lo que se les antoja.
+
+--Quita, quita...--dijo Fortunata, queriendo aparecer serena--. No me
+vengas con cuentos.
+
+--Tú lo has de ver.--¿Cómo que lo he de ver? Vaya, que tienes unas
+cosas...
+
+Mauricia se echó a reír con aquel desparpajo que a su amiga le parecía
+el humorismo de un hermoso y tentador demonio. En medio de la infernal
+risa, brotaba esta frase que a Fortunata le ponía los pelos de punta:
+«¿Te lo digo?... ¿te lo digo?».
+
+--¿Pero qué?
+
+Se miraron ambas. Dentro de los cóncavos y amoratados huecos de los
+ojos, acechaban las pupilas de Mauricia con ferocidad de pájaro cazador.
+
+«¿Te lo digo?... Pues el tal sabe echar por la calle de enmedio. Vaya,
+que es listo y ejecutivo. Te ha armado una trampa, en la cual vas a
+caer... Como que ya has metido la patita dentro».
+
+--¿Yo...?--Sí... tú. Pues ha alquilado el cuarto de la izquierda de la
+casa en que vas a vivir; el tuyo es el de la derecha.
+
+--¡Bah!... no digas desatinos--replicó Fortunata, queriendo echárselas
+de valiente.
+
+Deslizose de sus rodillas al suelo la falda de gro negro que estaba
+arreglando.
+
+«Como lo oyes, chica... Allí le tienes. Desde que entres en tu casa, le
+sentirás la respiración».
+
+--Quita, quita... no quiero oírte.
+
+--Si sabré yo lo que me digo. Para que te enteres: hace media hora que
+he estado hablando con él en casa de una amiga. Si no caes en la trampa,
+creo que el pobrecito revienta... tan dislocado está por ti.
+
+--El cuarto de al lado... a mano izquierda cuando entramos... el mío a
+esta mano; de modo que... No me vuelvas loca...
+
+--Lo ha tomado por cuenta de él una que llaman Cirila... Tú no la
+conoces; yo sí: ha sido también corredora de alhajas y tuvo casa de
+huéspedes. Está casada con uno que fue de la ronda secreta, y ahora tu
+señor me le ha colocado en el tren.
+
+Fortunata sintió que se congestionaba. Su cabeza ardía.
+
+«Vaya, todo eso es cuento... ¿Piensas que me voy a creer esas bolas?...
+¡Como no se acuerde él de mí...!, ni falta.
+
+--Tú lo has de ver. ¡Ay qué chico! Da pena verle... loquito por ti... y
+arrepentido de la partida serrana que te jugó. Si la pudiera reparar, la
+repararía. Créetelo porque yo te lo digo.
+
+En esto entró Papitos con pretexto de preguntar una cosa a la señorita,
+pero realmente con el único objeto de curiosear. Lo mismo fue verla
+Mauricia que echarle los tiempos del modo más despótico.
+
+«Mira, chiquilla, si no te largas, verás».
+
+La amenazó con un movimiento del brazo, precursor de una gran bofetada;
+pero la mona se le rebeló, chillando así: «No me da la gana... ¿Y a
+usted qué?... ¡Mía esta!...». Fortunata le dijo: «Papitos, vete a la
+cocina», y obedeció la rapaza, aunque de muy mala gana.
+
+«Pues yo...--prosiguió Fortunata--, si es verdad, le diré a mi marido
+que tome otra casa».
+
+--Tendrías que cantarle el motivo.
+
+--Se lo cantaré... vaya.--Bonita escandalera armarías... Nada, hija,
+que la trampa te la ponen donde quiera que vayas, y ¡pum!... ídem de
+lienzo.
+
+--Pues ea... no me casaré--dijo la novia en el colmo ya de la confusión.
+
+--¡Quia! Por tonta que te quieras volver, no harás tal... ¿Crees que
+esas brevas caen todos los días? Que se te quite de la cabeza...
+Casadita, puedes hacer lo que quieras, guardando el aparato de la
+_comenencia_. La mujer soltera es una esclava; no puede ni menearse. La
+que tiene un peine de marido, tiene bula para todo.
+
+Fortunata callaba, mirando vagamente al suelo, con la barba apoyada en
+la mano.
+
+«¿Qué miras?--dijo la Dura inclinándose--. ¡Ah!, otro botón... y este es
+negro, con tres _ujeros_... Mala señal, chica. Esto quiere decir que si
+no te casas, mereces que te azoten».
+
+Recogiendo el botón, lo miraba de cerca. Anochecía, y la sala se iba
+quedando a oscuras. Poco después Fortunata veía sólo el bulto de su
+amiga y los zapatos amarillos. Empezaba a cogerle miedo; pero no deseaba
+que se marchase, sino que hablara más y más del mismo temeroso asunto.
+
+«Te digo que no me caso» repitió la joven, sintiendo que se renovaba en
+su alma el horror al matrimonio con el chico de Rubín. Y las ideas tan
+trabajosamente construidas en las Micaelas, se desquiciaron de repente.
+Aquel altarito levantado a fuerza de meditaciones y de gimnasias de la
+razón, se resquebrajaba como si le temblara el suelo.
+
+«El cuarto de la izquierda... de modo que... Eso es estar vendida... Una
+puerta aquí, otra allí...».
+
+--Lo que te digo, una patita en la trampa; sólo te falta meter la otra.
+
+Y rompió a reír de nuevo con aquella franqueza insolente que a Fortunata
+le agradaba, cosa extraña, despertando en su alma instintos de dulce
+perversidad.
+
+«Nada, yo no me caso, que no me caso, ¡ea!--declaró la novia
+levantándose y dando pasos de aquí para allí, cual si moviéndose
+quisiera infundirse la energía que le faltaba».
+
+--Como lo vuelvas a decir...--añadió Mauricia haciendo un gesto de
+burlesca amenaza--. ¿Piensas que una ganga como esta se encuentra detrás
+de cada esquina? Nada, chica, a casarse tocan. En ese espejo quisieran
+verse otras. Y para acabar, chica, cásate, y haz por no caer en la
+trampa. Vaya, ponte a ser honrada, que de menos nos hizo Dios... Oye lo
+que te digo, que es el Evangelio, chica, el puro Evangelio:
+
+Fortunata se detuvo ante su amiga, y esta la obligó a sentarse otra vez
+a su lado.
+
+«Nada, te casas... porque casarte es tu salvación. Si no, vas a andar de
+mano en mano hasta la consunción de los siglos. Tú no seas boba; si
+quieres ser honrada, _serlo_, hija. Descuida, que no te pondrán un puñal
+al pecho para que peques».
+
+--Pues sí--dijo Fortunata animándose--, ¿qué me importa a mí la trampa?
+Como yo no quiera caer...
+
+--Claro... El otro ahí junto... pues que le parta un rayo. ¿A ti qué? Tú
+di «soy honrada», y de ahí no te saca nadie. A los pocos días le dices a
+tu esposo de tu alma que la casa no te gusta, y tomáis otra.
+
+--Di que sí... tomamos otra, y se acabó la trampa--observó la novia
+tomando en serio los consejos de su amiga.
+
+--Verdad que él no se acobardará, y a donde vayas, él detrás. Créeme que
+está loco, Y te digo más. La criada que tienes, esa Patricia que le
+recomendó a doña Lupe el señor de Torquemada, está vendida.
+
+--¡Vendida!... ¡Ah!...--exclamó Fortunata con nuevo terror--. Mira tú
+por qué esa mujer no me gustó cuando la vi esta mañana. Es muy adulona,
+muy relamida, y tiene todo el aire de un serpentón... Pues nada, le diré
+a mi marido que no me gusta, y mañana mismo la despido.
+
+--Eso... y viva el _caraiter_. Tú mira bien lo que te digo: siempre y
+cuando quieras ser honrada, _serlo_; pero dejarte de casar, ¡dejar de
+casarte!, que no se te pase por la cabeza, hija de mi alma.
+
+Fortunata parecía recobrar la calma con esta exhortación de su amiga,
+expresada de una manera cariñosa y fraternal.
+
+«Otra cosa se me ocurre--indicó luego con la alegría del náufrago que ve
+flotar una tabla cerca de sí--. Le diré a mi marido que estoy mala y que
+me lleve a vivir al pueblo ese donde ha cogido la herencia».
+
+--¡Pueblo!... ¿Y qué vas a hacer tú en un pueblo?--dijo Mauricia con
+expresión de desconsuelo, como una madre que se ocupa del porvenir de su
+hija--. Mira tú, y créelo porque yo te lo digo: más difícil es ser
+honrada en un pueblo chico que en estas ciudades grandes donde hay mucho
+personal, porque en los pueblos se aburre una; y como no hay más que dos
+o tres sujetos finos y siempre les estás viendo, ¡qué peine!, acabas por
+encapricharte con alguno de ellos. Yo conozco bien lo que son los
+pueblos de corto personal. Resulta que el alcalde, y si no el alcalde el
+médico y si no el juez, si lo hay, te hacen tilín, y no quiero decirte
+nada. En último caso, tanto te aburres, que te da un _toque_ y caes con
+el señor cura...
+
+--Quita, quita, ¡qué asco!
+
+--Pues chica, no pienses en salir de Madrid--agregó la tarasca
+cogiéndola por un brazo, atrayéndola a sí y sentándola sobre sus
+rodillas--. Hija de mi vida, ¿a quién quiero yo? A ti nada más. Lo que
+yo te diga es por tu bien.
+
+Déjate llevar; cásate, y si hay trampa, que la haya. Lo que debe pasar,
+pasa... Deja correr y haz caso de mí, que te he tomado cariño y soy
+_mismamente_ como tu madre.
+
+Fortunata iba a responder algo; pero la campanilla anunció que se
+aproximaba doña Lupe.
+
+Cuando esta penetró en la sala, ya sabía por Papitos quién estaba allí.
+
+--¿En dónde está esa loca?--entró diciendo--. ¡Pero qué oscuridad! No
+veo gota. Mauricia...
+
+--Aquí estoy, mi señora doña Lupe. Ya nos podían traer una luz.
+
+Fortunata fue por la luz, y en tanto la viuda dijo a su corredora:
+
+«¿Qué traes por acá? ¡Cuánto tiempo...! ¿Y qué tal? ¿Te has enmendado?
+Porque el padre Pintado le contó a Nicolás horrores de ti...».
+
+--No haga caso, señora. D. León es muy fabulista y boquea más de la
+cuenta. Fue un pronto que tuve.
+
+--¡Vaya unos prontos!... ¿Y qué traes ahí?
+
+Entró Fortunata con la lámpara encendida, y la tarasca empezó a mostrar
+mantones de Manila, un tapiz japonés, una colcha de malla y felpilla.
+
+«Mire, mire qué primores. Este pañolón es de la señá marquesa de
+Tellería. Lo da por un pedazo de pan. Anímese, señora, para que haga un
+regalo a su sobrina, el día de mañana, que así sea el _escomienzo_ de
+todas las felicidades».
+
+--¡Quita allá!... ni para qué quiere esta mantones. ¡Buenos están los
+tiempos! ¿Y qué precio?... ¡Cincuenta duros! Ajajá... ¡qué gracia! Los
+tengo yo del propio Senquá, mucho más floreados que ese y los doy a
+veinticinco.
+
+--Quisiera verlos... ¿Sabe lo que le digo? Que me caiga muerta aquí
+mismo, si no es verdad que me han ofrecido treinta y ocho y no lo he
+querido dar... Mire, por estas cruces.
+
+Y haciendo la cruz con dos dedos, se la besó.
+
+--«A buena parte vienes!... Si estoy yo de mantones...».
+
+--Pero no serán como este.--Mejores, cien veces mejores... Pero me
+alegro de que hayas venido: te voy a dar un aderezo para que me lo
+corras.
+
+Y siguieron picoteando de este modo hasta que entró Maximiliano, y doña
+Lupe mandó sacar la sopa. El novio, enterándose de que había visita en
+la sala, acercose despacito a la puerta para ver quién era. «Es
+Mauricia» le dijo su prometida saliéndole al encuentro.
+
+Ambos se fueron al comedor, esperando allí a que su tía despachase a la
+corredora. Cuando esta se fue no quiso Fortunata salir a despedirla, por
+temor de que dijese algo que la pudiera comprometer.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Maximiliano habló a su futura de las invitaciones que había hecho, y
+ella le oía como quien oye llover; mas no reparó el joven en esta
+distracción por lo muy exaltado que estaba. Como era tan idealista,
+quería hacer el papel de novio con todas las reglas recomendadas por el
+uso, y aunque se vio solo en el comedor con su amada, tratábala con
+aquellos miramientos que impone el pudor más exquisito. No se decidía ni
+a besarla, gozando con la idea de poder hacerlo a sus anchas después de
+recibidas las bendiciones de la Iglesia, y aun de hacerle otras caricias
+con la falsa ilusión de no habérselas hecho antes. Mientras comían,
+Fortunata se sintió anegada en tristeza, que le costaba trabajo
+disimular. Inspirábale el próximo estado tanto temor y repugnancia, que
+le pasó por el pensamiento la idea de escaparse de la casa, y se dijo:
+«No me llevan a la Iglesia ni atada». Doña Lupe, que gustaba tanto de
+hacer papeles y de poner en todos los actos la corrección social, no
+quería que los novios se quedasen solos ni un momento. Había que emplear
+una ficción moral como tributo a la moral misma y en prueba de la
+importancia que debemos dar a la forma en todas nuestras acciones.
+
+Fortunata estuvo muy desvelada aquella noche. Lloraba a ratos como una
+Magdalena, y poníase luego a recordar cuanto le dijo el padre Pintado y
+el remedio de la devoción a la Santísima Virgen. Durmiose al fin
+rezando, y soñó que la Virgen la casaba, no con Maxi, sino con su
+verdadero hombre, con el que era suyo a pesar de los pesares. Despertó
+sobresaltada, diciendo: «Esto no es lo convenido». En el delirio de su
+febril insomnio, pensó que D. León la había engañado y que la Virgen se
+pasaba al enemigo, «Pues para esto no se necesitaba tanto Padre Nuestro
+y tanta Ave María...». Por la mañana reíase de aquellos disparates, y
+sus ideas fueron más reposadas. Vio claramente que era locura no seguir
+el camino por donde la llevaban, que era sin duda el mejor. «¡Hala!,
+honrada a todo trance. Ya me defenderé de cuantas trampas se me quieran
+armar».
+
+Doña Lupe dejó las ociosas plumas a las cinco de la mañana cuando aún no
+era de día, y arrancó de la cama a Papitos, tirándole de una oreja, para
+que encendiera la lumbre. ¡Flojita tarea la de aquel día; un almuerzo
+para doce personas! Llamó a Fortunata para que se fuera arreglando, y
+acordaron dejar dormir a Maxi hasta la hora precisa, porque los
+madrugones le sentaban mal. Dio varias disposiciones a la novia para que
+trabajara en la cocina, y se fue a la compra con Papitos, llevando el
+cesto más grande que en la casa había.
+
+Lo que doña Lupe llamaba el _menudo_ era excelente: riñones salteados,
+sesos, merluza o pajeles, si los había, chuletas de ternera, filete a la
+inglesa... Esto corría de cuenta de la viuda, y Fortunata se comprometió
+a hacer una paella. A las ocho ya estaba doña Lupe de vuelta, y parecía
+una pólvora; tal era su actividad. Como que a las diez debían ir a la
+Iglesia. «Pero no, no iré, porque si voy, de fijo me hace Papitos algún
+desaguisado». La suerte fue que vino Patricia, y entonces se decidió la
+señora a asistir a la ceremonia.
+
+Púsose la novia su vestido de seda negro, y doña Lupe se empeñó en
+plantarle un ramo de azahar en el pecho. Hubo disputa sobre esto... que
+sí, que no. Pero la señora de D. Basilio había traído el ramo y no se la
+podía desairar. Como que era el mismo ramo que ella se había puesto el
+día de su boda. Fortunata estaba guapísima, y Papitos buscaba mil
+pretextos para ir al gabinete y admirarla aunque sólo fuera un instante.
+«Esta sí que no tiene algodón en la delantera» pensaba.
+
+La de Jáuregui se puso su _visita_ adornada con abalorio, y doña Silvia
+se presentó con pañuelo de Manila, lo que no agradó mucho a la viuda,
+porque parecía boda de pueblo. Torquemada fue muy majo; llevaba el hongo
+nuevo, el cuello de la camisa algo sucio, corbata negra deshilachada y
+en ella un alfiler con magnífica perla que había sido de la marquesa de
+Casa-Bojío. El bastón de roten y las enormes rodilleras de los calzones
+le acababan de caracterizar. Era hombre muy humorístico y tenía una
+baraja de chistes referentes al tiempo. Cuando diluviaba, entraba
+diciendo: «Hace un polvo atroz». Aquel día hacía mucho calor y sequedad,
+motivo sobrado para que mi hombre se luciera: «¡Vaya una nevada que está
+cayendo!». Estas gracias sólo las reían doña Silvia y doña Lupe.
+
+Maxi llevaba su levita nueva y la chistera que aquel día se puso por
+primera vez. Extrañaba mucho aquel desusado armatoste, y cuando se lo
+veía en la sombra, parecíale de tres o cuatro palmos de alto. Dentro de
+casa, creía que tocaba con su sombrero al techo. Pero en orden de
+chisteras, la más notable era la de D. Basilio Andrés de la Caña, que lo
+menos era de catorce modas atrasadas, y databa del tiempo en que Bravo
+Murillo le hizo ordenador de pagos. Las botas miraban con envidia al
+sombrero por el lustre que tenía. Nicolás Rubín presentose menos
+desaseado que otras veces, sintiendo no haber podido traer a D. León.
+_Ulmus Sylvestris, Quercus gigantea_, y _Pseudo Narcissus odoripherus_
+presentáronse muy guapetones, de levitín, y alguno de ellos con guantes
+acabados de comprar, y rodearon a la novia, y la felicitaron y aun le
+dieron bromas, viéndose ella apuradísima para contestarles. Por fin,
+doña Lupe dio la voz de mando, y a la iglesia todo el mundo.
+
+Fortunata tenía la boca extraordinariamente amarga, cual si estuviera
+mascando palitos de quina. Al entrar en la parroquia sintió horrible
+miedo. Figurábase que su enemigo estaba escondido tras un pilar. Si
+sentía pasos, creía que eran los de él. La ceremonia verificose en la
+sacristía, y duró poco tiempo. Impresionaron mucho a la novia los
+símbolos del Sacramento, y por poco se cae redonda al suelo. Y al propio
+tiempo sentía en sí una luz nueva, algo como un sacudimiento, el choque
+de la dignidad que entraba. La idea del señorío enderezó su espíritu,
+que estaba como columna inclinada y próxima a perder el equilibrio.
+¡Casada!, ¡honrada o en disposición de serlo! Se reconocía otra. Estas
+ideas, que quizás procedían de un fenómeno espasmódico, la confortaron;
+pero al salir volvió a sentirse acometida del miedo. ¡Si por acaso el
+enemigo se le aparecía...! Porque Mauricia le había dicho que rondaba,
+que rondaba, que rondaba... ¡Aquí de la Virgen! Pero ¡qué cosas! ¡Si
+María Santísima protegía ahora al enemigo! Esta idea extravagante no la
+podía echar de sí. ¿Cómo era posible que la Virgen defendiera el pecado?
+¡Tremendo disparate!, pero disparate y todo, no había medio de
+destruirlo.
+
+De regreso a la casa, doña Lupe no cabía en su pellejo; de tal modo se
+crecía y se multiplicaba atendiendo a tantas y tan diferentes cosas. Ya
+recomendaba en voz baja a Fortunata que no estuviese tan displicente con
+doña Silvia; ya corría al comedor a disponer la mesa; ya se liaba con
+Papitos y con Patricia, y parecía que a la vez estaba en la cocina, en
+la sala, en la despensa y en los pasillos. Creeríase que había en la
+casa tres o cuatro viudas de Jáuregui funcionando a un tiempo. Su mente
+se acaloraba ante la temerosa contingencia de que el almuerzo saliera
+mal. Pero si salía bien, ¡qué triunfo! El corazón le latía con fuerza,
+comunicando calor y fiebre a toda su persona, y hasta la pelota de
+algodón parecía recibir también su parte de vida, palpitando y
+permitiéndose doler. Por fin, todo estuvo a punto. Juan Pablo, que no
+había ido a la iglesia, pero que se había unido a la comitiva al volver
+de ella, buscaba un pretexto para retirarse. Entró en el comedor cuando
+sonaba el pataleo de las sillas en que se iban acomodando los
+comensales, y contó... «Me voy--dijo--, para no hacer trece». Algunos
+protestaron de tal superstición, y otros la aplaudieron. A D. Basilio le
+parecía esto incompatible con las luces del siglo, y lo mismo creía doña
+Lupe; pero se guardó muy bien de detener a su sobrino por la ojeriza que
+le tenía, y Juan Pablo se fue, quedando en la mesa los comensales en la
+tranquilizadora cifra de doce.
+
+Durante el almuerzo, que fue largo y fastidioso, Fortunata siguió muy
+encogida, sin atreverse a hablar, o haciéndolo con mucha torpeza cuando
+no tenía más remedio. Temía no comer con bastante finura y revelar
+demasiado su escasa educación. El temor de parecer ordinaria era causa
+de que las palabras se detuvieran en sus labios en el momento de ser
+pronunciadas. Doña Lupe, que la tenía al lado, estaba al quite para
+auxiliarla si fuera menester, y en los más de los casos respondía por
+ella, si algo se le preguntaba, o le soplaba con disimulo lo que debía
+de decir.
+
+A un tiempo notaron Fortunata y doña Lupe que Maximiliano no se sentía
+bien. El pobrecito quería engañarse a sí mismo, haciéndose el valiente;
+mas al fin se entregó. «Tú tienes jaqueca» le dijo su tía. «Sí que la
+tengo--replicó él con desaliento, llevándose la mano a los ojos--; pero
+quería olvidarla a ver si no haciéndole caso, se pasaba. Pero es inútil;
+no me escapo ya. Parece que se me abre la cabeza. Ya se ve, la agitación
+de ayer, la mala noche, porque a las tres de la mañana desperté creyendo
+que era la hora, y no volví a dormir».
+
+Hubo en la mesa un coro compasivo. Todos dirigían al pobre jaquecoso
+miradas de lástima y algunos le proponían remedios extravagantes.
+
+«Es mal de familia--observó Nicolás--, y con nada se quita. Las mías
+han sido tan tremendas, que el día que me tocaba, no podía menos que
+compararme a San Pedro Mártir, con el hacha clavada en la cabeza. Pero
+de algún tiempo a esta parte se me alivian con jamón».
+
+--¿Cómo es eso?... ¿aplicándose una tajada a la cabeza?
+
+--No, hija... comiéndolo...--¡Ah!, uso interno...--Vale más que te
+retires--dijo Fortunata a su marido, cuyo sufrimiento crecía por
+instantes.
+
+Doña Lupe fue de la misma opinión, y Maximiliano pidió permiso para
+retirarse, siéndole concedido con otro coro de lamentaciones. El
+almuerzo tocaba ya a su fin. Fortunata se levantó para acompañar a su
+marido, y no hay que decir que, sintiendo el motivo, se alegraba de
+abandonar la mesa, por verse libre de la etiqueta y de aquel suplicio de
+las miradas de tanta gente. Maxi se echó en su cama; su mujer le arropó
+bien, y cerrando las maderas, fue a la cocina a hacer un té. Allí
+tropezó con doña Lupe, que le dijo:
+
+«Primero es el café. Ya lo están esperando. Ayúdame, y luego harás el té
+para tu marido. Lo que él necesita más es descanso».
+
+La sobremesa fue larga. Pegaron la hebra D. Basilio y Nicolás sobre el
+carlismo, la guerra y su solución probable, y se armó una gran
+tremolina, porque intervinieron los farmacéuticos, que eran atrozmente
+liberales, y por poco se tiran los platos a la cabeza. Torquemada
+procuraba pacificar, y entre unos y otros molestaban mucho al enfermo
+con la bulla que hacían. Por fin, a eso de las cuatro fueron desfilando,
+teniendo la desposada que oír los plácemes empalagosos que le dirigían,
+confundidos con bromas de mal gusto, y contestar a todo como Dios le
+daba a entender. La tarde pasola Maxi muy mal; le dieron vómitos y se
+vio acometido de aquel hormigueo epiléptico que era lo que más le
+molestaba. Al anochecer se empeñó en que se había de ir a la nueva casa,
+y su mujer y su tía no podían quitárselo de la cabeza.
+
+«Mira que te vas a poner peor. Duerme aquí, y mañana...».
+
+--No, no quiero. Me siento algo aliviado. El periodo más malo pasó ya.
+Ahora el dolor está como indeciso, y dentro de media hora aparecerá en
+el lado derecho, dejándome libre el izquierdo. Nos vamos a casa, me
+acuesto entre sábanas y allí pasaré lo que me resta.
+
+Fortunata insistía en que no se moviese, pero él se levantó y se puso la
+capa. No hubo más remedio que emprender la marcha para la otra casa.
+
+«Tía--dijo Maxi--, que no se olvide el frasco de láudano. Cógelo tú,
+Fortunata, y llévalo. Cuando me meta en la cama, trataré de dormir, y
+si no lo consigo, echarás seis gotas, cuidado... seis gotas nada más de
+esta medicina en un vaso de agua, y me las darás a beber».
+
+Muy abrigado y la cabeza bien envuelta para que no le diese frío,
+lleváronle a la casa matrimonial, que fue estrenada en condiciones poco
+lisonjeras. La distancia entre ambos domicilios era muy corta. Al
+atravesar la calle de Santa Feliciana, Fortunata creyó ver... juraría...
+Le corrió una exhalación fría por todo el cuerpo. Pero no se atrevía a
+mirar para atrás con objeto de cerciorarse. Probablemente no era más que
+delirio y azoramiento de su alma, motivados por las mil andróminas que
+le había contado Mauricia.
+
+Llegaron, y como todo estaba preparado para pernoctar, nada echaron de
+menos. Sólo se hablan olvidado unas bujías y Patricia bajó a traerlas.
+Acostado Maxi, sucedió lo que se temía: que se puso peor, y vuelta a los
+vómitos y a la desazón espasmódica. «Tú no quieres hacer caso de mí...
+¡Cuánto mejor que hubieras dormido en casa esta noche! Ahí tienes el
+resultado de tu terquedad». Después de expresar su opinión autoritaria
+de esta manera, doña Lupe, viendo a su sobrino más tranquilo y como
+vencido del sopor, empezó a dar instrucciones a Fortunata sobre el
+gobierno de la casa. No aconsejaba, sino que disponía. Por dar órdenes,
+hasta le dijo lo que había de mandar traer de la plaza al día
+siguiente, y al otro y al otro. «Y cuidado con dejar de tomarle la
+cuenta a la muchacha, al céntimo, pues Torquemada dice que no la abona y
+no hay que fiar... Si te falta algún cacharro en la cocina, no lo
+compres; yo te lo compraré, porque a ti te clavan... Nada de comprar
+petróleo en latas... el fuego me horripila. Desde mañana vendrá el
+petrolero de casa y le tomas lo que se gaste en el día... Patatas y
+jabón, una arroba de cada cosa. Cuidado cómo te sales de un diario de
+dieciséis reales todo lo más... El día que sea conveniente un
+extraordinario, me lo avisas... Yo iré con Papitos a la plaza de San
+Ildefonso, y te traeré lo que me parezca bien... A Maxi le pones mañana
+dos huevitos pasados, ya sabes, y un sopicaldo. Los demás días su
+chuletita con patatas fritas. No compres nunca merluza en Chamberí.
+Papitos te la traerá. Mucho ojo con este carnicero, que es más ladrón
+que Judas. Si tienes alguna cuestión con él, nómbrame a mí y le verás
+temblar...». Y por aquí siguió amonestando y apercibiendo con ínfulas de
+verdadera ama y canciller de toda la familia. La suerte que se marchó.
+
+Serían las diez cuando la desposada se quedó sola con su marido y con
+Patricia. Maxi no acababa de tranquilizarse, por lo que fue preciso
+apelar al remedio heroico. El mismo enfermo lo pidió, dejando oír una
+voz quejumbrosa que salía de entre las sábanas, y que por su tenuidad
+no parecía corresponder a la magnitud del lecho. Fortunata cogió el
+cuenta gotas y acercando la luz preparó la pócima. En vez de siete gotas
+no puso más que cinco. Le daba miedo aquella medicina. Tomola Maxi y al
+poco rato se quedaba dormido con la boca abierta, haciendo una mueca que
+lo mismo podía ser de dolor que de ironía.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Al ver dormido a su esposo, pareciole a Fortunata que se alejaba;
+encontrose sola, rodeada de un silencio alevoso y de una quietud
+traidora. Dio varias vueltas por la casa, sin apartar el pensamiento y
+las miradas de los tabiques que separaban su cuarto del inmediato, y los
+tales tabiques se le antojaron transparentes, como delgadas gasas, que
+permitían ver todo lo que de la otra parte pasaba. Andando de puntillas
+por los pasillos y por la sala, percibió rumor de voces. Si aplicara el
+oído a la pared, oiría quizás claramente; pero no se atrevió a
+aplicarlo. Por la ventana del comedor que daba a un patio medianero,
+veíase otra ventana igual con visillos en los cristales. Allí lucía una
+lámpara con pantalla verde, y alrededor de ella pasaban bultos, sombras,
+borrosas imágenes de personas, cuyas caras no se podían distinguir.
+
+Después de hacer estas observaciones, fue a la cocina, donde estaba la
+criada preparando los trastos para el día siguiente. Era tan hacendosa y
+tan corrida en el oficio, que la misma doña Lupe se sorprendía de verla
+trabajar, porque despachaba las cosas en un decir Jesús, sin
+atropellarse. Pero a Fortunata le era antipática por aquella amabilidad
+empalagosa tras de la cual vislumbraba la traición.
+
+«Patricia--le dijo su ama, afectando una curiosidad indiferente--. ¿Sabe
+usted qué gente es esa del cuarto de al lado?».
+
+--Señorita--replicó la criada sin dejarla concluir--; como estoy aquí
+desde el día antes de salir usted del convento, ya conozco a toda la
+vecindad... ¿sabe? En ese cuarto vive una señora muy fina que la llaman
+doña Cirila. Su marido es no sé qué del tren. Tiene una gorra con
+galones y letras. Esta noche, cuando bajé por las bujías, me encontré a
+la vecina en la tienda y me preguntó por el señorito. Dijo que cualquier
+cosa que se ofreciera... ¿sabe? Es muy amable. Ayer entró aquí a ver la
+casa, y yo pasé a la suya... Dice que tiene muchas ganas de hacerle a
+usted la visita.
+
+--¡A mí!--replicó Fortunata sentándose en la silla de la cocina, junto a
+la mesa de pino blanco--. ¡Qué confianzudo está el tiempo! Y usted,
+¿para qué se ha metido allá, sin más ni más?... ¿Qué sabía usted si a mí
+me gustaba o no me gustaba entrar en relaciones...?
+
+--Yo... señorita... calculé que...
+
+--Nada, estoy vendida...--pensó Fortunata--, y esta mujer es el mismo
+demonio.
+
+Un rato estuvo meditando, hasta que Patricia, mientras ponía los
+garbanzos de remojo, la sacó de su abstracción con estas mañosas
+palabras:
+
+«Díjome doña Cirila que es usted muy linda, ¿sabe?... que esta mañana la
+vio a usted en la iglesia y que le fue muy simpática. Verá usted, cuando
+la trate, que también ella se deja querer. Dice que se alegrará mucho de
+que usted pase a su casa cuando guste... con confianza, y que de noche
+están jugando a la brisca hasta las doce».
+
+--¡Que pase yo allá!... ¡yo!
+
+--Claro... y esta noche misma puede pasar, puesto que el señorito duerme
+y no son más que las diez... Digo, si quiere distraerse un rato.
+
+«¿Pero qué está usted diciendo? ¡Distraerme yo!».
+
+Fortunata se habría dejado llevar del primer impulso de cólera, si en su
+alma no hubiera nacido otro impulso de tolerancia, unido a cierta
+relajación de conciencia. Se calló, y en aquel instante llamaron a la
+puerta.
+
+«¡Llaman!... No abra usted, no abra usted» dijo con presentimiento de
+un cercano peligro.
+
+--¿Por qué, señorita?... ¿A qué esos miedos...? Miraré por el
+ventanillo.
+
+Y fue hacia el recibimiento. Desde la cocina oyó Fortunata cuchicheo en
+la puerta. Duró poco, y la criada volvió diciendo:
+
+«Los de al lado... la misma señorita Cirila fue la que llamó. Nada; que
+si teníamos por casualidad azucarillos... Le he dicho que no. Me
+preguntó cómo seguía el señorito. Le contesté que duerme como un lirón».
+
+Fortunata salió de la cocina sin decir nada, cejijunta y con los labios
+temblorosos. Fue a la alcoba y observó a su marido que dormía
+profundamente, pronunciando en su delirio opiáceo palabras amorosas
+entremezcladas con términos de farmacia: «Ídolo... De acetato de
+morfina, un centigramo... Cielo de mi vida... Clorhidrato de amoniaco,
+tres gramos... disuélvase...».
+
+Volviendo a la cocina, mandó a la criada que se acostase; pero la señora
+Patria no tenía sueño. «Mientras la señorita no se acueste, ¿para qué me
+he de acostar yo? Podría ofrecerse algo». Y la muy picarona quería
+entablar conversación con su ama; mas esta no le respondía a nada. De
+pronto, el despierto oído de Fortunata, cuyo pensamiento estaba
+reconcentrado en la trampa que a su parecer se le armaba, creyó sentir
+ruido en la puerta. Parecía como si cautelosamente probaran llaves
+desde fuera para abrirla. Fue allá muerta de miedo, y al acercarse cesó
+el ruido; ella no las tenía todas consigo, y llamó a Patria: «Juraría
+que alguien anda en la puerta... Pero qué, ¿no ha echado usted el
+cerrojo?».
+
+Observó entonces que el cerrojo no estaba echado, y lo corrió con mucho
+cuidado para no hacer ruido.
+
+«¡Vaya, que si yo me fiara de usted para guardar la casa!... A ver,
+atención... ¿No siente usted un ruidito como si alguien estuviera
+tentando la cerradura?... ¿Ve usted?, ahora empujan... ¿qué es esto?».
+
+--Señorita... ¿sabe?, es el viento que rebulle en la escalera. No sea
+usted tan medrosica...
+
+Lo más particular era que la misma Fortunata, al correr el cerrojo con
+tanto cuidado, había sentido, allá en el más apartado escondrijo de su
+alma, un travieso anhelo de volverlo a descorrer. Podría ser ilusión
+suya; pero creía ver, cual si la puerta fuera de cristal, a la persona
+que tras esta, a su parecer, estaba... Le conocía, ¡cosa más rara!, en
+la manera de empujar, en la manera de rasguñar la fechadura en la manera
+de probar una llave que no servía. Durante un rato, señora y criada no
+se miraron. A la primera le temblaban las manos y le andaba por dentro
+del cráneo un barullo tumultuoso. La sirviente clavaba en la señora sus
+ojos de gato, y su irónica sonrisa podría ser lo mismo el único aspecto
+cómico de la escena que el más terrible y dramático. Pero de repente,
+sin saber cómo, criada y ama cruzaron sus miradas, y en una mirada
+pareció que se entendieron. Patria le decía con sus ojuelos que
+arañaban: «Abra usted, tonta, y déjese de remilgos». La señora decía:
+«¿Le parece a usted bien que abra?... ¿Cree usted que...?».
+
+Pero a Fortunata la ganó de súbito el decoro, y tuvo un rechazo de honor
+y dignidad.
+
+«Si esto sigue--dijo--, despertaré a mi marido. ¡Ah!, ya parece que se
+retira el ladrón, pues ladrón debe de ser...».
+
+Tocó el cerrojo para cerciorarse de que estaba corrido, y se fue a la
+sala. Patricia volvió a la cocina.
+
+«En todo caso, es demasiado pronto» pensó Fortunata sentándose en una
+silla y poniéndose a pensar. Fue como una concesión a las ideas malas
+que con tanta presteza surgían de su cerebro, como salen del hormiguero
+las hormigas, en larga procesión, negras y diligentes. Después trató de
+rehacerse de nuevo: «Resueltamente, mañana le digo a mi marido que la
+casa no me gusta y que es preciso que nos mudemos. Y a esta sinvergüenza
+la planto en la calle».
+
+¡Qué cosas pasan! De improviso, obedeciendo a un movimiento
+irresistible, casi puramente mecánico y fatal, Fortunata se levantó y
+saliendo de la sala, se acercó a la puerta. En aquel acto, todo lo que
+constituye la entidad moral había desaparecido con total eclipse del
+alma de la infortunada mujer; no había más que el impulso físico, y lo
+poco que de espiritual había en ello, engañábase a sí mismo creyéndose
+simple curiosidad. Aplicó el oído a la rejilla... Pues sí, la persona,
+el ladrón o lo que fuera, continuaba allí. Instintivamente, como el
+suicida pone el dedo en el gatillo, llevó la mano al cerrojo; pero así
+como el suicida, instintivamente también, se sobrecoge y no tira, apartó
+su mano del cerrojo, el cual tenía el mango tieso hacia adelante como un
+dedo que señala.
+
+Entonces, por los huecos de la rejilla, de fuera adentro, penetraron
+estas palabras adelgazadas por la voz, cual si hubieran de pasar por un
+tamiz finísimo: «Nena, nena... ahora sí que no te me escapas».
+
+Fortunata no hizo movimiento alguno. Se había convertido en estatua.
+Creía estar sola, y vio que Patria se acercaba pasito a pasito, pisando
+como los gatos. No con el lenguaje, sino con aquella cara gatesca y
+aquella boca que parecía que se estaba siempre relamiendo, decía:
+«Señorita, abra usted y no haga más papeles. Si al fin ha de abrir
+mañana, ¿por qué no abre esta noche?».
+
+Como si esto hubiera sido expresado con la voz, con la voz respondió la
+señora: «No, no abro».
+
+--Vaya por Dios... Largo y temeroso silencio siguió a esto. Después
+sintieron que se abría y se cerraba la puerta del cuarto vecino.
+Fortunata respiró. El _otro_, cansado de esperar, se retiraba.
+
+«Vaya por Dios» repitió Patria, como si dijera: «Tanto repulgo para
+caerse luego...».
+
+Pasado un cuarto de hora, sintieron que se abría otra vez la puerta de
+la izquierda. Corrió Fortunata al ventanillo, miró con cuidado y... el
+_otro_ salía embozado en su capa con vueltas encarnadas. La emoción que
+sintió al verle fue tan grande, que se quedó como yerta, sin saber dónde
+estaba. Hacía tres años que no le había visto... Observó un hecho muy
+desagradable: al salir el tal, no había mirado a la puerta de la
+derecha, como parecía natural... Estaba enojado sin duda...
+
+Y movida del mismo impulso mecánico, la señora de Rubín corrió al balcón
+de la sala, y abrió quedamente la madera... En efecto, le vio atravesar
+la calle y doblar la esquina de la de Don Juan de Austria. Tampoco había
+mirado para los balcones de la casa, como es natural mire el chasqueado
+expugnador de una plaza, al retirarse de sus muros.
+
+Patricia se permitió la confianza de poner su mano en el hombro de su
+ama, diciéndole:
+
+«Ahora sí que nos podemos acostar. ¡Qué susto hemos pasado!». Fortunata
+le respondió: «¿Susto yo?... ¡quia!». Todo esto se decía con un
+cuchicheo cauteloso, y lo mismo lo habrían dicho aunque no hubiera allí
+un enfermo cuyo sueño había que respetar. La criada se deslizó
+blandamente por los oscuros pasillos y el ama entró en la alcoba. Al ver
+a su marido, sintió como si lo que está a cien mil leguas de nosotros se
+nos pusiera al lado de repente. Maxi había dado vueltas en el lecho y
+dormía como los pájaros, con la cabeza bajo el ala. El mezquino cuerpo
+se perdía en la anchura de aquella cama tan grande, y allí podía
+pasearse en sueños el esposo como en los inconmensurables espacios del
+Limbo.
+
+La esposa no se acostó, y acercando una butaca a la cama, y echándose en
+ella, cerró los ojos. Y allá de madrugada fue vencida del sueño, y se le
+armó en el cerebro un penoso tumulto de cerrojos que se descorrían, de
+puertas que se franqueaban, de tabiques transparentes y de hombres que
+se colaban en su casa filtrándose por las paredes.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+A la mañana siguiente, Maxi estaba mejor, pero rendidísimo. Daba lástima
+verle. Su palidez era como la de un muerto; tenía la lengua blanca,
+mucha debilidad y ningún apetito.
+
+Diéronle algo de comer, y Fortunata opinó que debía quedarse en la cama
+hasta la tarde. Esto no le disgustaba a Maxi, porque sentía cierto
+alborozo infantil de verse en aquel lecho tan grandón y rodar por él. La
+mujer le cuidaba como se cuida a un niño, y se había borrado de su mente
+la idea de que era un hombre.
+
+Vino doña Lupe muy temprano, y enterada que Maxi estaba bien, empezó a
+dar órdenes y más órdenes, y a incomodarse porque ciertas cosas no se
+habían hecho como ella mandara. Iba de la sala a la cocina y de la
+cocina a la sala, dictando reglas y pragmáticas de buen gobierno. Maxi
+se quejaba de que su mujer estaba más tiempo fuera de la alcoba que en
+ella, y la llamaba a cada instante.
+
+«Gracias a Dios, hija, que pareces por aquí. Ni siquiera me has dado un
+beso. ¡Qué día de boda, hija, y qué noche! Esta maldita jaqueca... pero
+ya pasó, y ahora lo menos en quince días no me volverá a dar... ¡Vamos!,
+ya estás otra vez queriendo marcharte a la cocina. ¿No está ahí esa
+señora Patria?».
+
+--Ha ido a la compra. La que está es tu tía, por cierto dando
+_tantismas_ órdenes, que no sabe una a cuál atender primero.
+
+--Pues déjala. Tú, a todo di que sí, y luego haces lo que quieras,
+pichona. Ven acá... Que trabaje Patria; para eso está. ¡Qué bien sirve!
+¿verdad? Es una mujer muy lista.
+
+--Ya lo creo...--¿Te vas de veras?--Sí, porque si no, tu tía me va a
+echar los tiempos.
+
+--¡Pues me gusta!... Entonces me levanto, y me voy también a la cocina.
+Yo quiero estarte mirando hasta que me harte bien. Ahora eres mía; soy
+tu dueño único, y mando en ti.
+
+--Vuelvo al momentito, rico...--Estos momentitos me cargan--dijo él
+nadando en las sábanas como si fueran olas.
+
+Toda la mañana tuvo Fortunata el pensamiento fijo en la casa vecina.
+Mientras almorzaba sola, miraba por la ventana del patio, pero no vio a
+nadie. Parecía vivienda deshabitada. Siempre que pasaba por la sala
+echaba la esposa de Rubín miradas furtivas a la calle. Ni un alma. Sin
+duda la trampa se armaba sólo por las noches.
+
+A la tarde, hallándose sola con Patricia en la cocina, tuvo ya las
+palabras en la boca para preguntarle: «¿y los de al lado?». Pero no
+desplegó sus labios. Debió de penetrar la maldita gata aquella en el
+pensamiento de su ama, pues como si contestara a una pregunta, le dijo
+de buenas a primeras:
+
+«Pues ahorita, cuando bajé a la carnicería, ¿sabe?, encontreme a la
+señorita Cirila. Me preguntó por el señorito, y dijo que pasaría a verla
+a usted, sin decir cuándo ni cuándo no.
+
+--No me venga usted con cuentos de... esa familiona--contestó Fortunata,
+cuyo ánimo estaba bastante aplacado para poder tomar aquella correcta
+actitud--. Ni qué me importa a mí... ¿me entiende usted?
+
+Maximiliano se levantó, dio algunas vueltas; pero estaba tan débil, que
+tuvo que volver a acostarse. Ella, en tanto, seguía observando. No se
+oía en la vecindad ningún rumor. Por la noche igual silencio. Parecía
+que a la doña Cirila, a su marido, el de la gorra con letras, y a los
+amigos que les visitaban, se les había tragado la tierra. Por la noche,
+sintió Fortunata tristeza y desasosiego tan grandes, que no sabía lo que
+le pasaba. Se habría podido creer que la contrariaba el no ver a nadie
+de la casa próxima, el no sentir pisadas, ni ruido de puertas, ni nada.
+Maximiliano, que desde media tarde había vuelto a nadar entre las
+agitadas sábanas del lecho, y estaba tan impertinente como un niño
+enfermo que ha entrado en la convalecencia, dijo a su consorte, ya cerca
+de las diez, que se acostase, y esta obedeció; mas la repugnancia y
+hastío que inundaban su alma en aquel instante eran de tal modo
+imperiosos, que le costó trabajo no darlos a conocer. Y el pobre chico
+no se encontraba en aptitud de expresarle su desmedido amor de otro modo
+que por manifestaciones relacionadas exclusivamente con el pensamiento y
+con el corazón. Palabras ardientes sin eco en ninguna concavidad de la
+máquina humana, impulsos de cariño propiamente ideales, y de aquí no
+salía, es decir, no podía salir. Fortunata le dijo con expresión
+fraternal y consoladora: «Mira, duérmete, descansa y no te acalores.
+Anoche has estado muy malito, y necesitas unos días para reponerte.
+Hazte cuenta que no estoy aquí, y a dormir se ha dicho». Si lo
+tranquilizó, no se sabe; pero ello es que se quedó dormida, y no
+despertó hasta las siete de la mañana.
+
+Maxi se quedó más tiempo en la cama, hartándose de sueño, aquel reparo
+que su desmedrada constitución reclamaba. Púsose Fortunata a arreglar la
+casa y mandó a Patricia a la compra, cuando he aquí que entra doña Lupe
+toda descompuesta: «¿No sabes lo que pasa? Pues una friolera. Déjame
+sentar que vengo sofocadísima. Vaya que dan que hacer mis dichosos
+sobrinos. Anoche han puesto preso a Juan Pablo. Ha venido a decírmelo
+ahora mismo D. Basilio. Entraron los de la policía en la casa de esa
+mujer con quien vive ahora, ¿te vas enterando?, y después de registrar
+todo y de coger los papeles, trincaron a mi sobrino, y en el Saladero me
+le tienes... Vamos a ver, ¿y qué hago yo ahora? Francamente, se ha
+portado muy mal conmigo; es un mal agradecido y un manirroto. Si sólo se
+tratara de tenerle unos días en la cárcel, hasta me alegraría, para que
+escarmiente y no vuelva a meterse donde no le llaman. Pero me ha dicho
+D. Basilio que a todos los presos de anoche... han cogido a mucha
+gente... les van a mandar nada menos que a las islas Marianas; y aunque
+Juan Pablo se tiene bien merecido este paseo, francamente, es mi
+sobrino, y he de hacer cuanto pueda para que le pongan en libertad».
+
+Maxi, que oyera desde la alcoba algunas palabras de este relato, llamó;
+y doña Lupe lo repitió en su presencia, añadiendo:
+
+«Es preciso que te levantes ahora mismo y vayas a ver a todas las
+personas que puedan interesarse por tu hermano, que bien ganado se tiene
+el achuchón, ¡pero qué le hemos de hacer!... Tú verás a D. León Pintado,
+para que te presente al Doctor Sedeño, el cual te presentará a D. Juan
+de Lantigua, que aunque es un señor muy _neo_, tiene influencia por su
+respetabilidad. Yo pienso ver a Casta Moreno para que interceda con D.
+Manuel Moreno Isla, y este le hable a Zalamero, que está casado con la
+chica de Ruiz Ochoa. Cada uno por su lado, beberemos los vientos para
+impedir que le plantifiquen en las islas Marianas». Vistiose el joven a
+toda prisa, y doña Lupe, en tanto, dispuso que no se hiciese almuerzo en
+la cocina de Fortunata, y que esta y su marido almorzaran con ella, para
+estar de este modo reunidos en día de tanto trajín. Maxi salió después
+de desayunarse, y su mujer y su tía se fueron a la otra casa. Por el
+camino, doña Lupe decía: «Es lástima que Nicolás se haya ido a Toledo
+hace dos días, pues si estuviera aquí, él daría pasos por su hermano, y
+con seguridad le sacaría hoy mismo de la cárcel, porque los curas son
+los que más conspiran y los que más pueden con el Gobierno... Ellos la
+arman, y luego se dan buena maña para atarles las manos a los ministros
+cuando tocan a castigar. Así está el país que es un dolor... todo tan
+perdido... ¡Hay más miseria...!, y las patatas a seis reales arroba,
+cosa que no se ha visto nunca».
+
+Púsose la viuda en movimiento con aquella actividad valerosa que le
+había proporcionado tantos éxitos en su vida, y Fortunata y Papitos
+quedaron encargadas de hacer el almuerzo. A la hora de este, volvió doña
+Lupe sofocada, diciendo que Samaniego, el marido de Casta Moreno, se
+hallaba en peligro de muerte y que por aquel lado no podía hacerse nada.
+Casta no estaba en disposición de acompañarla a ninguna parte. Tocaría,
+pues, a otra puerta, yéndose derechita a ver al Sr. de Feijoo, que era
+amigo suyo y había sido su pretendiente, y tenía gran amistad con don
+Jacinto Villalonga, íntimo del Ministro de la Gobernación. A poco llegó
+don Basilio diciendo que Maxi no venía a almorzar. «Ha ido con D. León
+Pintado a ver a no sé qué personaje, y tienen para un rato».
+
+Fortunata determinó volverse a su casa, pues tenía algo que hacer en
+ella, y repitiéndole a Papitos las varias disposiciones dictadas por la
+autócrata en el momento de su segunda salida, se puso el mantón y cogió
+calle. No tenía prisa y se fue a dar un paseíto, recreándose en la
+hermosura del día, y dando vueltas a su pensamiento, que estaba como el
+Tío Vivo, dale que le darás, y torna y vira... Iba despacio por la calle
+de Santa Engracia, y se detuvo un instante en una tienda a comprar
+dátiles, que le gustaban mucho. Siguiendo luego su vagabundo camino,
+saboreaba el placer íntimo de la libertad, de estar sola y suelta
+siquiera poco tiempo. La idea de poder ir a donde gustase la excitaba
+haciendo circular su sangre con más viveza. Tradújose esta disposición
+de ánimo en un sentimiento filantrópico, pues toda la calderilla que
+tenía la iba dando a los pobres que encontraba, que no eran pocos... Y
+anda que andarás, vino a hacerse la consideración de que no sentía
+malditas ganas de meterse en su casa. ¿Qué iba ella a hacer en su casa?
+Nada. Conveníale sacudirse, tomar el aire. Bastante esclavitud había
+tenido dentro de las Micaelas. ¡Qué gusto poder coger de punta a punta
+una calle tan larga como la de Santa Engracia! El principal goce del
+paseo era ir solita, libre. Ni Maxi ni doña Lupe ni Patricia ni nadie
+podían contarle los pasos, ni vigilarla ni detenerla.
+
+Se hubiera ido así... sabe Dios hasta dónde. Miraba todo con la
+curiosidad alborozada que las cosas más insignificantes inspiran a la
+persona salida de un largo cautiverio. Su pensamiento se gallardeaba en
+aquella dulce libertad, recreándose con sus propias ideas. ¡Qué bonita,
+_verbi gracia_, era la vida sin cuidados, al lado de personas que la
+quieren a una y a quien una quiere...! Fijose en las casas del barrio de
+las Virtudes, pues las habitaciones de los pobres le inspiraban siempre
+cariñoso interés. Las mujeres mal vestidas que salían a las puertas y
+los chicos derrotados y sucios que jugaban en la calle atraían sus
+miradas, porque la existencia tranquila, aunque fuese oscura y con
+estrecheces, le causaba envidia. Semejante vida no podía ser para ella,
+porque estaba fuera de su centro natural, Había nacido para menestrala;
+no le importaba trabajar _como el obispo_ con tal de poseer lo que por
+suyo tenía. Pero alguien la sacó de aquel su primer molde para lanzarla
+a vida distinta; después la trajeron y la llevaron diferentes manos. Y
+por fin, otras manos empeñáronse en convertirla en señora. La ponían en
+un convento para moldearla de nuevo, después la casaban... y tira y
+dale. Figurábase ser una muñeca viva, con la cual jugaba una entidad
+invisible, desconocida, y a la cual no sabía dar nombre.
+
+Ocurriole si no tendría ella _pecho_ alguna vez, quería decir
+iniciativa... si no haría alguna vez lo que le saliera _de entre sí_.
+Embebecida en esta cavilación llegó al Campo de Guardias, junto al
+Depósito. Había allí muchos sillares, y sentándose en uno de ellos,
+empezó a comer dátiles. Siempre que arrojaba un hueso, parecía que
+lanzaba a la inmensidad del pensar general una idea suya, calentita,
+como se arroja la chispa al montón de paja para que arda.
+
+«Todo va al revés para mí... Dios no me hace caso. Cuidado que me pone
+las cosas mal... El hombre que quise, ¿por qué no era un triste albañil?
+Pues no; había de ser señorito rico, para que me engañara y no se
+pudiera casar conmigo... Luego, lo natural era que yo le aborreciera...
+pues no señor, sale siempre la mala, sale que le quiero más... Luego lo
+natural era que me dejara en paz, y así se me pasaría esto; pues no
+señor, la mala otra vez; me anda rondando y me tiene armada una
+trampa... También era natural que ninguna persona decente se quisiera
+casar conmigo; pues no señor, sale Maxi y... ¡tras!, me pone en el
+disparadero de casarme, y nada, cuando apenas lo pienso, bendición al
+canto... ¿Pero es verdad que estoy casada yo?...».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Miraba el hueso del dátil que se acababa de comer, y como si el hueso le
+dijera que sí, hizo ella un signo afirmativo y algo desconsolado...
+«¡Vaya si lo estoy!». Quedose tan profundamente ensimismada, que olvidó
+dónde estaba. Pero levantándose de repente, echó a andar hacia abajo,
+como los que llevan en el cerebro ese cascabel que se llama _idea fija_.
+Había subido la luenga calle con aires de paseante, distraída, alegre,
+vago el mirar; bajábala como los monomaniacos. Al llegar frente a la
+iglesia, sacola de este embebecimiento un ruido de pasos que sintió tras
+sí. «Estos pasos son los suyos--pensó--; pues lo que es yo no miro para
+atrás. ¿Qué haré? Aprisita, aprisita».
+
+La curiosidad pudo más que nada y Fortunata miró; no era. Más adelante
+sintió otra vez pasos persistentes y vio una sombra que se extendía por
+la calle, paralela a su sombra. Aquel sí era... ¿Miraría? No; más valía
+no darse por entendida... Por fin, la pícara curiosidad... Miró y
+tampoco era. Al llegar a su casa estaba más tranquila. Cuando Patria
+abrió la puerta, le preguntó: «¿Ha venido alguien? ¿El señorito
+está?...».
+
+--El señorito no viene hasta la noche. Mandó un recado para que no le
+esperase usted.
+
+Y la taimada gata se sonreía de un modo tan zalamero, que Fortunata no
+pudo menos de preguntarle: «¿Quién está ahí?».
+
+Volvió a sonreír Patricia con infernal malicia, y... «¿Qué... pero
+qué...?» balbució la señora acercándose de puntillas a la puerta de la
+sala. Empujola suavemente hasta abrir un poquito. No veía nada. Abrió
+más, más... Estaba pálida como si se hubiera quedado sin sangre... Abrió
+más... acabáramos. En el sofá de la sala, tranquilamente sentado...
+¡Dios!, _el otro_. Fortunata estuvo a punto de perder el conocimiento.
+Le pasó un no sé qué por delante de los ojos, algo como un velo que baja
+o un velo que sube. No dijo nada. Él, pálido también, se levantó y dijo
+claramente: «Adelante, _nena_».
+
+Fortunata no daba un paso. De repente (el demonio explicara aquello),
+sintió una alegría insensata, un estallido de infinitas ansias que en su
+alma estaban contenidas. Y se precipitó en los brazos del Delfín,
+lanzando este grito salvaje: «¡Nene!... ¡bendito Dios!».
+
+Olvidados de todo, los amantes estuvieron abrazados largo rato. La
+prójima fue quien primero habló, diciendo: «Nene, me muero por ti...».
+
+«Ven acá» dijo Santa Cruz cogiéndola por una brazo. Dejábase llevar
+ella, como la cosa más natural del mundo. Franquearon la puerta de la
+casa, que estaba abierta. Y la del cuarto de la izquierda, ¡qué
+casualidad!, abierta también.
+
+Luego que pasaron, alguien cerró. En aquella morada reinaba una
+discreción alevosa. Juan la llevó a una salita muy bien puesta, junto a
+la cual había una alcoba perfectamente arreglada. Sentáronse en el sofá
+y se volvieron a abrazar. Fortunata estaba como embriagada, con cierto
+desvarío en el alma, perdida la memoria de los hechos recientes. Toda
+idea moral había desaparecido como un sueño borrado del cerebro al
+despertar; su casamiento, su marido, las Micaelas, todo esto se había
+alejado y puéstose a millones de leguas, en punto donde ni aun el
+pensamiento lo podía seguir. Su amante le dijo con simpática voz:
+«¡cuánto tenemos que hablar!» y a ella le entró una risa convulsiva, que
+difícilmente podía expresarse: «Ji ji ji... ¡tres años!... no, más años,
+más porque ji ji ji... ¿Ves cómo tiemblo? No sé lo que me pasa... pues
+sí, más tiempo, porque cuando estuve aquí con ji ji ji... _Juárez el
+Negro_, te vi y no te vi... y siempre él delante, y un día que le dije
+que te quería, sacó un cuchillo muy grande, ji ji ji... y me quiso
+matar... Yo muriéndome por hablarte y él que no... que no... Nuestro
+_nenín_ muerto, y yo más muerta, ji ji; y en Barcelona me acordaba de ti
+y te mandaba besos por el aire, y en Zaragoza... besos por el aire... ji
+ji, y en Madrid lo mismo. Y cuando me metieron en el convento,
+también... ji ji ji... besos por el aire... y tú sin acordarte de mí,
+malo...».
+
+--¡Sin acordarme! Desde que volví de Valencia te estoy dando caza... ¡Lo
+que he pasado, hija! Ya te contaré. Y al fin te he cogido... ¡ah, buena
+pieza! Ahora me las pagarás todas juntas... ¡Cuánto me has hecho
+sufrir!... ¡Más maldiciones le he echado a ese dichoso convento...! Pero
+qué guapa estás, nena.
+
+--_Chi_.
+
+--Estás hermosísima.--_Chi_... para ti.
+
+El frío aquel de fiebre se trocó de improviso en calor violentísimo, y
+la risa convulsiva en explosión de llanto.
+
+«No es día de llorar, sino de estar alegre».
+
+--¿Sabes de qué me acuerdo? De mi _nenín_ tan gracioso... Si hubiera
+vivido, le habrías querido tú, ¿verdad? Me parece que le veo, cuando se
+le llevaron en la cajita azul... Aquella misma noche fue cuando Juárez
+el Negro me sacó un cuchillote tan grande, y me dijo con aquel vocerrón:
+«Brr... son las ocho; reza lo que tengas que rezar, porque antes de las
+nueve te mato». Estaba furioso de celos... ¡Ay, qué miedo tan atroz!
+
+--¡Cuánto tenemos que contar!... yo a ti, tú a mí. Ya sé que te has
+casado. Has hecho bien.
+
+Este _has hecho bien_ le cayó a la prójima como una gota fría en el
+corazón, trayéndola bruscamente a la realidad. Enjugando sus lágrimas,
+se acordó de Maxi, de su boda; y su casa, que se había alejado cien
+millas de leguas, se puso allí, a cuatro pasos, fúnebre y antipática. El
+rechazo de su alma ante este fenómeno le secó en un instante todas las
+lágrimas.
+
+«¿Y por qué hice bien?».
+
+--Porque así eres más libre y tienes un nombre. Puedes hacer lo que
+quieras, siempre que lo hagas con discreción. He oído que tu marido es
+un buen chico, que ve visiones...
+
+Al oír esto, vio Fortunata levantarse en su espíritu la imagen ideal, o
+más bien, el espectro de su perversidad. Lo que acababa de hacer era de
+lo que apenas tiene nombre, por lo muy extraordinario y anormal, en el
+registro de las maldades humanas. El lugar, la ocasión daban a su acto
+mayor fealdad, y así lo comprendió en un rápido examen de conciencia;
+pero tenía la antigua y siempre nueva pasión tanto empuje y lozanía, que
+el espectro huyó sin dejar rastro de sí. Se consideraba Fortunata en
+aquel caso como ciego mecanismo que recibe impulso de sobrenatural mano.
+Lo que había hecho, hacíalo, a juicio suyo, por disposición de las
+misteriosas energías que ordenan las cosas más grandes del universo, la
+salida del Sol y la caída de los cuerpos graves. Y ni podía dejar de
+hacerlo, ni discutía lo inevitable, ni intentaba atenuar su
+responsabilidad, porque esta no la veía muy clara, y aunque la viese,
+era persona tan firme en su dirección, que no se detenía ante ninguna
+consecuencia, y se _conformaba_, tal era su idea, _con ir al infierno_.
+
+«Esto de alquilar la casa próxima a la tuya--dijo Santa Cruz--, es una
+calaverada que no puede disculparse sino por la demencia en que yo
+estaba, niña mía, y por mi furor de verte y hablarte. Cuando supe que
+habías venido a Madrid, ¡me entró un delirio...! Yo tenía contigo una
+deuda del corazón, y el cariño que te debía me pesaba en la conciencia.
+Me volví loco, te busqué como se busca lo que más queremos en el mundo.
+No te encontré; a la vuelta de una esquina me acechaba una pulmonía para
+darme el estacazo... caí».
+
+--¡Pobrecito mío!... Lo supe, sí. También supe que me buscaste. ¡Dios te
+lo pague! Si lo hubiera sabido antes, me habrías encontrado.
+
+Esparció sus miradas por la sala; pero la relativa elegancia con que
+estaba puesta no la afectó. En miserable bodegón, en un sótano lleno de
+telarañas, en cualquier lugar subterráneo y fétido habría estado
+contenta con tal de tener al lado a quien entonces tenía. No se hartaba
+de mirarle.
+
+«¡Qué guapo estás!».
+
+--¿Pues y tú? ¡Estás preciosísima!... Estás ahora mucho mejor que antes.
+
+--¡Ah!, no--repuso ella con cierta coquetería--. ¿Lo dices porque me he
+civilizado algo? ¡Quia!, no lo creas: yo no me civilizo, ni quiero; soy
+siempre pueblo; quiero ser como antes, como cuando tú me echaste el
+lazo y me cogiste.
+
+--¡Pueblo!, eso es--observó Juan con un poquito de pedantería--; en
+otros términos: lo esencial de la humanidad, la materia prima, porque
+cuando la civilización deja perder los grandes sentimientos, las ideas
+matrices, hay que ir a buscarlos al bloque, a la cantera del pueblo.
+
+Fortunata no entendía bien los conceptos; pero alguna idea vaga tenía de
+aquello.
+
+«Me parece mentira--dijo él--, que te tengo aquí, cogida otra vez con
+lazo, fierecita mía, y que puedo pedirte perdón por todo el mal que te
+he hecho...».
+
+--Quita allá... ¡perdón!--exclamó la joven anegándose en su propia
+generosidad--. Si me quieres, ¿qué importa lo pasado?
+
+En el mismo instante alzó la frente, y con satánica convicción, que
+tenía cierta hermosura por ser convicción y por ser satánica, se dejó
+decir estas arrogantes palabras:
+
+«Mi marido eres tú... todo lo demás... ¡papas!».
+
+Elástica era la conciencia de Santa Cruz, mas no tanto que no sintiera
+cierto terror al oír expresión tan atrevida. Por corresponder, iba él a
+decir _mi mujer eres tú_; pero envainó su mentira, como el hombre
+prudente que reserva para los casos graves el uso de las armas.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Ya de noche pasó Fortunata a su casa. Su marido no había llegado aún.
+Mientras le esperaba, la pecadora volvió a ver el espectro aquel de su
+perversidad; pero entonces le vio más claro, y no pudo tan fácilmente
+hacerle huir de su espíritu. «Me han engañado--pensaba--, me han llevado
+al casorio, como llevan una res al matadero, y cuando quise recordar, ya
+estaba degollada... ¿Qué culpa tengo yo?». La casa estaba a oscuras y
+encendió luz. Al arrojar la cerilla en el suelo, esta cayó encendida, y
+Fortunata la miró con vivo interés, recordando una de las supersticiones
+que le habían enseñado en su juventud. «Cuando la cerilla cae
+prendida--se dijo--y con la llama vuelta para una, buena suerte».
+
+Maxi entró cansado y meditabundo; pero al ver a su mujer se puso alegre.
+¡Todo un día sin verla! Le había traído un paquete de rosquillas. ¿Y
+Juan Pablo? Al fin se arreglaría todo. Seguramente no iba a las islas
+Marianas, pero quizás le tendrían en el Saladero quince o veinte días.
+«Y merecido, hija. ¿Para qué se mete a buscarle el pelo al huevo?».
+
+Mientras comieron, Fortunata contemplaba a su marido, más que en la
+realidad, en sí misma, y de este examen surgía un tedio abrumador, y la
+antipatía de marras, pero tan agrandada, tanto, que ya no cabía más. Y
+la perversa no trató de combatir aquel sentimiento; se recreaba en él
+como en una monstruosidad que tiene algo de seductora.
+
+«Alma mía--le dijo su marido cuando acababan de comer--, veo con gusto
+que no te falta apetito. ¿Quieres que nos vayamos ahora a un café?».
+
+--No--replicó ella secamente--. Estoy rendidísima. ¿No ves que se me
+cierran los párpados? Lo que quiero es dormir.
+
+--Bueno, mejor; yo también lo deseo.
+
+Acostáronse, y el tiempo que aún estuvo despierta empleolo Fortunata en
+hacer comparaciones. El cuerpo desmedrado de Maxi le producía, al tocar
+el suyo, crispamientos nerviosos. Y también se dio a pensar en lo
+molesto y difícil que era para ella tener que vivir dos vidas
+diferentes, una verdadera, otra falsa, como las vidas de los que
+trabajan en el teatro. A ella le era muy difícil representar y fingir,
+por lo que su tormento se crecía considerablemente. «No podré, no
+podré--pensaba al dormirse--hacer esta comedia mucho tiempo». A la
+madrugada despertó después de un profundísimo y reparador sueño, y
+entonces le dio por llorar, haciendo cálculos, representándose con gran
+poder de la mente escenas probables, y condoliéndose de no poder ver a
+su amante a todas horas.
+
+En los siguientes días, las escapadas al cuarto vecino tenían lugar a
+horas varias, cuando Maxi salía. Iba a estudiar con un amigo para tomar
+el grado, y además solía ir a la farmacia de Samaniego. Ya estaba
+acordado que tendría plaza en el establecimiento. Aunque sus ausencias
+eran seguras, ambos criminales determinaron poner el nido más lejos. En
+tanto, Patricia hacía lo que le daba la gana. Las disposiciones de
+Fortunata y aun de la misma doña Lupe eran letra muerta. Robaba
+descaradamente, y su ama no se atrevía a reprenderla. Santa Cruz, que
+era el autor de todo aquel fregado, no sabía cómo arreglarlo, cuando su
+amiga le consultaba. El plan más prudente era tomar otro cuarto y
+despedir luego a Patricia, dándole una buena propina para que se
+callara.
+
+Algunos días el Delfín ofrecía regalos y dinero a su amante; pero esta
+no quería tomar nada. Se le había encajado en la cabeza una manía
+estrambótica, de que ambos se reían mucho, cuando ella la contaba. Pues
+la manía era que Juanito _no debía_ ser rico. Para que las cosas fueran
+en regla, _debía_ ser pobre, y entonces ella trabajaría _como una negra_
+para mantenerle. «Si tú hubieras sido albañil, carpintero o, pongo por
+caso, celador del resguardo, otro gallo me cantara».--«Vaya por dónde te
+ha dado ahora».--«Y nada más». No había medio de quitarle de la cabeza
+aquella corrección de las obras de la Providencia.
+
+«En resumidas cuentas--le decía él--, eres una inocentona. Pero, di, ¿no
+te gusta el lujo?».
+
+--Cuando no estoy contigo, me gusta algo, no mucho. Nunca me he chiflado
+por los trapos. Pero cuando te tengo, lo mismo me da oro que cobre; seda
+y percal todo es lo mismo.
+
+--Háblame con franqueza. ¿No necesitas nada?
+
+--«Nada; me lo puedes creer».--«¿Ese alma de Dios te da todo lo que
+necesitas?».--«Todo; me lo puedes creer».--«Quiero regalarte un
+vestido».--«No me lo pondré».--«Y un sombrero».--«Lo convertiré en
+espuerta».--«¿Has hecho voto de pobreza?».--«Yo no he hecho voto de
+nada. Te quiero porque te quiero, y no sé más».
+
+«Nada, enteramente primitiva» pensaba el Delfín, el bloque del pueblo,
+al cual se han de ir a buscar los sentimientos que la civilización deja
+perder por refinarlos demasiado.
+
+Un día hablaban de Maximiliano. «¡Infeliz chico!--decía Fortunata--, el
+odio que le he tomado, no es odio verdadero sino lástima. Siempre me fue
+muy antipático. Me dejé meter en las Micaelas y me dejé casar... ¿Sabes
+tú cómo fue todo eso?, pues como lo que cuentan de que _manetizan_ a una
+persona y hacen de ella lo que quieren; lo mismito. Yo, cuando no se
+trata de querer, no tengo voluntad. Me traen y me llevan como una
+muñeca... Y ahora, créete que me entran remordimientos de engañar a ese
+pobre chico. Es un angelón sin pena ni gloria. Danme ganas a veces de
+desengañarle, y la verdad... Porque lo que es acariciarle, no puedo, se
+me resiste, no está en mi natural. Le pido a la Virgen que me dé fuerzas
+para cantar claro».
+
+--¡A la Virgen!... ¿pero tú crees?...--dijo Santa Cruz pasmado, pues
+tenía a Fortunata por heterodoxa.
+
+--¿Pues no he de creer? Lo que me aconseja la Virgen siempre que le rezo
+con los ojos cerrados, es que te quiera mucho y me deje querer de ti...
+La tienes de tu parte, chiquillo... ¿De qué te espantas? Pues digo; yo
+le rezo a la Virgen y ella me protege, aunque yo sea mala. ¡Quién sabe
+lo que resultará de aquí, y si las cosas se volverán algún día lo que
+_deben_ ser! Y si te hablo con franqueza, a veces dudo que yo sea
+mala... sí, tengo mis dudas. Puede que no lo sea. La conciencia se me
+vuelve ahora para aquí, después para allá; estoy dudando siempre, y al
+fin me hago este cargo: _querer a quien se quiere no puede ser cosa
+mala_.
+
+--Oye una cosa--dijo el Delfín, que se recreaba en las singularísimas
+nociones de aquel espíritu--. ¿Y si tu marido descubriera esto y me
+quisiera matar?
+
+--¡Ay!, no me lo digas... ni en broma me lo digas. Me tiraba a él como
+una leona y le destrozaba... ¿Ves cómo se coge un langostino y se le
+arrancan las patas, y se le retuerce el corpacho y se le saca lo que
+tiene dentro?, pues así.
+
+--Pero vamos a ver, nena: ¿No me guardas rencor por haberte abandonado,
+dejándote en la miseria, con tus _vísperas_ de chiquillo y en poder de
+_Juárez el Negro_?
+
+--Ningún rencor te guardo: Entonces estaba rabiosa. La rabia y la
+miseria me llevaron con _Juárez el Negro_. ¿Creerás lo que te voy a
+decir? Pues me fui con él por lo mucho que le aborrecía. Cosa rara,
+¿verdad?... Y como no tenía un triste pedazo de pan que llevar a la
+boca, y él me lo daba, ahí tienes... Yo dije: «me vengaré yéndome con
+este animal». Cuando tuve a mi niño, me consolaba con él; pero luego se
+me murió; y cuando reventó Juárez, como yo me pensé que ya no me
+querías, dije: «pues ahora me vengaré siendo todo lo mala que pueda».
+
+--¿Pero qué ideas tienes tú de las maneras de tomar venganza?
+
+--No me preguntes nada... no sé... Vengarse es hacer lo que no se
+debe... lo más feo, lo más...
+
+--¿Y de quién te vengas así, criatura?
+
+--Pues de Dios, de... de qué sé yo... no me preguntes, porque para
+explicártelo, tendría que ser sabia como tú, y yo no sé jota, ni aprendo
+nada, aunque doña Lupe y las monjas, frota que frota, me hayan sacado
+algún lustre... enseñándome a no decir tanto disparate.
+
+Santa Cruz estuvo un gran rato pensativo.
+
+Un día hablaron también de Jacinta... No gustaba Juan que la
+conversación fuese llevada a este terreno; pero Fortunata, siempre que
+tenía ocasión, íbase a él derecha. A sus preguntas, contestaba el otro
+evasivamente.
+
+«Mira, nena; deja a mi mujer en su casa».
+
+--Pues asegúrame que no la quieres.
+
+--La quiero, sí... ¿a qué engañarte?... pero de una manera muy distinta
+que a ti. Le guardo todas las consideraciones que ella se merece,
+porque... no puedes figurarte lo buena que es.
+
+Fortunata siguió inquiriendo con molesta curiosidad todo lo que quería
+saber respecto a la intimidad de los esposos; pero el otro se escurría
+gallardamente, dejando a salvo, hasta donde era posible en aquel
+criminal coloquio, la personalidad sagrada de su mujer.
+
+«La pobrecilla--dijo al fin--, tiene una pasión que la domina, mejor
+dicho, una manía que la trae trastornada».
+
+--¿Qué es?--La manía de los hijos. Dios no quiere y ella se empeña en
+que sí. De la pena que le causa su esterilidad, se ha desmejorado, ha
+enflaquecido, y hace algún tiempo que se está llenando de canas. Es ya
+pasión de ánimo. ¿Te enteraste de lo que pasó? Pues le dieron el gran
+timo. Tu tío José Izquierdo, de compinche con otro loco, le hizo creer
+que un chiquillo de tres años que consigo tenía, era nuestro Juanín. Mi
+mujer perdió la chaveta, quiso adoptarlo y nada menos que llevárnoslo a
+casa. Por pronto que se descubrió el enredo, no se pudo evitar que tu
+tío le estafase seis mil reales.
+
+--_Tie_ gracia. Ya sabía yo esa historia. El niño ese debe de ser el de
+Nicolasa, la entenada del tío Pepe. Nació seis días después que el
+nuestro, y era hijo de uno que encendía los faroles del gas... Pero no
+comprendo una cosa. A mí me parece que tu mujer debía de querer a ese
+nene por creerlo tuyo y aborrecerlo por ser de otra madre. Yo juzgo por
+mí.
+
+--Calla, tonta, mi mujer se vuelve loca por todos los niños del
+universo, sean de quien fueren. Y al supuesto Juanín, bastara que le
+tuviera por mío, para que le adorara. Ella es así; si no tienes tú idea
+de lo buena que es. ¡Pues si pariera...! Santo Cristo, no quiero
+pensarlo. De seguro perdía el juicio, y nos lo hacía perder a todos.
+Querría a mi hijo más que a mí y más que al mundo entero.
+
+Quedose Fortunata, al oír esto, risueña y pensativa. ¿Qué estaba
+tramando aquella cabeza llena de extravagancias? Pues esto:
+
+«Escucha, nenito de mi vida, lo que se me ha ocurrido. Una gran idea;
+verás. Le voy a proponer un trato a tu mujer. ¿Dirá que sí?».
+
+--Veamos lo que es.--Muy sencillo. A ver qué te parece. Yo le cedo a
+ella un hijo tuyo y ella me cede a mí su marido. Total, cambiar un nene
+chico por el nene grande.
+
+El Delfín se rió de aquel singular convenio, expresado con cierto
+donaire.
+
+--¿Dirá que sí?... ¿Qué crees tú?--preguntó Fortunata con la mayor buena
+fe, pasando luego de la candidez al entusiasmo para decir:
+
+--Pues mira, tú te reirás todo lo que quieras; pero esto es una gran
+idea.
+
+El ilustrado joven se zambulló en un mar de meditaciones.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Las visitas a la casa de Cirila prosiguieron durante dos semanas; pero
+bien se demostró en la práctica que aquello no podía seguir, y tomaron
+otro cuarto. Patricia se había hecho insoportable, y doña Lupe,
+descolgándose en la casa a horas intempestivas, llevada de su afán de
+mangonear, dificultaba las escapatorias de su sobrina. En tanto,
+Fortunata no trataba a Maximiliano desconsideradamente; pero su frialdad
+sería capaz de helar el fuego mismo. Habría preferido él mil veces que
+su mujer le tirase los trastos a la cabeza, a que le tratara con aquella
+cortesía desdeñosa y glacial. Rarísima vez se daba el caso de que ella
+le hiciese una caricia; para obtenerla, tenía Maxi que echarle
+memoriales, y lo que lograba era como limosna. Es que Fortunata no
+servía para cortesana, y sus fingimientos eran tan torpes que daba
+lástima verla fingir.
+
+El joven farmacéutico tenía momentos de horrible tristeza, y cavilaba
+mucho. De tal estado pasó a la observación, desarrollándosele esta
+facultad de un modo pasmoso. Siempre que estaba en casa, no quitaba los
+ojos de su mujer, estudiándole los movimientos, las miradas, los pasos y
+hasta el respirar. Cuando comían, le examinaba la manera de comer;
+cuando estaban en el lecho, la manera de dormir.
+
+Fortunata no le miraba nunca. Este hecho, cuidadosamente observado,
+produjo en el infeliz muchacho indecible melancolía. ¡Haber comprado
+aquellos ojos con su mano, su honra y su nombre para que se empleasen en
+mirar a una silla antes que en mirarle a él! Esto era tremendo, pero
+tremendo, y cierto día agitó su alma un furor insano; mas no quiso
+manifestarlo, y lo desahogó a solas mordiéndose los puños.
+
+«¿Por qué no me miras?» le preguntó una noche, con semblante ceñudo.
+
+--Porque... No dijo más; se comió el resto de la frase. Dios sabe lo que
+iba a decir.
+
+Bebía los vientos el desgraciado chico por hacerse querer, inventando
+cuantas sutilezas da de sí la manía o enfermedad de amor. Indagaba con
+febril examen las causas recónditas del agradar, y no pudiendo conseguir
+cosa de provecho en el terreno físico, escudriñaba el mundo moral para
+pedirle su remedio. Imaginó enamorar a su esposa por medios
+espirituales. Hallábase dispuesto, él que ya era bueno, a ser santo, y
+hacía estudio de lo que a su mujer le era grato en el orden del
+sentimiento para realizarlo como pudiera. Gustaba ella de dar limosna a
+cuantos pobres encontrase; pues él daría más, mucho más. Ella solía
+admirar los casos de abnegación; pues él se buscaría una coyuntura de
+ser heroico. A ella le agradaba el trabajo; pues él se mataría a
+trabajar. De este modo devastaba el infeliz su alma, arrancando todo lo
+bueno, noble y hermoso para ofrecérselo a la ingrata, como quien tala un
+jardín para ofrecer en un solo ramo todas las flores posibles.
+
+«Ya no me quieres--le dijo un día con inmensa tristeza--, ya tu corazón
+voló, como el pajarito a quien le dejan abierta la jaula. Ya no me
+quieres».
+
+Y ella le respondía que sí; ¡pero de qué manera! Más valía que dijese
+terminantemente que no. «¿Por qué te vas tan lejos de mí? Parece que te
+causo horror. Cuando entro, te pones seria; cuando crees que no me fijo
+en ti, estás ensimismada y te sonríes como si en espíritu hablaras con
+alguien».
+
+Otra cosa le mortificaba. Cuando salían juntos a paseo, todo el mundo se
+fijaba en Fortunata, admirando su hermosura; luego le miraban a él.
+Suponía Maxi que todos hacían la observación de que no era él hombre
+para tal hembra. Algunos se permitían examinarle de una manera
+insolente. Si iban al café, estaban poco tiempo, porque los amigos se
+enracimaban alrededor de Fortunata sin hacer maldito caso de su marido,
+y este tragaba mucha bilis. Lo que desorientaba más a Maxi era que ella
+no _tomaba varas_ con nadie, y siempre que él decía _vámonos_, estaba
+dispuesta a retirarse.
+
+Buscaba el farmacéutico algo en qué fundar las conjeturas que empezaban
+a devorarle, y no lo encontraba. Ideó consultar el caso con su tía; pero
+no quiso dar su brazo a torcer, y temblaba de que doña Lupe le dijese:
+«¿Ves?, ¡por no hacer caso de mí!». ¡Celos! ¿Y de quién? Fortunata
+mostrábase con todos tan fría como con él. Solía esparcir
+melancólicamente sus miradas por la calle, entre el gentío, sin fijarse
+en nadie, cual si buscaran a alguien que no quería dejarse ver. Y
+después las miradas volvían a sí misma con mayor tristeza.
+
+También atormentaban al joven los elogios que sus amigos le hacían de
+ella. «¡Qué mujer te tienes!» le decía _Pseudo-Narcissus odoripherus_.
+Y _Quercus gigantea_ le silbaba en el oído estas fúnebres palabras: «Es
+mucha hembra para ti, barbián. Ándate con mucho ojo».
+
+Pero doña Lupe le infundía ideas optimistas. ¡Parecía mentira! La
+perspicaz, la sabia y experimentada señora de Jáuregui dijo más de una
+vez a su sobrino: «¡Qué trabajadora es tu mujer! Siempre que vengo aquí
+me la encuentro planchando o lavando. Francamente, no creí... Te
+ayudará, te ayudará. Y luego tan calladita... Hay días que no le oigo el
+metal de voz».
+
+Con unas cosas y otras, el pobre chico apenas podía estudiar, y con
+mucho trabajo se preparaba para la licenciatura. El asunto de su
+colocación se había resuelto ya, porque habiendo fallecido Samaniego a
+fines de Octubre, su viuda organizó el personal de la botica, dando una
+plaza a Maximiliano. Se convino entre doña Casta Moreno y doña Lupe que
+cuando el chico tomara el grado, se le fijaría sueldo, y que pasado un
+año de práctica, tendría participación en las ganancias. Por el lado
+económico todo iba a pedir de boca, porque mientras llegaba el día de
+ganar con su profesión, podía vivir bien con la corta renta de la
+herencia. Lo malo era que desde que ingresara en la botica, seríale
+preciso ausentarse de su casa días enteros, y esto le ponía en ascuas.
+Ocurriósele entonces lo que se le ocurre a cualquier celoso, salir un
+día, diciendo que iba a la farmacia, y volver en seguida. Hízolo una
+vez, y no sorprendió nada: Fortunata estaba en la cocina. Repitió la
+treta, y lo mismo: estaba cosiendo. A la tercera, Fortunata había
+salido. Dos horas después entró, trayendo un paquete en la mano. «¿Que
+de dónde vengo? Pues de comprar unas cosillas. ¿No me dijiste que
+querías una corbata? Mírala».
+
+Una noche entró Maximiliano bastante excitado. Le tomó la mano a su
+mujer, y haciéndola sentar a su lado, le dijo a boca de jarro: «Hoy he
+conocido a ese pillo que te deshonró».
+
+Fortunata se quedó como muerta.
+
+«Pues qué... ¿no está enfermo?».
+
+Se le escapó esta espontaneidad, y cuando quiso contenerla ya era tarde.
+Hacía una semana que Santa Cruz no iba a las citas, y le había enviado,
+por medio de Cirila, un recadito. Se había caído del caballo en la Casa
+de Campo, estropeándose ligeramente un brazo.
+
+«¿Enfermo?--dijo Maxi, clavando en ella sus ojos de iluminado--. En
+efecto, tenía un brazo en cabestrillo. ¿Pero tú por dónde sabes...?».
+
+--No, no, yo no sabía nada--replicó Fortunata enteramente aturdida.
+
+--¡Tú lo has dicho!--exclamó Rubín con la mirada terrorífica--. ¿Por
+dónde lo sabes?
+
+La prójima se puso como la grana; después volvió a palidecer. Buscaba
+una salida de aquel compromiso, y al fin la encontró: «¡Ah!».
+
+--¿Qué?--¿Dices que cómo lo sé, tontín?... Pues muy sencillo. Si lo
+traía el periódico... Tu tía lo leyó anoche. Mira, aquí está: que se
+cayó del caballo paseando por la Casa de Campo.
+
+Y recobrando su serenidad, revolvió en la mesa y cogió _El Imparcial_
+que, en efecto, traía la noticia: «Mira... ¿lo ves?... convéncete».
+
+Maxi, después de leer, siguió diciendo: «Le vi en el Saladero; allí
+debiera estar ese canalla toda su vida. Olmedo, que iba conmigo, me le
+enseñó. Fue a ver a mi hermano; él iba a visitar a un tal Moreno Vallejo
+que también está preso por conspirar. ¡Y el tal Santa Cruz es de lo más
+cargante...!».
+
+Fortunata se tapaba la cara con el periódico, fingiendo que leía. Maxi
+le arrebató el papel de un manotazo.
+
+«Te has quedado así como... estupefacta».
+
+--Déjame en paz--replicó ella con un despego que a su marido le llegó al
+alma.
+
+--¡Qué modales, hija! Ya ni consideración.
+
+Fortunata parecía que tenía sellada la boca. Comieron sin chistar; él se
+puso luego a estudiar y ella a coser, sin que el fúnebre silencio se
+rompiera. Acostáronse, y lo mismo. Ella volvió la espalda a su marido,
+insensible a los suspiros que daba. Desvelados estuvieron ambos largo
+rato, cada cual por su lado, muy cerca materialmente uno de otro, pero
+en espíritu Fortunata se había ido a los antípodas.
+
+Dos o tres días después, volviendo del Saladero, a donde fue para decir
+a su hermano que pronto le soltarían, vio Maximiliano a Santa Cruz
+guiando un faetón por la calle de Santa Engracia arriba. Ya tenía el
+brazo bueno. Miró a Maxi, y este le miró a él. Desde lejos, porque el
+coche iba bastante a prisa, observó Rubín que este entraba por la calle
+de Raimundo Lulio. ¿Pasaría luego a la de Sagunto? Nunca como en aquel
+momento sintió el exaltado chico ganas de tener alas. Apresuró el paso
+todo lo que pudo, y al llegar a su calle... ¡Dios!... lo que se temía...
+Fortunata en el balcón, mirando por la calle del Castillo hacia el paseo
+de la Habana, por donde seguramente había seguido el coche. Subió el
+joven farmacéutico tan rápidamente la escalera, que al llegar arriba no
+podía respirar. Es que para ser celoso se necesitan buenos pulmones.
+Cayose más bien que se sentó en una silla, y su mujer y Patricia
+acudieron a él creyendo que le daba algún accidente. No podía hablar y
+se golpeaba la cabeza con los puños. Cuando su mujer se quedó sola con
+él sintió Rubín que aquella furibunda cólera se trocaba en un dolor
+cobarde. El alma se le desgajaba y sacudía resistiéndose a albergar en
+su seno la ira. Los ojos se le llenaron de lágrimas, las rodillas se le
+doblaron. Cayendo a los pies de su mujer, le besuqueó las manos. «Ten
+piedad de mí--le dijo con aflicción más de niño que de hombre--. Por tu
+vida... la verdad, la verdad. Ese señor... tú esperándole... él pasaba
+por verte. Tú no me quieres, tú me estás engañando... le quieres otra
+vez... le has visto en alguna parte. La verdad... Más quiero morirme de
+pena que de vergüenza. Fortunata, yo te saqué de las barreduras de la
+calle, y tú me cubres a mí de fango. Yo te di mi honor limpio, y me lo
+devuelves sucio. Yo te di mi nombre, y haces de él una caricatura. El
+último favor te pido... la verdad, dime la verdad».
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Fortunata movió la lengua y agitó los labios. En la punta de aquella
+tenía la verdad, y por instantes dudó si soltarla o meterla para
+adentro. La verdad quería salir. Las palabras se alinearon mudas y
+decían: «Sí, es cierto que te aborrezco. Vivir contigo es la muerte. Y a
+él le quiero más que a mi vida». La batalla fue breve, y Fortunata
+volvió la terrible verdad a los senos de su espíritu. La aflicción de
+Maxi exigía la mentira, y su mujer tuvo que decírsela... mentiras de
+esas que inspiran viva compasión al que las dice y consuelan poco al que
+las oye. Echábalas de sí como enfermera que administra la inútil
+medicina al agonizante.
+
+«Dímelo de otra manera y te creeré--manifestó Rubín--. Dilo con un
+poquito de calor, siquiera como me lo decías antes. Tú no sabes el daño
+que me haces. Me estás haciendo creer que no hay Dios, que portarse bien
+y portarse mal todo es lo mismo».
+
+La compasión venció a la delincuente y se mostró tan afable aquella
+tarde y noche, que Maximiliano hubo de tranquilizarse. El pobrecito
+estaba destinado a no tener rato bueno, pues a punto que su espíritu
+recibía algún alivio, se le inició la jaqueca. La noche fue cruel, y
+Fortunata esmerose en cuidarle. En medio de sus dolores cefalálgicos, el
+infortunado joven se caldeaba más la mente arbitrando remedios o
+paliativos de la ansiedad que le dominaba. A poco de vomitar, dijo a su
+mujer: «Se me ocurre una idea que resolverá las dificultades... Nos
+iremos a Molina de Aragón, donde tengo mis fincas. Abandono la carrera y
+me dedico a labrador... Quieres, ¿sí o no? Allí viviré con
+tranquilidad». Fortunata se mostró conforme, si bien recordaba lo que
+Mauricia le había dicho de la vida de los pueblos. Sólo descuartizada
+iría ella a vivir al campo; pero aquella noche no tenía más remedio que
+decir _sí_ a todo.
+
+En los siguientes días notaba el pobre Maxi que su descaecimiento
+aumentaba de una manera alarmante como si le sangraran, y asustadísimo
+fue a consultar con Augusto Miquis, el cual le dijo que hubiera sido
+mejor consultara antes de casarse, pues en tal caso le habría ordenado
+terminantemente el celibato. Esto redobló sus tristezas; mas cuando
+Miquis le propuso como único remedio de su mal la rusticación, cobró
+esperanzas, confirmándose en la idea de abandonar la corte y sepultarse
+para siempre en sus estados de Molina.
+
+La segunda vez que habló de esto a su mujer, no la encontró tan bien
+dispuesta. «¿Y tus estudios, y tu carrera? Aconséjate con tu tía, y ella
+te dirá que lo que estás pensando es un disparate». Maxi estaba muy
+caviloso por ciertas cosas que en su mujer notaba. Hacía días que apenas
+levantaba ella los ojos del suelo y su mirar revelaba una gran
+pesadumbre. De repente, una tarde que volvía Rubín de la botica, al
+subir la escalera la oyó cantar. Entró, y la cara de Fortunata
+resplandecía de contento y animación. ¿Qué había pasado? Maxi no lo pudo
+penetrar, aunque sus celos, aguzadores de la inteligencia, le apuntaban
+presunciones que bien podrían contener la verdad. Esta era que la
+prójima había recibido, por conducto de Patria, una esquelita en que se
+le anunciaba la reapertura del curso amoroso, interrumpido durante una
+quincena. «Esta alegría--pensaba Maxi--, ¿por qué será?». Y
+comprendiendo por instinto de celoso que echaba un jarro de agua fría
+sobre aquel contento, dijo a Fortunata: «Ya está decidido que nos iremos
+al pueblo. Lo he consultado con mi tía y ella lo aprueba».
+
+No era verdad que había consultado con doña Lupe, mas lo decía para dar
+a su proposición autoridad indiscutible.
+
+«Te irás tú...» dijo ella sonriendo.
+
+--No--agregó él conteniendo la amargura que de su alma se desbordaba--,
+los dos.
+
+--Tú te has vuelto loco--observó Fortunata riendo con cierto descaro--.
+Yo creí... ¿Pero lo dices con formalidad?
+
+--¡Toma!... ¿Y tú no me dijiste que irías también y que querías ser
+paleta?
+
+--Sí; pero fue porque me pensé que era conversación. ¡Encerrarme yo en
+un pueblo! ¡Qué talento tienes!
+
+De tal modo se demudó el rostro del joven, que Fortunata, que ya
+empezaba a decir algunas bromas sobre aquel asunto, se recogió en sí.
+Maxi no dijo una palabra, y de pronto salió disparado de la casa, cerró
+con estruendo la puerta y bajó la escalera de cuatro en cuatro peldaños.
+Asustose Fortunata, y asomándose al balcón, viole recorrer
+apresuradamente la calle de Sagunto y después tomar por la de Santa
+Engracia, hacia abajo. Ella salió después, tomando por la misma calle,
+pero hacía arriba, en dirección de Cuatro Caminos.
+
+Las seis de la tarde serían cuando Rubín volvió a su casa. Estaba
+lívido, y de lívido pasó a verde, cuanto Patricia le dijo que la
+señorita había salido a compras. Dejándose llevar de su insensato
+recelo, interrogó a la criada, tratando de averiguar por ella. Pero a
+buena parte iba. Patricia tenía la discreción del traidor, y cuanto dijo
+fue encaminado a introducir en el cerebro de Maxi el convencimiento de
+que su mujer era punto menos que canonizable. Cuando la criminal entró,
+el marido había mandado encender luz y estaba sentado junto a la mesa de
+la sala. «¿De dónde vienes?» le preguntó.--«Me parece--replicó ella--,
+haberte dicho que iba a comprar este retor». Mostró un envoltorio,
+después un paquetito, y otro. «¿Ves?... la sopa Juliana que tanto te
+gusta...».
+
+--Yo también--dijo Maximiliano de una manera siniestra--, te he comprado
+a ti esta tarde un regalito... Mira.
+
+Alargó el brazo para sacar de debajo de la mesa algo que ocultó al
+entrar. Era un objeto envuelto en papeles, que descubrió lentamente,
+cuando ella se inclinaba risueña para verlo.
+
+«¿A ver... qué es?... ¡Ay!, un revólver...».
+
+--Sí, para matarte y matarme...--dijo Maxi en un tono que no pudo ser
+tan lúgubre como él deseaba, pues el arma empezó a causarle miedo, a
+causa de que en su vida había tenido en las manos un chisme de tal
+clase...
+
+--¡Qué cosas tienes!--dijo ella palideciendo--. Tú no sabes lo que te
+pescas... Pareces tonto... Matarme a mí, ¿y por qué?...
+
+Le echó una mirada dulce y penetrante, el mismo mirar con que le había
+hecho su esclavo. El pobre chico sintió como si le pusieran un grillete
+en el alma.
+
+«Vaya que se te ocurren unos disparates, hijo... Soy muy miedosa, y de
+sólo ver eso me pongo a temblar. Bonita manera tienes de hacer que yo te
+quiera, sí señor, bonita manera».
+
+Acercó tímidamente su mano al mango del arma. «Puedes cogerlo, está
+descargado» dijo Maxi, que de un salto se había dejado caer del furor a
+la piedad.
+
+--Eres un niño--declaró ella, cogiendo el arma--, y como niño hay que
+tratarte. Venga acá ese chisme: lo guardaré para el caso de que entren
+ladrones en casa.
+
+Y se lo llevó sin que él hiciese resistencia. Después de guardarlo con
+llave en un baúl lleno de cosas viejas, volvió al lado de su marido, que
+se había quedado absorto, midiendo sin duda con azorado pensamiento la
+enorme distancia que en su ser había entre los arranques de la voluntad
+y la ineficacia de su desmayada acción.
+
+Aquella noche no ocurrió nada; pero a la tarde siguiente,
+_Pseudo-Narcissus odoripherus_, fue a buscarle a la botica de
+Samaniego, y le dijo que Fortunata tenía citas con un señor en una casa
+del paseo de Santa Engracia, un poquito más arriba de los almacenes de
+la Villa.
+
+
+
+
+--x--
+
+
+Tomó Maxi un coche para ir a Chamberí y a su casa. Después de entrar en
+ella e informarse de que la señorita no estaba, subió lentamente hacia
+la iglesia, y al pasar por delante de ella y ver una cruz de hierro que
+hay en el atrio, vínole al pensamiento la idea de que debía haberse
+traído el revólver. Retrocedió, y a mitad del camino acordose de que su
+mujer había guardado el arma. ¡Qué tonto estuvo él en permitírselo!
+Volvió a tomar la dirección Norte, sintiendo en su alma el suplicio
+indecible que producía la conjunción de dos sentimientos tan opuestos
+como el anhelo de la verdad y el terror de ella. Al distinguir el motor
+de noria que se destacaba sobre la casa de las Micaelas, no pudo
+reprimir un ahogo de pena que le hizo sollozar. El disco no se movía.
+
+Pasó el joven más allá de los Almacenes de la Villa y examinó las casas
+de un solo piso alto que allí existen. Como ignoraba cuál era la que
+servía de abrigo a los adúlteros, resolvió vigilarlas todas. La noche se
+venía encima y Maxi deseaba que viniese más aprisa para dejar de ver el
+disco, que le parecía el ojo de un bufón testigo, expresando todo el
+sarcasmo del mundo. Maldición sacrílega escapose de sus labios, y renegó
+de que hubieran venido a estar tan cerca su deshonra y el santuario
+donde le habían dorado la infame píldora de su ilusión. En otros
+términos: él había ido allí en busca de una hostia, y le habían dado una
+rueda de molino... y lo peor era que se la había tragado.
+
+Después de mucho pasear vio el faetón de Santa Cruz, guiado por el
+lacayo, despacio, como para que no se enfriaran los caballos. Ya no
+quedaba duda. El coche le esperaba. Violo subir hasta Cuatro Caminos,
+donde se detuvo para encender las luces. Después bajó, y al llegar a los
+Almacenes de la Villa, otra vez para arriba. Maxi no le perdía de vista.
+El cochero daba a conocer su aburrimiento e impaciencia. En una de las
+vueltas del vehículo, Rubín sorprendió en aquel hombre una mirada
+dirigida a una de las casas. «Aquí es... aquí está». Fijose cerca de
+allí, reduciendo el espacio de su paseo vigilante. Eran las siete.
+
+Por fin, en un momento en que Maxi iba de Sur a Norte vio, a bastante
+distancia, a un hombre que salía de la casa. Era él, Santa Cruz, el
+mismo, vestido de americana y hongo. Detúvose en la puerta buscando con
+la vista su carruaje. Las dos luces brillaban allá arriba. Dirigiose
+hacia Cuatro Caminos... Detrás, avivando el paso, el odio personificado
+en Maximiliano.
+
+La vía estaba solitaria. Pasaba muy poca gente, y hacía bastante frío.
+El Delfín sintió aquellos pasos detrás de sí, y una misteriosa
+aprensión, la conciencia tal vez, le dijo de quién eran. Volviose a
+punto que la temblorosa voz del otro decía: «Oiga usted». Parose en
+firme Santa Cruz, y aunque no le conocía bien, le tuvo por quien era sin
+dudar un momento.
+
+«¿Qué se le ofrece a usted?».
+
+--¡Canalla!... ¡indecente!--exclamó Rubín con más fiereza en el tono que
+en la actitud.
+
+No esperó Santa Cruz a oír más, ni su amor propio le permitía dar
+explicaciones, y con un movimiento vigoroso de su brazo derecho rechazó
+a su antagonista. Más que bofetada fue un empujón; pero el endeble
+esqueleto de Rubín no pudo resistirlo; puso un pie en falso al
+retroceder y se cayó al suelo, diciendo: «Te voy a matar... y a ella
+también». Revolcose en la tierra; se le vio un instante pataleando a
+gatas, diciendo entre mugidos... «¡ladrón, ratero... verás!...». Santa
+Cruz estuvo un rato contemplándole con la calma fría del ofuscado
+asesino, y cuando vio que al fin conseguía levantarse, se fue hacia él y
+le cogió por el pescuezo, apretándole sañudamente cual si quisiera
+ahogarle de veras... Reteniéndole contra el suelo, gritaba: «Estúpido...
+escuerzo... ¿quieres que te patee...?».
+
+De la oprimida garganta del desdichado joven salía un gemido, estertor
+de asfixia. Sus ojos reventones se clavaban en su verdugo con un
+centelleo eléctrico de ojos de gato rabioso y moribundo. La única
+defensa del que estaba debajo era clavar sus uñas, afilándolas con el
+pensamiento, en los brazos, en las piernas, en todo lo que alcanzaba del
+vencedor; y logrando alzarse un poco con nervioso coraje, trató de
+hacerle molinete para derribarle. Derribados los dos, lucharían quizás
+más proporcionadamente. ¡Pobre razón aplastada por la soberbia! ¿Dónde
+está la justicia? ¿dónde está la vindicta del débil? En ninguna parte.
+
+El furor del Delfín no fue tanto que se le ocultara el peligro de llegar
+a un homicidio, abusando de su superioridad. «Este al fin es un hombre,
+aunque parece un insecto» pensó. Y con desdén que tenía algo de lástima,
+hubo de soltar su presa, que cayó inerte a un lado del camino, en una
+especie de hoyo o surco. Al verle como un bulto, Juan sintió algo de
+miedo. «Si le habré matado sin querer... Y en todo caso... ha sido en
+defensa propia». Pero la víctima exhaló un mugido, y revolcándose como
+los epilépticos, repitió: «Ladrón... asesino». El Delfín se acercó y
+poniéndole un pie sobre el pecho, cuidando de no apretar, dijo: «Si no
+te callas, cucaracha, te aplasto».
+
+Levantose Rubín de un salto. Era todo uñas y todo dientes; sacaba las
+armas del débil; pero con tanta fiereza, que si coge al otro le arranca
+la piel. Santa Cruz acudió pronto a la defensa. «Te digo que te pateo...
+si vuelves...». Le levantó como una pluma y le lanzó violentamente donde
+antes había caído. Era un solar o campo mal labrado, más allá de la
+última casa. La víctima no daba acuerdo de sí, y aprovechando aquel
+momento el bárbaro señorito, que vio pasar su coche, lo detuvo, montose
+en él de un salto y ¡hala!, partieron los caballos a escape.
+
+Un hombre se había detenido ante los combatientes en el último instante
+de la reyerta; acercose a Maxi y le miró con recelo. Creyendo que estaba
+mortalmente herido, no quería meterse en líos con la justicia. Cuando le
+oyó hablar, acercose más. «Buen hombre, ¿qué es eso?... ¡Pobre chico! Si
+no parece chico, sino un viejo... ¡Vaya, que pegar así a un pobre
+anciano!». Luego llegó otro hombre, que se destacó de un grupo de
+obreros que subían. Auxiliado por este, Maxi logró levantarse y corrió
+un buen trecho por el camino abajo, gritando: «¡Ladrón!... ¡a ese!...
+¡al asesino!...». Pero el coche estaba ya más allá de la iglesia.
+Formose en torno a la víctima un corro de cuatro, seis, diez personas de
+ambos sexos. Mirábales como si fueran amigos que habían de darle la
+razón reconociendo en él a la justicia pateada y a la humanidad
+escarnecida. Parecía un insensato. Su descompuesto rostro daba miedo, y
+su ahilada voz excitaba la mayor extrañeza.
+
+Porque el ardor de la lucha había determinado como una relajación de la
+laringe, en términos que la voz se le había vuelto enteramente de
+falsete. Salían de su garganta las palabras como el acento de un
+impúber. «¿En dónde se ha metido?... ¿en dónde?... ¿No es verdad,
+señores, que es un miserable?... ¿un secuestrador?... Me ha quitado lo
+mío, me ha robado... Él la arrojó a la basura... yo la recogí y la
+limpié... él me la quitó y la... volvió a arrojar... la volvió a
+arrojar. ¡Trasto infame!... Pero yo tengo que hacer dos muertes. Iré al
+patíbulo... no me importa ir al patíbulo, señores... digo que quiero ir
+al palo... pero ellos por delante, ellos por delante...».
+
+Los que le rodeaban le tenían lástima. Desconociendo el motivo de la
+zaragata, cada cual decía lo que le parecía. «_Sobre vino_ una
+pendencia».--«No, cuestión de faldas; ¿verdad?».--«¡Quita allá!, ¿pero
+no ves que es marica?».
+
+Las mujeres le miraban con más interés. «Tiene usted sangre en la
+frente» le dijo una. Era una rozadura de que el joven no se había dado
+cuenta. Llevose la mano a la cabeza y la retiró manchada de sangre. Notó
+que el brazo derecho le dolía horriblemente.
+
+«Vamos, vamos--le dijo uno--, véngase usted a la Casa de Socorro».
+
+--Gatera... miserable...--Vamos; ya eso se acabó... ¿En dónde tiene
+usted el sombrero?
+
+Maxi no dijo nada ni se cuidó del sombrero. De repente rompió en
+aullidos, pues no parecían otra cosa los esfuerzos de su voz para hablar
+a gritos. Los circunstantes podían oírle difícilmente estos conceptos:
+«Partirle el corazón es poco; es menester... machacárselo».
+
+Dos hombres le llevaban calle abajo, cada cual agarrándole de un brazo,
+y él, mirando con estupidez a sus conductores,
+repetía:--¡machacárselo!--. A ratos se paraba, prorrumpiendo en risas de
+demente. Ya cerca de la iglesia aparecieron dos individuos de Orden
+Público, que viendo a Maxi en aquel estado, le recibieron muy mal.
+Pensaron que era un pillete, y que los golpes que había recibido le
+estaban muy bien merecidos... Le cogieron por el cuello de la americana
+con esa paternal zarpa de la justicia callejera. «¿Qué tiene usted?» le
+preguntó uno de ellos, mal humorado. Maxi contestó con la misma risa
+insana y delirante; viendo lo cual el polizonte, apretó la zarpa, como
+expresión de los rigores que la justicia humana debe emplear con los
+criminales.
+
+«¿Y el agresor?».
+
+--¡Machacárselo!... Llegó a la Casa de Socorro, ya con una procesión de
+gente tras sí. El médico de guardia conocía a Maxi, y después de
+curarle la contusión de la cabeza, que no tenía importancia, le mandó a
+su casa al cuidado de los guardias de Orden Público.
+
+
+
+
+--xi--
+
+
+Cuando entró el malaventurado chico en su casa, Fortunata no había
+aparecido aún. Lo mismo fue verle Patricia en aquel lastimoso estado,
+que correr a dar aviso a doña Lupe, la cual no tardó en presentarse
+alborotada y afligida. Lo primero que hizo, conforme a su gran carácter,
+fue sobreponerse a los sucesos, no amilanarse por la vista de la sangre
+y dictar atinadas órdenes preliminares, como acostar a Maximiliano,
+traer provisión de árnica, reconocerle bien las contusiones que tenía y
+llamar un médico.
+
+«¿Pero y Fortunata?».
+
+--Salió a hacer unas compras--dijo Patricia.
+
+--¡Es particular! Las ocho y media de la noche.
+
+En vano intentó doña Lupe saber lo que había ocurrido de los propios
+labios del joven. Este no decía más que «¡machacárselo!» con aquella voz
+de falsete, que era otra novedad para su tía. Acostáronle con no poco
+trabajo, y le llenaron de bizmas. El médico de la Casa de Socorro vino y
+ordenó el reposo. Temía que hubiese algo de conmoción cerebral; pero
+probablemente concluiría todo con una fuerte jaqueca. También propinó el
+bromuro potásico a fuertes dosis, y a la primera toma se adormeció el
+herido, pronunciando palabras sueltas, de las cuales nada pudo sacar en
+claro la señora de Jáuregui. ¡Y a todas estas la otra sin parecer!
+
+Por fin, a eso de las nueve y media, cuando el médico se fue, sintió
+doña Lupe un rebullicio, luego cuchicheos en el pasillo. Fortunata había
+entrado, y hablaba muy bajito con Patria. La mente de la viuda, en la
+cual hasta entonces todo era confusión y vaguedades, empezó a dar de sí
+los juicios más extraños, ideas de atrevido alcance y de un pesimismo
+aterrador. Salió paso a paso a la sala, deseosa de sorprender aquel
+secreteo. Fortunata entró, pálida como un cirio y con ojos aterrados;
+mas doña Lupe no le dijo nada. La vio que avanzaba hacia el gabinete,
+que daba algunos pasos hacia la alcoba deteniéndose en la puerta, y que
+desde allí alargaba el cuerpo para mirar a su marido. ¿Por qué no entró?
+¿Qué temor la detenía? La alcoba estaba casi a oscuras, pues apenas
+llegaba a ella la claridad de la lámpara encendida en la sala. Doña Lupe
+llevó al gabinete la luz. Quería observar lo que hacía su sobrina, y por
+de pronto le llamó la atención su actitud extraña, no muy conforme con
+los sentimientos naturales en una esposa en situación tan aflictiva.
+Una vez que le miró bien de lejos, Fortunata, sin hacer maldito caso de
+persona tan respetable como su tía política, volvió a la sala, que ya
+estaba medio a oscuras, y se sentó en una silla. Todavía no se había
+quitado el manto, y parecía que iba a volver a la calle. Apoyada la
+mejilla en la mano, permaneció inmóvil como un cuarto de hora. El
+silencio que en las tres piezas reinaba sólo se interrumpía con tal cual
+palabra estropajosa pronunciada por Maxi, y con el paso gatuno de la
+sirviente que atravesaba la sala para ir a recibir órdenes de la única
+persona que aquella noche mandara en la casa. Si el estado del enfermo
+permitiera alzar la voz, ¡ay!, doña Lupe haría retemblar la casa con el
+estruendo de su palabra autoritaria y fiscalizadora; pero no podía ser.
+¡Qué cosas había de oír su sobrina! Resolvió, pues, la tía dejar la
+discusión para el día siguiente; mas tanto la apremiaron la curiosidad y
+el enojo, que no pudo menos de personarse, pasito a paso, en la sala, y
+decir a Fortunata, con voz oprimida: «Explícame esto».
+
+--¿Esto?...--murmuró la prójima, alzando la cara, como quien despierta.
+
+--Esto, sí... Maximiliano maltratado... tú entrando en casa tan tarde y
+con esos modos de traidora de melodrama.
+
+Fortunata, después de mirar de hito en hito a doña Lupe por espacio
+como de un minuto, volvió a apoyar la mejilla en el puño sin decir una
+palabra.
+
+«Pues me he enterado... Me gusta...».
+
+Y fue a la alcoba, porque se oyó la voz de Maxi llamando. Poco después
+se le sintió vomitar. Fortunata prestó atención a lo que allí pasaba;
+pero sin abandonar su postura de esfinge.
+
+Cuando la viuda volvió a la sala, ya eran más de las diez.
+
+«¡Las diez dadas!--dijo con aquella voz tan severa que habría hecho
+estremecer a una piedra--. Y no te has quitado el manto. ¿Es que piensas
+volver... de compras? El pobre Maxi, al despertar hace un rato, me
+preguntó si habías venido, y le dije que no. Me dio vergüenza de decirle
+que sí, porque habría sido preciso añadir que sólo con la manera de
+entrar te declaras culpable... Él dijo: 'Más vale que no venga...'. ¿Y
+tú no conoces que así no se puede seguir?... ¿que es preciso que me
+expliques esto? Habla, hija, habla o yo veré lo que tengo que hacer».
+
+Fortunata, después de mirarla con una emoción que doña Lupe no podría
+definir, volvió a apoyar la cara en la mejilla, y dando un gran suspiro,
+se acorazó dentro de aquel silencio lúgubre, que desesperaría a la misma
+paciencia.
+
+«¡Esto es para volverse loca!...--expresó doña Lupe con un gesto
+iracundo--. ¿Creerás tú, creerá usted que conmigo valen marrullerías?
+Sepa usted que...».
+
+La ira se le desbordaba, y para contenerla volvió a la alcoba. Su mente
+acalorada revolvía estas ideas: «Salió lo que yo me temía... Si lo dije,
+si esta mujer nos había de dar al fin un disgusto... ¡Ay, qué ojo tengo!
+A mí no me entraba, no me entraba; y siempre lo dije: 'ni con Micaelas
+ni sin Micaelas, podremos hacer de una mujer mala una esposa decente'.
+Ahí está, ahí está, ahí la tienen. Vean si acerté; vean si eran
+preocupaciones mías...».
+
+Lo que más ensoberbecía a doña Lupe era el chasco que se había llevado,
+pues aunque dijera otra cosa, ello es que había creído a Fortunata
+radicalmente reformada. No pudo contener su arranque, y volvió a la
+sala. «Pero se explica usted, ¿sí o no?...».
+
+Reparó entonces que hablaba con una sombra. Fortunata no estaba allí.
+Salió doña Lupe al pasillo, y vio luz en un cuartito interior, donde la
+mujer de Maxi guardaba su ropa. Empujó la puerta. Allí estaba, ya sin
+mantilla, sacando ropa del armario y metiéndola en un mundo.
+
+«¿Pero querrá usted al fin sacarme de dudas?--dijo sin recatarse ya de
+alzar la voz--. Esto es vergonzoso. Si usted se obstina en callarse,
+creeré que la causante de toda esta tragedia es usted y nada más que
+usted».
+
+Fortunata se volvió hacia ella. Su palidez era como la de un muerto.
+
+«Vamos a ver--añadió la de Jáuregui manoteando--. Si mi sobrino me
+vuelve a preguntar si ha entrado usted, ¿qué le digo?».
+
+--Dígale usted--replicó la esposa en voz más baja y expresándose con
+mucha dificultad--; dígale usted que no he venido, porque me marcharé en
+cuanto sea de día.
+
+--Yo no entiendo una palabra... ¡qué ha pasado, Santo Dios!... ¿Quién
+maltrató a Maxi?
+
+Fortunata dio un gran suspiro. «¡Qué farsa! Voy a dar parte a la
+justicia. Veremos si al juez le contesta de esa manera. Que usted es
+culpable, bien a la vista está. Si no, ¿por qué se marcha usted?».
+
+--Porque me debo ir--replicó la otra mirando al suelo.
+
+No dijo más. Fuera de sí, doña Lupe le echó la zarpa a un brazo y
+sacudiéndola fuertemente, le soltó esta imprecación:
+
+«¡Ah!, maldita... bien claro se ve que es usted una bribona... una
+bribona en toda la extensión de la palabra... que lo ha sido siempre y
+lo será mientras viva... A todos engañó usted menos a mí... a mí no...
+Yo la vi venir».
+
+Abrumada por su conciencia, Fortunata no pudo contestar nada. Si doña
+Lupe se hubiera abalanzado a ella para pegarle, se habría dejado
+castigar.
+
+«Hace usted bien en largarse--añadió la otra ya en la puerta--. No seré
+yo quien la detenga... Viento fresco. ¡Qué casa esta y qué matrimonio!
+Nada me coge de nuevo... porque, lo repito, a todos engañó usted menos a
+mí».
+
+Y era mentira, porque la primera engañada fue ella. ¡Valiente fiasco
+habían tenido sus facultades educatrices! La idea de este fracaso
+encendía su furor más que el delito mismo que en su sobrina sospechaba.
+
+Volviendo a la sala, apoderose de la señora de Jáuregui el frenesí de
+las disposiciones. La primera fue que se quedaría allí aquella noche.
+Después mandó a Patricia a su casa con un recado, llamando a Nicolás,
+que aquel día había llegado de Toledo. «Que venga mi sobrino
+inmediatamente, y si está durmiendo, encargue usted a Papitos que le
+despierte».
+
+Fortunata seguía en el cuarto de la ropa; mas adelantaba muy poco en el
+arreglo de su equipaje, porque a lo mejor se quedaba inmóvil, sentada
+sobre un baúl, mirando al suelo o a la vela, que ardía con pábilo muy
+larguilucho y negro, chorreando goterones de grasa. Desde que empezó a
+faltar, no había sentido remordimientos como los de aquella noche. El
+espectro de su maldad no había hecho antes más que presentarse como en
+broma, y érale a ella muy fácil espantarlo; pero ya no acontecía lo
+mismo. El espectro venía y se sentaba con ella y con ella se levantaba;
+cuando se ponía a guardar ropa, la ayudaba; al suspirar, suspiraba; los
+ojos de ella eran los de él, y, en fin, la persona de ambos parecía una
+misma persona. Y la atormentaban, juntamente con los revuelcos de su
+conciencia, ansias de amor, deseos vivísimos de normalizar su vida
+dentro de la pasión que la dominaba. Acordose de que su amante le había
+ofrecido ponerle casa, y establecer entre ambos una familiaridad regular
+dentro de la irregularidad. ¿Pero esto podría ser? Las ansias amorosas
+se cruzaban en su espíritu con temores vagos, y al fin venía a
+considerarse la persona más desgraciada del mundo, no por culpa suya,
+sino por disposición superior, por aquella mecánica espiritual que la
+empujaba de un modo irresistible. No pensó en dormir aquella noche, y
+anhelaba que viniese el día para marcharse, porque el sentir la voz
+doliente de su marido producíale atroz martirio. Habría dado diez años
+de su vida porque lo que pasó no hubiera pasado. Pero ya que no lo podía
+remediar, ¡ojalá que las heridas de Maxi fuesen de poca importancia!
+Después de esto, su más vivo deseo era coger la puerta y huir para
+siempre de la casa aquella. Antes morir que continuar la farsa de un
+matrimonio imposible.
+
+De estas meditaciones la sacó doña Lupe, que después de media noche
+volvió a entrar en el cuarto. Envolvíase toda en una manta, lo que le
+daba cierto aspecto temeroso y lúgubre como de alma del otro mundo.
+
+«Al pobre Maxi--dijo--, le da ahora por llorar... No cesa de preguntarme
+si ha venido usted... Francamente, no sé qué responderle».
+
+--Dígale usted que me he muerto--replicó Fortunata.
+
+--Y positivamente sería lo mejor... ¿Ha arreglado usted ya sus baúles?
+
+--Me falta poco... Mire, mire... no me llevo nada que no sea mío.
+
+--¿Y sus alhajas?--preguntó la viuda que custodiaba en su casa las de
+más valor.
+
+--¿Mis alhajas?--observó la otra vacilando primero y asegurándose al
+fin--. No son mías. Son de él, de Maxi, que las desempeñó. Se las dejo
+todas.
+
+--¿De modo que no se lleva usted más que su ropa?
+
+--Nada más. Hasta el portamonedas, con el último dinero que me dio, lo
+dejo aquí sobre la cómoda. Véalo usted.
+
+Cogió la prudente señora el portamonedas que estaba aún bien repleto y
+se lo guardó.
+
+
+
+
+--xii--
+
+
+Hay motivos para creer que cuando Papitos entró a media noche en el
+cuarto de Nicolás Rubín y le dijo sacudiéndole fuertemente: «Señor,
+señor, su tía que vaya allá ahora mismo», el santo varón soltó un
+bramido y dio media vuelta volviendo a caer en profundo sueño. Es
+probable que a la segunda acometida de Papitos, el clérigo se
+desperezara, y que ahuyentase a la mona con otro fuerte berrido,
+agasajando en su empañado cerebro la idea de que su tía debía esperar
+hasta la mañana siguiente. Y el fundamento de estas apreciaciones es que
+Nicolás no se presentó en la casa de su hermano Maxi hasta las siete
+dadas. Tanta pachorra sacaba de quicio a doña Lupe, que poniendo el
+grito en el Cielo, decía: «Estoy destinada a ser la víctima de estos
+tres idiotas... Cada uno por su lado me consumen la vida, y entre los
+tres juntos van a acabar conmigo... ¡Qué familia, Señor, qué familia! Si
+me viera mi Jáuregui, otro gallo me cantara. ¡Pero hombre de Dios, vaya
+que tienes una calma! No sé cómo con ella y lo que comes no estás más
+gordo... Te llamo a las once de la noche y esta es la hora en que te
+descuelgas por aquí... ¿Tú sabes lo que pasa?».
+
+Esto lo decía en la sala, al ver entrar a Nicolás, cuyos ojos tenían aún
+señales evidentes de lo bien que había dormido. Al sentir el coloquio,
+salió la pecadora de su escondite, y acercándose a la puerta de la sala
+trató de escuchar. Pero tía y sobrino siguieron hablando muy bajito, y
+nada pudo percibir. Después el clérigo, a instancias de su tía, salió
+al pasillo, y Fortunata metiose rápidamente en su escondite para
+esperarle allí.
+
+El cuarto aquel estaba casi completamente a oscuras en las primeras
+horas del día. Los que entraban no veían a quien dentro estuviera. La
+vela, que ardió gran parte de la noche, se había consumido. Desde
+dentro, vio Fortunata al cura, sombra negra en el cuadro luminoso de la
+puerta, y esperó a que entrase o a que dijese algo. Como el que recela
+penetrar en la madriguera de una bestia feroz, Nicolás permaneció en la
+puerta, y desde ella lanzó en medio de la oscuridad estas palabras:
+«Mujer, ¿está usted aquí?... No veo nada».
+
+--Aquí estoy, sí señor--murmuró ella.
+
+--Mi tía--añadió el clérigo--, me ha contado los horrores de esta
+noche... Mi hermano maltratado, herido; usted entrando en casa a
+deshora, y entrando para recoger su ropa y marcharse, rompiendo la
+armonía conyugal y dejándonos a todos en la mayor confusión. ¿Me querrá
+usted explicar a mí este turris-burris?
+
+--Sí señor--replicó la voz con miedo y turbación indecibles.
+
+--¿Y si ha tenido usted parte en esta infamia?
+
+--Yo... en lo de los golpes no he tenido parte--apuntó con rápida frase
+la voz.
+
+--Vamos a cuentas--dijo el clérigo avanzando un poco, precedido de sus
+manos que palpaban en las tinieblas--. Hace algunos días... lo he
+sabido ayer por casualidad... mi hermano sospechaba que usted no le era
+fiel; esta es la cosa. ¿Tenía fundamento esta sospecha?
+
+La voz no dijo nada, y hubo un ratito de temerosa expectativa.
+
+«¿Pero no contesta usted?--interrogó Nicolás con acento airado--. ¿Por
+quién me toma? Hágase usted cargo de que está en el confesonario. No
+hago la pregunta como persona de la familia ni como juez, sino como
+sacerdote. ¿Tenía fundamento la sospecha?».
+
+Después de otro ratito, que al cura se le hizo más largo que el primero,
+la voz respondió tenuemente:
+
+«Sí señor».
+
+--Ya veo--afirmó Rubín con ira--, que nos ha engañado usted a todos, a
+mí el primero, a las señoras Micaelas, a mi amigo Pintado y a toda mi
+familia después. Es usted indigna de ser nuestra hermana. Vea usted qué
+bonito papel hemos hecho. ¡Y yo que respondí...! En mi vida me ha pasado
+otra. La tuve a usted por extraviada, no por corrompida, y ahora veo que
+es usted lo que se llama un monstruo.
+
+Dio entonces un paso más, cerrando un poco la puerta, y tentó la pared
+por si hallaba silla o banco en qué sentarse.
+
+«Hablando en plata, usted no quiere a mi hermano... Ábrete,
+conciencia».
+
+--No señor--dijo la voz prontamente y sin hacer ningún esfuerzo.
+
+--No le ha querido nunca... esta es la cosa.
+
+--No señor.--Pero usted me dijo que esperaba tomarle cariño conforme le
+fuera tratando.
+
+--Sí lo dije.--Pero no ha resultado... No ha resultado. ¡Chasco como
+este...! Se dan casos... De modo que nada.
+
+--Nada.--¡Perfectamente! Pero usted olvida que es casada y que Dios le
+manda querer a su marido, y si no le quiere, serle fiel de cuerpo y de
+pensamiento. ¡Bonita plancha, sí señor, bonita!... En mi vida me ha
+pasado otra. Y usted, pisoteando el honor y la ley de Dios, se ha
+prendado de cualquier pelagatos... ya se ve: su pasado licencioso le
+envenena el alma, y la purificación fue una pamema. ¡No haber visto
+esto, Señor, no haberlo visto!
+
+Estaba tan furioso el cura por lo mal que le había salido aquella
+compostura, y su amor propio de arreglador padecía tanto, que no pudo
+menos de desahogar su despecho con estas coléricas razones: «Pues sépase
+usted que está condenada, y no le dé vueltas: condenada».
+
+No se sabe si este procedimiento del terror hizo su efecto, porque
+Fortunata no contestó nada. La expresión de sus sentimientos acerca del
+tremendo anatema perdiose en la oscuridad de aquella caverna.
+
+«Al menos, desdichada, confiese usted su delito--dijo Rubín, que
+deslizándose en las tinieblas había encontrado un cajón en que
+sentarse--. No me oculte usted nada. ¿Cuántas veces, cuántas veces ha
+faltado usted a su marido?».
+
+La contestación tardaba. Nicolás repitió la pregunta hasta tres veces
+suavizando el tono, y al fin oyó un susurro que decía: «Muchas».
+
+Cuenta el padre Rubín que aquel
+
+_muchas_ le dio escalofríos, y que le pareció el rumorcillo que hacen
+las correderas cuando en tropel se escurren por las paredes.
+
+--¿Con cuántos hombres?
+
+--Con uno solo...--¡Con uno sólo!... ¿De veras? ¿Le conoció usted
+después de casada?
+
+--No señor. Le conozco hace mucho tiempo... le he querido siempre.
+
+--¡Ah! ya... la historia vieja... perfectamente--dijo el cura, cuyo amor
+propio se erguía al encontrar un medio de aparecer previsor--. Eso ya me
+lo temía yo. ¡El amorcito primero...! ¿No lo dije, no se lo dije a
+usted? Por ahí está el peligro. He visto muchos casos. Bueno. ¿Y ese
+pelafustán es el de marras?
+
+Fortunata contestó que sí, sin comprender lo que quería decir de marras.
+
+«Y ese ha sido el miserable que abusando de su fuerza maltrató al pobre
+Maxi, débil y enfermizo... ¡Ay, mundo amargo!».
+
+--Él fue... pero Maxi le provocó...--dijo la voz--. Esas cosas vienen
+sin saber cómo... Yo lo presencié desde la ventana.
+
+--¿Desde qué ventana?
+
+--De la casa aquella.--¿Casita tenemos?... Sí... sí, lo de siempre. Lo
+había previsto yo. No crea usted que me coge de nuevo. ¡Casita y
+todo!... ¡Cuánta infamia! ¿Y no siente usted remordimientos? Cualquier
+persona que tuviera alma estaría en tal caso llena de tribulación...
+pero usted tan fresca.
+
+--Yo lo siento... lo siento... Quisiera que eso no hubiera pasado.
+
+--Eso, que no hubiera pasado el lance, para continuar pecando a la
+calladita. Y siga el fandango. También esta clase de perversidad me la
+sé de memoria.
+
+Fortunata se calló. Fuera que los ojos del clérigo se acostumbraran a la
+oscuridad, fuera que entrase en el cuarto más luz, ello es que Nicolás
+empezó a distinguir a su hermana política, sentada sobre el baúl, con un
+pañuelo en la mano. A ratos se lo llevaba al rostro como para secar sus
+lágrimas. Cierto es que Fortunata lloraba; pero algunas veces la causa
+de la aproximación del pañuelo a la cara era la necesidad en que la
+joven se veía de resguardar su olfato del olor desagradable que las
+ropas negras y muy usadas del clérigo despedían.
+
+«Esas lágrimas que usted derrama, ¿son de arrepentimiento sincero? ¡A
+saber...! Si usted se nos arrepintiera de verdad, pero de verdad, con
+contrición ardiente, todavía esto podría arreglarse. Pero sería preciso
+que se nos sometiera a pruebas rudas y concluyentes... esta es la cosa.
+¿Volvería usted a las Micaelas?».
+
+--¡Oh!, no señor--replicó la pecadora con prontitud.
+
+--Pues entonces, que se la lleve a usted el demonio--gritó el clérigo
+con gesto de menosprecio.
+
+--Le diré a usted... yo me arrepiento; pero...
+
+--Qué peros ni qué manzanas...--manifestó Rubín, manoteando con groseros
+modales--. Reniegue usted de su infame adulterio; reniegue también del
+hombre malo que la tiene endemoniada.
+
+--Eso...--¿Eso qué?... ¡Vaya con la muy...! Y me lo dice así, con ese
+cinismo.
+
+Fortunata no sabía lo que quiere decir cinismo, y se calló.
+
+«Todo induce a creer que usted se prepara a reincidir, y que no hay
+quien le quite de la cabeza esa maldita ilusión».
+
+El gran suspiro que dio la otra confirmó esta suposición mejor que las
+palabras.
+
+«De modo que, aun viéndose perdida y deshonrada por ese miserable,
+todavía le quiere usted. Buen provecho le haga».
+
+--No lo puedo remediar. Ello está _entre_ mí y no puedo vencerlo.
+
+--Ya... la historia de siempre. Si me la sé de memoria... Que quieren
+sólo a aquel y no pueden desterrarlo del pensamiento, y que patatín y
+que patatán... En fin, todo ello no es más que falta de conciencia,
+podredumbre del corazón, subterfugios del pecado. ¡Ay, qué mujeres!
+Saben que es preciso vencer y desarraigar las pasiones; pues no señor,
+siempre aferradas a la ilusioncita... Tijeretas han de ser... En
+resumidas cuentas, que usted no quiere salvarse. La pusimos en el camino
+de la regeneración, y le ha faltado tiempo para echarse por los senderos
+de la cabra. ¡Al monte, hija, al monte! Bueno; allá se entenderá usted
+con Dios. Ya me estoy riendo del chasco que se va usted a llevar. Porque
+ahora, como si lo viera, se lanzará otra vez a la vida libre.
+Divertirse... ¡ea!... Por de pronto habrá un arreglito, y ese tunante le
+dará alguna protección; tendrá usted casa en que vivir... Y ahora que me
+acuerdo, ¿ese hombre es casado?
+
+--Sí señor--dijo Fortunata con pena.
+
+--¡Ave María Purísima!--exclamó el cura llevándose ambas manos a la
+cabeza--. ¡Qué horror y qué sociedad! Otra víctima; la esposa de ese
+señor... Y usted tan fresca, sembrando muertes y exterminios por donde
+quiera que va...
+
+Esta frase de sermón aterró un poco a Fortunata.
+
+«Tendrá usted su castigo y pronto. La historia de siempre... ¡Qué
+mujeres, Señor, qué mujeres! Váyase usted a correr aventuras, deshonre a
+su marido, perturbe dos matrimonios; ya vendrá, ya vendrá el estallido.
+No le arriendo la ganancia. El amancebamiento ahora, después la
+prostitución, el abismo. Sí, ahí lo tiene usted, mírelo abierto ya, con
+su boca negra, más fea que la boca de un dragón. Y no hay remedio, a él
+va usted de cabeza... porque ese hombre la abandonará a usted... Son
+habas contadas».
+
+Fortunata tenía la cabeza próxima a las rodillas. Estaba hecha un
+ovillo, y sus sollozos declaraban la agitación de su alma.
+
+«¡Ah, mujer infeliz!--añadió el clérigo con solemnidad, levantándose--;
+no sólo es usted una bribona, sino una idiota. Todas las enamoradas lo
+son porque se les seca el entendimiento. Las saca uno del purgatorio del
+deleite y allá se van otra vez. Tú te lo quieres, pues tú te lo ten. En
+el Infierno le ajustarán a usted las cuentas. Váyase usted luego allá
+con sofismas y con zalamerías de amor... Esto se acabó. Ni yo tengo que
+hacer nada con usted, ni usted tiene nada que hacer en esta casa.
+Cuenta concluida. Al arroyo, hija; divertirse; usted sale de aquí, y
+cuando se vaya, sahumaremos, sí, sahumaremos... Perfec... tamente».
+
+Esto lo dijo en la puerta y luego se retiró sin añadir una palabra más.
+Doña Lupe le aguardaba en la sala para saber si había sido más
+afortunado que ella en la averiguación de la verdad, y allí se
+estuvieron picoteando un buen rato. Después oyeron ruido, sintieron la
+voz de Fortunata que hablaba quedito con Patricia, diciéndole quizás
+cómo y cuándo mandaría a buscar su ropa. Tía y sobrino asomáronse luego
+a los cristales del balcón y la vieron atravesar la calle presurosa, y
+doblar la esquina sin dirigir una mirada a la casa que abandonaba para
+siempre.
+
+Nicolás repetía una figura de que estaba satisfecho: «Sahumar, sahumar y
+sahumar». Y a propósito de espliego, a él, físicamente, tampoco le
+vendría mal... esto sin ofender a nadie.
+
+Madrid.--Mayo de 1886.
+
+FIN DE LA PARTE SEGUNDA
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+
+Parte tercera
+
+
+
+
+--I--
+
+Costumbres turcas
+
+
+
+
+---i---
+
+
+Juan Pablo Rubín no podía vivir sin pasarse la mitad de las horas del
+día o casi todas ellas en el café. Amoldada su naturaleza a este género
+de vida, habríase tenido por infeliz si el trabajo o las ocupaciones le
+obligaran a vivir de otro modo. Era un asesino implacable y reincidente
+del tiempo, y el único goce de su alma consistía en ver cómo expiraban
+las horas dando boqueadas, y cómo iban cayendo los periodos de fastidio
+para no volver a levantarse más. Iba al café al medio día, después de
+almorzar, y se estaba hasta las cuatro o las cinco. Volvía después de
+comer, sobre las ocho, y no se retiraba hasta más de media noche o hasta
+la madrugada, según los casos. Como sus amigos no eran tan constantes,
+pasaba algunos ratos solo, meditando en problemas graves de política
+religión o filosofía, contemplando con incierto y soñoliento mirar las
+escayolas de la escocia, las pinturas ahumadas del techo, los fustes de
+hierro y las mediascañas doradas. Aquel recinto y aquella atmósfera
+éranle tan necesarios a la vida, por efecto de la costumbre, que sólo
+allí se sentía en la plenitud de sus facultades. Hasta la memoria le
+faltaba fuera del café, y como a veces se olvidara súbitamente en la
+calle de nombres o de hechos importantes, no se impacientaba por
+recordar, y decía muy tranquilo: «En el café me acordaré». En efecto,
+apenas tomaba asiento en el diván, la influencia estimulante del local
+dejábase sentir en su organismo. Heridos el olfato y la vista, pronto se
+iban despertando las facultades espirituales, la memoria se le
+refrescaba y el entendimiento se le desentumecía. Proporcionábale el
+café las sensaciones íntimas que son propias del hogar doméstico, y al
+entrar le sonreían todos los objetos, como si fueran suyos. Las personas
+que allí viera constantemente, los mozos y el encargado, ciertos
+parroquianos fijos, se le representaban como unidos estrechamente a él
+por lazos de familia. Hasta con la jorobadita que vendía en la puerta
+fósforos y periódicos tenía cierto parentesco espiritual.
+
+Pero aunque Juan Pablo se encariñaba de este modo con el local, había
+cambiado de café bastantes veces en el espacio de cinco años.
+
+Equivalía esto a mudar de vivienda, y como todos los cafés de Madrid se
+parecen, lo mismo que se parecen las casas, Juan Pablo llevaba en sí
+propio su domesticidad, y a los dos días de frecuentar un café, ya se
+encontraba en él como en familia. Los cambios eran determinados por
+ciertas corrientes de emigración que hay en la sociedad de los vagos y
+que no se sabe a qué obedecen. Unas veces el impulso partía de algunos
+amigos inconstantes, tocados de la manía de la variedad; otras la
+emigración era motivada por una cuestión muy desagradable con _aquel
+señor de la mesa próxima_. Ya provenía de que el amo del café _se portó
+cochinamente_ cobrando a la tertulia unas copas, que se habían roto al
+discutir las verdaderas causas de la muerte de Concha en Montemuru; ya,
+por fin, de un desmejoramiento progresivo e intolerable del _género_,
+razón por la cual desearan muchos estrenar los establecimientos nuevos o
+renovados. Juan Pablo no gustaba de iniciar ninguna corriente de
+emigración; pero las seguía casi siempre. En estas corrientes es fácil
+que se pierda alguno de la partida, o por rebelde a las mudanzas o
+porque las deudas le cautivan en el antiguo local y allí le hipotecan la
+asistencia, pero en cambio siempre se gana algún tertulio nuevo que
+viene a refrescar las ideas y las bromas.
+
+Quien se hubiera tomado el trabajo de seguir los pasos de Rubín desde
+el 69 al 74, le habría visto parroquiano del café de San Antonio en la
+Corredera de San Pablo, después del Suizo Nuevo, luego de Platerías, del
+Siglo y de Levante; le vería, en cierta ocasión, prefiriendo los cafés
+cantantes y en otra abominando de ellos; concurriendo al de Gallo o al
+de la Concepción Jerónima cuando quería hacerse el invisible, y por fin,
+sentar sus reales en uno de los más concurridos y bulliciosos de la
+Puerta del Sol.
+
+Al medio día era siempre de los retrasados, porque se levantaba tarde;
+por la noche era infaliblemente el primero. Rara vez, al entrar,
+encontraba ya allí a D. Evaristo González Feijoo o a Leopoldo Montes. La
+tertulia de la noche tenía su personal distinto de la del día, y eran
+pocos los que asistían a una y otra. Sólo Rubín era punto fijo en ambas.
+La peña aquella ocupaba tres mesas, y antes de que los parroquianos
+llegaran, el mozo les ponía a todos el servicio. Juan Pablo entraba a
+las ocho, cuando aún no había en el local más que tres o cuatro
+personas, y los mozos estaban de conversación sentados junto al
+mostrador. En este, el amo o encargado preparaba los servicios, poniendo
+pilas de platillos de azúcar. Cada instante se abría la puerta de
+cristales para dar paso a algún parroquiano (que entraba quitándose la
+bufanda o desembozándose), y luego se cerraba con fuerte batacazo, para
+volverse a abrir en seguida con estridente chirrido de goznes mohosos.
+Era un estribillo abrumador... _Chirris_... entrada del individuo con su
+puro de estanco en la boca... después _pum_ y otra vez _chirris_...
+
+El amo saludaba desde el mostrador a algún parroquiano que le caía
+cerca. Los más gustaban de que se les sirviera el café sin ninguna
+tardanza, y daban palmadas si el chico no venía pronto. Juan Pablo
+entraba despacio y muy serio, como hombre que va a cumplir una
+obligación sagrada. Dirigía el paso gravemente hacia las mesas de la
+derecha y se sentaba siempre en el propio sitio con matemática
+exactitud. El mozo le saludaba en el momento de dar un restregón con el
+paño a la mesa, y él, contestando con cierta dignidad, frotábase las
+manos, se acomodaba bien en el asiento, conservando la capa sobre los
+hombros; después acercaba el vaso, poniendo a la derecha, a la discreta
+distancia a que se pone el tintero para escribir, el platillo del
+azúcar, y luego atendía a la operación de verter en el vaso la leche y
+el café, poniendo mucho cuidado en que las proporciones de ambos
+líquidos fueran convenientes y en que el vaso se llenara sin rebosar.
+Esto era elemental. Después cogía la cuchara con la mano izquierda y con
+la derecha iba echando pausadamente los terrones, dirigiendo miradas
+indulgentes a todo el local y a las personas que entraban. Como
+veterano del café sabía tomarlo con aquella lentitud y arte que
+corresponden a todo acto importante.
+
+Imposible que la historia siga a este hombre en todos sus periodos
+cafeteros. Pero no se puede pasar en silencio la etapa aquella de la
+Puerta del Sol, en que Rubín tenía por tertulios y amigos a D. Evaristo
+González Feijoo, a don Basilio Andrés de la Caña; a Melchor de Relimpio
+y a Leopoldo Montes, personas todas muy dadas a la política, y que
+hablaban del país como de cosa propia. Teniendo todos la misma manía,
+cada cual cultivaba una especialidad, pues Leopoldo Montes llevaba un
+día y otro infaliblemente, noticias de crisis; D. Basilio descendía
+siempre a menudencias de personal; Relimpio era procaz y malicioso en
+sus juicios; Rubín descollaba por suponerse que todo lo sabía y que se
+anticipaba a los sucesos _viéndolos venir_, y por último, Feijoo era
+profundamente escéptico, y tomaba a broma todas las cosas de la
+política.
+
+Allí brillaba espléndidamente esa fraternidad española en cuyo seno se
+dan mano de amigo el carlista y el republicano, el progresista de cabeza
+dura y el moderado implacable. Antiguamente, los partidos separados en
+público, estábanlo también en las relaciones privadas; pero el progreso
+de las costumbres trajo primero cierta suavidad en las relaciones
+personales, y por fin la suavidad se trocó en blandura. Algunos creen
+que hemos pasado de un extremado mal a otro, sin detenernos en el medio
+conveniente, y ven en esta fraternidad una relajación de los caracteres.
+Esto de que todo el mundo sea amigo particular de todo el mundo es
+síntoma de que las ideas van siendo tan sólo un pretexto para conquistar
+o defender el pan. Existe una confabulación tácita (no tan escondida que
+no se encuentre a poco que se rasque en los políticos), por la cual se
+establece el turno en el dominio. En esto consiste que no hay
+aspiración, por extraviada que sea, que no se tenga por probable; en
+esto consiste la inseguridad, única cosa que es constante entre
+nosotros, la ayuda masónica que se prestan todos los partidos desde el
+clerical al anarquista, lo mismo dándose una credencial vergonzante en
+tiempo de paces, que otorgándose perdones e indultos en las guerras y
+revoluciones. Hay algo de seguros mutuos contra el castigo, razón por la
+cual se miran los hechos de fuerza como la cosa más natural del mundo.
+La moral política es como una capa con tantos remiendos, que no se sabe
+ya cuál es el paño primitivo.
+
+Hablando de esto, Feijoo y Rubín achacaban la relajación de los
+caracteres a los desengaños. «Yo--decía Feijoo--, soy progresista
+desengañado, y usted tradicionalista arrepentido. Tenemos algo de común:
+el creer que todo esto es una comedia y que sólo se trata de saber a
+quién le toca mamar y a quién no».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Don Evaristo González Feijoo merece algo más que una mención en
+este relato. Era hombre de edad, solterón, y vivía desahogadamente de
+sus rentas y de su retiro de coronel del ejército. A poco de la guerra
+de África, abandonó el servicio activo. Era el único individuo de la
+tertulia que no tenía trampas ni apuros de dinero. Su existencia plácida
+y ordenada, reflejábase en su persona pulcra, robusta y simpática. Su
+facha denunciaba su profesión militar y su natural hidalgo; tenía bigote
+blanco y marcial arrogancia, continente reposado, ojos vivos, sonrisa
+entre picaresca y bondadosa; vestía con mucho esmero y limpieza, y su
+palabra era sumamente instructiva, porque había viajado y servido en
+Cuba y en Filipinas; había tenido muchas aventuras y visto muchas y muy
+extrañas cosas. No se alteraba cuando oía expresar las ideas más
+exageradas y disolventes. Lo mismo al partidario de la inquisición que
+al petrolero más rabioso, les escuchaba Feijoo con frialdad benévola.
+Era indulgente con los entusiasmos, sin duda porque él también los había
+_padecido_. Cuando alguno se expresaba ante él con fe y calor, oíale con
+la paciencia compasiva con que se oye a los locos. También él había
+sido loco; pero ya había recobrado la razón, y la razón en política era,
+según él, la ausencia completa de fe.
+
+En las tertulias de los cafés hay siempre dos categorías de individuos,
+una es la de los que ponen la broza en la conversación, llevando
+noticias absurdas o diciendo bromas groseras sobre personas y cosas;
+otra es la de los que dan la última palabra sobre lo que se debate,
+soltando un juicio doctoral y reduciendo a su verdadero valor las bromas
+y los dicharachos. Donde quiera que hay hombres, hay autoridad, y estas
+autoridades de café, definiendo a veces, a veces profetizando y siempre
+influyendo, por la sensatez aparente de sus juicios, sobre la vulgar
+multitud, constituyen una especie de opinión, que suele traslucirse a la
+prensa, allí donde no existe otra de mejor ley.
+
+Bueno. Los que ejercen autoridad en los círculos o tertulias de café
+suelen sentarse en el diván, esto es, de espaldas a la pared, como si
+presidieran o constituyesen tribunal. Juan Pablo y Feijoo pertenecían a
+esta categoría; pero el segundo no se sentaba nunca en el diván, porque
+le daba calor la pana, sino en una de las sillas de fuera, tomando café
+en un ángulo de la mesa y volviendo la espalda a los individuos de la
+mesa inmediata.
+
+En cambio, D. Basilio Andrés de la Caña, que era vulgo, se sentaba
+siempre en el diván. Gustaba de ocupar posiciones superiores a las que
+merecía, y recostaba en el marco de los espejos su cabeza calva y
+lustrosa. Usaba gafas, y su nariz pequeña podría pasar por signo o
+emblema de agudeza. Entornaba los ojos cuando daba una respuesta
+difícil, como hombre que quiere reconcentrar bien las ideas. Su frente
+era espaciosísima y su fisonomía de esas que parecen revelar un
+entendimiento profundo y sintético. Tenía algún parecido con Cavour, de
+lo que provenían las bromas un tanto pesadas que le daban. Para juzgar
+su talento, acudiremos a un dicho de Melchor de Relimpio: «El mejor
+negocio que se podría hacer en estos tiempos, ¿a que no saben ustedes
+cuál es? Pues abrirle la cabeza a D. Basilio y sacarle toda la paja que
+hay dentro para venderla».
+
+Y don Basilio, que tenía ciertas marrullerías de asno viejo, sacaba
+partido de su fisonomía engañosa y de aquel aire de _hombre conspicuo_
+que le daban su calva de calabaza, su frente abovedada, sus anteojos y
+su nariz chiquita y prismática. Más de una vez, los ministros a quienes
+se presentó experimentaron los efectos de fascinación que aquella
+carátula ejercía sobre el vulgo, y le tomaron por una eminencia no
+comprendida. Cráneo y entrecejo eran un timo frenopático. Siempre que
+discutía tomaba un tono tan solemne, que muchos incautos le miraban con
+respeto. Consideraba la risa como un acto impropio de la dignidad
+humana, y habíala desterrado casi en absoluto de su cara, tomando por
+modelo una página del Nomenclátor o de la Memoria de la Deuda Pública.
+
+Dos fases tenía la vida de este hombre: el periodismo y la empleomanía.
+En la prensa, siempre estuvo encargado de la parte extranjera y de las
+cuestiones de Hacienda. Ni para una ni para otra cosa se necesitaba en
+el periodismo antiguo saber escribir. Pero la Caña tomaba tan en serio
+estas dos ramas del conocimiento humano, que cuando trabajaba parecía
+que estaba escribiendo la _Crítica de la razón pura_. Su sueldo en las
+redacciones no pasó nunca de treinta duros, cuando le pagaban. De las
+redacciones pasaba a las oficinas, y de las oficinas a las redacciones;
+de modo que cuando estaba cesante y la familia pereciendo, alegrábanse
+las Musas de la política extranjera y de la ciencia fiscal. Siempre fue
+mi hombre _arrimado a la cola_, como decían sus amigos; es decir, muy
+moderado, porque siempre le colocaban los doctrinarios. Su primer
+destino se lo dio Mon, y estuvo en Hacienda con ciertas alternativas
+hasta el periodo largo de la Unión Liberal. Esta época fue su _crujía_
+funesta, y vivió míseramente de la pluma, preguntando todos los días a
+la conclusión del artículo: «¿qué hará la Rusia?» y respondiéndose con
+la más deliciosa buena fe: «no lo sabemos». A Inglaterra la llamaba
+siempre el _Gabinete de Saint-James_, y a Francia el _Gabinete de las
+Tullerías_.
+
+Durante el periodo revolucionario, pasó el pobre D. Basilio una
+trinquetada horrible, porque no quiso venderse ni abdicar sus ideas.
+Únicamente consintió en trabajar en un periódico liberal templado;
+pero... bien claro se lo dijo al director... nada más que para tratar de
+las cuestiones financieras, con exclusión absoluta de toda idea
+política. Dicho y hecho: la Caña se largaba todos los días un articulazo
+que no leía nadie, criticando la gestión de la Hacienda; pero no así
+como se quiera, sino con números. «Con los números no se juega» decía
+él, y le metía mano al presupuesto y lo desmenuzaba como si fuera la
+cuenta de la lavandera. «Si esta gente no comprende--decía en el café
+inflado de autoridad--, que sin presupuesto no hay política posible, ni
+hay país, ni nada. Estoy harto de decírselo todos los días. Y nada; como
+si se lo dijera a este mármol. Señores, yo les juro que he examinado una
+por una todas las cifras, y créanmelo, parece mentira que ese buñuelo
+haya salido de las oficinas de Hacienda. Pero si es lo que yo digo: ese
+señor (el Ministro del ramo) no sabe por dónde anda, ni en su vida las
+ha visto más gordas... ¡Cuidado que lo vengo demostrando como tres y dos
+son cinco! Pero nada... no lo quieren entender».
+
+Después de expresar con un gran suspiro la lástima que tenía de este
+pobre país, seguía tomando su café con indolencia, pero con apetito,
+porque para D. Basilio era verdadero alimento, y lo tomaba colmado, en
+vaso, y dejando rebosar todo lo posible en el plato para trasegarlo
+después frío al vaso. En los últimos años de la Revolución, D. Manuel
+Pez diole un destinillo en el Gobierno civil, y él lo aceptó como ayuda
+hasta que vinieran tiempos mejores; pero estaba descontento, no sólo por
+lo mezquino del sueldo, sino por razones de dignidad. Los amigos que le
+oían quejarse, comparando la exigüidad de la paga con la muchedumbre de
+bocas que constituían su familia, le consolaban cada cual a su manera;
+pero él decía invariablemente: «y sobre todo, me lo pueden creer, lo que
+más me contrista es no estar _en mi ramo_». Su ramo era la Hacienda.
+
+La conversación del círculo, que empezaba casi siempre con el tema de la
+guerra, pasaba insensiblemente al de los empleos. Leopoldo Montes,
+cesante eterno, Relimpio, y otros que tenían entre los dientes alguna
+piltrafa del presupuesto, se arrojaban con deleite famélico sobre aquel
+tema picante. «Usted, ¿cuánto tiene?».
+
+--Yo _catorce_; pero me corresponden _dieciséis_; Fulano, que estaba por
+debajo de mí en la Ordenación de pagos, tiene ya _veinte_, y yo llevo
+diez años con _catorce_.
+
+--Pues yo--decía D. Basilio--, cuando estaba _en mi ramo_, llegué a
+_veinticuatro_ por mis pasos contados. Con este desbarajuste que hay
+ahora, no se sabe ya por dónde anda uno. El día que vuelva a _mi ramo_,
+no admito credencial que sea inferior a _treinta_.
+
+--Pero como aquí se hacen mangas y capirotes de los _derechos
+adquiridos_... ¡qué país! Yo entré en Penales con _ocho_, después me
+pasaron a Instrucción Pública con _diez_, luego cesante, y al fin, para
+no morirme de hambre, tuve que aceptar _seis_ en Loterías.
+
+--Pues yo--murmuraba una voz que parecía salida de una botella, voz
+correspondiente a una cara escuálida y cadavérica, en la cual estaban
+impresas todas las tristezas de la Administración española--, sólo pido
+dos meses, dos meses más de activo para poderme jubilar por Ultramar. He
+pasado el charco siete veces, estoy sin sangre, y ya me corresponde
+retirarme a descansar con _doce_. ¡Maldita sea mi suerte!
+
+El cesante más digno de conmiseración es aquel que sólo pide unos
+cuantos días más de empleo para poder reclinar sobre la almohada de las
+Clases Pasivas una frente cargada de años, de sustos y de servicios.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+De ocho a diez estaba el café completamente lleno, y los
+alientos, el vapor y el humo hacían un potaje atmosférico que
+indigestaba los pulmones. A las nueve, cuando aparecían _La
+Correspondencia_ y los demás periódicos de la noche, aumentaba el
+bullicio. La jorobada y un su hermano, también algo cargado de espaldas,
+entraban con las manos de papel, y dando brazadas por entre las mesas
+del centro, iban alargando periódicos a todo el que los pedía. Poco
+después empezaba a clarear la concurrencia; algunos se iban al teatro, y
+las peñas de estudiantes se disolvían, porque hay muchos que se van a
+estudiar temprano. En todos los cafés son bastantes los parroquianos que
+se retiran entre diez y once. A las doce vuelve a animarse el local con
+la gente que regresa del teatro y que tiene costumbre de tomar chocolate
+o de cenar antes de irse a la cama. Después de la una sólo quedan los
+enviciados con la conversación, los adheridos al diván o a las sillas
+por una especie de solidificación calcárea, las verdaderas ostras del
+café.
+
+Juan Pablo no se iba hasta que cerraban las puertas, y de todos sus
+amigos el único que tan a deshora le acompañaba era Melchor de Relimpio.
+Iban juntos hacia su barrio y a veces el uno dejaba al otro en la
+puerta de su casa, sin cesar de charlar hasta el momento en que venía el
+sereno a abrir. Si la noche estaba buena, solían darse una hora más de
+palique vagando por las calles.
+
+¿De qué hablaban aquellos hombres durante tantas y tantas horas? El
+español es el ser más charlatán que existe sobre la tierra, y cuando no
+tiene asunto de conversación, habla de sí mismo; dicho se está que ha de
+hablar mal. En nuestros cafés se habla de cuanto cae bajo la ley de la
+palabra humana desde el gran día de Babel, en que Dios hizo las
+opiniones. Óyense en tales sitios vulgaridades groseras, y también
+conceptos ingeniosos, discretos y oportunos. Porque no sólo van al café
+los perdidos y maldicientes; también van personas ilustradas y de buena
+conducta. Hay tertulias de militares, de ingenieros; las de empleados y
+estudiantes son las que más abundan, y los provincianos forasteros
+llenan los huecos que aquellos dejan. En un café se oyen las cosas más
+necias y también las más sublimes. Hay quien ha aprendido todo lo que
+sabe de filosofía en la mesa de un café, de lo que se deduce que hay
+quien en la misma mesa pone cátedra amena de los sistemas filosóficos.
+Hay notabilidades de la tribuna o de la prensa, que han aprendido en los
+cafés todo lo que saben. Hombres de poderosa asimilación ostentan cierto
+caudal de conocimientos, sin haber abierto un libro, y es que se han
+apropiado ideas vertidas en esos círculos nocturnos por los estudiosos
+que se permiten una hora de esparcimiento en tertulias tan amenas y
+fraternales. También van sabios a los cafés; también se oyen allí
+observaciones elocuentes y llenas de sustancia, exposiciones sintéticas
+de profundas doctrinas. No es todo frivolidad, anécdotas callejeras y
+mentiras. El café es como una gran feria en la cual se cambian infinitos
+productos del pensamiento humano. Claro que dominan las baratijas; pero
+entre ellas corren, a veces sin que se las vea, joyas de inestimable
+precio.
+
+La mesa presidida por Juan Pablo Rubín era la segunda, entrando, a mano
+derecha. La inmediata pertenecía al mismo círculo de amigos; después
+seguía la de los _curas de tropa_, llamada así porque a ella se
+arrimaban tres o cuatro sacerdotes, de estos que podríamos llamar
+sueltos, y que durante la noche y parte del día hacían vida laica. A
+esta mesa solía ir Nicolás Rubín, vestido de seglar como los otros,
+sirviendo de transición entre aquel círculo y el próximo, donde su
+hermano estaba. Las dos tertulias vecinas vivían en excelentes
+relaciones, y a veces se entremezclaban los apreciables sujetos que las
+componían. A la mesa de los presbíteros seguían dos de escritores,
+periodistas y autores dramáticos. Federico Ruiz iba por allí muy a
+menudo, y como era hombre tan comunicativo, metía baza con los curas, de
+lo que resultó que estos se familiarizaran por una banda con la gente de
+pluma, y por otra con los amigos de Rubín y Feijoo. A los escritores
+seguían los _chicos de caminos_, que ocupaban las tres mesas del ángulo.
+Allí empezaba lo que llamaban el _martillo_, o sea el crucero del
+vastísimo local. Dicho crucero era como un segundo departamento del
+café, y estaba invadido por estudiantes, en su mayoría gallegos y
+leoneses, que metían una bulla infernal.
+
+Como todo esto que cuento se refiere al año 74, natural es que en el
+café se hablara principalmente de la guerra civil. En aquel año
+ocurrieron sucesos y lances muy notables, como el sitio de Bilbao, la
+muerte de Concha, y por fin, el pronunciamiento de Sagunto. Raro era el
+día que no echaban los periódicos un extraordinario anunciando batallas,
+desembarcos de armas, movimientos de tropas, cambios de generales y
+otras cosas que por lo común daban pie a inacabables comentarios.
+
+«¿Se ha enterado usted, Rubín?--decía Feijoo al tomar asiento junto al
+ángulo de la mesa, y quitando de la boca del vaso el platillo del
+azúcar--. Parece que Mendiry se ha corrido hacia Viana».
+
+--Descuide usted--replicaba Juan Pablo con suficiencia. No saldrán del
+circulito de las Provincias Vascongadas y Navarra. Les conozco bien...
+Todos los jefes no van más que a hacer su pella... El día en que haya un
+gobierno que les quiera comprar, se acabó la guerra.
+
+--¡Pero, hombre...!--No hay más que hablar. Pillería aquí, pillería
+allá, y todo una gran pillería.
+
+--Aquí no hay más que mucha hambre--decía uno de los curas de tropa
+alzando la voz en la mesa inmediata--. La guerra no se acaba porque los
+militares van muy a gusto en el machito. Los de acá y los de allá no
+están por la paz. ¿Pero qué me dicen ustedes a mí que he visto aquello?
+Yo he servido en el _cuarto montado_, he visto de cerca la guerra... y
+esta seguirá jorobándonos mientras unos y otros mamen de ella.
+
+--¡Qué fuerte está el señor capellán!--dijo Feijoo sonriendo, y no dijo
+más porque entró D. Basilio y en tono de gran misterio se expresó de
+este modo:
+
+«Cuando digo que hay novedades...».
+
+Después que le sirvieron el café, agachó la cabeza, y en el círculo que
+formaban las cuatro o cinco cabezas de sus amigos que se alargaron para
+oírle, hizo la confidencia:
+
+«Se lo digo a ustedes en gran reserva».
+
+--¿Pero qué es?--_¡Misterios!_... Sagasta está disgustado. Me lo ha
+dicho su secretario particular.
+
+--¡Ah!, yo también lo oí--indicó Relimpio--. Es cierto... como que tiene
+dolor de muelas.
+
+--El motivo--añadió la Caña radiante--, no lo sé. Cada uno piense como
+quiera. Yo lo único que me permito decir es que esto está muy malo...
+pero muy malo, y que hay mar de fondo.
+
+--¿Pero no sabe usted más?--le preguntó Feijoo de una manera
+apremiante--. Yo creí que nos iba usted a dar noticia de la conferencia
+del Duque con Elduayen... Y ahora sale con que Sagasta está
+malhumorado... Dios nos asista... Pero lo de la conferencia, ¿es cierto
+o no?
+
+Don Basilio solía llevar en la boca un palillo de dientes, y tomándolo
+entre los dedos lo mostraba, accionando con él, como si formara parte
+del argumento.
+
+«Lo que yo sé--afirmó con acento patético, ofreciendo el palillo a la
+admiración de sus amigos--, lo que yo sé es que esto está muy malo. Digo
+con Lorenzana: _Meditemos_».
+
+El círculo de cabezas volvió a formarse, y en él echó D. Basilio su
+aliento, como los saludadores, antes de echar sus palabras. Era el tal
+aliento poco grato a la nariz de Feijoo, por lo cual este se retiró
+discretamente.
+
+Don Basilio estuvo vacilando entre su conciencia, que le exigía callar,
+y el deseo de satisfacer la curiosidad de sus amigos. Por fin se
+violentó un poco para decir:
+
+«Esta tarde Romero Ortiz salió del ministerio a las cuatro, y al pasar
+en coche por la calle del Amor de Dios, vio a un amigo, paró el coche,
+el amigo entró, y fueron...».
+
+--¿Pero quién era el amigo?
+
+--Todo no se ha de decir... Pues bien; allá va: era _el pollo Romero_.
+Fueron... esta sí que es gorda... a casa de D. Antonio Cánovas... Madera
+Baja, 1.
+
+Dicho esto, la Caña se quedó muy serio, saboreando el efecto que debían
+causar sus palabras. Volvió a poner el palillo entre los dientes y
+miraba a sus amigos con cierta lástima.
+
+«¿Y qué?--dijo Rubín con desabrimiento--. No veo la tostada».
+
+--Pues, amigo mío--replicó D. Basilio en el tono de un hombre superior
+que no quiere incomodarse--, si usted no quiere ver la tostada, ¿yo qué
+le voy a hacer?
+
+--¿Y qué más da que vayan o no a casa de Cánovas?
+
+--Nada, nada... la cosa no tiene malicia. Flojilla cosa es... ¿De qué
+pan hago las migas, compadre? Del tuyo que con el viento no se oye.
+
+Después se permitió echarse a reír, cosa en él extrañísima y desusada.
+
+«Este D. Basilio...».--Amigo--manifestó Feijoo con su franqueza
+habitual--. Confiese usted que la noticia que nos ha traído podría ser
+una sandez.
+
+--Bueno, mi Sr. D. Evaristo, usted crea lo que quiera. Yo me lavo las
+manos.
+
+Esto de lavarse las manos lo repetía mucho la Caña; pero los hechos no
+correspondían a las palabras como lo demostraba la simple observación.
+«Ustedes podrán creer lo que les acomode--repetía el escritor de
+Hacienda, intentando elevar su dignidad de noticiero sobre la chacota de
+sus amigos--, pero lo que yo sostengo es que antes de un mes está el
+Príncipe Alfonso en el trono».
+
+Risa general. D. Basilio se ponía colorado y después palidecía. Sus
+labios temblaban al aplicarse al borde del vaso.
+
+--¿A que no?--dijo con rabia Juan Pablo--. Eso, nunca. Antes que eso,
+que vuelvan los cantonales. ¡Ni que fuéramos bobos en España! Señores,
+¿a ustedes les cabe en la cabeza que venga aquí el Príncipe Alfonso? Y
+detrás doña Isabel. ¡Bonito porvenir!... Otra vez el _moderantismo_.
+Pero yo pregunto--añadió con exaltación, dejando caer la capa y echando
+atrás el sombrero--, yo pregunto: ¿qué gente tiene a su lado el
+Príncipe? A ver; responderme.
+
+Don Basilio, no se atrevía a responder. Contentábase con tomar aires de
+hombre profundo, que no se resuelve a soltar el enjambre de ideas que le
+zumban en el cerebro.
+
+--Responderme.--Nadie... cuatro gatos--dijo Montes.
+
+--Los que no supieron defender a su madre cuando la echamos, señores...
+Y ahora... Si quiere D. Basilio, pasaremos revista a todos los
+personajes del _alfonsismo_. Vamos, vengan ratas.
+
+Don Basilio, por su gusto, se habría metido debajo de la mesa. No hacía
+más que morder el palillo y gruñir como un mastín que no se decide a
+ladrar ni quiere tampoco callarse.
+
+«El _alfonsismo_ es un crimen» afirmó con la mayor suficiencia Leopoldo
+Montes, que no se paraba en barras para expresar una opinión.
+
+--Pero un crimen _de lesa nación_--agregó Rubín--. Es lo que yo le decía
+anoche a Relimpio, que también se va cayendo de ese lado. ¡En estos
+momentos, cuando no se sabe lo que saldrá de la guerra...! Pues qué, si
+D. Carlos no fuera un necio, ¿no estaría ya en Madrid?
+
+--Pero, y eso ¿qué prueba?--arguyó al fin D. Basilio, viendo una salida
+favorable de la confusión en que su contrincante le metía--; ¿qué tiene
+que ver...? Lógica, señores, lógica.
+
+--Nada, hombre, que no viene acá el niño ese... que no viene... Yo pongo
+mi cabeza.
+
+--Pero...--No hay pero... Que no viene, y no le dé usted vueltas, Sr. de
+la Caña.
+
+--Deme usted razones.--Que no viene... Usted se convencerá, usted lo
+verá... Al tiempo...
+
+--Pues al tiempo.
+
+--Que no, hombre, que no. Si hasta que venga el Príncipe no le llevan a
+usted _a su ramo_, menudo pelo va usted a echar...
+
+--Si no se trata aquí de que yo eche pelo ni de que no eche
+pelo--manifestó D. Basilio incomodándose un poco y mostrando el palillo
+deshilachado.
+
+Pero Rubín se puso a hablar con Feijoo, que le preguntaba por aquel
+inexplicable casamiento de su hermano con una mujer maleada. Don Basilio
+pegó la hebra con los curas de tropa y con Nicolás Rubín. En aquel
+círculo le hacían más caso que en el suyo, y se despachaba más a su
+gusto. Divididas las opiniones, el capellán del _cuarto montado_ votaba
+por el Príncipe; pero el cura Rubín y otros dos que allí había bufaban
+sólo de oír hablar del _alfonsismo_. D. Basilio, inclinándose de aquel
+lado, apoyado en el codo, les revelaba secretos con muchísima reserva.
+Ya no faltaba más que dar algunos perfiles a la cosa. Todo dispuesto, y
+el primerito que estaba en el ajo era Serrano.
+
+«Lo que ustedes oyen... Al tiempo... Ustedes lo han de ver... y pronto,
+muy pronto».
+
+Después se incautaba con disimulo de todos los terrones de azúcar que
+podía, y se marchaba a su casa, despidiéndose de cada uno
+particularmente con apretón de manos a espaldarazo.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Rubín, después de su fracaso en el campo y corte de D. Carlos,
+había tomado en aborrecimiento a los hombres del bando absolutista; pero
+conservaba las ideas autoritarias y la opinión de que no se puede
+gobernar bien sino dando muchos palos. Toda la parte religiosa del
+programa carlista la descartaba, quedándose tan sólo con la política,
+porque ya había visto prácticamente que los curas lo echan todo a
+perder. Decía que su ideal era _un gobierno de leña_, que hiciera las
+leyes y nos las aplicara sin contemplaciones, mirando siempre a la
+justicia, con una tranca muy grande y siempre alzada en la mano. Este
+sistema autocrático comprendía las maneras de gobernar más que las ideas
+y soluciones teóricas, porque entre las que profesaba Rubín habíalas
+marcadamente avanzadas, populares y aun socialistas. Uno de sus temas
+era este: «Conviene que todo el mundo coma... porque el hambre y la
+pobretería son lo que más estorba la acción de los gobiernos, lo que da
+calor a las revoluciones, manteniendo a la nación en la intranquilidad y
+el desbarajuste». Este socialismo sin libertad, combinado con el
+absolutismo sin religión, formaba en la cabeza de aquel buen hombre un
+revoltijo de mil demonios.
+
+Otro de sus temas era: _No más pillos y pena de muerte al ladrón_. O más
+claro: castigo inmediato y cruel a todos los que van al gobierno con el
+único fin de hacer chanchullos. La ráfaga de ambición que pasa por la
+mente de todo español con más o menos frecuencia haciéndole decir _si yo
+fuera poder_, le soplaba a Rubín dos o tres veces cada día, más bien
+como sueño que como esperanza; pero en sus horas de soledad se adormecía
+con aquella idea y la trabajaba, batiéndola, como se bate la clara de
+huevo para que crezca y se abulte y forme espumarajos. La conclusión de
+este meneo mental era que «aquí lo que hace falta es un hombre de
+riñones, un tío de mucho talento con cada riñón como la cúpula del
+Escorial».
+
+Su prisión por sospechas de conspiración acentuole la soberbia y la
+murria soñadora, revolviendo más al propio tiempo el pisto manchego de
+su programa político-social. Salió de la cárcel con la cabeza más
+aturullada y los ánimos más encendidos. Entrole entonces cierto afán por
+las lecturas, porque reconocía su ignorancia y la necesidad de entender
+las ideas de los grandes hombres y los sucesos notables que habían
+pasado en el mundo. Durante un par de semanas leyó mucho, devorando
+obras diferentes, y como tenía facilidad de asimilación y mucha labia,
+lo que leía por las mañanas lo desembuchaba por las noches en el café
+convertido en pajaritas. Pajaritas eran sus conceptos; pero no por
+serlo, dejaban de cautivar a D. Basilio, a Leopoldo Montes y al mismo
+Feijoo.
+
+Un día se despertó pensando que debía _empollar_ algo de sistemas
+filosóficos y de historia de las religiones. El móvil de esto no era
+simplemente el amor al saber, sino un maligno deseo de tener argumentos
+con qué apabullar a los curas de la mesa próxima, que sólo por ser
+curas, aunque sueltos, le eran antipáticos, pues odiaba a la clase
+entera desde aquella trastada que los sotanas le hicieron en el Norte.
+
+Poco a poco, a medida que iba acopiando argumentos, fue Rubín
+corriéndose a lo largo del diván, hasta que llegó a presidir la mesa de
+los capellanes. Eran estos tres, cuatro cuando iba Nicolás Rubín, todos
+de buena sombra y muy echados para adelante. Ninguno de ellos se mordía
+la lengua fuera cual fuese el tema de que se tratara. El más calificado
+era un viejo catarroso, andaluz, gran narrador de anécdotas, mal
+hablado, y en el fondo buena persona. Retirábase a las once y decía sus
+misitas por la mañana. El segundo era cura de tropa, echado del servicio
+por no sé qué desafueros, y el tercero ex-capellán de un vapor correo
+expulsado porque le cogieron contrabando de tabaco. Estos dos eran
+buenos peines; habían corrido mucho mundo, y estaban sin licencias,
+ladrando de hambre, echados de todas las iglesias y sin encontrar
+amparo en parte alguna. Tal situación les agriaba el carácter,
+haciéndoles parecer peores de lo que eran. Jamás se vestían de hábitos;
+pero conservaban la cara afeitada, como para estar disponibles en el
+caso de que los admitiesen otra vez en el oficio.
+
+No sé cómo se llamaba el viejo catarroso, porque todos allí le nombraban
+_Pater_; hasta el mozo que le servía, dábale este apodo. El ex-castrense
+se llamaba Quevedo y era del propio Perchel, feo como un susto, picado
+de viruelas, de mirada aviesa y con una cara de secuestrador, que daría
+espanto al infeliz que se la encontrase en mitad de un camino solitario.
+Bebía aguardiente aquel clérigo como si fuera agua, y su lenguaje era un
+ceceo con gargarismos. Contaba hechos de armas y aventuras de cuartel
+con una gracia burda y una sinceridad zafia que levantaban ampolla. El
+otro se llamaba Pedernero y era del propio Ceuta, hijo de una _oficiala_
+del Fijo, joven y simpático, de modales mucho más finos que sus colegas,
+listo como un chorro de pólvora, y con un pico de oro que daba gusto.
+Para él no tenían secretos la vida humana ni la juventud: Su compañero
+Quevedo solía envolverse en formas hipócritas; Pedernero no. Se
+presentaba sin máscara, tal como era, empezando por decir que el
+Superior había hecho muy bien en quitarle las licencias.
+
+El llamado _Pater_ afectaba cierto magisterio episcopal con los otros
+dos; les reprendía cuando decían alguna barbaridad y les daba buenos
+consejos, profesando el principio de que todo era tolerable cuando se
+trataba en broma. Él, por ejemplo, hablaba y oía, sobre todo oía, muchas
+cosas malas; pero su vida permanecía pura. Tenía la cara redonda, blanca
+y risueña, y cuando estaba sin sombrero parecía una mujer cincuentona,
+ama de canónigo. No gustaba de que le armasen en la mesa disputas
+violentas, sino que se mantuviera la tertulia en el terreno de las
+hablillas sabrosas y de las chirigotas picantes, aunque fuesen sucias.
+Pues bien; en este círculo fue donde se coló Juan Pablo, con su
+clerofobia y su pegadizo saber de teología y filosofía católica.
+
+Empezó dando puntadas. Como al principio era su charla frívola y de
+gacetilla, todos se reían y el _Pater_ estaba en sus glorias. Pero poco
+a poco iba sacando Rubín proposiciones serias. El poder temporal del
+Papa fue puesto por los suelos, sin que ninguno de los tonsurados
+hiciese una defensa formal. El _Pater_ y Quevedo tomaban la cuestión con
+calma, oponiendo a los ataques de Rubín argumentos evasivos en estilo
+joco-serio. Pedernero lo echaba todo a chacota; pero una noche que llevó
+Rubín, bien fresquecito y pegado con saliva, el tema de la pluralidad de
+mundos habitados, Pedernero empezó a despabilarse. Era doctor en
+Teología, y aunque había ahorcado los libros hacía mucho tiempo, algo
+recordaba, y tenía además grandes dotes de polemista. Rubín salió un
+tanto contuso; pero en retirada se defendía bien con su flexibilidad y
+agudeza. Más adelante llevó un arsenal de argumentos contra la
+revelación. «Esto no lo creen ya más que los adoquines...». Todo el
+Viejo Testamento no era más que un fraude, una imitación de las
+teogonías india y persa. Bien se veía la reproducción de los mismos
+mitos y símbolos. El pecado original, la expulsión del paraíso, la
+encarnación, la redención, eran una serie de representaciones poéticas y
+naturalistas que se reproducían al través de los siglos, «lo mismo a
+orillas del Éufrates que del Nilo que del Jordán».
+
+«¿Sí?, pues ahora lo verás». Esto se dijo Pedernero, cuyo amor propio de
+teólogo contrabandista se picó extraordinariamente. En dos o tres días
+refrescó sus lecturas, rehízo su erudición descompuesta en los viajes y
+en la vida de libertino, y bien preparado acudió al torneo a que el otro
+le retaba con sabidurías de tercera mano, aprendidas en los libritos
+franceses de ciencia popular a treinta céntimos el tomo. Pues amigo, una
+noche el ex-capellán del vapor-correo se lió la manta y le dio tal
+paliza a Rubín, que este hubo de salir con las manos en la cabeza. Había
+que ver a Pedernero transfigurado, hecho un orador ardiente y lleno de
+arrogante facundia. El auditorio se estrechaba, y de las mesas próximas
+y de los veladores del centro acudía gente, apelmazándose en torno a los
+bravos contrincantes. Rubín era agudo, ágil, guerrillero de la
+discusión; el otro dominaba el asunto y era firme y sobrio de palabras,
+seguro en la dialéctica.
+
+No pararon aquí las cosas. Rubín, lleno de despecho, resobaba sus
+libritos de a treinta céntimos para buscar armas contra la Iglesia.
+Apenas las esgrimía, Pedernero le reventaba. Su argumentación era la
+maza de Fraga. El _Pater_ no cabía en sí de gozo y bailaba en el
+asiento; Quevedo alargaba el hocico, y hasta se atrevía a decir _mu_,
+repitiendo las admirables razones de su amigo. Los demás tertulios se
+envalentonaban adhiriéndose algunos al bando de Pedernero, otros al de
+Rubín, no por convicción, sino por divertirse y aumentar la jarana.
+Además de los tres curas, eran parroquianos de aquella mesa las
+siguientes personas: un agente de Bolsa riquísimo que, con el _Pater_,
+llevaba diez años de concurrir todas las noches a aquel mismo sitio, un
+bajo de ópera retirado, un funcionario de poco sueldo y el dueño de un
+acreditado molino de chocolate. Los curas y estos cuatro señores
+formaban la partida más fraternal que puede imaginarse. Llevando cada
+cual un bocado sabroso al festín de la murmuración pasaban dulcemente
+las horas, amigos allí, distantes unos de otros en el comercio de la
+vida ordinaria.
+
+Rubín, al verse vencido, pues hasta el agente de Bolsa, que era el más
+libre-pensador de todos, se cayó del lado de Pedernero, buscaba camorra,
+empleando argumentos de mala fe y personalizando la disputa. El bajo de
+ópera se creía en el deber de apoyar la idea religiosa, por haberla
+expresado tantas veces con su sábana por la cabeza, haciendo el
+respetable papel de sumo sacerdote; y el del molino de chocolate azuzaba
+a los dos por ver si la cosa se enfurruñaba y no quedaban más que los
+rabos. Oíanse en aquella parte del café cláusulas furibundas,
+proposiciones que parecían dichas en un púlpito, y descollaba sobre el
+tumulto la valiente voz de Pedernero gritando:
+
+«Yo le digo a usted que ningún Santo Padre ha podido sostener ese
+disparate. No jorobar. Yo le reto a usted a que me traiga el texto, y si
+no lo trae, es prueba de que lo inventa usted».
+
+Aquella noche quedó la cosa mal, y el tono de los contendientes, así
+como la atmósfera caldeada que en la tertulia reinó, hacían temer una
+escena desagradable. La catástrofe tuvo lugar a la noche siguiente, pues
+habiéndose permitido Rubín algunas reticencias desfavorables a la
+reputación de la Virgen María, saltó Pedernero de su asiento, trémulo y
+descompuesto, en estado de horrible agitación, y lanzó a su contrario
+anatema tan furibundo que los amigos tuvieron que sujetarles.
+
+«Porque yo soy un lipendi. Yo reconozco--gritaba el capellán
+ahogándose--, que soy un mal sacerdote; pero delante de mí no hay un
+judío sin vergüenza que se atreva a hablar mal de la Virgen. O se traga
+usted esas infamias o le rompo el alma... ahora mismo».
+
+No puede describirse lo que allí pasó. Voces, gritos, patadas, capas
+rotas, vasos volcados, terrones por el suelo. Trincando una botella,
+Rubín apuntó al cura con tal desacierto que quedó descalabrado... el
+infeliz bajo de ópera. El zipizape fue de lo más célebre... D. Basilio
+tiró de los faldones a Rubín y por poco se queda con ellos en la mano.
+Todo el café se alborotó. El amo intervino...
+
+Emigración. Desde el día siguiente Juan Pablo trasladó sus reales a otro
+café.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+El primero que hubo de seguirle fue don Evaristo González Feijoo, a
+quien era indiferente este o el otro establecimiento. Instaláronse por
+el pronto en Fornos, y allí esperaron. A la segunda noche fue Leopoldo
+Montes, y a la tercera D. Basilio, que les encontró discutiendo de qué
+café se posesionarían definitivamente.
+
+El escritor de Hacienda se apresuró a dar su opinión favorable al café
+de Santo Tomás, porque allí daban más azúcar que en ninguna parte.
+Replicó a esto Montes que no había que mirar el caso _bajo el prisma
+exclusivo_ del azúcar y que el género que más importaba era el café. El
+de la Aduana estuvo a punto de triunfar; pero lo desecharon por no estar
+siempre entre franceses, así como se excluyó el Imperial por los
+toreros, y otro por las cursis que lo invadían. Feijoo se habría quedado
+allí; pero a Rubín le eran antipáticos los alumnos de escuelas
+preparatorias militares que iban a Fornos a primera hora. Molestábale
+también la costumbre que allí había de quitar gas a las diez de la noche
+cuando se iban los tales alumnos. El local se quedaba medio a oscuras,
+no volviendo a ser bien alumbrado hasta las doce, hora en que venían a
+cenar los bolsistas. A Rubín le cargaban también los dichosos bolsistas,
+que no hablaban más que de dinero.
+
+Decidieron por fin establecerse en el Siglo de la calle Mayor, donde se
+encontraron bastantes personas conocidas. Rubín necesitaba algunos días
+para la aclimatación en nuevo local. Al principio cambiaba
+frecuentemente de mesa, bien porque el sitio era expuesto a las
+corrientes de aire, bien por ciertas vecindades un poco molestas. Una de
+las primeras noches, cuando aún no habían llegado los amigos, Rubín
+estaba solo en la mesa, y ponía su atención en dos grupos inmediatos a
+él. En ambos era vivo y animado el diálogo. En el de la derecha decían:
+«Hoy he hecho yo unas cincuenta arrobas a veinticinco reales. Pero está
+la plaza perdida. Los paletos van aprendiendo mucho. Hoy han dicho que
+no traen más escarola si no se la ponemos a diez». En el grupo de la
+izquierda, compuesto de tres individuos, oyó Rubín lo siguiente: «Te
+aseguro que yo admito la metempsícosis, según la entendían los egipcios
+y los caldeos». Comprendió Rubín que los de la derecha eran asentadores
+de víveres y los de la izquierda filósofos de café. En el del Siglo
+había una gran reunión de espiritistas, a la que concurría por aquella
+fecha Federico Ruiz. Viole Rubín, y se acercó a la tertulia, teniendo el
+gusto de discutir con los individuos más entusiastas de aquella secta.
+Entendía Juan Pablo que esto de ir corriéndola de mundo en mundo después
+que uno se muere es muy aceptable; pero lo del _periespíritu_ no lo
+tragaba, ni la guasa de que vengan Sócrates y Cervantes a ponerse de
+cháchara con nosotros cuando nos place. Vamos; esto es para bobos. Uno
+de los más chiflados de la escuela se esforzaba en convencer a Rubín,
+tomando ese tonillo de unción y ese amaneramiento de cuello torcido y
+ojos bajos en que cae todo propagandista de doctrina religiosa,
+cualquiera que sea. Feijoo aparentaba creer, por darles cuerda y oírles
+desatinar. A aquel círculo iba Federico Ruiz siempre con prisa y con el
+tiempo tasado, porque a tal hora tenía que asistir a una junta para
+tratar de la erección del monumento a Jovellanos; después a otra para
+ocuparse del banquete que se había de dar a los pescadores de provincias
+que vendrían al Congreso de piscicultura. Hombre más atareado no se vio
+jamás en nuestro país, y como tenía tantas cosas en el caletre, para no
+olvidar muchas de ellas se veía obligado a apuntárselas con lápiz en los
+puños de la camisa. Cuando no tenía que ir a la _Sociedad Económica_ a
+defender su voto particular como individuo de la comisión informadora de
+reformas sociales, iba al _Fomento de las Ciencias_ a dar su conferencia
+sobre la utilidad de elevar a estudio serio el arte de la panificación.
+Entre col y col, Ruiz pasaba un rato con sus amigos los espiritistas, y
+les alentaba a organizarse, a establecerse, a alquilar un local, y sobre
+todo a fundar un órgano en la prensa. Nada adelantarían sin órgano.
+
+Iba también a aquel corrillo Aparisi el concejal, a quien tenían ya
+medio trastornado los apóstoles, Pepe Samaniego, que no se dejaba
+embaucar, y Dámaso Trujillo, el dueño de la zapatería titulada _Al ramo
+de azucenas_, que todo se lo creía como un bendito, y a solas en su casa
+hacía experimentos con una banqueta de zapatero. En la mesa próxima
+había empleados de Hacienda, Gobernación y Ultramar, y una tanda de
+cesantes. Entre ellos vio Rubín al individuo a quien sólo faltaban dos
+meses de empleo para poder pedir su jubilación. Tenía pintada en su cara
+la ansiedad más terrible; su piel era como la cáscara de un limón
+podrido, sus ojos de espectro, y cuando se acercaba a la mesa de los
+espiritistas, parecía uno de aquellos seres muertos hace miles de años,
+que vienen ahora por estos barrios, llamados por el toque de la pata de
+un velador. El clima de Cuba y Filipinas le había dejado en los huesos,
+y como era todo él una pura mojama, relumbraban en su cara las miradas
+de tal modo que parecía que se iba a comer a la gente. A un guasón se le
+ocurrió llamarle Ramsés II, y cayó tan en gracia el mote, que Ramsés II
+se quedó. Pasando con desdén por junto a los espiritistas, se sentaba en
+el círculo de los empleados, oyendo más bien que hablando, y
+permitiéndose hacer tal cual observación con voz de ultratumba, que
+salía de su garganta como un eco de las frías cavernas de una pirámide
+egipcia. «Dos meses, nada más que dos meses me faltan, y todo se vuelve
+promesas, que hoy, que mañana, que veremos, que no hay vacante...».
+
+Feijoo se arrimaba a él y le daba conversación, por lástima, animándole
+y procurando distraerle de su tema; pero Ramsés II, cuyo verdadero
+nombre era Villaamil, no tenía más consuelo que aplicar su oreja seca y
+amarilla a la conversación, por si escuchaba algo de crisis o de
+trifulca próxima que diese patas arriba con todo. Lo que él quería era
+que se armase gorda, pero muy gorda, a ver si...
+
+«¿Pero a usted quién le recomienda?» le preguntó una noche Juan Pablo.
+
+--A mí D. Claudio Moyano.--Pues entonces ya está usted fresco.
+
+--Dicen que traen al Príncipe...--indicó Ramsés II con timidez.
+
+--Sí; lo traerán los rusos... por las ventas de Alcorcón. Aviado está
+usted si espera a que venga el Príncipe... Aquí lo que viene es la
+liquidación social... y después, sabe Dios. Saldrá el hombre que hace
+falta, un tío con un garrote muy grande y con cada riñón... así.
+
+Ramsés II bajaba la cabeza. D. Basilio era su único amigo, porque
+también allí ponía el paño al púlpito para anunciar la venida del
+Príncipe... «Por supuesto--añadía--, tiene que venir con la estaca de
+que habla el amigo Juan Pablo».
+
+Rubín se encontraba bien en aquel círculo, pero una noche acertó a ver
+en las mesas de enfrente a un hombre que le desconcertó por completo.
+Era un amigo suyo que le había prestado dinero. La secreta antipatía que
+inspira el acreedor manifestábase en el alma de Rubín en forma de un
+odio recóndito, nacido quizás del sentimiento de humillación que
+producen las deudas a toda persona de amor propio muy susceptible. El
+tal era Cándido Samaniego, hombre medio curial y medio negociante, en su
+trato afable, en sus negocios duro. Muchas veces renovó a Juan Pablo sus
+pagarés, y últimamente le había apremiado con cierta acritud. Rubín
+condensaba sus sentimientos respecto al prestamista en esta frase:
+«Pagarle y después romperle la cabeza». Desde que le veía en las mesas
+de enfrente, sentía una desazón profundísima, mal de estómago y como
+ganas de enfadarse. Poníase tan nervioso, que le habría tirado un
+botellazo al primer espiritista que hablase de llamar a Epaminondas para
+consultarle sobre la marcha de los carlistas por el Baztán.
+
+Y el pérfido _inglés_ se dejaba caer hacia aquellas mesas pretextando
+tener que hablar a su primo Pepe; pero con intención de aproximarse a
+Juan Pablo, ver lo que hacía y cruzar con él algunas palabras. El
+infeliz deudor hacía de tripas corazón, y poniéndole cara risueña,
+convidábale a tomar algo; mas el usurero le daba las gracias, y si tenía
+ocasión le soltaba indirectas tan suaves como esta: «Mire usted que no
+puedo más. Siempre me está usted diciendo que la semana que entra, y
+francamente... sentiré verme obligado a dar un paso que...».
+
+A Rubín se le hacía acíbar el café y la tertulia un infierno. Érale
+insoportable la presencia de aquel hombre a quien no podía mandar a
+paseo, imagen viva del desorden de su vida, que se le aparecía como el
+espectro de una víctima cuando más contento estaba. La única delicia de
+su triste existencia era el café. Aquel sueño plácido, Samaniego se lo
+trocaba en angustiosa pesadilla. No pudo más, y una noche, sin decir
+nada, levantó el vuelo hacia otras regiones.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+En esta nueva emigración, deseando estar lo más lejos posible del
+Siglo, se fue a San Joaquín, en la calle de Fuencarral, y no se corrió
+más al Norte porque no había cafés en las latitudes altas de Madrid.
+Pero en esta deserción, ya no le acompañaron ni D. Basilio Andrés de la
+Caña, ni Montes; éste porque San Joaquín estaba _donde Cristo dio las
+tres voces_, aquél porque ya se iba cargando de la pertinencia con que
+Rubín se burlaba de sus profecías sobre la proximidad de la
+Restauración. El mismo D. Evaristo Feijoo le siguió de mal humor,
+diciéndole con desabrimiento que no le gustaban los cafés de piano, y
+que el _género_ y la sociedad no debían ser de lo mejor en aquellas
+alturas. Estuvieron solos algunos días. No veían por allí caras de
+amigos, hasta que una noche se apareció en el local una pareja conocida.
+Eran Feliciana y Olmedo, el estudiante de farmacia amigo de Maxi. Ya no
+vivían juntos, porque Olmedo había dado un cambiazo en sus costumbres
+volviéndose aplicadísimo a cara descubierta. No se recataba ya para
+estudiar, y hacía público alarde, con la mayor desvergüenza, de su
+decidida inclinación a tomar el grado aquel mismo año, llegando hasta la
+audacia de escribir un trabajo muy bueno sobre la dextrina, e
+ilusionándose con la idea de hacer oposición a una cátedra. Pero no se
+había encontrado a su antiguo amor, hecha un pingo, y la convidó a tomar
+un café en aquel apartado establecimiento. Más de dos horas estuvieron
+charlando los que fueron amantes, y ella no paraba el pico refiriendo
+los malos tratos que le daba el hombre que a la sazón era su dueño.
+Volvieron dos noches después a la misma mesa, y Rubín trabó conversación
+con ellos. Hablaron de la boda de Maximiliano y de los increíbles
+sucesos que después vinieron, diciendo Juan Pablo que su cuñadita era
+una buena pieza.
+
+«Pero, hombre--dijo Feijoo a su amigo--. Y usted, ¿para qué dejó casar a
+su hermano?».
+
+--A mi hermano le falta un tornillo...
+
+--¡Ah!, como guapa, ya lo es--agregó D. Evaristo con cierto
+entusiasmo--. La he visto ayer... mejor dicho, la he visto varias
+veces.
+
+--¿Dónde?--En su casa. Es largo de contar... dejémoslo para otra noche.
+
+Era sin duda cosa delicada para dicha delante de testigos, y estos eran:
+Olmedo con Feliciana, el pianista ciego, que en los descansos solía
+agregarse a aquella plácida tertulia, y una señora jamona, fiel
+parroquiana del café de nueve a doce. La llamaban doña María de las
+Nieves, y era una de las figuras más notables que presenta Madrid en la
+variadísima serie de los tipos de café. Iba algunas veces sola, otras
+con una mujer de mantón borrego que parecía verdulera acomodada. Llevaba
+toquilla de color corinto, que se quitaba al sentarse, y al punto se le
+armaba en la mesa una tertulia de hombres, compuesta de los siguientes
+personajes: un portero del Colegio de Sordo-Mudos, un empleado del
+Tribunal de Cuentas, un teniente viejo, de la clase de tropa, retirado
+del servicio, y dos individuos que tenían puesto de carne y frutas en la
+plaza de San Ildefonso. En esta sociedad reinaba doña Nieves como en un
+salón, siendo ella la que pronunciaba las frases maliciosas y
+chispeantes sobre el suceso del día, y los otros los que las reían.
+Corríase algunas veces hacia la mesa inmediata, sobre todo a última
+hora, cuando sus amigos, gente que tenía que madrugar, empezaba a
+desertar del local. Entonces se formaba una segunda peña. Doña Nieves,
+bien digerido el café, tomaba chocolate, y acompañábanla Juan Pablo,
+Feijoo, el pianista ciego, Feliciana, Olmedo y algún otro. El mozo
+mismo, que había llegado a familiarizarse con aquella sociedad, se
+agregaba también, tomando asiento a un extremo del corro para escuchar y
+aplaudir. Doña Nieves era propietaria de algunos puestos del mercado y
+los arrendaba; por esto, así como por sus muchas relaciones, los
+diferentes tratos en que andaba y los anticipos que hacía a las
+placeras, ejercía cierto caciquismo en la plazuela. Se hacía respetar de
+los guindillas, protegiendo al débil contra el fuerte y los
+contraventores de las Ordenanzas urbanas contra la tiranía municipal.
+
+Al pianista ciego le daba el cafetero siete reales y la cena. Por el día
+se dedicaba a afinar. Era casado y con ocho de familia. Tocaba piezas de
+ópera y de zarzuelas francesas como una máquina, con ejecución fácil,
+aunque incorrecta, sin gusto ni sentimiento. A pesar de esto, en ciertos
+pasajes muy naturalistas en que imitaba una tempestad o _las campanadas
+de incendios_ que da cada parroquia, le aplaudía mucho el público, y a
+última hora le pedían siempre habaneras.
+
+La verdad es que todo esto, doña Nieves y las placeras sus amigas, las
+mujeres de equívoca decencia que iban allí acompañadas de madres
+postizas, el mozo y sus familiaridades, el pianista y sus habaneras,
+aburrían a Juan Pablo soberanamente. Para colmo de hastío, Feijoo no era
+puntual y faltaba muchas noches. En cambio, Feliciana y Olmedo iban con
+más frecuencia, llevando ella una amiguita que acababa de salir de San
+Juan de Dios.
+
+En las últimas semanas del 74, Rubín volvió a sentir comezón de
+lecturas. Quería instruirse a todo trance, labor inmensa y difícil por
+carecer de base, pues su padre, con la idea de que al comerciante le
+estorba el latín, no le permitió aprender más que las cuatro reglas y un
+poco de francés. No tenía biblioteca, y un amigo le proporcionaba
+libros. Fue a verle, escogió los que más despertaron su curiosidad por
+los títulos, y consagró a la lectura todo el tiempo que le dejaban libre
+el café y el sueño. Tantas ideas adquirió que se sentía con vivas ansias
+de devolverlas por medio de la propaganda. O predicaba o reventaba.
+Lástima grande no volver a la tertulia de Pedernero para ponerle verde,
+porque ya sabía lo bastante para pasarse a todos los teólogos por la
+nariz.
+
+Las lecturas de Rubín fueron como un descubrimiento. Ya sospechaba él
+aquello; pero no se atrevía a expresarlo. El hallazgo era negativo, es
+decir, había descubierto que la mejor organización de los estados es la
+desorganización; la mejor de las leyes la que las anula todas, y el
+único gobierno _serio_ el que tiene por misión no gobernar nada,
+dejando que las energías sociales se manifiesten como les da la gana. La
+anarquía absoluta produce el orden verdadero, el orden racional y
+propiamente humano. Las sociedades, claro, tienen sus edades como las
+personas: hay sociedades que están mamando, sociedades que andan a
+gatas, sociedades pollas, sociedades jóvenes, y por fin, las maduras y
+dueñas de sí; sociedades con barbas, en una palabra, y también con
+algunas canas. Tocante a religiones y prácticas sociales que de ellas se
+derivan, Juan Pablo iba muy lejos, pero muy lejos; como que no le
+costaba nada el billete para tan largo viaje. Sólo en la edad pueril,
+cuando a la sociedad se le cae la baba y vive bajo la férula del dómine,
+se comprende que exista y tenga prosélitos la institución llamada
+matrimonio, unión perpetua de los sexos, contraviniendo la ley de
+Naturaleza... ¿y a santo de qué?, vamos a ver... Eso sí, por encima de
+todo la Naturaleza. Estudiando bien la vida total, el entendimiento se
+limpia de las telarañas que en él han tejido los siglos. La Naturaleza
+es la verdadera luz de las almas, el Verbo, el legítimo Mesías, no el
+que ha de venir sino el que está siempre viniendo. Ella se hizo a sí
+propia, y en sus devoluciones eternas, concibiendo y naciendo sin cesar,
+es siempre hija y madre de sí misma. ¿Qué tal? Toma canela fina.
+
+Encontrábase mi hombre con fuerza dialéctica y entusiasmo bastantes para
+predicar y extender por todo el mundo aquellas verdades. Pero como no
+tenía más público que la tertulia del café, con ese inocente auditorio
+tuvo que contentarse. ¿Y qué? ¡Cuánto mejor no era sembrar la nueva
+doctrina en entendimientos sencillos y absolutamente incultivados! Pues
+el mismo Jesucristo ¿no escogió por discípulos a unos infelices
+pescadores, hombres rudos que no conocían ninguna letra, y a mujeres de
+mala vida? Ved aquí por dónde doña Nieves y las placeras sus amigas,
+Feliciana y la parroquiana de San Juan de Dios, el camarero, el pianista
+fueron escogidos para que Juan Pablo sembrara en ellos la primera
+simiente de aquel Evangelio al natural. Por espacio de muchas noches
+hizo propaganda acalorada. A veces se tenía que incomodar, porque le
+hacían observaciones estúpidas o socarronas. Como se expresaba muy bien,
+oíanle todos con gran atención, y las chicas del partido le ponían
+buenos ojos. El mozo era el más entusiasmado y decía: «¡Qué pico tiene
+este señor de Rubín!».
+
+Pasaba lo de la anarquía y aun lo del matrimonio; pero en llegando a que
+todo es Naturaleza, reinaba gran confusión en el auditorio, y doña
+Nieves, tomando el caso a broma, pedía mayor claridad.
+
+«Pero a ver, D. Juan Pablo, explíquese mejor... porque eso de que todos
+seamos todo no lo calo yo bien...».
+
+--Lo primero, hijas mías--decía con unción el expositor--, es limpiar el
+_intellectus_ de errores adquiridos en la infancia, de prejuicios y
+muletillas; lo primero es _querer entender_. No admito argumentos que no
+sean racionales.
+
+--Y cuando nos morimos--preguntó una de las samaritanas--, ¿qué pasa?
+
+--Hija, cuando nos morimos, pasamos a fundirnos en el grandioso conjunto
+universal...
+
+--_Mia_ ésta... ¿Pues qué querías tú, seguir gozando y divirtiéndote por
+allá?
+
+--¿Y Dios?--¡Dios!... francamente, no me gusta, por consideraciones que
+se deben a toda gran idea histórica, no me gusta, digo, hablar mal de
+Él... Me concreto, pues, a negarle... respetuosamente.
+
+--¡Otra!, ¡qué cosas se le ocurren! De modo que la misa no es nada
+tampoco...
+
+--¡María Santísima!, con lo que sale usted ahora. La misa... es un rito,
+uno de tantos ritos.
+
+--¿Y lo mismo da oírla que no? ¿Y para qué son los funerales?
+
+--Otro rito... La que no pueda o no sepa dar a la Naturaleza lo que es
+de la Naturaleza y a la historia lo que es de la historia, que se
+calle... No hay tal muerte, hijas mías: la que tenga oídos, oiga... Esta
+es la verdad; morirse es cumplir una ley de armonía.
+
+--¡Vaya un lío que me arman ustedes!
+
+Una de las placeras que presentes estaban tenía muy abultado el seno. En
+cierta ocasión, estando confesándose, le dijo el cura: «sea usted
+modesta en el vestir y no haga ostentación de esas
+_naturalezas_...».--«¿Qué, señor?».--«Eso, la delantera». Por esto, al
+oír hablar de Naturaleza y de pecado, creyó que se referían a aquellas
+partes que debe cubrir el recato, y dijo escandalizada:
+
+«¡Vaya unas conversaciones indecentes que sacan ustedes!».
+
+«Indecentes no, hija».
+
+--Lo que yo dijo y sostengo--manifestó una de las samaritanas, tirando
+por la calle de enmedio--, es que este D. Juan Pablo está _guillado_.
+
+Loco, tal vez no; pero fatigado sí de sus inútiles esfuerzos. Ni
+abriendo con martillo un boquete en aquellas cabezas de piedra, lograría
+meter la luz de la verdad. Corriéndose al velador inmediato, donde
+estaba cenando el ciego, mandó al mozo que le pusiese allí su chocolate.
+El ciego volvió hacia él sus ojos vacíos y muertos, su cara que parecía
+un quinqué sin encender, y le dijo con profundísima tristeza:
+
+«¿Pero es verdad, D. Juan Pablo, lo que usted nos cuenta? ¿Lo cree usted
+así, o es que quiere entretenerse y divertirse con nosotros, ignorantes?
+Me ha llenado usted de dudas.
+
+¿Será verdad que cuando uno se muere se convierte en escarola?».
+
+Juan Pablo miró al ciego, y se helaron en sus labios las palabras con
+que iba a espetarle nuevamente su cruel filosofía. Era Rubín hombre de
+buen corazón, y le pareció poco humano aumentar las tinieblas de aquella
+triste y miserable vida. Pero al propio tiempo su conciencia no le
+permitía desmentir lo que acababa de sostener. La dignidad por delante.
+Estuvo luchando un rato entre la piedad y el deber, y como el ciego
+volviese a preguntarle con insistente afán: «¿pero es cierto que al
+morir nos convertimos en berzas...?» le replicó el apóstol:
+
+«Le diré a usted... hay opiniones... No haga caso. Si no fuera por estas
+bromas, ¿cómo se pasaba el rato?».
+
+No siguieron estas conversaciones filosóficas, porque sobrevino lo de
+Sagunto, y este suceso absorbió la atención general en todos los cafés,
+desde el más grande al más chico. Rubín estaba furioso, y sostenía que
+el Gobierno no tenía vergüenza si no fusilaba en el acto... pero en el
+acto... a Martínez Campos, a Jovellar y todos los demás que habían
+andado en aquel lío. Cuando sus amigos no le querían oír sobre este
+particular, hablaba solo. Desmentía categóricamente cuantas noticias
+llegaban al café. Todo era falso. Antes que el Príncipe viniera, habría
+un levantamiento general, y los carlistas harían el último esfuerzo.
+Negaba que D. Alfonso hubiera llegado a Marsella, que se embarcase para
+Barcelona en la _Navas de Tolosa_, y viéndolo entrar en Madrid habría de
+negar que estaba entre nosotros. Pero una noche, después de largas
+ausencias, llegó Feijoo al café, y sentándose los dos aparte, le dijo:
+
+«Hombre, he visto a Jacinto Villalonga; he hablado largamente con él. Ya
+sabe usted que es de la situación y muy amigo mío. Por supuesto, no
+acepta la Dirección que se le ha ofrecido, porque prefiere andar suelto.
+Es uña y carne de Romero Robledo. Y voy a lo que iba... Le he hablado de
+usted...».
+
+--¡De mí!--Sí; es preciso colocarse. Usted no puede continuar así.
+
+--Mire usted, amigo Feijoo--dijo Rubín masticando las palabras para
+salir de aquel atolladero--. Yo no puedo admitir... ¿Y el decoro de los
+hombres? ¡Yo he profesado toda mi vida...!
+
+--Música, música.--Yo no soy de esos que hablan mal de una situación, y
+luego van a quitarles motas al que antes desollaron.
+
+--Música, música.--En fin, que yo agradezco... pero no puede ser... Me
+ofendería, sí señor, me ofendería.
+
+--De modo--exclamó Feijoo en voz alta, abriendo los brazos y tomando un
+tono que no se podría decir si era de indignación o de burla--, de modo
+que ya no hay patriotismo.
+
+--¡Otra!... Patriotismo sí hay; pero yo...
+
+--Usted hará lo que yo le mande, y tendremos credencial.
+
+Rubín siguió toda la noche afectando mal humor, una severidad torva, el
+malestar de la persona a quien ponen un puñal al pecho para que consume
+un acto contrario a sus convicciones. Al retirarse a casa, se comparaba
+con Wamba y decía para su sayo: «Cómo ha de ser... paciencia. Tengo que
+ser alfonsino... a la fuerza. ¡Vaya un compromiso... Re-Dios, qué
+compromiso...!».
+
+
+
+
+-II-
+
+La restauración vencedora
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Me ha contado Jacinta que una noche llegó a tal grado su irritación
+por causa de los celos, de la curiosidad no satisfecha y de la forzada
+reserva, que a punto estuvo de estallar y descubrirse, haciendo pedazos
+la máscara de tranquilidad que ante sus suegros se ponía. Porque la peor
+de sus mortificaciones era tener que desempeñar el papel de mujer
+venturosa, y verse obligada a contribuir con sus risitas a la felicidad
+de D. Baldomero y doña Bárbara, tragándose en silencio su amargura. Ya
+no le quedaba duda de que su marido _entretenía_, como se dice ahora, a
+una mujer, y de estos entretenimientos no tenían ni siquiera sospechas
+los bienaventurados papás. Sabía que la tarasca que le robaba su marido
+era la misma con quien tuvo amores antes de casarse, la madre del
+_Pituso_ muerto, la condenada Fortunata que le había dado tantas
+jaquecas. Deseaba verla... pero no; más valía que no la viera jamás,
+porque si la veía, de fijo se le iba el santo al Cielo.
+
+La noche a que Jacinta se refería, contando estas cosas, noche
+tristísima para ella por haber adquirido recientemente noticias
+fidedignas de la infidelidad de su marido, hubo en la casa gran
+regocijo. Aquel día había entrado en Madrid el Rey Alfonso XII, y D.
+Baldomero estaba con la Restauración como chiquillo con zapatos nuevos.
+Barbarita también reventaba de gozo y decía: «¡Pero qué chico más salado
+y más simpático!». Jacinta tenía que entusiasmarse también, a pesar de
+aquella procesión que por dentro le andaba, y poner cara de pascua a
+todos los que entraron felicitándose del suceso. El marqués de
+Casa-Muñoz oficiaba de chambelán palatino. Había tenido la dicha
+inmensa de estar en Palacio formando parte de una de las comisiones, y
+el Rey habló con él... Contaba el caso el marqués, haciendo notar bien
+el tono familiar con que se había expresado S. M. «Hola, marqués, ¿cómo
+va?». Nada, lo mismo que si me hubiera tratado toda la vida.
+
+Aparisi sostuvo poco después que él había previsto todo lo que estaba
+pasando. Él no era partidario de la Restauración; pero había que
+respetar los hechos consumados. D. Baldomero no cesaba de exclamar:
+«_Veremos a ver_ si ahora, ¡qué dianches!, hacemos algo; si esta nación
+entra por el aro...». Jacinta se indignaba en su interior. Tenía un
+volcán en el pecho, y la alegría de los demás la mortificaba. Por su
+gusto se hubiera echado a llorar en medio de la reunión; mas érale
+forzoso contenerse y sonreír cuando su suegro la miraba. Retorciendo en
+su corazón la cuerda con que a sí propia se ahogaba, se decía: «Pero a
+este buen señor, ¿qué le va ni le viene con el Rey?... ¡qué les
+importa!... Yo estoy volada, y aquí mismo me pondría a dar chillidos, si
+no temiera escandalizar. ¡Esto es horrible!...».
+
+Don Alfonso érale antipático, porque su imagen estaba asociada a la
+horrible pena que la infeliz sufría. Aquella mañana fue con Barbarita a
+casa de Eulalia Muñoz, que vivía en la Calle Mayor, a ver la entrada del
+Rey. Amalia Trujillo la tomó por su cuenta, y la estuvo adulando antes
+de darle el gran susto. Hallábanse las dos solas en el balcón de la
+alcoba de Eulalia, y ya sonaban los clarines anunciando la proximidad
+del Rey, cuando Amalia, ¡plum!, le soltó el pistoletazo. «Tu marido
+_entretiene_ a una mujer, a una tal Fortunata, guapísima... de pelo
+negro... Le ha puesto una casa muy lujosa, calle tal, número tantos...
+En Madrid lo sabe todo el mundo, y conviene que tú también lo sepas».
+Quedose yerta. Cierto que sospechaba; pero la noticia, dada así con
+tales detalles, como el pelo negro, el número de la casa, era un
+jicarazo tremendo. Desde aquel aciago instante, ya no se enteró de lo
+que en la calle ocurría. El Rey pasó, y Jacinta le vio confusa y
+vagamente, entre la agitación de la multitud y el _tururú_ de tantas
+cornetas y músicas. Vio que se agitaban pañuelos, y bien pudo suceder
+que ella agitara el suyo sin saber lo que hacía... Todo el resto del día
+estuvo como una sonámbula.
+
+Entró Guillermina, que también hubo de llevar sus notas de alegría al
+concierto general. «Ya era tiempo--dijo antes de meterse en el rincón en
+que solía estar--. No aguardo sino a que descanse del viaje para ir a
+echarle el toro... Me tiene que dar para concluir el piso bajo. Y lo
+hará, porque le hemos traído con esa condición: que favorezca la
+beneficencia y la religión. Dios le conserve».
+
+Jacinta la siguió al gabinete próximo, y allí estuvieron las dos de
+cháchara por espacio de una hora larga. Guillermina decía: «Paciencia,
+hija, paciencia, y todo se arreglará; yo te lo prometo». Ya cerca de las
+doce entró Juan, y su mujer le miró con severidad sin decirle nada...
+«Es que te voy a aborrecer--pensó--, como no te enmiendes. Pues no
+faltaba otra cosa... Y lo que es esta noche te como... No me engatusarás
+con tus zalamerías».
+
+Juan, aunque bien hubiera querido contradecir los optimismos de su padre
+y amigos, no se atrevió a ello, porque el empuje de aquella opinión era
+demasiado fuerte para luchar con él. Hasta los últimos días del 74 había
+defendido la Restauración. Después de hecha, encontró mal que la
+hicieran los militares, y en esto fundó sus críticas del suceso
+consumado.
+
+«Aquí siempre se han hecho las mudanzas de esa manera--dijo el señor de
+Santa Cruz con patriarcal buena fe--. Es nuestra manera de matar pulgas.
+Pues qué, ¿querías tú que las Cortes...? Estás fresco».
+
+Después sostuvo el Delfín, con ejemplos de Francia e Inglaterra, que
+ninguna Restauración había prevalecido; mas todos se negaron a seguirle
+por los vericuetos históricos. D. Baldomero, sin meterse en dibujos,
+dijo una cosa muy sensata, producto de su observación de tanto tiempo:
+«Yo no sé lo que sucederá dentro de viente, dentro de cincuenta años. En
+la sociedad española no se puede nunca fiar tan largo. Lo único que
+sabemos es que nuestro país padece alternativas o fiebres intermitentes
+de revolución y de paz. En ciertos periodos todos deseamos que haya
+mucha autoridad. ¡Venga leña! Pero nos cansamos de ella y todos queremos
+echar el pie fuera del plato. Vuelven los días de jarana, y ya estamos
+suspirando otra vez porque se acorte la cuerda. Así somos, y así creo
+que seremos hasta que se afeiten las ranas».
+
+--Es la condición humana. Así viven y se educan las sociedades--dijo el
+Delfín--. Lo que a mí no me gusta es que esto se haga por otra vía que
+la de la Ley.
+
+«¡Pillo, tunante!--pensaba Jacinta comiéndose las palabras, y con las
+palabras la hiel que se le quería salir--. ¿Qué sabes tú lo que es ley?
+¡Farsante, demagogo, anarquista! Cómo se hace el purito... Quien no te
+conoce...».
+
+Cuando se retiraron a su alcoba, Jacinta se esforzaba en aumentar su
+furor; quería cultivarlo, o alimentarlo como se alimenta una llama,
+arrojando en ella más combustible. «Esta noche me le como. Quisiera
+estar más furiosa de lo que estoy, para no dejarme engolosinar. Y eso
+que lo estoy bastante. Pero aún me vendría bien un poquito más de ira.
+Es un falso, un hipócrita, y si no le aborrezco, no tengo perdón de
+Dios».
+
+En esto, sintió que Juan la abrazaba por la cintura... «Quítate,
+déjame...--gritó ella--. Estoy muy incomodada; ¿pero no ves que estoy
+muy incomodada?».
+
+Juan la vio temblorosa y sin poder respirar. «Perdone uste, señora»
+replicó bromeando.
+
+Jacinta tuvo ya en la punta de la lengua el _lo sé todo_; pero se acordó
+de que noches antes su marido y ella se habían reído mucho de esta
+frase, observándola repetida en todas las comedias de intriga. La
+irritada esposa creyó más del caso decir: «Te aborreceré, ya te estoy
+aborreciendo». Santa Cruz, que estaba de buenas, repitió con buena
+sombra otra frase de las comedias: «_Ahora lo comprendo todo_. Pero la
+verdad, chica, es que no comprendo nada».
+
+Turbada en sus propósitos de pelea por el buen genio y los cariñosos
+modos que el pérfido traía aquella noche, Jacinta rompió a llorar como
+un niño. Juan le hizo muchas caricias, besos por aquí y allí, en el
+cuello y en las manos, en las orejas y en la coronilla; besos en un codo
+y en la barba, acompañados del lenguaje más finamente tierno que se
+podría imaginar.
+
+«No aguanto más, no puedo aguantar más» era lo único que ella decía con
+angustioso hipo, mojándole a él la cara y las manos con tanta y tanta
+lágrima. No podía tener consuelo. Todo aquel llanto era el disimulo de
+tantísimos días, sospechar callando, sentirse herida y no poder decir ni
+siquera ¡ay! «Esto es horrible, esto es espantoso; no hay mujer más
+desgraciada que yo... Y lo que es ahora, te aborreceré de veras, porque
+yo no puedo querer a quien no me quiere. Te quería más que a mi vida.
+¡Qué tonta he sido! A los hombres hay que tratarlos sin consideración...
+Ya no más, ya no más... Estoy volada, y lo que es esta no te la
+perdono... digo que no te la perdono».
+
+Algún trabajo le costó a Santa Cruz que su mujer repitiese lo que le
+había dicho una amiga aquella mañana. Y cuando él lo negaba, la ofendida
+esposa, que sentía en su alma la convicción profundísima de la
+autenticidad del hecho, irritábase más: «No lo niegues, no me lo
+niegues, pues yo sé que es cierto. Hace tiempo que te lo he conocido».
+
+--¿En qué...?--En muchas cosas.--Dímelas--indicó él poniéndose serio.
+
+--Si siempre has de negarlo... Pero no, no me engañas más.
+
+--Si no pienso engañarte...--Lo que Amalia me ha dicho--afirmó Jacinta
+con súbita ira, llena de dignidad, poniéndose en pie y afianzando con un
+gesto admirable su aseveración--, es verdad. Yo digo que es verdad y
+basta.
+
+Grave y mirándola a los ojos, el anarquista replicó en tono muy seguro:
+
+«Bueno, pues es verdad. Yo te declaro que es verdad».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Quedose Jacinta como una estatua, y al fin, volviendo la espalda a
+su marido, hizo un ademán de salir. Él la cogió por una mano, y quiso
+abrazarla. Ella no se dejó. En medio del estrujón frustrado, sólo pudo
+articular la esposa muy vagamente estas palabras: «Me voy». Lo que más
+la irritaba era que el tunante, después de lo que había dicho, tuviera
+todavía humor de bromas y pusiera aquella cara de pillín, como si se
+tratara de una cosa de juego. Porque se sonreía, y tranquilo en
+apariencia, díjole en tono de seriedad cómica:
+
+«Señora, acuéstese usted».
+
+--¿Yo...?--Se lo mando a usted... Acuéstese usted al momento.
+
+No le fue a ella posible entonces librarse de un abrazo apretado, y en
+aquel segundo estrujón, oyó estas cariñosas palabras:
+
+«¿No vale más que nos expliquemos como buenos amigos? Hijita de mi alma,
+si te enfurruñas, no llegaremos a entendernos».
+
+Jacinta fue bruscamente desarmada. Quedose como el combatiente de los
+cuentos de niños, a quien por obra de magia se le convierte la espada en
+alfiler y el escudo en dedal.
+
+El Delfín había entrado, desde los últimos días del 74, en aquel periodo
+sedante que seguía infaliblemente a sus desvaríos. En realidad no era
+aquello virtud, sino cansancio del pecado; no era el sentimiento puro y
+regular del orden, sino el hastío de la revolución. Verificábase en él
+lo que D. Baldomero había dicho del país; que padecía fiebres
+alternativas de libertad y de paz. A los dos meses de una de las más
+graves distracciones de su vida, su mujer empezaba a gustarle lo mismito
+que si fuera la mujer de otro. La bondad de ella favorecía este
+movimiento centrípeto, que se había determinado por quinta o sexta vez
+desde que estaban casados. Ya en otras ocasiones pudo creer Jacinta que
+la vuelta a los deberes conyugales sería definitiva; pero se equivocó,
+porque el Delfín, que tenía en el cuerpo el demonio malo de la variedad,
+cansábase de ser bueno y fiel, y tornaba a dejarse mover de la fuerza
+centrífuga. Mas era tanta la alegría de la esposa al verle enmendado,
+que no pensaba que aquella enmienda fuera como un descanso, para
+emprenderla después con más brío por esos mundos de Dios. También esto
+concordaba con un pensamiento de D. Baldomero, que decía: «Cuando el
+país remite, y fortalece con su opinión la autoridad, no es que ame
+verdaderamente el orden y la ley, sino que se pone en cura y hace sangre
+para saciar después con mejor gusto el apetito de las trifulcas».
+
+Quedó, como he dicho, tan desarmada Jacinta, que no podía ser más. Pero
+creyendo que su dignidad le ordenaba seguir muy colérica, dijo todas las
+palabras necesarias para mostrarlo, por ejemplo: «Me acostaré o no me
+acostaré, según me acomode. ¿A ti qué te importa? No parece si no que...
+Conmigo no se juega, ¿estamos?... ¿Pues qué se ha figurado este tonto?
+Hemos concluido, te digo que hemos concluido... Bien, me acuesto porque
+quiero, no porque tú me lo mandes... ¡Vaya!...».
+
+Poco después se oía en la alcoba lo siguiente: «Que te estés quieto...
+No vayas a creerte que ahora te voy a perdonar. No, si no me
+engatusas... ni hay _tilín_ que valga. Ya van quince y raya. No están
+los tiempos para perdones, caballerito. Haz el favor, te digo... No
+quiero verte, no quiero oírte, ni me importa que me quieras o no. Si me
+quieres, rabia y rabia; mejor. Yo me reiré viéndote padecer. Con que lo
+dicho, déjame en paz. Tengo un sueño espantoso... ¿No ves cómo se me
+cierran los ojos?».
+
+Y era mentira. Lejos de tener ganas de dormir, estaba muy despabilada y
+nerviosa.
+
+«Tú no tienes sueño; ¿a que no lo tienes?--le decía él--. ¿A que te
+despabilo y te pongo como un lucero?».
+
+--¿A que no? ¿Cómo?
+
+--Contándote toda la verdad de lo que te dijo Amalia, haciendo una
+confesión general para que veas que no soy tan malo como crees.
+
+--¡Ah!, sí; ven, ven, hijito--exclamó ella alargando sus brazos
+desnudos--. Confiésame todo; pero con nobleza. Nada de comedias...
+porque tú eras muy comiquito. Gracias que yo te conozco ya las
+marrullerías, y algunas bolas me trago; pero otras no. ¿De veras que vas
+a contármelo todo?
+
+La idea de perdonar electrizaba a Jacinta, poniéndola tan nerviosa que
+echaba chispas. No cabía en sí de inquietud, pensando en lo grande del
+perdón que tenía que dar en pago de lo enorme de la sinceridad que se le
+ofrecía.
+
+Y su zozobra era tal, que por poco se echa de la cama, cuando Juan se
+apartó de ella para ir hacia la suya... «¿Pero qué?--pensó--, ¿se
+arrepiente este tuno de lo que ha dicho?... ¿Es que no quiere contarme
+nada?...».
+
+«Abur, hombre» dijo en alta voz con despecho.
+
+--Si vuelvo, si voy allá en seguida... Mi mujer gasta un genio muy vivo.
+
+--Es que si cuentas, cuentas pronto; y si no, lo dices, para dormirme.
+No estoy yo aquí esperando a que al señorito le dé la gana de tenerme en
+vela toda la noche.
+
+--Cállese usted, _so tía_...--Diciendo esto, volvió hacia ella,
+sentándose en el lecho y haciéndole mil ternezas.
+
+--¡Ah!, esto está perdido--murmuró Jacinta en los respiros que las
+caricias de su marido le dejaban, ahogándola...--. Mira, estate quieto y
+no me sofoques. No tengo yo gana de bromas.
+
+--Vamos al caso, niñita mía. Para que yo te cuente lo que deseas saber,
+es preciso que tú me cuentes antes a mí otra cosa. Dices que tú
+sospechabas esto que ha pasado, mejor, que lo adivinabas. ¿En qué te
+fundabas tú para adivinarlo?... ¿qué observaste y qué supiste?
+
+--¡Ay!... ¡con lo que sale ahora este bobo...! ¿Crees que una mujer
+celosa necesita ver nada? Lo olfatea, lo calcula y no se equivoca... Se
+lo dice el corazón.
+
+--El corazón no dice nada. Eso es una frase.
+
+--Cuando te vuelves faltón, la menor palabra, cualquier gesto tuyo me
+sirven para leerte los pensamientos. ¿Y te parece que es poco dato el
+ver cómo me tratas a mí? Hasta la manera de entrar aquí es un dato.
+Hasta una ternura, una palabra cariñosa te venden, porque al punto se ve
+que son sobras de otra parte, traídas aquí por deber y para cubrir el
+expediente... Palabras y caricias vienen muy usadas.
+
+--¡Cuánto sabes!--Más sabes tú... No, no, más sé yo. En la desgracia se
+aprende... Muchas veces me callo por no escandalizar; pero por dentro
+siento algo que me está rallando así, así... muele que te muele... ¡Pues
+tengo yo un olfato...! Cuando estás faltoncito, si no lo conociera por
+otras cosas, lo conocería por el perfume que traes algunas veces en la
+ropa... Otro dato: Una noche traías en el pañuelo de seda del cuello,
+¿qué crees?, pues un cabello negro, grande. Lo saqué con las puntas de
+los dedos y lo estuve mirando. Me daba tanto asco como si me lo hubiera
+encontrado en la sopa. No chisté. Otra noche dijiste en sueños palabras
+de las que se dicen cuando un hombre se pega con otro. Yo me asusté. Fue
+aquella noche que entraste muy nervioso y con un dolor en el brazo. Tuve
+que ponerte árnica. Me contaste que viniendo no sé por dónde te salió un
+borracho, y tuviste que andar a trompazos con él. Traías tierra en la
+americana azul. Toda la noche estuviste muy inquieto, ¿no te acuerdas?
+
+--Me acuerdo, sí--dijo el Delfín, renovando en su mente el lance con
+Maximiliano.
+
+--Pues verás. Otra noche, cuando te desnudabas, plin... cayó al suelo un
+botón. Vino saltando hasta cerca de mi cama. Parecía que me miraba. Era
+de níquel, labrado, con muchos garabatos. Cuando te dormiste, me eché de
+la cama y lo cogí. Era un botón de mujer, de los que se usan ahora en
+las chaquetillas. Lo tengo guardado. Estas ignominias se guardan para en
+su día sacarlas y decir: ¿me negarás esto?... ¡Y tú siempre tan
+comediante! ¡Yo pasaba unas fatigas...!, pero nunca quise rebajarme al
+espionaje. Se me ocurrió preguntar al cochero. Con una buena propinilla,
+Manuel no me habría ocultado lo que supiera. Pero por respeto a ti y a
+mí misma y a la familia, no hice nada. ¡Contarle a tu mamá mis
+sospechas!... ¿Para qué?, ¿para disgustarla sin ventaja ninguna?...
+Guillermina, con quien únicamente me clareaba, decíame siempre:
+«paciencia, hija, paciencia». Y por fin llegaba yo a tenerla, y el
+molinillo que me daba vueltas en el corazón, molía, haciéndomelo polvo,
+y yo aguanta que aguanta, siempre callada, poniendo cara de Pascua y
+tragando hiel, tragando hiel. Esta mañana, cuando Amalia me dijo lo que
+me dijo, toda la sangre se me hizo como un veneno, y me propuse
+aborrecerte, pero aborrecerte en toda regla, no creas... y no perdonarte
+aunque te me pusieras delante de rodillas. ¡Pero es una tan débil...!
+¡Si merecemos todo lo que nos pasa...! Es la mayor desgracia ser así,
+tan simplona... Como que estamos a merced de esas... secuestradoras, que
+de tiempo en tiempo nos prestan a nuestros propios maridos para que no
+alborotemos...
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Esta última queja puso al señorito de Santa Cruz un tanto
+pensativo y desconcertado. No desconocía él la situación poco airosa en
+que estaba ante Jacinta, cuya grandeza moral se elevaba ante sus ojos
+para darle la medida de su pequeñez. Era muy soberbio, y el amor propio
+descollaba en él sobre la conciencia y sobre los sentimientos todos; de
+manera que nada le molestaba tanto como verse y reconocerse inferior a
+su mujer. Cuando, media hora antes, prometió confesar sus faltas, hízolo
+movido de orgullo, para engalanarse con la sinceridad, a la manera del
+fatuo que se da tono con una cruz. La confesión de la culpa ennoblece
+siempre, y como demasiado sabía él que todo lo noble hallaba eco en el
+gran corazón de Jacinta, se dijo: «aquí me viene bien un _rasgo_». Pero
+el momento de la confesión se acercaba, y el pecador estaba algo
+confuso, sin saber cómo iba a salir de ella. Lo que él quería era quedar
+bien, remontarse hasta su mujer, y superarla si era posible, presentando
+sus faltas como méritos, y retocando toda la historia de modo que
+pareciese blanco y hasta noble lo que con los datos sueltos del botón y
+el cabello era negro y deshonroso. No tenía que calentarse mucho los
+sesos para salir del paso, porque para tales escamoteos tenía su
+entendimiento una aptitud particular. Su imaginación despiertísima se
+pintaba sola para hacer pasar de un cubilete a otro las ideas. Lo que él
+no podía sufrir era que se le tuviese por hombre vulgar, por uno de
+tantos. Hasta las acciones más triviales y comunes, si eran suyas,
+quería que pasasen por actos deliberadamente admirables y que en nada se
+parecían a lo que hace todo el mundo. Rápidamente, con aquella presteza
+de juicio del artista improvisador, hizo su composición, y allá te van
+las confidencias... Jacinta se había de quedar tamañita. Ya vería ella
+qué marido tenía, qué ser superior, qué persona tan extraordinaria. Hay
+una moral gruesa, la que comprende todo el mundo, incluso los niños y
+las mujeres. Hay otra moral fina, exquisita, inapreciable para el vulgo:
+es la que sólo pueden gustar los paladares muy sensibles... Vamos allá.
+
+«Preparémonos a oír tus papas» dijo ella.
+
+--De todo lo que has dicho, parece deducirse que yo soy un miserable,
+un cualquiera, uno de tantos. Pues ahora lo veremos. He guardado reserva
+contigo, porque creí que no me comprenderías. Veremos si me comprendes
+ahora. Es cierto que hace dos meses, me encontré otra vez a...
+
+--Haz el favor de no nombrarla--suplicó Jacinta con viveza--. Ese nombre
+me hace el efecto de la picadura de una víbora.
+
+--Bueno, pues voy al grano... Encontrémela casada.
+
+--¡Casada!--Sí, con un simple. La metieron en un convento, la casaron
+después como por sorpresa... Chica, una historia de intrigas, violencias
+y atrocidades que horroriza.
+
+--¡Pobre mujer!--exclamó ella, respondiendo al intento de Juan, que
+empezaba por hacer a la otra digna de lástima--. Pero bien merecido le
+está por su mala conducta.
+
+--Espérate un poco, hija. Mujer tan desgraciada no creo que haya nacido.
+
+--Ni más mala tampoco.--Sobre eso hay mucho que decir. No es maldad lo
+que hay en ella, es falta de ideas morales. Si no ha visto nunca más que
+malos ejemplos; ¡si ha vivido siempre con tunantes...! Yo pongo en su
+lugar a la mujer más perfecta, a ver lo que hacía. No, no es lo que
+crees. Digo más, sería muy buena, si la dirigieran al bien. Pero hazte
+cargo: después de andar de mano en mano, este la coge, este la suelta,
+la casan con un hombre que no es hombre, con un hombre que no puede ser
+marido de nadie...
+
+Jacinta abrió la boca; tan grande era su pasmo.
+
+«Y ese majadero la martirizaba de tal modo desde el primer día de
+matrimonio, que la infeliz, prefiriendo la libertad en la ignominia a
+una esclavitud insoportable, se escapa de la casa, y se echa otra vez a
+la calle, como en sus peores tiempos. En esto me encuentra y me pide
+amparo».
+
+Jacinta no había cerrado todavía la boca.
+
+«En tal situación--prosiguió Juan, hallándose ya en plena posesión de su
+tesis y con los cubiletes en la mano--, yo te planteo el problema a
+ti... vamos a ver... Figúrate que eres hombre; figúrate que te
+encuentras delante de aquella infeliz mujer, que te pide socorro, una
+defensa contra la miseria y la deshonra, y al verla delante, tú te
+reconoces autor de todas sus desdichas, porque tú la perdiste, porque de
+ti le vienen todos sus males. Yo quiero que me digas con lealtad qué
+harías, qué harías tú en este trance. Pero cierra ya esa boca; basta ya
+de asombro y contéstame».
+
+--Pues yo... ¿qué haría? Echar mano al bolsillo, darle cuatro o cinco
+duros, y marcharme a mi casa.
+
+--Esa fue mi primera idea. Pero ciertas deudas, señora mía--dijo Santa
+Cruz triunfante--, no se saldan con cuatro ni con cinco duros.
+
+--Pues mil, dos mil, cien mil reales, vamos.
+
+--Tampoco. Yo pensé que debía poner a aquella infeliz en camino de
+adquirir una posición decente y estable. Buscarle un marido, no podía
+ser; estaba casada. Procurarle una manera de vivir con independencia y
+honradez... ¡ah!, esto es muy difícil. No tiene educación; no sabe
+trabajar en nada que produzca dinero. No hay para ella más recurso que
+comer de su belleza. Pero en esto mismo hay distintos grados de
+ignominia. No empieces a hacerte cruces, hija. Las cosas hay que
+tomarlas como son; otra cosa es empeñarse en sostener una filosofía
+cursi. Yo le dije: «bueno, pues te pongo una casa, y arréglatelas como
+puedas...». No, si no es para que hagas tantas cruces, lo repito. Hay
+que ponerse en la realidad, niñita. No mires esto con ojos de mujer;
+ponte en mi caso; figúrate que eres hombre...
+
+--Estoy asombrada de la vuelta que le das a tus caprichos, y de lo bien
+que te las compones para hacer pasar por protección desinteresada lo que
+en realidad es amor que tenías o tienes a esa maldita.
+
+--Pues a eso voy ahora. Aquí te quiero ver... Atención. Yo te juro que
+no despertaba en mí ni el amor más insignificante, ni tan siquiera un
+capricho de momento. No hay ejemplo de una frialdad como la que yo
+sentía ante ella. Bien me lo puedes creer. No sólo no me inspiraba
+pasión, sino que hasta me repugnaba.
+
+--Eso--dijo la esposa--, que te lo crea otro, que lo que es yo...
+
+--¡Qué tonta eres! Tu incredulidad nace de la idea equivocada que tienes
+de esa mujer. Te la has figurado como un monstruo de seducciones, como
+una de esas que, sin tener pizca de educación ni ningún atractivo moral,
+poseen un sin fin de artimañas para enloquecer a los hombres y
+esclavizarles volviéndoles estúpidos. Esta casta de perdidas que en
+Francia tanto abunda, como si hubiera allí escuela para formarlas,
+apenas existe en España, donde son contadas... todavía, se entiende,
+porque ello al fin tiene que venir, como han venido los ferrocarriles...
+Pues digo que Fortunata no es de esas, no posee más educación que la
+cara bonita; por lo demás, es sosa, vulgar, no se le ocurre ninguna
+picardía de las que trastornan a los hombres; y en cuanto a formas... no
+hablo del cuerpo y talle... sigue tan tosca como cuando la conocí. No
+aprende; no se le pega nada. Y como para todo se necesita talento, una
+especialidad de talento, resulta que esa infeliz que tanto te da que
+pensar, no sirve absolutamente para diablo, ¿me entiendes? Si todas
+fueran como ella, apenas habría escándalos en el mundo, y los
+matrimonios vivirían en paz, y tendríamos muchísima moralidad. En una
+palabra, chiquilla, no hay en ella complexión viciosa; tiene todo el
+corte de mujer honrada; nació para la vida oscura, para hacer calceta y
+cuidar muchachos.
+
+Al llegar aquí Juan se asustó, creyendo que se le había ido un poco la
+lengua, y cayó en la cuenta de que si Fortunata era como él decía, si no
+tenía _complexión viciosa_, mayor, mucho mayor era la responsabilidad de
+él por haberla perdido. Jacinta hubo de pensar esto mismo, y no tardó en
+manifestárselo. Pero el prestidigitador acudió a defender la suerte con
+la presteza de su flexible ingenio.
+
+«Es verdad--le dijo--, y esto aumentaba mis remordimientos. No tenía más
+remedio que hacer en obsequio suyo lo que no habría hecho por otra.
+Ponte tú en mi caso, figúrate que eres yo, y que te ha pasado todo lo
+que me ha pasado a mí. Puedes hacerte cargo de mi tormento, y de lo que
+yo sufriría teniendo que considerar y proteger, por escrúpulo de
+conciencia, a una mujer que no me inspira ningún afecto, ninguno, y que
+últimamente me inspiraba antipatía, porque Fortunata, créelo como el
+Evangelio, es de tal condición, que el hombre más enamorado no la
+resiste un mes. Al mes, todos se rinden, es decir, echan a correr...».
+
+Jacinta había empezado a dar pataditas, haciendo saltar el edredón que
+a los pies tenía. Era su manera de expresar la alegría bulliciosa cuando
+estaba acostada. Porque siendo verdad lo que Juan decía, la temida rival
+era como los espantajos puestos en el campo, de los cuales se ríen hasta
+los pájaros cuando los examinan de cerca. Pero aún le quedaba una duda,
+¿Era aquello verdad o no? Para mentira estaba demasiado bien hiladito.
+
+--¿Y ella te quiere todavía?--preguntó con la picardía de un juez de
+instrucción.
+
+El esposo se hizo repetir la pregunta, sin otro objeto que retrasar la
+respuesta, que debía ser muy pensada.
+
+--Pues te diré... que sí. Tiene esa debilidad. Otras mujeres, las de
+complexión viciosa, son en sus pasiones tan vehementes como
+inconstantes. Pronto olvidan al que adoraron y cambian de ilusión como
+de moda. Esta no.
+
+--Esta no--repitió Jacinta, asustada de ver a su enemiga tan distinta de
+como ella se la figuraba.
+
+--No. Ha dado en la tontería de quererme siempre lo mismo, como antes,
+como la primera vez. Aquí tienes otra cosa que me anonada, que me obliga
+a ser indulgente. Ponte en mi lugar, hija. Porque si yo viera que
+coqueteaba con otros hombres, anda con Dios. Pero si no hay quien la
+apee de una fidelidad que no viene al caso. ¡Fiel a mí! ¿a santo de qué?
+¡Te aseguro que me ha hecho cavilar más esa sosona! Ha pasado por
+tantas manos, y siempre fiel, consecuente como un clavo, que se está
+donde le clavan. Ni el deshonor, ni el matrimonio la han curado de esta
+manía. ¿No te parece a ti que es manía?
+
+A Jacinta le acudieron tantas ideas a la mente, que no sabía con cuál
+quedarse, y estaba perpleja y muda.
+
+«¡Hay tantos--exclamó Santa Cruz en el tono que se da a las cosas muy
+filosóficas--, hay tantos a quienes hace infelices la inconstancia de
+las mujeres, y a mí me hace padecer una fidelidad que no solicito, que
+no me hace falta, que no me importa para nada!».
+
+Jacinta dio un gran suspiro.--Pero al tener conciencia, el tener un
+sentido moral muy elevado--añadió el Delfín dominando la suerte--, como
+lo tengo yo, me ha puesto en una situación equívoca frente a ti. Yo
+necesitaba darte explicaciones. Ya te las he dado, y por ellas habrás
+visto que no se debe juzgar los actos de los hombres por lo que parece,
+sino que es preciso ir al fondo, hija, al fondo de las cosas. ¿Con que
+te vas enterando? A lo mejor se lleva uno cada chasco... ¡Cuántas veces
+pensamos mal de un sujeto, fundándonos en hablillas del vulgo o en
+cualquier dato inseguro, como por ejemplo, un pelo, un botón!... y
+después de mirar bien el hecho, ¿qué resulta?, que no basta para
+muestra un botón, que el que se cuelga de un cabello se cae; en una
+palabra, niña mía, que lo aparentemente deshonroso puede no serlo, y que
+la realidad, en vez de arrojar vergüenza sobre el sujeto, lo que hace es
+enaltecerlo y quizás honrarle.
+
+--Poco a poco--dijo la esposa prontamente--, que para mí sigue siendo
+turbio. Me parece que en todo lo que has dicho hay demasiada
+composición. No me fío yo, no me fío, porque para fabricar estos arcos
+triunfales de frases y entrar por ellos dándote mucho tono, te pintas tú
+solo. Lo cierto es que le has puesto la casa, la has visitado y te has
+divertido en grande con ella. ¡Vaya una conciencia la tuya, vaya una
+manera de pagarle su fidelidad, tirando por el suelo la que me debes a
+mí!... ¿Qué moral es esta? No escamotees la verdad. Esa mujer es una
+bribona, y tú serías un simple si no fueras también un solemnísimo
+pillo.
+
+--Párese usted un poco, _camaraíta_--replicó Santa Cruz algo
+desconcertado--. ¿Qué palabras usaré yo para pintarte la situación en
+que me encontraba? Es que el caso es de los más raros que se pueden
+ofrecer... Para que veas que soy sincero y leal, te diré que hubo en mí
+algo de flaqueza, sí, flaqueza que nacía de la compasión. No tuve valor
+para resistir a las... ¿cómo diré?... a las sugestiones apasionadas de
+quien tiene por mí una idolatría que yo no merezco.
+
+Pero te juro que lo hice sin ilusión, con fastidio, como el que cumple
+un deber, pensando en mi mujer, viéndote a ti más que a la que tan cerca
+tenía, y deseando que aquella comedia concluyera.
+
+Ambos estuvieron callados un mediano rato. ¿Creía Jacinta aquellas
+cosas, o aparentaba creerlas como Sancho las bolas que D. Quijote le
+contó de la cueva de Montesinos? Lo último que Juan dijo fue esto:
+«Ahora juzga tú como te parezca bien lo que acabo de confesarte, y
+compara lo bueno que hay en ello con lo malo que habrá también. Yo me
+entrego a ti».
+
+--Romper, romper para siempre toda clase de relaciones con esa calamidad
+es lo que importa--manifestó la Delfina inquietísima, dando vueltas en
+el lecho--. Que no la veas más, que ni siquiera la saludes si te la
+encuentras por la calle... ¡Oh, qué mujer!, es mi pesadilla.
+
+--Da por hecho el rompimiento, pero definitivo, absoluto. Lo deseo tanto
+como tú; me lo puedes creer.
+
+Lo decía con tal expresión de ingenuidad, que Jacinta sintió grande
+alegría.
+
+«Sí, hija, no aguanto más. Que se vaya con su constancia a los quintos
+infiernos».
+
+--¿Y si da en perseguirte?--Seré capaz hasta de recurrir a la policía.
+
+--¿De modo que no vuelves más a esa casa?... Di que no vuelves, dime que
+no la quieres.
+
+--¡Bah! Demasiado lo sabes. No volveré más que a despedirme.
+
+--No; escríbele una carta. Las despedidas cara a cara no son buenas para
+romper.
+
+--Haré lo que tú quieras, lo que tú me mandes, niñita de mi alma,
+monísima... más salada que el terrón de los mares.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+A la siguiente mañana, Jacinta se levantó muy gozosa, con los
+espíritus avispados, y muchas ganitas de hablar y de reír sin motivo
+aparente. Barbarita, que entró de la calle a las diez, le dijo: «¡Qué
+retozona estás hoy!... Oye. Al volver de San Ginés, me encontré con
+Manolo Moreno, que llegó ayer de Londres. Le he convidado a almorzar».
+
+Jacinta fue a su tocador. Aún dormía su marido, y ella se empezó a
+arreglar. A poco entró una visita, que Jacinta recibió en su gabinete.
+Era Severiana, que dos veces por semana llevaba a Adoración a que la
+viese su protectora. Ya se sabe que la Delfina, no pudiendo adoptar al
+_Pituso_ y tomarlo por hijo, y sintiendo más fuerte e imperioso en su
+alma el anhelo de la maternidad, dio en proteger a la preciosísima y
+cariñosa hija de Mauricia la Dura. Para Jacinta no había goce más grande
+y puro que acariciar un pequeñuelo, darle calor y comunicarle aquel
+sentimiento de bondad que se desbordaba de su alma. Agradábale tanto la
+niña aquella, que se la habría llevado consigo si sus suegros y su
+marido lo permitieran; pero no siendo posible esto, se consolaba
+vistiéndola como una señorita, pagándole el colegio y pasando un ratito
+con ella. Gozaba en ver su belleza, en aspirar la fragancia de su
+inocencia y en examinarla para cerciorarse de sus adelantos.
+
+«Hola, ven acá, mujer, dame un beso y un abrazo» le dijo la señorita,
+atrayéndola a sí con maternal cariño.
+
+Adoración se frotó bien la cara y el cuerpo contra la cintura y falda de
+su protectora.
+
+«Dice que lo que le pide a la Virgen--declaró Severiana con esa
+adulación de los humildes muy favorecidos y que aún quieren serlo más--,
+es no separarse nunca, nunca de la señorita... para estarla mirando
+siempre».
+
+--Ya sé que me quiere mucho, y yo la quiero a ella, si es buena y
+estudia. ¡Qué elegante estás!... No te había visto el vestido nuevo.
+
+--Anoche soñaba con la ropa nueva--dijo Severiana--, y ayer, cuando se
+la puso, no hacía más que mirarse al espejo. Si la tocábamos ¡ay!, nos
+quería pegar... Lo que ella deseaba era que la señorita la viera tan
+maja, ¿verdad, rica?
+
+--No me gusta tanto afán por las composturas. Ahora lo que yo quiero es
+ver qué tal andan esas lecciones... Hoy no tengo tiempo de hacer
+preguntas; pero otro día, el jueves, veremos cómo está ese catecismo.
+
+--¡Ah!, señorita, se lo sabe de corrido. Nos tiene mareados con lo que
+hicieron aquellos que se comían el maná y lo de Noé en el arca, con
+tantos animales como metió en ella. ¿Pues y leer? Lee mejor que mi
+marido.
+
+--Eso me gusta... El mes que entra la pondremos en un colegio, interna.
+Ya es grandecita... es preciso que vaya aprendiendo los buenos
+modales... su poquito de francés, su poquito de piano... Quiero educarla
+para maestrita o institutriz, ¿verdad?
+
+Adoración la miraba como en éxtasis.
+
+«¿Y esa mujer?» preguntó luego Jacinta a Severiana, refiriéndose a la
+madre de Adoración.
+
+«Señora, no me la nombre. A poco de salir de las Micaelas, parecía algo
+enmendada. Volvió a correr pañuelos de Manila y algunas prendas; estaba
+en buena conformidad; pero ya la tenemos otra vez en danza con el
+maldito vicio. Anteanoche la recogieron tiesa en la calle de la
+Comadre... ¡Qué vergüenza...!».
+
+Jacinta hizo un gesto de pena. «¡Pobrecita mía!» exclamó abrazando más
+estrechamente a su protegida.
+
+--Por esto--añadió la otra--, yo quería hablar a la señorita para ver si
+doña Guillermina tenía proporción de meterla en cualquier parte donde la
+sujetaran. En las Micaelas no puede ser, a cuento de que allí la
+tuvieron que echar por escandalosa... Pero bien la podrían poner, si a
+mano viene, en un hospicio, o casa de orates, al menos para que no diera
+malos ejemplos.
+
+--Veremos...--dijo distraída Jacinta levantándose, porque había oído el
+repique del timbre con que su marido llamaba.
+
+Faltaba algo antes de que Adoración se despidiera. Su protectora le daba
+siempre una golosina, y aquel día hubo de olvidarse. Quedose parada la
+niña en medio del gabinete aun después de los últimos besos de la
+despedida. Jacinta cayó en la cuenta de su distracción. «Espérate un
+momento». A poco volvió con lo que la chiquilla deseaba, y repetida la
+recomendación de portarse bien y estudiar mucho, acompañolas hasta la
+puerta. Cuando Severiana y su sobrinita salían, entraba Moreno-Isla, y
+Jacinta que le vio subir, se detuvo en el recibimiento. Subía despacio y
+jadeante, a causa de la afección al corazón que padecía. Estaba muy
+envejecido, de mal color, y con más aire extranjero que antes.
+
+«¡Oh, puerta del paraíso!, ¡qué manos te abren...! Dispense usted... Me
+canso horriblemente» dijo Moreno, saludándola con tanta urbanidad como
+afecto.
+
+Estupiñá, que entraba detrás, le echó también un gran saludo a D.
+Manuel, permitiéndose abrazarle, porque eran antiguos amigos.
+
+«Estás hecho un pollo» le dijo Moreno, palmoteándole en los hombros.
+
+--Vamos tirando... ¿Y usted...?
+
+--Así, así.--¡Siempre por esas tierras de extranjis!... Caramba, también
+es gusto, teniendo aquí tantos que le quieren bien...
+
+El forastero le contestó con la benevolencia un tanto fría que saben
+emplear los superiores bien educados. Separáronse en el pasillo, porque
+Estupiñá tenía que ir hacia el comedor. Moreno siguió a Jacinta hasta el
+salón y de allí al gabinete.
+
+«No me había dicho Guillermina que estaba usted en Madrid. Lo supe hoy
+por mamá» dijo ella por decir algo.
+
+--¿Guillermina? ¡Buena tiene ella la cabeza para acordarse de
+anunciarme! ¿Sabe usted que cada vez que vengo a España me la encuentro
+más tocada? Ayer, cuando entré en casa, lo primero que hizo, mientras me
+saludaba, fue un registro de todos los bolsillos de mi ropa. Me
+desplumó. Lo que yo decía: «apenas se pone el pie en España, no se da un
+paso sin tropezar con bandoleros». Ahora pretende que entre todos los
+parientes le hagamos un piso... friolera.
+
+--¡Pobrecilla! Es una santa. Llegó entonces D. Baldomero, anunciándose
+antes de entrar con estas alegres voces: «¿En dónde está ese
+anti-patriota?». Cuando apareció en la puerta, con los brazos abiertos,
+fue Moreno a dejarse estrechar en ellos.
+
+«Bien, padrino; está usted hecho un muchacho».
+
+--¿Y tú, perdido? Me dijeron que estabas algo delicado.
+
+--Me canso horriblemente--replicó el forastero, tocándose el corazón--.
+Algo aquí... Pero dicen que es nervioso.
+
+--Sí, sí, nervioso--afirmó Santa Cruz como si tuviera en el dedillo toda
+la medicina.
+
+--Nervioso, claro--repitió Jacinta; y Barbarita, que a la sazón entraba,
+también dijo: «¿Qué ha de ser sino nervioso...?».
+
+--Vaya, vaya con este perdis--decía D. Baldomero mirando mucho a su
+amigo y pariente y no atreviéndose a decir que le encontraba muy
+desmejorado--. Siempre tan extranjerote.
+
+--No quiere nada con nosotros--dijo Barbarita, examinándole la ropa--.
+Mira, mira que levita gris cerrada... y botines blancos... Pero, Manolo,
+¡qué zapatones usan por allá! Esos guantes pasarían aquí por guantes de
+cochero.
+
+Moreno se echó a reír. Su persona tenía tal aire inglés, que quien le
+viera, tomaríale por uno de esos lores aburridos y millonarios que andan
+por el mundo sacudiéndose la morriña que les consume. Hasta cuando
+hablaba desmentía, no por afectación, sino por hábito, su progenie
+española, porque arrastraba un poco las erres y olvidaba algunos
+vocablos de los menos usuales. Se había educado en el célebre colegio de
+Eton; a los treinta años volvió a Inglaterra y allí vivía de continuo,
+salvo las cortas temporadas que pasaba en Madrid. Poseía el arte de la
+buena educación en su forma más exquisita, y una soltura de modales que
+cautivaba. Era ahijado de D. Baldomero I, y por esto seguía llamando
+_padrino_ a D. Baldomero II.
+
+--Ya saben ustedes que no transijo con la patria--dijo sonriendo--.
+Mientras más la visito, menos me gusta. Por respeto a mi padrino, no me
+atrevo a decir más.
+
+Los gustos extranjeros de aquel hombre y el desamor que a su patria
+mostraba, eran ocasión de empeñadas reyertas entre él y D. Baldomero,
+que defendía todo _lo del Reino_ con sincero entusiasmo. A veces perdía
+los estribos el buen español, sosteniendo que en todo lo _de fuera_ hay
+mucho de farsa, y Moreno, extremando sus antipatías, sostenía que en
+España no hay más que tres cosas buenas: la Guardia Civil, las uvas de
+albillo y el Museo del Prado.
+
+«Vamos a ver--dijo D. Baldomero con alegría, que le retozaba en la
+cara--. ¿Qué me dices del Rey que hemos traído? Ahora sí que vamos a
+estar en grande. Verás cómo prospera el país y se acaban las guerras».
+
+--Es guapo chico. Varios españoles residentes en Londres le acompañamos
+en el tren hasta Dover. Yo le regalé un magnífico reloj... Es muy
+despejado chico, pero muy despejado. ¡Lástima de Rey! Yo le dije:
+«Vuestra Majestad va a gobernar el país de la ingratitud; pero Vuestra
+Majestad vencerá a la hidra». Esto lo dije por cortesía; pero yo no creo
+que pueda barajar a esta gente. Él querrá hacerlo bien; pero falta que
+le dejen.
+
+En esto entró Juan, y él y su pariente se dieron los abrazos de
+ordenanza. Para ponerse a almorzar no faltaba más que Villalonga.
+
+«¿Pero qué?--dijo el Delfín--, ¿le esperamos? Sabe Dios a qué hora
+vendrá. Anoche se retiraría a las tres de la tertulia del Ministro de la
+Gobernación, y estará todavía en la cama».
+
+Acordaron, pues, no aguardar más, y durante el cordial almuerzo, que
+quieras que no, la conversación versó sobre si en España es todo malo, o
+si en Francia e Inglaterra es de buena ley todo lo que admiramos.
+Moreno-Isla no cedía una pulgada de terreno antipatriótico en que su
+terquedad se encerraba.
+
+«Miren ustedes... hablando ahora con toda seriedad--dijo, después de
+apurar bien el tema de las comidas, y pasando a ciertas ideas de cultura
+general--. Yo he hecho una observación que nadie me desmentirá. Desde
+que se pasa la frontera para allá y se entra en Francia, no le pica a
+usted una pulga». _(Risas)_.
+
+«¡Pero qué tendrán que ver las pulgas...!».
+
+--¿Y sostienes tú que en Francia no hay pulgas?
+
+--No las hay, créame usted, padrino, no las hay. Es un resultado del
+aseo general, de la limpieza de las casas y de las personas. Vaya usted
+a San Sebastián. Se lo comen vivo...
+
+--Hombre, por Dios, ¡qué argumentos!...
+
+Sonó la campanilla. «¡Ahí está!» dijeron todos, y Barbarita miró al
+lugar vacío que estaba destinado a Villalonga en la mesa. Este entró muy
+alegre, saludando a la familia, y dando un apretón de manos a Moreno.
+
+«Indulgencia, señora. He venido volando por no hacerme esperar».
+
+--Amigo, desde que está usted en candelero, no hay quien le vea. ¡Qué
+caro se cotiza!
+
+--Es que no me dejan vivir. Anoche duró el jubileo hasta las tres.
+Doscientas personas entrando y saliendo. Y que no pretenden nada...
+
+--Preparando las elecciones, ¿eh?
+
+--¡Oh!, pues si pasamos al terreno político...--indicó Moreno.
+
+--No, no pases--replicó Santa Cruz--. En ese terreno concedo, concedo...
+
+Después hubo debate sobre quesos, diciendo D. Baldomero que los del
+Reino son también muy buenos. Luego tratose de las casas, que Moreno
+calificó de inhabitables. «Por eso todo el mundo vive en la calle».
+
+«Pues mire usted--dijo Villalonga--: las casas serán todo lo malas que
+usted quiera; pero hay en las del extranjero una costumbre que maldita
+la gracia que tiene. Me refiero a la falta de maderas en los balcones y
+ventanas, por lo cual entra la luz desde que Dios amanece, y no puede
+usted pegar los ojos».
+
+--¿Pero usted cree que por allá hay alguien que se esté durmiendo hasta
+el medio día?
+
+Sobre esto se habló mucho, y el forastero sacó a relucir otras cosas.
+«Yo de mí sé decir que cuando paso la frontera para acá recibo las más
+tristes impresiones. Habrá algo que admirar; a mí se me esconde, y no
+veo más que la grosería, los malos modos, la pobreza, hombres que
+parecen salvajes, liados en mantas; mujeres flacas... Lo que más me
+choca es lo desmedrado de la casta. Rara vez ve usted un hombrachón
+robusto y una mujer fresca. No lo duden ustedes, nuestra raza está mal
+alimentada, y no es de ahora; viene pasando hambres desde hace siglos...
+Mi país me es bastante antipático, y desde que me meto en el _express_
+de Irún ya estoy renegando. Por la mañana, cuando despierto en la Sierra
+y oigo pregonar el _botijo e leche_, me siento mal; créanlo ustedes...
+Al llegar a Madrid, y ver la gente de capa, las mujeres con mantones,
+las calles mal adoquinadas, y los caballos de los coches como
+esqueletos, no veo la hora de volverme a marchar».
+
+--¡Hombre, en qué tonterías te fijas!--observó D. Baldomero, continuando
+la apología de la patria en términos calurosos que el otro oía con
+benevolencia.
+
+Cuando tomaban el café, notaron todos que Moreno se sentía mal; pero él
+disimulaba, y llevándose la mano al corazón, decía otra vez: «Algo
+aquí... No es nada. Nervioso quizás. Lo que más me molesta es el ruido
+de la circulación de la sangre. Por eso me gusta tanto viajar... Con el
+ruido del tren, no oigo el mío».
+
+Hubo un momento de silencio y tristeza en la mesa; pero aquello pasó, y
+siguieron charlando. Jacinta observaba que alguien le hacía telégrafos
+desde la puerta, alzando un poco el cortinón. Salió: era Guillermina.
+
+«No, yo no paso. Tengo que irme al momento a la obra--le dijo con
+secreteo--. Vengo para encargarte que le hables. Saca la conversación
+como puedas, y que se entere bien de la necesidad en que estamos».
+
+--Moreno ayudará--díjole su amiguita, llevándola a otra pieza para
+hablar con más libertad.
+
+--No sé... está incomodado conmigo... Esta mañana hemos reñido... La
+verdad... me enfadé, me tuve que enfadar. Figúrate que esta vez viene
+más hereje que nunca. Cada uno es dueño de condenarse; ¿pero a qué viene
+decirme a mí cosas contra la religión?
+
+--¡Qué malo!--Y tantas fueron sus burlas y sacrilegios que... Dios me lo
+perdone... me incomodé. Le dije que no me hacía falta su dinero para
+nada, y que tendría miedo de tomarlo en mis manos, por ser dinero de
+Satanás. Pero esto es un dicho, ¿sabes?
+
+--Claro.--¿Y aquí no ha hablado de religión?
+
+--No; ni jota. Mamá no se lo toleraría. Ha hablado de que en España hay
+más pulgas que en Francia.
+
+--¡Dale! ¡Qué importará que haya pulgas con tal que haya cristiandad!
+Las cosas que dicen estos herejotes nos indignarían si no las tomáramos
+a risa. Tú no sabes bien lo protestante y calvinista que viene ahora. Me
+horripilé oyéndole. Pero en fin, allá se entenderá con Dios; y entre
+tanto, lo que importa es que afloje los cuartos para mi obra. Y que le
+ha de valer para su alma, aunque él no quiera... Con que a ver si me le
+catequizas.
+
+--Haré lo que pueda... Veremos, le diré algo...
+
+--No vayas a olvidarte... Adiós, hija de mi alma. Me voy; esta noche me
+contarás lo que te diga. Creo que no nos dejará mal, porque en el fondo
+es un buenazo. A poco que se le raspe la corteza de hereje, sale aquella
+pasta de ángel de otros tiempos. Quédate con Dios.
+
+Volvió Jacinta al comedor. Si cumplió o no el encargo de Guillermina,
+lo veremos a su tiempo. Más que reunir dinero para el asilo, preocupaba
+a la dama el ver resuelto según su deseo lo que ella y su marido habían
+tratado la noche anterior. Movida de este afán, así que se marcharon
+Moreno y Villalonga, cogió por su cuenta al Delfín, y otra vez trataron
+ambos la cuestión de la ruptura. De acuerdo estaban en lo principal,
+discrepando sólo en el procedimiento más adecuado, pues ella opinaba por
+una carta y él por una entrevista de despedida. Al fin, tras laboriosa
+discusión, prevaleció este criterio, como verá el que siga leyendo.
+
+
+
+
+-III-
+
+La revolución vencida
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Quien supiera o pudiera apartar el ramaje vistoso de ideas más o
+menos contrahechas y de palabras relumbrantes, que el señorito de Santa
+Cruz puso ante los ojos de su mujer en la noche aquella, encontraría la
+seca desnudez de su pensamiento y de su deseo, los cuales no eran otra
+cosa que un profundísimo hastío de Fortunata y las ganas de perderla de
+vista lo más pronto posible. ¿Por qué lo que no se tiene se desea, y lo
+que se tiene se desprecia? Cuando ella salió del convento con corona de
+honrada para casarse; cuando llevaba mezcladas en su pecho las azucenas
+de la purificación religiosa y los azahares de la boda, parecíale al
+Delfín digna y lucida hazaña arrancarla de aquella vida. Hízolo así con
+éxito superior a sus esperanzas, pero su conquista le imponía la
+obligación de sostener indefinidamente a la víctima, y esto, pasado
+cierto tiempo, se iba haciendo aburrido, soso y caro. Sin variedad era
+él hombre perdido; lo tenía en su naturaleza y no lo podía remediar.
+Había que cambiar de forma de Gobierno cada poco tiempo, y cuando estaba
+en república, ¡le parecía la monarquía tan seductora...! Al salir de su
+casa aquella tarde, iba pensando en esto. Su mujer le estaba gustando
+más, mucho más que aquella situación revolucionaria que había
+implantado, pisoteando los derechos de dos matrimonios.
+
+«¿Quién duda--seguía pensando--, que es prudente evitar el escándalo? Yo
+no puedo parecerme a este y el otro y el de más allá, que viven en la
+anarquía, señalados de todo el mundo. Hay otra razón, y es que se me
+está volviendo antipática, lo mismo que la otra vez. La pobrecilla no
+aprende, no adelanta un solo paso en el arte de agradar; no tiene
+instintos de seducción, desconoce las gaterías que embelesan. Nació para
+hacer la felicidad de un apreciable albañil, y no ve nada más allá de su
+nariz bonita. ¿Pues no le ha dado ahora por hacerme camisas? ¡Buenas
+estarían!... Habla con sinceridad; pero sin gracia ni _esprit_. ¡Qué
+diferente de Sofía la Ferrolana, que, cuando Pepito Trastamara la trajo
+del primer viaje a París, era una verdadera Dubarry españolizada! Para
+todas las artes se necesitan facultades de asimilación, y esta marmotona
+que me ha caído a mí es siempre igual a sí misma. Con decir que hace
+días le dio por estar rezando toda la tarde... ¿y para qué?... para
+pedirle a Dios chiquillos...
+
+¡Al Demonio se le ocurre...! En fin, que no puedo ya más, y hoy mismo se
+acaba esta irregularidad. ¡Abajo la república!».
+
+Pensando de este modo, había llegado a la casa de su querida, y en el
+momento de poner la mano en el llamador, un hecho extraño cortó
+bruscamente el hilo de sus ideas. Antes de que llamara, se abrió la
+puerta, dando paso a un señor mayor, de muy buena presencia, el cual
+salió, saludando a Santa Cruz con una cortés inclinación de cabeza. La
+misma Fortunata le había abierto la puerta y le despedía.
+
+Juan entró. La salida de aquel señor le produjo en un instante dos
+sentimientos distintos que se sucedieron con brevedad. El primero fue
+algo de enojo, el segundo satisfacción de que el acaso le proporcionase
+un buen apoyo para el rompimiento que deseaba... «Me parece que yo
+conozco a este señor tan terne. Le he visto, le he visto en alguna
+parte--pensaba entrando hacia la sala--. ¡Si tendremos gatuperio...!
+Estaría bueno. Pero más vale así».
+
+Y en alta voz y de mal modo, preguntó a Fortunata: «¿Quién es ese
+viejo?».
+
+--Yo creí que le conocías. D. Evaristo Feijoo, coronel o no sé qué de
+milicia... Es grande amigo de Juan Pablo.
+
+--¿Y quién es Juan Pablo? ¡Vaya unos conocimientos que me quieres
+colgar...!
+
+--Mi cuñado.
+
+--¿Y cuándo he conocido yo a tu cuñado, ni qué me importa?... Estamos
+bien. ¿Y a qué venía aquí ese señor... Feijoo, dices? Me parece que es
+amigo de Villalonga.
+
+--Ha venido a visitarme, y esta es la tercera vez... Es un señor muy
+bueno y muy fino. ¿Qué te crees, que viene a hacerme el amor? ¡Qué
+tontito! Pero en resumidas cuentas, si te parece que no debo recibirle,
+no lo haré más. Y aquí paz...
+
+--No, no; recíbele todo lo que quieras--dijo él variando de táctica con
+la rapidez del genio--. Si, como dices, es una persona formal, podría
+ser que te conviniera cultivar su amistad.
+
+Fortunata no comprendió bien, y él se envalentonó con el silencio de
+ella.
+
+«Porque, hija mía, yo debo decirte que no podemos seguir así».
+
+Pensaba el muy tuno que lo mejor era cortar por lo sano, planteando la
+cuestión desde el primer momento con limpieza y claridad.
+
+La salita en que estaba tenía ese lujo allegadizo que sustituye al
+verdadero allí donde el concubinato elegante vive aún en condiciones de
+timidez y más bien como ensayo. Había muebles forrados de seda y
+cortinas hermosas; pero aquellos eran feotes, de amaranto combinado con
+verde-limón; las cortinas estaban torcidas, las guardamalletas mal
+colocadas, la alfombra mal casada; y las jardineras de bazar, con
+begonias de trapo, cojeaban. El reloj de la consola no había sabido
+nunca lo que es dar la hora. Era dorado, con figuras como de pastores,
+haciendo juego con candelabros encerrados en guardabrisas. Había
+laminitas compradas en baratillos, con marcos de cruceta, y otras mil
+porquerías con pretensiones de lujo y riqueza, todo ello anterior a la
+transformación del gusto que se ha verificado de diez años a esta parte.
+Santa Cruz miraba esta sala con cierto orgullo, viendo en ella como un
+testimonio de su esplendidez; pero al mismo tiempo solía ridiculizar a
+Fortunata por su mal gusto. Ciertamente que para vestirse tenía
+instintos de elegancia; pero en muebles y decoración de casa desbarraba.
+En suma, que ella tendría todas las cualidades que quisiera; pero lo que
+es _chic_ no tenía.
+
+Sentado en el sofá y con el sombrero puesto, Juan contempló aquel día
+todo lo que allí había, gozándose en la idea de que lo miraba por última
+vez. Fortunata estaba en pie, delante de él, y luego se sentó en una
+banqueta, fijando los ojos en su amante, como en expectativa de algo muy
+grave que de él esperaba oír.
+
+«Si esta pavisosa--pensó Santa Cruz mirándola también--, viera con qué
+donaire se sienta en un _puff_ Sofía la Ferrolana, tendría mucho que
+aprender. Lo que es esta, ni a palos aprenderá nunca esas blanduras de
+la gata, esos arqueos de un cuerpo pegadizo y sutil que acaricia el
+asiento ¡Ah!, ¡qué bestias nos hizo Dios!...».
+
+Y en alta voz: «Dime, ¿por qué no te has puesto la bata de seda, como te
+he mandado?».
+
+--¡Qué cosas tienes!... No la quiero estropear.
+
+--Eso es...--dijo el otro riendo sin delicadeza--, guárdala para los
+días de fiesta. Así me gusta a mí la gente, arregladita... Y cuando yo
+vengo aquí te pones la batita de lana, que unos días apesta a canela y
+otros a petróleo...
+
+--Mentira--replicó Fortunata, oliendo su propio vestido--. Está bien
+limpia. ¿Para qué dices lo que no es?
+
+--No, lo que es dentro de casa, tú estás por aquello de _ya engañé_.
+Eso; ponte bien ordinaria y todo lo cursi que puedas.
+
+--¡Ay qué gracia!... pues hoy no me he puesto la bata de seda, porque he
+estado toda la mañana en la cocina.
+
+--¿Haciendo qué?--Escabeche de besugo.--Bien; me gusta. _Jormiguita_
+para cuando vengan los malos tiempos--dijo el Delfín con benévola
+ironía--. Pues hija, yo tengo que hablarte hoy con claridad. Te quiero
+demasiado para andar en misterios contigo. Tú eres razonable, te haces
+cargo de las cosas y comprenderás que tengo razón en lo que te voy a
+decir.
+
+Este lenguaje desconcertó a Fortunata, porque le recordaba el otra vez
+usado para licenciarla. Pero él creyó oportuno mostrarse cariñoso, y la
+hizo sentar a su lado para pasarle la mano por la cara y hacerle algunas
+zalamerías de las que se emplean con los niños cuando se les quiere
+hacer tomar una medicina.
+
+«Ven acá, y no te asustes. Yo no quiero más que tu bien. No dirás que no
+he hecho por ti cuanto estaba en mi mano. Por mi parte, bien lo sabes
+tú, seguiríamos lo mismo; pero mi mujer se ha enterado... anoche hemos
+tenido una bronca espantosa, pero espantosa, chica; no puedes figurarte
+cómo se puso. Se desmayó; tuvimos que llamar al médico. La más negra fue
+que mis papás se enteraron también del motivo, y... una chilla por aquí,
+otra por allá; mi padre furioso... entre todos me querían comer».
+
+Fortunata estaba tan absorta y aterrada, que no podía pronunciar palabra
+alguna.
+
+«Ya te he dicho que lo paso todo, menos dar un disgusto a mis padres.
+Así es que anoche me planté conmigo mismo, y dije: 'Aunque me muera de
+pena, esto se tiene que acabar'. Sé que me costará una enfermedad. El
+golpe será rudo. No se arranca fibra tan sensible sin que duela mucho.
+Pero es preciso, y para estos casos son los caracteres...».
+
+Mientras ella empezaba a lloriquear, Juan se decía: «Ahora viene la
+lagrimita. Es infalible. Preparémonos».
+
+«Tonta, no llores, no te aflijas--añadió besándola--. Mira que yo estoy
+con el alma en un hilo, y si te veo flaquear, soy hombre perdido».
+
+Procuraba mostrarse a dos dedos de romper en llanto, y ponía una cara
+muy triste.
+
+«No creas--balbució la prójima entre sollozos--. Te veía venir. Hace
+días que la estás tú tramando... Bueno, hemos concluido».
+
+--No, si yo te querré siempre, nena negra. Sólo que no puedo visitarte
+más. Alguna vez... no digo que no... Pero así, con esta manera de
+vivir... imposible. Madrid, que parece grande, es muy chico, es una
+aldea. Aquí todo se hace público, y al fin no hay más remedio que bajar
+la cabeza. Yo soy casado, tú también; estamos pateando todas las leyes
+divinas y humanas. Si hubiera muchos como nosotros, pronto la sociedad
+sería peor que un presidio, un verdadero infierno suelto. ¿No has
+pensado tú alguna vez en esto?
+
+Lo que Fortunata había pensado era que el amor salva todas las
+irregularidades, mejor dicho, que el amor lo hace todo regular, que
+rectifica las leyes, derogando las que se le oponen. Lo había dicho
+varias veces a su amante, expresándose de una manera ruda; pero en aquel
+lance, parecíale ridículo volver sobre aquella idea verdadera o falsa
+del amor, porque en su buen instinto comprendía que toda aquella
+hojarasca de leyes divinas, principios, conciencia y demás, servía para
+ocultar el hueco que dejaba el amor fugitivo. Pero ella no lo seguiría
+jamás al terreno de la controversia, porque no sabía desenvolverse con
+tanta palabra fina.
+
+«Ya me lo decía el corazón» exclamaba, apretando el pañuelo contra sus
+ojos.
+
+--No se puede uno sustraer a los principios--prosiguió él--. Las
+conveniencias sociales, nena mía, son más fuertes que nosotros, y no
+puede uno estar riéndose de ellas mucho tiempo, porque a lo mejor viene
+el garrotazo, y hay que bajar la cabeza. Yo quisiera que tú te
+penetraras bien de esto... Nunca te he dicho nada; pero a veces, aquí
+mismo he sentido mi conciencia tan alborotada, que...
+
+Fortunata le miró de un modo que le hizo callar... «¡A buenas horas y
+con sol!--quería decir aquella mirada--. Después que hemos cometido
+todos los crímenes, ahora salimos con escrúpulos... Y yo pago la falta
+de los dos...».
+
+«Bien merecido me lo tengo--declaró en un arranque de dolor combinado
+con la rabia--, porque los dos hemos sido malos; pero yo he sido más
+mala que tú... yo dejo tamañitas a todas... ¡Dios, con la que yo hice!,
+¡portarme como me porté con aquella familia! Tú me decías que no era
+nada, cuando yo me ponía triste... pensando en lo que había hecho, sí, y
+te reías... te reías».
+
+--Sí... pero...--Repito que te reías... ¡pero cómo!, a carcajadas,
+llamándome simple y qué sé yo qué... Bien, bien; bastante hemos
+hablado... Te vas, pues muy santo y muy bueno. Lo sentiré; calcula si lo
+sentiré... pero ya me iré consolando. No hay mal que cien años dure.
+¡Aire, aire!
+
+Se limpiaba rápidamente las lágrimas, fingiendo una fortaleza que no
+tenía.
+
+«Nos separaremos como amigos--dijo Santa Cruz tomándole una mano, que
+ella separó prontamente--, y me retiro dándote un buen consejo».
+
+--¿Cuál?--preguntó ella más airada que dolorida.
+
+--Que te unas... que procures unirte otra vez con tu marido.
+
+--¡Yo...!--exclamó la señora de Rubín con indecible terror--. ¡Después
+de...!
+
+--Ya te serenarás, hija. ¡El tiempo! ¿Sabes tú los milagros que ese
+señor hace? Tú lo has dicho: no hay mal que cien años dure, y cuando se
+tocan de cerca los grandes inconvenientes de vivir lejos de la ley, no
+hay más remedio que volver a ella. Ahora te parece imposible; pero
+volverás. Si es lo natural, es lo fácil, lo fácil... Solemos decir: «tal
+cosa no llega nunca». Y sin embargo llega, y apenas nos sorprende por la
+suavidad con que ha venido.
+
+Levantose la joven disparada, y se metió en su gabinete. Estaba como una
+loca. Juan la siguió, temiendo que le acometiese un acceso de
+desesperación. Ambos se encontraron en la puerta de la alcoba. Él
+entraba, ella salía.
+
+«¿Sabes lo que te digo?...--gritó Fortunata con la voz ronca de despecho
+y dolor--. Que ya estás demás aquí».
+
+--Pero no te irrites...--¡Fuera, fuera!--gritaba ella empujándole con
+ruda energía.
+
+Santa Cruz reconoció aquella fuerza casi superior a la suya, y no tenía
+gran empeño en oponerse a ella. Por punto, hizo como que sus brazos
+intentaban someter a los de su querida. Esta pudo más y cerró
+violentamente la puerta de la alcoba. El Delfín tocó en los cristales,
+diciendo: «Si no hay motivo para tanta bulla... Nena, nena negra,
+abre... Ten calma y no te sofoques... ¡Bah!, siempre eres así...».
+
+Pero de dentro de la alcoba no venía ninguna respuesta, ni una voz
+siquiera. Juan aplicó el oído, creyendo sentir sollozos... gemidos
+sofocados. Pronto comprendió que no podía apetecer mejor coyuntura para
+plantarse rápidamente en la calle y dar por terminado el enojoso trámite
+de la ruptura.
+
+«Pero aún me falta la última parte--pensó echando mano a su cartera--.
+No puedo abandonarla así...». Después de meditar un rato, volvió a
+guardar la cartera y se dijo: «Mejor será que me vaya... Se lo mandaré
+en una carta... Adiós. No dirá Jacinta que...».
+
+Salió de puntillas, como se sale de la casa en que hay un enfermo grave.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+En el resto de aquel aciago día, dicho se está que la pobre señora
+de Rubín se entregó a las mayores extravagancias, pues tal nombre
+merecen sin duda actos como no querer comer, estar llorando a moco y
+baba tres horas seguidas, encender la luz cuando aún era día claro,
+apagarla después que fue noche por gusto de la oscuridad, y decir mil
+disparates en alta voz, lo mismo que si delirara. La criada intentó
+tranquilizarla; pero los consuelos verbales la irritaban más. A eso de
+las nueve, la dolorida se levantó con resolución del sofá en que se
+había echado, y a tientas, porque el gabinete estaba oscurísimo, buscó
+su mantón. «Ya verán, ya verán» murmuraba en su agitación epiléptica; y
+a tientas buscó también las botas y se las puso. Pañuelo a la cabeza,
+mantón bien recogido sobre los hombros, y a la calle... Salió con
+rapidez y determinación, como quien sabe a dónde va y obedece a uno de
+esos formidables impulsos en línea recta que conducen a toda acción
+terminante. Ni tiempo dio a que Dorotea pudiera detenerla, porque cuando
+esta la vio, ya estaba abriendo la puerta y salía como una saeta.
+
+Eran las nueve de la noche. Fortunata atravesó con paso ligero la calle
+de Hortaleza, la Red de San Luis. No debía de estar muy trastornada
+cuando en vez de tomar por la calle de la Montera, en la cual el gentío
+estorbaba el tránsito, fue a buscar la de la Salud y bajó por ella,
+considerando que por tal camino ganaba diez minutos. De la calle del
+Carmen pasó a la de Preciados, sin perder ni un momento el instinto de
+la viabilidad. Atravesó la Puerta del Sol por frente a la casa de
+Cordero, y ya la tenéis subiendo por la calle de Correos hacia la
+plazuela de Pontejos. Ya llegaba, y a medida que veía más cerca el
+objeto de su viaje, parecía como que se le iba acabando la cuerda
+epiléptica que la impulsaba a la febril marcha. Vio el portal de la casa
+de Santa Cruz, y sus miradas se internaron con recelo por aquella
+cavidad ancha, de estucadas paredes, y alumbrada por mecheros de gas.
+Ver esto y pararse en firme, con cierta frialdad en el alma, sintiendo
+el choque interior de toda velocidad bruscamente enfrenada, fue todo
+uno.
+
+Ver el portal fue para la prójima, como para el pájaro, que ciego y
+disparado vuela, topar violentamente contra un muro. Los que obran bajo
+la acción de impulsos cerebrales, irresistibles y mecánicos, como los
+instintos que atañen a la conservación, van muy bien en su carrera
+mientras no ven el fin más que en la representación falsa que de él les
+da su deseo; pero cuando la realidad de aquel fin se les pone delante,
+ofreciéndoseles como acción sometida a las leyes generales, no hay
+velocidad que no tenga su rechazo. ¿Cuál era el intento de Fortunata y
+qué iba a hacer allí? ¡Friolera!... Pues nada más que entrar en la casa
+sin pedir permiso a nadie, llamar, colarse de rondón, dando gritos y
+atropellando a todo el que encontrara, llegarse a Jacinta, cogerla por
+el moño y... Esto de cogerla por el moño no se determinó bien en su
+voluntad; pero sí que le diría mil cosas amargas y violentas. Tal
+pensaba cuando le entró aquel desatino de salir de su casa y correr
+hacia la plazuela de Pontejos. Y cuando bajaba por la calle de la Salud,
+iba pensando así: «No se me quedará en el cuerpo nada, nada. Ella es la
+que me hace desgraciada, robándome a mi marido... Porque es mi marido:
+yo he tenido un hijo suyo y ella no... Vamos a ver, ¿quién tiene más
+derecho? Entrañas por entrañas, ¿cuáles valen más?». Estos enormes
+disparates, nacidos del trastorno que en su cerebro reinara,
+persistieron cuando estaba parada y atónita delante del portal de los de
+Santa Cruz.
+
+«Pues no sé por qué no entro y armo la escandalera que debo armar...».
+
+Pero la contenía un cierto respeto que no acertaba a explicarse. Se
+alejó, y desde la acera de enfrente miró hacia la casa, diciendo para
+sí: «Habrá luz en el gabinete de Jacinta, donde estarán de tertulia».
+Pero no vio nada. Todo cerrado; todo a oscuras... «¡Si habrán salido...!
+No, estarán ahí burlándose de mí, riéndose de la trastada que me han
+hecho... Buenos son todos: ¡tales hijos, tales padres!». Volvió a sentir
+el insensato anhelo de entrar en la casa, y dio tres o cuatro pasos
+hacia ella; pero retrocedió por segunda vez. «¿A ver quién sale?». Era
+un viejo que se detenía en el portal y echaba un párrafo con Deogracias.
+La joven reconoció a Estupiñá, que había sido vecino suyo cuando ella
+vivía en la Cava, donde tuvieron principio sus interminables desgracias.
+Plácido se embozó en su capa tomando hacia la calle del Vicario Viejo.
+Siguiole Fortunata con la vista hasta verle desaparecer, y poco después
+volvió a su acecho. ¿Quién salía? Un caballero con botines blancos que
+parecía extranjero. El tal pasó junto a ella, la miró, casi casi se
+detuvo un instante para verla mejor; después siguió su camino. Otras
+personas salían o entraban. Aunque en el pensamiento de Fortunata iba
+condensándose la imposibilidad de entrar, continuaba allí clavada sin
+saber por qué. No se podía marchar, aunque iba comprendiendo que la idea
+que a tal sitio la llevó era una locura, como las que se hacen en
+sueños. Uno de los muchos desvaríos que se sucedieron en su mente fue
+imaginar que tal o cual hombre de los que vio salir era amante de
+Jacinta. «Porque a mí no me digan que es virtuosa... Vaya unos embustes
+que corre la gente. No se puede creer nada. ¿Virtuosa?, _tie_ gracia...
+Ninguna de estas casadas ricas lo es ni lo puede ser. Nosotras las del
+pueblo somos las únicas que tenemos virtud, cuando no nos engañan. Yo,
+por ejemplo... verbigracia, yo». Entrole una risa convulsiva. «¿Y de qué
+te ríes, pánfila?--se dijo a sí misma--. Más honrada eres tú que el sol,
+porque no has querido ni quieres más que a uno. ¿Pero estas... estas?...
+Ja ja ja. Cada trimestre hombre nuevo, y virtuosa me soy. ¿Por qué? Pues
+porque no dan escándalos, y todo se lo tapan unas con otras. ¡Ah!,
+señora doña Jacinta, guárdese el mérito para quien lo crea; usted
+caerá... tiene usted que caer, si no ha caído ya».
+
+De pronto vio que al portal se acercaba un coche. ¿Traería gente o venía
+a tomarla? A tomarla porque no salió nadie; el lacayo entró en la casa,
+y Deogracias se puso a hablar con el cochero. «Van a salirse dijo la
+infeliz, sintiendo otra vez los ardientes impulsos que la sacaron de su
+casa--. Ahora sí que no se me escapan... Me voy encima, y a las dos las
+afrento... tal suegra para tal nuera... ¡buen par de cuñas están!...
+¡Cuánto tardan! La cabeza se me abrasa, y parece que me vuelvo toda
+uñas...».
+
+Salieron las señoras. Fortunata vio primero a una de pelo blanco,
+después a Jacinta, después a una pollita que debía de ser su hermana...;
+vio terciopelo, pieles blancas, sedas, joyas, todo rápidamente y como
+por magia. Las tres entraron en el coche, y el lacayo cerró la
+portezuela. ¡Pero qué cosas! Lo mismo fue ver a las tres damas, que a
+Fortunata le entró un fuerte miedo. ¡Y ella que pensaba clavarles las
+puntas de sus dedos como garfios de acero! Lo que sintió era más bien
+terror, como el que infunde un súbito y horrendo peligro, y tan
+impotente se vio su voluntad ante aquel pánico, que echó a correr y
+alejose a escape, sin atreverse ni siquiera a mirar hacia atrás. Oyó el
+ruido del coche que rodaba por la calle abajo, y aún lo vio pasar por
+delante con tan rápida vuelta que por poco la arrolla. «¡Eh!...» gritó
+el cochero, y la señora de Rubín dio un grito, saltando hacia atrás...
+¡Qué susto, pero qué susto, Señor!... Siguió hacia la Puerta del Sol,
+dándose cuenta de aquel miedo intensísimo que había sentido y
+preguntándose si en él había también algo de vergüenza. Pero no le era
+difícil discernir si su espanto era como el del exaltado cristiano que
+ve al demonio, o como el de este cuando le presentan una cruz.
+
+Dejándose llevar de sus propios pasos, se encontró sin saber cómo en el
+centro de la Puerta del Sol. Inconscientemente se sentó en el brocal de
+la fuente y estuvo mirando los espumarajos del agua. Un individuo de
+Orden Público la miró con aire suspicaz; pero ella no hizo caso y
+continuó allí largo rato, viendo pasar tranvías y coches en derredor
+suyo como si estuviera en el eje de un Tío Vivo. El frío y la impresión
+de humedad la obligaron a ausentarse y se alejó envolviéndose bien en su
+mantón y tapándose la boca. Casi no se le veían más que los ojos, y como
+estos eran tan bonitos, muchos se le ponían al lado y le pedían permiso
+para acompañarla, diciéndole mil cuchufletas. Recordó entonces otros
+tiempos infelices, y la idea de tener que volver a ellos le produjo
+dolor muy vivo, despejándole la cabeza de las quimeras que se le habían
+metido en ella. El sentimiento de la realidad iba poco a poco recobrando
+su imperio. Mas la realidad érale odiosa y trataba de mantenerse en
+aquel estado delirante. Un individuo de los que la siguieron se aventuró
+a detenerla en toda regla, llamándola por su nombre.
+
+«¡Pero qué tapadita va usted!... Fortunata».
+
+Detúvose ella ante el que esto dijo. Pensando en quién podría ser,
+estuvo un ratito como lela mirando a la persona que enfrente tenía. «Yo
+quiero conocer esta cara--se dijo--. ¡Ah!, es D. Evaristo».
+
+--Hija, muy distraidita va usted...
+
+--Voy a mi casa.
+
+--¡Por aquí!--exclamó Feijoo con asombro--. Pues el camino que lleva
+usted es el del Teatro Real.
+
+--Es que...--replicó ella mirando las casas--me había equivocado... No
+sé lo que me pasa...
+
+--Vamos por aquí; la acompañaré a usted--dijo D. Evaristo con bondad--.
+Capellanes, Rompelanzas, Olivo, Ballesta, San Onofre, Hortaleza, Arco.
+
+--Ese es el camino; pero no dude usted lo que le digo...
+
+--¿Qué?, hija mía.
+
+--Que yo soy honrada, que siempre lo he sido.
+
+Feijoo miró a su amiga. Francamente, aquellos ojos tan bonitos le habían
+hecho siempre muchísima gracia; pero no le hacía maldita la exaltación
+que en ellos notaba aquella noche.
+
+La abandonada se volvió a tapar la boca con el mantón, y su acompañante
+no chistaba. Mas como ella se detuviera de nuevo para repetir aquel
+concepto de la honradez, Feijoo, que era hombre muy franco, no pudo
+menos de decirle:
+
+«Amiguita, usted no está buena, quiero decir, a usted le ha pasado algo
+muy gordo. Confiese usted a mí, que soy un amigo leal, y le daré buenos
+consejos».
+
+--¿Pero duda usted--dijo Fortunata, apoyándose en la pared--, que yo
+haya sido siempre...?
+
+--¿Honrada? ¿Cómo he de dudar eso, hija mía?, pues no faltaba más. Lo
+que dudo es que usted tenga buena salud. Está usted fatigada, y me
+parece que debemos tomar un coche... ¡Eh!, cochero...
+
+La de Rubín se dejó llevar, y maquinalmente entró en el simón. Alguna
+vez había hecho lo mismo con un cualquiera encontrado en la calle.
+
+Feijoo le habló dentro del coche con paternal cariño; pero ella no
+contestaba de una manera completamente acorde. De pronto le miró en la
+oscuridad del vehículo, diciéndole: «¿Y tú, quién eres?... ¿A dónde me
+llevas? ¿Por quién me has tomado? ¿No sabes que soy honrada?».
+
+--¡Ay, Dios mío!--murmuró el buen D. Evaristo con hondísimo disgusto--.
+Esa cabeza no está buena, ni medio buena...
+
+Por fin llegaron, y los dos subieron. La criada les abrió. «Ahora--dijo
+el simpático coronel retirado--, a acostarse. ¿Quiere usted que le
+traiga un médico?».
+
+Sin contestar, metiose ella en su alcoba. Feijoo la siguió, afligidísimo
+de verla en tan lastimoso estado. Después, él y la criada, cuchichearon.
+
+--Rompimiento... Le ha dado otra vez el canuto ese bergante--decía D.
+Evaristo--. Si no es más que eso, la trinquetada pasará.
+
+Despidiose hasta el día siguiente, y la dolorida se acostó diciendo a la
+criada mientras la ayudaba a desnudarse: «Honrada soy, y lo he sido
+siempre. ¿Qué?... ¿lo dudas tú?».
+
+--Yo... no señorita; ¿qué he de dudarlo?--replicó la criada, volviendo
+la cara para disimular una sonrisa.
+
+Durmiose pronto la infeliz señora de Rubín; pero a la media hora ya
+estaba despierta y muy excitada. Dorotea, que se quedó junto a ella, la
+oyó cantando, a media voz y con las manos cruzadas, las coplas místicas
+de las Micaelas.
+
+
+
+
+-IV-
+
+Un curso de filosofía práctica
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Dos o tres veces fue D. Evaristo al siguiente día a enterarse de la
+salud de Fortunata; pero no la pudo ver. Dorotea le dijo que la señorita
+no quería ver a nadie, y que de tanto pensar que era honrada, le dolía
+horriblemente la cabeza. Al otro día la señorita estaba un poco mejor,
+se había levantado y apetecido un sopicaldo. «Pero sigue con la misma
+idea--añadió no sin malicia la chica, que era graciosa y avisada--. Se
+lo prevengo, señor, para que le lleve el genio y le diga que sí».
+
+--Descuida, hija--replicó el caballero--, que por mí no ha de quedar.
+¿Puedo verla? ¿No la molestaré mucho? ¿Sabe que estoy aquí?
+
+--Ya lo sabe. Espérese un ratito y pasará.
+
+Quedose solo en el comedor mi hombre, y después de quince minutos de
+espera, Dorotea le mandó pasar. Estaba Fortunata en su gabinete, tendida
+en el sofá, la cabeza reclinada sobre un almohadón de raso azul. Tenía
+puesta la bata de seda y un pañuelo blanco finísimo a la cabeza, tan
+ajustado, que no se le veía más que el óvalo del rostro. Estaba ojerosa,
+pálida y muy abatida. Como D. Evaristo se preciaba de saber algo de
+medicina, tomole el pulso.
+
+«Si está usted como un reloj, hija. Si no tiene fiebre ni ese es el
+camino... ¡Bah!, coqueterías... un poco de rabietina y nada más. Y que
+está usted guapísima con ese pañolito, ya, ya. No se le ven ni el pelo
+ni las orejas. Parece una hermana de la Caridad... ¡Vaya con los males
+de esta señora!».
+
+--Ayer estuve muy malita--dijo ella con voz apagada--. La cabeza se me
+partía, y como no me podía quitar de _entre mí_ aquella idea, y dale con
+lo mismo... ¡Lo que una piensa!... Tengo que declarar que soy...
+
+--Honrada, sí, hoy más que ayer y mañana más que hoy. Por sabido se
+calla.
+
+--No, hombre, no digo eso.--¿Cómo que no?--Lo que soy es muy mala, la
+mujer más mala que ha nacido. ¿Pero usted sabe bien lo que yo he hecho?
+Lo que me pasa me lo tengo bien ganado, sí, bien ganado me lo tengo,
+¡porque cuidado que he hecho yo perrerías en este mundo...!
+
+--¡Quite usted allá!... No habrá sido tanto.
+
+--Vamos ahora a otra cosa--dijo la joven, sacando de debajo del manto
+una mano, en la que tenía una carta--. Ayer me mandó esto.
+
+--¿Quién? ¡Ah! Santa Cruz.
+
+--No la he leído hasta esta mañana. Aquí se despide otra vez, dándome
+consejos y echándoselas de santo varón. Me manda dentro de la carta
+cuatro mil reales.
+
+--Vamos... No se ha corrido que digamos.
+
+--Quiero escribirle hoy mismo--indicó ella animándose un poco--.
+Escribirle, no... nada más que meter los dos billetes de dos mil reales
+dentro de un sobre y devolvérselos.
+
+--Hija mía, párese usted y piense bien lo que hace--dijo el amigo,
+acercándose cariñosamente a ella--. Eso de devolver dinero es un
+romanticismo impropio de estos tiempos. Sólo se devuelve el dinero que
+se ha robado, y usted tenía derecho a que él le diera, no sólo eso, sino
+muchísimo más. Con que déjese usted de _rasgos_ si no quiere que la
+silbe, porque esas simplezas no se ven ya más que en las comedias malas.
+Nada, yo me he propuesto sacarla a usted del terreno de la tontería y
+ponerla sólidamente sobre el terreno práctico.
+
+--Lo que es el dinero no lo tomo--declaró la enferma del corazón,
+alargando los labios como los niños mimosos.
+
+--¡Ay, qué gracia!... Eso es, y coma usted mimitos--dijo el coronel,
+haciendo también con sus labios la trompeta más larga que le fue
+posible--. ¡Devolverle los santos cuartos! Sí, para que se ría más. Eso
+es lo que él quiere... ¿Tiene usted ahorros?
+
+--Tendré unos treinta duros.
+
+--Pues eso y nada... ¿De qué va usted a vivir ahora?
+
+--Quiero ser honrada.--Magnífico... sublime. Lo que no veo tan claro es
+que para ser honrada sea preciso no comer... ¿Acaso piensa usted
+trabajar? ¿En qué?... Al menos, con esos cuatro mil reales tiene tiempo
+de pensarlo y vivir algunos meses. Con que a guardar los _monises_, y no
+se hable más del asunto.
+
+No se convenció Fortunata, que era algo terca; pero aplazó la devolución
+de los billetes para el día siguiente. Como tenía clavada en su mente la
+injuria recibida, sin querer hablaba de ella.
+
+«¡Vaya la que me ha hecho!--murmuró después de una pausa, mirando al
+suelo--. ¡Qué manera de pagarme! ¡Yo, que lo dejé todo por él, y a los
+que me habían hecho decente les di una patada!... Perdone usted si hablo
+mal. Soy muy ordinaria. Es mi ser natural; y como a los que me querían
+afinar y hacerme honrada les di con su honradez en los hocicos... ¡Qué
+ingrata, ¿verdad?, qué indecente he sido! Todo por querer más de lo que
+es debido, por querer como una leona. Y para que calcule usted si soy
+simple, aquí, donde usted me ve, si ese hombre me vuelve a decir tan
+siquiera media palabra, le perdono y le quiero otra vez».
+
+--Sí, ya se conoce que es usted más tierna que el requesón--dijo D.
+Evaristo, meditando.
+
+--Es que los demás me parece que no son tales hombres. Para mí hay dos
+clases de hombres; él a este lado, todos los demás al otro. No voy de
+aquí a esa puerta por todos ellos. Soy así, no lo puedo remediar.
+
+--No me dice usted nada que yo no sepa. He visto mucho mundo--afirmó
+Feijoo, con tolerancia de sacerdote hecho al confesonario--. Las
+personas que son como usted suelen pasar una vida de perros. No hay
+mayor desgracia que tener el corazón demasiado grande. Cerebro grande,
+estómago grande, hígado grande, son males también; pero menores. Y yo he
+de poder poco o le he de recortar a usted el corazón, para que haya
+equilibrio.
+
+--¿Equi...?--Equilibrio.--Ya; no lo digo bien; pero comprendo lo que es.
+¿Y cómo me va usted a recortar?
+
+--¡Oh! Se necesitan muchas lecciones... es la única manera de que usted
+no sea desgraciada toda la vida. ¡Ah!, este mundo es una gaita con
+muchos agujeros, y hay que templar, templar para que suene bien. Usted
+no sabe de la misa la media. Parece que acaba de nacer, y que la han
+puesto de patitas en el mundo. ¿Qué resulta?, que no sabe por dónde
+anda. Devuelve el dinero que le dan, y se chifla dos, tres veces por una
+misma persona. ¡Bonito porvenir! Yo le voy a enseñar a usted una cosa
+que no sabe.
+
+--¿Qué?--Vivir... Vivir es nuestra primera obligación en este valle de
+lágrimas, y sin embargo... ¡qué pocos hay que sepan desempeñarla!... Se
+lo dice a usted un hombre que ha visto mucho mundo, que ha tenido, como
+usted, un corazón del tamaño de hoy y mañana. Conque prepararse, que
+empiezo mis lecciones.
+
+--¿Y seré feliz?--dijo Fortunata con expectación supersticiosa, como si
+le estuvieran echando las cartas.
+
+--Por de pronto, de lo que yo trato es de que sea usted práctica.
+
+--¡Práctica!--replicó ella arrugando la nariz con salero, como hacía
+siempre que afectaba no comprender una cosa y burlarse de ella al mismo
+tiempo--. Práctica, ¿qué quiere decir eso?
+
+--¿Y no lo sabe?... ¡No se haga usted más tonta de lo que es!--indicó D.
+Evaristo arrugando también su nariz.
+
+--Pues nos haremos _pléiticas_--dijo la señora de Rubín, ridiculizando
+la palabra para ridiculizar la idea.
+
+Poco más duró aquella visita, porque el señor de Feijoo no quería
+molestar. Despidiose, prometiendo volver pronto. Por él, volvería dentro
+de una hora. «Amiguita, usted no puede estar mucho tiempo sola, porque
+esa cabeza se pone a trabajar... Como usted no me eche, aquí me tendrá
+otra vez esta tarde».
+
+Y volvió cerca de anochecido trayendo un ramo de flores, y poco después
+fue un mozo de cuerda con dos o tres tiestos. A Fortunata le gustaban
+mucho las flores, así vivas como cortadas; tenía los balcones llenos de
+macetas y se pasaba buena parte de la mañana cuidándolas. Mucho
+agradeció al buen caballero tales obsequios, que tenían mayor precio en
+la estación que corría. Las flores del ramo eran de las más bellas,
+raras y valiosas que hay en invierno. De lo que sobre plantas se habló
+aquella tarde, coligió D. Evaristo que su amiga tenía gustos un poco
+desacordes con el gusto corriente. No le hacía gracia ninguna flor que
+no tuviese fragancia, y particularmente las camelias le eran
+antipáticas. Entre la mejor de las camelias y el más amarillo y sosón de
+los girasoles, no hallaba gran diferencia en cuanto al mérito. Diéranle
+a ella un buen clavel, un nardo, una rosa de la tierra, y en fin, todas
+aquellas flores que _ilusionan el sentido_ en cuanto uno se acerca a
+ellas...
+
+--¿Y qué tal nos encontramos esta tarde?--dijo D. Evaristo inclinándose
+para verle la cara.
+
+Echábaselas de médico; pero examinaba la cara por lo bonita que le
+parecía, no por buscar en ella síntomas hipocráticos; y como avanzara la
+noche y no había luz, tenía que acercarse mucho para ver bien.
+Continuaba ella en el propio sitio y postura que por la mañana.
+
+--Estoy lo mismo--replicó sin moverse--. Desde que usted se fue, estuve
+llorando hasta ahorita.
+
+--Pues no hay que devanarse los sesos para encontrar el remedio. Con no
+moverme de aquí... Pero podría ser el remedio peor que la enfermedad, y
+al fin tendría usted que llorar para que me marchase... Vamos, hija,
+modere esos suspiros tan fuertes, que parece se le va a salir el alma
+por la boca. Ya nos iremos consolando. El tiempo es un médico que se
+pinta solo para curar estas cosas; y todavía he de ver yo a mi amiga más
+contenta que unas Pascuas, sin acordarse para nada de lo que tanto la
+aflige hoy. Y pronto, muy pronto... Y es preciso distraerse. ¿Sabe usted
+jugar al tresillo?
+
+--¿Yo? No sé más que el tute. _Ese_ quiso enseñarme el tresillo; pero
+nunca lo pude aprender. No sabe usted bien lo torpe que soy.
+
+--¿Le gusta a usted el teatro?
+
+--Eso sí, sobre todo los dramas en que hay cosas que la hacen llorar a
+una.
+
+--¡Ave María Purísima!... Esas obras en que sale aquello de «¡hijo
+mío!... ¡padre mío!...».
+
+--Esas, y otras en que hay pasos de mucha aflicción, y sacan las
+espadas, y se desmaya una actriz porque le quitan el hijo.
+
+--¡Alabado sea el Santísimo!...--dijo Feijoo con socarronería--. En eso
+sí que son contrarios nuestros gustos, porque yo, en cuanto veo que los
+actores pegan gritos y las actrices principian a hacerme pucheritos, ya
+estoy bufando en mi butaca y mirando para la puerta... Nada de lágrimas.
+Lo que le conviene a usted ahora es reírse con las piececitas de Lara y
+Variedades. Para dramas, hija, los de la realidad... ¿Le gustan a usted
+los bailes de máscaras?
+
+--Se va usted a reír--replicó Fortunata incorporándose--. En el poco
+tiempo que anduve yo suelta en Barcelona, de la ceca a la meca, solía ir
+a bailes y divertirme algo; después no... Este año me llevó Juan dos
+veces, y otra vez fui yo sola con una amiga, por ver si le sorprendía
+pegándomela con algún trasto... ¿Creerá usted que no me he divertido ni
+esto? La careta me da un calor que me abrasa... me la quiero quitar.
+Pues digo... si me pongo a dar bromas, yo misma me río de mi poca
+gracia. No puede usted figurarse lo _desaborida_ que soy. No se me
+ocurre nada más que sandeces. Juan me decía que no sirvo para nada, y
+que no me merezco el palmito que tengo. Él se empeñaba en que yo fuera
+de otro modo; pero la cabra siempre tira al monte. Pueblo nací y pueblo
+soy; quiero decir, ordinariota y salvaje... ¡Ah, si viera usted lo
+furioso que se ponía cuando le decía yo que me gusta un guisado de falda
+y pechos como los que se comen en los bodegones!
+
+Pues nada; que tenía que esconderme para comer a mi gusto. ¿Y cuando me
+sermoneaba porque no tengo ese aire de francesa que tiene la Antoñita,
+esa que está con Villalonga, y otra que llaman Sofía la Ferrolana?
+«Hasta en la manera de sentarse se diferencian de ti--me decía--. Fíjate
+bien en aquel aire de abandono o de viveza según los casos; en aquella
+gracia, en aquel modo de andar por la calle. Tú cuando vas por ahí con
+tu velito y ese pasito reposado, sin mirar a nadie, parece que vas de
+casa en casa pidiendo para una misa». ¿Ve usted lo que me decía? ¿Y
+cuando se empeñaba en que me pusiera yo esos cuerpos tan ceñidos, tan
+ceñidos que con ellos parece que enseña una todo lo que Dios le ha
+dado?...
+
+--Esta mujer me vuelve loco--pensaba Feijoo, experimentando, al oír a
+Fortunata, una sensación de inefable contento--. Si estoy chocho, si no
+sé lo que me pasa... ¡Ay Dios mío, a mi edad!... No hay remedio, me
+declaro... Pero no, refrénate, compañero, aún no es tiempo...
+
+Al buen señor se le ponían los ojos encandilados oyéndole contar
+aquellas cosas con tan encantadora sinceridad. Sonrisa de alegría y
+esperanza contraía sus labios, mostrando su dentadura intachable. Su
+cara, que era siempre sonrosada, poníasele encendida, con verdaderos
+ardores de juventud en las mejillas. Era, en suma, el viejo más guapo,
+simpático y frescachón que se podía imaginar; limpio como los chorros
+del oro, el cabello rizado, el bigote como la pura plata; lo demás de la
+cara tan bien afeitadito, que daba gloria verle; la frente espaciosa y
+de color marfil, con las arrugas finas y bien rasgueadas. Pues de
+cuerpo, ya quisieran parecérsele la mayor parte de los muchachos de hoy.
+Otro más derecho y bien plantado no había.
+
+«No, lo que es hoy no le digo nada--pensaba--. Temo hacer el bisoño.
+Calma, compañero, y repliégate un poco; tiempo tienes de picar espuelas.
+Hoy lo recibiría mal. Está muy reciente la herida».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Pues lo que es hoy sí que no me quedo con esto dentro del
+cuerpo--pensó mi hombre al otro día, entrando en la sala, hecho un sol
+de limpio y despidiendo, como todas las mañanas al salir de su casa, un
+fuerte olor a _colonia_--. ¿Y dónde está?, ¿qué hace que no sale? Es un
+encanto esa mujer, y tengo al tal Santa Cruz por el gaznápiro más grande
+que come pan... ¡Cuánto me hace esperar! Paréceme que oigo trastazos
+como de dar con el zorro en los muebles. Estará de limpieza, aunque hoy
+no es sábado. Pero no importa que no sea sábado. Eso le conviene:
+trabajar, hacer ejercicio, distraerse, andar de aquí para allí.
+¡Magnífico!... Sí, sí, sin duda está de limpieza. Es un diamante en
+bruto esa mujer. Si hubiera caído en mis manos, en vez de caer en las de
+ese simplín, ¡qué facetas, Dios mío, qué facetas le habría tallado
+yo!... Y sigue el traqueteo allá dentro. Parece que arrastran muebles...
+Bien, muy bien, dale duro. Para cosas del corazón, sudar, sudar. ¡Ay qué
+contento estoy hoy! Tiempo hacía, compañero, mucho tiempo hacía que no
+te sentías tan feliz como te sientes hoy. Desde que estuviste en
+Filipinas... Pues ahora parece que están moviendo la cama de hierro.
+¡Cómo rechina el metal!... ¡Ah!, por fin sale...».
+
+--Dispénseme usted, amigo D. Evaristo--dijo Fortunata apareciendo en la
+puerta del gabinete, con bata de diario, un delantal muy grande y
+pañuelo liado a la cabeza--. Estoy de limpia». Tras ella se veía una
+atmósfera polvorienta, turbia y luminosa; el sol entraba por el balcón,
+de par en par abierto.
+
+«Porque yo tengo esta costumbre... Cuando me siento con ganas de llorar
+y dada a todos los demonios, ¿sabe usted qué hago?, pues coger el zorro,
+las escobas, una esponja grande y un cubo de agua. Siempre que tengo una
+pena muy grande le meto mano al polvo».
+
+--Pues ¡ay, hija mía!, la compadezco a usted... porque la casa está como
+una plata...
+
+--¡Cómo ha de ser!... Sí, esta es mi única distracción. Y no sé ninguna
+labor delicada; no sé coser en fino; no bordo ni toco el piano. Tampoco
+pinto platos como esa Antonia, amiga de Villalonga, la cual está siempre
+de pinceles; yo apenas sé leer y no le saco sentido a ningún libro...
+¿qué he de hacer?, fregar y limpiar. Con esto no me acuerdo de otras
+cosas.
+
+--Me la comería--pensó D. Evaristo, que la contemplaba embobado, sin
+decir nada.
+
+--Conque lo mejor es que se vaya usted ahora, y vuelva más tarde. Le
+vamos a llenar de polvo y basura.
+
+--No, hija, yo no me voy de aquí.
+
+--¡Uy!... Cómo huele usted a _colonia_. Ese olor sí que me gusta... Pero
+le vamos a poner perdido. Mire que ahora empezaremos con la sala.
+
+--No me importa--replicó el buen señor con sonrisa inefable--. ¿Me
+empolva?, mejor. Yo me sacudiré.
+
+--Como usted quiera... Pues ándese por ahí... Yo no tengo aquí _álbumes_
+ni libros para que se entretenga.
+
+--Maldita la falta que me hacen a mí los _álbumes_... Siga, siga usted y
+trabaje firme. Eso, eso es lo que nos conviene. Luego hablaremos. Yo no
+tengo absolutamente nada que hacer...
+
+Y dos horas más tarde estaban sentados ambos en el gabinete, uno frente
+a otro, ella en el mismo pergenio en que antes se presentara, y algo
+fatigada...
+
+«¡Debo tener una facha...!--dijo levantándose para mirarse al espejo que
+sobre el sofá estaba--. ¡María Santísima! ¿Ve usted las pestañas cómo
+las tengo, llenas de polvo?».
+
+--No estarían así sino fueran tan negras y tan grandes y hermosas...
+
+--Quisiera aviarme un poco. Es una falta recibir visitas con esta facha.
+
+--Por mí no se apure usted... Me agrada más verla así. Descanse ahora y
+echemos un parrafito. Voy a permitirme una pregunta. ¿Qué piensa usted
+hacer ahora?
+
+Fortunata, que se inclinaba hacia adelante para oír mejor, dejó caer la
+cabeza sobre el respaldo; la mejor manera de expresar que no había
+pensado nada sobre aquel punto.
+
+--¿Piensa usted pedir perdón a su marido y reconciliarse con él?
+
+--¡Jesús! ¡Y qué cosas se le ocurren!--exclamó ella, llevándose las
+manos a la cabeza, cual si oyera el mayor de los absurdos.
+
+--Pues me parece que no he dicho ningún disparate.
+
+--Antes que volver con Maximiliano--afirmó Fortunata poniendo la cara
+más seria que sabía poner--, todo lo paso, todo...
+
+--Incluso la miseria, la deshonra...
+
+--Sí señor.--Bueno. Pues quiere decir que cuando se acabe lo poquito que
+usted tiene... y supongo que no habrá insistido en devolver los cuatro
+mil reales... pues cuando se acabe, no tendrá usted más remedio que
+buscarse la vida como pueda. Usted no sabe ningún trabajo honrado que
+produzca dinero; conque claro es... si me aciertas lo que llevo en la
+mano te doy un racimo.
+
+Fortunata frunció el ceño, y sin levantar las miradas del suelo, doblaba
+y desdoblaba un pico del delantal.
+
+--Eso no tiene vuelta de hoja, compañera. O a casa con su marido, o a la
+calle con Juan, Pedro y Diego, a ver si sale algún primo con quien ir
+tirando. De este camino malo parten varios senderos, y no todos
+concluyen en el hospital y en la abyección. De modo que piénselo usted.
+Por más que se devane los sesos, no podrá salir de este dilema.
+
+--¿De este qué?--Dilema; quiere decir que a fondo o a Flandes.
+
+--Yo quiero ser honrada--afirmó la joven con la mayor seriedad del
+mundo, atormentando más la punta del delantal.
+
+--¿Honrada?, me parece muy bien. Y dígame usted con toda franqueza:
+¿honrada comiendo o sin comer?
+
+Fortunata se sonrió un poco. Aquella sonrisa iluminó su pena un
+instante; pero pronto quedó su rostro envuelto otra vez en seriedad
+sombría, señal de la duda horrible que agitaba su alma.
+
+--Eso de la honradez es muy bonito--prosiguió Feijoo--. No hay nada que
+se diga tan fácilmente y que luego resulte más difícil en la práctica.
+Yo creo que usted ha querido decir honradez relativa...
+
+--No; yo quiero ser honrada a carta cabal, honrada, honrada.
+
+--¿Sin volver con su marido?
+
+--Sin volver con mi marido. Feijoo hizo con los labios, con los ojos,
+con todos los músculos de su cara un mohín muy humano y expresivo, signo
+perteneciente al lenguaje universal y a la mímica de todos los países,
+el cual quería decir:
+
+«Hija mía, no lo entiendo...».
+
+Ni Fortunata lo entendía tampoco, por lo cual estaba verdaderamente
+anonadada. Faltábale poco para echarse a llorar.
+
+«Vamos, vamos--dijo el coronel sacudiendo toda aquella argumentación
+capciosa, como se sacuden las moscas--; hablemos claro y seamos
+prácticos sin miedo a la situación verdadera. Las cosas son como son, no
+como deseamos que sean. ¡Qué más quisiéramos sino que usted pudiera ser
+tan honrada y pura como el sol! Pero _tarde piache_, como dijo el pájaro
+cuando se lo estaban comiendo. De lo que tratamos ahora es de que usted
+sea lo menos deshonrada posible. Porque me río yo de las virtudes que
+sólo están en el pico de la lengua. ¿Y el vivir y el comer?
+
+Usted, compañera, no tiene ahora más remedio que aceptar el amparo de un
+hombre. Sólo falta que la suerte le depare un buen hombre. ¿Se echará
+usted a buscarlo por ahí entre sus relaciones, o saldrá a pescar un
+desconocido por las calles, teatros y paseos? A ver... Dígolo porque si
+quiere usted ahorrarse ese trabajo, figúrese que aburrida ha salido por
+esos mundos, que ha echado el anzuelo, que le han picado, que tira para
+arriba, y que ¡oh, sorpresa!, me ha pescado a mí. Aquí me tiene usted
+fuera del agua dando coletazos de gusto por verme tan bien pescado. Soy
+algo viejo, pero sin vanidad creo que sirvo para todo, y por fuera y por
+dentro valgo más que la mayoría de los muchachos. No tengo nada que
+hacer, vivo de mis rentas, soy solo en el mundo, me doy buena vida y
+puedo dársela a quien me acomoda. Conque a decidirse. Modestia a un
+lado, dígole a usted que dificilillo le sería, en su situación,
+encontrar un acomodo mejor. Bien lo comprenderá cuando le pasen las
+tristezas, que ojalá sea pronto. Ahora no tiene la cabeza despejada. Y
+no vacilo en decirlo--agregó alzando la voz, como si se incomodara--. Le
+ha caído a usted la lotería, y no así un premio cualquiera, sino el
+gordo de Navidad».
+
+--Quiero ser honrada--repitió Fortunata sin mirarle, como los niños
+mimosos que insisten en decir la cosa fea por que les reprenden.
+
+--No seré yo quien le quite a usted eso de la cabeza--dijo el caballero
+sonriendo, sin dudar de su victoria--. Y bien podría ser que hubiera
+usted descubierto la cuadratura del círculo.
+
+--¿Qué dice?--Nada... También se me ocurre que dentro de mi proposición
+puede usted ser todo lo honrada que quiera. Mientras más, mejor... En
+fin, no quiero marearla a usted más, y la dejo sola para que piense en
+lo que le he dicho. Siga limpiando, trabaje, dé bofetadas a los muebles,
+fregotee hasta que le escuezan los dedos; mecánica, mucha mecánica, y
+mientras tanto, piense bien en esto, y mañana o pasado mañana... no hay
+prisa... vengo por la _rimpuesta_, como dice el payo...
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Como lo que debe suceder sucede, y no hay bromas con la realidad,
+las cosas vinieron y ocurrieron conforme a los deseos de D. Evaristo
+González Feijoo. Bien sabía él que no podía ser de otro modo, a menos
+que aquella mujer estuviese loca. ¿Qué salida tenía fuera de la
+propuesta por él? Ninguna. ¿Qué honradez era aquella que apetecía, no
+sabiendo trabajar, no queriendo volver con su marido y no teniendo
+malditas ganas de irse a un yermo a comer raíces? Moraleja: Lo que tenía
+que llegar, por la sucesión infalible de las necesidades humanas, llegó.
+«Y para que veas si sé yo hacer las cosas y me intereso por ti--le dijo
+un día D. Evaristo tuteándola ya--; me propongo evitar el escándalo por
+ti y por mí. Pondré singular cuidado en que ignore esto Juan Pablo
+Rubín, que fue quien me presentó a ti, en la calle, ¿te acuerdas?, y de
+ahí viene nuestro dichoso conocimiento. Estas relaciones las hemos de
+esconder y reservar hasta donde sea humanamente posible. Verás qué bien
+vamos a estar. Yo te enseñaré a ser práctica, y cuando pruebes el ser
+práctica, te ha de parecer mentira que hayas hecho en tu vida tantísimas
+tonterías contrarias a la ley de la realidad».
+
+Fortunata, preciso es decirlo, no estaba contenta, ni aun medianamente.
+Hallábase más bien resignada y se consolaba con la idea de que dentro de
+su desgracia no había solución mejor que aquella, y de que vale más caer
+sobre un montón de paja que sobre un montón de piedras. En los primeros
+días tuvo horas de melancolía intensísima, en las cuales su conciencia,
+confabulada con la memoria, le representaba de un modo vivo todas las
+maldades que cometiera en su vida, singularmente la de casarse y ser
+adúltera con pocas horas de diferencia. Pero de repente, sin saber cómo
+ni por qué, todo se le volvía del revés allá en las cavidades
+desconocidas de su espíritu, y la conciencia se le presentaba limpia,
+clara y firme. Juzgábase entonces sin culpa alguna, inocente de todo el
+mal causado, como el que obra a impulsos de un mandato extraño y
+superior. «Si yo no soy mala--pensaba--. ¿Qué tengo yo de malo aquí
+_entre mí_? Pues nada».
+
+Con estos diferentes estados de su espíritu se relacionaban ciertas
+intermitencias de manía religiosa. En las horas en que se sentía muy
+culpable, entrábale temor de los castigos temporales y eternos.
+Acordábase de cuanto le enseñaron D. León y las Micaelas, y volvían a su
+mente las impresiones de la vida del convento con frescura y claridad
+pasmosas. Cuando le daba por ahí, iba a misa, y aun se le ocurría
+confesarse; pero de pronto le entraba miedo y lo dejaba para más
+adelante. Luego venía la contraria, o sea el sentimiento de su
+inculpabilidad, como una reversión mecánica del estado anterior, y todas
+las somnolencias y aprensiones místicas huían de su mente. Se pasaba
+entonces dos o tres días en completa tranquilidad, sin rezar más que los
+Padrenuestros que por rutina le salían de entre dientes todas las
+mañanas. Su conciencia giraba sobre un pivote, presentándole, ya el lado
+blanco, ya el lado negro. A veces esta brusca revuelta dependía de una
+palabra, de una idea caprichosa que pasaba volando por su espíritu, como
+pasa un pájaro fugaz por la inmensidad del Cielo. Entre creerse un
+monstruo de maldad o un ser inocente y desgraciado, mediaban a veces el
+lapso de tiempo más breve o el accidente más sencillo; que se
+desprendiese una hoja del tallo ya marchito de una planta cayendo sin
+ruido sobre la alfombra; que cantase el canario del vecino o que pasara
+un coche cualquiera por la calle, haciendo mucho ruido.
+
+Estaba muy agradecida al señor de Feijoo, que se portaba con ella como
+un caballero, y no tenía nada de quisquilloso, ni las impertinencias que
+suelen gastar los hombres. El primer día le leyó la cartilla, que era
+muy breve: «Mira, yo te dejo en absoluta libertad. Puedes salir y entrar
+a la hora que quieras, y hacer lo que te dé tu real gana. No soy
+partidario del sistema preventivo. Quiero que seas leal conmigo, como yo
+lo soy contigo. En cuanto te canses avisas... Aquí no me entres a ningún
+hombre, porque si algún día descubro gatuperio, me marcho tan calladito
+y no me vuelves a ver... Lo mismo haré si lo descubro fuera. Si te
+portas bien, no dejaré de protegerte, ni aun en el caso de que me fuera
+preciso dejarte».
+
+Lo que propiamente llamamos amor, la verdad, Fortunata no lo sentía por
+su amigo; pero sí le tenía respeto, y el cariño apacible a que era
+acreedor por su hidalgo comportamiento. Teníale ella por la persona más
+decente que había tratado en su vida. ¡Y cuánto sabía! ¡Qué experiencia
+del mundo la suya, y con qué habilidad se las gobernaba! Para poner en
+ejecución aquel plan de reserva de que hablara al principio, mandole
+tomar un cuartito modesto. No por economía, pues bien podía él pagar una
+casa como la que Santa Cruz pagaba; era por recato. Lo de la honradez,
+que ella anhelaba ignorando el valor exacto de las palabras, no tenía
+sentido; pero ya que no fuese honrada, al menos pareciéralo, y esto iba
+ganando, que no era floja ganancia. Un cuartito modesto en un barrio
+apartado era ya señal de que al menos se evitaba el escándalo. A poco de
+instalada en su nuevo domicilio, D. Evaristo le compró una buena máquina
+de Singer, con lo que ella se entretenía mucho. La visita del protector
+era diaria, pero sin hora fija. Unas veces iba de tarde, otras de noche.
+Pero siempre se retiraba a su casa a dormir. Convenía que Fortunata
+tuviese una criada fiel, discreta y de cierta responsabilidad. Feijoo
+estuvo cosa de un mes buscándola y al fin pudo encontrarla.
+
+Si Fortunata, empezando por conformarse, acabó por sentirse bien, D.
+Evaristo estuvo desde luego muy a gusto en aquella vida. «Yo no soy
+celoso--le decía--, y aunque no pongo mi mano en el fuego por ninguna
+mujer, creo que no me faltarás, como no se descuelgue otra vez el
+danzante de marras. A este sí que le tengo miedo». Y ella declaraba con
+su sinceridad de siempre que, en efecto, le conservaba ley al maldito
+autor de sus desgracias... no lo podía remediar; pero que si la buscaba
+otra vez, ya sabría ella resistir y darle con toda la fuerza de su
+honradez en los hocicos, para que no volviera a ser pillo. Al oír esto,
+Feijoo se mostraba benévolamente incrédulo y decía: «Pidámosle a Dios
+que no te busque, por si acaso; que a Segura llevan preso».
+
+Vivían retiradamente, y no se presentaban juntos en ninguna parte. La
+calaverada de Feijoo no fue descubierta por sus amigos más sagaces;
+Fortunata no daba que hablar a nadie, y la familia de su marido creía
+que había desaparecido de Madrid. Con este sistema de cautela y recato,
+les iba tan bien que D. Evaristo no cesaba de congratularse. «¿Ves,
+chulita, cómo de este modo estamos en el Paraíso? Así se consiguen dos
+cosas, la tranquilidad dentro, el decoro fuera. ¿Qué necesidad tengo yo
+de que me llamen _viejo verde_? Y tú, ¿por qué has de andar en lenguas
+de la gente? Aquí tienes lo que yo te quería enseñar, ser persona
+práctica. Al mundo hay que tratarlo siempre con muchísimo respeto. Yo
+bien sé que lo mejor es que uno sea un santo; pero como esto es
+dificilillo, hay que tener formalidad y no dar nunca malos ejemplos.
+Fíjate bien en esto; la dignidad siempre por delante, compañera».
+
+Hablando de esto, se animaba llegando hasta la elocuencia. «Porque mira
+tú, chulita, no predico yo la hipocresía. En cierta clase de faltas, la
+dignidad consiste en no cometerlas. No transijo, pues, con nada que sea
+apropiarse lo ajeno, ni con mentiras que dañan al honor del prójimo, ni
+con nada que sea vil y cobarde; tampoco transijo con menospreciar la
+disciplina militar: en esto soy muy severo; pero en todo aquello que se
+relaciona con el amor, la dignidad consiste en guardar el decoro...
+porque no me entra ni me ha entrado nunca en la cabeza que sea pecado,
+ni delito, ni siquiera falta, ningún hecho derivado del amor verdadero.
+Por eso no me he querido casar... Claro, es preciso contener algo a la
+gente y asustar a los viciosos; por eso se hicieron diez mandamientos en
+vez de ocho, que son los legítimos; los otros dos no me entran a mí.
+¡Ah!, chulita, dirás que yo tengo la moral muy rara. La verdad, si me
+dicen que Fulano hizo un robo, o que mató o calumnió o armó cualquier
+gatería, me indigno, y si le cogiera, créelo, le ahogaría; pero vienen y
+me cuentan que tal mujer le faltó a su marido, que tal niña se fugó de
+la casa paterna con el novio, y me quedo tan fresco. Verdad que por el
+decoro debido a la sociedad, hago que me espanto, y digo: «¡Qué
+barbaridad, hombre, qué barbaridad!». Pero en mi interior me río y digo:
+«ande el mundo y crezca la especie, que para eso estamos...».
+
+Todo esto le pareció a Fortunata muy peregrino cuando lo oyó por primera
+vez; pero a la segunda, encontrolo conforme con algo que ella había
+pensado. ¿Pero no sería un disparate? Porque era imposible que ella y
+Feijoo tuviesen razón contra el mundo entero.
+
+«Conque ya sabes--añadió el coronel--; el día en que se te antoje
+faltarme, me lo dices. Yo no creo en las fidelidades absolutas. Yo soy
+indulgente, soy hombre, en una palabra, y sé que decir _humanidad_ es lo
+mismo que decir _debilidad_... Pues vienes y me lo cuentas a mí, en mis
+barbas; nada de tapujos... ¿Creerás que voy a venir con un revólver para
+pegarte un tirito y pegarme yo otro?... ¡Valiente asno sería si lo
+hiciera! No. En nombre de la humanidad y de la especie te miraré con
+benevolencia... Cierto que me ha de escocer algo. Pero cogeré mi
+sombrero y me marcharé de tu casa, sin que eso quiera decir que te
+abandone, pues lo que haré será jubilarte, señalándote media paga».
+
+--¡Pero qué hombre más raro, y qué manera de querer!--pensaba Fortunata.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Aquel día comieron juntos; expansión que D. Evaristo se permitía
+algunas veces. Dijo ella que sabía _poner unas judías_ estofadas a
+estilo de taberna, que era lo que había que comer.
+
+Quiso Feijoo probar también aquel plato, porque le gustaban algunas
+comidas españolas. Fortunata tenía una despensa admirablemente provista,
+y en ropa y trapos gastaba muy poco. Él era tan listo y tan práctico,
+que supo sin esfuerzo hacerle disminuir el inútil y ruinoso renglón de
+las modas. En la cuestión de _bucólica_, sí que no le ponía tasa, y le
+recomendaba que trajese siempre lo mejor y más adecuado a cada estación.
+Pero ella no necesitaba que su señor le hiciera estas advertencias,
+porque, madrileña neta y de la Cava de San Miguel nada menos, sabía lo
+que se debe comer en cada época. No era glotona; pero sí inteligente en
+víveres y en todo lo que concierne a la bien provista plaza de Madrid.
+
+Y la verdad era que con aquella vida tranquila y sosegada, eminentemente
+práctica, se iba poniendo tan lucida de carnes, tan guapa y hermosota
+que daba gloria verla. Siempre tuvo la de Rubín buena salud; pero nunca,
+como en aquella temporada, vio desarrollarse la existencia material con
+tanta plenitud y lozanía. Feijoo, al contemplarla, no podía por menos de
+sentirse descorazonado. «Cada día más guapa--pensaba--, y yo cada día
+más viejo». Y ella, cuando se miraba al espejo, no se resistía a la
+admiración de su propia imagen. Algunos días le pasaba por bajo del
+entrecejo la observación aquella de otros tiempos: «¡Si me viera
+ahora...!».
+
+Pero al punto trataba de alejar estas ideas, que no le traían más que
+tristezas y cavilaciones.
+
+Vivía en la calle de Tabernillas (Puerta de Moros), que para los
+madrileños del centro es _donde Cristo dio las tres voces y no le
+oyeron_. Es aquel barrio tan apartado, que parece _un pueblo_.
+Comunícase, de una parte con San Andrés, y de otra con el Rosario y la
+V.O.T. El vecindario es en su mayoría pacífico y modestamente acomodado;
+asentadores, placeros, trajineros. Empleados no se encuentran allí, por
+estar aquel caserío lejos de toda oficina. Es el arrabal alegre y bien
+asoleado, y corriéndose al Portillo de Gilimón, se ve la vega del
+Manzanares, y la Sierra, San Isidro y la Casa de Campo. Hacia los
+taludes del Rosario la vecindad no es muy distinguida, ni las vistas muy
+buenas, por caer contra aquella parte las prisiones militares y
+encontrarse a cada paso mujeres sueltas y soldados que se quieren
+soltar. Al fin de la calle del Águila también desmerece mucho el
+vecindario, pues en la explanada de Gilimón, inundada de sol a todas las
+horas del día, suelen verse cuadros dignos del Potro de Córdoba y del
+Albaicín de Granada. Por la calle de la Solana, donde habita tanta
+pobretería, iba Fortunata a misa a la Paloma, y se pasmaba de no
+encontrar nunca en su camino ninguna cara conocida. Ciertamente, cuando
+un habitante del centro o del Norte de la Villa visita aquellos barrios,
+ni las casas ni los rostros le resultan Madrid. En un mes no pasó
+Fortunata más acá de Puerta de Moros, y una vez que lo hizo, detúvose en
+Puerta Cerrada. Al sentir el mugido de la respiración de la capital en
+sus senos centrales, volviose asustada a su pacífica y silenciosa calle
+de Tabernillas.
+
+Don Evaristo vivía, desde que obtuvo el retiro, en el segundo piso de un
+caserón aristocrático de la calle de Don Pedro. Era uno de esos palacios
+grandones y sin arquitectura, construidos por la nobleza. En el
+principal había una embajada, y cuando en ella se celebraba sarao,
+decoraban la escalera con tiestos y le ponían alfombra. Habíase
+acostumbrado Feijoo a la amplitud desnuda de sus habitaciones, a las
+grandes vidrieras, a la altura de techos, y no podía vivir en _estas
+casas de cartón_ del Madrid moderno. Su domicilio tenía algo de
+convento, y su vecino en el segundo de la izquierda era un arqueólogo,
+poseedor de colecciones maravillosas. En toda la casa no se oía ni el
+ruido de una mosca, pues el Ministro Plenipotenciario del principal era
+hombre solo, y fuera de las noches de recepción, que eran muy contadas,
+creeríase que allí no vivía nada.
+
+Por la solitaria calle de las Aguas se comunicaba brevemente Feijoo con
+su ídolo. No me vuelvo atrás de lo que esta expresión indica, pues el
+buen señor llegó a sentir por su protegida un amor entrañable, no todo
+compuesto de fiebre de amante, sino también de un cierto cariño
+paternal, que cada día se determinaba más. «¡Qué lástima,
+compañero!--pensaba--, que no tengas veinte años menos... De veras que
+es una lástima. ¡Si a esta la cojo yo antes...! Así como otros
+estropearon con sus manos inhábiles esta preciosísima _individua_, yo le
+hubiera dado una configuración admirable. ¡Qué española es, y qué chocho
+me estoy volviendo!».
+
+Al mes, ya Feijoo no podía vivir sin aumentar indefinidamente las horas
+que al lado de ella pasaba. Muchos días comían o almorzaban juntos, y
+como ambos amantes habían convenido en enaltecer y restaurar
+prácticamente la hispana cocina, hacía la _individua_ unos guisotes y
+fritangas, cuyo olor llegaba más allá de San Francisco el Grande. De
+sobremesa, si no jugaban al tute, el buen señor le contaba a su querida
+aventuras y pasos estupendos de su dramática vida militar. Había estado
+en Cuba en tiempo de la expedición de Narciso López, y trabajó mucho en
+la persecución y captura del famoso insurgente. Fortunata le oía
+embelesada, puestos los codos sobre la mesa, la cara sostenida en las
+manos, los ojos clavados en el narrador, quien bajo la influencia de la
+atención ingenua de su amada, se sentía más elocuente, con la memoria
+más fresca y las ideas más claras. «Tú no puedes hacerte cargo de
+aquellas noches de luna en Cuba, de aquella bóveda de plata
+resplandeciente, de aquellos manglares que son jardines en medio de los
+espejos de la mar... Pues aquella noche de que te hablo, estábamos
+acechando junto a un río, porque sabíamos que por allí habían de pasar
+los insurgentes. Oímos un chapoteo en el agua; creímos que era un caimán
+que se escurría entre las cañas bravas. De repente, pim... un tiro.
+¡Ellos!... Al instante toda nuestra gente se echa los fusiles a la cara.
+Ta-ra-ra-trap... Un negrazo salta sobre mí, y zas, le meto el machete
+por el ombligo y se lo saco por el lomo... No me he visto en otra,
+hija».
+
+También había estado en la expedición a Roma el 48. ¡Oh, Roma! Aquello
+sí que era cosa grande. ¡Qué bonito aquel paso de Pío IX bendiciendo a
+las tropas! Y la conversación rodaba, sin saber cómo, de la bendición
+papal a los amoríos del narrador. En esto era la de no acabar, y de la
+cuenta total salían a siete aventuras por año, con la particularidad de
+que eran en las cinco partes del mundo, porque Feijoo, que también había
+estado en Filipinas, tuvo algo que ver con chinas, javanesas y hasta con
+joloanas. Una salvaje le había trastornado el seso, demostrando que en
+las islas de la Polinesia se dan casos de coquetería no menos refinada
+que la de los salones europeos. «¡Ay, qué bueno!--exclamaba Fortunata
+riendo con toda su alma, al oír ciertos lances--. ¡Si eso parece de
+acá...! ¡Pero qué lista...! ¿Has visto? ¡Y luego dicen...!».
+
+De europeas no había que hablar. Contó el ex-coronel aventuras con
+solteras y casadas, que a su amiga le parecían mentira, y no las habría
+creído si no las oyera de labios de persona tan verídica y formal.
+--«¿Pero has visto? Si eso se dice, no se cree... Y si lo escriben,
+pensarán que es fábula mal inventada. ¡Qué cosas hacen las mujeres! Bien
+dicen que somos el Demonio».
+
+Debo advertir que nada refería Feijoo que no fuese verdad, porque ni
+siquiera recargaba sus cuadros y retratos del natural. Lo mismo hacía
+Fortunata, cuando le tocaba a ella ser narradora, incitada por su
+protector a mostrar algún capítulo de la historia de su vida, que en
+corto tiempo ofrecía lances dignos de ser contados y aun escritos. No se
+hacía ella de rogar, y como tenía la virtud de la franqueza, y no
+apreciaba bien, por rudeza de paladar moral, la significación buena o
+mala de ciertos hechos, todo lo desembuchaba. A veces sentía D. Evaristo
+gran regocijo oyéndola, a veces verdadero terror; pero de todas estas
+sesiones salía al fin con impresiones de tristeza, y pensaba así: «Si
+hubiera caído antes en mis manos, si yo la hubiera cogido antes, todas
+esas ignominias se habrían evitado... ¡Qué lástima, compañero, qué
+lástima!... Y lo más raro es que después de tanto manosear hayan quedado
+intactas ciertas prendas, como la sinceridad, que al fin es algo y la
+constancia en el amor a uno solo...».
+
+Ambos evitaban que en sus conversaciones surgieran ciertos nombres; pero
+una noche se habló, no sé por qué, de Juanito Santa Cruz. «Anda--dijo
+Fortunata--, que ya se habrá cansado otra vez de la tonta de su mujer. A
+bien que ella se tomará la revancha...».
+
+--No lo creo...--Pues yo sí...--afirmó la prójima fingiendo
+convicción--. ¡Bah! No hay mujer casada que no peque... Ya saben tapar
+bien esas señoras ricas.
+
+--No me gusta, hija, que hables así de persona alguna y menos de esa. Yo
+me explico que no la quieras bien; pero observa que es inocente de las
+trastadas que te ha hecho su marido.
+
+Feijoo conocía a algunas personas de la familia de Santa Cruz. A Jacinta
+y a Juan no les había hablado nunca; pero sí a D. Baldomero y algo a
+Barbarita. Trataba al gordo Arnaiz, y a otros muy allegados a la
+familia, como el marqués de Casa-Muñoz y Villalonga; y el mismo Plácido
+Estupiñá no era un desconocido para él.
+
+«Es preciso que te acostumbres--prosiguió con cierta severidad--, a no
+hacer juicios temerarios, huyendo de cuanto pueda herir o lastimar a una
+familia respetable. Dobla la hoja y hazte cuenta de que esa gente se ha
+ido a Ultramar, o se ha muerto».
+
+--Te diré una cosa que ha de pasmarte--indicó Fortunata con la expresión
+grave que tomaba cuando hacía una declaración de extremada y casi
+increíble sinceridad--. Pues el día en que vi por primera vez a Jacinta,
+me gustó... sin que por gustarme dejara de aborrecerla. Una noche me
+acosté con el corazón tan requemado de celos, que me sentía capaz...
+hasta de matarla... mira tú.
+
+--¡Bah!, no digas tonterías... No me hace gracia que te pongas así...
+Eso de matar a la rival es hasta cursi...
+
+--Pero si no he acabado... déjame que te cuente lo mejor. La aborrezco y
+me agrada mirarla, quiere decirse, que me gustaría parecerme a ella, ser
+como ella, y que se me cambiara todo mi ser natural hasta volverme tal y
+como ella es.
+
+--Eso sí que no lo entiendo--dijo Feijoo cayendo en un mar de
+meditaciones--. Caprichos del corazón.
+
+Y al levantarse, apoyando las manos en los brazos del sillón, notó ¡ay!,
+que el cuerpo le pesaba más; pero mucho más que antes.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+No pararon aquí las observaciones referentes a su decaimiento
+físico. Una mañana, al levantarse, notó que la cabeza se le mareaba.
+Jamás había sentido cosa semejante. En la calle advirtió que para andar
+completamente derecho, necesitaba pensarlo y proponérselo. Pasando junto
+a la carcomida puerta del convento de la Latina, no pudo menos que
+mirarse en ella como en un espejo. Se vio allí bien claro, cual vestigio
+honroso conservado sólo por indulgencia del tiempo. «Todo envejece
+--pensó--, y cuando las piedras se gastan, ¡cómo no ha de gastarse el
+cuerpo del hombre!».
+
+Y los síntomas de decadencia aumentaban con rapidez aterradora. Dos días
+después notó Feijoo que no oía bien. El sonido se le escapaba, como si
+el mundo todo con su bulla y las palabras de los hombres se hubieran ido
+más lejos. Fortunata tenía que gritar para que él se enterase de lo que
+decía. A lo penoso de esta situación uníase lo que tiene de ridículo.
+Verdad que aún andaba al paso de costumbre; pero el cansancio era mayor
+que antes, y cuando subía escaleras, el aliento le faltaba. Mirábase al
+espejo por las mañanas, y en aquella consulta infalible notaba fláccidas
+y amarillentas sus mejillas, antes lozanas; la frente se apergaminaba, y
+tenía los ojos enrojecidos y llorones. Al ponerse las botas, la rodilla
+derecha le dolía como si le metieran por la choquezuela una aguja
+caliente, y siempre que se inclinaba, un músculo de la espalda, cuyo
+nombre no sabía él, producíale molestia lacerante, que fuera terrible si
+no pasara pronto... «¡Qué bajón tan grande, compañero--se decía--, pero
+qué bajón! Y esto va a escape. Ya se ve. La locurilla me ha cogido ya
+con los huesos duros y con muchas Navidades encima... Pero francamente,
+este bajoncito no me lo esperaba yo todavía...».
+
+Esto le ocasionó grandes tristezas que al principio trataba de disimular
+delante de su querida; pero una tarde que estaban sentados junto al
+balcón, se le abatieron tanto los espíritus que no pudo contener su pena
+y la confió a su amiga: «Chulita, habrás notado que yo... pues... habrás
+visto que mi salud no es buena. Y entre paréntesis, ¿qué edad me echas
+tú?».
+
+--Sesenta--dijo ella seriamente con la reserva mental de que se quedaba
+algo corta.
+
+--Hace unos días que he entrado en lo sesenta y nueve... Dentro de nada
+setenta... ¿Sabes que de quince días a esta parte me parece que he
+envejecido de golpe y porrazo veinte años? Yo me conservaba en mis
+apariencias y en mis bríos de cincuenta, cuando de improviso la
+naturaleza ha dicho: «¡Que me voy... que no puedo más...!».
+
+Fortunata había notado el bajón; pero, como es natural, no hablaba de
+semejante cosa.
+
+«Lo que más me carga--dijo D. Evaristo con rabia, dando un puñetazo en
+el brazo del sillón--, es que la vista... Yo siempre he tenido una vista
+como un lince. Figúrate que en la Habana veía, desde el castillo de
+Atarés, las señales del vigía del Morro, distinguiendo perfectamente los
+colores de las banderas. Pues desde ayer noto no sé qué. Algunos objetos
+se me oscurecen completamente, y cuando me da el sol, me pican los
+ojos... Desde mañana pienso usar gafas verdes. Estaré bonito. En cuanto
+al oído, ya te habrás enterado. Hace días era el izquierdo, ahora es el
+derecho; he ascendido: era teniente y soy ya capitán. Te aseguro que
+estoy divertido. Pero es insigne majadería rebelarse contra la
+naturaleza. Tiene ella sus fueros, y el que los desconoce, lo paga. Yo
+he sido en esto poco práctico, siéndolo tanto en otras cosas; pero ya
+que se me olvidaron los papeles en el caso este de hacer el pollo a los
+sesenta y nueve años, voy a recogerlos para prevenir las malas
+consecuencias. Ahora es preciso que me ocupe más de ti que de mí. Yo,
+poco puedo durar...».
+
+--No... ¡qué tontuna!--dijo Fortunata, aquella vez más piadosa que
+sincera.
+
+--A mí no me vengas tú con zalamerías. Por mucho que tire... pon que
+tire un año, dos; eso si no me quedo el mejor día hecho un monigote y en
+tal estado que tengas tú que sonarme y ponerme la cuchara en la boca. De
+todas maneras, ya tengo poca cuerda, chulita de mi alma, y tengo que
+pensar mucho en ti, que la tienes todavía para rato, pues ahora estás en
+la flor de tus años y en lo mejor de tu hermosura.
+
+Y otro día, subiendo la escalera, notaba que casi la subía más con los
+brazos que con las piernas, pues tenía que ampararse del pasamanos,
+haciendo mucha fuerza en él. «Esto va por la posta. Si me descuido, no
+tengo tiempo ni de dejar a esta infeliz bien defendida de los pillos y
+de las propias debilidades de su carácter. ¡Pobre chulita! Hay que mirar
+mucho cómo la dejo, porque esta al son que la tocan baila. Lo que se me
+ha ocurrido para asegurarla contra incendios, es decir, contra los
+_rasgos_ de todas clases, quizás no le guste; de fijo que no le gustará.
+Pero ya irá comprendiendo que no hay otro camino... ¡Ay de mí, que aún
+me falta un tramo! Dios nos asista. ¡Quién me había de decir a mí...!».
+
+Al entrar en la casa, pasó insensiblemente del soliloquio al discurso,
+dando voz a sus meditaciones. «¡Quién me había de decir a mí que
+llegaría a ocuparme de que existan boticas en el mundo! Yo que jamás
+caté píldora, ni pastilla, ni glóbulo, tengo mi alcoba llena de
+potingues; y si fuera a hacer todo lo que el médico me dice, no duraría
+tres días. ¡Y quién me había de decir a mí que le haría ascos a la
+comida, yo que jamás le he preguntado a ningún plato por sus
+intenciones! El estómago se me quiere jubilar antes que lo demás del
+cuerpo, y ya debes suponer que faltando el jefe de la oficina... En fin,
+qué le hemos de hacer».
+
+Al llegar aquí, D. Evaristo tenía que alzar mucho la voz para hacerse
+oír, porque en la calle se situó un pianito de manubrio, tocando polkas
+y walses. Las del tercero, que eran las amas o sobrinas del ecónomo de
+San Andrés, que allí vivía, se pusieron a bailar, y al poco rato
+hicieron lo propio de los del segundo de la derecha. En el principal y
+segundo de la casa de enfrente armose igual jaleo, y como los chicos
+alborotaban tanto en la calle, la gritería era espantosa y D. Evaristo y
+su amiga tuvieron que callarse, mirándose y riendo.
+
+«Pues sobre que estoy sordo--dijo el simpático viejo--, la vecindad no
+nos deja oírnos. Callémonos, que tiempo hay de hablar».
+
+Fijó sus tristes miradas en el suelo y Fortunata, con los brazos
+cruzados, mirábale atenta, contemplando los estragos de la degeneración
+senil en su fisonomía, mientras se alejaban y extinguían en la calle los
+picantes ritmos del baile. La tarde caía; pronto iba a ser de noche, y
+como Feijoo tenía horror a la oscuridad, su amiga encendió luz, que puso
+en la mesa de camilla, y cerró después las maderas.
+
+«¿En dónde has estado hoy?» le preguntó D. Evaristo, que casi todas las
+noches le hacía la misma pregunta, no por fiscalizar sus actos, sino
+porque de aquella interrogación salía casi siempre una plática
+agradable.
+
+--Pues hoy al mediodía subí a casa de las del cura--dijo ella sonriendo
+y pasándole el brazo por encima de los hombros--. Son dos sobrinas o qué
+sé yo qué, guapillas, y se parecen aunque no son hermanas. Ayer
+estuvieron aquí y me dijeron si les quería pespuntar y dobladillar unas
+tiras para tableado de vestidos. Se componen mucho y tienen arriba la
+mar de figurines. Están haciendo dos trajes, y si vieras... no pude por
+menos de reírme; porque del terciopelo que les sobra hacen trajes para
+Niños Jesús y para Vírgenes. Todo lo aprovechan, y hasta una hebilla de
+sombrero que no puedan gastar, se la plantan a cualquier santo en la
+cintura.
+
+Había hecho Fortunata algunas relaciones en la vecindad más próxima. Se
+visitaba con los inquilinos de la casa, y con alguna familia de la
+inmediata, gente muy llana, muy neta; como que a todas las visitas iba
+la prójima con mantón y pañuelo a la cabeza. En el tiempo que duró
+aquella cómoda vida volvieron a determinarse en ella las primitivas
+maneras, que había perdido con el roce de otra gente de más afinadas
+costumbres. El ademán de llevarse las manos a la cintura en toda ocasión
+volvió a ser dominante en ella, y el hablar arrastrado, dejoso y
+prolongando ciertas vocales, reverdeció en su boca, como reverdece el
+idioma nativo en la de aquel que vuelve a la patria tras larga ausencia.
+La gente más fina de aquella vecindad, o la que más procuraba serlo, era
+la familia del cura, y estas dos sobrinas eclesiásticas se esforzaban en
+hacer contrastar su lenguaje atildado con el de su hermosa vecina.
+
+«Pero ¿no sabes, _hijo_, lo que me han dicho hoy?--prosiguió Fortunata
+conteniendo la risa--. ¡Ay qué gracia!... Te lo contaré para que te
+rías. La mayor, que es la más estirada, levantó las cejas, y mirándome
+como con lástima, y echando aquella voz tan fina, pero tan fina que
+parece que se la han hecho las arañas, fue y me dijo, dice: '¿Pero ese
+señor, no se casa con usted?'. Por poco suelto el trapo... Yo le
+contesté 'puede' y siguió con el sermón. Para que me dejara en paz le
+dije al fin que sí, que nos íbamos a casar, que ya estábamos sacando los
+papeles y que pronto se echarían las proclamas».
+
+--Bien contestado... ¡Qué ganas de meterse en lo que no les importa!
+
+--Y ahora te pregunto yo--dijo Fortunata más cariñosa, pero bastante más
+seria--. Si yo fuera soltera, ¿te casarías conmigo?
+
+--Sobre eso ya sabes cuáles son mis ideas--replicó él de buen humor--.
+¿Crees que han variado desde que estoy enfermo, y que los hombres
+piensan de un modo cuando tienen el estómago como un reloj, y de otro
+cuando la maquina principia a descomponerse? Algo de esto pasa, chulita,
+y una cosa es hablar desde la altura de una salud perfecta y otra al
+borde del hoyo... Pero en esto del matrimonio te aseguro que no han
+variado mis ideas. Sigo creyendo que el casarse es estúpido, y me iré
+para el otro barrio sin apearme de esto. ¡Qué quieres! Yo he visto mucho
+mundo... A mí no me la da nadie. Sé que es condición precisa del amor la
+no duración, y que todos los que se comprometen a adorarse mientras
+vivan, el noventa por ciento, créetelo, a los dos años se consideran
+prisioneros el uno del otro, y darían algo por soltar el grillete. Lo
+que llaman infidelidad no es más que el fuero de la naturaleza que
+quiere imponerse contra el despotismo social, y por eso verás que soy
+tan indulgente con los y las que se pronuncian.
+
+Por aquí siguió en su ingenioso tema; pero Fortunata no entendía bien
+estas teorías, sin duda por el lenguaje que empleaba su amigo. A poco de
+esto se puso ella a cenar. Feijoo no tomaba más que un huevo pasado y
+después chocolate, porque su estómago no le permitía ya las cenas
+pesadas. Pero en su frugal colación gozaba viendo comer a su protegida,
+cuyo apetito era una bendición de Dios.
+
+«Hija, tienes un apetito modelo. Te estoy mirando, y al paso que te
+envidio, me felicito de verte tan bien agarrada a la vida. Así, así me
+gusta... No te dé vergüenza de comer bien, y puesto que lo hay, aplícate
+todo lo que puedas, que día vendrá... ojalá que no. Ya ves qué
+contraste; yo voy para abajo, tú para arriba. ¡Cuando digo que tienes lo
+mejor de la vida por delante...! Y buena tonta serás si no engordas todo
+lo que puedas, y te pones las carnes aún más duras y apretadas si es
+posible. Figúrate si con esas tragaderas estarás bien dispuesta para el
+amor».
+
+Después de esto y mientras Fortunata se comía una cantidad inapreciable
+de pasas y almendras, cogiéndolas del plato una a una y llevándoselas a
+la boca sin mirarlas, el bondadoso anciano siguió sus habladurías con
+cierto desconcierto, y como desvariando. A ratos parecía incomodado, y
+expresándose cual si refutara opiniones que acabara de oír, daba
+palmetazos en los brazos del sillón:
+
+«Si siempre he sostenido lo mismo, si no es de ahora esta opinión. El
+amor es la reclamación de la especie que quiere perpetuarse, y al
+estímulo de esta necesidad tan conservadora como el comer, los sexos se
+buscan y las uniones se verifican por elección fatal, superior y extraña
+a todos los artificios de la Sociedad. Míranse un hombre y una mujer.
+¿Qué es? La exigencia de la especie que pide un nuevo ser, y este nuevo
+ser reclama de sus probables padres que le den vida. Todo lo demás es
+música; fatuidad y palabrería de los que han querido hacer una Sociedad
+en sus gabinetes, fuera de las bases inmortales de la Naturaleza. ¡Si
+esto es claro como el agua! Por eso me río yo de ciertas leyes y de todo
+el código penal social del amor, que es un fárrago de tonterías
+inventadas por los feos, los mamarrachos y los sabios estúpidos que
+jamás han obtenido de una hembra el más ligero favorcito».
+
+Fortunata le miraba con sorpresa mezclada de temor, el codo en la mesa,
+derecho el busto, en una actitud airosa y elegante, llevando
+pausadamente del plato a la boca, ahora una pasita, ahora una
+almendrita. Feijoo le cogió la barbilla entre sus dedos, diciéndole con
+cariño: «¿Verdad, chulita, que tengo razón? ¿Verdad que sí?... ¡Ay, qué
+será de ti, chulita, cuando yo me muera!... ¿Y en lo que me queda de
+vida, si esta se prolonga y voy más para abajo todavía...? Hay que
+preverlo todo, compañera. ¡Me ha entrado un desasosiego...! ¡Qué gruesa
+estás y qué hermosota, y yo... yo... concluido, absolutamente concluido!
+Soy un reloj que tocó su última campanada, y aunque anda un poco
+todavía, ya no da la hora».
+
+--No--murmuró ella frotándole el pecho con su cabeza--, no... Todavía...
+
+--¡Ay, qué ilusión! Yo acabé. El estómago me pide el retiro. Hay algo en
+mí que ha hecho dimisión; pero dimisión irrevocable; efectividad
+concluida, funciones que pasaron a la historia. Es preciso prevenir...
+mirar por ti, asegurarte contra la tontería.
+
+Fortunata se reía, y para calmarle aquel desasosiego que sus
+estrafalarios pensamientos y aprensiones le causaban, prodigole aquella
+noche, hasta que se separaron, los cariños y cuidados de una hija
+amantísima con el mejor de los padres.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Al siguiente día, Feijoo le dijo al entrar: «Hoy es la primera vez
+que he tenido que tomar un coche desde la Plaza Mayor aquí. Hasta ahora
+las piernas se han defendido; estas piernas que han hecho marchas de
+seis leguas en una noche... Tengo el simón a la puerta. Vente conmigo y
+vamos a dar una vuelta por las rondas del Sur». Fortunata no pensaba más
+que en complacerle, y accedió con algún recelo, pues siempre que
+paseaban juntos, aunque fuera por sitios apartados, temía encontrarse a
+Maximiliano o a doña Lupe a la vuelta de una esquina. Esta idea le hacía
+temblar.
+
+Pasearon un buen ratito, sin que tuvieran ningún encuentro desagradable.
+Dos días después, don Evaristo no fue a verla, y en su lugar llegó el
+criado con una breve esquelita, llamándola. El señor había pasado muy
+mala noche, y el médico le había ordenado que se quedase en la cama.
+Corrió allá Fortunata muy afligida, y le vio incorporado en el lecho,
+afectando tranquilidad y alegría. «No es nada de particular--le dijo,
+haciéndola sentar a su lado--. El médico se empeña en que no salga. Pero
+no estoy mal; casi casi estoy mejor que los días pasados. Sólo que como
+no tengo costumbre de encamarme... Desde que pasé la fiebre amarilla en
+Cuba hace cuarenta años, no sabía yo lo que son sábanas a las cuatro de
+la tarde. ¡Qué ganas tenía de verte! Anoche me entró como una
+angustia... Creí que me moría sin dejarte arreglada una vida práctica,
+esencialmente práctica. Por lo que pueda tronar, te voy a decir lo que
+desde hace días tengo pensado. Verás qué plan. Al principio puede que te
+escueza un poco; pero... no hay otro remedio, no hay otro remedio».
+
+Inclinose del lado en que la joven estaba, para poner su boca lo más
+cerca posible del oído de ella, y le disparó cara a cara estas palabras:
+
+«Resultado de lo mucho que cavilo por ti. Es preciso que te vuelvas a
+unir a tu marido».
+
+Contra lo que el simpático viejo esperaba Fortunata no hizo aspavientos
+de sorpresa.
+
+Puso, sí, una carita muy monamente apenada, y alzando la voz, dijo:
+
+«Pero eso, ¿cabe en lo posible?».
+
+--No necesitas alzar mucho la voz. Hoy estoy mucho mejor de la sordera.
+Por este oído izquierdo me entra todo perfectamente, y no sale por el
+otro... ¿Dices que si cabe en lo posible? De eso se trata; de hacerle
+hueco. Ya he tanteado el terreno. Esta mañana estuvo Juan Pablo a verme
+y le eché una chinita. Has de saber que anteayer me encontré a doña Lupe
+en la calle y le arrojé otra chinita.
+
+--¿Ellos saben...?--preguntó la señora de Rubín con los labios muy
+secos.
+
+--¿Esto?... Creo que no. Quizás lo sospechen; pero oficialmente no saben
+nada.
+
+--¡Ay!, no me podías decir nada--manifestó la joven dándose un
+lengüetazo en los labios, que se le secaban más todavía--, nada que me
+fuera más antipático, más...
+
+--Yo lo comprendo...--Si tú no te has de morir--dijo Fortunata
+irguiéndose con brío, en son de protesta--. ¡Si te pondrás bueno...!
+
+Feijoo había cerrado los ojos, y se sonreía en las tinieblas de su
+meditación. La chulita callaba mirándole. Con aquella sonrisa, que
+parecía la que les queda a algunas caras después que se han muerto,
+contestaba D. Evaristo mejor que con palabras.
+
+«¿Y a Nicolás le has echado otra chinita?» preguntó ella después de una
+pausa, queriendo alegrar conversación tan lúgubre.
+
+--No, porque no le he visto. Es el más bruto de los tres. Tú créeme; si
+ganamos a doña Lupe, todos los demás bajarán la cabeza, incluso tu
+marido. Doña Lupe es la que manda allí, y peor para ellos si no mandara.
+
+--¡Oh!, yo dudo mucho que quieran... Les jugué una partida muy
+serrana--afirmó ella, gozosa de encontrar un argumento contra aquel plan
+tan contrario a su gusto--, pero muy serrana. Lo que yo hice es de eso
+que no se perdona.
+
+--Todo se perdona, hija, todo, todo--dijo el enfermo con indulgencia
+empapada en escepticismo--. Por muy grande que nos figuremos la masa de
+olvido derramado en la sociedad como elemento reparador, esa masa supera
+todavía a todos nuestros cálculos. El bien y la gratitud son limitados;
+siempre los encontramos cortos. El olvido es infinito. De él se deriva
+el _vuelva a empezar_, sin el cual el mundo se acabaría.
+
+--¡Oh!, no, no es posible... No tienen vergüenza si me perdonan.
+
+--Eso, allá ellos... Lo que me importa a mí es que tú quedes en una
+situación correcta y sobre todo... práctica. Tienes tú en ti misma poca
+defensa contra los peligros que a la vida ofrece continuadamente el
+entusiasmo. Si te dejo sola, aunque te asegure la subsistencia, te
+arrastrarán otra vez las pasiones y volverás a la vida mala. Necesita mi
+niña un freno, y ese freno, que es la legalidad, no le será molesto si
+lo sabe llevar... si sigue los consejos que voy a darle. Tonta,
+tontaina, si todo en este mundo depende del modo, del estilo... Nada es
+bueno ni malo por sí. ¿Me entiendes? Ojo al corazón es lo primero que te
+digo. No permitas que te domine. Eso de echar todo por la ventana en
+cuanto el señor corazón se atufa, es un disparate que se paga caro. Hay
+que dar al corazón sus miajitas de carne; es fiera y las hambres largas
+le ponen furioso; pero también hay que dar a la fiera de la sociedad la
+parte que le corresponde, para que no alborote. Si no, lo echas todo a
+rodar, y no hay vida posible. A ti te asusta el hacer vida común con tu
+marido porque no le quieres...
+
+--Ni tanto así; no le quiero, ni es posible que le quiera nunca, nunca,
+nunca.
+
+--Corriente. Pues todo se arreglará, hija, todo se arreglará... No te
+apures ni pongas esa cara tan afligida. Hablaremos despacio. Por hoy no
+quiero calentarte la cabeza, ni calentármela yo, que bastante he
+charlado ya, y empiezo a sentirme mal. Está la cosa aprobada en
+principio... en principio.
+
+Quedose dormido el buen señor, que por haber pasado muy mala noche,
+tenía sueño atrasado, y Fortunata permaneció a su lado sin chistar ni
+moverse por no turbar su descanso. Examinaba la habitación y habría
+deseado poder escudriñar la casa toda. De lo que en la alcoba observó,
+hubo de sacar el conocimiento de que la casa estaba muy bien puesta. D.
+Evaristo, que tan práctico quería ser en la vida social, debía de serlo
+más en la doméstica, y, conforme a sus ideas, lo primero que tiene que
+hacer el hombre en este valle de inquietudes es buscarse un buen agujero
+donde morar, y labrar en él un perfecto molde de su carácter. Soltero y
+con fortuna suficiente para quien no tiene mujer ni chiquillos ni
+familia próxima, Feijoo vivía en dichosa soledad, bien servido por
+criados fieles, dueño absoluto de su casa y de su tiempo, no privándose
+de nada que le gustase, y teniendo todos los deseos cumplidos en el filo
+mismo de su santísima voluntad. Más que por el lujo, despuntaba la casa
+por la comodidad y el aseo. Gobernábala una tal doña Paca, gallega, que
+tuvo casa de huéspedes distinguidos y recomendados, en la cual vivió
+Feijoo mucho tiempo, y completaban la servidumbre una cocinera bastante
+buena y un criado muy callado y ya algo viejo, que había sido asistente
+de su amo.
+
+Este despertó como a la media hora de haberse dormido, y restregándose
+los ojos y gruñendo un poco, hubo de asombrarse de ver allí a su amiga,
+y alargó la cabeza para mirarla. Viéndola reír, se expresó así:
+
+«Pues con el sueñecito que he echado perdí la situación, chica, y al
+despertar, no me acordaba de que habías quedado ahí... Y viéndote ahora,
+me decía yo, en ese estado de torpeza que divide el dormir del velar:
+'¿pero es ella la que veo? ¿Cómo y cuándo ha venido a mi casa?'».
+
+Sacó su mano de entre las sábanas para tomar la de ella, y recogiendo al
+punto las ideas que se habían dispersado, le dijo: «Fíjate bien en una
+cosa, y es que doña Lupe _la de los Pavos_, que es la persona de más
+entendimiento en toda esa familia, no se ha de llevar mal contigo, si
+tienes tacto. Lo que a doña Lupe le gusta es mangonear, dirigir la casa,
+y echárselas de consejera y maestra. Hay que darle cuerda por ahí, y
+dejarla que mangonee todo lo que quiera. El gobierno de la casa lo ha de
+llevar mucho mejor que tú, porque es mujer que lo entiende: la traté un
+poco cuando vivía su marido, que era amigo y paisano mío. Por cierto que
+cuando se quedó viuda, dio en la flor de decir que yo le hacía el oso.
+¡Tontería y fatuidad suya!... Pero en fin, es mujer de gobierno. De modo
+que dejándola que se explaye a su gusto en todo lo que sea el mete y
+saca de la vida doméstica, podrás conservar tu independencia en lo
+demás. No sé si me entiendes ahora; pero ya te lo explicaré mejor. En
+último caso, si algún día tuvieras un choque con ella, te plantas y le
+dices: «ea, señora, yo no me meto en lo que es de su incumbencia de
+usted. No se meta usted en lo que es de la mía».
+
+Se había hecho de noche y los dos interlocutores no se veían. Feijoo
+llamó para que trajeran luz, y cuando la trajo doña Paca, la primera
+claridad que se esparció por el aposento sirvió al ama de llaves para
+examinar con rápida inspección el rostro de la amiga de su señor,
+diciéndose: «esta es la pájara que nos le ha trastornado». Aquel
+curioseo receloso de criado que espera heredar, fue seguido de
+diferentes pretextos para permanecer allí con idea de pescar algo de la
+conversación. Pero mientras Paca estuvo en la alcoba haciendo que
+ordenaba las cosas, moviendo los trastos y revisando las medicinas, D.
+Evaristo no desplegó los labios. Miraba a su ama de llaves, y su sonrisa
+maliciosa quería decir: «tú te cansarás».
+
+Así fue. Retirose la dueña, y D. Evaristo volvió a su tema: «Lo primero
+que has de tener presente es que siempre, siempre, en todo caso y
+momento, hay que guardar el decoro. Mira, chulita, no me muero hasta que
+no te deje esta idea bien metida en la cabeza. Apréndete de memoria mis
+palabras, y repítelas todas las mañanas a renglón seguido del
+Padre-nuestro».
+
+Como un dómine que repite la declinación a sus discípulos, machacando
+sílaba tras sílaba, cual si se las claveteara en el cerebro a golpes de
+maza, D. Evaristo, la mano derecha en el aire, actuando a compás como un
+martillo, iba incrustando en el caletre de su alumna estas palabras:
+
+«Guardando... las... apariencias, observando... las reglas... del
+respeto que nos debemos los unos a los otros... y... sobre todo, esto es
+lo principal... no descomponiéndose nunca, oye lo que te digo... no
+descomponiéndose nunca... (A la segunda repetición del concepto, la mano
+del dómine quedábase suspendida en el aire; y sus cejas arqueadas en
+mitad de la frente, sus ojos extraordinariamente iluminados denotaban la
+importancia que daba a este punto de la lección)... no descomponiéndose
+nunca, se puede hacer todo lo que se quiera».
+
+Después le entró tos. Doña Paca se apareció dando gruñidos y diciendo
+que la tos provenía de tanto hablar, contra lo que el médico ordenaba.
+«A usted no le ha de matar la enfermedad, sino la conversación... A ver
+si toma el jarabe y cierra el pico». Para atenuar el efecto de esa
+salida un tanto descortés, estando presente una visita, la señora
+aquella agració a la intrusa con una sonrisilla forzada. ¿Cuál de las
+dos daría al enfermo la cucharada de jarabe? Quiso hacerlo el ama de
+llaves; pero Fortunata estuvo más lista. La otra tomó su desquite,
+arrojando una observación de autoridad displicente a la cara de la
+entrometida. «Eso es, dele el cloral en vez del jarabe, y la
+hacemos...».
+
+«¿Pero no es esta la medicina?».
+
+--Esa es, sí... pero podía usted haberse equivocado. Para eso estoy yo
+aquí.
+
+--Que me dé lo que quiera--gruñó Feijoo con burlesca incomodidad--. ¿A
+usted qué le importa, señora doña Francisca?...
+
+--Es que...--Bueno; aunque me envenenara. Mejor.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Al verse otra vez en su casa y sola, Fortunata no podía con la
+gusanera de pensamientos que _le llenaba toda la caja de la cabeza_.
+¡Volver con su marido! ¡Ser otra vez la señora de Rubín! Si un mes antes
+le hubieran hablado de tal cosa, se habría echado a reír. La idea
+continuaba teniendo para ella una extrañeza dolorosa; pero después de lo
+que oyó al buen amigo no le parecía tan absurda. ¿Llegaría aquello a ser
+posible y hasta conveniente? Un cuchicheo de su alma le dijo que sí,
+aunque las antipatías que los Rubín le inspiraban no se extinguieran.
+Que D. Evaristo se moría pronto era cosa indudable: no había más que
+verle. ¿Qué iba a ser de ella, privada de la dirección y consejo de tan
+excelente hombre?... ¡Cuidado que sabía el tal! Toda la ciencia del
+mundo la poseía al dedillo, y la naturaleza humana, _el aquel de la
+vida_, que para otros es tan difícil de conocer, para él era como un
+catecismo que se sabe de memoria. ¡Qué hombre!
+
+Así como en las mutaciones de cuadros disolventes, a medida que unas
+figuras se borran van apareciendo las líneas de otras, primero una
+vaguedad o presentimiento de las nuevas formas, después contornos, luego
+masas de color, y por fin, las actitudes completas, así en la mente de
+Fortunata empezaron a esbozarse desde aquella noche, cual apariencias
+que brotan en la nebulosa del sueño, las personas de Maxi, de doña Lupe,
+de Nicolás Rubín y hasta de la misma Papitos. Eran ellos que salían
+nuevamente a luz, primero como espectros, después como seres reales con
+cuerpo, vida y voz. Al amanecer, inquieta y rebelde al sueño, oíales
+hablar y reconocía hasta los gestos más insignificantes que modelaban la
+personalidad de cada uno.
+
+Levantose la chulita muy tarde y recibió un recado de su amigo
+diciéndole que estaba mejor y que se levantaría y saldría a la calle con
+permiso del tiempo. Esperó su visita, y en tanto no cesaba de cavilar en
+lo mismo. La gratitud que hacia Feijoo sentía, era más viva aún que
+antes, y habría deseado que la vida que con él llevaba continuase, pues
+aunque algo tediosa, era tan pacífica que no debía ambicionar otra
+mejor. «Si dura mucho esto, ¿llegaré a cansarme y a no poder sufrir esta
+sosería?
+
+Puede que sí». El apetito del corazón, aquella necesidad de querer
+fuerte, le daba sus desazones de tiempo en tiempo, produciéndole la
+ilusión triste de estar como encarcelada y puesta a pan y agua. Pero no
+se conformaba; quizás cada día la conformidad era menor... quizás veía
+con agrado en las lontananzas de su imaginación algo nuevo y desconocido
+que interesara profundamente su alma, y pusiera en ejercicio sus
+facultades, que se desentumecían después de una larga inactividad.
+
+Don Evaristo llegó en coche a eso de las cuatro muy animado, y le mandó
+que le hiciera un chocolatito para las cinco. Esmerose ella en esto, y
+cuando el buen señor tomaba con gana su merienda, le dijo entre otras
+cosas que, si seguía mejor, al día siguiente hablaría con Juan Pablo,
+planteándole la cuestión resueltamente. «Y también te digo una cosa. No
+veo la causa de que tu marido te sea tan odioso. Podrá no ser simpático;
+pero no es mala persona. Podrá no ser un Adonis; pero tampoco es el
+coco. Mujeres hay casadas con hombres infinitamente peores, y viven con
+ellos; allá tendrán sus encontronazos; pero se arreglan y viven... Tú no
+seas tonta, que no sabes la ganga que es tener un hombre y una chapa
+decorosa en el casillero de la sociedad. Si sacas partido de esto, serás
+feliz. Casi estoy por decirte que mejor te cuadra un marido como el que
+tienes, que otro de mejor lámina, porque con un poco de muleta harás de
+él lo que quieras. Me han dicho que desde la separación está muy
+taciturno, muy dado a sus estudios, y que no se le conocen trapicheos ni
+distracciones... Por grandes que sean sus resentimientos, chica, creo
+que en cuanto le hablen de volver contigo, se le hace la boca agua».
+
+Fortunata, sonriendo, dio a entender su incredulidad.
+
+«¿Que no? ¡Ay, chulita!, tú no conoces la naturaleza humana. Cree lo que
+te he dicho. Maximiliano te abrirá los brazos. ¿No ves que es como tú,
+un apasionado, un sentimental? Te idolatra, y los que aman así, con esa
+locura, se pirran por perdonar. ¡Ah, perdonar! Todo lo que sea _rasgos_
+les vuelve locos de gusto. Tú déjate querer, grandísima tonta, y hazte
+cargo de que se te presenta un ancho horizonte de vida... si lo sabes
+aprovechar».
+
+Esto del horizonte avivó en la mente de la joven aquel naciente anhelo
+de lo desconocido, del querer fuerte sin saber cómo ni a quién. Lo que
+no podía era compaginar esperanza tan incierta con la vida de familia
+que se le recomendaba. Pero algo y aun algos se le iba clareando en el
+entendimiento.
+
+Feijoo mejoró sensiblemente en los días que siguieron al arrechucho
+aquel. Recobró parte de sus fuerzas, algo del buen humor, y las
+presunciones de próxima muerte se desvanecieron en su espíritu. Mas no
+por esto desistió de llevar adelante un plan que había llegado a ser
+casi una manía, absorbiendo todos sus pensamientos. Decidido a hablar
+con Juan Pablo, fue a verle una mañana al café de Madrid, donde tenía un
+rato de tertulia antes de entrar en la oficina, pues al fin ¡miseria
+humana!, hubo de aceptar la credencialeja de doce mil que le había dado
+Villalonga, por recomendación del mismo Feijoo. No estaba contento ni
+mucho menos con esto del orgulloso Rubín, y se quejaba de que una
+amistad sagrada le hubiera puesto en el compromiso de aceptar el turrón
+alfonsino. Por supuesto que la situación no duraba ni podía durar.
+Cánovas no sabía por dónde andaba. Entre tanto, y supiera o no don
+Antonio lo que traía entre manos, ello es que Juan Pablo se había
+comprado una chistera nueva, y tenía el proyecto de trocar su capa, algo
+deshilachada de ribetes y mugrienta de forros, por otra nueva. Eso al
+menos iba ganando el país.
+
+Pero de todas las mejoras de ropa que publicaban en los _círculos
+políticos_ y en las calles de Madrid el cambio de instituciones, ninguna
+tan digna de pasar a la historia como el estreno de levita de paño fino
+que transformó a don Basilio Andrés de la Caña a los seis días de
+colocado. Hundiose en los abismos del ayer la levita antigua, con toda
+su mugre, testimonio lustroso de luengos años de cesantía y de arrastrar
+las mangas por las mesas de las redacciones. Completaba el buen ver de
+la prenda un sombrero de moda, y el gran D. Basilio parecía un sol,
+porque su cara echaba lumbre de satisfacción. Desde que entró a servir
+_en su ramo_ y en la categoría que le cuadraba, estaba el hombre que no
+cabía en su chaleco. Hasta parecía que había engordado, que tenía más
+pelo en la cabeza, que era menos miope, y que se le habían quitado diez
+años de encima. Se afeitaba ya todos los días, lo que en realidad le
+quitaba el parecido consigo mismo. No quiero hablar de las otras muchas
+levitas y gabanes flamantes que se veían por Madrid, ni de las señoras
+que trocaban sus anticuados trajes por otros elegantes y de última
+novedad. Este es un fenómeno histórico muy conocido. Por eso cuando pasa
+mucho tiempo sin cambio político, cogen el cielo con las manos los
+sastres y mercaderes de trapos, y con sus quejas acaloran a los
+descontentos y azuzan a los revolucionarios. «Están los negocios muy
+parados» dicen los tenderos; y otro resuella también por la herida
+diciendo: «No se protege al comercio ni a la industria...».
+
+Cuando Feijoo entró en el café de Madrid, Juan Pablo no había llegado
+aún, y decidió esperarle en el sitio que su amigo acostumbraba ocupar. A
+poco entró D. Basilio presuroso, de levita nueva, el palillo entre los
+dientes, y se dirigió al mostrador con ademanes gubernamentales. «Que me
+lleven el café a la oficina» dijo en voz alta, mirando el reloj y
+haciendo un gesto, por el cual los circunstantes podrían comprender, sin
+necesidad de más explicaciones, el cataclismo que iba a ocurrir en la
+Hacienda si D. Basilio se retrasaba un minuto más.
+
+«Hola, D. Evaristo--dijo deteniéndose un instante a estrecharle la
+mano--. ¿Cómo va la salud...? ¿Bien? Me alegro... Conservarse... Muy
+ocupado... Junta en el despacho del jefe... Abur».
+
+--Buen pelo echamos, ¿eh?... Sea enhorabuena. Yo tal cual. Adiós.
+
+Al quedarse otra vez solo, D. Evaristo arrugó el ceño. Ocurriósele una
+contrariedad que entorpecería su plan. Al ir hacia el café había
+preparado por el camino el discurso que le espetaría a Juan Pablo. Este
+discurso empezaba así: «Amigo mío, me he enterado de que la pobre mujer
+de su hermano de usted vive en el más grande apartamiento, arrepentida
+ya de su falta, indigente y sin amparo alguno...» y por aquí seguía.
+Pero esto era insigne torpeza, porque si después de encarecer lo tronada
+y hambrienta que estaba Fortunata, ¡la veían tan hermosa...! No, de
+ninguna manera. Facilillo era compaginar la lozanía de la señora de
+Rubín con su desgracia. ¿Y cómo evitar que del indicio de aquellas
+apretadas carnes y de aquel color admirable indujeran los parientes la
+certeza de una vida regalona, alegre y descuidada?... Uno rato estuvo mi
+hombre discurriendo cómo probar que no es cosa del otro jueves que las
+personas afligidas engorden, y aún no había logrado construir su plan
+lógico, cuando llegó Juan Pablo, frotándose las manos, y dejando ver en
+su cara la satisfacción íntima que el simple hecho de entrar en el café
+le producía. Era como el tinte de placidez que toma la cara del buen
+burgués al penetrar en el hogar doméstico. Saludáronse los dos amigos
+con el afecto de siempre. Después de oír, acerca de su salud, todas las
+vulgaridades hipocráticas con que el sano trastea al enfermo, como
+aquello de _es nervioso... pasee usted... yo también estuve así_, Feijoo
+abordó la cuestión, y por zancas y barrancas, soltando lo primero que se
+le ocurría, llegó a decir que él se había propuesto, por pura caridad,
+negociar la reconciliación.
+
+«¡Probrecilla!--dijo Rubín, echando los terrones de azúcar en el vaso,
+con aquella pausa que constituía un verdadero placer--. Dice usted que
+pasando miserias y muy arrepentida... ¡Cuánto se habrá desmejorado!».
+
+--Le diré a usted... Precisamente desmejorarse, no; lo que está es así,
+muy... ensimismada. Pero sigue tan guapa como antes.
+
+--¿Y Santa Cruz, no...?--Quite usted, hombre. Si hace la mar de tiempo
+que tronaron. A poco de las trapisondas de marras... Desde entonces su
+cuñada de usted ha vivido apartada del bullicio, llorando sus faltas y
+comiéndose los ahorros que tenía, hasta que han venido los apuros. Ha
+sido una casualidad que yo me enterara. Verá usted... me la encontré
+hace días... contome sus cuitas... Me dio mucha pena. Hágase usted cargo
+de lo que sufrirá una criatura con la conciencia alborotada y en esta
+situación...
+
+--¡Ah! Sr. D. Evaristo, a mí no me la da usted... Usted es muy tunante y
+las mata callando...
+
+Al oír esto, la diplomacia de Feijoo se alarmó, creyendo llegada la
+ocasión de sacar, si no todo el Cristo, la cabeza de él.
+
+«Mire usted, compañero--le dijo con reposado acento--; cuando trato las
+cosas en serio, ya sabe usted que las bromas me parecen impertinentes,
+¿estamos? Es poco delicado en usted suponer que he tenido algún lío con
+esa señora, y que lo disimilo con la hipocresía de querer reconciliar el
+matrimonio. Vamos, que se pasa usted de pillín...».
+
+--Era un suponer, D. Evaristo--manifestó Rubín desdiciéndose.
+
+--Pues hacía yo bonito papel... Hombre, muchas gracias...
+
+--No, no he dicho nada...--Además, diferentes veces me ha oído usted
+decir que hace tiempo que me corté la coleta.
+
+--Sí, sí.--Y si en mis treinta, y en mis cuarenta y aun en mis
+cincuenta, he toreado de lo fino, lo que es ahora... ¡Pues estoy yo
+bueno para fiestas con mis sesenta y nueve años y estos achaques...!
+Hágame usted más favor, y cuando le digo una cosa, créamela, porque para
+eso son los buenos amigos, para creerle a uno...
+
+--Tiene usted razón, y lo que siento ¡qué cuña!, es que no viera en mi
+reticencia una broma...
+
+--Me parecía a mí que el asunto, por tratarse de una persona de la
+familia de usted y por iniciarlo yo, no era para bromear.
+
+Rubín creyó o aparentó creer, y puso la atención más filosófica del
+mundo en lo que su amigo siguió diciendo sobre materia tan importante. Y
+aquí viene bien un dato: Juan Pablo había recibido de Feijoo algunos
+préstamos a plazo indefinido. Este excelente hombre, viendo sus
+angustias, halló una manera delicada de suministrarle la cantidad
+necesaria para librarse de Cándido Samaniego, que le perseguía con saña
+inquisidora. Estas caridades discretas las hacía muy a menudo Feijoo con
+los amigos a quienes estimaba, favoreciéndoles sin humillarles. Por
+supuesto, ya sabía él que aquello no era prestar, sino hacer limosna,
+quizás la más evangélica, la más aceptable a los ojos de Dios. Y no se
+dio el caso de que recordase la deuda a ninguno de los deudores, ni aun
+a los que luego fueron ingratos y olvidadizos. Juan Pablo no era de
+estos, y se ponía gustoso, con respecto a su generoso _inglés_, en ese
+estado de subordinación moral, propio del insolvente a quien se le dan
+todas las largas que él quiere tomarse. Demasiado sabía que un hombre de
+quien se han recibido tales favores hay que creerle siempre todo lo que
+dice, y que se contrae con él la obligación tácita de ser de su opinión
+en cualquier disputa, y de ponerse serio cuando él recomienda la
+seriedad. Allá en su interior pensaría Rubín lo que quisiese; pero de
+dientes afuera se mantuvo en el papel que le correspondía.
+
+«Por mi parte, no he de poner inconvenientes... Qué quiere usted que le
+diga. No sé lo que pensará Maximiliano. Desde aquellas cosas, no le he
+oído mentar a su mujer... Si algo se ha de hacer, crea usted que no se
+dará un paso si mi tía no va por delante... Yo estoy un poco torcido con
+ella... Lo mejor es que le hable usted».
+
+Después se enteró Feijoo con mucha maña de ciertas particularidades de
+la familia. Maxi había tomado el grado y estaba ya practicando en la
+botica de Samaniego, a las órdenes de un tal Ballester, encargado del
+establecimiento.
+
+Supo además el anciano que doña Lupe no vivía ya en Chamberí, sino en la
+calle del Ave María, y que todo el tiempo que le dejaba libre a Maxi la
+farmacia, lo empleaba en darse buenos atracones de lectura filosófica.
+Le había dado por ahí.
+
+Luego hablaron de otras cosas. El filósofo cafetero dijo a su amigo que
+cuando quisiera echar otro párrafo no le buscase más en el Café de
+Madrid, porque allí había caído en un círculo de cazadores que le tenían
+marcado y aburrido con la _perra pechona, el hurón_, y con _que si la
+perdiz venía o no venía al reclamo_. No sabía aún a qué _local_ mudarse;
+pero probablemente sería al Suizo Viejo, donde iban Federico Ruiz y
+otros chicos atrozmente panteístas. De los antiguos cofrades sólo iban a
+_Madrid_ D. Basilio, insufrible con su ministerialismo, Leopoldo Montes
+y el _Pater_. Pero este se marcharía aquella misma noche a Cuevas de
+Vera, su pueblo, a trabajar las elecciones de Villalonga. También charló
+Juan Pablo de política, diciendo con mucho _tupé_ que el Gobierno
+_estaba de cuerpo presente_, y que la situación duraría... a todo tirar,
+a todo tirar, tres o cuatro meses.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+La primera vez que D. Evaristo visitó a su dama después de esta
+entrevista, abrazola gozoso, y le dijo: «Albricias... vamos bien, vamos
+bien».
+
+--¿Pero qué... qué hay? ¿buenas noticias?
+
+--Oro molido; mejor dicho, excelentes impresiones. Tu marido...
+
+--¿Le ha visto usted?--No he tenido esa satisfacción. Pero me han
+contado de él una cosa que es en extremo favorable. Te lo diré para que
+no caviles. Maximiliano se ha dedicado a la filosofía...
+
+Fortunata se quedó mirando a su amigo, sin saber qué expresión tomar. No
+veía la tostada, ni sabía en rigor lo que era la filosofía, aunque
+sospechaba que fuese una cosa muy enrevesada, incomprensible y que
+vuelve _gilís_ a los hombres.
+
+«No me llama la atención que te quedes con la boca abierta. Ya irás
+comprendiendo... ¡Se da unos atracones de filosofía!, y me parece que
+dijo Juan Pablo que era filosofía espiritualista...».
+
+--¡Ah!... ¿De esos que hablan con las patas de las mesas? ¡Alabado
+sea...!
+
+--No, esos no. Pero estamos de enhorabuena: cualquiera que sea la secta
+o escuela que le sorbe el seso a tu marido, tenemos ya noventa y seis
+probabilidades contra cuatro de que te reciba con los brazos abiertos.
+Tú lo has de ver.
+
+Fortunata dudaba que esto fuera así. La partida que ella le había jugado
+a Maxi era demasiado serrana para que este la olvidara por lo que dicen
+los libros. Al otro día entró el simpático amigo más alegre y excitado.
+Su proyecto llegó a dominarle de tal modo, que no sabía pensar en otra
+cosa, y de la mañana a la noche estaba dando vueltas al tema. Había
+mejorado mucho su salud y al mismo tiempo no ponía tanto cuidado como
+antes en el adorno de su persona. Desde que tomara con tanto cariño las
+funciones paternales, se había dejado toda la barba, usaba hongo y una
+gran bufanda alrededor del cuello. Salía a sus diligencias en coche
+simón por horas. Cuando la prójima le vio entrar aquel día con el
+sombrero echado hacia atrás, los ojos chispeantes, los movimientos
+ágiles, comprendió que las noticias eran buenas. «Con estos
+alegrones--dijo él abrazándola--, se rejuvenece uno. Chulita, otro
+abrazo, otro. Vengo de hablar con la mismísima doña Lupe _la de los
+Pavos_». Fortunata se asustó sólo de oír el nombre de su tía política.
+
+«Impresiones muy buenas--añadió el diplomático...--. Ha empezado por
+ahuecar la voz, y por negarse a proponer la reconciliación. Pero
+mientras más cerdea ella, más claro veo yo que hará lo que deseamos.
+¡Oh!, entiendo bien a mi gente. También esta tiene sus filosofías
+pardas, y a mí no me la da. Conozco las callejuelas de la naturaleza
+humana mejor que los rincones de mi casa. Doña Lupe está deseando que
+vuelvas; pero deseándolo, para que lo sepas. Se lo he conocido en la
+cara y en el modo de decir que no... Yo no sé si te he contado que en un
+tiempo, a poco de enviudar, tuvo sus pretensiones respecto a mí...
+pretensiones honestas... Decía la muy fatua que yo le paseaba la calle.
+¿Creerás que se le descompone la cara siempre que me ve?».
+
+Fortunata soltó la carcajada. «Dime, ¿y cuando te pretendía, ya le
+habían cortado el pecho que le falte?».
+
+--Pues no lo sé. Por mí que le cortaran los dos... En fin, chica, que
+esto marcha. Yo le dije que si había reconciliación, vivirías con ella,
+pues yo estimaba muy conveniente esta vida común. Tan hueca se puso al
+oírme decir esto, que aún creo que le nacía un pecho nuevo... Oye lo que
+tienes que hacer cuando esto se realice: Yo te daré una cantidad que le
+entregarás a ella el primer día, suplicándole que te la coloque. Te
+niegas a admitirle recibo. Nada le gusta tanto como que tengan confianza
+en ella en asuntos de dinero... ¡Ah!... leo en ella como leo en ti. ¿No
+ves que la traté bastante en vida de Jáuregui, que, entre paréntesis,
+era un hombre excelente? Ya te daré una lección larga sobre el tole tole
+con que debes tratarla, una mezcla hábil de sumisión e independencia,
+haciéndole una raya, pero una raya bien clarita, y diciéndole: «de aquí
+para allá manda usted; de aquí para acá estoy yo...». Ahora la tecla que
+me falta tocar es tu marido. He hablado pocas veces con él, apenas le
+trato; pero no importa...
+
+La mejoría se acentuó tanto, que D. Evaristo atreviose a salir de noche,
+y lo primero que hizo fue ir en busca de Juan Pablo. No le encontró en
+el Suizo Viejo. Allí estaban Villalonga, Juanito Santa Cruz, Zalamero,
+Severiano Rodríguez, el médico Moreno Rubio, Sánchez Botín, Joaquín Pez
+y otros que tenían constituida la más ingeniosa y regocijada peña que en
+los cafés de Madrid ha existido. Habían hecho un reglamento humorístico,
+del cual cada uno de los socios tenía su ejemplar en el bolsillo. De
+aquellas célebres mesas habían salido ya un ministro, dos subsecretarios
+y varios gobernadores. Aunque era amigo de algunos, no quiso Feijoo
+acercarse, y se fue a una mesa lejana. Junto a él, los ingenieros de
+Caminos hablaban de política europea, y más acá los de Minas disputaban
+sobre literatura dramática. No lejos de estos, un grupo de empleados en
+la Contaduría central se ocupaba con gran calor de pozos artesianos, y
+dos jueces de primera instancia, unidos a un actor retirado, a un
+empresario de caballos para la Plaza de Toros y a un oficial de la
+Armada, discutían si eran más bonitas las mujeres con _polisón_ o sin
+él. Después llamó la atención de D. Evaristo la facha de un hombre que
+iba por entre las mesas, el cual sujeto más bien parecía momia animada
+por arte de brujería. «Yo conozco esta cara--se dijo Feijoo--. ¡Ah! ya;
+es el que llamábamos _Ramsés II_, el pobre Villaamil que sólo necesitaba
+dos meses para jubilarse». Acercose tímidamente este desgraciado a
+Villalonga, que ya estaba levantado para marcharse; y en actitud
+cohibida, echando los ojos fuera del casco, le habló de algo que debía
+ser los maldecidos dos meses. Jacinto alzaba los hombros, respondiéndole
+con benevolencia quejumbrosa. Parecía decirle: «¡Yo, qué más
+quisiera...! He hecho todo lo posible... Veremos... he dado una nota...
+Crea usted que por mí no queda... Si, ya sé, dos meses nada más...». Un
+instante después _Ramsés II_ pasó junto a D. Evaristo, deslizándose por
+entre las mesas y sillas como sombra impalpable. Llamole por su nombre
+verdadero Feijoo, y acercose el otro a la mesa, inclinando, para ver
+quién le llamaba, su cara amarilla, requemada por el sol de Cuba y
+Filipinas. Se reconocieron. Villaamil, invitado por su amigo, dobló su
+esqueleto para sentarse, y tomó café... con más leche que café... «¡Ah!,
+¿buscaba usted a Juan Pablo? Pues del salto se ha ido al café de
+Zaragoza. Dice que le cargan los ingenieros...».
+
+Como le convenía retirarse temprano, no fue D. Evaristo aquella noche al
+indicado café.
+
+Las nueve serían de la siguiente, cuando entró en el establecimiento de
+la Plaza de Antón Martín, que lleno de gente estaba, con una atmósfera
+espesa y sofocante que se podía mascar, y un ensordecedor ruido de
+colmena; bulla y ambiente que soportan sin molestia los madrileños, como
+los herreros el calor y el estrépito de una fragua. Desembozándose,
+avanzó el anciano por la tortuosa calle que dejaran libre las mesas del
+centro, y miraba a un lado y otro buscando a su amigo. Ya tropezaba con
+un mozo encargado de _servicio_, ya su capa se llevaba la toquilla de
+una cursi; aquí se le interponía el brazo del vendedor de
+_Correspondencias_ que alargaba ejemplares a los parroquianos, y allá le
+hacían barricada dos individuos gordos que salían o cuatro flacos que
+entraban. Por fin, distinguió a Juan Pablo en el rincón inmediato a la
+escalera de caracol por donde se sube al billar. Acompañábanle en la
+misma mesa dos personas: una mujer bastante bonita, aunque estropeada, y
+un joven en quien al pronto reconoció D. Evaristo a Maximiliano. Los dos
+hermanos sostenían conversación muy animada. La _indivudua_ eran el amor
+de Juan Pablo, una tal Refugio, personaje de historia, aunque no
+histórico, de cara graciosa y picante, con un diente de menos en la
+encía superior. Feijoo no la había visto nunca, ni el filósofo de café
+acostumbraba a presentarse en público en compañía de aquella Aspasia,
+por cuya razón quedose Rubín un tanto cortado al ver a su amigo.
+
+Maximiliano saludó a D. Evaristo, preguntándole con mucho interés por su
+salud, a lo que respondió el anciano con mucha viveza: «Ya ve usted...
+_Cinco_ meses llevo así... un día caigo, otro me levanto... ¡_Cinco_
+meses!... Nada; que viene un día en que la máquina dice, 'hasta aquí
+llegamos, compañero' y no se empeñe usted en remendarla, ni echarle
+aceite. Que no anda, y que no anda, y se tiene que parar».
+
+--¿Pero qué es lo que usted tiene?--preguntó Maximiliano con presunción
+de médico novel o de boticario incipiente, que unos y otros se desviven
+por ser útiles a la humanidad.
+
+--¿Que qué tengo? ¡Ah!, una cosa muy mala. La peor de las enfermedades.
+¡Sesenta años!, ¿le parece a usted poco?
+
+Todos se echaron a reír. «Me ha dicho mi hermano--añadió Maxi--, que
+digiere usted mal».
+
+--Cinco meses lleva mi estómago de indisciplina--replicó el ladino
+viejo, que quería sin duda meterle a Maxi en la cabeza aquello de los
+cinco meses--. Ya no le hago caso. Me he rendido, y espero tranquilo el
+_cese_.
+
+--Si quiere usted, le haré un preparado de peptona.
+
+--Gracias... Veremos lo que dice mi médico.
+
+--Poco mal y bien quejado--afirmó el otro Rubín, dándole palmadas en el
+hombro.
+
+--Pero ustedes estaban hablando de algo que debía de ser
+interesante--dijo Feijoo--. Por mí no se interrumpan.
+
+--Estábamos... pásmese usted... en las regiones etéreas.
+
+--Nada, es que me quiere convencer--manifestó Maximiliano con calor--,
+de que todo es fuerza y materia. Yo le digo una cosa, «pues a eso que tú
+llamas fuerza, lo llamo yo espíritu, el Verbo, el querer universal; y
+volvemos a la misma historia, al Dios uno y creador y al alma que de él
+emana».
+
+Don Evaristo, en tanto, miraba a Refugio, examinándole el rostro, la
+boca, el diente menos. La muchacha sentía vergüenza de verse tan
+observada, y no sabía cómo ponerse, ni qué dengues hacer con los labios
+al llevarse a ellos la cucharilla con leche merengada.
+
+«Eso, eso... por ahí duele--dijo el ex-coronel, arrimándose al partido
+de Maximiliano--. ¡El alma!... Estos señores materialistas creen que con
+variar el nombre a las cosas han vuelto el mundo patas arriba».
+
+--Pero si ya te he dicho...--argüía sofocado Juan Pablo.
+
+--Déjame que acabe...--No es eso... ¡qué cuña!
+
+--Volvemos a lo mismo. ¿No me conozco yo en mí, uno, consciente,
+responsable?
+
+--¡Otra te pego! Pero ven acá...
+
+--Aguarda. Si yo me reconozco íntimamente en la sustancia de mi yo...
+
+Se expresaba con exaltación sin dejar meter baza a su hermano, y este,
+en cambio, no se la dejaba meter a él, y simultáneamente se quitaban la
+palabra de la boca.
+
+--Espérate un poco... no es eso.
+
+--Allá voy... yo vivo en mi conciencia, por mí y antes y después de mí.
+
+--¡Ah!, pero lo primero es distinguir... Mira...
+
+--¡Buen par de chiflados estáis los dos!--dijo para sí D. Evaristo
+mirando con curiosidad el portillo que en la dentadura tenía Refugio.
+
+--¡Dale, bola!...--replicó Maxi--. Si no es eso... Yo, ¿soy yo?... ¿me
+reconozco como tal yo en todos mis actos?
+
+--No, yo no soy más que un accidente del concierto total; yo no me
+pertenezco, soy un fenómeno.
+
+--¡Que yo soy un fenómeno!... ¡Ave-María Purísima, qué disparate!
+
+--Estás tú fresco... Lo permanente no soy yo, ¡qué cuña!, es el
+conjunto... Yo lo reconozco así en el fenómeno pasajero de mi
+conocimiento.
+
+¡Y estas cosas se decían en el rincón de un café, al lado de un
+parroquiano que leía _La Correspondencia_ y de otro que hablaba del
+precio de la carne! En una de las mesas próximas había un grupo de
+individuos que tenían facha de matuteros o cosa tal. A la derecha
+veíanse dos cursis acompañadas de una buscona y obsequiadas por un señor
+que les decía mil tonterías empalagosas; enfrente una trinca en que se
+disputaba acerca de Lagartijo y Frascuelo, con voces destempladas y
+manotazos. Y por la escalera de caracol subían y bajaban constantemente
+parroquianos, dando patadas que más parecían coces; y por aquella
+espiral venían rumores de disputa, el chasquido de las bolas de billar,
+y el canto del mozo que apuntaba.
+
+«Si se me permite dar una opinión--dijo Feijoo, que empezaba a marearse
+con tanto barullo--, voto con el pollo».
+
+En esto sonó el piano, que se alzaba sobre una tarima en medio del café,
+con la tapa triangular levantada para que hiciera más ruido; y empezó la
+tocata, que era de piano y violín. La música, los aplausos, las voces y
+el murmullo constante del café formaban un run run tan insoportable, que
+el buen D. Evaristo creyó que se le iba la cabeza, y que caería redondo
+al suelo si permanecía allí un cuarto de hora más. Decidió retirarse,
+descontento de no haber encontrado solo a Juan Pablo, pues delante del
+farmacéutico no podía hablar del espinoso asunto que entre manos traía.
+Su enojo se trocó en alegría cuando Maxi, al verle en pie, dijo que él
+también se iba porque era hora de volver a su farmacia. Salieron, pues,
+juntos, y antes de llegar a la puerta, vio el anciano que le cortaba el
+paso una figura macilenta y sepulcral. Era _Ramsés II_, que venía en
+busca suya. «Señor D. Evaristo, por Dios, hable usted de mí al señor de
+Villalonga» le dijo la momia, interponiéndose como si no quisiera darle
+paso sino a cambio de una promesa.
+
+--Se hará, compañero, se hará; hablaremos a Villalonga--dijo D. Evaristo
+embozándose--; pero ahora estoy de prisa... no puedo detenerme... Hijo,
+vamos.
+
+Y abriéndose paso, salió con el chico de Rubín.
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Al cual dijo en la puerta: «¿Hacia dónde va usted con su cuerpo?».
+
+--¿Yo? A la calle del Ave María.
+
+--¡Qué casualidad! Yo llevo esa dirección. Iremos juntos... Deje usted
+que me emboce bien... Ahora deme usted el brazo. Las piernas no me
+ayudan. Ya se ve... cinco meses... cabalitos... fíjese usted bien... sin
+digerir. No sé cómo estoy vivo. Desde Octubre del año pasado no levanto
+cabeza... ¡Pero qué ideas las de Juan Pablo! Parece mentira... ¡un
+muchacho de entendimiento!... Usted sí que sabe por dónde anda. Sí; no
+espere usted a llegar a viejo y a ver de cerca la muerte para creer que
+somos algo más que montoncitos de basura animados por fuerza semejante a
+la electricidad que hace hablar a un alambre. Eso se deja para los
+tontos y perdularios, para la gente que no piensa. Usted está en lo
+firme, y será capaz de acciones nobles, de acciones que, por lo mismo
+que son tan elevadas, no están al alcance del vulgo.
+
+No comprendía Maximiliano a cuenta de qué era aquello; pero tenía su
+espíritu admirablemente dispuesto para recibir toda sutileza que se le
+quisiera echar; estaba hambriento de cosas ideales, y la meditación, el
+estudio y la soledad habíanle dado una receptividad asombrosa para todo
+lo que procediera del pensamiento puro. Por esta causa, sin entender de
+qué se trataba, contestó humildemente: «Tiene usted mucha razón... pero
+mucha razón».
+
+«El hombre que como usted--prosiguió don Evaristo--, no se deja
+engatusar por las sabidurías modernas, está en disposición de hacer el
+bien, pero no el bien de cualquier modo, sino sublimemente ¡caramba!,
+mirando para el cielo, no para la tierra...».
+
+Tiempo hacía que Maxi se había dedicado a mirar al cielo.
+
+«Mire uste, Sr. D. Evaristo--dijo sintiéndose lleno y ahíto de aquella
+espiritual sustancia, acopiada a fuerza de barajar sus tristezas con las
+hojas de los libros--. La desgracia me ha hecho a mí volver los ojos a
+las cosas que no se ven ni se tocan. Si no lo hubiera hecho así, me
+habría muerto ya cien veces. ¡Y si viera usted qué distinto es el mundo
+mirado desde arriba a mirado desde abajo! Me parecía a mí mentira que yo
+había de ver apagarse en mí la sed de venganza, y el odio que me
+embruteció. Y sin embargo, el tiempo, la abstracción, el pensar en el
+conjunto de la vida y en lo grande de sus fines me han puesto como estoy
+ahora».
+
+--Claro... ¿A qué vienen esos odios y esas venganzas de melodrama?--dijo
+gozoso don Evaristo--. Para perderse nada más. ¡Dichoso el que sabe
+elevarse sobre las pasiones de momento y atemperar su alma en las
+verdades eternas!
+
+Y para su sayo habló de este modo: «Tan metafísico está este chico, que
+nos viene como anillo al dedo».
+
+--En este bulle-bulle de las pasiones de los hombres del día--prosiguió
+Maxi con cierto énfasis--, llega uno a olvidarse de que vivimos para
+perdonar las ofensas y hacer bien a los que nos han hecho mal.
+
+--Tiene usted razón, hijo... y dichoso mil veces el que como usted, así,
+tan jovencito, llega a posesionarse de esa idea y a hacerla efectiva en
+la vida real.
+
+--La desgracia, un golpe rudo... ahí tiene usted el maestro. Se llega a
+este estado padeciendo, después de pasar por todas las angustias de la
+cólera, por los pinchazos que le da a uno el amor propio y por mil
+amarguras... ¡Ay, señor don Evaristo! Parece mentira que yo esté tan
+fresco después de haberme creído con derecho a matar a un hombre,
+después de haberme ilusionado con la idea de cometer el crimen,
+concluyendo por renunciar a ello. Mi conciencia está hoy tan tranquila
+no habiendo matado, como firme y decidida estuvo cuando pensé matar...
+Entonces no veía a Dios en mí; ahora sí que le veo. Créalo usted; hay
+que anularse para triunfar; decir _no soy nada_ para serlo todo.
+
+Feijoo, en vista de estas buenas disposiciones, se fue derecho al bulto.
+«A un espíritu tan bien fortalecido--le dijo--, se le puede hablar sin
+rodeos. ¿Doña Lupe no ha tratado con usted de cierto asunto...?».
+
+Maximiliano se puso del color de la grana de su embozo, y contestó
+afirmativamente con embarazo y turbación.
+
+«Por mi parte--añadió D. Evaristo--, haré todo lo que pueda para que
+esto cuaje. Si ello tiene que suceder. Es lo práctico, amigo mío; y ya
+que usted es tan místico, conviene que sea un poquito práctico... Por
+una casualidad intervengo yo en esto... Le advierto a usted que ella
+desea volver...».
+
+--¡Lo desea!--exclamó Rubín, dejando caer el embozo.
+
+--¡Toma! ¿Ahora salimos con eso? Pues si no lo deseara ¿cómo me había de
+meter yo en semejante negocio? ¿No comprende usted...?
+
+--Sí... pero... No hay que confundir. El perdón puramente espiritual o
+evangélico, ya lo tiene... Pero el otro perdón, el que llamaríamos
+social, porque equivale a reconciliarse, es imposible.
+
+--Vamos, que no será tanto--dijo para sí don Evaristo, subiéndose el
+embozo.
+
+--Es imposible--repitió Maxi.
+
+--Piénselo bien, piénselo bien; pregúnteselo a la almohada, compañero...
+Yo creo que cuando usted madure la idea...
+
+--Me parece que aunque la estuviera madurando diez años...
+
+--En estas cosas hay que poner algo de caridad; no se puede proceder con
+simple criterio de justicia. Convendría que usted hablase con ella...
+
+--¡Yo!... pero D. Evaristo...
+
+--Sí, no me vuelvo atrás. Quien tiene ideas como las que usted tiene,
+¡caramba!, y sabe sentir y pensar con esa alteza de miras... eso es, con
+esa espiritualidad de la... pues... de... claro...
+
+--¿Y cree usted que ella me podría dar explicaciones claras, pero muy
+claras, de todo lo que ha hecho después que se separó de mí?
+
+--Hijo, yo creo que las dará... pero es claro que usted no debe apurar
+mucho tampoco... O hay perdón o no hay perdón. La caridad por delante,
+detrás la indulgencia, y ver si en efecto hay propósitos sinceros de
+enmienda. Por lo que he oído, me parece que los hay; se lo digo a usted
+de corazón.
+
+--Yo lo dudo.--Pues yo no. Juzgue usted mi opinión como quiera. Y sepa
+que intervengo en esto por pura humanidad, porque se me ha ocurrido no
+morirme sin dejar tras de mí una buena acción, ya que en la cuenta de mi
+vida tengo tantas malas o insignificantes. No me gusta meterme en vidas
+ajenas; pero en este caso, créalo usted... se me ha puesto en la cabeza
+que a entrambos les conviene volver a unirse.
+
+Ya en este terreno, D. Evaristo se descubrió más:
+
+«Amigo--dijo parándose en la puerta de la botica--. Su mujer de usted me
+ha parecido una mujer defectuosísima. Aunque la he tratado poco puedo
+asegurar que tiene buen fondo; pero carece de fuerza moral. Será siempre
+lo que quieran hacer de ella los que la traten».
+
+Maximiliano le miraba con ojos atónitos. Lo mismo pensaba él.
+
+«Yo le eché anteayer un largo sermón, recomendándole que se amoldara a
+las realidades de la vida, que pusiera un freno a aquella
+imaginacioncilla tan desenvuelta. 'Pero, hija mía, es preciso pensar lo
+que se hace, y dejarse de tonterías'. Yo muy serio. Creo que algo he
+conseguido. Usted lo ha de ver, compañero. Es lástima que teniendo buen
+fondo, buen corazón... sólo que algo grande... y careciendo de las
+malicias de otras, no posea un poco de juicio. Porque con un poco de
+juicio, nada más que con un poco de juicio, no se pueden hacer las
+tonterías que ella ha hecho... En fin, hijo, usted dirá que quién me
+mete a mí a leñador, pero ¿qué quiere usted?, a los viejecillos nos
+gusta arreglar a los jóvenes y marcarles el paso de esta vida para que
+eviten los tropezones que hemos dado nosotros».
+
+Dijo esto último sonriendo con tal hombría de bien, que Maximiliano se
+llenó de confusiones. No sabía qué contestar, y sentía que se le
+apretaba la garganta. Despidiose D. Evaristo, dejando al pobre chico en
+tal grado de aturdimiento, que durante muchos días hubo de revolver en
+su mente indigestada los dejos de aquel coloquio que tuvo con el
+respetable anciano, en una noche fría del mes de Marzo.
+
+Al siguiente día, D. Evaristo fue en coche a ver a Fortunata, a quien
+encontró peinándose sola. Sentándose a su lado, y cogiéndola por un
+brazo, la llamó a sí y le dio un beso, diciéndole: «El último beso... La
+aventura del viejo Feijoo ha pasado a la historia... Entraremos pronto
+en vida nueva, y de esto no quedará sino un recuerdo en mí y otro en
+ti... Para el público nada. Estas cenizas sólo para nosotros esconden un
+poco de calor».
+
+Fortunata, que tenía en cada mano una de las gruesas bandas de sus
+cabellos negros, apartándolas como si fueran una cortina, no sabía si
+reír o echarse a llorar...
+
+--¿Has hablado con él...?--dijo conmovida y al mismo tiempo sonriente.
+
+--Vete acostumbrando a tratarme de usted...--replicó él con cierta
+severidad--. No se te escape una expresión familiar, porque entonces la
+echamos a perder. Yo también te trataré de usted delante de gente...
+Todo acabó... Fortunata, no soy para ti más que un padre... Aquel que te
+quiso como quiere el hombre a la mujer, no existe ya... Eres mi hija. Y
+no es que hagamos un papel aprendido, no; es que tú serás verdaderamente
+para mí, de aquí en adelante, como una hijita, y yo seré para ti un
+verdadero papaíto. Lo digo con toda mi alma. Yo no soy aquel; yo me
+moriré pronto, y...
+
+Viéndole que se conmovía, la chulita no pudo aguantar más, y soltó el
+trapo a llorar. Aquellas admirables guedejas sueltas la asemejaban a
+esas imágenes del dolor que acompañan a los epitafios. Feijoo hizo un
+mohín como de persona mayor que quiere dominar una debilidad pueril, y
+le dijo:
+
+«Pero no, no me avergüenzo de que se me salte una lágrima. Yo juro por
+Dios, en quien siempre he creído, que el cariño paternal es lo que me la
+hace derramar. Todo lo que en mí existía de varón, capaz de amar, ha
+desaparecido; todo murió, y no me queda de ello nada; ni aun siquiera lo
+echo de menos. Nunca he sido padre; ahora siento que lo soy... y mi
+corazón se llena de afectos desconocidos, tan puros, pero tan puros...».
+
+La prójima no había visto nunca a su amigo tan vencido de la emoción.
+Tenía los ojos húmedos y le temblaban las manos. Sujetose ella en la
+coronilla con una correa negra las crenchas de su abundante cabello,
+porque no era posible repicar y andar en la procesión; no podía peinarse
+y al mismo tiempo celebrar, entre lágrimas y castos apretones de mano,
+la santificación de las relaciones que entre ambos habían existido. Poco
+a poco se serenaron; don Evaristo, la hizo sentar a su lado en el sofá,
+y con voz clara y firme le habló de esta manera:
+
+«Me parece que esto se arregla. ¡Cuánto me gustaría morirme dejándote en
+una situación normal y decorosa!... Bien veo que no es fácil que tu
+marido te sea simpático; pero eso no es inconveniente invencible. Hay
+que transigir con las formas, y tomar las cosas de la vida como son. ¿Y
+quién te dice que tratándole algo, no llegues a tenerle afecto? Porque
+él es bueno y decente. Anoche le vi, y no me ha parecido tan raquítico.
+Ha engordado; ha echado carnes, y hasta me pareció que tiene un aire más
+arrogantillo, más...».
+
+Sonriendo tristemente, expresaba la joven su incredulidad.
+
+«En fin, tú lo has de ver. Y en último caso, hay que conformarse. La
+vida regular y el transigir con las leyes sociales tienen tal
+importancia, que hay que sacrificar el gusto, hija mía, y la ilusión...
+No digo que se sacrifique todo, todo el gusto y toda la ilusión; pero
+algo, no lo dudes, algo hay que sacrificar. De tener un marido, un
+nombre, una casa decente, a andar con la _alquila_ levantada, como los
+simones, a éste tomo, a éste dejo, va mucha diferencia para que no te
+pares a pensar bien lo que haces... Vamos a ver. Es preciso preverlo
+todo. Yo te voy a presentar los dos casos que se te pueden ofrecer en tu
+vida legal, y para los dos te voy a dar mi consejo franco, leal, con un
+gran sentido de la realidad. Primer caso: supongamos que al poco tiempo
+de vivir con Maximiliano, encuentras que el muchacho se porta bien
+contigo, vas viendo sus buenas cualidades, que se manifiestan en todos
+los actos de la vida, y supongamos también que le vas teniendo algún
+cariño...».
+
+Fortunata tenía la mirada fija en un punto del suelo, como una espada,
+tan bien hundida que no la podía desclavar. Seguro de que le oía, aunque
+no le miraba, Feijoo siguió hablando despacio, poniendo pausas entre las
+cláusulas.
+
+«Supongamos esto... Pues tu deber en tal caso, es esforzarte en que ese
+cariño... llamémosle amistad, se aumente todo lo posible. Trabaja
+contigo misma para conseguirlo. ¡Ah!, hija mía, el trato hace milagros;
+la buena voluntad también los hace. Evita al propio tiempo la ociosidad,
+y verás cómo lo que te parece tan difícil te ha de ser muy fácil. Se han
+dado casos, pero muchos casos, de mujeres unidas por fuerza a un hombre
+aborrecido, y que le han ido tomando ley poquito a poco hasta llegar a
+ponerse más tiernas que la manteca. No digo nada si tienes chiquillos,
+porque entonces...».
+
+--¡Lo que es eso...!--indicó con viveza Fortunata.
+
+--¡Mira qué tonta! ¿Y qué sabes tú? No se puede asegurar tal cosa. La
+Naturaleza sale siempre por donde menos se piensa... Y con chiquillos,
+ya llevas más de la mitad del camino andado para llegar al sosiego que
+te recomiendo, pues en criarlos y en cuidarlos se te desgastará el
+sentimiento que de sobra tienes en esa alma de Dios, y te equilibrarás,
+y no harás más tonterías... Bueno; ya hemos hablado del primer caso, que
+es el mejor; pasemos al segundo. Te lo presento en la previsión de que
+falle el primero, lo que bien pudiera suceder. Vamos allá...
+
+Fortunata esperaba con ansia la exposición del segundo caso, pero Feijoo
+lo tomaba con calma, pues se quedó buen rato meditando, con el ceño
+fruncido y la vista fija en el suelo.
+
+«Lo mejor--prosiguió--es lo que acabo de decirte; pero cuando no se
+puede hacer lo mejor, se hace lo menos malo... ¿me entiendes? Suponiendo
+que no te sea posible encariñarte con ese bendito, y que ni el trato ni
+las buenas prendas de él te lo hagan menos antipático; suponiendo que la
+vida llegue a serte insoportable, y... Vaya que esto es temerario, y se
+necesita de toda mi entereza para aconsejarte. Pero yo, antes que todo,
+veo lo práctico, lo posible, y no puedo aconsejar a nadie que se deje
+morir ni que se suicide. No se deben imponer sacrificios superiores a
+las fuerzas humanas. Si el corazón se te conserva en el tamaño que ahora
+tiene, si no hay medio de recortarlo, si se te pronuncia, ¿qué le vamos
+a hacer? Dentro del mal, veamos qué es lo mejor entre lo peor, y...».
+
+Feijoo rebuscaba las palabras más propias para expresar su pensamiento.
+Las ideas se alborotaron un poco y necesitó someterlas para no
+embarullarse. Dando un gran suspiro, se pasó la mano por la cabeza,
+perdida la vista en el espacio. Saliendo al fin de su perplejidad, dijo
+con voz cautelosa:
+
+«Y en un caso extremo, quiero decir, si te ves en el disparadero de
+faltar, guardas el decoro, y habrás hecho el menor mal posible... El
+decoro, la corrección, la decencia, este es el secreto, compañera».
+
+Detúvose asustado, a la manera del ladrón que siente ruido, y se volvió
+a poner la mano sobre la cabeza, como invocando sus canas. Pero sus
+canas no le dijeron nada. Al punto se envalentonó, y recobró la
+seguridad de su lenguaje, diciendo: «Tú eres demasiado inexperta para
+conocer la importancia que tiene en el mundo la forma. ¿Sabes tú lo que
+es la forma, o mejor dicho, las formas? Pues no te diré que estas sean
+todo; pero hay casos en que son casi todo. Con ellas marcha la sociedad,
+no te diré que a pedir de boca, pero sí de la mejor manera que puede
+marchar. ¡Oh!, los principios son una cosa muy bonita; pero las formas
+no lo son menos. Entre una sociedad sin principios, y una sociedad sin
+formas, no sé yo con cuál me quedaría».
+
+
+
+
+--x--
+
+
+Fortunata había comprendido. Hacía signos afirmativos con la
+cabeza, y cruzadas las manos sobre una de sus rodillas, imprimía a su
+cuerpo movimientos de balancín o remadera.
+
+A Feijoo le había costado algún trabajo arrancarse a exponer su moral en
+aquellas circunstancias, porque en la conciencia se le puso un nudo, que
+le apretó durante breve rato; pero al punto lo deshizo evocando las
+teorías que había profesado toda su vida. Lanzado, pues, el concepto más
+peligroso, siguió luego como una seda, sin nudo y sin tropiezo.
+
+«Ya sabes cuáles son mis ideas respecto al amor. Reclamación imperiosa
+de la Naturaleza... la Naturaleza diciendo _auméntame_... No hay medio
+de oponerse... la especie humana que grita _quiero crecer_... ¿Me
+entiendes? ¿Hablo con claridad? ¿Necesitaré emplear parábolas o
+ejemplos?».
+
+Fortunata entendía, y seguía balanceándose de atrás adelante, acentuando
+las afirmaciones con su cabeza despeinada.
+
+«Pues no te digo más. Esto es muy delicado, tan delicado como una
+pistola montada al pelo, con la cual no se puede jugar. Siempre es
+preferible el primer caso, el caso de la fidelidad, porque de este modo
+cumples con la Naturaleza y con el mundo. El segundo término te lo pongo
+como un _por si acaso_, y para que... pon en esto tus cinco sentidos...
+para que si te ves en el trance, por exigencias irresistibles del
+corazón, de echar abajo el principio, sepas salvar la forma...».
+
+Aquí volvió mi hombre a sentir el nudo; pero evocando otra vez su
+filosofía de tantos años, lo desató.
+
+«Hay que guardar en todo caso las santas apariencias, y tributar a la
+sociedad ese culto externo sin el cual volveríamos al estado salvaje. En
+nuestras relaciones tienes un ejemplo de que cuando se quiere el secreto
+se consigue. Es cuestión de estilo y habilidad. Si yo tuviera tiempo
+ahora, te contaría infinitos casos de pecadillos cometidos con una
+reserva absoluta, sin el menor escándalo, sin la menor ofensa del decoro
+que todos nos debemos... Te pasmarías. Oye bien lo que te digo, y
+apréndetelo de memoria. Lo primero que tienes que hacer es sostener el
+_orden público_, quiero decir la paz del matrimonio, respetar a tu
+marido y no consentir que pierda su dignidad de tal... Dirás que es
+difícil; pero ahí está el talento, compañera... Hay que discurrir, y
+sobre todo, penetrarse bien del propio decoro para saber mirar por el
+ajeno... Lo segundo...».
+
+Aquí D. Evaristo se acercó más a ella, como si temiera que alguien le
+pudiese oír, y con el dedo índice muy tieso iba marcando bien lo que le
+decía.
+
+«Lo segundo es que tengas mucho cuidado en elegir, esto es
+esencialísimo; mucho cuidado en ver con quién... en ver a quién...».
+
+La conclusión del concepto no salía, no quería salir. Viéndole Fortunata
+en aquel apuro, acudió a remediarlo, diciendo: «Comprendido,
+comprendido».
+
+--Bueno, pues no necesito añadir nada más... porque si caes en la
+tentación de querer a un hombre indigno, adiós mi dinero, adiós
+decoro... Y lo último que te recomiendo es que si logras conseguir que
+no pueda tentarte otra vez el mameluco de Santa Cruz, habrás puesto una
+pica en Flandes.
+
+Dicho esto, el anciano se levantó, y tomando capa y sombrero, se dispuso
+a marcharse. De la puerta volvió hacia Fortunata, y alzando el bastón
+con ademán de mando, le dijo:
+
+«Repito lo de antes. Aquello se acabó... y ahora soy tu padre, tú mi
+hija... trátame de usted... ocupemos nuestros puestos... Aprendamos a
+vivir vida práctica... Por de pronto, serenidad, y concluye de peinarte,
+que es tarde. Yo me voy, que tengo mucho que hacer».
+
+Metiose el original moralista en su simón, y apenas había llegado a la
+Plaza de los Carros, empezó a sentir en su alma una inquietud
+inexplicable. Y tras la inquietud moral vino un cierto malestar físico,
+con algo de temblor y escalofríos, acompañado de terror supersticioso...
+Pero no podía definir la causa del miedo... El coche corría por la
+Cava-Alta, y Feijoo se sentía cada vez peor. De improviso sintió como
+una vibración intensísima en su interior, y un relámpago a manera de
+lanceta fugaz atravesole de parte a parte. Creyó que una desconocida
+lengua le gritaba: «¡Estúpido, vaya unas cosas que enseñas a tu
+hija...!». Extendió la mano para detener al cochero y decirle que
+volviera a la calle de Tabernillas; pero antes de realizar aquel
+propósito, cesó la trepidación que en su alma había sentido, y todo
+quedó en reposo... «¡Qué debilidades!--pensó--; estas son chocheces y
+nada más que chocheces... ¿Pues no se me ocurrió volver allá para
+desdecirme? No te reselles, compañero, y sostén ahora lo que has creído
+siempre. Esto es lo práctico, es lo único posible... Si le recomendara
+la virtud absoluta, ¿qué sería?, sermón absolutamente perdido. Así al
+menos...».
+
+Y siguió tan satisfecho. Con el ajetreo que traía aquellos días, en los
+cuales hizo dos visitas a doña Lupe, celebró muchas conferencias con
+Juan Pablo y otra muy sustanciosa con Nicolás Rubín, que andaba desalado
+detrás de una canonjía, tuvo el buen señor una recaída en su enfermedad.
+Una tarde de fines de Marzo se sintió tan mal, que hubo de retirarse a
+su casa y se acostó. Doña Paca advirtió en él, juntamente con los
+síntomas de agravación, cierta alegría febril, lo que juzgó de malísimo
+agüero, pues si su amo se volvía niño o demente cuando tan malito
+estaba, señal era esto de la proximidad del fin. Toda la noche estuvo
+dando vueltas de un lado para otro, queriendo levantarse, y renegando de
+que le tuvieran prisionero en la cárcel de aquellas malditas sábanas. A
+la madrugada, se nublaron sus sentidos, y a punto de perder el
+conocimiento, se despidió del mundo sensible con este varonil concepto
+que apenas salió del magín a los labios: «Ya me puedo morir tranquilo,
+puesto que he sabido arrancarle al demonio de la tontería el alma que ya
+tenía entre sus uñas...».
+
+Doña Paca y el criado, creyendo que su amo se quedaba en aquel espasmo,
+empezaron a dar chillidos; llamaron al médico, dieron al señor muchas
+friegas, y por fin volviéronle a la vida. Todos se pasmaron de verle
+risueño y de oírle afirmar que no le dolía nada y que se sentía bien y
+contento. Mas a pesar de esto, el doctor puso muy mala cara,
+pronosticando que la debilidad cerebral y nerviosa acabaría pronto con
+el enfermo. Por más que este se envalentonó, no pudo levantarse y las
+fuerzas le iban faltando. Carecía en absoluto de apetito. Los amigos que
+aquel día le acompañaban, convinieron en decirle de la manera más
+delicada que se preparase espiritualmente para el traspaso final,
+ocupándose del negocio de salvar su alma. Creyeron los más que D.
+Evaristo se alborotaría con esto, pues siempre hizo alarde de libre
+pensador; mas con gran sorpresa de todos, oyó la indicación del modo más
+sereno y amable, diciendo que él tenía sus creencias, pero que al mismo
+tiempo gustaba de cumplir toda obligación consagrada por el asentimiento
+del mayor número. «Yo creo en Dios--dijo--, y tengo acá mi religión a mi
+manera. Por el respeto que los hombres nos debemos los unos a los otros,
+no quiero dejar de cumplir ningún requisito de los que ordena toda
+sociedad bien organizada. Siempre he sido esclavo de las buenas formas.
+Tráiganme ustedes cuantos curas quieran, que yo no me asusto de nada, ni
+temo nada, y no desentono jamás. No descomponerse; ese es mi tema».
+
+Todos los presentes se maravillaron al oírle, y aquel mismo día se le
+administraron los Sacramentos. Después se puso mucho mejor, lo cual dio
+motivo a que le dijeran, como es uso y costumbre, que la religión es
+medicina del cuerpo y del alma. Él aseguraba que no se moría de aquel
+arrechucho, que tenía siete vidas como los gatos, y que era muy posible
+que Dios le dejase tirar algún tiempo más para permitirle ver muchas y
+muy peregrinas cosas. Así fue en efecto, pues en todo el año 75 que
+corría no se murió el filósofo práctico.
+
+Durante la convalecencia de aquel ataque, no permitió que Fortunata
+fuese a verle. Le escribía algunas cartitas, reiterándole sus consejos y
+dándole otros nuevos para el día ya próximo en que la reconciliación
+debía efectuarse. Al propio tiempo se ocupaba en la revisión de su
+testamento y en tomar varias disposiciones benéficas que algunas
+personas habían de agradecerle mucho. Tenía un pequeño caudal repartido
+en diferentes préstamos hechos a amigos menesterosos. Algunos le habían
+firmado pagarés de mil, de dos y hasta de tres mil reales. Todos estos
+papeles fueron rotos. Dispuso cómo se habían de repartir las alhajas que
+tenía, algunas de bastante valor, sortijas con hermosos solitarios,
+botonaduras, y además cajitas primorosas de marfil y sándalo que había
+traído de Filipinas, una hermosa espada, dos o tres bastones de mando
+con puño de oro. Hizo la distribución de todo con un acierto que
+declaraba su gran delicadeza y el aprecio que hacía de las amistades
+consecuentes.
+
+Respecto a Fortunata lo dispuso tan bien que no cabía más. No le dejaba
+en su testamento más que algunos regalitos, llamándola _ahijada_; pero,
+por medio de un agente de Bolsa muy discreto, se hizo una operación en
+que la chulita figuraba como compradora de cierta cantidad de acciones
+del Banco, dándole además, de mano a mano, algunas cantidades en
+billetes. No olvidó por esto D. Evaristo a sus parientes, que eran dos
+sobrinas, residentes la una en Astorga, la otra en Ponferrada. Ambas
+quedaban muy bien atendidas en el testamento; y en cuanto a los socorros
+que anualmente les enviaba, no perdió aquel año la memoria de esta
+obligación, a pesar de los muchos quebraderos de cabeza que tuvo. Doña
+Paca y los dos criados también se llevarían un pellizco el día en que el
+amo faltara.
+
+Indicáronle los clérigos de la parroquia si no dejaba algo para
+sufragios por su alma, y él, con bondadosa sonrisa, replicó que no había
+olvidado ninguno de los deberes de la cortesía social, y que para no
+desafinar en nada, también quedaba puesto el rengloncito de las misas.
+
+Fue a verle una tarde Villalonga, y lo primero que le dijo Feijoo,
+mientras se dejaba abrazar por él, fue esto: «Pero, hombre, ¿será usted
+tan malo que no le dé la canonjía a mi recomendado?».
+
+--Por Dios, querido patriarca, tengamos paciencia... Haré lo que pueda.
+Le puse una carta muy expresiva a Cárdenas mandándole la nota. Pero
+considere usted que es un arco de iglesia. ¡Canonjía! Para mí la
+quisiera yo.
+
+--Y para mí también... Pero en fin, ¿puede ser o no? Es un cleriguito de
+las mejores condiciones.
+
+--Lo creo... ¡pero qué quiere usted! Estos cargos son muy solicitados, y
+cuando vaca uno, hay cuatrocientos curas con los dientes de este tamaño.
+
+--Sí, pero mi presbítero es un cura apreciabilísimo, un santo varón...
+Como que ayuna todos los días...
+
+--Ya... será un bacalao ese padre Rubín. ¿No le di ya a usted una
+credencial de Penales para un Rubín? Usted por lo visto protege a esa
+familia.
+
+--Yo no protejo familias, niño. Déjese usted de protecciones... Sólo que
+me intereso por las personas de mérito.
+
+--Por mí no ha de quedar. Le daré otro achuchón a Cárdenas. Pero, lo que
+digo, son plazas que tienen muchos golosos. Los pretendientes explotan
+el valimiento y la influencia de las señoras. Casi siempre son las
+faldas las que deciden quién se ha de sentar en los coros de las
+catedrales.
+
+--Pues suponga usted, compañero, que yo tengo faldas, que soy una
+dama... ea.
+
+--Pero si yo no lo he de decidir...
+
+--Mire usted que si no me nombra mi canónigo, no me muero, y le estaré
+atormentando meses y meses.
+
+--Mejor... Viva usted mil años.
+
+--¿Y esas elecciones, van bien?
+
+--Como un acero. Tengo allá un padre cura que vale un imperio. Me está
+haciendo unos arreglos en el distrito, que Dios tirita, y tirita toda la
+Santísima Trinidad. Ese sí que merece, no digo yo canonjías, sino siete
+mitras.
+
+--Le conozco, el _Pater_... fue capellán de mi regimiento.
+
+Villalonga se despidió reiterando sus buenos deseos respecto a Nicolás
+Rubín.
+
+«¡Eh, Jacinto, por Dios, una palabra!--dijo D. Evaristo llamándole
+cuando ya estaba en la puerta--. Por Dios y todos los santos, no me
+olvide usted a ese desdichado... al pobre Villaamil, a ese que llaman
+_Ramsés II_».
+
+--Está recomendado en una nota de _indispensables_. Conque más no puedo
+hacer.
+
+--Mire usted que no me deja vivir... Todos los días viene tres veces. La
+noche que me dieron el Viático, en el momento aquel, miré para este lado
+y lo primero que vi fue a _Ramsés II_, con una vela en la mano. ¡Cómo me
+miraba el infeliz!... Creo que no me morí de tanto como rezó Villaamil,
+pidiendo a Dios que viviera.
+
+--Podrá ser... No le olvidaré. Abur, abur.
+
+Y D. Evaristo se quedó solo, pensativo y dulcemente ensimismado,
+saboreando en su conciencia el goce puro de hacer a sus semejantes todo
+el bien posible, o de haber evitado el mal en la medida que la
+Providencia ha concedido a la iniciativa humana.
+
+
+
+
+-V-
+
+Otra restauración
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Las personas muy rutinarias y ordenadas que se acostumbran a las
+dulzuras tranquilas del método en la vida, concluyen, abusando en cierto
+modo de la regularidad, por someter al casillero del tiempo, no sólo las
+ocupaciones, sino los actos y funciones del espíritu y aun del cuerpo
+que parecen más rebeldes al régimen de las horas. Así, pues, la gran
+doña Lupe, cuya existencia era muy semejante a la de un reloj con alma,
+había distribuido tan bien el tiempo, que hasta para pensar en cualquier
+asunto de interés que sobreviniese, tenía marcada una parte del día y un
+determinado sitio. Cuando era preciso meditar, por el picor de una de
+esas ideas, hermanas del abejorro, que se plantan en el cerebro y no hay
+medio de sacudirlas, o doña Lupe no meditaba, o tenía que hacerlo
+sentada en la silleta junto a la ventana de la sala, los anteojos en el
+caballete de la nariz, la cesta de la ropa delante y el gato muy
+repantigado en un extremo de la alfombrita. La meditación era mucho más
+honda y eficaz si la señora tenía metida toda la mano izquierda, hasta
+más arriba de la muñeca, dentro de una media, y si las claraboyas de
+esta eran bastante anchas para poder tener sobre ellas enrejados como
+los de una cárcel. Tal era la fuerza del método, que doña Lupe no
+pensaba a gusto sino allí, así como para hacer sus cálculos aritméticos
+el mejor momento era cuando descascaraba los guisantes en la cocina (en
+tiempo de guisantes), o cuando ponía los garbanzos de remojo. La
+costumbre obraba estos prodigios, y lo mismo era ver la señora los
+garbanzos y poner su mano en ellos, que se le llenaba el cerebro de
+números y veía claro en sus negocios, si le convenía o no tal préstamo,
+si debía quedarse o no con tal o cual alhaja. Al levantarse, por la
+mañana temprano, preveía todos los sucesos y acciones del día que
+empezaba, y se preparaba para ellos con una evocación mental de su
+energía, y con la distribución metódica de las horas para todo lo
+previsto y probable. Era esto como si _se diera cuerda_, acumulando en
+sí la fuerza inteligente que necesitaba.
+
+Todas estas rutinas del pensamiento y de la acción fueron perturbadas
+por la mudanza de casa, que se efectuó en Diciembre del 74, y no hay que
+decir cuán gran sacrificio fue para doña Lupe este cambio. Era de esas
+personas que aborrecen lo desconocido y que se encariñan con el rincón
+en que viven. Mover los trastos era para ella algo semejante a incendio
+o demolición; pero no había más remedio que dar el salto del Norte al
+Sur de Madrid, pues teniendo Maximiliano que pasar la mayor parte del
+tiempo en la botica de Samaniego, era una falta de caridad hacerle
+recorrer dos veces al día los tres cuartos de legua que separan el
+barrio de Chamberí del de Lavapiés. Cargó, pues, la señora de Jáuregui
+con sus penates, y se instaló en un segundo de la calle del Ave-María.
+Habríale gustado vivir en la misma casa de la botica; pero no había allí
+ningún cuarto con papeles. Eligió un segundo de la finca inmediata, y
+sus balcones caían al lado de los de su amiga Casta Moreno, viuda de
+Samaniego. Los primeros días extrañaba la casa, teniéndola por peor que
+la otra; mas pronto hubo de reconocer que era mucho mejor, más espaciosa
+y bella, y en cuanto a los barrios, lo que la señora había perdido en
+tranquilidad ganábalo en animación. Poco a poco se fue adaptando a su
+nuevo domicilio, y cuando la sorprende de nuevo nuestro relato, sentada
+junto a la ventana y recapacitando, con la mano dentro de la media, en
+una fecha que debe caer allá por Marzo del 75, ya no se acordaba de la
+vivienda de Chamberí en que la conocimos.
+
+La meditación y el zurcido no le impedían mirar de vez en cuando a la
+calle, y la del Ave-María es mucho más _pasajera_ que la de Raimundo
+Lulio. En una de aquellas miradas casi maquinales que la viuda echaba
+hacia afuera, como para poner solución de continuidad al temeroso
+problema que tenía entre ceja y ceja, vio pasar a una persona que le
+retuvo un instante la atención. Era Guillermina Pacheco. «Parece que la
+santa frecuenta ahora estos barrios--murmuró doña Lupe, alargando la
+cabeza para observarla por la calle abajo--. Ya la he visto pasar cuatro
+o cinco veces a distintas horas. Verdad que para ella no hay
+distancias... Ahora que recuerdo, me ha dicho Casta que es pariente
+suya, y he de preguntarle...».
+
+La fundadora inspiraba a doña Lupe grandes simpatías. De tanto verla
+pasar por la calle de Raimundo Lulio, camino del asilo de la de
+Alburquerque, llegó a imaginar que la trataba. Siempre que había función
+pública en la capilla del asilo, iba doña Lupe, deseosa de introducirse
+y de hacer migas con la santa. Admirábala mucho, no exclusivamente por
+sus santidades, sino más bien por aquel desprecio del mundo, por su
+actividad varonil y la grandeza de su carácter. Quizás la señora de
+Jáuregui creía sentir también en su alma algo de aquella levadura
+autocrática, de aquella iniciativa ardiente y de aquel poder
+organizador, y esta especie de parentesco espiritual era quizás lo que
+le infundía mayores ganas de tratarla íntimamente. Sólo le había hablado
+una o dos veces en las funciones del asilo, así como por entrometimiento
+y oficiosidad, y cuando en dichas fiestas veíala rodeada de damas _de la
+grandeza_ y de señoronas ricas, que tenían el coche a la puerta, doña
+Lupe habría dado el único pecho que poseía por meter las narices entre
+aquella gente, codearse con ellas y mangonear en los petitorios. Porque
+ella tenía la vanidad, muy bien fundada por cierto, de no desmerecer de
+las tales señoras en punto a buena crianza y modales. Harto sabía,
+además, que no todas habían nacido en doradas cunas, y que la finura es
+lo que constituye la verdadera aristocracia en estos tiempos liberales.
+No había razón para que ella, que sabía presentarse como la primera,
+dejase de alternar con las damas que seguían a Guillermina cual las
+ovejas siguen al pastor... A mayor abundamiento, en lo tocante a ropa
+estaba a la sazón la viuda de Jáuregui en excelentes condiciones. Con su
+talento y su economía se había agenciado un abrigo de terciopelo, con
+pieles, que la más pintada no lo usara mejor. Y le había salido por poco
+más de nada, atendido lo que generalmente cuestan estas piezas... Le
+estaban arreglando una capota, que... vamos; el día que la estrenara
+había de llamar la atención... Estas reflexiones fueron como un inciso
+en lo que aquella tarde pensaba la señora, inciso que se abrió al ver
+pasar a Guillermina, cerrándose cuando la virgen y fundadora desapareció
+por la calle abajo.
+
+Vuelta a la meditación, tomando el hilo de ella en el mismo punto en que
+lo había soltado... «Y aunque el Sr. de Feijoo lo niegue hoy, es tan
+verdad que me rondaba la calle al año de perder a mi Jáuregui... tan
+verdad como que nos hemos de morir. Y si no, ¿qué hacía plantado en
+aquella dichosa esquina de la calle de Tintoreros? Esto fue poco antes
+de la guerra de África, bien me acuerdo; y si el tal no se va a matar
+moros, sabe Dios si... Pero esto no hace al caso, y vamos a lo otro. Que
+es un caballero decentísimo, no tiene la menor duda. Jáuregui le
+apreciaba mucho, y me decía que no tenía más contra que ser muy
+mujeriego... Fuera de esto, hombre de veracidad, con una palabra como
+los Evangelios, y cosa que él decía poniéndose formal era como si la
+escribieran notarios... Con todo, ¡lo que me ha venido contando estos
+días me parece tan extraño...! Que está arrepentida, que él la ha tomado
+bajo su protección... Se la encontró en casa de unos vecinos, y le dio
+lástima, y qué sé yo qué... Por más que diga ese santo varón, tales
+arrepentimientos me parecen a mí las coplas de Calainos... Y si por
+acaso... Quita, quita, pensamiento y no me tientes con una sospecha, que
+parece tan verosímil... El mismo Feijoo quizás... puede... habrá
+tenido... y ahora... Sobre esto quiero echar tierra, porque me volvería
+loca. La verdad es que el pobre señor ha dado un bajón tremendo y no
+debe de haber estado para morisquetas de algunos meses acá. ¡Si será
+cierto lo que dice!... ¡Caridad, lástima, arrepentimiento... necesidad
+de transigir, decoro, reconciliación...!».
+
+Otro inciso. Miró a la calle y vio por segunda vez a Guillermina que
+subía. «¿Pero qué trae en la mano?, un palo y un garfio de hierro. ¡Vaya
+con la santa esta! Algo que le han dado. Dicen que lo acepta todo. Véase
+por dónde yo le podría ayudar a su obra, dándole media docena de llaves
+viejas que tengo aquí. Aquella tabla que lleva parece una plantilla...
+Toma, como que vendrá del almacén de maderas de la calle de Valencia.
+Vaya unos trajines... Vea usted una cosa que a mí me gustaría, edificar
+un _establecimiento_, pidiéndole dinero al Verbo... Lo haría yo tan
+grande como el Escorial...».
+
+Cerrado el inciso, y otra vez al tema: «¡Vaya con lo que me ha dicho
+esta mañana Nicolás: que Feijoo es el primer caballero de Madrid y que
+le ha prometido una canonjía! Si se la dan, ya no me queda nada que ver.
+Yo me alegraría, para quitarme esa carga de encima; pero ¡qué tiempos y
+qué Gobiernos! ¡Ah!, si yo gobernara, si yo fuera ministra, ¡qué
+derechitos andarían todos! Si esta gente no sabe... si salta a la vista
+que no sabe. ¡Dar una canonjía a un clérigo joven, que entra en su casa
+a la una de la noche y pasa el tiempo charlando en el café con los curas
+de caballería que andan por ahí sueltos y sin licencias! Pero en fin,
+allá te la dé Dios, y si pescas el turrón, hijo, buen provecho, y
+escribe en llegando, y no parezcas más por aquí, egoistón,
+tragaldabas... Pues digo, el otro, el Juanito Pablo, desde que tiene
+empleo no pone los pies en casa. ¡Si comparado con sus hermanos,
+Maximiliano es un ángel de Dios y un talentazo...! Voy a lo que me decía
+Nicolás esta mañana... Que D. Evaristo es un cristiano rancio, y que
+cuando le administraron, recibió al Señor con una edificación y una
+santidad tan grandes, que todos los concurrentes al acto lloraban a moco
+y baba. Vaya, no sería para tanto... exageración. En estas cosas de
+santidad hay que llamar al tío Paco para que traiga la rebaja. Pero en
+fin, pongamos que sea así, ¿y qué? Ahora lo que falta saber es si con
+toda esa cristiandad nos querrá dar gato por liebre... ¡Lástima,
+arrepentimiento!... Dios mío, o dame una luz clara sobre esto, o quítame
+esta grillera de mi cabeza. Yo me vuelvo loca... Y no sé por qué me
+devano los sesos, porque en rigor, ¿a mí qué me va ni me viene? Si
+Maximiliano quiere humillarse después de las atrocidades que pasaron, yo
+no debo meterme... Pero sí, sí me meteré. ¿Cómo consentir tal afrenta?
+La muy bribona... ¡imaginar que su marido puede perdonarla después de la
+trastada indecente que le hizo, después que el querindango atropelló a
+este infeliz abusando de su fuerza...! ¡Qué infamia! Si yo no hubiera
+estado un mes seguido trasteando a este chico para quitarle de la cabeza
+la idea de la venganza... no sé qué catástrofes habrían sucedido. Quería
+pegarle un tiro al otro, y hasta se le ocurrió hacer un cartucho de
+dinamita para ponérselo en la puerta de su casa. Delirios... lo mejor es
+el desprecio... A estos badulaques se les desprecia... Bueno está mi
+sobrino para meterse en lances, él que se asusta de entrar en un cuarto
+sin luz. ¡Pobrecillo Maxi!, ¡tiene un corazón de oro, y ahora que está
+tan dado a estudiar lo del otro mundo, se le ocurren unas cosas...!
+¡Vaya con lo que me decía anoche! 'Tía de mi alma, a fuerza de pensar y
+padecer, he llegado a desprenderme de todas las pasiones, y a no sentir
+en mí ni odio ni venganza'. Dice que la perdona cristianamente, por esto
+y lo otro y qué sé yo qué... pero en cuanto a hacer vida común, ni que
+se lo mande el Papa. Y a renglón seguido me marea para que la vaya a
+ver. 'Tía, visítela usted, entérese... sondéela, a ver cómo se presenta.
+Puede que sea verdad lo que dice D. Evaristo...'. Todas las noches la
+misma canción. Al fin, si se pone muy pesadito, no tendré más remedio
+que ir. Y no es flojo el paseo que tengo que dar, de aquí a Puerta de
+Moros...».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Un lunes por la tarde, doña Lupe entró en su casa a eso de las
+cinco. Venía muy emperifollada. «Papitos, ¿quién ha venido?».
+
+--Aquel señor de las barbas blancas.
+
+--¿Y nadie más? ¿No ha estado Mauricia?
+
+--No señora... Esta mañana la vi en la puerta del bodegón de la Plazuela
+de Lavapiés. Vive por aquí cerca... «Señá Mauricia, mire que la señora
+la está esperando...». Me contestó, dice: dile a esa _tiona_ que si
+quiere correr los pañuelos que los corra ella, y que si no, que los
+deje...
+
+«¡Habrá indecente!...» exclamó la señora algo distraída.
+
+Papitos, que aquella mañana había sido castigada porque trajo de la
+plaza una merluza muy mala, creyó que a su ama no se le había pasado el
+berrinchín, y temblaba mirándole las manos. Pero en el ánimo de doña
+Lupe se había disipado la ira correccional, a causa de los sentimientos
+de otro orden y del gran estupor que desde una hora antes reinaban en
+él.
+
+«Oye, Papitos--le dijo--. Ven acá, y atiende bien a lo que te encargo.
+Yo tengo que salir otra vez. Das de comer al señorito Nicolás y al
+señorito Maxi; pero este vendrá mucho más tarde que su hermano. Fíjate
+bien, y no salgas luego haciendo lo contrario de lo que te mando.
+
+Para principio del clérigo, pones la merluza mala que trajiste esta
+mañana, ¿sabes?, y que está apestando... Le echas bastante sal, y
+después la cargas de harina todo lo que puedas y la fríes. Ponle todas
+las tajadas, y se las embaulará sin enterarse de si está buena o mala.
+Es como los tiburones, que tragan todo lo que les echan. Para postre,
+las nueces y el arrope, ¿sabes? Le pones en la mesa la orza, y que se
+harte; a ver si lo acaba. Está fermentando y no hay quien lo pase... Si
+el señorito Maxi viniese antes de que esté de vuelta, le pones de
+principio una de las dos chuletas de ternera, la más crecidita, y de
+postre le sacas las pastas que trajo el bollero esta mañana, y la carne
+de membrillo que yo tomo. Conque a ver si lo haces todo al revés».
+
+Cuando le daban tales pruebas de confianza, delegando en ella la
+autoridad, la mona se crecía, y aguzado su entendimiento por la vanidad,
+desempeñaba sus obligaciones de un modo intachable. Doña Lupe, que ya la
+conocía bien, estaba segura de que sus órdenes serían cumplidas. Papitos
+hizo con la cabeza signos de inteligencia, y se sonreía la muy tunanta,
+pensando sin duda, ¡aquí que no peco!... en la cantidad de sal que le
+iba a echar a la merluza del señorito Nicolás.
+
+Doña Lupe permaneció un rato en la sala, sin moverse del sillón en que
+se sentara al entrar, con el manto puesto, la mano en la mejilla,
+pensando en lo mismo. No había vuelto aún de su asombro, ni volvería en
+mucho tiempo. Fortunata, de cuya casa venía, le había dado mil duros
+para que se los colocara del modo que lo creyera más conveniente... y
+sin querer admitir recibo... Al pronto sospechó la señora de Jáuregui si
+serían falsos los billetes... pero ¡quia, si eran más legítimos que el
+sol! Tal prueba de confianza le llegaba al alma, porque no sólo era
+confianza en su honradez, sino en su talento para hacer producir dinero
+al dinero... Pues además, Fortunata, en el curso de la conversación,
+había dado a entender que tenía acciones del Banco, sin decir cuántas.
+¿De dónde había salido esta riqueza? Quizás Juanito Santa Cruz... quizás
+Feijoo... Lo más particular era que doña Lupe, por impulsos de
+tolerancia que habían surgido bruscamente en su espíritu, se esforzaba
+en suponer a aquel caudal una procedencia decente. ¡Fascinación que la
+moneda ejerce en ciertos caracteres, porque para estos lo bueno tiene
+que tener buen origen!... «¿Y por qué no ha de ser verdad todo eso del
+arrepentimiento?...--se decía--. Lo que no me explico es una cosa... El
+primer día me dijo Feijoo que estaba miserable... pero miserable, y
+comiéndose sus ahorros. ¡Pues si son estas las sobras...! En fin,
+doblemos la hoja; pongámonos en un punto de vista imparcial, y no
+hagamos juicios temerarios antes de tener datos seguros. ¿Quién se
+atreve a condenar a un semejante sin oírlo? Sería una crueldad, una
+injusticia. Eso de que siempre hayamos de pensar mal, me parece una
+barbaridad... Pero me estoy aquí ensimismada, y si tardo, quizás no
+encuentre en su casa a D. Francisco... Él dirá qué hacemos con todo este
+_guano_».
+
+Al bajar la escalera, sus pensamientos tomaban otro giro. «¡Y qué guapa
+está!... Es un horror de guapa. Y siempre tan modosita... Parece que no
+rompe un plato. Cuando entré, por poco se desmaya. Y aquello no es
+fingido... ella será todo lo que se quiera; pero no hace papeles, no
+tiene talento para hacerlos. En cuanto a modales, ha olvidado todo lo
+que le enseñé... será preciso volver a empezar... y de lenguaje seguimos
+lo mismo. Ni la más ligera alusión a los sucesos del año pasado. Dirá, y
+con razón, que peor es meneallo...».
+
+Como tres horas largas estuvo doña Lupe fuera de su casa. Cuando volvió,
+Nicolás había comido y marchádose, y Maximiliano estaba concluyendo. La
+primer pregunta que hizo el ama a Papitos fue referente a las órdenes
+que le había dado.
+
+«No dejó ni rastro» replicó la muchacha, enseñando a su ama la fuente en
+que había servido la merluza.
+
+--¿Y dijo algo?
+
+--No podía decir nada, porque no paraba de tragar.
+
+Doña Lupe se sonreía. Cerciorose de que a Maximiliano se le había
+servido conforme a sus órdenes, y después de cambiar de ropa, dispuso su
+propia comida, que era de lo más frugal. Cuando entró en el comedor, ya
+Maxi no estaba allí, y media hora después encontrole en su cuarto, sin
+luz, sentado junto a la mesa y de bruces en ella, con la cabeza
+sostenida en las manos, y agarradas estas al cabello, como si se lo
+quisiera arrancar. Viéndole tan sumergido en su tristeza, su señora tía
+le dijo: «Vamos, hombre, no te pongas así. No hay que tomar las cosas
+tan a pechos... Lo que está de Dios que sea, será. Cuando las cosas
+vienen bien rodadas, no hay medio de evitarlas».
+
+«Y qué, ¿la ha visto usted?» dijo Maxi dejando al fin aquella posición
+violenta, y mirando con ansiedad a su tía.
+
+--Sí... Me has mareado tanto... que al fin... Pues nada... la he visto y
+no me ha comido. Es la misma panfilona inexperta de siempre.
+
+--¿Está desmejorada?--¿Desmejorada? Quítate de ahí. Lo que está es
+guapísima. Por cada ojo parece que le salen cuantas estrellas hay en el
+Cielo. A algunas personas la miseria les prueba bien.
+
+--Pero qué, ¿está miserable? ¿Pasa necesidades?--preguntó el chico,
+moviéndose con inquietud en la silla--. Eso no debe consentirse...
+
+--No digo que tenga hambre... y tal vez... Su situación no debe ser muy
+desahogada. Hoy a las cuatro de la tarde, según me dijo, no había
+entrado en su cuerpo más que un poco de pan del día antes, un pedacito
+de chocolate crudo, y al mediodía una corta ración de bofes.
+
+--¡Por Dios! ¿Y usted consiente eso? ¡Bofes...!
+
+--Será penitencia tal vez--replicó la viuda en aquel tono de convicción
+ingenua que tomaba cuando quería jugar con la credulidad de su sobrino,
+como el gato con la bola de papel.
+
+--Francamente, tía, eso de que pase hambres... Yo no la perdono, no
+puede ser... le aseguro a usted que eso... _jamás, jamás, jamás_.
+
+--Ya te he dicho que no es prudente soltar _jamases_ tan a boca llena
+sobre ningún punto que se refiera a las cosas humanas. Ya ves el bueno
+de D. Juan Prim qué lucido ha quedado con sus _jamases_.
+
+--Pues a mí no me pasará lo que a D. Juan Prim, porque sé lo que digo...
+Y como la restauración depende de mí, y yo no he de hacerla... Pero de
+esto no se trata ahora. Aunque no ha de haber las paces, me duele que
+pase hambre. Es preciso socorrerla.
+
+--Pues volveré allá. Pero se me ocurre una cosa. ¿Por qué no vas tú?
+
+--¡Yo!--exclamó el exaltado chico sintiendo que los cabellos se le
+ponían de punta.
+
+--Sí, tú... porque estás acostumbrado a que todo te lo den bien amasado
+y cocido... Esto es cosa delicada... Yo no quiero responsabilidades. Tú
+no eres ya un niño, y debes decidir por ti mismo estas cosas.
+
+--¡Yo!, ¡que vaya yo!--murmuró el joven farmacéutico, sintiendo un
+temblor, un frío... Se ponía malo de sólo pensarlo.
+
+--Tú, sí, tú... Déjate de miedos y vacilaciones. Si lo quieres hacer lo
+haces, y si no lo dejas.
+
+--No tengo tiempo de ir--dijo Rubín tranquilizándose al encontrar tan
+liviano pretexto.
+
+Volvió a insistir doña Lupe con lenguaje duro en que él debía decidir
+por sí mismo aquel asunto de la reconciliación, ver a Fortunata y
+proceder en conciencia según las impresiones que recibiera. Tanto y
+tanto le predicó, que al cabo el pobre muchacho hizo propósito de ir; y
+al día siguiente, en un rato que le dejó libre la botica, tomó el camino
+de la calle de Tabernillas, más muerto que vivo, pensando en lo que
+diría y lo que callaría, con la penita muy acentuada en la boca del
+estómago, lo mismo que cuando iba a examinarse. Al llegar y reconocer el
+número de la casa, entrole tal espanto, que se retiró, huyendo de la
+calle y del barrio...
+
+Al día siguiente hizo un segundo esfuerzo y pudo entrar en el portal;
+pero ante la vidriera que daba paso a la escalera, se detuvo. Le
+aterraba la idea de subir, y de su mente se había borrado todo lo que
+pensaba decirle. Aguardó un rato en espantosa lucha, hasta que le
+asaltaron ideas alarmantes como esta: «Si ahora baja y me ve aquí...». Y
+salió escapado por la calle adelante sin atreverse ni a mirar hacia
+atrás. La tentativa del tercer día no tuvo mejor éxito, y aburrido al
+fin y desconcertado, resolvió expresarse con su mujer por medio de una
+carta. Andando hacia la calle del Ave-María, iba discurriendo que debía
+poner en la carta mucha severidad, y un ligero matiz de indulgencia, un
+grano nada más de sal de piedad para sazonarla. Diríale que no podía
+admitirla en su casa; pero que con el tiempo... si daba pruebas de
+arrepentimiento... En fin, que ya saldría la epístola tan guapamente.
+Excitado por estas ideas y propósitos, entró en su casa, y al dirigirse
+a su cuarto y oír la voz de su tía que desde la sala le llamaba, sintió
+en el corazón como si se lo tocaran con la punta de un alfiler... Entró
+en la sala, y... ¡lo que vieron sus ojos, Dios omnipotente!... ¡Dios que
+haces posible lo imposible! En la sala estaba Fortunata, en pie, lívida
+como los que van a ser ajusticiados...
+
+Maximiliano no cayó redondo por milagro de Dios... Dijo _¡ah!_... y se
+quedó como una estatua. Tampoco ella chistaba nada y sus miradas caían
+al suelo como pesas de plomo. Por fin el joven, en el último grado de la
+turbación y del desconcierto, se aventuró a hablar, y dijo algo así como
+_buenas tardes_... y después: _Yo creí que_... y luego: _De modo que
+usted, tía..._ «No, yo no me meto en nada--declaró doña Lupe, que estaba
+sentada como presidiendo--. Lo único que he dispuesto es traerla aquí
+para que frente a frente decidáis... Fortunata, siéntate».
+
+Al recuerdo de su agravio sintió Maximiliano en su alma una reacción
+brusca contra aquel misticismo recién aprendido, más hijo de la
+necesidad que de la convicción. «Esto me parece prematuro» dijo, y salió
+de la sala.
+
+Pronto se le reunió su tía en el despacho, y le dijo: «Me parece bien tu
+severidad. Pero las circunstancias... ¿No me has dicho que era
+indispensable pasarle un tanto diario para alimentos? ¿Y te parece a ti
+que estamos en disposición de sostener dos casas?».
+
+Tenía el muchacho la cabeza tan alborotada, que no pudo hacerse cargo de
+tales argumentos. Para él lo mismo era que su tía le hablase de dos
+casas que de cuatro mil. «Déjeme usted--le dijo, casi sollozando--.
+Estoy dejado de la mano de Dios».
+
+«Pues ya que está aquí, no se ha de marchar--prosiguió doña Lupe en voz
+baja--. La pondremos en el cuartito próximo al mío. Y basta. ¡Ay!, ¡que
+siempre me han de tocar a mí estos arreglos y composturas!... ¿Sabes lo
+que te digo? Pues que aquí tenéis ocasión de deciros todas las perrerías
+que queráis o de daros todas las explicaciones que juzguéis
+convenientes. Yo me lavo mis manos. A mí no me metáis en vuestras
+contradanzas. Si queréis llegar a un acuerdo, en hora buena sea, y si no
+queréis, también. Bastante servicio os hago con prestaros mi casa para
+que os toméis el pulso hasta ver si hay paces o no hay paces. Y por
+Dios, no me des más jaquecas. Si pasan días y no salta la avenencia, se
+acabó. Pero no me deis más jaquecas, por Dios, no me deis más jaquecas».
+
+Esto último lo dijo en alta voz, saliendo ya al pasillo, de modo que lo
+oyeron muy bien, Papitos en un extremo de la casa, y Fortunata en otro.
+Esta quedó desde aquella tarde en la casa, y su situación era de las
+menos airosas, porque su marido apenas le hablaba. Nicolás hacía el
+gasto de conversación en la mesa. Al segundo día, Fortunata dijo a doña
+Lupe que se marchaba, lo que dio motivo a que la señora saliera por los
+pasillos gritando: «Por Dios, no me deis más jaquecas... ya no puedo
+más. Que cada cual haga lo que quiera». Pero a pesar de esto, la esposa
+no se marchó. Al tercer día, en medio de la reserva y huraño silencio
+que entre ambos cónyuges reinaba, empezó Maxi a soltar una que otra
+palabra; luego ya no eran palabras, sino frases, y tras las cláusulas
+frías vinieron las tibias. Por fin se permitió algún concepto jovial. Al
+quinto día se sonreía mirando a su mujer. Al sexto, Fortunata le miraba
+con atención cortés cuando decía algo; al sétimo, Maxi opinaba como ella
+en toda discusión que en la mesa se trabase; al octavo le daba una
+palmadita en el hombro; al noveno la señora de Rubín se interesaba
+porque su marido se abrigase bien al salir, y al décimo estuvieron como
+un cuarto de hora secreteándose a solas en un rincón de la sala; al
+undécimo Maxi le apretó mucho la mano al entrar, y al duodécimo exclamó
+doña Lupe como sacerdote que entona el _hosanna_: «Vaya que os ponéis
+babosos. Por Dios, no me deis jaquecas. Si estáis reventando por hacer
+las paces, ¿a qué tantos remilgos? Bien hago yo en no meterme en nada,
+bendita de mí».
+
+Y de este modo se verificó aquella restauración, aquel restablecimiento
+de la vida legal. Fue de esas cosas que pasan, sin que se pueda
+determinar cómo pasaron, hechos fatales en la historia de una familia
+como lo son sus similares en la historia de los pueblos; hechos que los
+sabios presienten, que los expertos vaticinan sin poder decir en qué se
+fundan, y que llegan a ser efectivos sin que se sepa cómo, pues aunque
+se les sienta venir, no se ve el disimulado mecanismo que los trae.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+En los primeros días que sucedieron a este gran suceso, nada
+ocurrió digno de contarse. Y si algo hubo fue de puertas afuera. Voy a
+ello. Una tarde estaban doña Lupe y Fortunata en la sala cosiendo unas
+anillas a las magníficas cortinas de seda con que se había quedado la
+señora por préstamo no satisfecho, cuando Papitos, que se había asomado
+al balcón para descolgar la ropa puesta a secar, empezó a dar chillidos:
+«Señoras, vengan, miren... ¡cuánta gente!... Han matado a uno».
+Asomáronse las dos señoras y vieron que en la parte baja de la calle,
+cerca de la esquina de la de San Carlos, había un gran corrillo que a
+cada momento engrosaba más. «Hay un _cadávere_ difunto allí en mitad de
+la gente» gritó Papitos que tenía medio cuerpo fuera del balcón.--Yo veo
+un bulto tendido en el suelo--dijo doña Lupe.--¿Ves tú algo?... Será
+algún borracho. Pero observa qué multitud se va reuniendo. Como que los
+coches no pueden pasar... Y mira qué policías estos. Ni para un remedio.
+
+«Señora, mándeme por los fideos... Ya sabe que no hay...» dijo la mona.
+
+--Vamos... lo que tú quieres es curiosear...
+
+--Mándeme--repitió la chiquilla dando brincos entre risueña y
+suplicante.
+
+--Pues anda--dijo doña Lupe, que aquel día estaba de buen humor--; si no
+sales te vas a caer por el balcón. Pero ven prontito... y ten cuidado de
+limpiarte bien los pies en los felpudos que hay en la portería, porque
+hay muchos barros... Mira cómo pusiste la alfombra cuando volviste de
+avisar al carbonero.
+
+Salió Papitos más pronta que la vista, y estuvo fuera como unos veinte
+minutos. Su ama la vio entrar en la casa y fue a abrirle la puerta...
+«¿Te has restregado bien las patas?».
+
+--Sí señora... mire.--Ahora aquí otra vez... ¿Sabes lo que debes hacer
+siempre que subes?, refregarte bien en el limpia-barros del vecino, en
+ese que está ahí.
+
+--¿En este?--dijo la mona, bailando el zapateado en el limpia-barros del
+cuarto de la izquierda.
+
+--Porque todos los pisotones de menos que le demos al nuestro, eso vamos
+ganando.
+
+--¿Sabe, señora, sabe?...--agregó Papitos, que a pesar de venir sofocada
+de tanto correr, seguía bailoteando en el felpudo ajeno--. ¿No sabe lo
+que hay allí? Es una mujer que parece está bebida; pero muy bebida... ¿Y
+no acierta quién es?, la señá Mauricia.
+
+--¿Pero oyes, mujer, has oído?--dijo doña Lupe desde el pasillo
+volviendo a la sala--. Mauricia... borracha... ahí tienes lo que reúne
+tantísima gente.
+
+--¿Pero la viste bien?, ¿estás segura de que es ella?--preguntó
+Fortunata pasado el primer momento de asombro.
+
+--Sí, señorita, ella es...
+
+--Pero hija--observó doña Lupe volviendo a asomarse con
+oficiosidad...--cree que me hace esto una impresión... ¡Y los de Orden
+Público que no parecen!... ¡Ah!, sí, la levantan... ¡Qué mujer!... Miren
+que ponerse en ese estado.
+
+--Ahora se la llevan... Está como un cuerpo muerto--decía Fortunata,
+acordándose de las escenas que había presenciado en el convento.
+
+--Sí, se la llevan a la Casa de Socorro o al hospital... Pero ¡quia!,
+no... Suben. ¿Apostamos a que la traen a la botica?
+
+--Si tiene rajada la cabeza en salva la parte...--afirmó Papitos dando a
+conocer gráficamente las dimensiones de la herida--. Y echaba la mar de
+sangre... que corría por la calle abajo, como corre el agua cuando
+llueve.
+
+Cuando pasaba bajo los balcones el cuerpo inerte de Mauricia la Dura,
+cargado por los de Orden Público y escoltado por el gentío, Fortunata se
+quitó del balcón, porque le faltaba ánimo para presenciar tal
+espectáculo. Doña Lupe y Papitos sí que lo vieron todo, y esta tuvo aún
+la pretensión de que su ama la dejase ir a la botica para ver la cura
+que le hacían a _aquella borrachona_. Pero esto ya era mucha libertad, y
+aunque la chiquilla imaginó diferentes pretextos para bajar, no se salió
+con la suya.
+
+A la hora de comer, Maximiliano habló del caso, describiendo la cura y
+haciendo augurios poco lisonjeros sobre la suerte de la enferma.
+
+«Tienes razón--observó la viuda--. Me parece que de este barquinazo no
+sale. ¡Pobre mujer! ¡Tener ese vicio! De veras lo siento, pues no hay
+otra como ella para correr alhajas».
+
+Refirió entonces Maxi un pasaje curiosísimo y reciente de la historia de
+la tal Mauricia, que había sido contado aquella misma tarde, después de
+la cura, por el Sr. de Aparisi, uno de los que solían ir de tertulia a
+la botica. «Pues esa buena pieza, en una de las tremendas borrascas que
+le produce el maldito vicio, fue recogida de la calle por los
+protestantes, que tienen su capilla y casa en las Peñuelas». Enterose
+doña Guillermina, la señora esa que pide para los huérfanos de la calle
+de Alburquerque, y lo mismo fue saberlo, que volarse... Vean ustedes.
+Plantose en la casa de los protestantes a reclamar a la tarasca. Tun,
+tun... ¿quién?... yo... Y salió el pastor, que es uno que llaman D.
+Horacio, que tiene el pelo colorado y ralo, como barbas de maíz; salió
+también la pastora, su mujer, que es una tal doña Malvina... buenas
+personas los dos, porque lo protestante no quita lo decente. Entre
+paréntesis, se distinguen por su independencia en el vestir. Doña
+Malvina le hace las levitas a D. Horacio, y D. Horacio le arregla los
+sombreros a doña Malvina. Total, que estos inglesones lo entienden: no
+gastan un cuarto en sastres ni modistas. Pero voy al cuento. Los
+pastores se las tuvieron tiesas, y doña Guillermina más tiesas todavía.
+Religión frente a religión, la cosa se iba poniendo fea. Los
+protestantes decían que la mujer aquella les había pedido limosna y
+protección; doña Guillermina lo negaba, acusándoles de haberla sonsacado
+y de haber ido a buscarla a su propia casa. D. Horacio dijo que nones y
+que haría valer sus derechos luteranos ante el mismo Tribunal Supremo;
+amoscose la otra, y doña Malvina sacó el libro de la Constitución, a lo
+que replicó Guillermina que ella no entendía de constituciones ni de
+libros de caballerías. Por fin, acudió la católica al Gobernador, y el
+Gobernador mandó que saliese Mauricia del poder de Poncio Pilatos, o sea
+de D. Horacio.
+
+--¿Ves, qué cosas?--observó doña Lupe--. Ahí tienes los belenes que se
+arman por la religión. Bien decía mi Jáuregui que él era muy liberal,
+pero que no le petaba por la libertad de cultos.
+
+--Pues aguárdense ustedes, que falta lo mejor. D. Horacio, como inglés
+que sabe respetar las leyes, obedeció la orden del Gobernador,
+reservándose el sostener su derecho ante los tribunales. Pero cuando le
+dijo a Mauricia que se marchara, esta no quiso, y empezó a poner de oro
+y azul a doña Guillermina, hallándose esta presente, y a todas las
+señoras de las Juntas católicas, diciendo que eran unas tales y unas
+cuales.
+
+--¡Qué bribona! Si es atroz... le entran esos toques, y no sabe lo que
+dice.
+
+--Doña Guillermina no se acobardó por esto, ni renunció a llevársela. Se
+fue pian pianino, y se sentó en la puerta, en un guardacantón que hay
+allí. Todos los días iba a ponerse en el mismo sitio, como un centinela.
+El pastor y la pastora le decían que pasara y ella contestaba que muchas
+gracias... Y por fin ayer se volvieron las tornas, porque Mauricia se
+enfureció, y acometiendo a doña Malvina le llenó la cara de arañazos...
+D. Horacio llama a los de Orden Público, y la tarasca se mete en la
+capilla, rompe el púlpito, vuelca el tintero, hace pedazos todos los
+libros, arma una barricada con las sillas, y coge la copa en que ellos
+comulgan, y... la profana del modo más indecente. Costó trabajo echarla
+a la calle... Al salir, ¡tras!... doña Guillermina, que me le echa un
+cordel al pescuezo y se la lleva. Todo esto lo ha contado Aparisi, que
+lo sabe por el mismo D. Horacio y por doña Guillermina, y porque tuvo
+que intervenir como teniente alcalde que es del distrito... A Mauricia
+la pusieron en casa de una hermana que vive ahí por la calle de Toledo;
+y se conoce que allá tampoco la pueden sujetar, por lo que se ha visto
+esta tarde. De la botica la llevaron a la Casa de Socorro.
+
+Esta relación era demasiado larga para los pulmones de Maximiliano, por
+lo cual llegó al término de ella fatigadísimo. Todos se pasmaron del
+cuento, y doña Lupe compadeció a la Dura, deplorando que con vicio tan
+inmundo malograse las cualidades de inteligencia corredora que poseía.
+En cuanto a Fortunata, se sentía profundamente lastimada, y deseaba que
+su marido acabase de contar aquellos tristísimos lances, para que la
+conversación recayese en otro asunto. Pero no fue posible, porque hasta
+el término de la comida no se habló más que de Mauricia, de los
+protestantes y del insano vicio de la embriaguez; y por fin, Nicolás
+sacó a relucir sucesos ocurridos en las Micaelas, evocando el testimonio
+de Fortunata. Esta, muy contra su voluntad, no tuvo más remedio que
+referir los novelescos pasajes del ratón, las visiones y de la botella
+de coñac; pero lo hizo a _grandes rasgos_, para acabar más pronto.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Aquella noche se fueron a Variedades, que está a dos pasos del
+Ave-María. Otra ventaja de aquel barrio sobre Chamberí es que se puede
+ir de noche a ver una piececita o a pasar un rato en cualquier café, sin
+hacer caminatas de media legua, ni usar el tranvía. A Fortunata no le
+gustaba ir al teatro ni presentarse en público. Sentía inexplicable
+miedo de las miradas de la gente, y aunque pocos o ninguno la conocían,
+figurábase que la conocían todos, y que de cada boca salía un comentario
+acerca de ella. Por desgracia, asunto no faltaba. Pero si la miraban los
+hombres, era para admirarla, y si cuchicheaban luego, rara vez decían
+algo fundado en un conocimiento verdadero de la realidad. Otro motivo
+del terror que el teatro y los sitios públicos le inspiraban era
+encontrar _caras conocidas_, y este recelo la tenía como azorada y sobre
+ascuas durante la función.
+
+En la casa se hallaba muy bien. Había tenido seguramente en su vida
+temporadas de mayor felicidad, pero no de tan blando sosiego. Había
+visto días, los menos, eso sí, en que brillaba echando chispas el sol
+del alma, seguidos de otros en que se apagaba casi por completo; pero
+nunca vio una tan inalterable y mansa corriente de días tibios, iguales,
+de penumbra dulce y reparadora. Llevábase muy bien con doña Lupe, y con
+su marido le pasaba lo más extraño que imaginar pudiera. No digamos que
+le quería, según su concepto y definición del querer; pero le había
+tomado un cierto cariño como de hermana o hermano. No era ni podía ser
+el hombre por quien la mujer da su vida, encontrando espiritual goce en
+este sacrificio; era simplemente un ser cuya conservación y bienestar
+deseaba. Y así como se supone y casi se entrevé una tierra lejana cuando
+se va navegando a la aventura, así entreveía ella la contingencia de
+quererle con amor más firme, y de pasar a su lado toda la vida, llegando
+a no desear nunca otra mejor. En vez de rehuir las obligaciones de su
+casa, Fortunata hacía por extenderlas y aumentarlas, conociendo que el
+trabajo le ayudaba a sostenerse en aquel equilibrio, sin balances de
+dicha, pero también sin penas, el corazón adormecido y aplanado, como
+bajó la acción de un bálsamo emoliente. Acordábase de los dos casos que
+le había presentado el bueno de Feijoo, y pensaba si ocurriría lo que
+ella tuvo por más inverosímil, esto es, que se realizara el primero.
+¿Llegaría a conformarse con tal vida, y a contenerse con aquel fruto
+desabrido del amor sin apetecer otro más dulzón y menos sano?...
+
+Maximiliano, en cambio, no podía vencer su inquietud. Ningún motivo
+tenía para sospechar de su mujer, cuya conducta era absolutamente
+correcta. Doña Lupe y él convinieron en que jamás Fortunata saldría sola
+a la calle, y esto se cumplía al pie de la letra. Pero ni con tales
+seguridades acababa de tranquilizarse. Deseaba ardientemente tener
+hijos, por dos motivos: primero, para echarle a su cara mitad un lazo
+más y ligaduras nuevas; segundo, para que la maternidad desgastase un
+poco aquella hermosura espléndida que cada día deslumbraba más. La
+desproporción entre las estaturas de uno y otro, y entre el conjunto de
+su apariencia personal, mortificaba tanto al pobre chico, que hacía
+esfuerzos imposibles y a veces ridículos para amenguar aquella falta de
+armonía. Encargábase calzado con tacones altos, y se esmeraba en vestir
+bien y en atender a ciertos perfiles de que sólo se ocupan los _dandys_.
+Desgraciadamente, aunque Fortunata apenas se componía, la desproporción
+era siempre muy visible. Pero Maxi veía con gozo que su esposa se
+cuidaba poco de hacer resaltar su belleza, mirando con desdén las modas,
+y se alegraba por dos razones también: porque así se igualarían algo los
+dos consortes _o harían más juego_, y porque así la mirarían menos los
+extraños.
+
+Desde la restauración de su legalidad doméstica había abandonalo por
+completo las lecturas filosóficas, reverdeciendo en su alma el mal
+curado dolor de su afrenta y los odios vengativos. Aquel ascetismo y
+aquel _ver a Dios en sí_ fueron nada más que obra fugaz de la tristeza,
+o quizás de las circunstancias, y existían en su mente como esas
+lecciones, pegadas con saliva, que los estudiantes aprenden en los
+apuros del examen. Sus nuevas obligaciones en la botica le llamaban del
+lado de la química y de la farmacia, y se dedicó a esto con verdadero
+ardor, deseando aprender. Decíale doña Lupe que inventase algún
+específico, alguna papa cualquiera o antigualla que con nombre peregrino
+y nuevo pasase por prodigioso hallazgo; pero él se resistía porque lo
+consideraba impropio de la ciencia. Tía y sobrino tenían sobre esto
+altercados muy vivos... «¡Como si fuera un crimen idear cualquier clase
+de píldoras, cápsulas o grajeas, y allá te va un nombre!...». «Cápsulas
+_hipoquitropíticas vegetales_... o _animales_, lo mismo da... del Doctor
+Rubín... _infalibles_... contra cualquier cosa... contra la tisis... o
+el moquillo de los perros... Lo que importa es _descubrir_ algo y
+plantarle unas etiquetas muy chillonas con tu retrato... Eres un
+mandria. Si no inventas tú un específico, al fin tendré que inventarlo
+yo... Fortunata, dile que invente, hija, convéncele... Podéis ganar ríos
+de oro».
+
+Pocas veces veía Fortunata al señor de Feijoo, que iba a la casa de
+visita, ceremoniosamente, y se estaba allí como una hora, charlando más
+con la señora de Jáuregui que con la de Rubín. El simpático viejo
+parecía contento; pero los achaques le pesaban cada día más, y ya en
+Abril no salía a la calle sino acompañado de un criado. En una de sus
+visitas habló a solas con su amiga, en términos tan paternales que a
+ella le faltó poco para llorar. Todo iba bien, perfectamente bien, y ya
+se habría convencido la chulita del valor de sus lecciones y consejos. A
+Maxi le agradaba poco la amistad de Feijoo, sin que a punto fijo supiera
+por qué. Pero lo más particular era que a la misma Fortunata, al mes de
+aquella vida, empezaron a serle menos gratas las visitas de D. Evaristo.
+Su gratitud y afecto hacia él eran siempre los mismos; pero no podía
+menos de considerar la presencia de su antiguo protector en la casa como
+una monstruosidad. «¿Será verdad--pensaba--, como me ha dicho él, que de
+estas barbaridades increíbles está llena la vida humana?... ¡Qué cosas
+hay, pero qué cosas!... Un mundo que se ve, y otro que está debajo,
+escondido... Y lo de dentro gobierna a lo de fuera... pues... claro...
+no anda la muestra del reloj, sino la máquina que no se ve».
+
+Al anochecer entró doña Lupe, después de haberse limpiado el lodo de las
+suelas en el felpudo del vecino. «Oye una cosa--dijo a Fortunata,
+quitándose el manto--. He sabido esta tarde que Mauricia se está
+muriendo. ¡Pobre mujer! Tenemos que ir a verla. No es lejos: calle de
+Mira el Río». Diole esta noticia su amiga Casta Moreno, que la supo por
+Cándido Samaniego. Doña Guillermina había sacado del Hospital a
+Mauricia, trasladándola a casa de la hermana de esta, y la asistía el
+médico de la Beneficencia Domiciliaria y de la Junta de señoras. La
+infeliz tarasca viciosa, con estos cuidados y las ternezas de doña
+Guillermina, y más aún, con la proximidad de la muerte, estaba que
+parecía otra, curada de sus maldades y arrepentida _en toda la extensión
+de la palabra_, diciendo que se quería morir lo más católicamente
+posible, y pidiendo perdón a todos con unos ayes y una religiosidad tan
+fervientes que partían el corazón. «Te digo que si esto es verdad, habrá
+que alquilar balcones para verla morir. Mañana nos vamos allá».
+
+Doña Lupe no iba a ver a Mauricia por pura caridad. Tiempo hacía que
+Guillermina la fascinaba, más por el señorío que por la virtud, y ya que
+la gran fundadora iba a hacer patente su santidad, teniendo por corte a
+las damas más encopetadas, en lugar accesible a doña Lupe, ¿por qué no
+había esta de intentar meter la jeta? Pues qué, ¿no era ella también
+_dama_? Sobre estos particulares habló largamente con Casta Moreno, que
+algunas noches iba de tertulia con sus dos hijas a casa de Rubín, y la
+viuda de Samaniego se hacía lenguas de Guillermina, conceptuándola
+sobrenatural. ¡Y era pariente suya, lejana, por los Morenos! El amor
+propio y el orgullo inflaban a doña Lupe cuando se consideraba
+mangoneando en cosas de beneficencia elegante a las órdenes de la
+ilustre fundadora. Una contra tendría esto si llegaba a realizarse, y
+era que no había más remedio que dar algo de _guano_.
+
+A la mañana siguiente, vistiéndose para salir, pensó mi doña Lupe si
+debería ponerse el abrigo de terciopelo. Pero pronto cayó en la cuenta
+de que era un disparate. Sobre que se le mojaría, porque el día estaba
+lluvioso, no era propio aquel regio atavío del lugar, personas y ocasión
+de la visita. Tiempo tenía de darse pisto con el abrigo, la capota y
+otras prendas. Encargó a Fortunata que se vistiese con sencillez, y ella
+se puso algo más apañadita, de modo que resultase siempre la conveniente
+distancia.
+
+
+
+
+-VI-
+
+Naturalismo espiritual
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Al entrar en la calle de Mira el Río, encontraron a Severiana, a
+quien doña Lupe había visto algunas veces. Llevaba un vaso con medicina,
+tapado con un papel a estilo de botica antigua. Doña Lupe la interrogó,
+y enterada la otra de que iban a ver a su hermana, hizo gustosamente de
+introductora, guiándolas por el sucio portal, la menos sucia y tortuosa
+escalera, hasta llegar al corredor. Ya se sabe que la vivienda de
+Severiana era una de las mejores de aquel falansterio, y que por su
+capacidad y arreglo bien podía pasar por lujosa en semejante vecindad.
+Vivía en compañía con aquélla una tal doña Fuensanta, viuda de un
+comandante, y la casa respondía a esta situación comanditaria, pues
+constaba de dos salitas enteramente iguales, cada una con ventana a la
+calle. Entre la puerta y la sala primera había un pasillo, en el cual se
+veía la artesa de lavar y la entrada de la cocina, cuya reja daba al
+corredor. Dos piezas interiores completaban el cuarto. Cuando
+Guillermina, comprendiendo el fin próximo de Mauricia, indujo a
+Severiana a sacarla del hospital por tercera vez y llevarla a su casa,
+la señora viuda del comandante cedió su cuarto para tan benéfico objeto,
+trasladando sus muebles al cuarto de otra vecina. Mauricia fue, pues,
+instalada en la segunda de las dos salitas. Severiana tenía su cama en
+la alcoba interior, y la sala primera estaba destinada a recibir
+visitas, como lo declaraban el relativo lujo de la cómoda, las sillas de
+Vitoria nuevecitas, el sofá de lo mismo, la mesa con cubierta de hule,
+el cuadrito de los _dos corazones amantes_, el de la _Numancia_ en mar
+de musgo, los retratos de militares cuñados de Severiana, la estera de
+esparto flamante y sin ningún agujero, de empleitas rojas y amarillas, y
+en fin, las laminotas que recientemente habían sido adquiridas en el
+Rastro por una bicoca. Eran excelentes grabados ya pasados de moda, el
+papel viejo y con manchas de humedad, los marcos de caoba, y
+representaban asuntos que nada tenían de español, por cierto, las
+batallas de Napoleón I, reproducidas de los un tiempo célebres retratos
+de Horacio Vernet y el barón Gros. ¿Quién no ha visto el _Napoleón en
+Eylau_, y _en Jena_, el _Bonaparte en Arcola_, la _apoteosis de
+Austerlitz_ y la _Despedida de Fontainebleau_?
+
+Doña Lupe y Fortunata entraron, precedidas de Severiana, en el aposento
+de la enferma, que estaba incorporada en la cama. Le habían cortado el
+pelo días antes para poderle curar la herida de la cabeza; su perfil
+romano se había acentuado; era más fina la nariz, la quijada inferior
+abultaba más, y la extenuación le agrandaba los ojos. Las curvas airosas
+de la boca eran más rasgueadas, y la decomisura de los labios, que
+parecía obra de un agudo punzón, dábale cierto aspecto de grandeza caída
+o de humillación sublimemente resignada. Las cárdenas ojeras le cogían
+media cara; el superciliar salía como una visera; los ojos, hermosos y
+ardientes, quedábanse allá dentro, y rodeados de aquella piel morada
+relumbraban más, como si acecharan el acaso que iba a pasar. Las cejas
+negras formaban una sola línea recta. La frente era espaciosa, con un
+mechón de pelo negro... En fin, que la Dura completaba la historia
+aquella expuesta en las paredes: era el _Napoleón en Santa Helena_.
+
+Cuando doña Lupe y Fortunata la saludaron, las estuvo mirando un rato,
+como si tardara en reconocerlas. Después las nombró. ¡Qué voz! Siempre
+fue ronca la voz de Mauricia; pero había bajado ya a lo más grave del
+diapasón. «¡Dios mío!--se dijo Fortunata, oyéndola después de mirarla--,
+¡si parece un hombre...!». Doña Lupe, en tanto, sentándose en una de las
+sillas de paja, pronunciaba las frases de consuelo propias de la
+ocasión, añadiendo: «Eso para que aprendas... y tengas formalidad.
+
+A ver si cuando salgas de esta, te sirve de escarmiento».
+
+Mauricia se volvió para Fortunata, que se había sentado junto a la
+cabecera; la miró mucho, sin decir nada; después clavó sus ojos en el
+techo, rezongando: «Sí... bien mala he sido, bien re-mala...». Y vuelta
+otra vez hacia su amiga, le dirigió estas palabras:
+
+«Oye tú, arrepiéntete... pero con tiempo, con tiempo. No lo dejes para
+última hora, porque... eso no vale. Tú tampoco eres trigo limpio, y el
+día que hagas sábado en tu conciencia, vas a necesitar mucha agua y
+jabón, mucha escoba y mucho estropajo...».
+
+Con tan buena fe lo dijo, que Fortunata no podía ofenderse. A doña Lupe
+le pareció la amonestación muy impertinente y descortés, porque ¿a santo
+de qué venía el hablar de pecados ajenos, teniendo tantos propios de qué
+ocuparse? Verdad que su sobrina política no había sido un modelo; pero
+ya estaba corregida y no había que volver sobre lo pasado. «Ya sabemos
+que te tratan muy bien» dijo, para variar la conversación.
+
+--Gracias a la madre de los pobres--declaró Severiana, que estaba en pie
+arreglando la cama--, no le falta nada. ¡Qué señora esa!
+
+--¡Una santa!--exclamó doña Lupe en el tono más encomiástico--. No le dé
+usted otro nombre, porque ese es el que le cae bien...
+
+--Pero esta se ha cerrado a no comer--dijo la hermana mirándola--, y sin
+comer no viven más que los camaleones.
+
+--Pero ayunas, ¿de verdad?....
+
+--Para pasar el caldo tenemos que dárselo con Jerez... y por la mañana,
+para que pase una tostadita, hay que darle un dedito de la horchata de
+cepa, y por la noche otro dedito...
+
+--¿Pero de veras le dais... esa perdición?--preguntó alarmadísima doña
+Lupe.
+
+--Lo ha mandado el médico. Dice que es medicina. Parece aquello de _al
+revés te lo digo_.
+
+--¡Qué cosas!... ¿Y no te comerías tú--le propuso Fortunata--, un
+muslito de gallina, una ruedita de merluza, una croquetita?
+
+Sólo de oír hablar de comida se ponía peor Mauricia. Le temblaban mucho
+las manos, y de rato en rato le daban como ataques de asfixia, siendo su
+respiración muy difícil, y quejándose de irresistible calor. Hallándose
+presentes la de Jáuregui y su sobrina, estuvo la Dura un ratito como
+quien desea romper a toser y no puede. Las tres mujeres la miraban con
+pena, lamentándose de no saber aliviarle aquel ahogo... «Bebe un poco de
+agua» le dijo Fortunata incorporándose. Pero aquello pasó, y la infeliz
+volvió a hablar, cortando mucho las frases y tomando aire a cada
+palabra.
+
+«Ayer me trajeron a la niña... ¡qué guapa y qué señorita está!...».
+
+--¿Pero no la tienes contigo?--preguntó la de Rubín.
+
+--No, señora. Si está en el colegio...--replicó Severiana--; interna en
+el colegio de señoritas de doña Visitación.
+
+--Sí... más vale que esté... allá... _desapartada_ de mí. Ayer... ¡qué
+pena!... no me conoció... ¡Tanto tiempo sin verme!... me tenía miedo...
+¡pobrecita de mi alma!... miedo, así como se dice... Ni que su madre
+fuera el coco...
+
+En esto oyeron pasos, y miraron todas a la puerta. Era doña Guillermina,
+que entró, como siempre, muy apresurada, encendidas las mejillas, con su
+perdurable mantón oscuro, sus zapatones, su falda de merino. Doña Lupe y
+Fortunata se levantaron, y la fundadora saludó con aquella gracia y
+amabilidad que eran iguales para el Rey y para el último de los
+mendigos. Doña Lupe creyó que no la reconocería, pues sólo se habían
+hablado una vez en la función del Asilo; pero sí la reconoció, y aun la
+nombró, porque Guillermina era como los grandes capitanes, que tienen
+memoria felicísima de nombres y fisonomías, y soldado con quien hablan
+una vez, no se les despinta. «Mi sobrina» dijo la viuda presentándola, y
+Guillermina la miró sonriendo. «No me es desconocida su cara... la he
+visto en las Micaelas... Por muchos años». En seguida dirigiose a
+Mauricia, apoyando ambas manos en la cama. «¿Y qué tal te encuentras
+hoy? ¿Comerías algo?... Nada, este chubasco te pasará pronto. Mañana
+recibirás a Dios. ¿Cómo va esa conciencia? Buen limpión te vamos a dar.
+Eso te conviene más que nada. Yo te quería coger por mi cuenta y hacerte
+confesar, porque diciéndole tú misma al Señor lo buena pieza que eres,
+el Señor te daría su gracia... Con que prepararse. Esta tarde volverá el
+padre Nones. Me ha dicho que te confesaste bien. Se me figura que aún
+tendrás algunas heces que sacar, ¿eh?».
+
+Mauricia se sonreía, cortada y confusa. Con la cabeza dijo que sí.
+
+--Pues estos pozos endurecidos hay que echarlos fuera, porque el demonio
+se agarra de cualquier cosa--dijo la santa, acariciándole la barba--.
+Con que ya sabes... mañana tenemos aquí gran fiesta... ¿Te parece? Viene
+a visitarte el que hizo los Cielos y la Tierra... Te parecerá a ti que
+no lo mereces... Pues aunque no lo merezcas, él viene, y sabido se
+tendrá por qué.
+
+La vivacidad, la gracia y el fervor con que Guillermina decía estas
+cosas, impresionaron a las cuatro mujeres que las oían. Severiana
+soltaba dos lagrimones. Fortunata sentía en su alma tanta admiración por
+aquella mujer, que le habría besado la orla del vestido. «Luego dicen
+que ya no hay gente buena en el mundo--pensaba--. ¿Pues y esta?...
+¡Cuidado que mandar todo a paseo, casa, parientes, fortuna, querer, y
+sacrificar su juventud para andar toda la vida entre miserias...!».
+Asustábase de medir con el pensamiento la distancia que había entre ella
+y la ilustre señora; distancia infinita sin duda, y que en manera alguna
+podía acortarse, pues aunque la gente santa pecara, y ella hiciera
+muchas obras de caridad, las dos almas no llegarían jamás a verse
+próximas.
+
+La fundadora, con aquella actividad vivaracha que en todo ponía, dictó a
+Severiana algunas disposiciones para la ceremonia que se preparaba.
+«Aquí pondrás la mesilla que está en la otra sala, y se hará el altar.
+Yo te mandaré un crucifijo, y buscaremos flores... La ropa de la cama
+hay que ponerla limpia, y adornar todo el cuarto lo mejor que se
+pueda...».
+
+Luego pasó a la sala, seguida de doña Lupe, que quería meter baza a todo
+trance: «Tendremos sumo gusto en venir mañana. Aprecio mucho a Mauricia,
+que a no ser por el maldito vicio, sería una buena mujer, trabajadora,
+fiel... Y dígame usted: de noche habrá que velarla. Yo no tendría
+inconveniente en quedarme alguna noche; y si no, mi sobrina...».
+
+--Dios se lo pague a usted... Se acepta, se acepta. Póngase usted de
+acuerdo con Severiana. La comandanta y yo nos hemos quedado anoche. Se
+necesitan dos personas, porque cuando le dan convulsiones, cuesta Dios y
+ayuda sujetarla.
+
+--Verdaderamente--manifestó doña Lupe con adulación--; los ejemplos que
+usted da, señora, hacen que todas las demás seamos mejores de lo que
+seríamos si usted no existiera.
+
+La flor estaba bien ideada; pero Guillermina se echó a reír,
+agradeciendo la flor, pero no queriéndola tomar.
+
+«¡Ejemplos yo! Eso quisiera. Me vendría bien que alguien me los diese a
+mí. ¡Ay, hija! Estoy para que me enseñen, no para enseñar».
+
+--¿Usted qué ha de decir? Ni aun le gusta que le saquen la cuenta de
+todo lo que vale... Pues, amiga, no sea usted tan buena y rebajaremos.
+
+--Quite usted, quite usted... Eso lo dice por disimular. ¡Sabe Dios las
+misericordias que usted, a la calladita, habrá hecho en este mundo, con
+esta misma Mauricia tal vez...! Y ahora me las quiere colgar a mí.
+
+--¡Yo!... ¡Jesús! No digo que no tenga yo también algunas buenas obras
+en mi cuentecita del cielo; ¡pero compararme con usted...! Calle por
+Dios, señora.
+
+--En fin, no es cosa de que nos pongamos a reñir por quién peca menos...
+¿le parece a usted?--dijo la fundadora, uniendo la cortesía a la
+modestia, y permitiéndose el característico guiñar de ojos, un tanto
+picaresco--. Mi lema es este: «haga cada uno lo que pueda y lo que sepa,
+y Dios verá».
+
+--Eso mismo pienso yo...--Conque, usted me dispensará... tengo mucho que
+hacer. Hasta mañana; no faltar...
+
+Entre tanto, la de Rubín estaba sola con la enferma, porque Severiana se
+fue a la cocina. Le arregló las almohadas, y después ambas se estuvieron
+mirando. Fortunata pensaba en la simpatía inexplicable que aquella mujer
+le había inspirado siempre, a pesar de ser tan loca y tan mala. ¿Sería
+tal simpatía un parentesco de perversidad? Ejercía sobre ella una
+atracción querenciosa, y como le dijera algún concepto lisonjero a su
+corazón, sentíalo retumbar en su mente cual si fuera verdad pronunciada
+por sobrenatural labio. Mil veces analizó la joven este poder fascinador
+de su amiga, sin lograr encontrarle nunca el sentido. ¡Cosas del
+espíritu, que no las entiende más que Dios!
+
+Mauricia parecía melancólica y sosegada. «¡Qué señora esa!--exclamó
+Fortunata--. ¿Habrá nacido de madre como nosotras?».
+
+--Apuesto a que no--replicó la Dura--. ¡Qué mujer!... El día que me
+quiso sacar de esos indinos protestantes, me entró el toque y la
+insulté... ¡Qué mala fui!... (Iba a soltar un terno; pero se contuvo,
+porque le estaba absolutamente prohibido pronunciar palabras feas,
+siendo esto para ella un gran martirio, a causa de la poca variedad de
+términos de su habitual lenguaje)... Y ella, como si le dijeran niña
+bonita...
+
+No has visto otra. ¡_Mia _ que traerme aquí y cuidarme como me cuida!,
+¡re...! No sé cómo hablar... ¡_Mia_ que esto que hace conmigo!... Es
+prima hermana del Nazareno; no hay quien me lo quite de la cabeza...
+Figúrate lo que suponemos nosotras al compás de ella... ¡nosotras que
+hemos sido unos peines...! Es que ni arrepentidas valemos para
+descalzarle el zapato. Pues déjate que venga la otra... también aquella
+es de la piel de Cristo...
+
+--¿Quién?--La amiguita, la que protege a mi niña...
+
+Fortunata vio delante de sí, súbitamente, una oscura niebla que se le
+iba encima... El corazón le dio un salto... «Jacinta--dijo--; pues qué,
+¿también viene aquí esa?».
+
+--Ayer estuvo... Ella misma traía mi niña. Mira; créetelo porque te lo
+digo yo: cuando entró _paicía_ que entraba una luz en el cuarto.
+
+Fortunata sentía ganas de echar a correr.
+
+«¿Pero todavía le tienes tirria?... ¡Ay, qué mala eres! Perdónala, que
+bien lo merece. Te quitó tu hombre; pero ella no tenía culpa. ¡Qué
+roña!... ¡ay!, se me escapó. Palabra fea, vuélvete para adentro; no,
+quédate fuera... Pues chica, no seas pava... ¿crees tú, que el mejor día
+no te vuelve a querer tu D. Juan?... Como si lo viera. Cuando una se va
+a morir, ve las cosas claras, muy claritas; la muerte la alumbra a una,
+y yo te digo que tu señor volverá contigo.
+
+Es ley, hija, es ley, que no puede faltar... Y si me apuras, te diré que
+a Jacinta no se le importa un pito. A cuenta que no le quiere nada...
+Estas casadas ricas, como viven con _tantismo_ regalo, no quieren a sus
+maridos... quieren a otros. No lo digo por ella, Dios me oiga, aunque
+sabe Dios lo que hará, lo cual no quita que sea mayormente un ángel y
+que reparta muchas caridades».
+
+Fortunata no decía nada. La enferma se inclinó hacia ella, y dándose
+unos aires evangélicos, en el tono que podría emplear un pastor de
+almas, le amonestó así: «Arrepiéntete, chica, y no lo dejes para luego.
+Vete arrepintiendo de todo, menos de querer a quien te sale de _entre
+ti_, que esto no es, como quien dice, pecado. No robar, no _ajumarse_,
+no decir mentiras; pero en el querer, ¡aire, aire!, y caiga el que
+caiga. Siempre y cuando lo hagas así, tu miajita de cielo no te la quita
+nadie».
+
+Algo iba a contestarle su amiga; pero no pudo porque entró doña Lupe
+dándole prisa para marcharse. Era un poco tarde y tenían que ir a otra
+parte antes de regresar a casa. Despidiéronse con promesa de volver al
+día siguiente, y salieron. Por la calle hablaban de Guillermina, de
+quien dijo la de Jáuregui: «Es una mujer esa que electriza; y cuando se
+la trata, sin querer se vuelve una también algo santa... Cincuenta y
+tres reales me debía Mauricia.
+
+Yo, de todas maneras, se los había perdonado; pero ahora, créelo, me
+alegraría de que me debiera lo menos doscientos, para perdonárselos
+también».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Dos horas antes de la señalada para que Mauricia recibiera a Dios,
+ya estaba allí la fundadora. «Pero Severiana, ¿en qué estás
+pensando?--fue lo primero que dijo al entrar por el pasillo--. Quita de
+aquí esta artesa. ¡Vaya un adorno! Ropa sucia y agua de jabón...».
+
+--Señorita, lo iba a quitar... Pase usted. Me han dicho las vecinas que
+las dos láminas de Napoleón que caen al lado del altar deben quitarse,
+porque era muy protestante, _masónico_ y...
+
+--Déjate de tonterías... ¿Y cómo está esta pájara hoy? ¿Qué tal, hija?
+
+Aquel día estaba bastante aplanada, las manos más temblorosas,
+respirando lentamente, aunque sin gran fatiga, con invencible tendencia
+a permanecer muda y quieta, los ojos vagando por el techo o por la pared
+de enfrente, cual si siguiera el vuelo de una mosca.
+
+Enterose la dama minuciosamente de cómo había pasado la noche, de
+quiénes se quedaron a velarla, de lo que había dicho el médico en la
+visita de la mañana. A todo contestó Severiana: el doctor había mandado
+que se le diera doble dosis de _la nuez cómica_, seguir con las
+cucharadas por la noche, las papeletitas por el día, y a sus horas el
+Jerez o Pajarete. Guillermina, sin dejar de oír esto, empezaba a poner
+su atención en otra cosa. Frente a la ventana y formando ángulo recto
+con la cama habían puesto la mesa, que debía ser altar, y en ella estaba
+de rodillas Juan Antonio, el marido de Severiana, fijando en la pared
+todos los clavos que creía necesarios para suspender la decoración
+proyectada.
+
+«No clavetee usted más, por Dios... Parece que va a derribar la casa...
+Y que el ruido la molestará... ¿Pero qué van a poner ustedes ahí?».
+
+La comandanta entró con unos pedazos de damasco rojo y amarillo, que
+habían sido cortinas cuarenta años antes, pasando después por distintos
+usos. Con aquella tela se forraría la pared, formando la bandera
+española, y en el centro se pondría una lámina del Cristo del Gran
+Poder, propiedad de la portera. «No me parece mal--dijo Guillermina,
+sacando del estuche sus anteojos y calándoselos--. A ver, Juan Antonio,
+si se luce usted. ¿Y flores, no tenemos?».
+
+«De trapo... verá usted--replicó Severiana llevando a la señora a su
+alcoba y mostrándole un montón de flores de papel dorado, tul y talco
+extendidas sobre la cama. Había también allí cintas de cigarros, y esas
+rosas con hojas plateadas que sirven para decorar los pitos de San
+Isidro. «Esto es muy feo--opinó la santa--, ¿pero no hay naturales, o
+siquiera ramaje?».
+
+--Sí señora... El vecino del 6, que es no sé qué de la Villa, me ha
+prometido traer rama de pino y carrasca. Esto lo pondrá Juan Antonio por
+arriba haciendo cenefas...
+
+--Buscar algún bonito tiesto de _bonibus_, hija; no se os ocurre
+nada--dijo Guillermina, volviendo a la sala--, y en las ramas verdes
+atáis flores de trapo, y resulta muy bonito--. Vaya, Juan Antonio, no
+más clavazón; ya están bien sujetas las cortinas. Ahora, cuélgueme usted
+la Virgen de las Angustias debajo del Señor, y a los lados...
+
+La comandanta entró trayendo un cuadrote que representaba a Pío IX
+echando la bendición a las tropas españolas en Gaeta. Para hacer juego,
+propuso Juan Antonio poner al otro lado la _Numancia_. Guillermina
+vaciló en dar su asentimiento; pero al fin... una risita y un guiño
+resolvieron la duda. «Poner el barquito, ponerlo, que todo lo de la mar
+es de Dios».
+
+Salió luego al corredor, y habiendo notado que la escalera no estaba
+barrida aún, llamó a la portera. «¿Pero usted en qué está pensando? ¿No
+le han dicho que hoy viene el Señor a esta casa? ¡Y está ese portal que
+da asco mirarlo! Coja usted la escoba mujer. Si no, la cogeré yo. Qué,
+¿se cree usted que no lo hago como lo digo?».
+
+La portera vio que doña Guillermina se quitaba el manto... «No,
+señorita, no sea tan viva de genio. Barreremos... pero ya verá lo que
+tarda esta granujería en volver a ensuciarlo».
+
+--Pues lo vuelve usted a barrer. Bajó la señora al patio, donde había
+entrado un ciego tocando la guitarra y estaban algunos chiquillos
+jugando a los toros. «Eh, niños, hoy es preciso que tengamos mucha
+formalidad. Y cuidadito con echarme basura en el portal y en la
+escalera. Estas eneas y juncos que habéis esparcido en el patio, me los
+vais a recoger y entregárselos a su dueño».
+
+Los chicos oyeron esto sin chistar. En el fondo del patio se había
+establecido un sillero que hacía fondos de junco y tenía montones de
+ellos arrimados a la pared, los unos teñidos de rojo y puestos a secar,
+los otros sin teñir, cortados y apilados. Eran enemigos jurados de este
+industrial los _chavales_ de la vecindad, que bonitamente le robaban los
+juncos para sus juegos y diabluras. Al ver a la santa parlamentando con
+ellos, salió de su tenducho y encarándose con la infantil cuadrilla, les
+dijo:
+
+«Ya veis, gateras, lo que _vus_ dice la señorita. Que _vus_ estéis
+quietos, que _vus_ estéis callados, que si no, _vus_ llevará a todos a
+la cárcel».
+
+--Tiene razón el maestro Curtis--dijo la fundadora, poniendo la cara más
+severa que le fue posible--. A la cárcel van atados codo con codo, si no
+se portan hoy como es debido, hoy que viene a honrar esta casa el...
+
+La interrumpió un sacerdote anciano que entró y fue derecho hacia ella.
+Era el Padre Nones. «Buenos días, maestra. Ya está usted en planta,
+oficiando de capitana generala».
+
+--Tengo que estar en todo. Si yo no tratara de enseñar a esta gente la
+buena crianza, vendría usted luego con el Santísimo y tendría que entrar
+pisando lodo, y cuanta inmundicia hay.
+
+--¿Y qué importa?--observó Nones riendo.
+
+--Claro que no importa; pero ¿por qué no hemos de tener limpieza y
+decoro delante del Señor, siquiera por estimación de nosotros mismos? Se
+limpia la casa cuando vienen el teniente alcalde y el médico del
+Ayuntamiento con sus bastones de borlas, y se ha de dejar sucia cuando
+viene el... Pero cállese usted hombre, por amor de Dios--esto se lo
+decía al ciego de la guitarra, que habiéndose enterado de la presencia
+de la señora, quiso que esta conociera la suya, y se acercaba tanto, que
+al fin parecía querer meterle por los ojos el mango del instrumento. Al
+propio tiempo tocaba y cantaba hasta desgañitarse...
+
+«Que se calle usted... por amor de Dios... Nos deja sordos--dijo la
+santa sacando su portamonedas--.
+
+Tenga, y a la calle a cantar. Hoy no quiero aquí fandangos. ¿Me
+entiende?».
+
+Marchose el porfiado ciego, y la fundadora siguió hablando con el Padre
+Nones: «Suba usted a ver si me la reconcilia y le da la última pasadita.
+Paréceme que no está muy bien dispuesta. La encuentro peor de la
+enfermedad del cuerpo; y en cuanto al alma, cada vez la entiendo menos.
+¡Qué ideas tan extrañas! Arriba, arriba. Nos veremos luego. Yo no me voy
+ya de la casa hasta que se acabe todo».
+
+Subió Nones, y la dama, después de recomendar al sillero y a otros
+vecinos que barrieran la delantera de las respectivas puertas, iba a
+subir también; pero le interceptaron el paso dos sujetos que bajaban.
+Era el uno don José Ido del Sagrario, a quien no conocerían los testigos
+de sus románticas hazañas al principio de esta historia, según estaba ya
+de bien trajeado y limpio. Visto por detrás, parecía otra persona; mas
+de frente, lo desengonzado de su cuerpo, la escualidez carunculosa de su
+cara y el desarrollo cada vez mayor de la nuez, le declaraban idéntico a
+sí mismo. El que le acompañaba era un infeliz músico, habitante en el
+segundo patio y en el mismo cuchitril en que anidara antes Izquierdo. Lo
+primero que se notaba en él era la gran bufanda que le envolvía el
+cuello subiendo en sus vueltas hasta más arriba de las orejas, y
+descendiendo hasta el pecho. Llevaba gorra con galón, y de la bufanda
+para abajo toda la ropa era de purísimo verano, y además adelgazada por
+el uso. Temblaba de frío, y con el brazo derecho oprimía los aros
+broncíneos de un trombón, dirigiendo la abollada boca hacia adelante
+como si quisiera bostezar con ella en vez de hacerlo con la suya propia.
+
+«Este amigo--dijo Ido, en son de presentación--, este amigo mío... un
+italiano, señora... se llama el señor de Leopardi, un artista
+desgraciado. Pues me ha dicho que si la señora quiere, naturalmente, se
+pondrá en la escalera cuando pase el Santísimo y tocará la marcha
+real...».
+
+El otro infeliz murmuró algo, con marcado acento extranjero, llevándose
+a la gorra la temblorosa mano.
+
+«¡Pero qué cosas se le ocurren a este hombre! Ave María
+Purísima--exclamó Guillermina con benevolencia--. Déjese usted de
+marchas reales... No, no se quite la gorra; se va usted a constipar.
+Caballeros, aquí, y durante la ceremonia, mientras menos música, mejor».
+
+Ido y Leopardi se miraron desconcertados. A la observación de la señora
+no se ocultó lo mal que estaba de ropa el infeliz artista, y le dijo que
+se fuera a su cuarto, que tocara allí el trombón todo lo que quisiese y
+por fin que... «Yo veré si encuentro por ahí unos pantalones».
+
+Subió al principal, y de puerta en puerta exhortaba a los grupos de
+mujeres que allí estaban peinándose. «A las doce... que no vea yo aquí
+estos corrillos, ¿estamos? Y barrerme bien todo el corredor. La que
+tenga velas que las saque; la que tenga flores o tiestos bonitos que los
+lleve allá... Y todos estos pingajos que aquí veo colgados, están ahora
+demás».
+
+«¿Sirven estos ramos de caracoles?» dijo la del guarda de consumos,
+mostrándolos en la puerta de su casa.
+
+--Ya lo creo. Llévalos. Y tú, Rita, recógete esas melenas, mujer, que
+pareces una cómica. Es preciso que estéis todas muy decentes.
+
+La mujer del sereno se disponía a encender el farol de su marido y a
+ponerlo colgado del chuzo en la reja de la cocina. Otra preguntaba si
+valía el quinqué de petróleo. A las niñas que debían salir al portal con
+velas, se les pusieron los pañuelos de Manila llamados de talle, y la
+que tenía botas nuevas se las calzaba; la que no, salía como estaba, con
+las alpargatas llenas de agujeros. «No se quiere lujo, sino decencia»
+repetía Guillermina, que comunicaba su actividad febril a todos los
+vecinos y vecinas de la casa. Cuando volvía al cuarto de Severiana,
+encontró al Padre Nones que salía. «Le he enderezado las ideas, maestra;
+ahora está bien preparada--le dijo el clérigo que, por su alta estatura,
+tenía que encorvarse para hablar con ella--. Voy a la iglesia. Dentro de
+tres cuartos de hora estamos aquí».
+
+Entró la fundadora en la casa y vio el altar, que estaba muy bien. Juan
+Antonio había claveteado las flores de trapo al borde de los lienzos de
+damasco, formando como un marco. Resultaba un conjunto bonito y muy
+simpático, y así lo declaró la señora, echándole sus gafas. Luego
+cubrieron la mesa con una colcha muy hermosa que la comandanta, mujer de
+gran habilidad, había hecho para rifarla. Era de cuadros de malla,
+combinados con otros cuadros de _peluche_ carmesí. Encima se puso un
+paño de altar traído de la parroquia, que tenía un hermoso encaje.
+Trajeron luego las ramas de pino, y para colocarlas fue preciso
+improvisar búcaros con barrilitos de aceitunas y de escabeche, que Juan
+Antonio cubrió y decoró con pedazos de papeles pintados. Era papelista,
+y en su arte, con paciencia y engrudo, hacía maravillas. Se colocaron
+los ramos de caracoles, cajitas de dulce y estampas; y por fin, los
+retratos de los dos sargentos hermanos de Juan Antonio, con su pantalón
+rojo, muy a lo vivo, y los botones amarillos, asomaban por entre las
+ramas de pino, como soldados que están en emboscada acechando al
+enemigo.
+
+Poco después apareció Estupiñá, de capa verde, trayendo bajo los
+pliegues de ella una cosa que abultaba mucho y que guardaba con respeto.
+Era el crucifijo de bronce de Guillermina, hermosa escultura de bastante
+peso, y que Plácido no quiso entregar a nadie sino a la misma dueña de
+él. Esta salió al pasillo, recibió de manos de Rossini la sagrada
+imagen, y quitándole el pañuelo de seda que la envolvía, entró con ella
+en la sala, pareciéndose mucho, en tal momento, a una verdadera santa
+escapada del Año Cristiano para recibir culto en el pintoresco altar,
+que simbolizaba la ingenua sencillez y firmeza de las creencias del
+pueblo. Puso el Cristo en su sitio, regocijándose mucho con la
+admiración que producía el bronce en los circunstantes, y después salió
+a dar órdenes a Estupiñá. «Vaya usted a la parroquia para que acompañe
+al Santísimo, y diga que traigan pronto las velas que se han de repartir
+aquí».
+
+En esto, ya habían entrado Fortunata y su tía, ambas de negro, muy
+decentes, y mientras la de Jáuregui metía su cucharada en el corro de
+Guillermina, la otra pasó a ver a Mauricia. Encontrola como aturdida,
+sin saber lo que le pasaba. A las preguntas que le hizo, respondía con
+la mayor concisión, porque el temor de decir alguna palabra fea
+enfrenaba sus labios. Estaba reducida a usar tan sólo la tercera parte
+de los vocablos que emplear solía, y aún no se le quitaban los
+escrúpulos, sospechando que tuviese en algún eco infernal las voces más
+comunes. Lo que Fortunata le oyó claramente fue esto: «¡Ay, qué gusto
+salvarse!»...
+
+Pero al punto frunció Mauricia el ceño. Le había entrado la sospecha de
+que la palabra _gusto_ fuese mala. Comunicó estos temores a su amiga,
+quien la tranquilizó sonriendo, y por fin le dijo que siendo su
+intención limpia, no importaba que se le saliese de la boca sin querer
+algún término sucio. Creyolo así la enferma; pero no las tenía todas
+consigo y estaba como bajo la presión de un gran temor. En un momento
+que cogió a Fortunata sola, le dijo temblorosa: «Arrepiéntete de todo,
+chica, pero de todo... Somos muy malas... tú no sabes bien lo malas que
+somos».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Se acercaba la hora, y en el patio sonaba el rumor de emoción
+teatral que acompaña a las grandes solemnidades. El pueblo ocupaba el
+sitio infalible que la curiosidad dispone. En el portal no se cabía, y
+todos los chicos del barrio se habían dado cita allí, cual si creyeran
+que sin ellos no podía tener lucimiento alguno la ceremonia. Guillermina
+recorría toda la _carrera_, desde la puerta del cuarto de Severiana
+hasta la de la calle, dando órdenes, inspeccionando el público y
+mandando que se pusieran en última fila las individualidades de uno y
+otro sexo que no tenían buen ver. Había venido de la parroquia un hombre
+asacristanado, y estaba repartiendo la carga de velas que trajo.
+
+En la parte del corredor que había de recorrer el Viático, mandó que se
+pusieran las niñas que lucían pañuelo de talle, y como no tuvieran
+velas, ordenó que se les diesen. Abocose a ella la comandanta, como un
+edecán de parada, para decirle que en la calle, frente al mismo portal,
+se había puesto un condenado pianito, tocando jotas, polkas, y _la
+canción de la Lola_; que esto era una irreverencia y no se podía
+consentir. A lo que replicó la santa que no debían ocuparse de lo que
+pasase fuera; pero observando al punto que el profano instrumento
+molestaba mucho y estorbaba la edificación del vecindario, por el
+apetito que algunos sentían de ponerse a bailar, bajó al portal y habló
+con el de Orden Público que allí estaba. Todos los individuos de este
+cuerpo que conocían a Guillermina, la obedecían como al mismo
+gobernador. Total, que el piano tuvo que salir pitando, y sus arpegios y
+trinos se oían después perdidos y revueltos, como si alguien estuviera
+barriendo sus notas por la calle de Toledo abajo.
+
+Llegó el momento hermoso y solemne. Oíase desde arriba el rumor popular;
+y luego, en el seno de aquel silencio que cayó súbitamente sobre la casa
+como una nube, la campanilla vibrante marcó el paso de la comitiva del
+Sacramento. El altar estaba hecho un ascua de oro con tantísima luz, que
+reflejaba en el talco de las flores. Había sido entornada la ventana, y
+todos de rodillas esperaban. El _tilín_ sonaba cada vez más cerca; se le
+sentía subir la escalera entre un traqueteo de pasos; después llegaba a
+la puerta; vibraba más fuerte en el pasillo entre el muge-muge de los
+latines que venía murmurando el acólito. Apareció por fin el Padre
+Nones, tan alto que parecía llegaba al techo, un poco encorvado, la
+cabeza blanca como el vellón del Cordero Pascual, llevando agasajado el
+porta-formas entre los pliegues de la capa blanca. Arrodillose ante el
+altar y allí estuvo rezando un ratito. Mauricia estaba en aquel instante
+blanca, diáfana, y sus ojos entornados y como sin vida miraban al
+sacerdote y lo que entre manos traía. Guillermina se le puso al lado y
+acercó su rostro al de ella. Cuando el sacerdote se aproximaba, la santa
+susurró al oído de la enferma, como secreto de ángeles, estas palabras:
+«Abre la boca». El cura dijo: «_Corpus Domini Nostri_, etc.» y todo
+quedó en silencio, y los párpados de Mauricia se abatieron, proyectando
+sobre las ojeras la sombra de sus largas pestañas.
+
+Poco después salió la comitiva, precedida de la campanilla, entre la
+calle formada por mujeres arrodilladas, con velas o sin ellas. Se sintió
+que bajaba, que salía y se alejaba por la calle. Cuando ya no se oía más
+el _tilín_, Guillermina, cesando de rezar, acercó su cara a la de
+Mauricia y empezó a darle besos. Todas las demás, lloriqueando, la
+felicitaban con ruidosos aspavientos, y por fin la misma santa hubo de
+mandar que cesaran aquellas manifestaciones de regocijo, porque la
+enferma se afectaba mucho, y podría resultarle algún retroceso
+peligroso. Mas por efecto de la excitación, Mauricia no sentía dolor ni
+molestia alguna; estaba como bajo la acción de fortísimo anestésico, de
+los que producen efectos infalibles aunque pasajeros. Desde la edad de
+doce años, en que la llevaron a comulgar por primera vez, no había
+vuelto a verse en otra como aquella, y con la impresión recibida
+retrogradaba su pensamiento a la infancia, llegando hasta adormecerse
+por breves momentos en la ilusión de que era niña inocente y pura, y de
+que, como entonces, ignoraba lo que son pecados gordos.
+
+También mandó Guillermina despejar la habitación y que se apagaran las
+luces. Entre la mucha gente que había entrado, veíanse dos mujeres muy
+bien vestidas a la chulesca, con mantón color café con leche, delantal
+azul, falda de tartán, pañuelos de color chillón a la cabeza, el peinado
+rematado en _quiquiriquí_ con peina de bolas, el calzado de la más
+perfecta hechura y ajuste. Parecían deseosas de hablar a Mauricia; pero
+no se atrevían a adelantarse hasta la cama. Guillermina, concluida la
+ceremonia, no les quitaba ojo, y por fin resolvió darles el quién vive.
+«Señoras mías--les dijo--, ¿qué bueno traen ustedes por aquí? Si han
+venido por devoción, me parece muy bien. Pero si vienen a curiosear,
+siento tener que decirles que tomen la puerta y que aquí no hacen falta
+para nada».
+
+Salieron las tales muy corridas, echando de sus bocas, por la escalera
+abajo, palabras absolutamente contrarias a los latines que pocos
+momentos antes se habían oído en el propio sitio. Todas las que
+presenciaron la _indirecta_ que les echó la señora, la celebraron mucho,
+diciéndole doña Lupe al pasar a la sala: «Vaya unas despachaderas que
+tiene usted, amiga mía. Eso se llama carácter».
+
+--Una de ellas--dijo Severiana--, es _Pepa la Lagarta_... mujer de
+historia, ¿sabe?... la que dicen mató a su marido con una aguja de coser
+serones... muy amigota de Mauricia, a quien debe quinientos reales... Y
+no se los puede sacar... ¿Pero creen ustedes que no tiene dinero? Ya
+quisiera yo... Gasta como una marquesa, y el mes pasado costeó, en San
+Cayetano, una novena a la Virgen de las Angustias, que era lo que había
+que ver...
+
+--¿Novena?--Sí, porque sanara el _Clavelero_, un chulito que tiene muy
+guapín, el cual recibió un achuchón en la plaza de Leganés... como que
+le entró el pitón por salva la parte... Pues el _Clavelero_ sanó. ¿Y
+eso...? Vea usted, señora, ¡qué cosas hace la Virgen!
+
+--Ella se sabrá lo que le conviene, tonta.
+
+Poco después se retiró Guillermina. La casa volvió a tomar su aspecto
+ordinario. La comandanta y doña Lupe estaban en la sala hablando de la
+rifa de la maravillosa colcha que decoraba el altar. Fortunata y
+Severiana acompañaban a Mauricia, que se aletargaba lentamente, pues no
+había dormido nada la noche anterior. Doña Fuensanta, deseosa de mostrar
+a la señora de Jáuregui sus habilidades, la invitó a pasar a la casa
+inmediata. Hay que decir de paso que doña Lupe estaba algo
+desilusionada, pues había creído que Guillermina iba siempre a sus
+visitas benéficas con un regimiento de señoras. «¿Pero dónde están esas
+_damas distinguidas_ de que hablan los periódicos? Por lo que voy
+viendo, aquí no viene más _dama_ que yo».
+
+Viendo Fortunata que Mauricia se dormía profundamente, salió a la sala.
+No había nadie. Acercose a la ventana, mirando a la calle por entre los
+cristales, y allí estuvo un largo rato con la atención vagabunda y el
+pensamiento adormilado, cuando un rumor en el pasillo la sacó de su
+abstracción. Al volverse, se quedó atónita, viendo a Jacinta que,
+detenida en la puerta, alargaba la cabeza para ver quién estaba allí.
+Traía de la mano una niña, vestida a la moda, pero con sencillez y sin
+pizca de afectación de elegancia. Avanzó hacia Fortunata; interrogándola
+con aquella sonrisa angelical que vista una vez no se podía olvidar.
+Sentía la de Rubín una gran turbación, mezcla increíble de cortedad de
+genio y de temor ante la superioridad, y se puso muy colorada, después
+como la cera. Debió Jacinta preguntarle algo; sin duda la otra no acertó
+a responderle. La señora de Santa Cruz se acercó a la puerta que
+comunicaba con la otra sala. Entonces Fortunata, que se hallaba detrás,
+dijo: «Se ha quedado dormida».
+
+Volviéndose hacia ella, otra vez le echó Jacinta aquella mirada y
+aquella sonrisa que la asesinaban. «En ese caso, esperaremos un poco»,
+indicó en voz casi imperceptible, sentándose en una de las sillas de
+paja. Fortunata no sabía qué hacer. No tuvo valor para marcharse, y se
+sentó en el sofá. Casi en el mismo instante la Delfina sintiose vacilar
+en su asiento, porque la silla estaba inválida, y se pasó al sofá.
+Halláronse las dos juntas, tocando falda con falda. Fortunata, por no
+mirar a su rival, miraba a la niña, a quien aquella tenía en pie delante
+de sí, cogiéndola de las manos. Observó la de Rubín el trajecito azul de
+Adoración, sus botas, todo su decente atavío, y en aquella inspección
+fisgona que hizo, sus miradas y las de Jacinta se encontraron alguna
+vez. «¡Oh, si tú supieras al lado de quién estás!» pensaba Fortunata, y
+aquí su temor se desvanecía un tanto, para dejar revivir la ira. «Si yo
+te dijera ahora quién soy, padecerías quizás más de lo que yo padezco».
+Adoración quería decir algo; pero Jacinta le tapaba la boca, y mirando a
+la de Rubín se sonreía con esa ingenuidad que indica ganas de trabar
+conversación. Comprendiolo la otra, diciendo para sí: «No, pues yo no he
+de buscarte la lengua». La niña, aquel dato vivo de la bondad de la
+Delfina, no podía menos de determinar en Fortunata un pensamiento
+distinto de los anteriores. Pero sus renovados odios trataban de
+envenenar la admiración: «¡Oh!, sí, señora--pensaba--. Ya sabemos que
+tiene usted un sin fin de perfecciones. ¿A qué cacarearlo tanto...? Poco
+falta para que lo canten los ciegos. Si estuviéramos como usted, entre
+personas decentes, y bien casaditas con el hombre que nos gusta, y
+teniendo todas las necesidades satisfechas, seríamos lo mismo. Sí,
+señora; yo sería lo que es usted si estuviera donde usted está... Vaya,
+que el mérito no es tan del otro jueves, ni hay motivo para tanto bombo
+y platillo. Y si no, venga usted a mi puesto, al puesto que tuve desde
+que me engañó _aquel_, y entonces veríamos las perfecciones que nos
+sacaba la mona esta».
+
+Y las miradas de la de Santa Cruz volvieron a flecharla. Eran un
+comentario que con los ojos ponía a la tontería o pueril gracia que
+Adoración acababa de decirle. Sin saber cómo, aquel nuevo flechazo trajo
+a la mente de Fortunata un pensamiento que en cierto modo se eslabonaba
+con la presencia de la niña. Acordose de que Jacinta había querido
+recoger a otro niño, creyéndolo hijo de su marido... «¡Y mío...!
+¡creyéndolo el mío!». Desde la altura de esta idea, se despeñó en un
+verdadero abismo de confusiones y contradicciones... ¿Habría hecho ella
+lo mismo? «Vamos, que no... que sí... que no, y otra vez que sí...». ¡Y
+si el _Pituso_ no hubiera sido una falsificación de Izquierdo; si en
+aquel instante, en vez de mirar allí a la niña de Mauricia, viera a su
+pobre Juanín...! Le entraron tan fuertes ganas de echarse a llorar, que
+para contenerse evocó su coraje, tocando el registro de los agravios,
+segura de que le sacarían del laberinto en que estaba. «Porque tú me
+quitaste lo que era mío... y si Dios hiciera justicia, ahora mismo te
+pondrías donde yo estoy, y yo donde tú estás, grandísima ladrona...». No
+siguió, porque Jacinta, no pudiendo resistir más las ganas de entablar
+conversación, la miró otra vez y le hizo esta preguntita: «¿Qué tal
+estuvo la Comunión? Y Mauricia, ¿qué tal?...». He aquí a la prójima otra
+vez turbada y sin saber lo que le pasaba. «Muy bien... pero muy bien...
+Mauricia contenta...».
+
+Agradeció mucho Fortunata que en aquel momento se abriese suavemente la
+puerta de la alcoba y apareciera la cabeza de Severiana. Hacia ella fue
+corriendo Adoración. «Chitito--le dijo su tía, entrando pasito a paso--.
+No hagas ruido, que tu mamá está dormida. Tiempo hace que no ha cogido
+un sueño tan largo. ¡Ay, señorita, lo que se perdió usted! Ha estado
+todo tan bien, que daba gusto».
+
+Mientras la Delfina y Severiana hablaban, Fortunata, que continuaba
+sentada, examinó con curiosidad a la esposa de _aquel_, fijándose
+detenidamente en el traje, en el abrigo, en el sombrero... No le parecía
+propio venir de sombrero; pero por lo demás, no había nada que criticar.
+El abrigo era perfecto. La de Rubín hizo propósito de encargarse el suyo
+exactamente igual. Y la falda, ¡qué elegante! ¿Dónde se encontraría
+aquella tela? Seguramente era de París.
+
+Oyose la voz ronca de Mauricia. Su hermana entró corriendo, y Jacinta
+miraba por el hueco de la puerta entornada. Cuando Severiana volvió a la
+sala, la señorita dijo: «Yo no entro. Pase usted con la pequeña. Yo me
+quedo aquí». A pesar de lo trastornadas que estaban sus facultades,
+Fortunata supo apreciar el verdadero sentido de aquella resistencia de
+Jacinta a presentarse con la niña. Era un sentimiento de modestia y
+delicadeza. Quería sustraerse a las manifestaciones de gratitud de la
+pobre enferma, y evitarle a esta el sonrojo de su desairada situación
+como madre.
+
+«¿Será por eso por lo que no quiere entrar?--se preguntó mirándola de
+espaldas--. ¡Qué remilgos estos! Cuando digo que me cargan a mí estas
+perfecciones... ¡Qué monas nos hizo Dios! Pues lo que es yo, sí entro».
+
+Severiana se acercó a la cama, llevando de la mano a la chiquilla.
+«Mira, mira lo que te traigo... ¿Cuál visita te gusta más? ¿Esta o la
+que estuvo antes?».
+
+Mauricia le echó los brazos a su hija y le dio muchos besos. Un poco
+asustada, la nena besó también a su madre, sin efusión de cariño, y como
+besan a cualquier persona los chicos obedientes, cuando se lo manda la
+maestra. «¡Ay, qué mala he sido!--exclamó la enferma, también sin
+efusión, como quien cumple un trámite...--. Niña de mi alma, bien haces
+en querer a la señorita más que a mí, porque yo he sido más mala que
+arrancada, ¡re...!». Atravesósele el vocablo, y ella hizo como que
+escupía algo. Luego revolvió a todos lados sus miradas anhelantes,
+diciendo: «Severiana, o tú, o cualquiera, ¡si quisierais darme!...».
+
+Doña Lupe y la comandanta habían entrado también. «¿Qué tal, Mauricia?
+Hoy es para ti día feliz. Recibes a Dios, y ves a tu nena. ¡Oh, qué maja
+está!».
+
+Pero la Dura tenía todo su ser embargado por la ardentísima ansiedad
+física que experimentaba, y sus ojos de águila se fijaron en Severiana
+que escanciaba en un vaso algo del contenido de una botella. El licor
+brillaba con reflejos de topacio engastado en oro. «¡Cómo lo miras,
+bribona!--pensó la escéptica y observadora doña Lupe--. Esa es la
+Eucaristía que a ti te gusta, el Pajarete...». Y viéndoselo tomar, decía
+la muy picarona: «Eso, saboréate bien, y relámete. No lo hacías así
+cuando recibías a Dios...».
+
+Después del _trinquis_, Mauricia pareció como si resucitara, y su cara
+resplandecía de animación y contento. Entonces sí demostró que en el
+fondo de su ser existían instintos y sentimientos maternales; entonces
+sí que abrazó y besó con efusión tiernísima a la hija que había llevado
+en sus entrañas... Y tanto se excitó, que temiendo le diera un síncope,
+quitáronle de los brazos a la nena. «Sí, que te lleven, que te quiten de
+mi lado... No merezco tenerte... Me tienes miedo, rica... Como que
+cuando seas mañosa, no te dirán 'que viene el coco', sino 'que viene tu
+madre'. ¡Ay, qué pena!... Pero estoy conforme. Dicen que tengo que
+salvar... ¡Ay, qué gusto! Y mi hija está mejor en la tierra con la
+señorita que conmigo en el Cielo... Y nada más».
+
+Adoración rompió a llorar entre afligida y espantada. Total, que
+tuvieron que llevársela, porque aquel espectáculo no podía prolongarse.
+Mauricia seguía dando besos al aire y diciendo cosas que enternecían a
+las demás... «Sí, sí--pensó doña Lupe, que también estaba conmovida--.
+¡Cuánto quieres a tu hija!... ¡Te la beberías!».
+
+Fortunata no aguardó al fin de la escena. Sentía en su interior un
+trastorno tan grande, que una de dos, o rompía en llanto o reventaba.
+Refugiose en el cuarto interior, y echándose sobre un baúl, se echó a
+llorar. Los sentimientos que desataban aquel raudal de lágrimas no eran
+únicamente los producidos por la situación del momento; eran algo
+antiguo y profundo, sedimentado en su alma, su tradicional desgracia, el
+despecho combinado con un vago deseo de ser buena, «sin poderlo
+conseguir... Cuidado que esto es de lo que se dice y no se cree».
+
+Muchas lágrimas había derramado cuando sintió el ruido del coche de
+Jacinta que partía, y entonces salió a la sala. Doña Lupe se despedía de
+la comandanta, ofreciéndole tomar diez papeletas de la rifa de la
+colcha, y hacía una seña a su sobrina indicándole que era hora de
+retirarse. Dieron un vistazo y un apretón de manos a la enferma, y
+salieron. Cuando iban por la calle, doña Lupe, que comprendió cuánto
+había impresionado a su sobrina el encuentro con la señora de Santa
+Cruz, intentó dos o tres veces aludir a esto; pero la prudencia y un
+sentimiento de delicadeza retuvieron su charlatana lengua.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+En el portal de su casa se separaron; doña Lupe subió y Fortunata
+fue a la botica, donde Maxi estaba solo, haciendo un emplasto. Contole
+su mujer lo que había visto aquel día, recordando con feliz memoria
+todos los pormenores. La visita de Jacinta fue omitida discretamente. Al
+farmacéutico le agradaba que su cara mitad anduviera en aquellos trotes
+de beneficencia, viese buenos ejemplos y se familiarizara con aquellos
+cuadros hondamente humanos de la miseria y de la muerte, pues sin duda
+serían más provechosos a su espíritu que los saraos, bullangas y
+diversiones.
+
+A la hora de comer se hablaba de lo mismo, y ponderaba doña Lupe la
+solemnidad conmovedora del acto de aquel día. Discutiose si debían
+volver por la noche a la calle de Mira el Río o irse a Variedades a ver
+una pieza; mas como Fortunata mostrase gran repugnancia a las funciones
+teatrales, prevaleció lo primero, y Maxi, muy complacido de aquella
+aplicación a las obras de piedad, prometió que las acompañaría y que
+iría a recogerlas a las once. «Y como no haya esta noche quien se quede
+a velar, me quedaré yo» dijo la viuda, a quien no se le cocía el pan
+hasta no dar a Guillermina prueba palmaria de humildad y abnegación.
+Opusiéronse a esto el sobrino y su mujer, diciendo el primero que bueno
+era lo bueno, pero no lo demasiado. La de Jáuregui decía con deliciosa
+modestia: «¡Si yo no lo hago por buscar un elogio; si no hay en esto el
+menor asomo de mérito...! Yo resisto perfectamente una noche toledana, y
+hasta dos y tres. De modo que...».
+
+Las nueve sería, cuando los tres entraban por el portal de la casa de
+corredor, y no fue poco su asombro al ver en el patio resplandor de
+hoguera y multitud de antorchas, cuyas movibles y rojizas llamas daban a
+la escena temeroso y fantástico aspecto. ¿Qué era aquello? Que los
+granujas de la vecindad habían pegado fuego a un montón de paja que en
+mitad del patio había, y después robaron al maestro Curtis todas las
+eneas que pudieron, y encendiéndolas por un cabo empezaron a _jugar al
+Viático_, el cual juego consistía en formarse de dos en dos, llevando
+los juncos a guisa de velas, y en marchar lentamente _echando latines_
+al son de la campanilla que uno de ellos imitaba y de la marcha real de
+cornetas que tocaban todos. La diversión consistía en romper filas
+inesperadamente, y saltar por encima de la hoguera. El que llevaba el
+copón, bien abrigadito con un refajo atado al cuello, daba las zapatetas
+más atrevidas que se podrían imaginar, y hasta vueltas de carnero,
+poniendo todo su arte en recobrar la actitud reverente en el momento
+mismo de tomar la vertical. En fin, que semejante escena daba una idea
+de aquella parte del Infierno donde deben tener sus esparcimientos los
+chiquillos del Demonio. Maximiliano y su mujer se detuvieron un rato a
+ver aquello; pero doña Lupe dirigió a la infantil tropa miradas y
+expresiones de desdén, diciendo que la culpa la tenían los padres que
+tal sacrilegio consentían.
+
+Subieron, y cuando Fortunata pasó a la alcoba de Mauricia, que estaba
+sola, retirose Maxi, diciendo que volvería a las once. Estaba aquella
+noche la enferma sumamente inquieta, y lo poco que hablaba no era un
+modelo de claridad. El temor de pronunciar palabras malas parecía
+haberse desvanecido en ella, porque escupió de sus labios algunas que
+ardían. La memoria no debía de estar muy firme, porque cuando su amiga
+le dijo: «Sosiégate y acuérdate de lo de esta mañana» replicó: «¡Lo de
+esta mañana...!, ¿qué ha sido...?». Y mirando con extraviados ojos al
+techo, parecía entregarse al doloroso trabajo de recordar, cazando las
+ideas como si fueran moscas. Más presente que la administración del
+Sacramento tenía el _paso_ con su hija; ¡ay, qué paso!... «¿No vistes a
+_la_ Jacinta?--preguntó a Fortunata, volviéndose de un costado y
+poniéndole la mano en el hombro...--. ¿Habló contigo?... Tú eres una
+sosona y no tienes genio... Si a mí me llega a pasar lo que te ha pasado
+a ti con esa pastelera; si el hombre mío me lo quita una mona golosa, y
+se me pone delante, ¡ay!, por algo me llaman Mauricia la Dura. Si me la
+veo delante, digo, y me viene con palabras superfirolíticas... la trinco
+por el moño y así, así, le doy cuatro vueltas hasta que la acogoto...».
+Uniendo la acción a la palabra, Mauricia hacía contorsiones violentas,
+se destapaba, rechinaba los dientes... no pudiendo sujetarla Fortunata,
+llamó a Severiana: «¡Ay, venga usted! Está diciendo mil disparates...
+por Dios, vea usted de reducirla... Dele algo para que se calme,
+aguardiente...».
+
+«A mí no me puede nadie--gritó la infeliz con frenesí, los ojos
+desencajados, forcejeando contra los cuatro brazos que la querían
+sujetar--. Soy Mauricia la Dura, la que le abrió una ventana en el casco
+a aquella ladrona que me robaba los pañuelos, la que le arrancó el moño
+a la Pepa, la que le arañó la cara a doña Malvina la _protestanta_...
+Suéltame tiorra pastelera, o de una mordida te arranco media cara.
+¡Persona decente tú!... tú, que dejas un soldado pa tomar otro... tú que
+tienes ya el corazón como la puerta de Alcalá, de tanta gente como ha
+entrado por él... Ja, ja, ja... Loba, más que loba, so asquerosa, judía,
+con más babas que un perro tiñoso... cara de escupidera, zurrón, celemín
+de peinetas... verás qué recorrido te doy... así, así, y te arranco la
+nariz, y te escupo los ojos, y te saco todo el mondongo...». Por fin no
+eran voces humanas las que de sus labios llenos de espuma salían, sino
+rugidos de fiera sujeta y acorralada. No pudiendo librar sus brazos de
+los vigorosos que la contenían, sus dedos se agarraron con rabia
+epiléptica a lo que encontraban, y querían deshacer y rasgar la sábana y
+la colcha. El fatigoso mugido iba calmándose poco a poco, las
+contorsiones eran menos violentas, y por fin, cayó en un colapso
+profundísimo. La sedación era instantánea, y a la misma muerte se
+parecía.
+
+La señora de Rubín estaba aterrada. Severiana le dijo: «ya ha tenido
+esta noche tres achuchones de estos, y anteanoche tuvo seis. Si viniera
+el médico la aplacaría dándole esos pinchacitos que llaman _yeciones_...
+¿sabe?, una gotita de morfina». Sin duda por esta frecuencia de los
+accesos veíalos Severiana con relativa calma, como los que se
+acostumbran a los prodigios del dolor humano en las clínicas. A poco de
+tranquilizarse Mauricia, la otra se dedicó a preparar la lámpara que
+debía arder toda la noche, un vaso con agua, aceite y una mariposa
+encima.
+
+Media hora estuvo la tarasca como dormida, pronunciando en sueños
+retazos de palabras y fragmentos de cláusulas groseras, como retumban en
+lontananza los dejos de la tempestad que ha pasado. Despertó luego, y
+con voz sosegada dijo a su amiga: «¿Estás aquí?... ¡qué gusto me da
+verte! De todas las personas que veo aquí, la que me gusta más eres tú.
+Te quiero más que a mi hermana. Lo primerito que he de pedirle al Señor
+cuando me meta en el Cielo, es que te haga feliz, dándote lo que es muy
+re-tuyo, lo que te han quitado... Su Divina Majestad puede arreglarlo,
+si quiere...».
+
+A Fortunata no se le ocurría nada que responder a estos disparates.
+
+«Porque tú has padecido... ¡pobrecita! Buenas perradas te han jugado en
+esta vida. La pobre siempre debajo, y las ricas pateándole la cara. Pero
+déjate estar, que el Señor te arreglará, haciendo justicia y dándote lo
+que te quitaron. Lo sé, lo he soñado ahora, cuando me dormí pensando que
+me moría y que entraba en el Cielo escoltada por la mar de angelitos...
+¡tan monos...! Créetelo, porque yo te lo digo... Y yo, _mismamente_ le
+he de decir a la Virgen y al Verbo y Gracia que te hagan feliz y se
+acuerden de las amarguras que has pasado».
+
+Callose un instante, y después de los dos o tres suspiros que Fortunata
+echó de su seno, volvió a hablar la enferma de este modo: «¿Has visto a
+Jacinta?... porque ella fue quien trajo a mi niña. Es un serafín esa
+mujer... Ahora cuando me pensé que estaba en el Cielo, la vi encima de
+una nube con un velo blanco... Estaba allí, _entremedio_ de aquellos
+grandes corros de ángeles. ¿Será que se va a morir? Lo sentiré por mi
+niña. Pero Dios sabe más que nosotras, ¿verdad?, y lo que él hace, bien
+sabido se lo tiene... Pero dime, ¿te habló ella? ¿Le soltaste alguna
+patochada? Harías mal. Porque ella no tiene la culpa. Perdónala, chica,
+perdónala; que lo primerito para salvarse es perdonar a una parte y
+otra. Mírame a mí, que no hago más que lo que me manda el Padre Nones, y
+he perdonado a la Pepa, a la Matilde, que me quiso envenenar, y a doña
+Malvina la _protestanta_ y a todo el género mundano... ¡re...! Párate
+boca que ya ibas a soltarlo... Pues sí, perdonar; créetelo porque yo te
+lo digo. ¿Ves qué tranquila estoy? Pues a cuenta que lo mismo estarás
+tú, y Dios te dará lo tuyo; eso no tiene duda... porque es de ley. Y por
+la santidad que tengo entre mí, te digo que si el marido de la señorita
+se quiere volver contigo y le recibes, no pecas, no pecas...».
+
+Fortunata creyó prudente mandarla callar, pues aquel concepto se
+armonizaba mal con la santidad de que hacía gala su amiga.
+
+--Me parece--le dijo--, que si el Padre Nones te oye eso, te ha de
+reprender... porque ya ves... quien manda manda, y está dispuesto que no
+sean las cosas así.
+
+--¡Qué risa contigo! ¿Pues tú qué sabes? Yo estoy arrepentida de todo lo
+malo que he hecho; yo he perdonado a todo Cristo. ¿Qué más quieren? Esto
+que te cuento es, como quien dice, una idea. ¿No puede una tener una
+idea?... Cuando me muera, veremos, créetelo... el Santísimo me dirá que
+tengo razón...
+
+Callose fatigada, y Fortunata le impuso silencio. De repente determinose
+una brusca sacudida en su espíritu, y tomándole la mano a su querida
+amiga y apretándosela mucho, le dijo con expresión de terror:
+
+«¿Qué te parece a ti, me salvaré yo?».
+
+--¿Pues qué duda tiene?--replicó la otra tranquilizándola--Dicen que
+aunque los pecados de una sean tantos como las arenas de la mar...
+figúrate tú la cantidad de arenas que habrá en todita la mar...
+
+--¡Oh!... ¡si habrá arenas en todita la mar y sus arenales!--repitió
+Mauricia con voz patética.
+
+--Pues aunque los pecados de una sean más que las arenas, Dios los
+perdona cuando una se arrepiente de verdad.
+
+--¿Y crees tú que una idea, pongo por caso, es también pecado?
+
+--Según y conforme. Pero tú no tienes malas ideas. Estate tranquila.
+
+--Dios te oiga... Se me arranca el alma de verte penando... con un
+hombre que no quieres... ¡qué traspaso! Chavala querida, muérete, y
+vente conmigo. Verás qué bien vamos a estar las dos allá. ¡Porque te
+quiero tanto...! Dame un abrazo, hija, y muérete conmigo.
+
+--No lo digas mucho--balbució Fortunata conmovidísima, acariciando a su
+amiga--. Bien podría ser que me muriera pronto. Para lo que yo hago en
+este mundo... no sé... valdría más... ¡Ay, qué desgraciada soy!
+
+--¡Re...! ¡Bendita sea tu alma! Lo primerito que le pido al Señor, lo
+juro por estas cruces, es que te mueras.
+
+Las dos se echaron a llorar. En tanto doña Lupe sostenía una gallarda
+disputa con Severiana. «Ya lo he dicho y no hay más que hablar. Yo me
+quedo esta noche para que usted descanse un poco».--«Señora, no lo
+consiento. Hay vecinas que se quieren quedar».--«¡Vecinas!... Aviada
+está la enferma con las vecinas. ¡Son tan torpes y tan descuidadas...!
+Verá usted cómo trabucan las medicinas y le encajan una por
+otra».--«¡Oh!, no señora, no consiento que usted se moleste».--«Repito
+que me quedo, ¡vaya! Si no hay en ello mérito alguno, ni sacrificio. No
+me cuesta ningún trabajo estar en vela toda la noche. Y además, hija,
+hay que hacer algo por el prójimo. Velaremos, pues, y no me hable usted
+de gratitud que es ridículo hacer tanto aspaviento por lo que no vale
+tres cominos».
+
+La viuda de Jáuregui no hacía gran sacrificio, y su determinación estaba
+calculada con habilidad, pues como una de las vecinas le dijera que
+Guillermina pensaba echar un guante al día siguiente para atender a las
+apremiantes necesidades de algunos inquilinos de la casa, doña Lupe
+pensó de esta suerte: «Con quedarme a velar, cumplo; y eso del guante no
+va conmigo, porque en todo el día de mañana no aparezco por aquí, ni a
+media legua a la redonda».
+
+Severiana explicó minuciosamente a la señora cuanto había que hacer,
+advirtiéndole que la llamase si ocurría algo extraordinario. Otra vecina
+se quedaba también, en calidad de ayudante. A las doce, Fortunata se
+retiró a su casa con su marido, que fue a buscarla. Cogiditos del brazo
+recorrieron el trayecto más tortuoso que largo que les separaba de su
+domicilio, hablando de alcoholismo y de beneficencia domiciliaria, y
+poniendo muy en duda que doña Lupe resistiese toda la noche sin
+dormirse, pues era persona que en dando las diez ya estaba haciendo
+cortesías aunque se encontrase en visita.
+
+A la mañana siguiente, determinó la esposa ir a enterarse de la noche
+toledana que habría pasado doña Lupe, y Maximiliano no se opuso a ello.
+Cumplidas las sabias órdenes que había dado la directora de la casa,
+Fortunata salió con Papitos, y después de encaminarla a la compra,
+indicándole algunas cosas que debía tomar, separose de ella en la
+plazuela de Lavapiés para dirigirse a la calle Mira el Río. Encontró a
+su tía en el cuarto de la comandanta en un estado verdaderamente
+aflictivo, ojerosa, con la cabeza pesada y un humor poco dispuesto a las
+bromas.
+
+«¡Bien por las valentías!...--le dijo Fortunata--. ¿Y qué tal se ha
+portado la enferma?».
+
+--No me hables, hija; noche más perra no la he pasado en mi vida. No me
+ha dejado ni siquiera descabezar un sueño de diez minutos. La maldita
+parecía que lo hacía a propósito y por vengarse de lo muy derecha que la
+he obligado a andar cuando me corría mantones... Figúrate; en un puro
+delirio hasta que Dios amaneció. Juraría que todo el aguardiente que ha
+bebido en su vida se le subió a la cabeza esta noche. Ya se levantaba,
+ya se revolvía, echaba las piernazas fuera de la cama, y los brazos como
+aspas de molino... ¡Luego unas voces y unos berridos...! Ya sabes el
+diccionario que gasta... Y a lo mejor se quedaba como un gato que
+acecha, los ojos como ascuas, y hablando bajito, bajito, y señalando
+para la mesa en que está el altar y la lamparilla, decía: «Mírenlo,
+mírenlo; allí está». ¡A mí me daba un miedo...! Prefería oírla gritar...
+Créete que me horripilaba cuando le veía señalar a la luz y al altarito.
+
+Doña Lupe empezó a tomar el chocolate que le trajo doña Fuensanta, y a
+renglón seguido continuó la relación, imitando la voz y la actitud de la
+delirante.
+
+«Y se ponía así: 'Allí está, mírenlo... el _señor_ de Sor Natividad...
+La bribona lo tiene preso... Bribona, más que loba...'. ¿Sabes tú quién
+es el _señor_... con retintín, de Sor Natividad? Pues la custodia, hija,
+el Santísimo... Y seguía: 'Ahora voy allá, te cojo, te saco y te echo al
+pozo...'. ¡Al pozo!, ¿has visto?, ¡arrojar la custodia al pozo! Mira tú
+si tendrá malas ideas... Luego dice que se salva. ¡Como no se salve
+esa...! Me ha dicho Severiana que cuando delira fuerte, siempre se sale
+con eso, con que va a sacar del Sagrario la custodia y a guardarla en su
+baúl, o qué sé yo qué. Verás: soltaba una risa que a mí me ponía los
+pelos de punta, y decía muy callandito: «¡Qué guapo estás con tu cara
+blanca, con tu cara de hostia dentro del cerco de piedras finas!... ¡Oh,
+qué reguapo estás! No creas que te robo las piedras... Para nada las
+quiero... Me gustas... ¡te comería! No me digas que no te coja, porque
+te cojo, aunque me muera y me eches al infierno... Sor Natividad te
+falta; para que lo sepas; te falta con el Padre Pintado...'. En fin,
+hija, que era un horror. Suprimo las flores que iba entreverando, porque
+me ardería la boca».
+
+Doña Lupe hizo esfuerzos por atraer hacia su paladar, con la lengua y
+con los rechupidos de sus labios, lo que en el fondo del pocillo
+quedaba, y conseguido esto al fin, acabó así: «Con estos disparates
+sacrílegos estuve toda la noche en vilo, horrorizada, el estómago
+revuelto, y deseando que el día llegara».
+
+--Me lo figuraba--dijo Fortunata, y después le dio cuenta de lo que
+había dispuesto y de lo que le indicó a Papitos que comprase.
+
+«¡Ay! Me parece que he estado un año fuera de mi casa. Me ocurría que no
+sabríais desenvolveros y que la mona se declararía en cantón, haciendo
+lo que le daba la gana. Ahora a casa, que es madre. Ya hemos cumplido.
+Claro que esto no es ninguna santidad extraordinaria, ni un caso de
+heroísmo; pero algo es algo...».
+
+Vieron entonces que Guillermina pasaba en dirección al cuarto de
+Severiana, y doña Lupe corrió a recibir de su boca augusta los plácemes
+que merecía. «¡Oh, qué buena es usted!--le dijo la santa, estrechándole
+las manos--. ¡Quedarse aquí cuidando a esta pobre...! No, no diga usted
+que esto no vale nada. Vaya si vale. ¡Dejar las comodidades de su casa
+para velar a la cabecera de una infeliz...! Pues lo que yo sé es que no
+lo hacen todas... Dios se lo pagará. Más de agradecer es esto que los
+donativos que hacen otras... quedándose muy abrigaditas en sus camas...
+porque esta es la verdadera caridad que sale del corazón... En fin, veo
+que su modestia se ofende, amiga mía, y no quiero sacarle a usted los
+colores a la cara. Gracias, gracias».
+
+Doña Lupe estaba muy satisfecha; pero sospechando que la fundadora iba a
+sacar el temido guante, se despidió con prisa. «Amiga de mi alma, la
+obligación me llama a mi choza...».
+
+--Sí, sí--le dijo Guillermina--. La obligación antes que nada. Hasta
+luego.
+
+Y llevando aparte a Fortunata en el corredor, su tía le dijo: «Tú te
+quedarás aquí un ratito; si hay petitorio, no quedaremos nosotras en mal
+lugar. Le dices que apunte un duro por ti y otro por mí. Es bastante.
+Bien debe saber que no somos potentadas. No me gustan guantes; pero sé
+cumplir en todas las circunstancias y no hacer un mal papel. Un duro por
+ti y otro por mí; no lo olvides. No digas si podemos o no podemos más.
+Tú lo sueltas seco, sin achicarte ni engrandecerte; que ella, aunque se
+le dé un ochavo, siempre da las gracias con la misma boquita de
+merengue. Vaya... Mentira me parece que he de verme en mis cuatro
+paredes...».
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Cuando Fortunata, después de un ratito de palique con la
+comandanta, penetró en la otra casa, vio cosas que la pasmaron.
+Guillermina, dejando su mantilla y su libro de misa sobre el sofá,
+desempeñaba junto a Mauricia las obligaciones más penosas del arte de
+cuidar enfermos, acometiendo con actividad maquinal las faenas más
+repugnantes, como persona que tiene la obligación y la costumbre de
+hacerlo. Severiana se esforzaba en impedirlo; pero Guillermina no cedía.
+«Déjame tú... si a mí esto no me cuesta ningún trabajo... Vete a ver lo
+que quiere Juan Antonio, que está dando voces hace un rato». La pobre
+menestrala deseaba tener tres o cuatro cuerpos para atender todo.
+«Hombre, ten consideración. ¿Cómo quieres que deje a la señora en...?».
+Al ver la de Rubín este tráfago y la poca gente que había para tan
+diversos quehaceres, brindose gustosa a ayudar. Lo que hacía Guillermina
+era para asustar a cualquiera. Fortunata no se creía con valor para
+tanto. Y sin embargo, al ver a la insigne dama aristocrática humillarse
+de aquel modo, avergonzose de no tener valor para imitarla, y sacando
+fuerzas de flaqueza, ofreció su ayuda. Como hija del pueblo, no quería
+ser menos que la _señora de la grandeza_ en aquellos bajísimos
+menesteres... «Quite usted allá, por Díos, hija...--replicó la santa--.
+No faltaba más; no lo consiento... de ninguna manera. ¿Es que quiere
+usted ayudarnos? Pues si tan buen deseo tiene, barra la sala, que va a
+venir el médico».
+
+Apenas hubo cogido Fortunata la escoba, entró Severiana, y que quieras
+que no, se la quitó de las manos. «No faltaba más... señorita. Se va
+usted a poner perdida...».
+
+--Por Dios, déjeme usted que la ayude. ¿Quiere que le haga el almuerzo a
+su marido?
+
+--¡Qué cosas tiene...!
+
+--¡Ay qué gracia!... ¿Cree usted que no sé?... La tortillita en la
+fiambrera, y el pan abierto con la sardina dentro. Si he hecho yo en mi
+vida más almuerzos de obreros que pelos tengo en la cabeza...
+
+--Hemos encendido la lumbre en la casa de la vecina. Allá está doña
+Fuensanta; pero va a salir a la compra, y si usted hiciera el favor...
+
+Fortunata no necesitó más, y fue a la otra casa, donde encontró a la
+comandanta muy afanada, porque no era un almuerzo, sino tres los que
+tenía que preparar, el de Juan Antonio y el de dos obreros más, cuyas
+respectivas mujeres se habían ido ya para la fábrica, dejándole aquel
+encargo. «Váyase usted a la compra--le dijo--, que de las tortillas se
+encarga una servidora...». Mucho agradeció esto doña Fuensanta, y
+poniéndose su toquilla encarnada, quedándose con la bata de tartán y las
+gruesas zapatillas de orillo, cogió el cesto y el portamonedas y fue a
+pedir órdenes a Severiana, que estaba en la sala, dentro de una nube de
+polvo. «Tráigame usted un codillo como el del otro día, para ponerlo en
+sal... un cuarterón de agujas cortas... Tocino hay en casa... ¡Ah!, no
+olvide las zanahorias, ni el cuarto de gallina... Si trae para usted
+sesada de carnero, cómpreme otra a mí...
+
+Oiga, oiga; si ve una buena lengua, tráigamela descargada, y la
+salaremos para las dos...».
+
+Salió la viuda del comandante renqueando por aquellas escaleras abajo, y
+a poco partieron Juan Antonio y los otros dos obreros con sus saquitos
+de comida en la mano. La señora de Rubín había desempeñado su cometido
+con tanta presteza como acierto, y mientras se lavaba las manos, dejose
+llevar por su vagabundo pensamiento a un orden de ideas que no era nuevo
+en ella. «¡Si es lo que a mí me gusta, ser obrera, mujer de un
+trabajador honradote que me quiera...! No le des vueltas, chica; pueblo
+naciste y pueblo serás toda tu vida. La cabra tira al monte, y se te
+despega el señorío, créetelo, se te despega...».
+
+Cuando pasó a decir a Severiana que estaba servida, esta había concluido
+de limpiar la sala. Como había tan mal olor allí, trajeron una paletada
+de carbones encendidos, y echando un puñado de espliego, la pasearon por
+toda la casa, desde el pasillo hasta la cocina. Después del sahumerio,
+Fortunata entró a ver a Mauricia, a quien encontró muy mal, en un estado
+de decaimiento y postración muy visibles. El médico, que llegó entonces,
+la examinó detenidamente, observando hinchazón en las piernas y en el
+vientre. La parálisis agitante crecía de una manera aterradora. Antes de
+partir, el doctor habló con Guillermina en la sala, diciéndole que
+aquello no podía menos de acabar mal, y que a todo tirar, tiraría dos
+días... Acercábase Fortunata para enterarse de esto, cuando vio entrar
+inesperadamente a una persona cuya presencia le hizo el efecto de una
+descarga eléctrica.
+
+«¡Jesús, esa mona otra vez...!, yo me voy».
+
+Jacinta y Guillermina hablaron un momento con el médico, que se despidió
+luego. «Entraré un ratito a verla--dijo la Delfina a su amiga,
+sentándose en el sofá--. ¿Va usted a estar aquí mucho tiempo?».
+
+--Tengo que pasar al otro corredor a ver al zapatero... Pobre hombre, no
+ha querido ir al hospital. Yo no había visto nunca un caso de hidropesía
+semejante. La barriga de ese infeliz era anoche como un tonel... Y ya le
+han dado tres barrenos; pero el de ayer con tan mala fortuna, que no le
+sacaron más que medio litro, y dicen que tiene en aquel cuerpo la
+friolera de catorce litros... ¡Qué humanidad, Dios mío!
+
+Fortunata pasó a la otra sala, y a poco volvió diciendo que Mauricia
+dormía profundamente. La fundadora hizo entonces una observación
+humorística. Dirigiéndose a las dos, les dijo: «¿Oyen ustedes ese
+trombón que toca la marcha real?». En efecto, se oía bien clara, aunque
+lejana, la marcha real tocada con verdadero frenesí por Leopardi, que en
+la repetición le ponía un lujo escandaloso de mordentes y apoyaturas.
+
+«Pues ese pobre hombre--añadió la santa conteniendo la risa--, desde que
+se entera de que estoy aquí, se pone a tocar como un descosido. Es la
+manera de recordarme que le prometí vestirle, porque el desventurado
+está mejor de pulmones que de ropa. Mira--propuso a Jacinta, cogiéndole
+un brazo--; en cuanto vayas hoy a tu casa, has de ver si tiene tu marido
+algunos pantalones que no le sirvan... Puede que no tenga porque ¡ya
+hemos hecho tantos escrutinios en su guardarropa!».
+
+--No sé, no sé--dijo la señora de Santa Cruz, procurando recordar...--me
+parece.
+
+--Si no--manifestó prontamente la de Rubín--, yo traeré unos del mío...
+
+--Dios se lo pagará a usted... porque verdaderamente parte el corazón
+ver a ese pobre hombre, en este tiempo, con unos calzones de hilo, de
+los que traen los soldados de Cuba...
+
+Salió Guillermina para ir al almacén de maderas de la Ronda, y Jacinta
+la acompañó hasta el corredor. Sentose Fortunata en el sofá, creyendo
+que las dos se marchaban. Pero la de Santa Cruz, después de hablar con
+su amiga de varias cosas, le dijo: «Aquí la espero a usted. Lleve mi
+coche, y luego me recogerá y nos iremos juntas». Entró inmediatamente,
+sentándose también en el sofá.
+
+¡Ponerse a su lado! ¡No conocerle en la cara que las dos no podían estar
+juntas en parte alguna!...
+
+Esto pensaba la mujer de Maxi, que sintió deseos de huir, y luego
+vergüenza y miedo de hacerlo. Si la otra le hablaba, no tendría más
+remedio que responderle. «Pues si yo le dijera quién soy, la haría
+temblar. Veríamos entonces quién temblaba más».
+
+Jacinta la miró. Ya el día anterior había despertado su curiosidad
+hermosura tan expresiva. Y cuando sus ojos se encontraban con el rayo de
+aquellos ojos negros, sentía una impresión no muy grata, al modo de esos
+presentimientos inseguros que son, no como el contacto de un objeto,
+sino como la sensación del aire que hace el objeto al pasar rápidamente.
+
+«Según ha dicho el médico--indicó la Delfina decidida a pegar la
+hebra--, la pobre Mauricia no saldrá de esta».
+
+--No saldrá la pobre--opinó Fortunata algo cortada, porque le asaltaba
+la idea de que su lenguaje no sería bastante fino.
+
+--Si sigue así, traeré esta tarde a la niña, para que la vea... De todos
+modos, debo traerla ¿no le parece a usted?
+
+--Sí, tráigala. Jacinta sabía que aquella desconocida no era soltera,
+porque había ofrecido unos pantalones _de su marido_. Hízole, pues, la
+pregunta que ingenuamente se le salía siempre de los labios cuando se
+encontraba delante de una casada: «¿Tiene usted niños?».
+
+--No señora--replicó la de Rubín con alguna sequedad.
+
+--Yo tampoco. Pero me gustan tanto los niños, que tengo verdadera manía
+por ellos, y los ajenos me parece que deberían ser míos... y, créalo
+usted, no tendría escrúpulo de conciencia en robar uno, si pudiera...
+
+--Pues yo también, si pudiera...--declaró Fortunata, que no quería ser
+menos que su rival en aquello de la manía materna.
+
+--¿Pero es que se le han muerto a usted, o que no los ha tenido?
+
+--Tuve uno, sí señora... va para cuatro años...
+
+--¿Y en cuatro años no ha tenido usted más que uno? ¿Qué tiempo lleva
+usted de matrimonio? Perdone mi indiscreción.
+
+--¿Yo?...--murmuró la otra vacilando--. Cinco años. Yo me casé antes que
+usted...
+
+--¡Antes que yo!--Sí, señora... pues decía que tuve un niño y se me
+murió, sí señora, y si me viviera, le digo a usted que...
+
+Como advirtiera la dama en los ojos de su interlocutora una lucidez y
+movilidad singularísimas, sospechó si aquella mujer padecería
+enajenación mental. Su tono y su mirar eran muy extraños, impropios del
+lugar y de la sosegada conversación que ambas sostenían. «A esta mujer
+hay que dejarla--pensó Jacinta--; me callaré».
+
+Guardaron silencio un rato mirando al suelo. Jacinta no pensaba en nada
+importante; Fortunata sí, y por la mente le pasó toda su historia como
+envuelta en una nube de fuego. Se le vinieron a la boca palabras duras
+para increpar a aquella _mona del Cielo_, que le había quitado lo suyo.
+¿Pues no era esto una gran injusticia? Los agravios se le revolvían en
+el seno, saliéndole a los labios en esa forma descomedida y grosera de
+las hijas del pueblo, cuando se ponen a reñir. «¡La cojo y la...!--decía
+para sí clavándose las uñas en sus propios brazos--. ¿Que es un ángel?
+Pues que lo sea... ¿Que es una santa? ¿Y a mí qué?...». Pero de los
+labios para fuera, nada... «¡Qué cobarde soy! Con una palabra la haré
+caer redonda, y me tendrá un miedo tan grande que no le darán ganas de
+volverme a hacer preguntitas...».
+
+En esto _la mona del Cielo_, impaciente porque no venía Guillermina,
+salió un instante al corredor. Al verse sola, creyó sentirse la otra con
+más valor para dar un escándalo... Toda la rudeza, toda la pasión gozosa
+de mujer del pueblo, ardiente, sincera, ineducada, hervía en su alma, y
+una sugestión increíble la impulsaba a mostrarse tal como realmente era,
+sin disimulo hipócrita. «¡Si no volverá!...» se dijo mirando al
+corredor, y al decir esto su espíritu volvía sobre sí, penetrándose del
+sentido lógico de las cosas... «Ella es una mujer de mérito y yo he sido
+una perdida... Pero yo tengo razón, y perdida o no, la justicia está de
+mi parte... porque ella sería yo, si estuviera en mi lugar...».
+
+En esto vio que _la mona_ volvía... Verla y cegarse fue todo uno. No
+podía darse cuenta de lo que le pasó. Obedecía a un empuje superior a su
+voluntad, cuando se lanzó hacia ella con la rapidez y el salto de un
+perro de presa. Juntáronse, chocando en mitad del angosto pasillo. La
+prójima le clavó sus dedos en los brazos, y Jacinta la miró aterrada,
+como quien está delante de una fiera... Entonces vio una sonrisa de
+brutal ironía en los labios de la desconocida, y oyó una voz asesina que
+le dijo claramente: «Soy Fortunata».
+
+Jacinta se quedó sin habla... después lanzó un ¡ay! agudísimo, como la
+persona que recibe la picada de una víbora. En tanto Fortunata movía la
+cabeza afirmativamente con insolente dureza, repitiendo: «Soy... soy...
+soy la...». Pero tan sofocada estaba, que no articuló las últimas
+palabras. La Delfina bajó los ojos, y dando un tirón se soltó. Quiso
+decir algo, no pudo. La otra se apartó, echando llamas de sus ojos y
+resoplidos de su pecho, y andando hacia atrás siguió diciendo, sin que
+las palabras llegaran a articularse: «Te cojo y te revuelco... porque si
+yo estuviera donde tú estás, sería...». Aquí recobró el aliento, y pudo
+decir: «¡Mejor que tú, mejor que tú...!».
+
+La de Santa Cruz recobró la serenidad, y entrando en la sala, volvió a
+ponerse en el sofá. Su actitud revelaba tanta dignidad como inocencia.
+Era la agredida, y no sólo podía serenarse más pronto, sino responder a
+la ofensa con desdén soberano y aun con el perdón mismo. La otra sintió,
+por el contrario, tremendo peso dentro de sí. ¡Ay, su acción
+descompuesta y brutal le gravitó en el alma como si la casa se le
+hubiera desplomado encima! No tuvo ánimo para entrar también; tembló de
+pensar lo que diría Severiana si se enteraba; pues ¿y doña
+Guillermina?... Refugiose en el cuarto de la comandanta, donde había
+dejado velo y manguito. La cobardía que sintió impulsábala a correr
+hacia la calle. Huir, sí, y no volver a poner los pies en aquella casa
+ni en parte alguna donde pudiera tener tales encuentros... Salió sin
+hacer ruido, deslizándose, y al pasar frente a la puerta, miró y la vio
+allá dentro, al extremo del largo pasillo, que parecía un anteojo. La
+veía de perfil, la mano en la mejilla, muy pensativa, y Jacinta no la
+veía a ella. Bajó y se puso en la calle, acordándose de una de las
+principales recomendaciones que le había hecho Feijoo: «No descomponerse
+nunca». Pues bien se había descompuesto aquel día... «Pero
+verdaderamente--discurrió tratando de serenarse--. Yo ¿qué le he hecho?,
+nada... Únicamente decirle quién soy, para que me conozca...».
+
+¡Cosa extraña!, le entraron ganas de esperar para verla salir. Púsose de
+centinela en la calle del Bastero, y cinco minutos después vio a la
+fundadora entrar en la casa. «Han de subir por la calle de
+Toledo--pensó--; desde allí las veré sin que me vean. Siguió a la calle
+de Toledo, poniéndose en acecho en la acera de enfrente, junto a la
+puerta de una taberna. Al cabo de un cuarto de hora, apareció por la
+boca-calle la berlina con las dos damas. «Hablan de mí, y le está
+contando cómo pasó el lance... me imita, remedando mi movimiento, cuando
+la cogí por los brazos... ¿Qué dirán, Dios mío, qué dirán? Me parece
+oírlas... Que soy un trasto y que me debían mandar a presidio».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Cuando subía la escalera de su casa, se iniciaba en la conciencia
+de la joven una reprobación clara de lo que había hecho. «...Hubiera
+sido mucho mejor--pensó deteniendo el paso y tardando un minuto de
+escalón a escalón--, decirle aquello de _yo soy Fortunata_, con calma,
+reparando bien qué cara ponía ella al oírlo, y luego quedarme tan
+fresca, esperando a ver por qué registro salía, o echarle tres o cuatro
+chinitas, diciéndole que yo también soy honrada, claro, y que su marido
+es un tunante... a ver por dónde la tomaba».
+
+Al entrar en la casa, halló a doña Lupe muy incomodada con Papitos,
+sobre cuya inocente cabeza descargaba el mal humor que la noche en vela
+le produjo. Cuanto se había hecho en su ausencia le parecía mal,
+dejándose decir que ni tan siquiera para una obra de caridad podía salir
+de casa, pues en cuanto volvía la espalda, era todo un desbarajuste.
+Fortunata comprendió que también quería meterse con ella; mas no
+teniendo ganas de reñir, dejaba sin contestación sus refunfuños. «Mira
+que es pifia mandar traer esta babilla y esta falda que no sirve ni para
+el gato. Tienes la cabeza llena de viento. Nada, en cuanto yo me
+descuido, ya no das pie con bola».
+
+Fortunata empezaba a sentirse mal. Tenía escalofríos, dolor de cabeza y
+ganas de bostezar a cada momento. Conociole doña Lupe en la cara la
+desazón, y le preguntó con gran interés: «¿Tienes ascos, mareos...?».
+
+--No sé lo que tengo; pero me acostaría de buena gana.
+
+Doña Lupe, al irse a la cocina, iba pensando que aquellos síntomas
+podrían anunciar tal vez la probable reproducción del tipo de Rubín en
+la especie humana; pero bien sabía la otra que no era nada de esto, y
+sin más explicaciones echose, bien envuelta en una manta, en el sofá de
+su cuarto. Después que se le aplacara el frío, sintió somnolencia, que
+la llevó a un delirio tranquilo, reproduciendo en su mente la escena
+aquella con varias adiciones de importancia. ¿Eran estas algo que con la
+prisa no pudo decir, pero que debió haber dicho, o eran simplemente
+desvaríos de su cerebro encendido por la calentura?... «¡Si creerá esta
+señora que no hay en el mundo más mujeres honradas que ella!... Que se
+le quite a usted eso de la cabeza. ¡Vaya con el modelo!... ¡A buena
+parte viene usted...! ¿Sabe usted, niña, que como a mí se me meta en la
+cabeza, le doy a usted honradez y virtudes por los hocicos hasta que no
+quiera más? Porque eso es cuestión de decir: '¡Ea!'... Sí, y si me atufo
+no hay quien me tosa. ¿Pues qué cree usted, que a mí me costaría trabajo
+cuidar enfermos y dármelas de muy católica? Pues si a mano viene me
+pondré el mejor día a cuidar y limpiar y revolver los enfermos más
+podridos, y me vestiré una saya, y recogeré niños que no tengan padres,
+que de eso y de mucho más soy yo capaz... ¡Vaya con la _mona del Cielo_!
+Ea... no venga acá vendiendo mérito... ¡Y ángel me soy! Pues para que lo
+sepa, también yo, si me da la gana de ser ángel, lo seré, y más que
+usted, mucho más. Todas tenemos nuestro ángel en el cuerpo...».
+
+Después de esto, tornó a ver con claridad las cosas, y dejando vagar sus
+miradas por la habitación solitaria y semioscura, pensaba en lo mismo,
+pero apreciando mejor la realidad de las cosas. En aquella meditación,
+lo que descollaba, después de vueltas mil, era un vivo deseo de ser no
+sólo igual, sino superior a la otra. El cómo era lo difícil. «Porque lo
+primero que tengo que hacer es querer a mi marido, y portarme bien para
+que se olviden las maldades que he hecho...».
+
+El pensamiento, recorriendo todas las caras del tema, iba de las cosas
+más sutiles a las más triviales. «Me tengo que hacer una falda
+enteramente igual a la que llevaba ella... lo mismito, con aquel
+tableado; y si encontrara tela igual... La verdad es que tiene la mona
+un aire de señorío y de... de... ¿de qué?, de majestad, sí... ¡Bah!,
+esto es idea, idea nada más de los que la miran, porque con aquello de
+que es ángel... A saber si lo es realmente, que las apariencias
+engañan...».
+
+Sacola de esta cavilación doña Lupe, que entró con pisadas de gato, y le
+dijo que era preciso tomara algo. Negose Fortunata a comer cosa alguna,
+y dijo que lo único que apetecía era una naranja para chuparla.
+«¿Antojitos ya?» murmuró la tía sonriendo, y mandó a Papitos por la
+naranja.
+
+Mientras la chupaba, haciéndole un agujerito y apretándola como aprietan
+los chicos la teta, a la señora de Rubín le pasó por el cerebro otra
+ráfaga de aquel furor que determinó el acto de la mañana: «Tu marido es
+mío y te lo tengo que quitar... Pinturera... santurrona... ya te diré yo
+si eres ángel o lo que eres... Tu marido es mío; me lo has robado...
+como se puede robar un pañuelo. Dios es testigo, y si no, pregúntale...
+Ahora mismo lo sueltas o verás, verás quién soy...».
+
+Quedose dormida, dejando caer al suelo la naranja. Despertó al sentir
+sobre su frente la mano de su amante esposo, que había subido a comer, y
+enterado de que estaba indispuesta, se asustó mucho, Doña Lupe quiso
+hacerle concebir esperanzas de sucesión; pero él, moviendo la cabeza con
+expresión escéptica y desconsolada, entró en la alcoba y le palpó la
+frente a su mujer.
+
+«Hija de mi vida, ¿qué tienes?».
+
+Al oír esta terneza y al ver delante la figura de Maxi, Fortunata sintió
+fuerte sacudida en su interior. Como una neurosis constitutiva de esas
+que se manifiestan de repente, cuando menos se las espera, así se
+presentó en el alma de la joven, a golpe, y a manera de explosión de
+pólvora, la aversión que su marido le había inspirado en otro tiempo. Lo
+primero que pensó fue cómo había retoñado tan de repente la infame
+planta del odio que ella creía seca y muerta, o al menos moribunda. Le
+miraba, y mientras más le miraba, peor... Se volvió del otro lado
+respondiendo con sequedad: «Nada».
+
+--¿Sabes lo que dice la tía?... oye...
+
+La opinión de la tía aumentaba la malquerencia de la sobrina y el vivo
+deseo de perder de vista a su marido. Cerrando los ojos, invocó a Dios y
+a la Virgen, de quien esperaba auxilio para poder curarse de aquella
+insana antipatía; pero ni por esas... «Si no le puedo ver; ¡si me iría
+al fin del mundo por no verle...! ¡Y yo creí que le iba tomando cariño!
+¡Buen cariño nos dé Dios! Ni sé yo en qué estaba pensando Feijoo...
+Tonto él, y yo más tonta en hacerle caso».
+
+Maxi, al tomarle el pulso, echó por aquella boca una retahíla de frases
+de medicina, concluyendo por decir: «Subiré esta noche un
+antiespasmódico, jarabe de azahar con bromuro, y quizás, quizás unas
+pildoritas de sulfato de quinina. Hay fiebre, aunque poca. Principio de
+un fuerte catarro. Tú te has enfriado en aquella maldita casa de
+corredor... o te habrás atufado con algún brasero».
+
+Fortunata pensó que, en efecto, se había atufado, pero no con brasero.
+Cediendo a los ruegos de su marido y de doña Lupe, se acostó, y a prima
+noche estaba más tranquila, desvelada, sin ningún apetito, oyendo con
+desagrado el ruido de los platos y cucharas que del comedor venía a la
+hora de cenar. Nicolás hablaba por los codos. «Mejor es que no tomes
+nada, si no tienes gana--le dijo Maxi, que entró mascando el postre y
+con un higo pasado en la mano--. Por si acaso, no bajaré esta noche a la
+botica, y te acompañaré». La peor de las medicinas era esta, pues
+gustaba la joven de estar sola, entretenida con sus pensamientos. Hizo
+por dormirse; su marido le ató fuertemente un pañuelo a la cabeza, y
+después se puso junto a la cama. Después de un breve sueño, vio ella la
+escueta figura de Maxi dando paseos en la habitación. Tan pronto miraba
+su persona como su sombra corriendo por la pared, larga, angulosa,
+doblándose en las esquinas del muro. «¡Ah!... Jacinta, yo te quisiera
+ver casada con este... Entonces me reiría, me estaría riendo tres años
+seguidos».
+
+Maximiliano se desnudaba para acostarse. Al quitarse el chaleco, salían
+de las boca-mangas los hombros, como alones de un ave flaca que no tiene
+nada que comer. Luego, los pantalones echaron de sí aquellas piernas
+como bastones que se desenfundan. Todas sus coyunturas funcionaban con
+trabajo, cual si estuvieran mohosas, y el pelo se le había hecho tan
+ralo, que su cabeza ofrecía una de esas calvas sin dignidad que suelen
+verse en jóvenes de poca y mala sangre. Al meterse en la cama y estirar
+los huesos, exhalaba un _¡ah!_ que no se sabía si era de dolor o de
+gusto. Fortunata, fingiendo dormir, se volvió para el otro lado y a
+media noche dormía de veras.
+
+A la madrugada abrió los ojos. La alcoba estaba en completa oscuridad.
+Oyó la respiración de su marido, áspera a ratos, a ratos silbante y con
+diversos flauteados, como si el aire encontrase en aquel pecho
+obstrucciones gelatinosas y lengüetas metálicas. Incorporose Fortunata,
+cediendo a un movimiento interior cuyo impulso inicial se determinó
+cuando estaba dormida. Lo que pensaba entonces era por demás peregrino.
+El disparate que se le había ocurrido, porque disparate era y de los
+gordos, fue que debía echarse del lecho muy callandito, buscar a tientas
+su ropa, vestirse... ir hacia la percha, coger su bata y ponérsela. El
+mantón, ¿dónde estaba? No pudo recordarlo; pero lo buscaría, a tientas
+también; y una vez hallado, saldría de la alcoba, cogería el llavín que
+estaba colgado de un clavo en el recibimiento, y ¡aire!... ¡a la calle!
+La idea de la evasión estuvo flameando un rato sobre sus sesos, como una
+luz de alcohol, sin que pudiera entender cómo se había encendido
+semejante idea. En el bolsillo de la bata tenía medio duro, una peseta,
+y algunos cuartos, la vuelta del duro que dio a Papitos para que le
+trajera... no recordaba qué. Pues con aquel dinero tenía bastante. ¿Para
+qué más? ¿Y a dónde iría? A una casa de huéspedes. No... a casa de D.
+Evaristo... No, porque D. Evaristo la reñiría. Esta idea de que la
+reñiría su _padrino_ fue el golpe que le aclaró el sentido, porque la
+idea de la fuga era un rastro del sueño. «¿Estoy despierta o dormida?»
+se preguntaba al reconocer su desatino; y quedose un rato sentada en la
+cama, con la mano en la mejilla. El pañuelo se le había desatado de la
+cabeza, y deshecho el peinado, sus espesas guedejas le caían sobre los
+hombros. «¡Qué marido este!--pensaba, recogiéndose el cabello--, ¡ni
+atar un pañuelo sabe!». Después creyó ver ojos, que en aquella profunda
+oscuridad la miraban. «Debo de estar soñando todavía. ¿Qué me miras tú?
+¿Qué dices? ¿Que estoy guapa? Ya lo creo. Más que tu mujer».
+
+Y se volvió a acostar. Maximiliano, al revolverse, le dio un
+encontronazo con un omoplato. «¡Ay!, me ha hecho ver las estrellas» dijo
+para sí Fortunata, recogiéndose más en su lado.
+
+«¿Duermes, vidita?» murmuró el otro despertándose, y rechupando luego
+como si tuviera una pastilla en la boca.
+
+Pero sin oír la respuesta, se volvió a dormir.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Al día siguiente Fortunata se sentía mejor; pero aún estaba en la
+cama cuando su marido, después de dar una vuelta por la botica, subió a
+verla. «¿Qué tal?--le dijo inclinándose sobre ella y besándola en
+frente--. Te puedes levantar.
+
+El día está bueno. ¡Ay!, yo tengo menos salud que tú, y no me quejo
+tanto. Siento tal debilidad que a veces me cuesta trabajo mover un dedo.
+Todos los huesos me duelen, y la cabeza la siento a ratos como si
+estuviera vacía, sin sesos... Pero no me duele, y esto es mala señal,
+porque las jaquecas son un puntal de la vida. Yo no sé lo que me pasa. A
+ratos me distraigo, me entra como un olvido, me quedo lelo sin saber
+dónde estoy ni lo que hago... Pues digo, ¿y cuándo pierdo la memoria y
+se me va de ella lo que más sé?... Tú estarás buena mañana; pero yo no
+sé a dónde voy a parar con estas cosas. Dice Ballester que tome mucho
+hierro, pero mucho hierro, y que esto es falta de glóbulos en la sangre,
+y así debe de ser... Esta máquina mía nunca ha sido muy famosa, y ahora
+está que no vale dos cuartos...».
+
+Fortunata le miraba y sentía una lástima profunda. Quizás esta lástima
+refrescaba el cariño fraternal que había empezado a marchitarse. Pero no
+estaba muy segura de esto, y cuando le vio salir, pensaba que si aquella
+planta raquítica del cariño se agostaba, debía hacer ella esfuerzos
+colosales por impedirlo.
+
+Poco después, hallándose en el gabinete sentada junto al balcón, por
+donde entraba el sol, sintió en los pasillos ruidos de voces que al
+pronto no se podía saber si eran de gozo o de ira. Pero ni tuvo tiempo
+de asustarse porque vio entrar a Nicolás haciendo aspavientos de júbilo,
+el rostro encendido, los ojos chispos, y llegándose a su cuñada le dio
+un fuerte abrazo:
+
+«Denme todos la enhorabuena... Ya... al fin... No ha sido favor, sino
+justicia. Pero estoy muy agradecido a las personas que...».
+
+--¡Gracias a Dios! Ya tenemos a Periquito hecho fraile--dijo doña Lupe,
+que después de haber recibido el estrujón en el pasillo, entraba tras
+él, radiante de dicha, porque se le quitaba de encima aquella fiera
+boca--. ¿Y de dónde?
+
+--De Orihuela, tía--replicó el clérigo frotándose las manos--. Mala
+catedral; pero ya veremos si sale una permuta.
+
+--Canónigo te vean mis ojos, que Papa como tenerlo en la mano.
+
+--¡Cuánto me alegro!--dijo Fortunata por decir algo, y miró a la calle
+al través de los cristales, temiendo que le leyeran en la cara los
+pensamientos que la canonjía de su cuñado le sugería.
+
+«¡Lo que es el mundo!--pensaba--. Razón tenía D. Evaristo. Hay dos
+sociedades, la que se ve y la que está escondida. Si no hubiera sido por
+mi maldad, ¡cuándo habría sido canónigo este tonto de capirote,
+ordinario y hediondo! ¡Y él tan satisfecho!».
+
+--Me voy mañana mismo a que me den la colación... Pero antes convido a
+todo el mundo. Juan Pablo no lo sabe todavía. ¡Que rabie!...
+
+Ayer me apostaba que no me la darían. Ese Villalonga es una gran
+persona, y Feijoo lo que se llama un caballero, y el Ministro también...
+¿Sabéis quién me dio la noticia? Pues Leopoldo Montes, que está ahora en
+Gracia y Justicia. Corrí allá, y cuando el jefe del personal de
+catedrales me dijo que eran ciertos los toros, creí que me daba un
+desmayo. La credencial estaba allí, y no me la habían mandado por no
+saber mis señas... Lo repito, convido a todo Cristo... a lo que
+quieran... y convido a las de Torquemada, a Ballester... a doña Casta y
+sus simpáticas hijas...
+
+--Para, hijo, para--dijo doña Lupe amoscándose--, que para esas
+convidadas no te va a bastar el sueldo de un año; y si piensas que yo
+cargo con el mochuelo de los gastos, te equivocas...
+
+Nicolás se calmó luego, tomando el tono que cuadra a un sacerdote y con
+el cual sabía él muy bien rectificar la descompostura que le producían
+la ira o el contento. «Nada, yo estoy satisfecho, y aunque creo que me
+lo merezco por mis estudios y por los servicios que he prestado en el
+confesonario, no he de tener orgullo; y desde ahora lo digo, me he de
+llevar bien con mis compañeros de cabildo... esta es la cosa. A mí me
+gusta la paz y concordia entre príncipes cristianos. Una vida
+descansada, mi misita por las mañanas con la fresca, mi corito mañana y
+tarde, mi altar mayor cuando me toque, mi paseíto por las tardes, y
+vengan penas».
+
+Cuando estaban almorzando, Fortunata no podía alejar de sí este
+comentario: «Si fue un bien que me adecentaras, estúpido, ya te lo he
+pagado y no te debo nada».
+
+«Yo tengo que ir al Monte--le dijo más tarde doña Lupe--, que hoy
+empiezan las subastas. Ten cuidado con Papitos, que estos días anda muy
+salida. Tú la echas a perder con tus benevolencias. Date una vuelta por
+la cocina y no le quites ojo. Hazle que ponga el bacalao de remojo o
+ponlo tú. Y que cuando yo venga esté lavada toda la ropa».
+
+Quedose sola Fortunata con la chiquilla; pero no pudo vigilarla, porque
+toda la tarde estuvieron entrando visitas. Primero fue doña Casta
+Moreno, viuda de Samaniego, con sus hijas, dos jóvenes muy bien educadas
+o que se lo creían ellas. La mamá pertenecía a la familia de los
+Morenos, que en el primer tercio del siglo se dividieron en dos grandes
+ramas, los _Morenos ricos_ y los _Morenos pobres_; pero habiendo nacido
+en la primera de estas ramas, vino a parar a la segunda. Casó con
+Samaniego, hombre de bien y muy entendido en Farmacia, pero que no supo
+hacerse rico. Por los Trujillos, tenía doña Casta parentesco remoto con
+Barbarita; pero habiendo sido muy amigas en la niñez, apenas se trataban
+ya, porque la fortuna y las vicisitudes de la vida las habían alejado
+considerablemente una de otra. Sus relaciones eran intermitentes. A
+veces se veían y se saludaban; a veces no. Les pasaba lo que a muchas
+personas que se han tratado en la infancia y que después están años y
+más años sin verse. Resulta que cuando se encuentran dudan si hablarse o
+no, y al fin no se hablan, porque ninguna se decide a ser la primera.
+
+Más cercano y claro era el parentesco de Casta con Moreno-Isla, el
+cual, a pesar de ser _Moreno rico_, mantenía cierta comunicación de
+familia con aquella _Moreno pobre_, visitándola alguna vez. Se tuteaban
+por resabio de la niñez; pero sus relaciones eran frías, lo
+absolutamente preciso para salvar el principio del linaje. La rama de
+los Moreno-Isla establecía además un enlace remoto entre doña Casta y
+Guillermina Pacheco; pero este parentesco era ya de los que no coge un
+galgo. Guillermina y la viuda de Samaniego no se habían tratado nunca.
+
+Jactábase doña Casta de haber educado muy bien a sus dos hijas. La
+mayor, Aurora, guapetona, viuda de un francés, era mujer de mucha
+disposición para el trabajo. Había vivido algún tiempo en Francia,
+dirigiendo un gran establecimiento de ropa blanca, y tenía hábitos
+independientes y mucho tino mercantil. La segunda, Olimpia, había estado
+asistiendo al Conservatorio siete años seguidos, y obtenido muchos
+premios de piano. Su mamá quería que fuese profesora consumada, y para
+demostrarlo en los exámenes y obtener buena nota, la hacía estudiar una
+pieza, con la cual mortificaba a la vecindad día y noche, durante meses
+y aun años. Contaba esta niña la serie de sus novios por los dedos de
+las manos; pero lo que es a casarse no habían tocado todavía.
+
+Fortunata simpatizaba mucho con Aurora y muy poco con la mamá y con
+Olimpia. Temía que se burlasen de ella, por su falta de educación, y que
+la estimaran en poco, sabedoras de su pasado. Reconociendo que le eran
+las tres muy superiores por la crianza y el acertado empleo de palabras
+finas, a veces quedábase a oscuras de lo que hablaban, y sólo asentía
+con movimientos de cabeza. Siempre era de la opinión de ellas, pues
+aunque pensara de distinta manera, no se atrevía a expresar su
+disentimiento. Aquella tarde, por causa de su situación de espíritu,
+estaba la de Rubín más cohibida que nunca y deseando que se marchasen.
+Pero desgraciadamente nunca estuvo doña Casta más habladora. Sentía
+mucho no encontrar a Lupe, pues deseaba comunicarle noticias de la mayor
+trascendencia. Aurora iba a ponerse al frente de un establecimiento de
+ropa blanca, montado a estilo de los mejores que hay en París y Londres.
+¿Qué tal?
+
+Esforzábase la mujer de Maxi en disimular el aburrimiento que esto le
+causaba, y a la hipérbole de doña Casta respondía con exclamaciones de
+pasmo y asentimiento. «Mi hija--añadió la viuda de Samaniego--, estará
+encargada de la dirección de los _trousseaux_, canastillas de bautizo y
+demás género elegante, y tendrá sueldo y participación en los
+beneficios. El dueño de este gran establecimiento, que tanto ha de
+llamar la atención, es Pepe Samaniego, a quien ha facilitado el dinero
+para montarlo mi _primo_ D. Manuel Moreno-Isla, el hombre más bueno y
+más generoso del mundo, y con un capital... ¡qué capital! Y vea usted,
+es soltero... y se pasa la vida en Londres aburriéndose... Lo que yo
+digo; podría haber hecho feliz a una joven, de las muchas que hay en la
+familia... Siempre que viene a verme, le largo un _espich_ como él dice,
+él se ríe, se ríe...».
+
+--¡Pero qué me importarán a mí todas estas cosas!--pensaba Fortunata,
+que ya no podía sostener más tiempo el papel, ni sabía de dónde sacar
+los monosílabos y las sonrisas.
+
+Por fin quiso Dios misericordioso que _las Samaniegas_ se marcharan;
+pero no habían pasado diez minutos cuando entró D. Evaristo, con su
+criado, que le sostenía por el brazo derecho, y Fortunata le condujo
+hasta la sala en una de cuyas butacas se sentó el anciano pesadamente.
+
+«¿Doña Lupe...?».
+
+--No hay nadie--dijo ella, lo que significaba: estoy sola, puede usted
+hablar con libertad.
+
+--¡Ah!, sola... ¿y qué tal...? Me dijeron que estabas... que estaba
+usted algo mala...
+
+Después de decirle que su enfermedad no había sido nada, la chulita se
+sentó junto a él, haciendo propósito de contarle la verdadera dolencia
+que sufría, que era puramente moral, y con los más graves caracteres.
+Pensaba preguntar a su sabio amigo y maestro, por qué todo aquel
+desorden se había manifestado a consecuencia de las breves palabras que
+cruzó con Jacinta. ¿Qué relación tenía aquella mujer con su conducta y
+con sus sentimientos? Sobre esto le diría algo sustancioso aquel sagaz
+conocedor del corazón humano y del mundo, porque ella se devanaba los
+sesos y no podía dar con la razón de que _la mona_ le trastornase su
+espíritu. Si era ángel, ¿por qué la hacía mala? ¿Por qué era con ella lo
+que es el demonio con las criaturas, que las tienta y les inspira el
+mal? Luego no era ángel. Otro punto oscuro quería consultarle, y era que
+sentía deseos vivísimos de parecerse a aquella mujer, y ser, si no
+mejor, lo mismo que ella. Luego Jacinta no era demonio.
+
+Lo difícil era explicar esto de modo que el amigo Feijoo lo entendiese,
+porque ya se sabe que no se daba buena mano para encontrar las palabras
+que en el lenguaje corriente expresan las cosas espirituales y
+enrevesadas.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Lo peor del caso fue que aún no había empezado la consulta
+cuando entró doña Lupe, quien invitó al Sr. de Feijoo a tomar chocolate.
+No se hizo de rogar el buen caballero, y la misma viuda de Jáuregui se
+lo sirvió. Mientras lo tomaba, hablaron de las visitas que tía y sobrina
+hacían a la calle de Mira el Río. «Yo--declaraba doña Lupe--, reconozco
+que no tengo valor ni estómago para practicar la caridad en ese grado.
+Admiro mucho a _la amiga_ Guillermina; pero no la puedo imitar». Feijoo
+expuso sobre aquel tema de la filantropía algunas consideraciones muy
+sesudas, y despidiose, dando a cada una de las señoras un fuerte apretón
+de manos.
+
+Aquella noche notó Fortunata en su marido algo que la puso en cuidado.
+Durante la comida no había dicho una palabra; tenía el color arrebatado,
+estaba muy inquieto, dando a cada instante suspiros hondísimos. Cuando
+subió a acostarse no tenía ya el rostro encendido, sino de color de
+cola. «¿Tienes jaqueca?» le preguntó su mujer, viéndole desplomarse en
+una silla y apoyar la cabeza en las manos. Contestó Maxi que no, que la
+cabeza no le dolía nada, y que lo que le aterraba era sentir el cráneo
+vacío, _desalquilado_, como una casa _con papeles_.
+
+«Hace poco--dijo con desaliento amargo--, perdí la memoria de tal
+modo... que... no sabía cómo te llamas tú. Venía subiendo la escalera, y
+me entró tal rabia, que me pregunté a gritos: '¿Pero cómo se llama, cómo
+se llama?...'. Me acordé al entrar en la casa. Hoy estaba haciendo una
+medicina para un enfermo de los ojos, y en vez del sulfato de _atropina_
+puse el de _eserina_, que es la indicación contraria. Si no lo advierte
+Ballester... ¡qué atrocidad!, dejo ciego al enfermo... No puedo
+trabajar. Esta cabeza se me ha trastornado. Figúrate que a ratos...».
+
+Diciendo esto la miraba de hito en hito, y Fortunata no sabía disimular
+bien el terror que aquellos ojos le causaban.
+
+«Figúrate que a ratos me siento tan estúpido, pero tan estúpido, que
+creo tener por cabeza un pedazo de granito. No salta aquí una idea
+aunque me dé con un martillo. Y otros ratos parece que me vuelvo el
+hombre de más seso del mundo, ¡y se me ocurren unas cosas...! De tan
+sublimes que son no las puedo expresar; me tiembla la lengua, me la
+muerdo y escupo sangre... Después me quedo como el que sale de un
+desmayo».
+
+--Acuéstate y descansa--le propuso su mujer compadecida y asustada--.
+Eso no es más que cansancio de tanto discurrir.
+
+Maximiliano empezó a desnudarse, deteniéndose a cada momento.
+
+«En cuanto muevo un brazo--decía con terror--, me aumentan de tal modo
+las palpitaciones que no puedo respirar. Ballester dice que es nervioso,
+una hiperquinesia del corazón, producida por la dispepsia... gases...
+Pero yo digo que no, que no, que esto es más grave. Es la aorta... Yo
+tengo una aneurisma, y el mejor día, plaf... revienta...».
+
+--No seas aprensivo... Si no leyeras librotes de Medicina no se te
+ocurrirían esos disparates--opinó ella sacándole los pantalones.
+
+Quedose con las piernas tiesas, en calzoncillos, esperando a que su
+mujer le quitara también las botas. «Dios te lo pague, hija de mi vida.
+Ayúdame, que bien lo necesita tu pobre marido. Estoy lucido, como hay
+Dios».
+
+Fortunata le cogió gallardamente en brazos y le metió en la cama. Aún
+podía ella más. Ambos se reían; pero después de la risa, Maximiliano dio
+un suspiro, diciendo con la tristeza mayor del mundo:
+
+«¡Qué fuerza tienes!... ¡Y yo qué débil! ¡Y a este llaman sexo fuerte!
+¡Valiente sexo el mío!».
+
+«Duérmete y no pienses en tonterías» indicó ella que, movida de piedad,
+creyó oportuno y caritativo hacerle algunas caricias.
+
+--Si no fuera por ti--dijo él, como un niño mimoso--, no se me
+importaría que la vida se me acabara... El mundo no vale nada sino por
+el amor. Es lo único efectivo y real; lo demás es figurado.
+
+Acostose también ella, y estuvo dándole conversación hasta que le entró
+sueño. ¡Pobre chico! La lástima que Fortunata sentía, apagaba en su
+espíritu la aversión, o al menos la escondía, como en un repliegue, no
+permitiéndole manifestarse. Y la compasión hacía que brotaran en su
+voluntad aquellos deseos de virtud sublime que a ratos surgían como flor
+de un minuto, criada por la emulación. La emulación o la manía imitativa
+eran lo que determinaba la idea de que si su marido se ponía muy malo,
+muy malo, ella sería la maravilla del mundo por el esmero en asistirle y
+cuidarle. Mas para que el triunfo fuese completo era menester que a Maxi
+le entrase una enfermedad asquerosa, repugnante y pestífera, de esas que
+ahuyentan hasta a los más allegados. Ella, entonces, daría pruebas de
+ser tan ángel como otra cualquiera, y tendría alma, paciencia, valor y
+estómago para todo. «Y entonces vería _esa_ si aquí hay perfecciones o
+no hay perfecciones, y que cada una es cada una... Lo malo sería que no
+lo viese, porque acá no ha de venir...».
+
+Maximiliano la distrajo de esta meditación, dando quejidos profundos. Ya
+conocía aquello su mujer y sabía el remedio, que era volverlo suavemente
+del otro lado...
+
+«¡Qué sueño!--murmuró Maxi medio despierto--. Soñaba que te habías
+marchado... y yo te había cogido de un pie, y tú tirabas, y yo tiraba
+más, y tirando se me rompía la bolsa del aneurisma, y todo el cuarto se
+llenaba de sangre, todo el cuarto, hasta el techo...».
+
+Le arrulló para que se durmiera, y ella se durmió también. Levantose
+temprano porque tenía que trabajar. Después de las nueve, cuando entró
+en la alcoba a ver si a su marido se le ofrecía alguna cosa, este se
+estaba vistiendo, y en una disposición de ánimo muy distinta de la que
+tuviera la noche anterior. No sólo parecía recobrado de su debilidad,
+sino que estaba inquieto, ágil y como si acabara de tomar un excitante
+muy enérgico. En cuanto entró su mujer, se fue derecho a ella,
+abotonándose el cuello de la camisa, y en tono de acritud le dijo:
+
+«Oye... estaba deseando que vinieras para decirte que esas visitas del
+señor de Feijoo me cargan. Anoche te lo iba a decir y se me olvidó... Ya
+lo sabes... Sé que ayer tarde estuvo aquí otra vez y le dieron chocolate
+con mojicón. Me lo contó mi hermano Juan, que pasaba por la calle cuando
+él salía, y hablaron».
+
+Fortunata estaba pasmada de aquel exabrupto, y más aún del tono. Por las
+mañanas, solía estar Maximiliano algo regañón y displicente; pero nunca
+como aquel día. Volviéndose hacia el espejo para ponerse la corbata,
+prosiguió diciendo: «Es que parece que hacen las cosas a propósito para
+molestarme, para que rabie... Y no eres tú sola... mi tía también. Se
+han propuesto sin duda hacerme perder la salud».
+
+En el espejo pudo ver Fortunata la cara pálida y contraída de Maxi, cuya
+susceptibilidad nerviosa se manifestaba en un movimiento vibratorio de
+cabeza, la cual parecía querer arrancarse por sí misma del tronco.
+Disculpose ella como pudo; pero él, en vez de calmarse, siguió
+quejándose de que le mortificaban adrede, de que se proponían acabar con
+él. La esposa callaba, sospechando que su marido no tenía la cabeza
+buena, y que sería peor llevarle la contraria. Desde entonces pudo
+observar que por las mañanas se repetía en Maxi la misma excitación, y
+la terquedad de que todas las personas de la familia se confabulaban
+contra él para atormentarle. Unas veces tomaba pie de alguna falta
+advertida en la ropa, botón caído, ojal roto, o cosa semejante. Otras,
+era que le ponían un chocolate muy malo para que reventara... ¡como que
+le quedan envenenar...!, o bien que dejaban los balcones y las puertas
+abiertas para que entrase un aire colado y le partiese. Estas manías
+iban de mal en peor, poniendo a doña Lupe de un humor acerbísimo y
+haciéndole presagiar alguna desgracia. Llegó día en que Maxi se
+expresaba con una violencia muy opuesta a su carácter pacífico, y cuando
+no le contradecían, se contestaba él, echando leña por sí propio en la
+hoguera de su ira; y por fin se iba refunfuñando, cerraba con golpe
+formidable la puerta, y bajaba la escalera de cuatro en cuatro peldaños.
+
+Por las noches el lobo se trocaba en cordero. Creeríase que la fuerte
+inervación de la mañana se iba gastando con los actos y movimientos de
+la persona en el curso del día, y que esta llegaba a la noche en el
+estado contrario, exhausta como el que ha trabajado mucho. Ya Fortunata
+se había acostumbrado a este tira y afloja, y ninguna de las
+extravagancias de su marido la cogía por sorpresa. Por las mañanas lo
+mejor era no hacerle caso, aparentando sumisión a sus exigencias; por
+las noches no había más remedio que halagarle y mimarle un poco; que
+otra cosa habría sido cruel.
+
+Diferentes veces, en las intimidades con su cara mitad, Maximiliano
+había expresado esas tristezas tan comunes en los matrimonios que no
+tienen hijos. Fortunata no gustaba de este tópico; pero no tenía más
+remedio que aceptarlo. Una noche lo acogió con verdadero entusiasmo,
+porque llevaba a él una felicísima idea que aquel día había tenido.
+«Mira tú--dijo a su esposo--; si Dios no quiere darnos una criatura, él
+se sabrá por qué lo hace. Pero podemos adoptar uno, buscar un huerfanito
+y traérnosle a casa. A mí me gustaría mucho, y a los dos nos
+distraería. ¿Por qué no he de hacer yo, aunque soy pobre, lo que hacen
+las señoras ricas, que no tienen hijos? Es muy soso un matrimonio sin
+chiquitín».
+
+A Maximiliano le pareció bien la idea; pero doña Lupe, aunque no la
+contradijo abiertamente, no pareció entusiasmarse con ella. Los
+chiquillos ensucian la casa, todo lo revuelven y enredan, y dan enormes
+disgustos con sus enfermedades y travesuras. Aunque expuso estas ideas
+con mucha discreción, Fortunata se entristeció, porque se le había
+metido en la cabeza desde la noche antes aquel tema de recoger un niño
+huérfano, y encariñada con ella, le costaba mucho trabajo desecharla.
+¡Manía de imitación!
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Doña Lupe la invitó, dos días después de la tarde del choque con
+Jacinta, a volver a visitar a Mauricia. ¡Qué diría doña Guillermina si
+no volvían! Negose Fortunata no sé con qué pretexto, a ir allá, y fue
+sola doña Lupe. Era el día de San Isidro y no había ventas en el Monte
+de Piedad. A eso de las diez regresó muy afectada, y entrando en el
+gabinete donde su sobrina estaba cosiendo, le dijo: «Hija, rézale un
+Padre nuestro a la pobre Mauricia».
+
+--¡Se ha muerto!--exclamó Fortunata sintiendo una fuerte sacudida en su
+alma.
+
+--Sí, a las diez y media. Parecía que estaba esperando a que llegara yo
+para morirse... ¡pobrecilla! Vengo horrorizada. Si yo lo sé, no parezco
+por allá. Estos cuadros no son para mí. Cuando llegué estaba en su sano
+juicio. ¡Preguntome por ti con un interés...! Dijo que te quería más que
+a nadie, y que en cuantito que entrara en el Cielo, le iba a pedir al
+Señor que te hiciera feliz. Yo, francamente, al oír esto, vi que estaba
+fatal, y Severiana me dijo que anoche creyeron por dos o tres veces que
+se les quedaba en las manos. Le dieron congojas tan fuertes, que se le
+acababa la respiración... Noté también que su voz parecía salir del
+hueco de un cántaro muy hondo, y sonaba como lejos... La cara la tenía
+muy arrebatada, y los ojos hundidos, pero muy brillantes. Guillermina
+estaba sentada a su cabecera, y a cada rato le daba abrazos y besos,
+diciéndole que pensara en Dios, que padeció tanto por salvarnos a
+nosotros... De repente, se descompuso, hija; ¡pero de qué manera...! se
+quedó amoratada, empezó a dar manotazos y a echar por aquella boca unas
+flores, ¡unas berzas...! Era un horror. En esto llegó el Padre Nones, a
+quien Guillermina había mandado llamar para que la auxiliase; pero todo
+inútil. Ni la pobre enferma podía oír lo que le decían, ni estaba su
+cabeza para cosas de religión. La santa tuvo una idea feliz. Le dio a
+beber una copa de Jerez, llena hasta los bordes. Mauricia apretaba los
+dientes; pero al fin, debió darle en la nariz el olorcillo, porque
+abriendo la bocaza, se lo atizó de un trago. ¡Cómo se relamía la
+infeliz! Se calmó y ¡pum!, la cabeza en la almohada. Entonces
+Guillermina, poniéndole una cruz entre las manos, le preguntaba si creía
+en Dios, si se encomendaba a Dios y a la Santísima Virgen, y a tales y
+cuales santos del Cielo, y contestaba ella que sí moviendo la cabeza...
+El Padre Nones estaba de rodillas, reza que te reza. Encendieron una
+vela, y te aseguro que el tufillo de la cera, los rezos y aquel
+espectáculo me levantaron el estómago y me han puesto los nervios como
+cuerdas de guitarra. Yo no quería mirar; pero la curiosidad... eso es lo
+que tiene... me hacía mirar. Los ojos de Mauricia se le habían hundido
+hasta ponérsele en la nunca, y la nariz, aquella nariz tan bonita, se le
+afiló como un cuchillo. Guillermina, alzando la voz, decíale que se
+abrazara a la cruz, que Dios la perdonaba, que ella la envidiaba por
+irse derechita a la gloria, y otras muchas cosas que la hacían a una
+llorar. La cabeza de Mauricia se iba quedando quieta, quieta... Luego la
+vimos mover los labios, y sacar la punta de la lengua como si quisiera
+relamerse... Dejó oír una voz que parecía venir, por un tubo, del sótano
+de la casa. A mí me pareció que dijo: _más, más_... Otras personas
+que allí había aseguran que dijo: _ya_. Como quien dice: «Ya veo
+la gloria y los ángeles». Bobería; no dijo sino _más_... a saber,
+_más Jerez_. Guillermina y Severiana le acercaron un espejo a la
+cara y lo tuvieron un ratito... Después todos empezaron a hablar en
+alta voz. Ya estaba Mauricia en el otro mundo; se había quedado de un
+color violado tirando a azul. A los diez minutos su fisonomía estaba
+tan variada, que si la ves no la conoces.
+
+«Pero Guillermina... ¡Qué mujer esa!--prosiguió la de Jáuregui, después
+de una triste pausa, poniendo los ojos en blanco--. ¿Creerás que la
+amortajó con sus propias manos? No haría más si fuera su hija. Ella la
+lavó... ella la vistió... ella le puso el hábito... y tan tranquila. Yo
+habría querido ayudar; pero, francamente, no sirvo para esas cosas. Me
+parecía natural el ofrecerme. Bien sabía yo que la santa no había de
+ceder a nadie el llevar la batuta en aquella operación: lo ha tomado por
+oficio. Pero me ofrecí, me ofrecí. Hay que estar en todo y quedar
+siempre en buen lugar. Y créete que lo poco que hice tiene mérito,
+porque en mí es un sacrificio cualquier niñería de este género, mientras
+que en esa señora no lo es, por estar muy acostumbrada a revolverse
+entre enfermos y difuntos, como las hermanas de la caridad. Habías de
+verla. Y siempre con su carita tan sonrosada, y aquel pasito ligero y
+vivaracho. Cuando concluyó, echamos las dos un largo párrafo en la
+salita; hablamos de Mauricia, de la mucha miseria que hay en este
+Madrid, y de que gracias a las buenas almas 'como usted' me dijo, se
+remediaban muchos males. «¿Y la sobrinita, no ha venido?--me preguntó--.
+El otro día me prometió unos pantalones de su marido».
+
+--¡Ah!, sí--recordó Fortunata--. No crea usted que lo he olvidado. Ya
+los aparté. Son para un hombre que toca la corneta, el trombón o qué sé
+yo qué. Se los mandaremos a Severiana.
+
+--Yo me encargo de eso--replicó doña Lupe, dando a entender que pensaba
+volver allá.
+
+--No, los llevaré yo, bien envueltitos en un pañuelo--dijo la sobrina, a
+quien de súbito entraron ganas de ir a la casa mortuoria--. Llevaremos
+cada una nuestro duro, por si piden para el entierro.
+
+--Eso no está mal pensado. Pero a quien hay que darlos es a Guillermina
+que es la que sabe agradecer. ¡Ah! Se me olvidaba decirte otra cosa. Me
+invitó a ir a visitar su asilo, mejor dicho, nos invitó a las dos.
+Iremos. Ese día estrenaré mi abrigo nuevo y tú la falda que te piensas
+hacer. Habrá que echarle algo en el cepillo; pero no importa. Otros
+petitorios me enfadan a mí; que a los cepillos no les temo.
+
+Papitos entró, y su ama le dijo que hiciera una taza de té, porque tenía
+el estómago revuelto. La señora no se había quitado el manto ni los
+guantes; pero cuando se aligeraba, charlando, de la carga que en su
+espíritu tenía, pensó en mudarse de ropa. En la mano traía un lío. Eran
+varias cosillas que de paso compró para engolosinar a Maxi. Ballester
+había recomendado que se le diera carne cruda; pero como él se negaba a
+comerla, doña Lupe discurrió el darle menudillos, corazones de aves, y
+suprimir para él el cocido y los feculentos. Para postre le trajo
+_bruños_ de Portugal.
+
+A nada de esto atendía Fortunata, por tener el pensamiento enteramente
+ocupado con aquella idea de visitar el asilo de doña Guillermina. De
+allí sacaría el huerfanito que quería prohijar. Pues digo... si estaba
+todavía en el establecimiento aquel mismo nene que su tío Pepe Izquierdo
+quiso venderle a Jacinta, ¡qué ocasión, Cristo!, ¡qué golpe! Que vieran,
+sí, que vieran cómo también ella...
+
+Pero pronto había de ocurrir algo que desconcertó por completo el plan
+de adoptar un huerfanito. Al día siguiente, resistiendo al empeño de
+Maxi que quería llevarlas a San Isidro, fueron, como estaba concertado,
+a la calle de Mira el Río. Temía Fortunata aquella visita por diferentes
+motivos, no siendo el menor la pena que le causaría, ver los restos de
+Mauricia. Temerosa y sobresaltada, quedose en la salita, donde estaba
+doña Fuensanta con un pañuelo negro por los hombros. Severiana entraba y
+salía. Sus ojos revelaban que había llorado, y también tenía un mantón
+negro por los hombros. Por un resquicio de la puerta que comunicaba la
+sala primera con la cámara mortuoria, vio Fortunata los pies de la Dura
+en el ataúd, y no tuvo ánimo para acercarse a ver más. Dábale pena y
+terror, y no podía olvidar las últimas palabras que le dijo su infeliz
+amiga: «Lo primerito que le he de pedir al Señor es que te mueras tú
+también, y estaremos juntas en el Cielo». Aunque se tenía por
+desgraciada, la de Rubín se agarraba con el pensamiento a la vida. Lo
+que dijo Mauricia era un disparate. Cada uno se muere cuando le toca, y
+nada más. Doña Lupe, que pasó a ver a la difunta, se afectó tanto, que
+no pudo permanecer allí. «Hija mía--dijo a su sobrina secreteándose--,
+yo no puedo ver estas cosas fúnebres. Creo que me va a dar algo. La
+muerte me aterra, y no es que yo sea aprensiva. No me causa espanto
+ninguna enfermedad, como no sea el mal de miserere. Es lo que temo... En
+fin, que yo me voy de aquí al Monte. Necesito que me dé el aire. Quédate
+tú por el buen parecer; ahí dentro está la santa. Toma mi duro, por si
+hay la consabida suscricioncita. En cuanto se lleven el cuerpo te vas a
+casa. Abur».
+
+Cuando se fue la de Jáuregui, dejando sola a su sobrina, esta mudó de
+sitio por no ver los pies de Mauricia, calzados con bonitas botas de
+caña clara; pies preciosísimos que no darían ya un solo paso, Doña
+Fuensanta salió y le dijo algunas palabras. Un ratito después, abriose
+la puerta de la estancia mortuoria, y Fortunata tuvo un estremecimiento
+nervioso, creyendo al pronto que era la propia Mauricia que aparecía...
+Pero no, era Guillermina. Desde que dio esta el primer paso en la sala,
+fijáronse sus ojos en la joven, quien otra vez tuvo miedo. La santa iba
+derecha a ella, mirándola como no la había mirado nunca.
+
+Tocándole suavemente un brazo, le dijo: «Tengo que hablar con usted».
+
+«¡Conmigo!...».--Sí, con usted--y al decir esto le volvió a tocar. La
+impresión de este contacto corríale por el brazo arriba hasta llegar al
+corazón.
+
+«Dos palabritas--añadió la santa; y luego se corrigió así--: Algunas más
+serán».
+
+Advertía Fortunata en aquella cara cierta severidad: iba a decir algo;
+pero la otra no le dio tiempo, y tomándole el brazo, como se toma el de
+los hombres, le dijo:
+
+«Venga usted por aquí. ¿Tiene prisa?».
+
+--No señora...--Yo no me había marchado por esperar a ver si usted
+venía. Anoche también la esperé a usted, y no quiso venir.
+
+Condújola a la casa próxima, donde doña Fuensanta vivía, y entraron en
+una salita bastante desordenada, en la cual había más baúles que sillas,
+y dos cómodas. Guillermina cerró la puerta, e invitando a Fortunata a
+ocupar una silla, sentose ella en un cofre.
+
+
+
+
+--x--
+
+
+Fortunata no sabía qué decir, ni qué cara poner, ni para dónde
+mirar; tanto la asustaba y sobrecogía la presencia de la respetable dama
+y la presunción del grave negocio que en aquella conferencia se iba a
+tratar. Guillermina, que no gustaba de perder el tiempo, abordó al
+instante la cuestión de esta manera: «Yo tengo una amiga a quien quiero
+mucho... la quiero tanto que daría mi vida por ella; y esta amiga tiene
+un marido que... En una palabra, mi amiga ha padecido horriblemente con
+ciertas... tonterías de su esposo... el cual es una excelente persona
+también... entendámonos, y yo le quiero mucho... Pero en fin, los
+hombres...».
+
+La señora de Rubín miraba los trastos que obstruían el cuarto. Sin duda
+buscaba algún mueble debajo del cual se pudiera meter.
+
+«Vamos al caso--prosiguió la otra, dando un castañetazo con los
+labios--. Yo soy muy clara en todas mis cosas; no me gustan comedias. Me
+he comprometido a hablar con usted.
+
+Primero se convino en acudir a la señora de Jáuregui; pero luego creí
+mejor embestirla a usted directamente, y apelar a su conciencia, porque
+me parecía a mí que llamando a esa puerta, alguien me respondería desde
+dentro. Yo no creo que haya nadie malo, malo de todas veras. ¡Me he
+llevado tantos chascos!... tantas veces me ha pasado ver que una persona
+con fama de perversa salía de buenas a primeras con un acto de los más
+cristianos, que ya no me sorprendo de ver saltar el bien en donde menos
+se piensa. Que usted ha tenido sus extravíos, todo el mundo lo sabe.
+¿Para qué hemos de decir otra cosa?».
+
+--¡Claro!...--murmuró Fortunata sin enterarse del verdadero sentido de
+las palabras.
+
+--Yo no tenía el gusto de conocer a usted... Le confieso que me quedé
+pasmada cuando mi amiguita me dijo ayer quién era usted. Ni remota
+sospecha tenía yo... ¡Si esto parece comedia! ¡Encontrarse aquí, en un
+acto de caridad dos personas tan... no se me ofenda si digo tan opuestas
+por sus antecedentes, por su manera de ser...! Y no quiero rebajar a
+nadie. Todo lo contrario: se me figura, no sé por qué... esto es cosa de
+presentimiento, de adivinación, de corazonada... se me figura que usted,
+si la sacuden bien, así como otros cuando los apalean sueltan bellotas,
+si la sacuden bien, digo, ha de dejar caer alguna flor.
+
+Fortunata dijo que sí con la cabeza, y el dogal que en el cuello sentía
+empezó a aflojarse.
+
+«Por esto apelo a su conciencia, y le pido que me declare, la mano
+puesta en el corazón, si esta temporada, en estos días, tiene algún
+trato con el esposo de mi amiga... Porque esta es la idea que se le ha
+metido ahora en la cabeza. Con que a ver, dígame usted si...».
+
+--¡Yo!--exclamó Fortunata, que casi perdió el miedo con el empuje de la
+verdad que quería salir--. Yo... ¿ahora? ¿Está usted soñando? ¡Si hace
+un siglo que ni siquiera le he visto...!
+
+--¿De veras?--preguntó la santa, guiñando los ojos. Aquel modo de mirar
+extraía la verdad como con tenazas; y ciertamente, la pecadora sentía
+que la mirada aquella la penetraba hasta lo más profundo, trincando todo
+lo que encontraba.
+
+--¿Pero no lo cree?... ¿Pero lo duda?--añadió; y olvidándose de los
+buenos modales, iba a hacer la cruz con los dedos y a besárselos jurando
+_por esta_.
+
+El deseo de ser creída resplandecía de tal modo en sus ojos, que
+Guillermina no pudo menos de ver asomada en ellos la conciencia. Pero
+como disimulaba esto, permaneciendo fría y observadora, la otra se
+impacientaba y enardecía, no sabiendo ya qué decir para convencerla.
+«¿Por qué quiere usted que se lo jure?...
+
+¡Vamos, que dudar esto!... Ni verle, ni saber de él tan siquiera...».
+
+--No diga usted más--manifestó Guillermina con cierta solemnidad--. Me
+basta. Lo creo. Si usted me hubiera dicho lo contrario, yo le habría
+pedido que hiciese todo lo posible por devolver a esa pobrecilla la
+tranquilidad, eso es. Pero si no hay nada, me guardo mi súplica por
+ahora; únicamente me permito hacerla de un modo condicional, ¿qué le
+parece a usted?, mirando a lo futuro, y para el caso de que lo que ahora
+no sucede, sucediera mañana o pasado.
+
+La señora de Rubín miraba al suelo. Tenía el pañuelo metido en el puño y
+este en la barba.
+
+«Pero ahora--agregó la santa mujer--, se me ocurre hacer otra
+preguntita... Usted tenga mucha paciencia; buena jaqueca le ha caído
+encima. Vamos a ver: si ya no hay nada absolutamente entre usted y el
+marido de mi amiga, si todo pasó, ¿por qué guardamos ese rencor a una
+persona que no nos hace ningún daño?... ¿Por qué el otro día, ahí en ese
+pasillo, la trató usted de una manera tan descompuesta y le dijo... no
+sé qué? Francamente, hija, esto nos ha parecido muy extraño, porque
+usted es casada, y vive en paz con su marido, al menos así lo parece. Si
+aquellas diabluras se acabaron, ¿a qué venía maltratar de palabra y
+hasta de obra a la pobre Jacinta, cuando lo que procedía era pedirle
+perdón?».
+
+--Eso fue que...--murmuró Fortunata, haciendo del pañuelo una perfecta
+pelota--, eso fue... pues fue que...
+
+Y no había medio de pasar de aquí. Las lágrimas salían a sus ojos, y el
+nudo de la garganta volvió a apretársele de un modo horrible. En toda su
+vida, en tiempo alguno, habíase visto la infeliz en trance semejante. La
+persona que familiar y cariñosamente llamaban algunos la _rata
+eclesiástica_, infundíale más respeto que un confesor, más que un
+obispo, más que el Papa. Y la _rata_ guiñaba más los ojos, y en su
+bondad quiso abrir camino a la confesión.
+
+«Es que usted, como si lo viera, conserva resentimientos y quizá
+pretensiones que son un gran pecado; es que usted no está curada de su
+enfermedad del ánimo; es que usted, si no tiene ahora trato con aquel
+sujeto, se halla dispuesta a volverlo a tener. Las cosas claritas».
+
+Fortunata no contestó. «¿He acertado? ¿He puesto el dedo en la parte más
+sensible de la llaga? Franqueza, señora mía; que esto no ha de salir de
+aquí. Yo me tomo estas libertades, porque sé que usted no se ha de
+enfadar. Bien sé que abuso y que me pongo insoportable y machacona; pero
+aguánteme usted por un momento; no hay más remedio... Con que a ver...».
+
+Tampoco dijo nada. Por fin, desliando el pañuelo y expresándose a
+tropezones, quiso escapar por la tangente en esta forma: «Aquel día...
+cuando le dije a esa señora... aquello... después me pesó».
+
+--¿Y por qué no le pidió usted perdón?
+
+--Digo que me pesó mucho.--Estamos en ello... corriente... pero conteste
+claro, ¿por qué no le dio excusas?
+
+--Porque me marché a mi casa.
+
+--Bueno. ¿Y si ahora la viera usted?
+
+Silencio completo. Guillermina no tuvo paciencia para esperar más la
+respuesta, y acalorándose expresó lo que sigue: «¿Pero usted no sabe que
+esa señora es mujer legítima... mujer legítima de aquel caballero?
+¿Usted no sabe que Dios les casó y su unión es sagrada? ¿No sabe que es
+pecado, y pecado horrible, desear el hombre ajeno, y que la esposa
+ofendida tiene derecho a ponerle a usted las peras al cuarto, mientras
+que usted, con dos adulterios nada menos sobre su conciencia, la ofende
+con sólo mirarla? Pero vamos a ver, ¿usted qué se ha llegado a figurar,
+que estamos aquí entre salvajes y que cada cual puede hacer lo que le da
+la gana, y que no hay ley, ni religión, ni nada? Pues estaríamos lucidos
+con esas ideítas, sí señor... No extrañe usted que me enfade un poco, y
+dispense».
+
+Fortunata estaba como si le hubieran vaciado sobre el cráneo una cesta
+de piedras. Cada palabra de Guillermina fue como un guijarro.
+
+En aquel momento, cogido el pañuelo por las dos puntas hacía con él una
+soga. No se puede saber si fueron espontaneidad aturdida o bien
+reflexión deliberada estas palabras suyas:
+
+«Es que yo soy muy mala; no sabe usted lo mala que soy».
+
+--Sí, sí; ya voy viendo que no somos una perfección--indicó la santa
+irguiéndose en el asiento como para mirarla más de lejos--. Cuando hay
+arrepentimiento el Señor perdona. ¡Pero usted, por lo visto, tiene una
+frescura para mirar estas cosas de la moral...!, frescura que no le
+envidio. Usted está casada: ya que la conciencia no le remuerde por un
+lado, ¿cómo no le escuece por el otro?
+
+--Me casé sin saber lo que hacía.
+
+--¡Qué angelito!... ¡sin saber lo que hacía! Pues qué, ¿casarse es un
+acto insignificante y maquinal como beber un buche de agua? ¿Puede
+alguien casarse sin saber que se casa?... Hija mía, ese argumento
+guárdelo usted para cuando hable con tontas, que conmigo no vale.
+
+--Me casaron--agregó Fortunata, volviendo a hacer una pelota con el
+pañuelo--me casaron sin que pueda decir cómo. Creí que me convenía y que
+podría querer a mi marido.
+
+--¡Ay, qué gracioso!... ¡Qué monísima es la criatura!--exclamó la
+fundadora con amable ironía y gracejo--. Estas... hartas de pecados son
+muy saladas cuando se hacen las inocentes. ¡Creyó que le podría querer!
+¿Y qué hizo usted para conseguirlo?... ¡Ah! Lo que usted quería, digamos
+las cosas claras, lo que usted quería era casarse para tener un nombre,
+independencia y poder corretear libremente. ¿Más clarito todavía? Pues
+lo que usted deseaba era una bandera para poder ejercer la piratería con
+apariencias de legalidad. ¡Desdichado hombre el que cargó con usted! De
+veras que le cayó la lotería. Y dígame, ¿al fin no saltó por alguna
+parte ese cariño que usted quería tener?
+
+--No señora--replicó Fortunata, rompiendo a llorar--. Pero si me habla
+usted de esa manera, no podré seguir; tendré que retirarme.
+
+La santa se corrió en el cofre que le servía de asiento para aproximarse
+a la silla en que estaba la otra.
+
+«Vamos, no llore usted--le dijo con bondad, poniéndole la mano en el
+hombro--. No se ofenda por lo que he dicho. Ya le recomendé a usted que
+me llevara con paciencia. Hay que tomarme o dejarme. Cuando me pongo a
+sacar pecados no se me puede aguantar... Pues es claro, les duele; pero
+luego sienten alivio. Y hasta ahora, nada me ha dicho usted en su
+descargo».
+
+--¿Pero qué culpa tengo yo de no querer a mi marido?--manifestó la
+pecadora de la manera sofocada e intermitente que el llanto le
+permitía--. Yo no lo puedo remediar. Yo no me casé por lo que la señora
+dice, sino porque estaba equivocada, porque veía las cosas de otro modo
+que como son. A mi marido no le quiero, ni le querré nunca, aunque me lo
+manden todos los santos de la Corte celestial. Por eso digo que soy muy
+mala, muy mala.
+
+Guillermina dio un gran suspiro. En presencia de aquel terrible
+antagonismo entre el corazón y las leyes divinas y humanas, problema
+insoluble, su gran piedad inspirole una idea sublime. «Bien sé que es
+difícil mandar al corazón. Pero eso mismo le da a usted motivo para
+dejar de ser mala, como dice, y adquirir méritos inmensos. Pero, hija,
+¿en qué ha estado pensando que no se le ha ocurrido esto? Cumplir
+ciertos deberes, cuando el amor no facilita el cumplimiento, es la mayor
+hermosura del alma. Hacer esto bastaría para que todas las culpas de
+usted fueran lavadas. ¿Cuál es la mayor de las virtudes? La abnegación,
+la renuncia de la felicidad. ¿Qué es lo que más purifica a la criatura?,
+el sacrificio. Pues no le digo a usted más. Abra esos ojos, por amor de
+Dios; abra ese corazón de par en par. Llénese usted de paciencia, cumpla
+todos sus deberes, confórmese, sacrifíquese, y Dios la tendrá por suya,
+pero por muy suya. Haga usted eso, pero claro, que se vea, que se palpe,
+y el día en que usted sea como le propongo, yo... yo...».
+
+Al decir _yo_, Guillermina se ponía la mano en el pecho y daba a sus
+ojos la expresión más hermosa.
+
+«Yo, yo... ese día, iré a confesarme con usted como usted se confiesa
+ahora conmigo».
+
+Esto dejó a Fortunata tan desconcertada, que sus lágrimas se secaron de
+improviso. Miraba con verdadero espanto a la _rata eclesiástica_.
+
+«No se asombre usted ni ponga esos ojazos--prosiguió esta--. Yo no he
+tenido ocasión de tirar por el balcón a la calle una felicidad, ni una
+ilusión, ni nada. Yo no he tenido lucha. Entré en este terreno en que
+estoy como se pasa de una habitación a otra. No ha habido sacrificio, o
+es tan insignificante, que no merece se hable de él. Ríase usted de mí,
+si quiere; pero sepa que cuando veo a alguna persona que tiene la
+posibilidad de sacrificar algo, de arrancarse algo que duele, le tengo
+envidia... Sí; yo envidio a los malos, porque envidio la ocasión, que me
+falta, de romper y tirar un mundo, y les miro y les digo: 'Necios,
+tenéis en la mano la facultad del sacrificio y no la aprovecháis...'».
+
+Esta idea, a pesar de ser tan alta, fue muy inteligible para Fortunata,
+a quien se acercó Guillermina, y echándole el brazo por los hombros, la
+apretó suavemente contra sí. Nunca, en tiempo alguno, ni en el
+confesionario, había sentido la prójima su corazón con tantas ganas de
+desbordarse, arrojando fuera cuanto en él existía. La mirada sola de la
+virgen y fundadora parecía extraerle la representación ideal que de sus
+propias acciones y sentimientos tenía aquella infeliz en su espíritu,
+como la tenemos todos, representación que se aclara o se oscurece, según
+los casos, y que en aquel resplandecía como un foco de luz.
+
+
+
+
+--xi--
+
+
+Abriose la puerta y entró Severiana llorando a gritos. Había
+llegado el momento de que se llevaran el cuerpo de Mauricia, y este acto
+tristísimo se conoció en los gemidos y sollozos de todas las mujeres que
+en la casa mortuoria estaban. Cuando Guillermina y Fortunata salieron,
+ya el ataúd era bajado en hombros de dos jayanes para ponerlo en el
+carro humilde que esperaba en la calle. La curiosidad y el deseo de dar
+el último adiós a su amiga empujaron a Fortunata hacia la escalera...
+Alcanzó a ver las cintas amarillas sobre la tela negra, en la revuelta
+de la escalera; pero fue un segundo no más. Después se asomó al balcón,
+y vio cómo pusieron la caja en el carro, y cómo se puso en marcha este
+sin más acompañamiento que el de un triste simón en que iban Juan
+Antonio y dos vecinos. Se vio tan vivamente acometida de ganas de
+llorar, que no recordaba haber llorado nunca tanto, en tan poco tiempo.
+
+Y no era sólo la pena de ver desaparecer para siempre a una persona
+hacia la cual sentía amor, afición, querencia increíble; era además una
+necesidad de desahogar su corazón por penas atrasadas y que sin duda no
+estaban bien lloradas todavía.
+
+Pronto desapareció el carro, y de Mauricia no quedó más que un recuerdo,
+todavía fresco; pero que se había de secar rápidamente. A los diez
+minutos de haber salido el cuerpo, entró Severiana con los ojos
+hinchados, y abrió todas las puertas, ventanas y balcones para que se
+ventilara la casa. La comandanta empezaba a disponer el tren de
+limpieza, y a sacar los trastos para barrer con desahogo.
+
+--¡Pobre Mauricia!--dijo Fortunata a Guillermina, secándose el llanto a
+toda prisa, pues no le parecía bien ser ella la que más llorase--. Mire
+usted, señora, a mí me pasaba con esa mujer una cosa rara. Sabiendo que
+era muy mala, yo la quería... me era simpática, no lo podía remediar. Y
+cuando me contaba las barbaridades que hizo en su vida, yo no sé... me
+alegraba de oírla... y cuando me aconsejaba cosas malas, me parecía, acá
+para entre mí, que no eran tan malas y que tenía razón en
+aconsejármelas. ¿Cómo me explica usted esto?
+
+--¿Yo?... ¿que le explique yo?...--repuso la fundadora con cierto
+aturdimiento--. Hay en el corazón misterios muy grandes, y en lo que
+toca a la simpatía, misterios de misterios... ¡Pobre mujer! Y si viera
+usted qué guapa era cuando polla. Se crió en casa de mis padres.
+¡Lástima de chica! Su perfil elegante, la mirada, la expresión, eran de
+lo poco que se ve. Después se echó a perder, y se le puso la cara dura y
+hombruna, la voz ronca. Dicen que era el retrato vivo de Bonaparte, y
+efectivamente...
+
+Guillermina miró las láminas napoleónicas, y Fortunata también,
+reconociendo el parecido. Después la santa se despidió de Severiana,
+diciéndole que volvería al día siguiente. Le recomendó la paciencia, y
+tomando el brazo de la de Rubín, se fue con ella. Severiana y la
+comandanta las escoltaron hasta el portal.
+
+«Tenemos mucho que hablar--le dijo Guillermina en la calle--; pero
+mucho. Lo de hoy no ha sido más que desflorar el asunto. Me ha sabido a
+nada. Y usted, ¿tendrá un poco más de paciencia para aguantarme? Porque
+si no ha quedado harta de mí, le he de rogar que me dé otra audiencia.
+¿Será usted tan buena que quiera tener conmigo otro rato de palique?».
+
+--Todos los que usted quiera--replicó la señora de Rubín, encantada con
+la indulgencia y cortesía de la ilustre dama.
+
+--Bueno; ya fijaremos cuándo y cómo. ¿Va usted hacia su casa? Pues
+iremos juntas, porque yo tengo que ir a la calle de Zurita a echarle un
+réspice a mi herrero, y no hará usted nada demás si me acompaña un poco.
+Pronto despacho, y la dejaré a usted en la puerta de su casa.
+
+Aceptada con sumo agrado la proposición, anduvieron juntas el torcido y
+desigual camino que separa la vertiente de la Arganzuela del barranco de
+Lavapiés. Hablaban de cosas que nada tenían de espirituales, de lo caro
+que se estaba poniendo todo... La carne sin hueso, ¡quién lo había de
+decir!, a peseta; la leche a diez cuartos; el pan de picos a diez y
+seis, y de las casas no dijéramos; un cuarto que antes costaba ocho
+reales, ya no se encontraba por catorce. Llegaron por fin a la calle de
+Zurita y se metieron en una herrería, grande, negra, el piso cubierto de
+carbón, toda llena de humo y de ruido. El dueño del establecimiento
+avanzó a recibir a la señora, con su mandil de cuero ennegrecido, la
+cara sudorosa y tiznada, y quitándose la porra, le dio sus excusas por
+no haber entregado los clavos _bellotes_.
+
+«¿Pero y los gatillos, que es lo que hace más falta?--dijo la dama
+amoscándose--. Hombre de Dios, usted se va a condenar por tantos
+embustes como dice. ¿No me prometió que estarían por ayer? ¿Qué palabras
+son esas? Vaya, que ni Job tendría paciencia para aguantarle a usted.
+Están parados los carpinteros de armar, por causa de esa santa pachorra.
+No me extraña que esté usted tan gordo, Sr. Pepe... Y póngase la gorra,
+que está sudando y se puede constipar».
+
+El herrero se excusaba con voz balbuciente, y por fin hizo juramento de
+dar los gatillos para el jueves, sí, para el jueves, con toda
+seguridad... Había tenido un encargo con muchas prisas... pero en
+seguida se pondría con los gatillos de la señora, y los tendría, los
+tendría _por encima de la cabeza de Cristo_ para el día señalado. Volvió
+la fundadora a sermonearle, pues no se contentaba con promesas, y se
+despidió diciendo que si no estaban el jueves, se podía quedar con
+ellos. Salió el Sr. Pepe, haciendo cortesías, hasta media calle, y las
+dos señoras subieron despacio hacia la del Ave-María.
+
+«Bueno--dijo Guillermina--; antes de separarnos, quedaremos en algo.
+¿Quiere usted ir a mi casa? ¿Sabe usted dónde vivo?».
+
+Fortunata dijo que sí. Santa Cruz le había dicho varias veces que la
+_rata eclesiástica_ vivía en la casa inmediata a la suya, y que ella y
+Barbarita se comunicaban por los miradores. Para fijar el día, tuvo que
+pensarlo porque no quería dar cuenta a doña Lupe de tal visita, temerosa
+de que metiera en ella su cucharada, y discurrió que era preciso escoger
+un día en que _la de los pavos_ fuera al Monte de Piedad.
+
+«El viernes... ¿le parece a usted bien?, de diez a once de la mañana».
+
+--Perfectamente... Adiós, hija, conservarse.
+
+(Ya estaban en la puerta de la casa). Que la espero a usted. Que no me
+dé un plantón.
+
+--¡Quia!... No faltaba más.
+
+Quedose un rato Fortunata en la puerta mirándola subir, calle arriba, y
+después entró despacio, meditabunda. En todo el resto del día no la pudo
+apartar de su mente. ¡Qué extraordinaria mujer aquella! Sentíala dentro
+de sí, como si se la hubiera tragado, cual si la hubiera tomado en
+comunión. Las miradas y la voz de la santa se le agarraban a su interior
+como sustancias perfectamente asimiladas. Y por la noche, cuando Maxi se
+durmió, y estaba ella dando vueltas en la cama sin poder coger el sueño,
+vínole a la imaginación una idea que la hizo estremecer. Con tal
+claridad veía a Guillermina como si la tuviera delante; pero lo raro no
+era esto, sino que se le parecía también a Napoleón, como Mauricia la
+Dura. ¿Y la voz?... La voz era enteramente igual a la de su difunta
+amiga. ¿Cómo así, siendo una y otra personas tan distintas? Fuera lo que
+fuese, la simpatía misteriosa que le había inspirado Mauricia, se pasaba
+a Guillermina. ¿Cómo, pues, se podían confundir la que se señaló por sus
+vergonzosas maldades y la santa señora que era la admiración del mundo?
+«Yo no sé cómo es esto--discurría Fortunata--; pero que se parecen no
+tiene duda. Y el habla de las dos me suena lo mismo... Señor, ¡qué será
+esto!».
+
+Se devanaba los sesos en el torniquete de su desvelo para averiguar el
+sentido de tal fenómeno, y llegó a figurarse que de los restos fríos de
+Mauricia salía volando una mariposita, la cual mariposita se metía
+dentro de la _rata eclesiástica_ y la transformaba... ¡Cosa más rara!
+¡El mal extremado refundiéndose así y reviviendo en el bien más puro!...
+¿Pero no podría ser que Mauricia, arrepentida y bien confesada y
+absuelta, se hubiera trocado, al morir, en criatura sana y pura, tan
+pura como la misma santa fundadora... o más, o más? «¡Qué confusión,
+Dios mío! Y que no haya nadie que le explique a una estas cosas...».
+
+Después le causaba pavor la visión figurada de los pies de Mauricia...
+En la oscuridad, que surcaban rayas luminosas, veía las botas elegantes
+y pequeñas de la difunta... Los pies se movían, el cuerpo se levantaba,
+daba algunos pasos, iba hacia ella y le decía: «Fortunata, querida amiga
+de mi alma, ¿no me conoces? ¡Re...! Si no me he muerto, chica, si estoy
+en el mundo, créetelo porque yo te lo digo. Soy Guillermina, doña
+Guillermina, la _rata eclesiástica_. Mírame bien, mírame la cara, los
+pies... las manos, el mantón negro... Estoy loca con este asilo
+pastelero, y no hago más que pedir, pedir, pedir al Verbo y a la Verba.
+Sr. Pepe, ¿me hace usted esos gatillos o no?... ¡peinetas se debían
+volver!».
+
+
+
+
+-VII-
+
+La idea... la pícara idea
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Guillermina vivía, como antes se ha dicho, en la calle de Pontejos,
+pared por medio con los de Santa Cruz. Era aquella la antigua casa de
+los Morenos; allí estuvo la banca de este nombre desde tiempos remotos,
+y allí está todavía con la razón social de _Ruiz Ochoa_ y _Compañía_. El
+edificio, por lo angosto y alto, parecía una torre. El jefe actual de la
+banca no vivía allí; pero tenía su escritorio en el entresuelo; en el
+principal moraba D. Manuel Moreno-Isla, cuando venía a Madrid, su
+hermana doña Patrocinio, viuda, y su tía Guillermina Pacheco; en el
+segundo vivía Zalamero, casado con la hija de Ruiz Ochoa, y en el
+tercero, dos señoras ancianas, también de la familia, hermanas del
+obispo de Plasencia, Fray Luis Moreno-Isla y Bonilla.
+
+Entró Guillermina en su casa a las nueve y media de aquel día que debía
+de ser memorable. Tan temprano, y ya había andado aquella mujer medio
+mundo, oído tres misas y visitado el asilo viejo y el que estaba en
+construcción, despachando de paso algunas diligencias. Llegose un
+instante a su gabinete, pensando en la visita que aquel día esperaba,
+pero el interés de este asunto no le hizo olvidar los suyos propios, y
+sin quitarse el manto, volvió a salir y fue al despacho de su sobrino.
+«¿Se puede?» preguntó abriendo suavemente la puerta.
+
+«Pasa, _rata_» replicó Moreno, que se acababa de dar un baño y estaba
+sentado, escribiendo en su pupitre, con bata y gorro, clavados los
+lentes de oro en el caballete de la nariz.
+
+--Buenos días--dijo la santa entrando; él la miraba por encima de los
+quevedos--. No vengo a molestarte... Pero ante todo. ¿Cómo estás hoy?
+¿No se ha repetido el ahoguillo?
+
+--Estoy bien. Anoche he dormido. Me parece mentira que haya descansado
+una noche. Todo lo llevo con paciencia; pero esos desvelos horribles me
+matan. Hoy, ya lo ves, hablo un rato seguido y no me canso.
+
+--Vaya... cosas de los nervios... y resultado también de la vida ociosa
+que llevas... Pero vamos a mi pleito. Sólo te quería decir que ya que no
+me acabes el piso, me des siquiera unas vigas viejas que tienes en tu
+solar de la calle de Relatores... Ayer fui a verlas. Si me las das, yo
+las mandaré aserrar...
+
+--Vaya por las vigas, que no son viejas.
+
+--¡Si están medio podridas!
+
+--¡Qué han de estar! Pero en fin, tarasca, tuyas son--replicó Moreno
+volviendo a escribir--. ¡Cuándo querrá Dios que acabes tu dichoso asilo,
+a ver si descansa el género humano! Mira, no sabes lo antipática que te
+haces con tus petitorios. Eres la pesadilla de todas las familias y
+cuando te ven entrar, no lo dudes, aunque te pongan buena cara, ¡te
+echan de dientes adentro cada maldición...!
+
+A estas palabras, dichas con seriedad que más bien parecía broma,
+contestole Guillermina sentándose junto al pupitre, apoyando un codo en
+él, y mirando frente a frente al sobrino, cuya barba acarició con sus
+dedos, entre los cuales tenía enredado aún el rosario.
+
+«Todo eso lo dices por buscarme la lengua. Eres muy pillincito. Por de
+pronto vengan esos maderos que no te sirven para nada».
+
+--Carga con ellos y así te perniquiebres--repuso D. Manuel sonriendo.
+
+--Pero no basta eso. Es preciso que pongas una orden a tu administrador
+para que me los entregue. Aquí, en este papelito... Ya que tienes la
+pluma en la mano no me voy sin la orden. Luego acabarás tu carta.
+
+Diciendo esto, cogía de la papelera un pliego timbrado y se lo ponía
+delante, apartando con su propia mano la carta que estaba a medio
+escribir.
+
+--¡Dios tenga compasión de mí! Y el diablo cargue con estas santas
+cursis, con estas fundadoras de establecimientos que no sirven para
+nada.
+
+--Escribe, tontito. Si todo eso que hablas es bulla. ¡Si eres lo más
+bueno... y lo más cristiano...!
+
+--¡Cristiano yo!--exclamó el caballero enmascarando su benevolencia con
+una fiereza histriónica--. ¡Cristiano yo! ¡Mal pecado! Para que no te
+vuelvas a acercar más a mí, me voy a hacer protestante, judío, mormón...
+Quiero que huyas de mí como de la peste.
+
+--Vamos, no tontees. Te advierto que de ninguna manera te has de librar
+de mí, pues aunque te vuelvas el mismo Demonio, te he de pedir dinero y
+te lo he de sacar. Vamos; ponme eso.
+
+--No me da la gana. Y diciéndolo empezaba a redactar la orden.
+
+--Así, así...--decía Guillermina dictando--. «Sr. D... haga usted el
+favor de dar los palos...».
+
+--Por ahí... los palos... Leña, que te den leña es lo que a ti te viene
+bien.
+
+Durante el silencio de la escritura, oyose en el pasillo próximo rumor
+de faldas, voces de mujeres y estallido de besos. Moreno levantó la
+pluma diciendo: «¿Quién es?».
+
+--No te interrumpas... ¿Qué te importa a ti? Debe de ser Jacinta. Sigue.
+
+--Pues que pase aquí. ¿Por qué no pasa?
+
+--Está hablando con tu hermana. ¡Jacinta, Jacintilla!, entra: el
+monstruo quiere verte.
+
+Abriose la puerta y aparecieron Jacinta y Patrocinio, la hermana de
+Moreno. Esta se reía de ver a su hermano enzarzado con la santa, y
+riéndose se retiró.
+
+--Venga usted... Jacinta por Dios--dijo Moreno echando la firma al
+documento--, y sáqueme de este Calvario. Crea usted que su amiguita me
+está crucificando.
+
+«Calle usted, cicatero--le contestó la joven avanzando hacia la mesa--.
+Usted es el que la crucifica a ella, porque pudiendo darle todo lo que
+le pide, que bien de sobra lo tiene, no se lo da: y hace muy mal en
+atormentarla si piensa dárselo al fin».
+
+--Vamos, usted se me ha pasado al enemigo. Ya no hay salvación--afirmó
+él quitándose los lentes y frotándose los ojos, cansados de tanto
+escribir--. Estamos perdidos.
+
+--¿Eh?, ¿qué tal? ¿Tengo buenos abogados?--dijo Guillermina recogiendo
+su papel.
+
+--¡Cicatero!--repitió Jacinta--. ¡Negarle tres o cuatro mil tristes
+duros para acabar el piso...!, ¡un hombre que no tiene hijos, que está
+nadando en dinero! ¡Usted que antes era tan bueno, tan caritativo...!
+
+--Es que me he vuelto protestante, hereje, y me voy a volver judío, a
+ver si esta calamidad me deja en paz.
+
+--No, no le dejaremos, ¿verdad?--insistió la santa--. Mira, Manolo:
+Jacinta y yo pedimos ahora juntas. Aunque te vuelvas turco, ya te cayó
+que hacer.
+
+--No, Jacinta no se mete en esos enredos--dijo Moreno mirándola
+fijamente en los ojos.
+
+--Vaya que sí me meto. El asilo es mío; lo he comprado.
+
+--¿Sí?, pues si ha dado usted dos pesetas por él ha hecho un mal
+negocio. Todavía está a la mitad y ya se está cayendo.
+
+--Primero te caerás tú.
+
+--Es mío--afirmó la señora de Santa Cruz avanzando más y poniendo la
+palma de la mano sobre el pupitre--. A ver, rico avariento, dé usted
+para la obra de Dios.
+
+--¡Otra! Ya he dado unas vigas que valen cualquier cosa--replicó Manolo,
+mirando embelesado, tan pronto la cara de la mendicante como su mano de
+ángel, sonrosada y gordita.
+
+--Eso no basta. Necesitamos acabar el piso principal, y...
+
+--Eso... eso...--interrumpió Guillermina--. Pero no te dará ni una mota.
+¿Sabes? Se va a hacer mormón, y necesita el dinero para tantísimas
+mujeres como tendrá que mantener.
+
+--Poco a poco, señoras mías--observó el rico avariento, echándose sobre
+el respaldo del sillón--. La cosa varía de aspecto. ¡Jacinta metida a
+santa fundadora! ¡Qué compromiso! Ahora sí que no sé cómo salir del
+paso, porque ahora sí que me condeno de veras, si me obstino en la
+negativa. Porque no hay duda de que esta mano que pide, mano del Cielo
+es...
+
+--Y tan del Cielo--indicó la propia Delfina sacudiendo la mano--.
+Decidirse pronto, caballero. Es la primera vez que ejerzo de santa. Si
+me echa la limosnita, usted me estrena.
+
+--¿Sí?...--dijo él moviéndose en el sillón con gran desasosiego--. Pues
+doy, pues doy.
+
+Guillermina empezó a dar palmadas, gritando: «Hosanna... ya le tenemos
+cogido». Y con vivacidad, semejante a la de una jovenzuela, echó mano a
+la llave que estaba puesta en uno de los cajones de la mesa.
+
+--Eh... ¿qué libertades son estas?--gritó su sobrino sujetándole la
+mano.
+
+--El talonario del Banco...--decía la _rata eclesiástica_, luchando por
+desasirse y por sofocar la risa--. Aquí, aquí lo tienes, perro hereje...
+sácalo pronto y pon cuatro números, cuatro letras y el garabato de tu
+firma. Jacinta, abre... sácalo... no tengas miedo.
+
+--Orden, orden, señoras--arguyó Moreno a quien la risa cortaba la
+respiración--. Esto ya es un allanamiento, un escalo. Tengan calma,
+porque si no me veré en el caso de llamar a una pareja.
+
+--¡El talonario, el talonario!--chillaba Jacinta, dando también
+palmadas.
+
+--Paciencia, paciencia. No tengo aquí el talonario. Está abajo, en el
+escritorio. Luego...
+
+--¡Bah!... ¡se está burlando de nosotras!...
+
+--No, no--dijo Guillermina con ardor--, ya no puede volverse atrás.
+
+--Yo no me voy ya sin la firma.--Más que la firma--manifestó Moreno muy
+serio, poniéndose la mano sobre aquel corazón que no valía ya dos
+cuartos--, vale mi palabra.
+
+Estaba pálido, casi blanco, del color del papel en que escribía.
+
+«¿De veras?».--No hay más que hablar.--Eso sí--dijo la santa--, él es un
+pillo, un hereje; pero lo que es palabra, la tiene...
+
+Dichas otras cuantas bromas, retiráronse las dos santas fundadoras,
+dejando al hereje con su médico. Iban tan contentas, que cuando entraron
+en el cuarto de Guillermina, a esta le faltaba poco para ponerse a
+bailar.
+
+«¿Pero de veras nos mandará el talón?» preguntó Jacinta, incrédula.
+
+--Como tenerlo en la mano... Has estado muy hábil... Como tiene conmigo
+tanta confianza, se pone muy pesado. Pero a ti no te había de negar...
+¡Qué alegría!... ¡Ya tenemos piso principal! ¡Viva San José bendito!
+¡Vivaaaa!... ¡Viva la Virgen del Carmen!... ¡Vivaaaa! Porque a ellos se
+le debe todo. Tarde o temprano, Manolo me habría dado esos cuartos.
+¡Ah!, yo le conozco bien. ¡Si es un angelote, un bendito, un alma de
+Dios...!
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+No les duró mucho el regocijo, porque oyeron el reloj de la Puerta
+del Sol dando las diez, y ambas mudaron súbitamente la expresión de su
+rostro. «Las diez, ya veremos si viene--dijo Guillermina, que aún
+conservaba resplandores de alegría en su cara--. Prometió venir; pero
+esa palabra no debe de ser tan de fiar como la de Manolo».
+
+Y permaneciendo ambas en pie, la fundadora dijo a su amiguita:
+
+«Esto no lo hago yo más que por ti... ¡meterme en vidas ajenas! La
+impresión que saqué el otro día es que por el momento no es ella quien
+te le distrae. Sería una actriz consumada si así no fuese. Como venga
+hoy, le echaremos la sonda más abajo a ver si sale algo. De todas
+suertes, ya la sermonearé bien para que le reciba a cajas destempladas,
+si él intentara... ¿Creerás una cosa? ¿Que esa mujer no me parece
+enteramente mala?».
+
+--Podrá ser... Pero si usted hubiera visto la cara que me puso el otro
+día, una cara de rencor como usted no puede figurarse...
+
+--Dice que después le pesó...
+
+--¡Bribona!--exclamó Jacinta, frunciendo los labios y apretando los
+puños.
+
+--Pero, en fin, hoy la tantearemos otra vez.
+
+Como quiera que sea, su sermoncito no hay quien se lo quite. Y por si
+viene pronto... quedamos en que de diez a once... debes marcharte ya, no
+sea que te pille aquí.
+
+Después de un rato de silencio, la Delfina dijo con resolución: «Yo no
+me voy».
+
+--¡Hija, qué me dices!... ¿Estás loca?
+
+--Yo no me voy. Me esconderé en la alcoba. Quiero oír lo que diga...
+
+--Eso sí que no te lo consiento. ¿En mi casa escenas de comedia? No, no
+lo esperes.
+
+--¡Pero qué tonta, y qué exagerada, y qué puntillosa es usted, hija!
+¿Qué mal hay en eso?, a ver... Le digo a usted que no me voy.
+
+--Pues te quedas aquí... ¡Ah!, no, eso tampoco. Márchate, niña de mi
+alma, y no me pongas en tan mal paso. No es de mi carácter eso.
+
+--Déjeme... ¡por Dios! ¿Pero qué le importa a usted?... vaya... Yo me
+meto en la alcoba y me estoy allí como en misa.
+
+--Hija, ni en los teatros resulta eso con sentido común... Para salir
+diciendo luego con voz hueca: «¡lo he oído todo!».
+
+--Yo no chistaré. No haré más que oír... Vamos, remilgada, déjeme usted.
+
+--Ya me figuraba yo que habías de salir con alguna tontería. Eres una
+voluntariosa. De esa manera me agradeces lo que hago por ti...
+
+--¿Pero qué mal hay?... Vaya, que es usted terca. Pues que no me voy,
+que no me voy.
+
+Sonó la campanilla. «¿Apostamos a que es ella?... Lo siento» dijo
+Guillermina, asomándose a la puerta.
+
+Jacinta no creyó prudente discutir más, y sin decir nada metiose en la
+alcoba, cerrando cuidadosamente las vidrieras. Guillermina, no
+conformándose con el escondite, quiso salir con ánimo de recibir la
+visita en otra habitación; mas dispuso la fatalidad que su prima
+Patrocinio, al ver entrar a Fortunata, la tomara por una de las muchas
+personas que iban allí a pedir socorros, y la introdujese, como si
+dijéramos, a boca de jarro, en el gabinete de la santa. Esta se vio algo
+confusa, sin saber cómo salir de aquel atolladero. «¡Ah!, ¿era usted?...
+No la esperaba... Pase y tome asiento».
+
+Fortunata, que iba vestida con mucha sencillez, entró como entraría una
+planchadora que va a entregar la ropa. Avanzaba tímidamente,
+deteniéndose a cada palabra del saludo, y fue preciso que Guillermina la
+mandase dos o tres veces sentarse para que lo hiciera. Su aire de
+modestia, su encogimiento, que era el mejor signo de la conciencia de su
+inferioridad, hacíanla en aquel instante verdadero tipo de mujer del
+pueblo, que por incidencia se encuentra mano a mano con las personas de
+clase superior. Mucho la cohibía el temor de no saber usar términos en
+consonancia con los que emplearía la confesora, pues en todas las
+ocasiones difíciles recobraba su popular rudeza, y se le iban de la
+memoria las pocas enseñanzas de lenguaje y modales que había recibido en
+su corta y accidentada vida de señora.
+
+Pero lo verdaderamente singular era que Guillermina, tan dueña de su
+palabra normalmente, estaba también azorada aquel día, y no sabía cómo
+desenvolverse. El escondite de su amiga la llenaba de confusión, porque
+era un engaño, un fraude, una superchería indigna de personas formales.
+Lo primero que a la santa se le ocurrió, para empezar, fue una
+ampliación de lo que había dicho en la casa de Severiana. «Si quiere
+usted que seamos amigas y que le dé buenos consejos, es preciso que
+tenga conmigo mucha confianza y no me oculte nada, por feo y malo que
+sea. Hay en su vida de usted un punto muy oscuro. Usted está casada y no
+quiere a su marido; así me lo confesó el otro día. Crea que esto me ha
+dado qué pensar. Dice usted que se casó sin saber lo que hacía...
+Explicación escurridiza. Tengamos sinceridad, y hablemos claro. La
+sinceridad es difícil; pero así como los niños, que confiesan por
+primera vez, no confesarían si el cura no les sacara los pecadillos con
+cuchara, así yo voy a ayudarle a usted preguntando y echándole el
+anzuelo de la respuesta. Veremos si pica... Cuando usted se determinó a
+casarse, ¿no hizo allá en el fondo de su pensamiento, la reserva de que
+el matrimonio le permitiera pecar libremente, no digo que con este y con
+el otro, sino con el que usted quería?».
+
+Fortunata miraba al techo, recordando.
+
+«¿No había esa reserva? A ver... busque usted bien; busque más adentro,
+más abajo».
+
+--Puede que sí la hubiera--dijo la otra al fin, con voz muy apagada y
+trémula--. Puede que sí...
+
+--¿Ve usted cómo salen las heces cuando se las quiere sacar?
+
+--Pero también le diré a usted que yo no contaba con volverle a ver...
+Pensé que no se acordaba de mí. Yo me llegué a creer que podría ser
+buena y honrada... me lo tragué. ¿Pero cómo fue ello?, que él me
+buscó... sí señora, me buscó y me encontró. Sin saber cómo, de repente,
+el casamiento y mi marido se me pusieron a cien mil leguas de distancia.
+Yo no sé explicarlo, no sé explicarlo.
+
+En cuanto la conversación se corría del lado de Juanito Santa Cruz,
+Guillermina se aterraba. Quería apartarla de aquel extremo peligroso, y
+no sabía cómo llevar a su penitente a un terreno puramente ideal.
+
+«Pero su conciencia... eso es lo que quiero saber».
+
+--¡Mi conciencia!... esto sí que es raro... se lo cuento a usted como
+pasó... no se me alborotaba cuando cometía yo aquellos pecados tan
+refeos... Le diré a usted más, aunque se horrorice... mi conciencia me
+aprobaba... vamos al caso, me decía una cosa muy atroz, me decía que mi
+verdadero marido...
+
+--No siga usted--interrumpió la santa alarmadísima, creyendo sentir
+ruido en la alcoba. Es horrible. No siga usted. ¡Virgen del Carmen! Está
+usted muy dañada.
+
+--Parecíame a mí--prosiguió la penitente sin poder contener la efusión
+de su sinceridad--, que aquel hombre me pertenecía a mí y que yo no
+pertenecía al otro... que mi boda era un engaño, una ilusión, como lo
+que sacan en los teatros.
+
+--Calle, cállese por Dios...
+
+--Pero aguárdese usted... A mí me había dado palabra de casamiento...
+como esta es luz... Y me la había dado antes de casarse... Y yo había
+tenido un niño... Y a mí me parecía que estábamos los dos atados para
+siempre, y que lo demás que vino después no vale... eso es.
+
+Guillermina se llevó las manos a la cabeza... Discurrió que lo mejor era
+diferir la conferencia para otro día, pretextando que tenía que salir.
+«Eso es muy grave. Hay que tratarlo despacio. Cierto que una promesa
+liga algo... No sostendré yo que ese joven se portó bien con usted. Pero
+el tiempo, la sociedad... Y sobre todo, los derechos que usted podría
+tener, los ha perdido con su mala conducta».--Yo no habría sido
+mala--dijo la de Rubín envalentonándose, al ver en su confesora un
+inexplicable aturdimiento--, si él no me hubiera plantado en medio del
+arroyo con un hijo dentro de mí--la santa vacilaba; no sabía por dónde
+romper. ¡Ah!, sin aquel peligroso testigo de Jacinta ya se habría
+explicado ella bien, enseñando a la atrevida cuántas son cinco.
+
+--Usted, hija mía, está como trastornada--le dijo, buscando modos de
+hacer insignificante la conversación--. El otro día me pareció usted más
+razonable... ¿qué mosca la ha picado...?
+
+--¿Qué mosca?--dijo Fortunata con cierto extravío en la mirada--. ¿Qué
+mosca?, pues una.
+
+--Porque usted no se hace cargo de que ha pasado tiempo, de que ese
+hombre está casado con una mujer angelical, y que...
+
+En la fisonomía de la prójima se encendió de improviso una luz vivísima.
+Fue como una aureola de inspiración que le envolvía toda la cara. Más
+hermosa que nunca, sacó de su cabeza un gallardísimo argumento, y se lo
+soltó a la otra como se suelta una bomba explosiva.
+
+¡Pruuun! Guillermina se quedó atontada cuando oyó esta atrocidad:
+
+«¡Angelical!... sí, todo lo angelical que usted quiera; pero _no tiene
+hijos_. Esposa que no tiene hijos, no es tal esposa».
+
+Guillermina se quedó tan pasmada, que no pudo responder.
+
+«Es idea mía--prosiguió la otra con la inspiración de un apóstol y la
+audacia criminal de un anarquista--. Dirá usted lo que guste; pero es
+idea mía, y no hay quien me la quite de la cabeza... Virtuosa, sí;
+estamos en ello; pero no le puede dar un heredero... Yo, yo, yo se lo he
+dado, y se lo puedo volver a dar...».
+
+--Por Dios... cállese usted... no he visto otro caso... ¡Qué idea!...
+¡qué atrevimiento! Está usted condenada.
+
+Y la virgen y confesora llegó a tal grado de confusión, que no daba ya
+pie con bola.
+
+«Yo estaré todo lo condenada que usted quiera... pero es mi idea; con
+esta idea me iré al Infierno, al Cielo o a donde Dios disponga que me
+vaya... Porque eso de que yo sea mala, muy mala, todavía está por ver».
+
+La santa la miraba con verdadero espanto. Fortunata parecía estar fuera
+de sí y como el exaltado artista que no tiene conciencia de lo que dice
+o canta.
+
+«¿Por qué he de ser yo tan mala como parece?... ¿porque tengo una idea?
+¿No puede una tener una idea?... ¿Dice usted que la otra es un ángel? Yo
+no lo niego, yo no pretendo quitarle su mérito... Si a mí me gusta, si
+quisiera parecerme a ella en algunas cosas, en otras no, porque ella
+será para usted todo lo santa que se quiera, pero está por debajo de mí
+en una cosa: _no tiene hijos_, y cuando tocan a tener hijos, no me
+rebajo a ella, y levanto mi cabeza, sí señora... Y no los tendrá ya,
+porque está probado, y por lo que hace a que yo los puedo tener, también
+muy probado está. Es mi idea, es una idea mía. Y otra vez lo digo: la
+esposa que no da hijos, no vale... Sin nosotras las que los damos, se
+acabaría el mundo... Luego nosotras...».
+
+«Nada, nada, esta mujer está loca y no tendré más remedio que ponerla en
+la calle--pensó Guillermina--. ¡Y qué trago estará pasando la otra
+pobre, oyendo tales lindezas!».
+
+Notaba en ella cierta exaltación insana. No era la misma mujer con quien
+había hablado dos días antes. Ya tenía la palabra en la boca para
+despedirla con buen modo, cuando se sintió ruido como de mano golpeando
+en los cristales de un mirador, y luego una voz que llamaba a
+Guillermina. Asomose esta. Fortunata oyó claramente la voz de doña
+Bárbara preguntando: «¿Está ahí Jacinta?».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+La santa vaciló antes de dar respuesta. Por fin la dio:
+«¿Jacinta?... No, aquí no está». Poco más hablaron las dos damas, y
+Guillermina volvió al lado de la visita; pero la falsedad que se había
+visto obligada a decir trastornaba de tal modo su espíritu, que no
+parecía la misma mujer de siempre, segura, impávida y tan dueña de su
+palabra como de sus actos. La mentira y el escondite escénico de su
+amiga pusiéronla en la situación más crítica del mundo, porque se había
+hecho a la verdad, y vivía en ella como los peces en el agua. Estaba la
+pobre señora, con aquellos escrúpulos, como pez a quien sacan de su
+elemento, y aún le pasó por el magín la pavorosa idea: _¡pecado mortal!_
+En fin que aquello se tenía que concluir.
+
+«Hija mía, usted está hoy un poco alucinada. Bien quisiera poderla oír,
+consolarla... pero tiene que dispensarme por hoy... Otro día...».
+
+--¿Tiene usted que salir?--dijo la anarquista con pena--. Bueno,
+volveré; yo tengo que contarle a usted una cosa... Si no se la cuento a
+usted, lo sentiré... ¡Ay!, una cosa que me ha pasado ayer... ¡tremenda,
+muy tremenda!
+
+Guillermina permaneció en pie, diciendo para sí: «¿qué será?».
+
+«Si persiste usted--agregó en voz alta--, en tener esas ideas
+estrambóticas, es difícil que yo la consuele. No nos entenderemos
+nunca».
+
+En aquel momento la pecadora clavaba sus ojos en la santa. Se le estaba
+pareciendo a Mauricia. La cara no era la misma; pero la expresión sí...
+y la voz, se le había enronquecido como la de las personas que beben
+aguardiente.
+
+«¿En qué piensa usted? ¿Por qué me mira tanto?» le preguntó Guillermina,
+que ya estaba impaciente por terminar.--La miro a usted porque me gusta
+mirarla... Anoche y anteanoche, y todos los días desde aquel en que
+hablamos, la tengo a usted metidita dentro de mis ojos, la veo cuando
+duermo y cuando no duermo. Ayer, cuando me pasó lo que me pasó, dije:
+«No tengo sosiego hasta que no se lo cuente a la señora».
+
+Guillermina, movida de gran curiosidad, se sentó, y tomándole una mano,
+le dijo en voz queda: «Cuente usted... Ya oigo».
+
+«Pues ayer--refirió la joven con los ojos bajos, alzándolos al final de
+cada frase, como si pusiera con ellos las comas, más que con el
+acento--, pues ayer... iba yo tan tranquila por la calle de la
+Magdalena, pensando en usted... porque siempre estoy pensando en usted
+y... me paré a ver el escaparate de una tienda donde hay tubos y llaves
+de agua... Ni sé por qué me paré allí, pues ¿qué me importan a mí los
+tubos?... cuando sentí a mi espalda... mejor dicho aquí en el cuello,
+una voz... ¡Ay, señora!, la voz me sonó aquí detrás junto a estos
+pelitos que tenemos donde nace la cabellera, y fue como si me entraran
+una aguja muy fina y muy fría... Me quedé helada... volvime... le vi...
+se sonreía».
+
+Guillermina extendió la mano para taparle la boca; pero sin resultado.
+
+«Yo no podía hablar... Me quedé como una estatua; me dieron ganas de
+llorar, de echar a correr o de no sé qué».
+
+--No le diría a usted nada de particular--indicó la santa muy asustada,
+quitando gravedad al asunto--. Nada más que un saludo...
+
+--¿Qué saludo?... Verá usted. Me dijo: «¿Chiquilla, qué es de tu
+vida?...». Yo no le pude contestar... Di media vuelta, y él me cogió una
+mano.
+
+--Vamos, vamos, esto ya es demasiado--declaró Guillermina, levantándose
+turbadísima--. Otro día me contará usted eso...
+
+--No, si no hay más... Yo retiré mi mano, y me fui sin decirle nada...
+No tuve alma para seguir adelante sin mirar para atrás, y miré y le
+vi... Me seguía, distante. Apresuré el paso y me metí en mi casa...
+
+--Muy bien hecho, muy bien hecho...
+
+--Pero aguárdese usted--dijo Fortunata que ya no estaba exaltada, sino
+en un grado de humildad lastimosa, y su tono era el de los penitentes
+muy afligidos, que no pueden con el peso de sus culpas--. Aún falta lo
+mejor. Después que le vi, se me ha clavado de tal manera en el
+pensamiento la idea de... Es una idea mía, idea mala, señora... pero
+usted es una santa, y me la quitará de la cabeza... Por eso no tengo
+sosiego hasta no decírsela...
+
+--Basta, basta; no quiero, no quiero.
+
+--Que sí quiere--insistió la joven reteniéndola por ambas manos, pues la
+confesora hizo ademán de apartarse de ella.
+
+--Una idea infame... la idea de pecar otra vez...--dijo Guillermina,
+balbuciente--. ¿Es eso?...
+
+--Eso es... pero verá la señora. Yo quiero echarla de mí; pero a veces
+se me ocurre que no debo echarla, que no peco...
+
+--¡Jesús!--Que así debe ser, que así está dispuesto--añadió la señora de
+Rubín, volviendo a exaltarse y a tomar la expresión del anarquista que
+arroja la bomba explosiva para hacer saltar a los poderes de la tierra.
+Es una idea mía, una idea muy perra, una idea negra como las niñas de
+los ojos de Satanás... y no me la puedo arrancar.
+
+--Cállese usted... Guillermina puso cara de consternación y dio algunos
+pasos, vacilando como una persona que se va a caer. Tiempo hacía, mucho
+tiempo, que la insigne fundadora no se había encontrado en compromiso
+semejante. Sentíase atada y sin libertad, y esto la ponía fuera de sí,
+destruyendo aquella serenidad soberana que normalmente tenía. Aún
+intentó un esfuerzo para dominar situación tan penosa, y echando miradas
+de alarma a la vidriera de su alcoba, dijo: «Pero usted... no
+reflexiona... que...».
+
+No pudo concluir esta frase trivial. La otra, que siendo cifra de todas
+las debilidades humanas, parecía más fuerte que la gran doctora y santa,
+se permitió sonreír oyéndola. «¿Y qué saco de reflexionar? Mientras más
+reflexiono peor».
+
+--Veo que usted no tiene atadero... Con esas ideas, pronto volveríamos
+al estado salvaje.
+
+Con sonrisa sarcástica y un expresivo alzar de hombros, dio a entender
+Fortunata que por ella no había inconveniente en que la sociedad
+volviera al estado salvaje...
+
+«Usted no tiene sentido moral; usted no puede tener nunca principios,
+porque es anterior a la civilización; usted es una salvaje y pertenece
+de lleno a los pueblos primitivos». Esto o cosa parecida le habría dicho
+Guillermina si su espíritu hubiera estado en otra disposición.
+Únicamente expresó algo que se relacionaba vagamente con aquellas ideas:
+«Tiene usted las pasiones del pueblo, brutales y como un canto sin
+labrar».
+
+Así era la verdad, porque el pueblo, en nuestras sociedades, conserva
+las ideas y los sentimientos elementales en su tosca plenitud, como la
+cantera contiene el mármol, materia de la forma. El pueblo posee las
+verdades grandes y en bloque, y a él acude la civilización conforme se
+le van gastando las menudas, de que vive.
+
+De repente Fortunata vaciló en su ánimo. Parecía una fuerza nerviosa que
+caía en brusca sedación. La otra, en cambio, se creció de repente por
+una sacudida de su conciencia. «Ya no más, no más mentira. No puedo, no
+puedo...».
+
+Alzó los ojos al techo, cruzó las manos, su cara se puso muy encendida y
+sus ojos iluminados. Quedose atónita la anarquista oyéndole decir estas
+palabras con un acento que parecía ser de otro mundo:
+
+«Salva, Jesús mío, esta alma que se quiere perder, y apártame a mí de la
+mentira». Después se llegó a ella y le cogió una mano, diciéndole con
+profunda lástima: «¡Pobre mujer!, yo tengo la culpa de las atrocidades
+que ha dicho usted, yo, yo, Dios me lo perdone, y la causa ha sido una
+farsa, una mentira... La verdad ante todo. La verdad me ha salvado
+siempre y me salvará ahora. Usted ha dicho cosas infernales que
+desgarran el corazón de mi amiga, y las ha dicho porque creía que
+hablaba sólo conmigo. Pues la he engañado a usted, porque Jacinta está
+escondida en aquella alcoba».
+
+Diciéndolo, corrió hacia la puerta vidriera y la empujó. Fortunata, que
+estaba sentada frente a la puerta aquella, levantose de golpe,
+quedándose yerta y muda. Jacinta no aparecía. Se oyeron tan sólo sus
+sollozos. Estaba sentada en una silla, apoyando la cabeza en la cama de
+la santa. Esta se fue a ella y le dijo: «Perdónala, querida mía, que no
+sabe lo que se dice».
+
+--Y usted...--añadió, saliendo a la puerta--, bien comprenderá que debe
+retirarse. Hágame el favor... Quizás todo habría concluido de un modo
+pacífico; pero la Delfina se levantó de repente, poseída de la rabia de
+paloma que en ocasiones le entraba. ¡Ánimas benditas! De un salto salió
+al gabinete. Estaba amoratada de tanto llorar y de tantísima cólera como
+sentía... No podía hablar... se ahogaba. Tuvo que hacer como que escupía
+las palabras para poder decir con gritos intermitentes: «¡Bribona...
+infame, tiene el valor de creerse!... no comprende que no se la ha
+mandado... a la galera, porque la justicia... porque no hay justicia...
+Y usted... (por Guillermina) no sé cómo consiente, no sé cómo ha podido
+creer... ¡Qué ignominia!... Esta mujerzuela aquí, en esta casa... ¡qué
+afrenta!... ¡Ladrona...!».
+
+Fortunata, en el primer movimiento de sorpresa y temor, había dado una
+vuelta y puéstose tras el sillón en que poco antes estaba sentada.
+Apoyando las manos en el respaldo, agachó el cuerpo y meneó las caderas
+como los tigres que van a dar el salto. Mirola Guillermina, sintiendo el
+espanto más grande que en su vida había sentido... Fortunata agachó más
+la cabeza... Sus ojos negros, situados contra la claridad del balcón,
+parecía que se le volvían verdes, arrojando un resplandor de luz
+eléctrica. Al propio tiempo dejó oír una voz ronca y terrible que decía:
+«¡La ladrona eres tú... tú! Y ahora mismo...».
+
+La ira, la pasión y la grosería del pueblo se manifestaron en ella de
+golpe, con explosión formidable. Volvió a la niñez, a aquella época en
+que trabándose de palabras con alguna otra zagalona de la plazuela, se
+agarraban por el moño y se sacudían de firme, hasta que los mayores las
+separaban. No parecía ser quien era, ni debía de tener conciencia de lo
+que hacía. Jacinta y Guillermina se acobardaron un momento; pero luego
+la primera lanzó un grito de angustia, y la santa salió a pedir socorro.
+No tuvo tiempo Fortunata de prolongar su altercado ni de volver en sí,
+porque apareció en la puerta el criado de Moreno, que era un inglesote
+como un castillo, y a poco vino también doña Patrocinio, y después el
+mismo Moreno.
+
+La señora de Rubín no se dio cuenta de lo demás... Tenía después una
+idea incierta de que la mano dura del inglés la había cogido por un
+brazo, apretándoselo tanto que aún le dolía al día siguiente; de que la
+sacaron del gabinete, de que le abrieron la puerta y de que se vio
+bajando la escalera.
+
+Todos acudieron a la señora de Santa Cruz que había perdido el
+conocimiento, y Moreno, poniendo una cara entre burlesca y consternada,
+se dejó decir: «Estas cosas le pasan a mi querida tía por meterse a
+redentora».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Bajó Fortunata los peldaños riendo... Era una risa estúpida
+salpicada de interjecciones. «¡A mí, decirme...! Si no me echan, la
+cojo... le levanto... pero no sé, no recuerdo bien si le arañé la cara.
+¡A mí decirme! Si le pego un bocado no la suelto... Ja, ja, ja...». Le
+temblaban tanto las piernas, que al llegar a la calle apenas podía
+andar. La luz y el aire parecía que le despejaban algo la cabeza, y
+empezó a darse cuenta de la situación. ¿Pero era verdad lo que había
+dicho y hecho? No estaba segura de haberle pegado; pero sí de que le
+dijo algo. ¿Y para qué la otra la había llamado a ella _ladrona_?...
+Subió por la calle de la Paz, pasando a cada instante de una acera a
+otra sin saber lo que hacía.
+
+«¿Pero yo qué he hecho?... ¡Oh!, bien hecho está... ¡Llamarme a mí
+_ladrona_, ella que me ha robado lo mío!». Se volvió para atrás, y como
+quien echa una maldición, dijo entre dientes: «Tú me llamarás lo que
+quieras... Llámame tal o cual y tendrás razón... Tú serás un ángel...
+pero tú no has tenido hijos. Los ángeles no los tienen. Y yo sí... Es mi
+idea, una idea mía. Rabia, rabia, rabia... Y no los tendrás, no los
+tendrás nunca, y yo sí... Rabia, rabia, rabia...».
+
+Más allá del Banco volvió a reírse. Su monólogo era así: «¡Lo mismo que
+la otra, la _señora_ del Espíritu Santo...! Doña Mauricia, digo,
+Guillermina la Dura... Quiere hacernos creer que es santa... ¡buen peine
+está! Harta de retozar con los curas, se quiere hacer la obispa
+catoliquísima y meterse en el confesonario... ¡Perdida, borrachona,
+hipocritona!... púa de sacristía, amancebada con todos los clérigos...
+con el Nuncio y con San José...».
+
+De pronto sus ideas variaron, y sintiendo dolorosa angustia en su alma,
+como impresión de horrible vacío, pensaba así: «¿Pero a quién me volveré
+ahora? ¡Dios mío, qué sola estoy! ¡Por qué te me has muerto, amiga de mi
+alma, Mauricia!... Por más que digan, tú eras un ángel en la tierra, y
+ahora estás divirtiéndote con los del Cielo; ¡y yo aquí tan solita! ¿Por
+qué te has muerto? Vuélvete acá... ¿Qué es de mí? ¿Qué me aconsejas?
+¿Qué me dices?... ¡Qué ganas siento de llorar! Sola, sin nadie que me
+diga una palabra de consuelo... ¡Oh!, ¡qué amiga me he perdido!...
+Mauricia, no estés más entre las ánimas benditas, y vuelve a vivir...
+Mira que estoy huérfana, y yo y los huerfanitos de tu asilo estamos
+llorando por ti... Los pobres que tú socorrías te llaman. Ven, ven...
+Señor Pepe te ha hecho los gatillos... le vi esta mañana en la fragua,
+machacando, tin, tan... Mauricia, amiga de mi alma, ven y las dos juntas
+nos contaremos nuestras penas, hablaremos de cuando nos querían nuestros
+hombres, y de lo que nos decían cuando nos arrullaban, y luego beberemos
+aguardiente las dos, porque yo también quiero el aguardientito, como tú,
+que estás en la gloria, y lo beberé contigo para que se me duerman mis
+penas, sí, para que se me emborrachen mis penas».
+
+Entró por fin en casa. Enteramente trastornada, andaba como una máquina.
+No había nadie más que Papitos, a quien vio, mas no le dijo nada.
+Encerrose en su alcoba, tiró el manto y se echó en el sofá, dando un
+rugido. Después de revolcarse como las fieras heridas, se puso boca
+abajo, oprimiendo el vientre contra los muelles del sofá, y clavando los
+dedos en un cojín. No tardó en caer en penoso letargo, lleno de visiones
+disparatadas y horribles, sin darse cuenta del tiempo que estuvo en tal
+disposición. Cuando volvió en sí, había poca luz en el cuarto. Fijándose
+bien, pudo distinguir la cara escrutadora de doña Lupe que la
+observaba... «¿Qué tienes?... Me has asustado. ¡Dabas unos mugidos...!,
+y de pronto te echabas a reír, ¡y se te escapaban unas palabritas...!».
+A las reiteradas y capciosas preguntas de su tía, contestaba
+evasivamente y con mucha torpeza. «¿En dónde has estado hoy? Tú has
+salido».--«Fui a comprar aquella tela...».--«¿Y dónde está?».--«¿Que
+dónde está la tela?... Pues no sé...».--«Parece que estás en Babia. A ti
+te pasa algo. Levántate de ese sofá».
+
+Pero no se levantaba. Empezó a sospechar la viuda que aquel espíritu
+estaba perturbado, y tembló. Vinieron a su pensamiento pasadas
+vergüenzas y desdichas, y se prometió vigilar mucho. Estuvo la señora de
+morros toda la noche, y Fortunata de más morros todavía, sintiendo que
+se apoderaba de su alma la aversión a toda aquella familia. No les podía
+ver. Eran sus carceleros, sus enemigos, sus espías. A cualquier parte de
+la casa que fuese, seguíala doña Lupe. Se sentía vigilada, y el rechinar
+de las zapatillas de su tía le causaba violentísima ira. Al día
+siguiente, después de almorzar, y cuando Maxi se había marchado a la
+botica, tuvo tanto miedo Fortunata a que la ira estallase, que para
+evitarlo se ató una venda a la cabeza, fingiendo jaqueca, y encerrándose
+en su alcoba, acostose en su cama. A la media hora le entró, como el día
+anterior, la embriaguez aquella, el desvanecimiento de las ideas, que se
+emborrachaban con tragos de dolor y se dormían.
+
+En tal situación siente vivos impulsos de salir a la calle; se levanta,
+se viste, pero no está segura de haberse quitado la venda. Sale, se
+dirige a la calle de la Magdalena, y se para ante el escaparate de la
+tienda de tubos, obedeciendo a esa rutina del instinto por la cual,
+cuando tenemos un encuentro feliz en determinado sitio, volvemos al
+propio sitio creyendo que lo tendremos por segunda vez. ¡Cuánto tubo!,
+llaves de bronce, grifos, y multitud de cosas para llevar y traer el
+agua... Detiénese allí mediano rato viendo y esperando. Después sigue
+hacia la plaza del Progreso. En la calle de Barrionuevo, se detiene en
+la puerta de una tienda donde hay piezas de tela desenvueltas y colgadas
+haciendo ondas. Fortunata las examina, y coge algunas telas entre los
+dedos para apreciarlas por el tacto. «¡Qué bonita es esta cretona!».
+Dentro hay un enano, un monstruo, vestido con balandrán rojo y turbante,
+alimaña de transición que se ha quedado a la mitad del camino darwinista
+por donde los orangutanes vinieron a ser hombres. Aquel adefesio hace
+allí mil extravagancias para atraer a la gente, y en la calle se
+apelmazaban los chiquillos para verle y reírse de él. Fortunata sigue y
+pasa junto a la taberna en cuya puerta está la gran parrilla de asar
+chuletas, y debajo el enorme hogar lleno de fuego. La tal taberna tiene
+para ella recuerdos que le sacan tiras del corazón... Entra por la
+Concepción Jerónima; sube después por el callejón del Verdugo a la plaza
+de Provincia; ve los puestos de flores, y allí duda si tirar hacia
+Pontejos, a donde la empuja su pícara idea, o correrse hacia la calle de
+Toledo. Opta por esta última dirección, sin saber por qué. Déjase ir por
+la calle Imperial, y se detiene frente al portal del Fiel Contraste a
+oír un pianito que está tocando una música muy preciosa. Éntranle ganas
+de bailar, y quizás baila algo: no está segura de ello. Ocurre entonces
+una de estas obstrucciones que tan frecuentes son en las calles de
+Madrid. Sube un carromato de siete mulas ensartadas formando rosario. La
+delantera se insubordina metiéndose en la acera, y las otras toman
+aquello por pretexto para no tirar más. El vehículo, cargado de pellejos
+de aceite, con un perro atado al eje, la sartén de las migas colgando
+por detrás, se planta, a punto que llega por detrás el carro de la carne
+con los cuartos de vaca chorreando sangre, y ambos carreteros empiezan a
+echar por aquellas bocas las finuras de costumbre. No hay medio de abrir
+paso, porque el rosario de mulas hace una curva, y dentro de ella es
+cogido un simón que baja con dos señoras. Éramos pocos... A poco llega
+un coche de lujo con un caballero muy gordo. Que si pasas tú, que si te
+apartas, que sí y que no. El carretero de la carne pone a Dios de vuelta
+y media. Palo a las mulas, que empiezan a respingar, y una de estas
+coces coge la portezuela del simón y la deshace... Gritos, leña, y el
+carromatero empeñado en que la cosa se arregla poniendo a Dios, a la
+Virgen, a la hostia y al Espíritu Santo que no hay por dónde cogerlos.
+
+Y el pianito sigue tocando aires populares, que parecen encender con sus
+acentos de pelea la sangre de toda aquella chusma. Varias mujeres que
+tienen en la cuneta puestos ambulantes de pañuelos, recogen a escape su
+comercio, y lo mismo hacen los de la _gran liquidación por saldo, a real
+y medio la pieza_. Un individuo que sobre una mesilla de tijera exhibe
+el gran invento para cortar cristal, tiene que salir a espeta perros;
+otro que vende los lápices más fuertes del mundo (como que da con ellos
+tremendos picotazos en la madera sin que se les rompa la punta), también
+recoge los bártulos, porque la mula delantera se le va encima. Fortunata
+mira todo esto y se ríe. El piso está húmedo y los pies se resbalan. De
+repente, ¡ay!, cree que le clavan un dardo. Bajando por la calle
+Imperial, en dirección al gran pelmazo de gente que se ha formado, viene
+Juanito Santa Cruz. Ella se empina sobre las puntas de los pies para
+verle y ser vista. Milagro fuera que no la viese. La ve al instante y se
+va derecho a ella. Tiembla Fortunata, y él le coge una mano
+preguntándole por su salud. Como el pianito sigue blasfemando y los
+carreteros tocando, ambos tienen que alzar la voz para hacerse oír. Al
+mismo tiempo Juan pone una cara muy afligida, y llevándola dentro del
+portal del Fiel Contraste, le dice: «Me he arruinado, chica, y para
+mantener a mis padres y a mi mujer, estoy trabajando de escribiente en
+una oficina... Pretendo una plaza de cobrador del tranvía. ¿No ves lo
+mal trajeado que estoy?» Fortunata le mira, y siente un dolor tan vivo
+como si le dieran una puñalada. En efecto; la capa del señorito de Santa
+Cruz tiene un siete tremendo, y debajo de ella asoma la americana con
+los ribetes deshilachados, corbata mugrienta, y el cuello de la camisa
+de dos semanas... Entonces ella se deja caer sobre él, y le dice con
+efusión cariñosa: «Alma mía, yo trabajaré para ti; yo tengo costumbre,
+tú no; sé planchar, sé repasar, sé servir... tú no tienes que
+trabajar... yo para ti... Con que me sirvas para ir a entregar, basta...
+no más. Viviremos en un sotabanco, solos y tan contentos».
+
+Entonces empieza a ver que las casas y el cielo se desvanecen, y Juan no
+está ya de capa sino con un gabán muy majo. Edificios y carros se van, y
+en su lugar ve Fortunata algo que conoce muy bien, la ropa de Maxi,
+colgada de una percha, la ropa suya en otra, con una cortina de percal
+por encima; luego ve la cama, va reconociendo pedazo a pedazo su alcoba;
+y la voz de doña Lupe ensordece la casa riñendo a Papitos porque, al
+aviar las lámparas, ha vertido casi todo el mineral... y gracias que es
+de día, que si es de noche y hay luz, incendio seguro.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Lo que había soñado se le quedó a la señora de Rubín tan impreso en
+la mente cual si hubiera sido realidad. Le había visto, le había
+hablado. Completó su pensamiento, amenazando con el puño cerrado a un
+ser invisible: «Tiene que volver... ¿Pues tú qué creías? Y si él no me
+busca, le buscaré yo... Yo tengo mi idea, y no hay quien me la quite».
+Incorporose después, quedándose apoyada en un codo y mirando a los
+ladrillos. Sus ojos se fijaron en un punto del suelo. Con rápido impulso
+saltó hacia aquel punto y recogió un objeto. Era un botón... Mirolo
+tristemente, y después lo arrojó con fuerza lejos de sí, diciendo: «es
+negro y de tres _aujeritos_. Mala sombra». Vuelta otra vez a la
+cavilación: «Porque si le encuentro y no quiere venir, me mato, juro que
+me mato. No vivo más así, Señor; te digo que no me da la gana de vivir
+más así. Yo veré el modo de buscar en la botica un veneno cualquiera que
+acabe pronto... Me lo trago, y me voy con Mauricia». Esta idea parecía
+darle cierto aplomo, y salió del cuarto. En pocas palabras la puso doña
+Lupe al tanto de la gran burrada que había hecho Papitos. «Nada, hija,
+que si es de noche y se vierte el mineral con la luz encendida, aquí
+perecemos todos achicharrados... Es muy perra esta chica, y me va a
+consumir la vida».
+
+Pasado el berrinche, se fijó en la cara de su sobrina, encontrando en
+ella un oscurísimo jeroglífico que no podía descifrar: «Pero estate sin
+cuidado que ya te lo acertaré yo... Conmigo no juegas tú».
+
+Aquella noche hizo Maxi mil extravagancias, y a la mañana siguiente se
+puso tan encalabrinado y vidrioso, que no se le podía aguantar. «Hay que
+tener mucha paciencia--dijo doña Lupe a Fortunata--. ¿Sabes lo que te
+aconsejo? Que no le lleves la contraria en nada. Hay que decirle a todo
+que sí, sin perjuicio de hacer lo que se deba. El pobrecito está mal. Me
+ha dicho esta mañana Ballester que tiene algo de reblandecimiento
+cerebral. Dios nos tenga de su mano». Sentía Fortunata vivos deseos de
+salir a la calle, y no sabía qué pretexto inventar para procurarse
+escapatorias. Ofrecíase a hacer compras de que doña Lupe tenía
+necesidad, e inventaba menesteres que motivaran una salidita. La taimada
+viuda de Jáuregui comprendió que una sujeción absoluta sería
+perjudicial, y empezó a darle libertad. Un día le leyó la cartilla en
+estos términos: «Puedes salir; no eres una chiquilla y ya sabes lo que
+haces. Yo creo que no nos darás ningún disgusto, y que has de mirar por
+el decoro de la familia lo mismo que miro yo. La dignidad, hija, la
+dignidad es lo primero». Pero doña Lupe empezaba a hacérsele
+horriblemente antipática, y por nada del mundo le habría hecho una
+confidencia. Hablando con verdad, lo que más disgustada tenía a doña
+Lupe era, no que Fortunata saliese, sino que no le comunicase nada de lo
+que pensaba o sentía. El pensar que tal vez estaría a la sazón la señora
+de Rubín jugando una gran trastada al decoro de la familia, la
+mortificaba, sí, pero no tanto como el ver que no la consultaba ni le
+pedía consejo sobre aquello desconocido y oscuro que sin duda le
+ocurría. «El tapujito es lo que me revienta. Como yo lo descubra va a
+ser sonada. En hora maldita entró aquí esta loquinaria. No, yo nunca la
+tragué, el Señor es testigo... siempre me dio la cara. El ganso de
+Nicolás fue quien lo echó a perder tomándolo por lo religioso... Si al
+menos se llegara a mí y me dijera: «tía, yo me veo en este conflicto, yo
+he faltado o voy a faltar, o puede que falte si no me atajan...».
+Demasiado sabe ella que con este mundo que yo tengo y con lo bien que
+discurro, gracias a Dios, le abriría camino para poner a salvo el honor
+de la familia. Pero no... la muy bestia se empeña en gobernarse sola, ¿y
+qué hará?... Alguna barbaridad, pero gorda. Si no, allá lo veremos».
+
+Fortunata se echó a la calle, y en la Plaza del Progreso vio muchos
+coches; pero muchos. Era un entierro, que iba por la calle del Duque de
+Alba hacia la de Toledo. Por las caras conocidas que fue viendo mientras
+el fúnebre séquito pasaba, vino a comprender que el entierro era el de
+Arnaiz el Gordo, que se había muerto el día antes. Pasaron los
+Villuendas, los Trujillos, los Samaniegos, Moreno-Isla... Pues irían
+también D. Baldomero y su hijo... quizás en los coches de delante,
+haciendo cabecera... «Toma; también Estupiñá». Desde el simón en que iba
+con uno de los _chicos_, el gran Plácido le echó una mirada de
+indignación y desdén. Siguió ella tras el entierro, y al llegar a la
+parte baja de la calle de Toledo, tomó a la derecha por la calle de la
+Ventosa y se fue a la explanada del Portillo de Gilimón, desde donde se
+descubre toda la vega del Manzanares. Harto conocía aquel sitio, porque
+cuando vivía en la calle de Tabernillas, íbase muchas tardes de paseo a
+Gilimón, y sentándose en un sillar de los que allí hay, y que no se sabe
+si son restos o preparativos de obras municipales, estábase largo rato
+contemplando las bonitas vistas del río. Pues lo mismo hizo aquel día.
+El cielo, el horizonte, las fantásticas formas de la sierra azul,
+revueltas con las masas de nubes, le sugerían vagas ideas de un mundo
+desconocido, quizás mejor que este en que estamos; pero seguramente
+distinto. El paisaje es ancho y hermoso, limitado al Sur por la fila de
+cementerios, cuyos mausoleos blanquean entre el verde oscuro de los
+cipreses. Fortunata vio largo rosario de coches como culebra que
+avanzaba ondeando; y al mismo tiempo otro entierro subía por la rampa de
+San Isidro, y otro por la de San Justo. Como el viento venía de aquella
+parte, oyó claramente la campana de San Justo que anunciaba cadáver.
+
+«Estará con su papá--pensó ella--, y aunque al volver me vea, no ha de
+decirme nada».
+
+Después de permanecer allí largo rato, fue a la Virgen de la Paloma, a
+quien dijo cuatro cosas, y estaba rezándole, cuando sus ojos, al
+resbalar por el suelo, tropezaron con un objeto que brillaba en medio de
+los baldosines de mármol. Púsose un momento a gatas para cogerlo. Era un
+botón. «¡Es blanco y de cuatro _aujeritos_! Buena sombra» dijo
+guardándolo.
+
+Se fue a su casa, y al día siguiente salió a comprar tela para un
+vestido. Estuvo en dos tiendas de la Plaza Mayor, tomó después por la
+calle de Toledo, con su paquete en la mano, y al volver la esquina de la
+calle de la Colegiata para tomar la dirección de su casa, recibió como
+un pistoletazo esta voz que sonó a su lado: «¡Negra!».
+
+¡Ay Dios mío!, encontrársele así tan de sopetón, ¡precisamente en uno de
+los pocos instantes en que no estaba pensando en él! Como que iba
+discurriendo la combinación que le pondría al vestido. ¿Azul o plata
+vieja? Le miró y se puso del color de la cera blanca. Él entonces detuvo
+un simón que pasaba. Abrió la portezuela, y miró a su antigua amiga,
+sonriendo; sonrisa que quería decir: ¿Vienes o no? Si estás rabiando por
+venir... ¿a qué esa vacilación?
+
+La vacilación duraría como un par de segundos. Y después Fortunata se
+metió en el coche, de cabeza, como quien se tira en un pozo. Él entró
+detrás, diciendo al cochero: «Mira, te vas hacia las Rondas... paseo de
+los Olmos... el Canal».
+
+Durante un rato se miraban, sonreían y no decían nada. A ratos Fortunata
+se inclinaba hacia atrás, como deseando no ser vista de los transeúntes;
+a ratos parecía tan tranquila, como si fuera en compañía de su marido.
+
+«Ayer te vi... digo, no te vi... Vi el entierro y me figuré que irías en
+los coches de delante».
+
+Los ojos de ella le envolvían en una mirada suave y cariñosa.
+
+«¡Ah!, sí, el entierro del pobre Arnaiz... Dime una cosa, ¿me guardas
+rencor?».
+
+La mirada se volvió húmeda.
+
+--¿Yo?... ninguno.--¿A pesar de lo mal que me porté contigo?...
+
+--Ya te lo perdoné.--¿Cuándo?--¡Cuándo! ¡Qué gracia! Pues el mismo día.
+
+--Hace tiempo, _nena negra_, que me estoy acordando mucho de ti--dijo
+Santa Cruz con cariño que no parecía fingido, clavándole una mano en un
+muslo.
+
+--¡Y yo!... Te vi en la calle Imperial... no, digo, soñé que te vi.
+
+--Yo te vi en la calle de la Magdalena.
+
+--¡Ah!, sí... la tienda de tubos; muchos tubos.
+
+Aun con este lenguaje amistoso, no se rompió la reserva hasta que no
+salieron a la Ronda. Allí el aislamiento les invadía. El coche penetraba
+en el silencio y en la soledad, como un buque que avanza en alta mar.
+
+--¡Tanto tiempo sin vernos!--exclamó Juan pasándole el brazo por la
+espalda.
+
+--¡Tenía que ser, tenía que ser!--dijo ella inclinando su cabeza sobre
+el hombre de él--. Es mi destino.
+
+--¡Qué guapa estás! ¡Cada día más hermosa!
+
+--Para ti toda--afirmó ella, poniendo toda su alma en una frase.
+
+--Para mí toda--dijo él, y las dos caras se estrujaron una contra
+otra--. Y no me la merezco, no me la merezco. Francamente, chica, no sé
+cómo me miras.
+
+--Mi destino, hijo, mi destino. Y no me pesa, porque yo tengo acá mi
+idea, ¿sabes?
+
+Santa Cruz no pensó en rogarle que explicara su idea. La suya era esta:
+«¡Pero qué hermosa estás! ¿Has hecho alguna picardía en el tiempo que ha
+pasado sin que nos veamos?».
+
+--¿Picardías yo?... (extrañando mucho la pregunta).
+
+--Quiero decir: después que volviste con tu marido, ¿no has tenido por
+ahí algún devaneo...?
+
+--¡Yo!--exclamó ella con el acento de la dignidad ofendida--; ¡pero
+estás loco! Yo no tengo devaneos más que contigo...
+
+--¿De cuánto tiempo puedes disponer?
+
+--De todo el que tú quieras.
+
+--Podrías tener un disgusto en tu casa.
+
+--Es verdad... pero ¿y qué?
+
+Y en el acto se acordó de las amonestaciones de Feijoo. Claro; no había
+necesidad de descomponerse, ni de faltar a la religión de las
+apariencias.
+
+--Pues dispongo de una hora.--¿Y mañana?--¿Nos veremos mañana? No me
+engañes, pero no me engañes--dijo ella suplicante--. Estoy acostumbrada
+a tus papas...
+
+--No, ahora no... ¿Me quieres?
+
+--¡Qué pregunta!... Bien lo sabes tú, y por eso abusas. Yo soy muy tonta
+contigo; pero no lo puedo remediar. Aunque me pegaras, te querría
+siempre. ¡Qué burrada! Pero Dios me ha hecho así, ¿qué culpa tengo?
+
+Tanta ingenuidad, ya conocida del incrédulo Delfín, era una de las cosas
+que más le encantaban en ella. Tiempo hacía que él notaba cierta
+sequedad en su alma, y ansiaba sumergirla en la frescura de aquel afecto
+primitivo y salvaje, pura esencia de los sentimientos del pueblo rudo.
+
+--¿Me engañarás otra vez, farsantuelo? (clavándole a su vez los dedos en
+la rodilla).
+
+--No claves tanto, hija, que duele. Y ahora gocemos del momento
+presente, sin pensar en lo que se hará o no se hará después. Eso depende
+de las circunstancias.
+
+--¡Ah!, esas señoras circunstancias son las que me cargan a mí. Y yo
+digo: «¿Pero, Señor, para qué hay en el mundo circunstancias?». No debe
+haber más que _quererse_ y a vivir.
+
+--Tienes razón (abrazándola con nervioso frenesí y dándole la mar de
+besos). _Quererse_ y a vivir. Eres el corazón más grande que existe.
+
+Fortunata se acordó otra vez de su amigo y maestro Feijoo. El corazón
+grande era un mal y había que recortarlo.
+
+--Reconozco--prosiguió el Delfín--, que vales mucho más que yo, como
+corazón; pero mucho más. Soy al lado tuyo muy poca cosa, _nena negra_.
+No sé qué tienes en esos condenados ojos. Te andan dentro de ellos todas
+las auroras de la gloria celestial y todas las llamas del Infierno...
+Quiéreme, aunque no me lo merezco.
+
+--¡Me muero por ti! (tirándole suavemente de las barbas). Si no me
+quieres, te irás al Infierno... para que lo sepas; te irás conmigo... te
+llevaré yo, arrastrándote por estas barbas.
+
+Risas. «¡Qué feliz soy, pero qué feliz soy hoy, Dios mío!--exclamó la
+joven, con semblante y ojos iluminados--. No me cambiaría por todos los
+ángeles y serafines que están brincando delante de su Divina Majestad en
+el Cielo; no me cambiaría, no me cambiaría».
+
+--Ni yo... hace tiempo que yo necesitaba una alegría. Estaba triste, y
+decía: «A mí me falta algo; ¿pero qué es lo que me falta a mí?».
+
+--Yo también estaba triste. Pero el corazón me está diciendo hace
+tiempo: «Tú volverás, tú volverás...». Y si una no volviera, ¿para qué
+es vivir? Vivir para que llegue un día así; lo demás es estarse muriendo
+siempre.
+
+--Es tarde, y no quiero que te comprometas. Precaución, chica. No
+hagamos tonterías.
+
+Volviendo a acordarse de Feijoo, repitió ella: «Lo principal es no hacer
+tonterías».
+
+--Quedamos en que...--Mañana, a la hora que te venga mejor.
+
+--Cochero, vuelva usted.--Déjame a la entrada de la calle de Valencia.
+
+--Donde tú quieras.--Y pasado mañana también--dijo tras una pausa y con
+ansiedad la insensata mujer.
+
+--Y al otro, y al otro... Pero no muerdas...
+
+Miraba ella al porvenir, y su radiante felicidad se nublaba con la idea
+de que los días venideros desmintieran aquel en que estaba.
+
+--Porque ahora no serás tan malito como antes. ¿Verdad, pillín mío?...
+¿No serás, no, verdad, rico mío?
+
+--Que no, que no... Vas a ver... Tú te convencerás...
+
+--Júramelo... ¡Ah!, ¡qué tonta!, ¡como si los juramentos valieran! En
+fin, que ahora tomaré mis precauciones... Si mi idea se cumple...
+
+--¿Y cuál es tu idea?, ¿qué idea es esa?
+
+--No te lo quiero decir... Es una idea mía: si te la dijera, te
+parecería una barbaridad. No lo entenderías... ¿Pero qué te crees tú,
+que yo no tengo también mi talento?
+
+--Lo que tú tienes, _nena negra_, es toda la sal de Dios (besándola con
+romanticismo).
+
+--Pues eso... junto con la sal está la idea... Si mi idea se cumple...
+No te quiero decir más.
+
+--Mañana me lo dirás.
+
+--No, mañana tampoco... El año que viene.
+
+--_Ya llegó el instante fiero_...
+
+--_Silvia de la despedida_. Déjame aquí. Adiós, hijo de mi vida.
+Acuérdate de mí. ¡Que no fueran los minutos horas! Adiós... me muero por
+ti.
+
+--Que no faltes. Y no te olvides del número.
+
+--¿Qué me he de olvidar, hombre? Primero me olvidaré de mi nombre.
+
+--A la una en punto. Adiós, negra salada.
+
+--Hasta mañana.--Hasta mañana.
+
+
+Madrid.--Diciembre de 1886.
+
+
+FIN DE LA PARTE TERCERA
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+Parte cuarta
+
+
+
+
+-I-
+
+En la calle del Ave-María
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Segismundo Ballester (el licenciado en Farmacia que estaba al
+frente de la botica de Samaniego) tenía frecuentes altercados con Maxi
+por los garrafales errores en que este incurría. Llegó el caso de
+prohibirle que hiciese por sí solo ningún medicamento de cuidado.
+«¡Carambita!, hijo, si da usted en confundirme los _alcoholatos_ con las
+_tinturas alcohólicas_, apaga y vámonos. Este frasco es el _alcohol de
+coclearia_, y este otro la _tintura de acónito_... Vea usted la receta y
+fíjese bien... Si seguimos así, lo mejor sería que doña Casta cerrase el
+establecimiento».
+
+Y expresándose así, con ínfulas y asperezas de dómine, Ballester le
+quitó de las manos a su subalterno lo que entre ellas tenía. «Pero ¿qué
+demonios ha echado usted aquí?--dijo luego con enojo, llevándose el
+potingue a la nariz--. O esto es _valeriana_ o no sé lo que me pesco.
+
+¡Cuando digo...! Hoy está usted muy malo. Más vale que se retire a su
+casa. Yo me las arreglo mejor solo. Cuidarse; llévese usted un
+derivativo... Mire, mire, llévese también un preparado de hierro. El
+derivativo se lo zampa en ayunas... Luego en cada comida se atiza una
+píldora de _hierro reducido por el hidrógeno_, con _extracto de
+ajenjos_... por la noche al acostarse se atiza usted otra... Con estos
+calores, conviene no abusar mucho del hierro, ¿sabe?, y sobre todo,
+paséese usted y no lea tanto».
+
+Relevado por su regente de la obligación de trabajar, Rubín se fue al
+laboratorio, y tomando de debajo de la silla un librote, se puso a leer.
+Profundísima tristeza se revelaba en su rostro enjuto y granuloso. Caía
+en la lectura como en una cisterna; tan abstraído estaba y tan apartado
+de todo lo que no fuera el torbellino de letras en que nadaban sus ojos
+y con sus ojos su espíritu. Tomaba extrañas e increíbles posturas. A
+veces las piernas en cruz subían por un tablero próximo hasta mucho más
+arriba de donde estaba la cabeza; a veces una de ellas se metía dentro
+de la estantería baja por entre dos garrafas de drogas. En los dobleces
+del cuerpo, las rodillas juntábanse a ratos con el pecho, y una de las
+manos servía de almohada a la nuca. Ya se apoyaba en la mesa sobre el
+codo izquierdo, ya el sobaco derecho montaba sobre el respaldo de la
+silla, como si esta fuera una muleta, ya en fin, las piernas se
+extendían sobre la mesa cual si fueran brazos. La silla, sustentada en
+las patas de atrás, anunciaba con lastimeros crujidos sus intenciones de
+deshacerse; y en tanto el libro cambiaba de disposición con aquellos
+extravagantes escorzos del cuerpo del lector. Tan pronto aparecía por
+arriba, sostenido en una sola mano, como agarrado con las dos, más abajo
+de donde estaban las rodillas; ya se le veía abierto con las hojas al
+viento como si quisiera volar, ya doblado violentamente a riesgo de
+desencuadernarse. Lo que nunca variaba ni disminuía era la atención del
+lector, siempre intensa y fija al través de todos los sacudimientos de
+la materia muscular, como el principio que sobrevive a las revoluciones.
+
+Ballester iba y venía, trabajando sin cesar, y cantaba entre dientes
+estribillos de zarzuelas populares. Era un hombre simpático, no muy
+limpio, de barba inculta, la nariz muy gruesa, personalidad negligente,
+terminada por arriba en una caballera de matorral, que debía de tener
+muy poco trato con los peines, y por abajo en anchas y muy usadas
+pantuflas de pana, que iba arrastrando por los ladrillos de la rebotica
+y laboratorio.
+
+«Pero, alma de Dios, ya que no trabaja usted... al menos despache
+menudencias--dijo, parándose ante Rubín--. Mire, allí está esa mujer
+esperando hace un cuarto de hora... Diez céntimos de diaquilón. En
+aquella gaveta está. Vamos, menéese».
+
+Rubín salía a la tienda y despachaba.
+
+«¿En dónde están los frascos de _Emulsión Scott_?».
+
+--Mírelos, mírelos; si los tiene casi en la mano. Dígole que es preciso
+cuidar esa cabeza... ¡Otra vez a leer! Bueno; usted se acordará de mí...
+leer, leer, y el aparato cerebro-espinal que lo parta un rayo... Tararí,
+tararí...
+
+Seguía cantando y el otro ¡plum!, se chapuzaba otra vez en su lectura.
+
+«¿Y qué lee?... vamos a ver--dijo Ballester mirando el libro--. _La
+pluralidad de mundos habitados_... Bueno va... ¡Cualquier día me iba yo
+a ocupar de si había personas en Júpiter! Cuando digo que usted, amigo
+Rubín, va a acabar mal. Aquí para entre los dos: ¿a usted qué le va ni
+qué le viene con que haya gente en Marte o deje de haberla? ¿Le van a
+dar a usted algo por el descubrimiento? Tararí... tararí. Yo doy de
+barato--añadió luego, poniéndose a machacar en el mortero--, yo doy de
+barato que haya familia en las estrellas; es más, declaro que la hay.
+Bueno, ¿y qué? La consecuencia es que estarían tan jorobados como
+nosotros».
+
+Rubín no contestaba. A cierta hora, dejó el libro, metiéndolo en un
+rincón de la anaquelería, que apestaba a fénico, entre dos potes de
+este líquido; después se restregaba los ojos y estiraba los brazos y el
+cuerpo todo, tardando lo menos cinco minutos en aquel desperezo que
+activaba la circulación de su poca sangre. Cogía el hongo que de una
+percha colgaba, y a la calle. Poco tenía que andar por ella para ir a su
+casa. Entró en esta con la cabeza baja, las cejas fruncidas. Su tía le
+dijo que Fortunata no había venido aún y que le esperarían para comer.
+Maxi ocupó su sitio en la mesa, doña Lupe le recogió el sombreo, y
+volviendo al poco rato, sentose en el sofá de paja; ambos esperaron un
+rato en silencio.
+
+«Cuidado que hoy tarda más que nunca» observó doña Lupe; y como notase
+en el rostro de su sobrino señales de desasosiego, se apresuró a
+entablar conversación más amena.
+
+«Todo el día me he estado acordando de lo que hablamos anoche. ¡Ah!, si
+tú fueras otro, si tú tuvieras ambición, pronto seríamos todos ricos. El
+farmacéutico que no hace dinero en estos tiempos es porque tiene
+vocación de pobre. Tú sabes bastante, y con un poco de trastienda y otro
+poco de farsa y mucho anuncio, mucho anuncio, negocio hecho. Créeme, yo
+te ayudaría».
+
+--No crea usted, tía, yo también he pensado en eso. Ayer se me ocurría
+una aplicación del _hierro dializado_ a sin fin de medicamentos... Creo
+que encontraría una fórmula nueva.
+
+--Estas cosas, hijo, o se hacen en gordo o no se hacen. Si inventas
+algo, que sea _panacea_, una cosa que lo cure todo, absolutamente todo,
+y que se pueda vender en líquido, en píldoras, pastillas, cápsulas,
+jarabe, emplasto y en cigarros aspiradores. Pero hombre, en tantísima
+droga como tenéis ¿no hay tres o cuatro que bien combinadas sirvan para
+todos los enfermos? Es un dolor que teniendo la fortuna tan a la mano,
+no se la coja. Mira el doctor Perpiñá, de la calle de Cañizares. Ha
+hecho un capitalazo con ese jarabe... no recuerdo bien el nombre; es
+algo así como _latro-faccioso_...
+
+--El _lacto-fosfato de cal perfeccionado_--dijo Maxi--. En cuanto a las
+_panaceas_, la moral farmacéutica no las admite.
+
+--¡Qué tonto!... ¿Y qué tiene que ver la moral con esto? Lo que digo; no
+saldrás de pobre en toda tu vida... Lo mismo que el tontaina de
+Ballester: también me salió el otro día con esa música. ¿Nada os dice la
+experiencia? Ya veis: el pobre Samaniego no dejó capital a su familia,
+porque también tocaba la misma tecla. Como que en su tiempo no se
+vendían en su farmacia sino muy contados específicos. Casta bufaba con
+esto. También ella desea que entre tú y Ballester le inventéis algo, y
+deis nombre a la casa, y llenéis bien el cajón del dinero... Pero buen
+par de sosos tiene en su establecimiento...
+
+Charla que te charla, doña Lupe miraba al reloj del comedor, mas no
+expresaba su impaciencia con palabras. Por fin sonó la campanilla
+débilmente. Era Fortunata que, cuando iba tarde, llamaba con timidez y
+cautela, como si quisiera que hasta la campanilla comentase lo menos
+posible su tardío regreso al hogar doméstico. Papitos corrió a abrir, y
+doña Lupe fue a la cocina. Maxi habló con su mujer en un tono que
+indicaba la complacencia de verla, y se quejó suavemente de que no
+hubiese entrado antes. Tenía ella los ojos encendidos como de haber
+llorado, y no era difícil conocer que disimulaba una gran pena. Pero
+Rubín no reparaba en lo cabizbaja y suspirona que estaba su mujer
+aquella noche. Hacía algún tiempo que la facultad de observación se
+eclipsaba en él; vivía de sí mismo, y todas sus ideas y sentimientos
+procedían de la elaboración interior. La impulsión objetiva era casi
+nula, resultando de esto una existencia enteramente soñadora.
+
+A doña Lupe sí que no se le escapaba nada, y de todo iba tomando notas.
+Hablose en la mesa del tiempo, del gran calor que se había metido,
+_impropio de la estación_, porque todavía no había entrado Julio, aunque
+faltaban pocos días; de los trenes de ida y vuelta, y de la mucha gente
+que salía para las provincias del Norte. Con cierta timidez, se aventuró
+Fortunata a decir que su marido debía dejarse de píldoras, y decidirse
+a ir a San Sebastián a tomar baños de mar. Mostrándose muy apático, dijo
+el pobre chico que lo mismo era tomarlos en Madrid con las _algas
+marinas del Cantábrico_, a lo que respondió su mujer con energía: «Eso
+de las algas es conversación, y aunque no lo fuera, lo que más importa
+es tomar las _brisas_».
+
+Picando con el tenedor en el plato, para coger los garbanzos uno a uno,
+la señora de Jáuregui se decía lo siguiente: «Te veo venir... buena
+pieza. Ya sé yo las _brisas_ que tú quieres. Después de zarandearte
+aquí, quieres zarandearte allá, porque se te va el amigo... Sí, lo sé
+por Casta. Los señores de la Plazuela de Pontejos se marchan mañana.
+Pero yo te respondo, picaronaza, de que con esa no te sales... ¡A San
+Sebastián nada menos! Estás fresca... Ya te daré yo _brisas_...».
+
+Vino luego doña Casta con Olimpia a proponerles dar un paseo al Prado.
+Rubín vacilaba; pero su mujer se negó resueltamente a salir. Fuese doña
+Lupe con sus amigas, y Fortunata y Maxi estuvieron solos hasta media
+noche en la sala, a oscuras, con los balcones abiertos, a causa del
+calor que reinaba, hablando de cosas enteramente apartadas de la
+realidad. Él proponía los temas más extravagantes, por ejemplo: «¿Cuál
+de nosotros dos se morirá primero? Porque yo estoy muy delicado; pero
+con estos achaques, quizás tenga tela para muchos años. Los
+temperamentos delicados son los que más viven, y los robustos están más
+expuestos a dar un estallido». Hacía ella esfuerzos por sostener plática
+tan soporífera y desagradable. Otra proposición de Maxi: «Mira una cosa;
+si yo no estuviera casado contigo, me consagraría por entero a la vida
+religiosa. No sabes tú cómo me seduce, cómo me llama... Abstraerse,
+renunciar a todo, anular por completo la vida exterior, y vivir sólo
+para adentro... este es el único bien positivo; lo demás es darle
+vueltas a una noria de la cual no sale nunca una gota de agua».
+
+Fortunata decía a todo que sí, y aparentando ocuparse de aquello,
+pensaba en lo suyo, meciéndose en la dulce oscuridad y la tibia
+atmósfera de la sala. Por los balcones entraba muy debilitada la luz de
+los faroles de la calle. Dicha luz reproducía en el techo de la
+habitación el foco de los candelabros, con las sombras de su armadura, y
+esta imagen fantástica, temblando sobre la superficie blanca del cielo
+raso, atraía las miradas de la triste joven, que estaba tendida en una
+butaca con la cabeza echada hacia atrás. Maxi volvió a machacar: «Si no
+fuera por ti, no se me importaría nada morirme, Es más, la idea de la
+muerte es grata en mi alma. La muerte es la esperanza de realizar en
+otra parte lo que aquí no ha sido más que una tentativa. Si nos
+aseguraran que no nos moriríamos nunca, pronto se convertiría uno en
+bestia, ¿no te parece a ti?».
+
+--¿Pues qué duda tiene?--respondía la otra maquinalmente, dejando a su
+idea revolotear por el techo.
+
+--Yo pienso mucho en esto, y me entregaría desde luego a la vida
+interior, si no fuera porque está uno atado a un carro de afectos, del
+cual hay que tirar.
+
+--¡Ay, Dios mío, la que me espera mañana!--pensó la esposa. Era probado:
+Siempre que su marido estaba por las noches muy dado a la somnolencia
+espiritual, al día siguiente le entraba la desconfianza furibunda y la
+manía de que todos se conjuraban contra él.
+
+Poco después de esto, dijo Maxi que se quería acostar. Fortunata
+encendió luz, y él fue hacia la alcoba, arrastrando los pies como un
+viejo. Mientras su mujer le desnudaba, el pobre chico la sorprendió con
+estas palabras, que a ella le parecieron infernal inspiración de un
+cerebro dado a los demonios: «Veremos si esta noche sueño lo mismo que
+soñé anoche. ¿No te lo he contado? Verás. Pues soñé que estaba yo en el
+laboratorio, y que me entretenía en distribuir bromuro potásico en
+papeletas de un gramo... a ojo. Estaba afligido, y me acordaba de ti.
+Puse lo menos cien papeletas, y después sentí en mí una sed muy rara,
+sed espiritual que no se aplaca en fuentes de agua. Me fui hacia el
+frasco del clorhidrato de morfina y me lo bebí todo. Caí al suelo, y en
+aquel sopor... Tú vete haciendo cargo... en aquel sopor se me apareció
+un ángel y me dijo, dice: 'José, no tengas celos, que si tu mujer está
+encinta, es por obra del _Pensamiento puro_...'. ¿Ves qué disparates? Es
+que ayer tarde trinqué la Biblia y leí el pasaje aquel de...».
+
+Maxi se estiró en la cama, y cerrando los ojos, cayó al instante en
+profundo sueño, cual si se hubiera bebido todo el láudano de la
+farmacia.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Fortunata no se acostó en la cama, porque hacía mucho calor.
+Echose medio vestida en el sofá, y a la madrugada, después de haber
+dormido algunos ratos, sintió que su marido estaba despierto. Oíale dar
+suspiros y gruñir como una persona sofocada por la cólera. Sintiole
+palpar en la mesa de noche buscando la caja de cerillas. Esta se cayó al
+suelo, y en el suelo vio Fortunata la claridad lívida que los fósforos
+despiden en la oscuridad. La mano de Maxi descendió buscando la caja, y
+al fin pudo apoderarse de ella. Fortunata vio subir el azulado
+resplandor, como difusa humareda. Este fenómeno desapareció con el
+restallido del fósforo y la instantánea presencia de la luz alumbrando
+la estancia. Los ojos del joven se esparcieron ansiosos por ella, y
+viendo a su mujer acostada, dijo: «¡Ah!... estás ahí... ¡qué bien haces
+el papel!».
+
+Para evitar cuestiones tan a deshora, la esposa fingió que dormía. Pero
+entreabriendo los ojos le vio encender la vela. Púsose Maxi la ropa
+necesaria para no levantarse desnudo, y se bajó de la cama
+cautelosamente. Cogiendo la vela, salió al pasillo. Fortunata le sintió
+reconociendo el cerrojo de la puerta, registrando el cuarto en que ella
+tenía su ropa, y después el comedor y la cocina. Tantas veces había
+hecho Maxi aquello mismo, que su mujer se había acostumbrado a tal
+extravagancia. Era que le acometía la pícara idea de que alguien entraba
+o quería entrar en la casa con intenciones de robarle su honor.
+
+Cuando Maxi volvió a la alcoba, ya principiaba a apuntar el día. «Si no
+te cojo hoy, te cojo mañana--rezongaba--. No hay nada; pero yo sentí
+pasos, yo sentí cuchicheos; tú saliste de aquí... Has vuelto a entrar y
+estás ahí haciéndote la dormida para engañarme... Déjate estar... Yo
+estoy con mucho ojo, y aunque parezca que no veo nada, lo veo todo... A
+buena parte vienes... Que andaba un hombre por los pasillos, no tiene
+duda. No vale el jurarme que no había nadie. Pues qué, ¿no tengo yo
+oídos?... ¿Estoy yo tonto?».
+
+Decía esto sentado al borde del lecho, la vela en la mano, mirando a su
+mujer, que continuaba fingiéndose dormida, con la esperanza de que se
+aplacara. Pero esto no era fácil, y una vez desatada la insana manía, ya
+había jaqueca para un rato. Acabando de vestirse, empezó a dar trancos
+por la habitación, manoteando y hablando solo.
+
+«No, no, no... Si creen que me la dan, se equivocan. Lo más horrible es
+que mi tía es encubridora... Pues qué, ¿entraría nadie en la casa si
+ella no lo consintiera? Y Papitos también es encubridora. Buenas
+propinas se calzará. Pero ya te arreglaré yo, _celestina_ menuda. Que no
+me vengan con tonterías. Ayer noté yo bien marcadas en el felpudo de la
+entrada las suelas de unas botas de persona fina. Dicen que el
+aguador... ¡Qué aguador ni que niño muerto!... Y anteayer había en esa
+misma alcoba la impresión, sí, la impresión de una persona que aquí
+estuvo. No lo puedo explicar; era como huellas dejadas en el aire, como
+un olor, como el molde de un cuerpo en el ambiente. No me equivoco; aquí
+entró alguien. Lucido, lucido papel estoy haciendo. ¡Dios mío! ¿De qué
+le vale a uno el poner su honor por encima de todas las cosas? Viene un
+cualquiera y lo pisotea, y lo llena de inmundicia. Y no le basta a uno
+vigilar, vigilar, vigilar. Yo no duermo nada, y sin embargo... Pero es
+preciso vigilar más todavía y no perder de vista ni un momento a mi
+mujer, a mi tía, a Papitos... Esta condenada Papitos es la que abre la
+puerta, y yo la voy a reventar».
+
+Fortunata creyó al fin que convenía hacer que despertaba. Lo particular
+era que en aquella crisis el desventurado joven no pasaba de las
+extravagancias de lenguaje a las violencias de obra; todo era quejas
+acerbísimas, afán angustioso por su honor y amenazas de que iba a hacer
+y acontecer.
+
+«¿Qué disparates estás hablando ahí?--le dijo su mujer--. ¿Por qué no te
+acuestas? Ya que tú no duermes, déjame dormir a mí».
+
+--¿Te parece que después de lo que has hecho, se puede dormir? ¡Qué
+conciencias, válgame Dios, qué conciencias estas!... Tú lo negarás
+ahora... ¿Quién andaba por los pasillos? Claro, el gato. El pobre minino
+paga todas las culpas. ¿Y tú a qué saliste?, a jugar con el gato,
+¿verdad?, justo. ¡Y eso me lo he de tragar yo! Lo que me anonada es que
+mi tía consienta esto, mi tía que me quiere tanto. ¡Tú, ya sé que no me
+quieres; pero mi tía...! Vamos que... Pues esa víbora de Papitos, con su
+cara de mona... ¡Qué humanidad, Dios mío! El hombre honrado no tiene
+defensa contra tanto enemigo; la traición le rodea; la deslealtad le
+acecha. Aquellos en quienes más confía le venden. Donde menos lo piensa,
+en el seno de la familia, salta un Judas. En la tierra no hay ni puede
+haber honor. En el Cielo únicamente, porque Dios es el único que no nos
+engaña, el único que no se pone careta de amor para darnos la puñalada.
+
+Fortunata se vistió a toda prisa. Sabía por experiencia que mientras más
+le contradecía era peor. Un rato estuvo sentada en el sofá, oyéndole
+disparatar y aguardando a que avanzara un poco la mañana par avisar a
+doña Lupe. Antes de ir a lavarse, pasó por la alcoba de su tía, que ya
+estaba vistiendo, y le dijo: «Hoy está atroz... ¡pobrecito!... A ver si
+usted le puede calmar».
+
+--Voy, voy allá... Veo que sin mí no os podéis gobernar. Si yo
+faltara... no quiero pensarlo. Mira, pon en planta a Papitos, y que
+encienda lumbre... Le haremos chocolate en seguida; porque la debilidad
+es lo que le pone así, y hay que meterle lastre en aquel pobre cuerpo.
+Toma las llaves, saca de aquel chocolate que nos dio Ballester,
+_chocolate con hierro dializado_... ¡Qué chico, vaya por dónde le da...!
+Salgo al momento.
+
+Cuando su tía entró con el chocolate, Maxi seguía tan disparado como
+antes. «Lo que yo extraño, tía, lo que yo no puedo explicarme--dijo
+clavando en ella sus ojos que relampagueaban--, es que usted consienta
+esto y lo encubra y me quiera matar, porque sépalo usted, para mí el
+honor es primero que la vida».
+
+--Hijo de mi alma--le contestó doña Lupe poniendo el chocolate sobre la
+mesa--, después hablaremos de eso... Yo te explicaré lo que hay, y te
+convencerás de que todo es una figuración tuya. Toma primero el
+chocolate, que estás muy débil...
+
+El joven se dejó caer en el sofá, inclinándose hacia la mesa próxima, en
+que el desayuno estaba, y tomando un bizcocho lo mojó en el líquido
+espeso. Antes de probarlo, se le fue la lengua otra vez acerca de lo
+mismo, si bien en tono más tranquilo. «No sé cómo me va usted a
+convencer, cuando yo tengo oídos, yo tengo ojos, y ante la evidencia, no
+valen...».
+
+Hizo un gesto de repugnancia y horror al probar el bizcocho mojado.
+
+«Tía... ¡Fortunata!... ¿qué es esto?, ¿qué me dan?... Este chocolate
+tiene arsénico».
+
+--¡Hijo, por María Santísima!--exclamó doña Lupe consternada, a punto
+que entraba su sobrina.
+
+--¿Pero ustedes creen que a mí se me puede ocultar el gusto del
+arsénico?...--dijo enteramente descompuesto, los ojos extraviados--. Y
+no son tontas; ponen poca dosis... un centigramo, para irme matando
+lentamente... Y apuesto a que ha sido Ballester el que les ha dado el
+ácido arsenioso... porque también él está contra mí... ¿Qué infierno es
+este, Dios mío?...
+
+--Vamos, esto no se puede sufrir. ¡Decir que le hemos envenenado el
+chocolate...!
+
+--¡Gusto a arsénico!... clavado... ¡pero tan clavado...!
+
+Levantose en actitud de desesperación y volvió a la inquietud delirante
+de sus paseos...
+
+«Tendré que dejarme morir de hambre... es horrible... Mi casa llena de
+enemigos. Las personas que más me querían antes, ahora desean mi
+muerte».
+
+--¡Conque arsénico...!--dijo Fortunata tomándolo a broma, con esperanza
+de obtener así mejor efecto--. Para que veas que eres un simple y un
+majadero, voy a tomarme yo el chocolate.
+
+Y en el acto empezó a tomarlo. Su marido la miraba atónito.
+
+«A ver si espichamos de una vez... Él podrá tener veneno, pero bien rico
+está... ¿Te convences ahora?... Me tomaría otra jícara. No creas, me
+vendría bien que esto matara, porque así me iba pronto de este mundo,
+que maldita la gracia que tiene, con las jaquecas que me das y lo mucho
+que nos haces sufrir».
+
+Doña Lupe, en tanto, trajo la cocinilla económica para hacer en
+presencia de Maxi otro chocolate. Aun así, fue preciso sostener una
+lucha penosa para que se decidiera a probarlo, pues insistía en que
+también aquel tenía gusto a arsénico... «Aunque no tanto, convengo en
+que no es tanto». Después, tomando tonos de transacción, les dijo: «Yo
+creo que todo ello es cosa de Papitos... porque ustedes no saben lo
+mala que es y la inquina que me tiene».
+
+--Vamos, que es para pegarte--le contestó doña Lupe--. ¡Tomarla así con
+la pobre Papitos!... Mira, cuando te den manías, échame a mí toda la
+culpa. Yo sé desenvolverme y probar mi inocencia. Y ahora, ¿por qué no
+os vais los dos a dar un paseíto por el Retiro? Hasta las nueve no hace
+calor; la mañana está deliciosa.
+
+Fortunata apoyó esta proposición, pero él no tenía ganas de salir.
+Continuaba en el sofá, apoyado el codo en la mesilla y la cabeza en la
+mano, mirando al suelo como si quisiera contar los juncos de la esterita
+que había junto al sofá. Las dos mujeres se miraban, comunicándose con
+los ojos malas impresiones.
+
+«Eso--murmuró él de una manera torva y recelosa--. Quieren echarme a la
+calle, para...».
+
+--Pero alma de Dios, si va ella contigo...
+
+--¿Y a dónde me quiere llevar? Sabe Dios... Alguna trampa que me quieren
+armar. Si sólo fuera para asesinarme, pase; ¡pero si es para atentar al
+sagrado de mi honor...!
+
+--Todo sea por Dios.--¿No sabe usted, tía, que hace tres meses...? la
+_Correspondencia_ lo trajo... una mujer llevó a su marido al Retiro, y
+cuando iban por un paseo solitario salió el cómplice... sí, el cómplice,
+que estaba escondido tras unas matas, y entre ella y aquel tuno cogieron
+al pobre marido, le ataron de pies y manos y le arrojaron al
+estanque...
+
+--¡Jesús, qué barbaridad! ¿De dónde has sacado esos desatinos?
+
+--La _Correspondencia_ no ha traído tal cosa--dijo Fortunata.
+
+--Vamos, lo habrás soñado tú.
+
+--Yo no lo he soñado--gritó él levantándose con golpe de resorte--. Es
+verdad; lo he leído en la _Correspondencia_... y... ¡También me llaman
+embustero! Yo no digo más que la verdad. Las embusteras son ustedes...
+ustedes, con esas conciencias cargadas de crímenes...
+
+Doña Lupe cruzaba las manos y miraba al Cielo, invocando la justicia
+divina. Fortunata expresaba un gran abatimiento, cual si su paciencia
+tocase ya al punto en que agotarse debía.
+
+«Mira--dijo la viuda--, vete a la botica, ponte a trabajar, y con la
+distracción se te despejará la cabeza».
+
+Sabía por experiencia la señora de Jáuregui que en los ataques fuertes
+de su sobrino, Ballester era la única persona que le hacía entrar en
+razón, desplegando ante él, ya la burla descarada, ya la autoridad seca
+y hasta cruel. Las personas de la familia, a quienes él quería, eran las
+más ineptas para dominarle, pues contra ellas iba la descarga de su
+recelo furibundo. «Bueno, bajaré--dijo Maxi tomando su sombrero--.
+Tengo que ajustarle las cuentas al señor de Ballester. De mí no se ríe
+más... Y en último caso, que me lo diga cara a cara. ¿A que no se
+atreve? Es un cobarde y un traidor, que vendiendo amistad, hiere por la
+espalda».
+
+Tía y esposa no le dijeron nada, y fueron tras él. Cogiendo de la percha
+del recibimiento la caña que usaba, salió dando un fuerte portazo. Bajó
+rápidamente y estuvo hablando un rato con la portera. Desde el balcón le
+vieron las dos señoras salir a la calle, pasar la acera de enfrente,
+mirar hacia la casa... Ocultáronse ellas entonces, y asomándose con
+cautela por entre los hierros, viéronle seguir, gesticulando y haciendo
+molinete con el bastón. A cada instante se paraba y volvía hacia atrás.
+Daba unos cuantos pasos y otra vez por la calle arriba. En una de estas
+vueltas, salió Ballester a la puerta de la botica y le llamó con gesto
+imperativo: «Aquí pronto... ¡Me gusta...! Venga usted aquí».
+
+En actitud semejante a la de un perro que ante el palo de su amo agacha
+las orejas y arrastra el rabo por el suelo, entró Rubín en la botica
+diciendo a su regente: «Buenos días, amigo Ballester. No le había visto.
+Iba a tomar un poco el aire. Y usted, ¿qué tal?».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+«Yo, bueno... conque a tomar el aire...--contestó Segismundo con
+cara de muy mal genio--.
+
+El aire que me va usted a tomar ahora es ponerle las etiquetas a estos
+frascos de jarabes... Y cuidado con equivocarse. Las etiquetas rojas son
+las del _jarabe de corteza de naranja amarga con yoduro potásico_; las
+verdes el mismo con _hierro dializado_. Como usted me trueque las
+papeletas, le trituro».
+
+Poníase a trabajar, y, cosa por demás extraña, a pesar del desorden de
+su cabeza, no cometía una sola equivocación, ni aun cuando le dieron
+seis clases más de jarabes con sus correspondientes letreros de
+diferentes colores. Ballester, que ya tenía noticia, por una esquelita
+de doña Lupe, del rudo acceso de aquella mañana, le vigilaba
+disimuladamente, mirándole por el rabillo del ojo, pero en una de las
+vueltas que dio al laboratorio, Maxi dejó bruscamente el trabajo y se
+fue a la calle sin sombrero. Al volver a la tienda y notar la ausencia
+del joven, el regente se quedó muy tranquilo y no dijo más que: «Ya
+voló... buena va». Tomaba con calma las extravagancias de su colega, y
+su deseo era que una de aquellas escapatorias fuera la del humo. «Pero
+no tendré yo esa suerte--decía--, y ya me lo volverán a traer para que
+le amanse».
+
+Maxi subió a su casa. Al abrirle la puerta, no se admiró Fortunata de lo
+descompuesto que venía, porque ya no eran nuevas aquellas inesperadas
+apariciones. «Supongo--dijo él con trémulo labio--, que no me lo
+negarás ahora... Puede que mi tía lo niegue... ¡es tan hipócrita...!
+Pero tú no, tú eres mala y sincera. Cuando das el golpe mortal lo dices,
+¿verdad? Y ahora ante los hechos palpables, evidentes, ¿qué tenéis que
+decir?».
+
+«Otra vez... pero hijo...» chilló doña Lupe, saliendo al recibimiento.
+
+--Usted, tía, se empeñará en negarlo ahora... pero esta no lo niega.
+Cierto que no le cogeré; porque habrá saltado por el balcón; pero no me
+negarán que entró... Le he visto yo, le he visto pasar por delante de la
+botica... En la escalera ha dejado su huella, su rastro, rastro y
+huella, señores, que no se pueden confundir con nada... pero con nada.
+
+--¡Pues estamos divertidas!--dijo doña Lupe a Fortunata, que daba
+suspiros mirando a su marido con lástima intensísima.
+
+--La que me las va a pagar todas juntas es esa indecente de
+Papitos--gritó él, dando algunos pasos hacia la cocina.
+
+--¡Papitos!, está en la compra. ¡Pobre chica!... Ea, ya estamos hartas.
+A ver si nos dejas en paz. Le encargaremos a Ballester que te amarre...
+Niño, niño, se acabaron las tonterías.
+
+Diciendo esto le cogía por un brazo y le sacudía con ira materna y
+correccional. «Mira que no te podemos sufrir... Lo que tú tienes es
+mucho mimo».
+
+El desgraciado joven se dejó caer en un banco que en el recibimiento
+había, el cual semejaba banco de iglesia, y allí se transformó la
+máscara insana de su rostro, pasando de la furia a la consternación.
+«Garantíceme usted... pues... que mi honor está... lo que llaman
+intacto... y yo me tranquilizaré».
+
+«¡Tu honor! ¿Pero quién diablos se ha metido con él? Si todo es humo,
+humo que hay dentro de esta cabeza».
+
+--¡Humo!... ¡ah!...--Sí, todo humo--dijo Fortunata, poniéndole
+cariñosamente la mano en el hombro--. No pienses y no temerás nada. Es
+la imaginación, nada más que la imaginación... la loca de la casa, como
+decía tu hermano Nicolás.
+
+--¿Sabes lo que vamos a hacer?--indicó doña Lupe, algún tiempo después,
+aprovechando la relativa calma que en su sobrino se notaba--. Pues vamos
+a darle de almorzar.
+
+Su mujer le agarró por un brazo para llevarle a la mesa, y él no hizo
+ninguna resistencia. Temían una y otra que no quisiese tomar nada,
+fundándose en que la comida estaba envenenada; pero con gran sorpresa de
+ambas, Maxi no manifestó recelo alguno sobre este particular. Tenía poco
+apetito, y para que pasara algo, las dos hubieron de hacer a competencia
+considerable gasto de palabras tiernas. Tan cariñosas se mostraron, que
+Maxi comió más que otros días, sin hacer observación alguna ni quejarse
+de lo mal condimentado que estaba todo. Hiciéronle café y esto fue lo
+único que tomó con gana. De sobremesa, trató doña Lupe de alegrarse los
+espíritus, charlando de cosas enteramente contrarias a aquella monserga
+del honor; mas él daba a conocer con suspiros profundos que la tormenta
+de su alma no estaba del todo extinguida. Pero la fuerza del ataque
+había pasado, y pronto vendría la completa serenidad. Al despedirse para
+volver a la botica, llevó a su mujer aparte y le dijo: «Prométeme no
+salir esta tarde... prométeme no salir nunca sino conmigo».
+
+--¡Salir yo!, ¡qué disparates se te ocurren! No pienso en tal
+cosa--replicó ella sonriendo--. Aquí me estaré esperándote. A la noche
+iremos a casa de doña Casta. ¿Quieres? O a paseo.
+
+Mientras esto decía, doña Lupe, acechándola desde un rincón del pasillo,
+fijaba en ella una mirada astuta.
+
+Aquella tarde estuvo Maxi en la botica bastante más calmado. En un rato
+que tuvo libre, se fue al rincón del laboratorio en que guardaba sus
+libros, y cogió uno disponiéndose a sumergirse en la lectura. Pero
+Ballester tomó una vara; se fue derecho a él, y arrebatándole el libro,
+le amenazó con castigarle. «Ea, dejémonos de sabidurías, que eso es lo
+que nos trastorna. ¿A ver qué es esto?... ¡Hombre, qué bonito!
+
+_Errores de la teogonía egipcia y persa_... Esto reza el epígrafe del
+capítulo... Pero, criatura, ¿que siempre ha de estar usted metiéndose en
+lo que no le importa? ¿Qué le va a usted ni qué le viene con que
+aquellos bárbaros, que ya se murieron hace miles de años, adoraran
+muchos dioses?... Es gana de meterse en vidas ajenas. ¡Que tenían los
+dioses por gruesas! Bueno, ¿y qué? ¿Acaso los tiene usted que mantener?
+Lo que yo digo: es gana de entrometerse. No puedo ver tanta tontería
+(exaltándose más a cada frase y llegando hasta la cólera); no puedo ver
+que un cristiano se queme las cejas por averiguar cosas de las cuales ha
+de sacar lo que el negro del sermón... Que le escondo los libros, que se
+los quemo... Voy al momento».
+
+Esto último se lo decía a un parroquiano que mostraba una receta.
+
+«A ver, marmolillo (por Maxi) menéese usted. Alcánceme el alcanfor, el
+nitro dulce, el polvo de regaliz...».
+
+Confeccionada la medicina en un dos por tres, volvió Ballester a coger
+la vara, y continuó la filípica de este modo:
+
+«Lo mismo que la tontería en que ahora ha dado... que le van a quitar su
+honor; que entran hombres en la casa... que por todas partes se le
+tienden asechanzas a su honor... ¡Qué melodramáticos estamos y qué
+simples _semos_! Parece mentira que tales absurdos se le ocurran a
+quien está casado con una mujer, que es _la casta Susana_, sí señor, me
+ratifico, _la casta Susana_, mujer que antes se dejaría descuartizar que
+mirarle a la cara a un hombre. ¿Y si lo sabe usted, para qué arma esas
+tragedias? ¡Ah!, si yo tuviera una hembra así, tan hermosa, tan
+virtuosa; si yo tuviera a mi lado una virgen como esa, la adoraría de
+rodillas y primero me apaleaban que darle un disgusto. ¡Su honor! Si
+tiene usted más honor que... vamos, no sé con qué compararlo. Tiene
+usted un honor más limpio que el sol... ¿qué digo sol, si el sol tiene
+manchas? Más limpio que la limpieza. Y todavía se queja... Nada, yo le
+voy a curar a usted con esta vara. En cuanto hable del honor, ¡zas!...
+No hay otra manera. Lo que yo digo: esas cosas las hace usted por lo muy
+mimadito que está. Tía que le cuida, mujer guapa que le mima también y
+que se mira en las niñas de sus ojos... Como que es la verdad...
+Carambita, pues si yo tuviera una mujer así...».
+
+Al llegar a esta parte de la reprimenda que Segismundo le espetaba más
+en serio que un ladrillo, Rubín se había tranquilizado tanto, que casi
+estaba dispuesto a oírle con benevolencia y hasta con jovialidad. Y
+concluyó por sonreír, y al cabo de un gran rato le dijo:
+
+«Amigo Ballester, le convido a usted a Variedades esta noche. ¿Quiere?».
+
+--¿Pues no he de querer? Bueno va. Pedradas de esas vengan todos los
+días, ilustre amigo mío. Iremos... en el bien entendido de que venga
+Padilla esta noche a quedarse de guardia. Vamos ahora, mi queridísimo
+colega, a hacer estas píldoras de _protoioduro de mercurio_. Prepare
+usted el regaliz y el mucílago de goma arábiga. Receta de cuidado. Mucho
+ojo... Le digo a usted que no hay ciencia más sublime que la Farmacia.
+¡Cuánto más bonita que averiguar si hubo o no tantas o cuántas docenas
+de dioses! Vamos allá; mucho cuidado con este precioso mercurial. Aviado
+estará el enfermo para quien sea. No, no le arriendo la ganancia. Pero a
+fe que se habrá divertido bastante en este mundo con las mozas guapas, y
+si buenos azotes le cuesta ahora, buenas ínsulas se habrá calzado.
+¡Eh!... cuidado con las dosis. No sea usted tan vivo de genio. Mire que
+va a jorobar al paciente, y la saliva que eche va a llegar hasta aquí...
+¡Qué hermosa es la Farmacia! Para mí hay dos artes, la Farmacia y la
+Música. Ambas curan a la humanidad. La Música es la Farmacia del alma, y
+la... viceversa, ya usted me entiende. Nosotros, ¿qué somos si no los
+compositores del cuerpo? Usted es un Rossini, por ejemplo, yo un
+Beethoven. En uno y otro arte todo es combinar, combinar. Llámanse notas
+allá, aquí las llamamos drogas, sustancias; allá sonatas, oratorios y
+cuartetos... aquí vomitivos, diuréticos, tónicos, etc... El _quid_ está
+en saber herir con la composición la parte sensible... ¿Qué le parecen
+a usted estas teorías?... Cuando desafinamos, el enfermo se muere.
+
+A poco llegó el practicante que sólo hacía servicio en la botica por las
+noches, y llevándole aparte, le dijo Segismundo: «Amigo Padilla, hoy
+mismo le voy a proponer a doña Casta que vengas de día, porque esta
+calamidad de Rubín tiene la cabeza como un cesto, y me temo que si se
+queda solo envenene a toda la parroquia».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Aquella noche, después de comer, fueron todos a casa de doña
+Casta, donde debían reunirse para ir a paseo. Pero a poco de estar allí,
+entró Ballester diciendo que se había levantado un airote muy fuerte y
+amenazaba tormenta, por lo que unánimemente se acordó no salir; se
+encendió luz en la sala, y doña Casta dijo a Olimpia que tocara la pieza
+para que la oyeran Maximiliano y Ballester.
+
+Olimpia era la menor de las hijas de Samaniego, y hubiera causado gran
+admiración en la época en que era de moda ser tísico, o al menos
+parecerlo. Delgada, espiritual, ojerosa, con un corte de cara fino y de
+expresión romántica, la niña aquella habría sido perfecta beldad
+cincuenta años ha, en tiempo de los tirabuzones y de los talles de
+sílfide. Quería doña Casta que sus niñas tuvieran un medio de ganarse la
+vida para el día en que por cualquier contingencia empobreciesen, y
+Olimpia fue llevada al Conservatorio desde edad temprana. Siete años
+estuvo tecleando, y después tecleaba en casa bajo la dirección de un
+reputado maestro que iba dos veces por semana. Tratábase de que ganara
+premio en los exámenes, y para esto la niña estuvo por espacio de tres
+años estudiando una dichosa pieza, que no acababa de dominar nunca.
+Pieza por la mañana, pieza por tarde y noche. Ballester se la sabía ya
+de memoria sin perder nota. No había logrado Olimpia _decir_ toda, toda
+la pieza, desde el _adagio patético_ hasta el _presto con fuoco_, sin
+equivocarse alguna vez, y siempre que tocaba delante de gente, se
+embarullaba y hacía un pisto de notas que ni Cristo lo entendía. Por eso
+doña Casta la mandaba tocar cuando había personas extrañas, para que
+fuese perdiendo el miedo al _público_.
+
+La determinación de no salir a paseo puso a la señorita de mal talante,
+porque no podía hablar con su novio, que a aquella hora estaba clavado
+en la esquina de la calle de los Tres Peces, esperando a que saliese la
+familia para incorporarse. Era un chico de mérito, que estudiaba el
+último año de no sé qué carrera, y escribía artículos de crítica
+(gratis) en diferentes periódicos. A pesar de sus notables prendas,
+doña Casta no le veía con buenos ojos, porque la crítica, francamente,
+como oficio para mantener una familia, no le parecía de lo más
+lucrativo. Pero Olimpia estaba muy apasionada; leía todos los artículos
+de su novio, que este le llevaba recortados de los periódicos y pegados
+en cuartillas, y con esta lectura se iba ilustrando considerablemente.
+Todo aquel fárrago de sentencias estéticas lo guardaba con las cartas y
+los mechones de pelo. Doña Casta no permitía aún al apreciable joven
+entrar en la casa.
+
+Tocó la niña su pieza con no poca fatiga, a ratos aporreando las teclas
+como si las quisiera castigar por alguna falta que habían cometido, a
+ratos acariciándolas para que sonaran suavemente con ayuda de pedal,
+arqueando el cuerpo, ya de un lado, ya de otro, y poniendo cara afligida
+o de mal genio, según el pasaje. Parecía que los dedos eran bocas, y que
+estas bocas tenían hambre atrasada por las muchas notas que se comían.
+En ciertas escalas difíciles algunas notas se anticipaban a sus
+predecesoras y otras se quedaban rezagadas; pero cuando llegaba un
+efecto fácil, la pianista decía «aquí que no peco», y se indemnizaba de
+las pifias que cometiera antes. Durante el largo martirio de las teclas,
+las exclamaciones de admiración no cesaban. «¡Qué dedos los de esta
+chica!... Me río yo de Guelbenzu... ¡Y qué talento artístico, qué
+expresión!» decía el gran tuno de Ballester.
+
+Y doña Casta: «Ahora viene el paso difícil, ahora... En este trozo no
+tiene pero... ¡Qué limpieza... qué manera de frasear!...». Doña Lupe
+también hacía aspavientos, y Fortunata se veía obligada a expresar su
+entusiasmo, aunque no entendía una palabra de tal cencerrada, y en su
+interior se pasmaba de que aquello se llamase _arte sublime_, y de que
+las personas formales aplaudiesen música semejante a la de un taller de
+calderería. Cualquier tonadilla de los pianitos de ruedas que van por la
+calle le gustaba y la conmovía más.
+
+Olimpia tocaba con fe y emoción, presumiendo que el espejo de los
+críticos la oía desde la calle. Cuando concluyó, estaba rendida,
+sudorosa, le dolían todos los huesos y apenas podía respirar. Ni
+siquiera tenía aliento para dar las gracias por las flores que todos le
+echaban. La tos que le entró parecía anunciar un ataque de hemoptisis.
+«Hija mía--le dijo su mamá, viéndola ir hacia el balcón--, no te asomes,
+que estás sudando. Toma, ponte esta toquilla».
+
+Y se la ponía, y no pudiendo refrenar las ganas de salir al balcón,
+salió con Fortunata, y ambas estuvieron contemplando el alma en pena que
+se paseaba en la acera de enfrente.
+
+Al poco rato entró Aurora, la mayor de _las Samaniegas_, que era muy
+distinta de su hermana, pelinegra, bien parecida sin ser una hermosura,
+de esas que a un color anémico unen cierta robustez fofa y lozanía de
+carnes incoloras. Su pecho era desproporcionadamente abultado, su cuello
+corto, las caderas y el talle bien torneados, y las costuras de las
+mangas parecían próximas a reventar por causa de la gordura creciente de
+los brazos. La cabeza era bonita, de poco pelo y muy bien arreglada.
+Tenía más entendimiento que su hermana; vestía con esa sencillez airosa
+de las mujeres extranjeras que se ganan la vida en un mostrador de
+tienda elegante, o llevando la contabilidad de un restaurant. Su traje
+era siempre de un solo color, sin combinaciones, de un corte severo y
+como expeditivo, traje de mujer joven que sale sola a la calle y trabaja
+honradamente.
+
+Expliquemos esto. Aurora Samaniego tenía treinta años y era viuda de un
+francés, que vino a España representando casas extranjeras de droguería.
+A poco de casarse, allá por el 65, el francés se fue con su mujer a
+Burdeos y allí heredó de sus padres un establecimiento de ropa blanca,
+que mejoró a fuerza de trabajo, poniendo en él las bases de una fortuna.
+Pero entre Bismark y Napoleón III lo echaron todo a perder, pues por
+causa de estos dos personajes sobrevino la guerra de 1870, que tantas
+esperanzas había de segar en flor. Fenelón, que era hombre bonísimo y de
+inteligencia mercantil, tenía el defecto del _chauvinisme_. Empuñó las
+armas, se agregó a un cuerpo de ejército, y a los primeros disparos, los
+prusianos le dejaron seco.
+
+Viuda y con poco dinero, aunque también sin hijos, Aurora volvió a
+Madrid, donde las disposiciones y hábitos de trabajo que había adquirido
+no pudieron tener empleo por no existir aquí _grandes almacenes_, y los
+que hay, están servidos por esos gandulones de horteras, que usurpan a
+las muchachas el único medio decoroso de ganarse la vida. Había
+aprendido la viuda de Fenelón cuanto hay que saber en lo concerniente al
+ramo de ropa blanca; estaba fuerte en contabilidad; tenía nociones
+claras del orden económico y del régimen a que debe sujetarse un negocio
+bien montado, y hablaba el francés a la perfección. Pero todos estos
+méritos habrían sido inútiles hasta el fin del mundo, si no se le
+ocurriera a Pepe Samaniego establecer el comercio de ropa blanca _con
+arreglo a los últimos adelantos del extranjero_, y llevar a él a persona
+tan inteligente y para el caso como su prima. El plan era vastísimo.
+Aurora estaría al frente del departamento de equipos de boda y
+canastillas de bautizo, ropa de niños y de señora. El capital para la
+instalación de esta importante industria habíalo facilitado D. Manuel
+Moreno-Isla, que tenía confianza en la honradez y tino de Pepe
+Samaniego. La tienda estaría en una casa nueva de la subida a Santa
+Cruz, frente por frente a la calle de Pontejos, y sus escaparates serían
+de seguro los más vistosos y elegantes de Madrid. Inauguración, el 1º de
+Setiembre. Samaniego estaba en París haciendo compras, y en la fecha a
+que esto se refiere, ya empezaban a venir algunas cajas. En la tienda
+provisional, que estaba próxima a la definitiva, había ya mucho trabajo.
+Aurora, al frente de una graciosa pléyade de oficiales habilísimas,
+estaba disponiendo las piezas-modelo que se habían de presentar en los
+primeros días, como muestras de las ricas confecciones de la casa. De
+sol a sol vivía entre oleadas de batista con espuma de encajes
+riquísimos, cortando y probando, puntada aquí, tijeretazo allá,
+gobernando su hato de cosedoras con tanta inteligencia como autoridad.
+
+Por las noches, cuando llegaba a su casa, rendida, su madre gustaba de
+que estuvieran presentes doña Lupe, Fortunata o las demás amigas, para
+dar rienda suelta a su vanidad. En cuanto la veía entrar, se le
+iluminaba el rostro, y ya no se hablaba más que del establecimiento
+nuevo, y de las cosas no vistas que en él admiraría el Madrid elegante.
+Las cuatro mujeres no paraban el pico hasta las doce, y por eso
+Ballester, aquella noche, al ver que se armaba el nublado de ropa
+blanca, cogió por un brazo a Maxi y le dijo: «Nosotros nos vamos a ver
+una piececita en Variedades». Dicho se está que Olimpia, no participando
+de la presunción ni del entusiasmo mercantil de su mamá, seguía posada
+en el antepecho del balcón del gabinete, viendo pasar la sombra
+melancólica del aburrido Aristarco, y arrojándole desde arriba alguna
+palabrilla, para que endulzara el plantón.
+
+«Estarás muy cansada, siéntate--decía doña Casta a su hija, armando el
+corrillo--. ¿Cómo va eso?».
+
+--Hoy han estado probando el gas en la nueva tienda. Será una cosa
+espléndida. Ya están llegando cajas de novedades, cosas, ¡ay!, _por
+ejemplo_, tan bonitas, que en Madrid no se ha visto nada igual. Aquí no
+saben poner escaparates. Verán, verán el nuestro, con _todo lo que hay
+de más lindo_, para llamar la atención, y hacer que la gente se pare y
+entre a comprar algo. Después que entran, se les enseña más, se les
+_hace ver_ esta y la otra cosa de precio, se les engatusa, y al fin
+caen. Los tenderos de aquí apenas tienen el arte del _etalaje_, y en
+cuanto al arte de vender, pocos lo poseen. Hay muchos que pertenecen
+todavía a la escuela de Estupiñá, que reñía a los que iban a comprar.
+
+--Yo creo--dijo doña Lupe con expresión avariciosa--, que Pepe Samaniego
+va a hacer un gran negocio. Madrid está por explotar. Todo consiste en
+tener pesquis. ¡Oh!, pues en el ramo de Farmacia, Dios mío, hay una
+verdadera mina. Yo estoy bregando con Maxi para que invente, para que
+salga por ahí con su poco de _panacea_. Pero nos hemos vuelto todos muy
+morales y muy rigoristas. Vean por qué esta nación no adelanta, y los
+extranjeros nos explotan llevándose todo el dinero.
+
+Esta última frase llevó la conversación al primitivo terreno, del cual
+se había desviado un poco con aquello de la panacea.
+
+«Por eso--dijo doña Casta--, un establecimiento montado como los mejores
+del extranjero, no puede menos de hacerse de oro, pues habiéndolo aquí,
+las señoras de la grandeza no tendrán que ir a Bayona y a Biarritz a
+comprar la última novedad».
+
+Aurora vestía un traje de percal, azul claro, con cinturón de cuero, y
+en este una gran hebilla. Su atavío era todo frescura, sencillez de
+obrera elegante. Fue un rato para adentro a tomarse la colación o
+golosina que su madre le guardaba siempre, y volvió con un platito en
+una mano y una cucharilla en la otra. Era compota de ciruelas lo que
+tomaba, con un pedazo de rosca.
+
+«¿Ustedes gustan?... Pues decía que en las cajas que están ahora en la
+Aduana de Irún, vienen unos trajecitos de niño, de punto, que han de
+hacer sensación. El modelo llegó ayer en gran velocidad, y también vino
+un fichú del cual estamos haciendo imitaciones de clase inferior, con
+puntilla ordinaria. Verán, verán ustedes... Pues el faldón de bautizo,
+_por ejemplo_, que estamos arreglando con encaje _valenciennes_, no se
+podrá poner menos de quinientos francos. (Aurora tenía la costumbre de
+contar siempre por francos). Es verdaderamente encantador. Lo traeré
+aquí cuando esté acabado para que lo vean ustedes».
+
+--Mejor será que vayamos nosotras allá--dijo doña Lupe--, y así veremos
+y hociquearemos todo antes de que se abra al público.
+
+Fortunata decía también algo, aunque no mucho, porque lo de la tienda no
+despertaba en ella gran interés. Después que apuró el platillo de la
+compota, volvió Aurora para adentro, y trajo unas yemas en un papel.
+¡Qué golosa era! Ofreció una a Fortunata, que la tomó, y doña Casta se
+dispuso a obsequiar a sus amigos con vasos de agua. Ponía esta señora
+sus cinco sentidos en los botijos para enfriar el agua, y tenía a gala
+el que en ninguna parte la hubiese tan fresca y rica como en su casa.
+Después de traer un plato con azucarillos, fue a escanciar el precioso
+contenido de los botijos, pues eran varios, y en ellos graduaba la
+temperatura, poniéndolos o no en el balcón, Doña Lupe la ayudaba en la
+traída de aguas, y en tanto Aurora le pasó a Fortunata el brazo por la
+cintura y ambas salieron al balcón de la sala.
+
+Cada cual se comía una yema de chocolate, y después tomaron otra de
+coco.
+
+Lejos del oído impertinente de doña Lupe y doña Casta, Aurora se
+secreteó con Fortunata: «Se han ido todos esta tarde... El primo Manolo
+va también con ellos».
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Aquí cuadra bien decir que Fortunata y la viuda de Fenelón se
+habían hecho muy amigas. Esta mostraba a la de Rubín una gran simpatía,
+y con esta simpatía, la dulce confianza que de ella emanaba, y por fin,
+con el verdadero derroche de indulgencia que en favor de sus faltas
+hacía, apoderose poco a poco de todos sus secretos. Por de contado,
+estas intimidades sólo tenían lugar a espaldas de doña Lupe y muy lejos
+de doña Casta, pues ni una ni otra habrían consentido que tales temas se
+trajesen a las honestas y decorosas conversaciones de aquella casa.
+
+Enlazadas por la cintura, brazo con brazo, estuvieron un rato las dos
+mujeres sin decirse nada, comiéndose las yemas y mirando a la calle. De
+pronto se echó a reír Aurora.
+
+«Mira el tonto de Ponce, haciéndole cucamonas a Olimpia. Yo creo que mi
+hermana es la única mujer que en el mundo existe capaz de querer a un
+crítico. Merecería en castigo casarse con él. _Solamente_, que como es
+mi hermana, no le deseo esta catástrofe».
+
+«Vaya, que está apurado el hombre--decía Fortunata, riendo también--. Le
+hace señas para que baje... Sí, ahora va a bajar. Estás tú fresco...
+Será que quiere darle uno de esos artículos que escribe y en los cuales
+cuenta el argumento de los dramas para que nos enteremos. Vaya, hombre,
+no te apures, que ya le hablarás otra noche. Ahora no puede ser... ¡Qué
+pesados son estos novios!, ¿verdad?».
+
+Pasado otro rato, y cuando los brazos soltaron las cinturas y ambas
+estaban limpiándose los dedos en sus respectivos pañuelos, Aurora volvió
+a decir: «Pues sí, todos partieron esta tarde y el primo Moreno con
+ellos. Creo que van a San Juan de Luz».
+
+Fortunata volvió la cara para el balcón del gabinete, donde estaba
+Olimpia. Después miró a su amiga, diciéndole en tono muy seco: «Van a
+San Sebastián y a Biarritz, y a principios de Setiembre irán todos a
+París».
+
+--Niñas--dijo doña Casta, tocándoles en los hombros--. ¿De qué agua
+quieren ustedes?... ¿_Progreso_ o Lozoya?
+
+--Lo mismo me da--replicó Fortunata.
+
+--Toma Lozoya, y créeme--insinuó doña Lupe, con su vaso en la mano--.
+Por más que diga esta, _Progreso_ es un poquito salobre.
+
+--Eso va en gustos... Y también influye el hábito--arguyó Casta con la
+suficiencia y formalidad de un catador de vinos--. Como yo me he criado
+bebiendo el agua de _Pontejos_, que es la misma que la de la Merced, que
+hoy llaman _Progreso_, toda otra agua me parece que sabe a fango.
+
+No insistiré en lo mucho que se dijo sobre este tratado de las aguas de
+Madrid. Mientras las dos señoras mayores cotorreaban dentro, Fortunata y
+Aurora lo hacían en el balcón. Las once y media serían cuando sintieron
+la voz de Ballester. Este y Maxi las miraban desde la acera de enfrente.
+«Si bajan ustedes--dijo Rubín--, las espero aquí».
+
+--Olimpia--gritó Ballester--. Venimos de ver la obra que se estrenó
+anteanoche. ¡Qué mala es! ¿Tiene usted ya noticias de ella?
+
+--¿Yo?... ¿Qué está usted diciendo?
+
+--Como usted se trata con autoridades...
+
+Al decir esto pasaba el crítico junto a él.
+
+«Oiga usted, Olimpa... La obra es una ferocidad; pero ciertos amigos del
+autor la pondrán en las nubes. Quisiera yo verles para que me dijeran a
+mí por qué engañan de este modo al público».
+
+--Déjeme usted en paz... ¡Qué tonto es usted!--replicó Olimpia, y se
+metió para adentro.
+
+--¿Bajáis o no?--dijo Maxi; y su mujer le contestó que esperase en la
+botica, que ellas bajarían. Aurora y Fortunata se reían mirando a
+Ponce, que iba escapado por la calle arriba, como alma que lleva el
+diablo.
+
+Retiráronse las de Rubín a su domicilio, teniendo ambas señoras la
+satisfacción de ver a Maxi tan mejorado de los desórdenes cerebrales de
+aquella mañana, que no parecía el mismo hombre. Síntomas favorables eran
+la obediencia a cuanto se le mandaba, y lo juicioso y sosegado de sus
+respuestas. Aquella noche durmió con tranquilidad, y nada ocurrió que
+saliera del canon ordinario. A la tarde siguiente convinieron marido y
+mujer en dar un paseo a prima noche. Fue ella a buscarle a la botica a
+la hora concertada, y no le encontró. «Ha ido a cortarse el pelo--le
+dijo Ballester, ofreciéndole una silla--. Con las murrias de estos
+últimos tiempos, el pobre chico no caía en la cuenta de que se iba
+pareciendo a los poetas melenudos... Le he mandado que se trasquilase
+esta misma tarde. Tenga usted presente una cosa: hay que imponérsele,
+combatirle el abandono, las lecturas y no consentir que se ensimisme.
+Antes que dejarle caer en las melancolías, vale más darle un disgusto.
+Yo siempre le hablo gordo, y crea usted... me ha cogido miedo. Es lo que
+hace falta».
+
+--¡Pobrecito!...--exclamó Fortunata--. ¿Pero ve usted por dónde le ha
+dado?... Yo no he visto un desatinar semejante.
+
+Segismundo, que en aquel momento tenía poco que hacer, dejolo todo por
+atender cortésmente a la señora de su amigo y serle grato en lo que de
+él dependiera. Era hombre que tenía que contenerse mucho para no ser
+galante y aun atrevido con cualquier mujer en cuya presencia estuviese.
+Con Fortunata se había permitido alguna vez tal cual broma; aquel día se
+corrió más. Llevándose los dedos a su rebelde cabellera para hacer con
+ellos púas de peine, se la atusó, y arqueando el cuerpo, inclinose hacia
+la señora para decirle con retintín:
+
+«Muy triste está usted desde ayer... No, no me lo niegue... ¿Pues yo no
+veo lo que pasa? Leo en las caras».
+
+--Pues en la mía poco habrá leído usted.
+
+--Más de lo que se piensa... Leo pasajes tiernísimos... estrofas de
+despedida... ayes de soledad...
+
+--¡Ay, qué majadero!--¡Oh!, a mí no se me escapa nada. Convengo en que
+no hay motivos para que usted esté tan patética... Pero hay otra cosa...
+a mí me gusta remontarme a los orígenes, me gusta buscar el por qué, y
+francamente, cuando miro ese por qué, no puedo menos que lamentar la
+equivocación de que usted viene padeciendo desde tiempos remotos.
+
+Fortunata le miraba sonriendo, pues no creía que debía enojarse.
+
+«Sí, no puedo menos de deplorar--prosiguió el regente inflándose--, que
+usted sea tan consecuente con personas que no lo merecen... Habiendo en
+el mundo tanto corazón leal, ir a buscar precisamente el más inconstante
+y...».
+
+--¿Qué disparates está usted diciendo?
+
+--¡Oh!, no son disparates--replicó el farmacéutico, dando algunos pasos
+delante de ella y procurando que dichos pasos fueran todo lo airosos
+posible--. Perdóneme usted mi atrevimiento. Yo las gasto así; siempre he
+sido Juan Claridades, y cuando una idea quiere salir de mí, le abro la
+puerta para que salga, porque si la dejo dentro, estallo... Pues
+decía... ¿Se va usted a enfadar?
+
+--No, hombre, ¿qué me voy a enfadar yo? Suéltela, suéltela.
+
+--Pues decía... (Ballester tomaba una actitud que a él le parecía
+aristocrática), decía que a quien debiera usted querer es a mí... Ya ve
+usted que no me muerdo la lengua.
+
+--¡Ay, qué gracia! Me gusta usted por lo corto de genio.
+
+--Al pan pan y al vino vino. Queriéndome a mí, verá lo que es corazón
+amante, consecuente y tropical. Pero le advierto una cosa...
+
+--¿Qué?--Que si se decide a quererme... usted no se decidirá, pero si se
+decide, tenga cuidado de no decírmelo de sopetón... porque me moriré de
+gusto... Sería como una descarga eléctrica.
+
+--Estese tranquilo... Sí, se lo iré diciendo poco a poco...
+preparándole, como cuando se dan malas noticias...
+
+--No tanto, no tanto...--Vaya que es usted malo... Aquí, entre tanta
+medicina, ¿no hay nada que le cure la cabeza?
+
+--¡Pues si lo hubiera, amiga mía, si lo hubiera...! Y creen muchos que
+la peor cabeza de esta casa es la del pobre Maxi, cuando la mía es una
+pajarera. Verdad que dos palabras de quien yo me sé me harían la persona
+más cuerda y más feliz de la tierra...
+
+Viendo en esto que entraba Rubín, dio otro giro a su charla. «Aquí le
+estaba diciendo a su cara mitad, que le voy a dar unas píldoras...
+¡Dios, qué píldoras!».
+
+--¿Para ella?--No hombre, para usted.--¿Y de qué son?--Bueno va; ya
+quiere saber de qué son. Carambita, cuando uno discurre algo nuevo, debe
+reservarse el secreto. Es un específico.
+
+--Este Segismundo está ido--dijo Fortunata--. Vámonos.
+
+--Yo no tomo píldoras sin saber la composición--indicó Maxi con la mayor
+buena fe.
+
+--Estos hombres felices son muy impertinentes. Todo lo quieren
+averiguar... ¡Y ahora se va de paseíto con su tórtola! ¡Qué babosos...
+_semos_! ¡Luego se queja el nene!... (tirándole de una oreja), se queja
+de vicio... el niño mimado de la Providencia... Abur, divertirse.
+
+Salió a despedirles a la puerta de la botica, se puso muy tieso, y
+estirándose todo lo posible sobre la base de sus zapatillas, les siguió
+con la vista hasta que desaparecieron en lo alto de la calle.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Iban pasando los cansados días del verano, que es en Madrid la
+estación de las tristezas, porque el sueño y el apetito escasean, la
+sociedad disminuye, y los que aquí se quedan parece que comen el pan de
+la emigración. En la familia de Rubín nada ocurría de particular, pues
+Maxi no empeoraba, aunque todas las mañanas tenía su excitación
+correspondiente, más o menos aparatosa; pero mientras no llegase a un
+grado de furor como el de la célebre mañanita del arsénico, las dos
+mujeres podían llevarlo con paciencia. De noche, las depresiones se
+manifestaban levemente, y a veces no se conocían. Ballester había
+conseguido, combinando la persuasión con la severidad, apartarle en
+absoluto de toda lectura favorable a la concentración del ánimo.
+
+Entre Fortunata y doña Lupe no era todo concordia, como se puede haber
+comprendido, pues la señora de Jáuregui, observadora sagaz, había
+comprendido que desde principios de Junio su sobrina andaba en malos
+pasos. Todas las personas relacionadas con la familia de Rubín sabían la
+historia de la mujer de Maxi, y el dramático papel que desempeñaba en
+ella el señorito de Santa Cruz. Algunas, quizás, tenían conocimiento de
+aquella tercera salida de la aventurera al campo de su loca ilusión;
+pero nadie se atrevió a llevar el cuento a _la de los Pavos_. Esta, no
+obstante, lo sabía por obra del puro cálculo y de sus facultades
+olfatorias. Arrancose una vez a _armar la gorda_ «para que no
+crea--pensaba--que me trago sus mentiras y que estoy aquí haciendo el
+papamoscas». Pero Fortunata, recordando al instante las lecciones de su
+amigo Feijoo, trazó la raya divisoria que este le recomendara, y vino a
+decir en sustancia: «de aquí para allá, señora, gobierna usted; de aquí
+para acá, están _mis cosas_ y en ellas no tiene usted que meterse».
+
+No se dio por vencida la orgullosa viuda del alabardero, y volvió a la
+carga dos o tres veces en esta forma: «Si el pobre Maxi estuviera bueno,
+él te arreglara como cumple a todo hombre que se estima; pero no lo
+está, y tengo que tomar yo a mi cargo el decoro de la familia. Me he
+dicho mil veces: '¿daré el estallido o no daré el estallido?'. En la
+situación de ese pobrecito, mi estallido sería su muerte. Por eso me
+contengo y me trago todo el veneno. ¿Ves?, mi cabeza se está llenando
+de canas desde que veo estas ignominias sin poderlas remediar...».
+
+Fortunata volvió el rostro para ocultar sus lágrimas. Esta escena
+ocurría en el gabinete, hallándose las dos cosiendo sus trajes de
+verano.
+
+«Después de lo que pasó en Noviembre del año pasado--prosiguió la viuda
+con serenidad que espantaba--, después de tu enmienda verdadera o falsa;
+después que se te perdonó (y por mi voto no se te habría perdonado);
+después que echamos tierra al horrible crimen, me parece que estabas
+obligada a portarte de otra manera. No vengas ahora con lagrimitas que
+han de parecer de hipocresía. Porque yo digo una cosa. Óyeme
+atentamente».
+
+Doña Lupe dejó la costura y se preparó a hablar, como los oradores de
+profesión. «Yo me pongo en el caso de una mujer que siente una pasión
+antigua, con raigones muy hondos y que no se pueden arrancar. Hay casos,
+y verdaderamente, esto es para mirarlo despacio. Pues si tú hubieras
+venido a mí y me hubieras dicho: 'Tía, esto me pasa. Me persiguen; yo no
+sé si podré defenderme; soy débil; ayúdeme usted...'. ¡Oh!, la cosa
+variaba mucho. Porque yo te habría dirigido, yo te habría dado
+fortaleza, consuelo... Pero no; se te antoja campar por tus respetos, y
+hacer y acontecer, como una mozuela sin juicio... Eso es un disparate:
+ahí tienes, ahí tienes el motivo de todas tus desgracias al no contar
+para nada con las personas que deben guiarte. Total; que cuando acudas
+pidiendo socorro ya será tarde, y esas personas te dirán: 'Entiéndete
+ahora, húndete, y cúbrete de vergüenza y date a los demonios'».
+
+Pronunciada esta elocuente filípica, continuó la señora un buen espacio
+de tiempo dando resoplidos, y Fortunata no levantaba los ojos de su
+costura. Discurría sobre la extrañeza de aquellos conceptos de la viuda,
+que parecía dispuesta a ciertos temperamentos indulgentes en caso de que
+se la consultara, y de que se la tuviera por dispensadora infalible de
+protección y por sancionadora de las acciones. «Esta mujer quiere ser el
+Papa--pensaba--, y con tal que la hagan Papa, se aviene a todo. Pero lo
+que es por mí...». A Fortunata le repugnaba la moral despótica de doña
+Lupe, en la cual entrevía más soberbia que rectitud, o una rectitud
+adaptada jesuíticamente a la soberbia. No se conformaba esto con las
+ideas absolutas de la joven criminal. Ella quería para sus actos la
+absolución completa o la completa condenación. Infierno o Cielo, y nada
+más. Tenía _su idea_ y para nada necesitaba de consejos ni de la
+protección de nadie. Se las componía sola mucho mejor, y cualquiera que
+fuese su cruz, no le hacía falta Cirineo. Sus acciones eran decisivas,
+rectilíneas, iba a ellas disparada como proyectil que sale del cañón.
+
+Enterada doña Lupe, en aquellos secreteos que con su amiga Casta tenía,
+de que los de Santa Cruz se habían marchado a veranear, tomó pie de esta
+circunstancia para endilgarle a su sobrina otro discurso, aunque en tono
+menos catilinario que los anteriores.
+
+Era aquella señora esencialmente gubernamental y edificaba siempre sobre
+la base sólida de los hechos consumados todos sus planes y raciocinios.
+«Mira tú por dónde podríamos llegar a entendernos--le dijo una tarde que
+la volvió a coger a mano para el caso--. He sabido que la persona que te
+trae dislocada no está ya en Madrid. ¿Qué mejor ocasión quieres para
+emprender la reforma de tu estado interior, que está como una casa en
+ruinas? Yo estoy dispuesta a ayudarte todo lo que pueda. No debiera
+hacerlo; pero tengo caridad y me hago cargo de las flaquezas humanas.
+Otra tomaría por la calle de en medio; yo creo que en cosas tan
+delicadas se debe proceder con cierto ten con ten. Habrías de empezar
+por ponerme en antecedentes, por confiarme hasta los menores detalles,
+entiéndelo bien, hasta los menores detalles; por ponerme al tanto de lo
+que piensas, de lo que sientes, de las tentaciones que te dan por la
+mañana, por la tarde y por la noche; en fin, habías de declarar todos,
+toditos los síntomas de esa maldita enfermedad, y darme palabra de hacer
+cuanto yo te mandare». Hablaba, pues, la viuda como si tuviera en el
+bolsillo las recetas para todos los casos patológicos del alma.
+
+Por cumplir, más que por gusto, Fortunata tuvo la condescendencia de
+decir algo, reservando, como es natural lo más delicado. Doña Lupe se
+entusiasmó tanto con aquella muestra de sumisión, que hizo gala de sus
+facultades profesionales, y terminó así: «Te aseguro que si me obedeces,
+te quitaré eso de la cabeza y serás lo que no eres, un modelo de mujeres
+casadas. Por de pronto, me comprometo a que no vuelvas a caer, aun en el
+caso de que se te tendiera el lazo otra vez. ¡Vaya, con el caballerito!
+Es cosa de dar parte a la policía. Tú déjate llevar; pon el pleito en
+mis manos, déjame a mí... y verás. ¿Apuestas a que me planto un día en
+casa de doña Bárbara y le canto clarito? Tú no sabes quién soy, tú no me
+conoces. ¡Y has sido tan tonta que no has querido valerte de mí...! Bien
+merecido tienes lo que te pasa. Pues lo que es ahora, que quieras que
+no, tomo cartas en el asunto... Has de concluir por adorarme como se
+adora a una madre».
+
+Y al finalizar estaba doña Lupe radiante. Casi casi se aventuró a hacer
+a su sobrina una maternal caricia; tales eran su gozo y satisfacción. Un
+pensamiento se le salía del magín a cada instante; pero lo reservaba en
+la hoja más escondida de su gramática parda. Ni la sombra de este
+pensamiento dejaba entrever a Fortunata.
+
+Guardábalo para sí y se recreaba con él a solas. «¿Le habrá dado
+dinero?». Siempre que se hacía esta pregunta, se contestaba
+afirmativamente. «Tiene que haberle dado algo, quizás grandes
+cantidades. ¿Pero dónde demonios las tiene? ¿Qué hace que no me las da
+para que se las coloque?... Como si lo viera: es que tiene vergüenza de
+poner en mis manos dinero adquirido por tales medios. Esta delicadeza la
+honra... Y no es otra cosa; le da vergüenza de decírmelo. Pero al fin
+ello saldrá».
+
+Y una tarde que el matrimonio había ido a paseo, la gran capitalista, no
+pudiendo enfrenar por más tiempo su curiosidad, mandó a Papitos a un
+recado, por quedarse sola, y con determinación admirable hizo un
+registro en la cómoda y baúl de Fortunata. Valiéndose del sin fin de
+llaves que tenía, abrió todos los cajones y revolvió en ellos
+cuidadosamente, esmerándose en dejar las cosas, después de bien
+examinadas, en la misma disposición que antes tenían. Este proceder
+jesuítico lo practicaba siempre que metía sus manos escudriñadoras en
+donde no debían estar. Busca por allí, busca por allá, y nada. Los
+billetes se esconden tan fácilmente, que no hay manera de encontrarlos.
+Pero tenía doña Lupe tan fino olfato para descubrir dinero, que estaba
+segura de dar con los billetes si los había. «¿Tendralos cosidos en la
+ropa?--pensó--. Puede ser. Esa socarrona parece que no sabe jota, ¡y
+sabe más...!». En la cómoda no había nada que a dinero se pareciese, ni
+tampoco cartas. Algunas joyas y chucherías vio, que le parecieron
+recuerdo o prenda de amores; pero lo que es _guano_, ni el olor.
+
+«Es muy particular--gruñía la viuda, registrando el baúl, después del
+reconocimiento minucioso que en la cómoda hizo--. ¡Y no se comprende que
+siendo él tan rico y ella una pobre...!». El baúl, que sólo contenía
+ropas viejas, no dio tampoco nada de sí. «Pues tiene que haber
+algo...--rezongó la señora--, tiene que haber algo. En alguna parte está
+el escondrijo. Dinero hay, o no hay dinero en el mundo».
+
+Cansada de su inútil escrutinio y guardando las llaves, que formaban
+apretado racimo, digno del arsenal de una compañía de ladrones, doña
+Lupe se sentó a meditar, y poniéndose una mano sobre el pecho de algodón
+y acariciándoselo, se rascó con los dedos de la otra la frente, allí
+donde principia el cabello, como quien estimula la generación de una
+idea, y dijo: «Pues si efectivamente no le ha dado nada, hay que
+reconocer que ese hombre es el mayor de los indecentes».
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Apretaba el calor, y las escenas que he descrito se repetían,
+reproduciéndose con ese amaneramiento que suele tomar la vida humana en
+ciertos periodos, cual fatigado artista que descuida la renovación de la
+forma. Los paseítos por la noche para tomar el tranvía del _barrio_; las
+excursiones a algún teatro de verano; las tertulias en casa de Samaniego
+o de Rubín; las garatusas del crítico en la calle; la romántica figura
+de Olimpia colgada en el balcón como una muestra o insignia que dijera:
+«aquí se ama por lo fino»; las extravagancias de Ballester; los espasmos
+de Maxi, todo continuaba repitiéndose de día en día con regularidad de
+programa.
+
+En Agosto ocurrió algo que no estaba en los papeles, y fue del modo
+siguiente. Una mañana fue Torquemada a ver a doña Lupe para tratar de
+negocios. Con su traje de verano, tenía el buen D. Francisco aspecto
+semejante al de los militares que vienen de Cuba, pues a más del
+trajecito azul, se había encasquetado un sombrero de paja de ala ancha.
+Su camisa, de rayas coloradas, parecía la bandera de los Estados Unidos;
+y para recalcar más su facha americana, llevaba una joya en la corbata y
+una cadena de reloj interminable, que le daba muchas vueltas de una
+parte a otra del pecho. Los pantalones eran tan cortos, que al sentarse
+se le veía media pierna. Allí venía bien decir que el _difunto era más
+chico_. Todo ello parecía prendas heredadas, o venidas a su poder por
+embargo judicial, o cogidas a algún filibustero. Servíale el sombrero
+de abanico, cuando estaba en visita, con la ventaja de que las personas
+circunstantes participaban de la ventilación que daba aquella prenda
+tropical tan bien manejada.
+
+Un rato llevaban de interesante conferencia, cuando sonó la campanilla,
+y a poco entró Maxi en el gabinete, que era donde su tía y don Francisco
+estaban. Fortunata estaba planchando. En cuanto vio llegar a su marido,
+fue a ver qué se le ofrecía, pues algo desusado debía de ser. A tal
+hora, las diez de la mañana, no venía jamás a casa el pobre chico.
+Echándose un pañuelo por los hombros, porque el calor de la plancha la
+obligaba a estar al fresco, pasó al gabinete. Lo mismo ella que su tía
+se pasmaron de ver en el semblante del joven una alegría inusitada, Los
+ojos le brillaban, y hasta en la manera de saludar a D. Francisco
+advirtieron algo extraño, que las llenó de alarma. «Hola, D. Paco; yo
+bien, ¿y usted?... Y doña Silvia y Rufinita, ¿siguen tomando los baños
+del Manzanares?». Este lenguaje tan confianzudo, era lo más contrario al
+temperamento y a la timidez de Maxi.
+
+«¿Qué traes por aquí a esta hora?» le preguntó su tía, disimulando su
+sorpresa.
+
+Fortunata le examinaba atentamente, sentada lejos del grupo principal,
+en una silla próxima a la puerta de la alcoba de doña Lupe. Él no se
+sentó, y después de aquel saludo tan campechano que le echó al usurero,
+se puso de espaldas al balcón con las manos en los bolsillos, mirando a
+todos como quien espera recibir felicitaciones. «Pues nada--dijo--, que
+estoy de enhorabuena».
+
+--Qué, ¿te ha caído la lotería?
+
+--No es eso... ¿Para qué quiero yo loterías? Ni falta... Es mucho más
+que eso, porque he encontrado lo que buscaba. Ya le dije a usted que
+estaba pensando, que sólo me faltaba una fórmula para completar...
+
+--¡La combinación!... Pues qué, ¿has encontrado la _panacea_?--expresó
+la tía con incredulidad.
+
+--No es mal nombre si usted se lo quiere dar--dijo el pobre chico,
+exaltándose más a cada palabra--. De _pan_, que significa todo... y
+_akos_ que es lo mismo que decir _remedio_. Que lo sana y purifica todo,
+vamos...
+
+--¡Gracias a Dios que haces algo de provecho!--declaró doña Lupe,
+recelosa, observando las miradas de Maxi, cuyo resplandor de júbilo era
+enteramente febril.
+
+--Anoche estuve toda la noche discurriendo muy intranquilo, los sesos
+como ascuas, porque al plan, mejor dicho, al sistema no le faltaba más
+que una fórmula para estar completo... ¡La maldita fórmula...! Por fin,
+ahora, hace un ratito, se me ocurrió; di un brinco de alegría.
+Ballester, que no comprende esto, ni lo comprenderá nunca, se enfadó
+conmigo y no me quería dar papel y tinta para escribir la fórmula y
+dejarla consignada... Temo que se me escape, que se me vaya de la
+cabeza... Mi memoria es una jaula abierta, y los pájaros... pif...
+
+Doña Lupe y Fortunata se miraron con tristeza. «Bueno--dijo la tía,
+viendo que le venía encima una nube--. Tranquilízate, escribirás la
+fórmula, harás tu _panacea_, tendrá un gran éxito y ganaremos mucho
+dinero».
+
+--¡Ah!...--exclamó él con la expresión que se da a toda idea de un
+trabajo abrumador--. No crea usted... para exponer el sistema completo
+con claridad bastante para que todos lo comprendan, se necesita quemarse
+las cejas... ¡digo! Tendré que pasar las noches de claro en claro. No
+importa; cuando esto empiece a correr, verán ustedes; adquiriré una
+reputación y una gloria tan grandes, pero tan grandes que...
+
+--Adiós mi dinero--murmuró doña Lupe, y Fortunata dijo para sí algo
+parecido.
+
+--El problema que quedaba por resolver--dijo Maxi acercándose a su tía y
+dando castañetazos con los dedos--, era el de la emanación de las almas.
+¿De dónde emana el alma? ¿Es parte de la sustancia divina, que se
+encarna con la vida y se desencarna con la muerte para volver a su
+origen?... ¿o es una creación accidental hecha por Dios, subsistiendo
+siempre impersonal? Aquí estaba el intríngulis.
+
+Doña Lupe dio un gran suspiro, mirando a D. Francisco que guiñaba los
+ojos de una manera entre burlesca y compasiva.
+
+«¡Hijo, por Dios!--dijo Fortunata acercándose--, no discurras esas cosas
+que dan dolor de cabeza... Sí, está muy bien; pero todo lo que hay que
+averiguar sobre esto, está ya averiguado... No te calientes la cabeza».
+
+--Querida mía (rechazándola con dulzura y tomando un tonillo enfático),
+si en este _via crucis _ de trabajos y persecuciones que me espera; si
+en el camino doloroso y glorioso de este apostolado, no me quieres
+acompañar tú, lo sentiré por ti más que por mí; pero tú al fin vendrás.
+¿Cómo no, si eres pecadora, y para los pecadores, para su redención y
+para su salvación es para lo que yo pienso lo que pienso y propongo lo
+que propongo?
+
+Fortunata volvió a la apartada silla en que antes estuvo, y doña Lupe,
+después de llevarse las manos a la cabeza, hizo un gesto de conformidad
+cristiana. Le faltaba poco para echarse a llorar. En este punto creyó
+oportuno Torquemada intervenir, con esperanza de que sus discretas
+razones enderezaran el torcido _intellectus_ del desdichado joven. «Mire
+usted, amigo Maximiliano, yo creo que todo lo que debemos saber sobre
+eso, ya nos lo han enseñado. Y lo que no, más vale que no lo sepamos...
+porque el mucho apurar las cosas le quita a uno la fe. Esta vida no es
+más que un mediano pasar: así lo encontramos y así lo hemos de dejar; y
+por mucho que miremos para el Cielo no ha de caer el maná... «Ganarás el
+pan con el sudor de tu frente», dijo quien dijo, y no hay más. ¿Qué saca
+usted de ponerse a cavilar sobre si el alma es esto o aquello? Si al fin
+nos hemos de morir... Tengamos la conciencia tranquila; no hagamos cosas
+malas, y ruede la bola... y no temamos el materialismo de la muerte; que
+al fin polvo somos, y...».
+
+--Basta, no siga usted--dijo Maxi, ceñudo, cortándole el discurso--. Si
+usted es materialista, nunca nos entenderemos.
+
+--No, si lo que yo digo es que el alma tiene el pago que merece, y como
+el cuerpo no es más que a la manera de un cascarón, cuando este se
+pudre, a mí no me asusta el materialismo de hacerse uno polvo.
+
+--Ya... comprendido--dijo el otro con mayor exaltación, y acentuando la
+contrariedad que experimentaba--. Usted es de la escuela de mi hermano
+Juan Pablo: _fuerza y materia_. Ya discutiremos eso. Yo expondré mi
+doctrina; que exponga Juan Pablo la suya, y veremos quién se lleva tras
+sí a la señora humanidad.
+
+Diciendo esto giró sobre un tacón, y rápidamente salió, marchándose a su
+cuarto. Su mujer fue tras él muy afligida. Maxi se sentó en la mesilla
+en que tenía algunos libros y recado de escribir. Apoyando la mano en el
+hombro de él, su mujer miró los garrapatos que trazaba con febril mano
+sobre un papel.
+
+«Ved aquí fijados los puntos capitales--balbucía él, escribiendo--.
+Solidaridad de sustancia espiritual. La encarnación es un estado
+penitenciario o de prueba. La muerte es la liberación, el indulto o sea
+la vida verdadera. Procuremos obtenerla pronto...».
+
+--Chico, descansa ahora un ratito--díjole su esposa, tratando de
+quitarle la pluma de la mano--. Bastante has trabajado hoy con esos
+cálculos tan difíciles... Mañana seguirás... No, no creas que me parece
+mal; yo te ayudaré a pensar... hablaremos de esto. Yo también discurro.
+
+Contra lo que esperaba, Maxi no se irritó. Tenía su semblante expresión
+seráfica; sus modales eran suaves y más parecía un iluminado antiguo,
+cuya demencia se elaboraba en la soledad claustral, que el insensato de
+estos tiempos, educado para el manicomio en los febriles apetitos de la
+sociedad presente.
+
+«Tú también discurres--le dijo con dulzura--. Lo sé, tú piensas, porque
+sientes; tú me comprendes, porque amas. Has pecado, has padecido; pecar
+y padecer son dos aspectos de una misma cosa; por consiguiente, tienes
+el sentimiento de la liberación... Usando una parábola, te escuece en
+las muñecas el grillete de la vida».
+
+Fortunata se quedó en ayunas de toda esta cantinela, pero por no
+contrariarle, respondía que sí. «Lo que es por padecer no ha de quedar,
+porque toda mi vida ha sido un puro suplicio... Pero ahora no te ocupes
+más de eso».
+
+Doña Lupe miraba por el hueco de la puerta entornada.
+
+«Tú me ayudarás--prosiguió Maxi con ráfagas de inspiración religiosa en
+sus ojos encandilados--, tú me ayudarás a propagar esta gran doctrina,
+resultado de tantas cavilaciones, y que no habría llegado a ser
+completamente mía sin el auxilio del Cielo. El gran misterio de la
+revelación se ha renovado en mí. Lo que sé, lo sé porque me lo ha dicho
+quien todo se lo sabe».
+
+Observando entonces que su tía le miraba, extendió la mano para
+llamarla, y le dijo: «Tía, pase usted... Aquí no hablamos en secreto.
+También usted será conmigo en la inmensa... en la inmensa y dolorosa
+propaganda... Por cierto que no me explico, que no sé cómo ustedes dejan
+entrar aquí a ese materialista...».
+
+--¡Don Francisco...!, hijo, ¿pues qué mal puede hacerte?
+
+--Mucho, tía, mucho, porque todos los de esa infame secta no me pueden
+ver ni pintado, y si ese hombre sigue entrando en esta casa con tanta
+confianza, podría intentar el descrédito de mi sistema, robándome antes
+mi honor.
+
+Y miraba a Fortunata como para buscar en su rostro la aseveración o
+apoyo de lo que decía. Ella lo comprendió. «Tiene razón, tía... ese
+materialista que no entre más aquí».
+
+--Pues no entrará, hijo, no entrará... Vaya. Yo le diré que se largue
+con su materialismo a los infiernos.
+
+--¿Te sientes bien? ¿Quieres tomar algo?--le dijo su mujer con cariño.
+
+--Me siento tan bien como nunca me he sentido, créanmelo (demostrando en
+su tono y semblante la placidez de su alma). Desde que di con la tan
+rebuscada fórmula, paréceme que soy otro... Antes mi vida era un
+martirio, ahora no me cambio por nadie. No me duele nada, me siento
+bien, y para colmo de felicidad no tengo ganas de comer ni de dormir...
+
+--Pues es preciso que tomes algo.--No lo necesito... créanmelo. Verán
+cómo no lo necesito. Si soy otro, si no tengo ya carne ni para nada la
+quiero. No tengo más que el esqueleto, y él se basta para llevar el
+alma.
+
+A Fortunata se le humedecieron los ojos. Poco después, cuando salió un
+instante, encontró a doña Lupe lloriqueando. «Está perdido--le dijo la
+señora de Jáuregui--, enteramente perdido... Ya esto no tiene
+soldadura».
+
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Aquella tarde pasaron las dos pobres mujeres ratos muy malos.
+Quedose él como aletargado en el sofá de la alcoba, más propiamente en
+éxtasis, porque tenía los ojos abiertos, y no parecía enterarse de nada
+de lo que a su alrededor pasaba. Fortunata tomó su costura y se le sentó
+al lado, esperando a ver en qué paraba aquello. Doña Lupe entraba y
+salía, dando suspiros y haciendo algún puchero. Al llegar la hora de
+comer, Maxi se despabiló un poco, resistiéndose a tomar alimento. Ellas
+no tenían ganas de probar bocado, y le instaban a él a que lo hiciese,
+empleando los más extraños medios de persuasión. Por fin, doña Lupe
+obtuvo resultado con este argumento: «No sé yo cómo vas a resistir esa
+vida de trabajos sin comer algo. Se dice de Cristo que ayunaba; pero no
+que estuviera días y días sin probar bocado. Al contrario, su
+institución fundamental, la Eucaristía, la hizo cenando...».
+
+Con esto, Maxi se avino a tomar un plato de sopa y un poco de vino; pero
+de aquí no le hicieron pasar. Después parecía más exaltado. Tomándole
+las manos a su mujer, le dijo:
+
+«Yo no soy más que el precursor de esta doctrina; el verdadero Mesías de
+ella vendrá después, vendrá pronto; ya está en camino. Quien todo se lo
+sabe me lo ha dicho a mí».
+
+Fortunata no entendía palotada.
+
+Doña Lupe mandó recado a Ballester, que fue a verle después de
+anochecido. No sabía vencer el farmacéutico su genio vivo y zumbón, ni
+mostrarse tan habilidoso como el caso exigía, y aunque Fortunata le
+tiraba de los faldones de la levita para que tomase un tono más
+contemporizador, el maldito no se podía contener: «Vaya con la que saca
+ahora... Pero, hombre de Dios, ¿a usted qué le importa que el alma venga
+de acá o venga de allá? ¿Qué se mete usted en el bolsillo con esto?
+¿Cree que le van a dar algo por el descubrimiento? Anteayer me dio usted
+la gran jaqueca con aquello de _la cosa en sí_... Pues pongamos que sea
+_la cosa en no_. Yo digo que esto es música pura; _la cosa en sí bemol_.
+¡Ah, qué tontita es la criatura y qué refistolera! Porque esto de meter
+las narices en la eternidad, es una cosa que a Dios le debe cargar
+mucho. A nadie le gusta que le estén atisbando de cerca y viendo lo que
+hace o deja de hacer. Por esto Dios, a todos los sobones y entrometidos
+que le siguen los pasos y le cuentan las arrugas, les castiga
+volviéndolos tontos. Conque, saque usted la consecuencia. Parece mentira
+que un hombre que podría ser el más feliz del mundo, casado con esta
+perla de Oriente y sobrino de esta tía, que es otra perla, se devane
+los sesos por cosas que no le importan. ¡Si nadie se lo ha de
+agradecer!... En fin, que si estas señoras me autorizan, yo le curo a
+usted con el extracto de fresno administrado en vírgulas, uso externo,
+por la mañana y por la tarde».
+
+Maxi le miraba con desdén, y el otro, viendo que sus cuchufletas no
+hacían el efecto de costumbre, púsose más serio y tomó por otros rumbos.
+Al salir, acompañado hasta la puerta por las dos señoras, les dijo: «Le
+voy a dar la _hatchisschina_, o _extracto de cáñamo indiano_, que es
+maravilloso para combatir el abatimiento del ánimo, causante de las
+ideas lúgubres y de la manía religiosa. Efecto inmediato. Verán
+ustedes... Si se le da a un anacoreta, en seguida se pone a bailar».
+
+Como la nueva fase del trastorno de Maxi era pacífica, tía y esposa
+estaban en expectativa. Por las noches no se movía de la cama, y si bien
+es verdad que hablaba solo, hacíalo en voz baja, en el tono de los
+chicos que se aprenden la lección. A pesar de esto, Fortunata se ponía
+tan nerviosa que no podía pegar los ojos en toda la noche, durmiendo
+algunos ratos de día. El enfermo no iba ya a la botica, ni mostraba
+deseos de ir a parte alguna, pareciendo caer en profunda apatía y
+reconcentrar toda su existencia en el hervidero callado y recóndito de
+sus propias ideas. Fuera de los paseos que daba en el comedor o en la
+alcoba, no hacía ejercicio alguno, y después de la inapetencia de los
+primeros días, le entró un apetito voraz, que las dos mujeres tuvieron
+por buen síntoma. A la semana, manifestó deseos de salir; pero una y
+otra trataron de disuadirle. Estaba tranquilo, y como hablara de algo
+distinto de aquellas manías de la emanación del alma y de la doctrina
+que iba a predicar, se expresaba con seso y hasta con donaire. Poco a
+poco iban siendo menos los ratos de extravío, y se pasaba largas horas
+completamente despejado y tratando de cualquier asunto con discreta
+naturalidad. Fortunata hacía que le ayudase a estirar la ropa o a
+devanar madejas, y él se prestaba a todo con sumisión; doña Lupe solía
+encargarle que le arreglase alguna cuenta, y con esto se entretenía, y
+nadie le tuviera por dañado en la parte más fina de la máquina humana. A
+principios de Setiembre, habiendo llegado a estar tres días sin mentar
+para nada aquel galimatías del alma, las dos señoras estaban muy alegres
+confiando en que pasaría pronto el ramalazo. Volvieron los paseos de
+noche, y por fin le permitieron salir solo, y reanudó sus trabajos en la
+botica, cuidadosamente vigilado por Ballester.
+
+Fortunata tenía además otros motivos de hondísima pena. _Aquél _ no le
+había escrito ni una sola carta, faltando a su solemne promesa.
+¡Ingrato! ¿Qué le costaba poner dos letras diciendo, por ejemplo: _Estoy
+bueno y te quiero siempre_? Pero nada, ni siquiera esto... Revelaba
+estas tristezas a su única confidente, Aurora, en aquellos ratos de
+charla sabrosa que las señoras mayores les permitían. La inauguración de
+la tienda de Samaniego, que se verificó hacia el 15 de Setiembre, tuvo a
+la viuda de Fenelón muy atareada en aquellos días. Pocas veces se vio en
+un comercio de Madrid tanto movimiento ni más claras señales de que
+había caído bien en la gracia y atención del público. Las novedades de
+exquisito gusto, traídas de París por Pepe Samaniego, atraían mucha
+gente, y las señoras se enracimaban y caían como las moscas en la miel.
+Los dependientes no tenían manos para enseñar, y Aurora estaba rendida
+de trabajo, porque los encargos de _trousseaux_ y _ajuares _ se sucedían
+sin interrupción. Doña Casta no estaba tranquila el día en que no iba a
+meter las narices en la tienda y taller, para traerle luego el cuento a
+doña Lupe de los encargos que había, y de lo que se estaba haciendo para
+la Casa Real y otras que sin ser reales tienen mucho dinero. Fortunata
+iba poco, por propia inspiración y también por consejo de Aurora, pues
+no convenía que la viesen allí las de Santa Cruz, que frecuentaban mucho
+el taller y tienda.
+
+Los domingos pasaban juntas las dos amigas toda la tarde en la casa de
+una o de otra, y allí era el comer dulces y el contarse cositas,
+sentadas al balcón, viendo las idas y venidas del crítico desde la calle
+de los Tres Peces a la de la Magdalena. Él no tendría criterio, pero lo
+que es piernas...
+
+Un domingo de los últimos de Setiembre, la Fenelón llevó a la otra una
+noticia importante: «Mañana vienen. Hoy ha estado Candelaria limpiando
+toda la casa».
+
+Lo que Fortunata sintió era una combinación de pena y alegría que no la
+dejaba hablar. Porque deseando que volviese, al mismo tiempo tenía
+presentimientos de una nueva desgracia. ¡Cuidado que no haberle escrito
+ni una sola letra, pero ni una...! Aurora convenía en que era una gran
+bribonada. Después que pusieron a esto los comentarios propios del caso,
+la de Fenelón dijo a su compinche algo más que fue oído con
+extraordinaria curiosidad y atención: «¿Creerás que se me ha metido una
+cosa en la cabeza?... Ello no será; pero bien podría ser. Ayer estuvo
+doña Guillermina en la tienda. Pepe le había ofrecido una cantidad para
+su obra, si salía bien la inauguración, y nada... que se plantó allí a
+cobrar... Pues hablando de la familia, dijo que el primo Moreno viene
+también mañana con ellos. Se fue con ellos y con ellos vuelve. Yo sé que
+han pasado el verano en Biarritz, y después han ido todos a París...
+¿Qué te parece a ti? El primo Manolo no viene a España más que, _por
+ejemplo, _ en invierno; nunca ha venido en Setiembre. Y eso de pegarse a
+la familia de Santa Cruz, ¡él, que gusta de andar siempre solo! Ello no
+será; ¡pero hay tantas cosas que parece que no pueden ser y luego son!
+Antes de que partieran, me pareció a mí, por ciertas cosas que vi y oí,
+que al _buen hombre_ le gustaba demasiado Jacinta. ¡Si habrá algo...! ¿A
+ti qué te parece?».
+
+Fortunata estaba absorta y como lela. Le parecía increíble lo que su
+amiga contaba.
+
+«¡Porque es muy rara esa persecución! ¡Siempre con ellos... un hombre
+que no hace su nido en ninguna parte...! Yo no sé, no sé. ¿Habrá
+algo?... ¿Qué te parece a ti?».
+
+--Pues...--dijo la de Rubín pensándolo mucho--, a mí me parece que no.
+
+--Pues como haya algo, no se me ha de escapar, porque estoy allí, como
+quien dice, en mi garita de vigilancia. Desde la ventana de mi
+entresuelo, veo los miradores de la casa de Santa Cruz y los de Moreno.
+Como haya telégrafos, cuenta que les atrapo el _juego_... A ti qué te
+parece... ¿Habrá...?
+
+--Me parece que no--volvió a decir Fortunata, pensándolo cada vez más.
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+La noticia del regreso de los de Santa Cruz, que le fue comunicada
+por Casta, avivó en la viuda de Jáuregui los deseos de emprender su
+campaña reparadora en favor de su sobrina. Cogiola muy a mano aquel día
+y le endilgó otra perorata: «Ahora o nunca. El enemigo en puerta. Estoy
+a tus órdenes, por si quieres consejos o un plan de defensa en toda
+regla». Dicho esto, trató de meterle los dedos en la boca para salir de
+dudas respecto a si había recibido o no alguna cantidad gruesa de manos
+de su amante.
+
+Fortunata no apartaba los ojos de la ropa que estaba repasando.
+«Comprendo--expuso la señora con acento parlamentario--, que tengas
+cortedad para confesarme ciertas cosas, y por mi parte, te soy franca:
+no te tengo yo por peor de lo que eres; no creo, como podrían creerlo
+otras personas, que tu debilidad es interesada, y que quieres a ese
+hombre porque es rico, y que no lo querrías si fuese pobre. No, yo no te
+hago ese disfavor... para que veas. Tengo la seguridad de que arrastrada
+y todo como eres, loca y sin pizca de juicio, tus faltas nacen del amor
+y no del interés; y los mismos disparates que haces por un hombre
+poderoso, que te da grandes cantidades, lo harías si fuera un pobre
+pelagatos y tuvieras que comprarle tú a él una cajetilla».
+
+--¿Qué está usted ahí hablando de grandes cantidades?--preguntó
+Fortunata mirándola con sorpresa, y casi casi echándose a reír.
+
+--No, si esto no es para que me digas la cifra exacta. Cállatela... haz
+el favor... que ciertas cosas vale más que se queden dentro. No vayas a
+creerte que pretendo me entregues a mí esos capitales para
+colocártelos... No, ya sabrás tú manejarte bien...
+
+--¿Pero qué está usted diciendo... señora?...
+
+--No, yo no digo nada. Me repugnaría, puedes creerlo, manejar esos
+fondos.
+
+--¿Pero qué fondos, ni qué...? Usted está soñando.
+
+--Vaya... si pretenderás que me trague yo esa rueda de molino más grande
+que esta casa. ¡Si me querrás hacer creer que no te da...!
+
+--¡A mí!--No me hagas tan tonta...--No sé de dónde ha sacado usted...
+Para que lo sepa de una vez: No tengo nada. Me daría si me viera en una
+necesidad. Me ha ofrecido... pero yo no he querido tomarlo.
+
+Iba doña Lupe a soltarle otra andanada. «Valiente turrón te ha caído,
+grandísima idiota. Por no saber, no sabes ni siquiera perderte». Pero se
+contuvo y se tragó su ira, desahogándola después en agitado soliloquio:
+«No he visto otra. No tiene vergüenza, ni tampoco sentido común. ¡Qué
+canalla y al mismo tiempo qué bestia! Si hubiera un Infierno para los
+tontos, ahí debieras ir tú de cabeza».
+
+Maximiliano volvía lentamente a la vida regular, sin que esto quiera
+decir que se le quitara de la cabeza la idea aquella. Habíase
+transformado, y así como en las crisis hepáticas hay derrames de bilis,
+en aquella crisis mental parecía haberse verificado un derrame de
+sentimientos. No sólo era ya pacífico, sino tiernísimo, y sus afectos se
+habían sutilizado, como el licor que pasa por el alambique. Las fórmulas
+de cariño que con su tía y su mujer usaba eran extraordinariamente
+suaves y hasta empalagosas; se afligía cuando causaba alguna molestia, y
+agradeciendo mucho los cuidados que se le prodigaban, los rehuía como
+pudiera. Iniciábase en él cierta tendencia a imponerse privaciones y
+sufrimientos, y la mortificación, que antes le sublevaba, por liviana
+que fuese, ya le complacía. Si en la conversación, o en aquellas
+polémicas que con su familia tenía a las horas de comer, se le escapaba
+una palabra más alta que otra, luego sentía remordimientos de haberla
+pronunciado, y si no la recogía, pidiendo perdón de ella, era porque la
+timidez le ponía un freno.
+
+Un día hubo de decirle a Papitos, porque no le había limpiado las botas:
+«Vaya con la chiquilla esta... ¡Verás tú!». Y al salir de la casa
+sintió tal pena de haberse expresado con displicencia y ardor, que le
+faltaba poco para derramar una lágrima. «¡Cuándo se me quitará esta
+costumbre viciosa de ultrajar a los humildes!... ¿Qué más da que estén
+las botas con o sin betún? La que debe tener lustre es el alma, no el
+calzado. Parece mentira que los humanos demos tal valor a estas
+niñerías. ¡Injusto estuve con la pobre chiquilla! ¡Inocente y angelical
+criatura! Soy un animal... ¿Pero quién es el guapo que de estrellas
+abajo entiende y practica la justicia? El tenido por justo hace setenta
+y dos barbaridades cada día. Trabajillo cuesta el desprenderse de esta
+sarna moral, heredada, con la cual nace uno y con la cual vive hasta que
+llega la hora de la liberación».
+
+«¿Qué trae usted ahí entre ceja y ceja? ¿Saco la vara?--le dijo
+Ballester con aquella dureza que era, según él, el más eficaz
+tratamiento--. Porque hoy me parece que venimos muy _evangelísticos_.
+Cuidadito. Ya sabe usted cómo las gasto».
+
+--Pégueme usted. No me importa--le contestó Maxi, dejando el sombrero en
+la percha--. Lo merezco, como lo merece toda persona que se enfada
+porque no le han limpiado las botas. ¡Qué humanidad tan imbécil! Amigo
+Segismundo, ¡qué hermosa es la muerte!
+
+--Si me vuelve usted a decir que es hermosa la muerte--replicó el otro
+cogiendo la vara y esgrimiéndola cómicamente--, le lleno el cuerpo de
+chichones. ¡Decir que es guapa esa tarasca, mamarracho, más fea que el
+no comer! Mírela usted allí, mírela allí con esa cara que da asco...
+mírela, y como diga que es guapa, le pulverizo.
+
+Señalaba a un emblema pintado en el techo de la botica, en el cual
+estaban, decorativamente combinados, la serpiente de Esculapio, el reloj
+de arena del Tiempo, un alambique, una retorta, el busto de Hipócrates y
+una calavera.
+
+«Si quiere usted contemplar toda la gracia del mundo, míreme a mí--dijo
+Ballester, que dejando la vara, dio una vuelta, cogiéndose los faldones
+de la levita--. Estoy guapo, ¿sí o no?».
+
+Ballester ostentaba aquel día zapatillas nuevas, estrenaba traje de
+lanilla de los más baratos, y se había ido a la peluquería, donde
+después de cardarle la caballera, se la habían rizado con tenacillas.
+
+«Vaya, que está usted elegante» dijo Maxi, poniéndose a pesar unas dosis
+para píldoras.
+
+--Pues más he de estarlo mañana. Mañana se casa mi hermanita con
+Federico Ruiz, un chico de mucho talento. ¿Le conoce usted? Los
+periódicos, que hablan constantemente de él, anteponen siempre a su
+nombre algún mote muy salado. Ahora le llaman _el distinguido pensador_.
+¿A que no le llaman a usted así, a pesar de lo mucho que piensa? Porque
+usted no piensa con juicio y él sí.
+
+Por la noche estaban en la botica, además de Ballester, los dos
+practicantes Padilla y Rubín. Como apareciese en la acera de enfrente el
+célebre crítico, Segismundo se vio acometido a la ira cómica que le
+producía la presencia de aquel personaje de tan indudable importancia en
+la república de las letras. «Tengo a ese caballerito--decía--, sentado
+en la boca del estómago... sobre todo, desde que elogió aquella obra tan
+mala, estrenada este invierno, diciendo que en ella se _planteaba el
+problema_, y qué sé yo qué. Veréis: Es aquel dramita moral en que se
+recomienda el matrimonio y las buenas costumbres; como que allí resulta
+que todos los solteros somos unos pillos; y porque un joven se retira
+tarde y se gasta algún durete en picos pardos, me le llaman monstruo y
+el papá le maldice... Hay una escena en que todos se desmayan, porque
+sale uno muy malo, que resulta ser un hombre dedicado a la ciencia, el
+cual dice con la mayor frescura que él no cree en Dios aunque le
+fusilen. Total, que cuando la vi representar, pensé que me tragaba todos
+los eméticos que hay en mi farmacia. La moraleja de la obra es que sin
+religión no hay felicidad, y por eso la pone en las nubes este ángel de
+Dios, que es el alcaloide de la cursilería».
+
+Cerró la noche y Ponce se acercó para telegrafiarse con su amada. Del
+balcón descendía una cuerda, a la que el joven ataba un papel.
+
+«Le manda su último artículo--dijo el regente a sus amigos, acechando en
+la puerta de la farmacia--. Ahora baja la cuerda con un dulce... Como
+anoche, lo mismo que anoche. Veréis, veréis la broma que le tengo
+preparada».
+
+Con nerviosa presteza fue a la rebotica y sacó del cajón un objeto del
+tamaño de una yema, blanco y de apariencia azucarada. Padilla se
+desternillaba de risa, y Maxi observaba con atención simpática.
+
+«Pero es preciso que me ayudéis. Tú, Padilla, que le conoces, sales, te
+haces el encontradizo, le hablas de literatura dramática, le entretienes
+un rato volviéndole la cara para allá; y entretanto, yo, con muchísimo
+disimulo, me escurro pegado a la pared, en el momento en que baja el
+bramante con el dulce. Quito la yema, ¿sabes?... y pongo esta. La hice
+anoche. Es estricnina, a la dosis que se echa a los perros, bien
+neutralizado el sabor con regaliz, y forrada de azúcar. Se la come y
+revienta como un triquitraque».
+
+Padilla se partía de risa, y Maxi lo tomaba a broma.
+
+«Hombre, matarle no--dijo Padilla--. Si la hubieras hecho de jalapa,
+escamonea o cosa así...».
+
+--No, chico; si yo lo que quiero es que reviente... Iré a presidio... me
+pierdo. ¿Y qué? No se la perdono... ¡Ultrajar a los hombres de ciencia
+y a los solteros!
+
+Llevando su broma hasta el fin, Ballester porfiaba que la yema era
+venenosa; mas como el otro rechazara la complicidad en aquel homicidio,
+diose a partido el exaltado boticario, diciendo que la pelotilla era de
+azúcar con aceite de croto, que es el derivativo drástico por
+excelencia. Maxi, que le había ayudado a hacerla, se sonreía. Como en
+estos dimes y diretes se pasó bastante tiempo, cuando Ballester quiso
+poner en ejecución la chuscada, ya había bajado el hilo con una yema de
+coco, y el crítico se la estaba comiendo. El otro se consoló pensando
+que otra noche consumaría su trágica venganza. «Él se la tiene que
+comer...--dijo guardando la bola--. Como me llamo Segismundo, se la
+tiene que tragar, y entonces diré como mi tocayo: '¡Vive Dios que pudo
+ser!'».
+
+
+
+
+--x--
+
+
+Aquella noche, cuando Maxi subió a comer, encontró a su mujer un
+poco enferma. Le dolía la cabeza y tenía náuseas. Doña Lupe, que la
+estaba observando siempre, veía en su mal un pretexto para esconder de
+la familia los pesares que la consumían. «Lo que tú tienes--pensaba--,
+es el afán de volver al reclamo. Estás luchando contigo misma. Quieres
+ir y no te determinas». Algo de esto debía de ser, pues Fortunata se
+metió en su alcoba, resistiéndose a tomar alimento. Maximiliano no le
+instaba a que comiera, pues aquella actitud de su mujer tomábala él por
+querencia de privaciones, por iniciación del aniquilamiento, o apetito
+de muerte y liberación. Doña Lupe, fatigada de lidiar con tanta
+insensatez de una y otra parte, se retiró, dejándoles solos y diciendo:
+«Haced lo que queráis. Allá os arregléis a vuestro gusto. Yo estoy
+rendida». Comió sola, y con Papitos les mandaba de algún plato, que
+volvía casi intacto. Después entró un instante en la alcoba para
+preguntarles qué tal estaban, y se fue a descansar. «No puedo resistir
+más esta vida de perros--decía--. Dios tenga compasión de mí».
+
+Fortunata habría deseado que su marido se durmiese y la dejase en paz.
+Pero no parecía él dispuesto a hacerle el gusto en esto. Presentábase
+aquella noche bastante locuaz, lo que la disgustó mucho, pues pocas
+veces se había sentido con menos ganas de conversación. A poco de
+acostarse, observó que su marido, sentado frente a la mesa donde estaba
+la luz, sacaba del bolsillo un paquete, después otro, objetos envueltos
+en papeles, y los ponía frente a sí, como un hombre que se prepara a
+trabajar. El ligero ruido estridente que hace el papel al ser
+desdoblado, ruido que se acrecía con el silencio de la noche, molestaba
+a Fortunata atrayendo su atención. Lo primero que hizo Maxi fue sacar de
+un envoltorio de regular tamaño multitud de paquetes chicos muy bien
+doblados, como los que en Farmacia se llaman _papeletas_, forma en que
+se dividen y expenden las dosis de las medicinas en polvo. Pero después
+vio la joven que desliaba otro paquete de forma larga y... ¡Ay, Dios
+mío, era un cuchillo!... Lo estuvo él contemplando un rato por un lado y
+por otro, y acercaba la yema del dedo a la punta como para probar si era
+bien aguda. La esposa sintió sudor frío en todo su cuerpo... No pudo
+contenerse, y como si despertase a un durmiente para librarle de los
+fingidos horrores de angustiosa pesadilla, le dijo... «Maxi, hijo, ¿qué
+haces?». Él la miró con gran tranquilidad.
+
+«Yo creí que dormías. ¿No tienes sueño? Pues charlaremos de cosas
+agradables».
+
+--Como quieras. Pero más vale que te acuestes, y dejes las cosas
+agradables para mañana.
+
+--No... de seguro que te gustará lo que voy a decirte. Espera un poco.
+
+Recogió todos sus paquetes y el cuchillo, y trasladándose a la silla que
+estaba junto a la cama, lo puso todo sobre la mesa de noche.
+
+«Ajajá... Ahora verás--dijo sonriendo cariñosamente, como el que se
+dispone a dar a la persona amada la sorpresa de un regalito--. Esto, ya
+lo ves: es un puñal».
+
+Fortunata se estremeció como si la hoja fría le tocara las carnes, y se
+puso a dar diente con diente.
+
+«Lo compré hoy en la tienda de espadas de la calle de Cañizares. Aquí
+dice: _Toledo, 1873_. Es bonito, ¿verdad? Hace días que vengo pensando
+en cuál es la mejor manera de hacerle al alma el gran favor de mandarla
+para el otro barrio. ¿A ti que te parece? No decido nada sin tu consejo;
+y lo que tú prefieras, eso preferiré yo».
+
+La infeliz mujer estaba tan medrosa, que apenas podía hablar.
+
+«Guarda eso, por Dios... Mira que me da mucho miedo».
+
+--¡Miedo!--exclamó él con asombro y desconsuelo--. Pues yo creí que
+habría conseguido infundirte mi idea y que ya mi idea te era familiar.
+¡Miedo a la muerte!, es decir, ¡miedo a la libertad y amor al calabozo!
+¿Ahora salimos con eso? Si lo primero, mil veces te lo he dicho, es
+mirar a la muerte como el fin de los padecimientos, como miran a la
+playa los infelices que luchan con las olas, agarrados a un madero.
+
+--No, si no tengo miedo--dijo ella con deseos de tranquilizarle, porque
+observó que se exaltaba--. Pero es que... esas cosas, más vale dejarlas
+para de día. Ahora, a dormir.
+
+--¡Dormir!... Ahí tienes otra tontería. Dormir, ¿y qué saca uno de
+dormir? Pues embrutecerse, olvidarse de lo principal, que es el
+desprendimiento y la evasión. Querida mía, o estás conmigo o estás
+contra mí; decídete pronto. ¿Estás dispuesta a tomar la llave de la
+puerta y escaparte conmigo? ¿Sí? Pues lo primero es no tener horror a la
+muerte, que es la puerta, estar siempre mirándola, y prepararse para
+salir por ella cuando llegue la hora feliz de la liberación.
+
+Fortunata se arropó bien, porque le había entrado más frío. ¡Ay qué
+miedo tan grande!
+
+«El momento de la liberación es aquel en que uno se considera
+suficientemente purificado para apechugar con el paso de un mundo a
+otro, y dar ese paso por sí mismo. Las religiones dominantes prohíben el
+suicidio. ¡Qué tontas son! La mía lo ordena. Es el sacramento, es la
+suprema alianza con la divinidad... Bueno; pues las personas que por
+medio de la anulación social, y cultivando la vida interior, llegan a
+purificarse, comprenden por su propio sentido cuándo llega el momento de
+tomar el portante. La liberación no debiera llamarse suicidio. La
+expresión mejor es esta: matar a la bestia carcelera. Llega un momento
+en que el alma no puede ya aguantar la esclavitud, y es preciso
+soltarse. ¿Cómo? Mira».
+
+Fortunata tiritaba, discurriendo si se levantaría para llamar a doña
+Lupe.
+
+«Esto es un puñal... bien afilado... Hay que tener en cuenta que la
+bestia se defiende, por muy decaída que esté. La carne es carne, y
+mientras tenga vida hace la gracia de doler. Por eso conviene que la
+liberación sea con el menor dolor posible, porque la misma alma, con
+toda su fortaleza, se amilana, siente lástima de la bestia carcelera e
+intercede por ella. Tú fíjate bien, y si el arma blanca no te gusta, me
+lo dices con franqueza. ¿Prefieres el arma de fuego? Pueden fallar los
+tiros, y entonces el alma se impacienta; suele suceder que la bala no
+toma la dirección conveniente y queda la bestia a medio matar con medio
+cuerpo muerto y medio cuerpo vivo. Por eso yo te traigo aquí los medios
+tóxicos, que son callados y seguros».
+
+Empezó a mostrar aquellas papeletas tan bien hechas y bien dobladas,
+sobre las cuales había escrito con clarísima letra el nombre de cada
+droga. Mirábalas Fortunata con indecible terror, y se tapaba la nariz y
+la boca, temerosa de que, respirando tales ingredientes, pudiera
+envenenarse.
+
+«Vete enterando. Esta sustancia que ves aquí, blanca y en cristalitos,
+es la _estricnina_... Muerte segura y tetánica, y que produce muchas
+angustias, por lo cual no te la recomiendo. La _atropina_ es esta, y
+esta la _cicutina_. ¿Ves?, polvos blancos. La _citutina_ tiene una
+ventaja, y es que con ella se liberó el señor de Sócrates, lo que la
+hace venerable. Ambos son venenos virosos, es a saber, que se queda uno
+dormido y en sueños se acaba. Pero yo me pregunto: En las tinieblas del
+sueño, ¿no producirán los pataleos de la bestia horribles martirios?
+¿Qué te parece a ti? ¿Preferiremos la _digitalina_, que mata por
+asfixia? ¿O nos fijaremos en los mercuriales? Míralos aquí: El _ioduro
+de Mercurio_, rojo; el _cianuro de Mercurio_, blanco. También tengo un
+preparado de fósforo, que mata por envenenamiento de la sangre. Pero lo
+bueno está aquí, míralo; el verdadero _ojo de boticario_, la bendición
+de Dios. Esto sí que mata, y pronto. ¿Ves este polvo gris? Es la
+_gelsemina_, la maravilla de la toxicación. La bestia se estremece sólo
+de verla; porque sabe que con esto no hay bromas. Muerte instantánea».
+
+--Basta, basta--dijo Fortunata, que ya no podía resistir más--. Si no
+guardas todo eso, me levanto y me voy.
+
+Él la miró con semblante en que se pintaban un desconsuelo siniestro y
+un asombro compasivo. Esta mirada le aumentó a ella el miedo, y
+comprendiendo que era forzoso disimularlo, acariciándole la manía para
+evitar cualquier barbaridad, le dijo:
+
+«Todo está muy bien... yo comprendo... Claro, la bestia hay que matarla.
+Pero si quieres que yo te quiera, ha de ser con condición de que no me
+traigas acá venenos...».
+
+--¡Ah!, corriente... Si prefieres las armas de fuego... Pero en este
+caso hay que ejercitarse. Preciso es que mueras primero tú, después
+yo... ¿Y si me falla el tiro y me quedo vivo y viene gente y me
+sujetan...?
+
+--No, hijo no; cada cual coge una pistola, y apunta uno para el otro
+como en los desafíos... Se da la señal, ¡pum!, y ya verás cómo quedan
+las dos bestias.
+
+Maximiliano meditaba. «No me parece muy practicable tu solución».
+
+--Sí, chico, sí, te digo que sí. Hazme el favor de coger todos esos
+polvos y tirarlos por la ventana al patio. No, mejor será que los
+envuelvas en un paquete y me los des; yo los guardaré. Te prometo
+guardarlos. Pero qué, ¿desconfías de mí?... Gracias, hombre.
+
+De veras que desconfiaba, porque cuando ella extendió sus manos para
+coger las papeletas, acudió él a defenderlas como se defiende una
+propiedad sagrada. «Tate, tate; déjame esto aquí. Yo lo guardaré...».
+
+--Bueno, mételo en el cajón de la mesa de noche, y también el
+cuchillito. Yo te prometo no tocarlo.
+
+--¿Me lo juras?--Te lo juro... No parece sino que yo te he engañado
+alguna vez. ¡Qué cosas tienes!... Pero te has de acostar...
+
+--Si no tengo sueño, a Dios gracias. Cuando duermo algo, sueño que soy
+hombre, es decir, que la bestia me amarra, me azota y hace de mí lo que
+le da la gana... ¡Infame carcelero!
+
+Impaciente, Fortunata se lanzó a las determinaciones que exigen los
+casos graves. Echose de la cama tal como estaba, y casi a la fuerza,
+mezclando los cariños con la autoridad, como se hace con los niños, le
+hizo acostar. Quitole la ropa, le cogió en brazos, y después de meterle
+en la cama, se abrazó a él sujetándole y arrullándole hasta que se
+adormeciera. Decíale mil disparates referentes a aquello de la
+liberación, de la hermosura de la muerte y de lo buena que es la matanza
+de la bestia carcelera. «A cada bestia le llega su San Martín» repetía,
+con otras frases que habrían sido humorísticas, si las circunstancias no
+las hicieran lúgubres.
+
+Ella durmió muy poco. Al amanecer, viéndole en profundo letargo,
+levantose cautelosamente y echó mano al puñal y las papeletas. Escondido
+el primero, vació todo el contenido de las segundas en un periódico,
+metiéndolo todo revuelto en un cucurucho para llevárselo a Ballester.
+Con ayuda de doña Lupe, que se horripilaba oyendo contar el paso de la
+noche anterior, pusieron en cada papelillo cantidad proporcionada de sal
+o azúcar molida, y bien dobladitos como estaban, volvieron a meterlos en
+la mesa de noche. Lo primero que él hizo al despertar fue ver si le
+habían quitado su tesoro, y como extrañase no hallar el puñal, díjole su
+mujer: «El puñal lo he guardado yo... Es monísimo. Descuida, que no lo
+perderé. ¿Tienes o no confianza en mí? Tocante a esos polvos, encárgate
+tú de guardarlos, y si el caso llega, chico, no seré yo quien les haga
+ascos, porque, bien mirado, para lo que sirve esta vida... Lucidas
+estamos; ¡siempre penando, siempre penando! Espera que te espera, y cada
+día un desengaño... Te aseguro que el vivir es una broma pesada».
+
+--Dame un abrazo--le dijo Maxi arrojándose a ella medio vestido--. Así
+te quiero. Tú has padecido, tú has pecado... luego eres mía.
+
+Y como en aquel momento entrara su tía trayéndole el chocolate, se fue
+hacia ella, en pernetas, con intento de abrazarla, diciéndole:
+
+--También usted ha padecido, también usted ha pecado, querida tía.
+
+--¡Pecar yo!...--Y es usted de mi tanda.--Todo lo que quieras, con tal
+que te tomes ahora este chocolatito.
+
+--Lo tomaré, lo tomaré, aunque no tengo apetito. Venga... Por aquello de
+cumplir.
+
+--Dices bien; una cosa es enamorarse de la muerte, y otra cumplir
+nuestras obligaciones mientras no llega el momento--dijo doña Lupe con
+naturalidad--. De mí te sé decir que estoy harta de la vida, pero harta,
+y si no he tomado ya una determinación es porque como tiene una tanto
+que hacer, no le queda tiempo ni para pensar en lo que le conviene. Pero
+ya lo arreglaremos, hijo, y a mí me tienes dispuesta a darle la morrada
+a la bestia cuando menos ella se lo piense. Ya no la puedo sufrir.
+
+Tía y esposa, disimulando su tristeza, le contemplaban mientras tomó el
+chocolate, admiradas de que lo tomase con ganas. Las ganas teníalas la
+bestia, él no.
+
+
+
+
+--xi--
+
+
+A eso de las diez salió Fortunata para llevar a Ballester el
+paquete de sustancias venenosas. «Ahí tiene usted la que nos preparaba
+su amigo--le dijo con desabrimiento--. ¡Vaya un cuidado que tiene usted!
+Vea lo que llevó a casa...».
+
+Ballester examinaba las terribles drogas... Después se puso muy serio:
+«Ese tonto de Padillita tiene la culpa. No sé cómo le permitió andar en
+esto. Descuide usted, que le echaré hoy una buena peluca. Lo mejor será
+que no trabaje más aquí; cualquier día nos mete en un conflicto... Pero
+siéntese usted...».
+
+Al ofrecerle una silla, Ballester parecía poner especial cuidado en dar
+a conocer sus botas nuevas, resplandecientes; en que Fortunata admirase
+su levita y su cabellera rizada a fuego, la cual despedía fuerte olor a
+heliotropo. En todo reparó ella, demostrándolo con una sonrisa
+picaresca.
+
+«Se ríe usted de lo reguapo que me he puesto hoy, ¿verdad? Acostumbrada
+a verme hecho un cavador... Pues le diré: hoy se casa mi hermana con ese
+a quien llaman el _distinguido pensador_, Federico Ruiz. Voy a la boda,
+y esta noche le traeré a usted los dulces».
+
+Fortunata volvió a su tema: «Es preciso tomar una determinación. Las
+medicinas que usted le da, no le hacen ningún efecto. Hoy hemos hablado
+mi tía y yo. Antes de llevarle a un manicomio, es preciso probar algún
+otro medicamento. ¿No se decide usted a darle eso que decía?... no me
+acuerdo cómo se llama... eso que suena así como un estornudo...».
+
+--¡Ah!, el _hatchiss_... lo prepararemos. Usted manda en esta casa... es
+usted el ama, y me manda a mí, y si me pide una cataplasma hecha con
+picadillo de mi corazón, al momento se la hago.
+
+--¿Ya está usted con sus guasas?
+
+--Y ahora me toca a mí pedirle un favor...
+
+--Usted dirá.--Esta noche traigo los dulces de la boda. Mando al segundo
+una parte, otra la dejo aquí para los amigos que vengan. ¿Irá usted
+arriba a casa de doña Casta, o vendrá aquí?
+
+--Iremos arriba... Si paseamos, puede que entremos aquí. Según esté ese.
+
+--Bueno; esta noche ha de venir mi amigo el crítico. Padilla le invitará
+a entrar y le ofrecerá dulces. Quiero que se coma uno que tengo yo aquí
+preparado para él... No sabe usted cuánto le odio.
+
+Fortunata, que tenía la cabeza caldeada con ideas de envenenamiento, se
+asustó.
+
+«¿Pero qué demonios le va usted a dar a ese infeliz? Si es un buen
+chico».
+
+--Nada, no se asuste usted... No es más que un derivativo... La fiesta
+consiste en que luego le invite doña Casta a subir, y que suba...
+
+--No sea usted bruto. ¡Si es un chico muy bueno! Me han dicho que
+mantiene a su madre...
+
+--¡Que mantiene a su madre! Pues estará lucida. ¿Y con qué la mantiene?
+¿Con los artículos?
+
+--Le dan dos duros por cada uno. Ya ve usted. Y hace cuatro todas las
+semanas.
+
+--Buen pelo, buen pelo... Pero en fin, aunque mantenga a su madre y a su
+abuela y a toda su familia, y sea un excelente chico, yo le quiero dar
+esta broma inocente. ¿Me hará usted el favor que le pido?
+
+--¿Cuál?--No le pido a usted que me dé un beso, porque si le pidiera ese
+pedazo de la gloria, usted no me lo daría, y si me lo diera, al instante
+me tendrían que poner en manos del amigo Ezquerdo... Pues mis
+aspiraciones se concretan hoy, querida amiga, a que usted, si está aquí
+cuando entre ese niño ilustrado, le ofrezca la yema que yo tengo
+dispuesta. Dándosela usted no sospechará... Además, usted le dirá a doña
+Casta o a Aurora que le inviten a subir para que oiga tocar la pieza...
+
+--Quítese usted de ahí... Yo no me meto en esas intrigas. ¡Pobre
+muchacho! Me pongo de su parte. ¡Qué malo es usted!
+
+--Más mala es usted... En pago de su infamia le voy a dar una buena
+noticia.
+
+--¿A mí noticias?...--Y tan buena que le ha de saber a usted mejor que
+los dulces que le enviaré esta noche... ¡Ay!, me consuela una cosa,
+amiga mía; y es que si conmigo es usted ingrata, lo es también con
+otros. ¡Mal de muchos...!
+
+--¿Qué está diciendo?
+
+--Pues que bien le pasean a usted la calle... Y la niña sin parecer por
+ninguna parte. El niño rompía el pescuezo mirando para los balcones, y
+usted atormentándole con su ausencia. ¡Pobre señor!... toda la tarde
+calle arriba calle abajo...
+
+Fortunata palideció, y con la mayor seriedad del mundo se dejó decir:
+
+«¿Quién... y cuándo?...».
+
+--No se haga usted la tonta... Pues ayer tarde, cuando se retiró, ¡iba
+con una cara de mal humor...! Plantón como aquel no se ha llevado nunca.
+Yo le miraba y me decía: «bien merecido te está... Aguántate, cachete...
+Todos somos iguales». ¿Quiere usted que le dé un consejo? Pues trátele a
+la baqueta. Que suspire, que pasee, que le tome la medida a la calle.
+Toda la hiel no ha de ser para mí... ¿Quiere que le dé otro consejo?
+Pues a usted le conviene un corazón como este que yo tengo aquí
+guardadito, virgen, créalo usted, virgen. Acéptelo, y déjese de querer a
+ingratos...
+
+Fortunata se había puesto tan desasosegada, que no oía las amorosas
+confianzas del farmacéutico. «Abur, abur--dijo levantándose--. Tengo que
+volverme a mi casa».
+
+--Vamos a ver... Y si vuelve esta tarde, ¿qué le digo?
+
+--Quítese usted allá...--indicó ella corriendo hacia la puerta, y el
+otro detrás.
+
+--¿Qué le digo?... Porque aunque no le he hablado nunca, le hablaré, si
+usted me lo manda. ¿Dígole que no parezca más por aquí?... ¡Ay, qué
+mujer! Allá va como una exhalación. Está tocada, tan tocada como su
+marido... Todo por no enamorarse de un hombre digno, como por ejemplo...
+un servidor. ¡Ah! Segismundo, paciencia. Imita a los pescadores de caña;
+espera, espera, que al fin ella picará.
+
+Doña Lupe, cuando entró su sobrina bastante sofocada por haber subido
+muy aprisa la escalera, admirose de verla tan alegre. «Sabe Dios--dijo
+para sí--; sabe Dios por qué estarán los tiempos tan divertidos...
+Probablemente esta salidita, con pretexto de llevarle a Ballester los
+polvos, sería para verle... Él le diría que pasaba a tal hora... ¡Y qué
+colorada viene! Sin duda ha habido hocicadas en el portal».
+
+Maxi continuaba tranquilo. Más bien parecía un convaleciente que un
+enfermo. Estaba muy débil y no apetecía más que sentarse junto a los
+cristales del balcón del gabinete, contemplando con incierta mirada a
+los transeúntes. Esto no le hacía maldita gracia a Fortunata, porque...
+«si _al otro_ le da la gana de pasar también esta tarde y Maxi le ve, se
+va a excitar mucho». Por tal motivo estuvo muy inquieta, y a cada
+instante se asomaba y volvía para adentro, tratando de que su marido se
+pusiese en otra parte. Pero al otro no le dio la gana de pasar aquella
+tarde. Lo que hizo fue mandar un recadito a su amiga, sacándola del
+purgatorio de incertidumbre y tristeza en que estaba. Servía de
+Celestina para estas comunicaciones la tía de Fortunata, Segunda
+Izquierdo, que en Mayo último se le había presentado, miserable y
+llorosa, a que le diera una limosna. Desde entonces iba todas las
+semanas, y su sobrina la socorría, unas veces con dinero, otras con
+comida sobrante o alguna prenda de vestir.
+
+Santa Cruz la amparaba también, y ella se servía de su mendicidad para
+introducir en la morada de Rubín los mensajes de amor; y tan ladinamente
+lo hacía, que la sagaz doña Lupe no sospechaba nada. Pues aquella tarde,
+después de mucho tiempo de entrar allí _con las manos vacías_, puso en
+las de Fortunata una esquelita. Al fin, ¡oh, dicha increíble!... Cuando
+pudo, leyó la feliz mujer el papelito, en el cual se le citaba a tal
+hora y a tal sitio para el día siguiente.
+
+Por la noche fueron todos a casa de doña Casta, quien tomó por su cuenta
+a Maxi, prodigándole mil cuidados, ofreciéndole golosinas, y tratando de
+refrescarle el cerebro con una plácida disertación sobre las aguas de
+Madrid, y sobre las propiedades por que se distinguen las de la
+Acubilla, Abroñigal, y fuente de la Reina, de las de Lozoya.
+
+La viuda de Fenelón llegó a la hora de costumbre, y a poco subió el mozo
+de la botica con la bandeja de dulces que mandaba Ballester. No tardaron
+en presentarse el señor y la señora del tercero de la derecha. Él, por
+una de esas ironías tan comunes en la vida, era el hombre más grave,
+seco y desapacible del mundo, comadrón de oficio, y se llamaba _D.
+Francisco de Quevedo_ (hermano del cura castrense, Quevedo, a quien
+conocimos en la tertulia del café, junto con el _Pater_ y Pedernero). Su
+mujer competía en elegancia con una boya de las que están ancladas en
+el mar para amarrar de ellas los barcos. Su paso era difícil, lento y
+pesado, y cuando se sentaba, no había medio de que se levantara sin
+ayuda. Su cara redonda semejaba farol de alcaldía o Casa de Socorro,
+porque era roja y parecía tener una luz por dentro; de tal modo
+brillaba. Pues a esta monstruosidad la llamaba Ballester _doña
+Desdémona_, por ser o haber sido Quevedo muy celoso, y con este mote la
+designaré, aunque su verdadero nombre era doña Petra. No tenía niños
+este matrimonio, y mientras D. Francisco se pasaba la vida sacando a luz
+los hijos del hombre, su esposa sacaba y criaba pájaros, para lo cual
+tenía muy buena mano. Estaba la casa llena de jaulas, y en ellas se
+reproducían diversas familias y especies de aves cantoras. Y para colmo
+de contrastes, era la señora del comadrón una mujer chistosísima, que
+contaba las cosas con mucha sal. En cambio, D. Francisco de Quevedo no
+tenía más chiste que el que podría tener un caimán.
+
+
+
+
+--xii--
+
+
+Aurora y Fortunata, después de cumplir un rato con la visita,
+riéndole las gracias a _doña Desdémona_, se fueron al balcón. La viuda
+tenía que contar a su amiga cosa de mucha importancia, y al instante
+empezó el secreto. «Ya no me queda duda. Ciertos son los toros. ¿Sabes
+que el primo Moreno no sale de la tienda? Allí se va por las mañanas, y
+no quita los ojos del portal de Santa Cruz, acechando si entran o salen.
+El muy tonto, ¡qué mal lo disimula! Parece mentira que se chifle así un
+hombre de su edad... porque anda ya cerca de los cincuenta; un hombre
+enfermo... porque los médicos dirán lo que quieran, pero el mejor día
+hace el _crac_... ¿Y qué más prueba de su embrutecimiento que estar
+aquí?... ¿Por qué no se va al extranjero como otros años? Buen pajarraco
+está. Ya ves; un hombre, _por ejemplo_, que podría haber hecho la
+felicidad de cualquier muchacha honrada, se ve ahora sin amor, sin
+familia propia, solo, triste... ¡Ah!, le conozco bien: es un disoluto,
+un inmoral, un corrompido. No le gustan más que las casadas. Me lo ha
+dicho a mí misma... a mí me lo ha dicho».
+
+--¿Pero tú...?--Espera, te contaré--dijo Aurora con cautela,
+asegurándose de que ningún curioso se destacaba de la tertulia para
+acecharlas--. Pues este primo Moreno, aunque pariente lejano, y más
+lejano por ser rico y nosotras pobres, nos visitaba alguna vez... hará
+de esto trece o catorce años. Mamá le consideraba mucho, y cuando venía
+a casa le recibía poco menos que en palio. Tuvo mamá en un tiempo la
+ilusión ¡qué tontería!, de casarme con él. Yo tenía dieciocho años, él
+treinta y pico. ¿Te vas enterando?
+
+Fortunata atendía con toda su alma.
+
+«¿Quieres que te hable con franqueza? Pues a mí no me disgustaba; pero
+nunca me dijo nada... Tenía buena figura y unos aires de caballero como
+los tienen pocos... Mamá y papá hechos unos tontos con aquella
+esperanza... ¡qué inocentes! Es muy lagarto ese hombre. ¡Casarse
+conmigo! Sí, para mí estaba. A lo mejor, meses y meses sin parecer por
+aquí. Yo me acordaba de él y de cuando venía a casa; como que al verle
+entrar nos quedábamos todos turulatos y nos parecía que entraba por esa
+puerta la Divina Majestad... Pues como te digo, dejó de venir. En aquel
+tiempo conocí a Fenelón; fue mi novio y me pidió. Mamá tenía todavía
+ilusiones; papá se había curado de ellas. Nos casamos... ¿Pues creerás
+que al mes de casados, viene el primo a Madrid y empieza a hacerme la
+corte por lo fino?».
+
+Fortunata parecía que estaba oyendo leer el relato más novelesco, según
+el interés y asombro que mostraba.
+
+«Pues verás. Fenelón era un bendito; de estos que juzgan a todo el mundo
+por sí mismos, y que no ven el mal aunque se lo cuelguen de la nariz. No
+se enteraba de la persecución, y yo pasando la pena negra. ¡Ay hija, qué
+peligro tan grande! Siempre que salía, ¡pin!, me le encontraba. Yo no
+sé... parecía que me olía como los perros huelen la caza. Una tarde que
+llovía, me cogió y casi a la fuerza me metió en su coche. Estuve a dos
+dedos del abismo, casi a dedo y medio; pero no, no caí. ¡Dios mío, qué
+hombre!, es absurdo».
+
+--¿Pero tú le querías?--preguntó la de Rubín, que con la idea del querer
+resolvía todos los problemas.
+
+--Yo... te diré... me pasaba una cosa particular. Temblaba siempre que
+nos encontrábamos... le tenía miedo, y... de ti para mí, me gustaba.
+Pero, lo que yo digo, ¿por qué no se casó conmigo?
+
+--Claro.--Yo le hubiera querido mucho, y no le habría faltado por nada
+de este mundo. Pero estos hombres, ¡qué malos son, pero qué malos! Pues
+verás. Me voy a Burdeos con mi marido, pasan meses y meses, llega el
+verano y nos vamos a pasar una corta temporada en Royan, un pueblo de
+baños de mar. Pues, hija, estaba yo una tarde en el muelle viendo
+desembarcar a los pasajeros que venían en el vaporcito de Burdeos,
+cuando me veo al primo Moreno. Me quedé... ¡ay!, no te quiero decir
+nada.
+
+--¿Y tu marido estaba contigo?
+
+--No; ese es el caso. Fenelón había ido a París a hacer compras. En
+París estaba Moreno, le vio... y chitito callando se fue a Royan,
+sabiendo que me cogía sola y descuidada. Descuido fue, que aquella vez,
+hija, no pude zafarme como cuando la del coche... ¡Ay!, estas cosas te
+las cuento a ti, porque sé que eres callada y no me has de hacer
+traición. ¡Si mamá lo supiera...! En fin, que el muy tunante se divirtió
+todo lo que quiso, y después la del humo. Llegó el 70, y al pobrecito
+Fenelón le mataron esos infames prusianos. Fue un dolor... ¡ah! por ser
+valiente, ¡por empeñarse en salir en una descubierta! Era un hombre tan
+patriota, que por salvar a su querida Francia, habría dado él cien vidas
+que tuviera... Pero vamos al otro, a ese solterón estragado... Cuando
+enviudé, dije: «Pues ahora, si de veras le gusto...». ¡Quia! Me le
+encontré en Madrid al año siguiente, y como si tal cosa. ¿Creerás que me
+dijo algo de amor? ¿Creerás que se acordaba de cumplir las promesas que
+me había hecho? Buen cumplimiento nos dé Dios. Hija, frialdad igual no
+he visto. Te aseguro, que me dan ganas, _por ejemplo_, de clavarle un
+puñal... Cierto que me ofreció lo que yo quisiera para establecerme...
+pero no quise tomar nada de aquellas manos. ¡Monstruo! Cuando le dio al
+primo Pepe el dinero para la gran tienda, puso por condición que me
+había de colocar al frente de las labores... Pero no se lo agradezco,
+palabra de honor, no se lo agradezco...
+
+--A tu primo no le gustan más que las casadas.
+
+¡Valiente tuno!--dijo Fortunata moviendo la cabeza, como quien comprende
+tarde lo que debió de comprender antes.
+
+--Estos solterones vagabundos y ricos son así... Están viciosos,
+estragados, mimosos; y como se han acostumbrado a hacer su gusto, piden
+_mediodía a catorce horas_. Ahí le tienes ya, aburrido, enfermo; no sabe
+qué hacerse; quiere calor de familia y no le encuentra en ninguna parte.
+Bien merecido le está; me alegro. Que lo pague. Y para mayor desgracia,
+se engolosina ahora con Jacinta. Lo que a él le enciende el amor es la
+resistencia; y las que tienen fama de honradas, le entusiasman, y las
+que sobre tener fama, lo son, le vuelven loco. Con Jacinta debe de haber
+sostenido una guerra tremenda, sí, tremenda; pero al fin, ella se ha
+rendido, no te quepa duda. Yo fui Metz, que cayó demasiado pronto; y
+ella es Belfort, que se defiende; pero al fin cae también... ¡Ah!, las
+señas son mortales. El primo va a la casa todos los días, y la acecha
+cuando sale, para hacerse el encontradizo... Algunas tardes no parece
+por la tienda. ¿Tendrán citas? He aquí mi idea. Te juro que lo he de
+averiguar. Imposible que yo no lo averigüe. Aunque tuviera que perder mi
+colocación, aunque me quedara sin camisa que ponerme... ¡Qué infamia! Y
+miren la otra, la mosquita muerta, con su cara de Niño Jesús y su fama
+de virtud. Sí; santidades a cuarto; véase la clase. Te aseguro que el
+día en que esto estalle y haya la gran tragedia, será el día más feliz
+de mi vida. ¿Pues qué cree ese? ¿Que se puede engañar, y engañar, y
+engañar siempre, y burlarse de los pobres maridos? Pues ya cayó otro;
+_solamente_ que ahora no da con mi Fenelón, que era un santo y no
+sospechaba de nadie más que de los prusianos. Ahora da con un hombre
+templado, tu amigo, que no se conformará con esta deshonra, ¿verdad? Te
+aseguro que le va a arder el pelo al tal primito con todo su mal de
+corazón y su extranjerismo.
+
+Fortunata no chistó. Aquella revelación le había dejado tan atontada,
+cual si le descargasen un fuerte golpe en la cabeza.
+
+Jacinta... ¡Jesús!.. el modelito, el ángel, la mona de Dios... ¿Qué
+diría Guillermina, la _obispa_, empeñada en convertir a la gente y en
+ver la que peca y la que no peca?... ¿Qué diría?... ja, ja, ja... ¡Ya no
+había virtud! ¡Ya no había más ley que el amor!... ¡Ya podía ella alzar
+su frente! Ya no le sacarían ningún ejemplo que la confundiera y
+abrumara. Ya Dios las había hecho a todas iguales... para poderlas
+perdonar a todas.
+
+
+
+
+-II-
+
+Insomnio
+
+
+
+
+-i--
+
+
+A las doce de un hermoso día de Octubre, D. Manuel Moreno-Isla
+regresaba a su casa, de vuelta de un paseíto por _Hide Park_ ... digo,
+por el Retiro. Responde la equivocación del narrador al _quid pro quo_
+del personaje, porque Moreno, en las perturbaciones superficiales que
+por aquel entonces tenía su espíritu, solía confundir las impresiones
+positivas con los recuerdos. Aquel día, no obstante, el cansancio que
+experimentaba, determinando en él un trabajo mental comparativo,
+permitíale apreciar bien la situación efectiva y el escenario en que
+estaba. «Muy mal debe andar la máquina, cuando a mitad de la calle de
+Alcalá ya estoy rendido. Y no he hecho más que dar la vuelta al
+estanque. ¡Demonio de neurosis o lo que sea! Yo, que después de darle la
+vuelta a la _Serpentine_ me iba del tirón a _Cromwell road_... friolera;
+como diez veces el paseo de hoy... yo que llegaba a mi casa dispuesto a
+andar otro tanto, ahora me siento fatigado a la mitad de esta condenada
+calle de Alcalá... ¡Tal vez consista en estos endiablados pisos, en
+este repecho insoportable!... Esta es la capital de las setecientas
+colinas. ¡Ah!, ya están regando esos brutos, y tengo que pasarme a la
+otra acera para que no me atice una ducha este salvaje con su manga de
+riego. 'Eso es, bestias, encharcad bien para que haya fango y
+paludismo...'. Pues por aquí, los barrenderos me echan encima una nube
+de polvo... 'Animales, respetad a la gente...'. Prefiero las duchas...
+En fin, que este salvajismo es lo que me tiene a mí enfermo. No se puede
+vivir aquí... Pues digo; otro pobre. No se puede dar un paso sin que le
+acosen a uno estas hordas de mendigos. ¡Y algunos son tan insolentes!...
+'Toma, toma tú también'. Como me olvide algún día de traer un bolsillo
+lleno de cobre, me divierto. ¡Aquí no hay policía, ni beneficencia, ni
+formas, ni civilización!... Gracias a Dios que he subido el repecho.
+Parece la subida al Calvario, y con esta cruz que llevo a cuestas,
+más... ¡Qué hermosos nardos vende esta mujer! Le compraré uno... 'Deme
+usted un nardo. Una varita sola... Vaya, deme usted tres varitas.
+¿Cuánto? Tome usted... Abur'. Me ha robado. Aquí todos roban... Debo de
+parecer un San José; pero no importa... 'Yo no juego a la lotería;
+déjeme usted en paz'. ¿Qué me importará a mí que sea mañana último día
+de billetes, ni que el número sea bonito o feo...? Se me ocurre comprar
+un billete, y dárselo a Guillermina. De seguro que le toca. ¡Es la
+mujer de más suerte!... 'Venga ese décimo, niña... Sí, es bonito número.
+¿Y tú por qué andas tan sucia?'. ¡Qué pueblo, válgame Dios, qué raza! Lo
+que yo le decía anteayer a D. Alfonso: 'Desengáñese Vuestra Majestad,
+han de pasar siglos antes de que esta nación sea presentable. A no ser
+que venga el cruzamiento con alguna casta del Norte, trayendo aquí
+madres sajonas'. Ya poco me falta. Francamente, es cosa de tomar un
+coche; pero no, aguántate, que pronto llegarás... Un entierro por la
+Puerta del Sol. No, lo que es aquí no me he de morir yo, para que no me
+lleven en esas horribles carrozas... Dan las doce. Allá están los
+cesantes mirando caer la bola. Buena bola os daría yo. Ahí viene
+Casa-Muñoz. ¿Pero qué veo? ¿Es él? Ya no se tiñe. Ha comprendido que es
+absurdo llevar el pelo blanco y las patillas negras. No me mira, no
+quiere que le salude. Realmente es muy ridícula la situación de un
+hombre que se tiñe, el día en que se decide a renunciar a la pintura,
+porque la edad lo exige o porque se convence de que nadie cree en el
+engaño... Allí va en un coche la duquesa de Gravelinas... No me ha
+visto... 'Abur Feijoo...'. ¡Qué bajón ha dado ese hombre!... Vamos, ya
+entro por mi calle de Correos. Si habrá venido a almorzar mi primo... Lo
+que es hoy me tiene que hacer un reconocimiento en toda regla, porque me
+siento muy mal... Que me ausculte bien, porque este corazón parece un
+fuelle roto. ¿Será esto un fenómeno puramente moral? Puede ser. Ya veo
+yo el remedio... ¡Pero qué verdes están las uvas, qué verdes! Los
+balcones tan tristes como siempre. ¡Ah!... sale al mirador Barbarita
+para hablar con la _rata eclesiástica_... 'Adiós, adiós... vengo de dar
+mi paseíto... Estoy muy bien, hoy no me he cansado nada...'. ¡Qué
+mentira tan grande he dicho! Me canso como nunca. Ahora, escalera de mi
+casa, sé benévola conmigo. Subamos... ¡Ay, qué corazón, maldito fuelle!
+Despacito, tiempo hay de llegar arriba. Si no llego hoy, llegaré mañana.
+Seis escalones a la espalda. ¡Dios mío, lo que falta todavía!».
+
+Cuando llegó al principal, su hermana le esperaba en la puerta. «¿Te has
+cansado mucho?».--Así, así. ¿Dónde está Tom? Que venga.
+
+Moreno entró en su habitación, seguido del criado. Este era inglés y le
+acompañaba en todos su viajes. Decía el anti-patriota que los sirvientes
+españoles son tan torpes que no saben ni cerrar una puerta. El suyo era
+de esos que hacen de la servidumbre una profesión inteligente, y se
+adelantan a los más insignificantes deseos de sus amos para
+satisfacerlos. En inglés le dijo Moreno que echase agua en uno de los
+búcaros que en la estancia había, para poner los nardos; y sin soltar
+estos de la mano se dejó caer en el sofá. Vestía el caballero americana
+oscura y pantalón de cuadros, sombrero de copa, y los indispensables
+botines blancos cubriendo las botas holgadísimas, con suelas de un dedo
+de grueso. «¿Ha venido mi primo?» preguntó a Tom dándole las flores.
+
+--El señor doctor está en la habitación de _miss_ Guillermina.
+
+--_Dígale usted_ que estoy aquí.
+
+La fatiga del paseo y de la escalera le duraba aún cuando vio entrar al
+más simpático de los doctores, Moreno Rubio, despidiendo tufo de
+alegría, como un preservativo contra las tristezas de la medicina.
+Médico de gran saber y aplicación, había alcanzado mucha fama y tenía
+una clientela brillantísima.
+
+«Hoy me vas a examinar bien...--le dijo su primo--. Figúrate que soy un
+desconocido que se te presenta en tu consulta. Déjate de bromas conmigo,
+y no me ocultes la verdad. Mira que te desacredito, si no lo haces así».
+
+--Bueno, hombre, descuida; te registraremos en toda regla--replicó el
+médico sonriendo y sentándose junto a él--. ¿Te has cansado mucho?
+
+--¿No me ves? También es gana de hacer preguntas. En cuanto almorcemos,
+me entrego a ti, como un cadáver de la sala de disección.
+
+--Pues mejor es antes (sacando la trompetilla y tornillándola).
+
+--Bueno, pues ya puedes empezar. (Quitándose la americana). ¿Me echo en
+la cama? Es mejor, sí; aquí me tienes como un muerto, con las manos
+cruzadas.
+
+--No, extiende los brazos. Así...
+
+El doctor abrió la camisa y aplicó un extremo de la trompeta,
+inclinándose para poner su oído en el otro. «No te muevas... Ahora,
+respira fuerte... da un suspiro, pero un suspiro grande, como los de los
+enamorados».
+
+--Me parece que tú estás de guasa. Pepe, por Dios, mira que esto es
+serio, muy serio. Llevo más de diez noches sin pegar los ojos, y tu
+dichoso digital no me alivia nada.
+
+--Cállate, y déjame oír...
+
+--¿Qué notas?... ¿qué?
+
+--Pero ten paciencia. Aguarda... Pues esto está muy malo. Hay aquí
+dentro un zipizape de mil demonios.
+
+--¿Qué clase de ruido sientes? La sístole es demasiado fuerte y...
+
+--Algo de eso.--El empuje de la corriente sanguínea...
+
+--Sí; pero prevalece un síntoma muy perro, un síntoma...
+
+--¿Cuál es?, dímelo. ¿Cómo se llama?
+
+--Amor.--¡Vaya! Llamaré otro médico. Tú no me sirves... con tus guasitas
+de mal gusto. ¡Ni qué tendrá que ver...!
+
+--¡Pues no ha de tener que ver!--dijo Moreno Rubio poniéndose serio y
+guardando su instrumento--.
+
+No sé qué te figuras tú. ¿Quieres romper de un golpe la armonía del
+mundo espiritual con el mundo físico? Ya lo sabes; te lo he dicho mil
+veces. No necesito auscultarle más. Tienes desórdenes en la circulación,
+los cuales podrán ser muy graves si no cambias de vida.
+
+--No parece sino que hago yo la vida del perdido (levantándose y
+volviéndose a poner su ropa).
+
+--Haces la vida del caprichoso, que es peor. Te conviene una
+tranquilidad absoluta, renunciar a los deseos vehementes, a las
+cavilaciones que la no satisfacción de ellos te produce; viajar menos,
+ahogar todo apetito loco de los sentidos, renunciar a todos los
+excitantes malsanos; no me refiero solamente al café y al té, sino más
+principalmente a los excitantes imaginativos e ideales; huir de las
+emociones, y cortarte la coleta de banderillero, con intención de no
+dejártela crecer más; trazar una raya en tu vida y decir: «ni Cristo
+pasó de la Cruz, ni yo paso de aquí». Si tuvieras treinta o treinta y
+cinco años, te aconsejaría que te casaras; pero más vale que te hagas la
+cuenta de que por reciente providencia judicial... o divina, han
+desaparecido todas las mujeres que hay en el mundo, casadas, solteras y
+viudas...
+
+--¡Bah!, ¡bah! Siempre la misma historia--dijo Moreno-Isla, tomándolo a
+broma--. ¿Pero tú eres un médico o un confesor?
+
+--Las dos cosas--afirmó el otro con serenidad y energía--. Si no haces
+lo que te he dicho, Manolo, si no lo haces, te mueres, y pronto. De modo
+que ya sabes mi opinión. No vuelvas a consultarme. No sé más. He agotado
+mi ciencia contigo. Si hay algún colega que encuentre el medio de poner
+de acuerdo tus costumbres y tus pasiones con una ordenada y sana función
+vascular, llámalo, y entiéndete con él.
+
+El criado anunció que el almuerzo estaba servido. «Vamos en
+seguida--dijo el enfermo, cogiendo a su primo por el brazo--. Espérate
+un poco, que te quiero consultar otra cosa».
+
+Detuviéronse un instante en la habitación, y D. Manuel, poniéndole una
+cara muy seria, hizo a su primo esta pregunta: «Vamos a ver, sin guasa.
+En mi estado, sea bueno, sea malo, en mi estado presente, fíjate bien,
+tal como ahora estoy, ¿podría yo tener hijos?».
+
+Moreno Rubio soltó la carcajada.
+
+«Hombre, no digo que no. Podrías tener una escuela de párvulos».
+
+--Quiero decir... pero respóndeme en serio... quiero decir, si tal como
+estoy, con la tubería descompuesta...
+
+--Ya lo creo, por poder...--Eso te lo digo, porque después de eso, me
+decidiría a aceptar lo que propones, el retraimiento, cortar la coleta,
+etc...
+
+--Mira, inocente, no te cuides de aumentar la especie. Mientras menos
+seres humanos nazcan, mejor. Para lo que vale esta vida...
+
+--Creo lo mismo... pero a mí me gustaría tener la seguridad de que... Es
+un ejemplo, un por si acaso nada más. No creas que me parece mal tu plan
+de vida vegetativa. Yo lo adoptaría, sí señor; pero a su tiempo.
+
+--Primo--le dijo el otro mirándole con socarronería--; si quieres hijos,
+haberlo pensado antes.
+
+--No, tonto, si no es que yo los quiera; ni maldita la falta que me
+hacen a mí chiquillos. Si esto te lo pregunto hipotéticamente. Me basta
+con tener conciencia de mi aptitud... Curiosidades de enfermo...
+
+--¿Que no vienen?--dijo, presentándose en la puerta, la hermana de
+Moreno-Isla.
+
+--Vaya unas prisas. Ya vamos. ¡Para la gana que uno tiene...!
+
+--Pero la tengo yo, canastos--dijo el médico.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Por la tarde pidió Moreno su coche y estuvo haciendo visitas hasta
+las siete. Comió en casa de los de Santa Cruz, y estos lo notaron
+sombrío, padeciendo chocantes distracciones, y tan indiferente a todo,
+que ni siquiera tomaba con calor la defensa de sus principios y gustos
+extranjeros, cuando Barbarita, por combatirle la murria, sacaba a
+relucir algún tema de entretenida polémica sobre este punto. Algo dijo,
+sin embargo, que animó la desmayada conversación de aquella noche.
+«¿Saben ustedes cuál es una de las cosas que me cargan más en España? La
+costumbre que tienen las criadas de ponerse a cantar cuando trabajan.
+Parecía natural que en mi casa me viera yo libre de este tormento. Pues
+no señor. Tiene mi tía Guillermina una criadita cuya boca vale por dos
+murgas. No vale mandarla callar. Obedece durante diez minutos, y de
+repente vuelve otra vez con _el señor alcalde mayor_. Dice que se
+olvida, Creánmelo ustedes. Le rompería la cabeza».
+
+--¡Y me quieres hacer creer que en el extranjero...! Pero Manolo...
+
+--¡Ah!, no, señora... esté usted segura de que si en Londres una criada
+se permitiera cantar, pronto la pondrían de patitas en la calle. Es que
+ni se les ocurre tal disparate.
+
+--Lo creo; tan sosas son.--Es que esta pícara raza, que no conoce el
+valor del tiempo, tampoco conoce el del silencio. No podrá usted meterle
+en la cabeza a esta gente la idea de que la persona que se pone a pegar
+gritos cuando yo escribo, o cuando pienso, o cuando duermo, me roba. Es
+una falta de civilización como otra cualquiera. Apoderarse del silencio
+ajeno es como quitarle a uno una moneda del bolsillo.
+
+Estas cosas hacían gracia, y aquella noche las rieron más, para
+animarle. Invitado por Juan a ir al Teatro Real, lo rehusó. Había en la
+casa muy poca gente, Guillermina en su rincón, D. Valeriano Ruiz Ochoa y
+Barbarita II. Barbarita I había concebido el loco proyecto de casar a
+Moreno con esta sobrina suya, que era muy mona, y comunicado el
+pensamiento a Jacinta, esta lo encontró de lo más insensato que se le
+podría ocurrir a nadie. «¡Pero mamá, si mi hermana no tiene más que
+dieciocho años, y Moreno anda ya cerca de los cincuenta, y además está
+enfermo!».
+
+--Cierto que hay diferencia de edades--decía la señora riendo--, pero es
+un gran partido. Ándate con repulgos y verás cómo le cae a tu hermana un
+subteniente, un oficial de la clase de quintos u otra lotería semejante.
+Este hombre es un buenazo muy rico, y eso que padece no es sino
+aburrimiento, mal de soltería, lo que los ingleses llaman _esplín_.
+Cásale, y se le quitan diez años de encima.
+
+Jacinta no se convencía, y en cuanto a la enfermedad, su opinión era muy
+distinta de la de su suegra. Aquella noche le cogió por su cuenta para
+echarle un buen réspice. Estaban en el despacho apartados de los dos
+grupos de tresillistas (D. Baldomero, Ruiz Ochoa, su señora, Pepe
+Samaniego y otros). Barbarita II y su hermana tenían delante a Moreno,
+que en los primeros momentos de aquella situación, decía de dientes
+para adentro: «Creo que si no estuviera presente la polla, le diría
+algo. Me enfada esta niña con su inocencia y su cara bonita. Parece que
+se la pone al lado como un escudo contra mí... Es fatalidad esta; las
+pocas veces que la cojo sola, no adelanto nada. Si le digo cualquier
+reticencia delicada, se hace la tonta. Evita el encontrarse sola
+conmigo, y ahora trae siempre a rastras al espantajo angelical de su
+hermana para asustarme».
+
+--Pero qué callado está usted...--observó Jacinta sonriendo--. ¿Qué?,
+¿se siente usted peor? Dice mamá, que si usted se casa se le quitarán
+diez años de encima. Conque, decidirse...
+
+La fisonomía del misántropo se iluminó al oír esta peregrina receta.
+
+«También yo lo creo--dijo--. Vea usted; un remedio que parece tan fácil,
+es imposible».
+
+--Justo; como se ha concluido el género femenino... Tiene usted razón,
+ya no hay mujeres.
+
+--Para mí como si no las hubiera... ¿Qué le dije a usted ayer? Ya no se
+acuerda. Si ya se sabe: cosa que yo le diga a usted es como si la
+escribiera en el agua.
+
+--De veras que se me ha olvidado. ¿Te acuerdas tú, Bárbara?
+
+--No, si Bárbara no estaba presente.
+
+--No importa. Todo lo que usted me dice a mí, al instante voy a
+contárselo a mi hermana.
+
+--Sí, es usted muy cuentera. ¿Y por qué se lo cuenta usted a su hermana?
+
+--Porque le hace gracia. Moreno no pudo disimular la profunda tristeza
+que se apoderaba de él.
+
+«¿Pero qué tiene usted?... Esta noche le encuentro más _esplinado_ que
+nunca».
+
+--¿No nos contaba ayer que dejó tres novias en Londres?--apuntó
+Barbarita, que gustaba de buscarle la lengua.
+
+--Sí; pero a esas no las quiero--replicó Moreno con la ingenuidad de un
+niño. Y luego, revolcándose en aquella tristeza contra la cual nada
+podía su dominio de hombre de sociedad, se espetó otro monólogo--: Ya
+estoy entrando en el periodo pueril... La tontería y la incapacidad me
+invaden... Esta mujer con su frialdad y su ironía me ha puesto el pie
+sobre la cabeza y me la ha aplastado, como la Virgen la de la
+serpiente... Ya empiezo a estar ridículo...
+
+--¿Por qué no le repite usted esta noche a mi hermana lo que le dijo la
+semana pasada?--dijo Barbarita II al melancólico caballero.
+
+--¿Yo... que...? (asustado, como quien despierta de un sueño). Yo... no
+le he dicho nada.
+
+--Sí, la semana pasada, cuando fuimos a la Casa de Campo, y se puso
+usted a contar el cuento de aquella inglesona que le quiso pegar un tiro
+porque le dijo no sé qué, en un tren.
+
+--No me acuerdo--dijo el misántropo con todas las apariencias de un
+estúpido.
+
+--Este hombre--indicó Jacinta--, cuando tocan a olvidarse, no hay quien
+le gane. Me dijo usted que se casaba si yo me comprometía a buscarle la
+novia...
+
+--¡Ah!... Pues no; me desdigo, recojo la proposición. Si ha empezado
+usted sus trabajos, delos por inútiles. Pagaré indemnización, si es
+preciso.
+
+--Ya lo creo que es preciso... Poquito que había yo hecho ya. ¡Vaya que
+la formalidad de usted...!
+
+Ambas se pusieron muy serias. Notaban en Moreno palidez mortal, gran
+abatimiento, y un cierto olvido, extraño en él, de la atención constante
+que se debe prestar a las señoras cuando se platica con ellas. Jacinta
+se inclinó un poco hacia él, abriendo su abanico sobre las rodillas, y
+le dijo en tono muy cariñoso: «Amigo mío, es preciso que usted se cuide,
+y mire más por su salud. Esta tarde nos encontramos a Moreno Rubio en
+casa de Amalia, y me dijo que lo que usted padece no es nada; pero que
+si se descuida y no hace lo que él le manda, lo va a pasar mal. Usted no
+es un niño, y debe comprenderlo. ¿Por qué no hace caso de lo que le
+dicen las personas que le quieren bien y que se interesan por usted?».
+
+Moreno la miraba estático. Algunos monosílabos salieron de su boca;
+pero aquellos pedazos rotos de su pensamiento más bien parecían de
+aquiescencia que de protesta. Jacinta siguió hablándole en un tono
+dulce, tiernísimo, y más bien parecía una madre que una amiga.
+
+«¡Cuánto nos alegraríamos de verle a usted bueno y sano, y qué fácil
+sería con buena voluntad!... Porque lo que usted tiene no es más que
+malas ideas. Así me lo dijo su primo, y viene bien esta opinión con lo
+que yo creía. Es lástima que teniendo todos los medios de ser feliz no
+lo sea. ¿Qué le falta a usted?...».
+
+Moreno sentía que el corazón se le hacía pedazos. «¿Pues no dice que qué
+me falta?... Si me falta todo, absolutamente todo. ¡Ay, qué mujer!, si
+sigue en esta cuerda, creo que me pongo más en ridículo».
+
+--¿Qué le falta a usted? Nada. Si no se le pusieran en la cabeza cosas
+imposibles, estaría tan campante. Lo que tiene usted es mucho mimo. Es
+como los chiquillos.
+
+«¡Ya lo creo; soy como los chiquillos!» pensaba el infeliz caballero.
+
+--Moreno Rubio lo ha dicho y tiene razón: usted tiene en su mano su
+salud y su vida. Si las pierde es porque quiere. Parece mentira que un
+hombre de su edad no sepa ponerse a las órdenes de la razón.
+
+«¡La razón! Buena tía indecente está» observó D. Manuel dentro de su
+pensamiento.
+
+--Y sacudir las malas ideas y atemperar el espíritu; no desear lo que no
+se puede tener, y hacer vida ramplona, sin empeñarse en que todas las
+cosas se desquicien para acomodarse a su gusto y satisfacción. ¿Qué es
+el _esplín_ más que soberbia? Sí, lo que usted tiene es soberbia, el
+_usted_ satánico. Estos inglesotes se figuran que el mundo se ha hecho
+para ellos... No, señor mío, hay que ponerse en fila y ser como los
+demás... ¿Conque se cuidará usted, hará lo que le manda su primo y lo
+que le mande yo?... porque yo también soy médica... Otra cosa; aquí en
+España está usted siempre renegando y echando pestes. Esto no le gusta,
+¿pues para qué vive aquí? ¿Por qué no se va a Inglaterra?
+
+--Ya me quiere echar... ¿ve usted...?--dijo Moreno mirando a Barbarita y
+esforzándose en sonreír para ocultar su turbación--. Y luego quieren que
+no viaje.
+
+--No, no le conviene andar siempre de ceca en meca, como un viajante de
+comercio que va enseñando muestras. Márchese a su Londres, estese allí
+quietecito, muy quietecito, y si se le presenta una inglesa fresca y de
+buen genio, cásese, apechugue con ella, aunque sea protestante... ¡Ay,
+Dios!, que no me oiga Guillermina; sí, cásese, y verá cómo se le pasan
+todas las murrias, tendrá niños... Me comprometo a ser madrina del
+primero... digo, si es que le bautizan. Y hasta madre me comprometo a
+ser si me le dan... le tomo, aunque esté sin cristianar. Yo le
+bautizaré. Pero no hay que hablar de esto. Me contento con ser madrina
+del primer Morenito que nazca, y le diré a mi marido que me lleve a
+Londres para el bautizo...
+
+Moreno se levantó. Se sentía muy mal, y las palabras de la Delfina le
+excitaban extraordinariamente.
+
+«¿Pero se va usted...? ¿Se ha puesto malo? ¿Es que no le gustan mis
+sermones?».
+
+«Si no me voy, la entrego--pensaba el misántropo, apretando los
+labios...--. Esta pícara me está asesinando».
+
+--¿Te vas, Manolo?--le preguntó D. Baldomero desde el otro extremo de la
+habitación.
+
+--¡Si me echan, padrino...! Su hijita de usted me quiere desterrar.
+
+--¡Ay, qué pillo!... Si es todo lo contrario.
+
+Barbarita I se adelantó, diciendo: «Extravagante, coge del brazo a la
+polla, y paséate un momento de aquí a mi gabinete, y de mi gabinete
+aquí. ¿Te sientes mal? Eso no es más que nervios. Distráete un poquito.
+Bárbara, anda».
+
+Moreno le dio el brazo a Barbarita II, y empezaron los paseos. De su
+conversación insustancial cogió al vuelo Jacinta algunas cláusulas,
+cuando la pareja, en aquel ir y venir de su estancia a otra, pasaba
+junto a ella. «¿Yo?, no... me lo puedo creer...». «¡Ay, qué cosas se le
+ocurren!... ¡Pero qué malo es usted...!». «En cuanto vaya allá me voy a
+convertir al judaísmo». «¡Jesús!...». «¿Que yo tengo novio? ¿De dónde ha
+sacado eso?...». «Lo apuntaré para que no se me olvide...». «No, si a mí
+no me gustan los pollos...».
+
+«Si ésta fuera más lista--dijo la señora de Santa Cruz a su nuera--,
+creo que le cazaba».
+
+Pero Jacinta era muy incrédula en este particular, y miraba tristemente
+a la pareja cuando pasaba. Al retirase, Moreno pudo hablarle un instante
+sin testigos.
+
+«Se hará lo que usted desea... Se ha de cumplir todo el programa...
+todo, hasta en lo que se refiere el _nene_. Tendrá usted su _Morenito_».
+
+Jacinta observó en su mirada una expresión tan tétrica, que no pudo
+menos de decirse: «Está ya completamente trastornado».
+
+Moreno salió con paso inseguro... La cabeza se le desvanecía, y al bajar
+la escalera tuvo que agarrarse al barandal para no caerse... «Cuando
+digo que me he vuelto tonto, pero tonto de remate... Ya no sé pensar. No
+sé adónde diablos se me ha ido la razón... Esta mujer me ha embrujado...
+Nada, enteramente imbécil».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+En la soledad de su alcoba, encontrose mi hombre más dueño de sí
+mismo, habiendo vencido aquella turbación inexplicable con que saliera
+de la casa de Santa Cruz. Despidió a su criado, después de quitarse la
+ropa, y envuelto en su bata se tendió en el sofá. En aquellas tristes
+horas engañaba el insomnio paseándose a ratos por la habitación, a ratos
+echado y descabezando un ligero intranquilo sueño. Acudían entonces a su
+memoria las acciones e imágenes de aquel día o de los anteriores, a
+veces las de fechas muy remotas y que no tenían relación alguna con su
+situación presente. Aquella noche, cosa rara, apenas salió el ayuda de
+cámara, Moreno se quedó profundamente dormido en el sofá, sin soñar
+nada; pero despertó a la media hora, no pudiendo apreciar el tiempo que
+su letargo durara. Al despertar huyó de tal modo el sueño de su cerebro
+y hallábase tan inquieto, que ni siquiera admitía como probable la idea
+de dormir. A la manera que el jugador saca las piezas del ajedrez y las
+va poniendo sobre el tablero de casillas blancas y negras, así fue
+sacando sus ideas. Tenía por pareja a sí mismo en aquel juego...
+«Adelante un peón».
+
+«¡Te has lucido! ¡Campaña como esta...! ¿Cuánto tiempo hace que estás en
+España? A poco más, año completo. ¿Y para qué? Para nada. ¡Pobre hombre!
+Lo que me pareció fácil, resulta no ya difícil, sino imposible... Para
+más contrariedad, delante de esa bendita y maldita mujer, me convierto
+en el más insípido de los colegiales. ¿Por qué es esto? Y dime otra
+cosa, idiota, ¿qué tiene esa mona para que de este modo te hayas
+embrutecido por ella? Otras son más guapas, otras tienen más ingenio,
+otras hay más elegantes; y sin embargo, es el número uno, el número
+único. De gustarme pasa a enloquecerme, y noto en mí lo que no había
+notado nunca, una alegría, una tristeza... ganas de llorar, de reír, y
+aun de hacer el tonto delante de ella. Nada, que a los cuarenta y ocho
+años me sale el sarampión y la edad del pavo. Tampoco me había pasado
+nunca lo que me pasa ahora, cortarme, sentir que quiero ser atrevido y
+no puedo. Le voy a decir una galantería intencionada, y me sale una
+simpleza. Me infunde un respeto que jamás conocí. La sigo a Biarritz, la
+acompaño a París; y cuanto más la trato, más atado me veo por este
+maldecido respeto... Me cortaría yo este respeto como se corta una mano
+gangrenada. ¿A qué viene tal respeto? ¿Qué quiere decir esto? Sea lo que
+quiera, de esa mujer digo yo lo que hasta ahora no he dicho de ninguna,
+y es que si fuera soltera, me casaría con ella...».
+
+Se agitó tanto, que tuvo que levantarse y ponerse a pasear. «Vaya que
+este mundo es una cosa divertida. Yo desgraciado; ella desgraciada,
+porque su marido es un ciego y desconoce la joya que posee. De estas dos
+desgracias podríamos hacer una felicidad, si el mundo no fuera lo que
+es, esclavitud de esclavitudes y toda esclavitud... Me parece que la
+estoy viendo cuando le dije aquello... ¡Qué risita, qué serenidad, y qué
+contestación tan admirable! Me dejó pegado a la pared. Tan pegado estoy,
+que no he vuelto por otra, y cuando preparo algo para decírselo, ¡anda
+valiente!... le digo todo lo contrario. Que se vuelva uno tan estúpido,
+es cosa que no me cabía en la cabeza. ¡Ay! Dios, si me muero, y el
+pensamiento vive más allá de la muerte, estaré viendo toda la eternidad
+esta carita graciosa, con su expresión celestial, estos ojos serenos y
+risueños, esta cabellera oscura con ráfagas blancas que le hacen tanta
+gracia... esta boca, que no habla sin que me duela el alma. ¡Pobre
+ángel!, su única pasión es la maternidad, sed no satisfecha, desconsuelo
+inmenso. Su pasión se me comunica y me abrasa; yo también quiero tener
+un hijo, yo también. ¡Si me parece que le estoy viendo!, si está aquí,
+en los linderos de la vida, mirándome, diciéndome que le traiga, y no
+falta más que traerlo. Vendría si ella quisiera. Tengo la seguridad de
+que vendría; es una idea que se me ha clavado aquí. Y yo le digo: 'Por
+un niño, bien se podría dar la virtud...'. ¡Ah!, no tener valor para
+decirle esto... ¿Pero cómo?, ¡si no hay palabra que se preste a
+decirlo!...».
+
+La palpitación que sentía era tan fuerte que tuvo que sentarse. Se
+ahogaba. En la región cardiaca, o cerca de ella, más al centro, sentía
+el golpe de sangre, con duro y contundente compás. Era como si un
+herrero martillase junto al mismo corazón, remachando a fuego una pieza
+nueva que se acababa de echar.
+
+«Esto es horrible. Si rompe, que rompa de una vez. ¡Ay de mí!... Si me
+quisiera, el corazón se me curaría; como que no es enfermedad lo que
+tiene, sino impaciencia... hormiguilla... ¿Qué habré hecho yo para ser
+tan desgraciado? Ahora caigo en la cuenta de que no me he divertido
+nunca. Todas mis aventuras han sido el deseo corriendo detrás del
+fastidio. ¡Y cree la gente que yo he sido un hombre feliz, que yo estoy
+enfermo de congestión de goces! ¡Estúpidos!».
+
+Sin saber cómo ni por qué, ciertas impresiones de aquel día se
+reprodujeron en su mente. Entre ellas la menos fugaz fue esta: Por la
+mañana, entrando en el Retiro, se le puso delante uno de esos pobres
+asquerosos que suelen pedir en los extremos de la población, y que a
+veces se corren hasta el centro. Era un hombre cubierto de andrajos, y
+que andaba con un pie y una muleta; la otra pierna era un miembro
+repugnante, el muslo hinchado y cubierto de costras, el pie colgando,
+seco, informe y sanguinolento. Mostraba aquello para excitar la
+compasión. Era la pierna para él su modo de vivir, su finca, su oficio,
+lo que para los mendigos músicos es la guitarra o el violín. Tales
+espectáculos indignaban a Moreno, que al verse acosado por estos
+industriales de la miseria humana, trinaba de ira. Pues cuando se volvía
+para no verle, el maldito, haciendo un quiebro con su ágil muleta, se le
+ponía otra vez delante, mostrándole la pierna. Al aburrido caballero se
+le quitaban las ganas de dar limosna, y por fin la dio para librarse de
+persecución tan terrorífica. Alejose del pordiosero, renegando. «¡Ni
+esto es país, ni esto es capital, ni aquí hay civilización!... ¡Qué
+ganas tengo de pasar el Pirineo!».
+
+Pues bien, aquella noche, se le representó el pobre paralítico con tanta
+viveza, que casi casi creía verle en su alcoba. Hubo un instante en que
+la alucinación de Moreno llegó a ser tan efectiva, que se incorporó, y
+cogiendo un libro que en la próxima silla estaba... «Mira, si no te
+marchas con tu pierna podrida...». Después cayó otra vez su cabeza en el
+sofá y se puso la mano sobre los ojos. «El infeliz se ha de buscar la
+vida de alguna manera. No tiene él la culpa de que no haya en esta
+tierra maldita establecimientos de beneficencia. Si le veo mañana, le
+doy un duro... Vaya si se lo doy... ¡Qué envidia le va a tener mi tía
+Guillermina! Volvámonos ahora para la pared, a ver si me duermo un poco.
+Así; cerraré los ojos. No, mejor será que los abra, y que me figure que
+quiero despabilarme.
+
+Lo que se desea no se tiene nunca. Ea, figurémonos que hago esfuerzos
+para no dormirme. ¿Y para qué quiero yo dormir? Mejor es estar así,
+pensando uno en sus cosas. Estas rayas de papel, azules y verdes, se
+quiebran a distancia de veinticinco centímetros; no, de veinte. La flor
+gris alterna con la flor azul. Bonito dibujo. ¡Cómo se le quedaría la
+cabeza al que lo inventó!... Y aquí hay una pequeña mancha... Creo que
+si me pusiera a mirar la luz, me dormiría más pronto, Vuelta otra vez».
+
+Miró la luz puesta sobre la mesa central, grande, redonda y cubierta con
+rico tapete. La lámpara era de aceite, compuesta de dos candilones de
+bronce unidos por un vástago. Ambas luces tenían pantallas verdes, con
+añadidura de raso del mismo color, al modo de faldones que caían por una
+sola parte de las dos circunferencias. La claridad se esparcía por la
+mesa, y el resto de la habitación estaba en penumbra manchada, con
+verdosa pátina de tapiz viejo. Sobre la mesa había unos guantes, varios
+libros, dos retratos en bonitos marcos, uno de ellos del gordo Arnaiz,
+una papelera, juego de té de finísima porcelana, una cajita de marfil y
+otros objetos muy lindos. «Aquel guante--dijo Moreno--, que monta sobre
+la papelera, parece exactamente un lebrel que corre tras la caza... ¡Qué
+silencio tan solemne hay ahora! El chorrear de la fuente de Pontejos, es
+lo que se siente siempre, y alguno que otro coche que pasa por la
+Puerta del Sol... Son los trasnochadores, que se retiran. Así iba yo en
+mi _cab_ al salir del club de Picadilly... sólo que mi _cab_ corría como
+una exhalación y estos carruajes andan poco y parece que se deshacen
+sobre los adoquines. ¡Y cómo se me refrescan las memorias...! Parece que
+estoy mirando a aquella prójima que se me apareció una noche en
+Haymarket, al salir de aquel Bar... ¡No me ha ocurrido otra...! ¡Y cómo
+se parecía a esta tonta de Aurora Fenelón! Todo pasó, todo va cayendo
+atrás revolviéndose en la estela que deja el barco...».
+
+De repente dio un salto, y levantándose se puso a dar paseos.
+
+«Mañana mismo me voy--dijo--, sí, me voy para siempre. ¡Morirme yo aquí,
+para que me lleven en esos carros tan cursis! No; gracias a Dios que
+tomo una resolución; y lo que es esta viene fuertecilla. Me ha entrado
+de repente y con un empuje... No veo la hora de que amanezca para
+mandarle a Tom que haga el equipaje. Mañana haré mis compras. No puede
+uno ir de España sin llevar los regalitos de abanicos y panderetas...
+¡Ay, qué feliz me siento con esta idea que me ha dado! ¡Irme!... ¡Si
+esto debiste resolverlo hace tiempo! ¿Para qué estás aquí, para
+consumirte más? Vamos, no dirá ella que no la obedezco; sus deseos son
+órdenes. Me ha dicho: 'Amigo mío, vete', y me voy.
+
+¿Me querrá cuando me vaya? ¿Pensará en mí...? Bien podría ser... ¡Si se
+convenciera de que el amor que tiene a su marido es como echar rosas a
+un burro para que se las coma, si se convenciera de esto...! Pero vaya
+usted a esperar que se convenza. No puede ser. Quiere locamente a ese
+mico, y se morirá queriéndole. A mí se me figura que le desprecia y le
+ama: hay estos dualismos en el corazón humano. Pero yo digo: ¿no pasará
+por su mente alguna vez la idea de quererme a mí? Me contentaría con
+esto, con que la idea hubiera pasado una vez; vamos, dos veces. Bien
+puede haber dicho: '¡qué bueno es este Moreno!, si yo fuera su mujer, no
+me daría disgustos, y habríamos tenido un chiquillo, dos o más'. Quién
+sabe... ¿Habrá dicho esto alguna vez? No sé por qué me figuro que sí lo
+ha dicho. Qué sé yo... dentro de mí anida este convencimiento como un
+germen de esperanza, como una semilla que está dentro de la tierra y que
+no ha brotado pero que vive... Si me constara que ella se ha dicho esto,
+yo al verla tan religiosa, me volvería el hombre más católico del
+mundo... Por agradarle, ¡cuántas funciones y misas había de costear yo!
+Y no haría esto con hipocresía, porque amándola, vendría la fe, la fe,
+sí, que se ha ido yo no sé adónde... Creo que ya amanece. No tengo
+sueño, ni lo tendré más. Mañana me voy, y me iría esta tarde, si tuviera
+tiempo de arreglar el viaje... Y otra cosa.
+
+¿Iré a despedirme de ella? No sé qué determinar. Si la veo no me voy.
+¿Pues por qué no? Me iré. Ella me ha dicho que me vaya, desea que me
+vaya. De lejos la querré lo mismo que de cerca, y ella me querrá tal
+vez. Seré para ella como un sueño, y los sueños suelen herir el corazón
+más que la realidad».
+
+Volvió a echarse, y se entretuvo contemplando con errante mirada las
+paredes de la habitación. Había allí un San José, cuadro grande, de
+familia, que como pintura valía poco, pero Moreno lo tenía en gran
+estima, porque estuvo muchos años en la alcoba donde él nació. Se
+asociaba a las impresiones de su niñez aquel santo tan guapote,
+reclinado sobre nubes, con su vara, su niño, y aquella capa amarilla
+cuyos pliegues hacían competencia al celaje. Se le refrescó de tal modo
+al buen caballero en aquel momento la memoria de su padre, que parecía
+que le estaba viendo, y oyéndole el metal de voz. A su madre no la había
+conocido, porque murió siendo él muy niño. También se acordó de cuando
+su hermana y él (aquella misma hermana viuda que allí vivía), iban a la
+casa del abuelito, en la Concepción Jerónima, cogidos de la mano. Y una
+tarde, al revolver la calle Imperial, se perdieron, es decir, se perdió
+ella, y él por poco se muere del susto. Pues un día que iba por la Plaza
+de Provincia, vio el burro de un aguador, suelto: el dueño estaba en la
+taberna próxima. Entráronle ganas a Manolito de montarse en el pollino,
+y como lo pensó lo hizo. Pero el condenado animal, en cuanto sintió el
+jinete salió escapado, y aunque el chico hacía esfuerzos por detenerlo,
+no podía... Total, que llegó hasta la calle de Segovia, muy cerca del
+puente. Y no fue que el burro se parara, sino que el jinete se cayó,
+abriéndose la cabeza. Todavía tenía la señal. Por suerte, los hermanos
+García, boteros, que tenían su taller de corambres debajo del
+Sacramento, y le vieron caer, le conocían, y recogiéndole, le llevaron a
+casa de su abuelito. ¡La que se armó allí! Acordábase D. Manuel de aquel
+lance como si hubiera ocurrido el día anterior; veía a su abuelito, D.
+Antonio Moreno, que todavía usaba chorreras, corbatín de suela y casaca
+a todas las horas del día. Hasta en el almacén (droguería al por mayor),
+estaba de frac. Pues luego vino el papá y estuvo dudando si pegarle o
+no... Lo peor de todo, fue que al asno no se le vio más el pelo, y la
+familia tuvo que pagar por él una fuerte indemnización. «Si parece que
+fue ayer» decía Moreno, tocándose la frente, en el sitio donde estaba la
+cicatriz.
+
+Cuando ya clareaba el día, sintió ruido en la casa; mas al punto
+comprendió lo que era. «Ya está en pie la _rata eclesiástica_. Ahora se
+va a oír siete misas lo menos... y a tratar de tú a la Santísima
+Trinidad. ¡Pobrecilla, qué sacará de eso!... Pero en fin, saque o no
+saque, es una felicidad ser así...».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Guillermina dio dos golpecitos en la puerta, y abriéndola un poco,
+asomó por ella su cara sonrosada y sus ojos vivos. «Hijo, al ver la luz
+en tu alcoba, dije: ese pobrecillo estará en vela todavía. Veo que
+acerté. ¿Qué es eso?, ¿has pasado otra mala noche?».
+
+--Ya lo ves. Pasa. No he dormido nada. ¿Y tú?
+
+--¿Yo?, del lado que me acuesto, amanezco. No duermo más que cuatro
+horas; pero van de un tirón. ¿No ves que llego a casa rendida? Y lo que
+tengo que cavilar lo cavilo por el día.
+
+--¡Qué felicidad! ¿Te vas ahora a misa?
+
+--Sí, para lo que gustes mandar--replicó la santa; y su semblante recién
+lavado despedía tanta frescura como regocijo.
+
+--¡Y tan tranquila...!, porque tú estás muy tranquila... con tus misas
+por la mañana, y el resto del día dando cada sablazo que tiembla el
+misterio. ¿Sabes una cosa?, te tengo envidia... me cambiaría por ti...
+
+--Pues tonto (avanzando hacia él), lo que yo hago es lo fácil, ¿qué más
+tienes que... hacerlo?
+
+--Siéntate un ratito--dijo Moreno, haciéndolo en el sofá y dando una
+palmada en el asiento--. Más santidad que en oír siete misas, hay en
+practicar las obras de misericordia, acompañando a los enfermos y dando
+un ratito de conversación a quien se ha pasado toda la noche en vela.
+Dime una cosa. ¿Cómo llevas las obras de tu asilo?
+
+--¿Pues no lo sabes? (sentándose). Bien. Gracias a las almas
+caritativas, la construcción va echado chispas. Jacinta lo ha tomado con
+tanto calor, que hoy trabaja más que yo, y maneja el sable con un garbo
+que me deja tamañita.
+
+--Tienes unas amigas que valen cualquier cosa. Esta noche he pensado en
+ti y en tus devociones. Te asombrarás si te digo que desde la madrugada
+se me ha metido aquí un sentimiento desconocido, algo como ganas de
+hacerme religioso, de pensar en Dios, de dedicarme a obras de piedad...
+
+--¡Manolo!... (poniéndose muy seria). Si empiezas con tus bromitas, me
+voy.
+
+--No, no es broma--replicó él; y tenía en su cara tal expresión de
+abatimiento, que la santa se quedó como lela mirándole...
+
+--¿Pero estás de chanza o...? Manolo, ¿en qué piensas?... ¿Qué te pasa?
+
+--Hay horas en la vida, que parecen siglos por las mudanzas que traen.
+Hace un rato, verás ¡qué cosa tan extraña! Me acordé de un pobre que me
+pidió limosna esta mañana... Era un infeliz que tiene una pierna
+deforme y repugnante, llena de úlceras... Me pidió limosna y le arrojé
+una moneda de cobre, diciéndole con horror: «Quítese usted de delante de
+mí, so pillete». Pues esta noche he tenido aquí la visita de aquel
+hombre... Le he visto, como te estoy viendo a ti, y primero me inspiraba
+repugnancia, después compasión, y acabé por decirle: «¿Quieres cambiarte
+conmigo?». Porque con su pierna podrida, su muleta y su libertad,
+disfruta él de una tranquilidad que yo no tengo. Su conciencia está como
+un charco empozado en el cual no cae jamás la piedra más pequeña. ¡Pobre
+de mí!, cambiaría con él; cambiaría mi riqueza por su mendicidad, mi
+corazón enfermo por su pierna inerte, y mi desasosiego por su paz. ¿Qué
+crees tú?
+
+--Creo que Dios te toca en el corazón--dijo la dama guiñando los ojos, y
+poniendo sobre la cabeza del triste caballero su mano derecha, en la
+cual tenía el libro de misa y el rosario--. No tienes tú cara de bromas.
+Alguna procesión muy grande te anda por dentro. Y si otras veces te da
+la vena por decirme herejías y hacerme rabiar, no creas que te he tenido
+por malo. Eres un bendito; y si vivieras siempre con nosotras y no te
+pasaras la vida entre protestantes y ateos, tú serías otro.
+
+--¿Pero no sabes que me voy mañana?
+
+--¿Te vas?, ¿de veras?--con vivo desconsuelo--.
+
+Mal negocio. Buscando siempre la frialdad; huyendo siempre del calor de
+la familia.
+
+--No, si aquí es donde no me quieren--manifestó Moreno con aire sombrío.
+
+--¿Que no te queremos? Vaya con lo que sales... Tontín, no digas
+disparates.
+
+--Mi vida está completamente truncada y rota. No hay manera de soldarla
+ya... Cree que si me quisieran yo me quedaría aquí, yo sería bueno, y
+por darte gusto a ti y a tus amigas, me haría muy religioso, muy amigo
+de Dios y de la Virgen; emplearía todo mi dinero en obras de caridad,
+protegería la devoción...
+
+El asombro de la santa era tan grande, que no lo podía expresar. Abría
+la boca, maravillada, cual si presenciara un milagro.
+
+«Pero de veras que tú... Mira, hijo, si quieres que yo crea en ese
+estado de tu espíritu, es preciso que me lo pruebes...».
+
+--¿Cómo he de probártelo?
+
+--Vamos a ver--dijo la virgen y fundadora, con resolución--. ¿A que no
+haces una cosa?
+
+--¿A que sí la hago?--¿A que no te vienes conmigo a San Ginés?
+
+--A que sí. Levantose para tirar de la campanilla.
+
+«Necesito verlo para creerlo--dijo Guillermina, echando de sus ojos
+chispazos de alegría--. Deja, yo llamaré a Tomás. El pobre chico no se
+habrá levantado todavía».
+
+--Creo que sí... ¡Tom!...
+
+--Yo te haré el té... Vamos, vete vistiendo.
+
+Aquella salida matinal le agradaba, porque rompía las tediosas rutinas
+de su existencia.
+
+«Vaya que si voy a la iglesia... (disponiéndose con actividad febril). Y
+oiré todas las misas que quieras, y rezaré contigo... Dime, ¿no va
+Jacinta a esta hora a San Ginés?».
+
+--Hombre, tan temprano no. Un poco más tarde que yo, suele ir Bárbara.
+
+--Pues me alegro de que seamos nosotros los primeros, los más
+madrugadores, los más impacientes por cumplir y santificarnos... ¡Tom!
+
+El inglés entró, y a poco, cuando ya su amo estaba vestido, le trajo el
+té. Guillermina, sirviéndole el desayuno, le decía: «Abrígate bien, que
+las mañanas están frescas. No sea cosa que por empezar tu vida nueva,
+vayas a coger una pulmonía».
+
+--Mejor... me he convencido de que vivir es la mayor de las sandeces--le
+dijo él, bajando la escalera--. ¿Para qué vive uno? Para padecer. El
+pobre de la pierna es el que lo pasa regularmente. Porque aquello no
+duele. Lleva su pierna por delante como si fuera una cosa bonita que el
+público desea conocer.
+
+--Hay mucha miseria--observó la dama, tomando el tema por otro lado--, y
+los que tenemos qué comer nos quejamos de vicio. Mientras más padezcamos
+aquí, más gozaremos allá.
+
+(El misántropo no dijo nada a esto. Seguía tan pensativo.)
+
+«El mendigo de la pierna se irá al Cielo derechito, con su muleta, y
+muchos de los ricos que andan por ahí en carretela, irán tan muellemente
+en ella a pasearse por los infiernos. Yo le pido a Dios que me dé la más
+asquerosa de las enfermedades, y... no me quiere hacer caso; siempre tan
+sana. Paciencia; Él nos da siempre lo que nos conviene».
+
+Tampoco a esto dijo nada Moreno. Entraron en San Ginés, y Guillermina se
+fue derecha a la capilla de la Soledad, a punto que empezaba la primera
+misa. Mientras esta duró, la ilustre dama, aunque no apartaba su
+atención del Oficio, pudo advertir que su sobrino estaba tras ella,
+cumpliendo con todo el ritual como cualquier devoto, arrodillándose y
+levantándose en las ocasiones convenientes. Pero a la segunda misa
+observole distraído e inquieto. Iba de un lado para otro, examinaba los
+altares y las imágenes como si estuviera en un museo. Esto la disgustó,
+y tal fue su incomodidad, que no se atrevió a comulgar aquel día, porque
+no se encontraba con el espíritu absolutamente sereno y limpio. Ya en la
+cuarta misa, el caballero aquel, no sólo se distraía sino que perturbaba
+la devoción de los fieles, pasando delante de los altares, donde se
+decía misa, sin hacer la más ligera genuflexión ni reverencia. «Tendré
+que decirle que se vaya--pensaba la santa--. Esa no es manera de estar
+en la iglesia».
+
+Hallábase Moreno contemplando una imagen yacente, encerrada en lujosa
+urna de cristal, cuando sintió a su lado este susurro:
+
+«Bonita efigie ¿verdad? Es el Cristo que sacamos en la procesión del
+Santo Entierro».
+
+Volviose y vio a su lado a Estupiñá, calado hasta las orejas el gorro
+negro de punto, señalando la imagen con gesto de cicerone.
+
+«La mortaja de fina holanda la bordaron las señoras Micaelas, y es
+regalo de doña Bárbara. Escultura soberbia... y es de movimiento, porque
+le clavamos en la cruz o le _descendemos_ según conviene».
+
+Y como el caballero no le dijese nada, Plácido se alejó rezando entre
+dientes. Sentose en un banco, y desde entonces, sin dejar de atender a
+sus devociones, no le quitaba ojo al señor de Moreno, sin poder
+explicarse su presencia en la parroquia. «Es lo que me quedaba que
+ver--decía--, D. Manolo aquí... ¡él, que no tiene religión! Es que gusta
+de ver las buenas imágenes... Por ahí empecé yo».
+
+Menudo réspice le echó la fundadora a su sobrino cuando salieron. «Pero,
+hijo, me has quitado la devoción con tus paseos por la iglesia. Ya decía
+yo que te habías de cansar».
+
+--Pues tía, para primer día de curso, no puedes quejarte. Todo es
+empezar. Ya ves que oí una misita. ¿Qué querías? ¿Que fuera como tú? Te
+aseguro que me satisfizo el ensayo. Pasé un rato muy agradable, en un
+estado de tranquilidad que me ha hecho mucho bien. ¿Te quejas de que me
+paseaba por la iglesia?... Es que cuando uno va a hacer vida nueva, le
+gusta enterarse... Quería yo mirar bien las imágenes. Créelo; si
+siguiera en Madrid, me haría amigo de todas ellas. Me gusta verlas tan
+hermosas, con sus ropas de lujo y sus miradas fijas en un punto. Parece
+que están viendo venir algo que no acaba de venir. Las que nos miran
+parece que nos dicen algo cuando las miramos, y que efectivamente nos
+han de consolar si les pedimos algo. Comprendo el misticismo; lo veo
+claro... ¡Ay!, si yo me quedara aquí...
+
+--¿Por qué no te quedas?... ¡Qué tonto!--le dijo la santa con
+desconsuelo.
+
+--¡Imposible!... me tengo que marchar... Y allá voy a estar muy triste;
+como si lo viera...
+
+--Entonces... quédate. ¿Quieres que te dé una ocupación? Buena falta te
+hace. Te nombro sobrestante de mis obras, administrador de mis colectas
+y sacristán mayor de mi capilla nueva, cuando esté concluida.
+
+Moreno se echó a reír con gana.
+
+«¡Monaguillo mayor...! Lo aceptaría. Te juro que lo aceptaría... Me
+estoy volviendo enteramente infantil. ¡Monaguillo en jefe! Y yo
+encendería las velas, yo quitaría el polvo a las imágenes y las pondría
+tan guapas; ¡yo charlaría con las beatas...! No lo creerás; pero dentro
+de mí está naciendo algo que se compagina muy bien con ese oficio
+humilde».
+
+--Si eres tú un buenazo. La ociosidad, lo mucho que te has divertido y
+el _esplín_ inglés te ponen así. Y yo te juro que te aburrirás más si no
+vuelves a Dios tus miradas. Haz lo que yo, Manolo; dale un puntapié al
+mundo; hazte chiquito para ser grande; bájate para subir. Tú ya no eres
+pollo; tú no te has de casar ya. Ni te conviene el andar siempre de
+viaje, como una carta con el sobre mal puesto, que recorre todas las
+estafetas del mundo. Mujeres, ¿para qué sirven sino de perdición? Ten un
+cuarto de hora de arrojo, y ofrécele a Dios lo que te queda de vida. No
+es esto decir que te metas fraile: hay mil maneras de ganarse la dicha
+eterna. Oye lo que se me ocurre. ¿Por qué no dedicas tu dinero, tu
+actividad y todo tu espíritu a una obra grande y santa, no a una obra
+pasajera, sino a esas que quedan, para bien de la humanidad y gloria de
+Dios? Levanta de nueva planta un buen edificio, un asilo para este o el
+otro fin, por ejemplo, un gran manicomio en que se recoja y cuide a los
+pobrecitos que han perdido la razón...
+
+--Tú tienes la manía de los edificios, y quieres pegármela a mí...
+
+--Es lo primero que se me ha ocurrido. ¿Te parece mala idea? Un
+manicomio modelo, como los que habrás visto en el extranjero. Aquí
+estamos en eso muy atrasados. Harías una inmensa obra de caridad, y
+Madrid y España te bendecirán.
+
+--¡Un manicomio!--dijo Moreno, sonriendo de un modo que le heló la
+sangre a su generosa tía--. Sí, no me parece mal. Y lo estrenaríamos tú
+y yo...
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Despidiose Guillermina a la puerta de la casa, para ir al asilo, y
+él subió. ¡Cosa más rara! Apenas se cansaba al acometer la escalera.
+Sentíase muy bien aquella mañana, el espíritu confortado, la palpitación
+muy adormecida, el apetito despierto. Al entrar en su casa, pidió más
+té, y mientras Tom se lo servía, le dijo en español:
+
+«Mañana nos vamos. Haz el equipaje. Avisarás a Estupiñá... Que me haga
+el favor de venir, para que me traiga de las tiendas algunas cosillas.
+No puede uno ir de España a Inglaterra sin llevar a los amigos alguna
+chuchería que tenga color local».
+
+Luego siguió hablando consigo mismo: «Es un mareo. Si no lleva usted
+panderetas con figuras de toros, chulos u otras porquerías así, se lo
+comen vivo. Veremos si encuentro algunas acuarelas. También necesito
+mantas, moñas de toros, y trataré de encontrar algún cacharro de
+carácter. No hay peor calamidad que ser amigo de coleccionistas».
+Estupiñá, que en aquella temporada frecuentaba el trato de Moreno, por
+haberle este confiado la administración de su casa de la Cava, se
+presentó dispuesto a llevarle todo el contenido de las tiendas de Madrid
+para que escogiese. Panderetas de las más abigarradas, abanicos y
+algunos cuadritos fueron llegando sucesivamente en todo el transcurso
+del día, y D. Manuel escogía y pagaba. Aquello le entretuvo
+agradablemente, y se reía pensando en la felicidad que iba a repartir
+entre sus amistades londonenses. «Esta suerte de picas con el caballo
+pisándose las tripas está pintiparada para las de Simpson, que son tan
+marimachos. Esta pandereta, con la chula tocando la guitarra, para
+_miss_ Newton. Si ella viera los originales, ¡qué desilusión! Esta
+pareja del andaluz a caballo y la maja en la reja pelando la pava, para
+la sentimental y romancesca _mistress_ Mitchell, que pone los ojos en
+blanco al hablar de España, el país del amor, del naranjo y de las
+aventuras increíbles... ¡Ah!, este D. Quijote reventando a cuchilladas
+los cueros de vino, para el amigo Davidson, que llama a D. Quijote _don
+Cuiste_, y se las tira de hispanófilo... Bien, bien. De cacharros
+estamos tal cual. Estos botijos son horribles. Toda la cerámica moderna
+española no vale dos cuartos. A ver, Plácido, ¿serías tú capaz de
+buscarme un vestido de torero completo?... Lo quiero para un amigo que
+sueña con ponérselo en un baile de trajes... Estará hecho un mamarracho.
+Pero a nosotros no nos importa. ¿Podrás buscármelo?».
+
+--Pues ya lo creo--dijo Plácido, para quien no había nunca dificultades
+tratándose de compras--. ¿Usado o sin usar?
+
+--Hombre, sin usar... En fin, como le encuentres...
+
+Salió Estupiñá como si Mercurio le hubiera prestado sus alados
+borceguíes, y a poco entró el doméstico, a quien su amo tenía también
+ocupado en la busca de ciertos encargos. Tom se había aficionado mucho a
+los toros; no perdía corrida, y entre sus amigos contaba a varias
+eminencias del arte del cuerno. Por esto le dio Moreno el encargo de
+buscarle alguna moña, de las que guardan los aficionados como veneradas
+reliquias, y convenía que tuviesen manchas de sangre y muchos pisotones,
+con señales de la trágica brega. Muy desconsolado entró el inglés,
+diciendo que no encontraba moñas ni aun ofreciendo por ellas un ojo de
+la cara.
+
+«Mira, chico--le dijo su amo--, no te apures. Puesto que no se
+encuentran moñas, llevaremos otra cosa. ¿Has visto por ahí, en el Prado
+y Recoletos, a un tío muy feo que lleva una cesta y en ella, puestos en
+cañas, formando como un gran árbol, multitud de molinillos de papel
+dorado y plateado y de todos los colores...? ¿sabes?, ¿molinillos que
+dan vueltas con el viento, y que los niños compran por dos o tres
+peniques? Pues tráete una docena, los llevamos y decimos que esas son
+las moñas que se les ponen a los toros cuando salen a la plaza, brrrr...
+reventando al mundo entero con aquellos cuernos tan afilados... Y se lo
+creen... Si conoceré yo a mi gente».
+
+Tom se reía; pero en su interior rechazaba aquella superchería por dos
+móviles de conciencia, el móvil de la rectitud inglesa y el de la
+formalidad del aficionado a toros. Con el fraude propuesto por su amo se
+cometían dos graves faltas, engañar a una nación y ultrajar el
+respetable arte de la Tauromaquia, el verdadero _sport_ trágico. No sé
+qué se decidió de esto. En tanto Rossini llenaba la casa de abanicos y
+panderetas, y Moreno escogía y pagaba, entreteniéndose luego en
+envolverlos en papeles y en ponerles rótulos con el nombre del
+destinatario.
+
+Había resuelto hacer muy pocas visitas de despedida, pretextando el mal
+estado de su salud. Después de almorzar, bajó al escritorio, y se ocupó
+de liquidar y poner en claro su cuenta personal. No intervenía en ningún
+negocio; y el trabajo de banca, que en otro tiempo le había gustado
+tanto, aburríale ya. Pero aquel día pareció que se le despertaban las
+aficiones, porque habló largamente de negocios con Ruiz Ochoa,
+recomendándole no dejase de interesarse en alguna subasta de pastas de
+oro para el Banco. «Me parece que este año he de comprar algún oro...
+Bien podéis andar aquí con mucho pulso en eso de acuñar tanta plata,
+porque este metal va para abajo y ha de ir mucho más. Al precio que
+tienen aquí las libras, vale más expedir oro, y por mi parte, me he de
+llevar todo el que pueda». En esto entró Ramón Villuendas, preguntando a
+cómo tomaban las libras, y la conversación vino a recaer sobre el mismo
+tema. Él estaba mandando oro y más oro...
+
+«Este pico, dádselo a Guillermina» dijo Moreno al ver, en la cuenta de
+alquileres de sus casas, un sobrante con que no contaba.
+
+Entraron otras personas y se habló de muy diferentes cosas. Mientras
+duró aquella conversación, pensaba Moreno si iría o no a despedirse de
+los de Santa Cruz. Si no iba, se ofendería quizás su padrino, y yendo,
+podían sobrevenirle contrariedades mayores, incluso la de arrepentirse
+del viaje y aplazarlo... No había más remedio que ir. ¿Pero a qué hora?
+¿A la de comer? Titubeaba, y de vuelta a su casa, estuvo discurriendo un
+largo rato sobre aquel problema de la hora. «Adoptado un partido--se
+dijo--, lo mejor será que no la vea más en carne y hueso, porque lo que
+es en idea, viéndola estoy a todas horas. ¡Qué chiquillo me he
+vuelto!... En fin, tengo tiempo de pensarlo de aquí a mañana, porque lo
+que es hoy, no iré».
+
+A eso de las cinco fue el misántropo a una tienda de la Plaza Mayor a
+ver las mantas granadinas con que quería obsequiar a sus amigos
+ingleses. Allí estuvo un cuarto de hora, y el tendero le propuso
+mandarle con Plácido lo mejor que tenía, para que escogiese. Ya era casi
+de noche, y valía más que el señor examinase de día el género. Así se
+convino y volviose a su casa. Al entrar en el portal sintió un golpecito
+en el hombro. Era Jacinta que le pegaba un paraguazo. Quedose el buen
+señor como si le hubieran dado un tiro. Quiso hablar y no pudo. Jacinta
+le cogió del brazo, y rebasados los primeros escalones, empezó el
+diálogo.
+
+«¿Con que al fin se va usted?».
+
+--Al fin me arranco. Ya era tiempo...
+
+--Pero qué, ¿se cansa usted mucho hoy...? Pues vamos despacio, más
+despacio si usted quiere... ¡Ah!, ya me ha contado Guillermina que hoy
+estuvo usted muy santito... Así me gusta a mí la gente.
+
+--¿Por qué no fue usted a verme?... ¡Estaba yo más salado...!
+
+--Si no lo sabía. ¿Vuelve usted mañana?
+
+--¿De veras que va usted a ir a verme?... ¡Cómo se reirá de mí!
+
+--¡Reírme! ¡Qué cosas se le ocurren! Iré a tomar ejemplo.
+
+--¿A que no va?--¿A que sí?--Pues allí me tendrá, haciéndole la
+competencia a Estupiñá... Verá usted, verá usted... cada día más.
+
+--¡Cada día! ¿Pero no se va usted mañana?
+
+--Es verdad, no me acordaba... Bueno, pues no me iré.
+
+--Eso no; le conviene a usted marcharse, y allí seguirá haciendo su
+noviciado.
+
+--Allá no vale.--¿Cómo que no vale?--Porque allá me cogen por su cuenta
+unas amigas protestantes que tengo, y que quiera que no, me hacen
+renegar... Usted tendrá la culpa; sobre su conciencia va. ¿Conque me
+quedo o me voy?
+
+--Pues con esa responsabilidad tan grande no me atrevo a aconsejarle.
+Haga usted lo que le parezca mejor... Vaya, por fin llegamos. ¿Se ha
+cansado usted mucho?
+
+--Un poquitito... pero con usted siempre contento. ¿Quiere usted volver
+a bajar?
+
+--¿Otra vez?--Sí, para volver a subir... Como si quisiera usted ir al
+cuarto piso.
+
+--No me lo perdonaría, si usted me acompañaba, fatigándose tanto.
+
+Entraron, y Jacinta se metió en el cuarto de la santa. Moreno fuese al
+suyo y se dejó caer en el sofá, echándose el sombrero para atrás.
+Pensaba descansar un ratito y pasar luego a la habitación de
+Guillermina. «No, no paso; no quiero verla más. ¿Para qué atormentarme?
+Se acabó. Pongámosle encima una losa». Al poco rato, sintiendo que
+Jacinta salía, acercose a la puerta con ánimo de verla. Pero no puedo
+ver nada. Como aún no habían encendido la luz del recibimiento, sólo
+columbró un bulto, una sobra y pudo oír dos o tres palabras que se
+dijeron, al despedirse, Jacinta y la _rata eclesiástica_. Esta fue
+entonces al cuarto de su sobrino, y hallole dando vueltas en él. «¿Qué
+tal te encuentras, catecúmeno?» le dijo con mucho cariño.
+
+--Regular, casi bien... Espero dormir esta noche.
+
+--Recógete temprano.--Eso pienso hacer... y mañana... Oye una cosa: ¿no
+te ha dicho Jacinta que mañana pienso volver a San Ginés?
+
+--No, no me lo ha dicho.--¿No te ha dicho que ella iría a verme tan
+devoto?
+
+--No... no hemos hablado una palabra de ti.
+
+--¿Ni dijo que había subido conmigo y que...?
+
+--No... nada. Moreno sintió que la horrible pulsación de su pecho era
+anegada por una onda glacial. En aquel punto tuvo que sentarse, porque
+le flaqueaban las piernas, y se le desvanecía la cabeza.
+
+«Pues si quieres volver mañana, yo vendré a llamarte. Se entiende, si
+pasas buena noche».
+
+--Iremos a pasar un rato--dijo Moreno de una manera lúgubre--, y a
+echarle a mi desesperación una hora de esparcimiento, como se le echa
+carne a una fiera para que no muerda.
+
+--Si tú le pidieras al Señor... pero bien pedido... que te curara esos
+_esplines_, te los curaría... Pídeselo, hijo; ¡pero si sabré yo lo que
+me digo!
+
+--¿Qué has de saber tú?... ¿Qué has de saber lo que hay del lado de allá
+de la puerta negra?
+
+--¿Ahora sales con eso?... Tú podrás haber perdido parte de la fe; pero
+toda no se pierde nunca. Esas cosas se dicen sin creer en ellas, por
+fatuidad. Con todas sus bromas, si te rascan, aparece el creyente...
+
+--No, tonta, yo no creo en nada, en nada, en nada--le dijo Moreno con
+énfasis, complaciéndose en mortificarla.
+
+--Todo sea por Dios... Entonces, ¿para qué vienes conmigo a la iglesia?
+
+--Toma, por distraerme un rato, por verte a ti, por ver a Estupiñá,
+figuras raras de la humanidad, excentricidades, tipos, como todo esto
+que yo llevo a Londres para los aficionados a lo característico y al
+color local.
+
+Guillermina daba suspiros. No quería incomodarse.
+
+«Para rarezas tú...--dijo al fin echándose a reír--. A ti sí que te
+debían enseñar por las ferias... _a dos reales, un real los niños y
+soldados_. Cree que ganaba dinero el que te expusiera».
+
+--Con un cartelón que dijese: «se enseña aquí el hombre más desgraciado
+del mundo».
+
+--Por su culpa, por su culpa; hay que añadir eso. Ser desgraciado y no
+volver los ojos a Dios es lo último que me quedaba que ver. Eso es,
+bruto, encenágate más; hazte más materialista y más gozón, a ver si te
+sale la felicidad... Eres un soberbio, un tonto... Mira, sobrino, me
+voy, porque si no me voy te pego con tu propio bastón.
+
+Y él estaba tan abstraído que ni siquiera la sintió salir.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Comió con regular apetito en compañía de su hermana y de
+Guillermina. Cuando concluyeron, dijo a esta que había dado orden en el
+escritorio de que le entregaran el sobrante de su cuenta personal, con
+cuya noticia su puso la fundadora como unas castañuelas, y no pudiendo
+contener su alegría, se fue derecha a él, y le dijo: «¡Cuánto tengo que
+agradecer a mi querido ateo de mi alma! Sigue, sigue dándome esas
+pruebas de tu ateísmo, y los pobres te bendecirán... ¿Ateo tú? ¡Ni
+aunque me lo jures lo he de creer!». Moreno se sonreía tristemente. Tal
+entusiasmo le entró a la santa, que le dio un beso... «Toma, perdido,
+masón, luterano y anabaptista; ahí tienes el pago de tu limosna».
+
+Sentíase él tan propenso a la emoción, que cuando los labios de la santa
+tocaron su frente, le entró una leve congoja y a punto estuvo de darlo a
+conocer. Estrechó suavemente a la santa contra su pecho, diciéndole: «Es
+que lo uno no quita lo otro, y aunque yo sea incrédulo, quiero tener
+contenta a mi _rata eclesiástica_, por lo que pudiera tronar. Supongamos
+que hay lo que yo creo que no hay... Podría ser... Entonces mi querida
+_rata_ se pondría a roer en un rincón del cielo para hacer un agujerito,
+por el cual me colaría yo...».
+
+--Y nos colaríamos todos--indicó la hermana de Moreno, gozosa, pues le
+hacían mucha gracia aquellas bromas.
+
+--¡Vaya si le haré el agujerito!--dijo Guillermina--. Roe que te roe me
+estaré yo un rato de eternidad, y si Dios me descubre y me echa una
+peluca, le diré: «Señor, es para que entre mi sobrino, que era muy
+ateo... de jarabe de pico, se entiende; y me daba para los pobres». El
+Señor se quedará pensando un rato, y dirá: «Vaya, pues que entre sin
+decir nada a nadie».
+
+A las diez estaba el misántropo en su habitación, disponiéndose para
+acostarse. «¿Se te ofrece algo?» le dijo su hermana.
+
+--No. Trataré de dormir... Mañana a estas horas estaré oyendo cantar el
+_botijo e leche_. ¡Qué aburrimiento!
+
+--Pero, hombre, ¿qué más te da? Con no comprárselo si no te gusta... Si
+esa gente vive de eso, déjales vivir.
+
+--No, si yo no me opongo a que vivan todo lo que quieran--replicó Moreno
+con energía--. Lo que no quita que me cargue mucho, pero mucho, oír el
+tal pregón...
+
+--Vaya por Dios... Otras cosas hay peores y se llevan con paciencia.
+
+Después llegó Tom, y la hermana de Moreno se retiró a punto que entraba
+Guillermina con la misma cantinela: «¿Quieres algo?... A ver si te
+duermes, que no es mal ajetreo el que vas a llevar mañana. Mira; de
+París telegrafías, para que sepamos si vas bien...».
+
+Daba algunos pasos hacia fuera y volvía: «Lo que es mañana no te llamo.
+Necesitas descanso. Tiempo tienes, hijo, tiempo tienes de darte golpes
+de pecho. Lo primero es la salud».
+
+--Esta noche sí que voy a dormir bien--anunció D. Manuel con esa
+esperanza de enfermo que es gozo empapado en melancolía--. No tengo
+sueño aún; pero siento dentro de mí un cierto presagio de que voy a
+dormir.
+
+--Y yo voy a rezar porque descanses. Verás, verás tú. Mientras estés
+allá, rezaré tanto por ti, que te has de curar, sin saber de dónde te
+viene el remedio. Lo que menos pensarás tú, tontín, es que la _rata
+eclesiástica_ te ha tomado por su cuenta y te está salvando sin que lo
+adviertas. Y cuando te sientas con alguna novedad en tu alma, y te
+encuentres de la noche a la mañana con todas esas máculas ateas bien
+curadas, dirás «¡milagro, milagro!» y no hay tal milagro, sino que
+tienes el padre alcalde, como se suele decir. En fin, no te quiero
+marear, que es tarde... Acuéstate prontito, y duérmete de un tirón siete
+horas.
+
+Le dio varios palmetazos en los hombros, y él la vio salir con
+desconsuelo. Habría deseado que le acompañase algún tiempo más, pues sus
+palabras le producían mucho bien.
+
+«Oye una cosa... Si quieres llamarme temprano, hazlo... Yo te prometo
+que mañana estaré más formal que hoy».
+
+--Si estás despierto, entraré. Si no, no--dijo Guillermina volviendo--.
+Más te conviene dormir que rezar. ¿Necesitas algo? ¿Quieres agua con
+azúcar?
+
+--Ya está aquí. Retírate, que tú también has de dormir. Pobrecilla, no
+sé cómo resistes... ¡Vaya un trabajo que te tomas!...
+
+Iba a decir «¿y todo para qué?» pero se contuvo. Nunca le había sido tan
+grata la persona de su tía como aquella noche, y se sintió atraído hacia
+ella por fuerza irresistible. Por fin se fue la santa, y a poco, Moreno
+ordenó a su criado que se retirara. «Me acostaré dentro de un
+ratito--dijo el caballero--; pues aunque creo que he de dormir, todavía
+no tengo ni pizca de sueño. Me sentaré aquí y revisaré la lista de
+regalos, a ver si se me queda alguno. ¡Ah!, conviene no olvidar las
+mantas. La hermana de Morris se enfadará si no le llevo algo de mucho
+carácter...». La idea de las mantas llevó a su mente, por
+encadenamiento, el recuerdo de algo que había visto aquella tarde. Al ir
+a la tienda de la Plaza Mayor en busca de aquel original artículo,
+tropezó con una ciega que pedía limosna. Era una muchacha, acompañada
+por un viejo guitarrista, y cantaba jotas con tal gracia y maestría, que
+Moreno no pudo menos de detenerse un rato ante ella. Era horriblemente
+fea, andrajosa, fétida, y al cantar parecía que se le salían del casco
+los ojos cuajados y reventones, como los de un pez muerto. Tenía la cara
+llena de cicatrices de viruelas. Sólo dos cosas bonitas había en ella:
+los dientes, que eran blanquísimos, y la voz pujante, argentina, con
+vibraciones de sentimiento y un dejo triste que llenaba el alma de
+punzadora nostalgia. «Esto sí que tiene carácter» pensaba Moreno
+oyéndola, y durante un rato tuviéronle encantado las cadencias
+graciosas, aquel amoroso gorjeo que no saben imitar las celebridades del
+teatro. La letra era tan poética como la música.
+
+Moreno había echado mano al bolsillo para sacar una peseta. Pero le
+pareció mucho, y sacó dos peniques (digo, dos piezas del perro), y se
+fue.
+
+Pues aquella noche se le representaron tan al vivo la muchacha ciega, su
+fealdad y su canto bonito, que creía estarla viendo y oyendo. La popular
+música revivió en su cerebro de tal modo, que la ilusión mejoraba la
+realidad. Y la jota esparcía por todo su ser tristeza infinita, pero que
+al propio tiempo era tristeza consoladora, bálsamo que se extendía
+suavemente untado por una mano celestial. «Debí darle la peseta» pensó,
+y esta idea le produjo un remordimiento indecible. Era tan grande su
+susceptibilidad nerviosa, que todas las impresiones que recibía eran
+intensísimas, y el gusto o pena que de ellas emanaban, le revolvían lo
+más hondo de sus entrañas. Sintió como deseos de llorar... Aquella
+música vibraba en su alma, como si esta se compusiera totalmente de
+cuerdas armoniosas. Después alzó la cabeza y se dijo: «¿Pero estoy
+dormido o despierto? De veras que debí darle la peseta... ¡Pobrecilla!
+Si mañana tuviera tiempo, la buscaría para dársela».
+
+El reloj de la Puerta del Sol dio la hora. Después Moreno advirtió el
+profundísimo silencio que le envolvía, y la idea de la soledad sucedió
+en su mente a las impresiones musicales. Figurábase que no existía nadie
+a su lado, que la casa estaba desierta, el barrio desierto, Madrid
+desierto. Miró un rato la luz, y bebiéndola con los ojos, otras ideas le
+asaltaron. Eran las ideas principales, como si dijéramos las ideas
+inquilinas, palomas que regresaban al palomar después de pasearse un
+poco por los aires. «Ella se lo pierde...--se dijo con cierta convicción
+enfática--. Y en el desdén se lleva la penitencia, porque no tendrá
+nunca el consuelo que desea... Yo me consolaré con mi soledad, que es el
+mejor de los amigos. ¿Y quién me asegura que el año que viene, cuando
+vuelva, no la encontraré en otra disposición? Vamos a ver... ¿por qué no
+había de ser así? Se habrá convencido de que amar a un marido como el
+que tiene es contrario a la naturaleza; y su Dios, aquel buen Señor que
+está acostado en la urna de cristal, con su sábana de holanda finísima,
+aquel mismo Dios, amigo de Estupiñá, le ha de aconsejar que me quiera.
+¡Oh!, sí, el año que viene vuelvo... en Abril ya estoy andando para acá.
+Ya verá mi tía si me hago yo místico, y tan místico, que dejaré
+tamañitos a los de aquí... ¡Oh!... mi niña adorada bien vale una misa. Y
+entonces gastaré un millón, dos millones, seis millones, en construir un
+asilo benéfico. ¿Para qué dijo Guillermina? ¡Ah!, para locos; sí, es lo
+que hace más falta... y me llamarán la _Providencia de los
+desgraciados_, y pasmaré al mundo con mi devoción... Tendremos uno, dos,
+muchos hijos, y seré el más feliz de los hombres... Le compraré al
+Cristo aquel tan lleno de cardenales una urna de plata... y...».
+
+Se levantó, y después de dar dos o tres paseos, volvió a sentarse junto
+a la mesa donde estaba la luz, porque había sentido una opresión
+molestísima. Las pulsaciones, que un instante cesaron, volvieron con
+fuerza abrumadora, acompañadas de un sentimiento de plenitud torácica.
+«¡Qué mal estoy ahora!... pero esto pasará, y me dormiré. Esta noche voy
+a dormir muy bien... Ya va pasando la opresión. Pues sí, en Abril
+vuelvo, y para entonces tengo la seguridad de que...».
+
+Tuvo que ponerse rígido, porque desde el centro del cuerpo le subía por
+el pecho un bulto inmenso, una ola, algo que le cortaba la respiración.
+Alargó el brazo como quien acompaña del gesto un vocablo; pero el
+vocablo, expresión de angustia tal vez, o demanda de socorro, no pudo
+salir de sus labios. La onda crecía, la sintió pasar por la garganta y
+subir, subir siempre. Dejó de ver la luz. Puso ambas manos sobre el
+borde de la mesa, e inclinando la cabeza, apoyó la frente en ellas
+exhalando un sordo gemido. Dejose estar así, inmóvil, mudo. Y en aquella
+actitud de recogimiento y tristeza, expiró aquel infeliz hombre.
+
+La vida cesó en él, a consecuencia del estallido y desbordamiento
+vascular, produciéndole conmoción instantánea, tan pronto iniciada como
+extinguida. Se desprendió de la humanidad, cayó del gran árbol la hoja
+completamente seca, sólo sostenida por fibra imperceptible. El árbol no
+sintió nada en sus inmensas ramas. Por aquí y por allí caían en el mismo
+instante hojas y más hojas inútiles; pero la mañana próxima había de
+alumbrar innumerables pimpollos, frescos y nuevos.
+
+Ya de día, Guillermina se acercó a la puerta y aplicó su oído. No sentía
+ningún rumor. No había luz. «Duerme como un bendito... Buen disparate
+haría si le despertara». Y se alejó de puntillas.
+
+
+
+
+-III-
+
+Disolución
+
+
+
+
+--i--
+
+
+A mediados de Noviembre, Fortunata estaba algo desmejorada.
+Observándola, Ballester se decía: «¡Cuando yo digo que me debía querer a
+mí en vez de consumir su vida por ese botarate! ¡Qué mujeres estas! Son
+como los burros, que cuando se empeñan en andar por el borde del
+precipicio, primero lo matan a palos que tomar otro camino».
+
+Desde la rebotica, donde estaba trabajando, la vio pasar por la calle:
+«Allá va la nave. Siempre tan puntual a la citita. Doña Lupe furiosa, el
+pobre Rubín ido, y esta paloma volando al tejado del vecino. ¡Qué lejos
+está ella de que le he descubierto el escondrijo! Trabajillo me costó;
+pero me salí con la mía. Y no es que me proponga delatarla... cosa
+impropia de un caballero como yo. Hágolo para mi gobierno. Yo soy así;
+me gusta seguir los pasos de la persona que me interesa... De seguro que
+al volver del tortoleo entra por aquí... ¡Ah!, qué memoria la tuya,
+Segismundo; ya no te acordabas de que para hoy le prometiste tener
+hechas las píldoras de _hatchisschina_, que le quieren dar al pobre
+Maxi, a ver si le levantan y aclaran un poco aquellos espíritus tan
+entenebrecidos. Vamos a ello, y que la alegría más expansiva y la más
+placentera ilusión de vida _(sacando de un armario el frasco del
+extracto indiano)_, iluminen el cacumen de mi infeliz amigo, a la acción
+de este precioso excitante».
+
+Dos o tres horas después de esto, Fortunata entraba en la botica. El
+farmacéutico observó pintada en su semblante la consternación. Sin duda
+tenía una pena grande, grande, horrible, de esas que no pueden
+expresarse sino con la imagen retórica de una espada traspasando el
+pecho. «Amiga mía--le dijo Ballester--, no tema usted que la mortifique
+con consuelos vulgares. Usted padece hoy, y no es cosa de poco más o
+menos, sino alguna tribulación muy gorda lo que usted tiene dentro. No,
+ni me lo niegue. Su cara de usted es para mí un libro, el más hermoso de
+los libros. Leo en él todo lo que a usted le pasa. No valen evasivas. Ni
+pretendo que me confíe sus penitas, hasta que no se convenza de que el
+médico llamado a curárselas soy yo».
+
+--Vaya Ballester--dijo Fortunata con malísimo humor--. No estoy ahora
+para bromas.
+
+--Lo creo... Tiene usted el corazón como si se lo estuvieran apretando
+con una soga...
+
+--¡Ay!, sí...--exclamó con arranque la joven a quien faltaba poco para
+echarse a llorar.
+
+--Y usted ha llorado, porque los ojos también lo están diciendo.
+
+--Sí, sí... pero déjese de tonterías y no se meta en lo que no le
+importa. Está usted hoy muy agudo.
+
+--_Siempre lo fue don García_. Para otras personas tendrá usted
+secretos, para mí no. Sé de dónde viene usted. Sé la calle, número de la
+casa y piso... Y si me apura, sé lo que ha ocurrido. Desazón; que si tú,
+que si yo; que no me quieres, que sí, que tira, que afloja, que vira,
+que vuelta; que me engañas, que no, que tú más, y hemos concluido, y
+adiós, y allá va la lagrimita.
+
+La señora de Rubín dejó caer la cabeza sobre el pecho, dando un chapuzón
+en el lago negro de su tristeza. Ballester la miraba sin osar decirle
+nada, respetando aquel dolor que por lo muy verdadero no podía
+disimularse. Por fin, Fortunata, como quien vuelve en sí, se levantó de
+la silla, y le dijo:
+
+--Esas píldoras, ¿las ha hecho usted?
+
+--Aquí están (entregándole la cajita). Y a propósito, a usted no le
+vendrá mal tomarse una.
+
+--¿Yo?... Lo mío no va con píldoras... Quédese con Dios; me voy a mi
+casa.
+
+--Consolarse--le dijo Segismundo en la puerta--. La vida es así; hoy
+pena, mañana una alegría. Hay que tener calma, y tomar las cosas como
+vienen, y no ligar todo nuestro ser a una sola persona. Cuando una vela
+se acaba, debe encenderse otra... Conque tengamos valor, y aprendamos a
+despreciar... Quien no sabe despreciar, no es digno de los goces del
+amor... Y por último, simpática amiga mía, ya sabe que estoy a sus
+órdenes, que tiene en mí el más rendido de los servidores para cuanto se
+le ocurra, amigo diligente, reservadísimo, buena persona... Abur.
+
+Subió la joven a su casa. Doña Lupe no estaba, porque en aquellos días
+iba infaliblemente a las subastas del Monte de Piedad. Maximiliano
+permanecía largas horas en su despacho o en la alcoba, sin salir ni
+siquiera a los pasillos, sumergido en una meditación que más bien
+parecía somnolencia, por lo común echado en el sofá, la vista fija en un
+punto del techo, al modo de penitente visionario. No molestaba a nadie;
+no se resistía a tomar el alimento ni las medicinas, sometiéndose
+silenciosamente a cuanto se le mandaba, como si lo dominante, en aquella
+fase del proceso encefálico, fuera la anulación de la voluntad, el no
+ser nada para llegar a serlo todo. Considerándose sola en la casa,
+Fortunata anduvo de una parte a otra, buscando una ocupación que la
+distrajera y consolara. Imposible. Mientras más trabajaba, con más
+energía y claridad repetía su mente lo que le había pasado aquella
+mañana. «Yo me voy a volver loca--se dijo poniéndose a mojar la ropa--.
+Más loca estoy que el pobre Maxi, y esto me acaba de rematar».
+
+Sin que se interrumpiera la acción mecánica, el espíritu de la pobre
+mujer reproducía fielmente la escena aquella, con las palabras, los
+gestos y las inflexiones más insignificantes del diálogo. En medio de la
+reproducción iban colocándose, como anotaciones puestas al acaso, los
+comentarios que se le ocurrían. El trabajo de su cerebro era una
+calenturienta y dolorosa mezcla de las funciones del juicio y de la
+memoria, revolviéndose con desorden y alumbrándose unas a otras con
+aquella claridad de relámpago que a cada instante despedían.
+
+«Tontería grande fue decírselo... Él está hace tiempo muy frío, y como
+con ganas de romper. ¡Cansado otra vez!, cansado; y allá por Junio, sí,
+bien me acuerdo de que era en Junio, porque estaban poniendo los palos
+para el toldo de la procesión del Corpus, me dijo que nunca más me
+dejaría, que se avergonzaba de haberme abandonado dos veces, ¡y qué sé
+yo cuántas mentiras más!... Lo que hace ahora es buscar un pretexto para
+llamarse andana... ¡Cristo!, ¡qué cara me puso cuando le dije
+aquello...! 'No seas bobito, ni fíes tanto en la virtud de tu mujer.
+¿Pues qué te crees? ¿Que no es ella como las demás? Para que lo sepas;
+tu mujer te ha faltado con aquel señor de Moreno, que se murió de
+repente, una noche. La suerte tuya fue que dio el estallido; y es que
+los corazones revientan, de la fuerza del querer... Créete, como Dios es
+mi padre, que la _mona del Cielo_ le quería también, y tenían sus
+citas... no sé dónde... pero las tenían. Tan listo como eres, y a ti
+también te la dan...'. ¡Bendito Dios, qué cara me puso! ¡Ah!, el amor
+propio y la soberbia le salían a borbotones por la boca...».
+
+Después sentía claramente en su oído la vibración de aquella réplica que
+la había hecho estremecer, que aún la alumbraba, porque las palabras se
+repetían sin cesar como la pieza de una caja de música, cuyo cilindro,
+sonada la última nota, da la primera. «¿Pero qué te has figurado, que mi
+mujer es como tú? ¿De dónde has sacado esa historia infame? ¿Quién te ha
+metido en la cabeza esas ideas? Mi mujer es sagrada. Mi mujer no tiene
+mancilla. Yo no la merezco a ella, y por lo mismo la respeto y la admiro
+más. Mi mujer, entiéndelo bien, está muy por encima de todas las
+calumnias. Tengo en ella una fe absoluta, ciega, y ni la más ligera duda
+puede molestarme. Es tan buena, que sobre serme fiel, tiene la costumbre
+de entregarme todos sus pensamientos para que yo los examine. ¡Ojalá
+pudiera yo entregarle los míos! Y ahora, cuando tú me traes esos
+absurdos cuentos, me veo tan por bajo de ella, que no puede ser más. Tú
+misma me estás castigando con eso de decirme que mi mujer es como tú, o
+que en algo puede parecerse a ti. Me castigas porque me demuestras la
+diferencia; te comparo con ella, y si pierdes en la comparación, échate
+a ti la culpa... Para concluir, si vuelves a pronunciar delante de mí
+una palabra sola referente a mi mujer, cojo mi sombrero... y no vuelves
+a verme más en todos los días de tu vida».
+
+Comentario: «¡Y yo que me había hecho la ilusión de que no era honrada,
+para salir ahora con que no tengo más remedio que confesar que lo es!
+¿Habrá visto visiones Aurora? Lo asegura de un modo, que no sé... Puede
+que se equivoque... Puede que el caballero ese estuviera prendado de
+ella; eso no quiere decir que ella pecase ni mucho menos...».
+
+Otra vez sentía retumbar en su oído las tremendas palabras de _aquel_:
+«Si vuelves a pronunciar delante de mí, _etc_...». Y el comentario
+parecía producirse en el cerebro paralelamente a la repetición de la
+filípica: «¡Ah!, tuno, no hablabas antes de ese modo. En Junio, sí, bien
+me acuerdo, todo era _te quiero y te adoro_, y bastante que nos reíamos
+de la _mona del Cielo_, aunque siempre la teníamos por virtuosa. ¿Que es
+sagrada, dices?... ¿Entonces, para qué la engañas? ¡Sagrada! Ahora sales
+con eso. _Cojo mi sombrero y no me vuelves a ver_... Eso es que tú lo
+quieres hace tiempo. Estás buscando un motivo, y te agarras a lo que
+dije. _Te comparo con ella, y si pierdes en la comparación, échate a ti
+misma la culpa_. Eso es decirme que soy un trasto, que yo no puedo ser
+honrada aunque quiera... ¡Cómo me requemaba oyendo esto y cómo me
+requemo ahora mismo! Se me aprieta la garganta, y los ojos se me llenan
+de lágrimas. ¡Decirme a mí esto, a mí, que me estoy condenando por
+él...! Pero, Señor, ¡qué culpa tendré yo de que esa niña bonita sea
+ángel! Hasta la virtud sirve para darme a mí en la cabeza. ¡Ingrato!».
+
+Reproducción de algo que ella le había contestado: «Mira; no lo tomes
+tan a pechos. Podrá ser mentira. ¿Yo qué sé? No creerás que lo he
+inventado yo. Para que veas que no me gustan farsas contigo; eso que te
+incomoda tanto, es cosa de Aurora...».
+
+Y él: «Como la coja, le arranco la lengua. Es una víbora esa mujer, una
+envidiosa, una intrigante. Ándate con cuidado con ella».
+
+Comentario: «De veras que estuve muy prudente. No se debe hablar mal de
+nadie sin tener seguridad de lo que se dice. Desde aquel momento no me
+volvió a mirar como me mira siempre. Le chafé su amor propio. Es como
+cuando se sienta una, sin pensarlo, sobre un sombrero de copa, que no
+hay manera, por más que se le planche después, de volverlo a poner como
+estaba. Esta sí que no me la perdona.
+
+Perdona él todo; pero que le toquen a su soberbia no lo perdona. «¿Estás
+enfadado?».--«¡Si te parece que no debo estarlo...!».--«Hazte el cargo
+de que no he dicho nada».--«No puedo; me has ofendido; te has rebajado a
+mis ojos. Como tú no tienes sentido moral, no comprendes esto. No
+calculas el valor que se quitan a sí mismas las personas cuando hablan
+más de la cuenta».--«No me digas esas cosas».--«Se me salen de la boca.
+Desde que calumniaste a mi mujer, la veneración y el cariño que le tengo
+se aumentan, y veo otra cosa; veo lo miserable que soy al lado suyo; tú
+eres el espejo en que miro mi conciencia y te aseguro que me veo
+horrible».
+
+Comentario: «Cuando toma este tonito, le pegaría... Eso es decirme que
+soy una indecente. Y siempre que saca estas _tiologías_, es porque me
+quiere dejar. Y yo no puedo vivir así, Dios mío; esto es peor que la
+muerte».
+
+Reproducción: «¿Te vas ya?».--«¿Te parece que es temprano
+todavía?».--«¿Vienes el lunes?».--«No puedo asegurártelo».--«Ya empiezas
+con tus mañas».--«Tú sí que te pones pesada».--«No quiero disputar. Dime
+lo que quieras».--«Si rompemos, no me eches a mí la culpa, porque eres
+tú quien la tiene».--«¿Yo?».--«Sí, tú, por salir con alguna patochada
+ordinaria».--«Bueno, lo que quieras... Tú siempre has de tener razón...
+Adiós».--«Hasta la vista».
+
+Y al cabo de un rato, su mente saltó de improviso con una idea nueva,
+expresada en medio de los ahogos de la desesperación, como un rayo que
+atraviesa las nubes y momentáneamente las horada, las ilumina con sus
+refulgentes dobleces. «¿Pero qué demonios es esto de la virtud, que por
+más vueltas que le doy no puedo hacerme con ella y meterla en mí?».
+
+Entonces advirtió que no había mojado la ropa. Su tarea estaba por
+empezar, y los rollos de camisas, chambras y demás prendas continuaban
+delante de ella, muertos de risa, lo mismo que el barreño de agua.
+Papitos, que entró en el comedor con los cuchillos ya limpios, fue el
+choque que la hizo salir de su abstracción.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+El día de San Eugenio propuso doña Casta ir de merienda al Pardo;
+pero las de Rubín no querían ni oír hablar de nada que a diversión se
+pareciese. Bueno tenían ellas el espíritu para meriendas. Fueron _las
+Samaniegas_ con _doña Desdémona_, Quevedo y otros amigos. Por la noche,
+doña Casta se empeñaba en que todas habían de comer bellota, de la
+provisión que trajo. Estaban de tertulia en casa de Rubín. Sólo faltaba
+Aurora, a quien Fortunata esperaba con ansia, y siempre que sentía pasos
+en la escalera, iba a la puerta para abrirle antes de que llamase. Por
+fin llegó la viuda de Fenelón, fatigadísima. Los encargos en aquel mes
+eran considerables; las bodas aristocráticas menudeaban, y la pobre
+Aurora no podía desenvolverse. Como que por cumplir y hacer las entregas
+a tiempo se había traído alguna labor para trabajar en su casa. Velaría
+hasta las doce o la una. Brindose la de Rubín a ayudarla, y con la venia
+de las dos señoras mayores se fueron a la casa próxima. Fortunata
+deseaba estar sola con su amiga para hablar largo y tendido sobre
+diferentes cosas.
+
+Encendieron luz en el gabinete, y sobre una gran mesa que allí había,
+por el estilo de las mesas de los sastres, Aurora, sacando sus avíos, se
+puso a cortar y a preparar. Fortunata la ayudaba a desenvolver los
+patrones y a hilvanarlos sobre la tela. A cada momento se arrancaba
+Aurora del pecho una aguja enhebrada o se la clavaba en él, pues el
+pecho era su acerico, y allí tenía también una batería de alfileres.
+Extendiendo sus miradas sobre los patrones, con atención de artista,
+cogiendo ora la aguja, ora las tijeras, ya inclinada sobre la mesa, ya
+derecha y mirando desde lejos el efecto del corte; moviendo la cabeza
+para obtener la oblicuidad de la mirada en ciertas ocasiones, empezó a
+charlar, arrojando las palabras como un sobrante de la potencia
+espiritual que aplicaba a su obra mecánica.
+
+«Hoy ha sido el funeral. ¡Cosa estupenda, según me ha dicho Candelaria!
+El catafalco llegaba hasta el techo, y la orquesta era magnífica; muchas
+luces... Ahí tienes para qué les sirve el dinero a esos _celibatarios_
+egoístas. Estaban las de Santa Cruz y Ruiz Ochoa, _las Trujillas_, y qué
+sé yo quién más... Como no nos vemos desde hace muchos días, no te he
+podido contar la impresión que recibí aquella mañana. Verás: pasaba yo a
+eso de las ocho y media por la plaza de Pontejos para ir a mi obrador,
+cuando vi que del portal salía despavorido el criado inglés... Según
+después supe, iba en busca de mi primo Moreno Rubio, que vive en la
+calle de Bordadores. Yo dije: '¿qué pasará?' y Samaniego salió de la
+tienda preguntando: '¿qué hay?'--'¿Cómo que qué hay?'. El inglés
+entonces, con un terror que no puedo pintarte, nos dijo: 'Señor muerto;
+señor como muerto'. Corrió allá Pepe y yo detrás. En el portal había un
+corrillo de gente; unos salían, otros entraban, y todos se lamentaban
+del suceso. Subí con Pepe... la puerta estaba abierta. Los gritos de
+Patrocinio Moreno se oían desde la escalera. ¡Ay, qué paso, hija! Yo
+tenía un miedo que no te puedo ponderar. Acerqueme poco a poco a la
+habitación. Allí estaba la santa, todavía con el manto puesto y el libro
+de misa en la mano... Parecía una imagen. Y Moreno... no me quiero
+acordar, sentado en una silla junto a la mesa...
+
+Dicen que le encontraron con la cabeza apoyada en las manos, seco,
+rígido y sin sangre. No puedo pintarte el horror que me causó lo que vi.
+Le habían incorporado en el asiento. Toda la pechera de la camisa estaba
+manchada de sangre, la barba llena de cuajarones... los ojos abiertos.
+(Aquí suspendió Aurora su trabajo, poniendo todo su espíritu en lo que
+relataba...) No quise entrar. De la puerta me volví, y no sé cómo llegué
+al taller, porque me iba cayendo por el camino; tal impresión me hizo.
+Hay que reconocer que ese hombre tenía que concluir de mala manera; pero
+eso no quita que una le tenga lástima. (Volvió a poner toda la atención
+en su trabajo). Estuve muy mala aquel día, y a ratos me entraban ganas
+de llorar. Mal se portó conmigo, muy mal... ¡Ah!, ya veo yo que todo se
+paga en este mundo».
+
+--¡Pobre señor!--exclamó Fortunata--. A mí también me dio lástima cuando
+lo supe. Pero, ¿no sabes una cosa?, que hoy hemos tenido la gran bronca
+_ese_ y yo, porque le dije aquello...
+
+--¿Lo de...?--apuntó Aurora, suspendiendo otra vez el trabajo, y mirando
+a su amiga con intención picaresca.
+
+--Sí... Se enfadó tanto, que concluimos mal. ¡Ay, qué pena tengo! Porque
+si es calumnia, figúrate, ¡qué barbaridad ir con esa historia!
+
+--Calumnia no--dijo la de Fenelón, atendiendo más a su corte--. Podrá
+ser equivocación.
+
+¿Quién demonios sabe lo que pasa en el interior de la _mona_? Que el
+difunto Moreno andaba loco por ella, no tiene duda. Falta saber, _por
+ejemplo_, si ella le correspondía o no.
+
+--Tú me dijiste que sí, y que tenían citas...
+
+--Sí; pero te lo dije como una suposición nada más--replicó la astuta
+mujer con cierto despego, como si deseara mudar de conversación--. Tú te
+precipitaste al llevarle ese cuento. Se habrá volado. Hay que tener
+tacto, amiga mía, y no herir el amor propio de los hombres. Ya debías
+suponer que le sabría mal.
+
+--¿Y tú qué crees?, hablando ahora como si estuviéramos delante de un
+confesor. ¿Tú qué crees?, ¿es, como quien dice, ángel o qué?
+
+Aurora dejó las tijeras, y se clavó en el pecho la aguja enhebrada.
+Después de calcular su respuesta, la soltó en esta forma:
+
+«Pues hablando con verdad, y sin asegurar nada terminantemente, te diré
+que la tengo por virtuosa. Si mi primo hubiera vivido, no sé a dónde
+habrían llegado las cosas. Él hacía el trovador de la manera más
+infantil del mundo. ¡Quién lo diría...!, ¡un hombre tan corrido!...
+Ella... no sé... creo que se reía de él... Y bien merecido le estaba,
+por pillo. Quizás le miraba con alguna simpatía... pero lo que es citas,
+amiga mía, me parece que no las hubo, digo, me parece; y si algo de esto
+dije, fue como un _tal vez_, y me vuelvo atrás».
+
+Tornó a su faena dejando a la otra en la mayor confusión.
+
+«Y en último resultado--le dijo después--, ¿a ti qué más te da que sea
+honrada o deje de serlo? Lo que te importa es que él te quiera a ti más
+que a ella».
+
+--¡Oh!, no...--exclamó Fortunata con toda su alma--, es que si no fuera
+honrada esa mujer, a mí me parecería que no hay honradez en el mundo y
+que cada cual puede hacer lo que le da la gana... Paréceme que se rompe
+todo lo que la ata a una; no sé si me explico; y que ya lo mismo da
+blanco que negro. Créetelo; esa duda no se me va de la cabeza a ninguna
+hora; siempre estoy pensando en lo mismo, y tan pronto me alegro de que
+sea mala como de que no lo sea. ¡Ah!, no sabes tú lo que yo cavilo al
+cabo del día. Las cosas que me pasan a mí no tienen nombre.
+
+--Pues para que te tranquilices de una vez--dijo la otra sin mirarla--.
+Tenla por honrada, y cuando hables de esto con _él_, hazle entender que
+lo crees así, y no aspires a que _él_ te dé su respeto; conténtate con
+el amor.
+
+--Quítate de ahí, mujer--saltó Fortunata muy nerviosa--. Si esto se
+acaba... ¡Si me está faltando ese perro! Si en quince días no le he
+visto más que dos veces. Siempre llega tarde, y como de mala gana. ¡Oh!,
+yo le conozco bien las mañas: me le sé de memoria. Nada, que quiere
+echarme al agua otra vez, lo veo, lo estoy viendo. Hoy se lo dije
+claro, y no me contestó nada.
+
+--Entonces tenemos a _la mona del Cielo_ de enhorabuena.
+
+--¡Ah!, no... Me parece que ahora la veleta marca para otro lado. Me
+está faltando con alguna que ni su mujer ni yo conocemos. Más claro, a
+las dos nos está dando el plantón _hache_, y yo estoy que no sé lo que
+me pasa, más muerta que viva... llena de rabia, llena de celos. No he de
+parar hasta cogerle, y de veras te digo que si le cojo, y si cojo a la
+otra, me pierdo. Yo vengaré a _la mona del Cielo_, y me vengaré a mí. No
+quisiera morirme sin este gusto.
+
+--Dime una cosa... ¿Te has fijado en determinada mujer?--le preguntó su
+amiga mirándola de hito en hito.
+
+--No sé; esta noche se me ocurrió si será Sofía la Ferrolana, o la Peri,
+o Antonia, esa que estaba con Villalonga.
+
+--Es natural, piensas en las que conoces. ¿Qué me das, querida mía, si
+te lo averiguo? Al decir esto, Aurora abandonó todo trabajo y se puso
+delante de su amiga en la actitud más complaciente.
+
+«¿Que qué te doy? Lo que tú quieras. Todo lo que tengo... Te lo
+agradeceré eternamente».
+
+--Bueno; pues déjame a mí, que como yo coja el cabo del hilo, hemos de
+llegar a la otra punta. Verás por qué lo digo; en mi taller hay una
+chiquilla, muy graciosa por cierto, que me parece, me parece...
+
+--¡En tu taller...!--Sí; pero no te precipites... No es ella tal vez...
+Quiero decir, que por ella he de coger el cabo del hilo, y verás... iré
+tirando, tirando hasta dar con lo que queremos saber. Tú confíate en mí,
+y no hagas nada por tu parte. Prométeme que no te has de meter en nada.
+Sin esa condición, no cuentes conmigo.
+
+--Pues bien, yo te lo prometo. Pero me has de decir todo lo que vayas
+averiguando. Te digo que si la cojo... No me importa ir al Modelo; te
+juro que no me importa. Si ya me parece que la tengo entre mis uñas...
+
+Doña Casta entró, abriendo la puerta con su llavín. Era tarde, y
+Fortunata tuvo que retirarse. Aurora se quedó trabajando un momento más,
+y decía para sí: «Estas tontas son terribles, cuando les entra la rabia.
+Pero ya se aplacará. Pues no faltaría más... Estaría bueno...».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Una tarde, doña Lupe vio entrar a su sobrina tan desolada, que no
+pudo menos de írsele encima, llena de irascibilidad, no pudiendo sufrir
+ya que no le confiase sus penas, cualquiera que fuese la causa de ellas.
+«¿Te parece que estas son horas de venir? Y haz el favor, para otra
+vez, de dejarte en la calle tus agonías y no ponérteme delante con esa
+cara de viernes, pues bastantes espectáculos tristes tenemos en casa».
+
+Fortunata tenía su interior tan tempestuoso que no pudo contenerse, y
+estalló con esa ira pueril que ocasiona las reyertas de mujeres en las
+casas de vecindad. «Señora, déjeme usted en paz, que yo no me meto con
+usted, ni me importa la cara que usted tenga o deje de tener. Pues
+estamos bien... Que no pueda una ni siquiera estar triste, porque a la
+señora esta le incomodan las caras afligidas... Me pondré a bailar, si
+le parece».
+
+No estaba acostumbrada doña Lupe a contestaciones de este temple, y al
+pronto se desconcertó. Por fin hubo de salir por este registro: «Eso de
+que me ocupe o no me ocupe, no eres tú quien lo ha de decidir. ¿Pues
+qué? ¿Han tocado ya a emanciparse? Estás fresca. ¿Crees que se te va a
+tolerar ese cantonalismo en que vives? ¡Me gustan los humos de la loca
+esta!... Ya te arreglaré, ya te arreglaré yo».
+
+Estaba la otra tan violenta y tenía los nervios tan tirantes, que al
+apartar una silla la tiró al suelo, y al poner su manguito sobre la
+cómoda, dio contra un vaso de agua que en ella había.
+
+«Eso es, rómpeme la sillita... Mira cómo has derramado el agua».
+
+--Mejor.--¿Sí?... Ya te mejoraré yo, ya te arreglaré.
+
+--Usted, señora, se arreglará sus narices, que a mí no me arregla
+nadie...
+
+«No quiero incomodarme, no quiero alzar tampoco la voz--dijo doña Lupe
+levantándose de su asiento--, porque no se entere ese desventurado».
+Salió un momento con objeto de cerrar puertas para que no se oyera la
+gresca, y a poco volvió al gabinete, diciendo: «Se ha quedado dormido.
+Si te parece, haz bulla para que no descanse el pobrecito. Te estás
+portando... ¡Silencio!».
+
+--Si es usted la que chilla... Yo bien callada entré. Pero se empeña en
+buscarme el genio.
+
+--Mete ruido, mete ruido. Ni siquiera has de dejar dormir al pobre
+chico.
+
+--Por mi parte, que duerma todo lo que quiera.
+
+--Y lo que más me subleva es tu terquedad--dijo doña Lupe bajando la
+voz--, y ese empeño de gobernarte sola, sí, esa independencia
+estúpida... Tú te lo guisas y tú te lo comes. Así te sabe a demonios.
+Bien empleado te está todo lo que te pasa, muy bien empleado.
+
+Tanta turbación había en el alma de la esposa de Rubín, que la ira
+estaba en ella como prendida con alfileres, y el menor accidente, una
+nada, determinaba la transición de la rabia al dolor, y de la energía
+convulsiva a la pasividad más desconsoladora. Algo se derrumbaba dentro
+de ella, y perdiendo toda entereza, rompió a llorar como un niño a quien
+le descubren una travesura gorda. Doña Lupe se vanaglorió mucho de aquel
+cambio de tono, que consideraba obra de sus facultades persuasivas.
+Fortunata se dejó caer en una silla, y más de un cuarto de hora estuvo
+sin articular palabra, oprimiendo el pañuelo contra su cara.
+
+«Pues sí, tía... es verdad que debiera yo... contarle a usted... No lo
+hice porque me parecía impropio. ¡Qué barbaridad! Traer a esta casa
+cuentos de... Soy una miserable; yo no debo estar aquí... Hasta llorar
+aquí por lo que lloro es una canallada. Pero no lo puedo remediar. El
+alma se me deshace. Yo tengo que decirle a alguien que me muero de pena,
+que no puedo vivir. Si no lo digo, reviento... Usted crea lo que
+quiera... pero soy muy desgraciada. Yo sé que me lo merezco, que soy
+mala, mala de encargo... pero soy muy desgraciada».
+
+--Ahí tienes--le dijo doña Lupe moviendo la mano derecha, con dos dedos
+de ella muy tiesos, en ademán enteramente episcopal--; ahí tienes lo que
+pasa por no hacer lo que yo te digo... Si hubieras seguido los consejos
+que te di este verano, no te verías como te ves.
+
+La otra estaba tan sofocada, que su tía tuvo que traerle un vaso de
+agua.
+
+--Serénate--le decía--, que ahora no te he de reñir, aunque bien lo
+mereces. No, no necesitas explicarme lo que te pasa; justo castigo de
+Dios. ¿Crees que no tengo yo pesquis? Me basta verte la cara. Ello tenía
+que suceder, porque los malos pasos conducen siempre a malos fines... El
+resultado es que sale todo lo que yo digo. El pecado trae la penitencia.
+Otra vez te da carpetazo ese hombre, ¿acerté?
+
+--Sí, sí... ¡Pero qué infame!...
+
+--Anda, que los dos estáis buenos. Tal para cual. Las relaciones
+criminales siempre acaban así. Uno se encarga de castigar al otro, y el
+que castiga ya encontrará también su trancazo en alguna parte. Pues
+estás lucida... Tras de cornuda, aporreada, y después sacada a bailar.
+
+--¡Pero qué infame!--volvió a decir Fortunata, mirando a su tía con los
+ojos llenos de lágrimas--. ¿Pues no ha tenido el atrevimiento de
+decirme, entre bromas y veras, que yo estaba enredada con Ballester?
+Pretextos, _tiologías_ y nada más. De seguro que no lo cree.
+
+--Aguanta, que todo te lo tienes bien merecido. Ni vengas a que yo te
+consuele... Acudiendo con tiempo, no digo que no. Abres ahora los ojos y
+te encuentras horriblemente sola, sin familia, sin marido, sin mí.
+
+Fortunata, con un pánico semejante al de quien se está ahogando,
+agarrose a la falda de doña Lupe, y vuelta a soltar un raudal de
+lágrimas.
+
+«No, no, no... yo no quiero estar sola, triste de mí. Dígame usted algo,
+siquiera que tenga paciencia, siquiera que me porte ahora bien... Sí, me
+portaré bien; ahora sí, ahora sí».
+
+--Ahora sí. Vaya, hija, no madrugues tanto. Tú no te acuerdas de Santa
+Bárbara sino cuando truena. ¿Qué sacaría yo de consolarte ahora y
+corregirte, si el mejor día volvías a las andadas?
+
+--Ahora no... ahora no...--Quien no te conoce que te compre... Al
+extremo a que han llegado las cosas, me parece que no debo intervenir
+ya, ni tomar vela en ese entierro. Sería hasta indecoroso para mí.
+Resultaría... así como cierta complicidad en tus crímenes. No, hija, has
+acudido tarde... ¡Te he estado metiendo la indulgencia por los ojos, sin
+que tú la quisieras ver, y ahora que te ahogas, vienes a mí...! ¡Ay!, no
+puedo, no puedo.
+
+Y sin decir más, se fue a la cocina, pensando que toda severidad era
+poco contra aquella mujer, y que convenía aterrorizarla, a ver si se
+sometía al fin de una manera absoluta.
+
+Pronto se hizo de noche. Los días menguaban, entristeciendo el ánimo de
+los que ya, por otros motivos, estaban tristes. A las seis y media la
+casa estaba a oscuras, y doña Lupe retardaba el encender luces todo lo
+posible. Fortunata, en el cuarto de su marido, y casi a tientas, llegó
+al sofá donde él estaba echado, y le preguntó si tenía ganas de comer,
+sin obtener respuesta. Oía los suspiros que daba el infeliz, y en una de
+aquellas aproximaciones, Maxi cogiéndole las manos, se las apretó con
+afecto. Algo había en el alma de Fortunata que respondía a tal
+demostración de ternura. Sentía hacia él cariño semejante al que inspira
+un niño enfermo, efusión de lástima que protege y que no pide nada.
+
+Doña Lupe trajo luz, y mirando a los esposos con sus ojos encandilados
+por el vivo resplandor de la llama de petróleo, dijo, sin duda por
+animar a Maxi con una broma: «¿Ya estáis haciendo los tortolitos?... Más
+cuenta te tiene comer. ¿Quieres que esta coma aquí contigo?».
+
+--Sí, sí, yo comeré aquí--dijo la esposa prontamente--. Y él comerá
+también, ¿verdad, hijo? ¿Verdad que comerás con tu mujer? Ella te
+cortará los pedacitos de carne y te los irá dando.
+
+--Pues yo os mandaré la comida--indicó doña Lupe, poniendo la pantalla
+al quinqué y acortando la llama--. Tengo hoy un arroz con menudillos que
+es lo que hay que comer.
+
+En el rato que estuvieron solos, antes de que entrara Papitos con el
+servicio y la sopa, Maxi endilgó a su mujer algunas frases enteramente
+ceñidas al endiablado asunto que constituía su demencia. Fortunata le
+apoyó en todo, mostrándose muy penetrada de la urgencia de establecer,
+como realidad social, el principio de solidaridad de la sustancia
+divina. A todo decía que sí, y mientras comían, notó que el enfermo se
+animaba extraordinariamente, llegando hasta mostrarse alegre, locuaz y
+poniendo un singular calor en sus proyectos de apostolado. En un momento
+que salió afuera, preguntole Fortunata a su tía: «¿Y le dio usted al fin
+esas píldoras?».
+
+«Sí por cierto. Esta mañana en ayunas se tomó una, y a las cuatro le di
+otra. ¿No lo dispuso así Ballester...?».
+
+--Sí... Vea usted por qué está tan avispado. ¡Vaya con el cáñamo ese!
+Pero los disparates son los mismos; sólo que ahora no ve las cosas de un
+modo tan negro sino que las toma por lo risueño.
+
+Volvió al lado de él, y le fue dando los menudillos con el tenedor, y él
+se los comía con gana, sin cesar de hablar y aun de reír. Su risa
+plácida no parecía la de un demente.
+
+Fortunata sentía leve consuelo en su alma, y se decía: «¡Si Dios
+quisiera que se pusiera bueno...! Pero cómo va Dios a hacer nada que yo
+le pida... ¡Si soy lo más malo que Él ha echado al mundo! Para mí esta
+casa se tiene que acabar. ¿A dónde me retiraré? ¿Qué será de mí? Pero a
+donde quiera que vaya, me gustará saber de este pobrecito, el único que
+me ha querido de verdad, el que me ha perdonado dos veces y me
+perdonaría la tercera... y la cuarta... Yo creo que me perdonaría
+también la quinta, si no tuviera esa cabeza como un campanario. Y esto
+es por culpa mía. ¡Ay, Cristo, qué remordimiento tan grande! Iré con
+este peso a todas partes, y no podré ni respirar».
+
+Después de comer, estaba él animadísimo, cual no lo había estado en
+mucho tiempo, pero sus conceptos eran de lo más estrafalario que
+imaginarse puede. Como entraran doña Silvia y Rufinita, de visita, doña
+Lupe se fue con ellas a la sala, y los esposos se quedaron solos. Maxi
+se levantó, y estiró todo el cuerpo, elevando los brazos. Los huesos
+crujieron, hizo diferentes contorsiones que parecían un trabajo de
+gimnasia, y luego volvió a sentarse, abrazando a su mujer y quedándose
+ante ella (pues estaba sentado en una banqueta junto al sofá) en actitud
+semejante a la que toman los amantes de teatro cuando van a decirse algo
+muy bonito en décimas o quintillas.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+«Vida mía--le dijo en el tono más dulce del mundo--, gracias mil
+por el consuelo que me has dado con tus palabras».
+
+Fortunata no sabía qué palabras eran aquellas que le habían consolado;
+pero lo mismo daba. Hizo un signo afirmativo, y adelante.
+
+«Porque estando tú conforme conmigo, no deseo más. Mis aspiraciones
+están cumplidas. ¡Viva el gran principio de la liberación por el
+desprendimiento, por la anulación!...».
+
+--¡Vivaaa...!--Así lo dirán las multitudes, cuando esta doctrina se
+propague; pero esto no nos toca a nosotros, sino al que vendrá después.
+Cumplamos tú y yo la ley de morir cuando nos creamos llegados al punto
+de caramelo de la pureza. Matemos a la bestia cuando de ella esté
+completamente desligada su prisionera, la sustancia espiritual, como del
+erizo se desprende la castaña bien madura.
+
+--Nada, hijo, que la mataremos.--Me gusta verte así. ¿Hay nada más
+hermoso que la muerte? ¡Morir, acabar de penar, desprenderse de todas
+estas miserias, de tantos dolores y de toda la inmundicia terrenal! ¿Hay
+nada que pueda compararse a este bien supremo?... ¿Concibe el alma nada
+más sublime?
+
+--¿Y después?--dijo Fortunata, que aun sabiendo con quién hablaba, oía
+con mucho gusto aquella manera de considerar la muerte.
+
+--¡Oh!, después, sentirse uno absolutamente puro, perteneciente a la
+sustancia divina; reconocerse uno parte de ella, y todito con aquel gran
+todo... ¡Qué dicha tan grande!
+
+--¡No padecer...!--murmuró la prójima inclinando su cabeza sobre el
+pecho de él--. ¡No temer si le hacen a uno esta o la otra perrería...!,
+no verse en agonías nunca y gozar, gozar, gozar...
+
+Su mente se dejó ir en alas de aquella sublime idea, perdiéndose en los
+espacios invisibles y sin confines.
+
+«¡Sentir luego la irradiación del bien en sí, y contemplarse uno en
+aquel todo etéreo y sustancial, infinitamente perfecto y sano, hermoso,
+transparente y placentero...!».
+
+Esto era ya un poco metafísico, y Fortunata no lo comprendía bien. Lo
+accesible para ella era la idea primera: morirse, desprenderse de las
+lacerias de este mundo, y sentirse luego persona idéntica a la persona
+viva, gozando todo lo que hay que gozar y amando y siendo amada con
+arrobamientos que no se acaban nunca.
+
+«Querida mía--le dijo Maxi moviendo mucho la cabeza y los músculos de la
+cara, señal de una fuerte excitación nerviosa--; los dos moriremos
+después que hayamos cumplido nuestra misión. Y para que te penetres bien
+de la tuya, te voy a decir lo que he sabido por revelación celestial».
+
+Fortunata se preparó a oír el gran disparate que su marido anunciaba, y
+puso una carita muy gravemente atenta.
+
+«Pues yo sé una cosa que tú no sabes, aunque quizás lo presientes, y que
+seguramente sabrás muy pronto. Quizás hayas empezado a notar algún
+síntoma; pero aún tu espíritu no tendrá más presentimientos de este
+gran suceso».
+
+La miraba de tal modo, que ella empezó a asustarse. ¿Qué sería, Dios,
+qué sería? Maxi estuvo un rato en silencio, clavados en ella sus ojos
+como saetas, y por fin le dijo estas palabras que la hicieron
+estremecer: «Tú estás en cinta».
+
+Quedose un rato la infeliz mujer como petrificada. Trataba de tomarlo a
+broma, trataba de negarlo; pero para ninguna de estas determinaciones
+tenía valor. Terror inmenso llenaba su alma al ver que Maxi decía lo que
+decía con expresión de la más grande seguridad. Pero lo último que a
+Fortunata le quedaba que oír fue esto, dicho con exaltación de
+iluminado, y con atroz recrudecimiento de las sacudidas nerviosas de la
+cabeza: «Ha sido una revelación. El espíritu que me instruye me ha
+traído anoche esta idea... Misterio bonitísimo, ¿verdad? Tú estás
+embarazada... Y tú lo presumes; mejor dicho, lo sabes, te lo estoy
+conociendo en la cara; lo ocultas porque ignoras que esto no ha de
+arrojar ninguna deshonra sobre ti. El hijo que llevas en tus entrañas es
+el hijo del Pensamiento Puro, que ha querido encarnarse para traer al
+mundo su salvación. Fuiste escogida para este prodigio, porque has
+padecido mucho, porque has amado mucho, porque has pecado mucho.
+Padecer, amar y pecar... ve ahí los tres infinitivos del verbo de la
+existencia. Nacerá de ti el verdadero Mesías. Nosotros somos nada más
+que precursores, ¿te vas enterando?, nada más que precursores, y cuanto
+des a luz, tú y yo habremos cumplido nuestra misión, y nos liberaremos
+matando nuestras bestias».
+
+Del salto se puso Fortunata al otro extremo de la habitación. Habíale
+entrado tal pánico, que por poco sale al pasillo pidiendo socorro. Maxi
+tenía la cara descompuesta y transfigurada, y sus ojos parecían carbones
+encendidos. Ni siquiera reparó que su mujer se había alejado de él, y
+continuó hablando como si aún la tuviera al lado. La infeliz, turbada y
+muerta de miedo, se acurrucó en el rincón opuesto, y cruzadas las manos,
+miraba al desgraciado demente, diciendo para sí: «¿En qué lo habrá
+conocido?... Dios, ¡qué hombre! ¿Será farsa todo esto de la locura?
+¿Será que se finge así para poder matarme, sin que la justicia le
+persiga...? ¡Pero cómo habrá descubierto...! ¡Si no lo he dicho a nadie!
+¡Si no se me conoce nada todavía...! ¡Ah!, lo que este hombre tiene es
+mucha picardía. Eso de la revelación lo dice para engañar a la gente...
+Sin duda se lo figura, se lo teme, o me lo ha conocido no sé en qué...
+¿Lo habré dicho yo en sueños?... Aunque no; podrá haberlo adivinado por
+su propia locura. ¿No dicen que las grandes verdades las saben los niños
+y los locos...? ¡Ay, qué miedo me ha entrado! Dios mío, líbrame de esta
+tribulación. Este hombre me quiere matar y hace todas estas comedias
+para vengarse en mí y asesinarme a lo bóbilis bóbilis...».
+
+El iluminado fue hacia su mujer, cogiéndola por un brazo. Tal temor
+sentía ella, que hasta se encontró con fuerzas inferiores a las de su
+marido, que era tan débil. «Moñuca mía--le dijo apretándole el brazo con
+nerviosa energía, y mirándola con una expresión en que la desdichada
+veía confundidos al amante y al asesino--. Nos liberaremos, por medio de
+una sangría suelta, desde que hayas cumplido tu misión. ¿Cuándo será?
+Allá por Febrero o Marzo».
+
+--Debe ser por Marzo--pensó Fortunata--; pero para ti estaba... Ya me
+pondré yo en salvo. Mátate tú, si quieres, que yo tengo que vivir para
+criarlo, ¡y voy a ser tan feliz con él...! Va a ser el consuelo de mi
+vida. Para eso lo tengo, y para eso me lo ha dado Dios... ¿Ves cómo me
+salí con mi idea?... Mi hijo es una nueva vida para mí. Y entonces no
+habrá quien me tosa... ¡Oh!, si no lo sintiera aquí dentro, yo y tú
+seríamos iguales, tan loco el uno como el otro, y entonces sí que
+debíamos matarnos.
+
+Oíase el run run de las despedidas de doña Silvia y Rufinita en el
+pasillo. A poco entró la de Jáuregui, y viéndola su sobrino, se volvió
+al sofá, dejando a su mujer en pie en medio del cuarto.
+
+«¿Qué tal?--dijo doña Lupe--. ¿Hay sueño? Son las once».
+
+--Ha venido usted a turbar nuestra felicidad--replicó Maxi sentado, y
+moviendo las piernas en el aire--. Mi elegida y yo deseamos estar solos,
+enteramente solos. Los misterios inefables que a ella y a mí...
+
+--¿Pero qué volteretas son esas que das? (no sabiendo si reír o ponerse
+seria). Pareces un saltimbanquis.
+
+--Que a ella y a mí se nos han revelado... los misterios inefables,
+digo... nos llevan a un éxtasis delicioso, de que no pueden participar
+las personas vulgares.
+
+--¡Llamarme a mí persona vulgar!...
+
+--La vulgaridad consiste en estar muy apegada a los bienes terrenos...
+es decir, en hacerle mimos a la bestia.
+
+--¿Pero qué?, ¿también vas a dar vueltas de carnero?--dijo asustada doña
+Lupe, viéndole apoyar las manos en el sofá y doblar luego la cabeza
+hasta tocar con ella la gutapercha.
+
+--Lo que yo dé, a usted no le importa, mujer de poca fe... La noche está
+fría y necesito que las extremidades entren en calor. Dentro del cráneo
+me han encendido un hornillo.
+
+--¿Ve usted... ve usted...?--indicó Fortunata, no recatándose de decirlo
+en alta voz--. El efecto de esas condenadas píldoras. Creo que no deben
+dársele más. Ya ve usted cómo se pone: se le trastorna más el cerebro y
+adivina los secretos.
+
+--¿Cómo que adivina los secretos...? Pero, niño, ¿qué haces?
+
+Rubín se sentaba y se levantaba, dando botes en el asiento, como un
+jinete que monta a la inglesa.
+
+«Allá por Marzo será el gran suceso, la admiración del mundo--gruñía el
+infeliz, dando vueltas sobre sí mismo--. Lo anunciará una estrella que
+ha de aparecer por Occidente, y los Cielos y la tierra resonarán con
+himnos de alegría».
+
+--¿Pero qué estás diciendo? Vamos, hijo de mi alma, estate tranquilo.
+
+--Lo que yo quisiera saber ahora es dónde está mi sombrero--dijo él,
+mirando debajo de la mesa y del sofá.
+
+--¿Y para qué quieres el sombrero?
+
+--Quiero salir, tengo que ir a la calle. Pero lo mismo da salir con la
+cabeza descubierta. Hace un calor horrible.
+
+--Sí, vámonos al Retiro. Fortunata, coge la vela; y tú por delante.
+
+Y agarrándose al brazo del joven sin ventura, le llevaron a la alcoba.
+Del salto se plantó Maxi en la cama, quedándose un instante con los
+brazos y las piernas en alto. Después dejaba caer pesadamente las
+extremidades para volver a levantarlas.
+
+«¡Bonita noche nos va a hacer pasar!» exclamó doña Lupe cruzando las
+manos. Fortunata, desalentada y meditabunda, se dejó caer en el sofá.
+
+«¿A que no me aciertan ustedes en dónde estoy?--dijo el pobre demente--.
+Me he caído del Cielo sobre un tejado. ¿Qué hace mi mujer ahí que no
+viene en mi socorro?».
+
+--Pues sí señor, ¡bonita noche!--repetía doña Lupe, echando un suspiro
+por cada palabra.
+
+Intentaron acostarle. Pero no fue posible. Se les escapaba de las manos,
+con viveza de niño, que a veces parecía agilidad de mono. Su risa
+causaba espanto a las dos señoras, y últimamente no se le entendía una
+palabra de las muchas que de su boca soltaba atropelladamente,
+pronunciándolas de un modo primitivo, como los chiquillos que empiezan a
+hablar. Por fin el desgaste nervioso hubo de rendirle, y se quedó quieto
+en el sofá, con una pierna sobre la mesa, la otra en una silla, la
+cabeza debajo de un cojín, y los brazos extendidos en cruz. Una mano
+daba contra el suelo, y tenía la otra metida debajo del cuerpo, dando al
+brazo una vuelta que parecía inverosímil. No quisieron ellas variarle la
+difícil postura, temiendo que si le tocaban, se alborotaría de nuevo y
+les daría otra jaqueca. Doña Lupe dormitaba, sentada en una silla junto
+a la cama del matrimonio; pero Fortunata no pegó los ojos en toda la
+noche.
+
+Ya amanecía cuando le acostaron. Apenas daba acuerdo de sí, y gemía, al
+moverse, como si tuviera molido a palos su ruin y desdichado cuerpo.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Creo que fue el día de la Concepción cuando Rubín salió de su
+cuarto con un cuchillo en la mano detrás de Papitos, diciendo que la
+había de matar. El susto de la tía y de Fortunata fue muy grande, y les
+costó trabajo quitarle el arma homicida, que era un cuchillo de la mesa,
+con el cual no era fácil quitar la vida a nadie. Pero el paso fue
+terrible, y los chillidos de Papitos se oyeron en toda la vecindad.
+Salió despavorida del cuarto del señorito, y él detrás, frío y resuelto,
+como si fuera a hacer la cosa más natural del mundo. La mona se refugió
+entre las faldas de su ama, gritando: «¡Que me mata, que me quiere
+matar!» y Fortunata corrió a sujetarle, lo que no hubiera conseguido a
+pesar de su superioridad muscular, sin la ayuda de doña Lupe. La
+resistencia de él era puramente espasmódica, y mientras se defendía de
+los cuatro brazos que querían contenerle y arrancarle el cuchillo, decía
+con voz ronca: «Le siego el pescuezo y la...». Después se supo que
+Papitos tenía la culpa, porque le había irritado, contradiciéndole
+estúpidamente. Doña Lupe lo sospechó así, y mientras Fortunata se le
+llevaba otra vez a su cuarto, procurando calmarle, la señora cogió a la
+chiquilla por su cuenta, y con la persuasión de tres o cuatro pellizcos,
+hízole confesar que ella era culpable de lo ocurrido. «Mire,
+señora--replicaba ella bebiéndose las lágrimas--; él fue quien empezó,
+porque yo no chisté. Estaba recogiendo el servicio, y él saltó contra
+mí, diciéndome que para arriba y que para abajo... Yo no lo entendía y
+me eché a reír... Pero _dimpués_ salió con unos disparates muy gordos.
+¿Sabe, señora, lo que dijo? Que la señorita Fortunata iba a tener un
+niño, y qué sé yo qué más. No pude _por menos_ de soltar la carcajada, y
+entonces fue cuando _garró_ el cuchillo y salió tras de mí. Si no doy un
+_blinco_, me divide».
+
+--Bueno; vete a la cocina, y aprende para otra vez. A todo lo que él
+diga, por disparatado que sea, dices tú _amén_, y siempre _amén_.
+
+Aquel hecho era quizás síntoma de un nuevo aspecto de locura, y las dos
+señoras no cabían ya en su pellejo, de temor y zozobra. No pasaron ocho
+días sin que el caso se repitiera. Maxi pudo apoderarse de un cuchillo,
+y fue hacia su tía, diciendo que la quería _liberar_. Gracias a que
+estaba allí el Sr. Torquemada, no fue difícil desarmarle; pero el susto
+no había quien se lo quitara a doña Lupe, que tuvo que tomarse una taza
+de tila. Por cierto que la señora se conceptuaba infeliz entre todas
+las señoras y damas de la tierra, por las muchas pesadumbres que sobre
+su alma tenía. No era sólo el estado lastimosísimo del más querido de
+sus sobrinos; otras cosas la mortificaban atrozmente, abatiendo su
+grande espíritu. Entre Fortunata y ella mediaron ciertas palabras que
+imposibilitaban absolutamente toda concordia.
+
+«¡Vaya--le dijo doña Lupe una noche--, que te estás luciendo! ¿A qué
+esas reservas, cuando más indicada estaba la confianza? ¿Cómo es que lo
+ha sabido Maximiliano, que está demente, antes que yo, que estoy en mi
+sano juicio? ¿A qué esos escondites conmigo?».
+
+Después de una larga pausa, Fortunata, con muchísimo trabajo, se
+determinó a responder esto: «Yo no se lo he dicho. Él lo adivinó. Esto
+no podía yo decirlo a nadie de esta casa, y a él menos...».
+
+--¡Y a él menos!--repitió doña Lupe, clavando en la delincuente sus
+miradas como flechas.
+
+--Sí, porque él no debía saberlo nunca--prosiguió la otra haciendo el
+último esfuerzo--. A usted pensaba yo decírselo, pero no me determiné
+por la vergüenza que me daba. Ahora que lo sabe, lo que tengo que hacer
+es pedirle que tenga compasión de mí, recoger mi ropa y marcharme de
+esta casa. Ahora sí que será para siempre.
+
+La viuda de Jáuregui se tomó tiempo para dar contestación a estas
+gravísimas palabras. Un sin fin de ideas se le metió en la cabeza, y
+estuvo aturdida largo rato, sin saber con cuál de ellas quedarse. El
+rompimiento definitivo le arrancaba una tira de su corazón, con dolor
+agudísimo, por no serle posible retener las cantidades que Fortunata
+había puesto en sus manos. La elasticidad de su conciencia no llegaba
+nunca a sus estirones a la apropiación de lo ajeno, ni directa ni
+indirectamente. Lo ajeno era sagrado para ella, y aunque aumentase lo
+suyo cuanto pudiera a costa del prójimo, jamás llegaba a la absorción de
+lo que se le confiaba. Devolvería, pues, lo que se le había entregado,
+con los aumentos que a su buena administración se debían. Cierto que
+esta devolución era para ella un trance doloroso, algo como la
+separación de un hijo que se va a la guerra a que le maten, pues aquel
+_guano_, entregado a su dueño, pronto se perdería en el desorden y los
+vicios.
+
+Pero si esta pena la estimulaba a transigir una vez más, su decoro y más
+aún su amor propio se sublevaban airados contra aquella infame, que
+traía al hogar doméstico hijos que no eran de su marido. Esto no se
+podía sufrir sin cubrirse de baldón; esto no lo toleraría doña Lupe,
+aunque tuviera que dar, no sólo el dinero ajeno, sino el propio... Tanto
+como el propio, no, vamos; pero en fin, así lo pensaba para poder
+expresar de una manera enfática su grandísimo enojo.
+
+¡Qué diría la gente!... ¡qué las amigas, ante quienes doña Lupe oficiaba
+como guardadora de la moralidad y de los buenos principios! Cierto que
+para el mundo la situación que crearía la maternidad de la de Rubín
+sería una situación legal, toda vez que Maxi, enfermo y encerrado quizá
+para entonces en un manicomio, no había de llamarse a engaño; pero en
+este caso, la afrenta sería mayor por añadirse a ella la mentira. Y
+todos tendrían a doña Lupe por encubridora, y le cortarían lindos sayos.
+Si ya le parecía a ella oírlo: «Miren esa, tan orgullosa y rígida,
+tapando el matute que la otra bribona ha introducido en su casa. Lo hará
+por la cuenta que le tiene. El padre de la criatura es hombre rico y
+habrá pagado bien el alijo». La idea de que pudieran decir esto hacía
+brotar de la frente augusta de la viuda gotas de sudor del tamaño de
+garbanzos.
+
+«Ella misma--pensó--, no se ha recatado para decirme que el pobre Maxi
+está tan inocente de esto como yo. Lo cantará lo mismo a todo el mundo,
+porque ella es así, muy bocona... Pero entre dos afrentas, prefiero que
+le haya dado por pregonar la verdad, pues así no hará catálogos la
+gente, ni tendrá nadie que decir si el chico es o no es...».
+
+De todo esto se deducía que aquella pícara había traído una maldición a
+la casa; ella tenía la culpa de la demencia de Maxi. Bien lo vaticinó
+doña Lupe: mucha mujer para tan poco hombre. Naturalmente, el pobre
+chico tenía que morirse o perder la cabeza. Lo que había que desear ya
+era que la prójima se perdiese completamente de vista; que entre la
+familia y ella mediasen abismos infranqueables; que pudiera decir doña
+Lupe a los amigos: «esa mujer se ha muerto para mí». La sombra de
+Jáuregui parecía venir en ayuda de las determinaciones de su ilustre
+viuda, porque a esta le faltaba poco para ver a su marido salirse de
+aquel cuadro en que retratado estaba, tomar vida y voz para decirle: «Si
+no arrojas de tu casa a esa pájara, me voy yo, me borro de este lienzo
+en que estoy, y no me vuelves a ver más. O ella o yo». Y cuando la
+pájara repitió que se marchaba, doña Lupe no pudo menos de decirle con
+acritud: «¿Pero qué haces que no has echado ya a correr?... Francamente,
+me pasma que tengas pachorra para estar aquí todavía. Otra de más
+frescura no habrá». Llevándola a su gabinete le habló de la entrega de
+las cantidades que en su poder tenía. Fortunata dijo con mucha calma y
+frialdad que no se llevaba el dinero y que sólo tomaría los réditos.
+«¿Cómo voy a colocarlo yo? Téngalo usted; yo guardo el recibo y vendré
+todos los trimestres a recoger el premio».
+
+Doña Lupe abrió tanta boca, que por poco se le entra una mosca en ella.
+Su primer impulso fue negarse a ser administradora y apoderada de
+semejante persona; pero tal prueba de confianza la anonadaba. Insistió
+en dar el dinero; insistió más la otra en dejarlo en manos que tan bien
+lo sabían aumentar, y así quedó el asunto. _La de los Pavos_ temía que
+entre ella y su sobrina quedase aquella relación, aquel cable
+telegráfico, por donde vinieran a comunicarse la honradez más pura y la
+inmoralidad. Conservar el dinero era sostener una especie de
+parentesco... ¡Oh!, no, esto parecía como transacción con la afrenta.
+Pero al propio tiempo, entregar los santos cuartos a su dueña era lo
+mismo que tirarlos a la calle. Sus amantes se los gastarían en un decir
+Jesús... y era lástima que tan bonito capital se destruyese.
+
+Mucho se disputó sobre esto, haciendo ambas alardes de delicadeza; pero,
+al fin, el dinero quedó en poder de doña Lupe. Ascendía la suma a
+treinta mil reales, los veinte mil dados por Feijoo, y diez mil y pico
+que habían producido desde aquella fecha, colocados por Torquemada en
+préstamos a militares. Precisamente en los días últimos del año, cuando
+ocurrió lo que ahora se cuenta, casi toda la suma estaba sin colocar, y
+la tenía la señora en su cómoda, esperando una _proporción_, que D.
+Francisco tenía en tratos con un señor comandante. La suma que poseía
+Fortunata en acciones del Banco, se conservaba en esta misma forma,
+porque así lo había dispuesto D. Evaristo. Guardaba la tía de Maxi el
+extracto de la inscripción en un hueco de su vargueño, y no se sacaba
+sino al fin de los semestres, para ir al Banco a cobrar el dividendo.
+Sobre esta clase de valores no hubo disputa entre las dos mujeres,
+porque desde luego pensó Fortunata llevárselos, y la otra no gustaba de
+conservar fondos de que no podía disponer para sus ingeniosas
+combinaciones financieras. La custodia de la inscripción le molestaba y
+la ponía tan en cuidado sin ningún beneficio, que no sintió verla salir
+de su casa. Los treinta mil reales quedaron bien agasajaditos en un
+rincón de la cómoda. Eran para doña Lupe como un hijo adoptivo a quien
+quería como a los hijos propios.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+La evasión (pues así debe llamársela) de su mujer, no fue notada
+por Maxi en los primeros días. Pero cuando se hizo cargo de ella,
+manifestó una inquietud que puso a la pobre doña Lupe en mayor
+aburrimiento del que tenía. Pensó seriamente en llevar a su infeliz
+sobrino a un manicomio. Mucha pena le daba separarse de él, entregándole
+a la asistencia de gentes mercenarias; pero no había otro remedio. Para
+tratar de esto y acordar lo más conveniente, llamó a Juan Pablo, que a
+la sazón había pasado de Penales a Sanidad, y podría tal vez poner a su
+hermano en Leganés, en un departamento de distinguidos, con pago de
+media pensión o quizás sin pagar un cuarto.
+
+Entre tanto, Fortunata, al salir de la casa de su marido, y antes de
+dirigirse a su nueva morada, encaminó sus pasos a la de D. Evaristo. Era
+este la primera persona a quien tenía que consultar sobre la crítica
+situación en que se encontraba. Referirle lo ocurrido era ya para ella
+un verdadero castigo de su perversidad, porque de sólo pensar que lo
+refería, le entraba espanto. ¡Bueno se iba a poner Feijoo, al saber que
+la chulita había hecho mangas y capirotes de la doctrina práctica
+expuesta con tanto ardor y cariño por el simpático anciano, cuando
+dispuso la separación! ¡Cuánto mejor no haberse separado de aquel hombre
+sin igual! ¡Ella le habría soportado en su vejez caduca, y habría sido
+feliz cuidándole como se cuida a un niño inocente! Al llegar a la Plaza
+de los Carros, y al ver la calle de Don Pedro, pensó que no tendría
+valor para contarle a su amigo sus últimas calaveradas. Subió temblando
+por la ancha escalera, que estaba aquel día alfombrada y con muchos
+tiestos, porque la noche antes se había celebrado en la legación, con
+gran comistraje y mucha fiesta, el aniversario del Emperador.
+
+Así se lo dijo doña Paca a Fortunata, cuando esta le preguntó por su
+amo. «Anoche ha estado muy inquieto, porque hemos tenido convite y
+recepción en el principal y los coches no cesaron de alborotar en la
+calle hasta la madrugada. Esta casa es ordinariamente muy silenciosa;
+pero cuando hay ruido, parece que se hunde el mundo. ¡Figúrese usted qué
+nos importará a nosotros que cumpla no sé cuántos años ese señor
+Emperador, a quien parta un rayo! ¡Valiente jaqueca nos dio anoche!...
+Pase usted. Hoy le encontrará un poco aturdido a consecuencia de la mala
+noche».
+
+Don Evaristo se hallaba ya en lastimoso estado. Las piernas las tenía
+casi completamente paralizadas, y salía a paseo en un cochecillo o
+sillón de ruedas, que empujaba su criado. Iba a las Vistillas a tomar el
+sol, y a veces se extendía hasta la Plaza de Oriente por el Viaducto. Al
+centro de la Villa no venía nunca, y para las relaciones y amistades que
+en las partes más animadas de Madrid tenía, aquella existencia
+paralítica y con tantos achaques, aquella vida circunscrita al barrio
+extremo, eran como una muerte anticipada, pues del verdadero Feijoo, tal
+como le conocimos, no quedaba ya más que una sombra. Estaba
+completamente sordo, teniendo que auxiliarse de una trompetilla para
+recoger algunos sonidos; su inteligencia sufría eclipses, y la memoria
+se le perdía en ocasiones casi por completo, quedándose en la tristeza
+del instante presente, sin ayer, sin historia, como si cayera de una
+nube en mitad de la vida, a la manera de un bólido. Sus distracciones
+eran ya puramente pueriles. Se pasaba las horas muertas haciendo el
+juego del _bilboquet_, o bien entretenido en enredar con los muchos
+gatos que había en la casa. Todas las crías de la hermosa _menina_ de
+doña Paca se conservaban, al menos mientras les duraba el donaire de la
+infancia gatesca. Sentado al sol junto al balcón en su sillón muy
+cómodo, Feijoo arrojaba a sus graciosos amigos una pelota atada con un
+hilo, y se divertía con las monísimas cabriolas y morisquetas que hacían
+los pequeñuelos. Otras veces les tiraba la pelota a lo largo de la
+enorme estancia, o ataba al hilo un pedazo de trapo, recogiéndolo como
+recoge el pescador su aparejo, para verlos correr tras él. Cuando entró
+Fortunata, el juego del hilo y de la pelota estaba suspendido, por ley
+de variedad, y D. Evaristo tenía en la mano su _bilboquet_, saltando la
+bola, y acertando muy raras veces a clavarla en el palo. Dos o tres
+gatitos blancos con manchas grises enredaban sobre el buen señor. Uno se
+le subía por la manta que le envolvía las piernas; otro estaba en su
+regazo sentado sobre los cuartos traseros, refregándose las patas con la
+lengua y el hocico con la pata; y un tercero se le había subido a un
+hombro y allí seguía con vivaracha atención los brincos de la bola del
+_bilboquet_, marcándolos con la pata en el aire. Lo que él quería era
+meterte mano a la bola aquella tan bonita.
+
+Al ver entrar a su amiga, el inválido puso una cara muy risueña. Todos
+los sentimientos los expresaba ya riendo. La mandó sentar a su lado, y
+aun quiso seguir en su solaz inocente; pero tuvo que suspenderlo para
+coger la trompetilla. Fortunata cogió en sus manos uno de los gatitos
+para acariciarlo.
+
+«¿Qué hay?--dijo D. Evaristo mirándola de un modo que parecía indicar
+agradecimiento de las caricias que al micho hacía--. ¡Ah!, ese es el más
+tunante de todos... ¡Sabe más...!, ¡y tiene más picardías! Conque a ver,
+chulita, ¿qué hay?».
+
+Fortunata no sabía cómo empezar. Contrariábala mucho tener que decir las
+cosas a gritos, y temía que se enterasen los criados, la vecindad y
+hasta el embajador con toda su gente extranjera. ¿Y cómo se podía contar
+una cosa tan delicada dando berridos, al modo que cantan los serenos las
+horas, o como los pregones de las calles? Algo dijo que llevó al ánimo
+de don Evaristo el convencimiento de que su chulita se veía en un mal
+paso. De repente soltó mi hombre la risa infantil y babosa, diciendo:
+«¿Apostamos a que ha habido algún _rasgo_? Precisamente lo que más
+prohibí, los dichosos _rasgos_, que siempre traen alguna desgracia».
+
+La consternada joven no podía asegurar que sus últimas diabluras
+mereciesen la denominación y categoría de _rasgos_; pero indudablemente
+eran una cosa muy mala. Sobre todo no había hecho maldito caso de las
+sabias recetas de vida social que le diera su amigo. Para hacerle
+comprender mejor que con largas explicaciones algo de lo que ocurría,
+sacó la inscripción, que llevaba dentro de un sobre y este envuelto en
+un papel.
+
+«¿Qué es eso, la inscripción?--dijo el anciano riéndose más--¿Pues
+qué... ji ji ji... ha habido rompimiento con ese bendito?...».
+
+Y se puso la trompetilla en la oreja para coger con ella la respuesta.
+
+--Completamente ido de la cabeza... manicomio.
+
+--¡Que no come!--Al manicomio... que le van a poner en Leganés...
+
+--¡Ah! ¿Y doña Lupe?
+
+--Ella y yo... Fortunata hizo con sus dos dedos índices un signo muy
+expresivo, poniéndolos punta con punta.
+
+--Habéis reñido... ji ji ji... ¡Qué cosas! Doña Lupe muy lagarta...
+
+El gatito que se había subido en el hombro del señor, estaba muy
+preocupado con la trompetilla. Ignoraba sin duda lo que era aquello, y
+quería saberlo a todo trance, porque alargaba la pata como para hacer
+un reconocimiento de tan misterioso objeto. La curiosidad del animalito
+interrumpía la audición, que era ya bastante penosa. Feijoo tomó la
+inscripción diciendo: ¿Pero qué ocurre?... ¿doña Lupe...?, ji ji ji...
+Todavía sostendrá que yo le hice el amor. No hay quien se lo quite de la
+cabeza. Y todo porque me solía parar en la esquina de la calle de
+Tintoreros, esperando a la mujer de Inza, ji ji ji... el de la tienda de
+mantas.
+
+Después de esta brillante ráfaga de memoria, la preciosa facultad se
+eclipsó por completo, y el ayer se borró absolutamente del espíritu del
+buen caballero. Miraba a su chulita con estupidez y cierta expresión de
+duda o sorpresa. Fortunata seguía pegando gritos; pero él no se
+enteraba; lo poco que oía era como si oyese el ruido del viento: no le
+sacaba sentido. Cansada de inútiles esfuerzos, la joven se calló,
+mirando a su amigo con hondísima pena. Y mirándola él también, de
+repente volvió a su risa pueril, motivada por las cosquillas que en el
+cuello le hacía el gatito... «Si es un granuja este... si no me deja
+vivir». Fortunata daba suspiros, sin que el anciano se enterase de esta
+expresiva manifestación de disgusto, y al fin, ella, comprendiendo que
+era inútil esperar de aquella ruina apuntalada un consuelo y un consejo,
+decidió retirarse. Al darle un cariñoso abrazo, el anciano pareció
+volver en sí, recobrando su acuerdo, y se le refrescó la memoria.
+«Chulita, no te vayas--le dijo, dándole un palmetazo en el muslo--.
+¡Ah... qué tiempos aquellos! ¿Te acuerdas? ¡Qué días tan felices!
+Lástima que yo no hubiera tenido veinte años menos. Entonces sí que
+habríamos sido dichosos». Ella decía que sí con la cabeza. Luego D.
+Evaristo pareció instantáneamente asaltado por una idea que le
+inquietaba. Después de meditar un instante, aprovechando aquella ráfaga
+de inteligencia que cruzaba por su cerebro, cogió el sobre que contenía
+la inscripción, y devolviéndoselo, le dijo: «No dejes esto aquí. Puedo
+morirme de un momento a otro, y tu dinero corre peligro de extraviarse.
+Es mejor que lo guardes tú. No tengas cuidado. Las acciones son
+nominativas, y nadie más que tú puede disponer de su importe». Y como si
+el despejo de su inteligencia no hubiera tenido más objeto que
+permitirle aquella importante advertencia, en cuanto la hizo, la nube
+invadió otra vez toda la caja del cerebro, volvió a la risa infantil, y
+a preocuparse más de que la bola del _bilboquet_ se pinchase en el
+palito que de todo lo que a su desgraciada amiga pudiera referirse.
+
+Salió, pues, Fortunata de la triste visita con la impresión de haber
+perdido para siempre aquel grande y útil amigo, el hombre mejor que ella
+tratara en su vida y seguramente también el más práctico, el más sabio
+y el que mejores consejos daba. Verdad que ella hizo tanto caso de estos
+consejos como de las coplas de Calaínos; pero no dejaba de conocer que
+eran excelentes, y que debió al pie de la letra seguirlos.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+De aquel anciano chocho y que más bien parecía un niño, no podía
+la esposa de Rubín esperar ya ninguna protección ni amparo moral. Sólo
+en muy contados momentos lúcidos se revelaba en él un recuerdo vago de
+lo que había sido. Le lloró por muerto con verdadera efusión de hija
+desconsolada, y se aterraba de la orfandad en que iba a quedar cuando
+más necesitaba de una persona sesuda y discreta que la dirigiera. La
+impresión de vacío y soledad que sacó de la casa, poníala en grandísima
+tristeza. En la Cava Baja pasó por junto a un pianito que tocaba aires
+de ópera con ritmo picante y amoroso. Esta música le llegaba al alma.
+Parose un rato a oírla, y se le saltaron las lágrimas. Lo que sentía era
+como si su espíritu se asomara al brocal de la cisterna en que estaba
+encerrado, y desde allí divisara regiones desconocidas. La música
+aquella le retozaba en la epidermis, haciéndola estremecer con un
+sentimiento indefinible que no podía expresarse sino llorando. «Yo debo
+de ser muy bruta--pensó, alejándose--, porque me gusta más esta música
+de los pianitos de la calle que la pieza que toca Olimpia, y que dicen
+que es cosa tan buena. A mí me parece que, cuando la oigo, me aporrean
+los oídos con la mano del almirez».
+
+Había resuelto Fortunata, de acuerdo con su tía Segunda, albergarse en
+la casa de esta, que vivía otra vez en la Cava. Allá se encaminó desde
+la calle de Don Pedro, y antes de entrar en el portal de la pollería, el
+mismo portal y el mismo edificio donde tuvo principio la historia de sus
+desdichas, una vecina le dijo que Segunda estaba en el puesto de la
+plazuela, comiendo con unas amigas. Fuese allá, y vio a su tía con otras
+dos tarascas junto a una mesilla, comiendo un guiso de cordero en platos
+de Talavera. Jarro de vino y botijo de agua completaban el servicio. Las
+tres damas estaban con los moños al aire, hablando a un tiempo en alta
+voz, con ese desparpajo y esa independencia de modales que caracterizan
+a los vendedores ambulantes que viven siempre al aire libre, y tienen la
+voz hecha a la gritería de los pregones. Segunda Izquierdo era una mujer
+corpulenta y con la cara arrebatada, el pelo entrecano. Se parecía
+bastante a su hermano José; pero no conservaba tan bien como este la
+hermosura de aquella _raza de gente guapa_, porque las miserias, las
+enfermedades y la vida aperreada de los últimos años habían hecho
+efectos devastadores en su cara y cuerpo. Los que trataron a Segunda en
+su edad de oro, apenas la conocían ya, porque su cara estaba toda llena
+de costurones, y en el cuello y quijada inferior llevaba unas rúbricas
+que daban fe de otros tantos abcesos tratados quirúrgicamente. El ojo
+derecho no estaba ya todo lo abierto que debía, a causa de una rija, y
+el párpado inferior del mismo había adquirido notoria semejanza con un
+tomate, a consecuencia de la aplicación de un puño cerrado, de lo que
+resultó una inflamación que vino a parar en endurecimiento. Ni aun su
+hermosa dentadura conservaba Segunda, pues un año hacía que empezaban a
+emigrar las piezas unas tras otras. El cuerpo se iba pareciendo al de
+una vaca que se pusiera en dos pies.
+
+En cuanto vio venir a su sobrina, cogió de encima de la mesilla una
+llave enorme, que parecía la llave de un castillo, y alargándosela le
+dijo que subiera a la casa si quería. Las otras dos tiorras miraron a la
+joven con descarada curiosidad. A una de ellas la conocía Fortunata, a
+la otra no. Sentose un momento en una banqueta que le ofrecieron, porque
+estaba cansada; pero sintiéndose molesta por las preguntas impertinentes
+de las amigas de su tía, subió al cuarto que debía de ser su albergue...
+hasta sabe Dios cuándo. Aquel barrio y los sitios aquellos éranle tan
+familiares, que a ojos cerrados andaría por entre los cajones sin
+tropezar. ¿Pues y la casa? En ella, desde el portal hasta lo más alto de
+la escalera de piedra, veía pintada su infancia, con todos sus episodios
+y accidentes, como se ven pintados en la iglesia los Pasos de la Pasión
+y Muerte de Cristo. Cada peldaño tenía su historia, y la pollería y el
+cuarto entresuelo y después el segundo tenían ese _revestimiento de una
+capa espiritual_ que es propio de los lugares consagrados por la
+religión o por la vida. «¡Las vueltas del mundo!--decía dando las de la
+escalera y venciendo con fatiga los peldaños--. ¡Quién me había de decir
+que pararía aquí otra vez!... Ahora es cuando conozco que, aunque poco,
+algo se me ha pegado el señorío. Miro todo esto con cariño; ¡pero me
+parece tan ordinario...! Aquellas dos tiburonas... ¡qué tipos!, pues ¿y
+mi tía?...».
+
+El cuarto que entonces tenía Segunda en aquella casa era uno de los más
+altos. Estaba sobre el de Estupiñá. No había llegado Fortunata al
+segundo, cuando vio bajar a este, y le entraron ganas de saludarle. Puso
+él una carátula durísima al verla; pero a pesar de esto, la joven sentía
+ganas de decirle algo. Érale simpático; conocía sus apetitos
+_parlamentarios_, y aunque por sus amistades con los de Santa Cruz podía
+contarle ella en el número de sus enemigos, le miraba ella con buenos
+ojos, teniéndole por hombre inofensivo y bondadoso. «Aunque usted no
+quiera, D. Plácido, buenos días». El gran Rossini no se dignó volver
+hacia ella su perfil de cotorra, y refunfuñando algo que la nueva
+inquilina no pudo entender, siguió por la escalera abajo, haciendo sonar
+con desusado estrépito los peldaños de piedra.
+
+Fortunata vio el cuarto. ¡Ay, Dios, qué malo era, y qué sucio y qué feo!
+Las puertas parecía qué tenían un dedo de mugre, el papel era todo
+manchas, los pisos desiguales. La cocina causaba horror. Indudablemente
+la joven se había adecentado mucho y adquirido hábitos de señora, porque
+la vivienda aquella se le presentaba inferior a su categoría, a sus
+hábitos y a sus gustos. Hizo propósito de lavar las puertas y aun de
+pintarlas, y de adecentar aquel basurero lo más posible, sin perjuicio
+de buscar casa más a la moderna, quisiera o no Segunda vivir en su
+compañía. El gabinetito que ella había de ocupar tenía, como la sala,
+una gran reja para la Plaza Mayor. Estuvo un rato ocupada en hacer
+mentalmente la colocación de sus muebles, la cama, la cómoda, una mesa y
+dos sillas. Por cierto que todo esto tenía que comprarlo, pues de la
+casa matrimonial no había de sacar nada. Recorriendo el cuarto, pensó
+que si el casero se conformaba a hacer algunas reparaciones, no quedaría
+mal. Era menester blanquear la cocina, tapar con yeso algunos agujeros
+y enormes grietas que por todas partes había, empapelar el gabinete, que
+iba a ser su alcoba, y pintar las puertas. Ya pensaba en la jaqueca que
+le iba a dar al administrador, cuando se acordó (su gozo en un pozo) de
+que el administrador era Estupiñá. «De seguro que en cuanto le hable de
+obras en la casa, se va a poner hecho un tigre. Claro, me tiene tirria;
+¿pues qué es él más que un servilón de los de Santa Cruz? Con todo,
+pienso decirle algo, porque en último caso, con dejarle el cuarto hemos
+concluido. Y ahora que recuerdo, esta casa era de D. Manuel
+Moreno-Isla, que el año pasado le dio la administración a D. Plácido.
+Me lo contó mi tía, y D. Plácido es tan tirano, que no da una paletada
+de yeso aunque le fusilen. Falta saber de quién es ahora la casa... ¿La
+habrá heredado doña Guillermina?...». Quedose meditando en que su
+destino no le permitía salir de aquel círculo de personas que en los
+últimos tiempos la había rodeado. Era como una red que la envolvía, y
+como pensara escabullirse por algún lado, se encontraba otra vez cogida.
+«No; habrán heredado la casa los señores de Ruiz Ochoa, o la mujer de
+Zalamero... Y después de todo, ¿a mí qué me importa que herede la finca
+Juan o Pedro? Yo no la he de heredar».
+
+Si tuviera agua en abundancia, se pondría al instante a lavar toda la
+casa; pero desde el siguiente empezaría. Vio que la reja daba a un
+balconcillo o terraza, y al punto determinó poner allí todos los tiestos
+de flores que cupiesen. La vista del cuadrilátero de la plaza era
+bonita, despejada y alegre. El jardín lucía muy bien desde arriba, con
+sus dos fuentecillas y el caballo panzudo, del que Fortunata veía los
+cuartos traseros, como los de un cebón, y el Rey aquel encima, con su
+canuto en la mano. Acercábase Navidad, y ya estaban preparando los
+puestos de Noche--Buena. Distinguió también a su tía y a las otras dos
+matronas que, ayudadas de un jayán, estaban claveteando tablas y armando
+un toldo. Poco después, mirando para la acera de la Casa-Panadería,
+alcanzó a ver a Juan Pablo, sentado en uno de los puestos de
+limpia-botas, y leyendo un periódico mientras le daba lustre al calzado.
+Después le vio pasar a la acera de enfrente y seguir hasta el rincón de
+la escalerilla, como si fuese al café de Gallo.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Como antes se ha dicho, a los pocos días de la desaparición de
+su mujer, Maxi empezó a echarla de menos, mostrándose receloso, y
+apeteciendo su compañía con cierta mimosidad impertinente que ponía
+furiosa a doña Lupe. Juan Pablo y ella disertaron largamente sobre lo
+que se debía hacer, y por fin el primogénito dijo que intentaría
+aplicar a su hermano un buen sistema terapéutico, antes de recurrir al
+extremo de encerrarle en un manicomio. No se habían probado las duchas,
+ni el sacarle de paseo al campo, ni el bromuro de sodio, que estaba
+dando tan buen resultado contra la peri-encefalitis difusa y contra la
+meningo-encefalitis, etc... y siguió echando términos de medicina por
+aquella boca, pues entonces le daba por leer libros de esta ciencia, y
+con una idea tomada de aquí y otra de allá hacía unos pistos que eran lo
+que había que ver.
+
+Dicho y hecho. Todas las mañanas iba Juan Pablo a buscar a su hermano, y
+unas veces engañado, otras casi a la fuerza, le llevaba a San Felipe
+Neri, y allí le arreaba una ducha escocesa capaz de resucitar a un
+muerto. Algunas tardes sacábale a paseo por las afueras, procurando
+entretener su imaginación con ideas y relatos placenteros, absolutamente
+contrarios al fárrago de disparates que el infeliz chico había tenido
+últimamente en su cerebro. A los quince días de este enérgico
+tratamiento, mejoró visiblemente, y su hermano y médico estaba muy
+satisfecho. Más de una vez se expresó Maxi durante el paseo como la
+persona más razonable. De su mujer no hablaba nunca; pero como saltase
+en la conversación algo que de cerca o de lejos se relacionara con ella,
+se le veía caer en sombrías meditaciones y en un mutismo tétrico del
+cual Juan Pablo, con todas su retóricas, no le podía sacar. Una mañana,
+al salir de la ducha, y cuando el enfermo parecía entonado por la
+reacción, ágil y con la cabeza muy despejada, se paró en la calle, y
+cogiendo suavemente las solapas del gabán de su hermano, le dijo: «Pero
+vamos a una cosa. ¿Por qué ni tú, ni mi tía, ni nadie queréis decirme
+dónde está mi mujer? ¿Qué ha sido de ella? Tened franqueza, y no hagáis
+más misterios conmigo... ¿Es que se ha muerto, y no me lo queréis decir?
+¿Teméis que la noticia me altere?».
+
+Juan Pablo no supo qué contestarle. Viendo en la cara y en los ojos de
+su hermano señales de nerviosa inquietud, trató de desviar la
+conversación. Pero el otro se aferraba a ella repitiendo sus preguntas y
+parándose a cada instante. «Pues mira--le respondió al fin haciendo un
+gesto campechano--. Hazte cuenta que se ha muerto... porque lo que yo te
+digo... ¿A ti qué más te da que viva o muera? ¿Para qué quieres tú
+mujer? Las mujeres no sirven más que para dar disgustos, chico. Ve aquí
+por lo que yo no he querido casarme nunca».
+
+--¡Muerta!--dijo Maxi sin alzar la voz, pero con extraordinaria luz en
+los ojos--. ¡Muerta!... De modo que yo me puedo volver a casar.
+
+Al decir esto, se insubordinaba; no quería ir por la acera, sino por el
+empedrado, dando manotadas y tropezando con algunos transeúntes.
+
+Juan Pablo le metió en un coche para llevarle a su casa. Enterada la
+tía, apoyó la misma idea respecto a Fortunata, diciéndole: «Hijo, todos
+nos tenemos que morir. No te asombres de que le haya tocado a ella la
+china antes que a ti. Si Dios se la ha querido llevar, ¿qué quieres que
+hagamos?, conformarnos, mandar decirle sus misas correspondientes... y
+yo te aseguro que ya lleva dichas más de cuatro, y consolarnos poco a
+poco, como podamos».
+
+Desde que ocurrió esto, la mejoría iniciada con el nuevo tratamiento
+pareció desmentirse. El enfermo no alborotaba; pero volvió a chapuzarse
+en hondísimas abstracciones. Sin duda en su cerebro había aparecido una
+nueva idea, o reproducídose alguna de las antiguas, que ya se tenían por
+abandonadas o dispersas. Durante muchos días no nombró a su mujer, hasta
+que una noche, yendo de paseo con Juan Pablo por las calles, se paró y
+le dijo: «¿Me quieres hacer creer que se ha muerto?... ¡Qué tontería! En
+ese caso, ¿por qué no nos vestimos de luto?».
+
+--¡Qué atrasado de noticias estás! ¿No sabes que hay ahora una ley
+prohibiendo el luto?
+
+--¡Una ley prohibiendo el luto! Si creerás que a mí me comulgas con
+ruedas de molino. Mira, chico, aunque parece que estoy trastornado, veo
+más claro que todos vosotros.
+
+Y no se habló más del asunto. Conviene apuntar, antes de pasar adelante,
+que aquella abnegación de Juan Pablo y el asiduo interés que por la
+salud de su hermano mostraba, serían absolutamente inexplicables, dado
+el egoísmo del señor de Rubín, si no se acudiera, para encontrar la
+causa, a ciertas ideas relacionadas con la economía política o la
+ciencia que llaman financiera. Tiempo hacía que Juan Pablo tenía un
+proyecto de conversión de su deuda flotante, proyecto vasto, para cuyo
+éxito necesitaba el concurso de la casa Rostchild, por otro nombre, su
+tía. Respecto a la necesidad del empréstito, no cabía la menor duda; era
+cuestión de vida o muerte. Lo que restaba era que doña Lupe se prestase
+a hacerlo, pues la garantía moral de una de las entidades contratantes
+no era ni con mucho tan sólida como la de Inglaterra o Francia. Empezó,
+pues, el primogénito de Rubín por prestarle en aquel delicado asunto de
+la enfermedad de Maxi la oficiosa ayuda que se ha visto. Iba de continuo
+a la casa, y en todo cuanto hablaba con su tía, era de la opinión de
+esta, ya fuese de Política, ya de Hacienda lo que se tratara. Hizo
+entusiastas elogios del Sr. de Torquemada; explanó acaloradamente la
+necesidad de arreglar sus propios asuntos, con aquello de _año nuevo
+vida nueva_, estableciendo en sus gastos un orden tan escrupuloso, que
+no haría más el primer lord de la Tesorería inglesa. Cuando hallaba
+ocasión, echaba una puntadita; pero doña Lupe tenía más conchas que un
+galápago, y se hacía la tonta... pero tan tonta que habría que pegarle.
+
+Apretado por el crecimiento aterrador de su deuda flotante, el filósofo
+desplegaba un tesón y constancia más que fraternales en el cuidado de
+Maxi. En Enero del 76, había conseguido domarle hasta el punto de que le
+llevaba consigo a la oficina, teníale allí ocupado en ordenar papeles o
+en tomar algún apunte, y por las noches solía llevarle a la tertulia del
+café, donde estaba el pobre chico como en misa, oyendo atentamente lo
+que se decía, y sin desplegar sus labios. Rara vez sacaba de su cabeza
+aquel viejo y maldecido tema de la _liberación voluntaria_ y de _la
+muerte de la bestia carcelera_; pero una noche que estaban solos en el
+café, lo sacó, como se trae del desván un trasto viejo y se le limpia el
+polvo, a ver si lo ha deteriorado el tiempo o lo han roído los ratones.
+Con gran serenidad, Juan Pablo, oficiando de maestro de filosofía, dijo
+lo siguiente: «Mira, el dogma de la _solidaridad de sustancia_ ha sido
+declarado cursi por todos los sabios de la época, congregados en un
+concilio ecuménico, que acaba de celebrarse en... Basilea. Las
+conclusiones son tremendas. Como no lees la prensa, no te enteras. Pues
+se ha decretado que son mamarrachos netos todos los individuos que creen
+en la _liberación por el desprendimiento_, y en que se debe dar _la
+morcilla a la bestia_. A los que sostienen la herejía filosófica de que
+va a venir un nuevo Mesías, encarnándose en una buena moza, etc.,
+etc..., se les declara memos de capirote y se les condena a comer
+virutas».
+
+--Mira, tú--dijo Maximiliano con el acento más grave del mundo y como
+quien hace una confidencia importante--. Eso del Mesías, acá para entre
+los dos, no lo he creído yo nunca, ni era dogma ni cosa que lo valga. Lo
+dije porque tuve un sueño, y al despertar se me quedó parte de él en la
+cabeza, y me andaba aquí dentro como un cascabel. Lo que hay es que me
+había entrado en aquellos días una idea de lo más estrafalario que te
+puedas imaginar, una idea que debía de ser criada aquí en el seno
+cerebral donde fermenta eso que llaman celos. ¿Qué creerás que era? Pues
+que mi mujer me faltaba y estaba en cinta. ¿Ves qué disparate?
+
+--Ave María Purísima, ¡qué barbaridad!
+
+--Sentía en mí, detrás de aquella idea, una calentura de celos que me
+abrasaba. Para averiguar si era fundada aquella pícara idea, fui ¿y qué
+hice? Pues saqué la cancamurria del Mesías que iba a venir, diciéndole
+que ella lo tenía en su seno y que el papá era el _Pensamiento Puro_...
+En fin, que con esta farsa pensaba yo arrancarle la confesión de lo que
+se me había metido entre ceja y ceja. ¿Qué resultó? Nada, porque aquella
+noche me puse muy enfermo; pero después he comprendido mi desatino, he
+visto claro, muy claro, y... Dios la perdone.
+
+Empezó a tomar su café, y en tanto Juan Pablo se decía con tristeza:
+«¡Pero qué malo está esta noche! ¡Dios, qué malo!». Maxi repitió hasta
+seis veces el _Dios la perdone_, y cuando entraron Leopoldo Montes y
+otro amigo, se calló. A la hora y media de tertulia, dio en celebrar con
+extrema hilaridad los donaires que Montes contaba. Después tomó parte en
+la conversación, expresándose con tanta serenidad y con juicios tan
+acertados, que se maravillaban de oírle todos los presentes. Juan Pablo
+discurría así: «Pues no está tan _guillati_ como pensé, y lo que dijo
+antes revela más bien talento agudísimo. ¡Por vida de la santísima uña
+del diablo! Si consigo yo ponerte bueno, mi querida tía, _alias_ la
+baronesa de Rothschild, no tendrá más remedio que hincar la jeta y darme
+lo que necesito».
+
+
+
+
+-IV-
+
+Vida nueva
+
+
+
+
+--i--
+
+
+El 4 del mes de Enero, Fortunata sintió un campanillazo y salió a
+abrir, mirando antes por el ventanillo, cubierto de una chapa de hierro
+con agujeros (estilo primitivo). Era Estupiñá, que miraba a los tales
+agujeritos del modo más autoritario. Abrió la joven, y el gran Plácido,
+con gesto displicente, las cejas algo fruncidas, mostrando en una mano
+el bastón cuyo puño era una cabeza de cotorra (regalo que le trajeron de
+Sevilla los señoritos de Santa Cruz), alargó con la otra un papel que
+tenía un sello. «El recibo del mes» dijo en tono de déspota asiático que
+dicta una orden de pena de muerte.
+
+--Pase, D. Plácido (sonriendo con gracia). Tengo que hablarle.
+
+--Yo no paso. Vengan los cuartos. No tengo ganas de conversación.
+
+¡Decir aquel hombre que no tenía ganas de conversación era como si el
+mar dijese que no tiene agua! Pero el tesón podía en él más que el
+liviano apetito.
+
+«¡Jesús, qué mal genio ha echado este hombre!
+
+Si le voy a dar la _guita_. No tendrá usted mejores inquilinas que
+nosotras».
+
+--Sí... Buenas jaquecas me ha dado la Segunda. No... Yo no paso; no sea
+majadera.
+
+--Quiero que vea usted cómo está la casa, para que se convenza de que
+aquí no pueden vivir cristianos.
+
+--Pues mudarse.--Pero, hijo, ¡qué _tiranístico_ se ha vuelto! No he
+visto casero más malo... ¿Pero ni siquiera me blanqueará la cocina, que
+parece una carbonería? ¡Y hay cada agujero!... Yo no puedo vivir entre
+tanta suciedad. ¿Sabe lo que le digo? Que si no quiere usted hacer las
+obras, las haré yo por mi cuenta... ¡vaya!
+
+--Eso es otra cosa. Siempre que sea bajo mi vigilancia y...
+
+--Pase, pase y verá... Al fin Plácido se dignó entrar por el pasillo
+adelante. Fue a la cocina, echó un vistazo a la alcoba interior que
+estaba llena de grietas...
+
+«No se pueden hacer obras cada vez que lo pide un inquilino, porque
+sería el cuento de nunca acabar. Mañana, si a mano viene, se mudan
+ustedes, y el que tome el cuarto, como vea la cal fresca, pide más
+obras. No podemos. El mes pasado me gasté más de veinte mil reales en
+reparaciones. Conque, despácheme, que tengo prisa».
+
+--¿Pero se ha vuelto usted cohete? Siéntese un momento. Dígame una
+cosa...
+
+--No tengo que decir cosas. Que me voy...
+
+--¡Ay qué pólvora de hombre! Mire que así va a vivir poco.
+
+--Mejor. Bastante he vivido ya.--Siéntese. En seguidita le doy el
+dinero. Pero dígame una cosa que quiero saber. ¿De quién es ahora esta
+casa?
+
+--Eso a usted no le importa. ¿Cree que estoy yo para perder el tiempo?
+La casa es de su amo. Le repito que no tengo ganas de conversación. ¿Es
+que quiere usted comprar la finca? Vamos; al avío... Ya sabe que soy
+hombre de pocas palabras.
+
+--¿De pocas?, ¡digo... pues si lo fuera de muchas...! Si usted el día
+que nació estaba charlando por siete. Dígame... ¿de quién es la casa?
+
+--De su amo. Conque... Bastante hemos hablado... y finalmente: la finca
+es magnífica; está tasada en treinta y cinco mil duros. Sólo el pedernal
+de los cimientos y la berroqueña de la escalera valen un dineral. ¿Pues
+y las paredes? El otro día, al abrir un hueco, los albañiles no le
+podían meter el pico, Nada, que _talmente_ se rompen las herramientas en
+este ladrillo recocho que parece un diamante... Pues para concluir... no
+tengo ganas de conversación. Cuando se abrió el testamento del señor D.
+Manuel Moreno-Isla, que en gloria esté, testamento hecho tres años ha,
+se encontró que dejaba esta casa y el solar de la calle de Relatores a
+doña Guillermina Pacheco, su tía... La señora ha hipotecado ambas fincas
+para acabar el asilo, y por eso verá usted que este va echando chispas.
+Lo acabarán este año... Conque...
+
+Extendió la mano, y con la otra mostraba el bastón, como si fuera un
+bastón de autoridad.
+
+«¡Doña Guillermina mi casera!--dijo Fortunata, pensativa, entregando el
+dinero--. Pues a ella le voy a pedir que me haga las obras. Es amiga
+mía».
+
+--¡Qué ha de ser amiga de usted... qué ha de ser!--replicó Estupiñá con
+sarcasmo--. Y si quiere usted verla furiosa, háblele de obras que no
+sean las del asilo. Adiós; que haya salud... ¡Ah!, me olvidaba: cuidado
+con los tiestos de la ventana. Como yo vea rezumos de agua, la echo a
+usted; cuente que la echo... ¡María Santísima, y cuánta planta tiene
+usted aquí! Es un jardín... Me parece mucho peso... ¡Qué vistas tan
+hermosas! Mal año ha sido este para los puestos de Navidad. Están los
+pobres vendedores que trinan. Ya se ve... con tanta agua... Y hoy me
+parece que tenemos nieve. En toda mi vida no he visto un invierno tan
+frío como este. ¿Sabe usted que se murió el sordo, el del puesto de
+carne? Anoche... de repente. Yo le vi tan bueno y tan sano anteayer,
+y... ¡qué vida esta!... En fin, voy a ver si les saco algo a los del
+segundo de la izquierda. Me deben cinco meses. ¡Ay qué gente! Si la
+señora me dejara, ya les habría puesto los trastos en la calle; pero mi
+ama es así, no quiere desahucios.--«Por Dios Plácido, no les eches...
+los pobrecitos ya pagarán; es que no pueden».--«Pero señora, con que me
+dieran lo que gastan en aguardiente y lo que se dejan en la pastelería
+de Botín...». Total, que con caseras como la mía, estos bribones de
+inquilinos están como quieren.
+
+Tanto charló aquel hombre, que Fortunata, después de haberle rogado para
+que entrara, le tuvo que echar con buen modo: «Pero don Plácido, mire
+que se le va a hacer tarde...».
+
+--¡Ah!, sí... ¡la culpa la tiene usted que es lo más habladora...! Abur,
+abur...
+
+Fortunata no salía nunca a la calle. Ella misma se arreglaba su comida,
+y Segunda, que tenía puesto en la plazuela, le traía la compra.
+
+En los días que siguieron a la primera visita del administrador de la
+casa, no pudo la prójima apartar de su pensamiento a la que por tan
+breve espacio de tiempo fue su amiga. «¡Quién le había de decir a ella y
+quién me había de decir que viviría en su casa! ¡Qué vueltas da el
+mundo! En aquellos días, ni a mí se me pasaba por la cabeza venirme
+aquí, ni esta casa era tampoco de ella. Y cuando don Plácido le cuente
+que soy su inquilina, ¿qué dirá? ¿Se pondrá furiosa y querrá echarme a
+la calle? Tal vez no, tal vez no...». Cuando esta idea u otra semejante
+le refrescaba el recuerdo de la inaudita escena y altercado en el
+gabinete de la santa, sentía la pobre mujer que la conciencia se le
+alborotaba, y no podía aplacarla ni aun arguyéndose que _la otra la
+había provocado_. «Me cegué, no supe lo que hice. De veras digo que si
+tuviera ocasión, le habría de decir a doña Guillermina que me
+perdonara».
+
+La soledad en que vivía, favoreciendo en ella esta resurrección mental
+de lo pasado, inspirábale juicios muy claros de sus acciones y
+sentimientos. Todo lo veía entonces transparentado por la luz de la
+razón, a la distancia que permite apreciar bien el tamaño y forma de los
+objetos, así como la paz del claustro permite a los fugitivos del mundo
+ver los errores y maldades que cometieron en él. «¿Y a Jacinta, le
+pediría yo perdón?» se preguntaba sin acertar con la respuesta. Tan
+pronto se le ocurría que sí como que no. La Delfina la había ofendido y
+ultrajado, cuando ella no hacía más que contarle a la santa sus penas y
+el conflicto en que estaba. Por fin, a fuerza de meditar en ello,
+amasando sus ideas con la tristeza que destilaba su alma, empezó a
+prevalecer la afirmativa. Cierto que debía pedirle perdón por el intento
+que tuvo de arañarle la cara, ¡qué barbaridad!, y por las palabras que
+se dejó decir. Mas para que esta idea triunfase por completo, faltaba
+aclarar el siguiente punto:
+
+¿Había faltado Jacinta con el señor de Moreno?
+
+Porque si había faltado, allá se iba la una con la otra, y tan buena era
+Juana como Petra. Nunca pudo la señora de Rubín llegar en sus
+cavilaciones a una solución terminante en este punto oscurísimo. Ya
+afirmaba la culpabilidad de _la mona del Padre Eterno_, ya la negaba.
+«Daría yo cualquier cosa--exclamaba invocando al Cielo--, por saber esa
+verdad que ahora no saben más que Dios y ella, pues el tercero que la
+sabía se ha muerto. Lo sabrá también el confesor de Jacinta, si es que
+lo ha confesado. Pero nadie más, nadie más. Pues no sé qué daría yo por
+salir de la duda. Esta curiosidad me quema la sangre... Flojilla
+diferencia va de una cosa a otra... Si pecó, todo varía en mí, y no me
+rebajo yo a pedirle perdón; pero si no faltó... ¡ay!, la dichosa _mona_
+me tiene debajo de su pie como tiene San Miguel al diablo».
+
+De aquí pasaba a otro eslabón de ideas: «Y ahora estamos las dos de un
+color. A ninguna de las dos nos quiere. Estamos lucidas... Ambas nos
+podríamos consolar... porque en mi terreno, yo soy también virtuosa,
+quiere decirse que yo no le he faltado con nadie; y si ella se hace
+cargo de esto, bien podría venir a mí, y entre las dos buscaríamos a la
+pindongona que nos le entretiene ahora, y la pondríamos que no habría
+por donde cogerla... Vamos a ver, ¿por qué Jacinta y yo, ahora que
+estamos iguales, no habíamos de tratarnos? Por más que digan, yo me he
+afinado algo. Cuando pongo cuidado digo muy pocos disparates. Como no se
+me suba la mostaza a la nariz, no suelto ninguna palabra fea. Las
+señoras Micaelas me desbastaron, y mi marido y doña Lupe me pasaron la
+piedra pómez, sacándome un poco de lustre. ¿Por qué no nos habíamos de
+tratar, olvidando aquellas bromas que nos dijimos?... Esto en el caso de
+que sea honrada, porque si no, no me rebajo. Cada una tiene su aquel de
+honradez».
+
+Pasaba sin pensarlo a otro eslabón. «Pero ella no querrá... Tiene mucho
+orgullo y mucho tupé, mayormente ahora que se la comerá la envidia.
+¡Ah!, que no me venga ahora hablando de sus derechos... ¿Qué derechos ni
+qué pamplinas? Esto que yo tengo aquí _entre mí_, no es humo, no. ¡Qué
+contenta estoy!... El día en que _esa_ lo sepa, va a rabiar tanto, que
+se va a morir del berrinchín. Dirá que es mujer legítima... ¡Humo! Todo
+queda reducido a unos cuantos latines que le echó el cura, y a la
+ceremonia, que no vale nada... Esto que yo tengo, señora mía, es algo
+más que latines; fastídiese usted... Los curas y los abogados, ¡mala
+peste cargue con ellos!, dirán que esto no vale... Yo digo que sí vale;
+es mi idea. Cuando lo natural habla, los hombres se tienen que callar la
+boca».
+
+Y su convicción era tan profunda, que de ella tomaba fuerza para
+soportar aquella vida solitaria y tristísima.
+
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Una mañana, al levantarse, vio que había caído durante la noche
+una gran nevada. El espectáculo que ofrecía la plaza era precioso; los
+techos enteramente blancos; todas las líneas horizontales de la
+arquitectura y el herraje de los balcones perfilados con purísimas
+líneas de nieve; los árboles ostentando cuajarones que parecían de
+algodón, y el Rey Felipe III con pelliza de armiño y gorro de dormir.
+Después de arreglarse volvió a mirar la plaza, entretenida en ver cómo
+se deshacía el mágico encanto de la nieve; cómo se abrían surcos en la
+blancura de los techos; cómo se sacudían los pinos su desusada
+vestimenta; cómo, en fin, en el cuerpo del Rey y en el del caballo, se
+desleían los copos y chorreaba la humedad por el bronce abajo. El suelo,
+a la mañana tan puro y albo, era ya al mediodía charca cenagosa, en la
+cual chapoteaban los barrenderos y mangueros municipales, disolviendo la
+nieve con los chorros de agua y revolviéndola con el fango para echarlo
+todo a la alcantarilla. Divertido era este espectáculo, sobre todo
+cuando restallaban los airosos surtidores de las mangas de riego, y los
+chicos se lanzaban a la faena, armados con tremendas escobas. Miraba
+esto Fortunata, cuando de repente... ¡ay, Dios mío!, vio a su marido;
+era él, Maximiliano, que entraba en la plaza por el arco del 7 de
+Julio, y tuvo que retroceder saltando más que de prisa, porque el chorro
+de agua le cortó el paso. Instintivamente se quitó la joven de su
+ventana; pero después se volvió a asomar, diciéndose: «Si aquí no puede
+verme... Lo que menos piensa él es que está tan cerca de mí... Vamos; da
+la vuelta... Se ha metido por los soportales. Sin duda va al café de
+Gallo a reunirse con su hermano, la otra cabeza de campanario. ¿Pero
+cómo es que le dejan salir solo? ¿Se habrá puesto bueno? ¿Estará mejor?
+¡Pobre chico!...».
+
+Y no se volvió a acordar más de él hasta la noche, cuando estaba
+acostada, sola en la casa, pues su tía no había entrado aún.
+
+«Es una barbaridad que le dejen salir solo a la calle. El mejor día hace
+cualquier desavío y da un disgusto... Pues ahora que le he visto suelto,
+voy a tener miedo, y me pondré a discurrir si se meterá aquí el mejor
+día... La suerte es que no sabrá dónde estoy; buen cuidado tengo yo de
+que no lo sepa. ¿Pero quién está segura de ningún secreto en estos
+tiempos? A lo mejor, cualquier chusco se lo canta y ya tenemos jaqueca
+para rato... ¡Como no le dé por venir a matarme!... Eso tendrá que ver.
+Pero muy descuidada habría de cogerme, porque le deshago yo de un par de
+porrazos... Pero, ¿y si entra, se esconde, me acecha, y ¡pim!, me pega
+un tiro?... No; yo tengo que estar con mucho cuidado. Ni a Cristo le
+abro yo la puerta. Y voy a decirle a mi tía que necesito tomar una
+criada. Una chiquilla modosa y dispuestilla, así como Papitos, me
+vendría muy bien. ¡Sola todo el día en esta jaula!... ¡Ah!, gracias a
+Dios; ya siento el llavín de mi tía, que entra. ¿Será ella o será alguno
+que le ha quitado el llavín y viene a matarme?... Tía, tía, ¿es usted?».
+
+--Yo soy, ¿qué se te ocurre?...
+
+--Nada; ya estoy tranquila. Es que me da mucho miedo de estar sola, y me
+parece que entran ladrones, asesinos y qué sé yo...
+
+Ninguna noche conciliaba el sueño antes de que diera las doce el reloj
+de la Casa-Panadería. Oía claramente algunas campanadas; después el
+sonido se apagaba alejándose, como si se balanceara en la atmósfera,
+para volver luego y estrellarse en los cristales de la ventana. En el
+estado incierto del crepúsculo cerebral, imaginaba Fortunata que el
+viento venía a la plaza a jugar con la hora. Cuando el reloj empezaba a
+darla, el viento la cogía en sus brazos y se la llevaba lejos, muy
+lejos... Después volvía para acá, describiendo una onda grandísima, y
+retumbaba ¡plam!, tan fuerte como si el sonoro metal estuviera dentro de
+la casa. El viento pasaba con la hora en brazos por encima de la Plaza
+Mayor y se iba hasta Palacio, y aún más allá, cual si fuera mostrando la
+hora por toda la Villa y diciendo a sus habitantes: «Aquí tenéis las
+doce, tan guapas». Y luego tornaba para acá, ¡plam!... ¡ay!, era la
+última. El viento entonces se largaba refunfuñando. Otras noches se
+entretenía la joven discurriendo que la hora de la Puerta del Sol y la
+hora de la Panadería se enzarzaban. Empezaba esta, y le respondía la
+otra. De tal modo se confundían los toques, que no conociera aquella
+hora ni la misma noche que la inventó. Las doce de acá y las doce de
+allá eran una disputa o guirigay de campanadas. «Vamos, que también se
+oye la Merced... Tantísima hora, tantísima hora, y no sabe una si son
+las doce o qué...».
+
+Para tener compañía y servicio, tomó por criada a una niña, hija de una
+de las placeras amigas de Segunda. Llamábase Encarnación y parecía muy
+formalita. Su ama le leyó la cartilla el primer día, diciéndole: «Mira,
+si algún sujeto que tú no conoces, por ejemplo, un señorito flaco, de
+mal color, así un poco alborotado, te pregunta en la calle si vivo yo
+aquí, dices que no. No abras nunca la puerta a ninguna persona que no
+sea de casa. Llaman, miras, y vienes y me dices: 'Señorita, es un hombre
+o una mujer de estas y estas señas'. Conque fíjate bien en lo que te
+mando. Tu tía te habrá hecho la misma recomendación. Si no nos obedeces,
+¿sabes lo que hacemos? Pues cogerte y mandarte a la cárcel. Y no creas
+que te van a sacar: allí te estarás lo menos, lo menos, tres años y
+medio».
+
+La chica cumplía estas órdenes al pie de la letra. Un domingo llamaron.
+«Señorita, ahí está un hombre con barbas largas, muy aseñorado... y
+tiene la voz así, como _respetosa_». Miró Fortunata por los agujeros de
+la chapa. Era Ballester. «Dile que pase». Se alegraba de verle para
+saber lo que ocurría en la familia, y para que le contara por qué
+demonios andaba suelto Maxi por esas calles.
+
+De tan gozoso, estaba turbado el bueno del farmacéutico. Venía vestido
+con los trapitos de cristianar, peinado en la peluquería, con una raya
+muy bien sacada desde la frente a la nuca, y las mechas negras
+chorreando olorosa grasa, las botas nuevas y sombrero de copa muy
+lustroso. «¡Qué deseos tenía de verla a usted...! No me atrevía a
+venir... Pero doña Lupe me ha instado tanto para que venga, que al
+fin... No, no, no tema que Maximiliano descubra dónde usted está. Hay
+mucho cuidado para que no se entere de nada. Y eso que ahora, si viera
+usted, ha recobrado la razón; parece que está juiciosísimo; habla de
+todo con tino, y no hace ningún disparate».
+
+Fortunata estaba algo cohibida, pues a pesar de la convicción de que
+hacía gala con respecto a ciertas legitimidades, le daba vergüenza de no
+poder disimular ya su estado ante un amigo de la familia de Rubín. Se
+puso muy colorada cuando Segismundo le dijo esto: «Doña Lupe me ha dado
+un recadito para usted. Me ha encargado decirle si quiere que le avise a
+D. Francisco de Quevedo... Es hombre que sabe su obligación; muy
+cuidadoso y muy hábil...».
+
+--No sé, veremos... lo pensaré... todavía...--balbució ella cortadísima,
+bajando los ojos.
+
+--¿Cómo todavía? Me ha dicho doña Lupe que será en Marzo. Estamos a 20
+de Febrero. No, no se descuide usted... que a lo mejor podría verse
+sorprendida... Estas cosas deben prepararse con tiempo.
+
+Tomando una actitud galante, añadió: «Porque yo me intereso vivamente
+por usted en todas las circunstancias, en todas absolutamente. Soy el
+mismo Segismundo de siempre y cuando usted necesite de un amigo leal y
+callado, acuérdese de mí...».
+
+Y elevando el tono casi hasta lo patético, saltó de repente con esto:
+«No me vuelvo atrás de nada de lo que he dicho a usted en otras
+ocasiones». Como ella aparentase no interesarse en este giro de la
+conversación, volvió Ballester a tomar el tono fraternal de esta manera.
+«Me voy a permitir hablar a Quevedo. Debemos estar prevenidos... Le diré
+que venga a ver a usted... Es persona de confianza, y ya sabe él que no
+tiene que decir nada al amigo Rubín».
+
+Lo que tenía a Fortunata muy sorprendida y maravillada era el interés
+que mostraba hacia ella, según le dijo el regente, la viuda de Jáuregui.
+
+«Yo no sé lo que es, amiga mía; pero _la ministra_, de unos días a esta
+parte me ha preguntado como unas seis veces si la había visto a usted...
+'Yo no voy--me dijo--; pero hay que mirar algo por ella, y no
+abandonarla como a un perro'. Por esto me decidí a venir, y ahora me
+alegro, porque veo que usted me ha recibido, y que continuaremos siendo
+buenos amigos. Quedamos en que vendrá Quevedo. Sí; preparémonos, porque
+estas cosas unas veces se presentan bien y otras mal. No le faltará a
+usted nada. ¡Qué caramba! Hay que afrontar las situaciones, y... ¡Oh!,
+¡qué cabeza ésta! ¿Pues no se me olvidaba lo mejor? (metiéndose la mano
+en el bolsillo). _La ministra_ me ha dado para usted este paquetito de
+dinero. Por fuera está escrita la cantidad: mil doscientos cincuenta y
+dos reales. Debe de ser lo que le corresponde a usted por réditos de
+algún dinero. Para concluir: siempre que se le ofrezca a usted alguna
+cosa, sea del orden que fuese, piensa usted un rato, y dice: '¿A quién
+acudiré yo?, pues a ese tarambana de Segismundo'. Con mandarme un
+recadito... Aunque yo cuidaré de venir algún domingo o los ratos que
+tenga libres, porque ahora, como estoy solo con Padilla, dispongo de
+muy poquito tiempo. Si pudiera, vendría mañana y tarde todos los días,
+contando con su permiso. Pero en este pícaro mundo, se llega hasta donde
+se puede, y el que, impulsado por el querer, va más allá del poder, cae
+y se estrella».
+
+Repitió sus ofrecimientos y se fue, dejando a Fortunata la impresión de
+que no estaba tan sola como creía, y de que el tal Segismundo era, en
+medio de sus tonterías y extravagancias, un corazón generoso y leal.
+Mucho le extrañaba a la infeliz joven que Aurora no hubiese ido a verla,
+y sintió que se le olvidara, durante la visita del regente, preguntar a
+este por _las Samaniegas_. Pero ya se lo preguntaría cuando volviese.
+
+Con el cambio de vida y domicilio, reanudó la señora de Rubín algunas
+relaciones de familia que estaban absolutamente quebrantadas, siendo de
+notar entre ellas la de José Izquierdo, que, empezando por ir a cenar
+con su hermana y sobrina algunas noches, acabó, conforme a su genial
+parasitario, por estar allí todo el tiempo que tenía libre. Fortunata
+encontró a su tío transfigurado moralmente, con un reposo espiritual que
+nunca viera en él, suelto de palabra, curado de su loca ambición y de
+aquel negro pesimismo que le hacía renegar de su suerte a cada instante.
+El bueno de _Platón_, encontrando al fin el descanso de su vida
+vagabunda, se había sentado en una piedra del camino, a la sombra de
+frondoso árbol cargado de fruto (valga la figura) sin que nadie le
+disputase el hartarse de ella. No existía por aquel entonces en Madrid
+un _modelo_ mejor, y los pintores se lo disputaban. Veíase Izquierdo
+acosado, requerido; recibía esquelas y recados a toda hora, y le
+desconsolaba el no tener tres o cuatro cuerpos para servir con ellos al
+arte. Ni había oficio en el mundo que más le cuadrase, porque aquello no
+era trabajar ¡qué demonio!, era _retratarse_, y el que trabajaba era el
+pintor, poniendo en él sus cinco sentidos y mirándole como se mira a una
+novia. En aquellos días de Febrero del 76, como se pusiera a hablar con
+su hermana y sobrina de las muchas obras que traía entre manos, no
+acababa. En tal estudio hacía de _Pae Eterno_, en el momento de estar
+fabricando la luz; en otro de Rey D. Jaime, a caballo, entrando en
+Valencia. Allí de Nabucodonosor andando a cuatro patas; aquí de un _tío
+en pelota que le llaman_ Eneas, con su padre a _la pela_. «Pero lo mejor
+que estamos pintando ahora... y que lo vamos sacando _de lo fino_..., es
+aquel paso de Hernán-Cortés cuando manda dar fuego a las judías
+naves...». Ganaba mi hombre todo lo que necesitaba, y era venturoso, y
+la sujeción del día la compensaba con las largas expansiones de charla y
+copas que se daba de noche en algún café, convidando a los amigos. A su
+sobrina le prestaba servicios, haciéndole cuantos encargos eran
+compatibles con sus tareas artísticas. Solía ella enviarle con algún
+mensaje a casa de su costurera, o se valía de él para recados y compras.
+Más de una vez le mandó a la gran tienda de Samaniego por tela o encajes
+para el ajuar que estaba haciendo; pero siempre le encargaba que no la
+descubriese allí, pues ya que Aurora no había ido a verla, lo que
+propiamente era una falta de educación, y hablando mal y pronto, una
+cochinada, no quería ella tampoco aparentar que solicitaba su amistad; y
+si razones tenía _la Samaniega_ para retraerse, también ella las tenía
+para no rebajarse. «A fina me ganará; pero a orgullosa no».
+
+
+
+
+-V-
+
+La razón de la sinrazón
+
+
+
+
+--i--
+
+
+La mejoría de Maximiliano continuaba, de lo cual coligieron su tía
+y su hermano que la separación matrimonial había sido un gran bien, pues
+sin duda la presencia y compañía de su mujer era lo que le sacaba de
+quicio. Todo aquel invierno continuó el tratamiento de las duchas
+circular y escocesa y el bromuro de sodio. Al principio, cuando no le
+sacaba a paseo Juan Pablo, sacábale su misma tía, teniendo ocasión de
+notar lo bien concertados que eran sus juicios. Observaron, no obstante,
+que en el caletre del joven se escondía un pensamiento relativo al
+paradero de su consorte, y temían que este pensamiento, aunque contenido
+en proporciones menudas por el renacimiento armónico de la vida
+cerebral, tuviera el mejor día fuerza expansiva bastante para volver a
+trastornar toda la máquina. Pero estos temores no se confirmaron. En
+Diciembre y Enero la mejoría fue tan notoria, que doña Lupe estaba
+pasmada y contentísima. En Febrero ya le permitieron salir solo, pues
+no se metía con nadie y se le habían acentuado considerablemente la
+timidez y la docilidad. Era como un retroceso a la edad en que estudió
+los primeros años de su carrera, y aun parecía que se renovaban en él
+las ideas de aquellos lejanos días, y con las ideas el encogimiento en
+el trato, la sobriedad de palabras y la falta de iniciativa.
+
+Su vida era muy metódica; no se le permitía leer nada, ni él lo
+intentaba tampoco, y siempre que iba a la calle, doña Lupe le fijaba la
+hora a que había de volver. Ni una sola vez dejó de entrar a la hora que
+se le mandaba. Para que tales días se pareciesen más a los de marras, el
+único gusto del joven era pasear por las calles sin rumbo fijo, a la
+ventura, observando y pensando. Una diferencia había entre la
+deambulación pasada y la presente. Aquella era nocturna y tenía algo de
+sonambulismo o de ideación enfermiza; esta era diurna, y a causa de las
+buenas condiciones del ambiente solar en que se producía, resultaba más
+sana y más conforme con la higiene cerebro-espinal. En aquella, la mente
+trabajaba en la ilusión, fabricando mundos vanos con la espuma que echan
+de sí las ideas bien batidas; en esta trabajaba en la razón,
+entreteniéndose en ejercicios de lógica, sentando principios y
+obteniendo consecuencias con admirable facilidad. En fin, que en la
+marcha que llevaba el proceso cerebral, le sobrevino el _furor de la
+lógica_, y se dice esto así, porque cuando pensaba algo, ponía un
+verdadero empeño maniático en que fuera pensado en los términos usuales
+de la más rigurosa dialéctica. Rechazaba de su mente con tenaz
+repugnancia todo lo que no fuera obra de la razón y del cálculo, no
+desmintiendo esto ni en las cosas más insignificantes.
+
+Que al poco tiempo de sentir en sí este tic del razonamiento lo aplicó
+al oscuro problema lógico de la ausencia de su mujer, no hay para qué
+decirlo. «Que vive, no tiene duda; este es un principio inconcuso que ni
+siquiera se discute. Ahora dilucidemos si está en Madrid o fuera de
+Madrid. Si se hubiera ido a otra parte, alguna vez recibiría mi tía
+cartas suyas. Es así que jamás llega a casa el cartero del exterior, y
+cuando va es para traer alguna carta de las hermanas de mi tío Jáuregui;
+luego... Pero propongamos la hipótesis de que dirige las cartas a otra
+persona para que yo no me entere. Es inverosímil; pero propongámosla. En
+tal caso, ¿qué persona sería esta? En todo rigor de lógica no puede ser
+doña Casta, porque la señora de Samaniego no gusta de tales papeles. En
+todo rigor de lógica tiene que ser Torquemada. Pero Torquemada,
+anteayer, entró en el gabinete de mi tía, y yo, desde el pasillo, le oí
+preguntarle claramente si había sabido de la señorita... Luego,
+Torquemada no es. Luego, no siendo Torquemada, no hay intermediario de
+cartas; y no habiendo intermediario de cartas, no puede haber
+correspondencia; luego está en Madrid».
+
+Quedose muy satisfecho, y después de detenerse un rato a ver un
+escaparate de estampas, volvió a pegar la hebra: «Podría ponerse en duda
+que entre ella y mi tía haya comunicación, y en caso de que no la
+hubiera, el problema de su residencia seguiría como boca de lobo; pero
+yo sostengo que hay comunicación. Si no, ¿qué significa el papelito de
+apuntes que sorprendí el otro día sobre la cómoda de mi tía, y en el
+cual, pasando al descuido la vista, distinguí este renglón que decía:
+_Corresponden a F. 1.252 reales_? _F._ quiere decir _ella_. Luego hay
+comunicación entre mi tía y ella, y como esta comunicación no es postal,
+resulta claro, como la luz del día, que reside en Madrid».
+
+Largos ratos se pasaba en este ejercicio de la razón. A veces se decía:
+«Rechacemos todo lo fantástico. No admitamos nada que no se apoye en la
+lógica. ¿De qué vive? ¿Vivirá honradamente? No aventuremos ningún juicio
+temerario. Podrá vivir honradamente y podrá vivir de mala manera. Yo
+llegaré a descubrir la verdad enterita, sin preguntar una palabra a
+nadie. Pues todos callan ante mí, yo callo ante todos. Veo, oigo y
+pienso. Así sabré todo lo que quiero. ¡Qué hermosa es la verdad, mejor
+dicho, estos bordes del manto de la verdad que alcanzamos a ver en la
+tierra, porque el cuerpo del manto y el de la verdad misma no se ven
+desde estos barrios!... Dios mío, me asombro de lo cuerdo que estoy. La
+gente me mira con lástima, como a un enfermo; pero yo, en mí, me recreo
+en lo sano de mis juicios. Dichoso el que piensa bien, porque él está en
+grande».
+
+Entró en el café del Siglo, donde creía encontrar a su hermano; pero
+Leopoldo Montes le dijo que habiendo aceptado Villalonga la Dirección de
+Beneficencia y Sanidad, había encargado a Juan Pablo un trabajo
+delicadísimo y muy enojoso... cosa de poner en claro unas cuentas de
+lazaretos; y me le tenía en la oficina de sol a sol. Allí le llevaban el
+café. No le venía mal a Juan Pablo que el director le encargase trabajos
+extraordinarios, pues esto significaba confianza, y tras la confianza
+vendría un ascenso. Hablaron de empleos y de política, diciendo
+Maximiliano cosas muy buenas.
+
+Refugio, la querida de Juan Pablo, estaba aquel invierno muy mal de
+ropa, y no iba al café del Siglo, sino al de Gallo, porque le cogía
+cerca (la pareja moraba en la Concepción Jerónima), y además porque la
+sociedad modesta que frecuentaba aquel establecimiento, permitía
+presentarse en él de trapillo o con mantón y pañuelo a la cabeza.
+Agregábansele a Refugio algunas personas con quienes tenía amistad fácil
+y adventicia, de esas que se contraen por vecindad de casa o de mesa de
+café. Eran un portero de la Academia de la Historia con su esposa, y un
+cobrador municipal de puestos del mercado, con la suya o lo que fuese.
+Este matrimonio solía ir los domingos acompañado de toda la familia, a
+saber: una abuela que había sido _víctima_ del 2 de Mayo, y siete
+menores. El café se compone de dos crujías, separadas por gruesa pared y
+comunicadas por un arco de fábrica; mas a pesar de esta rareza de
+construcción, que le asemeja algo a una logia masónica, el local no
+tiene aspecto lúgubre. En la segunda sala, donde se instalaba Refugio,
+había siempre animación campechana y confianzuda, y como el espacio es
+allí tan reducido, toda la parroquia venía a formar una sola tertulia.
+En ella imperaba Refugio como en un salón elegante en el cual fuera
+estrella de la moda, Dábase mucho lustre, tomando aires de señora,
+alardeando de expresarse con agudeza y de decir gracias que los demás
+estaban en la obligación de reír. Poníase siempre en un ángulo, que
+tenía, por la disposición del local, honores de presidencia. Cuando Maxi
+iba, su cuñada le hacía sentar a su lado, y le mimaba y atendía mucho,
+con sentimientos compasivos y de protección familiar, permitiéndose
+también tutearle y darle consejos higiénicos. Él se dejaba querer, y
+apenas tomaba parte en la tertulia, como no fuera con los silogismos que
+mentalmente hacía sobre todo lo que allí se charlaba. Una noche estaba
+el pobre chico tomándose su café, muy callado, en la misma mesa de
+Refugio, cuando se fijó en dos hombres que en la próxima estaban, uno de
+los cuales no le era desconocido. Pensando, pensando, acertó al fin. Era
+Pepe Izquierdo, tío de su mujer, a quien sólo había visto una vez, yendo
+de paseo con Fortunata por las Rondas, y ella se lo presentó. Como en
+Gallo había tanta confianza, pronto se comunicaron los de una y otra
+mesa. Primero se hablaba de política, después de que la guerra se
+acabaría a fuerza de dinero, y como la política y las guerras vienen a
+ser las fibras con que se teje la Historia, hablose de la Revolución
+francesa, época funesta en que, según el cobrador municipal, habían sido
+guillotinadas _muchas almas_. Oír que se hablaba de Historia y no meter
+baza, era imposible para Izquierdo; pues desde que se puso a _modelo_
+sabía que Nabucodonosor era un Rey que comía hierba; que D. Jaime entró
+en Valencia a caballo, y que Hernán-Cortés era un _endivido_ muy
+templado que se entretenía en quemar barcos. Los disparates que aquel
+hombre dijo acerca del _Pronunciamiento_ de Francia, hicieron reír mucho
+a todos, particularmente al portero de la Academia de la Historia, que
+echaba al concurso miradas desdeñosas, no queriendo aventurar una
+opinión, que habría sido lo mismo que arrojar margaritas a cerdos. Mas
+el compañero de _Platón_, persona enteramente desconocida para Maxi,
+debía de ser uno de los sujetos más eruditos que en aquel local se
+habían visto nunca, y cuando rompió a hablar, se ganó la atención del
+auditorio. Tenía la cara granulosa y el pescuezo como el de un pavo, con
+una nuez muy grande, el pelo escobillón, y se expresaba en términos muy
+distintos del gárrulo lenguaje de su amigo: «Al Rey Luis XVI--dijo--, y
+a la Reina Doña María Antonieta les cortaron la cabeza, naturalmente,
+porque no querían darle libertad al pueblo. Por eso hubo, naturalmente,
+aquel gran pronunciamiento, y todo lo variaron, hasta los nombres de los
+meses, señores, y hasta abolieron la vara de medir y pusieron el metro,
+y la religión también fue abolida, celebrándose las misas, naturalmente,
+a la diosa Razón».
+
+Tanta sabiduría impresionó a Maxi, que al punto se desató a charlar con
+Ido del Sagrario, pues no era otro el docto amigo de Izquierdo, y
+estuvieron poniendo comentarios a los trágicos sucesos del 93. «Porque
+mire usted, cuando el pueblo se desmanda, los ciudadanos se ven
+indefensos, y francamente, naturalmente, buena es la libertad; pero
+primero es vivir. ¿Qué sucede? Que todos piden orden. Por consiguiente,
+salta el dictador, un hombre que trae una macana muy grande, y cuando
+empieza a funcionar la macana, todos la bendicen. O hay lógica o no hay
+lógica. Vino, pues, Napoleón Bonaparte, y empezó a meter en cintura a
+aquella gente. Y que lo hizo muy bien, y yo le aplaudo, sí señor, yo le
+aplaudo».
+
+--Y yo también--dijo Maxi, con la mayor buena fe, observando que aquel
+hombre razonaba discretamente.
+
+--¿Quiere esto decir que yo sea partidario de la tiranía?...--prosiguió
+Ido--. No señor. Me gusta la libertad; pero respetando... respetando a
+Juan, Pedro y Diego... y que cada uno piense como quiera, pero sin
+desmandarse, sin desmandarse, mirando siempre para la ley. Muchos creen
+que el ser liberal consiste en pegar gritos, insultar a los curas, no
+trabajar, pedir aboliciones y decir que mueran las autoridades. No
+señor. ¿Qué se desprende de esto? Que cuando hay libertad mal entendida
+y muchas aboliciones, los ricos se asustan, se van al extranjero, y no
+se ve una peseta por ninguna parte. No corriendo el dinero, la plaza
+está mal, no se vende nada, y el bracero que tanto chillaba dando vivas
+a la Constitución, no tiene qué comer. Total, que yo digo siempre:
+«Lógica, liberales» y de aquí no me saca nadie.
+
+«Este hombre tiene mucho talento» pensaba Rubín, apoyando con
+movimientos de cabeza la aseveración de aquel sujeto.
+
+Y cuando, al despedirse, Ido le dio su nombre, agregando que era
+profesor de primeras letras en las escuelas católicas, Maximiliano
+discurrió que no estaba en armonía la humildad del empleo con el saber y
+la destreza dialéctica que aquel individuo mostraba.
+
+Al siguiente día por la tarde, Maxi fue a Gallo y no estaban, de las
+personas conocidas, más que el cobrador municipal y José Izquierdo. Este
+había dejado en la silla próxima un envoltorio. Mirolo el joven con
+disimulo y vio que era algo como ropa o calzado, cubierto con un
+pañuelo. Tan mal hecho estaba el atadijo, que al mover la silla se
+descubrió una bota elegante con caña color de café. Al verla Rubín,
+sintió como si le cayera una gota fría en el corazón. «Esa bota es de
+ella... ¡ay, de ella es!... La conozco, como conozco las mías. No la
+lleva a componer porque está casi nueva. La lleva de muestra para que le
+hagan otro par. Es muy presumida en cuestiones de calzado. Le gusta
+tener siempre tres o cuatro pares en buen uso. ¿Y por qué no las lleva
+ella? Porque no sale. Luego está enferma... Enferma, ¿de qué?».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+_Platón_ se despidió de su amigo, y cogió el lío diciendo que
+tenía que ir a la calle del Arenal.
+
+«Justo--discurrió Maxi sin decir una palabra--.
+
+Allí está su zapatero. Arenal, 22... Lo que me falta saber, podría
+averiguarlo siguiendo a ese bárbaro. Pero no... Con la lógica y sólo con
+la lógica lo averiguaré. ¿Para qué quiero esta gran cordura que ahora
+tengo? Con mi cabeza me gobierno yo solo».
+
+Después, cuando entraron Ido, Refugio y otras personas, estuvo muy
+comunicativo, discurriendo admirablemente sobre todo lo que se trató,
+que fue la insurrección de Cuba, el alza de la carne, lo que se debe
+hacer para escoger un bonito número en la lotería, la frecuencia con que
+se tiraba gente por el Viaducto de la calle de Segovia, el tranvía nuevo
+que se iba a poner y otras menudencias.
+
+Un día de los primeros de Marzo, Maxi, al dirigirse al café, vio a
+Izquierdo en los soportales de la Casa-Panadería, y a punto que le
+saludaba, pasó y se detuvo el cobrador municipal. Este y José cambiaron
+unas palabras.
+
+«En seguida voy al café--dijo el _modelo_, mostrando varios paquetes a
+su amigo, que los miraba con curiosidad--. Subo a largar esto: Varas de
+cinta... jabón... demonios, dátiles. Voy cargado como un santísimo
+burro».
+
+Maximiliano siguió hacia el café, y observando que Platón tomaba hacia
+la calle de Ciudad Rodrigo, miró su reloj.
+
+--¡Dátiles!... ¡Cuántos le he comprado yo! Las golosinas la venden. Se
+despepita por ellas...--pensó el razonador, penetrando en el establecimiento,
+sin ver nada de lo que en él había--. Come dátiles... luego no está mala;
+los dátiles son muy indigestos. Y puesto que ella los come, la causa del no
+salir, no es enfermedad... Luego, es otra cosa...
+
+Y viendo entrar a Izquierdo, volvió a mirar su reloj. «Ha tardado doce
+minutos. Luego la casa está cerca... Doce minutos: pongamos cuatro para
+subir la escalera, dos para bajarla... Y está cansado el hombre; debe de
+ser alta la escalera... La casa está cerca. La descubriremos por la
+lógica. Nada de preguntas, porque no me lo dirían; ni seguir a este
+animal, porque eso no tendría mérito. Cálculo, puro cálculo...».
+
+Izquierdo y el cobrador municipal le convidaron a unas copas; pero él no
+quiso aceptar, porque le repugnaba el aguardiente. Oyoles la
+conversación sin aparentar oírla, aunque nada interesante tenía para él,
+pues versó sobre si la Villa iba a suprimir tantas y tantas mulas del
+ramo de jardines y paseos para repartirse la cebada entre los
+concejales. Después el recaudador sacó a relucir no sé qué asunto de
+familia, quejándose de las continuas enfermedades de su esposa, de lo
+que Izquierdo tomó pie para decir unas cuantas barbaridades sobre las
+ventajas de no tener familia que mantener. «Musotros los viudos estamos
+como queremos» dijo volviéndose a Maxi y dándole un palmetazo en el
+hombro. El pobre muchacho hizo como que aprobaba la idea, sonriendo, y
+para sí dio unas cuantas vueltas al manubrio de la lógica: «Se te ha
+encargado que no descubras nada; se te ha dicho que tengas cuidado con
+lo que hablas delante de mí, dromedario, y tú, como todos, te empeñas en
+meterme en la cabeza la idea de que estoy viudo. No cuentas con que mi
+cabeza es un prodigio de claridad y raciocinio. A buena parte vienes.
+Verás cómo destruyo tus sofismas y mentiras. Verás lo que puede el
+cálculo de un cerebro lleno de luz... ¡Con que yo viudo! Lo mismo que mi
+tía, que me dijo ayer: «desde que _enviudaste_, pareces otro...». Me
+conviene hacerles creer que me lo trago. Con mi lógica me las arreglo
+admirablemente y me río del mundo. ¡Qué bonita es la lógica; pero qué
+bonita! ¡Y qué hermosura tener la cabeza como la tengo ahora, libre de
+toda apreciación fantasmagórica, atenta a los hechos, nada más que a los
+hechos, para fundar en ellos un raciocinio sólido!... Pero vámonos a mi
+casa, que mi tía me espera».
+
+Tres días después de esto, al entrar en la botica, notó que Ballester y
+Quevedo hablaban, y que al verle llegar a él, se callaron súbitamente.
+Como había adquirido facilidad para la apreciación de los hechos, aquel
+se le reveló claramente. Segismundo y el comadrón trataban de algo que
+no querían oyese Maximiliano.
+
+Para disimular le preguntaron a él por su salud, y a poco dijo Quevedo
+al farmacéutico en tono muy misterioso: «¿Ha preparado usted el
+cornezuelo de centeno? Basta con eso por ahora».
+
+«Qué tal, ¿paseamos mucho, joven?--agregó en alta voz, volviendo hacia
+Maxi su cara de caimán, en la cual la sonrisa venía a ser como una
+expresión de ferocidad--. Vamos bien, vamos bien. Al fin podrá usted
+volver a sus ocupaciones ordinarias. Ya decía yo que en cuanto estuviera
+usted libre... por aquello de _muerto el perro se acabó la rabia_».
+Rubín contestó afirmativamente y con amabilidad. Después observó que
+Ballester sacaba de un cajón un paquetito de medicamento y se lo daba al
+Sr. de Quevedo, diciéndole: «Lléveselo usted; lo he pulverizado yo mismo
+con el mayor esmero. La antiespasmódica la llevaré yo». El comadrón tomó
+el paquete y se fue.
+
+A poco entró _doña Desdémona_ preguntando por su marido, y pudo observar
+el joven que Ballester le hizo señas, llamándole la atención sobre la
+presencia de Maxi, pues la señora empezó diciendo: «¿Ha ido otra vez a
+la Cava?». Aquello se arregló y _doña Desdémona_ invitole a que la
+acompañase a su casa, lo que él hizo de bonísima gana, remolcándola del
+brazo por la escalera arriba. Conversando estuvieron largo rato, y la
+señora de Quevedo le enseñaba sus jaulas de pájaros, canarias en cría,
+un jilguero que sacaba agua del pozo, y comía extrayendo el alpiste de
+una caja, con otras curiosidades ornitológicas de que tenía llena la
+casa. A la hora de comer entró Quevedo muy fatigado, diciendo: «No hay
+nada todavía...». Y como vio allí al sobrino de doña Lupe, no dijo más.
+
+Cuando Maximiliano se retiró, iba desarrollando en su mente la más
+prodigiosa cadena de razonamientos que en aquellas cavilaciones se había
+visto. «¿Ves como salió? Lo que fulminó en mi cabeza como un resplandor
+siniestro del delirio, ahora clarea como luz cenital que ilumina todas
+las cosas. Vaya, hasta poeta me estoy volviendo. Pero dejémonos de
+poesías; la inspiración poética es un estado insano. Lógica, lógica, y
+nada más que lógica. ¿Cómo es que lo averiguado hoy por procedimientos
+lógicos, fundados en datos e indicios reales, existió antes en mi mente
+como los rastros que deja el sueño o como las ideas extravagantes de un
+delirio alcohólico? Porque esto no es nuevo para mí. Yo lo pensé, yo lo
+concebí envuelto en impresiones disparatadas y confundido con ideas
+enteramente absurdas. ¡Misterios del cerebro, desórdenes de la ideación!
+Es que la inspiración poética precede siempre a la verdad, y antes de
+que la verdad aparezca, traída por la sana lógica, es revelada por la
+poesía, estado morboso... En fin, que yo lo adiviné, y ahora lo sé. El
+calor se transforma en fuerza. La poesía se convierte en razón. ¡Qué
+claro lo veo ahora! Vive en la Cava, en la Cava, en la misma casa tal
+vez donde vivió antes. Se esconde para que no la vea nadie. El suceso se
+aproxima. La asiste Quevedo. Para ella son el cornezuelo de centeno y la
+antiespasmódica. ¡Ah!, ¡cómo me río yo de estos imbéciles que creen que
+me engañan!... ¡Engañarme a mí, que estoy ahora más cuerdo que la misma
+cordura! ¡Dios mío, qué talento tengo! ¡Qué manera de discurrir!...
+¡Estoy asombrado de mí mismo, y compadezco a mi tía, a Ballester, a
+todos los que hacen delante de mí esta comedia! 'Todavía no hay nada',
+fue lo que dijo Quevedo al volver a la Cava. Presunción equivocada,
+falsos síntomas. Luego la cosa está próxima. Estamos en Marzo. Bien, no
+me falta más que averiguar la casa. Si me dejara llevar de la
+inspiración, aseguraría que es la misma casa aquella, la de los
+escalones de piedra. Pero no; procedamos con estricta lógica, y no
+aseguremos nada que no esté fundado en un dato real».
+
+Al día siguiente estuvo con su hermano en el café del Siglo, y después
+en el de Gallo con Refugio. Era el 19 de Marzo, y los que se llamaban
+José convidaban a toda la tertulia. Ido del Sagrario se negaba a tomar
+copas y su amigo Izquierdo, que bebía aguardiente como si fuera agua, se
+burlaba de la sobriedad del profesor de instrucción primaria, el cual
+aseguró haber comido _fuerte_ y no hallarse muy bien del estómago. Poco
+a poco se iba desprendiendo el buen Ido de la masa de gente que formaba
+la tertulia, retirándose de silla en silla, hasta que Maxi le vio en la
+mesa más lejana, ensimismado, los codos sobre el mármol y la cabeza en
+las palmas de las manos. Fuese hacia él, movido de lástima, y le
+preguntó lo que tenía. «Amigo--le dijo Ido con voz cavernosa, mostrando
+su cara descompuesta--, ¿ve usted cómo me tiembla el párpado derecho?
+Pues es señal de que me estoy poniendo malo... pero no tiene usted idea
+de lo malo que me pongo».
+
+--Vamos, D. José, eso no es más que aprensión (tratando de llevarle al
+grupo principal).
+
+--Déjeme usted... Se ríen de mí, porque desbarro mucho... Tiempo hacía
+que no me daba esto; pero lo veo venir, lo veo venir... Ya, ya me entra,
+y no lo puedo remediar. Tendré que ausentarme, para que no se burlen de
+mí. Porque me pongo perdido... Me pongo como si bebiera mucho
+aguardiente, y ya ve usted que no lo cato... no lo cato, créamelo usted,
+caballero. Usted es el único que no se reirá de mí; usted comprende mi
+desgracia y me compadece.
+
+--D. José... que se le quiten esas cosas de la cabeza--le dijo el otro,
+oficiando de hombre sesudo y razonable.
+
+--¡Ah!... pues quíteme del campo de mi vida los hechos... (tocándole
+amigablemente el brazo). Porque somos esclavos de las acciones ajenas, y
+las nuestras no son la norma de nuestra vida. Así es el mundo. De nada
+le vale a usted ser honrado, si la maldad de los demás le obliga a hacer
+una barbaridad.
+
+--Eso está muy bien discurrido.
+
+--¡Oh!, la desgracia vuelve sabios a los tontos... No, no somos dueños
+de nuestra vida. Estamos engranados en una maquinaria, y andamos
+conforme nos lleva la rueda de al lado. El hombre que hace el disparate
+de casarse, se engrana, se engrana, ¿me entiende usted?, y ya no es
+dueño de su movimiento.
+
+--Entiendo, sí...--Pues no me acuse usted si oye que he cometido un
+crimen (hablándole al oído), porque los que tenemos la desgracia de ser
+esposos de una adúltera... Los que tenemos esa desgracia, no podemos
+responder de aquel mandamiento que dice: _no matar_. Creo que es el
+quinto.
+
+--Sí, el quinto es--dijo Maxi, que sentía una corriente fría pasándole
+por el espinazo.
+
+--Y aquí donde usted me ve... (echándose para atrás y expresándose
+siempre en voz muy baja), hoy mato yo...
+
+Esto, aunque dicho muy quedamente, fue oído de Izquierdo, que rompiendo
+a reír, soltó esta andanada: «¡Pues no dice este judío _Dio_ que hoy
+mata él!... ¿En qué plaza, camaraíta?».
+
+Las carcajadas atronaban el café, y Rubín se acercó al grupo principal,
+diciendo con la mayor serenidad del mundo y en tono de benevolencia y
+compasión: «Señores, no burlarse de este pobre señor que no tiene la
+cabeza buena. Un trastorno mental es el mayor de los males, y no es
+cristiano tomar estas cosas a broma. Denle un poco de agua con
+aguardiente».
+
+Se la ofrecieron; pero Ido no la quiso tomar. Amorraba la cabeza entre
+los brazos cruzados sobre el mármol, y el dueño del establecimiento,
+mirándole con sorna, le decía: «Aquí no se duermen monas. A dormirlas a
+la calle». Maxi trató de hacerle levantar la cabeza. «D. José, a usted
+le convendría tomar duchas y también unas pildoritas de bromuro de
+sodio. ¿Quiere que se las prepare? Es el tratamiento más eficaz para
+combatir eso... Dígamelo usted a mí, que durante una temporada he estado
+como usted... muchísimo peor. Yo inventaba religiones; yo quería que
+todo el género humano se matara; yo esperaba el Mesías... Pues aquí me
+tiene tan sano y tan bueno».
+
+Y volviendo al grupo principal: «Nada, hay que dejarle. Eso le pasará.
+¡Pobrecito!, me da mucha lástima».
+
+De repente, D. José se levantó de su asiento y salió de estampía, entre
+la risa y chacota de toda la partida. Maxi quiso salir detrás; pero
+Refugio le tiró de los faldones y le hizo sentar a su lado: «Déjalo tú,
+¿qué te importa?». Y apareció el tumulto, por la entrada de otros Pepes;
+y el amo del café, que también era algo José, repartió puros y ron con
+marrasquino. Algunos se empeñaron en que Maximiliano bebiese; pero ni él
+quería, ni Refugio se lo hubiera permitido, atenta siempre a cuidar de
+su preciosa salud. Lo que hacía el excelente muchacho era reír con la
+mayor buena fe todas las gracias que allí se decían, hasta las más
+zafias y groseras, aunque sin participar mucho de la estrepitosa alegría
+de aquella gente.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Comió Rubín aquella noche sosegadamente con su tía, contándole
+algo de lo que había visto y oído en el café, a lo que respondió la gran
+señora expresándole su deseo de que no fuese más a aquel
+establecimiento, por estar muy lejos, y porque en él siempre encontraría
+una sociedad inculta y ordinaria. El joven parecía conformarse con esta
+idea, y aseguró que no volvería más. Después fue con su tía a casa de
+Samaniego, y mientras duró la tertulia, permaneció apartado de ella,
+labrando y puliendo su idea. «Es en la casa de los escalones de
+piedra... Después que echó aquel brindis estúpido, Izquierdo habló de
+subir a gatas a casa de su hermana, y de bajar rodando por los
+escalones de piedra... Ya sé, pues, dónde está. Ahora, hay que proceder
+con sigilo y decisión. Llegó la hora de castigar. El honor me lo pide.
+No soy un asesino, soy un juez. Aquel desgraciado hombre lo decía:
+'Estamos engranados en la máquina, y la rueda próxima es la que nos hace
+mover. Sus dientes empujan mis dientes, y ando'».
+
+--¿Por qué suspiras, hijo?--le preguntó su tía, observándole caviloso y
+suspirante.
+
+Contestó evasivamente, y a poco se retiraron, no sin que _doña
+Desdémona_ invitase al joven a pasar en su casa la mañana siguiente. Le
+enseñaría todos sus pájaros y le daría de almorzar. Aceptada esta
+fineza, Maxi se personó en casa de Quevedo desde las nueve, hora en que
+la señora aquella se hallaba en la plenitud de sus funciones, limpiando
+jaulas, revisando nidos, examinando huevos, y sosteniendo con este y el
+otro volátil pláticas muy cariñosas. Su obesidad no le impedía ser ágil
+y diligentísima en aquella faena. Gastaba una bata de color de almagre,
+y como su figura era casi esférica, no parecía persona que anda, sino un
+enorme queso de bola que iba rodando por las habitaciones y pasillos. No
+tardó en asociar al chico a sus operaciones, enseñándole a distribuir el
+alpiste a toda la familia. Con algunos sostenía _doña Desdémona_
+conversaciones maternales.
+
+«¿Qué dices tú, chiquitín de la casa?... gloria mía... A ver, ¿tiene el
+niño mucha hambre...? ¡Ay qué pico me abre este hijo!». Y los trinos
+ensordecían la casa. Con verdadero ahínco, Maximiliano seguía torneando
+en su cabeza las ideas de la noche anterior. «La mataré a ella y me
+mataré después, porque en estos casos hay que poner el pleito en manos
+de Dios. La justicia humana no lo sabe fallar».
+
+--¡Qué mala es esta pájara!--decía _doña Desdémona_--, no sabe usted lo
+mala que es. Ha matado ya tres maridos... y de los hijos no hace caso.
+Si no fuera por el macho, que es, ahí donde usted lo ve, toda una
+persona decente, los pobrecitos se morirían de hambre.
+
+--Hay que perdonarla--replicó Maxi con humorismo--, porque no sabe lo
+que se hace... Y si la fuéramos a condenar, ¿quién le tiraría la primera
+piedra?
+
+--Vamos ahora a los pericos, que ya están alborotados.
+
+«La lógica exige su muerte--pensaba Rubín colgando cuidadosamente una
+jaula en que había muchos nidos--. Si siguiera viviendo, no se cumpliría
+la ley de la razón».
+
+La renovación del alpiste y del agua daba a aquellos infelices y
+graciosos seres aprisionados una alegría insensata; y poniéndose todos a
+piar y a cantar a un tiempo, no era posible que se entendieran las
+personas que entre ellos estaban. _Doña Desdémona_ hablaba por señas.
+Maxi parecía contento, y hubiera vuelto a empezar todas las operaciones
+por puro entretenimiento. Cuando llegó la hora de almorzar, tenía ya muy
+buen apetito, y el comadrón y su esposa estuvieron muy amables con él,
+diciéndole que le agradecerían fuese todos los días, si tenía gusto en
+ello. Ya Quevedo no era celoso, y desde que su esposa se había
+redondeado hasta hacer la competencia a los quesos de Flandes, se curó
+el buen señor de sus murrias y no volvió a hacer el Otelo. Sin embargo,
+a ninguno que no fuera el pobre Rubín, le habría permitido entrar
+libremente en la casa, porque en verdad, no le consideraba a éste capaz
+de comprometer la honra de ningún hogar donde penetrase.
+
+Doña Lupe entró muy gozosa, diciendo: «¿Qué tal se ha portado el
+galán?».
+
+--Admirablemente, señora. Es lo más amable...--replicó _doña Desdémona_,
+y llevándola aparte, añadió--: Si está bueno y sano... ¡Si viera usted
+qué contento y qué tranquilo...! Nada, como la persona de más juicio.
+
+--Yo creo--dijo la de Jáuregui--, que si no está curado, le falta poco.
+¿Y qué hay de eso?
+
+--Esta mañana volvió Quevedo. Todavía nada... Esperando por momentos...
+Ella, con mucho miedo.
+
+Algo más cotorrearon, pero no hace al caso. Doña Lupe se llevó a su
+sobrino al Monte de Piedad, y como aquel día las ventas fueron de muy
+poco interés, tornaron pronto a casa, después de comprar fresa y
+espárragos en un puesto de la calle de Atocha. Por la tarde, la señora
+encargó a su sobrino que le hiciera unas cuentas algo complicadas, y él
+las despachó con presteza y exactitud, sin equivocarse ni en un céntimo;
+y como su tía se maravillase de aquel tino aritmético, el joven se echó
+a reír, diciéndole: «¿Pero usted qué se ha figurado? Si tengo yo la
+cabeza como no la he tenido nunca. Si estoy tan cuerdo, que me sobra
+cordura para darla a muchos que por cuerdos pasan».
+
+Hacía muchísimo tiempo que doña Lupe no había visto al chico tan
+despejado, con tanto reposo en el espíritu y el ánimo tan dispuesto a la
+alegría, señales todas de reparación indudable. «Si no dudo que estés
+bien... Cierto que ya quisieran muchos... Yo me alegro infinito de verte
+así, y le pido a Dios que te conserve».
+
+--Crea usted que seguiré lo mismo. Yo reconozco en mi cabeza una fuerza
+que nunca he tenido. Discurro admirablemente, y se lo voy a probar a
+usted ahora mismo. Se pasmará usted al ver que si buena comedia han
+hecho ustedes conmigo, mejor la he hecho yo con ustedes. Los engañadores
+son los engañados.
+
+Doña Lupe empezó a alarmarse.
+
+--Pues verá usted (continuando en la mesa en que había hecho las cuentas
+y con el papel de ellas entre las manos). Mi familia, Ballester y todas
+las personas a quienes conozco fuera de casa, _bordaban_ admirablemente
+su papel; y yo callado... haciéndome el tonto, mientras con la sola
+fuerza del cálculo, descubría la verdad.
+
+Y doña Lupe tan parada, que no sabía qué decirle.
+
+«Y vea usted cómo le pruebo que mi cabeza da quince y raya hoy a las
+cabezas mejor organizadas, incluso la de usted. Sin decir una palabra a
+nadie, sin preguntar a bicho viviente, y fundándome sólo en algún
+indicio que pescaba aquí y allí, sentando hechos y deduciendo
+consecuencias, he descubierto la verdad... todo con la pura lógica, tía,
+con la lógica seca. Atienda usted y asómbrese».
+
+Estaba, en efecto, la viuda ilustre tan asombrada como quien ve volar un
+buey.
+
+«Pues por el orden siguiente, he ido descubriendo estos hechos: Que
+Fortunata no se ha muerto, que está en Madrid, que vive cerca de la
+Plaza Mayor, que vive en la Cava de San Miguel, en la casa de los
+escalones de piedra, que está fuera de cuenta desde hace un mes, y que
+D. Francisco de Quevedo la asiste».
+
+Doña Lupe no se atrevió a negar; tan abrumadoras eran las verdades que
+su sobrino manifestaba. «Verás... Tú no debes ocuparte de eso... Te
+concedo que vive, pero no sé dónde. Y en cuanto al embarazo, es error
+tuyo y de tu maldita lógica. ¡Vaya con la salida! El diablo cargue con
+tu lógica».
+
+--Si insiste usted, querida tía, en hacer comedias, creeré que quien ha
+perdido el juicio es usted. Yo afirmo lo que he dicho, y tengo la
+evidencia de que es verdad. Mí lógica no me engaña ni puede engañarme.
+Con franqueza: ¿nota usted en mí algo que remotamente se parezca a falta
+de juicio?
+
+Doña Lupe no supo qué responder.
+
+«¿He dicho algún disparate?... ¿Se atreve usted a sostener que lo he
+dicho? Pues tomemos un coche y vamos a la Cava... ¡Ah!, no quiere usted.
+Luego, yo he dicho la verdad, y la que falta ahora a ella, sin duda con
+muy buen fin, es mi señora tía. ¿Quién es aquí el cuerdo y quién no lo
+es?».
+
+--Pues repito que eso del estado interesante es una papa--dijo la viuda
+llena de confusión--. Alguien ha querido darte un bromazo, que por
+cierto es de muy mal gusto.
+
+--Yo le juro a usted que con nadie he hablado de este asunto,
+absolutamente con nadie. El conocimiento adquirido es obra del cálculo
+puro. Y ahora, por si alguien duda todavía de que yo sea la cordura
+andando, voy a dar a todos la última prueba de ella. ¿Cómo? Pues no
+volviendo a hablar de semejante asunto. Se acabó. Sigamos la vida
+ordinaria... Aquí no ha pasado nada, tía; hágase usted cuenta de que no
+hemos hablado nada. ¿No me dijo usted que tenía otra cuenta que
+arreglar? Venga; estoy pronto, con una cabeza que es un acero para los
+números, pues estos son la pura esencia de la lógica.
+
+Y se puso a trabajar en las operaciones aritméticas con tanta serenidad,
+y un temple tan equilibrado, que doña Lupe salió de la estancia
+haciéndose cruces y diciendo que si lo que acababa de oír se lo hubieran
+contado los cuatro Evangelistas, no les habría dado crédito. Pero siendo
+lo que refirió el sobrino un prodigio de capacidad intelectual, la
+señora no las tenía todas consigo respecto al estado de aquella cabeza.
+Entráronle alarmas, como las de los peores días pasados, y se puso de un
+humor vidrioso no acertando a determinar si aquello de la lógica era una
+crisis favorable, o por el contrario, traería nuevas complicaciones.
+
+Y no estuvo muy feliz Juan Pablo, en la elección de aquel día para hacer
+a doña Lupe la proposición de empréstito, pues encontró a la capitalista
+dada a todos los demonios. Era el hombre de menos suerte que existía,
+pues nunca daba en el quid de la buena ocasión; lástima grande, porque
+el discurso que llevaba preparado para convencer a la señora era
+admirable, y una roca se ablandaría oyéndolo. Su tía no le dejó pasar
+del exordio, negándose absolutamente a contratar ninguna clase de
+préstamo ni en las condiciones más usurarias. Total: que salió Juan
+Pablo de la casa renegando de su estrella, de su tía y de todo el género
+humano, revolviendo en su mente propósitos de venganza con proyectos de
+suicidio, pues estaba el infeliz como el náufrago que patalea en medio
+de las olas, y ya no podía más, ya no podía más. Se ahogaba.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+En la noche de aquel aciago día, que creyó deber marcar con la
+piedra más negra que en su triste camino hubiera, Juan Pablo sostuvo en
+el café del Siglo las teorías más disolventes. Con gran estupefacción de
+D. Basilio Andrés de la Caña, que volvió a la tertulia, embistió contra
+la propiedad individual, haciendo creer al propio sujeto y a otros tales
+que se había dado un atracón de lecturas prudhonianas. No había visto un
+solo libro, ni por el forro, y toda su argumentación ingeniosa sacábala
+de la rabia que contra doña Lupe sentía, rencor satánico que habría
+bastado para inspirar epopeyas.
+
+Como el gran principio de la propiedad individual no tenía en aquella
+desigual contienda más defensor que D. Basilio, quedó maltrecho. La mesa
+de mármol, en torno de la cual formaban animado círculo las caras de los
+combatientes, estaba a última hora llena de cadáveres, revueltos con
+las cucharillas, con los vasos que aún tenían heces de café y leche, con
+la ceniza de cigarro, los periódicos y los platillos de metal blanco, en
+los cuales la mano afanadora de D. Basilio no había dejado más que polvo
+de azúcar. Dichos cadáveres, horriblemente destrozados, eran la
+propiedad, todas las clases de propiedad posibles, el Estado, la Iglesia
+y cuantas instituciones se derivan de estos dos principios, Matrimonio,
+Ejército, Crédito público, etc... Con admiración de todos, Juan Pablo se
+lanzó a la defensa del amor libre, de las relaciones absolutamente
+espontáneas entre los sexos, y puso la patria potestad sobre la cabeza
+de la madre. Al Papa le deshizo, y la tiara quedó pateada bajo la mesa,
+con los pedazos de periódico, los salivazos y el palillo deshilachado de
+D. Basilio, quien al fin, en el barullo de la derrota, arrojó lejos de
+sí aquel marcador de sus argumentos. También andaba por el suelo la
+corona real, triturada por las suelas de las botas, y el cetro de toda
+autoridad corría la misma suerte. Las conteras de los bastones,
+golpeando con furia el sucio entarimado, remataban las víctimas que iban
+cayendo de la mesa, expirantes. Creeríase que Juan Pablo las estrujaba
+con los codos, después de acribillarlas con su dialéctica, y cuando
+cogía un lápiz y trazaba números con febril mano sobre el mármol, para
+probar que no debe haber presupuesto, parecía un Fouquier de Thinville
+firmando sentencias de muerte y mandando carne a la guillotina.
+
+¿Y qué menos podía hacer el desgraciado Rubín que descargar contra el
+orden social y los poderes históricos la horrible angustia que llenaba
+su alma? Porque estaba perdido, y la cruel negativa de su tía le puso en
+el caso de escoger entre la deshonra y el suicidio. Antes de ir al café
+había tenido un vivo altercado con Refugio, por pretender ésta que fuese
+con ella a Gallo, y el disgusto con su querida, a quien tenía cariño, le
+revolvió más la bilis. Sus amigos no podían con él; estaba furioso; poco
+faltaba para que insultase a los que le contradecían, y su numen
+paradójico se excitaba hasta un grado de inspiración que le hacía
+parecer un propagandista de la secta de los _tembladores_. El que mejor
+replicaba ¡parece increíble!, era Maxi, que se quedó en el café más
+tiempo del acostumbrado, retenido por el interés de la polémica.
+Defendía el joven Rubín los principios fundamentales de toda sociedad
+con un ardor y una serena convicción que eran el asombro de cuantos le
+oían. No se alteraba como el otro; argumentaba con frialdad, y sus
+nervios, absolutamente pacíficos, dejaban a la razón desenvolverse con
+libertad y holgura. La suerte de Rubín mayor fue que Rubín menor se
+marchó a las diez, pues doña Lupe le tenía prescrito que no entrase en
+casa tarde, y por nada del mundo desobedecería él esta pragmática. Había
+vuelto a la docilidad de los tiempos que se podrían llamar
+_antediluvianos_ o que precedieron a la catástrofe de su casamiento.
+Dejando que su hermano se arreglara como pudiese con los demás
+tratadistas de derecho público, abandonó el café con ánimo de irse
+derechito a su casa. Atravesó la Plaza Mayor, desde la calle de Felipe
+III a la de la Sal, y en aquel ángulo no pudo menos que pararse un rato,
+mirando hacia las fachadas del lado occidental del cuadrilátero. Pero
+esta suspensión de su movimiento fue pronto vencida del prurito de
+lógica que le dominaba, y se dijo: «No; voy a casa, y han dado ya las
+diez... Luego, no debo detenerme». Siguió por la calle de Postas y
+Vicario Viejo, y antes de desembocar en la subida a Santa Cruz, vio
+pasar a Aurora, que salía de la tienda de Samaniego para ir a su casa.
+«¡Qué tarde va hoy!» pensó, siguiendo tras ella por la calle arriba,
+hacia la plazuela de Santa Cruz, no por seguirla, sino porque ella iba
+delante de él, sin verle. Andaba la viuda de Fenelón a buen paso, sin
+mirar para ninguna parte, y llevaba en la mano un paquete, alguna obra
+tal vez para trabajar en su casa el día siguiente, que era domingo, y
+domingo de Ramos por más señas.
+
+Como iba más aprisa que él, pronto se aumentó la distancia que les
+separaba. En vez de seguir por la calle de Atocha para tomar por la de
+Cañizares, como parecía natural (este era el itinerario que usaba Maxi),
+la joven se metió por el oscuro callejón del Salvador. En la sombra del
+Ministerio de Ultramar la esperaba un hombre que la detuvo un instante:
+diéronse las manos y siguieron juntos. «Hola, hola--se dijo Maxi
+acechando--, ¿belenes tenemos?». Y viéndoles ir por el callejón
+adelante, una idea o más bien sospecha encendió en él vivísima
+curiosidad. Siguiéndoles a cierta distancia, se cercioró al punto de lo
+que antes fuera presunción, y la certidumbre produjo en su alma
+violentísima sacudida. «Es él, ese infame... La espera; van juntos... y
+toman la vía más solitaria... Luego, son amantes... ¡Engañar a una pobre
+mujer... un hombre casado!...». Determinose en él con poderosa fuerza el
+rencor de otros tiempos, aquel rencor concentrado y sutil que era como
+un virus ponzoñoso, tan pronto manifiesto como latente, y que al
+derramarse por todo su ser, producía tantos y tan distintos fenómenos
+cerebrales. Al propio tiempo se desbordaba en el alma del desdichado
+joven un sentimiento quijotesco de la justicia, no tal como la estiman
+las leyes y los hombres, sino como se ofrece a nuestro espíritu,
+directamente emanada de la esencia divina. «Esto lo tolera y aun lo
+aplaude la sociedad... Luego, es una sociedad que no tiene vergüenza.
+¿Y qué defensa hay contra esto? En las leyes ninguna. ¡Ay, Dios mío, si
+tuviera aquí un revólver, ahora mismo, ahora mismo, sin titubear un
+instante, le pegaba un tiro por la espalda y le partía el corazón! No
+merece que se le mate por delante. ¡Traidor, miserable, ladrón de
+honras! ¡Y esa tonta que se deja engañar!... Pero ella no merece la
+muerte, sino la galera, sí señor, la galera...».
+
+Al día siguiente del lastimoso lance ocurrido cerca de Cuatro Caminos,
+no estaba Maxi más excitado y rencoroso que aquella noche lo estuvo. En
+el tiempo transcurrido desde la noche aciaga de Noviembre, no había
+visto a su ofensor sino muy contadas veces, y siempre de lejos; nunca le
+había tenido así, tan a tiro... «¡Ay!, ¿por qué no traigo un
+revólver?... Ahora mismo le dejaba seco. Si pasara por una armería, lo
+compraba... Pero si no tengo dinero. La tía no me da más que los dos
+reales para el café. Dios, ¡qué desesperación! Si me infundes la idea de
+la justicia, idea lógica, perfectamente lógica, ¿por qué no me das los
+medios para hacerla efectiva?... Verle expirar revolcándose en su
+sangre; no tenerle ninguna lástima... ¡Que no vea yo esto, Dios!... ¡Que
+no lo vea el mundo entero... porque el mundo entero se había de
+regocijar...!».
+
+Después de recorrer la calle de Barrionuevo y la Plaza del Progreso, la
+pareja tomó por la calle de San Pedro Mártir, buscando la vía menos
+concurrida. «Van a tomar por la calle de la Cabeza--dijo Maxi--, por
+donde no pasa un alma a estas horas. ¡Ah!, trasto, ladrón de honras,
+asesino... La justicia caerá sobre ti algún día, si no hoy, mañana. Lo
+que siento es que no sea por mi mano». Seguíales sin perderles de vista,
+a bastante distancia... «Me duelen las contusiones que recibí aquella
+noche, como si las acabara de recibir... Perdulario, cobarde, que te
+ensañas con los débiles de cuerpo, con los enfermos que no se pueden
+tener... A ti se te contesta con una bala... ¡plaf! Y se te deja seco...
+Y yo me quedaría tan fresco si te pudiera dar lo que mereces... pero tan
+fresco y tan satisfecho como se queda todo el que ha hecho un bien muy
+grande, pero muy grande...».
+
+Al llegar a la calle del Ave María, Rubín se pasó a la acera de los
+impares y se puso en acecho en la esquina de la calle de San Simón, en
+la sombra. Detuviéronse: Aurora parecía decir a su galán que no siguiese
+más. Era prudente esta indicación, y el galán se despidió apretándole la
+mano. Maxi le miró subir hacia la calle de la Magdalena, y sentía deseos
+de gritar e írsele encima: «Ratero de mi honor y de todos los honores...
+ahora las vas a pagar todas juntas». Creía que se le afilaban las uñas
+haciéndosele como garras de tigre. En un tris estuvo que Maxi diese el
+salto y cayese sobre la presa. La lógica le salvó. «Soy mucho más débil,
+y me destrozará... Un revólver, un rifle es lo que yo necesito».
+
+Cuando los amantes desaparecieron de su vista, Rubín penetró en su casa.
+Lo más particular fue que la idea de su mujer se borró de su mente
+durante aquel suceso, o quizás personificaba en Aurora la totalidad de
+las deslealtades y traiciones femeninas. A solas en su cuarto, fue
+acometido de una duda horrible. «Pero esto que me desvela ahora--se
+decía revolviéndose en el lecho--, ¿es verdad, o lo he soñado yo? Sé que
+entré, sé que caí en la cama, sé que dormí, y ahora me encuentro con
+esta impresión espantosa en mi cerebro. ¿Es verdad que les he visto, al
+infame y a ella, o lo he soñado? Que yo he tenido un sopor breve y
+profundo, es indudable... Pues ya voy creyendo que ha sido sueño... Sí;
+sueño ha sido... Aurora es honrada. Vaya con las cosas que sueña uno...
+¡Pero no, Dios, si lo vi, si lo estoy viendo todavía, y si tengo
+estampadas aquí las dos figuras...! Esto es para volverse loco... ¡y
+sería lástima, ahora que estoy tan cuerdo...!».
+
+Todo el día siguiente estuvo con la misma confusión en su mente. ¿Lo
+había visto, o lo había soñado? El Miércoles Santo enviole su tía con un
+recado a casa de Samaniego, y después de estarse allí gran rato, oyendo
+tocar la pieza, notó que doña Casta hablaba muy vivamente con
+Aurora.--«Vaya, hija, que hoy nos has dado un buen plantón. ¡Tres horas
+esperándote!... ¿A qué tienes tú que ir hoy al obrador, si hoy no se
+trabaja?... Lo mismo que el Domingo de Ramos... Toda la tarde en el
+obrador, y luego viene Pepe y me dice que ni has aparecido por allí ni
+ese es el camino. ¿En dónde estuviste? ¡En casa de las de Reoyos! ¿Y qué
+hacías tú tantas horas en casa de las de Reoyos? Tengo yo que
+averiguarlo...».
+
+Aurora se defendía con ingenio y tesón, como quien sabe que es mayor de
+edad y puede, cuando quiera, echar a rodar la autoridad materna; pero no
+llegó el caso de hacerlo así. Maxi, aparentando poner sus cinco sentidos
+en la pieza que tocaba Olimpia, no perdía sílaba de aquel doméstico
+altercado. Gracias que la cuestión ocurrió cuando la niña tenía entre
+sus dedos el _andante cantabile molto expresivo_, que si llega a
+coincidir con el _allegro agitato_, ni Dios pesca una letra de lo que
+hija y madre hablaron. Durante el _presto con fuoco_, Maxi se decía:
+«Parece mentira que dudara yo un instante de que aquello era la pura
+realidad... ¡Y lo creí sueño...!, ¡qué imbécil!... Un dato tomado de la
+existencia positiva me ha quitado todas las dudas. Ahora no me basta con
+la lógica, necesito ver algo más... y veré. ¡Qué lección para mi mujer!
+¡Oh! Dios mío, ahora me asalta otra duda horrible. Si la mato no hay
+lección. La enseñanza es más cristiana que la muerte, quizá más cruel, y
+de seguro más lógica... Que viva para que padezca y padeciendo
+aprenda... Pero a él debo matarle... ¡a él sí!».
+
+Oyendo el estrepitoso fin de la pieza, tuvo como un sopor de medio
+minuto, y volvió de él asaltado por esta idea que le sacudía: «No, matar
+no. Su maldad es necesaria para este gran escarmiento. La vida es lo que
+duele y lo que enseña... La muerte para los buenos... para los
+perversos, lógica, lógica».
+
+Apenas se había acabado la tocata, entró doña Casta a decirle: «Maxi, la
+señora de Quevedo me ha llamado por la ventana del patio para decirme
+que le mande a usted subir un momento. Tiene que enviar un recado a
+Lupe». Subió el pobre chico, y _doña Desdémona_ le hizo esperar un
+ratito, pues estaba ayudando a su marido a desnudarse. Acababa de
+entrar, muy fatigado; le llamaron a las doce y hasta aquella hora no
+había podido volver a casa.
+
+«Querido--dijo a Rubín la dama esférica, tocándole amistosamente en el
+hombro--. Hágame el favor de decirle a Lupe que la pájara mala sacó
+pollo esta mañana... un polluelo hermosísimo... con toda felicidad...».
+
+Maxi se rascó una oreja, y sacando de su alma a los labios una sonrisa
+extraña, cuya significación no pudo entender la señora de Quevedo, «la
+pájara mala--dijo con acento de niño mimoso--, enséñemela usted... y el
+pollo... enséñemelo también».
+
+--No, no, ahora no--replicó _doña Desdémona_ empujándole hacia la
+puerta--. Mañana los verá... Vaya ahora a decirle esto a su tía.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+El interés con que doña Lupe esperaba noticias de la pájara mala y
+de si sacaba bien o mal el pollo, no podrá ser comprendido sin tener en
+cuenta las grandes ideas que en aquellos días despuntaban en el caletre
+de la insigne señora. Su entendimiento excelso sugeríale determinaciones
+para todos los casos, y medios de armonizar los hechos con los
+principios en la medida de lo posible. Era su lema que debemos partir
+siempre de la realidad de las cosas, y sacrificar lo mejor a lo bueno, y
+lo bueno a lo posible. Esto lo había aprendido en la experiencia de los
+negocios, la cual se aplica con éxito a los asuntos morales, del mismo
+modo que el ejercicio de las matemáticas y la agilidad gimnástica que
+dan al entendimiento, facilitan el estudio de la filosofía.
+
+Pues pensando en su sobrina, vino a sentar ciertas bases que discutió
+consigo misma, dándolas al fin por indestructibles, a saber: que aquello
+no tenía remedio, que la deshonra era inevitable, si bien no recaía
+sobre doña Lupe, pues a todo el mundo constaba que ella no alentó ni
+favoreció jamás los desvaríos de Fortunata. Esto lo sabían hasta los
+perros de la calle. Por consiguiente, bien podía la señora estar
+tranquila sobre este particular. Segundo punto: Fortunata sería todo lo
+mala que se quisiera suponer; pero había pertenecido a la familia, y la
+persona más importante de esta no podía menos de echar una mirada a la
+descarriada joven para enterarse de sus pasos, y tratar de impedir que
+arrojase sobre el claro apellido de Rubín ignominias mayores.
+Presentábase un problema grave, cuya solución no estaba al alcance de
+los entendimientos vulgares. Aquel pequeñuelo que iba a presentarse en
+el mundo era, por ley de la naturaleza, sucesor de los Santa Cruz, único
+heredero directo de poderosa y acaudalada familia. Verdad que por la ley
+escrita, el tal nene era un Rubín; pero la fuerza de la sangre y las
+circunstancias habían de sobreponerse a las ficciones de la ley, y si el
+señorito de Santa Cruz no se apresuraba a portarse como padre efectivo,
+buscando medio de transmitir a su heredero parte del bienestar opulento
+de que él disfrutaba, era preciso darle el título de monstruo.
+
+«¡Oh!, si a mí me hubiera pasado lo que le pasa a esa panfilona--se
+decía--, ¿cómo no me había de señalar el otro una pensión de alimentos?
+
+Bonito genio tengo yo para estas cosas... ¡Ah! ¡Pues si esa hiciera caso
+de mí, y se dejara llevar...! Lo que es ahora, yo le aseguro que sus dos
+o tres mil duros de pensión no se los quitaba nadie... Lo primerito que
+yo haría era plantarme en casa de doña Bárbara y leerle la cartilla bien
+leída... Y lo haré, lo haré, aunque esa simple no me autorice. No lo
+puedo remediar, la iniciativa me alborota todo el espíritu, y reviento
+si no le doy salida... Y me inspira lástima lo que va a nacer, porque es
+un dolor que viva pobre viniendo de quien viene. Pues el día de mañana
+(pongo que sea varón), cuando crezca y sea preciso librarle de quintas,
+¿qué va a hacer esa infeliz? No, esto no puede quedar así... ¡pobre
+criaturita! Hay que hacer algo, y véase aquí cómo es una caritativa
+cuando menos lo piensa... No, lo que es yo no me callo, yo me voy a ver
+a doña Bárbara, y con esta labia que tengo y lo bien que pongo los
+puntos, le haré ver el disparate de que su nieto esté peor que un
+inclusero... porque ¿de qué va a vivir? Las acciones del Banco se las
+comerán hijo y madre en un par de años, y con el rédito de los treinta
+mil reales no tienen ni para sopas. Lo que es dinero de Maxi no lo han
+de ver, de eso respondo, porque sería el colmo de la afrenta y de la
+tontería... Nada, nada; que yo doy la campanada gorda, siempre y cuando
+el señorito ese no le señale el estipendio en el término de un mes.
+Vaya si la doy... Me pongo mi abrigo de terciopelo, mi capota, mis
+guantes y ¡hala!... Ahora se me ocurre que debo empezar por darle una
+embestida a mi amiga Guillermina, que se hará cargo de la justicia del
+caso... Sí, ¡magnífica idea! Guillermina hablará con la otra y... Ahora,
+ahora comprenderá esa loquinaria la diferencia que hay entre obrar ella
+por cuenta propia y tenerme a mí por consejera y directora. ¿Apostamos a
+que ella, si el otro no le da un cuarto, se deja estar con su santa
+pachorra, sin atreverse a nada, tragando hiel y muriéndose de hambre?
+Pero yo, cuando hago el bien, lo hago contra viento y marea, y se lo
+meto en los hocicos a las personas tercas e inútiles que no saben hacer
+nada por sí».
+
+Estas ideas, que fermentaron en el cerebro de aquella gran diplomática y
+ministra durante todo el mes de Marzo, determinaron los recaditos que
+mandó a Fortunata con Ballester, el encargo que hizo a Quevedo de
+asistirla cuando el caso llegara, no vacilando en decir al feo y hábil
+profesor de obstetricia que sus honorarios no serían perdidos. Algo la
+desconcertó Maxi el día en que se mostró sabedor del secreto, pues la
+señora, para hacer todos aquellos proyectos benéficos en interés del
+vástago de Santa Cruz, _partía del principio_ de que su sobrino
+desconocía en absoluto la verdad. Muchísimo se alegraba de verle tan
+sereno; pero la sacaba de quicio el pensar que se volvería razonable
+hasta el punto de compadecerse de su mujer, y asignarle alguna pequeña
+renta para que no pidiera limosna o se prostituyese. No, el otro, el que
+había roto los vidrios, era el que los tenía que pagar.
+
+A esta altura estaban sus cavilaciones, cuando Maxi le llevó la noticia
+que le diera _doña Desdémona_. Lo primero en que doña Lupe puso su
+atención inteligente fue en la cara del joven al dar el recado, y se
+pasmó de su impavidez, a pesar de que demostraba penetrar el sentido
+recto de la alegoría empleada por la señora de Quevedo. Después de
+repetir textualmente el recado, añadió: «Ha sido esta mañana. D.
+Francisco acababa de llegar y se estaba acostando».
+
+Doña Lupe no volvía de su asombro. «Vaya, que lo toma con calma. Más
+vale así. ¿Y esto es cordura o qué es? Será lo que llaman filosofía...
+Dios nos tenga de su mano, si después le da por la filosofía contraria».
+
+--¿Piensa usted ir a verla?--le preguntó después el chico con la mayor
+naturalidad.
+
+--¿Yo?... pero qué cosas tienes... Veo que es inútil hacer comedias
+contigo. Con ese talentazo que estás echando, nada se te escapa...
+¡Verla yo! Sólo por curiosidad he querido saber lo que sé... De aquí en
+adelante, como si no existiera. ¿No piensas tú lo mismo?
+
+--Exactamente lo mismo... ¿Ve usted lo frío y sereno que estoy?
+
+--Así me gusta. Esto se llama ser filósofo en toda la extensión de la
+palabra, y elevarse sobre las miserias humanas--dijo la viuda con
+emoción verdadera o falsa--. No vuelvas a acordarte más del santo de su
+nombre...
+
+--Y aunque me acordara, tía, aunque me acordara...
+
+--¿Para qué?... Tú no has de verla.
+
+--Y aunque la viera, tía, aunque la viera...
+
+Doña Lupe se inquietó un poco oyendo esta frase, dicha con cierto
+sentido de tenacidad maniática. Pero Maximiliano se apresuró a
+tranquilizarla con otro argumento: «¿Pero no observa usted lo cuerdo que
+estoy? Si no me he visto nunca así, ni en mis mejores tiempos... Ya
+quisieran todos...».
+
+La señora tomó pie de esto último para variar la conversación: «Dices
+bien. ¿Sabes que tu hermano Juan Pablo me parece a mí que no está bueno
+de la cabeza? Hoy estuvo otra vez a darme la jaqueca... Pues que le he
+de hacer el préstamo o se pega un tirito. ¡Como no se mate él! Es el
+egoísmo andando. Se necesita atrevimiento. ¡Pedirme dinero un hombre
+que, cuando debe, no hay medio de sacarle un real, y se enfada si una
+reclama lo suyo! Dice que le van a hacer secretario de un gobierno de
+provincia y qué sé yo qué... ¿Tú lo crees? Muy rebajada está la talla
+de los empleados; pero no tanto...».
+
+En aquel segundo ataque desesperado que dio Juan Pablo a su tía, salió
+de la casa el pobre hombre más muerto que vivo. Su tía no era ya
+simplemente una mujer mala; era un monstruo, una furia, un dragón
+mitológico. Aquel tiro con que él se amenazaba a sí mismo, ¡cuánto mejor
+estaría empleado en ella! «Pero ese tiro, ¿me lo doy o no me lo doy?...
+No tengo más remedio que dármelo--discurría entrando por la calle de la
+Magdalena--. Por ninguna parte veo la solución. Sí, lo que es el tiro me
+lo pego; vaya si me lo pego... Lo malo es que no tengo revólver... Se me
+está figurando que al fin y al cabo no me pegaré tiro ninguno. Es uno
+así, tan dejado, que no se arranca... Ya voy viendo yo que una cosa es
+decir uno de buena fe que se mata, y otra cosa es hacerlo... Pero en
+fin, yo sigo en mis trece, y al fin, me lo tendré que pegar, no habrá
+más remedio».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Estuvo con un humor de mil diablos todo el Jueves y Viernes Santo.
+El Sábado, a poco de entrar en la oficina, le llamó Villalonga a su
+despacho. Rubín se dirigió allá palpitante de emoción. «¡Dios!--se
+decía--; ¿será para darme la secretaría? ¡Qué cuña, si no es para esto,
+qué cuña, ya no aguanto más! En cuanto salga del despacho del jefe, me
+levanto la tapa de los sesos, como hay Dios. La contra es que no tengo
+revólver... Me tiraré por el balcón... No, eso no; ¡me haría una
+tortilla!... Vamos, que el corazoncito me anuncia secretaría... Ánimo,
+chico, que hoy te va a sonreír la suerte».
+
+El director era hombre muy expeditivo, y sin hacerle sentar le dijo:
+«Amigo Rubín, usted es listo y me conviene usted...».
+
+Rubín vio la cara del director como la del Padre Eterno que los pintores
+ponen entre nubes, esmaltadas de angelitos.
+
+«Me conviene usted, y yo le voy a meter en carrera».
+
+--Muchas gracias, Sr. D. Jacinto. Ya sabe que estoy a sus órdenes.
+
+--Pues le voy a dar a usted la gran sorpresa. Yo necesito un hombre; y
+como entiendo que usted sabrá desenvolverse en el destino delicadísimo
+que le pienso dar...
+
+--La secretaría de...--No, amigo; es más. Yo, cuando encuentro una
+persona que me entra por el ojo derecho, y que sirve, digo _copo_, y la
+tomo para que me sirva a mí. Le juro a usted que me conviene, _camará_.
+Allá va la bomba. Va usted a ser gobernador de una provincia de tercera
+clase.
+
+Rubín no pudo decir nada. Creyó que se le caía encima el techo del
+despacho y todo el Ministerio de la Gobernación.
+
+«Pues sí, gobernador de _mi_ provincia. Quiero ver cómo arreglo aquello.
+Usted no tiene que entenderse más que conmigo. El Ministro me da vara
+alta».
+
+--Señor director--balbució Rubín--, disponga usted de mí.
+
+--Pues será usted incluido en la combinación que va mañana a la firma
+del Rey. Ya hablaremos, y le contaré a usted de cómo está aquello. Creo
+que iremos bien.
+
+Luego echaron un cigarro, y hablaron algo del estado de la provincia,
+desflorando el asunto. Empezó a entrar gente en el despacho, y Rubín se
+retiró para comenzar sus preparativos. Estaba el hombre que no sabía lo
+que le pasaba; creía soñar... se daba pellizcos a ver si estaba
+despierto, anduvo algún tiempo por la calle como un insensato... se reía
+solo... le dieron ganas de comprar un revólver para ponerse a disparar
+tiros al aire... ¡Ah!, lo que debía hacer era meterle un par de balas en
+el cuerpo a doña Lupe... sí, por mala, por tacaña... Pero no, no;
+perdonar a todo el mundo... La vida es hermosa, y gobernar un pedazo de
+país es el mayor de los deleites. A los individuos de Orden Público o de
+la Guardia Civil que iba encontrando, les miraba ya como subalternos, y
+por poco les manda prender a su tía y a Torquemada.
+
+En el café, aquella noche, hubo la gran escena.
+
+Al principio no dijo nada, esperando dar la sorpresa de sopetón; pero
+sus amigos conocieron que no era el mismo hombre. Daba un sonsonete de
+autoridad a sus palabras, medíalas mucho, tomaba el café con más pausa
+que de costumbre, y a cada momento echaba una frasecilla de protección.
+«Pero amigo Montes, no hay que apurarse... ya veremos, ya veremos si se
+te puede meter en algún hueco... D. Basilio me tiene que dar unos datos
+que necesito sobre la recaudación de la provincia de X... Oiga usted,
+Relimpio, no se dé prisa a presentar la memoria, porque esta situación
+dura. Cánovas tiene para un rato. Es hombre que entiende la aguja de
+marear». Y como se suscitara un debate político de los más graves, Rubín
+se puso de parte de los que defendían la tesis más razonable,
+conciliadora y templada. «Pero ustedes, ¿qué creen, que una sociedad
+puede vivir siempre soñando con trastornos? Seamos prácticos, señores,
+seamos prácticos, y no confundamos las pandillas de politicastros con el
+verdadero país».
+
+En esto llegó _La Correspondencia_, y a las primeras ojeadas conspicuas
+que arrojó sobre las columnas de ella el buen D. Basilio, tropezó con la
+combinación de gobernadores, y lanzando un berrido de sorpresa, se
+restregó los ojos creyendo que leía mal. Mas convencido de que no era
+error, lanzó otra exclamación más fuerte y al instante se enteraron
+todos, y Juan Pablo fue objeto de aclamaciones y plácemes, unos
+sinceros, otros con su poco de bien disimulada envidia.
+
+«Hace tiempo que el amigo Villalonga tenía empeño en eso. Hoy ha
+machacado tanto que no he podido decirle que no».
+
+--¡Pero qué callado se lo tenía!
+
+De todos lados de la cámara... digo del café, vino gente a felicitar al
+gobernador, y el mozo, a quien Juan Pablo debía el consumo de cinco
+meses, y algunos picos, se puso más contento que si le hubiera caído la
+lotería; y hasta el amo del establecimiento fue a dar un apretón de
+manos a su parroquiano, diciéndole si podía colocar en las oficinas de
+la provincia a un sobrinito suyo que tenía muy buena letra.
+
+«No le digo que sí ni que no, D. José. Veremos. Tengo la mar de
+compromisos... Pero ya sabe usted que haré los imposibles por
+servirle... Usted me manda».
+
+El hombre compensó con los goces de aquella noche los sufrimientos y
+tristezas de tantísimos meses. Toda la gente que próxima estaba,
+mirábale con cierta expresión de asombro y respeto, como se mira a quien
+es, ha sido o va a ser algo en el mundo. En cuantos asuntos se trataron
+aquella noche en el círculo, Rubín hizo gala de las ideas más sensatas.
+Era preciso moralizar la administración provincial, desterrar abusos;
+sobre todo, en el destierro de los abusos insistió mucho. Su plan de
+conducta era muy político... contemporizar, contemporizar mientras se
+pudiera, apurar hasta lo último el espíritu conciliador; y cuando se
+cargara de razón, levantar el palo y deslomar a todo el que se
+desmandase... Mucho respeto a las instituciones sobre que descansa el
+orden social. Cuando va cundiendo el corruptor materialismo, es preciso
+alentar la fe y dar apoyo a las conciencias honradas. Lo que es en su
+provincia, ya se tentarían la ropa los _revolucionarios de oficio_ que
+fueran a predicar ciertas ideas. ¡Bonito genio tenía él...! En fin, que
+el pueblo español está ineducado y hay que impedir que cuatro pillastres
+engañen a los inocentes... La mayoría es buena; pero hay mucho tonto,
+mucho inocente, y el Gobierno debe velar por los tontos para que no sean
+engañados... En cuanto a moralidad administrativa, no había que hablar.
+Él no pasaba ni pasaría por ciertas cosas. Ya le había dicho a
+Villalonga que aceptaba con la condición de que no le pondría veto a la
+persecución y exterminio de los pillos... «A muchos que mangonean ahora,
+les he de llevar _codo con codo_ a la cárcel de partido... Yo soy así;
+hay que tomarme o dejarme».
+
+Don Basilio era de los que sinceramente se alegraban del _golpe de
+suerte_ que había tenido Juan Pablo. Aquel destino no era _de su ramo_,
+y por tanto, no lo envidiaba. Si se hubiera tratado de la dirección
+económica de una provincia, D. Basilio habría sentido tristeza del bien
+ajeno. Pero no le sacaran a él de sus números... Por cierto que el
+Ministro le había encargado un trabajo que le traía marcado... _proyecto
+de reglamento para la cobranza del subsidio industrial_... «Siempre me
+caen a mí estos turrones. Ocurre en secretaría que no se conocen los
+antecedentes de tal o cual cosa... '¡Ah!, la Caña lo sabrá'. Piden en el
+Congreso una nota del estado en que se halla la codificación de
+Hacienda. ¡Qué lío! Nadie sabe una palabra... '¡Ah!... a ver... la
+Caña'. Y la Caña les saca del apuro. Que el Ministro quiere enterarse de
+los trabajos hechos para el establecimiento del Registro fiscal, que es
+el gran medio para descubrir la riqueza oculta... Pues toda la casa
+revuelta; busca por aquí, busca por allá. Hasta que a uno se le ocurre
+decir... 'Eso la Caña...' y efectivamente; como que la Caña es el que
+hizo los primeros estudios del Registro fiscal». Total, que si por
+desgracia llegaba a faltar D. Basilio del Ministerio de Hacienda, este
+se venía abajo de golpe como un edificio al cual falta el cimiento.
+
+Leopoldo Montes aspiraba a que Rubín le llevase de secretario; pero esto
+no era fácil. «Chico, yo se lo diré a Villalonga. Creo que me dan el
+secretario hecho... Veremos si te meto de inspector de policía». Otros
+tertuliantes sentían envidia, y aunque felicitaban y adulaban al
+favorecido, al propio tiempo hacían pronósticos de las dificultades que
+había de tener en el gobierno de su ínsula. Pero ello es que la lisonja
+y la envidia, la codicia ambiciosa, la curiosidad y la novelería
+aumentaban considerablemente el personal de la tertulia en el tiempo que
+medió entre el nombramiento y la salida de Rubín para su destino. Mucho
+ajetreo tuvo aquellos días para arreglar sus asuntos y proveerse de
+ropa. Y no dejaron de molestarle también y entorpecerle ciertas
+disensiones domésticas, pues Refugio, que ya se estaba dando pisto de
+gobernadora, y se había despedido de sus amigas con ofrecimientos de
+protección a todo el género humano, se quedó helada cuando su señor le
+dijo que no la podía llevar... Pucheros, lloros, apóstrofes, quejas,
+gritos... «Pero, hija de mi alma, hazte cargo de las cosas; no seas así.
+¿No comprendes que no me puedo presentar en mi capital de provincia con
+una mujer que no es mi mujer? ¡Qué diría la alta sociedad, y la pequeña
+sociedad también, y la burguesía!... Me desprestigiaría, chica, y no
+podríamos seguir allí. Esto no puede ser. Pues estaría bueno que un
+gobernador, cuya misión es velar por la moral pública, diera tal
+ejemplo. ¡El encargado de hacer respetar todas las leyes, faltando a las
+más elementales!... ¡Bonita andaría la sociedad, si el representante del
+Estado predicara prácticamente el concubinato! Ni que estuviéramos
+entre salvajes... Convéncete de que no puede ser. Tú te quedas aquí y yo
+te mandaré lo que vayas necesitando... Pero lo que es allá no me pongas
+los pies... porque si lo hicieras, tu _chachito_ se vería en el caso de
+cogerte... ya sabes que tengo mucho carácter... de cogerte y mandarte
+para acá por tránsitos de la Guardia civil».
+
+
+
+
+-VI-
+
+Final
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Fortunata sintió ruido en la puerta y esta voz: «¿Se
+puede?».--«Pase usted, D. Segismundo» dijo reconociendo al regente de la
+botica. Y entró el tal con cara risueña y actitud oficiosa, como de
+persona que cree ser útil. Estaba la joven incorporada en su lecho, con
+chambra y pañuelo a la cabeza. «¡Qué reguapa está!--pensaba Ballester al
+saludarla, apretándole mucho la mano--. ¡Lástima de mujer!».
+
+«Ayer no pasó usted--le dijo ella con amabilidad--, porque yo no sabía
+quién era, y no quiero recibir visitas. Estoy muerta de miedo, y por las
+noches sueño que alguien viene a robármelo. ¿Quiere usted verle?...».
+
+A su lado estaba, durmiendo con plácido sueño, el recién venido
+personaje, cuyas precoces gracias quería mostrar a su amigo. Así lo hizo
+con más orgullo que vergüenza, y apartó las sábanas, dejando ver la
+carita sonrosada y los puños cerrados del tierno niño.
+
+«¡Cuidado que es bonito!» dijo Ballester inclinándose--.
+
+Tiene a quien salir por una y otra banda.
+
+--Dos horas hace que está tan dormidito. ¡Qué ángel! ¡Y si viera usted
+qué pillo es, y qué tragón! Viene determinado a darse buena vida. Si lo
+viera usted cuando se pone a mirarme... ¡Pobrecito! Me quiere mucho.
+Sabe que le quiero más que a mi vida, y que es para mí el mundo entero.
+
+--Ya sabe usted lo convenido. Seré padrino de Su Excelencia. Usted me lo
+prometió la última vez que nos vimos.
+
+--Sí, sí, y no me vuelvo atrás. Usted será padrino.
+
+--Y después del primer nombre, que usted designará (poniéndose muy
+inflado), llevará el mío, Segismundo. ¿Qué le parece a usted?
+
+--Muy bien. Se llamará Juan, después Evaristo, y después Segismundo.
+
+--Bueno; transijo con el tercer lugar en el escalafón, pero de ahí no
+paso; como usted me quiera echar al cuarto, me sublevo.
+
+Ambos se rieron. Ballester se había sentado en una silla junto al lecho,
+y no quitaba los ojos de aquella mujer, que le parecía entonces más
+hermosa que nunca. «Le daría cuatro besos--pensaba--; pero de amistad,
+de pura amistad, porque me interesa esta infeliz... y digan lo que
+quieran, no es tan mala como se cree por ahí». Después empezó a dar
+noticias de la familia y amigos, las cuales oía Fortunata con gran
+curiosidad. «Doña Lupe, con toda su fiereza, no la olvida a usted. Todos
+los días nos pide noticias a mí o a Quevedo, y pregunta también por el
+muchacho, si es robusto, si mama bien, si tiene algún defecto
+físico...».
+
+--¡Defecto!...--exclamó la madre indignada--. Si es una preciosidad. Más
+perfecto es que las perfecciones. Se lo enseñaré a usted desnudo, para
+que vea qué hermosura de hijo. Estoy loca con él. Me parece que han de
+venir a quitármelo. Y no crea usted; ¡hay tanta envidiosona...!
+
+Dejando que pasara la racha de entusiasmo maternal, Ballester continuó
+así: «Pero lo que la pasmará a usted es saber que el amigo Maxi está tan
+mejorado, pero tan mejorado, que si le ve usted no le conoce».
+
+--¿Pero es de verdad?... Quia: guasas de usted.
+
+--No hija. Siempre que ocurre en la casa o en la vecindad algo difícil
+de resolver, se le consulta a él. Está hecho un Salomón. _Doña
+Desdémona_, cuando surge alguna dificultad en su república de pájaros,
+le llama, y lo que él dice, se hace.
+
+--Vaya, que hoy estamos de vena. Ojalá fuera verdad lo que usted dice.
+Yo me alegraría mucho, con tal que no se acordara de mí para nada, ni
+supiera que estoy viva.
+
+--Pues eso sí que no lo logra usted... Todo lo sabe.
+
+--¡Ay, no me lo diga, por Dios! (asustadísima y palideciendo). No sabe
+usted el miedo que me ha entrado. Ya no voy a tener un minuto de
+tranquilidad. ¿Pero es eso verdad? No se divierta conmigo, Ballester;
+mire que estoy temblando de miedo.
+
+--¿Miedo a qué? Si está muy razonable, y más tranquilo que nunca. Todas
+sus ideas son ideas de benevolencia y tolerancia. Habla poco, y a lo
+mejor se descuelga diciendo cosas muy buenas. No le suelta a usted un
+disparate ni aunque se lo pida por favor. Respecto de usted, creo que el
+sentimiento que tiene es la indiferencia, si es que la indiferencia se
+puede llamar sentimiento.
+
+--No me fío, no me fío (meditaba, demostrando en el tono que no las
+tenía todas consigo). Verá usted cómo el mejor día...
+
+La conversación pasó de Maximiliano a _las Samaniegas_, mostrando
+Fortunata gran extrañeza de que Aurora no se acordase de ella. «Es una
+mala crianza, porque bien sabe dónde estoy, y desde su obrador aquí se
+viene en tres minutos. Y si no quería ella venir, ¿qué le costaba mandar
+una oficiala a preguntar si vivo o si muero?... Crea usted que esto me
+duele; porque yo, a quien me quiere como dos le quiero como catorce».
+
+Ballester contestó con un gran suspiro, al cual no dio su interlocutora
+la interpretación conveniente. De pronto el farmacéutico mudó el tema:
+«¡Ah!, me olvidaba de lo mejor. ¿Sabe usted que el crítico y yo nos
+hemos hecho amigos? ¡Quién lo creería! ¡Tanto como yo le odiaba! Pues
+verá usted. Padillita le metió un día en la botica, y yo empecé a darle
+guasa con sus críticas, diciéndole que me gustaban mucho. Pues resulta
+que es muy modesto y que se asusta cuando le elogian lo que escribe.
+Poco a poco hemos ido intimando, y toda la inquina que le tenía se ha
+evaporado. Es tan honradito el pobre Ponce, que todo lo que escribe es
+de conciencia, y hasta cuando elogió el dramón aquel que a mí me sacaba
+de quicio, lo hizo porque le salía de dentro. Y aunque le paguen tarde,
+mal y nunca, él tan conforme en su _sacerdocio_; lo toma en serio, y le
+parece que nadie ha de tener opinión sobre las obras si él no la da. Ha
+hecho oposición a una placita en el Tribunal de Cuentas y la ha ganado.
+¿Pues qué cree usted? El infeliz tiene que mantener a su madre, que está
+enferma; y yo, desde que me contó su historia, no le cobro nada por las
+medicinas. Le damos bromas con Olimpia y la pieza que toca, diciéndole
+que su adorada es muy romántica y que no tenga miedo de casarse, porque
+no come. Ni necesitan cocinera, ni cocina, ni siquiera cesto para la
+compra. Yo le digo que abandone el _sacerdocio_ y que deje a los
+autores y al público que se arreglen como quieran. Está conforme
+conmigo, y por fin me ha revelado un secreto: ha escrito un drama y lo
+tiene en el Español; y como se represente, el exitazo es seguro. La
+noche del estreno pienso ir con todos mis amigos para armar un alboroto
+y llamar al autor a la escena lo menos cuarenta veces. Me quiere leer la
+obra y yo le he dicho que me la deje allí. Sin leerla, le diré que es
+magnífica, y un amigo mío periodista pondrá un sueltecito con aquello de
+que _en los círculos literarios se habla mucho, etc_... Le digo a usted que
+me interesa mucho ese infeliz, y que haría yo algo por él si pudiera. En
+_bálsamo tranquilo_ le tengo dado ya más de medio cuartillo, y el
+extracto de belladona se lo lleva de calle, porque lo que padece la mamá
+es reuma. También le he hecho una bizma para la cintura que vale
+cualquier dinero. Yo soy así; al que me entra por el ojo derecho, le doy
+hasta la camisa. ¡Y si viera usted qué cariño me ha tomado Ponce!
+Echamos largos párrafos sobre el arte realista, y el ideal, y la emoción
+estética, y cuanto yo digo, aunque sea un gran desatino, porque en mi
+vida las he visto más gordas, lo escucha como el Evangelio, y yo me doy
+con él un lustre que no hay más que ver. Fuera de estas tonterías de la
+crítica, es un alma de Dios, muy agradecido, muy delicado, sin más
+debilidad que la de querer a Olimpia y figurarse que un hombre de sesos
+se puede casar con semejante inutilidad. Yo me he propuesto quitárselo
+de la cabeza, y creo que lo voy consiguiendo. Porque yo le digo: «¿Con
+qué se van a mantener? ¿Con la pieza?». Si se casa, van a ser cuatro de
+familia; el matrimonio y la mamá de él, enferma, y una hermanita que,
+según me ha contado Ponce, debe de tener hambre canina. De esto hablamos
+largamente en la botica, que llamamos el _círculo literario_, y le voy
+engatusando. Olimpia me sacaría los ojos si supiera las cosas que le
+digo a su novio; pero que se fastidie. Ya le he conocido siete _osos_, y
+lo que es a este no le pesca tampoco. Yo le he tomado bajo mi
+protección, y le he de salvar. ¡Buen turrón le caía si se casara...!».
+
+--¡Qué risa con usted! ¡Pobre Ponce! Ya le decía yo que era un buen
+chico, y usted empeñado en darle la morcilla.
+
+--¡Ah!, de buena escapó. Guardo la fatídica yema para otro, sí, para
+otro, en quien ahora recaen todos mis odios. No me pregunte usted quién
+es, porque no se lo he de decir... Se lo diré después que se la haya
+zampado, porque se la tiene que comer, como este es día.
+
+En esto, el ruido de voces, que sonaba en la salita próxima aumentó
+considerablemente, y a los oídos de Ballester llegaban estas palabras:
+_envido a la chica, órdago a los pares_.
+
+«Es mi tío José--dijo Fortunata--, que está jugando al mus con su amigo.
+Le mando que venga aquí para que me acompañe mientras estoy en la cama,
+porque tengo mucho miedo, y para que no se aburra, hago que le traigan
+una botella de cerveza y le permito que venga su amigo a hacerle
+compañía».
+
+Ballester se asomó a la puerta entornada para ver a la pareja. No
+conocía a ninguno de los dos; pero la cara de Ido del Sagrario no era
+nueva para él, y creía haberla visto en alguna parte, aunque no
+recordaba dónde ni cuándo.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+La primera vez que Ballester vio a Izquierdo y a su docto amigo,
+no les dijo más que algunas palabras dictadas por la buena crianza; pero
+a la segunda se cruzó entre ellos tal tiroteo de cumplidos,
+ofrecimientos y franquezas, que no había de tardar la amistad en unirles
+a los tres con apretado lazo.
+
+Desde su alcoba, donde continuaba encamada, Fortunata se reía de las
+ocurrencias de Segismundo buscándole la lengua a _Platón_ y a Ido del
+Sagrario, a quien solía llamar _maestro_. Siempre que iba por las noches
+el farmacéutico, les encontraba infaliblemente y se divertía con ellos
+lo indecible.
+
+Mucho agradecía la desdichada joven aquellas visitas. Ballester era el
+corazón más honrado y generoso del mundo, y tenía cierta vanidad en
+tomar sobre sí el cumplimiento de los deberes que correspondían a otros
+y que estos otros olvidaban. Y aunque alentara, con respecto a la señora
+de Rubín, pretensiones amorosas a plazo largo, no dejaban por eso de ser
+puros y desinteresados sus actos de caridad, y habrían sido lo mismo aun
+en el caso de que su amiga espantara de fea y careciese de todo
+atractivo personal.
+
+Fortunata iba adquiriendo confianza con él, y le revelaba sus
+pensamientos sobre diferentes cosas. No obstante, algo había que no se
+atrevía a manifestar, por no tener la seguridad de ser bien comprendida.
+Ni Segunda ni José Izquierdo lo comprenderían tampoco. Y como le era
+forzoso echar fuera aquellas ideas, porque no le cabían en la mente y se
+le rebosaban, tenía que decírselas a sí misma para no ahogarse. «Ahora
+sí que no temo las comparaciones. Entre ella y yo, ¡qué diferencia! Yo
+soy madre del único _hijo de la casa_, madre soy, bien claro está, y no
+hay más nieto de don Baldomero que este rey del mundo que yo tengo
+aquí... ¿Habrá quien me lo niegue? Yo no tengo la culpa de que la ley
+ponga esto o ponga lo otro. Si las leyes son unos disparates muy gordos,
+yo no tengo nada que ver con ellas. ¿Para qué las han hecho así? La
+verdadera ley es la de la sangre, o como dice Juan Pablo, la
+Naturaleza, y yo por la Naturaleza le he quitado a la _mona del Cielo_
+el puesto que ella me había quitado a mí... Ahora la quisiera yo ver
+delante para decirle cuatro cosas y enseñarle este hijo... ¡Ah!, ¡qué
+envidia me va a tener cuando lo sepa!... ¡Qué rabiosilla se va a
+poner!... Que se me venga ahora con leyes, y verá lo que le contesto...
+Pero no, no le guardo rencor; ahora que he ganado el pleito y está ella
+debajo, la perdono; yo soy así».
+
+«Pues él, ¡digo!, cuando lo sepa, ¿qué hará?, ¿qué pensará? ¡No acabo de
+cavilar en esto, Dios mío! Él será un pillo, y un ingrato; pero lo que
+es a su nene le tiene que querer. Como que se volverá loco con él. Y
+cuando vea que es su retrato vivo ¡Cristo! ¡Pues digo, si doña Bárbara
+le viera...! Y le verá, toma, le verá... Como hay Dios, que se vuelve
+loca. ¡Qué contenta estoy, Señor, qué contenta! Yo bien sé que nunca
+podré alternar con esa familia, porque soy muy ordinaria, y ellos muy
+requetefinos; yo lo que quiero es que conste, que conste, sí, que una
+servidora es la madre del heredero, y que sin una servidora no tendrían
+nieto. Esta es mi idea, la idea que vengo criando aquí, desde hace
+tantísimo tiempo, empollándola hasta que ha salido, como sale el
+pajarito del cascarón... Bien sabe Dios que esto que pienso, no es
+porque yo sea interesada.
+
+Para nada quiero el dinero de esa gente, ni me hace maldita falta: lo
+que yo quiero es que conste... Sí, señora doña Bárbara, es usted mi
+suegra por encima de la cabeza de Cristo Nuestro Padre, y usted salte
+por donde quiera, pero soy la mamá de su nieto, de su único nieto».
+
+Quedábase muy convencida después de sentar estas arrogantes
+afirmaciones, y la satisfacción le producía tal contento, que se ponía a
+cantar en voz baja, arrullando a su hijo; y cuando este se dormía,
+continuaba rezongando como la pájara en el nido. El gozo, algunas
+noches, no la dejaba dormir, y se pasaba largas horas jugando con su
+idea ya realizada, saltándola como Feijoo saltaba el _bilboquet_.
+
+Quevedo iba a verla todos los días, y aunque la encontraba muy bien,
+ordenaba que no se levantase. ¡Qué aburrimiento estar tanto tiempo
+prisionera! Gracias que con su chiquitín se entretenía. De noche le
+ayudaba Segunda a fajarlo y limpiarlo; por el día Encarnación, que era
+muy lista y se volvía loca de gusto cuando su ama le dejaba tener el
+pequeñuelo en brazos durante algunos minutos. En sus ratos de alegría
+delirante, Fortunata se acordaba mucho de Estupiñá. «Pero, tía, ¿no se
+ha tropezado usted en la escalera con Plácido? Dígale que pase, que le
+tengo que hablar». Respondía Segunda que no una ni dos veces, sino más
+de veinte había encontrado al tal; pero que todas las chinitas que le
+echaba para que subiese habían sido como si no. «Me puso una cara,
+chica, cuando le conté la novedad, que parecía un juez de primera
+_estancia_. Y ayer me dijo: '¡Quite usted allá, so chubasca,
+encubridora; a usted y a la otra farfantona, las voy a poner en la
+calle!'».
+
+--Ya se amansará. ¿Qué apostamos a que se amansa?--decía la joven
+sonriendo--. Yo quiero que entre y vea esta estrella que se ha caído del
+Cielo.
+
+Tanto hizo Segunda y tales enredos armó, que Estupiñá entró una mañana,
+gruñendo y echándoselas de hombre de mal genio que tiene que contraer
+todos los músculos de su cara para enfrenar su indignación. A cuanto le
+decían Segunda y su hermano, respondía con bufidos; y si la señora de
+Izquierdo no me le sujeta por un brazo, de fijo que echa a correr por
+las escaleras abajo. «No se puede tratar con estas tías farfantonas...
+Vaya usted al rábano. Vaya usted muy enhoramala». Pero dando estos
+respiros a su ira verdadera o falsa, ello es que no se marchaba, y
+Segunda le metió casi a la fuerza en la alcoba. Obedeciendo a un impulso
+instintivo, Estupiñá se quitó el sombrero en el momento en que sentía
+los chillidos del heredero de Santa Cruz que estaba pidiendo la teta con
+mucha necesidad. Al ver que el hablador descubría su venerable cabeza,
+Fortunata sintió en su alma inundación de alegría, y se dijo: «Eso es,
+saluda a tu amito. Él te protegerá como te han protegido sus abuelos y
+su padre». Plácido se inclinó para verle, y aunque se quería hacer el
+hombre terrible, se le escapó esta frase: «Clavado, _talmente_
+clavado...».
+
+«¡Qué feo es!... ¿verdad, D. Plácido?--dijo la madre, radiante de
+gozo--. ¿Qué, no le da un beso?... ¿Cree que le va a pegar algo?
+Descuide, que lo bonito no se pega... ¿Sabe una cosa don Plácido? Me
+parece que le va usted a querer... y él a usted también. ¿A que sí?».
+
+El hablador murmuraba algo que no se oía bien. Estuvo un momento como
+indeciso entre el furor y la suavidad. Después rompió a hablar con
+Segunda sobre si esta ponía o no ponía aquel año cajón en San Isidro, y
+se retiró al fin, despidiéndose de una manera que bien podía pasar por
+conciliadora. Fortunata estaba contentísima, y se decía: «De seguro que
+ahora mismo va con el cuento. Es lo que yo quiero, que lleve el chisme».
+Encadenando ideas, se daba a pensar en el gusto que tendría de ver a
+doña Guillermina, presumiendo al mismo tiempo que si la viera había de
+sentir mucha vergüenza. «Le pediré perdón por lo mal que me porté aquel
+día, y me perdonará... como esta es luz. De fijo que me calienta las
+orejas; pero paso por todo con tal de ver la cara que pone delante de
+este hijo. A ver qué tiene que decir de mi idea. ¿Qué se le ocurrirá?
+Alguna cosa que yo no entenderé ni la entenderá nadie... Diga lo que
+quiera y tómelo por donde lo tome, Dios no puede volverse atrás de lo
+que ha hecho; y aunque se hunda el mundo, este hijo es el _verídico
+nieto natural_ de esos señores, D. Baldomero y doña Bárbara... y la
+otra, con todo su ángel, no toca pito, no toca pito... eso es lo que yo
+digo. Que me presente uno como este... No lo presentará, no. Porque Dios
+me dijo a mí: _tú pitarás_; y a ella no le ha dicho tal cosa. Y si doña
+Bárbara se chifló por el _Pituso_ falso, ¡cómo no se dislocará por el de
+oro de ley! De lo contenta que estoy, creo que me voy a poner mala... Y
+de fijo que Estupiñá lleva el cuento. La que yo quiero que lo sepa
+primero de todos es mi amiga _la obispa_. ¿Apostamos a que viene a
+verme? Ya... no se le queda a ella en el cuerpo el sermón que me tiene
+preparado. ¡Vengan sermones! No me importa; mejor. Yo le diré que tiene
+razón; pero que yo tengo el hijo, y allá se van hijos con razones».
+
+Esta visita teníala por infalible, pues la santa era muy amiga de echar
+réspices y de enderezar a las que cometían pecados gordos. Tan segura
+estaba de verla, que siempre que sonaba la campanilla creía que era
+ella, y se preparaba a recibirla, arreglando la cama y poniéndose con la
+mayor decencia posible, trémula de emoción y esperanza.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+El bautizo se celebró con modestia suma en San Ginés, una mañana
+de Abril, y le pusieron al chico los nombres de Juan Evaristo Segismundo
+y algunos más. Ballester se corrió gallardamente aquel día a convidar a
+Izquierdo y a Ido del Sagrario en el próximo café de Levante. Instó
+mucho al _maestro_ a que tomara un _biftec_; pero D. José lo rehusó,
+aunque buenas ganas tenía de aceptarlo. De solo oler la carne y ver la
+sangre de ella y la grasa en el plato de sus amigos, le parecía que se
+trastornaba. Su almuerzo fue un café con media tostada de abajo... y
+otra media de arriba. Tras el café vinieron las incitantes copas, y
+también les hizo escrúpulos el profesor; no así _el modelo_, que se
+llenó el cuerpo de ron hasta que ya no podía más, sin que por eso se
+perturbase su sólida cabeza, que debía de ser un alambique. Mientras
+comían, vieron pasar a Maximiliano Rubín, que salía del café; pero como
+él no aparentó verlos, no le dijeron nada. A eso de la una, Ballester se
+fue a su botica y los dos Josés a la casa de la Cava. Era domingo y
+ninguno de los dos tenía ocupaciones. Izquierdo mandó a Encarnación por
+una _grande_ de cerveza, y sacando de una caja muy sucia el juego de
+dominó, extendió y mezcló las fichas para empezar una partidita. Y
+cuentan las crónicas _platónicas_, que antes de llegar a la mitad del
+segundo juego, las pobres fichas se quedaron solas. Ido se había
+levantado y daba paseos por la sala. Izquierdo se dejó caer sobre el
+sofá de Vitoria y dormía como un _verídico_ bruto, el sombrero sobre los
+ojos, la boca abierta y las cuatro patas estiradas. La señá Segunda se
+llevó a Encarnación a la plazuela, porque la noche antes había habido
+fuego en dos o tres puestos inmediatos al de ella, y se pasó la mañana
+ayudando a sus compañeras a meter los trastos que se sacaron, y a
+reparar lo que de reparación era susceptible.
+
+Fortunata estuvo aquel día aburridísima, con muchas ganas de levantarse.
+Por respeto a las ordenanzas del señor de Quevedo, seguía en la cama,
+pero ya no aguantaría aquella cárcel enojosa dos días más. Juan Evaristo
+Segismundo, después que le trajeron de San Ginés, estaba tan guapote y
+satisfecho, cual si tuviera conciencia de su dichoso ingreso en la
+familia cristiana; y para celebrarlo, en cuantito llegó al lado de su
+madre, buscó la despensa y se puso el cuerpo que no le cabía una gota
+más de leche. Oía Fortunata los ronquidos del venerable _Platón_, cual
+monólogo de un cerdo, y sentía también los paseos de Ido, y algún
+monosílabo ininteligible, suspiros que parecían ayes de pena o
+invocaciones poéticas; y cuando el profesor llegaba en su deambulación
+febril a la puerta de la alcoba, creía distinguir sus manos o parte de
+un brazo que subían hasta cerca del techo. Luego sonó la campanilla y D.
+José fue a abrir. Fortunata creyó que era Encarnación que volvía de la
+plazuela; pero se equivocaba. No tardó en oír cuchicheos en la puerta.
+¿Quién sería? Después sintió pasos y un chillar de botas que la hicieron
+estremecer, y se quedó muda de terror al ver en la puerta a Maximiliano.
+Era él; así lo afirmó después de dudarlo un momento. La estupefacción
+que sentía apenas le permitió dar un grito, y su primer movimiento fue
+echarle los brazos al nene, decidida a _comerse a bocados_ a quien
+intentase hacerle daño o quitárselo. Rubín estuvo más de un minuto sin
+dar un paso, clavado en la puerta y destacándose dentro del marco de
+ella como la figura de un cuadro. ¡Cosa rara! Ningún signo de hostilidad
+se veía en su cara ni en su ademán. Miraba a su mujer con seriedad, pero
+sin dureza, y cuando dio los primeros pasos para acercarse a la cama, su
+expresión era casi indulgente. Pero ella no las tenía todas consigo, y
+le miró como quien se dispone a una defensa enérgica. «Tío, tío--dijo
+alzando la voz--. Encarnación...». Como ni Izquierdo ni la criada
+respondieran, quiso llamar al esperpento aquel que en el cuarto se
+paseaba. Mas al ir a pronunciar su nombre se le borró de la memoria.
+
+«¿Cómo diablos se llama este hombre?... Usted, venga acá... ¡Ah!, ya me
+acuerdo. Señor Sagrario, haga el favor de despertar a mi tío». Pero ni
+el tío despertaba, ni D. José se hacía cargo de que le llamaban.
+
+«Parece que me tienes miedo, y que pides socorro--le dijo Maxi con fría
+bondad--. No te voy a comer. Estás equivocada si piensas que vengo de
+malas. Si no se trata ya de matarte ni de matar a nadie... Esa idea
+estúpida voló... por fortuna de todos».
+
+Diciendo esto se sentó en la silla, y quitándose el sombrero lo puso
+sobre la cama. Fortunata le encontró más delgado; la calva parecía
+mayor, y sus miradas tenían cierto reposo que la tranquilizó.
+
+«Aunque nadie me ha dicho una palabra--prosiguió Rubín--, sé todo lo que
+te ha pasado; lo he sabido por mi propia razón, y vengo a compadecerte y
+a hacerte un gran bien... Porque yo perdí la razón, bien lo sabes; pero
+luego la volví a adquirir. Dios me la quitó y me la volvió a dar tan
+completa, que en este momento estoy más cuerdo que tú y que toda la
+familia. No te asombres, hija, que bien conocerás por lo que voy a
+decirte que mi cabeza está buena, tan buena como nunca lo estuvo. Qué,
+¿no lo crees?».
+
+Fortunata no sabía si creerlo o no. Su miedo no se había extinguido, y
+esperaba que tras aquellas palabras tranquilas, vinieran otras airadas
+y sin pies ni cabeza. No dijo nada, y siguió protegiendo a su hijo, en
+actitud de defenderle al primer ataque. Maxi no parecía reparar en el
+niño. Con gran serenidad habló así:
+
+«Tan sano estoy de la cabeza, que me hago cargo de tu situación y de la
+mía. Ya entre tú y yo no puede haber nada. Nos casamos por debilidad
+tuya y equivocación mía. Yo te adoraba; tú a mí no. Matrimonio
+imposible. Tenía que venir el divorcio, y el divorcio ha venido. Yo me
+volví loco, y tú te emancipaste. Los disparates que habíamos hecho los
+enmendó la Naturaleza. Contra la Naturaleza no se puede protestar».
+
+Miraba el bulto que en la cama hacía Juan Evaristo; pero como su ademán
+no tenía nada de hostil, Fortunata se iba sosegando.
+
+«¡Ya sé lo que hay aquí! ¡Pobre niño! Dios no ha querido que sea mío. Si
+lo fuera, me querrías algo. Pero no lo es, todo el mundo lo sabe, y lo
+sé yo también... Divorcio consumado. Más vale así. Yo no debí casarme
+contigo. Bien lo pagué perdiendo la razón. ¿Qué debo hacer ahora que la
+he recobrado? Pues ver las cosas de muy alto, y acatar los hechos, y
+observar las lecciones tremendas que da Dios a las criaturas... Antes me
+las dio a mí... ahora a ti. Prepárate. No vengo a hacerte daño, sino a
+anunciarte la buena nueva de la lección, porque estas pedradas que
+vienen de arriba sanan, curan y fortalecen».
+
+--Pero este hombre--se decía Fortunata--, ¿está cuerdo o está más loco
+que antes? Buena jaqueca me está dando; pero como no pase de ahí, se le
+puede aguantar.
+
+Algo quiso decir en alta voz; pero él no la dejaba meter baza, y como si
+trajera un discurso preparado y no quisiera dejar de pronunciar ninguna
+de sus partes, pegó en seguida la hebra: «¿Te acuerdas de cuando yo
+estaba loco? Los ratos que te di te los tenías bien merecidos; porque en
+realidad te portabas muy mal conmigo. Tu infidelidad se me había metido
+a mí en la cabeza; no tenía ningún dato en qué fundarme; pero el
+convencimiento de ella no lo podía echar de mí. No sé decir bien si soñé
+que ibas a ser madre, o si me inspiraron esta idea los celos que tenía.
+Porque yo tenía unos celos ¡ay!, que no me dejaban vivir. 'Mi mujer me
+falta--decía yo--, no tiene más remedio que faltarme; no puede ser de
+otra manera'. Y como por lo mucho que te quería, yo no encontraba a tu
+pecado más solución que la muerte, ahí tienes por qué me nació en la
+cabeza, lo mismo que nace el musgo en los troncos, aquella idea de la
+liberación, pretextos y triquiñuelas de la mente para justificar el
+asesinato y el suicidio. Era aquello un reflejo de las ideas comunes, el
+pensar general modificado y adulterado por mi cerebro enfermo. ¡Ay, qué
+malo me puse! Te digo que cuando inventé aquel sistema filosófico tan
+ridículo, estaba en el periodo peorcito. No me quiero acordar. Los
+disparates que yo decía los recuerdo como se recuerdan los de las
+novelas que uno ha leído de niño; y ahora me río de ellos, y calculo
+cuánto se reirían los demás. ¿Te acuerdas tú?».
+
+Fortunata respondió que sí con la cabeza. No le quitaba los ojos,
+siguiendo atentamente sus movimientos por ver si se descomponía, y estar
+preparada a cualquier agresión.
+
+«Después me atacó lo que yo llamo la _Mesianitis_... Era también una
+modificación cerebral de los celos. ¡El Mesías... tu hijo, el hijo de un
+padre que no era tu marido! Empezó por ocurrírseme que yo debía matarte
+a ti y a tu descendencia, y luego esta idea hervía y se descomponía como
+una sustancia puesta al fuego, y entre las espumas burbujeaba aquel
+absurdo del Mesías. Examínalo bien, y verás que todo era celos, celos
+fermentados y en putrefacción. ¡Ay, hija, qué malo es estar loco! Cuánto
+mejor es estar cuerdo, aunque uno, al recobrar el juicio, se encuentre
+apagado el hornillo de los afectos, toda la vida del corazón muerta, y
+limitado a hacer una vida de lógica, fría y algo triste».
+
+Al oír esto, que Maxi expresó con cierta elocuencia, Fortunata volvió a
+inquietarse, y llamó de nuevo a su tío, que seguía dando los ronquidos
+por respuesta. El mismo resultado tuvieron las voces de «Señor Sagrario,
+señor Sagrario... haga el favor de venir». D. José se asomó a la puerta,
+echando a la pareja una mirada de maestro de escuela que inspecciona el
+aula en que estudian sus alumnos, y vuelta a pasearse sin hacer caso de
+nada.
+
+Rubín acercó más la silla, y Fortunata tuvo más miedo: «Pero todo
+aquello de la liberación y del Mesías voló. Los hechos reales
+sustituyeron a las figuraciones de mi cerebro... Dios me devolvió mi
+razón, y me la devolvió corregida y aumentada. Con ella vi los hechos;
+con ella descubrí lo que mi familia me ocultaba; con ella reconstruí mi
+ser, que había pasado por tantos cataclismos; con ella me penetré bien
+de nuestro divorcio y deseché dos y hasta tres veces la idea de
+homicidio; con ella pude llegar a considerarte mujer extraña, madre de
+hijos que yo no podía tener, y con ella me he revestido de serenidad y
+conformidad. ¿No te admiras de verme como me ves? Más te asombrarías si
+pudieras leer en mi pensamiento, y comprender esta elevación con que yo
+miro todas las cosas, la calma con que te veo a ti, la indiferencia con
+que veo a tu hijo... ¡Un ser más en el mundo! Cuando él ha venido sus
+razones tendrá. ¿Qué derecho tengo yo a estorbarle la vida? ¿Qué derecho
+a matarte a ti porque se la hayas dado? Fíjate bien: es muy grave eso
+de decir: 'tal o cual persona no debió de nacer'».
+
+--¡Dios mío!--exclamó para sí Fortunata--. ¿Pero este hombre está cuerdo
+o cómo está? ¿Eso que dice es razón, o los mayores disparates que en mi
+vida le he oído...?
+
+--Yo pregunto--añadió Maxi acercándose más--. El derecho a nacer, ¿no es
+el más sagrado de todos los derechos? ¿Quién me mete a mí a poner
+estorbo a ningún nacimiento? Estaría gracioso... Nazcan y vivan, que
+viviendo aprenderán.
+
+«Nada, para mí está peor que antes--pensaba la esposa--, y esto que dice
+podrá ser cuerdo, pero yo no entiendo palotada».
+
+--Parece que me tienes miedo--le dijo él siempre serio y tranquilo--. No
+sé por qué. Ya habrás visto que a razonable no me gana nadie.
+
+--Sí, es verdad; pero...--¿Pero qué...?--Tú dirás que gato escaldado del
+agua fría huye (sonriéndose ligeramente, por primera vez en aquella
+conferencia). Otra cosa: enséñame a tu hijo.
+
+Fortunata volvió a sentir terror, y al ver que Maxi alargaba las manos
+hacia donde estaba el pequeñuelo, las apartó con las suyas, diciendo:
+«Otro día le verás... Déjale... está dormido y me le vas a despertar».
+
+--¡Pero qué maniática eres!... Yo creí que después de haberme oído, te
+convencerías de que mi razón está como un reloj y de que además me ha
+entrado un gran talento. ¿Qué has visto en mí que te parezca sospechoso?
+Nada absolutamente. Mis sentimientos son de paz; la última idea mala la
+tuve hace días; pero la arranqué y estoy limpio de ira y de odio. Y para
+decírtelo todo en una palabra: Fortunata, soy un santo. No es esto
+jactancia, es la verdad... ¿Crees que voy a hacer daño a tu hijo? ¡Hacer
+daño a una criatura! Eso no cabe en lo humano. Déjamele ver, y te diré
+algo que te aprovechará.
+
+Fortunata, al fin, sospechando que la contrariedad podía irritarle,
+permitiole ver al nene, sin acercarse mucho, y protegiéndole con sus
+manos. No dijo nada mientras le miraba. Después volvió a su asiento y
+estuvo un rato con la mirada perdida entre los ramos de la colcha,
+ligeramente fruncido el ceño.
+
+«Se parece a tu verdugo. Lo malo no perece nunca. La maldad engendra y
+los buenos se aniquilan en la esterilidad».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+«Tío, por Dios, tío, despierte usted» volvió a decir Fortunata
+gritando; y como asomase a la puerta la flácida y carunculosa efigie de
+Ido del Sagrario, la joven le dijo: «¿Pero qué hace usted que no
+despierta a mi tío?... ¡Qué sola me tienen aquí! ¡Y esa chiquilla que no
+viene!».
+
+Ido refunfuñó algo que Fortunata no pudo entender. Mirando al profesor
+con lástima, Maxi dijo a su esposa: «Este buen señor está tocado. Me da
+mucha lástima, porque sé lo que es andar mal de la cabeza. Si él
+quisiera seguir mi plan, yo me comprometía a ponerle como nuevo».
+
+Y en alta voz, viendo al desgraciado Ido llegar otra vez hasta la puerta
+de la alcoba y mirar hacia dentro con los ojos de estúpido: «Señor D.
+José, serénese, y aprenda a ver la vida como es... Es tontería creer que
+las cosas son como nos las imaginamos y no como a ellas les da la gana
+de ser. Al amor no se le dictan leyes. Si la mujer falta, divorcio al
+canto, y dejar que obre la lógica, pues ella castiga sin palo ni
+piedra».
+
+Y Fortunata se persignaba, llena de admiración, diciéndose: «¿Pero será
+verdad, Dios mío, que a mi marido le ha entrado un gran talento, o estas
+cosas que dice son farsa para tapar una mala idea? ¿Qué haré yo para que
+se marche pronto? Porque a lo mejor me sale por malagueñas, y me da el
+gran susto».
+
+«¡Se parece a tu enemigo!--repitió Maxi, volviendo a la idea que le
+había excitado ligeramente--. Es una desgracia para él. Y si en lo moral
+saca la casta, peor que peor. El niño inocente no es responsable de las
+culpas del padre; pero hereda las malas mañas. ¡Pobre niño!, tengo
+lástima de él. Si se te muere debes alegrarte, porque si vive te dará
+muchos disgustos».
+
+A Fortunata le indignó esta idea; pero no se atrevió a contradecirla.
+Que dijera todo lo que quisiese. Su plan era no contestarle nada, a ver
+si se aburría y se marchaba pronto.
+
+«Tiene a quien salir--añadió Maxi con lúgubre ironía--. Su papá es de
+oro... No necesitas decirme que no te hace caso... Harto lo sé. Ni
+siquiera habrá venido a verle... También me lo figuro. No vendrá; ten
+por cierto que no vendrá».
+
+--¡Quién sabe!...--se dejó decir la joven, sintiendo que se le apretaba
+la garganta.
+
+--Te repito que no vendrá... Tengo mis razones para asegurarlo.
+
+--Claro... ¡qué ha de venir...! Ni falta.
+
+--Dices bien; ni falta. Gracias que te oigo una expresión filosófica.
+Ese hombre tiene ahora otros entretenimientos.
+
+Fortunata sintió que toda la sangre se le subía al rostro, y se puso muy
+sofocada. Rubín estiró el codo sobre el lecho, apoyándose en él con
+actitud perezosa, semejante a la que tomaba en la botica cuando leía.
+
+«Es preciso que lo sepas pronto. Todo lo que tardes en saberlo, tardas
+en regenerarte».
+
+La _Pitusa_ tenía mucho calor, y cogiendo un abanico que junto a la
+almohada tenía, empezó a abanicarse.
+
+--Es preciso que lo sepas--volvió a decir Maxi con cierta frialdad
+implacable, propia del hombre acostumbrado al asesinato--. Tu verdugo no
+se acuerda ya de ti para nada, y ahora tiene amores con otra mujer.
+
+--¡Con otra mujer!--dijo ella, repitiendo la frase como una muletilla, a
+la cual no se saca sentido. Sus miradas vagaban por los dibujos de la
+colcha.
+
+--Sí, con otra mujer a quien tú conoces.
+
+El asesino le iba soltando a la víctima las palabras en dosis pequeñas,
+y la miraba observando el efecto que le causaban. Fortunata quiso
+sobreponerse a aquel suplicio, y sacudiendo la despeinada cabeza, como
+para alejar y espantar una convicción que quería penetrar en ella, le
+dijo: «¿Qué historias me vienes a contar ahí?... Déjame en paz».
+
+--Esto que te cuento no es un enredo; es verdad. Ese hombre está
+enamorado de otra mujer, y tú la conoces. Aprende, pues. Ahí tienes la
+maravillosa arma de la lógica humana, con la cual te hiero para sanarte.
+Más vale morir aprendiendo, que vivir ignorando. Esta lección terrible
+puede llevarte hasta la santidad, que es el estado en que yo me
+encuentro. ¿Y quién me ha traído a mí a este bendito estado? Pues una
+lección, una simple lección.
+
+Mira, Fortunata, bendito sea el cuchillo que sana.
+
+--Falta que sea verdad lo que cuentas--dijo la víctima defendiéndose.
+
+--Tú podrás creerlo o no creerlo, como un enfermo puede tomar o no la
+medicina que el médico le da. Porque esto es la medicina de tu
+conciencia. ¿Quieres otra? ¿Quieres el nombre de la que te ha robado lo
+que tú robaste? Pues te lo voy a decir.
+
+Fortunata sintió como un desvanecimiento, y al incorporarse se le iba la
+cabeza, y la habitación daba vueltas en torno suyo. Llevándose la mano a
+los ojos, dijo a su marido:
+
+«Me lo tienes que decir».
+
+--Es una amiga tuya.--¡Amiga mía!--Sí, y su nombre empieza con A.
+
+--¡Aurora, Aurora es!--exclamó la joven dando un salto en su lecho, y
+mirando a su marido como miran las personas de honor que han recibido
+una bofetada.
+
+--Ella es.--Hace tiempo que el corazón me decía algo de esto, pero muy
+bajito, y yo no lo quería creer.
+
+--Estoy tan seguro de lo que afirmo, que no puede ser más.
+
+--Tú me engañas, tú me engañas--replicó la joven en actitud de
+Dolorosa--. Tú me quieres matar, y en vez de pegarme un tiro, me vienes
+con esta historia.
+
+--Si lo tomas como golpe de muerte, tómalo--manifestó Rubín con
+implacable frialdad.
+
+--¡Aurora... Aurora!... ¡Dios mío!, ¡qué idea tan perra...! (agitándose
+extraordinariamente). Pero no puede ser. Este hombre está loco y no sabe
+lo que se dice.
+
+--¿Que estoy loco?... (imperturbable). Bueno, defiéndete con eso. Pero
+tú caerás, tú te convencerás. No tienes escape. La verdad se impone. Ahí
+tienes un tiro que no yerra nunca. ¿Quieres más señas? Cuando Aurora
+sale de su obrador, él la espera en la calle de Santo Tomás y van juntos
+hacia el Ave-María. Los domingos, Aurora dice en su casa que va al
+obrador, y a donde va es a...
+
+--Cállate; te digo que te calles--gritó Fortunata retorciéndose los
+brazos--. Eres un mentiroso, un calumniador.
+
+--¿Pues qué querías tú...? (con sonrisa glacial). Hija, es preciso estar
+a las agrias y a las maduras. ¿Qué querías? ¿Herir y que no te hirieran?
+¿Matar y que no te mataran? El mundo es así. Hoy tiras tú la estocada, y
+mañana eres tú quien la recibe... ¿Dudas todavía?
+
+La víctima no dijo nada. No dudaba, no; lo denunciado por aquel hombre,
+que a veces parecía demente, a veces no, revestía las apariencias de un
+hecho cierto. Algo tenía la infeliz joven en su cabeza que se lo
+confirmaba, inundándola de luz. Recordó frases y actos, ató cabos, y...
+nada, que era verdad, como hay Dios. El infeliz chico estaría todo lo
+enfermo que se quisiera suponer; pero lo que decía, verdad era.
+
+«¿Lo dudas todavía?» volvió a preguntar él.
+
+--No sé, no sé... ¿Y si te has equivocado?... (con extremada inquietud y
+ráfagas de ira). No sé qué pensar... Maxi, Maxi, si me hubieras dado un
+tiro, me habrías matado menos. Te juro que si es verdad, esa mujer, esa
+hipócrita, esa sinvergüenza que me vendía amistad, no se ha de reír de
+mí. Te juro que le pateo el alma más pronto que lo digo (revolcándose en
+el lecho). Esto no puede quedar así. La mato, le saco los ojos, le
+arranco el corazón... Que me traigan mi ropa. Tío, chiquilla; quiero
+levantarme. ¡Pero qué abandonada me tienen!
+
+--Comprendo que te dé tan fuerte. Así me dio a mí; pero luego me he
+vuelto estoico. Aprende de mí. ¿No ves qué sereno estoy? He pasado por
+todas las crisis de la ira, de la rabia y de la locura...
+
+--Porque tú no eres un hombre (interrumpiéndole).
+
+--Es que las lecciones me han valido.
+
+--Bueno; porque eres un santo... Yo no soy santa, ni quiero.
+
+--¿Y por qué no habías de serlo tú también? (tomándole las manos y
+tratando de contener con suavidad sus movimientos de ira). ¿Por qué no
+habías de aspirar al estado en que yo me encuentro? A él he llegado
+pasando por la rabia, por la locura... Ahora mismo, no hace mucho,
+cuando vi a ese diablo de hombre cometiendo una nueva infamia, sentí
+otra vez la debilidad de espíritu que creía vencida... me entraron ganas
+de pegarle un tiro, por librar a la humanidad de semejante monstruo...
+Pero después he sabido vencerme y he dicho: Mejor castiga una
+consecuencia lógica que un puñal.
+
+--¡Quiere decirse que le viste con ella y te quedaste tan fresco!--gritó
+la joven, furibunda, echando llamaradas de los ojos.
+
+--No me quedé fresco... Me alboroté mucho; pero después vino la
+reflexión. Lo que importa, me dije, no es que él muera, sino que ella
+aprenda. Y tú has aprendido.
+
+--¡Pues si yo les llego a ver...!
+
+--Si les llegas a ver, acuérdate de mí. Hazte santa como yo... Les miras
+y pasas...
+
+--Tú no eres hombre... Tú no eres nada--exclamó la joven con
+desprecio--. A ella, a esa bribona es a quien yo quisiera arreglar. Si
+la cojo, no lo cuenta. ¡Infame, arrastrada, indecente, engañarme así!
+
+--Tú, mira bien si tienes derecho a tratarla de ese modo.
+
+--¡Pues no he de tener! (ofuscándose por completo y sin reparar en lo
+que decía). Me ha quitado lo mío. Yo seré mala; pero ella lo es más,
+mucho más.
+
+--Comprendo tu exaltación. Yo, que no tenía otro móvil que la justicia,
+cuando les vi, cuando me persuadí de que pecaban, creo que si tengo un
+revólver, les suelto los seis tiros por la espalda.
+
+--Bien, bien--dijo la esposa con ferocidad--. ¿Por qué no lo hiciste?
+Eres un tonto... Aunque después me hubieras matado a mí también. Tienes
+derecho a hacerlo.
+
+--Les vi entrar en aquella casa... Fortunata abría los ojos con espanto.
+
+«Les esperé para verles salir. Calle tal, número tantos. Me escondí en
+un portal. ¡Oh!, la suerte de ellos fue que no llevaba revólver...».
+
+--Yo te lo compraré... Hoy mismo, ahora mismo (agitándose en el lecho,
+cogiendo a su hijo, volviéndolo a dejar, descubriéndose el pecho,
+tapándoselo y sin saber qué hacer).
+
+--¡Matar!... ¿Lección a ella? ¿Y la tuya?
+
+--¿La mía, la mía? Ya la tengo, majadero. ¿Todavía quieres más lección?
+A esa traicionera sí que se la voy a dar, y gorda.
+
+--Irás a presidio si matas.--Pues iré contenta.--¿Y tu hijito? Al oír
+esto, Fortunata tuvo un retroceso en su salvaje idea, y cogiendo al
+chiquillo, que empezaba a rezongar, se lo llevó al seno.
+
+La madre lloraba, el chico también, y el gran Ido apareció otra vez en
+la puerta sin decir nada, contemplando a marido y mujer con miradas
+semejantes a las de las estatuas de yeso o mármol, pues parecía no tener
+niñas en los ojos. Gracias que la entrada de Segunda puso término a la
+situación; y lo mismo fue ver a Rubín que volarse, soltando por aquella
+boca sapos y culebras y echando la culpa de todo a su hermano y al
+tagarote inútil de don José Ido, el cual, viéndose insultado, a su
+parecer tan sin motivo, hacía contracciones casi inverosímiles con los
+músculos de la cara, juntando un ojo con la boca y encaramando el otro
+hasta la raíz del pelo. «Yo no sé lo que es--decía--, yo no sé lo que
+es; pero hoy no tengo la cabeza buena... Y conste que si entró fue
+porque quiso; que yo no le mandé entrar... y si la mata, sus razones
+tendrá, naturalmente... ¡Vaya con la señora esta qué genio gasta!, ¡y
+cómo me trata! ¿No sabe quién soy? Pues soy Josef... el Idumeo...
+profesor en partos... intelectuales».
+
+
+
+
+--v--
+
+
+«Cállese usted, so _guillati_--chillaba Segunda, que por los
+movimientos amenazadores que hizo, parecía dispuesta a desbaratar con
+un par de bofetadas la frágil persona del _profesor idumeo_--. La culpa
+la tiene este morral que está aquí durmiéndola».
+
+Obra de romanos fue el despertar a _Platón_; por fin, su hermana le tiró
+de una pata, mientras Encarnación tiraba de la otra, y el corpachón del
+_modelo_, resbalando sobre el sofá, se desplomó con estruendo sobre el
+piso. Un rato estuvo estirándose, refregándose los ojos con las manazas,
+y escupiendo más _hostias_ que palabras. «¿Onde está el judío ladrón que
+ha entrado sin mi premiso?, ¡hostia!, que le parto por la metá». El
+lenguaje de Segunda no desmerecía del de su hermano por la finura ni por
+lo escogido de las voces, lo que desagradaba extraordinariamente a Ido.
+Maxi salió a la salita, y José Izquierdo se le cuadró ladrándole así:
+«¡Ah!, era usté. Ora mismo a la calle... brrr... ¡Y que tengo yo un
+genio mu blando...! Pues si le llego a ver antes ¡hostia!, me caso con
+la santísima... si le llego a ver antes, por el judío balcón, ¡hostia!,
+va solutamente a la calle».
+
+Sin demostrar temor alguno, Maximiliano sonreía. Se armó tal zaragata,
+que tuvo que intervenir Ido con frases de concordia, y Segunda
+manoteaba, echando la culpa al calzonazos de su hermano, y este
+increpaba a Encarnación, y la chiquilla daba de rechazo contra Maxi; y
+fue tal el vocerío que hubo de presentarse en la puerta, que estaba
+abierta, Estupiñá, y penetró en la casa con ademanes policiacos,
+mandando callar a todo el mundo y amenazando con traer una pareja. «Ya
+decía yo que en este cuarto no habría paz, y como sigan así, pronto los
+planto a todos en la calle». Se fue refunfuñando, y al anochecer, cuando
+ya Ido y Maxi se habían marchado, y los hermanos Izquierdo estaban
+comiendo, volvió a subir, con bastón de mando, y dijo despóticamente:
+«Orden, orden y el primero que meta ruido, va a la cárcel».
+
+--Pues qué, D. Plácido, ¿va a venir el Viático?
+
+--Poco menos--replicó el hablador entrando sin pedir permiso y
+dirigiéndose a la alcoba--. Que va a venir el ama, la señora casera.
+Mucho orden, señores, mucha formalidad.
+
+Lo mismo fue oír _Platón_ que la señora de Pacheco venía, que el temor
+de verla le intranquilizó y no tuvo ya sosiego. A trangullones despachó
+la comida, apresurándose a largarse a la calle. Tal era su miedo de que
+la señora le viese, que bajó la escalera a escape, y se le erizaba el
+cabello pensando en que si Guillermina subía cuando él bajaba, no
+tendría dónde meterse para evitar su encuentro.
+
+Desde la entrevista con su marido, Fortunata se puso tan inquieta, que
+Segunda tuvo que enfadarse para impedir que se levantara, pues quería
+hacerlo a todo trance. El chiquitín debía de encontrar novedad en lo
+tocante a provisiones de boca, porque estaba mal humorado, como si
+quisiera también echarse a la calle, en son de pronunciamiento. El aviso
+de la visita de la santa calmó bastante a la madre; pero no al hijo, que
+no entendía aún ni jota de santidades. Presentose la dama a las nueve,
+acompañada de Estupiñá; y después de saludar a Segunda como si fuera
+esta la señora más encopetada, pasó, y antes de decir nada a la que fue
+su amiga, examinó bien a Juan Evaristo Segismundo. Segunda acercaba una
+vela para que la dama pudiera ver bien las facciones del niño, quien no
+parecía entusiasmado, ni mucho menos, con inspección tan impertinente ni
+con la viveza de la luz, tan próxima a sus ojitos.
+
+«¡Qué mal genio tiene!» dijo la santa sentándose junto al lecho,
+mientras Fortunata agasajaba a su hijo, y metiéndole el pecho en la
+boca, trataba de aplacarle. Fue Guillermina muy parca en saludos y
+demostraciones de afecto, y luego, cuando se quedaron solas la señora de
+Rubín y la santa, esta no dijo nada de religión, ni mentó la virtud, ni
+el pecado, ni cosa alguna concerniente al orden moral. Habló de si la
+joven madre tenía o no mucha leche, y de si sentía esta o la otra
+molestia, con otras cosas pertinentes al estado en que se hallaba.
+Fortunata notó en la cara apacible de la fundadora cierta severidad
+estudiada, y para romper aquel hielo, dijo lo siguiente, cuya
+oportunidad podría dudarse: «Este sí que es el _Pituso_ legítimo, el de
+la propia tía Javiera, ¿verdad, señora? ¡Ah!, ¿no sabe? En cuanto mi tío
+José oyó decir que usted venía, salió de carrera, como alma que lleva el
+diablo».
+
+--Por el miedo que me tiene. Buena nos la dio... Déjele usted estar, que
+como yo le coja a mano, le he de decir cuatro cosas.
+
+Y cuando la madre puso al niño a su lado, ya harto y dormido,
+Guillermina le volvió a mirar atentamente, observando sus facciones como
+el numismático observa el borroso perfil y las inscripciones de una
+moneda antigua para averiguar si es auténtica o falsificada. Después dio
+un suspiro, y guiñando los ojos para mirar a Fortunata, se expresó así:
+«¡Buena la hemos hecho, buena!...».
+
+Y ambas estuvieron calladas un rato, mirándose.
+
+--Señora--dijo de improviso la parida, como queriendo romper un secreto
+que abruma--. Yo tengo que pedir a usted perdón...
+
+--¡A mí!, perdón... ¿de qué?
+
+--De las burradas que hice, de las atrocidades que dije aquella mañana
+en su casa de usted. También a ella le pediría perdón si la viera... Me
+porté mal, lo conozco. Yo no guardo rencor a nadie... digo, no se lo
+guardo a ella, porque...
+
+¡Ay, señora, usted no sabe lo que pasa, usted no sabe que a las dos nos
+está engañando... y sé quién es la que nos le entretiene, una culebra,
+una hipocritona, que me vendía amistad...! Esto no quedará así, señora,
+no quedará así...
+
+--No me traiga usted a mí cuentos, que no me dan frío ni calor (con
+reprensión graciosa). Ahora lo que le conviene es tranquilidad; que
+tiempo hay de ajustar cuentas atrasadas...
+
+Y volvió a mirar al chico, recreándose silenciosamente en su hermosura y
+lozanía. Fortunata le bebía a ella las miradas, jactándose de adivinarle
+el pensamiento, el cual bien podía ser este: «¡Si Jacinta le viera...!».
+¿Pero cómo le había de ver? Esto sí que era imposible. «Por mí--pensaba
+la _Pitusa_--, no habría inconveniente... ¡Pero cuánto sufrirá la
+pobrecilla, si le ve! Y puede que se le antoje... Sí, para ella
+estaba... Amiga mía, tenerlos, tenerlos... Esta le irá contando cómo es;
+le dirá: 'tiene la boca así, los ojos asado, y en esto se parece a su
+padre y en lo otro a su madre. Criatura más perfecta no ha echado Dios
+al mundo'».
+
+«Cuando usted esté buena, hablaremos--indicó la santa con ánimo ya de
+retirarse--. Yo tengo una idea... No es usted sola quien tiene ideas;
+sólo que las mías no son malas, al menos no las tengo por tales. Y para
+concluir por hoy, ¿necesita usted algo? Si no puede criar, no se apure,
+le pondremos un ama a este caballerito, que me parece no habría de
+hacerle ascos. Es preciso criarle bien».
+
+--Yo puedo, yo puedo... ¡vaya!--replicó la otra contrariada--. ¿Qué cree
+usted? Soy muy fuerte. Mi hijo no lo cría nadie más que yo.
+
+--Pues alimentarse bien (recobrando su tono dulcemente autoritario). Y
+cuidado con hacerme disparates. Obedecer al médico... Nada de arrebatos
+de ira, ni devaneos. ¡Ah!, yo dudo mucho que usted sirva...
+
+Y sintiendo uno de aquellos arranques de inspiración que la embellecían
+y sublimaban, le dijo esto, ya en pie para marcharse:
+
+«Porque ha de saber usted que Dios me ha hecho tutora de este hijo...
+Sí, buena moza, no se espante ni me ponga esos ojazos. Su madre es
+usted, pero yo tengo sobre él una parte de autoridad. Dios me la ha
+dado. Si su madre le faltara, yo me encargo de darle otra, y también
+abuela. Hijo mío, has venido al mundo con bendición, porque suceda lo
+que suceda, no estarás nunca solo. Déjeme usted que le vea otra vez. No
+me harto de mirarle. Quiero llevármele metido dentro de mis ojos.
+¡Virgen del Carmen!, ¡qué lindísimo es...! Tiene a quien salir. Adiós,
+adiós».
+
+Salió acompañada de Estupiñá, diciendo al modo de rezo: «Acatemos la
+voluntad de Dios... Él sabrá por qué ha mandado acá este angelote.
+Jacinta, furiosa, dice que Dios está chocho y que no hace más que
+disparates... Pobrecilla... ¡Qué limitada inteligencia la nuestra! No
+comprendemos nada, pero nada, de lo que Él hace, y nos devanamos los
+sesos por adivinar el sentido de ciertas cosas que pasan, y mientras más
+vueltas les damos menos las entendemos. Por eso yo corto por lo sano, y
+todas mis _matemáticas_ se reducen a decir: «Cúmplase la voluntad del
+Señor».
+
+Fortunata soñó aquella noche que entraban Aurora, Guillermina y Jacinta,
+armadas de puñales y con caretas negras, y amenazándola con darle
+muerte, le quitaban a su hijo. Después era Aurora sola la que cometía el
+nefando crimen, penetrando de puntillas en la alcoba, dándole a oler un
+maldecido pañuelo empapado en menjurje de la botica, y dejándola como
+dormida, sin movimiento, pero con aptitud de apreciar lo que pasaba.
+Aurora cogía al chiquillo y se lo llevaba, sin que su madre pudiera
+impedirlo, ni siquiera gritar. Despertó acongojadísima. Se sentía mal,
+propensa a desvaríos de la mente en cuanto se aletargaba, y con
+muchísima sed. Esta llegó a ser tan fuerte, que no pudiendo despertar a
+su tía dando con los nudillos en el tabique, tuvo al fin que levantarse
+en busca de agua. Al volverse a acostar sintió bastante frío, y con
+estas alternativas de frío y calor estuvo hasta la mañana.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Ballester fue temprano, y a ella le faltó tiempo para hablarle de
+la visita de Maxi y de la historia que este le había llevado. Mucho se
+incomodó el regente al enterarse de esto, y con desusada seriedad y
+calor hubo de negar lo que su amigo contara de _la Samaniega_.
+
+«Mire, compañero--dijo ella--, mientras más se amontone usted para
+negarlo, más creo yo en ello. Usted no habla nunca así; y cuando se pone
+serio, no dice más que mentiras. Lo que quiere es que yo me serene. Se
+lo agradezco; pero no puede ser. Y lo que es esa francesilla asquerosa
+no se ríe de mí».
+
+Agotó el buen amigo toda su lógica para arrancarle aquella idea, sin
+adelantar nada. «Y por fin--dijo tomando el tono festivo y maleante que
+empleara con Maxi en otra ocasión--, ¿para qué hacemos caso de lo que
+diga ese desventurado?... ¡Ay qué románticas y qué súpitas... _semos_!
+Mi amigo Rubín, con esas apariencias que ahora tiene de hombre de seso,
+está más _tocati_ que nunca. Todo lo dice al revés, y el otro día me
+sostenía que _doña Desdémona_ es una mujer hermosa. Me parece que si
+seguimos por ese camino, tendré que traerme acá la vara...».
+
+No afectaron a Fortunata estas bromas.
+
+Observábala él con atención seria, notando que una idea muy siniestra y
+tenaz la dominaba, y que no era fácil quitársela de la cabeza. Temió que
+aquel estado de ánimo influyese desfavorablemente en su salud, y para
+prevenirlo metiole miedo. «Me ha dicho Quevedo que en estos días hay que
+tener mucho cuidado con usted, y que no le permitirá levantarse hasta la
+semana que viene. Cualquier disparate que usted hiciera podría sernos
+fatal. Conque, hija mía (tomándole las manos), muchísimo cuidado. No le
+digo que lo haga por mí. ¿Qué caso hace usted de este pobre boticarín?
+Ninguno, y con razón, porque yo para usted no soy nadie... hágalo por mi
+amigo Juan Evaristo, a quien quiero ya como si fuera hijo mío, sí,
+sépalo usted, y me constituyo en su tutor; hágalo por él, y _tutti
+contenti_».
+
+Parecía convencida, y Ballester se fue con la impresión de haber
+triunfado. Tranquila estuvo toda la mañana; pero a eso del mediodía, al
+despertar de un sueño breve, se sintió tan vivamente acometida de ganas
+de salir a la calle, que no pudo sobreponerse a este ciego impulso.
+Levantose, con gran sorpresa de Encarnación, única persona que en la
+sala estaba, se peinó a la ligera y se puso su falda de merino oscuro,
+pañuelo de crespón negro, otro de color a la cabeza, mitones colorados,
+sus botas de caña clara, y... Pero antes de salir dedicó un gran rato a
+su hijo, que habiendo despertado cuando la mamá se vestía, parecía
+declarar con sus chillidos que le cargaba la salidita. Le convenció ella
+dándole todo lo que quiso o lo que había, y el angelito se quedó dormido
+en su cuna de mimbres. «Mira--dijo a Encarnación su ama--; yo voy a
+salir. No estaré fuera sino poco tiempo, porque tomaré un coche, y haré
+la diligencia en media hora. Tú no te separas de aquí, y si despierta el
+niño, le arrullas y le meces, diciéndole que yo vendré en seguidita...
+Cuidado cómo te separas de él. Oye; mientras yo esté fuera, no abres a
+nadie... Mejor será otra cosa; yo cierro dando las dos vueltas y me
+llevo la llave. Si viene Segunda, que espere en la escalera». Dio muchos
+besos a su hijo, de quien por primera vez en aquella ocasión se
+separaba, y salió, cerrando la puerta y llevándose la llave. «No sea
+cosa que alguien venga y... No, no me le quitarán; pero se han dado
+casos. Este ángel mío, veo que tiene muchos golosos. Y sobre todo esa
+envidiosona de Jacinta es la que más miedo me da. De la pelusa que tiene
+le van a salir más canas, y se va a poner como un alambre de flaca.
+¿Pero qué remedio tiene sino conformarse...? Bastante he penado yo...
+que pene ahora ella. ¡Ah!, siento pasos. Francamente, no quisiera que me
+viera nadie, porque empezarán a decir que si salgo o no salgo, y no me
+gustan _refirencias_.
+
+Me parece que es D. Plácido el que sube. Me guardaré un poquito hasta
+que entre en su casa... Ya llega, abre su puerta. Ahora me escabullo, y
+Dios me acompañe. Debiera llevar algo que duela... ¡Ah!, la llave. Es
+mejor que la mano del almirez. Con esto y las uñas... yo le juro
+que...».
+
+Tomó un coche y apenas entró en él se sintió tan mareada, a causa del
+movimiento y de su propia debilidad, que hubo de cerrar los ojos e
+inclinar la cabeza para no ver las casas volteando en torno suyo. «Debí
+haber tomado un caldito antes de salir... Pero a buena hora me acuerdo.
+En fin, esto pasará». Pasó ciertamente, y lo primero que hizo al
+reponerse fue variar la orden que había dado al simón. Habíale dicho
+_Ave María, 18_; pero tuvo una idea, y dijo _Cabeza, 10_, sacando la
+suya por la ventanilla, alargando el brazo y tocando con la llave que en
+la mano llevaba, al modo de un arma, el brazo del cochero. En la casa
+últimamente designada estuvo como una media hora, y cuando bajó a tomar
+de nuevo el carruaje, su cara pálida tenía transparencias de cera, los
+labios no tenían color... «¿A dónde vamos, señora?» le preguntó el
+cochero, viendo que pasaba tiempo sin que diera ninguna orden. «Subida a
+Santa Cruz, esquina a la calle de Vicario Viejo». Y dicho esto, y al
+rodar de la berlina, daba vueltas a este pensamiento: «Claro; lo que yo
+dije. La Visitación a mí no me lo había de ocultar. ¡Y luego dice el
+tonto de Ballester que mi marido está loco! Más razón tiene y más
+talento que todos los cuerdos juntos... No se ha equivocado ni en tanto
+así. Veinte duros le he dado a la Visitación por la cantinela... Claro;
+a mí no me lo había de negar...». Y partiendo de esta idea, volvía a la
+misma cien y cien veces, describiendo el doloroso círculo.
+
+Apeose en la subida a Santa Cruz, y subió al obrador de Samaniego,
+entrando por el portal, que estaba en la calle de Vicario Viejo. Iba tan
+decidida, que no tuvo ni la más ligera vacilación. La puerta del
+entresuelo tenía mampara de hule, que al abrirse hacía sonar un timbre.
+Fortunata había estado allí en los días que precedieron a la
+inauguración de la tienda, y recordaba perfectamente todo. No había que
+llamar, sino que se empujaba la mampara, sonaba un _plin_ muy fuerte, y
+ya estaba uno dentro. Así lo hizo aquel día, y apenas recorrió el corto
+pasillo que a la estancia principal conducía, encarose con Aurora que en
+aquel momento iba desde el centro, donde estaba la mesa, hacia una de
+las ventanas, llevando telas en la mano. Alrededor de la mesa vio
+Fortunata como unas seis o siete oficialas, cosiendo, y en un sofá,
+junto a la ventana apaisada que daba a la calle, estaban dos señoras,
+examinando a la luz encajes y telas.
+
+«Buenos días» dijo la Rubín, deteniéndose un instante y recorriendo con
+mirada fugaz todas las caras que delante tenía. Aurora, al verla, se
+quedó tan inmutada, que no supo ni qué decir ni qué cara poner. «¡Ah!...
+tú, Fortunata... ¡Cuánto tiempo...!». De improviso tomó un tonillo de
+sequedad. «Dispensa... Estoy ocupada. Si quisieras volver a otra
+hora...». Pero al instante cambió de registro. «¡Qué cara te vendes!
+¿Has estado mala?».
+
+--Y tú, ¿cómo estás?... siempre tan famosa...--le dijo Fortunata
+acercándose y poniendo una cara fingidamente amable; pero en la cual no
+era difícil ver la cruel suavidad con que algunas fieras lamen a la
+víctima antes de devorarla.
+
+--Y tú, ¿dónde te metes?--balbució Aurora muy cortada, sin saber para
+dónde volverse.
+
+Por fin se dirigió a las señoras que allí estaban; pero no supo qué
+decirles. Fortunata se le puso delante cuando volvía hacia la mesa
+central. «Tenía que hablar contigo... Como no se te ve... ¡Ay, qué
+amigas estas, se muere una sin que le digan nada!».
+
+Algo se tranquilizaba Aurora con este lenguaje, y sonriendo contestó:
+«Hija, con tantas ocupaciones, no tiene una tiempo para visitas. Pensé
+ir a verte... Pero siéntate».
+
+--Estoy bien así... Pronto despacho.
+
+Aurora se acercó otra vez a las señoras, y al volverse, su amiga le
+tocó un brazo. «Tenía que hablarte dos palabras... una cosita que te
+quería decir. Me estaba muriendo por verte. ¡Ingrata! ¡Sabiendo el gusto
+que me da tu compañía...!».
+
+--Tienes razón--dijo la otra volviendo a inquietarse, porque en la cara
+de su amiga advirtió algo que la puso en cuidado--. Todos los días
+pensaba ir...
+
+--Sabiendo que te quiero tanto...--Y yo a ti... ¿Pero por qué no te
+sientas?
+
+--No... Me voy en seguida. No he venido más que a traerte una cosa...
+
+--A traerme una cosa... ¡a mí!
+
+--Sí, verás. Y diciendo _verás_, hizo con el brazo derecho un raudo y
+enérgico movimiento, y le descargó tan de lleno la mano sobre la cara,
+que la otra no pudo resistir el impulso, y dando un grito, se cayó al
+suelo. Fortunata dijo: «¡Toma, indecente, púa, ladrona!».
+
+Bofetada más sonora y tremenda no se ha dado nunca. Todas las ofícialas
+corrieron espantadas al auxilio de su jefe; pero por pronto que
+acudieron, no fue posible impedir que Fortunata, empuñando su llave con
+la mano derecha, le descargase a la otra un martillazo en la frente; y
+después, con indecible rapidez y coraje, le echó ambas manos al moño y
+tiró con toda su fuerza. Los chillidos de Aurora se oían desde la
+calle. Las dos señoras aquellas salieron a la escalera pidiendo socorro.
+Gracias que las oficialas sujetaron a la fiera en el momento en que
+clavaba sus garras en el pelo de la víctima, que si no, allí da cuenta
+de ella. Sujetada por tantas manos, Fortunata hizo esfuerzos por
+desasirse y seguir la gresca; pero al fin el número, que no el valor,
+venció su increíble pujanza. A una de las modistillas la tiró patas
+arriba de una manotada; a otra le puso un ojo como un tomate. Dando
+resoplidos, lívida y sudorosa, los ojos despidiendo llamas, Fortunata
+continuaba con su lengua la trágica obra que sus manos no podían
+realizar. «Eso para que vuelvas, so tunanta, a meter tus dedos en el
+plato ajeno... Embustera, timadora, comedianta, que eres capaz de
+engañar al Verbo Divino. ¡Lástima de agua del bautismo la que te
+echaron! Tramposa, chalana... Te pateo la cara aunque me deshonre las
+suelas de las botas».
+
+Y tal esfuerzo hizo por desasirse, que a punto estuvo de lograrlo. Dos
+de ellas habían acudido a levantar a Aurora, que continuaba dando gritos
+de dolor. Si no se presentan Pepe Samaniego y un dependiente, sabe Dios
+la que se arma allí.
+
+«¿Qué es esto? ¿Qué ha pasado aquí? ¿Quién es usted? ¿Qué busca usted?».
+
+--¡Quién soy!...--gritó Fortunata con desesperación--. Una persona
+decente...
+
+--Sí, ya se conoce... Aurora, ¡por Dios!... ¿Qué es esto?
+
+--Una persona decente, que he venido a ajustarle la cuenta a este
+serpentón que tiene usted en su casa. Y también es calumniadora.
+
+--Cállese usted y váyase muy enhoramala... ¿Pero qué es esto, Aurora?...
+¡Jesús!, sangre en la cabeza. Una herida... Oiga usted, mujerzuela,
+ahora mismo va usted a la cárcel... ¡Eh!, llamar a una pareja.
+
+La Fenelón estaba como desmayada, y sus alumnas le desabrocharon el
+vestido para aflojarle el corsé.
+
+--Quien va a ir a la cárcel es esa--chilló la agresora, frenética,
+revertida otra vez bruscamente a las condiciones de su origen, mujer del
+pueblo, con toda la pasión y la grosería que el trato social había
+disimulado en ella--. Yo no he faltado... A mí sí que me han faltado...
+Esa bribona me ha engañado, nos ha engañado a las dos, porque somos dos
+las agraviadas, dos, y usted debe saberlo... _Aquella_ es un ángel, yo
+otro ángel, digo, yo no... Pero hemos tenido un hijo; _el hijo de la
+casa_, y esta es una entrometida, fea, tiñosa y sin vergüenza que me la
+tiene que pagar, me la tiene que pagar.
+
+--¡Si no se calla usted...!--dijo Samaniego, llegándose a ella con
+ademán amenazador--. Vamos, que por ser usted mujer, no le sacudo el
+polvo ahora mismo.
+
+--¿Usted a mí?... falta que pueda. Más le valdrá a usted no permitir las
+indecencias que hace esta...
+
+--Le digo a usted que si no se calla... No me puedo contener... ¡Eh!,
+llamar a una pareja.
+
+La escena tomó aún peor carácter con la aparición de doña Casta, que
+hubo de llegar a la tienda en aquel instante, y enterada de la zaragata,
+subió renqueando, y entró en el teatro del dramático suceso, dando
+gritos. «¡Hija de mi alma!... ¡Pero qué!... ¡la han matado!...
+¡Sangre!... ¡Ay, Dios mío! ¡Aurora... Aurora...! ¿Pero quién ha sido?...
+¡Ah!, esa mujer...».
+
+--Sí, yo, yo he sido--le dijo Fortunata desde el rincón donde la tenían
+acorralada--. Mejor cuenta le tendría a usted, so bruja, no ser tapadera
+de las tunanterías de su niña...
+
+Doña Casta, acudiendo a su hija, no se hacía cargo de las flores que la
+otra le echaba. Aurora volvió en sí exhalando gemidos. «No es nada, tía
+--dijo Samaniego--. No se asuste usted... Una leve contusión, y el susto
+correspondiente... ¿Pero no se calla esa salvaje?... A la prevención, a
+la prevención...».
+
+--Dejarla; que se vaya...--murmuró Aurora con los ojos cerrados.
+
+--A la cárcel--gritaba ronca doña Casta.
+
+--No, a la cárcel no--dijo la víctima, haciendo gala de
+generosidad...--dejarla, dejarla... Pepe, no le hagas nada.
+
+--No; si yo no le pego... Allá se entenderá con el juez.
+
+--No, juez no, juez no--decía la de Fenelón muy apurada--. La perdono.
+Dejarla; que se vaya, que se vaya pronto; que yo no la vea.
+
+Fortunata, implacable, no se quería callar, y entre los que rodeaban a
+la víctima se dividieron los pareceres respecto a lo que se debía hacer
+con la agresora. Subió más gente, y el obrador, con tanto vocear y las
+pisadas de los que entraban y salían, parecía un infierno.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+La primera que llegó a la casa de la Cava, durante la ausencia de
+la _Pitusa_, fue Guillermina. Después de llamar dos veces, la voz de
+Encarnación le respondió al través de los agujeros de la chapa: «La
+señorita ha salido. Me ha dejado encerrada».
+
+--¡Ha salido!... ¡Dios nos asista!... ¿Pero es eso verdad, o es que no
+quiere recibirme?
+
+--No, señora, no está. Dijo que volvería pronto. Echó la llave con dos
+vueltas.
+
+--¿Y el niño?--Sigue tan dormidito.--Esperaré un rato--dijo la santa
+dando un suspiro; y cansada de estar en pie, se sentó en el más alto
+escalón del tramo. Parecía una pobre que espera se abra la puerta para
+pedir limosna--¿Pero dónde habrá ido esa loca?... Lo que yo digo: a
+esta no la sujeta nadie. No va a poder criar a su hijo. Tiene a lo mejor
+algunas corazonadas felices; pero cuando menos se piensa la pega... El
+mejor día abandona a su niño o lo mete en la Inclusa... No, eso sí que
+no se lo consentimos. Si el pobrecito tiene una madre descastada, no le
+faltará quien mire por él.
+
+Cuando esto pensaba, sintió subir a otra persona. Era Ballester, quien
+al verla, se quedó algo cortado. «¿Viene usted a esta casa?--le dijo la
+dama--. Pues tómelo con paciencia, que el pájaro voló. La señora esa se
+ha ido a la calle. Dentro están el chico y la criada; pero como se llevó
+la llave, no podemos entrar. Aguante usted el plantón, como yo, si no
+tiene prisa, que ya no puede tardar».
+
+--¡Pero si le habíamos prohibido que saliera! (asustadísimo y
+disgustado). Anoche, según me dijo D. Francisco de Quevedo, estaba algo
+excitada. Por eso yo venía a ver... ¡Qué disparates hace!
+
+--¡Ya lo creo que es disparate! ¿Y usted no sospecha dónde podrá estar?
+
+--Yo... nada. En fin, esperaremos. Sentose el regente dos escalones más
+abajo, y la santa guiñó los ojos para mirarle. Como no se paraba en
+barras cuando creía necesario interrogar a alguna persona, de buenas a
+primeras acometió a Ballester en esta forma: «Dígame usted, caballero,
+y dispense la confianza. ¿Es usted la persona que ahora... tiene más
+ascendiente con esta mujer?».
+
+--Yo, señora... ascendiente no creo tenerlo... La conozco hace poco
+tiempo. Soy su amigo; me intereso algo por ella.
+
+--No trato yo de que usted me diga qué clase de amistad es esa...
+
+--Las relaciones más puras... ¿Qué, no lo cree usted?
+
+--Sí, yo creo todo. Precisamente, tengo mucha fe (riendo con gracia);
+pero no se trata ahora de esto. ¿A mí qué me importa? Lo que quiero
+decir es que si usted tiene algún influjo sobre ella, debe aconsejarle
+que... Porque el día mejor pensado, esta mujer vuelve a las andadas, y
+se cansará de criar a su niñito. Lo mejor sería que le pusiera un ama,
+entregándoselo a personas que le habrían de cuidar mejor que ella.
+Aconséjele usted esto.
+
+--Yo... que quiere usted que le diga... creo que no le abandonará. Está
+muy entusiasmada con él.
+
+--Sí; buen entusiasmo nos dé Dios. ¡Mire usted que esta...! ¡Marcharse a
+paseo!, qué ganas de calle tenía. Ni sé cómo el angelito aguanta tanto
+tiempo sin mamar...
+
+No había acabado de decirlo, cuando oyeron los chillidos del pobre niño.
+No pudiendo contenerse, Guillermina se levantó y fue hacia la chapa
+agujereada, y por allí echó estas vehementes expresiones: «¡Hijo mío,
+esa loca que no viene!... tienes razón... ¡bribona! Aguárdate un
+poquitín, un poquitín». Llamó para que viniese a la puerta la chiquilla,
+y le dijo: «Oye, niña, a ver cómo le entretienes un momentito, que tu
+ama no puede tardar. Mécele en su cunita, cántale algo, sosona».
+
+Y volviendo al peldaño, charló con su compañero de plantón: «¡Qué alma
+de mujer...! ¡Ay!, tengo el genio tan vivo, que rompería la puerta,
+cogería al niño y le llevaría a que le dieran de mamar... ¿Es usted
+médico?».
+
+--No, señora; soy farmacéutico.
+
+Se calló porque sintieron pasos, ya muy cerca, como de una persona que
+subía con cautela, y miraron a la meseta intermedia, esperando a que el
+que subía diese la vuelta. La aparición de aquella persona les dejó a
+ambos muy sorprendidos. Era Maximiliano, quien al ver a doña Guillermina
+y a Segismundo sentados en la escalera, hizo el siguiente razonamiento:
+«Dos personas que esperan y que se sientan cansadas. Luego, hace tiempo
+que esperan, y la casa está cerrada».
+
+Un rato estuvo inmóvil sin saber si seguir subiendo o volverse para
+abajo. El regente se reía y Guillermina le miraba con gracejo.
+
+«Nada--le dijo esta--, que tiene usted que esperar también. ¿Tiene usted
+llave?».
+
+--¿Llave yo?--La del campo--indicó Ballester con mal humor, discurriendo
+que maldita la falta que hacía Maxi allí--. Más vale que se vaya usted,
+amigo Rubín, y vuelva, porque esto va largo.
+
+--Esperaré yo también--contestó el otro sentándose debajo de Ballester.
+
+Y volvieron a oírse los desesperados gritos del _Pituso_, y Guillermina
+no disimulaba su impaciencia y zozobra. «Ya se ve, la pobre criatura
+tiene ganita... ¡Cuidado que levantarse antes de tiempo y plantarse en
+la calle...! Le digo a usted que le pegaría...».
+
+Maximiliano callaba, no quitándole los ojos a la santa, a quien nunca
+había visto tan de cerca.
+
+--Pues estamos lucidos--añadió ella--. Ya somos tres. Y esto va picando
+en historia. Siento pasos. Si será al fin esa veleta...
+
+Los pasos no parecían de mujer. ¿Quién sería? Miraron los tres, y
+apareció José Izquierdo, quien al ver a doña Guillermina, se sobresaltó
+extraordinariamente y miró para abajo, como si se quisiera tirar de
+cabeza. Habría él dado cualquier cosa por tener dónde meterse. La santa
+se reía en sus barbas, y por fin le dijo: «No me tenga usted miedo,
+señor de _Platón_... ¿Por qué está usted tan asustado? No me como la
+gente. Si somos amigos usted y yo...».
+
+--Señora--dijo el _modelo_ con un gruñido--, cuando el endivido tiene
+necesidad, no pue ser caballero y hace cualquiera cosa.
+
+--Sí, hombre, ya lo sé; y aquel gran timo que usted nos dio está
+olvidado... ¡Pues si viera usted qué guapo está el _Pituso_!
+
+--¿De veras? ¡Ay!, ¡probe piojín de mis entrañas!
+
+--Sí; se cría perfectamente. Y es tan listo y tan travieso que tiene
+alborotado todo el asilo.
+
+--¡Ay!, cómo se le conoce la santísima sangre de su madre, que revolvía
+medio mundo. Si tenía aquel chico un talento macho... vamos que...
+
+--Ahora está usted como quiere, Sr. de _Platón_, según he oído, ganando
+unos grandes dinerales con la pintura.
+
+--Defendemos el santo garbanzo, señora...
+
+--Yo me alegro por diferentes motivos, pues estando usted tan en grande
+no se le ocurrirá engañar a la gente.
+
+Izquierdo se rascaba una oreja, y la habría dado porque la santa mudara
+de conversación.
+
+--Si la señora quiere, no miremos pa tras.
+
+--Si esto no es mirar _pa tras_... Vamos, que ahora, si usted estuviera
+mal de fondos, bien podría intentar otro negocio como aquel... y no con
+moneda falsa, sino con legítima.
+
+Ballester se reía y Maximiliano estaba muy serio, lo que reparó la
+fundadora, apresurándose a decir: «Si no fuera por estas bromas, ¿cómo
+pasaríamos el horrible plantón? Yo me consumo cuando tengo que esperar,
+y cuando espero estúpidamente por la tontería de una persona, pierdo la
+paciencia en absoluto...».
+
+Volvió a oírse la quejumbrosa cantinela de Juan Evaristo, y Guillermina
+tiró de la campanilla para decir a la criada: «Mujer, entretenle; dile
+cositas. Pareces tonta... ¡Hijo mío, ya viene, ya viene!... Verás qué
+soba le doy cuando entre, por tenerte así tan solito, muertecito de
+hambre... Señores (volviendo al escalón), ustedes me han de dispensar, y
+si alguno se cansa, no esté aquí por hacerme compañía. Algo debe de
+haberle pasado a esa mujer, cuando tarda tanto. Propongo que se nombre
+una comisión, que vaya a hacer un reconocimiento a la calle y averigüe
+dónde puede estar». Al decir esto, miraba a Maxi, dando a entender que
+fuera él de la citada comisión. El joven no hizo ademán alguno que
+indicara intención de moverse, y en la misma actitud perezosa en que
+estaba, mirando de soslayo a sus compañeros de plantón, dijo así: «Hace
+como unos cinco cuartos de hora iba en un coche por la calle de
+Atocha... Entró por la calle de Cañizares... Hace como unos tres cuartos
+de hora, vi el mismo coche atravesar la plaza de Santa Cruz hacia la
+calle de Esparteros...».
+
+Ballester y Guillermina se miraron alarmados. «Pues propongo--repitió
+ella--, que vaya una comisión a la calle de Esparteros...
+
+¿Y no vio usted si el coche se detuvo en alguna parte?».
+
+--No, señora... Yo creí que el coche venía hacia acá, pues aunque el
+camino más directo desde la calle de Atocha es Plaza Mayor, Ciudad
+Rodrigo y Cava, como en la entrada de la Plaza, por Atocha, están
+adoquinando y no se puede pasar, dije yo: «Es que el cochero va a tomar
+la calle Mayor». Pero por lo visto no ha venido aquí. Luego, ha ido a
+otra parte. Quizás haya ido a visitar a alguna amiga: Aurora, por
+ejemplo...
+
+Ballester y la santa volvieron a mirarse con inquietud. «Lo que este
+chico dice--indicó el farmacéutico, comunicando a la dama sus temores--,
+me parece tan lógico, que casi casi me inclino a tenerlo por cierto».
+
+Oyéronse pasos otra vez; pero eran muy pesados y los acompañaba un
+carraspeo y resoplido de persona madura, por lo que nadie creyó fuera
+Fortunata la que llegaba. «Es Sigunda», dijo izquierdo antes de verla, y
+no se equivocó. La placera se puso en jarras al ver la escalonada
+tertulia que allí había, y cuando apreció quién estaba sentada en el
+lugar más alto, abrió medio palmo de boca, expresando su admiración de
+esta manera: «¡Bendito Dios! ¡El ama de la casa sentadita en la
+escalera, como una pobre que está esperando las sobras de la comida!
+Pero qué, ¿no está esa diabla?
+
+¡Se ha escapado a la calle! Me lo temía. ¡Qué cabeza! ¡Si estaba ella
+anoche muy encalabrinada...! Pero señora, ¿por qué no pasa a casa de D.
+Plácido? Allí habrá sillas, al menos, y podrán la señora y los señores
+sentarse a gusto...».
+
+--Hágame el favor de llamar en el tercero y ver si está Plácido. Tengo
+la seguridad de que él la encuentra.
+
+Segunda llamó, y Plácido no estaba.
+
+«¿Quiere la señora que vaya a buscarla?... ¿Pero adónde?».
+
+--Yo iré--dijo Ballester, que no podía desechar la idea de que en el
+obrador de Samaniego darían razón de la fugitiva. Pero aún hablaba con
+Guillermina en secreto, cuando Segunda, que había bajado en busca de una
+llave o ganzúa con que abrir la puerta, gritó desde el principal: «Ya
+está aquí, ya está aquí».
+
+--¡Ah!, ¡gracias a Dios...!--exclamó Guillermina sin intención de doble
+sentido--. Ya pareció la perdida. Veremos lo que trae.
+
+--Una de dos--dijo Ballester suspirando--: o trae la cara arañada, o
+trae sangre o quizás piel humana en las uñas.
+
+--Es mucha mujer esta... Todos se levantaron menos Maximiliano, que
+continuó echado apáticamente hasta que vio a su mujer. Esta subía
+jadeante, sofocadísima, limpiándose con un pañuelo el sudor de la cara,
+y levantándose las faldas para no pisárselas. En la mano traía la llave
+de la casa. «¿Qué, he tardado?... Si no he tardado nada. Despaché en
+seguida... ¡Ah!, doña Guillermina también aquí. Hija, yo creí
+desocuparme más pronto... Y mi rey tiene hambre... ya le oigo llorar...
+Voy, voy, hijo de mis entrañas... ¡Ay!, creí que no me dejaban venir. Si
+me llevan a la cárcel, no sé... pobrecito mío».
+
+--Abra usted, abra pronto...--le dijo Guillermina empujándola--,
+callejera, cabra montés. Está visto; no sirve usted para madre... ¡Ángel
+de Dios!, hace dos horas que está rabiando... Si usted no se enmienda,
+tendremos que mirar por él.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Abrió y entraron todos atropelladamente; Fortunata delante,
+Guillermina agarrada a ella, y detrás Ballester, Maxi, Izquierdo y
+Segunda. La madre corrió derecha a la alcoba, donde estaba el pequeño en
+su cuna, dando unos gritos que enternecerían al caballo de bronce de
+Felipe III. «Aquí estoy, rico mío, aquí está tu esclava... Ven, ven,
+cielo de mi vida; toma la tetita, toma... ¡Ay qué hambre tan grande!...
+¡Cuánto ha llorado mi ángel!... Yo desatinada por venir. ¡Qué contento
+se pone mi niño!... Ya no llora más, ¿verdad? Ya no más...».
+
+Sin quitarse el mantón, había cogido al chiquillo, disponiéndose a
+aplacar su gran necesidad. Se sentó en la cama, para dejar a Guillermina
+la única silla que en la alcoba había. La santa no atendía más que al
+pequeñuelo, observando si la ansiedad con que mamaba iba acompañada de
+satisfacción: «Me temo que con esos arrebatos se quede usted sin leche».
+
+--¡Quia!, no señora... Vea usted, la tengo de sobra. Al contrario, creo
+que si no me desahogo, me quedo seca. Estaba yo anoche, que no cabía en
+mí. Me era tan preciso vengarme como el respirar y el comer. Pues verá
+usted... después de darle una bofetada que debió de oírse en Tetuán, le
+pegué un achuchón con la llave, y la descalabré... después metí mano a
+las greñas...
+
+--Cállese usted por Dios, que me da horror de oírla.
+
+--Me querían llevar a la cárcel, y estuvieron cerca de una hora si me
+llevan o no me llevan. Fueron los policías, y yo dije que estaba
+criando. Total, que por fin me soltaron, y aquí me vine corriendo. ¡Si
+no hay como ser así para que la respeten a una! Si no están allí las
+condenadas modistas, me paseo por encima de su corpacho como por esa
+sala. Porque mire usted que es remala; ¡engañar a dos, a dos, señora, a
+mí y a la otra, que es un ángel, según dice todo el mundo! Dígale usted
+que su cuenta con _la Samaniega_ está ajustada.
+
+--Me parece que está usted muy trastornada... Cállese, cállese y atienda
+a su hijo...
+
+--Ya atiendo, señora, ya atiendo. ¿Pues no me ve?... Hijo, gloria de tu
+madre, emperador del mundo... ¡Ay!, crea usted que si aquellos perros
+guindillas no me dejan venir a dar de mamar a mi hijo, no sé lo que me
+pasa... El mismo Samaniego fue quien me soltó, diciendo: «Que se vaya
+noramala». Pues sí, señora, estoy contenta. Y crea usted que no me
+alegro por interés... ¿Para qué quiero yo el dinero? Para nada. Me
+alegro por tener _el hijo de la casa_, y esto no me lo quita nadie. Ni
+con latines ni sin latines me lo quitan. ¿Verdad, señora? Usted está
+ahora de mi parte. Y _ella_ también está ahora de mi parte, ¿verdad?
+
+--Cuando digo que usted no tiene la cabeza buena (bastante alarmada).
+Cállese la boca. Tengamos formalidad (dándole palmadas en el hombro),
+porque si no le cría bien, le pondremos ama; y en último caso, hasta le
+recogeremos para tenerlo con nosotras.
+
+--¡Quia!... no señora... Yo no lo suelto (con gran excitación y
+desbordamientos de alegría). ¡Estoy tan contenta!... Usted me va a
+querer, señora ¿verdad? ¿Me querrá usted? Porque yo necesito que alguien
+me quiera de firme. Verá usted qué bien me voy a portar ahora.
+¿Hombres?, ni mirarlos. No quiero cuentas con ninguno. Mi hijito y nada
+más.
+
+--Sí... quien te conozca que te compre.
+
+--¡Ah!, usted no me conoce, señora... ¿Cree que...? Ja, ja, ja... Mi
+hijito, y aquí paz... Verá usted; nos haremos cargo de que es hijo de
+las tres, y tendrá tres madres en vez de una...
+
+A la santa le hizo gracia aquella extraña idea.
+
+«Mire usted; después que Dios me ha dado al _hijo de la casa_, no le
+guardo rencor a la otra... Porque yo soy tanto como ella por lo menos...
+Como no sea más. Pero pongamos que soy lo mismo. No le guardo rencor, y
+como me apuren mucho, hasta le tomaré cariño... Tres mamás va a tener
+este rico, esta gloria: yo, que soy la mamá primera; ella la mamá
+segunda, y usted la mamá tercera».
+
+«¡Pero, hija, qué alborotada está usted, y qué disparates dice!
+(tomándole el pulso y examinando con alarma el brillo de sus ojos).
+Extraño mucho que el pobre Juanín encuentre qué sacar de ese pecho...».
+
+Las demás personas que en la casa entraron estaban en la sala, sin
+atreverse a pasar mientras durase aquel animado coloquio de la diabla y
+la santa, cuyo lejano run run oían. Guillermina pasó a la salita en
+busca de Ballester, que estaba muy cariacontecido junto a los cristales
+de la ventana, mirando a la plaza, y le dijo: «Está esa mujer
+excitadísima, y me temo que se seque... ¿Hay aquí antiespasmódica?».
+
+--Sí, sí, la preparé yo con muchísimo esmero; pero traeré más esta
+noche. ¿Dice usted que está excitadísima?
+
+--Pero atroz... Cabeza trastornada; dice mil despropósitos. Entre usted.
+
+Cuando Ballester le propuso que tomara la medicina, replicó la joven:
+«Lo que quiero es agua. Tengo una sed horrible... la boca seca». Bebió
+con ansia, y entre tanto, la fundadora llevaba aparte a Ballester y le
+decía:
+
+--Oiga usted. Y su marido, ese pobre hombre, ¿qué viene a buscar aquí?
+¿Qué hace, qué dice, cómo ha tomado esto?
+
+--Señora--replicó el regente fluctuando entre la seriedad y la risa--.
+¿Usted no lo entiende?... pues yo tampoco. Su natural es tímido. Por
+eso, cuando veo que rompe a hablar con personas que no son de confianza,
+me escamo mucho. De algún tiempo acá todo cuanto ese chico habla es tan
+atinado, que podrían tenerlo por suyo los siete sabios de Grecia.
+
+--¿Pero no está...?--preguntó la dama llevándose a la sien su dedo
+índice.
+
+--A saber... Él fue quien le trajo el cuento de lo del tal con la cual,
+quiero decir, con la _Fenelona_. Yo no me fío de la cordura de este
+caballerito, y siempre que le cojo a mano le registro, a ver si trae
+algún arma. No me gusta nada verle aquí.
+
+Rubín e Izquierdo estaban sentados en el sofá de la sala, ambos
+silenciosos, Fortunata llamó a Ballester y a _Platón_ para contarles lo
+que había hecho, y en tanto Guillermina se fue a sentar junto a
+Maximiliano, insinuándose con él por medio de una sonrisa de benignidad.
+Quiso la dama hablarle, y no pudo decir una palabra, pues con todo su
+talento y práctica del mundo no acertaba con la clave de las ideas que
+ante aquel hombre, dada la situación de él, debía desarrollar. ¿Qué le
+diría? ¡Este sí que era problema! ¿Qué tono tomaría? ¿Era cuerdo el tal
+o no? Porque si había dificultades considerándole demente, tratándole
+como sano las dificultades eran tales que rayaban en lo imposible. ¿Le
+hablaría del niño?... Jesús qué disparate. ¿Le diría que su mujer era
+una joya? ¡Qué barbaridad! ¿Acometería el estado real de las cosas? Ni
+pensarlo. ¿Lo tomaría por el lado religioso y de la resignación?
+Tampoco. ¿Por el lado mundano? Quia... Nunca se había visto la buena
+señora enfrente de un problema de ciencia social tan enrevesado y
+temeroso. Aquel enigma superaba a cuantos enigmas había visto ella en su
+vida infatigable.
+
+«Vamos--pensó la fundadora--, ¿a que tirando por la calle de en medio
+salgo bien? Es lo mejor, y este sistema siempre me ha dado resultados.
+Oiga usted, caballerito...».
+
+--Señora... Y aquí se atascó el diálogo, porque la santa no se atrevía
+a pasar adelante. Pero quiso Dios que la misma esfinge le abriese camino
+diciéndole: «Yo conocía a usted de vista y de fama; pero nunca había
+tenido el gusto de hablarle... Es usted una santa, y cuando se muera, la
+canonizaremos y la pondremos en los altares».
+
+--Gracias; es favor--replicó ella con gracejo--. Y a mí me parece que el
+santo es usted.
+
+--Yo... (sin maravillarse mucho de la lisonja). Pero de mí a usted hay
+una gran diferencia. Cierto que yo he ganado algunas batallitas contra
+mis pasiones; pero no he llegado, ni con mucho, al grado de perfección
+que usted. Disto bastante todavía. Si con padecer se llegara, ya
+estaríamos en el pináculo, porque yo he padecido mucho, señora. Usted se
+pasmará de la serenidad que nota en mí. Todos se pasman, y no es para
+menos. Porque aquí donde usted me ve, he estado loco, loco perdido...
+
+--Lo sé, lo sé... ¡Ay, qué dolor!
+
+--Y he ido pasando por este y el otro grado. Primero tuve el delirio
+persecutorio, después el delirio de grandezas... Inventé religiones; me
+creí jefe de una secta que había de transformar el mundo. Padecí también
+furor de homicidio, y por poco mato a mi tía y a Papitos. Siguieron
+luego depresiones horribles, ganas de morirme, manía religiosa, ansias
+de anacoreta, y el delirio de la abnegación y el desprendimiento...
+
+Pero Dios quiso curarme, y poco a poco aquellos estados fueron pasando,
+y la razón, que estaba muerta, empezó a nacer, primero chiquitita, y
+después creció tanto, tanto, que se me hizo un cerebro nuevo, y fui otro
+hombre, señora. Y me encontré entonces con la novedad de un gran
+talento, perdóneme usted la inmodestia, con una gran aptitud para juzgar
+de todas las cosas...
+
+Guillermina estaba pasmada y no se le ocurría nada que oponer a aquellas
+razones. Expresábase él con admirable serenidad y con fácil y aun
+ingeniosa palabra, sin atropellarse ni vacilar un instante, las
+facciones reposadas, todo cortesía y aplomo.
+
+«Y cuando volví a la vida, porque volver a la vida fue aquello,
+encontreme como el que sube a un monte muy alto, muy alto, y ve todas
+las cosas de golpe, reducidas a mínimo tamaño. 'Aquello--decía yo--que
+me pareció tan grande, vedlo allá tan chiquitín'. Híceme cargo de todo
+lo que había pasado durante mi enfermedad, que más bien me parecía
+sueño, y vi la infidelidad de esa desgraciada, vi también que tenía una
+cría, y la claridad de aquella razón nueva y robusta que yo había
+echado, me hizo ver un caso de aplicación de la justicia, y consideré
+que era de mi deber contribuir a la extirpación del mal en la humanidad,
+matando a esa infeliz, con lo cual la redimía, porque yo he dicho
+siempre: 'Bienaventurados los que van al patíbulo, porque ellos en su
+suplicio se arrepienten, y arrepintiéndose se salvan'».
+
+Guillermina iba a contestar algo a esto; pero el otro no la dejaba meter
+baza.
+
+«Aguárdese usted un poquito, que falta la segunda parte. Pensaba yo cómo
+realizaría aquel acto de justicia, cuando la casualidad, mejor será
+decir la Providencia, me deparó una solución mejor y más cristiana que
+la muerte. Esta pobre mujer no necesitaba de mi justicia. Dios mismo
+había dispuesto su castigo y una lección tremenda. ¿Qué debía yo hacer?
+Dejar que hiriera la lección. La infidelidad castiga la infidelidad.
+¿Hay nada más lógico que esto? Yo debía, pues, dejar que obrase la
+lógica. Di gracias a Dios por aquella luz que hizo venir a mí. Dios es
+el único que castiga, ¿verdad, señora? ¡Y qué bien que lo sabe hacer! ¿A
+qué usurparle sus funciones? Dios, realizando la justicia por medio de
+los sucesos, lógicamente, es el espectáculo más admirable que pueden
+ofrecer el mundo y la historia. Así es que yo me lavo las manos, y dejo
+que la lección natural se produzca y la justicia se cumpla. ¿Es esto ser
+razonable? ¿Es esto ser cuerdo...?».
+
+Hizo la pregunta cruzándose de brazos, y Guillermina después de vacilar,
+le dijo: «Vaya si lo es. Y Cristo nos enseña que no debemos tomarnos la
+justicia por nuestra mano, pues Dios castiga sin palo ni piedra, y Él
+da a cada criatura lo que le conviene. Cuando alguna injusticia nos
+envuelve, por picardías de los hombres, lo que debemos hacer es
+aguantar, y cruzarnos de brazos y decir: 'Vengan palos. Mientras más me
+humillen, más me levantaré después. Mientras más me azoten aquí, más
+salud tendré allá'».
+
+--Eso mismo pienso yo. Los resentimientos que había en mi corazón, los
+he ido desechando... La idea de matar la considero yo ineficaz y
+absurda, como un medicamento equivocado. Sólo Dios mata, y Él es quien
+siempre enseña. Yo he tenido celos horribles, yo he tenido rencores
+ardientes; sin embargo, toda esta maleza va cayendo bajo el hacha de la
+razón... Razón y nada más que razón. Ya no pienso en matar a nadie, ni
+aun a los que tanto odié. Veo las admirables enseñanzas de Dios, veo a
+los malos recibir su castigo, y procuro no merecerlo yo... Este es mi
+sistema, esta es mi vida.
+
+Segismundo había llamado a Guillermina desde la puerta de la alcoba.
+Allí cuchichearon algo referente a Fortunata, y habiéndole preguntado a
+la santa su parecer respecto al joven Rubín, la fundadora se expresó de
+este modo: «Lo último que me ha dicho es el colmo de la sabiduría y de
+la cordura; pero...».
+
+--No las tiene usted todas consigo... Ni yo tampoco.
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Izquierdo entró con una botella de cerveza y detrás el mozo del
+café de Gallo con un _grande_ de limón, ponchera y copas. «La
+señora--dijo él queriendo ser amable--, va a tomar un vasito de cerveza
+con limón».
+
+--¡Quite usted allá!--replicó la dama--. Yo no bebo esas porquerías. Se
+lo agradezco...
+
+A Fortunata la invitaron también; pero ella no quiso tampoco tomarlo, y
+pidió leche. Ballester, atento a serle agradable, mandó a Encarnación
+por la leche, y Guillermina se despidió para retirarse en el momento en
+que entraba Plácido, que había subido presuroso y lleno de oficiosidad a
+ponerse a sus órdenes.
+
+Segismundo observaba a su amiga, y a la verdad, no le parecía su estado
+muy católico. El falso gozo que la hacía reír a cada instante no era
+buena señal, y hubiera él deseado que hablase menos. Pero todo se volvía
+contar el lance con Aurora, dándole proporciones trágicas, y una vez
+concluido, lo empezaba de nuevo, revelando contra la que fue su amiga
+una saña implacable. Ballester la contradecía suavemente, recomendándole
+la prudencia, la tolerancia y el perdón de las injurias. No sabiendo ya
+qué decirle, llegó hasta sacarle el ejemplo de Maximiliano, que llevaba
+con tan cristiana mansedumbre el cargamento de sus agravios. La diabla,
+al oír esto, se reía más, diciendo que su marido era un santo, un
+verdadero santo, y que si le canonizaban y le ponían en los altares,
+ella le rezaría y le escupiría. Esto no lo oyó Rubín, que a la sazón
+estaba jugando a las damas con Izquierdo.
+
+Trajeron la leche, y cuando Encarnación se la servía a su ama, esta vio
+que habían caído dos moscas; le entró mucho asco y puso a la chiquilla
+como hoja de perejil, llamándola puerca y descuidada. El regente mandó
+traer más leche, y dijo que la de las moscas se la bebería él, pues no
+tenía asco de nada. Sacó los insectos con el dedo meñique, y su amiga le
+criticó esta acción, llamándole sucio y tratándole con cierta sequedad.
+Trajeron la leche bien tapada para que no cayeran moscas, y mientras
+Fortunata se la bebía, Ballester se tomó la otra, diciendo bromas y
+chuscadas, con las cuales no lograba disipar la negra tristeza en que la
+joven había caído tras la ruidosa alegría. Mandola acostar, y
+entretanto, pasó el farmacéutico a la sala, haciendo que atendía al
+juego de las damas. No podía tener tranquilidad mientras Maxi estuviera
+allí, ni se fiaba de sus apariencias resignadas y filosóficas. Con
+disimulo, y fingiendo que le hacía cosquillas, por jugar, le tocó los
+bolsillos, temeroso de que llevara algún arma. Pero nada encontró en su
+disimulado reconocimiento. A pesar de todo, no quería Ballester irse
+sin llevarle por delante, y tanto bregó con él, que hubo de conseguirlo.
+Salió, pues, el regente haciendo propósito de volver, pues su amiga le
+había puesto en cuidado.
+
+_Platón_ se fue también al anochecer, pero a las nueve regresó
+encendiendo luz en la sala. No eran las nueve y cuarto, cuando
+Fortunata, que había empezado a dormitar, sintió pasos, y vio que un
+hombre entraba en la alcoba. «¿Quién es?--preguntó alarmada, echando los
+brazos a su hijo--. ¡Ah!, eres tú, Maxi; no te había conocido. Está esto
+tan oscuro...».
+
+La tos perruna de su tío la tranquilizó, diciéndole que no estaba sola.
+Mandó a la chica que trajese luz, pues se le había despabilado el sueño,
+y José, atento a custodiarla, se asomaba a cada instante a la alcoba.
+Sentose Maximiliano junto a la cama como el día anterior, y
+bondadosamente le dijo: «Esta tarde había aquí mucha gente y no pude
+hablarte. Por eso he vuelto. Ya sé que tú y Aurora os pegasteis. Doña
+Casta está furiosa, y mi tía, no puedes figurarte lo alborotada que está
+contra ti. Sobre este suceso de hoy se me ocurre a mí una cosa que te
+quiero comunicar».
+
+--Dímelo, dímelo prontito--indicó ella, que sin saber por qué, esperaba
+de aquel hombre, a quien tenía en tan poco ideas extrañas y quizás
+consoladoras.
+
+--Pues lo que has hecho esta tarde favorece a tu enemiga--afirmó Rubín
+con severidad de médico, aguardando el efecto que tales palabras habían
+de hacer en ella--. Sí; favorece a tu enemiga. Tú eres tonta y no
+conoces la naturaleza humana. Yo, desde que entré en esta gran crisis de
+la razón, todo lo veo claro, y la naturaleza humana no tiene secretos
+para mí.
+
+Fortunata no comprendía. «Me explicaré mejor. Quiero decir que al
+maltratar a tu rival le has dado la victoria sobre ti. El hombre a quien
+queréis las dos pudo haber vacilado antes de elegir la que
+definitivamente había de merecer su amor. Ahora no vacilará. Entre una
+que se descompone y hace las brutalidades que tú hiciste y otra que
+padece y es maltratada, el amor tiene que preferir a la víctima. Toda
+víctima es por sí interesante. Todo verdugo es por sí odioso. En un
+pleito de amor, la víctima gana siempre. Ésta es una verdad que está
+escrita en el corazón humano como en un libro, y yo leo en él tan claro
+como leemos una noticia en _El Imparcial_. Yo lo sé todo; nada se me
+oculta. Demasiadas pruebas tienes de ello».
+
+A Fortunata le hizo esto tan mal efecto, que sintió ganas de coger la
+palmatoria y tirársela a la cabeza. Respondió con despecho: «Pues si
+gana ella, mejor. A mí no me importa nada que él la quiera ni que la
+deje de querer...».
+
+--Y ahora la va a querer tanto--agregó Maxi impasible y frío--, la va a
+querer tanto, que los amantes de Teruel van a ser paja al lado de ellos.
+La querrá porque ha sido atropellada, y las víctimas siempre inspiran
+amor. Créetelo porque te lo digo yo, que todo lo sé. La querrá con
+locura, más que a ti, más que a su mujer; y hará con ella lo que no hizo
+con ninguna. Abandonará a su mujer y a sus padres para vivir a sus
+anchas con ella... Y serán felices y tendrán muchos hijitos.
+
+Lo que la de Rubín dijo no fue más que un mugido. Hizo ademán de coger
+la palmatoria. Después se tapó la cara con la mano.
+
+«Yo te digo estas cosas porque son la verdad, y te pego con la verdad
+para que la lección escueza. Así, así es como aprendes. Bonita
+enseñanza, ¿verdad? Cierto que duele y hace sangre; pero padecer y
+aprender son sinónimos. Por tu bien es. Tu conciencia se purificará, y
+ojalá te murieras con esta pena, porque te irías derecha al Cielo».
+
+La joven lloraba con angustia, y él no parecía tenerle compasión.
+
+«Veo que me crees y haces bien. Lo que te he dicho ha salido siempre
+verdad. Yo lo sé todo, y mi razón me presenta la vida como un panorama
+ante los ojos. Es un don que recibí de Dios. Cuando estaba loco,
+adivinaba por inspiración; bien lo sabes, y recordarás que te anuncié
+todo lo que iba a pasar... La verdad venía entonces a mí envuelta en
+una especie de simbolismo, como las verdades reveladas a los pueblos de
+Oriente. Pero luego entré en la época de la razón, y la verdad se me
+ofrece clara y desnuda, y desnuda y clara te la digo. ¿Acerté a
+encontrarte cuando todos me decían que te habías muerto? ¿Acerté a
+descubrir lo de Aurora con los detalles de casa, hora a que se reunían,
+etcétera? Pues ya ves. Nada se me esconde, y lo que acabo de decirte es
+el Evangelio. Has dado la victoria a tu enemiga... aguanta el golpe. Tu
+víctima y tu verdugo serán felices y tendrán muchos hijos».
+
+--Cállate, cállate o verás...--dijo Fortunata amenazándole con el puño,
+y tratando de vencer el terror sugestivo y supersticioso que su marido
+le inspiraba--. Yo también sé verdades y te voy a decir una.
+
+--Pues dímela pronto.--Digo que eres un hombre sin honor...
+
+Maximiliano se estremeció ligeramente, pero nada más. Seguía oyendo. «¿Y
+qué más?» dijo.
+
+--¿Te parece poco?--prosiguió la diabla, que de rabiosa que estaba,
+tenía espuma de saliva en los labios--. Pues Ballester y doña
+Guillermina lo decían hace poco: «Es un santo; pero no tiene el
+sentimiento del honor». Conque ya sabes. Déjame en paz. No quiero verte
+más. Unos dicen que estás cuerdo, y otros que estás loco. Yo creo que
+estás cuerdo, pero que no eres hombre; has perdido la condición de
+hombre, y no tienes... vamos al decir, amor propio ni dignidad... Conque
+ahí tienes tu lección. Aguanta y vuelve por otra. ¿Qué creías?, ¿que yo
+iba a sufrirte tus lecciones, y no te iba yo a dar las mías?
+
+--Lo que dices (con glacial estoicismo) es propio de una criatura llena
+de debilidades y de impurezas, en quien la razón se halla en estado
+embrionario, y que habla y obra siempre al impulso de las pasiones y del
+vicio.
+
+--_¡Tiologías!_--gritó Fortunata exaltándose y moviendo los brazos como
+una actriz en pasaje de empeño--. Si tú hubieras tenido tanto así de
+dignidad, me habrías pegado un tiro... No lo has hecho. Mejor para mí. Y
+otra cosa te digo. Si hubieras tenido un adarme de sangre de hombre,
+cuando viste a ese y a esa, les habrías pegado seis tiros, dejándoles
+secos a los dos. Pero tú no tienes sangre. Esa santidad y esa
+cristiandad y esa pastelera razón son la horchata que tienes en las
+venas...
+
+Izquierdo, que oía desde la puerta, se alarmó, creyendo oportuno evitar
+aquel coloquio que tan mal giro tomaba: «Ea--dijo entrando--, bastante
+hemos hablado. Y usted, señor de Maxi, haga el favor de tomar
+soleta...».
+
+Le cogía por un brazo, sin que él hiciese resistencia. Rubín estaba algo
+aturdido, como si analizara y descompusiera en su mente las acusaciones
+de su mujer antes de darles la réplica que merecían. De repente, cual
+movida de un impulso epiléptico, Fortunata se incorporó en el lecho,
+echó los brazos hacia adelante, clavó los dedos de una mano en el hombro
+de su marido con tanta fuerza que le tuvo atenazado, y comiéndoselo con
+los ojos, le gritó de este modo: «Marido mío, ¿quieres que te quiera
+yo?, ¿quieres que te quiera con el alma y la vida?... Di si quieres...
+Yo me he portado mal contigo; pero ahora, si haces lo que te pido, me
+portaré bien. Seré una santa como tú... Di si quieres...».
+
+Maxi la interrogaba con su mirada luminosa.
+
+«Di si quieres. Verás cómo lo cumplo. Seré una mujer modelo, y tendremos
+hijos tú y yo... Pero has de hacer lo que te digo. Yo te juro que no me
+volveré atrás, y te querré. Tú no sabes lo que es una mujer que se muere
+por un hombre. ¡Pobretín, esa miel no la has catado nunca!... ¿No darías
+tú algo porque yo te quisiera como tú me querías a mí?... ¿Te acuerdas
+de cuando me adorabas, te acuerdas?... Pues figúrate que yo te adoro a
+ti lo mismo y que te llevo estampado en mi corazón, como tú me llevabas
+a mí...».
+
+Maximiliano empezó a inmutarse... La máscara fría y estoica parecía
+deshacerse como la cera al calor, y sus ojos revelaban emoción que por
+instantes crecía, como una ola que avanza engrosando.
+
+«Di si quieres...--repetía la diabla con exaltación delirante--. Déjate
+de santidades y reconciliémonos y querámonos... Tú no lo has catado
+nunca. No sabes lo que es ser querido... Verás... Pero ha de ser con una
+condición... Que hagas lo que debiste hacer, matar a esa indina,
+matarla... porque lo merece... Yo te compro el revólver... ahora
+mismo...».
+
+Sus manos revolvieron temblorosas bajo las almohadas buscando el
+portamonedas. De él sacó un billete de Banco. «Toma, ¿quieres más?
+Compras un revólver... bien seguro... pero bien seguro... la acechas, y
+plim... la dejas seca... Oye otra cosa: Para que se te quiten los
+celitos, y cumplas con tu honor como un caballero, les matas a los dos,
+¿sabes?, a ella y a él, que también lo merece, y después de muertos (con
+salvaje sarcasmo), después de muertos, ¡que tengan los hijos en el otro
+mundo!... ¿Con que lo harás? Hazlo por mí, y por su pobrecita mujer, que
+es un ángel... las dos somos ángeles, cada una a su manera... Dime que
+lo harás... ¡Y luego te querré tanto...! No viviré más que para ti...
+¡Qué felices vamos a ser!... tendremos niños... hijos tuyos, ¿qué te
+crees?...».
+
+Maxi, lelo y mudo, la miraba, y al fin sus ojos se humedecieron... Se
+deshelaba. Quiso hablar y no pudo... La voz le hacía gargarismos.
+
+«Sí... quererte a ti--añadió ella--. No sé por qué lo dudas. ¡Ah!, no me
+conoces... no sabes de lo que soy capaz... déjate de _tiologías_... ¡El
+amor! Yo te enseñaré lo que es... No lo sabes, tontín... ¡la cosa más
+rica...!».
+
+--Vamos, ¿qué _yeciones_ son estas?--clamó Izquierdo, tirando a Rubín de
+un brazo--. Basta de música... A la calle, que esta chica está mu mala.
+
+--Tío, déjele usted, déjele usted... Es mi marido, y queremos estar
+juntos... ¡Vaya!...
+
+Maxi se dejaba levantar del asiento como un saco. Se había quedado
+inerte. De pronto, hubo algo en su espíritu que podría compararse a un
+vuelco súbito, o movimiento de cosas que, girando sobre un pivote,
+estaban abajo y se habían puesto arriba. Las manos le temblaban, sus
+ojos echaron chispas, y cuando dijo _matarles, matarles_, su voz sonó en
+falsete como en la noche aquella funesta, después del atropello de que
+fue víctima en Cuatro Caminos.
+
+«Mátameles, sí...--añadió la diabla, retorciéndose las manos--. ¡Hijos
+ella!... En el infierno los tendrá...».
+
+Cayó desplomada sobre las almohadas, chocando la cabeza contra los
+hierros de la cama.
+
+Maxi alargó la mano y recogió el billete, que estaba aún sobre la
+colcha. Y a punto que Izquierdo le sacaba, resonó la voz de Juan
+Evaristo con agudísimo timbre, y entraba Segismundo, asombrándose mucho
+de ver al filósofo otra vez allí.
+
+
+
+
+--x--
+
+
+«¡Demonio de chico!--dijo a Izquierdo cuando volvía de acompañar
+hasta la puerta al señor de Rubín--. Hay que tener mucho cuidado con él
+y no perderle de vista cuando entra aquí. Y ella, ¿qué tal está?...
+Buena moza, ¿cómo va ese valor?».
+
+La joven no respondía. Estaba como aletargada. Pero el chico siguió
+chillando, y al reclamo de él, la madre abrió los ojos, y tomándole en
+brazos, le acercó a su seno. Ballester mandó a la criada que quitara la
+luz, que acaloraba mucho la alcoba, y se sentó donde antes había estado
+Maxi. Luego sacó una cajita de medicinas y una botellita con poción.
+«Aquí traigo otra antiespasmódica. La he hecho yo mismo, y traigo
+también el _percloruro de hierro_ y la _ergotina_, por si acaso... Mucho
+cuidado, hija mía, mucho reposo; que las emociones y los disparates de
+hoy nos pueden traer un trastorno. Apuesto a que Maxi ha venido a
+contarle a usted alguna otra tontería. Es preciso prohibirle la
+entrada».
+
+Fortunata había vuelto a cerrar los ojos. El niño callaba y se oían sus
+lengüetazos.
+
+«Buenas tragaderas tiene el amigo--dijo Ballester; y para sí,
+contemplando a la diabla, que dormía o fingía dormir--: ¡Qué hermosa
+está!... Le daría yo un par de besos... con la intención más pura del
+mundo... He aquí una mujer que hoy no vale nada moralmente, y que
+valdría mucho, si reventara ese maldito Santa Cruz, que la tiene
+_sugestionada_... ¡Lástima de corazón echado a los perros...!».
+
+El chico rompió a llorar otra vez, y la madre parecía tan inquieta como
+él.
+
+«Amigo Ballester... ¿sabe usted que me parece que me quedo sin leche?...
+Mi hijo chupa, chupa y no saca...».
+
+--No asustarse. Es accidental. Procure usted dormir... A ver: ¿Maxi le
+ha dicho a usted alguna tontería?
+
+--Tontería no... verdades...
+
+--¡Verdades!... (rompiendo a reír). ¿Y cómo sabe usted que son verdades?
+
+--Porque las grandes verdades las dicen los niños y los locos.
+
+--Es un refrán sin sentido común. Los locos no dicen más que disparates.
+
+--Es que mi marido no está loco... Tiene ahora mucho talento. Tal creo
+yo.
+
+Juan Evaristo volvió a callar, pegándose al pezón con salvaje ahínco.
+
+«Tome usted un poco de esta bebida. La he preparado como para usted...
+Está riquísima. Es preciso calmar los nervios».
+
+La chica trajo un vaso con cucharilla, y Fortunata tomó la
+antiespasmódica.
+
+«¡Qué bueno es usted, Segismundo! ¡Qué agradecida estoy a lo que hace
+por mí!».
+
+--Todo y mucho más se lo merece usted, carambita--replicó el
+farmacéutico con efusión de cariño--. Hemos de ser muy amigos.
+
+--Amigos sí, porque lo que es querer... No vuelvo yo a querer a ningún
+hombre, como no sea a mi marido, siempre y cuando haga lo que le mando.
+
+--¡A su marido! (tomándolo a broma). No me parece mal. Y ahora que está
+hecho un santo...
+
+--Santo, no... ¡qué simplezas dice usted!
+
+--Santo; así como suena. De modo que será usted también santa... Pues yo
+seré su discípulo. Nos iremos los tres a un desierto a hacer penitencia
+y comer yerba.
+
+--Cállese usted.--Usted es la que se va a callar... a ver si se duerme y
+se le calman los nervios. La salida de hoy no tendrá consecuencias.
+¿Sabe usted lo que venía pensando?, que si encontraba mal a la buena
+moza, me quedaría aquí esta noche. Y al salir de casa, le dije a mi
+madre que quizás no volvería. Nada, que estoy decidido a cuidarla como
+si fuera mi cara mitad.
+
+--No; si no es preciso que usted se moleste. Crea que me siento regular
+esta noche, casi bien. Anoche ¿sabe?, estaba peor.
+
+--Pues me estaré hasta las doce o la una. Me pondré a leer _La
+Correspondencia_ o a jugar al tute con el señor de Izquierdo. Y si la
+veo a usted tranquila y dormida, me retiraré. Si no, aquí me estoy de
+centinela.
+
+Así lo hizo, y no habiendo observado hasta más de media noche nada de
+particular, salió de puntillas, dando a la placera instrucciones por si
+la mamá o el niño tenían alguna novedad durante la noche. El _modelo_ se
+fue también, y Segunda se metió en su cuchitril; mas apenas había
+descabezado el primer sueño, la llamó Encarnación de parte de la
+señorita, que se sentía mal. El chiquillo soltaba todos los registros de
+su voz y no había manera de acallarle. Agotó la madre todos sus medios y
+Encarnación los suyos, que eran cogerle en brazos y dar un paso adelante
+y otro atrás, como si bailara, tratando de persuadirle con amorosas
+palabras de que los niños deben estarse calladitos.
+
+«Paréceme--dijo Fortunata con terror--, que me estoy secando».
+
+--Pues si te secas--le contestó su tía, que hasta para consolar era
+regañona y desapacible--, pues si te secas, ¡demonche!, mejor, ponemos
+un ama, y a vivir...
+
+--Diga usted, tía, ¿ha venido mi marido?
+
+Segunda la miró asombrada. «¡Tu marido!... ¿sabes la hora que es? ¿Y
+para qué quieres que venga acá ese tipo?».
+
+--Tenía que hablarle...--¡Santo Cristo de Burgos, cortinas verdes!... A
+buenas horas nos entra la fineza... El demonio que te entienda, chica,
+¡ahora clamas por tu marido! Para lo que ha de servirte, más vale que no
+parezca por acá en mil años.
+
+--Es que le tenía que hablar. No ha estado aquí desde anoche.
+
+Segunda la volvió a mirar, echándose a reír con descarada grosería.
+«Pero, chica, si ha estado aquí esta noche, y se fue a las diez...».
+
+--¡Ah!, ¿esta noche ha sido? Es que confundo yo las noches... Creí que
+había habido un día entre medio. Cuando una está en la cama, se le va la
+idea del tiempo...
+
+La criatura seguía alborotando, y su madre se quejaba de un desasosiego
+que no podía explicar. «¡Cuánto siento que se haya ido Segismundo! Él me
+recetaría alguna cosa, o al menos, diciéndome que esto no es nada, yo me
+lo creería».
+
+Segunda propuso ir a llamarle; pero Fortunata no consintió en ello,
+porque una noche, dijo, se pasaba de cualquier manera. Así fue, y la
+verdad es que la pasaron todos muy mal, incluso Encarnación, que se
+dormía en pie.
+
+A la mañana siguiente, subió Estupiñá a preguntar por toda la familia
+con un interés del cual Segunda sabía sacar partido. «¿Cómo ha pasado la
+noche la mamá? Y el niño, ¿qué tal? Ya me he enterado del _artículo_ de
+amas, y tengo noticias de tres muy buenas, la una pasiega, otra de Santa
+María de Nieva y la tercera de la parte de Asturias, con cada ubre como
+el de una vaca suiza. ¡Género excelente!».
+
+«Pues no está demás que usted haya dado estos pasos, D. Plácido, porque
+estoy en que se nos seca--dijo la placera, gozosa de meter su cucharada
+en aquel asunto--; y si la señora (aludiendo a Guillermina), quiere que
+se le ponga ama, yo soy de la misma conformidad».
+
+Plácido, después de cotorrear un poco con Segunda en la puerta de la
+casa de esta, bajó a la suya, y en la salita, tapizada de carteles de
+novenas y otras funciones eclesiásticas, estaba Guillermina, en pie, el
+rosario y el libro de rezos en la mano. La casera y el administrador
+cotorrearon otro poco, y el resultado de esta nueva conferencia fue que
+Rossini volvió a subir presuroso y a tener otra hocicada con Segunda en
+la puerta. «Dígame usted, ¿está durmiendo ahora? ¿Y el niño mama o no
+mama?»--«Pues ahora están los dos callados... _Paice_ que
+duermen».--«Pues silencio. Cuide usted de que no haya ruido en la
+casa... Yo, verá usted, como salgan los chicos del latonero a alborotar
+en la escalera, les deslomo».
+
+Y vuelta a bajar y a subir nuevamente con un mensaje. «Señá Segunda,
+oiga. Que no deje usted de mandar recado hoy a ese señor de Quevedo,
+para que la vea y nos diga si traemos el ama o no traemos el
+ama».--«Bien está, bien».--«Yo estaré a la mira; ya las tengo
+apalabradas, y las reconoceremos en mi casa. Buenas mujeres, y no tienen
+pretensiones de cobrar un sentido. Como leche, señá Segunda, como leche,
+creo que la asturiana nos ha de dar mejor resultado que ninguna. Tengo
+yo un ojo... En fin, mucho cuidado».
+
+Y tornó a bajar con toda su oficiosidad y diligencia, dispuesto a subir
+cien veces si fuese menester. Guillermina estuvo aún un ratito en casa
+de su amigo, el cual no sabía qué hacerse al ver su pobre vivienda
+honrada con persona tan excelsa. Habría traído de San Ginés, si pudiera,
+el trono de la Virgen del Rosario, para que se sentara. Pues, digo,
+cuando llamaron a la puerta y fue a abrir, y vio ante sí la simpática
+figura de Jacinta, creyó el pobre hombre que toda la corte celestial
+penetraba en su casa. No dijo nada la señorita; no hizo más que sonreír
+de un modo que significaba: «¡Qué raro verme aquí!». Guillermina alzó la
+voz desde la sala diciendo: «Pasa, aquí estoy...». Estupiñá, siempre
+delicado, se apartó para dejarlas hablar a solas. Parecía que la santa
+reprendía paternalmente a la otra: «Si ya te he dicho que lo dejes de mi
+cuenta. Yo me entiendo. Si te empeñas en meter la cuchara, creo que lo
+vas a echar a perder... No, no te dejo subir... ¿te parece fácil entrar
+a verle sin que se entere su madre? Atrevidilla te has vuelto... ¿Que le
+bajen aquí? ¡Vamos; las cosas que se te ocurren...! Tiempo tienes de
+verle. Si empezamos a hacer disparates y a portarnos como dos
+intrigantas que se meten donde no las llaman, merecemos que nos tome Ido
+por tipos de sus novelas. Vámonos ahora a San Ginés, y luego sabremos la
+opinión del señor de Quevedo. Descuida, que no se nos morirá de hambre».
+
+Salieron, y Plácido se fue con ellas a la iglesia, pues aunque ya había
+estado en ella, érale muy grato acompañar a las señoras a misa. Oyeron
+dos, y antes de salir, sentadas en un banco, la Delfina dijo a su amiga:
+«¿Sabe usted que no he podido oír las misas con devoción, acordándome de
+esa mujer? No la puedo apartar de mi pensamiento. Y lo peor es que lo
+que hizo ayer me parece muy bien hecho. Dios me perdone esta barbaridad
+que voy a decir: creo que con la justiciada de ayer, esa picarona ha
+redimido parte de sus culpas. Ella será todo lo mala que se quiera; pero
+valiente lo es. Todas deberíamos hacer lo mismo».
+
+La santa no respondió, porque dentro de la iglesia no gustaba de tratar
+ciertos asuntos de reconocida profanidad; pero cuando salían por el
+patio que da a la calle del Arenal, tomó el brazo de su amiguita,
+diciéndole: «Bueno estuvo el lance, bueno. ¡Qué par de alhajas!».
+
+--¡Crea usted que a mí me daba una alegría cuando lo oí contar!...
+Habría yo dado cualquier cosa por estar presente en aquella tragedia...
+
+--Quite allá... es repugnante... Dos mujeres pegándose...
+
+--Será lo que usted quiera; pero desde que me lo contaron, la bribona
+antigua se ha crecido a mis ojos y me parece menos arrastrada que la
+moderna.
+
+--Este mundo, hija mía, está lleno de maldades. A donde quiera que mira
+una, no ve más que pecados, y pecados cada vez más gordos, porque la
+humanidad parece que se vuelve de día en día más descarada y menos
+temerosa de Dios... ¡Quién había de decir que esa muchacha, esa
+Aurorita, que parecía tan buena, tan lista...! No, como lista, ya lo es;
+aunque la otra lo ha sido más... ¿Y qué dice Bárbara?, estaba encantada
+con ella, y todos los días iba al obrador a verla trabajar... Pero
+cállate, que aquí viene tu señora suegra...
+
+Barbarita y la pareja se encontraron.
+
+«Ya no alcanzas la del señor cura... ¡Qué horas de ir a misa!».
+
+--Pero si no me han dejado salir en toda la mañana... Mira, Jacinta,
+allí tienes a tu marido llama que te llama... Entré y... «Que dónde
+estabas tú. Que qué tenías tú que hacer en la calle tan temprano».
+Conque bien puedes darte prisa.
+
+--Que espere... Pues no faltaba más...--replicó Jacinta con tedio--. Que
+tenga paciencia, que también la tienen los demás.
+
+--Y vosotras, ¿de dónde venís?
+
+--¿Nosotras? De ver amas de cría--dijo la santa sonriendo.
+
+--¡Amas de cría!...--Sí, no es broma... amas, amas, amas.
+
+--¡Qué graciosa estás hoy!...
+
+--Pues qué, ¿no te ha dicho esta tonta que hemos encontrado otro
+_Pituso_?
+
+Barbarita se echó a reír con donaire. «Pero qué, ¿os han dado otro
+timo?».
+
+--Quia; ahora no. Este es auténtico... este es de ley; _no tiene hoja_,
+como el otro, por quien perdiste la chaveta.
+
+--¡Bah!, no quiero oírte...--repuso Barbarita con humor festivo, y se
+separó de ellas para ir presurosa a la iglesia.
+
+--Oye... mira--dijo Guillermina llamándola...--Cuando salgas, date una
+vuelta por las tiendas. Allí tienes a tu corredor, Estupiñá el Grande.
+Aguarda, oye; te compras una buena cuna...
+
+La dama se reía; todas se reían.
+
+
+
+
+--xi--
+
+
+El dictamen de Quevedo no fue alarmante con respecto a la madre;
+pero al chico le dio el comadrón malas noticias, anunciándole que se
+quedaba sin provisiones. Por la tarde, Plácido comunicó a la señora que
+la mujer aquella se negaba a poner a su hijo en pechos de nodriza,
+aunque esta fuese bajada del Cielo; insistía en que tenía leche; el niño
+berreaba, dando a entender que su mamá faltaba descaradamente a la
+verdad... «En fin, señora--agregó Estupiñá con oficiosidad sañuda--; que
+a esa mujer hay que matarla. Es más mala que arrancada, y lo que ella
+quiere es que la criaturita perezca...».
+
+Fue allá la fundadora, y se alegró de encontrar a Ballester en la sala.
+«A ver si la convence usted de que no puede criar. La pobre, como tiene
+la cabeza un tanto débil y trastornada, se figura que le van a quitar a
+su hijo... Y no es eso, no es eso... Hay interés en que le críe bien».
+
+--Ya se lo he dicho... Casi he empleado las mismas palabras, señora...
+Pero si viera usted... Hállase hoy en un estado de apatía y tristeza que
+no me hace maldita gracia. No hay medio de sacarle una respuesta a nada
+de lo que se le dice. Tiene el chico en brazos, y cuando le hablan de
+amas o de que ella se está secando, le aprieta, le aprieta tanto contra
+sí, que me temo que en una de estas le ahogue.
+
+--Todo sea por Dios... Entraré a ver a la fiera, y trataremos de
+amansarla.
+
+Sin abandonar aquella actitud de desconfianza y miedo, Fortunata pareció
+alegrarse de ver a Guillermina, que la saludó con extremada amabilidad,
+demostrando un gran interés por ella y por su niño.
+
+«¡Qué gusto verla a usted!--exclamó la pecadora sin moverse--. Tenía yo
+ganas de que viniera para decirle una cosa...».
+
+--Pues ya me la está usted diciendo, porque me voy a escape.
+
+La infeliz joven puso el nene a su lado, mostrando menos desconfianza;
+pero le rodeó con su brazo en ademán de protección.
+
+«¿Pero me le quitará?... Diga si me le quería quitar... Fuera bromas. Lo
+que usted me diga lo creeré».
+
+--Muchas gracias, amiga mía... Me toma por ladrona de chiquillos. No
+sabía yo que soy bruja...
+
+--No; es que... verá. Yo pensaba que me lo iban a quitar, por lo mala
+que he sido. Pero eso no tiene que ver, ¿verdad? Pues ahora soy mucho
+más mala. ¡Ay!, señora, he cometido un pecado tan grande, tan regrande,
+que no creo que me lo perdone Dios.
+
+--¿Apostamos a que es cualquier tontería? (inclinándose hacia ella y
+acariciándole la barba).
+
+--¡Ay, señora, ojalá fuera tontería!... Voy a decírselo... Pero no me
+riña mucho... Pues anoche estuvo aquí mi marido, hablamos, y le di
+veinte duros para que comprara un revólver. El revólver es para matar a
+_ese_ y a _esa_... sobre todo a la francesota, infame, traicionera...
+
+Guillermina recibió impresión muy fuerte con estas palabras; pero hizo
+un esfuerzo por aparentar que no perdía su serenidad. «Fuertecillo es,
+sí, señora... Pero su marido de usted no hará nada. He hablado con él y
+me ha parecido muy razonable».
+
+--La razón es su tema... pero no hay que fiar... Lo que es los tiros,
+crea usted que no se le escapan. Yo le calenté bien la cabeza... Toda
+aquella sabiduría que ahora tiene se la quité con las cosas que le
+dije... Se volvió loco otra vez, señora; le prometí quererle como él me
+quiso a mí, y crea usted que hice la promesa con voluntad.
+
+--Me hace usted temblar (alarmándose). Vamos; el pecado ese es de lo más
+atroz que puede haber. Él, si los mata, peca menos que usted, por
+haberle mandado que lo hiciera, acalorándole con promesas.
+
+--Lo mismo me parece a mí, y por eso he estado con miedo toda la noche.
+
+--Si usted reconoce que ha hecho mal, y le pide perdón a Dios de su mala
+intención y procura limpiarse de ella, Dios tendrá piedad de la
+pecadora.
+
+--Es que... verá usted... estoy arrepentida por mitad. ¡Matarle a él!,
+¿sabe usted que me da lástima? No, no, que no le mate... Pero lo que es
+a esa bribona, tramposa, embustera... ¿Pues no tiene la poca vergüenza
+de creer que tendrá hijos?... ¡Hijos ella...! Dígame usted, ¿qué se
+pierde con que se vaya para el otro mundo un trasto semejante?
+
+Esto lo decía con tanta naturalidad, que Guillermina, por un instante,
+no supo si indignarse o tomarlo a risa. «Vaya, que las ideas de usted me
+gustan... Se me figura que marido y mujer allá se van... en sabiduría.
+Si usted no se desdice al momento en todos esos disparates me voy y no
+vuelve a verme en su vida más. No se puede tolerar esto...».
+
+--¿De modo que a esta tía _monstrua_ no se le da un castigo?... Eso sí
+que está bueno. Y seguirá riéndose de nosotras... No lo entiendo.
+
+--Dios es el que castiga; nosotros aprendemos.
+
+Ambas callaron, mirándose. «Tengo que traerle a usted un confesor. Usted
+no está buena ni del cuerpo ni del alma. Pues digo, si lo que Dios no
+quiera, sobreviene la muerte a la hora menos pensada, y la coge así, le
+cayó la lotería».
+
+--Si me muero, me llevo a mi hijo conmigo--dijo la diabla, volviéndole a
+coger y estrechándole contra sí.
+
+--Otra barbaridad. Hoy estamos de vena.
+
+--¿Pues no es mío?, ¿no le he dado yo la vida? (con febril impaciencia y
+ardor).
+
+--¡Cómo!... ¿darle vida usted? Hija, no tiene usted pocas pretensiones.
+También quiere ponerse en competencia con el Creador del mundo y de
+todas las cosas... Vamos, lo mejor es que me eche a reír... En fin,
+estamos aquí como dos tontas, y hay que poner las cosas en su lugar.
+Tiene usted que llamar a su marido y decirle que para quererle como Dios
+manda, es preciso que no mate a nadie, absolutamente a nadie. ¿Lo hará
+usted?
+
+--Si usted me lo manda, sí... ¡Ay!, yo creí que matar al que nos engaña,
+al que nos vende, no es pecado... vamos, que no era pecado muy gordo, se
+me subió la hiel a la cabeza. ¡Le tengo tanta rabia a ésa...! Digo yo
+que se puede tener rabia a otra persona, desear que la maten, y sin
+embargo no ser una mala.
+
+Incorporose para expresar con mímica más persuasiva un argumento que se
+le había ocurrido y que creía de gran fuerza: «Vamos a ver, señora. ¿A
+que la dejo callada ahora?, ¿a que, sabiendo usted tanto como sabe, no
+me devuelve esta?».
+
+--¿Qué?--Esta razón. Vamos a ver. La señorita Jacinta es, como quien
+dice, un ángel... Todos la llaman así... Bueno; pues con todo su mérito
+y su _santificación_, ¿no se alegrarla ella de que me quitaran a mí de
+en medio?
+
+Se volvió a reclinar en las almohadas, satisfecha, esperando la
+respuesta, con la seguridad de que la santa no tenía más remedio que
+mentir para no darle la razón.
+
+«¿Qué está usted diciendo?--replicó Guillermina indignada--. ¡Jacinta
+desear que maten a nadie!... ¡O usted es tonta o ha perdido el juicio!».
+
+--Vamos... Pues bueno, diré otra cosa (retirándose a la segunda paralela
+después de rechazada en la primera). ¿No se alegrará la señorita de que
+yo me muera?...
+
+--¿Alegrarse... de que usted se muera... de que se la lleve Dios...?
+(titubeando). Tampoco... tampoco... Jacinta no desea el mal del prójimo,
+y sabe que debemos amar a nuestros enemigos y hacer bien a los que nos
+aborrecen.
+
+Con un _ju ju_ melancólico expresaba Fortunata su incredulidad.
+
+«¡Ay!, ¿no lo cree?...».
+
+--¡Que me desea bien a mí!
+
+_Tie_ gracia.
+
+--Jacinta no sabe tener rencor... ni se acuerda de usted para nada...
+
+--Pero de eso a que me mire con buenos ojos...
+
+--Pues no faltaba más sino que la quisiera a usted como me quiere a
+mí... Por cierto que ha hecho la niña merecimientos para ello. Con que
+la perdone debe darse por satisfecha...
+
+--¿Y me perdona de verdad?... ¿pero es de verdad?
+
+--¿Pues qué duda tiene? Usted, como no sabe lo que es fe, ni temor de
+Dios, ni nada, no comprende esto.
+
+--¿Y podría ser mi amiga?...
+
+--Hija, tanto como amiga... Eso ya es un poco fuerte (no pudiendo
+contener la risa). Vamos, que no pide usted poco... Ahora quiere que
+después de lo que ha pasado partan un piñón...
+
+--¡Amigas!...--repitió la diabla frunciendo las cejas--. Por más que
+usted diga, no me puede ver, mayormente ahora que he tenido un hijo y
+ella no... Y lo que es ahora, ya no lo tiene, está visto... Que no le dé
+vueltas.
+
+Como Ballester se acercara a la puerta de la alcoba cuando oía reír a la
+santa, esta le dijo: «Entre usted si quiere divertirse, pues esto es una
+comedia. Su amiga de usted está por conquistar. ¡Qué ideas tiene! Por
+cierto que yo le voy a traer al Padre Nones. Tenemos que darle una
+limpia buena. En fin, me retiro, que con estas tonterías se me va la
+mañana».
+
+Se levantó, y Fortunata le tiró del vestido para hacerla sentar otra
+vez. «Una duda me queda, señora. Sáqueme de ella».
+
+--Veamos esa duda... otro despropósito. ¡Ay, qué cabeza!
+
+--Siéntese usted un momento, que le voy a hacer otra pregunta. Dígame
+(bajando la voz), ¿Jacinta faltó o no faltó con aquel caballero?
+
+--¡Ave María Purísima!... ¿con qué caballero?
+
+--Con aquel que se murió de repente...
+
+--Cállese, cállese o le pego...
+
+--No, si yo no lo creo ya. Lo creía; pero como fue la indecente de
+Aurora quien me lo dijo, ya dejé de creerlo... sólo que tenía un poquito
+de duda.
+
+--¿Esa...? (con soberano desprecio). ¡Y se atrevía a decir...!
+
+--Si es lo más mala... Usted no puede figurarse lo mala que es (con la
+mayor buena fe). Aquí donde usted me ve, yo, al lado de ella, soy un
+ángel.
+
+--Lo creo (sonriendo). No nos ocupemos de esas miserias. ¡Jacinta
+faltar! Estas pecadoras empedernidas creen que todas son como ellas...
+
+--No, si yo no lo creo, señora, si no lo creí (muy apurada). Ella fue la
+que lo dijo y lo creía... ¿Sabe una cosa? (Atrayéndola a sí y hablándole
+en secreto). Créame esto que le voy a decir... Uno de los motivos porque
+le pegué fue el haber dicho eso, el haberme encajado la bola de que
+Jacinta era como nosotras... Y dígame, ¿no merecía el morrazo que le di
+con la llave por afrentar a nuestra amiguita?... ¿No lo merecía? Claro
+que sí...
+
+Guillermina estaba confusa; no sabía si aprobar o desaprobar...
+
+«Quedamos en una cosa--dijo levantándose--; mañana vendrá el Padre Nones
+para usted, y para este ternerito un ama asturiana que, según dice
+Estupiñá...».
+
+--Ama, no... ¿para qué? Si puedo... ¿No ha visto lo satisfecho que está
+el rey de la casa? ¿No es verdad, rico, que para nada te hacen falta
+amas? Su mamá, su mamá le da al niño todo lo que quiere.
+
+--El Sr. de Quevedo sabe más que usted... Aquí no se hace más que lo que
+yo mando--declaró la santa con aquel ademán y tono autoritarios a los
+cuales nadie se podía oponer--. Si de aquí a mañana Quevedo no varía de
+opinión, vendrá la nodriza. Usted se calla y obedece... Yo pago y
+dispongo. Conque a cuidarse, y ya hablaremos. El _excelentísimo_ señor
+de Ballester queda encargado de la ejecución del presente decreto.
+
+
+
+
+--xii--
+
+
+Por la tarde llegó doña Lupe muy alarmada buscando a Maximiliano,
+a quien suponía allí. No pasó de la sala, ni quiso ver a Fortunata, de
+quien dijo que la compadecía, pero que no podía tener ninguna clase de
+relaciones con ella. En la sala cuchicheó la _ministra_ con Segismundo
+contándole lo ocurrido. Pues ahí era nada: Maximiliano había comprado un
+revólver... ¿pero quién diablos le dio el dinero? Descubriolo la señora por
+una casualidad... Le dio el olor, al verle entrar con un bulto entre
+papeles. Lo peor del caso fue que no pudo quitárselo. Salió escapado de
+la casa, y al poco rato los del herrero del bajo vinieron diciendo que
+le habían visto en la Ronda, pegando tiros contra la tapia de la fábrica
+del Gas, como para ejercitarse... ¡Ay!, _la de los Pavos_ estaba
+aterrada. Toda aquella sabiduría lógica, que el pobre chico tenía en la
+cabeza, se le había convertido en humo sin duda. Y lo peor era que no
+había ido a almorzar, ni se sabía su paradero... «Tenemos que dar parte
+a la policía, para evitar que haga cualquier barbaridad. Yo pensé que
+habría venido aquí, y corrí desolada... ¿Dónde demonios estará?
+Ballester, por Dios, averígüelo usted y sáqueme de este conflicto. Usted
+es la única persona que le domina cuando se pone así... Salga a ver si
+le encuentra; yo se lo ruego». A esto replicó el buen farmacéutico que
+no podía repicar y andar en la procesión. Fuese la de Jáuregui
+desconsoladísima, con intento de ver al Sr. de Torquemada, faro luminoso
+que le marcaba el puerto en todas las borrascas de la vida.
+
+Fortunata había oído la voz de doña Lupe, y cuando esta se retiró, quiso
+que Ballester le explicase qué traía por allí.
+
+«Pues nada, que _la ministra_ esa quiere meter las narices, y ver a
+usted, y hablarle y decirle cosas que sin duda la marearán».
+
+--¡Ah!, que no entre... no la puedo ver. Creo que me pondré mala si la
+veo. Y de mi marido, ¿qué dijo?
+
+--No le nombró.--Pues tampoco a Maxi le quiero ver... No sabe usted lo
+mal que me sienta verle y hablar con él... Me trastorna. No les deje
+usted pasar. Que se vayan a los infiernos. ¡Estoy tan tranquila aquí
+solita con mi hijo, y los amigos que me protegen...! ¡Que no venga, por
+Dios! ¿Usted me promete que no vendrán?
+
+Lo pedía con terror suplicante. Ballester, deshaciéndose en
+demostraciones de caballerosidad protectora y de fraternal hidalguía, le
+dijo que los Rubín grandes y chicos, así los de carne y hueso como los
+que tenían pechos de algodón, no entrarían en aquella alcoba sino
+pasando sobre su cadáver.
+
+Toda aquella tarde estuvo la joven con la idea fija de lo antipáticos
+que eran los Rubín, y de lo que ella haría para no recibirlos si a verla
+iban. El buen Segismundo se esforzaba en tranquilizarla sobre este
+particular, y habiendo observado que el recuerdo de otras personas
+excitaba y encendía su ánimo favorablemente, le habló de doña
+Guillermina y de su hermosa vida. «¿Sabe lo que me dijo al salir? Pues
+que si se le ofrece a usted algo no estando yo aquí, avise a D.
+Plácido, al cual se ha encargado que se ponga a las órdenes de usted si
+lo necesitara».
+
+--Claro--dijo Fortunata rebosando de orgullo inocente--; como que
+Plácido es todo _de la casa_, y desde chiquito no hace más que llevar
+recados de los señores, y servirles en mil menudencias. Es un buen
+hombre, y yo le quiero mucho... Y a doña Bárbara, ¿la conoce usted? Yo
+tampoco... Pero cuando Jacinta y yo seamos amigas, también lo seré de
+doña Bárbara... Francamente, estoy admirada del cariño que le tengo
+ahora a _la mona del Cielo_, cuando en otro tiempo, sólo de pensar en
+ella me ponía mala. Verdad que no acababa de aborrecerla, quiere
+decirse, que la aborrecía y me gustaba... cosa rara, ¿verdad? Ahora
+seremos amigas, crea usted que seremos amigas... ¿Lo duda usted?
+
+--¿Cómo he de dudar eso, criatura?
+
+--Es que usted parece como que se sonríe un poquitín, cuando me lo oye
+decir.
+
+--Está usted viendo visiones. Bueno va...
+
+--Pues, aunque usted se guasee, seremos amigas... y nadie tendrá que
+decir de mí ni esto, para que usted lo sepa... Porque voy a portarme...
+¡Cristo, cómo me voy a portar ahora! Mi hijo, mi hijo, y nada más...
+Vaya, ¿me sostendrá usted que no se sonríe ahora?
+
+--Sí; pero es de satisfacción, por verla a usted tan regenerada...
+¡Quién le tose a usted ahora, hallándose en relaciones con personas de
+la corte celestial...!
+
+--Y nada más... ¿Pues qué se creía usted?
+
+Se sofocaba tanto, que el farmacéutico creyó prudente llevar la
+conversación a un terreno insignificante; pero Fortunata se las componía
+para volver a lo mismo, a que ella y la _Delfina_ iban a ser uña y
+carne, y a que su conducta en lo sucesivo había de ser como de quien
+está en escuela de serafines. «Aquí donde usted me ve, amigo Ballester,
+yo también puedo ser ángel, poniéndome a ello. Todo está en ponerse... Y
+es cosa muy sencilla. Al menos a mí me parece que no me ha de costar
+ningún trabajo. Lo siento yo aquí _entre mí_».
+
+--Depende también de las personas con quien uno se junta--le dijo su
+amigo muy serio--. Hablemos ahora de otra cosa. De ciertos atrevimientos
+que yo tenía y tengo respecto a usted, no quiero decirle nada, porque se
+nos va a hacer santa... Aunque todo podía conciliarse, me parece a mí,
+ser santa y querer a este hijo de Dios... Pero en fin, vuelvo la hoja.
+¿Sabe usted que si me descuido pierdo mi colocación en la botica de
+Samaniego? Si doña Casta sabe que estas ausencias mías son para venir a
+visitar a la que le tomó las medidas a su niña, al instante me limpia el
+comedero. Por eso no puedo tirar mucho de la cuerda, y esta noche no
+vendré. Tengo que quedarme de guardia. Yo rompería con todo, si no fuera
+porque me será difícil encontrar colocación inmediatamente, y crea usted
+que un periodo de vacaciones me balda... Por mí no me importaría; pero a
+mi madre y a mi hermana no quiero hacerlas ayunar. El pobre _pensador_,
+mi ilustre cuñado, está mal de intereses, y si yo no tiro del carro, los
+ayes y lamentos pidiendo pan se han de oír en Algeciras.
+
+--Pero no sea usted tonto--dijo Fortunata con aquel arranque de
+generosidad, que en ella era tan común--. Yo tengo _guita_. Si quiere
+mandar a paseo a _las Samaniegas_, mándelas. Que se fastidien, que se
+arruinen, que coman piedras... Yo le doy a usted lo que necesite para su
+madre y para el _pensador_, hasta que encuentre otra botica. Tenga
+confianza conmigo... O _semos_ o no _semos_.
+
+Ballester era tan delicado, que de sólo oír tal proposición, le salieron
+los colores a la cara, y se excusó con expresiones de gratitud. Poco
+después de anochecer se retiró dando las órdenes más rigurosas a los
+hermanos Izquierdo con respecto a visitas. Si algún Rubín, fuese quien
+fuese, se presentaba, no abrir. Dejó sobre la mesa de la sala un arsenal
+de medicamentos, y a Fortunata le recomendó la quietud, y que _diese con
+la puerta del cerebro en los hocicos_ a toda idea triste que se
+presentara.
+
+Izquierdo se plantó de centinela en la sala, acompañado de una grande de
+cerveza, y por si la grande no era bastante para pasar la noche, llevó
+también una chica de añadidura. Segunda regresó a las diez, después de
+la horita de tertulia que solía pasar en el puesto de carne, y viendo a
+su sobrina muy despabilada, le dio un poco de palique: «¿Sabes a quién
+he visto?, a la tía esa, _la de los Pavos_. Fue a buscarme al cajón, muy
+ofendida porque el señor Ballester no la dejó entrar a verte. Anda a
+caza del sobrino que se les escapó esta mañana, y todavía no ha
+aparecido. ¿Sabes lo que me dijo? Te lo cuento para que te rías. Dice
+que _las Samaniegas_ están trinando contigo, y que la viejona aquella,
+doña Casta, no parará hasta no verte en el _modelo_. ¡Qué comedia!
+Ríete, que eso es envidia. Pues verás, La tía esa indecente, _la
+Fenelona_, francesota, más mala que el no comer, dice que este hijo que
+tienes no es hijo de quien es, sino de D. Segismundo. Tú ríete, tonta,
+que eso no es más que envidia».
+
+La prójima no chistó; pero bien se conocía que aquellas palabras habían
+hecho en su espíritu un efecto desastroso. Cuando se quedó sola, no le
+fue posible contener los impulsos de levantarse. La rabia surgió
+terrible en su alma, y sin reparar en lo que hacía, incorporose en el
+lecho, alargando las manos a la percha para coger su ropa... «Ahora
+mismo, ahora mismo voy, y con esta zapatilla le aporreo la cara hasta
+chafarle la nariz... trasto, indecente. ¡Decir eso...!, ¡una mentira tan
+grande! ¿Pero qué hora es? ¡Si están dando las doce! Sea la hora que
+quiera, saldré, no me puedo contener... Voy, entro en la casa, la saco a
+rastras de la cama, me paseo por encima de su alma... ¡Decir eso, decir
+eso...!, sin creerlo, porque ella no lo cree. ¡Lo dice por deshonrarme!
+Antes calumnió a Jacinta, y ahora me calumnia a mí».
+
+Se sentó en la cama, entreviendo, a pesar de lo ofuscado que su espíritu
+estaba, las dificultades de la empresa. «Si lo dejo para mañana, ya no
+iré, porque me lo quitarán de la cabeza... Y yo le he de refregar la
+jeta con la suela de mis botas. Si no lo hago, Dios mío, me va a ser
+imposible ser ángel, y no podré tener santidad. Como no haga esto,
+tendré que volver a ser mala; lo conozco en mí».
+
+Y tan pronto se ponía una pieza de ropa como se la quitaba, con
+vacilación horrible, fluctuando entre los ímpetus formidables de su
+deseo y el sentimiento de la imposibilidad. Por fin se vistió, y
+saliendo a la sala, vio a su tío dormido, de bruces sobre la mesa, junto
+a la luz, la botella grande a su lado, medio vacía. «Podría salir sin
+que me sintiera nadie... ¿Y si despertara a mi tío y le dijera que
+viniese conmigo...?». La idea de asociar a _Platón_ a su temeraria
+empresa, hízole ver la realidad, y lo disparatado de aquella idea.
+«Pues lo que es mañana temprano--se dijo volviendo a la alcoba--, mañana
+tempranito, antes de que salga para el obrador, voy y la acogoto...».
+
+Al mirar a su hijo, la llama de su ira se avivó más. «¡Decir que no es
+hijo de su padre...! ¡Qué infamia! La despedazaría sin compasión
+ninguna. ¡Inocente!, ¡tan chiquito y ya le quieren deshonrar! Pero no le
+deshonrarán, no, porque aquí está su madre para defenderle; y al que me
+diga que este no es el _hijo de la casa_, le saco los ojos. _Él_ no
+puede haberlo dicho... A mí me la soltó, pero fue así como en broma.
+_Él_ no puede haberlo dicho, y si yo supiera que lo había dicho, juro
+por esta cruz (haciéndola con los dedos y besándola), por esta cruz en
+que te mataron, Cristo mío, juro que le he de aborrecer... pero
+aborrecerle de cuajo, no de mentirijillas... ¡Ay, Dios mío! (echándose
+en la cama, acongojadísima); si le dicen esta mentira tan gorda a
+Guillermina y a Jacinta, ¿la creerán?... Puede que sí... Todo lo malo se
+cree, y lo malo que de mí se diga, se cree más... Pero no, puede que no
+lo crean... Es muy atroz el embuste. Esto no lo puede creer nadie, no
+puede ser, no puede ser, y primero creerán que el mundo se vuelve del
+revés, y que el día se hace noche, y el sol luna, y el agua fuego. Y si
+alguien lo creyera, él lo desmentiría; estoy segura de que lo
+desmentiría. Yo no he faltado, yo no he faltado (alzando la voz), y
+quien diga que yo he faltado, miente, y merece que se le arranque la
+lengua con unas tenazas de hierro echando fuego. Quieren que yo me
+pierda; pero por más que hagan esos perros, no me quitarán, Dios mío,
+que yo sea tan ángel como otra cualquiera. Que rabien, que rabien,
+porque lo seré, lo seré».
+
+Estaba inquietísima, dando vueltas en la cama. El hijito pidió y tomó el
+pecho; pero no debía de encontrar muy abundante el repuesto, cuando a
+cada instante apartaba su boca, chillando desesperadamente. A sus gritos
+de necesidad y desconsuelo, uníanse los de su madre, que decía: «Hijo de
+mi alma... qué, ¿no hay?... Esa, esa bruja ratera tiene la culpa; ella
+te lo ha quitado. Ya verás cómo la arregla tu mamá... Pobretín, tan
+chiquitito y ya le quieren deshonrar... Y mi niño es el rey de España, y
+nada tiene que ver con Ballester, que es su amiguito y nada más... Y mi
+niño es de quien es, y no hay otro en _la casa_, ni le habrá,
+¿verdad?... ¿verdad, gloria, cielo, alegría del mundo?».
+
+
+
+
+--xiii--
+
+
+Todo esto era muy bonito y muy tierno; pero la leche no parecía,
+por lo cual Juan Evaristo no se daba por satisfecho con aquellas
+expresiones de tan poco valor en la práctica. Los alaridos que la madre
+y el hijo daban, cada uno en su registro, no despertaron a José
+Izquierdo, pues este era hombre que en cogiendo la mona, no le
+enderezaba un cañón; pero sí sacaron de su letargo a Segunda, que fue a
+ver lo que ocurría, y hallando a su sobrina medio vestida, se puso hecha
+una furia y por poco le pega. «Mira que te estrello, si das en hacer
+funciones de comedia--le dijo con aquellas formas exquisitas que
+usaba--. ¿Pero no ves, burra, no ves que se te ha retirado la leche, y
+el pobrecito no tiene qué mamar?».
+
+Por fortuna, entre las cosas que dejó Ballester en previsión de todos
+los contratiempos posibles, había un biberón muy majo. Segunda, con
+determinación rápida, lo llenó de leche (de la cual tenía por casualidad
+un par de copas) y probó a dárselo al chico. Este al principio extrañaba
+la dureza y frialdad de aquel pezón que en su boquita le metían. Hizo
+algunos ascos, pero al fin pudo más el hambre que los remilgos, y apencó
+con la teta artificial. «Mira, mira, qué pronto se hace a todo el
+angelito. ¡Si es lo más noble...! Rico... ¡qué carpanta estábamos
+pasando!». La madre le miraba con desconsuelo, aunque contenta de que se
+hubiera encontrado forma y manera de vencer la dificultad. «¿Sabes una
+cosa?--le dijo su tía, poniéndole las manos en la cara--. Tienes
+calentura... Eso es por ponerte a pensar lo que no debes. ¡Si hicieras
+caso de mí, ahora que vas a ser la reina del mundo...! Porque lo que es
+tu tanto mensual te lo tienen que dar. De eso hablamos _la de los Pavos_
+y yo... ¡Vaya, pues no vas tú a ser ahora poco señora...! Chica, chica,
+no te hagas de miel; levanta tu cabeza. ¡Aire!... ¿Pues no ves que las
+señoronas esas te hacen la rueda? Como que será una potentada, y yo que
+tú, no paraba hasta que la Jacinta viniera a besarme la zapatilla. Pues
+qué... ¿crees que él no ha de venir también? Ya le llamará la sangre, y
+en cuantito que vea a este retrato suyo, se le caerá la baba... y...
+chica, créemelo, hasta coche vamos a tener... ¡qué comedia! ¡Cuando digo
+que estaremos en grande! Vendrá, vendrá él, y te aseguro que si tarda
+cuatro días es mucho tardar. ¿No ves que esa familia no tiene un nene
+que la alegre?... ¡si se están todos muriendo de ganas de chiquillo...!
+Tú, trabájalo bien, que nos ha venido Dios a ver con este hijo de
+nuestras entrañas... Yo estoy muy orgullosa, porque él Santa Cruz es
+como hay Dios; pero su poco de Izquierdo no se lo quita nadie: las dos
+familias están de enhorabuena... Ya he empezado yo a sacudirme las
+pulgas, y esta tarde le eché su puntadita a Plácido para que nos diera
+la casa gratis... ¿Qué te crees?... Si están los Santa Cruz con tu hijo
+como chiquillos con zapatos nuevos... Te diré una cosa que no sabes.
+Ayer estuvo la Jacinta en casa de D. Plácido... Quería subir a verle;
+pero esa otra, la santona, le dijo que otro día, por si tú te
+remontabas... Conque vete enterando... ¡Ah! ¡Quién me lo había de
+decir!... Todavía me he de ver yo cogida al brazo de don Baldomero,
+dando vueltas en la Castellana... ¡y poco charol que me voy a dar...! Si
+es una comedia... Tú date tono, no seas boba... que si sabemos
+aprovecharnos, de esta hecha vamos para marquesas».
+
+Fortunata, desde que su tía empezó a hablar, lloraba a lágrima suelta;
+pero al oír lo de que iban a ser marquesas, una ráfaga de jovialidad
+pasó por encima de la onda de tristeza, y la joven se echó a reír con la
+cara anegada en llanto.
+
+«No, no te rías; tanto como marquesas no; ni para qué queremos nosotras
+ser _títulas_; pero lo que es nuestro coche no nos lo quita nadie... Yo
+te aseguro que si hoy viene la Jacinta, tiene que subir... Verás qué
+prontito viene el otro... Claro, cuando no esté aquí su mujer... Me
+_paice_ a mí que su mujer, de esta hecha se tendrá que ir a plantar
+cebollino. Tú, tú eres la que va a subir al trono ahora, o no hay
+equidad en la tierra... Y no digan que eres casada y que tu hijo se
+tiene que llamar Rubín... ¡Qué comedia! Tú eres mayormente viuda y
+libre, porque a tu marido cuéntale como que está en gloria... Y bien
+saben todos que a la vuelta lo venden tinto, y el chico en la cara trae
+la casta, y lo que es la pensión verás cómo te la dan».
+
+Fortunata no se rió más, ni Segunda dijo nada que excitase su hilaridad.
+Hasta la madrugada estuvo la tía acompañándola, y viéndola relativamente
+sosegada, se fue a descabezar un sueño antes de bajar al mercado. A poco
+de quedarse sola, la joven sintió dentro de sí una cosa extraña. Se le
+nublaron los ojos, y se le desprendía algo en su interior, como cuando
+vino al mundo Juan Evaristo; sólo que era sin dolor ninguno. No pudo
+apreciar bien aquel fenómeno, porque se quedó desvanecida. Al volver en
+sí advirtió que era ya día claro, y oyó el piar de los pajarillos que
+tenían su cuartel general en los árboles de la Plaza Mayor y en las
+crines de bronce del caballo de Felipe III. Fue a coger a su hijo en
+brazos, y apenas podía con él. Le faltaban las fuerzas; ¡pero de qué
+manera!, y hasta la vista parecía amenguársele y pervertírsele, porque
+veía los objetos desfigurados y se equivocaba a cada momento, creyendo
+ver lo que no existía. Se asustó mucho y llamó; pero nadie vino en su
+auxilio. Después de llamar como unas tres veces, fue a llamar la cuarta,
+y... aquello sí era grave; no tenía voz, no le sonaba la voz, se le
+quedaba la intención de la palabra en la garganta sin poderla
+pronunciar. Dio algunos toques con los nudillos en el tabique; pero al
+fin su mano se quedó como si fuera de algodón; daba golpes con ella, y
+los golpes no sonaban. También podía ser que sonaran y ella no los
+oyera. Pero ¿cómo no los oía Segunda, que estaba al otro lado del
+tabique? Luego, el brazo se puso también como carne muerta,
+resistiéndose a moverse. «¿Será que me estoy muriendo?» pensó la joven,
+echando miradas a su interior. Pero poco pudo ver allí, por estar el
+interior a oscuras o fantásticamente iluminado. Todas sus ideas
+sufrieron trastornos más o menos febriles, las imágenes se disfrazaron,
+cual si fuesen a las máscaras, tomando cara y apariencia de lo que no
+eran, y la única sensación dominante con alguna claridad en aquel
+desorden fue la de estar inmóvil y rígida, con los movimientos
+involuntarios suspendidos y los voluntarios desobedientes al deseo. A su
+parecer no respiraba; el oído y la vista daban de rato en rato alguna
+impresión fugaz de la vida exterior; pero estas impresiones eran como
+algo que pasaba, siempre de izquierda a derecha. Creyó ver a Segunda y
+oírla hablar con Encarnación; pero hablaban a la carrera, como seres
+endemoniados, pasando y perdiéndose en un término vago que caía hacia la
+mano derecha. El piar de pájaros también se precipitaba en aquel sombrío
+confín, y los chillidos con que Juan Evaristo pedía su biberón.
+
+Pasado cierto tiempo, indeterminado para ella, recobró sus sentidos y
+pudo moverse, apreciando fácilmente la realidad. «¿Quién eres tú?
+--preguntó a Encarnación, única persona que estaba a su lado--. ¡Ah!, ya
+te conozco... ¡Qué tonta soy! ¿No está mi tía?». Díjole la chiquilla que
+la señá Segunda había bajado al mercado, y que subió con la leche para
+el niño, y después se volvió a marchar. Sacó Fortunata de aquel
+desvanecimiento una convicción que se afianzaba en su alma como las
+ideas primarias, la convicción de que se iba a morir aquella mañana.
+Sentía la herida allá dentro, sin saber dónde, herida o descomposición
+irremediables, que la conciencia fisiológica revelaba con diagnóstico
+infalible, semejante a inspiración o numen profético. La cabeza se le
+había serenado; la respiración era fácil aunque corta; la debilidad
+crecía atrozmente en las extremidades. Pero mientras la personalidad
+física se extinguía, la moral, concentrándose en una sola idea, se
+determinaba con desusado vigor y fortaleza. En aquella idea vaciaba,
+como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en
+aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y
+quizás menos humano de su carácter, para dejar tras sí una impresión
+clara y enérgica de él. «Si me descuido--pensó con gran ansiedad--, me
+cogerá la muerte, y no podré hacer esto... ¡qué gran idea!...
+Ocurrírseme tal cosa es señal de que voy a ir derecha al Cielo...
+Pronto, pronto, que la vida se me va...». Llamando a Encarnación, le
+dijo: «Chiquilla, vete corriendito al cuarto de abajo, y le dices a D.
+Plácido que le necesito... ¿entiendes?, que le necesito, que suba...
+Anda, no te detengas. Ya debe de estar ahí, de vuelta de la iglesia,
+tomándose su chocolate... Anda prontito, hija, y te lo agradeceré
+mucho».
+
+En el tiempo que estuvo fuera Encarnación, la diabla no hizo más que dar
+a su hijo muchos besos, diciéndole mil ternezas. El chico estaba
+despierto, y callado la miraba, y aunque nada decía, a ella se le figuró
+que hablaba... «Estarás tan ricamente... hijo mío. No te querrán tanto
+como yo, pero sí un poquito menos... Me estoy muriendo... qué sé yo qué
+tengo... La medicina esa... yo la tomaría... ¿dónde está?...
+¡Encarnación!... Pero si ha ido abajo... Parece que me voy en sangre...
+Hijo mío, Dios me quiere separar de ti; y ello será por tu bien... Me
+muero; la vida se me corre fuera, como el río que va a la mar. Viva
+estoy todavía por causa de esta bendita idea que tengo... ¡Ah!, qué idea
+tan repreciosa... Con ella no necesito Sacramentos; claro, como que me
+lo han dicho de arriba. Siento yo aquí en mi corazón la voz del ángel
+que me lo dice. Tuve esta idea cuando estaba aquí sin habla, y al
+despertar me agarré a ella... Es la llave de la puerta del Cielo... Hijo
+mío, estate calladito, y no chistes, que si tu mamá se va es porque
+Dios se lo manda... ¡Ah!, don Plácido, ¿está usted ahí?...».
+
+--Sí, señora--dijo el hablador entrando en la alcoba con los ademanes
+más oficiosos del mundo--. ¿Qué se le ofrece a usted? La señora me ha
+encargado...
+
+--Amigo, hágame el favor de traer pluma y papel... Espere; deme la
+medicina, esos polvos amarillos... ¿cuáles?, no sé... Pero deje, deje,
+que me tiene que escribir una carta.
+
+--¡Una carta!... Pero antes... (revolviendo en la mesa de noche). ¿Qué
+medicamento quiere?
+
+--Ninguno, ¿ya para qué?... Ándese pronto, que me voy... que me muero.
+
+--¡Que se muere! Vamos... no bromee usted.
+
+--Don Plácido, si no me sirve para esto, llamaré a otra persona. Si
+pudiera esperar a Ballester; pero no, no me da tiempo...
+
+--No, hija, no hay que apurarse. Voy por el tintero--y no tardó cinco
+minutos en volver, y al entrar de nuevo en la alcoba, vio que Fortunata
+se había incorporado en su cama con el chiquillo en brazos, y que
+después, entre ella y Encarnación, le ponían bien abrigadito en su cuna
+de mimbres, la cual venía a ser como un canasto. Le pusieron entre las
+manos su biberón para que no alborotase, y cubriéronle con un pañuelo
+finísimo de seda. Estupiñá no entendía una palabra, ni veía la relación
+que la pluma y papel pudieran tener con lo que veía. «Don Plácido--dijo
+Fortunata con mucha animación--; hágame el favor de escribir... Aquí no
+hay mesa. Chiquilla, tráele el tablero de las damas. Déjate de
+medicinas... ¿Para qué ya?... Vaya, D. Plácido, prepárese; verá qué
+golpe... Se me ocurrió una idea, hace poco, cuando estaba sin habla, al
+punto que me entraba también la idea de mi muerte... Ponga ahí lo que yo
+le diga: «Señora doña Jacinta. Yo...».
+
+--Yo...--repitió Plácido.
+
+--No; hay que empezar de otra manera... No se me ocurre. ¡Qué torpe soy!
+¡Ah!, sí, ponga usted. «Como el Señor se ha servido llevarme con Él, y
+ahora se me alcanza lo mala que he sido...». ¿Qué tal?, ¿va bien así?
+
+--«Lo mala que he sido...».
+
+--En fin, siga usted poniendo lo que le digo... «No quiero morirme sin
+hacerle a usted una fineza, y le mando a usted, por mano del amigo D.
+Plácido, ese _mono del Cielo_ que su esposo de usted me dio a mí,
+equivocadamente...». No, no, borre el _equivocadamente_; ponga: «que me
+lo dio a mí robándoselo a usted...». No, D. Plácido, así no, eso está
+muy mal... porque yo lo tuve... yo, y a ella no se le ha quitado nada.
+Lo que hay es que yo se lo quiero dar, porque sé que ha de quererle, y
+porque es mi amiga... Escriba usted. «Para que se consuele de los tragos
+amargos que le hace pasar su maridillo, ahí le mando al verdadero
+_Pituso_. Este no es falso, es legítimo y _natural_, como usted verá en
+su cara. Le suplico...».
+
+--«Le suplico...».--Usted póngalo todo muy clarito, D. Plácido; yo le
+doy la idea. Pues «le suplico que le mire como hijo y que le tenga por
+_natural_ suyo y del padre... Y mande a su segura servidora y amiga, que
+besa su mano...». ¿Qué tal? ¿Está con finura?... Ahora, veremos si puedo
+echar mi nombre... Me tiembla mucho el pulso... Tráigame la pluma...
+
+Puso un garabato, y luego mandó a Estupiñá abriese la cómoda y sacara la
+inscripción de las acciones del Banco. Después de revolver mucho, fue
+encontrado el documento. «Eso--dijo Fortunata--, se lo da usted a mi
+amiga doña Guillermina».
+
+--Pero no vale sin transferencia--replicó el hablador examinando el
+papel.
+
+--¿Sin qué?--Sin transferencia en toda regla.--Pamplinas. Es mío, y yo
+lo puedo dar a quien quiera. Coja usted la pluma, y ponga que es mi
+voluntad que esas acciones sean para doña Guillermina Pacheco. Le echaré
+muchas firmas debajo, y verá si vale.
+
+Aunque Estupiñá no creía válida aquella manera de testar, hizo lo que se
+le mandaba.
+
+--Ahora, amigo--dijo ella, perdiendo gradualmente el uso de la
+palabra--, coja usted a mi hijo y lléveselo... ¡ay!, déjemelo besar otra
+vez... Aguarde a que me muera... No; lléveselo antes de que venga mi
+tía, o mi marido, o doña Lupe... gente mala. Pueden venir, y ya ve
+usted... qué compromiso. No me dejarán hacer mi gusto, me enfadaré, y no
+me moriré tan santamente... como quiero morirme.
+
+No dijo más. Plácido, acercándose a contemplarla, se asustó
+extraordinariamente. Creyó que estaba muerta o que le faltaba poco para
+morirse; mandó a Encarnación en busca de Segunda y de José Izquierdo, y
+cogiendo la cesta en que Juan Evaristo dormía, la puso en la sala. «No
+me determino a llevármelo--pensó el buen viejo--. Pero al mismo tiempo,
+si esos brutos se empeñan en impedirme que me lo lleve... ¡Ah!, no; yo
+cargo con él, y que tiren por donde quieran». Cogió la cesta, y
+bajándola a su casa con toda la rapidez que le permitían sus piernas no
+muy fuertes, azorado como ladrón o contrabandista, volvió a subir y se
+aproximó a la enferma, mirándola tan de cerca, que casi se tocaban cara
+con cara. «Fortunata... _Pitusa_» murmuró echando _talmente_ la voz en
+el oído de la joven. A la tercera o cuarta llamada, Fortunata movió
+ligeramente los párpados, y desplegando los labios, apenas dijo:
+«_Nene_...».
+
+
+
+
+
+--xiv--
+
+
+«¡Caracoles!, esta mujer se va... ¡Y yo solo aquí con ella!, y el
+crío allá abajo. ¡Van a decir que le he robado! Anda, los ladrones serán
+ellos. Que digan lo que quieran. ¿A mí, qué? Les presento el papelito
+firmado por ella, y en paz. ¡Pobre mujer! (contemplándola horrorizado).
+¡Virgen del Carmen, si se va en sangre!... Pero esta gentuza, ¿cómo es
+que la abandona así? ¿No vieron el peligro? Y ese médico, ¿en qué está
+pensando?... ¡Qué compromiso! ¿Y qué le diría yo?... Aquí hay medicinas;
+se las daré. Pero ¿y si me equivoco? Cuidado con las drogas, Plácido, y
+no hagas una barbaridad. Esperaremos. Pero qué... si cuando vengan ya
+estará ella en el otro barrio. Dios la perdone y le dé lo que más le
+convenga... Es preciso tratar de animarla... (hablándole al oído).
+Fortunata, Fortunatita, abra usted los ojos, y no se nos muera así tan
+tontamente... Le traeré el Viático, si quiera la Santa Unción... ¡Eh!,
+hija, chica... Quia, no se entera... Esto está perdido. Hija mía, piense
+usted en Dios y en la Santísima Virgen; invóqueles en esta hora tremenda
+y la ampararán... Nada, como si le hablaran en griego; no oye, o es que
+está tan aferrada a la maldad que no quiere que se le hable de religión.
+Voy a tocar otro registro (con malicia).
+
+Fortunata, buena moza, mire usted quién está aquí... despierte y verá...
+¿No le conoce? Es aquel sujeto, el Sr. D. Juanito que viene a ver a
+su... dama... Mírele, mírele tan afligido de verla a usted malita.
+(Hablando para sí). ¡Cómo se sonríe la picarona! ¡Ah!, está dañada hasta
+el tuétano. Abre los ojos y le busca con las miradas. Es como los
+borrachos, que aunque estén expirando, si les nombran vino, parece que
+resucitan... ¡Como no se salve esta! Al infierno se va de cabeza... Vean
+qué manera de arrepentirse. Le nombro a Nuestro Divino Redentor y a
+María Santísima del Carmen, y como si tal cosa... Sorda como una tapia.
+Pero le nombro al señorete, y ya la tiene usted tan avispada, queriendo
+vivir, y sin duda con intenciones de pecar. ¡Ah!, cualquier día se salva
+esta... Me parece que sube ya la tía. Oigo sus resoplidos como los de
+una loba marina... Sí, aquí vienen (saliendo al pasillo y hablando con
+Segunda, que subía sofocadísima precedida de Encarnación). ¡Vaya una
+calma que tiene usted! Se ha puesto muy mala, pero muy mala».
+
+Apenas entró en la alcoba, Segunda empezó a dar gritos. «¡Hija de mi
+alma, me la han matado, me la han matado, me la han asesinado! ¡Ay, qué
+carnicería!, ¡cómo está!... Me la han matado... ¿Y el niño? Nos le han
+robado, nos le han robado...».
+
+--Atienda a su sobrina, y vea si la puede salvar--dijo Estupiñá
+cogiéndola por un brazo--, y déjese de asesinatos, y de robos de hijos,
+y no sea usted mamarracho.
+
+--Niña de mi alma... ¿pero qué? Fortunata... ¿te han matado, o qué es
+esto? A ver, cordera, ¿tienes heridas? _Paice_ que te han dado cien
+puñaladas... Pero estás viva. Cuéntame qué ha sido, ¿quién ha sido? ¿Y
+tu niño, nuestro niño, dónde está? ¿Te lo quitaron?...
+
+--Llame usted al médico--indicó Plácido con ira--. ¿Dónde vive? Yo le
+avisaré... Y no se cuide del niño, que está mejor que quiere, y nada le
+falta.
+
+--¿Pero dónde está?... D. Plácido, D. Plácido--exclamó Segunda,
+descompuesta y furiosa--; me parece que va usted a ir al palo... Voy a
+dar parte a la justicia. Usted es un forajido, sí señor, no me vuelvo
+atrás... Usted nos ha birlado a la criatura.
+
+--¡Atiza!... Pero mujer de Barrabás (retirándose por miedo a que Segunda
+le sacara los ojos). ¿Quiere usted callarse? ¿No ve que su sobrina se
+muere?
+
+--Porque usted me la ha matado, so verdugo, caribe, usted, usted.
+
+--Dale con gracia... Habrá que ponerle un bozal. Voy a avisar a la Casa
+de Socorro.
+
+--A la cárcel... es donde tiene que ir usted.
+
+Y en aquel momento entró José Izquierdo, a quien su hermana quiso
+incitar para que acometiese al bueno de Estupiñá. _Platón_ vacilaba, no
+dando a Segunda todo el crédito que esta creía merecer.
+
+«Ea, que me voy cargando... y quien va a traer el juez soy yo--afirmó el
+anciano, dando una patada--. El chico está donde debe estar, y bien
+saben que yo no miento. Y si no, pregúntenle a su madre».
+
+--Hija de mi vida--chillaba Segunda, abrazando y besando a su sobrina,
+que si no era ya cadáver, lo parecía--. Dinos lo que te han hecho,
+dímelo, corazón. ¡Ay, qué dolor de hija!...
+
+--Usted--dijo Plácido a Izquierdo autoritariamente--, corra a llamar a
+ese señor boticario que suele venir, el que ahora la protege. Yo avisaré
+a otra persona, y vamos a escape, que la muerte nos coge la delantera.
+
+Se escabulló sin esperar la opinión de Segunda. _Platón_, comprendiendo
+por instinto antes que por criterio, que las órdenes de Estupiñá eran
+más prácticas que las de la placera, salió y fue presuroso a la calle
+del Ave María.
+
+La primera persona que llegó a la casa fue Guillermina, a quien Plácido
+enteró por el camino de cuanto había ocurrido. Subiendo la escalera, la
+santa dijo a su sacristán: «Entre usted en su casa a esperar a Jacinta
+que vendrá en seguida. Adviértale que no quiero que suba. En cuanto
+pueda, bajaré yo. A Jacinta que no se mueva de aquí y me aguarde».
+
+Cuando la fundadora entró, la enferma continuaba en el mismo estado.
+Segunda, llena de consternación, no hablaba ya de asesinato, y aunque no
+acababa de comprender el _robo del chiquillo_, no se atrevió a mentarlo
+ante la señora casera. Había intentado hacerle tomar a Fortunata fuertes
+dosis de _ergotina_; pero no pudo conseguirlo. Apretaba los dientes, y
+no había medio de traerla a la razón. Guillermina tuvo más suerte o puso
+en ejecución mejores medios, porque logró hacerle beber algo de aquel
+eficaz medicamento. Hubo gran barullo, aplicación precipitada de
+remedios diferentes, externos e internos. La santa y la placera, ambas
+con igual ardor, trabajaron por atajar la vida que se iba; pero la vida
+no quería detenerse, y ante la ineficacia de sus esfuerzos, las dos
+mujeres se pararon rendidas y desconsoladas. Fortunata miraba con
+expresión de gratitud a su amiga, y cuando esta le cogía la mano,
+trataba de hablarle; pero apenas podía articular algún monosílabo.
+Calladas, se hablaron mirándose.
+
+«El Padre Nones va a venir--dijo la santa--; le mandé recado al salir de
+casa. Prepárese usted, hija mía, poniendo el pensamiento en Nuestro
+Señor Jesucristo; y como le pida perdón de sus pecados con verdadera
+contrición, se lo dará. ¿Se lo ha pedido usted?».
+
+Fortunata dijo que sí con la cabeza.
+
+«Mi amiguita se ha enterado del regalo que usted le ha hecho, y está tan
+agradecida. Ha sido un rasgo feliz y cristiano».
+
+En las nieblas que envolvían su pensamiento, la infeliz joven, al oír
+aquello del _rasgo_, se acordó de Feijoo y de sus prohibiciones; pero
+este recuerdo no la hizo arrepentirse de su acción.
+
+«Jacinta me encarga que dé a usted las gracias. No le guarda ningún
+rencor. Al contrario; usted ha sabido arreglarse para dejar buena
+memoria de sí. Además, ella es de las pocas personas que saben perdonar.
+Imítela usted ahora, que no le vendría mal en este instante sofocar sus
+pasiones, amar a sus enemigos y hacer bien a los que la aborrecen. Hija
+mía (abrazándola), ¿ha perdonado usted al hombre que tiene la culpa de
+todos sus males y que la ha arrastrado tantas veces al pecado?».
+
+Fortunata dijo que sí con la cabeza, y sus miradas daban a entender que
+aquel perdón era de los fáciles, porque el amor andaba de por medio.
+
+«¿Perdona usted también a esa mujer de quien se suponía ofendida, y a
+quien usted ofendió de palabra y de obra, con o sin motivo?».
+
+Este perdón sí que era de los duros. Callose la santa observando a la
+diabla intranquila. Esta tenía la cabeza echada hacia atrás, moviéndola
+sobre la almohada con cierta inquietud, y sus miradas vagaban por el
+techo.
+
+«¿Qué?, ¿duda usted?... Pues Dios, para perdonarnos, necesita saber si
+perdonamos nosotros antes. ¿Para qué quiere usted ahora ese odio
+mezquino? ¿De qué le sirve? De peso para impedirle subir al Cielo. Hay
+que arrojar ese plomo (abrazándola con más cariño). Amiguita, hágalo por
+mí, por _el mono del Cielo_, que debe quedar aquí rodeado de
+bendiciones, no de maldiciones».
+
+Fortunata se estremeció desde el cabello hasta los pies... Su
+respiración fatigosa indicaba el afán de vencer las resistencias físicas
+que entorpecían la voz. «No necesita usted hablar--le dijo la santa--;
+basta que manifieste su intención respondiéndome con la cabeza. ¿Perdona
+usted a Aurora...?». La moribunda movió la cabeza de un modo que podría
+pasar por afirmativo, pero con poco acento, como si no toda el alma,
+sino una parte de ella afirmase.
+
+«Más, más claro».
+
+Fortunata acentuó un poquitito más, y sus ojos se humedecieron.
+
+«Así me gusta».
+
+Entonces resplandeció en la cara de la infeliz señora de Rubín algo que
+parecía inspiración poética o religioso éxtasis, y vencida
+maravillosamente la postración en que estaba, tuvo arranque y palabras
+para decir esto: «Yo también... ¿no lo sabe usted...?, soy ángel...».
+
+Y algo más expresó; pero las palabras volvieron a ser ininteligibles, y
+en la cara le quedó una expresión de dicha inefable y reposada. La santa
+estuvo un instante sin saber qué actitud tomar.
+
+«¡Ángel!... sí--dijo al fin--; lo será, si se purifica bien. Amiga
+querida, es preciso prepararse con formalidad. El Padre Nones va a
+venir, y él le dará a usted consuelos que yo no puedo darle... Ahora
+recuerdo que usted tenía una idea maligna, origen de muchos pecados. Es
+preciso arrojarla y pisotearla... Busque, rebusque bien en su espíritu y
+verá cómo la encuentra; es aquel disparate de que el matrimonio, cuando
+no hay hijos, no vale... y de que usted, por tenerlos, era la verdadera
+esposa de... Vamos (con extraordinaria ternura), reconozca usted que
+semejante idea era un error diabólico a fuerza de ser tonto, y prométame
+que ha de renegar de ella y que no la olvidará cuando el amigo Nones la
+confiese. Mire usted que si se la lleva consigo le ha de estorbar mucho
+por allá».
+
+La _Pitusa_ no expresaba nada, por lo cual su fervorosa amiga volvía al
+ataque con más brío y pasión. «Fortunata, hija mía, por el cariño que me
+tiene, y que yo no me merezco, por el que yo le he tomado y que le
+conservaré toda mi vida, le pido que se arranque esa idea, y la arroje
+aquí, como si fuera un adorno de los que se ponen las pecadoras, un
+lunar postizo, un colorete. Eso no sirve allá, como no le sirva al
+demonio para hacer de las suyas... Se la arranca usted, ¿sí o no? Hágalo
+por mí, para que yo me quede tranquila».
+
+Fortunata volvió a tener la llamarada en sus ojos, al modo de un reflejo
+de iluminación cerebral, y en su cuerpo vibraciones de gozo, como si
+entrara alborotadamente en ella un espíritu benigno. La voluntad y la
+palabra reaparecieron; pero sólo fue para decir: «Soy ángel... ¿no lo
+ve?...».
+
+--Ángel, sí; bueno, esa convicción me gusta (con inquietud). Pero yo
+quisiera...
+
+Interrumpió a la señora la aparición del Padre Nones, que no cabía por
+la puerta, y tuvo que inclinarse para poder entrar. Toda la estancia se
+llenó de una negrura triste y severa. «Aquí estoy, _maestra_» dijo el
+anciano, y la dama se levantó para dejarle el asiento. Algo susurraron
+los dos antes de que ella se retirara. Nones habló cariñosamente a la
+enferma, que le miraba con empañados ojos, sin dar ninguna respuesta a
+sus palabras... Por fin, echó una voz que parecía infantil, voz
+quejumbrosa y dolorida, como de una tierna criatura lastimada. Lo que
+Nones creyó entender entre aquellas articulaciones de indefinible
+sentimiento fue esto: «¿No lo sabe?... soy ángel... yo también... _mona
+del Cielo_».
+
+Y siguió su exhortación el cura, diciendo para sí: «Trabajo perdido...
+cabeza trastornada».
+
+Y en alta voz: «Ángel, sí; pero es preciso, hija mía, confesar la fe de
+Cristo, consagrar a ella nuestros últimos pensamientos y pedirle con el
+corazón que nos perdone. Es tan bueno, tan bueno, que no niega su amparo
+a ningún pecador que se llegue a Él por empedernido que sea... Lo
+principal es tener un interior puro, un...».
+
+La miró alarmado. ¿Había dicho algo? Sí; pero Nones no pudo enterarse.
+Fue sin duda aquello de _soy ángel_, y luego inclinó la cabeza como
+quien se va a dormir. El sacerdote la miró más de cerca, y en alta voz
+dijo: «Maestra, maestra, venga usted».
+
+Entró Guillermina y ambos la observaron.
+
+«Creo--dijo Nones--que ha concluido. No ha podido confesar... Cabeza
+trastornada... ¡Pobrecita! Dice que es ángel... Dios lo verá...».
+
+La maestra y el cura se pusieron a rezar en voz alta. Segunda empezó a
+escandalizar, y en aquel momento llegaba Segismundo, quien sabedor en la
+escalera de lo que ocurría, entró en la casa y en la alcoba más muerto
+que vivo.
+
+
+
+
+--xv--
+
+
+Mientras estuvo allí el Padre Nones, Ballester se mantuvo en una
+actitud consternada, contemplando el lastimoso cuadro con el respeto que
+infunden los muertos, y encerrando su dolor en una compostura que tenía
+cierta corrección. Pero cuando no quedaron allí más testigos que la
+santa y Segunda, el buen farmacéutico creyó que no tenía para qué
+sujetar la onda impetuosa que del corazón le salía, y llegándose al
+cuerpo todavía caliente de su infeliz amiga, la abrazó, y estampó
+multitud de besos en su frente y mejillas.
+
+«¡Ah!, señora--dijo a la fundadora, secándose las lágrimas--; veo que se
+asombra usted de... de verme llorar así, y de estas demostraciones... Es
+que yo la quería mucho... era mi amiga... iba a ser mi querida...
+digo... no, dispense usted, éramos amigos... Usted no la conocía bien;
+yo sí... Era un ángel... digo, debía serlo, podría serlo; dispense
+usted, señora, no sé lo que me digo; porque me ha llegado al alma esta
+desgracia. No la esperaba... Ha sido un descuido. Ella misma, con los
+disparates que hacía... porque era de estos ángeles que hacen muchos
+disparates... ¿me entiende usted?... ¡Pobre mujer... tan hermosa y tan
+buena!... La hemorragia ha provenido sin duda de no haberse verificado
+la involución... Me lo temía... La salida antes de tiempo, la agitación
+moral... Añada usted descuidos, falta de asistencia, de vigilancia, y de
+una autoridad que se le hubiera impuesto. ¡Ah!, si yo hubiera estado
+aquí. Pero no podía, no podía. Mis obligaciones... ¡Ah!, señora, crea
+usted que tengo el corazón destrozado, y que tardaré en consolarme de
+esta pesadumbre... La había tomado yo tanto cariño, que a todas horas la
+tenía en el pensamiento. Mi destino me ligaba a ella, y hubiéramos sido
+felices, sí, felices, créalo usted... Nos habríamos ido a otro país, a
+un país lejano, muy lejano. Con permiso de usted, la voy a besar otra
+vez. No la había besado nunca. No me atrevía, ni ella lo habría
+consentido, porque era la persona más honrada y honesta que usted puede
+imaginar».
+
+Guillermina sentía tanto asombro como lástima ante las demostraciones de
+aquel buen hombre que con tanta franqueza se expresaba. Poco a poco fue
+tomando el dolor de Segismundo acentos más tranquilos, y sentado a la
+cabecera del lecho mortuorio, habló con la santa de un asunto que
+necesariamente y por la fuerza de la realidad se imponía.
+
+«¡Ah!, no señora; dispense usted. Los gastos del entierro los pago yo.
+Quiero tener esa satisfacción. No me la quite usted, por Dios...».
+
+--Pero, hijo--replicó la fundadora--, si usted es un pobre. ¿Qué
+necesidad tiene de ese gasto? Si no hubiera más remedio, muy santo y muy
+bueno. Pero no sea usted tonto y guarde su dinero, que bastante falta le
+hace. Esta obligación la pagará quien debe pagarla, y no digo más: al
+buen entendedor...
+
+No dándose por vencido, Ballester persistió en su idea: pero Guillermina
+hubo de machacar tanto, que al fin se la quitó de la cabeza. Segunda y
+sus dos compañeras de plazuela amortajaron a la infeliz señora de Rubín,
+y en tanto el farmacéutico se ocupaba con incansable actividad en los
+preparativos del entierro, que debía de ser a la mañana siguiente. En
+todo aquel día no abandonó la casa mortuoria. Al mediodía estaba solo en
+ella, y el cuerpo de Fortunata, ya vestido con su hábito negro de los
+Dolores, yacía en el lecho. Ballester no se saciaba de contemplarla,
+observando la serenidad de aquellas facciones que la muerte tenía ya por
+suyas, pero que no había devorado aún. Era el rostro como de marfil,
+tocado de manchas vinosas en el hueco de los ojos y en los labios, y las
+cejas parecían aún más finas, rasgueadas y negras de lo que eran en
+vida. Dos o tres moscas se habían posado sobre aquellas marchitas
+facciones. Segismundo sintió nuevamente deseos de besar a su amiga. ¿Qué
+le importaban a él las moscas? Era como cuando caían en la leche. Las
+sacaba, y después bebía como si tal cosa. Las moscas huyeron cuando la
+cara viva se inclinó sobre la muerta, y al retirarse tornaron a posarse.
+Entonces Ballester cubrió la faz de su amiga con un pañuelo finísimo.
+
+Guillermina volvió más tarde. Subía del cuarto de Plácido a decir a
+Ballester algo referente al entierro. Un rato hablaron, y como ella se
+mostrase recelosa de que el marido de la difunta fuese por allá y armara
+un escándalo, el farmacéutico la tranquilizó diciéndole: «No tema usted
+nada. Esta mañana hemos conseguido encerrarle. Está furioso el infeliz,
+y costó Dios y ayuda quitarle un maldito revólver que ha comprado y con
+el cual quiere fusilar a las pobres _Samaniegas_ y a otra persona que
+suele pasear por el barrio. La célebre doña Lupe estaba con el alma en
+un hilo. Acudimos Padilla y yo, y con gran trabajo pudimos desarmar al
+filósofo y encerrarle en su cuarto, donde quedó dando cabezadas contra
+las paredes y pegando unos gritos que se oían desde la calle».
+
+--Ya lo dije yo. Tanta y tanta lógica tenía que parar en eso... Conque
+ya sabe usted. A las diez habrá misa y responso en el cementerio. Y se
+ha dispuesto, por quien debe hacerlo, que el entierro sea de primera,
+coche de lujo con seis caballos; irán los niños del Hospicio... Usted
+dirá que esta ostentación no viene al caso.
+
+--No, yo no digo nada.
+
+--No tendría nada de particular que lo dijera, porque a primera vista es
+absurdo. Pero la complicación de causas trae la complicación de efectos,
+y por eso vemos en el mundo tantas cosas que nos parecen despropósitos y
+que nos hacen reír. Vea usted por qué yo profeso el principio de que no
+debemos reírnos de nada, y que todo lo que pasa, por el hecho de pasar,
+ya merece algo de respeto. ¿Se va usted enterando?
+
+Algo más iba a decir; pero entró Plácido, sombrero en mano, y con
+ciertos aires de ayudante de campo anunció a su generala que había
+llegado doña Bárbara.
+
+Bajó, pues, la santa, y encontró a su amiga un poco adusta, observando
+los cariñosos extremos de Jacinta con aquel canario de alcoba que estaba
+en su poder, como si se lo hubiera encontrado en la calle o se lo
+hubieran puesto en una cesta a la puerta de su casa. Algo le decían
+también a la señora de Santa Cruz las facciones del chiquitín; pero
+escarmentada y previsora, se contenía por no incurrir en la ridiculez de
+un chasco semejante al de marras. Estaba, pues, la señora, indecisa, sin
+resolverse a entusiasmarse; y las razones que Guillermina le dio para
+convencerla no la sacaron de aquella actitud reservada y suspicaz. Los
+afectos que se desbordaban del corazón de la Delfina eran combinación
+armoniosa de alegría y de pena, por las circunstancias en que aquella
+tierna criatura había ido a sus manos. No podía apartar su pensamiento
+de la persona que un poco más arriba, en la misma casa, había dejado de
+existir aquella mañana, y se maravillaba de notar en su corazón
+sentimientos que eran algo más que lástima de la mujer sin ventura, pues
+entrañaban tal vez algo de compañerismo, fraternidad fundada en
+desgracias comunes. Recordaba, sí, que la muerta había sido su mayor
+enemiga; pero las últimas etapas de la enemistad y el caso increíble de
+la herencia del _Pituso_, envolvían, sin que la inteligencia pudiera
+desentrañar este enigma, una reconciliación. Con la muerte de por medio,
+la una en la vida visible y la otra en la invisible, bien podría ser que
+las dos mujeres se miraran de orilla a orilla, con intención y deseos de
+darse un abrazo.
+
+Las tres señoras dijeron a un tiempo: «¿y qué hacemos ahora?». Entablose
+discusión breve sobre el punto a que llevarían aquella adquisición
+preciosa. Guillermina cortó las dificultades, proponiendo que le
+llevaran a su casa. Se dieron órdenes a Estupiñá para que fuesen
+conducidas también al domicilio de la santa las tres mujeronas entre las
+cuales sería elegida, a toda conciencia, la que había de criar al _mono
+del Cielo_.
+
+Por la noche de aquel célebre día, hubo en la casa de Santa Cruz una
+escena memorable.
+
+Jacinta y su suegra cogieron por su cuenta al Delfín, y le pusieron en
+duro compromiso, refiriéndole lo ocurrido, mostrándole la carta
+redactada por Estupiñá y obligándole (con lastimoso desdoro de su
+dignidad) a manifestarse sinceramente consternado, pues el caso no era
+para puesto en solfa, ni para rehuido con cuatro frases y un pensamiento
+ingenioso. Había faltado gravemente, ofendiendo a su mujer legítima,
+abandonando después a su cómplice, y haciendo a esta digna de compasión
+y aun de simpatía, por una serie de hechos de que él era exclusivamente
+responsable. Por fin, Santa Cruz, tratando de rehacer su destrozado amor
+propio, negó unas cosas, y otras, las más amargas, las endulzó y confitó
+admirablemente, para que pasaran, terminando por afirmar que el chico
+era suyo y muy suyo, y que por tal lo reconocía y aceptaba, con
+propósitos de quererle como si le hubiera tenido de su adorada y
+legítima esposa.
+
+Cuando se quedaron solos los Delfines, Jacinta se despachó a su gusto
+con su marido, y tan cargada de razón estaba y tan firme y valerosa, que
+apenas pudo él contestarle, y sus triquiñuelas fueron armas impotentes y
+risibles contra la verdad que afluía de los labios de la ofendida
+consorte. Esta le hacía temblar con sus acerados juicios, y ya no era
+fácil que el habilidoso caballero triunfara de aquella alma tierna,
+cuya dialéctica solía debilitarse con la fuerza del cariño. Entonces se
+vio que la continuidad de los sufrimientos había destruido en Jacinta la
+estimación a su marido, y la ruina de la estimación arrastró consigo
+parte del amor, hallándose por fin este reducido a tan míseras
+proporciones, que casi no se le echaba de ver. La situación desairada en
+que esto le ponía, inflamaba más y más el orgullo de Santa Cruz, y ante
+el desdén no simulado, sino real y efectivo, que su mujer le mostraba,
+el pobre hombre padecía horriblemente, porque era para él muy triste,
+que a la víctima no le doliesen ya los golpes que recibía. No ser nadie
+en presencia de su mujer, no encontrar allí aquel refugio a que
+periódicamente estaba acostumbrado, le ponía de malísimo talante. Y era
+tal su confianza en la seguridad de aquel refugio, que al perderlo,
+experimentó por vez primera esa sensación tristísima de las irreparables
+pérdidas y del vacío de la vida, sensación que en plena juventud
+equivale al envejecer, en plena familia equivale al quedarse solo, y
+marca la hora en que lo mejor de la existencia se corre hacia atrás,
+quedando a la espalda los horizontes que antes estaban por delante.
+Claramente se lo dijo ella, con expresiva sinceridad en sus ojos, que
+nunca engañaban. «Haz lo que quieras. Eres libre como el aire. Tus
+trapisondas no me afectan nada». Esto no era palabrería, y en las
+pruebas de la vida real, vio el Delfín que aquella vez iba de veras.
+
+Durante algún tiempo, el _Delfinito_ siguió en casa de Guillermina,
+donde estaba la nodriza, hasta que enteraron de todo a D. Baldomero, y
+se le pudo llevar a la casa patrimonial. Jacinta vivía consagrada a él
+en cuerpo y alma, y tenía la satisfacción de que todos en la casa le
+querían, incluso su padre. A solas con él, la dama se entretenía
+fabricando en su atrevido pensamiento edificios de humo con torres de
+aire y cúpulas más frágiles aún, por ser de pura idea. Las facciones del
+heredado niño no eran las de la otra, eran las suyas. Y tanto podía la
+imaginación, que la madre putativa llegaba a embelesarse con el
+artificioso recuerdo de haber llevado en sus entrañas aquel precioso
+hijo, y a estremecerse con la suposición de los dolores sufridos al
+echarle al mundo. Y tras estos juegos de la fantasía traviesa, venía el
+discurrir sobre lo desarregladas que andan las cosas del mundo. También
+ella tenía su idea respecto a los vínculos establecidos por la ley, y
+los rompía con el pensamiento, realizando la imposible obra de volver el
+tiempo atrás, de mudar y trastocar las calidades de las personas,
+poniendo a este el corazón de aquel, y a tal otro la cabeza del de más
+allá, haciendo, en fin, unas correcciones tan extravagantes a la obra
+total del mundo, que se reiría de ellas Dios, si las supiera, y su
+vicario con faldas, Guillermina Pacheco. Jacinta hacía girar todo este
+ciclón de pensamientos y correcciones alrededor de la cabeza angélica de
+Juan Evaristo; recomponía las facciones de este, atribuyéndole las suyas
+propias, mezcladas y confundidas con las de un ser ideal, que bien
+podría tener la cara de Santa Cruz, pero cuyo corazón era seguramente el
+de Moreno... aquel corazón que la adoraba y que se moría por ella...
+Porque bien podría Moreno haber sido su marido... vivir todavía, no
+estar gastado ni enfermo, y tener la misma cara que tenía el Delfín, ese
+falso, mala persona... «Y aunque no la tuviera, vamos, aunque no la
+tuviera... ¡Ah!, el mundo entonces sería como debía ser, y no pasarían
+las muchas cosas malas que pasan...».
+
+
+
+
+--xvi--
+
+
+En el entierro de la señora de Rubín contrastaba el lujo del
+carro fúnebre con lo corto del acompañamiento de coches, pues sólo
+constaba de dos o tres. En el de cabecera iba Ballester, que por no ir
+solo se había hecho acompañar de su amigo el crítico. En el largo
+trayecto de la Cava al cementerio, que era uno de los del Sur,
+Segismundo contó al buen Ponce todo lo que sabía de la historia de
+Fortunata, que no era poco, sin omitir lo último, que era sin duda lo
+mejor; a lo que dijo el eximio sentenciador de obras literarias, que
+había allí elementos para un drama o novela, aunque a su parecer, el
+tejido artístico no resultaría vistoso sino introduciendo ciertas
+urdimbres de todo punto necesarias para que la vulgaridad de la vida
+pudiese convertirse en materia estética. No toleraba él que la vida se
+llevase al arte tal como es, sino aderezada, sazonada con olorosas
+especias y después puesta al fuego hasta que cueza bien. Segismundo no
+participaba de tal opinión, y estuvieron discutiendo sobre esto con
+selectas razones de una y otra parte, quedándose cada cual con sus ideas
+y su convicción, y resultando al fin que la fruta cruda bien madura es
+cosa muy buena, y que también lo son las compotas, si el repostero sabe
+lo que trae entre manos.
+
+En esto llegaron y se dio tierra al cuerpo de la señora de Rubín,
+delante de las cuatro o cinco personas acompañantes, las cuales eran
+Segismundo y el crítico, Estupiñá, José Izquierdo y el marido de una de
+las placeras, amiga de Segunda. Ballester, afectadísimo, hacía de tripas
+corazón, y se retiró el último. De regreso a Madrid en el coche, llevaba
+fresca en su mente la imagen de la que ya no era nada. «Esta
+imagen--dijo a su amigo--, vivirá en mí algún tiempo; pero se irá
+borrando, borrando, hasta que enteramente desaparezca. Esta presunción
+de un olvido posible, aun suponiéndolo lejano, me da más tristeza que
+lo que acabo de ver... Pero tiene que haber olvido, como tiene que haber
+muerte. Sin olvido, no habría hueco para las ideas y los sentimientos
+nuevos. Si no olvidáramos no podríamos vivir, porque en el trabajo
+digestivo del espíritu no puede haber ingestión sin que haya también
+eliminación».
+
+Y más adelante: «Mire usted, amigo Ponce, yo estoy inconsolable; pero no
+desconozco que, atendiendo al egoísmo social, la muerte de esa mujer es
+un bien para mí (bienes y males andan siempre aparejados en la vida);
+porque, créamelo usted, yo me preparaba a hacer grandes disparates por
+esa buena moza; ya los estaba haciendo, y habría llegado sabe Dios a
+dónde... ¡calcule usted qué atracción ejercía sobre mí! Me tengo por
+hombre de seso, y sin embargo, yo me iba derecho al abismo. Tenía para
+mí esa mujer un poder sugestivo que no puedo explicarle; se me metió en
+la cabeza la idea de que era un ángel, sí, ángel disfrazado, como si
+dijéramos, vestido de máscara para estampar a los tontos, y no me
+habrían arrancado esta idea todos los sabios del mundo. Y aun ahora, la
+tengo aquí fija y clara... Será un delirio, una aberración; pero aquí
+dentro está la idea, y mi mayor desconsuelo es que no puedo ya, por
+causa de la muerte, probarme que es verdadera...
+
+Porque yo me lo quería probar... y créalo usted, me hubiera salido con
+la mía».
+
+A la semana siguiente, Ballester salió de la botica de Samaniego, porque
+doña Casta se enteró de sus relaciones (que a ella se le antojaron
+inmorales) con la infame que tan groseramente había atropellado a
+Aurora, y no quiso más cuentas con él. Doña Lupe le rogó varias veces
+que fuese a ver a Maximiliano, que continuaba encerrado en su cuarto, y
+le daban la comida por un tragaluz, no atreviéndose a entrar ni la
+señora ni Papitos, porque los aullidos que daba el infeliz eran señal de
+agitación insana y peligrosa. Segismundo fue el primero que penetró en
+la estancia, sin miedo alguno, y vio a Maxi en un rincón, hecho un
+ovillo, con más apariencias de imbecilidad que de furia, demudado el
+rostro y las ropas en desorden.
+
+«¿Qué?--le dijo el farmacéutico inclinándose y tratando de levantarle--.
+¿Se va pasando eso?... Como hace días nos quiso usted morder, cuando le
+quitamos el revólver, y daba mordiscos y patadas, y quería matar a todo
+el género humano, tuvimos que encerrarle. Justo castigo de la
+tontería... ¿Qué? ¿Ha perdido el uso de la palabra? Míreme de frente y
+no hagamos visajes, que se pone muy feíto. ¿No me conoce? Soy Ballester,
+y ahí tengo la vara aquella para enderezar a los niños mal criados».
+
+--Ballester--dijo Maxi mirándole fijamente y como quien vuelve de un
+letargo.
+
+--El mismo, ¿y qué?... ¿Quiere que le dé noticias del mundo? Pues
+prométame tener juicio.
+
+--¿Juicio...? Ya lo tengo, ya lo tengo. ¿Pues acaso he perdido yo alguna
+vez ni tanto así del juicio?
+
+--¡Quia! Nada en gracia de Dios. ¡Usted perder el juicio! Bueno va...
+
+--Ello es que yo he dormido, amigo Ballester--dijo Rubín con relativa
+serenidad levantándose--. Lo que recuerdo ahora es que yo estaba cuerdo,
+más cuerdo que nadie, y de repente me entró el frenesí de matar. ¿Por
+qué, por qué fue?
+
+--Eso, rásquese la cabecita a ver si hace memoria... fue porque _semos_
+muy tontos. Era usted el espejo de los filósofos, y ya iba para santo,
+cuando de repente le dio por comprar un revólver...
+
+--¡Ah!... sí (abriendo espantado lo ojos), fue porque mi mujer me dio
+palabra de quererme con verdadero amor, de quererme con delirio, ¿oye
+usted?, como ella sabe querer.
+
+--Bueno va. Y ahora le quiere echar la culpa a la otra pobre.
+
+--Ella, sí, ella fue. Me arrebató... y arrebatado estoy. Tengo dentro de
+mí el espíritu del mal... y apenas me queda un recuerdo vago de aquel
+estado de virtud en que me hallaba.
+
+--¡Qué lástima, hijo, qué lástima! Tenemos que volver a las duchas y al
+bromuro de sodio. Es lo mejor para echar virtud y filosofía.
+
+--Volveré--dijo Maxi con gravedad suma--, cuando haya cumplido la
+promesa que a mi mujer hice. Mataré, gozaré después de aquel amor
+inefable, infinito, que no he catado nunca y que ella me ofreció en
+cambio del sacrificio que le hice de mi razón, y luego nos consagraremos
+ella y yo a hacer penitencia y a pedir a Dios perdón de nuestra culpa.
+
+--¡Bonito programa, sí, señor, bonito contrato! Sólo que ya no puede
+realizarse, porque falta una de las partes.
+
+--¿Qué parte?--La que ponía el amor, ese amor tan sublime y...
+delirante.
+
+Maxi no comprendía, y Ballester, decidido a darle la noticia sin rodeos
+ni atenuaciones, concluyó así:
+
+--Sí, su mujer de usted ya no existe. La pobrecita se nos ha muerto hace
+hoy ocho días.
+
+Y al decirlo, se conmovió extraordinariamente, velándosele la voz. Maxi
+prorrumpió en una risa desentonada. «Otra vez la misma comedia, otra
+vez... Pero ahora, como entonces, no cuela, Sr. Ballester... ¿Apostamos
+a que con mi lógica vuelvo a descubrir dónde está? ¡Ay, Dios mío!, ya
+siento la lógica invadiendo mi cabeza con fuerza admirable, y el talento
+vuelve... sí, me vuelve, aquí está, le siento entrar. ¡Bendito sea
+Dios, bendito sea!».
+
+Doña Lupe, que escuchaba este coloquio desde el pasillo, aplicando su
+oído a la puerta entornada, fue perdiendo el miedo al oír la voz serena
+de su sobrino, y abrió un poquito, dejando ver su cara inteligente y
+atisbadora.
+
+«Entre usted, doña Lupe--le dijo Segismundo--. Ya está bien. Pasó el
+arrebato. Pero no quiere creer que hemos perdido a su esposa. Ya; como
+la otra vez le engañamos... Pero él tuvo más talento que nosotros».
+
+--Y ahora también, y ahora también--afirmó Rubín con maniática
+insistencia--. Empezaré al instante mis trabajos de observación y de
+cálculo.
+
+--Pues no necesitará calentarse la cabeza, porque yo se lo probaré... yo
+demostraré lo que he dicho. Doña Lupe, hágame el favor de traerle la
+ropita, porque no está bien que salga a la calle con esa facha.
+
+--¿Pero a dónde le va usted a llevar? (alarmada).
+
+--Déjeme usted a mí, señá ministra. Yo me entiendo. ¿Teme que le robe
+esta alhaja?
+
+--Mi ropa, tía, mi ropa--dijo Maxi tan animado como en sus mejores
+tiempos, y sin ninguna apariencia de trastorno mental.
+
+Por fin, se hizo lo que Ballester deseaba; Maxi se vistió y salieron. En
+el pasillo, Segismundo comunicó su pensamiento a doña Lupe: «Mire
+usted, señora, yo tengo que ir al cementerio a ver la lápida que he
+hecho poner en la sepultura de esa pobrecita. La costeo yo; he querido
+darme esa satisfacción... una lápida preciosa, con el nombre de la
+difunta y una corona de rosas...».
+
+--¡Corona de rosas!--exclamó _la de los Pavos_, que con toda su
+diplomacia no supo disimular un ligero acento de ironía.
+
+--De rosas... ¿y qué más le da a usted...? (quemándose). ¿Acaso tiene
+usted que pagarla?... Yo hubiera querido hacerla de mármol; pero no hay
+posibles... y es de piedra de Novelda; tributo modesto y afectuoso de
+una amistad pura... Era un ángel... Sí; no me vuelvo atrás, aunque usted
+se ría.
+
+--No, si no me he reído. Pues no faltaba más.
+
+--Un ángel a su manera. En fin, dejemos esto y vamos a lo otro. Como ha
+de influir mucho en el estado mental de este pobre chico el convencerse
+de que su mujer no vive, le pienso llevar... para que lo vea, señora,
+para que lo vea.
+
+Aprobó doña Lupe, y los dos farmacéuticos salieron y tomaron un simón.
+Por el camino iba Maxi cabizbajo, y la aproximación al cementerio le
+imponía, subyugando su ánimo con la gravedad que lleva en sí la idea del
+morir. «Adelante, niño» le dijo su amigo cogiéndole por un brazo, y
+llevándole dentro del camposanto. Atravesaron un gran patio lleno de
+mausoleos de más o menos lujo, después otro patio que era todo nichos;
+pasaron a un tercero en el cual había sepulturas abiertas, recién
+ocupadas, y paráronse delante de una en la cual estaban aún los
+albañiles, que acababan de poner una lápida y recogían las herramientas.
+
+«Aquí es--dijo Ballester, señalando la gran losa de cantería de Novelda,
+en cuyo extremo superior había una corona de rosas, bastante bien
+tallada, debajo del R.I.P. y luego un nombre y la fecha del
+fallecimiento--¿Qué dice ahí?».
+
+Maximiliano se quedó inmóvil, clavados los ojos en la lápida... ¡Bien
+claro lo rezaba el letrero! Y al nombre y apellido de su mujer se añadía
+_de Rubín_. Ambos callaban; pero la emoción de Maxi era más viva y
+difícil de dominar que la de su amigo. Y al poco rato, un llanto
+tranquilo, expresión de dolor verdadero y sin esperanza de remedio,
+brotaba de sus ojos en raudal que parecía inagotable. «Son las lágrimas
+de toda mi vida--pudo decir a su amigo--, las que derramo ahora... Todas
+mis penas me están saliendo por los ojos».
+
+Ballester se le llevó no sin trabajo, porque aún quería permanecer allí
+más tiempo y llorar sin tregua. Cuando salían del cementerio, entraba un
+entierro con bastante acompañamiento.
+
+Era el de D. Evaristo Feijoo. Pero los dos farmacéuticos no fijaron su
+atención en él. En el coche, Maximiliano, con voz sosegada y dolorida,
+expresó a su amigo estas ideas:
+
+«La quise con toda mi alma. Hice de ella el objeto capital de mi vida, y
+ella no respondió a mis deseos. No me quería... Miremos las cosas desde
+lo alto: no me podía querer. Yo me equivoqué, y ella también se
+equivocó. No fui yo solo el engañado, ella también lo fue. Los dos nos
+estafamos recíprocamente. No contamos con la Naturaleza, que es la gran
+madre y maestra que rectifica los errores de sus hijos extraviados.
+Nosotros hacemos mil disparates, y la Naturaleza nos los corrige.
+Protestamos contra sus lecciones admirables que no entendemos, y cuando
+queremos que nos obedezca, nos coge y nos estrella, como el mar estrella
+a los que pretenden gobernarlo. Esto me lo dice mi razón, amigo
+Ballester, mi razón, que hoy, gracias a Dios, vuelve a iluminarme como
+un faro espléndido. ¿No lo ve usted?... ¿pero no lo ve?... Porque el que
+sostenga ahora que estoy loco es el que lo está verdaderamente, y si
+alguien me lo dice en mi cara, ¡vive Cristo, por la santísima uña de
+Dios!, que me la ha de pagar».
+
+--Calma, calma, amigo mío (con bondad). Nadie le contradice a usted.
+
+--Porque yo veo ahora todos los conflictos, todos los problemas de mi
+vida con una claridad que no puede provenir más que de la razón... Y
+para que conste, yo juro ante Dios y los hombres que perdono con todo mi
+corazón a esa desventurada a quien quise más que a mi vida, y que me
+hizo tanto daño; yo la perdono, y aparto de mí toda idea rencorosa, y
+limpio mi espíritu de toda maleza, y no quiero tener ningún pensamiento
+que no sea encaminado al bien y a la virtud... El mundo acabó para mí.
+He sido un mártir y un loco. Que mi locura, de la que con la ayuda de
+Dios he sanado, se me cuente como martirio, pues mis extravíos, ¿qué han
+sido más que la expresión exterior de las horribles agonías de mi alma?
+Y para que no quede a nadie ni el menor escrúpulo respecto a mi estado
+de perfecta cordura, declaro que quiero a mi mujer lo mismo que el día
+en que la conocí; adoro en ella lo ideal, lo eterno, y la veo, no como
+era, sino tal y como yo la soñaba y la veía en mi alma; la veo adornada
+de los atributos más hermosos de la divinidad, reflejándose en ella como
+en un espejo; la adoro, porque no tendríamos medio de sentir el amor de
+Dios, si Dios no nos lo diera a conocer figurando que sus atributos se
+transmiten a un ser de nuestra raza. Ahora que no vive, la contemplo
+libre de las transformaciones que el mundo y el contacto del mal le
+imprimían; ahora no temo la infidelidad, que es un rozamiento con las
+fuerzas de la Naturaleza que pasan junto a nosotros; ahora no temo las
+traiciones, que son proyección de sombra por cuerpos opacos que se
+acercan; ahora todo es libertad, luz; desaparecieron las asquerosidades
+de la realidad, y vivo con mi ídolo en mi idea, y nos adoramos con
+pureza y santidad sublimes en el tálamo incorruptible de mi pensamiento.
+
+--Era un ángel--murmuró Ballester, a quien, sin saber cómo, se le
+comunicaba algo de aquella exaltación.
+
+--Era un ángel--gritó Maxi dándose un fuerte puñetazo en la rodilla--.
+¡Y el miserable que me lo niegue o lo ponga en duda se verá conmigo...!
+
+--¡Y conmigo!--repitió Segismundo, con igual calor--. Lástima de
+mujer... ¡Si viviera!
+
+
+--No, amigo, vivir no. La vida es una pesadilla... Más la quiero
+muerta...
+
+--Y yo también--dijo Ballester, cayendo en la cuenta de que no debía
+contrariarle--. La amaremos los dos como se ama a los ángeles. ¡Dichosos
+los que se consuelan así!
+
+--¡Dichosos mil veces, amigo mío!--exclamó Rubín con entusiasmo--, los
+que han llegado, como yo, a este grado de serenidad en el pensamiento.
+Usted está aún atado a las sinrazones de la vida; yo me liberté, y vivo
+en la pura idea. Felicíteme usted, amigo de mi alma, y deme un gran
+abrazo, así, así, más apretado; más, más, porque me siento muy feliz,
+muy feliz.
+
+Al entrar en su casa lo primero que dijo a doña Lupe fue esto: «Tía de
+mi alma, yo me quiero retirar del mundo, y entrar en un convento donde
+pueda vivir a solas con mis ideas». Vio el cielo abierto la de Jáuregui
+al oírle expresarse de este modo, y respondió: «¡Ay, hijo mío, si ya te
+tenía yo dispuesta tu entrada en un monasterio muy retirado y hermoso
+que hay aquí, cerca de Madrid! Verás qué ricamente vas a estar. Hay en
+él unos señores monjes muy simpáticos que no hacen más que pensar en
+Dios y en las cosas divinas. ¡Cuánto me alegro de que hayas tomado esa
+determinación! Anticipándome a tu deseo, te estaba yo preparando la ropa
+que has de llevar». Apoyó Ballester la idea que a su amigo le había
+entrado, y todo el día estuvo hablándole de lo mismo, temeroso de que se
+desdijera; y para aprovechar aquella buena disposición, al día siguiente
+tempranito, él mismo le llevó en un coche al sosegado retiro que le
+preparaban. Maxi iba contentísimo y no hizo ninguna resistencia. Pero al
+llegar, decía en alta voz como si hablara con un ser invisible: «¡Si
+creerán estos tontos que me engañan! Esto es Leganés. Lo acepto, lo
+acepto y me callo, en prueba de la sumisión absoluta de mi voluntad a
+lo que el mundo quiera hacer de mi persona. No encerrarán entre murallas
+mi pensamiento. Resido en las estrellas. Pongan al llamado Maximiliano
+Rubín en un palacio o en un muladar... lo mismo da».
+
+
+Madrid.--Junio de 1887.
+
+FIN DE LA NOVELA
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Fortunata y Jacinta, by Benito Pérez Galdós
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK FORTUNATA Y JACINTA ***
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+works. See paragraph 1.E below.
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+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
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+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
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+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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+Foundation
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+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.