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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 04:50:09 -0700
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+The Project Gutenberg EBook of Fortunata y Jacinta, by Benito Pérez Galdós
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Fortunata y Jacinta
+ dos historias de casadas
+
+Author: Benito Pérez Galdós
+
+Release Date: November 5, 2005 [EBook #17013]
+[Last updated on December 21, 2019]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK FORTUNATA Y JACINTA ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+
+Fortunata y Jacinta: (dos historias de casadas)
+
+por B. Pérez Galdós
+
+
+
+
+Parte primera
+
+
+
+
+-I-
+
+Juanito Santa Cruz
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Las noticias más remotas que tengo de la persona que lleva este nombre
+me las ha dado Jacinto María Villalonga, y alcanzan al tiempo en que
+este amigo mío y el otro y el de más allá, Zalamero, Joaquinito Pez,
+Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad. No cursaban todos
+el mismo año, y aunque se reunían en la cátedra de Camús, separábanse en
+la de Derecho Romano: el chico de Santa Cruz era discípulo de Novar, y
+Villalonga de Coronado. Ni tenían todos el mismo grado de aplicación:
+Zalamero, juicioso y circunspecto como pocos, era de los que se ponen en
+la primera fila de bancos, mirando con faz complacida al profesor
+mientras explica, y haciendo con la cabeza discretas señales de
+asentimiento a todo lo que dice. Por el contrario, Santa Cruz y
+Villalonga se ponían siempre en la grada más alta, envueltos en sus
+capas y más parecidos a conspiradores que a estudiantes. Allí pasaban el
+rato charlando por lo bajo, leyendo novelas, dibujando caricaturas o
+soplándose recíprocamente la lección cuando el catedrático les
+preguntaba. Juanito Santa Cruz y Miquis llevaron un día una sartén (no
+sé si a la clase de Novar o a la de Uribe, que explicaba Metafísica) y
+frieron un par de huevos. Otras muchas tonterías de este jaez cuenta
+Villalonga, las cuales no copio por no alargar este relato. Todos ellos,
+a excepción de Miquis que se murió en el 64 soñando con la gloria de
+Schiller, metieron infernal bulla en el célebre alboroto de la noche de
+San Daniel. Hasta el formalito Zalamero se descompuso en aquella ruidosa
+ocasión, dando pitidos y chillando como un salvaje, con lo cual se ganó
+dos bofetadas de un guardia veterano, sin más consecuencias. Pero
+Villalonga y Santa Cruz lo pasaron peor, porque el primero recibió un
+sablazo en el hombro que le tuvo derrengado por espacio de dos meses
+largos, y el segundo fue cogido junto a la esquina del Teatro Real y
+llevado a la prevención en una cuerda de presos, compuesta de varios
+estudiantes decentes y algunos pilluelos de muy mal pelaje. A la sombra
+me lo tuvieron veinte y tantas horas, y aún durara más su cautiverio, si
+de él no le sacara el día 11 su papá, sujeto respetabilísimo y muy bien
+relacionado.
+
+¡Ay!, el susto que se llevaron D. Baldomero Santa Cruz y Barbarita no es
+para contado. ¡Qué noche de angustia la del 10 al 11! Ambos creían no
+volver a ver a su adorado nene, en quien, por ser único, se miraban y se
+recreaban con inefables goces de padres chochos de cariño, aunque no
+eran viejos. Cuando el tal Juanito entró en su casa, pálido y
+hambriento, descompuesta la faz graciosa, la ropita llena de sietes y
+oliendo a pueblo, su mamá vacilaba entre reñirle y comérsele a besos. El
+insigne Santa Cruz, que se había enriquecido honradamente en el comercio
+de paños, figuraba con timidez en el antiguo partido progresista; mas no
+era socio de la revoltosa _Tertulia_, porque las inclinaciones
+antidinásticas de Olózaga y Prim le hacían muy poca gracia. Su club era
+el salón de un amigo y pariente, al cual iban casi todas las noches D.
+Manuel Cantero, D. Cirilo Álvarez y D. Joaquín Aguirre, y algunas D.
+Pascual Madoz. No podía ser, pues, D. Baldomero, por razón de afinidades
+personales, sospechoso al poder. Creo que fue Cantero quien le acompañó
+a Gobernación para ver a González Bravo, y éste dio al punto la orden
+para que fuese puesto en libertad el revolucionario, el anarquista, el
+descamisado Juanito.
+
+Cuando el niño estudiaba los últimos años de su carrera, verificose en
+él uno de esos cambiazos críticos que tan comunes son en la edad
+juvenil. De travieso y alborotado volviose tan juiciosillo, que al mismo
+Zalamero daba quince y raya. Entrole la comezón de cumplir
+religiosamente sus deberes escolásticos y aun de instruirse por su
+cuenta con lecturas sin tasa y con ejercicios de controversia y palique
+declamatorio entre amiguitos. No sólo iba a clase puntualísimo y cargado
+de apuntes, sino que se ponía en la grada primera para mirar al profesor
+con cara de aprovechamiento, sin quitarle ojo, cual si fuera una novia,
+y aprobar con cabezadas la explicación, como diciendo: «yo también me sé
+eso y algo más». Al concluir la clase, era de los que le cortan el paso
+al catedrático para consultarle un punto oscuro del texto o que les
+resuelva una duda. Con estas dudas declaran los tales su furibunda
+aplicación. Fuera de la Universidad, la fiebre de la ciencia le traía
+muy desasosegado. Por aquellos días no era todavía costumbre que fuesen
+al Ateneo los sabios de pecho que están mamando la leche del
+conocimiento. Juanito se reunía con otros cachorros en la casa del chico
+de Tellería (Gustavito) y allí armaban grandes peloteras. Los temas más
+sutiles de Filosofía de la Historia y del Derecho, de Metafísica y de
+otras ciencias especulativas (pues aún no estaban de moda los estudios
+experimentales, ni el transformismo, ni Darwin, ni Haeckel eran para
+ellos, lo que para otros el trompo o la cometa. ¡Qué gran progreso en
+los entretenimientos de la niñez! ¡Cuando uno piensa que aquellos mismos
+nenes, si hubieran vivido en edades remotas, se habrían pasado el tiempo
+mamándose el dedo, o haciendo y diciendo toda suerte de boberías...!
+
+Todos los dineros que su papá le daba, dejábalos Juanito en casa de
+Bailly-Baillière, a cuenta de los libros que iba tomando. Refiere
+Villalonga que un día fue Barbarita _reventando_ de gozo y orgullo a la
+librería, y después de saldar los débitos del niño, dio orden de que
+entregaran a este todos los mamotretos que pidiera, aunque fuesen caros
+y tan grandes como misales. La bondadosa y angelical señora quería poner
+un freno de modestia a la expresión de su vanidad maternal. Figurábase
+que ofendía a los demás, haciendo ver la supremacía de su hijo entre
+todos los hijos nacidos y por nacer. No quería tampoco profanar,
+haciéndolo público, aquel encanto íntimo, aquel himno de la conciencia
+que podemos llamar los _misterios gozosos_ de Barbarita. Únicamente se
+clareaba alguna vez, soltando como al descuido estas entrecortadas
+razones: «¡Ay qué chico!... ¡cuánto lee! Yo digo que esas cabezas tienen
+algo, algo, sí señor, que no tienen las demás... En fin, más vale que le
+dé por ahí».
+
+Concluyó Santa Cruz la carrera de Derecho, y de añadidura la de
+Filosofía y Letras. Sus papás eran muy ricos y no querían que el niño
+fuese comerciante, ni había para qué, pues ellos tampoco lo eran ya.
+Apenas terminados los estudios académicos, verificose en Juanito un
+nuevo cambiazo, una segunda crisis de crecimiento, de esas que marcan el
+misterioso paso o transición de edades en el desarrollo individual.
+Perdió bruscamente la afición a aquellas furiosas broncas oratorias por
+un más o un menos en cualquier punto de Filosofía o de Historia; empezó
+a creer ridículos los sofocones que se había tomado por probar que _en
+las civilizaciones de Oriente el poder de las castas sacerdotales era un
+poquito más ilimitado que el de los reyes_, contra la opinión de
+Gustavito Tellería, el cual sostenía, dando puñetazos sobre la mesa, que
+lo era _un poquitín menos_. Dio también en pensar que maldito lo que le
+importaba que _la conciencia fuera la intimidad total del ser racional
+consigo mismo_, o bien otra cosa semejante, como quería probar,
+hinchándose de convicción airada, Joaquinito Pez. No tardó, pues, en
+aflojar la cuerda a la manía de las lecturas, hasta llegar a no leer
+absolutamente nada. Barbarita creía de buena fe que su hijo no leía ya
+porque había agotado el pozo de la ciencia.
+
+Tenía Juanito entonces veinticuatro años. Le conocí un día en casa de
+Federico Cimarra en un almuerzo que este dio a sus amigos. Se me ha
+olvidado la fecha exacta; pero debió de ser esta hacia el 69, porque
+recuerdo que se habló mucho de Figuerola, de la capitación y del derribo
+de la torre de la iglesia de Santa Cruz. Era el hijo de D. Baldomero muy
+bien parecido y además muy simpático, de estos hombres que se
+recomiendan con su figura antes de cautivar con su trato, de estos que
+en una hora de conversación ganan más amigos que otros repartiendo
+favores positivos. Por lo bien que decía las cosas y la gracia de sus
+juicios, aparentaba saber más de lo que sabía, y en su boca las
+paradojas eran más bonitas que las verdades. Vestía con elegancia y
+tenía tan buena educación, que se le perdonaba fácilmente el hablar
+demasiado. Su instrucción y su ingenio agudísimo le hacían descollar
+sobre todos los demás mozos de la partida, y aunque a primera vista
+tenía cierta semejanza con Joaquinito Pez, tratándoles se echaban de ver
+entre ambos profundas diferencias, pues el chico de Pez, por su ligereza
+de carácter y la garrulería de su entendimiento, era un verdadero
+botarate.
+
+Barbarita estaba loca con su hijo; mas era tan discreta y delicada, que
+no se atrevía a elogiarle delante de sus amigas, sospechando que todas
+las demás señoras habían de tener celos de ella. Si esta pasión de madre
+daba a Barbarita inefables alegrías, también era causa de zozobras y
+cavilaciones. Temía que Dios la castigase por su orgullo; temía que el
+adorado hijo enfermara de la noche a la mañana y se muriera como tantos
+otros de menos mérito físico y moral. Porque no había que pensar que el
+mérito fuera una inmunidad. Al contrario, los más brutos, los más feos y
+los perversos son los que se hartan de vivir, y parece que la misma
+muerte no quiere nada con ellos. Del tormento que estas ideas daban a su
+alma se defendía Barbarita con su ardiente fe religiosa. Mientras oraba,
+una voz interior, susurro dulcísimo como chismes traídos por el Ángel de
+la Guarda, le decía que su hijo no moriría antes que ella. Los cuidados
+que al chico prodigaba eran esmeradísimos; pero no tenía aquella buena
+señora las tonterías dengosas de algunas madres, que hacen de su cariño
+una manía insoportable para los que la presencian, y corruptora para las
+criaturas que son objeto de él. No trataba a su hijo con mimo. Su
+ternura sabía ser inteligente y revestirse a veces de severidad dulce.
+
+¿Y por qué le llamaba todo el mundo y le llama todavía casi unánimemente
+_Juanito_ Santa Cruz? Esto sí que no lo sé. Hay en Madrid muchos casos
+de esta aplicación del diminutivo o de la fórmula familiar del nombre,
+aun tratándose de personas que han entrado en la madurez de la vida.
+Hasta hace pocos años, al autor cien veces ilustre de _Pepita Jiménez_,
+le llamaban sus amigos y los que no lo eran, _Juanito_ Valera. En la
+sociedad madrileña, la más amena del mundo porque ha sabido combinar la
+cortesía con la confianza, hay algunos _Pepes, Manolitos_ y _Pacos_ que,
+aun después de haber conquistado la celebridad por diferentes conceptos,
+continúan nombrados con esta familiaridad democrática que demuestra la
+llaneza castiza del carácter español. El origen de esto habrá que
+buscarlo quizá en ternuras domésticas o en hábitos de servidumbre que
+trascienden sin saber cómo a la vida social. En algunas personas, puede
+relacionarse el diminutivo con el sino. Hay efectivamente Manueles que
+nacieron predestinados para ser _Manolos_ toda su vida. Sea lo que
+quiera, al venturoso hijo de D. Baldomero Santa Cruz y de doña Bárbara
+Arnaiz le llamaban _Juanito_, y _Juanito_ le dicen y le dirán quizá
+hasta que las canas de él y la muerte de los que le conocieron niño
+vayan alterando poco a poco la campechana costumbre.
+
+Conocida la persona y sus felices circunstancias, se comprenderá
+fácilmente la dirección que tomaron las ideas del joven Santa Cruz al
+verse en las puertas del mundo con tantas probabilidades de éxito. Ni
+extrañará nadie que un chico guapo, poseedor del arte de agradar y del
+arte de vestir, hijo único de padres ricos, inteligente, instruido, de
+frase seductora en la conversación, pronto en las respuestas, agudo y
+ocurrente en los juicios, un chico, en fin, al cual se le podría poner
+el rótulo social de _brillante_, considerara ocioso y hasta ridículo el
+meterse a averiguar si hubo o no un idioma único primitivo, si el Egipto
+fue una colonia bracmánica, si la China es absolutamente independiente
+de tal o cual civilización asiática, con otras cosas que años atrás le
+quitaban el sueño, pero que ya le tenían sin cuidado, mayormente si
+pensaba que lo que él no averiguase otro lo averiguaría... «Y por último
+--decía--pongamos que no se averigüe nunca. ¿Y qué...?». El mundo
+tangible y gustable le seducía más que los incompletos conocimientos de
+vida que se vislumbran en el fugaz resplandor de las ideas _sacadas a la
+fuerza_, chispas obtenidas en nuestro cerebro por la percusión de la
+voluntad, que es lo que constituye el estudio. Juanito acabó por
+declararse a sí mismo que más sabe el que vive _sin querer saber_ que el
+que _quiere saber sin vivir_, o sea aprendiendo en los libros y en las
+aulas. Vivir es relacionarse, gozar y padecer, desear, aborrecer y amar.
+La lectura es vida artificial y prestada, el usufructo, mediante una
+función cerebral, de las ideas y sensaciones ajenas, la adquisición de
+los tesoros de la verdad humana por compra o por estafa, no por el
+trabajo. No paraban aquí las filosofías de Juanito, y hacía una
+comparación que no carece de exactitud. Decía que entre estas dos
+maneras de vivir, observaba él la diferencia que hay entre comerse una
+chuleta y que le vengan a contar a uno cómo y cuándo se la ha comido
+otro, haciendo el cuento muy a lo vivo, se entiende, y describiendo la
+cara que ponía, el gusto que le daba la masticación, la gana con que
+tragaba y el reposo con que digería.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Empezó entonces para Barbarita nueva época de sobresaltos. Si antes sus
+oraciones fueron pararrayos puestos sobre la cabeza de Juanito para
+apartar de ella el tifus y las viruelas, después intentaban librarle de
+otros enemigos no menos atroces. Temía los escándalos que ocasionan
+lances personales, las pasiones que destruyen la salud y envilecen el
+alma, los despilfarros, el desorden moral, físico y económico.
+Resolviose la insigne señora a tener carácter y a vigilar a su hijo.
+Hízose fiscalizadora, reparona, entrometida, y unas veces con dulzura,
+otras con aspereza que le costaba trabajo fingir, tomaba razón de todos
+los actos del joven, tundiéndole a preguntas: «¿A dónde vas con ese
+cuerpo?... ¿De dónde vienes ahora?... ¿Por qué entraste anoche a las
+tres de la mañana?... ¿En qué has gastado los mil reales que ayer te
+di?... A ver, ¿qué significa este perfume que se te ha pegado a la
+cara?...». Daba sus descargos el delincuente como podía, fatigando su
+imaginación para procurarse respuestas que tuvieran visos de lógica,
+aunque estos fueran como fulgor de relámpago. Ponía una de cal y otra de
+arena, mezclando las contestaciones categóricas con los mimos y las
+zalamerías. Bien sabía cuál era el flanco débil del enemigo. Pero
+Barbarita, mujer de tanto espíritu como corazón, se las tenía muy tiesas
+y sabía defenderse. En algunas ocasiones era tan fuerte la acometida de
+cariñitos, que la mamá estaba a punto de rendirse, fatigada de su
+entereza disciplinaria. Pero, ¡quia!, no se rendía; y vuelta al ajuste
+de cuentas, y al inquirir, y al tomar acta de todos los pasos que el
+predilecto daba por entre los peligros sociales. En honor a la verdad,
+debo decir que los desvaríos de Juanito no eran ninguna cosa del otro
+jueves. En esto, como en todo lo malo, hemos progresado de tal modo, que
+las barrabasadas de aquel niño bonito hace quince años, nos parecerían
+hoy timideces y aun actos de ejemplaridad relativa.
+
+Presentose en aquellos días al simpático joven la coyuntura de hacer su
+primer viaje a París, adonde iban Villalonga y Federico Ruiz
+comisionados por el Gobierno, el uno a comprar máquinas de agricultura,
+el otro a adquirir aparatos de astronomía. A D. Baldomero le pareció
+muy bien el viaje del chico, para que viese mundo; y Barbarita no se
+opuso, aunque le mortificaba mucho la idea de que su hijo correría en la
+capital de Francia temporales más recios que los de Madrid. A la pena de
+no verle uníase el temor de que le sorbieran aquellos gabachos y
+gabachas, tan diestros en desplumar al forastero y en maleficiar a los
+jóvenes más juiciosos. Bien se sabía ella que allá hilaban muy fino en
+esto de explotar las debilidades humanas, y que Madrid era, comparado en
+esta materia con París de Francia, un lugar de abstinencia y
+mortificación. Tan triste se puso un día pensando en estas cosas y tan
+al vivo se le representaban la próxima perdición de su querido hijo y
+las redes en que inexperto caía, que salió de su casa resuelta a
+implorar la misericordia divina del modo más solemne, conforme a sus
+grandes medios de fortuna. Primero se le ocurrió encargar muchas misas
+al cura de San Ginés, y no pareciéndole esto bastante, discurrió mandar
+poner de Manifiesto la Divina Majestad todo el tiempo que el niño
+estuviese en París. Ya dentro de la Iglesia, pensó que lo del Manifiesto
+era un lujo desmedido y por lo mismo quizá irreverente. No, guardaría el
+recurso gordo para los casos graves de enfermedad o peligro de muerte.
+Pero en lo de las misas sí que no se volvió atrás, y encargó la mar de
+ellas, repartiendo además aquella semana más limosnas que de costumbre.
+
+Cuando comunicaba sus temores a D. Baldomero, este se echaba a reír y le
+decía: «El chico es de buena índole. Déjale que se divierta y que la
+corra. Los jóvenes del día necesitan despabilarse y ver mucho mundo. No
+son estos tiempos como los míos, en que no la corría ningún chico del
+comercio, y nos tenían a todos metidos en un puño hasta que nos casaban.
+¡Qué costumbres aquellas tan diferentes de las de ahora! La
+civilización, hija, es mucho cuento. ¿Qué padre le daría hoy un par de
+bofetadas a un hijo de veinte años por haberse puesto las botas nuevas
+en día de trabajo? ¿Ni cómo te atreverías hoy a proponerle a un mocetón
+de estos que rece el rosario con la familia? Hoy los jóvenes disfrutan
+de una libertad y de una iniciativa para divertirse que no gozaban los
+de antaño. Y no creas, no creas que por esto son peores. Y si me apuras,
+te diré que conviene que los chicos no sean tan encogidos como los de
+entonces. Me acuerdo de cuando yo era pollo. ¡Dios mío, qué soso era! Ya
+tenía veinticinco años, y no sabía decir a una mujer o señora sino _que
+usted lo pase bien_, y de ahí no me sacaba nadie. Como que me había
+pasado en la tienda y en el almacén toda la niñez y lo mejor de mi
+juventud. Mi padre era una fiera; no me perdonaba nada. Así me crié, así
+salí yo, con unas ideas de rectitud y unos hábitos de trabajo, que ya
+ya... Por eso bendigo hoy los coscorrones que fueron mis verdaderos
+maestros. Pero en lo referente a sociedad, yo era un salvaje. Como mis
+padres no me permitían más compañía que la de otros muchachones tan
+ñoños como yo, no sabía ninguna suerte de travesuras, ni habia visto a
+una mujer más que por el forro, ni entendía de ningún juego, ni podía
+hablar de nada que fuera mundano y corriente. Los domingos, mi mamá
+tenía que ponerme la corbata y encasquetarme el sombrero, porque todas
+las prendas del día de fiesta parecían querer escapárseme del cuerpo. Tú
+bien te acuerdas. Anda, que también te has reído de mí. Cuando mis
+padres me hablaron... así, a boca de jarro, de que me iba a casar
+contigo, ¡me corrió un frío por todo el espinazo...! Todavía me acuerdo
+del miedo que te tenía. Nuestros padres nos dieron esto amasado y
+cocido. Nos casaron como se casa a los gatos, y punto concluido. Salió
+bien; pero hay tantos casos en que esta manera de hacer familias sale
+malditamente... ¡Qué risa! Lo que me daba más miedo cuando mi madre me
+habló de casarme, fue el compromiso en que estaba de hablar contigo...
+No tenía más remedio que decirte algo... ¡Caramba, qué sudores pasé!
+'Pero yo ¿qué le voy a decir, si lo único que sé es _que usted lo pase
+bien_, y en saliendo de ahí soy hombre perdido...?'.
+
+Ya te he contado mil veces la saliva amarga que tragaba ¡ay, Dios mío!,
+cuando mi madre me mandaba ponerme la levita de paño negro para llevarme
+a tu casa. Bien te acuerdas de mi famosa levita, de lo mal que me estaba
+y de lo desmañado que era en tu presencia, pues no me arrancaba a decir
+una palabra sino cuando alguien me ayudaba. Los primeros días me
+inspirabas verdadero terror, y me pasaba las horas pensando cómo había
+de entrar y qué cosas había de decir, y discurriendo alguna triquiñuela
+para hacer menos ridícula mi cortedad... Dígase lo que se quiera, hija,
+aquella educación no era buena. Hoy no se puede criar a los hijos de esa
+manera. Yo ¡qué quieres que te diga!, creo que en lo esencial Juanito no
+ha de faltarnos. Es de casta honrada, tiene la formalidad en la masa de
+la sangre. Por eso estoy tranquilo, y no veo con malos ojos que se
+despabile, que conozca el mundo, que adquiera soltura de modales...».
+
+--No, si lo que menos falta hace a mi hijo es adquirir soltura, porque
+la tiene desde que era una criatura... Si no es eso. No se trata aquí de
+modales, sino de que me le coman esas bribonas...
+
+--Mira, mujer, para que los jóvenes adquieran energía contra el vicio,
+es preciso que lo conozcan, que lo caten, sí, hija, que lo caten. No hay
+peor situación para un hombre que pasarse la mitad de la vida rabiando
+por probarlo y no pudiendo conseguirlo, ya por timidez, ya por
+esclavitud. No hay muchos casos como yo, bien lo sabes; ni de estos
+tipos que jamás, ni antes ni después de casados, tuvieron trapicheos,
+entran muchos en libra. Cada cual en su época. Juanito, en la suya, no
+puede ser mejor de lo que es, y si te empeñas en hacer de él un
+anacronismo o una rareza, un _non_ como su padre, puede que lo eches a
+perder.
+
+Estas razones no convencían a Barbarita, que seguía con toda el alma
+fija en los peligros y escollos de la Babilonia parisiense, porque había
+oído contar horrores de lo que allí pasaba. Como que estaba infestada la
+gran ciudad de unas mujeronas muy guapas y elegantes que al pronto
+parecían duquesas, vestidas con los más bonitos y los más nuevos arreos
+de la moda. Mas cuando se las veía y oía de cerca, resultaban ser unas
+tiotas relajadas, comilonas, borrachas y ávidas de dinero, que
+desplumaban y resecaban al pobrecito que en sus garras caía. Contábale
+estas cosas el marqués de Casa-Muñoz que casi todos los veranos iba al
+extranjero.
+
+Las inquietudes de aquella incomparable señora acabaron con el regreso
+de Juanito. ¡Y quién lo diría! Volvió mejor de lo que fue. Tanto hablar
+de París, y cuando Barbarita creía ver entrar a su hijo hecho una
+lástima, todo rechupado y anémico, se le ve más gordo y lucio que
+antes, con mejor color y los ojos más vivos, muchísimo más alegre, más
+hombre en fin, y con una amplitud de ideas y una puntería de juicio que
+a todos dejaba pasmados. ¡Vaya con París!... El marqués de Casa-Muñoz
+se lo decía a Barbarita: «No hay que _involucrar_, París es muy malo;
+pero también es muy bueno».
+
+
+
+
+-II-
+
+Santa Cruz y Arnaiz. Vistazo histórico sobre el comercio matritense
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Don Baldomero Santa Cruz era hijo de otro D. Baldomero Santa Cruz que en
+el siglo pasado tuvo ya tienda de paños del Reino en la calle de la Sal,
+en el mismo local que después ocupó D. Mauro Requejo. Había empezado el
+padre por la más humilde jerarquía comercial, y a fuerza de trabajo,
+constancia y orden, el hortera de 1796 tenía, por los años del 10 al 15,
+uno de los más reputados establecimientos de la Corte en pañería
+nacional y extranjera. Don Baldomero II, que así es forzoso llamarle
+para distinguirle del fundador de la dinastía, heredó en 1848 el copioso
+almacén, el sólido crédito y la respetabilísima firma de D. Baldomero I,
+y continuando las tradiciones de la casa por espacio de veinte años más,
+retirose de los negocios con un capital sano y limpio de quince millones
+de reales, después de traspasar la casa a dos muchachos que servían en
+ella, el uno pariente suyo y el otro de su mujer. La casa se denominó
+desde entonces _Sobrinos de Santa Cruz_, y a estos sobrinos, D.
+Baldomero y Barbarita les llamaban familiarmente _los Chicos_.
+
+En el reinado de D. Baldomero I, o sea desde los orígenes hasta 1848, la
+casa trabajó más en géneros del país que en los extranjeros. Escaray y
+Pradoluengo la surtían de paños, Brihuega de bayetas, Antequera de
+pañuelos de lana. En las postrimerías de aquel reinado fue cuando la
+casa empezó a trabajar en géneros _de fuera_, y la reforma arancelaria
+de 1849 lanzó a D. Baldomero II a mayores empresas. No sólo realizó
+contratos con las fábricas de Béjar y Alcoy para dar mejor salida a los
+productos nacionales, sino que introdujo los famosos Sedanes para
+levitas, y las telas que tanto se usaron del 45 al 55, aquellos
+patencures, anascotes, cúbicas y chinchillas que ilustran la gloriosa
+historia de la sastrería moderna. Pero de lo que más provecho sacó la
+casa fue del ramo de capotes y uniformes para el Ejército y la Milicia
+Nacional, no siendo tampoco despreciable el beneficio que obtuvo del
+_artículo para capas_, el abrigo propiamente español que resiste a todas
+las modas de vestir, como el garbanzo resiste a todas las modas de
+comer. Santa Cruz, Bringas y Arnaiz el gordo, monopolizaban toda la
+pañería de Madrid y surtían a los tenderos de la calle de Atocha, de la
+Cruz y Toledo.
+
+En las contratas de vestuario para el Ejército y Milicia Nacional, ni
+Santa Cruz, ni Arnaiz, ni tampoco Bringas daban la cara. Aparecía como
+contratista un tal Albert, de origen belga, que había empezado por
+introducir paños extranjeros con mala fortuna. Este Albert era hombre
+muy para el caso, activo, despabilado, seguro en sus tratos aunque no
+estuvieran escritos. Fue el auxiliar eficacísimo de Casarredonda en sus
+valiosas contratas de lienzos gallegos para la tropa. El pantalón blanco
+de los soldados de hace cuarenta años ha sido origen de grandísimas
+riquezas. Los _fardos de Coruñas y Viveros_ dieron a Casarredonda y al
+tal Albert más dinero que a los Santa Cruz y a los Bringas los capotes y
+levitas militares de Béjar, aunque en rigor de verdad estos comerciantes
+no tenían por qué quejarse. Albert murió el 55, dejando una gran
+fortuna, que heredó su hija casada con el sucesor de Muñoz, el de la
+inmemorial ferretería de la calle de Tintoreros.
+
+En el reinado de D. Baldomero II, las prácticas y procedimientos
+comerciales se apartaron muy poco de la rutina heredada. Allí no se supo
+nunca lo que era un anuncio en el Diario, ni se emplearon viajantes para
+extender por las provincias limítrofes el negocio. El refrán de _el buen
+paño en el arca se vende_ era verdad como un templo en aquel sólido y
+bien reputado comercio. Los detallistas no necesitaban que se les
+llamase a son de cencerro ni que se les embaucara con artes
+charlatánicas. Demasiado sabían todos el camino de la casa, y las
+metódicas y honradas costumbres de esta, la fijeza de los precios, los
+descuentos que se hacían por pronto pago, los plazos que se daban, y
+todo lo demás concerniente a la buena inteligencia entre vendedor y
+parroquiano. El escritorio no alteró jamás ciertas tradiciones
+venerandas del laborioso reinado de D. Baldomero I. Allí no se usaron
+nunca estos copiadores de cartas que son una aplicación de la imprenta a
+la caligrafía. La correspondencia se copiaba _a pulso_ por un empleado
+que estuvo cuarenta años sentado en la misma silla delante del mismo
+atril, y que por efecto de la costumbre casi copiaba la carta matriz de
+su principal sin mirarla. Hasta que D. Baldomero realizó el traspaso, no
+se supo en aquella casa lo que era un metro, ni se quitaron a la vara de
+Burgos sus fueros seculares. Hasta pocos años antes del traspaso, no usó
+Santa Cruz los sobres para cartas, y estas se cerraban sobre sí mismas.
+
+No significaban tales rutinas terquedad y falta de luces. Por el
+contrario, la clara inteligencia del segundo Santa Cruz y su
+conocimiento de los negocios, sugeríanle la idea de que cada hombre
+pertenece a su época y a su esfera propias, y que dentro de ellas debe
+exclusivamente actuar. Demasiado comprendió que el comercio iba a sufrir
+profunda transformación, y que no era él el llamado a dirigirlo por los
+nuevos y más anchos caminos que se le abrían. Por eso, y porque ansiaba
+retirarse y descansar, traspasó su establecimiento a los _Chicos_ que
+habían sido deudos y dependientes suyos durante veinte años. Ambos eran
+trabajadores y muy inteligentes. Alternaban en sus viajes al extranjero
+para buscar y traer las _novedades_, alma del tráfico de telas. La
+concurrencia crecía cada año, y era forzoso apelar al reclamo, recibir y
+expedir viajantes, mimar al público, contemporizar y abrir cuentas
+largas a los parroquianos, y singularmente a las parroquianas. Como los
+_Chicos_ habían abarcado también el comercio de lanillas, merinos, telas
+ligeras para vestidos de señora, pañolería, confecciones y otros
+artículos de uso femenino, y además abrieron tienda al por menor y al
+_vareo_, tuvieron que pasar por el inconveniente de las morosidades e
+insolvencias que tanto quebrantan al comercio. Afortunadamente para
+ellos, la casa tenía un crédito inmenso.
+
+La casa del gordo Arnaiz era relativamente moderna. Se había hecho
+pañero porque tuvo que quedarse con las existencias de Albert, para
+indemnizarse de un préstamo que le hiciera en 1843. Trabajaba
+exclusivamente en género extranjero; pero cuando Santa Cruz hizo su
+traspaso a los Chicos, también Arnaiz se inclinaba a hacer lo mismo,
+porque estaba ya muy rico, muy obeso, bastante viejo y no quería
+trabajar. Daba y tomaba letras sobre Londres y representaba a dos
+Compañías de seguros. Con esto tenía lo bastante para no aburrirse. Era
+hombre que cuando se ponía a toser hacía temblar el edificio donde
+estaba; excelente persona, librecambista rabioso, anglómano y solterón.
+Entre las casas de Santa Cruz y Arnaiz no hubo nunca rivalidades; antes
+bien, se ayudaban cuanto podían. El gordo y D. Baldomero tratáronse
+siempre como hermanos en la vida social y como compañeros queridísimos
+en la comercial, salvo alguna discusión demasiado agria sobre temas
+arancelarios, porque Arnaiz había hecho la gracia de leer a Bastiat y
+concurría a los _meetings_ de la Bolsa, no precisamente para oír y
+callar, sino para echar discursos que casi siempre acababan en sofocante
+tos. Trinaba contra todo arancel que no significara un simple recurso
+fiscal, mientras que D. Baldomero, que en todo era templado, pretendía
+que se conciliasen los intereses del comercio con los de la industria
+española. «Si esos catalanes no fabrican más que adefesios --decía
+Arnaiz entre tos y tos--, y reparten dividendos de sesenta por ciento a
+los accionistas...».
+
+--¡Dale!, ya pareció aquello--respondía don Baldomero--Pues yo te
+probaré...
+
+Solía no probar nada, ni el otro tampoco, quedándose cada cual con su
+opinión; pero con estas sabrosas peloteras pasaban el tiempo. También
+había entre estos dos respetables sujetos parentesco de afinidad, porque
+doña Bárbara, esposa de Santa Cruz, era prima del gordo, hija de
+Bonifacio Arnaiz, comerciante en pañolería de la China. Y escudriñando
+los troncos de estos linajes matritenses, sería fácil encontrar que los
+Arnaiz y los Santa Cruz tenían en sus diferentes ramas una savia común,
+la savia de los Trujillos. «Todos somos unos--dijo alguna vez el gordo
+en las expansiones de su humor festivo, inclinado a las sinceridades
+democráticas--, tú por tu madre y yo por mi abuela, somos Trujillos
+netos, _de patente_; descendemos de aquel Matías Trujillo que tuvo
+albardería en la calle de Toledo allá por los tiempos del motín de capas
+y sombreros. No lo invento yo; lo canta una escritura de juros que tengo
+en mi casa. Por eso le he dicho ayer a nuestro pariente Ramón
+Trujillo... ya sabéis que me le han hecho conde... le he dicho que
+adopte por escudo un frontil y una jáquima con un letrero que diga:
+_Pertenecí a Babieca_...».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Nació Barbarita Arnaiz en la calle de Postas, esquina al callejón de San
+Cristóbal, en uno de aquellos oprimidos edificios que parecen estuches o
+casas de muñecas. Los techos se cogían con la mano; las escaleras había
+que subirlas con el credo en la boca, y las habitaciones parecían
+destinadas a la premeditación de algún crimen. Había moradas de estas, a
+las cuales se entraba por la cocina. Otras tenían los pisos en declive,
+y en todas ellas oíase hasta el respirar de los vecinos. En algunas se
+veían mezquinos arcos de fábrica para sostener el entramado de las
+escaleras, y abundaba tanto el yeso en la construcción como escaseaban
+el hierro y la madera. Eran comunes las puertas de cuarterones, los
+baldosines polvorosos, los cerrojos imposibles de manejar y las
+vidrieras emplomadas. Mucho de esto ha desaparecido en las renovaciones
+de estos últimos veinte años; pero la estrechez de las viviendas
+subsiste.
+
+Creció Bárbara en una atmósfera saturada de olor de sándalo, y las
+fragancias orientales, juntamente con los vivos colores de la pañolería
+chinesca, dieron acento poderoso a las impresiones de su niñez. Como se
+recuerda a las personas más queridas de la familia, así vivieron y viven
+siempre con dulce memoria en la mente de Barbarita los dos maniquís de
+tamaño natural vestidos de mandarín que había en la tienda y en los
+cuales sus ojos aprendieron a ver. La primera cosa que excitó la
+atención naciente de la niña, cuando estaba en brazos de su niñera,
+fueron estos dos pasmarotes de semblante lelo y desabrido, y sus
+magníficos trajes morados. También había por allí una persona a quien la
+niña miraba mucho, y que la miraba a ella con ojos dulces y cuajados de
+candoroso chino. Era el retrato de Ayún, de cuerpo entero y tamaño
+natural, dibujado y pintado con dureza, pero con gran expresión. Mal
+conocido es en España el nombre de este peregrino artista, aunque sus
+obras han estado y están a la vista de todo el mundo, y nos son
+familiares como si fueran obra nuestra. Es el ingenio bordador de los
+pañuelos de Manila, el inventor del tipo de rameado más vistoso y
+elegante, el poeta fecundísimo de esos madrigales de crespón compuestos
+con flores y rimados con pájaros. A este ilustre chino deben las
+españolas el hermosísimo y característico chal que tanto favorece su
+belleza, el mantón de Manila, al mismo tiempo señoril y popular, pues lo
+han llevado en sus hombros la gran señora y la gitana. Envolverse en él
+es como vestirse con un cuadro. La industria moderna no inventará nada
+que iguale a la ingenua poesía del mantón, salpicado de flores,
+flexible, pegadizo y mate, con aquel fleco que tiene algo de los enredos
+del sueño y aquella brillantez de color que iluminaba las muchedumbres
+en los tiempos en que su uso era general. Esta prenda hermosa se va
+desterrando, y sólo el pueblo la conserva con admirable instinto. Lo
+saca de las arcas en las grandes épocas de la vida, en los bautizos y en
+las bodas, como se da al viento un himno de alegría en el cual hay una
+estrofa para la patria. El mantón sería una prenda vulgar si tuviera la
+ciencia del diseño; no lo es por conservar el carácter de las artes
+primitivas y populares; es como la leyenda, como los cuentos de la
+infancia, candoroso y rico de color, fácilmente comprensible y
+refractario a los cambios de la moda.
+
+Pues esta prenda, esta nacional obra de arte, tan nuestra como las
+panderetas o los toros, no es nuestra en realidad más que por el uso; se
+la debemos a un artista nacido a la otra parte del mundo, a un tal Ayún,
+que consagró a nosotros su vida toda y sus talleres. Y tan agradecido
+era el buen hombre al comercio español, que enviaba a los de acá su
+retrato y los de sus catorce mujeres, unas señoras tiesas y pálidas como
+las que se ven pintadas en las tazas, con los pies increíbles por lo
+chicos y las uñas increíbles también por lo largas.
+
+Las facultades de Barbarita se desarrollaron asociadas a la
+contemplación de estas cosas, y entre las primeras conquistas de sus
+sentidos, ninguna tan segura como la impresión de aquellas flores
+bordadas con luminosos torzales, y tan frescas que parecía cuajarse en
+ellas el rocío. En días de gran venta, cuando había muchas señoras en la
+tienda y los dependientes desplegaban sobre el mostrador centenares de
+pañuelos, la lóbrega tienda semejaba un jardín. Barbarita creía que se
+podrían coger flores a puñados, hacer ramilletes o guirnaldas, llenar
+canastillas y adornarse el pelo. Creía que se podrían deshojar y
+también que tenían olor. Esto era verdad, porque despedían ese tufillo
+de los embalajes asiáticos, mezcla de sándalo y de resinas exóticas que
+nos trae a la mente los misterios budistas.
+
+Más adelante pudo la niña apreciar la belleza y variedad de los abanicos
+que había en la casa, y que eran una de las principales riquezas de
+ella. Quedábase pasmada cuando veía los dedos de su mamá sacándolos de
+las perfumadas cajas y abriéndolos como saben abrirlos los que comercian
+en este artículo, es decir, con un desgaire rápido que no los estropea y
+que hace ver al público la ligereza de la prenda y el blando rasgueo de
+las varillas. Barbarita abría cada ojo como los de un ternero cuando su
+mamá, sentándola sobre el mostrador, le enseñaba abanicos sin dejárselos
+tocar; y se embebecía contemplando aquellas figuras tan monas, que no le
+parecían personas, sino _chinos_, con las caras redondas y tersas como
+hojitas de rosa, todos ellos risueños y estúpidos, pero muy lindos, lo
+mismo que aquellas casas abiertas por todos lados y aquellos árboles que
+parecían matitas de albahaca... ¡Y pensar que los árboles eran el té
+nada menos, estas hojuelas retorcidas, cuyo zumo se toma para el dolor
+de barriga...!
+
+Ocuparon más adelante el primer lugar en el tierno corazón de la hija
+de D. Bonifacio Arnaiz y en sus sueños inocentes, otras preciosidades
+que la mamá solía mostrarle de vez en cuando, previa amonestación de no
+tocarlos; objetos labrados en marfil y que debían de ser los juguetes
+con que los ángeles se divertían en el Cielo. Eran al modo de torres de
+muchos pisos, o barquitos con las velas desplegadas y muchos remos por
+una y otra banda; también estuchitos, cajas para guantes y joyas,
+botones y juegos lindísimos de ajedrez. Por el respeto con que su mamá
+los cogía y los guardaba, creía Barbarita que contenían algo así como el
+Viático para los enfermos, o lo que se da a las personas en la iglesia
+cuando comulgan. Muchas noches se acostaba con fiebre porque no le
+habían dejado satisfacer su anhelo de coger para sí aquellas monerías.
+Hubiérase contentado ella, en vista de prohibición tan absoluta, con
+aproximar la yema del dedo índice al pico de una de las torres; pero ni
+aun esto... Lo más que se le permitía era poner sobre el tablero de
+ajedrez que estaba en la vitrina de la ventana enrejada (entonces no
+había escaparates), todas las piezas de un juego, no de los más finos, a
+un lado las blancas, a otro las encarnadas.
+
+Barbarita y su hermano Gumersindo, mayor que ella, eran los únicos hijos
+de D. Bonifacio Arnaiz y de doña Asunción Trujillo. Cuando tuvo edad
+para ello, fue a la escuela de una tal doña Calixta, sita en la calle
+Imperial, en la misma casa donde estaba el Fiel Contraste. Las niñas con
+quienes la de Arnaiz hacía mejores migas, eran dos de su misma edad y
+vecinas de aquellos barrios, la una de la familia de Moreno, del dueño
+de la droguería de la calle de Carretas, la otra de Muñoz, el
+comerciante de hierros de la calle de Tintoreros. Eulalia Muñoz era muy
+vanidosa, y decía que no había casa como la suya y que daba gusto verla
+toda llena de unos pedazos de hierro _mu_ grandes, _del tamaño de la
+caña de doña Calixta_, y tan pesados, tan pesados que ni cuatrocientos
+hombres los podían levantar. Luego había un sin fin de martillos,
+garfios, peroles _mu grandes, mu grandes_... «más anchos que este
+cuarto». Pues, ¿y los paquetes de clavos? ¿Qué cosa había más bonita? ¿Y
+las llaves que parecían de plata, y las planchas, y los anafres, y otras
+cosas lindísimas? Sostenía que ella no necesitaba que sus papás le
+comprasen muñecas, porque las hacía con un martillo, vistiéndolo con una
+toalla. ¿Pues y las agujas que había en su casa? No se acertaban a
+contar. Como que todo Madrid iba allí a comprar agujas, y su papá se
+carteaba con el fabricante... Su papá recibía miles de cartas al día, y
+las cartas olían a hierro... como que venían de Inglaterra, donde todo
+es de hierro, hasta los caminos... «Sí, hija, sí, mi papá me lo ha
+dicho. Los caminos están embaldosados de hierro, y por allí encima van
+los coches echando demonios».
+
+Llevaba siempre los bolsillos atestados de chucherías, que mostraba para
+dejar bizcas a sus amigas. Eran tachuelas de cabeza dorada, corchetes,
+argollitas pavonadas, hebillas, pedazos de papel de lija, vestigios de
+muestrarios y de cosas rotas o descabaladas. Pero lo que tenía en más
+estima, y por esto no lo sacaba sino en ciertos días, era su colección
+de etiquetas, pedacitos de papel verde, recortados de los paquetes
+inservibles, y que tenían el famoso escudo inglés, con la jarretiera, el
+leopardo y el unicornio. En todas ellas se leía: Birmingham. «Veis...
+este señor _Bermingán_ es el que se cartea con mi papá todos los días,
+en inglés; y son tan amigos, que siempre le está diciendo que vaya allá;
+y hace poco le mandó, dentro de una caja de clavos, un jamón ahumado que
+olía como a chamusquina, y un pastelón así, mirad, del tamaño del
+brasero de doña Calixta, que tenía dentro muchas pasas chiquirrininas, y
+picaba como la guindilla; pero _mu_ rico, hijas, _mu_ rico».
+
+La chiquilla de Moreno fundaba su vanidad en llevar papelejos con
+figuritas y letras de colores, en los cuales se hablaba de píldoras, de
+barnices o de ingredientes para teñirse el pelo. Los mostraba uno por
+uno, dejando para el final el gran efecto, que consistía en sacar de
+súbito el pañuelo y ponerlo en las narices de sus amigas, diciéndoles:
+_goled_. Efectivamente, quedábanse las otras medio desvanecidas con el
+fuerte olor de agua de Colonia o de los _siete ladrones_, que el pañuelo
+tenía. Por un momento, la admiración las hacía enmudecer; pero poco a
+poco íbanse reponiendo, y Eulalia, cuyo orgullo rara vez se daba por
+vencido, sacaba un tornillo dorado sin cabeza, o un pedazo de talco, con
+el cual decía que iba a hacer un espejo. Difícil era borrar la grata
+impresión y el éxito del perfume. La ferretera, algo corrida, tenía que
+guardar los trebejos, después de oír comentarios verdaderamente
+injustos. La de la droguería hacía muchos ascos, diciendo: «¡Uy, cómo
+apesta eso, hija, guarda, guarda esas ordinarieces!».
+
+Al siguiente día, Barbarita, que no quería dar su brazo a torcer,
+llevaba unos papelitos muy raros de pasta, todos llenos de garabatos
+chinescos. Después de darse mucha importancia, haciendo que lo enseñaba
+y volviéndolo a guardar, con lo cual la curiosidad de las otras llegaba
+al punto de la desazón nerviosa, de repente ponía el papel en las
+narices de sus amigas, diciendo en tono triunfal: «¿Y eso?». Quedábanse
+Castita y Eulalia atontadas con el aroma asiático, vacilando entre la
+admiración y la envidia; pero al fin no tenían más remedio que humillar
+su soberbia ante el olorcillo aquel de la niña de Arnaiz, y le pedían
+por Dios que las dejase catarlo más. Barbarita no gustaba de prodigar su
+tesoro, y apenas acercaba el papel a las respingadas narices de las
+otras, lo volvía a retirar con movimiento de cautela y avaricia,
+temiendo que la fragancia se marchara por los respiraderos de sus
+amigas, como se escapa el humo por el cañón de una chimenea. El tiro de
+aquellos olfatorios era tremendo. Por último, las dos amiguitas y otras
+que se acercaron movidas de la curiosidad, y hasta la propia doña
+Calixta, que solía descender a la familiaridad con las alumnas ricas,
+reconocían, por encima de todo sentimiento envidioso, que ninguna niña
+tenía cosas tan bonitas como la de la tienda de Filipinas.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Esta niña y otras del barrio, bien apañaditas por sus respectivas mamás,
+peinadas a estilo de maja, con peineta y flores en la cabeza, y sobre
+los hombros pañuelo de Manila de los que llaman de talle, se reunían en
+un portal de la calle de Postas para pedir _el cuartito para la Cruz de
+Mayo_, el 3 de dicho mes, repicando en una bandeja de plata, junto a una
+mesilla forrada de damasco rojo. Los dueños de la casa llamada _del
+portal de la Virgen_, celebraban aquel día una simpática fiesta y ponían
+allí, junto al mismo taller de cucharas y molinillos que todavía
+existe, un altar con la cruz enramada, muchas velas y algunas figuras de
+nacimiento. A la Virgen, que aún se venera allí, la enramaban también
+con yerbas olorosas, y el fabricante de cucharas, que era gallego, se
+ponía la montera y el chaleco encarnado. Las pequeñuelas, si los mayores
+se descuidaban, rompían la consigna y se echaban a la calle, en reñida
+competencia con otras chiquillas pedigüeñas, correteando de una acera a
+otra, deteniendo a los señores que pasaban, y acosándoles hasta obtener
+el ochavito. Hemos oído contar a la propia Barbarita que para ella no
+había dicha mayor que pedir para la Cruz de Mayo, y que los caballeros
+de entonces eran en esto mucho más galantes que los de ahora, pues no
+desairaban a ninguna niña bien vestidita que se les colgara de los
+faldones.
+
+Ya había completado la hija de Arnaiz su educación (que era harto
+sencilla en aquellos tiempos y consistía en leer sin acento, escribir
+sin ortografía, contar haciendo trompetitas con la boca, y bordar con
+punto de marca el dechado), cuando perdió a su padre. Ocupaciones serias
+vinieron entonces a robustecer su espíritu y a redondear su carácter. Su
+madre y hermano, ayudados del gordo Arnaiz, emprendieron el inventario
+de la casa, en la cual había algún desorden. Sobre las existencias de
+pañolería no se hallaron datos ciertos en los libros de la tienda, y al
+contarlas apareció más de lo que se creía. En el sótano estaban, muertos
+de risa, varios fardos de cajas que aún no habían sido abiertos. Además
+de esto, las casas importadoras de Cádiz, Cuesta y Rubio, anunciaban dos
+remesas considerables que estaban ya en camino. No había más remedio que
+cargar con todo aquel exceso de género, lo que realmente era una
+contrariedad comercial en tiempos en que parecía iniciarse la
+generalización de los abrigos _confeccionados_, notándose además en la
+clase popular tendencias a vestirse como la clase media. La decadencia
+del mantón de Manila empezaba a iniciarse, porque si los pañuelos
+llamados de talle, que eran los más baratos, se vendían bien en Madrid
+(mayormente el día de San Lorenzo, para la
+
+_parroquia de la chinche_) y tenían regular salida para Valencia y
+Málaga, en cambio el gran mantón, los ricos chales de tres, cuatro y
+cinco mil reales se vendían muy poco, y pasaban meses sin que ninguna
+parroquiana se atreviera con ellos.
+
+Los herederos de Arnaiz, al inventariar la riqueza de la casa, que sólo
+en aquel artículo no bajaba de cincuenta mil duros, comprendieron que se
+aproximaba una crisis. Tres o cuatro meses emplearon en clasificar,
+ordenar, poner precios, confrontar los apuntes de don Bonifacio con la
+correspondencia y las facturas venidas directamente de Cantón o
+remitidas por las casas de Cádiz. Indudablemente el difunto Arnaiz no
+había visto claro al hacer tantos pedidos; se cegó, deslumbrado por
+cierta alucinación mercantil; tal vez sintió demasiado _el amor al
+artículo_ y fue más artista que comerciante. Había sido dependiente y
+socio de la Compañía de Filipinas, liquidada en 1833, y al emprender por
+sí el negocio de pañolería de Cantón, creía conocerlo mejor que nadie.
+En verdad que lo conocía; pero tenía una fe imprudente en la perpetuidad
+de aquella prenda, y algunas ideas supersticiosas acerca de la afinidad
+del pueblo español con los espléndidos crespones rameados de mil
+colores. «Mientras más chillones--decía--, más venta».
+
+En esto apareció en el extremo Oriente un nuevo artista, un genio que
+acabó de perturbar a D. Bonifacio. Este innovador fue Senquá, del cual
+puede decirse que representaba con respecto a Ayún, en aquel arte
+budista, lo que en la música representaba Beethoven con respecto a
+Mozart. Senquá modificó el estilo de Ayún, dándole más amplitud,
+variando más los tonos, haciendo, en fin, de aquellas sonatas graciosas,
+poéticas y elegantes, sinfonías poderosas con derroche de vida,
+combinaciones nuevas y atrevimientos admirables. Ver D. Bonifacio las
+primeras muestras del estilo de Senquá y chiflarse por completo, fue
+todo uno. «¡Barástolis!, ¡esto es la gloria divina--decía--; es mucho
+chino este...!». Y de tal entusiasmo nacieron pedidos imprudentes y el
+grave error mercantil, cuyas consecuencias no pudo apreciar aquel
+excelente hombre, porque le cogió la muerte.
+
+El inventario de abanicos, tela de nipis, crudillo de seda, tejidos de
+Madrás y objetos de marfil también arrojaba cifras muy altas, y se hizo
+minuciosamente. Entonces pasaron por las manos de Barbarita todas las
+preciosidades que en su niñez le parecían juguetes y que le habían
+producido fiebre. A pesar de la edad y del juicio adquirido con ella, no
+vio nunca con indiferencia tales chucherías, y hoy mismo declara que
+cuando cae en sus manos alguno de aquellos delicados campanarios de
+marfil, le dan ganas de guardárselo en el seno y echar a correr.
+
+Cumplidos los quince años, era Barbarita una chica bonitísima,
+torneadita, fresca y sonrosada, de carácter jovial, inquieto y un tanto
+burlón. No había tenido novio aún, ni su madre se lo permitía.
+Diferentes moscones revoloteaban alrededor de ella, sin resultado. La
+mamá tenía sus proyectos, y empezaba a tirar acertadas líneas para
+realizarlos. Las familias de Santa Cruz y Arnaiz se trataban con amistad
+casi íntima, y además tenían vínculos de parentesco con los Trujillos.
+La mujer de don Baldomero I y la del difunto Arnaiz eran primas
+segundas, floridas ramas de aquel nudoso tronco, de aquel albardero de
+la calle de Toledo, cuya historia sabía tan bien el gordo Arnaiz. Las
+dos primas tuvieron un pensamiento feliz, se lo comunicaron una a otra,
+asombráronse de que se les hubiera ocurrido a las dos la misma cosa...
+«ya se ve, era tan natural...» y aplaudiéndose recíprocamente,
+resolvieron convertirlo en realidad dichosa. Todos los descendientes del
+extremeño aquel de los aparejos borricales se distinguían siempre por su
+costumbre de trazar una línea muy corta y muy recta entre la idea y el
+hecho. La idea era casar a Baldomerito con Barbarita.
+
+Muchas veces había visto la hija de Arnaiz al chico de Santa Cruz; pero
+nunca le pasó por las mientes que sería su marido, porque el tal, no
+sólo no le había dicho nunca media palabra de amores, sino que ni
+siquiera la miraba como miran los que pretenden ser mirados. Baldomero
+era juicioso, muy bien parecido, fornido y de buen color, cortísimo de
+genio, sosón como una calabaza, y de tan pocas palabras que se podían
+contar siempre que hablaba. Su timidez no decía bien con su corpulencia.
+Tenía un mirar leal y cariñoso, _como el de un gran perro de aguas_.
+
+Pasaba por la honestidad misma, iba a misa todos los días que lo mandaba
+la Iglesia, rezaba el rosario con la familia, trabajaba diez horas
+diarias o más en el escritorio sin levantar cabeza, y no gastaba el
+dinero que le daban sus papás. A pesar de estas raras dotes, Barbarita,
+si alguna vez le encontraba en la calle o en la tienda de Arnaiz o en la
+casa, lo que acontecía muy pocas veces, le miraba con el mismo interés
+con que se puede mirar una saca de carbón o un fardo de tejidos. Así es
+que se quedó como quien ve visiones cuando su madre, cierto día de
+precepto, al volver de la iglesia de Santa Cruz, donde ambas confesaron
+y comulgaron, le propuso el casamiento con Baldomerito. Y no empleó para
+esto circunloquios ni diplomacias de palabra, sino que se fue al asunto
+con estilo llano y decidido. ¡Ah, la línea recta de los Trujillos...!
+
+Aunque Barbarita era desenfadada en el pensar, pronta en el responder, y
+sabía sacudirse una mosca que le molestase, en caso tan grave se quedó
+algo mortecina y tuvo vergüenza de decir a su mamá que no quería maldita
+cosa al chico de Santa Cruz... Lo iba a decir; pero la cara de su madre
+pareciole de madera. Vio en aquel entrecejo la línea corta y sin curvas,
+la barra de acero trujillesca, y la pobre niña sintió miedo, ¡ay qué
+miedo! Bien conoció que su madre se había de poner como una leona, si
+ella se salía con la inocentada de querer más o menos. Callose, pues,
+como en misa, y a cuanto la mamá le dijo aquel día y los subsiguientes
+sobre el mismo tema del casorio, respondía con signos y palabras de
+humilde aquiescencia. No cesaba de sondear su propio corazón, en el cual
+encontraba a la vez pena y consuelo. No sabía lo que era amor; tan sólo
+lo sospechaba. Verdad que no quería a su novio; pero tampoco quería a
+otro. En caso de querer a alguno, este alguno podía ser aquel.
+
+Lo más particular era que Baldomero, después de concertada la boda, y
+cuando veía regularmente a su novia, no le decía de cosas de amor ni una
+miaja de letra, aunque las breves ausencias de la mamá, que solía
+dejarles solos un ratito, le dieran ocasión de lucirse como galán. Pero
+nada... Aquel zagalote guapo y desabrido no sabía salir en su
+conversación de las rutinas más triviales. Su timidez era tan
+ceremoniosa como su levita de paño negro, de lo mejor de Sedán, y que
+parecía, usada por él, como un reclamo del buen género de la casa.
+Hablaba de los reverberos que había puesto el marqués de Pontejos, del
+cólera del año anterior, de la degollina de los frailes, y de las muchas
+casas magníficas que se iban a edificar en los solares de los derribados
+conventos. Todo esto era muy bonito para dicho en la tertulia de una
+tienda; pero sonaba a cencerrada en el corazón de una doncella, que no
+estando enamorada, tenía ganas de estarlo.
+
+También pensaba Barbarita, oyendo a su novio, que la procesión iba por
+dentro y que el pobre chico, a pesar de ser tan grandullón, no tenía
+alma para sacarla fuera. «¿Me querrá?» se preguntaba la novia. Pronto
+hubo de sospechar que si Baldomerito no le hablaba de amor
+explícitamente, era por pura cortedad y por no saber cómo arrancarse;
+pero que estaba enamorado hasta las gachas, reduciéndose a declararlo
+con delicadezas, complacencias y puntualidades muy expresivas. Sin duda
+el amor más sublime es el más discreto, y las bocas más elocuentes
+aquellas en que no puede entrar ni una mosca. Mas no se tranquilizaba la
+joven razonando así, y el sobresalto y la incertidumbre no la dejaban
+vivir. «¡Si también le estaré yo queriendo sin saberlo!» pensaba. ¡Oh!,
+no; interrogándose y respondiéndose con toda lealtad, resultaba que no
+le quería absolutamente nada. Verdad que tampoco le aborrecía, y algo
+íbamos ganando.
+
+Y en este desabridísimo noviazgo pasaron algunos meses, al cabo de los
+cuales Baldomero se soltó y despabiló algo. Su boca se fue desellando
+poquito a poco hasta que rompió, como un erizo de castaña que madura y
+se abre, dejando ver el sazonado fruto. Palabra tras palabra, fue
+soltando las castañas, aquellas ideas elaboradas y guardadas con
+religiosa maternidad, como esconde Naturaleza sus obras en gestación.
+Llegó por fin el día señalado para la boda, que fue el 3 de Mayo de
+1835, y se casaron en Santa Cruz, sin aparato, instalándose en la casa
+del esposo, que era una de las mejores del barrio, en la plazuela de la
+Leña.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+A los dos meses de casados, y después de una temporadilla en que
+Barbarita estuvo algo distraída, melancólica y como con ganas de llorar,
+alarmando mucho a su madre, empezaron a notarse en aquel matrimonio, en
+tan malas condiciones hecho, síntomas de idilio. Baldomero parecía otro.
+En el escritorio canturriaba, y buscaba pretextos para salir, subir a la
+casa y decir una palabrita a su mujer, cogiéndola en los pasillos o
+donde la encontrase. También solía equivocarse al sentar una partida, y
+cuando firmaba la correspondencia, daba a los rasgos de la tradicional
+rúbrica de la casa una amplitud de trazo verdaderamente grandiosa,
+terminando el rasgo final hacia arriba como una invocación de gratitud
+dirigida al Cielo. Salía muy poco, y decía a sus amigos íntimos que no
+se cambiaría por un Rey, ni por su tocayo Espartero, pues no había
+felicidad semejante a la suya. Bárbara manifestaba a su madre con gozo
+discreto, que Baldomero no le daba el más mínimo disgusto; que los dos
+caracteres se iban armonizando perfectamente, que él era bueno como el
+mejor pan y que tenía mucho talento, un talento que se descubría donde
+y como debe descubrirse, en las ocasiones. En cuanto estaba diez minutos
+en la casa materna, ya no se la podía aguantar, porque se ponía
+desasosegaba y buscaba pretextos para marcharse diciendo: «Me voy, que
+está mi marido solo».
+
+El idilio se acentuaba cada día, hasta el punto de que la madre de
+Barbarita, disimulando su satisfacción, decía a esta: «Pero, hija, vais
+a dejar tamañitos a los _Amantes de Teruel_». Los esposos salían a paseo
+juntos todas las tardes. Jamás se ha visto a D. Baldomero II en un
+teatro sin tener al lado a su mujer. Cada día, cada mes y cada año, eran
+más tórtolos, y se querían y estimaban más. Muchos años después de
+casados, parecía que estaban en la luna de miel. El marido ha mirado
+siempre a su mujer como una criatura sagrada, y Barbarita ha visto
+siempre en su esposo el hombre más completo y digno de ser amado que en
+el mundo existe. Cómo se compenetraron ambos caracteres, cómo se formó
+la conjunción inaudita de aquellas dos almas, sería muy largo de contar.
+El señor y la señora de Santa Cruz, que aún viven y ojalá vivieran mil
+años, son el matrimonio más feliz y más admirable del presente siglo.
+Debieran estos nombres escribirse con letras de oro en los antipáticos
+salones de la Vicaría, para eterna ejemplaridad de las generaciones
+futuras, y debiera ordenarse que los sacerdotes, al leer la epístola de
+San Pablo, incluyeran algún parrafito, en latín o castellano, referente
+a estos excelsos casados. Doña Asunción Trujillo, que falleció en 1841
+en un día triste de Madrid, el día en que fusilaron al general León,
+salió de este mundo con el atrevido pensamiento de que para alcanzar la
+bienaventuranza no necesitaba alegar más título que el de autora de
+aquel cristiano casamiento. Y que no le disputara esta gloria Juana
+Trujillo, madre de Baldomero, la cual había muerto el año anterior,
+porque Asunción probaría ante todas las cancillerías celestiales que a
+ella se le había ocurrido la sublime idea antes que a su prima.
+
+Ni los años, ni las menudencias de la vida han debilitado nunca el
+profundísimo cariño de estos benditos cónyuges. Ya tenían canas las
+cabezas de uno y otro, y D. Baldomero decía a todo el que quisiera oírle
+que amaba a su mujer _como el primer día_. Juntos siempre en el paseo,
+juntos en el teatro, pues a ninguno de los dos le gusta la función si el
+otro no la ve también. En todas las fechas que recuerdan algo dichoso
+para la familia, se hacen recíprocamente sus regalitos, y para colmo de
+felicidad, ambos disfrutan de una salud espléndida. El deseo final del
+señor de Santa Cruz es que ambos se mueran juntos, el mismo día y a la
+misma hora, en el mismo lecho nupcial en que han dormido toda su vida.
+
+Les conocí en 1870. D. Baldomero tenía ya sesenta años, Barbarita
+cincuenta y dos. Él era un señor de muy buena presencia, el pelo
+entrecano, todo afeitado, colorado, fresco, más joven que muchos hombres
+de cuarenta, con toda la dentadura completa y sana, ágil y bien
+dispuesto, sereno y festivo, la mirada dulce, siempre la mirada aquella
+de perrazo de Terranova. Su esposa pareciome, para decirlo de una vez,
+una mujer guapísima, casi estoy por decir monísima. Su cara tenía la
+frescura de las rosas cogidas, pero no ajadas todavía, y no usaba más
+afeite que el agua clara. Conservaba una dentadura ideal y un cuerpo
+que, aun sin corsé, daba quince y raya a muchas fantasmonas exprimidas
+que andan por ahí. Su cabello se había puesto ya enteramente blanco, lo
+cual la favorecía más que cuando lo tenía entrecano. Parecía pelo
+empolvado a estilo Pompadour, y como lo tenía tan rizoso y tan bien
+partido sobre la frente, muchos sostenían que ni allí había canas ni
+Cristo que lo fundó. Si Barbarita presumiera, habría podido recortar muy
+bien los cincuenta y dos años plantándose en los treinta y ocho, sin que
+nadie le sacara la cuenta, porque la fisonomía y la expresión eran de
+juventud y gracia, iluminadas por una sonrisa que era la pura miel...
+Pues si hubiera querido presumir con malicia, ¡digo...!, a no ser lo
+que era, una matrona respetabilísima con toda la sal de Dios en su
+corazón, habría visto acudir los hombres como acuden las moscas a una de
+esas frutas que, por lo muy maduras, principian a arrugarse, y les
+chorrea por la corteza todo el azúcar.
+
+¿Y Juanito? Pues Juanito fue esperado desde el primer año de aquel
+matrimonio sin par. Los felices esposos contaban con él este mes, el que
+viene y el otro, y estaban viéndole venir y deseándole como los judíos
+al Mesías. A veces se entristecían con la tardanza; pero la fe que
+tenían en él les reanimaba. Si tarde o temprano había de venir... era
+cuestión de paciencia. Y el muy pillo puso a prueba la de sus padres,
+porque se entretuvo diez años por allá, haciéndoles rabiar. No se dejaba
+ver de Barbarita más que en sueños, en diferentes aspectos infantiles,
+ya comiéndose los puños cerrados, la cara dentro de un gorro con muchos
+encajes, ya talludito, con su escopetilla al hombro y mucha picardía en
+los ojos. Por fin Dios le mandó en carne mortal, cuando los esposos
+empezaron a quejarse de la Providencia y a decir que les había engañado.
+Día de júbilo fue aquel de Septiembre de 1845 en que vino a ocupar su
+puesto en el más dichoso de los hogares Juanito Santa Cruz. Fue padrino
+del crío el gordo Arnaiz, quien dijo a Barbarita: «A mí no me la das tú.
+Aquí ha habido matute. Este ternero lo has traído de la Inclusa para
+engarnos... ¡Ah!, estos proteccionistas no son más que contrabandistas
+disfrazados».
+
+Criáronle con regalo y exquisitos cuidados, pero sin mimo. D. Baldomero
+no tenía carácter para poner un freno a su estrepitoso cariño paternal,
+ni para meterse en severidades de educación y formar al chico como le
+formaron a él. Si su mujer lo permitiera, habría llevado Santa Cruz su
+indulgencia hasta consentir que el niño hiciera en todo su real gana.
+¿En qué consistía que habiendo sido él educado tan rígidamente por D.
+Baldomero I, era todo blanduras con su hijo? ¡Efectos de la evolución
+educativa, paralela de la evolución política! Santa Cruz tenía muy
+presentes las ferocidades disciplinarias de su padre, los castigos que
+le imponía, y las privaciones que le había hecho sufrir. Todas las
+noches del año le obligaba a rezar el rosario con los dependientes de la
+casa; hasta que cumplió los veinticinco nunca fue a paseo solo, sino en
+corporación con los susodichos dependientes; el teatro no lo cataba sino
+el día de Pascua, y le hacían un trajecito nuevo cada año, el cual no se
+ponía más que los domingos. Teníanle trabajando en el escritorio o en el
+almacén desde las nueve de la mañana a las ocho de la noche, y había de
+servir para todo, lo mismo para mover un fardo que para escribir
+cartas. Al anochecer, solía su padre echarle los tiempos por encender el
+velón de cuatro mecheros antes de que las tinieblas fueran completamente
+dueñas del local. En lo tocante a juegos, no conoció nunca más que el
+mus, y sus bolsillos no supieron lo que era un cuarto hasta mucho
+después del tiempo en que empezó a afeitarse. Todo fue rigor, trabajo,
+sordidez. Pero lo más particular era que creyendo D. Baldomero que tal
+sistema había sido eficacísimo para formarle a él, lo tenía por
+deplorable tratándose de su hijo. Esto no era una falta de lógica, sino
+la consagración práctica de la idea madre de aquellos tiempos, el
+progreso. ¿Qué sería del mundo sin progreso?, pensaba Santa Cruz, y al
+pensarlo sentía ganas de dejar al chico entregado a sus propios
+instintos. Había oído muchas veces a los economistas que iban de
+tertulia a casa de Cantero, la célebre frase _laissez aller, laissez
+passer_... El gordo Arnaiz y su amigo Pastor, el economista, sostenían
+que todos los grandes problemas se resuelven por sí mismos, y D. Pedro
+Mata opinaba del propio modo, aplicando a la sociedad y a la política el
+sistema de la medicina expectante. La naturaleza se cura sola; no hay
+más que dejarla. Las fuerzas reparatrices lo hacen todo, ayudadas del
+aire. El hombre se educa sólo en virtud de las suscepciones constantes
+que determina en su espíritu la conciencia, ayudada del ambiente social.
+D. Baldomero no lo decía así; pero sus vagas ideas sobre el asunto se
+condensaban en una expresión de moda y muy socorrida: «el mundo marcha».
+
+Felizmente para Juanito, estaba allí su madre, en quien se equilibraban
+maravillosamente el corazón y la inteligencia. Sabía coger las
+disciplinas cuando era menester, y sabía ser indulgente a tiempo. Si no
+le pasó nunca por las mientes obligar a rezar el rosario a un chico que
+iba a la Universidad y entraba en la cátedra de Salmerón, en cambio no
+le dispensó del cumplimiento de los deberes religiosos más elementales.
+Bien sabía el muchacho que si hacía novillos a la misa de los domingos,
+no iría al teatro por la tarde, y que si no sacaba buenas notas en
+Junio, no había dinero para el bolsillo, ni toros, ni excursiones por el
+campo con Estupiñá (luego hablaré de este tipo) para cazar pájaros con
+red o liga, ni los demás divertimientos con que se recompensaba su
+aplicación.
+
+Mientras estudió la segunda enseñanza en el colegio de Masarnau, donde
+estaba a media pensión, su mamá le repasaba las lecciones todas las
+noches, se las metía en el cerebro a puñados y a empujones, como se mete
+la lana en un cojín. Ved por dónde aquella señora se convirtió en
+sibila, intérprete de toda la ciencia humana, pues le descifraba al
+niño los puntos oscuros que en los libros había, y aclaraba todas sus
+dudas, allá como Dios le daba a entender. Para manifestar hasta dónde
+llegaba la sabiduría enciclopédica de doña Bárbara, estimulada por el
+amor materno, baste decir que también le traducía los temas de latín,
+aunque en su vida había ella sabido palotada de esta lengua. Verdad que
+era traducción libre, mejor dicho, liberal, casi demagógica. Pero Fedro
+y Cicerón no se hubieran incomodado si estuvieran oyendo por encima del
+hombro de la maestra, la cual sacaba inmenso partido de lo poco que el
+discípulo sabía. También le cultivaba la memoria, descargándosela de
+fárrago inútil, y le hacía ver claros los problemas de aritmética
+elemental, valiéndose de garbanzos o judías, pues de otro modo no andaba
+ella muy a gusto por aquellos derroteros. Para la Historia Natural,
+solía la maestra llamar en su auxilio al león del Retiro, y únicamente
+en la Química se quedaban los dos parados, mirándose el uno al otro,
+concluyendo ella por meterle en la memoria las fórmulas, después de
+observar que estas cosas no las entienden más que los boticarios, y que
+todo se reduce a si se pone más o menos cantidad de agua del pozo.
+Total: que cuando Juan se hizo bachiller en Artes, Barbarita declaraba
+riendo que con estos teje-manejes se había vuelto, sin saberlo, una doña
+Beatriz Galindo para latines y una catedrática universal.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+En este interesante periodo de la crianza del heredero, desde el 45 para
+acá, sufrió la casa de Santa Cruz la transformación impuesta por los
+tiempos, y que fue puramente externa, continuando inalterada en lo
+esencial. En el escritorio y en el almacén aparecieron los primeros
+mecheros de gas hacia el año 49, y el famoso velón de cuatro luces
+recibió tan tremenda bofetada de la dura mano del progreso, que no se le
+volvió a ver más por ninguna parte. En la caja habían entrado ya los
+primeros billetes del Banco de San Fernando, que sólo se usaban para el
+pago de letras, pues el público los miraba aún con malos ojos. Se
+hablaba aún de talegas, y la operación de contar cualquier cantidad era
+obra para que la desempeñara Pitágoras u otro gran aritmético, pues con
+los doblones y ochentines, las pesetas catalanas, los duros españoles,
+los de veintiuno y cuartillo, las onzas, las pesetas columnarias y las
+monedas macuquinas, se armaba un belén espantoso.
+
+Aún no se conocían el sello de correo, ni los sobres ni otras conquistas
+del citado progreso. Pero ya los dependientes habían empezado a
+sacudirse las cadenas; ya no eran aquellos parias del tiempo de D.
+Baldomero I, a quienes no se permitía salir sino los domingos y en
+comunidad, y cuyo vestido se confeccionaba por un patrón único, para que
+resultasen uniformados como colegiales o presidiarios. Se les dejaba
+concurrir a los bailes de Villahermosa o de candil, según las aficiones
+de cada uno. Pero en lo que no hubo variación fue en aquel piadoso
+atavismo de hacerles rezar el rosario todas las noches. Esto no pasó a
+la historia hasta la época reciente del traspaso a _los Chicos_.
+Mientras fue D. Baldomero jefe de la casa, esta no se desvió en lo
+esencial de los ejes diamantinos sobre que la tenía montada el padre, a
+quien se podría llamar _D. Baldomero el Grande_. Para que el progreso
+pusiera su mano en la obra de aquel hombre extraordinario, cuyo retrato,
+debido al pincel de D. Vicente López, hemos contemplado con satisfacción
+en la sala de sus ilustres descendientes, fue preciso que todo Madrid se
+transformase; que la desamortización edificara una ciudad nueva sobre
+los escombros de los conventos; que el Marqués de Pontejos adecentase
+este lugarón; que las reformas arancelarias del 49 y del 68, pusieran
+patas arriba todo el comercio madrileño; que el grande ingenio de
+Salamanca idease los primeros ferrocarriles; que Madrid se _colocase_,
+por arte del vapor, a cuarenta horas de París, y por fin, que hubiera
+muchas guerras y revoluciones y grandes trastornos en la riqueza
+individual.
+
+También la casa de Gumersindo Arnaiz, hermano de Barbarita, ha pasado
+por grandes crisis y mudanzas desde que murió D. Bonifacio. Dos años
+después del casamiento de su hermana con Santa Cruz, casó Gumersindo con
+Isabel Cordero, hija de D. Benigno Cordero, mujer de gran disposición,
+que supo ver claro en el negocio de tiendas y ha sido la salvadora de
+aquel acreditado establecimiento. Comprometido éste del 40 al 45, por
+los últimos errores del difunto Arnaiz, se defendió con los _mahones_,
+aquellas telas ligeras y frescas que tanto se usaron hasta el 54. El
+género de China decaía visiblemente. Las galeras aceleradas iban
+trayendo a Madrid cada día con más presteza las novedades parisienses, y
+se apuntaba la invasión lenta y tiránica de los medios colores, que
+pretenden ser signo de cultura. La sociedad española empezaba a presumir
+de _seria_; es decir, a vestirse lúgubremente, y el alegre imperio de
+los colorines se derrumbaba de un modo indudable. Como se habían ido las
+capas rojas, se fueron los pañuelos de Manila. La aristocracia los cedía
+con desdén a la clase media, y esta, que también quería ser aristócrata,
+entregábalos al pueblo, último y fiel adepto de los matices vivos. Aquel
+encanto de los ojos, aquel prodigio de color, remedo de la naturaleza
+sonriente, encendida por el sol de Mediodía, empezó a perder terreno,
+aunque el pueblo, con instinto de colorista y poeta, defendía la prenda
+española como defendió el parque de Monteleón y los reductos de
+Zaragoza. Poco a poco iba cayendo el chal de los hombros de las mujeres
+hermosas, porque la sociedad se empeñaba en parecer grave, y para ser
+grave nada mejor que envolverse en tintas de tristeza. Estamos bajo la
+influencia del Norte de Europa, y ese maldito Norte nos impone los
+grises que toma de su ahumado cielo. El sombrero de copa da mucha
+respetabilidad a la fisonomía, y raro es el hombre que no se cree
+importante sólo con llevar sobre la cabeza un cañón de chimenea. Las
+señoras no se tienen por tales si no van vestidas de color de hollín,
+ceniza, rapé, verde botella o pasa de corinto. Los tonos vivos las
+encanallan, porque el pueblo ama el rojo bermellón, el amarillo tila, el
+cadmio y el verde forraje; y está tan arraigado en la plebe el
+sentimiento del color, que la _seriedad_ no ha podido establecer su
+imperio sino transigiendo. El pueblo ha aceptado el oscuro de las capas,
+imponiendo el rojo de las vueltas; ha consentido las capotas,
+conservando las mantillas y los pañuelos chillones para la cabeza; ha
+transigido con los gabanes y aun con el _polisón_, a cambio de las
+toquillas de gama clara, en que domina el celeste, el rosa y el amarillo
+de Nápoles. El crespón es el que ha ido decayendo desde 1840, no sólo
+por la citada evolución de la _seriedad_ europea, que nos ha cogido de
+medio a medio, sino por causas económicas a las que no podíamos
+sustraernos.
+
+Las comunicaciones rápidas nos trajeron mensajeros de la potente
+industria belga, francesa e inglesa, que necesitaban mercados. Todavía
+no era moda ir a buscarlos al África, y los venían a buscar aquí,
+cambiando cuentas de vidrio por pepitas de oro; es decir, lanillas,
+cretonas y merinos, por dinero contante o por obras de arte. Otros
+mensajeros saqueaban nuestras iglesias y nuestros palacios, llevándose
+los brocados históricos de casullas y frontales, el tisú y los
+terciopelos con bordados y aplicaciones, y otras muestras riquísimas de
+la industria española. Al propio tiempo arramblaban por los espléndidos
+pañuelos de Manila, que habían ido descendiendo hasta las gitanas.
+También se dejó sentir aquí, como en todas partes, el efecto de otro
+fenómeno comercial, hijo del progreso. Refiérome a los grandes
+acaparamientos del comercio inglés, debidos al desarrollo de su inmensa
+marina. Esta influencia se manifestó bien pronto en aquellos humildes
+rincones de la calle de Postas por la depreciación súbita del género de
+la China. Nada más sencillo que esta depreciación. Al fundar los
+ingleses el gran depósito comercial de Singapore, monopolizaron el
+tráfico del Asia y arruinaron el comercio que hacíamos por la vía de
+Cádiz y cabo de Buena Esperanza con aquellas apartadas regiones. Ayún y
+Senquá dejaron de ser nuestros mejores amigos, y se hicieron amigos de
+los ingleses. El sucesor de estos artistas, el fecundo e inspirado
+King-Cheong se cartea en inglés con nuestros comerciantes y da sus
+precios en libras esterlinas. Desde que Singapore apareció en la
+geografía práctica, el género de Cantón y Shangai dejó de venir en
+aquellas pesadas fragatonas de los armadores de Cádiz, los Fernández de
+Castro, los Cuesta, los Rubio; y la dilatada travesía del Cabo pasó a la
+historia como apéndice de los fabulosos trabajos de Vasco de Gama y de
+Alburquerque. La vía nueva trazáronla los vapores ingleses combinados
+con el ferrocarril de Suez.
+
+Ya en 1840 las casas que traían directamente el género de Cantón no
+podían competir con las que lo encargaban a Liverpool. Cualquier
+mercachifle de la calle de Postas se proveía de este artículo sin ir a
+tomarlo en los dos o tres depósitos que en Madrid había. Después las
+corrientes han cambiado otra vez, y al cabo de muchos años ha vuelto a
+traer España directamente las obras de King-Cheong; mas para esto ha
+sido preciso que viniera la gran vigorización del comercio después del
+68 y la robustez de los capitales de nuestros días.
+
+El establecimiento de Gumersindo Arnaiz se vio amenazado de ruina,
+porque las tres o cuatro casas cuya especialidad era como una herencia o
+traspaso de la Compañía de Filipinas, no podían seguir monopolizando la
+pañolería y demás artes chinescas. Madrid se inundaba de género a precio
+más bajo que el de las facturas de D. Bonifacio Arnaiz, y era preciso
+realizar de cualquier modo. Para compensar las pérdidas de la
+_quemazón_, urgía plantear otro negocio, buscar nuevos caminos, y aquí
+fue donde lució sus altas dotes Isabel Cordero, esposa de Gumersindo,
+que tenía más pesquis que este. Sin saber pelotada de Geografía,
+comprendía que había un Singapore y un istmo de Suez.
+
+Adivinaba el fenómeno comercial, sin acertar a darle nombre, y en vez de
+echar maldiciones contra los ingleses, como hacía su marido, se dio a
+discurrir el mejor remedio. ¿Qué corrientes seguirían? La más marcada
+era la de las _novedades_, la de la influencia de la fabricación
+francesa y belga, en virtud de aquella ley de los grises del Norte,
+invadiendo, conquistando y anulando nuestro ser colorista y romancesco.
+El vestir se anticipaba al pensar y cuando aún los versos no habían sido
+desterrados por la prosa, ya la lana había hecho trizas a la seda.
+
+«Pues apechuguemos con las _novedades_» dijo Isabel a su marido,
+observando aquel furor de modas que le entraba a esta sociedad y el afán
+que todos los madrileños sentían de ser elegantes _con seriedad_. Era,
+por añadidura, la época en que la clase media entraba de lleno en el
+ejercicio de sus funciones, apandando todos los empleos creados por el
+nuevo sistema político y administrativo, comprando a plazos todas las
+fincas que habían sido de la Iglesia, constituyéndose en propietaria del
+suelo y en usufructuaria del presupuesto, absorbiendo en fin los
+despojos del absolutismo y del clero, y fundando el imperio de la
+levita. Claro es que la levita es el símbolo; pero lo más interesante de
+tal imperio está en el vestir de las señoras, origen de energías
+poderosas, que de la vida privada salen a la pública y determinan hechos
+grandes. ¡Los trapos, ay! ¿Quién no ve en ellos una de las principales
+energías de la época presente, tal vez una causa generadora de
+movimiento y vida? Pensad un poco en lo que representan, en lo que
+valen, en la riqueza y el ingenio que consagra a producirlos la ciudad
+más industriosa del mundo, y sin querer, vuestra mente os presentará
+entre los pliegues de las telas de moda todo nuestro organismo
+mesocrático, ingente pirámide en cuya cima hay un sombrero de copa; toda
+la máquina política y administrativa, la deuda pública y los
+ferrocarriles, el presupuesto y las rentas, el Estado tutelar y el
+parlamentarismo socialista.
+
+Pero Gumersindo e Isabel habían llegado un poco tarde, porque las
+_novedades_ estaban en manos de mercaderes listos, que sabían ya el
+camino de París. Arnaiz fue también allá; mas no era hombre de gusto y
+trajo unos adefesios que no tuvieron aceptación. La Cordero, sin
+embargo, no se desanimaba. Su marido empezaba a atontarse; ella a _ver
+claro_. Vio que las costumbres de Madrid se transformaban rápidamente,
+que esta orgullosa Corte iba a pasar en poco tiempo de la condición de
+aldeota indecente a la de capital civilizada. Porque Madrid no tenía de
+metrópoli más que el nombre y la vanidad ridícula. Era un payo con
+casaca de gentil-hombre y la camisa desgarrada y sucia. Por fin el
+paleto se disponía a ser señor de verdad. Isabel Cordero, que se
+anticipaba a su época, presintió la traída de aguas del Lozoya, en
+aquellos veranos ardorosos en que el Ayuntamiento refrescaba y
+alimentaba las fuentes del Berro y de la Teja con cubas de agua sacada
+de los pozos; en aquellos tiempos en que los portales eran sentinas y en
+que los vecinos iban de un cuarto a otro con el pucherito en la mano,
+pidiendo por favor un poco de agua para afeitarse.
+
+La perspicaz mujer vio el porvenir, oyó hablar del gran proyecto de
+Bravo Murillo, como de una cosa que ella había sentido en su alma. Por
+fin Madrid, dentro de algunos años, iba a tener raudales de agua
+distribuidos en las calles y plazas, y adquiriría la costumbre de
+lavarse, por lo menos, la cara y las manos. Lavadas estas partes, se
+lavaría después otras. Este Madrid, que entonces era futuro, se le
+representó con visiones de camisas limpias en todas las clases, de
+mujeres ya acostumbradas a mudarse todos los días, y de señores que eran
+la misma pulcritud. De aquí nació la idea de dedicar la casa al género
+blanco, y arraigada fuertemente la idea, poco a poco se fue haciendo
+realidad. Ayudado por D. Baldomero y Arnaiz, Gumersindo empezó a traer
+batistas finísimas de Inglaterra, holandas y escocias, irlandas y
+madapolanes, _nansouk_ y cretonas de Alsacia, y la casa se fue
+levantando no sin trabajo de su postración hasta llegar a adquirir una
+prosperidad relativa. Complemento de este negocio _en blanco_, fueron la
+damasquería gruesa, los cutíes para colchones y la mantelería de
+Courtray que vino a ser _especialidad_ de la casa, como lo decía un
+rótulo añadido al letrero antiguo de la tienda. Las puntillas y
+encajería mecánica vinieron más tarde, siendo tan grandes los pedidos de
+Arnaiz, que una fábrica de Suiza trabajaba sólo para él. Y por fin, las
+crinolinas dieron al establecimiento buenas ganancias. Isabel Cordero,
+que había presentido el Canal del Lozoya, presintió también el
+miriñaque; que los franceses llamaban _Malakoff_, invención absurda que
+parecía salida de un cerebro enfermo de tanto pensar en la dirección de
+los globos.
+
+De la pañolería y artículos asiáticos, sólo quedaban en la casa por los
+años del 50 al 60 tradiciones religiosamente conservadas. Aún había
+alguna torrecilla de marfil, y buena porción de mantones ricos de alto
+precio en cajas primorosas. Era quizás Gumersindo la persona que en
+Madrid tenía más arte para doblarlos, porque ha de saberse que doblar un
+crespón era tarea tan difícil como hinchar un perro. No sabían hacerlo
+sino los que de antiguo tenían la costumbre de manejar aquel artículo,
+por lo cual muchas damas, que en algún baile de máscaras se ponían el
+chal, lo mandaban al día siguiente, con la caja, a la tienda de
+Gumersindo Arnaiz, para que este lo doblase según arte tradicional, es
+decir, dejando oculta la rejilla de a tercia y el fleco de a cuarta, y
+visible en el cuartel superior el dibujo central. También se conservaban
+en la tienda los dos maniquís vestidos de mandarines. Se pensó en
+retirarlos, porque ya estaban los pobres un poco tronados; pero
+Barbarita se opuso, porque dejar de verlos allí haciendo juego con la
+fisonomía lela y honrada del Sr. de Ayún, era como si enterrasen a
+alguno de la familia; y aseguró que si su hermano se obstinaba en
+quitarlos, ella se los llevaría a su casa para ponerlos en el comedor,
+haciendo juego con los aparadores.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Aquella gran mujer, Isabel Cordero de Arnaiz, dotada de todas las
+agudezas del traficante y de todas las triquiñuelas económicas del ama
+de gobierno, fue agraciada además por el Cielo con una fecundidad
+prodigiosa. En 1845, cuando nació Juanito, ya había tenido ella cinco, y
+siguió pariendo con la puntualidad de los vegetales que dan fruto cada
+año. Sobre aquellos cinco hay que apuntar doce más en la cuenta; total,
+diez y siete partos, que recordaba asociándolos a fechas célebres del
+reinado de Isabel II. «Mi primer hijo--decía--nació cuando vino la tropa
+carlista hasta las tapias de Madrid. Mi Jacinta nació cuando se casó la
+Reina, con pocos días de diferencia. Mi Isabelita vino al mundo el día
+mismo en que el cura Merino le pegó la puñalada a Su Majestad, y tuve a
+Rupertito el día de San Juan del 58, el mismo día que se inauguró la
+traída de aguas».
+
+Al ver la estrecha casa, se daba uno a pensar que la ley de
+impenetrabilidad de los cuerpos fue el pretexto que tomó la muerte para
+mermar aquel bíblico rebaño. Si los diez y siete chiquillos hubieran
+vivido, habría sido preciso ponerlos en los balcones como los tiestos, o
+colgados en jaulas de machos de perdiz. El garrotillo y la escarlatina
+fueron entresacando aquella mies apretada, y en 1870 no quedaban ya más
+que nueve. Los dos primeros volaron a poco de nacidos. De tiempo en
+tiempo se moría uno, ya crecidito, y se aclaraban las filas. En no sé
+qué año, se murieron tres con intervalo de cuatro meses. Los que
+rebasaron de los diez años, se iban criando regularmente.
+
+He dicho que eran nueve. Falta consignar que de estas nueve cifras,
+siete correspondían al sexo femenino. ¡Vaya una plaga que le había caído
+al bueno de Gumersindo! ¿Qué hacer con siete chiquillas? Para guardarlas
+cuando fueran mujeres, se necesitaba un cuerpo de ejército. ¿Y cómo
+casarlas bien a todas? ¿De dónde iban a salir siete maridos buenos?
+Gumersindo, siempre que de esto se le hablaba, echábalo a broma,
+confiando en la buena mano que tenía su mujer para todo.
+«Verán--decía--, cómo saca ella de debajo de las piedras siete yernos de
+primera». Pero la fecunda esposa no las tenía todas consigo. Siempre que
+pensaba en el porvenir de sus hijas se ponía triste; y sentía como
+remordimientos de haber dado a su marido una familia que era un problema
+económico. Cuando hablaba de esto con su cuñada Barbarita, lamentábase
+de parir hembras como de una responsabilidad. Durante su campaña
+prolífica, desde el 38 al 60, acontecía que a los cuatro o cinco meses
+de haber dado a luz, ya estaba otra vez en cinta. Barbarita no se
+tomaba el trabajo de preguntárselo, y lo daba por hecho. «Ahora--le
+decía--, vas a tener un muchacho». Y la otra, enojada, echando pestes
+contra su fecundidad, respondía: «Varón o hembra, estos regalos debieran
+ser para ti. A ti debiera Dios darte un canario de alcoba todos los
+años».
+
+Las ganancias del establecimiento no eran escasas; pero los esposos
+Arnaiz no podían llamarse ricos, porque con tanto parto y tanta muerte
+de hijos y aquel familión de hembras la casa no acababa de florecer como
+debiera. Aunque Isabel hacía milagros de arreglo y economía, el
+considerable gasto cotidiano quitaba al establecimiento mucha savia.
+Pero nunca dejó de cumplir Gumersindo sus compromisos comerciales, y si
+su capital no era grande, tampoco tenía deudas. El _quid_ estaba en
+colocar bien las siete chicas, pues mientras esta tremenda campaña
+matrimoñesca no fuera coronada por un éxito brillante, en la casa no
+podía haber grandes ahorros.
+
+Isabel Cordero era, veinte años ha, una mujer desmejorada, pálida,
+deforme de talle, como esas personas que parece se están desbaratando y
+que no tienen las partes del cuerpo en su verdadero sitio. Apenas se
+conocía que había sido bonita. Los que la trataban no podían
+imaginársela en estado distinto del que se llama interesante, porque el
+barrigón parecía en ella cosa normal, como el color de la tez o la
+forma de la nariz. En tal situación y en los breves periodos que tenía
+libres, su actividad era siempre la misma, pues hasta el día de caer en
+la cama estaba sobre un pie, atendiendo incansable al complicado
+gobierno de aquella casa. Lo mismo funcionaba en la cocina que en el
+escritorio, y acabadita de poner la enorme sartén de migas para la cena
+o el calderón de patatas, pasaba a la tienda a que su marido la enterase
+de las facturas que acababa de recibir o de los avisos de letras.
+Cuidaba principalmente de que sus niñas no estuviesen ociosas. Las más
+pequeñas y los varoncitos iban a la escuela; las mayores trabajaban en
+el gabinete de la casa, ayudando a su madre en el repaso de la ropa, o
+en acomodar al cuerpo de los varones las prendas desechadas del padre.
+Alguna de ellas se daba maña para planchar; solían también lavar en el
+gran artesón de la cocina, y zurcir y echar un remiendo. Pero en lo que
+mayormente sobresalían todas era en el arte de arreglar sus propios
+perendengues. Los domingos, cuando su mamá las sacaba a paseo, en larga
+procesión, iban tan bien apañaditas que daba gusto verlas. Al ir a misa,
+desfilaban entre la admiración de los fieles; porque conviene apuntar
+que eran muy monas. Desde las dos mayores que eran ya mujeres, hasta la
+última, que era una miniaturita, formaban un rebaño interesantísimo que
+llamaba la atención por el número y la escala gradual de las tallas.
+Los conocidos que las veían entrar, decían: «ya está ahí doña Isabel con
+el muestrario». La madre, peinada con la mayor sencillez, sin ningún
+adorno, flácida, pecosa y desprovista ya de todo atractivo personal que
+no fuera la respetabilidad, pastoreaba aquel rebaño, llevándolo por
+delante como los paveros en Navidad.
+
+¡Y que no pasaba flojos apuros la pobre para salir airosa en aquel papel
+inmenso! A Barbarita le hacía ordinariamente sus confidencias. «Mira,
+hija, algunos meses me veo tan agonizada, que no sé qué hacer. Dios me
+protege, que si no... Tú no sabes lo que es vestir siete hijas. Los
+varones, con los desechos de la ropa de su padre que yo les arreglo, van
+tirando. ¡Pero las niñas!... ¡Y con estas modas de ahora y este
+suponer!... ¿Viste la pieza de merino azul?, pues no fue bastante y tuve
+que traer diez varas más. ¡Nada te quiero decir del ramo de zapatos!
+Gracias que dentro de casa la que se me ponga otro calzado que no sea
+las alpargatitas de cáñamo, ya me tiene hecha una leona. Para llenarles
+la barriga, me defiendo con las patatas y las migas. Este año he
+suprimido los estofados. Sé que los dependientes refunfuñan; pero no me
+importa. Que vayan a otra parte donde los traten mejor. ¿Creerás que un
+quintal de carbón se me va como un soplo? Me traigo a casa dos arrobas
+de aceite, y a los pocos días... pif... parece que se lo han chupado las
+lechuzas. Encargo a Estupiñá dos o tres quintales de patatas, hija, y
+como si no trajera nada». En la casa había dos mesas. En la primera
+comían el principal y su señora, las niñas, el dependiente más antiguo y
+algún pariente, como Primitivo Cordero cuando venía a Madrid de su finca
+de Toledo, donde residía. A la segunda se sentaban los dependientes
+menudos y los dos hijos, uno de los cuales hacía su aprendizaje en la
+tienda de blondas de Segundo Cordero. Era un total de diez y siete o
+diez y ocho bocas. El gobierno de tal casa, que habría rendido a
+cualquiera mujer, no fatigaba visiblemente a Isabel. A medida que las
+niñas iban creciendo, disminuía para la madre parte del trabajo
+material; pero este descanso se compensaba con el exceso de vigilancia
+para guardar el rebaño, cada vez más perseguido de lobos y expuesto a
+infinitas asechanzas. Las chicas no eran malas, pero eran jovenzuelas, y
+ni Cristo Padre podía evitar los atisbos por el único balcón de la casa
+o por la ventanucha que daba al callejón de San Cristóbal. Empezaban a
+entrar en la casa cartitas, y a desarrollarse esas intrigüelas inocentes
+que son juegos de amor, ya que no el amor mismo. Doña Isabel estaba
+siempre con cada ojo como un farol, y no las perdía de vista un momento.
+A esta fatiga ruda del espionaje materno uníase el trabajo de exhibir y
+airear el muestrario, por ver si caía algún parroquiano o por otro
+nombre, marido. Era forzoso _hacer el artículo_, y aquella gran mujer,
+negociante en hijas, no tenía más remedio que vestirse y concurrir con
+su _género_ a tal o cual tertulia de amigas, porque si no lo hacía,
+ponían las nenas unos morros que no se las podía aguantar. Era también
+de rúbrica el paseíto los domingos, en corporación, las niñas muy bien
+arregladitas con cuatro pingos que parecían lo que no eran, la mamá muy
+estirada de guantes, que le imposibilitaban el uso de los dedos, con
+manguito que le daba un calor excesivo a las manos, y su buena
+cachemira. Sin ser vieja lo parecía.
+
+Dios, al fin, apreciando los méritos de aquella heroína, que ni un punto
+se apartaba de su puesto en el combate social, echó una mirada de
+benevolencia sobre el muestrario y después lo bendijo. La primera chica
+que se casó fue la segunda, llamada Candelaria, y en honor de la verdad,
+no fue muy lucido aquel matrimonio. Era el novio un buen muchacho,
+dependiente en la camisería de la viuda de Aparisi. Llamábase Pepe
+Samaniego y no tenía más fortuna que sus deseos de trabajar y su
+honradez probada. Su apellido se veía mucho en los rótulos del comercio
+menudo. Un tío suyo era boticario en la calle del Ave María. Tenía un
+primo pescadero, otro tendero de capas en la calle de la Cruz, otro
+prestamista, y los demás, lo mismo que sus hermanos, eran todos
+horteras. Pensaron primero los de Arnaiz oponerse a aquella unión; mas
+pronto se hicieron esta cuenta: «No están los tiempos para hilar muy
+delgado en esto de los maridos. Hay que tomar todo lo que se presente,
+porque son siete a colocar. Basta con que el chico sea formal y
+trabajador».
+
+Casose luego la mayor, llamada Benigna en memoria de su abuelito el
+héroe de Boteros. Esta sí que fue buena boda. El novio era Ramón
+Villuendas, hijo mayor del célebre cambiante de la calle de Toledo; gran
+casa, fortuna sólida. Era ya viudo con dos chiquillos, y su parentela
+ofrecía variedad chocante en orden de riqueza. Su tío D. Cayetano
+Villuendas estaba casado con Eulalia hermana del marqués de Casa-Muñoz,
+y poseía muchos millones; en cambio, había un Villuendas tabernero y
+otro que tenía un tenducho de percales y bayetas llamado _El Buen
+Gusto_. El parentesco de los Villuendas pobres con los ricos no se veía
+muy claro; pero parientes eran y muchos de ellos se trataban y se
+tuteaban.
+
+La tercera de las chicas, llamada Jacinta, pescó marido al año
+siguiente. ¡Y qué marido!... Pero al llegar aquí, me veo precisado a
+cortar esta hebra, y paso a referir ciertas cosas que han de preceder a
+la boda de Jacinta.
+
+
+
+
+
+-III-
+
+Estupiñá
+
+
+
+
+--i--
+
+
+En la tienda de Arnaiz, junto a la reja que da a la calle de San
+Cristóbal, hay actualmente tres sillas de madera curva de Viena, las
+cuales sucedieron hace años a un banco sin respaldo forrado de hule
+negro, y este banco tuvo por antecesor a un arcón o caja vacía. Aquélla
+era la sede de la inmemorial tertulia de la casa. No había tienda sin
+tertulia, como no podía haberla sin mostrador y santo tutelar. Era esto
+un servicio suplementario que el comercio prestaba a la sociedad en
+tiempos en que no existían casinos, pues aunque había sociedades
+secretas y clubs y cafés más o menos patrióticos, la gran mayoría de los
+ciudadanos pacíficos no iba a ellos, prefiriendo charlar en las tiendas.
+Barbarita tiene aún reminiscencias vagas de la tertulia en los tiempos
+de su niñez. Iba un fraile muy flaco que era el padre Alelí, un señor
+pequeñito con anteojos, que era el papá de Isabel, algunos militares y
+otros tipos que se confundían en su mente con las figuras de los dos
+mandarines.
+
+Y no sólo se hablaba de asuntos políticos y de la guerra civil, sino de
+cosas del comercio. Recuerda la señora haber oído algo acerca de los
+primeros fósforos o mistos que vinieron al mercado, y aun haberlos
+visto. Era como una botellita en la cual se metía la cerilla, y salía
+echando lumbre. También oyó hablar de las primeras alfombras de moqueta,
+de los primeros colchones de muelles, y de los primeros ferrocarriles,
+que alguno de los tertulios había visto en el extranjero, pues aquí ni
+asomos de ellos había todavía. Algo se apuntó allí sobre el billete de
+Banco, que en Madrid no fue papel-moneda corriente hasta algunos años
+después, y sólo se usaba entonces para los pagos fuertes de la banca.
+Doña Bárbara se acuerda de haber visto el primer billete que llevaron a
+la tienda como un objeto de curiosidad, y todos convinieron en que era
+mejor una onza. El gas fue muy posterior a esto.
+
+La tienda se transformaba; pero la tertulia era siempre la misma en el
+curso lento de los años. Unos habladores se iban y venían otros. No
+sabemos a qué época fija se referirían estos párrafos sueltos que al
+vuelo cogía Barbarita cuando, ya casada, entraba en la tienda a
+descansar un ratito, de vuelta de paseo o de compras: «¡Qué hermosotes
+iban esta mañana los del _tercero de fusileros_ con sus pompones
+nuevos!»... «El Duque ha oído misa hoy en las Calatravas. Iba con Linaje
+y con San Miguel»...
+
+«¿Sabe usted, Estupiñá, lo que dicen ahora? Pues dicen que los ingleses
+proyectan construir barcos de _fierro_».
+
+El llamado Estupiñá debía de ser indispensable en todas las tertulias de
+tiendas, porque cuando no iba a la de Arnaiz, todo se volvía preguntar:
+«Y Plácido, ¿qué es de él?». Cuando entraba le recibían con
+exclamaciones de alegría, pues con su sola presencia animaba la
+conversación. En 1871 conocí a este hombre, que fundaba su vanidad en
+_haber visto toda la historia de España_ en el presente siglo. Había
+venido al mundo en 1803 y se llamaba hermano de fecha de Mesonero
+Romanos, por haber nacido, como este, el 19 de Julio del citado año. Una
+sola frase suya probará su inmenso saber en esa historia viva que se
+aprende con los ojos: «Vi a José I como le estoy viendo a usted ahora».
+Y parecía que se relamía de gusto cuando le preguntaban: «¿Vio usted al
+duque de Angulema, a lord Wellington?...». «Pues ya lo creo». Su
+contestación era siempre la misma: «Como le estoy viendo a usted». Hasta
+llegaba a incomodarse cuando se le interrogaba en tono dubitativo. «¡Que
+si vi entrar a María Cristina!... Hombre, si eso es de ayer...». Para
+completar su erudición ocular, hablaba del _aspecto que presentaba
+Madrid_ el 1.º de Septiembre de 1840, como si fuera cosa de la semana
+pasada. Había visto morir a Canterac; ajusticiar a Merino, «nada menos
+que sobre el propio patíbulo», por ser él hermano de la Paz y Caridad;
+había visto matar a Chico..., precisamente ver no, pero oyó los tiritos,
+hallándose en la calle de las Velas; había visto a Fernando VII el 7 de
+Julio cuando salió al balcón a decir a los milicianos que _sacudieran_ a
+los de la Guardia; había visto a Rodil y al sargento García arengando
+desde otro balcón, el año 36; había visto a O'Donnell y Espartero
+abrazándose, a Espartero solo saludando al pueblo, a O'Donnell solo,
+todo esto en un balcón, y por fin, en un balcón había visto también en
+fecha cercana a otro personaje diciendo a gritos que se habían acabado
+los Reyes. La historia que Estupiñá sabía estaba escrita en los
+balcones.
+
+La biografía mercantil de este hombre es tan curiosa como sencilla. Era
+muy joven cuando entró de hortera en casa de Arnaiz, y allí sirvió
+muchos años, siempre bien quisto del principal por su honradez
+acrisolada y el grandísimo interés con que miraba todo lo concerniente
+al establecimiento. Y a pesar de tales prendas, Estupiñá no era un buen
+dependiente. Al despachar, entretenía demasiado a los parroquianos, y si
+le mandaban con un recado o comisión a la Aduana, tardaba tanto en
+volver, que muchas veces creyó D. Bonifacio que le habían llevado preso.
+La singularidad de que teniendo Plácido estas mañas, no pudieran los
+dueños de la tienda prescindir de él, se explica por la ciega confianza
+que inspiraba, pues estando él al cuidado de la tienda y de la caja, ya
+podían Arnaiz y su familia echarse a dormir. Era su fidelidad tan grande
+como su humildad, pues ya le podían reñir y decirle cuantas perrerías
+quisieran, sin que se incomodase. Por esto sintió mucho Arnaiz que
+Estupiñá dejara la casa en 1837, cuando se le antojó establecerse con
+los dineros de una pequeña herencia. Su principal, que le conocía bien,
+hacía lúgubres profecías del porvenir comercial de Plácido, trabajando
+por su cuenta.
+
+Prometíaselas él muy felices en la tienda de bayetas y paños del Reino
+que estableció en la Plaza Mayor, junto a la Panadería. No puso
+dependientes, porque la cortedad del negocio no lo consentía; pero su
+tertulia fue la más animada y dicharachera de todo el barrio. Y ved aquí
+el secreto de lo poco que dio de sí el establecimiento, y la
+justificación de los vaticinios de D. Bonifacio. Estupiñá tenía un vicio
+hereditario y crónico, contra el cual eran impotentes todas las demás
+energías de su alma; vicio tanto más avasallador y terrible cuanto más
+inofensivo parecía. No era la bebida, no era el amor, ni el juego ni el
+lujo; era la conversación. Por un rato de palique era Estupiñá capaz de
+dejar que se llevaran los demonios el mejor negocio del mundo. Como él
+pegase la hebra con gana, ya podía venirse el cielo abajo, y antes le
+cortaran la lengua que la hebra. A su tienda iban los habladores más
+frenéticos, porque el vicio llama al vicio. Si en lo más sabroso de su
+charla entraba alguien a comprar, Estupiñá le ponía la cara que se pone
+a los que van a dar sablazos. Si el género pedido estaba sobre el
+mostrador, lo enseñaba con gesto rápido, deseando que acabase pronto la
+interrupción; pero si estaba en lo alto de la anaquelería, echaba hacia
+arriba una mirada de fatiga, como el que pide a Dios paciencia,
+diciendo: «¿Bayeta amarilla? Mírela usted. Me parece que es angosta para
+lo que usted la quiere». Otras veces dudaba o aparentaba dudar si tenía
+lo que le pedían. «¿Gorritas para niño? ¿Las quiere usted de visera de
+hule?... Sospecho que hay algunas, pero son de esas que no se usan
+ya...».
+
+Si estaba jugando al tute o al mus, únicos juegos que sabía y en los que
+era maestro, primero se hundía el mundo que apartar él su atención de
+las cartas. Era tan fuerte el ansia de charla y de trato social, se lo
+pedía el cuerpo y el alma con tal vehemencia, que si no iban habladores
+a la tienda no podía resistir la comezón del vicio, echaba la llave, se
+la metía en el bolsillo y se iba a otra tienda en busca de aquel licor
+palabrero con que se embriagaba. Por Navidad, cuando se empezaban a
+armar los puestos de la Plaza, el pobre tendero no tenía valor para
+estarse metido en aquel cuchitril oscuro. El sonido de la voz humana, la
+luz y el rumor de la calle eran tan necesarios a su existencia como el
+aire. Cerraba, y se iba a dar conversación a las mujeres de los puestos.
+A todas las conocía, y se enteraba de lo que iban a vender y de cuanto
+ocurriera en la familia de cada una de ellas. Pertenecía, pues, Estupiñá
+a aquella raza de tenderos, de la cual quedan aún muy pocos ejemplares,
+cuyo papel en el mundo comercial parece ser la atenuación de los males
+causados por los excesos de la oferta impertinente, y disuadir al
+consumidor de la malsana inclinación a gastar el dinero. «D. Plácido,
+¿tiene usted pana azul?».--«¡Pana azul!, ¿y quién te mete a ti en esos
+lujos? Sí que la tengo; pero es cara para ti». --«Enséñemela usted... y
+a ver si me la arregla»... Entonces hacía el hombre un desmedido
+esfuerzo, como quien sacrifica al deber sus sentimientos y gustos más
+queridos, y bajaba la pieza de tela. «Vaya, aquí está la pana. Si no la
+has de comprar, si todo es gana de moler, ¿para qué quieres verla?
+¿Crees que yo no tengo nada qué hacer?».--«Lo que dije; estas mujeres
+marean a Cristo. Hay otra clase, sí señora. ¿La compras, sí o no? A
+veinte y dos reales, ni un cuarto menos».--«Pero déjela ver... ¡ay qué
+hombre! ¿Cree que me voy a comer la pieza?»... «A veinte y dos
+realetes». --«¡Ande y que lo parta un rayo!».--«Que te parta a ti, mal
+criada, respondona, tarasca...».
+
+Era muy fino con las señoras de alto copete. Su afabilidad tenía tonos
+como este: «¿La cúbica? Sí que la hay. ¿Ve usted la pieza allá arriba?
+Me parece, señora, que no es lo que usted busca... digo, me parece; no
+es que yo me quiera meter... Ahora se estilan rayaditas: de eso no
+tengo. Espero una remesa para el mes que entra. Ayer vi a las niñas con
+el Sr. D. Cándido. Vaya, que están creciditas. ¿Y cómo sigue el señor
+mayor? ¡No le he visto desde que íbamos juntos a la bóveda de San
+Ginés!»... Con este sistema de vender, a los cuatro años de comercio se
+podían contar las personas que al cabo de la semana traspasaban el
+dintel de la tienda. A los seis años no entraban allí ni las moscas.
+Estupiñá abría todas las mañanas, barría y regaba la acera, se ponía los
+manguitos verdes y se sentaba detrás del mostrador a leer el _Diario de
+Avisos_. Poco a poco iban llegando los amigos, aquellos hermanos de su
+alma, que en la soledad en que Plácido estaba le parecían algo como la
+paloma del arca, pues le traían en el pico algo más que un ramo de
+oliva, le traían la palabra, el sabrosísimo fruto y la flor de la vida,
+el alcohol del alma, con que apacentaba su vicio... Pasábanse el día
+entero contando anécdotas, comentando sucesos políticos, tratando de tú
+a Mendizábal, a Calatrava, a María Cristina y al mismo Dios, trazando
+con el dedo planes de campaña sobre el mostrador en extravagantes líneas
+tácticas; demostrando que Espartero debía ir necesariamente por aquí y
+Villarreal por allá; refiriendo también sucedidos del comercio, llegadas
+de tal o cual género; lances de Iglesia y de milicia y de mujeres y de
+la corte, con todo lo demás que cae bajo el dominio de la bachillería
+humana. A todas estas el cajón del dinero no se abría ni una sola vez,
+y a la vara de medir, sumida en plácida quietud, le faltaba poco para
+reverdecer y echar flores como la vara de San José. Y como pasaban meses
+y meses sin que se renovase el género, y allí no había más que maulas y
+vejeces, el trueno fue gordo y repentino. Un día le embargaron todo, y
+Estupiñá salió de la tienda con tanta pena como dignidad.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Aquel gran filósofo no se entregó a la desesperación. Viéronle sus
+amigos tranquilo y resignado. En su aspecto y en el reposo de su
+semblante había algo de Sócrates, admitiendo que Sócrates fuera hombre
+dispuesto a estarse siete horas seguidas con la palabra en la boca.
+Plácido había salvado el honor, que era lo importante, pagando
+religiosamente a todo el mundo con las existencias. Se había quedado con
+lo puesto y sin una mota. No salvó más mueble que la vara de medir. Era
+forzoso, pues, buscar algún modo de ganarse la vida. ¿A qué se
+dedicaría? ¿En qué ramo del comercio emplearía sus grandes dotes?
+Dándose a pensar en esto, vino a descubrir que en medio de su gran
+pobreza conservaba un capital que seguramente le envidiarían muchos: las
+relaciones. Conocía a cuantos almacenistas y tenderos había en Madrid;
+todas las puertas se le franqueaban, y en todas partes le ponían buena
+cara por su honradez, sus buenas maneras y principalmente por aquella
+bendita labia que Dios le había dado. Sus relaciones y estas aptitudes
+le sugirieron, pues, la idea de dedicarse a corredor de géneros. D.
+Baldomero Santa Cruz, el gordo Arnaiz, Bringas, Moreno, Labiano y otros
+almacenistas de paños, lienzos o novedades, le daban piezas para que las
+fuera enseñando de tienda en tienda. Ganaba el 2 por 100 de comisión por
+lo que vendía. ¡María Santísima, qué vida más deliciosa y qué bien hizo
+en adoptarla, porque cosa más adecuada a su temperamento no se podía
+imaginar! Aquel correr continuo, aquel entrar por diversas puertas,
+aquel saludar en la calle a cincuenta personas y preguntarles por la
+familia era su vida, y todo lo demás era muerte. Plácido no había nacido
+para el presidio de una tienda. Su elemento era la calle, el aire libre,
+la discusión, la contratación, el recado, ir y venir, preguntar,
+cuestionar, pasando gallardamente de la seriedad a la broma. Había
+mañana en que se echaba al coleto toda la calle de Toledo de punta a
+punta, y la Concepción Jerónima, Atocha y Carretas.
+
+Así pasaron algunos años. Como sus necesidades eran muy cortas, pues no
+tenía familia que mantener ni ningún vicio como no fuera el de gastar
+saliva, bastábale para vivir lo poco que el corretaje le daba. Además,
+muchos comerciantes ricos le protegían. Este, a lo mejor, le regalaba
+una capa; otro un corte de vestido; aquel un sombrero o bien comestibles
+y golosinas. Familias de las más empingorotadas del comercio le sentaban
+a su mesa, no sólo por amistad sino por egoísmo, pues era una diversión
+oírle contar tan diversas cosas con aquella exactitud pintoresca y aquel
+esmero de detalles que encantaba. Dos caracteres principales tenía su
+entretenida charla, y eran: que nunca se declaraba ignorante de cosa
+alguna, y que jamás habló mal de nadie. Si por acaso se dejaba decir
+alguna palabra ofensiva, era contra la Aduana; pero sin individualizar
+sus acusaciones.
+
+Porque Estupiñá, al mismo tiempo que corredor, era contrabandista. Las
+piezas de Hamburgo de 26 hilos que pasó por el portillo de Gilimón,
+valiéndose de ingeniosas mañas, no son para contadas. No había otro como
+él para atravesar de noche ciertas calles con un bulto bajo la capa,
+figurándose mendigo con un niño a cuestas. Ninguno como él poseía el
+arte de deslizar un duro en la mano del empleado fiscal, en momentos de
+peligro, y se entendía con ellos tan bien para este fregado, que las
+principales casas acudían a él para desatar sus líos con la Hacienda. No
+hay medio de escribir en el Decálogo los delitos fiscales. La moral del
+pueblo se rebelaba, más entonces que ahora, a considerar las
+defraudaciones a la Hacienda como verdaderos pecados, y conforme con
+este criterio, Estupiñá no sentía alboroto en su conciencia cuando ponía
+feliz remate a una de aquellas empresas. Según él, lo que la Hacienda
+llama suyo no es suyo, sino de la nación, es decir, de Juan Particular,
+y burlar a la Hacienda es devolver a Juan Particular lo que le
+pertenece. Esta idea, sustentada por el pueblo con turbulenta fe, ha
+tenido también sus héroes y sus mártires. Plácido la profesaba con no
+menos entusiasmo que cualquier caballista andaluz, sólo que era de
+infantería, y además no quitaba la vida a nadie. Su conciencia, envuelta
+en horrorosas nieblas tocante a lo fiscal, manifestábase pura y luminosa
+en lo referente a la propiedad privada. Era hombre que antes de guardar
+un ochavo que no fuese suyo, se habría estado callado un mes.
+
+Barbarita le quería mucho. Habíale visto en su casa desde que tuvo el
+don de ver y apreciar las cosas; conocía bien, por opinión de su padre y
+por experiencia propia, las excelentes prendas y lealtad del hablador.
+Siendo niña, Estupiñá la llevaba a la escuela de la rinconada de la
+calle Imperial, y por Navidad iba con él a ver los nacimientos y los
+puestos de la plaza de Santa Cruz. Cuando D. Bonifacio Arnaiz enfermó
+para morirse, Plácido no se separó de él ni enfermo ni difunto hasta
+que le dejó en la sepultura. En todas las penas y alegrías de la casa
+era siempre el partícipe más sincero. Su posición junto a tan noble
+familia era entre amistad y servidumbre, pues si Barbarita le sentaba a
+su mesa muchos días, los más del año empleábale en recados y comisiones
+que él sabía desempeñar con exactitud suma. Ya iba a la plaza de la
+Cebada en busca de alguna hortaliza temprana, ya a la Cava Baja a
+entenderse con los ordinarios que traían encargos, o bien a Maravillas,
+donde vivían la planchadora y la encajera de la casa. Tal ascendiente
+tenía la señora de Santa Cruz sobre aquella alma sencilla y con fe tan
+ciega la respetaba y obedecía él, que si Barbarita le hubiera dicho:
+«Plácido, hazme el favor de tirarte por el balcón a la calle», el
+infeliz no habría vacilado un momento en hacerlo.
+
+Andando los años, y cuando ya Estupiñá iba para viejo y no hacía
+corretaje ni contrabando, desempeñó en la casa de Santa Cruz un cargo
+muy delicado. Como era persona de tanta confianza y tan ciegamente
+adicto a la familia, Barbarita le confiaba a Juanito para que le llevase
+y le trajera al colegio de Massarnau, o le sacara a paseo los domingos y
+fiestas. Segura estaba la mamá de que la vigilancia de Plácido era como
+la de un padre, y bien sabía que se habría dejado matar cien veces antes
+que consentir que nadie tocase al _Delfín_ (así le solía llamar) en la
+punta del cabello. Ya era este un polluelo con ínfulas de hombre cuando
+Estupiñá le llevaba a los Toros, iniciándole en los misterios del arte,
+que se preciaba de entender como buen madrileño. El niño y el viejo se
+entusiasmaban por igual en el bárbaro y pintoresco espectáculo, y a la
+salida Plácido le contaba sus proezas taurómacas, pues también, allá en
+su mocedad, había echado sus quiebros y pases de muleta, y tenía traje
+completo con lentejuelas, y toreaba novillos por lo fino, sin olvidar
+ninguna regla... Como Juanito le manifestara deseos de ver el traje,
+contestábale Plácido que hacía muchos años su hermana la sastra (que de
+Dios gozaba) lo había convertido en túnica de un Nazareno, que está en
+la iglesia de Daganzo de Abajo.
+
+Fuera del platicar, Estupiñá no tenía ningún vicio, ni se juntó jamás
+con personas ordinarias y de baja estofa. Una sola vez en su vida tuvo
+que ver con gente de mala ralea, con motivo del bautizo del chico de un
+sobrino suyo, que estaba casado con una tablajera. Entonces le ocurrió
+un lance desagradable del cual se acordó y avergonzó toda su vida; y fue
+que el pillete del sobrinito, confabulado con sus amigotes, logró
+embriagarle, dándole subrepticiamente un Chinchón capaz de marear a una
+piedra. Fue una borrachera estúpida, la primera y última de su vida; y
+el recuerdo de la degradación de aquella noche le entristecía siempre
+que repuntaba en su memoria. ¡Infames, burlar así a quien era la misma
+sobriedad! Me le hicieron beber con engaño evidente aquellas nefandas
+copas, y después no vacilaron en escarnecerle con tanta crueldad como
+grosería. Pidiéronle que cantara la Pitita, y hay motivos para creer que
+la cantó, aunque él lo niega en redondo. En medio del desconcierto de
+sus sentidos, tuvo conciencia del estado en que le habían puesto, y el
+decoro le sugirió la idea de la fuga. Echose fuera del local pensando
+que el aire de la noche le despejaría la cabeza; pero aunque sintió
+algún alivio, sus facultades y sentidos continuaban sujetos a los más
+garrafales errores. Al llegar a la esquina de la Cava de San Miguel, vio
+al sereno; mejor dicho, lo que vio fue el farol del sereno, que andaba
+hacia la rinconada de la calle de Cuchilleros. Creyó que era el Viático,
+y arrodillándose y descubriéndose, según tenía por costumbre, rezó una
+corta oración y dijo: «¡que Dios le dé lo que mejor le convenga!». Las
+carcajadas de sus soeces burladores, que le habían seguido, le volvieron
+a su acuerdo, y conocido el error, se metió a escape en su casa, que a
+dos pasos estaba. Durmió, y al día siguiente como si tal cosa. Pero
+sentía un remordimiento vivísimo que por algún tiempo le hacía suspirar
+y quedarse meditabundo. Nada afligía tanto su honrado corazón como la
+idea de que Barbarita se enterara de aquel chasco del Viático.
+Afortunadamente, o no lo supo, o si lo supo no se dio nunca por
+entendida.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Cuando conocí personalmente a este insigne hijo de Madrid, andaba ya al
+ras con los sesenta años; pero los llevaba muy bien. Era de estatura
+menos que mediana, regordete y algo encorvado hacia adelante. Los que
+quieran conocer su rostro, miren el de Rossini, ya viejo, como nos le
+han transmitido las estampas y fotografías del gran músico, y pueden
+decir que tienen delante el divino Estupiñá. La forma de la cabeza, la
+sonrisa, el perfil sobre todo, la nariz corva, la boca hundida, los ojos
+picarescos, eran trasunto fiel de aquella hermosura un tanto burlona,
+que con la acentuación de las líneas en la vejez se aproximaba algo a la
+imagen de Polichinela. La edad iba dando al perfil de Estupiñá un cierto
+parentesco con el de las cotorras.
+
+En sus últimos tiempos, del 70 en adelante, vestía con cierta
+originalidad, no precisamente por miseria, pues los de Santa Cruz
+cuidaban de que nada le faltase, sino por espíritu de tradición, y por
+repugnancia a introducir novedades en su guardarropa. Usaba un sombrero
+chato, de copa muy baja y con las alas planas, el cual pertenecía a una
+época que se había borrado ya de la memoria de los sombreros, y una capa
+de paño verde, que no se le caía de los hombros sino en lo que va de
+Julio a Septiembre. Tenía muy poco pelo, casi se puede decir ninguno;
+pero no usaba peluca. Para librar su cabeza de las corrientes frías de
+la iglesia, llevaba en el bolsillo un gorro negro, y se lo calaba al
+entrar. Era gran madrugador, y por la mañanita con la fresca se iba a
+Santa Cruz, luego a Santo Tomás y por fin a San Ginés. Después de oír
+varias misas en cada una de estas iglesias, calado el gorro hasta las
+orejas, y de echar un parrafito con beatos o sacristanes, iba de capilla
+en capilla rezando diferentes oraciones. Al despedirse, saludaba con la
+mano a las imágenes, como se saluda a un amigo que está en el balcón, y
+luego tomaba su agua bendita, fuera gorro, y a la calle.
+
+En 1869, cuando demolieron la iglesia de Santa Cruz, Estupiñá pasó muy
+malos ratos.
+
+Ni el pájaro a quien destruyen su nido, ni el hombre a quien arrojan de
+la morada en que nació, ponen cara más afligida que la que él ponía
+viendo caer entre nubes de polvo los pedazos de cascote. Por aquello de
+ser hombre no lloraba. Barbarita, que se había criado a la sombra de la
+venerable torre, si no lloraba al ver tan sacrílego espectáculo era
+porque estaba volada, y la ira no le permitía derramar lágrimas. Ni
+acertaba a explicarse por qué decía su marido que D. Nicolás Rivero era
+una gran persona. Cuando el templo desapareció; cuando fue arrasado el
+suelo, y andando los años se edificó una casa en el sagrado solar,
+Estupiñá no se dio a partido. No era de estos caracteres acomodaticios
+que reconocen los hechos consumados. Para él la iglesia estaba siempre
+allí, y toda vez que mi hombre pasaba por el punto exacto que
+correspondía al lugar de la puerta, se persignaba y se quitaba el
+sombrero.
+
+Era Plácido hermano de la Paz y Caridad, cofradía cuyo domicilio estuvo
+en la derribada parroquia. Iba, pues, a auxiliar a los reos de muerte en
+la capilla y a darles conversación en la hora tremenda, hablándoles de
+lo tonta que es esta vida, de lo bueno que es Dios y de lo ricamente que
+iban a estar en la gloria. ¡Qué sería de los pobrecitos reos si no
+tuvieran quien les diera un poco de jarabe de pico antes de entregar su
+cuello al verdugo!
+
+A las diez de la mañana concluía Estupiñá invariablemente lo que
+podríamos llamar su jornada religiosa. Pasada aquella hora, desaparecía
+de su rostro rossiniano la seriedad tétrica que en la iglesia tenía, y
+volvía a ser el hombre afable, locuaz y ameno de las tertulias de
+tienda. Almorzaba en casa de Santa Cruz o de Villuendas o de Arnaiz, y
+si Barbarita no tenía nada que mandarle, emprendía su tarea para
+_defender el garbanzo_, pues siempre hacía el papel de que trabajaba
+como un negro. Su afectada ocupación en tal época era el corretaje de
+dependientes, y fingía que los colocaba mediante un estipendio. Algo
+hacía en verdad, mas era en gran parte pura farsa; y cuando le
+preguntaban si iban bien los negocios, respondía en el tono de
+comerciante ladino que no quiere dejar clarear sus pingües ganancias:
+«Hombre, nos vamos defendiendo; no hay queja... Este mes he colocado lo
+menos treinta chicos... como no hayan sido cuarenta...».
+
+Vivía Plácido en la Cava de San Miguel. Su casa era una de las que
+forman el costado occidental de la Plaza Mayor, y como el basamento de
+ellas está mucho más bajo que el suelo de la Plaza, tienen una altura
+imponente y una estribación formidable, a modo de fortaleza. El piso en
+que el tal vivía era cuarto por la Plaza y por la Cava séptimo. No
+existen en Madrid alturas mayores, y para vencer aquellas era forzoso
+apechugar con ciento veinte escalones, _todos de piedra_, como decía
+Plácido con orgullo, no pudiendo ponderar otra cosa de su domicilio. El
+ser _todas de piedra_, desde la Cava hasta las bohardillas, da a las
+escaleras de aquellas casas un aspecto lúgubre y monumental, como de
+castillo de leyendas, y Estupiñá no podía olvidar esta circunstancia que
+le hacía interesante en cierto modo, pues no es lo mismo subir a su
+casa por una escalera como las del Escorial, que subir por viles
+peldaños de palo, como cada hijo de vecino.
+
+El orgullo de trepar por aquellas gastadas berroqueñas no excluía lo
+fatigoso del tránsito, por lo que mi amigo supo explotar sus buenas
+relaciones para abreviarlo. El dueño de una zapatería de la Plaza,
+llamado Dámaso Trujillo, le permitía entrar por su tienda, cuyo rótulo
+era _Al ramo de azucenas_. Tenía puerta para la escalera de la Cava, y
+usando esta puerta Plácido se ahorraba treinta escalones.
+
+El domicilio del hablador era un misterio para todo el mundo, pues nadie
+había ido nunca a verle, por la sencilla razón de que D. Plácido no
+estaba en su casa sino cuando dormía. Jamás había tenido enfermedad que
+le impidiera salir durante el día. Era el hombre más sano del mundo.
+Pero la vejez no había de desmentirse, y un día de Diciembre del 69 fue
+notada la falta del grande hombre en los círculos a donde solía ir.
+Pronto corrió la voz de que estaba malo, y cuantos le conocían sintieron
+vivísimo interés por él. Muchos dependientes de tiendas se lanzaron por
+aquellos escalones de piedra en busca de noticias del simpático enfermo,
+que padecía de un reuma agudo en la pierna derecha. Barbarita le mandó
+en seguida su médico, y no satisfecha con esto, ordenó a Juanito que
+fuese a visitarle, lo que el Delfín hizo de muy buen grado.
+
+Y sale a relucir aquí la visita del Delfín al anciano servidor y amigo
+de su casa, porque si Juanito Santa Cruz no hubiera hecho aquella
+visita, esta historia no se habría escrito. Se hubiera escrito otra, eso
+sí, porque por do quiera que el hombre vaya lleva consigo su novela;
+pero esta no.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Juanito reconoció el número 11 en la puerta de una tienda de aves y
+huevos. Por allí se había de entrar sin duda, pisando plumas y
+aplastando cascarones. Preguntó a dos mujeres que pelaban gallinas y
+pollos, y le contestaron, señalando una mampara, que aquella era la
+entrada de la escalera del 11. Portal y tienda eran una misma cosa en
+aquel edificio característico del Madrid primitivo. Y entonces se
+explicó Juanito por qué llevaba muchos días Estupiñá, pegadas a las
+botas, plumas de diferentes aves. Las cogía al salir, como las había
+cogido él, por más cuidado que tuvo de evitar al paso los sitios en que
+había plumas y algo de sangre. Daba dolor ver las anatomías de aquellos
+pobres animales, que apenas desplumados eran suspendidos por la cabeza,
+conservando la cola como un sarcasmo de su mísero destino. A la
+izquierda de la entrada vio el Delfín cajones llenos de huevos, acopio
+de aquel comercio. La voracidad del hombre no tiene límites, y sacrifica
+a su apetito no sólo las presentes sino las futuras generaciones
+gallináceas. A la derecha, en la prolongación de aquella cuadra lóbrega,
+un sicario manchado de sangre daba garrote a las aves. Retorcía los
+pescuezos con esa presteza y donaire que da el hábito, y apenas soltaba
+una víctima y la entregaba agonizante a las desplumadoras, cogía otra
+para hacerle la misma caricia. Jaulones enormes había por todas partes,
+llenos de pollos y gallos, los cuales asomaban la cabeza roja por entre
+las cañas, sedientos y fatigados, para respirar un poco de aire, y aun
+allí los infelices presos se daban de picotazos por aquello de _si tú
+sacaste más pico que yo... si ahora me toca a mí sacar todo el
+pescuezo_.
+
+Habiendo apreciado este espectáculo poco grato, el olor de corral que
+allí había, y el ruido de alas, picotazos y cacareo de tanta víctima,
+Juanito la emprendió con los famosos peldaños de granito, negros ya y
+gastados. Efectivamente, parecía la subida a un castillo o prisión de
+Estado. El paramento era de fábrica cubierta de yeso y este de rayas e
+inscripciones soeces o tontas. Por la parte más próxima a la calle,
+fuertes rejas de hierro completaban el aspecto feudal del edificio. Al
+pasar junto a la puerta de una de las habitaciones del entresuelo,
+Juanito la vio abierta y, lo que es natural, miró hacia dentro, pues
+todos los accidentes de aquel recinto despertaban en sumo grado su
+curiosidad. Pensó no ver nada y vio algo que de pronto le impresionó,
+una mujer bonita, joven, alta... Parecía estar en acecho, movida de una
+curiosidad semejante a la de Santa Cruz, deseando saber quién demonios
+subía a tales horas por aquella endiablada escalera. La moza tenía
+pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el
+momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese
+característico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las
+madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les
+da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca
+para volver luego a su volumen natural.
+
+Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que
+era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas
+con ella.
+
+--¿Vive aquí--le preguntó--el Sr. de Estupiñá?
+
+--¿D. Plácido?... en lo _más último de arriba_ --contestó la joven,
+dando algunos pasos hacia fuera.
+
+Y Juanito pensó: «Tú sales para que te vea el pie. Buena bota»...
+Pensando esto, advirtió que la muchacha sacaba del mantón una mano con
+mitón encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se
+desbordaba del pecho del joven Santa Cruz, y no pudo menos de decir:
+
+--¿Qué come usted, criatura?
+
+--¿No lo ve usted? --replicó mostrándoselo--Un huevo.
+
+--¡Un huevo crudo! Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por
+segunda vez el huevo roto y se atizó otro sorbo.
+
+--No sé cómo puede usted comer esas babas crudas--dijo Santa Cruz, no
+hallando mejor modo de trabar conversación.
+
+--Mejor que guisadas. ¿Quiere usted?--replicó ella ofreciendo al Delfín
+lo que en el cascarón quedaba.
+
+Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas gelatinosas
+y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta; pero no;
+le repugnaban los huevos crudos.
+
+--No, gracias. Ella entonces se lo acabó de sorber, y arrojó el
+cascarón, que fue a estrellarse contra la pared del tramo inferior.
+Estaba limpiándose los dedos con el pañuelo, y Juanito discurriendo por
+dónde pegaría la hebra, cuando sonó abajo una voz terrible que dijo:
+_¡Fortunaaá!_ Entonces la chica se inclinó en el pasamanos y soltó un
+_yia voy_ con chillido tan penetrante que Juanito creyó se le desgarraba
+el tímpano. El _yia_ principalmente sonó como la vibración agudísima de
+una hoja de acero al deslizarse sobre otra. Y al soltar aquel sonido,
+digno canto de tal ave, la moza se arrojó con tanta presteza por las
+escaleras abajo, que parecía rodar por ellas. Juanito la vio
+desaparecer, oía el ruido de su ropa azotando los peldaños de piedra y
+creyó que se mataba. Todo quedó al fin en silencio, y de nuevo emprendió
+el joven su ascensión penosa. En la escalera no volvió a encontrar a
+nadie, ni una mosca siquiera, ni oyó más ruido que el de sus propios
+pasos.
+
+Cuando Estupiñá le vio entrar sintió tanta alegría, que a punto estuvo
+de ponerse bueno instantáneamente por la sola virtud del contento. No
+estaba el hablador en la cama sino en un sillón, porque el lecho le
+hastiaba, y la mitad inferior de su cuerpo no se veía porque estaba
+liado como las momias, y envuelto en mantas y trapos diferentes. Cubría
+su cabeza, orejas inclusive, el gorro negro de punto que usaba dentro de
+la iglesia. Más que los dolores reumáticos molestaba al enfermo el no
+tener con quién hablar, pues la mujer que le servía, una tal doña
+Brígida, patrona o ama de llaves, era muy displicente y de pocas
+palabras. No poseía Estupiñá ningún libro, pues no necesitaba de ellos
+para instruirse. Su biblioteca era la sociedad y sus textos las palabras
+calentitas de los vivos. Su ciencia era su fe religiosa, y ni para rezar
+necesitaba breviarios ni florilogios, pues todas las oraciones las
+sabía de memoria. Lo impreso era para él música, garabatos que no sirven
+de nada. Uno de los hombres que menos admiraba Plácido era Guttenberg.
+Pero el aburrimiento de su enfermedad le hizo desear la compañía de
+alguno de estos habladores mudos que llamamos libros. Busca por aquí,
+busca por allá, y no se encontraba cosa impresa. Por fin, en polvoriento
+arcón halló doña Brígida un mamotreto perteneciente a un exclaustrado
+que moró en la misma casa allá por el año 40. Abriolo Estupiñá con
+respeto, ¿y qué era? El tomo undécimo del _Boletín Eclesiástico de la
+Diócesis de Lugo_. Apechugó, pues, con aquello, pues no había otra cosa.
+Y se lo atizó todo, de cabo a rabo, sin omitir letra, articulando
+correctamente las sílabas en voz baja a estilo de rezo. Ningún tropiezo
+le detenía en su lectura, pues cuando le salía al encuentro un latín
+largo y oscuro, le metía el diente sin vacilar. Las pastorales,
+sinodales, bulas y demás entretenidas cosas que el libro traía, fueron
+el único remedio de su soledad triste, y lo mejor del caso es que llegó
+a tomar el gusto a manjar tan desabrido, y algunos párrafos se los
+echaba al coleto dos veces, masticando las palabras con una sonrisa, que
+a cualquier observador mal enterado le habría hecho creer que el tomazo
+era de Paul de Kock.
+
+«Es cosa muy buena» dijo Estupiñá, guardando el libro al ver que Juanito
+se reía.
+
+Y estaba tan agradecido a la visita del Delfín, que no hacía más que
+mirarle recreándose en su guapeza, en su juventud y elegancia. Si
+hubiera sido veinte veces hijo suyo, no le habría contemplado con más
+amor. Dábale palmadas en la rodilla, y le interrogaba prolijamente por
+todos los de la familia, desde Barbarita, que era el número uno, hasta
+el gato. El Delfín, después de satisfacer la curiosidad de su amigo,
+hízole a su vez preguntas acerca de la vecindad de aquella casa en que
+estaba. «Buena gente--respondió Estupiñá--; sólo hay unos inquilinos que
+alborotan algo por las noches. La finca pertenece al Sr. de Moreno Isla,
+y puede que se la administre yo desde el año que viene. Él lo desea; ya
+me habló de ello tu mamá, y he respondido que estoy a sus órdenes...
+Buena finca; con un cimiento de pedernal que es una gloria... escalera
+de piedra, ya habrás visto; sólo que es un poquito larga. Cuando
+vuelvas, si quieres acortar treinta escalones, entras por el _Ramo de
+azucenas_, la zapatería que está en la Plaza. Tú conoces a Dámaso
+Trujillo. Y si no le conoces, con decir: «voy a ver a Plácido» te dejará
+pasar.
+
+Estupiñá siguió aún más de una semana sin salir de casa, y el Delfín iba
+todos los días a verle ¡todos los días!, con lo que estaba mi hombre
+más contento que unas Pascuas, pero en vez de entrar por la zapatería,
+Juanito, a quien sin duda no cansaba la escalera, entraba siempre por el
+establecimiento de huevos de la Cava.
+
+
+
+
+-IV-
+
+Perdición y salvamento del Delfín
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Pasados algunos días, cuando ya Estupiñá andaba por ahí restablecido
+aunque algo cojo, Barbarita empezó a notar en su hijo inclinaciones
+nuevas y algunas mañas que le desagradaron. Observó que el Delfín, cuya
+edad se aproximaba a los veinticinco años, tenía horas de infantil
+alegría y días de tristeza y recogimiento sombríos. Y no pararon aquí
+las novedades. La perspicacia de la madre creyó descubrir un notable
+cambio en las costumbres y en las compañías del joven fuera de casa, y
+lo descubrió con datos observados en ciertas inflexiones muy
+particulares de su voz y lenguaje. Daba a la _elle_ el tono arrastrado
+que la gente baja da a la _y_ consonante; y se le habían pegado modismos
+pintorescos y expresiones groseras que a la mamá no le hacían maldita
+gracia. Habría dado cualquier cosa por poder seguirle de noche y ver con
+qué casta de gente se juntaba. Que esta no era fina, a la legua se
+conocía.
+
+Y lo que Barbarita no dudaba en calificar de encanallamiento, empezó a
+manifestarse en el vestido. El Delfín se encajó una capa de esclavina
+corta con mucho ribete, mucha trencilla y pasamanería. Poníase por las
+noches el sombrerito pavero, que, a la verdad, le caía muy bien, y se
+peinaba con los mechones ahuecados sobre las sienes. Un día se presentó
+en la casa un sastre con facha de sacristán, que era de los que hacen
+ropa ajustada para toreros, chulos y matachines; pero doña Bárbara no le
+dejó sacar la cinta de medir, y poco faltó para que el pobre hombre
+fuera rodando por las escaleras. «¿Es posible--dijo a su niño, sin
+disimular la ira--, que se te antoje también ponerte esos pantalones
+ajustados con los cuales las piernas de los hombres parecen zancas de
+cigüeña?». Y una vez roto el fuego, rompió la señora en acusaciones
+contra su hijo por aquellas maneras nuevas de hablar y de vestir. Él se
+reía, buscando medios de eludir la cuestión; pero la inflexible mamá le
+cortaba la retirada con preguntas contundentes. ¿A dónde iba por las
+noches? ¿Quiénes eran sus amigos? Respondía él que los de siempre, lo
+cual no era verdad, pues salvo Villalonga, que salía con él muy puesto
+también de capita corta y pavero, los antiguos condiscípulos no
+aportaban ya por la casa. Y Barbarita citaba a Zalamero, a Pez, al chico
+de Tellería. ¿Cómo no hacer comparaciones? Zalamero, a los veintisiete
+años, era ya diputado y subsecretario de Gobernación, y se decía que
+Rivero quería dar a Joaquinito Pez un Gobierno de provincia. Gustavito
+hacía cada artículo de crítica y cada estudio sobre los Orígenes de tal
+o cual cosa, que era una bendición, y en tanto él y Villalonga ¿en qué
+pasaban el tiempo?, ¿en qué?, en adquirir hábitos ordinarios y en
+tratarse con zánganos de coleta. A mayor abundamiento, en aquella época
+del 70 se le desarrolló de tal modo al Delfín la afición a los toros,
+que no perdía corrida, ni dejaba de ir al apartado ningún día y a veces
+se plantaba en la dehesa. Doña Bárbara vivía en la mayor intranquilidad,
+y cuando alguien le contaba que había visto a su ídolo en compañía de un
+individuo del arte del cuerno, se subía a la parra y... «Mira, Juan,
+creo que tú y yo vamos a perder las amistades. Como me traigas a casa a
+uno de esos tagarotes de calzón ajustado, chaqueta corta y botita de
+caña clara, te pego, sí, hago lo que no he hecho nunca, cojo una escoba
+y ambos salís de aquí pitando»... Estos furores solían concluir con
+risas, besos, promesas de enmienda y reconciliaciones cariñosas, porque
+Juanito se pintaba solo para desenojar a su mamá.
+
+Como supiera un día la dama que su hijo frecuentaba los barrios de
+Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel, encargó a
+Estupiñá que vigilase, y este lo hizo con muy buena voluntad llevándole
+cuentos, dichos en voz baja y melodramática: «Anoche cenó en la
+pastelería del sobrino de Botín, en la calle de Cuchilleros... ¿sabe la
+señora? También estaba el Sr. de Villalonga y otro que no conozco, un
+tipo así... ¿cómo diré?, de estos de sombrero redondo y capa con
+esclavina ribeteada. Lo mismo puede pasar por un _randa_ que por un
+señorito disfrazado».
+
+--¿Mujeres...?--preguntó con ansiedad Barbarita.
+
+--Dos, señora, dos--dijo Plácido corroborando con igual número de dedos
+muy estirados lo que la voz denunciaba--. No les pude ver las estampas.
+Eran de estas de mantón pardo, delantal azul, buena bota y pañuelo a la
+cabeza... en fin, un par de reses muy bravas.
+
+A la semana siguiente, otra delación:
+
+«Señora, señora...».
+
+--¿Qué? --Ayer y anteayer entró el niño en una tienda de la Concepción
+Jerónima, donde venden filigranas y corales de los que usan las amas de
+cría...
+
+--¿Y qué? --Que pasa allí largas horas de la tarde y de la noche. Lo sé
+por Pepe Vallejo, el de la cordelería de enfrente, a quien he encargado
+que esté con mucho ojo.
+
+--¿Tienda de filigranas y de corales?
+
+--Sí, señora; una de estas platerías de puntapié, que todo lo que tienen
+no vale seis duros.
+
+No la conozco; se ha puesto hace poco; pero yo me enteraré. Aspecto de
+pobreza. Se entra por una puerta vidriera que también es entrada del
+portal, y en el vidrio han puesto un letrero que dice: _Especialidad en
+regalos para amas_... Antes estaba allí un relojero llamado Bravo, que
+murió de miserere.
+
+De pronto los cuentos de Estupiñá cesaron. A Barbarita todo se le volvía
+preguntar y más preguntar, y el dichoso hablador no sabía nada. Y
+cuidado que tenía mérito la discreción de aquel hombre, porque era el
+mayor de los sacrificios; para él equivalía a cortarse la lengua el
+tener que decir: «no sé nada, absolutamente nada». A veces parecía que
+sus insignificantes e inseguras revelaciones querían ocultar la verdad
+antes que esclarecerla. «Pues nada, señora; he visto a Juanito en un
+simón, solo, por la Puerta del Sol... digo... por la Plaza del Ángel...
+Iba con Villalonga... se reían mucho los dos... de algo que les hacía
+gracia...». Y todas las denuncias eran como estas, bobadas,
+subterfugios, evasivas... Una de dos: o Estupiñá no sabía nada, o si
+sabía no quería decirlo por no disgustar a la señora.
+
+Diez meses pasaron de esta manera, Barbarita interrogando a Estupiñá, y
+este no queriendo o no teniendo qué responder, hasta que allá por Mayo
+del 70, Juanito empezó a abandonar aquellos mismos hábitos groseros que
+tanto disgustaban a su madre. Esta, que lo observaba atentísimamente,
+notó los síntomas del lento y feliz cambio en multitud de accidentes de
+la vida del joven. Cuánto se regocijaba la señora con esto, no hay para
+qué decirlo. Y aunque todo ello era inexplicable llegó un momento en que
+Barbarita dejó de ser curiosa, y no le importaba nada ignorar los
+desvaríos de su hijo con tal que se reformase. Lentamente, pues,
+recobraba el Delfín su personalidad normal. Después de una noche que
+entró tarde y muy sofocado, y tuvo cefalalgia y vómitos, la mudanza
+pareció más acentuada. La mamá entreveía en aquella ignorada página de
+la existencia de su heredero, amores un tanto libertinos, orgías de mal
+gusto, bromas y riñas quizás; pero todo lo perdonaba, todo, todito, con
+tal que aquel trastorno pasase, como pasan las indispensables crisis de
+las edades. «Es un sarampión de que no se libra ningún muchacho de estos
+tiempos--decía--. Ya sale el mío de él, y Dios quiera que salga en bien.
+
+Notó también que el Delfín se preocupaba mucho de ciertos recados o
+esquelitas que a la casa traían para él, mostrándose más bien temeroso
+de recibirlos que deseoso de ellos. A menudo daba a los criados orden de
+que le negaran y de que no se admitiera carta ni recado. Estaba algo
+inquieto, y su mamá se dijo gozosa: «Persecución tenemos; pero él parece
+querer cortar toda clase de comunicaciones. Esto va bien». Hablando de
+esto con su marido, D. Baldomero, en quien lo progresista no quitaba lo
+autoritario (emblema de los tiempos), propuso un plan defensivo que
+mereció la aprobación de ella. «Mira, hija, lo mejor es que yo hable hoy
+mismo con el Gobernador, que es amigo nuestro. Nos mandará acá una
+pareja de orden público, y en cuanto llegue hombre o mujer de malas
+trazas con papel o recadito, me lo trincan, y al Saladero de cabeza».
+
+Mejor que este plan era el que se le había ocurrido a la señora. Tenían
+tomada casa en Plencia para pasar la temporada de verano, fijando la
+fecha de la marcha para el 8 o el 10 de Julio. Pero Barbarita, con
+aquella seguridad del talento superior que en un punto inicia y ejecuta
+las resoluciones salvadoras, se encaró con Juanito, y de buenas a
+primeras le dijo: «Mañana mismo nos vamos a Plencia».
+
+Y al decirlo se fijó en la cara que puso. Lo primero que expresó el
+Delfín fue alegría. Después se quedó pensativo. «Pero deme usted dos o
+tres días. Tengo que arreglar varios asuntos...».
+
+--¿Qué asuntos tienes tú, hijo? Música, música. Y en caso de que tengas
+alguno, créeme, vale más que lo dejes como está.
+
+Dicho y hecho. Padres e hijo salieron para el Norte el día de San Pedro.
+Barbarita iba muy contenta, juzgándose ya vencedora, y se decía por el
+camino: «Ahora le voy a poner a mi pollo una calza para que no se me
+escape más». Instaláronse en su residencia de verano, que era como un
+palacio, y no hay palabras con qué ponderar lo contentos y saludables
+que todos estaban. El Delfín, que fue desmejoradillo, no tardó en
+reponerse, recobrando su buen color, su palabra jovial y la plenitud de
+sus carnes. La mamá se la tenía guardada. Esperaba ocasión propicia, y
+en cuanto esta llegó supo acometer la empresa aquella de la calza, como
+persona lista y conocedora de las mañas del ave que era preciso
+aprisionar. Dios la ayudaba sin duda, porque el pollo no parecía muy
+dispuesto a la resistencia.
+
+«Pues sí--dijo ella, después de una conversación preparada con gracia--.
+Es preciso que te cases. Ya te tengo la mujer buscada. Eres un
+chiquillo, y a ti hay que dártelo todo hecho. ¡Qué será de ti el día en
+que yo te falte! Por eso quiero dejarte en buenas manos... No te rías,
+no; es la verdad, yo tengo que cuidar de todo, lo mismo de pegarte el
+botón que se te ha caído, que de elegirte la que ha de ser compañera de
+toda tu vida, la que te ha de mimar cuando yo me muera. ¿A ti te cabe en
+la cabeza que pueda yo proponerte nada que no te convenga?... No. Pues a
+callar, y pon tu porvenir en mis manos. No sé qué instinto tenemos las
+madres, algunas quiero decir. En ciertos casos no nos equivocamos; somos
+infalibles como el Papa».
+
+La esposa que Barbarita proponía a su hijo era Jacinta, su prima, la
+tercera de las hijas de Gumersindo Arnaiz. ¡Y qué casualidad! Al día
+siguiente de la conferencia citada, llegaban a Plencia y se instalaban
+en una casita modesta, Gumersindo e Isabel Cordero con toda su caterva
+menuda. Candelaria no salía de Madrid, y Benigna había ido a Laredo.
+
+Juan no dijo que sí ni que no. Limitose a responder por fórmula que lo
+pensaría; pero una voz de su alma le declaraba que aquella gran mujer y
+madre tenía tratos con el Espíritu Santo, y que su proyecto era un
+verdadero caso de infalibilidad.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Porque Jacinta era una chica de prendas excelentes, modestita, delicada,
+cariñosa y además muy bonita. Sus lindos ojos estaban ya declarando la
+sazón de su alma o el punto en que tocan a enamorarse y enamorar.
+Barbarita quería mucho a todas sus sobrinas; pero a Jacinta la adoraba;
+teníala casi siempre consigo y derramaba sobre ella mil atenciones y
+miramientos, sin que nadie, ni aun la propia madre de Jacinta, pudiera
+sospechar que la criaba para nuera. Toda la parentela suponía que los
+señores de Santa Cruz tenían puestas sus miras en alguna de las chicas
+de Casa-Muñoz, de Casa-Trujillo o de otra familia rica y titulada.
+Pero Barbarita no pensaba en tal cosa. Cuando reveló sus planes a D.
+Baldomero, este sintió regocijo, pues también a él se le había ocurrido
+lo mismo.
+
+Ya dije que el Delfín prometió pensarlo; mas esto significaba sin duda
+la necesidad que todos sentimos de no aparecer sin voluntad propia en
+los casos graves; en otros términos, su amor propio, que le gobernaba
+más que la conciencia, le exigía, ya que no una elección libre, el
+simulacro de ella. Por eso Juanito no sólo lo decía, sino que parecía
+como que pensaba, yéndose a pasear solo por aquellos peñascales, y se
+engañaba a sí mismo diciéndose: «¡qué pensativo estoy!». Porque estas
+cosas son muy serias, ¡vaya!, y hay que revolverlas mucho en el magín.
+Lo que hacía el muy farsante era saborear de antemano lo que se le
+aproximaba y ver de qué manera decía a su madre con el aire más grave y
+filosófico del mundo: «Mamá, he meditado profundísimamente sobre este
+problema, pesando con escrúpulo las ventajas y los inconvenientes, y la
+verdad, aunque el caso tiene sus más y sus menos, aquí me tiene usted
+dispuesto a complacerla».
+
+Todo esto era comedia, y querer echárselas de hombre reflexivo. Su madre
+había recobrado sobre él aquel ascendiente omnímodo que tuvo antes de
+las trapisondas que apuntadas quedan, y como el hijo pródigo a quien los
+reveses hacen ver cuánto le daña el obrar y pensar por cuenta propia,
+descansaba de sus funestas aventuras pensando y obrando con la cabeza y
+la voluntad de su madre.
+
+Lo peor del caso era que nunca le había pasado por las mientes casarse
+con Jacinta, a quien siempre miró más como hermana que como prima.
+Siendo ambos de muy corta edad (ella tenía un año y meses menos que él)
+habían dormido juntos, y habían derramado lágrimas y acusádose
+mutuamente por haber secuestrado él las muñecas de ella, y haber ella
+arrojado a la lumbre, para que se derritieran, los soldaditos de él.
+Juan la hacía rabiar, descomponiéndole la casa de muñecas, ¡anda!, y
+Jacinta se vengaba arrojando en su barreño de agua los caballos de Juan
+para que se ahogaran... ¡anda! Por un rey mago, negro por más señas,
+hubo unos dramas que acabaron en leña por partida doble, es decir, que
+Barbarita azotaba alternadamente uno y otro par de nalgas como el que
+toca los timbales; y todo porque Jacinta le había cortado la cola al
+camello del rey negro; cola de cerda, no vayan a creer... «Envidiosa».
+«Acusón»... Ya tenían ambos la edad en que un misterioso respeto les
+prohibía darse besos, y se trataban con vivo cariño fraternal. Jacinta
+iba todos los martes y viernes a pasar el día entero en casa de
+Barbarita, y esta no tenía inconveniente en dejar solos largos ratos a
+su hijo y a su sobrina; porque si cada cual en sí tenía el desarrollo
+moral que era propio de sus veinte años, uno frente a otro continuaban
+en la _edad del pavo_, muy lejos de sospechar que su destino les
+aproximaría cuando menos lo pensasen.
+
+El paso de esta situación fraternal a la de amantes no le parecía al
+joven Santa Cruz cosa fácil. Él, que tan atrevido era lejos del hogar
+paterno, sentíase acobardado delante de aquella flor criada en su
+propia casa, y tenía por imposible que las cunitas de ambos, reunidas,
+se convirtieran en tálamo. Mas para todo hay remedio menos para la
+muerte, y Juanito vio con asombro, a poco de intentar la metamorfosis,
+que las dificultades se desleían como la sal en el agua; que lo que a él
+le parecía montaña era como la palma de la mano, y que el tránsito de la
+fraternidad al enamoramiento se hacía _como una seda_. La primita,
+haciéndose también la sorprendida en los primeros momentos y aun la
+vergonzosa, dijo también que aquello debía pensarse. Hay motivos para
+creer que Barbarita se lo había hecho pensar ya. Sea lo que quiera, ello
+es que a los cuatro días de romperse el hielo ya no había que enseñarles
+nada de noviazgo. Creeríase que no habían hecho en su vida otra cosa más
+que estar picoteando todo el santo día. El país y el ambiente eran
+propicios a esta vida nueva. Rocas formidables, olas, playa con
+caracolitos, praderas verdes, setos, callejas llenas de arbustos,
+helechos y líquenes, veredas cuyo término no se sabía, caseríos rústicos
+que al caer de la tarde despedían de sus abollados techos humaredas
+azules, celajes grises, rayos de sol dorando la arena, velas de
+pescadores cruzando la inmensidad del mar, ya azul, ya verdoso, terso un
+día, otro aborregado, un vapor en el horizonte tiznando el cielo con su
+humo, un aguacero en la montaña y otros accidentes de aquel admirable
+fondo poético, favorecían a los amantes, dándoles a cada momento un
+ejemplo nuevo para aquella gran ley de la Naturaleza que estaban
+cumpliendo.
+
+Jacinta era de estatura mediana, con más gracia que belleza, lo que se
+llama en lenguaje corriente una mujer _mona_. Su tez finísima y sus ojos
+que despedían alegría y sentimiento componían un rostro sumamente
+agradable. Y hablando, sus atractivos eran mayores que cuando estaba
+callada, a causa de la movilidad de su rostro y de la expresión
+variadísima que sabía poner en él. La estrechez relativa en que vivía la
+numerosa familia de Arnaiz, no le permitía variar sus galas; pero sabía
+triunfar del amaneramiento con el arte, y cualquier perifollo anunciaba
+en ella una mujer que, si lo quería, estaba llamada a ser elegantísima.
+Luego veremos. Por su talle delicado y su figura y cara porcelanescas,
+revelaba ser una de esas hermosuras a quienes la Naturaleza concede poco
+tiempo de esplendor, y que se ajan pronto, en cuanto les toca la primera
+pena de la vida o la maternidad.
+
+Barbarita, que la había criado, conocía bien sus notables prendas
+morales, los tesoros de su corazón amante, que pagaba siempre con creces
+el cariño que se le tenía, y por todo esto se enorgullecía de su
+elección. Hasta que ciertas tenacidades de carácter que en la niñez eran
+un defecto, agradábanle cuando Jacinta fue mujer porque no es bueno que
+las hembras sean todas miel, y conviene que guarden una reserva de
+energía para ciertas ocasiones difíciles.
+
+La noticia del matrimonio de Juanito cayó en la familia Arnaiz como una
+bomba que revienta y esparce, no desastres y muertes, sino esperanza y
+dichas. Porque hay que tener en cuenta que el Delfín, por su fortuna,
+por sus prendas, por su talento, era considerado como un ser bajado del
+cielo. Gumersindo Arnaiz no sabía lo que le pasaba; lo estaba viendo y
+aún le parecía mentira; y siendo el amartelamiento de los novios
+bastante empalagoso, a él le parecía que todavía se quedaban cortos y
+que debían entortolarse mucho más. Isabel era tan feliz que, de vuelta
+ya en Madrid, decía que le iba a dar algo, y que seguramente su
+empobrecida naturaleza no podría soportar tanta felicidad. Aquel
+matrimonio había sido la ilusión de su vida durante los últimos años,
+ilusión que por lo muy hermosa no encajaba en la realidad. No se había
+atrevido nunca a hablar de esto a su cuñada, por temor de parecer
+excesivamente ambiciosa y atrevida.
+
+Faltábale tiempo a la buena señora para dar parte a sus amigas del feliz
+suceso; no sabía hablar de otra cosa, y aunque desmadejada ya y sin
+fuerzas a causa del trabajo y de los alumbramientos, cobraba nuevos
+bríos para entregarse con delirante actividad a los preparativos de
+boda, al equipo y demás cosas. ¡Qué proyectos hacía, qué cosas
+inventaba, qué previsión la suya! Pero en medio de su inmensa tarea, no
+cesaba de tener corazonadas pesimistas, y exclamaba con tristeza: «¡Si
+me parece mentira!... ¡Si yo no he de verlo!...». Y este presentimiento,
+por ser de cosa mala, vino a cumplirse al cabo, porque la alegría
+inquieta fue como una combustión oculta que devoró la poca vida que allí
+quedaba. Una mañana de los últimos días de Diciembre, Isabel Cordero,
+hallándose en el comedor de su casa, cayó redonda al suelo como herida
+de un rayo. Acometida de violentísimo ataque cerebral, falleció aquella
+misma noche, rodeada de su marido y de sus consternados y amantes hijos.
+No recobró el conocimiento después del ataque, no dijo esta boca es mía,
+ni se quejó. Su muerte fue de esas que vulgarmente se comparan a la de
+_un pajarito_. Decían los vecinos y amigos que había _reventado de
+gusto_. Aquella gran mujer, heroína y mártir del deber, autora de diez y
+siete españoles, se embriagó de felicidad sólo con el olor de ella, y
+sucumbió a su primera embriaguez. En su muerte la perseguían las fechas
+célebres, como la habían perseguido en sus partos, cual si la historia
+la rondara deseando tener algo que ver con ella. Isabel Cordero y D.
+Juan Prim expiraron con pocas horas de diferencia.
+
+
+
+
+-V-
+
+Viaje de novios
+
+
+
+
+--i--
+
+
+La boda se verificó en Mayo del 71. Dijo D. Baldomero con muy buen
+juicio que pues era costumbre que se largaran los novios, acabadita de
+recibir la bendición, a correrla por esos mundos, no comprendía fuese de
+rigor el paseo por Francia o por Italia, habiendo en España tantos
+lugares dignos de ser vistos. Él y Barbarita no habían ido ni siquiera a
+Chamberí, porque en su tiempo los novios se quedaban donde estaban, y el
+único español que se permitía viajar era el duque de Osuna, D. Pedro.
+¡Qué diferencia de tiempos!... Y ahora, hasta Periquillo Redondo, el que
+tiene el bazar de corbatas al aire libre en la esquina de la casa de
+Correos había hecho su viajecito a París... Juanito se manifestó
+enteramente conforme con su papá, y recibida la bendición nupcial,
+verificado el almuerzo en familia sin aparato alguno a causa del luto,
+sin ninguna cosa notable como no fuera un conato de brindis de Estupiñá,
+cuya boca tapó Barbarita a la primera palabra; dadas las despedidas, con
+sus lágrimas y besuqueos correspondientes, marido y mujer se fueron a la
+estación. La primera etapa de su viaje fue Burgos, a donde llegaron a
+las tres de la mañana, felices y locuaces, riéndose de todo, del frío y
+de la oscuridad. En el alma de Jacinta, no obstante, las alegrías no
+excluían un cierto miedo, que a veces era terror. El ruido del ómnibus
+sobre el desigual piso de las calles, la subida a la fonda por angosta
+escalera, el aposento y sus muebles de mal gusto, mezcla de desechos de
+ciudad y de lujos de aldea, aumentaron aquel frío invencible y aquella
+pavorosa expectación que la hacían estremecer. ¡Y tantísimo como quería
+a su marido!... ¿Cómo compaginar dos deseos tan diferentes; que su
+marido se apartase de ella y que estuviese cerca? Porque la idea de que
+se pudiera ir, dejándola sola, era como la muerte, y la de que se
+acercaba y la cogía en brazos con apasionado atrevimiento, también la
+ponía temblorosa y asustada. Habría deseado que no se apartara de ella,
+pero que se estuviera quietecito.
+
+Al día siguiente, cuando fueron a la catedral, ya bastante tarde, sabía
+Jacinta una porción de expresiones cariñosas y de íntima confianza de
+amor que hasta entonces no había pronunciado nunca, como no fuera en la
+vaguedad discreta del pensamiento que recela descubrirse a sí mismo. No
+le causaba vergüenza el decirle al otro que le idolatraba, así, así,
+clarito... al pan pan y al vino vino... ni preguntarle a cada momento si
+era verdad que él también estaba hecho un idólatra y que lo estaría
+hasta el día del Juicio final. Y a la tal preguntita, que había venido a
+ser tan frecuente como el pestañear, el que estaba de turno contestaba
+_Chí_, dando a esta sílaba un tonillo de pronunciación infantil. El
+_Chí_ se lo había enseñado Juanito aquella noche, lo mismo que el decir,
+también en estilo mimoso, _¿me quieles?_, y otras tonterías y
+chiquilladas empalagosas, dichas de la manera más grave del mundo. En la
+misma catedral, cuando les quitaba la vista de encima el sacristán que
+les enseñaba alguna capilla o preciosidad reservada, los esposos
+aprovechaban aquel momento para darse besos a escape y a hurtadillas,
+frente a la santidad de los altares consagrados o detrás de la estatua
+yacente de un sepulcro. Es que Juanito era un pillín, y un goloso y un
+atrevido. A Jacinta le causaban miedo aquellas profanaciones; pero las
+consentía y toleraba, poniendo su pensamiento en Dios y confiando en que
+Este, al verlas, volvería la cabeza con aquella indulgencia propia del
+que es fuente de todo amor.
+
+Todo era para ellos motivo de felicidad. Contemplar una maravilla del
+arte les entusiasmaba y de puro entusiasmo se reían, lo mismo que de
+cualquier contrariedad. Si la comida era mala, risas; si el coche que
+les llevaba a la Cartuja iba danzando en los baches del camino, risas;
+si el sacristán de las Huelgas les contaba mil papas, diciendo que la
+señora abadesa se ponía mitra y gobernaba a los curas, risas. Y a más de
+esto, todo cuanto Jacinta decía, aunque fuera la cosa más seria del
+mundo, le hacía a Juanito una gracia extraordinaria. Por cualquier
+tontería que este dijese, su mujer soltaba la carcajada. Las crudezas de
+estilo popular y aflamencado que Santa Cruz decía alguna vez,
+divertíanla más que nada y las repetía tratando de fijarlas en su
+memoria. Cuando no son muy groseras, estas fórmulas de hablar hacen
+gracia, como caricaturas que son del lenguaje.
+
+El tiempo se pasa sin sentir para los que están en éxtasis y para los
+enamorados. Ni Jacinta ni su esposo apreciaban bien el curso de las
+fugaces horas. Ella, principalmente, tenía que pensar un poco para
+averiguar si tal día era el tercero o el cuarto de tan feliz existencia.
+Pero aunque no sepa apreciar bien la sucesión de los días, el amor
+aspira a dominar en el tiempo como en todo, y cuando se siente
+victorioso en lo presente, anhela hacerse dueño de lo pasado, indagando
+los sucesos para ver si le son favorables, ya que no puede destruirlos y
+hacerlos mentira. Fuerte en la conciencia de su triunfo presente,
+Jacinta empezó a sentir el desconsuelo de no someter también el pasado
+de su marido, haciéndose dueña de cuanto este había sentido y pensado
+antes de casarse. Como de aquella acción pretérita sólo tenía leves
+indicios, despertáronse en ella curiosidades que la inquietaban. Con los
+mutuos cariños crecía la confianza, que empieza por ser inocente y va
+adquiriendo poco a poco la libertad de indagar y el valor de las
+revelaciones. Santa Cruz no estaba en el caso de que le mortificara la
+curiosidad, porque Jacinta era la pureza misma. Ni siquiera había tenido
+un novio de estos que no hacen más que mirar y poner la cara afligida.
+Ella sí que tenía campo vastísimo en que ejercer su espíritu crítico.
+Manos a la obra. No debe haber secretos entre los esposos. Esta es la
+primera ley que promulga la curiosidad antes de ponerse a oficiar de
+inquisidora.
+
+Porque Jacinta hiciese la primera pregunta llamando a su marido _Nene_
+(como él le había enseñado), no dejó este de sentirse un tanto molesto.
+Iban por las alamedas de chopos que hay en Burgos, rectas e inacabables,
+como senderos de pesadilla. La respuesta fue cariñosa, pero evasiva. ¡Si
+lo que la _nena_ anhelaba saber era un devaneo, una tontería...!, cosas
+de muchachos. La educación del hombre de nuestros días no puede ser
+completa si este no trata con toda clase de gente, si no echa un vistazo
+a todas las situaciones posibles de la vida, si no toma el tiento a las
+pasiones todas. Puro estudio y educación pura... No se trataba de amor,
+porque lo que es amor, bien podía decirlo, él no lo había sentido nunca
+hasta que le hizo tilín la que ya era su mujer.
+
+Jacinta creía esto; pero la fe es una cosa y la curiosidad otra. No
+dudaba ni tanto así del amor de su marido; pero quería saber, sí señor,
+quería enterarse de ciertas aventurillas. Entre esposos debe haber
+siempre la mayor confianza, ¿no es eso? En cuanto hay secretos, adiós
+paz del matrimonio. Pues bueno; ella quería leer de cabo a rabo ciertas
+paginitas de la vida de su esposo antes de casarse. ¡Como que estas
+historias ayudan bastante a la educación matrimonial! Sabiéndolas de
+memoria, las mujeres viven más avisadas, y a poquito que los maridos se
+deslicen... ¡tras!, ya están cogidos.
+
+«Que me lo tienes que contar todito... Si no, no te dejo vivir».
+
+Esto fue dicho en el tren, que corría y silbaba por las angosturas de
+Pancorvo. En el paisaje veía Juanito una imagen de su conciencia. La vía
+que lo traspasaba, descubriendo las sombrías revueltas, era la
+indagación inteligente de Jacinta. El muy tuno se reía, prometiendo, eso
+sí, contar luego; pero la verdad era que no contaba nada de sustancia.
+
+«¡Sí, porque me engañas tú a mí!... A buena parte vienes... Sé más de lo
+que te crees. Yo me acuerdo bien de algunas cosas que vi y oí. Tu mamá
+estaba muy disgustada, porque te nos habías hecho muy chu... la... pito;
+eso es».
+
+El marido continuaba encerrado en su prudencia; mas no por eso se
+enfadaba Jacinta. Bien le decía su sagacidad femenil que la obstinación
+impertinente produce efectos contrarios a los que pretende. Otra habría
+puesto en aquel caso unos morritos muy serios; ella no, porque fundaba
+su éxito en la perseverancia combinada con el cariño capcioso y
+diplomático. Entrando en un túnel de la Rioja, dijo así:
+
+«¿Apostamos a que sin decirme tú una palabra, lo averiguo todo?».
+
+Y a la salida del túnel, el enamorado esposo, después de estrujarla con
+un abrazo algo teatral y de haber mezclado el restallido de sus besos al
+mugir de la máquina humeante, gritaba:
+
+«¿Qué puedo yo ocultar a esta mona golosa?... Te como; mira que te como.
+¡Curiosona, fisgona, feúcha! ¿Tú quieres saber? Pues te lo voy a contar,
+para que me quieras más».
+
+--¿Más? ¡Qué gracia! Eso sí que es difícil.
+
+--Espérate a que lleguemos a Zaragoza.
+
+--No, ahora. --¿Ahora mismo?
+
+--_Chí_.
+
+--No... en Zaragoza. Mira que es historia larga y fastidiosa.
+
+--Mejor... Cuéntala y luego veremos.
+
+--Te vas a reír de mí. Pues señor... allá por Diciembre del año
+pasado... no, del otro... ¿Ves?, ya te estás riendo.
+
+--Que no me río, que estoy más seria que el Papamoscas.
+
+--Pues bueno, allá voy... Como te iba diciendo, conocí a una mujer...
+Cosas de muchachos. Pero déjame que empiece por el principio. Érase una
+vez... un caballero anciano muy parecido a una cotorra y llamado
+Estupiñá, el cual cayó enfermo y... cosa natural, sus amigos fueron a
+verle... y uno de estos amigos, al subir la escalera de piedra, encontró
+una muchacha que se estaba comiendo un huevo crudo... ¿Qué tal?...
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+--Un huevo crudo... ¡qué asco!--exclamó Jacinta escupiendo una
+salivita--. ¿Qué se puede esperar de quien se enamora de una mujer que
+come huevos crudos?...
+
+--Hablando aquí con imparcialidad, te diré que era guapa. ¿Te enfadas?
+
+--¡Qué me voy a enfadar, hombre! Sigue...
+
+Se comía el huevo, y te ofrecía y tú participaste...
+
+--No, aquel día no hubo nada. Volví al siguiente y me la encontré otra
+vez.
+
+--Vamos, que le caíste en gracia y te estaba esperando.
+
+No quería el Delfín ser muy explícito, y contaba a grandes rasgos,
+suavizando asperezas y pasando como sobre ascuas por los pasajes de
+peligro. Pero Jacinta tenía un arte instintivo para el manejo del
+gancho, y sacaba siempre algo de lo que quería saber. Allí salió a
+relucir parte de lo que Barbarita inútilmente intentó averiguar...
+¿Quién era la del huevo?... Pues una chica huérfana que vivía con su
+tía, la cual era huevera y pollera en la Cava de San Miguel. ¡Ah!
+¡Segunda Izquierdo!... por otro nombre la _Melaera_, ¡qué basilisco!...
+¡qué lengua!... ¡qué rapacidad!... Era viuda, y estaba liada, así se
+dice, con un picador. «Pero basta de digresiones. La segunda vez que
+entré en la casa, me la encontré sentada en uno de aquellos peldaños de
+granito, llorando».
+
+--¿A la tía? --No, mujer, a la sobrina. La tía le acababa de echar los
+tiempos, y aún se oían abajo los resoplidos de la fiera... Consolé a la
+pobre chica con cuatro palabrillas y me senté a su lado en el escalón.
+
+--¡Qué poca vergüenza!
+
+--Empezamos a hablar. No subía ni bajaba nadie. La chica era
+confianzuda, inocentona, de estas que dicen todo lo que sienten, así lo
+bueno como lo malo. Sigamos. Pues señor... al tercer día me la encontré
+en la calle. Desde lejos noté que se sonreía al verme. Hablamos cuatro
+palabras nada más; y volví y me colé en la casa; y me hice amigo de la
+tía y hablamos; y una tarde salió el picador de entre un montón de
+banastas donde estaba durmiendo la siesta, todo lleno de plumas, y
+llegándose a mí me echó la zarpa, quiero decir, que me dio la manaza y
+yo se la tomé, y me convidó a unas copas, y acepté y bebimos. No
+tardamos Villalonga y yo en hacernos amigos de los amigos de aquella
+gente... No te rías... Te aseguro que Villalonga me arrastraba a
+aquella vida, porque se encaprichó por otra chica del barrio, como yo
+por la sobrina de Segunda.
+
+--¿Y cuál era más guapa?
+
+--¡La mía!--replicó prontamente el Delfín, dejando entrever la fuerza de
+su amor propio--, la mía... un animalito muy mono, una salvaje que no
+sabía leer ni escribir. Figúrate, ¡qué educación! ¡Pobre pueblo!, y
+luego hablamos de sus pasiones brutales, cuando nosotros tenemos la
+culpa... Estas cosas hay que verlas de cerca... Sí, hija mía, hay que
+poner la mano sobre el corazón del pueblo, que es sano... sí, pero a
+veces sus latidos no son latidos, sino patadas... ¡Aquella infeliz
+chica...! Como te digo, un animal; pero buen corazón, buen corazón...
+¡pobre _nena_!
+
+Al oír esta expresión de cariño, dicha por el Delfín tan
+espontáneamente, Jacinta arrugó el ceño. Ella había heredado la
+aplicación de la palabreja, que ya le disgustaba por ser como desecho de
+una pasión anterior, un vestido o alhaja ensuciados por el uso; y
+expresó su disgusto dándole al pícaro de Juanito una bofetada, que para
+ser de mujer y en broma resonó bastante.
+
+«¿Ves?, ya estás enfadada. Y sin motivo. Te cuento las cosas como
+pasaron... Basta ya, basta de cuentos».
+
+--No, no. No me enfado. Sigue, o te pego otra.
+
+--No me da la gana... Si lo que yo quiero es borrar un pasado que
+considero infamante; si no quiero tener ni memoria de él... Es un
+episodio que tiene sus lados ridículos y sus lados vergonzosos. Los
+pocos años disculpan ciertas demencias, cuando de ellas se saca el honor
+puro y el corazón sano. ¿Para qué me obligas a repetir lo que quiero
+olvidar, si sólo con recordarlo paréceme que no merezco este bien que
+hoy poseo, tú, niña mía?
+
+--Estás perdonado--dijo la esposa, arreglándose el cabello que Santa
+Cruz le había descompuesto al acentuar de un modo material aquellas
+expresiones tan sabias como apasionadas--. No soy impertinente, no exijo
+imposibles. Bien conozco que los hombres la han de correr antes de
+casarse. Te prevengo que seré muy celosa si me das motivo para serlo;
+pero celos retrospectivos no tendré nunca.
+
+Esto sería todo lo razonable y discreto que se quiera suponer; pero la
+curiosidad no disminuía, antes bien aumentaba. Revivió con fuerza en
+Zaragoza, después que los esposos oyeron misa en el Pilar y visitaron la
+Seo.
+
+«Si me quisieras contar algo más de aquello...» indicó Jacinta, cuando
+vagaban por las solitarias y románticas calles que se extienden detrás
+de la catedral.
+
+Santa Cruz puso mala cara. «¡Pero qué tontín! Si lo quiero saber para
+reírme, nada más que para reírme. ¿Qué creías tú, que me iba a
+enfadar?... ¡Ay, qué bobito!... No, es que me hacen gracia tus
+calaveradas. Tienen un _chic_. Anoche pensé en ellas, y aun soñé un
+poquitito con la del huevo crudo y la tía y el mamarracho del tío. No,
+si no me enojaba; me reía, créelo, me divertía viéndote entre esa
+aristocracia, hecho un caballero, una persona decente, vamos, con el
+pelito sobre la oreja. Ahora te voy a anticipar la continuación de la
+historia. Pues señor... le hiciste el amor por lo fino, y ella lo
+admitió por lo basto. La sacaste de la casa de su tía y os fuisteis los
+dos a otro nido, en la Concepción Jerónima».
+
+Juanito miró fijamente a su mujer, y después se echó a reír. Aquello no
+era adivinación de Jacinta. Algo había oído sin duda, por lo menos el
+nombre de la calle. Pensando que convenía seguir el tono festivo, dijo
+así:
+
+«Tú sabías el nombre de la calle; no vengas echándotelas de zahorí... Es
+que Estupiñá me espiaba y le llevaba cuentos a mamá».
+
+--Sigue con tu conquista. Pues señor...
+
+--Cuestión de pocos días. En el pueblo, hija mía, los procedimientos son
+breves. Ya ves cómo se matan. Pues lo mismo es el amor. Un día le dije:
+«Si quieres probarme que me quieres, huye de tu casa conmigo». Yo pensé
+que me iba a decir que no.
+
+--Pensaste mal... sobre todo si en su casa había... leña.
+
+--La respuesta fue coger el mantón, y decirme _vamos_. No podía salir
+por la Cava. Salimos por la zapatería que se llama _Al ramo de
+azucenas_. Lo que te digo; el pueblo es así, sumamente ejecutivo y
+enemigo de trámites.
+
+Jacinta miraba al suelo más que a su marido.
+
+--Y a renglón seguido la consabida palabrita de casamiento--dijo
+mirándole de lleno y observándole indeciso en la respuesta.
+
+Aunque Jacinta no conocía personalmente a ninguna víctima de las
+palabras de casamiento, tenía una clara idea de estos pactos diabólicos
+por lo que de ellos había visto en los dramas, en las piezas cortas y
+aun en las óperas, presentados como recurso teatral, unas veces para
+hacer llorar al público y otras para hacerle reír. Volvió a mirar a su
+marido, y notando en él una como sonrisilla de hombre de mundo, le dio
+un pellizco acompañado de estos conceptos, un tanto airados:
+
+«Sí, la palabra de casamiento con reserva mental de no cumplirla, una
+burla, una estafa, una villanía. ¡Qué hombres!... Luego dicen... ¿Y esa
+tonta no te sacó los ojos cuando se vio chasqueada?... Si hubiera sido
+yo...».
+
+--Si hubieras sido tú, tampoco me habrías sacado los ojos.
+
+--Que sí... pillo... granujita. Vaya, no quiero saber más, no me cuentes
+más.
+
+--¿Para qué preguntas tú? Si te digo que no la quería, te enfadas
+conmigo y tomas partido por ella... ¿Y si te dijera que la quería, que
+al poco tiempo de sacarla de su casa, se me ocurría la simpleza de
+cumplir la palabra de casamiento que le di?
+
+--¡Ah, tuno!--exclamó Jacinta con ira cómica, aunque no enteramente
+cómica--. Agradece que estamos en la calle, que si no, ahora mismo te
+daba un par de repelones y de cada manotada me traía un mechón de
+pelo... Con que casarte... ¡y me lo dices a mí!... ¡a mí!
+
+La carcajada lanzada por Santa Cruz retumbó en la cavidad de la
+plazoleta silenciosa y desierta con ecos tan extraños, que los dos
+esposos se admiraron de oírla. Formaban la rinconada aquella vetustos
+caserones de ladrillo modelado a estilo mudéjar, en las puertas
+gigantones o salvajes de piedra con la maza al hombro, en las cornisas
+aleros de tallada madera, todo de un color de polvo uniforme y
+tristísimo. No se veían ni señales de alma viviente por ninguna parte.
+Tras las rejas enmohecidas no aparecía ningún resquicio de maderas
+entornadas por el cual se pudiera filtrar una mirada humana.
+
+«Esto es tan solitario, hija mía--dijo el marido, quitándose el
+sombrero y riendo--, que puedes armarme el gran escándalo sin que se
+entere nadie».
+
+Juanito corría. Jacinta fue tras él con la sombrilla levantada. «Que no
+me coges». --«A que sí».--«Que te mato...». Y corrieron ambos por el
+desigual pavimento lleno de yerba, él riendo a carcajadas, ella
+coloradita y con los ojos húmedos. Por fin, ¡pum!, le dio un
+sombrillazo, y cuando Juanito se rascaba, ambos se detuvieron jadeantes,
+sofocados por la risa.
+
+«Por aquí» dijo Santa Cruz señalando un arco que era la única salida.
+
+Y cuando pasaban por aquel túnel, al extremo del cual se veía otra
+plazoleta tan solitaria y misteriosa como la anterior, los amantes, sin
+decirse una palabra, se abrazaron y estuvieron estrechamente unidos,
+besuqueándose por espacio de un buen minuto y diciéndose al oído las
+palabras más tiernas.
+
+«Ya ves, esto es sabrosísimo. Quién diría que en medio de la calle podía
+uno...».
+
+--Si alguien nos viera... --murmuró Jacinta ruborizada, porque en
+verdad, aquel rincón de Zaragoza podía ser todo lo solitario que se
+quisiese, pero no era una alcoba.
+
+--Mejor... si nos ven, mejor... Que se aguanten el gorro.
+
+Y vuelta a los abracitos y a los vocablos de miel.
+
+--Por aquí no pasa un alma... --dijo él--. Es más, creo que por aquí no
+ha pasado nunca nadie. Lo menos hay dos siglos que no ha corrido por
+estas paredes una mirada humana...
+
+--Calla, me parece que siento pasos.
+
+--Pasos... ¿a ver?... --Sí, pasos. En efecto, alguien venía. Oyose, sin
+poder determinar por dónde, un arrastrar de pies sobre los guijarros del
+suelo. Por entre dos casas apareció de pronto una figura negra. Era un
+sacerdote viejo. Cogiéronse del brazo los consortes y avanzaron
+afectando la mayor compostura. El clérigo, al pasar junto a ellos, les
+miró mucho.
+
+«Paréceme--indicó la esposa, agarrándose más al brazo de su marido y
+pegándose mucho a él--, que nos lo ha conocido en la cara».
+
+--¿Qué nos ha conocido?
+
+--Que estábamos... tonteando.
+
+--Psch... ¿y a mí, qué?
+
+--Mira--dijo ella cuando llegaron a un sitio menos desierto--, no me
+cuentes más historias. No quiero saber más. Punto final.
+
+Rompió a reír, a reír, y el Delfín tuvo que preguntarle muchas veces la
+causa de su hilaridad para obtener esta respuesta:
+
+«¿Sabes de qué me río? De pensar en la cara que habría puesto tu mamá si
+le entras por la puerta una nuera de mantón, sortijillas y pañuelo a la
+cabeza, una nuera que dice _diquiá luego_ y no sabe leer».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+«Quedamos en que no hay más cuentos».
+
+--No más... Bastante me he reído ya de tu tontería. Francamente, yo creí
+que eras más avisado... Además, todo lo que me puedas contar me lo
+figuro. Que te aburriste pronto. Es natural... El hombre bien criado y
+la mujer ordinaria no emparejan bien. Pasa la ilusión, y después ¿qué
+resulta? Que ella huele a cebolla y dice palabras feas... A él... como
+si lo viera... se le revuelve el estómago, y empiezan las cuestiones. El
+pueblo es sucio, la mujer de clase baja, por más que se lave el palmito,
+siempre es pueblo. No hay más que ver las casas por dentro. Pues lo
+mismo están los benditos cuerpos.
+
+Aquella misma tarde, después de mirar la puerta del Carmen y los
+elocuentes muros de Santa Engracia, que vieron lo que nadie volverá a
+ver, paseaban por las arboledas de Torrero. Jacinta, pesando mucho sobre
+el brazo de su marido, porque en verdad estaba cansadita, le dijo:
+
+«Una sola cosa quiero saber, una sola. Después punto en boca. ¿Qué casa
+era esa de la Concepción Jerónima...?».
+
+--Pero, hija, ¿qué te importa?... Bueno, te lo diré. No tiene nada de
+particular. Pues señor... vivía en aquella casa un tío de la tal,
+hermano de la huevera, buen tipo, el mayor perdido y el animal más
+grande que en mi vida he visto; un hombre que lo ha sido todo,
+presidiario y revolucionario de barricadas, torero de invierno y
+tratante en ganado. ¡Ah! ¡José Izquierdo!... te reirías si le vieras y
+le oyeras hablar. Este tal le sorbió los sesos a una pobre mujer, viuda
+de un platero y se casó con ella. Cada uno por su estilo, aquella pareja
+valía un imperio. Todo el santo día estaban riñendo, de pico se
+entiende... ¡Y qué tienda, hija, qué desorden, qué escenas! Primero se
+emborrachaba él solo, después los dos a turno. Pregúntale a Villalonga;
+él es quien cuenta esto a maravilla y remeda los jaleos que allí se
+armaban. Paréceme mentira que yo me divirtiera con tales escándalos. ¡Lo
+que es el hombre! Pero yo estaba ciego; tenía entonces la manía de lo
+popular.
+
+--¿Y su tía, cuando la vio deshonrada, se pondría hecha una furia,
+verdad?
+
+--Al principio sí... te diré...--replicó el Delfín buscando las
+callejuelas de una explicación algo enojosa--. Pero más que por la
+deshonra se enfurecía por la fuga. Ella quería tener en su casa a la
+pobre muchacha, que era su machacante. Esta gente del pueblo es atroz.
+¡Qué moral tan extraña la suya!, mejor dicho, no tiene ni pizca de
+moral. Segunda empezó por presentarse todos los días en la tienda de la
+Concepción Jerónima, y armar un escándalo a su hermano y a su cuñada.
+«Que si tú eres esto, si eres lo otro...». Parece mentira; Villalonga y
+yo, que oíamos estos _jollines_ desde el entresuelo, no hacíamos más que
+reírnos. ¡A qué degradación llega uno cuando se deja caer así! Estaba yo
+tan tonto, que me parecía que siempre había de vivir entre semejante
+chusma. Pues no te quiero decir, hija de mi alma... un día que se metió
+allí el picador, el querindango de Segunda. Este caballero y mi amigo
+Izquierdo se tenían muy mala voluntad... ¡Lo que allí se dijeron!... Era
+cosa de alquilar balcones.
+
+--No sé cómo te divertía tanto salvajismo.
+
+--Ni yo lo sé tampoco. Creo que me volví otro de lo que era y de lo que
+volví a ser. Fue como un paréntesis en mi vida. Y nada, hija de mi alma,
+fue el maldito capricho por aquella hembra popular, no sé qué de
+entusiasmo artístico, una demencia ocasional que no puedo explicar.
+
+--¿Sabes lo que estoy deseando ahora?--dijo bruscamente Jacinta.
+
+--Que te calles, hombre, que te calles. Me repugna eso. Razón tienes; tú
+no eras entonces tú. Trato de figurarme cómo eras y no lo puedo
+conseguir. Quererte yo y ser tú como a ti mismo te pintas son dos cosas
+que no puedo juntar.
+
+--Dices bien, quiéreme mucho, y lo pasado pasado. Pero aguárdate un
+poco: para dejar redondo el cuento, necesito añadir una cosa que te
+sorprenderá. A las dos semanas de aquellos dimes y diretes, de tanta
+bronca y de tanto escándalo entre los hermanos Izquierdo, y entre
+Izquierdo y el picador, y tía y sobrina, se reconciliaron todos, y se
+acabaron las riñas y no hubo más que finezas y apretones de manos.
+
+--Sí que es particular. ¡Qué gente!
+
+--El pueblo no conoce la dignidad. Sólo le mueven sus pasiones o el
+interés. Como Villalonga y yo teníamos dinero largo para _juergas_ y
+cañas, unos y otros tomaron el gusto a nuestros bolsillos, y pronto
+llegó un día en que allí no se hacía más que beber, palmotear, tocar la
+guitarra, _venga de ahí_, comer magras. Era una orgía continua. En la
+tienda no se vendía; en ninguna de las dos casas se trabajaba. El día
+que no había comida de campo había cena en la casa hasta la madrugada.
+La vecindad estaba escandalizada. La policía rondaba. Villalonga y yo
+como dos insensatos...
+
+--¡Ay, qué par de apuntes!... Pero hijo, está lloviendo... a mí me ha
+caído una gota en la punta de la nariz... ¿Ves?... Aprisita, que nos
+mojamos.
+
+El tiempo se les puso muy malo, y en todo el trayecto hasta Barcelona no
+cesó de llover. Arrimados marido y mujer a la ventanilla, miraban la
+lluvia, aquella cortina de menudas líneas oblicuas que descendían del
+Cielo sin acabar de descender. Cuando el tren paraba, se sentía el
+gotear del agua que los techos de los coches arrojaban sobre los
+estribos. Hacía frío, y aunque no lo hiciera, los viajeros lo tendrían
+sólo de ver las estaciones encharcadas, los empleados calados y los
+campesinos que venían a tomar el tren con un saco por la cabeza. Las
+locomotoras chorreaban agua y fuego juntamente, y en los hules de las
+plataformas del tren de mercancías se formaban bolsas llenas de agua,
+pequeños lagos donde habrían podido beber los pájaros, si los pájaros
+tuvieran sed aquel día.
+
+Jacinta estaba contenta, y su marido también, a pesar de la melancolía
+llorona del paisaje; pero como había otros viajeros en el vagón, los
+recién casados no podían entretener el tiempo con sus besuqueos y
+tonterías de amor. Al llegar, los dos se reían de la formalidad con que
+habían hecho aquel viaje, pues la presencia de personas extrañas no les
+dejó ponerse babosos. En Barcelona estuvo Jacinta muy distraída con la
+animación y el fecundo bullicio de aquella gran colmena de hombres.
+Pasaron ratos muy dichosos visitando las soberbias fábricas de Batlló y
+de Sert, y admirando sin cesar, de taller en taller, las maravillosas
+armas que ha discurrido el hombre para someter a la Naturaleza. Durante
+tres días, la historia aquella del huevo crudo, la mujer seducida y la
+familia de insensatos que se amansaban con orgías, quedó completamente
+olvidada o perdida en un laberinto de máquinas ruidosas y ahumadas, o en
+el triquitraque de los telares. Los de Jacquard con sus incomprensibles
+juegos de cartones agujereados tenían ocupada y suspensa la imaginación
+de Jacinta, que veía aquel prodigio y no lo quería creer. ¡Cosa
+estupenda! «Está una viendo las cosas todos los días, y no piensa en
+cómo se hacen, ni se le ocurre averiguarlo. Somos tan torpes, que al ver
+una oveja no pensamos que en ella están nuestros gabanes. ¿Y quién ha de
+decir que las chambras y enaguas han salido de un árbol? ¡Toma, el
+algodón! ¿Pues y los tintes? El carmín ha sido un bichito, y el negro
+una naranja agria, y los verdes y azules carbón de piedra. Pero lo más
+raro de todo es que cuando vemos un burro, lo que menos pensamos es que
+de él salen los tambores. ¿Pues, y eso de que las cerillas se saquen de
+los huesos, y que el sonido del violín lo produzca la cola del caballo
+pasando por las tripas de la cabra?».
+
+Y no paraba aquí la observadora. En aquella excursión por el campo
+instructivo de la industria, su generoso corazón se desbordaba en
+sentimientos filantrópicos, y su claro juicio sabía mirar cara a cara
+los problemas sociales. «No puedes figurarte--decía a su marido, al
+salir de un taller--, cuánta lástima me dan esas infelices muchachas
+que están aquí ganando un triste jornal, con el cual no sacan ni para
+vestirse. No tienen educación, son como máquinas, y se vuelven tan
+tontas... más que tontería debe de ser aburrimiento... se vuelven tan
+tontas digo, que en cuanto se les presenta un pillo cualquiera se dejan
+seducir... Y no es maldad; es que llega un momento en que dicen: 'Vale
+más ser mujer mala que máquina buena'».
+
+--Filosófica está mi mujercita.
+
+--Vaya... di que no me he lucido... En fin, no se habla más de eso. Di
+si me quieres, sí o no... pero pronto, pronto.
+
+Al otro día, en las alturas de Tibidabo, viendo a sus pies la inmensa
+ciudad tendida en el llano, despidiendo por mil chimeneas el negro
+resuello que declara su fogosa actividad, Jacinta se dejó caer del lado
+de su marido y le dijo:
+
+«Me vas a satisfacer una curiosidad... la última».
+
+Y en el momento que tal habló arrepintiose de ello, porque lo que
+deseaba saber, si picaba mucho en curiosidad, también le picaba algo el
+pudor. ¡Si encontrara una manera delicada de hacer la pregunta...!
+Revolvió en su mente todo lo que sabía y no hallaba ninguna fórmula que
+sentase bien en su boca. Y la cosa era bastante natural. O lo había
+pensado o lo había soñado la noche anterior; de eso no estaba segura;
+mas era una consecuencia que a cualquiera se le ocurre sacar. El orden
+de sus juicios era el siguiente: ¿Cuánto tiempo duró el enredo de mi
+marido con esa mujer?, no lo sé. Pero durase más o durase menos, bien
+podría suceder que... hubiera nacido algún chiquillo». Esta era la
+palabra difícil de pronunciar, _¡chiquillo!_, Jacinta no se atrevía, y
+aunque intentó sustituirla con _familia, sucesión_, tampoco salía.
+
+--No, no era nada. --Tú has dicho que me ibas a preguntar no sé qué.
+
+--Era una tontería; no hagas caso.
+
+--No hay nada que más me cargue que esto... decirle a uno que le van a
+preguntar una cosa y después no preguntársela. Se queda uno confuso y
+haciendo mil cálculos. Eso, eso, guárdalo bien... No le caerán moscas.
+Mira, hija de mi alma, cuando no se ha de tirar no se apunta.
+
+--Ya tiraré... tiempo hay, hijito.
+
+--Dímelo ahora... ¿Qué será, qué no será?
+
+--Nada... no era nada. Él la miraba y se ponía serio. Parecía que le
+adivinaba el pensamiento, y ella tenía tal expresión en sus ojos y en su
+sonrisilla picaresca, que casi casi se podía leer en su cara la palabra
+que andaba por dentro. Se miraban, se reían, y nada más. Para sí dijo la
+esposa: «a su tiempo maduran las uvas. Vendrán días de mayor confianza,
+y hablaremos... y sabré si hay o no algún _hueverito_ por ahí».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Jacinta no tenía ninguna especie de erudición. Había leído muy pocos
+libros. Era completamente ignorante en cuestiones de geografía
+artística; y sin embargo, apreciaba la poesía de aquella región costera
+mediterránea que se desarrolló ante sus ojos al ir de Barcelona a
+Valencia. Los pueblecitos marinos desfilaban a la izquierda de la vía,
+colocados entre el mar azul y una vegetación espléndida. A trozos, el
+paisaje azuleaba con la plateada hoja de los olivos; más allá las viñas
+lo alegraban con la verde gala del pámpano. La vela triangular de las
+embarcaciones, las casitas bajas y blancas, la ausencia de tejados
+puntiagudos y el predominio de la línea horizontal en las
+construcciones, traían al pensamiento de Santa Cruz ideas de arte y
+naturaleza helénica. Siguiendo las rutinas a que se dan los que han
+leído algunos libros, habló también de Constantino, de Grecia, de las
+barras de Aragón y de los pececillos que las tenían pintadas en el lomo.
+Era de cajón sacar a relucir las colonias fenicias, cosa de que Jacinta
+no entendía palotada, ni le hacía falta. Después vinieron Prócida y las
+Vísperas Sicilianas, D. Jaime de Aragón, Roger de Flor y el Imperio de
+Oriente, el duque de Osuna y Nápoles, Venecia y el marqués de Bedmar,
+Massanielo, los Borgias, Lepanto, D. Juan de Austria, las galeras y los
+piratas, Cervantes y los padres de la Merced.
+
+Entretenida Jacinta con los comentarios que el otro iba poniendo a la
+rápida visión de la costa mediterránea, condensaba su ciencia en estas o
+parecidas expresiones: «¿Y la gente que vive aquí, será feliz o será tan
+desgraciada como los aldeanos de tierra adentro, que nunca han tenido
+que ver con el Gran Turco ni con la capitana de D. Juan de Austria?
+Porque los de aquí no apreciarán que viven en un paraíso, y el pobre,
+tan pobre es en Grecia como en Getafe».
+
+Agradabilísimo día pasaron, viendo el risueño país que a sus ojos se
+desenvolvía, el caudaloso Ebro, las marismas de su delta, y por fin, la
+maravilla de la región valenciana, la cual se anunció con grupos de
+algarrobos, que de todas partes parecían acudir bailando al encuentro
+del tren. A Jacinta le daban marcos cuando los miraba con fijeza. Ya se
+acercaban hasta tocar con su copudo follaje la ventanilla; ya se
+alejaban hacia lo alto de una colina; ya se escondían tras un otero,
+para reaparecer haciendo pasos y figuras de minueto o jugando al
+escondite con los palos del telégrafo.
+
+El tiempo, que no les había sido muy favorable en Zaragoza y Barcelona,
+mejoró aquel día. Espléndido sol doraba los campos. Toda la luz del
+cielo parecía que se colaba dentro del corazón de los esposos. Jacinta
+se reía de la danza de los algarrobos, y de ver los pájaros posados en
+fila en los alambres telegráficos. «Míralos, míralos allí. ¡Valientes
+pícaros! Se burlan del tren y de nosotros».
+
+--Fíjate ahora en los alambres. Son iguales al pentagrama de un papel de
+música. Mira cómo sube, mira cómo baja. Las cinco rayas parece que están
+grabadas con tinta negra sobre el cielo azul, y que el cielo es lo que
+se mueve como un telón de teatro no acabado de colgar.
+
+--Lo que yo digo--expresó Jacinta riendo--Mucha poesía, mucha cosa
+bonita y nueva; pero poco que comer. Te lo confieso, marido de mi alma;
+tengo un hambre de mil demonios. La madrugada y este fresco del campo,
+me han abierto el apetito de par en par.
+
+--Yo no quería hablar de esto para no desanimarte. Pronto llegaremos a
+una estación de fonda. Si no, compraremos aunque sea unas rosquillas o
+pan seco... El viajar tiene estas peripecias. Ánimo chica, y dame un
+beso, que las hambres con amor son menos.
+
+--Allá van tres, y en la primera estación, mira bien, hijo, a ver si
+descubrimos algo. ¿Sabes lo que yo me comería ahora?
+
+--¿Un bistec? --No. --¿Pues qué? --Uno y medio. --Ya te contentarás con
+naranja y media.
+
+Pasaban estaciones, y la fonda no parecía. Por fin, en no sé cuál
+apareció una mujer, que tenía delante una mesilla con licores,
+rosquillas, pasteles adornados con hormigas y unos... ¿qué era aquello?
+«¡Pájaros fritos!--gritó Jacinta a punto que Juan bajaba del vagón--.
+Tráete una docena... No... oye, dos docenas».
+
+Y otra vez el tren en marcha. Ambos se colocaron rodillas con rodillas,
+poniendo en medio el papel grasiento que contenía aquel _montón de
+cadáveres_ fritos, y empezaron a comer con la prisa que su mucha hambre
+les daba.
+
+«¡Ay, qué ricos están! Mira qué pechuga... Este para ti, que está muy
+gordito».
+
+--No, para ti, para ti. La mano de ella era tenedor para la boca de él,
+y viceversa. Jacinta decía que en su vida había hecho una comida que más
+le supiese.
+
+«Este sí que está de buen año... ¡pobre ángel! El infeliz estaría ayer
+con sus compañeros posado en el alambre tan contento, tan guapote,
+viendo pasar el tren y diciendo «allá van esos brutos»... hasta que vino
+el más bruto de todos, un cazador y... ¡prum!... Todo para que nosotros
+nos regaláramos hoy. Y a fe que están sabrosos. Me ha gustado este
+almuerzo.
+
+--Y a mí. Ahora veamos estos pasteles. El ácido fórmico es bueno para la
+digestión.
+
+--¿El ácido qué...?
+
+--Las hormigas, chica. No repares, y adentro. Mételes el diente. Están
+riquísimos.
+
+Restauradas las fuerzas, la alegría se desbordaba de aquellas almas. «Ya
+no me marean los algarrobos--decía Jacinta--; bailad, bailad. ¡Mira qué
+casas, qué emparrados! Y aquello, ¿qué es?, naranjos. ¡Cómo huelen!».
+
+Iban solos. ¡Qué dicha, siempre solitos! Juan se sentó junto a la
+ventana y Jacinta sobre sus rodillas. Él le rodeaba la cintura con el
+brazo. A ratos charlaban, haciendo ella observaciones cándidas sobre
+todo lo que veía. Pero después transcurrían algunos ratos sin que
+ninguno dijera una palabra. De repente volviose Jacinta hacia su marido,
+y echándole un brazo alrededor del cuello, le soltó esta:
+
+«No me has dicho cómo se llamaba».
+
+--¿Quién? --preguntó Santa Cruz algo atontado.
+
+--Tu adorado tormento, tu... Cómo se llamaba o cómo se llama... porque
+supongo que vivirá.
+
+--No lo sé... ni me importa. Vaya con lo que sales ahora.
+
+--Es que hace un rato me dio por pensar en ella. Se me ocurrió de
+repente. ¿Sabes cómo? Vi unos refajos encarnados puestos a secar en un
+arbusto. Tú dirás que qué tiene que ver... Es claro, nada; pero vete a
+saber cómo se enlazan en el pensamiento las ideas. Esta mañana me acordé
+de lo mismo cuando pasaban rechinando las carretillas cargadas de
+equipajes. Anoche me acordé, ¿cuándo creerás? Cuando apagaste la luz. Me
+pareció que la llama era una mujer que decía ¡ay!, y se caía muerta. Ya
+sé que son tonterías, pero en el cerebro pasan cosas muy particulares.
+¿Con que, _nenito_, desembuchas eso, sí o no?
+
+--¿Qué? --El nombre. --Déjame a mí de nombres.
+
+--¡Qué poco amable es este señor!--dijo abrazándole--. Bueno, guarda el
+secretito, hombre, y dispensa. Ten cuidado no te roben esa preciosidad.
+Eso, eso es, o somos reservados o no. Yo me quedo lo mismo que estaba.
+No creas que tengo gran interés en saberlo. ¿Qué me meto yo en el
+bolsillo con saber un nombre más?
+
+--Es un nombre muy feo... No me hagas pensar en lo que quiero
+olvidar--replicó Santa Cruz con hastío--No te digo una palabra, ¿sabes?
+
+
+--Gracias, amado pueblo... Pues mira, si te figuras que voy a tener
+celos, te llevas chasco. Eso quisieras tú para darte tono. No los tengo
+ni hay para qué.
+
+No sé qué vieron que les distrajo de aquella conversación. El paisaje
+era cada vez más bonito, y el campo, convirtiéndose en jardín, revelaba
+los refinamientos de la civilización agrícola. Todo era allí nobleza, o
+sea naranjos, los árboles de hoja perenne y brillante, de flores
+olorosísimas y de frutas de oro, árbol ilustre que ha sido una de las
+más socorridas muletillas de los poetas, y que en la región valenciana
+está por los suelos, quiero decir, que hay tantos, que hasta los poetas
+los miran ya como si fueran cardos borriqueros. Las tierras labradas
+encantan la vista con la corrección atildada de sus líneas. Las
+hortalizas bordan los surcos y dibujan el suelo, que en algunas partes
+semeja un cañamazo. Los variados verdes, más parece que los ha hecho el
+arte con una brocha, que no la Naturaleza con su labor invisible. Y por
+todas partes flores, arbustos tiernos; en las estaciones acacias
+gigantescas que extienden sus ramas sobre la vía; los hombres con
+zaragüelles y pañuelo liado a la cabeza, resabio morisco; las mujeres
+frescas y graciosas, vestidas de indiana y peinadas con rosquillas de
+pelo sobre las sienes.
+
+«¿Y cuál es --preguntó Jacinta deseosa de instruirse--el árbol de las
+chufas?».
+
+Juan no supo contestar, porque tampoco él sabía de dónde diablos salían
+las chufas. Valencia se aproximaba ya. En el vagón entraron algunas
+personas; pero los esposos no dejaron la ventanilla. A ratos se veía el
+mar, tan azul, tan azul, que la retina padecía el engaño de ver verde el
+cielo.
+
+¡Sagunto! ¡Ay, qué nombre!, cuando se le ve escrito con las letras
+nuevas y acaso torcidas de una estación, parece broma. No es de todos
+los días ver envueltas en el humo de las locomotoras las inscripciones
+más retumbantes de la historia humana. Juanito, que aprovechaba las
+ocasiones de ser sabio sentimental, se pasmó más de lo conveniente de la
+aparición de aquel letrero.
+
+«Y qué, ¿qué es?--preguntó Jacinta picada de la novelería--. ¡Ah!
+Sagunto, ya... un nombre. De fijo que hubo aquí alguna marimorena. Pero
+habrá llovido mucho desde entonces. No te entusiasmes, hijo, y tómalo
+con calma. ¿A qué viene tanto _¡ah!, ¡oh!_...? Todo porque aquellos
+brutos...».
+
+--¿Chica, qué estás ahí diciendo?
+
+--Sí, hijo de mi alma, porque aquellos brutos... no me vuelvo atrás...
+hicieron una barbaridad. Bueno, llámalos héroes si quieres, y cierra
+esa boca que te me estás pareciendo al Papamoscas de Burgos.
+
+Vuelta a contemplar el jardín agrícola en cuyo verdor se destacaban las
+cabañas de paja con una cruz en el pico del techo. En los bardales vio
+Jacinta unas plantas muy raras, de vástagos escuetos y pencas enormes,
+que llamaron su atención. «Mira, mira, qué esperpento de árbol. ¿Será el
+de los higos chumbos?».
+
+--No, hija mía, los higos chumbos los da esa otra planta baja, compuesta
+de unas palas erizadas de púas. Aquello otro es la pita, que da por
+fruto las sogas.
+
+--Y el esparto, ¿dónde está?
+
+--Hasta eso no llega mi sabiduría. Por ahí debe de andar.
+
+El tren describía amplísima curva. Los viajeros distinguieron una gran
+masa de edificios cuya blancura descollaba entre el verde. Los grupos de
+árboles la tapaban a trechos; después la descubrían. «Ya estamos en
+Valencia, chiquilla; mírala allí».
+
+Valencia era la ciudad mejor situada del mundo, según dijo un agudo
+observador, por estar construida en medio del campo. Poco después, los
+esposos, empaquetados dentro de una tartana, penetraban por las calles
+angostas y torcidas de la ciudad campestre. «¡Pero qué país, hijo!... Si
+esto parece un biombo... ¿A dónde nos lleva este hombre?».--«A la fonda
+sin duda».
+
+A media noche, cuando se retiraron fatigados a su domicilio después de
+haber paseado por las calles y oído media _Africana_ en el teatro de la
+Princesa, Jacinta sintió que de repente, sin saber cómo ni por qué, la
+picaba en el cerebro el gusanillo aquel, la idea perseguidora, la penita
+disfrazada de curiosidad. Juan se resistió a satisfacerla, alegando
+razones diversas. «No me marees, hija... Ya te he dicho que quiero
+olvidar eso...».
+
+--Pero el nombre, _nene_, el nombre nada más. ¿Qué te cuesta abrir la
+boca un segundo?... No creas que te voy a reñir, tontín.
+
+Hablando así se quitaba el sombrero, luego el abrigo, después el cuerpo,
+la falda, el _polisón_, y lo iba poniendo todo con orden en las butacas
+y sillas del aposento. Estaba rendida y no veía las santas horas de dar
+con sus fatigadas carnes en la cama. El esposo también iba soltando
+ropa. Aparentaba buen humor; pero la curiosidad de Jacinta le
+desagradaba ya. Por fin, no pudiendo resistir a las monerías de su
+mujer, no tuvo más remedio que decidirse. Ya estaban las cabezas sobre
+las almohadas, cuando Santa Cruz echó perezoso de su boca estas
+palabras:
+
+«Pues te lo voy a decir; pero con la condición de que en tu vida más...
+en tu vida más me has de mentar ese nombre, ni has de hacer la menor
+alusión... ¿entiendes? Pues se llama...».
+
+--Gracias a Dios, hombre. Le costaba mucho trabajo decirlo. La otra le
+ayudaba.
+
+--Se llama _For_...
+
+--_For_... _narina_.
+
+--No. _For_... _tuna_...
+
+--_Fortunata_.
+
+--Eso... Vamos, ya estás satisfecha.
+
+--Nada más. Te has portado, has sido amable. Así es como te quiero yo.
+
+Pasado un ratito, dormía como un ángel... dormían los dos.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+«¿Sabes lo que se me ha ocurrido?--dijo Santa Cruz a su mujer dos días
+después en la estación de Valencia--. Me parece una tontería que vayamos
+tan pronto a Madrid. Nos plantaremos en Sevilla. Pondré un parte a
+casa».
+
+Al pronto Jacinta se entristeció. Ya tenía deseos de ver a sus hermanas,
+a su papá y a sus tíos y suegros. Pero la idea de prolongar un poco
+aquel viaje tan divertido, conquistó en breve su alma. ¡Andar así,
+llevados en las alas del tren, que algo tiene siempre, para las almas
+jóvenes, de dragón de fábula, era tan dulce, tan entretenido...!
+
+Vieron la opulenta ribera del Júcar, pasaron por Alcira, cubierta de
+azahares, por Játiva la risueña; después vino Montesa, de feudal
+aspecto, y luego Almansa en territorio frío y desnudo. Los campos de
+viñas eran cada vez más raros, hasta que la severidad del suelo les dijo
+que estaban en la adusta Castilla. El tren se lanzaba por aquel campo
+triste, como inmenso lebrel, olfateando la vía y ladrando a la noche
+tarda, que iba cayendo lentamente sobre el llano sin fin. Igualdad,
+palos de telégrafo, cabras, charcos, matorrales, tierra gris, inmensidad
+horizontal sobre la cual parecen haber corrido los mares poco ha; el
+humo de la máquina alejándose en bocanadas majestuosas hacia el
+horizonte; las guardesas con la bandera verde señalando el paso libre,
+que parece el camino de lo infinito; bandadas de aves que vuelan bajo, y
+las estaciones haciéndose esperar mucho, como si tuvieran algo bueno...
+Jacinta se durmió y Juanito también. Aquella dichosa Mancha era un
+narcótico. Por fin bajaron en Alcázar de San Juan, a media noche,
+muertos de frío. Allí esperaron el tren de Andalucía, tomaron chocolate,
+y vuelta a rodar por otra zona manchega, la más ilustre de todas, la
+Argamasillesca.
+
+Pasaron los esposos una mala noche por aquella estepa, matando el frío
+muy juntitos bajo los pliegues de una sola manta, y por fin llegaron a
+Córdoba, donde descansaron y vieron la Mezquita, no bastándoles un día
+para ambas cosas. Ardían en deseos de verse en la sin par Sevilla...
+Otra vez al tren. Serían las nueve de la noche cuando se encontraron
+dentro de la romántica y alegre ciudad, en medio de aquel idioma ceceoso
+y de los donaires y chuscadas de la gente andaluza. Pasaron allí creo
+que ocho o diez días, encantados, sin aburrirse ni un solo momento,
+viendo los portentos de la arquitectura y de la Naturaleza, participando
+del buen humor que allí se respira con el aire y se recoge de las
+miradas de los transeúntes. Una de las cosas que más cautivaban a
+Jacinta era aquella costumbre de los patios amueblados y ajardinados, en
+los cuales se ve que las ramas de una azalea bajan hasta acariciar las
+teclas del piano, como si quisieran tocar. También le gustaba a Jacinta
+ver que todas las mujeres, aun las viejas que piden limosna, llevan su
+flor en la cabeza. La que no tiene flor se pone entre los pelos
+cualquier hoja verde y va por aquellas calles vendiendo vidas.
+
+Una tarde fueron a comer a un bodegón de Triana, porque decía Juanito
+que era preciso conocer todo de cerca y codearse con aquel originalísimo
+pueblo, artista nato, poeta que parece pintar lo que habla, y que
+recibió del Cielo el don de una filosofía muy socorrida, que consiste en
+tomar todas las cosas por el lado humorístico, y así la vida, una vez
+convertida en broma, se hace más llevadera. Bebió el Delfín muchas
+cañas, porque opinaba con gran sentido práctico que para asimilarse a
+Andalucía y sentirla bien en sí, es preciso introducir en el cuerpo toda
+la manzanilla que este pueda contener. Jacinta no hacía más que probarla
+y la encontraba áspera y acídula, sin conseguir apreciar el olorcillo a
+_pero de Ronda_ que dicen que tiene aquella bebida.
+
+Retiráronse de muy buen humor a la fonda, y al llegar a ella vieron que
+en el comedor había mucha gente. Era un banquete de boda. Los novios
+eran españoles anglicanizados de Gibraltar. Los esposos Santa Cruz
+fueron invitados a tomar algo, pero lo rehusaron; únicamente bebieron un
+poco de Champagne, por que no dijeran. Después un inglés muy pesado, que
+chapurraba el castellano con la boca fruncida y los dientes apretados,
+como si quisiera mordiscar las palabras, se empeñó en que habían de
+tomar unas cañas. «De ninguna manera... muchas gracias». --«¡Ooooh!,
+sí»... El comedor era un hervidero de alegría y de chistes, entre los
+cuales empezaban a sonar algunos de gusto dudoso. No tuvo Santa Cruz más
+remedio que ceder a la exigencia de aquel maldito inglés, y tomando de
+sus manos la copa, decía a media voz: «Valiente _curdela_ tienes tú».
+Pero el inglés no entendía... Jacinta vio que aquello se iba poniendo
+malo. El inglés llamaba al orden, diciendo a los más jóvenes con su
+boquita cerrada que tuvieran _fundamenta_. Nadie necesitaba tanto como
+él que se le llamase al orden, y sobre todo, lo que más falta le hacía
+era que le recortaran la bebida, porque aquello no era ya boca, era un
+embudo. Jacinta presintió la jarana, y tomando una resolución súbita,
+tiró del brazo a su marido y se lo llevó, a punto que este empezaba a
+tomarle el pelo al inglés.
+
+«Me alegro--dijo el Delfín, cuando su mujer le conducía por las
+escaleras arriba--; me alegro de que me hubieras sacado de allí, porque
+no puedes figurarte lo que me iba cargando el tal inglés, con sus
+dientes blancos y apretados, con su amabilidad y su zapatito bajo... Si
+sigo un minuto más, le pego un par de trompadas... Ya se me subía la
+sangre a la cabeza...».
+
+Entraron en su cuarto, y sentados uno frente a otro, pasaron un rato
+recordando los graciosos tipos que en el comedor estaban y los equívocos
+que allí se decían. Juan hablaba poco y parecía algo inquieto. De
+repente le entraron ganas de volver abajo. Su mujer se oponía.
+Disputaron. Por fin Jacinta tuvo que echar la llave a la puerta.
+
+«Tienes razón--dijo Santa Cruz dejándose caer a plomo sobre la
+silla.--Más vale que me quede aquí... porque si bajo, y vuelve el
+_mister_ con sus finuras, le pego... Yo también sé _boxear_».
+
+Hizo el ademán del _box_, y ya entonces su mujer le miró muy seria.
+
+--Debes acostarte--le dijo. --Es temprano... Nos estaremos aquí de
+tertulia... sí... ¿tú no tienes sueño? Yo tampoco. Acompañaré a mi cara
+mitad. Ese es mi deber, y sabré cumplirlo, sí señora. Porque yo soy
+esclavo del deber...
+
+Jacinta se había quitado el sombrero y el abrigo. Juanito la sentó sobre
+sus rodillas y empezó a saltarla como a los niños cuando se les hace el
+caballo. Y dale con la tarabilla de que él era esclavo de su deber, y de
+que lo primero de todo es la familia. El trote largo en que la llevaba
+su marido empezó a molestar a Jacinta, que se desmontó y se fue a la
+silla en que antes estaba. Él entonces se puso a dar paseos rápidos por
+la habitación.
+
+--Mi mayor gusto es estar al lado de mi adorada _nena_--decía sin
+mirarla--. _Te amo con delirio_ como se dice en los dramas. Bendita sea
+mi madrecita... que me casó contigo...
+
+Hincósele delante y le besó las manos. Jacinta le observaba con atención
+recelosa, sin pestañear, queriendo reírse y sin poderlo conseguir. Santa
+Cruz tomó un tono muy plañidero para decirle:
+
+«¡Y yo tan estúpido que no conocí tu mérito!, ¡yo que te estaba mirando
+todos los días, como mira el burro la flor sin atreverse a comérsela! ¡Y
+me comí el cardo!... ¡Oh!, perdón, perdón... Estaba ciego, encanallado;
+era yo muy _cañí_... esto quiere decir _gitano_, vida mía. El vicio y la
+grosería habían puesto una costra en mi corazón... llamémosle
+_garlochín_... Jacintilla, no me mires así. Esto que te digo es la pura
+verdad. Si te miento, que me quede muerto ahora mismo. Todas mis faltas
+las veo claras esta noche. No sé lo que me pasa; estoy como inspirado...
+tengo más espíritu, créetelo... te quiero más, cielito, paloma, y te voy
+a hacer un altar de oro para adorarte».
+
+«¡Jesús, qué fino está el tiempo!--exclamó la esposa que ya no podía
+ocultar su disgusto--. ¿Por qué no te acuestas?».
+
+--Acostarme yo, yo... cuando tengo que contarte tantas cosas,
+_chavala_!--añadió Santa Cruz, que cansado ya de estar de rodillas,
+había cogido una banqueta para sentarse a los pies de su mujer--.
+Perdona que no haya sido franco contigo. Me daba vergüenza de revelarte
+ciertas cosas. Pero ya no puedo más: mi conciencia se vuelca como una
+urna llena que se cae... así, así; y afuera todo... Tú me absolverás
+cuando me oigas, ¿verdad? Di que sí... Hay momentos en la vida de los
+pueblos, quiero decir, en la vida del hombre, momentos terribles, alma
+mía. Tú lo comprendes... Yo no te conocía entonces. Estaba como la
+humanidad antes de la venida del Mesías, a oscuras, apagado el gas...
+sí. No me condenes, no, no, no me condenes sin oírme...
+
+Jacinta no sabía qué hacer. Uno y otro se estuvieron mirando breve rato,
+los ojos clavados en los ojos, hasta que Juan dijo en voz queda:
+
+«¡Si la hubieras visto...! Fortunata tenía los ojos como dos estrellas,
+muy semejantes a los de la Virgen del Carmen que antes estaba en Santo
+Tomás y ahora en San Ginés. Pregúntaselo a Estupiñá, pregúntaselo si lo
+dudas... a ver... Fortunata tenía las manos bastas de tanto trabajar, el
+corazón lleno de inocencia...
+
+Fortunata no tenía educación; aquella boca tan linda se comía muchas
+letras y otras las equivocaba. Decía _indilugencias, golver, asín._ Pasó
+su niñez cuidando el _ganado_. ¿Sabes lo que es el ganado? Las gallinas.
+Después criaba los palomos a sus pechos. Como los palomos no comen sino
+del pico de la madre, Fortunata se los metía en el seno, ¡y si vieras tú
+qué seno tan bonito!, sólo que tenía muchos rasguños que le hacían los
+palomos con los garfios de sus patas. Después cogía en la boca un buche
+de agua y algunos granos de algarroba, y metiéndose el pico en la
+boca... les daba de comer... Era la paloma madre de los tiernos
+pichoncitos... Luego les daba su calor natural... les arrullaba, les
+hacía _rorrooó_... les cantaba canciones de nodriza... ¡Pobre
+Fortunata, pobre _Pitusa_!... ¿Te he dicho que la llamaban la _Pitusa_?
+¿No?... pues te lo digo ahora. Que conste... Yo la perdí... sí... que
+conste también; es preciso que cada cual cargue con su
+responsabilidad... Yo la perdí, la engañé, le dije mil mentiras, le hice
+creer que me iba a casar con ella. ¿Has visto?... ¡Si seré pillín!...
+Déjame que me ría un poco... Sí, todas las papas que yo le decía, se las
+tragaba... El pueblo es muy inocente, es tonto de remate, todo se lo
+cree con tal que se lo digan con palabras finas... La engañé, le
+_garfiñé_ su honor, y tan tranquilo. Los hombres, digo, los señoritos,
+somos unos miserables; creemos que el honor de las hijas del pueblo es
+cosa de juego... No me pongas esa cara, vida mía. Comprendo que tienes
+razón; soy un infame, merezco tu desprecio; porque... lo que tú dirás,
+una mujer es siempre una criatura de Dios, ¿verdad?... y yo, después que
+me divertí con ella, la dejé abandonada en medio de las calles...
+justo... su destino es el destino de las perras... Di que sí».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Jacinta estaba alarmadísima, medio muerta de miedo y de dolor. No sabía
+qué hacer ni qué decir. «Hijo mío--exclamó limpiando el sudor de la
+frente de su marido--, ¡cómo estás...! Cálmate, por María Santísima.
+Estás delirando».
+
+--No, no; esto no es delirio, es arrepentimiento--añadió Santa Cruz,
+quien, al moverse, por poco se cae, y tuvo que apoyar las manos en el
+suelo--. ¿Crees acaso que el vino...? ¡Oh! no, hija mía, no me hagas ese
+disfavor. Es que la conciencia se me ha subido aquí al cuello, a la
+cabeza, y me pesa tanto, que no puedo guardar bien el equilibrio...
+Déjame que me prosterne ante ti y ponga a tus pies todas mis culpas para
+que las perdones... No te muevas, no me dejes solo, por Dios... ¿A dónde
+vas? ¿No ves mi aflicción?
+
+--Lo que veo... ¡Oh! Dios mío. Juan, por amor de Dios, sosiégate; no
+digas más disparates. Acuéstate. Yo te haré una taza de té.
+
+--¡Y para qué quiero yo té, desventurada!...--dijo el otro en un tono
+tan descompuesto, que a Jacinta se le saltaron las lágrimas--. ¡Té...!,
+lo que quiero es tu perdón, el perdón de la humanidad, a quien he
+ofendido, a quien he ultrajado y pisoteado. Di que sí... Hay momentos en
+la vida de los pueblos, digo, en la vida de los hombres, en que uno
+debiera tener mil bocas para con todas ellas a la vez... expresar la,
+la, la... Sería uno un coro... eso, eso... Porque yo he sido malo, no me
+digas que no, no me lo digas...
+
+Jacinta advirtió que su marido sollozaba. ¿Pero de veras sollozaba o
+era broma?
+
+«Juan, ¡por Dios!, me estás atormentando».
+
+--No, niña de mi alma --replicó él sentado en el suelo sin descubrir el
+rostro, que tenía entre las manos--. ¿No ves que lloro? Compadécete de
+este infeliz... He sido un perverso... Porque la _Pitusa_ me
+idolatraba... Seamos francos.
+
+Alzó entonces la cabeza, y tomó un aire más tranquilo.
+
+--Seamos francos; la verdad ante todo... me idolatraba. Creía que yo no
+era como los demás, que era la caballerosidad, la hidalguía, la
+decencia, la nobleza en persona, el acabose de los hombres... ¡Nobleza,
+qué sarcasmo! Nobleza en la mentira; digo que no puede ser... y que no,
+y que no. ¡Decencia porque se lleva una ropa que llaman levita!... ¡Qué
+humanidad tan farsante! El pobre siempre debajo; el rico hace lo que le
+da la gana. Yo soy rico... di que soy inconstante... La ilusión de lo
+pintoresco se iba pasando. La grosería con gracia seduce algún tiempo,
+después marca... Cada día me pesaba más la carga que me había echado
+encima. El picor del ajo me repugnaba. Deseé, puedes creerlo, que la
+_Pitusa_ fuera mala para darle una puntera... Pero, quia... ni por
+esas... ¿Mala ella? a buena parte... Si le mando echarse al fuego por
+mí, ¡al fuego de cabeza! Todos los días jarana en la casa. Hoy acababa
+en bien, mañana no... Cantos, guitarreo... José Izquierdo, a quien
+llaman _Platón_ porque comía en un plato como un barreño, arrojaba
+chinitas al picador... Villalonga y yo les echábamos a pelear o les
+reconciliábamos cuando nos convenía... La _Pitusa_ temblaba de verlos
+alegres y de verlos enfurruñados... ¿Sabes lo que se me ocurría? No
+volver a aportar más por aquella maldita casa... Por fin resolvimos
+Villalonga y yo largamos con viento fresco y no volver más. Una noche se
+armó tal gresca, que hasta las navajas salieron, y por poco nadamos
+todos en un lago de sangre... Me parece que oigo aquellas finuras:
+«¡indecente, cabrón, _najabao, randa, murcia_...! No era posible
+semejante vida. Di que no. El hastío era ya irresistible. La misma
+_Pitusa_ me era odiosa, como las palabras inmundas... Un día dije
+_vuelvo_, y no volví más... Lo que decía Villalonga: cortar por lo
+sano... Yo tenía algo en mi conciencia, un hilito que me tiraba hacia
+allá... Lo corté... Fortunata me persiguió; tuve que jugar al escondite.
+Ella por aquí, yo por allá... Yo me escurría como una anguila. No me
+cogía, no. El último a quien vi fue Izquierdo; le encontré un día
+subiendo la escalera de mi casa. Me amenazó; díjome que la _Pitusa_
+estaba _cambrí_ de cinco meses... _¡Cambrí de cinco meses...!_ Alcé los
+hombros... Dos palabras él, dos palabras yo... alargué este brazo, y
+plaf... Izquierdo bajó de golpe un tramo entero... Otro estirón, y
+plaf... de un brinco el segundo tramo... y con la cabeza para abajo...
+
+Esto último lo dijo enteramente descompuesto. Continuaba sentado en el
+suelo, las piernas extendidas, apoyado un brazo en el asiento de la
+silla. Jacinta temblaba. Le había entrado mortal frío, y daba diente con
+diente. Permanecía en pie en medio de la habitación, como una estatua,
+contemplando la figura lastimosísima de su marido, sin atreverse a
+preguntarle nada ni a pedirle una aclaración sobre las extrañas cosas
+que revelaba.
+
+«¡Por Dios y por tu madre! --dijo al fin movida del cariño y del
+miedo--, no me cuentes más. Es preciso que te acuestes y procures
+dormirte. Cállate ya».
+
+--¡Que me calle!... ¡que me calle! ¡Ah!, esposa mía, esposa adorada,
+ángel de mi salvación... Mesías mío... ¿Verdad que me perdonas?... di
+que sí.
+
+Se levantó de un salto y trató de andar... No podía. Dando una rápida
+vuelta fue a desplomarse sobre el sofá, poniéndose la mano sobre los
+ojos y diciendo con voz cavernosa: «¡Qué horrible pesadilla!». Jacinta
+fue hacia él, le echó los brazos al cuello y le arrulló como se arrulla
+a los niños cuando se les quiere dormir.
+
+Vencido al cabo de su propia excitación, el cerebro del Delfín caía en
+estúpido embrutecimiento. Y sus nervios, que habían empezado a calmarse,
+luchaban con la sedación. De repente se movía, como si saltara algo en
+él y pronunciaba algunas sílabas. Pero la sedación vencía, y al fin se
+quedó profundamente dormido. A media noche pudo Jacinta con no poco
+trabajo llevarle hasta la cama y acostarle. Cayó en el sueño como en un
+pozo, y su mujer pasó muy mala noche, atormentada por el desagradable
+recuerdo de lo que había visto y oído.
+
+Al día siguiente Santa Cruz estaba como avergonzado. Tenía conciencia
+vaga de los disparates que había hecho la noche anterior, y su amor
+propio padecía horriblemente con la idea de haber estado ridículo. No se
+atrevía a hablar a su mujer de lo ocurrido, y esta, que era la misma
+prudencia, además de no decir una palabra, mostrábase tan afable y
+cariñosa como de costumbre. Por último, no pudo mi hombre resistir el
+afán de explicarse, y preparando el terreno con un sin fin de
+zalamerías, le dijo:
+
+«Chiquilla, es preciso que me perdones el mal rato que te di anoche...
+Debí ponerme muy pesadito... ¡Qué malo estaba! En mi vida me ha pasado
+otra igual. Cuéntame los disparates que te dije, porque yo no me
+acuerdo».
+
+--¡Ay! fueron muchos; pero muchos... Gracias que no había más público
+que yo.
+
+--Vamos, con franqueza... estuve inaguantable.
+
+--Tú lo has dicho... --Es que no sé... En mi vida, puedes creerlo, he
+cogido una turca como la que cogí anoche. El maldito inglés tuvo la
+culpa y me la ha de pagar. ¡Dios mío, cómo me puse!... ¿Y qué dije, qué
+dije?... No hagas caso, vida mía, porque seguramente dije mil cosas que
+no son verdad. ¡Qué bochorno! ¿Estás enfadada? No, si no hay para qué...
+
+--Cierto. Como estabas... Jacinta no se atrevió a decir «borracho». La
+palabra horrible negábase a salir de su boca.
+
+--Dilo, hija. Di _ajumao_, que es más bonito y atenúa un poco la
+gravedad de la falta.
+
+--Pues como estabas _ajumaíto_, no eras responsable de lo que decías.
+
+--Pero qué, ¿se me escapó alguna palabra que te pudiera ofender?
+
+--No; sólo una media docena de voces elegantes, de las que usa la alta
+sociedad. No las entendí bien. Lo demás bien clarito estaba, demasiado
+clarito. Lloraste por tu _Pitusa_ de tu alma, y te llamabas miserable
+por haberla abandonado. Créelo, te pusiste que no había por dónde
+cogerte.
+
+--Vaya, hija, pues ahora con la cabeza despejada, voy a decirte dos
+palabritas para que no me juzgues por peor de lo que soy.
+
+Se fueron de paseo por las Delicias abajo, y sentados en solitario
+banco, vueltos de cara al río, charlaron un rato. Jacinta se quería
+comer con los ojos a su marido, adivinándole las palabras antes de que
+las dijera, y confrontándolas con la expresión de los ojos a ver si eran
+sinceras. ¿Habló Juan con verdad? De todo hubo. Sus declaraciones eran
+una verdad refundida como las comedias antiguas. El amor propio no le
+permitía la reproducción fiel de los hechos. Pues señor... al volver de
+Plencia ya comprometido a casarse y enamorado de su novia, quiso saber
+qué vuelta llevó Fortunata, de quien no había tenido noticias en tanto
+tiempo. No le movía ningún sentimiento de ternura, sino la compasión y
+el deseo de socorrerla si se veía en un mal paso. _Platón_ estaba fuera
+de Madrid y su mujer en el otro mundo. No se sabía tampoco a dónde
+diantres había ido a parar el picador; pero Segunda había traspasado la
+huevería y tenía en la misma Cava un poco más abajo, cerca ya de la
+escalerilla, una covacha a que daba el nombre de _establecimiento_. En
+aquella caverna habitaba y hacía el café que vendía por la mañana a la
+gente del mercado. Cuatro cacharros, dos sillas y una mesa componían el
+ajuar. En el resto del día prestaba servicios en la taberna del
+_pulpitillo_. Había venido tan a menos en lo físico y en lo económico,
+que a su antiguo tertulio le costó trabajo reconocerla.
+
+«¿Y la otra?...». porque esto era lo que importaba.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Santa Cruz tardó algún tiempo en dar la debida respuesta. Hacía rayas en
+el suelo con el bastón. Por fin se expresó así:
+
+«Supe que en efecto había...».
+
+Jacinta tuvo la piedad de evitarle las últimas palabras de la oración,
+diciéndolas ella. Al Delfín se le quitó un peso de encima.
+
+«Traté de verla..., la busqué por aquí y por allá... y nada... Pero qué,
+¿no lo crees? Después no pude ocuparme de nada. Sobrevino la muerte de
+tu mamá. Transcurrió algún tiempo sin que yo pensara en semejante cosa,
+y no debo ocultarte que sentía cierto escozorcillo aquí, en la
+conciencia... Por Enero de este año, cuando me preparaba a hacer
+diligencias, una amiga de Segunda me dijo que la _Pitusa_ se había
+marchado de Madrid. ¿A dónde? ¿Con quién? Ni entonces lo supe ni lo he
+sabido después. Y ahora te juro que no la he vuelto a ver más ni he
+tenido noticias de ella».
+
+La esposa dio un gran suspiro. No sabía por qué; pero tenía sobre su
+alma cierta pesadumbre, y en su rectitud tomaba para sí parte de la
+responsabilidad de su marido en aquella falta; porque falta había sin
+duda. Jacinta no podía considerar de otro modo el hecho del abandono,
+aunque este significara el triunfo del amor legítimo sobre el criminal,
+y del matrimonio sobre el amancebamiento... No podían entretenerse más
+en ociosas habladurías, porque pensaban irse a Cádiz aquella tarde y era
+preciso disponer el equipaje y comprar algunas chucherías. De cada
+población se habían de llevar a Madrid regalitos para todos. Con la
+actividad propia de un día de viaje, las compras y algunas despedidas,
+se distrajeron tan bien ambos de aquellos desagradables pensamientos,
+que por la tarde ya estos se habían desvanecido.
+
+Hasta tres días después no volvió a rebullir en la mente de Jacinta el
+gusanillo aquel. Fue cosa repentina, provocada por no sé qué, por esas
+misteriosas iniciativas de la memoria que no sabemos de dónde salen. Se
+acuerda uno de las cosas contra toda lógica, y a veces el encadenamiento
+de las ideas es una extravagancia y hasta una ridiculez. ¿Quién creería
+que Jacinta se acordó de Fortunata al oír pregonar las _bocas de la
+Isla_? Porque dirá el curioso, y con razón, que qué tienen que ver las
+bocas con aquella mujer. Nada, absolutamente nada.
+
+Volvían los esposos de Cádiz en el tren correo. No pensaban detenerse ya
+en ninguna parte, y llegarían a Madrid de un tirón. Iban muy gozosos,
+deseando ver a la familia, y darle a cada uno su regalo. Jacinta, aunque
+picada del gusanillo aquel, había resuelto no volver a hablar de tal
+asunto, dejándolo sepultado en la memoria, hasta que el tiempo lo
+borrara para siempre. Pero al llegar a la estación de Jerez, ocurrió
+algo que hizo revivir inesperadamente lo que ambos querían olvidar. Pues
+señor... de la cantina de la estación vieron salir al condenado inglés
+de la noche de marras, el cual les conoció al punto y fue a saludarles
+muy fino y galante, y a ofrecerles unas cañas. Cuando se vieron libres
+de él, Santa Cruz le echó mil pestes, y dijo que algún día había de
+tener ocasión de darle el _par de galletas_ que se tenía ganadas. «Este
+danzante tuvo la culpa de que yo me pusiera aquella noche como me puse y
+de que te contara aquellos horrores...».
+
+Por aquí empezó a enredarse la conversación hasta recaer otra vez en el
+_punto negro_. Jacinta no quería que se le quedara en el alma una idea
+que tenía, y a la primera ocasión la echó fuera de sí.
+
+«¡Pobres mujeres! --exclamó--. Siempre la peor parte para ellas».
+
+--Hija mía, hay que juzgar las cosas con detenimiento, examinar las
+circunstancias... ver el medio ambiente... --dijo Santa Cruz preparando
+todos los chirimbolos de esa dialéctica convencional con la cual se
+prueba todo lo que se quiere.
+
+Jacinta se dejó hacer caricias. No estaba enfadada. Pero en su espíritu
+ocurría un fenómeno muy nuevo para ella. Dos sentimientos diversos se
+barajaban en su alma, sobreponiéndose el uno al otro alternativamente.
+Como adoraba a su marido, sentíase orgullosa de que este hubiese
+despreciado a otra para tomarla a ella. Este orgullo es primordial, y
+existirá siempre aun en los seres más perfectos. El otro sentimiento
+procedía del fondo de rectitud que lastraba aquella noble alma y le
+inspiraba una protesta contra el ultraje y despiadado abandono de la
+desconocida. Por más que el Delfín lo atenuase, había ultrajado a la
+humanidad. Jacinta no podía ocultárselo a sí misma. Los triunfos de su
+amor propio no le impedían ver que debajo del trofeo de su victoria
+había una víctima aplastada. Quizás la víctima merecía serlo; pero la
+vencedora no tenía nada que ver con que lo mereciera o no, y en el
+altar de su alma le ponía a la tal víctima una lucecita de compasión.
+
+Santa Cruz, en su perspicacia, lo comprendió, y trataba de librar a su
+esposa de la molestia de complacer a quien sin duda no lo merecía. Para
+esto ponía en funciones toda la maquinaria más brillante que sólida de
+su raciocinio, aprendido en el comercio de las liviandades humanas y en
+someras lecturas. «Hija de mi alma, hay que ponerse en la realidad. Hay
+dos mundos, el que se ve y el que no se ve. La sociedad no se gobierna
+con las ideas puras. Buenos andaríamos... No soy tan culpable como
+parece a primera vista; fíjate bien. Las diferencias de educación y de
+clase establecen siempre una gran diferencia de procederes en las
+relaciones humanas. Esto no lo dice el Decálogo; lo dice la realidad. La
+conducta social tiene sus leyes que en ninguna parte están escritas;
+pero que se sienten y no se pueden conculcar. Faltas cometí, ¿quién lo
+duda?, pero imagínate que hubiera seguido entre aquella gente, que
+_hubiera cumplido mis compromisos_ con la _Pitusa_... No te quiero decir
+más. Veo que te ríes. Eso me prueba que hubiera sido un absurdo, una
+locura recorrer lo que, visto de allá, parecía el camino derecho. Visto
+de acá, ya es otro distinto. En cosas de moral, lo recto y lo torcido
+son según de donde se mire. No había, pues, más remedio que hacer lo que
+hice, y salvarme... Caiga el que caiga. El mundo es así. Debía yo
+salvarme, ¿sí o no? Pues debiendo salvarme, no había más remedio que
+lanzarme fuera del barco que se sumergía. En los naufragios siempre hay
+alguien que se ahoga... Y en el caso concreto del abandono, hay también
+mucho que hablar. Ciertas palabras no significan nada por sí. Hay que
+ver los hechos... Yo la busqué para socorrerla; ella no quiso parecer.
+Cada cual tiene su destino. El de ella era ese: no parecer cuando yo la
+buscaba».
+
+Nadie diría que el hombre que de este modo razonaba, con arte tan sutil
+y paradójico, era el mismo que noches antes, bajo la influencia de una
+bebida espirituosa, había vaciado toda su alma con esa sinceridad brutal
+y disparada que sólo puede compararse al vómito físico, producido por un
+emético muy fuerte. Y después, cuando el despejo de su cerebro le hacía
+dueño de todas sus triquiñuelas de hombre leído y mundano, no volvió a
+salir de sus labios ni un solo vocablo soez, ni una sola espontaneidad
+de aquellas que existían dentro de él, como existen los trapos de
+colorines en algún rincón de la casa del que ha sido cómico, aunque sólo
+lo haya sido de afición. Todo era convencionalismo y frase ingeniosa en
+aquel hombre que se había emperejilado intelectualmente, cortándose una
+levita para las ideas y planchándole los cuellos al lenguaje.
+
+Jacinta, que aún tenía poco mundo, se dejaba alucinar por las dotes
+seductoras de su marido. Y le quería tanto, quizás por aquellas mismas
+dotes y por otras, que no necesitaba hacer ningún esfuerzo para creer
+cuanto le decía, si bien creía por fe, que es sentimiento, más que por
+convicción. Largo rato charlaron, mezclando las discusiones con los
+cariños discretos (por que en Sevilla entró gente en el coche y no había
+que pensar en la _besadera_), y cuando vino la noche sobre España, cuyo
+radio iban recorriendo, se durmieron allá por Despeñaperros, soñaron con
+lo mucho que se querían, y despertaron al fin en Alcázar con la idea
+placentera de llegar pronto a Madrid, de ver a la familia, de contar
+todas las peripecias del viaje (menos la escenita de la noche aquella) y
+de repartir los regalos.
+
+A Estupiñá le llevaban un bastón que tenía por puño la cabeza de una
+cotorra.
+
+
+
+
+-VI-
+
+Más y más pormenores referentes a esta ilustre familia
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Pasaban meses, pasaban años, y en aquella dichosa casa todo era paz y
+armonía. No se ha conocido en Madrid familia mejor avenida que la de
+Santa Cruz, compuesta de dos parejas; ni es posible imaginar una
+compatibilidad de caracteres como la que existía entre Barbarita y
+Jacinta. He visto juntas muchas veces a la suegra y a la nuera, y por
+Dios que se manifestaba muy poco en ellas la diferencia de edades.
+Barbarita conservaba a los cincuenta y tres años una frescura
+maravillosa, el talle perfecto y la dentadura sorprendente. Verdad que
+tenía el cabello casi enteramente blanco; el cual más parecía empolvado
+conforme al estilo Pompadour, que encanecido por la edad. Pero lo que la
+hacía más joven era su afabilidad constante, aquel sonreír gracioso y
+benévolo con que iluminaba su rostro.
+
+De veras que no tenían por qué quejarse de su destino aquellas cuatro
+personas. Se dan casos de individuos y familias a quienes Dios no les
+debe nada; y sin embargo, piden y piden.
+
+Es que hay en la naturaleza humana un vicio de mendicidad; eso no tiene
+duda. Ejemplo los de Santa Cruz, que gozaban de salud cabal, eran ricos,
+estimados de todo el mundo y se querían entrañablemente. ¿Qué les hacía
+falta? Parece que nada. Pues alguno de los cuatro pordioseaba. Es que
+cuando un conjunto de circunstancias favorables pone en las manos del
+hombre gran cantidad de bienes, privándole de uno solo, la fatalidad de
+nuestra naturaleza o el principio de descontento que existe en nuestro
+barro constitutivo le impulsan a desear precisamente lo poquito que no
+se le ha otorgado. Salud, amor, riqueza, paz y otras ventajas no
+satisfacían el alma de Jacinta; y al año de casada, más aún a los dos
+años, deseaba ardientemente lo que no tenía. ¡Pobre joven! Lo tenía
+todo, menos chiquillos.
+
+Esta pena, que al principio fue desazón insignificante, impaciencia tan
+sólo convirtiose pronto en dolorosa idea de vacío. Era poco cristiano,
+al decir de Barbarita, desesperarse por la falta de sucesión. Dios, que
+les diera tantos bienes, habíales privado de aquel. No había más remedio
+que resignarse, alabando la mano del que lo mismo muestra su
+omnipotencia dando que quitando.
+
+De este modo consolaba a su nuera, que más le parecía hija; pero allá en
+sus adentros deseaba tanto como Jacinta la aparición de un muchacho que
+perpetuase la casta y les alegrase a todos. Se callaba este ardiente
+deseo por no aumentar la pena de la otra; mas atendía con ansia a todo
+lo que pudiera ser síntoma de esperanzas de sucesión. ¡Pero quia! Pasaba
+un año, dos, y nada; ni aun siquiera esas presunciones vagas que hacen
+palpitar el corazón de las que sueñan con la maternidad, y a veces les
+hacen decir y hacer muchas tonterías.
+
+«No tengas prisa, hija --decía Barbarita a su sobrina--. Eres muy joven.
+No te apures por los chiquillos, que ya los tendrás, te cargarás de
+familia, y te aburrirás como se aburrió tu madre, y pedirás a Dios que
+no te dé más. ¿Sabes una cosa? Mejor estamos así. Los muchachos lo
+revuelven todo y no dan más que disgustos. El sarampión, el
+garrotillo... ¡Pues nada te quiero decir de las amas!... ¡qué
+calamidad!... Luego estás hecha una esclava... Que si comen, que si se
+indigestan, que si se caen y se abren la cabeza. Vienen después las
+inclinaciones que sacan. Si salen de mala índole... si no estudian...
+¡qué sé yo!...».
+
+Jacinta no se convencía. Quería canarios de alcoba a todo trance, aunque
+salieran raquíticos y feos; aunque luego fueran traviesos, enfermos y
+calaveras; aunque de hombres la mataran a disgustos. Sus dos hermanas
+mayores parían todos los años, como su madre. Y ella nada, ni
+esperanzas. Para mayor contrasentido, Candelaria, que estaba casada con
+un pobre, había tenido dos de un vientre. ¡Y ella, que era rica, no
+tenía ni siquiera medio!... Dios estaba ya chocho sin duda.
+
+Vamos ahora a otra cosa. Los de Santa Cruz, como familia respetabilísima
+y rica, estaban muy bien relacionados y tenían amigos en todas las
+esferas, desde la más alta a la más baja. Es curioso observar cómo
+nuestra edad, por otros conceptos infeliz, nos presenta una dichosa
+confusión de todas las clases, mejor dicho, la concordia y
+reconciliación de todas ellas. En esto aventaja nuestro país a otros,
+donde están pendientes de sentencia los graves pleitos históricos de la
+igualdad. Aquí se ha resuelto el problema sencilla y pacíficamente,
+gracias al temple democrático de los españoles y a la escasa vehemencia
+de las preocupaciones nobiliarias. Un gran defecto nacional, la
+empleomanía, tiene también su parte en esta gran conquista. Las oficinas
+han sido el tronco en que se han injertado las ramas históricas, y de
+ellas han salido amigos el noble tronado y el plebeyo ensoberbecido por
+un título universitario; y de amigos, pronto han pasado a parientes.
+Esta confusión es un bien, y gracias a ella no nos aterra el contagio de
+la guerra social, porque tenemos ya en la masa de la sangre un
+socialismo atenuado e inofensivo. Insensiblemente, con la ayuda de la
+burocracia, de la pobreza y de la educación académica que todos los
+españoles reciben, se han ido compenetrando las clases todas, y sus
+miembros se introducen de una en otra, tejiendo una red espesa que
+amarra y solidifica la masa nacional. El nacimiento no significa nada
+entre nosotros, y todo cuanto se dice de los pergaminos es conversación.
+No hay más diferencias que las esenciales, las que se fundan en la buena
+o mala educación, en ser tonto o discreto, en las desigualdades del
+espíritu, eternas como los atributos del espíritu mismo. La otra
+determinación positiva de clases, el dinero, está fundada en principios
+económicos tan inmutables como las leyes físicas, y querer impedirla
+viene a ser lo mismo que intentar beberse la mar.
+
+Las amistades y parentescos de las familias de Santa Cruz y Arnaiz
+pueden ser ejemplo de aquel feliz revoltijo de las clases sociales; mas,
+¿quién es el guapo que se atreve a formar estadística de las ramas de
+tan dilatado y laberíntico árbol, que más bien parece enredadera, cuyos
+vástagos se cruzan, suben, bajan y se pierden en los huecos de un
+follaje densísimo? Sólo se puede intentar tal empresa con la ayuda de
+Estupiñá, que sabe al dedillo la historia de todas las familias
+comerciales de Madrid, y todos los enlaces que se han hecho en medio
+siglo. Arnaiz el gordo también se pirra por hablar de linajes y por
+buscar parentescos, averiguando orígenes humildes de fortunas
+orgullosas, y haciendo hincapié en la desigualdad de ciertos
+matrimonios, a los cuales, en rigor de verdad, se debe la formación del
+terreno democrático sobre que se asienta la sociedad española. De una
+conversación entre Arnaiz y Estupiñá han salido las siguientes noticias:
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Ya sabemos que la madre de D. Baldomero Santa Cruz y la de Gumersindo y
+Barbarita Arnaiz eran parientes y venían del Trujillo extremeño y
+albardero. La actual casa de banca _Trujillo_ y _Fernández_, de una
+respetabilidad y solidez intachables, procede del mismo tronco.
+Barbarita es, pues, pariente del jefe de aquella casa, aunque su
+parentesco resulta algo lejano. El primer conde de Trujillo está casado
+con una de las hijas del famoso negociante Casarredonda, que hizo
+colosal fortuna vendiendo fardos de _Coruñas_ y _Viveros_ para vestir a
+la tropa y a la Milicia Nacional. Otra de las hijas del marqués de
+Casarredonda era duquesa de Gravelinas. Ya tenemos aquí, perfectamente
+enganchadas, a la aristocracia antigua y al comercio moderno.
+
+Pero existe en Cádiz una antigua y opulenta familia comercial que sirvió
+como ninguna para enredar más la madeja social. Las hijas del famoso
+Bonilla, importador de pañolería y después banquero y extractor de
+vinos, casaron: la una con Sánchez Botín, propietario, de quien vino la
+generala Minio, la marquesa de Tellería y Alejandro Sánchez Botín, la
+otra con uno de los Morenos de Madrid, co-fundador de los Cinco Gremios
+y del Banco de San Fernando, y la tercera con el duque de Trastamara, de
+donde vino Pepito Trastamara. El hijo único de Bonilla casó con una
+Trujillo.
+
+Pasemos ahora a los Morenos, procedentes del valle de Mena, una de las
+familias más dilatadas y que ofrecen más desigualdades y contrastes en
+sus infinitos y desparramados miembros. Arnaiz y Estupiñá disputan, sin
+llegar a entenderse, sobre si el tronco de los Morenos estuvo en una
+droguería o en una peletería. En esto reina cierta oscuridad, que no se
+disipará mientras no venga uno de estos averiguadores fanáticos que son
+capaces de contarle a Noé los pelos que tenía en la cabeza y el número
+de _eses_ que hizo cuando cogió la primera _pítima_ de que la historia
+tiene noticia. Lo que sí se sabe es que un Moreno casó con una
+Isla-Bonilla a principios del siglo, viniendo de aquí la Casa de giro
+que del 19 al 35 estuvo en la subida de Santa Cruz junto a la iglesia, y
+después en la plazuela de Pontejos. Por la misma época hallamos un
+Moreno en la Magistratura, otro en la Armada, otro en el Ejército y otro
+en la Iglesia. La Casa de banca no era ya _Moreno_ en 1870, sino
+_Ruiz-Ochoa_ y _Compañía_, aunque uno de sus principales socios era don
+Manuel Moreno-Isla. Tenemos diferentes estirpes del tronco remotísimo
+de los Morenos. Hay los Moreno-Isla, los Moreno-Vallejo y los
+Moreno-Rubio, o sea los Morenos ricos y los Morenos pobres, ya tan
+distantes unos de otros que muchos ni se tratan ni se consideran afines.
+Castita Moreno, aquella presumida amiga de Barbarita en la escuela de la
+calle Imperial, había nacido en los Morenos ricos y fue a parar, con los
+vaivenes de la vida, a los Morenos pobres. Se casó con un farmacéutico
+de la interminable familia de los Samaniegos, que también tienen su
+puesto aquí. Una joven perteneciente a los Morenos ricos casó con un
+Pacheco, aristócrata segundón, hermano del duque de Gravelinas, y de
+esta unión vino Guillermina Pacheco a quien conoceremos luego. Ved ahora
+cómo una rama de los Morenos se mete entre el follaje de los
+Gravelinas, donde ya se engancha también el ramojo de los Trujillos, el
+cual venía ya trabado con los Arnaiz de Madrid y con los Bonillas de
+Cádiz, formando una maraña cuyos hilos no es posible seguir con la
+vista.
+
+Aún hay más. D. Pascual Muñoz, dueño de un acreditadísimo
+establecimiento de hierros en la calle de Tintoreros, progresista de
+inmenso prestigio en los barrios del Sur, verdadera potencia electoral y
+política en Madrid, casó con una Moreno de no sé qué rama, emparentada
+con Mendizábal y con Bonilla, de Cádiz. Su hijo, que después fue marqués
+de Casa-Muñoz, casó con la hija de Albert, el que daba la cara en las
+contratas de paños y lienzos con el Gobierno. Eulalia Moreno, hija
+también del D. Pascual y hermana del actual marqués, se unió a D.
+Cayetano Villuendas, rico propietario de casas, progresista rancio.
+Dejamos sueltos estos cabos para tomarlos más adelante.
+
+Los Samaniegos, oriundos, como los Morenos, del país de Mena también son
+ciento y la madre. Ya sabemos que la hija segunda de Gumersindo Arnaiz,
+hermana de Jacinta, casó con Pepe Samaniego, hijo de un droguista
+arruinado de la Concepción Jerónima... Hay muchos Samaniegos en el
+comercio menudo, y leyendo el instructivo libro de los rótulos de
+tiendas, se encuentra la _Farmacia de Samaniego_ en la calle del Ave
+María (cuyo dueño era el marido de Castita Moreno), y la _Carnicería de
+Samaniego_ en la de las Maldonadas. Sin rótulo hay un Samaniego
+prestamista y medio curial, otro cobrador del Banco, otro que tiene
+tienda de sedas en la calle de Botoneras y, por fin, varios que son
+horteras en diferentes tiendas. El Samaniego agente de Bolsa es primo de
+estos.
+
+La hija mayor de Gumersindo Arnaiz se casó con Ramón Villuendas, ya
+viudo con dos hijos, célebre cambiante de la calle de Toledo, la casa de
+Madrid que más trabaja en el negocio de moneda. Un hermano de este casó
+con la hija de la viuda de Aparisi, dueño de la camisería en que fue
+dependiente Pepe Samaniego. El tío de ambos, D. Cayetano Villuendas,
+progresistón y riquísimo casero, era el esposo de Eulalia Muñoz, y su
+gran fortuna procedía del negocio de curtidos en una época anterior a la
+de Céspedes. Ya se ató el cabo que quedara pendiente poco ha.
+
+Ahora se nos presentan algunos ramos que parecen sueltos y no lo están.
+¿Pero quién podrá descubrir su misterioso enlace con los revueltos y
+cruzados vástagos de esta colosal enredadera? ¿Quién puede indagar si
+Dámaso Trujillo, el que puso en la Plaza Mayor la zapatería _Al ramo de
+azucenas_, pertenece al genuino linaje de los Trujillos antes
+mencionados? ¿Cuál será el averiguador que se lance a poner en claro si
+el dueño de _El Buen gusto_, un tenducho de mantas de la calle de la
+Encomienda, es pariente indudable de los Villuendas ricos? Hay quien
+dice que Pepe Moreno Vallejo, el cordelero de la Concepción Jerónima, es
+primo hermano de D. Manuel Moreno-Isla, uno de los Morenos que atan
+perros con longaniza; y se dice que un Arnaiz, empleado de poco sueldo,
+es pariente de Barbarita. Hay un Muñoz y Aparisi, tripicallero en las
+inmediaciones del Rastro, que se supone primo segundo del marqués de
+Casa-Muñoz y de su hermana la viuda de Aparisi; y por fin, es preciso
+hacer constar que un cierto Trujillo, jesuita, reclama un lugar en
+nuestra enredadera, y también hay que dársele al Ilustrísimo Obispo de
+Plasencia, fray Luis Moreno-Isla y Bonilla. Asimismo lleva en su árbol
+el nombre de Trujillo, la mujer de Zalamero, subsecretario de
+Gobernación; pero su primer apellido es Ruiz Ochoa y es hija de la
+distinguida persona que hoy está al frente de la banca de Moreno.
+
+Barbarita no se trataba con todos los individuos que aparecen en esta
+complicada enredadera. A muchos les esquivaba por hallarse demasiado
+altos; a otros apenas les distinguía por hallarse muy bajos. Sus
+amistades verdaderas, como los parentescos reconocidos, no eran en gran
+número, aunque sí abarcaban un círculo muy extenso, en el cual se
+entremezclaban todas las jerarquías. En un mismo día, al salir de paseo
+o de compras, cambiaba saludos más o menos afectuosos con la de Ruiz
+Ochoa, con la generala Minio, con Adela Trujillo, con un Villuendas
+rico, con un Villuendas pobre, con el pescadero pariente de Samaniego,
+con la duquesa de Gravelinas, con un Moreno Vallejo magistrado, con un
+Moreno Rubio médico, con un Moreno Jáuregui sombrerero, con un Aparisi
+canónigo, con varios horteras, con tan diversa gente, en fin, que otra
+persona de menos tino habría trocado los nombres y tratamientos.
+
+La mente más segura no es capaz de seguir en su laberíntico enredo las
+direcciones de los vástagos de este colosal árbol de linajes
+matritenses. Los hilos se cruzan, se pierden y reaparecen donde menos se
+piensa. Al cabo de mil vueltas para arriba y otras tantas para abajo, se
+juntan, se separan, y de su empalme o bifurcación salen nuevos enlaces,
+madejas y marañas nuevas. Cómo se tocan los extremos del inmenso ramaje
+es curioso de ver; por ejemplo, cuando Pepito Trastamara, que lleva el
+nombre de los bastardos de D. Alfonso XI, va a pedir dinero a Cándido
+Samaniego, prestamista usurero, individuo de la _Sociedad protectora de
+señoritos necesitados_.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Los de Santa Cruz vivían en su casa propia de la calle de Pontejos,
+dando frente a la plazuela del mismo nombre; finca comprada al difunto
+Aparisi, uno de los socios de la Compañía de Filipinas. Ocupaban los
+dueños el principal, que era inmenso, con doce balcones a la calle y
+mucha comodidad interior. No lo cambiara Barbarita por ninguno de los
+modernos hoteles, donde todo se vuelve escaleras y están además abiertos
+a los cuatro vientos. Allí tenía número sobrado de habitaciones, todas
+en un solo andar desde el salón a la cocina. Ni trocara tampoco su
+barrio, aquel _riñón de Madrid_ en que había nacido, por ninguno de los
+caseríos flamantes que gozan fama de más ventilados y alegres. Por más
+que dijeran, el barrio de Salamanca es _campo_... Tan apegada era la
+buena señora al terruño de su arrabal nativo, que para ella no vivía en
+Madrid quien no oyera por las mañanas el ruido cóncavo de las cubas de
+los aguadores en la fuente de Pontejos; quien no sintiera por mañana y
+tarde la batahola que arman los coches correos; quien no recibiera a
+todas horas el hálito tenderil de la calle de Postas, y no escuchara por
+Navidad los zambombazos y panderetazos de la plazuela de Santa Cruz;
+quien no oyera las campanadas del reloj de la Casa de Correos tan claras
+como si estuvieran dentro de la casa; quien no viera pasar a los
+cobradores del Banco cargados de dinero y a los carteros salir en
+procesión. Barbarita se había acostumbrado a los ruidos de la vecindad,
+cual si fueran amigos, y no podía vivir sin ellos.
+
+La casa era tan grande, que los dos matrimonios vivían en ella
+holgadamente y les sobraba espacio. Tenían un salón algo anticuado, con
+tres balcones. Seguía por la izquierda el gabinete de Barbarita, luego
+otro aposento, después la alcoba. A la derecha del salón estaba el
+despacho de Juanito, así llamado no porque este tuviese nada que
+despachar allí, sino porque había mesa con tintero y dos hermosas
+librerías. Era una habitación muy bien puesta y cómoda. El gabinetito de
+Jacinta, inmediato a esta pieza, era la estancia más bonita y elegante
+de la casa y la única tapizada con tela; todas las demás lo estaban con
+colgadura de papel, de un arte dudoso, dominando los grises y tórtola
+con oro. Veíanse en esta pieza algunas acuarelas muy lindas compradas
+por Juanito, y dos o tres óleos ligeros, todo selecto y de regulares
+firmas, porque Santa Cruz tenía buen gusto dentro del gusto vigente. Los
+muebles eran de raso o de felpa y seda combinadas con arreglo a la moda,
+siendo de notar que lo que allí se veía no chocaba por original ni
+tampoco por rutinario. Seguía luego la alcoba del matrimonio joven, la
+cual se distinguía principalmente de la paterna en que en esta había
+lecho común y los jóvenes los tenían separados. Sus dos camas de
+palosanto eran muy elegantes, con pabellones de seda azul. La de los
+padres parecía un andamiaje de caoba con cabecera de morrión y columnas
+como las de un sagrario de Jueves Santo. La alcoba _de los pollos_ se
+comunicaba con habitaciones de servicio, y le seguían dos grandes piezas
+que Jacinta destinaba a los niños... cuando Dios se los diera.
+Hallábanse amuebladas con lo que iba sobrando de los aposentos que se
+ponían de nuevo, y su aspecto era por demás heterogéneo. Pero el arreglo
+definitivo de estas habitaciones vacantes existía completo en la
+imaginación de Jacinta, quien ya tenía previstos hasta los últimos
+detalles de todo lo que se había de poner allí cuando el caso llegara.
+
+El comedor era interior, con tres ventanas al patio, su gran mesa y
+aparadores de nogal llenos de finísima loza de China, la consabida
+sillería de cuero claveteado, y en las paredes papel imitando roble,
+listones claveteados también, y los bodegones al óleo, no malos, con la
+invariable raja de sandía, el conejo muerto y unas ruedas de merluza que
+de tan bien pintadas parecía que olían mal. Asimismo era interior el
+despacho de D. Baldomero.
+
+Estaban abonados los de Santa Cruz a un landó. Se les veía en los
+paseos; pero su tren era de los que _no llaman la atención_. Juan solía
+tener por temporadas un faetón o un tílburi, que guiaba muy bien, y
+también tenía caballo de silla; mas le picaba tanto la comezón de la
+variedad que a poco de montar un caballo, ya empezaba a encontrarle
+defectos y quería venderlo para comprar otro. Los dos matrimonios se
+daban buena vida; pero sin presumir, huyendo siempre de señalarse y de
+que los periódicos les llamaran _anfitriones_. Comían bien; en su casa
+había muy poca etiqueta y cierto patriarcalismo, porque a veces se
+sentaban a la mesa personas de clase humilde y otras muy decentes que
+habían venido a menos. No tenían cocinero de estos de gorro blanco, sino
+una cocinera antigua muy bien amañada, que podía medir sus talentos con
+cualquier _jefe_; y la ayudaban dos _pinchas_, que más bien eran
+alumnas.
+
+Todos los primeros de mes recibía Barbarita de su esposo mil duretes. D.
+Baldomero disfrutaba una renta de veinticinco mil pesos, parte de
+alquileres de sus casas, parte de acciones del Banco de España y lo
+demás de la participación que conservaba en su antiguo almacén. Daba
+además a su hijo dos mil duros cada semestre para sus gastos
+particulares, y en diferentes ocasiones le ofreció un pequeño capital
+para que emprendiera negocios por sí; pero al chico le iba bien con su
+dorada indolencia y no quería quebraderos de cabeza. El resto de su
+renta lo capitalizaba D. Baldomero, bien adquiriendo más acciones cada
+año, bien amasando para hacerse con una casa más. De aquellos mil duros
+que la señora cogía cada mes, daba al Delfín dos o tres mil reales, que
+con esto y lo que del papá recibía estaba como en la gloria; y los diez
+y siete mil reales restantes eran para el gasto diario de la casa y para
+los de ambas damas, que allá se las arreglaban muy bien en la
+distribución, sin que jamás hubiese entre ellas el más ligero pique por
+un duro de más o de menos. Del gobierno doméstico cuidaban las dos, pero
+más particularmente la suegra, que mostraba ciertas tendencias al
+despotismo ilustrado. La nuera tenía el delicado talento de respetar
+esto, y cuando veía que alguna disposición suya era derogada por la
+autócrata, mostrábase conforme. Barbarita era administradora general de
+puertas adentro, y su marido mismo, después que religiosamente le
+entregaba el dinero, no tenía que pensar en nada de la casa, como no
+fuese en los viajes de verano. La señora lo pagaba todo, desde el
+alquiler del coche a la peseta de _El Imparcial_, sin que necesitara
+llevar cuentas para tan complicada distribución, ni apuntar cifra
+alguna. Era tan admirable su tino aritmético, que ni una sola vez pasó
+más allá de la indecisa raya que tan fácilmente traspasan los ricos;
+llegaba el fin de mes y siempre había un _superávit_ con el cual
+ayudaba a ciertas empresas caritativas de que se hablará más adelante.
+Jacinta gastaba siempre mucho menos de lo que su suegra le daba para
+menudencias; no era aficionada a estrenar a menudo, ni a enriquecer a
+las modistas. Los hábitos de economía adquiridos en su niñez estaban tan
+arraigados que, aunque nunca le faltó dinero, traía a casa una costurera
+para hacer trabajillos de ropa y arreglos de trajes que otras señoras
+menos ricas suelen encargar fuera. Y por dicha suya, no tenía que
+calentarse la cabeza para discurrir el empleo de sus sobrantes, pues
+allí estaba su hermana Candelaria, que era pobre y se iba cargando de
+familia. Sus hermanitas solteras también recibían de ella frecuentes
+dádivas; ya los sombreritos de moda, ya el _fichú_ o la manteleta, y
+hasta vestidos completos acabados de venir de París.
+
+El abono que tomaron en el Real a un turno de palco principal fue idea
+de D. Baldomero quien no tenía malditas ganas de oír óperas, pero quería
+que Barbarita fuera a ellas para que le contase, al acostarse o después
+de acostados, todo lo que había visto en el _Regio coliseo_. Resultó que
+a Barbarita no la llamaba mucho el Real; mas aceptó con gozo para que
+fuera Jacinta. Esta, a su vez, no tenía verdaderamente muchas ganas de
+teatro; pero alegrose mucho de poder llevar al Real a sus hermanitas
+solteras, porque las pobrecillas, si no fuera así, no lo catarían nunca.
+Juan, que era muy aficionado a la música, estaba abonado a diario, con
+seis amigos, a un palco alto de proscenio.
+
+Las de Santa Cruz no llamaban la atención en el teatro, y si alguna
+mirada caía sobre el palco era para las pollas colocadas en primer
+término con simetría de escaparate. Barbarita solía ponerse en primera
+fila para echar los gemelos en redondo y poder contarle a Baldomero algo
+más que cosas de decoraciones y del argumento de la ópera. Las dos
+hermanas casadas, Candelaria y Benigna, iban alguna vez, Jacinta casi
+siempre; pero se divertía muy poco. Aquella mujer mimada por Dios, que
+la puso rodeada de ternura y bienandanzas en el lugar más sano, hermoso
+y tranquilo de este valle de lágrimas, solía decir en tono quejumbroso
+que _no tenía gusto para nada_. La envidiada de todos, envidiaba a
+cualquier mujer pobre y descalza que pasase por la calle con un mamón en
+brazos liado en trapos. Se le iban los ojos tras de la infancia en
+cualquier forma que se le presentara, ya fuesen los niños ricos,
+vestidos de marineros y conducidos por la institutriz inglesa, ya los
+mocosos pobres, envueltos en bayeta amarilla, sucios, con caspa en la
+cabeza y en la mano un pedazo de pan lamido. No aspiraba ella a tener
+uno solo, sino que quería verse rodeada de una _serie_, desde el pillín
+de cinco años, hablador y travieso, hasta el rorró de meses que no hace
+más que reír como un bobo, tragar leche y apretar los puños. Su
+desconsuelo se manifestaba a cada instante, ya cuando encontraba una
+bandada que iba al colegio, con sus pizarras al hombro y el lío de
+libros llenos de mugre, ya cuando le salía al paso algún precoz mendigo
+cubierto de andrajos, mostrando para excitar la compasión sus carnes sin
+abrigo y los pies descalzos, llenos de sabañones. Pues como viera los
+alumnos de la Escuela Pía, con su uniforme galonado y sus guantes, tan
+limpios y bien puestos que parecían caballeros chiquitos, se los comía
+con los ojos. Las niñas vestidas de rosa o celeste que juegan a la rueda
+en el Prado y que parecen flores vivas que se han caído de los árboles;
+las pobrecitas que envuelven su cabeza en una toquilla agujereada; los
+que hacen sus primeros pinitos en la puerta de una tienda agarrándose a
+la pared; los que chupan el seno de sus madres mirando por el rabo del
+ojo a la persona que se acerca a curiosear; los pilletes que enredan en
+las calles o en el solar vacío arrojándose piedras y rompiéndose la ropa
+para desesperación de las madres; las nenas que en Carnaval se visten de
+chulas y se contonean con la mano clavada en la cintura; las que piden
+para la Cruz de Mayo; los talluditos que usan ya bastón y ganan premios
+en los colegios, y los que en las funciones de teatro por la tarde
+sueltan el grito en la escena más interesante, distrayendo a los
+actores y enfureciendo al público... todos, en una palabra, le
+interesaban igualmente.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Y de tal modo se iba enseñoreando de su alma el afán de la maternidad,
+que pronto empezó a embotarse en ella la facultad de apreciar las
+ventajas que disfrutaba. Estas llegaron a ser para ella invisibles, como
+lo es para todos los seres el fundamental medio de nuestra vida, la
+atmósfera. ¿Pero qué hacía Dios que no mandaba uno siquiera de los
+chiquillos que en número infinito tiene por allá? ¿En qué estaba
+pensando su Divina Majestad? Y Candelaria, que apenas tenía con qué
+vivir, ¡uno cada año!... Y que vinieran diciendo que hay equidad en el
+Cielo... Sí; no está mala justicia la de arriba... sí... ya lo estamos
+viendo... De tanto pensar en esto, parecía en ocasiones monomaniaca, y
+tenía que apelar a su buen juicio para no dar a conocer el desatino de
+su espíritu, que casi casi iba tocando en la ridiculez. ¡Y le ocurrían
+cosas tan raras...! Su pena tenía las intermitencias más extrañas, y
+después de largos periodos de sosiego se presentaba impetuosa y aguda,
+como un mal crónico que está siempre en acecho para acometer cuando
+menos se le espera. A veces, una palabra insignificante que en la calle
+o en su casa oyera o la vista de cualquier objeto le encendían de súbito
+en la mente la llama de aquel tema, produciéndole opresiones en el pecho
+y un sobresalto inexplicable.
+
+Se distraía cuidando y mimando a los niños de sus hermanas, a los cuales
+quería entrañablemente; pero siempre había entre ella y sus sobrinitos
+una distancia que no podía llenar. No eran suyos, no los había _tenido_
+ella, no se los sentía unidos a sí por un hilo misterioso. Los
+verdaderamente unidos no existían más que en su pensamiento, y tenía que
+encender y avivar este, como una fragua, para forjarse las alegrías
+verdaderas de la maternidad. Una noche salió de la casa de Candelaria
+para volverse a la suya poco antes de la hora de comer. Ella y su
+hermana se habían puesto de puntas por una tontería, porque Jacinta
+mimaba demasiado a Pepito, nene de tres años, el primogénito de
+Samaniego. Le compraba juguetes caros, le ponía en la mano, para que las
+rompiera, las figuras de china de la sala y le permitía comer mil
+golosinas. «¡Ah!, si fueras madre de verdad no harías esto...». --«Pues
+si no lo soy, mejor... ¿A ti qué te importa?». --«A mí nada. Dispensa,
+hija, ¡qué genio!». --«Si no me enfado...».--«¡Vaya, que estás
+mimadita!».
+
+Estas y otras tonterías no tenían consecuencias, y al cuarto de hora se
+echaban a reír, y en paz. Pero aquella noche, al retirarse, sentía la
+Delfina ganas de llorar. Nunca se había mostrado en su alma de un modo
+tan imperioso el deseo de tener hijos. Su hermana la había humillado, su
+hermana se enfadaba de que quisiera tanto al sobrinito. ¿Y aquello qué
+era sino celos?... Pues cuando ella tuviera un chico, no permitiría a
+nadie ni siquiera mirarle... Recorrió el espacio desde la calle de las
+Hileras a la de Pontejos, extraordinariamente excitada, sin ver a nadie.
+Llovía un poco y ni siquiera se acordó de abrir su paraguas. El gas de
+los escaparates estaba ya encendido, pero Jacinta, que acostumbraba
+pararse a ver las novedades, no se detuvo en ninguna parte. Al llegar a
+la esquina de la plazuela de Pontejos y cuando iba a atravesar la calle
+para entrar en el portal de su casa, que estaba enfrente, oyó algo que
+la detuvo. Corriole un frío cortante por todo el cuerpo; quedose parada,
+el oído atento a un rumor que al parecer venía del suelo, de entre las
+mismas piedras de la calle. Era un gemido, una voz de la naturaleza
+animal pidiendo auxilio y defensa contra el abandono y la muerte. Y el
+lamento era tan penetrante, tan afilado y agudo, que más que voz de un
+ser viviente parecía el sonido de la prima de un violín herida
+tenuemente en lo más alto de la escala. Sonaba de esta manera:
+_miiii_... Jacinta miraba al suelo; porque sin duda el quejido aquel
+venía de lo profundo de la tierra. En sus desconsoladas entrañas lo
+sentía ella penetrar, traspasándole como una aguja el corazón.
+
+Busca por aquí, busca por allá, vio al fin junto a la acera por la parte
+de la plaza una de esas hendiduras practicadas en el encintado, que se
+llaman _absorbederos_ en el lenguaje municipal, y que sirven para dar
+entrada en la alcantarilla al agua de las calles. De allí, sí, de allí
+venían aquellos lamentos que trastornaban el alma de la Delfina,
+produciéndole un dolor, una efusión de piedad que a nada pueden
+compararse. Todo lo que en ella existía de presunción materna, toda la
+ternura que los éxtasis de madre soñadora habían ido acumulando en su
+alma se hicieron fuerza activa para responder al _miiiii_ subterráneo
+con otro _miiii_ dicho a su manera.
+
+¿A quién pediría socorro? «Deogracias» gritó llamando al portero.
+Felizmente, el portero estaba en la esquina de la calle de la Paz
+hablando con un conductor del coche-correo, y al punto oyó la voz de su
+señorita. En cuatro trancos se puso a su lado.
+
+«Deogracias... eso... que ahí suena... mira a ver...» dijo la señorita
+temblando y pálida.
+
+El portero prestó atención; después se puso de cuatro pies, mirando a su
+ama con semblante de marrullería y jovialidad.
+
+«Pues... esto... ¡Ah!, son unos gatitos que han tirado a la
+alcantarilla».
+
+--¡Gatitos!... ¿estás seguro... pero estás seguro de que son gatitos?
+
+--Sí, señorita; y deben ser de la gata de la librería de ahí enfrente,
+que parió anoche y no los puede criar todos...
+
+Jacinta se inclinó para oír mejor. El _miiii_ sonaba ya tan profundo que
+apenas se percibía. «Sácalos» dijo la dama con voz de autoridad
+indiscutible.
+
+Deogracias se volvió a poner en cuatro pies, se arremangó el brazo y lo
+metió por aquel hueco. Jacinta no podía advertir en su rostro la
+expresión de incredulidad, casi de burla. Llovía más, y por el
+absorbedero empezaba a entrar agua, chorreando dentro con un ruido de
+freidera que apenas permitía ya oír el ahilado _miiii_. No obstante, la
+Delfina lo oía siempre bien claro. El portero volvió hacia arriba, como
+quien invoca al Cielo, su cara estúpida, y dijo sonriendo:
+
+«Señorita, no se puede. Están muy hondos... pero muy hondos».
+
+--¿Y no se puede levantar esta baldosa?--indicó ella, pisando fuerte en
+ella.
+
+--¿Esta baldosa?--repitió Deogracias, poniéndose de pie y mirando a su
+ama como se mira a la persona de cuya razón se duda--. Por poderse...
+avisando al Ayuntamiento... El teniente alcalde Sr. Aparisi, es vecino
+de casa... Pero...
+
+Ambos aguzaban su oído. «Ya no se oye nada --observó Deogracias,
+poniéndose más estúpido--. Se han ahogado...».
+
+No sabía el muy bruto la puñalada que daba a su ama con estas palabras.
+Jacinta, sin embargo, creía oír el gemido en lo profundo. Pero aquello
+no podía continuar. Empezó a ver la inmensa desproporción que había
+entre la grandeza de su piedad y la pequeñez del objeto a que la
+consagraba. Arreció la lluvia, y el absorbedero deglutaba ya una onda
+gruesa que hacía gargarismos y bascas al chocar con las paredes de aquel
+gaznate... Jacinta echó a correr hacia la casa y subió. Los nervios se
+le pusieron tan alborotados y el corazón tan oprimido, que sus suegros y
+su marido la creyeron enferma; y sufrió toda la noche la molestia
+indecible de oír constantemente el _miiii_ del absorbedero. En verdad
+que aquello era una tontería, quizás desorden nervioso; pero no lo podía
+remediar. ¡Ah! Si su suegra sabía por Deogracias lo ocurrido en la calle
+¡cuánto se había de burlar! Jacinta se avergonzaba de antemano,
+poniéndose colorada, sólo de considerar que entraba Barbarita
+diciéndole con su maleante estilo: «Pero hija, ¿conque es cierto que
+mandaste a Deogracias meterse en las alcantarillas para salvar unos
+niños abandonados...?».
+
+Sólo a su marido, _bajo palabra de secreto_, contó el lance de los
+gatitos. Jacinta no podía ocultarle nada, y tenía un gusto particular en
+hacerle confianza hasta de las más vanas tonterías que por su cabeza
+pasaban referentes a aquel tema de la maternidad. Y Juan, que tenía
+talento, era indulgente con estos desvaríos del cariño vacante o de la
+maternidad sin hijo. Aventurábase ella a contarle cuanto le pasaba, y
+muchas cosas que a la luz del día no osara decir, decíalas en la
+intimidad y soledad conyugales, porque allí venían como de molde, porque
+allí se decían sin esfuerzo cual si se dijeran por sí solas, porque, en
+fin, los comentarios sobre la sucesión tenían como una base en la
+renovación de las probabilidades de ella.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Hacía mal Barbarita, pero muy mal, en burlarse de la manía de su hija.
+¡Como si ella no tuviera también su manía, y buena! Por cierto que
+llevaba a Jacinta la gran ventaja de poder satisfacerse y dar realidad a
+su pensamiento. Era una viciosa que se hartaba de los goces ansiados,
+mientras que la nuera padecía horriblemente por no poseer nunca lo que
+anhelaba. La satisfacción del deseo _chiflaba_ a la una tanto como a la
+otra la privación del mismo.
+
+Barbarita tenía la _chifladura_ de las compras. Cultivaba el arte por el
+arte, es decir, la compra por la compra. Adquiría por el simple placer
+de adquirir, y para ella no había mayor gusto que hacer una excursión de
+tiendas y entrar luego en la casa cargada de cosas que, aunque no
+estaban demás, no eran de una necesidad absoluta. Pero no se salía nunca
+del límite que le marcaban sus medios de fortuna, y en esto precisamente
+estaba su magistral arte de marchante rica.
+
+El vicio aquel tenía sus depravaciones, porque la señora de Santa Cruz
+no sólo iba a las tiendas de lujo, sino a los mercados, y recorría de
+punta a punta los cajones de la plazuela de San Miguel, las pollerías de
+la calle de la Caza y los puestos de la ternera fina en la costanilla de
+Santiago. Era tan conocida _doña Barbarita_ en aquella zona, que las
+placeras se la disputaban y armaban entre sí grandes ciscos por la
+preferencia de una tan ilustre parroquiana.
+
+Lo mismo en los mercados que en las tiendas tenía un auxiliar
+inestimable, un ojeador que tomaba aquellas cosas cual si en ello le
+fuera la salvación del alma. Este era Plácido Estupiñá. Como vivía en
+la Cava de San Miguel, desde que se levantaba, a la primera luz del día,
+echaba una mirada de águila sobre los cajones de la plaza. Bajaba cuando
+todavía estaba la gente tomando la mañana en las tabernas y en los cafés
+ambulantes, y daba un vistazo a los puestos, enterándose del cariz del
+mercado y de las cotizaciones. Después, bien embozado en la pañosa, se
+iba a San Ginés, a donde llegaba algunas veces antes de que el sacristán
+abriera la puerta. Echaba un párrafo con las beatas que le habían cogido
+la delantera, alguna de las cuales llevaba su chocolatera y cocinilla, y
+hacía su desayuno en el mismo pórtico de la iglesia. Abierta esta, se
+metían todos dentro con tanta prisa como si fueran a coger puesto en una
+función de gran lleno, y empezaban las misas. Hasta la tercera o la
+cuarta no llegaba Barbarita, y en cuanto la veía entrar, Estupiñá se
+corría despacito hasta ella, deslizándose de banco en banco como una
+sombra, y se le ponía al lado. La señora rezaba en voz baja moviendo los
+labios. Plácido tenía que decirle muchas cosas, y entrecortaba su rezo
+para irlas desembuchando.
+
+«Va a salir la de D. Germán en la capilla de los Dolores... Hoy reciben
+congrio en la casa de Martínez; me han enseñado los despachos de
+Laredo... llena eres de gracia; el Señor es contigo... coliflor no hay,
+porque no han venido los arrieros de Villaviciosa por estar perdidos los
+caminos... ¡Con estas malditas aguas...!, y bendito es el fruto de tu
+vientre, Jesús...».
+
+Pasaba tiempo a veces sin que ninguno de los dos chistara, ella a un
+extremo del banco, él a cierta distancia, detrás, ora de rodillas, ora
+sentados. Estupiñá se aburría algunas veces por más que no lo declarase,
+y le gustaba que alguna beata rezagada o beato sobón le preguntara por
+la misa: «¿Se alcanza esta?». Estupiñá respondía que sí o que no de la
+manera más cortés, añadiendo siempre en el caso negativo algo que
+consolara al interrogador: «Pero esté usted tranquilo; va a salir en
+seguida la del padre Quesada, que es una pólvora...». Lo que él quería
+era ver si saltaba conversación.
+
+Después de un gran rato de silencio, consagrado a las devociones,
+Barbarita se volvía a él diciéndole con altanería impropia de aquel
+santo lugar:
+
+«Vaya, que tu amigo el Sordo nos la ha jugado buena».
+
+--¿Por qué, señora?
+
+--Porque te dije que le encargaras medio solomillo, y ¿sabes lo que me
+mandó?, un pedazo enorme de contrafalda o babilla y un trozo de
+espaldilla, lleno de piltrafas y tendones... Vaya un modo de portarse
+con los parroquianos. Nunca más se le compra nada. La culpa la tienes
+tú... Ahí tienes lo que son tus _protegidos_...
+
+Dicho esto, Barbarita seguía rezando y Plácido se ponía a echar pestes
+mentalmente contra el Sordo, un tablajero a quien él... No le protegía;
+era que _le había recomendado_. Pero ya se las cantaría él muy claras al
+tal Sordo. Otras familias a quienes le recomendara, quejáronse de que
+les había dado _tapa del cencerro_, es decir, pescuezo, que es la carne
+peor, en vez de tapa verdadera. En estos tiempos tan desmoralizados no
+se puede recomendar a nadie. Otras mañanas iba con esta monserga: «¡Cómo
+está hoy el mercado de caza! ¡Qué perdices, señora! Divinidades,
+verdaderas divinidades».
+
+--No más perdiz. Hoy hemos de ver si Pantaleón tiene buenos cabritos.
+También quisiera una buena lengua de vaca, _cargada_, y ver si hay
+ternera fina.
+
+--La hay tan fina, señora, que parece _talmente_ merluza.
+
+--Bueno, pues que me manden un buen solomillo y chuletas riñonadas. Ya
+sabes; no vayas a descolgarte con las agujas cortas del otro día.
+Conmigo no se juega.
+
+--Descuide usted... ¿Tiene la señora convidados mañana?
+
+--Sí; y de pescados ¿qué hay?
+
+--He _apalabrado_ el salmón por si viene mañana... Lo que tenemos hoy es
+peste de langosta.
+
+Y concluidas las misas, se iban por la calle Mayor adelante en busca de
+emociones puras, inocentes, logradas con la oficiosidad amable del uno y
+el dinero copioso de la otra. No siempre se ocupaban de cosas de comer.
+Repetidas veces llevó Estupiñá cuentos como este:
+
+«Señora, señora, no deje de ver las cretonas que han recibido los
+_chicos_ de Sobrino... ¡Qué divinidad!».
+
+Barbarita interrumpía un _Padrenuestro_ para decir, todavía con la
+expresión de la religiosidad en el rostro: «¿Rameaditas?, sí, y con
+golpes de oro. Eso es lo que se estila ahora».
+
+Y en el pórtico, donde ya estaba Plácido esperándola, decía: «Vamos a
+casa de los _chicos_ de Sobrino».
+
+Los cuales enseñaban a Barbarita, a más de las cretonas, unos satenes de
+algodón floreados que eran la gran novedad del día; y a la viciosa le
+faltaba tiempo para comprarle un vestido a su nuera, quien solía pasarlo
+a alguna de sus hermanas.
+
+Otra embajada: «Señora, señora, esta ya no se alcanza; pero pronto va a
+salir la del sobrino del señor cura, que es otro padre Fuguilla por lo
+pronto que la despacha. Ya recibió Pla los quesitos aquellos... no
+recuerdo cómo se llaman».
+
+--Ahora y en la hora de nuestra muerte... sí, ya... ¡Si son como las
+rosquillas inglesas que me hiciste comprar el otro día y que olían a
+viejo...! Parecían de la boda de San Isidro.
+
+A pesar de este regaño, al salir iban a casa de Pla con ánimo de no
+comprar más que dos libras de pasas de Corinto para hacer un pastel
+inglés, y la señora se iba enredando, enredando, hasta dejarse en la
+tienda obra de ochocientos o novecientos reales. Mientras Estupiñá
+admiraba, de mostrador adentro, las grandes novedades de aquel Museo
+universal de comestibles, dando su opinión pericial sobre todo, probando
+ya una galleta de almendra y coco, que parecía _talmente_ mazapán de
+Toledo, ya apreciando por el olor la superioridad del té o de las
+especias, la dama se tomaba por su cuenta a uno de los dependientes, que
+era un Samaniego, y... adiós mi dinero. A cada instante decía Barbarita
+que no más, y tras de la colección de purés para sopas, iban las _perlas
+del Nizán_, el _gluten de la estrella_, las salsas inglesas, el _caldo
+de carne de tortuga de mar_, la docena de botellas de Saint-Emilion,
+que tanto le gustaba a Juanito, el bote de _champignons extra_, que
+agradaban a D. Baldomero, la lata de anchoas, las trufas y otras
+menudencias. Del portamonedas de Barbarita, siempre bien provisto, salía
+el importe, y como hubiera un pico en la suma, tomábase la libertad de
+suprimirlo _por pronto pago_.
+
+--Ea, chicos, que lo mandéis todo al momento _a casa_--decía con
+despotismo Estupiñá al despedirse, señalando las compras.
+
+--Vaya, quedaos con Dios--decía doña Barbarita, levantándose de la silla
+a punto que aparecía el principal por la puerta de la trastienda, y
+saludaba con mil afectos a su parroquiana, quitándose la gorra de seda.
+
+--Vamos pasando hijo... ¡Ay, que _ladronicio_ el de esta casa!... No
+vuelvo a entrar más aquí... Abur, abur.
+
+--_Hasta mañana_, señora. A los pies de usted... Tantas cosas a D.
+Baldomero... Plácido, Dios le guarde.
+
+--Maestro... que haya salud. Ciertos artículos se compraban siempre al
+por mayor, y si era posible de primera mano. Barbarita tenía en la
+médula de los huesos la fibra de comerciante, y se pirraba por sacar el
+género _arreglado_. Pero, ¡cuán distantes de la realidad habrían quedado
+estos intentos sin la ayuda del espejo de los corredores, Estupiñá el
+Grande! ¡Lo que aquel santo hombre andaba para encontrar huevos frescos
+en gran cantidad...! Todos los polleros de la Cava le traían en
+palmitas, y él se daba no poca importancia, diciéndoles: «o tenemos
+formalidad o no tenemos formalidad. Examinemos el artículo, y después se
+discutirá... calma, hombre, calma». Y allí era el mirar huevo por huevo
+al trasluz, el sopesarlos y el hacer mil comentarios sobre su probable
+antigüedad. Como alguno de aquellos tíos le engañase, ya podía
+encomendarse a Dios, porque llegaba Estupiñá como una fiera amenazándole
+con el teniente alcalde, con la inspección municipal y hasta con la
+horca.
+
+Para el vino, Plácido se entendía con los vinateros de la Cava Baja, que
+van a hacer sus compras a Arganda, Tarancón o a la Sagra, y se ponía de
+acuerdo con un medidor para que le tomase una partida de tantos o
+cuantos cascos, y la remitiese por conducto de un carromatero ya
+conocido. Ello había de ser género de confianza, _talmente_ moro. El
+chocolate era una de las cosas en que más actividad y celo desplegaba
+Plácido, porque en cuanto Barbarita le daba órdenes ya no vivía el
+hombre. Compraba el cacao superior, el azúcar y la canela en casa de
+Gallo, y lo llevaba todo a hombros de un mozo, sin perderlo de vista, a
+la casa del que hacía las tareas. Los de Santa Cruz no transigían con
+los chocolates industriales, y el que tomaban había de ser hecho a
+brazo. Mientras el chocolatero trabajaba, Estupiñá se convertía en
+mosca, quiero decir que estaba todo el día dando vueltas alrededor de la
+tarea para ver si se hacía _a toda conciencia_, porque en estas cosas
+hay que andar con mucho ojo.
+
+Había días de compras grandes y otros de menudencias; pero días sin
+comprar no los hubo nunca. A falta de cosa mayor, la viciosa no entraba
+nunca en su casa sin el par de guantes, el imperdible, los polvos para
+limpiar metales, el paquete de horquillas o cualquier chuchería de los
+bazares de _todo a real_. A su hijo le llevaba regalitos sin fin,
+corbatas que no usaba, botonaduras que no se ponía nunca. Jacinta
+recibía con gozo lo que su suegra llevaba para ella, y lo iba
+trasmitiendo a sus hermanas solteras y casadas, menos ciertas cosas cuyo
+traspaso no le permitían. Por la ropa blanca y por la mantelería tenía
+la señora de Santa Cruz verdadera pasión. De la tienda de su hermano
+traía piezas enteras de holanda finísima, de batistas y madapolanes. D.
+Baldomero II y D. Juan I tenían ropa para un siglo.
+
+A entrambos les surtía de cigarros la propia Barbarita. El primero
+fumaba puros, el segundo papel. Estupiñá se encargaba de traer estos
+peligrosos artículos de la casa de un truchimán que los vendía de
+_ocultis_, y cuando atravesaba las calles de Madrid con las cajas debajo
+de su capa verde, el corazón le palpitaba de gozo, considerando la
+trastada que le jugaba a la Hacienda pública y recordando sus hermosos
+tiempos juveniles. Pero en los liberalescos años de 71 y 72 ya era otra
+cosa... La policía fiscal no se metía en muchos dibujos. El temerario
+contrabandista, no obstante, hubiera deseado tener un mal encuentro para
+probar al mundo entero que era hombre capaz de arruinar la _Renta_ si se
+lo proponía. Barbarita examinaba las cajas y sus marcas, las regateaba,
+olía el tabaco, escogía lo que le parecía mejor y pagaba muy bien.
+Siempre tenía D. Baldomero un surtido tan variado como excelente, y el
+buen señor conservaba, entre ciertos hábitos tenaces del antiguo
+hortera, el de reservar los cigarros mejores para los domingos.
+
+
+
+
+-VII-
+
+Guillermina, virgen y fundadora
+
+
+
+
+--i--
+
+
+De cuantas personas entraban en aquella casa, la más agasajada por toda
+la familia de Santa Cruz era Guillermina Pacheco, que vivía en la
+inmediata, tía de Moreno Isla y prima de Ruiz-Ochoa, los dos socios
+principales de la antigua banca de Moreno. Los miradores de las dos
+casas estaban tan próximos, que por ellos se comunicaba doña Bárbara con
+su amiga, y un toquecito en los cristales era suficiente para establecer
+la correspondencia.
+
+Guillermina entraba en aquella casa como en la suya, sin etiqueta ni
+cumplimiento alguno. Ya tenía su lugar fijo en el gabinete de Barbarita,
+una silla baja; y lo mismo era sentarse que empezar a hacer media o a
+coser. Llevaba siempre consigo un gran lío o cesto de labor, calábase
+los anteojos, cogía las herramientas, y ya no paraba en toda la noche.
+Hubiera o no en las otras habitaciones gente de cumplido, ella no se
+movía de allí ni tenía que ver con nadie. Los amigos asiduos de la casa,
+como el marqués de Casa-Muñoz, Aparisi o Federico Ruiz, la miraban ya
+como se mira lo que está siempre en un mismo sitio y no puede estar en
+otro. Los de fuera y los de dentro trataban con respeto, casi con
+veneración, a la ilustre señora, que era como una figurita de
+nacimiento, menuda y agraciada, la cabellera con bastantes canas, aunque
+no tantas como la de Barbarita, las mejillas sonrosadas, la boca
+risueña, el habla tranquila y graciosa, y el vestido humildísimo.
+
+Algunos días iba a comer allí, es decir, a sentarse a la mesa. Tomaba un
+poco de sopa, y en lo demás no hacía más que picar. D. Baldomero solía
+enfadarse y le decía: «Hija de mi alma, cuando quieras hacer penitencia
+no vengas a mi casa. Observo que no pruebas aquello que más te gusta. No
+me vengas a mí con cuentos. Yo tengo buena memoria. Te oí decir muchas
+veces en casa de mi padre que te gustaban las codornices, y ahora las
+tienes aquí y no las pruebas. ¡Que no tienes gana!... Para esto siempre
+hay gana. Y veo que no tocas el pan... Vamos, Guillermina, que perdemos
+las amistades...».
+
+Barbarita, que conocía bien a su amiga, no machacaba como D. Baldomero,
+dejándola comer lo que quisiese o no comer nada. Si por acaso estaba en
+la mesa el gordo Arnaiz, se permitía algunas cuchufletas de buen género
+sobre aquellos antiquísimos estilos de santidad, consistentes en no
+comer. «Lo que entra por la boca no daña al alma. Lo ha dicho San
+Francisco de Sales nada menos». La de Pacheco, que tenía buenas
+despachaderas, no se quedaba callada, y respondía con donaire a todas
+las bromas sin enojarse nunca. Concluida la comida, se diseminaban los
+comensales, unos a tomar café al despacho y a jugar al tresillo, otros a
+formar grupos más o menos animados y chismosos, y Guillermina a su
+sillita baja y al teje maneje de las agujas. Jacinta se le ponía al lado
+y tomaba muy a menudo parte en aquellas tareas, tan simpáticas a su
+corazón. Guillermina hacía camisolas, calzones y chambritas para sus
+ciento y pico de hijos de ambos sexos.
+
+Lo referente a esta insigne dama lo sabe mejor que nadie Zalamero, que
+está casado con una de las chicas de Ruiz-Ochoa. Nos ha prometido
+escribir la biografía de su excelsa pariente cuando se muera, y
+entretanto no tiene reparo en dar cuantos datos se le pidan, ni en
+rectificar a ciencia cierta las versiones que el criterio vulgar ha
+hecho correr sobre las causas que determinaron en Guillermina, hace
+veinticinco años, la pasión de la beneficencia. Alguien ha dicho que
+amores desgraciados la empujaron a la devoción primero, a la caridad
+propagandista y militante después. Mas Zalamero asegura que esta opinión
+es tan tonta como falsa. Guillermina, que fue bonita y aun un poquillo
+presumida, no tuvo nunca amores, y si los tuvo no se sabe absolutamente
+nada de ellos. Es un secreto guardado con sepulcral reserva en su
+corazón. Lo que la familia admite es que la muerte de su madre la
+impresionó tan vivamente, que hubo de proponerse, como el otro, _no
+servir a más señores que se le pudieran morir_. No nació aquella sin
+igual mujer para la vida contemplativa. Era un temperamento soñador,
+activo y emprendedor; un espíritu con ideas propias y con iniciativas
+varoniles. No se le hacía cuesta arriba la disciplina en el terreno
+espiritual; pero en el material sí, por lo cual no pensó nunca en
+afiliarse a ninguna de las órdenes religiosas más o menos severas que
+hay en el orbe católico. No se reconocía con bastante paciencia para
+encerrarse y estar todo el santo día bostezando el _gori gori_, ni para
+ser soldado en los valientes escuadrones de Hermanas de la Caridad. La
+llama vivísima que en su pecho ardía no le inspiraba la sumisión pasiva,
+sino actividades iniciadoras que debían desarrollarse en la libertad.
+Tenía un carácter inflexible y un tesoro de dotes de mando y de
+facultades de organización que ya quisieran para sí algunos de los
+hombres que dirigen los destinos del mundo. Era mujer que cuando se
+proponía algo iba a su fin derecha como una bala, con perseverancia
+grandiosa sin torcerse nunca ni desmayar un momento, inflexible y
+serena. Si en este camino recto encontraba espinas, las pisaba y
+adelante, con los pies ensangrentados.
+
+Empezó por unirse a unas cuantas señoras nobles amigas suyas que habían
+establecido asociaciones para socorros domiciliarios, y al poco tiempo
+Guillermina sobrepujó a sus compañeras. Estas lo hacían por vanidad, a
+veces de mala gana; aquella trabajaba con ardiente energía, y en esto se
+le fue la mitad de su legítima. A los dos años de vivir así, se la vio
+renunciar por completo a vestirse y ataviarse como manda la moda que se
+atavíen las señoras. Adoptó el traje liso de merino negro, el manto,
+pañolón oscuro cuando hacía frío, y unos zapatones de paño holgados y
+feos. Tal había de ser su empaque en todo el resto de sus días.
+
+La asociación benéfica a que pertenecía no se acomodaba al ánimo
+emprendedor de Guillermina, pues quería ella picar más alto, intentando
+cosas verdaderamente difíciles y tenidas por imposibles. Sus talentos de
+fundadora se revelaron entonces, asustando a todo aquel señorío que no
+sabía salir de ciertas rutinas. Algunas amigas suyas aseguraron que
+estaba loca, porque demencia era pensar en la fundación de un asilo
+para huerfanitos, y mayor locura dotarle de recursos permanentes. Pero
+la infatigable iniciadora no desmayaba, y el asilo _fue hecho_,
+sosteniéndose en los tres primeros años de su difícil existencia con
+parte de la renta que le quedaba a Guillermina y con los donativos de
+sus parientes ricos. Pero de pronto la institución empezó a crecer; se
+hinchaba y cundía como las miserias humanas, y sus necesidades subían en
+proporciones aterradoras. La dama pignoró los restos de su legítima;
+después tuvo que venderlos. Gracias a sus parientes, no se vio en el
+trance fatal de tener que mandar a la calle a los asilados a que
+pidieran limosna para sí y para la fundadora. Y al propio tiempo
+repartía periódicamente cuantiosas limosnas entre la gente pobre de los
+distritos de la Inclusa y Hospital; vestía muchos niños, daba ropa a los
+viejos, medicinas a los enfermos, alimentos y socorros diversos a todos.
+Para no suspender estos auxilios y seguir sosteniendo el asilo era
+forzoso buscar nuevos recursos. ¿Dónde y cómo? Ya las amistades y
+parentescos estaban tan explotados, que si se tiraba un poco más de la
+cuerda, era fácil que se rompiera. Los más generosos empezaban a poner
+mala cara, y los cicateros, cuando se les iba a cobrar la cuota, decían
+que no estaban en casa.
+
+«Llegó un día --dijo Guillermina, suspendiendo su labor, para contar el
+caso a varios amigos de Barbarita--, en que las cosas se pusieron muy
+feas. Amaneció aquel día, y los veintitrés pequeñuelos de Dios que yo
+había recogido y que estaban en una casucha baja y húmeda de la calle de
+Zarzal, aposentados como conejos, no tenían qué comer. Tirando de aquí y
+de allá, podían pasar aquel día; pero ¿y el siguiente? Yo no tenía ya ni
+dinero ni quien me lo diera. Debía no sé cuántas fanegas de judías, doce
+docenas de alpargatas, tantísimas arrobas de aceite; no me quedaba que
+empeñar o que vender más que el rosario. Los primos, que me sacaban de
+tantos apuros, ya habían hecho los imposibles... Me daba vergüenza de
+volver a pedirles. Mi sobrino Manolo, que solía ser mi paño de lágrimas,
+estaba en Londres. Y suponiendo que mi primo Valeriano me tapase mis
+veintitrés bocas (y la mía veinticuatro) por unos cuantos días, ¿cómo me
+arreglaría después? Nada, nada, era indispensable arañar la tierra y
+buscar cuartos de otra manera y por otros medios.
+
+»El día aquel fue día de pruebas para mí. Era un viernes de Dolores, y
+las siete espadas, señores míos, estaban clavadas aquí... Me pasaban
+como unos rayos por la frente. Una idea era lo que yo necesitaba, y más
+que una idea, valor, sí, valor para lanzarme... De repente noté que
+aquel valor tan deseado entraba en mí, pero un valor tremendo, como el
+de los soldados cuando se arrojan sobre los cañones enemigos... Trinqué
+la mantilla y me eché a la calle. Ya estaba decidida, y no crean, alegre
+como unas Pascuas, porque sabía lo que tenía que hacer. Hasta entonces
+yo había pedido a los amigos; desde aquel momento pediría a todo bicho
+viviente, iría de puerta en puerta con la mano así... Del primer tirón
+me planté en casa de una duquesa extranjera, a quien no había visto en
+mi vida. Recibiome con cierto recelo; me tomó por una trapisondista;
+pero a mí, ¿qué me importaba? Diome la limosna y, en seguida, para
+alentarme y apurar el cáliz de una vez, estuve dos días sin parar
+subiendo escaleras y tirando de las campanillas. Una familia me
+recomendaba a otra, y no quiero decir a ustedes las humillaciones, los
+portazos y los desaires que recibí. Pero el dichoso maná iba cayendo a
+gotitas a gotitas... Al poco tiempo vi que el negocio iba mejor de lo
+que yo esperaba. Algunos me recibían casi con palio; pero la mayor parte
+se quedaban fríos, mascullando excusas y buscando pretextos para no
+darme un céntimo. 'Ya ve usted, hay tantas atenciones... no se cobra...
+el Gobierno se lo lleva todo con las contribuciones...'. Yo les
+tranquilizaba. 'Un _perro chico_, un _perro chico_ es lo que me hace
+falta'. Y aquí me daban el _perro_, allá el duro, en otra parte el
+billetito de cinco o de diez... o nada. Pero yo tan campante. ¡Ah!,
+señores, este oficio tiene muchas quiebras. Un día subí a un cuarto
+segundo, que me había recomendado no sé quién. La tal recomendación fue
+una broma estúpida. Pues señor, llamo, entro, y me salen tres o cuatro
+tarascas... ¡Ay, Dios mío, eran mujeres de mala vida!... Yo, que veo
+aquello... lo primero que me ocurrió fue echar a correr. 'Pero no--me
+dije--, no me voy. Veremos si les saco algo'. Hija, me llenaron de
+injurias, y una de ellas se fue hacia dentro y volvió con una escoba
+para pegarme. ¿Qué creen ustedes que hice? ¿Acobardarme? Quia. Me metí
+más adentro y les dije cuatro frescas... pero bien dichas... ¡bonito
+genio tengo yo...! ¡Pues creerán ustedes que les saqué dinero! Pásmense,
+pásmense... la más desvergonzada, la que me salió con la escoba fue a
+los dos días a mi casa a llevarme un napoleón.
+
+»Bueno... pues verán ustedes. La costumbre de pedir me ha ido dando esta
+bendita cara de vaqueta que tengo ahora. Conmigo no valen desaires ni sé
+ya lo que son sonrojos. He perdido la vergüenza. Mi piel no sabe ya lo
+que es ruborizarse, ni mis oídos se escandalizan por una palabra más o
+menos fina. Ya me pueden llamar _perra judía_; lo mismo que si me
+llamaran _la perla de Oriente_; todo me suena igual... No veo más que mi
+objeto, y me voy derechita a él sin hacer caso de nada. Esto me da
+tantos ánimos que me atrevo con todo. Lo mismo le pido al Rey que al
+último de los obreros. Oigan ustedes este golpe: Un día dije: 'Voy a
+ver a D. Amadeo'. Pido mi audiencia, llego, entro, me recibe muy serio.
+Yo imperturbable, le hablé de mi asilo y le dije que esperaba algún
+auxilio de su real munificencia. '¿Un asilo de ancianos?'--me preguntó.
+'No señor, de niños'. --'¿Son muchos?'. Y no dijo más. Me miraba con
+afabilidad. ¡Qué hombre!, ¡qué bocaza! Mandó que me dieran seis mil
+_guealés_... Luego vi a doña María Victoria, ¡qué excelente señora!
+Hízome sentar a su lado; tratábame como su igual; tuve que darle mil
+noticias del asilo, explicarle todo... Quería saber lo que comen los
+pequeños, qué ropa les pongo... En fin, que nos hicimos amigas...
+Empeñada en que fuera yo allá todos los días... A la semana siguiente me
+mandó montones de ropa, piezas de tela y suscribió a sus niños por una
+cantidad mensual.
+
+»Con que ya ven ustedes cómo así, a lo tonto a lo tonto, ha venido sobre
+mi asilo el pan de cada día. La suscripción fija creció tanto que al año
+pude tomar la casa de la calle de Alburquerque, que tiene un gran patio
+y mucho desahogo. He puesto una zapatería para que los muchachos
+grandecitos trabajen, y dos escuelas para que aprendan. El año pasado
+eran sesenta y ya llegan a ciento diez. Se pasan apuros; pero vamos
+viviendo. Un día andamos mal y al otro llueven provisiones. Cuando veo
+la despensa vacía, _me echo a la calle_, como dicen los revolucionarios,
+y por la noche ya llevo a casa la libreta para tantas bocas. Y hay días
+en que no les falta su extraordinario, ¿qué creían ustedes? Hoy les he
+dado un arroz con leche, que no lo comen mejor los que me oyen. Veremos
+si al fin me salgo con la mía, que es un grano de anís, nada menos que
+levantarles un edificio de nueva planta, un verdadero palacio con la
+holgura y la distribución convenientes, todo muy propio, con
+departamento de esto, departamento de lo otro, de modo que me quepan
+allí doscientos o trescientos huérfanos, y puedan vivir bien y educarse
+y ser buenos cristianos».
+
+
+
+
+--ii<sc/>-
+
+
+«Un edificio _ad hoc_» dijo con incredulidad el marqués de Casa-Muñoz,
+que era uno de los presentes.
+
+--_Ad... hoc_, sí señor--replicó Guillermina, acentuando las dos
+palabras latinas--. Pues está usted adelantado de noticias. ¿No sabe que
+tengo el terreno y los planos, y que ya me están haciendo el vaciado?
+¿Sabe usted el sitio? Más abajo del que ocupan las _Micaelas_, esas que
+recogen y corrigen las mujeres pérdidas. El arquitecto y los delineantes
+me trabajan gratis. Ahora no pido sólo dinero, sino ladrillo recocho y
+pintón. Con que a ver...
+
+--¿Tiene usted ya la memoria de cantería?
+
+--preguntó con vivo interés Aparisi, que era hombre fuerte en negocio de
+berroqueña.
+
+--Sí, señor. ¿Me quiere usted dar algo?
+
+--Le doy a usted--dijo Aparisi, acompañando su generosidad de un gesto
+imperial--, la friolera de sesenta metros cúbicos de piedra sillar que
+tengo en la Guindalera.
+
+--¿A cómo? --preguntó Guillermina, mirándole con los ojos guiñados y
+apuntándole con la aguja de media.
+
+--A nada... La piedra es de usted. --Gracias, Dios se lo pague. Y el
+marqués, ¿qué me da?
+
+--Pues yo... ¿Quiere usted dos vigas de hierro de doble T que me
+sobraron de la casa de la Carrera?
+
+--¿Pues no las he de querer? Yo lo tomo todo, hasta una llave vieja,
+para cuando se acabe el edificio. ¿Saben ustedes lo que me llevé ayer a
+casa? Cuatro azulejos de cocina, un grifo y tres paquetitos de argollas.
+Todo sirve, amigos. Si en algún tejar me dan cuatro ladrillos, los
+acepto y a la obra con ellos. ¿Ven ustedes cómo hacen los pájaros sus
+nidos? Pues yo construiré mi palacio de huérfanos cogiendo aquí una
+pajita y allá otra. Ya se lo he dicho a Bárbara, no ha de tirar ni un
+clavo, aunque esté torcido, ni una tabla, aunque esté rota. Los sellos
+de correo se venden, las cajas de cerillas también... ¿Con qué creen
+ustedes que he comprado yo el gran lavabo que tenemos en el asilo? Pues
+juntando cabos de vela y vendiéndolos al peso. El otro día me ofrecieron
+una petaca de cuero de Rusia. «¿Para qué le sirve eso?» dirán estos
+señores. Pues me sirvió para hacer un regalo a uno de los delineantes
+que trabajan en el proyecto... ¿Ven ustedes a este marqués de
+Casa-Muñoz, que me está oyendo y me ha ofrecido dos vigas de doble T?
+Bueno: ¿cuánto apuestan a que le saco algo más? ¿Pues qué, creen ustedes
+que el señor marqués tiene sus grandes yeserías de Vallecas para ver
+estos apuros míos y no acudir a ellos?
+
+--Guillermina--dijo Casa-Muñoz algo conmovido--, cuente usted con
+doscientos quintales, y del blanco, que es a nueve reales.
+
+--¿Qué dije yo? Bueno. Y este señor de Ruiz ¿qué hará por mí?
+
+--Hija de mi alma, yo no tengo ni un clavo ni una astilla, pero le juro
+a usted por mi salvación que un domingo me salgo por las afueras y robo
+una teja para llevársela a usted... robaré dos, tres, una docena de
+tejas... Y hay más. Si quiere usted mis dos comedias, mis folletos
+sobre la _Unión ibérica_ y sobre la _Organización de los bomberos en
+Suiza_, mi obra de los _Castillos_, todo está a su disposición. Diez
+ejemplares de cada cosa para que hagan lotes en una _tómbola_.
+
+--¿Lo ven ustedes? Cae el maná, cae. Si en estas cosas no hay más que
+ponerse a ello... Mi amigo Baldomero también dará algo.
+
+--Las campanas--dijo el insigne comerciante--, y si me apuran, el
+pararrayos y las veletas. Quiero concluir el edificio, ya que el amigo
+Aparisi lo quiere empezar.
+
+--La primera piedra no hay quien me la quite--expresó Aparisi con toda
+la hinchazón de su amor propio.
+
+--Algo más daremos, ¿verdad Baldomero?--apuntó Barbarita--, por ejemplo,
+toda la capilla, con su órgano, altares, imágenes...
+
+--Todo lo que tú quieras, hija. Y eso que las _Micaelas_ nos han llevado
+un pico. Les hemos hecho casi la mitad del edificio. Pero ahora le toca
+a Guillermina. Ya sabe ella dónde estamos.
+
+El grupo que rodeaba a la fundadora se fue disolviendo. Algunos,
+creyendo sin duda que lo que allí se trataba más era broma que otra
+cosa, se fueron al salón a hablar _seriamente_ de política y negocios.
+D. Baldomero, que deseaba echar aquella noche una partida de mus, el
+juego clásico y tradicional de los comerciantes de Madrid, esperó a que
+entrase Pepe Samaniego, que era maestro consumado, para armar la
+partida. Durante un largo rato no se oía en el salón más que _envido a
+la chica... envido a los pares... órdago_.
+
+Las tres señoras estuvieron un momento solas, hablando de aquel proyecto
+de Guillermina, que seguía cose que te cose, ayudada por Jacinta. Hacía
+algún tiempo que a esta se le había despertado vivo entusiasmo por las
+empresas de la Pacheco, y a más de reservarle todo el dinero que podía,
+se picaba los dedos cosiendo para ella durante largas horas. Es que
+sentía un cierto consuelo en confeccionar ropas de niño y en suponer que
+aquellas mangas iban a abrigar bracitos desnudos. Ya había hecho dos
+visitas al asilo de la calle de Alburquerque y acompañado una vez a
+Guillermina en sus excursiones a las miserables zahúrdas donde viven los
+pobres de la Inclusa y Hospital.
+
+Había que oírla cuando volvió a aquella su primera visita a los barrios
+del Sur. «¡Qué desigualdades!--decía, desflorando sin saberlo el
+problema social--. Unos tanto y otros tan poco. Falta equilibrio y el
+mundo parece que se cae. Todo se arreglaría si los que tienen mucho
+dieran lo que les sobra a los que no poseen nada. ¿Pero qué cosa
+sobra?... Vaya usted a saber». Guillermina aseguraba que se necesita
+mucha fe para no acobardarse ante los espectáculos que la miseria
+ofrece. «Porque se encuentran almas buenas, sí--decía--; pero también
+mucha ingratitud. La falta de educación es para el pobre una desventaja
+mayor que la pobreza. Luego la propia miseria les ataca el corazón a
+muchos y se lo corrompe. A mí me han insultado; me han arrojado puñados
+de estiércol y tronchos de berza; me han llamado _tía bruja_...».
+
+A Barbarita le daba aquella noche por hablar de arquitectura y no perdía
+ripio. Entró a la sazón Moreno Isla, y le recibieron con exclamaciones
+de alegría. Llamole la señora y le dijo: «¿Tiene usted cascote?».
+
+Las tres se reían viendo la sorpresa y confusión de Moreno, que era una
+excelente persona, como de cuarenta y cinco años, célibe y riquísimo, de
+aficiones tan inglesas que se pasaba en Londres la mayor parte del año;
+alto, delgado y de muy mal color porque estaba muy delicado de salud.
+
+«Que si tengo cascote. ¿Es para usted?».
+
+--Usted conteste y no sea como los gallegos, que cuando se les hace una
+pregunta hacen otra. Puesto que está usted de derribo, ¿tiene cascote,
+sí o no?
+
+--Sí que lo tengo... y pedernal magnífico. A sesenta reales el carro,
+todo lo que usted quiera. El cascote a ocho reales... ¡Ah, tonto de mí!
+Ya sé de qué se trata. La santurrona les está embaucando con las
+fantasmagorías del asilo que va a edificar... Cuidado, mucho cuidado con
+los timos. Antes de que ponga la primera piedra, nos llevará a todos a
+San Bernardino.
+
+--Cállate, que ya saben todos lo avariento que eres. Si no te pido nada,
+roñoso, cicatero.
+
+Guárdate tus carros de pedernal, que ya te los pondrán en la balanza el
+día del gran saldo final, ya sabes, cuando suenen las trompetas
+aquellas, sí, y entonces, cuando veas que la balanza se te cae del lado
+de la avaricia, dirás: «Señor, quítame estos carros de piedra y cascote
+que me hunden en el Infierno», y todos diremos: «no, no, no... échenle
+carga, que es muy malo».
+
+--Con poner en el otro platillo los perros grandes y chicos que me has
+sacado, me salvo--díjole Moreno riendo y manoseándole la cara.
+
+--No me hagas carantoñas, sobrinillo. Si crees que eso te vale, gran
+miserable, usurero, recocho en dinero--repitió Guillermina con tono y
+sonrisa de chanza benévola--. ¡Qué hombres estos! Todavía quieres más, y
+estás derribando una manzana de casas viejas para hacer casas
+domingueras y sacarles las entrañas a los pobres.
+
+--No hagan ustedes caso de esta _rata eclesiástica_--indicó Moreno,
+sentándose entre Barbarita y Jacinta--. Me está arruinando. Voy a tener
+que irme a un pueblo porque no me deja vivir. Es que no me puedo
+descuidar. Estoy en casa vistiéndome... siento un susurro, algo así como
+paso de ladrones; miro, veo un bulto, doy un grito... Es ella, la rata
+que ha entrado y se va escurriendo por entre los muebles. Nada; por
+pronto que acudo, ya mi querida tía me ha registrado la ropa que está en
+el perchero y se ha llevado todo lo que había en el bolsillo del
+chaleco.
+
+La fundadora, atacada de una hilaridad convulsiva, se reía con toda su
+alma.
+
+--Pero ven acá, pillo--dijo secándose las lágrimas que la risa había
+hecho brotar de sus ojos--, si contigo no valen buenos medios. Anda,
+hijo, el que te roba a ti..., ya sabes el refrán... el que te roba a ti
+se va al Cielo derecho.
+
+--A donde vas tú a ir es al _Modelo_...
+
+--Cállate la boca, bobón, y no me denuncies, que te traerá peor
+cuenta...
+
+No siguió este diálogo, que prometía dar mucho juego, porque del salón
+llamaron a Moreno con enérgica insistencia. Oíase desde el gabinete
+rumor de un hablar vivo, y la mezclada agitación de varias voces, entre
+las cuales se distinguían claramente las de Juan, Villalonga y Zalamero,
+que acababan de entrar.
+
+Moreno fue allá, y Guillermina, que aún no había acabado de reír, decía
+a sus amigas.
+
+«Es un angelón... No tenéis idea de la pasta celestial de que está
+formado el corazón de este hombre».
+
+Barbarita no tenía sosiego hasta no enterarse del por qué de aquel
+tumulto que en el salón había. Fue a ver y volvió con el cuento:
+
+«Hijas, que el rey se marcha».
+
+--¡Qué dices, mujer!
+
+--Que D. Amadeo, cansado de bregar con esta gente, tira la corona por la
+ventana y dice: «Vayan ustedes a marcar al Demonio».
+
+--¡Todo sea por Dios! --exclamó Guillermina dando un suspiro y volviendo
+imperturbable a su trabajo.
+
+Jacinta pasó al salón, más que por enterarse de las noticias, por ver a
+su marido que aquel día no había comido en casa.
+
+«Oye--le dijo en secreto Guillermina, deteniéndola, y ambas se miraban
+con picardía;--con veinte duros que le sonsaques hay bastante».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+«En Bolsa no se supo nada. Yo lo supe en el Bolsín a las diez--dijo
+Villalonga--. Fui al Casino a llevar la noticia. Cuando volví al Bolsín,
+se estaba haciendo el consolidado a 20.
+
+--Lo hemos de ver a 10, señores --dijo el marqués de Casa-Muñoz en tono
+de Hamlet.
+
+--¡El Banco a 175...! --exclamó D. Baldomero pasándose la mano por la
+cabeza, y arrojando hacia el suelo una mirada fúnebre.
+
+--Perdone usted, amigo --rectificó Moreno Isla--. Está a 172, y si usted
+quiere comprarme las mías a 170, ahora mismo las largo. No quiero más
+papel de la querida patria. Mañana me vuelvo a Londres.
+
+--Sí--dijo Aparisi poniendo semblante profético--; porque la que se va a
+armar ahora aquí, será de órdago.
+
+--Señores, no seamos impresionables--indicó el marqués de Casa-Muñoz,
+que gustaba de dominar las situaciones con mirada alta--. Ese buen señor
+se ha cansado; no era para menos; ha dicho: «ahí queda eso». Yo en su
+caso habría hecho lo mismo. Tendremos algún trastorno; habrá su poco de
+República; pero ya saben ustedes que las naciones no mueren...
+
+--El golpe viene de fuera --manifestó Aparisi--. Esto lo veía yo venir.
+Francia...
+
+--No _involucremos_ las cuestiones, señores --dijo Casa-Muñoz poniendo
+una cara muy parlamentaria--. Y si he de hablar ingenuamente, diré a
+ustedes que a mí no me asusta la República, lo que me asusta es el
+republicanismo.
+
+Miró a todos para ver qué tal había caído esta frase. No podía dudarse
+de que el murmullo aquel con que fue acogida era laudatorio.
+
+«Señor Marqués --declaró Aparisi picado de rivalidad--, el pueblo
+español es un pueblo digno... que en los momentos de peligro, sabe
+ponerse...».
+
+--¿Y qué tiene que ver una cosa con otra?...--saltó el marqués incómodo,
+anonadando a su contrario con una mirada--. No _involucre_ usted las
+cuestiones.
+
+Aparisi, propietario y concejal de oficio, era un hombre que se preciaba
+de _poner los puntos sobre las íes_; pero con el marqués de Casa-Muñoz
+no le valía su suficiencia, porque este no toleraba imposiciones y era
+capaz de poner puntos sobre las haches. Había entre los dos una
+rivalidad tácita, que se manifestaba en la emulación para lanzar
+observaciones sintéticas sobre todas las cosas. Una mirada de profunda
+antipatía era lo único que a veces dejaba entrever el pugilato
+espiritual de aquellos dos atletas del pensamiento. Villalonga, que era
+observador muy picaresco, aseguraba haber descubierto entre Aparisi y
+Casa-Muñoz un antagonismo o competencia en la emisión de palabras
+escogidas. Se desafiaban a cuál hablaba más por lo fino, y si el marqués
+daba muchas vueltas al _involucrar_, al _ad hoc_, al _sui generis_ y
+otros términos latinos, en seguida se veía al otro poniendo en prensa el
+cerebro para obtener frases tan selectas como _la concatenación de las
+ideas_. A veces parecía triunfante Aparisi, diciendo que tal o cual cosa
+era el _bello ideal_ de los pueblos; pero Casa-Muñoz tomaba arranque y
+diciendo _el desiderátum_, hacía polvo a su contrario.
+
+Cuenta Villalonga que hace años hablaba Casa-Muñoz disparatadamente, y
+sostiene y jura haberle oído decir, cuando aún no era marqués, que las
+_puertas estaban herméticamente_ _ abiertas_; pero esto no ha llegado a
+comprobarse. Dejando a un lado las bromas, conviene decir que era el
+marqués persona apreciabilísima, muy corriente, muy afable en su trato,
+excelente para su familia y amigos. Tenía la misma edad que D.
+Baldomero; mas no llevaba tan bien los años. Su dentadura era artificial
+y sus patillas teñidas tenían un viso carminoso, contrastando con la
+cabeza sin pintar. Aparisi era mucho más joven, hombre que presumía de
+pie pequeño y de manos bonitas, la cara arrebolada, el bigote castaño
+cayendo a lo chino, los ojos grandes, y en la cabeza una de esas calvas
+que son para sus poseedores un diploma de talento. Lo más característico
+en el concejal perpetuo era la expresión de su rostro, semejante a la de
+una persona que está oliendo algo muy desagradable, lo que provenía de
+cierta contracción de los músculos nasales y del labio superior. Por lo
+demás, buena persona, que no debía nada a nadie. Había tenido almacén de
+maderas, y se contaba que en cierta época les puso los puntos sobre las
+íes a los pinares de Balsain. Era hombre sin instrucción, y... lo que
+pasa... por lo mismo que no la tenía gustaba de aparentarla. Cuenta el
+tunante de Villalonga que hace años usaba Aparisi el _e pur si muove_
+de Galileo; pero el pobrecito no le daba la interpretación verdadera, y
+creía que aquel célebre dicho significaba _por si acaso_.
+
+Así, se le oyó decir más de una vez: «Parece que no lloverá; pero sacaré
+el paraguas _e pur si muove_».
+
+Jacinta trincó a su marido por el brazo y le llevó un poquito aparte:
+
+«Y qué, _nene_, ¿hay barricadas?».
+
+--No, hija, no hay nada. Tranquilízate.
+
+--¿No volverás a salir esta noche?... Mira que me asustaré mucho si
+sales.
+
+--Pues no saldré... ¿Qué... qué buscas?
+
+Jacinta, riendo, deslizaba su mano por el forro de la levita, buscando
+el bolsillo del pecho.
+
+--¡Ay!, yo iba a ver si te sacaba la cartera sin que me sintieses...
+
+--Vaya con la descuidera... --¡Quia!, si no sé... Esto quien lo hace
+bien es Guillermina, que le saca a Manolo Moreno las pesetas del
+bolsillo del chaleco sin que él lo sienta... A ver...
+
+Jacinta, dueña ya de la cartera, la abrió.
+
+--¿Te enfadarías si te quito este billete de veinte duros? ¿Te hace
+falta?
+
+--No por cierto. Toma lo que quieras.
+
+--Es para Guillermina. Mamá le dio dos, y le falta un pico para poder
+pagar mañana el trimestre del alquiler del asilo.
+
+Contestole el Delfín apretándole con mucha efusión las dos manos y
+arrugando el billete que estaba en ellas.
+
+En cuanto Guillermina pescó lo que le faltaba para completar su
+cantidad, dejó la costura y se puso el manto. Despidiéndose brevemente
+de las dos señoras, atravesó el salón a prisa.
+
+«¡A esa, a esa! --gritó Moreno--, sin duda se lleva algo. Caballeros,
+vean ustedes si les falta el reloj. Bárbara, que debajo de la mantilla
+de _la rata eclesiástica_ veo un bulto... ¿No había aquí candeleros de
+plata?».
+
+En medio de la jovial algazara que estas bromas producían, salió
+Guillermina, esparciendo sobre todos una sonrisa inefable que parecía
+una bendición.
+
+En seguida, cebáronse todos con furia en el tema suculento de la partida
+del Rey, y cada cual exponía sus opiniones con ínfulas de profecía, como
+si en su vida hubieran hecho otra cosa que vaticinar acertando.
+Villalonga estaba ya viendo a D. Carlos entrar en Madrid, y el marqués
+de Casa-Muñoz hablaba de
+
+_las exageraciones liberticidas_ de la demagogia roja y de la demagogia
+blanca como si las estuviera mirando pintadas en la pared de enfrente;
+el ex-subsecretario de Gobernación, Zalamero, leía clarito en el
+porvenir el nombre del Rey Alfonso, y el concejal decía que _el
+alfonsismo estaba aún en la nebulosa de lo desconocido_. El mismo
+Aparisi y Federico Ruiz profetizaron luego en una sola cuerda... ¡Qué
+demonio! Ellos no se asustaban de la República. Como si lo vieran... no
+iba a pasar nada. Es que aquí somos muy impresionables, y por cualquier
+contratiempo nos parece que se nos cae el Cielo encima. «Yo les aseguro
+a ustedes --decía Aparisi, puesta la mano sobre el pecho--, que no
+pasará nada, pero nada. Aquí no se tiene idea de lo que es el pueblo
+español... Yo respondo de él, me atrevo a responder con la cabeza,
+vaya...». Moreno no vaticinaba; no hacía más que decir: «Por si vienen
+mal dadas, me voy mañana para Londres». Aquel ricacho soltero alardeaba
+de carecer en absoluto del sentimiento de la patria, y estaba tan
+extranjerizado que nada español le parecía bueno. Los autores dramáticos
+lo mismo que las comidas, los ferrocarriles lo mismo que las industrias
+menudas, todo le parecía de una inferioridad lamentable. Solía decir que
+aquí los tenderos no saben envolver en un papel una libra de cualquier
+cosa. «Compra usted algo, y después que le miden mal y le cobran caro,
+el envoltorio de papel que le dan a usted se le deshace por el camino.
+No hay que darle vueltas; somos una raza inhábil hasta no poder más».
+
+Don Baldomero decía con acento de tristeza una cosa muy sensata: «¡Si D.
+Juan Prim viviera...!». Juan y Samaniego se apartaron del corrillo y
+charlaban con Jacinta y doña Bárbara, tratando de quitarles el miedo. No
+habría tiros, ni jarana... no sería preciso hacer provisiones... ¡Ah!
+Barbarita soñaba ya con hacer provisiones. A la mañana siguiente, si no
+había barricadas, ella y Estupiñá se ocuparían de eso.
+
+Poco a poco fueron desfilando. Eran las doce. Aparisi y Casa-Muñoz se
+fueron al Bolsín a saber noticias, no sin que antes de partir dieran una
+nueva muestra de su rivalidad. El concejal de oficio estaba tan
+excitado, que la contracción de su hocico se acentuaba, como si el olor
+aquel imaginario fuera el de la aza fétida. Zalamero, que iba a
+Gobernación, quiso llevarse al Delfín; pero este, a quien su mujer tenía
+cogido del brazo, se negó a salir... «Mi mujer no me deja».
+
+--Mi tocaya--dijo Villalonga--, se está volviendo muy
+anticonstitucional.
+
+Por fin se quedaron solos los de casa. Don Baldomero y Barbarita besaron
+a sus hijos y se fueron a acostar. Esto mismo hicieron Jacinta y su
+marido.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+Escenas de la vida íntima
+
+
+
+
+--i--
+
+
+A poco de acostarse notó Jacinta que su marido dormía profundamente.
+Observábale desvelada, tendiendo una mirada tenaz de cama a cama. Creyó
+que hablaba en sueños... pero no; era simplemente quejido sin
+articulación que acostumbraba a lanzar cuando dormía, quizá por causa de
+una mala postura. Los pensamientos políticos nacidos de las
+conversaciones de aquella noche, huyeron pronto de la mente de Jacinta.
+¿Qué le importaba a ella que hubiese República o Monarquía, ni que D.
+Amadeo se fuera o se quedase? Más le importaba la conducta de aquel
+ingrato que a su lado dormía tan tranquilo. Porque no tenía duda de que
+Juan andaba algo distraído, y esto no lo podían notar sus padres por la
+sencilla razón de que no le veían nunca tan cerca como su mujer. El
+pérfido guardaba tan bien las apariencias, que nada hacía ni decía _en
+familia_ que no revelara una conducta regular y correctísima. Trataba a
+su mujer con un cariño tal, que... vamos, se le tomaría por enamorado.
+Sólo allí, de aquella puerta para adentro, se descubrían las trastadas;
+sólo ella, fundándose en datos negativos, podía destruir la aureola que
+el público y la familia ponían al glorioso Delfín. Decía su mamá que era
+el marido modelo. ¡Valiente pillo! Y la esposa no podía contestar a su
+suegra cuando le venía con aquellas historias... Con qué cara le diría:
+«Pues no hay tal modelo, no señora, no hay tal modelo, y cuando yo lo
+digo, bien sabido me lo tendré».
+
+Pensando en esto, pasó Jacinta parte de aquella noche, atando cabos,
+como ella decía, para ver si de los hechos aislados lograba sacar alguna
+afirmación. Estos hechos, valga la verdad, no arrojaban mucha luz que
+digamos sobre lo que se quería demostrar. Tal día y a tal hora Juan
+había salido bruscamente, después de estar un rato muy pensativo, pero
+muy pensativo. Tal día y a tal hora Juan había recibido una carta, que
+le había puesto de mal humor. Por más que ella hizo, no la había podido
+encontrar. Tal día y a tal hora, yendo ella y Barbarita por la calle de
+Preciados, se encontraron a Juan que venía deprisa y muy abstraído. Al
+verlas, quedose algo cortado; pero sabía dominarse pronto. Ninguno de
+estos datos probaba nada; pero no cabía duda: su marido se la estaba
+pegando.
+
+De vez en cuando estas cavilaciones cesaban, porque Juan sabía
+arreglarse de modo que su mujer no llegase a cargarse de razón para
+estar descontenta. Como la herida a que se pone bálsamo fresco, la pena
+de Jacinta se calmaba. Pero los días y las noches, sin saber cómo,
+traíanla lentamente otra vez a la misma situación penosa. Y era muy
+particular; estaba tan tranquila, sin pensar en semejante cosa, y por
+cualquier incidente, por una palabra sin interés o referencia trivial,
+le asaltaba la idea como un dardo arrojado de lejos por desconocida mano
+y que venía a clavársele en el cerebro. Era Jacinta observadora,
+prudente y sagaz. Los más insignificantes gestos de su esposo, las
+inflexiones de su voz, todo lo observaba con disimulo, sonriendo cuando
+más atenta estaba, escondiendo con mil zalamerías su vigilancia, como
+los naturalistas esconden y disimulan el lente con que examinan el
+trabajo de las abejas. Sabía hacer preguntas capciosas, verdaderas
+trampas cubiertas de follaje. ¡Pero bueno era el otro para dejarse
+coger!
+
+Y para todo tenía el ingenioso culpable palabras bonitas: «La luna de
+miel perpetua es un contrasentido, es... hasta ridícula. El entusiasmo
+es un estado infantil impropio de personas normales. El marido piensa en
+sus negocios, la mujer en las cosas de su casa, y uno y otro se tratan
+más como amigos que como amantes. Hasta las palomas, hija mía, hasta las
+palomas cuando pasan de cierta edad, se hacen cariños así... de una
+manera sesuda». Jacinta se reía con esto; pero no admitía tales
+componendas. Lo más gracioso era que él se las echaba de hombre ocupado.
+¡Valiente truhán! ¡Si no tenía absolutamente nada que hacer más que
+pasear y divertirse...! Su padre había trabajado toda la vida como un
+negro para asegurar la holgazanería dichosa del príncipe de la casa...
+En fin, fuese lo que fuese, Jacinta se proponía no abandonar jamás su
+actitud de humildad y discreción. Creía firmemente que Juan no daría
+nunca escándalos, y no habiendo escándalo, las cosas irían pasando así.
+No hay existencia sin gusanillo, un parásito interior que la roe y a sus
+expensas vive, y ella tenía dos: los apartamientos de su marido y el
+desconsuelo de no ser madre. Llevaría ambas penas con paciencia, con tal
+que no saltara algo más fuerte.
+
+Por respeto a sí misma, nunca había hablado de esto a nadie, ni al mismo
+Delfín. Pero una noche estaba este tan comunicativo, tan bromista, tan
+pillín, que a Jacinta se le llenó la boca de sinceridad, y palabra tras
+palabra, dio salida a todo lo que pensaba. «Tú me estás engañando, y no
+es de ahora, es de hace tiempo. Si creerás que soy tonta... El tonto
+eres tú».
+
+La primera contestación de Santa Cruz fue romper a reír. Su mujer le
+tapaba la boca para que no alborotase. Después el muy tunante empezó a
+razonar sus explicaciones, revistiéndolas de formas seductoras. ¡Pero
+qué huecas le parecieron a Jacinta, que en las dialécticas del corazón
+era más maestra que él por saber amar de veras! Y a ella le tocó reír
+después y desmenuzar tan livianos argumentos... El sueño, un sueño dulce
+y mutuo les cogió, y se durmieron felices... Y ved lo que son las cosas,
+Juan se enmendó, o al menos pareció enmendarse.
+
+Tenía Santa Cruz en altísimo grado las triquiñuelas del artista de la
+vida, que sabe disponer las cosas del mejor modo posible para
+sistematizar y refinar sus dichas. Sacaba partido de todo, distribuyendo
+los goces y ajustándolos a esas misteriosas mareas del humano apetito
+que, cuando se acentúan, significan una organización viciosa. En el
+fondo de la naturaleza humana hay también, como en la superficie social,
+una sucesión de modas, periodos en que es de rigor cambiar de apetitos.
+Juan tenía temporadas. En épocas periódicas y casi fijas se hastiaba de
+sus correrías, y entonces su mujer, tan mona y cariñosa, le ilusionaba
+como si fuera la mujer de otro. Así lo muy antiguo y conocido se
+convierte en nuevo. Un texto desdeñado de puro sabido vuelve a interesar
+cuando la memoria principia a perderle y la curiosidad se estimula.
+Ayudaba a esto el tiernísimo amor que Jacinta le tenía, pues allí sí que
+no había farsa, ni vil interés ni estudio. Era, pues, para el Delfín
+una dicha verdadera y casi nueva volver a su puerto después de mil
+borrascas. Parecía que se restauraba con un cariño tan puro, tan leal y
+tan suyo, pues nadie en el mundo podía disputárselo.
+
+En honor de la verdad, se ha de decir que Santa Cruz amaba a su mujer.
+Ni aun en los días que más viva estaba la marea de la infidelidad, dejó
+de haber para Jacinta un hueco de preferencia en aquel corazón que tenía
+tantos rincones y callejuelas. Ni la variedad de aficiones y caprichos
+excluía un sentimiento inamovible hacia su compañera por la ley y la
+religión. Conociendo perfectamente su valer moral, admiraba en ella las
+virtudes que él no tenía y que según su criterio, tampoco le hacían
+mucha falta. Por esta última razón no incurría en la humildad de
+confesarse indigno de tal joya, pues su amor propio iba siempre por
+delante de todo, y teníase por merecedor de cuantos bienes disfrutaba o
+pudiera disfrutar en este bajo mundo. Vicioso y discreto, sibarita y
+hombre de talento, aspirando a la erudición de todos los goces y con
+bastante buen gusto para espiritualizar las cosas materiales, no podía
+contentarse con gustar la belleza comprada o conquistada, la gracia, el
+donaire, la extravagancia; quería gustar también la virtud, no
+precisamente vencida, que deja de serlo, sino la pura, que en su pureza
+misma tenía para él su picante.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Por lo dicho se habrá comprendido que el Delfín era un hombre
+enteramente desocupado. Cuando se casó, hízole proposiciones don
+Baldomero para que tomase algunos miles y negociara con ellos, ya
+jugando a la Bolsa, ya en otra especulación cualquiera. Aceptó el joven,
+mas no le satisfizo el ensayo, y renunció en absoluto a meterse en
+negocios que traen muchas incertidumbres y desvelos. D. Baldomero no
+había podido sustraerse a esa preocupación tan española de que los
+padres trabajen para que los hijos descansen y gocen. Recreábase aquel
+buen señor en la ociosidad de su hijo como un artesano se recrea en su
+obra, y más la admira cuanto más doloridas y fatigadas se le quedan las
+manos con que la ha hecho.
+
+Conviene decir también que el joven aquel no era derrochador. Gastaba,
+sí, pero con pulso y medida, y sus placeres dejaban de serlo cuando
+empezaban a exigirle algo de disipación. En tales casos era cuando la
+virtud le mostraba su rostro apacible y seductor. Tenía cierto respeto
+ingénito al bolsillo, y si podía comprar una cosa con dos pesetas, no
+era él seguramente quien daba tres. En todas las ocasiones, el
+desprenderse de una cantidad fuerte le costaba siempre algún trabajo, al
+contrario de los dadivosos que cuando dan parece que se les quita un
+peso de encima. Y como conocía tan bien el valor de la moneda, sabía
+emplearla en la adquisición de sus goces de una manera prudente y casi
+mercantil. Ninguno sabía como él _sacar el jugo_ a un billete de cinco
+duros o de veinte. De la cantidad con que cualquier manirroto se
+proporciona un placer, Juanito Santa Cruz sacaba siempre dos.
+
+A fuer de hábil financiero, sabía pasar por generoso cuando el caso lo
+exigía. Jamás hizo locuras, y si alguna vez sus apetitos le llevaron a
+ciertas pendientes, supo agarrarse a tiempo para evitar un resbalón. Una
+de las más puras satisfacciones de los señores de Santa Cruz era saber a
+ciencia cierta que su hijo no tenía trampas, como la mayoría de los
+hijos de familia en estos depravados tiempos.
+
+Algo le habría gustado a D. Baldomero que el Delfín diera a conocer sus
+eximios talentos en la política. ¡Oh!, si él se lanzara, seguramente
+descollaría. Pero Barbarita le desanimaba. «¡La política, la política!
+¿Pues no estamos viendo lo que es? Una comedia. Todo se vuelve
+habladurías y no hacer nada de provecho...». Lo que hacía cavilar algo a
+D. Baldomero II era que su hijo no tuviese la firmeza de ideas que él
+tenía, pues él pensaba el 73 lo mismo que había pensado el 45; es decir,
+que debe haber mucha libertad y mucho palo, que la libertad hace muy
+buenas migas con la religión, y que conviene perseguir y escarmentar a
+todos los que van a la política a hacer chanchullos.
+
+Porque Juan era la inconsecuencia misma. En los tiempos de Prim,
+manifestose entusiasta por la candidatura del duque de Montpensier. «Es
+el hombre que conviene, desengañaos, un hombre que lleva al dedillo las
+cuentas de su casa, un modelo de padre de familia». Vino D. Amadeo, y el
+Delfín se hizo tan republicano que daba miedo oírle. «La Monarquía es
+imposible; hay que convencerse de ello. Dicen que el país no está
+preparado para la República; pues que lo preparen. Es como si se
+pretendiera que un hombre supiera nadar sin decidirse a entrar en el
+agua. No hay más remedio que pasar algún mal trago... La desgracia
+enseña... y si no, vean esa Francia, esa prosperidad, esa inteligencia,
+ese patriotismo... esa manera de pagar los cinco mil millones...». Pues
+señor, vino el 11 de Febrero y al principio le pareció a Juan que todo
+iba a qué quieres boca. «Es admirable. La Europa está atónita. Digan lo
+que quieran, el pueblo español tiene un gran sentido». Pero a los dos
+meses, las ideas pesimistas habían ganado ya por completo su ánimo.
+«Esto es una pillería, esto es una vergüenza. Cada país tiene el
+Gobierno que merece, y aquí no puede gobernar más que un hombre que esté
+siempre con una estaca en la mano». Por gradaciones lentas, Juanito
+llegó a defender con calor la idea alfonsina. «Por Dios, hijo--decía D.
+Baldomero con inocencia--, si eso no puede ser» y sacaba a relucir los
+_jamases_ de Prim. Poníase Barbarita de parte del desterrado príncipe, y
+como el sentimiento tiene tanta parte en la suerte de los pueblos, todas
+las mujeres apoyaban al príncipe y le defendían con argumentos sacados
+del corazón. Jacinta dejaba muy atrás a las más entusiastas por D.
+Alfonso. «¡Es un niño!»... Y no daba más razón.
+
+Teníase a sí mismo el heredero de Santa Cruz por una gran persona.
+Estaba satisfecho, cual si se hubiera creado y visto que era bueno.
+«Porque yo--decía esforzándose en aliar la verdad con la modestia--, no
+soy de lo peorcito de la humanidad. Reconozco que hay seres superiores a
+mí, por ejemplo, mi mujer; pero ¡cuántos hay inferiores, cuántos!». Sus
+atractivos físicos eran realmente grandes, y él mismo lo declaraba en
+sus soliloquios íntimos: «¡Qué guapo soy! Bien dice mi mujer que no hay
+otro más salado. La pobrecilla me quiere con delirio... y yo a ella lo
+mismo, como es justo. Tengo la gran figura, visto bien, y en modales y
+en trato me parece... que somos algo». En la casa no había más opinión
+que la suya; era el oráculo de la familia y les cautivaba a todos no
+sólo por lo mucho que le querían y mimaban, sino por el sortilegio de su
+imaginación, por aquella bendita labia suya y su manera de insinuarse.
+La más subyugada era Jacinta, quien no se hubiera atrevido a sostener
+delante de la familia que lo blanco es blanco, si su querido esposo
+sostenía que es negro. Amábale con verdadera pasión, no teniendo poca
+parte en este sentimiento la buena facha de él y sus relumbrones
+intelectuales. Respecto a las perfecciones morales que toda la familia
+declaraba en Juan, Jacinta tenía sus dudas. Vaya si las tenía. Pero
+viéndose sola en aquel terreno de la incertidumbre, llenábase de
+tristeza y decía: «¿Me estaré quejando de vicio? ¿Seré yo, como
+aseguran, la más feliz de las mujeres, y no habré caído en ello?».
+
+Con estas consideraciones azotaba y mortificaba su inquietud para
+aplacarla como los penitentes vapulean la carne para reducirla a la
+obediencia del espíritu. Con lo que no se conformaba era con no tener
+chiquillos, «porque todo se puede ir conllevando --decía--, menos eso.
+Si yo tuviera un niño, me entretendría mucho con él, y no pensaría en
+ciertas cosas». De tanto cavilar en esto, su mente padecía alucinaciones
+y desvaríos. Algunas noches, en el primer periodo del sueño, sentía
+sobre su seno un contacto caliente y una boca que la chupaba. Los
+lengüetazos la despertaban sobresaltada, y con la tristísima impresión
+de que todo aquello era mentira, lanzaba un ¡ay!, y su marido le decía
+desde la otra cama: «¿Qué es eso, nenita?... ¿pesadilla?».--«Sí, hijo,
+un sueño muy malo». Pero no quería decir la verdad por temor de que Juan
+lo tomara a risa.
+
+Los pasillos de su gran casa le parecían lúgubres, sólo porque no sonaba
+en ellos el estrépito de las pataditas infantiles. Las habitaciones
+inservibles destinadas a la chiquillería, _cuando la hubiera_,
+infundíanle tal tristeza, que los días en que se sentía muy tocada de la
+manía, no pasaba por ellas. Cuando por las noches veía entrar de la
+calle a D. Baldomero, tan bondadoso y jovial, siempre con su cara de
+Pascua, vestido de finísimo paño negro y tan limpio y sonrosado, no
+podía menos de pensar en los nietos que aquel señor debía tener para que
+hubiera lógica en el mundo, y decía para sí: «¡Qué abuelito se están
+perdiendo!».
+
+Una noche fue al teatro Real de muy mala gana. Había estado todo el día
+y la noche anterior en casa de Candelaria que tenía enferma a la niña
+pequeña. Mal humorada y soñolienta, deseaba que la ópera se acabase
+pronto; pero desgraciadamente la obra, como de Wagner, era muy larga,
+música excelente según Juan y todas las personas de gusto, pero que a
+ella no le hacía maldita gracia. No lo entendía, vamos. Para ella no
+había más música que la italiana, mientras más clarita y más de
+organillo mejor. Puso su muestrario en primera fila, y se colocó en la
+última silla de atrás. Las tres pollas, Barbarita II, Isabel y Andrea,
+estaban muy gozosas, sintiéndose flechadas por mozalbetes del paraíso y
+de palcos por asiento. También de butacas venía algún anteojazo bueno.
+Doña Bárbara no estaba. Al llegar al cuarto acto, Jacinta sintió
+aburrimiento. Miraba mucho al palco de su marido y no le veía. ¿En dónde
+estaba? Pensando en esto, hizo una cortesía de respeto al gran Wagner,
+inclinando suavemente la graciosa cabeza sobre el pecho. Lo último que
+oyó fue un trozo descriptivo en que la orquesta hacía un rumor semejante
+al de las trompetillas con que los mosquitos divierten al hombre en las
+noches de verano. Al arrullo de esta música, cayó la dama en sueño
+profundísimo, uno de esos sueños intensos y breves en que el cerebro
+finge la realidad como un relieve y un histrionismo admirables. La
+impresión que estos letargos dejan suele ser más honda que la que nos
+queda de muchos fenómenos externos y apreciados por los sentidos.
+Hallábase Jacinta en un sitio que era su casa y no era su casa... Todo
+estaba forrado de un satén blanco con flores que el día anterior había
+visto ella y Barbarita en casa de Sobrino... Estaba sentada en un _puff_
+y por las rodillas se le subía un muchacho lindísimo, que primero le
+cogía la cara, después le metía la mano en el pecho. «Quita, quita...
+eso es caca... ¡qué asco!... cosa fea, es para el gato...». Pero el
+muchacho no se daba a partido. No tenía más que la camisa de finísima
+holanda, y sus carnes finas resbalaban sobre la seda de la bata de su
+mamá. Era una bata color _azul gendarme_ que semanas antes había
+regalado a su hermana Candelaria... «No, no, eso no... quita...
+caca...». Y él insistiendo siempre, pesadito, monísimo. Quería
+desabotonar la bata, y meter mano. Después dio cabezadas contra el seno.
+Viendo que nada conseguía, se puso serio, tan extraordinariamente serio
+que parecía un hombre. La miraba con sus ojazos vivos y húmedos,
+expresando en ellos y en la boca todo el desconsuelo que en la humanidad
+cabe. Adán, echado del paraíso, no miraría de otro modo el bien que
+perdía. Jacinta quería reírse; pero no podía porque el pequeño le
+clavaba su inflamado mirar en el alma. Pasaba mucho tiempo así, el
+niño-hombre mirando a su madre, y derritiendo lentamente la entereza de
+ella con el rayo de sus ojos. Jacinta sentía que se le desgajaba algo en
+sus entrañas. Sin saber lo que hacía soltó un botón... Luego otro. Pero
+la cara del chico no perdía su seriedad. La madre se alarmaba y... fuera
+el tercer botón... Nada, la cara y la mirada del nene siempre adustas,
+con una gravedad hermosa, que iba siendo terrible... El cuarto botón,
+el quinto, todos los botones salieron de los ojales haciendo gemir la
+tela. Perdió la cuenta de los botones que soltaba. Fueron ciento, puede
+que mil... Ni por esas... La cara iba tomando una inmovilidad
+sospechosa. Jacinta, al fin, metió la mano en su seno, sacó lo que el
+muchacho deseaba, y le miró segura de que se desenojaría cuando viera
+una cosa tan rica y tan bonita... Nada; cogió entonces la cabeza del
+muchacho, la atrajo a sí, y que quieras que no le metió en la boca...
+Pero la boca era insensible, y los labios no se movían. Toda la cara
+parecía de una estatua. El contacto que Jacinta sintió en parte tan
+delicada de su epidermis, era el roce espeluznante del yeso, roce de
+superficie áspera y polvorosa. El estremecimiento que aquel contacto le
+produjo dejola por un rato atónita, después abrió los ojos, y se hizo
+cargo de que estaban allí sus hermanas; vio los cortinones pintados de
+la boca del teatro, la apretada concurrencia de los costados del
+paraíso. Tardó un rato en darse cuenta de dónde estaba y de los
+disparates que había soñado, y se echó mano al pecho con un movimiento
+de pudor y miedo. Oyó la orquesta, que seguía imitando a los mosquitos,
+y al mirar al palco de su marido, vio a Federico Ruiz, el gran melómano,
+con la cabeza echada hacia atrás, la boca entreabierta, oyendo y
+gustando con fruición inmensa la deliciosa música de los violines con
+sordina. Parecía que le caía dentro de la boca un hilo del clarificado
+más fino y dulce que se pudiera imaginar. Estaba el hombre en un puro
+éxtasis. Otros melómanos furiosos vio la dama en el palco; pero ya había
+concluido el cuarto acto y Juan no parecía.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Si todo lo que les pasa a las personas superiores mereciera una
+efeméride, es fácil que en una hoja de calendario americano,
+correspondiente a Diciembre del 73, se encontrara este parrafito: «Día
+_tantos_: fuerte catarro de Juanito Santa Cruz. La imposibilidad de
+salir de casa le pone de un humor de doscientos mil diablos». Estaba
+sentado junto a la chimenea, envuelto de la cintura abajo en una manta
+que parecía la piel de un tigre, gorro calado hasta las orejas, en la
+mano un periódico, en la silla inmediata tres, cuatro, muchos
+periódicos. Jacinta le daba bromas por su forzada esclavitud, y él,
+hallando distracción en aquellas guasitas, hizo como que le pegaba, la
+cogió por un brazo, le atenazó la barba con los dedos, le sacudió la
+cabeza, después le dio bofetadas, terribles bofetadas, y luego
+muchísimos porrazos en diferentes partes del cuerpo, y grandes pinchazos
+o estocadas con el dedo índice muy tieso. Después de bien cosida a
+puñaladas, le cortó la cabeza segándole el pescuezo, y como si aún no
+fuera bastante sevicia, la acribilló con cruelísimas e inhumanas
+cosquillas, acompañando sus golpes de estas feroces palabras: «¡Qué
+_guasoncita_ se me ha vuelto mi nena!... Voy yo a enseñar a mi payasa a
+dar bromitas, y le voy a dar una solfa buena para que no le queden ganas
+de...».
+
+Jacinta se desbarataba de risa, y el Delfín hablando con un poco de
+seriedad, prosiguió: «Bien sabes que no soy callejero... A fe que te
+puedes quejar. Maridos conozco que cuando ponen el pie en la calle, del
+tirón se están tres días sin parecer por la casa. Estos podrían tomarme
+a mí por modelo».
+
+--Mariquita date tono--replicó Jacinta secándose las lágrimas que la
+risa y las cosquillas le habían hecho derramar--. Ya sé que hay otros
+peores; pero no pongo yo mi mano en el fuego porque seas el número uno.
+
+Juan meneó la cabeza en señal de amenaza. Jacinta se puso lejos de su
+alcance, por si se repetían las bárbaras cosquillas.
+
+«Es que tú exiges demasiado» dijo el marido, deplorando que su mujer no
+le tuviese por el más perfecto de los seres creados.
+
+Jacinta hizo un mohín gracioso con fruncimiento de cejas y labios, el
+cual quería decir: «No me quiero meter en discusiones contigo, porque
+saldría con las manos en la cabeza». Y era verdad, porque el Delfín
+hacía las prestidigitaciones del razonamiento con muchísima habilidad.
+
+«Bueno--indicó ella--. Dejémonos de tonterías. ¿Qué quieres almorzar?».
+
+--Eso mismo venía yo a saber --dijo doña Bárbara apareciendo en la
+puerta--. Almorzarás lo que quieras; pero pongo en tu conocimiento, para
+tu gobierno, que he traído unas calandrias riquísimas. _Divinidades_,
+como dice Estupiñá.
+
+--Tráiganme lo que quieran, que tengo más hambre que un maestro de
+escuela.
+
+Cuando salieron las dos damas, Santa Cruz pensó un ratito en su mujer,
+formulando un panegírico mental. ¡Qué ángel! Todavía no había acabado él
+de cometer una falta, y ya estaba ella perdonándosela. En los días
+precursores del catarro, hallábase mi hombre en una de aquellas etapas o
+mareas de su inconstante naturaleza, las cuales, alejándole de las
+aventuras, le aproximaban a su mujer. Las personas más hechas a la vida
+ilegal sienten en ocasiones vivo anhelo de ponerse bajo la ley por poco
+tiempo. La ley las tienta como puede tentar el capricho. Cuando Juan se
+hallaba en esta situación, llegaba hasta desear permanecer en ella; aún
+más, llegaba a creer que seguiría. Y la Delfina estaba contenta. «Otra
+vez ganado--pensaba--. ¡Si la buena durara!... ¡si yo pudiera ganarle de
+una vez para siempre y derrotar en toda la línea a las
+_cantonales_...!».
+
+Don Baldomero entró a ver a su hijo antes de pasar al comedor. «¿Qué es
+eso, chico? Lo que yo digo: no te abrigas. ¡Qué cosas tenéis tú y
+Villalonga! ¡Pararse a hablar a las diez de la noche en la esquina del
+Ministerio de la Gobernación, que es otra punta del diamante! Te vi.
+Venía yo con Cantero de la Junta del Banco. Por cierto que estamos
+desorientados. No se sabe a dónde irá a parar esta anarquía. ¡Las
+acciones a 138!... Pase usted, Aparisi... Es Aparisi que viene a
+almorzar con nosotros».
+
+El concejal entró y saludó a los dos Santa Cruz.
+
+--¿Qué periódicos has leído?--preguntó el papá calándose los quevedos,
+que sólo usaba para leer--. Toma _La Época_ y dame _El Imparcial_...
+Bueno, bueno va esto. ¡Pobre España! Las acciones a 138... el
+consolidado a 13.
+
+--¿Qué 13?... Eso quisiera usted--observó el eterno concejal--. Anoche
+lo ofrecían a 11 en el Bolsín y no lo quería nadie. Esto es el diluvio.
+
+Y acentuando de una manera notabilísima aquella expresión de oler una
+cosa muy mala, añadió que todo lo que estaba pasando lo había previsto
+él, y que los sucesos no discrepaban ni tanto así de lo que _día por
+día_ había venido él profetizando. Sin hacer mucho caso de su amigo, D.
+Baldomero leyó en voz alta la noticia o estribillo de todos los días.
+«La partida tal entró en tal pueblo, quemó el archivo municipal, se
+racionó, y volvió a salir... La columna tal perseguía activamente al
+cabecilla cual, y después de racionarse...».
+
+«Ea--dijo sin acabar de leer--, vamos a racionarnos nosotros. El marqués
+no viene. Ya no se le espera más».
+
+En esto entró Blas, el criado de Juan con la mesita, ya puesta, en que
+había de almorzar el enfermo. Poco después apareció Jacinta trayendo
+platos. Después de saludarla, Aparisi le dijo:
+
+«Guillermina me ha dado un recado para usted... Hoy no hay _odisea
+filantrópica_ a la _parroquia de la chinche_, porque anda en busca de
+ladrillo portero para cimientos. Ya tiene hecho todo el vaciado del
+edificio... y por poco dinero. Unos carros trabajando a destajo, otros
+de limosna, aquel que ayuda medio día, el otro que va un par de horas,
+ello es que no le sale el metro cúbico ni a cinco reales. Y no sé qué
+tiene esa mujer. Cuando va a examinar las obras, parece que hasta las
+mulas de los carros la conocen y tiran más fuerte para darle gusto...
+Francamente, yo que siempre creí que el tal edificio no era _factible_,
+voy viendo...
+
+«Milagro, milagro» apuntó D. Baldomero en marcha hacia el comedor.
+
+--¿Y tú?--preguntó Juan a su consorte al quedarse solos--. ¿Almuerzas
+aquí o allá?
+
+--¿Quieres que aquí? Almorzaré en las dos partes. Dice tu mamá que te
+estoy mimando mucho.
+
+--Toma, golosa--le dijo él alargándole un pedazo de tortilla en el
+tenedor.
+
+Después de comérselo, la Delfina corrió al comedor. Al poco rato volvió
+riendo.
+
+«Aquí te tengo reservada esta pechuga de calandria. Toma, abre la
+boquita, nena».
+
+La nena cogió el tenedor, y después de comerse la pechuga, volvió a
+reír.
+
+--¡Qué alegre está el tiempo!
+
+--Es que ha llegado el marqués, y desde que se sentó en la mesa
+empezaron Aparisi y él a tirotearse.
+
+--¿Qué han dicho? --Aparisi afirmó que la Monarquía no era _factible_, y
+después largó un _ipso facto_, y otras cosas muy finas.
+
+Juan soltó la carcajada. «El marqués estará furioso».
+
+--Come en silencio, meditando una venganza. Te contaré lo que ocurra.
+¿Quieres pescadilla?, ¿quieres bistec?
+
+--Tráeme lo que quieras con tal que vengas pronto.
+
+Y no tardó en volver, trayendo un plato de pescado.
+
+«Hijo de mi vida, le mató».
+
+--¿Quién?
+
+--El marqués a Aparisi... le dejó en el sitio.
+
+--Cuenta, cuenta. --Pues de primera intención soltole a su enemigo un
+_delirium tremens_ a boca de jarro, y después, sin darle tiempo de
+respirar, un _mane tegel fare_. El otro se ha quedado como atontado por
+el golpe. Veremos con lo que sale.
+
+--¡Qué célebre! Tomaremos café juntos--dijo Santa Cruz--. Vente pronto
+para acá. ¡Qué coloradita estás!
+
+--Es de tanto reírme. --Cuando digo que me estás haciendo tilín...
+
+--Al momento vuelvo... Voy a ver lo que salta por allá. Aparisi está
+indignado con Castelar, y dice que lo que le pasa a Salmerón es porque
+no ha seguido sus consejos...
+
+--¡Los consejos de Aparisi! --Sí, y al marqués lo que le tiene con el
+alma en un hilo es que se levante _la masa obrera_.
+
+Volvió Jacinta al comedor, y el último cuento que trajo fue este:
+
+«Chico, si estás allí te mueres de risa. ¡Pobre Muñoz! El otro se ha
+rehecho y le está soltando unos primores... Figúrate. Ahora está
+contando que ha visto un proyectil de los que tiran los carcas, y el
+fusil Berdan... No dice agujeros, sino _orificios_. Todo se vuelve
+_orificios_, y el marqués no sabe lo que le pasa...».
+
+No pudo seguir, porque entró Muñoz, fumando un gran puro, a saludar al
+enfermo.
+
+«Hola, Juanín... ¿Estamos _exclaustrados_?... ¿Y qué es?... ¿coriza? Eso
+es bueno, y cuando la mucosa necesita eliminar, que elimine... En fin,
+yo me...». Iba a decir _me largo_; pero al ver entrar a Aparisi (tal
+creyeron Jacinta y su marido), dijo: «me ausento».
+
+A eso de las tres, marido y mujer estaban solos en el despacho, él en el
+sillón leyendo periódicos, ella arreglando la habitación que estaba algo
+desordenada. Barbarita había salido a comprar. El criado anunció a un
+hombre que quería hablar con el _señor joven_.
+
+--Ya sabes que no recibe--dijo la señorita, y tomando de manos de Blas
+una tarjeta que este traía leyó: _José Ido del Sagrario, corredor de
+publicaciones nacionales y extranjeras_.
+
+--Que entre, que entre al instante --ordenó Santa Cruz, saltando en su
+asiento--. Es el loco más divertido que puedes imaginar. Verás cómo nos
+reímos... Cuando nos cansemos de oírle, le echamos. ¡Tipo más
+célebre...! Le vi hace días en casa de Pez, y nos hizo morir de risa.
+
+Al poco rato entró en el despacho un hombre muy flaco, de cara enfermiza
+y toda llena de lóbulos y carúnculas, los pelos bermejos y muy tiesos,
+como crines de escobillón, la ropa prehistórica y muy raída, corbata
+roja y deshilachada, las botas muertas de risa. En una mano traía el
+sombrero que era un _claque_ del año en que esta prenda se inventó, el
+primogénito de los _claques _ sin género de duda, y en la otra un lío de
+carteras-prospectos para hacer suscriciones a libros de lujo, las cuales
+estaban tan sobadas, que la mugre no permitía ver los dorados de la
+pasta. Impresionó penosamente a la compasiva Jacinta aquella estampa de
+miseria en traje de persona decente, y más lástima tuvo cuando le vio
+saludar con urbanidad y sin encogimiento, como hombre muy hecho al trato
+social.
+
+«Hola, Sr. de Ido... ¡cuánto gusto de verle!--le dijo Santa Cruz con
+fingida seriedad--. Siéntese, y dígame qué le trae por aquí».
+
+--Con permiso... ¿Quiere usted _Mujeres célebres_?
+
+Jacinta y su marido se miraron. --O _Mujeres de la Biblia_--prosiguió
+Ido, enseñando carteras--. Como el Sr. de Santa Cruz me dijo el otro día
+en casa del Sr. de Pez que deseaba conocer las publicaciones de las
+casas de Barcelona que tengo el honor de representar... ¿O quiere usted
+_Cortesanas célebres, Persecuciones religiosas, Hijos del Trabajo,
+Grandes inventos, Dioses del Paganismo_...?
+
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Basta, basta, no cite usted más obras ni me enseñe más carteras. Ya le
+dije que no me gustan libros por suscrición. Se extravían las entregas,
+y es volverse loco... Prefiero tomar alguna obra completa. Pero no tenga
+prisa. Estará usted cansado de tanto correr por ahí. ¿Quiere tomar una
+copita?
+
+--Muchísimas gracias. Nunca bebo.
+
+--¿No?, pues el otro día, cuando nos vimos en casa de Joaquín, decía
+este que estaba usted algo peneque... se entiende, un poco alegre...
+
+--Perdone usted, Sr. de Santa Cruz --replicó Ido avergonzado--. Yo no me
+embriago; no me he embriagado jamás. Algunas veces, sin saber cómo ni
+por qué, me entra cierta excitación, y me pongo así, nervioso y como
+echando chispas... me pongo eléctrico. ¿Ven ustedes?... ya lo estoy.
+Fíjese usted, Sr. D. Juan, y observe cómo se me mueve el párpado
+izquierdo y el músculo este de la quijada en el mismo lado. ¿Lo ve
+usted...?, ya está la función armada. Francamente, así no se puede
+vivir. Los médicos me dicen que coma carne. Como carne y me pongo peor.
+Ea, ya estoy como un muelle de reloj... Si usted me da su permiso me
+retiro...
+
+--Hombre, no, descanse usted. Eso se le pasará. ¿Quiere usted un vaso de
+agua?
+
+Jacinta sintió que no le dejase marchar, porque la idea de que el hombre
+aquel iba a caer allí con una pataleta le inspiraba repugnancia y miedo.
+Como Juan insistiese en lo del vaso de agua, díjole a su esposa por lo
+bajo: «Este infeliz lo que tiene es hambre».
+
+--A ver, Sr. de Ido--indicó la dama--, ¿se comería usted una chuletita?
+
+Don José respondió tácitamente, con la expresión de una incredulidad
+profunda. Cada vez parecía más extraño su mirar y más acentuado el
+temblor del párpado y la mejilla.
+
+--Perdóneme usted, señora... Como la cabeza se me va, no puedo hacerme
+cargo de nada. Usted ha dicho que si me comería yo una...
+
+--Una chuletita. --Mi cabeza no puede apreciar bien... Padezco de
+olvidos de nombres y cosas. ¿A qué llama usted una chuleta?--añadió
+llevándose la mano a las erizadas crines, por donde se le escapaba la
+memoria y le entraba la electricidad--. ¿Por ventura, lo que usted
+llama... no sé cómo, es un pedazo de carne con un rabito que es de
+hueso?
+
+--Justo. Llamaré para que se la traigan.
+
+--No se moleste, señora. Yo llamaré.
+
+--Que le traigan dos--dijo el señorito gozando con la idea de ver comer
+a un hambriento.
+
+Jacinta salió, y mientras estuvo fuera Ido hablaba de su mala suerte.
+
+«En este país, Sr. D. Juanito, no se protege a las letras. Yo que he
+sido profesor de primera enseñanza, yo que he escrito obras de amena
+literatura tengo que dedicarme a correr publicaciones para llevar un
+pedazo de pan a mis hijos... Todos me lo dicen: si yo hubiera nacido en
+Francia, ya tendría _hotel_...».
+
+--Eso es indudable. ¿No ve usted que aquí no hay quien lea, y los pocos
+que leen no tienen dinero?...
+
+--Naturalmente--decía Ido a cada instante, echando ansiosas miradas en
+redondo por ver si aparecía la chuleta.
+
+Jacinta entró con un plato en la mano. Tras ella vino Blas con el mismo
+velador en que había almorzado el señorito, un cubierto, servilleta,
+panecillo, copa y botella de vino. Miró estas cosas Ido con estupor
+famélico, no bien disimulado por la cortesía, y le entró una risa
+nerviosa, señal de hallarse próximo a la plenitud de aquel estado que
+llamaba eléctrico. La Delfina se volvió a sentar junto a su marido y
+miraba entre espantada y compasiva al desgraciado D. José. Este dejó en
+el suelo las carteras y el _claque_, que no se cerraba nunca, y cayó
+sobre las chuletas como un tigre... Entre los mascullones salían de su
+boca palabras y frases desordenadas: «Agradecidísimo... Francamente,
+habría sido falta de educación desairar... No es que tenga apetito,
+naturalmente... He almorzado fuerte... ¿pero cómo desairar?
+Agradecidísimo...».
+
+--Observo una cosa, querido D. José--dijo Santa Cruz.
+
+--¿Qué? --Que no masca usted lo que come. --¡Oh!, ¿le interesa a usted
+que masque?
+
+--No, a mí no. --Es que no tengo muelas... Como como los pavos.
+Naturalmente... así me sienta mejor.
+
+--¿Y no bebe usted? --Media copita nada más... El vino no me hace
+provecho; pero muy agradecido, muy agradecido...--y a medida que iba
+comiendo, le bailaban más el párpado y el músculo, que parecían ya
+completamente declarados en huelga. Notábase en sus brazos y cuerpo
+estremecimientos muy bruscos, como si le estuvieran haciendo cosquillas.
+
+«Aquí donde le ves--dijo Santa Cruz--, se tiene una de las mujeres más
+guapas de Madrid».
+
+Hizo un signo a Jacinta que quería decir: «Espérate, que ahora viene lo
+bueno».
+
+--¿Es de veras? --Sí. No se la merece. Ya ves que él es feo adrede.
+
+--Mi mujer... Nicanora... --murmuró Ido sordamente, ya en el último
+bocado--, la Venus de Médicis... carnes de raso...
+
+--¡Tengo unas ganas de conocer a esa célebre hermosura...!--afirmó Juan.
+
+Don José no había dejado nada en el plato más que el hueso. Después
+exhaló un hondísimo suspiro, y llevándose la mano al pecho, dejó escapar
+con bronca voz estas palabras:
+
+--La hermosura exterior nada más... sepulcro blanqueado... corazón lleno
+de víboras.
+
+Su mirada infundió tanto terror a Jacinta, que dijo por señas a su
+marido que le dejara salir. Pero el otro, queriendo divertirse un rato,
+hostigó la demencia de aquel pobre hombre para que saltara.
+
+«Venga acá, querido D. José. ¿Qué tiene usted que decir de su esposa, si
+es una santa?».
+
+--¡Una santa!, ¡una santa! --repitió Ido, con la barba pegada al pecho y
+echando al Delfín una mirada que en otra cara habría sido feroz--. Muy
+bien, señor mío. ¿Y usted en qué se funda para asegurarlo sin pruebas?
+
+--La voz pública lo dice. --Pues la voz pública se engaña--gritó Ido
+alargando el cuello y accionando con energía--. La voz pública no sabe
+lo que se pesca.
+
+--Pero cálmese usted, pobre hombre--se atrevió a expresar Jacinta--. A
+nosotros no nos importa que su mujer de usted sea lo que quiera.
+
+--¡Que no les importa!... --replicó Ido con entonación trágica de actor
+de la legua--. Ya sé que estas cosas a nadie le importan más que a mí,
+al esposo ultrajado, al hombre que sabe poner su honor por encima de
+todas las cosas.
+
+--Es claro que a él le importa principalmente--dijo Santa Cruz
+hostigándole más--. Y que tiene el genio blando este señor Ido.
+
+--Y para que usted, señora --añadió el desgraciado mirando a Jacinta de
+un modo que la hizo estremecer--, pueda apreciar la justa indignación de
+un hombre de honor, sepa que mi esposa es... ¡adúuultera!
+
+Dijo esta palabra con un alarido espantoso, levantándose del asiento y
+extendiendo ambos brazos como suelen hacer los bajos de ópera cuando
+echan una maldición. Jacinta se llevó las manos a la cabeza. Ya no podía
+resistir más aquel desagradable espectáculo. Llamó al criado para que
+acompañara al desventurado corredor de obras literarias. Pero Juan,
+queriendo divertirse más, procuraba calmarle.
+
+«Siéntese, Sr. D. José, y no se excite tanto. Hay que llevar estas cosas
+con paciencia».
+
+--¡Con paciencia, con paciencia! --exclamó Ido, que en su estado
+eléctrico repetía siempre la última frase que se le decía, como si la
+mascase, a pesar de no tener muelas.
+
+--Sí, hombre; estos tragos no hay más remedio que irlos pasando. Amargan
+un poco; pero al fin el hombre, como dijo el otro, se va _jaciendo_.
+
+--¡Se va _jaciendo_! ¿Y el honor, señor de Santa Cruz?...
+
+Y otra vez hincaba la barba en el pecho, mirando con los ojos medio
+escondidos en el casco, y cerrándolos de súbito, como los toros que
+bajan el testuz para acometer. Las carúnculas del cuello se le
+inyectaban de tal modo, que casi eclipsaban el rojo de la corbata.
+Parecía un pavo cuando la excitación de la pelea con otro pavo le
+convierte en animal feroz.
+
+--El honor--expresó Juan--. ¡Bah!, el honor es un sentimiento
+convencional...
+
+Ido se acercó paso a paso a Santa Cruz y le tocó en el hombro muy
+suavemente, clavándole sus ojos de pavo espantado. Después de una larga
+pausa, durante la cual Jacinta se pegó a su marido como para defenderle
+de una agresión, el infeliz dijo esto, empezando muy bajito como si
+secreteara, y elevando gradualmente la voz hasta terminar de una manera
+estentórea: «Y si usted descubre que su mujer, la Venus de Médicis, la
+de las carnes de raso, la del cuello de cisne, la de los ojos cual
+estrellas... si usted descubre que esa divinidad, a quien usted ama con
+frenesí, esa dama que fue tan pura; si usted descubre, repito, que falta
+a sus deberes y acude a misteriosas citas con un duque, con un grande de
+España, sí señor, con el mismísimo duque de Tal».
+
+--Hombre, eso es muy grave, pero muy grave--afirmó Juan, poniéndose más
+serio que un juez--. ¿Está usted seguro de lo que dice?
+
+--¡Que si estoy seguro!... Lo he visto, lo he visto.
+
+Pronunció esto con oprimido acento, como quien va a romper en llanto.
+
+--Y usted, Sr. D. José de mi alma--dijo Santa Cruz fingiéndose, no ya
+serio sino consternado--, ¿qué hace que no pide una satisfacción al
+duque?
+
+--¡Duelos... duelitos a mí!--replicó Ido con sarcasmo--. Eso es para los
+tontos. Esas cosas se arreglan de otro modo.
+
+Y vuelta a empezar bajito, para concluir a gritos:
+
+«Yo haré justicia, se lo juro a usted... Espero cogerlos _in fraganti_
+otra vez, _in fraganti_, Sr. D. Juan. Entonces aparecerán los dos
+cadáveres atravesados por una sola espada... Esta es la venganza, esta
+es la ley... por una sola espada... Y me quedaré tan fresco, como si tal
+cosa. Y podré salir por ahí mostrando mis manos manchadas con la sangre
+de los adúlteros y decir a gritos: 'Aprended de mí, maridos, a defender
+vuestro honor. Ved estas manos justicieras, vedlas y besadlas...'. Y
+vendrán todos... toditos a besarme las manos. Y será un besamanos,
+porque hay tantos, tantísimos...».
+
+Al llegar a este grado de su lastimoso acceso, el infeliz Ido ya no
+tenía atadero. Gesticulaba en medio de la habitación, iba de un lado
+para otro, parábase delante de los esposos sin ninguna muestra de
+respeto, daba rápidas vueltas sobre un tacón y tenía todas las trazas
+de un hombre completamente irresponsable de lo que dice y hace. El
+criado estaba en la puerta riendo, esperando que sus amos le mandasen
+poner a aquel adefesio en la calle. Por fin, Juan hizo una seña a Blas;
+y a su mujer le dijo por lo bajo: «dale un par de duros». Dejose
+conducir hasta la puerta el pobre D. José sin decir una palabra, ni
+despedirse. Blas le puso en la cabeza el primogénito de todos los
+_claques_, en una mano las mugrientas carteras, en otra los dos duros
+que para el caso le dio la señorita; la puerta se cerró y oyose el
+pesado, inseguro paso del hombre eléctrico por las escaleras abajo.
+
+--A mí no me divierte esto --opinó Jacinta--. Me da miedo. ¡Pobre
+hombre! La miseria, el no comer le habrán puesto así.
+
+--Es lo más inofensivo que te puedes figurar. Siempre que va a casa de
+Joaquín, le pinchamos para que hable de la adúuultera. Su demencia es
+que su mujer se la pega con un grande de España. Fuera de eso, es
+razonable y muy veraz en cuanto habla. ¿De qué provendrá esto, Dios mío?
+Lo que tú dices, el no comer. Este hombre ha sido también autor de
+novelas, y de escribir tanto adulterio, no comiendo más que judías, se
+le reblandeció el cerebro.
+
+Y no se habló más del loco. Por la noche fue Guillermina, y Jacinta, que
+conservaba la mugrienta tarjeta con las señas de Ido, se la dio a su
+amiga para que en sus excursiones le socorriese. En efecto, la familia
+del corredor de obras (Mira el Río 12), merecía que alguien se
+interesara por ella. Guillermina conocía la casa y tenía en ella muchos
+parroquianos. Después de visitarla, hizo a su amiguita una pintura muy
+patética de la miseria que en la madriguera de los Idos reinaba. La
+esposa era una infeliz mujer, mártir del trabajo y de la inanición,
+humilde, estropeadísima, fea de encargo, mal pergeñada. Él ganaba poco,
+casi nada. Vivía la familia de lo que ganaban el hijo mayor, cajista, y
+la hija, polluela de buen ver que aprendía para peinadora.
+
+Una mañana, dos días después de la visita de Ido, Blas avisó que en el
+recibimiento estaba el hombre aquel de los pelos tiesos. Quería hablar
+con la señorita. Venía muy pacífico. Jacinta fue allí, y antes de llegar
+ya estaba abriendo su portamonedas.
+
+--Señora--le dijo Ido al tomar lo que se le daba--, estoy agradecidísimo
+a sus bondades; pero ¡ay!, la señora no sabe que estoy desnudo... quiero
+decir, que esta ropa que llevo se me está deshaciendo sobre las
+carnes... Y naturalmente, si la señora tuviera unos pantaloncitos
+desechados del señor D. Juan...
+
+--¡Ah! Sí... buscaré. Vuelva usted.
+
+--Porque la señora doña Guillermina, que es tan buena, nos socorrió con
+bonos de carne y pan, y a Nicanora le dio una manta, que nos viene como
+bendición de Dios, porque en la cama nos abrigábamos con toda mi ropa y
+la suya puesta sobre las sábanas...
+
+--Descuide usted, Sr. del Sagrario; yo le procuraré alguna prenda en
+buen uso. Tiene usted la misma estatura de mi marido.
+
+--Y a mucha honra... Agradecidísimo, señora; pero créame la señora, se
+lo digo con la mano puesta en el corazón: más me convendría ropa de
+niños que ropa de hombre, porque no me importa estar desnudo con tal que
+mis chicos estén vestidos. No tengo más que una camisa, que Nicanora,
+naturalmente, me lava ciertas y determinadas noches mientras duermo,
+para ponérmela por la mañana... pero no me importa. Anden mis niños
+abrigados, y a mí que me parta una pulmonía.
+
+--Yo no tengo niños--dijo la dama con tanta pena como el otro al decir
+«no tengo camisa».
+
+Maravillábase Jacinta de lo muy razonable que estaba el corredor de
+obras. No advirtió en él ningún indicio de las extravagancias de marras.
+
+«La señora no tiene hijos... ¡Qué lástima!--exclamó Ido--. Dios no sabe
+lo que se hace... Y yo pregunto: si la señora no tiene niños, ¿para
+quién son los niños? Lo que yo digo... ese señor Dios será todo lo sabio
+que quieran; pero yo no le paso ciertas cosas».
+
+Esto le pareció a la Delfina tan discreto, que creyó tener delante al
+primer filósofo del mundo; y le dio más limosna.
+
+«Yo no tengo niños --repitió--, pero ahora me acuerdo. Mis hermanas los
+tienen...».
+
+--Mil y mil cuatrillones de gracias, señora. Algunas prendas de abrigo,
+como las que repartió el otro día doña Guillermina a los chicos de mis
+vecinos, no nos vendrían mal.
+
+--¿Doña Guillermina repartió a los vecinos y a usted no?... ¡Ah!,
+descuide usted; ya le echaré yo un buen réspice.
+
+Alentado por esta prueba de benevolencia, Ido empezó a tomar confianza.
+Avanzó algunos pasos dentro del recibimiento, y bajando la voz dijo a la
+señorita:
+
+«Repartió doña Guillermina unos capuchoncitos de lana, medias y otras
+cosas; pero no nos tocó nada. Lo mejor fue para los hijos de la señá
+Joaquina y para el _Pitusín_, el niño ese... ¿no sabe la señora?, ese
+chiquillín que tiene consigo mi vecino Pepe Izquierdo... un hombre de
+bien, tan desgraciado como yo... No le quiero quitar al _Pitusín_ la
+preferencia. Comprendo que lo mejor debe caerle a él por ser de la
+familia.
+
+--¿Qué dice usted, hombre? ¿De quién habla usted?--indicó Jacinta
+sospechando que Ido se electrizaba. Y en efecto, creyó notar síntomas de
+temblor en el párpado.
+
+«El _Pitusín_--prosiguió Ido tomándose más confianza y bajando más la
+voz--, es un nene de tres años, muy mono por cierto, hijo de una tal
+Fortunata, mala mujer, señora, muy mala... Yo la vi una vez, una vez
+sola. Guapetona; pero muy loca. Mi vecino me ha enterado de todo...
+
+Pues como decía, el pobre _Pitusín_ es muy salado... ¡más listo que
+Cachucha y más malo...! Trae al retortero a toda la vecindad. Yo le
+quiero como a mis hijos. El señor Pepe le recogió no sé dónde, porque su
+madre le quería tirar...».
+
+Jacinta estaba aturdidísima, como si hubiera recibido un fuerte golpe en
+la cabeza. Oía las palabras de Ido sin acertar a hacerle preguntas
+terminantes. ¡Fortunata, el _Pitusín_!... ¿No sería esto una nueva
+extravagancia de aquel cerebro novelador?
+
+«Pero, vamos a ver...--dijo la señorita al fin, comenzando a
+serenarse--. Todo eso que usted me cuenta, ¿es verdad o es locura de
+usted?... Porque a mí me han dicho que usted ha escrito novelas, y que
+por escribirlas comiendo mal, ha perdido la chaveta».
+
+--Yo le juro a la señora que lo que le he dicho es el Santísimo
+Evangelio--replicó Ido poniéndose la mano sobre el pecho--. José
+Izquierdo es persona formal. No sé si la señora lo conocerá. Tuvo
+platería en la Concepción Jerónima, un gran establecimiento...
+especialidad en regalos para amas... No sé si fue allí donde nació el
+_Pitusín_; lo que sí sé es que, naturalmente, es hijo de su esposo de
+usted, el señor D. Juanito de Santa Cruz.
+
+--Usted está loco --exclamó la dama con arranque de enojo y despecho--.
+Usted es un embustero... Márchese usted.
+
+Empujole hacia la puerta mirando a todos lados por si había en el
+recibimiento o en los pasillos alguien que tales despropósitos oyera. No
+había nadie. D. José se deshizo en reverencias; pero no se turbó porque
+le llamaran loco.
+
+«Si la señora no me cree --se limitó a decir--, puede enterarse en la
+vecindad...».
+
+Jacinta le retuvo entonces. Quería que hablase más.
+
+«Dice usted que ese José Izquierdo... Pero no quiero saber nada. Váyase
+usted».
+
+Ido había traspasado el hueco de la puerta, y Jacinta cerró de golpe, a
+punto que él abría la boca para añadir quizás algún pormenor interesante
+a sus revelaciones. Tuvo la dama intenciones de llamarle. Figurábase que
+al través de la madera, cual si esta fuera un cristal, veía el párpado
+tembloroso de Ido y su cara de pavo, que ya le era odiosa como la de un
+animal dañino. «No, no abro... --pensó--. Es una serpiente... ¡Qué
+hombre! Se finge el loco para que le tengan lástima y le den dinero».
+Cuando le oyó bajar las escaleras volvió a sentir deseos de más
+explicaciones. En aquel mismo instante subían Barbarita y Estupiñá
+cargados de paquetes de compras. Jacinta les vio por el ventanillo y
+huyó despavorida hacia el interior de la casa, temerosa de que le
+conocieran en la cara el desquiciamiento que aquel condenado hombre
+había producido en su alma.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+¡Cómo estuvo aquel día la pobrecita! No se enteraba de lo que le decían,
+no veía ni oía nada. Era como una ceguera y sordera moral, casi física.
+La culebra que se le había enroscado dentro, desde el pecho al cerebro,
+le comía todos los pensamientos y las sensaciones todas, y casi le
+estorbaba la vida exterior. Quería llorar; ¿pero qué diría la familia al
+verla hecha un mar de lágrimas? Habría que decir el motivo... Las
+reacciones fuertes y pasajeras de toda pena no le faltaban, y cuando
+aquella marca de consuelo venía, sentía breve alivio. ¡Si todo era un
+embuste, si aquel hombre estaba loco...! Era autor de novelas de brocha
+gorda y no pudiendo ya escribirlas para el público, intentaba llevar a
+la vida real los productos de su imaginación llena de tuberculosis. Sí,
+sí, sí: no podía ser otra cosa: tisis de la fantasía. Sólo en las
+novelas malas se ven esos hijos de sorpresa que salen cuando hace falta
+para complicar el argumento. Pero si lo revelado podía ser una papa,
+también podía no serlo, y he aquí concluida la reacción de alivio. La
+culebra entonces, en vez de desenroscarse, apretaba más sus duros
+anillos.
+
+Aquel día, el demonio lo hizo, estaba Juan mucho peor de su catarro. Era
+el enfermo más impertinente y dengoso que se pudiera imaginar. Pretendía
+que su mujer no se apartara de él, y notando en ella una tristeza que no
+le era habitual, decíale con enojo: «¿Pero qué tienes, qué te pasa,
+hija? Vaya, pues me gusta... Estoy yo aquí hecho una plasta, aburrido y
+pasando las de Caín, y te me vienes tú ahora con esa cara de juez.
+Ríete, por amor de Dios». Y Jacinta era tan buena, que al fin hacía un
+esfuerzo para aparecer contenta. El Delfín no tenía paciencia para
+soportar las molestias de un simple catarro, y se desesperaba cuando le
+venía uno de esos rosarios de estornudos que no se acaban nunca.
+Empeñábase en despejar su cabeza de la pesada fluxión sonándose con
+estrépito y cólera.
+
+«Ten paciencia, hijo--le decía su madre--. Si fuera una enfermedad
+grave, ¿qué harías?».
+
+--Pues pegarme un tiro, mamá. Yo no puedo aguantar esto. Mientras más me
+sueno, más abrumada tengo la cabeza. Estoy harto de beber aguas.
+¡Demonio con las aguas! No quiero más brebajes. Tengo el estómago como
+una charca. ¡Y me dicen que tenga paciencia! Cualquier día tengo yo
+paciencia. Mañana me echo a la calle.
+
+--Falta que te dejemos. --Al menos ríanse, cuéntenme algo,
+distráiganme. Jacinta, siéntate a mi lado. Mírame.
+
+--Si ya te estoy mirando. Estás muy guapito con tu pañuelo liado en la
+cabeza, la nariz colorada, los ojos como tomates...
+
+--Búrlate; mejor. Eso me gusta... Ya te daría yo mi constipado. No, si
+no quiero más caramelos. Con tus caramelos me has puesto el cuerpo como
+una confitería. Mamá...
+
+--¿Qué? --¿Estaré bueno mañana? Por Dios, tengan compasión de mí,
+háganme llevadera esta vida. Estoy en un potro. Me carga el sudar. Si me
+desabrigo, toso; si me abrigo, echo el quilo... Mamá, Jacinta,
+distraedme; tráiganme a Estupiñá para reírme un rato con él.
+
+Jacinta, al quedarse otra vez sola con su marido, volvió a sus
+pensamientos. Le miró por detrás de la butaca en que sentado estaba.
+«¡Ah, cómo me has engañado!...». Porque empezaba a creer que el loco,
+con serlo tan rematado, había dicho verdades. Las inequívocas
+adivinaciones del corazón humano decíanle que la desagradable historia
+del _Pitusín_ era cierta. Hay cosas que forzosamente son ciertas, sobre
+todo siendo cosas malas. ¡Entrole de improviso a la pobrecita esposa una
+rabia...! Era como la cólera de las palomas cuando se ponen a pelear.
+Viendo muy cerca de sí la cabeza de su marido, sintió deseos de tirarle
+del cabello que por entre las vueltas del pañuelo de seda salía. «¡Qué
+rabia tengo! --pensó Jacinta apretando sus bonitísimos dientes--, por
+haberme ocultado una cosa tan grave... ¡Tener un hijo y abandonarlo
+así!»... Se cegó; vio todo negro. Parecía que le entraban convulsiones.
+Aquel _Pitusín_ desconocido y misterioso, aquella hechura de su marido,
+sin que fuese, como debía, hechura suya también, era la verdadera
+culebra que se enroscaba en su interior... «¿Pero qué culpa tiene el
+pobre niño...? --pensó después transformándose por la piedad--. ¡Este,
+este tunante...!». Miraba la cabeza, ¡y qué ganas tenía de arrancarle
+una mecha de pelo, de pegarle un coscorrón!... ¿Quién dice uno?... dos,
+tres, cuatro coscorrones muy fuertes para que aprendiera a no engañar a
+las personas.
+
+«Pero mujer, ¿qué haces ahí detrás de mí?--murmuró él sin volver la
+cabeza--. Lo que digo, hoy parece que estás lela. Ven acá, hija».
+
+--¿Qué quieres? --Niña de mi vida, hazme un favorcito.
+
+Con aquellas ternuras se le pasó a la Delfina todo su furor de
+coscorrones. Aflojó los dientes y dio la vuelta hasta ponérsele delante.
+
+«Hazme el favorcito de ponerme otra manta. Creo que me he enfriado
+algo».
+
+Jacinta fue a buscar la manta. Por el camino decía: «En Sevilla me contó
+que había hecho diligencias por socorrerla. Quiso verla y no pudo. Murió
+mamá, pasó tiempo; no supo más de ella... Como Dios es mi padre, yo he
+de saber lo que hay de verdad en esto, y si... (se ahogaba al llegar a
+esta parte de su pensamiento) si es verdad que los hijos que no le nacen
+en mí le nacen en otra...».
+
+Al ponerle la manta le dijo: «Abrígate bien, infame»; y a Juanito no se
+le ocultó la seriedad con que lo decía. Al poco rato volvió a tomar el
+acento mimoso:
+
+«Jacintilla, niña de mi corazón, ángel de mi vida, llégate acá. Ya no
+haces caso del sinvergüenza de tu maridillo».
+
+--Celebro que te conozcas. ¿Qué quieres?
+
+--Que me quieras y me hagas muchos mimos. Yo soy así. Reconozco que no
+se me puede aguantar. Mira, tráeme agua azucarada... templadita, ¿sabes?
+Tengo sed.
+
+Al darle el agua, Jacinta le tocó la frente y las manos.
+
+«¿Crees que tengo calentura?».
+
+--De pollo asado. No tienes más que impertinencias. Eres peor que los
+chiquillos.
+
+--Mira, hijita, cordera; cuando venga _La Correspondencia_, me la
+leerás. Tengo ganas de saber cómo se desenvuelve Salmerón. Luego me
+leerás _La Época_. ¡Qué buena eres! Te estoy mirando y me parece mentira
+que tenga yo por mujer a un serafín como tú. Y que no hay quien me quite
+esta ganga... ¡Qué sería de mí sin ti... enfermo, postrado...!
+
+--¡Vaya una enfermedad! Sí; lo que es por quejarte no quedará...
+
+Doña Bárbara entró diciendo con autoridad: «A la cama, niño, a la cama.
+Ya es de noche y te enfriarás en ese sillón».
+
+--Bueno, mamá; a la cama me voy. Si yo no chisto, si no hago más que
+obedecer a mis tiranas... Si soy una malva. Blas, Blas..., ¿pero dónde
+se mete este condenado hombre?
+
+María Santísima, lo que bregaron para acostarle. La suerte de ellas era
+que lo tomaban a broma. «Jacinta, ponme un pañuelo de seda en la
+garganta... Chica, no aprietes tanto que me ahogas... Quita, quita, tú
+no sabes. Mamá, ponme tú el pañuelo... No, quitádmelo; ninguna de las
+dos sabe liar un pañuelo. ¡Pero qué gente más inútil!».
+
+Pasa un ratito. «Mamá, ¿ha venido _La Correspondencia_?».
+
+--No, hijo. No te desabrigues. Mete estos brazos. Jacinta, cúbrele los
+brazos.
+
+--Bueno, bueno, ya están metidos los brazos. ¿Los meto más? Eso es, se
+empeñan en que me ahogue. Me han puesto un baúl mundo encima. Jacinta,
+quita _jierro_, que el peso me agobia... Pero, chica, no tanto; sube más
+arribita el edredón... tengo el pescuezo helado. Mamá... lo que digo,
+hacen las cosas de mala gana. Así no me pongo nunca bueno. Y ahora se
+van a comer. ¿Y me voy a quedar solo con Blas?
+
+--No, tonto, Jacinta comerá aquí contigo.
+
+Mientras su mujer comía, ni un momento dejó de importunarla: «Tú no
+comes, tú estás desganada; a ti te pasa algo; tú disimulas algo... A mí
+no me la das tú. Francamente, nunca está uno tranquilo... pensando
+siempre si te nos pondrás mala. Pues es preciso comer; haz un
+esfuerzo... ¿Es que no comes para hacerme rabiar?... Ven acá, tontuela,
+echa la cabecita aquí. Si no me enfado, si te quiero más que a mi vida,
+si por verte contenta, firmaba yo ahora un contrato de catarro
+vitalicio... Dame un poquito de esa camuesa... ¡Qué buena está! Déjame
+que te chupe el dedo...».
+
+Iban llegando los amigos de la casa que solían ir algunas noches.
+
+«Mamá, por las llagas y por todos los clavos de Cristo, no me traigas
+acá a Aparisi... Ahora le da porque todo ha de ser _obvio... obvio_ por
+arriba, _obvio_ por abajo. Si me le traes le echo a cajas destempladas».
+
+--Vaya, no digas tonterías. Puede que entre a saludarte; pero saldrá en
+seguida. ¿Quién ha entrado ahora?... ¡Ah!, me parece que es Guillermina.
+
+--Tampoco la quiero ver. Me va a aburrir con su edificio. ¡Valiente
+chifladura! Esa mujer está loca. Anoche me dio la gran jaqueca, con que
+si sacó las maderas de _seis_ a treinta y ocho reales, y las _carreras
+de pie y cuarto _ a diez y seis reales pie. Me armó un triquitraque de
+pies que me dejó la cabeza pateada. No me la entren aquí. No me importa
+saber a cómo valen el ladrillo pintón y las alfargías... Mamá, ponte de
+centinela y aquí no me entra más que Estupiñá. Que venga Placidito, para
+que me cuente sus glorias, cuando iba al portillo de Gilimón a meter
+contrabando, y a la bóveda de San Ginés a abrirse las carnes con el
+zurriago... Que venga para decirle: «lorito, daca la pata».
+
+--¡Pero, qué impertinente! Ya sabes que el pobre Plácido se acuesta
+entre nueve y diez. Tiene que estar en planta a las cinco de la mañana.
+Como que va a despertar al sacristán de San Ginés, que tiene un sueño
+muy pesado.
+
+--Y porque el sacristán de San Ginés sea un dormilón, ¿me he de
+fastidiar yo? Que entre Estupiñá y me dé tertulia. Es la única persona
+que me divierte.
+
+--Hijo, por amor de Dios, mete esos brazos.
+
+--Ea, pues si no viene Rossini, no los meto y saco todo el cuerpo fuera.
+
+Y entraba Plácido y le contaba mil cosas divertidas, que siento no
+poder reproducir aquí. No contento con esto, quería divertirse a costa
+de él, y recordando un pasaje de la vida de Estupiñá que le habían
+contado, decíale:
+
+«A ver, Plácido, cuéntanos aquel lance tuyo cuando te arrodillaste
+delante del sereno, creyendo que era el Viático...».
+
+Al oír esto, el bondadoso y parlanchín anciano se desconcertaba.
+Respondía torpemente, balbuciendo negativas y «¿quién te ha contado esa
+paparrucha?». A lo mejor, saltaba Juan con esto: «¿Pero di, Plácido, tú
+no has tenido nunca novia?».
+
+--Vaya, vaya, este Juanito --decía Estupiñá levantándose para
+marcharse--, tiene hoy ganas de comedia.
+
+Barbarita, que tanto apreciaba a su buen amigo, estaba, como suele
+decirse, al quite de estas bromas que tanto le molestaban. «Hijo, no te
+pongas tan pesado... deja marchar a Plácido. Tú, como te estás durmiendo
+hasta las once de la mañana, no te acuerdas del que madruga».
+
+Jacinta, entre tanto, había salido un rato de la alcoba. En el salón vio
+a varias personas, Casa-Muñoz, Ramón Villuendas, D. Valeriano
+Ruiz-Ochoa y alguien más, hablando de política con tal expresión de
+terror, que más bien parecían conspiradores. En el gabinete de Barbarita
+y en el rincón de costumbre halló a Guillermina haciendo obra de media
+con hilo crudo. En el ratito que estuvo sola con ella, la enteró del
+plan que tenía para la mañana siguiente. Irían juntas a la calle de Mira
+el Río, porque Jacinta tenía un interés particular en socorrer a la
+familia de aquel pasmarote que hace las suscriciones. «Ya le contaré a
+usted; tenemos que hablar largo». Ambas estuvieron de cuchicheo un buen
+cuarto de hora, hasta que vieron aparecer a Barbarita.
+
+«Hija, por Dios, ve allá. Hace un rato que te está llamando. No te
+separes de él. Hay que tratarle como a los chiquillos».
+
+«Pero mujer, te marchas y me dejas así... ¡qué alma tienes!--gritó el
+Delfín cuando vio entrar a su esposa--. Vaya una manera de cuidarle a
+uno. Nada... Lo mismo que a un perro».
+
+--Hijo de mi alma, si te dejé con Plácido y tu mamá... Perdóname, ya
+estoy aquí.
+
+Jacinta parecía alegre, Dios sabría por qué... Inclinose sobre el lecho
+y empezó a hacerle mimos a su marido, como podría hacérselos a un niño
+de tres años.
+
+--¡Ay, qué mañosito se me ha vuelto este nene!... Le voy a dar azotes...
+Toma, este por tu mamá, este por tu papá y este grande... por tu
+parienta...
+
+--¡Rica! --Si no me quieres nada. --Anda, zalamera... quien no me
+quiere nada eres tú.
+
+--Nada en gracia de Dios. --¿Cuánto me quieres?
+
+--Tanto así. --Es poco. --Pues como de aquí a la Cibeles... no al
+Cielo... ¿Estás satisfecho?
+
+--_Chí_.
+
+Jacinta se puso seria. «Arréglame esta almohada».
+
+--¿Así? --No, más alta. --¿Estás bien? --No, más bajita... Magnífico.
+Ahora, ráscame aquí, en la paletilla.
+
+--¿Aquí? --Más abajito... más arribita... ahí... fuerte... ¡Ay, niña de
+mi vida, eres la gloria eterna!... ¡Qué dicha la mía en poseerte!...
+
+«Cuando estás malo es cuando me dices esas cosas... Ya me las pagarás
+todas juntas».
+
+--Sí, soy un pillo... Pégame.
+
+--Toma, toma. --Cómeme... --Sí, que te como, y te arranco un bocado...
+
+--¡Ay! ¡ay!, no tanto, caramba. ¡Si alguien nos viera!...
+
+--Creería que nos habíamos vuelto tontos rematados--observó Jacinta
+riéndose con cierta melancolía.
+
+--Estas simplezas no son para que las vea nadie...
+
+--¿Cierras los ojos? Duérmete, a... rorró...
+
+--Eso es, quieres que me duerma para echar a correr a darle cuerda a esa
+maniática de Guillermina. Tú eres responsable de que se chifle por
+completo, porque le fomentas el tema del edificio... Ya estás deseando
+que cierre yo los ojos para irte. Más que estar conmigo te gusta el
+palique. ¿Sabes lo que te digo? Que si me duermo, te tienes que estar
+aquí, de centinela, para cuidar de que no me destape.
+
+--Bueno, hombre, bueno; me estaré.
+
+Quedose aletargado; pero en seguida abrió los ojos, y lo primero que
+vieron fue los de Jacinta, fijos en él con atención amante. Cuando se
+durmió de veras, la centinela abandonó su puesto para correr al lado de
+Guillermina con quien tenía pendiente una interesantísima conferencia.
+
+
+
+
+-IX-
+
+Una visita al Cuarto Estado
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Al día siguiente, el Delfín estaba poco más o menos lo mismo. Por la
+mañana, mientras Barbarita y Plácido andaban por esas calles de tienda
+en tienda, entregados al deleite de las compras precursoras de Navidad,
+Jacinta salió acompañada de Guillermina. Había dejado a su esposo con
+Villalonga, después de enjaretarle la mentirilla de que iba a la Virgen
+de la Paloma a oír una misa que había prometido. El atavío de las dos
+damas era tan distinto, que parecían ama y criada. Jacinta se puso su
+abrigo, sayo o _pardessus_ color de pasa, y Guillermina llevaba el traje
+modestísimo de costumbre.
+
+Iba Jacinta tan pensativa, que la bulla de la calle de Toledo no la
+distrajo de la atención que a su propio interior prestaba. Los puestos a
+medio armar en toda la acera desde los portales a San Isidro, las
+baratijas, las panderetas, la loza ordinaria, las puntillas, el cobre de
+Alcaraz y los veinte mil cachivaches que aparecían dentro de aquellos
+nichos de mal clavadas tablas y de lienzos peor dispuestos, pasaban ante
+su vista sin determinar una apreciación exacta de lo que eran. Recibía
+tan sólo la imagen borrosa de los objetivos diversos que iban pasando, y
+lo digo así, porque era como si ella estuviese parada y la pintoresca
+vía se corriese delante de ella como un telón. En aquel telón había
+racimos de dátiles colgados de una percha; puntillas blancas que caían
+de un palo largo, en ondas, como los vástagos de una trepadora, pelmazos
+de higos pasados, en bloques, turrón en trozos como sillares que
+parecían acabados de traer de una cantera; aceitunas en barriles
+rezumados; una mujer puesta sobre una silla y delante de una jaula,
+mostrando dos pajarillos amaestrados, y luego montones de oro, naranjas
+en seretas o hacinadas en el arroyo. El suelo intransitable ponía
+obstáculos sin fin, pilas de cántaros y vasijas, ante los pies del
+gentío presuroso, y la vibración de los adoquines al paso de los carros
+parecía hacer bailar a personas y cacharros. Hombres con sartas de
+pañuelos de diferentes colores se ponían delante del transeúnte como si
+fueran a capearlo. Mujeres chillonas taladraban el oído con pregones
+enfáticos, acosando al público y poniéndole en la alternativa de comprar
+o morir. Jacinta veía las piezas de tela desenvueltas en ondas a lo
+largo de todas las paredes, percales azules, rojos y verdes, tendidos de
+puerta en puerta, y su mareada vista le exageraba las curvas de aquellas
+rúbricas de trapo. De ellas colgaban, prendidas con alfileres, toquillas
+de los colores vivos y elementales que agradan a los salvajes. En
+algunos huecos brillaba el naranjado que chilla como los ejes sin grasa;
+el bermellón nativo, que parece rasguñar los ojos; el carmín, que tiene
+la acidez del vinagre; el cobalto, que infunde ideas de envenenamiento;
+el verde de panza de lagarto, y ese amarillo tila, que tiene cierto aire
+de poesía mezclado con la tisis, como en la _Traviatta_. Las bocas de
+las tiendas, abiertas entre tanto colgajo, dejaban ver el interior de
+ellas tan abigarrado como la parte externa, los horteras de bruces en el
+mostrador, o vareando telas, o charlando. Algunos braceaban, como si
+nadasen en un mar de pañuelos. El sentimiento pintoresco de aquellos
+tenderos se revela en todo. Si hay una columna en la tienda la revisten
+de corsés encarnados, negros y blancos, y con los refajos hacen
+graciosas combinaciones decorativas.
+
+Dio Jacinta de cara a diferentes personas muy ceremoniosas. Eran
+maniquís vestidos de señora con tremendos _polisones_, o de caballero
+con terno completo de lanilla. Después gorras muchas gorras, posadas y
+alineadas en percheros del largo de toda una casa; chaquetas ahuecadas
+con un palo, zamarras y otras prendas que algo, sí, algo tenían de seres
+humanos sin piernas ni cabeza. Jacinta, al fin, no miraba nada;
+únicamente se fijó en unos hombres amarillos, completamente amarillos,
+que colgados de unas horcas se balanceaban a impulsos del aire. Eran
+juegos de calzón y camisa de bayeta, cosidas una pieza a otra, y que
+así, al pronto, parecían personajes de azufre. Los había también
+encarnados. ¡Oh!, el rojo abundaba tanto, que aquello parecía un pueblo
+que tiene la religión de la sangre. Telas rojas, arneses rojos,
+collarines y frontiles rojos con madroñaje arabesco. Las puertas de las
+tabernas también de color de sangre. Y que no son ni tina ni dos.
+Jacinta se asustaba de ver tantas, y Guillermina no pudo menos de
+exclamar: «¡Cuánta perdición!, una puerta sí y otra no, taberna. De aquí
+salen todos los crímenes».
+
+Cuando se halló cerca del fin de su viaje, la Delfina fijaba
+exclusivamente su atención en los chicos que iba encontrando. Pasmábase
+la señora de Santa Cruz de que hubiera tantísima madre por aquellos
+barrios, pues a cada paso tropezaba con una, con su crío en brazos, muy
+bien agasajado bajo el ala del mantón. A todos estos ciudadanos del
+porvenir no se les veía más que la cabeza por encima del hombro de su
+madre. Algunos iban vueltos hacia atrás, mostrando la carita redonda
+dentro del círculo del gorro y los ojuelos vivos, y se reían con los
+transeúntes. Otros tenían el semblante mal humorado, como personas que
+se llaman a engaño en los comienzos de la vida humana. También vio
+Jacinta no uno, sino dos y hasta tres, camino del cementerio. Suponíales
+muy tranquilos y de color de cera dentro de aquella caja que llevaba un
+tío cualquiera al hombro, como se lleva una escopeta.
+
+«Aquí es» dijo Guillermina, después de andar un trecho por la calle del
+Bastero y de doblar una esquina. No tardaron en encontrarse dentro de un
+patio cuadrilongo. Jacinta miró hacia arriba y vio dos filas de
+corredores con antepechos de fábrica y pilastrones de madera pintada de
+ocre, mucha ropa tendida, mucho refajo amarillo, mucha zalea puesta a
+secar, y oyó un zumbido como de enjambre. En el patio, que era casi todo
+de tierra, empedrado sólo a trechos, había chiquillos de ambos sexos y
+de diferentes edades. Una zagalona tenía en la cabeza toquilla roja con
+agujeros, o con _orificios_, como diría Aparisi; otra, toquilla blanca,
+y otra estaba con las greñas al aire. Esta llevaba zapatillas de orillo,
+y aquella botitas finas de caña blanca, pero ajadas ya y con el tacón
+torcido. Los chicos eran de diversos tipos. Estaba el que va para la
+escuela con su cartera de estudio, y el pillete descalzo que no hace más
+que vagar. Por el vestido se diferenciaban poco, y menos aún por el
+lenguaje, que era duro y con inflexiones dejosas.
+
+«Chicooo... mia éste... Que te rompo la cara... ¿sabeees...?».
+
+--¿Ves esa farolona?--dijo Guillermina a su amiga--, es una de las hijas
+de Ido... Esa, esa que está dando brincos como un saltamontes... ¡Eh!,
+chiquilla... No oyen... venid acá.
+
+Todos los chicos, varones y hembras, se pusieron a mirar a las dos
+señoras, y callaban entre burlones y respetuosos, sin atreverse a
+acercarse. Las que se acercaban paso a paso eran seis u ocho palomas
+pardas, con reflejos irisados en el cuello; lindísimas, gordas. Venían
+muy confiadas meneando el cuerpo como las chulas, picoteando en el suelo
+lo que encontraban, y eran tan mansas, que llegaron sin asustarse hasta
+muy cerca de las señoras. De pronto levantaron el vuelo y se plantaron
+en el tejado. En algunas puertas había mujeres que sacaban esteras a que
+se orearan, y sillas y mesas. Por otras salía como una humareda: era el
+polvo del barrido. Había vecinas que se estaban peinando las trenzas
+negras y aceitosas, o las guedejas rubias, y tenían todo aquel matorral
+echado sobre la cara como un velo. Otras salían arrastrando zapatos en
+chancleta por aquellos empedrados de Dios, y al ver a las forasteras
+corrían a sus guaridas a llamar a otras vecinas, y la noticia cundía, y
+aparecían por las enrejadas ventanas cabezas peinadas o a medio peinar.
+
+«¡Eh!, chiquillos, venid acá» repitió Guillermina; y se fueron
+acercando escalonados por secciones, como cuando se va a dar un ataque.
+Algunos, más resueltos, las manos a la espalda, miraron a las dos damas
+del modo más insolente. Pero uno de ellos, que sin duda tenía instintos
+de caballero, se quitó de la cabeza un andrajo que hacía el papel de
+gorra y les preguntó que a quién buscaban. «¿Eres tú del señor de Ido?».
+El rapaz respondió que no, y al punto destacose del grupo la niña de las
+zancas largas, de las greñas sueltas y de los zapatos de orillo,
+apartando a manotadas a todos los demás muchachos que se enracimaban ya
+en derredor de las señoras.
+
+«¿Está tu padre arriba?». La chica respondió que sí, y desde entonces
+convirtiose en individuo de Orden Público. No dejaba acercar a nadie;
+quería que todos los granujas se retiraran y ser ella sola la que guiase
+a las dos damas hasta arriba. «¡Qué pesados, qué sobones!... En todo
+quieren meter las narices... Atrás, gateras, atrás... Quitarvos de en
+medio; dejar paso».
+
+Su anhelo era marchar delante. Habría deseado tener una campanilla para
+ir tocando por aquellos corredores a fin de que supieran todos qué gran
+visita venía a la casa.
+
+«Niña, no es preciso que nos acompañes--dijo Guillermina que no gustaba
+de que nadie se sofocase tanto por ella--. Nos basta con saber que están
+en casa».
+
+Pero la zancuda no hacía caso. En el primer peldaño de la escalera
+estaba sentada una mujer que vendía higos pasados en una sereta, y por
+poco no la planta el zapato de orillo en mitad de la cara. Y todo porque
+no se apartaba de un salto para dejar el paso libre... «¡Vaya dónde se
+va usted a poner, tía bruja!... Afuera o la reviento de una patada...».
+
+Subieron, no sin que a Jacinta le quedaran ganas de examinar bien toda
+la pillería que en el patio quedaba. Allá en el fondo había divisado dos
+niños y una niña. Uno de ellos era rubio y como de tres años. Estaban
+jugando con el fango, que es el juguete más barato que se conoce.
+Amasábanlo para hacer tortas del tamaño de _perros grandes_. La niña,
+que era de más edad, había construido un hornito con pedazos de
+ladrillo, y a la derecha de ella había un montón de panes, bollos y
+tortas, todo de la misma masa que tanto abundaba allí. La señora de
+Santa Cruz observó este grupo desde lejos. ¿Sería alguno de aquellos? El
+corazón le saltaba en el pecho y no se atrevía a preguntar a la zancuda.
+En el último peldaño de la escalera encontraron otro obstáculo: dos
+muchachuelas y tres nenes, uno de estos en mantillas, interceptaban el
+paso. Estaban jugando con arena _fina_ de fregar. El mamón estaba fajado
+y en el suelo, con las patas y las manos al aire, berreando, sin que
+nadie le hiciera caso. Las dos niñas habían extendido la arena sobre el
+piso, y de trecho en trecho habían puesto diferentes palitos con
+cuerdas y trapos. Era el secadero de ropa de las Injurias, propiamente
+imitado.
+
+«¡Qué tropa, Dios! --exclamó la zancuda con indignación de celador de
+ornato público, que no causó efecto--. Cuidado donde se van a poner...
+¡Fuera, fuera!... y tú, _pitoja_, recoge a tu hermanillo, que le vamos a
+espachurrar». Estas amonestaciones de una autoridad tan celosa fueron
+oídas con el más insolente desdén. Uno de los mocosos arrastraba su
+panza por el suelo, abierto de las cuatro patas; el otro cogía puñados
+de arena y se lavaba la cara con ella, acción muy lógica, puesto que la
+arena representaba el agua. «Vamos, hijos, quitaos de en medio--les dijo
+Guillermina a punto que la zancuda destruía con el pie el lavadero,
+gritando--: Sinvergüenzonas, ¿no tenéis otro sitio donde jugar? ¡Vaya
+con la canalla esta...!». y echó adelante resuelta a destruir cualquier
+obstáculo que se pusiera al paso. Las otras chiquillas cogieron a los
+mocosos, como habrían cogido una muñeca, y poniéndoselos al cuadril,
+volaron por aquellos corredores.
+
+«Vamos--dijo Guillermina a su guía--, no las riñas tanto, que también tú
+eres buena...».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Avanzaron por el corredor, y a cada paso un estorbo. Bien era un brasero
+que se estaba encendiendo, con el tubo de hierro sobre las brasas para
+hacer tiro; bien el montón de zaleas o de ruedos, ya una banasta de
+ropa; ya un cántaro de agua. De todas las puertas abiertas y de las
+ventanillas salían voces o de disputa, o de algazara festiva. Veían las
+cocinas con los pucheros armados sobre las ascuas, las artesas de lavar
+junto a la puerta, y allá en el testero de las breves estancias la
+indispensable cómoda con su hule, el velón con pantalla verde y en la
+pared una especie de altarucho formado por diferentes estampas, alguna
+lámina al cromo de prospectos o periódicos satíricos, y muchas
+fotografías. Pasaban por un domicilio que era taller de zapatería, y los
+golpazos que los zapateros daban a la suela, unidos a sus cantorrios,
+hacían una algazara de mil demonios. Más allá sonaba el convulsivo
+tiquitique de una máquina de coser, y acudían a las ventanas bustos y
+caras de mujeres curiosas. Por aquí se veía un enfermo tendido en un
+camastro, más allá un matrimonio que disputaba a gritos. Algunas vecinas
+conocieron a doña Guillermina y la saludaban con respeto. En otros
+círculos causaba admiración el empaque elegante de Jacinta. Poco más
+allá cruzáronse de una puerta a otra observaciones picantes e
+irrespetuosas. «Señá Mariana, ¿ha visto que nos hemos traído el sofá en
+la rabadilla? ¡Ja, ja, ja!».
+
+Guillermina se paró, mirando a su amiga: «Esas chafalditas no van
+conmigo. No puedes figurarte el odio que esta gente tiene a los
+_polisones_, en lo cual demuestran un sentido... ¿cómo se dice?, un
+sentido _estético_ superior al de esos haraganes franceses que inventan
+tanto pegote estúpido».
+
+Jacinta estaba algo corrida; pero también se reía, Guillermina dio dos
+pasos atrás, diciendo: «Ea, señoras, cada una a su trabajo, y dejen en
+paz a quien no se mete con ustedes».
+
+Luego se detuvo junto a una de las puertas y tocó en ella con los
+nudillos.
+
+«La señá Severiana no está--dijo una de las vecinas--. ¿Quiere la señora
+dejar recado?...».
+
+--No; la veré otro día.
+
+Después de recorrer dos lados del corredor principal, penetraron en una
+especie de túnel en que también había puertas numeradas; subieron como
+unos seis peldaños, precedidas siempre de la zancuda, y se encontraron
+en el corredor de otro patio, mucho más feo, sucio y triste que el
+anterior. Comparado con el segundo, el primero tenía algo de
+aristocrático y podría pasar por albergue de familias _distinguidas_.
+
+Entre uno y otro patio, que pertenecían a un mismo dueño y por eso
+estaban unidos, había un escalón social, la distancia entre eso que se
+llama _capas_. Las viviendas, en aquella segunda _capa_, eran más
+estrechas y miserables que en la primera; el revoco se caía a pedazos, y
+los rasguños trazados con un clavo en las paredes parecían hechos con
+más saña, los versos escritos con lápiz en algunas puertas más necios y
+groseros, las maderas más despintadas y roñosas, el aire más viciado, el
+vaho que salía por puertas y ventanas más espeso y repugnante. Jacinta,
+que había visitado algunas casas de corredor, no había visto ninguna tan
+tétrica y mal oliente. «¿Qué, te asustas, niña bonita?--le dijo
+Guillermina--. ¿Pues qué te creías tú, que esto era el Teatro Real o la
+casa de Fernán-Núñez? Ánimo. Para venir aquí se necesitan dos cosas:
+caridad y estómago».
+
+Echando una mirada a lo alto del tejado, vio la Delfina que por encima
+de este asomaba un tenderete en que había muchos cueros, tripas u otros
+despojos, puestos a secar. De aquella región venía, arrastrado por las
+ondas del aire, un olor nauseabundo. Por los desiguales tejados
+paseábanse gatos de feroz aspecto, flacos, con las quijadas angulosas,
+los ojos dormilones, el pelo erizado. Otros bajaban a los corredores y
+se tendían al sol; pero los propiamente salvajes, vivían y aun se
+criaban arriba, persiguiendo el sabroso ratón de los secaderos.
+
+Pasaron junto a las dos damas figuras andrajosas, ciegos que iban dando
+palos en el suelo, lisiados con montera de pelo, pantalón de soldado,
+horribles caras. Jacinta se apretaba contra la pared para dejar paso
+franco. Encontraban mujeres con pañuelo a la cabeza y mantón pardo,
+tapándose la boca con la mano envuelta en un pliegue del mismo mantón.
+Parecían moras; no se les veía más que un ojo y parte de la nariz.
+Algunas eran agraciadas; pero la mayor parte eran flacas, pálidas,
+tripudas y envejecidas antes de tiempo.
+
+Por los ventanuchos abiertos salía, con el olor a fritangas y el
+ambiente chinchoso, murmullo de conversaciones dejosas, arrastrando
+toscamente las sílabas finales. Este modo de hablar de la tierra ha
+nacido en Madrid de una mixtura entre el deje andaluz, puesto de moda
+por los soldados, y el dejo aragonés, que se asimilan todos los que
+quieren darse aires varoniles.
+
+Nueva barricada de chiquillos les cortó el paso. Al verles, Jacinta y
+aun Guillermina, a pesar de su costumbre de ver cosas raras, quedáronse
+pasmadas, y hubiérales dado espanto lo que miraban, si las risas de
+ellos no disiparan toda impresión terrorífica. Era una manada de
+salvajes, compuesta de dos tagarotes como de diez y doce años, una niña
+más chica, y otros dos _chavales_, cuya edad y sexo no se podía saber.
+Tenían todos ellos la cara y las manos llenas de chafarrinones negros,
+hechos con algo que debía de ser betún o barniz japonés del más fuerte.
+Uno se había pintado rayas en el rostro, otro anteojos, aquél bigotes,
+cejas y patillas con tan mala maña, que toda la cara parecía revuelta en
+heces de tintero. Los pequeñuelos no parecían pertenecer a la raza
+humana, y con aquel maldito tizne extendido y resobado por la cara y las
+manos semejaban micos, diablillos o engendros infernales.
+
+«Malditos seáis... --gritó la zancuda, cuando vio aquellas fachas
+horrorosas--. ¡Pero cómo os habéis puesto así, sinvergüenzones,
+indecentes, puercos, marranos...!».
+
+--En el nombre del Padre... --exclamó Guillermina persignándose--. ¿Pero
+has visto...?
+
+Contemplaban ellos a las damas, mudos y con grandísima emoción, gozando
+íntimamente en la sorpresa y terror que sus espantables cataduras
+producían en aquellas señoriticas tan requetefinas. Uno de los pequeños
+intentó echar la zarpa al abrigo de Jacinta; pero la zancuda empezó a
+dar chillidos: «Quitarvos allá, desapartaísos, gorrinos asquerosos...
+que mancháis a estas señoras con esas manazas».
+
+«¡Bendito Dios!... Si parecen caníbales... No nos toquéis... La culpa
+no tenéis vosotros, sino vuestras madres, que tal os consienten...
+
+Y si no me engaño, estos dos gandulones son tus hermanos, niña».
+
+Los dos aludidos, mostrando al sonreír sus dientes blancos como la leche
+y sus labios más rojos que cerezas entre el negro que los rodeaba,
+contestaron que sí con sus cabezas de salvaje. Empezaban a sentirse
+avergonzados y no sabían por dónde tirar. En el mismo instante salió una
+mujeraza de la puerta más próxima, y agarrando a una de las niñas
+embadurnadas, le levantó las enaguas y empezó a darle tal solfa en salva
+la parte, que los castañetazos se oían desde el primer patio. No tardó
+en aparecer otra madre furiosa, que más que mujer parecía una loba, y la
+emprendió con otro de los mandingas a bofetada sucia, sin miedo a
+mancharse ella también. «Canallas, cafres, ¡cómo se han puesto!». Y al
+punto fueron saliendo más madres irritadas. ¡La que se armó! Pronto se
+vieron lágrimas resbalando sobre el betún, llanto que al punto se volvía
+negro. «Te voy a matar, grandísimo pillo, ladrón...». Estos son los
+condenados charoles que usa la señá Nicanora. Pero, ¡re--Dios!, señá
+Nicanora, ¿para qué deja usté que las criaturas...?».
+
+Una de las mujeres que más alborotaban se aplacó al ver a las dos damas.
+Era la señora de Ido del Sagrario, que tenía en la cara sombrajos y
+manchurrones de aquel mismo betún de los caribes, y las manos
+enteramente negras.
+
+Turbose un poco ante la visita: «Pasen las señoras... Me encuentran
+hecha una compasión».
+
+Guillermina y Jacinta entraron en la mansión de Ido, que se componía de
+una salita angosta y de dos alcobas interiores más oprimidas y lóbregas
+aún, las cuales daban el _quién vive_ al que a ellas se asomaba. No
+faltaban allí la cómoda y la lámina del Cristo del _Gran Poder_, ni las
+fotografías descoloridas de individuos de la familia y de niños muertos.
+La cocina era un cubil frío donde había mucha ceniza, pucheros volcados,
+tinajas rotas y el artesón de lavar lleno de trapos secos y de polvo. En
+la salita, los ladrillos tecleaban bajo los pies. Las paredes eran como
+de carbonería, y en ciertos puntos habían recibido bofetadas de cal, por
+lo que resultaba un claro-oscuro muy fantástico. Creeríase que andaban
+espectros por allí, o al menos sombras de linterna mágica. El sofá de
+Vitoria era uno de los muebles más alarmantes que se pueden imaginar. No
+había más que verle para comprender que no respondía de la seguridad de
+quien en él se sentase. Las dos o tres sillas eran también muy
+sospechosas. La que parecía mejor, seguramente la pegaba. Vio Jacinta,
+salteados por aquellos fantásticos muros, carteles de publicaciones
+ilustradas, de librillos de papel de fumar y cartones de almanaques
+americanos que ya no tenían hojas. Eran años muertos.
+
+Pero lo que mayormente excitó la curiosidad de ambas señoras fue un gran
+tablero que en el centro de la estancia había, cogiéndola casi toda; una
+mesa armada sobre bancos como la que usan los papelistas, y encima de
+ella grandes paquetes o manos de pliegos de papel fino de escribir. A un
+extremo los cuadernillos apilados formaban compactas resmas blancas; a
+otro las mismas resmas ya con bordes negros, convertidas en papel de
+luto.
+
+Ido extendía sobre el tablero los pliegos de papel abiertos. Una
+muchacha, que debía de ser Rosita, contaba los pliegos ya enlutados y
+formaba los cuadernillos. Nicanora pidió permiso a las señoras para
+seguir trabajando. Era una mujer más envejecida que vieja, y bien se
+conocía que nunca había sido hermosa. Debió de tener en otro tiempo
+buenas carnes, pero ya su cuerpo estaba lleno de pliegues y abolladuras
+como un zurrón vacío. Allí, valga la verdad, no se sabía lo que era
+pecho, ni lo que era barriga. La cara era hocicuda y desagradable. Si
+algo expresaba era un genio muy malo y un carácter de vinagre; pero en
+esto engañaba aquel rostro como otros muchos que hacen creer lo que no
+es. Era Nicanora una infeliz mujer, de más bondad que entendimiento,
+probada en las luchas de la vida, que había sido para ella una batalla
+sin victorias ni respiro alguno. Ya no se defendía más que con la
+paciencia, y de tanto mirarle la cara a la adversidad debía de
+provenirle aquel alargamiento de morros que la afeaba
+considerablemente. La _Venus de Médicis_ tenía los párpados enfermos,
+rojos y siempre húmedos, privados de pestañas, por lo cual decían de
+ella que _con un ojo lloraba a su padre y con otro a su madre_.
+
+Jacinta no sabía a quién compadecer más, si a Nicanora por ser como era,
+o a su marido por creerla Venus cuando se _electrizaba_. Ido estaba muy
+cohibido delante de las dos damas. Como la silla en que doña Guillermina
+se sentó empezase a exhalar ciertos quejidos y a hacer desperezos,
+anunciando quizás que se iba a deshacer, D. José salió corriendo a traer
+una de la vecindad. Rosita era graciosa, pero desmedrada y clorótica, de
+color de marfil. Llamaba la atención su peinado en sortijillas, batido,
+engomado y puesto con muchísimo aquel.
+
+«¿Pero qué hace usted, mujer, con esa pintura?» preguntó Guillermina a
+Nicanora.
+
+_--Soy lutera_.
+
+--Somos _luteranos_--dijo Ido sonriendo, muy satisfecho por tener
+ocasión de soltar aquel chiste que era viejo y había sido soltado sin
+número de veces.
+
+--¡Qué dice este hombre! --exclamó la fundadora horrorizada.
+
+--Cállate tú y no disparates--replicó Nicanora--. Yo soy _lutera_, vamos
+al decir, pinto papel de luto. Cuando no tengo otro trabajo, me traigo a
+casa unas cuantas resmas, y las enluto mismamente como las señoras ven.
+El almacenista paga un real por resma. Yo pongo el tinte, y trabajando
+todo el día, me quedan seis o siete reales. Pero los tiempos están
+malos, y hay poco papel que teñir. Todas las luteras están paradas,
+señora... porque, naturalmente, o se muere poca gente, o no les echan
+papeletas... Hombre--dijo a su marido, haciéndole estremecer--, ¿qué
+haces ahí con la boca abierta? _Desmiente_.
+
+Ido, que estaba oyendo a su mujer, como se oye a un orador brillante,
+despertó de su éxtasis y se puso a _desmentir_. Llaman así al acto de
+colocar los pliegos de papel unos sobre otros, escalonados, dejando
+descubierta en todos una fajita igual, que es lo que se tiñe. Como
+Jacinta observaba atentamente el trabajo de D. José, este se esmeró en
+hacerlo con desusada perfección y ligereza. Daba gusto ver aquellos
+bordes, que por lo iguales parecían hechos a compás. Rosita apilaba
+pliegos y resmas sin decir una palabra. Nicanora hizo a Jacinta, mirando
+a su marido, una seña que quería decir: «Hoy está bueno». Después empezó
+a pasar rápidamente la brocha sobre el papel, como se hace con los
+estarcidos.
+
+--Y las suscriciones de entregas --preguntó Guillermina--, ¿dan algo que
+comer?
+
+Ido abrió la boca para emitir pronta y juiciosa respuesta a esta
+pregunta; pero su mujer tomó rápidamente la palabra, quedándose él un
+buen rato con la boca abierta.
+
+--Las suscripciones--declaró la _Venus de Médicis_--, son una calamidad.
+Aquí José tiene poca suerte... es muy honrado y le engaña
+cualisquiera. El público es cosa mala, señoras, y suscritor hay que no
+paga ni aunque le arrastren. Luego, como el mes pasado perdió _aquí_
+(este aquí era D. José) un billete de cuatrocientos reales, el encargado
+de las obras se lo va cobrando, descontándole de las primas que le
+tocan. Por eso, naturalmente, nos hemos atrasado tanto, y lo poco que se
+apaña se lo birla el casero.
+
+Ido, desde que se dijo aquello del billete perdido, no volvió a levantar
+los ojos de su trabajo. Aquel descuido que tuvo le avergonzaba como si
+hubiera sido un delito.
+
+«Pues lo primero que tienen ustedes que hacer--indicó la Pacheco--, es
+poner una escuela a esos dos tagarotes y a la berganta de su niña
+pequeña».
+
+--No los mando, porque me da vergüenza de que salgan a la calle con
+tanto pingajo.
+
+--No importa. Además, esta amiguita y yo daremos a ustedes alguna ropa
+para los muchachos. Y el mayor, ¿gana algo?
+
+--Me gana cinco reales en una imprenta.
+
+Pero no tiene formalidad. Cuando le parece deja el trabajo, y se va a
+las becerradas de Getafe o de Leganés, y no parece en tres días. Quiere
+ser torero y nos trae crucificados. Se va al matadero por las tardes,
+cuando degüellan, y en casa, dormido, habla de que si puso las
+banderillas a _porta-gayola_...
+
+--Y usted--preguntó Jacinta a Rosita--, ¿en qué se ocupa?
+
+Rosita se puso muy encarnada. Iba a contestar; pero su madre, que
+llevaba la palabra por toda la familia, respondió:
+
+«Es peinadora... Está aprendiendo con una vecina maestra. Ya tiene
+algunas parroquianas. Pero no le pagan, naturalmente... Es una sosona, y
+como no le pongan los cuartos en la mano, no hay de qué. Yo le digo que
+no sea _panoli_ y que tenga genio; pero... ya usted la ve. Como su
+padre, que el día que no le engaña uno le engañan dos».
+
+Guillermina, después de sacar varios bonos, como billetes de teatro, y
+dar a la infeliz familia los que necesitaba para proveerse de garbanzos,
+pan y carne por media semana, dijo que se marchaba. Pero Jacinta no se
+conformó con salir tan pronto. Había ido allí con determinado fin, y por
+nada del mundo se retiraría sin intentar al menos realizarlo. Varias
+veces tuvo la palabra en la boca para hacer una pregunta a D. José, y
+este la miraba como diciendo: «estoy rabiando porque me pregunte usted
+por el _Pituso_». Por fin, decidiose la dama a romper el silencio sobre
+punto tan capital, y levantándose dio algunos pasos hacia donde Ido
+estaba. Este no necesitó más que verla venir; y saliendo rápidamente del
+cuarto, volvió al poco con una criatura de la mano.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+«¡El Dulce Nombre!...» exclamó la Pacheco viendo entrar aquel adefesio,
+y todos los demás lanzaron una exclamación parecida al mirar al niño,
+con la cara tan completamente pintada de negro que no se veía el color
+de su carne por parte alguna. Sus manos chorreaban betún, y en el traje
+se habían limpiado las suyas asquerosísimas los otros muchachos. El
+_Pitusín_ tenía el cabello negro. Sus labios rojos sobre aquel chapapote
+superaban al coral más puro. Los dientecillos le brillaban cual si
+fueran de cristal. La lengua que sacaba, por tener la creencia de que
+todo negrito, para ser tal negrito, debe estirar la lengua todo lo más
+posible, parecía una hoja de rosa.
+
+«¡Qué horror!... ¡Ah!, tunantes... ¡Bendito Dios!, ¡cómo le han
+puesto!... Anda, ¡que apañado estás!...». Las vecinas se enracimaban en
+las puertas riendo y alborotando. Jacinta estaba atónita y apenada.
+Pasáronle por la mente ideas extrañas; la mancha del pecado era tal, que
+aun a la misma inocencia extendía su sombra; y el maldito se reía detrás
+de su infernal careta, gozoso de ver que todos se ocupaban de él, aunque
+fuera para escarnecerle. Nicarona dejó sus pinturas para correr detrás
+de los bergantes y de la zancuda, que también debía de tener alguna
+parte en aquel desaguisado. La osadía del negrito no conocía límites, y
+extendió sus manos pringadas hacia aquella señora tan maja que le miraba
+tanto. «Quita allá, demonio... quita allá esas manos» le gritaron.
+Viendo que no le dejaban tocar a nadie, y que su facha causaba risa, el
+chico daba patadas en medio del corro, sacando la lengua y presentando
+sus diez dedos como garras. De este modo tenía, a su parecer, el aspecto
+de un bicho muy malo que se comía a la gente, o por lo menos que se la
+quería comer.
+
+Oyose el pie de paliza que Nicarona, hecha una veneno, estaba dando a
+sus hijos, y el gemir de ellos. El _Pituso_ empezó a cansarse pronto de
+su papel de mico, porque eso de no poder pegarse a nadie tenía poca
+gracia. Lo mejor que podía hacer en su situación desairada, era meterse
+los dedos en la boca; pero sabía tan mal aquel endiablo potaje negro,
+que pronto los hubo de retirar.
+
+«¿Será veneno eso? --observó Jacinta, alarmada--. Que lo laven, ¿por qué
+no lo lavan?».
+
+--Pues estás bonito, Juanín--díjole Ido--. ¡Y esta señora que te quería
+dar un beso!
+
+Ávida de tocarle, la Delfina le agarró un mechón de cabello, lo único en
+que no había pintura. «¡Pobrecito, cómo está!...». De repente le
+entraron a Juanín ganas de llorar. Ya no enseñaba la lengua; lo que
+hacía era dar suspiros.
+
+«¿Pero ese Sr. Izquierdo, no está?--preguntó a Ido Jacinta llevándole
+aparte--. Yo tengo que hablar con él. ¿Dónde vive?».
+
+--Señora--replicó D. José con finura--, la puerta de su domicilio está
+cerrada... herméticamente, muy herméticamente.
+
+--Pues quiero verle, quiero hablar con él.
+
+--Yo lo pondré en su conocimiento--repuso el corredor de obras, que
+gustaba de emplear formas burocráticas cuando la ocasión lo pedía.
+
+--Ea, vámonos, que es tarde --dijo impaciente Guillermina--. Otro día
+volveremos.
+
+--Sí, volveremos... Pero que lo laven... ¡pobre niño! Debe de estar en
+un martirio horrible con ese emplasto en la cara. Di, tontín, ¿quieres
+que te laven?
+
+El _Pituso_ dijo que sí con la cabeza. Su aflicción crecía, y poco le
+faltaba para romper a llorar. Todas las vecinas reconocieron la
+necesidad de lavarle; pero unas no tenían agua y otras no querían
+gastarla en tal objeto. Por fin una mujer agitanada y con faldas de
+percal rameado, el talle muy bajo, un pañuelo caído por los hombros, el
+pelo lacio y la tez crasa y de color de _terra-cotta_, se pareció por
+allí de repente, y quiso dar una lección a las vecinas delante de las
+señoras, diciendo que ella tenía agua de sobra para _despercudir_ y
+_chovelar_ a aquel ángel. Se le llevaron en burlesca procesión, él
+delante, aislado por su propio tizne, y ya con la dignidad tan por los
+suelos, que empezaba a dar _jipíos_; los chicos detrás haciendo una
+bulla infernal, y la tarasca aquella del moño lacio amenazándolos con
+_endiñarles_ si no se quitaban de en medio. Desapareció la comparsa por
+una puerquísima y angosta escalera que del ángulo del corredor partía.
+Jacinta hubiera querido subir también; pero Guillermina la sofocaba con
+sus prisas. «¿Hija, sabes tú la hora que es?».
+
+«Sí, nos iremos... Lo que es por mí, ya estamos andando» decía la otra
+sin moverse del corredor, mirando a la techumbre, en la cual no veía
+otra cosa que el horrible tinglado donde colgaban los cueros puestos a
+secar. Entre tanto, la fundadora, a pesar de su mucha prisa, entablaba
+una rápida conversación con D. José.
+
+«¿No tiene usted ya nada que hacer en casa?».
+
+--Absolutamente nada, señora. Ya están _desmentidas_ las últimas resmas.
+Pensaba yo ahora irme a dar una vuelta y a tomar el aire.
+
+--Le conviene a usted el ejercicio... perfectamente. Pues oiga usted, al
+mismo tiempo que se orea un poco, me va a hacer un servicio.
+
+--Estoy a disposición de la señora.
+
+--Se sale usted a la Ronda... tira usted para abajo, dejando a la
+izquierda la fábrica del gas. ¿Entiende usted?... ¿Sabe usted la
+estación de las Pulgas? Bueno, pues antes de llegar a ella hay una casa
+en construcción... Está concluida la obra de fábrica y ahora están
+armando una chimenea muy larga, porque va a ser _sierra mecánica_... ¿Se
+va usted enterando? No tiene pérdida. Pues entra usted y pregunta por el
+guarda de la obra, que se llama Pacheco... lo mismito que yo. Usted le
+dice: «Vengo por los ladrillos de doña Guillermina». Ido repitió, como
+los chicos que aprenden una lección:
+
+«Vengo por los ladrillos, etc...».
+
+--El dueño de esa fábrica me ha dado unos setenta ladrillos, lo único
+que le sobra... poca cosa, pero a mí todo me sirve... Bueno; coge usted
+los ladrillos y me los lleva a la obra... son para mi obra.
+
+--¿A la obra?... ¿Qué obra?
+
+--Hombre, en Chamberí... mi asilo... ¿Está usted lelo?
+
+--¡Ah! perdone la señora... cuando oí la obra, creí al pronto que era
+una obra literaria.
+
+--Si no puede usted de un viaje, emplee dos.
+
+--O tres, o cuatro... tantísimo gusto en ello... Si necesario fuese,
+naturalmente, tantos viajes como ladrillos...
+
+--Y si me hace bien el recado, cuente con un hongo casi nuevo... Me lo
+han dado ayer en una casa, y lo reservo para los amigos que me ayudan...
+¿Con que lo hará usted? Hoy por ti y mañana por mí. Vaya, abur, abur.
+
+Ido y su mujer se deshacían en cumplidos y fueron escoltando a las
+señoras hasta la puerta de la calle. En la calle de Toledo tomaron ellas
+un simón para ganar tiempo, y el bendito Ido se fue a cumplir el encargo
+que la fundadora le había hecho. No era una misión _delicada_
+ciertamente, como él deseara; pero el principio de caridad que entrañaba
+aquel acto lo trocaba de vulgar en sublime. Toda la santa tarde estuvo
+mi hombre ocupado en el transporte de los ladrillos, y tuvo la
+satisfacción de que ni uno solo de los setenta se le rompiera por el
+camino. El contento que inundaba su alma le quitaba el cansancio, y
+provenía su gozo casi exclusivamente de que Jacinta, en aquel ratito en
+que le llevó aparte, le había dado un duro. No puso él la moneda en el
+bolsillo de su chaleco, donde la habría descubierto Nicanora, sino en la
+cintura, muy bien escondida en una faja que usaba pegada a la carne para
+abrigarse la boca del estómago. Porque conviene fijar bien las cosas...
+aquel duro, dado aparte, lejos de las miradas famélicas del resto de la
+familia, era exclusivamente para él. Tal había sido la intención de la
+señorita, y D. José habría creído ofender a su bienhechora
+interpretándola de otro modo. Guardaría, pues, su tesoro, y se valdría
+de todas las trazas de su ingenio para defenderlo de las miradas y de
+las uñas de Nicanora... porque si esta lo descubría, ¡Santo Cristo de
+los Guardias...!
+
+Pasó la noche en grandísima intranquilidad. Temía que su mujer
+descubriese con ojo perspicaz el matute que él encerraba en su cintura.
+La maldita parecía que olía la plata. Por eso estaba tan azorado y no se
+daba por seguro en ninguna posición, creyendo que al través de la ropa
+se le iba a ver la moneda. Durante la cena estuvieron todos muy alegres;
+tiempo hacía que no habían cenado tan bien. Pero al acostarse volvió Ido
+a ser atormentado por sus temores, y no tuvo más remedio que estar toda
+la noche hecho un ovillo, con las manos cruzadas en la cintura, porque
+si en una de las revueltas que ambos daban sobre los accidentados
+jergones la mano de su mujer llegaba a tocar el duro, se lo quitaba, tan
+fijo como tres y dos son cinco. Durmió, pues, tan mal que en realidad
+dormía con un ojo y velaba con el otro, atento siempre a defender su
+contrabando. Lo peor fue que viéndole su mujer tan retortijado y hecho
+todo una _ese_, creyó que tenía el dolor espasmódico que le solía dar; y
+como el mejor remedio para eso eran las friegas, Nicanora le propuso
+dárselas, y al oír tal proposición, tembláronle a Ido las carnes,
+viéndose descubierto y perdido. «Ahora sí que la hemos hecho buena»
+pensó. Pero su talento le sugirió la respuesta, y dijo que no tenía ni
+pizca de dolor, sino frío, y sin más explicaciones se volvió contra la
+pared, pegándose a ella como un engrudo, y haciéndose el dormido. Llegó
+por fin el día y con él la calma al corazón de Ido, quien se acicaló y
+se lavó casi toda la cara, poniéndose la corbata encarnada con cierta
+presunción.
+
+Eran ya las diez de la mañana, porque con aquello de lavarse _bien_ se
+había ido bastante tiempo. Rosita tardó mucho en traer el agua, y
+Nicanora se había dado la inmensa satisfacción de ir a la compra. Todos
+los individuos de la familia, cuando se encontraban uno frente a otro,
+se echaban a reír, y el más risueño era D. José, porque... ¡si
+supieran!...
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Echose mi hombre a la calle, y tiró por la de Mira el Río baja, cuya
+cuesta es tan empinada que se necesita hacer algo de volatines para no
+ir rodando de cabeza por aquellos pedernales. Ido la bajó, casi como la
+bajan los chiquillos, de un aliento, y una vez en la explanada que
+llaman el _Mundo Nuevo_, su espíritu se espació, como pájaro lanzado a
+los aires. Empezó a dar resoplidos, cual si quisiera meter en sus
+pulmones más aire del que cabía, y sacudió el cuerpo como las gallinas.
+El picorcillo del sol le agradaba, y la contemplación de aquel cielo
+azul, de incomparable limpieza y diafanidad, daba alas a su alma
+voladora. Candoroso e impresionable, D. José era como los niños o los
+poetas de verdad, y las sensaciones eran siempre en él vivísimas, las
+imágenes de un relieve extraordinario. Todo lo veía agrandado
+hiperbólicamente o empequeñecido, según los casos. Cuando estaba alegre,
+los objetos se revestían a sus ojos de maravillosa hermosura; todo le
+_sonreía_, según la expresión común que le gustaba mucho usar. En cambio
+cuando estaba afligido, que era lo más frecuente, las cosas más bellas
+se afeaban volviéndose negras, y se cubrían de un velo... parecíale más
+propio decir _de un sudario_. Aquel día estaba el hombre de buenas, y la
+excitación de la dicha hacíale más niño y más poeta que otras veces. Por
+eso el campo del _Mundo Nuevo_, que es el sitio más desamparado y más
+feo del globo terráqueo, le pareció una bonita plaza. Salió a la Ronda y
+echó miradas de artista a una parte y otra. Allí la puerta de Toledo
+¡qué soberbia arquitectura! A la otra parte la fábrica del gas... ¡oh
+prodigios de la industria!... Luego el cielo espléndido y aquellos lejos
+de Carabanchel, perdiéndose en la inmensidad, con remedos y aun con
+murmullos de Océano... ¡sublimidades de la Naturaleza!... Andando,
+andando, le entró de improviso un celo tan vehemente por la instrucción
+pública, que le faltó poco para caerse de espaldas ante los estólidos
+letreros que veía por todas partes.
+
+_No se premite tender rropa, y ni clabar clabos_, decía en una pared, y
+D. José exclamó: «¡Vaya una barbaridad!... ¡Ignorantes!... ¡emplear dos
+conjunciones copulativas! Pero pedazos de animales, ¿no veis que la
+primera, naturalmente, junta las voces o cláusulas en concepto
+afirmativo y la segunda en concepto negativo?... ¡Y que no tenga qué
+comer un hombre que podría enseñar la Gramática a todo Madrid y corregir
+estos delitos del lenguaje!... ¿Por qué no me había de dar el Gobierno,
+vamos a ver, por qué no me había de dar el encargo, mediante
+proporcionales emolumentos, de vigilar los rótulos?... ¡Zoquetes, qué
+multas os pondría!... Pues también tú estás bueno: _Se alquilan
+qartos_... muy bien, señor mío. ¿Le gustan a usted tanto las _úes_ que
+se las come con arroz? ¡Ah!, si el Gobierno me nombrara _ortógrafo de la
+vía pública_, ya veríais... Vamos, otro que tal: _se proive_... Se
+prohíbe rebuznar, digo yo».
+
+Hallábase en lo más entretenido de aquella crítica literaria, tan propia
+de su oficio, cuando vio que hacia él iban tres individuos de calzón
+ajustado, botas de caña, chaqueta corta, gorra, el pelo echadito
+_palante_, caras de poca vergüenza.
+
+Eran los tales tipos muy madrileños y pertenecían al gremio de los
+_randas_. El uno era _descuidero_, el otro _tomador_, y el tercero hacía
+a pelo y a pluma. Ido les conocía, porque vivían en su patio, siempre
+que no eran inquilinos de los del Saladero, y no gustaba de tratarse con
+semejante gentuza. De buena gana les habría dado una puntera en salva la
+parte; pero no se atrevía. Una cosa es reformar la ortografía pública, y
+otra aplicar ciertos correctivos a la especie humana. «Allá van los
+buenos días» le dijeron los chulos alegremente, y a Ido se le puso la
+carne como la de las gallinas, porque se acordó del duro y temió que se
+lo _garfiñaran_ si entraba en parola con ellos. Pasando de largo, les
+dijo con mucha cortesía: «Dios les guarde, caballeros... Conservarse» y
+apretó a correr. No le volvió el alma al cuerpo hasta que les hubo
+perdido de vista.
+
+«Es preciso que me convide a algo» pensaba el pendolista; y hacía la
+crítica mental de los manjares que más le gustaban. Cerca de la puerta
+de Toledo se encontró con un mielero alcarreño que paraba en su misma
+casa. Estaban hablando, cuando pasó un pintor de panderetas, también
+vecino, y ambos le convidaron a unas copas. «Váyanse al rábano,
+ordinariotes...» pensó Ido, y les dio las gracias, separándose al punto
+de ellos. Andando más vio un ventorro en la acera derecha de la
+Ronda...
+
+«¡Comer de fonda!». Esta idea se le clavó en el cerebro. Un rato estuvo
+Ido del Sagrario ante el establecimiento de _El Tartera_, que así se
+llamaba, mirando los dos tiestos de _bónibus_ llenos de polvo, las
+insignias de los bolos y la rayuela, la mano negra con el dedo tieso
+señalando la puerta, y no se decidía a obedecer la indicación de aquel
+dedo. ¡Le sentaba tan mal la carne...! Desde que la comía le entraba
+aquel mal tan extraño y daba en la gracia estúpida de creer que Nicanora
+era la Venus de Médicis. Acordose, no obstante, de que el médico le
+recetaba siempre comer carne, y cuanto más cruda mejor. De lo más hondo
+de su naturaleza salía un bramido que le pedía ¡carne, carne, carne! Era
+una voz, un prurito irresistible, una imperiosa necesidad orgánica, como
+la que sienten los borrachos cuando están privados del fuego y de la
+picazón del alcohol.
+
+Por fin no pudo resistir; colose dentro del ventorrillo, y tomando
+asiento junto a una de aquellas despintadas mesas, empezó a palmotear
+para que viniera el mozo, que era el mismo _Tartera_, un hombre
+gordísimo, con chaleco de Bayona y mandil de lanilla verde rayado de
+negro. No lejos de donde estaba Ido había un rescoldo dentro de enorme
+braserón, y encima una parrilla casi tan grande como la reja de una
+ventana. Allí se asaban las chuletas de ternera, que con la chamusquina
+en tan viva lumbre, despedían un olor apetitoso. «Chuletas» dijo D.
+José, y a punto vio entrar a un amigo, el cual le había visto a él y
+por eso sin duda entraba.
+
+«Hola, amigo Izquierdo... Dios le guarde».
+
+--Le vi pasar, maestro y dije, digo: A cuenta que voy a echar un
+espotrique con mi tocayo...
+
+Sentose sin ceremonia el tal, y poniendo los codos sobre la mesa, miró
+fijamente a su tocayo. O las miradas no expresaban nada, o la de aquel
+sujeto era un memorial pidiendo que se le convidara. Ido era tan
+caballero que le faltó tiempo para hacer la invitación, añadiendo una
+frase muy prudente. «Pero, tocayo, sepa que no tengo más que un duro...
+Con que no se corra mucho...». Hizo el otro un gesto tranquilizador y
+cuando el _Tartera_ puso el servicio, si servicio puede llamarse un par
+de cuchillos con mango de cuerno, servilleta sucia y salero, y pidió
+órdenes acerca del vino, le dijo, dice: «¿Pardillo yo?... pa chasco...
+Tráete de la tierra».
+
+A todo esto asintió Ido del Sagrario, y siguió contemplando a su amigo,
+el cual parecía un grande hombre aburrido, carácter agriado por la
+continuidad de las luchas humanas. José Izquierdo representaba cincuenta
+años, y era de arrogante estatura. Pocas veces se ve una cabeza tan
+hermosa como la suya y una mirada tan noble y varonil. Parecía más bien
+italiano que español, y no es maravilla que haya sido, en época
+posterior al 73, en plena Restauración, el modelo predilecto de nuestros
+pintores más afanados.
+
+«Me alegro de verle a usted tocayo--le dijo Ido, a punto que las
+chuletas eran puestas sobre la mesa--, porque tenía que comunicarle
+cosas de importancia. Es que ayer estuvo en casa doña Jacinta, la esposa
+del Sr. D. Juanito Santa Cruz, y preguntó por el chico y le vio...
+quiero decir, no le vio porque estaba todito dado de negro... y luego
+dijo que dónde estaba usted, y como usted no estaba, quedó en
+volver...».
+
+Izquierdo debía de tener hambre atrasada, porque al ver las chuletas,
+les echó una mirada guerrera que quería decir: «¡Santiago y a ellas!» y
+sin responder nada a lo que el otro hablaba, les embistió con furia. Ido
+empezó a engullir comiéndose grandes pedazos sin masticarlos. Durante un
+rato, ambos guardaron silencio. Izquierdo lo rompió dando fuerte golpe
+en la mesa con el mango del cuchillo, y diciendo:
+
+«¡Re-hostia con la Repóblica!... ¡Vaya una porquería!».
+
+Ido asintió con una cabezada.
+
+«¡Repoblicanos de chanfaina... pillos, buleros, piores que serviles,
+moderaos, piores que moderaos!--prosiguió Izquierdo con fiera
+exaltación--.
+
+No colocarme a mí, a mí, que soy el endivido que más bregó por la
+Repóblica en esta judía tierra... Es la que se dice: cría cuervos...
+¡Ah! Señor de Martos, señor de Figueras, señor de Pi... a cuenta que
+ahora no conocen a este pobrete de Izquierdo, porque lo ven
+maltrajeao... pero antes, cuando Izquierdo tenía por sí las afloencias
+de la Inclusa y cuando Bicerra le venía a ver pal cuento de echarnos a
+la calle, entonces... ¡Hostia! Hamos venido a menos. Pero si por un es
+caso golviésemos a más, yo les juro a esos figurones que tendremos una
+_yeción_.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Ido seguía corroborando, aunque no había entendido aquello de la
+_yeción_, ni lo entendiera nadie. Con tal palabra Izquierdo expresaba
+una colisión sangrienta, una marimorena o cosa así. Bebía vaso tras vaso
+sin que su cabeza se afectase, por ser muy resistente.
+
+«Porque mirosté, maestro, lo que les atufa es el aquel de haber estado
+mi endivido en Cartagena... Y yo digo que a mucha honra, ¡re-hostia!
+Allí estábamos los verídicos liberales. Y a cuenta que yo, tocayo, toda
+mi vida no he hecho más que derramar mi sangre por la judía libertad. El
+54, ¿qué hice?, batirme en las barricadas como una presona decente. Que
+se lo pregunten al difunto D. Pascual Muñoz el de la tienda de jierros,
+padre del marqués de Casa-Muñoz, que era el hombre de más afloencias en
+estos arrabales, y me dijo mismamente aquel día: 'Amigo Platón, vengan
+esos cinco'. Y aluego jui con el propio D. Pascual a Palacio, y D.
+Pascual subió a pleticar con la Reina, y pronto bajó con aquel papé
+firmado por la Reina en que les daba la gran patá a los moderaos. D.
+Pascual me dijo que pusiera un pañuelo branco en la punta de un palo y
+que malchara delante diciendo: 'cese er fuego, cese er fuego...'. El 56,
+era yo teniente de melicianos, y O'Donnell me cogió miedo, y cuando
+pleticó a la tropa dijo: 'si no hay quien me coja a Izquierdo, no hamos
+hecho na'. El 66, cuando la de los artilleros, mi compare Socorro y yo
+estuvimos pegando tiros en la esquina de la calle de Laganitos... El 68,
+cuando la santísima, estuve haciendo la guardia en el Banco, pa que no
+robaran, y le digo asté que si por un es caso llega a paicerse por allí
+algún randa, lo suicido... Pues tocan luego a la recompensa, y a Pucheta
+me le hacen guarda de la Casa de Campo, a Mochila del Pardo... y a mí
+una patá. A cuenta que yo no pido más que un triste destino pa portear
+el correo a cualsiquiera parte, y na... Voy a ver a Bicerra, ¿y
+piensasté que me conoce?, ¡pa chasco!... Le digo que soy Izquierdo, por
+mote _Platón_, y menea la cabeza.
+
+Es la que se dice: 'no se acuerdan del judío escalón dimpués que están
+parriba...'. Dimpués me casé y juimos viviendo tal cual. Pero cuando
+vino la judía Repóblica, se me había muerto mi Dimetria, y yo no tenía
+que comer; me jui a ver al señor de Pi, y le dije, digo: 'Señor de Pi,
+aquí vengo sobre una colocación...'. ¡Pa chasco! A cuenta de que el
+hombre me debía de tener tirria, porque se remontó y dijo que él no
+tenía colocaciones. ¡Y un judío portero me puso en la calle!
+¡Re-contra-hostia!, ¡si viviera Calvo Asensio!, aquel sí era un endivido
+que sabía las comenencias, y el tratamiento de las personas verídicas.
+¡Vaya un amigo que me perdí! Toda la Inclusa era nuestra, y en tiempo
+leitoral, ni Dios nos tosía, ni Dios, ¡hostia!... ¡Aquél sí, aquél
+sí!... A cuenta que me cogía del brazo y nos entrábamos en un café, o en
+la taberna a tomar una angelita... porque era muy llano y más liberal
+que la Virgen Santísima. ¿Pero estos de ahora?... es la que dice; ni
+liberales ni repoblicanos, ni na. Mirosté a ese Pi... un mequetrefe. ¿Y
+Castelar?, otro mequetrefe. ¿Y Salmerón?, otro mequetrefe. ¿Roque
+Barcia?, mismamente. Luego, si es caso, vendrán a pedir que les
+ayudemos, ¿pero yo...? No me pienso menear; basta de _yeciones_. Si se
+junde la Repóblica que se junda, y si se junde el judío pueblo, que se
+junda también».
+
+Apuró de nuevo el vaso, y el otro José admiraba igualmente su facundia y
+su receptividad de bebedor. Izquierdo soltó luego una risa sarcástica,
+prosiguiendo así:
+
+«Dicen que les van a traer a Alifonso... ¡Pa chasco! Por mí que lo
+traigan. A cuenta que es como si verídicamente trajeran al Terso. Es la
+que se dice: pa mí lo mismo es blanco que negro. Óigame lo bueno: El año
+pasado, estando en Alcoy, los carcas me jonjabaron. Me corrí a la
+partida de Callosa de Ensarriá y tiré montón de tiros a la Guardia
+Cevil. ¡Qué _yeción_! Salta por aquí, salta por allá. Pero pronto me
+llamé andana porque me habían hecho contrata de medio duro diario, y los
+rumbeles solutamente no paicían. Yo dije: 'José mío, güélvete liberal,
+que lo de carca no tercia'. Una nochecita me escurrí, y del tirón me jui
+a Barcelona, donde la carpanta fue tan grande, maestro, que por poco doy
+las boqueás. ¡Ay!, tocayo, si no es porque se me terció encontrarme allí
+con mi sobrina Fortunata, no la cuento. Socorriome... es buena chica, y
+con los cuartos que me dio, trinqué el judío tren, y a Madriz...».
+
+--Entonces--dijo Ido, fatigado de aquel relato incoherente, y de aquel
+vocabulario grotesco--, recogió usted a ese precioso niño...
+
+Buscaba Ido la novela dentro de aquella gárrula página contemporánea;
+pero Izquierdo, como hombre de más seso, despreciaba la novela para
+volver a la grave historia.
+
+«Allego y me aboco con los comiteles y les canto claro: '¿Pero señores,
+nos acantonamos o no nos acantonamos?... porque si no va a haber aquí
+una _yeción_. ¡Se reían de mí!... ¡pillos! ¡Como que estaban vendidos al
+moderaísmo!... Sabusté tocayo, ¿con qué me motejaban aquellos
+mequetrefes? Pues na; con que yo no sé leer ni escribir: No es todo lo
+verídico, ¡hostia!, porque leer ya sé, aunque no del todo lo seguío que
+se debe. Como escribir, no escribo porque se me corre la tinta por el
+dedo... ¡Bah!, es la que se dice: los escribidores, los periodiqueros, y
+los publicantones son los que han perdío con sus tiologías a esta judía
+tierra, maestro».
+
+Ido tardó mucho tiempo en apoyar esto, por ser quien era; pero Izquierdo
+le apretó el brazo con tanta fuerza, que al fin no tuvo más remedio que
+asentir con una cabezada, haciendo la reserva mental de que sólo por la
+violencia daba su autorizado voto a tal barbaridad.
+
+«Entonces, tocayo de mi arma, viendo que me querían meter en el
+estaribel y enredarme con los guras, tomé el olivo y no juimos a
+Cartagena. ¡Ay, qué vida aquella! ¡Re-hostia! A mí me querían hacer
+menistro de la Gubernación; pero dije que nones. No me gustan suponeres.
+A cuenta que salimos con las freatas por aquellos mares de mi arma. Y
+entonces, que quieras que no, me ensalzaron a tiniente de navío, y
+estaba mismamente a las órdenes del general Contreras, que me trataba
+de tú. ¡Ay qué hombre y qué buen avío el suyo! Parecía verídicamente el
+gran turco con su gorro colorao. Aquello era una gloria. ¡Alicante,
+Águilas! Pelotazo va, pelotazo viene. Si por un es caso nos dejan,
+tocayo, nos comemos el santísimo mundo y lo acantonamos toíto... ¡Orán!
+¡Ay qué mala sombra tiene Orán y aquel judío _vu_ de los franceses que
+no hay cristiano que lo pase!... Me najo de allí, güelvo a mi Españita,
+entro en Madriz mu callaíto, tan fresco... ¿a mí qué?... y me presento a
+estos tiólogos, mequetrefes y les digo: 'Aquí me tenéis, aquí tenéis a
+la personalidá del endivido verídico que se pasó la santísima vida
+peleando como un gato tripa arriba por las judías libertades... Matarme,
+hostia, matarme; a cuenta que no me queréis colocar...'. ¿Usté me hizo
+caso? Pues ellos tampoco. Espotrica que te espotricarás en las Cortes, y
+el santísimo pueblo que reviente. Y yo digo que es menester acantonar a
+Madriz, pegarte fuego a las Cortes, al Palacio Real, y a lo judíos
+ministerios, al Monte de Piedad, al cuartel de la Guardia Cevil y al
+Dipósito de las Aguas, y luego hacer un racimo de horca con Castelar,
+Pi, Figueras, Martos, Bicerra y los demás, por moderaos, por
+moderaos...».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Dijo el _por moderaos_ hasta seis veces, subiendo gradualmente de tono,
+y la última repetición debió de oírse en el puente de Toledo. El otro
+José estaba muy aturdido con la bárbara charla del grande hombre, el más
+desgraciado de los héroes y el más desconocido de los mártires. Su
+máscara de misantropía y aquella displicencia de genio perseguido eran
+natural consecuencia de haber llegado al medio siglo sin encontrar su
+asiento, pues treinta años de tentativas y de fracasos son para abatir
+el ánimo más entero. Izquierdo había sido chalán, tratante en trigos,
+revolucionario, jefe de partidas, industrial, fabricante de velas, punto
+figurado en una casa de juego y dueño de una _chirlata_; había casado
+dos veces con mujeres ricas, y en ninguno de estos diferentes estados y
+ocasiones obtuvo los favores de la voluble suerte. De una manera y otra,
+casado y soltero, trabajando por su cuenta y por la ajena, siempre mal,
+siempre mal, ¡hostia!
+
+La vida inquieta, las súbitas apariciones y desapariciones que hacía, y
+el haber estado en _gurapas_ algunas temporadillas rodearon de misterio
+su vida, dándole una reputación deplorable. Se contaban de él horrores.
+Decían que había matado a Demetria, su segunda mujer, y cometido otros
+nefandos crímenes, violencias y atropellos. Todo era falso. Hay que
+declarar que parte de su mala reputación la debía a sus fanfarronadas y
+a toda aquella humareda revolucionaria que tenía en la cabeza. La mayor
+parte de sus empresas políticas eran soñadas, y sólo las creían ya
+poquísimos oyentes, entre los cuales Ido del Sagrario era el de mayores
+tragaderas. Para completar su retrato, sépase que no había estado en
+Cartagena. De tanto pensar en el dichoso cantón, llegó sin duda a
+figurarse que había estado en él, hablando por los codos de aquellas
+tremendas _yeciones_ y dando detalles que engañaban a muchos bobos. Lo
+de la partida de Callosa sí parece cierto.
+
+También se puede asegurar, sin temor de que ningún dato histórico pruebe
+lo contrario, que _Platón_ no era valiente, y que, a pesar de tanta
+baladronada, su reputación de braveza empezaba a decaer como todas las
+glorias de fundamento inseguro. En los tiempos a que me refiero, el
+descrédito era tal que la propia vanidad _platónica_ estaba ya por los
+suelos. Principiaba a creerse una nulidad, y allá en sus soliloquios
+desesperados, cuando le salía mal alguna de las bajezas con que se
+procuraba dinero, se escarnecía sinceramente, diciéndose: «soy pior que
+una caballería; soy más tonto que un cerrojo; no sirvo absolutamente
+para nada». El considerar que había llegado a los cincuenta años sin
+saber _plumear_ y leyendo sólo a trangullones, le hacía formar de su
+_endivido_ la idea más desventajosa. No ocultaba su dolor por esto, y
+aquel día se lo expresó a su tocayo con sentida ingenuidad:
+
+«Es una gaita esto de no saber escribir... ¡Hostia!, si yo supiera...
+Créalo: ese es el por qué de la tirria que me tiene Pi».
+
+Don José no le contestó. Estaba doblado por la cintura, porque el
+digerir las dos enormes chuletas que se había atizado, no se presentaba
+como un problema de fácil solución. Izquierdo no reparó que a su amigo
+le temblaba horriblemente el párpado, y que las carúnculas del cuello y
+los berrugones de la cara, inyectados y turgentes, parecían próximos a
+reventar. Tampoco se fijó en la inquietud de D. José, que se movía en el
+asiento como si este tuviese espinas; y volviendo a lamentarse de su
+destino, se dejó decir: «Porque no hacen solutamente estimación de los
+verídicos hombres del mérito. Tanto mequetrefe colocao, y a nosotros,
+tocayo, a estos dos hombres de calidá nadie les ensalza. A cuenta de
+ellos se lo pierden; porque usted, ¡hostia!, sería un lince para la
+Destrución pública, y yo... yo».
+
+La vanidad de _Platón_ cayó de golpe cuando más se remontaba, y no
+encontrando aplicación adecuada a su personalidad, se estrelló en la
+conciencia de su estolidez. «Yo... para tirar de un carromato--pensó--.
+Después dejó caer la varonil y gallarda cabeza sobre el pecho y estuvo
+meditando un rato sobre _el por qué_ de su perra suerte. Ido permaneció
+completamente insensible a la lisonja que le soltara su amigo, y tenía
+la imaginación sumergida en sombrío lago de tristezas, dudas, temores y
+desconfianzas. A Izquierdo le roía el pesimismo. La carga de la bebida
+en su estómago no tuvo poca parte en aquel desaliento horrible, durante
+el cual vio desfilar ante su mente los treinta años de fracasos que
+formaban su historia activa... Lo más singular fue que en su tristeza
+sentía una dulce voz silbándole en el oído: «Tú sirves para algo... no
+te amontones...». Mas no se convencía, no. «Al que me dijera
+--pensaba--, cuál es la judía cosa pa que sirve este piazo de hombre, le
+querría, si es caso, más que a mi padre». Aquel desventurado era como
+otros muchos seres que se pasan la mayor parte de la vida fuera de su
+sitio, rodando, rodando, sin llegar a fijarse en la casilla que su
+destino les ha marcado. Algunos se mueren y no llegan nunca; Izquierdo
+debía llegar, a los cincuenta y un años, al puesto que la Providencia le
+asignara en el mundo, y que bien podríamos llamar glorioso. Un año
+después de lo que ahora se narra estaba ya aquel planeta errante, puedo
+dar fe de ello, en su sitio cósmico. _Platón_ descubrió al fin la ley de
+su sino, aquello para que exclusiva y _solutamente_ servía. Y tuvo
+sosiego y pan, fue útil y desempeñó un gran papel, y hasta se hizo
+célebre y se lo disputaban y le traían en palmitas. No hay ser humano,
+por despreciable que parezca, que no pueda ser eminencia en algo, y
+aquel buscón sin suerte, después de medio siglo de equivocaciones, ha
+venido a ser, por su hermosísimo talante, el gran _modelo_ de la pintura
+histórica contemporánea. Hay que ver la nobleza y arrogancia de su
+figura cuando me lo encasquetan una armadura fina, o ropillas y
+balandranes de raso, y me lo ponen _haciendo_ el duque de Gandía, al
+sentir la corazonada de hacerse santo, o el marqués de Bedmar ante el
+Consejo de Venecia, o Juan de Lanuza en el patíbulo, o el gran Alba
+poniéndoles las peras a cuarto a los flamencos. Lo más peregrino es que
+aquella caballería, toda ignorancia y rudeza, tenía un notable instinto
+de la postura, sentía hondamente la facha del personaje, y sabía
+traducirla con el gesto y la expresión de su admirable rostro.
+
+Pero en aquella sazón, todo esto era futuro y sólo se presentaba a la
+mente embrutecida de _Platón_ como presentimiento indeciso de glorias y
+bienandanza. El héroe dio un suspiro, a que contestó el poeta con otro
+suspiro más tempestuoso. Mirando cara a cara a su amigo, Ido tosió dos o
+tres veces, y con una vocecilla que sonaba metálicamente, le dijo,
+poniéndole la mano en el hombro:
+
+«Usted es desgraciado porque no le hacen justicia; pero yo lo soy más,
+tocayo, porque no hay mayor desdicha que el deshonor».
+
+--¡Repóblica puerca, repóblica cochina!--rebuznó _Platón_, dando en la
+mesa un porrazo tan recio, que todo el ventorro tembló.
+
+--Porque todo se puede conllevar--dijo Ido bajando la voz
+lúgubremente--, menos la infidelidad conyugal. Terrible cosa es hablar
+de esto, querido tocayo, y que esta deshonrada boca pregone mi propia
+ignominia... pero hay momentos, francamente, naturalmente, en que no
+puede uno callar. El silencio es delito, sí señor... ¿Por qué ha de
+echar sobre mí la sociedad esta befa, no siendo yo culpable? ¿No soy
+modelo de esposos y padres de familia? ¿Pues cuándo he sido yo
+adúltero?, ¿cuándo?... que me lo digan.
+
+De repente, y saltando cual si fuera de goma, el hombre eléctrico se
+levantó... Sentía una ansiedad que le ahogaba, un furor que le ponía los
+pelos de punta. En este excepcional desconcierto no se olvidó de pagar,
+y dando su duro al _Tartera_, recogió la vuelta.
+
+«Noble amigo--díjole a Izquierdo al oído--, no me acompañe usted...
+Estimo en lo que valen sus ofrecimientos de ayuda. Pero debo ir solo,
+enteramente solo, sí señor; les cogeré _in _ _ fraganti_...
+¡Silencio...!, ¡chis!... La ley me autoriza a hacer un escarmiento...
+pero horrible, tremendo... ¡Silencio digo!».
+
+Y salió de estampía, como una saeta. Viéndole correr, se reían Izquierdo
+y el _Tartera_. El infeliz Ido iba derecho a su camino sin reparar en
+ningún tropiezo. Por poco tumba a un ciego, y le volcó a una mujer la
+cesta de los cacahuetes y piñones. Atravesó la Ronda, el Mundo Nuevo y
+entró en la calle de Mira el Río baja, cuya cuesta se echó a pechos sin
+tomar aliento. Iba desatinado, gesticulando, los ojos fulminantes, el
+labio inferior muy echado para fuera. Sin reparar en nadie ni en nada,
+entró en la casa, subió las escaleras, y pasando de un corredor a otro,
+llegó pronto a su puerta. Estaba cerrada sin llave. Púsose en acecho, el
+oído en el agujero de la llave, y empujando de improviso la abrió con
+estrépito, y echó un vocerrón muy tremendo: ¡Adúuultera!
+
+«¡Cristo!, ya le tenemos otra vez con el dichoso _dengue_...--chilló
+Nicanora, reponiéndose al instante de aquel gran susto--. Pobrecito mío,
+hoy viene perdido...».
+
+Don José entró a pasos largos y marcados, con desplantes de cómico de la
+legua; los ojos saltándosele del casco; y repetía con un tono cavernoso
+la terrorífica palabra: ¡adúuultera!
+
+--Hombre de Dios--dijo la infeliz mujer, dejando a un lado el trabajo,
+que aquel día no era pintura, sino costura--, tú has comido, ¿verdad?...
+Buena la hemos hecho...
+
+Le miraba con más lástima que enojo, y con cierta tranquilidad relativa,
+como se miran los males ya muy añejos y conocidos.
+
+«--Fuertecillo es el ataque... Corazón, ¡cómo estás hoy! Algún indino te
+ha convidado... Si le cojo... Mira, José, debes acostarte...».
+
+--Por Dios, papá--dijo Rosita, que había entrado detrás de su padre--,
+no nos asustes... Quítate de la cabeza esas andróminas.
+
+Apartola él lejos de sí con enérgico ademán, y siguió dando aquellos
+pasos tragicómicos sin orden ni concierto. Parecía registrar la casa; se
+asomaba a las fétidas alcobas, daba vueltas sobre un tacón, palpaba las
+paredes, miraba debajo de las sillas, revolviendo los ojos con fiereza y
+haciendo unos aspavientos que harían reír grandemente si la compasión no
+lo impidiera. La vecindad, que se divertía mucho con el _dengue_ del
+buen ido, empezó a congregarse en el corredor. Nicanora salió a la
+puerta: «Hoy está atroz... Si yo cogiera al lipendi que le convidó a
+magras...».
+
+--¡Venga usted acá, dama infiel!--le dijo el frenético esposo,
+cogiéndola por un brazo.
+
+Hay que advertir que ni en lo más fuerte del acceso era brutal. O
+porque tuviera muy poca fuerza o porque su natural blando no fuese nunca
+vencido de la fiebre de aquella increíble desazón, ello es que sus manos
+apenas causaban ofensa. Nicanora le sujetó por ambos brazos, y él,
+sacudiéndose y pateando, descargaba su ira con estas palabras roncas:
+«No me lo negarás ahora... Le he visto, le he visto yo».
+
+--¿A quién has visto, corazón?... ¡Ah!, sí, al duque. Sí, aquí le
+tengo... No me acordaba... ¡Pícaro duque, que te quiere quitar esa
+recondenada prenda tuya!
+
+Desprendido de las manos de su mujer, que como tenazas le sujetaban, Ido
+volvió a sus mímicas, y Nicanora, sabiendo que no había más medio de
+aplacarle que dar rienda suelta a su insana manía para que el ataque
+pasara más pronto, le puso en la mano un palillo de tambor que allí
+habían dejado los chicos, y empujándole por la espalda... «Ya puedes
+escabecharnos--le dijo--, anda, anda; estamos allí, en el camarín, tan
+agasajaditos... Fuerte, hijo; dale firme y sácanos el mondongo...».
+
+Dando trompicones, entró Ido en una de las alcobas, y apoyando la
+rodilla en el camastro que allí había empezó a dar golpes con el
+palillo, pronunciando torpemente estas palabras: «Adúlteros, expiad
+vuestro crimen». Los que desde el corredor le oían, reíanse a todo
+trapo, y Nicanora arengaba al público diciendo: «pronto se le pasará;
+cuanto más fuerte, menos le dura».
+
+«Así, así... muertos los dos... charco de sangre... yo vengado, mi honra
+la... la... vadita» murmuraba él dando golpes cada vez más flojos, y al
+fin se desplomó sobre el jergón boca abajo. Las piernas colgaban fuera,
+la cara se oprimía contra la almohada, y en tal postura rumiaba
+expresiones oscuras que se apagaban resolviéndose en ronquidos. Nicanora
+le volvió cara arriba para que respirase bien, le puso las piernas
+dentro de la cama, manejándole como a un muerto, y le quitó de la mano
+el palo. Arreglole las almohadas y le aflojó la ropa. Había entrado en
+el segundo periodo, que era el comático, y aunque seguía delirando, no
+movía ni un dedo, y apretaba fuertemente los párpados, temeroso de la
+luz. Dormía la mona de carne.
+
+Cuando la _Venus de Médicis_ salió del cubil, vio que entre las personas
+que miraban por la ventana, estaba Jacinta, acompañada de su doncella.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Había presenciado parte de la escena y estaba aterrada. «Ya le pasó lo
+peor--dijo Nicanora saliendo a recibirla--. Ataque muy fuerte... Pero no
+hace daño. ¡Pobre ángel! Se pone de esta conformidad cuando come».
+
+--¡Cosa más rara! --expresó Jacinta entrando.
+
+--Cuando come carne... Sí señora. Dice el médico que tiene el cerebro
+como pasmado, porque durante mucho tiempo estuvo escribiendo cosas de
+mujeres malas, sin comer nada más que las condenadas judías... La
+miseria, señora, esta vida de perros. ¡Y si supiera usted qué buen
+hombre es!... Cuando está tranquilo no hace cosa mala ni dice una
+mentira... Incapaz de matar una pulga. Se estará dos años sin probar el
+pan, con tal que sus hijos lo coman. Ya ve la señora si soy desgraciada.
+Dos años hace que José empezó con estas incumbencias. ¡Se pasaba las
+noches en vela, sacando de su cabeza unas fábulas...!, todo tocante a
+damas infieles, guapetonas, que se iban de picos pardos con unos duques
+muy adúlteros... y los maridos trinando... ¡Qué cosas inventaba! Y por
+la mañana las ponía en limpio en papel de marquilla con una letra que
+daba gusto verla. Luego le dio el tifus, y se puso tan malo que estuvo
+_suministrado_ y creíamos que se iba. Sanó y le quedaron estas
+calenturas de la sesera, este _dengue_ que le da siempre que toma
+sustancia. Tiene temporadas, señora; a veces el ataque es muy ligero, y
+otras se pone tan encalabrinado que sólo de pasar por delante del
+Matadero le baila el párpado y empieza a decir disparates. Bien dicen,
+señora, que la carne es uno de los enemigos del alma... Cuidado con lo
+que saca... ¡Que yo me adultero, y que se la pego con un duque!... Miren
+que yo con esta facha...
+
+No interesaba a Jacinta aquel triste relato tanto como creía Nicanora, y
+viendo que esta no ponía punto, tuvo la dama que ponerlo.
+
+«Perdone usted--dijo dulcificando su acento todo lo posible--, pero
+dispongo de poco tiempo. Quisiera hablar con ese señor que llaman
+_Don_... José Izquierdo».
+
+--Para servir a vuecencia--dijo una voz en la puerta, y al mirar, encaró
+Jacinta con la arrogantísima figura de _Platón_, quien no le pareció tan
+fiero como se lo habían pintado.
+
+Díjole la Delfina que deseaba hablarle, y él la invitó con toda la
+cortesía de que era capaz a pasar a su habitación. Ama y criada se
+pusieron en marcha hacia el 17, que era la vivienda de Izquierdo.
+
+«¿En dónde está el _Pituso_?» preguntó Jacinta a mitad del camino.
+
+Izquierdo miró al patio donde jugaban varios chicos, y no viéndole por
+ninguna parte, soltó un gruñido. Cerca del 17, en uno de los ángulos del
+corredor había un grupo de cinco o seis personas entre grandes y chicos,
+en el centro del cual estaba un niño como de diez años, ciego, sentado
+en una banqueta y tocando la guitarra. Su brazo era muy pequeño para
+alcanzar el extremo del mango. Tocaba al revés, pisando las cuerdas con
+la derecha y rasgueando con la izquierda, puesta la guitarra sobre las
+rodillas, boca y cuerdas hacia arriba.
+
+La mano pequeña y bonita del ceguezuelo hería con gracia las cuerdas,
+sacando de ellas arpegios dulcísimos y esos punteados graves que tan
+bien expresan el sentir hondo y rudo de la plebe. La cabeza del músico
+oscilaba como la de esos muñecos que tienen por pescuezo una espiral de
+acero, y revolvía de un lado para otro los globos muertos de sus ojos
+cuajados, sin descansar un punto. Después de mucho y mucho puntear y
+rasguear, rompió con chillona voz el canto:
+
+_A Pepa la gitani... i... i..._
+
+Aquel _iiii_ no se acababa nunca, daba vueltas para arriba y para abajo
+como una rúbrica trazada con el sonido. Ya les faltaba el aliento a los
+oyentes cuando el ciego se determinó a posarse en el final de la frase:
+
+_lla-cuando la parió su madre..._
+
+Expectación, mientras el músico echaba de lo hondo del pecho unos ayes y
+gruñidos como de un perrillo al que le están pellizcando el rabo. _¡Ay,
+ay, ay!_... Por fin concluyó:
+
+_sólo para las narices_
+
+_le dieron siete calambres._
+
+Risas, algazara, pataleos... Junto al niño cantor había otro ciego,
+viejo y curtido, la cara como un corcho, montera de pelo encasquetada y
+el cuerpo envuelto en capa parda con más remiendos que tela. Su risilla
+de suficiencia le denunciaba como autor de la celebrada estrofa. Era
+también maestro, padre quizás, del ciego chico y le estaba enseñando el
+oficio. Jacinta echó un vistazo a todo aquel conjunto, y entre las
+respetables personas que formaban el corro, distinguió una cuya
+presencia la hizo estremecer. Era el _Pituso_, que asomando por entre el
+ciego grande y el chico, atendía con toda su alma a la música, puesta
+una mano en la cintura y la otra en la boca. «Ahí está» dijo al Sr.
+Izquierdo, que al punto le sacó del grupo para llevarle consigo. Lo más
+particular fue que si cuando la fisonomía del _Pituso_ estaba
+embadurnada creyó Jacinta advertir en ella un gran parecido con Juanito
+Santa Cruz, al mirarla en su natural ser, aunque no efectivamente
+limpia, el parecido se había desvanecido.
+
+«No se parece» pensaba entre alegre y desalentada, cuando Izquierdo le
+señaló la puerta para que entrase.
+
+Cuentan Jacinta y su criada que al verse dentro de la reducida, inmunda
+y desamparada celda, y al observar que el llamado _Platón_ cerraba la
+puerta, les entró un miedo tan grande que a entrambas se les ocurrió
+salir a la ventanilla a pedir socorro. Miró la señora de soslayo a la
+criada, por ver si esta mostraba entereza de ánimo; pero Rafaela estaba
+más muerta que viva. «Este bandido--pensó Jacinta--, nos va a retorcer
+el pescuezo sin dejarnos chistar». Algo se tranquilizaba oyendo muy
+cerca el guitarreo y el rum rum de la multitud que rodeaba a los dos
+ciegos. Izquierdo les ofreció las dos sillas que en la estancia había, y
+él se sentó sobre un baúl, poniendo al _Pituso_ sobre sus rodillas.
+
+Rafaela cuenta que en aquel momento se le ocurrió un plan infalible para
+defenderse del monstruo, si por acaso las atacaba. Desde el punto en que
+le viera hacer un ademán hostil, ella se le colgaría de las barbas. Si
+en el mismo instante y muy de sopetón su señorita tenía la destreza
+suficiente para coger un asador que muy cerca de su mano estaba y
+metérselo por los ojos, la cosa era hecha.
+
+No había allí más muebles que las dos sillas y el baúl. Ni cómoda, ni
+cama, ni nada. En la oscura alcoba debía de haber algún camastro. De la
+pared colgaba una grande y hermosa lámina detrás de cuyo cristal se
+veían dos trenzas negras de pelo, hermosísimas, enroscadas al modo de
+culebras, y entre ellas una cinta de seda con este letrero: _¡Hija mía!_
+«¿De quién es ese pelo?» preguntó Jacinta vivamente, y la curiosidad le
+alivió por un instante el miedo.
+
+--De la hija de mi mujer --replicó _Platón_ con gravedad, echando una
+mirada de desdén al cuadro de las trenzas.
+
+--Yo creí que eran de... --balbució la dama sin atreverse a acabar la
+frase--. Y la joven a quien pertenecía ese pelo, ¿dónde está?
+
+--En el cementerio--gruñó Izquierdo con acento más propio de bestia que
+de hombre.
+
+Jacinta examinó al _Pituso_ chico y... cosa rara, volvió a advertir
+parecido con el gran _Pituso_. Le miró más, y mientras más le miraba más
+semejanza. ¡Santo Dios! Llamole, y el señor Izquierdo dijo al niño con
+cierta aspereza atenuada que en él podía pasar por dulzura: «Anda,
+piojín, y da un beso a esta señora». El nene, en pie, se resistía a dar
+un paso hacia adelante. Estaba como asustado y clavaba en la señora las
+estrellas de sus ojos. Jacinta había visto ojos lindos, pero como
+aquellos no los había visto nunca. Eran como los del Niño Dios pintado
+por Murillo. «Ven, ven» le dijo llamándole con ese movimiento de las dos
+manos que había aprendido de las madres. Y él tan serio, con las
+mejillas encendidas por la vergüenza infantil, que tan fácilmente se
+resuelve en descaro.
+
+«A cuenta que no es corto de genio; pero se espanta de las personas
+finas» dijo Izquierdo empujándole hasta que Jacinta pudo cogerle.
+
+--Si es todo un caballero formal --declaró la señorita dándole un beso
+en su cara sucia que aún olía a la endiablada pintura--. ¿Cómo estás
+hoy tan serio y ayer te reías tanto y me enseñabas tu lengüecita?
+
+Estas palabras rompieron el sello a la seriedad de Juanín, porque lo
+mismo fue oírlas que desplegar su boca en una sonrisa angelical. Riose
+también Jacinta; pero su corazón sintió como un repentino golpe, y se le
+nublaron los ojos. Con la risa del gracioso chiquillo resurgía de un
+modo extraordinario el parecido que la dama creía encontrar en él.
+Figurose que la raza de Santa Cruz le salía a la cara como poco antes le
+había salido el carmín del rubor infantil. «Es, es...» pensó con
+profunda convicción, comiéndose a miradas la cara del rapazuelo. Vela en
+ella las facciones que amaba; pero allí había además otras desconocidas.
+Entrole entonces una de aquellas rabietinas que de tarde en tarde
+turbaban la placidez de su alma, y sus ojos, iluminados por aquel
+rencorcillo, querían interpretar en el rostro inocente del niño las
+aborrecidas y culpables bellezas de la madre. Habló, y su metal de voz
+había cambiado completamente. Sonaba de un modo semejante a los bajos de
+la guitarra: «Señor Izquierdo, ¿tiene usted ahí por casualidad el
+retrato de su sobrina?».
+
+Si Izquierdo hubiera respondido que sí, ¡cómo se habría lanzado Jacinta
+sobre él! Pero no había tal retrato, y más valía así. Durante un rato
+estuvo la dama silenciosa, sintiendo que se le hacía en la garganta el
+nudo aquel, síntoma infalible de las grandes penas. En tanto, el _Pituso_
+adelantaba rápidamente en el camino de la confianza. Empezó por tocar
+con los dedos tímidamente una pulsera de monedas antiguas que Jacinta
+llevaba, y viendo que no le reñían por este desacato, sino que la
+señora aquella tan guapa le apretaba contra sí, se decidió a examinar el
+imperdible, los flecos del mantón y principalmente el manguito, aquella
+cosa de pelos suaves con un agujero, donde se metía la mano y estaba tan
+calentito.
+
+Jacinta le sentó sobre sus rodillas y trató de ahogar su desconsuelo,
+estimulando en su alma la piedad y el cariño que el desvalido niño le
+inspiraba. Un examen rápido sobre el vestido de él le reprodujo la pena.
+¡Que el hijo de su marido estuviese con las carnecitas al aire, los pies
+casi desnudos...! Le pasó la mano por la cabeza rizosa, haciendo voto en
+su noble conciencia de querer al hijo de otra como si fuera suyo. El
+rapaz fijaba su atención de salvaje en los guantes de la señora. No
+tenía él ni idea remota de que existieran aquellas manos de mentira,
+dentro de las cuales estaban las manos verdaderas.
+
+«¡Pobrecito! --exclamó con vivo dolor Jacinta, observando que el mísero
+traje del _Pituso_ era todo agujeros. Tenía un hombro al aire, y una de
+las nalgas estaba también a la intemperie. ¡Con cuánto amor pasó la mano
+por aquellas finísimas carnes, de las cuales pensó que nunca habían
+conocido el calor de una mano materna, y que estaban tan heladas de
+noche como de día!
+
+«Toca, toca--dijo a la criada--; muertecito de frío».
+
+Y al Sr. Izquierdo: «Pero ¿por qué tiene usted a este pobre niño tan
+desabrigado?».
+
+--Soy pobre, señora --refunfuñó Izquierdo con la sequedad de siempre--.
+No me quieren colocar... por decente...
+
+Iba a seguir espetando el relato de sus cuitas políticas; pero Jacinta
+no le hizo caso. Juanín, cuya audacia crecía por momentos, atrevíase ya
+nada menos que a posarle la mano en la cara, con muchísimo respeto, eso
+sí.
+
+«Te voy a traer unas botas muy bonitas» le dijo la que quería ser madre
+adoptiva, echándole las palabras con un beso en su oído sucio.
+
+El muchacho levantó un pie. ¡Y qué pie! Más valía que ningún cristiano
+lo viera. Era una masa de informe esparto y de trapo asqueroso, llena de
+lodo y con un gran agujero, por el cual asomaba la fila de deditos
+rosados.
+
+«¡Bendito Dios! --exclamó Rafaela rompiendo a reír--. ¿Pero Sr.
+Izquierdo, tan pobre es usted que no tiene para...?».
+
+--Solutamente... --¡Te voy a poner más majo...!, verás. Te voy a poner
+un vestido muy precioso, tu sombrero, tus botas de charol.
+
+Comprendiendo aquello, el muy tuno ¡abría cada ojo...! De todas las
+flaquezas humanas, la primera que apunta en el niño, anunciando el
+hombre, es la presunción. Juanín entendió que le iban a poner guapo y
+soltó una carcajada. Pero las ideas y las sensaciones cambian
+rápidamente en esta edad, y de improviso el _Pituso_ dio una palmada y
+echó un gran suspiro. Es una manera especial que tienen los chicos de
+decir: «Esto me aburre; de buena gana me marcharía». Jacinta le retuvo a
+la fuerza.
+
+--Vamos a ver, Sr. de Izquierdo--dijo la dama, planteando decididamente
+la cuestión--. Ya sé por su vecino de usted quién es la mamá de este
+niño. Está visto que usted no lo puede criar ni educar. Yo me lo llevo.
+
+Izquierdo se preparó a la respuesta.
+
+--Diré a la señora... yo... verídicamente, le tengo ley. Le quiero, si a
+mano viene, como hijo... Socórrale la señora, por ser de la casta que
+es; colóqueme a mí, y yo lo criaré.
+
+--No, estos tratos no me convienen. Seremos amigos; pero con la
+condición de que me llevo este pobre ángel a mi casa. ¿Para qué le
+quiere usted? ¿Para que se críe en esos patios malsanos entre
+pilletes?... Yo le protegeré a usted, ¿qué quiere?, ¿un destino?, ¿una
+cantidad?
+
+--Si la señora--insinuó Izquierdo torvamente, soltando las palabras
+después de rumiarlas mucho--, me logra una cosa...
+
+--A ver qué cosa... --La señora se aboca con Castelar... que me tiene
+tanta tirria... o con el Sr. de Pi.
+
+--Déjeme usted a mí de _pi_ y de _pa_... Yo no le puedo dar a usted
+ningún destino.
+
+--Pues si no me dan la ministración del Pardo, el hijo se queda aquí...
+¡hostia! --declaró Izquierdo con la mayor aspereza, levantándose.
+Parecía responder con la exhibición de su gallarda estatura más que con
+las palabras.
+
+--La administración del Pardo nada menos. Sí, para usted estaba. Hablaré
+a mi esposo, el cual reconocerá a Juanín y le reclamará por la justicia,
+puesto que su madre le ha abandonado.
+
+Rafaela cuenta que al oír esto, se desconcertó un tanto _Platón_. Pero
+no se dio a partido, y cogiendo en brazos al niño le hizo caricias a su
+modo: «¿Quién te quiere a ti, churumbé?... ¿A quién quieres tú, piojín
+mío?».
+
+El chico le echó los brazos al cuello.
+
+«Yo no le impido ni le impediré a usted que le siga queriendo, ni aun
+que le vea alguna vez --dijo la señora, contemplando a Juanín como una
+tonta--. Volveré mañana y espero convencerle... y en cuanto a la
+administración del Pardo, no crea usted que digo que no. Podría ser...
+no sé...».
+
+Izquierdo se dulcificó un poco.
+
+«Nada, nada--pensó Jacinta--, este hombre es un chalán. No sé tratar con
+esta clase de gente. Mañana vuelvo con Guillermina y entonces... aquí te
+quiero ver. Para usted--dijo luego en voz alta--, lo mejor sería una
+cantidad. Me parece que está la patria oprimida».
+
+Izquierdo dio un suspiro y puso al chico en el suelo. «Un endivido, que
+se pasó su santísima vida bregando porque los españoles sean libres...».
+
+--Pero, hombre de Dios, ¿todavía les quiere usted más libres?
+
+--No... es la que se dice... cría cuervos... Sepa usté que Bicerra,
+Castelar y otros mequetrefes, todo lo que son me lo deben a mí.
+
+--Cosa más particular. El ruido de la guitarra y de los cantos de los
+ciegos arreció considerablemente, uniéndose al estrépito de tambores de
+Navidad.
+
+«¿Y tú no tienes tambor?» preguntó Jacinta al pequeñuelo, que apenas
+oída la pregunta ya estaba diciendo que no con la cabeza.
+
+--¡Que barbaridad! ¡Miren que no tener tú un tambor...! Te lo voy a
+comprar hoy mismo, ahora mismo. ¿Me das un beso?
+
+No se hacía de rogar el _Pituso_. Empezaba a ser descarado. Jacinta sacó
+un paquetito de caramelos, y él, con ese instinto de los golosos, se
+abalanzó a ver lo que la señora sacaba de aquellos papeles. Cuando
+Jacinta le puso un caramelo dentro de la boca, Juanín se reía de gusto.
+
+«¿Cómo se dice?» le preguntó Izquierdo.
+
+Inútil pregunta, porque él no sabía que cuando se recibe algo se dan las
+gracias.
+
+Jacinta le volvió a coger en brazos y a mirarle. Otra vez le pareció que
+el parecido se borraba. ¡Si no sería...! Era conveniente averiguarlo y
+no proceder con precipitación. Guillermina se encargaría de esto. De
+repente el muy pillo la miró, y sacándose el caramelo de la boca, se lo
+ofreció para que chupase ella.
+
+«No, tonto, si tengo más».
+
+Después, viendo que su galantería no era estimada, le enseñó la lengua.
+
+«¡Grandísimo tuno, me haces burla, a mí!...».
+
+Y él, entusiasmándose, volvió a sacar la lengua, y habló por primera vez
+en aquella conferencia, diciendo muy claro: «Putona».
+
+Ama y criada rompieron a reír, y Juanín lanzó una carcajada
+graciosísima, repitiendo la expresión, y dando palmadas como para
+aplaudirse.
+
+--¡Qué cosas le enseña usted!...
+
+--Vaya, hijo, no digas exprisiones...
+
+--¿Me quieres?--le dijo la Delfina apretándole contra sí.
+
+El chico clavó sus ojos en Izquierdo.
+
+«Dile que sí pero a cuenta que no te vas con ella... ¿sabes?... que no
+te vas con ella, porque quieres más a tu papá Pepe, piojín..., y que a
+tu papá le tien que dar la ministración».
+
+Volvió el bárbaro a cogerle, y Jacinta se despidió, haciendo propósito
+firme de volver con el refuerzo de su amiga.
+
+«Adiós, adiós, Juanín. Hasta mañana»; y le besó la mano, pues la cara
+era imposible por tenerla toda untada de caramelo.
+
+--Adiós, rico--dijo Rafaela pellizcándole los dedos de un pie que
+asomaban por las claraboyas del calzado.
+
+Y salieron. Izquierdo, que aunque se tenía por caballería, preciábase de
+ser caballero, salió a despedirlas a la puerta de la calle, con el
+pequeño en brazos. Y le movía la manecita para hacerle saludar a las dos
+mujeres hasta que doblaron la esquina de la calle del Bastero.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+A las nueve del día siguiente ya estaban allí otra vez ama y doncella,
+esperando a Guillermina, que convino en unirse con su amiga en cuanto
+despachara ciertos quehaceres que tenía en la estación de las Pulgas.
+Había recibido dos vagones de sillares y obtenido del director de la
+Compañía del Norte que le hicieran la descarga gratis con las grúas de
+la empresa... ¡los pasos que tuvo que dar para esto! Pero al fin se
+salió con la suya, y además quería que del transporte se encargara la
+misma empresa, que bastante dinero ganaba, y bien podía dar a los
+huérfanos desvalidos unos cuantos viajes de camiones.
+
+En cuanto entraron Jacinta y Rafaela vieron a Juanín jugando en el
+patio. Llamáronle y no quiso venir. Las miraba desde lejos, riendo, con
+media mano metida dentro de la boca; pero en cuanto le enseñaron el
+tambor que le traían, como se enseñan al toro, azuzándole, las
+banderillas que se le han de clavar, vino corriendo como exhalación. Su
+contento era tal que parecía que le iba a dar una pataleta, y estaba tan
+inquieto, que a Jacinta le costó trabajo colgarle el tambor. Cogidos los
+palillos uno en cada mano, empezó a dar porrazos sobre el parche,
+corriendo por aquellos muladares, envidiado de los demás, y sin ocuparse
+de otra cosa que de meter toda la bulla posible.
+
+Jacinta y Rafaela subieron. La criada llevaba un lío de cosas, dádivas
+que la señora traía a los menesterosos de aquella pobrísima vecindad.
+Las mujeres salían a sus puertas movidas de la curiosidad; empezaba el
+chismorreo, y poco después, en los murmurantes corros que se formaron,
+circulaban noticias y comentos: «A la señá Nicanora le ha traído un
+mantón borrego, al tío _Dido_ un sombrero y un chaleco de Bayona, y a
+Rosa le ha puesto en la mano cinco duros como cinco soles...». --«A la
+baldada del número 9 le ha traído una manta de cama, y a la señá
+Encarnación un aquel de franela para la reuma, y al tío Manjavacas un
+ungüento en un tarro largo que lo llaman _pitofufito_... sabe, lo que le
+di yo a mi niña el año pasado, lo cual no le quitó de
+morírseme...».--«Ya estoy viendo a Manjavacas empeñando el tarro o
+cambiándolo por gotas de aguardiente...».--«Oí que le quiere comprar el
+niño a señó Pepe, y que le da treinta mil duros... y le hace
+gobernaor...».--«¿Gobernaor de qué?...». --«Paicen bobas... pues tiene
+que ser de las caballerizas repoblicanas...».
+
+Jacinta empezaba a impacientarse porque no llegaba su amiga, y en tanto
+tres o cuatro mujeres, hablando a un tiempo, le exponían sus necesidades
+con hiperbólico estilo. Esta tenía a sus dos niños descalcitos; la otra
+no los tenía descalzos ni calzados, porque se le morían todos, y a ella
+le había quedado una angustia en el pecho que decían era una _eroísma_.
+La de más allá tenía cinco hijos y vísperas, de lo que daba fe el
+promontorio que le alzaba las faldas media vara del suelo. No podía ir
+en tal estado a la Fábrica de Tabacos, por lo cual estaba pasando la
+familia una _crujida_ buena. El pariente de estotra no trabajaba, porque
+se había caído de un andamio y hacía tres meses que estaba en el catre
+con un tolondrón en el pecho y muchos dolores, echando sangre por la
+boca. Tantas y tantas lástimas oprimían el corazón de Jacinta, llevando
+a su mente ideas muy latas sobre la extensión de la miseria humana. En
+el seno de la prosperidad en que ella vivía, no pudo darse nunca cuenta
+de lo grande que es el imperio de la pobreza, y ahora veía que, por
+mucho que se explore, no se llega nunca a los confines de este dilatado
+continente. A todos les daba alientos y prometía ampararles en la
+medida de sus alcances, que, si bien no cortos, eran quizás
+insuficientes para acudir a tanta y tanta necesidad. El círculo que la
+rodeaba se iba estrechando, y la dama empezaba a sofocarse. Dio algunos
+pasos; pero de cada una de sus pisadas brotaba una compasión nueva;
+delante de su caridad luminosa íbanse levantando las desdichas humanas,
+y reclamando el derecho a la misericordia. Después de visitar varias
+casas, saliendo de ellas con el corazón desgarrado, hallábase otra vez
+en el corredor, ya muy intranquila por la tardanza de su amiga, cuando
+sintió que le tiraban suavemente de la cachemira. Volviose y vio una
+niña como de cinco o seis años, lindísima, muy limpia, con una hoja de
+_bónibus_ en el pelo.
+
+«Señora--le dijo la niña con voz dulce y tímida, pronunciando con la más
+pura corrección--, ¿ha visto usted mi delantal?».
+
+Cogiendo por los bordes el delantal, que era de cretona azul, recién
+planchado y sin una mota, lo mostraba a la señorita.
+
+«Sí... ya lo veo--dijo ésta admirada de tanta gracia y coquetería--.
+Estás muy guapa y el delantal es... magnífico».
+
+--Lo he estrenado hoy... no lo ensuciaré, porque no bajo al
+patio--añadió la pequeña, hinchando de gozo y vanidad sus naricillas.
+
+--¿De quién eres? ¿Cómo te llamas?
+
+--Adoración. --¡Qué mona eres... y qué simpática!
+
+--Esta niña--dijo una de las vecinas--, es hija de una mujer muy mala
+que la llaman _Mauricia la Dura_. Ha vivido aquí dos veces, porque la
+pusieron en las _Arrecogidas_, y se escapó, y ahora no se sabe dónde
+anda.
+
+--¡Pobre niña!... su mamá no la quiere.
+
+--Pero tiene por mamá a su tía Severiana, que la ampara como si fuera
+hija y la va criando. ¿No conoce la señorita a Severiana?
+
+--He oído hablar de ella a mi amiga.
+
+--Sí, la señorita Guillermina la quiere mucho... Como que ella y
+Mauricia son hijas de la planchadora de la casa... ¡Severiana!... ¿Dónde
+está esa mujer?
+
+--En la compra--replicó Adoración.
+
+--Vaya, que eres muy señorita.
+
+La otra, que se oyó llamar señorita, no cabía en sí de satisfacción.
+
+«Señora--dijo, encantando a Jacinta con su metal de voz argentino y su
+pronunciación celestial--. Yo no me pinté la cara el otro día...».
+
+--¡Tú no...!, ya lo sabía. Eres muy aseada.
+
+--No, no me pinté --repitió acentuando tan fuertemente el no con la
+cabeza, que parecía que se le rompía el pescuezo--. Esos puercachones me
+querían pintar, pero no me dejé.
+
+Jacinta y Rafaela estaban embelesadas. No habían visto una niña tan
+bonita, tan modosa y que se metiera por los ojos como aquella. Daba
+gusto ver la limpieza de su ropa. La falda la tenía remendada, pero
+aseadísima; los zapatos eran viejos, pero bien defendidos, y el delantal
+una obra maestra de pulcritud.
+
+En esto llegó la tía y madre adoptiva de Adoración. Era guapetona, alta
+y garbosa, mujer de un papelista, y la inquilina más ordenada, o si se
+quiere, más pudiente de aquella colmena. Vivía en una de las
+habitaciones mejores del primer patio y no tenía hijos propios, razón
+más para que Jacinta simpatizase con ella. En cuanto se vieron se
+comprendieron. Severiana estimó en lo que valían las bondades de la dama
+para con la pequeña; hízola entrar en su casa, y le ofreció una silla de
+las que llaman de Viena, mueble que en aquellos tugurios pareciole a
+Jacinta el colmo de la opulencia.
+
+«¿Y mi ama doña Guillermina?--preguntó Severiana--. Ya sé que viene
+ahora todos los días. ¿Usted no me conoce? Mi madre fue planchadora en
+casa de los señores de Pacheco... allí nos criamos mi hermana Mauricia y
+yo».
+
+--He oído hablar de ustedes a Guillermina...
+
+Severiana dejó el cesto de la compra, que bien repleto traía, arrojó
+mantón y pañuelo, y no pudo resistir un impulso de vanidad. Entre las
+habitantes de las casas domingueras es muy común que la que viene de la
+plaza con abundante compra la exponga a la admiración y a la envidia de
+las vecinas. Severiana empezó a sacar su repuesto, y alargando la mano
+lo mostraba de la puerta afuera... «Vean ustedes... una brecolera... un
+cuarterón de carne de falda... un pico de carnero con carrilladas...
+escarola...» y por último salió la gran sensación. Severiana la enseñó
+como un trofeo, reventando de orgullo. «¡Un conejo!» clamaron media
+docena de voces... «¡Hija, cómo te has corrido!».--«Hija, porque se
+puede, y lo he sacado por siete riales». Jacinta creyó que la cortesía
+la obligaba a lisonjear a la dueña de la casa, mirando con muchísimo
+interés las provisiones y elogiando su bondad y baratura.
+
+Hablose luego de Adoración, que se había cosido a las faldas de Jacinta,
+y Severiana empezó a referir:
+
+«Esta niña es de mi hermana Mauricia... La señora metió en las Micaelas
+a mi hermana, pero esta se fugó, encaramándose por una tapia; y ahora la
+estamos buscando para volverla a encerrar allá».
+
+--Conozco mucho esa Orden--dijo la de Santa Cruz--, y soy muy amiga de
+las madres Micaelas.
+
+Allí la enderezarán... Crea usted que hacen milagros...
+
+--Pero si es muy mala... señora, muy mala--replicó Severiana dando un
+suspiro--. Aquí me dejó esta criatura, y no nos pesa, porque me tira el
+alma como si la hubiera parido... lo cual que todos los míos me han
+nacido muertos; y mi Juan Antonio le ha tomado tal ley a la chica, que
+no se puede pasar sin ella. Es una pinturera, eso sí, y me enreda mucho.
+Como que nació y se crió entre mujeres malas, que la enseñaron a
+fantasiar y a ponerse polvos en la cara. Cuando va por la calle, hace
+unos meneos con el cuerpo que... ya le digo que la deslomo, si no se le
+quita esa maña... ¡Ah!, ¡verás tú, verás, bribonaza! Lo bueno que tiene
+es que no me empuerca la ropa y le gusta lavarse manos, brazos, hocico,
+y hasta el cuerpo, señora, hasta el cuerpo. Como coja un pedazo de jabón
+de olor, pronto da cuenta de él. ¿Pues el peinarse? Ya me ha roto tres
+espejos, y un día... ¿que creerá la señora que estaba haciendo?... pues
+pintándose las cejas con un corcho quemado.
+
+Adoración púsose como la grana, avergonzada de las perrerías que se
+contaban de ella.
+
+«No lo hará más --dijo la dama sin hartarse de acariciar aquella cara
+tan tersa y tan bonita; y variando la conversación, lo que agradeció
+mucho la pequeña, se puso a mirar y alabar el buen arreglo de la
+salita».
+
+«Tiene usted una casa muy mona».
+
+--Para menestrales, talcualita. Ya sabe la señorita que está a su
+disposición. Es muy grande para nosotros; pero tengo aquí una amiga que
+vive en compañía, doña Fuensanta, viuda de un señor comandante. Mi
+marido es bueno como los panes de Dios. Me gana catorce riales y no
+tiene ningún vicio. Vivimos tan ricamente.
+
+Jacinta admiró la cómoda, bruñida de tanto fregoteo, y el altar que
+sobre ella formaban mil baratijas, y las fotografías de gente de tropa,
+con los pantalones pintados de rojo y los botones de amarillo. El Cristo
+del Gran Poder y la Virgen de la Paloma, eran allí dos hermosos cuadros;
+había un gran cromo con la _Numancia_, navegando en un mar de musgo, y
+otro cuadrito bordado con _dos corazones amantes_, hechos a estilo de
+dechado, unidos con una cinta.
+
+Se hacía tarde, y Jacinta no tenía sosiego. Por fin, saliendo al
+corredor, vio venir a su amiga presurosa, acalorada... «No me riñas,
+hija; no sabes cómo me han marcado esos badulaques en la estación de las
+Pulgas. Que no pueden hacer nada sin orden expresa del Consejo. No han
+hecho caso de la tarjeta que llevé, y tengo que volver esta tarde, y los
+sillares allí muertos de risa y la obra parada... Pero en fin, vamos a
+nuestro asunto. ¿En dónde está ese que se come la gente? Adiós,
+Severiana... Ahora no me puedo entretener contigo. Luego hablaremos».
+
+Avanzaron en busca de la guarida de Izquierdo, siempre rodeadas de
+vecinas. Adoración iba detrás, cogida a la falda de Jacinta, como los
+pajes que llevan la cola de los reyes, y delante abriendo calle, como un
+batidor, la zancuda, que aquel día parecía tener las canillas más
+desarrolladas y las greñas más sueltas. Jacinta le había llevado unas
+botas, y estaba la chica muy incomodada porque su madre no se las dejaba
+poner hasta el domingo.
+
+Vieron entornada la puerta del 17, y Guillermina la empujó. Grande fue
+su sorpresa al encarar, no con el señor _Platón_ a quien esperaba
+encontrar allí, sino con una mujerona muy altona y muy feona, vestida de
+colorines, el talle muy bajo, la cara como teñida de ferruje, el pelo
+engrasado y de un negro que azuleaba. Echose a reír aquel vestiglo,
+enseñando unos dientes cuya blancura con la nieve se podría comparar, y
+dijo a las señoras que _Don_ Pepe no estaba, pero que al momentico
+vendría. Era la vecina del bohardillón, llamada comúnmente la
+_gallinejera_, por tener puesto de gallineja y fritanga en la esquina de
+la Arganzuela. Solía prestar servicios domésticos al decadente señor de
+aquel domicilio, barrerle el cuarto una vez al mes, apalearle el jergón,
+y darle una mano de refregones al _Pituso_, cuando la porquería le ponía
+una costra demasiado espesa en su angelical rostro. También solía
+preparar para el grande hombre algunos platos exquisitos, como dos
+cuartos de molleja, dos cuartos de sangre frita y a veces una ensalada
+de escarola, bien cargada de ajo y comino.
+
+No tardó en venir Izquierdo, y echose fuera la estantigua aquella
+gitanesca, a quien Rafaela miraba con verdadero espanto, rezando
+mentalmente un Padre-nuestro porque se marchara pronto. Venía el bárbaro
+dando resoplidos, cual si le rindiera la fatiga de tanto negocio como
+entre manos traía, y arrojando su pavero en el rincón y limpiándose con
+un pañuelo en forma de pelota el sudor de la nobilísima frente, soltó
+este gruñido: «Vengo de en ca Bicerra... ¿Ustés me recibieron? Pues él
+tampoco... ¡el muy soplao, el muy...! La culpa tengo yo que me rebajo a
+endividos tan... disinificantes».
+
+--Cálmese usted, Sr. Pepe --indicó Jacinta, sintiéndose fuerte en
+compañía de su amiga.
+
+Como no había más que dos sillas, Rafaela tuvo que sentarse en el baúl y
+el grande hombre no comprendido quedose en pie; mas luego tomó una cesta
+vacía que allí estaba, la puso boca abajo y acomodó su respetable
+persona en ella.
+
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Desde que se cruzaron las primeras palabras de aquella conferencia, que
+no dudo en llamar memorable, cayó Izquierdo en la cuenta de que tenía
+que habérselas con un diplomático mucho más fuerte que él. La tal doña
+Guillermina, con toda su opinión de santa y su carita de Pascua, se le
+atravesaba. Ya estaba seguro de que le volvería tarumba con sus
+_tiologías_ porque aquella señora debía de ser muy nea, y él, la verdad,
+no sabía tratar con neos.
+
+«Con que Sr. Izquierdo--propuso la fundadora sonriendo--, ya sabe
+usted... esta amiga mía quiere recoger a ese pobre niño, que tan mal se
+cría al lado de usted... Son dos obras de caridad, porque a usted le
+socorreremos también, siempre que no sea muy exigente...».
+
+--¡Hostia, con la tía bruja esta!--dijo para sí _Platón_, revolviendo
+las palabras con mugidos; y luego en voz alta--: Pues como dije a la
+señora, si la señora quiere al _Pituso_, que se aboque con Castelar...
+
+--Eso sí; para que le hagan a usted ministro... Sr. Izquierdo, no nos
+venga usted con sandeces. ¿Cree que somos tontas? A buena parte viene...
+Usted no puede desempeñar ningún destino, porque no sabe leer.
+
+Recibió Izquierdo tan tremendo golpe en su vanidad, que no supo qué
+contestar. Tomando una actitud noble, puesta la mano en el pecho,
+repuso:
+
+«Señora, eso de no saber no es todo lo verídico... digo que no es todo
+lo verídico... verbi gracia: que es mentira. A cuenta que nos moteja
+porque semos probes. La probeza no es deshonra».
+
+--No lo es, cierto, pero sí; pero tampoco es honra, ¿estamos? Conozco
+pobres muy honrados; pero también los hay que son buenos pájaros.
+
+--Yo soy todo lo decente... ¿estamos?
+
+--¡Ah!, sí... Todos nos llamamos personas decentes; pero facilillo es
+probarlo. Vamos a ver. ¿Cómo se ha pasado usted la vida? Vendiendo
+burros y caballos, después conspirando y armando barricadas...
+
+--¡Y a mucha honra, y a mucha honra!... ¡re-hostia!--gritó fuera de sí
+el chalán, levantándose encolerizado--. ¡Vaya con las tías estas...!
+
+Jacinta daba diente con diente. Rafaela quiso salir a llamar; pero su
+propio temor le había paralizado las piernas.
+
+«Ja, ja, ja... nos llama _tías_...--exclamó Guillermina echándose a reír
+cual si hubiera oído un inocente chiste--. Vaya con el excelentísimo
+señor... ¿Y piensa que nos vamos a enfadar por la flor que nos echa?
+Quia; yo estoy muy acostumbrada a estas finuras. Peores cosas le dijeron
+a Cristo.
+
+--Señora... señora... no me saque la dinidá; mire que me estoy
+aguantando... aguantando...
+
+--Más aguantamos nosotras. --Yo soy un endivido... tal y como...
+
+--Lo que es usted, bien lo sabemos: un holgazanote y un bruto... Sí
+hombre, no me desdigo... ¿Piensa usted que le tengo miedo? A ver; saque
+pronto esa navaja...
+
+--No la gasto pa mujeres... --Ni para hombres... Si creerá este
+fantasmón que nos va a acoquinar porque tiene esa fachada... Siéntese
+usted y no haga visajes, que eso servirá para asustar a chicos, pero no
+a mí. Además de bruto es usted un embustero, porque ni ha estado en
+Cartagena ni ese es el camino, y todo lo que cuenta de las revoluciones
+es gana de hablar. A mí me ha enterado quien le conoce a usted bien...
+¡Ah!, pobre hombre, ¿sabe usted lo que nos inspira? Pues lástima, una
+lástima que no puede ponderarle, por lo grande que es...
+
+Completamente aturdido, cual si le hubieran descargado una maza sobre el
+cuello, Izquierdo se sentó sobre la cesta, y esparció sus miradas por el
+suelo. Rafaela y Jacinta respiraron, pasmadas del valor de su amiga, a
+quien veían como una criatura sobrenatural.
+
+--Con que vamos a ver--prosiguió esta guiñando los ojos, como siempre
+que exponía un asunto importante--. Nosotras nos llevamos al niñito, y
+le damos a usted una cantidad para que se remedie...
+
+--¿Y qué hago yo con un triste estipendio? ¿Cree que yo me vendo?
+
+--¡Ay, qué delicados están los tiempos!... Usted, ¿qué se ha de vender?
+Falta que haya quien le compre. Y esto no es compra, sino socorro. No me
+dirá usted que no lo necesita...
+
+--En fin, pa no cansar... --replicó bruscamente José--, si me dan la
+ministración...
+
+--Una cantidad y punto concluido...
+
+--¡Que no me da la gana, que no me da la santísima gana!
+
+--Bueno, bueno, no grite usted tanto, que no somos sordas. Y no sea
+usted tan fino, que tales finuras son impropias de un señor
+revolucionario tan... feroz.
+
+--Usted me quema la sangre... --¿Con que destino, y si no no? Tijeretas
+han de ser. A fe que está el hombre cortadito para administrador. Sr.
+Izquierdo, dejemos las bromas a un lado; me da mucha lástima de usted;
+porque, lo digo con sinceridad, no me parece tan mala persona como cree
+la gente. ¿Quiere usted que le diga la verdad? Pues usted es un
+infelizote que no ha tenido parte en ningún crimen ni en la invención de
+la pólvora.
+
+Izquierdo alzó la vista del suelo y miró a Guillermina sin ningún
+rencor. Parecía confirmar con una mirada de sinceridad lo que la
+fundadora declaraba.
+
+«Y lo sostengo, este hijo de Dios no es un hombre malo. Dicen por ahí
+que usted asesinó a su segunda mujer... ¡Patraña! Dicen que usted ha
+robado en los caminos... ¡Mentira! Dicen por ahí que usted ha dado
+muchos trabucazos en las barricadas... ¡Paparrucha!».
+
+--Parola, parola, parola --murmuró Izquierdo con amargura.
+
+--Usted se ha pasado la vida luchando por el pienso y no sabiendo nunca
+vencer. No ha tenido arreglo... La verdad, este vendehumos es hombre de
+poca disposición: no sabe nada, no trabaja, no tiene pesquis más que
+para echar fanfarronadas y decir que se come los niños crudos. Mucho
+hablar de la República y de los cantones, y el hombre no sirve ni para
+los oficios más toscos... ¿Qué tal?, ¿me equivoco? ¿Es este el retrato
+de usted, sí o no?...
+
+_Platón_ no decía nada, y pasó y repasó su hermosa mirada por los
+ladrillos del piso, como si los quisiera barrer con ella. Las palabras
+de Guillermina resonaban en su alma con el acento de esas verdades
+eternas contra las cuales nada pueden las argucias humanas.
+
+«Después --añadió la santa--, el pobre hombre ha tenido que valerse de
+mil arbitrios no muy limpios para poder vivir, porque es preciso
+vivir... Hay que ser indulgente con la miseria, y otorgarle un poquitín
+de licencia para el mal».
+
+Durante la breve pausa que siguió a los últimos conceptos de
+Guillermina, el infeliz hombre cayó en su conciencia como en un pozo, y
+allí se vio tal cual era realmente, despojado de los trapos de oropel en
+que su amor propio le envolvía; pensó lo que otras veces había pensado,
+y se dijo en sustancia: «Si soy un verídico mulo, un buen Juan que no
+sabe matar un mosquito; y esta diabla de santa tiene dentro el cuerpo al
+Pae Eterno».
+
+Guillermina no le quitaba los ojos, que con los guiños se volvían
+picarescos. Era una maravilla cómo le adivinaba los pensamientos. Parece
+mentira, pero no lo es, que después de otra pausa solemne, dijo la
+Pacheco estas palabras:
+
+«Porque eso de que Castelar le coloque es cosa de labios afuera. Usted
+mismo no lo cree ni en sueños. Lo dice por embobar a Ido y otros tontos
+como él... Ni ¿qué destino le van a dar a un hombre que firma con una
+cruz? Usted que alardea de haber hecho tantas revoluciones y de que nos
+ha traído la dichosa República, y de que ha fundado el cantón de
+Cartagena... ¡así ha salido él!... usted que se las echa de hombre
+perseguido y nos llama neas con desprecio y publica por ahí que le van a
+hacer archipámpano, se contentará... dígalo con franqueza, se contentará
+con que le den una portería...».
+
+A Izquierdo le vibró el corazón, y este movimiento del ánimo fue tan
+claramente advertido por Guillermina, que se echó a reír, y tocándole la
+rodilla con la mano, repitió:
+
+«¿No es verdad que se contentará?... Vamos, hijo mío, confiéselo por la
+pasión y muerte de nuestro Redentor, en quien todos creemos».
+
+Los ojos del chalán se iluminaron. Se le escapó una sonrisilla y dijo
+con viveza:
+
+«¿Portería de ministerio?».
+
+--No, hijo, no tanto... Español había de ser. Siempre picando alto y
+queriendo servir al Estado... Hablo de portería de casa particular.
+
+Izquierdo frunció el ceño. Lo que él quería era ponerse uniforme con
+galones. Volvió a sumergirse de una zambullida en su conciencia, y allí
+dio volteretas alrededor de la portería de casa particular. Él, lo dicho
+dicho, estaba ya harto de tanto bregar por la perra existencia. ¿Qué
+mejor descanso podía apetecer que lo que le ofrecía aquella _tía_, que
+debía de ser sobrina de la Virgen Santísima?... Porque ya empezaba a ser
+viejo y no estaba para muchas bromas. La oferta significaba pitanza
+segura, poco trabajo; y si la portería era de casa grande, el uniforme
+no se lo quitaba nadie... Ya tenía la boca abierta para soltar un
+_conforme_ más grande que la casa de que debía ser portero, cuando el
+amor propio, que era su mayor enemigo, se le amotinó, y la fanfarronería
+cultivada en su mente armole una gritería espantosa. Hombre perdido.
+Empezó a menear la cabeza con displicencia, y echando miradas de desdén
+a una parte y otra, dijo: «¡Una portería!... es poco».
+
+--Ya se ve... no puede olvidar que ha sido ministro de la Gobernación,
+es decir, que lo quisieron nombrar... aunque me parece que se convino en
+que todo ello fue invención de esa gran cabeza. Veo que entre usted y D.
+José Ido, otro que tal, podrían inventar lindas novelas. ¡Ah!, la
+miseria, el mal comer, ¡cómo hacen desvariar estos pobres cerebros!...
+En resumidas cuentas, Sr. Izquierdo...
+
+Este se había levantado, y poniéndose a dar paseos por la habitación con
+las manos en los bolsillos, expresó sus magnánimos pensamientos de esta
+manera:
+
+«Mi dinidá y sinificancia no me premiten... Es la que se dice: quisiera,
+pero no pué ser, no pué ser. Si quieren solutamente socorrerme por que
+me quitan a mi piojín de mi arma, me atengo al honorario».
+
+--¡Alabado sea Dios! Al fin caemos en la cantidad...
+
+Jacinta veía el cielo abierto... pero este cielo se nubló cuando el
+bárbaro desde un rincón, donde su voz hacía ecos siniestros, soltó estas
+fatídicas palabras:
+
+«Ea... pues... mil duros, y trato hecho».
+
+--¡Mil duros!--dijo Guillermina--. ¡La Virgen nos acompañe!, ya los
+quisiéramos para nosotros. Siempre será un poquito menos.
+
+--No bajo ni un chavo. --¿A que sí? Porque si usted es chalán también yo
+soy chalana.
+
+Jacinta discurría ya cómo se las compondría para juntar los mil duros,
+que al principio le parecieron suma muy grande, después pequeña, y así
+estuvo un rato apreciando con diversos criterios de cantidad la cifra.
+
+«Que no rebajo ni tanto así. Lo mismo me da monea metálica que pápiros
+del Banco. Pero ojo al guarismo, que no rebajo na».
+
+--Eso, eso, tengamos carácter... ¡Pues no tiene pocas pretensiones! Ni
+usted con toda su casta vale mil cuartos, cuanto más mil duros... Vaya,
+¿quiere dos mil reales?
+
+Izquierdo hizo un gesto de desprecio.
+
+«¿Qué, se nos enfada?... Pues nada, quédese usted con su angelito. ¿Pues
+qué se ha creído el muy majadero, que nos tragábamos la bola de que el
+_Pituso_ es hijo del esposo de esta señora? ¿Cómo se prueba eso?...».
+
+--Yo na tengo que ver... pues bien claro está que es pae
+natural--replicó Izquierdo de mal talante--, pae natural del hijo de mi
+sobrina, verbo y gracia, Juanín.
+
+--¿Tiene usted la partida de bautismo?
+
+--La tengo--dijo el salvaje mirando al cofre sobre el que se sentaba
+Rafaela.
+
+--No, no saque usted papeles, que tampoco prueban nada. En cuanto a la
+paternidad _natural_, como usted dice, será o no será. Pediremos
+informes a quien pueda darlos.
+
+Izquierdo se rascaba la frente, como escarbando para extraer de ella una
+idea. La alusión a Juanito hízole recordar sin duda cuando rodó
+ignominiosamente por la escalera de la casa de Santa Cruz. Jacinta, en
+tanto, quería llegar a un arreglo ofreciendo la mitad; mas Guillermina,
+que le adivinó en el semblante sus deseos de conciliación, le impuso
+silencio, y levantándose, dijo:
+
+«Señor Izquierdo; guárdese usted su _churumbé_, que lo que es este timo
+no le ha salido».
+
+--Señora... ¡Hostia!, yo soy un hombre de bien, y conmigo no se queda
+ninguna nea, ¿estamos? --replicó él con aquella rabia superficial que no
+pasaba de las palabras.
+
+--Es usted muy amable... Con las finuras que usted gasta no es posible
+que nos entendamos. ¡Si habrá usted creído que esta señora tenía un gran
+interés en apropiarse del niño! Es un capricho, nada más que un
+capricho. Esta simple se ha empeñado en tener chiquillos... manía tonta,
+porque cuando Dios no quiere darlos, Él se sabrá por qué... Vio al
+_Pituso_, le dio lástima, le gustó... pero es muy caro el animalito. En
+estos dos patios los dan por nada, a escoger... por nada, sí, alma de
+Dios, y con agradecimiento encima... ¿Qué te creías, que no hay más que
+tu piojín?... Ahí está esa niña preciosísima que llaman Adoración...
+Pues nos la llevaremos cuando queramos, porque la voluntad de Severiana
+es la mía... Con que abur... ¿Qué tienes que contestar?
+
+Ya te veo venir: que el _Pituso_ es de la propia sangre de los señores
+de Santa Cruz. Podrá ser, y podrá no ser... Ahora mismo nos vamos a
+contarle el caso al marido de mi amiga, que es hombre de mucha
+influencia y se tutea con Pi y almuerza con Castelar y es hermano de
+leche de Salmerón... Él verá lo que hace. Si el niño es suyo, te lo
+quitará; y si no lo es, ayúdame a sentir. En este caso, pedazo de
+bárbaro, ni dinero, ni portería, ni nada.
+
+Izquierdo estaba como aturdido con esta rociada de palabras vivas y
+contundentes. Guillermina, en aquellas grandes crisis oratorias, tuteaba
+a todo el mundo... Después de empujar hacia la puerta a Jacinta y a
+Rafaela, volviose al desgraciado, que no acertaba a decir palabra, y
+echándose a reír con angélica bondad, le habló en estos términos:
+
+«Perdóname que te haya tratado duramente como mereces... Yo soy así. Y
+no te vayas a creer que me he enfadado. Pero no quiero irme sin darte
+una limosna y un consejo. La limosna en esta. Toma, para ayuda de un
+panecillo».
+
+Alargó la mano ofreciéndole dos duros, y viendo que el otro no los
+tomaba, púsolos sobre una de las sillas.
+
+«El consejo allá va. Tú no vales absolutamente para nada. No sabes
+ningún oficio, ni siquiera el de peón, porque eres haragán y no te
+gusta cargar pesos. No sirves ni para barrendero de las calles, ni
+siquiera para llevar un cartel con anuncios... Y sin embargo,
+desventurado, no hay hechura de Dios que no tenga su _para qué_ en este
+taller admirable del trabajo universal; tú has nacido para un gran
+oficio, en el cual puedes alcanzar mucha gloria y el pan de cada día.
+Bobalicón, ¿no has caído en ello?... ¡Eres tan bruto!... ¿Pero di, no te
+has mirado al espejo alguna vez? ¿No se te ha ocurrido?... Pareces
+lelo... Pues te lo diré: para lo que tú sirves es para modelo de
+pintores... ¿no entiendes? Pues ellos te ponen vestido de santo, o de
+caballero, o de Padre Eterno, y te sacan el retrato... porque tienes la
+gran figura. Cara, cuerpo, expresión, todo lo que no es del alma es en
+ti noble y hermoso; llevas en tu persona un tesoro, un verdadero tesoro
+de líneas... Vamos, apuesto a que no lo entiendes».
+
+La vanidad aumentó la turbación en que el bueno de Izquierdo estaba.
+Presunciones de gloria le pasaron con ráfagas de hoguera por la
+frente... Entrevió un porvenir brillante... ¡Él, retratado por los
+pintores!... ¡Y eso se pagaba! Y se ganaban cuartos por vestirse,
+ponerse y ¡ah!... _Platón_ se miró en el vidrio del cuadro de las
+trenzas; pero no se veía bien...
+
+«Con que no lo olvides... Preséntate en cualquier estudio, y eres un
+hombre. Con tu piojín a cuestas, serías el San Cristóbal más hermoso que
+se podría ver. Adiós, adiós...».
+
+
+
+
+
+-X-
+
+
+Más escenas de la vida íntima
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Saliendo por los corredores, decía Guillermina a su amiga:
+
+«Eres una inocentona... tú no sabes tratar con esta gente. Déjame a mí,
+y estate tranquila, que el _Pituso_ es tuyo. Yo me entiendo. Si ese
+bribón te coge por su cuenta, te saca más de lo que valen todos los
+chicos de la Inclusa juntos con sus padres respectivos. ¿Qué pensabas tú
+ofrecerle? ¿Diez mil reales? Pues me los das, y si lo saco por menos, la
+diferencia es para mi obra».
+
+Después de platicar un rato con Severiana en la salita de esta, salieron
+escoltadas por diferentes cuerpos y secciones de la granujería de los
+dos patios. A Juanín, por más que Jacinta y Rafaela se desojaban
+buscándole, no le vieron por ninguna parte.
+
+Aquel día, que era el 22, empeoró el Delfín a causa de su impaciencia y
+por aquel afán de querer anticiparse a la naturaleza, quitándole a esta
+los medios de su propia reparación. A poco de levantarse tuvo que
+volverse a la cama, quejándose de molestias y dolores puramente
+ilusorios. Su familia, que ya conocía bien sus mañas, no se alarmaba, y
+Barbarita recetábale sin cesar sábanas y resignación. Pasó la noche
+intranquilo; pero se estuvo durmiendo toda la mañana del 23, por lo que
+pudo Jacinta dar otro salto, acompañada de Rafaela, a la calle de Mira
+el Río. Esta visita fue de tan poca sustancia, que la dama volvió muy
+triste a su casa. No vio al _Pituso_ ni al Sr. Izquierdo. Díjole
+Severiana que Guillermina había estado antes y echado un largo
+parlamento con el _endivido_, quien tenía al chico montado en el hombro,
+ensayándose sin duda para _hacer_ el San Cristóbal. Lo único que sacó
+Jacinta en limpio de la excursión de aquel día fue un nuevo testimonio
+de la popularidad que empezaba a alcanzar en aquellas casas. Hombres y
+mujeres la rodeaban y poco faltó para que la llevaran en volandas. Oyose
+una voz que gritaba: «¡viva la simpatía!» y le echaron coplas de gusto
+dudoso, pero de muy buena intención. Los de Ido llevaban la voz cantante
+en este concierto de alabanzas, y daba gozo ver a D. José tan elegante,
+con las prendas en buen uso que Jacinta le había dado, y su hongo casi
+nuevo de color café. El primogénito de los _claques_ fue objeto de una
+serie de transacciones y reventas chalanescas, hasta que lo adquirió por
+dos cuartos un cierto vecino de la casa, que tenía la especialidad de
+hacer el _higuí_ en los Carnavales.
+
+Adoración se pegaba a doña Jacinta desde que la veía entrar. Era como
+una idolatría el cariño de aquella chicuela. Quedábase estática y lela
+delante de la señorita, devorándola con sus ojos, y si esta le cogía la
+cara o le daba un beso, la pobre niña temblaba de emoción y parecía que
+le entraba fiebre. Su manera de expresar lo que sentía era dar de
+cabezadas contra el cuerpo de su ídolo, metiendo la cabeza entre los
+pliegues del mantón y apretando como si quisiera abrir con ella un
+hueco. Ver partir a _doña_ Jacinta era quedarse Adoración sin alma, y
+Severiana tenía que ponerse seria para hacerla entrar en razón. Aquel
+día le llevó la dama unas botitas muy lindas, y prometió llevarle otras
+prendas, pendientes y una sortija con un diamante fino del tamaño de un
+garbanzo; más grande todavía, del tamaño de una avellana.
+
+Al volver a su casa, tenía la Delfina vivos deseos de saber si
+Guillermina había hecho algo. Llamola por el balcón; pero la fundadora
+no estaba. Probablemente, según dijo la criada, no regresaría hasta la
+noche porque había tenido que ir por tercera vez a la estación de las
+Pulgas, a la obra y al asilo de la calle de Alburquerque.
+
+Aquel día ocurrió en casa de Santa Cruz un suceso feliz. Entró D.
+Baldomero de la calle cuando ya se iban a sentar a la mesa, y dijo con
+la mayor naturalidad del mundo que le había caído la lotería. Oyó
+Barbarita la noticia con calma, casi con tristeza, pues el capricho de
+la suerte loca no le hacía mucha gracia. La Providencia no había andado
+en aquello muy lista que digamos, porque ellos no necesitaban de la
+lotería para nada, y aun parecía que les estorbaba un premio que, en
+buena lógica, debía de ser para los infelices que juegan por mejorar de
+fortuna. ¡Y había tantas personas aquel día dadas a Barrabás por no
+haber sacado ni un triste reintegro! El 23, a la hora de la lista
+grande, Madrid parecía el país de las desilusiones, porque... ¡cosa más
+particular!, a nadie le tocaba. Es preciso que a uno le toque para creer
+que hay agraciados.
+
+Don Baldomero estaba muy sereno, y el golpe de suerte no le daba calor
+ni frío. Todos los años compraba un billete entero, por rutina o vicio,
+quizás por obligación, como se toma la cédula de vecindad u otro
+documento que acredite la condición de español neto, sin que nunca
+sacase más que fruslerías, algún reintegro o premios muy pequeños. Aquel
+año le tocaron doscientos cincuenta mil reales. Había dado, como
+siempre, muchas participaciones, por lo cual los doce mil quinientos
+duros se repartían entre la multitud de personas de diferente posición y
+fortuna; pues si algunos ricos cogían buena breva, también muchos pobres
+pellizcaban algo. Santa Cruz llevó la lista al comedor, y la iba leyendo
+mientras comía, haciendo la cuenta de lo que a cada cual tocaba. Se le
+oía como se oye a los niños del Colegio de San Ildefonso que sacan y
+cantan los números en el acto de la extracción.
+
+«_Los Chicos_ jugaron dos décimos y se calzan cincuenta mil reales.
+Villalonga un décimo: veinticinco mil. Samaniego la mitad».
+
+Pepe Samaniego apareció en la puerta a punto que D. Baldomero pregonaba
+su nombre y su premio, y el favorecido no pudo contener su alegría y
+empezó a dar abrazos a todos los presentes, incluso a los criados.
+
+«Eulalia Muñoz, un décimo: veinticinco mil reales. Benignita, medio
+décimo: doce mil quinientos reales. Federico Ruiz, dos duros: cinco mil
+reales. Ahora viene toda la morralla. Deogracias, Rafaela y Blas han
+jugado diez reales cada uno. Les tocan mil doscientos cincuenta».
+
+«El carbonero, ¿a ver el carbonero?» dijo Barbarita que se interesaba
+por los jugadores de la última escala lotérica.
+
+--El carbonero echó diez reales; Juana, nuestra insigne cocinera,
+veinte, el carnicero quince... A ver, a ver: Pepa la pincha cinco
+reales, y su hermana otros cinco. A estas les tocan seiscientos
+cincuenta reales.
+
+--¡Qué miseria! --Hija, no lo digo yo, lo dice la aritmética.
+
+Los partícipes iban llegando a la casa atraídos por el olor de la
+noticia, que se extendió rápidamente; y la cocinera, las pinchas y otras
+personas de la servidumbre se atrevían a quebrantar la etiqueta,
+llegándose a la puerta del comedor y asomando sus caras regocijadas para
+oír cantar al señor la cifra de aquellos dineros que les caían. La
+señorita Jacinta fue quien primero llevó los parabienes a la cocina, y
+la pincha perdió el conocimiento por figurarse que con los tristes cinco
+reales le habían caído lo menos tres millones. Estupiñá, en cuanto supo
+lo que pasaba, salió como un rayo por esas calles en busca de los
+agraciados para darles la noticia. Él fue quien dio las albricias a
+Samaniego, y cuando ya no halló ningún interesado, daba la gran jaqueca
+a todos los conocidos que encontraba. ¡Y él no se había sacado nada!
+
+Sobre esto habló Barbarita a su marido con toda la gravedad discreta que
+el caso requería.
+
+«Hijo, el pobre Plácido está muy desconsolado. No puede disimular su
+pena, y eso de salir a dar la noticia es para que no le conozcamos en la
+cara la hiel que está tragando».
+
+--Pues hija, yo no tengo la culpa... Te acordarás que estuvo con el
+medio duro en la mano, ofreciéndolo y retirándolo, hasta que al fin su
+avaricia pudo más que la ambición, y dijo: «Para lo que yo me he de
+sacar, más vale que emplee mi escudito en anises...». ¡Toma anises!
+
+--¡Pobrecillo!... ponlo en la lista.
+
+Don Baldomero miró a su esposa con cierta severidad. Aquella infracción
+de la aritmética parecíale una cosa muy grave.
+
+«Ponlo, hombre, ¿qué más te da? Que estén todos contentos...».
+
+Don Baldomero II se sonrió con aquella bondad patriarcal tan suya, y
+sacando otra vez lista y lápiz, dijo en alta voz: «Rossini, diez reales:
+le tocan mil doscientos cincuenta».
+
+Todos los presentes se apresuraron a felicitar al favorecido, quedándose
+él tan parado y suspenso, que creyó que le tomaban el pelo.
+
+«No, si yo no...». Pero Barbarita le echó unas miradas que le cortaron
+el hilo de su discurso. Cuando la señora miraba de aquel modo no había
+más remedio que callarse.
+
+«¡Si habrá nacido de pie este bendito Plácido--dijo D. Baldomero a su
+nuera--, que hasta se saca la lotería sin jugar!».
+
+--Plácido--gritó Jacinta riéndose con mucha gana--, es el que nos ha
+traído la suerte.
+
+--Pero si yo...--murmuró otra vez Estupiñá, en cuyo espíritu las
+nociones de la justicia eran siempre muy claras, como no se tratara de
+contrabando.
+
+--Pero tonto... cómo tendrás esa cabeza--dijo Barbarita con mucho
+fuego--, que ni siquiera te acuerdas de que me diste medio duro para la
+lotería.
+
+--Yo... cuando usted lo dice... En fin... la verdad, mi cabeza anda,
+_talmente_, así un poco ida...
+
+Se me figura que Estupiñá llegó a creer a pie juntillas que había dado
+el escudo.
+
+«¡Cuando yo decía que el número era de los más bonitos...!--manifestó D.
+Baldomero con orgullo--. En cuanto el lotero me lo entregó, sentí la
+corazonada».
+
+--Como bonito...--agregó Estupiñá--, no hay duda que lo es.
+
+--Si tenía que salir, eso bien lo veía yo--afirmó Samaniego con esa
+convicción que es resultado del gozo--. ¡Tres _cuatros_ seguidos,
+después un _cero_, y acabar con un _ocho_...! Tenía que salir.
+
+El mismo Samaniego fue quien discurrió celebrar con panderetazos y
+villancicos el fausto suceso, y Estupiñá propuso que fueran todos los
+agraciados a la cocina para hacer ruido con las cacerolas. Mas Barbarita
+prohibió todo lo que fuera barullo, y viendo entrar a Federico Ruiz, a
+Eulalia Muñoz y a uno de los _Chicos_, Ricardo Santa Cruz mandó destapar
+media docena de botellas de _champagne_.
+
+Toda esta algazara llegaba a la alcoba de Juan, que se entretenía oyendo
+contar a su mujer y a su criado lo que pasaba, y singularmente el
+milagro del premio de Estupiñá. Lo que se rió con esto no hay para qué
+decirlo. La prisión en que tan a disgusto estaba volvíale pronto a su
+mal humor y poniéndose muy regañón decía a su mujer: «Eso, eso, déjame
+solo otra vez para ir a divertirte con la bullanga de esos idiotas. ¡La
+lotería!, ¡qué atraso tan grande! Es de las cosas que debieran
+suprimirse; mata el ahorro; es la Providencia de las haraganes. Con la
+lotería no puede haber prosperidad pública... ¿Qué?, te marchas otra
+vez. ¡Bonita manera de cuidar a un enfermo! Y vamos a ver, ¿qué demonios
+tienes tú que hacer por esas calles toda la mañana? A ver, explícame,
+quiero saberlo; porque es ya lo de todos los días».
+
+Jacinta daba sus excusas risueña y sosegada. Pero le fue preciso soltar
+una mentirijilla. Había salido por la mañana a comprar nacimientos,
+velitas de color y otras chucherías para los niños de Candelaria.
+
+«Pues entonces--replicó Juanito revolviéndose entre las sábanas--, yo
+quiero que me digan para qué sirven mamá y Estupiñá, que se pasan la
+vida mareando a los tenderos y se saben de memoria los puestos de Santa
+Cruz... A ver, que me expliquen esto...».
+
+La algazara de los premiados, que iba cediendo algo, se aumentó con la
+llegada de Guillermina, la cual supo en su casa la nueva y entró
+diciendo a voces: «Cada uno me tiene que dar el veinticinco por ciento
+para mi obra... Si no, Dios y San José les amargarán el premio».
+
+--El veinticinco por ciento es mucho para la gente menuda--dijo D.
+Baldomero--. Consúltalo con San José y verás cómo me da la razón.
+
+--¡Hereje!...--replicó la dama haciéndose la enfadada--, herejote...
+después que chupas el dinero de la Nación, que es el dinero de la
+Iglesia, ahora quieres negar tu auxilio a mi obra, a los pobres... El
+veinticinco por ciento y tú el cincuenta por ciento... Y punto en boca.
+Si no, lo gastarás en botica. Con que elige.
+
+--No, hija mía; por mí te lo daré todo...
+
+--Pues no harás nada de más, avariento. Se están poniendo bien las
+cosas, a fe mía... El ciento de _pintón_, que estaba la semana pasada a
+diez reales, ahora me lo quieren cobrar a once y medio, y el _pardo_ a
+diez y medio. Estoy volada. Los materiales por las nubes...
+
+Samaniego se empeñó en que la santa había de tomar una copa de
+_Champagne_.
+
+«¿Pero tú qué has creído de mí, viciosote? ¡Yo beber esas porquerías!...
+¿Cuándo cobras, mañana? Pues prepárate. Allí me tendrás como la maza de
+Fraga. No te dejaré vivir».
+
+Poco después Guillermina y Jacinta hablaban a solas, lejos de todo oído
+indiscreto.
+
+«Ya puedes vivir tranquila--le dijo la Pacheco--. El _Pituso_ es tuyo.
+He cerrado el trato esta tarde. No puedes figurarte lo que bregué con
+aquel Iscariote. Perdí la cuenta de las hostias que me echó el muy
+blasfemo. Allá me sacó del cofre la partida de bautismo, un papelejo que
+apestaba. Este documento no prueba nada. El chico será o no será...
+¡quién lo sabe! Pero pues tienes este capricho de ricacha mimosa, allá
+con Dios... Todo esto me parece irregular. Lo primero debió ser hablar
+del caso a tu marido. Pero tú buscas la sorpresita y el efecto teatral.
+Allá lo veremos... Ya sabes, hija, el trato es trato. Me ha costado Dios
+y ayuda hacer entrar en razón al Sr. Izquierdo. Por fin se contenta con
+seis mil quinientos reales. Lo que sobra de los diez mil reales es para
+mí, que bien me lo he sabido ganar... Con que mañana, yo iré después de
+medio día; ve tú también con los santos cuartos.
+
+Púsose Jacinta muy contenga. Había realizado su antojo; ya tenía su
+juguete. Aquello podría ser muy bien una niñería; pero ella tenía sus
+razones para obrar así. El plan que concibió para presentar al _Pituso_
+a la familia e introducirlo en ella, revelaba cierta astucia. Pensó que
+nada debía decir por el pronto al Delfín. Depositaría su hallazgo en
+casa de su hermana Candelaria hasta ponerle presentable. Después diría
+que era un huerfanito abandonado en las calles, recogido por ella... ni
+una palabra referente a quién pudiera ser la mamá ni menos el papá de
+tal muñeco. Todo el toque estaba en observar la cara que pondría Juan al
+verle. ¿Diríale algo la voz misteriosa de la sangre? ¿Reconocería en las
+facciones del pobre niño las de...? Al interés dramático de este lance
+sacrificaba Jacinta la conveniencia de los procedimientos propios de
+tal asunto. Imaginándose lo que iba a pasar, la turbación del infiel, el
+perdón suyo, y mil cosas y pormenores novelescos que barruntaba,
+producíase en su alma un goce semejante al del artista que crea o
+compone, y también un poco de venganza, tal y como en alma tan noble
+podía producirse esta pasión.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Cuando fue al cuarto del Delfín, Barbarita le hacía tomar a este un
+tazón de té con coñac. En el comedor continuaba la bulla; pero los
+ánimos estaban más serenos. «Ahora--dijo la mamá--, han pegado la hebra
+con la política. Dice Samaniego que hasta que no corten doscientas o
+trescientas cabezas; no habrá paz. El marqués no está por el
+derramamiento de sangre, y Estupiñá le preguntaba por qué no había
+aceptado la diputación que le ofrecieron...
+
+Se puso lo mismito que un pavo, y dijo que él no quería meterse en...
+
+--No dijo eso--saltó Juanito, suspendiendo la bebida.
+
+--Que sí, hijo; dijo que no quería meterse en estos... no sé qué.
+
+--Que no dijo eso, mamá. No alteres tú también la verdad de los textos.
+
+--Pero hijo, si lo he oído yo.
+
+--Aunque lo hayas oído, te sostengo que no pudo decir eso... vaya.
+
+--¿Pues qué? --El marqués no pudo decir _meterse_... yo pongo mi cabeza
+a que dijo _inmiscuirse_... Si sabré yo cómo hablan las personas finas.
+
+Barbarita soltó la carcajada.
+
+--Pues sí... tienes razón, así, así fue... que no quería
+_inmiscuirse_...
+
+--¿Lo ves?... Jacinta. --¿Qué quieres, niño mimoso?
+
+--Mándale un recado a Aparisi. Que venga al momento.
+
+--¿Para qué? ¿Sabes la hora que es?
+
+--En cuanto sepa el motivo, se planta aquí de un salto.
+
+--¿Pero a qué? --¡Ahí es nada! ¿Crees que va a dejar pasar eso de
+_inmiscuirse_? Yo quiero saber cómo se sacude esa mosca...
+
+Las dos damas celebraron aquella broma mientras le arreglaban la cama.
+Guillermina había salido de la casa sin despedirse, y poco a poco se
+fueron marchando los demás. Antes de las doce, todo estaba en silencio,
+y los papás se retiraron a su habitación, después de encargar a Jacinta
+que estuviese muy a la mira para que el Delfín no se desabrigara. Este
+parecía dormido profundamente, y su esposa se acostó sin sueño, con el
+ánimo más dispuesto a la centinela que al descanso. No había
+transcurrido una hora, cuando Juan despertó intranquilo, rompiendo a
+hablar de una manera algo descompuesta. Creyó Jacinta que deliraba, y se
+incorporó en su cama; mas no era delirio, sino inquietud con algo de
+impertinencia. Procuró calmarle con palabras cariñosas; pero él no se
+daba a partido. «¿Quieres que llame?».--«No; es tarde, y no quiero
+alarmar... Es que estoy nervioso. Se me ha espantado el sueño. Ya se ve;
+todo el día en este pozo del aburrimiento. Las sábanas arden y mi cuerpo
+está frío».
+
+Jacinta se echó la bata, y corrió a sentarse al borde del lecho de su
+marido. Pareciole que tenía algo de calentura. Lo peor era que sacaba
+los brazos y retiraba las mantas. Temerosa de que se enfriara, apuró
+todas las razones para sosegarle, y viendo que no podía ser, quitose la
+bata y se metió con él en la cama, dispuesta a pasar la noche
+abrigándole por fuerza como a los niños, y arrullándole para que se
+durmiera. Y la verdad fue que con esto se sosegó un tanto, porque le
+gustaban los mimos, y que se molestaran por él, y que le dieran tertulia
+cuando estaba desvelado. ¡Y cómo se hacía el nene, cuando su mujer, con
+deliciosa gentileza materna, le cogía entre sus brazos y le apretaba
+contra sí para agasajarle, prestándole su propio calor! No tardó Juan en
+aletargarse con la virtud de estos melindres. Jacinta no quitaba sus
+ojos de los ojos de él, observando con atención sostenida si se dormía,
+si murmuraba alguna queja, si sudaba. En esta situación oyó claramente
+la una, la una y media, las dos, cantadas por la campana de la Puerta
+del Sol con tan claro timbre, que parecían sonar dentro de la casa. En
+la alcoba había una luz dulce, colada por pantalla de porcelana.
+
+Y cuando pasaba un rato largo sin que él se moviera, Jacinta se
+entregaba a sus reflexiones. Sacaba sus ideas de la mente, como el avaro
+saca las monedas, cuando nadie le ve, y se ponía a contarlas y a
+examinarlas y a mirar si entre ellas había alguna falsa. De repente
+acordábase de la jugarreta que le tenía preparada a su marido, y su alma
+se estremecía con el placer de su pueril venganza. El _Pituso_ se le
+metía al instante entre ceja y ceja. ¡Le estaba viendo! La contemplación
+ideal de lo que aquellas facciones tenían de desconocido, el trasunto de
+las facciones de la madre, era lo que más trastornaba a Jacinta,
+enturbiando su piadosa alegría. Entonces sentía las cosquillas, pues no
+merecen otro nombre, las cosquillas de aquella infantil rabia que solía
+acometerla, sintiendo además en sus brazos cierto prurito de apretar y
+apretar fuerte para hacerle sentir al infiel el furor de la paloma que
+la dominaba. Pero la verdad era que no apretaba ni pizca, por miedo de
+turbarle el sueño. Si creía notar que se estremecía con escalofríos,
+apretaba sí dulcemente, liándose a él para comunicarle todo el calor
+posible. Cuando él gemía o respiraba muy fuerte, le arrullaba dándole
+suaves palmadas en la espalda, y por no apartar sus manos de aquella
+obligación, siempre que quería saber si sudaba o no, acercaba su nariz o
+su mejilla a la frente de él.
+
+Serían las tres cuando el Delfín abrió los ojos, despabilándose
+completamente, y miró a su mujer, cuya cara no distaba de la suya el
+espacio de dos o tres narices. «¡Qué bien me encuentro ahora!--le dijo
+con dulzura--. Estoy sudando; ya no tengo frío. ¿Y tú no duermes? ¡Ah!
+La gran lotería es la que me ha tocada a mí. Tú eres mi premio gordo.
+¡Qué buena eres!».
+
+--¿Te duele la cabeza? --No me duele nada. Estoy bien; pero me he
+desvelado; no tengo sueño. Si no lo tienes tú tampoco, cuéntame algo. A
+ver dime a dónde fuiste esta mañana.
+
+--A contar los frailes, que se ha perdido uno. Así nos decía mamá cuando
+mis hermanas y yo le preguntábamos dónde había ido.
+
+--Respóndeme al derecho. ¿A dónde fuiste?
+
+Jacinta se reía, porque le ocurrió dar a su marido un bromazo muy
+chusco.
+
+«¡Qué alegre está el tiempo! ¿De qué te ríes?».
+
+--Me río de ti... ¡Qué curiosos son estos hombres! ¡Virgen María!, todo
+lo quieren saber.
+
+--Claro, y tenemos derecho a ello. --No puede una salir a compras...
+--Dale con las tiendas. Competencia con mamá y Estupiñá; eso no puede
+ser. Tú no has ido a compras.
+
+--Que sí. --¿Y qué has comprado?
+
+--Tela. --¿Para camisas mías? Si tengo... creo que son veintisiete
+docenas.
+
+--Para camisas tuyas, sí; pero te las hago chiquititas.
+
+--¡Chiquititas! --Sí, y también te estoy haciendo unos baberos muy
+monos.
+
+--¡A mí, baberos a mí!
+
+--Sí, tonto; por si se te cae la baba.
+
+--¡Jacinta! --Anda... y se ríe el muy simple. ¡Verás qué camisas! Sólo
+que las mangas son así... no te cabe más que un dedo en ellas.
+
+--¿De veras que tú?... A ver ponte seria... Si te ríes no creo nada.
+
+--¿Ves que seria me pongo?... Es que me haces reír tú... Vaya, te
+hablaré con formalidad. Estoy haciendo un ajuar.
+
+--Vamos, no quiero oírte... ¡Qué guasoncita!
+
+--Que es verdad. --Pero. --¿Te lo digo? Di si te lo digo.
+
+Pasó un ratito en que se estuvieron mirando. La sonrisa de ambos parecía
+una sola, saltando de boca a boca.
+
+--¡Qué pesadez!... di pronto...
+
+--Pues allá va... Voy a tener un niño.
+
+--¡Jacinta! ¿Qué me cuentas?... Estas cosas no son para bromas--dijo
+Santa Cruz con tal alborozo, que su mujer tuvo que meterle en cintura.
+
+--Eh, formalidad. Si te destapas me callo.
+
+--Tú bromeas... Pues si fuera eso verdad, no lo habrías cantado poco...
+¡con las ganitas que tú tienes! Ya se lo habrías dicho hasta a los
+sordos. Pero di, ¿y mamá lo sabe?
+
+--No, no lo sabe nadie todavía.
+
+--Pero mujer... Déjame, voy a tirar de la campanilla.
+
+--Tonto... loco... estate quieto o te pego.
+
+--Que se levanten todos en la casa para que sepan... Pero, ¿es farsa
+tuya? Sí, te lo conozco en los ojos.
+
+--Si no te estás quieto, no te digo más...
+
+--Bueno, pues me estaré quieto... Pero responde, ¿es presunción tuya
+o...?
+
+--Es certeza. --¿Estás segura? Tan segura como si le estuviera viendo, y
+le sintiera correr por los pasillos... ¡Es más salado, más pillín...!,
+bonito como un ángel, y tan granuja como su papá.
+
+--¡Ave María Purísima, qué precocidad! Todavía no ha nacido y ya sabes
+que es varón, y que es tan granuja como yo.
+
+La Delfina no podía tener la risa. Tan pegados estaban el uno al otro,
+que parecía que Jacinta se reía con los labios de su marido, y que este
+sudaba por los poros de las sienes de su mujer.
+
+«¡Vaya con mi señora, lo que me tenía guardado!» añadió con
+incredulidad.
+
+--¿Te alegras? --¿Pues no me he de alegrar? Si fuera cierto, ahora mismo
+ponía en planta a toda la familia para que lo supieran; de fijo que papá
+se encasquetaba el sombrero y se echaba a la calle, disparado, a comprar
+un nacimiento. Pero vamos a ver, explícate, ¿cuándo será eso?
+
+--Pronto. --¿Dentro de seis meses? ¿Dentro de cinco?
+
+--Más pronto. --¿Dentro de tres?
+
+--Más prontísimo... está al caer, al caer.
+
+--¡Bah!... Mira, esas bromas son impertinentes. ¿Con que fuera de
+cuenta? Pues nada, no se te conoce.
+
+--Porque lo disimulo. --Sí; para disimular estás tú. Lo que harías tú,
+con las ganas que tienes de chiquillos, sería salir para que todo el
+mundo te viera con tu bombo, y mandar a Rossini con un suelto a _La
+Correspondencia_.
+
+--Pues te digo que ya no hay día seguro. Nada, hombre, cuando le veas te
+convencerás.
+
+--¿Pero a quién he de ver?
+
+--Al... a tu hijito, a tu nenín de tu alma.
+
+--Te digo formalmente que me llenas de confusión, porque para chanza me
+parece mucha insistencia; y si fuera verdad, no lo habrías tenido tan
+guardado hasta ahora.
+
+Comprendiendo Jacinta que no podía sostener más tiempo el bromazo, quiso
+recoger vela, y le incitó a que se durmiera, porque la conversación
+acalorada podía hacerle daño.
+
+«Tiempo hay de que hablemos de esto--le dijo--; y ya... ya te irás
+convenciendo».
+
+--_Güeno_ --replicó él con puerilidad graciosa tomando el tono de un
+niño a quien arrullan.
+
+--A ver si te duermes... Cierra esos ojitos. ¿Verdad que me quieres?
+
+--Más que a mi vida. Pero, hija de mi alma, ¡qué fuerza tienes! ¡Cómo
+aprietas!
+
+--Si me engañas te cojo y... así, así...
+
+--¡Ay! --Te deshago como un bizcocho. --¡Qué gusto! --Y ahora, a
+_mimir_...
+
+Este y otros términos que se dicen a los niños les hacían reír cada vez
+que los pronunciaban; pero la confianza y la soledad daban encanto a
+ciertas expresiones que habrían sido ridículas en pleno día y delante de
+gente. Pasado un ratito, Juan abrió los ojos, diciendo en tono de
+hombre:
+
+«¿Pero de veras que vas a tener un chico?...».
+
+--_Chí_... y a _mimir_... _ro_... _ro_...
+
+Entre dientes le cantaba una canción de adormidera, dándole palmadas en
+la espalda.
+
+«¡Qué gusto ser _bebé_!--murmuró el Delfín--, ¡sentirse en los brazos de
+la mamá, recibir el calor de su aliento y...!».
+
+Pasó otro rato, y Juan, despabilándose y fingiendo el lloriqueo de un
+tierno infante en edad de lactancia, chilló así:
+
+--Mama... mama... --¿Qué? --Teta. Jacinta sofocó una carcajada.
+
+--_Ahola_ no... teta caca... cosa fea...
+
+Ambos se divertían con tales simplezas. Era un medio de entretener el
+tiempo y de expresar su cariño.
+
+--Toma teta--díjole Jacinta metiéndole un dedo en la boca; y él se lo
+chupaba diciendo que estaba muy rica, con otras muchas tontadas,
+justificadas sólo por la ocasión, la noche y la dulce intimidad.
+
+--¡Si alguien nos oyera, cómo se reiría de nosotros!
+
+--Pero como no nos oye nadie... Las cuatro: ¡qué tarde!
+
+--Di qué temprano. Ya pronto se levantará Plácido para ir a despertar al
+sacristán de San Ginés. ¡Qué frío tendrá!...
+
+--¡Cuánto mejor nosotros aquí, tan abrigaditos!
+
+--Me parece que de esta me duermo, vida.
+
+--Y yo también, corazón.
+
+Se durmieron como dos ángeles, mejilla con mejilla.
+
+
+
+
+---iii--
+
+
+24 de Diciembre.
+
+Por la mañana encargó Barbarita a Jacinta ciertos menesteres domésticos
+que la contrariaron; pero la misma retención en la casa ofreció
+coyuntura a la joven para dar un paso que siempre le había inspirado
+inquietud. Díjole Barbarita que no saliera en todo aquel día, y como
+tenía que salir forzosamente, no hubo más remedio que revelar a su
+suegra el lío que entre manos traía. Pidiole perdón por no haberle
+confiado aquel secreto, y advirtió con grandísima pena que su suegra no
+se entusiasmaba con la idea de poseer a Juanín. «¿Pero tú sabes lo grave
+que es eso?... así, sin más ni más... un hijo llovido. ¿Y qué pruebas
+hay de que sea tal hijo?... ¿No será que te han querido estafar? ¿Y
+crees tú que se parece realmente? ¿No será ilusión tuya?... Porque todo
+eso es muy vago... Esos hallazgos de hijos parecen cosa de novela...».
+
+La Delfina se descorazonó mucho. Esperaba una explosión de júbilo en su
+mamá política. Pero no fue así. Barbarita, cejijunta y preocupada, le
+dijo con frialdad: «No sé qué pensar de ti; pero en fin, tráetelo y
+escóndelo hasta ver... la cosa es muy grave. Diré a tu marido que
+Benigna está enferma y has ido a visitarla». Después de esta
+conversación, fue Jacinta a la casa de su hermana a quien también confió
+su secreto, concertando con ella el depositar el niño allí hasta que
+Juan y D. Baldomero lo supieran. «Veremos cómo lo toman» añadió dando un
+gran suspiro. Estaba Jacinta aquella tarde fuera de sí. Veía al _Pituso_
+como si lo hubiera parido, y se había acostumbrado tanto a la idea de
+poseerlo, que se indignaba de que su suegra no pensase lo mismo que
+ella.
+
+Juntose Rafaela con su ama en la casa de Benigna, y helas aquí por la
+calle de Toledo abajo. Llevaban plata menuda para repartir a los pobres,
+y algunas chucherías, entre ellas la sortija que la señorita había
+prometido a Adoración. Era una soberbia alhaja, comprada aquella mañana
+por Rafaela en los bazares de _Liquidación por saldo, a real y medio la
+pieza_, y tenía un diamante tan grande y bien tallado, que al mismo
+Regente le dejaría bizco con el fulgor de sus luces. En la fabricación
+de esta soberbia piedra había sido empleado el casco más valioso de un
+fondo de vaso. Apenas llegaron a los corredores del primer patio,
+viéronse rodeadas por pelotones de mujeres y chicos, y para evitar
+piques y celos, Jacinta tuvo que poner algo en todas las manos. Quién
+cogía la peseta, quién el duro o el medio duro. Algunas, como Severiana,
+que, dicho sea entre paréntesis, tenía para aquella noche una magnífica
+lombarda, lomo adobado y el besugo correspondiente, se contentaban con
+un saludo afectuoso. Otros no se daban por satisfechos con lo que
+recibían. A todos preguntaba Jacinta que qué tenían para aquella noche.
+Algunas entraban con el besugo cogido por las agallas; otras no habían
+podido traer más que cascajo. Vio a muchas subir con el jarro de leche
+de almendras, que les dieran en el café de los Naranjeros, y de casi
+todas las cocinas salía tufo de fritangas y el campaneo de los
+almireces. Este besaba el duro que la señorita le daba, y el otro
+tirábalo al aire para cogerlo con algazara, diciendo: «¡Aire, aire, a la
+plaza!». Y salían por aquellas escaleras abajo camino de la tienda.
+Había quien preparaba su banquete con un _hocico con carrilleras_, una
+libra de _tapa del cencerro_, u otras despreciadas partes de la res
+vacuna, o bien con asadura, bofes de cerdo, sangre frita y desperdicios
+aún peores. Los más opulentos dábanse tono con su pedazo de turrón del
+que se parte con martillo, y la que había traído una granada tenía buen
+cuidado de que la vieran. Pero ningún habitante de aquellas regiones de
+miseria era tan feliz como Adoración, ni excitaba tanto la envidia entre
+las amigas, pues la rica alhaja que ceñía su dedo y que mostraba con el
+puño cerrado, era fina y de ley y había costado unos grandes dinerales.
+Aun las pequeñas que ostentaban zapatos nuevos, debidos a la caridad de
+_doña_ Jacinta, los habrían cambiado por aquella monstruosa y
+relumbrante piedra. La poseedora de ella, después que recorrió ambos
+corredores enseñándola, se pegó otra vez a la señorita, frotándose el
+lomo contra ella como los gatos.
+
+«No me olvidaré de ti, Adoración» le dijo la señorita, que con esta
+frase parecía anunciar que no volvería pronto.
+
+En ambos patios había tal ruido de tambores, que era forzoso alzar la
+voz para hacerse oír. Cuando a los tamborazos se unía el estrépito de
+las latas de petróleo, parecía que se desplomaban las frágiles casas. En
+los breves momentos que la tocata cesaba, oíase el canto de un mirlo
+silbando la frase del himno de Riego, lo único que del tal himno queda
+ya. En la calle de Mira del Río tocaba un pianillo de manubrio, y en la
+calle del Bastero otro, armándose entre los dos una zaragata musical,
+como si las dos piezas se estuvieran arañando en feroz pelea con las
+uñas de sus notas. Eran una polka y un andante patético, enzarzados como
+dos gatos furibundos. Esto y los tambores, y los gritos de la vieja que
+vendía higos, y el clamor de toda aquella vecindad alborotada, y la risa
+de los chicos, y el ladrar de los perros pusiéronle a Jacinta la cabeza
+como una grillera.
+
+Repartidas las limosnas, fue al 17, donde ya estaba Guillermina,
+impaciente por su tardanza. Izquierdo y el _Pituso_ estaban también; el
+primero fingiéndose muy apenado de la separación del chico. Ya la
+fundadora había entregado el _triste estipendio_.
+
+«Vaya, abreviemos» dijo esta cogiendo al muchacho que estaba como
+asustado.
+
+--¿Quieres venirte conmigo? --_Mela pa ti_... --replicó el _Pituso_ con
+brío, y se echó a reír, alabando su propia gracia.
+
+Las tres mujeres se rieron mucho también de aquella salida tan fina, e
+Izquierdo, rascándose la noble frente, dijo así:
+
+«La señorita... a cuenta que ahora le enseñará a no soltar
+exprisiones».
+
+--Buena falta le hace... En fin, vámonos.
+
+Juanín hizo alguna resistencia; pero al fin se dejó llevar, seducido con
+la promesa de que le iban a comprar un nacimiento y muchas cosas buenas
+para que se las comiera todas.
+
+«Ya le he prometido al Sr. de Izquierdo--dijo Guillermina--, que se le
+procurará una colocación, y por de pronto ya le he dado mi tarjeta para
+que vaya a ver con ella a uno de los artistas de más fama, que está
+pintando ahora un magnífico _Buen Ladrón_. Vaya... quédese con Dios».
+
+Despidiose de ellas el futuro modelo con toda la urbanidad que en él era
+posible, y salieron. Rafaela llevaba en brazos el chico. Como a fines de
+Diciembre son tan cortos los días, cuando salieron de la casa ya se
+echaba la noche encima. El frío era intenso, penetrante y traicionero
+como de helada, bajo un cielo bruñido, inmensamente desnudo y con las
+estrellas tan desamparadas, que los estremecimientos de su luz parecían
+escalofríos. En la calle del Bastero se insurreccionó el _Pituso_. Su
+bellísima frente ceñuda indicaba esta idea: «¿Pero a dónde me llevan
+estas tías?». Empezó a rascarse la cabeza, y dijo con sentimiento: _«Pae
+Pepe...»._ --¿Qué te importa a ti tu papá Pepe? ¿Quieres un rabel? Di lo
+que quieres.
+
+--_Quelo citunas_ --replicó alargando la jeta--. No, _citunas_ no; un
+pez.
+
+--¿Un pez?... ahora mismo--le dijo su futura mamá, que estaba
+nerviosísima, sintiendo toda aquella vibración glacial de las estrellas
+dentro de su alma.
+
+En la calle de Toledo volvieron a sonar los cansados pianitos, y también
+allí se engarfiñaron las dos piezas, una tonadilla de la _Mascota_ y la
+sinfonía de _Semíramis_. Estuvieron batiéndose con ferocidad, a
+distancia como de treinta pasos, tirándose de los pelos, dándose
+dentelladas y cayendo juntas en la mezcla inarmónica de sus propios
+sonidos. Al fin venció _Semíramis_, que resonaba orgullosa marcando sus
+nobles acentos, mientras se extinguían las notas de su rival, gimiendo
+cada vez más lejos, confundidas con el tumulto de la calle.
+
+Érales difícil a las tres mujeres andar aprisa, por la mucha gente que
+venía calle abajo, caminando presurosa con la querencia del hogar
+próximo. Los obreros llevaban el saquito con el jornal; las mujeres
+algún comistrajo recién comprado; los chicos, con sus bufandas
+enroscadas en el cuello, cargaban rabeles, nacimientos de una tosquedad
+prehistórica o tambores que ya iban bien baqueteados antes de llegar a
+la casa. Las niñas iban en grupo de dos o de tres, envuelta la cabeza en
+toquillas, charlando cada una por siete. Cuál llevaba una botella de
+vino, cuál el jarrito con leche de almendra; otras salían de las tiendas
+de comestibles dando brincos o se paraban a ver los puestos de
+panderetas, dándoles con disimulo un par de golpecitos para que sonaran.
+En los puestos de pescado los maragatos limpiaban los besugos, arrojando
+las escamas sobre los transeúntes, mientras un ganapán vestido con los
+calzonazos negros y el mandil verde rayado berreaba fuera de la puerta:
+«¡Al vivo de hoy, al vivito!»... Enorme farolón con los cristales muy
+limpios alumbraba las pilas de lenguados, sardinas y pajeles, y las
+canastas de almejas. En las carnicerías sonaban los machetazos con sorda
+trepidación, y los platillos de las pesas, subiendo y bajando sin cesar,
+hacían contra el mármol del mostrador los ruidos más extraños, notas de
+misteriosa alegría. En aquellos barrios algunos tenderos hacen gala de
+poseer, además de géneros exquisitos, una imaginación exuberante, y para
+detener al que pasa y llamar compradores, se valen de recursos teatrales
+y fantásticos. Por eso vio Jacinta de puertas afuera pirámides de
+barriles de aceitunas que llegaban hasta el primer piso, altares hechos
+con cajas de mazapán, trofeos de pasas y arcos triunfales festoneados
+con escobones de dátiles. Por arriba y por abajo banderas españolas con
+poéticas inscripciones que decían: el _Diluvio en mazapán, o Turrón del
+Paraíso_ _ terrenal_... Más allá _Mantecadas de Astorga bendecidas por
+Su Santidad Pío IX_. En la misma puerta uno o dos horteras vestidos
+ridículamente de frac, con chistera abollada, las manos sucias y la cara
+tiznada, gritaban desaforadamente ponderando el género y dándolo a
+probar a todo el que pasaba. Un vendedor ambulante de turrón había
+discurrido un rótulo peregrino para anonadar a sus competidores los
+orgullosos tenderos de establecimiento. ¿Qué pondría? Porque decir que
+el género era muy bueno no significaba nada. Mi hombre había clavado en
+el más gordo bloque de aquel almendrado una banderita que decía:
+_Turrón higiénico_. Con que ya lo veía el público... El otro turrón
+sería todo lo sabroso y dulce que quisieran; mas no era _higiénico_.
+
+--_Quelo_ un pez... --gruñó el _Pituso_ frotándose con mal humor los
+ojos.
+
+--Mira--le decía Rafaela--, tu mamá te va a comprar un pez de dulce.
+
+--_Pae Pepe_... --repitió el chico llorando.
+
+--¿Quieres una pandereta?... sí, una pandereta grande, que suene mucho.
+
+Las tres hacían esfuerzos para acallarle, ofreciéndole cuanto había que
+ofrecer. Después de comprada la pandereta, el chico dijo que quería una
+naranja. Le compraron también naranjas. La noche avanzaba, y el tránsito
+se hacía difícil por la acera estrecha, resbaladiza y húmeda, tropezando
+a cada instante con la gente que la invadía.
+
+«Verás, verás, ¡qué nacimiento tan bonito!--le decía Jacinta para
+calmarle--¡Y qué niños tan guapos! Y un pez grande, tremendo, todo de
+mazapán, para que te lo comas entero».
+
+--_¡Gande, gande!_ A ratos se tranquilizaba, pero de repente le entraba
+el berrinche y se ponía a dar patadas en el aire. Rafaela, que era una
+mujer de poquísimas fuerzas, ya no podía más. Guillermina se lo quitó de
+los brazos, diciendo:
+
+«Dámele acá... no puedes ya con tu alma... Ea, caballerito; a callar se
+ha dicho...».
+
+El _Pituso_ le dio un porrazo en la cabeza.
+
+«Mira que te estrello... Verás la azotaina que te vas a llevar... ¡Y qué
+gordo está el tunante!, parece mentira...».
+
+--_Quelo un batón_... ¡hostia!
+
+--¿Un bastón?... también te lo compramos, hijo, si te estás calladito...
+A ver, dónde encontraremos bastones ahora...
+
+--Buena falta le hace--dijo Guillermina, y de los de acebuche, que
+escuecen bien, para enseñarle a no ser mañoso.
+
+De esta manera llegaron a los portales y a la casa de Villuendas, ya
+cerrada la noche. Entraron por la tienda, y en la trastienda Jacinta se
+dejó caer fatigadísima sobre un saco lleno de monedas de cinco duros. Al
+_Pituso_ le depositó Guillermina sobre un voluminoso fardo que
+contenía... ¡mil onzas!
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Los dependientes que estaban haciendo el recuento y balance, metían en
+las arcas de hierro los cartuchos de oro y los paquetes de billetes de
+Banco, sujetos con un elástico. Otro contaba sobre una mesa pesetas
+gastadas y las cogía después con una pala como si fueran lentejas.
+Manejaban el _género_ con absoluta indiferencia, cual si los sacos de
+monedas lo fueran de patatas, y las resmas de billetes, papel de
+estraza. A Jacinta le daba miedo ver aquello, y entraba siempre allí con
+cierto respeto parecido al que le inspiraba la iglesia, pues el temor de
+llevarse algún billete de cuatro mil reales pegado a la ropa le ponía
+nerviosa.
+
+Ramón Villuendas no estaba; pero Benigna bajó al momento, y lo primero
+que hizo fue observar atentamente la cara sucia de aquel aguinaldo que
+su hermana le traía.
+
+«Qué, ¿no le encuentras parecido?» díjole Jacinta algo picada.
+
+--La verdad, hija... no sé qué te diga...
+
+--Es el vivo retrato--afirmó la otra, queriendo cerrar la puerta, con
+una opinión absoluta, a todas las dudas que pudieran surgir.
+
+--Podrá ser... Guillermina se despidió rogando a los dependientes que le
+cambiaran por billetes tres monedas de oro que llevaba. «Pero me habéis
+de dar premio--les dijo--. Tres reales por ciento. Si no, me voy a la
+Lonja del Almidón, donde tienen más caridad que vosotros».
+
+En esto entró el amo de la casa, y tomando las monedas, las miró
+sonriendo.
+
+«Son falsas... tienen hoja».
+
+--Usted sí que tiene hoja --replicó la santa con gracia, y los demás se
+reían--. Una peseta de premio por cada una.
+
+--¡Cómo va subiendo!... Usted nos tira al degüello.
+
+--Lo que merecéis, publicanos.
+
+Villuendas tomó de un cercano montón dos duros y los añadió a los
+billetes del cambio.
+
+«Vaya... para que no diga...».
+
+--Gracias... Ya sabía yo que usted...
+
+--A ver, doña Guillermina, espere un ratito--añadió Ramón--. ¿Es cierto
+lo que me han contado, que usted, cuando no cae bastante dinero en la
+suscrición para la obra, le cuelga a San José un ladrillo del pescuezo
+para que busque cuartos?
+
+--El señor San José no necesita de que le colguemos nada, pues hace
+siempre lo que nos conviene... Con que buenas noches; ahí les queda ese
+caballerito. Lo primero que deben hacer es ponerle a remojo para que se
+le ablande la mugre.
+
+Ramón miró al _Pituso_. Su semblante no expresaba tampoco una convicción
+muy profunda respecto al parecido. Sonreía Benigna, y si no hubiera sido
+por consideración a su querida hermana, habría dicho del _Pituso_ lo que
+de las monedas que no sonaban bien: _Es falso_, o por lo menos, _tiene
+hoja_.
+
+«Lo primero es que le lavemos».
+
+--No se va a dejar--indicó Jacinta--. Este no ha visto nunca el agua.
+Vamos, arriba.
+
+Subiéronle, y que quieras que no, le despojaron de los pingajos que
+vestía y trajeron un gran barreño de agua. Jacinta mojaba sus dedos en
+ella diciendo con temor: «¿estará muy fría?, ¿estará muy caliente?
+¡Pobre ángel, qué mal rato va a pasar!». Benigna no se andaba en tantos
+reparos, y ¡pataplum!, le zambulló dentro, sujetándole brazos y piernas.
+¡Cristo! Los chillidos del _Pituso_ se oían desde la Plaza Mayor.
+Enjabonáronle y restregáronle sin miramiento alguno, haciendo tanto caso
+de sus berridos como si fueran expresiones de alegría. Sólo Jacinta, más
+piadosa, agitaba el agua queriendo hacerle creer que aquello era muy
+divertido. Sacado al fin de aquel suplicio y bien envuelto en una sábana
+de baño, Jacinta le estrechó contra su seno diciéndole que ahora sí que
+estaba guapo. El calorcillo calmaba la irritación de sus chillidos,
+cambiándolos en sollozos, y la reacción, junto con la limpieza, le animó
+la cara, tiñéndosela de ese rosicler puro y celestial que tiene la
+infancia al salir del agua. Le frotaban para secarle y sus brazos
+torneados, su fina tez y hermosísimo cuerpo producían a cada instante
+exclamaciones de admiración. «¡Es un niño Jesús... es una divinidad este
+muñeco!».
+
+Después empezaron a vestirle. Una le ponía las medias, otra le entraba
+una camisa finísima. Al sentir la molestia del vestir volviole el mal
+humor, y trajéronle un espejo para que se mirara, a ver si el amor
+propio y la presunción acallaban su displicencia.
+
+«Ahora, a cenar... ¿Tienes ganita?».
+
+El _Pituso_ abría una boca descomunal y daba unos bostezos que eran la
+medida aproximada de su gana de comer.
+
+«Ay, ¡qué ganitas tiene el niño! Verás... Vas a comer cosas ricas...».
+
+--¡Patata!--gritó con ardor famélico.
+
+--¿Qué patatas, hombre? Mazapán, sopa de almendra...
+
+--¡Patata, hostia! --repitió él pataleando.
+
+--Bueno, patatitas, todo lo que tú quieras.
+
+Ya estaba vestido. La buena ropa le caía tan bien que parecía haberla
+usado toda su vida. No fue algazara la que armaron los niños de
+Villuendas cuando le vieron entrar en el cuarto donde tenían su
+nacimiento. Primero se sorprendieron en masa, después parecía que se
+alegraban; por fin determináronse los sentimientos de recelo y
+suspicacia. La familia menuda de aquella casa se componía de cinco
+cabezas, dos niñas grandecitas, hijas de la primera mujer de Ramón, y
+los tres hijos de Benigna, dos de los cuales eran varones.
+
+Juanín se quedó pasmado y lelo delante del nacimiento. La primera
+manifestación que hizo de sus ideas acerca de la libertad humana y de la
+propiedad colectiva consistió en meter mano a las velas de colores. Una
+de las niñas llevó tan a mal aquella falta de respeto, y dio unos
+chillidos tan fuertes que por poco se arma allí la de San Quintín.
+
+«¡Ay Dios mío! --exclamó Benigna--. Vamos a tener un disgusto con este
+salvajito...».
+
+--Yo le compraré a él muchas velas--afirmó Jacinta--. ¿Verdad, hijo, que
+tú quieres velas?
+
+Lo que él quería principalmente era que le llenaran la barriga, porque
+volvió a dar aquellos bostezos que partían el alma. «A comer, a comer»
+dijo Benigna, convocando a toda la tropa menuda. Y los llevó por delante
+como un hato de pavos. La comida estaba dispuesta para los niños, porque
+los papás cenarían aquella noche en casa del tío Cayetano.
+
+Jacinta se había olvidado de todo, hasta de marcharse a su casa, y no
+supo apreciar el tiempo mientras duró la operación de lavar y vestir al
+_Pituso_. Al caer en la cuenta de lo tarde que era, púsose
+precipitadamente el manto, y se despidió del _Pituso_, a quien dio
+muchos besos. «¡Qué fuerte te da, hija!» le dijo su hermana sonriendo.
+Y razón tenía hasta cierto punto, porque a Jacinta le faltaba poco para
+echarse a llorar.
+
+Y Barbarita, ¿qué había hecho en la mañana de aquel día 24? Veámoslo.
+Desde que entró en San Ginés, corrió hacia ella Estupiñá como perro de
+presa que embiste, y le dijo frotándose las manos: «Llegaron las ostras
+gallegas. ¡Buen susto me ha dado el salmón! Anoche no he dormido. Pero
+con seguridad le tenemos. Viene en el tren de hoy».
+
+Por más que el gran Rossini sostenga que aquel día oyó la misa con
+devoción, yo no lo creo. Es más; se puede asegurar que ni cuando el
+sacerdote alzaba en sus dedos al Dios sacramentado, estuvo Plácido tan
+edificante como otras veces, ni los golpes de pecho que se dio
+retumbaban tanto como otros días en la caja del tórax. El pensamiento se
+le escapaba hacia la liviandad de las compras, y la misa le pareció
+larga, tan larga, que se hubiera atrevido a decir al cura, en confianza,
+que se _menease_ más. Por fin salieron la señora y su amigo. Él se
+esforzaba en dar a lo que era gusto las apariencias del cumplimiento de
+un deber penoso. Se afanaba por todo, exagerando las dificultades. «Se
+me figura--dijo con el mismo tono que debe emplear Bismarck para decir
+al emperador Guillermo que desconfía de la Rusia--, que los pavos de la
+_escalerilla_ no están todo lo bien cebados que debíamos suponer. Al
+salir hoy de casa les he tomado el peso uno por uno, y francamente, mi
+parecer es que se los compremos a González. Los capones de este son muy
+ricos... También les tomé el peso. En fin, usted lo verá».
+
+Dos horas se llevaron en la calle de Cuchilleros, cogiendo y soltando
+animales, acosados por los vendedores, a quienes Plácido trataba a la
+baqueta. Echábaselas él de tener un pulso tan fino para apreciar el
+peso, que ni un adarme se le escapaba. Después de dejarse allí bastante
+dinero, tiraron para otro lado. Fueron a casa de Ranero para elegir
+algunas culebras del legítimo mazapán de Labrador, y aún tuvieron tela
+para una hora más. «Lo que la señora debía haber hecho hoy--dijo
+Estupiñá sofocado, y fingiéndose más sofocado de lo que estaba--, es
+traerse una lista de cosas, y así no se nos olvidaba nada».
+
+Volvieron a la casa a las diez y media, porque Barbarita quería
+enterarse de cómo había pasado su hijo la noche, y entonces fue cuando
+Jacinta reveló lo del _Pituso_ a su mamá política, quedándose esta tan
+sorprendida como poco entusiasmada, según antes se ha dicho. Sin cuidado
+ya con respecto a Juan, que estaba aquel día mucho mejor, doña Bárbara
+volvió a echarse a la calle con su escudero y canciller. Aún faltaban
+algunas cosillas, la mayor parte de ellas para regalar a deudos y amigos
+de la familia. Del pensamiento de la gran señora no se apartaba lo que
+su nuera le había dicho. ¿Qué casta de nieto era aquel? Porque la cosa
+era grave... ¡Un hijo del Delfín! ¿Sería verdad? Virgen Santísima, ¡qué
+novedad tan estupenda! ¡Un nietecito por detrás de la Iglesia! ¡Ah!,
+las resultas de los devaneos de marras... Ella se lo temía... Pero ¿y si
+todo era hechura de la imaginación exaltada de Jacinta y de su angelical
+corazón? Nada, nada, aquella misma noche al acostarse, le había de
+contar todo a Baldomero.
+
+Nuevas compras fueron realizadas en aquella segunda parte de la mañana,
+y cuando regresaban, cargados ambos de paquetes, Barbarita se detuvo en
+la plazuela de Santa Cruz, mirando con atención de compradora los
+nacimientos. Estupiñá se echaba a discurrir, y no comprendía por qué la
+señora examinaba con tanto interés los puestos, estando ya todos los
+chicos de la parentela de Santa Cruz _surtidos de aquel artículo_.
+Creció el asombro de Plácido cuando vio que la señora, después de tratar
+como en broma un portal de los más bonitos, lo compró. El respeto selló
+los labios del amigo, cuando ya se desplegaban para decir: «¿Y para
+quién es este Belén, señora?».
+
+La confusión y curiosidad del anciano llegaron al colmo cuando
+Barbarita, al subir la escalera de la casa, le dijo con cierto misterio:
+«Dame esos paquetes, y métete este armatoste debajo de la capa. Que no
+lo vea nadie cuando entremos». ¿Qué significaban estos tapujos?
+¡Introducir un Belén cual si fuera matute! Y como expertísimo
+contrabandista, hizo Plácido su alijo con admirable limpieza. La señora
+lo tomó de sus manos, y llevándolo a su alcoba con minuciosas
+precauciones para que de nadie fuera visto, lo escondió, bien cubierto
+con un pañuelo, en la tabla superior de su armario de luna.
+
+Todo el resto del día estuvo la insigne dama muy atareada, y Estupiñá
+saliendo y entrando, pues cuando se creía que no faltaba nada, salíamos
+con que se había olvidado lo más importante. Llegada la noche, inquietó
+a Barbarita la tardanza de Jacinta, y cuando la vio entrar fatigadísima,
+el vestido mojado y toda hecha una lástima, se encerró un instante con
+ella, mientras se mudaba, y le dijo con severidad:
+
+«Hija, pareces loca... Vaya por dónde te ha dado... por traerme nietos a
+casa... Esta tarde tuve la palabra en la boca para contarle a Baldomero
+tu calaverada; pero no me atreví... Ya debes suponer si la cosa me
+parece grave...».
+
+Era crueldad expresarse así, y debía mi señora doña Bárbara considerar
+que allá se iban compras con compras y manías con manías. Y no paró aquí
+el réspice, pues a renglón seguido vino esta observación, que dejó
+helada a la infeliz Jacinta: «Doy de barato que ese muñeco sea mi nieto.
+Pues bien: ¿no se te ocurre que el trasto de su madre puede reclamarlo
+y metemos en un pleitazo que nos vuelva locos?».
+
+--¿Cómo lo ha de reclamar si lo abandonó?--contestó la otra sofocada,
+queriendo aparentar un gran desprecio de las dificultades.
+
+--Sí, fíate de eso... Eres una inocente.
+
+--Pues si lo reclama, no se lo daré--manifestó Jacinta con una
+resolución que tenía algo de fiereza--. Diré que es hijo mío, que le he
+parido yo, y que prueben lo contrario... a ver, que me lo prueben.
+
+Exaltada y fuera de sí, Jacinta, que se estaba vistiendo a toda prisa,
+soltó la ropa para darse golpes en el pecho y en el vientre. Barbarita
+quiso ponerse seria; pero no pudo.
+
+«No, tú eres la que tienes que probar que lo has parido... Pero no
+pienses locuras, y tranquilízate ahora, que mañana hablaremos».
+
+--¡Ay, mamá!--dijo la nuera enterneciéndose--. ¡Si usted le viera...!
+
+Barbarita, que ya tenía la mano en el llamador de la puerta para
+marcharse, volvió junto a su nuera para decirle: «¿Pero se parece?...
+¿Estás segura de que se parece?...».
+
+--¿Quiere usted verlo?, sí o no.
+
+--Bueno, hija, le echaremos un vistazo... No es que yo crea... Necesito
+pruebas; pero pruebas muy claritas... No me fío yo de un parecido que
+puede ser ilusorio, y mientras Juan no me saque de dudas seguiré
+creyendo que a donde debe ir tu _Pituso_ es a la Inclusa.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+¡Excelente y alegre cena la de aquella noche en casa de los opulentos
+señores de Santa Cruz! Realmente no era cena sino comida retrasada, pues
+no gustaba la familia de trasnochar, y por tanto, caía dentro de la
+jurisdicción de la vigilia más rigurosa. Los pavos y capones eran para
+los días siguientes, y aquella noche cuanto se sirvió en la mesa
+pertenecía a los reinos de Neptuno. Sólo se sirvió carne a Juan, que
+estaba ya mejor y pudo ir a la mesa. Fue verdadero festín de cardenales,
+con desmedida abundancia de peces, mariscos y de cuanto cría la mar,
+todo tan por lo fino y tan bien aderezado y servido que era una gloria.
+Veinticinco personas había en la mesa, siendo de notar que el conjunto
+de los convidados ofrecía perfecto muestrario de todas las clases
+sociales. La enredadera de que antes hablé había llevado allí sus
+vástagos más diversos. Estaba el marqués de Casa-Muñoz, de la
+aristocracia monetaria, y un Álvarez de Toledo, hermano del duque de
+Gravelinas, de la aristocracia antigua, casado con un Trujillo.
+Resultaba no sé qué irónica armonía de la conjunción aquella de los dos
+nobles, oriundo el uno del gran Alba, y el otro sucesor de D. Pascual
+Muñoz, dignísimo ferretero de la calle de Tintoreros. Por otro lado nos
+encontramos con Samaniego, que era casi un hortera, muy cerca de
+Ruiz-Ochoa, o sea la alta banca. Villalonga representaba el Parlamento,
+Aparisi el Municipio, Joaquín Pez el Foro, y Federico Ruiz representaba
+muchas cosas a la vez: la Prensa, las Letras, la Filosofía, la Crítica
+musical, el Cuerpo de Bomberos, las Sociedades Económicas, la
+Arqueología y los Abonos químicos. Y Estupiñá, con su levita nueva de
+paño fino, ¿qué representaba? El comercio antiguo, sin duda, las
+tradiciones de la calle de Postas, el contrabando, quizás _la religión
+de nuestros mayores_, por ser hombre tan sinceramente piadoso. D. Manuel
+Moreno Isla no fue aquella noche; pero sí Arnaiz el gordo, y Gumersindo
+Arnaiz, con sus tres pollas, Barbarita II, Andrea e Isabel; mas a sus
+tres hermanas eclipsaba Jacinta, que estaba guapísima, con un vestido
+muy sencillo de rayas negras y blancas sobre fondo encarnado. También
+Barbarita tenía buen ver. Desde su asiento al extremo de la mesa,
+Estupiñá la flechaba con sus miradas, siempre que corrían de boca en
+boca elogios de aquellos platos tan ricos y de la variedad inaudita de
+pescados. El gran Rossini, cuando no miraba a su ídolo, charlaba sin
+tregua y en voz baja con sus vecinos, volviendo inquietamente a un lado
+y otro su perfil de cotorra.
+
+Nada ocurrió en la cena digno de contarse. Todo fue alegría sin nubes, y
+buen apetito sin ninguna desazón. El pícaro del Delfín hacía beber a
+Aparisi y a Ruiz para que se alegraran, porque uno y otro tenían un vino
+muy divertido, y al fin consiguió con el _Champagne_ lo que con el
+Jerez no había conseguido. Aparisi, siempre que se ponía peneque,
+mostraba un entusiasmo exaltado por las glorias nacionales. Sus
+_jumeras_ eran siempre una fuerte emersión de lágrimas patrióticas,
+porque todo lo decía llorando. Allí brindó por _los héroes de
+Trafalgar_, por _los héroes del Callao_ y por otros muchos héroes
+marítimos; pero tan conmovido el hombre y con los músculos olfatorios
+tan respingados, que se creería que Churruca y Méndez Núñez eran sus
+papás y que olían muy mal. A Ruiz también le daba por el patriotismo y
+por los héroes; pero inclinándose a lo terrestre y empleando un cierto
+tono de fiereza. Allí sacó a Tetuán y a Zaragoza poniendo al extranjero
+como chupa de dómine, diciendo, en fin, que _nuestro porvenir está en
+África_, y que el Estrecho es un arroyo español. De repente levantose
+Estupiñá el grande, copa en mano, y no puede formarse idea de la
+expectación y solemnísimo silencio que precedieron a su breve discurso.
+Conmovido y casi llorando, aunque no estaba _ajumao_, brindó por la
+noble compañía, por los nobles señores de la casa y por... aquí una
+pausa de emoción y una cariñosa mirada a Jacinta... y porque la noble
+familia tuviera pronto sucesión, como él esperaba... y sospechaba... y
+creía.
+
+Jacinta se puso muy colorada, y todos, todos los presentes, incluso el
+Delfín, celebraron mucho la gracia. Después hubo gran tertulia en el
+salón; pero poco después de las doce se habían retirado todos. Durmió
+Jacinta sin sosiego, y a la mañana siguiente, cuando su marido no había
+despertado aún, salió para ir a misa. Oyola en San Ginés, y después fue
+a casa de Benigna, donde encontró escenas de desolación. Todos los
+sobrinitos estaban alborotados, inconsolables, y en cuanto la vieron
+entrar corrieron hacia ella pidiendo justicia. ¡Vaya con lo que había
+hecho Juanín!... ¡Ahí era nada en gracia de Dios! Empezó por arrancarles
+la cabeza a las figuras del nacimiento... y lo peor era que se reía al
+hacerlo, como si fuera una gracia. ¡Vaya una gracia! Era un
+sinvergüenza, un desalmado, un asesino. Así lo atestiguaban Isabel,
+Paquito y los demás, hablando confusa y atropelladamente, porque la
+indignación no les permitía expresarse con claridad. Disputábanse la
+palabra y se cogían a la tiita, empinándose sobre las puntas de los
+pies. Pero ¿dónde estaba el muy bribón? Jacinta vio aparecer su cara
+inteligente y socarrona. Cuando él la vio, quedose algo turbado, y se
+arrimó a la pared. Acercósele Jacinta, mostrándole severidad y
+conteniendo la risa... pidiole cuentas de sus horribles crímenes.
+¡Arrancar la cabeza a las figuras!... Escondía el
+_Pituso_ la cara muy avergonzado, y se metía el dedo en la nariz... La
+mamá adoptiva no había podido obtener de él una respuesta, y las
+acusaciones rayaban en frenesí. Se le echaban en cara los delitos más
+execrables, y se hacía burla de él y de sus hábitos groseros.
+
+«Tiita, ¿no sabes? --decía Ramona riendo--. Se come las cáscaras de
+naranja...».
+
+--¡Cochino! Otra voz infantil atestiguó con la mayor solemnidad que
+había visto más. Aquella mañana, Juanín estaba en la cocina royendo
+cáscaras de patata. Esto sí que era marranada.
+
+Jacinta besó al delincuente, con gran estupefacción de los otros chicos.
+
+«Pues tienes bonito el delantal». Juanín tenía el delantal como si
+hubiera estado fregando los suelos con él. Toda la ropa estaba
+igualmente sucia.
+
+--Tiita--le dijo Isabelita haciéndose la ofendida--.
+
+Si vieras... No hace más que arrastrarse por los suelos y dar coces
+como los burros. Se va a la basura y coge los puñados de ceniza para
+echárnosla por la cara...
+
+Entró Benigna, que venía de misa, y corroboró todas aquellas denuncias,
+aunque con tono indulgente.
+
+«Hija, no he visto un salvaje igual. El pobrecito... bien se ve entre
+qué gentes se ha criado».
+
+--Mejor... Así le domesticaremos.
+
+--¡Qué palabrotas dice!... ¡Ramón se ha reído más...! No sabes la gracia
+que le hace su lengua de arriero. Anoche nos dio malos ratos, porque
+llamaba a su _Pae Pepe_ y se acordaba de la pocilga en que ha vivido...
+¡Pobrecito! Esta mañana se me orinó en la sala. Llegué yo y me lo
+encontré con las enaguas levantadas... Gracias que no se le antojó
+hacerlo sobre el _puff_... lo hizo en la coquera... He tenido que cerrar
+la sala, porque me destrozaba todo. ¿Has visto cómo ha puesto el
+nacimiento? A Ramón le hizo muchísima gracia... y salió a comprar más
+figuras; porque si no, ¿quién aguanta a esta patulea? No puedes
+figurarte la que se armó aquí anoche. Todos llorando en coro, y el otro
+cogiendo figuras y estrellándolas contra el suelo.
+
+--¡Pobrecillo!--exclamó Jacinta prodigando caricias a su hijo adoptivo y
+a todos los demás, para evitar una tempestad de celos--. ¿Pero no veis
+que él se ha criado de otra manera que vosotros? Ya irá aprendiendo a
+ser fino. ¿Verdad, hijo mío? (Juan decía que sí con la cabeza y
+examinaba un pendiente de Jacinta)... Sí; pero no me arranques la
+oreja... Es preciso que todos seáis buenos amiguitos, y que os llevéis
+como hermanos. ¿Verdad, Juan, que tú no vuelves a romper las figuras?...
+¿Verdad que no? Vaya, él es formal. Ramoncita, tú que eres la mayor,
+enséñale en vez de reñirle.
+
+--Es muy fresco: también se quería comer una vela--dijo Ramoncita
+implacable.
+
+--Las velas no se comen, no. Son para encenderlas... Veréis qué pronto
+aprende él todas las cosas... Si creeréis que no tiene talento.
+
+--No hay medio de hacerle comer más que con las manos--apuntó Benigna
+riendo.
+
+--Pero mujer, ¿cómo quieres que sepa...? Si en su vida ha visto él un
+tenedor... Pero ya aprenderá... ¿No observas lo listo que es?
+
+Villuendas entró con las figuras.
+
+«Vaya, a ver si estas se salvan de la guillotina».
+
+Mirábalas el _Pituso_ sonriendo con malicia, y los demás niños se
+apoderaron de ellas, tomando todo género de precauciones para librarlas
+de las manos destructoras del salvaje, que no se apartaba de su madre
+adoptiva. El instinto, fuerte y precoz en las criaturas como en los
+animalitos, le impulsaba a pegarse a Jacinta y a no apartarse de ella
+mientras en la casa estaba...
+
+Era como un perrillo que prontamente distingue a su amo entre todas las
+personas que le rodean, y se adhiere a él y le mima y acaricia.
+
+Creíase Jacinta madre, y sintiendo un placer indecible en sus entrañas,
+estaba dispuesta a amar a aquel pobre niño con toda su alma. Verdad que
+era hijo de otra. Pero esta idea, que se interponía entre su dicha y
+Juanín, iba perdiendo gradualmente su valor. ¿Qué le importaba que fuera
+hijo de otra? Esa otra quizá había muerto, y si vivía lo mismo daba,
+porque le había abandonado. Bastábale a Jacinta que fuera hijo de su
+marido para quererle ciegamente. ¿No quería Benigna a los hijos de la
+primera mujer de su marido como si fueran hijos suyos? Pues ella quería
+a Juanín como si le hubiera llevado en sus entrañas. ¡Y no había más que
+hablar! Olvido de todo, y nada de celos retrospectivos. En la excitación
+de su cariño, la dama acariciaba en su mente un plan algo atrevido. «Con
+ayuda de Guillermina--pensaba--, voy a hacer la pamema de que he sacado
+este niño de la Inclusa, para que en ningún tiempo me lo puedan quitar.
+Ella lo arreglará, y se hará un documento en toda regla... Seremos
+falsarias y Dios bendecirá nuestro fraude».
+
+Le dio muchos besos, recomendándole que fuera bueno, y no hiciese
+porquerías. Apenas se vio Juanín en el suelo, agarró el bastón de
+Villuendas y se fue derecho hacia el nacimiento en la actitud más
+alarmante. Villuendas se reía sin atajarle, gritando: «¡Adiós, mi
+dinero!, ¡eh!... ¡socorro!, ¡guardias...!».
+
+Chillido unánime de espanto y desolación llenó la casa. Ramoncita
+pensaba seriamente en que debía llamarse a la Guardia Civil.
+
+«Pillo, ven acá; eso no se hace» gritó Jacinta corriendo a sujetarle.
+
+Una cosa agradaba mucho a la joven. Juanín no obedecía a nadie más que a
+ella. Pero la obedecía a medias, mirándola con malicia, y suspendiendo
+su movimiento de ataque.
+
+«Ya me conoce--pensaba ella--. Ya sabe que soy su mamá, que lo seré de
+veras... Ya, ya le educaré yo como es debido».
+
+Lo más particular fue que cuando se despidió, el _Pituso_ quería irse
+con ella. «Volveré, hijo de mi alma, volveré... ¿Veis cómo me quiere?,
+¿lo veis?... Con que portarse bien todos, y no regañar. Al que sea malo,
+no le quiero yo...».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+No se le cocía el pan a Barbarita hasta no aplacar su curiosidad viendo
+aquella alhaja que su hija le había comprado, un nieto. Fuera este
+apócrifo o verdadero, la señora quería conocerle y examinarle; y en
+cuanto tuvo Juan compañía, buscaron suegra y nuera un pretexto para
+salir, y se encaminaron a la morada de Benigna. Por el camino, Jacinta
+exploró otra vez el ánimo de su tía, esperando que se hubieran disipado
+sus prevenciones; pero vio con mucho disgusto que Barbarita continuaba
+tan severa y suspicaz como el día precedente. «A Baldomero le ha sabido
+esto muy mal. Dice que es preciso garantías... y, francamente, yo creo
+que has obrado muy de ligero...».
+
+Cuando entró en la casa y vio al _Pituso_, la severidad, lejos de
+disminuir, parecía más acentuada. Contempló Barbarita sin decir palabra
+al que le presentaban como nieto, y después miró a su nuera, que estaba
+en ascuas, con un nudo muy fuerte en la garganta. Mas de repente, y
+cuando Jacinta se disponía a oír denegaciones categóricas, la abuela
+lanzó una fuerte exclamación de alegría, diciendo así:
+
+«¡Hijo de mi alma!... ¡amor mío!, ven, ven a mis brazos».
+
+Y lo apretó contra sí tan enérgicamente, que el _Pituso_ no pudo menos
+de protestar con un chillido.
+
+«¡Hijo mío!... corazón... gloria, ¡qué guapo eres!... Rico, tesoro; un
+beso a tu abuelita».
+
+--¿Se parece?--preguntó Jacinta no pudiendo expresarse bien, porque se
+le caía la baba, como vulgarmente se dice.
+
+--¡Que si se parece! --observó Barbarita tragándole con los ojos--.
+Clavado, hija, clavado... ¿Pero qué duda tiene? Me parece que estoy
+mirando a Juan cuando tenía cuatro años.
+
+Jacinta se echó a llorar. «Y por lo que hace a esa fantasmona...--agregó
+la señora examinando más las facciones del chico--, bien se le conoce en
+este espejo que es guapa... Es una perfección este niño».
+
+Y vuelta a abrazarle y a darle besos.
+
+«Pues nada, hija --añadió después con resolución--, a casa con él».
+
+Jacinta no deseaba otra cosa. Pero Barbarita corrigió al instante su
+propia espontaneidad, diciendo: «No... no nos precipitemos. Hay que
+hablar antes a tu marido. Esta noche sin falta se lo dices tú, y yo me
+encargo de volver a tantear a Baldomero... Si es clavado, pero
+clavado...».
+
+--¡Y usted que dudaba! --Qué quieres... Era preciso dudar, porque estas
+cosas son muy delicadas. Pero la procesión me andaba por dentro.
+¿Creerás que anoche he soñado con este muñeco? Ayer, sin saber lo que
+hacía compré un nacimiento. Lo compré maquinalmente, por efecto de un no
+sé qué... mi resabio de compras movido del pensamiento que me dominaba.
+
+--Bien sabía yo que usted cuando le viera...
+
+--¡Dios mío! ¡Y las tiendas cerradas hoy!--exclamó Barbarita en tono de
+consternación--. Si estuvieran abiertas, ahora mismo le compraba un
+vestidito de marinero con su gorra en que diga: _Numancia_. ¡Qué bien le
+estará! Hijo de mi corazón, ven acá... No te me escapes; si te quiero
+mucho, ¡si soy tu abuelita...! Me dicen estos tontainas que has roto el
+camello del Rey negro. Bien, vida mía, bien roto está. Ya le compraré yo
+a mi niño una gruesa de camellos y de reyes negros, blancos y de todos
+los colores.
+
+Jacinta tenía ya celos. Pero consolábase de ellos viendo que Juanín no
+quería estar en el regazo de su abuela y se deslizaba de los brazos de
+esta para buscar los de su mamá verdadera. En aquel punto de la escena
+que se describe, empezaron de nuevo las acusaciones y una serie de
+informes sobre los distintos actos de barbarie consumados por Juanín.
+Los cinco fiscales se enracimaban en torno a las dos damas, formulando
+cada cual su queja en los términos más difamatorios. ¡Válganos Dios lo
+que había hecho! Había cogido una bota de Isabelita y tirádola dentro de
+la jofaina llena de agua para que nadase como un pato. «¡Ay, qué rico!»
+clamaba Barbarita comiéndosele a besos. Después se había quitado su
+propio calzado, porque era un marrano que gustaba de andar descalzo con
+las patas sobre el suelo. «¡Ay, qué rico!...». Quitose también las
+medias y echó a correr detrás del gato, cogiéndolo por el rabo y dándole
+muchas vueltas... Por eso estaba tan mal humorado el pobre animalito...
+Luego se había subido a la mesa del comedor para pegarle un palo a la
+lámpara... «¡Ay, qué rico!».
+
+«¡Cuidado que es desgracia!--repitió la señora de Santa Cruz dando un
+gran suspiro--, ¡las tiendas cerradas hoy!... Porque es preciso
+comprarle ropita, mucha ropita... Hay en casa de Sobrino unas medidas de
+colores y unos trajecitos de punto que son una preciosidad... Ángel,
+ven, ven con tu abuelita... ¡Ah!, ya conoce el muy pillo lo que has
+hecho por él, y no quiere estar con nadie más que contigo».
+
+--Ya lo creo...--indicó Jacinta con orgullo--. Pero no; él es bueno
+¿sí?, y quiere también a su abuelita, ¿verdad?
+
+Al retirarse, iban por la calle tan desatinadas la una como la otra. Lo
+dicho dicho: aquella misma noche hablarían las dos a sus respectivos
+maridos.
+
+Aquel día, que fue el 25, hubo gran comida, y Juanito se retiró temprano
+de la mesa muy fatigado y con dolor de cabeza. Su mujer no se atrevió a
+decirle nada, reservándose para el día siguiente. Tenía bien preparado
+todo el discurso, que confiaba en pronunciarlo entero sin el menor
+tropiezo y sin turbarse. El 26 por la mañana entró D. Baldomero en el
+cuarto de su hijo cuando este se acababa de levantar, y ambos estuvieron
+allí encerrados como una media hora. Las dos damas esperaban ansiosas en
+el gabinete el resultado de la conferencia, y las impresiones de
+Barbarita no tenían nada de lisonjeras: «Hija, Baldomero no se nos
+presenta muy favorable. Dice que es necesario probarlo... ya ves tú,
+probarlo; y que eso del parecido será ilusión nuestra... Veremos lo que
+dice Juan».
+
+Tan anhelantes estaban las dos, que se acercaron a la puerta de la
+alcoba por ver si pescaban alguna sílaba de lo que el padre y el hijo
+hablaban. Pero no se percibía nada. La conversación era sosegada, y a
+veces parecía que Juan se reía. Pero estaba de Dios que no pudieran
+salir de aquella cruel duda tan pronto como deseaban. Pareció que el
+mismo demonio lo hizo, porque en el momento de salir D. Baldomero del
+cuarto de su hijo, he aquí que se presentan en el despacho Villalonga y
+Federico Ruiz. El primero cayó sobre Santa Cruz para hablarle de los
+préstamos al Tesoro que hacía con dinero suyo y ajeno, ganándose el
+ciento por ciento en pocos meses, y el segundo se metió de rondón en el
+cuarto del Delfín. Jacinta no pudo hablar con este; pero se sorprendió
+mucho de verle risueño y de la mirada maliciosa y un tanto burlona que
+su marido le echó.
+
+Fueron todos a almorzar y el misterio continuaba. Cuenta Jacinta que
+nunca como en aquella ocasión sintió ganas de dar a una persona de
+bofetadas y machacarla contra el suelo. Hubiera destrozado a Federico
+Ruiz, cuya charla insustancial y mareante, como zumbido de abejón, se
+interponía entre ella y su marido. El maldito tenía en aquella época la
+demencia de _los castillos_; estaba haciendo averiguaciones sobre todos
+los que en España existen más o menos ruinosos, para escribir una gran
+obra heráldica, arqueológica y de castrametación sentimental, que aunque
+estuviese bien hecha no había de servir para nada. Mareaba a Cristo con
+sus aspavientos por si tales o cuales ruinas eran bizantinas, mudéjares
+o lombardas con influencia mozárabe y perfiles románicos. «¡Oh!, ¡el
+castillo de Coca!, ¿pues y el de Turégano?... Pero ninguno llegaba a los
+del Bierzo... ¡Ah!, ¡el Bierzo!... la riqueza que hay en ese país es un
+asombro». Luego resultaba que la tal _riqueza_ era de muros
+despedazados, de aleros podridos y de bastiones que se caían piedra a
+piedra. Ponía los ojos en blanco, las manos en cruz y los hombros a la
+altura de las orejas para decir: «hay una ventana en el Castillo de
+Ponferrada que... vamos... no puedo expresar lo que es aquello...».
+Creeríase que por la tal ventana se veía al Padre Eterno y a toda la
+Corte Celestial. «Caramba con la ventana--pensaba Jacinta, a quien le
+estaba haciendo daño el almuerzo--. Me gustaría de veras si sirviera
+para tirarte por ella a la calle con todos tus condenados castillos».
+
+Villalonga y D. Baldomero no prestaban ni pizca de atención a los
+entusiasmos de su insufrible amigo, y se ocupaban en cosas de más
+sustancia.
+
+«Porque, figúrese usted... el Director del Tesoro acepta el préstamo en
+consolidado que está a 13... y extiende el pagaré por todo el valor
+nominal... al interés del 12 por 100. Usted vaya atando cabos...».
+
+--Es escandaloso... ¡Pobre país!...
+
+Un instante se vieron solos Juanito y su mujer, y pudieron decirse
+cuatro palabras. Jacinta quiso hacerle una pregunta que tenía preparada;
+pero él se anticipó dejándola yerta con esta cruelísima frase, dicha en
+tono cariñoso: «Nena, ven acá, ¿con que hijitos tenemos?».
+
+Y no era posible explicarse más, porque la tertulia se enzarzó y
+vinieron otros amigos que empezaron a reír y a bromear, tomándole el
+pelo a Federico Ruiz con aquello de los castillos y preguntándole con
+seriedad si los había estudiado todos sin que se le escapase alguno en
+la cuenta. Después la conversación recayó en la política. Jacinta estaba
+desesperada, y en los ratos que podía cambiar una palabrita con su
+suegra, esta poníale una cara muy desconsolada, diciéndole: «Mal
+negocio, hija, mal negocio».
+
+Por la noche, comensales otra vez, y luego tertulia y mucha gente. Hasta
+las doce duró aquel martirio. Se marcharon al fin uno a uno.
+
+Jacinta les hubiera echado, abriendo todas las ventanas y sacudiéndoles
+con una servilleta, como se hace con las moscas. Cuando su marido y
+ella se quedaron solos, parecíale la casa un paraíso; pero sus
+ansiedades eran tan grandes que no podía saborear el dulce aislamiento.
+¡Solos en la alcoba! Al fin...
+
+Juan cogió a su mujer cual si fuera una muñeca, y le dijo:
+
+«Alma mía, tus sentimientos son de ángel; pero tu razón, allá por esas
+nubes, se deja alucinar. Te han engañado; te han dado un soberbio timo».
+
+--Por Dios, no me digas eso --murmuró Jacinta, después de una pausa en
+que quiso hablar y no pudo.
+
+--Si desde el principio hubieras hablado conmigo...--añadió el Delfín
+muy cariñoso--. Pero aquí tienes el resultado de tus tapujos... ¡Ah, las
+mujeres!, todas ellas tienen una novela en la cabeza, y cuando lo que
+imaginan no aparece en la vida, que es lo más común, sacan su
+composicioncita.
+
+Estaba la infeliz tan turbada que no sabía qué decir: «Ese José
+Izquierdo...».
+
+--Es un tunante. Te ha engañado de la manera más chusca... Sólo tú, que
+eres la misma inocencia puedes caer en redes tan mal urdidas... Lo que
+me espanta es que Izquierdo haya podido tener ideas... Es tan bruto;
+pero tan bruto, que en aquella cabeza no cabe una invención de esta
+clase. Por lo bestia que es, parece honrado sin serlo. No, no discurrió
+él tan gracioso timo. O mucho me engaño, o esto salió de la cabeza de un
+novelista que se alimenta con judías.
+
+--El pobre Ido es incapaz... --De engañar a sabiendas, eso sí. Pero no
+te quepa duda. La primitiva idea de que ese niño es mi hijo debió ser
+suya. La concebiría como sospecha, como inspiración
+artístico-flatulenta, y el otro se dijo: «Pues toma, aquí hay un
+negocio». Lo que es a _Platón_ no se le ocurre; de eso estoy seguro.
+
+Jacinta, anonadada, quería defender su tema a todo trance. «Juanín es tu
+hijo, no me lo niegues» replicó llorando.
+
+--Te juro que no... ¿Cómo quieres que te lo jure?... ¡Ay Dios mío!,
+ahora se me está ocurriendo que ese pobre niño es el hijo de la hijastra
+de Izquierdo. ¡Pobre Nicolasa! Se murió de sobreparto. Era una excelente
+chica. Su niño tiene, con diferencia de tres meses, la misma edad que
+tendría el mío si viviese.
+
+--¡Si viviese! --Si viviese... sí... Ya ves cómo te canto claro. Esto
+quiere decir que no vive.
+
+--No me has hablado nunca de eso --declaró severamente Jacinta--. Lo
+último que me contaste fue... qué sé yo... No me gusta recordar esas
+cosas. Pero se me vienen al pensamiento sin querer. «No la vi más, no
+supe más de ella; intenté socorrerla y no la pude encontrar». A ver,
+¿fue esto lo que me dijiste?
+
+--Sí, y era la verdad, la pura verdad. Pero más adelante hay otro
+episodio, del cual no te he hablado nunca, porque no había para qué.
+Cuando ocurrió, hacía ya un año que estábamos casados; vivíamos en la
+mejor armonía... Hay ciertas cosas que no se deben decir a una esposa.
+Por discreta y prudente que sea una mujer, y tú lo eres mucho, siempre
+alborota algo en tales casos; no se hace cargo de las circunstancias, ni
+se fija en los móviles de las acciones. Entonces callé, y creo
+firmemente que hice bien en callar. Lo que pasó no es desfavorable para
+mí. Podía habértelo dicho; pero ¿y si lo interpretabas mal? Ahora ha
+llegado la ocasión de contártelo, y veremos qué juicio formas. Lo que sí
+puedo asegurarte es que ya no hay más. Esto que te voy a decir es el
+último párrafo de una historia que te he referido por entregas. Y se
+acabó. Asunto agotado... Pero es tarde, hija mía, nos acostaremos,
+dormiremos y mañana...
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+«No, no, no--gritó Jacinta más bien airada que impaciente--. Ahora
+mismo... ¿Crees que yo puedo dormir en esta ansiedad?».
+
+--Pues lo que es yo, chiquilla, me acuesto--dijo el Delfín,
+disponiéndose a hacerlo--. Si creerás tú que te voy a revelar algo que
+pone los pelos de punta. ¡Si no es nada...!, te lo cuento porque es la
+prueba de que te han engañado. Veo que pones una cara muy tétrica. Pues
+si no fuera porque el lance es bastante triste, te diría que te
+rieras... ¡Te has de quedar más convencida...! Y no te apures por la
+_plancha_, hija. Ahí tienes lo que las personas sacan de ser demasiado
+buenas. Los ángeles, como que están acostumbrados a volar, no andan por
+la tierra sin dar un traspié a cada paso.
+
+Se había acostumbrado de tal modo Jacinta a la idea de hacer suyo a
+Juanín, de criarle y educarle como hijo, que le lastimaba al sentirlo
+arrancado de sí por una prueba, por un argumento en que intervenía la
+aborrecida mujer aquella cuyo nombre quería olvidar. Lo más particular
+era que seguía queriendo al _Pituso_, y que su cariño y su amor propio
+se sublevaban contra la idea de arrojarle a la calle. No le abandonaría
+ya, aunque su marido, su suegra y el mundo entero se rieran de ella y la
+tuvieran por loca y ridícula.
+
+«Y ahora--siguió Santa Cruz, muy bien empaquetado entre sus sábanas--,
+despídete de tu novela, de esa grande invención de dos ingenios, Ido del
+Sagrario y José Izquierdo... Vamos allá... Lo último que te dije
+fue...».
+
+--Fue que se había marchado de Madrid y que no pudiste averiguar a
+dónde. Esto me lo contaste en Sevilla.
+
+--¡Qué memoria tienes! Pues pasó tiempo, y al año de casados, un día, de
+repente, plaf... entras tú en mi cuarto y me das una carta.
+
+--¿Yo? --Sí, una cartita que trajeron para mí. La abro, me quedo así un
+poco atontado... Me preguntas qué es, y te digo: «Nada, es la madre del
+pobre Valledor que me pide una recomendación para el alcalde...». Cojo
+mi sombrero y a la calle.
+
+--¡Volvía a Madrid, te llamaba, te escribía!...--observó Jacinta,
+sentándose al borde del lecho, la mirada fija, apagada la voz.
+
+--Es decir, hacía que me escribieran, porque la pobrecilla no sabe...
+«Pues señor, no hay más remedio que ir allá». Cree que tu pobre marido
+iba de muy mal humor. No puedes figurarte lo que le molestaba la
+resurrección de una cosa que creía muerta y desaparecida para siempre.
+«¿Por dónde saldrá ahora?... ¿Para qué me llamará?». Yo decía también:
+«De fijo que hay muchacho por en medio». Esta sucesión me cargaba. «Pero
+en fin, ¡qué remedio!...» pensaba al subir por aquellas oscuras
+escaleras. Era una casa de la calle de Hortaleza, al parecer de
+huéspedes. En el bajo hay tienda de ataúdes. ¿Y qué era?, que la infeliz
+había venido a Madrid con su hijo, con el mío: ¿por qué no decirlo
+claro?, y con un hombre, el cual estaba muy mal de fondos, lo que no
+tiene nada de particular... Llegar y ponerse malo el pobre niño fue todo
+uno. Viose la pobre en un trance muy apurado. ¿A quién acudir? Era
+natural: a mí. Yo se lo dije. «Has hecho perfectamente...». La más negra
+era que el garrotillo le cogió al pobrecillo nene tan de filo, que
+cuando yo llegué... te va a dar mucha pena, como me la dio a mí... pues
+sí, cuando llegué, el pobre niño estaba expirando. Lo que yo le decía al
+verla hecha un mar de lágrimas: «¿Por qué no me avisaste antes?». Claro,
+yo habría llevado uno o dos buenos médicos y quién sabe, quién sabe si
+le hubiéramos salvado.
+
+Jacinta callaba. El terror no la dejaba articular palabra.
+
+«¿Y tú no lloraste?» fue lo primero que se le ocurrió decir.
+
+--Te aseguro que pasé un rato... ¡ay qué rato! ¡Y tener que disimular en
+casa delante de ti! Aquella noche ibas tú al Real. Yo fui también; pero
+te juro que en mi vida he sentido, como en aquella noche, la tristeza
+agarrada a mi alma. Tú no te acordarás... No sabías nada.
+
+--Y... --Y nada más. Le compré la cajita azul más bonita que había en la
+tienda de abajo, y se le llevó al cementerio en un carro de lujo con dos
+caballos empenachados, sin más compañía que la del hombre de Fortunata y
+el marido, o lo que fuera, de la patrona. En la Red de San Luis, mira lo
+que son las casualidades, me encontré a mamá... Díjome: «¡Qué pálido
+estás!». «Es que vengo de casa de Moreno Vallejo a quien le han cortado
+hoy la pierna». En efecto, le habían cortado la pierna, a consecuencia
+de la caída del caballo. Diciéndolo, miré desaparecer por la calle de
+la Montera abajo el carro con la cajita azul... ¡Cosas del mundo! Vamos
+a ver: si yo te hubiera contado esto, ¿no habrían sobrevenido mil
+disgustos, celos y cuestiones?
+
+--Quizás no--dijo la esposa dando un gran suspiro--. Según lo que venga
+detrás. ¿Qué pasó después?
+
+--Todo lo que sigue es muy soso. Desde que se dio tierra al pequeñuelo,
+yo no tenía otro deseo que ver a la madre tomando el portante. Puedes
+creérmelo: no me interesaba nada. Lo único que sentía era compasión por
+sus desgracias, y no era floja la de vivir con aquel bárbaro, un tiote
+grosero que la trataba muy mal y no la dejaba ni respirar. ¡Pobre mujer!
+Yo le dije, mientras él estaba en el cementerio: «¿Cómo es que vives con
+este animal y le aguantas?». Y respondiome: «No tengo más amparo que
+esta fiera. No le puedo ver; pero el agradecimiento...». Es triste cosa
+vivir de esta manera, aborreciendo y agradeciendo. Ya ves cuánta
+desgracia, cuánta miseria hay en este mundo, niña mía... Bueno, pues
+sigo diciéndote que aquella infeliz pareja me dio la gran jaqueca. El
+tal, que era mercachifle de estos que ponen puestos en las ferias,
+pretendía una plaza de contador de la depositaría de un pueblo.
+¡Valiente animal! Me atosigaba con sus exigencias, y aun con amenazas, y
+no tardé en comprender que lo que quería era sacarme dinero. La pobre
+Fortunata no me decía nada. Aquel bestia no le permitía que me viera y
+hablara sin estar él presente, y ella, delante de él, apenas alzaba del
+suelo los ojos; tan aterrorizada la tenía. Una noche, según me contó la
+patrona, la quiso matar el muy bruto. ¿Sabes por qué?, porque me había
+mirado. Así lo decía él... Me puedes creer, como esta es noche, que
+Fortunata no me inspiraba sino lástima. Se había desmejorado mucho de
+físico, y en lo espiritual no había ganado nada. Estaba flaca, sucia,
+vestía de pingos que olían mal, y la pobreza, la vida de perros y la
+compañía de aquel salvaje habíanle quitado gran parte de sus atractivos.
+A los tres días se me hicieron insoportables las exigencias de la fiera,
+y me avine a todo. No tuve más remedio que decir: «Al enemigo que huye,
+puente de plata»; y con tal de verles marchar, no me importaba el
+sablazo que me dieron. Aflojé los cuartos a condición de que se habían
+de ir inmediatamente. Y aquí paz y después gloria. Y se acabó mi cuento,
+niña de mi vida, porque no he vuelto a saber una palabra de aquel
+respetable tronco, lo que me llena de contento.
+
+Jacinta tenía su mirada engarzada en los dibujos de la colcha. Su marido
+le tomó una mano y se la apretó mucho. Ella no decía más que «¡Pobre
+
+_Pituso_, pobre Juanín!». De repente una idea hirió su mente como un
+latigazo, sacándola de aquel abatimiento en que estaba. Era la
+convicción última que se revolvía furiosa en las agonías del
+vencimiento. No existe nada que se resigne a morir, y el error es quizás
+lo que con más bravura se defiende de la muerte. Cuando el error se ve
+amenazado de esa ridiculez a que el lenguaje corriente da el nombre de
+_plancha_, hace desesperados esfuerzos, azuzado por el amor propio, para
+prolongar su existencia. De los escombros de sus ilusiones deshechas
+sacó, pues, Jacinta el último argumento, el último; pero lo esgrimió con
+brío, quizás por lo mismo que ya no tenía más. «Todo lo que has dicho
+será verdad: no lo pongo en duda. Pero yo no te digo sino una cosa: ¿Y
+el parecido?».
+
+Lo mismo fue oír esto el Delfín, que partirse de risa.
+
+«¡El parecido! Si no hay tal parecido ni lo puede haber. Sólo existe en
+tu imaginación. Los chicos de esa edad se parecen siempre a quien quiere
+el que los mira. Obsérvale bien ahora, examínale las facciones con
+imparcialidad, pero con imparcialidad y conciencia, ¿sabes?... y si
+después de esto sigues encontrando parecido, es que hay brujería en
+ello».
+
+Jacinta le contemplaba en su mente con aquella imparcialidad tan
+recomendada, y... la verdad... el parecido subsistía... aunque un
+poquillo borroso y desvaneciéndose por grados. En la desesperación de su
+inevitable derrota, encontró aún la dama otro argumento.
+
+«Tu mamá también le encontró un gran parecido».
+
+--Porque tú le calentaste la cabeza. Tú y mamá sois dos buenas
+maniáticas. Yo reconozco que en esta casa hace falta un chiquitín.
+También yo lo deseo tanto como vosotras; pero esto, hija de mi alma, no
+se puede ir a buscar a las tiendas, ni lo debe traer Estupiñá debajo de
+la capa, como las cajas de cigarros. El parecido, convéncete tontuela,
+no es más que la exaltación de tu pensamiento por causa de esa maldita
+novela del niño encontrado. Y puedes creerlo, si como historia el caso
+es falso, como novela es cursi. Si no, fíjate en las personas que te han
+ayudado al desarrollo de tu obra: Ido del Sagrario, un flatulento; José
+Izquierdo, un loco de la clase de cabellerías; Guillermina, una loca
+santa, pero loca al fin. Luego viene mamá, que al verte a ti chiflada,
+se chifla también. Su bondad le oscurece la razón, como a ti, porque
+sois tan buenas que a veces, créelo, es preciso ataros. No, no te rías;
+a las personas que son muy buenas, muy buenas, llega un momento en que
+no hay más remedio que atarlas.
+
+Jacinta le sonreía con tristeza, y su marido le hizo muchas caricias,
+afanándose por tranquilizarla. Tanto le rogó que se acostara, que al fin
+accedió a ello.
+
+«Mañana--dijo ella--, irás conmigo a verle».
+
+--A quién... ¿al chiquillo de Nicolasa?... ¡Yo!
+
+--Aunque no sea más que por curiosidad... Considéralo como una compra
+que hemos hecho las dos maniáticas. Si compráramos un perrito, ¿no
+querrías verle?
+
+--Bueno, pues iré. Falta que mamá me deje salir mañana... y bien podría,
+que este encierro me va cargando ya.
+
+Acostose Jacinta en su lecho, y al poco rato observó que su esposo
+dormía. Ella tenía poco sueño y pensaba en lo que acababa de oír. ¡Qué
+cuadro más triste y qué visión aquella de la miseria humana! También
+pensó mucho en el _Pituso_. «Se me figura que ahora le quiero más.
+¡Pobrecito, tan lindo, tan mono y no parecerse...! Pero si yo me
+confirmo en que se parece... ¡Que es ilusión! ¿Cómo ha de ser ilusión?
+No me vengan a mí con cuentos. Aquellos plieguecitos de la nariz cuando
+se ríe... aquel entrecejo...». Y así estuvo hasta muy tarde.
+
+El 28 por la mañana, ya de vuelta de misa, entró Barbarita en la alcoba
+del matrimonio joven a decirles que el día estaba muy bueno, y que el
+enfermo podía salir bien abrigado. «Os cogéis el coche y vais a dar una
+vuelta por el Retiro». Jacinta no deseaba otra cosa, ni el Delfín
+tampoco. Sólo que en vez de ir al Retiro, se personaron en casa de Ramón
+Villuendas. Hallábase este en el escritorio; pero cuando les vio entrar
+subió con ellos, deseando presenciar la escena del reconocimiento, que
+esperaba fuera patética y teatral. Mucho se pasmaron él y Benigna de que
+Juan viera al pequeñuelo con sosegada indiferencia, sin hacer ninguna
+demostración de cariño paternal.
+
+«Hola, barbián--dijo Santa Cruz sentándose y cogiendo al chico por ambas
+manos--. Pues es guapo de veras. Lástima que no sea nuestro... No te
+apures, mujer, ya vendrá el verdadero _Pituso_, el legítimo, de los
+propios cosecheros o de la propia tía Javiera».
+
+Benigna y Ramón miraban a Jacinta.
+
+«Vamos a ver--prosiguió el otro constituyéndose en tribunal--. Vengan
+ustedes aquí y digan imparcialmente, con toda rectitud y libertad de
+juicio, si este chico se parece a mí».
+
+Silencio. Lo rompió Benigna para decir:
+
+«Verdaderamente... yo... nunca encontré tal parecido».
+
+--¿Y tú?--preguntó Juan a Ramón.
+
+--Yo... pues digo lo mismo que Benigna.
+
+Jacinta no sabía disimular su turbación.
+
+«Ustedes dirán lo que quieran... pero yo... Es que no se fijan bien... Y
+en último caso, vamos a ver, ¿me negarán que es monísimo?».
+
+--¡Ah!, eso no... y que tiene que ser un gran pillete. Tiene a quien
+salir. Su padre fue primero empleado en el _gas_; después punto figurado
+en la casa de juego del _pulpitillo_.
+
+--¡Punto figurado! ¿Y qué es eso?
+
+--¡Oh!, una gran posición... El papá de este niño, si no me engaño, debe
+de estar ahora tomando aires en Ceuta.
+
+--Eso, eso no--indicó Jacinta con rabia--. ¿También quieres tú infamar a
+mi niño? Dámele acá... ¿No es verdad, hijo, que tu papá no...?
+
+Todos se echaron a reír. Consolábase ella de su desairada situación
+besándole y diciendo:
+
+«Mirad cómo me quiere. Pues no, no le abandono, aunque lo mande quien lo
+mande. Es mío».
+
+--Como que te ha costado tu dinero.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+El chico le echó los brazos al cuello y miró a los demás con rencor,
+como indignado de la nota infamante que se quería arrojar sobre su
+estirpe. Los otros niños se le llevaron para jugar, no sin que antes le
+hiciera Jacinta muchas carantoñas, por lo cual dijo Benigna que no
+_debía darle tan fuerte_.
+
+«Cállate tú... Digo que no le abandono. Me le llevaré a casa».
+
+--¿Estás loca? --insinuó el Delfín con severidad.
+
+--No, que estoy bien cuerda. --Vamos, ten discreción... No digo yo
+tampoco que se le eche a la calle; pero en el Hospicio, bien
+recomendado, no lo pasaría mal.
+
+--¡En el Hospicio! --exclamó Jacinta con la cara muy encendida--, ¡para
+que me le manden a los entierros... y le den de comer aquellas
+bazofias...!
+
+--¿Pero tú qué crees? Eres una criatura. ¿De dónde sacas que así se
+toman niños ajenos? Chica, chica, estás en pleno romanticismo.
+
+Benigna y su marido manifestaron con enérgicos signos de cabeza que
+aquello del romanticismo estaba muy bien dicho.
+
+«Pero si yo también le quiero proteger--afirmó Juan apreciando los
+sentimientos de su mujer y disculpando su exageración--. Ha sido una
+suerte para él haber caído en nuestras manos librándose de las de
+Izquierdo. Pero no disloquemos las ideas. Una cosa es protegerle y otra
+llevárnosle a casa. Aunque yo quisiera darte ese gusto, falta que mi
+padre lo consintiera. Tus buenos sentimientos te hacen delirar, ¿verdad,
+Benigna? Yo le he dicho que a las personas muy buenas, muy buenas, es
+menester atarlas algunas veces. Esta es un ángel, y los ángeles caen en
+la tontería de creer que el mundo es el cielo. El mundo no es el cielo,
+¿verdad, Ramón?, y nuestras acciones no pueden ser basadas en el
+criterio angelical. Si todo lo que piensan y sienten los ángeles, como
+mi mujer, se llevara a la práctica, la vida sería imposible,
+absolutamente imposible. Nuestras ideas deben inspirarse en las ideas
+generales, que son el ambiente moral en que vivimos. Yo bien sé que se
+debe aspirar a la perfección; pero no dando de puntapiés a la armonía
+del mundo, ¡pues bueno estaría!... a la armonía del mundo, que es...
+para que lo sepas... un grandioso mecanismo de imperfecciones,
+admirablemente equilibradas y combinadas. Vamos a ver, te he convencido,
+¿sí o no?
+
+--Así, así --replicó Jacinta muy triste, un poco aturdida por las
+paradojas de su marido. Jacinta tenía idea tan alta de los talentos y de
+las sabias lecturas del Delfín, que rara vez dejaba de doblegarse ante
+ellas, aunque en su fuero interno guardase algunos juicios
+independientes que la modestia y la subordinación no le permitían
+manifestar. No habían transcurrido diez segundos después de aquel _así,
+así_, cuando se oyó una gran chillería. «¿Qué es, qué hay?». ¡Qué había
+de ser sino alguna barbaridad de Juanín! Así lo comprendió Benigna,
+corriendo alarmada al comedor, de donde el temeroso estrépito venía.
+
+--¡Bien por los chicos valientes! --dijo Santa Cruz, a punto que Ramón
+Villuendas se despedía para bajar al escritorio. Jacinta corrió al
+comedor y a poco volvió aterrada.
+
+«¿No sabes lo que ha hecho? Había en el comedor una bandeja de arroz con
+leche. Juanín se sube sobre una silla y empieza a coger el arroz con
+leche a puñados... así, así, y después de hartarse, lo tira por el suelo
+y se limpia las manos en las cortinas».
+
+Oyose la voz de Benigna, hecha una furia: «Te voy a matar...
+¡indecente!, ¡cafre!». Los demás chicos aparecieron chillando. Jacinta
+les regañó: «Pero vosotros, tontainas, ¿no veíais lo que estaba
+haciendo? ¿Por qué no avisasteis? ¿Es que le dejáis enredar para después
+reíros y armar estos alborotos?».
+
+--Mujer, llévate, llévate de una vez de mi casa este cachorro de
+tigre--dijo Benigna, entrando muy soliviantada--. ¡Virgen del Carmen, mi
+bandeja de arroz con leche!
+
+Los chicos de Villuendas saltaban gozosos.
+
+«Vosotros tenéis la culpa, bobones; vosotros que le azuzáis» díjoles la
+tiita, que en alguien tenía que descargar su enfado.
+
+«Tú le tienes que lavar --manifestó Benigna, sin cejar en su cólera--,
+tú, tú. ¡Cómo me ha puesto las cortinas!».
+
+--Bueno, mujer, le lavaré. No te apures.
+
+--Y vestirle de limpio. Yo no puedo. Bastante tengo con los míos... Y
+nada más.
+
+--Vaya, no alborotes tanto, que todo ello es poca cosa.
+
+Jacinta y su marido fueron al comedor, donde le encontraron hecho un
+adefesio, cara, manos y vestido llenos de aquella pringue.
+
+«Bien, bien por los hombres bravos--gritó Juan en presencia de la
+fiera--. Mano al arroz con leche. Me hace gracia este muchacho».
+
+--Te voy a matar, pillo--le dijo su mamá adoptiva, arrodillándose ante
+él y conteniendo la risa--. Te has puesto bonito... verás que jabonadura
+te vas a llevar.
+
+Mientras duró el lavatorio, los Villuendas chicos se enracimaban en
+torno a su tiito, subiéndosele a las rodillas y colgándosele de los
+brazos para contarle las grandes cochinadas que hacía el bruto de
+Juanín. No sólo se comía las velas, sino que lamía los platos, y
+_dimpués_... tiraba los tenedores al suelo. Cuando su papá Ramón le
+reprendía, le enseñaba la lengua, diciendo _hostias_ y otras
+_isprisiones_ feas, y _dimpués_... hacía una cosa muy indecente, ¡vaya!,
+que era levantarse el vestido por detrás, dar media vuelta echándose a
+reír y enseñar el culito.
+
+Santa Cruz no podía permanecer serio. Volvió al fin Jacinta, trayendo de
+la mano al delincuente ya lavado y vestido de limpio, y a poco entró
+Benigna, completamente aplacada, y encarándose con su cuñado, le dijo
+con la mayor severidad: «¿Tienes ahí un duro? No tengo suelto». Juan se
+apresuró a sacar el duro, y en el mismo momento en que lo ponía en la
+mano de Benigna, Jacinta y los chicos soltaron una carcajada. Santa Cruz
+cayó de su burro.
+
+«Me la has dado, chica. No me acordaba de que es hoy día de Inocentes.
+Buena ha sido, buena. Ya me extrañó a mi un poco que en esta casa del
+dinero no hubiera suelto».
+
+--Tomad--dijo Benigna a los niños--; vuestro tiito os convida a dulces.
+
+--Para inocentadas--indicó Juan riendo--, la que nos ha querido dar mi
+mujer.
+
+--A mí no--replicó Benigna--. Aquí hemos hablado mucho de esto, y la
+verdad, él podría ser auténtico; pero la tostada del parecido no la
+encontrábamos. Y pues resulta que esta preciosa fierecita no es de la
+familia... yo me alegro, y pido que me hagan el favor de quitármela de
+casa. Bastantes jaquecas me dan las mías.
+
+Jacinta y su marido le rogaron al retirarse que le tuviese un día más.
+Ya decidirían.
+
+Cosas muy crueles había de oír Jacinta aquel día, pero de cuanto oyó
+nada le causara tanto asombro y descorazonamiento como estas palabras
+que Barbarita le dijo al oído:
+
+«Baldomero está incomodado con tu bromazo. Juan le habló claro. No hay
+tal hijo ni a cien mil leguas. La verdad, tú te precipitaste; y en
+cuanto al parecido... Hablando con franqueza, hija; no se parece nada,
+pero nada».
+
+Era lo que le quedaba por oír a Jacinta.
+
+«Pero usted... ¡por la Virgen santísima! también...--atreviose a decir
+cuando el espanto se lo permitió--, también usted creyó...».
+
+--Es que se me pegaron tus ilusiones --replicó la suegra esforzándose en
+disculpar su error--. Dice Juan que es manía; yo lo llamo ilusión, y las
+ilusiones se pegan como las viruelas. Las ideas fijas son contagiosas.
+Por eso, mira tú, por eso tengo yo tanto miedo a los locos y me asusto
+tanto de verme a su lado. Es que cuando alguno está cerca de mí y se
+pone a hacer visajes, me pongo también yo a hacer lo mismo. Somos monos
+de imitación... Pues sí, convéncete, lo del parecido es ilusión, y las
+dos... lo diré muy bajito, las dos hemos hecho una soberbia plancha. ¿Y
+ahora, qué hacer? No se te pase por la cabeza traerle aquí. Baldomero no
+lo consiente, y tiene mucha razón. Yo... si he de decirte la verdad, le
+he tomado cariño. ¡Ay!, sus salvajadas me divierten. ¡Es tan mono! ¡Qué
+ojitos aquellos!, ¿pues y los plieguecitos de la nariz?... y aquella
+boca, aquellos labios, el piquito que hace con los labios, sobre todo.
+Ven acá y verás el nacimiento que le compré.
+
+Llevó a Jacinta a su cuarto de vestir y después de mostrarle el
+nacimiento, le dijo: «Aquí hay más contrabando. Mira. Esta mañana fui a
+las tiendas, y... aquí tienes: medias de color, un traje de punto, azul,
+a estilo inglés. Mira la gorra que dice _Numancia_. Este es un capricho
+que yo tenía. Estará saladísimo. Te juro que si no le veo con el
+letrero en la frente, voy a tener un disgusto».
+
+Jacinta oyó y vio esto con melancolía.
+
+«¡Si supiera usted lo que hizo esta mañana!» dijo; y contó el lance del
+arroz con leche.
+
+--¡Ay, Dios mío, qué gracioso!... Es para comérselo... Yo, te digo la
+verdad, le traería a casa si no fuera porque a Baldomero y a Juan no les
+gustan estos tapujos... ¡Ay!, de veras te lo digo. No puede una vivir
+sin tener algún ser pequeñito a quien adorar. ¡Hija de mi alma!, es una
+gran desgracia para todos que tú no nos _des_ algo.
+
+A Jacinta se le clavó esta frase en el corazón, y estuvo temblando un
+rato en él y agrandando la herida, como sucede con las flechas que no se
+han clavado bien.
+
+«Pues sí, esta casa es muy... muy sosona. Le falta una criatura que
+chille y alborote, que haga diabluras, que nos traiga a todos mareados.
+Cuando le hablo de esto a Baldomero, se ríe de mí; pero bien se le
+conoce que es hombre dispuesto a andar por esos suelos a cuatro pies,
+con los chicos a la pela».
+
+--Puesto que Benigna no le quiere tener --dijo la nuera--, ni es posible
+tampoco tenerle aquí, le pondremos en casa de Candelaria. Yo le pasaré
+un tanto al mes a mi hermana para que el huésped no sea una carga
+pesada...
+
+--Me parece muy bien pensado; pero muy bien pensado. Estás como las
+gatas paridas, escondiendo las crías hoy aquí, mañana allá.
+
+--¿Y qué remedio hay?... Porque lo que es al Hospicio no va. Eso que no
+lo piensen... ¡Qué cosas se le ocurren a mi marido! Ya, como a él no le
+han hecho ir nunca a los entierros, pisando lodos, aguantando la lluvia
+y el frío, le parece muy natural que el otro pobrecito se críe entre
+ataúdes... Sí, está fresco.
+
+--Yo me encargo de pagarle la pensión en casa de Candelaria--dijo
+Barbarita, secreteándose con su hija como los chiquillos que están
+concertando una travesura--. Me parece que debo empezar por comprarle
+una camita. ¿A ti qué te parece?
+
+Replicó la otra que le parecía muy bien y se consoló mucho con esta
+conversación, dándose a forjar planes y a imaginar goces maternales.
+Pero quiso su mala suerte que aquel mismo día o el próximo cortase el
+vuelo de su mente D. Baldomero, el cual la llamó a su despacho para
+echarle el siguiente sermón:
+
+«Querida, me ha dicho Bárbara que estás muy confusa por no saber qué
+hacer con ese muchacho. No te apures; todo se arreglará.
+
+Porque tú te ofuscaras, no vamos a echarle a la calle. Para otra vez,
+bueno será que no te dejes llevar de tu buen corazón... tan a paso de
+carga, porque todo debe moderarse, hija, hasta los impulsos sublimes...
+Dice Juan, y está muy en lo justo, que los procedimientos angelicales
+trastornan la sociedad. Como nos empeñemos todos en ser perfectos, no
+nos podremos aguantar unos a otros, y habría que andar a bofetadas...
+Bueno, pues te decía, que ese pobre niño queda bajo mi protección; pero
+no vendrá a esta casa, porque sería indecoroso, ni a la casa de ninguna
+persona de la familia, porque parecería tapujo».
+
+No estaba conforme con estas ideas Jacinta; pero el respeto que su padre
+político le inspiraba le quitó el resuello, imposibilitándola de
+expresar lo mucho y bueno que se le ocurría.
+
+«Por consiguiente --prosiguió el respetable señor tomándole a su nuera
+las dos manos--, ese caballerito que compraste será puesto en el asilo
+de Guillermina... No hay que fruncir las cejas. Allí estará como en la
+gloria. Ya he hablado con la santa. Yo le pensiono, para que se le dé
+educación y una crianza conveniente. Aprenderá un oficio, y quién sabe,
+quién sabe si una carrera. Todo está en que saque disposición. Paréceme
+que no te entusiasmas con mi idea. Pero reflexiona un poquito y verás
+que no hay otro camino... Allí estará tan ricamente, bien comido, bien
+abrigado... Ayer le di a Guillermina cuatro piezas de paño del Reino
+para que les haga chaquetas. Verás que guapines les va a poner. ¡Y que
+no les llenan bien la barriga en gracia de Dios! Observa, si no, los
+cachetes que tienen, y aquellos colores de manzana. Ya quisieran muchos
+niños, cuyos papás gastan levita y cuyas mamás se zarandean por ahí,
+estar tan lucidos y bien apañados como están los de Guillermina».
+
+Jacinta se iba convenciendo, y cada vez sentía menos fuerza para
+oponerse a las razones de aquel excelente hombre.
+
+«Sí; aquí donde me ves--agregó Santa Cruz con jovialidad--, yo también
+le tengo cariño a ese muñeco... quiero decir que no me libré del
+contagio de vuestra manía de meter chicos en esta casa. Cuando Bárbara
+me lo dijo, estaba ella tan creída de que era mi nieto, que yo también
+me lo tragué. Verdad que exigí pruebas... pero mientras venían tales
+pruebas, perdí la chaveta... ¡cosas de viejo!, y estuve todo aquel día
+haciendo catálogos. Yo procuraba no darle mucha cuerda a Bárbara, ni
+dejarme arrastrar por ella, y me decía: «Tengamos serenidad y no
+chocheemos hasta ver...». Pero pensando en ello, te lo digo ahora en
+confianza, salí a la calle, me reía solo, y sin saber lo que me hacía,
+me metí en el Bazar de la Unión y...».
+
+Don Baldomero, acentuando más su sonrisa paternal, abrió una gaveta de
+su mesa y sacó un objeto envuelto en papeles.
+
+«Y le compré esto... Es un acordeón. Pensaba dárselo cuando lo trajerais
+a casa... Verás qué instrumento tan bonito y qué buenas voces...
+veinticuatro reales».
+
+Cogiendo el acordeón por las dos tapas, empezó a estirarlo y a
+encogerlo, haciendo _flin flan_ repetidas veces. Jacinta se reía y al
+propio tiempo se le escaparon dos lágrimas. Entró entonces de improviso
+Barbarita, diciendo: «¿Qué música es esta?... A ver, a ver».
+
+--Nada, querida--declaró el buen señor acusándose francamente--. Que a
+mí también se me fue el santo al Cielo. No lo quería decir. Cuando tú me
+saliste con que lo del nieto era una novela, _flin flan_, me dio la idea
+de tirar esta música a la calle, sin que nadie la viera; pero ya que se
+compró para él, _flin flan_, que la disfrute... ¿no os parece?
+
+--A ver, dame acá--indicó Barbarita contentísima, ansiosa de tañer el
+pueril instrumento--. ¡Ah!, calavera, así me gastas el dinero en vicios.
+Dámelo... lo tocaré yo... _flin flan_... ¡Ay!, no sé qué tiene esto...
+¡da un gusto oírlo! Parece que alegra toda la casa.
+
+Y salió tocando por los pasillos y diciendo a Jacinta: «Bonito
+juguete... ¿verdad? Ponte la mantilla, que ahora mismo vamos a
+llevárselo, _flin flan_...».
+
+
+
+
+
+-XI-
+
+Final, que viene a ser principio
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Quien manda, manda. Resolviose la cuestión del _Pituso_ conforme a lo
+dispuesto por don Baldomero, y la propia Guillermina se lo llenó una
+mañanita a su asilo, donde quedó instalado. Iba Jacinta a verle muy a
+menudo, y su suegra la acompañaba casi siempre. El niño estaban tan
+mimado, que la fundadora del establecimiento tuvo que tomar cartas en el
+asunto, amonestando severamente a sus amigas y cerrándoles la puerta no
+pocas veces. En los últimos días de aquel infausto año, entráronle a
+Jacinta melancolías, y no era para menos, pues el desairado y risible
+desenlace de la novela _Pitusiana_ hubiera abatido al más pintado.
+Vinieron luego otras cosillas, menudencias si se quiere, pero como caían
+sobre un espíritu ya quebrantado, resultaban con mayor pesadumbre de la
+que por sí tenían. Porque Juan, desde que se puso bueno y tomó calle,
+dejó de estar tan expansivo, sobón y dengoso como en los días del
+encierro, y se acabaron aquellas escenas nocturnas en que la confianza
+imitaba el lenguaje de la inocencia. El Delfín afectaba una gravedad y
+un seso propios de su talento y reputación; pero acentuaba tanto la
+postura, que parecía querer olvidar con una conducta sensata las
+chiquilladas del periodo catarral. Con su mujer mostrábase siempre
+afable y atento, pero frío, y a veces un tanto desdeñoso. Jacinta se
+tragaba este acíbar sin decir nada a nadie. Sus temores de marras
+empezaban a condensarse, y atando cabos y observando pormenores, trataba
+de personalizar las distracciones de su marido. Pensaba primero en la
+institutriz de las niñas de Casa-Muñoz, por ciertas cosillas que había
+visto casualmente, y dos o tres frases, cazadas al vuelo, de una
+conversación de Juan con su confidente Villalonga. Después tuvo esto por
+un disparate y se fijó en una amiga suya, casada con Moreno Vallejo,
+tendero de novedades de muy reducido capital. Dicha señora gastaba un
+lujo estrepitoso, dando mucho que hablar. Había, pues, un amante. A
+Jacinta se le puso en la cabeza que este era el Delfín, y andaba
+desalada tras una palabra, un acento, un detalle cualquiera que se lo
+confirmase. Más de una vez sintió las cosquillas de aquella rabietina
+infantil que le entraba de sopetón, y daba patadillas en el suelo y
+tenía que refrenarse mucho para no irse hacia él y tirarle del pelo
+diciéndole: _pillo... farsante_, con todo lo demás que en su gresca
+matrimonial se acostumbra. Lo que más la atormentaba era que le quería
+más cuando él se ponía tan juicioso haciendo el bonitísimo papel de una
+persona que está en la sociedad para dar ejemplo de moderación y buen
+criterio. Y nunca estaba Jacinta más celosa que cuando su marido se daba
+aquellos aires de formalidad, porque la experiencia le había enseñado a
+conocerle, y ya se sabía, cuando el Delfín se mostraba muy decidor de
+frases sensatas, envolviendo a la familia en el incienso de su
+argumentación paradójica, _picos pardos_ seguros.
+
+Vinieron días marcados en la historia patria por sucesos resonantes, y
+aquella familia feliz discutía estos sucesos como los discutíamos todos.
+¡El 3 de Enero de 1874!... ¡El golpe de Estado de Pavía! No se hablaba
+de otra cosa, ni había nada mejor de qué hablar. Era grato al
+temperamento español un cambio teatral de instituciones, y volcar una
+situación como se vuelca un puchero electoral. Había estado
+admirablemente hecho, según D. Baldomero, y el ejército había salvado
+_una vez más_ a la desgraciada nación española. El consolidado había
+llegado a 11 y las acciones del Banco a 138. El crédito estaba hundido.
+La guerra y la anarquía no se acababan; habíamos llegado al _período
+álgido del incendio_, como decía Aparisi, y pronto, muy pronto, el que
+tuviera una peseta la enseñaría como cosa rara.
+
+Deseaban todos que fuese Villalonga a la casa para que les contara la
+memorable sesión de la noche del 2 al 3, porque la había presenciado en
+los escaños rojos. Pero el representante del país no aportaba por allá.
+Por fin se apareció el día de Reyes por la mañana. Pasaba Jacinta por el
+recibimiento, cuando el amigo de la casa entró.
+
+«Tocaya, buenos días... ¿cómo están por aquí? ¿Y el monstruo, se ha
+levantado ya?».
+
+Jacinta no podía ver al dichoso tocayo. Fundábase esta antipatía en la
+creencia de que Villalonga era el corruptor de su marido y el que le
+arrastraba a la infidelidad.
+
+«Papá ha salido --díjole no muy risueña--. ¡Cuánto sentirá no verle a
+usted para que le cuente eso!... ¿Tuvo usted mucho miedo? Dice Juan que
+se metió usted debajo de un banco».
+
+--¡Ay, qué gracia! ¿Ha salido también Juan?
+
+--No, se está vistiendo. Pase usted.
+
+Y fue detrás de él, porque siempre que los dos amigos se encerraban,
+hacía ella los imposibles por oír lo que decían, poniendo su orejita
+rosada en el resquicio de la mal cerrada puerta. Jacinto esperó en el
+gabinete, y su tocaya entró a anunciarle.
+
+«Pero qué, ¿ha venido ya ese pelagatos?».
+
+--Sí... resalao... aquí estoy.
+
+--Pasa, danzante... ¡Dichosos los ojos...
+
+El amigote entró. Jacinta notaba en los ojos de este algo de intención
+picaresca. De buena gana se escondería detrás de una cortina para
+estafarles sus secretos a aquel par de tunantes. Desgraciadamente tenía
+que ir al comedor a cumplir ciertas órdenes que Barbarita le había
+dado... Pero daría una vueltecita, y trataría de pescar algo...
+
+«Cuenta, chico, cuenta. Estábamos rabiando por verte».
+
+Y Villalonga dio principio a su relato delante de Jacinta; pero en
+cuanto esta se marchó, el semblante del narrador inundose de malicia.
+Miraron ambos a la puerta; cerciorose el compinche de que la esposa se
+había retirado, y volviéndose hacia el Delfín, le dijo con la voz
+temerosa que emplean los conspiradores domésticos:
+
+«¿Chico, no sabes... la noticia que te traigo...? ¡Si supieras a quién
+he visto! ¿Nos oirá tu mujer?».
+
+--No, hombre, pierde cuidado --replicó Juan poniéndose los botones de la
+pechera--. Claréate pronto.
+
+--Pues he visto a quien menos puedes figurarte... Está aquí.
+
+--¿Quién? --Fortunata... Pero no tienes idea de su transformación. ¡Vaya
+un cambiazo! Está guapísima, elegantísima. Chico, me quedé turulato
+cuando la vi.
+
+Oyéronse los pasos de Jacinta. Cuando apareció levantando la cortina,
+Villalonga dio una brusca retorcedura a su discurso: «No, hombre, no me
+has entendido; la sesión empezó por la tarde y se suspendió a las ocho.
+Durante la suspensión se trató de llegar a una inteligencia. Yo me
+acercaba a todos los grupos a oler aquel guisado... ¡jum!, malo, malo;
+el ministerio Palanca se iba cociendo, se iba cociendo... A todas
+esas... ¡figúrate si estarían ciegos aquellos hombres!... a todas estas,
+fuera de las Cortes se estaba preparando la máquina para echarles la
+zancadilla. Zalamero y yo salíamos y entrábamos a turno para llevar
+noticias a una casa de la calle de la Greda, donde estaban Serrano,
+Topete y otros. 'Mi general, no se entienden. Aquello es una balsa de
+aceite... hirviendo. Tumban a Castelar. En fin, se ha de ver ahora'.
+'Vuelva usted allá. ¿Habrá votación?'.--'Creo que sí'. --'Tráiganos
+usted el resultado'».
+
+--El resultado de la votación --indicó Santa Cruz--, fue contrario a
+Castelar. Di una cosa, ¿y si hubiera sido favorable?
+
+--No se habría hecho nada. Tenlo por cierto. Pues como te decía, habló
+Castelar...
+
+Jacinta ponía mucha atención a esto; pero entró Rafaela a llamarla y
+tuvo que retirarse.
+
+«Gracias a Dios que estamos solos otra vez--dijo el compinche después
+que la vio salir--. ¿Nos oirá?».
+
+--¿Qué ha de oír?... ¡Qué medroso te has vuelto! Cuenta, pronto. ¿Dónde
+la viste?
+
+--Pues anoche... estuve en el Suizo hasta las diez. Después me fui un
+rato al Real, y al salir ocurriome pasar por _Praga_ a ver si estaba
+allí Joaquín Pez, a quien tenía que decir una cosa. Entro y lo primero
+que me veo es una pareja... en las mesas de la derecha... Quedeme
+mirando como un bobo... Eran un señor y una mujer vestida con una
+elegancia... ¿cómo te diré?, con una elegancia improvisada. «Yo conozco
+esa cara», fue lo primero que se me ocurrió. Y al instante caí... «¡Pero
+si es esa condenada de Fortunata!». Por mucho que yo te diga, no puedes
+formarte idea de la metamorfosis... Tendrías que verla por tus propios
+ojos. Está de rechupete. De fijo que ha estado en París, porque sin
+pasar por allí no se hacen ciertas transformaciones. Púseme todo lo
+cerca posible, esperando oírla hablar. «¿Cómo hablará?» me decía yo.
+Porque el talle y el corsé, cuando hay dentro calidad, los arreglan los
+modistos fácilmente; pero lo que es el lenguaje... Chico, habías de
+verla y te quedarías lelo, como yo. Dirías que su elegancia es de lance
+y que no tiene aire de señora... Convenido; no tiene aire de señora; ni
+falta... pero eso no quita que tenga un aire seductor, capaz de...
+Vamos, que si la ves, tiras piedras. Te acordarás de aquel cuerpo sin
+igual, de aquel busto estatuario, de esos que se dan en el pueblo y
+mueren en la oscuridad cuando la civilización no los busca y los
+_presenta_. Cuántas veces lo dijimos: «¡Si este busto supiera
+explotarse...!». Pues ¡hala!, ya lo tienes en perfecta explotación. ¿Te
+acuerdas de lo que sostenías?... «El pueblo es la cantera. De él salen
+las grandes ideas y las grandes bellezas. Viene luego la inteligencia,
+el arte, la mano de obra, saca el bloque, lo talla»... Pues chico, ahí
+la tienes bien labrada... ¡Qué líneas tan primorosas!... Por supuesto,
+hablando, de fijo que mete la pata. Yo me acercaba con disimulo.
+Comprendí que me había conocido y que mis miradas la cohibían...
+¡Pobrecilla! Lo elegante no le quitaba lo ordinario, aquel no sé qué de
+pueblo, cierta timidez que se combina no sé cómo con el descaro, la
+conciencia de valer muy poco, pero muy poco, moral e intelectualmente,
+unida a la seguridad de esclavizar... ¡ah, bribonas!, a los que valemos
+más que ellas... digo, no me atrevo a afirmar que valgamos más, como no
+sea por la forma... En resumidas cuentas, chico, está que _ahuma_. Yo
+pensaba en la cantidad de agua que había precedido a la transformación.
+Pero ¡ah!, las mujeres aprenden esto muy pronto. Son el mismo demonio
+para asimilarse todo lo que es del reino de la _toilette_. En cambio, yo
+apostaría que no ha aprendido a leer... Son así; luego dicen que si las
+pervertimos. Pues volviendo a lo mismo, la metamorfosis es completa.
+Agua, figurines, la fácil costumbre de emperejilarse; después seda,
+terciopelo, el sombrerito...
+
+--¡Sombrero!--exclamó Juan en el colmo de la estupefacción.
+
+--Sí; y no puedes figurarte lo bien que le cae. Parece que lo ha llevado
+toda la vida... ¿Te acuerdas del pañolito por la cabeza con el pico
+arriba y la lazada?... ¡Quién lo diría! ¡Qué transiciones!... Lo que te
+digo... Las que tienen genio, aprenden en un abrir y cerrar de ojos. La
+raza española es tremenda, chico, para la asimilación de todo lo que
+pertenece a la forma... ¡Pero si habías de verla tú...! Yo, te lo
+confieso, estaba pasmado, absorto, embebe...
+
+¡Ay Dios mío!, entró Jacinta, y Villalonga tuvo que dar un quiebro
+violentísimo...
+
+«Te digo que estaba embebecido. El discurso de Salmerón fue admirable...
+pero de lo más admirable... Aún me parece que estoy viendo aquella cara
+de _hijo del desierto_, y aquel movimiento horizontal de los ojos y la
+gallardía de los gestos. Gran hombre; pero yo pensaba: 'No te valen tus
+filosofías; en buena te has metido, y ya verás la que te tenemos
+armada'. Habló después Castelar. ¡Qué discursazo!, ¡qué valor de
+hombre!, ¡cómo se crecía! Parecíame que tocaba al techo. Cuando
+concluyó: 'A votar, a votar...'».
+
+Jacinta volvió a salir sin decir nada. Sospechaba quizás que en su
+ausencia los tunantes hablaban de otro asunto, y se alejó con ánimo de
+volver y aproximarse cautelosa.
+
+«Y aquel hombre... ¿quién era?» preguntó el Delfín que sentía el ardor
+de una curiosidad febril.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Te diré... desde que le vi, me dije: «Yo conozco esa cara». Pero no pude
+caer en quién era. Entró Pez y hablamos... Él también quería
+reconocerle. Nos devanábamos los sesos. Por fin caímos en la cuenta de
+que habíamos visto a aquel sujeto días antes en el despacho del director
+del Tesoro. Creo que hablaba con este del pago de unos fusiles
+encargados a Inglaterra. Tiene acento catalán, gasta bigote y perilla...
+cincuenta años... bastante antipático. Pues verás; como Joaquín y yo la
+mirábamos tanto, el tío aquel se escamaba. Ella no _se timaba_...
+parecía como vergonzosa... ¡y qué mona estaba con su vergüenza! ¿Te
+acuerdas de aquel palmito descolorido con cabos negros? Pues ha mejorado
+mucho, porque está más gruesa, más llena de cara y de cuerpo.
+
+Santa Cruz estaba algo aturdido. Oyose la voz de Barbarita, que entraba
+con su nuera.
+
+«Salí de estampía...--siguió Villalonga--a anunciar a los amigos que
+había empezado la votación... A los pies de usted, Barbarita... Yo bien,
+¿y usted? Aquí estaba contando... Pues decía que eché a correr...».
+
+--Hacia la calle de la Greda. --No... los amigos se habían trasladado a
+una casa de la calle de Alcalá, la de Casa-Irujo, que tiene ventanas al
+parque del ministerio de la Guerra... Subo y me les encuentro muy
+desanimados. Me asomé con ellos a las ventanas que dan a Buenavista, y
+no vi nada... «¿Pero a cuándo esperan? ¿En qué están pensando?...».
+Francamente, yo creí que el golpe se había chafado y que Pavía no se
+atrevía a echar las tropas a la calle. Serrano, impaciente, limpiaba los
+cristales empañados, para mirar, y abajo no se veía nada. «Mi general
+--le dije--, yo veo una faja negra, que así de pronto, en la oscuridad
+de la noche, parece un zócalo... Mire usted bien, ¿no será una fila de
+hombres?».--«¿Y qué hacen ahí pegados a la pared?».--«Vea usted, vea
+usted, el zócalo se mueve. Parece una culebra que rodea todo el edificio
+y que ahora se desenrosca... ¿Ve usted?... la punta se extiende hacia
+las rampas».--«Soldados son--dijo en voz baja el general, y en el mismo
+instante entró Zalamero con medio palmo de lengua fuera, diciendo: «La
+votación sigue: la ventaja que llevaba al principio Salmerón, la lleva
+ahora Castelar... nueve votos... Pero aún falta por votar la mitad del
+Congreso...». Ansiedad en todas las caras... A mí me tocaba entonces ir
+allá, para traer el resultado final de la votación... Tras, tras... cojo
+mi calle del Turco, y entrando en el Congreso, me encontré a un
+periodista que salía: «La proposición lleva diez votos de ventaja.
+Tendremos ministerio Palanca». ¡Pobre Emilio!... Entré. En el salón
+estaban votando ya las filas de arriba. Eché un vistazo y salí. Di la
+vuelta por la curva, pensando lo que acababa de ver en Buenavista, la
+cinta negra enroscada en el edificio... Figueras salió por la
+escalerilla del reloj, y me dijo: «Usted qué cree, ¿habrá trifulca esta
+noche?». Y le respondí: «Váyase usted tranquilo, maestro, que no habrá
+nada...». «Me parece--dijo con socarronería--que esto se lo lleva
+Pateta». Yo me reí. Y a poco pasa un portero, y me dice con la mayor
+tranquilidad del mundo, que por la calle del Florín había tropa. «¿De
+veras? Visiones de usted. ¡Qué tropa ni qué niño muerto!». Yo me hacía
+de nuevas. Asomé la jeta por la puerta del reloj. «No me muevo de
+aquí--pensé, mirando la mesa--. Ahora veréis lo que es canela...».
+Estaban leyendo el resultado de la votación. Leían los nombres de todos
+los votantes sin omitir uno. De repente aparecen por la puerta del
+rincón de Fernando el Católico varios quintos mandados por un oficial, y
+se plantan junto a la escalera de la mesa. Parecían comparsas de teatro.
+Por la otra puerta entró un coronel viejo de la Guardia Civil.
+
+«El coronel Iglesias--dijo Barbarita, que deseaba terminase el relato--.
+De buena escapó el país... Bien, Jacinto, supongo que almorzará usted
+con nosotros».
+
+--Pues ya lo creo--dijo el Delfín--. Hoy no le suelto; y pronto mamá,
+que es tarde.
+
+Barbarita y Jacinta salieron. «¿Y Salmerón qué hizo?».
+
+--Yo puse toda mi atención en Castelar, y le vi llevarse la mano a los
+ojos y decir: ¡qué ignominia! En la mesa se armó un barullo espantoso...
+gritos, protestas. Desde el reloj vi una masa de gente, todos en pie...
+No distinguía al presidente. Los quintos inmóviles... De repente ¡pum!,
+sonó un tiro en el pasillo...
+
+--Y empezó la desbandada... Pero dime otra cosa, chico. No puedo apartar
+de mi pensamiento... ¿Decías que llevaba sombrero?
+
+--¿Quién?... ¡Ah, aquella!
+
+--Sí, sombrero, y de muchísimo gusto--dijo el compinche con tanto
+énfasis como si continuara narrando el suceso histórico--, y vestido
+azul elegantísimo y abrigo de terciopelo...
+
+--¿Tú estás de guasa? Abrigo de terciopelo.
+
+--Vaya... y con pieles, un abrigo soberbio. Le caía tan bien... que...
+
+Entró Jacinta sin anunciarse ni con ruido de pasos ni de ninguna otra
+manera. Villalonga giró sobre el último concepto como una veleta
+impulsada por fuerte racha de viento.
+
+«El abrigo que yo llevaba... mi gabán de pieles... quiero decir, que en
+aquella marimorena me arrancaron una solapa... la piel de una solapa
+quiero decir...».
+
+--Cuando se metió usted debajo del banco.
+
+--Yo no me metí debajo de ningún banco, tocaya. Lo que hice fue ponerme
+en salvo como los demás por lo que pudiera tronar.
+
+--Mira, mira, querida esposa--dijo Santa Cruz, mostrando a su mujer el
+chaleco, que se quitó apenas puesto--. Mira cómo cuelga ese último botón
+de abajo. Hazme el favor de pegárselo o decirle a Rafaela que se lo
+pegue, o en último caso llamar al coronel Iglesias.
+
+--Venga acá--dijo Jacinta con mal humor, saliendo otra vez.
+
+--En buen apuro me vi, camaraíta --dijo Villalonga conteniendo la
+risa--. ¿Se enteraría? Pues verás; otro detalle. Llevaba unos pendientes
+de turquesas, que eran la gracia divina sobre aquel cutis moreno pálido.
+¡Ay, qué orejitas de Dios y qué turquesas! Te las hubieras comido.
+Cuando les vimos levantarse, nos propusimos seguir a la pareja para
+averiguar dónde vivía. Toda la gente que había en Praga la miraba, y
+ella más parecía corrida que orgullosa. Salimos... tras, tras... calle
+de Alcalá, Peligros, Caballero de Gracia, ellos delante, nosotros
+detrás. Por fin dieron fondo en la calle del Colmillo. Llamaron al
+sereno, les abrió, entraron.
+
+En una casa que está en la acera del Norte entre la tienda de figuras de
+yeso y el establecimiento de burras de leche... allí.
+
+Entró Jacinta con el chaleco.
+
+--Vamos... a ver... ¿Manda usía otra cosa?
+
+--Nada más, hijita; muchas gracias. Dice este monstruo que no tuvo miedo
+y que se salió tan tranquilo... yo no lo creo.
+
+--¿Pero miedo a qué?... Si yo estaba en el ajo... Os diré el último
+detalle para que os asombréis. Los cañones que puso Pavía en las
+boca-calles estaban descargados. Y ya veis los que pasó dentro. Dos
+tiros al aire, y lo mismo que se desbandan los pájaros posados en un
+árbol cuando dais debajo de él dos palmadas, así se desbandó la asamblea
+de la República.
+
+--El almuerzo está en la mesa. Ya pueden ustedes venir--dijo la esposa,
+que salió delante de ellos muy preocupada.
+
+--¡Estómagos, a defenderse!
+
+Algunas palabras había cogido la Delfina al vuelo que no tenían, a su
+parecer, ninguna relación con aquello de las Cortes, el coronel Iglesias
+y el ministerio Palanca. Indudablemente había moros por la costa. Era
+preciso descubrir, perseguir y aniquilar al corsario a todo trance. En
+la mesa versó la conversación sobre el mismo asunto, y Villalonga,
+después de volver a contar el caso con todos sus pelos y señales para
+que lo oyera D. Baldomero, añadió diferentes pormenores que daban color
+a la historia.
+
+--¡Ah! Castelar tuvo golpes admirables. «¿Y la Constitución
+federal?...». --«La quemasteis en Cartagena».
+
+--¡Qué bien dicho! --El único que se resistía a dejar el local fue Díaz
+Quintero, que empezó a pegar gritos y a forcejear con los guardias
+civiles... Los diputados y el presidente abandonaron el salón por la
+puerta del reloj y aguardaron en la biblioteca a que les dejaran salir.
+Castelar se fue con dos amigos por la calle del Florín, y retirose a su
+casa, donde tuvo un fuerte ataque de bilis.
+
+Estas referencias o noticias sueltas eran en aquella triste historia
+como las uvas desgranadas que quedan en el fondo del cesto después de
+sacar los racimos. Eran las más maduras, y quizás por esto las más
+sabrosas.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+En los siguientes días, la observadora y suspicaz Jacinta notó que su
+marido entraba en casa fatigado, como hombre que ha andado mucho. Era la
+perfecta imagen del corredor que va y viene y sube escaleras y recorre
+calles sin encontrar el negocio que busca. Estaba cabizbajo como los que
+pierden dinero, como el cazador impaciente que se desperna de monte en
+monte sin ver pasar alimaña cazable; como el artista desmemoriado a
+quien se le escapa del filo del entendimiento la idea feliz o la imagen
+que vale para él un mundo. Su mujer trataba de reconocerle, echando en
+él la sonda de la curiosidad cuyo plomo eran los celos; pero el Delfín
+guardaba sus pensamientos muy al fondo y cuando advertía conatos de
+sondaje, íbase más abajo todavía.
+
+Estaba el pobre Juanito Santa Cruz sometido al horroroso suplicio de la
+idea fija. Salió, investigó, rebuscó, y la mujer aquella, visión
+inverosímil que había trastornado a Villalonga, no parecía por ninguna
+parte. ¿Sería sueño, o ficción vana de los sentidos de su amigo? La
+portera de la casa indicada por Jacinto se prestó a dar cuantas noticias
+se le exigían, mas lo único de provecho que Juan obtuvo de su
+indiscreción complaciente fue que en la casa de huéspedes del segundo
+habían vivido un señor y una señora, «guapetona ella» durante dos días
+nada más. Después habían desaparecido... La portera declaraba con
+notoria agudeza que, a su parecer, el señor se había largado por el
+tren, y la _individua_, señora... o lo que fuera... _andaba por Madrid_.
+¿Pero dónde demonios andaba? Esto era lo que había que averiguar. Con
+todo su talento no podía Juan darse explicación satisfactoria del
+interés, de la curiosidad o afán amoroso que despertaba en él una
+persona a quien dos años antes había visto con indiferencia y hasta con
+repulsión. La forma, la pícara forma, alma del mundo, tenía la culpa.
+Había bastado que la infeliz joven abandonada, miserable y quizás mal
+oliente se trocase en la aventurera elegante, limpia y seductora, para
+que los desdenes del hombre del siglo, que rinde culto al arte personal,
+se trocaran en un afán ardiente de apreciar por sí mismo aquella
+transformación admirable, prodigio de esta nuestra edad de seda. «Si
+esto no es más que curiosidad, pura curiosidad...--se decía Santa Cruz,
+caldeando su alma turbada--. Seguramente, cuando la vea me quedaré como
+si tal cosa; pero quiero verla, quiero verla a todo trance... y
+mientras no la vea, no creeré en la metamorfosis». Y esta idea le
+dominaba de tal modo, que lo infructuoso de sus pesquisas producíale un
+dolor indecible, y se fue exaltando, y por último figurábase que tenía
+sobre sí una grande, irreparable desgracia. Para acabar de aburrirle y
+trastornarle, un día fue Villalonga con nuevos cuentos. «He averiguado
+que el hombre aquel es un trapisondista... Ya no está en Madrid. Lo de
+los fusiles era un timo... letras falsificadas».
+
+--Pero ella... --A ella la ha visto ayer Joaquín Pez... Sosiégate,
+hombre, no te vaya a dar algo. ¿Dónde dices? Pues por no sé qué calle.
+La calle no importa. Iba vestida con la mayor humildad... Tú dirás como
+yo, ¿y el abrigo de terciopelo?... ¿y el sombrerito?... ¿y las
+turquesas?... Paréceme que me dijo Joaquín que aún llevaba las
+turquesas... No, no, no dijo esto, porque si las hubiera llevado, no las
+habría visto. Iba de pañuelo a la cabeza, bien anudado debajo de la
+barba, y con un mantón negro de mucho uso, y un gran lío de ropa en la
+mano... ¿Te explicas esto? ¿No? Pues yo sí... En el lío iba el abrigo, y
+quizás otras prendas de ropa...
+
+--Como si lo viera--apuntó Juanito con rápido discernimiento--. Joaquín
+la vio entrar en una casa de préstamos.
+
+--Hombre, ¡qué talentazo tienes!... Verde y con asa...
+
+--¿Pero no la vio salir; no la siguió después para ver dónde vive?
+
+--Eso te tocaba a ti... También él lo habría hecho. Pero considera, alma
+cristiana, que Joaquinito es de la Junta de Aranceles y Valoraciones, y
+precisamente había junta aquella tarde, y nuestro amigo iba al
+ministerio con la puntualidad de un Pez.
+
+Quedose Juan con esta noticia más pensativo y peor humorado, sintiendo
+arreciar los síntomas del mal que padecía, y que principalmente se
+alojaba en su imaginación, mal de ánimo con mezcla de un desate nervioso
+acentuado por la contrariedad. ¿Por qué la despreció cuando la tuvo como
+era, y la solicitaba cuando se volvió muy distinta de lo que había
+sido?... El pícaro ideal, ¡ay!, el eterno _¿cómo será?_ Y la pobre
+Jacinta, a todas estas, descrismándose por averiguar qué demonches de
+antojo o manía embargaba el ánimo de su inteligente esposo. Este se
+mostraba siempre considerado y afectuoso con ella; no quería darle
+motivo de queja; mas para conseguirlo, necesitaba apelar a su misma
+imaginación dañada, revestir a su mujer de formas que no tenía, y
+suponérsela más ancha de hombros, más alta, más mujer, más pálida... y
+con las turquesas aquellas en las orejas... Si Jacinta llega a descubrir
+este arcano escondidísimo del alma de Juanito Santa Cruz, de fijo pide
+el divorcio. Pero estas cosas estaban muy adentro, en cavernas más
+hondas que el fondo de la mar, y no llegara a ella la sonda de Jacinta
+ni con todo el plomo del mundo.
+
+Cada día más dominado por su frenesí investigador, visitó Santa Cruz
+diferentes casas, unas de peor fama que otras, misteriosas aquellas,
+estas al alcance de todo el público. No encontrando lo que buscaba en lo
+que parece más alto, descendió de escalón en escalón, visitó lugares
+donde había estado algunas veces y otros donde no había estado nunca.
+Halló caras conocidas y amigas, caras desconocidas y repugnantes, y a
+todas pidió noticias, buscando remedio al tifus de curiosidad que le
+consumía. No dejó de tocar a ninguna puerta tras de la cual pudieran
+esconderse la vergüenza perdida o la perdición vergonzosa. Sus
+explicaciones parecían lo que no eran por el ardor con que las
+practicaba y el carácter humanitario de que las revestía. Parecía un
+padre, un hermano que desalado busca a la prenda querida que ha caído en
+los dédalos tenebrosos del vicio. Y quería cohonestar su inquietud con
+razones filantrópicas y aun cristianas que sacaba de su entendimiento
+rico en sofisterías. «Es un caso de conciencia. No puedo consentir que
+caiga en la miseria y en la abyección, siendo, como soy, responsable...
+¡Oh!, mi mujer me perdone; pero una esposa, por inteligente que sea, no
+puede hacerse cargo de los motivos morales, sí, morales que tengo para
+proceder de esta manera».
+
+Y siempre que iba de noche por las calles, todo bulto negro o pardo se
+le antojaba que era la que buscaba. Corría, miraba de cerca... y no era.
+A veces creía distinguirla de lejos, y la forma se perdía en el gentío
+como la gota en el agua. Las siluetas humanas que en el claro oscuro de
+la movible muchedumbre parecen escamoteadas por las esquinas y los
+portales, le traían descompuesto y sobresaltado. Mujeres vio muchas, a
+oscuras aquí, allá iluminadas por la claridad de las tiendas; mas la
+suya no parecía. Entraba en todos los cafés, hasta en algunas tabernas
+entró, unas veces solo, otras acompañado de Villalonga. Iba con la
+certidumbre de encontrarla en tal o cual parte; pero al llegar, la
+imagen que llevaba consigo, como hechura de sus propios ojos, se
+desvanecía en la realidad. «¡Parece que donde quiera que voy --decía con
+profundo tedio--llevo su desaparición, y que estoy condenado a
+expulsarla de mi vista con mi deseo de verla!». Decíale Villalonga que
+tuviera paciencia; pero su amigo no la tenía; iba perdiendo la serenidad
+de su carácter, y se lamentaba de que a un hombre tan grave y bien
+equilibrado como él le trastornase tanto un mero capricho, una tenacidad
+del ánimo, desazón de la curiosidad no satisfecha. «Cosas de los
+nervios, ¿verdad Jacintillo? Esta pícara imaginación... Es como cuando
+tú te ponías enfermo y delirante esperando ver salir una carta que no
+salía nunca. Francamente, yo me creía más fuerte contra esta horrible
+neurosis de la carta que no sale».
+
+Una noche que hacía mucho frío, entró el Delfín en su casa no muy tarde,
+en un estado lamentable. Se sentía mal, sin poder precisar lo que era.
+Dejose caer en un sillón y se inclinó de un lado con muestras de
+intensísimo dolor. Acudió a él su amante esposa, muy asustada de verle
+así y de oír los ayes lastimeros que de sus labios se escapaban, junto
+con una expresión fea que se perdona fácilmente a los hombres que
+padecen. «¿Qué tienes, nenito?». El Delfín se oprimía con la mano el
+costado izquierdo. Al pronto creyó Jacinta que a su marido le habían
+pegado una puñalada. Dio un grito... miró; no tenía sangre...
+
+«¡Ah! ¿Es que te duele?... ¡Pobrecito niño! Eso será frío... Espérate,
+te pondré una bayeta caliente... te daremos friegas con... con
+árnica...».
+
+Entró Barbarita y miró alarmada a su hijo, pero antes de tomar ninguna
+disposición, echole una buena reprimenda porque no se recataba del
+crudísimo viento seco del Norte que en aquellos días reinaba. Juan
+entonces se puso a tiritar, dando diente con diente. El frío que le
+acometió fue tan intenso que las palabras de queja salían de sus labios
+como pulverizadas. La madre y la esposa se miraron con terror
+consultándose recíprocamente en silencio sobre la gravedad de aquellos
+síntomas... Es mucho Madrid este. Sale de caza un cristiano por esas
+calles, noche tras noche. ¿En dónde estará la res? Tira por aquí, tira
+por allá, y nada. La res no cae. Y cuando más descuidado está el
+cazador, viene callandito por detrás una pulmonía de la finas, le
+apunta, tira, y me le deja seco.
+
+Madrid.--Enero de 1886.
+
+FIN DE LA PRIMERA PARTE
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+
+Parte segunda
+
+
+
+-I-
+
+Maximiliano Rubín
+
+
+
+
+--i--
+
+
+La venerable tienda de tirador de oro que desde inmemorial tiempo estuvo
+en los soportales de Platerías, entre las calles de la Caza y San Felipe
+Neri, desapareció, si no estoy equivocado, en los primeros días de la
+revolución del 68. En una misma fecha cayeron, pues, dos cosas
+seculares, el trono aquel y la tienda aquella, que si no era tan antigua
+como la Monarquía española, éralo más que los Borbones, pues su
+fundación databa de 1640, como lo decía un letrero muy mal pintado en la
+anaquelería. Dicho establecimiento sólo tenía una puerta, y encima de
+ella este breve rótulo: _Rubín_.
+
+Federico Ruiz, que tuvo años ha la manía de escribir artículos sobre los
+_Oscuros pero indudables vestigios de la raza israelita en la moderna
+España_ (con los cuales artículos le hicieron un folletito los editores
+de la Revista que los publicó gratis), sostenía que el apellido de Rubín
+era judío y fue usado por algunos conversos que permanecieron aquí
+después de la expulsión. «En la calle de Milaneses, en la de Mesón de
+Paños y en Platerías se albergaban diferentes familias de _ex-deicidas_,
+cuyos últimos vástagos han llegado hasta nosotros, ya sin carácter
+_fisonómico ni etnográfico_». Así lo decía el fecundo publicista, y
+dedicaba medio artículo a demostrar que el verdadero apellido de los
+Rubín era _Rubén_. Como nadie le contradecía, dábase él a probar cuanto
+le daba la gana, con esa buena fe y ese honrado entusiasmo que ponen
+algunos sabios del día en ciertos trabajos de erudición que el público
+no lee y que los editores no pagan. Bastante hacen con publicarlos. No
+quisiera equivocarme; pero me parece que todo aquel judaísmo de mi amigo
+era pura fluxión de su acatarrado cerebro, el cual eliminaba aquellas
+enfadosas materias como otras muchas, según el tiempo y las
+circunstancias. Y me consta que D. Nicolás Rubín, último poseedor de la
+mencionada tienda, era cristiano viejo, y ni siquiera se le pasaba por
+la cabeza que sus antecesores hubieran sido fariseos con rabo o sayones
+narigudos de los que salen en los pasos de Semana Santa.
+
+La muerte de este D. Nicolás Rubín y el acabamiento de la tienda fueron
+simultáneos.
+
+Tiempo hacía que las deudas socavaban la casa, y se sostenía apuntalada
+por las consideraciones personales que los acreedores tenían a su dueño.
+El motivo de la ruina, según opinión de todos los amigos de la familia,
+fue la mala conducta de la esposa de Nicolás Rubín, mujer desarreglada y
+escandalosa, que vivía con un lujo impropio de su clase, y dio mucho que
+hablar por sus devaneos y trapisondas. Diversas e inexplicables
+alternativas hubo en aquel matrimonio, que tan pronto estaba unido como
+disuelto de hecho, y el marido pasaba de las violencias más bárbaras a
+las tolerancias más vergonzosas. Cinco veces la echó de su casa y otras
+tantas volvió a admitirla, después de pagarle todas sus trampas. Cuentan
+que Maximiliana Llorente era una mujer bella y deseosa de agradar, de
+esas que no caben en la estrechez vulgar de una tienda. Se la llevó Dios
+en 1867, y al año siguiente pasó a mejor vida el pobre Nicolás Rubín, de
+una rotura de varisis, no dejando a sus hijos más herencia que la
+detestable reputación doméstica y comercial, y un pasivo enorme que
+difícilmente pudo ser pagado con las existencias de la tienda. Los
+acreedores arramblaron por todo, hasta por la anaquelería, que sólo
+sirvió para leña. Era contemporánea del Conde-Duque de Olivares.
+
+Los hijos de aquel infortunado comerciante eran tres. Fijarse bien en
+sus nombres y en la edad que tenían cuando acaeció la muerte del padre.
+
+_Juan Pablo_, de veintiocho años.
+
+_Nicolás_, de veinticinco.
+
+_Maximiliano_, de diecinueve.
+
+Ninguno de los tres se parecía a los otros dos ni en el semblante ni en
+la complexión, y sólo con muy buena voluntad se les encontraba el aire
+de familia. De esta heterogeneidad de las tres caras vino sin duda la
+maliciosa versión de que los tales eran hijos de diferentes padres.
+Podía ser calumnia, podía no serlo; pero debe decirse para que el lector
+vaya formando juicio. Algo tenían de común, ahora que recuerdo, y era
+que todos padecían de fuertes y molestísimas jaquecas. Juan Pablo era
+guapo, simpático y muy bien plantado, de buena estatura, ameno y fácil
+en el decir, de inteligencia flexible y despierta. Nicolás era
+desgarbado, vulgarote, la cara encendida y agujereada como un cedazo a
+causa de la viruela, y tan peludo, que le salían mechones por la nariz y
+por las orejas. Maximiliano era raquítico, de naturaleza pobre y
+linfática, absolutamente privado de gracias personales. Como que había
+nacido de siete meses y luego se le criaron con biberón y con una cabra.
+
+Cuando murió el padre de estos tres mozos, Nicolás, o sea el peludo
+(para que se les vaya distinguiendo), se fue a vivir a Toledo con su
+tío D. Mateo Zacarías Llorente, capellán de _Doncellas Nobles_, el cual
+le metió en el Seminario y le hizo sacerdote; Juan Pablo y Maximiliano
+se fueron a vivir con su tía paterna doña Guadalupe Rubín, viuda de
+Jáuregui, conocida vulgarmente por _Doña Lupe la de los pavos_, la cual
+vivió primero en el barrio de Salamanca y después en Chamberí, señora de
+tales circunstancias, que bien merece toda la atención que le voy a
+consagrar más adelante. En un pueblo de la Alcarria tenían los hermanos
+Rubín una tía materna, viuda, sin hijos y rica; mas como estaba
+vendiendo vidas, la herencia de esta señora no era más que una esperanza
+remota.
+
+No había más remedio que trabajar, y Juan Pablo empezó a buscarse la
+vida. Odiaba de tal modo las tiendas de tiradores de oro, que cuando
+pasaba por alguna, parecía que le entraba la jaqueca. Metiose en un
+negocio de pescado, uniéndose a cierto individuo que lo recibía en
+comisión para venderlo al por mayor por seretas de fresco y barriles de
+escabeche en la misma estación o en la plaza de la Cebada; pero en los
+primeros meses surgieron tales desavenencias con el socio, que Juan
+Pablo abandonó la pesca y se dedicó a viajante de comercio. Durante un
+par de años estuvo rodando por los ferrocarriles con sus cajas de
+muestras. De Barcelona hasta Huelva, y desde Pontevedra a Almería no le
+quedó rincón que no visitase, deteniéndose en Madrid todo el tiempo que
+podía. Trabajó en sombreros de fieltro, en calzado de Soldevilla, y
+derramó por toda la Península, como se esparce sobre el papel la
+arenilla de una salvadera, diferentes artículos de comercio. En otra
+temporada corrió chocolates, pañuelos y chales _galería_, conservas,
+devocionarios y hasta palillos de dientes. Por su diligencia, su
+honradez y por la puntualidad con que remitía los fondos recaudados, sus
+comitentes le apreciaban mucho. Pero no se sabe cómo se las componía,
+que siempre estaba _más pobre que las ratas_, y se lamentaba con
+amanerado pesimismo de su pícara suerte. Todas sus ganancias se le iban
+_por entre los dedos_, frecuentando mucho los cafés en sus ratos de
+descanso, convidando sin tasa a los amigos y dándose la mejor vida
+posible en las poblaciones que visitaba. A los funestos resultados de
+este sistema llamaba él _haber nacido con mala sombra_. La misma
+heterogeneidad y muchedumbre de artículos que corría mermó pronto los
+resultados de sus viajes y algunas casas empezaron a retirarle su
+confianza, y el aburrido viajante, siempre de mal temple y echando
+maldiciones y ternos contra los mercachifles, aspiraba a un cambio de
+vida y a ocupación más lucrativa y noble.
+
+Día memorable fue para Juan Pablo aquel en que tropezó con un cierto
+amigote de la infancia, camarada suyo en San Isidro. El amigo era
+diputado de los que llamaban _cimbros_, y Juan Pablo, que era hombre de
+mucha labia, le encareció tanto su aburrimiento de la vida comercial y
+lo bien dispuesto que estaba para la administrativa, que el otro se lo
+creyó, y hágote empleado. Rubín fue al mes siguiente inspector de
+policía en no sé qué provincia. Pero su infame estrella se la había
+jurado: a los tres meses cambió la situación política, y mi Rubín
+cesante. Había tomado el gusto a la carne de nómina, y ya no podía ser
+más que empleado o pretendiente. No sé qué hay en ello, pero es lo
+cierto que hasta la cesantía parece que es un goce amargo para ciertas
+naturalezas, porque las emociones del pretender las vigorizan y entonan,
+y por eso hay muchos que el día que les colocan se mueren. La
+irritabilidad les ha dado vida y la sedación brusca les mata. Juan Pablo
+sentía increíbles deleites en ir al café, hablar mal del Gobierno,
+anticipar nombramientos, darse una vuelta por los ministerios, acechar
+al protector en las esquinas de Gobernación o a la salida del Congreso,
+dar el salto del tigre y caerle encima cuando le veía venir. Por fin
+salió la credencial. Pero, ¡qué demonio!, siempre la condenada suerte
+persiguiéndole, porque todos los empleos que le daban eran de lo más
+antipático que imaginarse puede. Cuando no era algo de la policía
+secreta, era cosa de cárceles o presidios.
+
+Entretanto cuidaba de su hermano pequeño, por quien sentía un cariño que
+se confundía con la lástima, a causa de las continuas enfermedades que
+el pobre chico padecía. Pasados los veinte años, se vigorizó un poco,
+aunque siempre tenía sus arrechuchos; y viéndole más entonado, Juan
+Pablo determinó darle una carrera para que no se malograse como él se
+malogró, por falta de una dirección fija desde la edad en que se plantea
+el porvenir de los hombres. Achacaba el mayor de los Rubín su desgracia
+a la disparidad entre sus aptitudes innatas y los medios de
+exteriorizarse. «¡Oh, si mi padre me hubiera dado una
+carrera!---pensaba---, yo sería hoy algo en el mundo...».
+
+No tardó en recibir un nuevo golpe, pues cuando soñaba con un ascenso le
+limpiaron otra vez el comedero. Y he aquí a mi hombre paseándose por
+Madrid con las manos en los bolsillos, o viendo correr tontamente las
+horas en este y el otro café, hablando de la situación ¡siempre de la
+situación, de la guerra y de lo infames, indecentes y mamarrachos que
+son los políticos españoles! ¡Duro en ellos! Así se desahogan los
+espíritus alborotados y tempestuosos. Y por aquella vez no había
+esperanzas para Juan Pablo, porque los _suyos_, los que él llamaba con
+tanto énfasis los _míos_, estaban por los suelos, y había lo que llaman
+_racha_ en las regiones burocráticas. A veces exploraba el mísero
+cesante su conciencia, y se asombraba de no encontrar en ella nada en
+qué fundar terminantemente su filiación política. Porque ideas fijas...
+Dios las diera; había leído muy poco y nutría su entendimiento de lo que
+en los cafés escuchaba y de lo que los periódicos le decían. No sabía
+fijamente si era liberal o no, y con el mayor desparpajo del mundo
+llamaba _doctrinario_ a cualquiera sin saber lo que la palabra
+significaba. Tan pronto sentía en su espíritu, sin saber por qué ni por
+qué no, frenético entusiasmo por los derechos del hombre; tan pronto se
+le inundaba el alma de gozo oyendo decir que el Gobierno iba a dar mucho
+estacazo y a pasarse los tales derechos por las narices.
+
+En tal situación, presentose inopinadamente en Madrid Nicolás Rubín, el
+curita peludo, que también tenía sus pretensiones de ingresar no sé si
+en el clero castrense o en el catedral, y ambos hermanos celebraron unos
+coloquios muy reservados, paseando solos por las afueras. De resultas de
+esto, Juan Pablo apareció un día en el café con cierta animación, mucho
+desenfado en sus juicios políticos, dándolas de profeta y expresando más
+altaneramente que nunca su desprecio de la situación dominante. A los
+que de esta manera se conducen, se les mira en los cafés con un poquillo
+de respeto y aun con cierta envidia, suponiéndoles conocedores de
+secretos de Estado o de alguna intriga muy gorda. «El amigo
+Rubín--dijo, en ausencia de él D. Basilio Andrés de la Caña, que era
+uno de los puntos fijos en la mesa--, me parece a mí que no juega
+limpio con nosotros. Si le van a colocar que lo diga de una vez. ¿Qué
+tenemos, viene _la federal_ o qué? _¡Misterios! ¡Meditemos!_... ¿O es
+que le lleva cuentos a don Práxedes? Bueno, señores, que se los lleve.
+No me importa el espionaje».
+
+Esto pasaba a fines de 1872. De pronto Rubín dijo que iba al extranjero
+a reanudar sus trabajos de viajante de comercio. Desapareció de Madrid,
+y al cabo de meses se susurró en la tertulia del café que estaba en la
+facción, y que D. Carlos le había nombrado algo como contador o
+intendente en su Cuartel Real. Súpose más tarde que había ido a
+Inglaterra a comprar fusiles, que hizo un alijo cerca de Guetaria, que
+vino disfrazado a Madrid y pasó a la Mancha y Andalucía en el verano del
+73, cuando la Península, ardiendo por los cuatro costados, era una
+inmensa pira a la cual cada español había llevado su tea y el Gobierno
+soplaba.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Juan Pablo, que siempre se había equivocado en lo referente a sí mismo y
+andaba por caminos torcidos, acertó al disponer que su hermano pequeño
+siguiese la carrera de Farmacia. Muchas personas que no hacen más que
+disparates, poseen esta perspicacia del consejo y de la dirección de los
+demás, y no dando pie con bola en los destinos propios, ven claro en los
+del prójimo. En tal decisión tuvo además bastante parte un grande amigo
+del difunto Nicolás Rubín y de toda la familia (el farmacéutico
+Samaniego, dueño de la acreditada botica de la calle del Ave María),
+prometiendo tomar bajo sus auspicios a Maximiliano, llevársele de
+mancebo o practicante con la mira de que, andando el tiempo, se quedase
+al frente del establecimiento.
+
+Empezó Maximiliano sus estudios el 69, y su hermano y su tía le
+ponderaban lo bonita que era la Farmacia y lo mucho que con ella se
+ganaba, por ser muy caros los medicamentos y muy baratas las primeras
+materias: agua del pozo, ceniza del fogón, tierra de los tiestos,
+etcétera... El pobre chico, que era muy dócil, con todo se mostraba
+conforme. Lo que es entusiasmo, hablando en plata, no lo tenía por esta
+carrera ni por otra alguna; no se había despertado en él ningún afán
+grande ni esa curiosidad sedienta de que sale la sabiduría. Era tan
+endeble que la mayor parte del año estaba enfermo, y su entendimiento no
+veía nunca claro en los senos de la ciencia, ni se apoderaba de una idea
+sino después de echarle muchas lazadas como si la amarrara. Usaba de su
+escasa memoria como de un ave de cetrería para cazar las ideas; pero el
+halcón se le marchaba a lo mejor, dejándole con la boca abierta y
+mirando al cielo.
+
+Fueron penosísimos los primeros pasos en la carrera. La pereza y la
+debilidad le retenían en el lecho por las mañanas más tiempo del
+regular, y la pobre doña Lupe pasaba la pena negra para sacarle de las
+sábanas. Levantábase ella muy temprano, y se ponía a dar golpes con el
+almirez junto a la misma cabeza del durmiente, que las más de las veces
+no se daba por entendido de tal estruendo. Luego le hacía cosquillas,
+acostaba al gato con él, le retiraba las sábanas con la debida
+precaución para que no se enfriase. El sueño se cebaba de tal modo en
+aquel cuerpo, por las exigencias de la reparación orgánica, que el
+despertar del estudiante era obra de romanos y una de las cosas en que
+más energía y constancia desplegaba doña Lupe.
+
+El muchacho estudiaba y quería cumplir con su deber; pero no podía ir
+más allá de sus alcances. Doña Lupe le ayudaba a estudiar las
+lecciones, animábale en sus desfallecimientos, y cuando le veía apurado
+y temeroso por la proximidad de los exámenes, se ponía la mantilla y se
+iba a hablar con los profesores. Tales cosas les decía, que el chico
+pasaba, aunque con malas notas. Como no estuviese enfermo, asistía
+puntualmente a clase, y era de los que traían mayor trajín de notas,
+apuntes y cuadernos. Entraba en el aula cargado con aquel fardo, y no
+perdía sílaba de lo que el profesor decía.
+
+Era de cuerpo pequeño y no bien conformado, tan endeble que parecía que
+se lo iba a llevar el viento, la cabeza chata, el pelo lacio y ralo.
+Cuando estaban juntos él y su hermano Nicolás, a cualquiera que les
+viese se le ocurriría proponer al segundo que otorgase al primero los
+pelos que le sobraban. Nicolás se había llevado todo el cabello de la
+familia, y por esta usurpación pilosa, la cabeza de Maximiliano
+anunciaba que tendría calva antes de los treinta años. Su piel era
+lustrosa, fina, cutis de niño con transparencias de mujer desmedrada y
+clorótica. Tenía el hueso de la nariz hundido y chafado, como si fuera
+de sustancia blanda y hubiese recibido un golpe, resultando de esto no
+sólo fealdad sino obstrucciones de respiración nasal, que eran sin duda
+la causa de que tuviera siempre la boca abierta. Su dentadura había
+salido con tanta desigualdad que cada pieza estaba, como si dijéramos,
+donde le daba la gana. Y menos mal si aquellos condenados huesos no le
+molestaran nunca; ¡pero si tenía el pobrecito cada dolor de muelas que
+le hacía poner el grito más allá del Cielo! Padecía también de corizas y
+las empalmaba, de modo que resultaba un coriza crónico, con la
+pituitaria echando fuego y destilando sin cesar. Como ya iba aprendiendo
+el oficio, se administraba el yoduro de potasio en todas las formas
+posibles, y andaba siempre con un canuto en la boca aspirando brea,
+demonios o no sé qué.
+
+Dígase lo que se quiera, Rubín no tenía ilusión ninguna con la Farmacia.
+Mas no estaba vacía de aspiraciones altas el alma de aquel joven, tan
+desfavorecido por la Naturaleza que física y moralmente parecía hecho de
+sobras. A los dos o tres años de carrera, aquel molusco empezó a sentir
+vibraciones de hombre, y aquel ciego de nacimiento empezó a entrever las
+fases grandes y gloriosas del astro de la vida. Vivía doña Lupe en
+aquella parte del barrio de Salamanca que llamaban _Pajaritos_.
+Maximiliano veía desde la ventana de su tercer piso a los alumnos de
+Estado Mayor, cuando la Escuela estaba en el 40 antiguo de la calle de
+Serrano; y no hay idea de la admiración que le causaban aquellos
+jóvenes, ni del arrobamiento que le producía la franja azul en el
+pantalón, el ros, la levita con las hojas de roble bordadas en el
+cuello, y la espada... ¡tan chicos algunos y ya con espada! Algunas
+noches, Maximiliano soñaba que tenía su tizona, bigote y uniforme, y
+hablaba dormido. Despierto deliraba también, figurándose haber crecido
+una cuarta, tener las piernas derechas y el cuerpo no tan caído para
+adelante, imaginándose que se le arreglaba la nariz, que le brotaba el
+pelo y que se le ponía un empaque marcial como el del más pintado. ¡Qué
+suerte tan negra! Si él no fuera tan desgarbado de cuerpo y le hubieran
+puesto a estudiar aquella carrera, ¡cuánto se habría aplicado!
+Seguramente, a fuerza de sobar los libros, le habría salido el talento,
+como se saca lumbre a la madera frotándola mucho.
+
+Los sábados por la tarde, cuando los alumnos iban al ejercicio con su
+fusil al hombro, Maximiliano se iba tras ellos para verles maniobrar, y
+la fascinación de este espectáculo durábale hasta el lunes. En la clase
+misma, que por la placidez del local y la monotonía de la lección
+convidaba a la somnolencia, se ponía a jugar con la fantasía y a
+provocar y encender la ilusión. El resultado era un completo éxtasis, y
+al través de la explicación sobre las propiedades terapéuticas de las
+tinturas madres, veía a los alumnos militares en su estudio táctico de
+campo, como se puede ver un paisaje al través de una vidriera de
+colores.
+
+Los chicos de la clase de Botánica se entretenían en ponerse motes
+semejantes a las nomenclaturas de Linneo. A un tal Anacleto que se las
+tiraba de muy fino y muy señorito, le llamaban _Anacletus
+obsequiosissimus_; a Encinas, que era de muy corta estatura, le llamaban
+_Quercus gigantea_. Olmedo era muy abandonado y le caía admirablemente
+el _Ulmus sylvestris_. Narciso Puerta era feo, sucio y mal oliente.
+Pusiéronle _Pseudo-Narcissus odoripherus_. A otro que era muy pobre y
+gozaba de un empleíto, le pusieron _Christophorus oficinalis_ y por
+último, a Maximiliano Rubín, que era feísimo, desmañado y de muy cortos
+alcances, se le llamó durante toda la carrera _Rubinius vulgaris_.
+
+Al entrar el año de 1874, tenía Maximiliano veinticinco y no
+representaba aún más de veinte. Carecía de bigote, pero no de granos que
+le salían en diferentes puntos de la cara. A los veintitrés años tuvo
+una fiebre nerviosa que puso en peligro su vida; pero cuando salió de
+ella parecía un poco más fuerte; ya no era su respiración tan fatigosa
+ni sus corizas tan tenaces, y hasta los condenados raigones de sus
+muelas parecían más civilizados. No usaba ya el ioduro tan a pasto ni el
+canuto de brea, y sólo las jaquecas persistían, como esos amigos
+machacones cuya visita periódica causa espanto. Juan Pablo estaba
+entonces en el Cuartel Real, y doña Lupe dejaba a Maximiliano en
+libertad, porque le creía inaccesible a los vicios por razón de su
+pobreza física, de su natural apático y de la timidez que era el
+resultado de aquellas desventajas. Y además de libertad, dábale su tía
+algún dinero para sus placeres de mozo, segura de que no había de
+gastarlo sino con mucho pulso. Inclinábase el chico a economizar, y
+tenía una hucha de barro en la cual iba metiendo las monedas de plata y
+algún centén de oro que le daban sus hermanos cuando venían a Madrid. En
+la ropa era muy mirado, y gustaba de hacerse trajes baratos y de moda,
+que cuidaba como a las niñas de sus ojos. De esto le sobrevino alguna
+presunción, y gracias a ella su figura no parecía tan mala como era
+realmente. Tenía su buena capa de embozos colorados; por la noche se
+liaba en ella, metíase en el tranvía y se iba a dar una vuelta hasta las
+once, rara vez hasta las doce. Por aquel tiempo se mudó doña Lupe a
+Chamberí, buscando siempre casas baratas, y Maximiliano fue perdiendo
+poco a poco la ilusión de los alumnos de Estado Mayor.
+
+Su timidez, lejos de disminuir con los años, parecía que aumentaba.
+Creía que todos se burlaban de él considerándole insignificante y para
+poco. Exageraba sin duda su inferioridad, y su desaliento le hacía huir
+del trato social. Cuando le era forzoso ir a alguna visita, la casa en
+que debía entrar imponíale miedo, aun vista por fuera, y estaba dando
+vueltas por la calle antes de decidirse a penetrar en ella. Temía
+encontrar a alguien que le mirara con malicia, y pensaba lo que había de
+decir, aconteciendo las más de las veces que no decía nada. Ciertas
+personas le infundían un respeto que casi casi era pánico, y al verlas
+venir por la calle se pasaba a la otra acera. Estas personas no le
+habían hecho daño alguno; al contrario, eran amigos de su padre, o de
+doña Lupe o de Juan Pablo. Cuando iba al café con los amigos, estaba muy
+bien si no había más que dos o tres. En este caso hasta se le soltaba la
+lengua y se ponía a hablar sobre cualquier asunto. Pero como se
+reunieran seis u ocho personas, enmudecía, incapaz de tener una opinión
+sobre nada. Si se veía obligado a expresarse, o porque se querían
+_quedar con él_ o porque sin malicia le preguntaban algo, ya estaba mi
+hombre como la grana y tartamudeando.
+
+Por esto le gustaba más, cuando el tiempo no era muy frío, vagar por las
+calles, embozadito en su pañosa, viendo escaparates y la gente que iba y
+venía, parándose en los corros en que cantaba un ciego, y mirando por
+las ventanas de los cafés. En estas excursiones podía muy bien emplear
+dos horas sin cansarse, y desde que se daba cuerda y cogía impulso, el
+cerebro se le iba calentando, calentando hasta llegar a una presión
+altísima en que el joven errante se figuraba estar persiguiendo
+aventuras y ser muy otro de lo que era. La calle con su bullicio y la
+diversidad de cosas que en ella se ven, ofrecía gran incentivo a aquella
+imaginación, que al desarrollarse tarde, solía desplegar los bríos de
+que dan muestras algunos enfermos graves. Al principio no le llamaban la
+atención las mujeres que encontraba; pero al poco tiempo empezó a
+distinguir las guapas de las que no lo eran, y se iba en seguimiento de
+alguna, por puro éxtasis de aventura, hasta que encontraba otra mejor y
+la seguía también. Pronto supo distinguir de _clases_, es decir, llegó a
+tener tan buen ojo, que conocía al instante las que eran honradas y las
+que no. Su amigo _Ulmus sylvestris_, que a veces le acompañaba, indújole
+a romper la reserva que su encogimiento le imponía, y Maximiliano
+conoció a algunas que había visto más de una vez y que le habían
+parecido muy guapetonas. Pero su alma permanecía serena en medio de sus
+tentativas viciosas: las mismas con quienes pasó ratos agradables le
+repugnaban después, y como las viera venir por la calle, les huía el
+bulto.
+
+Agradábale más vagar solo que en compañía de Olmedo, porque este le
+distraía, y el goce de Maximiliano consistía en pensar e imaginar
+libremente y a sus anchas, figurándose realidades y volando sin tropiezo
+por los espacios de lo posible, aunque fuera improbable. Andar, andar y
+soñar al compás de las piernas, como si su alma repitiera una música
+cuyo ritmo marcaban los pasos, era lo que a él le deleitaba. Y como
+encontrara mujeres bonitas, solas, en parejas o en grupos, bien con
+toquilla a la cabeza o con manto, gozaba mucho en afirmarse a sí mismo
+que _aquellas eran honradas_, y en seguirlas hasta ver a dónde iban.
+«¡Una honrada! ¡Que me quiera una honrada!». Tal era su ilusión... Pero
+no había que pensar en tal cosa. Sólo de pensar que le dirigía la
+palabra a una honrada, le temblaban las carnes. ¡Si cuando iba a su casa
+y estaban en ella Rufinita Torquemada o la señora de Samaniego con su
+hija Olimpia, se metía en la cocina por no verse obligado a
+saludarlas...!
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+De esta manera aquel misántropo llegó a vivir más con la visión interna
+que con la externa. El que antes era como una ostra había venido a ser
+algo como un poeta. Vivía dos existencias, la del pan y la de las
+quimeras. Esta la hacía a veces tan espléndida y tal alta, que cuando
+caía de ella a la del pan, estaba todo molido y maltrecho. Tenía
+Maximiliano momentos en que se llegaba a convencer de que era otro, esto
+siempre de noche y en la soledad vagabunda de sus paseos. Bien era
+oficial de ejército y tenía una cuarta más de alto, nariz aguileña,
+mucha fuerza muscular y una cabeza... una cabeza que no le dolía nunca;
+o bien un paisano pudiente y muy galán, que hablaba por los codos sin
+turbarse nunca, capaz de echarle una flor a la mujer más arisca, y que
+estaba en sociedad de mujeres como el pez en el agua. Pues como dije, se
+iba calentando de tal modo los sesos, que se lo llegaba a creer. Y si
+aquello le durara, sería tan loco como cualquiera de los que están en
+Leganés. La suerte suya era que aquello se pasaba, como pasaría una
+jaqueca; pero la alucinación recobraba su imperio durante el sueño, y
+allí eran los disparates y el teje maneje de unas aventuras generalmente
+muy tiernas, muy por lo fino, con abnegaciones, sacrificios, heroísmos y
+otros fenómenos sublimes del alma. Al despertar, en ese momento en que
+los juicios de la realidad se confunden con las imágenes mentirosas del
+sueño y hay en el cerebro un crepúsculo, una discusión vaga entre lo que
+es verdad y lo que no lo es, el engaño persistía un rato, y Maximiliano
+hacía por retenerlo, volviendo a cerrar los ojos y atrayendo las
+imágenes que se dispersaban. «Verdaderamente--decía él--, ¿por qué ha de
+ser una cosa más real que la otra? ¿Por qué no ha de ser sueño lo del
+día y vida efectiva lo de la noche? Es cuestión de nombres y de que
+diéramos en llamar _dormir_ a lo que llamamos _despertar_, y _acostarse_
+al _levantarse_... ¿Qué razón hay para que no diga yo ahora mientras me
+visto: 'Maximiliano, ahora te estás echando a dormir. Vas a pasar mala
+noche, con pesadilla y todo, o sea con clase de _Materia farmacéutica
+animal_...?'».
+
+El tal _Ulmus sylvestris_ era un chico simpático, buen mozo, alegre y de
+cabeza un tanto ligera. De todos los compañeros de _Rubinius vulgaris_,
+aquel era el que más le quería, y Maximiliano le pagaba con un cariño
+que tenía algo de respeto. Llevaba Olmedo una vida muy poco ejemplar,
+mudando cada mes de casa de huéspedes, pasándose las noches en lugares
+pecaminosos, y haciendo todos los disparates estudiantiles, como si
+fueran un programa que había que cumplir sin remedio. Últimamente vivía
+con una tal Feliciana, graciosa y muy corrida, dándose importancia con
+ello, como si el _entretener_ mujeres fuese una carrera en que había que
+matricularse para ganar título de hombre hecho y derecho. Dábale él lo
+poco que tenía, y ella afanaba por su lado para ir viviendo, un día con
+estrecheces, otro con rumbo y siempre con la mayor despreocupación.
+Tomaba él en serio este género de vida, y cuando tenía dinero, invitaba
+a sus amigos a _tomar un bacalao_ en su _hotel_, dándose unos aires de
+hombre de mundo y pillín, con cierta imitación mala del desgaire
+parisiense que conocía por las novelas de Paul de Kock. Feliciana era
+de Valencia, y ponía muy bien el arroz; pero el servicio de la mesa y
+la mesa misma tenían que ver. Y Olmedo lo hacía todo tan al vivo y tan
+con arreglo a programa, que se emborrachaba sin gustarle el vino,
+cantaba flamenco sin saberlo cantar, destrozaba la guitarra y hacía
+todos los desatinos que, a su parecer, constituían el rito de perdido;
+pues a él se le antojó ser perdido, como otros son masones o caballeros
+cruzados, por el prurito de desempeñar papeles y de tener una
+significación. Si existiera el uniforme de perdido, Olmedo se lo hubiera
+puesto con verdadero entusiasmo, y sentía que no hubiese un distintivo
+cualquiera, cinta, plumacho o galón, para salir con él, diciendo
+tácitamente: «Vean ustedes lo perdulario que soy». Y en el fondo era un
+infeliz. Aquello no era más que una prolongación viciosa de la _edad del
+pavo_.
+
+Maximiliano no iba nunca a las francachelas de su amigo, aunque este le
+convidaba siempre. Pero se informaba de la salud de Feliciana, como si
+fuera una señora, y Olmedo también tomaba esto en serio, diciendo: «La
+tengo un poquillo delicada. Hoy le he dicho a Orfila que se pase por
+casa». Este Orfila era un estudiantillo de último año de Medicina, que
+se llamaba lo mismo que el célebre doctor, y curaba, es decir, recetaba
+a los amigos y a las amigas de los amigos.
+
+Un día, al salir de clase, dijo Olmedo a Rubín: «Vete por casa si
+quieres ver una mujer... hasta allí. Es una amiga de Feliciana, que se
+ha ido a nuestro _hotel_ unos días mientras encuentra colocación».
+
+--¿Es honrada?--preguntó Rubín, mostrando en su tono la importancia que
+daba a la honradez.
+
+--¡Honrada!, ¡qué narices!--exclamó el perdis riendo--. ¿Pero tú crees
+que hay alguna mujer que sea... lo que se llama honrada?
+
+Esto lo dijo con aplomo filosófico, el sombrero inclinado sobre la sien
+derecha como distintivo de sus ideas acerca de la depravación humana. Ya
+no había mujeres honradas: lo decía un conocedor profundo de la sociedad
+y del vicio. El escepticismo de Olmedo era signo de infancia, un
+desorden de transición fisiológica, algo como una segunda dentición.
+Todo se reduce a echar muchas babas, y luego ya viene el hombre con
+otras ideas y otra manera de ser.
+
+«¡Con que no es honrada!...» apuntó Maximiliano, que habría deseado que
+todas las hembras lo fueran.
+
+--¿Qué ha de ser, hombre?... ¡Buena púa está! Llegó a Madrid no hace
+mucho tiempo con un barbián... creo que tratante en fusiles. ¡Traían un
+tren, chico!... La vi una noche... Te juro que daba el puro opio.
+Parecía del propio París... Pero yo no sé lo que pasó, ¡narices!
+
+Aquel señor no jugaba limpio, y una mañana se largó dejando un pico muy
+grande en la casa de huéspedes, y otro pico no sé dónde, y picos y
+picos... Total, que la pobre tuvo que empeñar todos sus trapos y se
+quedó con lo puesto, nada más que con lo puesto, cuando lo tiene puesto
+se entiende. Feliciana se la encontró no sé dónde hecha un mar de
+lágrimas, y le dijo: «vente a mi casa». ¡Allí está! Hace sus saliditas,
+ojo al Cristo, para lo cual Feliciana le presta su ropa. No te creas; es
+una chica muy buena. ¡Tiene un ángel...!
+
+Por la noche fue Maximiliano al _hotel_ de Feliciana, tercer piso en la
+calle de Pelayo, y al entrar, lo primero que vio... Es que junto a la
+puerta de entrada había un cuartito pequeño, que era donde moraba la
+huéspeda, y esta salía de su escondrijo cuando Rubín entraba. Feliciana
+había salido a abrir con el quinqué en la mano, porque lo llevaba para
+la sala, y a la luz vivísima del petróleo sin pantalla, encaró
+Maximiliano con la más extraordinaria hermosura que hasta entonces
+habían visto sus ojos. Ella le miró a él como a una cosa rara, y él a
+ella como a sobrenatural aparición.
+
+Pasó Rubín a la salita, y dejando su capa, se sentó en un sillón de hule
+cuyos muelles asesinaban la parte del cuerpo que sobre ellos caía.
+Olmedo quería que su amigo jugase con él a la siete y media; pero como
+Maximiliano se negase a ello, empezó a hacer solitarios. Puso Feliciana
+sobre la luz una pantalla de figurines vestidos con pegotes de trapo, y
+después se echó con indolencia en la butaca, abrigándose con su mantón
+alfombrado.
+
+«Fortunata--gritó llamando a su amiga, que daba vueltas por toda la casa
+como si buscara alguna cosa--. ¿Qué se te ha perdido?».
+
+--Chica, mi toquilla azul.--¿Vas a salir ya?--Sí: ¿qué hora es?
+
+Rubín se alegró de aquella ocasión que se le presentaba de prestar un
+servicio a mujer tan hermosa, y sacando su reloj con mucha solemnidad,
+dijo: «Las nueve menos siete minutos... y medio». No podía decirse la
+hora con exactitud más escrupulosa.
+
+«Ya ves--dijo Feliciana--. tienes tiempo... Hasta las diez. Con que
+salgas de aquí a las diez menos cuarto... ¿Pero esa toquilla?... Mírala,
+mírala en esa silla junto a la cómoda».
+
+--¡Ay!, hija... si llega a ser perro me muerde.
+
+Se la puso, envolviéndose la cabeza, echando miradas a un espejo de
+marco negro que sobre la cómoda estaba, y después se sentó en una silla
+a hacer tiempo. Entonces Maximiliano la miró mejor. No se hartaba de
+mirarla, y una obstrucción singular se le fijó en el pecho, cortándole
+la respiración. ¿Y qué decir? Porque había que decir algo. El pobre
+joven se sentía delante de aquella hermosura más cortado que en la
+visita de más campanillas.
+
+«Bien puedes abrigarte» indicó Feliciana a su amiga; y Rubín vio el
+cielo abierto, porque pudo decir en tono de sentencia filosófica:
+
+--Sí, está la noche fresquecita.
+
+--Llévate el llavín...--añadió Feliciana--. Ya sabes que el sereno se
+llama Paco. Suele estar en la taberna.
+
+La otra no desplegaba sus labios. Parecía que estaba de muy mal humor.
+Maximiliano contemplaba como un bobo aquellos ojos, aquel entrecejo
+incomparable y aquella nariz perfecta, y habría dado algo de mucho
+precio porque ella se hubiese dignado mirarle de otra manera que como se
+mira a los bichos raros. «¡Qué lástima que no sea honrada!--pensaba--. Y
+quién sabe si lo será, quiero decir que conserve la honradez del alma en
+medio de...».
+
+Estaba muy fija en él la idea aquella de las dos honradeces, en algunos
+casos armonizadas, en otros no. Habló Fortunata poco y vulgar; todo lo
+que dijo fue de lo menos digno de pasar a la historia: que hacía mucho
+frío, que se le había descosido un mitón, que aquel llavín parecía la
+_maza de Fraga_, que al volver a casa entraría en la botica a comprar
+unas pastillas para la tos.
+
+Maximiliano estaba encantado, y no atreviéndose a desplegar los labios,
+daba su asentimiento con una sonrisa, sin quitar los extáticos ojos de
+aquel semblante que le parecía angelical. Y cuanto ella dijo lo oyó como
+si fuera una sarta de conceptos ingeniosísimos. «¡Si es un ángel!... No
+ha dicho ni una palabra malsonante... ¡Y qué metal de voz! No he oído en
+mi vida música tan grata... ¿Cómo será el decir esta mujer un _te
+quiero_, diciéndolo con verdad y con alma?». Esta idea produjo en la
+mente de Rubín sacudidas que le duraron mediano rato. Le corrió un frío
+por el espinazo y vínole cierto picor a la nariz como cuando se ha
+bebido gaseosa.
+
+Cansado de hacer solitarios, Olmedo se puso a contar cuentos indecentes,
+lo que a Maximiliano le pareció muy mal. Otras noches había oído
+anécdotas parecidas y se había reído; pero aquella noche se ponía de
+todos colores deseando que a su condenado amigo se le secara la boca.
+«¡Qué desvergüenza contar aquellas marranadas delante de personas... de
+personas decentes, sí señor!». Estaba Rubín tan desconcertado como si
+las dos mujeres allí presentes fuesen remilgadas damas o alumnas de un
+colegio monjil; pero su timidez le impedía mandar callar a Olmedo.
+Fortunata no se reía tampoco de aquellos estúpidos chistes; pero más
+bien parecía indiferente que indignada de oírlos. Estaba distraída
+pensando en sus cosas. ¿Qué cosas serían aquellas? Diera Maximiliano
+por saberlas... su hucha con todo lo que contenía. Al acordarse de su
+tesoro tuvo otra sacudida, y se removió en el asiento lastimándose mucho
+con el duro contacto de aquellos mal llamados muelles.
+
+«Pero el cuento más salado ¡narices!--dijo Olmedo--, es el del panadero.
+¿Lo sabes tú? Cuando aquel obispo fue a la visita pastoral y se acostó
+en la cama del cura... Veréis...».
+
+Fortunata se levantó para marcharse. Ocurriole a Maximiliano salir
+detrás de ella para ver dónde iba. Era la manera especial suya de hacer
+la corte. En su espíritu soñador existía la vaga creencia de que
+aquellos seguimientos entrañaban una comunicación misteriosa, quizás
+magnética. Seguir, mirando de lejos, era un lenguaje o telegrafía _sui
+generis_, y la persona seguida, aunque no volviese la vista atrás, debía
+de conocer en sí los efectos del fluido de atracción. Salió Fortunata
+despidiéndose muy fríamente, y a los dos minutos se despidió también
+Maximiliano con ánimo de alcanzarla todavía en el portal. Pero aquel
+condenado _Ulmus sylvestris_ le entretuvo a la fuerza, cogiéndole una
+mano y apretándosela con bárbaros alardes de vigor muscular, para reírse
+con los chillidos de dolor que daba el pobre _Rubinius vulgaris_. «¡Qué
+asno eres!--exclamaba este, retirando al fin su mano magullada, con los
+dedos pegados unos a otros--. ¡Vaya unas gracias!..
+
+Esto y contar porquerías es tu fuerte. Mejor te pusieras a estudiar».
+
+--_Niño del mérito, papos-castos_, ¿quieres hacer el favor de tocarme
+las narices?
+
+--No te hagas ordinario--dijo Rubín con bondad--. Si no lo eres, si
+aunque quieras parecerlo no lo puedes conseguir.
+
+Esto lastimó el amor propio de Olmedo más que si su amigo le hubiera
+llenado de insultos, porque todo lo llevaba con paciencia menos que se
+le rebajase un pelo de la graduación de perdis que se había dado. Le
+supo tan mal la indulgencia de Rubín, que salió tras él hasta la puerta,
+diciéndole entre otras tonterías: «¡Valiente hipócrita estás tú...
+narices! Estos silfidones, a lo mejor la pegan».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Maximiliano bajó la escalera como la baja uno cuando tiene ocho años y
+se le ha caído el juguete de la ventana al patio. Llegó sin aliento al
+portal, y allí dudó si debía tomar a la derecha o a la izquierda de la
+calle. El corazón le dijo que fuera hacia la calle de San Marcos. Apretó
+el paso pensando que Fortunata no debía de andar muy a prisa y que la
+alcanzaría pronto. «¿Será aquella?». Creyó ver la toquilla azul; pero al
+acercarse notó que no era la nube de su cielo. Cuando veía una mujer
+_que _ _ pudiera ser ella_, acortaba el paso por no aproximarse
+demasiado, pues acercándose mucho no eran tan misteriosos los encantos
+del seguimiento. Anduvo calles y más calles, retrocedió, dio vueltas a
+esta y la otra manzana, y la _dama nocturna_ no parecía. Mayor
+desconsuelo no sintió en su vida. Si la encontrara era capaz hasta de
+hablarle y decirle algún amoroso atrevimiento. Se agitó tanto en aquel
+paseo vagabundo, que a las once ya no se podía tener en pie, y se
+arrimaba a las paredes para descansar un rato. Irse a su casa sin
+encontrarla y darse un buen trote con ella... a distancia de treinta
+pasos, dábale mucha tristeza. Pero al fin se hizo tan tarde y estaba tan
+fatigado, que no tuvo más remedio que coger el tranvía de Chamberí y
+retirarse. Llegó y se acostó, deseando apagar la luz para pensar sobre
+la almohada. Su espíritu estaba abatidísimo. Asaltáronle pensamientos
+tristes, y sintió ganas de llorar. Apenas durmió aquella noche, y por la
+mañana hizo propósito de ir al _hotel_ de Feliciana en cuanto saliera de
+clase.
+
+Hízolo como lo pensó, y aquel día pudo vencer un poco su timidez.
+Feliciana le ayudaba, estimulándole con maña, y así logró Rubín decir a
+la otra algunas cosas que por disimulo de sus sentimientos quiso que
+fueran maliciosas. «Tardecillo vino usted anoche. A las once no había
+vuelto usted todavía». Y por este estilo otras frases vulgares que
+Fortunata oía con indiferencia y que contestaba de un modo desdeñoso.
+Maximiliano reservaba las purezas de su alma para ocasión más oportuna,
+y con feliz instinto había determinado iniciarse como uno de tantos,
+como un cualquiera que no quería más que divertirse un rato. Dejoles
+solos la tunanta de Feliciana, y Rubín se acobardó al principio; pero de
+repente se rehízo. No era ya el mismo hombre. La fe que llenaba su alma,
+aquella pasión nacida en la inocencia y que se desarrolló en una noche
+como árbol milagroso que surge de la tierra cargado de fruto, le removía
+y le transfiguraba. Hasta la maldita timidez quedaba reducida a un
+fenómeno puramente externo. Miró sin pestañear a Fortunata, y cogiéndole
+una mano, le dijo con voz temblorosa: «Si usted me quiere querer, yo...
+la querré más que a mi vida».
+
+Fortunata le miró también a él, sorprendida. Le parecía imposible que el
+_bicho raro_ se expresase así... Vio en sus ojos una lealtad y una
+honradez que la dejaron pasmada. Después reflexionó un instante,
+tratando de apoyarse en un juicio pesimista. Se habían burlado tanto de
+ella, que lo que estaba viendo no podía ser sino una nueva burla. Aquel
+era, sin duda, más pillo y más embustero que los demás. Consecuencia de
+tales ideas fue la sonora carcajada que soltó la mujer aquella ante la
+faz compungida de un hombre que era todo espíritu. Pero él no se
+desconcertó, y la circunstancia de verse escuchado con atención, dábale
+un valor desconocido. ¡Ánimo! «Si usted me quiere, yo la adoraré, yo la
+idolatraré a usted...».
+
+Revelaba la tal mujer un gran escepticismo, y lo que hacía la muy pícara
+era tomar a risa la pasión del joven.
+
+«¿Y si lo probara?--dijo Maximiliano con seriedad que le dio, ¡parece
+mentira!, un tornasol de hermosura--; ¿si le probara a usted de un modo
+que no dejase lugar a dudas...?».
+
+--¿Qué?--¡Que la idolatraré!... no, que ya la estoy idolatrando.
+
+--¡_Tie_ gracia!... ¡idolatrando!, ¡ja, ja!--repitió la otra, y devolvía
+la palabra como se devuelve una pelota en el juego.
+
+Maximiliano no insistió en emplear vocablos muy expresivos. Comprendió
+que lo ridículo se le venía encima. No dijo más que: «Bueno, seremos
+amigos... Me contento con eso por hoy. Yo soy un infeliz, quiero decir,
+soy bueno. Hasta ahora no he querido a ninguna mujer».
+
+Fortunata le miraba y, francamente, no podía acostumbrarse a aquella
+nariz chafada, a aquella boca tan sin gracia, al endeble cuerpo que
+parecía se iba a deshacer de un soplo. ¡Que siempre se enamoraran de
+ella tipos así! Obligada a disimular y a hacer ciertos papeles, aunque
+en verdad no los hacía muy bien, siguió la conversación en aquel
+terreno.
+
+«Esta noche quiero hablar con usted--dijo Rubín categóricarnente--.
+Vendré a las ocho y media. ¿Me da usted palabra de no salir... o de
+esperarme para salir conmigo?».
+
+Diole ella la palabra que con tanta necesidad le pedía el joven, y así
+concluyó la entrevista. Rubín se fue corriendo a su casa.
+
+¡Qué chico! Si parecía otro. Él mismo notaba que algo se había abierto
+dentro de sí, como arca sellada que se rompe, soltando un mundo de
+cosas, antes comprimidas y ahogadas. Era la crisis, que en otros es
+larga o poco acentuada, y allí fue violenta y explosiva. ¡Si hasta le
+parecía que tenía talento...! Como que aquella tarde se le ocurrieron
+pensamientos magníficos y juicios de una originalidad sorprendente.
+Había formado de sí mismo un concepto poco favorable como hombre de
+inteligencia; pero ya, por efecto del súbito amor, creíase capaz de dar
+quince y raya a más de cuatro. La modestia cedió el puesto a un cierto
+orgullo que tomaba posesión de su alma... «Pero ¿y si no me
+quiere?--pensaba desanimándose y cayendo a tierra con las alas rotas--.
+Es que me tendrá que querer... No es el primer caso... Cuando me
+conozca...».
+
+Al mismo tiempo la apatía y la pereza quedaban vencidas... Andábanle por
+dentro comezones y pruritos nuevos, un deseo de hacer algo, y de probar
+su voluntad en actos grandes y difíciles... Iba por la calle sin ver a
+nadie, tropezando con los transeúntes, y a poco se estrella contra un
+árbol del paseo de Luchana. Al entrar en la calle de Raimundo Lulio vio
+a su tía en el balcón tomando el sol. Verla y sentir un miedo muy
+grande, pero muy grande, fue todo uno. «¡Si mi tía lo sabe...!». Pero
+del miedo salió al instante la reacción de valor, y apretó los puños
+debajo de la capa, los apretó tanto que le dolieron los dedos. «Si mi
+tía se opone, que se oponga y que se vaya a los demonios». Nunca, ni aun
+con el pensamiento, había hablado Maximiliano de doña Lupe con tan poco
+respeto. Pero los antiguos moldes estaban rotos. Todo el mundo y toda la
+existencia anteriores a aquel estado novísimo se hundían o se disipaban
+como las tinieblas al salir el sol. Ya no había tía, ni hermanos, ni
+familia, ni nada, y quien quiera que se le atravesase en su camino era
+declarado enemigo. Maximiliano tuvo tal acceso de coraje, que hasta se
+ofreció a su mente con caracteres odiosos la imagen de doña Lupe, de su
+segunda madre. Al subir las escaleras de la casa se serenó, pensando que
+su tía no sabía nada, y si lo sabía, que lo supiera, ¡ea!... «¡Qué
+carácter estoy echando!» se dijo al meterse en su cuarto.
+
+Cerró cuidadosamente la puerta y cogió la hucha. Su primer impulso fue
+estrellarla contra el suelo y romperla para sacar el dinero; y ya la
+tenía en la mano para consumar tan antieconómico propósito, cuando le
+asaltaron temores de que su tía oyera el ruido y entrase y le armara un
+cisco. Acordose de lo orgullosa que estaba doña Lupe de la hucha de su
+sobrino. Cuando iban visitas a la casa la enseñaba como una cosa rara,
+sonándola y dando a probar el peso, para que todos se pasmaran de lo
+arregladito y previsor que era el niño. «Esto se llama formalidad. Hay
+pocos chicos que sean así...».
+
+Maximiliano discurrió que para realizar su deseo, necesitaba comprar
+otra hucha de barro exactamente igual a aquella y llenarla de cuartos
+para que sonara y pesara... Se estuvo riendo a solas un rato, pensando
+en el chasco que le iba a dar a su tía... ¡él, que no había cometido
+nunca una travesura...!, lo único que había hecho, años atrás, era
+robarle a su tía botones para coleccionarlos. ¡Instintos de
+coleccionista, que son variantes de la avaricia! Alguna vez llegó hasta
+cortarle los botones de los vestidos; pero con un solfeo que le dieron
+no le quedaron ganas de repetirlo. Fuera de esto, nada; siempre había
+sido la misma mansedumbre, y tan económico que su tía le amaba más quizá
+por la virtud del ahorro que por las otras.
+
+«Pues señor; manos a la obra. En la cacharrería del paseo de Santa
+Engracia hay huchas exactamente iguales. Compraré una; miraré bien esta
+para tomarle bien las medidas».
+
+Estaba Maximiliano con la hucha en la mano mirándola por arriba y por
+abajo, como si la fuera a retratar, cuando se abrió la puerta y entró
+una chiquilla como de doce años, delgada y espigadita, los brazos
+arremangados, muy atusada de flequillo y sortijillas, con un delantal
+que le llegaba a los pies. Lo mismo fue verla Maximiliano, que se turbó
+cual si le hubieran sorprendido en un acto vergonzoso.
+
+«¿Qué buscas tú aquí, chiquilla sin vergüenza?».
+
+Por toda contestación, la rapaza le enseñó medio palmo de lengua,
+plegando los ojos y haciendo unas muecas de careta fea de lo más
+estrafalario y grotesco que se puede imaginar.
+
+--Sí, bonita te pones... Lárgate de aquí, o verás...
+
+Era la criada de la casa. Doña Lupe odiaba a las mujeronas, y siempre
+tomaba a su servicio niñas para educarlas y amoldarlas a su gusto y
+costumbres. Llamábanla Papitos no sé por qué. Era más viva que la
+pólvora, activa y trabajadora cuando quería, holgazana y mañosa algunos
+días. Tenía el cuerpo esbelto, las manos ásperas del trabajo y el agua
+fría, la cara diablesca, con unos ojos reventones de que sacaba mucho
+partido para hacer reír a la gente, la boca hocicuda y graciosa, con un
+juego de labios y unos dientes blanquísimos que eran como de encargo
+para producir las muecas más extravagantes. Los dos dientes centrales
+superiores eran enormes, y se le veían siempre, porque ni cuando estaba
+de morros cerraba completamente la boca.
+
+Oída la conminación que le hizo Maximiliano, Papitos se desvergonzó más.
+Ella las gastaba así. Cuanto más la amenazaban más pesadita se ponía.
+Volvió a echar fuera una cantidad increíble de lengua, y luego se puso a
+decir en voz baja: «Feo, feo...» hasta treinta o cuarenta veces. Esta
+apreciación, que no era contraria a la verdad ni mucho menos, nunca
+había inspirado a Rubín más que desprecio; pero en aquella ocasión le
+indignó tanto, vamos... que de buena gana le hubiera cortado a Papitos
+toda aquella lenguaza que sacaba.
+
+«¡Si no te largas, de la patada que te doy...!».
+
+Fue tras ella; pero Papitos se puso a salvo. Parecía que volaba. Desde
+el fondo del pasillo, en la puerta de la cocina, repetía sus burlas,
+haciendo con las manos gestos de mico. Volvió él a su cuarto muy
+incomodado y a poco entró ella otra vez.
+
+«¿Qué buscas aquí?».
+
+--Vengo _a por_ la lámpara para aviarla...
+
+El motivo de haber dicho esto la chiquilla con relativo juicio y
+serenidad, fue que se oyeron los pasos de doña Lupe, y su voz temerosa:
+«Mira, Papitos, que voy allá...».
+
+--Tía, venga usted... Está de jarana...
+
+--¡Acusón!--le dijo por lo bajo la chicuela al coger la lámpara--, feón.
+
+--La culpa la tienes tú--añadió severamente doña Lupe, en la puerta--,
+porque te pones a jugar con ella, le ríes las gracias, y ya ves. Cuando
+quieres que te respete, no puede ser. Es muy mal criada.
+
+La tía y el sobrino hablaron un instante.
+
+«¿También vendrás tarde esta noche? Mira que las noches están muy frías.
+Estas heladas son crueles. Tú no estás para valentías».
+
+--No, si no siento nada. Nunca he estado mejor--dijo Rubín, sintiendo
+que la timidez le ganaba otra vez.
+
+--No hagamos simplezas... Hace un frío horrible. ¡Qué año tan malo!
+¿Creerás que anoche no pude entrar en calor hasta la madrugada? Y eso
+que me eché encima cuatro mantas. ¡Qué atrocidad! Como que estamos entre
+las _Cátedras de Roma y Antioquía_, que es, según decía mi Jáuregui, el
+peor tiempo de Madrid.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+¿Va usted esta noche a casa de doña Silvia?--preguntole Rubín.
+
+--Eso pienso. Si tú sales me dejarás allá, y luego irás a buscarme a las
+once en punto.
+
+Esto contrariaba a Maximiliano, porque le tasaba el tiempo; pero no dijo
+nada.
+
+--Y esta tarde, ¿sale usted?--preguntó luego deseando que su tía saliese
+antes de comer, para verificar, mientras ella estuviese fuera, la
+sustitución de las huchas.
+
+--Puede que me llegue un ratito a casa de Paca Morejón.
+
+«Yo la acompañaré a usted... Tengo que ir a ver a Narciso para que me
+preste unos apuntes. La dejaré a usted en la calle de la Habana».
+
+Doña Lupe fue a la cocina y le armó una gran chillería a Papitos porque
+había dejado quemar el principio. Pero la chica estaba muy acostumbrada
+a todo, y se quedaba tan fresca. Como que acabadita de oírse llamar con
+las denominaciones más injuriosas y de recibir un pellizco que le
+atenazaba la carne, poníase detrás de su ama a hacer visajes y a sacar
+la lengua, mientras se rascaba el brazo dolorido.
+
+«Si creerás tú que no te estoy viendo, bribona» decía doña Lupe sin
+volverse, entre risueña y enojada. Y no se podía pasar sin ella.
+Necesitaba tener una criatura a quien reprender y enseñar por los
+procedimientos suyos.
+
+Púsose la mantilla doña Lupe, y tía y sobrino salieron. La primera se
+quedó en la calle de Arango, y el segundo se fue a comprar la hucha y
+tornó a su casa. Había llegado la ocasión de consumar el atentado, y el
+que durante la premeditación se mostraba tan valeroso, cuando se
+aproximaba el instante crítico sentía vivísima inquietud. Empezó por
+asegurarse de la curiosidad de Papitos, echando la llave a la puerta
+después de encender la luz; pero ¿cómo asegurarse de su propia
+conciencia que se le alborotaba, pintándole la falta proyectada como
+nefando delito? Comparó las dos huchas, observando con satisfacción que
+eran exactamente iguales en volumen y en el color del barro. No era
+posible que nadie adviniese la sustitución. Manos a la obra. Lo primero
+era romper la primitiva para coger el oro y la plata, pasando a la nueva
+la calderilla, con más de dos pesetas en _perros_ que al objeto había
+cambiado en la tienda de comestibles. Romper la olla sin hacer ruido era
+cosa imposible. Permaneció un rato sentado en una silla junto a la cama,
+con las dos huchas sobre esta, acariciando suavemente la que iba a ser
+víctima. Su mirada vagaba alrededor de la luz, cazando una idea. La luz
+iluminaba la mesilla cubierta de hule negro, sobre el cual estaban los
+libros de estudio, forrados con periódicos y muy bien ordenados por doña
+Lupe; dos o tres frascos de sustancias medicinales, el tintero y varios
+números de _La Correspondencia_. La mirada del joven revoloteó por la
+estrecha cavidad del cuarto, como si siguiera las curvas del vuelo de
+una mosca, y fue de la mesa a la percha en que pendían aquellos moldes
+de sí mismo, su ropa, el chaqué que reproducía su cuerpo y los
+pantalones que eran sus propias piernas colgadas como para que se
+estiraran. Miró después la cómoda, el baúl y las botas que sobre él
+estaban, sus propios pies cortados, pero dispuestos a andar. Un
+movimiento de alegría y la animación de la cara indicaron que
+Maximiliano había atrapado la idea. Bien lo decía él: con aquellas cosas
+se había vuelto de repente hombre de talento. Levantose, y cogiendo una
+bota salió y fue a la cocina, donde estaba Papitos cantando.
+
+«Chiquilla, ¿me das la mano del almirez? Esta bota tiene un clavo
+tremendo, pero tremendo, que me ha dejado cojo».
+
+Papitos cogió la mano del almirez, haciendo el ademán de machacar al
+señorito la cabeza.
+
+«Vamos, niña, estate quieta. Mira que le cuento todo a la tía. Me
+encargó que tuviera cuidado contigo, y que si te movías de la cocina, te
+diera dos coscorrones».
+
+Papitos se puso a picar la escarola, sin dejar de hacer visajes.
+
+«Y yo le diré--replicó--, yo le diré lo que hace... el muy
+trapisondista...».
+
+Maximiliano se estremeció. «Tonta, ¿qué es lo que yo hago?...» dijo
+sorteando su turbación.
+
+--Encerrarse en su cuarto, _¡ay olé! ¡ay olé!_... para que nadie le
+vea; pero yo le he visto por el agujero de la llave... _¡ay olé! ¡ay
+olé!_...
+
+--¿Qué?--Escribiéndole cartas a la novia.
+
+--Mentira... ¿yo...? Quita allá, enredadora...
+
+Volvió a su cuarto, llevando la mano del almirez, y echada otra vez la
+llave, tapó el agujero con un pañuelo.
+
+«Ella no mirará; pero por si se le ocurre...».
+
+El tiempo apremiaba y doña Lupe podía venir. Cuando cogió la hucha
+llena, el corazón le palpitaba y su respiración era difícil. Dábale
+compasión de la víctima, y para evitar su enternecimiento, que podría
+frustrar el acto, hizo lo que los criminales que se arrojan frenéticos a
+dar el primer golpe para perder el miedo y acallar la conciencia,
+impidiéndose el volver atrás. Cogió la hucha y con febril mano le atizó
+un porrazo. La víctima exhaló un gemido seco. Se había cascado, pero no
+estaba rota aún. Como este primer golpe fue dado sobre el suelo, le
+pareció a Maximiliano que había retumbado mucho, y entonces puso sobre
+la cama el cacharro herido. Su azoramiento era tal que casi le pega a la
+hucha vacía en vez de hacerlo a la llena; pero se serenó, diciendo:
+«¡Qué tonto soy! Si esto es mío, ¿por qué no he de disponer de ello
+cuando me dé la gana?». Y leña, más leña... La infeliz víctima, aquel
+antiguo y leal amigo, modelo de honradez y fidelidad, gimió a los
+fieros golpes, abriéndose al fin en tres o cuatro pedazos. Sobre la cama
+se esparcieron las tripas de oro, plata y cobre. Entre la plata, que era
+lo que más abundaba, brillaban los centenes como las pepitas amarillas
+de un melón entre la pulpa blanca. Con mano trémula, el asesino lo
+recogió todo menos la calderilla, y se lo guardó en el bolsillo del
+pantalón. Los cascos esparcidos semejaban pedazos de un cráneo, y el
+polvillo rojo del barro cocido que ensuciaba la colcha blanca pareciole
+al criminal manchas de sangre. Antes de pensar en borrar las huellas del
+estropicio, pensó en poner los cuartos en la hucha nueva, operación
+verificada con tanta precipitación que las piezas se atragantaban en la
+boca y algunas no querían pasar. Como que la boca era un poquitín más
+estrecha que la de la muerta. Después metió el cobre de las dos pesetas
+que había cambiado.
+
+No había tiempo que perder. Sentía pasos. ¿Subiría ya doña Lupe? No, no
+era ella; pero pronto vendría y era forzoso despachar. Aquellos cascos,
+¿dónde los echaría? He aquí un problema que le puso los pelos de punta
+al asesino. Lo mejor era envolver aquellos despojos sangrientos en un
+pañuelo y tirarlos en medio de la calle cuando saliera. ¿Y la sangre?
+Limpió la colcha como pudo, soplando el polvo. Después advirtió que su
+mano derecha y el puño de la camisa conservaban algunas señales, y se
+ocupó en borrarlas cuidadosamente. También la mano del almirez necesitó
+de un buen limpión. ¿Tendría algo en la ropa? Se miró bien de pies a
+cabeza. No había nada, absolutamente nada. Como todos los matadores en
+igual caso, fue escrupuloso en el examen; pero a estos desgraciados se
+les olvida siempre algo, y donde menos lo piensan se conserva el dato
+acusador que ilumina a la justicia.
+
+Lo que desconcertó a Rubín cuando creyó concluida su faena, fue la
+aprensión de advertir que la hucha nueva no se parecía nada a la
+sacrificada. ¿Cómo antes del crimen las vio tan iguales que parecían una
+misma? Error de los sentidos. También podía ser error la diferencia que
+después del crimen notaba. ¿Se equivocó antes o se equivocaba después?
+En la enorme turbación de su ánimo no podía decidir nada. «Pero si,
+basta tener ojos--decía--, para conocer que esta hucha no es aquella...
+En esta el barro es más recocho, de color más oscuro, y tiene por aquí
+una mancha negra... A la simple vista se ve que no es la misma... Dios
+nos asista. ¿A ver el peso?... Pues el peso me parece que es menor en
+esta... No, más bien mayor, mucho mayor... ¡Fatalidad!».
+
+Quedose parado un largo rato mirando a la luz y viendo en ella a doña
+Lupe en el acto de coger la hucha falsa y decir: «Pero esta hucha... no
+sé... me parece... no es la misma». Dando un gran suspiro, envolvió
+rápidamente en un pañuelo los destrozados restos de la víctima, y los
+guardó en la cómoda hasta el momento de salir. Puso la nueva hucha en el
+sitio de costumbre, que era el cajón alto de la cómoda, abrió la puerta,
+quitando el pañuelo que tapaba el agujero de la llave, y después de
+llevar a la cocina el instrumento alevoso, volvió a su cuarto con idea
+de contar el dinero... Pero si era suyo, ¿a qué tanto miedo y zozobra?
+Él no había robado nada a nadie, y sin embargo, estaba como los
+ladrones. Más derecho era referir a su tía lo que le pasaba, que no
+andar con tapujos. ¡Sí, pues buena se pondría doña Lupe si él le contara
+su aventura y el empleo que daba a sus ahorros! Valía más callar, y
+adelante.
+
+No pudo entretenerse en contar su tesoro, porque entró doña Lupe,
+dirigiéndose inmediatamente a la cocina. Maximiliano se paseaba en su
+cuarto esperando que le llamasen a comer, y hacía cálculos mentales
+sobre aquella desconocida suma que tanto le pesaba. «Mucho debe de ser,
+pero mucho--calculaba--; porque en tal tiempo eché un dobloncito de
+cuatro, y en cual tiempo otro. Y cuando tomé la medicina aquella que
+sabía tan mal, me dio mi tía dos duritos, y cada vez que había que tomar
+purga un durito o medio durito. Lo que es en monedas de a cinco, puede
+que pasen de quince».
+
+Sintió que le renacía el valor. Pero cuando le llamaron a comer, y fue
+al comedor y se encaró con su tía, pensó que esta le iba a conocer en la
+cara lo que había hecho. Mirábale ella lo mismo que el día infausto en
+que le robara los botones arrancándolos de la ropa... Y al sobrinito se
+le alborotó la conciencia, haciéndole ver peligros donde no los había.
+«Me parece--cavilaba, tragando la sopa--, que la colcha no ha quedado
+muy limpia... Caspitina, se me olvidó una cosa; pero una cosa muy
+importante... ver si habían caído pedacitos de barro en alguna parte.
+Ahora recuerdo que oí el _tin_, como si un casquillo saltara en el
+momento del golpe y fuera a chocar disparado con el frasco de ioduro. En
+el suelo quizás... ¡y mi tía barre todos los días!... ¡Cómo me mira! Si
+sospechará algo... Lo que ahora me faltaba era que mi tía hubiese pasado
+por la tienda al volver de casa de las de Morejón, y le hubiera dicho el
+tendero: «Aquí estuvo su sobrino a cambiar dos pesetas en calderilla».
+
+El mirar escrutador de doña Lupe no tenía nada de particular.
+Acostumbrada ella a estudiarle la cara, para ver cómo andaba de salud, y
+el tal semblante era un libro en que la buena señora había aprendido más
+Medicina que Farmacia su sobrino en los textos impresos.
+
+«Me parece que tú no andas bien...--le dijo--. Cuando entré te sentí
+toser... Estas heladas...
+
+Por Dios, ten mucho cuidado; no tengamos aquí otra como la del año
+pasado, que empalmaste cuatro catarros y por poco pierdes el curso. No
+olvides de liarte un pañuelo de seda en la cabeza, de noche, cuando te
+acuestes; y yo que tú empezaría a tomar el agua de brea... No hagas
+ascos. Es bueno curarse en salud. Por sí o por no, mañana te traigo las
+pastillas de Tolú».
+
+Con esto se tranquilizó el joven comprendiendo que las miradas no eran
+más que la inspección médica de todos los días. Comieron y se prepararon
+para salir. El criminal se embozó bien en la capa y apagó la luz de su
+cuarto para coger los restos de la víctima y sacarlos ocultamente. Como
+las monedas que en el bolsillo del pantalón llevaba no eran paja, se
+denunciaban sonando una contra otra. Por evitar este ruido inoportuno,
+Maximiliano se metió un pañuelo en aquel bolsillo, atarugándolo bien
+para que las piezas de plata y oro no chistasen, y así fue en efecto,
+pues en todo el trayecto desde Chamberí hasta la casa de Torquemada el
+oído de doña Lupe, que siempre se afinaba con el rumor de dinero como el
+oído de los gatos con los pasos del ratón, y hasta parecía que entiesaba
+las orejas, no percibió nada, absolutamente nada. El sobrinito, cuando
+creía que las monedas se movían, atarugaba el bolsillo como quien ataca
+un arma. ¡Creeríase que le había salido un tumor en la pierna!...
+
+
+
+
+-II-
+
+Afanes y contratiempos de un redentor
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Grande fue el asombro de Fortunata aquella noche cuando vio que
+Maximiliano sacaba puñados de monedas diferentes, y contaba con rapidez
+la suma, apartando el oro de la plata. A la sorpresa un tanto alegre de
+la joven, siguió pronto sospecha de que su improvisado amigo hubiese
+adquirido aquel caudal por medios no muy limpios. Creyó ver en él un
+hijo de familia que, arrastrado de la pasión y cegado por la tontería,
+se había incautado de la caja paterna. Esta idea la mortificó mucho,
+haciéndole ver la cruel insistencia con que su destino la maltrataba.
+Desde que fue lanzada a los azares de aquella vida, se había visto
+siempre unida a hombres groseros, perversos o tramposos, _lo peor de
+cada casa_.
+
+No dejó entrever a Maximiliano sus sospechas sobre la procedencia del
+dinero, que, viniera de donde viniese, no podía ser mal recibido, y poco
+a poco se fue tranquilizando al ver que el apreciable muchacho hacía
+alarde de poseer ideas económicas enteramente contrarias a las de sus
+predecesores. «Esto--dijo mostrándole un grupito de monedas de oro--, es
+para que desempeñes la ropa que te sea más necesaria... Los trajes de
+lujo, el abrigo de terciopelo, el sombrero y las alhajas se sacarán más
+adelante, y se renovará el préstamo para que no se pierdan. Olvídate por
+ahora de todo lo que es pura ostentación. Acabose el barullo. Se gastará
+nada más que lo que se tenga, para no hacer ni una trampa, pero ni una
+sola trampa. Fíjate bien». Esta sensatez era cosa nueva para Fortunata,
+y empezó a corregir algo sus primeras ideas acerca de su amante y a
+considerarle mejor que los demás. En los días siguientes Olmedo confirmó
+esta buena opinión, hablándole con vivos encarecimientos de la
+formalidad de aquel chico y de lo muy arregladito que era.
+
+Quedó convenido entre Fortunata y su protector tomar un cuarto que
+estaba desalquilado en la misma casa. Rubín insistió mucho en la
+modestia y baratura de los muebles que se habían de poner, porque...
+(para que se vea si era juicioso) «conviene empezar por poco». Después
+se vería, y el humilde hogar iría creciendo y embelleciéndose
+gradualmente. Aceptaba ella todo sin entusiasmo ni ilusión alguna, más
+bien _por probar_. Maximiliano le era poco simpático; pero en sus
+palabras y en sus acciones había visto desde el primer momento la
+persona decente, novedad grande para ella. Vivir con una persona
+decente despertaba un poco su curiosidad. Dos días estuvo ocupada en
+instalarse. Los muebles se los alquiló una vecina que había levantado
+casa, y Rubín atendió a todo con tal tino, que Fortunata se pasmaba de
+sus admirables dotes administrativas, pues no tenía ni idea remota de
+aquel ingenioso modo de defender una peseta, ni sabía cómo se recorta un
+gasto para reducirlo de seis a cinco, con otras artes financieras que el
+excelente chico había aprendido de doña Lupe.
+
+Tratando de medir el cariño que sentía por su amiga, Maximiliano hallaba
+pálida e inexpresiva la palabra querer, teniendo que recurrir a las
+novelas y a la poesía en busca del verbo amar, tan usado en los
+ejercicios gramaticales como olvidado en el lenguaje corriente. Y aun
+aquel verbo le parecía desabrido para expresar la dulzura y ardor de su
+cariño. Adorar, idolatrar y otros cumplían mejor su oficio de dar a
+conocer la pasión exaltada de un joven enclenque de cuerpo y robusto de
+espíritu.
+
+Cuando el enamorado se iba a su casa, llevaba en sí la impresión de
+Fortunata transfigurada. Porque no ha habido princesa de cuento oriental
+ni dama del teatro romántico que se ofreciera a la mente de un caballero
+con atributos más ideales ni con rasgos más puros y nobles. Dos
+Fortunatas existían entonces, una la de carne y hueso, otra la que
+Maximiliano llevaba estampada en su mente. De tal modo se sutilizaron
+los sentimientos del joven Rubín con aquel extraordinario amor, que este
+le inspiraba no sólo las buenas acciones, el entusiasmo y la abnegación,
+sino también la delicadeza llevada hasta la castidad. Su naturaleza
+pobre no tenía exigencias; su espíritu las tenía grandes, y estas eran
+las que más le apremiaban. Todo lo que en el alma humana puede existir
+de noble y hermoso brotó en la suya, como los chorros de lava en el
+volcán activo. Soñaba con redenciones y regeneraciones, con lavaduras de
+manchas y con sacar del pasado negro de su amada una vida de méritos. El
+generoso galán veía los más sublimes problemas morales en la frente de
+aquella infeliz mujer, y resolverlos en sentido del bien parecíale la
+más grande empresa de la voluntad humana. Porque su loco entusiasmo le
+impulsaba a la salvación social y moral de su ídolo, y a poner en esta
+obra grandiosa todas las energías que alborotaban su alma. Las
+peripecias vergonzosas de la vida de ella no le desalentaban, y hasta
+medía con gozo la hondura del abismo del cual iba a sacar a su amiga; y
+la había de sacar pura o purificada. En aquellas confidencias que ambos
+tenían, creía Maximiliano advertir en la pecadora un cierto fondo de
+rectitud y menos corrupción de lo que a primera vista parecía.
+
+¿Se equivocaría en esto? A veces lo sospechaba; pero su buena fe
+triunfaba al instante de esta sospecha. Lo que sí podía sostener sin
+miedo a equivocarse era que Fortunata tenía vivos deseos de mejorar su
+personalidad, es decir, de adecentarse y pulirse. Su ignorancia era,
+como puede suponerse, completa. Leía muy mal y a trompicones, y no sabía
+escribir.
+
+Lo esencial del saber, lo que saben los niños y los paletos, ella lo
+ignoraba, como lo ignoran otras mujeres de su clase y aun de clase
+superior. Maximiliano se reía de aquella incultura rasa, tomando en
+serio la tarea de irla corrigiendo poco a poco. Y ella no disimulaba su
+barbarie; por el contrario, manifestaba con graciosa sinceridad sus
+ardientes deseos de adquirir ciertas ideas y de aprender palabras finas
+y decentes. Cada instante estaba preguntando el significado de tal o
+cual palabra, e informándose de mil cosas comunes. No sabía lo que es el
+Norte y el Sur. Esto le sonaba a cosa de viento; pero nada más. Creía
+que un senador es algo del Ayuntamiento. Tenía sobre la imprenta ideas
+muy extrañas, creyendo que los autores mismos ponían en las páginas
+aquellas letras tan iguales. No había leído jamás libro ninguno, ni
+siquiera novela. Pensaba que Europa es un pueblo y que Inglaterra es un
+país de acreedores. Respecto del sol, la luna y todo lo demás del
+firmamento, sus nociones pertenecían al orden de los pueblos
+primitivos. Confesó un día que no sabía quién fue Colón. Creía que era
+un general, así como O'Donnell o Prim. En lo religioso no estaba más
+aventajada que en lo histórico. La poca doctrina cristiana que aprendió
+se le había olvidado. Comprendía a la Virgen, a Jesucristo y a San
+Pedro; les tenía por muy buenas personas, pero nada más. Respecto a la
+inmortalidad y a la redención, sus primeras ideas eran muy confusas.
+Sabía que arrepintiéndose uno, bien arrepentido, se salva; eso no tenía
+duda, y por más que dijeran, nada que se relacionase con el amor era
+pecado.
+
+Sus defectos de pronunciación eran atroces. No había fuerza humana que
+le hiciera decir _fragmento, magnífico, enigma_ y otras palabras
+usuales. Se esforzaba en vencer esta dificultad, riendo y machacando en
+ella; pero no lo conseguía. Las _eses_ finales se le convertían en
+_jotas_, sin que ella misma lo notase ni evitarlo pudiera, y se comía
+muchas sílabas. Si supiera ella qué bonita boca se le ponía al
+comérselas, no intentara enmendar su graciosa incorrección. Pero
+Maximiliano se había erigido en maestro, con rigores de dómine e ínfulas
+de académico. No la dejaba vivir, y estaba en acecho de los solecismos
+para caer sobre ellos como el gato sobre el ratón. «No se dice
+_diferiencia_, sino diferencia. No se dice _Jacometrenzo_, ni _Espiritui
+Santo_, ni _indilugencias_. Además _escamón_ y _escamarse_ son palabras
+muy feas, y llamar _tiologías_ a todo lo que no se entiende es una
+barbaridad. Repetir a cada instante _pa chasco_ es costumbre ordinaria»,
+etc...
+
+Lo mejorcito que aquella mujer tenía era su ingenuidad. Repetidas veces
+sacó Maximiliano a relucir el caso de la deshonra de ella, por ser muy
+importante este punto en el plan de regeneración. El inspirado y
+entusiasta mancebo hacía hincapié en lo malos que son los señoritos y en
+la necesidad de una ley a la inglesa que proteja a las muchachas
+inocentes contra los seductores. Fortunata no entendía palotada de estas
+leyes. Lo único que sostenía era que el tal Juanito Santa Cruz era el
+único hombre a quien había querido de verdad, y que le amaba siempre.
+¿Por qué decir otra cosa? Reconociendo el otro con caballeresca lealtad
+que esta consecuencia era laudable, sentía en su alma punzada de celos,
+que trastornaba por un instante sus planes de redención.
+
+«¿Y le quieres tanto, que si le vieras en algún peligro le salvarías?».
+
+--Claro que sí... me lo puedes creer. Si le viera en un peligro, le
+sacaría en bien, aunque me perdiera yo. No sé decir más que lo que me
+sale de _entre mí_. Si no es verdad esto, que no llegue a la noche con
+salud.
+
+Se puso tan guapa al hacer esta declaración, que Rubín la miró mucho
+antes de decir:
+
+«No, no jures; no necesitas jurarlo. Te creo. Di otra cosa. Y si ahora
+entrara por esa puerta y te dijera: 'Fortunata, ven' ¿irías?».
+
+Fortunata miró a la puerta. Rubín tragaba saliva y buscaba en el sitio
+donde tenemos el bigote algo que retorcer, y encontrando sólo unos pelos
+muy tenues, los martirizaba cruelmente.
+
+«Eso... según...--dijo ella plegando su entrecejo--. Me iría o no me
+iría...».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Maximiliano quería saberlo todo. Era como el buen médico que le pide al
+enfermo las noticias más insignificantes del mal que padece y de su
+historia para saber cómo ha de curarle. Fortunata no ocultaba nada, eso
+bueno tenía, y el doctor amante se encontraba a veces con más quizás de
+lo necesario para la prodigiosa cura. ¡Y qué horrorizado se quedaba
+oyendo contar lo mal que se portó el seductor de aquella hermosura! El
+honradísimo aprendiz de farmacéutico no comprendía que pudieran existir
+hombres tan malos, y las penas todas del infierno parecíanle pocas para
+castigarles. Criminal más perverso que los asesinos y ladrones era,
+según él, el señorito seductor de doncella pobre, que le hacía creer que
+se iba a casar con ella, y después la dejaba plantada en medio del
+arroyo con su chiquillo o con las vísperas. ¿Por cuánto haría esto él,
+Maximiliano Rubín?... El tal Juanito Santa Cruz era, pues, el hombre más
+infame, más execrable y vil que se podía imaginar. Pero la misma
+ofendida no extremaba mucho, como parecía natural, los anatemas contra
+el seductor, por cuya razón tuvo Maximiliano que redoblar su furia
+contra él, llamándole monstruo y otras cosas muy malas. Fortunata veíase
+forzada a repetirlo; pero no había medio de que pronunciara la palabra
+_monstruo_. Se le atravesaba como otras muchas, y al fin, después de mil
+tentativas que parecían náuseas, la soltaba entre sus bonitísimos
+dientes y labios, como si la escupiera.
+
+Prefería contar particularidades de su infancia. Su difunto padre poseía
+un cajón en la plazuela y era hombre honrado. Su madre tenía, como
+Segunda, su tía paterna, el tráfico de huevos. Llamábanla a ella desde
+niña la _Pitusa_, porque fue muy raquítica y encanijada hasta los doce
+años; pero de repente dio un gran estirón y se hizo mujer de talla y de
+garbo. Sus padres se murieron cuando ella tenía doce años... Oía estas
+cosas Maximiliano con mucho placer. Pero con todo, mandábala que fuese
+al grano, a las cosas graves, como lo referente al hijo que había
+tenido. Cuando parte de esta historia fue contada, al joven le faltó
+poco para que se le saltaran las lágrimas. La tierna criatura sin más
+amparo que su madre pobre, la aflicción de esta al verse abandonada,
+eran en verdad un cuadro tristísimo que partía el corazón. ¿Por qué no
+le citó ante los tribunales? Es lo que debía haber hecho. A estos
+tunantes hay que tratarles a la baqueta. Otra cosa. ¿Por qué no se le
+ocurrió darle un escándalo, ir a la casa con el crío en brazos y
+presentarse a doña Bárbara y a D. Baldomero y contarles allí bien
+clarito la gracia que había hecho su hijo?... Pero no, esto no hubiera
+sido muy conforme con la dignidad. Más valía despreciarle, dejándole
+entregado a su conciencia, sí, a su conciencia, que buen jaleo le había
+de armar tarde o temprano.
+
+Fortunata, al oír esto, fijaba sus ojos en el suelo, repitiendo como una
+máquina aquello de que lo mejor era el desprecio. Sí, despreciarle,
+repetía el otro, pues era ignominia solicitar su protección. Aunque le
+dieran lo que le dieran, no era capaz Fortunata de decir _ignominia_.
+Maximiliano insistió en que había sido una gran falta pedir amparo al
+mismo Juanito Santa Cruz, a aquel infame, cuando volvió ella a Madrid y
+le cayó su niño enfermo.
+
+«Pero, tontín, si no es por él, no hubiéramos tenido con qué enterrarle»
+dijo Fortunata saliendo a la defensa de su propio verdugo.
+
+--Primero le dejo yo insepulto, que recurrir... La dignidad, hija, es
+antes que todo. Fíjate bien en esto. Lo que quiero saber ahora es qué
+sujeto era ese con quien te uniste después, el que te sacó de Madrid y
+te llevó de pueblo en pueblo como los trastos de una feria.
+
+--Era un hombre traicionero y malo--dijo Fortunata con desgana, como si
+el recuerdo de aquella parte de su vida le fuera muy desagradable--. Me
+fui con él porque me vi perdida, y no tenía a dónde volverme. Era
+hermano de un vecino nuestro en la Cava de San Miguel. Primeramente tuvo
+un cajón de casquería en la plaza, y después puso tienda de quincalla
+iba a todas las ferias con un sin fin de arcas llenas de baratijas, y
+armaba tiendas. Le llamaban _Juárez el negro_ por tener la color muy
+morena. Viéndome tan mal, me ofreció el oro y el moro, y que iba a hacer
+y a acontecer. Mi tía me echó de la casa y mi tío se desapareció. Yo
+estaba enferma, y Juárez me dijo que si me iba con él, me llevaría a
+baños. Decía que ganaba montes y montones en las romerías, y que yo iba
+a estar como una reina. No se podía casar conmigo porque era casado,
+pero en cuantito que se muriera su mujer, que era una borrachona,
+cumpliría, si señor, cumpliría conmigo.
+
+Y siguió relatando con rapidez aquella página fea, deseando concluirla
+pronto. Lo del señorito Santa Cruz, siendo tan desastroso, lo refería
+con prolijidad y aun con cierta amarga complacencia; pero lo de _Juárez
+el negro_ salía de sus labios como una confesión forzada o testimonio
+ante tribunales, de esos que van quemando la boca a medida que salen.
+¡Cuánto le pesó ponerse en manos de aquel hombre! Era un perdido, un
+charrán, una mala persona. Hubiérase resistido a seguirle, si no le
+empujaran a ello los parientes con quienes vivía, los cuales no tenían
+maldita gana de mantenerle el pico. Pronto vio que todo lo que ofrecía
+_Juárez el negro_ era conversación. No ganaba un cuarto; con el mundo
+entero armaba camorra, y todo el veneno que iba amasando en su maldecida
+alma, por la mala suerte, lo descargaba sobre su querida... En fin, vida
+más arrastrada no la había pasado ella nunca ni esperaba volverla a
+pasar... Con el dinero que Juanito Santa Cruz les dio, cuando estuvieron
+en Madrid y se murió el niñito, hubiera podido el muy bestia de Juárez
+arreglar su comercio; pero ¿qué hizo? Beber y más beber. El vinazo y el
+aguardientazo le remataron. Una mañana despertó ella oyéndole dar unos
+grandes gruñidos... así como si le estuvieran apretando el tragadero.
+¿Qué era? Que se estaba muriendo. Saltó espantada de la cama, y llamó a
+los vecinos. No hubo tiempo de _suministrarle_ y sólo le cogió la
+Unción. Esto pasaba en Lérida. A los dos días, vendió sus cuatro trastos
+y con los cuartos que pudo juntar plantose en Barcelona. Había hecho
+juramento de no volver a tratar con animales. Libertad, libertad y
+libertad era lo que le pedían el cuerpo y el alma.
+
+La verdad ante todo. ¿Para qué decir una cosa por otra? La franqueza es
+una virtud cuando no se tienen otras, y la franqueza obligaba a
+Fortunata a declarar que en la primera temporada de anarquía moral se
+había divertido algo, olvidando sus penas como las olvidan los
+borrachos. Su éxito fue grande, y su falta de educación ayudaba a
+cegarla. Llegó a creer que encenegándose mucho se vengaba de los que la
+habían perdido, y solía pensar que si el pícaro Santa Cruz la veía hecha
+un brazo de mar, tan elegantona y triunfante, se le antojaría quererla
+otra vez. ¡Pero sí, para él estaba...! Contó a renglón seguido tantas
+cosas, que Maximiliano se sintió lastimado. Tuvo precisión de _echar un
+velo, _ como dicen los retóricos, sobre aquella parte de la historia de
+su amada. El velo tenía que ser muy denso porque la franqueza de
+Fortunata arrojaba luz vivísima sobre los sucesos referidos, y su
+pintoresco lenguaje los hacía reverberar... Dio ella entonces algunos
+cortes a su relación, comiéndose no ya las letras sino párrafos y
+capítulos enteros, y he aquí en sustancia lo que dijo: Torrellas, el
+célebre paisajista catalán, era tan celoso que no la dejaba vivir.
+Inventaba mil tormentos armándole trampas para ver si caía o no caía.
+Tan odioso llegó a serle aquel hombre, que al fin se dejó ella caer.
+Metiose adrede en la trampa, conociéndola, por gusto de jugarle una
+partida al muy majadero, porque así se vengaba de las muchas que le
+habían jugado a ella. Y nada más... Total, que por poco la mata el
+condenado pintor de árboles... Lo que más quemaba a este era que la
+infidelidad había sido con un íntimo amigo suyo, pintor también, autor
+del cuadro de David mirando a... Fortunata no se acordaba del nombre,
+pero era una que estaba bañándose... A ninguno de los dos artistas
+quería ella; por ninguno de los dos hubiera dado dos cuartos, si se
+compraran con dinero. Más que ellos valían sus cuadros. Desde que engañó
+al primero con el segundo, se le puso en la cabeza la idea de pegársela
+a los dos con otro, y la satisfacción de este deseo se la proporcionó un
+empleado joven, pobre y algo simpático que se parecía mucho a Juanito
+Santa Cruz.
+
+Otro velo... Maximiliano se vio precisado a echar otro velo... «Cállate,
+hazme el favor de callarte» le dijo, pensando que, según iba saliendo la
+historia, necesitaba lo menos una pieza de tul. Pero ella siguió
+narrando. Pues como iba diciendo, el tal joven salió también un buen
+punto. Una mañana, mientras ella dormía, le empeñó todas sus alhajas,
+para jugar. Y aquí paz... Vino después un viejo que le daba mucho dinero
+y la llevó a París donde se engalanó y afinó extraordinariamente su
+gusto para vestirse. ¡Viejo más cuco!... Había sido general carcunda en
+la otra guerra, y trataba mucho con gente de sotana. Era muy vicioso y
+le daba muchas jaquecas con _tantismas_ incumbencias como tenía. Un día
+se quemó ella y le plantó en la calle. Sucesor, Camps, que le puso casa
+con gran rumbo. Parecía hombre muy rico; pero luego resultó que era un
+trampa-larga. Antes de venir a Madrid le dio a ella olor de chubasco, y
+a poco de estar aquí vio que se venía la tempestad encima. Camps traía
+recomendaciones para el director del Tesoro, y quiso cobrar unos pagarés
+falsos de fusiles que se suponían comprados por el Gobierno. Una noche
+entró en casa muy enfurruñado, trincó una maleta pequeña, llenola de
+ropa, pidió a Fortunata todo el dinero que tenía y dijo que iba al
+Escorial. Escorial fue, que no ha vuelto a parecer. Lo demás bien lo
+sabía Maximiliano... El sucesor de Camps había sido él, y ya se le
+conocía en cierto resplandor de sus ojos el orgullo que la herencia le
+produjera. Porque bien claro lo había dicho Fortunata. ¡Gracias a Dios
+que encontraba en su camino una persona decente!
+
+Sentíase Maximiliano poseedor de una fuerza redentora, hermana de las
+fuerzas creadoras de la Naturaleza. ¡Ya vería el mundo la irradiación de
+bondad y de verdad que él iba a arrojar sobre aquella infeliz víctima
+del hombre!
+
+Desde que la conoció y sintió que el Cielo se le metía en su alma, todo
+en él fue idealismo, nobleza y buenas acciones. ¡Qué diferencia entre él
+y los perdularios en cuyas manos estuvo aquella pobrecita! Por mucho que
+se buscara en la vida de Rubín, no se encontrarían más que dolores de
+cabeza y otras molestias físicas; pero a ver, que le sacaran algún acto
+ignominioso, ni siquiera una falta.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Una de las cosas a que Maximiliano daba más importancia para poner en
+ejecución su plan redentorista era que Fortunata le amara, porque sin
+esto la sublime obra iba a tener sus dificultades. Si Fortunata se
+prendaba de él, aunque se prendara por lo moral, que es la menor
+cantidad de amor posible, no era tan difícil que él la convirtiera al
+bien por la atracción de su alma. De esta necesidad de amor previo
+emanaba la insistencia con que Maximiliano le preguntaba a su ídolo si
+le quería ya algo, si le iba queriendo. Algunas veces contestaba ella
+que sí con esa facilidad mecánica y rutinaria de los niños aplicados que
+se saben la lección; otras veces, más sincera y reflexiva, respondía que
+el cariño no depende de la voluntad ni menos de la razón, y por esto
+acontece que una mujer, que no tiene pelo de tonta, se enamorisca de
+cualquier pelagatos, y da calabazas a las personas decentes. Aseguraba
+estar muy agradecida a Maximiliano por lo bien que se había portado con
+ella, y de aquella gratitud saldría, con el trato, el querer. Según
+Rubín, el orden natural de las cosas en el mundo espiritual establece
+que el amor nazca del agradecimiento, aunque también nace de otros
+padres. El corazón le decía, como él dice las cosas, a la calladita, que
+Fortunata le había de querer de firme; y esperaba con paciencia el
+cumplimiento de esta dulce profecía. Sin embargo, no las tenía todas
+consigo, porque como se dan casos de que salga fallido lo que el corazón
+anuncia, pasaba el pobre chico horas de verdadera angustia, y a solas en
+su casa, se metía en unos cálculos muy hondos para averiguar el estado
+de los sentimientos de su querida. Rápidamente pasaba de la duda más
+cruel a las afirmaciones terminantes. Tan pronto pensaba que no le
+quería ni pizca, como que le empezaba a querer, y todo era discutir y
+analizar palabras, gestos y actos de ella, interpretándolos de una
+manera o de otra. «¿Por qué me dijo tal o cual cosa? ¿Qué querría
+expresar con aquella reticencia?... Y aquella carcajadita, ¿qué
+significaba?... Ayer, cuando me abrió la puerta, no me dijo nada... Pero
+cuando me marché díjome que me abrigara bien».
+
+La casa estaba en una de las muchas rinconadas de la antigua calle de
+San Antón. En el portal había una relojería entre cristales, quedando
+tan poco espacio para la entrada, que los gordos tenían que pasar de
+medio lado; en el piso bajo y tienda una bollería que inundaba la casa
+de emanaciones de canela y azúcar. En el piso principal radicaba una
+casa de préstamos con farolón a la calle, y en ciertos días había en los
+balcones ventilación de capas empeñadas. Más arriba los pisos estaban
+divididos en viviendas estrechas y de poco precio. Había derecha,
+izquierda y dos interiores. Los vecinos eran de dos clases: mujeres
+sueltas, o familias que tenían su comercio en el próximo mercado de San
+Antón. Hueveras y verduleras poblaban aquellos reducidos aposentos,
+echando sus hijos a la escalera para que jugasen. En uno de los segundos
+exteriores vivía Feliciana, y Fortunata en un tercero interior. Lo
+alquiló Rubín por encontrarlo tan a mano, con intención de tomar
+vivienda mejor cuando variaran las circunstancias.
+
+Pasaba Maximiliano allí todo el tiempo de que podía disponer. Por la
+noche estaba hasta las doce y a veces hasta la una, no faltando ni aun
+cuando se veía acometido de sus terribles jaquecas. La sorpresa y
+confusión que a doña Lupe causaba esto no hay para qué decirlas, y no se
+satisfacía con las explicaciones que su sobrinito daba. «Aquí hay gato
+encerrado--decía la astuta señora--, o en términos más claros, _gata
+encerrada_».
+
+Cuando Maximiliano iba con jaqueca a la casa de su amante, esta le
+cuidaba casi tan bien como la propia doña Lupe, y hacía los imposibles
+por conseguir que no metieran bulla los chicos de la huevera. Esto lo
+agradecía tanto el enfermo que se le aumentaba el amor, si fuera capaz
+de aumento lo que ya era tan grande. Observó con satisfacción que
+Fortunata salía a la calle lo menos posible. Por la mañana bajaba a
+hacer su compra, con su cesto al brazo, y al cuarto de hora volvía. Ella
+misma se hacía la comida y limpiaba la casa, en cuyas operaciones se le
+iba casi todo el día. No recibía visitas de mujeres de conducta dudosa,
+y la suya era estrictamente ajustada a las prácticas de una vida
+regular. «Tiene la honradez en la médula de los huesos--decía
+Maximiliano rebosando alegría--. Le gusta tanto trabajar, que cuando
+tiene hecha una cosa la desbarata y la vuelve a hacer por no estar
+ociosa. El trabajo es el fundamento de la virtud. Lo que digo, esta
+mujer ha sido mala a la fuerza».
+
+En medio de estos dulcísimos ensueños de su alma arrebatada, sentía
+Maximiliano unos saetazos que le hacían volver sobresaltado a la
+realidad. Era como la feroz picada de un mosquito cuando estamos
+empezando a dormirnos dulcemente... Por mucho que se estirase el dinero
+sacado de la hucha, al fin se tenía que concluir, porque todo es finito
+en este mundo, y el metálico precisamente es una de las cosas más
+finitas que se pueden imaginar... ¡María Santísima!, cuando el temido
+momento llegase... ¡cuando la última peseta del último duro fuera
+cambiada...! Si el mosquito le picaba a Maximiliano cuando estaba en su
+cama dormido o preparándose a ello, incorporábase tan desvelado cual si
+fueran las doce del día, o se ponía a dar vueltas en el lecho y a
+calentarlo con el ardor de su febril zozobra. A veces invocaba al Cielo
+con íntimo fervor de oración. Esperaba que la obra generosa que había
+emprendido pesase mucho en las recónditas intenciones de la Providencia
+para que Esta le sacase del atolladero en que los amantes iban a caer.
+Él no era un granuja; ella se estaba portando bien, y con su conducta
+echaba velos y más velos sobre lo pasado. Si la Providencia no tenía en
+cuenta estas circunstancias, ¿de qué le valía a uno portarse bien y ser
+un modelo de orden y buena fe? Esto es claro como el agua. Fortunata
+pensaba lo mismo, cuando él le confiaba sus temores. Tenía que ser así,
+o todo lo que se habla de la Providencia es patraña. Pronto diré cómo se
+salieron con la suya, con lo cual se demostró que tenían allá arriba, en
+los mismos cielos, alguna entidad de peso que les protegía. Bien ganada
+se tenían esta protección, porque él, enaltecido por su cariño, ella,
+aspirando a la honradez y ensayándose en practicarla, eran dos seres que
+valían cualquier dinero, o en otros términos, dignos de que se les
+facilitaran los medios de continuar su campaña virtuosa.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+La única visita que recibían era la de Feliciana y Olmedo. Ni una ni
+otro agradaban mucho a Maximiliano: ella por ser ordinaria y de
+sentimientos innobles, incapaz de apetecer la honradez como estado
+permanente; él por ser muy atropellado, muy hablador, muy amigo de
+contar cuentos sucios y de decir palabras indecentes. Entraba siempre
+con el sombrero echado atrás, afectando una grosería de maneras que no
+tenía, imitando los modales y hasta el andar de los borrachos,
+arrastrando las palabras, pero absteniéndose de beber con disculpa de
+mal de estómago, en realidad porque se mareaba y embrutecía a la segunda
+copa. En confianza dijo Maximiliano a Fortunata que debían mudarse de
+casa para no tener vecinos tan contrarios al método de personas decentes
+que se habían impuesto.
+
+De todo lo que el enamorado pensaba hacer para la redención de su
+querida, nada le parecía tan urgente como enseñarla a escribir y a leer
+bien. Todas las mañanas la tenía media hora haciendo palotes. Fortunata
+deseaba aprender; pero ni con la paciencia ni con la atención sostenida
+se desarrollaban sus talentos caligráficos. Estaban ya muy duros
+aquellos dedos para tales primores. El hábito del trabajo en su infancia
+había dado robustez a sus manos, que eran bonitas, aunque bastas, cual
+manos de obrera. No tenía pulso para escribir, se manchaba de tinta los
+dedos y sudaba mucho, poniéndose sofocada y haciendo con los labios una
+graciosa trompeta en el momento de trazar el palote.
+
+«Nada de hociquitos, hija de mi alma; eso es muy feo--le decía el
+profesor acariciándole la cabeza--. No agarrotes los dedos... Si es cosa
+sencillísima, y lo más fácil...».
+
+Ya se ve, para él era fácil; pero ella, que en su vida las había visto
+más gordas, hallaba en la escritura una dificultad invencible. Decía con
+tristeza que no aprendería jamás, y se lamentaba de que en su niñez no
+la hubieran puesto a la escuela. La lectura la cansaba también y la
+aburría soberanamente, porque después de estarse un mediano rato sacando
+las sílabas como quien saca el agua de un pozo, resultaba que no
+entendía ni jota de lo que el texto decía. Arrojaba con desprecio el
+libro o periódico, diciendo que ya no estaba la Magdalena para
+tafetanes.
+
+Si en el orden literario no mostraba ninguna aplicación, en lo tocante
+al arte social no sólo era aplicadísima, sino que revelaba aptitudes
+notables. Las lecciones que Maximiliano le daba referentes a cosas de
+urbanidad y a conocimientos rudimentarios de los que exige la buena
+educación eran tan provechosas, que le bastaban a veces indicaciones
+leves para asimilarse una idea o un conjunto de ideas. «Aunque te
+estorbe lo negro--le decía él--, me parece que tú tienes talento». En
+poco tiempo le enseñó todas las fórmulas que se usan en una visita de
+cumplido, cómo se saluda al entrar y al despedirse, cómo se ofrece la
+casa y otras muchas particularidades del trato fino. Y también aprendió
+cosas tan importantes como la sucesión de los meses del año, que no
+sabía, y cuál tiene treinta y cuál treinta y un días. Aunque parezca
+mentira, este es uno de los rasgos característicos de la ignorancia
+española, más en las ciudades que en las aldeas, y más en las mujeres
+que en los hombres. Gustaba mucho de los trabajos domésticos, y no se
+cansaba nunca. Sus músculos eran de acero, y su sangre fogosa se avenía
+mal con la quietud. Como pudiera, más se cuidaba de prolongar los
+trabajos que de abreviarlos. Planchar y lavar le agradaba en extremo, y
+entregábase a estas faenas con delicia y ardor, desarrollando sin
+cansarse la fuerza de sus puños. Tenía las carnes duras y apretadas, y
+la robustez se combinaba en ella con la agilidad, la gracia con la
+rudeza para componer la más hermosa figura de salvaje que se pudiera
+imaginar. Su cuerpo no necesitaba corsé para ser esbeltísimo. Vestido
+enorgullecía a las modistas; desnudo o a medio vestir, cuando andaba por
+aquella casa tendiendo ropa en el balcón, limpiando los muebles o
+cargando los colchones cual si fueran cojines, para sacarlos al aire,
+parecía una figura de otros tiempos; al menos, así lo pensaba Rubín, que
+sólo había visto belleza semejante en pinturas de amazonas o cosa tal.
+Otras veces le parecía mujer de la Biblia, la Betsabée aquella del baño,
+la Rebeca o la Samaritana, señoras que había visto en una obra
+ilustrada, y que, con ser tan barbianas, todavía se quedaban dos dedos
+más abajo de la sana hermosura y de la gallardía de su amiga.
+
+En los comienzos de aquella vida, Maximiliano abandonó mucho sus
+estudios; pero cuando fue metodizando su amor, la conciencia de la
+misión moral que se proponía cumplir le estimuló al estudio, para
+hacerse pronto hombre de carrera. Y era muy particular lo que le
+ocurría. Se notaba más despierto, más perspicaz para comprender, más
+curioso de los secretos de la ciencia, y le interesaba ya lo que antes
+le aburriera. En sus meditaciones, solía decir que _le había entrado
+talento_, como si dijese que le había entrado calentura. Indudablemente
+no era ya el mismo. En media hora se aprendía una lección que antes le
+llevaba dos horas y al fin no la sabía. Creció su admiración al
+observarse en clase contestando con relativa facilidad a las preguntas
+del profesor y al notar que se le ocurrían apreciaciones muy juiciosas;
+y el profesor y los alumnos se pasmaban de que _Rubinius vulgaris_ se
+hubiera despabilado como por ensalmo. Al propio tiempo hallaba vivo
+placer en ciertas lecturas extrañas a la Farmacia, y que antes le
+cautivaban poco. Algunos de sus compañeros solían llevar al aula, para
+leer a escondidas, obras literarias de las más famosas. Rubín no fue
+nunca aficionado a introducir de contrabando en clase, entre las páginas
+de la _Farmacia químico-orgánica_, el _Werther_ de Goëthe o los dramas
+de Shakespeare. Pero después de aquella sacudida que el amor le dio,
+entrole tal gusto por las grandes creaciones literarias, que se
+embebecía leyéndolas. Devoró el _Fausto_ y los poemas de Heine, con la
+particularidad de que la lengua francesa, que antes le estorbaba, se le
+hizo pronto fácil. En fin, que mi hombre había pasado una gran crisis.
+El cataclismo amoroso varió su configuración interna. Considerábase como
+si hubiera estado durmiendo hasta el momento en que su destino le puso
+delante la mujer aquella y el problema de la redención.
+
+«Cuando yo era tonto--decía sin ocultarse a sí mismo el desprecio con
+que se miraba en aquella época que bien podría llamarse antediluviana--,
+cuando yo era tonto, éralo por carecer de un objeto en la vida. Porque
+eso son los tontos, personas que no tienen misión alguna».
+
+Fortunata no tenía criada. Decía que ella se bastaba y se sobraba para
+todos los quehaceres de casa tan reducida. Muchas tardes, mientras
+estaba en la cocina, Maximiliano estudiaba sus lecciones, tendido en el
+sofá de la sala. Si no fuera porque el espectro de la hucha se le solía
+aparecer de vez en cuando anunciándole el acabamiento del dinero
+extraído de ella, ¡cuán feliz habría sido el pobre chico! A pesar de
+esto, la dicha le embargaba. Entrábale una embriaguez de amor que le
+hacía ver todas las cosas teñidas de optimismo. No había dificultades,
+no había peligros ni tropiezos. El dinero ya vendría de alguna parte.
+Fortunata era buena, y bien claros estaban ya sus propósitos de
+decencia. Todo iba a pedir de boca, y lo que faltaba era concluir la
+carrera y... Al llegar aquí, un pensamiento que desde el principio de
+aquellos amores tenía muy guardadito, porque no quería manifestarlo sino
+en sazón oportuna, se le vino a los labios. No pudo retener más tiempo
+aquel secreto que se le salía con empuje, y si no lo decía reventaba,
+sí, reventaba; porque aquel pensamiento era todo su amor, todo su
+espíritu, la expresión de todo lo nuevo y sublime que en él había, y no
+se puede encerrar cosa tan grande en la estrechez de la discreción.
+Entró la pecadora en la sala, que hacía también las veces de comedor, a
+poner la mesa, operación en extremo sencilla y que quedaba hecha en
+cinco minutos. Maximiliano se abalanzó a su querida con aquella especie
+de vértigo de respeto que le entraba en ocasiones, y besándole
+castamente un brazo que medio desnudo traía, cogiéndole después la mano
+basta y estrechándola contra su corazón, le dijo:
+
+«Fortunata, yo me caso contigo».
+
+Ella se echó a reír con incredulidad; pero Rubín repitió el _me caso
+contigo_ tan solemnemente, que Fortunata lo empezó a creer. «Hace
+tiempo--añadió él--, que lo había pensado... Lo pensé cuando te conocí,
+hace un mes... Pero me pareció bien no decirte nada hasta no tratarte un
+poco... O me caso contigo o me muero. Este es el dilema».
+
+--_Tie_ gracia... ¿Y qué quiere decir _dilema_?
+
+--Pues esto: que o me caso o me muero. Has de ser mía ante Dios y los
+hombres. ¿No quieres ser honrada? Pues con el deseo de serlo y un
+nombre, ya está hecha la honradez. Me he propuesto hacer de ti una
+persona decente y lo serás, lo serás si tú quieres...
+
+Inclinose para coger los libros que se habían caído al suelo. Fortunata
+salió para traer lo que en la mesa faltaba, y al entrar le dijo:
+
+--Esas cosas se calculan bien... no por mí, sino por ti.
+
+--¡Ah!, ya lo tengo pensado; pero muy bien pensado... ¿Y a ti, te había
+ocurrido esto?
+
+--No... no me pasaba por la imaginación. Tu familia ha de hacer la
+contra.
+
+--Pronto seré mayor de edad--afirmó Rubín con brío--. Opóngase o no, lo
+mismo me da...
+
+Fortunata se sentó a su lado, dejando la mesa a medio poner y la comida
+a punto de quemarse. Maximiliano le dio muchos abrazos y besos, y ella
+estaba como aturdida... poco risueña en verdad, esparciendo miradas de
+un lado para otro. La generosidad de su amigo no le era indiferente, y
+contestó a los apretones de manos con otros no tan fuertes, y a las
+caricias de amor con otras de amistad. Levantose para volver a la
+cocina, y en ella su pensamiento se balanceó en aquella idea del
+casorio, mientras maquinalmente echaba la sopa en la sopera... «¡Casarme
+yo!... _¡pa chasco...!_, ¡y con este encanijado...! ¡Vivir siempre,
+siempre con él, todos los días... de día y de noche!... ¡Pero calcula
+tú, mujer... ser honrada, ser casada, señora de Tal... persona
+decente...!».
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Maximiliano solía contar algunos particulares de la familia de Rubín,
+por lo cual tenía ella noticias de doña Lupe, de Juan Pablo y del cura.
+Con los detalles que el joven iba dando de sus parientes, ya Fortunata
+les conocía como si les hubiera tratado. Aquella noche, excitado por el
+entusiasmo que le produjo la resolución de casamiento, se dejó decir,
+tocante a su tía, algo que era quizá indiscreto. Doña Lupe prestaba
+dinero, por mediación de un tal Torquemada, a militares, empleados y a
+todo el que cayese. Hablando con completa sinceridad, Maximiliano no
+_era partidario_ de aquella manera de constituirse una renta; pero él
+¿qué tenía que ver con los actos de su señora tía? Esta le amaba mucho y
+probablemente le haría su heredero. Tenía una papelera antigua, negra y
+muy grande, de hierro, frente a su cama, donde guardaba el dinero y los
+pagarés de los préstamos. Gastaba lo preciso y de mes en mes su fortuna
+aumentaba, sabe Dios cuánto. Debía de ser muy rica, pero muy rica,
+porque él veía que Torquemada le llevaba _resmas_ de billetes. En cuanto
+a su hermano Juan Pablo, ya se sabía a ciencia cierta que estaba con los
+carlistas, y si estos triunfaban, ocuparía una posición muy alta. Su
+hermano Nicolás había de parar en canónigo, y quién sabe, quién sabe si
+en obispo... En fin, que por todos lados se ofrecía a la joven pareja
+horizontes sonrosados. En estas y otras conversaciones se pasaron la
+primera noche, hasta que se retiró Maximiliano a su casa, quedándose
+Fortunata tan pensativa y preocupada que se durmió muy tarde y pasó la
+noche intranquila.
+
+El amante también estaba poco dispuesto al sueño; mas era porque el
+entusiasmo le hacía cosquillas en el epigastrio, atravesándole un bulto
+en el vértice de los pulmones, con lo que le pesaba el respirar, y
+además poníale candelas encendidas en el cerebro. Por más que él soplaba
+para apagarlas y poder dormirse, no lo podía conseguir. Su tía estaba
+con él un poco seria. Sin duda sospechaba algo, y como persona de mucho
+pesquis, no se tragaba ya aquellas bolas del estudiar fuera de casa y de
+los amigos enfermos a quienes era preciso velar. A los dos días de aquel
+en que el exaltado mozo se arrancó a prometer su mano, doña Lupe tuvo
+con él una grave conferencia. El semblante de la señora no revelaba tan
+sólo recelo, sino profunda pena, y cuando llamó a su sobrino para
+encerrarse con él en el gabinete, este sintió desvanecerse su valor.
+Quitose la señora el manto y lo puso sobre la cómoda bien doblado.
+Después de clavar en él los alfileres, mirando a su sobrino de un modo
+que le hizo estremecer, le dijo: «Tengo que hablarte _detenidamente_».
+Siempre que su tía empleaba el _detenidamente_, era para echarle un
+réspice.
+
+«¿Tienes hoy jaqueca?» le preguntó después doña Lupe.
+
+Maximiliano estaba muy bien de la cabeza; pero para colocarse en buena
+situación, dijo que sentía principios de jaqueca. Así doña Lupe tendría
+compasión de él. Dejose caer en un sillón y se comprimió la frente.
+
+«Pues se trata de una mala noticia--aseveró la viuda de Jáuregui--,
+quiero decir, mala, precisamente mala no... aunque tampoco es buena».
+
+Rubín, sin comprender a qué podía referirse su tía, barruntó que nada
+tenía que ver aquello con sus amores clandestinos, y respiró. La
+opresión del epigastrio se le hizo más ligera, y se acabó de
+tranquilizar al oír esto:
+
+«La noticia no ha de afectarte mucho. ¿Para qué tanto rodeo? Tu tía doña
+Melitona Llorente ha pasado a mejor vida. Mira la carta en que me lo
+dice el señor cura de Molina de Aragón. Murió como una santa, recibió
+todos los Sacramentos y dejó treinta mil reales para misas».
+
+Maximiliano conocía muy poco a su tía materna. La había visto sólo dos o
+tres veces siendo muy niño, y no vivía en su imaginación sino por las
+rosquillas y el arrope que mandaba de regalo todos los años en vida de
+D. Nicolás Rubín. La noticia del fallecimiento de esta buena señora le
+afectó poco.
+
+«Todo sea por Dios» murmuró por decir algo.
+
+Doña Lupe se volvió de espaldas para abrir el cajón de la cómoda y en
+esta postura le dijo:
+
+«Tú y tus hermanos heredáis a Melitona, que por mis cuentas debía tener
+un capitalito sano de veinte o veinticinco mil duros».
+
+Maximiliano no oyó bien por estar su tía de espaldas, y aquello le
+interesaba tanto que se levantó, puso un codo sobre la cómoda y allí se
+hizo repetir el concepto para enterarse bien.
+
+«Esas son mis cuentas--agregó doña Lupe--; pero ya ves que en los
+pueblos no se sabe lo que se tiene y lo que no se tiene. Probablemente
+la difunta emplearía algún dinero en préstamos, que es como tirarlo al
+viento. Se cobra tarde y mal, cuando se cobra. De modo que no os hagáis
+muchas ilusiones. Cuando Juan Pablo venga a Madrid irá a Molina de
+Aragón a enterarse del testamento y recoger lo que es vuestro».
+
+--Pues que vaya inmediatamente--dijo Maximiliano dando una palmada sobre
+la cómoda--; pero aquello de llegar y en la misma estación coger el
+billete y zas... al tren otra vez.
+
+--Hombre, no tanto. Tu hermano está en Bayona. Lo mejor es que se pase
+por Molina antes de venir a Madrid. Le escribiré hoy mismo. Sosiégate;
+tú eres así, o la apatía andando o la pura pólvora... Eso es ahora, que
+antes, para mover un pie le pedías licencia al otro. Te has vuelto muy
+atropellado.
+
+Le miró de un modo tan indagador, que al pobre chico se le volvieron a
+abatir los ánimos. Era hombre de carácter siempre que su tía no le
+clavase la flecha de sus ojuelos pardos y sagaces, y viose tan perdido
+que se apresuró a variar la conversación, preguntando a su tía cuántos
+años tenía doña Melitona. Estuvo la señora de Jáuregui un ratito
+haciendo cuentas, estirado el labio inferior, la cabeza oscilando como
+un péndulo y los ojos vueltos al techo, hasta que salió una cifra, de la
+cual Maximiliano no se hizo cargo. Volvió después doña Lupe a tomar en
+boca la metamorfosis de su sobrino, deslizando algunas bromitas, que a
+este le supieron a cuerno quemado. «Ya se ve, con esos estudios que
+haces ahora en casa de los amigos, te habrás vuelto un pozo de
+ciencia... A mí no me vengas con fábulas. Tú te pasas el día y la mitad
+de la noche en alguna conspiración... porque por el lado de las mujeres
+no temo nada, francamente. Ni a ti te gusta eso, ni puedes aunque te
+gustara...».
+
+Aquel _ni puedes_ incomodaba tanto al joven y le parecía tan humillante,
+que a punto estuvo de dar a su tía un mentís como una casa. Pero no pasó
+de aquí, pues doña Lupe tuvo que ocuparse de cosas más graves que
+averiguar si su sobrino podía o no podía. Papitos fue quien le salvó
+aquel día, atrayendo a sí toda la atención del ama de la casa. Porque la
+mona aquella tenía días. Algunos lo hacía todo tan bien y con tanta
+diligencia y aseo, que doña Lupe decía que era una perla. Pero otros no
+se la podía aguantar. Aquel día empezó de los buenos y concluyó siendo
+de los peores. Por la mañana había cumplido admirablemente; estuvo muy
+suelta de lengua y de manos, haciendo garatusas y dando brincos en
+cuanto la señora le quitaba la vista de encima. Semejante fiebre era
+señal de próximos trastornos. En efecto, por la tarde dividió en dos la
+tapa de una sopera, y desde entonces todo fue un puro desastre. Cuando
+se enfurruñaba creeríase que hacía las cosas mal adrede. Le mandaban
+esto y se salía con lo otro. No se pueden contar las faltas que cometió
+en una hora. Bien decía doña Lupe que tenía los demonios metidos en el
+cuerpo y que era mala, pero mala de veras, una sinvergüenza, una mal
+criada y una calamidad... _en toda la extensión de la palabra_. Y
+mientras más repelones le daban, peor que peor. Pasó tanta agua del
+puchero del agua caliente al puchero de la verdura, que esta quedó
+encharcada. Los garbanzos se quemaron, y cuando fueron a comerlos
+amargaban como demonios. La sopa no había cristiano que la pasara de
+tanta sal como le echó aquella condenada. Luego era una insolente,
+porque en vez de reconocer sus torpezas decía que la señora tenía la
+culpa, y que ella, la muy piojosa, no estaría allí ni un día más porque
+_misté... en cualsiquiera parte la tratarían mejor_.
+
+Doña Lupe discutía con ella violentamente, argumentando con crueles
+pellizcos, y añadiendo que estaba autorizada por la madre para
+descuartizarla si preciso era. A lo que Papitos contestaba echando
+lumbre por los ojos: «¡Ay, hija, no me descuartice usted tanto!». Este
+solía ser el periodo culminante de la disputa, que concluía dándole la
+señora a su sirviente una gran bofetada y rompiendo la otra a llorar...
+Los disparates seguían, y al servir la mesa ponía los platos sobre ella
+sin considerar que no eran de hierro. Doña Lupe la amenazaba con
+mandarla a la _galera_ o con llamar una pareja, con escabecharla y
+ponerla en salmuera, y poco a poco se iba aplacando la fierecilla hasta
+que se quedaba como un guante.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Maximiliano, gozoso de ver que su tía con aquel gran alboroto, no se
+ocupaba de él, poníase de parte de la autoridad y en contra de Papitos.
+Sí, sí; era muy mala, muy descarada, y había que atarla corto. Azuzaba
+la cólera de doña Lupe para que esta no se revolviese contra él
+hablándole de su cambio de costumbres y de lo que hacía fuera de casa.
+
+Doña Lupe fue aquella noche a casa de las de la Caña, y se estuvo allá
+las horas muertas. Maximiliano entró a las once. Había dejado a
+Fortunata acostada y casi dormida, y se retiró decidido a afrontar las
+chafalditas de su tía y a explicarse con ella. Porque después del caso
+de la herencia, ya no podía dudar de que la Providencia le favorecía,
+abriéndole camino. Nunca había sido él muy religioso; pero aquella noche
+parecíale desacato y aun ingratitud no consagrar a la divinidad un
+pensamiento, ya que no una oración. Estaba como un demente. Por el
+camino miraba a las estrellas y las encontraba más hermosas que nunca, y
+muy mironas y habladoras. A Fortunata, sin mentarle la herencia por
+respeto a la difunta, le dijo algo de sus fincas de Molina de Aragón, y
+de que si el dinero en hipotecas era el mejor dinero del mundo. A veces
+su imaginación agrandaba las cifras de la herencia, añadiéndole ceros,
+«porque esa gente de los pueblos no gasta un cuarto, y no hace más que
+acumular, acumular...».
+
+Los faroles de la calle le parecían astros, los transeúntes excelentes
+personas, movidas de los mejores deseos y de sentimientos nobilísimos.
+Entró en su casa resuelto a espontanearse con su tía... «¿Me
+atreveré?--pensaba--. Si me atreviera... ¿Y qué hay de malo en esto? En
+último caso, ¿qué puede hacer mi tía? ¿Acaso me va a comer? Si me niega
+el derecho de casarme con quien me dé la gana, ya le diré yo cuántas son
+cinco. No se conoce el genio de las personas hasta que no llega la
+ocasión de mostrarlo». A pesar de estas disposiciones belicosas, cuando
+Papitos le dijo que la señora no había vuelto todavía, quitósele de
+encima un gran peso, porque en verdad la revelación del secreto y el
+cisco que había de seguirle eran para acoquinar al más pintado. No le
+arredraba el miedo de ser vencido, porque su amor y su misión le darían
+seguramente coraje; pero convenía proceder con tacto y diplomacia,
+pensar bien lo que iba a decir para no ofender a su tía, y, si era
+posible, ponerla de su parte en aquel tremendo pleito.
+
+Se fue a la cocina detrás de Papitos, siguiendo una costumbre antigua de
+hacer tertulia y de entretenerse en pláticas sabrosas cuando se
+encontraban solos. Un año antes, la criadita y el estudiante se pasaban
+las horas muertas en la cocina, contándose cuentos o proponiéndose
+acertijos. En estos era fuerte la chiquilla. Sus carcajadas se oían
+desde la calle cuando repetía la adivinanza, sin que el otro la pudiera
+acertar. Maximiliano se rascaba la cabeza, aguzando su entendimiento;
+pero la solución no salía. Papitos le llamaba zote, bruto y otras cosas
+peores sin que él se ofendiera. Tomaba su revancha en los cuentos, pues
+sabía muchos, y ella los escuchaba con embeleso, abierta la boca de par
+en par y los ojos clavados en el narrador. Aquella noche estaba Papitos
+de muy mal temple por la soba que se había llevado, y le tenía mucha
+tirria al señorito porque no se puso de su parte en la contienda, como
+otras veces. «Feo, tonto--le dijo aguzando la jeta cuando le vio
+sentarse en la mesilla de pino de la cocina--. Acusón, patoso... memo en
+polvo».
+
+Maximiliano buscaba una fórmula para pedirle perdón sin menoscabo de su
+dignidad de señorito. Sentíase con impulsos de protección hacia ella.
+Verdad que habían jugado juntos; que el año anterior, a pesar de la
+diferencia de edades, eran tan niños el uno como el otro, y se
+entretenían en enredos inocentes. Pero ya las cosas habían cambiado. Él
+era hombre, ¡y qué hombre!, y Papitos una chiquilla retozona sin pizca
+de juicio. Pero tenía buena índole, y cuando sentara la cabeza y diera
+un estirón sería una criada inapreciable. La chiquilla, después que le
+dijo todas aquellas injurias, se puso a repasar una media, en la cual
+tenía metida la mano izquierda como en un guante. Sobre la mesa estaba
+su estuche de costura, que era una caja de tabacos. Dentro de ella había
+carretes, cintajos, un canuto de agujas muy roñoso, un pedazo de cera
+blanca, botones y otras cosas pertinentes al arte de la costura. La
+cartilla en que Papitos aprendía a leer estaba también allí, con las
+hojas sucias y reviradas. El quinqué de la cocina con el tubo ahumado y
+sin pantalla, iluminaba la cara gitanesca de la criada, dándole un tono
+de bronce rojizo, y la cara pálida y serosa del señorito con sus ojeras
+violadas y sus granulaciones alrededor de los labios.
+
+«¿Quieres que te tome la lección?» dijo Rubín cogiendo la cartilla.
+
+--Ni falta... canijo, espátula, _paice_ un garabito... No quiero que me
+tome _lición_--replicó la chica remedándole la voz y el tono.
+
+--No seas salvaje... Es preciso que aprendas a leer, para que seas mujer
+completa--dijo Rubín esforzándose en parecer juicioso--. Hoy has estado
+un poco salida de madre, pero ya eso pasó. Teniendo juicio, se te mirará
+siempre como de la familia.
+
+--_¡Mia este!_... Me zampo yo a la familia...--chilló la otra
+remedándole y haciendo las morisquetas diabólicas de siempre.
+
+--No te abandonaremos nunca--manifestó el joven henchido de deseos de
+protección--. ¿Sabes lo que te digo?... Para que lo sepas, chica, para
+que lo sepas, ten entendido que cuando yo me case... cuando yo me case,
+te llevaré conmigo para que seas la doncella de mi señora.
+
+Al soltar la carcajada se tendió Papitos para atrás con tanta fuerza,
+que el respaldo de la silla crujió como si se rompiera.
+
+--¡Casarse él, _vusté_!... memo, más que memo, ¡casarse!--exclamó--. Si
+la señorita dice que _vusté_ no se puede casar... Sí, se lo decía a
+doña Silvia la otra noche.
+
+La indignación que sintió Maximiliano al oír este concepto fue tan viva,
+que de manifestarse en hechos habría ocurrido una catástrofe. Porque tal
+ultraje no podía contestarse sino agarrando a Papitos por el pescuezo y
+estrangulándola. El inconveniente de esto consistía en que Papitos tenía
+mucha más fuerza que él.
+
+--Eres lo más animal y lo más grosero...--balbució Rubín--, que he visto
+en mi vida. Si no te curas de esas tonterías, nunca serás nada.
+
+Papitos alargó el brazo izquierdo en que tenía la media, y asomando sus
+dedos por los agujeros, le cogió la nariz al señorito y le tiró de ella.
+
+--¡Que te estés quieta!... ¡vaya!... Tú no te has llevado nunca una
+solfa buena, y soy yo quien te la va a dar... ¿Y por qué son esas risas
+estúpidas?... ¿Porque he dicho que me caso? Pues sí señor, me caso
+porque me da la gana.
+
+Tiempo hacía que Maximiliano deseaba hablar de aquella manera con
+alguien, y manifestar su pensamiento libre y sin turbación. La
+confidencia que tan difícil era con otra persona, resultaba fácil con la
+cocinerita, y el hombre se creció después de dichas las primeras
+palabras.
+
+«Tú eres una inocente--le dijo poniéndole la mano en el hombro--, tú no
+conoces el mundo, ni sabes lo que es una pasión verdadera».
+
+Al llegar a este punto, Papitos no entendió ni jota de lo que su
+señorito le decía... Era un lenguaje nuevo, como eran nuevas la
+expresión de él y la cara seria que puso. No ponía aquella cara cuando
+contaba los cuentos.
+
+«Porque verás tú--continuó Rubín, expresándose con alma--; el amor es la
+ley de las leyes, el amor gobierna el mundo. Si yo encuentro la mujer
+que me gusta, que es la mitad, si no la totalidad de mi vida, una mujer
+que me transforme, inspirándome acciones nobles y dándome cualidades que
+antes no tenía, ¿por qué no me he de casar con ella? A ver, que me lo
+digan; que me den una razón, media razón siquiera... Porque tú no me has
+de salir con argumentos tontos; tú no has de participar de esas
+preocupaciones por las cuales...».
+
+Al llegar aquí, el orador se embarulló algo, y no ciertamente por miedo
+a la dialéctica de su contrario. Papitos, después de asombrarse mucho de
+la solemnidad con que el señorito hablaba y de las cosas incomprensibles
+que le decía, empezó a aburrirse. Siguió Maximiliano descargando su
+corazón, que otra coyuntura de desahogo como aquella no se le volvería a
+presentar, y por fin la niña estiró el brazo izquierdo sobre la mesa, y
+como estaba tan fatigada del ajetreo de aquel día y de los coscorrones,
+hizo del brazo almohada y reclinó su cabeza en ella. En aquel momento,
+Maximiliano, exaltado por su propia elocuencia, se dejó decir: «La única
+razón que me dan es que si ha sido o no ha sido esto o lo otro. Respondo
+que es falso, falsísimo. Si hay en su existencia días vergonzosos, y no
+diré tanto como vergonzosos, días borrascosos, días desventurados, ha
+sido por ley de la necesidad y de la pobreza, no por vicio... Los
+hombres, los señoritos, esa raza de Caín, corrompida y miserable, tienen
+la culpa... Lo digo y lo repito. La responsabilidad de que tanta mujer
+se pierda recae sobre el hombre. Si se castigara a los seductores y a
+los petimetres... la sociedad...».
+
+Papitos dormía como un ángel, apoyada la mejilla sobre el brazo tieso, y
+conservando en la mano de él la media, por cuyos agujeros asomaban los
+dedos. Dormía con plácido reposo, la cara seria, como si aprobase
+inconscientemente las perrerías que el otro decía de los seductores, y
+aprovechara la lección para cuando le tocara. El propio calor de sus
+palabras llevó a Maximiliano a una exaltación que parecía insana. No
+podía estar quieto ni callado. Levantose y fue por los pasillos
+adelante, hablando solo en baja voz o haciendo gestos. El pasillo estaba
+oscuro; pero él conocía tan bien todos los rincones, que andaba por
+ellos sin vacilación ni tropiezo. Entró en la sala que también estaba a
+oscuras, penetró en el gabinete de su tía, que a la misma boca de lobo
+se igualara en lo tenebroso, y allí se le redobló la facundia, y la
+energía de sus declamaciones rayaba en frenesí. Apoyando las cláusulas
+con enfático gesto, se le ocurrían frases de admirable efecto
+contundente, frases capaces de tirar de espaldas a todos los individuos
+de la familia si las oyeran. ¡Qué lástima que no estuviera allí su
+tía...! Como si la estuviera viendo, le soltó estas atrevidas
+expresiones: «Y para que lo sepa usted de una vez, yo no cedo ni puedo
+ceder, porque sigo en esto el impulso de mi conciencia, y contra la
+conciencia no valen pamplinas, ni ese cúmulo, ese cúmulo, sí señora,
+de... preocupaciones rancias que usted me opone. Yo me caso, me caso, y
+me caso, porque soy dueño de mis actos, porque soy mayor de edad, porque
+me lo dicta mi conciencia, porque me lo manda Dios; y si usted lo
+aprueba, ella y yo le abriremos nuestros amantes brazos y será usted
+nuestra madre, nuestra consejera, nuestra guía...».
+
+Vamos, que sentía de veras no estuviese delante de él en el sillón de
+hule la propia viuda de Jáuregui en imagen corpórea, porque de fijo le
+diría lo mismo que estaba diciendo ante su imagen figurada y supuesta.
+Después salió otra vez al pasillo, donde continuó la perorata,
+paseándose de un extremo a otro, y gesticulando a favor de la oscuridad.
+La soledad, el silencio de la noche y la poca luz favorecen a los
+tímidos para su comedia de osados y lenguaraces, teniéndose a sí mismos
+por público y envalentonándose con su fácil éxito. Maximiliano hablaba
+quedito; sus fuertes manotadas no correspondían al diapasón bajo de las
+palabras, cuya vehemencia sofocada las hacía parecer como un ensayo.
+
+Cuando doña Lupe llamó a la puerta, su sobrino le abrió, y pasmose ella
+de que estuviera en pie todavía. «¡Qué despabilado está el tiempo!» dijo
+la señora con cierto retintín, que hizo estremecer al joven, limpiando
+súbitamente su espíritu de toda idea de independencia, como se limpia de
+sombras un farol cuando aparece dentro de él la llama del gas. Al oír la
+campanilla, acudió la chica dando traspiés y restregándose los ojos.
+Doña Lupe no dijo más que: «a la cama todo Cristo». Era muy tarde y
+Papitos tenía que madrugar. El sobrino y la cocinerita entraron sin
+hacer ruido en sus respectivas madrigueras, como los conejos cuando oyen
+los pasos del cazador.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+La declaración de Maximiliano había puesto a Fortunata en perplejidad
+grande y penosa. Aquella noche y las siguientes durmió mal por la viveza
+del pensar y las contradictorias ideas que se le ocurrían. Después de
+acostada tuvo que levantarse y se arrojó, liada en una manta, en el
+sofá de la sala; pero no se quedaban las cavilaciones entre las sábanas,
+sino que iban con ella a donde quiera que iba. La primera noche
+dominaron al fin, tras largo debate, las ideas afirmativas. «¡Casarme
+yo, y casarme con un hombre de bien, con _una persona decente_...!». Era
+lo más que podía desear... ¡Tener un nombre, no tratar más con gentuza,
+sino con caballeros y señoras! Maximiliano era un bienaventurado, y
+seguramente la haría feliz. Esto pensaba por la mañana, después de
+lavarse y encender la lumbre, cuando cogía la cesta para ir a la compra.
+Púsose el manto y el pañuelo por la cabeza, y bajó a la calle. Lo mismo
+fue poner el pie en la vía pública que sus ideas variaron.
+
+«¡Pero vivir siempre con este chico... tan feo como es! Me da por el
+hombro, y yo le levanto como una pluma. Un marido que tiene menor fuerza
+que la mujer no es, no puede ser marido. El pobrecillo es un bendito de
+Dios; pero no le podré querer aunque viva con él mil años. Esto será
+ingratitud, pero ¿qué le vamos a hacer?, no lo puedo remediar...».
+
+Tan distraída estaba, que el carnicero le preguntó tres veces lo que
+quería sin obtener respuesta. Por fin se enteró. «Hoy no llevo más que
+media libra de falda para el cocido y una chuletita de lomo. Señor Paco,
+pésemelo bien».
+
+--Tome usted, simpatía, y mande.
+
+También compró dos onzas de tocino; luego una brecolera en el puesto de
+verduras de la carnicería, y en la tienda de la esquina, arroz, cuatro
+huevos y una lata de pimientos morrones. Al volver a su casa, revisó la
+lumbre y se puso a limpiar y a barrer. Mientras quitaba el polvo a los
+muebles, volvió al tema: «No se encuentra todos los días un hombre que
+quiera echarse encima una carga como esta».
+
+Hizo la cama y después empezó a peinarse. Al ver en el espejo su linda
+cara pálida, diole por emplear argumentos comparativos: «Porque ¡María
+_Santisma_!, si Maximiliano apostaba a feo, no había quien le ganara...
+¡Y qué mal huelen las boticas! Debió de haber seguido otra carrera...
+Dios me favorezca... Si tuviera algún hijo me acompañaría con él;
+pero... ¡quia!...».
+
+Después de esta reticencia, que por lo terminante parecía hija de una
+convicción profunda, siguió contemplando y admirando su belleza. Estaba
+orgullosa de sus ojos negros, tan bonitos que, según dictamen de ella
+misma, _le daban la puñalada al Espiritui Santo_. La tez era una
+preciosidad por su pureza mate y su transparencia y tono de marfil
+recién labrado; la boca, un poco grande, pero fresca y tan mona en la
+risa como en el enojo... ¡Y luego unos dientes! «Tengo los
+dientes--decía ella mostrándoselos--, como pedacitos de leche cuajada».
+
+La nariz era perfecta. «Narices como la mía, pocas se ven»... Y por fin,
+componiéndose la cabellera negra y abundante como los malos
+pensamientos, decía: «¡Vaya un pelito que me ha dado Dios!». Cuando
+estaba concluyendo, se le vino a las mientes una observación, que no
+hacía entonces por primera vez. Hacíala todos los días, y era esta:
+«¡Cuánto más guapa estoy ahora que... antes! He ganado mucho».
+
+Y después se puso muy triste. Los pedacitos de leche cuajada
+desaparecieron bajo los labios fruncidos, y se le armó en el entrecejo
+como una densa nube. El rayo que por dentro pasaba decía así: «¡Si me
+viera ahora...!». Bajo el peso de esta consideración estuvo un largo
+rato quieta y muda, la vista independiente a fuerza de estar fija.
+Despertó al fin de aquello que parecía letargo, y volviendo a mirarse,
+animose con la reflexión de su buen palmito en el espejo. «Digan lo que
+quieran, lo mejor que tengo es el entrecejo... Hasta cuando me enfado es
+bonito... ¿A ver cómo me pongo cuando me enfado? Así, así... ¡Ah,
+llaman!».
+
+El campanillazo de la puerta la obligó a dejar el tocador. Salió a abrir
+con la peineta en una mano y la toalla por los hombros. Era el redentor,
+que entró muy contento y le dijo que acabara de peinarse. Como faltaba
+tan poco, pronto quedó todo hecho. Maximiliano la elogió por su
+resolución de no tomar peinadoras.
+
+¿Por qué las mujeres no se han de peinar solas? La que no sabe que
+aprenda. Eso mismo decía Fortunata. El pobre chico no dejaba de expresar
+su admiración por el buen arreglo y economía de su futura, haciendo por
+sus propias manos la tarea que desempeñan mal esas bergantas ladronas
+que llaman criadas de servir. Fortunata aseguraba que aquella costumbre
+suya no tenía mérito porque el trabajo le gustaba. «Eres una
+alhajita--le decía su amante con orgullo--. En cuanto a las peinadoras,
+todas son unas grandes alcahuetas, y en la casa donde entran no puede
+haber paz».
+
+Más adelante tomarían alguna criada, porque no convenía tampoco que ella
+se matase a trabajar. Estarían seguramente en buena posición, y puede
+que algunos días tuvieran convidados a su mesa. La servidumbre es
+necesaria, y llegaría un día seguramente en que no se podrían pasar sin
+una niñera. Al oír esto, por poco suelta la risa Fortunata; pero se
+contuvo, concretándose a decir en su interior: «¡Para qué querrá niñeras
+este desventurado...!».
+
+A renglón seguido, sacó el joven a relucir el tema del casorio, y dijo
+tales cosas que Fortunata no pudo menos de rendir el espíritu a tanta
+generosidad y nobleza de alma. «Tu comportamiento decidirá de su
+suerte--afirmó él--, y como tu comportamiento ha de ser bueno, porque tu
+alma tiene todos los resortes del bien, estamos al cabo de la calle. Yo
+pongo sobre tu cabeza la corona de mujer honrada; tú harás porque no se
+te caiga y por llevarla dignamente. Lo pasado, pasado está, y el
+arrepentimiento no deja ni rastro de mancha, pero ni rastro. Lo que diga
+el mundo no nos importe. ¿Qué es el mundo? Fíjate bien y verás que no es
+nada, cuando no es la conciencia».
+
+A Fortunata se le humedecieron los ojos, porque era muy accesible a la
+emoción, y siempre que se le hablaba con solemnidad y con un sentido
+generoso, se conmovía aunque no entendiera bien ciertos conceptos. La
+enternecían el tono, el estilo y la expresión de los ojos. Creyó
+entonces caso de conciencia hacer una observación a su amigo.
+
+«Piensa bien lo que haces--le dijo--, y no comprometas por mí tu...».
+
+Quería decir dignidad; pero no dio con la palabra por el poco uso que en
+su vida había hecho de vocablos de esta naturaleza. Pero se dio sus
+mañas para expresar toscamente la idea, diciendo: «Calcula que los que
+me conozcan te van a llamar _el marido de la Fortunata_, en vez de
+llamarte por tu nombre de pila. Yo te agradezco mucho lo que haces por
+mí; pero como te estimo no quiero verte con...».
+
+Quería decir con un estigma en la frente; pero ni conocía la palabra ni
+aunque la conociera la habría podido decir correctamente. «No quiero
+que te tomen el pelo por mí», fue lo que dijo, y se quedó tan fresca,
+esperando convencerle. Pero Maximiliano, fuerte en su idea y en su
+conciencia, como dentro de un doble baluarte inexpugnable, se echó a
+reír. Semejantes argumentos eran para él como sería para los poseedores
+de Gibraltar ver que les quisiera asaltar un enemigo armado con una
+caña. ¡Valiente caso hacía él de las estupideces del vulgo!... Cuando su
+conciencia le decía: «mira, hijo, este es el camino del bien; vete por
+él», ya podía venir todo el género humano a detenerle; ya podían
+apuntarle con un cañón rayado. Porque él iba sacando un carácter de que
+aún no se había enterado la gente, un carácter de acero, y todo lo que
+se decía de su timidez era conversación. «Que tú seas buena, honrada y
+leal es lo que importa: lo demás corre de mi cuenta, déjame a mí, tú
+déjame a mí».
+
+Poco después almorzaba Fortunata, y Maximiliano estudiaba, cambiando de
+vez en cuando algunas palabras. Toda aquella tarde dominaron en el
+espíritu de la joven las ideas optimistas, porque él se dejó decir algo
+de su herencia, de tierras e hipotecas en Molina de Aragón, asegurando
+que _sus viñas podían darle tanto más cuanto_. Por la noche avisaron
+para que les trajeran café, y vino el mozo de _la Paz_ con él. Olmedo y
+Feliciana entraron de tertulia. Estaban de monos y apenas se hablaban,
+señal inequívoca de pelotera doméstica. Y es que si los estados más
+sólidos se quebrantan cuando la hacienda no marcha con perfecta
+regularidad, aquella casa, hogar, familia o lo que fuera, no podía menos
+de resentirse de las anomalías de un presupuesto cuyo carácter
+permanente era el déficit. Feliciana tenía ya pignorado lo mejorcito de
+su ropa, y Olmedo había perdido el crédito de una manera absoluta. Por
+la falta de crédito se pierden las repúblicas lo mismo que las
+monarquías. Y no se hacía ya ilusiones el bueno de Olmedo acerca de la
+catástrofe próxima. Sus amigos, que le conocían bien, descubrían en él
+menos entereza para desempeñar el papel de libertino, y a menudo se le
+clareaba la buena índole al través de la máscara. A Maximiliano le
+contaron que habían sorprendido a Olmedo en el Retiro estudiando a
+hurtadillas. Cuando le vieron sus amigos, escondió los libros entre el
+follaje, porque le sabía mal que le descubrieran aquella flaqueza. Daba
+mucha importancia a la consecuencia en los actos humanos, y tenía por
+deshonra el soltar de improviso la casaca e insignias de perdulario.
+¿Qué diría la gente, qué los amigos, qué los mocosos, más jóvenes que
+él, que le tomaban por modelo? Hallábase en la situación de uno de esos
+chiquillos que para darse aires de hombres encienden un cigarro muy
+fuerte y se lo empiezan a fumar y se marean con él; pero tratan de
+dominar las náuseas para que no se diga que se han emborrachado. Olmedo
+no podía aguantar más la horrible desazón, el asco y el vértigo que
+sentía; pero continuaba con el cigarro en la boca haciendo que tiraba de
+él, pero sin chupar cosa mayor.
+
+Feliciana, por su parte, había empezado a campar por sus respetos. Lo
+dicho, la honradez y el amor eran cosas muy buenas; pero no daban de
+comer. El calavera de oficio no se permitió aquella noche ninguna
+barrabasada. Sólo al entrar, y cuando los cuatro se sentaron a tomar
+café dijo con su habitual desenfado: «Narices, ya está reunido aquí
+toíto el _Demi-Monde_». Fortunata y Feliciana no comprendieron; pero
+Rubín se puso encarnado y se incomodó mucho; porque aplicar tales
+vocablos a personas dispuestas a unirse en santo vínculo le parecía una
+falta de respeto, una grosería y una cochinada, sí señor, una
+cochinada... Mas se calló por no armar camorra ni quitar a la reunión
+sus tonos de circunspección y formalidad. Acordose de que nada había
+dicho a su amigo del casorio proyectado, siendo evidente que Olmedo
+habló en términos tan _liberales_ por ignorancia. Determinó, pues,
+revelarle su pensamiento en la primera ocasión, para que en lo sucesivo
+midiera y pesara mejor sus palabras.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Aquella noche fue también mala para Fortunata, pues se la pasó casi toda
+cavilando, discurriendo sobre si _el otro_ se acordaría o no de ella.
+Era muy particular que no le hubiese encontrado nunca en la calle. Y por
+falta de mirar bien a todos lados no era ciertamente. ¿Estaría malo,
+estaría fuera de Madrid? Más adelante, cuando supo que en Febrero y
+Marzo había estado Juanito Santa Cruz enfermo de pulmonía, acordose de
+que aquella noche lo había soñado ella. Y fue verdad que lo soñó a la
+madrugada, cuando su caldeado cerebro se adormeció, cediendo a una como
+borrachera de cavilaciones. Al despertar ya de día, el reposo profundo
+aunque breve había vuelto del revés las imágenes y los pensamientos en
+su mente. «A mi boticarito me atengo--dijo después que echó el Padre
+Nuestro por las ánimas, de que no se olvidaba nunca--. Viviremos tan
+apañaditos». Levantose, encendió su lumbre, bajó a la compra, y de
+tienda en tienda pensaba que Maximiliano podía dar un estirón, echar más
+pecho y más carnes, ser más hombre, en una palabra, y curarse de aquel
+maldito romadizo crónico que le obligaba a estarse sonando
+constantemente. De la bondad de su corazón no había nada que decir,
+porque era un santo, y como se casara de verdad, su mujer había de
+hacer de él lo que quisiera. Con cuatro palabritas de miel, ya estaba él
+contento y achantado. Lo que importaba era no llevarle la contraria en
+todo aquello de la conciencia y de las misiones... aquí un adjetivo que
+Fortunata no recordaba. Era _sublimes_; pero lo mismo daba; ya se sabía
+que era una cosa muy buena.
+
+Aquel día la compra duró algo más, pues habiéndole anunciado Maximiliano
+que almorzaría con ella, pensaba hacerle un plato que a entrambos les
+gustaba mucho, y que era la especialidad culinaria de Fortunata, el
+arroz con menudillos. Lo hacía tan ricamente, que era para chuparse los
+dedos. Lástima que no fuera tiempo de alcachofas, porque las hubiera
+traído para el arroz. Pero trajo un poco de cordero que le daba mucho
+aquel. Compró chuletas de ternera, dos reales de menudillos y unas
+sardinas escabechadas para segundo plato.
+
+De vuelta a su casa armó los tres pucheros con el minucioso cuidado que
+la cocina española exige, y empezó a hacer su arroz en la cacerola.
+Aquel día no hubo en la cocina cacharro que no funcionara. Después de
+freír la cebolla y de machacar el ajo y de picar el menudillo, cuando
+ninguna cosa importante quedaba olvidada, lavose la pecadora las manos y
+se fue a peinar, poniendo más cuidado en ello que otros días. Pasó el
+tiempo; la cocina despedía múltiples y confundidos olores. ¡Dios, con
+la faena que en ella había! Cuando llegó Rubín, a las doce, salió a
+abrirle su amiga con semblante risueño. Ya estaba la mesa puesta, porque
+la mujer aquella multiplicaba el tiempo, y como quisiera, todo lo hacia
+con facilidad y prontitud. Dijo el enamorado que tenía mucha hambre, y
+ella le recomendó una chispita de paciencia. Se le había olvidado una
+cosa muy importante, el vino, y bajaría a buscarlo. Pero Maximiliano se
+prestó a desempeñar aquel servicio doméstico, y bajó más pronto que la
+vista.
+
+Media hora después estaban sentados a la mesa en amor y compaña; pero en
+aquel instante se vio Fortunata acometida bruscamente de unos
+pensamientos tan extraños, que no sabía lo que le pasaba. Ella misma
+comparó su alma en aquellos días a una veleta. Tan pronto marcaba para
+un lado como para otro. De improviso, como si se levantara un fuerte
+viento, la veleta daba la vuelta grande y ponía la punta donde antes
+tenía la cola. De estos cambiazos había sentido ella muchos; pero
+ninguno como el de aquel momento, el momento en que metió la cuchara
+dentro del arroz para servir a su futuro esposo. No sabría ella decir
+cómo fue ni cómo vino aquel sentimiento a su alma, ocupándola toda; no
+supo más sino que le miró y sintió una antipatía tan horrible hacia el
+pobre muchacho, que hubo de violentarse para disimularla.
+
+Sin advertir nada, Maximiliano elogiaba el perfecto condimento del
+arroz; pero ella se calló, echando para adentro, con las primeras
+cucharadas, aquel fárrago amargo que se le quería salir del corazón. Muy
+_para entre sí_, dijo: «Primero me hacen a mí en pedacitos como estos,
+que casarme con semejante hombre... ¿Pero no le ven, no le ven que ni
+siquiera parece un hombre?... Hasta huele mal... Yo no quiero decir lo
+que me da cuando calculo que toda la vida voy a estar mirando delante de
+mí esa nariz de rabadilla».
+
+«Parece que estás triste, moñuca» le dijo Rubín, que solía darle este
+cariñoso mote.
+
+Contestó ella que el arroz no había quedado tan bien como deseara.
+Cuando comían las chuletas, Maximiliano le dijo con cierta pedantería de
+dómine: «Una de las cosas que tengo que enseñarte es a comer con tenedor
+y cuchillo, no con tenedor sólo. Pero tiempo tengo de instruirte en esa
+y en otras cosas más».
+
+También le cargaba a ella tanta corrección. Deseaba hablar bien y ser
+persona fina y decente; pero ¡cuánto más aprovechadas las lecciones si
+el maestro fuera otro, sin aquella destiladera de nariz, sin aquella
+cara deslucida y muerta, sin aquel cuerpo que no parecía de carne, sino
+de cordilla!
+
+Esta antipatía de Fortunata no estorbaba en ella la estimación, y con la
+estimación mezclábase una lástima profunda de aquel desgraciado,
+caballero del honor y de la virtud, tan superior moralmente a ella. El
+aprecio que le tenía, la gratitud, y aquella conmiseración inexplicable,
+porque no se compadece a los superiores, eran causa de que refrenase su
+repugnancia. No era ella muy fuerte en disimular, y otro menos alucinado
+que Rubín habría conocido que el lindísimo entrecejo ocultaba algo. Pero
+veía las cosas por el lente de sus ideas propias, y para él todo era
+como debía ser y no como era. Alegrose mucho Fortunata de que el
+almuerzo concluyese, porque eso de estar sosteniendo una conversación
+seria y oyendo advertencias y correcciones no la divertía mucho.
+Gustábale más el trajín de recoger la loza y levantar la mesa, operación
+en que puso la mano no bien tomaron el café. Y para estar más tiempo en
+la cocina que en la sala, revisó los pucheros, y se puso a picar la
+ensalada cuando aún no hacía falta. De rato en rato daba una vuelta por
+la sala, donde Maximiliano se había puesto a estudiar. No le era fácil
+aquel día fijar su atención en los libros. Estaba muy distraído, y cada
+vez que su amiga entraba, toda la ciencia farmacéutica se desvanecía de
+su mente. A pesar de esto quería que estuviese allí, y aun se enojó algo
+por lo mucho que prolongaba los ratos de cocina. «Chica, no trabajes
+tanto, que te vas a cansar. Trae tu labor y siéntate aquí».
+
+«Es que si me pongo aquí no estudias, y lo que te conviene es estudiar
+para que no pierdas el año--replicó ella--. ¡Pues si lo pierdes y tienes
+que volverlo a estudiar...!».
+
+Esta razón hizo efecto grande en el ánimo de Rubín. «No importa que
+estés aquí. Con tal que no me hables, estudiaré. Viéndote, parece que
+comprendo mejor las cosas, y que se me abren las compuertas del
+entendimiento. Te pones aquí, tú a tu costura, yo a mis libros. Cuando
+me siento muy torpe, ¡pim!, te miro y al momento me despabilo».
+
+Fortunata se rió un poco, y ausentándose un instante, trajo la costura.
+
+«¿Sabes?--le dijo Rubín, apenas ella se sentó--. Mi hermano Juan Pablo
+se fue a Molina a arreglar eso de la herencia de la tía Melitona. Mi tía
+Lupe le escribió y antes de venir a Madrid se plantó allá. Escribe
+diciendo que no habrá grandes dificultades».
+
+--¿De veras?, ¡vamos!... Más vale así.
+
+--Como lo oyes. Aún no puedo decir lo que nos tocará a cada hermano. Lo
+que sí te aseguro es que me alegro de esto por ti, exclusivamente por
+ti. Luego te quejarás de la Providencia. Porque cuanto más aseguradas
+están las materialidades de la vida, más segura es la conservación del
+honor. La mitad de las deshonras que hay en la vida no son más que
+pobreza, chica, pobreza. Créete que ha venido Dios a vernos, y si ahora
+no nos portamos bien, merecemos que nos arrastren.
+
+Fortunata hubiera dicho para sí: «¡Vaya un moralista que me ha salido!»
+pero no tenía noticia de esta palabra, y lo que dijo fue: «Ya estoy de
+_misionero_ hasta aquí», usando la palabra _misionero_ con un sentido
+doble, a saber: el de predicador y el de agente de aquello que Rubín
+llamaba _su misión_.
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Maximiliano comunicó a Olmedo sus planes de casamiento encargándole el
+mayor sigilo, porque no convenía que se divulgasen antes de tiempo, para
+evitar maledicencias tontas. Creyó el gran perdis que su amigo estaba
+loco, y en el fondo de su alma le compadecía, aunque admiraba el
+atrevimiento de Rubín para hacer la más grande y escandalosa calaverada
+que se podía imaginar. ¡Casarse con una...! Esto era un colmo, el colmo
+del _buen fin_, y en semejante acto había una mezcla horrenda de
+ignominia y de abnegación sublime, un no sé qué de osadía y al mismo
+tiempo de bajeza, que levantó al bueno de Rubín, a sus ojos, de aquel
+fondo de vulgaridad en que estaba. Porque Rubín podía ser un tonto; pero
+no era un tonto vulgar, era uno de esos tontos que tocan lo sublime con
+la punta de los dedos. Verdad que no llegan a agarrarlo; pero ello es
+que lo tocan. Olmedo, al mismo tiempo que sondeaba la inmensa gravedad
+del propósito de su amigo, no pudo menos de reconocer que a él, Olmedo,
+al perdulario de oficio, no se le había pasado nunca por la cabeza una
+majadería de aquel calibre.
+
+«Descuida, chico, lo que es por mí no lo sabrá nadie, ¡qué narices! Soy
+tu amigo ¿sí o no?, pues basta ¡narices! Te doy mi palabra de honor;
+estate tranquilo».
+
+La palabra de _Ulmus sylvestris_, cuando se trataba de algo comprendido
+en la jurisdicción de la picardía, era sagrada. Pero en aquella ocasión
+pudo más el prurito chismográfico que el fuero del honor picaresco, y el
+gran secreto fue revelado a Narciso Puerta _(Pseudo-Narcisus
+odoripherus)_ con la mayor reserva, y previo juramento de no
+transmitirlo a nadie. «Te lo digo en confianza, porque sé que ha de
+quedar de ti para mí».
+
+«Descuida, chico, no faltaba más... Ya tú me conoces».
+
+En efecto, Narciso no lo dijo a nadie, con una sola excepción. Porque,
+verdaderamente, ¿qué importaba confiar el secretillo a una sola persona,
+a una sola, que de fijo no lo había de propalar?
+
+«Te lo digo a ti sólo, porque sé que eres muy discreto--murmuró Narciso
+al oído de su amigo Encinas _(Quercus gigantea)_--. Cuidado con lo que
+te encargo... pero mucho cuidado. Sólo tú lo sabes. No tengamos un
+disgusto».
+
+--Hombre, no seas tonto... Parece que me conoces de ayer. Ya sabes que
+soy un sepulcro.
+
+Y el sepulcro se abrió en casa de las de la Caña, con la mayor reserva
+se entiende, y después de hacer jurar a todos de la manera más solemne
+que guardarían aquel profundo arcano. «¡Pero qué cosas tiene usted,
+Encinas! No nos haga usted tan poco favor. Ni que fuéramos chiquillas,
+para ir con el cuento y comprometerle a usted...».
+
+Pero una de aquellas señoras creía que era pecado mortal no indicar algo
+a doña Lupe, porque esta al fin lo tenía que saber, y más valía
+prepararla para tan tremendo golpe. ¡Pobre señora! Era un dolor verla
+con aquella tranquilidad, tan ajena a la deshonra que la amenazaba.
+Total, que la noticia llegó a la sutil oreja de doña Lupe a los tres
+días de haber salido del labio tímido de _Rubinius vulgaris_.
+
+Cuentan que doña Lupe se quedó un buen rato como quien ve visiones.
+Después dio a entender que algo barruntaba ella, por la conducta anómala
+de su sobrino. ¡Casarse con una que ha tenido que ver con muchos
+hombres! ¡Bah!, no sería cierto quizás. Y si lo era, pronto se había de
+saber; porque, eso sí, a doña Lupe no se le apagaría en el cuerpo la
+bomba, y aquella misma noche o al día siguiente por la mañana,
+Maximiliano y ella se verían las caras... Que la señora viuda de
+Jáuregui estaba volada, lo probó la inseguridad de su paso al recorrer
+la distancia entre el domicilio de las de la Caña y el suyo. Hablaba
+sola, y se le cayó el paraguas dos veces, y cuando se bajó a recogerlo,
+se le cayó el pañuelo, y por fin, en vez de entrar en el portal de su
+casa, entró en el próximo. ¡Como estuviera en casa el muy hipocritón, su
+tía le iba a poner verde! Pero no estaría seguramente, porque eran las
+once de la noche, y el señoritingo no entraba ya nunca antes de las doce
+o la una... ¡Quién lo había de decir; pero quién lo había de decir...!,
+aquel cuitado, aquella calamidad de chico, aquella inutilidad, tan
+fulastre y para poco que no tenía aliento para apagar una vela, y que a
+los dieciocho años, sí, bien lo podía asegurar doña Lupe, no sabía lo
+que son mujeres y creía que los niños que nacen vienen de París; aquel
+hombre fallido enamorarse así, ¡y de quién!, ¡de una mujer perdida...!,
+pero perdida... en toda la extensión de la palabra.
+
+«¿Ha venido el señorito?» preguntó a su criada, y como esta le
+contestara que no, frunció los labios en señal de impaciencia.
+
+El desasosiego y la ira habrían llegado qué sé yo a dónde, si no se
+desahogaran un poco sobre la inocente cabeza de Papitos, y se dice la
+cabeza, porque esta fue lo que más padeció en aquel achuchón. Ha de
+saberse que Papitos era un tanto presumida, y que siendo su principal
+belleza el cabello negro y abundante, en él ponía sus cinco sentidos. Se
+peinaba con arte precoz, haciéndose sortijillas y patillas, y para
+rizarse el fleco, no teniendo tenazas, empleaba un pedazo de alambre
+grueso, calentándolo hasta el rojo. Hubiera querido hacer estas cosas
+por la mañana; pero como su ama se levantaba antes que ella, no podía
+ser. La noche, cuando estaba sola, era el mejor tiempo para dedicarse
+con entera libertad a la peluquería elegante. Un pedazo de espejo, un
+batidor desdentado, un poco de tragacanto y el alambre gordo le
+bastaban. Por mal de sus pecados, aquella noche se había trabajado el
+pelo con tanta perfección, que... «¡hija, ni que fueras a un baile!» se
+había dicho ella a sí misma, con risa convulsiva, al mirarse en el
+espejo por secciones de cara, porque de una vez no se la podía mirar
+toda.
+
+«Puerca, fantasmona, mamarracho--gritó doña Lupe destruyendo con
+manotada furibunda todos aquellos perfiles que la chiquilla había hecho
+en su cabeza--. En esto pasas el tiempo... ¿No te da vergüenza de andar
+con la ropa llena de agujeros, y en vez de ponerte a coser te da por
+atusarte las crines? ¡Presumida, sinvergüenza! ¿Y la cartilla? Ni
+siquiera la habrás mirado... Ya, ya te daré yo pelitos. Voy a llevarte
+a la barbería y a raparte la cabeza, dejándotela como un huevo».
+
+Si le hubieran dicho que le cortaban la cabeza, no hubiera sentido la
+chica más terror.
+
+«Eso, ahora el moquito y la lagrimita, después me envenenas la sangre
+con tus peinados indecentes. Pareces la mona del Retiro... Estás
+bonita... sí... Pero qué, ¿también te has echado pomada?».
+
+Doña Lupe se olió la mano con que había estropeado impíamente el
+criminal flequillo. Al acercar la mano a su nariz, hízolo con ademán tan
+majestuoso, que es lástima no lo reprodujera un buen maestro de
+escultura.
+
+«Gorrina... me has pringado la mano... ¡Uy, qué pestilencia!... ¿De
+dónde has sacado esta porquería?».
+
+--Me la dio el _sito_ Maxi--respondió Papitos con humildad...
+
+Esto llevó bruscamente las ideas de doña Lupe a la verdadera causa de su
+ira. Ocurriósele hacer un reconocimiento en el cuarto de su sobrino, lo
+que agradeció mucho Papitos, porque de este modo tenía fin de inmediato
+el sofoco que estaba pasando. «Vete a la cocina» le dijo la señora; y no
+necesitó repetírselo, porque se escabulló como un ratoncillo que siente
+ruido. Doña Lupe encendió luz en el cuarto de Maximiliano, y empezó a
+observar. «¡Si encontrara alguna carta!--pensó--. ¡Pero quia! Ahora
+recuerdo que me han dicho que esa tarasca no sabe escribir. Es un
+animal en toda la extensión de la palabra».
+
+Registra por aquí, registra por allá, nada encontraba que sirviera de
+comprobación a la horrible noticia. Abrió la cómoda, valiéndose de las
+llaves de la suya, y allí tampoco había nada. La hucha estaba en su
+sitio y llena, quizás más pesada que antes. Retratos, no los vio por
+ninguna parte. Hallábase doña Lupe engolfada en su investigación
+policíaca, sin descubrir rastro del crimen, cuando entró Maximiliano.
+Papitos le abrió la puerta; dirigiose a su cuarto sorprendido de ver luz
+en él, y al encarar con su tía, que estaba revolviendo el tercer cajón
+de la cómoda, comprendió que su secreto había sido descubierto, y le
+corrieron escalofríos de muerte por todo el cuerpo. Doña Lupe supo
+contenerse. Era persona de buen juicio y muy oportunista, quiero decir
+que no gustaba de hacer cosa ninguna fuera de sazón, y para calentarle
+las orejas a su sobrino no era buena hora la media noche. Porque
+seguramente ella había de alzar la voz y no convenía el escándalo.
+También era probable que al chico le diera una jaqueca muy fuerte si le
+sofocaban tan a deshora, y doña Lupe no quería martirizarle. Lelo y mudo
+estaba el estudiante en la puerta de su cuarto, cuando su tía se volvió
+hacia él, y echándole una mirada muy significativa, le dijo:
+
+«Pasa; yo me voy. Duerme tranquilo, y mañana te ajustaré las
+cuentas...». Se fue hacia su alcoba; pero no había dado diez pasos,
+cuando volvió airada amenazándole con la mano y con un grito:
+«¡Grandísimo pillo!... Pero tente boca. Quédese esto para mañana... A
+dormir se ha dicho».
+
+No durmió Maximiliano pensando en la escena que iba a tener con su tía.
+Su imaginación agrandaba a veces el conflicto haciéndolo tan
+hermosamente terrible como una escena de Shakespeare; otras lo reducía a
+proporciones menudas. «¿Y qué, señora tía, y qué?--decía alzando los
+hombros dentro de la cama, como si estuviera en pie--. He conocido una
+mujer, me gusta y me quiero casar con ella. No veo el motivo de tanta...
+Pues estamos frescos... ¿Soy yo alguna máquina?... ¿no tengo mi libre
+albedrío?... ¿Qué se ha figurado usted de mí?». A ratos se sentía tan
+fuerte en su derecho, que le daban ganas de levantarse, correr a la
+alcoba de su tía, tirarle de un pie, despertarla y soltarle este
+jicarazo: «Sepa usted que al son que me tocan bailo. Si mi familia se
+empeña en tratarme como a un chiquillo, yo le probaré a mi familia que
+soy hombre». Pero se quedó helado al suponer la contestación de su tía,
+que seguramente sería esta: «¿Qué habías tú de ser hombre, qué habías de
+ser...?».
+
+Cuando el buen chico se levantó al día siguiente, que era domingo, ya
+doña Lupe había vuelto de misa. Entrole Papitos el chocolate, y, la
+verdad, no pudo pasarlo, porque se le había puesto en el epigastrio la
+tirantez angustiosa, síntoma infalible de todas las situaciones
+apuradas, lo mismo por causa de exámenes que por otro temor o sobresalto
+cualquiera. Estaba lívido, y la señora debió de sentir lástima cuando le
+vio entrar en su gabinete, como el criminal que entra en la sala de
+juicio. La ventana estaba abierta, y doña Lupe la cerró para que el
+pobrecillo no se constipase, pues una cosa es la salud y otra la
+justicia. Venía el delincuente con las manos en los bolsillos y una
+gorrita escocesa en la cabeza, las botas nuevas y la ropa de dentro de
+casa, tan mustio y abatido que era preciso ser de bronce para no
+compadecerle. Doña Lupe tenía una falda de diario con muchos y grandes
+remiendos admirablemente puestos, delantal azul de cuadros, toquilla
+oscura envolviendo el arrogante busto, pañuelo negro en la cabeza,
+mitones colorados y borceguíes de fieltro gruesos y blandos, tan blandos
+que sus pasos eran como los de un gato. El gabinetito era una pieza muy
+limpia. Una cómoda y el armario de luna de forma vulgar eran los
+principales muebles. El sofá y sillería tenían forro de _crochet_ a
+estilo de casa de huéspedes, todo hecho por la señora de la casa.
+
+Pero lo que daba cierto aspecto grandioso al gabinete era el retrato
+del difunto esposo de doña Lupe, colgado en el sitio presidencial, un
+cuadrángano al óleo, perverso, que representaba a D. Pedro Manuel de
+Jáuregui, alias _el de los Pavos_, vestido de comandante de la Milicia
+Nacional, con su morrión en una mano y en otra el bastón de mando.
+Pintura más chabacana no era posible imaginarla. El autor debía de ser
+una especialidad en las muestras de casas de vacas y de burras de leche.
+Sostenía, no obstante, doña Lupe que el retrato de Jáuregui era una obra
+maestra, y a cuantos lo contemplaban les hacía notar dos cosas
+sobresalientes en aquella pintura, a saber: que donde quiera que se
+pusiese el espectador los ojos del retrato miraban al que le miraba, y
+que la cadena del reloj, la gola, los botones, la carrillera y placa del
+morrión, en una palabra, toda la parte metálica estaba pintada de la
+manera más extraordinaria y magistral.
+
+Las fotografías que daban guardia de honor al lienzo eran muchas, pero
+colgadas con tan poco sentimiento de la simetría, que se las creería
+seres animados que andaban a su arbitrio por la pared.
+
+«Muy bien, Sr. D. Maximiliano, muy bien--dijo doña Lupe mirando
+severísimamente a su sobrino--. Siéntate que hay para rato».
+
+
+
+
+--III--
+
+Doña Lupe la de los Pavos
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Maximiliano no se sentó, doña Lupe sí, y en el centro del sofá debajo
+del retrato, como para dar más austeridad al juicio. Repitió el «muy
+bien, Sr. D. Maximiliano» con retintín sarcástico. Por lo general,
+siempre que su tía le daba tratamiento, llamándole _señor don_, el pobre
+chico veía la nube del pedrisco sobre su cabeza.
+
+«¡Estarse una matando toda la vida--prosiguió ella--, para sacar
+adelante al dichoso sobrinito, sortearle las enfermedades a fuerza de
+mimos y cuidados, darle una carrera quitándome yo el pan de la boca,
+hacer por él lo que no todas las madres hacen por sus hijos para que al
+fin!... ¡Buen pago, bueno!... No, no me expliques nada, si estoy
+perfectamente informada. Sé quién es esa... dama ilustre con quien te
+quieres casar. Vamos, que buena doncella te canta... ¿Y creerás que
+vamos a consentir tal deshonra en la familia? Dime que todo es una
+chiquillada y no se hable más del asunto».
+
+Maximiliano no podía decir tal cosa; pero tampoco podía decir otra,
+porque si en el fondo de su ánimo empezaban a levantarse olas de
+entereza, esas olas reventaban y se descomponían antes de llegar a la
+orilla, o sea a los labios. Estaba tan cortado, que sintiendo dentro de
+sí la energía no la podía mostrar por aquella pícara emoción nerviosa
+que le embargaba. Dejó esparcir sus miradas por la pared testera, como
+buscando por allí un apoyo. En ciertas situaciones apuradas y en los
+grandes estupores del alma, las miradas suelen fijarse en algo
+insignificante y que nada tiene que ver con la situación. Maximiliano
+contempló un rato el grupo fotográfico de las chicas de Samaniego,
+Aurora y Olimpia, con mantilla blanca, enlazados los brazos, la una muy
+adusta, la otra sentimental. ¿Por qué miraba aquello? Su turbación le
+llevaba a colgar las miradas aquí y allí, prendiendo el espíritu en
+cualquier objeto, aunque fueran las cabezas de los clavos que sostenían
+los retratos.
+
+«Explícate, hombre--añadió doña Lupe, que era viva de genio--. ¿Es una
+niñería?».
+
+--No, señora--respondió el acusado, y esta negación, que era afirmación,
+empezó a darle ánimos, aligerándole un poco la angustia aquella de la
+boca del estómago.
+
+--¿Estás seguro de que no es chiquillada? ¡Valiente idea tienes tú del
+mundo y de las mujeres, inocente!... Yo no puedo consentir que una
+pindonga de esas te coja y te engañé para timarte tu nombre honrado,
+como otros timan el reloj. A ti hay que tratarte siempre como a los
+niños atrasaditos que están a medio desarrollar. Hay que recordar que
+hace cinco años todavía iba yo por la mañana a abrocharte los calzones,
+y que tenías miedo de dormir solo en tu cuarto.
+
+Idea tan desfavorable de su personalidad exasperaba al joven. Sentía
+crecer dentro la bravura; pero le faltaban palabras. ¿Dónde demonios
+estaban aquellas condenadas palabras que no se le ocurrían en trance
+semejante? El maldito hábito de la timidez era la causa de aquel
+silencio estúpido. Porque la mirada de doña Lupe ejercía sobre él
+fascinación singularísima, y teniendo mucho que decir, no lograba
+decirlo. «¿Pero qué diría yo?... ¿Cómo empezaría yo?» pensaba fijando la
+vista en el retrato de Torquemada y su esposa, de bracete.
+
+--Todo se arreglará--indicó doña Lupe en tono conciliador--, si consigo
+quitarte de la cabeza esas humaredas. Porque tú tienes sentimientos
+honrados, tienes buen juicio... Pero siéntate. Me da fatiga de verte en
+pie.
+
+--Es menester que usted se entere bien--dijo Maximiliano al sentarse en
+el sillón, creyendo haber encontrado un buen cabo de discurso para
+empezar--; se entere bien de las cosas... Yo... pensaba hablar a
+usted...
+
+--¿Y por qué no lo hiciste? ¡Qué tal sería ello!... ¡Vaya, que un chico
+delicadito como tú, meterse con esas viciosonas...! Y no te quepa
+duda... Así, pronto entregarás la pelleja. Si caes enfermo, no vengas a
+que te cuide tu tía, que para eso sí sirvo yo, ¿eh?, para eso sí sirvo,
+ingrato, tunante... ¿Y te parece bien que cuando me miro en ti, cuando
+te saco adelante con tanto trabajo y soy para ti más que una madre; te
+parece bien que me des este pago, infame, y que te me cases con una
+mujer de mala vida?
+
+Rubín se puso verde y le salió un amargor intensísimo del corazón a los
+labios.
+
+«No es eso, tía, no es eso--sostuvo, entrando en posesión de sí mismo--.
+No es mujer de mala vida. La han engañado a usted».
+
+--El que me ha engañado eres tú con tus encogimientos y tus timideces...
+Pero ahora lo veremos. No creas que vas a jugar conmigo; no creas que te
+voy a dejar hacer tu gusto. ¿Por quién me tomas, bobalicón?... ¡Ah, si
+yo no hubiera tenido tanta confianza...! ¡Pero si he sido una tonta; si
+me creí que tú no eras capaz de mirar a una mujer! Buena me la has dado,
+buena. Eres un apunte... en toda la extensión de la palabra.
+
+Maximiliano, al oír esto, estaba profundamente embebecido, mirando el
+retrato de Rufinita Torquemada. La veía y no la veía, y sólo
+confusamente y con vaguedades de pesadilla, se hacía cargo de la
+actitud de la señorita aquella, retratada sobre un fondo marino y
+figurando que estaba en una barca. Vuelto en sí, pensó en defenderse;
+pero no podía encontrar las armas, es decir, las palabras. Con todo, ni
+por un instante se le ocurría ceder. Flaqueaba su máquina nerviosa; pero
+la voluntad permanecía firme.
+
+«A usted la han informado mal--insinuó con torpeza--, respecto a la
+persona... que... Ni hay tal vida airada ni ese es el camino... Yo
+pensaba decirle a usted: 'Tía, pues yo... quiero a esta persona, y... mi
+conciencia...'».
+
+--Cállate, cállate y no me saques la cólera, que al oírte decir que
+quieres a una tiota chubasca, me dan ganas de ahogarte, más por tonto
+que por malo... y al oírte hablar de conciencia en este tratado, me dan
+ganas de... Dios me perdone... ¿Sabes lo que te digo?--añadió alzando la
+voz--, ¿sabes lo que te digo? Que desde este momento vuelvo a tratarte
+como cuando tenías doce años. Hoy no me sales de casa. Ea, ya estoy yo
+en funciones con mis disciplinas... Y desde mañana me vuelves a tomar el
+aceite de hígado de bacalao. Vete a tu cuarto y quítate las botas. Hoy
+no me pisas la calle.
+
+Dios sabe lo que iba a contestar el acusado. Quedó suelta en el aire la
+primera palabra, porque llegó una visita. Era el Sr. de Torquemada,
+persona de confianza en la casa, que al entrar iba derecho al gabinete,
+a la cocina, al comedor o a donde quiera que la señora estuviese. La
+fisonomía de aquel hombre era difícil de entender. Sólo doña Lupe, en
+virtud de una larga práctica, sabía encontrar algunos jeroglíficos en
+aquella cara ordinaria y enjuta, que tenía ciertos rasgos de tipo
+militar con visos clericales. Torquemada había sido alabardero en su
+mocedad, y conservando el bigote y perilla, que eran ya entrecanos,
+tenía un no sé qué de eclesiástico, debido sin duda a la mansedumbre
+afectada y dulzona, y a un cierto subir y bajar de párpados con que
+adulteraba su grosería innata. La cabeza se le inclinaba siempre al lado
+derecho. Su estatura era alta, mas no arrogante; su cabeza calva, crasa
+y escamosa, con un enrejado de pelos mal extendidos para cubrirla. Por
+ser aquel día domingo, llevaba casi limpio el cuello de la camisa, pero
+la capa era el número dos, con las vueltas aceitosas y los ribetes
+deshilachados. Los pantalones, mermados por el crecimiento de las
+rodilleras, se le subían tanto que parecía haber montado a caballo sin
+trabillas. Sus botas, por ser domingo, estaban aquel día embetunadas y
+eran tan chillonas que se oían desde una legua.
+
+«¿Y cómo está la familia?» preguntó al tomar asiento, después de dar su
+mano siempre sudorosa a doña Lupe y al sobrino.
+
+--Perfectamente bien--dijo la señora observando con ansiedad el
+semblante de Torquemada--. ¿Y en casa?
+
+--No hay novedad, a Dios gracias. Doña Lupe esperaba aquel día noticia
+de un asunto que le interesaba mucho. Como siempre se ponía en lo peor
+para que las desgracias no la cogieran desprevenida, pensó, al ver
+entrar a su agente, que le traía malas nuevas. Temió preguntarle. La
+cara de militar adulterado no expresaba más que un interés decidido por
+la familia. Al fin Torquemada, que no gustaba de perder el tiempo, dijo
+a su amiga:
+
+«Vamos, doña Lupe, que hoy estamos de buena. ¿A que no me acierta usted
+la peripecia que le traigo?».
+
+La fisonomía de la señora se iluminó, pues sabía que su amigo llamaba
+peripecia a toda cobranza inesperada. Echose él a reír, y metió mano al
+bolsillo interior de su americana.
+
+«¡Ay! No me lo diga usted, D. Francisco--exclamó doña Lupe con
+incredulidad, cruzando las manos--. ¿Ha pagado...?».
+
+--Lo va usted a ver... Yo... tampoco lo esperaba. Como que fui anoche a
+decirle que el lunes se le embargaría. Hoy por la mañana, cuando me
+estaba vistiendo para ir a misa, me le veo entrar. Creí que venía a
+pedirme más prórrogas. Como siempre nos está engañando, que hoy, que
+mañana... Yo no le creo ni la Biblia. Es muy fabulista. Pero en fin,
+pedradas de estas nos den todos los días. «Señor de Torquemada--me dice
+muy serio--, vengo a pagarle a usted...». Me quedé lo que llaman
+atónito. Como que no esperaba la peripecia. Finalmente, que me dio el
+_guano_, o sean ocho mil reales, cogió su pagaré, y a vivir.
+
+--Lo que yo le decía a usted--observó doña Lupe casi sin poder hablar,
+con la alegría atravesada en la garganta--. El tal Joaquinito Pez es una
+persona decente. Él pasa sus apurillos como todos esos hijos de familia
+que se dan buena vida, y un día tienen, otro no. De fijo que será
+jugador...
+
+Torquemada hizo una separación de billetes, dando la mayor parte a doña
+Lupe.
+
+«Los seis mil reales de usted... dos mil míos. Buen chiripón ha sido
+este. Yo los contaba, como quien dice, perdidos, porque el tal
+Joaquinito está, según oí, con el agua al cuello. ¿Quién será el
+desgraciado a quien ha dado el sablazo? A bien que a nosotros no nos
+importa».
+
+--Como no le hemos de prestar más...
+
+--Mire usted, doña Lupe--dijo Torquemada, haciendo una perfecta _o_ con
+los dedos pulgar e índice y enseñándosela a su interlocutora.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Doña Lupe contempló la _o_ con veneración y escuchó:
+
+«Mire usted, señora, estos señoritos disolutos son buenos parroquianos,
+porque no reparan en el materialismo del premio y del plazo; pero al fin
+la dan, y la dan gorda. Hay que tener mucho ojo con ellos. Al principio,
+el embargo les asusta; pero como lleguen a perder el punto una vez, lo
+mismo les da _fu_ que _fa_. Aunque usted les ponga en la publicidad de
+la _Gaceta_, se quedan tan frescos. Vea usted al marquesito de
+Casa-Bojío; le embargué el mes pasado; le vendí hasta la lámina en que
+tenía el árbol genealógico. Pues, finalmente, a los tres días me le vi
+en un faetón, como si tal cosa, y pasó por junto a mí y las ruedas me
+salpicaron el barro de la calle... No es que me importe el materialismo
+del barro; lo digo para que se vea lo que son... ¿Pues creerá usted que
+encontró después quien le prestara? Ello fue al cuatro mensual; pero aun
+al cinco sería, como quien dice, el todo por el todo. Verdad que no
+molestan, y si a mano viene, cuando piden prórroga, por tenerle a uno
+contento le dan un destinillo para un sobrino, como hizo el chico de Pez
+conmigo... pero el materialismo del destino no importa; a lo mejor la
+pegan y de canela fina, créame usted. Por eso, ya puede venir ahora a
+tocar a esta puerta, que le he de mandar a plantar cebollino».
+
+Al llegar aquí Torquemada sacó su sebosa petaca. Como tenía tanta
+confianza, iba a echar un cigarro; ofreció a Maximiliano, y doña Lupe
+respondió bruscamente por él diciendo con desdén: «Este no fuma».
+
+Las operaciones previas de la fumada duraban un buen rato, porque
+Torquemada le variaba el papel al cigarrillo. Después encendió el
+fósforo raspándolo en el muslo. «Como seguro--prosiguió--, aunque da
+mucho que hacer, el _chico_ de la tienda de ropas hechas, José María
+Vallejo. Allí me tiene todos los primeros de mes, como un perro de
+presa... Mil duros me tiene allí, y no le cobro más que veintiséis todos
+los meses. ¿Que se atrasa? «Hijo, yo tengo un gran compromiso y no te
+puedo aguardar». Cojo media docena de capas, y me las llevo, y tan
+fresco... Y no lo hago por el materialismo de las capas, sino para que
+mire bien el plazo. Si no hay más remedio, señora. Es menester tratarles
+así, porque no guardan consideración. Se figuran que tiene uno el dinero
+para que ellos se diviertan. ¿Se acuerda usted de aquellos estudiantes
+que nos dieron tanta guerra?, fue el primer dinero de usted que coloqué.
+¡Aquel Cienfuegos, aquel Arias Ortiz! Vaya unos peines. Si no es por mí,
+no se les cobra...
+
+Y eran tan tunantes, que después que iban a casa llorándome tocante a la
+prórroga, me los encontraba en el café atizándose bisteques... y vengan
+copas de ron y marrasquino... Lo mismo que aquel tendero de la calle
+Mayor, aquel Rubio que tenía peletería, ¿se acuerda usted? Un día,
+finalmente, me trajo su reloj, los pendientes de su mujer, y doce cajas
+de pieles y manguitos, y aquella misma tarde, aquella mismísima tarde,
+señora, me le veo en la Puerta del Sol, encaramándose en un coche para
+ir a los Toros... Si son así... quieren el dinero, como quien dice, para
+el materialismo de tirarlo. Por eso estoy todo el santo día vigilando a
+José María Vallejo, que es un buen hombre, sin despreciar a nadie. Voy a
+la tienda y veo si hay gente, si hay movimiento; echo una guiñada al
+cajón; me entero de si el chico que va a cobrar las cuentas trae
+_guano_; sermoneo al principal, le doy consejos, le recomiendo que al
+que paga no le crucifique. ¡Si es la verdad, si no hay más camino...!
+Finalmente, el que se hace de manteca pronto se lo meriendan. Y no lo
+agradecen, no señora, no agradecen el interés que me tomo por ellos.
+Cuando me ven entrar, ¡si viera usted qué cara me ponen! No reparan que
+están trabajando con mi dinero. Y finalmente, ¿qué eran ellos? Unos
+pobres pelagatos. Les parece que porque me dan veintiséis duros al mes,
+ya han cumplido... Dicen que es mucho y yo digo que me lo tienen que
+agradecer, porque los tiempos están malos, pero muy malos».
+
+En toda la parte del siglo XIX que duró la larguísima existencia
+usuraria de D. Francisco Torquemada, no se le oyó decir una sola vez
+siquiera que los tiempos fueran buenos. Siempre eran malos, pero muy
+malos. Aun así, el 68 ya tenía Torquemada dos casas en Madrid, y había
+empezado sus negocios con doce mil reales que heredó su mujer el 51. Los
+un día mezquinos capitales de doña Lupe, él se los había centuplicado en
+un par de lustros, siendo esta la única persona que asociaba a sus
+oscuros negocios. Cobrábale una comisión insignificante, y se tomaba por
+los asuntos de ella tanto interés como por los propios, en razón a la
+gran amistad que había tenido con el difunto Jáuregui.
+
+«Y con esta fecha y con esta facha me voy» dijo levantándose y
+colgándose la capa que se le caía del hombro izquierdo.
+
+--¿Tan pronto?--Señora, que no he oído misa. Lo que le decía a usted,
+estaba vistiéndome para salir a oírla, cuando entró Joaquinito a darme
+la gran peripecia.
+
+--¡Buena ha sido, buena!--exclamó doña Lupe, oprimiendo contra su seno
+la mano en que tenía los billetes, tan bien cogidos que no se veía el
+papel por entre los dedos.
+
+--Quédate con Dios--dijo Torquemada a Maximiliano que sólo contestó al
+saludo con un _ju ju_...
+
+Y salió al recibimiento, acompañado de doña Lupe. Maximiliano les sintió
+cuchicheando en la puerta. Por fin se oyeron las botas chillonas del
+ex-alabardero bajando la escalera, y doña Lupe reapareció en el
+gabinete. El júbilo que le causaba la cobranza de aquel dinero que creía
+perdido era tan grande, que sus ojos pardos le lucían como dos carbones
+encendidos, y su boca traía bosquejada una sonrisa. Desde que la vio
+entrar, conoció Maximiliano que su cólera se había aplacado. El _guano_,
+como decía Torquemada, no podía menos de dulcificarla; y llegándose a
+donde estaba el delincuente, que no se había movido de la butaca, le
+puso una mano en el hombro, empuñando fuertemente en la otra los
+billetes, y le dijo:
+
+«No, no te sofoques... no es para tomarlo así. Yo te digo estas cosas
+por tu bien...».
+
+--Yo, realmente--repuso Maximiliano con serenidad, que más le asombró a
+él mismo que a doña Lupe--, no me he sofocado... yo estoy tranquilo,
+porque mi conciencia...
+
+Aquí se volvió a embarullar. Doña Lupe no le dio tiempo a desenvolverse
+porque se metió en la alcoba, cerrando las vidrieras. Desde el gabinete
+la sintió Maximiliano trasteando.
+
+Guardaba el dinero. Abriendo después la puerta, mas sin salir de la
+alcoba, la señora siguió hablando con su sobrino:
+
+«Ya sabes lo que te he dicho. Hoy no me sales a la calle... Y desde
+mañana empezarás a tomarme el aceite de hígado de bacalao, porque todo
+eso que te da no es más que debilidad del cerebro... Luego seguiremos
+con el fosfato, otra vez con el fosfato. No debiste dejar de
+tomarlo...».
+
+Maximiliano, como no tenía delante a su tía, se permitió una sonrisa
+burlona. Miraba en aquel momento a su tío el Sr. de Jáuregui, que le
+miraba también a él, como es consiguiente. No pudo menos de observar que
+el digno esposo de su tía era horrendo; ni comprendía cómo doña Lupe no
+se moría de miedo cuando se quedaba sola, de noche, en compañía de
+semejante espantajo.
+
+«Con que ya sabes--dijo al aparecer en la puerta, abrochándose su cuerpo
+de merino negro, pues se estaba disponiendo para salir--. Ya puedes ir a
+quitarte las botas. Estás preso».
+
+Fuese el joven a su cuarto sin decir nada, y doña Lupe se quedó pensando
+en lo dócil que era. El rigor de su autoridad, que el muchacho acataba
+siempre con veneración, sería remedio eficaz y pronto del desorden de
+aquella cabeza. Bien lo decía ella. «En cuanto yo le doy cuatro gritos,
+le pongo como una liebre. Trabajo les mando a esas lobas que me le
+quieran trastornar».
+
+«¡Papitos...!» gritó la señora, y al punto se oyeron las patadas de la
+chica en el pasillo como las de un caballo en el Hipódromo. Presentose
+con una patata en la mano y el cuchillo en la otra.
+
+«Mira--le dijo su ama con voz queda--. Ten cuidado de ver lo que hace el
+señorito Maxi mientras yo estoy fuera. A ver si escribe alguna carta o
+qué hace».
+
+La mona se dio por enterada, y volvió a la cocina dando brincos.
+
+«A ver--dijo la señora hablando consigo misma--, ¿se me olvidará algo?..
+¡Ah!, el portamonedas. ¿Qué hay que traer?... Fideos, azúcar... y nada
+más. ¡Ah!, el aceite de hígado de bacalao: lo que es eso no se lo
+perdono. A cucharetazos es como se cura esto. Y ahora no habrá el
+realito de vellón por cada toma. Ya es un hombre, quiero decir, ya no es
+un chiquillo».
+
+Figúrese el lector cuál sería el asombro de doña Lupe _la de los Pavos_,
+cuando vio entrar en la sala a su sobrino, no con zapatillas ni en tren
+de andar por casa, sino empaquetado para salir, con su capa de vueltas
+encarnadas, su chaqué azul y su honguito de color de café. Tan
+estupefacta y colérica estaba por la desobediencia del mancebo, que
+apenas pudo balbucir una protesta: «Pe... pero...».
+
+«Tía--dijo Maximiliano con voz alterada y temblorosa--, no pue... no
+puedo obedecer a usted... Soy mayor de edad. He cumplido veinticinco
+años... Yo la respeto a usted; respéteme usted a mí».
+
+Y sin esperar respuesta, dio media vuelta y salió de la casa a toda
+prisa, temiendo sin duda que su tía le agarrase por los faldones.
+
+Bien claro explicaba él su conducta, chismorreando consigo mismo: «Yo no
+sé defenderme con palabras; yo no puedo hablar, y me aturullo y me turbo
+sólo de que mi tía me mire; pero me defenderé con hechos. Mis nervios me
+venden; pero mi voluntad podrá más que mis nervios, y lo que es la
+voluntad, bien firme la tengo ahora. Que se metan conmigo; que venga
+todo el género humano a impedirme esta resolución; yo no discutiré, yo
+no diré una palabra; pero a donde voy, voy, y al que se me ponga por
+delante, sea quien sea, le piso y sigo mi camino».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Doña Lupe se quedó que no sabía lo que le pasaba.
+
+«¡Papitos, Papitos!... No, no te llamo... vete... ¿Pero has visto qué
+insolente? Si no es él, no es él... Es que me le han vuelto del revés,
+me le han embrujado. ¿Habrá tunante? Si estoy por seguirle y avisar a
+una pareja de Orden Público para que me le trinquen... Pero a la noche
+nos veremos las caras. Porque tú has de volver, tú tienes que volver,
+sietemesino hipócrita... Papitos, toma, toma; bájate por los fideos y el
+azúcar. Yo no salgo, no puedo salir. Creo que me va a dar algo... Mira,
+te pasas por la botica y pides un frasco de aceite de hígado de bacalao,
+del que yo traía. Ya saben ellos. Dices que yo iré a pagarlo... Oye,
+oye, no traigas eso. ¡Si no lo va a querer tomar...! Tráete una vara.
+No, no traigas tampoco vara... Te pasas por la droguería y pides diez
+céntimos de sanguinaria. A mí me va a dar algo...».
+
+Estaba en efecto amenazada de un arrebato de sangre, y la cosa no era
+para menos. Nunca había visto en su sobrino un rasgo de independencia
+como el que acababa de ver. Había sido siempre tan poquita cosa, que
+donde le ponían allí se estaba. Voluntad propia, no la tuvo jamás. En
+ningún tiempo fue preciso ponerle la mano encima, porque un fruncimiento
+de cejas bastaba para traerle a la obediencia. ¿Qué había pasado en
+aquel cordero para convertirle en algo así como un leoncillo? La mente
+de doña Lupe no podía descifrar misterio tan grande. Tras de la cólera y
+la confusión vino el abatimiento, y se sentía tan rendida físicamente
+como si hubiera estado toda la mañana ocupada en alguna faena penosa.
+
+Quitose con pausa los trapitos domingueros que se había empezado a
+poner, y volvió a llamar a la mona para decirle: «No hagas más que unas
+sopas de ajo. El señoritingo no vendrá a almorzar, y si viene le acusaré
+las cuarenta».
+
+Tomando la sillita baja, que usaba cuando cosía, la colocó junto al
+balcón. Le dolía la cintura y al sentarse exhaló un ¡ay! Para coser
+usaba siempre gafas. Se las puso, y sacando obra de su cesta de costura,
+empezó a repasar unas sábanas. No le repugnaba a doña Lupe trabajar los
+domingos, porque sus escrúpulos religiosos se los había quitado Jáuregui
+en tantos años de propaganda matrimonial progresista. Púsose, pues, a
+zurcir en su sitio de costumbre, que era junto a la vidriera. En el
+balcón tenía dos o tres tiestos, y por entre las secas ramas veía la
+calle. Como el cuarto era principal, desde aquel sitio se vería muy bien
+pasar gente en caso de que la gente quisiese pasar por allí. Pero la
+calle de Raimundo Lulio y la de Don Juan de Austria, que hace ángulo con
+ella, son de muy poco tránsito. Parece aquello un pueblo. La única
+distracción de doña Lupe en sus horas solitarias era ver quién entraba
+en el taller de coches inmediato o en la imprenta de enfrente, y si
+pasaba o no doña Guillermina Pacheco en dirección del asilo de la calle
+de Alburquerque. Lugar y ocasión admirables eran aquellos para
+reflexionar, con los trapos sobre la falda, la aguja en la mano, los
+espejuelos calados, la cesta de la ropa al lado, el gato hecho una
+pelota de sueño a los pies de su ama. Aquel día doña Lupe tenía, más que
+nunca, materia larga de meditaciones.
+
+«¡Que se esté una sacrificada toda la vida para esto!... Él no lo sabe,
+¿qué ha de saber, si es un tontín? Le ponen el plato delante, ¿y qué
+sabe las agonías que ha costado ponérselo?... Pues si le dijera yo que
+cada garbanzo, algunos días, tiempo ha, tenía el valor de una perla...
+según lo que costaba traerlo a casa...! No sé qué habría sido de mí sin
+el Sr. de Torquemada, ni qué hubiera sido de Maxi sin mí. ¡Lucida
+existencia sería la suya si no hubiera tenido más arrimo que el de sus
+hermanos! Dime, bobo de Coria, ¿si yo no hubiera trabajado como una
+negra para defender el panecillo y poner esta casa en el pie que tiene;
+si no discurriera tanto como discurro, calentándome los sesos a todas
+horas y empleando en mil menudencias estas entendederas que Dios me ha
+dado, ¿qué habría sido de ti, ingratuelo?... ¡Ah! ¡Si viviera mi
+Jáuregui!».
+
+El recuerdo de su difunto, que siempre se avivaba en la mente de doña
+Lupe cuando se veía en algún conflicto, la enterneció. En todas sus
+aflicciones se consolaba con la dulce memoria de su felicidad
+matrimonial, pues Jáuregui había sido el mejor de los hombres y el
+número uno de los maridos. «¡Ay, mi Jáuregui!» exclamaba echando toda
+el alma en un suspiro.
+
+Don Pedro Manuel de Jáuregui había servido en el Real Cuerpo de
+Alabarderos. Después se dedicó a negocios, y era tan honrado, pero tan
+sosamente honrado, que no dejó al morir más que cinco mil reales.
+Oriundo de la provincia de León, recibía partidas de huevos y otros
+artículos de recoba. Todos los paveros leoneses, zamoranos y segovianos
+depositaban en sus manos el dinero que ganaban, para que lo girase a los
+pueblos productores del artículo, y de aquí vino el apodo que le dieron
+en Puerta Cerrada y que heredó doña Lupe. También recibía Jáuregui, por
+Navidad, remesas de mantecadas de Astorga, y a su casa iban a cobrar y a
+dejar fondos todos los ordinarios de la maragatería. En política hizo
+gran papel D. Pedro por ser uno de los corifeos de la Milicia Nacional,
+y era tan sensato, que la única vez que se sublevó lo hizo al grito
+mágico de ¡Viva Isabel II! Falleció aquel bendito, y doña Lupe se
+hubiera muerto también si el dolor matara. Y no se vaya a creer que le
+faltaron pretendientes a la viudita, pues había, entre otros, un D.
+Evaristo Feijoo, coronel de ejército, que le rondaba la calle y no la
+dejaba vivir. Pero la fidelidad a la memoria de su feo y honrado
+Jáuregui se sobreponía en doña Lupe a todos los intereses de la tierra.
+Después vino la crianza y cuidado de su sobrinito, que le dieron esa
+distracción tan saludable para las desazones del alma. Torquemada y los
+negocios ayudáronla también a entretener su existencia y a conllevar su
+dolor... Pasó tiempo, ganó dinero, y lentamente vino la situación en que
+la he descrito. Frisaba ya doña Lupe en los cincuenta años, mas estaba
+tan bien conservada, que no parecía tener más de cuarenta. Había sido en
+su mocedad frescachona de cuerpo y enjuta de rostro, y tenía cierto
+parecido remoto con Juan Pablo. Sus ojos pardos conservaban la viveza de
+la juventud; pero tenía cierta adustez jurídica en la cara, acentuada de
+líneas y seca de color. Sobre el labio superior, fino y violado cual los
+bordes de una reciente herida, le corría un bozo tenue, muy tenue, como
+el de los chicos precoces, vello finísimo que no la afeaba ciertamente;
+por el contrario, era quizás la única pincelada feliz de aquel rostro
+semejante a las pinturas de la Edad Media, y hacía la gracia el tal bozo
+de ir a terminarse sobre el pico derecho de la boca con una verruguita
+muy mona, de la cual salían dos o tres pelos bermejos que a la luz
+brillaban retorcidos como hilillos de cobre. El busto era hermoso,
+aunque, como se verá más adelante, había en él algo y aun algos de
+falseamiento de la verdad.
+
+Descollaba doña Lupe por la inteligencia y por el prurito de mostrarla a
+cada instante.
+
+Así como a otras el amor propio les inspira la presunción, a la viuda de
+Jáuregui le infundía convicciones de superioridad intelectual y el deseo
+de dirigir la conducta ajena, resplandeciendo en el consejo y en todo lo
+que es práctico y gubernativo. Era una de esas personas que, no habiendo
+recibido educación, parece que la han tenido cumplidísima, por lo bien
+que se expresan, por la firmeza con que se imponen un carácter y lo
+sostienen, y por lo bien que disfrazan con las retóricas sociales las
+brutalidades del egoísmo humano.
+
+De la memoria de su Jáuregui llevó el pensamiento a su sobrino. Eran sus
+dos amores. Subiéndose las gafas que se le habían deslizado hasta la
+punta de la nariz, prosiguió así: «Pues conmigo no juega. Le pongo en la
+calle como tres y dos son cinco. Tendré que hacer un esfuerzo, porque le
+quiero como debe de quererse a los hijos... ¡Yo que tenía la ilusión de
+casarle con Rufina o al menos con Olimpia!... No, me gusta mucho más
+Rufina Torquemada. Cuidado que soy tonta. Al verle tan huraño, y que se
+escondía cuando entraba doña Silvia con su hija, creía que hablarle a
+este chico de mujeres era como mentarle al diablo la cruz. Fíese usted
+de apariencias. Y ahora resulta que hace meses sostiene a una mujer, y
+se pasa el día entero con ella y... Vamos, yo tengo que ver esto para
+creerlo... Y otra cosa: ¿cómo se las arreglará para mantenerla?... La
+hucha está allí con su peso de siempre...».
+
+Doña Lupe, al llegar aquí, se engolfó en cavilaciones tan abstrusas que
+no es posible seguirla. Su mente se sumergía y salía a flote, como un
+madero arrojado en medio de las bravas olas. La buena señora estuvo así
+toda la tarde. Llegada la noche, deseaba ardientemente que el sobrino
+entrase de la calle para descargar sobre él todo el material de lavas
+que el volcán de su pecho no podía contener. Entró el sietemesino muy
+tarde, cuando su tía estaba ya comiendo y se había servido el cocido.
+Maximiliano se sentó a la mesa sin decir nada, muy grave y algo azorado.
+Empezó a comer con apetito la sopa fría, echando miradas indagatorias e
+inquietas a su señora tía, que evitaba el mirarle... _por no romper_...
+«Debo contenerme--pensaba ella--, hasta que coma... Y parece que tiene
+ganitas...». A ratos el joven daba hondos suspiros mirando a su tía,
+cual si deseara tener una explicación con ella. Más de una vez quiso
+doña Lupe romper en denuestos; pero el silencio y la compostura de su
+sobrino la contenían, haciéndole temer que se repitiera el rasgo varonil
+de aquella mañana. Por fin, apenas cató el joven unas pasas que de
+postre había, se levantó para ir a su cuarto; y apenas le vio doña Lupe
+de espalda, se le encendieron bruscamente los ánimos y corrió tras él,
+conteniendo las palabras que a la boca se le salían. Estaba el pobre
+chico encendiendo el quinqué de su cuarto, cuando la señora apareció en
+la puerta, gritando con toda la fuerza de sus pulmones: «Zascandil».
+
+No se inmutó Maximiliano ni aun cuando doña Lupe, repitiendo su
+apóstrofe, llegó al cuarto o al quinto _zascandil_. Y como si esta
+palabra fuera el tapón de su ira, tras ella corrieron en vena abundante
+las quejas por lo que el chico había hecho aquella mañana. «Y no quiero
+hablar ahora del motivo--añadió ella--; de esa moza que te has echado...
+y que sin duda empieza por pegarte su mala educación. Voy a la patochada
+de esta mañana. ¿Crees que tu tía es algún trapo viejo?».
+
+El muchacho se sentó en la silla que junto a la cama estaba, y apoyando
+el codo en esta, aguantó el achuchón, sin mirar a su juez. Tenía un
+palillo entre los dientes, y lo llevaba de un lado para otro de la boca
+con nerviosa presteza. Ya se le había quitado el gran temor que la
+hermana de su padre le infundía. Como ciertos cobardes se vuelven
+valientes desde que disparan el primer tiro, Maximiliano, una vez que
+rompió el fuego con la hombrada de aquella mañana, sentía su voluntad
+libre del freno que le pusiera la timidez. Dicha timidez era un fenómeno
+puramente nervioso, y en ella tenían no poca parte también sus
+rutinarios hábitos de subordinación y apocamiento. Mientras no hubo en
+su alma una fuerza poderosa, aquellos hábitos y la diátesis nerviosa
+formaron la costra o apariencia de su carácter; pero surgió dentro la
+energía, que estuvo luchando durante algún tiempo por mostrarse,
+rompiendo la corteza. La timidez o falsa humildad endurecía esta, y como
+la energía interior no encontraba un auxilio en la palabra, porque la
+sumisión consuetudinaria y la cortedad no le habían permitido educarla
+para discutir, pasaba tiempo sin que la costra se rompiera. Por fin, lo
+que no pudieron hacer las palabras, lo hizo un acto. Roto el cascarón,
+Maximiliano se encontró más valiente y dispuesto a medirse con la fiera.
+Lo que antes era como levantar una montaña, parecíale ya como alzar del
+suelo un pañuelo.
+
+Oyó en calma los desahogos de su tía. ¡Cuántos argumentos se podían
+oponer a los que la buena señora disparaba con más ardor que lógica!
+Pero lo que es en argumentar con palabras ¡qué diablo!, todavía no
+estaba él fuerte. Argumentaba con hechos. En esto sí que se pintaba
+solo. Cuando su tía tomó respiro dejándose caer sofocada en la silla
+próxima a la mesa, Maximiliano rompió a hablar a su vez; pero no era
+aquello razonar, era como si cogiera su corazón y lo volcara sobre la
+cama, lo mismo que había volcado la hucha después de cascarla.
+
+«La quiero tanto--dijo sin mirar a su tía, y encontrando palabras
+relativamente fáciles para expresar sus sentimientos--, la quiero tanto,
+que toda mi vida está en ella, y ni ley ni familia ni el mundo entero me
+pueden apartar de ella... Si me ponen en esta mano la muerte y en esta
+otra dejar de quererla y me obligan a escoger, preferiré mil veces
+morirme, matarme o que me maten... La quise desde el momento en que la
+vi, y no puedo dejar de quererla, sino dejando de vivir... de modo que
+es tontería oponerse a lo que tengo pensado, porque salto por encima de
+todo y si me ponen delante una pared la paso... ¿Ve usted cómo rompen
+los jinetes del Circo de Price los papeles que les ponen delante cuando
+saltan sobre los caballos? Pues así rompo yo una pared si me la ponen
+entre ella y yo».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Este símil hubo de impresionar vivamente a la gran doña Lupe, que
+contempló un rato a su sobrino con más lástima que ira.
+
+«Yo me he llevado chascos en mi vida--dijo meneando la cabeza como los
+muñecos que tienen un alambre en el pescuezo--; pero un chasco como este
+no me lo he llevado nunca. Me la has dado completa, a fondo, de
+maestro... Cierto que no tengo poder sobre ti... Si te pierdes, bien
+perdido estás. No me vengas a mí después con arrumacos. Te crié, te
+eduqué, he sido para ti una madre. ¿No te parece que debías haberme
+dicho: 'pues tía, esto hay'?».
+
+--Cierto que sí--replicó vivamente Maximiliano--, pero me daba reparo,
+tía. Ahora que me he soltado paréceme la cosa más fácil del mundo. De
+esta falta le pido a usted perdón, porque reconozco que me porté mal.
+Pero se me trababa la lengua cuando quería decir algo, y me entraban
+sudores... Me acostumbré a no hablar a usted más que de si me dolía o no
+la cabeza, de que se me había caído un botón, de si llovía o estaba seco
+y otras tonterías así... Oiga usted ahora, que después de callar tanto
+me parece que reviento si no le cuento a usted todo. La conocí hace tres
+meses. Estaba pobre, había sido muy desgraciada...
+
+--Sí, sí, me han dicho que es muy corrida. Tienes buenas
+tragaderas--afirmó doña Lupe con crueldad.
+
+--No haga usted caso... los hombres son muy malos. ¿No conviene usted
+conmigo en que los hombres son muy malos? Y dígame usted ahora. ¿No es
+acción noble traer al buen camino a una alma buena que se ha
+descarriado?
+
+--¡Y tú, tú--chilló la de Jáuregui con espanto, persignándose--, te has
+metido a pastor!
+
+--Pero aguárdese usted, tía. No juzgue usted las cosas tan de
+ligero--insistió Maximiliano, apurado por no saber expresarse bien--.
+¡Si ella está arrepentida! Ni ha sido tampoco tan mala como a usted le
+han dicho. Si es un ángel...
+
+--¡De cornisa! Buen provecho.
+
+--Créame usted, y cuando la conozca...
+
+--¡Yo... conocerla yo! De eso está libre... Repito que buen provecho te
+haga tu oveja, mejor dicho, tu cabra descarriada.
+
+--Pero si no es eso... es que yo no me expreso bien. Dígame una cosa,
+¿el querer ser honrada no es lo mismo que serlo? ¿Dice usted que no?
+Pues yo no lo veo así, yo no lo veo así.
+
+--¿Cómo ha de ser lo mismo querer ser una cosa que serlo?
+
+--En el terreno moral sí... Si conmigo es honrada y sin mí podría no
+serlo, ¿cómo quiere usted que yo le diga, anda y vete a los demonios?
+¿No es más natural y humano que la acoja y la salve? Pues qué, las obras
+grandes y ¿cómo diré?... cristianas, ¿se han de mirar por el lado del
+egoísmo?
+
+Creyó el pobre muchacho que había puesto una pica en Flandes con este
+argumento, y observó el efecto que en su tía había hecho. La verdad es
+que doña Lupe se quedó un instante algo confusa sin saber qué responder.
+Al fin le contestó con desdén:
+
+«Estás loco. Esas cosas no se le ocurren a nadie que tenga sesos. Me
+voy, te dejo, porque si estoy aquí, te pego, no tengo más remedio que
+romperte encima el palo de una escoba, y la verdad, si eres poco hombre
+para ese amor tan sublime, aún lo eres menos para recibir una paliza».
+
+Maximiliano la sujetó por el vestido y la obligó a sentarse otra vez.
+
+«Óigame usted... tía. Yo la quiero a usted mucho; yo le debo a usted la
+vida, y aunque usted se empeñe en reñir conmigo, no lo ha de
+conseguir... Vamos a ver. Lo que yo hago ahora, lo que la tiene a usted
+tan enojada es, según voy viendo, una acción noble, y mi conciencia me
+la aprueba, y estoy satisfecho de ella como si tuviera a Dios dentro de
+mí diciéndome: _bien, bien_... Porque usted no me puede hacer creer que
+estamos en el mundo sólo para comer, dormir, digerir la comida y
+pasearnos. No; estamos para otra cosa. Y si yo siento dentro de mí una
+fuerza muy grande, pero muy grande, que me impulsa a la salvación de
+otra alma lo he de realizar, aunque se hunda el mundo».
+
+--Lo que tú tienes--afirmó doña Lupe queriendo sostener su papel--, es
+la tontería que te rebosa por todo el cuerpo... y nada más. No me
+engatusarás con palabritas. Vaya que de la noche a la mañana has
+aprendido unos términos y unos floreos de frases que me tienen
+pasmada... Estás hecho un poeta... en toda la extensión de la palabra;
+yo siempre he tenido a los poetas por unos grandes embusteros... tontos
+de atar... Tú no eres ya el sobrinito que yo crié. ¡Cómo me has
+engañado!... ¡Una mujer, una manceba, un belén...!, y ahora viene la de
+me caso, y a Roma por todo. Anda, ya no te quiero; ya no soy tu tiita
+Lupe... No te echo de mi casa por lástima, porque espero que todavía has
+de arrepentirte y me has de pedir perdón.
+
+Maximiliano, ya completamente sereno, movió la cabeza expresando duda.
+
+«El perdón ya lo pedí por haber callado, y ya no tengo que pedir más
+perdones. Todavía hay algo que usted no sabe y que le quiero decir.
+¿Cómo la he mantenido durante tres meses? ¡Ay, tía! Rompí la hucha;
+tenía tres mil y pico de reales, lo bastante para que viva con modestia,
+porque es muy económica, sumamente económica, tía, y no gasta más que lo
+preciso».
+
+Esta revelación hizo vacilar un momento la ira de doña Lupe. ¡Era
+económica!... El joven sacó la hucha, y mostrándola a su tía, reveló el
+suceso como la cosa más natural del mundo, reproduciéndolo a lo vivo.
+«Mire usted, cogí la hucha vieja, después de traer esta, que es
+enteramente igual. Machaqué la llena; cogí el oro y la plata y pasé a
+esta el cobre, añadiendo dos pesetas en cuartos para que pesara lo
+mismo... ¿Quiere usted verlo?».
+
+Antes que doña Lupe respondiera, Maximiliano estrelló la hucha contra el
+suelo, y las piezas de cobre inundaron la habitación.
+
+«Ya veo, ya veo que no tienes desperdicio--observó doña Lupe recogiendo
+la calderilla--. ¿Y cuando se te acabe el dinero? ¿Vendrás a que yo te
+dé? ¡Ay, qué equivocado estás!».
+
+--Cuando se me acabe, Dios me socorrerá por algún lado--dijo Maximiliano
+con fe.
+
+Estaba excitadísimo y tenía el rostro encendido. Doña Lupe no había
+visto nunca tanto brillo en aquellos ojos ni animación semejante en
+aquella cara. Cuando entre los dos hubieron recogido las piezas, la tía
+las envolvió en un número de _La Correspondencia_, y arrojando el
+paquete sobre la cómoda, dijo con soberano menosprecio:
+
+«Ahí tienes para el regalo de boda».
+
+Maximiliano guardó en la cómoda el pesado paquete, y después se puso la
+capa. Doña Lupe no se atrevió a retenerle, pues aunque su corazón se
+llenó de sentimientos de soberbia y autoridad, nada de esto pudo
+traducirse al exterior, porque en el momento de intentarlo, un freno
+inexplicable la contuvo. Sentía desvanecida su autoridad sobre el
+enamorado joven; veía una fuerza efectiva y revolucionaria delante de su
+fuerza histórica, y si no le tenía miedo, era innegable que aquel
+repentino tesón la infundía algún respeto.
+
+Aquella mujer que dormía a pierna suelta después de haber estrangulado,
+en connivencia con Torquemada, a un infeliz deudor, estaba intranquila
+ante los problemas de conciencia que le había planteado su sobrino tan
+candorosamente. Si quería tanto a esa mujer, ¿con qué derecho oponerse a
+que se casara con ella? Y si tenía la tal inclinaciones honradas, y buen
+síntoma de honradez era el ser tan económica, ¿quién cargaba con la
+responsabilidad de atajarla en el camino de la reforma? Doña Lupe empezó
+a llenarse de escrúpulos. Su corazón no era depravado sino en lo tocante
+a préstamos; era como los que tienen un vicio, que fuera de él, y cuando
+no están atacados de fiebre, son razonables, prudentes y discretos.
+
+Al día siguiente, después de otro altercado con su sobrino, apuntaron
+vagamente en su alma las ideas de transacción. Ya no cabía duda de que
+la pasión de Maximiliano era tenaz y profunda, y de que le prestaba
+energías incontrastables. Ponerse frente a ella era como ponerse delante
+de una ola muy hinchada en el momento de reventar. Doña Lupe reflexionó
+mucho todo aquel día, y como tenía un gran sentido de la realidad,
+empezó a reconocer el poder que ejercen sobre nuestras acciones los
+hechos consumados, y el escaso valor de las ideas contra ellos. Lo de
+Maxi sería un disparate, ella seguía creyendo que era una burrada atroz;
+mas era un hecho, y no había otro remedio que admitirlo como tal. Pensó
+entonces con admirable tino que cuando en el orden privado, lo mismo
+que en el público, se inicia un poderoso impulso revolucionario, lógico,
+motivado, que arranca de la naturaleza misma de las cosas y se fortifica
+en las circunstancias, es locura plantársele delante; lo práctico es
+sortearlo y con él dejarse ir aspirando a dirigirlo y encauzarlo. Pues a
+sortear y dirigir aquella revolución doméstica; que atajarla era
+imposible, y el que se le pusiera delante, arrollado sería sin
+remedio... De esta idea provino la relativa tolerancia con que habló a
+su sobrino en la segunda noche de confianzas, la maña con que le fue
+sacando noticias y pormenores de su novia, sin aparentar curiosidad,
+aventurándose a darle algunos consejos. Verdad que entre col y col le
+soltaba ciertas frescuras; pero esto era muy estudiado para que Maxi no
+viera el juego. «No cuentes conmigo para nada; allá te las hayas... Ya
+te he dicho que no quiero saber si tu novia tiene los ojos negros o
+amarillos. A mí no me vengas con zalamerías. Te oigo por consideración;
+pero no me importa. ¿Que la vaya yo a ver? ¡Estás tú fresco...!».
+
+A Maximiliano le había dado su metamorfosis una penetración
+intermitente. En ocasiones poseía la vista rápida y segura del ingenio
+superior; en ocasiones era tan ciego que no veía tres sobre un burro.
+Las pasiones exaltadas producen estas pasmosas diferencias en la
+eficacia de una facultad, y hacen a los hombres romos o agudos cual si
+estuviera el espíritu sometido a una influencia lunática. Aquel día leyó
+el joven en el corazón de doña Lupe y apreció sus disposiciones
+pacificadoras, a pesar de las frases estudiadas con que las quería
+disimular. Hizo además un razonamiento que demuestra la agudeza genial
+que adquiría en ciertos momentos de verdadero estro, adivinando por arte
+de inspiración los arcanos del alma de sus semejantes. El razonamiento
+fue este: «Mi tía se ablanda; mi tía se da a partido. Y como Fortunata
+no le debe dinero, ni se lo deberá nunca, porque estoy yo para
+impedirlo, ha de llegar día en que sean amigas».
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Porque doña Lupe era tal y como su sobrino la pintaba en aquella breve
+consideración; era juiciosa, razonable, se hacía cargo de todo, miraba
+con ojos un tanto escépticos las flaquezas humanas, y sabía perdonar las
+ofensas y hasta las injurias; pero lo que es una deuda no la perdonaba
+nunca. Había en ella dos personas distintas, la mujer y la prestamista.
+El que quisiera estar bien con ella y gozar de su amistad, tuviese mucho
+cuidado de que las dos naturalezas no se confundieran nunca. Un simple
+pagaré, extendido y firmado de la manera más cordial del mundo, bastaba
+a convertir la amiga en basilisco, la mujer cristiana en inquisidora.
+
+La doble personalidad de esta señora tenía un signo externo en su
+cuerpo, una representación fatal, obra de la cirugía, que en este punto
+fue una ciencia justiciera y acusadora. A doña Lupe le faltaba un pecho,
+por amputación a consecuencia del tumor scirroso de que padeció en vida
+de su marido. Como presumía de buen cuerpo y usaba corsé dentro de casa,
+aquella parte que le faltaba la suplió con una bien construida pelota de
+algodón en rama. A la vista, después de vestida, ofrecía gallardo
+conjunto; pero tras de la ropa, sólo la mitad de su seno era de carne;
+la otra mitad era insensible y bien se le podía clavar un puñal sin que
+le doliese. Lo mismo era su corazón; la mitad de carne, la mitad de
+algodón. La índole de las relaciones que con las personas tuviese
+determinaba el predominio de tal o cual mitad. No mediando ningún
+pagaré, daba gusto de tratar con aquella señora; mas como las
+circunstancias la hicieran _inglesa_, ya estaba fresco el que se metiese
+con ella.
+
+Y no había sido así en vida de su marido. Verdad que en aquel tiempo
+venturoso, no manejaba más dinero que el que Jáuregui le daba para el
+gasto de la casa. Después de viuda, viéndose con cuatro cachivaches y
+cinco mil reales, imaginó fundar una casa de huéspedes, pero Torquemada
+se lo quitó de la cabeza, ofreciéndose a colocarle sus dineros con buen
+interés y toda la seguridad posible. El éxito y las ganancias
+engolosinaron a doña Lupe, que adquirió gradual y rápidamente todas las
+cualidades del perfecto usurero, y echó el medio pecho de algodón,
+haciéndose insensible, implacable y dura cuando de la cobranza puntual
+de sus créditos se trataba. Los primeros años de esta vida pasó la
+señora grandes apuros, porque los réditos, aun con ser tan crecidos, no
+le bastaban al sostenimiento de su casa. Pero a fuerza de orden y
+economía fue saliendo adelante, y aun hizo verdaderos milagros
+atendiendo a las medicinas que Maximiliano necesitaba y a los
+considerables gastos de su carrera. Quería mucho a su sobrino y se
+afanaba porque nada le faltara. Este mérito grande no se le podía negar.
+Lo que dijo del garbanzo que tenía el valor de una perla, es muy cierto.
+Pero no lo es que hubiese practicado la usura por el solo interés de dar
+carrera al sietemesino. Esto se lo decía ella a sí propia en sus
+soliloquios; pero era uno de esos sofismas con que quiere cohonestarse y
+ennoblecerse el egoísmo humano. Doña Lupe _trabajaba en préstamos_ por
+pura afición que le infundió Torquemada, y sin sobrino y sin necesidades
+habría hecho lo mismo.
+
+Cuando vinieron los años bonancibles y el capitalito de la viuda
+ascendió a dos mil duros, iniciose un periodo de buena suerte que debía
+de ser pronto increíble prosperidad. Cayó en las combinadas redes de los
+dos prestamistas un pobre señor, más desgraciado que perverso (que había
+sido director general y vivía con gran rumbo a pesar de estar a la
+cuarta pregunta), y no quiero decir cómo le pusieron. Los dos mil duros
+de doña Lupe crecieron como la espuma en el término de tres años,
+renovando obligaciones, acumulando intereses y aumentando estos cada año
+desde dos por ciento mensual, que era el tipo primitivo, a cuatro. A la
+pobre víctima le sacó Torquemada mucho más, porque se adjudicó sus
+muebles riquísimos por un pedazo de pan; pero el tal se lo tenía muy
+bien merecido. Después se rehízo con un destino en la administración de
+Cuba; se volvió a perder, tornó a reponerse en Filipinas, y ahora está
+por cuarta vez en poder de los vampiros. Como ya no hay dinero en las
+colonias, parece difícil que este desventurado haga la quinta pella.
+Dicen que América para los americanos. ¡Vaya una tontería! América para
+los usureros de Madrid.
+
+En la fecha en que nuestra narración coge a doña Lupe, tenía ya un
+caudalito de diez mil duros, parte asegurado en acciones del Banco y
+parte en préstamos con pagaré legalizado, figurando mucha mayor cantidad
+de la percibida por el deudor. El ex-alabardero era enemigo _del
+materialismo_ de las hipotecas con seguridad legal y rédito prudente.
+Los préstamos arriesgados con premio muy subido eran su delicia y su
+arte predilecto, porque aun cuando alguno no se cobrase hasta la víspera
+del Juicio Final, la mayor parte de las víctimas caían atontadas por el
+miedo al escándalo, y se doblaba el dinero en poco tiempo. Tenía olfato
+seguro para rastrear a las personas pundonorosas, de esas que entregan
+el pellejo antes que permitir andar en lenguas de la fama, y con estas
+se metía hasta el fondo, _se atracaba de deudor_.
+
+Poco a poco fue transmitiendo su manera de ser, de obrar y sentir a su
+compinche, como se pasa la imagen de un papel a otro por medio del calco
+o el estarcido. Cada vez que D. Francisco le llevaba dinero cobrado, un
+problema de usura resuelto y finiquito, se alegraba tanto la viudita que
+se le abrían los poros, y por aquellas vías se le entraba el carácter de
+Torquemada a posesionarse del suyo e informarlo de nuevo.
+
+La esposa de Torquemada estaba hecha tan a semejanza de este, que doña
+Lupe la oía y la trataba como al propio don Francisco. Y con el trato
+frecuente que las dos señoras tenían, doña Silvia llegó también a
+ejercer gran influencia sobre su amiga, imprimiendo en esta algunos
+rasgos de su fisonomía moral. Era hombruna, descarada y cuando se ponía
+en jarras hacía temblar a medio mundo. Más de una vez aguardó en la
+calle a un acreedor, con acecho de asesino apostado, para insultarle sin
+piedad delante de la gente que pasaba. A esto no llegó ni podía llegar
+la de Jáuregui, porque tenía ciertas delicadezas de índole y de
+educación que se sobreponían a sus enconos de usurera. Pero sí fueron
+juntas alguna vez a la casa de una infeliz viuda que les debía dinero, y
+después de apremiarla inútilmente para que les pagara, echaron miradas
+codiciosas hacia los muebles. Las dos harpías cambiaron breves palabras
+frente a la víctima, que por poco se muere del susto. «A usted le
+conviene esta copa-brasero--dijo doña Silvia--, y a mí aquella cómoda».
+Hicieron subir a los mozos de cordel y se llevaron los citados objetos,
+después de quitarle a la cómoda la ropa y a la copa el fuego. La deudora
+se avino a todo por perder de vista a las dos infernales mujeres que
+tanto pavor le causaban.
+
+La copa aquella estaba en la sala de doña Lupe; mas no se encendía
+nunca. Maximiliano sabía su procedencia, así como la de un bargueño y un
+armario soberbio que en la alcoba estaban. La mesa en que el estudiante
+escribía entró en la casa de la misma manera, y la vajilla buena que se
+usaba en ciertos días fue adquirida por la quinta parte de su valor, en
+pago de un pico que adeudaba una amiga íntima. Doña Silvia había hecho
+el negocio, que doña Lupe no se atreviera a tanto. Un centro de plata,
+dos bandejas del mismo metal y una tetera que la señora mostraba con
+orgullo, habían ido a la casa empeñadas también por una amiga íntima y
+allí se quedaron por insolvencia. Maximiliano se había enterado de
+muchos pormenores concernientes a los manejos de su tía. Las alhajas,
+vestidos de señora, encajes y mantones de Manila que pasaban a ser
+suyos, tras largo cautiverio, vendíalos por conducto de una corredora
+llamada Mauricia la Dura. Esta iba a la casa con frecuencia en otros
+tiempos; pero ya apenas _corría_, y doña Lupe la echaba muy de menos,
+porque aunque era muy alborotada y disoluta, cumplía siempre bien.
+Asimismo había podido observar Maximiliano en su propia casa lo
+implacable que era su tía con los deudores, y de este conocimiento vino
+el inspirado juicio que formuló de esta manera: «Si me caso con
+Fortunata y si la suerte nos trae escaseces, antes pediremos limosna por
+las calles que pedir a mi tía un préstamo de dos pesetas... Mientras más
+amigos, más claros».
+
+
+
+
+-IV-
+
+Nicolás y Juan Pablo Rubín.--Propónense nuevas artes y medios de
+redención
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Hallábase doña Lupe, en el fondo de su alma, inclinada a la transacción
+lenta que imponían las circunstancias; mas no quiso dar su brazo a
+torcer ni dejar de mostrar una inflexibilidad prudente, hasta tanto que
+viniese Juan Pablo y hablaran tía y sobrino de la inaudita novedad que
+había en la familia. Una mañana, cuando Maximiliano estaba aún en la
+cama no bien dormido ni despierto, sintió ruido en la escalera y en los
+pasillos. Oyó primero patadas y gritos de mozos que subían baúles,
+después la voz de su hermano Juan Pablo; y lo mismo fue oírla, que
+sentir renovado en su alma aquel pícaro miedo que parecía vencido.
+
+No tenía malditas ganas de levantarse. Oyó a su tía regateando con los
+mozos por si eran tres o eran dos y medio. Después, le pareció que Juan
+Pablo y su tía hablaban en el comedor. ¡Si le estaría contando
+aquello...! Seguramente, porque su tía era muy novelera, y no le gustaba
+de que ciertas cosas se le enranciaran dentro del cuerpo. Oyó luego que
+su hermano se lavaba en el cuarto inmediato, y cuando doña Lupe entró
+para llevarle toallas, cuchichearon largo rato. Maximiliano calculó que
+probablemente hablarían de la herencia; pero no las tenía todas consigo.
+Trataba de darse ánimos considerando que su hermano era el más simpático
+de la familia, el de más talento y el que mejor se hacía cargo de las
+cosas.
+
+Levantose al fin de mala gana. Ya lavado y vestido, vacilaba en salir, y
+se estuvo un ratito con la mano en el picaporte. Doña Lupe tocó a la
+puerta, y entonces ya no hubo más remedio que salir. Estaba pálido y
+daba lástima verle. Abrazó a su hermano, y en el mirar de este, en el
+tono de sus palabras, conoció al punto que sabía la grande, increíble
+historia. No tenía ganas el joven de explicaciones ni disputas aquella
+hora, y como era un poco tarde se apresuró a irse a la clase. Mas no
+tuvo sosiego en ella, ni cesó de pensar en lo que su hermano diría y
+haría. Esta perplejidad le arrancaba suspiros. El miedo, el pícaro miedo
+era su principal enemigo. Conveníale, pues, quitarse pronto la máscara
+ante su hermano como se la había quitado ante doña Lupe, pues hasta que
+lo hiciera no se reintegraría en el uso de su voluntad. Si Juan Pablo
+salía por la tremenda, quizás era mejor, porque así no estaba
+Maximiliano en el caso de guardarle consideraciones; pero si se ponía
+en un pie de astucias diplomáticas, fingiendo ceder para resistir con la
+inercia, entonces... Esto ¡ay!, lo temía más que nada.
+
+Pronto había de salir de dudas. Cuando Maximiliano entró a almorzar, ya
+estaba Juan Pablo sentado a la mesa, y a poco llegó doña Lupe con una
+bandeja de huevos fritos y lonjas de jamón. Gozosa estaba aquel día la
+señora, porque Papitos se portaba bien, como siempre que había aumento
+de trabajo. «Es tan novelera esta mona--decía--, que cuando tenemos
+mucho que hacer parece que se multiplica. Lo que ella quiere es lucirse,
+y como vea ocasiones de lucimiento, es un oro. Cuando menos hay que
+hacer es cuando la pega. Me la traje a casa hecha una salvajita, y poco
+a poco le he ido quitando mañas. Era golosa, y siempre que iba a la
+tienda por algo, lo había de catar. ¿Creerás que se comía los fideos
+crudos?... La recogí de un basurero de Cuatro Caminos, hambrienta,
+cubierta de andrajos. Salía a pedir y por eso tenía todos los malos
+hábitos de la vagancia. Pero con mi sistema la voy enderezando. Porrazo
+va, porrazo viene, la verdad es que sacaré de ella una mujer en toda la
+extensión de la palabra».
+
+--Está tan malo el servicio en Madrid--observó Juan Pablo--, que no debe
+usted mirarle mucho los defectos.
+
+Durante todo el almuerzo hablaron del servicio, y a cada cosa que decían
+miraban a Maximiliano como impetrando su asentimiento. El joven observó
+que su hermano estaba serio con él, pero aquella seriedad indicaba que
+le reconocía hombre, pues hasta entonces le trató siempre como a un
+niño. El estudiante esperaba burlas, que era lo que más temía, o una
+reprimenda paternal. Ni una cosa ni otra se apuntaba en el lenguaje
+indiferente y frío de Juan Pablo. Este, después de almorzar, sintiose
+amagado de la jaqueca y se echó de muy mal humor en su cama. Toda la
+tarde y parte de la noche estuvo entre las garras de aquella desazón más
+molesta que grave. No eran sus ataques tan penosos como los de
+Maximiliano, y generalmente le era fácil anegar el dolor hemicráneo en
+la onda del sueño. Ya sabía que el cansancio de los viajes consecutivos
+le producía el ataque, y que este se pasaba en la noche mas no por esto
+lo llevaba con paciencia. Renegando de su suerte estuvo hasta muy tarde,
+y al fin descansó con sosegado sueño.
+
+En tanto, doña Lupe hacía mil consideraciones sobre el apático desdén
+con que Juan Pablo recibiera la noticia de _aquello_. Había fruncido el
+ceño; después había opinado que su hermano era loco, y por fin, alzando
+los hombros, dijo: «¿Yo qué tengo que ver? Es mayor de edad. Allá se las
+haya».
+
+Lo mismo Maximiliano que su tía habían notado que Juan Pablo estaba
+triste. Primero lo atribuyeron a cansancio; pero notaron luego que
+después de las doce horas de sueño reparador, estaba más triste aún. No
+sostenía ninguna conversación. Parecía que nada le interesaba, ni aun la
+herencia, de la que hablaba poco, aunque siempre en términos precisos.
+
+«¿Sabes que tu hermano lo ha tomado con calma?» dijo doña Lupe a Maxi
+una noche.
+
+--¿Qué?--El asunto tuyo. Dos veces le he hablado. ¿Y sabes lo que hace?
+Alzar los hombros, sacudir la ceniza del cigarro con el dedo meñique, y
+decir que ahí se las den todas.
+
+El enamorado oía con júbilo estas palabras, que eran para él un gran
+consuelo. Indudablemente Juan Pablo observaba la prudente regla de
+respetar los sentimientos y propósitos ajenos para que le respetaran los
+suyos. Hablaba tan poco, que doña Lupe tenía que sacarle las palabras
+con cuchara. «O está también haciendo el trovador--decía doña Lupe--, o
+le pasa algo. Estoy yo divertida con mis sobrinos. Todos están con
+murria. Al menos Maxi es franco y dice lo que quiere».
+
+Hubiera hurgado doña Lupe a su sobrino mayor para que le relevase la
+causa de su tristeza; pero como presumía fuese cosa de política, no
+quiso tocar este punto delicado por no armar camorra con Juan Pablo,
+que era o había sido carlista, al paso que doña Lupe era liberal, cosa
+extraña, liberal _en toda la extensión de la palabra_. Después de servir
+a D. Carlos en una posición militar administrativa, Rubín había sido
+expulsado del Cuartel Real. Sus íntimos amigos le oyeron hablar de
+calumnias y de celadas traidoras; pero nada se sabía concretamente.
+Dejaba escapar de su pecho exclamaciones de ira, juramentos de venganza
+y apóstrofes de despecho contra sí mismo. «¡Bien merecido lo tengo por
+meterme con esa gente!». Cuando llegó a Madrid echado de la corte de D.
+Carlos, fue a casa de su tía, según costumbre antigua; pero apenas
+paraba en la casa. Dormía fuera, comía también fuera, casi siempre en
+los cafés o en casa de alguna amiga, y doña Lupe se desazonaba juzgando
+con razón que semejante vida no se ajustaba a las buenas prácticas
+morales y económicas. De repente, el misántropo volvió al Norte,
+diciendo que regresaría pronto, y mientras estuvo fuera se supo la
+muerte de Melitona Llorente. La primera noticia que de la herencia tuvo
+Juan Pablo diósela su tía paterna por una carta que le dirigió a Bayona.
+Preparábase a volver a España, y la carta aquella con la noticia que
+llevaba aceleró su vuelta. Entró por Santander, se fue a Zaragoza por
+Miranda y de allí a Molina de Aragón. Diez días estuvo en esta villa,
+donde ninguna dificultad de importancia le ofreció la toma de posesión
+del caudal heredado. Este ascendía a unos treinta mil duros entre
+inmuebles y dinero dado a rédito sobre fincas; y descontadas las mandas
+y los derechos de traslación de dominio, quedaban unos veintisiete mil
+duros. Cada hermano cobraría nueve mil. Juan Pablo, al llegar a Madrid,
+escribió a Nicolás para que también viniese, con objeto de estar
+reunidos los tres hermanos y tratar de la partición.
+
+He dicho que doña Lupe rehuía el hablar de política con Juan Pablo. En
+realidad, ella no entendía jota de política, y si era liberal, éralo por
+sentimiento, como tributo a la memoria de su Jáuregui y por respeto al
+uniforme de miliciano nacional que este tan gallardamente ostentaba en
+su retrato. Pero si le hubieran dicho que explicara los puntos
+esenciales del dogma liberal, se habría visto muy apurada para
+responder. No sabía más sino que aquellos malditos _carcas_ eran unos
+indecentes que nos querían traer la Inquisición y las _caenas_. Había
+respirado aquella señora aires tan progresistas durante su niñez y en
+los gloriosos veinte años de su unión con Jáuregui, que no quería ni oír
+hablar de absolutismo. No comprendía cómo su sobrino, un muchacho tan
+listo, había cometido la borricada de hacerse súbdito de aquel zagalón
+de D. Carlos, un perdido, un zafiote, un déspota _en toda la extensión
+de la palabra_.
+
+En la cuestión religiosa, las ideas de doña Lupe se adaptaban al
+criterio de su difunto esposo, que era el más juicioso de los hombres y
+sabía dar _a Dios lo que es de Dios y al César_, etc... Este estribillo
+lo repetía muy orgullosamente la viuda siempre que saltaba una
+oportunidad, añadiendo que creía cuanto la Santa Madre Iglesia manda
+creer; pero que mientras menos trato tuviera con curas, mejor. Oía su
+misa los domingos y confesaba muy de tarde en tarde; mas de este paso
+regular no la sacaba nadie.
+
+Desde un día en que disputando con su sobrino sobre este tema, se
+amontonaron los dos y por poco se tiran los trastos a la cabeza, no
+quiso doña Lupe volver a mentar a los _carcundas_ delante de Juan Pablo.
+Y cuando le vio venir del Cuartel Real, corrido y humillado, tuvo la
+señora una alegría tal que con dificultad podía disimularla. Se acordaba
+de su Jáuregui y de las cosas oportunas y sapientísimas que este decía
+sobre todo desgraciado que se metía con curas, pues era lo mismo que
+acostarse con niños. «Y no aprenderá--pensaba doña Lupe--; todavía es
+capaz de volver a las andadas, y de ir allá a quitarle motas al zángano
+de Carlos _Siete_.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Durmiose Maxi aquella noche arrullado por la esperanza. Síntoma de
+conciliación era que su tía no le hablaba ya con ira, y aun parecía
+tenerle en verdadero concepto de hombre o de varón. A veces, hasta
+parecía que la insigne señora le tenía cierto respeto. ¡Si no hay como
+mostrarse duro y decidido para que le respeten a uno...! Por lo demás,
+doña Lupe había vuelto a cuidarle con su acostumbrada solicitud. Le
+ponía en la mesa los platos de su gusto, y en su cuarto nada faltaba
+para su regalo y comodidad. En fin, que el pobre chico estaba
+satisfecho; sentía que el terreno se solidificaba bajo sus plantas, y se
+reconocía más árbitro de su destino, y casi triunfante en la descomunal
+batalla que estaba dando a su familia.
+
+En cuanto a Juan Pablo, no había nada que temer. Los dos hermanos no
+tenían ocasiones de hablar mucho, porque el primogénito, después de
+almorzar, se marchaba a uno de los cafés de la Puerta del Sol y allí se
+estaba las horas muertas. Por la noche o venía muy tarde o no venía. La
+idea de que su hermano andaba de picos pardos regocijaba a Maxi porque
+«ahora se verá--decía--, quién es más juicioso, quién cumple mejor las
+leyes de la moral. Que no nos venga aquí echándosela de plancheta con
+su _neísmo_».
+
+En suma, que mi hombre se veía más respetado y considerado desde que se
+las tuvo tiesas con su tía la mañana de marras. La única persona que no
+participaba ni poco ni mucho de este respeto era Papitos, que cada día
+le trataba con familiaridad más chocarrera. «Feo, cara de pito, memo en
+polvo--decíale sacando un trozo de lengua tal que casi parecía
+inverosímil--. Valiente mico está _vusté_... Verá cómo no le dejan
+casar... Sí, para _vusté_ estaba. Bobo, más que bobo». Maximiliano la
+despreciaba y se lo decía: «Lárgate de aquí, sinvergüenza, o te quito
+todas las muelas de una bofetada». «_¿Vusté, vusté?_, ja, ja. Si le
+cojo, del primer borleo va a parar al tejado».
+
+Más valía no hacerle caso. Era una inocente que no sabía lo que se
+decía. Estaba Papitos arreglando el cuarto de _sito_ Maxi, donde se puso
+la cama para el cura, que debía llegar al día siguiente por la mañana.
+No veía el estudiante con buenos ojos este arreglo, porque siempre que
+su hermano Nicolás venía a Madrid y dormía en aquel cuarto le espantaba
+el sueño con sus ronquidos. Eran sus fauces y conducto nasal trompeta de
+Jericó con diferentes registros a cual peor. Maxi se ponía tan nervioso,
+que a veces tenía que salirse de la cama y del cuarto. Lo que más le
+incomodaba era que a la mañana siguiente el cura sostenía que no había
+dormido nada.
+
+Indicó a doña Lupe que le librara de este martirio poniendo a Nicolás en
+otra habitación. ¿Pero dónde, si no había más aposentos en la casa? La
+señora le prometió ponerle la cama en su propia alcoba si el cura
+roncaba mucho la primera noche. «Pero ahora que me acuerdo, yo también
+ronco... En fin, ya se arreglará. Aunque sea en la sala te podrás
+quedar».
+
+Llegó Nicolás Rubín a la mañanita siguiente, y Maxi le vio entrar como
+un enemigo más con quien tendría que batirse. El carácter sacerdotal de
+su hermano le impresionaba, pues por mucho que su tía y él hablaran
+contra el _neísmo_, un cura siempre es una autoridad en cualquier
+familia. A este hermano le quería Maxi menos que a Juan Pablo, sin duda
+por haber vivido ausente de él durante su niñez.
+
+Los dos hermanos mayores almorzaron juntos, mas no hablaron ni palotada
+de política, por no chocar con doña Lupe. Precisamente Nicolás fue quien
+metió a Juan Pablo por el aro carlista, prometiéndole villas y
+castillos. Habíale dado recomendaciones para elevadas personas del
+Cuartel Real y para unos clérigos de caballería que residían en Bayona.
+Pero nada, como digo, se habló en la mesa. No se les ocultaba que su tía
+sabía hacer guardar los respetos debidos a la entidad de Jáuregui,
+presente siempre en la casa por ficción mental, de que era símbolo el
+feo retrato que en el gabinete estaba. Hablaban del tiempo, de lo mal
+que se vivía en Toledo, de que el viento se había llevado toda la flor
+del albaricoque, y de otras zarandajas, honrando sin melindres el buen
+almuerzo.
+
+De sobremesa, Juan Pablo propuso, puesto que estaban todos reunidos,
+tratar algunos puntos de la herencia, que debían ponerse en claro. Él no
+quería propiedad rústica, y si sus hermanos lo aprobaban, recibiría su
+parte en metálico e hipotecas. Otras hipotecas y las tierras serían para
+Nicolás y Maximiliano. Estos se conformaron con lo que su hermano
+proponía, y a doña Lupe le dieron ganas de tomar cartas en el asunto;
+pero no se atrevió a intervenir en un negocio que no le incumbía. No
+tuvo más remedio que tragar saliva y callarse. Después le dijo a
+Maximiliano: «Habéis sido unos tontos. Tu hermano quiere su parte en
+metálico para gastarla en cuatro días. Es una mano rota. ¿A mí qué me va
+ni me viene? Pues más te habría valido recibir lo tuyo en dinero
+contante, que bien colocado por mí, te habría dado una rentita bien
+segura. Y si no, lo has de ver. Yo quiero saber cómo te las vas tú a
+gobernar con tanto olivo, tanto parral y ese pedazo de monte bajo que
+dicen que te toca. Lo mismo que el majagranzas de Nicolás; a todo decía
+que sí. Por de pronto tendréis que tomar un administrador que os robará
+los ojos, y os dará cada cuenta que Dios tirita. ¡Qué par de zopencos
+sois! Yo te miraba y te quería comer con los ojos, dándote a entender
+que te resistieras; y tú, hecho un marmolillo... Y luego quieres
+echártela de hombre de carácter. Bonito camino, sí señor, bonito camino
+tomas».
+
+Otra cosa había propuesto también el primogénito, a la que accedieron
+gustosos los otros dos hermanos. Cuando murió D. Nicolás Rubín, todos
+los _ingleses_ cobraron con las existencias de la tienda, a excepción de
+uno, que había sido el mejor y más fiel amigo del difunto en sus días
+buenos y malos. Este acreedor era Samaniego, el boticario de la calle
+del Ave María, y su crédito ascendía, con el interés vencido de seis por
+ciento, a sesenta y tantos mil reales. Propuso Juan Pablo satisfacerlo
+como un homenaje a la justicia y a la buena memoria de su querido padre,
+y se votó afirmativamente por unanimidad. La misma doña Lupe aprobó este
+acuerdo, que si recortaba un poco el capital de la herencia, era un acto
+de lealtad y como una consagración póstuma de la honradez de su infeliz
+hermano. Samaniego no había reclamado nunca el pago de su deuda, y esta
+delicadeza pesaba más en el ánimo de los Rubín para pagarle. Ambas
+familias se visitaban a menudo, tratándose con la mayor cordialidad, y
+aun se llegó a decir que Juan Pablo no miraba con malos ojos a la mayor
+de las hijas del boticario, llamada Aurora, y de cuyas virtudes, talento
+y aptitud para el trabajo se hacía toda lenguas doña Lupe.
+
+Aprobadas la partición propuesta por Juan Pablo y la cancelación del
+crédito de Samaniego.
+
+Maximiliano, con estas cosas, se sentía cada vez más fuerte. Había
+tomado acuerdos en consejo de familia, luego era hombre. Si tenía la
+personalidad legal, ¿cómo no tener la otra? Figurábase que algo crecía y
+se vigorizaba dentro de él, y hasta llegó a imaginar que si le pusieran
+en una báscula había de pesar más que antes de aquellas determinaciones.
+Sin duda tenía también más robustez física, más dureza de músculos, más
+plenitud de pulmones. No obstante, estaba sobre ascuas hasta que su
+hermano el cleriguito no se explicase. Podría suceder muy bien que
+cuando todo iba como una seda, saliese con ciertas _mistiquerías_
+propias de su oficio, sacando el Cristo de debajo de la sotana y
+alborotando la casa.
+
+La noche del mismo día en que se trató de la herencia, supo Nicolás lo
+que pasaba, y no lo tomó con tanta calma como Juan Pablo. Su primer
+arranque fue de indignación. Tomó una actitud consternada y meditabunda,
+haciendo el papel de hombre entero, a quien no asustan las dificultades
+y que tiene a gala el presentarles la cara. Las relaciones entre Nicolás
+y la viuda, que habían sido frías hasta un par de meses antes de los
+sucesos referidos, eran en la fecha de estos muy cordiales, y no porque
+tía y sobrino tuviesen conformidad de genio, sino por cierta
+coincidencia en procederes económicos que atenuaba la gran disparidad
+entre sus caracteres. Doña Lupe no había simpatizado nunca con Nicolás;
+primero, porque las sotanas en general no la hacían feliz; segundo,
+porque aquel sobrino suyo no se dejaba querer. No tenía las seducciones
+personales de Juan Pablo, ni la humildad del pequeño. Su fisonomía no
+era agradable, distinguiéndose por lo peluda, como antes se indicó. Bien
+decía doña Lupe que así como el primogénito se llevara todos los
+talentos de la familia, Nicolás se había adjudicado todos los pelos de
+ella. Se afeitaba hoy, y mañana tenía toda la cara negra. Recién
+afeitado, sus mandíbulas eran de color pizarra. El vello le crecía en
+las manos y brazos como la yerba en un fértil campo, y por las orejas y
+narices le asomaban espesos mechones. Diríase que eran las ideas, que
+cansadas de la oscuridad del cerebro se asomaban por los balcones de la
+nariz y de las orejas a ver lo que pasaba en el mundo.
+
+Cargábanle a doña Lupe sus pretensiones sermonarias y cierta grosería
+entremezclada con la soberbia clerical. Las relaciones entre una y otro
+eran puramente de fórmula, hasta que a Nicolás, en uno de los viajes que
+hizo a Madrid, se le ocurrió entregar a la tía sus ahorros para que se
+los colocara, y véase aquí cómo se estableció entre estas dos personas
+una corriente de simpatía convencional que había de producir la amistad.
+Era como dos países separados por esenciales diferencias de raza y
+antagonismos de costumbres, y unidos luego por un tratado de comercio.
+Lo contrario pasó entre Juan Pablo y doña Lupe. Esta le tuvo en otro
+tiempo mucho cariño y apreciaba sus grandes atractivos personales; pero
+ya le iba dando de lado en sus afectos. No le perdonaba sus hábitos de
+despilfarro y el poco aprecio que hacía del dinero gastándolo tan sin
+sustancia. Ni una sola vez, ni una, le había dado un pico para que se lo
+colocase a rédito. Siempre estaba a la cuarta pregunta, y como pudiera
+sacarle a su tía alguna cantidad por medio de combinaciones dignas del
+mejor hacendista, no dejaba de hacerlo, y a la viuda se le requemaba la
+sangre con esto. Véase, pues, cómo se entendía mejor con el más
+antipático de sus sobrinos que con el más simpático.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Conocedor Nicolás de la tremenda noticia, le faltó tiempo para pegar la
+hebra de su soporífero sermón, sólo interrumpido cuando Papitos trajo la
+ensalada. Porque Nicolás Rubín no podía dormir si no le ponían delante a
+punto de las once una ensalada de lechuga o escarola, según el tiempo,
+bien aliñada, bien meneada, con el indispensable ajito frotado en la
+ensaladera, y la golosina del apio en su tiempo. Había comido muy bien
+el dichoso cura, circunstancia que no debe notarse, pues no hay memoria
+de que dejara de hacerlo cumplidamente ningún día del año. Pero su
+estómago era un verdadero molino, y a las tres horas de haberse llenado,
+había que cargarlo otra vez. «Esto no es más que debilidad--decía
+poniendo una cara grave y a veces consternada--, y no hay idea de los
+esfuerzos que he hecho por corregirla. El médico me manda que coma poco
+y a menudo».
+
+Cayó sobre aquel forraje de la ensalada, e inclinaba la cara sobre ella
+como el bruto sobre la cavidad del pesebre lleno de yerba.
+
+«Le diré a usted, tía--murmuraba con el gruñido que la masticación le
+permitía--. Yo no soy de mucho comer, aunque lo parezca».
+
+--Podías serlo más. Come, hijo, que el comer no es pecado gordo.
+
+--Le diré a usted, tía...
+
+No le dijo nada, porque la operación aquella de mascar los jugosos
+tallos de la escarola absorbía toda su atención. Los gruesos labios le
+relucían con la pringue, y esta se le escurría por las comisuras de la
+boca formando un hilo corriente, que hubiera descendido hasta la
+garganta si los cañones de la mal rapada barba no lo detuvieran. Tenía
+puesto un gorro negro de lana con borlita que le caía por delante al
+inclinar la cabeza, y se retiraba hacia atrás cuando la alzaba. A doña
+Lupe (no lo podía remediar) le daba asco el modo de comer de su sobrino,
+considerando que más le valía saber menos de cosas teológicas y un
+poquito más de arte de urbanidad. Como estaban los dos solos, dábale
+bromas sobre aquello del comer poco y a menudo; pero él se apresuró a
+variar la conversación, llevándola al asunto de Maxi.
+
+«Una cosa muy seria, tía, pero que muy seria».
+
+--Sí que lo es; pero creo muy difícil quitársela de la cabeza.
+
+--Eso corre de mi cuenta... ¡Oh! Si no tuviera yo otras montañas que
+levantar en vilo...--dijo el clérigo apartando de sí la ensaladera, en
+la cual no quedaba ni una hebra--. Verá usted... verá usted si le vuelvo
+yo del revés como un calcetín. Para esas cosas me pinto...
+
+No pudo concluir la frase, porque le vino de lo hondo del cuerpo a la
+boca una tan voluminosa cantidad de gases, que las palabras tuvieron que
+echarse a un lado para darle salida. Fue tan sonada la regurgitación,
+que doña Lupe tuvo que apartar la cara, aunque Nicolás se puso la palma
+de la mano delante de la boca a guisa de mampara. Este movimiento era
+una de las pocas cosas relativamente finas que sabía.
+
+«...me pinto solo--terminó, cuando ya los fluidos se habían difundido
+por el comedor--. Verá usted, en cuanto llegue le echo el toro... ¡Oh!,
+es mi fuerte. Me parece que ya está ahí».
+
+Oyose la campanilla, y la misma doña Lupe abrió a su sobrino. Lo mismo
+fue entrar este en el comedor que conocer en la cara impertinente de su
+hermano que ya sabía _aquello_... No le dio Nicolás tiempo a prepararse,
+porque de buenas a primeras le embocó de este modo:
+
+«Siéntese usted aquí, caballerito, que tenemos que hablar. Vaya, que me
+ha dejado frío lo que acabo de saber. Estamos bien. Con que...».
+
+La mano tiesa volvió a ponerse delante de la boca, a punto que se
+atascaban las palabras, sufriendo la cabeza como una trepidación.
+
+«Con que aquí hace cada cual lo que le da la gana, sin tener en cuenta
+las leyes divinas ni humanas, y haciendo mangas y capirotes de la
+religión, de la dignidad de la familia...».
+
+Maximiliano, que al principiar el réspice, estaba anonadado, se rehízo
+de súbito, y todas las fuerzas de su espíritu se pronunciaron con
+varonil arranque. Tal era el síntoma característico del _hombre nuevo_
+que en él había surgido. Roto el hielo de la cortedad desde el momento
+en que la tremenda cuestión salía a _vista pública_, le brotaban del
+fondo del alma aquellos alientos grandes para su defensa. Discutir, eso
+no; pero lo que es obrar, sí, o al menos demostrar con palabras breves y
+enfáticas su firme propósito de independencia...
+
+«¡Bah!--exclamó apartando la vista de su hermano con un movimiento
+desdeñoso de la cabeza--. No quiero oír sermones. Yo sé bien lo que debo
+hacer».
+
+Dijo, y levantándose se marchó a su cuarto.
+
+--Bien, muy bien--murmuró el cura quedándose corrido, mirando a doña
+Lupe y a Papitos, la cual se pasmaba de aquel mirar que parecía una
+consulta--. Y qué mal educadito y que rabiosito se ha vuelto. Bien, muy
+bien; pero muy...
+
+Un metro cúbico de gas se precipitó a la boca con tanta violencia, que
+Nicolás tuvo que ponerse tieso para darle salida franca, y a pesar de lo
+furioso que estaba, supo cuidar de que la mano desempeñara su
+obligación. Doña Lupe también parecía indignada, aunque si se hubiera
+ido a examinar bien el interior de la digna señora, se habría visto que
+en medio del enojo que su dignidad le imponía, nacía tímidamente un
+sentimiento extraño de regocijo por aquella misma independencia de su
+sobrino. ¡Si sería efectivamente un hombre, un carácter entero...!
+Siempre le disgustó a ella que fuera tan encogido y para poco. ¿Por qué
+no se había de alegrar de ver en él un rasgo siquiera de personalidad
+árbitra de sí misma? «Hay que ver por dónde sale este demonches de
+chico--pensaba con cierta travesura--. ¡Y qué geniazo va sacando!».
+
+«Pero muy bien, perfectamente bien--dijo el cura apoyando las manos en
+los brazos del sillón, para enderezar el cuerpo--. Verás ahora,
+grandísimo piruétano, cómo te pongo yo las peras a cuarto. Tía, buenas
+noches. Ahora va a ser la gorda. Acostados los dos, hablaremos».
+
+Encerrose Nicolás en su alcoba, que era la de su hermano, y ambos se
+metieron en la cama. Doña Lupe se puso fuera a escuchar. Al principio no
+oyó más que el crujir de los hierros de la cama del clérigo, que era muy
+mala y endeble, y en cuanto se movía el desgraciado ocupador de ella
+volvíase toda una pura música, la que unida al ruido de los muelles del
+colchón veterano, hubiera quitado el sueño a todo hombre que no fuese
+Nicolás Rubín. Después oyó doña Lupe la voz de Maxi, opaca, pero entera
+y firme. Nicolás no le dejaba meter baza; pero el otro se las tenía
+tiesas... ¡Terrible duelo entre el sermón y el lenguaje sincero de los
+afectos! Ponía singular atención doña Lupe a la voz del sietemesino, y
+se hubiera alegrado de oír algo estupendo, categórico y que se saliera
+de lo común; pero no podía distinguir bien los conceptos, porque la voz
+de Maxi era muy apagada y parecía salir de la cavidad de una botella. En
+cambio los gritos del cura se oían claramente desde el pasillo. «Miren
+por dónde sale ahora este...--pensó doña Lupe volviendo la cara con
+desdén--. ¡Qué tendrán que ver Santo Tomás ni el padre Suárez con...!».
+Al fin dejó de oírse la voz cavernosa del sacerdote, y en cambio se
+percibió un silbido rítmico, al que siguieron pronto mugidos como los
+del aire filtrándose por los huecos de un torreón en ruinas.
+
+«Ya está roncando ese...--dijo doña Lupe retirándose a su alcoba--. ¡Qué
+noche va a pasar el otro pobre!».
+
+Serían las nueve de la mañana siguiente, cuando Nicolás pidió a Papitos
+su chocolate. Salió del cuarto con la cara muy mal lavada, y algunas
+partes de ella parecían no haber visto más agua que la del bautismo.
+
+«¿Ese chocolate?» preguntó en el comedor, resobándose las manos una con
+otra, como si quisiera sacar fuego de ellas.
+
+--Ahora mismo. El chocolate había de ser con canela, hecho con leche,
+por supuesto, y en ración de dos onzas. Le habían de acompañar un bollo
+de tahona, varios bizcochitos y agua con azucarillo. Y aún decía Nicolás
+que tomaba chocolate no por tomarlo, sino nada más que por fumarse un
+cigarrillo encima.
+
+--¿Y qué resultó anoche?--preguntó doña Lupe al ponerle delante todo
+aquel cargamento.
+
+--Pues nada, que no hay quien le apee--respondió el clérigo, sumergiendo
+el primer bizcochito en el espeso líquido--. Lo que usted decía: no es
+posible quitárselo de la cabeza. Una de dos, o matarle o dejarle, y como
+no le hemos de matar... Al fin convenimos en que yo vería hoy a esa...
+cabra loca.
+
+--No me parece mal.--Y según la impresión que me haga, determinaremos.
+
+--¿Vais juntos?--No, yo solo, quiero ir solo. Además él está hoy con
+jaqueca.
+
+--¿Con jaqueca? ¡Pobrecito!
+
+Doña Lupe corrió a ver a Maximiliano, que después de empezar a vestirse,
+había tenido que echarse otra vez en la cama. Provocado sin duda por las
+emociones de aquellos días, por el largo debate con su hermano Nicolás,
+y más aún quizás por los insufribles ronquidos de este, apareció el
+temido acceso. Desde media noche sintió Maxi un entorpecimiento
+particular dentro de la cabeza, acompañado del presagio del mal. La
+atonía siguió, con el deseo de sueño no satisfecho y luego una punzada
+detrás del ojo izquierdo, la cual se aliviaba con la compresión bajo la
+ceja. El paciente daba vueltas en la cama buscando posturas, sin
+encontrar la del alivio. Resolvíase luego la punzada en dolor
+gravitativo, extendiéndose como un cerco de hierro por todo el cráneo.
+El trastorno general no se hacía esperar, ansiedad, náuseas, ganas de
+moverse, a las que seguían inmediatamente ganas más vivas todavía de
+estarse quieto. Esto no podía ser, y por fin le entraba aquella desazón
+epiléptica, aquel maldito hormigueo por todo el cuerpo. Cuando trató de
+levantarse parecíale que la cabeza se le abría en dos o tres cascos,
+como se había abierto la hucha a los golpes de la mano del almirez.
+Sintió entrar a su tía. Doña Lupe conocía tan bien la enfermedad, que no
+tenía más que verle para comprender el periodo de ella en que estaba.
+
+«¿Tienes ya el clavo?--le preguntó en voz muy baja--. Te pondré
+láudano».
+
+Había aparecido el clavo, que era la sensación de una baguetilla de
+hierro caliente atravesada desde el ojo izquierdo a la coronilla.
+Después pasaba al ojo derecho este suplicio, algo atenuado ya. Doña
+Lupe, tan cariñosa como siempre, le puso láudano, y arreglando la cama y
+cerrando bien las maderas, le dejó para ir a hacer una taza de té,
+porque era preciso que tomase algo. El enfermo dijo a su tía que si iba
+Olmedo a buscarle para ir a clase, le dejase pasar para hacerle un
+encargo. Fue Olmedo, y Maximiliano le rogó corriese a avisar a Fortunata
+la visita del clérigo, para que estuviese prevenida. «Oye, adviértele
+que tenga mucho cuidado con lo que dice; que hable sin miedo y con
+sinceridad; basta con esto. Dile cómo estoy y que no la podré ver hasta
+mañana».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+El aviso, puntualmente transmitido por Olmedo, de la visita del cura
+puso a Fortunata en gran confusión. Pareciole al pronto un honor harto
+grande, luego compromiso, porque la visita de persona tan respetable
+indicaba que la cosa iba de veras. No se conceptuaba, además, con
+bastante finura para recibir a sujetos de tanta autoridad. «¡Un señor
+eclesiástico!... ¡qué vergüenza voy a pasar! Porque de seguro me
+preguntará cosas como cuando una se va a confesar... ¿Y cómo me pondré?
+¿Me vestiré con los trapitos de cristianar, o de cualquier manera?...
+Quizás sea mejor ponerme hecha un pingo, a lo pobre, para que no crea...
+No, no es propio. Me vestiré decente y modestita». Despachados los más
+urgentes quehaceres del día, peinose con mucha sencillez, se puso su
+vestido negro, las botas nuevas; púsose también su pañuelo de lana
+oscuro, sujeto con un imperdible de metal blanco que representaba una
+golondrina, y mirándose al espejo, aprobó su perfecta facha de mujer
+honesta. Antes de arreglarse había almorzado precipitadamente, con poca
+gana, porque no le gustaban visitas tan serias, ni sabía lo que en ellas
+había de decir. La idea de soltar alguna barbaridad o de no responder
+derechamente a lo que se le preguntara, le quitó el apetito... Y bien
+mirado, ¿qué necesidad tenía ella de visitas de curas? Pero no tuvo
+tiempo de pensar mucho en esto, porque de repente... tilín. Era
+próximamente la una y media.
+
+Corrió a abrir la puerta. El corazón le saltaba en el pecho. La figura
+negra avanzó por el pasillo para entrar en la salita. Fortunata estaba
+tan turbada que no acertó a decirle que se sentase y dejara la canaleja.
+Maxi, que al hablar de la familia se dejaba guiar más por el amor propio
+que por la sinceridad, le había hecho mil cuentos hiperbólicos de
+Nicolás, pintándole como persona de mucha virtud y talento, y ella se
+los había creído. Por esto se desilusionó algo al ver aquella figura
+tosca de cura de pueblo, aquellas barbas mal rapadas y la abundancia de
+vello negro que parecía cultivado para formar cosecha. La cara era
+desagradable, la boca grande y muy separada de la nariz corva y chica;
+la frente espaciosa, pero sin nobleza; el cuerpo fornido, las manos
+largas, negras y poco familiarizadas con el jabón; la tez morena,
+áspera y aceitosa. El ropaje negro del cura revelaba desaseo, y este
+detalle bien observado por Fortunata la ilusionó otra vez respecto a la
+santidad del sujeto, porque en su ignorancia suponía la limpieza reñida
+con la virtud. Poco después, notando que su futuro hermano político
+olía, y no a ámbar, se confirmó en aquella idea.
+
+«Parece que está usted como asustada--dijo Nicolás con fría sonrisa
+clerical--. No me tenga usted miedo. No me como a la gente. ¿Se figura
+usted a lo que vengo?».
+
+--Sí señor... no... digo, me figuro. Maximiliano...
+
+--Maximiliano es un tarambana--afirmó el clérigo con la seguridad
+burlesca del que se siente frente a un interlocutor demasiado débil--, y
+usted lo debe conocer como lo conozco yo. Ahora ha dado en la simpleza
+de casarse con usted... No, si no me enfado. No crea usted que la voy a
+reñir. Yo soy moro de paz, amiga mía, y vengo aquí a tratar la cosa por
+las buenas. Mi idea es esta: ver si es usted una persona juiciosa, y si
+como persona juiciosa comprende que esto del casorio es una botaratada;
+ni más ni menos... Y si lo reconoce así, pretendo, esta, esta es la
+cosa, que usted misma sea quien se lo quite de la cabeza... ni menos ni
+más.
+
+Fortunata conocía _La Dama de las Camelias_, por haberla oído leer.
+Recordaba la escena aquella del padre suplicando a la _dama_ que le
+quite de la cabeza al chico la tontería de amor que le degrada, y sintió
+cierto orgullo de encontrarse en situación semejante. Más por coquetería
+de virtud que por abnegación, aceptó aquel bonito papel que se le
+ofrecía, ¡y vaya si era bonito! Como no le costaba trabajo desempeñarlo
+por no estar enamorada ni mucho menos, respondió en tono dulce y grave:
+
+«Yo estoy dispuesta a hacer todo lo que usted me mande».
+
+--Bien, muy bien, perfectamente bien--dijo Nicolás, orgulloso de lo que
+creía un triunfo de su personalidad, que se imponía sólo con
+mostrarse--. Así me gusta a mí la gente. ¿Y si le mando que no vuelva a
+ver más a mi hermano, que se escape esta noche para que cuando él vuelva
+mañana no la encuentre?
+
+Al oír esto, Fortunata vaciló.
+
+«Lo haré, sí, señor--contestó al fin, cuidando luego de buscar
+inconvenientes al plan del sacerdote--. ¿Pero a dónde iré yo que él no
+venga tras de mí? Al último rincón de la tierra ha de ir a buscarme.
+Porque usted no sabe lo desatinado que está por... esta su servidora».
+
+--¡Oh!, lo sé, lo sé... A buena parte viene. ¿De modo que usted cree que
+no adelantamos nada con darle esquinazo?... Esta es la cosa.
+
+--Nada, señor, pero nada--declaró ella, disgustada ya del papel de _Dama
+de las Camelias_, porque si el casarse con Maximiliano era una solución
+poco grata a su alma, la vida pública la aterraba en tales términos, que
+todo le parecía bien antes que volver a ella.
+
+--Bien, perfectamente bien--afirmó Nicolás dándose aires de persona que
+medita mucho las cosas, y razona a lo matemático--. Ya tenemos un punto
+de partida, que es la buena disposición de usted... esta es la cosa.
+Respóndame ahora. ¿No tiene usted quién la ampare si rompe con mi
+hermano?
+
+--No señor.--¿No tiene usted familia?--No señor.--Pues está usted
+aviada... De forma y manera--dijo cruzando los brazos y echando el
+cuerpo atrás--, que en tal caso no tiene más remedio que... que echarse
+a la buena vida... al amor libre... a... Ya usted me entiende.
+
+--Sí, señor, entiendo... no tengo más camino--manifestó la joven con
+humildad.
+
+--¡Tremenda responsabilidad para mí!--exclamó el curita moviendo la
+cabeza y mirando al suelo, y lo repitió hasta unas cinco veces en tono
+de púlpito.
+
+En aquel instante le vinieron al pensamiento ideas distintas de las que
+había llevado a la visita, y más conformes con su empinada soberbia
+clerical. Había ido con el propósito de romper aquellos lazos, si la
+novia de su hermano no se prestaba medianamente a ello; pero cuando la
+vio tan humilde, tan resignada a su triste suerte, entrole apetito de
+componendas y de mostrar sus habilidades de zurcidor moral. «He aquí una
+ocasión de lucirme--pensó--. Si consigo este triunfo, será el más grande
+y cristiano de que puede vanagloriarse un sacerdote. Porque figúrense
+ustedes que consigo hacer de esta samaritana una señora ejemplar y tan
+católica como la primera... figúrenselo ustedes...». Al pensar esto,
+Nicolás creía estar hablando con sus colegas. Tomaba en serio su oficio
+de pescador de gente, y la verdad, nunca se le había presentado un pez
+como aquel. Si lo sacaba de las aguas de la corrupción, «¡qué victoria,
+señores, pero qué pesca!». En otros casos semejantes, aunque no de tanta
+importancia, en los cuales había él mangoneado con todos sus ardides
+apostólicos, alcanzó éxitos de relumbrón que le hicieron objeto de
+envidia entre el clero toledano. Sí; el curita Rubín había reconciliado
+dos matrimonios que andaban a la greña, había salvado de la prostitución
+a una niña bonita, había obligado a casarse a tres seductores con las
+respectivas seducidas; todo por la fuerza persuasiva de su dialéctica...
+«Soy de encargo para estas cosas» fue lo último que pensó, hinchado de
+vanidad y alegría como caudillo valeroso que ve delante de sí una gran
+batalla. Después se frotó mucho las manos, murmurando:
+
+«Bien, bien; esta es la cosa». Era el movimiento inicial del obrero que
+se aligera las manos antes de empezar una ruda faena, o del cavador que
+se las escupe antes de coger la azada. Después dijo bruscamente y
+sonriendo:
+
+«¿Me permite usted echar un cigarrillo?».
+
+--Sí, señor, pues no faltaba más...--replicó Fortunata, que esperaba el
+resultado de aquel meditar y del frote de las manos.
+
+--Pues sí--declaró gravemente Nicolás, chupando su cigarrillo--, me
+falta valor para lanzarla a usted al mundo malo; mejor dicho, la caridad
+y el ministerio que profeso me vedan hacerlo. Cuando un náufrago quiere
+salvarse, ¿es humano darle una patada desde la orilla? No; lo humano es
+alargarle una mano o echarle un palo para que se agarre... esta es la
+cosa.
+
+--Sí, señor--indicó Fortunata agradecida--, porque yo soy náu...
+
+Iba a decir _náufraga_; pero temiendo no pronunciar bien palabra tan
+difícil, la guardó para otra ocasión, diciendo para sí: «No metamos la
+pata sin necesidad».
+
+«Pues lo que yo necesito ahora--agregó Rubín terciándose el manteo sobre
+las piernas, y accionando como un hombre que necesita tener los brazos
+libres para una gran faena--, es ver en usted señales claras de
+arrepentimiento y deseo de una vida regular y decente; lo que yo
+necesito ahora es leer en su interior, en su corazón de usted. Vamos
+allá. ¿Hace mucho tiempo que no se confiesa usted?».
+
+La Samaritana se puso colorada, porque le daba vergüenza de decir que
+hacía lo menos diez o doce años que no se había confesado. Por fin lo
+declaró.
+
+«Perfectamente--dijo Nicolás, acercando su sillón al sofá en que la
+joven estaba--. Le prevengo a usted que tengo mucha experiencia de esto.
+Hace cinco años que practico el confesonario, y que las cazo al vuelo.
+Quiero decir que a mí no hay mujer que me engañe».
+
+Fortunata tuvo miedo y Nicolás aproximó más el sillón. Aunque estaban
+solos, ciertas cosas debían decirse en voz baja.
+
+«Vamos a ver, ¿quién fue el primero?» preguntó el presbítero llevándose
+la mano tiesa a la boca, porque con la pregunta querían salir también
+ciertos gases.
+
+Contó ella lo de Juanito Santa Cruz, pasando no poca vergüenza, y dando
+a conocer la triste historia incoherente.
+
+«Abrevie usted. Hay muchos pormenores que ya me los sé, como me sé el
+Catecismo... Que le dio a usted palabra de casamiento y que usted fue
+tan boba que se lo creyó. Que un día la cogió descuidada y sola... Bah,
+bah... lo de siempre. Después habrá usted conocido a otros muchos
+hombres, ¿a cuántos próximamente?».
+
+Fortunata miró al techo, haciendo un cálculo numérico.
+
+«Es difícil decir... Lo que es conocer...».
+
+El sacerdote se sonrió. «Quiero decir tratar con intimidad; hombres con
+quienes ha vivido usted en relaciones de un mes, de dos... esta es la
+cosa. No me refiero a los conocimientos de un instante, que eso vendrá
+después».
+
+«Pues serán...» dijo ella pasando un rato muy malo.
+
+--Vamos, no se asuste usted del número.
+
+--Pues podrán ser... como unos ocho... Deje usted que me acuerde bien...
+
+--Basta ya; lo mismo da ocho que doce o que ochocientos doce. ¿Le
+repugna a usted la memoria de esos escándalos?
+
+--¡Oh!, sí, señor... Crea usted que...
+
+--Que no los puede ver ni pintados. Lo creo... ¡Valientes pillos! Sin
+embargo, dígame usted: ¿No volvería a tener amistad con alguno de ellos,
+si la solicitara?
+
+Con ninguno...--dijo Fortunata.--¿De veras? Piénselo usted bien.
+
+Fortunata lo pensó, y al cabo de un ratito, la lealtad y buena fe con
+que se confesaba mostráronse en esta declaración:
+
+«Con uno... qué sé yo... Pero no puede ser».
+
+--Déjese usted de que pueda o no pueda ser. Ese uno, esa excepción de su
+hastío es el primero, ese tal D. Juanito. No necesita usted
+confirmarlo. Me sé estas historias al dedillo. ¿No ve usted, hija mía,
+que he sido confesor de las Arrepentidas de Toledo durante cinco años
+largos de talle?
+
+--Pero no puede ser. Está casado, es muy feliz, y no se acuerda de mí.
+
+--A saber, a saber... Pero en fin, usted confiesa que es el único sujeto
+a quien de veras quiere, el único por quien de veras siente apetito de
+amores y esa cosa, esa tontería que ustedes las mujeres...
+
+--El único.--Y a los demás que los parta un rayo.
+
+--A los demás, nada.--¿Y a mi hermano?... esta es la cosa.
+
+Lo brusco de la pregunta aturdió a la penitente. No la esperaba, ni se
+acordaba para nada en aquel momento del pobre Maxi. Como era tan sincera
+no pensó ni por un momento en alterar la verdad. Las cosas claras.
+Además, el clérigo aquel parecíale muy listo, y si le decía una cosa por
+otra conocería el embuste.
+
+«Pues a su hermano de usted, tampoco».
+
+--Perfectamente--dijo el curita, acercando su sillón todo lo más que
+acercarse podía.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Para que ningún malicioso interprete mal las bruscas aproximaciones del
+sillón de Nicolás Rubín al asiento de su interlocutora, conviene hacer
+constar de una vez que era hombre de temple fortísimo, o más propiamente
+hablando, frigidísimo. La belleza femenina no le conmovía o le conmovía
+muy poco, razón por la cual su castidad carecía de mérito. La carne que
+a él le tentaba era otra, la de ternera por ejemplo, y la de cerdo más,
+en buenas magras, chuletas riñonadas o solomillo bien puesto con
+guisantes. Más pronto se le iban los ojos detrás de un jamón que de una
+cadera, por suculenta que esta fuese, y la mejor _falda_ para él era la
+que da nombre al guisado. Jactábase de su inapetencia mujeril haciendo
+de ella una estupenda virtud; pero no necesitaba andar a cachetes con el
+demonio para triunfar. Las embestidas del sillón eran simplemente un
+hábito de confianza, adquirido con el uso del secreto penitenciario.
+
+«Lo que se llama querer...--dijo Fortunata haciendo esfuerzos para
+expresarse claramente--, querer, ¿entiende usted?, no; pero aprecio,
+estimación sí».
+
+--¿De modo que no hay lo que llaman ilusión?...
+
+--No señor.--Pero hay esa afición tranquila, que puede ser principio de
+una amistad constante, de ese afecto puro, honesto y reposado que hace
+la felicidad de los matrimonios.
+
+Fortunata no se atrevió a responder claro.
+
+Le parecía mucho lo que el eclesiástico proponía. Recortándolo algo se
+podía aceptar.
+
+«Puedo llegar a quererle con el trato...».
+
+--Perfectamente... Porque es preciso que usted se fije bien en una cosa:
+eso de la ilusión es pura monserga, eso es para bobas. Ilusionarse con
+un caballerete porque tenga los ojos así o asado, porque tenga el
+bigotito de esta manera, el cuerpo derecho y el habla dengosa, es propio
+de hembras salvajes. Amar de ese modo no es amar, es perversión, es
+vicio, hija mía. El verdadero amor es el espiritual, y la única manera
+de amar es enamorarse de la persona por las prendas del alma. Las
+mujeres de estos tiempos se dejan pervertir por las novelas y por las
+ideas falsas que otras mujeres les imbuyen acerca del amor. ¡Patraña y
+propaganda indecente que hace Satanás por mediación de los poetas,
+novelistas y otros holgazanes! Diranle a usted que el amor y la
+hermosura física son hermanos, y le hablarán a usted de Grecia y del
+naturalismo pagano. No haga usted caso de patrañas, hija mía, no crea en
+otro amor que en el espiritual, o sea en las simpatías de alma con
+alma...
+
+La prójima adivinaba más que entendía esto, que era contrario a sus
+sentimientos; pero como lo decía un sabio, no había más remedio que
+contestar a todo que sí. Viendo que hacía indicaciones afirmativas con
+la cabeza, el cura se animaba, añadiendo con énfasis:
+
+«Sostener otra cosa es renegar del catolicismo y volver a la
+mitología... esta es la cosa».
+
+--Claro--apuntó la joven; pero en su interior se preguntaba qué quería
+decir aquello de la mitología... porque de seguro no sería cosa de
+mitones.
+
+Aquel clérigo, arreglador de conciencias, que se creía médico de
+corazones dañados de amor, era quizás la persona más inepta para el
+oficio a que se dedicaba, a causa de su propia virtud, estéril y
+glacial, condición negativa que, si le apartaba del peligro, cerraba sus
+ojos a la realidad del alma humana. Practicaba su apostolado por
+fórmulas rutinarias o rancios aforismos de libros escritos por santos a
+la manera de él, y había hecho inmensos daños a la humanidad arrastrando
+a doncellas incautas a la soledad de un convento, tramando casamientos
+entre personas que no se querían, y desgobernando, en fin, la máquina
+admirable de las pasiones. Era como los médicos que han estudiado el
+cuerpo humano en un atlas de Anatomía. Tenía recetas charlatánicas para
+todo, y las aplicaba al buen tun tun, haciendo estragos por donde quiera
+que pasaba.
+
+«De esta manera, hija mía--añadió lleno de fatuidad--, puede darse el
+caso de que una mujer hermosa llegue a amar entrañablemente a un hombre
+feo. El verdadero amor, fíjese usted en esto y estámpelo en su memoria,
+es el de alma por alma. Todo lo demás es obra de la imaginación, la
+loca de la casa.
+
+A Fortunata le hizo gracia esta figura.
+
+«¿Quién hace caso de la imaginación?--prosiguió él, oyéndose, y muy
+satisfecho del efecto que creía causar--. Cuando la loca le alborote a
+usted, no se dé por entendida, hija. ¿Haría usted caso de una persona
+que pasara ahora por la calle diciendo disparates? Pues lo mismo es,
+exactamente lo mismo. A la imaginación se la mira con desprecio, y se
+hace lo contrario de lo que ella inspira. Comprendo que usted, por la
+vida mala que ha llevado y por no haber tenido a su lado buenos
+ejemplos, no podrá durante algún tiempo meter en cintura a la loca de la
+casa; pero aquí estamos para enseñarla. Aquí me tiene a mí, y me parece
+que sé lo que traigo entre manos... Empecemos. Para que usted sea digna
+de casarse con un hombre honrado, lo primerito es que me vuelva los ojos
+a la religión, empezando por edificarse interiormente.
+
+--Sí señor--respondió humildemente la prójima, que entendía lo de la
+religión; pero no lo de la edificación. Para ella edificar era lo mismo
+que hacer casas,
+
+--Bien. ¿Está usted dispuesta a ponerse bajo mi dirección y a hacer todo
+lo que yo le mande?--propuso el cura con la hinchazón de vanidad que le
+daba aquel papel sublime de lañador de almas cascadas.
+
+--Sí señor.--¿Y cómo estamos de doctrina cristiana?
+
+Dijo esto con un tonillo de superioridad impertinente, lo mismo que
+dicen algunos médicos: «a ver la lengua».
+
+--Yo... la _dotrina_--replicó la penitente temblando...--muy mal. No sé
+nada.
+
+El capellán no hizo aspavientos. Al contrario, le gustaba que sus
+catecúmenos estuvieran rasos y limpios de toda ciencia, para poder él
+enseñárselo todo. Después meditó un rato, las manos cruzadas y dando
+vuelta a los pulgares uno sobre otro. Fortunata le miraba en silencio.
+No podía dudar de que era hombre muy sabedor de cosas del mundo y de las
+flaquezas humanas, y pensó que le convenía ponerse bajo su dirección. En
+aquel momento hallábase bajo la influencia de ideas supersticiosas
+adquiridas en su infancia respecto a la religión y al clero. Su
+catecismo era harto elemental y se reducía a dos o tres nociones
+incompletas, el Cielo y el Infierno, padecer aquí para gozar allá, o lo
+contrario. Su moral era puramente personal, intuitiva y no tenía nada
+que ver con lo poco que recordaba de la doctrina cristiana. Formó del
+hermano de Maxi buen concepto, porque se lavaba poco y sabía mucho y no
+reñía a las pecadoras, sino que las trataba con dulzura, ofreciéndoles
+el matrimonio, la salvación, y hablándoles del alma y otras cosas muy
+bonitas.
+
+«Todo depende de que usted sepa mandar a paseo a la loquilla--continuó
+Nicolás saliendo de su abstracción--. Ya sabe usted lo que Jesús le dijo
+a la samaritana cuando habló con ella en el pozo, en una situación
+parecida a la que ahora tenemos usted y yo...».
+
+Fortunata se sonrió, afectando entender la cita; pero se había quedado a
+oscuras.
+
+«Si usted quiere mejorar de vida y edificársenos interiormente para
+adquirir la fuerza necesaria, aquí me tiene. ¿Pues para qué estamos?
+Cuando yo considere segura la reforma de usted, quizás no ponga tantos
+peros al casorio con mi hermano. El pobre está loco por usted; me dijo
+anoche que si no le dejamos casar se muere. Mi tía quiere quitárselo de
+la cabeza; mas yo le dije: «Calma, calma, las cosas hay que verlas
+despacio. No nos precipitemos, tía», y por eso me vine aquí. Me
+comprometo a curarle a usted esa enfermedad de la imaginación que
+consiste en tener cariño al hombre indigno que la perdió. Conseguido
+esto, amará usted al que ha de ser su marido, y lo amará con ilusión
+espiritual, no de los sentidos... ni más ni menos. ¡Oh, he alcanzado yo
+tantos triunfos de estos; he salvado a tanta gente que se creía dañada
+para siempre! Convénzase usted, en esto, como en otras cosas, todo es
+ponerse a ello, todo es empezar... Imagínese usted lo bien que estará
+cuando se nos reforme; vivirá feliz y considerada, tendrá un nombre
+respetable, y habrá quien la adore, no por sus gracias personales, que
+maldito lo que significan, sino por las espirituales, que es lo que
+importa. Al principio tendrá usted que hacer algunos esfuerzos; será
+preciso que se olvide de su buen palmito. Esto es quizás lo más difícil,
+pero hagámonos la cuenta de que la única hermosura verdad es la del
+alma, hija mía, porque de la del cuerpo dan cuenta los gusanos...».
+
+Esto le pareció muy bien a la pecadora, y decía que sí con la cabeza.
+
+«Pues vamos a cuentas. ¿Usted quiere que establezcamos la posibilidad,
+esta es la cosa, la posibilidad de casarse con un Rubín?».
+
+--Sí señor--respondió Fortunata con cierto miedo, espantada aún por
+aquello de los gusanos.
+
+--Pues es preciso que se nos someta usted a la siguiente prueba--dijo el
+cura, tapándose un bostezo, porque eran ya las cuatro y no habría tenido
+inconveniente en tomar una friolera--. Hay en Madrid una institución
+religiosa de las más útiles, la cual tiene por objeto recoger a las
+muchachas extraviadas y convertirlas a la verdad por medio de la
+oración, del trabajo y del recogimiento. Unas, desengañadas de la poca
+sustancia que se saca al deleite, se quedan allí para siempre; otras
+salen ya _edificadas_, bien para casarse, bien para servir en casas de
+personas respetabilísimas. Son muy pocas las que salen para volver a la
+perdición. También entran allí señoras decentes a expiar sus pecados,
+esposas ligeras de cascos que han hecho alguna trastada a sus maridos, y
+otras que buscan en la soledad la dicha que no tuvieron en el bullicio
+del mundo.
+
+Fortunata seguía dando cabezadas. Había oído hablar de aquella casa, que
+era el convento de las Micaelas.
+
+«Perfectamente; así se llama. Bueno, usted va allá y la tenemos
+encerradita durante tres, cuatro meses o más. El capellán de la casa es
+tan amigo mío, que es como si fuera yo mismo. Él la dirigirá a usted
+espiritualmente, puesto que yo no puedo hacerlo porque tengo que
+volverme a Toledo. Pero siempre que venga a Madrid, he de ir a tomarle
+el pulso y a ver cómo anda esa educación, sin perjuicio de que antes de
+entrar en el convento, le he de dar a usted un buen recorrido de
+doctrina cristiana para que no se nos vaya allá enteramente cerril. Si
+pasado un plazo prudencial, me resulta usted en tal disposición de
+espíritu que yo la crea digna de ser mi hermana política, podría quizás
+llegar a serlo. Yo le respondo a usted de que, como este indigno
+capellán dé el pase, toda la familia dirá _amén_».
+
+Estas palabras fueron dichas con sencillez y dulzura. Eran una de sus
+mejores y más estudiadas recetas, y tenía para ello un tonillo de
+convicción que hacía efecto grande en las inexpertas personas a quienes
+se dirigían.
+
+En Fortunata fue tan grande el efecto, que casi casi se le saltaron las
+lágrimas. Indudablemente era muy de agradecer el interés que aquel
+bondadoso apóstol de Cristo se tomaba por ella. Y todo sin regaños, sin
+manotadas, tratándola como un buen pastor trataría a la más querida de
+sus ovejas. A pesar de esta excelente disposición de su ánimo, la
+infeliz vacilaba un poco. De una parte le seducía la vida retirada,
+silenciosa y cristiana del claustro. Bien pudiera ser que allí se
+cerrase por completo la herida de su corazón. Había que probarlo al
+menos. De otra parte la aterraba lo desconocido, las monjas... ¿cómo
+serían las monjas?, ¿cómo la tratarían? Pero Nicolás se adelantó a sus
+temores, diciéndole que eran las señoras más indulgentes y cariñosas que
+se podían ver. A la samaritana se le aguaron los ojos, y pensó en lo que
+sería ella convertida de _chica_ en señora, la imaginación limpia de
+aquella maleza que la perdía, la conciencia hecha de nuevo, el
+entendimiento iluminado por mil cosas bonitas que aprendería. La misma
+imaginación, a quien el maestro había puesto que no había por donde
+cogerla, fue la que le encendió fuegos de entusiasmo en su alma,
+infundiéndole el orgullo de ser otra mujer distinta de lo que era.
+
+«Pues sí, pues sí... quiero entrar en las Micaelas» afirmó con arranque.
+
+--Pues nada, a purificarse tocan. ¿Ve usted cómo nos hemos
+entendido?--dijo el clérigo con alegría, levantándose--. Cansado ya de
+tanto discutir, yo le dije a mi hermano: Si tu pasión es tan fuerte que
+no la puedes combatir, pon el pleito en mis manos, tonto, que yo te lo
+arreglaré. Si es mi oficio; si para eso estamos; si no sé hacer otra
+cosa... ¿Para qué serviría yo si no sirviera para enderezar torceduras
+de estas?
+
+El orgullo se le rezumía por todos los poros como si fuera sudor; los
+ojos le brillaban. Cogió la canaleja, diciendo:
+
+«Volveré por aquí. Hablaré a mi hermano y a mi tía. Tenemos ya una gran
+base de arreglo, que es su conformidad de usted con todo lo que le mande
+este pobre sacerdote».
+
+Fortunata al darle la mano se la besó.
+
+Las últimas palabras de la visita fueron referentes al mal tiempo, a que
+él no podía estar en Madrid sino dos semanas, y por fin a la jaqueca que
+tenía Maximiliano aquel día.
+
+«Es mal de familia. Yo también las padezco. Pero lo que principalmente
+me trae descompuesto ahora es un pícaro mal de estómago... debilidad,
+dicen que es debilidad... Tengo que comer muy a menudo y muy poca
+cantidad... esta es la cosa... Es efecto del excesivo trabajo... ¡qué le
+vamos a hacer! Al llegar esta hora se me pone aquí un perrito... lo
+mismo que un perrito que me estuviera mordiendo. Y como no le eche algo
+al condenado, me da muy mal rato».
+
+--Si quiere usted... aguarde usted... yo...--dijo Fortunata pasando
+revista mental a su pobre despensa.
+
+--Quite usted allá, criatura... No faltaba más... ¿Piensa que no me
+puedo pasar...? No es que yo apetezca nada; lo tomo hasta con asco; pero
+me sienta bien, conozco que me sienta bien.
+
+--Si quiere usted, traeré... No tengo en casa; pero bajaré a la
+tienda...
+
+--Quite usted allá... no me lo diga ni en broma... Vaya, abur, abur... Y
+cuidarse, cuidarse mucho, ¿eh?, que andan pulmonías.
+
+El clérigo salió y fue a casa de un amigo donde le solían dar, en
+aquella crítica hora, el remedio de su debilidad de estómago.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+En la noche de aquel memorable día, y cuando la jaqueca se le calmó,
+pudo enterarse Maxi de que su hermano había ido a la calle de Pelayo, y
+de que sus impresiones «no habían sido malas» según declaración del
+propio cura. Daba este mucha importancia a su apostolado, y cuando le
+caía en las manos uno de aquellos negocios de conquista espiritual,
+exageraba los peligros y dificultades para dar más valor a su victoria.
+El otro se abrasaba en impaciencia; mas no conseguía obtener de Nicolás
+sino medias palabras. «Allá veremos... estas no son cosas de juego... Ya
+tengo las manos en la masa... no es mala masa; pero hay que trabajarla a
+pulso... esta es la cosa. He de volver allá... Es preciso que tengas
+paciencia... ¿pues tú qué te crees?». El pobre chico no veía las santas
+horas de que llegase el día para saber por ella pormenores de la
+conferencia. Fortunata le vio entrar sobre las diez, pálido como la
+cera, convaleciente de la jaqueca, que le dejaba mareos, aturdimiento y
+fatiga general. Se echó en el sofá; cubriole su amiga la mitad del
+cuerpo con una manta, púsole almohadas para que recostase la cabeza, y a
+medida que esto hacía, le aplacaba la curiosidad contándole
+precipitadamente todo.
+
+Aquella idea de llevarla al convento como a una casa de purificación,
+pareciole a Maxi prueba estupenda del gran talento catequizador de su
+hermano. A él le había pasado vagamente por la cabeza algo semejante;
+mas no supo formularlo. ¡Qué insigne hombre era Nicolás! ¡Ocurrirle
+aquello!... Tamizada por la religión, Fortunata volvería a la sociedad
+limpia de polvo y paja, y entonces ¿quién osaría dudar de su
+honorabilidad? El espíritu del sietemesino, revuelto desde el fondo a la
+superficie por la pasión, como un mar sacudido por furioso huracán, se
+corría, digámoslo así, de una parte a otra, explayándose en toda idea
+que se le pusiese delante. Así, lo mismo fue presentársele la idea
+religiosa, que tenderse hacia ella y cubrirla toda con impetuosa y
+fresca onda. ¡La religión, qué cosa tan buena!... ¡Y él, tan torpe, que
+no había caído en ello! No era torpeza sino distracción. Es que andaba
+muy distraído. Y su manceba, que más bien era ya novia, se le apareció
+entonces con aureola resplandeciente y se revistió de ideales atributos.
+Creeríase que el amor que le inspiraba se iba a depurar aún más,
+haciéndose tan sutil como aquel que dicen le tenía a Beatriz el Dante, o
+el de Petrarca por Laura, que también era amor de lo más fino.
+
+Nunca había sido Maximiliano muy dado a lo religioso; pero en aquel
+instante le entraron de sopetón en el espíritu unos ardores de piedad
+tan singulares, unas ganas de tomarse confianzas con Cristo o con la
+Santísima Trinidad, y aun con tal o cual santo, que no sabía lo que le
+pasaba. El amor le conducía a la devoción, como le habría conducido a la
+impiedad, si las cosas fuesen por aquel camino. Tan bien le pareció el
+plan de su hermano, que el gozo le reprodujo el dolor de cabeza, aunque
+levemente. Comprimiéndose con dos dedos de la mano la ceja izquierda,
+habló a Fortunata de lo buenas que debían de ser aquellas madres
+Micaelas, de lo bonito que sería el convento, y de las preciosas y
+utilísimas cosas que allí aprendería, soltando como por ensalmo la
+cáscara amarga y trocándose en señora, sí, en señora tan decente, que
+habría otras lo mismo, pero más no... más no.
+
+A Fortunata se le comunicó el entusiasmo. ¡La religión! Tampoco ella
+había caído en esto. ¡Cuidado que no ocurrírsele una cosa tan
+sencilla...! Lo particular era que veía su purificación como se ve un
+milagro cuando se cree en ellos, como convertir el agua en vino o hacer
+de cuatro peces cuarenta.
+
+«Dime una cosa--preguntó a Maxi, acordándose de que era bella--. ¿Y me
+pondrán tocas blancas?».
+
+--Puede que sí--replicó él con seriedad--. No puedo asegurártelo; pero
+es fácil que sí te las pongan.
+
+Fortunata cogió una toalla y echándosela por la cabeza, se fue a mirar
+al espejo. Acordose entonces de una cosa esencial, esto es, que en la
+nueva existencia, la hermosura física no valía un pito y que lo que
+importaba y tenía valor era la del alma. Observando la cara que tenía
+Maxi aquel día y lo pálido que estaba, consideró que las prendas morales
+del joven empezaban a transparentarse en su rostro, haciéndole menos
+desagradable... Entrevió una mudanza radical en su manera de ver las
+cosas.
+
+«¡Quién sabe--se dijo--, lo que pasará después de estar allí tratando
+con las monjas, rezando y viendo a todas horas la custodia! De seguro me
+volveré otra sin sentirlo. Yo saco la cuenta de lo bueno que puede
+sucederme, por lo malo que me ha sucedido. Calculo que esto es como
+cuando una teme llegar a la cosa más mala del mundo y dice una: 'jamás
+llegaré a eso'. Y ¿qué pasa?, que luego llega una y se asombra de verse
+allí, y dice: 'parecía mentira'. Pues lo mismo será con lo bueno. Dice
+una: 'jamás llegaré tan arriba', y sin saber cómo, arriba se encuentra».
+
+Maximiliano se quedó a almorzar; pero la irritación de su estómago y la
+desgana hubieron de contenerle en la más prudente frugalidad. Ella en
+cambio tenía buen apetito, porque había trabajado mucho aquella mañana y
+quizás porque estaba contenta y excitada. De aquí tomó pie el redentor
+para hablar de lo mucho que comía su hermano Nicolás. Esto desilusionó
+un poco a Fortunata, que se quedó como lela, mirando a su amante, y
+deteniendo el tenedor a poca distancia de la boca. Creía ella que los
+curas de mucho saber y virtud debían de conocerse en el poco uso que
+hacían del agua y jabón, y también en que su alimento no podía ser sino
+yerbas cocidas y sin sal.
+
+Toda la tarde estuvieron platicando acerca de la ida al convento y
+también sobre cosas relacionadas con la parte material de su existencia
+futura. «En la partición--dijo con cierto énfasis Maximiliano--, me
+tocan fincas rústicas. Mi tía se enfadó porque deseaba para mí el dinero
+contante; pero yo no soy de su opinión; prefiero los inmuebles».
+
+Fortunata apoyó esta idea con un signo de cabeza; mas no estaba segura
+de lo que significaba la palabra _inmueble_, ni quería tampoco
+preguntarlo. Ello debía de ser lo contrario de muebles. Maxi la sacó de
+dudas más tarde, hablando de sus olivares y viñas y de la buena cosecha
+que se anunciaba; por lo cual vino a entender que inmuebles es lo mismo
+que decir árboles. También ella prefería las propiedades de campo a
+todas las demás clases de riqueza. Después que se retiró su amante, se
+quedó pensando en su fortuna, y todo aquel fárrago de olivos, parrales y
+carrascales que tenía metido en la cabeza le impidió dormir hasta muy
+tarde, enderezando aún más sus propósitos por la vía de la honradez.
+
+«A ver, ¿qué tal?... ¿cómo es?... ¿es guapa?» había preguntado doña Lupe
+a Nicolás con vivísima curiosidad.
+
+Aunque el insigne clérigo no tenía cierta clase de pasiones, sabía
+apreciar el género a la vista. Hizo con los dedos de su mano derecha un
+manojo, y llevándolos a la boca los apartó al instante, diciendo:
+
+«Es una mujer... hasta allí».
+
+Doña Lupe se quedó desconcertada. A los peligros ya conocidos debían
+unirse los que ofrece por sí misma toda belleza superior dentro de la
+máquina del matrimonio. «Las mujeres casadas _no deben_ ser muy
+hermosas» dijo la señora promulgando la frase con acento de convicción
+profunda.
+
+Hízole otras mil preguntas para aplacar su ardentísima curiosidad; cómo
+estaba vestida y peinada; qué tal se expresaba; cómo tenía arreglada la
+casa, y Nicolás respondía echándoselas de observador. Sus impresiones no
+habían sido malas, y aunque no tenía bastantes datos para formar juicio
+del verdadero carácter de la prójima, podía anticipar, fiado en su
+experiencia, en su buen ojo y en un cierto no sé que, presunciones
+favorables. Con esto la curiosidad de doña Lupe se acaloraba más, y ya
+no podía tener sosiego hasta no meter su propia nariz en aquel guisado.
+Visitar a la tal no le parecía digno, habiendo hecho tantos aspavientos
+en contra suya; pero estar muchos días sin verla y averiguarle las
+faltas, si las tenía, era imposible. Hubiera deseado verla _por un
+agujerito_. Con el sobrinillo no quería la señora dar su brazo a torcer,
+y siempre se mostraba intolerante, aunque ya con menos fuego. Pareciole
+buena idea aquello de purificarla en las Micaelas, y aunque a nadie lo
+dijo, para sí consideraba aquel camino como el único que podía conducir
+a una solución. Rabiaba por echarle la vista encima al _basilisco_, y
+como su sobrino no le decía que fuera a verla, este silencio hacíala
+rabiar más. Un día ya no pudo contenerse, y cogiendo descuidado a Maxi
+en su cuarto, le embocó esto de buenas a primeras: «No creas que voy yo
+a rebajarme a eso...».
+
+--¿A qué, señora?
+
+--A visitar a tu... no puedo pronunciar ciertas palabras. Me parece
+indecoroso que yo vaya allá, a pesar de todos esos proyectos de legía
+eclesiástica que le vais a dar.
+
+--Señora, si yo no he dicho a usted nada...
+
+--Te digo que no iré... no iré.
+
+--Pero tía...--No hay tía que valga. No me lo has dicho; pero lo deseas.
+¿Crees que no te leo yo los pensamientos? ¡Qué podrás tú disimular
+delante de mí! Pues no, no te sales con la tuya. Yo no voy allá sino en
+el caso de que me llevéis atada de pies y manos.
+
+--Pues la llevaremos atada de manos y pies--dijo Maxi, riendo.
+
+Lo deseaba, sí; pero como tenía su criterio formado y su invariable
+línea de conducta trazada, no daba un valor excesivo a lo que de la
+visita pudiera resultar. Véase por dónde la fuerza de las circunstancias
+había puesto a doña Lupe en una situación subalterna, y el pobre chico,
+que meses antes no se atrevía a chistar delante de ella, miraba a su tía
+de igual a igual. La dignidad de su pasión había hecho del niño un
+hombre, y como el plebeyo que se ennoblece, miraba a su antiguo
+autócrata con respeto, pero sin miedo.
+
+Como Nicolás visitaba algunos días a Fortunata para enseñarle la
+doctrina cristiana, doña Lupe se ponía furiosa. Tantas idas y venidas
+decía ella que le tenían revuelto el estómago. Pero el sentimiento que
+verdaderamente la hacía chillar era como envidia de que fuese Nicolás y
+no pudiera ir ella. Por este motivo andaban tía y sobrino algo
+desavenidos. Corría Marzo, y el día de San José dijo Nicolás en la mesa:
+«Tía, ya hay fresa». Pero la indirecta no hizo efecto en la económica
+viuda. Volvió a la carga el clérigo en diferentes ocasiones: «¡Qué fresa
+más rica he visto hoy! Tía, ¿a cómo estará ahora la fresa?».
+
+--No lo sé, ni me importa--replicó ella--, porque como no la pienso
+traer hasta que no se ponga a tres reales...
+
+Nicolás dio un suspiro, mientras doña Lupe decía para sí: «Como no comas
+más fresa que la que yo te ponga, tragaldabas, aviado estás».
+
+Y como doña Lupe era algo golosa, trajo un día un cucurucho de fresa,
+bien escondido entre la mantilla; mas no lo puso en la mesa. Concluida
+la comida, y mientras Nicolás leía _La Correspondencia _ o _ El
+Papelito_ en el comedor, doña Lupe se encerraba en su cuarto para
+comerse la fresa bien espolvoreada con azúcar. En cuanto el cura se
+echaba a la calle, salía doña Lupe de su escondite para ofrecer a
+Maximiliano un poco de aquella sabrosa fruta, y entraba en su cuarto con
+el platito y la cucharilla. Agradecía mucho estas finezas el chico, y se
+comía la golosina. Mirábale comer su tía con expectante atención, y
+cuando quedaban en el plato no más que seis o siete fresas, se lo
+quitaba de las manos diciendo: «Esto para Papitos que está con cada ojo
+como los de un besugo».
+
+La chiquilla se comía las fresas, y después, con los lengüetazos que le
+daba al plato, lo dejaba como si lo hubiera lavado.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Juan Pablo prestaba atención muy escasa al asunto de Maximiliano y a
+todos los demás asuntos de la familia, como no fuera el de la herencia.
+Su anhelo era cobrar pronto para pagar sus trampas. Entraba de noche muy
+tarde, y casi siempre comía fuera, lo que agradecía mucho doña Lupe,
+pues Nicolás con su voracidad puntual le desequilibraba el presupuesto
+de la casa. La misantropía que le entró a Juan Pablo desde su desairado
+regreso del Cuartel Real no se alteró en aquellos días que sucedieron a
+la herencia. Hablaba muy poco, y cuando doña Lupe le nombraba el casorio
+de Maxi, como cuando se le pega a uno un alfilerazo para que no se
+duerma, alzaba los hombros, decía palabras de desdén hacia su hermano y
+nada más. «Con su pan se lo coma... ¿Y a mí qué?».
+
+De carlismo no se hablaba en la casa, porque doña Lupe no lo consentía.
+Pero una mañana, los dos hermanos mayores se enfrascaron de tal modo en
+la conversación, más bien disputa, que no hicieron maldito caso de la
+señora. Juan Pablo estaba lavándose en su cuarto, entró Nicolás a
+decirle no sé qué, y por si el cura Santa Cruz era un bandido o un loco,
+se fueron enzarzando, enzarzando hasta que...
+
+«¿Quieres que te diga una cosa?--gritaba el primogénito,
+descomponiéndose--. Pues don Carlos no ha triunfado ya por vuestra
+culpa, por culpa de los curas. Hay que ir allá, como he ido yo, para
+hacerse cargo de las intrigas de la gentualla de sotana, que todo lo
+quiere para sí, y no va más que a desacreditar con calumnias y chismes a
+los que verdaderamente trabajan. Yo no podía estar allí; me ahogaba. Le
+dije a Dorregaray: 'mi general, no sé cómo usted aguanta esto', y él se
+alzaba de hombros, ¡poniéndome una cara...! No pasaba día sin que los
+lechuzos le llevaran un cuento a don Carlos. Que Dorregaray andaba en
+tratos con Moriones para rendirse, que Moriones le había ofrecido diez
+millones de reales, en fin, mil indecencias. Cuando llegó a mi noticia
+que me acusaban de haber ido al Cuartel General de Moriones a llevar
+recados de mi jefe, me volé, y aquella misma tarde, habiéndome
+encontrado a la camarilla en el atrio de la iglesia de San Miguel, me
+lié la manta a la cabeza, y por poco se arma allí un Dos de Mayo. «Aquí
+no hay más traidores que ustedes. Lo que tienen es envidia del traidor,
+si le hubiera, por el provecho que saque de su traición. No digo yo por
+diez millones; pero por diez mil ochavos venderían ustedes al Rey, y
+toda su descendencia; ladrones infames, tíos de Judas». En fin, que si
+no acierta a pasar el coronel Goiri, que me quería mucho, y me coge a la
+fuerza y me arranca de allí y me lleva a mi casa, aquella tarde sale el
+redaño de un cura a ver la puesta del sol. Estuve tres días en cama con
+un amago de ataque cerebral. Cuando me levanté, pedí una audiencia a Su
+Majestad. Su contestación fue ponerme en la mano el canuto y el
+pasaporte para la frontera. En fin, que los _engarza-rosarios_ dieron
+conmigo en tierra, porque no me prestaba a ayudarles en sus
+maquinaciones contra los leales y valientes. Por las sotanas se perdió
+don Carlos V, y al VII no le aprovechó la lección. Allá se las haya. ¿No
+querías religión?, pues ahí la tienes; atrácate de curas, indigéstate y
+revienta.
+
+--Es una apreciación tuya--dijo Nicolás moderando su ira--, que no me
+parece muy fundada... esta es la cosa.
+
+--¿Tú qué sabes lo que es el mundo y la realidad? Estás en babia.
+
+--Y tú, me parece que estás algo ido, porque cuidado que has dicho
+disparates.
+
+--Cállate la boca, estúpido...--dijo Nicolás, sulfurándose.
+
+--¿Sabes lo que te digo?--gritó Juan Pablo, alzando arrogante la voz--,
+que a mí no se me manda callar, ¿estamos? He tenido el honor de decirle
+cuatro frescas al obispo de Persépolis, y quien no teme a las sotanas
+moradas, ¿qué miedo ha de tener a las negras?...
+
+--Pues yo te digo...--agregó Nicolás descompuesto, trémulo y no sabiendo
+si amenazar con los puños o simplemente con las palabras--, yo te digo
+que eres un chisgarabís.
+
+--¿Qué alboroto es este?--clamó doña Lupe entrando a poner paz--. ¡Vaya
+con los caballeros estos! Ya les dije otra vez a los señores ojalateros,
+que cuando quisieran disputar por alto se fueran a hacerlo a la calle.
+En mi casa no quiero escándalos.
+
+--Es que con este bruto no se puede discutir...--dijo Nicolás, que casi
+no podía respirar de tan sofocado como estaba.
+
+Juan Pablo no decía nada, y siguió vistiéndose, volviendo la espalda a
+su hermano.
+
+«¡Vaya un genio que has echado!--le dijo doña Lupe, sin que él la
+mirara--. Podías considerar que tu hermano es sacerdote... Y sobre todo,
+no vengas echándotela de plancheta; porque si te salió mal el pase a _la
+infame facción_, y has tenido que volverte con las manos en la cabeza,
+¿qué culpa tenemos los demás?».
+
+Juan Pablo no se dignó contestar. Doña Lupe cogió por un brazo al cura y
+se lo llevó consigo temerosa de que se enzarzaran otra vez. En el
+comedor estaba Maximiliano sentado ya para almorzar. Había oído la
+reyerta sin dársele una higa de lo que resultara. Allá ellos. A Nicolás
+no le quitó su berrinchín el apetito, pues ninguna turbación del ánimo,
+por grande que fuera, le podía privar de su más característica
+manifestación orgánica. Los tres oyeron gritos en la calle, y doña Lupe
+puso atención, creyendo que era un _extraordinario_ de periódico
+anunciando triunfos del ejército liberal sobre los carlistas. En
+aquellos días del año 1874, menudeaban los suplementos de periódico,
+manteniendo al vecindario en continua ansiedad.
+
+«Papitos--dijo la señora--, toma dos cuartos y bájate a comprar el
+_extraordinario de la Gaceta_. Veréis cómo habla de alguna buena tollina
+que les han dado a los _tersos_».
+
+Nicolás que tenía un oído sutilísimo, después de callar un rato y hacer
+callar a todos, dijo: «Pero, tía, no sea usted chiflada. Si no hay tal
+pregón de _extraordinario_. Lo que dice la voz, claramente se oye... El
+_freeeesero... fresa_».
+
+--Puede que así sea--replicó doña Lupe, guardando su portamonedas más
+pronto que la vista--. Pero está tan verde, que es un puro vinagre...
+
+--Todo sea por Dios--se dejó decir Nicolás suspirando--. Peor lo pasó
+Jesús, que pidió agua y le dieron hiel.
+
+Mascando el último bocado, salió Maximiliano para irse a clase, llevando
+la carga de sus libros, y mucho después almorzó Juan Pablo solo.
+Aquellos almuerzos servidos a distintas horas molestaban mucho a doña
+Lupe. ¿Se creían sus sobrinos que aquella casa era una posada? El único
+que tenía consideración, el que menos guerra daba y el que menos comía
+era Maxi, el de la pasta de ángel, siempre comedido, aun después de que
+le volvieron tarumba los ojos de una mujer. Sobre esto reflexionaba doña
+Lupe aquella tarde, cosiendo en la sillita, junto al balcón de la calle,
+sin más compañía que la del gato.
+
+«Dígase lo que se quiera, es el mejor de los tres--pensaba, metiendo y
+sacando la aguja--, mejor que el egoistón de Nicolás, mejor que el
+tarambana de Juan Pablo... ¿Que se quiere casar con una...? Hay que ver,
+hay que ver eso. No se puede juzgar sin oír... Podría suceder que no
+fuera... Se dan casos... ¡Vaya!... Y está enamorado como un tonto... ¿Y
+qué le vamos a hacer? Dios nos tenga de su mano».
+
+Entró Nicolás de la calle y preguntado por doña Lupe, dijo que venía de
+casa del _basilisco_. Aquel día se mostró más satisfecho, llegando a
+asegurar que su catecúmena comprendía bien las cosas de religión, y que
+en lo moral parecía ser _de buena madera_, con lo que llegó a su colmo
+la curiosidad de la viuda y ya no le fue posible sostener por más tiempo
+el papel desdeñoso que representaba.
+
+«Tanto te empeñarás--dijo al estudiante aquella noche--, que al fin lo
+vas a conseguir».
+
+--¿Qué, tía?--Que vaya yo en persona a ver a esa... Pero conste que si
+voy es contra mi voluntad.
+
+Maximiliano, que era bondadoso y quería estar bien con ella, no quiso
+manifestarle indiferencia. «Pues sí, tía, si usted va a verla, se lo
+agradeceremos toda nuestra vida».
+
+--Ninguna falta me hacen vuestros agradecimientos, si es que me decido a
+ir, que todavía no lo sé...
+
+--Sí, tía.--Ni voy, si es que me decido, porque me lo agradezcáis, sino
+por medir con mis propios ojos toda la hondura del abismo en que te
+quieres arrojar, a ver si hallo aún modo de apartarte de él.
+
+--Mañana mismo, tía; yo la acompaño a usted--dijo entusiasmado el
+chico--. Verá usted mi abismo, y cuando lo vea me empujará.
+
+Y fue al día siguiente doña Lupe, vestida con los trapitos de
+cristianar, porque antes había ido a la gran función del asilo de doña
+Guillermina, por invitación de esta, de lo que estaba muy satisfecha.
+Quería dar el golpe, y como tenía tanto dominio sobre sí y se expresaba
+con tanta soltura, juzgaba fácil darse mucho lustre en la visita.
+
+Así fue en efecto. Pocas veces en su vida, ni aun en los mejores días de
+Jáuregui, se dio doña Lupe tanto pisto como en aquella entrevista, pues
+siendo el _basilisco_ tan poco fuerte en artes sociales y hallándose tan
+cohibida por su situación y su mala fama, la otra se despachó a su gusto
+y se empingorotó hasta un extremo increíble. Trataba doña Lupe a su
+presunta sobrina con urbanidad; pero guardando las distancias. Había de
+conocerse hasta en los menores detalles, que la visitada era una moza de
+cáscara amarga, con recomendables pretensiones de decencia, y la
+visitante una señora, y no una señora cualquiera, sino la señora de
+Jáuregui, el hombre más honrado y de más sanas costumbres que había
+existido en todo tiempo en Madrid o por lo menos en Puerta Cerrada. Y su
+condición de dama se probaba en que después de haber hecho todo lo
+posible, en la primera parte de la visita, por mostrar cierta severidad
+de principios, juzgó en la segunda que venía bien caerse un poco del
+lado de la indulgencia. El verdadero señorío jamás se complace en
+humillar a los inferiores. Doña Lupe se sintió con unas ganas tan vivas
+de protección con respecto a Fortunata, que no podría llevarse cuenta de
+los consejos que le dio y reglas de conducta que se sirvió trazarle. Es
+que se pirraba por proteger, dirigir, aconsejar y tener alguien sobre
+quien ejercer dominio...
+
+Una de las cosas que más gracia le hicieron en Fortunata, fue su timidez
+para expresarse. Se le conocía en seguida que no hablaba como las
+personas finas, y que tenía miedo y vergüenza de decir disparates. Esto
+la favoreció en opinión de doña Lupe, porque el desenfado en el lenguaje
+habría sido señal de anarquía en la voluntad. «No se apure usted--le
+decía la viuda, tocándole familiarmente la rodilla con su abanico--; que
+no es posible aprender en un día a expresarse como nosotras. Eso vendrá
+con el tiempo y el uso y el trato. Pronunciar mal una palabra no es
+vergüenza para nadie, y la que no ha recibido una educación esmerada no
+tiene la culpa de ello».
+
+Fortunata estaba pasando la pena negra con aquella visita de _tantismo
+cumplido_, y un color se le iba y otro se le venía, sin saber cómo
+contestar a las preguntas de doña Lupe ni si sonreír o ponerse seria. Lo
+que deseaba era que se largara pronto. Hablaron de la ida al convento,
+resolución que la tía de Maxi alabó mucho, esforzándose en sacar de su
+cabeza los conceptos más alambicados y los vocablos más requetefinos. A
+tal extremo hubo de llegar en esto, que Fortunata quedose en ayunas de
+muchas cosas que le oyó. Por fin llegó el instante de la despedida, que
+Fortunata deseaba con ansia y temía, considerándose incapaz de decir con
+claridad y sosiego todas aquellas fórmulas últimas y el ofrecimiento de
+la casa. La de Jáuregui lo hizo como persona corrida en esto; Fortunata
+tartamudeó, y todo lo dijo al revés.
+
+Maximiliano habló poco durante la visita. No hacía más que estar _al
+quite_, acudiendo con el capote allí donde Fortunata se veía en peligro
+por torpeza de lenguaje. Cuando salió doña Lupe, creyó que debía
+acompañarla hasta la calle, y así lo hizo.
+
+«Si es una bobona...--dijo la viuda a su sobrino--; tal para cual...
+Parece que la han cogido con lazo. En manos de una persona inteligente,
+esta mujer podría enderezarse, porque no debe de tener mal fondo. Pero
+yo dudo que tú...».
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Doña Lupe era persona de buen gusto y apreció al instante la hermosura
+del _basilisco_ sin ponerle reparos, como es uso y costumbre en juicios
+de mujeres. Aun aquellas que no tienen pretensiones de belleza se
+resisten a proclamar la ajena. «Es bonita de veras--decía para sí la
+viuda, camino de su casa--, lo que se llama bonita. Pero es una salvaje
+que necesita que la domestiquen». Los deseos de aprender que Fortunata
+manifestaba le agradaron mucho, y sintió que se agitaban en su alma, con
+pruritos de ejercitarse, sus dotes de maestra, de consejera, de
+protectora y jefe de familia. Poseía doña Lupe la aptitud y la vanidad
+educativas, y para ella no había mayor gloria que tener alguien sobre
+quien desplegar autoridad. Maxi y Papitos eran al mismo tiempo hijos y
+alumnos, porque la señora se hacía siempre querer de los seres
+inferiores a quienes educaba. El mismo Jáuregui había sido también, al
+decir de la gente, tan discípulo como marido.
+
+Volvió, pues, a su casa la tía de Maximiliano revolviendo en su mente
+planes soberbios. La pasión de domesticar se despertaba en ella delante
+de aquel magnífico animal que estaba pidiendo una mano hábil que lo
+desbravase. Y véase aquí cómo a impulsos de distintas pasiones, tía y
+sobrino vinieron a coincidir en sus deseos; véase cómo la tirana de la
+casa concluyó por mirar con ojos benévolos a la misma persona de quien
+había dicho tantas perrerías. Mucho agradecía esto el joven, y juzgando
+por sí mismo, creía que la indulgencia de doña Lupe se derivaba de un
+afecto, cuando en rigor provenía de esa imperiosa necesidad que sienten
+los humanos de ejercitar y poner en funciones toda facultad grande que
+poseen. Por esto la viuda no cesaba de pensar en el gran partido que
+podía sacar de Fortunata, desbastándola y puliéndola hasta tallarla en
+señora, e imaginaba una victoria semejante a la que Maximiliano
+pretendía alcanzar en otro orden. La cosa no sería fácil, porque el
+animal debía tener muchos resabios; pero mientras más grandes fueran las
+dificultades, más se luciría la maestra. De repente le entraban a la
+señora de Jáuregui recelos punzantes, y decía: «Si no puede ser, si es
+mucha mujer para medio hombre. Si no existiera este maldito
+desequilibrio de sangre, él con su cariño y yo con lo mucho que sé,
+domaríamos a la fiera; pero esta moza se nos tuerce el mejor día, no hay
+duda de que se nos tuerce».
+
+Media semana estuvo en esta lucha, ya queriendo ceder para oficiar de
+maestra, ya perseverando en sus primitivos temores e inclinándose a no
+intervenir para nada... Pero con las amigas tenía que representar otros
+papeles, pues era vanidosa fuera de casa, y no gustaba nunca de aparecer
+en situación desairada o ridícula. Cuidaba mucho de ponerse siempre muy
+alta, para lo cual tenía que exagerar y embellecer cuanto la rodeaba.
+Era de esas personas que siempre alaban desmedidamente las cosas
+propias. Todo lo suyo era siempre bueno: su casa era la mejor de la
+calle, su calle la mejor del barrio, y su barrio el mejor de la villa.
+Cuando se mudaba de cuarto, esta supremacía domiciliaria iba con ella a
+donde quiera que fuese. Si algo desairado o ridículo le ocurría, lo
+guardaba en secreto; pero si era cosa lisonjera, la publicaba poco menos
+que con repiques. Por esto cuando se corrió entre las familias amigas
+que el sietemesino se quería casar con una tarasca, no sabía _la de los
+Pavos_ cómo arreglarse para quedar bien. Dificilillo de componer era
+aquello, y no bastaba todo su talento a convertir en blanco lo negro,
+como otras veces había hecho.
+
+Varias noches estuvo en la tertulia de las de la Caña completamente
+achantada y sin saber por dónde tirar. Pero desde el día en que vio a
+Fortunata, se sacudió la morriña, creyendo haber encontrado un punto de
+apoyo para levantar de nuevo el mundo abatido de su optimismo. ¿En qué
+creeréis que se fundó para volver a tomar aquellos aires de persona
+superior a todos los sucesos? Pues en la hermosura de Fortunata. Por
+mucho que se figuraran de su belleza, no tendrían idea de la realidad.
+En fin, que había visto mujeres guapas, pero como aquella ninguna. Era
+una divinidad _en toda la extensión de la palabra_.
+
+Pasmadas estaban las amigas oyéndola, y aprovechó doña Lupe este asombro
+para acudir con el siguiente ardid estratégico: «Y en cuanto a lo de su
+mala vida, hay mucho que hablar... No es tanto como se ha dicho. Yo me
+atrevo a asegurar que es muchísimo menos».
+
+Interrogada sobre la condición moral y de carácter de la divinidad, hizo
+muchas salvedades y distingos: «Eso no lo puedo decir... No he hablado
+con ella más que una vez. Me ha parecido humilde, de un carácter
+apocado, de esas que son fáciles de dominar por quien pueda y sepa
+hacerlo». Hablando luego de que la metían en las Micaelas, todas las
+presentes elogiaron esta resolución, y doña Lupe se encastilló más en su
+vanidad, diciendo que había sido idea suya y condición que puso para
+transigir, que después de una larga cuarentena religiosa podía ser
+admitida en la familia, pues las cosas no se podían llevar a punto de
+lanza, y eso de tronar con Maximiliano y cerrarle la puerta, muy pronto
+se dice; pero hacerlo ya es otra cosa.
+
+Entre tanto, acercábase el día designado para llevar el _basilisco_ a
+las Micaelas. Nicolás Rubín había hablado al capellán, su compañero de
+Seminario, el cual habló a la Superiora, que era una dama ilustre, amiga
+íntima y pariente lejana de Guillermina Pacheco. Acordada la admisión en
+los términos que marca el reglamento de la casa, sólo se esperaba para
+realizarla a que pasasen los días de Semana Santa. El Jueves salieron
+Maxi y su amiga a andar algunas estaciones, y el Viernes muy tempranito
+fueron a la Cara de Dios, dándose después un largo paseo por San
+Bernardino. Fortunata estaba, con la religión, como chiquillo con
+zapatos nuevos, y quería que su amante le explicase lo que significan el
+Jueves Santo y las Tinieblas, el Cirio Pascual y demás símbolos. Maxi
+salía del paso con dificultad, y allá se las arreglaba de cualquier
+modo, poniendo a los huecos de su ignorancia los remiendos de su
+inventiva. La religión que él sentía en aquella crisis de su alma era
+demasiado alta y no podía inspirarle verdadero interés por ningún culto;
+pero bien se le alcanzaba que la inteligencia de Fortunata no podía
+remontarse más arriba del punto a donde alcanzan las torres de las
+iglesias católicas. Él sí; él iba lejos, muy lejos, llevado del
+sentimiento más que de la reflexión, y aunque no tenía base de estudios
+en qué apoyarse, pensaba en las causas que ordenan el universo e
+imprimen al mundo físico como al mundo moral movimiento solemne, regular
+y matemático. «Todo lo que debe pasar, pasa--decía--, y todo lo que debe
+ser, es». Le había entrado fe ciega en la acción directa de la
+Providencia sobre el mecanismo funcionante de la vida menuda. La
+Providencia dictaba no sólo la historia pública sino también la privada.
+Por debajo de esto ¿qué significaban los símbolos? Nada. Pero no quería
+quitarle a Fortunata su ilusión de las imágenes, del _gori gori_ y de
+las pompas teatrales que se admiran en las iglesias, porque, ya se ve...
+la pobrecilla no tenía su inteligencia cultivada para comprender ciertas
+cosas, y a fuer de pecadora, convenía conservarla durante algún tiempo
+sujeta a observación, en aquel orden de ideas relativamente bajo, que
+viene a ser algo como sanitarismo moral o policía religiosa.
+
+El entusiasmo que la joven sentía era como los encantos de una moda que
+empieza. Iban, pues, los dos amantes, como he dicho, por aquellos
+altozanos de Vallehermoso, ya entre tejares, ya por veredas trazadas en
+un campo de cebada, y al fin se cansaron de tanta charla religiosa. A
+Rubín se le acabó su saber de liturgia, y a Fortunata le empezaba a
+molestar un pie, a causa de la apretura de la bota. El calzado estrecho
+es gran suplicio, y la molestia física corta los vuelos de la mente.
+Habían pasado por junto a los cementerios del Norte, luego hicieron alto
+en los depósitos de agua; la samaritana se sentó en un sillar y se quitó
+la bota. Maximiliano le hizo notar lo bien que lucía desde allí el
+apretado caserío de Madrid con tanta cúpula y detrás un horizonte
+inmenso que parecía la mar. Después le señaló hacia el lado del Oriente
+una mole de ladrillo rojo, parte en construcción, y le dijo que aquel
+era el convento de las Micaelas donde ella iba a entrar. Pareciéronle a
+Fortunata bonitos el edificio y su situación, expresando el deseo de
+entrar pronto, aquel mismo día si era posible. Asaltó entonces el
+pensamiento de Rubín una idea triste. Bueno era lo bueno, pero no lo
+demasiado. Tanta piedad podía llegar a ser una desgracia para él, porque
+si Fortunata se entusiasmaba mucho con la religión y se volvía santa de
+veras, y no quería más cuentas con el mundo, sino quedarse allí
+encerradita adorando la custodia durante todo el resto de sus días...
+¡Oh!, esta idea sofocó tanto al pobre redentor, que se puso rojo. Y bien
+podía suceder, porque algunas que entraban allí cargadas de pecados se
+corregían de tal modo y se daban con tanta gana a la penitencia, que no
+querían salir más, y hablarles de casarse era como hablarles del
+demonio... Pero no, Fortunata no sería así; no tenía ella cariz de
+volverse santa _en toda la extensión de la palabra_, como diría doña
+Lupe. Si lo fuera, Maximiliano se moriría de pena, se volvería entonces
+protestante, masón, judío, ateo.
+
+No manifestó estos temores a su querida, que estaba con un pie calzado y
+otro descalzo, mirando atentamente las idas y venidas de una procesión
+de hormigas. Únicamente le dijo: «Tiempo tienes de entrar. No conviene
+tampoco que te dé muy fuerte».
+
+Era preciso seguir. Volvió a ponerse la bota y... ¡ay!, ¡qué dolor!, lo
+malo fue que aquel día, Viernes Santo, no había coches, y no era posible
+volver a casa de otra manera que a pie.
+
+«Nos hemos alejado mucho--dijo Maximiliano ofreciéndole su brazo--.
+Apóyate y así no cojearás tanto... ¿Sabes lo que pareces así, llevada a
+remolque?... pues una embarazada fuera de cuenta, que ya no puede dar un
+paso, y yo parezco el marido que pronto va a ser padre». No pudo menos
+de hacerla reír esta idea, y recordando que la noche anterior,
+Maximiliano, en las efusiones epilépticas de su cariño, había hablado
+algo de sucesión, dijo para su sayo: «De eso sí que estás tú libre».
+
+El jueves siguiente fue conducida Fortunata a las Micaelas.
+
+
+
+
+-V-
+
+Las Micaelas por fuera
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Hay en Madrid tres conventos destinados a la corrección de mujeres. Dos
+de ellos están en la población antigua, uno en la ampliación del Norte,
+que es la zona predilecta de los nuevos institutos religiosos y de las
+comunidades expulsadas del centro por la incautación revolucionaria de
+sus históricas casas. En esta faja Norte son tantos los edificios
+religiosos que casi es difícil contarlos. Los hay para monjas reclusas,
+y para las religiosas que viven en comunicación con el mundo y en
+batalla ruda con la miseria humana, en estas órdenes modernas derivadas
+de la de San Vicente de Paúl, cuya mortificación consiste en recoger
+ancianos, asistir enfermos o educar niños. Como por encanto hemos visto
+levantarse en aquella zona grandes pelmazos de ladrillo, de dudoso valer
+arquitectónico, que manifiestan cuán positiva es aún la propaganda
+religiosa, y qué resultados tan prácticos se obtienen del ahorro
+espiritual, o sea la limosna, cultivado por buena mano. Las _Hermanitas
+de los Pobres_, las _Siervas de María_ y otras, tan apreciadas en
+Madrid por los positivos auxilios que prestan al vecindario, han labrado
+en esta zona sus casas con la prontitud de las obras de contrata. De
+institutos para clérigos sólo hay uno, grandón, vulgar y triste como un
+falansterio. Las Salesas Reales, arrojadas del convento que les hizo
+doña Bárbara, tienen también domicilio nuevo, y otras monjas históricas,
+las que recogieron y guardaron los huesos de D. Pedro el Cruel, acampan
+allá sobre las alturas del barrio de Salamanca.
+
+La planicie de Chamberí, desde los Pozos y Santa Bárbara hasta más allá
+de Cuatro Caminos, es el sitio preferido de las órdenes nuevas. Allí
+hemos visto levantarse el asilo de Guillermina Pacheco, la mujer
+constante y extraordinaria, y allí también la casa de las Micaelas.
+Estos edificios tienen cierto carácter de improvisación, y en todos,
+combinando la baratura con la prisa, se ha empleado el ladrillo al
+descubierto, con ciertos aires mudéjares y pegotes de gótico a la
+francesa. Las iglesias afectan, en las frágiles escayolas que las
+decoran interiormente, el estilo adamado con pretensiones de elegante de
+la basílica de Lourdes. Hay, pues, en ellas una impresión de aseo y
+arreglo que encanta la vista, y una deplorable manera arquitectónica. La
+importación de los nuevos estilos de piedad, como el del Sagrado
+Corazón, y esas manadas de curas de babero expulsados de Francia, nos
+han traído una cosa buena, el aseo de los lugares destinados al culto; y
+una cosa mala, la perversión del gusto en la decoración religiosa.
+Verdad que Madrid apenas tenía elementos de defensa contra esta
+invasión, porque las iglesias de esta villa, además de muy sucias, son
+verdaderos adefesios como arte. Así es que no podemos alzar mucho el
+gallo. El barroquismo sin gracia de nuestras parroquias, los canceles
+llenos de mugre, las capillas cubiertas de horribles escayolas
+empolvadas y todo lo demás que constituye la vulgaridad indecorosa de
+los templos madrileños, no tiene que echar nada en cara a las
+cursilerías de esta novísima monumentalidad, también armada en yesos
+deleznables y con derroche de oro y pinturas al temple, pero que al
+menos despide olor de aseo, y tiene el decoro de los sitios en que anda
+mucho la santidad de la escoba, del agua y el jabón.
+
+El caserón que llamamos _Las Micaelas_ estaba situado más arriba del de
+Guillermina, allá donde las rarificaciones de la población aumentan en
+términos de que es mucho más extenso el suelo baldío que el edificado.
+Por algunos huecos del caserío se ven horizontes esteparios y luminosos,
+tapias de cementerios coronadas de cipreses, esbeltas chimeneas de
+fábricas como palmeras sin ramas, grandes extensiones de terreno mal
+sembrado para pasto de las burras de leche y de las cabras. Las casas
+son bajas, como las de los pueblos, y hay algunas de corredor con
+habitaciones numeradas, cuyas puertas se ven por la medianería. El
+edificio de las Micaelas había sido una casa particular, a la que se
+agregó un ala interior costeando dos lados de la huerta en forma de
+medio claustro, y a la sazón se le estaba añadiendo por el lado opuesto
+la iglesia, que era amplia y del estilo de moda, ladrillo sin revoco
+modelado a lo mudéjar y cabos de cantería de Novelda labrada en ojival
+constructivo. Como la iglesia estaba aún a medio hacer, el culto se
+celebraba en la capilla provisional, que era una gran crujía baja, a la
+izquierda de la puerta.
+
+En el arreglo de esta crujía para convertirla en templo interino,
+manifestábase el buen deseo, la pulcritud y la inocencia artística de
+las excelentes señoras que componían la comunidad. Las paredes estaban
+estucadas, como las de nuestras alcobas, porque este es un género de
+decoración barato en Madrid y sumamente favorable a la limpieza. En el
+fondo estaba el altar, que era, ya se sabe, blanco y oro, de un estilo
+tan visto y tan determinado, que parece que viene en los figurines. A
+derecha e izquierda, en cromos chillones de gran tamaño, los dos
+Sagrados Corazones, y sobre ellos se abrían dos ventanas enjutísimas,
+terminadas por arriba en corte ojival, con vidrios blancos, rojos y
+azules, combinados en rombo, como se usan en las escaleras de las casas
+modernas.
+
+Cerca de la puerta había una reja de madera que separaba el público de
+las monjas los días en que el público entraba, que eran los jueves y
+domingos. De la reja para adentro, el piso estaba cubierto de hule, y a
+los costados de lo que bien podremos llamar nave había dos filas de
+sillas reclinatorios. A la derecha de la nave dos puertas, no muy
+grandes: la una conducía a la sacristía, la otra a la habitación que
+hacía de coro. De allí venían los flauteados de un harmonium tañido
+candorosamente en los acordes de la tónica y la dominante, y con las
+modulaciones más elementales; de allí venían también los exaltados
+acentos de las dos o tres monjas cantoras. La música era digna de la
+arquitectura, y sonaba a zarzuela sentimental o a canción de las que se
+reparten como regalo a las suscritoras en los periódicos de modas. En
+esto ha venido a parar el grandioso canto eclesiástico, por el abandono
+de los que mandan en estas cosas y la latitud con que se vienen
+permitiendo novedades en el severo culto católico.
+
+La pecadora fue llevada a las Micaelas pocos días después de la Pascua
+de Resurrección. Aquel día, desde que despertó, se le puso a Maxi la
+obstrucción en la boca del estómago, pero tan fuerte como si tuviera
+entre pecho y espalda atravesado un palo. Molestia semejante sentía en
+los días de exámenes, pero no con tanta intensidad. Fortunata parecía
+contenta, y deseaba que la hora llegase pronto para abreviar la
+expectación y perplejidad en que los dos amantes estaban, sin saber qué
+decirse. A ella por lo menos no se le ocurría nada que decirle, y aunque
+a él se le pasaban por el magín muchas cosas, tenía cierta aversión
+innata a lo teatral, y no gustaba de hablar gordo en ciertas ocasiones.
+Si ha de decirse verdad, Maxi inspiraba aquel día a su novia un
+sentimiento de cariño dulce y sosegado, con su poquillo de lástima. Y él
+procuraba dar a la conversación tono familiar, hablando del tiempo o
+recomendando a la joven que tuviese cuidado de no olvidar alguna
+importante prenda de ropa. Nicolás, que estaba presente, no habría
+permitido tampoco zalamerías de amor ni besuqueo, y ayudaba a recoger y
+agrupar todas las cosas que habían de llevarse, añadiendo observaciones
+tan prácticas como esta: «Ya sabe usted que ni perfumes ni joyas ni
+ringorrangos de ninguna clase entran en aquella casa. Todo el bagaje
+mundano se arroja a la puerta».
+
+Cuando vino el mozo que debía llevar el baúl, Fortunata estaba ya
+dispuesta, vestida con la mayor sencillez. Maximiliano miró diferentes
+veces su reloj sin enterarse de la hora. Nicolás, que estaba más sereno,
+miró el suyo y dijo que era tarde. Bajaron los tres, y fueron
+pausadamente y sin hablar hacia la calle de Hortaleza a tomar un coche
+simón. Instalose el joven con no poco trabajo en la bigotera, porque las
+faldas de su futura esposa y la ropa talar del clérigo estorbaban lo que
+no es decible la entrada y la salida; y si el trayecto fuera más largo,
+el martirio de aquellas seis piernas que no sabían cómo colocarse habría
+sido muy grande. La neófita miraba por la ventanilla, atraída vagamente
+y sin interés su atención por la gente que pasaba. Creeríase que miraba
+hacia fuera por no mirar hacia dentro; Maximiliano se la comía con los
+ojos, mientras el presbítero procuraba en vano animar la conversación
+con algunas cuchufletas bien poco ingeniosas.
+
+Llegaron por fin al convento. En la puerta había dos o tres mendigas
+viejas, que pidieron limosna, y a Maximiliano le faltó tiempo para
+dársela. Le amargaba extraordinariamente la boca, y su voz ahilada salía
+de la garganta con interrupciones y síncopas como la de un asmático. Su
+turbación le obligaba a refugiarse en los temas vulgares... «¡Vaya que
+son pesados estos pobres!... Parece que hay misa, porque se oye la
+campanilla de alzar... Es bonita la casa, y alegre, sí señor, alegre».
+
+Entraron en una sala que hay a la derecha, en el lado opuesto a la
+capilla. En dicha sala recibían visitas las monjas, y las recogidas a
+quienes se permitía ver a su familia los jueves por la tarde, durante
+hora y media, en presencia de dos madres. Adornada con sencillez rayana
+en pobreza, la tal sala no tenía más que algunas estampas de santos y un
+cuadrote de San José, al óleo, que parecía hecho por la misma mano que
+pintó el Jáuregui de la casa de doña Lupe. El piso era de baldosín, bien
+lavado y frotado, sin más defensa contra el frío que dos esteritas de
+junco delante de los dos bancos que ocupaban los testeros principales.
+Dichos bancos, las sillas y un canapé de patas curvas eran piezas
+diferentes, y bien se conocía que todo aquel pobre menaje provenía de
+donativos o limosnas de esta y la otra casa. Ni cinco minutos tuvieron
+que esperar, porque al punto entraron dos madres que ya estaban
+avisadas, y casi pisándoles los talones entró el señor capellán, un
+hombrón muy campechano y que de todo se reía. Llamábase D. León Pintado,
+y en nada correspondía la persona al nombre. Nicolás Rubín y aquel
+pasmarote tan grande y tan jovial se abrazaron y se saludaron
+tuteándose. Una de las dos monjas era joven, coloradita, de boca
+agraciada y ojos que habrían sido lindísimos si no adolecieran de
+estrabismo. La otra era seca y de edad madura, con gafas, y daba bien
+claramente a entender que tenía en la casa más autoridad que su
+compañera. A las palabras que dijeron, impregnadas de esa cortesía
+dulzona que informa el estilo y el metal de voz de las religiosas del
+día, iba la neófita a contestar alguna cosa apropiada al caso; pero se
+cortó y de sus labios no pudo salir más que un _ju ju_, que las otras no
+entendieron. La sesión fue breve. Sin duda las madres Micaelas no
+gustaban de perder el tiempo. «Despídase usted» le dijo la seca,
+tomándola por un brazo. Fortunata estrechó la mano de Maxi y de Nicolás,
+sin distinguir entre los dos, y dejose llevar. _Rubinius vulgaris_ dio
+un paso, dejando solos a los dos curas que hablaban cogiéndose
+recíprocamente las borlas de sus manteos, y vio desaparecer a su amada,
+a su ídolo, a su ilusión, por la puerta aquella pintada de blanco, que
+comunicaba la sala con el resto de la religiosa morada. Era una puerta
+como otra cualquiera; pero cuando se cerró otra vez, pareciole al
+enamorado chico cosa diferente de todo lo que contiene el mundo en el
+vastísimo reino de las puertas.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Echó a andar hacia Madrid por el polvoriento camino del antiguo Campo de
+Guardias, y volviendo a mirar su reloj por un movimiento maquinal,
+tampoco entonces se hizo cargo de la hora que era. No se dio cuenta de
+que su hermano y D. León Pintado, entretenidos en una conversación
+interesante y parándose cada diez palabras, se habían quedado atrás.
+Hablaban de las oposiciones a la lectoral de Sigüenza y de las peloteras
+que ocurrieron en ella. El capellán, como candidato reventado, ponía de
+oro y azul al obispo de la diócesis y a todo el cabildo. Maximiliano,
+sin advertir las paradas, siguió andando hasta que se encontró en su
+casa. Abriole doña Lupe la puerta y le hizo varias preguntas: «Y qué
+tal, ¿iba contenta?». Revelaban estas interrogaciones tanto interés como
+curiosidad, y el joven, animado por la benevolencia que en su tía
+observaba, departió con ella, arrancándose a mostrarle algunas de las
+afiladas púas que le rasguñaban el corazón. Tenía un presentimiento vago
+de no volverla a ver, no porque ella se muriese, sino porque dentro del
+convento y contagiada de la piedad de las monjas, podía chiflarse
+demasiado con las cosas divinas y enamorarse de la vida espiritual hasta
+el punto de no querer ya marido de carne y hueso, sino a Jesucristo, que
+es el esposo que a las monjas de verdadera santidad les hace tilín. Esto
+lo expresó irreverentemente con medias palabras; pero doña Lupe sacó
+toda la sustancia a los conceptos. «Bien podría suceder eso--le dijo con
+acento de convicción, que turbó más a Maximiliano--, y no sería el
+primer caso de mujeres malas... quiero decir ligeras... que se han
+convertido en un abrir y cerrar de ojos, volviéndose tan del revés, que
+luego no ha habido más remedio que canonizarlas».
+
+El redentor sintió frío en el corazón. ¡Fortunata canonizada! Esta idea,
+por lo muy absurda que era, le atormentó toda la mañana. «Francamente
+--dijo al fin, después de muchas meditaciones--, tanto como canonizar,
+no; pero bien podría darle por el misticismo y no querer salir, y
+quedarme yo _in albis_». Vamos, que semejante idea le aterraba! En tal
+caso no tenía más remedio que volverse él santito también, dedicarse a
+la Iglesia y hacerse cura... ¡Jesús qué disparate! ¡Cura!, ¿y para qué?
+De vuelta en vuelta, su mente llegó a un torbellino doloroso en el cual
+no tuvo ya más remedio que ahogar las ideas, para librarse del tormento
+que le ocasionaban. Intentó estudiar... Imposible. Ocurriole escribir a
+Fortunata, encargándole que no hiciera caso alguno de lo que le dijesen
+las monjas acerca de la vida espiritual, la gracia y el amor místico...
+Otro disparate. Por fin se fue calmando, y la razón se clareaba un poco
+tras aquellas nieblas.
+
+Las once serían ya, cuando desde su cuarto sintió un grande altercado
+entre doña Lupe y Papitos. El motivo de aquella doméstica zaragata fue
+que a Nicolás Rubín se le ocurrió la idea trágica de convidar a almorzar
+a su amigo el padre Pintado, y no fue lo peor que se le ocurriera, sino
+que se apresurase a ejecutarla con aquella frescura clerical que en tan
+alto grado tenía, metiendo a su camarada por las puertas de la casa sin
+ocuparse para nada de si en esta había o no los bastimentos necesarios
+para dos bocas de tal naturaleza.
+
+Doña Lupe que tal vio y oyó, no pudo decir nada, por estar el otro
+clérigo delante; pero tenía la sangre requemada. Su orgullo no le
+permitía desprestigiar la casa, poniéndoles un artesón de bazofia para
+que se hartaran; y afrontando despechada el conflicto, decía para su
+sayo cosas que habrían hecho saltar a toda la curia eclesiástica. «No sé
+lo que se figura este heliogábalo... cree que mi casa es la posada del
+Peine. Después que él me come un codo, trae a su compinche para que me
+coma el otro. Y por las trazas, debe tener buen diente y un estómago
+como las galerías del Depósito de aguas... ¡Ay, Dios mío!, ¡qué egoístas
+son estos curas...! Lo que yo debía hacer era ponerle la cuentecita, y
+entonces... ¡ah!, entonces sí que no se volvía a descolgar con
+invitados, porque es _Alejandro en puño_ y no le gusta ser rumboso sino
+con dinero ajeno».
+
+El volcán que rugía en el pecho de la señora de Jáuregui no podía
+arrojar su lava sino sobre Papitos, que para esto justamente estaba.
+Había empezado aquel día la monilla por hacer bien las cosas; pero la
+riñó su ama tan sin razón, que... ¡diablo de chica!, concluyó por
+hacerlo todo al revés. Si le ordenaban quitar agua de un puchero, echaba
+más. En vez de picar cebolla, machacaba ajos; la mandaron a la tienda
+por una lata de sardinas y trajo cuatro libras de bacalao de Escocia;
+rompió una escudilla, y tantos disparates hizo que doña Lupe por poco le
+aporrea el cráneo con la mano del almirez. «De esto tengo la culpa yo,
+grandísima bestia, por empeñarme en domar acémilas y en hacer de ellas
+personas... Hoy te vas a tu casa, a la choza del muladar de Cuatro
+Caminos donde estabas, entre cerdos y gallinas, que es la sociedad que
+te cuadra...». Y por aquí seguía la retahíla... ¡Pobre Papitos!
+Suspiraba y le corrían las lágrimas por la cara abajo. Había llegado ya
+a tal punto su azoramiento, que no daba pie con bola.
+
+Entre tanto los dos curas estaban en la sala, fumando cigarrillos, las
+canalejas sobre sillas, groseramente espatarrados ambos en los dos
+sillones principales, y hablando sin cesar del mismo tema de las
+oposiciones de Sigüenza. La culpa de todo la tenía el deán, que era un
+trasto y quería la lectoral a todo trance para su sobrinito. ¡Valientes
+perros estaban tío y sobrino! Este había hecho discursos racionalistas,
+y cuando la _Gloriosa_ dio vivas a Topete y a Prim en una reunión de
+demócratas. Doña Lupe entró al fin haciendo violentísimas contorsiones
+con los músculos de su cara para poder brindarles una sonrisa en el
+momento de decir que ya podían pasar... que tendrían que dispensar
+muchas faltas, y que iban a hacer penitencia.
+
+Y mientras se sentaban, miró con terror al amigo de su sobrino, que era
+lo mismo que un buey puesto en dos pies, y pensaba que si el apetito
+correspondía al volumen, todo lo que en la mesa había no bastara para
+llenar aquel inmenso estómago. Felizmente, Maxi estaba tan sin gana, que
+apenas probó bocado; doña Lupe se declaró también inapetente, y de este
+modo se fue resolviendo el problema y no hubo conflicto que lamentar. El
+padre Pintado, a pesar de ser tan proceroso, no era hombre de mucho
+comer y amenizó la reunión contando otra vez... las oposiciones de
+Sigüenza. Doña Lupe, por cortesía, afirmaba que era una barbaridad que
+no le hubieran dado a él la lectoral.
+
+La ira de la señora de Jáuregui no se calmó con el feliz éxito del
+almuerzo... y siguió machacando sobre la pobre Papitos. Esta, que
+también tenía su genio, hervía interiormente en despecho y deseos de
+revancha. «¡Miren la tía bruja--decía para sí, bebiéndose las
+lágrimas--, con su teta menos...! Mejor tuviera vergüenza de ponerse la
+teta de trapo para que crea la gente que tiene las dos de verdad, como
+las tienen todas y como las tendré yo el día de mañana...». Por la
+tarde, cuando la señora salió, encargando que le limpiara la ropa,
+ocurriole a la mona tomar de su ama una venganza terrible; pero una de
+esas venganzas que dejan eterna memoria. Se le ocurrió poner, colgado en
+el balcón, el cuerpo de vestido que pegada tenía la _cosa falsa_ con que
+doña Lupe engañaba al público. La malicia de Papitos imaginaba que
+puesto en el balcón el testimonio de la falta de su señora, la gente que
+pasase lo había de ver y se había de reír mucho. Pero no ocurrieron de
+este modo las cosas, porque ningún transeúnte se fijó en el pecho
+postizo, que era lo mismo que una vejiga de manteca; y al fin la
+chiquilla se apresuró a quitarlo, discurriendo con buen juicio que si
+doña Lupe al entrar veía colgado del balcón aquel acusador de su
+defecto, se había de poner hecha una fiera, y sería capaz de cortarle a
+su criada _las dos cosas de verdad_ que pensaba tener.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+A la mañana siguiente, Maximiliano encaminó sus pasos al convento, no
+por entrar, que esto era imposible, sino por ver aquellas paredes tras
+de las cuales respiraba la persona querida. La mañana estaba deliciosa,
+el cielo despejadísimo, los árboles del paseo de Santa Engracia
+empezaban a echar la hoja. Detúvose el joven frente a las Micaelas,
+mirando la obra de la nueva iglesia que llegaba ya a la mitad de las
+ojivas de la nave principal. Alejándose hasta más allá de la acera de
+enfrente, y subiendo a unos montones de tierra endurecida, se veía, por
+encima de la iglesia en construcción, un largo corredor del convento, y
+aun se podían distinguir las cabezas de las monjas o recogidas que por
+él andaban. Pero como la obra avanzaba rápidamente, cada día se veía
+menos. Observó Maxi en los días sucesivos que cada hilada de ladrillos
+iba tapando discretamente aquella interesante parte de la interioridad
+monjil, como la ropa que se extiende para velar las carnes descubiertas.
+Llegó un día en que sólo se alcanzaban a ver las zapatas de los maderos
+que sostenían el techo del corredor, y al fin la masa constructiva lo
+tapó todo, no quedando fuera más que las chimeneas, y aun para columbrar
+estas era preciso tomar la visual desde muy lejos.
+
+Al Norte había un terreno mal sembrado de cebada. Hacia aquel ejido, en
+el cual había un poste con letrero anunciando venta de solares, caían
+las tapias de la huerta del convento, que eran muy altas. Por encima de
+ellas asomaban las copas de dos o tres soforas y de un castaño de
+Indias. Pero lo más visible y lo que más cautivaba la atención del
+desconsolado muchacho era un motor de viento, sistema Parson, para
+noria, que se destacaba sobre altísimo aparato a mayor altura que los
+tejados del convento y de las casas próximas. El inmenso disco,
+semejante a una sombrilla japonesa a la cual se hubiera quitado la
+convexidad, daba vueltas sobre su eje pausada o rápidamente, según la
+fuerza del aire. La primera vez que Maxi lo observó, movíase el disco
+con majestuosa lentitud, y era tan hermoso de ver con su coraza de
+tablitas blancas y rojas, parecida a un plumaje, que tuvo fijos en él
+los tristes ojos un buen cuarto de hora. Por el Sur la huerta lindaba
+con la medianería de una fábrica de tintas de imprimir, y por el Este
+con la tejavana perteneciente al inmediato taller de cantería, donde se
+trabajaba mucho. Así como los ojos de Maximiliano miraban con
+inexplicable simpatía el disco de la noria, su oído estaba preso, por
+decirlo así, en la continua y siempre igual música de los canteros,
+tallando con sus escoplos la dura berroqueña. Creeríase que grababan en
+lápidas inmortales la leyenda que el corazón de un inconsolable poeta
+les iba dictando letra por letra. Detrás de esta tocata reinaba el
+augusto silencio del campo, como la inmensidad del cielo detrás de un
+grupo de estrellas.
+
+También se paseaba por aquellos andurriales, sin perder de vista el
+convento; iba y venía por las veredas que el paso traza en los terrenos,
+matando la yerba, y a ratos sentábase al sol, cuando este no picaba
+mucho. Montones de estiércol y paja rompían a lo lejos la uniformidad
+del suelo; aquí y allí tapias de ladrillo de color de polvo, letreros
+industriales sobre faja de yeso, casas que intentaban rodearse de un
+jardinillo sin poderlo conseguir; más allá tejares y las casetas
+plomizas de los vigilantes de consumos, y en todo lo que la vista abarca
+un sentimiento profundísimo de soledad expectante. Turbábala sólo algún
+perro sabio de los que, huyendo de la estricnina municipal, se pasean
+por allí sin quitar la vista del suelo. A veces el joven volvía al
+camino real y se dejaba ir un buen trecho hacia el Norte; pero no tenía
+ganas de ver gente y se echaba fuera, metiéndose otra vez por el campo
+hasta divisar las arcadas del acueducto del Lozoya. La vista de la
+sierra lejana suspendía su atención, y le encantaba un momento con
+aquellos brochazos de azul intensísimo y sus toques de nieve; pero muy
+luego volvía los ojos al Sur, buscando los andamiajes y la mole de las
+Micaelas, que se confundía con las casas más excéntricas de Chamberí.
+
+Todas las mañanas antes de ir a clase, hacía Rubín esta excursión al
+campo de sus ilusiones. Era como ir a misa, para el hombre devoto, o
+como visitar el cementerio donde yacen los restos de la persona querida.
+Desde que pasaba de la iglesia de Chamberí veía el disco de la noria, y
+ya no le quitaba los ojos hasta llegar próximo a él. Cuando el motor
+daba sus vueltas con celeridad, el enamorado, sin saber por qué y
+obedeciendo a un impulso de su sangre, avivaba el paso. No sabía
+explicarse por qué oculta relación de las cosas la velocidad de la
+máquina le decía: «apresúrate, ven, que hay novedades». Pero luego
+llegaba y no había novedad ninguna, como no fuera que aquel día soplaba
+el viento con más fuerza. Desde la tapia de la huerta oíase el rumor
+blando del volteo del disco, como el que hacen las cometas, y sentíase
+el crujir del mecanismo que transmite la energía del viento al vástago
+de la bomba... Otros días le veía quieto, amodorrado en brazos del aire.
+Sin saber por qué, deteníase el joven; pero luego seguía andando
+despacio. Hubiera él lanzado al aire el mayor soplo posible de sus
+pulmones para hacer andar la máquina. Era una tontería; pero no lo podía
+remediar. El estar parado el motor parecíale señal de desventura.
+
+Pero lo que más tormento daba a Maximiliano era la distinta impresión
+que sacaba todos los jueves de la visita que a su futura hacía. Iba
+siempre acompañado de Nicolás, y como además no se apartaban de la
+recogida las dos monjas, no había medio de expresarse con confianza. El
+primer jueves encontró a Fortunata muy contenta; el segundo, estaba
+pálida y algo triste. Como apenas se sonreía, faltábale aquel rasgo
+hechicero de la contracción de los labios, que enloquecía a su amante.
+La conversación fue sobre asuntos de la casa, que Fortunata elogió
+mucho, encomiando los progresos que hacía en la lectura y escritura, y
+jactándose del cariño que le habían tomado las señoras. Como en uno de
+los sucesivos jueves dijera algo acerca de lo que le había gustado la
+fiesta de Pentecostés, la principal del año en la comunidad, y después
+recayera la conversación sobre temas de iglesia y de culto, expresándose
+la neófita con bastante calor, Maximiliano volvió a sentirse atormentado
+por la idea aquella de que su querida se iba a volver mística y a
+enamorarse perdidamente de un rival tan temible como Jesucristo. Se le
+ocurrían cosas tan extravagantes como aprovechar los pocos momentos de
+distracción de las madres para secretearse con su amada y decirle que no
+creyera en aquello de la Pentecostés, figuración alegórica nada más,
+porque no hubo ni podía haber tales lenguas de fuego ni Cristo que lo
+fundó; añadiendo, si podía, que la vida contemplativa es la más estéril
+que se puede imaginar, aun como preparación para la inmortalidad, porque
+las luchas del mundo y los deberes sociales bien cumplidos son lo que
+más purifica y ennoblece las almas. Ocioso es añadir que se guardó para
+sí estas doctrinas escandalosas porque era difícil expresarlas delante
+de las madres.
+
+
+
+
+-VI-
+
+Las Micaelas por dentro
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Cuando las dos madres aquellas, la bizca y la seca, la llevaron adentro,
+Fortunata estaba muy conmovida. Era aquella sensación primera de miedo y
+vergüenza de que se siente poseído el escolar cuando le ponen delante de
+sus compañeros, que han de ser pronto sus amigos, pero que al verle
+entrar le dirigen miradas de hostilidad y burla. Las recogidas que
+encontró al paso mirábanla con tanta impertinencia, que se puso muy
+colorada y no sabía qué expresión dar a su cara. Las madres, que tantos
+y tan diversos rostros de pecadoras habían visto entrar allí, no
+parecían dar importancia a la belleza de la nueva recogida. Eran como
+los médicos que no se espantan ya de ningún horror patológico que vean
+entrar en las clínicas. Hubo de pasar un buen rato antes de que la joven
+se serenase y pudiera cambiar algunas palabras con sus compañeras de
+lazareto. Pero entre mujeres se rompe más pronto aún que entre
+colegiales ese hielo de las primeras horas, y palabra tras palabra
+fueron brotando las simpatías, echando el cimiento de futuras
+amistades.
+
+Como ella esperaba y deseaba, pusiéronle una toca blanca; mas no había
+en el convento espejos en que mirar si caía bien o mal. Luego le
+hicieron poner un vestido de lana burda y negra muy sencillo; pero
+aquellas prendas sólo eran de indispensable uso al bajar a la capilla y
+en las horas de rezo, y podía quitárselas en las horas de trabajo,
+poniéndose entonces una falda vieja de las de su propio ajuar y un
+cuerpo, también de lana, muy honesto, que recibían para tales casos. Las
+recogidas dividíanse en dos clases, una llamada las _Filomenas_ y otra
+las _Josefinas_. Constituían la primera, las mujeres sujetas a
+corrección; la segunda componíase de niñas puestas allí por sus padres,
+para que las educaran, y más comúnmente por madrastras que no querían
+tenerlas a su lado. Estos dos grupos o familias no se comunicaban en
+ninguna ocasión. Dicho se está que Fortunata pertenecía a la clase de
+las _Filomenas_. Observó que buena parte del tiempo se dedicaba a
+ejercicios religiosos, rezos por la mañana, doctrina por la tarde.
+Enterose luego de que los jueves y domingos había adoración del
+Sacramento, con larguísimas y entretenidas devociones, acompañadas de
+música. En este ejercicio y en la misa matinal, las recogidas, como las
+madres, entraban en la iglesia con un gran velo por la cabeza, el cual
+era casi tan grande como una sábana.
+
+Lo tomaban en la habitación próxima a la entrada, y al salir lo volvían
+a dejar después de doblarlo.
+
+Acostumbrada la prójima a levantarse a las nueve o las diez de la
+mañana, éranle penosos aquellos madrugones que en el convento se usaban.
+A las cinco de la mañana ya entraba Sor Antonia en los dormitorios
+tocando una campana que les desgarraba los oídos a las pobres
+durmientes. El madrugar era uno de los mejores medios de disciplina y
+educación empleados por las madres, y el velar a altas horas de la noche
+una mala costumbre que combatían con ahínco, como cosa igualmente nociva
+para el alma y para el cuerpo. Por esto, la monja que estaba de guardia
+pasaba revista a los dormitorios a diferentes horas de la noche, y como
+sorprendiese murmullos de secreteo, imponía severísimos castigos.
+
+Los trabajos eran diversos y en ocasiones rudos. Ponían las maestras
+especial cuidado en desbastar aquellas naturalezas enviciadas o fogosas,
+mortificando las carnes y ennobleciendo los espíritus con el cansancio.
+Las labores delicadas, como costura y bordados, de que había taller en
+la casa, eran las que menos agradaban a Fortunata, que tenía poca
+afición a los primores de aguja y los dedos muy torpes. Más le agradaba
+que la mandaran lavar, brochar los pisos de baldosín, limpiar las
+vidrieras y otros menesteres propios de criadas de escalera abajo. En
+cambio, como la tuvieran sentada en una silla haciendo trabajos de marca
+de ropa se aburría de lo lindo. También era muy de su gusto que la
+pusieran en la cocina a las órdenes de la hermana cocinera, y era de ver
+cómo fregaba ella sola todo el material de cobre y loza, mejor y más
+pronto que dos o tres de las más diligentes.
+
+Mucho rigor y vigilancia desplegaban las madres en lo tocante a
+relaciones entre las llamadas arrepentidas, ya fuesen _Filomenas_ o
+_Josefinas_. Eran centinelas sagaces de las amistades que se pudieran
+entablar y de las parejas que formara la simpatía. A las prójimas
+antiguas y ya conocidas y probadas por su sumisión, se las mandaba a
+acompañar a las nuevas y sospechosas. Había algunas a quienes no se
+permitía hablar con sus compañeras sino en el corro principal en las
+horas de recreo.
+
+A pesar de la severidad empleada para impedir las parejas íntimas o
+grupos, siempre había alguna infracción hipócrita de esta observancia.
+Era imposible evitar que entre cuarenta o cincuenta mujeres hubiese dos
+o tres que se pusieran al habla, aprovechando cualquier coyuntura
+oportuna en las varias ocupaciones de la casa. Un sábado por la mañana
+Sor Natividad, que era la Superiora (por más señas la madrecita seca que
+recibió a Fortunata el día de su entrada), mandó a esta que brochase
+los baldosines de la sala de recibir. Era Sor Natividad vizcaína, y tan
+celosa por el aseo del convento que lo tenía siempre como tacita de
+plata, y en viendo ella una mota, un poco de polvo o cualquier suciedad,
+ya estaba desatinada y fuera de sí, poniendo el grito en el Cielo como
+si se tratara de una gran calamidad caída sobre el mundo, otro pecado
+original o cosa así. Apóstol fanático de la limpieza, a la que seguía
+sus doctrinas la agasajaba y mimaba mucho, arrojando tremendos anatemas
+sobre las que prevaricaban, aunque sólo fuera venialmente, en aquella
+moral cerrada del aseo. Cierto día armó un escándalo porque no habían
+limpiado... ¿qué creeréis?, las cabezas doradas de los clavos que
+sostenían las estampas de la sala. En cuanto a los cuadros, había que
+descolgarlos y limpiarlos por detrás lo mismo que por delante. «Si no
+tenéis alma, ni un adarme de gracia de Dios--les decía--, y no os habéis
+de condenar por malas, sino por puercas». El sábado aquel mandó, como
+digo, dar cera y brochado al piso de la sala, encargando a Fortunata y a
+otra compañera que se lo habían de dejar _lo mismo que la cara del Sol_.
+
+Era para Fortunata este trabajo no sólo fácil, sino divertido. Gustábale
+calzarse en el pie derecho el grueso escobillón, y arrastrando el paño
+con el izquierdo, andar de un lado para otro en la vasta pieza, con
+paso de baile o de patinación, puesta la mano en la cintura y
+ejercitando en grata gimnasia todos los músculos hasta sudar
+copiosamente, ponerse la cara como un pavo y sentir unos dulcísimos
+retozos de alegría por todo el cuerpo. La compañera que Sor Natividad le
+dio en aquella faena era una _filomena_ en cuyo rostro se había fijado
+no pocas veces la neófita, creyendo reconocerlo. Indudablemente había
+visto aquella cara en alguna parte, pero no recordaba dónde ni cuándo.
+Ambas se habían mirado mucho, como deseando tener una explicación; pero
+no se habían dirigido nunca la palabra. Lo que sí sabía Fortunata era
+que aquella mujer daba mucha guerra a las madres por su carácter
+alborotado y desigual.
+
+Desde que la Superiora las dejó solas, la otra rompió a patinar y a
+hablar al mismo tiempo. Parándose después ante Fortunata, le dijo:
+«Porque nosotras nos conocemos, ¿eh? A mí me llaman _Mauricia la Dura_.
+¿No te acuerdas de haberme visto en casa de la Paca?».
+
+«¡Ah... sí!...» indicó Fortunata, y cargando sobre el pie derecho, tiró
+para otro lado frotando el suelo con amazónica fuerza.
+
+Mauricia la Dura representaba treinta años o poco más, y su rostro era
+conocido de todo el que entendiese algo de iconografía histórica, pues
+era el mismo, exactamente el mismo de Napoleón Bonaparte antes de ser
+Primer Cónsul. Aquella mujer singularísima, bella y varonil tenía el
+pelo corto y lo llevaba siempre mal peinado y peor sujeto. Cuando se
+agitaba mucho trabajando, las melenas se le soltaban, llegándole hasta
+los hombros, y entonces la semejanza con el precoz caudillo de Italia y
+Egipto era perfecta. No inspiraba simpatías Mauricia a todos los que la
+veían; pero el que la viera una vez, no la olvidaba y sentía deseos de
+volverla a mirar. Porque ejercían indecible fascinación sobre el
+observador aquellas cejas rectas y prominentes, los ojos grandes y
+febriles, escondidos como en acecho bajo la concavidad frontal, la
+pupila inquieta y ávida, mucho hueso en los pómulos, poca carne en las
+mejillas, la quijada robusta, la nariz romana, la boca acentuada
+terminando en flexiones enérgicas, y la expresión, en fin, soñadora y
+melancólica. Pero en cuanto Mauricia hablaba, adiós ilusión. Su voz era
+bronca, más de hombre que de mujer, y su lenguaje vulgarísimo, revelando
+una naturaleza desordenada, con alternativas misteriosas de depravación
+y de afabilidad.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Después que se reconocieron, callaron un rato, trabajando las dos con
+igual ahínco. Un tanto fatigadas se sentaron en el suelo, y entonces
+Mauricia, arrastrándose hasta llegar junto a su compañera, le dijo:
+
+«Aquel día... ¿sabes?, acabadita de marcharte tú, estuvo en casa de la
+Paca Juanito Santa Cruz».
+
+Fortunata la miró aterrada.
+
+«¿Qué día?» fue lo único que dijo.
+
+--¿No te acuerdas? El día que estuviste tú, el día en que te conocí...
+_Paices_ boba. Yo me lié con la Visitación, que me robó un pañuelo, la
+muy ladrona sinvergüenza. Le metí mano, y... ¡ras!, le trinqué la oreja
+y me quedé con el pendiente en la mano, partiéndole el pulpejo... por
+poco me traigo media cara. Ella me mordió un brazo, mira... todavía está
+aquí la señal; pero yo le dejé sellaíto un ojo... todavía no lo ha
+abierto, y le saqué una tira de pellejo ¡ras!, desde semejante parte,
+aquí por la sien... hasta la barba. Si no nos apartan, si no me coges tú
+a mí por la cintura, y Paca a ella, la reviento... creételo.
+
+--Ya me acuerdo de aquella trifulca--dijo Fortunata mirando a su
+compañera con miedo.
+
+--A mí, la que me la hace me la paga. No sé si sabes que a la Matilde,
+aquella silfidona rubia...
+
+--No sé, no la conozco.--Pues allá se me vino con unos chismajos, porque
+yo _hablaba_ entonces con el chico de Tellería y... Pues la cogí un día,
+la tiré al suelo, me estuve paseando sobre ella todo el tiempo que me
+dio la gana... y luego, cogí una badila y del primer golpe le abrí un
+ojal en la cabeza, del tamaño de un duro... La llevaron al hospital...
+Dicen que por el boquete que le hice se le veía la sesada... Buen repaso
+le di. Pues otro día, estando en el Modelo... verás... me dijo una tía
+muy pindongona y muy facha que si yo era no sé qué y no sé cuánto, y de
+la primer bofetada que le alumbré fue rodando por el suelo con las patas
+al aire. Nada, que tuvieron que atarme... Pues volviendo a lo que decía.
+Aquel día que tuve la zaragata con Visitación...
+
+Sintieron venir a la Superiora, y rápidamente se levantaron y se
+pusieron a brochar otra vez. La monja miró el piso, ladeando la cara
+como los pájaros cuando miran al suelo, y se retiró. Un rato después,
+las dos arrepentidas volvieron a pegar su hebra.
+
+«No aportaste más por allí. Yo le pregunté después a la Paca si había
+vuelto por allí el _chico_ de Santa Cruz, y me contestó: 'Calla hija, si
+han dicho aquí anoche que está con _plumonía_...'. Pobrecito, por poco
+no lo cuenta. Estuvo si se las lía, si no se las lía... Por ti pregunté
+a la Feliciana una tarde que fui a enseñarle los mantones de Manila que
+yo estaba corriendo, y me dijo que te ibas a casar con un boticario...
+ya, el sobrino de doña Lupe _la de los Pavos_... ¡Ah!, chica, si esa tal
+doña Lupe es lo que más conozco... Pregúntale por mí. Le he vendido más
+alhajas que pelos tengo en la cabeza. ¡Ah!, entonces sí que estaba yo
+bien; pero de repente me trastorné, y caí tan enferma del estómago, que
+no podía pasar nada, y lo mismo era entrarme bocado en él o gota de
+agua, que parecía que me encendían lumbre; y mi hermana Severiana, que
+vive en la calle de Mira el Río, me llevó a su casa, y allí me entraron
+unos calambres que creí que espichaba; y una noche, viendo que aquello
+no se me quería calmar, salí de estampía, y en la taberna me atizé tres
+copas de aguardiente, arreo, tras, tras, tras, y salí, y en medio a
+medio de la calle caíme al suelo, y los chiquillos se me ajuntaron a la
+redonda, y luego vinieron los guindillas y me soplaron en la prevención.
+Severiana quiso llevarme otra vez a su casa; pero entonces una señora
+que conocemos, esa doña Guillermina... la habrás oído nombrar... me
+cogió por su cuenta y me trajo a este _establecimiento_. La doña
+Guillermina es una que se ha echado mismamente a pobre, ¿sabes?, y pide
+limosna y está haciendo un palación ahí abajo para _los huérfanos_. Mi
+hermana y yo nos criamos en su casa, ¡gran casa la de los señores de
+Pacheco! Personas muy ricas, no te creas, y mi madre era la que les
+planchaba. Por eso nos tiene tanta ley doña Guillermina, que siempre que
+me ve con miseria me socorre, y dice que mientras más mala sea yo más me
+ha de socorrer. Pues que quise que no, aquí me metieron... Ya me habían
+metido antes; pero no estuve más que una semana, porque me escapé
+subiéndome por la tapia de la huerta como los gatos».
+
+Esta historia, contada con tan aterradora sinceridad, impresionó mucho a
+la otra _filomena_. Siguieron ambas bailando a lo largo de la sala,
+deslizándose sobre el ya pulimentado piso, como los patinadores sobre el
+hielo, y Fortunata, a quien le escarbaba en el interior lo que referente
+a ella habla dicho Mauricia la Dura, quiso aclarar un punto importante,
+diciéndole:
+
+«Yo no fui más que dos veces a casa de la Paca, y por mi gusto no
+hubiera ido ninguna. La necesidad, hija... Después no volví más porque
+me salieron relaciones con el chico con quien me voy a casar».
+
+Después de una pausa, durante la cual viniéronle al pensamiento muchas
+cosas pasadas, creyó oportuno decir algo, conforme a las ideas que
+aquella casa imponía: «¿Y para qué me buscaba a mí ese hombre?... ¿para
+qué? Para perderme otra vez. Con una basta».
+
+--Los hombres son muy caprichosos--dijo en tono de filosofía Mauricia la
+Dura--, y cuando la tienen a una a su disposición, no le hacen más caso
+que a un trasto viejo; pero si una habla con otro, ya el de antes quiere
+arrimarse, por el aquel de la golosina que otro se lleva. Pues digo...
+si una se pone a ser verbigracia honrada, los muy peines no pasan por
+eso, y si una se mete mucho a rezar y a confesar y comulgar, se les
+encienden más a ellos las querencias, y se pirran por nosotras desde que
+nos convertimos por lo eclesiástico... Pues qué, ¿crees tú que Juanito
+no viene a rondar este convento desde que sabe que estás aquí? _Paices_
+boba. Tenlo por cierto, y alguno de los coches que se sienten por ahí,
+créete que es el suyo.
+
+--No seas tonta... no digas burradas--replicó la otra palideciendo--. No
+puede ser... Porque mira tú, él cayó con la pulmonía en Febrero...
+
+--Bien enterada estás.--Lo sé por Feliciana, a quien se lo contó, _días
+atrás_, un señor que es amigo de Villalonga. Pues verás, él cayó con la
+pulmonía en Febrero, y en este _entremedio_ conocí yo al chico con quien
+hablo... El otro estuvo dos meses muy malito... si se va si no se va.
+Por fin salió, y en Marzo se fue con su mujer a Valencia.
+
+--¿Y qué?--Que todavía no habrá vuelto.
+
+--_Paices_ boba... Esto es un decir. Y si no ha vuelto, volverá...
+Quiere decirse que te hará la rueda cuando venga y se entere de que
+ahora vas para santa.
+
+--Tú sí que eres boba... déjame en paz. Y suponiendo que venga y me
+ronde... ¿A mí qué?
+
+Sor Natividad examinó el brochado y vio «que era bueno». Satisfacción de
+artista resplandecía en su carita seca. Miró al techo tratando de
+descubrir alguna mota producida por las moscas; pero no había nada, y
+hasta las cabezas de los clavos de la pared, limpiados el día antes,
+resplandecían como estrellitas de oro. La Superiora volvía las gafas a
+todas partes buscando algo que reprender; pero nada encontró que
+mereciese su crítica estrecha. Dispuso que antes de entrar los muebles
+los limpiasen y frotasen bien para que todo el polvo quedase fuera; pero
+encargó mucho que aquella operación se hiciese _al hilo_ de la madera; y
+como las dos trabajadoras no entendiesen bien lo que esto significaba,
+cogió ella misma un trapo y prácticamente les hizo ver con la mayor
+seriedad cuál era su sistema. Cuando se quedaron solas otra vez,
+Mauricia dijo a su amiga: «Hay que tener contenta a esta _tía chiflada_,
+que es buena persona, y como le froten los muebles _al hilo_, la tienes
+partiendo un piñón».
+
+Mauricia tenía días. Las monjas la consideraban lunática, porque si las
+más de las veces la sometían fácilmente a la obediencia, haciéndola
+trabajar, entrábale de golpe como una locura y rompía a decir y hacer
+los mayores desatinos. La primera vez que esto pasó, las religiosas se
+alarmaron; mas domada la furia sin que fuese preciso apelar a la fuerza,
+cuando se repetían los accesos de indisciplina y procacidad no les daban
+gran importancia. Era un espectáculo imponente y aun divertido el que de
+tiempo en tiempo, comúnmente cada quince o veinte días, daba Mauricia a
+todo el personal del convento. La primera vez que lo presenció
+Fortunata, sintió verdadero terror.
+
+Iniciábasele aquel trastorno a Mauricia como se inician las
+enfermedades, con síntomas leves, pero infalibles, los cuales se van
+acentuando y recorren después todo el proceso morboso. El periodo
+prodrómico solía ser una cuestión con cualquier recogida por el
+chocolate del desayuno, o por si al salir le tropezaron y la otra lo
+hizo con mala intención. Las madres intervenían, y Mauricia callaba al
+fin, quedándose durante dos o tres horas taciturna, rebelde al trato,
+haciéndolo todo al revés de como se le mandaba. Su diligencia pasmosa
+trocábase en dejadez; y como las madres la reprendieran, no les
+respondía nada cara a cara; pero en cuanto volvían la espalda, dejaba
+oír gruñidos, masticando entre ellos palabras soeces. A este periodo
+seguía por lo común una travesura ruidosa y carnavalesca, hecha de
+improviso para provocar la risa de algunas _Filomenas_ y la indignación
+de las señoras. Mauricia aprovechaba el silencio de la sala de labores
+para lanzar en medio de ella un gato con una chocolatera amarrada a la
+cola, o hacer cualquier otro disparate más propio de chiquillos que de
+mujeres formales. Sor Antonia, que era la bondad misma, mirábala con
+toda la severidad que cabía en su carácter angelical, y Mauricia le
+devolvía la mirada con insolente dureza, diciendo: «Si no he sido
+_yio_... _amos_, si no he sido _yio_... ¿Para qué me mira usted
+tantooo?... ¿Es que me quiere retrataaar...?».
+
+Aquel día, Sor Antonia llamó a la Superiora, que era una vizcaína muy
+templada. Esta dijo al entrar: «¿Ya está otra vez suelto el
+enemigo?...». Y decretó que fuese encerrada en el cuarto que servía de
+prisión cuando alguna recogida se insubordinaba. Aquí fue el estallar la
+fiereza de aquella maldita mujer. «¡Encerrarme a mí!... ¿De veee... ras?
+No me lo diga usted... prenda».
+
+--Mauricia--dijo con varonil entereza la monja, soltando una expresión
+de su tierra--, déjese usted de _chínchirri-máncharras_, y obedezca. Ya
+sabe usted que no nos asusta con sus botaratadas. Aquí no tenemos miedo
+a ninguna tarasca. Por compasión y caridad no la echamos a la calle, ya
+lo sabe usted... Vamos, hija, pocas palabras y a hacer lo que se le
+manda.
+
+A Mauricia le temblaba la quijada, y sus ojos tomaban esa opacidad
+siniestra de los ojos de los gatos cuando van a atacar. Las recogidas la
+miraban con miedo, y algunas monjas rodearon a la Superiora para hacerla
+respetar.
+
+«Vaya con lo que sale ahora la tía chiflada... ¡Encerrarme a mí! A donde
+voy es a mi casa, ¡hala...!, a mi casa, de donde me sacaron engañada
+estas indecentonas, sí señor, engañada, porque yo era honrada como un
+sol, y aquí no nos enseñan más que peines y peinetas... ¡Ja ja ja!...
+Vaya con las señoras virtuosas y _santifiquísimas_. ¡Ja ja ja!...».
+
+Estos monosílabos guturales los emitía con todo el grueso de su
+gruesísima voz, y con tal acento de sarcasmo infame y de grosería, que
+habrían sacado de quicio a personas de menos paciencia y flema que Sor
+Natividad y sus compañeras. Estaban tan hechas a ser tratadas de aquel
+modo y habían domado fieras tan espantables, que ya las injurias no les
+hacían efecto. «Vamos--dijo la Superiora frunciendo el ceño--; callando,
+y baje usted al patio».
+
+--Pues me gusta la santidad de estas traviatonas de iglesia... ¡Ja ja
+ja!...--gritó la infame puesta en jarras y mirando en redondo a todo el
+concurso de recogidas--. Se encierran aquí para retozar a sus anchas con
+los curánganos de babero... ¡Ja ja ja!... ¡qué peines!... y con los que
+no son de babero.
+
+Muchas recogidas se tapaban los oídos. Otras, suspensa la mano sobre el
+bastidor, miraban a las monjas y se pasmaban de su serenidad. En aquel
+instante apareció en la sala una figura extraña. Era Sor Marcela, una
+monja vieja, coja y casi enana, la más desdichada estampa de mujer que
+puede imaginarse. Su cara, que parecía de cartón, era morena, dura,
+chata, de tipo mongólico, los ojos expresivos y afables como los de
+algunas bestias de la raza cuadrumana. Su cuerpo no tenía forma de
+mujer, y al andar parecía desbaratarse y hundirse del lado izquierdo,
+imprimiendo en el suelo un golpe seco que no se sabía si era de pie de
+palo o del propio muñón del hueso roto. Su fealdad sólo era igualada por
+la impavidez y el desdén compasivo con que miró a Mauricia.
+
+Sor Marcela traía en la mano derecha una gran llave, y apuntando con
+ella al esternón de la delincuente, hizo un castañeteo de lengua y no
+dijo más que esto: «Andando».
+
+Quitose la fiera con rápido movimiento su toca, sacudió las melenas y
+salió al corredor, echando por aquella boca insolencias terribles. La
+coja volvió a indicarle el camino, y Mauricia, moviendo los brazos como
+aspas de molino de viento, se puso a gritar:
+
+«¡Peines y peinetas!... ¿Pues no me quieren deshonrar y encerrarme como
+si yo fuera una _criminala_? ¡Tunantas!... cuando si yo quisiera, de
+tres bofetadas las tumbaba a todas patas arriba...».
+
+A pesar de estas fierezas, la coja la llevaba por delante con la misma
+calma con que se conduce a un perro que ladra mucho, pero que se sabe no
+ha de morder. A mitad de la escalera se volvió la harpía, y mirando con
+inflamados ojos a las monjas que en el corredor quedaban, les decía en
+un grito estridente: «¡Ladronas, más que ladronas!... ¡Grandísimas
+púas!...».
+
+Dicho esto, la coja le ponía suavemente la mano en la espalda,
+empujándola hacia adelante. En el patio tuvo que cogerla por un brazo,
+porque quería subir de nuevo.
+
+«Si no te hacen caso, estúpida--le dijo--, si no eres tú la que hablas
+sino el demonio que te anda dentro de la boca. Cállate ya por amor de
+Dios y no marees más».
+
+--El demonio eres tú--replicó la fiera, que parecía ya, por lo muy
+exaltada, irresponsable de los disparates que decía--. Facha,
+mamarracho, esperpento...
+
+--Echa, echa más veneno--murmuraba Sor Marcela con tranquilidad,
+abriendo la puerta de la prisión--. Así te pasará más pronto el
+arrechucho. Vaya, adentro, y mañana como un guante. A la noche te traeré
+de comer. Paciencia, hija...
+
+Mauricia ladró un poco más; pero con tanto furor de palabras no hacía
+resistencia verdadera, de modo que aquella pobre vieja inválida la
+manejaba como a un niño. Bastó que esta la cogiese por un brazo y la
+metiera dentro del encierro, para que la prisión se efectuase sin ningún
+inconveniente, después de tanta bulla. Sor Marcela echó la llave dando
+dos vueltas, y la guardó en su bolsillo. Su rostro, tan parecido a una
+máscara japonesa, continuaba imperturbable. Cuando atravesaba el patio
+en dirección a la escalera, oyó el _ja ja ja_ de Mauricia, que estaba
+asomada por uno de los dos tragaluces con barras de hierro que la puerta
+tenía en su parte superior. La monja no se detuvo a oír las injurias que
+la fiera le decía.
+
+«¡Eh!... coja... galápago, vuelve acá y verás qué morrazo te doy... ¡Qué
+facha!, cañamón, pata y media...».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+La faz napoleónica, lívida y con la melena suelta, volvió a asomar en la
+reja a la caída de la tarde. Y Sor Marcela pasó repetidas veces por
+delante de la cárcel, volviendo de registrar los nidos de las gallinas,
+por ver si tenían huevos, o de regar los pensamientos y francesillas que
+cultivaba en un rincón de la huerta. El patio, que era pequeño y se
+comunicaba con la huerta por una reja de madera casi siempre abierta,
+estaba muy mal empedrado, resultando tan irregular el paso de la coja,
+que los balanceos de su cuerpo semejaban los de una pequeña embarcación
+en un mar muy agitado. Muy a menudo andaba Sor Marcela por allí, pues
+tenía la llave de la leñera y carbonera, la del calabozo y la de otra
+pieza en que se guardaban trastos de la casa y de la iglesia.
+
+Ya cerca de la noche, como he dicho, Mauricia no se quitaba de la reja
+para hablar a la monja cuando pasaba. Su acento había perdido la
+aspereza iracunda de por la mañana, aunque estaba más ronca y tenía
+tonos de dolor y de miseria, implorando caridad. La fiera estaba domada.
+Fuertemente asida con ambas manos a los hierros, la cara pegada a estos,
+alargando la boca para ser mejor oída, decía con voz plañidera:
+
+«Cojita mía... cañamoncito de mi alma, ¡cuánto te quiero!... Allá va el
+patito con sus meneos; una, dos, tres... Lucero del convento, ven y
+escucha, que te quiero decir una cosita».
+
+A estas expresiones de ternura, mezcladas de burla cariñosa, la monja no
+contestaba ni siquiera con una mirada. Y la otra seguía:
+
+«¡Ay, mi galapaguito de mi alma, qué enfadadito está conmigo, que le
+quiero tanto!... Sor Marcela, una palabrita, nada más que una palabrita.
+Yo no quiero que me saques de aquí, porque me merezco la encerrona. Pero
+¡ay niñita mía, si vieras qué mala me he puesto! _Paice_ que me están
+arrancando el estómago con unas tenazas de fuego... Es de la tremolina
+de esta mañana. Me dan tentaciones de ahorcarme colgándome de esta reja
+con un cordón hecho de tiras del refajo. Y lo voy a hacer, sí, lo hago y
+me cuelgo si no me miras y me dices algo... Cojita graciosa, enanita
+remonona, mira, oye: si quieres que te quiera más que a mi vida y te
+obedezca como un perro, hazme un favor que voy a pedirte; tráeme nada
+más que una lagrimita de aquella gloria divina que tú tienes, de aquello
+que te recetó el médico para tu mal de barriga... Anda, ángel, mira que
+te lo pido con toda mi alma, porque esta penita que tengo aquí no se me
+quiere quitar, y parece que me voy a morir. Anda, rica, cañamón de los
+ángeles; tráeme lo que te pido, así Dios te dé la vida celestial que te
+tienes ganada, y tres más, y así te coronen los serafines cuando entres
+en el Cielo con tu patita coja...».
+
+La monja pasaba... trun, trun... hiriendo los guijarros con aquel pie
+duro que debía ser como la pata de una silla; y no concedía a la
+prisionera ni respuesta ni mirada. Al anochecer, bajó con la cena para
+la presa, y abriendo la puerta penetró en el lóbrego aposento. Por el
+pronto no vio a Mauricia, que estaba acurrucada sobre unas tablas, las
+rodillas junto al pecho, las manos cruzadas sobre las rodillas, y en las
+manos apoyada la barba.
+
+«No veo. ¿Dónde estás?» murmuró la coja sentándose sobre otro rimero de
+tablas.
+
+Contestó Mauricia con un gruñido, como el de un mastín a quien dan con
+el pie para que se despierte. Sor Marcela puso junto a sí un plato de
+menestra y un pan. «La Superiora--dijo--, no quería que te trajera más
+que pan y agua; pero intercedí por ti... No te lo mereces. Aunque me
+proponga no tener entrañas, no lo puedo conseguir. A ti te manejo yo a
+mi modo y sé que mientras peor se te trate, más rabiosa te pones... Y
+para que veas, hija, hasta dónde llevo mi condescendencia...» añadió
+sacando de debajo del manto un objeto...
+
+Creyérase que Mauricia lo había olido, porque de improviso alzó la
+cabeza, adquiriendo tal animación y vida su cara que parecía
+_mismamente_ la del otro cuando, señalando las pirámides, dijo lo de los
+_cuarenta siglos_. La mazmorra estaba oscura, mas por la puerta entraba
+la última claridad del día, y las dos mujeres allí encerradas se podían
+ver y se veían, aunque más bien como bultos que como personas. Mauricia
+alargó las manos con ansia hasta tocar la botella, pronunciando palabras
+truncadas y balbucientes para expresar su gratitud; pero la monja
+apartaba el codiciado objeto.
+
+«¡Eh!... las manos quietas. Si no tenemos formalidad, me voy. Ya ves que
+no soy tirana, que llevo la caridad hasta un límite que quizás sea
+imprudente. Pero yo digo: 'Dándole un poquito, nada más que una miajita,
+la consuelo, y aquí no puede haber vicio'. Porque yo sé lo que es la
+debilidad de estómago y cuánto hace sufrir. Negar y negar siempre al
+preso pecador todo lo que pide, no es bueno. El Señor no puede negar
+esto. Tengamos misericordia y consolemos al triste».
+
+Diciendo esto sacó un cortadillo y se preparó a escanciar corta porción
+del precioso licor, el cual era un coñac muy bueno que solía usar para
+combatir sus rebeldes dispepsias. Luego cayó en la cuenta de que antes
+debía comerse Mauricia el plato de menestra. La presa lo comprendió así,
+apresurándose a devorar la cena para abreviar.
+
+«Esto que te doy--añadió la monja--, es una reparación de los nervios y
+un puntal del ánimo desmayado. No creas que lo hago a escondidas de la
+Superiora, pues acaba de autorizarme para darte esta golosina, siempre
+que sea en la medida que separa la necesidad del apetito y el remedio
+del deleite. Yo sé que esto te entona y te da la alegría necesaria para
+cumplir bien con los deberes. Mira tú por dónde lo que algunos podrían
+tener por malo, es bueno en medida razonable».
+
+Mauricia estaba tan agradecida, que no acertaba a expresar su gratitud.
+La cojita echó en el cortadillo una cantidad, así como un dedo,
+inclinando la botella con extraordinario pulso para que no saliera más
+de lo conveniente; y al dárselo a la presa, le repitió el sermón. ¡Y
+cómo se relamía la otra después de beber, y qué bien le supo! Conocía
+muy bien al galapaguito para atreverse a pedir más. Sabía, por
+experiencia de casos análogos, que no traspasaba jamás el límite que su
+bondad y su caridad le imponían. Era buena como un ángel para conceder,
+y firme como una roca para detenerse en el punto que debía.
+
+«Ya sé--dijo tapando cuidadosamente la botella--, que con este consuelo
+de tus nervios desmayados estarás más dispuesta, y la reparación del
+cuerpo ayuda la del alma».
+
+En efecto, Mauricia empezó a sentirse alegre, y con la alegría vínole
+una viva disposición del ánimo para la obediencia y el trabajo, y tantas
+ganas le entraron de todo lo bueno, que hasta tuvo deseos de rezar, de
+confesarse y de hacer devociones exageradas como las que hacía Sor
+Marcela, que, al decir de las recogidas, llevaba cilicio.
+
+«Dígale por Dios a la Superiora que estoy arrepentida y que me
+perdone... que yo cuando me da el toque y me pongo a despotricar soy un
+papagayo, y la lengua se lo dice sola. Sáqueme pronto de aquí, y
+trabajaré como nunca, y si me mandan fregar toda la casa de arriba a
+abajo, la fregaré. Échenme penitencias gordas y las cumpliré en un decir
+luz».
+
+--Me gusta verte tan entrada en razón--le dijo la madre, recogiendo el
+plato--; pero por esta noche no saldrás de aquí. Medita, medita en tus
+pecados, reza mucho y pídele al Señor y a la Santísima Virgen que te
+iluminen.
+
+Mauricia creía que estaba ya bastante iluminada, porque la excitación
+encendía sus ideas dándole un cierto entusiasmo; y después de hacer un
+poco de ejercicio corporal colgándose de la reja, porque sus miembros
+apetecían estirarse, se puso a rezar con toda la devoción de que era
+capaz, luchando con las varias distracciones que llevaban su mente de un
+lado para otro, y por fin se quedó dormida sobre el duro lecho de
+tablas. Sacáronla del encierro al día siguiente temprano, y al punto se
+puso a trabajar en la cocina, sumisa, callada y desplegando maravillosas
+actividades. Después de cumplir una condena, lo que ocurría
+infaliblemente una vez cada treinta o cuarenta días, la mujer
+napoleónica estaba cohibida y como avergonzada entre sus compañeras,
+poniendo toda su atención en las obligaciones, demostrando un celo y
+obediencia que encantaban a las madres. Durante cuatro o cinco días
+desempeñaba sin embarazo ni fatiga la tarea de tres mujeres. Pasadas dos
+semanas, advertían que se iba cansando; ya no había en su trabajo
+aquella corrección y diligencia admirables; empezaban las omisiones, los
+olvidos, los descuidillos, y todo esto iba en aumento hasta que la
+repetición de las faltas anunciaba la proximidad de otro estallido. Con
+Fortunata volvió a intimar después de la escena violenta que he
+descrito, y juntas echaron largos párrafos en la cocina, mientras
+pelaban patatas o fregaban los peroles y cazuelas. Allí gozaban de
+cierta libertad, y estaban sin tocas y en traje de _mecánica_ como las
+criadas de cualquier casa.
+
+«Yo tengo una niña--dijo Mauricia en una de sus confidencias--. La puse
+por nombre Adoración. ¡Es más mona...! Está con mi hermana Severiana,
+porque yo, como gasto este geniazo, le doy malos ejemplos sin querer,
+¿tú sabes?, y mejor vive el angelito con Severiana que conmigo. Esa doña
+Jacinta, esposa de tu señor, quiere mucho a mi niña, y le compra ropa y
+le da el toque por llevársela consigo; como que está rabiando por tener
+chiquillos y el Señor no se los quiere dar. Mal hecho, ¿verdad? Pues los
+hijos deben ser para los ricos y no para los pobres, que no los pueden
+mantener».
+
+Fortunata se manifestó conforme con estas ideas. Algo había oído ella
+contar del desmedido afán de aquella señora por tener hijos; pero
+Mauricia le dijo algo más, contándole también el caso del _Pituso_, a
+quien Jacinta quiso recoger creyéndolo hijo de su marido y de la propia
+Fortunata. Tal efecto hizo en esta la historia de aquel increíble caso
+de delirio maternal y de pasión no satisfecha, que estuvo tres días sin
+poder apartarlo del pensamiento.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Desde el corredor alto se veía parte del Campo de Guardias, el Depósito
+de aguas del Lozoya, el cementerio de San Martín y el caserío de Cuatro
+Caminos, y detrás de esto los tonos severos del paisaje de la Moncloa y
+el admirable horizonte que parece el mar, líneas ligeramente onduladas,
+en cuya aparente inquietud parece balancearse, como la vela de un barco,
+la torre de Aravaca o de Húmera. Al ponerse el sol, aquel magnífico
+cielo de Occidente se encendía en espléndidas llamas, y después de
+puesto, apagábase con gracia infinita, fundiéndose en las palideces del
+ópalo. Las recortadas nubes oscuras hacían figuras extrañas,
+acomodándose al pensamiento o a la melancolía de los que las miraban, y
+cuando en las calles y en las casas era ya de noche, permanecía en
+aquella parte del cielo la claridad blanda, cola del día fugitivo, la
+cual lentamente también se iba.
+
+Estas hermosuras se ocultarían completamente a la vista de _Filomenas_ y
+_Josefinas_ cuando estuviera concluida la iglesia en que se trabajaba
+constantemente. Cada día, la creciente masa de ladrillos tapaba una
+línea de paisaje.
+
+Parecía que los albañiles, al poner cada hilada, no construían, sino que
+borraban. De abajo arriba, el panorama iba desapareciendo como un mundo
+que se anega. Hundiéronse las casas del paseo de Santa Engracia, el
+Depósito de aguas, después el cementerio. Cuando los ladrillos rozaban
+ya la bellísima línea del horizonte, aún sobresalían las lejanas torres
+de Húmera y las puntas de los cipreses del Campo Santo. Llegó un día en
+que las recogidas se alzaban sobre las puntas de los pies o daban saltos
+para ver algo más y despedirse de aquellos amigos que se iban para
+siempre. Por fin la techumbre de la iglesia se lo tragó todo, y sólo se
+pudo ver la claridad del crepúsculo, la cola del día arrastrada por el
+cielo.
+
+Pero si ya no se veía nada, se oía, pues el tiqui tiqui del taller de
+canteros parecía formar parte de la atmósfera que rodeaba el convento.
+Era ya un fenómeno familiar, y los domingos, cuando cesaba, la falta de
+aquella música era para todas las habitantes de la casa la mejor
+apreciación de día de fiesta. Los domingos, empezaba a oírse desde las
+dos el tambor que ameniza el Tío Vivo y balancines que están junto al
+Depósito de aguas. Este bullicio y el de la muchedumbre que concurre a
+los merenderos de los Cuatro Caminos y de Tetuán, duraba hasta muy
+entrada la noche. Mucho molestó en los primeros tiempos a algunas
+monjas el tal tamboril, no sólo por la pesadez de su toque, sino por la
+idea de lo mucho que se peca al son de aquel mundano instrumento. Pero
+se fueron acostumbrando, y por fin lo mismo oían el rumor del Tío Vivo
+los domingos, que el de los picapedreros los días de labor. Algunas
+tardes de día de fiesta, cuando las recogidas se paseaban por la huerta
+o el patio, la tolerancia de las madres llegaba hasta el extremo de
+permitirles bailar una chispita, con decencia se entiende, al son de
+aquellas músicas populares. ¡Cuántas memorias evocadas, cuántas
+sensaciones reverdecidas en aquellos poquitos compases y vueltas de las
+pobres reclusas! ¡Qué recuerdo tan vivo de las polkas bailadas con
+horteras en el salón de la Alhambra, de tarde, levantando mucho polvo
+del piso, las manos muy sudadas y chupando caramelos revenidos! Y lo
+peor de todo y lo que en definitiva las había perdido era que aquellos
+benditos horteras iban todos con buen fin. El buen fin precisamente,
+disculpando los malos medios, era la más negra. Porque después, ni fin
+ni principio ni nada más que vergüenza y miseria.
+
+La monja que más empeñadamente abogaba porque se las dejase zarandearse
+un ratito era Sor Marcela, que por su cojera y su facha parecía incapaz
+de apreciar el sentimiento estético de la danza. Pero la mujer aquella
+con su aplastada cara japonesa, sabía mucho del mundo y de las pasiones
+humanas, tenía el corazón rebosando tolerancia y caridad, y sostenía
+esta tesis: que la privación absoluta de los apetitos alimentados por la
+costumbre más o menos viciosa, es el peor de los remedios, por engendrar
+la desesperación, y que para curar añejos defectos es conveniente
+permitirlos de vez en cuando con mucha medida.
+
+Un día sorprendió a Mauricia en la carbonera fumándose un cigarrillo,
+cosa ciertamente fea e impropia de una mujer. La coja no se apresuró a
+quitarle el cigarro de la boca, como parecía natural. Sólo le dijo:
+«¡Qué cochina eres! No sé cómo te puede gustar eso. ¿No te mareas?».
+Mauricia se reía; y cerrando fuertemente un ojo porque el humo se le
+había metido en él, miró a la monja con el otro, y alargándole el
+cigarro, le dijo: «Pruebe, señora». ¡Cosa inaudita! Sor Marcela dio una
+chupada y después arrojó el cigarro, haciendo ascos, escupiendo mucho y
+poniendo una cara tan fea como la de esos fetiches monstruosos de las
+idolatrías malayas. Mauricia lo recogió y siguió chupando, alternando un
+ojo con otro en el cerrarse y en el mirar. Después hablaron de la
+procedencia del pitillo. La otra no quería confesarlo; pero la
+madrecita, que sabía tanto, le dijo: «Los albañiles te lo han tirado
+desde la obra. No lo niegues. Ya te vi haciéndoles garatusas. Si la
+Superiora sabe que andas en telégrafos con los albañiles, buena te la
+arma... y con razón. Tira ya el tabacazo, indecente... ¡Ay, qué asco! Me
+ha dejado la boca perdida. No comprendo cómo os puede gustar ese ardor,
+ese picor de mil demonios. Los hombres, como si no tuvieran bastantes
+vicios, los inventan cada día...». Mauricia tiró el cigarro y apagolo
+con el pie.
+
+Fortunata, al mes de estar allí, tuvo otra amiga con quien intimó
+bastante. Doña Manolita era _señora_ en regla, puesto que era casada,
+ayudaba a las monjas en las clases de lectura y escritura, y ponía un
+empeño particular en enseñar a Fortunata, de lo que principalmente vino
+su amistad. Permitían las madres a aquella recogida cierta latitud en la
+observancia de las reglas; se la dejaba sola con una o dos _filomenas_
+durante largo rato, bien en la sala de estudio, bien en la huerta; se le
+permitía ir al departamento de _Josefinas_, y como tenía habitación
+aparte y pagaba buena pensión, gozaba de más comodidad que sus
+compañeras de encierro.
+
+Fortunata y ella, una vez que se conocieron, no tardaron en referirse
+sus respectivas historias. La que ya conocemos salió descarnada; pero
+Manolita adornó la suya tanto y de tal modo la quiso hacer patética, que
+no la conocería nadie. Según su relato, no había pecado, todo había sido
+pura equivocación; pero su marido, que era muy bruto y tenía la culpa,
+sí, él tenía la culpa, de las equivocaciones, o si se quiere, malas
+tentaciones de ella, la había metido allí sin andarse con rodeos. Como
+aquella señora había ocupado una regular posición, contaba con embeleso
+cosas del mundo y sus pompas, de los saraos a que asistía, de los muchos
+y buenos vestidos que usaba. Porque su marido era comerciante de
+novedades, hombre inferior a ella por el nacimiento; como que su papá
+era oficial primero de la Dirección de la Deuda. Oyendo estas
+ponderaciones orgullosas, Fortunata se echaba a pensar qué cosa tan
+empingorotada sería aquel destino del papá de su amiga.
+
+Pero lo mejor fue que en la conversación salió de repente una cosa
+interesantísima. Manolita conocía a los de Santa Cruz. ¡Vaya!, si su
+marido, Pepe Reoyos, era íntimo, pero íntimo, de D. Baldomero. Y ella,
+la propia Manolita, visitaba mucho a doña Bárbara. De aquí saltó la
+conversación a hablar de Jacinta. ¡Ah! Jacinta era una mujer muy mona:
+lo tenía todo, bondad, belleza, talento y virtud. El danzante de Juan no
+merecía tal joya, por ser muy dado a picos pardos. Pero fuera de esto,
+era un excelente chico, y muy simpático, pero mucho.
+
+«Ya sabrá usted--dijo luego--, que cayó malo con pulmonía en Febrero de
+este año. Por poco se muere. En esta casa, que debe mucha protección a
+los señores de Santa Cruz, pusieron al Señor de Manifiesto, y cuando
+estuvo fuera de peligro, Jacinta costeó unas funciones solemnes. Como
+que vino el obispo auxiliar a decirnos la misa...».
+
+--¿De veras?... _tie_ gracia.
+
+--Como usted lo oye. ¡Lo que usted se perdió! Jacinta es una de las
+señoras que más han ayudado a sostener esta casa. Ya se ve, como no
+tiene hijos... no sabe en qué gastar el dinero. ¿Se ha fijado usted en
+aquellos grandes ramos, monísimos, con flores de tisú de oro y hojas de
+plata?
+
+--Sí--replicó Fortunata que atendía con toda su alma--. ¡Los que se
+pusieron en el altar el día de Pentecostés!
+
+--Los mismos. Pues los regaló Jacinta. Y el manto de la Virgen, el manto
+de brocado con ramos... ¡qué mono!, también es donativo suyo, en acción
+de gracias por haberse puesto bueno su marido.
+
+Fortunata lanzó una exclamación de pasmo y maravilla. ¡Cosa más rara! ¡Y
+ella había tenido en su mano, días antes, para limpiarle unas gotas de
+cera, aquel mismo manto que había servido para pagar, digámoslo así, la
+salvación del chico de Santa Cruz! Y no obstante, todo era muy natural,
+sólo que a ella se le revolvían los pensamientos y le daba qué pensar,
+no el hecho en sí, sino la casualidad, eso es, la casualidad, el haber
+tenido en su mano objetos relacionados, por medio de una curva social,
+con ella misma, sin que ella misma lo sospechara.
+
+--Pues no sabe usted lo mejor--añadió Manolita, gozándose en el asombro
+de la otra, el cual más bien parecía espanto--. La custodia, sabe usted,
+la custodia en que se pone al propio Dios, también vino de allá. Fue
+regalo de Barbarita, que hizo promesa de ofrecerla a estas monjas si su
+hijo se ponía bueno. No vaya usted a creer que es de oro; es de plata
+sobredorada; pero muy _mona_, ¿verdad?
+
+Fortunata tenía sus pensamientos tan en lo hondo, que no paró mientes en
+la increíble tontería de llamar mona a una custodia.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Y no pudo en muchos días apartar de su pensamiento las cosas que le
+refirió doña Manolita que, entre paréntesis, no acababa de serle
+simpática, y lo que más metida en reflexiones la traía no era
+precisamente que aquellos hechos de regalar la custodia y el manto se
+hubieran verificado, sino la casualidad... «_Tie_ gracia». Si hubiera
+ella ido al convento algunos días antes, habría asistido a la solemne
+misa, con obispo y todo, que se dijo en acción de gracias por haberse
+puesto bueno el tal... Esto tenía más gracia. Y por su parte Fortunata,
+que sabía perdonar las ofensas, no habría tenido inconveniente en unir
+sus votos a los de todo el personal de la casa... Esto tenía más gracia
+todavía.
+
+Pero lo que produjo en su alma inmenso trastorno fue el ver a la propia
+Jacinta, viva, de carne y hueso. Ni la conocía ni vio nunca su retrato;
+pero de tanto pensar en ella había llegado a formarse una imagen que,
+ante la realidad, resultó completamente mentirosa. Las señoras que
+protegían la casa sosteniéndola con cuotas en metálico o donativos, eran
+admitidas a visitar el interior del convento cuando quisieren; y en
+ciertos días solemnes se hacía limpieza general y se ponía toda la casa
+como una plata, sin desfigurarla ni ocultar las necesidades de ella,
+para que las protectoras vieran bien a qué orden de cosas debían aplicar
+su generosidad. El día de Corpus, después de misa mayor, empezaron las
+visitas que duraron casi toda la tarde. Marquesas y duquesas, que habían
+venido en coches blasonados, y otras que no tenían título pero sí mucho
+dinero, desfilaron por aquellas salas y pasillos, en los cuales la
+dirección fanática de Sor Natividad y las manos rudas de las recogidas
+habían hecho tales prodigios de limpieza que, según frase vulgar, se
+podía comer en el suelo sin necesidad de manteles. Las labores de
+bordado de las _Filomenas_, las planas de las _Josefinas_ y otros
+primores de ambas estaban expuestos en una sala, y todo era plácemes y
+felicitaciones. Las señoras entraban y salían, dejando en el ambiente de
+la casa un perfume mundano que algunas narices de reclusas aspiraban con
+avidez. Despertaban curiosidad en los grupos de muchachas los vestidos y
+sombreros de toda aquella muchedumbre elegante, libre, en la cual había
+algunas, justo es decirlo, que habían pecado mucho más, pero muchísimo
+más que la peor de las que allí estaban encerradas. Manolita no dejó de
+hacer al oído de su amiga esta observación picante. En medio de aquel
+desfile vio Fortunata a Jacinta, y Manolita (marcando esta sola
+excepción en su crítica social), cuidó de hacerle notar la gracia de la
+señora de Santa Cruz, la elegancia y sencillez de su traje, y aquel aire
+de modestia que se ganaba todos los corazones. Desde que Jacinta
+apareció al extremo del corredor, Fortunata no quitó de ella sus ojos,
+examinándole con atención ansiosa el rostro y el andar, los modales y el
+vestido. Confundida con otras compañeras en un grupo que estaba a la
+puerta del comedor, la siguió con sus miradas, y se puso en acecho junto
+a la escalera para verla de cerca cuando bajase, y se le quedó, por fin,
+aquella simpática imagen vivamente estampada en la memoria.
+
+La impresión moral que recibió la samaritana era tan compleja, que ella
+misma no se daba cuenta de lo que sentía. Indudablemente su natural
+rudo y apasionado la llevó en el primer momento a la envidia. Aquella
+mujer le había quitado lo suyo, lo que, a su parecer, le pertenecía de
+derecho. Pero a este sentimiento mezclábase con extraña amalgama otro
+muy distinto y más acentuado. Era un deseo ardentísimo de parecerse a
+Jacinta, de ser como ella, de tener su aire, su _aquel_ de dulzura y
+señorío. Porque de cuantas damas vio aquel día, ninguna le pareció a
+Fortunata tan señora como la de Santa Cruz, ninguna tenía tan impresa en
+el rostro y en los ademanes la decencia. De modo que si le propusieran a
+la prójima, en aquel momento, transmigrar al cuerpo de otra persona, sin
+vacilar y a ojos cerrados habría dicho que quería ser Jacinta.
+
+Aquel resentimiento que se inició en su alma iba trocándose poco a poco
+en lástima, porque Manolita le repitió hasta la saciedad que Jacinta
+sufría desdenes y horribles desaires de su marido. Llegó a sentar como
+principio general que todos los maridos quieren más a sus mujeres
+eventuales que a las fijas, aunque hay excepciones. De modo que Jacinta,
+al fin y al cabo y a pesar del Sacramento, era tan víctima como
+Fortunata. Cuando esta idea se cruzó entre una y otra, el rencor de la
+pecadora fue más débil y su deseo de parecerse a aquella otra víctima
+más intenso.
+
+En los días sucesivos figurábase que seguía viéndola o que se iba a
+aparecer por cualquier puerta cuando menos lo esperase... El mucho
+pensar en ella la llevó, al amparo de la soledad del convento, a tener
+por las noches ensueños en que la señora de Santa Cruz aparecía en su
+cerebro con el relieve de las cosas reales. Ya soñaba que Jacinta se le
+presentaba a llorarle sus cuitas y a contarle las perradas de su marido,
+ya que las dos cuestionaban sobre cuál era más víctima; ya, en fin, que
+transmigraban recíprocamente, tomando Jacinta el exterior de Fortunata y
+Fortunata el exterior de Jacinta. Estos disparates recalentaban de tal
+modo el cerebro de la reclusa, que despierta seguía imaginando desvaríos
+del mismo si no de mayor calibre.
+
+Cortaban estas cavilaciones las visitas de Maximiliano todos los jueves
+y domingos, entre las cuatro y seis de la tarde. Veía la joven con gusto
+llegar la ocasión de aquellas visitas, las deseaba y las esperaba,
+porque Maximiliano era el único lazo efectivo que con el mundo tenía, y
+aunque el sentimiento religioso conquistara algo en ella, no la había
+desligado de los intereses y afectos mundanos. Por esta parte bien podía
+estar tranquilo el bueno de Rubín, porque ni una sola vez, en los
+momentos de mayor fervor piadoso, le pasó a la pecadora por el magín la
+idea de volverse santa a machamartillo.
+
+Veía, pues, a Maximiliano con gusto, y aun se le hacían cortas las horas
+que en su compañía pasaba hablando de doña Lupe y de Papitos, o haciendo
+cálculos honestos sobre sucesos que habían de venir. Cierto que
+físicamente el apreciable chico le desagradaba; pero también es verdad
+que se iba acostumbrando a él, que sus defectos no le parecían ya tan
+grandes y que la gratitud iba ahondando mucho en su alma. Si hacía
+examen de corazón, encontraba que en cuestión de amor a su redentor
+había ganado muy poco; pero el aprecio y estimación eran seguramente
+mayores, y sobre todo, lo que había crecido y fortalecídose en su
+pensamiento era la conveniencia de casarse para ocupar un lugar honroso
+en el mundo. A ratos se preguntaba con sinceridad de dónde y cómo le
+había venido el fortalecimiento de aquella idea; mas no acertaba a darse
+respuesta. ¿Era quizás que el silencio y la paz de aquella vida hacían
+nacer y desarrollarse en ella la facultad del sentido común? Si era así,
+no se daba cuenta de semejante fenómeno, y lo único que su rudeza sabía
+formular era esto: «Es que de tanto pensar me ha entrado talento, como a
+Maximiliano le entró de tanto quererme, y este talento es el que me dice
+que me debo casar, que seré tonta de remate si no me caso».
+
+Feliz entre todos los mortales se creía el buen estudiante de Farmacia,
+viendo que su querida no rechazaba la idea de dar por concluida la
+cuarentena y apresurar el casamiento. Sin duda estaba ya su alma más
+limpia que una patena. Lo malo era que el tontaina de Nicolás, a los
+cinco meses de estar la pobre chica en el convento, decía que no era
+bastante y que por lo menos debían esperar al año. Maximiliano se ponía
+furioso, y doña Lupe, consultada sobre el particular, dio su dictamen
+favorable a la salida. Aunque dos o tres veces, llevada por su sobrino
+había visitado al _basilisco_, no había podido averiguar si estaba ya
+bien despercudida de las máculas de marras, pero ella quería ejercitar,
+como he dicho antes, su facultad educatriz, y todo lo que se tardase en
+tener a Fortunata bajo su jurisdicción, se detenía el gran experimento.
+Desconfiaba algo la buena señora de la eficacia de los institutos
+religiosos para enderezar a la gente torcida. Lo que allí aprendían,
+decía, era el arte de disimular sus resabios con formas hipócritas. En
+el mundo, en el mundo, en medio de las circunstancias es donde se
+corrigen los defectos, bajo una dirección sabia. Muy santo y muy bueno
+que al raquitismo se apliquen los reconstituyentes; pero doña Lupe
+opinaba que de nada valen estos si no van acompañados del ejercicio al
+aire libre y de la gimnasia, y esto era lo que ella quería aplicar, el
+mundo, la vida y al mismo tiempo principios.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Con las _Josefinas_ no tenía Fortunata relación alguna. Eran todas niñas
+de cinco a diez o doce años, que vivían aparte ocupando las habitaciones
+de la fachada. Comían antes que las otras en el mismo comedor, y bajaban
+a la huerta a hora distinta que las _Filomenas_. Toda la mañana estaban
+las niñas diciendo a coro sus lecciones, con un chillar cadencioso y
+plañidero que se oía en toda la casa. Por la tarde cantaban también la
+doctrina. Para ir a la iglesia, salían de su departamento
+procesionalmente, de dos en dos, con su pañuelo negro a la cabeza, y se
+ponían a los lados del presbiterio capitaneadas por las dos monjas
+maestras.
+
+Como Fortunata hacía cada día nuevas relaciones de amistad entre las
+_Filomenas_, debo mencionar aquí a dos de estas, quizás las más jóvenes,
+que se distinguían por la exageración de sus manifestaciones religiosas.
+Una de ellas era casi una niña, de tipo finísimo, rubia, y tenía muy
+bonita voz. Cantaba en el coro los estribillos de muy dudoso gusto con
+que se celebraba la presencia del Dios Sacramentado. Llamábase Belén, y
+en el tiempo que allí había pasado dio pruebas inequívocas de su deseo
+de enmienda. Sus pecados no debían de ser muchos, pues era muy joven;
+pero fueran como se quiera, la chica parecía dispuesta a no dejar en su
+alma ni rastro de ellos, según la vida de perros que llevaba, las
+atroces penitencias que hacía y el frenesí con que se consagraba a las
+tareas de piedad. Decíase que había sido corista de zarzuela, pasando de
+allí a peor vida, hasta que una mano caritativa la sacó del cieno para
+ponerla en aquel seguro lugar. Inseparable de esta era Felisa, de alguna
+más edad, también de tipo fino y como de señorita, sin serlo. Ambas se
+juntaban siempre que podían, trabajaban en el mismo bastidor y comían en
+el propio plato, formando pareja indisoluble en las horas de recreo. La
+procedencia de Felisa era muy distinta de la de su amiguita. No había
+pertenecido al teatro más que de una manera indirecta, por ser doncella
+de una actriz famosa, y en el teatro tuvo también su perdición. Llevola
+a las Micaelas doña Guillermina Pacheco, que la cazó, puede decirse, en
+las calles de Madrid, echándole una pareja de Orden Público, y sin más
+razón que su voluntad, se apoderó de ella. Guillermina las gastaba así,
+y lo que hizo con Felisa habíalo hecho con otras muchas, sin dar
+explicaciones a nadie de aquel atentado contra los derechos
+individuales.
+
+Si querían ver incomodadas a Felisa y Belén, no había más que hablarles
+de volver al mundo. ¡De buena se habían librado! Allí estaban tan
+ricamente, y no se acordaban de lo que dejaron atrás más que para
+compadecer a las infelices que aún seguían entre las uñas del demonio.
+No había en toda la casa, salvo las monjas, otras más rezonas. Si las
+dejaran, no saldrían de la capilla en todo el día. Los largos ejercicios
+piadosos de las distintas épocas del año, como octava de Corpus,
+sermones de Cuaresma, flores de María, les sabían siempre a poco. Belén
+ponía con tanto calor sus facultades musicales al servicio de Dios, que
+cantaba coplitas hasta quedarse ronca, y cantaría hasta morir. Ambas
+confesaban a menudo y hacían preguntas al capellán sobre dudas muy
+sutiles de la conciencia, pareciéndose en esto a los estudiantes
+aplicaditos que acorralan al profesor a la salida de clase para que les
+aclare un punto difícil. Las monjas estaban contentas de ellas, y aunque
+les agradaba ver tanta piedad, como personas expertas que eran y
+conocedoras de la juventud, vigilaban mucho a la pareja, cuidando de que
+nunca estuviese sola. Felisa y Belén, juntas todo el día, se separaban
+por las noches, pues sus dormitorios eran distintos. Las madres
+desplegaban un celo escrupuloso en separar durante las horas de descanso
+a las que en las de trabajo propendían a juntarse, obedeciendo las
+naturales atracciones de la simpatía y de la congenialidad.
+
+Los lazos de afecto que unían a Fortunata con Mauricia eran muy
+extraños, porque a la primera le inspiraba terror su amiga cuando
+estaba en el _ataque_; enojábanla sus audacias, y sin embargo, algún
+poder diabólico debía de tener la Dura para conquistar corazones, pues
+la otra simpatizaba con ella más que con las demás y gustaba
+extraordinariamente de su conversación íntima. Cautivábale sin duda su
+franqueza y aquella prontitud de su entendimiento para encontrar razones
+que explicaran todas las cosas. La fisonomía de Mauricia, su expresión
+de tristeza y gravedad, aquella palidez hermosa, aquel mirar profundo y
+acechador la fascinaban, y de esto procedía que la tuviese por autoridad
+en cuestiones de amores y en la definición de la moral rarísima que
+ambas profesaban. Un día las pusieron a lavar en la huerta. Estaban en
+traje de _mecánica_, sin tocas, sintiendo con gusto el picor del sol y
+el fresco del aire sobre sus cuellos robustos. Fortunata hizo a su amiga
+algunas confidencias acerca de su próxima salida y de la persona con
+quien iba a casarse.
+
+«No me digas más, chica... te conviene, te conviene. ¡Peines y peinetas!
+A doña Lupe la conozco como si la hubiera parido. Cuando la veas,
+pregúntale por Mauricia la Dura, y verás cómo me pone en las nubes.
+¡Ah!, ¡cuánta guita le he llevado! A mí me llaman la _dura_; pero a ella
+debieran llamarla la _apretada_. Chica, es así... (diciendo esto
+mostraba a su amiga el puño fuertemente cerrado). Pero es mujer de
+mucho caletre y que se sabe timonear. ¿Qué te crees tú? Tiene millones
+escondidos en el Banco y en el Monte. ¡Digo! Si sabe más que Cánovas esa
+tía. Al sobrino le he visto algunas veces. Oí que es tonto y que no
+sirve para nada. Mejor para ti; ni de encargo, chica. No podías pedir a
+Dios que te cayera mejor breva. Tú bien puedes hacer caso de lo que yo
+te diga, pues tengo yo mucha linterna... _amos_, que veo mucho. Créelo
+porque yo te lo digo: si tu marido es un _alilao_, quiere decirse, si se
+deja gobernar por ti y te pones tú los pantalones, puedes cantar el
+aleluya, porque eso y estar en la gloria es lo mismo. Hasta para ser
+_mismamente_ honrada te conviene».
+
+En el vivo interés que este diálogo tenía para las dos mujeres, a veces
+los cuatro vigorosos brazos metidos en el agua se detenían, y las manos
+enrojecidas dejaban en paz por un momento el envoltorio de ropa anegada,
+que chillaba con los hervores del jabón. Puestas una frente a otra a los
+dos lados de la artesa, mirábanse cara a cara en aquellos cortos
+intervalos de descanso, y después volvían con furor al trabajo sin parar
+por eso la lengua.
+
+«Hasta para ser honrada--repitió Fortunata, echando todo el peso de su
+cuerpo sobre las manos, para estrujar el rollo de tela como si lo
+amasara--. De eso no se hable, porque hazte cuenta... yo, una vez que
+me case, honrada tengo que ser. No quiero más belenes».
+
+--Sí, es lo mejor para vivir una... tan ancha--dijo Mauricia--. Pero a
+saber cómo vienen las cosas... porque una dice: «esto deseo», y después
+se pone a hacerlo y ¡tras!, lo que una quería que saliera pez sale rana.
+Tú estás en grande, chica, y te ha venido Dios a ver. Puedes hacer
+rabiar al chico de Santa Cruz, porque en cuanto te vea hecha una persona
+decente se ha de ir a ti como el gato a la carne. Créetelo porque te lo
+digo yo.
+
+--Quita, quita; si él no se acuerda ya ni del santo de mi nombre.
+
+--_Paices_ boba, ¿qué apuestas a que en cuanto te echen el Sacramento,
+pierde pie...? No conoces tú el peine.
+
+--Verás cómo no pasa eso.
+
+--¿Qué apuestas? Sí, porque creerás que ahora mismo no te anda rondando.
+Como si lo viera. ¡Y me harás creer tú a mí que no piensas en él!...
+Cuando una está encerrada entre tanta cosa de religión, misa va y misa
+viene, sermón por arriba y sermón por abajo, mirando siempre a la
+custodia, respirando tufo de monjas, vengan luces y tira de incensario,
+_paice_ que le salen a una _de entre sí_ todas las cosas malas o buenas
+que ha pasado en el mundo, como las hormigas salen del agujero cuando se
+pone el Sol, y la religión lo que hace es refrescarle a una la
+entendedera y ponerle el corazón más tierno.
+
+Alentada por esta declaración arrancose Fortunata a revelar que, en
+efecto, pensaba algo, y que algunas noches tenía sueños extravagantes. A
+lo mejor soñaba que iba por los portales de la calle de la Fresa y
+¡plan!, se le encontraba de manos a boca. Otras veces le veía saliendo
+del Ministerio de Hacienda. Ninguno de estos sitios tenía significación
+en sus recuerdos. Después soñaba que era ella la esposa y Jacinta la
+querida del tal, unas veces abandonada, otras no. La manceba era la que
+deseaba los chiquillos y la esposa la que los tenía. «Hasta que un
+día... me daba tanta lástima que le dije, digo: 'Bueno, pues tome usted
+una criatura para que no llore más'».
+
+--¡Ay, qué salado!--exclamó Mauricia--. Es buen golpe. Lo que una sueña
+tiene su aquel.
+
+--¡Vaya unos disparates! Como te lo digo, me parecía que lo estaba
+viendo. Yo era la señora por delante de la Iglesia, ella por detrás, y
+lo más particular es que yo no le tenía tirria, sino lástima, porque yo
+paría un chiquillo todos los años, y ella... ni esto... A la noche
+siguiente volvía a soñar lo mismo, y por el día a pensarlo. ¡Vaya unas
+papas! ¿Qué me importa que _la_ Jacinta beba los vientos por tener un
+chiquillo sin poderlo conseguir, mientras que yo?...
+
+--Mientras que tú los tienes siempre y cuando te dé la gana. Dilo tonta,
+y no te acobardes.
+
+--Quiere decirse que ya lo he tenido y bien podría volverlo a tener.
+
+--¡Claro! Y que no rabiará poco la otra cuando vea que lo que ella no
+puede, para ti es coser y cantar... Chica, no seas tonta, no te rebajes,
+no le tengas lástima, que ella no la tuvo de ti cuando te birló lo que
+era tuyo y muy tuyo... Pero a la que nace pobre no se la respeta, y así
+anda este mundo pastelero. Siempre y cuando puedas darle un disgusto,
+dáselo, por vida del santísimo peine... Que no se rían de ti porque
+naciste pobre. Quítale lo que ella te ha quitado, y adivina quién te
+dio.
+
+Fortunata no contestó. Estas palabras y otras semejantes que Mauricia le
+solía decir, despertaban siempre en ella estímulos de amor o
+desconsuelos que dormitaban en lo más escondido de su alma. Al oírlas,
+un relámpago glacial le corría por todo el espinazo, y sentía que las
+insinuaciones de su compañera concordaban con sentimientos que ella
+tenía muy guardados, como se guardan las armas peligrosas.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Sorprendidas por una monja en esta sabrosa conversación que las hacía
+desmayar en el trabajo, tuvieron que callarse. Mauricia dio salida al
+agua sucia, y Fortunata abrió el grifo para que se llenara la artesa con
+el agua limpia del depósito de palastro. Creeríase que aquello
+simbolizaba la necesidad de llevar pensamientos claros al diálogo un
+tanto impuro de las dos amigas. La artesa tardaba mucho en llenarse,
+porque el depósito tenía poca agua. El gran disco que transmitía a la
+bomba la fuerza del viento, estaba aquel día muy perezoso, moviéndose
+tan sólo a ratos con indolente majestad; y el aparato, después de gemir
+un instante como si trabajara de mala gana, quedaba inactivo en medio
+del silencio del campo. Ganas tenían las dos recogidas de seguir
+charlando; pero la monja no las dejaba y quiso ver cómo aclaraban la
+ropa. Después las amigas tuvieron que separarse, porque era jueves y
+Fortunata había de vestirse para recibir la visita de los de Rubín.
+Mauricia se quedó sola tendiendo la ropa.
+
+Maximiliano dijo categóricamente aquella tarde que por acuerdo de la
+familia y con asentimiento de la Superiora, en el próximo mes de
+Setiembre se daría por concluida la reclusión de Fortunata, y esta
+saldría para casarse. Las madres no tenían queja de ella y alababan su
+humildad y obediencia. No se distinguía, como Belén y Felisa, por su
+ardiente celo religioso, lo que indicaba falta de vocación para la vida
+claustral; pero cumplía sus deberes puntualmente, y esto bastaba. Había
+adelantado mucho en la lectura y escritura, y se sabía de corrido la
+doctrina cristiana, con cuya luz las Micaelas reputaban a su discípula
+suficientemente alumbrada para guiarse en los senderos rectos o
+tortuosos del mundo; y tenían por cierto que la posesión de aquellos
+principios daba a sus alumnas increíble fuerza para hacer frente a todas
+las dudas. En esto hay que contar con la índole, con el esqueleto
+espiritual, con esa forma interna y perdurable de la persona, que suele
+sobreponerse a todas las transfiguraciones epidérmicas producidas por la
+enseñanza; pero con respecto a Fortunata, ninguna de las madres, ni aun
+las que más de cerca la habían tratado, tenían motivos para creer que
+fuera mala. Considerábanla de poco entendimiento, docilota y fácilmente
+gobernable. Verdad que en todo lo que corresponde al reino inmenso de
+las pasiones, las monjas apenas ejercitaban su facultad educatriz, bien
+porque no conocieran aquel reino, bien porque se asustaran de asomarse a
+sus fronteras.
+
+Debe decirse que aquella tarde, cuando Maximiliano habló a su futura de
+próxima salida, los sentimientos de ella experimentaron un retroceso.
+¡Salir, casarse!... En aquel instante parecíale su dichoso novio más
+antipático que nunca, y advirtió con miedo que aquellas regiones
+magníficas de la hermosura del alma no habían sido descubiertas por
+ella en la soledad y santidad de las Micaelas, como le anunciara Nicolás
+Rubín, a pesar de haber rezado tanto y de haber oído _tantismos_
+sermones. Porque lo que el capellán decía en el púlpito era que debemos
+hacer todo lo posible para salvarnos, que seamos buenos y que no
+pequemos; también decía que se debe amar a Dios sobre todas las cosas y
+que Dios es _hermosismo_ en sí y tal como el alma le ve; pero a ella se
+le figuraba que por bajo de esto quedaba libre el corazón para el amor
+mundano, que este entra por los ojos o por la simpatía, y no tiene nada
+que ver con que la persona querida se parezca o no se parezca a los
+santos. De este modo caía por tierra toda la doctrina del cura Rubín, el
+cual entendía tanto de amor como de herrar mosquitos.
+
+En resumen, que los sentimientos de la prójima hacia su marido futuro no
+habían cambiado en nada. No obstante, cuando Maximiliano le dijo que ya
+tenía elegida la casita que iba a alquilar y le consultó acerca de los
+muebles que compraría, aquella presunción o sentimiento de su hogar
+honrado despertó en el ánimo de Fortunata la dignidad de la nueva vida,
+se sintió impulsada hacia aquel hombre que la redimía y la regeneraba.
+De este modo vino a mostrarse complacidísima con la salida próxima, y
+dijo mil cosas oportunas acerca de los muebles, de la vajilla y hasta de
+la batería de cocina.
+
+Despidiéronse muy gozosos, y Fortunata se retiró con la mente hecha a
+aquel orden de ideas. ¡Un hogar honrado y tranquilo!... ¡Si era lo que
+ella había deseado toda su vida!... ¡Si jamás tuvo afición al lujo ni a
+la vida de aparato y perdición!... ¡Si su gusto fue siempre la oscuridad
+y la paz, y su maldito destino la llevaba a la publicidad y a la
+inquietud!... ¡Si ella había soñado siempre con verse rodeada de un
+corro chiquito de personas queridas, y vivir como Dios manda, queriendo
+bien a los suyos y bien querida de ellos, pasando la vida sin afanes!...
+¡Si fue lanzada a la vida mala por despecho y contra su voluntad, y no
+le gustaba, no señor, no le gustaba!... Después de pensar mucho en esto
+hizo examen de conciencia, y se preguntó qué había obtenido de la
+religión en aquella casa. Si en lo tocante a prendarse de las guapezas
+del alma había adelantado poco, en otro orden algo iba ganando. Gozaba
+de cierta paz espiritual, desconocida para ella en épocas anteriores,
+paz que sólo turbaba Mauricia arrojando en sus oídos una maligna frase.
+Y no fue esto la única conquista, pues también prendió en ella la idea
+de la resignación y el convencimiento de que debemos tomar las cosas de
+la vida como vienen, recibir con alegría lo que se nos da, y no aspirar
+a la realización cumplida y total de nuestros deseos. Esto se lo decía
+aquella misma claridad esencial, aquella _idea blanca_ que salía de la
+custodia. Lo malo era que en aquellas largas horas, a veces aburridas,
+que pasaba de rodillas ante el Sacramento, la faz envuelta en un gran
+velo al modo de mosquitero, la pecadora solía fijarse más en la
+custodia, marco y continente de la sagrada forma, que en la forma misma,
+por las asociaciones de ideas que aquella joya despertaba en su mente.
+
+Y llegaba a creerse la muy tonta que la forma, _la idea blanca_, le
+decía con familiar lenguaje semejante al suyo: «No mires tanto este
+cerco de oro y piedras que me rodea, y mírame a mí que soy la verdad. Yo
+te he dado el único bien que puedes esperar. Con ser poco, es más de lo
+que te mereces. Acéptalo y no me pidas imposibles. ¿Crees que estamos
+aquí para mandar, verbi gracia, que se altere la ley de la sociedad sólo
+porque a una marmotona como tú se le antoja? El hombre que me pides es
+un señor de muchas campanillas y tú una pobre muchacha. ¿Te parece fácil
+que Yo haga casar a los señoritos con las criadas o que a las muchachas
+del pueblo las convierta en señoras? ¡Qué cosas se os ocurren, hijas! Y
+además, tonta, ¿no ves que es casado, casado por mi religión y en mis
+altares?, ¡y con quién!, con uno de mis ángeles hembras. ¿Te parece que
+no hay más que enviudar a un hombre para satisfacer el antojito de una
+corrida como tú? Cierto que lo que a mí me conviene, como tú has dicho,
+es traerme acá a Jacinta. Pero eso no es cuenta tuya. Y supón que la
+traigo, supón que se queda viudo. ¡Bah! ¿Crees que se va a casar
+contigo? Sí, para ti estaba. ¡Pues no se casaría si te hubieras
+conservado honrada, _cuanti más_, sosona, habiéndote echado tan a
+perder! Si es lo que Yo digo: parece que estáis locas rematadas, y que
+el vicio os ha secado la mollera. Me pedís unos disparates que no sé
+cómo los oigo. Lo que importa es dirigirse a Mí con el corazón limpio y
+la intención recta, como os ha dicho ayer vuestro capellán, que no habrá
+inventado la pólvora; pero, en fin, es buen hombre y sabe su obligación.
+A ti, Fortunata, te miré con _indilugencia_ entre las descarriadas,
+porque volvías a Mí tus ojos alguna vez, y Yo vi en ti deseos de
+enmienda; pero ahora, hija, me sales con que sí, serás honrada, todo lo
+honrada que Yo quiera, siempre y cuando que te dé el hombre de tu
+gusto... ¡Vaya una gracia!... Pero en fin, no me quiero enfadar. Lo
+dicho, dicho: soy infinitamente misericordioso contigo, dándote un bien
+que no mereces, deparándote un marido honrado y que te adora, y todavía
+refunfuñas y pides más, más, más... Ved aquí por qué se cansa Uno de
+decir que sí a todo... No calculan, no se hacen cargo estas
+desgraciadas. Dispone Uno que a tal o cual hombre se le meta en la
+cabeza la idea de regenerarlas, y luego vienen ellas poniendo peros. Ya
+salen con que ha de ser bonito, ya con que ha de ser Fulano y si no,
+no. Hijas de mi alma, Yo no puedo alterar mis obras ni hacer mangas y
+capirotes de mis propias leyes. ¡Para hombres bonitos está el tiempo!
+Con que resignarse, hijas mías, que por ser cabras no ha de abandonaros
+vuestro pastor; tomad ejemplo de las ovejas con quien vivís; y tú,
+Fortunata, agradéceme sinceramente el bien inmenso que te doy y que no
+te mereces, y déjate de hacer melindres y de pedir gollerías, porque
+entonces no te doy nada y tirarás otra vez al monte. Con que,
+cuidadito...».
+
+Cuando las recogidas, al retirarse, se quitaban el velo, las más
+próximas a Fortunata notaron que esta se sonreía.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Es cosa muy cargante para el historiador verse obligado a hacer mención
+de muchos pormenores y circunstancias enteramente pueriles, y que más
+bien han de excitar el desdén que la curiosidad del que lee, pues aunque
+luego resulte que estas nimiedades tienen su engranaje efectivo en la
+máquina de los acontecimientos, no por esto parecen dignas de que se las
+traiga a cuento en una relación verídica y grave. Ved, pues, por qué
+pienso que se han de reír los que lean aquí ahora que Sor Marcela tenía
+miedo a los ratones; y no valdrá seguramente añadir que el miedo de la
+cojita era grande, espantoso, ocasionado a desagradables incidentes y
+aun a derivaciones trágicas. Como ella sintiera en la soledad de su
+celda el bulle bulle del maldecido animal, ya no pegaba los ojos en toda
+la noche. Le entraba tal rabia, que no podía ni siquiera rezar, y la
+rabia, más que contra el ratón, era contra Sor Natividad, que se había
+empeñado en que no hubiera gatos en el convento, porque el último que
+allí existió no participaba de sus ideas en punto al aseo de todos los
+rincones de la casa.
+
+En una de aquellas noches de Agosto le dio el diminuto roedor tanta
+guerra a la madrecita, que esta se levantó al amanecer con la firmísima
+resolución de cazarlo y hacer el más terrible de los escarmientos. Era
+tan insolente el tal, que después de ser día claro se paseaba por la
+celda muy tranquilo y miraba a Sor Marcela con sus ojuelos negros y
+pillines. «Verás, verás--dijo esta subiéndose con gran trabajo a la
+cama, porque la idea de que el ratón se acercase a uno de sus pies,
+aunque fuera el de palo, causábale terror--, lo que es hoy no te
+escapas... déjate estar, que ya te compondremos».
+
+Llamó a Fortunata y a Mauricia, y en breves palabras las puso al
+corriente de la situación. Ambas recogidas, particularmente la Dura, no
+querían otra cosa. O se apoderaban del enemigo, o no eran ellas quienes
+eran. Bajó Sor Marcela a la iglesia, y las dos mujeres emprendieron su
+campaña. No quedó trasto que no removieran, y para separar de su sitio
+la cómoda, que era pesadísima, estuvieron haciendo esfuerzos varoniles
+cosa de un cuarto de hora, no acabando antes porque la risa les cortaba
+las fuerzas. Por fin, tanto trabajaron que cuando Sor Marcela salió de
+la iglesia, una monja le dio la feliz noticia de que el ratón había sido
+cogido. Subió la enana a su celda, y la algazara de las recogidas le
+anunciaba por el camino las diabluras de Mauricia, que tenía el ratón
+vivo en la mano y asustaba con él a sus compañeras.
+
+Costó algún trabajo restablecer el orden y que Mauricia diese muerte a
+la víctima y la arrojase. Sor Marcela dispuso que le volviesen a poner
+los trastos de la celda lo mismo que estaban, y acabose el cuento del
+ratón.
+
+El día siguiente fue uno de los más calurosos de aquel verano. En las
+habitaciones que caían al Mediodía era imposible parar, porque faltaba
+el aire respirable. Donde quiera que daba el sol, el ambiente seco,
+quieto y abrasado tostaba. Ni aun las ramas más altas de los árboles de
+la huerta se movían, y el disco de Parson, inmóvil, miraba a la
+inmensidad como una pupila cuajada y moribunda. De doce a tres, se
+suspendía todo trabajo en la casa, porque no había cuerpo ni espíritu
+que lo resistiera.
+
+Algunas monjas se retiraban a su celda a dormir la siesta; otras se iban
+a la iglesia que era lo más fresco de la casa, y sentadas en las
+banquetas, apoyando en la pared su espalda, o rezaban con somnolencia, o
+descabezaban un sueñecillo.
+
+Las _Filomenas_ caían también rendidas de cansancio. Algunas se iban a
+sus dormitorios, y otras tendíanse en el suelo de la sala de labores o
+de la escuela. Las monjas que las vigilaban permitían aquella infracción
+a la regla, porque ellas tampoco podían resistir, y cerrando dulcemente
+sus ojos y arrullándose en un plácido arrobo, conservaban en las
+facciones, como una careta, el mohín de la maestra, cuya obligación es
+mantener la disciplina.
+
+En la sala de escuela había dos o tres grupos de mujeres sentadas en los
+bancos, con la cabeza y el busto descansando sobre las mesas. Algunas
+roncaban con estrépito. La monja se había dormido también con la cabeza
+echada hacia atrás y la boca abierta. En una de las carpetas de estudio,
+dos recogidas velaban: una era Belén, que leía en su libro de rezos, y
+la otra Mauricia la Dura, que tenía la cabeza inclinada sobre la
+carpeta, apoyando la frente en un puño cerrado. Al principio, su vecina
+Belén creyó que rezaba, porque oyó cierto murmullo y algún silabeo
+fugaz. Pero luego observó que lo que hacía Mauricia era llorar.
+
+«¿Qué tienes, mujer?» le dijo Belén, alzándole a viva fuerza la cabeza.
+
+La pecadora no contestó nada; mas la otra pudo observar que su rostro
+estaba tan bañado en lágrimas como si le hubiesen echado por la frente
+un cubo de agua, y sus ojos encendidos y aquella grandísima humedad
+igualaban el rostro de Mauricia al de la Magdalena; así al menos lo vio
+Belén. Tantas preguntas le hizo esta y tanto cariño le mostró, que al
+fin obtuvo respuesta de la pobre mujer desolada, que no parecía tener
+consuelo ni hartarse nunca de llorar.
+
+«¿Qué he de tener, desgraciada de mí?--exclamó al fin bebiéndose sus
+lágrimas--, sino que hoy, sin saber por qué ni por qué no, me veo tal y
+como soy; soy mala, mala, más que mala, y se me vienen al filo del
+pensamiento toditos los pecados que he cometido, desde el primero hasta
+el último...».
+
+--Pues, hija--arguyó Belén con aquel sonsonete que había aprendido y que
+tan bien se acomodaba a su figura angelical y a sus moditos
+insinuantes--, ten entendido que aunque tus crímenes fueran tantos como
+las arenas de la mar, Dios te los perdonará si te arrepientes de ellos.
+
+Oír esto Mauricia y dar un gran berrido y soltar otra catarata de
+lágrimas fue todo uno.
+
+«No, no, no--murmuró luego entre sollozos tales que parecía que se
+ahogaba--. A mí no me puede perdonar, a mí no, porque he sido muy
+arrastrada, pero mucho, y cuanto pecado hay, chica, lo he cometido yo...
+Y si no, di uno, nómbrame el que quieras, y de seguro que lo tengo
+metido aquí...».
+
+--Qué cosas tienes, mujer--observó Belén muy apurada, acordándose de
+cuando fue corista y representándose con terror el escenario de la
+Zarzuela--; otras han hecho también pecados feos, pero los han llorado
+como tú, y cátalas perdonadas.
+
+Mauricia tenía un pañuelo en la mano; pero con la humedad del lloro y
+del sudor era ya como una pelota. Amasábalo en la mano y se lo pasaba
+por la angustiada frente.
+
+«¿Pero cómo te ha dado así... tan de repente?--dijo la otra confusa.
+¡Ah!, es que Dios toca en el corazón cuando menos lo piensa una. Llora,
+hija, desahógate, y no te asustes... ¿Sabes lo que vas a hacer? Mañana
+te confiesas... Puede que se te haya quedado algo por decir y confesar,
+porque siempre se queda algo sin saber cómo, y esos pozos son lo que más
+atormenta... pues dilo todo, rebaña bien... Así lo hice yo, y hasta que
+lo hice no tuve tranquilidad. Luego el perro de Satanás me atormentaba
+por vengarse, y cuando empezaba la misa, a mí me parecía que alzaban el
+telón, y cuando yo rompía a cantar, se me venía a la boca aquello de _El
+_ _ Siglo_, que dice: _'Somos figurines vivos...'_. Y un día por poco
+no lo suelto... Pillinadas del diablo; pero no podía conmigo ni con mi
+fe, y tanto hice que lo metí en un puño, y ahora, que se atreva, ¿a que
+no se atreve?... Llora, hija, llora todo lo que quieras, que Dios te
+iluminará y te dará su gracia».
+
+Ni por esas. Mientras más consuelos le daba Belén, más inconsolable
+estaba la otra, y más caudaloso era el río de sus lágrimas. Sor Antonia,
+la madre que gobernaba allí, se despertó, y para disimular su descuido,
+dio una fuerte voz, sin incomodarse mucho con las durmientes y añadiendo
+que hacía un calor horrible. Un instante después, Belén y la monja
+cuchichearon, sin duda a propósito de Mauricia a quien miraban. Tenía
+Belén vara alta con las señoras, por su humildad y devoción y por la
+diligencia con que iba a contarles cuanto hacían y decían sus
+compañeras.
+
+Era domingo, y a las cuatro toda la comunidad entró en la iglesia donde
+había ejercicio y sermón. Las _Filomenas_ ocuparon su sitio detrás de
+las monjas, unas y otras con los velos por la cabeza. Las _Josefinas_
+permanecían en la habitación que hacía de coro. Belén y las damas
+cantoras entonaban inocentes romanzas, mientras duró el Manifiesto, en
+las cuales se decía que tenían el _pecho ardiendo en llamas de amor_ y
+otras candideces por el estilo. La que tocaba el _harmonium_ hacía en
+los descansos unos ritornellos muy cursis. Pero a pesar de estas
+profanaciones artísticas, la iglesita estaba muy mona, como diría
+Manolita, apacible, misteriosa y relativamente fresca, inundada de la
+fragancia de las flores naturales.
+
+A Fortunata le tocó al lado Mauricia. Cuenta la que después fue señora
+de Rubín que en una ocasión que miró a su compañera, hubo de observar al
+través del velo suyo y del de ella una expresión tan particular que se
+quedó atónita. Mauricia, al entrar, lloraba; pero al cabo de un rato más
+bien parecía reírse con contenida y satánica risa. Fortunata no pudo
+comprender el motivo de esto, y creyó que la oscuridad del velo le
+desfiguraba la realidad de la cara de su pareja. Volvió a mirar con
+disimulo, haciendo que se volvía para ahuyentar una mosca, y... ello
+podría ser ilusión, pero los ojos de Mauricia parecían dos ascuas. En
+fin, todo sería aprensión.
+
+Subió D. León Pintado al púlpito y echó un sermonazo lleno de los
+amaneramientos que el tal usaba en su oratoria. Lo que aquella tarde
+dijo habíalo dicho ya otras tardes, y ciertas frases no se le caían de
+la boca. Tronó, como siempre, contra los librepensadores, a quienes
+llamó _apóstoles del error_ unas mil y quinientas veces. Al salir de la
+iglesia, Fortunata echó, como de costumbre, una mirada al público, que
+estaba tras de la verja de madera, y vio a Maximiliano, que no faltaba
+ningún domingo a aquella amorosa cita muda. Le vio con simpatía. Notaba
+gozosa que empezaban a perder valor ante sus ojos los defectos físicos
+del apreciable joven. ¡Si serían aquellos los brotes del amor por la
+hermosura del alma! Lo que más consolaba a Fortunata era la esperanza
+cada día más firme, porque el capellán se lo había dicho no pocas veces
+en el confesonario, de que cuando se casase y viviese santamente con su
+marido a la sombra de las leyes divinas y humanas, le había de amar;
+pero no así de cualquier modo, sino con verdadero calor y arranque del
+alma. También le decía esto la forma, _la idea blanca_ encerrada en la
+custodia.
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Llegada la noche, y recogidas las _Josefinas_ a su dormitorio, las
+madres permitieron que las _Filomenas_ estuvieran en la huerta hasta más
+tarde de lo reglamentario, por ver si salía un poco de fresco. Eran ya
+las nueve, y la tierra abrasaba; el aire no se movía; las estrellas
+parecían más próximas según el fulgor vivísimo con que brillaban, y
+veíase entre las grandes y medianas mayor número, al parecer, de las
+pequeñitas, tantas, tantas que era como un polvo de plata esparcido
+sobre aquel azul intensísimo.
+
+La luna nueva se puso temprano, bajando al horizonte como una hoz,
+rodeada de aureola blanquecina que anunciaba más calor para el día
+siguiente.
+
+Las recogidas formaban diferentes grupos sentadas en el suelo y en la
+escalera de madera que comunica el corredor principal con la huerta, y
+se quitaban las tocas para disminuir el calor de la piel. Algunas
+miraban el motor de viento que seguía inmóvil. Al borde del estanque que
+está al pie del aparato, había tres mujeres, Fortunata, Felisa y doña
+Manolita, sentadas sobre el muro de ladrillo, gozando de la frescura del
+agua próxima. Aquel era el mejor sitio; pero no lo decían, porque el
+egoísmo les hacía considerar que si se enracimaban allí todas las
+mujeres, el escaso fresco del agua se repartiría más y tocarían a menos.
+En el opuesto lado de la huerta, que era el sitio más apartado y feo,
+había un tinglado, bajo el cual se veían tiestos vacíos o rotos, un
+montón de mantillo que parecía café molido, dos carretillas, regaderas y
+varios instrumentos de jardinería. En otro tiempo hubo allí un cubil, y
+en el cubil un cerdo que se criaba con los desperdicios; pero el
+Ayuntamiento mandó quitar el animal de San Antón, y el cubil estaba
+vacío.
+
+Desde el anochecer se puso allí Mauricia la Dura, sola, sobre el montón
+de mantillo; y como era el sitio más caldeado, nadie la quiso
+acompañar.
+
+Alguna se le aproximó en son de burla; pero no pudo obtener de ella una
+sola palabra. Estaba sentada a lo moro, con los brazos caídos, la cabeza
+derecha, más napoleónica que nunca, la vista fija enfrente de sí con
+dispersión vaga más bien de persona soñadora que meditabunda. Parecía
+lela o quizás tenía semejanza con esos penitentes del Hindostán que se
+están tantísimos días seguidos mirando al cielo sin pestañear, en un
+estado medio entre la modorra y el éxtasis. Ya era tarde cuando se le
+acercó Belén sentándosele al lado. La miró atentamente, preguntándole
+que qué hacía allí y en qué pensaba, y por fin Mauricia desplegó sus
+labios de esfinge, y dijo estas palabras que le produjeron a Belencita
+una corriente fría en el espinazo:
+
+«He visto a Nuestra Señora».
+
+--¿Qué dices, mujer, qué te pasa?--le preguntó la ex-corista con
+ansiedad muy viva.
+
+--He visto a la Virgen--repitió Mauricia con una seguridad y aplomo que
+dejaron a la otra como quien no sabe lo que le pasa.
+
+--¿Tú estás segura de lo que dices?
+
+--¡Oh!... Así me muera si no es verdad. Te lo juro por estas
+cruces--dijo la iluminada con voz trémula, besándose las manos--. La he
+visto... bajó por allí, donde está el abanicón de la noria... Bajaba en
+mitad de una luz... ¿cómo te lo diré?... de una luz que no te puedes
+figurar... de una luz que era, verbi gracia como las puras mieles...
+
+--¡Como las mieles!--repitió Belén no comprendiendo.
+
+--Pues... tan dulce que... Después vino andando, andando hacia acá y se
+puso allí, delantito. Pasó por entre vosotras y vosotras no la veíais.
+Yo sola la veía... No traía el niño Dios en brazos. Dio dos o tres
+pasitos más y se paró otra vez. Mira, ¿ves aquella piedrecita?, pues
+allí... y me estuvo mirando... Yo no podía respirar.
+
+--¿Y te dijo algo, te dijo algo?--preguntó Belén toda ojos, pálida como
+una muerta.
+
+--Nada... pero lloraba mirándome... ¡Se le caían unos lagrimones...! No
+traía nene Dios; _paicía_ que se lo habían quitado. Después dio la
+vuelta para allá y volvió a pasar entre vosotras sin que la vierais,
+hasta llegar _mismamente_ a aquel árbol... Allí vi muchos angelitos que
+subían y bajaban corre que corre del tronco a las ramas y...
+
+--Y de las ramas al tronco...--Y después... ya no vi nada... Me quedé
+como ciega... quiere decirse, enteramente ciega; estuve un rato sin ver
+gota, sin poder moverme. Sentía aquí, entre mí, una cosa...
+
+--Como una pena...--Como pena no, un gusto, un consuelo...
+
+Se acercó entonces Fortunata, y ambas callaron.
+
+--Si están de secreto, me voy.
+
+--Yo creo--dijo Belén, después de una grave pausa--, que eso debes
+consultarlo con el confesor.
+
+Mauricia se levantó y andando lentamente retirose a la habitación donde
+dormía y tenía su ropa. Creyeron las otras dos que se había ido a
+acostar, y quedáronse allí haciendo comentarios sobre el extraño caso,
+que Belén transmitió a Fortunata con todos sus pelos y señales. Belén lo
+creía o afectaba creerlo, Fortunata no. Pero de pronto vieron que la
+Dura volvía y se sentaba de nuevo sobre el montón de mantillo. Miráronla
+con recelo y se alejaron.
+
+De pronto sonó en la huerta un ¡ah! prolongado y gozoso, como los que
+lanza la multitud en presencia de los fuegos artificiales. Todas las
+recogidas miraban al disco, que se había movido solemnemente, dando dos
+vueltas y parándose otra vez. «Aire, aire» gritaron varias voces. Pero
+el motor no dio después más que media vuelta, y otra vez quieto. El
+vástago de hierro chilló un instante, y las que estaban junto al
+estanque oyeron en lo profundo de la bomba una regurgitación tenue. El
+caño escupió un salivazo de agua, y todo quedó después en la misma
+quietud chicha y desesperante.
+
+Belén se había puesto a charlar por lo bajo con una monja llamada Sor
+Facunda, que era la marisabidilla de la casa, muy leída y escribida,
+bondadosa e inocente hasta no más, directora de todas las funciones
+extraordinarias, camarera de la Virgen y de todas las imágenes que
+tenían alguna ropa que ponerse, muy querida de las _Filomenas_ y aún más
+de las _Josefinas_, y persona tan candorosa, que cuanto le decían, sobre
+todo si era bueno, se lo creía como el Evangelio. Basta decir en elogio
+de la _sancta simplicitas_ de esta señora, que en sus confesiones jamás
+tenía nada de qué acusarse, pues ni con el pensamiento había pecado
+nunca; mas como creyera que era muy desairado no ofrecer nada
+absolutamente ante el tribunal de la penitencia, revolvía su magín
+buscando algo que pudiera tener siquiera un tufillo de maldad, y se
+rebañaba la conciencia para sacar unas cosas tan sutiles y sin
+sustancia, que el capellán se reía para su sotana. Como el pobre D. León
+Pintado tenía que vivir de aquello, lo oía seriamente, y hacía que
+tomaba muy en consideración aquellos pecados tan superfirolíticos que no
+había cristiano que los comprendiera... Y la monja se ponía muy
+compungida, diciendo que no lo volvería a hacer; y él, que era muy tuno,
+decía que sí, que era preciso tener cuidado para otra vez, y que patatín
+y que patatán... Tal era Sor Facunda, dama ilustre de la más alta
+aristocracia, que dejó riquezas y posición por meterse en aquella vida,
+mujer pequeñita, no bien parecida, afable y cariñosa, muy aficionada a
+hacerse querer de las jóvenes. Llevaba siempre tras sí, en las horas de
+recreo, un hato de niñas precozmente místicas, preguntonas, rezonas y
+cuya conducta, palabras y entusiasmos pertenecían a lo que podría
+llamarse _el pavo_ de la santidad.
+
+Difícil es averiguar lo que pasó en el cotarro que formaban Sor Facunda
+y sus amiguitas. Ello fue que Belén, temblando de emoción y con la cara
+ansiosa, dijo a la monja: «Mauricia ha visto a la Virgen...». Y poco
+después repetían las otras con indefinible asombro: «¡Ha visto a la
+Virgen!».
+
+Sor Facunda, seguida de su escolta, se acercó a Mauricia, a quien miró
+un buen rato sin decirle palabra. Estaba la infeliz mujer en la misma
+postura morisca, la cabeza apoyada sobre las rodillas. Parecía llorar.
+
+«Mauricia--le dijo en tono lacrimoso la monja, con aquella buena fe que
+en ella equivalía a la gracia divina--. Porque hayas sido muy mala no
+vayas a creerte que Dios te niega su perdón».
+
+Oyose un gran bramido, y la reclusa mostró su cara inundada de llanto.
+Dijo algunas palabras ininteligibles y estropajosas, a las que Sor
+Facunda y compañía no sacaron ninguna sustancia. De repente se levantó.
+Su rostro, a la claridad de la luna, tenía una belleza grandiosa que las
+circunstantes no supieron apreciar. Sus ojos despedían fulgor de
+inspiración. Se apretó el pecho con ambas manos en actitud semejante a
+las que la escultura ha puesto en algunas imágenes, y dijo con acento
+conmovedor estas palabras:
+
+«¡Oh mi señora!... te lo traeré, te lo traeré...».
+
+Echando a correr hacia la escalera con gran presteza, pronto
+desapareció. Sor Facunda habló con las otras madres. Cuando toda la
+comunidad, a la voz de la Superiora, se recogía abandonando la huerta y
+subiendo lentamente a las habitaciones (la mayor parte de las mujeres de
+mala gana, porque el calor de la noche convidaba a estar al aire libre),
+corrió la voz de que la visionaria se había acostado.
+
+Fortunata, que pocos días antes fue trasladada al dormitorio en que
+estaba Mauricia, vio que esta se había acostado vestida y descalza.
+Acercose a ella y por su bronca respiración creyó entender que dormía
+profundamente. Mucho le daba qué pensar el singular estado en que su
+amiga se había puesto, y esperaba que le pasaría pronto, como otros
+_toques_ semejantes aunque de diverso carácter. Largo tiempo estuvo
+desvelada, pensando en aquello y en otras cosas, y a eso de las doce,
+cuando en el dormitorio y en la casa toda reinaban el silencio y la paz,
+notó que Mauricia se levantaba. Pero no se atrevió a hablarle ni a
+detenerla, por no turbar el silencio del dormitorio, iluminado por una
+luz tan débil que le faltaba poco para extinguirse. Mauricia atravesó
+la estancia sin hacer ruido, como sombra, y se fue. Poco después
+Fortunata sentía sueño y se aletargaba; mas en aquel estado indeciso
+entre el dormir y el velar, creyó ver a su compañera entrar otra vez en
+el dormitorio sin que se le sintieran los pasos. Metiose debajo de la
+cama, donde tenía un cofre; revolvió luego entre los colchones...
+Después Fortunata no se hizo cargo de nada, porque se durmió de veras.
+
+Mauricia salió al corredor, y atravesándolo todo, se sentó en el primer
+peldaño de la escalera.
+
+«Te digo que me atreveré...».
+
+¿Con quién hablaba? Con nadie, porque estaba enteramente sola. No tenía
+más compañía en aquella soledad que las altas estrellas.
+
+«¿Qué dices?--preguntó después como quien sostiene un diálogo--. Habla
+más alto, que con el ruido del órgano no se oye. ¡Ah!, ya entiendo...
+Estate tranquila, que aunque me maten, yo te lo traeré. Ya sabrán quién
+es Mauricia la Dura, que no teme ni a Dios... Ja ja ja... Mañana, cuando
+venga el capellán y bajen esas tías pasteleras a la iglesia, ¡qué chasco
+se van a llevar!».
+
+Soltando una risilla insolente, se precipitó por la escalera abajo. ¿Qué
+demonios pasaba en aquel cerebro?... Entró por la puerta pequeña que
+comunica el patio con el largo pasillo interior del edificio, y una vez
+allí pasó sin obstáculo al vestíbulo, tentando la pared porque la
+oscuridad era completa. Se le oía un cierto rechinar de dientes y algún
+monosílabo gutural que lo mismo pudiera ser signo de risa que de cólera.
+Por fin llegó palpando paredes a la puerta de la capilla, y buscando la
+cerradura con las manos, empezó a rasguñar en el hierro. La llave no
+estaba puesta... «¡Peines y peinetas, dónde estará la condenada llave!»
+murmuró con un rugido de hondísimo despecho. Probó a abrir valiéndose de
+la fuerza y de la maña. Pero ni una ni otra valían en aquel caso. La
+puerta del sagrado recinto estaba bien cerrada. Siguió la infeliz mujer
+exhalando gemidos, como los de un perro que se ha quedado fuera de su
+casa y quiere que le abran. Después de media hora de inútiles esfuerzos,
+desplomose en el umbral de la puerta, e inclinando la cabeza se durmió.
+Fue uno de esos sueños que se parecen al morir instantáneo. La cabeza
+dio contra el canto como una piedra que cae, y la torcida postura en que
+quedaba el cuerpo al caer doblándose con violencia, fue causa de que el
+resuello se le dificultara, produciéndose en los conductos de la
+respiración silbidos agudísimos, a los que siguió un estertor como de
+líquidos que hierven.
+
+Aletargada profundamente, Mauricia hizo lo que no había podido hacer
+despierta, y prosiguió la acción interrumpida por una puerta bien
+cerrada. Faltó el hecho real, pero no la realidad del mismo en la
+voluntad. Entró, pues, la tarasca en la iglesia y allí pudo andar sin
+tropiezo, porque la lámpara del altar daba luz bastante para ver el
+camino. Sin vacilar dirigió sus pasos al altar mayor, diciendo por el
+camino: «Si no te voy a hacer mal ninguno, Diosecito mío; si voy a
+llevarte con tu mamá que está ahí fuera llorando por ti y esperando a
+que yo te saque... ¿Pero qué?... no quieres ir con tu mamaíta... Mira
+que te está esperando... tan guapetona, tan maja, con aquel manto todito
+lleno de estrellas y los pies encima del _biricornio_ de la luna...
+Verás, verás, qué bien te saco yo, monín... Si te quiero mucho; ¿pero no
+me conoces?... Soy Mauricia la Dura, soy tu amiguita».
+
+Aunque andaba muy aprisa, tardaba mucho tiempo en llegar al altar,
+porque la capilla, que era tan chica, se había vuelto muy grande. Lo
+menos había media legua desde la puerta al altar... Y mientras más
+andaba, más lejos, más lejos... Llegó por fin y subió los dos, tres,
+cuatro escalones, y le causaba tanta extrañeza verse en aquel sitio
+mirando de cerca la mesa aquella cubierta con finísimo y albo lienzo,
+que un rato estuvo sin poder dar el último paso. Le entró una risa
+convulsiva cuando puso su mano sobre el ara sagrada... «¿Quién me había
+de decir?... ¡oh, mi re--Dios de mi alma que yo... ji ji ji!...». Apartó
+el Crucifijo que está delante de la puerta del sagrario, alargó luego el
+brazo; pero como no alcanzaba, alargábalo más y más, hasta que llegó a
+dolerle mucho de tantos estirones... Por fin, gracias a Dios, pudo abrir
+la puerta que sólo tocan las manos ungidas del sacerdote. Levantando la
+cortinilla, buscó un momento en el misterioso, santo y venerado hueco...
+¡Oh!, no había nada. Busca por aquí, busca por allí y nada... Acordose
+de que no era aquel el sitio donde está la custodia, sino otro más alto.
+Subió al altar, puso los pies en el ara santa... Busca por aquí, por
+allí... ¡Ah!, por fin tropezaron sus dedos con el metálico pie de la
+custodia. Pero qué frío estaba, tan frío que quemaba. El contacto del
+metal llevó por todo lo largo del espinazo de Mauricia una corriente
+glacial... Vaciló. ¿Lo cogería, sí o no? Sí, sí mil veces; aunque
+muriera, era preciso cumplir. Con exquisito cuidado, más con gran
+decisión, empuñó la custodia bajando con ella por una escalera que antes
+no estaba allí. Orgullo y alegría inundaron el alma de la atrevida mujer
+al mirar en su propia mano la representación visible de Dios... ¡Cómo
+brillaban los rayos de oro que circundan el viril, y qué misteriosa y
+plácida majestad la de la hostia purísima, guardada tras el cristal,
+blanca, divina y con todo el aquel de persona, sin ser más que una
+sustancia de delicado pan!
+
+Con increíble arrogancia Mauricia descendía, sin sentir peso alguno.
+Alzaba la custodia como la alza el sacerdote para que la adoren los
+fieles... «¿Veis cómo me he atrevido?--pensaba--. ¿No decías que no
+podía ser?... Pues pudo ser, ¡qué peine!». Seguía por la iglesia
+adelante. La purísima hostia, con no tener cara, miraba cual si tuviera
+ojos... y la sacrílega, al llegar bajo el coro, empezaba a sentir miedo
+de aquella mirada. «No, no te suelto, ya no vuelves allí... ¡A casa con
+tu mamá...! ¿sí? ¿Verdad que el niño no llora y quiere ir con su
+mamá?...». Diciendo esto, atrevíase a agasajar contra su pecho la
+sagrada forma. Entonces notó que la sagrada forma no sólo tenía ya ojos
+profundos tan luminosos como el cielo, sino también voz, una voz que la
+tarasca oyó resonar en su oído con lastimero son. Había desaparecido
+toda sensación de la materialidad de la custodia; no quedaba más que lo
+esencial, la representación, el símbolo puro, y esto era lo que Mauricia
+apretaba furiosamente contra sí. «Chica--le decía la voz--, no me
+saques, vuelve a ponerme donde estaba. No hagas locuras... Si me sueltas
+te perdonaré tus pecados, que son tantos que no se pueden contar; pero
+si te obstinas en llevarme, te condenarás. Suéltame y no temas, que yo
+no le diré nada a D. León ni a las monjas para que no te riñan...
+Mauricia, chica, ¿qué haces...? ¿Me comes, me comes...?».
+
+Y nada más... ¡Qué desvarío! Por grande que sea un absurdo siempre tiene
+cabida en el inconmensurable hueco de la mente humana.
+
+
+
+
+--x--
+
+
+Por la mañana tempranito, la Superiora y Sor Facunda se tropezaron al
+salir de sus respectivas celdas.
+
+«Créame usted--dijo Sor Facunda--, algo hay de extraordinario.
+Consultaré ahora mismo con D. León. El caso de Mauricia debe de
+examinarse detenidamente».
+
+Sor Natividad, que era mujer de mucho entendimiento y estaba
+acostumbrada a los pueriles entusiasmos de su compañera, no hizo más que
+sonreír con bondad. Hubiera dicho a Sor Facunda: «qué tonta es usted,
+hija»; pero no le dijo nada; y sacando un manojo de llaves se fue hacia
+el guardarropa.
+
+«¿Pero en dónde está esa loca?» preguntó después.
+
+--No parece por ninguna parte--dijo Fortunata, que por orden de Sor
+Marcela había bajado en busca de su amiga--. Arriba no está.
+
+En los dormitorios de las _Filomenas_ había gran tráfago. Todas se
+lavaban la cara y las manos, riñendo por el agua, cuestionando sobre si
+tú me quitaste la toalla o si esa es mi agua. «Que no, que mi agua es
+esta». Otra sacaba de debajo de la cama un zoquete de pan y empezaba a
+comérselo. «¡Ay, qué hambre tengo...!, con estos calores, cuidado que
+suda una; no se puede vivir... ¡Y ponerse ahora la toca!».
+
+Sor Antonia entraba, imponía silencio y les daba prisa. Oíase el
+esquilón de la capilla. El sacristán se había asomado varias veces por
+la reja de la sacristía que da al vestíbulo diciendo sucesivamente:
+«Todavía no ha venido don León...» «ya está ahí D. León...» «ya se está
+vistiendo». Oíanse en la parte alta los pasos de toda la comunidad que
+iba hacia el templo a oír la primera misa. Delante fueron las
+_Josefinas_, soñolientas aún y dando bostezos, empujándose unas a otras.
+Seguían las _Filomenas_ con cierto orden, las más diligentes dando prisa
+a las perezosas. Donde hay muchas mujeres, tiene que haber ese rumor de
+colegio, que se hace superior a la disciplina más severa. Entre chacota
+y risas se oía el rumorcillo aquel: «Mauricia... ¿no sabéis? Vio anoche
+la propia figura de la Virgen».
+
+--Mujer, quita allá.--Mi palabra... Pregúntaselo a Belén.
+
+--¡Bah!, ni que fuéramos tontas...
+
+--¿La cara de la Virgen?... Vaya... Sería la de Nuestra Señora del
+Aguardiente.
+
+Pero Sor Facunda y las de su cotarro iban por la escalera abajo
+diciendo que el hecho podía ser falso, y podía también no serlo; y que
+el ser Mauricia muy pecadora no significaba nada, porque de otras
+muchísimo más perversas se había valido Dios para sus fines.
+
+Dijo la misa D. León, que parecía _el padre fuguilla_ por la presteza
+con que despachaba. Había sido cura de tropa, y a las monjas no les
+acababa de gustar la marcial diligencia de su capellán. Más tarde
+celebraba don Hildebrando, cura francés de los de babero, el cual era lo
+contrario que Pintado, pues estiraba la misa hasta lo increíble.
+
+Cuando la comunidad salía de la capilla, doña Manolita, que había
+entrado de las últimas, sofocada, se acercó a la Superiora y le dijo que
+Mauricia estaba en la huerta sobre el montón de mantillo.
+
+--Ya... en la basura--replicó Sor Natividad frunciendo el ceño--; es su
+sitio.
+
+Bajaron las recogidas al refectorio a tomar el chocolate con rebanada de
+pan. Animación mundana reinaba en el frugal desayuno, y aunque las
+monjas se esforzaban por mantener un orden cuartelesco, no lo podían
+conseguir.
+
+«Ese plato es el mío. Dame mi servilleta... Te digo que es la mía...
+¡Vaya! ¡Ay, San Antonio, qué duro está el pan!... Este sí que es de la
+boda de San Isidro.
+
+--¡A callar!
+
+Algunas tenían un apetito voraz; se habrían comido triple ración, si se
+la dieran.
+
+Inmediatamente después empezaba a distribuirse toda aquella tropa
+mujeril, como soldados que se incorporan a sus respectivos regimientos.
+Estas bajaban a la cocina, aquellas subían a la escuela y salón de
+costura, y otras, quitándose las tocas y poniéndose la falda de
+_mecánica_, se dedicaban a la limpieza de la casa.
+
+Estaba la Superiora hablando con Sor Antonia en la puerta de una celda,
+cuando llegó muy apurada una reclusa, diciendo: «Le he mandado que venga
+y no quiere venir. Me ha querido pegar. ¡Si no echo a correr...! Después
+cogió un montón de aquella basura y me lo tiró. Mire usted...».
+
+La recogida enseñó a las madres su hombro manchado de mantillo.
+
+«Tendré que ir yo... ¡Ay, qué mujer!... ¡qué guerra nos da!--dijo la
+Superiora...--. ¿Dónde está Sor Marcela? Que traiga la llave de la
+perrera. Hoy tendremos _chínchirri-máncharras_... Está más tocada que
+nunca. Dios nos dé paciencia.
+
+--¡Y Sor Facunda que me ha dicho ahora mismo--indicó Sor Antonia con
+franca risa y bizcando más los ojos--, que Mauricia había visto a la
+Virgen!
+
+La Superiora respondió a aquella risa con otra menos franca. Tres o
+cuatro _Filomenas_ de las más hombrunas bajaron a la huerta con orden
+expresa de traer a la visionaria.
+
+--¡Pobre mujer y qué perdida se pone!--observó Sor Natividad dentro del
+corrillo de monjas que se iba formando--. Males de nervios, y nada más
+que males de nervios.
+
+Y al decirlo, sus miradas chocaron con las de Sor Facunda, que se
+acercaba con semblante extraordinariamente afligido.
+
+«¿Pero no ha consultado usted este caso con el señor capellán?» le dijo.
+
+--Sí--replicó Sor Natividad con un poco de humorismo--, y el capellán me
+ha dicho que la meta en la perrera.
+
+--¡Encerrarla porque llora!...--exclamó la otra que en su timidez no se
+atrevía a contradecir a la Superiora--. El caso merecía examinarse.
+
+--Para preverlo todo--indicó la vizcaína--, avisaremos también al
+médico.
+
+--¿Y qué tiene que ver el médico...? En fin, yo no sé. Quien manda,
+manda. Pero me parecía... Ello podrá ser cosa física; pero ¿si no lo
+fuera? Si efectivamente Mauricia... No es que yo lo afirme; pero tampoco
+me atrevo a negarlo. Aquel llorar continuo, ¿qué puede ser sino
+arrepentimiento? A saber los medios que el Señor escoge...
+
+Y se retiró a su celda. Casi casi se dieron un encontronazo Sor Facunda
+alejándose y Sor Marcela que al corrillo se acercaba, dando balances y
+golpeando el suelo duramente con su pie de madera. Su semblante
+descompuesto por la ira estaba más feo que nunca; con la prisa que traía
+apenas podía respirar, y las primeras frases le salieron de la boca
+desmenuzadas por el enojo: «Ya, ya sabemos... ¡San Antonio!...
+bribona... parece mentira... ¡Ay, Dios mío!, si es para volverse
+loca...».
+
+Habló algunas palabras en voz muy baja con la Superiora, quien al oírlas
+puso una cara que daba miedo.
+
+«Yo... bien lo sabe usted...--balbució Sor Marcela--, lo tenía para mi
+mal del estómago... coñac superior».
+
+--Pero esa maldita ¿cómo...? Si esto parece... ¡Jesús me valga! Estoy
+horrorizada. ¿Pero cuándo...?
+
+--Es muy sencillo... hágase usted cargo. Anteayer, ¡San Antonio
+bendito!, cuando estuvo en mi celda moviendo los trastos para coger el
+ratón.
+
+A la Superiora se le escapó, sin poderlo remediar, una ligera
+sonrisilla; mas al punto volvió a poner cara de palo. Y la enana corrió
+hacia donde estaban las recogidas, y lo mismo que dijera a Sor Natividad
+se lo repitió a Fortunata, sin poner un freno a su ira: «¿Habrase visto
+diablura semejante?... ¿Qué te parece? ¡Estamos todas horripiladas!».
+
+Fortunata no dijo nada y se puso muy seria. Quizás no la cogía de nuevo
+la declaración de la monja. Obedeciendo a esta subió al dormitorio en
+busca de pruebas del nefando crimen imputado a su amiga.
+
+«Ahí tienen ustedes--decía la Superiora a las que más cerca de ella
+estaban--, cómo esa arrastrada ha visto visiones... ¡Ya!, ¡qué no vería
+ella!... ¿Pero no viene al fin? Yo le juro que no vuelve a hacernos
+otra. Es preciso ajustarle bien las cuentas...».
+
+La cojita se presentó otra vez en el corrillo mostrando la enorme llave
+de la perrera; la esgrimía como si fuera una pistola, con amenaza
+homicida. Realmente estaba furiosa, y el topetazo de su pie duro sobre
+el suelo tenía una violencia y sonoridad excepcionales. En esto llegó
+Fortunata trayendo una botella, que al punto le arrebató Sor Marcela.
+
+«¡Vacía, enteramente vacía!--exclamó esta levantándola en alto y
+mirándola al trasluz--. Y estaba casi llena, pues apenas...».
+
+Aplicó después su nariz chafada a la boca de la botella, diciendo con
+lastimera entonación: «No ha dejado más que el olor... ¡Bribonaza!, ya
+te daría yo bebida...». De la nariz de la coja pasó el cuerpo del delito
+a la de Sor Natividad y de esta a otras narices próximas, resultando, de
+la apreciación del tufo, mayor severidad en el comentario del crimen.
+
+«¡Qué asco! Buen pechugón se ha dado...--exclamó la Superiora--. Ya,
+¡cómo estará aquel cuerpo con todo ese líquido ardiente! Nunca nos había
+pasado otra... La arreglaremos, la arreglaremos. ¿Pero viene o no?».
+
+Bajaba ya, decidida a abreviar la tardanza del acto de justicia, cuando
+se oyó un gran tumulto. Las tres mujeronas que habían ido en busca de la
+delincuente, pasaban de la huerta al patio por la puertecilla verde,
+huyendo despavoridas y dando voces de pánico. Sonó en dicha puerta el
+estampido de un fuerte cantazo.
+
+«¡Que nos mata, que nos mata!» gritaban las tres, recogiendo sus faldas
+para correr más fácilmente por la escalera arriba. Asomáronse las madres
+al barandal del corredor que sobre el patio caía, y vieron aparecer a
+Mauricia, descalza, las melenas sueltas, la mirada ardiente y
+extraviada, y todas las apariencias, en fin, de una loca. La Superiora,
+que era mujer de genio fuerte, no se pudo contener y desde arriba gritó:
+«Trasto... infame, si no te estás quieta, verás».
+
+«Una pareja, una pareja de Orden Público» apuntaron varias voces de
+monjas.
+
+--No... veréis... Si yo me basto y me sobro...--indicó la Superiora,
+haciendo alarde de ser mujer para el caso--. Lo que es conmigo no juega.
+
+Púsose Mauricia de un salto en el rincón frontero al corredor donde las
+madres estaban, y desde allí las miró con insolencia, sacando y
+estirando la lengua, y haciendo muecas y gestos indecentísimos.
+
+«¡Tiorras, so tiorras!» gritaba, e inclinándose con rápido movimiento,
+cogió del suelo piedras y pedazos de ladrillo, y empezó a dispararlos
+con tanto vigor como buena puntería. Las monjas y las recogidas, que al
+sentir el alboroto salieron en tropel a los corredores del principal y
+del segundo piso, prorrumpieron en chillidos. Parecía que se venía el
+mundo abajo. ¡Dios mío, qué bulla! Y a las exclamaciones de arriba
+respondía la tarasca con aullidos salvajes.
+
+Unas se agachaban resguardándose tras el barandal de fábrica cuando
+venía la pedrada; otras asomaban la cabeza un momento y la volvían a
+esconder. Los proyectiles menudeaban, y con ellos las voces de aquella
+endemoniada mujer. Parecía una amazona. Tenía un pecho medio
+descubierto, el cuerpo del vestido hecho girones y las melenas cortas le
+azotaban la cara en aquellos movimientos del hondero que hacía con el
+brazo derecho. Su catadura les parecía horrible a las señoras monjas;
+pero estaba bella en rigor de verdad, y más arrogante, varonil y
+napoleónica que nunca.
+
+Sor Marcela intentó bajar valerosa, pero a los tres peldaños cogió miedo
+y viró para arriba. Su cara filipina se había puesto de color de
+mostaza inglesa.
+
+«¡Verás tú si bajo, infame diablo!» era su muletilla; pero ello es que
+no bajaba.
+
+Por una reja de la sacristía que da al patio, asomó la cara del
+sacristán, y poco después la de D. León Pintado. Dos monjas que estaban
+de turno en la portería se asomaron también por otra ventana baja; pero
+lo mismo fue verlas Mauricia que empezar también a mandarles piedras.
+Nada, que tuvieron que retirarse. Asustadas las infelices, quisieron
+pedir auxilio. En aquel instante llamó alguien a la puerta del convento,
+y a poco entró una señora, de visita, que pasó al salón, y enterándose
+de lo que ocurría, asomose también a la ventana baja. Era Guillermina
+Pacheco, que se persignó al ver la tragedia que allí se había armado.
+
+«¡En el nombre del...! ¡Pero tú!... ¡Mauricia!... ¿cómo se entiende?...
+¿qué haces?... ¿estás loca?».
+
+La portera y la otra monja no la pudieron contener, y Guillermina salió
+al patio por la puerta que lo comunica con el vestíbulo.
+
+«Guillermina--gritó Sor Natividad desde arriba--, no salgas...
+Cuidado... mira que es una fiera... Ahí tienes, ahí tienes la alhaja que
+tú nos has traído... Retírate por Dios, mira que está loca y no
+repara... Hazme el favor de llamar a una pareja de Orden Público».
+
+--¿Qué pareja ni pareja?--dijo Guillermina incomodadísima--.
+¡Mauricia!... ¡cómo se entiende!
+
+Pero no había tenido tiempo de decirlo cuando una peladilla de arroyo le
+rozó la cara. Si le da de lleno la descalabra.
+
+«¡Jesús!... Pero no, no es nada».
+
+Y llevándose la mano a la parte dolorida, clamó: «Infame, a mí, a mí me
+has tirado!».
+
+«A usted, sí, y a todo el género mundano--gritó con voz tan ronca, que
+apenas se entendía--, so tía pastelera... Váyase pronto de aquí».
+
+Las monjas horrorizadas elevaban sus manos al Cielo; algunas lloraban.
+En esto, D. León Pintado había abierto con no poco trabajo la reja de la
+sacristía; saltó al patio, única manera de comunicarse con el convento
+desde la sacristía, y abalanzándose a Mauricia le sujetó ambos brazos.
+
+«¡Suéltame, León, capellán de peinetas!» rugió la visionaria...
+
+Pero Pintado tenía manos de hierro, aunque era de pocos ánimos, y una
+vez lanzado al heroísmo, no sólo sujetó a Mauricia, sino que le aplicó
+dos sonoras bofetadas. La escena era repugnante. Tras el capellán salió
+también su acólito, y mientras los dos arreglaban a la Dura, las monjas,
+viendo sojuzgado al enemigo, arriesgáronse a bajar y acudieron a
+Guillermina, que con el pañuelo se restañaba la sangre de su leve
+herida. Con cierta tranquilidad, y más risueña que enojada, la fundadora
+dijo a sus amigas: «¡Cuidado que pasan unas cosas...! Yo venía a que me
+dierais los ladrillos y el cascote que os sobran, y mirad qué pronto me
+he salido con la mía... Nada, ponedla ahora mismo en la calle, y que se
+vaya a los quintos infiernos, que es donde debe estar».
+
+«Ahora mismo. D. León, no la maltrate usted» dijo la Superiora.
+
+--¡Zángano!... ¡mala puñalada te mate!...--bramaba Mauricia, que ya
+tenía pocas fuerzas y había caído al suelo--. ¡Un sacerdote pegando a
+una... señora!
+
+--Que le traigan su ropa--gritó Sor Natividad--. Pronto, pronto. Me
+parece mentira que la veré salir...
+
+Mauricia ya no se defendía. Había perdido su salvaje fuerza; pero su
+semblante expresaba aún ferocidad y desorden mental.
+
+Luego se vio que desde el corredor alto tiraban un par de botas, luego
+un mantón...
+
+--Bajarlo, hijas, bajarlo--dijo desde el patio la Superiora, mirando
+hacia arriba y ya recobrada la serenidad con que daba siempre sus
+órdenes. Fortunata bajó un lío de ropa, y recogiendo las botas, se lo
+dio todo a Mauricia, es decir, se lo puso delante. La espantosa escena
+descrita había impresionado desagradablemente a la joven, que sintió
+profunda compasión de su amiga. Si las monjas se lo hubieran permitido,
+quizás ella habría aplacado a la bestia.
+
+«Toma tu ropa, tus botas--le dijo en voz baja y en tono apacible--.
+Pero, hija, ¡cómo te has puesto!... ¿No conoces ya que has estado
+trastornada?».
+
+--Quítate de ahí, pendoncillo... quítate o te...
+
+--Dejarla, dejarla--dijo la Superiora--. No decirle una palabra más. A
+la calle, y hemos concluido.
+
+Con gran dificultad se levantó Mauricia del suelo y recogió su ropa. Al
+ponerse en pie pareció recobrar parte de su furor.
+
+«Que se te queda este lío».
+
+--Las botas, las botas. La tarasca lo recogió todo. Ya salía sin decir
+nada, cuando Guillermina la miró severamente.
+
+«¡Pero qué mujer esta! Ni siquiera sabe salir con decencia».
+
+Iba descalza, cogidas las botas por los tirantes.
+
+--Póngase usted las botas--le gritó la Superiora.
+
+--No me da la gana. Abur... ¡Son todas unas judías pasteleras...!
+
+--Paciencia, hija, paciencia... necesitamos mucha paciencia--dijo Sor
+Natividad a sus compañeras, tapándose los oídos.
+
+Se le franquearon todas las puertas, abriéndolas de par en par y
+resguardándose tras las hojas de ellas, como se abren las puertas del
+toril para que salga la fiera a la plaza. La última que cambió algunas
+palabras con ella fue Fortunata, que la siguió hasta el vestíbulo movida
+de lástima y amistad, y aún quiso arrancarle alguna declaración de
+arrepentimiento. Pero la otra estaba ciega y sorda; no se enteraba de
+nada, y dio a su amiga tal empujón, que si no se apoya en la pared cae
+redonda al suelo.
+
+Salió triunfante, echando a una parte y otra miradas de altivez y
+desprecio. Cuando vio la calle, sus ojos se iluminaron con fulgores de
+júbilo y gritó: «¡Ay, mi querida calle de mi alma!». Extendió y cerró
+los brazos, cual si en ellos quisiera apretar amorosamente todo lo que
+veían sus ojos. Respiró después con fuerza, parose mirando azorada a
+todos lados, como el toro cuando sale al redondel. Luego, orientándose,
+tiró muy decidida por el paseo abajo. Era cosa de ver aquella mujerona
+descalza, desgarrada, melenuda, despidiendo de sus ojos fiereza, con un
+lío bajo el brazo y las botas colgando de una mano. Las pocas personas
+que por allí pasaban, miráronla con asombro. Al llegar junto a los
+almacenes de la Villa, pasó junto a varios chicos, barrenderos, que
+estaban sentados en sus carretillas con las escobas en la mano.
+Tuviéronla ellos por persona de poco más o menos y se echaron a reír
+delante de su cara napoleónica.
+
+«Vaya, que buena _curda_ te llevas, ¡oleeé!...».
+
+Y ella se les puso delante en actitud arrogantísima, alzó el brazo que
+tenía libre y les dijo:
+
+«¡Apóstoles del error!».
+
+Prorrumpiendo al mismo tiempo en estúpida risa, pasó de largo. A los
+barrenderos les hizo aquello mucha gracia, y poniéndose en marcha con
+las carretillas por delante y las escobas sobre ellas, siguieron detrás
+de Mauricia, como una escolta de burlesca artillería, haciendo un ruido
+de mil demonios y disparándole bala rasa de groserías e injurias.
+
+
+
+
+-VII-
+
+La boda y la luna de miel
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Por fin se acordó que Fortunata saldría del convento para casarse en la
+segunda quincena de Setiembre. El día señalado estaba ya muy próximo, y
+si el pensamiento de la reclusa no se había familiarizado aún de una
+manera terminante con la nueva vida que la esperaba, no tenía duda de
+que le convenía casarse, comprendiendo que no debemos aspirar a lo
+mejor, sino aceptar el bien posible que en los sabios lotes de la
+Providencia nos toca. En las últimas visitas, Maxi no hablaba más que de
+la proximidad de su dicha. Contole un día que ya tenía tomada la casa,
+un cuarto precioso en la calle de Sagunto, cerca de su tía; otro la
+entretuvo refiriéndole pormenores deliciosos de la instalación. Ya se
+habían comprado casi todos los muebles. Doña Lupe, que se pintaba sola
+para estas cosas, recorría diariamente las almonedas anunciadas en _La
+Correspondencia_, adquiriendo gangas y más gangas. La cama de matrimonio
+fue lo único que se tomó en el almacén; pero doña Lupe la sacó tan
+arreglada, que era como de lance. Y no sólo tenían ya casa y muebles,
+sino también criada. Torquemada les recomendó una que servía para todo y
+que guisaba muy bien, mujer de edad mediana, formal, limpia y sentada.
+Bien podía decirse de ella que era también ganga como los muebles,
+porque el servicio estaba muy malo en Madrid, pero muy malo. Nombrábase
+Patricia, pero Torquemada la llamaba _Patria_, pues era hombre tan
+económico que ahorraba hasta las letras, y era muy amigo de las
+abreviaturas por ahorrar saliva cuando hablaba y tinta cuando escribía.
+
+Otra tarde le dio Maxi una hermosa sorpresa. Cuando Fortunata entró en
+el convento, las papeletas de alhajas y ropas de lujo que estaban
+empeñadas quedaron en poder del joven, que hizo propósito de liberar
+aquellos objetos en cuanto tuviese medios para ello. Pues bien, ya podía
+anunciar a su amada con indecible gozo que cuando entrara en la nueva
+casa, encontraría en ella las prendas de vestir y de adorno que la
+infeliz había arrojado al mar el día de su naufragio. Por cierto que las
+alhajas le habían gustado mucho a doña Lupe por lo ricas y elegantes, y
+del abrigo de terciopelo dijo que con ligeras reformas sería una pieza
+espléndida. Esto le llevó naturalmente a hablar de la herencia. Ya había
+cogido su parte, y con un pico que recibió en metálico había redimido
+las prendas empeñadas. Ya era propietario de inmuebles, y más valía esto
+que el dinero contante. Y a propósito de la herencia, también le contó
+que entre su hermano mayor y doña Lupe habían surgido ruidosas
+desavenencias. Juan Pablo empleó toda su parte en pagar las deudas que
+le devoraban y un descubierto que dejara en la administración carlista.
+No bastándole el caudal de la herencia, había tenido el atrevimiento de
+pedir prestada una cantidad a doña Lupe, la cual se voló ¡y le dijo
+tantas cosas...! Total, que tuvieron una fuerte pelotera, y desde
+entonces no se hablaban tía y sobrino, y este se había ido a vivir con
+una querida. «¡Y viva la moralidad! ¡Y tradicionalista me soy!».
+
+Charlaron otro día de la casa, que era preciosa, con vistas muy buenas.
+Como que del balcón del gabinete se alcanzaba a ver un poquito del
+Depósito de aguas; papeles nuevos, alcoba estucada, calle tranquila,
+poca vecindad, dos cuartos en cada piso, y sólo había principal y
+segundo. A tantas ventajas se unía la de estar todo muy a la mano:
+debajo carbonería, a cuatro pasos carnicería, y en la esquina próxima
+tienda de ultramarinos.
+
+No podía olvidárseles el importante asunto de la carrera de _Rubinius
+vulgaris_. A mediados de Setiembre se había examinado de la única clase
+que le faltaba para aprobar el último año, y lo más pronto que le fuera
+posible tomaría el grado. Desde luego entraría de practicante en la
+botica de Samaniego, el cual estaba gravemente enfermo, y si se moría,
+la viuda tendría que confiar a dos licenciados la explotación de la
+farmacia. Maxi entraría seguramente de segundo, con el tiempo llegaría a
+ser primero, y por fin amo del establecimiento. En fin, que todo iba
+bien y el porvenir les sonreía.
+
+Estas cosas daban a Fortunata alegría y esperanza, avivando los
+sentimientos de paz, orden y regularidad doméstica que habían nacido en
+ella. Con ayuda de la razón, estimulaba en su propia voluntad la
+dirección aquella, y se alegraba de tener casa, nombre y decoro.
+
+Dos días antes de la salida, confesó con el padre Pintado; expurgación
+larga, repaso general de conciencia desde los tiempos más remotos. La
+preparación fue como la de un examen de grado, y el capellán tomo aquel
+caso con gran solicitud y atención. Allí donde la penitente no podía
+llegar con su sinceridad, llegaba el penitenciario con sus preguntas de
+gancho. Era perro viejo en aquel oficio. Como no tenía nada de gazmoño,
+la confesión concluyó por ser un diálogo de amigos. Diole consejos sanos
+y prácticos, hízole ver con palmarios ejemplos, algunos del orden
+humorístico, la perdición que trae a la criatura el dejarse mover de
+los sentidos, y le pintó las ventajas de una vida de continencia y
+modestia, dando de mano a la soberbia, al desorden y a los apetitos.
+Descendiendo de las alturas espirituales al terreno de la filosofía
+utilitaria, don León demostró a su penitente que el portarse bien es
+siempre ventajoso, que a la larga el mal, aunque venga acompañado de
+triunfos brillantes, acaba por infligir a la criatura cierto grado de
+penalidad sin esperar a las de la otra vida, que son siempre infalibles.
+«Hágase usted la cuenta--le dijo también--, de que es otra mujer, de que
+se ha muerto y resucitado en otro mundo. Si encuentra usted algún día
+por ahí a las personas que en aquella pasada vida la arrastraron a la
+perdición, figúrese que son fantasmas, sombras, así como suena, y no las
+mire siquiera». Por fin, encomendole la devoción de la Santísima Virgen,
+como un ejercicio saludable del espíritu y una predisposición a las
+buenas acciones. La penitente se quedó muy gozosa, y el día que hizo la
+comunión se observó con una tranquilidad que nunca había tenido.
+
+La despedida de las monjas fue muy sentida. Fortunata se echó a llorar.
+Sus compañeras Belén y Felisa le dieron besos, regaláronle estampitas y
+medallas, asegurándole que rezarían por ella. Doña Manolita mostrose
+envidiosa y desconsolada. Ella también saldría, pues sólo estaba allí
+por equivocación; pronto se habían de ver claras las cosas, y el asno
+de su marido vendría a pedirle perdón y a sacarla de aquel encierro. Sor
+Marcela, Sor Antonia, la Superiora y las demás madres mostráronse muy
+afables con ella, asegurando que era de las recogidas que les habían
+dado menos que hacer. Despidiéronla con sentimiento de verla salir; pero
+dándole parabienes por su boda y el buen fin que su reclusión había
+tenido.
+
+En la sala esperaban Maximiliano y doña Lupe, que la recogieron y se la
+llevaron en un coche de alquiler. Estaba convenido de antemano llevarla
+a la casa del novio, cosa verdaderamente un poco irregular; pero como
+ella no tenía en Madrid parientes, al menos conocidos, doña Lupe no vio
+solución mejor al problema de alojamiento. La boda se verificaría el
+lunes 1.º de Octubre, dos días después de la salida de las Micaelas.
+
+Sentía la señora de Jáuregui el goce inefable del escultor eminente a
+quien entregan un pedazo de cera y le dicen que modele lo mejor que
+sepa. Sus aptitudes educativas tenían ya materia blanda en quien
+emplearse. De una salvaje _en toda la extensión de la palabra_, formaría
+una señora, haciéndola a su imagen y semejanza. Tenía que enseñarle
+todo, modales, lenguaje, conducta. Mientras más pobreza de educación
+revelaba la alumna, más gozaba la maestra con las perspectivas e
+ilusiones de su plan.
+
+Aquella misma mañana, cuando estaban almorzando, tuvo ya ocasión, con
+tanto regocijo en el alma como dignidad en el semblante, de empezar a
+aplicar sus enseñanzas. «No se dice _armejas_ sino _almejas_. Hija, hay
+que irse acostumbrando a hablar como Dios manda». Quería doña Lupe que
+Fortunata se prestase a reconocerla por directora de sus acciones en lo
+moral y en lo social, y mostraba desde los primeros momentos una
+severidad no exenta de tolerancia, como cumple a profesores que saben al
+pelo su obligación.
+
+Destinósele una habitación contigua a la alcoba de la señora, y que le
+servía a esta de guardarropa. Había allí tantos cachivaches y tanto
+trasto, que la huéspeda apenas podía moverse; pero dos días se pasan de
+cualquier manera. Durante aquellos dos días, hallábase la joven muy
+cohibida delante de la que iba a ser su tía, porque esta no bajaba del
+trípode ni cesaba en sus correcciones; y rara vez abría la boca
+Fortunata sin que la otra dejara de advertirle algo, ya referente a la
+pronunciación, ya a la manera de conducirse, mostrándose siempre
+autoritaria, aunque con estudiada suavidad. «En los conventos--decía--,
+se corrigen muchos defectos; pero también se adquieren modales
+encogidos. Suéltese usted, y cuando salude a las visitas, hágalo con
+serenidad y sin atropellarse».
+
+Estas cosas ponían a Fortunata de mal humor, y su encogimiento crecía.
+
+Consideraba que cuando estuviera en su casa, se emanciparía de aquella
+tutela enojosa, sin chocar, por supuesto, porque además doña Lupe le
+parecía mujer de gran utilidad, que sabía mucho y aconsejaba algunas
+cosas muy puestas en razón.
+
+Molestaban a Fortunata las visitas que, según ella, sólo iban por
+curiosear. Doña Silvia no había podido resistir la curiosidad y se
+plantó en la casa el mismo día en que la novia salió del convento. Al
+otro día fue Paquita Morejón, esposa de D. Basilio Andrés de la Caña, y
+ambas parecieron a Fortunata impertinentes y entrometidas. Su finura
+resultole afectada, como de personas ordinarias que se empeñan en no
+parecerlo.
+
+Las visitas le daban cumplida enhorabuena por su boda. En los ojos se
+les leía este pensamiento: «¡Vaya una ganga la de usted!». La señora de
+D. Basilio repitió la visita el segundo día. Iba vestida de pingajos de
+seda mal arreglados, queriendo aparentar. Hízose muy pegajosa; quería
+intimar y elogiaba la hermosura de la novia, como un medio indirecto de
+expresar las deficiencias de la misma en el orden moral.
+
+Otra visita notable fue la de Juan Pablo, a quien llevó su hermano. Doña
+Lupe y el mayor de los Rubines no se hablaban después de la marimorena
+que tuvieron al repartir la herencia. Con gran sorpresa de la novia,
+Juan Pablo estuvo afectuoso con ella. Creeríase que intentaba hacer
+rabiar a su tía, concediendo su benevolencia a la persona de quien
+aquella había dicho tantas perrerías. Durante la visita, que no fue
+breve, sentose Fortunata en el borde de una silla, como una paleta, algo
+atontada y no sabiendo qué decir para sostener la conversación con un
+hombre que se expresaba tan bien. Al despedirse, diole Juan Pablo un
+fuerte apretón de manos, diciéndole que asistiría a la boda.
+
+Luego fueron tía y sobrina a ver la casa matrimonial. Doña Lupe le
+mostró uno por uno los muebles, haciéndole notar lo buenos que eran, y
+que su colocación, dispuesta por ella, no podía ser más acertada. El
+juicio sobre cada parte de la casa y sobre los trastos y su distribución
+dábalo ya por anticipado doña Lupe, de modo que la otra no tuviese que
+decir más que «sí... verdad...».
+
+De vuelta, ya avanzada la tarde, a la calle de Raimundo Lulio, se
+ocuparon en disponer varias cosas para el día siguiente. Maximiliano
+había ido a invitar a algunos amigos, y doña Lupe salió también diciendo
+que volvería antes de anochecido. Quedose sola Fortunata, y se puso a
+hacer en su vestido de gro negro, que había de lucir en la ceremonia,
+ciertos arreglos de escasa importancia. No tenía más compañía que la de
+Papitos, que se escapaba de la cocina para ponerse al lado de la
+señorita, cuya hermosura admiraba tanto. El peinado era la principal
+causa de la estupefacción de la chiquilla, y habría dado esta un dedo de
+la mano por poder imitarlo. Sentose a su lado y no se hartaba de
+contemplarla, llenándose de regocijo cuando la otra solicitaba su ayuda,
+aunque sólo fuera para lo más insignificante. En esto llamaron a la
+puerta; corrió a abrir la mona, y Fortunata no supo lo que le pasaba
+cuando vio entrar en la sala a Mauricia la Dura.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+El sentimiento que le inspiraba aquella mujer en las Micaelas; la
+inexplicable mescolanza de terror y atracción prodújose en aquel
+instante en su alma con mayor fuerza. Mauricia le infundía miedo y al
+propio tiempo una simpatía irresistible y misteriosa, cual si le
+sugiriera la idea de cosas reprobables y al mismo tiempo gratas a su
+corazón. Miró a su amiga sin hablarle, y esta se le acercó sonriendo,
+como si quisiera decir: «Lo que menos esperabas tú era verme aquí
+ahora...».
+
+--¿De veras eres tú...?
+
+Y observó que Mauricia traía unos zapatos muy bonitos de cuero
+amarillo, atados con cordones azules terminados en madroños.
+
+--¡Y qué bien calzada!...
+
+--¿Qué te creías tú?
+
+Después le miró la cara. Estaba muy pálida; los ojos parecían más
+grandes y traicioneros, acechando en sus profundos huecos violados bajo
+la ceja recta y negra. La nariz parecía de marfil, la boca más acentuada
+y los dos pliegues que la limitaban más enérgicos. Todo el semblante
+revelaba melancolía y profundidad de pensamiento, al menos así lo
+consideró Fortunata sin poder expresar por qué. Traía Mauricia un mantón
+nuevo y a la cabeza un pañuelo de seda de fajas azul-turquí y rojo vivo,
+delantal de cuadritos y falda de tartán, y en la mano un bulto atado con
+un pañuelo por las cuatro puntas.
+
+«¿No está doña Lupe?» dijo sentándose sin ninguna ceremonia.
+
+--Ya le he dicho que no--replicó Papitos con mal modo.
+
+--No te he preguntado a ti, refistolera, métome-en-todo. Lárgate a tu
+cocina, y déjanos en paz.
+
+Papitos se fue refunfuñando.
+
+--¿Qué traes por aquí?--le preguntó Fortunata, que desde que la vio
+entrar, sentía palpitaciones muy fuertes.
+
+--Pues nada... Estoy otra vez corriendo prendas, y aquí traigo unos
+mantones para que los vea esa tía pastelera...
+
+--¡Qué manera de hablar! Corrígete, mujer... ¿Te has olvidado ya de la
+que hiciste en el convento? ¡Vaya un escándalo! Lo sentí mucho por ti.
+Aquel día me puse mala.
+
+--Chica, no me hables... Vaya, que me trastorné de veras. Pero una
+tentación cualquiera la tiene. ¿Y qué, dije muchas barbaridades? Yo no
+me acuerdo. No estaba en mí, no sabía lo que hacía. Sólo me acuerdo de
+que vi a la Pura y Limpia, y después quise entrar en la iglesia y coger
+al Santísimo Sacramento... soñé que me comía la hostia... Nunca me ha
+dado un toque tan fuerte, chica... ¡Qué cosas se le ocurren a una cuando
+se sube el mengue a la cabeza! Créemelo porque yo te lo digo: cuando se
+me serenó el sentido, estaba abochornada... El único a quien guardaba
+rencor era al tío capellán. Me lo hubiera comido a bocados. A las
+señoras no. Me daban ganas de ir a pedirles perdón; pero por el aquel de
+la _dinidá_ no fui. Lo que más me escocía era haberle tirado un
+ladrillazo a doña Guillermina. Esto sí que no me lo paso, no me lo
+paso... Y le he cogido tal miedo, que cuando la veo venir por la calle,
+se me sube toda la color a la cara, y me voy por otro lado para que no
+me vea. A mi hermana le ha dicho que me perdona, ¿ves?, y que todavía
+cuenta hacer algo por mí.
+
+--Es que eres atroz...--le dijo Fortunata--. Si no te quitas ese vicio,
+vas a parar en mal.
+
+--Quita, mujer, y no me digas nada... Pues si desde que salí de las
+Micaelas no he vuelto a catarlo... Soy ahora, como quien dice, otra. No
+quiero vivir con mi hermana, porque Juan Antonio y yo no casamos bien;
+pero a persona decente no me gana nadie ahora. Créetelo porque yo te lo
+digo. No lo vuelvo a catar. Y si no, tú lo has de ver... Y pasando a
+otra cosa, ya sé que te casas mañana.
+
+--¿Por dónde lo has sabido?
+
+--Eso, acá yo... Todo se sabe--replicó la Dura con malicia--. Vaya, que
+te ha caído la lotería. Yo me alegro, porque te quiero.
+
+En esto Mauricia se inclinó bruscamente y recogió del suelo un objeto
+pequeño. Era un botón.
+
+«Buen agüero, mira--dijo mostrándolo a Fortunata--. Señal de que vas a
+ser dichosa».
+
+--No creas en brujerías.--¿Que no crea?... _Paices_ boba. Cuando una se
+encuentra un botón, quiere decirse que a una le va a pasar algo. Si el
+botón es como este, blanco y con cuatro _ujeritos_, buena señal; pero si
+es negro y con tres, mala.
+
+--Eso es un disparate.--Chica, es el Evangelio. Lo he probado la mar de
+veces. Ahora vas a estar en grande. ¿Sabes una cosa?
+
+Dijo esto último con tal intención, que Fortunata, cuya ansiedad crecía
+sin saber por qué, vio tras el _sabes una cosa_ una confidencia de
+extraordinaria gravedad.
+
+--¿Qué?--Que te quemas.--¿Cómo que me quemo?
+
+--Nada, mujer, que te quemas, que le tienes muy cerca. Te gustan las
+cosas claras, ¿verdad?, pues allá va. Volvió de Valencia muy bueno y muy
+enamoradito de ti. Lo que yo te decía, chica, lo mismo fue enterarse de
+que estabas en las Micaelas haciéndote la católica, que se le encendió
+el celo, y todas las tardes pasaba por allí en su _featón_. Los hombres
+son así: lo que tienen lo desprecian, y lo que ven guardado con llave y
+candados, eso, eso es lo que se les antoja.
+
+--Quita, quita...--dijo Fortunata, queriendo aparecer serena--. No me
+vengas con cuentos.
+
+--Tú lo has de ver.--¿Cómo que lo he de ver? Vaya, que tienes unas
+cosas...
+
+Mauricia se echó a reír con aquel desparpajo que a su amiga le parecía
+el humorismo de un hermoso y tentador demonio. En medio de la infernal
+risa, brotaba esta frase que a Fortunata le ponía los pelos de punta:
+«¿Te lo digo?... ¿te lo digo?».
+
+--¿Pero qué?
+
+Se miraron ambas. Dentro de los cóncavos y amoratados huecos de los
+ojos, acechaban las pupilas de Mauricia con ferocidad de pájaro cazador.
+
+«¿Te lo digo?... Pues el tal sabe echar por la calle de enmedio. Vaya,
+que es listo y ejecutivo. Te ha armado una trampa, en la cual vas a
+caer... Como que ya has metido la patita dentro».
+
+--¿Yo...?--Sí... tú. Pues ha alquilado el cuarto de la izquierda de la
+casa en que vas a vivir; el tuyo es el de la derecha.
+
+--¡Bah!... no digas desatinos--replicó Fortunata, queriendo echárselas
+de valiente.
+
+Deslizose de sus rodillas al suelo la falda de gro negro que estaba
+arreglando.
+
+«Como lo oyes, chica... Allí le tienes. Desde que entres en tu casa, le
+sentirás la respiración».
+
+--Quita, quita... no quiero oírte.
+
+--Si sabré yo lo que me digo. Para que te enteres: hace media hora que
+he estado hablando con él en casa de una amiga. Si no caes en la trampa,
+creo que el pobrecito revienta... tan dislocado está por ti.
+
+--El cuarto de al lado... a mano izquierda cuando entramos... el mío a
+esta mano; de modo que... No me vuelvas loca...
+
+--Lo ha tomado por cuenta de él una que llaman Cirila... Tú no la
+conoces; yo sí: ha sido también corredora de alhajas y tuvo casa de
+huéspedes. Está casada con uno que fue de la ronda secreta, y ahora tu
+señor me le ha colocado en el tren.
+
+Fortunata sintió que se congestionaba. Su cabeza ardía.
+
+«Vaya, todo eso es cuento... ¿Piensas que me voy a creer esas bolas?...
+¡Como no se acuerde él de mí...!, ni falta.
+
+--Tú lo has de ver. ¡Ay qué chico! Da pena verle... loquito por ti... y
+arrepentido de la partida serrana que te jugó. Si la pudiera reparar, la
+repararía. Créetelo porque yo te lo digo.
+
+En esto entró Papitos con pretexto de preguntar una cosa a la señorita,
+pero realmente con el único objeto de curiosear. Lo mismo fue verla
+Mauricia que echarle los tiempos del modo más despótico.
+
+«Mira, chiquilla, si no te largas, verás».
+
+La amenazó con un movimiento del brazo, precursor de una gran bofetada;
+pero la mona se le rebeló, chillando así: «No me da la gana... ¿Y a
+usted qué?... ¡Mía esta!...». Fortunata le dijo: «Papitos, vete a la
+cocina», y obedeció la rapaza, aunque de muy mala gana.
+
+«Pues yo...--prosiguió Fortunata--, si es verdad, le diré a mi marido
+que tome otra casa».
+
+--Tendrías que cantarle el motivo.
+
+--Se lo cantaré... vaya.--Bonita escandalera armarías... Nada, hija,
+que la trampa te la ponen donde quiera que vayas, y ¡pum!... ídem de
+lienzo.
+
+--Pues ea... no me casaré--dijo la novia en el colmo ya de la confusión.
+
+--¡Quia! Por tonta que te quieras volver, no harás tal... ¿Crees que
+esas brevas caen todos los días? Que se te quite de la cabeza...
+Casadita, puedes hacer lo que quieras, guardando el aparato de la
+_comenencia_. La mujer soltera es una esclava; no puede ni menearse. La
+que tiene un peine de marido, tiene bula para todo.
+
+Fortunata callaba, mirando vagamente al suelo, con la barba apoyada en
+la mano.
+
+«¿Qué miras?--dijo la Dura inclinándose--. ¡Ah!, otro botón... y este es
+negro, con tres _ujeros_... Mala señal, chica. Esto quiere decir que si
+no te casas, mereces que te azoten».
+
+Recogiendo el botón, lo miraba de cerca. Anochecía, y la sala se iba
+quedando a oscuras. Poco después Fortunata veía sólo el bulto de su
+amiga y los zapatos amarillos. Empezaba a cogerle miedo; pero no deseaba
+que se marchase, sino que hablara más y más del mismo temeroso asunto.
+
+«Te digo que no me caso» repitió la joven, sintiendo que se renovaba en
+su alma el horror al matrimonio con el chico de Rubín. Y las ideas tan
+trabajosamente construidas en las Micaelas, se desquiciaron de repente.
+Aquel altarito levantado a fuerza de meditaciones y de gimnasias de la
+razón, se resquebrajaba como si le temblara el suelo.
+
+«El cuarto de la izquierda... de modo que... Eso es estar vendida... Una
+puerta aquí, otra allí...».
+
+--Lo que te digo, una patita en la trampa; sólo te falta meter la otra.
+
+Y rompió a reír de nuevo con aquella franqueza insolente que a Fortunata
+le agradaba, cosa extraña, despertando en su alma instintos de dulce
+perversidad.
+
+«Nada, yo no me caso, que no me caso, ¡ea!--declaró la novia
+levantándose y dando pasos de aquí para allí, cual si moviéndose
+quisiera infundirse la energía que le faltaba».
+
+--Como lo vuelvas a decir...--añadió Mauricia haciendo un gesto de
+burlesca amenaza--. ¿Piensas que una ganga como esta se encuentra detrás
+de cada esquina? Nada, chica, a casarse tocan. En ese espejo quisieran
+verse otras. Y para acabar, chica, cásate, y haz por no caer en la
+trampa. Vaya, ponte a ser honrada, que de menos nos hizo Dios... Oye lo
+que te digo, que es el Evangelio, chica, el puro Evangelio:
+
+Fortunata se detuvo ante su amiga, y esta la obligó a sentarse otra vez
+a su lado.
+
+«Nada, te casas... porque casarte es tu salvación. Si no, vas a andar de
+mano en mano hasta la consunción de los siglos. Tú no seas boba; si
+quieres ser honrada, _serlo_, hija. Descuida, que no te pondrán un puñal
+al pecho para que peques».
+
+--Pues sí--dijo Fortunata animándose--, ¿qué me importa a mí la trampa?
+Como yo no quiera caer...
+
+--Claro... El otro ahí junto... pues que le parta un rayo. ¿A ti qué? Tú
+di «soy honrada», y de ahí no te saca nadie. A los pocos días le dices a
+tu esposo de tu alma que la casa no te gusta, y tomáis otra.
+
+--Di que sí... tomamos otra, y se acabó la trampa--observó la novia
+tomando en serio los consejos de su amiga.
+
+--Verdad que él no se acobardará, y a donde vayas, él detrás. Créeme que
+está loco, Y te digo más. La criada que tienes, esa Patricia que le
+recomendó a doña Lupe el señor de Torquemada, está vendida.
+
+--¡Vendida!... ¡Ah!...--exclamó Fortunata con nuevo terror--. Mira tú
+por qué esa mujer no me gustó cuando la vi esta mañana. Es muy adulona,
+muy relamida, y tiene todo el aire de un serpentón... Pues nada, le diré
+a mi marido que no me gusta, y mañana mismo la despido.
+
+--Eso... y viva el _caraiter_. Tú mira bien lo que te digo: siempre y
+cuando quieras ser honrada, _serlo_; pero dejarte de casar, ¡dejar de
+casarte!, que no se te pase por la cabeza, hija de mi alma.
+
+Fortunata parecía recobrar la calma con esta exhortación de su amiga,
+expresada de una manera cariñosa y fraternal.
+
+«Otra cosa se me ocurre--indicó luego con la alegría del náufrago que ve
+flotar una tabla cerca de sí--. Le diré a mi marido que estoy mala y que
+me lleve a vivir al pueblo ese donde ha cogido la herencia».
+
+--¡Pueblo!... ¿Y qué vas a hacer tú en un pueblo?--dijo Mauricia con
+expresión de desconsuelo, como una madre que se ocupa del porvenir de su
+hija--. Mira tú, y créelo porque yo te lo digo: más difícil es ser
+honrada en un pueblo chico que en estas ciudades grandes donde hay mucho
+personal, porque en los pueblos se aburre una; y como no hay más que dos
+o tres sujetos finos y siempre les estás viendo, ¡qué peine!, acabas por
+encapricharte con alguno de ellos. Yo conozco bien lo que son los
+pueblos de corto personal. Resulta que el alcalde, y si no el alcalde el
+médico y si no el juez, si lo hay, te hacen tilín, y no quiero decirte
+nada. En último caso, tanto te aburres, que te da un _toque_ y caes con
+el señor cura...
+
+--Quita, quita, ¡qué asco!
+
+--Pues chica, no pienses en salir de Madrid--agregó la tarasca
+cogiéndola por un brazo, atrayéndola a sí y sentándola sobre sus
+rodillas--. Hija de mi vida, ¿a quién quiero yo? A ti nada más. Lo que
+yo te diga es por tu bien.
+
+Déjate llevar; cásate, y si hay trampa, que la haya. Lo que debe pasar,
+pasa... Deja correr y haz caso de mí, que te he tomado cariño y soy
+_mismamente_ como tu madre.
+
+Fortunata iba a responder algo; pero la campanilla anunció que se
+aproximaba doña Lupe.
+
+Cuando esta penetró en la sala, ya sabía por Papitos quién estaba allí.
+
+--¿En dónde está esa loca?--entró diciendo--. ¡Pero qué oscuridad! No
+veo gota. Mauricia...
+
+--Aquí estoy, mi señora doña Lupe. Ya nos podían traer una luz.
+
+Fortunata fue por la luz, y en tanto la viuda dijo a su corredora:
+
+«¿Qué traes por acá? ¡Cuánto tiempo...! ¿Y qué tal? ¿Te has enmendado?
+Porque el padre Pintado le contó a Nicolás horrores de ti...».
+
+--No haga caso, señora. D. León es muy fabulista y boquea más de la
+cuenta. Fue un pronto que tuve.
+
+--¡Vaya unos prontos!... ¿Y qué traes ahí?
+
+Entró Fortunata con la lámpara encendida, y la tarasca empezó a mostrar
+mantones de Manila, un tapiz japonés, una colcha de malla y felpilla.
+
+«Mire, mire qué primores. Este pañolón es de la señá marquesa de
+Tellería. Lo da por un pedazo de pan. Anímese, señora, para que haga un
+regalo a su sobrina, el día de mañana, que así sea el _escomienzo_ de
+todas las felicidades».
+
+--¡Quita allá!... ni para qué quiere esta mantones. ¡Buenos están los
+tiempos! ¿Y qué precio?... ¡Cincuenta duros! Ajajá... ¡qué gracia! Los
+tengo yo del propio Senquá, mucho más floreados que ese y los doy a
+veinticinco.
+
+--Quisiera verlos... ¿Sabe lo que le digo? Que me caiga muerta aquí
+mismo, si no es verdad que me han ofrecido treinta y ocho y no lo he
+querido dar... Mire, por estas cruces.
+
+Y haciendo la cruz con dos dedos, se la besó.
+
+--«A buena parte vienes!... Si estoy yo de mantones...».
+
+--Pero no serán como este.--Mejores, cien veces mejores... Pero me
+alegro de que hayas venido: te voy a dar un aderezo para que me lo
+corras.
+
+Y siguieron picoteando de este modo hasta que entró Maximiliano, y doña
+Lupe mandó sacar la sopa. El novio, enterándose de que había visita en
+la sala, acercose despacito a la puerta para ver quién era. «Es
+Mauricia» le dijo su prometida saliéndole al encuentro.
+
+Ambos se fueron al comedor, esperando allí a que su tía despachase a la
+corredora. Cuando esta se fue no quiso Fortunata salir a despedirla, por
+temor de que dijese algo que la pudiera comprometer.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Maximiliano habló a su futura de las invitaciones que había hecho, y
+ella le oía como quien oye llover; mas no reparó el joven en esta
+distracción por lo muy exaltado que estaba. Como era tan idealista,
+quería hacer el papel de novio con todas las reglas recomendadas por el
+uso, y aunque se vio solo en el comedor con su amada, tratábala con
+aquellos miramientos que impone el pudor más exquisito. No se decidía ni
+a besarla, gozando con la idea de poder hacerlo a sus anchas después de
+recibidas las bendiciones de la Iglesia, y aun de hacerle otras caricias
+con la falsa ilusión de no habérselas hecho antes. Mientras comían,
+Fortunata se sintió anegada en tristeza, que le costaba trabajo
+disimular. Inspirábale el próximo estado tanto temor y repugnancia, que
+le pasó por el pensamiento la idea de escaparse de la casa, y se dijo:
+«No me llevan a la Iglesia ni atada». Doña Lupe, que gustaba tanto de
+hacer papeles y de poner en todos los actos la corrección social, no
+quería que los novios se quedasen solos ni un momento. Había que emplear
+una ficción moral como tributo a la moral misma y en prueba de la
+importancia que debemos dar a la forma en todas nuestras acciones.
+
+Fortunata estuvo muy desvelada aquella noche. Lloraba a ratos como una
+Magdalena, y poníase luego a recordar cuanto le dijo el padre Pintado y
+el remedio de la devoción a la Santísima Virgen. Durmiose al fin
+rezando, y soñó que la Virgen la casaba, no con Maxi, sino con su
+verdadero hombre, con el que era suyo a pesar de los pesares. Despertó
+sobresaltada, diciendo: «Esto no es lo convenido». En el delirio de su
+febril insomnio, pensó que D. León la había engañado y que la Virgen se
+pasaba al enemigo, «Pues para esto no se necesitaba tanto Padre Nuestro
+y tanta Ave María...». Por la mañana reíase de aquellos disparates, y
+sus ideas fueron más reposadas. Vio claramente que era locura no seguir
+el camino por donde la llevaban, que era sin duda el mejor. «¡Hala!,
+honrada a todo trance. Ya me defenderé de cuantas trampas se me quieran
+armar».
+
+Doña Lupe dejó las ociosas plumas a las cinco de la mañana cuando aún no
+era de día, y arrancó de la cama a Papitos, tirándole de una oreja, para
+que encendiera la lumbre. ¡Flojita tarea la de aquel día; un almuerzo
+para doce personas! Llamó a Fortunata para que se fuera arreglando, y
+acordaron dejar dormir a Maxi hasta la hora precisa, porque los
+madrugones le sentaban mal. Dio varias disposiciones a la novia para que
+trabajara en la cocina, y se fue a la compra con Papitos, llevando el
+cesto más grande que en la casa había.
+
+Lo que doña Lupe llamaba el _menudo_ era excelente: riñones salteados,
+sesos, merluza o pajeles, si los había, chuletas de ternera, filete a la
+inglesa... Esto corría de cuenta de la viuda, y Fortunata se comprometió
+a hacer una paella. A las ocho ya estaba doña Lupe de vuelta, y parecía
+una pólvora; tal era su actividad. Como que a las diez debían ir a la
+Iglesia. «Pero no, no iré, porque si voy, de fijo me hace Papitos algún
+desaguisado». La suerte fue que vino Patricia, y entonces se decidió la
+señora a asistir a la ceremonia.
+
+Púsose la novia su vestido de seda negro, y doña Lupe se empeñó en
+plantarle un ramo de azahar en el pecho. Hubo disputa sobre esto... que
+sí, que no. Pero la señora de D. Basilio había traído el ramo y no se la
+podía desairar. Como que era el mismo ramo que ella se había puesto el
+día de su boda. Fortunata estaba guapísima, y Papitos buscaba mil
+pretextos para ir al gabinete y admirarla aunque sólo fuera un instante.
+«Esta sí que no tiene algodón en la delantera» pensaba.
+
+La de Jáuregui se puso su _visita_ adornada con abalorio, y doña Silvia
+se presentó con pañuelo de Manila, lo que no agradó mucho a la viuda,
+porque parecía boda de pueblo. Torquemada fue muy majo; llevaba el hongo
+nuevo, el cuello de la camisa algo sucio, corbata negra deshilachada y
+en ella un alfiler con magnífica perla que había sido de la marquesa de
+Casa-Bojío. El bastón de roten y las enormes rodilleras de los calzones
+le acababan de caracterizar. Era hombre muy humorístico y tenía una
+baraja de chistes referentes al tiempo. Cuando diluviaba, entraba
+diciendo: «Hace un polvo atroz». Aquel día hacía mucho calor y sequedad,
+motivo sobrado para que mi hombre se luciera: «¡Vaya una nevada que está
+cayendo!». Estas gracias sólo las reían doña Silvia y doña Lupe.
+
+Maxi llevaba su levita nueva y la chistera que aquel día se puso por
+primera vez. Extrañaba mucho aquel desusado armatoste, y cuando se lo
+veía en la sombra, parecíale de tres o cuatro palmos de alto. Dentro de
+casa, creía que tocaba con su sombrero al techo. Pero en orden de
+chisteras, la más notable era la de D. Basilio Andrés de la Caña, que lo
+menos era de catorce modas atrasadas, y databa del tiempo en que Bravo
+Murillo le hizo ordenador de pagos. Las botas miraban con envidia al
+sombrero por el lustre que tenía. Nicolás Rubín presentose menos
+desaseado que otras veces, sintiendo no haber podido traer a D. León.
+_Ulmus Sylvestris, Quercus gigantea_, y _Pseudo Narcissus odoripherus_
+presentáronse muy guapetones, de levitín, y alguno de ellos con guantes
+acabados de comprar, y rodearon a la novia, y la felicitaron y aun le
+dieron bromas, viéndose ella apuradísima para contestarles. Por fin,
+doña Lupe dio la voz de mando, y a la iglesia todo el mundo.
+
+Fortunata tenía la boca extraordinariamente amarga, cual si estuviera
+mascando palitos de quina. Al entrar en la parroquia sintió horrible
+miedo. Figurábase que su enemigo estaba escondido tras un pilar. Si
+sentía pasos, creía que eran los de él. La ceremonia verificose en la
+sacristía, y duró poco tiempo. Impresionaron mucho a la novia los
+símbolos del Sacramento, y por poco se cae redonda al suelo. Y al propio
+tiempo sentía en sí una luz nueva, algo como un sacudimiento, el choque
+de la dignidad que entraba. La idea del señorío enderezó su espíritu,
+que estaba como columna inclinada y próxima a perder el equilibrio.
+¡Casada!, ¡honrada o en disposición de serlo! Se reconocía otra. Estas
+ideas, que quizás procedían de un fenómeno espasmódico, la confortaron;
+pero al salir volvió a sentirse acometida del miedo. ¡Si por acaso el
+enemigo se le aparecía...! Porque Mauricia le había dicho que rondaba,
+que rondaba, que rondaba... ¡Aquí de la Virgen! Pero ¡qué cosas! ¡Si
+María Santísima protegía ahora al enemigo! Esta idea extravagante no la
+podía echar de sí. ¿Cómo era posible que la Virgen defendiera el pecado?
+¡Tremendo disparate!, pero disparate y todo, no había medio de
+destruirlo.
+
+De regreso a la casa, doña Lupe no cabía en su pellejo; de tal modo se
+crecía y se multiplicaba atendiendo a tantas y tan diferentes cosas. Ya
+recomendaba en voz baja a Fortunata que no estuviese tan displicente con
+doña Silvia; ya corría al comedor a disponer la mesa; ya se liaba con
+Papitos y con Patricia, y parecía que a la vez estaba en la cocina, en
+la sala, en la despensa y en los pasillos. Creeríase que había en la
+casa tres o cuatro viudas de Jáuregui funcionando a un tiempo. Su mente
+se acaloraba ante la temerosa contingencia de que el almuerzo saliera
+mal. Pero si salía bien, ¡qué triunfo! El corazón le latía con fuerza,
+comunicando calor y fiebre a toda su persona, y hasta la pelota de
+algodón parecía recibir también su parte de vida, palpitando y
+permitiéndose doler. Por fin, todo estuvo a punto. Juan Pablo, que no
+había ido a la iglesia, pero que se había unido a la comitiva al volver
+de ella, buscaba un pretexto para retirarse. Entró en el comedor cuando
+sonaba el pataleo de las sillas en que se iban acomodando los
+comensales, y contó... «Me voy--dijo--, para no hacer trece». Algunos
+protestaron de tal superstición, y otros la aplaudieron. A D. Basilio le
+parecía esto incompatible con las luces del siglo, y lo mismo creía doña
+Lupe; pero se guardó muy bien de detener a su sobrino por la ojeriza que
+le tenía, y Juan Pablo se fue, quedando en la mesa los comensales en la
+tranquilizadora cifra de doce.
+
+Durante el almuerzo, que fue largo y fastidioso, Fortunata siguió muy
+encogida, sin atreverse a hablar, o haciéndolo con mucha torpeza cuando
+no tenía más remedio. Temía no comer con bastante finura y revelar
+demasiado su escasa educación. El temor de parecer ordinaria era causa
+de que las palabras se detuvieran en sus labios en el momento de ser
+pronunciadas. Doña Lupe, que la tenía al lado, estaba al quite para
+auxiliarla si fuera menester, y en los más de los casos respondía por
+ella, si algo se le preguntaba, o le soplaba con disimulo lo que debía
+de decir.
+
+A un tiempo notaron Fortunata y doña Lupe que Maximiliano no se sentía
+bien. El pobrecito quería engañarse a sí mismo, haciéndose el valiente;
+mas al fin se entregó. «Tú tienes jaqueca» le dijo su tía. «Sí que la
+tengo--replicó él con desaliento, llevándose la mano a los ojos--; pero
+quería olvidarla a ver si no haciéndole caso, se pasaba. Pero es inútil;
+no me escapo ya. Parece que se me abre la cabeza. Ya se ve, la agitación
+de ayer, la mala noche, porque a las tres de la mañana desperté creyendo
+que era la hora, y no volví a dormir».
+
+Hubo en la mesa un coro compasivo. Todos dirigían al pobre jaquecoso
+miradas de lástima y algunos le proponían remedios extravagantes.
+
+«Es mal de familia--observó Nicolás--, y con nada se quita. Las mías
+han sido tan tremendas, que el día que me tocaba, no podía menos que
+compararme a San Pedro Mártir, con el hacha clavada en la cabeza. Pero
+de algún tiempo a esta parte se me alivian con jamón».
+
+--¿Cómo es eso?... ¿aplicándose una tajada a la cabeza?
+
+--No, hija... comiéndolo...--¡Ah!, uso interno...--Vale más que te
+retires--dijo Fortunata a su marido, cuyo sufrimiento crecía por
+instantes.
+
+Doña Lupe fue de la misma opinión, y Maximiliano pidió permiso para
+retirarse, siéndole concedido con otro coro de lamentaciones. El
+almuerzo tocaba ya a su fin. Fortunata se levantó para acompañar a su
+marido, y no hay que decir que, sintiendo el motivo, se alegraba de
+abandonar la mesa, por verse libre de la etiqueta y de aquel suplicio de
+las miradas de tanta gente. Maxi se echó en su cama; su mujer le arropó
+bien, y cerrando las maderas, fue a la cocina a hacer un té. Allí
+tropezó con doña Lupe, que le dijo:
+
+«Primero es el café. Ya lo están esperando. Ayúdame, y luego harás el té
+para tu marido. Lo que él necesita más es descanso».
+
+La sobremesa fue larga. Pegaron la hebra D. Basilio y Nicolás sobre el
+carlismo, la guerra y su solución probable, y se armó una gran
+tremolina, porque intervinieron los farmacéuticos, que eran atrozmente
+liberales, y por poco se tiran los platos a la cabeza. Torquemada
+procuraba pacificar, y entre unos y otros molestaban mucho al enfermo
+con la bulla que hacían. Por fin, a eso de las cuatro fueron desfilando,
+teniendo la desposada que oír los plácemes empalagosos que le dirigían,
+confundidos con bromas de mal gusto, y contestar a todo como Dios le
+daba a entender. La tarde pasola Maxi muy mal; le dieron vómitos y se
+vio acometido de aquel hormigueo epiléptico que era lo que más le
+molestaba. Al anochecer se empeñó en que se había de ir a la nueva casa,
+y su mujer y su tía no podían quitárselo de la cabeza.
+
+«Mira que te vas a poner peor. Duerme aquí, y mañana...».
+
+--No, no quiero. Me siento algo aliviado. El periodo más malo pasó ya.
+Ahora el dolor está como indeciso, y dentro de media hora aparecerá en
+el lado derecho, dejándome libre el izquierdo. Nos vamos a casa, me
+acuesto entre sábanas y allí pasaré lo que me resta.
+
+Fortunata insistía en que no se moviese, pero él se levantó y se puso la
+capa. No hubo más remedio que emprender la marcha para la otra casa.
+
+«Tía--dijo Maxi--, que no se olvide el frasco de láudano. Cógelo tú,
+Fortunata, y llévalo. Cuando me meta en la cama, trataré de dormir, y
+si no lo consigo, echarás seis gotas, cuidado... seis gotas nada más de
+esta medicina en un vaso de agua, y me las darás a beber».
+
+Muy abrigado y la cabeza bien envuelta para que no le diese frío,
+lleváronle a la casa matrimonial, que fue estrenada en condiciones poco
+lisonjeras. La distancia entre ambos domicilios era muy corta. Al
+atravesar la calle de Santa Feliciana, Fortunata creyó ver... juraría...
+Le corrió una exhalación fría por todo el cuerpo. Pero no se atrevía a
+mirar para atrás con objeto de cerciorarse. Probablemente no era más que
+delirio y azoramiento de su alma, motivados por las mil andróminas que
+le había contado Mauricia.
+
+Llegaron, y como todo estaba preparado para pernoctar, nada echaron de
+menos. Sólo se hablan olvidado unas bujías y Patricia bajó a traerlas.
+Acostado Maxi, sucedió lo que se temía: que se puso peor, y vuelta a los
+vómitos y a la desazón espasmódica. «Tú no quieres hacer caso de mí...
+¡Cuánto mejor que hubieras dormido en casa esta noche! Ahí tienes el
+resultado de tu terquedad». Después de expresar su opinión autoritaria
+de esta manera, doña Lupe, viendo a su sobrino más tranquilo y como
+vencido del sopor, empezó a dar instrucciones a Fortunata sobre el
+gobierno de la casa. No aconsejaba, sino que disponía. Por dar órdenes,
+hasta le dijo lo que había de mandar traer de la plaza al día
+siguiente, y al otro y al otro. «Y cuidado con dejar de tomarle la
+cuenta a la muchacha, al céntimo, pues Torquemada dice que no la abona y
+no hay que fiar... Si te falta algún cacharro en la cocina, no lo
+compres; yo te lo compraré, porque a ti te clavan... Nada de comprar
+petróleo en latas... el fuego me horripila. Desde mañana vendrá el
+petrolero de casa y le tomas lo que se gaste en el día... Patatas y
+jabón, una arroba de cada cosa. Cuidado cómo te sales de un diario de
+dieciséis reales todo lo más... El día que sea conveniente un
+extraordinario, me lo avisas... Yo iré con Papitos a la plaza de San
+Ildefonso, y te traeré lo que me parezca bien... A Maxi le pones mañana
+dos huevitos pasados, ya sabes, y un sopicaldo. Los demás días su
+chuletita con patatas fritas. No compres nunca merluza en Chamberí.
+Papitos te la traerá. Mucho ojo con este carnicero, que es más ladrón
+que Judas. Si tienes alguna cuestión con él, nómbrame a mí y le verás
+temblar...». Y por aquí siguió amonestando y apercibiendo con ínfulas de
+verdadera ama y canciller de toda la familia. La suerte que se marchó.
+
+Serían las diez cuando la desposada se quedó sola con su marido y con
+Patricia. Maxi no acababa de tranquilizarse, por lo que fue preciso
+apelar al remedio heroico. El mismo enfermo lo pidió, dejando oír una
+voz quejumbrosa que salía de entre las sábanas, y que por su tenuidad
+no parecía corresponder a la magnitud del lecho. Fortunata cogió el
+cuenta gotas y acercando la luz preparó la pócima. En vez de siete gotas
+no puso más que cinco. Le daba miedo aquella medicina. Tomola Maxi y al
+poco rato se quedaba dormido con la boca abierta, haciendo una mueca que
+lo mismo podía ser de dolor que de ironía.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Al ver dormido a su esposo, pareciole a Fortunata que se alejaba;
+encontrose sola, rodeada de un silencio alevoso y de una quietud
+traidora. Dio varias vueltas por la casa, sin apartar el pensamiento y
+las miradas de los tabiques que separaban su cuarto del inmediato, y los
+tales tabiques se le antojaron transparentes, como delgadas gasas, que
+permitían ver todo lo que de la otra parte pasaba. Andando de puntillas
+por los pasillos y por la sala, percibió rumor de voces. Si aplicara el
+oído a la pared, oiría quizás claramente; pero no se atrevió a
+aplicarlo. Por la ventana del comedor que daba a un patio medianero,
+veíase otra ventana igual con visillos en los cristales. Allí lucía una
+lámpara con pantalla verde, y alrededor de ella pasaban bultos, sombras,
+borrosas imágenes de personas, cuyas caras no se podían distinguir.
+
+Después de hacer estas observaciones, fue a la cocina, donde estaba la
+criada preparando los trastos para el día siguiente. Era tan hacendosa y
+tan corrida en el oficio, que la misma doña Lupe se sorprendía de verla
+trabajar, porque despachaba las cosas en un decir Jesús, sin
+atropellarse. Pero a Fortunata le era antipática por aquella amabilidad
+empalagosa tras de la cual vislumbraba la traición.
+
+«Patricia--le dijo su ama, afectando una curiosidad indiferente--. ¿Sabe
+usted qué gente es esa del cuarto de al lado?».
+
+--Señorita--replicó la criada sin dejarla concluir--; como estoy aquí
+desde el día antes de salir usted del convento, ya conozco a toda la
+vecindad... ¿sabe? En ese cuarto vive una señora muy fina que la llaman
+doña Cirila. Su marido es no sé qué del tren. Tiene una gorra con
+galones y letras. Esta noche, cuando bajé por las bujías, me encontré a
+la vecina en la tienda y me preguntó por el señorito. Dijo que cualquier
+cosa que se ofreciera... ¿sabe? Es muy amable. Ayer entró aquí a ver la
+casa, y yo pasé a la suya... Dice que tiene muchas ganas de hacerle a
+usted la visita.
+
+--¡A mí!--replicó Fortunata sentándose en la silla de la cocina, junto a
+la mesa de pino blanco--. ¡Qué confianzudo está el tiempo! Y usted,
+¿para qué se ha metido allá, sin más ni más?... ¿Qué sabía usted si a mí
+me gustaba o no me gustaba entrar en relaciones...?
+
+--Yo... señorita... calculé que...
+
+--Nada, estoy vendida...--pensó Fortunata--, y esta mujer es el mismo
+demonio.
+
+Un rato estuvo meditando, hasta que Patricia, mientras ponía los
+garbanzos de remojo, la sacó de su abstracción con estas mañosas
+palabras:
+
+«Díjome doña Cirila que es usted muy linda, ¿sabe?... que esta mañana la
+vio a usted en la iglesia y que le fue muy simpática. Verá usted, cuando
+la trate, que también ella se deja querer. Dice que se alegrará mucho de
+que usted pase a su casa cuando guste... con confianza, y que de noche
+están jugando a la brisca hasta las doce».
+
+--¡Que pase yo allá!... ¡yo!
+
+--Claro... y esta noche misma puede pasar, puesto que el señorito duerme
+y no son más que las diez... Digo, si quiere distraerse un rato.
+
+«¿Pero qué está usted diciendo? ¡Distraerme yo!».
+
+Fortunata se habría dejado llevar del primer impulso de cólera, si en su
+alma no hubiera nacido otro impulso de tolerancia, unido a cierta
+relajación de conciencia. Se calló, y en aquel instante llamaron a la
+puerta.
+
+«¡Llaman!... No abra usted, no abra usted» dijo con presentimiento de
+un cercano peligro.
+
+--¿Por qué, señorita?... ¿A qué esos miedos...? Miraré por el
+ventanillo.
+
+Y fue hacia el recibimiento. Desde la cocina oyó Fortunata cuchicheo en
+la puerta. Duró poco, y la criada volvió diciendo:
+
+«Los de al lado... la misma señorita Cirila fue la que llamó. Nada; que
+si teníamos por casualidad azucarillos... Le he dicho que no. Me
+preguntó cómo seguía el señorito. Le contesté que duerme como un lirón».
+
+Fortunata salió de la cocina sin decir nada, cejijunta y con los labios
+temblorosos. Fue a la alcoba y observó a su marido que dormía
+profundamente, pronunciando en su delirio opiáceo palabras amorosas
+entremezcladas con términos de farmacia: «Ídolo... De acetato de
+morfina, un centigramo... Cielo de mi vida... Clorhidrato de amoniaco,
+tres gramos... disuélvase...».
+
+Volviendo a la cocina, mandó a la criada que se acostase; pero la señora
+Patria no tenía sueño. «Mientras la señorita no se acueste, ¿para qué me
+he de acostar yo? Podría ofrecerse algo». Y la muy picarona quería
+entablar conversación con su ama; mas esta no le respondía a nada. De
+pronto, el despierto oído de Fortunata, cuyo pensamiento estaba
+reconcentrado en la trampa que a su parecer se le armaba, creyó sentir
+ruido en la puerta. Parecía como si cautelosamente probaran llaves
+desde fuera para abrirla. Fue allá muerta de miedo, y al acercarse cesó
+el ruido; ella no las tenía todas consigo, y llamó a Patria: «Juraría
+que alguien anda en la puerta... Pero qué, ¿no ha echado usted el
+cerrojo?».
+
+Observó entonces que el cerrojo no estaba echado, y lo corrió con mucho
+cuidado para no hacer ruido.
+
+«¡Vaya, que si yo me fiara de usted para guardar la casa!... A ver,
+atención... ¿No siente usted un ruidito como si alguien estuviera
+tentando la cerradura?... ¿Ve usted?, ahora empujan... ¿qué es esto?».
+
+--Señorita... ¿sabe?, es el viento que rebulle en la escalera. No sea
+usted tan medrosica...
+
+Lo más particular era que la misma Fortunata, al correr el cerrojo con
+tanto cuidado, había sentido, allá en el más apartado escondrijo de su
+alma, un travieso anhelo de volverlo a descorrer. Podría ser ilusión
+suya; pero creía ver, cual si la puerta fuera de cristal, a la persona
+que tras esta, a su parecer, estaba... Le conocía, ¡cosa más rara!, en
+la manera de empujar, en la manera de rasguñar la fechadura en la manera
+de probar una llave que no servía. Durante un rato, señora y criada no
+se miraron. A la primera le temblaban las manos y le andaba por dentro
+del cráneo un barullo tumultuoso. La sirviente clavaba en la señora sus
+ojos de gato, y su irónica sonrisa podría ser lo mismo el único aspecto
+cómico de la escena que el más terrible y dramático. Pero de repente,
+sin saber cómo, criada y ama cruzaron sus miradas, y en una mirada
+pareció que se entendieron. Patria le decía con sus ojuelos que
+arañaban: «Abra usted, tonta, y déjese de remilgos». La señora decía:
+«¿Le parece a usted bien que abra?... ¿Cree usted que...?».
+
+Pero a Fortunata la ganó de súbito el decoro, y tuvo un rechazo de honor
+y dignidad.
+
+«Si esto sigue--dijo--, despertaré a mi marido. ¡Ah!, ya parece que se
+retira el ladrón, pues ladrón debe de ser...».
+
+Tocó el cerrojo para cerciorarse de que estaba corrido, y se fue a la
+sala. Patricia volvió a la cocina.
+
+«En todo caso, es demasiado pronto» pensó Fortunata sentándose en una
+silla y poniéndose a pensar. Fue como una concesión a las ideas malas
+que con tanta presteza surgían de su cerebro, como salen del hormiguero
+las hormigas, en larga procesión, negras y diligentes. Después trató de
+rehacerse de nuevo: «Resueltamente, mañana le digo a mi marido que la
+casa no me gusta y que es preciso que nos mudemos. Y a esta sinvergüenza
+la planto en la calle».
+
+¡Qué cosas pasan! De improviso, obedeciendo a un movimiento
+irresistible, casi puramente mecánico y fatal, Fortunata se levantó y
+saliendo de la sala, se acercó a la puerta. En aquel acto, todo lo que
+constituye la entidad moral había desaparecido con total eclipse del
+alma de la infortunada mujer; no había más que el impulso físico, y lo
+poco que de espiritual había en ello, engañábase a sí mismo creyéndose
+simple curiosidad. Aplicó el oído a la rejilla... Pues sí, la persona,
+el ladrón o lo que fuera, continuaba allí. Instintivamente, como el
+suicida pone el dedo en el gatillo, llevó la mano al cerrojo; pero así
+como el suicida, instintivamente también, se sobrecoge y no tira, apartó
+su mano del cerrojo, el cual tenía el mango tieso hacia adelante como un
+dedo que señala.
+
+Entonces, por los huecos de la rejilla, de fuera adentro, penetraron
+estas palabras adelgazadas por la voz, cual si hubieran de pasar por un
+tamiz finísimo: «Nena, nena... ahora sí que no te me escapas».
+
+Fortunata no hizo movimiento alguno. Se había convertido en estatua.
+Creía estar sola, y vio que Patria se acercaba pasito a pasito, pisando
+como los gatos. No con el lenguaje, sino con aquella cara gatesca y
+aquella boca que parecía que se estaba siempre relamiendo, decía:
+«Señorita, abra usted y no haga más papeles. Si al fin ha de abrir
+mañana, ¿por qué no abre esta noche?».
+
+Como si esto hubiera sido expresado con la voz, con la voz respondió la
+señora: «No, no abro».
+
+--Vaya por Dios... Largo y temeroso silencio siguió a esto. Después
+sintieron que se abría y se cerraba la puerta del cuarto vecino.
+Fortunata respiró. El _otro_, cansado de esperar, se retiraba.
+
+«Vaya por Dios» repitió Patria, como si dijera: «Tanto repulgo para
+caerse luego...».
+
+Pasado un cuarto de hora, sintieron que se abría otra vez la puerta de
+la izquierda. Corrió Fortunata al ventanillo, miró con cuidado y... el
+_otro_ salía embozado en su capa con vueltas encarnadas. La emoción que
+sintió al verle fue tan grande, que se quedó como yerta, sin saber dónde
+estaba. Hacía tres años que no le había visto... Observó un hecho muy
+desagradable: al salir el tal, no había mirado a la puerta de la
+derecha, como parecía natural... Estaba enojado sin duda...
+
+Y movida del mismo impulso mecánico, la señora de Rubín corrió al balcón
+de la sala, y abrió quedamente la madera... En efecto, le vio atravesar
+la calle y doblar la esquina de la de Don Juan de Austria. Tampoco había
+mirado para los balcones de la casa, como es natural mire el chasqueado
+expugnador de una plaza, al retirarse de sus muros.
+
+Patricia se permitió la confianza de poner su mano en el hombro de su
+ama, diciéndole:
+
+«Ahora sí que nos podemos acostar. ¡Qué susto hemos pasado!». Fortunata
+le respondió: «¿Susto yo?... ¡quia!». Todo esto se decía con un
+cuchicheo cauteloso, y lo mismo lo habrían dicho aunque no hubiera allí
+un enfermo cuyo sueño había que respetar. La criada se deslizó
+blandamente por los oscuros pasillos y el ama entró en la alcoba. Al ver
+a su marido, sintió como si lo que está a cien mil leguas de nosotros se
+nos pusiera al lado de repente. Maxi había dado vueltas en el lecho y
+dormía como los pájaros, con la cabeza bajo el ala. El mezquino cuerpo
+se perdía en la anchura de aquella cama tan grande, y allí podía
+pasearse en sueños el esposo como en los inconmensurables espacios del
+Limbo.
+
+La esposa no se acostó, y acercando una butaca a la cama, y echándose en
+ella, cerró los ojos. Y allá de madrugada fue vencida del sueño, y se le
+armó en el cerebro un penoso tumulto de cerrojos que se descorrían, de
+puertas que se franqueaban, de tabiques transparentes y de hombres que
+se colaban en su casa filtrándose por las paredes.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+A la mañana siguiente, Maxi estaba mejor, pero rendidísimo. Daba lástima
+verle. Su palidez era como la de un muerto; tenía la lengua blanca,
+mucha debilidad y ningún apetito.
+
+Diéronle algo de comer, y Fortunata opinó que debía quedarse en la cama
+hasta la tarde. Esto no le disgustaba a Maxi, porque sentía cierto
+alborozo infantil de verse en aquel lecho tan grandón y rodar por él. La
+mujer le cuidaba como se cuida a un niño, y se había borrado de su mente
+la idea de que era un hombre.
+
+Vino doña Lupe muy temprano, y enterada que Maxi estaba bien, empezó a
+dar órdenes y más órdenes, y a incomodarse porque ciertas cosas no se
+habían hecho como ella mandara. Iba de la sala a la cocina y de la
+cocina a la sala, dictando reglas y pragmáticas de buen gobierno. Maxi
+se quejaba de que su mujer estaba más tiempo fuera de la alcoba que en
+ella, y la llamaba a cada instante.
+
+«Gracias a Dios, hija, que pareces por aquí. Ni siquiera me has dado un
+beso. ¡Qué día de boda, hija, y qué noche! Esta maldita jaqueca... pero
+ya pasó, y ahora lo menos en quince días no me volverá a dar... ¡Vamos!,
+ya estás otra vez queriendo marcharte a la cocina. ¿No está ahí esa
+señora Patria?».
+
+--Ha ido a la compra. La que está es tu tía, por cierto dando
+_tantismas_ órdenes, que no sabe una a cuál atender primero.
+
+--Pues déjala. Tú, a todo di que sí, y luego haces lo que quieras,
+pichona. Ven acá... Que trabaje Patria; para eso está. ¡Qué bien sirve!
+¿verdad? Es una mujer muy lista.
+
+--Ya lo creo...--¿Te vas de veras?--Sí, porque si no, tu tía me va a
+echar los tiempos.
+
+--¡Pues me gusta!... Entonces me levanto, y me voy también a la cocina.
+Yo quiero estarte mirando hasta que me harte bien. Ahora eres mía; soy
+tu dueño único, y mando en ti.
+
+--Vuelvo al momentito, rico...--Estos momentitos me cargan--dijo él
+nadando en las sábanas como si fueran olas.
+
+Toda la mañana tuvo Fortunata el pensamiento fijo en la casa vecina.
+Mientras almorzaba sola, miraba por la ventana del patio, pero no vio a
+nadie. Parecía vivienda deshabitada. Siempre que pasaba por la sala
+echaba la esposa de Rubín miradas furtivas a la calle. Ni un alma. Sin
+duda la trampa se armaba sólo por las noches.
+
+A la tarde, hallándose sola con Patricia en la cocina, tuvo ya las
+palabras en la boca para preguntarle: «¿y los de al lado?». Pero no
+desplegó sus labios. Debió de penetrar la maldita gata aquella en el
+pensamiento de su ama, pues como si contestara a una pregunta, le dijo
+de buenas a primeras:
+
+«Pues ahorita, cuando bajé a la carnicería, ¿sabe?, encontreme a la
+señorita Cirila. Me preguntó por el señorito, y dijo que pasaría a verla
+a usted, sin decir cuándo ni cuándo no.
+
+--No me venga usted con cuentos de... esa familiona--contestó Fortunata,
+cuyo ánimo estaba bastante aplacado para poder tomar aquella correcta
+actitud--. Ni qué me importa a mí... ¿me entiende usted?
+
+Maximiliano se levantó, dio algunas vueltas; pero estaba tan débil, que
+tuvo que volver a acostarse. Ella, en tanto, seguía observando. No se
+oía en la vecindad ningún rumor. Por la noche igual silencio. Parecía
+que a la doña Cirila, a su marido, el de la gorra con letras, y a los
+amigos que les visitaban, se les había tragado la tierra. Por la noche,
+sintió Fortunata tristeza y desasosiego tan grandes, que no sabía lo que
+le pasaba. Se habría podido creer que la contrariaba el no ver a nadie
+de la casa próxima, el no sentir pisadas, ni ruido de puertas, ni nada.
+Maximiliano, que desde media tarde había vuelto a nadar entre las
+agitadas sábanas del lecho, y estaba tan impertinente como un niño
+enfermo que ha entrado en la convalecencia, dijo a su consorte, ya cerca
+de las diez, que se acostase, y esta obedeció; mas la repugnancia y
+hastío que inundaban su alma en aquel instante eran de tal modo
+imperiosos, que le costó trabajo no darlos a conocer. Y el pobre chico
+no se encontraba en aptitud de expresarle su desmedido amor de otro modo
+que por manifestaciones relacionadas exclusivamente con el pensamiento y
+con el corazón. Palabras ardientes sin eco en ninguna concavidad de la
+máquina humana, impulsos de cariño propiamente ideales, y de aquí no
+salía, es decir, no podía salir. Fortunata le dijo con expresión
+fraternal y consoladora: «Mira, duérmete, descansa y no te acalores.
+Anoche has estado muy malito, y necesitas unos días para reponerte.
+Hazte cuenta que no estoy aquí, y a dormir se ha dicho». Si lo
+tranquilizó, no se sabe; pero ello es que se quedó dormida, y no
+despertó hasta las siete de la mañana.
+
+Maxi se quedó más tiempo en la cama, hartándose de sueño, aquel reparo
+que su desmedrada constitución reclamaba. Púsose Fortunata a arreglar la
+casa y mandó a Patricia a la compra, cuando he aquí que entra doña Lupe
+toda descompuesta: «¿No sabes lo que pasa? Pues una friolera. Déjame
+sentar que vengo sofocadísima. Vaya que dan que hacer mis dichosos
+sobrinos. Anoche han puesto preso a Juan Pablo. Ha venido a decírmelo
+ahora mismo D. Basilio. Entraron los de la policía en la casa de esa
+mujer con quien vive ahora, ¿te vas enterando?, y después de registrar
+todo y de coger los papeles, trincaron a mi sobrino, y en el Saladero me
+le tienes... Vamos a ver, ¿y qué hago yo ahora? Francamente, se ha
+portado muy mal conmigo; es un mal agradecido y un manirroto. Si sólo se
+tratara de tenerle unos días en la cárcel, hasta me alegraría, para que
+escarmiente y no vuelva a meterse donde no le llaman. Pero me ha dicho
+D. Basilio que a todos los presos de anoche... han cogido a mucha
+gente... les van a mandar nada menos que a las islas Marianas; y aunque
+Juan Pablo se tiene bien merecido este paseo, francamente, es mi
+sobrino, y he de hacer cuanto pueda para que le pongan en libertad».
+
+Maxi, que oyera desde la alcoba algunas palabras de este relato, llamó;
+y doña Lupe lo repitió en su presencia, añadiendo:
+
+«Es preciso que te levantes ahora mismo y vayas a ver a todas las
+personas que puedan interesarse por tu hermano, que bien ganado se tiene
+el achuchón, ¡pero qué le hemos de hacer!... Tú verás a D. León Pintado,
+para que te presente al Doctor Sedeño, el cual te presentará a D. Juan
+de Lantigua, que aunque es un señor muy _neo_, tiene influencia por su
+respetabilidad. Yo pienso ver a Casta Moreno para que interceda con D.
+Manuel Moreno Isla, y este le hable a Zalamero, que está casado con la
+chica de Ruiz Ochoa. Cada uno por su lado, beberemos los vientos para
+impedir que le plantifiquen en las islas Marianas». Vistiose el joven a
+toda prisa, y doña Lupe, en tanto, dispuso que no se hiciese almuerzo en
+la cocina de Fortunata, y que esta y su marido almorzaran con ella, para
+estar de este modo reunidos en día de tanto trajín. Maxi salió después
+de desayunarse, y su mujer y su tía se fueron a la otra casa. Por el
+camino, doña Lupe decía: «Es lástima que Nicolás se haya ido a Toledo
+hace dos días, pues si estuviera aquí, él daría pasos por su hermano, y
+con seguridad le sacaría hoy mismo de la cárcel, porque los curas son
+los que más conspiran y los que más pueden con el Gobierno... Ellos la
+arman, y luego se dan buena maña para atarles las manos a los ministros
+cuando tocan a castigar. Así está el país que es un dolor... todo tan
+perdido... ¡Hay más miseria...!, y las patatas a seis reales arroba,
+cosa que no se ha visto nunca».
+
+Púsose la viuda en movimiento con aquella actividad valerosa que le
+había proporcionado tantos éxitos en su vida, y Fortunata y Papitos
+quedaron encargadas de hacer el almuerzo. A la hora de este, volvió doña
+Lupe sofocada, diciendo que Samaniego, el marido de Casta Moreno, se
+hallaba en peligro de muerte y que por aquel lado no podía hacerse nada.
+Casta no estaba en disposición de acompañarla a ninguna parte. Tocaría,
+pues, a otra puerta, yéndose derechita a ver al Sr. de Feijoo, que era
+amigo suyo y había sido su pretendiente, y tenía gran amistad con don
+Jacinto Villalonga, íntimo del Ministro de la Gobernación. A poco llegó
+don Basilio diciendo que Maxi no venía a almorzar. «Ha ido con D. León
+Pintado a ver a no sé qué personaje, y tienen para un rato».
+
+Fortunata determinó volverse a su casa, pues tenía algo que hacer en
+ella, y repitiéndole a Papitos las varias disposiciones dictadas por la
+autócrata en el momento de su segunda salida, se puso el mantón y cogió
+calle. No tenía prisa y se fue a dar un paseíto, recreándose en la
+hermosura del día, y dando vueltas a su pensamiento, que estaba como el
+Tío Vivo, dale que le darás, y torna y vira... Iba despacio por la calle
+de Santa Engracia, y se detuvo un instante en una tienda a comprar
+dátiles, que le gustaban mucho. Siguiendo luego su vagabundo camino,
+saboreaba el placer íntimo de la libertad, de estar sola y suelta
+siquiera poco tiempo. La idea de poder ir a donde gustase la excitaba
+haciendo circular su sangre con más viveza. Tradújose esta disposición
+de ánimo en un sentimiento filantrópico, pues toda la calderilla que
+tenía la iba dando a los pobres que encontraba, que no eran pocos... Y
+anda que andarás, vino a hacerse la consideración de que no sentía
+malditas ganas de meterse en su casa. ¿Qué iba ella a hacer en su casa?
+Nada. Conveníale sacudirse, tomar el aire. Bastante esclavitud había
+tenido dentro de las Micaelas. ¡Qué gusto poder coger de punta a punta
+una calle tan larga como la de Santa Engracia! El principal goce del
+paseo era ir solita, libre. Ni Maxi ni doña Lupe ni Patricia ni nadie
+podían contarle los pasos, ni vigilarla ni detenerla.
+
+Se hubiera ido así... sabe Dios hasta dónde. Miraba todo con la
+curiosidad alborozada que las cosas más insignificantes inspiran a la
+persona salida de un largo cautiverio. Su pensamiento se gallardeaba en
+aquella dulce libertad, recreándose con sus propias ideas. ¡Qué bonita,
+_verbi gracia_, era la vida sin cuidados, al lado de personas que la
+quieren a una y a quien una quiere...! Fijose en las casas del barrio de
+las Virtudes, pues las habitaciones de los pobres le inspiraban siempre
+cariñoso interés. Las mujeres mal vestidas que salían a las puertas y
+los chicos derrotados y sucios que jugaban en la calle atraían sus
+miradas, porque la existencia tranquila, aunque fuese oscura y con
+estrecheces, le causaba envidia. Semejante vida no podía ser para ella,
+porque estaba fuera de su centro natural, Había nacido para menestrala;
+no le importaba trabajar _como el obispo_ con tal de poseer lo que por
+suyo tenía. Pero alguien la sacó de aquel su primer molde para lanzarla
+a vida distinta; después la trajeron y la llevaron diferentes manos. Y
+por fin, otras manos empeñáronse en convertirla en señora. La ponían en
+un convento para moldearla de nuevo, después la casaban... y tira y
+dale. Figurábase ser una muñeca viva, con la cual jugaba una entidad
+invisible, desconocida, y a la cual no sabía dar nombre.
+
+Ocurriole si no tendría ella _pecho_ alguna vez, quería decir
+iniciativa... si no haría alguna vez lo que le saliera _de entre sí_.
+Embebecida en esta cavilación llegó al Campo de Guardias, junto al
+Depósito. Había allí muchos sillares, y sentándose en uno de ellos,
+empezó a comer dátiles. Siempre que arrojaba un hueso, parecía que
+lanzaba a la inmensidad del pensar general una idea suya, calentita,
+como se arroja la chispa al montón de paja para que arda.
+
+«Todo va al revés para mí... Dios no me hace caso. Cuidado que me pone
+las cosas mal... El hombre que quise, ¿por qué no era un triste albañil?
+Pues no; había de ser señorito rico, para que me engañara y no se
+pudiera casar conmigo... Luego, lo natural era que yo le aborreciera...
+pues no señor, sale siempre la mala, sale que le quiero más... Luego lo
+natural era que me dejara en paz, y así se me pasaría esto; pues no
+señor, la mala otra vez; me anda rondando y me tiene armada una
+trampa... También era natural que ninguna persona decente se quisiera
+casar conmigo; pues no señor, sale Maxi y... ¡tras!, me pone en el
+disparadero de casarme, y nada, cuando apenas lo pienso, bendición al
+canto... ¿Pero es verdad que estoy casada yo?...».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Miraba el hueso del dátil que se acababa de comer, y como si el hueso le
+dijera que sí, hizo ella un signo afirmativo y algo desconsolado...
+«¡Vaya si lo estoy!». Quedose tan profundamente ensimismada, que olvidó
+dónde estaba. Pero levantándose de repente, echó a andar hacia abajo,
+como los que llevan en el cerebro ese cascabel que se llama _idea fija_.
+Había subido la luenga calle con aires de paseante, distraída, alegre,
+vago el mirar; bajábala como los monomaniacos. Al llegar frente a la
+iglesia, sacola de este embebecimiento un ruido de pasos que sintió tras
+sí. «Estos pasos son los suyos--pensó--; pues lo que es yo no miro para
+atrás. ¿Qué haré? Aprisita, aprisita».
+
+La curiosidad pudo más que nada y Fortunata miró; no era. Más adelante
+sintió otra vez pasos persistentes y vio una sombra que se extendía por
+la calle, paralela a su sombra. Aquel sí era... ¿Miraría? No; más valía
+no darse por entendida... Por fin, la pícara curiosidad... Miró y
+tampoco era. Al llegar a su casa estaba más tranquila. Cuando Patria
+abrió la puerta, le preguntó: «¿Ha venido alguien? ¿El señorito
+está?...».
+
+--El señorito no viene hasta la noche. Mandó un recado para que no le
+esperase usted.
+
+Y la taimada gata se sonreía de un modo tan zalamero, que Fortunata no
+pudo menos de preguntarle: «¿Quién está ahí?».
+
+Volvió a sonreír Patricia con infernal malicia, y... «¿Qué... pero
+qué...?» balbució la señora acercándose de puntillas a la puerta de la
+sala. Empujola suavemente hasta abrir un poquito. No veía nada. Abrió
+más, más... Estaba pálida como si se hubiera quedado sin sangre... Abrió
+más... acabáramos. En el sofá de la sala, tranquilamente sentado...
+¡Dios!, _el otro_. Fortunata estuvo a punto de perder el conocimiento.
+Le pasó un no sé qué por delante de los ojos, algo como un velo que baja
+o un velo que sube. No dijo nada. Él, pálido también, se levantó y dijo
+claramente: «Adelante, _nena_».
+
+Fortunata no daba un paso. De repente (el demonio explicara aquello),
+sintió una alegría insensata, un estallido de infinitas ansias que en su
+alma estaban contenidas. Y se precipitó en los brazos del Delfín,
+lanzando este grito salvaje: «¡Nene!... ¡bendito Dios!».
+
+Olvidados de todo, los amantes estuvieron abrazados largo rato. La
+prójima fue quien primero habló, diciendo: «Nene, me muero por ti...».
+
+«Ven acá» dijo Santa Cruz cogiéndola por una brazo. Dejábase llevar
+ella, como la cosa más natural del mundo. Franquearon la puerta de la
+casa, que estaba abierta. Y la del cuarto de la izquierda, ¡qué
+casualidad!, abierta también.
+
+Luego que pasaron, alguien cerró. En aquella morada reinaba una
+discreción alevosa. Juan la llevó a una salita muy bien puesta, junto a
+la cual había una alcoba perfectamente arreglada. Sentáronse en el sofá
+y se volvieron a abrazar. Fortunata estaba como embriagada, con cierto
+desvarío en el alma, perdida la memoria de los hechos recientes. Toda
+idea moral había desaparecido como un sueño borrado del cerebro al
+despertar; su casamiento, su marido, las Micaelas, todo esto se había
+alejado y puéstose a millones de leguas, en punto donde ni aun el
+pensamiento lo podía seguir. Su amante le dijo con simpática voz:
+«¡cuánto tenemos que hablar!» y a ella le entró una risa convulsiva, que
+difícilmente podía expresarse: «Ji ji ji... ¡tres años!... no, más años,
+más porque ji ji ji... ¿Ves cómo tiemblo? No sé lo que me pasa... pues
+sí, más tiempo, porque cuando estuve aquí con ji ji ji... _Juárez el
+Negro_, te vi y no te vi... y siempre él delante, y un día que le dije
+que te quería, sacó un cuchillo muy grande, ji ji ji... y me quiso
+matar... Yo muriéndome por hablarte y él que no... que no... Nuestro
+_nenín_ muerto, y yo más muerta, ji ji; y en Barcelona me acordaba de ti
+y te mandaba besos por el aire, y en Zaragoza... besos por el aire... ji
+ji, y en Madrid lo mismo. Y cuando me metieron en el convento,
+también... ji ji ji... besos por el aire... y tú sin acordarte de mí,
+malo...».
+
+--¡Sin acordarme! Desde que volví de Valencia te estoy dando caza... ¡Lo
+que he pasado, hija! Ya te contaré. Y al fin te he cogido... ¡ah, buena
+pieza! Ahora me las pagarás todas juntas... ¡Cuánto me has hecho
+sufrir!... ¡Más maldiciones le he echado a ese dichoso convento...! Pero
+qué guapa estás, nena.
+
+--_Chi_.
+
+--Estás hermosísima.--_Chi_... para ti.
+
+El frío aquel de fiebre se trocó de improviso en calor violentísimo, y
+la risa convulsiva en explosión de llanto.
+
+«No es día de llorar, sino de estar alegre».
+
+--¿Sabes de qué me acuerdo? De mi _nenín_ tan gracioso... Si hubiera
+vivido, le habrías querido tú, ¿verdad? Me parece que le veo, cuando se
+le llevaron en la cajita azul... Aquella misma noche fue cuando Juárez
+el Negro me sacó un cuchillote tan grande, y me dijo con aquel vocerrón:
+«Brr... son las ocho; reza lo que tengas que rezar, porque antes de las
+nueve te mato». Estaba furioso de celos... ¡Ay, qué miedo tan atroz!
+
+--¡Cuánto tenemos que contar!... yo a ti, tú a mí. Ya sé que te has
+casado. Has hecho bien.
+
+Este _has hecho bien_ le cayó a la prójima como una gota fría en el
+corazón, trayéndola bruscamente a la realidad. Enjugando sus lágrimas,
+se acordó de Maxi, de su boda; y su casa, que se había alejado cien
+millas de leguas, se puso allí, a cuatro pasos, fúnebre y antipática. El
+rechazo de su alma ante este fenómeno le secó en un instante todas las
+lágrimas.
+
+«¿Y por qué hice bien?».
+
+--Porque así eres más libre y tienes un nombre. Puedes hacer lo que
+quieras, siempre que lo hagas con discreción. He oído que tu marido es
+un buen chico, que ve visiones...
+
+Al oír esto, vio Fortunata levantarse en su espíritu la imagen ideal, o
+más bien, el espectro de su perversidad. Lo que acababa de hacer era de
+lo que apenas tiene nombre, por lo muy extraordinario y anormal, en el
+registro de las maldades humanas. El lugar, la ocasión daban a su acto
+mayor fealdad, y así lo comprendió en un rápido examen de conciencia;
+pero tenía la antigua y siempre nueva pasión tanto empuje y lozanía, que
+el espectro huyó sin dejar rastro de sí. Se consideraba Fortunata en
+aquel caso como ciego mecanismo que recibe impulso de sobrenatural mano.
+Lo que había hecho, hacíalo, a juicio suyo, por disposición de las
+misteriosas energías que ordenan las cosas más grandes del universo, la
+salida del Sol y la caída de los cuerpos graves. Y ni podía dejar de
+hacerlo, ni discutía lo inevitable, ni intentaba atenuar su
+responsabilidad, porque esta no la veía muy clara, y aunque la viese,
+era persona tan firme en su dirección, que no se detenía ante ninguna
+consecuencia, y se _conformaba_, tal era su idea, _con ir al infierno_.
+
+«Esto de alquilar la casa próxima a la tuya--dijo Santa Cruz--, es una
+calaverada que no puede disculparse sino por la demencia en que yo
+estaba, niña mía, y por mi furor de verte y hablarte. Cuando supe que
+habías venido a Madrid, ¡me entró un delirio...! Yo tenía contigo una
+deuda del corazón, y el cariño que te debía me pesaba en la conciencia.
+Me volví loco, te busqué como se busca lo que más queremos en el mundo.
+No te encontré; a la vuelta de una esquina me acechaba una pulmonía para
+darme el estacazo... caí».
+
+--¡Pobrecito mío!... Lo supe, sí. También supe que me buscaste. ¡Dios te
+lo pague! Si lo hubiera sabido antes, me habrías encontrado.
+
+Esparció sus miradas por la sala; pero la relativa elegancia con que
+estaba puesta no la afectó. En miserable bodegón, en un sótano lleno de
+telarañas, en cualquier lugar subterráneo y fétido habría estado
+contenta con tal de tener al lado a quien entonces tenía. No se hartaba
+de mirarle.
+
+«¡Qué guapo estás!».
+
+--¿Pues y tú? ¡Estás preciosísima!... Estás ahora mucho mejor que antes.
+
+--¡Ah!, no--repuso ella con cierta coquetería--. ¿Lo dices porque me he
+civilizado algo? ¡Quia!, no lo creas: yo no me civilizo, ni quiero; soy
+siempre pueblo; quiero ser como antes, como cuando tú me echaste el
+lazo y me cogiste.
+
+--¡Pueblo!, eso es--observó Juan con un poquito de pedantería--; en
+otros términos: lo esencial de la humanidad, la materia prima, porque
+cuando la civilización deja perder los grandes sentimientos, las ideas
+matrices, hay que ir a buscarlos al bloque, a la cantera del pueblo.
+
+Fortunata no entendía bien los conceptos; pero alguna idea vaga tenía de
+aquello.
+
+«Me parece mentira--dijo él--, que te tengo aquí, cogida otra vez con
+lazo, fierecita mía, y que puedo pedirte perdón por todo el mal que te
+he hecho...».
+
+--Quita allá... ¡perdón!--exclamó la joven anegándose en su propia
+generosidad--. Si me quieres, ¿qué importa lo pasado?
+
+En el mismo instante alzó la frente, y con satánica convicción, que
+tenía cierta hermosura por ser convicción y por ser satánica, se dejó
+decir estas arrogantes palabras:
+
+«Mi marido eres tú... todo lo demás... ¡papas!».
+
+Elástica era la conciencia de Santa Cruz, mas no tanto que no sintiera
+cierto terror al oír expresión tan atrevida. Por corresponder, iba él a
+decir _mi mujer eres tú_; pero envainó su mentira, como el hombre
+prudente que reserva para los casos graves el uso de las armas.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Ya de noche pasó Fortunata a su casa. Su marido no había llegado aún.
+Mientras le esperaba, la pecadora volvió a ver el espectro aquel de su
+perversidad; pero entonces le vio más claro, y no pudo tan fácilmente
+hacerle huir de su espíritu. «Me han engañado--pensaba--, me han llevado
+al casorio, como llevan una res al matadero, y cuando quise recordar, ya
+estaba degollada... ¿Qué culpa tengo yo?». La casa estaba a oscuras y
+encendió luz. Al arrojar la cerilla en el suelo, esta cayó encendida, y
+Fortunata la miró con vivo interés, recordando una de las supersticiones
+que le habían enseñado en su juventud. «Cuando la cerilla cae
+prendida--se dijo--y con la llama vuelta para una, buena suerte».
+
+Maxi entró cansado y meditabundo; pero al ver a su mujer se puso alegre.
+¡Todo un día sin verla! Le había traído un paquete de rosquillas. ¿Y
+Juan Pablo? Al fin se arreglaría todo. Seguramente no iba a las islas
+Marianas, pero quizás le tendrían en el Saladero quince o veinte días.
+«Y merecido, hija. ¿Para qué se mete a buscarle el pelo al huevo?».
+
+Mientras comieron, Fortunata contemplaba a su marido, más que en la
+realidad, en sí misma, y de este examen surgía un tedio abrumador, y la
+antipatía de marras, pero tan agrandada, tanto, que ya no cabía más. Y
+la perversa no trató de combatir aquel sentimiento; se recreaba en él
+como en una monstruosidad que tiene algo de seductora.
+
+«Alma mía--le dijo su marido cuando acababan de comer--, veo con gusto
+que no te falta apetito. ¿Quieres que nos vayamos ahora a un café?».
+
+--No--replicó ella secamente--. Estoy rendidísima. ¿No ves que se me
+cierran los párpados? Lo que quiero es dormir.
+
+--Bueno, mejor; yo también lo deseo.
+
+Acostáronse, y el tiempo que aún estuvo despierta empleolo Fortunata en
+hacer comparaciones. El cuerpo desmedrado de Maxi le producía, al tocar
+el suyo, crispamientos nerviosos. Y también se dio a pensar en lo
+molesto y difícil que era para ella tener que vivir dos vidas
+diferentes, una verdadera, otra falsa, como las vidas de los que
+trabajan en el teatro. A ella le era muy difícil representar y fingir,
+por lo que su tormento se crecía considerablemente. «No podré, no
+podré--pensaba al dormirse--hacer esta comedia mucho tiempo». A la
+madrugada despertó después de un profundísimo y reparador sueño, y
+entonces le dio por llorar, haciendo cálculos, representándose con gran
+poder de la mente escenas probables, y condoliéndose de no poder ver a
+su amante a todas horas.
+
+En los siguientes días, las escapadas al cuarto vecino tenían lugar a
+horas varias, cuando Maxi salía. Iba a estudiar con un amigo para tomar
+el grado, y además solía ir a la farmacia de Samaniego. Ya estaba
+acordado que tendría plaza en el establecimiento. Aunque sus ausencias
+eran seguras, ambos criminales determinaron poner el nido más lejos. En
+tanto, Patricia hacía lo que le daba la gana. Las disposiciones de
+Fortunata y aun de la misma doña Lupe eran letra muerta. Robaba
+descaradamente, y su ama no se atrevía a reprenderla. Santa Cruz, que
+era el autor de todo aquel fregado, no sabía cómo arreglarlo, cuando su
+amiga le consultaba. El plan más prudente era tomar otro cuarto y
+despedir luego a Patricia, dándole una buena propina para que se
+callara.
+
+Algunos días el Delfín ofrecía regalos y dinero a su amante; pero esta
+no quería tomar nada. Se le había encajado en la cabeza una manía
+estrambótica, de que ambos se reían mucho, cuando ella la contaba. Pues
+la manía era que Juanito _no debía_ ser rico. Para que las cosas fueran
+en regla, _debía_ ser pobre, y entonces ella trabajaría _como una negra_
+para mantenerle. «Si tú hubieras sido albañil, carpintero o, pongo por
+caso, celador del resguardo, otro gallo me cantara».--«Vaya por dónde te
+ha dado ahora».--«Y nada más». No había medio de quitarle de la cabeza
+aquella corrección de las obras de la Providencia.
+
+«En resumidas cuentas--le decía él--, eres una inocentona. Pero, di, ¿no
+te gusta el lujo?».
+
+--Cuando no estoy contigo, me gusta algo, no mucho. Nunca me he chiflado
+por los trapos. Pero cuando te tengo, lo mismo me da oro que cobre; seda
+y percal todo es lo mismo.
+
+--Háblame con franqueza. ¿No necesitas nada?
+
+--«Nada; me lo puedes creer».--«¿Ese alma de Dios te da todo lo que
+necesitas?».--«Todo; me lo puedes creer».--«Quiero regalarte un
+vestido».--«No me lo pondré».--«Y un sombrero».--«Lo convertiré en
+espuerta».--«¿Has hecho voto de pobreza?».--«Yo no he hecho voto de
+nada. Te quiero porque te quiero, y no sé más».
+
+«Nada, enteramente primitiva» pensaba el Delfín, el bloque del pueblo,
+al cual se han de ir a buscar los sentimientos que la civilización deja
+perder por refinarlos demasiado.
+
+Un día hablaban de Maximiliano. «¡Infeliz chico!--decía Fortunata--, el
+odio que le he tomado, no es odio verdadero sino lástima. Siempre me fue
+muy antipático. Me dejé meter en las Micaelas y me dejé casar... ¿Sabes
+tú cómo fue todo eso?, pues como lo que cuentan de que _manetizan_ a una
+persona y hacen de ella lo que quieren; lo mismito. Yo, cuando no se
+trata de querer, no tengo voluntad. Me traen y me llevan como una
+muñeca... Y ahora, créete que me entran remordimientos de engañar a ese
+pobre chico. Es un angelón sin pena ni gloria. Danme ganas a veces de
+desengañarle, y la verdad... Porque lo que es acariciarle, no puedo, se
+me resiste, no está en mi natural. Le pido a la Virgen que me dé fuerzas
+para cantar claro».
+
+--¡A la Virgen!... ¿pero tú crees?...--dijo Santa Cruz pasmado, pues
+tenía a Fortunata por heterodoxa.
+
+--¿Pues no he de creer? Lo que me aconseja la Virgen siempre que le rezo
+con los ojos cerrados, es que te quiera mucho y me deje querer de ti...
+La tienes de tu parte, chiquillo... ¿De qué te espantas? Pues digo; yo
+le rezo a la Virgen y ella me protege, aunque yo sea mala. ¡Quién sabe
+lo que resultará de aquí, y si las cosas se volverán algún día lo que
+_deben_ ser! Y si te hablo con franqueza, a veces dudo que yo sea
+mala... sí, tengo mis dudas. Puede que no lo sea. La conciencia se me
+vuelve ahora para aquí, después para allá; estoy dudando siempre, y al
+fin me hago este cargo: _querer a quien se quiere no puede ser cosa
+mala_.
+
+--Oye una cosa--dijo el Delfín, que se recreaba en las singularísimas
+nociones de aquel espíritu--. ¿Y si tu marido descubriera esto y me
+quisiera matar?
+
+--¡Ay!, no me lo digas... ni en broma me lo digas. Me tiraba a él como
+una leona y le destrozaba... ¿Ves cómo se coge un langostino y se le
+arrancan las patas, y se le retuerce el corpacho y se le saca lo que
+tiene dentro?, pues así.
+
+--Pero vamos a ver, nena: ¿No me guardas rencor por haberte abandonado,
+dejándote en la miseria, con tus _vísperas_ de chiquillo y en poder de
+_Juárez el Negro_?
+
+--Ningún rencor te guardo: Entonces estaba rabiosa. La rabia y la
+miseria me llevaron con _Juárez el Negro_. ¿Creerás lo que te voy a
+decir? Pues me fui con él por lo mucho que le aborrecía. Cosa rara,
+¿verdad?... Y como no tenía un triste pedazo de pan que llevar a la
+boca, y él me lo daba, ahí tienes... Yo dije: «me vengaré yéndome con
+este animal». Cuando tuve a mi niño, me consolaba con él; pero luego se
+me murió; y cuando reventó Juárez, como yo me pensé que ya no me
+querías, dije: «pues ahora me vengaré siendo todo lo mala que pueda».
+
+--¿Pero qué ideas tienes tú de las maneras de tomar venganza?
+
+--No me preguntes nada... no sé... Vengarse es hacer lo que no se
+debe... lo más feo, lo más...
+
+--¿Y de quién te vengas así, criatura?
+
+--Pues de Dios, de... de qué sé yo... no me preguntes, porque para
+explicártelo, tendría que ser sabia como tú, y yo no sé jota, ni aprendo
+nada, aunque doña Lupe y las monjas, frota que frota, me hayan sacado
+algún lustre... enseñándome a no decir tanto disparate.
+
+Santa Cruz estuvo un gran rato pensativo.
+
+Un día hablaron también de Jacinta... No gustaba Juan que la
+conversación fuese llevada a este terreno; pero Fortunata, siempre que
+tenía ocasión, íbase a él derecha. A sus preguntas, contestaba el otro
+evasivamente.
+
+«Mira, nena; deja a mi mujer en su casa».
+
+--Pues asegúrame que no la quieres.
+
+--La quiero, sí... ¿a qué engañarte?... pero de una manera muy distinta
+que a ti. Le guardo todas las consideraciones que ella se merece,
+porque... no puedes figurarte lo buena que es.
+
+Fortunata siguió inquiriendo con molesta curiosidad todo lo que quería
+saber respecto a la intimidad de los esposos; pero el otro se escurría
+gallardamente, dejando a salvo, hasta donde era posible en aquel
+criminal coloquio, la personalidad sagrada de su mujer.
+
+«La pobrecilla--dijo al fin--, tiene una pasión que la domina, mejor
+dicho, una manía que la trae trastornada».
+
+--¿Qué es?--La manía de los hijos. Dios no quiere y ella se empeña en
+que sí. De la pena que le causa su esterilidad, se ha desmejorado, ha
+enflaquecido, y hace algún tiempo que se está llenando de canas. Es ya
+pasión de ánimo. ¿Te enteraste de lo que pasó? Pues le dieron el gran
+timo. Tu tío José Izquierdo, de compinche con otro loco, le hizo creer
+que un chiquillo de tres años que consigo tenía, era nuestro Juanín. Mi
+mujer perdió la chaveta, quiso adoptarlo y nada menos que llevárnoslo a
+casa. Por pronto que se descubrió el enredo, no se pudo evitar que tu
+tío le estafase seis mil reales.
+
+--_Tie_ gracia. Ya sabía yo esa historia. El niño ese debe de ser el de
+Nicolasa, la entenada del tío Pepe. Nació seis días después que el
+nuestro, y era hijo de uno que encendía los faroles del gas... Pero no
+comprendo una cosa. A mí me parece que tu mujer debía de querer a ese
+nene por creerlo tuyo y aborrecerlo por ser de otra madre. Yo juzgo por
+mí.
+
+--Calla, tonta, mi mujer se vuelve loca por todos los niños del
+universo, sean de quien fueren. Y al supuesto Juanín, bastara que le
+tuviera por mío, para que le adorara. Ella es así; si no tienes tú idea
+de lo buena que es. ¡Pues si pariera...! Santo Cristo, no quiero
+pensarlo. De seguro perdía el juicio, y nos lo hacía perder a todos.
+Querría a mi hijo más que a mí y más que al mundo entero.
+
+Quedose Fortunata, al oír esto, risueña y pensativa. ¿Qué estaba
+tramando aquella cabeza llena de extravagancias? Pues esto:
+
+«Escucha, nenito de mi vida, lo que se me ha ocurrido. Una gran idea;
+verás. Le voy a proponer un trato a tu mujer. ¿Dirá que sí?».
+
+--Veamos lo que es.--Muy sencillo. A ver qué te parece. Yo le cedo a
+ella un hijo tuyo y ella me cede a mí su marido. Total, cambiar un nene
+chico por el nene grande.
+
+El Delfín se rió de aquel singular convenio, expresado con cierto
+donaire.
+
+--¿Dirá que sí?... ¿Qué crees tú?--preguntó Fortunata con la mayor buena
+fe, pasando luego de la candidez al entusiasmo para decir:
+
+--Pues mira, tú te reirás todo lo que quieras; pero esto es una gran
+idea.
+
+El ilustrado joven se zambulló en un mar de meditaciones.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Las visitas a la casa de Cirila prosiguieron durante dos semanas; pero
+bien se demostró en la práctica que aquello no podía seguir, y tomaron
+otro cuarto. Patricia se había hecho insoportable, y doña Lupe,
+descolgándose en la casa a horas intempestivas, llevada de su afán de
+mangonear, dificultaba las escapatorias de su sobrina. En tanto,
+Fortunata no trataba a Maximiliano desconsideradamente; pero su frialdad
+sería capaz de helar el fuego mismo. Habría preferido él mil veces que
+su mujer le tirase los trastos a la cabeza, a que le tratara con aquella
+cortesía desdeñosa y glacial. Rarísima vez se daba el caso de que ella
+le hiciese una caricia; para obtenerla, tenía Maxi que echarle
+memoriales, y lo que lograba era como limosna. Es que Fortunata no
+servía para cortesana, y sus fingimientos eran tan torpes que daba
+lástima verla fingir.
+
+El joven farmacéutico tenía momentos de horrible tristeza, y cavilaba
+mucho. De tal estado pasó a la observación, desarrollándosele esta
+facultad de un modo pasmoso. Siempre que estaba en casa, no quitaba los
+ojos de su mujer, estudiándole los movimientos, las miradas, los pasos y
+hasta el respirar. Cuando comían, le examinaba la manera de comer;
+cuando estaban en el lecho, la manera de dormir.
+
+Fortunata no le miraba nunca. Este hecho, cuidadosamente observado,
+produjo en el infeliz muchacho indecible melancolía. ¡Haber comprado
+aquellos ojos con su mano, su honra y su nombre para que se empleasen en
+mirar a una silla antes que en mirarle a él! Esto era tremendo, pero
+tremendo, y cierto día agitó su alma un furor insano; mas no quiso
+manifestarlo, y lo desahogó a solas mordiéndose los puños.
+
+«¿Por qué no me miras?» le preguntó una noche, con semblante ceñudo.
+
+--Porque... No dijo más; se comió el resto de la frase. Dios sabe lo que
+iba a decir.
+
+Bebía los vientos el desgraciado chico por hacerse querer, inventando
+cuantas sutilezas da de sí la manía o enfermedad de amor. Indagaba con
+febril examen las causas recónditas del agradar, y no pudiendo conseguir
+cosa de provecho en el terreno físico, escudriñaba el mundo moral para
+pedirle su remedio. Imaginó enamorar a su esposa por medios
+espirituales. Hallábase dispuesto, él que ya era bueno, a ser santo, y
+hacía estudio de lo que a su mujer le era grato en el orden del
+sentimiento para realizarlo como pudiera. Gustaba ella de dar limosna a
+cuantos pobres encontrase; pues él daría más, mucho más. Ella solía
+admirar los casos de abnegación; pues él se buscaría una coyuntura de
+ser heroico. A ella le agradaba el trabajo; pues él se mataría a
+trabajar. De este modo devastaba el infeliz su alma, arrancando todo lo
+bueno, noble y hermoso para ofrecérselo a la ingrata, como quien tala un
+jardín para ofrecer en un solo ramo todas las flores posibles.
+
+«Ya no me quieres--le dijo un día con inmensa tristeza--, ya tu corazón
+voló, como el pajarito a quien le dejan abierta la jaula. Ya no me
+quieres».
+
+Y ella le respondía que sí; ¡pero de qué manera! Más valía que dijese
+terminantemente que no. «¿Por qué te vas tan lejos de mí? Parece que te
+causo horror. Cuando entro, te pones seria; cuando crees que no me fijo
+en ti, estás ensimismada y te sonríes como si en espíritu hablaras con
+alguien».
+
+Otra cosa le mortificaba. Cuando salían juntos a paseo, todo el mundo se
+fijaba en Fortunata, admirando su hermosura; luego le miraban a él.
+Suponía Maxi que todos hacían la observación de que no era él hombre
+para tal hembra. Algunos se permitían examinarle de una manera
+insolente. Si iban al café, estaban poco tiempo, porque los amigos se
+enracimaban alrededor de Fortunata sin hacer maldito caso de su marido,
+y este tragaba mucha bilis. Lo que desorientaba más a Maxi era que ella
+no _tomaba varas_ con nadie, y siempre que él decía _vámonos_, estaba
+dispuesta a retirarse.
+
+Buscaba el farmacéutico algo en qué fundar las conjeturas que empezaban
+a devorarle, y no lo encontraba. Ideó consultar el caso con su tía; pero
+no quiso dar su brazo a torcer, y temblaba de que doña Lupe le dijese:
+«¿Ves?, ¡por no hacer caso de mí!». ¡Celos! ¿Y de quién? Fortunata
+mostrábase con todos tan fría como con él. Solía esparcir
+melancólicamente sus miradas por la calle, entre el gentío, sin fijarse
+en nadie, cual si buscaran a alguien que no quería dejarse ver. Y
+después las miradas volvían a sí misma con mayor tristeza.
+
+También atormentaban al joven los elogios que sus amigos le hacían de
+ella. «¡Qué mujer te tienes!» le decía _Pseudo-Narcissus odoripherus_.
+Y _Quercus gigantea_ le silbaba en el oído estas fúnebres palabras: «Es
+mucha hembra para ti, barbián. Ándate con mucho ojo».
+
+Pero doña Lupe le infundía ideas optimistas. ¡Parecía mentira! La
+perspicaz, la sabia y experimentada señora de Jáuregui dijo más de una
+vez a su sobrino: «¡Qué trabajadora es tu mujer! Siempre que vengo aquí
+me la encuentro planchando o lavando. Francamente, no creí... Te
+ayudará, te ayudará. Y luego tan calladita... Hay días que no le oigo el
+metal de voz».
+
+Con unas cosas y otras, el pobre chico apenas podía estudiar, y con
+mucho trabajo se preparaba para la licenciatura. El asunto de su
+colocación se había resuelto ya, porque habiendo fallecido Samaniego a
+fines de Octubre, su viuda organizó el personal de la botica, dando una
+plaza a Maximiliano. Se convino entre doña Casta Moreno y doña Lupe que
+cuando el chico tomara el grado, se le fijaría sueldo, y que pasado un
+año de práctica, tendría participación en las ganancias. Por el lado
+económico todo iba a pedir de boca, porque mientras llegaba el día de
+ganar con su profesión, podía vivir bien con la corta renta de la
+herencia. Lo malo era que desde que ingresara en la botica, seríale
+preciso ausentarse de su casa días enteros, y esto le ponía en ascuas.
+Ocurriósele entonces lo que se le ocurre a cualquier celoso, salir un
+día, diciendo que iba a la farmacia, y volver en seguida. Hízolo una
+vez, y no sorprendió nada: Fortunata estaba en la cocina. Repitió la
+treta, y lo mismo: estaba cosiendo. A la tercera, Fortunata había
+salido. Dos horas después entró, trayendo un paquete en la mano. «¿Que
+de dónde vengo? Pues de comprar unas cosillas. ¿No me dijiste que
+querías una corbata? Mírala».
+
+Una noche entró Maximiliano bastante excitado. Le tomó la mano a su
+mujer, y haciéndola sentar a su lado, le dijo a boca de jarro: «Hoy he
+conocido a ese pillo que te deshonró».
+
+Fortunata se quedó como muerta.
+
+«Pues qué... ¿no está enfermo?».
+
+Se le escapó esta espontaneidad, y cuando quiso contenerla ya era tarde.
+Hacía una semana que Santa Cruz no iba a las citas, y le había enviado,
+por medio de Cirila, un recadito. Se había caído del caballo en la Casa
+de Campo, estropeándose ligeramente un brazo.
+
+«¿Enfermo?--dijo Maxi, clavando en ella sus ojos de iluminado--. En
+efecto, tenía un brazo en cabestrillo. ¿Pero tú por dónde sabes...?».
+
+--No, no, yo no sabía nada--replicó Fortunata enteramente aturdida.
+
+--¡Tú lo has dicho!--exclamó Rubín con la mirada terrorífica--. ¿Por
+dónde lo sabes?
+
+La prójima se puso como la grana; después volvió a palidecer. Buscaba
+una salida de aquel compromiso, y al fin la encontró: «¡Ah!».
+
+--¿Qué?--¿Dices que cómo lo sé, tontín?... Pues muy sencillo. Si lo
+traía el periódico... Tu tía lo leyó anoche. Mira, aquí está: que se
+cayó del caballo paseando por la Casa de Campo.
+
+Y recobrando su serenidad, revolvió en la mesa y cogió _El Imparcial_
+que, en efecto, traía la noticia: «Mira... ¿lo ves?... convéncete».
+
+Maxi, después de leer, siguió diciendo: «Le vi en el Saladero; allí
+debiera estar ese canalla toda su vida. Olmedo, que iba conmigo, me le
+enseñó. Fue a ver a mi hermano; él iba a visitar a un tal Moreno Vallejo
+que también está preso por conspirar. ¡Y el tal Santa Cruz es de lo más
+cargante...!».
+
+Fortunata se tapaba la cara con el periódico, fingiendo que leía. Maxi
+le arrebató el papel de un manotazo.
+
+«Te has quedado así como... estupefacta».
+
+--Déjame en paz--replicó ella con un despego que a su marido le llegó al
+alma.
+
+--¡Qué modales, hija! Ya ni consideración.
+
+Fortunata parecía que tenía sellada la boca. Comieron sin chistar; él se
+puso luego a estudiar y ella a coser, sin que el fúnebre silencio se
+rompiera. Acostáronse, y lo mismo. Ella volvió la espalda a su marido,
+insensible a los suspiros que daba. Desvelados estuvieron ambos largo
+rato, cada cual por su lado, muy cerca materialmente uno de otro, pero
+en espíritu Fortunata se había ido a los antípodas.
+
+Dos o tres días después, volviendo del Saladero, a donde fue para decir
+a su hermano que pronto le soltarían, vio Maximiliano a Santa Cruz
+guiando un faetón por la calle de Santa Engracia arriba. Ya tenía el
+brazo bueno. Miró a Maxi, y este le miró a él. Desde lejos, porque el
+coche iba bastante a prisa, observó Rubín que este entraba por la calle
+de Raimundo Lulio. ¿Pasaría luego a la de Sagunto? Nunca como en aquel
+momento sintió el exaltado chico ganas de tener alas. Apresuró el paso
+todo lo que pudo, y al llegar a su calle... ¡Dios!... lo que se temía...
+Fortunata en el balcón, mirando por la calle del Castillo hacia el paseo
+de la Habana, por donde seguramente había seguido el coche. Subió el
+joven farmacéutico tan rápidamente la escalera, que al llegar arriba no
+podía respirar. Es que para ser celoso se necesitan buenos pulmones.
+Cayose más bien que se sentó en una silla, y su mujer y Patricia
+acudieron a él creyendo que le daba algún accidente. No podía hablar y
+se golpeaba la cabeza con los puños. Cuando su mujer se quedó sola con
+él sintió Rubín que aquella furibunda cólera se trocaba en un dolor
+cobarde. El alma se le desgajaba y sacudía resistiéndose a albergar en
+su seno la ira. Los ojos se le llenaron de lágrimas, las rodillas se le
+doblaron. Cayendo a los pies de su mujer, le besuqueó las manos. «Ten
+piedad de mí--le dijo con aflicción más de niño que de hombre--. Por tu
+vida... la verdad, la verdad. Ese señor... tú esperándole... él pasaba
+por verte. Tú no me quieres, tú me estás engañando... le quieres otra
+vez... le has visto en alguna parte. La verdad... Más quiero morirme de
+pena que de vergüenza. Fortunata, yo te saqué de las barreduras de la
+calle, y tú me cubres a mí de fango. Yo te di mi honor limpio, y me lo
+devuelves sucio. Yo te di mi nombre, y haces de él una caricatura. El
+último favor te pido... la verdad, dime la verdad».
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Fortunata movió la lengua y agitó los labios. En la punta de aquella
+tenía la verdad, y por instantes dudó si soltarla o meterla para
+adentro. La verdad quería salir. Las palabras se alinearon mudas y
+decían: «Sí, es cierto que te aborrezco. Vivir contigo es la muerte. Y a
+él le quiero más que a mi vida». La batalla fue breve, y Fortunata
+volvió la terrible verdad a los senos de su espíritu. La aflicción de
+Maxi exigía la mentira, y su mujer tuvo que decírsela... mentiras de
+esas que inspiran viva compasión al que las dice y consuelan poco al que
+las oye. Echábalas de sí como enfermera que administra la inútil
+medicina al agonizante.
+
+«Dímelo de otra manera y te creeré--manifestó Rubín--. Dilo con un
+poquito de calor, siquiera como me lo decías antes. Tú no sabes el daño
+que me haces. Me estás haciendo creer que no hay Dios, que portarse bien
+y portarse mal todo es lo mismo».
+
+La compasión venció a la delincuente y se mostró tan afable aquella
+tarde y noche, que Maximiliano hubo de tranquilizarse. El pobrecito
+estaba destinado a no tener rato bueno, pues a punto que su espíritu
+recibía algún alivio, se le inició la jaqueca. La noche fue cruel, y
+Fortunata esmerose en cuidarle. En medio de sus dolores cefalálgicos, el
+infortunado joven se caldeaba más la mente arbitrando remedios o
+paliativos de la ansiedad que le dominaba. A poco de vomitar, dijo a su
+mujer: «Se me ocurre una idea que resolverá las dificultades... Nos
+iremos a Molina de Aragón, donde tengo mis fincas. Abandono la carrera y
+me dedico a labrador... Quieres, ¿sí o no? Allí viviré con
+tranquilidad». Fortunata se mostró conforme, si bien recordaba lo que
+Mauricia le había dicho de la vida de los pueblos. Sólo descuartizada
+iría ella a vivir al campo; pero aquella noche no tenía más remedio que
+decir _sí_ a todo.
+
+En los siguientes días notaba el pobre Maxi que su descaecimiento
+aumentaba de una manera alarmante como si le sangraran, y asustadísimo
+fue a consultar con Augusto Miquis, el cual le dijo que hubiera sido
+mejor consultara antes de casarse, pues en tal caso le habría ordenado
+terminantemente el celibato. Esto redobló sus tristezas; mas cuando
+Miquis le propuso como único remedio de su mal la rusticación, cobró
+esperanzas, confirmándose en la idea de abandonar la corte y sepultarse
+para siempre en sus estados de Molina.
+
+La segunda vez que habló de esto a su mujer, no la encontró tan bien
+dispuesta. «¿Y tus estudios, y tu carrera? Aconséjate con tu tía, y ella
+te dirá que lo que estás pensando es un disparate». Maxi estaba muy
+caviloso por ciertas cosas que en su mujer notaba. Hacía días que apenas
+levantaba ella los ojos del suelo y su mirar revelaba una gran
+pesadumbre. De repente, una tarde que volvía Rubín de la botica, al
+subir la escalera la oyó cantar. Entró, y la cara de Fortunata
+resplandecía de contento y animación. ¿Qué había pasado? Maxi no lo pudo
+penetrar, aunque sus celos, aguzadores de la inteligencia, le apuntaban
+presunciones que bien podrían contener la verdad. Esta era que la
+prójima había recibido, por conducto de Patria, una esquelita en que se
+le anunciaba la reapertura del curso amoroso, interrumpido durante una
+quincena. «Esta alegría--pensaba Maxi--, ¿por qué será?». Y
+comprendiendo por instinto de celoso que echaba un jarro de agua fría
+sobre aquel contento, dijo a Fortunata: «Ya está decidido que nos iremos
+al pueblo. Lo he consultado con mi tía y ella lo aprueba».
+
+No era verdad que había consultado con doña Lupe, mas lo decía para dar
+a su proposición autoridad indiscutible.
+
+«Te irás tú...» dijo ella sonriendo.
+
+--No--agregó él conteniendo la amargura que de su alma se desbordaba--,
+los dos.
+
+--Tú te has vuelto loco--observó Fortunata riendo con cierto descaro--.
+Yo creí... ¿Pero lo dices con formalidad?
+
+--¡Toma!... ¿Y tú no me dijiste que irías también y que querías ser
+paleta?
+
+--Sí; pero fue porque me pensé que era conversación. ¡Encerrarme yo en
+un pueblo! ¡Qué talento tienes!
+
+De tal modo se demudó el rostro del joven, que Fortunata, que ya
+empezaba a decir algunas bromas sobre aquel asunto, se recogió en sí.
+Maxi no dijo una palabra, y de pronto salió disparado de la casa, cerró
+con estruendo la puerta y bajó la escalera de cuatro en cuatro peldaños.
+Asustose Fortunata, y asomándose al balcón, viole recorrer
+apresuradamente la calle de Sagunto y después tomar por la de Santa
+Engracia, hacia abajo. Ella salió después, tomando por la misma calle,
+pero hacía arriba, en dirección de Cuatro Caminos.
+
+Las seis de la tarde serían cuando Rubín volvió a su casa. Estaba
+lívido, y de lívido pasó a verde, cuanto Patricia le dijo que la
+señorita había salido a compras. Dejándose llevar de su insensato
+recelo, interrogó a la criada, tratando de averiguar por ella. Pero a
+buena parte iba. Patricia tenía la discreción del traidor, y cuanto dijo
+fue encaminado a introducir en el cerebro de Maxi el convencimiento de
+que su mujer era punto menos que canonizable. Cuando la criminal entró,
+el marido había mandado encender luz y estaba sentado junto a la mesa de
+la sala. «¿De dónde vienes?» le preguntó.--«Me parece--replicó ella--,
+haberte dicho que iba a comprar este retor». Mostró un envoltorio,
+después un paquetito, y otro. «¿Ves?... la sopa Juliana que tanto te
+gusta...».
+
+--Yo también--dijo Maximiliano de una manera siniestra--, te he comprado
+a ti esta tarde un regalito... Mira.
+
+Alargó el brazo para sacar de debajo de la mesa algo que ocultó al
+entrar. Era un objeto envuelto en papeles, que descubrió lentamente,
+cuando ella se inclinaba risueña para verlo.
+
+«¿A ver... qué es?... ¡Ay!, un revólver...».
+
+--Sí, para matarte y matarme...--dijo Maxi en un tono que no pudo ser
+tan lúgubre como él deseaba, pues el arma empezó a causarle miedo, a
+causa de que en su vida había tenido en las manos un chisme de tal
+clase...
+
+--¡Qué cosas tienes!--dijo ella palideciendo--. Tú no sabes lo que te
+pescas... Pareces tonto... Matarme a mí, ¿y por qué?...
+
+Le echó una mirada dulce y penetrante, el mismo mirar con que le había
+hecho su esclavo. El pobre chico sintió como si le pusieran un grillete
+en el alma.
+
+«Vaya que se te ocurren unos disparates, hijo... Soy muy miedosa, y de
+sólo ver eso me pongo a temblar. Bonita manera tienes de hacer que yo te
+quiera, sí señor, bonita manera».
+
+Acercó tímidamente su mano al mango del arma. «Puedes cogerlo, está
+descargado» dijo Maxi, que de un salto se había dejado caer del furor a
+la piedad.
+
+--Eres un niño--declaró ella, cogiendo el arma--, y como niño hay que
+tratarte. Venga acá ese chisme: lo guardaré para el caso de que entren
+ladrones en casa.
+
+Y se lo llevó sin que él hiciese resistencia. Después de guardarlo con
+llave en un baúl lleno de cosas viejas, volvió al lado de su marido, que
+se había quedado absorto, midiendo sin duda con azorado pensamiento la
+enorme distancia que en su ser había entre los arranques de la voluntad
+y la ineficacia de su desmayada acción.
+
+Aquella noche no ocurrió nada; pero a la tarde siguiente,
+_Pseudo-Narcissus odoripherus_, fue a buscarle a la botica de
+Samaniego, y le dijo que Fortunata tenía citas con un señor en una casa
+del paseo de Santa Engracia, un poquito más arriba de los almacenes de
+la Villa.
+
+
+
+
+--x--
+
+
+Tomó Maxi un coche para ir a Chamberí y a su casa. Después de entrar en
+ella e informarse de que la señorita no estaba, subió lentamente hacia
+la iglesia, y al pasar por delante de ella y ver una cruz de hierro que
+hay en el atrio, vínole al pensamiento la idea de que debía haberse
+traído el revólver. Retrocedió, y a mitad del camino acordose de que su
+mujer había guardado el arma. ¡Qué tonto estuvo él en permitírselo!
+Volvió a tomar la dirección Norte, sintiendo en su alma el suplicio
+indecible que producía la conjunción de dos sentimientos tan opuestos
+como el anhelo de la verdad y el terror de ella. Al distinguir el motor
+de noria que se destacaba sobre la casa de las Micaelas, no pudo
+reprimir un ahogo de pena que le hizo sollozar. El disco no se movía.
+
+Pasó el joven más allá de los Almacenes de la Villa y examinó las casas
+de un solo piso alto que allí existen. Como ignoraba cuál era la que
+servía de abrigo a los adúlteros, resolvió vigilarlas todas. La noche se
+venía encima y Maxi deseaba que viniese más aprisa para dejar de ver el
+disco, que le parecía el ojo de un bufón testigo, expresando todo el
+sarcasmo del mundo. Maldición sacrílega escapose de sus labios, y renegó
+de que hubieran venido a estar tan cerca su deshonra y el santuario
+donde le habían dorado la infame píldora de su ilusión. En otros
+términos: él había ido allí en busca de una hostia, y le habían dado una
+rueda de molino... y lo peor era que se la había tragado.
+
+Después de mucho pasear vio el faetón de Santa Cruz, guiado por el
+lacayo, despacio, como para que no se enfriaran los caballos. Ya no
+quedaba duda. El coche le esperaba. Violo subir hasta Cuatro Caminos,
+donde se detuvo para encender las luces. Después bajó, y al llegar a los
+Almacenes de la Villa, otra vez para arriba. Maxi no le perdía de vista.
+El cochero daba a conocer su aburrimiento e impaciencia. En una de las
+vueltas del vehículo, Rubín sorprendió en aquel hombre una mirada
+dirigida a una de las casas. «Aquí es... aquí está». Fijose cerca de
+allí, reduciendo el espacio de su paseo vigilante. Eran las siete.
+
+Por fin, en un momento en que Maxi iba de Sur a Norte vio, a bastante
+distancia, a un hombre que salía de la casa. Era él, Santa Cruz, el
+mismo, vestido de americana y hongo. Detúvose en la puerta buscando con
+la vista su carruaje. Las dos luces brillaban allá arriba. Dirigiose
+hacia Cuatro Caminos... Detrás, avivando el paso, el odio personificado
+en Maximiliano.
+
+La vía estaba solitaria. Pasaba muy poca gente, y hacía bastante frío.
+El Delfín sintió aquellos pasos detrás de sí, y una misteriosa
+aprensión, la conciencia tal vez, le dijo de quién eran. Volviose a
+punto que la temblorosa voz del otro decía: «Oiga usted». Parose en
+firme Santa Cruz, y aunque no le conocía bien, le tuvo por quien era sin
+dudar un momento.
+
+«¿Qué se le ofrece a usted?».
+
+--¡Canalla!... ¡indecente!--exclamó Rubín con más fiereza en el tono que
+en la actitud.
+
+No esperó Santa Cruz a oír más, ni su amor propio le permitía dar
+explicaciones, y con un movimiento vigoroso de su brazo derecho rechazó
+a su antagonista. Más que bofetada fue un empujón; pero el endeble
+esqueleto de Rubín no pudo resistirlo; puso un pie en falso al
+retroceder y se cayó al suelo, diciendo: «Te voy a matar... y a ella
+también». Revolcose en la tierra; se le vio un instante pataleando a
+gatas, diciendo entre mugidos... «¡ladrón, ratero... verás!...». Santa
+Cruz estuvo un rato contemplándole con la calma fría del ofuscado
+asesino, y cuando vio que al fin conseguía levantarse, se fue hacia él y
+le cogió por el pescuezo, apretándole sañudamente cual si quisiera
+ahogarle de veras... Reteniéndole contra el suelo, gritaba: «Estúpido...
+escuerzo... ¿quieres que te patee...?».
+
+De la oprimida garganta del desdichado joven salía un gemido, estertor
+de asfixia. Sus ojos reventones se clavaban en su verdugo con un
+centelleo eléctrico de ojos de gato rabioso y moribundo. La única
+defensa del que estaba debajo era clavar sus uñas, afilándolas con el
+pensamiento, en los brazos, en las piernas, en todo lo que alcanzaba del
+vencedor; y logrando alzarse un poco con nervioso coraje, trató de
+hacerle molinete para derribarle. Derribados los dos, lucharían quizás
+más proporcionadamente. ¡Pobre razón aplastada por la soberbia! ¿Dónde
+está la justicia? ¿dónde está la vindicta del débil? En ninguna parte.
+
+El furor del Delfín no fue tanto que se le ocultara el peligro de llegar
+a un homicidio, abusando de su superioridad. «Este al fin es un hombre,
+aunque parece un insecto» pensó. Y con desdén que tenía algo de lástima,
+hubo de soltar su presa, que cayó inerte a un lado del camino, en una
+especie de hoyo o surco. Al verle como un bulto, Juan sintió algo de
+miedo. «Si le habré matado sin querer... Y en todo caso... ha sido en
+defensa propia». Pero la víctima exhaló un mugido, y revolcándose como
+los epilépticos, repitió: «Ladrón... asesino». El Delfín se acercó y
+poniéndole un pie sobre el pecho, cuidando de no apretar, dijo: «Si no
+te callas, cucaracha, te aplasto».
+
+Levantose Rubín de un salto. Era todo uñas y todo dientes; sacaba las
+armas del débil; pero con tanta fiereza, que si coge al otro le arranca
+la piel. Santa Cruz acudió pronto a la defensa. «Te digo que te pateo...
+si vuelves...». Le levantó como una pluma y le lanzó violentamente donde
+antes había caído. Era un solar o campo mal labrado, más allá de la
+última casa. La víctima no daba acuerdo de sí, y aprovechando aquel
+momento el bárbaro señorito, que vio pasar su coche, lo detuvo, montose
+en él de un salto y ¡hala!, partieron los caballos a escape.
+
+Un hombre se había detenido ante los combatientes en el último instante
+de la reyerta; acercose a Maxi y le miró con recelo. Creyendo que estaba
+mortalmente herido, no quería meterse en líos con la justicia. Cuando le
+oyó hablar, acercose más. «Buen hombre, ¿qué es eso?... ¡Pobre chico! Si
+no parece chico, sino un viejo... ¡Vaya, que pegar así a un pobre
+anciano!». Luego llegó otro hombre, que se destacó de un grupo de
+obreros que subían. Auxiliado por este, Maxi logró levantarse y corrió
+un buen trecho por el camino abajo, gritando: «¡Ladrón!... ¡a ese!...
+¡al asesino!...». Pero el coche estaba ya más allá de la iglesia.
+Formose en torno a la víctima un corro de cuatro, seis, diez personas de
+ambos sexos. Mirábales como si fueran amigos que habían de darle la
+razón reconociendo en él a la justicia pateada y a la humanidad
+escarnecida. Parecía un insensato. Su descompuesto rostro daba miedo, y
+su ahilada voz excitaba la mayor extrañeza.
+
+Porque el ardor de la lucha había determinado como una relajación de la
+laringe, en términos que la voz se le había vuelto enteramente de
+falsete. Salían de su garganta las palabras como el acento de un
+impúber. «¿En dónde se ha metido?... ¿en dónde?... ¿No es verdad,
+señores, que es un miserable?... ¿un secuestrador?... Me ha quitado lo
+mío, me ha robado... Él la arrojó a la basura... yo la recogí y la
+limpié... él me la quitó y la... volvió a arrojar... la volvió a
+arrojar. ¡Trasto infame!... Pero yo tengo que hacer dos muertes. Iré al
+patíbulo... no me importa ir al patíbulo, señores... digo que quiero ir
+al palo... pero ellos por delante, ellos por delante...».
+
+Los que le rodeaban le tenían lástima. Desconociendo el motivo de la
+zaragata, cada cual decía lo que le parecía. «_Sobre vino_ una
+pendencia».--«No, cuestión de faldas; ¿verdad?».--«¡Quita allá!, ¿pero
+no ves que es marica?».
+
+Las mujeres le miraban con más interés. «Tiene usted sangre en la
+frente» le dijo una. Era una rozadura de que el joven no se había dado
+cuenta. Llevose la mano a la cabeza y la retiró manchada de sangre. Notó
+que el brazo derecho le dolía horriblemente.
+
+«Vamos, vamos--le dijo uno--, véngase usted a la Casa de Socorro».
+
+--Gatera... miserable...--Vamos; ya eso se acabó... ¿En dónde tiene
+usted el sombrero?
+
+Maxi no dijo nada ni se cuidó del sombrero. De repente rompió en
+aullidos, pues no parecían otra cosa los esfuerzos de su voz para hablar
+a gritos. Los circunstantes podían oírle difícilmente estos conceptos:
+«Partirle el corazón es poco; es menester... machacárselo».
+
+Dos hombres le llevaban calle abajo, cada cual agarrándole de un brazo,
+y él, mirando con estupidez a sus conductores,
+repetía:--¡machacárselo!--. A ratos se paraba, prorrumpiendo en risas de
+demente. Ya cerca de la iglesia aparecieron dos individuos de Orden
+Público, que viendo a Maxi en aquel estado, le recibieron muy mal.
+Pensaron que era un pillete, y que los golpes que había recibido le
+estaban muy bien merecidos... Le cogieron por el cuello de la americana
+con esa paternal zarpa de la justicia callejera. «¿Qué tiene usted?» le
+preguntó uno de ellos, mal humorado. Maxi contestó con la misma risa
+insana y delirante; viendo lo cual el polizonte, apretó la zarpa, como
+expresión de los rigores que la justicia humana debe emplear con los
+criminales.
+
+«¿Y el agresor?».
+
+--¡Machacárselo!... Llegó a la Casa de Socorro, ya con una procesión de
+gente tras sí. El médico de guardia conocía a Maxi, y después de
+curarle la contusión de la cabeza, que no tenía importancia, le mandó a
+su casa al cuidado de los guardias de Orden Público.
+
+
+
+
+--xi--
+
+
+Cuando entró el malaventurado chico en su casa, Fortunata no había
+aparecido aún. Lo mismo fue verle Patricia en aquel lastimoso estado,
+que correr a dar aviso a doña Lupe, la cual no tardó en presentarse
+alborotada y afligida. Lo primero que hizo, conforme a su gran carácter,
+fue sobreponerse a los sucesos, no amilanarse por la vista de la sangre
+y dictar atinadas órdenes preliminares, como acostar a Maximiliano,
+traer provisión de árnica, reconocerle bien las contusiones que tenía y
+llamar un médico.
+
+«¿Pero y Fortunata?».
+
+--Salió a hacer unas compras--dijo Patricia.
+
+--¡Es particular! Las ocho y media de la noche.
+
+En vano intentó doña Lupe saber lo que había ocurrido de los propios
+labios del joven. Este no decía más que «¡machacárselo!» con aquella voz
+de falsete, que era otra novedad para su tía. Acostáronle con no poco
+trabajo, y le llenaron de bizmas. El médico de la Casa de Socorro vino y
+ordenó el reposo. Temía que hubiese algo de conmoción cerebral; pero
+probablemente concluiría todo con una fuerte jaqueca. También propinó el
+bromuro potásico a fuertes dosis, y a la primera toma se adormeció el
+herido, pronunciando palabras sueltas, de las cuales nada pudo sacar en
+claro la señora de Jáuregui. ¡Y a todas estas la otra sin parecer!
+
+Por fin, a eso de las nueve y media, cuando el médico se fue, sintió
+doña Lupe un rebullicio, luego cuchicheos en el pasillo. Fortunata había
+entrado, y hablaba muy bajito con Patria. La mente de la viuda, en la
+cual hasta entonces todo era confusión y vaguedades, empezó a dar de sí
+los juicios más extraños, ideas de atrevido alcance y de un pesimismo
+aterrador. Salió paso a paso a la sala, deseosa de sorprender aquel
+secreteo. Fortunata entró, pálida como un cirio y con ojos aterrados;
+mas doña Lupe no le dijo nada. La vio que avanzaba hacia el gabinete,
+que daba algunos pasos hacia la alcoba deteniéndose en la puerta, y que
+desde allí alargaba el cuerpo para mirar a su marido. ¿Por qué no entró?
+¿Qué temor la detenía? La alcoba estaba casi a oscuras, pues apenas
+llegaba a ella la claridad de la lámpara encendida en la sala. Doña Lupe
+llevó al gabinete la luz. Quería observar lo que hacía su sobrina, y por
+de pronto le llamó la atención su actitud extraña, no muy conforme con
+los sentimientos naturales en una esposa en situación tan aflictiva.
+Una vez que le miró bien de lejos, Fortunata, sin hacer maldito caso de
+persona tan respetable como su tía política, volvió a la sala, que ya
+estaba medio a oscuras, y se sentó en una silla. Todavía no se había
+quitado el manto, y parecía que iba a volver a la calle. Apoyada la
+mejilla en la mano, permaneció inmóvil como un cuarto de hora. El
+silencio que en las tres piezas reinaba sólo se interrumpía con tal cual
+palabra estropajosa pronunciada por Maxi, y con el paso gatuno de la
+sirviente que atravesaba la sala para ir a recibir órdenes de la única
+persona que aquella noche mandara en la casa. Si el estado del enfermo
+permitiera alzar la voz, ¡ay!, doña Lupe haría retemblar la casa con el
+estruendo de su palabra autoritaria y fiscalizadora; pero no podía ser.
+¡Qué cosas había de oír su sobrina! Resolvió, pues, la tía dejar la
+discusión para el día siguiente; mas tanto la apremiaron la curiosidad y
+el enojo, que no pudo menos de personarse, pasito a paso, en la sala, y
+decir a Fortunata, con voz oprimida: «Explícame esto».
+
+--¿Esto?...--murmuró la prójima, alzando la cara, como quien despierta.
+
+--Esto, sí... Maximiliano maltratado... tú entrando en casa tan tarde y
+con esos modos de traidora de melodrama.
+
+Fortunata, después de mirar de hito en hito a doña Lupe por espacio
+como de un minuto, volvió a apoyar la mejilla en el puño sin decir una
+palabra.
+
+«Pues me he enterado... Me gusta...».
+
+Y fue a la alcoba, porque se oyó la voz de Maxi llamando. Poco después
+se le sintió vomitar. Fortunata prestó atención a lo que allí pasaba;
+pero sin abandonar su postura de esfinge.
+
+Cuando la viuda volvió a la sala, ya eran más de las diez.
+
+«¡Las diez dadas!--dijo con aquella voz tan severa que habría hecho
+estremecer a una piedra--. Y no te has quitado el manto. ¿Es que piensas
+volver... de compras? El pobre Maxi, al despertar hace un rato, me
+preguntó si habías venido, y le dije que no. Me dio vergüenza de decirle
+que sí, porque habría sido preciso añadir que sólo con la manera de
+entrar te declaras culpable... Él dijo: 'Más vale que no venga...'. ¿Y
+tú no conoces que así no se puede seguir?... ¿que es preciso que me
+expliques esto? Habla, hija, habla o yo veré lo que tengo que hacer».
+
+Fortunata, después de mirarla con una emoción que doña Lupe no podría
+definir, volvió a apoyar la cara en la mejilla, y dando un gran suspiro,
+se acorazó dentro de aquel silencio lúgubre, que desesperaría a la misma
+paciencia.
+
+«¡Esto es para volverse loca!...--expresó doña Lupe con un gesto
+iracundo--. ¿Creerás tú, creerá usted que conmigo valen marrullerías?
+Sepa usted que...».
+
+La ira se le desbordaba, y para contenerla volvió a la alcoba. Su mente
+acalorada revolvía estas ideas: «Salió lo que yo me temía... Si lo dije,
+si esta mujer nos había de dar al fin un disgusto... ¡Ay, qué ojo tengo!
+A mí no me entraba, no me entraba; y siempre lo dije: 'ni con Micaelas
+ni sin Micaelas, podremos hacer de una mujer mala una esposa decente'.
+Ahí está, ahí está, ahí la tienen. Vean si acerté; vean si eran
+preocupaciones mías...».
+
+Lo que más ensoberbecía a doña Lupe era el chasco que se había llevado,
+pues aunque dijera otra cosa, ello es que había creído a Fortunata
+radicalmente reformada. No pudo contener su arranque, y volvió a la
+sala. «Pero se explica usted, ¿sí o no?...».
+
+Reparó entonces que hablaba con una sombra. Fortunata no estaba allí.
+Salió doña Lupe al pasillo, y vio luz en un cuartito interior, donde la
+mujer de Maxi guardaba su ropa. Empujó la puerta. Allí estaba, ya sin
+mantilla, sacando ropa del armario y metiéndola en un mundo.
+
+«¿Pero querrá usted al fin sacarme de dudas?--dijo sin recatarse ya de
+alzar la voz--. Esto es vergonzoso. Si usted se obstina en callarse,
+creeré que la causante de toda esta tragedia es usted y nada más que
+usted».
+
+Fortunata se volvió hacia ella. Su palidez era como la de un muerto.
+
+«Vamos a ver--añadió la de Jáuregui manoteando--. Si mi sobrino me
+vuelve a preguntar si ha entrado usted, ¿qué le digo?».
+
+--Dígale usted--replicó la esposa en voz más baja y expresándose con
+mucha dificultad--; dígale usted que no he venido, porque me marcharé en
+cuanto sea de día.
+
+--Yo no entiendo una palabra... ¡qué ha pasado, Santo Dios!... ¿Quién
+maltrató a Maxi?
+
+Fortunata dio un gran suspiro. «¡Qué farsa! Voy a dar parte a la
+justicia. Veremos si al juez le contesta de esa manera. Que usted es
+culpable, bien a la vista está. Si no, ¿por qué se marcha usted?».
+
+--Porque me debo ir--replicó la otra mirando al suelo.
+
+No dijo más. Fuera de sí, doña Lupe le echó la zarpa a un brazo y
+sacudiéndola fuertemente, le soltó esta imprecación:
+
+«¡Ah!, maldita... bien claro se ve que es usted una bribona... una
+bribona en toda la extensión de la palabra... que lo ha sido siempre y
+lo será mientras viva... A todos engañó usted menos a mí... a mí no...
+Yo la vi venir».
+
+Abrumada por su conciencia, Fortunata no pudo contestar nada. Si doña
+Lupe se hubiera abalanzado a ella para pegarle, se habría dejado
+castigar.
+
+«Hace usted bien en largarse--añadió la otra ya en la puerta--. No seré
+yo quien la detenga... Viento fresco. ¡Qué casa esta y qué matrimonio!
+Nada me coge de nuevo... porque, lo repito, a todos engañó usted menos a
+mí».
+
+Y era mentira, porque la primera engañada fue ella. ¡Valiente fiasco
+habían tenido sus facultades educatrices! La idea de este fracaso
+encendía su furor más que el delito mismo que en su sobrina sospechaba.
+
+Volviendo a la sala, apoderose de la señora de Jáuregui el frenesí de
+las disposiciones. La primera fue que se quedaría allí aquella noche.
+Después mandó a Patricia a su casa con un recado, llamando a Nicolás,
+que aquel día había llegado de Toledo. «Que venga mi sobrino
+inmediatamente, y si está durmiendo, encargue usted a Papitos que le
+despierte».
+
+Fortunata seguía en el cuarto de la ropa; mas adelantaba muy poco en el
+arreglo de su equipaje, porque a lo mejor se quedaba inmóvil, sentada
+sobre un baúl, mirando al suelo o a la vela, que ardía con pábilo muy
+larguilucho y negro, chorreando goterones de grasa. Desde que empezó a
+faltar, no había sentido remordimientos como los de aquella noche. El
+espectro de su maldad no había hecho antes más que presentarse como en
+broma, y érale a ella muy fácil espantarlo; pero ya no acontecía lo
+mismo. El espectro venía y se sentaba con ella y con ella se levantaba;
+cuando se ponía a guardar ropa, la ayudaba; al suspirar, suspiraba; los
+ojos de ella eran los de él, y, en fin, la persona de ambos parecía una
+misma persona. Y la atormentaban, juntamente con los revuelcos de su
+conciencia, ansias de amor, deseos vivísimos de normalizar su vida
+dentro de la pasión que la dominaba. Acordose de que su amante le había
+ofrecido ponerle casa, y establecer entre ambos una familiaridad regular
+dentro de la irregularidad. ¿Pero esto podría ser? Las ansias amorosas
+se cruzaban en su espíritu con temores vagos, y al fin venía a
+considerarse la persona más desgraciada del mundo, no por culpa suya,
+sino por disposición superior, por aquella mecánica espiritual que la
+empujaba de un modo irresistible. No pensó en dormir aquella noche, y
+anhelaba que viniese el día para marcharse, porque el sentir la voz
+doliente de su marido producíale atroz martirio. Habría dado diez años
+de su vida porque lo que pasó no hubiera pasado. Pero ya que no lo podía
+remediar, ¡ojalá que las heridas de Maxi fuesen de poca importancia!
+Después de esto, su más vivo deseo era coger la puerta y huir para
+siempre de la casa aquella. Antes morir que continuar la farsa de un
+matrimonio imposible.
+
+De estas meditaciones la sacó doña Lupe, que después de media noche
+volvió a entrar en el cuarto. Envolvíase toda en una manta, lo que le
+daba cierto aspecto temeroso y lúgubre como de alma del otro mundo.
+
+«Al pobre Maxi--dijo--, le da ahora por llorar... No cesa de preguntarme
+si ha venido usted... Francamente, no sé qué responderle».
+
+--Dígale usted que me he muerto--replicó Fortunata.
+
+--Y positivamente sería lo mejor... ¿Ha arreglado usted ya sus baúles?
+
+--Me falta poco... Mire, mire... no me llevo nada que no sea mío.
+
+--¿Y sus alhajas?--preguntó la viuda que custodiaba en su casa las de
+más valor.
+
+--¿Mis alhajas?--observó la otra vacilando primero y asegurándose al
+fin--. No son mías. Son de él, de Maxi, que las desempeñó. Se las dejo
+todas.
+
+--¿De modo que no se lleva usted más que su ropa?
+
+--Nada más. Hasta el portamonedas, con el último dinero que me dio, lo
+dejo aquí sobre la cómoda. Véalo usted.
+
+Cogió la prudente señora el portamonedas que estaba aún bien repleto y
+se lo guardó.
+
+
+
+
+--xii--
+
+
+Hay motivos para creer que cuando Papitos entró a media noche en el
+cuarto de Nicolás Rubín y le dijo sacudiéndole fuertemente: «Señor,
+señor, su tía que vaya allá ahora mismo», el santo varón soltó un
+bramido y dio media vuelta volviendo a caer en profundo sueño. Es
+probable que a la segunda acometida de Papitos, el clérigo se
+desperezara, y que ahuyentase a la mona con otro fuerte berrido,
+agasajando en su empañado cerebro la idea de que su tía debía esperar
+hasta la mañana siguiente. Y el fundamento de estas apreciaciones es que
+Nicolás no se presentó en la casa de su hermano Maxi hasta las siete
+dadas. Tanta pachorra sacaba de quicio a doña Lupe, que poniendo el
+grito en el Cielo, decía: «Estoy destinada a ser la víctima de estos
+tres idiotas... Cada uno por su lado me consumen la vida, y entre los
+tres juntos van a acabar conmigo... ¡Qué familia, Señor, qué familia! Si
+me viera mi Jáuregui, otro gallo me cantara. ¡Pero hombre de Dios, vaya
+que tienes una calma! No sé cómo con ella y lo que comes no estás más
+gordo... Te llamo a las once de la noche y esta es la hora en que te
+descuelgas por aquí... ¿Tú sabes lo que pasa?».
+
+Esto lo decía en la sala, al ver entrar a Nicolás, cuyos ojos tenían aún
+señales evidentes de lo bien que había dormido. Al sentir el coloquio,
+salió la pecadora de su escondite, y acercándose a la puerta de la sala
+trató de escuchar. Pero tía y sobrino siguieron hablando muy bajito, y
+nada pudo percibir. Después el clérigo, a instancias de su tía, salió
+al pasillo, y Fortunata metiose rápidamente en su escondite para
+esperarle allí.
+
+El cuarto aquel estaba casi completamente a oscuras en las primeras
+horas del día. Los que entraban no veían a quien dentro estuviera. La
+vela, que ardió gran parte de la noche, se había consumido. Desde
+dentro, vio Fortunata al cura, sombra negra en el cuadro luminoso de la
+puerta, y esperó a que entrase o a que dijese algo. Como el que recela
+penetrar en la madriguera de una bestia feroz, Nicolás permaneció en la
+puerta, y desde ella lanzó en medio de la oscuridad estas palabras:
+«Mujer, ¿está usted aquí?... No veo nada».
+
+--Aquí estoy, sí señor--murmuró ella.
+
+--Mi tía--añadió el clérigo--, me ha contado los horrores de esta
+noche... Mi hermano maltratado, herido; usted entrando en casa a
+deshora, y entrando para recoger su ropa y marcharse, rompiendo la
+armonía conyugal y dejándonos a todos en la mayor confusión. ¿Me querrá
+usted explicar a mí este turris-burris?
+
+--Sí señor--replicó la voz con miedo y turbación indecibles.
+
+--¿Y si ha tenido usted parte en esta infamia?
+
+--Yo... en lo de los golpes no he tenido parte--apuntó con rápida frase
+la voz.
+
+--Vamos a cuentas--dijo el clérigo avanzando un poco, precedido de sus
+manos que palpaban en las tinieblas--. Hace algunos días... lo he
+sabido ayer por casualidad... mi hermano sospechaba que usted no le era
+fiel; esta es la cosa. ¿Tenía fundamento esta sospecha?
+
+La voz no dijo nada, y hubo un ratito de temerosa expectativa.
+
+«¿Pero no contesta usted?--interrogó Nicolás con acento airado--. ¿Por
+quién me toma? Hágase usted cargo de que está en el confesonario. No
+hago la pregunta como persona de la familia ni como juez, sino como
+sacerdote. ¿Tenía fundamento la sospecha?».
+
+Después de otro ratito, que al cura se le hizo más largo que el primero,
+la voz respondió tenuemente:
+
+«Sí señor».
+
+--Ya veo--afirmó Rubín con ira--, que nos ha engañado usted a todos, a
+mí el primero, a las señoras Micaelas, a mi amigo Pintado y a toda mi
+familia después. Es usted indigna de ser nuestra hermana. Vea usted qué
+bonito papel hemos hecho. ¡Y yo que respondí...! En mi vida me ha pasado
+otra. La tuve a usted por extraviada, no por corrompida, y ahora veo que
+es usted lo que se llama un monstruo.
+
+Dio entonces un paso más, cerrando un poco la puerta, y tentó la pared
+por si hallaba silla o banco en qué sentarse.
+
+«Hablando en plata, usted no quiere a mi hermano... Ábrete,
+conciencia».
+
+--No señor--dijo la voz prontamente y sin hacer ningún esfuerzo.
+
+--No le ha querido nunca... esta es la cosa.
+
+--No señor.--Pero usted me dijo que esperaba tomarle cariño conforme le
+fuera tratando.
+
+--Sí lo dije.--Pero no ha resultado... No ha resultado. ¡Chasco como
+este...! Se dan casos... De modo que nada.
+
+--Nada.--¡Perfectamente! Pero usted olvida que es casada y que Dios le
+manda querer a su marido, y si no le quiere, serle fiel de cuerpo y de
+pensamiento. ¡Bonita plancha, sí señor, bonita!... En mi vida me ha
+pasado otra. Y usted, pisoteando el honor y la ley de Dios, se ha
+prendado de cualquier pelagatos... ya se ve: su pasado licencioso le
+envenena el alma, y la purificación fue una pamema. ¡No haber visto
+esto, Señor, no haberlo visto!
+
+Estaba tan furioso el cura por lo mal que le había salido aquella
+compostura, y su amor propio de arreglador padecía tanto, que no pudo
+menos de desahogar su despecho con estas coléricas razones: «Pues sépase
+usted que está condenada, y no le dé vueltas: condenada».
+
+No se sabe si este procedimiento del terror hizo su efecto, porque
+Fortunata no contestó nada. La expresión de sus sentimientos acerca del
+tremendo anatema perdiose en la oscuridad de aquella caverna.
+
+«Al menos, desdichada, confiese usted su delito--dijo Rubín, que
+deslizándose en las tinieblas había encontrado un cajón en que
+sentarse--. No me oculte usted nada. ¿Cuántas veces, cuántas veces ha
+faltado usted a su marido?».
+
+La contestación tardaba. Nicolás repitió la pregunta hasta tres veces
+suavizando el tono, y al fin oyó un susurro que decía: «Muchas».
+
+Cuenta el padre Rubín que aquel
+
+_muchas_ le dio escalofríos, y que le pareció el rumorcillo que hacen
+las correderas cuando en tropel se escurren por las paredes.
+
+--¿Con cuántos hombres?
+
+--Con uno solo...--¡Con uno sólo!... ¿De veras? ¿Le conoció usted
+después de casada?
+
+--No señor. Le conozco hace mucho tiempo... le he querido siempre.
+
+--¡Ah! ya... la historia vieja... perfectamente--dijo el cura, cuyo amor
+propio se erguía al encontrar un medio de aparecer previsor--. Eso ya me
+lo temía yo. ¡El amorcito primero...! ¿No lo dije, no se lo dije a
+usted? Por ahí está el peligro. He visto muchos casos. Bueno. ¿Y ese
+pelafustán es el de marras?
+
+Fortunata contestó que sí, sin comprender lo que quería decir de marras.
+
+«Y ese ha sido el miserable que abusando de su fuerza maltrató al pobre
+Maxi, débil y enfermizo... ¡Ay, mundo amargo!».
+
+--Él fue... pero Maxi le provocó...--dijo la voz--. Esas cosas vienen
+sin saber cómo... Yo lo presencié desde la ventana.
+
+--¿Desde qué ventana?
+
+--De la casa aquella.--¿Casita tenemos?... Sí... sí, lo de siempre. Lo
+había previsto yo. No crea usted que me coge de nuevo. ¡Casita y
+todo!... ¡Cuánta infamia! ¿Y no siente usted remordimientos? Cualquier
+persona que tuviera alma estaría en tal caso llena de tribulación...
+pero usted tan fresca.
+
+--Yo lo siento... lo siento... Quisiera que eso no hubiera pasado.
+
+--Eso, que no hubiera pasado el lance, para continuar pecando a la
+calladita. Y siga el fandango. También esta clase de perversidad me la
+sé de memoria.
+
+Fortunata se calló. Fuera que los ojos del clérigo se acostumbraran a la
+oscuridad, fuera que entrase en el cuarto más luz, ello es que Nicolás
+empezó a distinguir a su hermana política, sentada sobre el baúl, con un
+pañuelo en la mano. A ratos se lo llevaba al rostro como para secar sus
+lágrimas. Cierto es que Fortunata lloraba; pero algunas veces la causa
+de la aproximación del pañuelo a la cara era la necesidad en que la
+joven se veía de resguardar su olfato del olor desagradable que las
+ropas negras y muy usadas del clérigo despedían.
+
+«Esas lágrimas que usted derrama, ¿son de arrepentimiento sincero? ¡A
+saber...! Si usted se nos arrepintiera de verdad, pero de verdad, con
+contrición ardiente, todavía esto podría arreglarse. Pero sería preciso
+que se nos sometiera a pruebas rudas y concluyentes... esta es la cosa.
+¿Volvería usted a las Micaelas?».
+
+--¡Oh!, no señor--replicó la pecadora con prontitud.
+
+--Pues entonces, que se la lleve a usted el demonio--gritó el clérigo
+con gesto de menosprecio.
+
+--Le diré a usted... yo me arrepiento; pero...
+
+--Qué peros ni qué manzanas...--manifestó Rubín, manoteando con groseros
+modales--. Reniegue usted de su infame adulterio; reniegue también del
+hombre malo que la tiene endemoniada.
+
+--Eso...--¿Eso qué?... ¡Vaya con la muy...! Y me lo dice así, con ese
+cinismo.
+
+Fortunata no sabía lo que quiere decir cinismo, y se calló.
+
+«Todo induce a creer que usted se prepara a reincidir, y que no hay
+quien le quite de la cabeza esa maldita ilusión».
+
+El gran suspiro que dio la otra confirmó esta suposición mejor que las
+palabras.
+
+«De modo que, aun viéndose perdida y deshonrada por ese miserable,
+todavía le quiere usted. Buen provecho le haga».
+
+--No lo puedo remediar. Ello está _entre_ mí y no puedo vencerlo.
+
+--Ya... la historia de siempre. Si me la sé de memoria... Que quieren
+sólo a aquel y no pueden desterrarlo del pensamiento, y que patatín y
+que patatán... En fin, todo ello no es más que falta de conciencia,
+podredumbre del corazón, subterfugios del pecado. ¡Ay, qué mujeres!
+Saben que es preciso vencer y desarraigar las pasiones; pues no señor,
+siempre aferradas a la ilusioncita... Tijeretas han de ser... En
+resumidas cuentas, que usted no quiere salvarse. La pusimos en el camino
+de la regeneración, y le ha faltado tiempo para echarse por los senderos
+de la cabra. ¡Al monte, hija, al monte! Bueno; allá se entenderá usted
+con Dios. Ya me estoy riendo del chasco que se va usted a llevar. Porque
+ahora, como si lo viera, se lanzará otra vez a la vida libre.
+Divertirse... ¡ea!... Por de pronto habrá un arreglito, y ese tunante le
+dará alguna protección; tendrá usted casa en que vivir... Y ahora que me
+acuerdo, ¿ese hombre es casado?
+
+--Sí señor--dijo Fortunata con pena.
+
+--¡Ave María Purísima!--exclamó el cura llevándose ambas manos a la
+cabeza--. ¡Qué horror y qué sociedad! Otra víctima; la esposa de ese
+señor... Y usted tan fresca, sembrando muertes y exterminios por donde
+quiera que va...
+
+Esta frase de sermón aterró un poco a Fortunata.
+
+«Tendrá usted su castigo y pronto. La historia de siempre... ¡Qué
+mujeres, Señor, qué mujeres! Váyase usted a correr aventuras, deshonre a
+su marido, perturbe dos matrimonios; ya vendrá, ya vendrá el estallido.
+No le arriendo la ganancia. El amancebamiento ahora, después la
+prostitución, el abismo. Sí, ahí lo tiene usted, mírelo abierto ya, con
+su boca negra, más fea que la boca de un dragón. Y no hay remedio, a él
+va usted de cabeza... porque ese hombre la abandonará a usted... Son
+habas contadas».
+
+Fortunata tenía la cabeza próxima a las rodillas. Estaba hecha un
+ovillo, y sus sollozos declaraban la agitación de su alma.
+
+«¡Ah, mujer infeliz!--añadió el clérigo con solemnidad, levantándose--;
+no sólo es usted una bribona, sino una idiota. Todas las enamoradas lo
+son porque se les seca el entendimiento. Las saca uno del purgatorio del
+deleite y allá se van otra vez. Tú te lo quieres, pues tú te lo ten. En
+el Infierno le ajustarán a usted las cuentas. Váyase usted luego allá
+con sofismas y con zalamerías de amor... Esto se acabó. Ni yo tengo que
+hacer nada con usted, ni usted tiene nada que hacer en esta casa.
+Cuenta concluida. Al arroyo, hija; divertirse; usted sale de aquí, y
+cuando se vaya, sahumaremos, sí, sahumaremos... Perfec... tamente».
+
+Esto lo dijo en la puerta y luego se retiró sin añadir una palabra más.
+Doña Lupe le aguardaba en la sala para saber si había sido más
+afortunado que ella en la averiguación de la verdad, y allí se
+estuvieron picoteando un buen rato. Después oyeron ruido, sintieron la
+voz de Fortunata que hablaba quedito con Patricia, diciéndole quizás
+cómo y cuándo mandaría a buscar su ropa. Tía y sobrino asomáronse luego
+a los cristales del balcón y la vieron atravesar la calle presurosa, y
+doblar la esquina sin dirigir una mirada a la casa que abandonaba para
+siempre.
+
+Nicolás repetía una figura de que estaba satisfecho: «Sahumar, sahumar y
+sahumar». Y a propósito de espliego, a él, físicamente, tampoco le
+vendría mal... esto sin ofender a nadie.
+
+Madrid.--Mayo de 1886.
+
+FIN DE LA PARTE SEGUNDA
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+
+Parte tercera
+
+
+
+
+--I--
+
+Costumbres turcas
+
+
+
+
+---i---
+
+
+Juan Pablo Rubín no podía vivir sin pasarse la mitad de las horas del
+día o casi todas ellas en el café. Amoldada su naturaleza a este género
+de vida, habríase tenido por infeliz si el trabajo o las ocupaciones le
+obligaran a vivir de otro modo. Era un asesino implacable y reincidente
+del tiempo, y el único goce de su alma consistía en ver cómo expiraban
+las horas dando boqueadas, y cómo iban cayendo los periodos de fastidio
+para no volver a levantarse más. Iba al café al medio día, después de
+almorzar, y se estaba hasta las cuatro o las cinco. Volvía después de
+comer, sobre las ocho, y no se retiraba hasta más de media noche o hasta
+la madrugada, según los casos. Como sus amigos no eran tan constantes,
+pasaba algunos ratos solo, meditando en problemas graves de política
+religión o filosofía, contemplando con incierto y soñoliento mirar las
+escayolas de la escocia, las pinturas ahumadas del techo, los fustes de
+hierro y las mediascañas doradas. Aquel recinto y aquella atmósfera
+éranle tan necesarios a la vida, por efecto de la costumbre, que sólo
+allí se sentía en la plenitud de sus facultades. Hasta la memoria le
+faltaba fuera del café, y como a veces se olvidara súbitamente en la
+calle de nombres o de hechos importantes, no se impacientaba por
+recordar, y decía muy tranquilo: «En el café me acordaré». En efecto,
+apenas tomaba asiento en el diván, la influencia estimulante del local
+dejábase sentir en su organismo. Heridos el olfato y la vista, pronto se
+iban despertando las facultades espirituales, la memoria se le
+refrescaba y el entendimiento se le desentumecía. Proporcionábale el
+café las sensaciones íntimas que son propias del hogar doméstico, y al
+entrar le sonreían todos los objetos, como si fueran suyos. Las personas
+que allí viera constantemente, los mozos y el encargado, ciertos
+parroquianos fijos, se le representaban como unidos estrechamente a él
+por lazos de familia. Hasta con la jorobadita que vendía en la puerta
+fósforos y periódicos tenía cierto parentesco espiritual.
+
+Pero aunque Juan Pablo se encariñaba de este modo con el local, había
+cambiado de café bastantes veces en el espacio de cinco años.
+
+Equivalía esto a mudar de vivienda, y como todos los cafés de Madrid se
+parecen, lo mismo que se parecen las casas, Juan Pablo llevaba en sí
+propio su domesticidad, y a los dos días de frecuentar un café, ya se
+encontraba en él como en familia. Los cambios eran determinados por
+ciertas corrientes de emigración que hay en la sociedad de los vagos y
+que no se sabe a qué obedecen. Unas veces el impulso partía de algunos
+amigos inconstantes, tocados de la manía de la variedad; otras la
+emigración era motivada por una cuestión muy desagradable con _aquel
+señor de la mesa próxima_. Ya provenía de que el amo del café _se portó
+cochinamente_ cobrando a la tertulia unas copas, que se habían roto al
+discutir las verdaderas causas de la muerte de Concha en Montemuru; ya,
+por fin, de un desmejoramiento progresivo e intolerable del _género_,
+razón por la cual desearan muchos estrenar los establecimientos nuevos o
+renovados. Juan Pablo no gustaba de iniciar ninguna corriente de
+emigración; pero las seguía casi siempre. En estas corrientes es fácil
+que se pierda alguno de la partida, o por rebelde a las mudanzas o
+porque las deudas le cautivan en el antiguo local y allí le hipotecan la
+asistencia, pero en cambio siempre se gana algún tertulio nuevo que
+viene a refrescar las ideas y las bromas.
+
+Quien se hubiera tomado el trabajo de seguir los pasos de Rubín desde
+el 69 al 74, le habría visto parroquiano del café de San Antonio en la
+Corredera de San Pablo, después del Suizo Nuevo, luego de Platerías, del
+Siglo y de Levante; le vería, en cierta ocasión, prefiriendo los cafés
+cantantes y en otra abominando de ellos; concurriendo al de Gallo o al
+de la Concepción Jerónima cuando quería hacerse el invisible, y por fin,
+sentar sus reales en uno de los más concurridos y bulliciosos de la
+Puerta del Sol.
+
+Al medio día era siempre de los retrasados, porque se levantaba tarde;
+por la noche era infaliblemente el primero. Rara vez, al entrar,
+encontraba ya allí a D. Evaristo González Feijoo o a Leopoldo Montes. La
+tertulia de la noche tenía su personal distinto de la del día, y eran
+pocos los que asistían a una y otra. Sólo Rubín era punto fijo en ambas.
+La peña aquella ocupaba tres mesas, y antes de que los parroquianos
+llegaran, el mozo les ponía a todos el servicio. Juan Pablo entraba a
+las ocho, cuando aún no había en el local más que tres o cuatro
+personas, y los mozos estaban de conversación sentados junto al
+mostrador. En este, el amo o encargado preparaba los servicios, poniendo
+pilas de platillos de azúcar. Cada instante se abría la puerta de
+cristales para dar paso a algún parroquiano (que entraba quitándose la
+bufanda o desembozándose), y luego se cerraba con fuerte batacazo, para
+volverse a abrir en seguida con estridente chirrido de goznes mohosos.
+Era un estribillo abrumador... _Chirris_... entrada del individuo con su
+puro de estanco en la boca... después _pum_ y otra vez _chirris_...
+
+El amo saludaba desde el mostrador a algún parroquiano que le caía
+cerca. Los más gustaban de que se les sirviera el café sin ninguna
+tardanza, y daban palmadas si el chico no venía pronto. Juan Pablo
+entraba despacio y muy serio, como hombre que va a cumplir una
+obligación sagrada. Dirigía el paso gravemente hacia las mesas de la
+derecha y se sentaba siempre en el propio sitio con matemática
+exactitud. El mozo le saludaba en el momento de dar un restregón con el
+paño a la mesa, y él, contestando con cierta dignidad, frotábase las
+manos, se acomodaba bien en el asiento, conservando la capa sobre los
+hombros; después acercaba el vaso, poniendo a la derecha, a la discreta
+distancia a que se pone el tintero para escribir, el platillo del
+azúcar, y luego atendía a la operación de verter en el vaso la leche y
+el café, poniendo mucho cuidado en que las proporciones de ambos
+líquidos fueran convenientes y en que el vaso se llenara sin rebosar.
+Esto era elemental. Después cogía la cuchara con la mano izquierda y con
+la derecha iba echando pausadamente los terrones, dirigiendo miradas
+indulgentes a todo el local y a las personas que entraban. Como
+veterano del café sabía tomarlo con aquella lentitud y arte que
+corresponden a todo acto importante.
+
+Imposible que la historia siga a este hombre en todos sus periodos
+cafeteros. Pero no se puede pasar en silencio la etapa aquella de la
+Puerta del Sol, en que Rubín tenía por tertulios y amigos a D. Evaristo
+González Feijoo, a don Basilio Andrés de la Caña; a Melchor de Relimpio
+y a Leopoldo Montes, personas todas muy dadas a la política, y que
+hablaban del país como de cosa propia. Teniendo todos la misma manía,
+cada cual cultivaba una especialidad, pues Leopoldo Montes llevaba un
+día y otro infaliblemente, noticias de crisis; D. Basilio descendía
+siempre a menudencias de personal; Relimpio era procaz y malicioso en
+sus juicios; Rubín descollaba por suponerse que todo lo sabía y que se
+anticipaba a los sucesos _viéndolos venir_, y por último, Feijoo era
+profundamente escéptico, y tomaba a broma todas las cosas de la
+política.
+
+Allí brillaba espléndidamente esa fraternidad española en cuyo seno se
+dan mano de amigo el carlista y el republicano, el progresista de cabeza
+dura y el moderado implacable. Antiguamente, los partidos separados en
+público, estábanlo también en las relaciones privadas; pero el progreso
+de las costumbres trajo primero cierta suavidad en las relaciones
+personales, y por fin la suavidad se trocó en blandura. Algunos creen
+que hemos pasado de un extremado mal a otro, sin detenernos en el medio
+conveniente, y ven en esta fraternidad una relajación de los caracteres.
+Esto de que todo el mundo sea amigo particular de todo el mundo es
+síntoma de que las ideas van siendo tan sólo un pretexto para conquistar
+o defender el pan. Existe una confabulación tácita (no tan escondida que
+no se encuentre a poco que se rasque en los políticos), por la cual se
+establece el turno en el dominio. En esto consiste que no hay
+aspiración, por extraviada que sea, que no se tenga por probable; en
+esto consiste la inseguridad, única cosa que es constante entre
+nosotros, la ayuda masónica que se prestan todos los partidos desde el
+clerical al anarquista, lo mismo dándose una credencial vergonzante en
+tiempo de paces, que otorgándose perdones e indultos en las guerras y
+revoluciones. Hay algo de seguros mutuos contra el castigo, razón por la
+cual se miran los hechos de fuerza como la cosa más natural del mundo.
+La moral política es como una capa con tantos remiendos, que no se sabe
+ya cuál es el paño primitivo.
+
+Hablando de esto, Feijoo y Rubín achacaban la relajación de los
+caracteres a los desengaños. «Yo--decía Feijoo--, soy progresista
+desengañado, y usted tradicionalista arrepentido. Tenemos algo de común:
+el creer que todo esto es una comedia y que sólo se trata de saber a
+quién le toca mamar y a quién no».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Don Evaristo González Feijoo merece algo más que una mención en
+este relato. Era hombre de edad, solterón, y vivía desahogadamente de
+sus rentas y de su retiro de coronel del ejército. A poco de la guerra
+de África, abandonó el servicio activo. Era el único individuo de la
+tertulia que no tenía trampas ni apuros de dinero. Su existencia plácida
+y ordenada, reflejábase en su persona pulcra, robusta y simpática. Su
+facha denunciaba su profesión militar y su natural hidalgo; tenía bigote
+blanco y marcial arrogancia, continente reposado, ojos vivos, sonrisa
+entre picaresca y bondadosa; vestía con mucho esmero y limpieza, y su
+palabra era sumamente instructiva, porque había viajado y servido en
+Cuba y en Filipinas; había tenido muchas aventuras y visto muchas y muy
+extrañas cosas. No se alteraba cuando oía expresar las ideas más
+exageradas y disolventes. Lo mismo al partidario de la inquisición que
+al petrolero más rabioso, les escuchaba Feijoo con frialdad benévola.
+Era indulgente con los entusiasmos, sin duda porque él también los había
+_padecido_. Cuando alguno se expresaba ante él con fe y calor, oíale con
+la paciencia compasiva con que se oye a los locos. También él había
+sido loco; pero ya había recobrado la razón, y la razón en política era,
+según él, la ausencia completa de fe.
+
+En las tertulias de los cafés hay siempre dos categorías de individuos,
+una es la de los que ponen la broza en la conversación, llevando
+noticias absurdas o diciendo bromas groseras sobre personas y cosas;
+otra es la de los que dan la última palabra sobre lo que se debate,
+soltando un juicio doctoral y reduciendo a su verdadero valor las bromas
+y los dicharachos. Donde quiera que hay hombres, hay autoridad, y estas
+autoridades de café, definiendo a veces, a veces profetizando y siempre
+influyendo, por la sensatez aparente de sus juicios, sobre la vulgar
+multitud, constituyen una especie de opinión, que suele traslucirse a la
+prensa, allí donde no existe otra de mejor ley.
+
+Bueno. Los que ejercen autoridad en los círculos o tertulias de café
+suelen sentarse en el diván, esto es, de espaldas a la pared, como si
+presidieran o constituyesen tribunal. Juan Pablo y Feijoo pertenecían a
+esta categoría; pero el segundo no se sentaba nunca en el diván, porque
+le daba calor la pana, sino en una de las sillas de fuera, tomando café
+en un ángulo de la mesa y volviendo la espalda a los individuos de la
+mesa inmediata.
+
+En cambio, D. Basilio Andrés de la Caña, que era vulgo, se sentaba
+siempre en el diván. Gustaba de ocupar posiciones superiores a las que
+merecía, y recostaba en el marco de los espejos su cabeza calva y
+lustrosa. Usaba gafas, y su nariz pequeña podría pasar por signo o
+emblema de agudeza. Entornaba los ojos cuando daba una respuesta
+difícil, como hombre que quiere reconcentrar bien las ideas. Su frente
+era espaciosísima y su fisonomía de esas que parecen revelar un
+entendimiento profundo y sintético. Tenía algún parecido con Cavour, de
+lo que provenían las bromas un tanto pesadas que le daban. Para juzgar
+su talento, acudiremos a un dicho de Melchor de Relimpio: «El mejor
+negocio que se podría hacer en estos tiempos, ¿a que no saben ustedes
+cuál es? Pues abrirle la cabeza a D. Basilio y sacarle toda la paja que
+hay dentro para venderla».
+
+Y don Basilio, que tenía ciertas marrullerías de asno viejo, sacaba
+partido de su fisonomía engañosa y de aquel aire de _hombre conspicuo_
+que le daban su calva de calabaza, su frente abovedada, sus anteojos y
+su nariz chiquita y prismática. Más de una vez, los ministros a quienes
+se presentó experimentaron los efectos de fascinación que aquella
+carátula ejercía sobre el vulgo, y le tomaron por una eminencia no
+comprendida. Cráneo y entrecejo eran un timo frenopático. Siempre que
+discutía tomaba un tono tan solemne, que muchos incautos le miraban con
+respeto. Consideraba la risa como un acto impropio de la dignidad
+humana, y habíala desterrado casi en absoluto de su cara, tomando por
+modelo una página del Nomenclátor o de la Memoria de la Deuda Pública.
+
+Dos fases tenía la vida de este hombre: el periodismo y la empleomanía.
+En la prensa, siempre estuvo encargado de la parte extranjera y de las
+cuestiones de Hacienda. Ni para una ni para otra cosa se necesitaba en
+el periodismo antiguo saber escribir. Pero la Caña tomaba tan en serio
+estas dos ramas del conocimiento humano, que cuando trabajaba parecía
+que estaba escribiendo la _Crítica de la razón pura_. Su sueldo en las
+redacciones no pasó nunca de treinta duros, cuando le pagaban. De las
+redacciones pasaba a las oficinas, y de las oficinas a las redacciones;
+de modo que cuando estaba cesante y la familia pereciendo, alegrábanse
+las Musas de la política extranjera y de la ciencia fiscal. Siempre fue
+mi hombre _arrimado a la cola_, como decían sus amigos; es decir, muy
+moderado, porque siempre le colocaban los doctrinarios. Su primer
+destino se lo dio Mon, y estuvo en Hacienda con ciertas alternativas
+hasta el periodo largo de la Unión Liberal. Esta época fue su _crujía_
+funesta, y vivió míseramente de la pluma, preguntando todos los días a
+la conclusión del artículo: «¿qué hará la Rusia?» y respondiéndose con
+la más deliciosa buena fe: «no lo sabemos». A Inglaterra la llamaba
+siempre el _Gabinete de Saint-James_, y a Francia el _Gabinete de las
+Tullerías_.
+
+Durante el periodo revolucionario, pasó el pobre D. Basilio una
+trinquetada horrible, porque no quiso venderse ni abdicar sus ideas.
+Únicamente consintió en trabajar en un periódico liberal templado;
+pero... bien claro se lo dijo al director... nada más que para tratar de
+las cuestiones financieras, con exclusión absoluta de toda idea
+política. Dicho y hecho: la Caña se largaba todos los días un articulazo
+que no leía nadie, criticando la gestión de la Hacienda; pero no así
+como se quiera, sino con números. «Con los números no se juega» decía
+él, y le metía mano al presupuesto y lo desmenuzaba como si fuera la
+cuenta de la lavandera. «Si esta gente no comprende--decía en el café
+inflado de autoridad--, que sin presupuesto no hay política posible, ni
+hay país, ni nada. Estoy harto de decírselo todos los días. Y nada; como
+si se lo dijera a este mármol. Señores, yo les juro que he examinado una
+por una todas las cifras, y créanmelo, parece mentira que ese buñuelo
+haya salido de las oficinas de Hacienda. Pero si es lo que yo digo: ese
+señor (el Ministro del ramo) no sabe por dónde anda, ni en su vida las
+ha visto más gordas... ¡Cuidado que lo vengo demostrando como tres y dos
+son cinco! Pero nada... no lo quieren entender».
+
+Después de expresar con un gran suspiro la lástima que tenía de este
+pobre país, seguía tomando su café con indolencia, pero con apetito,
+porque para D. Basilio era verdadero alimento, y lo tomaba colmado, en
+vaso, y dejando rebosar todo lo posible en el plato para trasegarlo
+después frío al vaso. En los últimos años de la Revolución, D. Manuel
+Pez diole un destinillo en el Gobierno civil, y él lo aceptó como ayuda
+hasta que vinieran tiempos mejores; pero estaba descontento, no sólo por
+lo mezquino del sueldo, sino por razones de dignidad. Los amigos que le
+oían quejarse, comparando la exigüidad de la paga con la muchedumbre de
+bocas que constituían su familia, le consolaban cada cual a su manera;
+pero él decía invariablemente: «y sobre todo, me lo pueden creer, lo que
+más me contrista es no estar _en mi ramo_». Su ramo era la Hacienda.
+
+La conversación del círculo, que empezaba casi siempre con el tema de la
+guerra, pasaba insensiblemente al de los empleos. Leopoldo Montes,
+cesante eterno, Relimpio, y otros que tenían entre los dientes alguna
+piltrafa del presupuesto, se arrojaban con deleite famélico sobre aquel
+tema picante. «Usted, ¿cuánto tiene?».
+
+--Yo _catorce_; pero me corresponden _dieciséis_; Fulano, que estaba por
+debajo de mí en la Ordenación de pagos, tiene ya _veinte_, y yo llevo
+diez años con _catorce_.
+
+--Pues yo--decía D. Basilio--, cuando estaba _en mi ramo_, llegué a
+_veinticuatro_ por mis pasos contados. Con este desbarajuste que hay
+ahora, no se sabe ya por dónde anda uno. El día que vuelva a _mi ramo_,
+no admito credencial que sea inferior a _treinta_.
+
+--Pero como aquí se hacen mangas y capirotes de los _derechos
+adquiridos_... ¡qué país! Yo entré en Penales con _ocho_, después me
+pasaron a Instrucción Pública con _diez_, luego cesante, y al fin, para
+no morirme de hambre, tuve que aceptar _seis_ en Loterías.
+
+--Pues yo--murmuraba una voz que parecía salida de una botella, voz
+correspondiente a una cara escuálida y cadavérica, en la cual estaban
+impresas todas las tristezas de la Administración española--, sólo pido
+dos meses, dos meses más de activo para poderme jubilar por Ultramar. He
+pasado el charco siete veces, estoy sin sangre, y ya me corresponde
+retirarme a descansar con _doce_. ¡Maldita sea mi suerte!
+
+El cesante más digno de conmiseración es aquel que sólo pide unos
+cuantos días más de empleo para poder reclinar sobre la almohada de las
+Clases Pasivas una frente cargada de años, de sustos y de servicios.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+De ocho a diez estaba el café completamente lleno, y los
+alientos, el vapor y el humo hacían un potaje atmosférico que
+indigestaba los pulmones. A las nueve, cuando aparecían _La
+Correspondencia_ y los demás periódicos de la noche, aumentaba el
+bullicio. La jorobada y un su hermano, también algo cargado de espaldas,
+entraban con las manos de papel, y dando brazadas por entre las mesas
+del centro, iban alargando periódicos a todo el que los pedía. Poco
+después empezaba a clarear la concurrencia; algunos se iban al teatro, y
+las peñas de estudiantes se disolvían, porque hay muchos que se van a
+estudiar temprano. En todos los cafés son bastantes los parroquianos que
+se retiran entre diez y once. A las doce vuelve a animarse el local con
+la gente que regresa del teatro y que tiene costumbre de tomar chocolate
+o de cenar antes de irse a la cama. Después de la una sólo quedan los
+enviciados con la conversación, los adheridos al diván o a las sillas
+por una especie de solidificación calcárea, las verdaderas ostras del
+café.
+
+Juan Pablo no se iba hasta que cerraban las puertas, y de todos sus
+amigos el único que tan a deshora le acompañaba era Melchor de Relimpio.
+Iban juntos hacia su barrio y a veces el uno dejaba al otro en la
+puerta de su casa, sin cesar de charlar hasta el momento en que venía el
+sereno a abrir. Si la noche estaba buena, solían darse una hora más de
+palique vagando por las calles.
+
+¿De qué hablaban aquellos hombres durante tantas y tantas horas? El
+español es el ser más charlatán que existe sobre la tierra, y cuando no
+tiene asunto de conversación, habla de sí mismo; dicho se está que ha de
+hablar mal. En nuestros cafés se habla de cuanto cae bajo la ley de la
+palabra humana desde el gran día de Babel, en que Dios hizo las
+opiniones. Óyense en tales sitios vulgaridades groseras, y también
+conceptos ingeniosos, discretos y oportunos. Porque no sólo van al café
+los perdidos y maldicientes; también van personas ilustradas y de buena
+conducta. Hay tertulias de militares, de ingenieros; las de empleados y
+estudiantes son las que más abundan, y los provincianos forasteros
+llenan los huecos que aquellos dejan. En un café se oyen las cosas más
+necias y también las más sublimes. Hay quien ha aprendido todo lo que
+sabe de filosofía en la mesa de un café, de lo que se deduce que hay
+quien en la misma mesa pone cátedra amena de los sistemas filosóficos.
+Hay notabilidades de la tribuna o de la prensa, que han aprendido en los
+cafés todo lo que saben. Hombres de poderosa asimilación ostentan cierto
+caudal de conocimientos, sin haber abierto un libro, y es que se han
+apropiado ideas vertidas en esos círculos nocturnos por los estudiosos
+que se permiten una hora de esparcimiento en tertulias tan amenas y
+fraternales. También van sabios a los cafés; también se oyen allí
+observaciones elocuentes y llenas de sustancia, exposiciones sintéticas
+de profundas doctrinas. No es todo frivolidad, anécdotas callejeras y
+mentiras. El café es como una gran feria en la cual se cambian infinitos
+productos del pensamiento humano. Claro que dominan las baratijas; pero
+entre ellas corren, a veces sin que se las vea, joyas de inestimable
+precio.
+
+La mesa presidida por Juan Pablo Rubín era la segunda, entrando, a mano
+derecha. La inmediata pertenecía al mismo círculo de amigos; después
+seguía la de los _curas de tropa_, llamada así porque a ella se
+arrimaban tres o cuatro sacerdotes, de estos que podríamos llamar
+sueltos, y que durante la noche y parte del día hacían vida laica. A
+esta mesa solía ir Nicolás Rubín, vestido de seglar como los otros,
+sirviendo de transición entre aquel círculo y el próximo, donde su
+hermano estaba. Las dos tertulias vecinas vivían en excelentes
+relaciones, y a veces se entremezclaban los apreciables sujetos que las
+componían. A la mesa de los presbíteros seguían dos de escritores,
+periodistas y autores dramáticos. Federico Ruiz iba por allí muy a
+menudo, y como era hombre tan comunicativo, metía baza con los curas, de
+lo que resultó que estos se familiarizaran por una banda con la gente de
+pluma, y por otra con los amigos de Rubín y Feijoo. A los escritores
+seguían los _chicos de caminos_, que ocupaban las tres mesas del ángulo.
+Allí empezaba lo que llamaban el _martillo_, o sea el crucero del
+vastísimo local. Dicho crucero era como un segundo departamento del
+café, y estaba invadido por estudiantes, en su mayoría gallegos y
+leoneses, que metían una bulla infernal.
+
+Como todo esto que cuento se refiere al año 74, natural es que en el
+café se hablara principalmente de la guerra civil. En aquel año
+ocurrieron sucesos y lances muy notables, como el sitio de Bilbao, la
+muerte de Concha, y por fin, el pronunciamiento de Sagunto. Raro era el
+día que no echaban los periódicos un extraordinario anunciando batallas,
+desembarcos de armas, movimientos de tropas, cambios de generales y
+otras cosas que por lo común daban pie a inacabables comentarios.
+
+«¿Se ha enterado usted, Rubín?--decía Feijoo al tomar asiento junto al
+ángulo de la mesa, y quitando de la boca del vaso el platillo del
+azúcar--. Parece que Mendiry se ha corrido hacia Viana».
+
+--Descuide usted--replicaba Juan Pablo con suficiencia. No saldrán del
+circulito de las Provincias Vascongadas y Navarra. Les conozco bien...
+Todos los jefes no van más que a hacer su pella... El día en que haya un
+gobierno que les quiera comprar, se acabó la guerra.
+
+--¡Pero, hombre...!--No hay más que hablar. Pillería aquí, pillería
+allá, y todo una gran pillería.
+
+--Aquí no hay más que mucha hambre--decía uno de los curas de tropa
+alzando la voz en la mesa inmediata--. La guerra no se acaba porque los
+militares van muy a gusto en el machito. Los de acá y los de allá no
+están por la paz. ¿Pero qué me dicen ustedes a mí que he visto aquello?
+Yo he servido en el _cuarto montado_, he visto de cerca la guerra... y
+esta seguirá jorobándonos mientras unos y otros mamen de ella.
+
+--¡Qué fuerte está el señor capellán!--dijo Feijoo sonriendo, y no dijo
+más porque entró D. Basilio y en tono de gran misterio se expresó de
+este modo:
+
+«Cuando digo que hay novedades...».
+
+Después que le sirvieron el café, agachó la cabeza, y en el círculo que
+formaban las cuatro o cinco cabezas de sus amigos que se alargaron para
+oírle, hizo la confidencia:
+
+«Se lo digo a ustedes en gran reserva».
+
+--¿Pero qué es?--_¡Misterios!_... Sagasta está disgustado. Me lo ha
+dicho su secretario particular.
+
+--¡Ah!, yo también lo oí--indicó Relimpio--. Es cierto... como que tiene
+dolor de muelas.
+
+--El motivo--añadió la Caña radiante--, no lo sé. Cada uno piense como
+quiera. Yo lo único que me permito decir es que esto está muy malo...
+pero muy malo, y que hay mar de fondo.
+
+--¿Pero no sabe usted más?--le preguntó Feijoo de una manera
+apremiante--. Yo creí que nos iba usted a dar noticia de la conferencia
+del Duque con Elduayen... Y ahora sale con que Sagasta está
+malhumorado... Dios nos asista... Pero lo de la conferencia, ¿es cierto
+o no?
+
+Don Basilio solía llevar en la boca un palillo de dientes, y tomándolo
+entre los dedos lo mostraba, accionando con él, como si formara parte
+del argumento.
+
+«Lo que yo sé--afirmó con acento patético, ofreciendo el palillo a la
+admiración de sus amigos--, lo que yo sé es que esto está muy malo. Digo
+con Lorenzana: _Meditemos_».
+
+El círculo de cabezas volvió a formarse, y en él echó D. Basilio su
+aliento, como los saludadores, antes de echar sus palabras. Era el tal
+aliento poco grato a la nariz de Feijoo, por lo cual este se retiró
+discretamente.
+
+Don Basilio estuvo vacilando entre su conciencia, que le exigía callar,
+y el deseo de satisfacer la curiosidad de sus amigos. Por fin se
+violentó un poco para decir:
+
+«Esta tarde Romero Ortiz salió del ministerio a las cuatro, y al pasar
+en coche por la calle del Amor de Dios, vio a un amigo, paró el coche,
+el amigo entró, y fueron...».
+
+--¿Pero quién era el amigo?
+
+--Todo no se ha de decir... Pues bien; allá va: era _el pollo Romero_.
+Fueron... esta sí que es gorda... a casa de D. Antonio Cánovas... Madera
+Baja, 1.
+
+Dicho esto, la Caña se quedó muy serio, saboreando el efecto que debían
+causar sus palabras. Volvió a poner el palillo entre los dientes y
+miraba a sus amigos con cierta lástima.
+
+«¿Y qué?--dijo Rubín con desabrimiento--. No veo la tostada».
+
+--Pues, amigo mío--replicó D. Basilio en el tono de un hombre superior
+que no quiere incomodarse--, si usted no quiere ver la tostada, ¿yo qué
+le voy a hacer?
+
+--¿Y qué más da que vayan o no a casa de Cánovas?
+
+--Nada, nada... la cosa no tiene malicia. Flojilla cosa es... ¿De qué
+pan hago las migas, compadre? Del tuyo que con el viento no se oye.
+
+Después se permitió echarse a reír, cosa en él extrañísima y desusada.
+
+«Este D. Basilio...».--Amigo--manifestó Feijoo con su franqueza
+habitual--. Confiese usted que la noticia que nos ha traído podría ser
+una sandez.
+
+--Bueno, mi Sr. D. Evaristo, usted crea lo que quiera. Yo me lavo las
+manos.
+
+Esto de lavarse las manos lo repetía mucho la Caña; pero los hechos no
+correspondían a las palabras como lo demostraba la simple observación.
+«Ustedes podrán creer lo que les acomode--repetía el escritor de
+Hacienda, intentando elevar su dignidad de noticiero sobre la chacota de
+sus amigos--, pero lo que yo sostengo es que antes de un mes está el
+Príncipe Alfonso en el trono».
+
+Risa general. D. Basilio se ponía colorado y después palidecía. Sus
+labios temblaban al aplicarse al borde del vaso.
+
+--¿A que no?--dijo con rabia Juan Pablo--. Eso, nunca. Antes que eso,
+que vuelvan los cantonales. ¡Ni que fuéramos bobos en España! Señores,
+¿a ustedes les cabe en la cabeza que venga aquí el Príncipe Alfonso? Y
+detrás doña Isabel. ¡Bonito porvenir!... Otra vez el _moderantismo_.
+Pero yo pregunto--añadió con exaltación, dejando caer la capa y echando
+atrás el sombrero--, yo pregunto: ¿qué gente tiene a su lado el
+Príncipe? A ver; responderme.
+
+Don Basilio, no se atrevía a responder. Contentábase con tomar aires de
+hombre profundo, que no se resuelve a soltar el enjambre de ideas que le
+zumban en el cerebro.
+
+--Responderme.--Nadie... cuatro gatos--dijo Montes.
+
+--Los que no supieron defender a su madre cuando la echamos, señores...
+Y ahora... Si quiere D. Basilio, pasaremos revista a todos los
+personajes del _alfonsismo_. Vamos, vengan ratas.
+
+Don Basilio, por su gusto, se habría metido debajo de la mesa. No hacía
+más que morder el palillo y gruñir como un mastín que no se decide a
+ladrar ni quiere tampoco callarse.
+
+«El _alfonsismo_ es un crimen» afirmó con la mayor suficiencia Leopoldo
+Montes, que no se paraba en barras para expresar una opinión.
+
+--Pero un crimen _de lesa nación_--agregó Rubín--. Es lo que yo le decía
+anoche a Relimpio, que también se va cayendo de ese lado. ¡En estos
+momentos, cuando no se sabe lo que saldrá de la guerra...! Pues qué, si
+D. Carlos no fuera un necio, ¿no estaría ya en Madrid?
+
+--Pero, y eso ¿qué prueba?--arguyó al fin D. Basilio, viendo una salida
+favorable de la confusión en que su contrincante le metía--; ¿qué tiene
+que ver...? Lógica, señores, lógica.
+
+--Nada, hombre, que no viene acá el niño ese... que no viene... Yo pongo
+mi cabeza.
+
+--Pero...--No hay pero... Que no viene, y no le dé usted vueltas, Sr. de
+la Caña.
+
+--Deme usted razones.--Que no viene... Usted se convencerá, usted lo
+verá... Al tiempo...
+
+--Pues al tiempo.
+
+--Que no, hombre, que no. Si hasta que venga el Príncipe no le llevan a
+usted _a su ramo_, menudo pelo va usted a echar...
+
+--Si no se trata aquí de que yo eche pelo ni de que no eche
+pelo--manifestó D. Basilio incomodándose un poco y mostrando el palillo
+deshilachado.
+
+Pero Rubín se puso a hablar con Feijoo, que le preguntaba por aquel
+inexplicable casamiento de su hermano con una mujer maleada. Don Basilio
+pegó la hebra con los curas de tropa y con Nicolás Rubín. En aquel
+círculo le hacían más caso que en el suyo, y se despachaba más a su
+gusto. Divididas las opiniones, el capellán del _cuarto montado_ votaba
+por el Príncipe; pero el cura Rubín y otros dos que allí había bufaban
+sólo de oír hablar del _alfonsismo_. D. Basilio, inclinándose de aquel
+lado, apoyado en el codo, les revelaba secretos con muchísima reserva.
+Ya no faltaba más que dar algunos perfiles a la cosa. Todo dispuesto, y
+el primerito que estaba en el ajo era Serrano.
+
+«Lo que ustedes oyen... Al tiempo... Ustedes lo han de ver... y pronto,
+muy pronto».
+
+Después se incautaba con disimulo de todos los terrones de azúcar que
+podía, y se marchaba a su casa, despidiéndose de cada uno
+particularmente con apretón de manos a espaldarazo.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Rubín, después de su fracaso en el campo y corte de D. Carlos,
+había tomado en aborrecimiento a los hombres del bando absolutista; pero
+conservaba las ideas autoritarias y la opinión de que no se puede
+gobernar bien sino dando muchos palos. Toda la parte religiosa del
+programa carlista la descartaba, quedándose tan sólo con la política,
+porque ya había visto prácticamente que los curas lo echan todo a
+perder. Decía que su ideal era _un gobierno de leña_, que hiciera las
+leyes y nos las aplicara sin contemplaciones, mirando siempre a la
+justicia, con una tranca muy grande y siempre alzada en la mano. Este
+sistema autocrático comprendía las maneras de gobernar más que las ideas
+y soluciones teóricas, porque entre las que profesaba Rubín habíalas
+marcadamente avanzadas, populares y aun socialistas. Uno de sus temas
+era este: «Conviene que todo el mundo coma... porque el hambre y la
+pobretería son lo que más estorba la acción de los gobiernos, lo que da
+calor a las revoluciones, manteniendo a la nación en la intranquilidad y
+el desbarajuste». Este socialismo sin libertad, combinado con el
+absolutismo sin religión, formaba en la cabeza de aquel buen hombre un
+revoltijo de mil demonios.
+
+Otro de sus temas era: _No más pillos y pena de muerte al ladrón_. O más
+claro: castigo inmediato y cruel a todos los que van al gobierno con el
+único fin de hacer chanchullos. La ráfaga de ambición que pasa por la
+mente de todo español con más o menos frecuencia haciéndole decir _si yo
+fuera poder_, le soplaba a Rubín dos o tres veces cada día, más bien
+como sueño que como esperanza; pero en sus horas de soledad se adormecía
+con aquella idea y la trabajaba, batiéndola, como se bate la clara de
+huevo para que crezca y se abulte y forme espumarajos. La conclusión de
+este meneo mental era que «aquí lo que hace falta es un hombre de
+riñones, un tío de mucho talento con cada riñón como la cúpula del
+Escorial».
+
+Su prisión por sospechas de conspiración acentuole la soberbia y la
+murria soñadora, revolviendo más al propio tiempo el pisto manchego de
+su programa político-social. Salió de la cárcel con la cabeza más
+aturullada y los ánimos más encendidos. Entrole entonces cierto afán por
+las lecturas, porque reconocía su ignorancia y la necesidad de entender
+las ideas de los grandes hombres y los sucesos notables que habían
+pasado en el mundo. Durante un par de semanas leyó mucho, devorando
+obras diferentes, y como tenía facilidad de asimilación y mucha labia,
+lo que leía por las mañanas lo desembuchaba por las noches en el café
+convertido en pajaritas. Pajaritas eran sus conceptos; pero no por
+serlo, dejaban de cautivar a D. Basilio, a Leopoldo Montes y al mismo
+Feijoo.
+
+Un día se despertó pensando que debía _empollar_ algo de sistemas
+filosóficos y de historia de las religiones. El móvil de esto no era
+simplemente el amor al saber, sino un maligno deseo de tener argumentos
+con qué apabullar a los curas de la mesa próxima, que sólo por ser
+curas, aunque sueltos, le eran antipáticos, pues odiaba a la clase
+entera desde aquella trastada que los sotanas le hicieron en el Norte.
+
+Poco a poco, a medida que iba acopiando argumentos, fue Rubín
+corriéndose a lo largo del diván, hasta que llegó a presidir la mesa de
+los capellanes. Eran estos tres, cuatro cuando iba Nicolás Rubín, todos
+de buena sombra y muy echados para adelante. Ninguno de ellos se mordía
+la lengua fuera cual fuese el tema de que se tratara. El más calificado
+era un viejo catarroso, andaluz, gran narrador de anécdotas, mal
+hablado, y en el fondo buena persona. Retirábase a las once y decía sus
+misitas por la mañana. El segundo era cura de tropa, echado del servicio
+por no sé qué desafueros, y el tercero ex-capellán de un vapor correo
+expulsado porque le cogieron contrabando de tabaco. Estos dos eran
+buenos peines; habían corrido mucho mundo, y estaban sin licencias,
+ladrando de hambre, echados de todas las iglesias y sin encontrar
+amparo en parte alguna. Tal situación les agriaba el carácter,
+haciéndoles parecer peores de lo que eran. Jamás se vestían de hábitos;
+pero conservaban la cara afeitada, como para estar disponibles en el
+caso de que los admitiesen otra vez en el oficio.
+
+No sé cómo se llamaba el viejo catarroso, porque todos allí le nombraban
+_Pater_; hasta el mozo que le servía, dábale este apodo. El ex-castrense
+se llamaba Quevedo y era del propio Perchel, feo como un susto, picado
+de viruelas, de mirada aviesa y con una cara de secuestrador, que daría
+espanto al infeliz que se la encontrase en mitad de un camino solitario.
+Bebía aguardiente aquel clérigo como si fuera agua, y su lenguaje era un
+ceceo con gargarismos. Contaba hechos de armas y aventuras de cuartel
+con una gracia burda y una sinceridad zafia que levantaban ampolla. El
+otro se llamaba Pedernero y era del propio Ceuta, hijo de una _oficiala_
+del Fijo, joven y simpático, de modales mucho más finos que sus colegas,
+listo como un chorro de pólvora, y con un pico de oro que daba gusto.
+Para él no tenían secretos la vida humana ni la juventud: Su compañero
+Quevedo solía envolverse en formas hipócritas; Pedernero no. Se
+presentaba sin máscara, tal como era, empezando por decir que el
+Superior había hecho muy bien en quitarle las licencias.
+
+El llamado _Pater_ afectaba cierto magisterio episcopal con los otros
+dos; les reprendía cuando decían alguna barbaridad y les daba buenos
+consejos, profesando el principio de que todo era tolerable cuando se
+trataba en broma. Él, por ejemplo, hablaba y oía, sobre todo oía, muchas
+cosas malas; pero su vida permanecía pura. Tenía la cara redonda, blanca
+y risueña, y cuando estaba sin sombrero parecía una mujer cincuentona,
+ama de canónigo. No gustaba de que le armasen en la mesa disputas
+violentas, sino que se mantuviera la tertulia en el terreno de las
+hablillas sabrosas y de las chirigotas picantes, aunque fuesen sucias.
+Pues bien; en este círculo fue donde se coló Juan Pablo, con su
+clerofobia y su pegadizo saber de teología y filosofía católica.
+
+Empezó dando puntadas. Como al principio era su charla frívola y de
+gacetilla, todos se reían y el _Pater_ estaba en sus glorias. Pero poco
+a poco iba sacando Rubín proposiciones serias. El poder temporal del
+Papa fue puesto por los suelos, sin que ninguno de los tonsurados
+hiciese una defensa formal. El _Pater_ y Quevedo tomaban la cuestión con
+calma, oponiendo a los ataques de Rubín argumentos evasivos en estilo
+joco-serio. Pedernero lo echaba todo a chacota; pero una noche que llevó
+Rubín, bien fresquecito y pegado con saliva, el tema de la pluralidad de
+mundos habitados, Pedernero empezó a despabilarse. Era doctor en
+Teología, y aunque había ahorcado los libros hacía mucho tiempo, algo
+recordaba, y tenía además grandes dotes de polemista. Rubín salió un
+tanto contuso; pero en retirada se defendía bien con su flexibilidad y
+agudeza. Más adelante llevó un arsenal de argumentos contra la
+revelación. «Esto no lo creen ya más que los adoquines...». Todo el
+Viejo Testamento no era más que un fraude, una imitación de las
+teogonías india y persa. Bien se veía la reproducción de los mismos
+mitos y símbolos. El pecado original, la expulsión del paraíso, la
+encarnación, la redención, eran una serie de representaciones poéticas y
+naturalistas que se reproducían al través de los siglos, «lo mismo a
+orillas del Éufrates que del Nilo que del Jordán».
+
+«¿Sí?, pues ahora lo verás». Esto se dijo Pedernero, cuyo amor propio de
+teólogo contrabandista se picó extraordinariamente. En dos o tres días
+refrescó sus lecturas, rehízo su erudición descompuesta en los viajes y
+en la vida de libertino, y bien preparado acudió al torneo a que el otro
+le retaba con sabidurías de tercera mano, aprendidas en los libritos
+franceses de ciencia popular a treinta céntimos el tomo. Pues amigo, una
+noche el ex-capellán del vapor-correo se lió la manta y le dio tal
+paliza a Rubín, que este hubo de salir con las manos en la cabeza. Había
+que ver a Pedernero transfigurado, hecho un orador ardiente y lleno de
+arrogante facundia. El auditorio se estrechaba, y de las mesas próximas
+y de los veladores del centro acudía gente, apelmazándose en torno a los
+bravos contrincantes. Rubín era agudo, ágil, guerrillero de la
+discusión; el otro dominaba el asunto y era firme y sobrio de palabras,
+seguro en la dialéctica.
+
+No pararon aquí las cosas. Rubín, lleno de despecho, resobaba sus
+libritos de a treinta céntimos para buscar armas contra la Iglesia.
+Apenas las esgrimía, Pedernero le reventaba. Su argumentación era la
+maza de Fraga. El _Pater_ no cabía en sí de gozo y bailaba en el
+asiento; Quevedo alargaba el hocico, y hasta se atrevía a decir _mu_,
+repitiendo las admirables razones de su amigo. Los demás tertulios se
+envalentonaban adhiriéndose algunos al bando de Pedernero, otros al de
+Rubín, no por convicción, sino por divertirse y aumentar la jarana.
+Además de los tres curas, eran parroquianos de aquella mesa las
+siguientes personas: un agente de Bolsa riquísimo que, con el _Pater_,
+llevaba diez años de concurrir todas las noches a aquel mismo sitio, un
+bajo de ópera retirado, un funcionario de poco sueldo y el dueño de un
+acreditado molino de chocolate. Los curas y estos cuatro señores
+formaban la partida más fraternal que puede imaginarse. Llevando cada
+cual un bocado sabroso al festín de la murmuración pasaban dulcemente
+las horas, amigos allí, distantes unos de otros en el comercio de la
+vida ordinaria.
+
+Rubín, al verse vencido, pues hasta el agente de Bolsa, que era el más
+libre-pensador de todos, se cayó del lado de Pedernero, buscaba camorra,
+empleando argumentos de mala fe y personalizando la disputa. El bajo de
+ópera se creía en el deber de apoyar la idea religiosa, por haberla
+expresado tantas veces con su sábana por la cabeza, haciendo el
+respetable papel de sumo sacerdote; y el del molino de chocolate azuzaba
+a los dos por ver si la cosa se enfurruñaba y no quedaban más que los
+rabos. Oíanse en aquella parte del café cláusulas furibundas,
+proposiciones que parecían dichas en un púlpito, y descollaba sobre el
+tumulto la valiente voz de Pedernero gritando:
+
+«Yo le digo a usted que ningún Santo Padre ha podido sostener ese
+disparate. No jorobar. Yo le reto a usted a que me traiga el texto, y si
+no lo trae, es prueba de que lo inventa usted».
+
+Aquella noche quedó la cosa mal, y el tono de los contendientes, así
+como la atmósfera caldeada que en la tertulia reinó, hacían temer una
+escena desagradable. La catástrofe tuvo lugar a la noche siguiente, pues
+habiéndose permitido Rubín algunas reticencias desfavorables a la
+reputación de la Virgen María, saltó Pedernero de su asiento, trémulo y
+descompuesto, en estado de horrible agitación, y lanzó a su contrario
+anatema tan furibundo que los amigos tuvieron que sujetarles.
+
+«Porque yo soy un lipendi. Yo reconozco--gritaba el capellán
+ahogándose--, que soy un mal sacerdote; pero delante de mí no hay un
+judío sin vergüenza que se atreva a hablar mal de la Virgen. O se traga
+usted esas infamias o le rompo el alma... ahora mismo».
+
+No puede describirse lo que allí pasó. Voces, gritos, patadas, capas
+rotas, vasos volcados, terrones por el suelo. Trincando una botella,
+Rubín apuntó al cura con tal desacierto que quedó descalabrado... el
+infeliz bajo de ópera. El zipizape fue de lo más célebre... D. Basilio
+tiró de los faldones a Rubín y por poco se queda con ellos en la mano.
+Todo el café se alborotó. El amo intervino...
+
+Emigración. Desde el día siguiente Juan Pablo trasladó sus reales a otro
+café.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+El primero que hubo de seguirle fue don Evaristo González Feijoo, a
+quien era indiferente este o el otro establecimiento. Instaláronse por
+el pronto en Fornos, y allí esperaron. A la segunda noche fue Leopoldo
+Montes, y a la tercera D. Basilio, que les encontró discutiendo de qué
+café se posesionarían definitivamente.
+
+El escritor de Hacienda se apresuró a dar su opinión favorable al café
+de Santo Tomás, porque allí daban más azúcar que en ninguna parte.
+Replicó a esto Montes que no había que mirar el caso _bajo el prisma
+exclusivo_ del azúcar y que el género que más importaba era el café. El
+de la Aduana estuvo a punto de triunfar; pero lo desecharon por no estar
+siempre entre franceses, así como se excluyó el Imperial por los
+toreros, y otro por las cursis que lo invadían. Feijoo se habría quedado
+allí; pero a Rubín le eran antipáticos los alumnos de escuelas
+preparatorias militares que iban a Fornos a primera hora. Molestábale
+también la costumbre que allí había de quitar gas a las diez de la noche
+cuando se iban los tales alumnos. El local se quedaba medio a oscuras,
+no volviendo a ser bien alumbrado hasta las doce, hora en que venían a
+cenar los bolsistas. A Rubín le cargaban también los dichosos bolsistas,
+que no hablaban más que de dinero.
+
+Decidieron por fin establecerse en el Siglo de la calle Mayor, donde se
+encontraron bastantes personas conocidas. Rubín necesitaba algunos días
+para la aclimatación en nuevo local. Al principio cambiaba
+frecuentemente de mesa, bien porque el sitio era expuesto a las
+corrientes de aire, bien por ciertas vecindades un poco molestas. Una de
+las primeras noches, cuando aún no habían llegado los amigos, Rubín
+estaba solo en la mesa, y ponía su atención en dos grupos inmediatos a
+él. En ambos era vivo y animado el diálogo. En el de la derecha decían:
+«Hoy he hecho yo unas cincuenta arrobas a veinticinco reales. Pero está
+la plaza perdida. Los paletos van aprendiendo mucho. Hoy han dicho que
+no traen más escarola si no se la ponemos a diez». En el grupo de la
+izquierda, compuesto de tres individuos, oyó Rubín lo siguiente: «Te
+aseguro que yo admito la metempsícosis, según la entendían los egipcios
+y los caldeos». Comprendió Rubín que los de la derecha eran asentadores
+de víveres y los de la izquierda filósofos de café. En el del Siglo
+había una gran reunión de espiritistas, a la que concurría por aquella
+fecha Federico Ruiz. Viole Rubín, y se acercó a la tertulia, teniendo el
+gusto de discutir con los individuos más entusiastas de aquella secta.
+Entendía Juan Pablo que esto de ir corriéndola de mundo en mundo después
+que uno se muere es muy aceptable; pero lo del _periespíritu_ no lo
+tragaba, ni la guasa de que vengan Sócrates y Cervantes a ponerse de
+cháchara con nosotros cuando nos place. Vamos; esto es para bobos. Uno
+de los más chiflados de la escuela se esforzaba en convencer a Rubín,
+tomando ese tonillo de unción y ese amaneramiento de cuello torcido y
+ojos bajos en que cae todo propagandista de doctrina religiosa,
+cualquiera que sea. Feijoo aparentaba creer, por darles cuerda y oírles
+desatinar. A aquel círculo iba Federico Ruiz siempre con prisa y con el
+tiempo tasado, porque a tal hora tenía que asistir a una junta para
+tratar de la erección del monumento a Jovellanos; después a otra para
+ocuparse del banquete que se había de dar a los pescadores de provincias
+que vendrían al Congreso de piscicultura. Hombre más atareado no se vio
+jamás en nuestro país, y como tenía tantas cosas en el caletre, para no
+olvidar muchas de ellas se veía obligado a apuntárselas con lápiz en los
+puños de la camisa. Cuando no tenía que ir a la _Sociedad Económica_ a
+defender su voto particular como individuo de la comisión informadora de
+reformas sociales, iba al _Fomento de las Ciencias_ a dar su conferencia
+sobre la utilidad de elevar a estudio serio el arte de la panificación.
+Entre col y col, Ruiz pasaba un rato con sus amigos los espiritistas, y
+les alentaba a organizarse, a establecerse, a alquilar un local, y sobre
+todo a fundar un órgano en la prensa. Nada adelantarían sin órgano.
+
+Iba también a aquel corrillo Aparisi el concejal, a quien tenían ya
+medio trastornado los apóstoles, Pepe Samaniego, que no se dejaba
+embaucar, y Dámaso Trujillo, el dueño de la zapatería titulada _Al ramo
+de azucenas_, que todo se lo creía como un bendito, y a solas en su casa
+hacía experimentos con una banqueta de zapatero. En la mesa próxima
+había empleados de Hacienda, Gobernación y Ultramar, y una tanda de
+cesantes. Entre ellos vio Rubín al individuo a quien sólo faltaban dos
+meses de empleo para poder pedir su jubilación. Tenía pintada en su cara
+la ansiedad más terrible; su piel era como la cáscara de un limón
+podrido, sus ojos de espectro, y cuando se acercaba a la mesa de los
+espiritistas, parecía uno de aquellos seres muertos hace miles de años,
+que vienen ahora por estos barrios, llamados por el toque de la pata de
+un velador. El clima de Cuba y Filipinas le había dejado en los huesos,
+y como era todo él una pura mojama, relumbraban en su cara las miradas
+de tal modo que parecía que se iba a comer a la gente. A un guasón se le
+ocurrió llamarle Ramsés II, y cayó tan en gracia el mote, que Ramsés II
+se quedó. Pasando con desdén por junto a los espiritistas, se sentaba en
+el círculo de los empleados, oyendo más bien que hablando, y
+permitiéndose hacer tal cual observación con voz de ultratumba, que
+salía de su garganta como un eco de las frías cavernas de una pirámide
+egipcia. «Dos meses, nada más que dos meses me faltan, y todo se vuelve
+promesas, que hoy, que mañana, que veremos, que no hay vacante...».
+
+Feijoo se arrimaba a él y le daba conversación, por lástima, animándole
+y procurando distraerle de su tema; pero Ramsés II, cuyo verdadero
+nombre era Villaamil, no tenía más consuelo que aplicar su oreja seca y
+amarilla a la conversación, por si escuchaba algo de crisis o de
+trifulca próxima que diese patas arriba con todo. Lo que él quería era
+que se armase gorda, pero muy gorda, a ver si...
+
+«¿Pero a usted quién le recomienda?» le preguntó una noche Juan Pablo.
+
+--A mí D. Claudio Moyano.--Pues entonces ya está usted fresco.
+
+--Dicen que traen al Príncipe...--indicó Ramsés II con timidez.
+
+--Sí; lo traerán los rusos... por las ventas de Alcorcón. Aviado está
+usted si espera a que venga el Príncipe... Aquí lo que viene es la
+liquidación social... y después, sabe Dios. Saldrá el hombre que hace
+falta, un tío con un garrote muy grande y con cada riñón... así.
+
+Ramsés II bajaba la cabeza. D. Basilio era su único amigo, porque
+también allí ponía el paño al púlpito para anunciar la venida del
+Príncipe... «Por supuesto--añadía--, tiene que venir con la estaca de
+que habla el amigo Juan Pablo».
+
+Rubín se encontraba bien en aquel círculo, pero una noche acertó a ver
+en las mesas de enfrente a un hombre que le desconcertó por completo.
+Era un amigo suyo que le había prestado dinero. La secreta antipatía que
+inspira el acreedor manifestábase en el alma de Rubín en forma de un
+odio recóndito, nacido quizás del sentimiento de humillación que
+producen las deudas a toda persona de amor propio muy susceptible. El
+tal era Cándido Samaniego, hombre medio curial y medio negociante, en su
+trato afable, en sus negocios duro. Muchas veces renovó a Juan Pablo sus
+pagarés, y últimamente le había apremiado con cierta acritud. Rubín
+condensaba sus sentimientos respecto al prestamista en esta frase:
+«Pagarle y después romperle la cabeza». Desde que le veía en las mesas
+de enfrente, sentía una desazón profundísima, mal de estómago y como
+ganas de enfadarse. Poníase tan nervioso, que le habría tirado un
+botellazo al primer espiritista que hablase de llamar a Epaminondas para
+consultarle sobre la marcha de los carlistas por el Baztán.
+
+Y el pérfido _inglés_ se dejaba caer hacia aquellas mesas pretextando
+tener que hablar a su primo Pepe; pero con intención de aproximarse a
+Juan Pablo, ver lo que hacía y cruzar con él algunas palabras. El
+infeliz deudor hacía de tripas corazón, y poniéndole cara risueña,
+convidábale a tomar algo; mas el usurero le daba las gracias, y si tenía
+ocasión le soltaba indirectas tan suaves como esta: «Mire usted que no
+puedo más. Siempre me está usted diciendo que la semana que entra, y
+francamente... sentiré verme obligado a dar un paso que...».
+
+A Rubín se le hacía acíbar el café y la tertulia un infierno. Érale
+insoportable la presencia de aquel hombre a quien no podía mandar a
+paseo, imagen viva del desorden de su vida, que se le aparecía como el
+espectro de una víctima cuando más contento estaba. La única delicia de
+su triste existencia era el café. Aquel sueño plácido, Samaniego se lo
+trocaba en angustiosa pesadilla. No pudo más, y una noche, sin decir
+nada, levantó el vuelo hacia otras regiones.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+En esta nueva emigración, deseando estar lo más lejos posible del
+Siglo, se fue a San Joaquín, en la calle de Fuencarral, y no se corrió
+más al Norte porque no había cafés en las latitudes altas de Madrid.
+Pero en esta deserción, ya no le acompañaron ni D. Basilio Andrés de la
+Caña, ni Montes; éste porque San Joaquín estaba _donde Cristo dio las
+tres voces_, aquél porque ya se iba cargando de la pertinencia con que
+Rubín se burlaba de sus profecías sobre la proximidad de la
+Restauración. El mismo D. Evaristo Feijoo le siguió de mal humor,
+diciéndole con desabrimiento que no le gustaban los cafés de piano, y
+que el _género_ y la sociedad no debían ser de lo mejor en aquellas
+alturas. Estuvieron solos algunos días. No veían por allí caras de
+amigos, hasta que una noche se apareció en el local una pareja conocida.
+Eran Feliciana y Olmedo, el estudiante de farmacia amigo de Maxi. Ya no
+vivían juntos, porque Olmedo había dado un cambiazo en sus costumbres
+volviéndose aplicadísimo a cara descubierta. No se recataba ya para
+estudiar, y hacía público alarde, con la mayor desvergüenza, de su
+decidida inclinación a tomar el grado aquel mismo año, llegando hasta la
+audacia de escribir un trabajo muy bueno sobre la dextrina, e
+ilusionándose con la idea de hacer oposición a una cátedra. Pero no se
+había encontrado a su antiguo amor, hecha un pingo, y la convidó a tomar
+un café en aquel apartado establecimiento. Más de dos horas estuvieron
+charlando los que fueron amantes, y ella no paraba el pico refiriendo
+los malos tratos que le daba el hombre que a la sazón era su dueño.
+Volvieron dos noches después a la misma mesa, y Rubín trabó conversación
+con ellos. Hablaron de la boda de Maximiliano y de los increíbles
+sucesos que después vinieron, diciendo Juan Pablo que su cuñadita era
+una buena pieza.
+
+«Pero, hombre--dijo Feijoo a su amigo--. Y usted, ¿para qué dejó casar a
+su hermano?».
+
+--A mi hermano le falta un tornillo...
+
+--¡Ah!, como guapa, ya lo es--agregó D. Evaristo con cierto
+entusiasmo--. La he visto ayer... mejor dicho, la he visto varias
+veces.
+
+--¿Dónde?--En su casa. Es largo de contar... dejémoslo para otra noche.
+
+Era sin duda cosa delicada para dicha delante de testigos, y estos eran:
+Olmedo con Feliciana, el pianista ciego, que en los descansos solía
+agregarse a aquella plácida tertulia, y una señora jamona, fiel
+parroquiana del café de nueve a doce. La llamaban doña María de las
+Nieves, y era una de las figuras más notables que presenta Madrid en la
+variadísima serie de los tipos de café. Iba algunas veces sola, otras
+con una mujer de mantón borrego que parecía verdulera acomodada. Llevaba
+toquilla de color corinto, que se quitaba al sentarse, y al punto se le
+armaba en la mesa una tertulia de hombres, compuesta de los siguientes
+personajes: un portero del Colegio de Sordo-Mudos, un empleado del
+Tribunal de Cuentas, un teniente viejo, de la clase de tropa, retirado
+del servicio, y dos individuos que tenían puesto de carne y frutas en la
+plaza de San Ildefonso. En esta sociedad reinaba doña Nieves como en un
+salón, siendo ella la que pronunciaba las frases maliciosas y
+chispeantes sobre el suceso del día, y los otros los que las reían.
+Corríase algunas veces hacia la mesa inmediata, sobre todo a última
+hora, cuando sus amigos, gente que tenía que madrugar, empezaba a
+desertar del local. Entonces se formaba una segunda peña. Doña Nieves,
+bien digerido el café, tomaba chocolate, y acompañábanla Juan Pablo,
+Feijoo, el pianista ciego, Feliciana, Olmedo y algún otro. El mozo
+mismo, que había llegado a familiarizarse con aquella sociedad, se
+agregaba también, tomando asiento a un extremo del corro para escuchar y
+aplaudir. Doña Nieves era propietaria de algunos puestos del mercado y
+los arrendaba; por esto, así como por sus muchas relaciones, los
+diferentes tratos en que andaba y los anticipos que hacía a las
+placeras, ejercía cierto caciquismo en la plazuela. Se hacía respetar de
+los guindillas, protegiendo al débil contra el fuerte y los
+contraventores de las Ordenanzas urbanas contra la tiranía municipal.
+
+Al pianista ciego le daba el cafetero siete reales y la cena. Por el día
+se dedicaba a afinar. Era casado y con ocho de familia. Tocaba piezas de
+ópera y de zarzuelas francesas como una máquina, con ejecución fácil,
+aunque incorrecta, sin gusto ni sentimiento. A pesar de esto, en ciertos
+pasajes muy naturalistas en que imitaba una tempestad o _las campanadas
+de incendios_ que da cada parroquia, le aplaudía mucho el público, y a
+última hora le pedían siempre habaneras.
+
+La verdad es que todo esto, doña Nieves y las placeras sus amigas, las
+mujeres de equívoca decencia que iban allí acompañadas de madres
+postizas, el mozo y sus familiaridades, el pianista y sus habaneras,
+aburrían a Juan Pablo soberanamente. Para colmo de hastío, Feijoo no era
+puntual y faltaba muchas noches. En cambio, Feliciana y Olmedo iban con
+más frecuencia, llevando ella una amiguita que acababa de salir de San
+Juan de Dios.
+
+En las últimas semanas del 74, Rubín volvió a sentir comezón de
+lecturas. Quería instruirse a todo trance, labor inmensa y difícil por
+carecer de base, pues su padre, con la idea de que al comerciante le
+estorba el latín, no le permitió aprender más que las cuatro reglas y un
+poco de francés. No tenía biblioteca, y un amigo le proporcionaba
+libros. Fue a verle, escogió los que más despertaron su curiosidad por
+los títulos, y consagró a la lectura todo el tiempo que le dejaban libre
+el café y el sueño. Tantas ideas adquirió que se sentía con vivas ansias
+de devolverlas por medio de la propaganda. O predicaba o reventaba.
+Lástima grande no volver a la tertulia de Pedernero para ponerle verde,
+porque ya sabía lo bastante para pasarse a todos los teólogos por la
+nariz.
+
+Las lecturas de Rubín fueron como un descubrimiento. Ya sospechaba él
+aquello; pero no se atrevía a expresarlo. El hallazgo era negativo, es
+decir, había descubierto que la mejor organización de los estados es la
+desorganización; la mejor de las leyes la que las anula todas, y el
+único gobierno _serio_ el que tiene por misión no gobernar nada,
+dejando que las energías sociales se manifiesten como les da la gana. La
+anarquía absoluta produce el orden verdadero, el orden racional y
+propiamente humano. Las sociedades, claro, tienen sus edades como las
+personas: hay sociedades que están mamando, sociedades que andan a
+gatas, sociedades pollas, sociedades jóvenes, y por fin, las maduras y
+dueñas de sí; sociedades con barbas, en una palabra, y también con
+algunas canas. Tocante a religiones y prácticas sociales que de ellas se
+derivan, Juan Pablo iba muy lejos, pero muy lejos; como que no le
+costaba nada el billete para tan largo viaje. Sólo en la edad pueril,
+cuando a la sociedad se le cae la baba y vive bajo la férula del dómine,
+se comprende que exista y tenga prosélitos la institución llamada
+matrimonio, unión perpetua de los sexos, contraviniendo la ley de
+Naturaleza... ¿y a santo de qué?, vamos a ver... Eso sí, por encima de
+todo la Naturaleza. Estudiando bien la vida total, el entendimiento se
+limpia de las telarañas que en él han tejido los siglos. La Naturaleza
+es la verdadera luz de las almas, el Verbo, el legítimo Mesías, no el
+que ha de venir sino el que está siempre viniendo. Ella se hizo a sí
+propia, y en sus devoluciones eternas, concibiendo y naciendo sin cesar,
+es siempre hija y madre de sí misma. ¿Qué tal? Toma canela fina.
+
+Encontrábase mi hombre con fuerza dialéctica y entusiasmo bastantes para
+predicar y extender por todo el mundo aquellas verdades. Pero como no
+tenía más público que la tertulia del café, con ese inocente auditorio
+tuvo que contentarse. ¿Y qué? ¡Cuánto mejor no era sembrar la nueva
+doctrina en entendimientos sencillos y absolutamente incultivados! Pues
+el mismo Jesucristo ¿no escogió por discípulos a unos infelices
+pescadores, hombres rudos que no conocían ninguna letra, y a mujeres de
+mala vida? Ved aquí por dónde doña Nieves y las placeras sus amigas,
+Feliciana y la parroquiana de San Juan de Dios, el camarero, el pianista
+fueron escogidos para que Juan Pablo sembrara en ellos la primera
+simiente de aquel Evangelio al natural. Por espacio de muchas noches
+hizo propaganda acalorada. A veces se tenía que incomodar, porque le
+hacían observaciones estúpidas o socarronas. Como se expresaba muy bien,
+oíanle todos con gran atención, y las chicas del partido le ponían
+buenos ojos. El mozo era el más entusiasmado y decía: «¡Qué pico tiene
+este señor de Rubín!».
+
+Pasaba lo de la anarquía y aun lo del matrimonio; pero en llegando a que
+todo es Naturaleza, reinaba gran confusión en el auditorio, y doña
+Nieves, tomando el caso a broma, pedía mayor claridad.
+
+«Pero a ver, D. Juan Pablo, explíquese mejor... porque eso de que todos
+seamos todo no lo calo yo bien...».
+
+--Lo primero, hijas mías--decía con unción el expositor--, es limpiar el
+_intellectus_ de errores adquiridos en la infancia, de prejuicios y
+muletillas; lo primero es _querer entender_. No admito argumentos que no
+sean racionales.
+
+--Y cuando nos morimos--preguntó una de las samaritanas--, ¿qué pasa?
+
+--Hija, cuando nos morimos, pasamos a fundirnos en el grandioso conjunto
+universal...
+
+--_Mia_ ésta... ¿Pues qué querías tú, seguir gozando y divirtiéndote por
+allá?
+
+--¿Y Dios?--¡Dios!... francamente, no me gusta, por consideraciones que
+se deben a toda gran idea histórica, no me gusta, digo, hablar mal de
+Él... Me concreto, pues, a negarle... respetuosamente.
+
+--¡Otra!, ¡qué cosas se le ocurren! De modo que la misa no es nada
+tampoco...
+
+--¡María Santísima!, con lo que sale usted ahora. La misa... es un rito,
+uno de tantos ritos.
+
+--¿Y lo mismo da oírla que no? ¿Y para qué son los funerales?
+
+--Otro rito... La que no pueda o no sepa dar a la Naturaleza lo que es
+de la Naturaleza y a la historia lo que es de la historia, que se
+calle... No hay tal muerte, hijas mías: la que tenga oídos, oiga... Esta
+es la verdad; morirse es cumplir una ley de armonía.
+
+--¡Vaya un lío que me arman ustedes!
+
+Una de las placeras que presentes estaban tenía muy abultado el seno. En
+cierta ocasión, estando confesándose, le dijo el cura: «sea usted
+modesta en el vestir y no haga ostentación de esas
+_naturalezas_...».--«¿Qué, señor?».--«Eso, la delantera». Por esto, al
+oír hablar de Naturaleza y de pecado, creyó que se referían a aquellas
+partes que debe cubrir el recato, y dijo escandalizada:
+
+«¡Vaya unas conversaciones indecentes que sacan ustedes!».
+
+«Indecentes no, hija».
+
+--Lo que yo dijo y sostengo--manifestó una de las samaritanas, tirando
+por la calle de enmedio--, es que este D. Juan Pablo está _guillado_.
+
+Loco, tal vez no; pero fatigado sí de sus inútiles esfuerzos. Ni
+abriendo con martillo un boquete en aquellas cabezas de piedra, lograría
+meter la luz de la verdad. Corriéndose al velador inmediato, donde
+estaba cenando el ciego, mandó al mozo que le pusiese allí su chocolate.
+El ciego volvió hacia él sus ojos vacíos y muertos, su cara que parecía
+un quinqué sin encender, y le dijo con profundísima tristeza:
+
+«¿Pero es verdad, D. Juan Pablo, lo que usted nos cuenta? ¿Lo cree usted
+así, o es que quiere entretenerse y divertirse con nosotros, ignorantes?
+Me ha llenado usted de dudas.
+
+¿Será verdad que cuando uno se muere se convierte en escarola?».
+
+Juan Pablo miró al ciego, y se helaron en sus labios las palabras con
+que iba a espetarle nuevamente su cruel filosofía. Era Rubín hombre de
+buen corazón, y le pareció poco humano aumentar las tinieblas de aquella
+triste y miserable vida. Pero al propio tiempo su conciencia no le
+permitía desmentir lo que acababa de sostener. La dignidad por delante.
+Estuvo luchando un rato entre la piedad y el deber, y como el ciego
+volviese a preguntarle con insistente afán: «¿pero es cierto que al
+morir nos convertimos en berzas...?» le replicó el apóstol:
+
+«Le diré a usted... hay opiniones... No haga caso. Si no fuera por estas
+bromas, ¿cómo se pasaba el rato?».
+
+No siguieron estas conversaciones filosóficas, porque sobrevino lo de
+Sagunto, y este suceso absorbió la atención general en todos los cafés,
+desde el más grande al más chico. Rubín estaba furioso, y sostenía que
+el Gobierno no tenía vergüenza si no fusilaba en el acto... pero en el
+acto... a Martínez Campos, a Jovellar y todos los demás que habían
+andado en aquel lío. Cuando sus amigos no le querían oír sobre este
+particular, hablaba solo. Desmentía categóricamente cuantas noticias
+llegaban al café. Todo era falso. Antes que el Príncipe viniera, habría
+un levantamiento general, y los carlistas harían el último esfuerzo.
+Negaba que D. Alfonso hubiera llegado a Marsella, que se embarcase para
+Barcelona en la _Navas de Tolosa_, y viéndolo entrar en Madrid habría de
+negar que estaba entre nosotros. Pero una noche, después de largas
+ausencias, llegó Feijoo al café, y sentándose los dos aparte, le dijo:
+
+«Hombre, he visto a Jacinto Villalonga; he hablado largamente con él. Ya
+sabe usted que es de la situación y muy amigo mío. Por supuesto, no
+acepta la Dirección que se le ha ofrecido, porque prefiere andar suelto.
+Es uña y carne de Romero Robledo. Y voy a lo que iba... Le he hablado de
+usted...».
+
+--¡De mí!--Sí; es preciso colocarse. Usted no puede continuar así.
+
+--Mire usted, amigo Feijoo--dijo Rubín masticando las palabras para
+salir de aquel atolladero--. Yo no puedo admitir... ¿Y el decoro de los
+hombres? ¡Yo he profesado toda mi vida...!
+
+--Música, música.--Yo no soy de esos que hablan mal de una situación, y
+luego van a quitarles motas al que antes desollaron.
+
+--Música, música.--En fin, que yo agradezco... pero no puede ser... Me
+ofendería, sí señor, me ofendería.
+
+--De modo--exclamó Feijoo en voz alta, abriendo los brazos y tomando un
+tono que no se podría decir si era de indignación o de burla--, de modo
+que ya no hay patriotismo.
+
+--¡Otra!... Patriotismo sí hay; pero yo...
+
+--Usted hará lo que yo le mande, y tendremos credencial.
+
+Rubín siguió toda la noche afectando mal humor, una severidad torva, el
+malestar de la persona a quien ponen un puñal al pecho para que consume
+un acto contrario a sus convicciones. Al retirarse a casa, se comparaba
+con Wamba y decía para su sayo: «Cómo ha de ser... paciencia. Tengo que
+ser alfonsino... a la fuerza. ¡Vaya un compromiso... Re-Dios, qué
+compromiso...!».
+
+
+
+
+-II-
+
+La restauración vencedora
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Me ha contado Jacinta que una noche llegó a tal grado su irritación
+por causa de los celos, de la curiosidad no satisfecha y de la forzada
+reserva, que a punto estuvo de estallar y descubrirse, haciendo pedazos
+la máscara de tranquilidad que ante sus suegros se ponía. Porque la peor
+de sus mortificaciones era tener que desempeñar el papel de mujer
+venturosa, y verse obligada a contribuir con sus risitas a la felicidad
+de D. Baldomero y doña Bárbara, tragándose en silencio su amargura. Ya
+no le quedaba duda de que su marido _entretenía_, como se dice ahora, a
+una mujer, y de estos entretenimientos no tenían ni siquiera sospechas
+los bienaventurados papás. Sabía que la tarasca que le robaba su marido
+era la misma con quien tuvo amores antes de casarse, la madre del
+_Pituso_ muerto, la condenada Fortunata que le había dado tantas
+jaquecas. Deseaba verla... pero no; más valía que no la viera jamás,
+porque si la veía, de fijo se le iba el santo al Cielo.
+
+La noche a que Jacinta se refería, contando estas cosas, noche
+tristísima para ella por haber adquirido recientemente noticias
+fidedignas de la infidelidad de su marido, hubo en la casa gran
+regocijo. Aquel día había entrado en Madrid el Rey Alfonso XII, y D.
+Baldomero estaba con la Restauración como chiquillo con zapatos nuevos.
+Barbarita también reventaba de gozo y decía: «¡Pero qué chico más salado
+y más simpático!». Jacinta tenía que entusiasmarse también, a pesar de
+aquella procesión que por dentro le andaba, y poner cara de pascua a
+todos los que entraron felicitándose del suceso. El marqués de
+Casa-Muñoz oficiaba de chambelán palatino. Había tenido la dicha
+inmensa de estar en Palacio formando parte de una de las comisiones, y
+el Rey habló con él... Contaba el caso el marqués, haciendo notar bien
+el tono familiar con que se había expresado S. M. «Hola, marqués, ¿cómo
+va?». Nada, lo mismo que si me hubiera tratado toda la vida.
+
+Aparisi sostuvo poco después que él había previsto todo lo que estaba
+pasando. Él no era partidario de la Restauración; pero había que
+respetar los hechos consumados. D. Baldomero no cesaba de exclamar:
+«_Veremos a ver_ si ahora, ¡qué dianches!, hacemos algo; si esta nación
+entra por el aro...». Jacinta se indignaba en su interior. Tenía un
+volcán en el pecho, y la alegría de los demás la mortificaba. Por su
+gusto se hubiera echado a llorar en medio de la reunión; mas érale
+forzoso contenerse y sonreír cuando su suegro la miraba. Retorciendo en
+su corazón la cuerda con que a sí propia se ahogaba, se decía: «Pero a
+este buen señor, ¿qué le va ni le viene con el Rey?... ¡qué les
+importa!... Yo estoy volada, y aquí mismo me pondría a dar chillidos, si
+no temiera escandalizar. ¡Esto es horrible!...».
+
+Don Alfonso érale antipático, porque su imagen estaba asociada a la
+horrible pena que la infeliz sufría. Aquella mañana fue con Barbarita a
+casa de Eulalia Muñoz, que vivía en la Calle Mayor, a ver la entrada del
+Rey. Amalia Trujillo la tomó por su cuenta, y la estuvo adulando antes
+de darle el gran susto. Hallábanse las dos solas en el balcón de la
+alcoba de Eulalia, y ya sonaban los clarines anunciando la proximidad
+del Rey, cuando Amalia, ¡plum!, le soltó el pistoletazo. «Tu marido
+_entretiene_ a una mujer, a una tal Fortunata, guapísima... de pelo
+negro... Le ha puesto una casa muy lujosa, calle tal, número tantos...
+En Madrid lo sabe todo el mundo, y conviene que tú también lo sepas».
+Quedose yerta. Cierto que sospechaba; pero la noticia, dada así con
+tales detalles, como el pelo negro, el número de la casa, era un
+jicarazo tremendo. Desde aquel aciago instante, ya no se enteró de lo
+que en la calle ocurría. El Rey pasó, y Jacinta le vio confusa y
+vagamente, entre la agitación de la multitud y el _tururú_ de tantas
+cornetas y músicas. Vio que se agitaban pañuelos, y bien pudo suceder
+que ella agitara el suyo sin saber lo que hacía... Todo el resto del día
+estuvo como una sonámbula.
+
+Entró Guillermina, que también hubo de llevar sus notas de alegría al
+concierto general. «Ya era tiempo--dijo antes de meterse en el rincón en
+que solía estar--. No aguardo sino a que descanse del viaje para ir a
+echarle el toro... Me tiene que dar para concluir el piso bajo. Y lo
+hará, porque le hemos traído con esa condición: que favorezca la
+beneficencia y la religión. Dios le conserve».
+
+Jacinta la siguió al gabinete próximo, y allí estuvieron las dos de
+cháchara por espacio de una hora larga. Guillermina decía: «Paciencia,
+hija, paciencia, y todo se arreglará; yo te lo prometo». Ya cerca de las
+doce entró Juan, y su mujer le miró con severidad sin decirle nada...
+«Es que te voy a aborrecer--pensó--, como no te enmiendes. Pues no
+faltaba otra cosa... Y lo que es esta noche te como... No me engatusarás
+con tus zalamerías».
+
+Juan, aunque bien hubiera querido contradecir los optimismos de su padre
+y amigos, no se atrevió a ello, porque el empuje de aquella opinión era
+demasiado fuerte para luchar con él. Hasta los últimos días del 74 había
+defendido la Restauración. Después de hecha, encontró mal que la
+hicieran los militares, y en esto fundó sus críticas del suceso
+consumado.
+
+«Aquí siempre se han hecho las mudanzas de esa manera--dijo el señor de
+Santa Cruz con patriarcal buena fe--. Es nuestra manera de matar pulgas.
+Pues qué, ¿querías tú que las Cortes...? Estás fresco».
+
+Después sostuvo el Delfín, con ejemplos de Francia e Inglaterra, que
+ninguna Restauración había prevalecido; mas todos se negaron a seguirle
+por los vericuetos históricos. D. Baldomero, sin meterse en dibujos,
+dijo una cosa muy sensata, producto de su observación de tanto tiempo:
+«Yo no sé lo que sucederá dentro de viente, dentro de cincuenta años. En
+la sociedad española no se puede nunca fiar tan largo. Lo único que
+sabemos es que nuestro país padece alternativas o fiebres intermitentes
+de revolución y de paz. En ciertos periodos todos deseamos que haya
+mucha autoridad. ¡Venga leña! Pero nos cansamos de ella y todos queremos
+echar el pie fuera del plato. Vuelven los días de jarana, y ya estamos
+suspirando otra vez porque se acorte la cuerda. Así somos, y así creo
+que seremos hasta que se afeiten las ranas».
+
+--Es la condición humana. Así viven y se educan las sociedades--dijo el
+Delfín--. Lo que a mí no me gusta es que esto se haga por otra vía que
+la de la Ley.
+
+«¡Pillo, tunante!--pensaba Jacinta comiéndose las palabras, y con las
+palabras la hiel que se le quería salir--. ¿Qué sabes tú lo que es ley?
+¡Farsante, demagogo, anarquista! Cómo se hace el purito... Quien no te
+conoce...».
+
+Cuando se retiraron a su alcoba, Jacinta se esforzaba en aumentar su
+furor; quería cultivarlo, o alimentarlo como se alimenta una llama,
+arrojando en ella más combustible. «Esta noche me le como. Quisiera
+estar más furiosa de lo que estoy, para no dejarme engolosinar. Y eso
+que lo estoy bastante. Pero aún me vendría bien un poquito más de ira.
+Es un falso, un hipócrita, y si no le aborrezco, no tengo perdón de
+Dios».
+
+En esto, sintió que Juan la abrazaba por la cintura... «Quítate,
+déjame...--gritó ella--. Estoy muy incomodada; ¿pero no ves que estoy
+muy incomodada?».
+
+Juan la vio temblorosa y sin poder respirar. «Perdone uste, señora»
+replicó bromeando.
+
+Jacinta tuvo ya en la punta de la lengua el _lo sé todo_; pero se acordó
+de que noches antes su marido y ella se habían reído mucho de esta
+frase, observándola repetida en todas las comedias de intriga. La
+irritada esposa creyó más del caso decir: «Te aborreceré, ya te estoy
+aborreciendo». Santa Cruz, que estaba de buenas, repitió con buena
+sombra otra frase de las comedias: «_Ahora lo comprendo todo_. Pero la
+verdad, chica, es que no comprendo nada».
+
+Turbada en sus propósitos de pelea por el buen genio y los cariñosos
+modos que el pérfido traía aquella noche, Jacinta rompió a llorar como
+un niño. Juan le hizo muchas caricias, besos por aquí y allí, en el
+cuello y en las manos, en las orejas y en la coronilla; besos en un codo
+y en la barba, acompañados del lenguaje más finamente tierno que se
+podría imaginar.
+
+«No aguanto más, no puedo aguantar más» era lo único que ella decía con
+angustioso hipo, mojándole a él la cara y las manos con tanta y tanta
+lágrima. No podía tener consuelo. Todo aquel llanto era el disimulo de
+tantísimos días, sospechar callando, sentirse herida y no poder decir ni
+siquera ¡ay! «Esto es horrible, esto es espantoso; no hay mujer más
+desgraciada que yo... Y lo que es ahora, te aborreceré de veras, porque
+yo no puedo querer a quien no me quiere. Te quería más que a mi vida.
+¡Qué tonta he sido! A los hombres hay que tratarlos sin consideración...
+Ya no más, ya no más... Estoy volada, y lo que es esta no te la
+perdono... digo que no te la perdono».
+
+Algún trabajo le costó a Santa Cruz que su mujer repitiese lo que le
+había dicho una amiga aquella mañana. Y cuando él lo negaba, la ofendida
+esposa, que sentía en su alma la convicción profundísima de la
+autenticidad del hecho, irritábase más: «No lo niegues, no me lo
+niegues, pues yo sé que es cierto. Hace tiempo que te lo he conocido».
+
+--¿En qué...?--En muchas cosas.--Dímelas--indicó él poniéndose serio.
+
+--Si siempre has de negarlo... Pero no, no me engañas más.
+
+--Si no pienso engañarte...--Lo que Amalia me ha dicho--afirmó Jacinta
+con súbita ira, llena de dignidad, poniéndose en pie y afianzando con un
+gesto admirable su aseveración--, es verdad. Yo digo que es verdad y
+basta.
+
+Grave y mirándola a los ojos, el anarquista replicó en tono muy seguro:
+
+«Bueno, pues es verdad. Yo te declaro que es verdad».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Quedose Jacinta como una estatua, y al fin, volviendo la espalda a
+su marido, hizo un ademán de salir. Él la cogió por una mano, y quiso
+abrazarla. Ella no se dejó. En medio del estrujón frustrado, sólo pudo
+articular la esposa muy vagamente estas palabras: «Me voy». Lo que más
+la irritaba era que el tunante, después de lo que había dicho, tuviera
+todavía humor de bromas y pusiera aquella cara de pillín, como si se
+tratara de una cosa de juego. Porque se sonreía, y tranquilo en
+apariencia, díjole en tono de seriedad cómica:
+
+«Señora, acuéstese usted».
+
+--¿Yo...?--Se lo mando a usted... Acuéstese usted al momento.
+
+No le fue a ella posible entonces librarse de un abrazo apretado, y en
+aquel segundo estrujón, oyó estas cariñosas palabras:
+
+«¿No vale más que nos expliquemos como buenos amigos? Hijita de mi alma,
+si te enfurruñas, no llegaremos a entendernos».
+
+Jacinta fue bruscamente desarmada. Quedose como el combatiente de los
+cuentos de niños, a quien por obra de magia se le convierte la espada en
+alfiler y el escudo en dedal.
+
+El Delfín había entrado, desde los últimos días del 74, en aquel periodo
+sedante que seguía infaliblemente a sus desvaríos. En realidad no era
+aquello virtud, sino cansancio del pecado; no era el sentimiento puro y
+regular del orden, sino el hastío de la revolución. Verificábase en él
+lo que D. Baldomero había dicho del país; que padecía fiebres
+alternativas de libertad y de paz. A los dos meses de una de las más
+graves distracciones de su vida, su mujer empezaba a gustarle lo mismito
+que si fuera la mujer de otro. La bondad de ella favorecía este
+movimiento centrípeto, que se había determinado por quinta o sexta vez
+desde que estaban casados. Ya en otras ocasiones pudo creer Jacinta que
+la vuelta a los deberes conyugales sería definitiva; pero se equivocó,
+porque el Delfín, que tenía en el cuerpo el demonio malo de la variedad,
+cansábase de ser bueno y fiel, y tornaba a dejarse mover de la fuerza
+centrífuga. Mas era tanta la alegría de la esposa al verle enmendado,
+que no pensaba que aquella enmienda fuera como un descanso, para
+emprenderla después con más brío por esos mundos de Dios. También esto
+concordaba con un pensamiento de D. Baldomero, que decía: «Cuando el
+país remite, y fortalece con su opinión la autoridad, no es que ame
+verdaderamente el orden y la ley, sino que se pone en cura y hace sangre
+para saciar después con mejor gusto el apetito de las trifulcas».
+
+Quedó, como he dicho, tan desarmada Jacinta, que no podía ser más. Pero
+creyendo que su dignidad le ordenaba seguir muy colérica, dijo todas las
+palabras necesarias para mostrarlo, por ejemplo: «Me acostaré o no me
+acostaré, según me acomode. ¿A ti qué te importa? No parece si no que...
+Conmigo no se juega, ¿estamos?... ¿Pues qué se ha figurado este tonto?
+Hemos concluido, te digo que hemos concluido... Bien, me acuesto porque
+quiero, no porque tú me lo mandes... ¡Vaya!...».
+
+Poco después se oía en la alcoba lo siguiente: «Que te estés quieto...
+No vayas a creerte que ahora te voy a perdonar. No, si no me
+engatusas... ni hay _tilín_ que valga. Ya van quince y raya. No están
+los tiempos para perdones, caballerito. Haz el favor, te digo... No
+quiero verte, no quiero oírte, ni me importa que me quieras o no. Si me
+quieres, rabia y rabia; mejor. Yo me reiré viéndote padecer. Con que lo
+dicho, déjame en paz. Tengo un sueño espantoso... ¿No ves cómo se me
+cierran los ojos?».
+
+Y era mentira. Lejos de tener ganas de dormir, estaba muy despabilada y
+nerviosa.
+
+«Tú no tienes sueño; ¿a que no lo tienes?--le decía él--. ¿A que te
+despabilo y te pongo como un lucero?».
+
+--¿A que no? ¿Cómo?
+
+--Contándote toda la verdad de lo que te dijo Amalia, haciendo una
+confesión general para que veas que no soy tan malo como crees.
+
+--¡Ah!, sí; ven, ven, hijito--exclamó ella alargando sus brazos
+desnudos--. Confiésame todo; pero con nobleza. Nada de comedias...
+porque tú eras muy comiquito. Gracias que yo te conozco ya las
+marrullerías, y algunas bolas me trago; pero otras no. ¿De veras que vas
+a contármelo todo?
+
+La idea de perdonar electrizaba a Jacinta, poniéndola tan nerviosa que
+echaba chispas. No cabía en sí de inquietud, pensando en lo grande del
+perdón que tenía que dar en pago de lo enorme de la sinceridad que se le
+ofrecía.
+
+Y su zozobra era tal, que por poco se echa de la cama, cuando Juan se
+apartó de ella para ir hacia la suya... «¿Pero qué?--pensó--, ¿se
+arrepiente este tuno de lo que ha dicho?... ¿Es que no quiere contarme
+nada?...».
+
+«Abur, hombre» dijo en alta voz con despecho.
+
+--Si vuelvo, si voy allá en seguida... Mi mujer gasta un genio muy vivo.
+
+--Es que si cuentas, cuentas pronto; y si no, lo dices, para dormirme.
+No estoy yo aquí esperando a que al señorito le dé la gana de tenerme en
+vela toda la noche.
+
+--Cállese usted, _so tía_...--Diciendo esto, volvió hacia ella,
+sentándose en el lecho y haciéndole mil ternezas.
+
+--¡Ah!, esto está perdido--murmuró Jacinta en los respiros que las
+caricias de su marido le dejaban, ahogándola...--. Mira, estate quieto y
+no me sofoques. No tengo yo gana de bromas.
+
+--Vamos al caso, niñita mía. Para que yo te cuente lo que deseas saber,
+es preciso que tú me cuentes antes a mí otra cosa. Dices que tú
+sospechabas esto que ha pasado, mejor, que lo adivinabas. ¿En qué te
+fundabas tú para adivinarlo?... ¿qué observaste y qué supiste?
+
+--¡Ay!... ¡con lo que sale ahora este bobo...! ¿Crees que una mujer
+celosa necesita ver nada? Lo olfatea, lo calcula y no se equivoca... Se
+lo dice el corazón.
+
+--El corazón no dice nada. Eso es una frase.
+
+--Cuando te vuelves faltón, la menor palabra, cualquier gesto tuyo me
+sirven para leerte los pensamientos. ¿Y te parece que es poco dato el
+ver cómo me tratas a mí? Hasta la manera de entrar aquí es un dato.
+Hasta una ternura, una palabra cariñosa te venden, porque al punto se ve
+que son sobras de otra parte, traídas aquí por deber y para cubrir el
+expediente... Palabras y caricias vienen muy usadas.
+
+--¡Cuánto sabes!--Más sabes tú... No, no, más sé yo. En la desgracia se
+aprende... Muchas veces me callo por no escandalizar; pero por dentro
+siento algo que me está rallando así, así... muele que te muele... ¡Pues
+tengo yo un olfato...! Cuando estás faltoncito, si no lo conociera por
+otras cosas, lo conocería por el perfume que traes algunas veces en la
+ropa... Otro dato: Una noche traías en el pañuelo de seda del cuello,
+¿qué crees?, pues un cabello negro, grande. Lo saqué con las puntas de
+los dedos y lo estuve mirando. Me daba tanto asco como si me lo hubiera
+encontrado en la sopa. No chisté. Otra noche dijiste en sueños palabras
+de las que se dicen cuando un hombre se pega con otro. Yo me asusté. Fue
+aquella noche que entraste muy nervioso y con un dolor en el brazo. Tuve
+que ponerte árnica. Me contaste que viniendo no sé por dónde te salió un
+borracho, y tuviste que andar a trompazos con él. Traías tierra en la
+americana azul. Toda la noche estuviste muy inquieto, ¿no te acuerdas?
+
+--Me acuerdo, sí--dijo el Delfín, renovando en su mente el lance con
+Maximiliano.
+
+--Pues verás. Otra noche, cuando te desnudabas, plin... cayó al suelo un
+botón. Vino saltando hasta cerca de mi cama. Parecía que me miraba. Era
+de níquel, labrado, con muchos garabatos. Cuando te dormiste, me eché de
+la cama y lo cogí. Era un botón de mujer, de los que se usan ahora en
+las chaquetillas. Lo tengo guardado. Estas ignominias se guardan para en
+su día sacarlas y decir: ¿me negarás esto?... ¡Y tú siempre tan
+comediante! ¡Yo pasaba unas fatigas...!, pero nunca quise rebajarme al
+espionaje. Se me ocurrió preguntar al cochero. Con una buena propinilla,
+Manuel no me habría ocultado lo que supiera. Pero por respeto a ti y a
+mí misma y a la familia, no hice nada. ¡Contarle a tu mamá mis
+sospechas!... ¿Para qué?, ¿para disgustarla sin ventaja ninguna?...
+Guillermina, con quien únicamente me clareaba, decíame siempre:
+«paciencia, hija, paciencia». Y por fin llegaba yo a tenerla, y el
+molinillo que me daba vueltas en el corazón, molía, haciéndomelo polvo,
+y yo aguanta que aguanta, siempre callada, poniendo cara de Pascua y
+tragando hiel, tragando hiel. Esta mañana, cuando Amalia me dijo lo que
+me dijo, toda la sangre se me hizo como un veneno, y me propuse
+aborrecerte, pero aborrecerte en toda regla, no creas... y no perdonarte
+aunque te me pusieras delante de rodillas. ¡Pero es una tan débil...!
+¡Si merecemos todo lo que nos pasa...! Es la mayor desgracia ser así,
+tan simplona... Como que estamos a merced de esas... secuestradoras, que
+de tiempo en tiempo nos prestan a nuestros propios maridos para que no
+alborotemos...
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Esta última queja puso al señorito de Santa Cruz un tanto
+pensativo y desconcertado. No desconocía él la situación poco airosa en
+que estaba ante Jacinta, cuya grandeza moral se elevaba ante sus ojos
+para darle la medida de su pequeñez. Era muy soberbio, y el amor propio
+descollaba en él sobre la conciencia y sobre los sentimientos todos; de
+manera que nada le molestaba tanto como verse y reconocerse inferior a
+su mujer. Cuando, media hora antes, prometió confesar sus faltas, hízolo
+movido de orgullo, para engalanarse con la sinceridad, a la manera del
+fatuo que se da tono con una cruz. La confesión de la culpa ennoblece
+siempre, y como demasiado sabía él que todo lo noble hallaba eco en el
+gran corazón de Jacinta, se dijo: «aquí me viene bien un _rasgo_». Pero
+el momento de la confesión se acercaba, y el pecador estaba algo
+confuso, sin saber cómo iba a salir de ella. Lo que él quería era quedar
+bien, remontarse hasta su mujer, y superarla si era posible, presentando
+sus faltas como méritos, y retocando toda la historia de modo que
+pareciese blanco y hasta noble lo que con los datos sueltos del botón y
+el cabello era negro y deshonroso. No tenía que calentarse mucho los
+sesos para salir del paso, porque para tales escamoteos tenía su
+entendimiento una aptitud particular. Su imaginación despiertísima se
+pintaba sola para hacer pasar de un cubilete a otro las ideas. Lo que él
+no podía sufrir era que se le tuviese por hombre vulgar, por uno de
+tantos. Hasta las acciones más triviales y comunes, si eran suyas,
+quería que pasasen por actos deliberadamente admirables y que en nada se
+parecían a lo que hace todo el mundo. Rápidamente, con aquella presteza
+de juicio del artista improvisador, hizo su composición, y allá te van
+las confidencias... Jacinta se había de quedar tamañita. Ya vería ella
+qué marido tenía, qué ser superior, qué persona tan extraordinaria. Hay
+una moral gruesa, la que comprende todo el mundo, incluso los niños y
+las mujeres. Hay otra moral fina, exquisita, inapreciable para el vulgo:
+es la que sólo pueden gustar los paladares muy sensibles... Vamos allá.
+
+«Preparémonos a oír tus papas» dijo ella.
+
+--De todo lo que has dicho, parece deducirse que yo soy un miserable,
+un cualquiera, uno de tantos. Pues ahora lo veremos. He guardado reserva
+contigo, porque creí que no me comprenderías. Veremos si me comprendes
+ahora. Es cierto que hace dos meses, me encontré otra vez a...
+
+--Haz el favor de no nombrarla--suplicó Jacinta con viveza--. Ese nombre
+me hace el efecto de la picadura de una víbora.
+
+--Bueno, pues voy al grano... Encontrémela casada.
+
+--¡Casada!--Sí, con un simple. La metieron en un convento, la casaron
+después como por sorpresa... Chica, una historia de intrigas, violencias
+y atrocidades que horroriza.
+
+--¡Pobre mujer!--exclamó ella, respondiendo al intento de Juan, que
+empezaba por hacer a la otra digna de lástima--. Pero bien merecido le
+está por su mala conducta.
+
+--Espérate un poco, hija. Mujer tan desgraciada no creo que haya nacido.
+
+--Ni más mala tampoco.--Sobre eso hay mucho que decir. No es maldad lo
+que hay en ella, es falta de ideas morales. Si no ha visto nunca más que
+malos ejemplos; ¡si ha vivido siempre con tunantes...! Yo pongo en su
+lugar a la mujer más perfecta, a ver lo que hacía. No, no es lo que
+crees. Digo más, sería muy buena, si la dirigieran al bien. Pero hazte
+cargo: después de andar de mano en mano, este la coge, este la suelta,
+la casan con un hombre que no es hombre, con un hombre que no puede ser
+marido de nadie...
+
+Jacinta abrió la boca; tan grande era su pasmo.
+
+«Y ese majadero la martirizaba de tal modo desde el primer día de
+matrimonio, que la infeliz, prefiriendo la libertad en la ignominia a
+una esclavitud insoportable, se escapa de la casa, y se echa otra vez a
+la calle, como en sus peores tiempos. En esto me encuentra y me pide
+amparo».
+
+Jacinta no había cerrado todavía la boca.
+
+«En tal situación--prosiguió Juan, hallándose ya en plena posesión de su
+tesis y con los cubiletes en la mano--, yo te planteo el problema a
+ti... vamos a ver... Figúrate que eres hombre; figúrate que te
+encuentras delante de aquella infeliz mujer, que te pide socorro, una
+defensa contra la miseria y la deshonra, y al verla delante, tú te
+reconoces autor de todas sus desdichas, porque tú la perdiste, porque de
+ti le vienen todos sus males. Yo quiero que me digas con lealtad qué
+harías, qué harías tú en este trance. Pero cierra ya esa boca; basta ya
+de asombro y contéstame».
+
+--Pues yo... ¿qué haría? Echar mano al bolsillo, darle cuatro o cinco
+duros, y marcharme a mi casa.
+
+--Esa fue mi primera idea. Pero ciertas deudas, señora mía--dijo Santa
+Cruz triunfante--, no se saldan con cuatro ni con cinco duros.
+
+--Pues mil, dos mil, cien mil reales, vamos.
+
+--Tampoco. Yo pensé que debía poner a aquella infeliz en camino de
+adquirir una posición decente y estable. Buscarle un marido, no podía
+ser; estaba casada. Procurarle una manera de vivir con independencia y
+honradez... ¡ah!, esto es muy difícil. No tiene educación; no sabe
+trabajar en nada que produzca dinero. No hay para ella más recurso que
+comer de su belleza. Pero en esto mismo hay distintos grados de
+ignominia. No empieces a hacerte cruces, hija. Las cosas hay que
+tomarlas como son; otra cosa es empeñarse en sostener una filosofía
+cursi. Yo le dije: «bueno, pues te pongo una casa, y arréglatelas como
+puedas...». No, si no es para que hagas tantas cruces, lo repito. Hay
+que ponerse en la realidad, niñita. No mires esto con ojos de mujer;
+ponte en mi caso; figúrate que eres hombre...
+
+--Estoy asombrada de la vuelta que le das a tus caprichos, y de lo bien
+que te las compones para hacer pasar por protección desinteresada lo que
+en realidad es amor que tenías o tienes a esa maldita.
+
+--Pues a eso voy ahora. Aquí te quiero ver... Atención. Yo te juro que
+no despertaba en mí ni el amor más insignificante, ni tan siquiera un
+capricho de momento. No hay ejemplo de una frialdad como la que yo
+sentía ante ella. Bien me lo puedes creer. No sólo no me inspiraba
+pasión, sino que hasta me repugnaba.
+
+--Eso--dijo la esposa--, que te lo crea otro, que lo que es yo...
+
+--¡Qué tonta eres! Tu incredulidad nace de la idea equivocada que tienes
+de esa mujer. Te la has figurado como un monstruo de seducciones, como
+una de esas que, sin tener pizca de educación ni ningún atractivo moral,
+poseen un sin fin de artimañas para enloquecer a los hombres y
+esclavizarles volviéndoles estúpidos. Esta casta de perdidas que en
+Francia tanto abunda, como si hubiera allí escuela para formarlas,
+apenas existe en España, donde son contadas... todavía, se entiende,
+porque ello al fin tiene que venir, como han venido los ferrocarriles...
+Pues digo que Fortunata no es de esas, no posee más educación que la
+cara bonita; por lo demás, es sosa, vulgar, no se le ocurre ninguna
+picardía de las que trastornan a los hombres; y en cuanto a formas... no
+hablo del cuerpo y talle... sigue tan tosca como cuando la conocí. No
+aprende; no se le pega nada. Y como para todo se necesita talento, una
+especialidad de talento, resulta que esa infeliz que tanto te da que
+pensar, no sirve absolutamente para diablo, ¿me entiendes? Si todas
+fueran como ella, apenas habría escándalos en el mundo, y los
+matrimonios vivirían en paz, y tendríamos muchísima moralidad. En una
+palabra, chiquilla, no hay en ella complexión viciosa; tiene todo el
+corte de mujer honrada; nació para la vida oscura, para hacer calceta y
+cuidar muchachos.
+
+Al llegar aquí Juan se asustó, creyendo que se le había ido un poco la
+lengua, y cayó en la cuenta de que si Fortunata era como él decía, si no
+tenía _complexión viciosa_, mayor, mucho mayor era la responsabilidad de
+él por haberla perdido. Jacinta hubo de pensar esto mismo, y no tardó en
+manifestárselo. Pero el prestidigitador acudió a defender la suerte con
+la presteza de su flexible ingenio.
+
+«Es verdad--le dijo--, y esto aumentaba mis remordimientos. No tenía más
+remedio que hacer en obsequio suyo lo que no habría hecho por otra.
+Ponte tú en mi caso, figúrate que eres yo, y que te ha pasado todo lo
+que me ha pasado a mí. Puedes hacerte cargo de mi tormento, y de lo que
+yo sufriría teniendo que considerar y proteger, por escrúpulo de
+conciencia, a una mujer que no me inspira ningún afecto, ninguno, y que
+últimamente me inspiraba antipatía, porque Fortunata, créelo como el
+Evangelio, es de tal condición, que el hombre más enamorado no la
+resiste un mes. Al mes, todos se rinden, es decir, echan a correr...».
+
+Jacinta había empezado a dar pataditas, haciendo saltar el edredón que
+a los pies tenía. Era su manera de expresar la alegría bulliciosa cuando
+estaba acostada. Porque siendo verdad lo que Juan decía, la temida rival
+era como los espantajos puestos en el campo, de los cuales se ríen hasta
+los pájaros cuando los examinan de cerca. Pero aún le quedaba una duda,
+¿Era aquello verdad o no? Para mentira estaba demasiado bien hiladito.
+
+--¿Y ella te quiere todavía?--preguntó con la picardía de un juez de
+instrucción.
+
+El esposo se hizo repetir la pregunta, sin otro objeto que retrasar la
+respuesta, que debía ser muy pensada.
+
+--Pues te diré... que sí. Tiene esa debilidad. Otras mujeres, las de
+complexión viciosa, son en sus pasiones tan vehementes como
+inconstantes. Pronto olvidan al que adoraron y cambian de ilusión como
+de moda. Esta no.
+
+--Esta no--repitió Jacinta, asustada de ver a su enemiga tan distinta de
+como ella se la figuraba.
+
+--No. Ha dado en la tontería de quererme siempre lo mismo, como antes,
+como la primera vez. Aquí tienes otra cosa que me anonada, que me obliga
+a ser indulgente. Ponte en mi lugar, hija. Porque si yo viera que
+coqueteaba con otros hombres, anda con Dios. Pero si no hay quien la
+apee de una fidelidad que no viene al caso. ¡Fiel a mí! ¿a santo de qué?
+¡Te aseguro que me ha hecho cavilar más esa sosona! Ha pasado por
+tantas manos, y siempre fiel, consecuente como un clavo, que se está
+donde le clavan. Ni el deshonor, ni el matrimonio la han curado de esta
+manía. ¿No te parece a ti que es manía?
+
+A Jacinta le acudieron tantas ideas a la mente, que no sabía con cuál
+quedarse, y estaba perpleja y muda.
+
+«¡Hay tantos--exclamó Santa Cruz en el tono que se da a las cosas muy
+filosóficas--, hay tantos a quienes hace infelices la inconstancia de
+las mujeres, y a mí me hace padecer una fidelidad que no solicito, que
+no me hace falta, que no me importa para nada!».
+
+Jacinta dio un gran suspiro.--Pero al tener conciencia, el tener un
+sentido moral muy elevado--añadió el Delfín dominando la suerte--, como
+lo tengo yo, me ha puesto en una situación equívoca frente a ti. Yo
+necesitaba darte explicaciones. Ya te las he dado, y por ellas habrás
+visto que no se debe juzgar los actos de los hombres por lo que parece,
+sino que es preciso ir al fondo, hija, al fondo de las cosas. ¿Con que
+te vas enterando? A lo mejor se lleva uno cada chasco... ¡Cuántas veces
+pensamos mal de un sujeto, fundándonos en hablillas del vulgo o en
+cualquier dato inseguro, como por ejemplo, un pelo, un botón!... y
+después de mirar bien el hecho, ¿qué resulta?, que no basta para
+muestra un botón, que el que se cuelga de un cabello se cae; en una
+palabra, niña mía, que lo aparentemente deshonroso puede no serlo, y que
+la realidad, en vez de arrojar vergüenza sobre el sujeto, lo que hace es
+enaltecerlo y quizás honrarle.
+
+--Poco a poco--dijo la esposa prontamente--, que para mí sigue siendo
+turbio. Me parece que en todo lo que has dicho hay demasiada
+composición. No me fío yo, no me fío, porque para fabricar estos arcos
+triunfales de frases y entrar por ellos dándote mucho tono, te pintas tú
+solo. Lo cierto es que le has puesto la casa, la has visitado y te has
+divertido en grande con ella. ¡Vaya una conciencia la tuya, vaya una
+manera de pagarle su fidelidad, tirando por el suelo la que me debes a
+mí!... ¿Qué moral es esta? No escamotees la verdad. Esa mujer es una
+bribona, y tú serías un simple si no fueras también un solemnísimo
+pillo.
+
+--Párese usted un poco, _camaraíta_--replicó Santa Cruz algo
+desconcertado--. ¿Qué palabras usaré yo para pintarte la situación en
+que me encontraba? Es que el caso es de los más raros que se pueden
+ofrecer... Para que veas que soy sincero y leal, te diré que hubo en mí
+algo de flaqueza, sí, flaqueza que nacía de la compasión. No tuve valor
+para resistir a las... ¿cómo diré?... a las sugestiones apasionadas de
+quien tiene por mí una idolatría que yo no merezco.
+
+Pero te juro que lo hice sin ilusión, con fastidio, como el que cumple
+un deber, pensando en mi mujer, viéndote a ti más que a la que tan cerca
+tenía, y deseando que aquella comedia concluyera.
+
+Ambos estuvieron callados un mediano rato. ¿Creía Jacinta aquellas
+cosas, o aparentaba creerlas como Sancho las bolas que D. Quijote le
+contó de la cueva de Montesinos? Lo último que Juan dijo fue esto:
+«Ahora juzga tú como te parezca bien lo que acabo de confesarte, y
+compara lo bueno que hay en ello con lo malo que habrá también. Yo me
+entrego a ti».
+
+--Romper, romper para siempre toda clase de relaciones con esa calamidad
+es lo que importa--manifestó la Delfina inquietísima, dando vueltas en
+el lecho--. Que no la veas más, que ni siquiera la saludes si te la
+encuentras por la calle... ¡Oh, qué mujer!, es mi pesadilla.
+
+--Da por hecho el rompimiento, pero definitivo, absoluto. Lo deseo tanto
+como tú; me lo puedes creer.
+
+Lo decía con tal expresión de ingenuidad, que Jacinta sintió grande
+alegría.
+
+«Sí, hija, no aguanto más. Que se vaya con su constancia a los quintos
+infiernos».
+
+--¿Y si da en perseguirte?--Seré capaz hasta de recurrir a la policía.
+
+--¿De modo que no vuelves más a esa casa?... Di que no vuelves, dime que
+no la quieres.
+
+--¡Bah! Demasiado lo sabes. No volveré más que a despedirme.
+
+--No; escríbele una carta. Las despedidas cara a cara no son buenas para
+romper.
+
+--Haré lo que tú quieras, lo que tú me mandes, niñita de mi alma,
+monísima... más salada que el terrón de los mares.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+A la siguiente mañana, Jacinta se levantó muy gozosa, con los
+espíritus avispados, y muchas ganitas de hablar y de reír sin motivo
+aparente. Barbarita, que entró de la calle a las diez, le dijo: «¡Qué
+retozona estás hoy!... Oye. Al volver de San Ginés, me encontré con
+Manolo Moreno, que llegó ayer de Londres. Le he convidado a almorzar».
+
+Jacinta fue a su tocador. Aún dormía su marido, y ella se empezó a
+arreglar. A poco entró una visita, que Jacinta recibió en su gabinete.
+Era Severiana, que dos veces por semana llevaba a Adoración a que la
+viese su protectora. Ya se sabe que la Delfina, no pudiendo adoptar al
+_Pituso_ y tomarlo por hijo, y sintiendo más fuerte e imperioso en su
+alma el anhelo de la maternidad, dio en proteger a la preciosísima y
+cariñosa hija de Mauricia la Dura. Para Jacinta no había goce más grande
+y puro que acariciar un pequeñuelo, darle calor y comunicarle aquel
+sentimiento de bondad que se desbordaba de su alma. Agradábale tanto la
+niña aquella, que se la habría llevado consigo si sus suegros y su
+marido lo permitieran; pero no siendo posible esto, se consolaba
+vistiéndola como una señorita, pagándole el colegio y pasando un ratito
+con ella. Gozaba en ver su belleza, en aspirar la fragancia de su
+inocencia y en examinarla para cerciorarse de sus adelantos.
+
+«Hola, ven acá, mujer, dame un beso y un abrazo» le dijo la señorita,
+atrayéndola a sí con maternal cariño.
+
+Adoración se frotó bien la cara y el cuerpo contra la cintura y falda de
+su protectora.
+
+«Dice que lo que le pide a la Virgen--declaró Severiana con esa
+adulación de los humildes muy favorecidos y que aún quieren serlo más--,
+es no separarse nunca, nunca de la señorita... para estarla mirando
+siempre».
+
+--Ya sé que me quiere mucho, y yo la quiero a ella, si es buena y
+estudia. ¡Qué elegante estás!... No te había visto el vestido nuevo.
+
+--Anoche soñaba con la ropa nueva--dijo Severiana--, y ayer, cuando se
+la puso, no hacía más que mirarse al espejo. Si la tocábamos ¡ay!, nos
+quería pegar... Lo que ella deseaba era que la señorita la viera tan
+maja, ¿verdad, rica?
+
+--No me gusta tanto afán por las composturas. Ahora lo que yo quiero es
+ver qué tal andan esas lecciones... Hoy no tengo tiempo de hacer
+preguntas; pero otro día, el jueves, veremos cómo está ese catecismo.
+
+--¡Ah!, señorita, se lo sabe de corrido. Nos tiene mareados con lo que
+hicieron aquellos que se comían el maná y lo de Noé en el arca, con
+tantos animales como metió en ella. ¿Pues y leer? Lee mejor que mi
+marido.
+
+--Eso me gusta... El mes que entra la pondremos en un colegio, interna.
+Ya es grandecita... es preciso que vaya aprendiendo los buenos
+modales... su poquito de francés, su poquito de piano... Quiero educarla
+para maestrita o institutriz, ¿verdad?
+
+Adoración la miraba como en éxtasis.
+
+«¿Y esa mujer?» preguntó luego Jacinta a Severiana, refiriéndose a la
+madre de Adoración.
+
+«Señora, no me la nombre. A poco de salir de las Micaelas, parecía algo
+enmendada. Volvió a correr pañuelos de Manila y algunas prendas; estaba
+en buena conformidad; pero ya la tenemos otra vez en danza con el
+maldito vicio. Anteanoche la recogieron tiesa en la calle de la
+Comadre... ¡Qué vergüenza...!».
+
+Jacinta hizo un gesto de pena. «¡Pobrecita mía!» exclamó abrazando más
+estrechamente a su protegida.
+
+--Por esto--añadió la otra--, yo quería hablar a la señorita para ver si
+doña Guillermina tenía proporción de meterla en cualquier parte donde la
+sujetaran. En las Micaelas no puede ser, a cuento de que allí la
+tuvieron que echar por escandalosa... Pero bien la podrían poner, si a
+mano viene, en un hospicio, o casa de orates, al menos para que no diera
+malos ejemplos.
+
+--Veremos...--dijo distraída Jacinta levantándose, porque había oído el
+repique del timbre con que su marido llamaba.
+
+Faltaba algo antes de que Adoración se despidiera. Su protectora le daba
+siempre una golosina, y aquel día hubo de olvidarse. Quedose parada la
+niña en medio del gabinete aun después de los últimos besos de la
+despedida. Jacinta cayó en la cuenta de su distracción. «Espérate un
+momento». A poco volvió con lo que la chiquilla deseaba, y repetida la
+recomendación de portarse bien y estudiar mucho, acompañolas hasta la
+puerta. Cuando Severiana y su sobrinita salían, entraba Moreno-Isla, y
+Jacinta que le vio subir, se detuvo en el recibimiento. Subía despacio y
+jadeante, a causa de la afección al corazón que padecía. Estaba muy
+envejecido, de mal color, y con más aire extranjero que antes.
+
+«¡Oh, puerta del paraíso!, ¡qué manos te abren...! Dispense usted... Me
+canso horriblemente» dijo Moreno, saludándola con tanta urbanidad como
+afecto.
+
+Estupiñá, que entraba detrás, le echó también un gran saludo a D.
+Manuel, permitiéndose abrazarle, porque eran antiguos amigos.
+
+«Estás hecho un pollo» le dijo Moreno, palmoteándole en los hombros.
+
+--Vamos tirando... ¿Y usted...?
+
+--Así, así.--¡Siempre por esas tierras de extranjis!... Caramba, también
+es gusto, teniendo aquí tantos que le quieren bien...
+
+El forastero le contestó con la benevolencia un tanto fría que saben
+emplear los superiores bien educados. Separáronse en el pasillo, porque
+Estupiñá tenía que ir hacia el comedor. Moreno siguió a Jacinta hasta el
+salón y de allí al gabinete.
+
+«No me había dicho Guillermina que estaba usted en Madrid. Lo supe hoy
+por mamá» dijo ella por decir algo.
+
+--¿Guillermina? ¡Buena tiene ella la cabeza para acordarse de
+anunciarme! ¿Sabe usted que cada vez que vengo a España me la encuentro
+más tocada? Ayer, cuando entré en casa, lo primero que hizo, mientras me
+saludaba, fue un registro de todos los bolsillos de mi ropa. Me
+desplumó. Lo que yo decía: «apenas se pone el pie en España, no se da un
+paso sin tropezar con bandoleros». Ahora pretende que entre todos los
+parientes le hagamos un piso... friolera.
+
+--¡Pobrecilla! Es una santa. Llegó entonces D. Baldomero, anunciándose
+antes de entrar con estas alegres voces: «¿En dónde está ese
+anti-patriota?». Cuando apareció en la puerta, con los brazos abiertos,
+fue Moreno a dejarse estrechar en ellos.
+
+«Bien, padrino; está usted hecho un muchacho».
+
+--¿Y tú, perdido? Me dijeron que estabas algo delicado.
+
+--Me canso horriblemente--replicó el forastero, tocándose el corazón--.
+Algo aquí... Pero dicen que es nervioso.
+
+--Sí, sí, nervioso--afirmó Santa Cruz como si tuviera en el dedillo toda
+la medicina.
+
+--Nervioso, claro--repitió Jacinta; y Barbarita, que a la sazón entraba,
+también dijo: «¿Qué ha de ser sino nervioso...?».
+
+--Vaya, vaya con este perdis--decía D. Baldomero mirando mucho a su
+amigo y pariente y no atreviéndose a decir que le encontraba muy
+desmejorado--. Siempre tan extranjerote.
+
+--No quiere nada con nosotros--dijo Barbarita, examinándole la ropa--.
+Mira, mira que levita gris cerrada... y botines blancos... Pero, Manolo,
+¡qué zapatones usan por allá! Esos guantes pasarían aquí por guantes de
+cochero.
+
+Moreno se echó a reír. Su persona tenía tal aire inglés, que quien le
+viera, tomaríale por uno de esos lores aburridos y millonarios que andan
+por el mundo sacudiéndose la morriña que les consume. Hasta cuando
+hablaba desmentía, no por afectación, sino por hábito, su progenie
+española, porque arrastraba un poco las erres y olvidaba algunos
+vocablos de los menos usuales. Se había educado en el célebre colegio de
+Eton; a los treinta años volvió a Inglaterra y allí vivía de continuo,
+salvo las cortas temporadas que pasaba en Madrid. Poseía el arte de la
+buena educación en su forma más exquisita, y una soltura de modales que
+cautivaba. Era ahijado de D. Baldomero I, y por esto seguía llamando
+_padrino_ a D. Baldomero II.
+
+--Ya saben ustedes que no transijo con la patria--dijo sonriendo--.
+Mientras más la visito, menos me gusta. Por respeto a mi padrino, no me
+atrevo a decir más.
+
+Los gustos extranjeros de aquel hombre y el desamor que a su patria
+mostraba, eran ocasión de empeñadas reyertas entre él y D. Baldomero,
+que defendía todo _lo del Reino_ con sincero entusiasmo. A veces perdía
+los estribos el buen español, sosteniendo que en todo lo _de fuera_ hay
+mucho de farsa, y Moreno, extremando sus antipatías, sostenía que en
+España no hay más que tres cosas buenas: la Guardia Civil, las uvas de
+albillo y el Museo del Prado.
+
+«Vamos a ver--dijo D. Baldomero con alegría, que le retozaba en la
+cara--. ¿Qué me dices del Rey que hemos traído? Ahora sí que vamos a
+estar en grande. Verás cómo prospera el país y se acaban las guerras».
+
+--Es guapo chico. Varios españoles residentes en Londres le acompañamos
+en el tren hasta Dover. Yo le regalé un magnífico reloj... Es muy
+despejado chico, pero muy despejado. ¡Lástima de Rey! Yo le dije:
+«Vuestra Majestad va a gobernar el país de la ingratitud; pero Vuestra
+Majestad vencerá a la hidra». Esto lo dije por cortesía; pero yo no creo
+que pueda barajar a esta gente. Él querrá hacerlo bien; pero falta que
+le dejen.
+
+En esto entró Juan, y él y su pariente se dieron los abrazos de
+ordenanza. Para ponerse a almorzar no faltaba más que Villalonga.
+
+«¿Pero qué?--dijo el Delfín--, ¿le esperamos? Sabe Dios a qué hora
+vendrá. Anoche se retiraría a las tres de la tertulia del Ministro de la
+Gobernación, y estará todavía en la cama».
+
+Acordaron, pues, no aguardar más, y durante el cordial almuerzo, que
+quieras que no, la conversación versó sobre si en España es todo malo, o
+si en Francia e Inglaterra es de buena ley todo lo que admiramos.
+Moreno-Isla no cedía una pulgada de terreno antipatriótico en que su
+terquedad se encerraba.
+
+«Miren ustedes... hablando ahora con toda seriedad--dijo, después de
+apurar bien el tema de las comidas, y pasando a ciertas ideas de cultura
+general--. Yo he hecho una observación que nadie me desmentirá. Desde
+que se pasa la frontera para allá y se entra en Francia, no le pica a
+usted una pulga». _(Risas)_.
+
+«¡Pero qué tendrán que ver las pulgas...!».
+
+--¿Y sostienes tú que en Francia no hay pulgas?
+
+--No las hay, créame usted, padrino, no las hay. Es un resultado del
+aseo general, de la limpieza de las casas y de las personas. Vaya usted
+a San Sebastián. Se lo comen vivo...
+
+--Hombre, por Dios, ¡qué argumentos!...
+
+Sonó la campanilla. «¡Ahí está!» dijeron todos, y Barbarita miró al
+lugar vacío que estaba destinado a Villalonga en la mesa. Este entró muy
+alegre, saludando a la familia, y dando un apretón de manos a Moreno.
+
+«Indulgencia, señora. He venido volando por no hacerme esperar».
+
+--Amigo, desde que está usted en candelero, no hay quien le vea. ¡Qué
+caro se cotiza!
+
+--Es que no me dejan vivir. Anoche duró el jubileo hasta las tres.
+Doscientas personas entrando y saliendo. Y que no pretenden nada...
+
+--Preparando las elecciones, ¿eh?
+
+--¡Oh!, pues si pasamos al terreno político...--indicó Moreno.
+
+--No, no pases--replicó Santa Cruz--. En ese terreno concedo, concedo...
+
+Después hubo debate sobre quesos, diciendo D. Baldomero que los del
+Reino son también muy buenos. Luego tratose de las casas, que Moreno
+calificó de inhabitables. «Por eso todo el mundo vive en la calle».
+
+«Pues mire usted--dijo Villalonga--: las casas serán todo lo malas que
+usted quiera; pero hay en las del extranjero una costumbre que maldita
+la gracia que tiene. Me refiero a la falta de maderas en los balcones y
+ventanas, por lo cual entra la luz desde que Dios amanece, y no puede
+usted pegar los ojos».
+
+--¿Pero usted cree que por allá hay alguien que se esté durmiendo hasta
+el medio día?
+
+Sobre esto se habló mucho, y el forastero sacó a relucir otras cosas.
+«Yo de mí sé decir que cuando paso la frontera para acá recibo las más
+tristes impresiones. Habrá algo que admirar; a mí se me esconde, y no
+veo más que la grosería, los malos modos, la pobreza, hombres que
+parecen salvajes, liados en mantas; mujeres flacas... Lo que más me
+choca es lo desmedrado de la casta. Rara vez ve usted un hombrachón
+robusto y una mujer fresca. No lo duden ustedes, nuestra raza está mal
+alimentada, y no es de ahora; viene pasando hambres desde hace siglos...
+Mi país me es bastante antipático, y desde que me meto en el _express_
+de Irún ya estoy renegando. Por la mañana, cuando despierto en la Sierra
+y oigo pregonar el _botijo e leche_, me siento mal; créanlo ustedes...
+Al llegar a Madrid, y ver la gente de capa, las mujeres con mantones,
+las calles mal adoquinadas, y los caballos de los coches como
+esqueletos, no veo la hora de volverme a marchar».
+
+--¡Hombre, en qué tonterías te fijas!--observó D. Baldomero, continuando
+la apología de la patria en términos calurosos que el otro oía con
+benevolencia.
+
+Cuando tomaban el café, notaron todos que Moreno se sentía mal; pero él
+disimulaba, y llevándose la mano al corazón, decía otra vez: «Algo
+aquí... No es nada. Nervioso quizás. Lo que más me molesta es el ruido
+de la circulación de la sangre. Por eso me gusta tanto viajar... Con el
+ruido del tren, no oigo el mío».
+
+Hubo un momento de silencio y tristeza en la mesa; pero aquello pasó, y
+siguieron charlando. Jacinta observaba que alguien le hacía telégrafos
+desde la puerta, alzando un poco el cortinón. Salió: era Guillermina.
+
+«No, yo no paso. Tengo que irme al momento a la obra--le dijo con
+secreteo--. Vengo para encargarte que le hables. Saca la conversación
+como puedas, y que se entere bien de la necesidad en que estamos».
+
+--Moreno ayudará--díjole su amiguita, llevándola a otra pieza para
+hablar con más libertad.
+
+--No sé... está incomodado conmigo... Esta mañana hemos reñido... La
+verdad... me enfadé, me tuve que enfadar. Figúrate que esta vez viene
+más hereje que nunca. Cada uno es dueño de condenarse; ¿pero a qué viene
+decirme a mí cosas contra la religión?
+
+--¡Qué malo!--Y tantas fueron sus burlas y sacrilegios que... Dios me lo
+perdone... me incomodé. Le dije que no me hacía falta su dinero para
+nada, y que tendría miedo de tomarlo en mis manos, por ser dinero de
+Satanás. Pero esto es un dicho, ¿sabes?
+
+--Claro.--¿Y aquí no ha hablado de religión?
+
+--No; ni jota. Mamá no se lo toleraría. Ha hablado de que en España hay
+más pulgas que en Francia.
+
+--¡Dale! ¡Qué importará que haya pulgas con tal que haya cristiandad!
+Las cosas que dicen estos herejotes nos indignarían si no las tomáramos
+a risa. Tú no sabes bien lo protestante y calvinista que viene ahora. Me
+horripilé oyéndole. Pero en fin, allá se entenderá con Dios; y entre
+tanto, lo que importa es que afloje los cuartos para mi obra. Y que le
+ha de valer para su alma, aunque él no quiera... Con que a ver si me le
+catequizas.
+
+--Haré lo que pueda... Veremos, le diré algo...
+
+--No vayas a olvidarte... Adiós, hija de mi alma. Me voy; esta noche me
+contarás lo que te diga. Creo que no nos dejará mal, porque en el fondo
+es un buenazo. A poco que se le raspe la corteza de hereje, sale aquella
+pasta de ángel de otros tiempos. Quédate con Dios.
+
+Volvió Jacinta al comedor. Si cumplió o no el encargo de Guillermina,
+lo veremos a su tiempo. Más que reunir dinero para el asilo, preocupaba
+a la dama el ver resuelto según su deseo lo que ella y su marido habían
+tratado la noche anterior. Movida de este afán, así que se marcharon
+Moreno y Villalonga, cogió por su cuenta al Delfín, y otra vez trataron
+ambos la cuestión de la ruptura. De acuerdo estaban en lo principal,
+discrepando sólo en el procedimiento más adecuado, pues ella opinaba por
+una carta y él por una entrevista de despedida. Al fin, tras laboriosa
+discusión, prevaleció este criterio, como verá el que siga leyendo.
+
+
+
+
+-III-
+
+La revolución vencida
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Quien supiera o pudiera apartar el ramaje vistoso de ideas más o
+menos contrahechas y de palabras relumbrantes, que el señorito de Santa
+Cruz puso ante los ojos de su mujer en la noche aquella, encontraría la
+seca desnudez de su pensamiento y de su deseo, los cuales no eran otra
+cosa que un profundísimo hastío de Fortunata y las ganas de perderla de
+vista lo más pronto posible. ¿Por qué lo que no se tiene se desea, y lo
+que se tiene se desprecia? Cuando ella salió del convento con corona de
+honrada para casarse; cuando llevaba mezcladas en su pecho las azucenas
+de la purificación religiosa y los azahares de la boda, parecíale al
+Delfín digna y lucida hazaña arrancarla de aquella vida. Hízolo así con
+éxito superior a sus esperanzas, pero su conquista le imponía la
+obligación de sostener indefinidamente a la víctima, y esto, pasado
+cierto tiempo, se iba haciendo aburrido, soso y caro. Sin variedad era
+él hombre perdido; lo tenía en su naturaleza y no lo podía remediar.
+Había que cambiar de forma de Gobierno cada poco tiempo, y cuando estaba
+en república, ¡le parecía la monarquía tan seductora...! Al salir de su
+casa aquella tarde, iba pensando en esto. Su mujer le estaba gustando
+más, mucho más que aquella situación revolucionaria que había
+implantado, pisoteando los derechos de dos matrimonios.
+
+«¿Quién duda--seguía pensando--, que es prudente evitar el escándalo? Yo
+no puedo parecerme a este y el otro y el de más allá, que viven en la
+anarquía, señalados de todo el mundo. Hay otra razón, y es que se me
+está volviendo antipática, lo mismo que la otra vez. La pobrecilla no
+aprende, no adelanta un solo paso en el arte de agradar; no tiene
+instintos de seducción, desconoce las gaterías que embelesan. Nació para
+hacer la felicidad de un apreciable albañil, y no ve nada más allá de su
+nariz bonita. ¿Pues no le ha dado ahora por hacerme camisas? ¡Buenas
+estarían!... Habla con sinceridad; pero sin gracia ni _esprit_. ¡Qué
+diferente de Sofía la Ferrolana, que, cuando Pepito Trastamara la trajo
+del primer viaje a París, era una verdadera Dubarry españolizada! Para
+todas las artes se necesitan facultades de asimilación, y esta marmotona
+que me ha caído a mí es siempre igual a sí misma. Con decir que hace
+días le dio por estar rezando toda la tarde... ¿y para qué?... para
+pedirle a Dios chiquillos...
+
+¡Al Demonio se le ocurre...! En fin, que no puedo ya más, y hoy mismo se
+acaba esta irregularidad. ¡Abajo la república!».
+
+Pensando de este modo, había llegado a la casa de su querida, y en el
+momento de poner la mano en el llamador, un hecho extraño cortó
+bruscamente el hilo de sus ideas. Antes de que llamara, se abrió la
+puerta, dando paso a un señor mayor, de muy buena presencia, el cual
+salió, saludando a Santa Cruz con una cortés inclinación de cabeza. La
+misma Fortunata le había abierto la puerta y le despedía.
+
+Juan entró. La salida de aquel señor le produjo en un instante dos
+sentimientos distintos que se sucedieron con brevedad. El primero fue
+algo de enojo, el segundo satisfacción de que el acaso le proporcionase
+un buen apoyo para el rompimiento que deseaba... «Me parece que yo
+conozco a este señor tan terne. Le he visto, le he visto en alguna
+parte--pensaba entrando hacia la sala--. ¡Si tendremos gatuperio...!
+Estaría bueno. Pero más vale así».
+
+Y en alta voz y de mal modo, preguntó a Fortunata: «¿Quién es ese
+viejo?».
+
+--Yo creí que le conocías. D. Evaristo Feijoo, coronel o no sé qué de
+milicia... Es grande amigo de Juan Pablo.
+
+--¿Y quién es Juan Pablo? ¡Vaya unos conocimientos que me quieres
+colgar...!
+
+--Mi cuñado.
+
+--¿Y cuándo he conocido yo a tu cuñado, ni qué me importa?... Estamos
+bien. ¿Y a qué venía aquí ese señor... Feijoo, dices? Me parece que es
+amigo de Villalonga.
+
+--Ha venido a visitarme, y esta es la tercera vez... Es un señor muy
+bueno y muy fino. ¿Qué te crees, que viene a hacerme el amor? ¡Qué
+tontito! Pero en resumidas cuentas, si te parece que no debo recibirle,
+no lo haré más. Y aquí paz...
+
+--No, no; recíbele todo lo que quieras--dijo él variando de táctica con
+la rapidez del genio--. Si, como dices, es una persona formal, podría
+ser que te conviniera cultivar su amistad.
+
+Fortunata no comprendió bien, y él se envalentonó con el silencio de
+ella.
+
+«Porque, hija mía, yo debo decirte que no podemos seguir así».
+
+Pensaba el muy tuno que lo mejor era cortar por lo sano, planteando la
+cuestión desde el primer momento con limpieza y claridad.
+
+La salita en que estaba tenía ese lujo allegadizo que sustituye al
+verdadero allí donde el concubinato elegante vive aún en condiciones de
+timidez y más bien como ensayo. Había muebles forrados de seda y
+cortinas hermosas; pero aquellos eran feotes, de amaranto combinado con
+verde-limón; las cortinas estaban torcidas, las guardamalletas mal
+colocadas, la alfombra mal casada; y las jardineras de bazar, con
+begonias de trapo, cojeaban. El reloj de la consola no había sabido
+nunca lo que es dar la hora. Era dorado, con figuras como de pastores,
+haciendo juego con candelabros encerrados en guardabrisas. Había
+laminitas compradas en baratillos, con marcos de cruceta, y otras mil
+porquerías con pretensiones de lujo y riqueza, todo ello anterior a la
+transformación del gusto que se ha verificado de diez años a esta parte.
+Santa Cruz miraba esta sala con cierto orgullo, viendo en ella como un
+testimonio de su esplendidez; pero al mismo tiempo solía ridiculizar a
+Fortunata por su mal gusto. Ciertamente que para vestirse tenía
+instintos de elegancia; pero en muebles y decoración de casa desbarraba.
+En suma, que ella tendría todas las cualidades que quisiera; pero lo que
+es _chic_ no tenía.
+
+Sentado en el sofá y con el sombrero puesto, Juan contempló aquel día
+todo lo que allí había, gozándose en la idea de que lo miraba por última
+vez. Fortunata estaba en pie, delante de él, y luego se sentó en una
+banqueta, fijando los ojos en su amante, como en expectativa de algo muy
+grave que de él esperaba oír.
+
+«Si esta pavisosa--pensó Santa Cruz mirándola también--, viera con qué
+donaire se sienta en un _puff_ Sofía la Ferrolana, tendría mucho que
+aprender. Lo que es esta, ni a palos aprenderá nunca esas blanduras de
+la gata, esos arqueos de un cuerpo pegadizo y sutil que acaricia el
+asiento ¡Ah!, ¡qué bestias nos hizo Dios!...».
+
+Y en alta voz: «Dime, ¿por qué no te has puesto la bata de seda, como te
+he mandado?».
+
+--¡Qué cosas tienes!... No la quiero estropear.
+
+--Eso es...--dijo el otro riendo sin delicadeza--, guárdala para los
+días de fiesta. Así me gusta a mí la gente, arregladita... Y cuando yo
+vengo aquí te pones la batita de lana, que unos días apesta a canela y
+otros a petróleo...
+
+--Mentira--replicó Fortunata, oliendo su propio vestido--. Está bien
+limpia. ¿Para qué dices lo que no es?
+
+--No, lo que es dentro de casa, tú estás por aquello de _ya engañé_.
+Eso; ponte bien ordinaria y todo lo cursi que puedas.
+
+--¡Ay qué gracia!... pues hoy no me he puesto la bata de seda, porque he
+estado toda la mañana en la cocina.
+
+--¿Haciendo qué?--Escabeche de besugo.--Bien; me gusta. _Jormiguita_
+para cuando vengan los malos tiempos--dijo el Delfín con benévola
+ironía--. Pues hija, yo tengo que hablarte hoy con claridad. Te quiero
+demasiado para andar en misterios contigo. Tú eres razonable, te haces
+cargo de las cosas y comprenderás que tengo razón en lo que te voy a
+decir.
+
+Este lenguaje desconcertó a Fortunata, porque le recordaba el otra vez
+usado para licenciarla. Pero él creyó oportuno mostrarse cariñoso, y la
+hizo sentar a su lado para pasarle la mano por la cara y hacerle algunas
+zalamerías de las que se emplean con los niños cuando se les quiere
+hacer tomar una medicina.
+
+«Ven acá, y no te asustes. Yo no quiero más que tu bien. No dirás que no
+he hecho por ti cuanto estaba en mi mano. Por mi parte, bien lo sabes
+tú, seguiríamos lo mismo; pero mi mujer se ha enterado... anoche hemos
+tenido una bronca espantosa, pero espantosa, chica; no puedes figurarte
+cómo se puso. Se desmayó; tuvimos que llamar al médico. La más negra fue
+que mis papás se enteraron también del motivo, y... una chilla por aquí,
+otra por allá; mi padre furioso... entre todos me querían comer».
+
+Fortunata estaba tan absorta y aterrada, que no podía pronunciar palabra
+alguna.
+
+«Ya te he dicho que lo paso todo, menos dar un disgusto a mis padres.
+Así es que anoche me planté conmigo mismo, y dije: 'Aunque me muera de
+pena, esto se tiene que acabar'. Sé que me costará una enfermedad. El
+golpe será rudo. No se arranca fibra tan sensible sin que duela mucho.
+Pero es preciso, y para estos casos son los caracteres...».
+
+Mientras ella empezaba a lloriquear, Juan se decía: «Ahora viene la
+lagrimita. Es infalible. Preparémonos».
+
+«Tonta, no llores, no te aflijas--añadió besándola--. Mira que yo estoy
+con el alma en un hilo, y si te veo flaquear, soy hombre perdido».
+
+Procuraba mostrarse a dos dedos de romper en llanto, y ponía una cara
+muy triste.
+
+«No creas--balbució la prójima entre sollozos--. Te veía venir. Hace
+días que la estás tú tramando... Bueno, hemos concluido».
+
+--No, si yo te querré siempre, nena negra. Sólo que no puedo visitarte
+más. Alguna vez... no digo que no... Pero así, con esta manera de
+vivir... imposible. Madrid, que parece grande, es muy chico, es una
+aldea. Aquí todo se hace público, y al fin no hay más remedio que bajar
+la cabeza. Yo soy casado, tú también; estamos pateando todas las leyes
+divinas y humanas. Si hubiera muchos como nosotros, pronto la sociedad
+sería peor que un presidio, un verdadero infierno suelto. ¿No has
+pensado tú alguna vez en esto?
+
+Lo que Fortunata había pensado era que el amor salva todas las
+irregularidades, mejor dicho, que el amor lo hace todo regular, que
+rectifica las leyes, derogando las que se le oponen. Lo había dicho
+varias veces a su amante, expresándose de una manera ruda; pero en aquel
+lance, parecíale ridículo volver sobre aquella idea verdadera o falsa
+del amor, porque en su buen instinto comprendía que toda aquella
+hojarasca de leyes divinas, principios, conciencia y demás, servía para
+ocultar el hueco que dejaba el amor fugitivo. Pero ella no lo seguiría
+jamás al terreno de la controversia, porque no sabía desenvolverse con
+tanta palabra fina.
+
+«Ya me lo decía el corazón» exclamaba, apretando el pañuelo contra sus
+ojos.
+
+--No se puede uno sustraer a los principios--prosiguió él--. Las
+conveniencias sociales, nena mía, son más fuertes que nosotros, y no
+puede uno estar riéndose de ellas mucho tiempo, porque a lo mejor viene
+el garrotazo, y hay que bajar la cabeza. Yo quisiera que tú te
+penetraras bien de esto... Nunca te he dicho nada; pero a veces, aquí
+mismo he sentido mi conciencia tan alborotada, que...
+
+Fortunata le miró de un modo que le hizo callar... «¡A buenas horas y
+con sol!--quería decir aquella mirada--. Después que hemos cometido
+todos los crímenes, ahora salimos con escrúpulos... Y yo pago la falta
+de los dos...».
+
+«Bien merecido me lo tengo--declaró en un arranque de dolor combinado
+con la rabia--, porque los dos hemos sido malos; pero yo he sido más
+mala que tú... yo dejo tamañitas a todas... ¡Dios, con la que yo hice!,
+¡portarme como me porté con aquella familia! Tú me decías que no era
+nada, cuando yo me ponía triste... pensando en lo que había hecho, sí, y
+te reías... te reías».
+
+--Sí... pero...--Repito que te reías... ¡pero cómo!, a carcajadas,
+llamándome simple y qué sé yo qué... Bien, bien; bastante hemos
+hablado... Te vas, pues muy santo y muy bueno. Lo sentiré; calcula si lo
+sentiré... pero ya me iré consolando. No hay mal que cien años dure.
+¡Aire, aire!
+
+Se limpiaba rápidamente las lágrimas, fingiendo una fortaleza que no
+tenía.
+
+«Nos separaremos como amigos--dijo Santa Cruz tomándole una mano, que
+ella separó prontamente--, y me retiro dándote un buen consejo».
+
+--¿Cuál?--preguntó ella más airada que dolorida.
+
+--Que te unas... que procures unirte otra vez con tu marido.
+
+--¡Yo...!--exclamó la señora de Rubín con indecible terror--. ¡Después
+de...!
+
+--Ya te serenarás, hija. ¡El tiempo! ¿Sabes tú los milagros que ese
+señor hace? Tú lo has dicho: no hay mal que cien años dure, y cuando se
+tocan de cerca los grandes inconvenientes de vivir lejos de la ley, no
+hay más remedio que volver a ella. Ahora te parece imposible; pero
+volverás. Si es lo natural, es lo fácil, lo fácil... Solemos decir: «tal
+cosa no llega nunca». Y sin embargo llega, y apenas nos sorprende por la
+suavidad con que ha venido.
+
+Levantose la joven disparada, y se metió en su gabinete. Estaba como una
+loca. Juan la siguió, temiendo que le acometiese un acceso de
+desesperación. Ambos se encontraron en la puerta de la alcoba. Él
+entraba, ella salía.
+
+«¿Sabes lo que te digo?...--gritó Fortunata con la voz ronca de despecho
+y dolor--. Que ya estás demás aquí».
+
+--Pero no te irrites...--¡Fuera, fuera!--gritaba ella empujándole con
+ruda energía.
+
+Santa Cruz reconoció aquella fuerza casi superior a la suya, y no tenía
+gran empeño en oponerse a ella. Por punto, hizo como que sus brazos
+intentaban someter a los de su querida. Esta pudo más y cerró
+violentamente la puerta de la alcoba. El Delfín tocó en los cristales,
+diciendo: «Si no hay motivo para tanta bulla... Nena, nena negra,
+abre... Ten calma y no te sofoques... ¡Bah!, siempre eres así...».
+
+Pero de dentro de la alcoba no venía ninguna respuesta, ni una voz
+siquiera. Juan aplicó el oído, creyendo sentir sollozos... gemidos
+sofocados. Pronto comprendió que no podía apetecer mejor coyuntura para
+plantarse rápidamente en la calle y dar por terminado el enojoso trámite
+de la ruptura.
+
+«Pero aún me falta la última parte--pensó echando mano a su cartera--.
+No puedo abandonarla así...». Después de meditar un rato, volvió a
+guardar la cartera y se dijo: «Mejor será que me vaya... Se lo mandaré
+en una carta... Adiós. No dirá Jacinta que...».
+
+Salió de puntillas, como se sale de la casa en que hay un enfermo grave.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+En el resto de aquel aciago día, dicho se está que la pobre señora
+de Rubín se entregó a las mayores extravagancias, pues tal nombre
+merecen sin duda actos como no querer comer, estar llorando a moco y
+baba tres horas seguidas, encender la luz cuando aún era día claro,
+apagarla después que fue noche por gusto de la oscuridad, y decir mil
+disparates en alta voz, lo mismo que si delirara. La criada intentó
+tranquilizarla; pero los consuelos verbales la irritaban más. A eso de
+las nueve, la dolorida se levantó con resolución del sofá en que se
+había echado, y a tientas, porque el gabinete estaba oscurísimo, buscó
+su mantón. «Ya verán, ya verán» murmuraba en su agitación epiléptica; y
+a tientas buscó también las botas y se las puso. Pañuelo a la cabeza,
+mantón bien recogido sobre los hombros, y a la calle... Salió con
+rapidez y determinación, como quien sabe a dónde va y obedece a uno de
+esos formidables impulsos en línea recta que conducen a toda acción
+terminante. Ni tiempo dio a que Dorotea pudiera detenerla, porque cuando
+esta la vio, ya estaba abriendo la puerta y salía como una saeta.
+
+Eran las nueve de la noche. Fortunata atravesó con paso ligero la calle
+de Hortaleza, la Red de San Luis. No debía de estar muy trastornada
+cuando en vez de tomar por la calle de la Montera, en la cual el gentío
+estorbaba el tránsito, fue a buscar la de la Salud y bajó por ella,
+considerando que por tal camino ganaba diez minutos. De la calle del
+Carmen pasó a la de Preciados, sin perder ni un momento el instinto de
+la viabilidad. Atravesó la Puerta del Sol por frente a la casa de
+Cordero, y ya la tenéis subiendo por la calle de Correos hacia la
+plazuela de Pontejos. Ya llegaba, y a medida que veía más cerca el
+objeto de su viaje, parecía como que se le iba acabando la cuerda
+epiléptica que la impulsaba a la febril marcha. Vio el portal de la casa
+de Santa Cruz, y sus miradas se internaron con recelo por aquella
+cavidad ancha, de estucadas paredes, y alumbrada por mecheros de gas.
+Ver esto y pararse en firme, con cierta frialdad en el alma, sintiendo
+el choque interior de toda velocidad bruscamente enfrenada, fue todo
+uno.
+
+Ver el portal fue para la prójima, como para el pájaro, que ciego y
+disparado vuela, topar violentamente contra un muro. Los que obran bajo
+la acción de impulsos cerebrales, irresistibles y mecánicos, como los
+instintos que atañen a la conservación, van muy bien en su carrera
+mientras no ven el fin más que en la representación falsa que de él les
+da su deseo; pero cuando la realidad de aquel fin se les pone delante,
+ofreciéndoseles como acción sometida a las leyes generales, no hay
+velocidad que no tenga su rechazo. ¿Cuál era el intento de Fortunata y
+qué iba a hacer allí? ¡Friolera!... Pues nada más que entrar en la casa
+sin pedir permiso a nadie, llamar, colarse de rondón, dando gritos y
+atropellando a todo el que encontrara, llegarse a Jacinta, cogerla por
+el moño y... Esto de cogerla por el moño no se determinó bien en su
+voluntad; pero sí que le diría mil cosas amargas y violentas. Tal
+pensaba cuando le entró aquel desatino de salir de su casa y correr
+hacia la plazuela de Pontejos. Y cuando bajaba por la calle de la Salud,
+iba pensando así: «No se me quedará en el cuerpo nada, nada. Ella es la
+que me hace desgraciada, robándome a mi marido... Porque es mi marido:
+yo he tenido un hijo suyo y ella no... Vamos a ver, ¿quién tiene más
+derecho? Entrañas por entrañas, ¿cuáles valen más?». Estos enormes
+disparates, nacidos del trastorno que en su cerebro reinara,
+persistieron cuando estaba parada y atónita delante del portal de los de
+Santa Cruz.
+
+«Pues no sé por qué no entro y armo la escandalera que debo armar...».
+
+Pero la contenía un cierto respeto que no acertaba a explicarse. Se
+alejó, y desde la acera de enfrente miró hacia la casa, diciendo para
+sí: «Habrá luz en el gabinete de Jacinta, donde estarán de tertulia».
+Pero no vio nada. Todo cerrado; todo a oscuras... «¡Si habrán salido...!
+No, estarán ahí burlándose de mí, riéndose de la trastada que me han
+hecho... Buenos son todos: ¡tales hijos, tales padres!». Volvió a sentir
+el insensato anhelo de entrar en la casa, y dio tres o cuatro pasos
+hacia ella; pero retrocedió por segunda vez. «¿A ver quién sale?». Era
+un viejo que se detenía en el portal y echaba un párrafo con Deogracias.
+La joven reconoció a Estupiñá, que había sido vecino suyo cuando ella
+vivía en la Cava, donde tuvieron principio sus interminables desgracias.
+Plácido se embozó en su capa tomando hacia la calle del Vicario Viejo.
+Siguiole Fortunata con la vista hasta verle desaparecer, y poco después
+volvió a su acecho. ¿Quién salía? Un caballero con botines blancos que
+parecía extranjero. El tal pasó junto a ella, la miró, casi casi se
+detuvo un instante para verla mejor; después siguió su camino. Otras
+personas salían o entraban. Aunque en el pensamiento de Fortunata iba
+condensándose la imposibilidad de entrar, continuaba allí clavada sin
+saber por qué. No se podía marchar, aunque iba comprendiendo que la idea
+que a tal sitio la llevó era una locura, como las que se hacen en
+sueños. Uno de los muchos desvaríos que se sucedieron en su mente fue
+imaginar que tal o cual hombre de los que vio salir era amante de
+Jacinta. «Porque a mí no me digan que es virtuosa... Vaya unos embustes
+que corre la gente. No se puede creer nada. ¿Virtuosa?, _tie_ gracia...
+Ninguna de estas casadas ricas lo es ni lo puede ser. Nosotras las del
+pueblo somos las únicas que tenemos virtud, cuando no nos engañan. Yo,
+por ejemplo... verbigracia, yo». Entrole una risa convulsiva. «¿Y de qué
+te ríes, pánfila?--se dijo a sí misma--. Más honrada eres tú que el sol,
+porque no has querido ni quieres más que a uno. ¿Pero estas... estas?...
+Ja ja ja. Cada trimestre hombre nuevo, y virtuosa me soy. ¿Por qué? Pues
+porque no dan escándalos, y todo se lo tapan unas con otras. ¡Ah!,
+señora doña Jacinta, guárdese el mérito para quien lo crea; usted
+caerá... tiene usted que caer, si no ha caído ya».
+
+De pronto vio que al portal se acercaba un coche. ¿Traería gente o venía
+a tomarla? A tomarla porque no salió nadie; el lacayo entró en la casa,
+y Deogracias se puso a hablar con el cochero. «Van a salirse dijo la
+infeliz, sintiendo otra vez los ardientes impulsos que la sacaron de su
+casa--. Ahora sí que no se me escapan... Me voy encima, y a las dos las
+afrento... tal suegra para tal nuera... ¡buen par de cuñas están!...
+¡Cuánto tardan! La cabeza se me abrasa, y parece que me vuelvo toda
+uñas...».
+
+Salieron las señoras. Fortunata vio primero a una de pelo blanco,
+después a Jacinta, después a una pollita que debía de ser su hermana...;
+vio terciopelo, pieles blancas, sedas, joyas, todo rápidamente y como
+por magia. Las tres entraron en el coche, y el lacayo cerró la
+portezuela. ¡Pero qué cosas! Lo mismo fue ver a las tres damas, que a
+Fortunata le entró un fuerte miedo. ¡Y ella que pensaba clavarles las
+puntas de sus dedos como garfios de acero! Lo que sintió era más bien
+terror, como el que infunde un súbito y horrendo peligro, y tan
+impotente se vio su voluntad ante aquel pánico, que echó a correr y
+alejose a escape, sin atreverse ni siquiera a mirar hacia atrás. Oyó el
+ruido del coche que rodaba por la calle abajo, y aún lo vio pasar por
+delante con tan rápida vuelta que por poco la arrolla. «¡Eh!...» gritó
+el cochero, y la señora de Rubín dio un grito, saltando hacia atrás...
+¡Qué susto, pero qué susto, Señor!... Siguió hacia la Puerta del Sol,
+dándose cuenta de aquel miedo intensísimo que había sentido y
+preguntándose si en él había también algo de vergüenza. Pero no le era
+difícil discernir si su espanto era como el del exaltado cristiano que
+ve al demonio, o como el de este cuando le presentan una cruz.
+
+Dejándose llevar de sus propios pasos, se encontró sin saber cómo en el
+centro de la Puerta del Sol. Inconscientemente se sentó en el brocal de
+la fuente y estuvo mirando los espumarajos del agua. Un individuo de
+Orden Público la miró con aire suspicaz; pero ella no hizo caso y
+continuó allí largo rato, viendo pasar tranvías y coches en derredor
+suyo como si estuviera en el eje de un Tío Vivo. El frío y la impresión
+de humedad la obligaron a ausentarse y se alejó envolviéndose bien en su
+mantón y tapándose la boca. Casi no se le veían más que los ojos, y como
+estos eran tan bonitos, muchos se le ponían al lado y le pedían permiso
+para acompañarla, diciéndole mil cuchufletas. Recordó entonces otros
+tiempos infelices, y la idea de tener que volver a ellos le produjo
+dolor muy vivo, despejándole la cabeza de las quimeras que se le habían
+metido en ella. El sentimiento de la realidad iba poco a poco recobrando
+su imperio. Mas la realidad érale odiosa y trataba de mantenerse en
+aquel estado delirante. Un individuo de los que la siguieron se aventuró
+a detenerla en toda regla, llamándola por su nombre.
+
+«¡Pero qué tapadita va usted!... Fortunata».
+
+Detúvose ella ante el que esto dijo. Pensando en quién podría ser,
+estuvo un ratito como lela mirando a la persona que enfrente tenía. «Yo
+quiero conocer esta cara--se dijo--. ¡Ah!, es D. Evaristo».
+
+--Hija, muy distraidita va usted...
+
+--Voy a mi casa.
+
+--¡Por aquí!--exclamó Feijoo con asombro--. Pues el camino que lleva
+usted es el del Teatro Real.
+
+--Es que...--replicó ella mirando las casas--me había equivocado... No
+sé lo que me pasa...
+
+--Vamos por aquí; la acompañaré a usted--dijo D. Evaristo con bondad--.
+Capellanes, Rompelanzas, Olivo, Ballesta, San Onofre, Hortaleza, Arco.
+
+--Ese es el camino; pero no dude usted lo que le digo...
+
+--¿Qué?, hija mía.
+
+--Que yo soy honrada, que siempre lo he sido.
+
+Feijoo miró a su amiga. Francamente, aquellos ojos tan bonitos le habían
+hecho siempre muchísima gracia; pero no le hacía maldita la exaltación
+que en ellos notaba aquella noche.
+
+La abandonada se volvió a tapar la boca con el mantón, y su acompañante
+no chistaba. Mas como ella se detuviera de nuevo para repetir aquel
+concepto de la honradez, Feijoo, que era hombre muy franco, no pudo
+menos de decirle:
+
+«Amiguita, usted no está buena, quiero decir, a usted le ha pasado algo
+muy gordo. Confiese usted a mí, que soy un amigo leal, y le daré buenos
+consejos».
+
+--¿Pero duda usted--dijo Fortunata, apoyándose en la pared--, que yo
+haya sido siempre...?
+
+--¿Honrada? ¿Cómo he de dudar eso, hija mía?, pues no faltaba más. Lo
+que dudo es que usted tenga buena salud. Está usted fatigada, y me
+parece que debemos tomar un coche... ¡Eh!, cochero...
+
+La de Rubín se dejó llevar, y maquinalmente entró en el simón. Alguna
+vez había hecho lo mismo con un cualquiera encontrado en la calle.
+
+Feijoo le habló dentro del coche con paternal cariño; pero ella no
+contestaba de una manera completamente acorde. De pronto le miró en la
+oscuridad del vehículo, diciéndole: «¿Y tú, quién eres?... ¿A dónde me
+llevas? ¿Por quién me has tomado? ¿No sabes que soy honrada?».
+
+--¡Ay, Dios mío!--murmuró el buen D. Evaristo con hondísimo disgusto--.
+Esa cabeza no está buena, ni medio buena...
+
+Por fin llegaron, y los dos subieron. La criada les abrió. «Ahora--dijo
+el simpático coronel retirado--, a acostarse. ¿Quiere usted que le
+traiga un médico?».
+
+Sin contestar, metiose ella en su alcoba. Feijoo la siguió, afligidísimo
+de verla en tan lastimoso estado. Después, él y la criada, cuchichearon.
+
+--Rompimiento... Le ha dado otra vez el canuto ese bergante--decía D.
+Evaristo--. Si no es más que eso, la trinquetada pasará.
+
+Despidiose hasta el día siguiente, y la dolorida se acostó diciendo a la
+criada mientras la ayudaba a desnudarse: «Honrada soy, y lo he sido
+siempre. ¿Qué?... ¿lo dudas tú?».
+
+--Yo... no señorita; ¿qué he de dudarlo?--replicó la criada, volviendo
+la cara para disimular una sonrisa.
+
+Durmiose pronto la infeliz señora de Rubín; pero a la media hora ya
+estaba despierta y muy excitada. Dorotea, que se quedó junto a ella, la
+oyó cantando, a media voz y con las manos cruzadas, las coplas místicas
+de las Micaelas.
+
+
+
+
+-IV-
+
+Un curso de filosofía práctica
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Dos o tres veces fue D. Evaristo al siguiente día a enterarse de la
+salud de Fortunata; pero no la pudo ver. Dorotea le dijo que la señorita
+no quería ver a nadie, y que de tanto pensar que era honrada, le dolía
+horriblemente la cabeza. Al otro día la señorita estaba un poco mejor,
+se había levantado y apetecido un sopicaldo. «Pero sigue con la misma
+idea--añadió no sin malicia la chica, que era graciosa y avisada--. Se
+lo prevengo, señor, para que le lleve el genio y le diga que sí».
+
+--Descuida, hija--replicó el caballero--, que por mí no ha de quedar.
+¿Puedo verla? ¿No la molestaré mucho? ¿Sabe que estoy aquí?
+
+--Ya lo sabe. Espérese un ratito y pasará.
+
+Quedose solo en el comedor mi hombre, y después de quince minutos de
+espera, Dorotea le mandó pasar. Estaba Fortunata en su gabinete, tendida
+en el sofá, la cabeza reclinada sobre un almohadón de raso azul. Tenía
+puesta la bata de seda y un pañuelo blanco finísimo a la cabeza, tan
+ajustado, que no se le veía más que el óvalo del rostro. Estaba ojerosa,
+pálida y muy abatida. Como D. Evaristo se preciaba de saber algo de
+medicina, tomole el pulso.
+
+«Si está usted como un reloj, hija. Si no tiene fiebre ni ese es el
+camino... ¡Bah!, coqueterías... un poco de rabietina y nada más. Y que
+está usted guapísima con ese pañolito, ya, ya. No se le ven ni el pelo
+ni las orejas. Parece una hermana de la Caridad... ¡Vaya con los males
+de esta señora!».
+
+--Ayer estuve muy malita--dijo ella con voz apagada--. La cabeza se me
+partía, y como no me podía quitar de _entre mí_ aquella idea, y dale con
+lo mismo... ¡Lo que una piensa!... Tengo que declarar que soy...
+
+--Honrada, sí, hoy más que ayer y mañana más que hoy. Por sabido se
+calla.
+
+--No, hombre, no digo eso.--¿Cómo que no?--Lo que soy es muy mala, la
+mujer más mala que ha nacido. ¿Pero usted sabe bien lo que yo he hecho?
+Lo que me pasa me lo tengo bien ganado, sí, bien ganado me lo tengo,
+¡porque cuidado que he hecho yo perrerías en este mundo...!
+
+--¡Quite usted allá!... No habrá sido tanto.
+
+--Vamos ahora a otra cosa--dijo la joven, sacando de debajo del manto
+una mano, en la que tenía una carta--. Ayer me mandó esto.
+
+--¿Quién? ¡Ah! Santa Cruz.
+
+--No la he leído hasta esta mañana. Aquí se despide otra vez, dándome
+consejos y echándoselas de santo varón. Me manda dentro de la carta
+cuatro mil reales.
+
+--Vamos... No se ha corrido que digamos.
+
+--Quiero escribirle hoy mismo--indicó ella animándose un poco--.
+Escribirle, no... nada más que meter los dos billetes de dos mil reales
+dentro de un sobre y devolvérselos.
+
+--Hija mía, párese usted y piense bien lo que hace--dijo el amigo,
+acercándose cariñosamente a ella--. Eso de devolver dinero es un
+romanticismo impropio de estos tiempos. Sólo se devuelve el dinero que
+se ha robado, y usted tenía derecho a que él le diera, no sólo eso, sino
+muchísimo más. Con que déjese usted de _rasgos_ si no quiere que la
+silbe, porque esas simplezas no se ven ya más que en las comedias malas.
+Nada, yo me he propuesto sacarla a usted del terreno de la tontería y
+ponerla sólidamente sobre el terreno práctico.
+
+--Lo que es el dinero no lo tomo--declaró la enferma del corazón,
+alargando los labios como los niños mimosos.
+
+--¡Ay, qué gracia!... Eso es, y coma usted mimitos--dijo el coronel,
+haciendo también con sus labios la trompeta más larga que le fue
+posible--. ¡Devolverle los santos cuartos! Sí, para que se ría más. Eso
+es lo que él quiere... ¿Tiene usted ahorros?
+
+--Tendré unos treinta duros.
+
+--Pues eso y nada... ¿De qué va usted a vivir ahora?
+
+--Quiero ser honrada.--Magnífico... sublime. Lo que no veo tan claro es
+que para ser honrada sea preciso no comer... ¿Acaso piensa usted
+trabajar? ¿En qué?... Al menos, con esos cuatro mil reales tiene tiempo
+de pensarlo y vivir algunos meses. Con que a guardar los _monises_, y no
+se hable más del asunto.
+
+No se convenció Fortunata, que era algo terca; pero aplazó la devolución
+de los billetes para el día siguiente. Como tenía clavada en su mente la
+injuria recibida, sin querer hablaba de ella.
+
+«¡Vaya la que me ha hecho!--murmuró después de una pausa, mirando al
+suelo--. ¡Qué manera de pagarme! ¡Yo, que lo dejé todo por él, y a los
+que me habían hecho decente les di una patada!... Perdone usted si hablo
+mal. Soy muy ordinaria. Es mi ser natural; y como a los que me querían
+afinar y hacerme honrada les di con su honradez en los hocicos... ¡Qué
+ingrata, ¿verdad?, qué indecente he sido! Todo por querer más de lo que
+es debido, por querer como una leona. Y para que calcule usted si soy
+simple, aquí, donde usted me ve, si ese hombre me vuelve a decir tan
+siquiera media palabra, le perdono y le quiero otra vez».
+
+--Sí, ya se conoce que es usted más tierna que el requesón--dijo D.
+Evaristo, meditando.
+
+--Es que los demás me parece que no son tales hombres. Para mí hay dos
+clases de hombres; él a este lado, todos los demás al otro. No voy de
+aquí a esa puerta por todos ellos. Soy así, no lo puedo remediar.
+
+--No me dice usted nada que yo no sepa. He visto mucho mundo--afirmó
+Feijoo, con tolerancia de sacerdote hecho al confesonario--. Las
+personas que son como usted suelen pasar una vida de perros. No hay
+mayor desgracia que tener el corazón demasiado grande. Cerebro grande,
+estómago grande, hígado grande, son males también; pero menores. Y yo he
+de poder poco o le he de recortar a usted el corazón, para que haya
+equilibrio.
+
+--¿Equi...?--Equilibrio.--Ya; no lo digo bien; pero comprendo lo que es.
+¿Y cómo me va usted a recortar?
+
+--¡Oh! Se necesitan muchas lecciones... es la única manera de que usted
+no sea desgraciada toda la vida. ¡Ah!, este mundo es una gaita con
+muchos agujeros, y hay que templar, templar para que suene bien. Usted
+no sabe de la misa la media. Parece que acaba de nacer, y que la han
+puesto de patitas en el mundo. ¿Qué resulta?, que no sabe por dónde
+anda. Devuelve el dinero que le dan, y se chifla dos, tres veces por una
+misma persona. ¡Bonito porvenir! Yo le voy a enseñar a usted una cosa
+que no sabe.
+
+--¿Qué?--Vivir... Vivir es nuestra primera obligación en este valle de
+lágrimas, y sin embargo... ¡qué pocos hay que sepan desempeñarla!... Se
+lo dice a usted un hombre que ha visto mucho mundo, que ha tenido, como
+usted, un corazón del tamaño de hoy y mañana. Conque prepararse, que
+empiezo mis lecciones.
+
+--¿Y seré feliz?--dijo Fortunata con expectación supersticiosa, como si
+le estuvieran echando las cartas.
+
+--Por de pronto, de lo que yo trato es de que sea usted práctica.
+
+--¡Práctica!--replicó ella arrugando la nariz con salero, como hacía
+siempre que afectaba no comprender una cosa y burlarse de ella al mismo
+tiempo--. Práctica, ¿qué quiere decir eso?
+
+--¿Y no lo sabe?... ¡No se haga usted más tonta de lo que es!--indicó D.
+Evaristo arrugando también su nariz.
+
+--Pues nos haremos _pléiticas_--dijo la señora de Rubín, ridiculizando
+la palabra para ridiculizar la idea.
+
+Poco más duró aquella visita, porque el señor de Feijoo no quería
+molestar. Despidiose, prometiendo volver pronto. Por él, volvería dentro
+de una hora. «Amiguita, usted no puede estar mucho tiempo sola, porque
+esa cabeza se pone a trabajar... Como usted no me eche, aquí me tendrá
+otra vez esta tarde».
+
+Y volvió cerca de anochecido trayendo un ramo de flores, y poco después
+fue un mozo de cuerda con dos o tres tiestos. A Fortunata le gustaban
+mucho las flores, así vivas como cortadas; tenía los balcones llenos de
+macetas y se pasaba buena parte de la mañana cuidándolas. Mucho
+agradeció al buen caballero tales obsequios, que tenían mayor precio en
+la estación que corría. Las flores del ramo eran de las más bellas,
+raras y valiosas que hay en invierno. De lo que sobre plantas se habló
+aquella tarde, coligió D. Evaristo que su amiga tenía gustos un poco
+desacordes con el gusto corriente. No le hacía gracia ninguna flor que
+no tuviese fragancia, y particularmente las camelias le eran
+antipáticas. Entre la mejor de las camelias y el más amarillo y sosón de
+los girasoles, no hallaba gran diferencia en cuanto al mérito. Diéranle
+a ella un buen clavel, un nardo, una rosa de la tierra, y en fin, todas
+aquellas flores que _ilusionan el sentido_ en cuanto uno se acerca a
+ellas...
+
+--¿Y qué tal nos encontramos esta tarde?--dijo D. Evaristo inclinándose
+para verle la cara.
+
+Echábaselas de médico; pero examinaba la cara por lo bonita que le
+parecía, no por buscar en ella síntomas hipocráticos; y como avanzara la
+noche y no había luz, tenía que acercarse mucho para ver bien.
+Continuaba ella en el propio sitio y postura que por la mañana.
+
+--Estoy lo mismo--replicó sin moverse--. Desde que usted se fue, estuve
+llorando hasta ahorita.
+
+--Pues no hay que devanarse los sesos para encontrar el remedio. Con no
+moverme de aquí... Pero podría ser el remedio peor que la enfermedad, y
+al fin tendría usted que llorar para que me marchase... Vamos, hija,
+modere esos suspiros tan fuertes, que parece se le va a salir el alma
+por la boca. Ya nos iremos consolando. El tiempo es un médico que se
+pinta solo para curar estas cosas; y todavía he de ver yo a mi amiga más
+contenta que unas Pascuas, sin acordarse para nada de lo que tanto la
+aflige hoy. Y pronto, muy pronto... Y es preciso distraerse. ¿Sabe usted
+jugar al tresillo?
+
+--¿Yo? No sé más que el tute. _Ese_ quiso enseñarme el tresillo; pero
+nunca lo pude aprender. No sabe usted bien lo torpe que soy.
+
+--¿Le gusta a usted el teatro?
+
+--Eso sí, sobre todo los dramas en que hay cosas que la hacen llorar a
+una.
+
+--¡Ave María Purísima!... Esas obras en que sale aquello de «¡hijo
+mío!... ¡padre mío!...».
+
+--Esas, y otras en que hay pasos de mucha aflicción, y sacan las
+espadas, y se desmaya una actriz porque le quitan el hijo.
+
+--¡Alabado sea el Santísimo!...--dijo Feijoo con socarronería--. En eso
+sí que son contrarios nuestros gustos, porque yo, en cuanto veo que los
+actores pegan gritos y las actrices principian a hacerme pucheritos, ya
+estoy bufando en mi butaca y mirando para la puerta... Nada de lágrimas.
+Lo que le conviene a usted ahora es reírse con las piececitas de Lara y
+Variedades. Para dramas, hija, los de la realidad... ¿Le gustan a usted
+los bailes de máscaras?
+
+--Se va usted a reír--replicó Fortunata incorporándose--. En el poco
+tiempo que anduve yo suelta en Barcelona, de la ceca a la meca, solía ir
+a bailes y divertirme algo; después no... Este año me llevó Juan dos
+veces, y otra vez fui yo sola con una amiga, por ver si le sorprendía
+pegándomela con algún trasto... ¿Creerá usted que no me he divertido ni
+esto? La careta me da un calor que me abrasa... me la quiero quitar.
+Pues digo... si me pongo a dar bromas, yo misma me río de mi poca
+gracia. No puede usted figurarse lo _desaborida_ que soy. No se me
+ocurre nada más que sandeces. Juan me decía que no sirvo para nada, y
+que no me merezco el palmito que tengo. Él se empeñaba en que yo fuera
+de otro modo; pero la cabra siempre tira al monte. Pueblo nací y pueblo
+soy; quiero decir, ordinariota y salvaje... ¡Ah, si viera usted lo
+furioso que se ponía cuando le decía yo que me gusta un guisado de falda
+y pechos como los que se comen en los bodegones!
+
+Pues nada; que tenía que esconderme para comer a mi gusto. ¿Y cuando me
+sermoneaba porque no tengo ese aire de francesa que tiene la Antoñita,
+esa que está con Villalonga, y otra que llaman Sofía la Ferrolana?
+«Hasta en la manera de sentarse se diferencian de ti--me decía--. Fíjate
+bien en aquel aire de abandono o de viveza según los casos; en aquella
+gracia, en aquel modo de andar por la calle. Tú cuando vas por ahí con
+tu velito y ese pasito reposado, sin mirar a nadie, parece que vas de
+casa en casa pidiendo para una misa». ¿Ve usted lo que me decía? ¿Y
+cuando se empeñaba en que me pusiera yo esos cuerpos tan ceñidos, tan
+ceñidos que con ellos parece que enseña una todo lo que Dios le ha
+dado?...
+
+--Esta mujer me vuelve loco--pensaba Feijoo, experimentando, al oír a
+Fortunata, una sensación de inefable contento--. Si estoy chocho, si no
+sé lo que me pasa... ¡Ay Dios mío, a mi edad!... No hay remedio, me
+declaro... Pero no, refrénate, compañero, aún no es tiempo...
+
+Al buen señor se le ponían los ojos encandilados oyéndole contar
+aquellas cosas con tan encantadora sinceridad. Sonrisa de alegría y
+esperanza contraía sus labios, mostrando su dentadura intachable. Su
+cara, que era siempre sonrosada, poníasele encendida, con verdaderos
+ardores de juventud en las mejillas. Era, en suma, el viejo más guapo,
+simpático y frescachón que se podía imaginar; limpio como los chorros
+del oro, el cabello rizado, el bigote como la pura plata; lo demás de la
+cara tan bien afeitadito, que daba gloria verle; la frente espaciosa y
+de color marfil, con las arrugas finas y bien rasgueadas. Pues de
+cuerpo, ya quisieran parecérsele la mayor parte de los muchachos de hoy.
+Otro más derecho y bien plantado no había.
+
+«No, lo que es hoy no le digo nada--pensaba--. Temo hacer el bisoño.
+Calma, compañero, y repliégate un poco; tiempo tienes de picar espuelas.
+Hoy lo recibiría mal. Está muy reciente la herida».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Pues lo que es hoy sí que no me quedo con esto dentro del
+cuerpo--pensó mi hombre al otro día, entrando en la sala, hecho un sol
+de limpio y despidiendo, como todas las mañanas al salir de su casa, un
+fuerte olor a _colonia_--. ¿Y dónde está?, ¿qué hace que no sale? Es un
+encanto esa mujer, y tengo al tal Santa Cruz por el gaznápiro más grande
+que come pan... ¡Cuánto me hace esperar! Paréceme que oigo trastazos
+como de dar con el zorro en los muebles. Estará de limpieza, aunque hoy
+no es sábado. Pero no importa que no sea sábado. Eso le conviene:
+trabajar, hacer ejercicio, distraerse, andar de aquí para allí.
+¡Magnífico!... Sí, sí, sin duda está de limpieza. Es un diamante en
+bruto esa mujer. Si hubiera caído en mis manos, en vez de caer en las de
+ese simplín, ¡qué facetas, Dios mío, qué facetas le habría tallado
+yo!... Y sigue el traqueteo allá dentro. Parece que arrastran muebles...
+Bien, muy bien, dale duro. Para cosas del corazón, sudar, sudar. ¡Ay qué
+contento estoy hoy! Tiempo hacía, compañero, mucho tiempo hacía que no
+te sentías tan feliz como te sientes hoy. Desde que estuviste en
+Filipinas... Pues ahora parece que están moviendo la cama de hierro.
+¡Cómo rechina el metal!... ¡Ah!, por fin sale...».
+
+--Dispénseme usted, amigo D. Evaristo--dijo Fortunata apareciendo en la
+puerta del gabinete, con bata de diario, un delantal muy grande y
+pañuelo liado a la cabeza--. Estoy de limpia». Tras ella se veía una
+atmósfera polvorienta, turbia y luminosa; el sol entraba por el balcón,
+de par en par abierto.
+
+«Porque yo tengo esta costumbre... Cuando me siento con ganas de llorar
+y dada a todos los demonios, ¿sabe usted qué hago?, pues coger el zorro,
+las escobas, una esponja grande y un cubo de agua. Siempre que tengo una
+pena muy grande le meto mano al polvo».
+
+--Pues ¡ay, hija mía!, la compadezco a usted... porque la casa está como
+una plata...
+
+--¡Cómo ha de ser!... Sí, esta es mi única distracción. Y no sé ninguna
+labor delicada; no sé coser en fino; no bordo ni toco el piano. Tampoco
+pinto platos como esa Antonia, amiga de Villalonga, la cual está siempre
+de pinceles; yo apenas sé leer y no le saco sentido a ningún libro...
+¿qué he de hacer?, fregar y limpiar. Con esto no me acuerdo de otras
+cosas.
+
+--Me la comería--pensó D. Evaristo, que la contemplaba embobado, sin
+decir nada.
+
+--Conque lo mejor es que se vaya usted ahora, y vuelva más tarde. Le
+vamos a llenar de polvo y basura.
+
+--No, hija, yo no me voy de aquí.
+
+--¡Uy!... Cómo huele usted a _colonia_. Ese olor sí que me gusta... Pero
+le vamos a poner perdido. Mire que ahora empezaremos con la sala.
+
+--No me importa--replicó el buen señor con sonrisa inefable--. ¿Me
+empolva?, mejor. Yo me sacudiré.
+
+--Como usted quiera... Pues ándese por ahí... Yo no tengo aquí _álbumes_
+ni libros para que se entretenga.
+
+--Maldita la falta que me hacen a mí los _álbumes_... Siga, siga usted y
+trabaje firme. Eso, eso es lo que nos conviene. Luego hablaremos. Yo no
+tengo absolutamente nada que hacer...
+
+Y dos horas más tarde estaban sentados ambos en el gabinete, uno frente
+a otro, ella en el mismo pergenio en que antes se presentara, y algo
+fatigada...
+
+«¡Debo tener una facha...!--dijo levantándose para mirarse al espejo que
+sobre el sofá estaba--. ¡María Santísima! ¿Ve usted las pestañas cómo
+las tengo, llenas de polvo?».
+
+--No estarían así sino fueran tan negras y tan grandes y hermosas...
+
+--Quisiera aviarme un poco. Es una falta recibir visitas con esta facha.
+
+--Por mí no se apure usted... Me agrada más verla así. Descanse ahora y
+echemos un parrafito. Voy a permitirme una pregunta. ¿Qué piensa usted
+hacer ahora?
+
+Fortunata, que se inclinaba hacia adelante para oír mejor, dejó caer la
+cabeza sobre el respaldo; la mejor manera de expresar que no había
+pensado nada sobre aquel punto.
+
+--¿Piensa usted pedir perdón a su marido y reconciliarse con él?
+
+--¡Jesús! ¡Y qué cosas se le ocurren!--exclamó ella, llevándose las
+manos a la cabeza, cual si oyera el mayor de los absurdos.
+
+--Pues me parece que no he dicho ningún disparate.
+
+--Antes que volver con Maximiliano--afirmó Fortunata poniendo la cara
+más seria que sabía poner--, todo lo paso, todo...
+
+--Incluso la miseria, la deshonra...
+
+--Sí señor.--Bueno. Pues quiere decir que cuando se acabe lo poquito que
+usted tiene... y supongo que no habrá insistido en devolver los cuatro
+mil reales... pues cuando se acabe, no tendrá usted más remedio que
+buscarse la vida como pueda. Usted no sabe ningún trabajo honrado que
+produzca dinero; conque claro es... si me aciertas lo que llevo en la
+mano te doy un racimo.
+
+Fortunata frunció el ceño, y sin levantar las miradas del suelo, doblaba
+y desdoblaba un pico del delantal.
+
+--Eso no tiene vuelta de hoja, compañera. O a casa con su marido, o a la
+calle con Juan, Pedro y Diego, a ver si sale algún primo con quien ir
+tirando. De este camino malo parten varios senderos, y no todos
+concluyen en el hospital y en la abyección. De modo que piénselo usted.
+Por más que se devane los sesos, no podrá salir de este dilema.
+
+--¿De este qué?--Dilema; quiere decir que a fondo o a Flandes.
+
+--Yo quiero ser honrada--afirmó la joven con la mayor seriedad del
+mundo, atormentando más la punta del delantal.
+
+--¿Honrada?, me parece muy bien. Y dígame usted con toda franqueza:
+¿honrada comiendo o sin comer?
+
+Fortunata se sonrió un poco. Aquella sonrisa iluminó su pena un
+instante; pero pronto quedó su rostro envuelto otra vez en seriedad
+sombría, señal de la duda horrible que agitaba su alma.
+
+--Eso de la honradez es muy bonito--prosiguió Feijoo--. No hay nada que
+se diga tan fácilmente y que luego resulte más difícil en la práctica.
+Yo creo que usted ha querido decir honradez relativa...
+
+--No; yo quiero ser honrada a carta cabal, honrada, honrada.
+
+--¿Sin volver con su marido?
+
+--Sin volver con mi marido. Feijoo hizo con los labios, con los ojos,
+con todos los músculos de su cara un mohín muy humano y expresivo, signo
+perteneciente al lenguaje universal y a la mímica de todos los países,
+el cual quería decir:
+
+«Hija mía, no lo entiendo...».
+
+Ni Fortunata lo entendía tampoco, por lo cual estaba verdaderamente
+anonadada. Faltábale poco para echarse a llorar.
+
+«Vamos, vamos--dijo el coronel sacudiendo toda aquella argumentación
+capciosa, como se sacuden las moscas--; hablemos claro y seamos
+prácticos sin miedo a la situación verdadera. Las cosas son como son, no
+como deseamos que sean. ¡Qué más quisiéramos sino que usted pudiera ser
+tan honrada y pura como el sol! Pero _tarde piache_, como dijo el pájaro
+cuando se lo estaban comiendo. De lo que tratamos ahora es de que usted
+sea lo menos deshonrada posible. Porque me río yo de las virtudes que
+sólo están en el pico de la lengua. ¿Y el vivir y el comer?
+
+Usted, compañera, no tiene ahora más remedio que aceptar el amparo de un
+hombre. Sólo falta que la suerte le depare un buen hombre. ¿Se echará
+usted a buscarlo por ahí entre sus relaciones, o saldrá a pescar un
+desconocido por las calles, teatros y paseos? A ver... Dígolo porque si
+quiere usted ahorrarse ese trabajo, figúrese que aburrida ha salido por
+esos mundos, que ha echado el anzuelo, que le han picado, que tira para
+arriba, y que ¡oh, sorpresa!, me ha pescado a mí. Aquí me tiene usted
+fuera del agua dando coletazos de gusto por verme tan bien pescado. Soy
+algo viejo, pero sin vanidad creo que sirvo para todo, y por fuera y por
+dentro valgo más que la mayoría de los muchachos. No tengo nada que
+hacer, vivo de mis rentas, soy solo en el mundo, me doy buena vida y
+puedo dársela a quien me acomoda. Conque a decidirse. Modestia a un
+lado, dígole a usted que dificilillo le sería, en su situación,
+encontrar un acomodo mejor. Bien lo comprenderá cuando le pasen las
+tristezas, que ojalá sea pronto. Ahora no tiene la cabeza despejada. Y
+no vacilo en decirlo--agregó alzando la voz, como si se incomodara--. Le
+ha caído a usted la lotería, y no así un premio cualquiera, sino el
+gordo de Navidad».
+
+--Quiero ser honrada--repitió Fortunata sin mirarle, como los niños
+mimosos que insisten en decir la cosa fea por que les reprenden.
+
+--No seré yo quien le quite a usted eso de la cabeza--dijo el caballero
+sonriendo, sin dudar de su victoria--. Y bien podría ser que hubiera
+usted descubierto la cuadratura del círculo.
+
+--¿Qué dice?--Nada... También se me ocurre que dentro de mi proposición
+puede usted ser todo lo honrada que quiera. Mientras más, mejor... En
+fin, no quiero marearla a usted más, y la dejo sola para que piense en
+lo que le he dicho. Siga limpiando, trabaje, dé bofetadas a los muebles,
+fregotee hasta que le escuezan los dedos; mecánica, mucha mecánica, y
+mientras tanto, piense bien en esto, y mañana o pasado mañana... no hay
+prisa... vengo por la _rimpuesta_, como dice el payo...
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Como lo que debe suceder sucede, y no hay bromas con la realidad,
+las cosas vinieron y ocurrieron conforme a los deseos de D. Evaristo
+González Feijoo. Bien sabía él que no podía ser de otro modo, a menos
+que aquella mujer estuviese loca. ¿Qué salida tenía fuera de la
+propuesta por él? Ninguna. ¿Qué honradez era aquella que apetecía, no
+sabiendo trabajar, no queriendo volver con su marido y no teniendo
+malditas ganas de irse a un yermo a comer raíces? Moraleja: Lo que tenía
+que llegar, por la sucesión infalible de las necesidades humanas, llegó.
+«Y para que veas si sé yo hacer las cosas y me intereso por ti--le dijo
+un día D. Evaristo tuteándola ya--; me propongo evitar el escándalo por
+ti y por mí. Pondré singular cuidado en que ignore esto Juan Pablo
+Rubín, que fue quien me presentó a ti, en la calle, ¿te acuerdas?, y de
+ahí viene nuestro dichoso conocimiento. Estas relaciones las hemos de
+esconder y reservar hasta donde sea humanamente posible. Verás qué bien
+vamos a estar. Yo te enseñaré a ser práctica, y cuando pruebes el ser
+práctica, te ha de parecer mentira que hayas hecho en tu vida tantísimas
+tonterías contrarias a la ley de la realidad».
+
+Fortunata, preciso es decirlo, no estaba contenta, ni aun medianamente.
+Hallábase más bien resignada y se consolaba con la idea de que dentro de
+su desgracia no había solución mejor que aquella, y de que vale más caer
+sobre un montón de paja que sobre un montón de piedras. En los primeros
+días tuvo horas de melancolía intensísima, en las cuales su conciencia,
+confabulada con la memoria, le representaba de un modo vivo todas las
+maldades que cometiera en su vida, singularmente la de casarse y ser
+adúltera con pocas horas de diferencia. Pero de repente, sin saber cómo
+ni por qué, todo se le volvía del revés allá en las cavidades
+desconocidas de su espíritu, y la conciencia se le presentaba limpia,
+clara y firme. Juzgábase entonces sin culpa alguna, inocente de todo el
+mal causado, como el que obra a impulsos de un mandato extraño y
+superior. «Si yo no soy mala--pensaba--. ¿Qué tengo yo de malo aquí
+_entre mí_? Pues nada».
+
+Con estos diferentes estados de su espíritu se relacionaban ciertas
+intermitencias de manía religiosa. En las horas en que se sentía muy
+culpable, entrábale temor de los castigos temporales y eternos.
+Acordábase de cuanto le enseñaron D. León y las Micaelas, y volvían a su
+mente las impresiones de la vida del convento con frescura y claridad
+pasmosas. Cuando le daba por ahí, iba a misa, y aun se le ocurría
+confesarse; pero de pronto le entraba miedo y lo dejaba para más
+adelante. Luego venía la contraria, o sea el sentimiento de su
+inculpabilidad, como una reversión mecánica del estado anterior, y todas
+las somnolencias y aprensiones místicas huían de su mente. Se pasaba
+entonces dos o tres días en completa tranquilidad, sin rezar más que los
+Padrenuestros que por rutina le salían de entre dientes todas las
+mañanas. Su conciencia giraba sobre un pivote, presentándole, ya el lado
+blanco, ya el lado negro. A veces esta brusca revuelta dependía de una
+palabra, de una idea caprichosa que pasaba volando por su espíritu, como
+pasa un pájaro fugaz por la inmensidad del Cielo. Entre creerse un
+monstruo de maldad o un ser inocente y desgraciado, mediaban a veces el
+lapso de tiempo más breve o el accidente más sencillo; que se
+desprendiese una hoja del tallo ya marchito de una planta cayendo sin
+ruido sobre la alfombra; que cantase el canario del vecino o que pasara
+un coche cualquiera por la calle, haciendo mucho ruido.
+
+Estaba muy agradecida al señor de Feijoo, que se portaba con ella como
+un caballero, y no tenía nada de quisquilloso, ni las impertinencias que
+suelen gastar los hombres. El primer día le leyó la cartilla, que era
+muy breve: «Mira, yo te dejo en absoluta libertad. Puedes salir y entrar
+a la hora que quieras, y hacer lo que te dé tu real gana. No soy
+partidario del sistema preventivo. Quiero que seas leal conmigo, como yo
+lo soy contigo. En cuanto te canses avisas... Aquí no me entres a ningún
+hombre, porque si algún día descubro gatuperio, me marcho tan calladito
+y no me vuelves a ver... Lo mismo haré si lo descubro fuera. Si te
+portas bien, no dejaré de protegerte, ni aun en el caso de que me fuera
+preciso dejarte».
+
+Lo que propiamente llamamos amor, la verdad, Fortunata no lo sentía por
+su amigo; pero sí le tenía respeto, y el cariño apacible a que era
+acreedor por su hidalgo comportamiento. Teníale ella por la persona más
+decente que había tratado en su vida. ¡Y cuánto sabía! ¡Qué experiencia
+del mundo la suya, y con qué habilidad se las gobernaba! Para poner en
+ejecución aquel plan de reserva de que hablara al principio, mandole
+tomar un cuartito modesto. No por economía, pues bien podía él pagar una
+casa como la que Santa Cruz pagaba; era por recato. Lo de la honradez,
+que ella anhelaba ignorando el valor exacto de las palabras, no tenía
+sentido; pero ya que no fuese honrada, al menos pareciéralo, y esto iba
+ganando, que no era floja ganancia. Un cuartito modesto en un barrio
+apartado era ya señal de que al menos se evitaba el escándalo. A poco de
+instalada en su nuevo domicilio, D. Evaristo le compró una buena máquina
+de Singer, con lo que ella se entretenía mucho. La visita del protector
+era diaria, pero sin hora fija. Unas veces iba de tarde, otras de noche.
+Pero siempre se retiraba a su casa a dormir. Convenía que Fortunata
+tuviese una criada fiel, discreta y de cierta responsabilidad. Feijoo
+estuvo cosa de un mes buscándola y al fin pudo encontrarla.
+
+Si Fortunata, empezando por conformarse, acabó por sentirse bien, D.
+Evaristo estuvo desde luego muy a gusto en aquella vida. «Yo no soy
+celoso--le decía--, y aunque no pongo mi mano en el fuego por ninguna
+mujer, creo que no me faltarás, como no se descuelgue otra vez el
+danzante de marras. A este sí que le tengo miedo». Y ella declaraba con
+su sinceridad de siempre que, en efecto, le conservaba ley al maldito
+autor de sus desgracias... no lo podía remediar; pero que si la buscaba
+otra vez, ya sabría ella resistir y darle con toda la fuerza de su
+honradez en los hocicos, para que no volviera a ser pillo. Al oír esto,
+Feijoo se mostraba benévolamente incrédulo y decía: «Pidámosle a Dios
+que no te busque, por si acaso; que a Segura llevan preso».
+
+Vivían retiradamente, y no se presentaban juntos en ninguna parte. La
+calaverada de Feijoo no fue descubierta por sus amigos más sagaces;
+Fortunata no daba que hablar a nadie, y la familia de su marido creía
+que había desaparecido de Madrid. Con este sistema de cautela y recato,
+les iba tan bien que D. Evaristo no cesaba de congratularse. «¿Ves,
+chulita, cómo de este modo estamos en el Paraíso? Así se consiguen dos
+cosas, la tranquilidad dentro, el decoro fuera. ¿Qué necesidad tengo yo
+de que me llamen _viejo verde_? Y tú, ¿por qué has de andar en lenguas
+de la gente? Aquí tienes lo que yo te quería enseñar, ser persona
+práctica. Al mundo hay que tratarlo siempre con muchísimo respeto. Yo
+bien sé que lo mejor es que uno sea un santo; pero como esto es
+dificilillo, hay que tener formalidad y no dar nunca malos ejemplos.
+Fíjate bien en esto; la dignidad siempre por delante, compañera».
+
+Hablando de esto, se animaba llegando hasta la elocuencia. «Porque mira
+tú, chulita, no predico yo la hipocresía. En cierta clase de faltas, la
+dignidad consiste en no cometerlas. No transijo, pues, con nada que sea
+apropiarse lo ajeno, ni con mentiras que dañan al honor del prójimo, ni
+con nada que sea vil y cobarde; tampoco transijo con menospreciar la
+disciplina militar: en esto soy muy severo; pero en todo aquello que se
+relaciona con el amor, la dignidad consiste en guardar el decoro...
+porque no me entra ni me ha entrado nunca en la cabeza que sea pecado,
+ni delito, ni siquiera falta, ningún hecho derivado del amor verdadero.
+Por eso no me he querido casar... Claro, es preciso contener algo a la
+gente y asustar a los viciosos; por eso se hicieron diez mandamientos en
+vez de ocho, que son los legítimos; los otros dos no me entran a mí.
+¡Ah!, chulita, dirás que yo tengo la moral muy rara. La verdad, si me
+dicen que Fulano hizo un robo, o que mató o calumnió o armó cualquier
+gatería, me indigno, y si le cogiera, créelo, le ahogaría; pero vienen y
+me cuentan que tal mujer le faltó a su marido, que tal niña se fugó de
+la casa paterna con el novio, y me quedo tan fresco. Verdad que por el
+decoro debido a la sociedad, hago que me espanto, y digo: «¡Qué
+barbaridad, hombre, qué barbaridad!». Pero en mi interior me río y digo:
+«ande el mundo y crezca la especie, que para eso estamos...».
+
+Todo esto le pareció a Fortunata muy peregrino cuando lo oyó por primera
+vez; pero a la segunda, encontrolo conforme con algo que ella había
+pensado. ¿Pero no sería un disparate? Porque era imposible que ella y
+Feijoo tuviesen razón contra el mundo entero.
+
+«Conque ya sabes--añadió el coronel--; el día en que se te antoje
+faltarme, me lo dices. Yo no creo en las fidelidades absolutas. Yo soy
+indulgente, soy hombre, en una palabra, y sé que decir _humanidad_ es lo
+mismo que decir _debilidad_... Pues vienes y me lo cuentas a mí, en mis
+barbas; nada de tapujos... ¿Creerás que voy a venir con un revólver para
+pegarte un tirito y pegarme yo otro?... ¡Valiente asno sería si lo
+hiciera! No. En nombre de la humanidad y de la especie te miraré con
+benevolencia... Cierto que me ha de escocer algo. Pero cogeré mi
+sombrero y me marcharé de tu casa, sin que eso quiera decir que te
+abandone, pues lo que haré será jubilarte, señalándote media paga».
+
+--¡Pero qué hombre más raro, y qué manera de querer!--pensaba Fortunata.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Aquel día comieron juntos; expansión que D. Evaristo se permitía
+algunas veces. Dijo ella que sabía _poner unas judías_ estofadas a
+estilo de taberna, que era lo que había que comer.
+
+Quiso Feijoo probar también aquel plato, porque le gustaban algunas
+comidas españolas. Fortunata tenía una despensa admirablemente provista,
+y en ropa y trapos gastaba muy poco. Él era tan listo y tan práctico,
+que supo sin esfuerzo hacerle disminuir el inútil y ruinoso renglón de
+las modas. En la cuestión de _bucólica_, sí que no le ponía tasa, y le
+recomendaba que trajese siempre lo mejor y más adecuado a cada estación.
+Pero ella no necesitaba que su señor le hiciera estas advertencias,
+porque, madrileña neta y de la Cava de San Miguel nada menos, sabía lo
+que se debe comer en cada época. No era glotona; pero sí inteligente en
+víveres y en todo lo que concierne a la bien provista plaza de Madrid.
+
+Y la verdad era que con aquella vida tranquila y sosegada, eminentemente
+práctica, se iba poniendo tan lucida de carnes, tan guapa y hermosota
+que daba gloria verla. Siempre tuvo la de Rubín buena salud; pero nunca,
+como en aquella temporada, vio desarrollarse la existencia material con
+tanta plenitud y lozanía. Feijoo, al contemplarla, no podía por menos de
+sentirse descorazonado. «Cada día más guapa--pensaba--, y yo cada día
+más viejo». Y ella, cuando se miraba al espejo, no se resistía a la
+admiración de su propia imagen. Algunos días le pasaba por bajo del
+entrecejo la observación aquella de otros tiempos: «¡Si me viera
+ahora...!».
+
+Pero al punto trataba de alejar estas ideas, que no le traían más que
+tristezas y cavilaciones.
+
+Vivía en la calle de Tabernillas (Puerta de Moros), que para los
+madrileños del centro es _donde Cristo dio las tres voces y no le
+oyeron_. Es aquel barrio tan apartado, que parece _un pueblo_.
+Comunícase, de una parte con San Andrés, y de otra con el Rosario y la
+V.O.T. El vecindario es en su mayoría pacífico y modestamente acomodado;
+asentadores, placeros, trajineros. Empleados no se encuentran allí, por
+estar aquel caserío lejos de toda oficina. Es el arrabal alegre y bien
+asoleado, y corriéndose al Portillo de Gilimón, se ve la vega del
+Manzanares, y la Sierra, San Isidro y la Casa de Campo. Hacia los
+taludes del Rosario la vecindad no es muy distinguida, ni las vistas muy
+buenas, por caer contra aquella parte las prisiones militares y
+encontrarse a cada paso mujeres sueltas y soldados que se quieren
+soltar. Al fin de la calle del Águila también desmerece mucho el
+vecindario, pues en la explanada de Gilimón, inundada de sol a todas las
+horas del día, suelen verse cuadros dignos del Potro de Córdoba y del
+Albaicín de Granada. Por la calle de la Solana, donde habita tanta
+pobretería, iba Fortunata a misa a la Paloma, y se pasmaba de no
+encontrar nunca en su camino ninguna cara conocida. Ciertamente, cuando
+un habitante del centro o del Norte de la Villa visita aquellos barrios,
+ni las casas ni los rostros le resultan Madrid. En un mes no pasó
+Fortunata más acá de Puerta de Moros, y una vez que lo hizo, detúvose en
+Puerta Cerrada. Al sentir el mugido de la respiración de la capital en
+sus senos centrales, volviose asustada a su pacífica y silenciosa calle
+de Tabernillas.
+
+Don Evaristo vivía, desde que obtuvo el retiro, en el segundo piso de un
+caserón aristocrático de la calle de Don Pedro. Era uno de esos palacios
+grandones y sin arquitectura, construidos por la nobleza. En el
+principal había una embajada, y cuando en ella se celebraba sarao,
+decoraban la escalera con tiestos y le ponían alfombra. Habíase
+acostumbrado Feijoo a la amplitud desnuda de sus habitaciones, a las
+grandes vidrieras, a la altura de techos, y no podía vivir en _estas
+casas de cartón_ del Madrid moderno. Su domicilio tenía algo de
+convento, y su vecino en el segundo de la izquierda era un arqueólogo,
+poseedor de colecciones maravillosas. En toda la casa no se oía ni el
+ruido de una mosca, pues el Ministro Plenipotenciario del principal era
+hombre solo, y fuera de las noches de recepción, que eran muy contadas,
+creeríase que allí no vivía nada.
+
+Por la solitaria calle de las Aguas se comunicaba brevemente Feijoo con
+su ídolo. No me vuelvo atrás de lo que esta expresión indica, pues el
+buen señor llegó a sentir por su protegida un amor entrañable, no todo
+compuesto de fiebre de amante, sino también de un cierto cariño
+paternal, que cada día se determinaba más. «¡Qué lástima,
+compañero!--pensaba--, que no tengas veinte años menos... De veras que
+es una lástima. ¡Si a esta la cojo yo antes...! Así como otros
+estropearon con sus manos inhábiles esta preciosísima _individua_, yo le
+hubiera dado una configuración admirable. ¡Qué española es, y qué chocho
+me estoy volviendo!».
+
+Al mes, ya Feijoo no podía vivir sin aumentar indefinidamente las horas
+que al lado de ella pasaba. Muchos días comían o almorzaban juntos, y
+como ambos amantes habían convenido en enaltecer y restaurar
+prácticamente la hispana cocina, hacía la _individua_ unos guisotes y
+fritangas, cuyo olor llegaba más allá de San Francisco el Grande. De
+sobremesa, si no jugaban al tute, el buen señor le contaba a su querida
+aventuras y pasos estupendos de su dramática vida militar. Había estado
+en Cuba en tiempo de la expedición de Narciso López, y trabajó mucho en
+la persecución y captura del famoso insurgente. Fortunata le oía
+embelesada, puestos los codos sobre la mesa, la cara sostenida en las
+manos, los ojos clavados en el narrador, quien bajo la influencia de la
+atención ingenua de su amada, se sentía más elocuente, con la memoria
+más fresca y las ideas más claras. «Tú no puedes hacerte cargo de
+aquellas noches de luna en Cuba, de aquella bóveda de plata
+resplandeciente, de aquellos manglares que son jardines en medio de los
+espejos de la mar... Pues aquella noche de que te hablo, estábamos
+acechando junto a un río, porque sabíamos que por allí habían de pasar
+los insurgentes. Oímos un chapoteo en el agua; creímos que era un caimán
+que se escurría entre las cañas bravas. De repente, pim... un tiro.
+¡Ellos!... Al instante toda nuestra gente se echa los fusiles a la cara.
+Ta-ra-ra-trap... Un negrazo salta sobre mí, y zas, le meto el machete
+por el ombligo y se lo saco por el lomo... No me he visto en otra,
+hija».
+
+También había estado en la expedición a Roma el 48. ¡Oh, Roma! Aquello
+sí que era cosa grande. ¡Qué bonito aquel paso de Pío IX bendiciendo a
+las tropas! Y la conversación rodaba, sin saber cómo, de la bendición
+papal a los amoríos del narrador. En esto era la de no acabar, y de la
+cuenta total salían a siete aventuras por año, con la particularidad de
+que eran en las cinco partes del mundo, porque Feijoo, que también había
+estado en Filipinas, tuvo algo que ver con chinas, javanesas y hasta con
+joloanas. Una salvaje le había trastornado el seso, demostrando que en
+las islas de la Polinesia se dan casos de coquetería no menos refinada
+que la de los salones europeos. «¡Ay, qué bueno!--exclamaba Fortunata
+riendo con toda su alma, al oír ciertos lances--. ¡Si eso parece de
+acá...! ¡Pero qué lista...! ¿Has visto? ¡Y luego dicen...!».
+
+De europeas no había que hablar. Contó el ex-coronel aventuras con
+solteras y casadas, que a su amiga le parecían mentira, y no las habría
+creído si no las oyera de labios de persona tan verídica y formal.
+--«¿Pero has visto? Si eso se dice, no se cree... Y si lo escriben,
+pensarán que es fábula mal inventada. ¡Qué cosas hacen las mujeres! Bien
+dicen que somos el Demonio».
+
+Debo advertir que nada refería Feijoo que no fuese verdad, porque ni
+siquiera recargaba sus cuadros y retratos del natural. Lo mismo hacía
+Fortunata, cuando le tocaba a ella ser narradora, incitada por su
+protector a mostrar algún capítulo de la historia de su vida, que en
+corto tiempo ofrecía lances dignos de ser contados y aun escritos. No se
+hacía ella de rogar, y como tenía la virtud de la franqueza, y no
+apreciaba bien, por rudeza de paladar moral, la significación buena o
+mala de ciertos hechos, todo lo desembuchaba. A veces sentía D. Evaristo
+gran regocijo oyéndola, a veces verdadero terror; pero de todas estas
+sesiones salía al fin con impresiones de tristeza, y pensaba así: «Si
+hubiera caído antes en mis manos, si yo la hubiera cogido antes, todas
+esas ignominias se habrían evitado... ¡Qué lástima, compañero, qué
+lástima!... Y lo más raro es que después de tanto manosear hayan quedado
+intactas ciertas prendas, como la sinceridad, que al fin es algo y la
+constancia en el amor a uno solo...».
+
+Ambos evitaban que en sus conversaciones surgieran ciertos nombres; pero
+una noche se habló, no sé por qué, de Juanito Santa Cruz. «Anda--dijo
+Fortunata--, que ya se habrá cansado otra vez de la tonta de su mujer. A
+bien que ella se tomará la revancha...».
+
+--No lo creo...--Pues yo sí...--afirmó la prójima fingiendo
+convicción--. ¡Bah! No hay mujer casada que no peque... Ya saben tapar
+bien esas señoras ricas.
+
+--No me gusta, hija, que hables así de persona alguna y menos de esa. Yo
+me explico que no la quieras bien; pero observa que es inocente de las
+trastadas que te ha hecho su marido.
+
+Feijoo conocía a algunas personas de la familia de Santa Cruz. A Jacinta
+y a Juan no les había hablado nunca; pero sí a D. Baldomero y algo a
+Barbarita. Trataba al gordo Arnaiz, y a otros muy allegados a la
+familia, como el marqués de Casa-Muñoz y Villalonga; y el mismo Plácido
+Estupiñá no era un desconocido para él.
+
+«Es preciso que te acostumbres--prosiguió con cierta severidad--, a no
+hacer juicios temerarios, huyendo de cuanto pueda herir o lastimar a una
+familia respetable. Dobla la hoja y hazte cuenta de que esa gente se ha
+ido a Ultramar, o se ha muerto».
+
+--Te diré una cosa que ha de pasmarte--indicó Fortunata con la expresión
+grave que tomaba cuando hacía una declaración de extremada y casi
+increíble sinceridad--. Pues el día en que vi por primera vez a Jacinta,
+me gustó... sin que por gustarme dejara de aborrecerla. Una noche me
+acosté con el corazón tan requemado de celos, que me sentía capaz...
+hasta de matarla... mira tú.
+
+--¡Bah!, no digas tonterías... No me hace gracia que te pongas así...
+Eso de matar a la rival es hasta cursi...
+
+--Pero si no he acabado... déjame que te cuente lo mejor. La aborrezco y
+me agrada mirarla, quiere decirse, que me gustaría parecerme a ella, ser
+como ella, y que se me cambiara todo mi ser natural hasta volverme tal y
+como ella es.
+
+--Eso sí que no lo entiendo--dijo Feijoo cayendo en un mar de
+meditaciones--. Caprichos del corazón.
+
+Y al levantarse, apoyando las manos en los brazos del sillón, notó ¡ay!,
+que el cuerpo le pesaba más; pero mucho más que antes.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+No pararon aquí las observaciones referentes a su decaimiento
+físico. Una mañana, al levantarse, notó que la cabeza se le mareaba.
+Jamás había sentido cosa semejante. En la calle advirtió que para andar
+completamente derecho, necesitaba pensarlo y proponérselo. Pasando junto
+a la carcomida puerta del convento de la Latina, no pudo menos que
+mirarse en ella como en un espejo. Se vio allí bien claro, cual vestigio
+honroso conservado sólo por indulgencia del tiempo. «Todo envejece
+--pensó--, y cuando las piedras se gastan, ¡cómo no ha de gastarse el
+cuerpo del hombre!».
+
+Y los síntomas de decadencia aumentaban con rapidez aterradora. Dos días
+después notó Feijoo que no oía bien. El sonido se le escapaba, como si
+el mundo todo con su bulla y las palabras de los hombres se hubieran ido
+más lejos. Fortunata tenía que gritar para que él se enterase de lo que
+decía. A lo penoso de esta situación uníase lo que tiene de ridículo.
+Verdad que aún andaba al paso de costumbre; pero el cansancio era mayor
+que antes, y cuando subía escaleras, el aliento le faltaba. Mirábase al
+espejo por las mañanas, y en aquella consulta infalible notaba fláccidas
+y amarillentas sus mejillas, antes lozanas; la frente se apergaminaba, y
+tenía los ojos enrojecidos y llorones. Al ponerse las botas, la rodilla
+derecha le dolía como si le metieran por la choquezuela una aguja
+caliente, y siempre que se inclinaba, un músculo de la espalda, cuyo
+nombre no sabía él, producíale molestia lacerante, que fuera terrible si
+no pasara pronto... «¡Qué bajón tan grande, compañero--se decía--, pero
+qué bajón! Y esto va a escape. Ya se ve. La locurilla me ha cogido ya
+con los huesos duros y con muchas Navidades encima... Pero francamente,
+este bajoncito no me lo esperaba yo todavía...».
+
+Esto le ocasionó grandes tristezas que al principio trataba de disimular
+delante de su querida; pero una tarde que estaban sentados junto al
+balcón, se le abatieron tanto los espíritus que no pudo contener su pena
+y la confió a su amiga: «Chulita, habrás notado que yo... pues... habrás
+visto que mi salud no es buena. Y entre paréntesis, ¿qué edad me echas
+tú?».
+
+--Sesenta--dijo ella seriamente con la reserva mental de que se quedaba
+algo corta.
+
+--Hace unos días que he entrado en lo sesenta y nueve... Dentro de nada
+setenta... ¿Sabes que de quince días a esta parte me parece que he
+envejecido de golpe y porrazo veinte años? Yo me conservaba en mis
+apariencias y en mis bríos de cincuenta, cuando de improviso la
+naturaleza ha dicho: «¡Que me voy... que no puedo más...!».
+
+Fortunata había notado el bajón; pero, como es natural, no hablaba de
+semejante cosa.
+
+«Lo que más me carga--dijo D. Evaristo con rabia, dando un puñetazo en
+el brazo del sillón--, es que la vista... Yo siempre he tenido una vista
+como un lince. Figúrate que en la Habana veía, desde el castillo de
+Atarés, las señales del vigía del Morro, distinguiendo perfectamente los
+colores de las banderas. Pues desde ayer noto no sé qué. Algunos objetos
+se me oscurecen completamente, y cuando me da el sol, me pican los
+ojos... Desde mañana pienso usar gafas verdes. Estaré bonito. En cuanto
+al oído, ya te habrás enterado. Hace días era el izquierdo, ahora es el
+derecho; he ascendido: era teniente y soy ya capitán. Te aseguro que
+estoy divertido. Pero es insigne majadería rebelarse contra la
+naturaleza. Tiene ella sus fueros, y el que los desconoce, lo paga. Yo
+he sido en esto poco práctico, siéndolo tanto en otras cosas; pero ya
+que se me olvidaron los papeles en el caso este de hacer el pollo a los
+sesenta y nueve años, voy a recogerlos para prevenir las malas
+consecuencias. Ahora es preciso que me ocupe más de ti que de mí. Yo,
+poco puedo durar...».
+
+--No... ¡qué tontuna!--dijo Fortunata, aquella vez más piadosa que
+sincera.
+
+--A mí no me vengas tú con zalamerías. Por mucho que tire... pon que
+tire un año, dos; eso si no me quedo el mejor día hecho un monigote y en
+tal estado que tengas tú que sonarme y ponerme la cuchara en la boca. De
+todas maneras, ya tengo poca cuerda, chulita de mi alma, y tengo que
+pensar mucho en ti, que la tienes todavía para rato, pues ahora estás en
+la flor de tus años y en lo mejor de tu hermosura.
+
+Y otro día, subiendo la escalera, notaba que casi la subía más con los
+brazos que con las piernas, pues tenía que ampararse del pasamanos,
+haciendo mucha fuerza en él. «Esto va por la posta. Si me descuido, no
+tengo tiempo ni de dejar a esta infeliz bien defendida de los pillos y
+de las propias debilidades de su carácter. ¡Pobre chulita! Hay que mirar
+mucho cómo la dejo, porque esta al son que la tocan baila. Lo que se me
+ha ocurrido para asegurarla contra incendios, es decir, contra los
+_rasgos_ de todas clases, quizás no le guste; de fijo que no le gustará.
+Pero ya irá comprendiendo que no hay otro camino... ¡Ay de mí, que aún
+me falta un tramo! Dios nos asista. ¡Quién me había de decir a mí...!».
+
+Al entrar en la casa, pasó insensiblemente del soliloquio al discurso,
+dando voz a sus meditaciones. «¡Quién me había de decir a mí que
+llegaría a ocuparme de que existan boticas en el mundo! Yo que jamás
+caté píldora, ni pastilla, ni glóbulo, tengo mi alcoba llena de
+potingues; y si fuera a hacer todo lo que el médico me dice, no duraría
+tres días. ¡Y quién me había de decir a mí que le haría ascos a la
+comida, yo que jamás le he preguntado a ningún plato por sus
+intenciones! El estómago se me quiere jubilar antes que lo demás del
+cuerpo, y ya debes suponer que faltando el jefe de la oficina... En fin,
+qué le hemos de hacer».
+
+Al llegar aquí, D. Evaristo tenía que alzar mucho la voz para hacerse
+oír, porque en la calle se situó un pianito de manubrio, tocando polkas
+y walses. Las del tercero, que eran las amas o sobrinas del ecónomo de
+San Andrés, que allí vivía, se pusieron a bailar, y al poco rato
+hicieron lo propio de los del segundo de la derecha. En el principal y
+segundo de la casa de enfrente armose igual jaleo, y como los chicos
+alborotaban tanto en la calle, la gritería era espantosa y D. Evaristo y
+su amiga tuvieron que callarse, mirándose y riendo.
+
+«Pues sobre que estoy sordo--dijo el simpático viejo--, la vecindad no
+nos deja oírnos. Callémonos, que tiempo hay de hablar».
+
+Fijó sus tristes miradas en el suelo y Fortunata, con los brazos
+cruzados, mirábale atenta, contemplando los estragos de la degeneración
+senil en su fisonomía, mientras se alejaban y extinguían en la calle los
+picantes ritmos del baile. La tarde caía; pronto iba a ser de noche, y
+como Feijoo tenía horror a la oscuridad, su amiga encendió luz, que puso
+en la mesa de camilla, y cerró después las maderas.
+
+«¿En dónde has estado hoy?» le preguntó D. Evaristo, que casi todas las
+noches le hacía la misma pregunta, no por fiscalizar sus actos, sino
+porque de aquella interrogación salía casi siempre una plática
+agradable.
+
+--Pues hoy al mediodía subí a casa de las del cura--dijo ella sonriendo
+y pasándole el brazo por encima de los hombros--. Son dos sobrinas o qué
+sé yo qué, guapillas, y se parecen aunque no son hermanas. Ayer
+estuvieron aquí y me dijeron si les quería pespuntar y dobladillar unas
+tiras para tableado de vestidos. Se componen mucho y tienen arriba la
+mar de figurines. Están haciendo dos trajes, y si vieras... no pude por
+menos de reírme; porque del terciopelo que les sobra hacen trajes para
+Niños Jesús y para Vírgenes. Todo lo aprovechan, y hasta una hebilla de
+sombrero que no puedan gastar, se la plantan a cualquier santo en la
+cintura.
+
+Había hecho Fortunata algunas relaciones en la vecindad más próxima. Se
+visitaba con los inquilinos de la casa, y con alguna familia de la
+inmediata, gente muy llana, muy neta; como que a todas las visitas iba
+la prójima con mantón y pañuelo a la cabeza. En el tiempo que duró
+aquella cómoda vida volvieron a determinarse en ella las primitivas
+maneras, que había perdido con el roce de otra gente de más afinadas
+costumbres. El ademán de llevarse las manos a la cintura en toda ocasión
+volvió a ser dominante en ella, y el hablar arrastrado, dejoso y
+prolongando ciertas vocales, reverdeció en su boca, como reverdece el
+idioma nativo en la de aquel que vuelve a la patria tras larga ausencia.
+La gente más fina de aquella vecindad, o la que más procuraba serlo, era
+la familia del cura, y estas dos sobrinas eclesiásticas se esforzaban en
+hacer contrastar su lenguaje atildado con el de su hermosa vecina.
+
+«Pero ¿no sabes, _hijo_, lo que me han dicho hoy?--prosiguió Fortunata
+conteniendo la risa--. ¡Ay qué gracia!... Te lo contaré para que te
+rías. La mayor, que es la más estirada, levantó las cejas, y mirándome
+como con lástima, y echando aquella voz tan fina, pero tan fina que
+parece que se la han hecho las arañas, fue y me dijo, dice: '¿Pero ese
+señor, no se casa con usted?'. Por poco suelto el trapo... Yo le
+contesté 'puede' y siguió con el sermón. Para que me dejara en paz le
+dije al fin que sí, que nos íbamos a casar, que ya estábamos sacando los
+papeles y que pronto se echarían las proclamas».
+
+--Bien contestado... ¡Qué ganas de meterse en lo que no les importa!
+
+--Y ahora te pregunto yo--dijo Fortunata más cariñosa, pero bastante más
+seria--. Si yo fuera soltera, ¿te casarías conmigo?
+
+--Sobre eso ya sabes cuáles son mis ideas--replicó él de buen humor--.
+¿Crees que han variado desde que estoy enfermo, y que los hombres
+piensan de un modo cuando tienen el estómago como un reloj, y de otro
+cuando la maquina principia a descomponerse? Algo de esto pasa, chulita,
+y una cosa es hablar desde la altura de una salud perfecta y otra al
+borde del hoyo... Pero en esto del matrimonio te aseguro que no han
+variado mis ideas. Sigo creyendo que el casarse es estúpido, y me iré
+para el otro barrio sin apearme de esto. ¡Qué quieres! Yo he visto mucho
+mundo... A mí no me la da nadie. Sé que es condición precisa del amor la
+no duración, y que todos los que se comprometen a adorarse mientras
+vivan, el noventa por ciento, créetelo, a los dos años se consideran
+prisioneros el uno del otro, y darían algo por soltar el grillete. Lo
+que llaman infidelidad no es más que el fuero de la naturaleza que
+quiere imponerse contra el despotismo social, y por eso verás que soy
+tan indulgente con los y las que se pronuncian.
+
+Por aquí siguió en su ingenioso tema; pero Fortunata no entendía bien
+estas teorías, sin duda por el lenguaje que empleaba su amigo. A poco de
+esto se puso ella a cenar. Feijoo no tomaba más que un huevo pasado y
+después chocolate, porque su estómago no le permitía ya las cenas
+pesadas. Pero en su frugal colación gozaba viendo comer a su protegida,
+cuyo apetito era una bendición de Dios.
+
+«Hija, tienes un apetito modelo. Te estoy mirando, y al paso que te
+envidio, me felicito de verte tan bien agarrada a la vida. Así, así me
+gusta... No te dé vergüenza de comer bien, y puesto que lo hay, aplícate
+todo lo que puedas, que día vendrá... ojalá que no. Ya ves qué
+contraste; yo voy para abajo, tú para arriba. ¡Cuando digo que tienes lo
+mejor de la vida por delante...! Y buena tonta serás si no engordas todo
+lo que puedas, y te pones las carnes aún más duras y apretadas si es
+posible. Figúrate si con esas tragaderas estarás bien dispuesta para el
+amor».
+
+Después de esto y mientras Fortunata se comía una cantidad inapreciable
+de pasas y almendras, cogiéndolas del plato una a una y llevándoselas a
+la boca sin mirarlas, el bondadoso anciano siguió sus habladurías con
+cierto desconcierto, y como desvariando. A ratos parecía incomodado, y
+expresándose cual si refutara opiniones que acabara de oír, daba
+palmetazos en los brazos del sillón:
+
+«Si siempre he sostenido lo mismo, si no es de ahora esta opinión. El
+amor es la reclamación de la especie que quiere perpetuarse, y al
+estímulo de esta necesidad tan conservadora como el comer, los sexos se
+buscan y las uniones se verifican por elección fatal, superior y extraña
+a todos los artificios de la Sociedad. Míranse un hombre y una mujer.
+¿Qué es? La exigencia de la especie que pide un nuevo ser, y este nuevo
+ser reclama de sus probables padres que le den vida. Todo lo demás es
+música; fatuidad y palabrería de los que han querido hacer una Sociedad
+en sus gabinetes, fuera de las bases inmortales de la Naturaleza. ¡Si
+esto es claro como el agua! Por eso me río yo de ciertas leyes y de todo
+el código penal social del amor, que es un fárrago de tonterías
+inventadas por los feos, los mamarrachos y los sabios estúpidos que
+jamás han obtenido de una hembra el más ligero favorcito».
+
+Fortunata le miraba con sorpresa mezclada de temor, el codo en la mesa,
+derecho el busto, en una actitud airosa y elegante, llevando
+pausadamente del plato a la boca, ahora una pasita, ahora una
+almendrita. Feijoo le cogió la barbilla entre sus dedos, diciéndole con
+cariño: «¿Verdad, chulita, que tengo razón? ¿Verdad que sí?... ¡Ay, qué
+será de ti, chulita, cuando yo me muera!... ¿Y en lo que me queda de
+vida, si esta se prolonga y voy más para abajo todavía...? Hay que
+preverlo todo, compañera. ¡Me ha entrado un desasosiego...! ¡Qué gruesa
+estás y qué hermosota, y yo... yo... concluido, absolutamente concluido!
+Soy un reloj que tocó su última campanada, y aunque anda un poco
+todavía, ya no da la hora».
+
+--No--murmuró ella frotándole el pecho con su cabeza--, no... Todavía...
+
+--¡Ay, qué ilusión! Yo acabé. El estómago me pide el retiro. Hay algo en
+mí que ha hecho dimisión; pero dimisión irrevocable; efectividad
+concluida, funciones que pasaron a la historia. Es preciso prevenir...
+mirar por ti, asegurarte contra la tontería.
+
+Fortunata se reía, y para calmarle aquel desasosiego que sus
+estrafalarios pensamientos y aprensiones le causaban, prodigole aquella
+noche, hasta que se separaron, los cariños y cuidados de una hija
+amantísima con el mejor de los padres.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Al siguiente día, Feijoo le dijo al entrar: «Hoy es la primera vez
+que he tenido que tomar un coche desde la Plaza Mayor aquí. Hasta ahora
+las piernas se han defendido; estas piernas que han hecho marchas de
+seis leguas en una noche... Tengo el simón a la puerta. Vente conmigo y
+vamos a dar una vuelta por las rondas del Sur». Fortunata no pensaba más
+que en complacerle, y accedió con algún recelo, pues siempre que
+paseaban juntos, aunque fuera por sitios apartados, temía encontrarse a
+Maximiliano o a doña Lupe a la vuelta de una esquina. Esta idea le hacía
+temblar.
+
+Pasearon un buen ratito, sin que tuvieran ningún encuentro desagradable.
+Dos días después, don Evaristo no fue a verla, y en su lugar llegó el
+criado con una breve esquelita, llamándola. El señor había pasado muy
+mala noche, y el médico le había ordenado que se quedase en la cama.
+Corrió allá Fortunata muy afligida, y le vio incorporado en el lecho,
+afectando tranquilidad y alegría. «No es nada de particular--le dijo,
+haciéndola sentar a su lado--. El médico se empeña en que no salga. Pero
+no estoy mal; casi casi estoy mejor que los días pasados. Sólo que como
+no tengo costumbre de encamarme... Desde que pasé la fiebre amarilla en
+Cuba hace cuarenta años, no sabía yo lo que son sábanas a las cuatro de
+la tarde. ¡Qué ganas tenía de verte! Anoche me entró como una
+angustia... Creí que me moría sin dejarte arreglada una vida práctica,
+esencialmente práctica. Por lo que pueda tronar, te voy a decir lo que
+desde hace días tengo pensado. Verás qué plan. Al principio puede que te
+escueza un poco; pero... no hay otro remedio, no hay otro remedio».
+
+Inclinose del lado en que la joven estaba, para poner su boca lo más
+cerca posible del oído de ella, y le disparó cara a cara estas palabras:
+
+«Resultado de lo mucho que cavilo por ti. Es preciso que te vuelvas a
+unir a tu marido».
+
+Contra lo que el simpático viejo esperaba Fortunata no hizo aspavientos
+de sorpresa.
+
+Puso, sí, una carita muy monamente apenada, y alzando la voz, dijo:
+
+«Pero eso, ¿cabe en lo posible?».
+
+--No necesitas alzar mucho la voz. Hoy estoy mucho mejor de la sordera.
+Por este oído izquierdo me entra todo perfectamente, y no sale por el
+otro... ¿Dices que si cabe en lo posible? De eso se trata; de hacerle
+hueco. Ya he tanteado el terreno. Esta mañana estuvo Juan Pablo a verme
+y le eché una chinita. Has de saber que anteayer me encontré a doña Lupe
+en la calle y le arrojé otra chinita.
+
+--¿Ellos saben...?--preguntó la señora de Rubín con los labios muy
+secos.
+
+--¿Esto?... Creo que no. Quizás lo sospechen; pero oficialmente no saben
+nada.
+
+--¡Ay!, no me podías decir nada--manifestó la joven dándose un
+lengüetazo en los labios, que se le secaban más todavía--, nada que me
+fuera más antipático, más...
+
+--Yo lo comprendo...--Si tú no te has de morir--dijo Fortunata
+irguiéndose con brío, en son de protesta--. ¡Si te pondrás bueno...!
+
+Feijoo había cerrado los ojos, y se sonreía en las tinieblas de su
+meditación. La chulita callaba mirándole. Con aquella sonrisa, que
+parecía la que les queda a algunas caras después que se han muerto,
+contestaba D. Evaristo mejor que con palabras.
+
+«¿Y a Nicolás le has echado otra chinita?» preguntó ella después de una
+pausa, queriendo alegrar conversación tan lúgubre.
+
+--No, porque no le he visto. Es el más bruto de los tres. Tú créeme; si
+ganamos a doña Lupe, todos los demás bajarán la cabeza, incluso tu
+marido. Doña Lupe es la que manda allí, y peor para ellos si no mandara.
+
+--¡Oh!, yo dudo mucho que quieran... Les jugué una partida muy
+serrana--afirmó ella, gozosa de encontrar un argumento contra aquel plan
+tan contrario a su gusto--, pero muy serrana. Lo que yo hice es de eso
+que no se perdona.
+
+--Todo se perdona, hija, todo, todo--dijo el enfermo con indulgencia
+empapada en escepticismo--. Por muy grande que nos figuremos la masa de
+olvido derramado en la sociedad como elemento reparador, esa masa supera
+todavía a todos nuestros cálculos. El bien y la gratitud son limitados;
+siempre los encontramos cortos. El olvido es infinito. De él se deriva
+el _vuelva a empezar_, sin el cual el mundo se acabaría.
+
+--¡Oh!, no, no es posible... No tienen vergüenza si me perdonan.
+
+--Eso, allá ellos... Lo que me importa a mí es que tú quedes en una
+situación correcta y sobre todo... práctica. Tienes tú en ti misma poca
+defensa contra los peligros que a la vida ofrece continuadamente el
+entusiasmo. Si te dejo sola, aunque te asegure la subsistencia, te
+arrastrarán otra vez las pasiones y volverás a la vida mala. Necesita mi
+niña un freno, y ese freno, que es la legalidad, no le será molesto si
+lo sabe llevar... si sigue los consejos que voy a darle. Tonta,
+tontaina, si todo en este mundo depende del modo, del estilo... Nada es
+bueno ni malo por sí. ¿Me entiendes? Ojo al corazón es lo primero que te
+digo. No permitas que te domine. Eso de echar todo por la ventana en
+cuanto el señor corazón se atufa, es un disparate que se paga caro. Hay
+que dar al corazón sus miajitas de carne; es fiera y las hambres largas
+le ponen furioso; pero también hay que dar a la fiera de la sociedad la
+parte que le corresponde, para que no alborote. Si no, lo echas todo a
+rodar, y no hay vida posible. A ti te asusta el hacer vida común con tu
+marido porque no le quieres...
+
+--Ni tanto así; no le quiero, ni es posible que le quiera nunca, nunca,
+nunca.
+
+--Corriente. Pues todo se arreglará, hija, todo se arreglará... No te
+apures ni pongas esa cara tan afligida. Hablaremos despacio. Por hoy no
+quiero calentarte la cabeza, ni calentármela yo, que bastante he
+charlado ya, y empiezo a sentirme mal. Está la cosa aprobada en
+principio... en principio.
+
+Quedose dormido el buen señor, que por haber pasado muy mala noche,
+tenía sueño atrasado, y Fortunata permaneció a su lado sin chistar ni
+moverse por no turbar su descanso. Examinaba la habitación y habría
+deseado poder escudriñar la casa toda. De lo que en la alcoba observó,
+hubo de sacar el conocimiento de que la casa estaba muy bien puesta. D.
+Evaristo, que tan práctico quería ser en la vida social, debía de serlo
+más en la doméstica, y, conforme a sus ideas, lo primero que tiene que
+hacer el hombre en este valle de inquietudes es buscarse un buen agujero
+donde morar, y labrar en él un perfecto molde de su carácter. Soltero y
+con fortuna suficiente para quien no tiene mujer ni chiquillos ni
+familia próxima, Feijoo vivía en dichosa soledad, bien servido por
+criados fieles, dueño absoluto de su casa y de su tiempo, no privándose
+de nada que le gustase, y teniendo todos los deseos cumplidos en el filo
+mismo de su santísima voluntad. Más que por el lujo, despuntaba la casa
+por la comodidad y el aseo. Gobernábala una tal doña Paca, gallega, que
+tuvo casa de huéspedes distinguidos y recomendados, en la cual vivió
+Feijoo mucho tiempo, y completaban la servidumbre una cocinera bastante
+buena y un criado muy callado y ya algo viejo, que había sido asistente
+de su amo.
+
+Este despertó como a la media hora de haberse dormido, y restregándose
+los ojos y gruñendo un poco, hubo de asombrarse de ver allí a su amiga,
+y alargó la cabeza para mirarla. Viéndola reír, se expresó así:
+
+«Pues con el sueñecito que he echado perdí la situación, chica, y al
+despertar, no me acordaba de que habías quedado ahí... Y viéndote ahora,
+me decía yo, en ese estado de torpeza que divide el dormir del velar:
+'¿pero es ella la que veo? ¿Cómo y cuándo ha venido a mi casa?'».
+
+Sacó su mano de entre las sábanas para tomar la de ella, y recogiendo al
+punto las ideas que se habían dispersado, le dijo: «Fíjate bien en una
+cosa, y es que doña Lupe _la de los Pavos_, que es la persona de más
+entendimiento en toda esa familia, no se ha de llevar mal contigo, si
+tienes tacto. Lo que a doña Lupe le gusta es mangonear, dirigir la casa,
+y echárselas de consejera y maestra. Hay que darle cuerda por ahí, y
+dejarla que mangonee todo lo que quiera. El gobierno de la casa lo ha de
+llevar mucho mejor que tú, porque es mujer que lo entiende: la traté un
+poco cuando vivía su marido, que era amigo y paisano mío. Por cierto que
+cuando se quedó viuda, dio en la flor de decir que yo le hacía el oso.
+¡Tontería y fatuidad suya!... Pero en fin, es mujer de gobierno. De modo
+que dejándola que se explaye a su gusto en todo lo que sea el mete y
+saca de la vida doméstica, podrás conservar tu independencia en lo
+demás. No sé si me entiendes ahora; pero ya te lo explicaré mejor. En
+último caso, si algún día tuvieras un choque con ella, te plantas y le
+dices: «ea, señora, yo no me meto en lo que es de su incumbencia de
+usted. No se meta usted en lo que es de la mía».
+
+Se había hecho de noche y los dos interlocutores no se veían. Feijoo
+llamó para que trajeran luz, y cuando la trajo doña Paca, la primera
+claridad que se esparció por el aposento sirvió al ama de llaves para
+examinar con rápida inspección el rostro de la amiga de su señor,
+diciéndose: «esta es la pájara que nos le ha trastornado». Aquel
+curioseo receloso de criado que espera heredar, fue seguido de
+diferentes pretextos para permanecer allí con idea de pescar algo de la
+conversación. Pero mientras Paca estuvo en la alcoba haciendo que
+ordenaba las cosas, moviendo los trastos y revisando las medicinas, D.
+Evaristo no desplegó los labios. Miraba a su ama de llaves, y su sonrisa
+maliciosa quería decir: «tú te cansarás».
+
+Así fue. Retirose la dueña, y D. Evaristo volvió a su tema: «Lo primero
+que has de tener presente es que siempre, siempre, en todo caso y
+momento, hay que guardar el decoro. Mira, chulita, no me muero hasta que
+no te deje esta idea bien metida en la cabeza. Apréndete de memoria mis
+palabras, y repítelas todas las mañanas a renglón seguido del
+Padre-nuestro».
+
+Como un dómine que repite la declinación a sus discípulos, machacando
+sílaba tras sílaba, cual si se las claveteara en el cerebro a golpes de
+maza, D. Evaristo, la mano derecha en el aire, actuando a compás como un
+martillo, iba incrustando en el caletre de su alumna estas palabras:
+
+«Guardando... las... apariencias, observando... las reglas... del
+respeto que nos debemos los unos a los otros... y... sobre todo, esto es
+lo principal... no descomponiéndose nunca, oye lo que te digo... no
+descomponiéndose nunca... (A la segunda repetición del concepto, la mano
+del dómine quedábase suspendida en el aire; y sus cejas arqueadas en
+mitad de la frente, sus ojos extraordinariamente iluminados denotaban la
+importancia que daba a este punto de la lección)... no descomponiéndose
+nunca, se puede hacer todo lo que se quiera».
+
+Después le entró tos. Doña Paca se apareció dando gruñidos y diciendo
+que la tos provenía de tanto hablar, contra lo que el médico ordenaba.
+«A usted no le ha de matar la enfermedad, sino la conversación... A ver
+si toma el jarabe y cierra el pico». Para atenuar el efecto de esa
+salida un tanto descortés, estando presente una visita, la señora
+aquella agració a la intrusa con una sonrisilla forzada. ¿Cuál de las
+dos daría al enfermo la cucharada de jarabe? Quiso hacerlo el ama de
+llaves; pero Fortunata estuvo más lista. La otra tomó su desquite,
+arrojando una observación de autoridad displicente a la cara de la
+entrometida. «Eso es, dele el cloral en vez del jarabe, y la
+hacemos...».
+
+«¿Pero no es esta la medicina?».
+
+--Esa es, sí... pero podía usted haberse equivocado. Para eso estoy yo
+aquí.
+
+--Que me dé lo que quiera--gruñó Feijoo con burlesca incomodidad--. ¿A
+usted qué le importa, señora doña Francisca?...
+
+--Es que...--Bueno; aunque me envenenara. Mejor.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Al verse otra vez en su casa y sola, Fortunata no podía con la
+gusanera de pensamientos que _le llenaba toda la caja de la cabeza_.
+¡Volver con su marido! ¡Ser otra vez la señora de Rubín! Si un mes antes
+le hubieran hablado de tal cosa, se habría echado a reír. La idea
+continuaba teniendo para ella una extrañeza dolorosa; pero después de lo
+que oyó al buen amigo no le parecía tan absurda. ¿Llegaría aquello a ser
+posible y hasta conveniente? Un cuchicheo de su alma le dijo que sí,
+aunque las antipatías que los Rubín le inspiraban no se extinguieran.
+Que D. Evaristo se moría pronto era cosa indudable: no había más que
+verle. ¿Qué iba a ser de ella, privada de la dirección y consejo de tan
+excelente hombre?... ¡Cuidado que sabía el tal! Toda la ciencia del
+mundo la poseía al dedillo, y la naturaleza humana, _el aquel de la
+vida_, que para otros es tan difícil de conocer, para él era como un
+catecismo que se sabe de memoria. ¡Qué hombre!
+
+Así como en las mutaciones de cuadros disolventes, a medida que unas
+figuras se borran van apareciendo las líneas de otras, primero una
+vaguedad o presentimiento de las nuevas formas, después contornos, luego
+masas de color, y por fin, las actitudes completas, así en la mente de
+Fortunata empezaron a esbozarse desde aquella noche, cual apariencias
+que brotan en la nebulosa del sueño, las personas de Maxi, de doña Lupe,
+de Nicolás Rubín y hasta de la misma Papitos. Eran ellos que salían
+nuevamente a luz, primero como espectros, después como seres reales con
+cuerpo, vida y voz. Al amanecer, inquieta y rebelde al sueño, oíales
+hablar y reconocía hasta los gestos más insignificantes que modelaban la
+personalidad de cada uno.
+
+Levantose la chulita muy tarde y recibió un recado de su amigo
+diciéndole que estaba mejor y que se levantaría y saldría a la calle con
+permiso del tiempo. Esperó su visita, y en tanto no cesaba de cavilar en
+lo mismo. La gratitud que hacia Feijoo sentía, era más viva aún que
+antes, y habría deseado que la vida que con él llevaba continuase, pues
+aunque algo tediosa, era tan pacífica que no debía ambicionar otra
+mejor. «Si dura mucho esto, ¿llegaré a cansarme y a no poder sufrir esta
+sosería?
+
+Puede que sí». El apetito del corazón, aquella necesidad de querer
+fuerte, le daba sus desazones de tiempo en tiempo, produciéndole la
+ilusión triste de estar como encarcelada y puesta a pan y agua. Pero no
+se conformaba; quizás cada día la conformidad era menor... quizás veía
+con agrado en las lontananzas de su imaginación algo nuevo y desconocido
+que interesara profundamente su alma, y pusiera en ejercicio sus
+facultades, que se desentumecían después de una larga inactividad.
+
+Don Evaristo llegó en coche a eso de las cuatro muy animado, y le mandó
+que le hiciera un chocolatito para las cinco. Esmerose ella en esto, y
+cuando el buen señor tomaba con gana su merienda, le dijo entre otras
+cosas que, si seguía mejor, al día siguiente hablaría con Juan Pablo,
+planteándole la cuestión resueltamente. «Y también te digo una cosa. No
+veo la causa de que tu marido te sea tan odioso. Podrá no ser simpático;
+pero no es mala persona. Podrá no ser un Adonis; pero tampoco es el
+coco. Mujeres hay casadas con hombres infinitamente peores, y viven con
+ellos; allá tendrán sus encontronazos; pero se arreglan y viven... Tú no
+seas tonta, que no sabes la ganga que es tener un hombre y una chapa
+decorosa en el casillero de la sociedad. Si sacas partido de esto, serás
+feliz. Casi estoy por decirte que mejor te cuadra un marido como el que
+tienes, que otro de mejor lámina, porque con un poco de muleta harás de
+él lo que quieras. Me han dicho que desde la separación está muy
+taciturno, muy dado a sus estudios, y que no se le conocen trapicheos ni
+distracciones... Por grandes que sean sus resentimientos, chica, creo
+que en cuanto le hablen de volver contigo, se le hace la boca agua».
+
+Fortunata, sonriendo, dio a entender su incredulidad.
+
+«¿Que no? ¡Ay, chulita!, tú no conoces la naturaleza humana. Cree lo que
+te he dicho. Maximiliano te abrirá los brazos. ¿No ves que es como tú,
+un apasionado, un sentimental? Te idolatra, y los que aman así, con esa
+locura, se pirran por perdonar. ¡Ah, perdonar! Todo lo que sea _rasgos_
+les vuelve locos de gusto. Tú déjate querer, grandísima tonta, y hazte
+cargo de que se te presenta un ancho horizonte de vida... si lo sabes
+aprovechar».
+
+Esto del horizonte avivó en la mente de la joven aquel naciente anhelo
+de lo desconocido, del querer fuerte sin saber cómo ni a quién. Lo que
+no podía era compaginar esperanza tan incierta con la vida de familia
+que se le recomendaba. Pero algo y aun algos se le iba clareando en el
+entendimiento.
+
+Feijoo mejoró sensiblemente en los días que siguieron al arrechucho
+aquel. Recobró parte de sus fuerzas, algo del buen humor, y las
+presunciones de próxima muerte se desvanecieron en su espíritu. Mas no
+por esto desistió de llevar adelante un plan que había llegado a ser
+casi una manía, absorbiendo todos sus pensamientos. Decidido a hablar
+con Juan Pablo, fue a verle una mañana al café de Madrid, donde tenía un
+rato de tertulia antes de entrar en la oficina, pues al fin ¡miseria
+humana!, hubo de aceptar la credencialeja de doce mil que le había dado
+Villalonga, por recomendación del mismo Feijoo. No estaba contento ni
+mucho menos con esto del orgulloso Rubín, y se quejaba de que una
+amistad sagrada le hubiera puesto en el compromiso de aceptar el turrón
+alfonsino. Por supuesto que la situación no duraba ni podía durar.
+Cánovas no sabía por dónde andaba. Entre tanto, y supiera o no don
+Antonio lo que traía entre manos, ello es que Juan Pablo se había
+comprado una chistera nueva, y tenía el proyecto de trocar su capa, algo
+deshilachada de ribetes y mugrienta de forros, por otra nueva. Eso al
+menos iba ganando el país.
+
+Pero de todas las mejoras de ropa que publicaban en los _círculos
+políticos_ y en las calles de Madrid el cambio de instituciones, ninguna
+tan digna de pasar a la historia como el estreno de levita de paño fino
+que transformó a don Basilio Andrés de la Caña a los seis días de
+colocado. Hundiose en los abismos del ayer la levita antigua, con toda
+su mugre, testimonio lustroso de luengos años de cesantía y de arrastrar
+las mangas por las mesas de las redacciones. Completaba el buen ver de
+la prenda un sombrero de moda, y el gran D. Basilio parecía un sol,
+porque su cara echaba lumbre de satisfacción. Desde que entró a servir
+_en su ramo_ y en la categoría que le cuadraba, estaba el hombre que no
+cabía en su chaleco. Hasta parecía que había engordado, que tenía más
+pelo en la cabeza, que era menos miope, y que se le habían quitado diez
+años de encima. Se afeitaba ya todos los días, lo que en realidad le
+quitaba el parecido consigo mismo. No quiero hablar de las otras muchas
+levitas y gabanes flamantes que se veían por Madrid, ni de las señoras
+que trocaban sus anticuados trajes por otros elegantes y de última
+novedad. Este es un fenómeno histórico muy conocido. Por eso cuando pasa
+mucho tiempo sin cambio político, cogen el cielo con las manos los
+sastres y mercaderes de trapos, y con sus quejas acaloran a los
+descontentos y azuzan a los revolucionarios. «Están los negocios muy
+parados» dicen los tenderos; y otro resuella también por la herida
+diciendo: «No se protege al comercio ni a la industria...».
+
+Cuando Feijoo entró en el café de Madrid, Juan Pablo no había llegado
+aún, y decidió esperarle en el sitio que su amigo acostumbraba ocupar. A
+poco entró D. Basilio presuroso, de levita nueva, el palillo entre los
+dientes, y se dirigió al mostrador con ademanes gubernamentales. «Que me
+lleven el café a la oficina» dijo en voz alta, mirando el reloj y
+haciendo un gesto, por el cual los circunstantes podrían comprender, sin
+necesidad de más explicaciones, el cataclismo que iba a ocurrir en la
+Hacienda si D. Basilio se retrasaba un minuto más.
+
+«Hola, D. Evaristo--dijo deteniéndose un instante a estrecharle la
+mano--. ¿Cómo va la salud...? ¿Bien? Me alegro... Conservarse... Muy
+ocupado... Junta en el despacho del jefe... Abur».
+
+--Buen pelo echamos, ¿eh?... Sea enhorabuena. Yo tal cual. Adiós.
+
+Al quedarse otra vez solo, D. Evaristo arrugó el ceño. Ocurriósele una
+contrariedad que entorpecería su plan. Al ir hacia el café había
+preparado por el camino el discurso que le espetaría a Juan Pablo. Este
+discurso empezaba así: «Amigo mío, me he enterado de que la pobre mujer
+de su hermano de usted vive en el más grande apartamiento, arrepentida
+ya de su falta, indigente y sin amparo alguno...» y por aquí seguía.
+Pero esto era insigne torpeza, porque si después de encarecer lo tronada
+y hambrienta que estaba Fortunata, ¡la veían tan hermosa...! No, de
+ninguna manera. Facilillo era compaginar la lozanía de la señora de
+Rubín con su desgracia. ¿Y cómo evitar que del indicio de aquellas
+apretadas carnes y de aquel color admirable indujeran los parientes la
+certeza de una vida regalona, alegre y descuidada?... Uno rato estuvo mi
+hombre discurriendo cómo probar que no es cosa del otro jueves que las
+personas afligidas engorden, y aún no había logrado construir su plan
+lógico, cuando llegó Juan Pablo, frotándose las manos, y dejando ver en
+su cara la satisfacción íntima que el simple hecho de entrar en el café
+le producía. Era como el tinte de placidez que toma la cara del buen
+burgués al penetrar en el hogar doméstico. Saludáronse los dos amigos
+con el afecto de siempre. Después de oír, acerca de su salud, todas las
+vulgaridades hipocráticas con que el sano trastea al enfermo, como
+aquello de _es nervioso... pasee usted... yo también estuve así_, Feijoo
+abordó la cuestión, y por zancas y barrancas, soltando lo primero que se
+le ocurría, llegó a decir que él se había propuesto, por pura caridad,
+negociar la reconciliación.
+
+«¡Probrecilla!--dijo Rubín, echando los terrones de azúcar en el vaso,
+con aquella pausa que constituía un verdadero placer--. Dice usted que
+pasando miserias y muy arrepentida... ¡Cuánto se habrá desmejorado!».
+
+--Le diré a usted... Precisamente desmejorarse, no; lo que está es así,
+muy... ensimismada. Pero sigue tan guapa como antes.
+
+--¿Y Santa Cruz, no...?--Quite usted, hombre. Si hace la mar de tiempo
+que tronaron. A poco de las trapisondas de marras... Desde entonces su
+cuñada de usted ha vivido apartada del bullicio, llorando sus faltas y
+comiéndose los ahorros que tenía, hasta que han venido los apuros. Ha
+sido una casualidad que yo me enterara. Verá usted... me la encontré
+hace días... contome sus cuitas... Me dio mucha pena. Hágase usted cargo
+de lo que sufrirá una criatura con la conciencia alborotada y en esta
+situación...
+
+--¡Ah! Sr. D. Evaristo, a mí no me la da usted... Usted es muy tunante y
+las mata callando...
+
+Al oír esto, la diplomacia de Feijoo se alarmó, creyendo llegada la
+ocasión de sacar, si no todo el Cristo, la cabeza de él.
+
+«Mire usted, compañero--le dijo con reposado acento--; cuando trato las
+cosas en serio, ya sabe usted que las bromas me parecen impertinentes,
+¿estamos? Es poco delicado en usted suponer que he tenido algún lío con
+esa señora, y que lo disimilo con la hipocresía de querer reconciliar el
+matrimonio. Vamos, que se pasa usted de pillín...».
+
+--Era un suponer, D. Evaristo--manifestó Rubín desdiciéndose.
+
+--Pues hacía yo bonito papel... Hombre, muchas gracias...
+
+--No, no he dicho nada...--Además, diferentes veces me ha oído usted
+decir que hace tiempo que me corté la coleta.
+
+--Sí, sí.--Y si en mis treinta, y en mis cuarenta y aun en mis
+cincuenta, he toreado de lo fino, lo que es ahora... ¡Pues estoy yo
+bueno para fiestas con mis sesenta y nueve años y estos achaques...!
+Hágame usted más favor, y cuando le digo una cosa, créamela, porque para
+eso son los buenos amigos, para creerle a uno...
+
+--Tiene usted razón, y lo que siento ¡qué cuña!, es que no viera en mi
+reticencia una broma...
+
+--Me parecía a mí que el asunto, por tratarse de una persona de la
+familia de usted y por iniciarlo yo, no era para bromear.
+
+Rubín creyó o aparentó creer, y puso la atención más filosófica del
+mundo en lo que su amigo siguió diciendo sobre materia tan importante. Y
+aquí viene bien un dato: Juan Pablo había recibido de Feijoo algunos
+préstamos a plazo indefinido. Este excelente hombre, viendo sus
+angustias, halló una manera delicada de suministrarle la cantidad
+necesaria para librarse de Cándido Samaniego, que le perseguía con saña
+inquisidora. Estas caridades discretas las hacía muy a menudo Feijoo con
+los amigos a quienes estimaba, favoreciéndoles sin humillarles. Por
+supuesto, ya sabía él que aquello no era prestar, sino hacer limosna,
+quizás la más evangélica, la más aceptable a los ojos de Dios. Y no se
+dio el caso de que recordase la deuda a ninguno de los deudores, ni aun
+a los que luego fueron ingratos y olvidadizos. Juan Pablo no era de
+estos, y se ponía gustoso, con respecto a su generoso _inglés_, en ese
+estado de subordinación moral, propio del insolvente a quien se le dan
+todas las largas que él quiere tomarse. Demasiado sabía que un hombre de
+quien se han recibido tales favores hay que creerle siempre todo lo que
+dice, y que se contrae con él la obligación tácita de ser de su opinión
+en cualquier disputa, y de ponerse serio cuando él recomienda la
+seriedad. Allá en su interior pensaría Rubín lo que quisiese; pero de
+dientes afuera se mantuvo en el papel que le correspondía.
+
+«Por mi parte, no he de poner inconvenientes... Qué quiere usted que le
+diga. No sé lo que pensará Maximiliano. Desde aquellas cosas, no le he
+oído mentar a su mujer... Si algo se ha de hacer, crea usted que no se
+dará un paso si mi tía no va por delante... Yo estoy un poco torcido con
+ella... Lo mejor es que le hable usted».
+
+Después se enteró Feijoo con mucha maña de ciertas particularidades de
+la familia. Maxi había tomado el grado y estaba ya practicando en la
+botica de Samaniego, a las órdenes de un tal Ballester, encargado del
+establecimiento.
+
+Supo además el anciano que doña Lupe no vivía ya en Chamberí, sino en la
+calle del Ave María, y que todo el tiempo que le dejaba libre a Maxi la
+farmacia, lo empleaba en darse buenos atracones de lectura filosófica.
+Le había dado por ahí.
+
+Luego hablaron de otras cosas. El filósofo cafetero dijo a su amigo que
+cuando quisiera echar otro párrafo no le buscase más en el Café de
+Madrid, porque allí había caído en un círculo de cazadores que le tenían
+marcado y aburrido con la _perra pechona, el hurón_, y con _que si la
+perdiz venía o no venía al reclamo_. No sabía aún a qué _local_ mudarse;
+pero probablemente sería al Suizo Viejo, donde iban Federico Ruiz y
+otros chicos atrozmente panteístas. De los antiguos cofrades sólo iban a
+_Madrid_ D. Basilio, insufrible con su ministerialismo, Leopoldo Montes
+y el _Pater_. Pero este se marcharía aquella misma noche a Cuevas de
+Vera, su pueblo, a trabajar las elecciones de Villalonga. También charló
+Juan Pablo de política, diciendo con mucho _tupé_ que el Gobierno
+_estaba de cuerpo presente_, y que la situación duraría... a todo tirar,
+a todo tirar, tres o cuatro meses.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+La primera vez que D. Evaristo visitó a su dama después de esta
+entrevista, abrazola gozoso, y le dijo: «Albricias... vamos bien, vamos
+bien».
+
+--¿Pero qué... qué hay? ¿buenas noticias?
+
+--Oro molido; mejor dicho, excelentes impresiones. Tu marido...
+
+--¿Le ha visto usted?--No he tenido esa satisfacción. Pero me han
+contado de él una cosa que es en extremo favorable. Te lo diré para que
+no caviles. Maximiliano se ha dedicado a la filosofía...
+
+Fortunata se quedó mirando a su amigo, sin saber qué expresión tomar. No
+veía la tostada, ni sabía en rigor lo que era la filosofía, aunque
+sospechaba que fuese una cosa muy enrevesada, incomprensible y que
+vuelve _gilís_ a los hombres.
+
+«No me llama la atención que te quedes con la boca abierta. Ya irás
+comprendiendo... ¡Se da unos atracones de filosofía!, y me parece que
+dijo Juan Pablo que era filosofía espiritualista...».
+
+--¡Ah!... ¿De esos que hablan con las patas de las mesas? ¡Alabado
+sea...!
+
+--No, esos no. Pero estamos de enhorabuena: cualquiera que sea la secta
+o escuela que le sorbe el seso a tu marido, tenemos ya noventa y seis
+probabilidades contra cuatro de que te reciba con los brazos abiertos.
+Tú lo has de ver.
+
+Fortunata dudaba que esto fuera así. La partida que ella le había jugado
+a Maxi era demasiado serrana para que este la olvidara por lo que dicen
+los libros. Al otro día entró el simpático amigo más alegre y excitado.
+Su proyecto llegó a dominarle de tal modo, que no sabía pensar en otra
+cosa, y de la mañana a la noche estaba dando vueltas al tema. Había
+mejorado mucho su salud y al mismo tiempo no ponía tanto cuidado como
+antes en el adorno de su persona. Desde que tomara con tanto cariño las
+funciones paternales, se había dejado toda la barba, usaba hongo y una
+gran bufanda alrededor del cuello. Salía a sus diligencias en coche
+simón por horas. Cuando la prójima le vio entrar aquel día con el
+sombrero echado hacia atrás, los ojos chispeantes, los movimientos
+ágiles, comprendió que las noticias eran buenas. «Con estos
+alegrones--dijo él abrazándola--, se rejuvenece uno. Chulita, otro
+abrazo, otro. Vengo de hablar con la mismísima doña Lupe _la de los
+Pavos_». Fortunata se asustó sólo de oír el nombre de su tía política.
+
+«Impresiones muy buenas--añadió el diplomático...--. Ha empezado por
+ahuecar la voz, y por negarse a proponer la reconciliación. Pero
+mientras más cerdea ella, más claro veo yo que hará lo que deseamos.
+¡Oh!, entiendo bien a mi gente. También esta tiene sus filosofías
+pardas, y a mí no me la da. Conozco las callejuelas de la naturaleza
+humana mejor que los rincones de mi casa. Doña Lupe está deseando que
+vuelvas; pero deseándolo, para que lo sepas. Se lo he conocido en la
+cara y en el modo de decir que no... Yo no sé si te he contado que en un
+tiempo, a poco de enviudar, tuvo sus pretensiones respecto a mí...
+pretensiones honestas... Decía la muy fatua que yo le paseaba la calle.
+¿Creerás que se le descompone la cara siempre que me ve?».
+
+Fortunata soltó la carcajada. «Dime, ¿y cuando te pretendía, ya le
+habían cortado el pecho que le falte?».
+
+--Pues no lo sé. Por mí que le cortaran los dos... En fin, chica, que
+esto marcha. Yo le dije que si había reconciliación, vivirías con ella,
+pues yo estimaba muy conveniente esta vida común. Tan hueca se puso al
+oírme decir esto, que aún creo que le nacía un pecho nuevo... Oye lo que
+tienes que hacer cuando esto se realice: Yo te daré una cantidad que le
+entregarás a ella el primer día, suplicándole que te la coloque. Te
+niegas a admitirle recibo. Nada le gusta tanto como que tengan confianza
+en ella en asuntos de dinero... ¡Ah!... leo en ella como leo en ti. ¿No
+ves que la traté bastante en vida de Jáuregui, que, entre paréntesis,
+era un hombre excelente? Ya te daré una lección larga sobre el tole tole
+con que debes tratarla, una mezcla hábil de sumisión e independencia,
+haciéndole una raya, pero una raya bien clarita, y diciéndole: «de aquí
+para allá manda usted; de aquí para acá estoy yo...». Ahora la tecla que
+me falta tocar es tu marido. He hablado pocas veces con él, apenas le
+trato; pero no importa...
+
+La mejoría se acentuó tanto, que D. Evaristo atreviose a salir de noche,
+y lo primero que hizo fue ir en busca de Juan Pablo. No le encontró en
+el Suizo Viejo. Allí estaban Villalonga, Juanito Santa Cruz, Zalamero,
+Severiano Rodríguez, el médico Moreno Rubio, Sánchez Botín, Joaquín Pez
+y otros que tenían constituida la más ingeniosa y regocijada peña que en
+los cafés de Madrid ha existido. Habían hecho un reglamento humorístico,
+del cual cada uno de los socios tenía su ejemplar en el bolsillo. De
+aquellas célebres mesas habían salido ya un ministro, dos subsecretarios
+y varios gobernadores. Aunque era amigo de algunos, no quiso Feijoo
+acercarse, y se fue a una mesa lejana. Junto a él, los ingenieros de
+Caminos hablaban de política europea, y más acá los de Minas disputaban
+sobre literatura dramática. No lejos de estos, un grupo de empleados en
+la Contaduría central se ocupaba con gran calor de pozos artesianos, y
+dos jueces de primera instancia, unidos a un actor retirado, a un
+empresario de caballos para la Plaza de Toros y a un oficial de la
+Armada, discutían si eran más bonitas las mujeres con _polisón_ o sin
+él. Después llamó la atención de D. Evaristo la facha de un hombre que
+iba por entre las mesas, el cual sujeto más bien parecía momia animada
+por arte de brujería. «Yo conozco esta cara--se dijo Feijoo--. ¡Ah! ya;
+es el que llamábamos _Ramsés II_, el pobre Villaamil que sólo necesitaba
+dos meses para jubilarse». Acercose tímidamente este desgraciado a
+Villalonga, que ya estaba levantado para marcharse; y en actitud
+cohibida, echando los ojos fuera del casco, le habló de algo que debía
+ser los maldecidos dos meses. Jacinto alzaba los hombros, respondiéndole
+con benevolencia quejumbrosa. Parecía decirle: «¡Yo, qué más
+quisiera...! He hecho todo lo posible... Veremos... he dado una nota...
+Crea usted que por mí no queda... Si, ya sé, dos meses nada más...». Un
+instante después _Ramsés II_ pasó junto a D. Evaristo, deslizándose por
+entre las mesas y sillas como sombra impalpable. Llamole por su nombre
+verdadero Feijoo, y acercose el otro a la mesa, inclinando, para ver
+quién le llamaba, su cara amarilla, requemada por el sol de Cuba y
+Filipinas. Se reconocieron. Villaamil, invitado por su amigo, dobló su
+esqueleto para sentarse, y tomó café... con más leche que café... «¡Ah!,
+¿buscaba usted a Juan Pablo? Pues del salto se ha ido al café de
+Zaragoza. Dice que le cargan los ingenieros...».
+
+Como le convenía retirarse temprano, no fue D. Evaristo aquella noche al
+indicado café.
+
+Las nueve serían de la siguiente, cuando entró en el establecimiento de
+la Plaza de Antón Martín, que lleno de gente estaba, con una atmósfera
+espesa y sofocante que se podía mascar, y un ensordecedor ruido de
+colmena; bulla y ambiente que soportan sin molestia los madrileños, como
+los herreros el calor y el estrépito de una fragua. Desembozándose,
+avanzó el anciano por la tortuosa calle que dejaran libre las mesas del
+centro, y miraba a un lado y otro buscando a su amigo. Ya tropezaba con
+un mozo encargado de _servicio_, ya su capa se llevaba la toquilla de
+una cursi; aquí se le interponía el brazo del vendedor de
+_Correspondencias_ que alargaba ejemplares a los parroquianos, y allá le
+hacían barricada dos individuos gordos que salían o cuatro flacos que
+entraban. Por fin, distinguió a Juan Pablo en el rincón inmediato a la
+escalera de caracol por donde se sube al billar. Acompañábanle en la
+misma mesa dos personas: una mujer bastante bonita, aunque estropeada, y
+un joven en quien al pronto reconoció D. Evaristo a Maximiliano. Los dos
+hermanos sostenían conversación muy animada. La _indivudua_ eran el amor
+de Juan Pablo, una tal Refugio, personaje de historia, aunque no
+histórico, de cara graciosa y picante, con un diente de menos en la
+encía superior. Feijoo no la había visto nunca, ni el filósofo de café
+acostumbraba a presentarse en público en compañía de aquella Aspasia,
+por cuya razón quedose Rubín un tanto cortado al ver a su amigo.
+
+Maximiliano saludó a D. Evaristo, preguntándole con mucho interés por su
+salud, a lo que respondió el anciano con mucha viveza: «Ya ve usted...
+_Cinco_ meses llevo así... un día caigo, otro me levanto... ¡_Cinco_
+meses!... Nada; que viene un día en que la máquina dice, 'hasta aquí
+llegamos, compañero' y no se empeñe usted en remendarla, ni echarle
+aceite. Que no anda, y que no anda, y se tiene que parar».
+
+--¿Pero qué es lo que usted tiene?--preguntó Maximiliano con presunción
+de médico novel o de boticario incipiente, que unos y otros se desviven
+por ser útiles a la humanidad.
+
+--¿Que qué tengo? ¡Ah!, una cosa muy mala. La peor de las enfermedades.
+¡Sesenta años!, ¿le parece a usted poco?
+
+Todos se echaron a reír. «Me ha dicho mi hermano--añadió Maxi--, que
+digiere usted mal».
+
+--Cinco meses lleva mi estómago de indisciplina--replicó el ladino
+viejo, que quería sin duda meterle a Maxi en la cabeza aquello de los
+cinco meses--. Ya no le hago caso. Me he rendido, y espero tranquilo el
+_cese_.
+
+--Si quiere usted, le haré un preparado de peptona.
+
+--Gracias... Veremos lo que dice mi médico.
+
+--Poco mal y bien quejado--afirmó el otro Rubín, dándole palmadas en el
+hombro.
+
+--Pero ustedes estaban hablando de algo que debía de ser
+interesante--dijo Feijoo--. Por mí no se interrumpan.
+
+--Estábamos... pásmese usted... en las regiones etéreas.
+
+--Nada, es que me quiere convencer--manifestó Maximiliano con calor--,
+de que todo es fuerza y materia. Yo le digo una cosa, «pues a eso que tú
+llamas fuerza, lo llamo yo espíritu, el Verbo, el querer universal; y
+volvemos a la misma historia, al Dios uno y creador y al alma que de él
+emana».
+
+Don Evaristo, en tanto, miraba a Refugio, examinándole el rostro, la
+boca, el diente menos. La muchacha sentía vergüenza de verse tan
+observada, y no sabía cómo ponerse, ni qué dengues hacer con los labios
+al llevarse a ellos la cucharilla con leche merengada.
+
+«Eso, eso... por ahí duele--dijo el ex-coronel, arrimándose al partido
+de Maximiliano--. ¡El alma!... Estos señores materialistas creen que con
+variar el nombre a las cosas han vuelto el mundo patas arriba».
+
+--Pero si ya te he dicho...--argüía sofocado Juan Pablo.
+
+--Déjame que acabe...--No es eso... ¡qué cuña!
+
+--Volvemos a lo mismo. ¿No me conozco yo en mí, uno, consciente,
+responsable?
+
+--¡Otra te pego! Pero ven acá...
+
+--Aguarda. Si yo me reconozco íntimamente en la sustancia de mi yo...
+
+Se expresaba con exaltación sin dejar meter baza a su hermano, y este,
+en cambio, no se la dejaba meter a él, y simultáneamente se quitaban la
+palabra de la boca.
+
+--Espérate un poco... no es eso.
+
+--Allá voy... yo vivo en mi conciencia, por mí y antes y después de mí.
+
+--¡Ah!, pero lo primero es distinguir... Mira...
+
+--¡Buen par de chiflados estáis los dos!--dijo para sí D. Evaristo
+mirando con curiosidad el portillo que en la dentadura tenía Refugio.
+
+--¡Dale, bola!...--replicó Maxi--. Si no es eso... Yo, ¿soy yo?... ¿me
+reconozco como tal yo en todos mis actos?
+
+--No, yo no soy más que un accidente del concierto total; yo no me
+pertenezco, soy un fenómeno.
+
+--¡Que yo soy un fenómeno!... ¡Ave-María Purísima, qué disparate!
+
+--Estás tú fresco... Lo permanente no soy yo, ¡qué cuña!, es el
+conjunto... Yo lo reconozco así en el fenómeno pasajero de mi
+conocimiento.
+
+¡Y estas cosas se decían en el rincón de un café, al lado de un
+parroquiano que leía _La Correspondencia_ y de otro que hablaba del
+precio de la carne! En una de las mesas próximas había un grupo de
+individuos que tenían facha de matuteros o cosa tal. A la derecha
+veíanse dos cursis acompañadas de una buscona y obsequiadas por un señor
+que les decía mil tonterías empalagosas; enfrente una trinca en que se
+disputaba acerca de Lagartijo y Frascuelo, con voces destempladas y
+manotazos. Y por la escalera de caracol subían y bajaban constantemente
+parroquianos, dando patadas que más parecían coces; y por aquella
+espiral venían rumores de disputa, el chasquido de las bolas de billar,
+y el canto del mozo que apuntaba.
+
+«Si se me permite dar una opinión--dijo Feijoo, que empezaba a marearse
+con tanto barullo--, voto con el pollo».
+
+En esto sonó el piano, que se alzaba sobre una tarima en medio del café,
+con la tapa triangular levantada para que hiciera más ruido; y empezó la
+tocata, que era de piano y violín. La música, los aplausos, las voces y
+el murmullo constante del café formaban un run run tan insoportable, que
+el buen D. Evaristo creyó que se le iba la cabeza, y que caería redondo
+al suelo si permanecía allí un cuarto de hora más. Decidió retirarse,
+descontento de no haber encontrado solo a Juan Pablo, pues delante del
+farmacéutico no podía hablar del espinoso asunto que entre manos traía.
+Su enojo se trocó en alegría cuando Maxi, al verle en pie, dijo que él
+también se iba porque era hora de volver a su farmacia. Salieron, pues,
+juntos, y antes de llegar a la puerta, vio el anciano que le cortaba el
+paso una figura macilenta y sepulcral. Era _Ramsés II_, que venía en
+busca suya. «Señor D. Evaristo, por Dios, hable usted de mí al señor de
+Villalonga» le dijo la momia, interponiéndose como si no quisiera darle
+paso sino a cambio de una promesa.
+
+--Se hará, compañero, se hará; hablaremos a Villalonga--dijo D. Evaristo
+embozándose--; pero ahora estoy de prisa... no puedo detenerme... Hijo,
+vamos.
+
+Y abriéndose paso, salió con el chico de Rubín.
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Al cual dijo en la puerta: «¿Hacia dónde va usted con su cuerpo?».
+
+--¿Yo? A la calle del Ave María.
+
+--¡Qué casualidad! Yo llevo esa dirección. Iremos juntos... Deje usted
+que me emboce bien... Ahora deme usted el brazo. Las piernas no me
+ayudan. Ya se ve... cinco meses... cabalitos... fíjese usted bien... sin
+digerir. No sé cómo estoy vivo. Desde Octubre del año pasado no levanto
+cabeza... ¡Pero qué ideas las de Juan Pablo! Parece mentira... ¡un
+muchacho de entendimiento!... Usted sí que sabe por dónde anda. Sí; no
+espere usted a llegar a viejo y a ver de cerca la muerte para creer que
+somos algo más que montoncitos de basura animados por fuerza semejante a
+la electricidad que hace hablar a un alambre. Eso se deja para los
+tontos y perdularios, para la gente que no piensa. Usted está en lo
+firme, y será capaz de acciones nobles, de acciones que, por lo mismo
+que son tan elevadas, no están al alcance del vulgo.
+
+No comprendía Maximiliano a cuenta de qué era aquello; pero tenía su
+espíritu admirablemente dispuesto para recibir toda sutileza que se le
+quisiera echar; estaba hambriento de cosas ideales, y la meditación, el
+estudio y la soledad habíanle dado una receptividad asombrosa para todo
+lo que procediera del pensamiento puro. Por esta causa, sin entender de
+qué se trataba, contestó humildemente: «Tiene usted mucha razón... pero
+mucha razón».
+
+«El hombre que como usted--prosiguió don Evaristo--, no se deja
+engatusar por las sabidurías modernas, está en disposición de hacer el
+bien, pero no el bien de cualquier modo, sino sublimemente ¡caramba!,
+mirando para el cielo, no para la tierra...».
+
+Tiempo hacía que Maxi se había dedicado a mirar al cielo.
+
+«Mire uste, Sr. D. Evaristo--dijo sintiéndose lleno y ahíto de aquella
+espiritual sustancia, acopiada a fuerza de barajar sus tristezas con las
+hojas de los libros--. La desgracia me ha hecho a mí volver los ojos a
+las cosas que no se ven ni se tocan. Si no lo hubiera hecho así, me
+habría muerto ya cien veces. ¡Y si viera usted qué distinto es el mundo
+mirado desde arriba a mirado desde abajo! Me parecía a mí mentira que yo
+había de ver apagarse en mí la sed de venganza, y el odio que me
+embruteció. Y sin embargo, el tiempo, la abstracción, el pensar en el
+conjunto de la vida y en lo grande de sus fines me han puesto como estoy
+ahora».
+
+--Claro... ¿A qué vienen esos odios y esas venganzas de melodrama?--dijo
+gozoso don Evaristo--. Para perderse nada más. ¡Dichoso el que sabe
+elevarse sobre las pasiones de momento y atemperar su alma en las
+verdades eternas!
+
+Y para su sayo habló de este modo: «Tan metafísico está este chico, que
+nos viene como anillo al dedo».
+
+--En este bulle-bulle de las pasiones de los hombres del día--prosiguió
+Maxi con cierto énfasis--, llega uno a olvidarse de que vivimos para
+perdonar las ofensas y hacer bien a los que nos han hecho mal.
+
+--Tiene usted razón, hijo... y dichoso mil veces el que como usted, así,
+tan jovencito, llega a posesionarse de esa idea y a hacerla efectiva en
+la vida real.
+
+--La desgracia, un golpe rudo... ahí tiene usted el maestro. Se llega a
+este estado padeciendo, después de pasar por todas las angustias de la
+cólera, por los pinchazos que le da a uno el amor propio y por mil
+amarguras... ¡Ay, señor don Evaristo! Parece mentira que yo esté tan
+fresco después de haberme creído con derecho a matar a un hombre,
+después de haberme ilusionado con la idea de cometer el crimen,
+concluyendo por renunciar a ello. Mi conciencia está hoy tan tranquila
+no habiendo matado, como firme y decidida estuvo cuando pensé matar...
+Entonces no veía a Dios en mí; ahora sí que le veo. Créalo usted; hay
+que anularse para triunfar; decir _no soy nada_ para serlo todo.
+
+Feijoo, en vista de estas buenas disposiciones, se fue derecho al bulto.
+«A un espíritu tan bien fortalecido--le dijo--, se le puede hablar sin
+rodeos. ¿Doña Lupe no ha tratado con usted de cierto asunto...?».
+
+Maximiliano se puso del color de la grana de su embozo, y contestó
+afirmativamente con embarazo y turbación.
+
+«Por mi parte--añadió D. Evaristo--, haré todo lo que pueda para que
+esto cuaje. Si ello tiene que suceder. Es lo práctico, amigo mío; y ya
+que usted es tan místico, conviene que sea un poquito práctico... Por
+una casualidad intervengo yo en esto... Le advierto a usted que ella
+desea volver...».
+
+--¡Lo desea!--exclamó Rubín, dejando caer el embozo.
+
+--¡Toma! ¿Ahora salimos con eso? Pues si no lo deseara ¿cómo me había de
+meter yo en semejante negocio? ¿No comprende usted...?
+
+--Sí... pero... No hay que confundir. El perdón puramente espiritual o
+evangélico, ya lo tiene... Pero el otro perdón, el que llamaríamos
+social, porque equivale a reconciliarse, es imposible.
+
+--Vamos, que no será tanto--dijo para sí don Evaristo, subiéndose el
+embozo.
+
+--Es imposible--repitió Maxi.
+
+--Piénselo bien, piénselo bien; pregúnteselo a la almohada, compañero...
+Yo creo que cuando usted madure la idea...
+
+--Me parece que aunque la estuviera madurando diez años...
+
+--En estas cosas hay que poner algo de caridad; no se puede proceder con
+simple criterio de justicia. Convendría que usted hablase con ella...
+
+--¡Yo!... pero D. Evaristo...
+
+--Sí, no me vuelvo atrás. Quien tiene ideas como las que usted tiene,
+¡caramba!, y sabe sentir y pensar con esa alteza de miras... eso es, con
+esa espiritualidad de la... pues... de... claro...
+
+--¿Y cree usted que ella me podría dar explicaciones claras, pero muy
+claras, de todo lo que ha hecho después que se separó de mí?
+
+--Hijo, yo creo que las dará... pero es claro que usted no debe apurar
+mucho tampoco... O hay perdón o no hay perdón. La caridad por delante,
+detrás la indulgencia, y ver si en efecto hay propósitos sinceros de
+enmienda. Por lo que he oído, me parece que los hay; se lo digo a usted
+de corazón.
+
+--Yo lo dudo.--Pues yo no. Juzgue usted mi opinión como quiera. Y sepa
+que intervengo en esto por pura humanidad, porque se me ha ocurrido no
+morirme sin dejar tras de mí una buena acción, ya que en la cuenta de mi
+vida tengo tantas malas o insignificantes. No me gusta meterme en vidas
+ajenas; pero en este caso, créalo usted... se me ha puesto en la cabeza
+que a entrambos les conviene volver a unirse.
+
+Ya en este terreno, D. Evaristo se descubrió más:
+
+«Amigo--dijo parándose en la puerta de la botica--. Su mujer de usted me
+ha parecido una mujer defectuosísima. Aunque la he tratado poco puedo
+asegurar que tiene buen fondo; pero carece de fuerza moral. Será siempre
+lo que quieran hacer de ella los que la traten».
+
+Maximiliano le miraba con ojos atónitos. Lo mismo pensaba él.
+
+«Yo le eché anteayer un largo sermón, recomendándole que se amoldara a
+las realidades de la vida, que pusiera un freno a aquella
+imaginacioncilla tan desenvuelta. 'Pero, hija mía, es preciso pensar lo
+que se hace, y dejarse de tonterías'. Yo muy serio. Creo que algo he
+conseguido. Usted lo ha de ver, compañero. Es lástima que teniendo buen
+fondo, buen corazón... sólo que algo grande... y careciendo de las
+malicias de otras, no posea un poco de juicio. Porque con un poco de
+juicio, nada más que con un poco de juicio, no se pueden hacer las
+tonterías que ella ha hecho... En fin, hijo, usted dirá que quién me
+mete a mí a leñador, pero ¿qué quiere usted?, a los viejecillos nos
+gusta arreglar a los jóvenes y marcarles el paso de esta vida para que
+eviten los tropezones que hemos dado nosotros».
+
+Dijo esto último sonriendo con tal hombría de bien, que Maximiliano se
+llenó de confusiones. No sabía qué contestar, y sentía que se le
+apretaba la garganta. Despidiose D. Evaristo, dejando al pobre chico en
+tal grado de aturdimiento, que durante muchos días hubo de revolver en
+su mente indigestada los dejos de aquel coloquio que tuvo con el
+respetable anciano, en una noche fría del mes de Marzo.
+
+Al siguiente día, D. Evaristo fue en coche a ver a Fortunata, a quien
+encontró peinándose sola. Sentándose a su lado, y cogiéndola por un
+brazo, la llamó a sí y le dio un beso, diciéndole: «El último beso... La
+aventura del viejo Feijoo ha pasado a la historia... Entraremos pronto
+en vida nueva, y de esto no quedará sino un recuerdo en mí y otro en
+ti... Para el público nada. Estas cenizas sólo para nosotros esconden un
+poco de calor».
+
+Fortunata, que tenía en cada mano una de las gruesas bandas de sus
+cabellos negros, apartándolas como si fueran una cortina, no sabía si
+reír o echarse a llorar...
+
+--¿Has hablado con él...?--dijo conmovida y al mismo tiempo sonriente.
+
+--Vete acostumbrando a tratarme de usted...--replicó él con cierta
+severidad--. No se te escape una expresión familiar, porque entonces la
+echamos a perder. Yo también te trataré de usted delante de gente...
+Todo acabó... Fortunata, no soy para ti más que un padre... Aquel que te
+quiso como quiere el hombre a la mujer, no existe ya... Eres mi hija. Y
+no es que hagamos un papel aprendido, no; es que tú serás verdaderamente
+para mí, de aquí en adelante, como una hijita, y yo seré para ti un
+verdadero papaíto. Lo digo con toda mi alma. Yo no soy aquel; yo me
+moriré pronto, y...
+
+Viéndole que se conmovía, la chulita no pudo aguantar más, y soltó el
+trapo a llorar. Aquellas admirables guedejas sueltas la asemejaban a
+esas imágenes del dolor que acompañan a los epitafios. Feijoo hizo un
+mohín como de persona mayor que quiere dominar una debilidad pueril, y
+le dijo:
+
+«Pero no, no me avergüenzo de que se me salte una lágrima. Yo juro por
+Dios, en quien siempre he creído, que el cariño paternal es lo que me la
+hace derramar. Todo lo que en mí existía de varón, capaz de amar, ha
+desaparecido; todo murió, y no me queda de ello nada; ni aun siquiera lo
+echo de menos. Nunca he sido padre; ahora siento que lo soy... y mi
+corazón se llena de afectos desconocidos, tan puros, pero tan puros...».
+
+La prójima no había visto nunca a su amigo tan vencido de la emoción.
+Tenía los ojos húmedos y le temblaban las manos. Sujetose ella en la
+coronilla con una correa negra las crenchas de su abundante cabello,
+porque no era posible repicar y andar en la procesión; no podía peinarse
+y al mismo tiempo celebrar, entre lágrimas y castos apretones de mano,
+la santificación de las relaciones que entre ambos habían existido. Poco
+a poco se serenaron; don Evaristo, la hizo sentar a su lado en el sofá,
+y con voz clara y firme le habló de esta manera:
+
+«Me parece que esto se arregla. ¡Cuánto me gustaría morirme dejándote en
+una situación normal y decorosa!... Bien veo que no es fácil que tu
+marido te sea simpático; pero eso no es inconveniente invencible. Hay
+que transigir con las formas, y tomar las cosas de la vida como son. ¿Y
+quién te dice que tratándole algo, no llegues a tenerle afecto? Porque
+él es bueno y decente. Anoche le vi, y no me ha parecido tan raquítico.
+Ha engordado; ha echado carnes, y hasta me pareció que tiene un aire más
+arrogantillo, más...».
+
+Sonriendo tristemente, expresaba la joven su incredulidad.
+
+«En fin, tú lo has de ver. Y en último caso, hay que conformarse. La
+vida regular y el transigir con las leyes sociales tienen tal
+importancia, que hay que sacrificar el gusto, hija mía, y la ilusión...
+No digo que se sacrifique todo, todo el gusto y toda la ilusión; pero
+algo, no lo dudes, algo hay que sacrificar. De tener un marido, un
+nombre, una casa decente, a andar con la _alquila_ levantada, como los
+simones, a éste tomo, a éste dejo, va mucha diferencia para que no te
+pares a pensar bien lo que haces... Vamos a ver. Es preciso preverlo
+todo. Yo te voy a presentar los dos casos que se te pueden ofrecer en tu
+vida legal, y para los dos te voy a dar mi consejo franco, leal, con un
+gran sentido de la realidad. Primer caso: supongamos que al poco tiempo
+de vivir con Maximiliano, encuentras que el muchacho se porta bien
+contigo, vas viendo sus buenas cualidades, que se manifiestan en todos
+los actos de la vida, y supongamos también que le vas teniendo algún
+cariño...».
+
+Fortunata tenía la mirada fija en un punto del suelo, como una espada,
+tan bien hundida que no la podía desclavar. Seguro de que le oía, aunque
+no le miraba, Feijoo siguió hablando despacio, poniendo pausas entre las
+cláusulas.
+
+«Supongamos esto... Pues tu deber en tal caso, es esforzarte en que ese
+cariño... llamémosle amistad, se aumente todo lo posible. Trabaja
+contigo misma para conseguirlo. ¡Ah!, hija mía, el trato hace milagros;
+la buena voluntad también los hace. Evita al propio tiempo la ociosidad,
+y verás cómo lo que te parece tan difícil te ha de ser muy fácil. Se han
+dado casos, pero muchos casos, de mujeres unidas por fuerza a un hombre
+aborrecido, y que le han ido tomando ley poquito a poco hasta llegar a
+ponerse más tiernas que la manteca. No digo nada si tienes chiquillos,
+porque entonces...».
+
+--¡Lo que es eso...!--indicó con viveza Fortunata.
+
+--¡Mira qué tonta! ¿Y qué sabes tú? No se puede asegurar tal cosa. La
+Naturaleza sale siempre por donde menos se piensa... Y con chiquillos,
+ya llevas más de la mitad del camino andado para llegar al sosiego que
+te recomiendo, pues en criarlos y en cuidarlos se te desgastará el
+sentimiento que de sobra tienes en esa alma de Dios, y te equilibrarás,
+y no harás más tonterías... Bueno; ya hemos hablado del primer caso, que
+es el mejor; pasemos al segundo. Te lo presento en la previsión de que
+falle el primero, lo que bien pudiera suceder. Vamos allá...
+
+Fortunata esperaba con ansia la exposición del segundo caso, pero Feijoo
+lo tomaba con calma, pues se quedó buen rato meditando, con el ceño
+fruncido y la vista fija en el suelo.
+
+«Lo mejor--prosiguió--es lo que acabo de decirte; pero cuando no se
+puede hacer lo mejor, se hace lo menos malo... ¿me entiendes? Suponiendo
+que no te sea posible encariñarte con ese bendito, y que ni el trato ni
+las buenas prendas de él te lo hagan menos antipático; suponiendo que la
+vida llegue a serte insoportable, y... Vaya que esto es temerario, y se
+necesita de toda mi entereza para aconsejarte. Pero yo, antes que todo,
+veo lo práctico, lo posible, y no puedo aconsejar a nadie que se deje
+morir ni que se suicide. No se deben imponer sacrificios superiores a
+las fuerzas humanas. Si el corazón se te conserva en el tamaño que ahora
+tiene, si no hay medio de recortarlo, si se te pronuncia, ¿qué le vamos
+a hacer? Dentro del mal, veamos qué es lo mejor entre lo peor, y...».
+
+Feijoo rebuscaba las palabras más propias para expresar su pensamiento.
+Las ideas se alborotaron un poco y necesitó someterlas para no
+embarullarse. Dando un gran suspiro, se pasó la mano por la cabeza,
+perdida la vista en el espacio. Saliendo al fin de su perplejidad, dijo
+con voz cautelosa:
+
+«Y en un caso extremo, quiero decir, si te ves en el disparadero de
+faltar, guardas el decoro, y habrás hecho el menor mal posible... El
+decoro, la corrección, la decencia, este es el secreto, compañera».
+
+Detúvose asustado, a la manera del ladrón que siente ruido, y se volvió
+a poner la mano sobre la cabeza, como invocando sus canas. Pero sus
+canas no le dijeron nada. Al punto se envalentonó, y recobró la
+seguridad de su lenguaje, diciendo: «Tú eres demasiado inexperta para
+conocer la importancia que tiene en el mundo la forma. ¿Sabes tú lo que
+es la forma, o mejor dicho, las formas? Pues no te diré que estas sean
+todo; pero hay casos en que son casi todo. Con ellas marcha la sociedad,
+no te diré que a pedir de boca, pero sí de la mejor manera que puede
+marchar. ¡Oh!, los principios son una cosa muy bonita; pero las formas
+no lo son menos. Entre una sociedad sin principios, y una sociedad sin
+formas, no sé yo con cuál me quedaría».
+
+
+
+
+--x--
+
+
+Fortunata había comprendido. Hacía signos afirmativos con la
+cabeza, y cruzadas las manos sobre una de sus rodillas, imprimía a su
+cuerpo movimientos de balancín o remadera.
+
+A Feijoo le había costado algún trabajo arrancarse a exponer su moral en
+aquellas circunstancias, porque en la conciencia se le puso un nudo, que
+le apretó durante breve rato; pero al punto lo deshizo evocando las
+teorías que había profesado toda su vida. Lanzado, pues, el concepto más
+peligroso, siguió luego como una seda, sin nudo y sin tropiezo.
+
+«Ya sabes cuáles son mis ideas respecto al amor. Reclamación imperiosa
+de la Naturaleza... la Naturaleza diciendo _auméntame_... No hay medio
+de oponerse... la especie humana que grita _quiero crecer_... ¿Me
+entiendes? ¿Hablo con claridad? ¿Necesitaré emplear parábolas o
+ejemplos?».
+
+Fortunata entendía, y seguía balanceándose de atrás adelante, acentuando
+las afirmaciones con su cabeza despeinada.
+
+«Pues no te digo más. Esto es muy delicado, tan delicado como una
+pistola montada al pelo, con la cual no se puede jugar. Siempre es
+preferible el primer caso, el caso de la fidelidad, porque de este modo
+cumples con la Naturaleza y con el mundo. El segundo término te lo pongo
+como un _por si acaso_, y para que... pon en esto tus cinco sentidos...
+para que si te ves en el trance, por exigencias irresistibles del
+corazón, de echar abajo el principio, sepas salvar la forma...».
+
+Aquí volvió mi hombre a sentir el nudo; pero evocando otra vez su
+filosofía de tantos años, lo desató.
+
+«Hay que guardar en todo caso las santas apariencias, y tributar a la
+sociedad ese culto externo sin el cual volveríamos al estado salvaje. En
+nuestras relaciones tienes un ejemplo de que cuando se quiere el secreto
+se consigue. Es cuestión de estilo y habilidad. Si yo tuviera tiempo
+ahora, te contaría infinitos casos de pecadillos cometidos con una
+reserva absoluta, sin el menor escándalo, sin la menor ofensa del decoro
+que todos nos debemos... Te pasmarías. Oye bien lo que te digo, y
+apréndetelo de memoria. Lo primero que tienes que hacer es sostener el
+_orden público_, quiero decir la paz del matrimonio, respetar a tu
+marido y no consentir que pierda su dignidad de tal... Dirás que es
+difícil; pero ahí está el talento, compañera... Hay que discurrir, y
+sobre todo, penetrarse bien del propio decoro para saber mirar por el
+ajeno... Lo segundo...».
+
+Aquí D. Evaristo se acercó más a ella, como si temiera que alguien le
+pudiese oír, y con el dedo índice muy tieso iba marcando bien lo que le
+decía.
+
+«Lo segundo es que tengas mucho cuidado en elegir, esto es
+esencialísimo; mucho cuidado en ver con quién... en ver a quién...».
+
+La conclusión del concepto no salía, no quería salir. Viéndole Fortunata
+en aquel apuro, acudió a remediarlo, diciendo: «Comprendido,
+comprendido».
+
+--Bueno, pues no necesito añadir nada más... porque si caes en la
+tentación de querer a un hombre indigno, adiós mi dinero, adiós
+decoro... Y lo último que te recomiendo es que si logras conseguir que
+no pueda tentarte otra vez el mameluco de Santa Cruz, habrás puesto una
+pica en Flandes.
+
+Dicho esto, el anciano se levantó, y tomando capa y sombrero, se dispuso
+a marcharse. De la puerta volvió hacia Fortunata, y alzando el bastón
+con ademán de mando, le dijo:
+
+«Repito lo de antes. Aquello se acabó... y ahora soy tu padre, tú mi
+hija... trátame de usted... ocupemos nuestros puestos... Aprendamos a
+vivir vida práctica... Por de pronto, serenidad, y concluye de peinarte,
+que es tarde. Yo me voy, que tengo mucho que hacer».
+
+Metiose el original moralista en su simón, y apenas había llegado a la
+Plaza de los Carros, empezó a sentir en su alma una inquietud
+inexplicable. Y tras la inquietud moral vino un cierto malestar físico,
+con algo de temblor y escalofríos, acompañado de terror supersticioso...
+Pero no podía definir la causa del miedo... El coche corría por la
+Cava-Alta, y Feijoo se sentía cada vez peor. De improviso sintió como
+una vibración intensísima en su interior, y un relámpago a manera de
+lanceta fugaz atravesole de parte a parte. Creyó que una desconocida
+lengua le gritaba: «¡Estúpido, vaya unas cosas que enseñas a tu
+hija...!». Extendió la mano para detener al cochero y decirle que
+volviera a la calle de Tabernillas; pero antes de realizar aquel
+propósito, cesó la trepidación que en su alma había sentido, y todo
+quedó en reposo... «¡Qué debilidades!--pensó--; estas son chocheces y
+nada más que chocheces... ¿Pues no se me ocurrió volver allá para
+desdecirme? No te reselles, compañero, y sostén ahora lo que has creído
+siempre. Esto es lo práctico, es lo único posible... Si le recomendara
+la virtud absoluta, ¿qué sería?, sermón absolutamente perdido. Así al
+menos...».
+
+Y siguió tan satisfecho. Con el ajetreo que traía aquellos días, en los
+cuales hizo dos visitas a doña Lupe, celebró muchas conferencias con
+Juan Pablo y otra muy sustanciosa con Nicolás Rubín, que andaba desalado
+detrás de una canonjía, tuvo el buen señor una recaída en su enfermedad.
+Una tarde de fines de Marzo se sintió tan mal, que hubo de retirarse a
+su casa y se acostó. Doña Paca advirtió en él, juntamente con los
+síntomas de agravación, cierta alegría febril, lo que juzgó de malísimo
+agüero, pues si su amo se volvía niño o demente cuando tan malito
+estaba, señal era esto de la proximidad del fin. Toda la noche estuvo
+dando vueltas de un lado para otro, queriendo levantarse, y renegando de
+que le tuvieran prisionero en la cárcel de aquellas malditas sábanas. A
+la madrugada, se nublaron sus sentidos, y a punto de perder el
+conocimiento, se despidió del mundo sensible con este varonil concepto
+que apenas salió del magín a los labios: «Ya me puedo morir tranquilo,
+puesto que he sabido arrancarle al demonio de la tontería el alma que ya
+tenía entre sus uñas...».
+
+Doña Paca y el criado, creyendo que su amo se quedaba en aquel espasmo,
+empezaron a dar chillidos; llamaron al médico, dieron al señor muchas
+friegas, y por fin volviéronle a la vida. Todos se pasmaron de verle
+risueño y de oírle afirmar que no le dolía nada y que se sentía bien y
+contento. Mas a pesar de esto, el doctor puso muy mala cara,
+pronosticando que la debilidad cerebral y nerviosa acabaría pronto con
+el enfermo. Por más que este se envalentonó, no pudo levantarse y las
+fuerzas le iban faltando. Carecía en absoluto de apetito. Los amigos que
+aquel día le acompañaban, convinieron en decirle de la manera más
+delicada que se preparase espiritualmente para el traspaso final,
+ocupándose del negocio de salvar su alma. Creyeron los más que D.
+Evaristo se alborotaría con esto, pues siempre hizo alarde de libre
+pensador; mas con gran sorpresa de todos, oyó la indicación del modo más
+sereno y amable, diciendo que él tenía sus creencias, pero que al mismo
+tiempo gustaba de cumplir toda obligación consagrada por el asentimiento
+del mayor número. «Yo creo en Dios--dijo--, y tengo acá mi religión a mi
+manera. Por el respeto que los hombres nos debemos los unos a los otros,
+no quiero dejar de cumplir ningún requisito de los que ordena toda
+sociedad bien organizada. Siempre he sido esclavo de las buenas formas.
+Tráiganme ustedes cuantos curas quieran, que yo no me asusto de nada, ni
+temo nada, y no desentono jamás. No descomponerse; ese es mi tema».
+
+Todos los presentes se maravillaron al oírle, y aquel mismo día se le
+administraron los Sacramentos. Después se puso mucho mejor, lo cual dio
+motivo a que le dijeran, como es uso y costumbre, que la religión es
+medicina del cuerpo y del alma. Él aseguraba que no se moría de aquel
+arrechucho, que tenía siete vidas como los gatos, y que era muy posible
+que Dios le dejase tirar algún tiempo más para permitirle ver muchas y
+muy peregrinas cosas. Así fue en efecto, pues en todo el año 75 que
+corría no se murió el filósofo práctico.
+
+Durante la convalecencia de aquel ataque, no permitió que Fortunata
+fuese a verle. Le escribía algunas cartitas, reiterándole sus consejos y
+dándole otros nuevos para el día ya próximo en que la reconciliación
+debía efectuarse. Al propio tiempo se ocupaba en la revisión de su
+testamento y en tomar varias disposiciones benéficas que algunas
+personas habían de agradecerle mucho. Tenía un pequeño caudal repartido
+en diferentes préstamos hechos a amigos menesterosos. Algunos le habían
+firmado pagarés de mil, de dos y hasta de tres mil reales. Todos estos
+papeles fueron rotos. Dispuso cómo se habían de repartir las alhajas que
+tenía, algunas de bastante valor, sortijas con hermosos solitarios,
+botonaduras, y además cajitas primorosas de marfil y sándalo que había
+traído de Filipinas, una hermosa espada, dos o tres bastones de mando
+con puño de oro. Hizo la distribución de todo con un acierto que
+declaraba su gran delicadeza y el aprecio que hacía de las amistades
+consecuentes.
+
+Respecto a Fortunata lo dispuso tan bien que no cabía más. No le dejaba
+en su testamento más que algunos regalitos, llamándola _ahijada_; pero,
+por medio de un agente de Bolsa muy discreto, se hizo una operación en
+que la chulita figuraba como compradora de cierta cantidad de acciones
+del Banco, dándole además, de mano a mano, algunas cantidades en
+billetes. No olvidó por esto D. Evaristo a sus parientes, que eran dos
+sobrinas, residentes la una en Astorga, la otra en Ponferrada. Ambas
+quedaban muy bien atendidas en el testamento; y en cuanto a los socorros
+que anualmente les enviaba, no perdió aquel año la memoria de esta
+obligación, a pesar de los muchos quebraderos de cabeza que tuvo. Doña
+Paca y los dos criados también se llevarían un pellizco el día en que el
+amo faltara.
+
+Indicáronle los clérigos de la parroquia si no dejaba algo para
+sufragios por su alma, y él, con bondadosa sonrisa, replicó que no había
+olvidado ninguno de los deberes de la cortesía social, y que para no
+desafinar en nada, también quedaba puesto el rengloncito de las misas.
+
+Fue a verle una tarde Villalonga, y lo primero que le dijo Feijoo,
+mientras se dejaba abrazar por él, fue esto: «Pero, hombre, ¿será usted
+tan malo que no le dé la canonjía a mi recomendado?».
+
+--Por Dios, querido patriarca, tengamos paciencia... Haré lo que pueda.
+Le puse una carta muy expresiva a Cárdenas mandándole la nota. Pero
+considere usted que es un arco de iglesia. ¡Canonjía! Para mí la
+quisiera yo.
+
+--Y para mí también... Pero en fin, ¿puede ser o no? Es un cleriguito de
+las mejores condiciones.
+
+--Lo creo... ¡pero qué quiere usted! Estos cargos son muy solicitados, y
+cuando vaca uno, hay cuatrocientos curas con los dientes de este tamaño.
+
+--Sí, pero mi presbítero es un cura apreciabilísimo, un santo varón...
+Como que ayuna todos los días...
+
+--Ya... será un bacalao ese padre Rubín. ¿No le di ya a usted una
+credencial de Penales para un Rubín? Usted por lo visto protege a esa
+familia.
+
+--Yo no protejo familias, niño. Déjese usted de protecciones... Sólo que
+me intereso por las personas de mérito.
+
+--Por mí no ha de quedar. Le daré otro achuchón a Cárdenas. Pero, lo que
+digo, son plazas que tienen muchos golosos. Los pretendientes explotan
+el valimiento y la influencia de las señoras. Casi siempre son las
+faldas las que deciden quién se ha de sentar en los coros de las
+catedrales.
+
+--Pues suponga usted, compañero, que yo tengo faldas, que soy una
+dama... ea.
+
+--Pero si yo no lo he de decidir...
+
+--Mire usted que si no me nombra mi canónigo, no me muero, y le estaré
+atormentando meses y meses.
+
+--Mejor... Viva usted mil años.
+
+--¿Y esas elecciones, van bien?
+
+--Como un acero. Tengo allá un padre cura que vale un imperio. Me está
+haciendo unos arreglos en el distrito, que Dios tirita, y tirita toda la
+Santísima Trinidad. Ese sí que merece, no digo yo canonjías, sino siete
+mitras.
+
+--Le conozco, el _Pater_... fue capellán de mi regimiento.
+
+Villalonga se despidió reiterando sus buenos deseos respecto a Nicolás
+Rubín.
+
+«¡Eh, Jacinto, por Dios, una palabra!--dijo D. Evaristo llamándole
+cuando ya estaba en la puerta--. Por Dios y todos los santos, no me
+olvide usted a ese desdichado... al pobre Villaamil, a ese que llaman
+_Ramsés II_».
+
+--Está recomendado en una nota de _indispensables_. Conque más no puedo
+hacer.
+
+--Mire usted que no me deja vivir... Todos los días viene tres veces. La
+noche que me dieron el Viático, en el momento aquel, miré para este lado
+y lo primero que vi fue a _Ramsés II_, con una vela en la mano. ¡Cómo me
+miraba el infeliz!... Creo que no me morí de tanto como rezó Villaamil,
+pidiendo a Dios que viviera.
+
+--Podrá ser... No le olvidaré. Abur, abur.
+
+Y D. Evaristo se quedó solo, pensativo y dulcemente ensimismado,
+saboreando en su conciencia el goce puro de hacer a sus semejantes todo
+el bien posible, o de haber evitado el mal en la medida que la
+Providencia ha concedido a la iniciativa humana.
+
+
+
+
+-V-
+
+Otra restauración
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Las personas muy rutinarias y ordenadas que se acostumbran a las
+dulzuras tranquilas del método en la vida, concluyen, abusando en cierto
+modo de la regularidad, por someter al casillero del tiempo, no sólo las
+ocupaciones, sino los actos y funciones del espíritu y aun del cuerpo
+que parecen más rebeldes al régimen de las horas. Así, pues, la gran
+doña Lupe, cuya existencia era muy semejante a la de un reloj con alma,
+había distribuido tan bien el tiempo, que hasta para pensar en cualquier
+asunto de interés que sobreviniese, tenía marcada una parte del día y un
+determinado sitio. Cuando era preciso meditar, por el picor de una de
+esas ideas, hermanas del abejorro, que se plantan en el cerebro y no hay
+medio de sacudirlas, o doña Lupe no meditaba, o tenía que hacerlo
+sentada en la silleta junto a la ventana de la sala, los anteojos en el
+caballete de la nariz, la cesta de la ropa delante y el gato muy
+repantigado en un extremo de la alfombrita. La meditación era mucho más
+honda y eficaz si la señora tenía metida toda la mano izquierda, hasta
+más arriba de la muñeca, dentro de una media, y si las claraboyas de
+esta eran bastante anchas para poder tener sobre ellas enrejados como
+los de una cárcel. Tal era la fuerza del método, que doña Lupe no
+pensaba a gusto sino allí, así como para hacer sus cálculos aritméticos
+el mejor momento era cuando descascaraba los guisantes en la cocina (en
+tiempo de guisantes), o cuando ponía los garbanzos de remojo. La
+costumbre obraba estos prodigios, y lo mismo era ver la señora los
+garbanzos y poner su mano en ellos, que se le llenaba el cerebro de
+números y veía claro en sus negocios, si le convenía o no tal préstamo,
+si debía quedarse o no con tal o cual alhaja. Al levantarse, por la
+mañana temprano, preveía todos los sucesos y acciones del día que
+empezaba, y se preparaba para ellos con una evocación mental de su
+energía, y con la distribución metódica de las horas para todo lo
+previsto y probable. Era esto como si _se diera cuerda_, acumulando en
+sí la fuerza inteligente que necesitaba.
+
+Todas estas rutinas del pensamiento y de la acción fueron perturbadas
+por la mudanza de casa, que se efectuó en Diciembre del 74, y no hay que
+decir cuán gran sacrificio fue para doña Lupe este cambio. Era de esas
+personas que aborrecen lo desconocido y que se encariñan con el rincón
+en que viven. Mover los trastos era para ella algo semejante a incendio
+o demolición; pero no había más remedio que dar el salto del Norte al
+Sur de Madrid, pues teniendo Maximiliano que pasar la mayor parte del
+tiempo en la botica de Samaniego, era una falta de caridad hacerle
+recorrer dos veces al día los tres cuartos de legua que separan el
+barrio de Chamberí del de Lavapiés. Cargó, pues, la señora de Jáuregui
+con sus penates, y se instaló en un segundo de la calle del Ave-María.
+Habríale gustado vivir en la misma casa de la botica; pero no había allí
+ningún cuarto con papeles. Eligió un segundo de la finca inmediata, y
+sus balcones caían al lado de los de su amiga Casta Moreno, viuda de
+Samaniego. Los primeros días extrañaba la casa, teniéndola por peor que
+la otra; mas pronto hubo de reconocer que era mucho mejor, más espaciosa
+y bella, y en cuanto a los barrios, lo que la señora había perdido en
+tranquilidad ganábalo en animación. Poco a poco se fue adaptando a su
+nuevo domicilio, y cuando la sorprende de nuevo nuestro relato, sentada
+junto a la ventana y recapacitando, con la mano dentro de la media, en
+una fecha que debe caer allá por Marzo del 75, ya no se acordaba de la
+vivienda de Chamberí en que la conocimos.
+
+La meditación y el zurcido no le impedían mirar de vez en cuando a la
+calle, y la del Ave-María es mucho más _pasajera_ que la de Raimundo
+Lulio. En una de aquellas miradas casi maquinales que la viuda echaba
+hacia afuera, como para poner solución de continuidad al temeroso
+problema que tenía entre ceja y ceja, vio pasar a una persona que le
+retuvo un instante la atención. Era Guillermina Pacheco. «Parece que la
+santa frecuenta ahora estos barrios--murmuró doña Lupe, alargando la
+cabeza para observarla por la calle abajo--. Ya la he visto pasar cuatro
+o cinco veces a distintas horas. Verdad que para ella no hay
+distancias... Ahora que recuerdo, me ha dicho Casta que es pariente
+suya, y he de preguntarle...».
+
+La fundadora inspiraba a doña Lupe grandes simpatías. De tanto verla
+pasar por la calle de Raimundo Lulio, camino del asilo de la de
+Alburquerque, llegó a imaginar que la trataba. Siempre que había función
+pública en la capilla del asilo, iba doña Lupe, deseosa de introducirse
+y de hacer migas con la santa. Admirábala mucho, no exclusivamente por
+sus santidades, sino más bien por aquel desprecio del mundo, por su
+actividad varonil y la grandeza de su carácter. Quizás la señora de
+Jáuregui creía sentir también en su alma algo de aquella levadura
+autocrática, de aquella iniciativa ardiente y de aquel poder
+organizador, y esta especie de parentesco espiritual era quizás lo que
+le infundía mayores ganas de tratarla íntimamente. Sólo le había hablado
+una o dos veces en las funciones del asilo, así como por entrometimiento
+y oficiosidad, y cuando en dichas fiestas veíala rodeada de damas _de la
+grandeza_ y de señoronas ricas, que tenían el coche a la puerta, doña
+Lupe habría dado el único pecho que poseía por meter las narices entre
+aquella gente, codearse con ellas y mangonear en los petitorios. Porque
+ella tenía la vanidad, muy bien fundada por cierto, de no desmerecer de
+las tales señoras en punto a buena crianza y modales. Harto sabía,
+además, que no todas habían nacido en doradas cunas, y que la finura es
+lo que constituye la verdadera aristocracia en estos tiempos liberales.
+No había razón para que ella, que sabía presentarse como la primera,
+dejase de alternar con las damas que seguían a Guillermina cual las
+ovejas siguen al pastor... A mayor abundamiento, en lo tocante a ropa
+estaba a la sazón la viuda de Jáuregui en excelentes condiciones. Con su
+talento y su economía se había agenciado un abrigo de terciopelo, con
+pieles, que la más pintada no lo usara mejor. Y le había salido por poco
+más de nada, atendido lo que generalmente cuestan estas piezas... Le
+estaban arreglando una capota, que... vamos; el día que la estrenara
+había de llamar la atención... Estas reflexiones fueron como un inciso
+en lo que aquella tarde pensaba la señora, inciso que se abrió al ver
+pasar a Guillermina, cerrándose cuando la virgen y fundadora desapareció
+por la calle abajo.
+
+Vuelta a la meditación, tomando el hilo de ella en el mismo punto en que
+lo había soltado... «Y aunque el Sr. de Feijoo lo niegue hoy, es tan
+verdad que me rondaba la calle al año de perder a mi Jáuregui... tan
+verdad como que nos hemos de morir. Y si no, ¿qué hacía plantado en
+aquella dichosa esquina de la calle de Tintoreros? Esto fue poco antes
+de la guerra de África, bien me acuerdo; y si el tal no se va a matar
+moros, sabe Dios si... Pero esto no hace al caso, y vamos a lo otro. Que
+es un caballero decentísimo, no tiene la menor duda. Jáuregui le
+apreciaba mucho, y me decía que no tenía más contra que ser muy
+mujeriego... Fuera de esto, hombre de veracidad, con una palabra como
+los Evangelios, y cosa que él decía poniéndose formal era como si la
+escribieran notarios... Con todo, ¡lo que me ha venido contando estos
+días me parece tan extraño...! Que está arrepentida, que él la ha tomado
+bajo su protección... Se la encontró en casa de unos vecinos, y le dio
+lástima, y qué sé yo qué... Por más que diga ese santo varón, tales
+arrepentimientos me parecen a mí las coplas de Calainos... Y si por
+acaso... Quita, quita, pensamiento y no me tientes con una sospecha, que
+parece tan verosímil... El mismo Feijoo quizás... puede... habrá
+tenido... y ahora... Sobre esto quiero echar tierra, porque me volvería
+loca. La verdad es que el pobre señor ha dado un bajón tremendo y no
+debe de haber estado para morisquetas de algunos meses acá. ¡Si será
+cierto lo que dice!... ¡Caridad, lástima, arrepentimiento... necesidad
+de transigir, decoro, reconciliación...!».
+
+Otro inciso. Miró a la calle y vio por segunda vez a Guillermina que
+subía. «¿Pero qué trae en la mano?, un palo y un garfio de hierro. ¡Vaya
+con la santa esta! Algo que le han dado. Dicen que lo acepta todo. Véase
+por dónde yo le podría ayudar a su obra, dándole media docena de llaves
+viejas que tengo aquí. Aquella tabla que lleva parece una plantilla...
+Toma, como que vendrá del almacén de maderas de la calle de Valencia.
+Vaya unos trajines... Vea usted una cosa que a mí me gustaría, edificar
+un _establecimiento_, pidiéndole dinero al Verbo... Lo haría yo tan
+grande como el Escorial...».
+
+Cerrado el inciso, y otra vez al tema: «¡Vaya con lo que me ha dicho
+esta mañana Nicolás: que Feijoo es el primer caballero de Madrid y que
+le ha prometido una canonjía! Si se la dan, ya no me queda nada que ver.
+Yo me alegraría, para quitarme esa carga de encima; pero ¡qué tiempos y
+qué Gobiernos! ¡Ah!, si yo gobernara, si yo fuera ministra, ¡qué
+derechitos andarían todos! Si esta gente no sabe... si salta a la vista
+que no sabe. ¡Dar una canonjía a un clérigo joven, que entra en su casa
+a la una de la noche y pasa el tiempo charlando en el café con los curas
+de caballería que andan por ahí sueltos y sin licencias! Pero en fin,
+allá te la dé Dios, y si pescas el turrón, hijo, buen provecho, y
+escribe en llegando, y no parezcas más por aquí, egoistón,
+tragaldabas... Pues digo, el otro, el Juanito Pablo, desde que tiene
+empleo no pone los pies en casa. ¡Si comparado con sus hermanos,
+Maximiliano es un ángel de Dios y un talentazo...! Voy a lo que me decía
+Nicolás esta mañana... Que D. Evaristo es un cristiano rancio, y que
+cuando le administraron, recibió al Señor con una edificación y una
+santidad tan grandes, que todos los concurrentes al acto lloraban a moco
+y baba. Vaya, no sería para tanto... exageración. En estas cosas de
+santidad hay que llamar al tío Paco para que traiga la rebaja. Pero en
+fin, pongamos que sea así, ¿y qué? Ahora lo que falta saber es si con
+toda esa cristiandad nos querrá dar gato por liebre... ¡Lástima,
+arrepentimiento!... Dios mío, o dame una luz clara sobre esto, o quítame
+esta grillera de mi cabeza. Yo me vuelvo loca... Y no sé por qué me
+devano los sesos, porque en rigor, ¿a mí qué me va ni me viene? Si
+Maximiliano quiere humillarse después de las atrocidades que pasaron, yo
+no debo meterme... Pero sí, sí me meteré. ¿Cómo consentir tal afrenta?
+La muy bribona... ¡imaginar que su marido puede perdonarla después de la
+trastada indecente que le hizo, después que el querindango atropelló a
+este infeliz abusando de su fuerza...! ¡Qué infamia! Si yo no hubiera
+estado un mes seguido trasteando a este chico para quitarle de la cabeza
+la idea de la venganza... no sé qué catástrofes habrían sucedido. Quería
+pegarle un tiro al otro, y hasta se le ocurrió hacer un cartucho de
+dinamita para ponérselo en la puerta de su casa. Delirios... lo mejor es
+el desprecio... A estos badulaques se les desprecia... Bueno está mi
+sobrino para meterse en lances, él que se asusta de entrar en un cuarto
+sin luz. ¡Pobrecillo Maxi!, ¡tiene un corazón de oro, y ahora que está
+tan dado a estudiar lo del otro mundo, se le ocurren unas cosas...!
+¡Vaya con lo que me decía anoche! 'Tía de mi alma, a fuerza de pensar y
+padecer, he llegado a desprenderme de todas las pasiones, y a no sentir
+en mí ni odio ni venganza'. Dice que la perdona cristianamente, por esto
+y lo otro y qué sé yo qué... pero en cuanto a hacer vida común, ni que
+se lo mande el Papa. Y a renglón seguido me marea para que la vaya a
+ver. 'Tía, visítela usted, entérese... sondéela, a ver cómo se presenta.
+Puede que sea verdad lo que dice D. Evaristo...'. Todas las noches la
+misma canción. Al fin, si se pone muy pesadito, no tendré más remedio
+que ir. Y no es flojo el paseo que tengo que dar, de aquí a Puerta de
+Moros...».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Un lunes por la tarde, doña Lupe entró en su casa a eso de las
+cinco. Venía muy emperifollada. «Papitos, ¿quién ha venido?».
+
+--Aquel señor de las barbas blancas.
+
+--¿Y nadie más? ¿No ha estado Mauricia?
+
+--No señora... Esta mañana la vi en la puerta del bodegón de la Plazuela
+de Lavapiés. Vive por aquí cerca... «Señá Mauricia, mire que la señora
+la está esperando...». Me contestó, dice: dile a esa _tiona_ que si
+quiere correr los pañuelos que los corra ella, y que si no, que los
+deje...
+
+«¡Habrá indecente!...» exclamó la señora algo distraída.
+
+Papitos, que aquella mañana había sido castigada porque trajo de la
+plaza una merluza muy mala, creyó que a su ama no se le había pasado el
+berrinchín, y temblaba mirándole las manos. Pero en el ánimo de doña
+Lupe se había disipado la ira correccional, a causa de los sentimientos
+de otro orden y del gran estupor que desde una hora antes reinaban en
+él.
+
+«Oye, Papitos--le dijo--. Ven acá, y atiende bien a lo que te encargo.
+Yo tengo que salir otra vez. Das de comer al señorito Nicolás y al
+señorito Maxi; pero este vendrá mucho más tarde que su hermano. Fíjate
+bien, y no salgas luego haciendo lo contrario de lo que te mando.
+
+Para principio del clérigo, pones la merluza mala que trajiste esta
+mañana, ¿sabes?, y que está apestando... Le echas bastante sal, y
+después la cargas de harina todo lo que puedas y la fríes. Ponle todas
+las tajadas, y se las embaulará sin enterarse de si está buena o mala.
+Es como los tiburones, que tragan todo lo que les echan. Para postre,
+las nueces y el arrope, ¿sabes? Le pones en la mesa la orza, y que se
+harte; a ver si lo acaba. Está fermentando y no hay quien lo pase... Si
+el señorito Maxi viniese antes de que esté de vuelta, le pones de
+principio una de las dos chuletas de ternera, la más crecidita, y de
+postre le sacas las pastas que trajo el bollero esta mañana, y la carne
+de membrillo que yo tomo. Conque a ver si lo haces todo al revés».
+
+Cuando le daban tales pruebas de confianza, delegando en ella la
+autoridad, la mona se crecía, y aguzado su entendimiento por la vanidad,
+desempeñaba sus obligaciones de un modo intachable. Doña Lupe, que ya la
+conocía bien, estaba segura de que sus órdenes serían cumplidas. Papitos
+hizo con la cabeza signos de inteligencia, y se sonreía la muy tunanta,
+pensando sin duda, ¡aquí que no peco!... en la cantidad de sal que le
+iba a echar a la merluza del señorito Nicolás.
+
+Doña Lupe permaneció un rato en la sala, sin moverse del sillón en que
+se sentara al entrar, con el manto puesto, la mano en la mejilla,
+pensando en lo mismo. No había vuelto aún de su asombro, ni volvería en
+mucho tiempo. Fortunata, de cuya casa venía, le había dado mil duros
+para que se los colocara del modo que lo creyera más conveniente... y
+sin querer admitir recibo... Al pronto sospechó la señora de Jáuregui si
+serían falsos los billetes... pero ¡quia, si eran más legítimos que el
+sol! Tal prueba de confianza le llegaba al alma, porque no sólo era
+confianza en su honradez, sino en su talento para hacer producir dinero
+al dinero... Pues además, Fortunata, en el curso de la conversación,
+había dado a entender que tenía acciones del Banco, sin decir cuántas.
+¿De dónde había salido esta riqueza? Quizás Juanito Santa Cruz... quizás
+Feijoo... Lo más particular era que doña Lupe, por impulsos de
+tolerancia que habían surgido bruscamente en su espíritu, se esforzaba
+en suponer a aquel caudal una procedencia decente. ¡Fascinación que la
+moneda ejerce en ciertos caracteres, porque para estos lo bueno tiene
+que tener buen origen!... «¿Y por qué no ha de ser verdad todo eso del
+arrepentimiento?...--se decía--. Lo que no me explico es una cosa... El
+primer día me dijo Feijoo que estaba miserable... pero miserable, y
+comiéndose sus ahorros. ¡Pues si son estas las sobras...! En fin,
+doblemos la hoja; pongámonos en un punto de vista imparcial, y no
+hagamos juicios temerarios antes de tener datos seguros. ¿Quién se
+atreve a condenar a un semejante sin oírlo? Sería una crueldad, una
+injusticia. Eso de que siempre hayamos de pensar mal, me parece una
+barbaridad... Pero me estoy aquí ensimismada, y si tardo, quizás no
+encuentre en su casa a D. Francisco... Él dirá qué hacemos con todo este
+_guano_».
+
+Al bajar la escalera, sus pensamientos tomaban otro giro. «¡Y qué guapa
+está!... Es un horror de guapa. Y siempre tan modosita... Parece que no
+rompe un plato. Cuando entré, por poco se desmaya. Y aquello no es
+fingido... ella será todo lo que se quiera; pero no hace papeles, no
+tiene talento para hacerlos. En cuanto a modales, ha olvidado todo lo
+que le enseñé... será preciso volver a empezar... y de lenguaje seguimos
+lo mismo. Ni la más ligera alusión a los sucesos del año pasado. Dirá, y
+con razón, que peor es meneallo...».
+
+Como tres horas largas estuvo doña Lupe fuera de su casa. Cuando volvió,
+Nicolás había comido y marchádose, y Maximiliano estaba concluyendo. La
+primer pregunta que hizo el ama a Papitos fue referente a las órdenes
+que le había dado.
+
+«No dejó ni rastro» replicó la muchacha, enseñando a su ama la fuente en
+que había servido la merluza.
+
+--¿Y dijo algo?
+
+--No podía decir nada, porque no paraba de tragar.
+
+Doña Lupe se sonreía. Cerciorose de que a Maximiliano se le había
+servido conforme a sus órdenes, y después de cambiar de ropa, dispuso su
+propia comida, que era de lo más frugal. Cuando entró en el comedor, ya
+Maxi no estaba allí, y media hora después encontrole en su cuarto, sin
+luz, sentado junto a la mesa y de bruces en ella, con la cabeza
+sostenida en las manos, y agarradas estas al cabello, como si se lo
+quisiera arrancar. Viéndole tan sumergido en su tristeza, su señora tía
+le dijo: «Vamos, hombre, no te pongas así. No hay que tomar las cosas
+tan a pechos... Lo que está de Dios que sea, será. Cuando las cosas
+vienen bien rodadas, no hay medio de evitarlas».
+
+«Y qué, ¿la ha visto usted?» dijo Maxi dejando al fin aquella posición
+violenta, y mirando con ansiedad a su tía.
+
+--Sí... Me has mareado tanto... que al fin... Pues nada... la he visto y
+no me ha comido. Es la misma panfilona inexperta de siempre.
+
+--¿Está desmejorada?--¿Desmejorada? Quítate de ahí. Lo que está es
+guapísima. Por cada ojo parece que le salen cuantas estrellas hay en el
+Cielo. A algunas personas la miseria les prueba bien.
+
+--Pero qué, ¿está miserable? ¿Pasa necesidades?--preguntó el chico,
+moviéndose con inquietud en la silla--. Eso no debe consentirse...
+
+--No digo que tenga hambre... y tal vez... Su situación no debe ser muy
+desahogada. Hoy a las cuatro de la tarde, según me dijo, no había
+entrado en su cuerpo más que un poco de pan del día antes, un pedacito
+de chocolate crudo, y al mediodía una corta ración de bofes.
+
+--¡Por Dios! ¿Y usted consiente eso? ¡Bofes...!
+
+--Será penitencia tal vez--replicó la viuda en aquel tono de convicción
+ingenua que tomaba cuando quería jugar con la credulidad de su sobrino,
+como el gato con la bola de papel.
+
+--Francamente, tía, eso de que pase hambres... Yo no la perdono, no
+puede ser... le aseguro a usted que eso... _jamás, jamás, jamás_.
+
+--Ya te he dicho que no es prudente soltar _jamases_ tan a boca llena
+sobre ningún punto que se refiera a las cosas humanas. Ya ves el bueno
+de D. Juan Prim qué lucido ha quedado con sus _jamases_.
+
+--Pues a mí no me pasará lo que a D. Juan Prim, porque sé lo que digo...
+Y como la restauración depende de mí, y yo no he de hacerla... Pero de
+esto no se trata ahora. Aunque no ha de haber las paces, me duele que
+pase hambre. Es preciso socorrerla.
+
+--Pues volveré allá. Pero se me ocurre una cosa. ¿Por qué no vas tú?
+
+--¡Yo!--exclamó el exaltado chico sintiendo que los cabellos se le
+ponían de punta.
+
+--Sí, tú... porque estás acostumbrado a que todo te lo den bien amasado
+y cocido... Esto es cosa delicada... Yo no quiero responsabilidades. Tú
+no eres ya un niño, y debes decidir por ti mismo estas cosas.
+
+--¡Yo!, ¡que vaya yo!--murmuró el joven farmacéutico, sintiendo un
+temblor, un frío... Se ponía malo de sólo pensarlo.
+
+--Tú, sí, tú... Déjate de miedos y vacilaciones. Si lo quieres hacer lo
+haces, y si no lo dejas.
+
+--No tengo tiempo de ir--dijo Rubín tranquilizándose al encontrar tan
+liviano pretexto.
+
+Volvió a insistir doña Lupe con lenguaje duro en que él debía decidir
+por sí mismo aquel asunto de la reconciliación, ver a Fortunata y
+proceder en conciencia según las impresiones que recibiera. Tanto y
+tanto le predicó, que al cabo el pobre muchacho hizo propósito de ir; y
+al día siguiente, en un rato que le dejó libre la botica, tomó el camino
+de la calle de Tabernillas, más muerto que vivo, pensando en lo que
+diría y lo que callaría, con la penita muy acentuada en la boca del
+estómago, lo mismo que cuando iba a examinarse. Al llegar y reconocer el
+número de la casa, entrole tal espanto, que se retiró, huyendo de la
+calle y del barrio...
+
+Al día siguiente hizo un segundo esfuerzo y pudo entrar en el portal;
+pero ante la vidriera que daba paso a la escalera, se detuvo. Le
+aterraba la idea de subir, y de su mente se había borrado todo lo que
+pensaba decirle. Aguardó un rato en espantosa lucha, hasta que le
+asaltaron ideas alarmantes como esta: «Si ahora baja y me ve aquí...». Y
+salió escapado por la calle adelante sin atreverse ni a mirar hacia
+atrás. La tentativa del tercer día no tuvo mejor éxito, y aburrido al
+fin y desconcertado, resolvió expresarse con su mujer por medio de una
+carta. Andando hacia la calle del Ave-María, iba discurriendo que debía
+poner en la carta mucha severidad, y un ligero matiz de indulgencia, un
+grano nada más de sal de piedad para sazonarla. Diríale que no podía
+admitirla en su casa; pero que con el tiempo... si daba pruebas de
+arrepentimiento... En fin, que ya saldría la epístola tan guapamente.
+Excitado por estas ideas y propósitos, entró en su casa, y al dirigirse
+a su cuarto y oír la voz de su tía que desde la sala le llamaba, sintió
+en el corazón como si se lo tocaran con la punta de un alfiler... Entró
+en la sala, y... ¡lo que vieron sus ojos, Dios omnipotente!... ¡Dios que
+haces posible lo imposible! En la sala estaba Fortunata, en pie, lívida
+como los que van a ser ajusticiados...
+
+Maximiliano no cayó redondo por milagro de Dios... Dijo _¡ah!_... y se
+quedó como una estatua. Tampoco ella chistaba nada y sus miradas caían
+al suelo como pesas de plomo. Por fin el joven, en el último grado de la
+turbación y del desconcierto, se aventuró a hablar, y dijo algo así como
+_buenas tardes_... y después: _Yo creí que_... y luego: _De modo que
+usted, tía..._ «No, yo no me meto en nada--declaró doña Lupe, que estaba
+sentada como presidiendo--. Lo único que he dispuesto es traerla aquí
+para que frente a frente decidáis... Fortunata, siéntate».
+
+Al recuerdo de su agravio sintió Maximiliano en su alma una reacción
+brusca contra aquel misticismo recién aprendido, más hijo de la
+necesidad que de la convicción. «Esto me parece prematuro» dijo, y salió
+de la sala.
+
+Pronto se le reunió su tía en el despacho, y le dijo: «Me parece bien tu
+severidad. Pero las circunstancias... ¿No me has dicho que era
+indispensable pasarle un tanto diario para alimentos? ¿Y te parece a ti
+que estamos en disposición de sostener dos casas?».
+
+Tenía el muchacho la cabeza tan alborotada, que no pudo hacerse cargo de
+tales argumentos. Para él lo mismo era que su tía le hablase de dos
+casas que de cuatro mil. «Déjeme usted--le dijo, casi sollozando--.
+Estoy dejado de la mano de Dios».
+
+«Pues ya que está aquí, no se ha de marchar--prosiguió doña Lupe en voz
+baja--. La pondremos en el cuartito próximo al mío. Y basta. ¡Ay!, ¡que
+siempre me han de tocar a mí estos arreglos y composturas!... ¿Sabes lo
+que te digo? Pues que aquí tenéis ocasión de deciros todas las perrerías
+que queráis o de daros todas las explicaciones que juzguéis
+convenientes. Yo me lavo mis manos. A mí no me metáis en vuestras
+contradanzas. Si queréis llegar a un acuerdo, en hora buena sea, y si no
+queréis, también. Bastante servicio os hago con prestaros mi casa para
+que os toméis el pulso hasta ver si hay paces o no hay paces. Y por
+Dios, no me des más jaquecas. Si pasan días y no salta la avenencia, se
+acabó. Pero no me deis más jaquecas, por Dios, no me deis más jaquecas».
+
+Esto último lo dijo en alta voz, saliendo ya al pasillo, de modo que lo
+oyeron muy bien, Papitos en un extremo de la casa, y Fortunata en otro.
+Esta quedó desde aquella tarde en la casa, y su situación era de las
+menos airosas, porque su marido apenas le hablaba. Nicolás hacía el
+gasto de conversación en la mesa. Al segundo día, Fortunata dijo a doña
+Lupe que se marchaba, lo que dio motivo a que la señora saliera por los
+pasillos gritando: «Por Dios, no me deis más jaquecas... ya no puedo
+más. Que cada cual haga lo que quiera». Pero a pesar de esto, la esposa
+no se marchó. Al tercer día, en medio de la reserva y huraño silencio
+que entre ambos cónyuges reinaba, empezó Maxi a soltar una que otra
+palabra; luego ya no eran palabras, sino frases, y tras las cláusulas
+frías vinieron las tibias. Por fin se permitió algún concepto jovial. Al
+quinto día se sonreía mirando a su mujer. Al sexto, Fortunata le miraba
+con atención cortés cuando decía algo; al sétimo, Maxi opinaba como ella
+en toda discusión que en la mesa se trabase; al octavo le daba una
+palmadita en el hombro; al noveno la señora de Rubín se interesaba
+porque su marido se abrigase bien al salir, y al décimo estuvieron como
+un cuarto de hora secreteándose a solas en un rincón de la sala; al
+undécimo Maxi le apretó mucho la mano al entrar, y al duodécimo exclamó
+doña Lupe como sacerdote que entona el _hosanna_: «Vaya que os ponéis
+babosos. Por Dios, no me deis jaquecas. Si estáis reventando por hacer
+las paces, ¿a qué tantos remilgos? Bien hago yo en no meterme en nada,
+bendita de mí».
+
+Y de este modo se verificó aquella restauración, aquel restablecimiento
+de la vida legal. Fue de esas cosas que pasan, sin que se pueda
+determinar cómo pasaron, hechos fatales en la historia de una familia
+como lo son sus similares en la historia de los pueblos; hechos que los
+sabios presienten, que los expertos vaticinan sin poder decir en qué se
+fundan, y que llegan a ser efectivos sin que se sepa cómo, pues aunque
+se les sienta venir, no se ve el disimulado mecanismo que los trae.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+En los primeros días que sucedieron a este gran suceso, nada
+ocurrió digno de contarse. Y si algo hubo fue de puertas afuera. Voy a
+ello. Una tarde estaban doña Lupe y Fortunata en la sala cosiendo unas
+anillas a las magníficas cortinas de seda con que se había quedado la
+señora por préstamo no satisfecho, cuando Papitos, que se había asomado
+al balcón para descolgar la ropa puesta a secar, empezó a dar chillidos:
+«Señoras, vengan, miren... ¡cuánta gente!... Han matado a uno».
+Asomáronse las dos señoras y vieron que en la parte baja de la calle,
+cerca de la esquina de la de San Carlos, había un gran corrillo que a
+cada momento engrosaba más. «Hay un _cadávere_ difunto allí en mitad de
+la gente» gritó Papitos que tenía medio cuerpo fuera del balcón.--Yo veo
+un bulto tendido en el suelo--dijo doña Lupe.--¿Ves tú algo?... Será
+algún borracho. Pero observa qué multitud se va reuniendo. Como que los
+coches no pueden pasar... Y mira qué policías estos. Ni para un remedio.
+
+«Señora, mándeme por los fideos... Ya sabe que no hay...» dijo la mona.
+
+--Vamos... lo que tú quieres es curiosear...
+
+--Mándeme--repitió la chiquilla dando brincos entre risueña y
+suplicante.
+
+--Pues anda--dijo doña Lupe, que aquel día estaba de buen humor--; si no
+sales te vas a caer por el balcón. Pero ven prontito... y ten cuidado de
+limpiarte bien los pies en los felpudos que hay en la portería, porque
+hay muchos barros... Mira cómo pusiste la alfombra cuando volviste de
+avisar al carbonero.
+
+Salió Papitos más pronta que la vista, y estuvo fuera como unos veinte
+minutos. Su ama la vio entrar en la casa y fue a abrirle la puerta...
+«¿Te has restregado bien las patas?».
+
+--Sí señora... mire.--Ahora aquí otra vez... ¿Sabes lo que debes hacer
+siempre que subes?, refregarte bien en el limpia-barros del vecino, en
+ese que está ahí.
+
+--¿En este?--dijo la mona, bailando el zapateado en el limpia-barros del
+cuarto de la izquierda.
+
+--Porque todos los pisotones de menos que le demos al nuestro, eso vamos
+ganando.
+
+--¿Sabe, señora, sabe?...--agregó Papitos, que a pesar de venir sofocada
+de tanto correr, seguía bailoteando en el felpudo ajeno--. ¿No sabe lo
+que hay allí? Es una mujer que parece está bebida; pero muy bebida... ¿Y
+no acierta quién es?, la señá Mauricia.
+
+--¿Pero oyes, mujer, has oído?--dijo doña Lupe desde el pasillo
+volviendo a la sala--. Mauricia... borracha... ahí tienes lo que reúne
+tantísima gente.
+
+--¿Pero la viste bien?, ¿estás segura de que es ella?--preguntó
+Fortunata pasado el primer momento de asombro.
+
+--Sí, señorita, ella es...
+
+--Pero hija--observó doña Lupe volviendo a asomarse con
+oficiosidad...--cree que me hace esto una impresión... ¡Y los de Orden
+Público que no parecen!... ¡Ah!, sí, la levantan... ¡Qué mujer!... Miren
+que ponerse en ese estado.
+
+--Ahora se la llevan... Está como un cuerpo muerto--decía Fortunata,
+acordándose de las escenas que había presenciado en el convento.
+
+--Sí, se la llevan a la Casa de Socorro o al hospital... Pero ¡quia!,
+no... Suben. ¿Apostamos a que la traen a la botica?
+
+--Si tiene rajada la cabeza en salva la parte...--afirmó Papitos dando a
+conocer gráficamente las dimensiones de la herida--. Y echaba la mar de
+sangre... que corría por la calle abajo, como corre el agua cuando
+llueve.
+
+Cuando pasaba bajo los balcones el cuerpo inerte de Mauricia la Dura,
+cargado por los de Orden Público y escoltado por el gentío, Fortunata se
+quitó del balcón, porque le faltaba ánimo para presenciar tal
+espectáculo. Doña Lupe y Papitos sí que lo vieron todo, y esta tuvo aún
+la pretensión de que su ama la dejase ir a la botica para ver la cura
+que le hacían a _aquella borrachona_. Pero esto ya era mucha libertad, y
+aunque la chiquilla imaginó diferentes pretextos para bajar, no se salió
+con la suya.
+
+A la hora de comer, Maximiliano habló del caso, describiendo la cura y
+haciendo augurios poco lisonjeros sobre la suerte de la enferma.
+
+«Tienes razón--observó la viuda--. Me parece que de este barquinazo no
+sale. ¡Pobre mujer! ¡Tener ese vicio! De veras lo siento, pues no hay
+otra como ella para correr alhajas».
+
+Refirió entonces Maxi un pasaje curiosísimo y reciente de la historia de
+la tal Mauricia, que había sido contado aquella misma tarde, después de
+la cura, por el Sr. de Aparisi, uno de los que solían ir de tertulia a
+la botica. «Pues esa buena pieza, en una de las tremendas borrascas que
+le produce el maldito vicio, fue recogida de la calle por los
+protestantes, que tienen su capilla y casa en las Peñuelas». Enterose
+doña Guillermina, la señora esa que pide para los huérfanos de la calle
+de Alburquerque, y lo mismo fue saberlo, que volarse... Vean ustedes.
+Plantose en la casa de los protestantes a reclamar a la tarasca. Tun,
+tun... ¿quién?... yo... Y salió el pastor, que es uno que llaman D.
+Horacio, que tiene el pelo colorado y ralo, como barbas de maíz; salió
+también la pastora, su mujer, que es una tal doña Malvina... buenas
+personas los dos, porque lo protestante no quita lo decente. Entre
+paréntesis, se distinguen por su independencia en el vestir. Doña
+Malvina le hace las levitas a D. Horacio, y D. Horacio le arregla los
+sombreros a doña Malvina. Total, que estos inglesones lo entienden: no
+gastan un cuarto en sastres ni modistas. Pero voy al cuento. Los
+pastores se las tuvieron tiesas, y doña Guillermina más tiesas todavía.
+Religión frente a religión, la cosa se iba poniendo fea. Los
+protestantes decían que la mujer aquella les había pedido limosna y
+protección; doña Guillermina lo negaba, acusándoles de haberla sonsacado
+y de haber ido a buscarla a su propia casa. D. Horacio dijo que nones y
+que haría valer sus derechos luteranos ante el mismo Tribunal Supremo;
+amoscose la otra, y doña Malvina sacó el libro de la Constitución, a lo
+que replicó Guillermina que ella no entendía de constituciones ni de
+libros de caballerías. Por fin, acudió la católica al Gobernador, y el
+Gobernador mandó que saliese Mauricia del poder de Poncio Pilatos, o sea
+de D. Horacio.
+
+--¿Ves, qué cosas?--observó doña Lupe--. Ahí tienes los belenes que se
+arman por la religión. Bien decía mi Jáuregui que él era muy liberal,
+pero que no le petaba por la libertad de cultos.
+
+--Pues aguárdense ustedes, que falta lo mejor. D. Horacio, como inglés
+que sabe respetar las leyes, obedeció la orden del Gobernador,
+reservándose el sostener su derecho ante los tribunales. Pero cuando le
+dijo a Mauricia que se marchara, esta no quiso, y empezó a poner de oro
+y azul a doña Guillermina, hallándose esta presente, y a todas las
+señoras de las Juntas católicas, diciendo que eran unas tales y unas
+cuales.
+
+--¡Qué bribona! Si es atroz... le entran esos toques, y no sabe lo que
+dice.
+
+--Doña Guillermina no se acobardó por esto, ni renunció a llevársela. Se
+fue pian pianino, y se sentó en la puerta, en un guardacantón que hay
+allí. Todos los días iba a ponerse en el mismo sitio, como un centinela.
+El pastor y la pastora le decían que pasara y ella contestaba que muchas
+gracias... Y por fin ayer se volvieron las tornas, porque Mauricia se
+enfureció, y acometiendo a doña Malvina le llenó la cara de arañazos...
+D. Horacio llama a los de Orden Público, y la tarasca se mete en la
+capilla, rompe el púlpito, vuelca el tintero, hace pedazos todos los
+libros, arma una barricada con las sillas, y coge la copa en que ellos
+comulgan, y... la profana del modo más indecente. Costó trabajo echarla
+a la calle... Al salir, ¡tras!... doña Guillermina, que me le echa un
+cordel al pescuezo y se la lleva. Todo esto lo ha contado Aparisi, que
+lo sabe por el mismo D. Horacio y por doña Guillermina, y porque tuvo
+que intervenir como teniente alcalde que es del distrito... A Mauricia
+la pusieron en casa de una hermana que vive ahí por la calle de Toledo;
+y se conoce que allá tampoco la pueden sujetar, por lo que se ha visto
+esta tarde. De la botica la llevaron a la Casa de Socorro.
+
+Esta relación era demasiado larga para los pulmones de Maximiliano, por
+lo cual llegó al término de ella fatigadísimo. Todos se pasmaron del
+cuento, y doña Lupe compadeció a la Dura, deplorando que con vicio tan
+inmundo malograse las cualidades de inteligencia corredora que poseía.
+En cuanto a Fortunata, se sentía profundamente lastimada, y deseaba que
+su marido acabase de contar aquellos tristísimos lances, para que la
+conversación recayese en otro asunto. Pero no fue posible, porque hasta
+el término de la comida no se habló más que de Mauricia, de los
+protestantes y del insano vicio de la embriaguez; y por fin, Nicolás
+sacó a relucir sucesos ocurridos en las Micaelas, evocando el testimonio
+de Fortunata. Esta, muy contra su voluntad, no tuvo más remedio que
+referir los novelescos pasajes del ratón, las visiones y de la botella
+de coñac; pero lo hizo a _grandes rasgos_, para acabar más pronto.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Aquella noche se fueron a Variedades, que está a dos pasos del
+Ave-María. Otra ventaja de aquel barrio sobre Chamberí es que se puede
+ir de noche a ver una piececita o a pasar un rato en cualquier café, sin
+hacer caminatas de media legua, ni usar el tranvía. A Fortunata no le
+gustaba ir al teatro ni presentarse en público. Sentía inexplicable
+miedo de las miradas de la gente, y aunque pocos o ninguno la conocían,
+figurábase que la conocían todos, y que de cada boca salía un comentario
+acerca de ella. Por desgracia, asunto no faltaba. Pero si la miraban los
+hombres, era para admirarla, y si cuchicheaban luego, rara vez decían
+algo fundado en un conocimiento verdadero de la realidad. Otro motivo
+del terror que el teatro y los sitios públicos le inspiraban era
+encontrar _caras conocidas_, y este recelo la tenía como azorada y sobre
+ascuas durante la función.
+
+En la casa se hallaba muy bien. Había tenido seguramente en su vida
+temporadas de mayor felicidad, pero no de tan blando sosiego. Había
+visto días, los menos, eso sí, en que brillaba echando chispas el sol
+del alma, seguidos de otros en que se apagaba casi por completo; pero
+nunca vio una tan inalterable y mansa corriente de días tibios, iguales,
+de penumbra dulce y reparadora. Llevábase muy bien con doña Lupe, y con
+su marido le pasaba lo más extraño que imaginar pudiera. No digamos que
+le quería, según su concepto y definición del querer; pero le había
+tomado un cierto cariño como de hermana o hermano. No era ni podía ser
+el hombre por quien la mujer da su vida, encontrando espiritual goce en
+este sacrificio; era simplemente un ser cuya conservación y bienestar
+deseaba. Y así como se supone y casi se entrevé una tierra lejana cuando
+se va navegando a la aventura, así entreveía ella la contingencia de
+quererle con amor más firme, y de pasar a su lado toda la vida, llegando
+a no desear nunca otra mejor. En vez de rehuir las obligaciones de su
+casa, Fortunata hacía por extenderlas y aumentarlas, conociendo que el
+trabajo le ayudaba a sostenerse en aquel equilibrio, sin balances de
+dicha, pero también sin penas, el corazón adormecido y aplanado, como
+bajó la acción de un bálsamo emoliente. Acordábase de los dos casos que
+le había presentado el bueno de Feijoo, y pensaba si ocurriría lo que
+ella tuvo por más inverosímil, esto es, que se realizara el primero.
+¿Llegaría a conformarse con tal vida, y a contenerse con aquel fruto
+desabrido del amor sin apetecer otro más dulzón y menos sano?...
+
+Maximiliano, en cambio, no podía vencer su inquietud. Ningún motivo
+tenía para sospechar de su mujer, cuya conducta era absolutamente
+correcta. Doña Lupe y él convinieron en que jamás Fortunata saldría sola
+a la calle, y esto se cumplía al pie de la letra. Pero ni con tales
+seguridades acababa de tranquilizarse. Deseaba ardientemente tener
+hijos, por dos motivos: primero, para echarle a su cara mitad un lazo
+más y ligaduras nuevas; segundo, para que la maternidad desgastase un
+poco aquella hermosura espléndida que cada día deslumbraba más. La
+desproporción entre las estaturas de uno y otro, y entre el conjunto de
+su apariencia personal, mortificaba tanto al pobre chico, que hacía
+esfuerzos imposibles y a veces ridículos para amenguar aquella falta de
+armonía. Encargábase calzado con tacones altos, y se esmeraba en vestir
+bien y en atender a ciertos perfiles de que sólo se ocupan los _dandys_.
+Desgraciadamente, aunque Fortunata apenas se componía, la desproporción
+era siempre muy visible. Pero Maxi veía con gozo que su esposa se
+cuidaba poco de hacer resaltar su belleza, mirando con desdén las modas,
+y se alegraba por dos razones también: porque así se igualarían algo los
+dos consortes _o harían más juego_, y porque así la mirarían menos los
+extraños.
+
+Desde la restauración de su legalidad doméstica había abandonalo por
+completo las lecturas filosóficas, reverdeciendo en su alma el mal
+curado dolor de su afrenta y los odios vengativos. Aquel ascetismo y
+aquel _ver a Dios en sí_ fueron nada más que obra fugaz de la tristeza,
+o quizás de las circunstancias, y existían en su mente como esas
+lecciones, pegadas con saliva, que los estudiantes aprenden en los
+apuros del examen. Sus nuevas obligaciones en la botica le llamaban del
+lado de la química y de la farmacia, y se dedicó a esto con verdadero
+ardor, deseando aprender. Decíale doña Lupe que inventase algún
+específico, alguna papa cualquiera o antigualla que con nombre peregrino
+y nuevo pasase por prodigioso hallazgo; pero él se resistía porque lo
+consideraba impropio de la ciencia. Tía y sobrino tenían sobre esto
+altercados muy vivos... «¡Como si fuera un crimen idear cualquier clase
+de píldoras, cápsulas o grajeas, y allá te va un nombre!...». «Cápsulas
+_hipoquitropíticas vegetales_... o _animales_, lo mismo da... del Doctor
+Rubín... _infalibles_... contra cualquier cosa... contra la tisis... o
+el moquillo de los perros... Lo que importa es _descubrir_ algo y
+plantarle unas etiquetas muy chillonas con tu retrato... Eres un
+mandria. Si no inventas tú un específico, al fin tendré que inventarlo
+yo... Fortunata, dile que invente, hija, convéncele... Podéis ganar ríos
+de oro».
+
+Pocas veces veía Fortunata al señor de Feijoo, que iba a la casa de
+visita, ceremoniosamente, y se estaba allí como una hora, charlando más
+con la señora de Jáuregui que con la de Rubín. El simpático viejo
+parecía contento; pero los achaques le pesaban cada día más, y ya en
+Abril no salía a la calle sino acompañado de un criado. En una de sus
+visitas habló a solas con su amiga, en términos tan paternales que a
+ella le faltó poco para llorar. Todo iba bien, perfectamente bien, y ya
+se habría convencido la chulita del valor de sus lecciones y consejos. A
+Maxi le agradaba poco la amistad de Feijoo, sin que a punto fijo supiera
+por qué. Pero lo más particular era que a la misma Fortunata, al mes de
+aquella vida, empezaron a serle menos gratas las visitas de D. Evaristo.
+Su gratitud y afecto hacia él eran siempre los mismos; pero no podía
+menos de considerar la presencia de su antiguo protector en la casa como
+una monstruosidad. «¿Será verdad--pensaba--, como me ha dicho él, que de
+estas barbaridades increíbles está llena la vida humana?... ¡Qué cosas
+hay, pero qué cosas!... Un mundo que se ve, y otro que está debajo,
+escondido... Y lo de dentro gobierna a lo de fuera... pues... claro...
+no anda la muestra del reloj, sino la máquina que no se ve».
+
+Al anochecer entró doña Lupe, después de haberse limpiado el lodo de las
+suelas en el felpudo del vecino. «Oye una cosa--dijo a Fortunata,
+quitándose el manto--. He sabido esta tarde que Mauricia se está
+muriendo. ¡Pobre mujer! Tenemos que ir a verla. No es lejos: calle de
+Mira el Río». Diole esta noticia su amiga Casta Moreno, que la supo por
+Cándido Samaniego. Doña Guillermina había sacado del Hospital a
+Mauricia, trasladándola a casa de la hermana de esta, y la asistía el
+médico de la Beneficencia Domiciliaria y de la Junta de señoras. La
+infeliz tarasca viciosa, con estos cuidados y las ternezas de doña
+Guillermina, y más aún, con la proximidad de la muerte, estaba que
+parecía otra, curada de sus maldades y arrepentida _en toda la extensión
+de la palabra_, diciendo que se quería morir lo más católicamente
+posible, y pidiendo perdón a todos con unos ayes y una religiosidad tan
+fervientes que partían el corazón. «Te digo que si esto es verdad, habrá
+que alquilar balcones para verla morir. Mañana nos vamos allá».
+
+Doña Lupe no iba a ver a Mauricia por pura caridad. Tiempo hacía que
+Guillermina la fascinaba, más por el señorío que por la virtud, y ya que
+la gran fundadora iba a hacer patente su santidad, teniendo por corte a
+las damas más encopetadas, en lugar accesible a doña Lupe, ¿por qué no
+había esta de intentar meter la jeta? Pues qué, ¿no era ella también
+_dama_? Sobre estos particulares habló largamente con Casta Moreno, que
+algunas noches iba de tertulia con sus dos hijas a casa de Rubín, y la
+viuda de Samaniego se hacía lenguas de Guillermina, conceptuándola
+sobrenatural. ¡Y era pariente suya, lejana, por los Morenos! El amor
+propio y el orgullo inflaban a doña Lupe cuando se consideraba
+mangoneando en cosas de beneficencia elegante a las órdenes de la
+ilustre fundadora. Una contra tendría esto si llegaba a realizarse, y
+era que no había más remedio que dar algo de _guano_.
+
+A la mañana siguiente, vistiéndose para salir, pensó mi doña Lupe si
+debería ponerse el abrigo de terciopelo. Pero pronto cayó en la cuenta
+de que era un disparate. Sobre que se le mojaría, porque el día estaba
+lluvioso, no era propio aquel regio atavío del lugar, personas y ocasión
+de la visita. Tiempo tenía de darse pisto con el abrigo, la capota y
+otras prendas. Encargó a Fortunata que se vistiese con sencillez, y ella
+se puso algo más apañadita, de modo que resultase siempre la conveniente
+distancia.
+
+
+
+
+-VI-
+
+Naturalismo espiritual
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Al entrar en la calle de Mira el Río, encontraron a Severiana, a
+quien doña Lupe había visto algunas veces. Llevaba un vaso con medicina,
+tapado con un papel a estilo de botica antigua. Doña Lupe la interrogó,
+y enterada la otra de que iban a ver a su hermana, hizo gustosamente de
+introductora, guiándolas por el sucio portal, la menos sucia y tortuosa
+escalera, hasta llegar al corredor. Ya se sabe que la vivienda de
+Severiana era una de las mejores de aquel falansterio, y que por su
+capacidad y arreglo bien podía pasar por lujosa en semejante vecindad.
+Vivía en compañía con aquélla una tal doña Fuensanta, viuda de un
+comandante, y la casa respondía a esta situación comanditaria, pues
+constaba de dos salitas enteramente iguales, cada una con ventana a la
+calle. Entre la puerta y la sala primera había un pasillo, en el cual se
+veía la artesa de lavar y la entrada de la cocina, cuya reja daba al
+corredor. Dos piezas interiores completaban el cuarto. Cuando
+Guillermina, comprendiendo el fin próximo de Mauricia, indujo a
+Severiana a sacarla del hospital por tercera vez y llevarla a su casa,
+la señora viuda del comandante cedió su cuarto para tan benéfico objeto,
+trasladando sus muebles al cuarto de otra vecina. Mauricia fue, pues,
+instalada en la segunda de las dos salitas. Severiana tenía su cama en
+la alcoba interior, y la sala primera estaba destinada a recibir
+visitas, como lo declaraban el relativo lujo de la cómoda, las sillas de
+Vitoria nuevecitas, el sofá de lo mismo, la mesa con cubierta de hule,
+el cuadrito de los _dos corazones amantes_, el de la _Numancia_ en mar
+de musgo, los retratos de militares cuñados de Severiana, la estera de
+esparto flamante y sin ningún agujero, de empleitas rojas y amarillas, y
+en fin, las laminotas que recientemente habían sido adquiridas en el
+Rastro por una bicoca. Eran excelentes grabados ya pasados de moda, el
+papel viejo y con manchas de humedad, los marcos de caoba, y
+representaban asuntos que nada tenían de español, por cierto, las
+batallas de Napoleón I, reproducidas de los un tiempo célebres retratos
+de Horacio Vernet y el barón Gros. ¿Quién no ha visto el _Napoleón en
+Eylau_, y _en Jena_, el _Bonaparte en Arcola_, la _apoteosis de
+Austerlitz_ y la _Despedida de Fontainebleau_?
+
+Doña Lupe y Fortunata entraron, precedidas de Severiana, en el aposento
+de la enferma, que estaba incorporada en la cama. Le habían cortado el
+pelo días antes para poderle curar la herida de la cabeza; su perfil
+romano se había acentuado; era más fina la nariz, la quijada inferior
+abultaba más, y la extenuación le agrandaba los ojos. Las curvas airosas
+de la boca eran más rasgueadas, y la decomisura de los labios, que
+parecía obra de un agudo punzón, dábale cierto aspecto de grandeza caída
+o de humillación sublimemente resignada. Las cárdenas ojeras le cogían
+media cara; el superciliar salía como una visera; los ojos, hermosos y
+ardientes, quedábanse allá dentro, y rodeados de aquella piel morada
+relumbraban más, como si acecharan el acaso que iba a pasar. Las cejas
+negras formaban una sola línea recta. La frente era espaciosa, con un
+mechón de pelo negro... En fin, que la Dura completaba la historia
+aquella expuesta en las paredes: era el _Napoleón en Santa Helena_.
+
+Cuando doña Lupe y Fortunata la saludaron, las estuvo mirando un rato,
+como si tardara en reconocerlas. Después las nombró. ¡Qué voz! Siempre
+fue ronca la voz de Mauricia; pero había bajado ya a lo más grave del
+diapasón. «¡Dios mío!--se dijo Fortunata, oyéndola después de mirarla--,
+¡si parece un hombre...!». Doña Lupe, en tanto, sentándose en una de las
+sillas de paja, pronunciaba las frases de consuelo propias de la
+ocasión, añadiendo: «Eso para que aprendas... y tengas formalidad.
+
+A ver si cuando salgas de esta, te sirve de escarmiento».
+
+Mauricia se volvió para Fortunata, que se había sentado junto a la
+cabecera; la miró mucho, sin decir nada; después clavó sus ojos en el
+techo, rezongando: «Sí... bien mala he sido, bien re-mala...». Y vuelta
+otra vez hacia su amiga, le dirigió estas palabras:
+
+«Oye tú, arrepiéntete... pero con tiempo, con tiempo. No lo dejes para
+última hora, porque... eso no vale. Tú tampoco eres trigo limpio, y el
+día que hagas sábado en tu conciencia, vas a necesitar mucha agua y
+jabón, mucha escoba y mucho estropajo...».
+
+Con tan buena fe lo dijo, que Fortunata no podía ofenderse. A doña Lupe
+le pareció la amonestación muy impertinente y descortés, porque ¿a santo
+de qué venía el hablar de pecados ajenos, teniendo tantos propios de qué
+ocuparse? Verdad que su sobrina política no había sido un modelo; pero
+ya estaba corregida y no había que volver sobre lo pasado. «Ya sabemos
+que te tratan muy bien» dijo, para variar la conversación.
+
+--Gracias a la madre de los pobres--declaró Severiana, que estaba en pie
+arreglando la cama--, no le falta nada. ¡Qué señora esa!
+
+--¡Una santa!--exclamó doña Lupe en el tono más encomiástico--. No le dé
+usted otro nombre, porque ese es el que le cae bien...
+
+--Pero esta se ha cerrado a no comer--dijo la hermana mirándola--, y sin
+comer no viven más que los camaleones.
+
+--Pero ayunas, ¿de verdad?....
+
+--Para pasar el caldo tenemos que dárselo con Jerez... y por la mañana,
+para que pase una tostadita, hay que darle un dedito de la horchata de
+cepa, y por la noche otro dedito...
+
+--¿Pero de veras le dais... esa perdición?--preguntó alarmadísima doña
+Lupe.
+
+--Lo ha mandado el médico. Dice que es medicina. Parece aquello de _al
+revés te lo digo_.
+
+--¡Qué cosas!... ¿Y no te comerías tú--le propuso Fortunata--, un
+muslito de gallina, una ruedita de merluza, una croquetita?
+
+Sólo de oír hablar de comida se ponía peor Mauricia. Le temblaban mucho
+las manos, y de rato en rato le daban como ataques de asfixia, siendo su
+respiración muy difícil, y quejándose de irresistible calor. Hallándose
+presentes la de Jáuregui y su sobrina, estuvo la Dura un ratito como
+quien desea romper a toser y no puede. Las tres mujeres la miraban con
+pena, lamentándose de no saber aliviarle aquel ahogo... «Bebe un poco de
+agua» le dijo Fortunata incorporándose. Pero aquello pasó, y la infeliz
+volvió a hablar, cortando mucho las frases y tomando aire a cada
+palabra.
+
+«Ayer me trajeron a la niña... ¡qué guapa y qué señorita está!...».
+
+--¿Pero no la tienes contigo?--preguntó la de Rubín.
+
+--No, señora. Si está en el colegio...--replicó Severiana--; interna en
+el colegio de señoritas de doña Visitación.
+
+--Sí... más vale que esté... allá... _desapartada_ de mí. Ayer... ¡qué
+pena!... no me conoció... ¡Tanto tiempo sin verme!... me tenía miedo...
+¡pobrecita de mi alma!... miedo, así como se dice... Ni que su madre
+fuera el coco...
+
+En esto oyeron pasos, y miraron todas a la puerta. Era doña Guillermina,
+que entró, como siempre, muy apresurada, encendidas las mejillas, con su
+perdurable mantón oscuro, sus zapatones, su falda de merino. Doña Lupe y
+Fortunata se levantaron, y la fundadora saludó con aquella gracia y
+amabilidad que eran iguales para el Rey y para el último de los
+mendigos. Doña Lupe creyó que no la reconocería, pues sólo se habían
+hablado una vez en la función del Asilo; pero sí la reconoció, y aun la
+nombró, porque Guillermina era como los grandes capitanes, que tienen
+memoria felicísima de nombres y fisonomías, y soldado con quien hablan
+una vez, no se les despinta. «Mi sobrina» dijo la viuda presentándola, y
+Guillermina la miró sonriendo. «No me es desconocida su cara... la he
+visto en las Micaelas... Por muchos años». En seguida dirigiose a
+Mauricia, apoyando ambas manos en la cama. «¿Y qué tal te encuentras
+hoy? ¿Comerías algo?... Nada, este chubasco te pasará pronto. Mañana
+recibirás a Dios. ¿Cómo va esa conciencia? Buen limpión te vamos a dar.
+Eso te conviene más que nada. Yo te quería coger por mi cuenta y hacerte
+confesar, porque diciéndole tú misma al Señor lo buena pieza que eres,
+el Señor te daría su gracia... Con que prepararse. Esta tarde volverá el
+padre Nones. Me ha dicho que te confesaste bien. Se me figura que aún
+tendrás algunas heces que sacar, ¿eh?».
+
+Mauricia se sonreía, cortada y confusa. Con la cabeza dijo que sí.
+
+--Pues estos pozos endurecidos hay que echarlos fuera, porque el demonio
+se agarra de cualquier cosa--dijo la santa, acariciándole la barba--.
+Con que ya sabes... mañana tenemos aquí gran fiesta... ¿Te parece? Viene
+a visitarte el que hizo los Cielos y la Tierra... Te parecerá a ti que
+no lo mereces... Pues aunque no lo merezcas, él viene, y sabido se
+tendrá por qué.
+
+La vivacidad, la gracia y el fervor con que Guillermina decía estas
+cosas, impresionaron a las cuatro mujeres que las oían. Severiana
+soltaba dos lagrimones. Fortunata sentía en su alma tanta admiración por
+aquella mujer, que le habría besado la orla del vestido. «Luego dicen
+que ya no hay gente buena en el mundo--pensaba--. ¿Pues y esta?...
+¡Cuidado que mandar todo a paseo, casa, parientes, fortuna, querer, y
+sacrificar su juventud para andar toda la vida entre miserias...!».
+Asustábase de medir con el pensamiento la distancia que había entre ella
+y la ilustre señora; distancia infinita sin duda, y que en manera alguna
+podía acortarse, pues aunque la gente santa pecara, y ella hiciera
+muchas obras de caridad, las dos almas no llegarían jamás a verse
+próximas.
+
+La fundadora, con aquella actividad vivaracha que en todo ponía, dictó a
+Severiana algunas disposiciones para la ceremonia que se preparaba.
+«Aquí pondrás la mesilla que está en la otra sala, y se hará el altar.
+Yo te mandaré un crucifijo, y buscaremos flores... La ropa de la cama
+hay que ponerla limpia, y adornar todo el cuarto lo mejor que se
+pueda...».
+
+Luego pasó a la sala, seguida de doña Lupe, que quería meter baza a todo
+trance: «Tendremos sumo gusto en venir mañana. Aprecio mucho a Mauricia,
+que a no ser por el maldito vicio, sería una buena mujer, trabajadora,
+fiel... Y dígame usted: de noche habrá que velarla. Yo no tendría
+inconveniente en quedarme alguna noche; y si no, mi sobrina...».
+
+--Dios se lo pague a usted... Se acepta, se acepta. Póngase usted de
+acuerdo con Severiana. La comandanta y yo nos hemos quedado anoche. Se
+necesitan dos personas, porque cuando le dan convulsiones, cuesta Dios y
+ayuda sujetarla.
+
+--Verdaderamente--manifestó doña Lupe con adulación--; los ejemplos que
+usted da, señora, hacen que todas las demás seamos mejores de lo que
+seríamos si usted no existiera.
+
+La flor estaba bien ideada; pero Guillermina se echó a reír,
+agradeciendo la flor, pero no queriéndola tomar.
+
+«¡Ejemplos yo! Eso quisiera. Me vendría bien que alguien me los diese a
+mí. ¡Ay, hija! Estoy para que me enseñen, no para enseñar».
+
+--¿Usted qué ha de decir? Ni aun le gusta que le saquen la cuenta de
+todo lo que vale... Pues, amiga, no sea usted tan buena y rebajaremos.
+
+--Quite usted, quite usted... Eso lo dice por disimular. ¡Sabe Dios las
+misericordias que usted, a la calladita, habrá hecho en este mundo, con
+esta misma Mauricia tal vez...! Y ahora me las quiere colgar a mí.
+
+--¡Yo!... ¡Jesús! No digo que no tenga yo también algunas buenas obras
+en mi cuentecita del cielo; ¡pero compararme con usted...! Calle por
+Dios, señora.
+
+--En fin, no es cosa de que nos pongamos a reñir por quién peca menos...
+¿le parece a usted?--dijo la fundadora, uniendo la cortesía a la
+modestia, y permitiéndose el característico guiñar de ojos, un tanto
+picaresco--. Mi lema es este: «haga cada uno lo que pueda y lo que sepa,
+y Dios verá».
+
+--Eso mismo pienso yo...--Conque, usted me dispensará... tengo mucho que
+hacer. Hasta mañana; no faltar...
+
+Entre tanto, la de Rubín estaba sola con la enferma, porque Severiana se
+fue a la cocina. Le arregló las almohadas, y después ambas se estuvieron
+mirando. Fortunata pensaba en la simpatía inexplicable que aquella mujer
+le había inspirado siempre, a pesar de ser tan loca y tan mala. ¿Sería
+tal simpatía un parentesco de perversidad? Ejercía sobre ella una
+atracción querenciosa, y como le dijera algún concepto lisonjero a su
+corazón, sentíalo retumbar en su mente cual si fuera verdad pronunciada
+por sobrenatural labio. Mil veces analizó la joven este poder fascinador
+de su amiga, sin lograr encontrarle nunca el sentido. ¡Cosas del
+espíritu, que no las entiende más que Dios!
+
+Mauricia parecía melancólica y sosegada. «¡Qué señora esa!--exclamó
+Fortunata--. ¿Habrá nacido de madre como nosotras?».
+
+--Apuesto a que no--replicó la Dura--. ¡Qué mujer!... El día que me
+quiso sacar de esos indinos protestantes, me entró el toque y la
+insulté... ¡Qué mala fui!... (Iba a soltar un terno; pero se contuvo,
+porque le estaba absolutamente prohibido pronunciar palabras feas,
+siendo esto para ella un gran martirio, a causa de la poca variedad de
+términos de su habitual lenguaje)... Y ella, como si le dijeran niña
+bonita...
+
+No has visto otra. ¡_Mia _ que traerme aquí y cuidarme como me cuida!,
+¡re...! No sé cómo hablar... ¡_Mia_ que esto que hace conmigo!... Es
+prima hermana del Nazareno; no hay quien me lo quite de la cabeza...
+Figúrate lo que suponemos nosotras al compás de ella... ¡nosotras que
+hemos sido unos peines...! Es que ni arrepentidas valemos para
+descalzarle el zapato. Pues déjate que venga la otra... también aquella
+es de la piel de Cristo...
+
+--¿Quién?--La amiguita, la que protege a mi niña...
+
+Fortunata vio delante de sí, súbitamente, una oscura niebla que se le
+iba encima... El corazón le dio un salto... «Jacinta--dijo--; pues qué,
+¿también viene aquí esa?».
+
+--Ayer estuvo... Ella misma traía mi niña. Mira; créetelo porque te lo
+digo yo: cuando entró _paicía_ que entraba una luz en el cuarto.
+
+Fortunata sentía ganas de echar a correr.
+
+«¿Pero todavía le tienes tirria?... ¡Ay, qué mala eres! Perdónala, que
+bien lo merece. Te quitó tu hombre; pero ella no tenía culpa. ¡Qué
+roña!... ¡ay!, se me escapó. Palabra fea, vuélvete para adentro; no,
+quédate fuera... Pues chica, no seas pava... ¿crees tú, que el mejor día
+no te vuelve a querer tu D. Juan?... Como si lo viera. Cuando una se va
+a morir, ve las cosas claras, muy claritas; la muerte la alumbra a una,
+y yo te digo que tu señor volverá contigo.
+
+Es ley, hija, es ley, que no puede faltar... Y si me apuras, te diré que
+a Jacinta no se le importa un pito. A cuenta que no le quiere nada...
+Estas casadas ricas, como viven con _tantismo_ regalo, no quieren a sus
+maridos... quieren a otros. No lo digo por ella, Dios me oiga, aunque
+sabe Dios lo que hará, lo cual no quita que sea mayormente un ángel y
+que reparta muchas caridades».
+
+Fortunata no decía nada. La enferma se inclinó hacia ella, y dándose
+unos aires evangélicos, en el tono que podría emplear un pastor de
+almas, le amonestó así: «Arrepiéntete, chica, y no lo dejes para luego.
+Vete arrepintiendo de todo, menos de querer a quien te sale de _entre
+ti_, que esto no es, como quien dice, pecado. No robar, no _ajumarse_,
+no decir mentiras; pero en el querer, ¡aire, aire!, y caiga el que
+caiga. Siempre y cuando lo hagas así, tu miajita de cielo no te la quita
+nadie».
+
+Algo iba a contestarle su amiga; pero no pudo porque entró doña Lupe
+dándole prisa para marcharse. Era un poco tarde y tenían que ir a otra
+parte antes de regresar a casa. Despidiéronse con promesa de volver al
+día siguiente, y salieron. Por la calle hablaban de Guillermina, de
+quien dijo la de Jáuregui: «Es una mujer esa que electriza; y cuando se
+la trata, sin querer se vuelve una también algo santa... Cincuenta y
+tres reales me debía Mauricia.
+
+Yo, de todas maneras, se los había perdonado; pero ahora, créelo, me
+alegraría de que me debiera lo menos doscientos, para perdonárselos
+también».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Dos horas antes de la señalada para que Mauricia recibiera a Dios,
+ya estaba allí la fundadora. «Pero Severiana, ¿en qué estás
+pensando?--fue lo primero que dijo al entrar por el pasillo--. Quita de
+aquí esta artesa. ¡Vaya un adorno! Ropa sucia y agua de jabón...».
+
+--Señorita, lo iba a quitar... Pase usted. Me han dicho las vecinas que
+las dos láminas de Napoleón que caen al lado del altar deben quitarse,
+porque era muy protestante, _masónico_ y...
+
+--Déjate de tonterías... ¿Y cómo está esta pájara hoy? ¿Qué tal, hija?
+
+Aquel día estaba bastante aplanada, las manos más temblorosas,
+respirando lentamente, aunque sin gran fatiga, con invencible tendencia
+a permanecer muda y quieta, los ojos vagando por el techo o por la pared
+de enfrente, cual si siguiera el vuelo de una mosca.
+
+Enterose la dama minuciosamente de cómo había pasado la noche, de
+quiénes se quedaron a velarla, de lo que había dicho el médico en la
+visita de la mañana. A todo contestó Severiana: el doctor había mandado
+que se le diera doble dosis de _la nuez cómica_, seguir con las
+cucharadas por la noche, las papeletitas por el día, y a sus horas el
+Jerez o Pajarete. Guillermina, sin dejar de oír esto, empezaba a poner
+su atención en otra cosa. Frente a la ventana y formando ángulo recto
+con la cama habían puesto la mesa, que debía ser altar, y en ella estaba
+de rodillas Juan Antonio, el marido de Severiana, fijando en la pared
+todos los clavos que creía necesarios para suspender la decoración
+proyectada.
+
+«No clavetee usted más, por Dios... Parece que va a derribar la casa...
+Y que el ruido la molestará... ¿Pero qué van a poner ustedes ahí?».
+
+La comandanta entró con unos pedazos de damasco rojo y amarillo, que
+habían sido cortinas cuarenta años antes, pasando después por distintos
+usos. Con aquella tela se forraría la pared, formando la bandera
+española, y en el centro se pondría una lámina del Cristo del Gran
+Poder, propiedad de la portera. «No me parece mal--dijo Guillermina,
+sacando del estuche sus anteojos y calándoselos--. A ver, Juan Antonio,
+si se luce usted. ¿Y flores, no tenemos?».
+
+«De trapo... verá usted--replicó Severiana llevando a la señora a su
+alcoba y mostrándole un montón de flores de papel dorado, tul y talco
+extendidas sobre la cama. Había también allí cintas de cigarros, y esas
+rosas con hojas plateadas que sirven para decorar los pitos de San
+Isidro. «Esto es muy feo--opinó la santa--, ¿pero no hay naturales, o
+siquiera ramaje?».
+
+--Sí señora... El vecino del 6, que es no sé qué de la Villa, me ha
+prometido traer rama de pino y carrasca. Esto lo pondrá Juan Antonio por
+arriba haciendo cenefas...
+
+--Buscar algún bonito tiesto de _bonibus_, hija; no se os ocurre
+nada--dijo Guillermina, volviendo a la sala--, y en las ramas verdes
+atáis flores de trapo, y resulta muy bonito--. Vaya, Juan Antonio, no
+más clavazón; ya están bien sujetas las cortinas. Ahora, cuélgueme usted
+la Virgen de las Angustias debajo del Señor, y a los lados...
+
+La comandanta entró trayendo un cuadrote que representaba a Pío IX
+echando la bendición a las tropas españolas en Gaeta. Para hacer juego,
+propuso Juan Antonio poner al otro lado la _Numancia_. Guillermina
+vaciló en dar su asentimiento; pero al fin... una risita y un guiño
+resolvieron la duda. «Poner el barquito, ponerlo, que todo lo de la mar
+es de Dios».
+
+Salió luego al corredor, y habiendo notado que la escalera no estaba
+barrida aún, llamó a la portera. «¿Pero usted en qué está pensando? ¿No
+le han dicho que hoy viene el Señor a esta casa? ¡Y está ese portal que
+da asco mirarlo! Coja usted la escoba mujer. Si no, la cogeré yo. Qué,
+¿se cree usted que no lo hago como lo digo?».
+
+La portera vio que doña Guillermina se quitaba el manto... «No,
+señorita, no sea tan viva de genio. Barreremos... pero ya verá lo que
+tarda esta granujería en volver a ensuciarlo».
+
+--Pues lo vuelve usted a barrer. Bajó la señora al patio, donde había
+entrado un ciego tocando la guitarra y estaban algunos chiquillos
+jugando a los toros. «Eh, niños, hoy es preciso que tengamos mucha
+formalidad. Y cuidadito con echarme basura en el portal y en la
+escalera. Estas eneas y juncos que habéis esparcido en el patio, me los
+vais a recoger y entregárselos a su dueño».
+
+Los chicos oyeron esto sin chistar. En el fondo del patio se había
+establecido un sillero que hacía fondos de junco y tenía montones de
+ellos arrimados a la pared, los unos teñidos de rojo y puestos a secar,
+los otros sin teñir, cortados y apilados. Eran enemigos jurados de este
+industrial los _chavales_ de la vecindad, que bonitamente le robaban los
+juncos para sus juegos y diabluras. Al ver a la santa parlamentando con
+ellos, salió de su tenducho y encarándose con la infantil cuadrilla, les
+dijo:
+
+«Ya veis, gateras, lo que _vus_ dice la señorita. Que _vus_ estéis
+quietos, que _vus_ estéis callados, que si no, _vus_ llevará a todos a
+la cárcel».
+
+--Tiene razón el maestro Curtis--dijo la fundadora, poniendo la cara más
+severa que le fue posible--. A la cárcel van atados codo con codo, si no
+se portan hoy como es debido, hoy que viene a honrar esta casa el...
+
+La interrumpió un sacerdote anciano que entró y fue derecho hacia ella.
+Era el Padre Nones. «Buenos días, maestra. Ya está usted en planta,
+oficiando de capitana generala».
+
+--Tengo que estar en todo. Si yo no tratara de enseñar a esta gente la
+buena crianza, vendría usted luego con el Santísimo y tendría que entrar
+pisando lodo, y cuanta inmundicia hay.
+
+--¿Y qué importa?--observó Nones riendo.
+
+--Claro que no importa; pero ¿por qué no hemos de tener limpieza y
+decoro delante del Señor, siquiera por estimación de nosotros mismos? Se
+limpia la casa cuando vienen el teniente alcalde y el médico del
+Ayuntamiento con sus bastones de borlas, y se ha de dejar sucia cuando
+viene el... Pero cállese usted hombre, por amor de Dios--esto se lo
+decía al ciego de la guitarra, que habiéndose enterado de la presencia
+de la señora, quiso que esta conociera la suya, y se acercaba tanto, que
+al fin parecía querer meterle por los ojos el mango del instrumento. Al
+propio tiempo tocaba y cantaba hasta desgañitarse...
+
+«Que se calle usted... por amor de Dios... Nos deja sordos--dijo la
+santa sacando su portamonedas--.
+
+Tenga, y a la calle a cantar. Hoy no quiero aquí fandangos. ¿Me
+entiende?».
+
+Marchose el porfiado ciego, y la fundadora siguió hablando con el Padre
+Nones: «Suba usted a ver si me la reconcilia y le da la última pasadita.
+Paréceme que no está muy bien dispuesta. La encuentro peor de la
+enfermedad del cuerpo; y en cuanto al alma, cada vez la entiendo menos.
+¡Qué ideas tan extrañas! Arriba, arriba. Nos veremos luego. Yo no me voy
+ya de la casa hasta que se acabe todo».
+
+Subió Nones, y la dama, después de recomendar al sillero y a otros
+vecinos que barrieran la delantera de las respectivas puertas, iba a
+subir también; pero le interceptaron el paso dos sujetos que bajaban.
+Era el uno don José Ido del Sagrario, a quien no conocerían los testigos
+de sus románticas hazañas al principio de esta historia, según estaba ya
+de bien trajeado y limpio. Visto por detrás, parecía otra persona; mas
+de frente, lo desengonzado de su cuerpo, la escualidez carunculosa de su
+cara y el desarrollo cada vez mayor de la nuez, le declaraban idéntico a
+sí mismo. El que le acompañaba era un infeliz músico, habitante en el
+segundo patio y en el mismo cuchitril en que anidara antes Izquierdo. Lo
+primero que se notaba en él era la gran bufanda que le envolvía el
+cuello subiendo en sus vueltas hasta más arriba de las orejas, y
+descendiendo hasta el pecho. Llevaba gorra con galón, y de la bufanda
+para abajo toda la ropa era de purísimo verano, y además adelgazada por
+el uso. Temblaba de frío, y con el brazo derecho oprimía los aros
+broncíneos de un trombón, dirigiendo la abollada boca hacia adelante
+como si quisiera bostezar con ella en vez de hacerlo con la suya propia.
+
+«Este amigo--dijo Ido, en son de presentación--, este amigo mío... un
+italiano, señora... se llama el señor de Leopardi, un artista
+desgraciado. Pues me ha dicho que si la señora quiere, naturalmente, se
+pondrá en la escalera cuando pase el Santísimo y tocará la marcha
+real...».
+
+El otro infeliz murmuró algo, con marcado acento extranjero, llevándose
+a la gorra la temblorosa mano.
+
+«¡Pero qué cosas se le ocurren a este hombre! Ave María
+Purísima--exclamó Guillermina con benevolencia--. Déjese usted de
+marchas reales... No, no se quite la gorra; se va usted a constipar.
+Caballeros, aquí, y durante la ceremonia, mientras menos música, mejor».
+
+Ido y Leopardi se miraron desconcertados. A la observación de la señora
+no se ocultó lo mal que estaba de ropa el infeliz artista, y le dijo que
+se fuera a su cuarto, que tocara allí el trombón todo lo que quisiese y
+por fin que... «Yo veré si encuentro por ahí unos pantalones».
+
+Subió al principal, y de puerta en puerta exhortaba a los grupos de
+mujeres que allí estaban peinándose. «A las doce... que no vea yo aquí
+estos corrillos, ¿estamos? Y barrerme bien todo el corredor. La que
+tenga velas que las saque; la que tenga flores o tiestos bonitos que los
+lleve allá... Y todos estos pingajos que aquí veo colgados, están ahora
+demás».
+
+«¿Sirven estos ramos de caracoles?» dijo la del guarda de consumos,
+mostrándolos en la puerta de su casa.
+
+--Ya lo creo. Llévalos. Y tú, Rita, recógete esas melenas, mujer, que
+pareces una cómica. Es preciso que estéis todas muy decentes.
+
+La mujer del sereno se disponía a encender el farol de su marido y a
+ponerlo colgado del chuzo en la reja de la cocina. Otra preguntaba si
+valía el quinqué de petróleo. A las niñas que debían salir al portal con
+velas, se les pusieron los pañuelos de Manila llamados de talle, y la
+que tenía botas nuevas se las calzaba; la que no, salía como estaba, con
+las alpargatas llenas de agujeros. «No se quiere lujo, sino decencia»
+repetía Guillermina, que comunicaba su actividad febril a todos los
+vecinos y vecinas de la casa. Cuando volvía al cuarto de Severiana,
+encontró al Padre Nones que salía. «Le he enderezado las ideas, maestra;
+ahora está bien preparada--le dijo el clérigo que, por su alta estatura,
+tenía que encorvarse para hablar con ella--. Voy a la iglesia. Dentro de
+tres cuartos de hora estamos aquí».
+
+Entró la fundadora en la casa y vio el altar, que estaba muy bien. Juan
+Antonio había claveteado las flores de trapo al borde de los lienzos de
+damasco, formando como un marco. Resultaba un conjunto bonito y muy
+simpático, y así lo declaró la señora, echándole sus gafas. Luego
+cubrieron la mesa con una colcha muy hermosa que la comandanta, mujer de
+gran habilidad, había hecho para rifarla. Era de cuadros de malla,
+combinados con otros cuadros de _peluche_ carmesí. Encima se puso un
+paño de altar traído de la parroquia, que tenía un hermoso encaje.
+Trajeron luego las ramas de pino, y para colocarlas fue preciso
+improvisar búcaros con barrilitos de aceitunas y de escabeche, que Juan
+Antonio cubrió y decoró con pedazos de papeles pintados. Era papelista,
+y en su arte, con paciencia y engrudo, hacía maravillas. Se colocaron
+los ramos de caracoles, cajitas de dulce y estampas; y por fin, los
+retratos de los dos sargentos hermanos de Juan Antonio, con su pantalón
+rojo, muy a lo vivo, y los botones amarillos, asomaban por entre las
+ramas de pino, como soldados que están en emboscada acechando al
+enemigo.
+
+Poco después apareció Estupiñá, de capa verde, trayendo bajo los
+pliegues de ella una cosa que abultaba mucho y que guardaba con respeto.
+Era el crucifijo de bronce de Guillermina, hermosa escultura de bastante
+peso, y que Plácido no quiso entregar a nadie sino a la misma dueña de
+él. Esta salió al pasillo, recibió de manos de Rossini la sagrada
+imagen, y quitándole el pañuelo de seda que la envolvía, entró con ella
+en la sala, pareciéndose mucho, en tal momento, a una verdadera santa
+escapada del Año Cristiano para recibir culto en el pintoresco altar,
+que simbolizaba la ingenua sencillez y firmeza de las creencias del
+pueblo. Puso el Cristo en su sitio, regocijándose mucho con la
+admiración que producía el bronce en los circunstantes, y después salió
+a dar órdenes a Estupiñá. «Vaya usted a la parroquia para que acompañe
+al Santísimo, y diga que traigan pronto las velas que se han de repartir
+aquí».
+
+En esto, ya habían entrado Fortunata y su tía, ambas de negro, muy
+decentes, y mientras la de Jáuregui metía su cucharada en el corro de
+Guillermina, la otra pasó a ver a Mauricia. Encontrola como aturdida,
+sin saber lo que le pasaba. A las preguntas que le hizo, respondía con
+la mayor concisión, porque el temor de decir alguna palabra fea
+enfrenaba sus labios. Estaba reducida a usar tan sólo la tercera parte
+de los vocablos que emplear solía, y aún no se le quitaban los
+escrúpulos, sospechando que tuviese en algún eco infernal las voces más
+comunes. Lo que Fortunata le oyó claramente fue esto: «¡Ay, qué gusto
+salvarse!»...
+
+Pero al punto frunció Mauricia el ceño. Le había entrado la sospecha de
+que la palabra _gusto_ fuese mala. Comunicó estos temores a su amiga,
+quien la tranquilizó sonriendo, y por fin le dijo que siendo su
+intención limpia, no importaba que se le saliese de la boca sin querer
+algún término sucio. Creyolo así la enferma; pero no las tenía todas
+consigo y estaba como bajo la presión de un gran temor. En un momento
+que cogió a Fortunata sola, le dijo temblorosa: «Arrepiéntete de todo,
+chica, pero de todo... Somos muy malas... tú no sabes bien lo malas que
+somos».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Se acercaba la hora, y en el patio sonaba el rumor de emoción
+teatral que acompaña a las grandes solemnidades. El pueblo ocupaba el
+sitio infalible que la curiosidad dispone. En el portal no se cabía, y
+todos los chicos del barrio se habían dado cita allí, cual si creyeran
+que sin ellos no podía tener lucimiento alguno la ceremonia. Guillermina
+recorría toda la _carrera_, desde la puerta del cuarto de Severiana
+hasta la de la calle, dando órdenes, inspeccionando el público y
+mandando que se pusieran en última fila las individualidades de uno y
+otro sexo que no tenían buen ver. Había venido de la parroquia un hombre
+asacristanado, y estaba repartiendo la carga de velas que trajo.
+
+En la parte del corredor que había de recorrer el Viático, mandó que se
+pusieran las niñas que lucían pañuelo de talle, y como no tuvieran
+velas, ordenó que se les diesen. Abocose a ella la comandanta, como un
+edecán de parada, para decirle que en la calle, frente al mismo portal,
+se había puesto un condenado pianito, tocando jotas, polkas, y _la
+canción de la Lola_; que esto era una irreverencia y no se podía
+consentir. A lo que replicó la santa que no debían ocuparse de lo que
+pasase fuera; pero observando al punto que el profano instrumento
+molestaba mucho y estorbaba la edificación del vecindario, por el
+apetito que algunos sentían de ponerse a bailar, bajó al portal y habló
+con el de Orden Público que allí estaba. Todos los individuos de este
+cuerpo que conocían a Guillermina, la obedecían como al mismo
+gobernador. Total, que el piano tuvo que salir pitando, y sus arpegios y
+trinos se oían después perdidos y revueltos, como si alguien estuviera
+barriendo sus notas por la calle de Toledo abajo.
+
+Llegó el momento hermoso y solemne. Oíase desde arriba el rumor popular;
+y luego, en el seno de aquel silencio que cayó súbitamente sobre la casa
+como una nube, la campanilla vibrante marcó el paso de la comitiva del
+Sacramento. El altar estaba hecho un ascua de oro con tantísima luz, que
+reflejaba en el talco de las flores. Había sido entornada la ventana, y
+todos de rodillas esperaban. El _tilín_ sonaba cada vez más cerca; se le
+sentía subir la escalera entre un traqueteo de pasos; después llegaba a
+la puerta; vibraba más fuerte en el pasillo entre el muge-muge de los
+latines que venía murmurando el acólito. Apareció por fin el Padre
+Nones, tan alto que parecía llegaba al techo, un poco encorvado, la
+cabeza blanca como el vellón del Cordero Pascual, llevando agasajado el
+porta-formas entre los pliegues de la capa blanca. Arrodillose ante el
+altar y allí estuvo rezando un ratito. Mauricia estaba en aquel instante
+blanca, diáfana, y sus ojos entornados y como sin vida miraban al
+sacerdote y lo que entre manos traía. Guillermina se le puso al lado y
+acercó su rostro al de ella. Cuando el sacerdote se aproximaba, la santa
+susurró al oído de la enferma, como secreto de ángeles, estas palabras:
+«Abre la boca». El cura dijo: «_Corpus Domini Nostri_, etc.» y todo
+quedó en silencio, y los párpados de Mauricia se abatieron, proyectando
+sobre las ojeras la sombra de sus largas pestañas.
+
+Poco después salió la comitiva, precedida de la campanilla, entre la
+calle formada por mujeres arrodilladas, con velas o sin ellas. Se sintió
+que bajaba, que salía y se alejaba por la calle. Cuando ya no se oía más
+el _tilín_, Guillermina, cesando de rezar, acercó su cara a la de
+Mauricia y empezó a darle besos. Todas las demás, lloriqueando, la
+felicitaban con ruidosos aspavientos, y por fin la misma santa hubo de
+mandar que cesaran aquellas manifestaciones de regocijo, porque la
+enferma se afectaba mucho, y podría resultarle algún retroceso
+peligroso. Mas por efecto de la excitación, Mauricia no sentía dolor ni
+molestia alguna; estaba como bajo la acción de fortísimo anestésico, de
+los que producen efectos infalibles aunque pasajeros. Desde la edad de
+doce años, en que la llevaron a comulgar por primera vez, no había
+vuelto a verse en otra como aquella, y con la impresión recibida
+retrogradaba su pensamiento a la infancia, llegando hasta adormecerse
+por breves momentos en la ilusión de que era niña inocente y pura, y de
+que, como entonces, ignoraba lo que son pecados gordos.
+
+También mandó Guillermina despejar la habitación y que se apagaran las
+luces. Entre la mucha gente que había entrado, veíanse dos mujeres muy
+bien vestidas a la chulesca, con mantón color café con leche, delantal
+azul, falda de tartán, pañuelos de color chillón a la cabeza, el peinado
+rematado en _quiquiriquí_ con peina de bolas, el calzado de la más
+perfecta hechura y ajuste. Parecían deseosas de hablar a Mauricia; pero
+no se atrevían a adelantarse hasta la cama. Guillermina, concluida la
+ceremonia, no les quitaba ojo, y por fin resolvió darles el quién vive.
+«Señoras mías--les dijo--, ¿qué bueno traen ustedes por aquí? Si han
+venido por devoción, me parece muy bien. Pero si vienen a curiosear,
+siento tener que decirles que tomen la puerta y que aquí no hacen falta
+para nada».
+
+Salieron las tales muy corridas, echando de sus bocas, por la escalera
+abajo, palabras absolutamente contrarias a los latines que pocos
+momentos antes se habían oído en el propio sitio. Todas las que
+presenciaron la _indirecta_ que les echó la señora, la celebraron mucho,
+diciéndole doña Lupe al pasar a la sala: «Vaya unas despachaderas que
+tiene usted, amiga mía. Eso se llama carácter».
+
+--Una de ellas--dijo Severiana--, es _Pepa la Lagarta_... mujer de
+historia, ¿sabe?... la que dicen mató a su marido con una aguja de coser
+serones... muy amigota de Mauricia, a quien debe quinientos reales... Y
+no se los puede sacar... ¿Pero creen ustedes que no tiene dinero? Ya
+quisiera yo... Gasta como una marquesa, y el mes pasado costeó, en San
+Cayetano, una novena a la Virgen de las Angustias, que era lo que había
+que ver...
+
+--¿Novena?--Sí, porque sanara el _Clavelero_, un chulito que tiene muy
+guapín, el cual recibió un achuchón en la plaza de Leganés... como que
+le entró el pitón por salva la parte... Pues el _Clavelero_ sanó. ¿Y
+eso...? Vea usted, señora, ¡qué cosas hace la Virgen!
+
+--Ella se sabrá lo que le conviene, tonta.
+
+Poco después se retiró Guillermina. La casa volvió a tomar su aspecto
+ordinario. La comandanta y doña Lupe estaban en la sala hablando de la
+rifa de la maravillosa colcha que decoraba el altar. Fortunata y
+Severiana acompañaban a Mauricia, que se aletargaba lentamente, pues no
+había dormido nada la noche anterior. Doña Fuensanta, deseosa de mostrar
+a la señora de Jáuregui sus habilidades, la invitó a pasar a la casa
+inmediata. Hay que decir de paso que doña Lupe estaba algo
+desilusionada, pues había creído que Guillermina iba siempre a sus
+visitas benéficas con un regimiento de señoras. «¿Pero dónde están esas
+_damas distinguidas_ de que hablan los periódicos? Por lo que voy
+viendo, aquí no viene más _dama_ que yo».
+
+Viendo Fortunata que Mauricia se dormía profundamente, salió a la sala.
+No había nadie. Acercose a la ventana, mirando a la calle por entre los
+cristales, y allí estuvo un largo rato con la atención vagabunda y el
+pensamiento adormilado, cuando un rumor en el pasillo la sacó de su
+abstracción. Al volverse, se quedó atónita, viendo a Jacinta que,
+detenida en la puerta, alargaba la cabeza para ver quién estaba allí.
+Traía de la mano una niña, vestida a la moda, pero con sencillez y sin
+pizca de afectación de elegancia. Avanzó hacia Fortunata; interrogándola
+con aquella sonrisa angelical que vista una vez no se podía olvidar.
+Sentía la de Rubín una gran turbación, mezcla increíble de cortedad de
+genio y de temor ante la superioridad, y se puso muy colorada, después
+como la cera. Debió Jacinta preguntarle algo; sin duda la otra no acertó
+a responderle. La señora de Santa Cruz se acercó a la puerta que
+comunicaba con la otra sala. Entonces Fortunata, que se hallaba detrás,
+dijo: «Se ha quedado dormida».
+
+Volviéndose hacia ella, otra vez le echó Jacinta aquella mirada y
+aquella sonrisa que la asesinaban. «En ese caso, esperaremos un poco»,
+indicó en voz casi imperceptible, sentándose en una de las sillas de
+paja. Fortunata no sabía qué hacer. No tuvo valor para marcharse, y se
+sentó en el sofá. Casi en el mismo instante la Delfina sintiose vacilar
+en su asiento, porque la silla estaba inválida, y se pasó al sofá.
+Halláronse las dos juntas, tocando falda con falda. Fortunata, por no
+mirar a su rival, miraba a la niña, a quien aquella tenía en pie delante
+de sí, cogiéndola de las manos. Observó la de Rubín el trajecito azul de
+Adoración, sus botas, todo su decente atavío, y en aquella inspección
+fisgona que hizo, sus miradas y las de Jacinta se encontraron alguna
+vez. «¡Oh, si tú supieras al lado de quién estás!» pensaba Fortunata, y
+aquí su temor se desvanecía un tanto, para dejar revivir la ira. «Si yo
+te dijera ahora quién soy, padecerías quizás más de lo que yo padezco».
+Adoración quería decir algo; pero Jacinta le tapaba la boca, y mirando a
+la de Rubín se sonreía con esa ingenuidad que indica ganas de trabar
+conversación. Comprendiolo la otra, diciendo para sí: «No, pues yo no he
+de buscarte la lengua». La niña, aquel dato vivo de la bondad de la
+Delfina, no podía menos de determinar en Fortunata un pensamiento
+distinto de los anteriores. Pero sus renovados odios trataban de
+envenenar la admiración: «¡Oh!, sí, señora--pensaba--. Ya sabemos que
+tiene usted un sin fin de perfecciones. ¿A qué cacarearlo tanto...? Poco
+falta para que lo canten los ciegos. Si estuviéramos como usted, entre
+personas decentes, y bien casaditas con el hombre que nos gusta, y
+teniendo todas las necesidades satisfechas, seríamos lo mismo. Sí,
+señora; yo sería lo que es usted si estuviera donde usted está... Vaya,
+que el mérito no es tan del otro jueves, ni hay motivo para tanto bombo
+y platillo. Y si no, venga usted a mi puesto, al puesto que tuve desde
+que me engañó _aquel_, y entonces veríamos las perfecciones que nos
+sacaba la mona esta».
+
+Y las miradas de la de Santa Cruz volvieron a flecharla. Eran un
+comentario que con los ojos ponía a la tontería o pueril gracia que
+Adoración acababa de decirle. Sin saber cómo, aquel nuevo flechazo trajo
+a la mente de Fortunata un pensamiento que en cierto modo se eslabonaba
+con la presencia de la niña. Acordose de que Jacinta había querido
+recoger a otro niño, creyéndolo hijo de su marido... «¡Y mío...!
+¡creyéndolo el mío!». Desde la altura de esta idea, se despeñó en un
+verdadero abismo de confusiones y contradicciones... ¿Habría hecho ella
+lo mismo? «Vamos, que no... que sí... que no, y otra vez que sí...». ¡Y
+si el _Pituso_ no hubiera sido una falsificación de Izquierdo; si en
+aquel instante, en vez de mirar allí a la niña de Mauricia, viera a su
+pobre Juanín...! Le entraron tan fuertes ganas de echarse a llorar, que
+para contenerse evocó su coraje, tocando el registro de los agravios,
+segura de que le sacarían del laberinto en que estaba. «Porque tú me
+quitaste lo que era mío... y si Dios hiciera justicia, ahora mismo te
+pondrías donde yo estoy, y yo donde tú estás, grandísima ladrona...». No
+siguió, porque Jacinta, no pudiendo resistir más las ganas de entablar
+conversación, la miró otra vez y le hizo esta preguntita: «¿Qué tal
+estuvo la Comunión? Y Mauricia, ¿qué tal?...». He aquí a la prójima otra
+vez turbada y sin saber lo que le pasaba. «Muy bien... pero muy bien...
+Mauricia contenta...».
+
+Agradeció mucho Fortunata que en aquel momento se abriese suavemente la
+puerta de la alcoba y apareciera la cabeza de Severiana. Hacia ella fue
+corriendo Adoración. «Chitito--le dijo su tía, entrando pasito a paso--.
+No hagas ruido, que tu mamá está dormida. Tiempo hace que no ha cogido
+un sueño tan largo. ¡Ay, señorita, lo que se perdió usted! Ha estado
+todo tan bien, que daba gusto».
+
+Mientras la Delfina y Severiana hablaban, Fortunata, que continuaba
+sentada, examinó con curiosidad a la esposa de _aquel_, fijándose
+detenidamente en el traje, en el abrigo, en el sombrero... No le parecía
+propio venir de sombrero; pero por lo demás, no había nada que criticar.
+El abrigo era perfecto. La de Rubín hizo propósito de encargarse el suyo
+exactamente igual. Y la falda, ¡qué elegante! ¿Dónde se encontraría
+aquella tela? Seguramente era de París.
+
+Oyose la voz ronca de Mauricia. Su hermana entró corriendo, y Jacinta
+miraba por el hueco de la puerta entornada. Cuando Severiana volvió a la
+sala, la señorita dijo: «Yo no entro. Pase usted con la pequeña. Yo me
+quedo aquí». A pesar de lo trastornadas que estaban sus facultades,
+Fortunata supo apreciar el verdadero sentido de aquella resistencia de
+Jacinta a presentarse con la niña. Era un sentimiento de modestia y
+delicadeza. Quería sustraerse a las manifestaciones de gratitud de la
+pobre enferma, y evitarle a esta el sonrojo de su desairada situación
+como madre.
+
+«¿Será por eso por lo que no quiere entrar?--se preguntó mirándola de
+espaldas--. ¡Qué remilgos estos! Cuando digo que me cargan a mí estas
+perfecciones... ¡Qué monas nos hizo Dios! Pues lo que es yo, sí entro».
+
+Severiana se acercó a la cama, llevando de la mano a la chiquilla.
+«Mira, mira lo que te traigo... ¿Cuál visita te gusta más? ¿Esta o la
+que estuvo antes?».
+
+Mauricia le echó los brazos a su hija y le dio muchos besos. Un poco
+asustada, la nena besó también a su madre, sin efusión de cariño, y como
+besan a cualquier persona los chicos obedientes, cuando se lo manda la
+maestra. «¡Ay, qué mala he sido!--exclamó la enferma, también sin
+efusión, como quien cumple un trámite...--. Niña de mi alma, bien haces
+en querer a la señorita más que a mí, porque yo he sido más mala que
+arrancada, ¡re...!». Atravesósele el vocablo, y ella hizo como que
+escupía algo. Luego revolvió a todos lados sus miradas anhelantes,
+diciendo: «Severiana, o tú, o cualquiera, ¡si quisierais darme!...».
+
+Doña Lupe y la comandanta habían entrado también. «¿Qué tal, Mauricia?
+Hoy es para ti día feliz. Recibes a Dios, y ves a tu nena. ¡Oh, qué maja
+está!».
+
+Pero la Dura tenía todo su ser embargado por la ardentísima ansiedad
+física que experimentaba, y sus ojos de águila se fijaron en Severiana
+que escanciaba en un vaso algo del contenido de una botella. El licor
+brillaba con reflejos de topacio engastado en oro. «¡Cómo lo miras,
+bribona!--pensó la escéptica y observadora doña Lupe--. Esa es la
+Eucaristía que a ti te gusta, el Pajarete...». Y viéndoselo tomar, decía
+la muy picarona: «Eso, saboréate bien, y relámete. No lo hacías así
+cuando recibías a Dios...».
+
+Después del _trinquis_, Mauricia pareció como si resucitara, y su cara
+resplandecía de animación y contento. Entonces sí demostró que en el
+fondo de su ser existían instintos y sentimientos maternales; entonces
+sí que abrazó y besó con efusión tiernísima a la hija que había llevado
+en sus entrañas... Y tanto se excitó, que temiendo le diera un síncope,
+quitáronle de los brazos a la nena. «Sí, que te lleven, que te quiten de
+mi lado... No merezco tenerte... Me tienes miedo, rica... Como que
+cuando seas mañosa, no te dirán 'que viene el coco', sino 'que viene tu
+madre'. ¡Ay, qué pena!... Pero estoy conforme. Dicen que tengo que
+salvar... ¡Ay, qué gusto! Y mi hija está mejor en la tierra con la
+señorita que conmigo en el Cielo... Y nada más».
+
+Adoración rompió a llorar entre afligida y espantada. Total, que
+tuvieron que llevársela, porque aquel espectáculo no podía prolongarse.
+Mauricia seguía dando besos al aire y diciendo cosas que enternecían a
+las demás... «Sí, sí--pensó doña Lupe, que también estaba conmovida--.
+¡Cuánto quieres a tu hija!... ¡Te la beberías!».
+
+Fortunata no aguardó al fin de la escena. Sentía en su interior un
+trastorno tan grande, que una de dos, o rompía en llanto o reventaba.
+Refugiose en el cuarto interior, y echándose sobre un baúl, se echó a
+llorar. Los sentimientos que desataban aquel raudal de lágrimas no eran
+únicamente los producidos por la situación del momento; eran algo
+antiguo y profundo, sedimentado en su alma, su tradicional desgracia, el
+despecho combinado con un vago deseo de ser buena, «sin poderlo
+conseguir... Cuidado que esto es de lo que se dice y no se cree».
+
+Muchas lágrimas había derramado cuando sintió el ruido del coche de
+Jacinta que partía, y entonces salió a la sala. Doña Lupe se despedía de
+la comandanta, ofreciéndole tomar diez papeletas de la rifa de la
+colcha, y hacía una seña a su sobrina indicándole que era hora de
+retirarse. Dieron un vistazo y un apretón de manos a la enferma, y
+salieron. Cuando iban por la calle, doña Lupe, que comprendió cuánto
+había impresionado a su sobrina el encuentro con la señora de Santa
+Cruz, intentó dos o tres veces aludir a esto; pero la prudencia y un
+sentimiento de delicadeza retuvieron su charlatana lengua.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+En el portal de su casa se separaron; doña Lupe subió y Fortunata
+fue a la botica, donde Maxi estaba solo, haciendo un emplasto. Contole
+su mujer lo que había visto aquel día, recordando con feliz memoria
+todos los pormenores. La visita de Jacinta fue omitida discretamente. Al
+farmacéutico le agradaba que su cara mitad anduviera en aquellos trotes
+de beneficencia, viese buenos ejemplos y se familiarizara con aquellos
+cuadros hondamente humanos de la miseria y de la muerte, pues sin duda
+serían más provechosos a su espíritu que los saraos, bullangas y
+diversiones.
+
+A la hora de comer se hablaba de lo mismo, y ponderaba doña Lupe la
+solemnidad conmovedora del acto de aquel día. Discutiose si debían
+volver por la noche a la calle de Mira el Río o irse a Variedades a ver
+una pieza; mas como Fortunata mostrase gran repugnancia a las funciones
+teatrales, prevaleció lo primero, y Maxi, muy complacido de aquella
+aplicación a las obras de piedad, prometió que las acompañaría y que
+iría a recogerlas a las once. «Y como no haya esta noche quien se quede
+a velar, me quedaré yo» dijo la viuda, a quien no se le cocía el pan
+hasta no dar a Guillermina prueba palmaria de humildad y abnegación.
+Opusiéronse a esto el sobrino y su mujer, diciendo el primero que bueno
+era lo bueno, pero no lo demasiado. La de Jáuregui decía con deliciosa
+modestia: «¡Si yo no lo hago por buscar un elogio; si no hay en esto el
+menor asomo de mérito...! Yo resisto perfectamente una noche toledana, y
+hasta dos y tres. De modo que...».
+
+Las nueve sería, cuando los tres entraban por el portal de la casa de
+corredor, y no fue poco su asombro al ver en el patio resplandor de
+hoguera y multitud de antorchas, cuyas movibles y rojizas llamas daban a
+la escena temeroso y fantástico aspecto. ¿Qué era aquello? Que los
+granujas de la vecindad habían pegado fuego a un montón de paja que en
+mitad del patio había, y después robaron al maestro Curtis todas las
+eneas que pudieron, y encendiéndolas por un cabo empezaron a _jugar al
+Viático_, el cual juego consistía en formarse de dos en dos, llevando
+los juncos a guisa de velas, y en marchar lentamente _echando latines_
+al son de la campanilla que uno de ellos imitaba y de la marcha real de
+cornetas que tocaban todos. La diversión consistía en romper filas
+inesperadamente, y saltar por encima de la hoguera. El que llevaba el
+copón, bien abrigadito con un refajo atado al cuello, daba las zapatetas
+más atrevidas que se podrían imaginar, y hasta vueltas de carnero,
+poniendo todo su arte en recobrar la actitud reverente en el momento
+mismo de tomar la vertical. En fin, que semejante escena daba una idea
+de aquella parte del Infierno donde deben tener sus esparcimientos los
+chiquillos del Demonio. Maximiliano y su mujer se detuvieron un rato a
+ver aquello; pero doña Lupe dirigió a la infantil tropa miradas y
+expresiones de desdén, diciendo que la culpa la tenían los padres que
+tal sacrilegio consentían.
+
+Subieron, y cuando Fortunata pasó a la alcoba de Mauricia, que estaba
+sola, retirose Maxi, diciendo que volvería a las once. Estaba aquella
+noche la enferma sumamente inquieta, y lo poco que hablaba no era un
+modelo de claridad. El temor de pronunciar palabras malas parecía
+haberse desvanecido en ella, porque escupió de sus labios algunas que
+ardían. La memoria no debía de estar muy firme, porque cuando su amiga
+le dijo: «Sosiégate y acuérdate de lo de esta mañana» replicó: «¡Lo de
+esta mañana...!, ¿qué ha sido...?». Y mirando con extraviados ojos al
+techo, parecía entregarse al doloroso trabajo de recordar, cazando las
+ideas como si fueran moscas. Más presente que la administración del
+Sacramento tenía el _paso_ con su hija; ¡ay, qué paso!... «¿No vistes a
+_la_ Jacinta?--preguntó a Fortunata, volviéndose de un costado y
+poniéndole la mano en el hombro...--. ¿Habló contigo?... Tú eres una
+sosona y no tienes genio... Si a mí me llega a pasar lo que te ha pasado
+a ti con esa pastelera; si el hombre mío me lo quita una mona golosa, y
+se me pone delante, ¡ay!, por algo me llaman Mauricia la Dura. Si me la
+veo delante, digo, y me viene con palabras superfirolíticas... la trinco
+por el moño y así, así, le doy cuatro vueltas hasta que la acogoto...».
+Uniendo la acción a la palabra, Mauricia hacía contorsiones violentas,
+se destapaba, rechinaba los dientes... no pudiendo sujetarla Fortunata,
+llamó a Severiana: «¡Ay, venga usted! Está diciendo mil disparates...
+por Dios, vea usted de reducirla... Dele algo para que se calme,
+aguardiente...».
+
+«A mí no me puede nadie--gritó la infeliz con frenesí, los ojos
+desencajados, forcejeando contra los cuatro brazos que la querían
+sujetar--. Soy Mauricia la Dura, la que le abrió una ventana en el casco
+a aquella ladrona que me robaba los pañuelos, la que le arrancó el moño
+a la Pepa, la que le arañó la cara a doña Malvina la _protestanta_...
+Suéltame tiorra pastelera, o de una mordida te arranco media cara.
+¡Persona decente tú!... tú, que dejas un soldado pa tomar otro... tú que
+tienes ya el corazón como la puerta de Alcalá, de tanta gente como ha
+entrado por él... Ja, ja, ja... Loba, más que loba, so asquerosa, judía,
+con más babas que un perro tiñoso... cara de escupidera, zurrón, celemín
+de peinetas... verás qué recorrido te doy... así, así, y te arranco la
+nariz, y te escupo los ojos, y te saco todo el mondongo...». Por fin no
+eran voces humanas las que de sus labios llenos de espuma salían, sino
+rugidos de fiera sujeta y acorralada. No pudiendo librar sus brazos de
+los vigorosos que la contenían, sus dedos se agarraron con rabia
+epiléptica a lo que encontraban, y querían deshacer y rasgar la sábana y
+la colcha. El fatigoso mugido iba calmándose poco a poco, las
+contorsiones eran menos violentas, y por fin, cayó en un colapso
+profundísimo. La sedación era instantánea, y a la misma muerte se
+parecía.
+
+La señora de Rubín estaba aterrada. Severiana le dijo: «ya ha tenido
+esta noche tres achuchones de estos, y anteanoche tuvo seis. Si viniera
+el médico la aplacaría dándole esos pinchacitos que llaman _yeciones_...
+¿sabe?, una gotita de morfina». Sin duda por esta frecuencia de los
+accesos veíalos Severiana con relativa calma, como los que se
+acostumbran a los prodigios del dolor humano en las clínicas. A poco de
+tranquilizarse Mauricia, la otra se dedicó a preparar la lámpara que
+debía arder toda la noche, un vaso con agua, aceite y una mariposa
+encima.
+
+Media hora estuvo la tarasca como dormida, pronunciando en sueños
+retazos de palabras y fragmentos de cláusulas groseras, como retumban en
+lontananza los dejos de la tempestad que ha pasado. Despertó luego, y
+con voz sosegada dijo a su amiga: «¿Estás aquí?... ¡qué gusto me da
+verte! De todas las personas que veo aquí, la que me gusta más eres tú.
+Te quiero más que a mi hermana. Lo primerito que he de pedirle al Señor
+cuando me meta en el Cielo, es que te haga feliz, dándote lo que es muy
+re-tuyo, lo que te han quitado... Su Divina Majestad puede arreglarlo,
+si quiere...».
+
+A Fortunata no se le ocurría nada que responder a estos disparates.
+
+«Porque tú has padecido... ¡pobrecita! Buenas perradas te han jugado en
+esta vida. La pobre siempre debajo, y las ricas pateándole la cara. Pero
+déjate estar, que el Señor te arreglará, haciendo justicia y dándote lo
+que te quitaron. Lo sé, lo he soñado ahora, cuando me dormí pensando que
+me moría y que entraba en el Cielo escoltada por la mar de angelitos...
+¡tan monos...! Créetelo, porque yo te lo digo... Y yo, _mismamente_ le
+he de decir a la Virgen y al Verbo y Gracia que te hagan feliz y se
+acuerden de las amarguras que has pasado».
+
+Callose un instante, y después de los dos o tres suspiros que Fortunata
+echó de su seno, volvió a hablar la enferma de este modo: «¿Has visto a
+Jacinta?... porque ella fue quien trajo a mi niña. Es un serafín esa
+mujer... Ahora cuando me pensé que estaba en el Cielo, la vi encima de
+una nube con un velo blanco... Estaba allí, _entremedio_ de aquellos
+grandes corros de ángeles. ¿Será que se va a morir? Lo sentiré por mi
+niña. Pero Dios sabe más que nosotras, ¿verdad?, y lo que él hace, bien
+sabido se lo tiene... Pero dime, ¿te habló ella? ¿Le soltaste alguna
+patochada? Harías mal. Porque ella no tiene la culpa. Perdónala, chica,
+perdónala; que lo primerito para salvarse es perdonar a una parte y
+otra. Mírame a mí, que no hago más que lo que me manda el Padre Nones, y
+he perdonado a la Pepa, a la Matilde, que me quiso envenenar, y a doña
+Malvina la _protestanta_ y a todo el género mundano... ¡re...! Párate
+boca que ya ibas a soltarlo... Pues sí, perdonar; créetelo porque yo te
+lo digo. ¿Ves qué tranquila estoy? Pues a cuenta que lo mismo estarás
+tú, y Dios te dará lo tuyo; eso no tiene duda... porque es de ley. Y por
+la santidad que tengo entre mí, te digo que si el marido de la señorita
+se quiere volver contigo y le recibes, no pecas, no pecas...».
+
+Fortunata creyó prudente mandarla callar, pues aquel concepto se
+armonizaba mal con la santidad de que hacía gala su amiga.
+
+--Me parece--le dijo--, que si el Padre Nones te oye eso, te ha de
+reprender... porque ya ves... quien manda manda, y está dispuesto que no
+sean las cosas así.
+
+--¡Qué risa contigo! ¿Pues tú qué sabes? Yo estoy arrepentida de todo lo
+malo que he hecho; yo he perdonado a todo Cristo. ¿Qué más quieren? Esto
+que te cuento es, como quien dice, una idea. ¿No puede una tener una
+idea?... Cuando me muera, veremos, créetelo... el Santísimo me dirá que
+tengo razón...
+
+Callose fatigada, y Fortunata le impuso silencio. De repente determinose
+una brusca sacudida en su espíritu, y tomándole la mano a su querida
+amiga y apretándosela mucho, le dijo con expresión de terror:
+
+«¿Qué te parece a ti, me salvaré yo?».
+
+--¿Pues qué duda tiene?--replicó la otra tranquilizándola--Dicen que
+aunque los pecados de una sean tantos como las arenas de la mar...
+figúrate tú la cantidad de arenas que habrá en todita la mar...
+
+--¡Oh!... ¡si habrá arenas en todita la mar y sus arenales!--repitió
+Mauricia con voz patética.
+
+--Pues aunque los pecados de una sean más que las arenas, Dios los
+perdona cuando una se arrepiente de verdad.
+
+--¿Y crees tú que una idea, pongo por caso, es también pecado?
+
+--Según y conforme. Pero tú no tienes malas ideas. Estate tranquila.
+
+--Dios te oiga... Se me arranca el alma de verte penando... con un
+hombre que no quieres... ¡qué traspaso! Chavala querida, muérete, y
+vente conmigo. Verás qué bien vamos a estar las dos allá. ¡Porque te
+quiero tanto...! Dame un abrazo, hija, y muérete conmigo.
+
+--No lo digas mucho--balbució Fortunata conmovidísima, acariciando a su
+amiga--. Bien podría ser que me muriera pronto. Para lo que yo hago en
+este mundo... no sé... valdría más... ¡Ay, qué desgraciada soy!
+
+--¡Re...! ¡Bendita sea tu alma! Lo primerito que le pido al Señor, lo
+juro por estas cruces, es que te mueras.
+
+Las dos se echaron a llorar. En tanto doña Lupe sostenía una gallarda
+disputa con Severiana. «Ya lo he dicho y no hay más que hablar. Yo me
+quedo esta noche para que usted descanse un poco».--«Señora, no lo
+consiento. Hay vecinas que se quieren quedar».--«¡Vecinas!... Aviada
+está la enferma con las vecinas. ¡Son tan torpes y tan descuidadas...!
+Verá usted cómo trabucan las medicinas y le encajan una por
+otra».--«¡Oh!, no señora, no consiento que usted se moleste».--«Repito
+que me quedo, ¡vaya! Si no hay en ello mérito alguno, ni sacrificio. No
+me cuesta ningún trabajo estar en vela toda la noche. Y además, hija,
+hay que hacer algo por el prójimo. Velaremos, pues, y no me hable usted
+de gratitud que es ridículo hacer tanto aspaviento por lo que no vale
+tres cominos».
+
+La viuda de Jáuregui no hacía gran sacrificio, y su determinación estaba
+calculada con habilidad, pues como una de las vecinas le dijera que
+Guillermina pensaba echar un guante al día siguiente para atender a las
+apremiantes necesidades de algunos inquilinos de la casa, doña Lupe
+pensó de esta suerte: «Con quedarme a velar, cumplo; y eso del guante no
+va conmigo, porque en todo el día de mañana no aparezco por aquí, ni a
+media legua a la redonda».
+
+Severiana explicó minuciosamente a la señora cuanto había que hacer,
+advirtiéndole que la llamase si ocurría algo extraordinario. Otra vecina
+se quedaba también, en calidad de ayudante. A las doce, Fortunata se
+retiró a su casa con su marido, que fue a buscarla. Cogiditos del brazo
+recorrieron el trayecto más tortuoso que largo que les separaba de su
+domicilio, hablando de alcoholismo y de beneficencia domiciliaria, y
+poniendo muy en duda que doña Lupe resistiese toda la noche sin
+dormirse, pues era persona que en dando las diez ya estaba haciendo
+cortesías aunque se encontrase en visita.
+
+A la mañana siguiente, determinó la esposa ir a enterarse de la noche
+toledana que habría pasado doña Lupe, y Maximiliano no se opuso a ello.
+Cumplidas las sabias órdenes que había dado la directora de la casa,
+Fortunata salió con Papitos, y después de encaminarla a la compra,
+indicándole algunas cosas que debía tomar, separose de ella en la
+plazuela de Lavapiés para dirigirse a la calle Mira el Río. Encontró a
+su tía en el cuarto de la comandanta en un estado verdaderamente
+aflictivo, ojerosa, con la cabeza pesada y un humor poco dispuesto a las
+bromas.
+
+«¡Bien por las valentías!...--le dijo Fortunata--. ¿Y qué tal se ha
+portado la enferma?».
+
+--No me hables, hija; noche más perra no la he pasado en mi vida. No me
+ha dejado ni siquiera descabezar un sueño de diez minutos. La maldita
+parecía que lo hacía a propósito y por vengarse de lo muy derecha que la
+he obligado a andar cuando me corría mantones... Figúrate; en un puro
+delirio hasta que Dios amaneció. Juraría que todo el aguardiente que ha
+bebido en su vida se le subió a la cabeza esta noche. Ya se levantaba,
+ya se revolvía, echaba las piernazas fuera de la cama, y los brazos como
+aspas de molino... ¡Luego unas voces y unos berridos...! Ya sabes el
+diccionario que gasta... Y a lo mejor se quedaba como un gato que
+acecha, los ojos como ascuas, y hablando bajito, bajito, y señalando
+para la mesa en que está el altar y la lamparilla, decía: «Mírenlo,
+mírenlo; allí está». ¡A mí me daba un miedo...! Prefería oírla gritar...
+Créete que me horripilaba cuando le veía señalar a la luz y al altarito.
+
+Doña Lupe empezó a tomar el chocolate que le trajo doña Fuensanta, y a
+renglón seguido continuó la relación, imitando la voz y la actitud de la
+delirante.
+
+«Y se ponía así: 'Allí está, mírenlo... el _señor_ de Sor Natividad...
+La bribona lo tiene preso... Bribona, más que loba...'. ¿Sabes tú quién
+es el _señor_... con retintín, de Sor Natividad? Pues la custodia, hija,
+el Santísimo... Y seguía: 'Ahora voy allá, te cojo, te saco y te echo al
+pozo...'. ¡Al pozo!, ¿has visto?, ¡arrojar la custodia al pozo! Mira tú
+si tendrá malas ideas... Luego dice que se salva. ¡Como no se salve
+esa...! Me ha dicho Severiana que cuando delira fuerte, siempre se sale
+con eso, con que va a sacar del Sagrario la custodia y a guardarla en su
+baúl, o qué sé yo qué. Verás: soltaba una risa que a mí me ponía los
+pelos de punta, y decía muy callandito: «¡Qué guapo estás con tu cara
+blanca, con tu cara de hostia dentro del cerco de piedras finas!... ¡Oh,
+qué reguapo estás! No creas que te robo las piedras... Para nada las
+quiero... Me gustas... ¡te comería! No me digas que no te coja, porque
+te cojo, aunque me muera y me eches al infierno... Sor Natividad te
+falta; para que lo sepas; te falta con el Padre Pintado...'. En fin,
+hija, que era un horror. Suprimo las flores que iba entreverando, porque
+me ardería la boca».
+
+Doña Lupe hizo esfuerzos por atraer hacia su paladar, con la lengua y
+con los rechupidos de sus labios, lo que en el fondo del pocillo
+quedaba, y conseguido esto al fin, acabó así: «Con estos disparates
+sacrílegos estuve toda la noche en vilo, horrorizada, el estómago
+revuelto, y deseando que el día llegara».
+
+--Me lo figuraba--dijo Fortunata, y después le dio cuenta de lo que
+había dispuesto y de lo que le indicó a Papitos que comprase.
+
+«¡Ay! Me parece que he estado un año fuera de mi casa. Me ocurría que no
+sabríais desenvolveros y que la mona se declararía en cantón, haciendo
+lo que le daba la gana. Ahora a casa, que es madre. Ya hemos cumplido.
+Claro que esto no es ninguna santidad extraordinaria, ni un caso de
+heroísmo; pero algo es algo...».
+
+Vieron entonces que Guillermina pasaba en dirección al cuarto de
+Severiana, y doña Lupe corrió a recibir de su boca augusta los plácemes
+que merecía. «¡Oh, qué buena es usted!--le dijo la santa, estrechándole
+las manos--. ¡Quedarse aquí cuidando a esta pobre...! No, no diga usted
+que esto no vale nada. Vaya si vale. ¡Dejar las comodidades de su casa
+para velar a la cabecera de una infeliz...! Pues lo que yo sé es que no
+lo hacen todas... Dios se lo pagará. Más de agradecer es esto que los
+donativos que hacen otras... quedándose muy abrigaditas en sus camas...
+porque esta es la verdadera caridad que sale del corazón... En fin, veo
+que su modestia se ofende, amiga mía, y no quiero sacarle a usted los
+colores a la cara. Gracias, gracias».
+
+Doña Lupe estaba muy satisfecha; pero sospechando que la fundadora iba a
+sacar el temido guante, se despidió con prisa. «Amiga de mi alma, la
+obligación me llama a mi choza...».
+
+--Sí, sí--le dijo Guillermina--. La obligación antes que nada. Hasta
+luego.
+
+Y llevando aparte a Fortunata en el corredor, su tía le dijo: «Tú te
+quedarás aquí un ratito; si hay petitorio, no quedaremos nosotras en mal
+lugar. Le dices que apunte un duro por ti y otro por mí. Es bastante.
+Bien debe saber que no somos potentadas. No me gustan guantes; pero sé
+cumplir en todas las circunstancias y no hacer un mal papel. Un duro por
+ti y otro por mí; no lo olvides. No digas si podemos o no podemos más.
+Tú lo sueltas seco, sin achicarte ni engrandecerte; que ella, aunque se
+le dé un ochavo, siempre da las gracias con la misma boquita de
+merengue. Vaya... Mentira me parece que he de verme en mis cuatro
+paredes...».
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Cuando Fortunata, después de un ratito de palique con la
+comandanta, penetró en la otra casa, vio cosas que la pasmaron.
+Guillermina, dejando su mantilla y su libro de misa sobre el sofá,
+desempeñaba junto a Mauricia las obligaciones más penosas del arte de
+cuidar enfermos, acometiendo con actividad maquinal las faenas más
+repugnantes, como persona que tiene la obligación y la costumbre de
+hacerlo. Severiana se esforzaba en impedirlo; pero Guillermina no cedía.
+«Déjame tú... si a mí esto no me cuesta ningún trabajo... Vete a ver lo
+que quiere Juan Antonio, que está dando voces hace un rato». La pobre
+menestrala deseaba tener tres o cuatro cuerpos para atender todo.
+«Hombre, ten consideración. ¿Cómo quieres que deje a la señora en...?».
+Al ver la de Rubín este tráfago y la poca gente que había para tan
+diversos quehaceres, brindose gustosa a ayudar. Lo que hacía Guillermina
+era para asustar a cualquiera. Fortunata no se creía con valor para
+tanto. Y sin embargo, al ver a la insigne dama aristocrática humillarse
+de aquel modo, avergonzose de no tener valor para imitarla, y sacando
+fuerzas de flaqueza, ofreció su ayuda. Como hija del pueblo, no quería
+ser menos que la _señora de la grandeza_ en aquellos bajísimos
+menesteres... «Quite usted allá, por Díos, hija...--replicó la santa--.
+No faltaba más; no lo consiento... de ninguna manera. ¿Es que quiere
+usted ayudarnos? Pues si tan buen deseo tiene, barra la sala, que va a
+venir el médico».
+
+Apenas hubo cogido Fortunata la escoba, entró Severiana, y que quieras
+que no, se la quitó de las manos. «No faltaba más... señorita. Se va
+usted a poner perdida...».
+
+--Por Dios, déjeme usted que la ayude. ¿Quiere que le haga el almuerzo a
+su marido?
+
+--¡Qué cosas tiene...!
+
+--¡Ay qué gracia!... ¿Cree usted que no sé?... La tortillita en la
+fiambrera, y el pan abierto con la sardina dentro. Si he hecho yo en mi
+vida más almuerzos de obreros que pelos tengo en la cabeza...
+
+--Hemos encendido la lumbre en la casa de la vecina. Allá está doña
+Fuensanta; pero va a salir a la compra, y si usted hiciera el favor...
+
+Fortunata no necesitó más, y fue a la otra casa, donde encontró a la
+comandanta muy afanada, porque no era un almuerzo, sino tres los que
+tenía que preparar, el de Juan Antonio y el de dos obreros más, cuyas
+respectivas mujeres se habían ido ya para la fábrica, dejándole aquel
+encargo. «Váyase usted a la compra--le dijo--, que de las tortillas se
+encarga una servidora...». Mucho agradeció esto doña Fuensanta, y
+poniéndose su toquilla encarnada, quedándose con la bata de tartán y las
+gruesas zapatillas de orillo, cogió el cesto y el portamonedas y fue a
+pedir órdenes a Severiana, que estaba en la sala, dentro de una nube de
+polvo. «Tráigame usted un codillo como el del otro día, para ponerlo en
+sal... un cuarterón de agujas cortas... Tocino hay en casa... ¡Ah!, no
+olvide las zanahorias, ni el cuarto de gallina... Si trae para usted
+sesada de carnero, cómpreme otra a mí...
+
+Oiga, oiga; si ve una buena lengua, tráigamela descargada, y la
+salaremos para las dos...».
+
+Salió la viuda del comandante renqueando por aquellas escaleras abajo, y
+a poco partieron Juan Antonio y los otros dos obreros con sus saquitos
+de comida en la mano. La señora de Rubín había desempeñado su cometido
+con tanta presteza como acierto, y mientras se lavaba las manos, dejose
+llevar por su vagabundo pensamiento a un orden de ideas que no era nuevo
+en ella. «¡Si es lo que a mí me gusta, ser obrera, mujer de un
+trabajador honradote que me quiera...! No le des vueltas, chica; pueblo
+naciste y pueblo serás toda tu vida. La cabra tira al monte, y se te
+despega el señorío, créetelo, se te despega...».
+
+Cuando pasó a decir a Severiana que estaba servida, esta había concluido
+de limpiar la sala. Como había tan mal olor allí, trajeron una paletada
+de carbones encendidos, y echando un puñado de espliego, la pasearon por
+toda la casa, desde el pasillo hasta la cocina. Después del sahumerio,
+Fortunata entró a ver a Mauricia, a quien encontró muy mal, en un estado
+de decaimiento y postración muy visibles. El médico, que llegó entonces,
+la examinó detenidamente, observando hinchazón en las piernas y en el
+vientre. La parálisis agitante crecía de una manera aterradora. Antes de
+partir, el doctor habló con Guillermina en la sala, diciéndole que
+aquello no podía menos de acabar mal, y que a todo tirar, tiraría dos
+días... Acercábase Fortunata para enterarse de esto, cuando vio entrar
+inesperadamente a una persona cuya presencia le hizo el efecto de una
+descarga eléctrica.
+
+«¡Jesús, esa mona otra vez...!, yo me voy».
+
+Jacinta y Guillermina hablaron un momento con el médico, que se despidió
+luego. «Entraré un ratito a verla--dijo la Delfina a su amiga,
+sentándose en el sofá--. ¿Va usted a estar aquí mucho tiempo?».
+
+--Tengo que pasar al otro corredor a ver al zapatero... Pobre hombre, no
+ha querido ir al hospital. Yo no había visto nunca un caso de hidropesía
+semejante. La barriga de ese infeliz era anoche como un tonel... Y ya le
+han dado tres barrenos; pero el de ayer con tan mala fortuna, que no le
+sacaron más que medio litro, y dicen que tiene en aquel cuerpo la
+friolera de catorce litros... ¡Qué humanidad, Dios mío!
+
+Fortunata pasó a la otra sala, y a poco volvió diciendo que Mauricia
+dormía profundamente. La fundadora hizo entonces una observación
+humorística. Dirigiéndose a las dos, les dijo: «¿Oyen ustedes ese
+trombón que toca la marcha real?». En efecto, se oía bien clara, aunque
+lejana, la marcha real tocada con verdadero frenesí por Leopardi, que en
+la repetición le ponía un lujo escandaloso de mordentes y apoyaturas.
+
+«Pues ese pobre hombre--añadió la santa conteniendo la risa--, desde que
+se entera de que estoy aquí, se pone a tocar como un descosido. Es la
+manera de recordarme que le prometí vestirle, porque el desventurado
+está mejor de pulmones que de ropa. Mira--propuso a Jacinta, cogiéndole
+un brazo--; en cuanto vayas hoy a tu casa, has de ver si tiene tu marido
+algunos pantalones que no le sirvan... Puede que no tenga porque ¡ya
+hemos hecho tantos escrutinios en su guardarropa!».
+
+--No sé, no sé--dijo la señora de Santa Cruz, procurando recordar...--me
+parece.
+
+--Si no--manifestó prontamente la de Rubín--, yo traeré unos del mío...
+
+--Dios se lo pagará a usted... porque verdaderamente parte el corazón
+ver a ese pobre hombre, en este tiempo, con unos calzones de hilo, de
+los que traen los soldados de Cuba...
+
+Salió Guillermina para ir al almacén de maderas de la Ronda, y Jacinta
+la acompañó hasta el corredor. Sentose Fortunata en el sofá, creyendo
+que las dos se marchaban. Pero la de Santa Cruz, después de hablar con
+su amiga de varias cosas, le dijo: «Aquí la espero a usted. Lleve mi
+coche, y luego me recogerá y nos iremos juntas». Entró inmediatamente,
+sentándose también en el sofá.
+
+¡Ponerse a su lado! ¡No conocerle en la cara que las dos no podían estar
+juntas en parte alguna!...
+
+Esto pensaba la mujer de Maxi, que sintió deseos de huir, y luego
+vergüenza y miedo de hacerlo. Si la otra le hablaba, no tendría más
+remedio que responderle. «Pues si yo le dijera quién soy, la haría
+temblar. Veríamos entonces quién temblaba más».
+
+Jacinta la miró. Ya el día anterior había despertado su curiosidad
+hermosura tan expresiva. Y cuando sus ojos se encontraban con el rayo de
+aquellos ojos negros, sentía una impresión no muy grata, al modo de esos
+presentimientos inseguros que son, no como el contacto de un objeto,
+sino como la sensación del aire que hace el objeto al pasar rápidamente.
+
+«Según ha dicho el médico--indicó la Delfina decidida a pegar la
+hebra--, la pobre Mauricia no saldrá de esta».
+
+--No saldrá la pobre--opinó Fortunata algo cortada, porque le asaltaba
+la idea de que su lenguaje no sería bastante fino.
+
+--Si sigue así, traeré esta tarde a la niña, para que la vea... De todos
+modos, debo traerla ¿no le parece a usted?
+
+--Sí, tráigala. Jacinta sabía que aquella desconocida no era soltera,
+porque había ofrecido unos pantalones _de su marido_. Hízole, pues, la
+pregunta que ingenuamente se le salía siempre de los labios cuando se
+encontraba delante de una casada: «¿Tiene usted niños?».
+
+--No señora--replicó la de Rubín con alguna sequedad.
+
+--Yo tampoco. Pero me gustan tanto los niños, que tengo verdadera manía
+por ellos, y los ajenos me parece que deberían ser míos... y, créalo
+usted, no tendría escrúpulo de conciencia en robar uno, si pudiera...
+
+--Pues yo también, si pudiera...--declaró Fortunata, que no quería ser
+menos que su rival en aquello de la manía materna.
+
+--¿Pero es que se le han muerto a usted, o que no los ha tenido?
+
+--Tuve uno, sí señora... va para cuatro años...
+
+--¿Y en cuatro años no ha tenido usted más que uno? ¿Qué tiempo lleva
+usted de matrimonio? Perdone mi indiscreción.
+
+--¿Yo?...--murmuró la otra vacilando--. Cinco años. Yo me casé antes que
+usted...
+
+--¡Antes que yo!--Sí, señora... pues decía que tuve un niño y se me
+murió, sí señora, y si me viviera, le digo a usted que...
+
+Como advirtiera la dama en los ojos de su interlocutora una lucidez y
+movilidad singularísimas, sospechó si aquella mujer padecería
+enajenación mental. Su tono y su mirar eran muy extraños, impropios del
+lugar y de la sosegada conversación que ambas sostenían. «A esta mujer
+hay que dejarla--pensó Jacinta--; me callaré».
+
+Guardaron silencio un rato mirando al suelo. Jacinta no pensaba en nada
+importante; Fortunata sí, y por la mente le pasó toda su historia como
+envuelta en una nube de fuego. Se le vinieron a la boca palabras duras
+para increpar a aquella _mona del Cielo_, que le había quitado lo suyo.
+¿Pues no era esto una gran injusticia? Los agravios se le revolvían en
+el seno, saliéndole a los labios en esa forma descomedida y grosera de
+las hijas del pueblo, cuando se ponen a reñir. «¡La cojo y la...!--decía
+para sí clavándose las uñas en sus propios brazos--. ¿Que es un ángel?
+Pues que lo sea... ¿Que es una santa? ¿Y a mí qué?...». Pero de los
+labios para fuera, nada... «¡Qué cobarde soy! Con una palabra la haré
+caer redonda, y me tendrá un miedo tan grande que no le darán ganas de
+volverme a hacer preguntitas...».
+
+En esto _la mona del Cielo_, impaciente porque no venía Guillermina,
+salió un instante al corredor. Al verse sola, creyó sentirse la otra con
+más valor para dar un escándalo... Toda la rudeza, toda la pasión gozosa
+de mujer del pueblo, ardiente, sincera, ineducada, hervía en su alma, y
+una sugestión increíble la impulsaba a mostrarse tal como realmente era,
+sin disimulo hipócrita. «¡Si no volverá!...» se dijo mirando al
+corredor, y al decir esto su espíritu volvía sobre sí, penetrándose del
+sentido lógico de las cosas... «Ella es una mujer de mérito y yo he sido
+una perdida... Pero yo tengo razón, y perdida o no, la justicia está de
+mi parte... porque ella sería yo, si estuviera en mi lugar...».
+
+En esto vio que _la mona_ volvía... Verla y cegarse fue todo uno. No
+podía darse cuenta de lo que le pasó. Obedecía a un empuje superior a su
+voluntad, cuando se lanzó hacia ella con la rapidez y el salto de un
+perro de presa. Juntáronse, chocando en mitad del angosto pasillo. La
+prójima le clavó sus dedos en los brazos, y Jacinta la miró aterrada,
+como quien está delante de una fiera... Entonces vio una sonrisa de
+brutal ironía en los labios de la desconocida, y oyó una voz asesina que
+le dijo claramente: «Soy Fortunata».
+
+Jacinta se quedó sin habla... después lanzó un ¡ay! agudísimo, como la
+persona que recibe la picada de una víbora. En tanto Fortunata movía la
+cabeza afirmativamente con insolente dureza, repitiendo: «Soy... soy...
+soy la...». Pero tan sofocada estaba, que no articuló las últimas
+palabras. La Delfina bajó los ojos, y dando un tirón se soltó. Quiso
+decir algo, no pudo. La otra se apartó, echando llamas de sus ojos y
+resoplidos de su pecho, y andando hacia atrás siguió diciendo, sin que
+las palabras llegaran a articularse: «Te cojo y te revuelco... porque si
+yo estuviera donde tú estás, sería...». Aquí recobró el aliento, y pudo
+decir: «¡Mejor que tú, mejor que tú...!».
+
+La de Santa Cruz recobró la serenidad, y entrando en la sala, volvió a
+ponerse en el sofá. Su actitud revelaba tanta dignidad como inocencia.
+Era la agredida, y no sólo podía serenarse más pronto, sino responder a
+la ofensa con desdén soberano y aun con el perdón mismo. La otra sintió,
+por el contrario, tremendo peso dentro de sí. ¡Ay, su acción
+descompuesta y brutal le gravitó en el alma como si la casa se le
+hubiera desplomado encima! No tuvo ánimo para entrar también; tembló de
+pensar lo que diría Severiana si se enteraba; pues ¿y doña
+Guillermina?... Refugiose en el cuarto de la comandanta, donde había
+dejado velo y manguito. La cobardía que sintió impulsábala a correr
+hacia la calle. Huir, sí, y no volver a poner los pies en aquella casa
+ni en parte alguna donde pudiera tener tales encuentros... Salió sin
+hacer ruido, deslizándose, y al pasar frente a la puerta, miró y la vio
+allá dentro, al extremo del largo pasillo, que parecía un anteojo. La
+veía de perfil, la mano en la mejilla, muy pensativa, y Jacinta no la
+veía a ella. Bajó y se puso en la calle, acordándose de una de las
+principales recomendaciones que le había hecho Feijoo: «No descomponerse
+nunca». Pues bien se había descompuesto aquel día... «Pero
+verdaderamente--discurrió tratando de serenarse--. Yo ¿qué le he hecho?,
+nada... Únicamente decirle quién soy, para que me conozca...».
+
+¡Cosa extraña!, le entraron ganas de esperar para verla salir. Púsose de
+centinela en la calle del Bastero, y cinco minutos después vio a la
+fundadora entrar en la casa. «Han de subir por la calle de
+Toledo--pensó--; desde allí las veré sin que me vean. Siguió a la calle
+de Toledo, poniéndose en acecho en la acera de enfrente, junto a la
+puerta de una taberna. Al cabo de un cuarto de hora, apareció por la
+boca-calle la berlina con las dos damas. «Hablan de mí, y le está
+contando cómo pasó el lance... me imita, remedando mi movimiento, cuando
+la cogí por los brazos... ¿Qué dirán, Dios mío, qué dirán? Me parece
+oírlas... Que soy un trasto y que me debían mandar a presidio».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Cuando subía la escalera de su casa, se iniciaba en la conciencia
+de la joven una reprobación clara de lo que había hecho. «...Hubiera
+sido mucho mejor--pensó deteniendo el paso y tardando un minuto de
+escalón a escalón--, decirle aquello de _yo soy Fortunata_, con calma,
+reparando bien qué cara ponía ella al oírlo, y luego quedarme tan
+fresca, esperando a ver por qué registro salía, o echarle tres o cuatro
+chinitas, diciéndole que yo también soy honrada, claro, y que su marido
+es un tunante... a ver por dónde la tomaba».
+
+Al entrar en la casa, halló a doña Lupe muy incomodada con Papitos,
+sobre cuya inocente cabeza descargaba el mal humor que la noche en vela
+le produjo. Cuanto se había hecho en su ausencia le parecía mal,
+dejándose decir que ni tan siquiera para una obra de caridad podía salir
+de casa, pues en cuanto volvía la espalda, era todo un desbarajuste.
+Fortunata comprendió que también quería meterse con ella; mas no
+teniendo ganas de reñir, dejaba sin contestación sus refunfuños. «Mira
+que es pifia mandar traer esta babilla y esta falda que no sirve ni para
+el gato. Tienes la cabeza llena de viento. Nada, en cuanto yo me
+descuido, ya no das pie con bola».
+
+Fortunata empezaba a sentirse mal. Tenía escalofríos, dolor de cabeza y
+ganas de bostezar a cada momento. Conociole doña Lupe en la cara la
+desazón, y le preguntó con gran interés: «¿Tienes ascos, mareos...?».
+
+--No sé lo que tengo; pero me acostaría de buena gana.
+
+Doña Lupe, al irse a la cocina, iba pensando que aquellos síntomas
+podrían anunciar tal vez la probable reproducción del tipo de Rubín en
+la especie humana; pero bien sabía la otra que no era nada de esto, y
+sin más explicaciones echose, bien envuelta en una manta, en el sofá de
+su cuarto. Después que se le aplacara el frío, sintió somnolencia, que
+la llevó a un delirio tranquilo, reproduciendo en su mente la escena
+aquella con varias adiciones de importancia. ¿Eran estas algo que con la
+prisa no pudo decir, pero que debió haber dicho, o eran simplemente
+desvaríos de su cerebro encendido por la calentura?... «¡Si creerá esta
+señora que no hay en el mundo más mujeres honradas que ella!... Que se
+le quite a usted eso de la cabeza. ¡Vaya con el modelo!... ¡A buena
+parte viene usted...! ¿Sabe usted, niña, que como a mí se me meta en la
+cabeza, le doy a usted honradez y virtudes por los hocicos hasta que no
+quiera más? Porque eso es cuestión de decir: '¡Ea!'... Sí, y si me atufo
+no hay quien me tosa. ¿Pues qué cree usted, que a mí me costaría trabajo
+cuidar enfermos y dármelas de muy católica? Pues si a mano viene me
+pondré el mejor día a cuidar y limpiar y revolver los enfermos más
+podridos, y me vestiré una saya, y recogeré niños que no tengan padres,
+que de eso y de mucho más soy yo capaz... ¡Vaya con la _mona del Cielo_!
+Ea... no venga acá vendiendo mérito... ¡Y ángel me soy! Pues para que lo
+sepa, también yo, si me da la gana de ser ángel, lo seré, y más que
+usted, mucho más. Todas tenemos nuestro ángel en el cuerpo...».
+
+Después de esto, tornó a ver con claridad las cosas, y dejando vagar sus
+miradas por la habitación solitaria y semioscura, pensaba en lo mismo,
+pero apreciando mejor la realidad de las cosas. En aquella meditación,
+lo que descollaba, después de vueltas mil, era un vivo deseo de ser no
+sólo igual, sino superior a la otra. El cómo era lo difícil. «Porque lo
+primero que tengo que hacer es querer a mi marido, y portarme bien para
+que se olviden las maldades que he hecho...».
+
+El pensamiento, recorriendo todas las caras del tema, iba de las cosas
+más sutiles a las más triviales. «Me tengo que hacer una falda
+enteramente igual a la que llevaba ella... lo mismito, con aquel
+tableado; y si encontrara tela igual... La verdad es que tiene la mona
+un aire de señorío y de... de... ¿de qué?, de majestad, sí... ¡Bah!,
+esto es idea, idea nada más de los que la miran, porque con aquello de
+que es ángel... A saber si lo es realmente, que las apariencias
+engañan...».
+
+Sacola de esta cavilación doña Lupe, que entró con pisadas de gato, y le
+dijo que era preciso tomara algo. Negose Fortunata a comer cosa alguna,
+y dijo que lo único que apetecía era una naranja para chuparla.
+«¿Antojitos ya?» murmuró la tía sonriendo, y mandó a Papitos por la
+naranja.
+
+Mientras la chupaba, haciéndole un agujerito y apretándola como aprietan
+los chicos la teta, a la señora de Rubín le pasó por el cerebro otra
+ráfaga de aquel furor que determinó el acto de la mañana: «Tu marido es
+mío y te lo tengo que quitar... Pinturera... santurrona... ya te diré yo
+si eres ángel o lo que eres... Tu marido es mío; me lo has robado...
+como se puede robar un pañuelo. Dios es testigo, y si no, pregúntale...
+Ahora mismo lo sueltas o verás, verás quién soy...».
+
+Quedose dormida, dejando caer al suelo la naranja. Despertó al sentir
+sobre su frente la mano de su amante esposo, que había subido a comer, y
+enterado de que estaba indispuesta, se asustó mucho, Doña Lupe quiso
+hacerle concebir esperanzas de sucesión; pero él, moviendo la cabeza con
+expresión escéptica y desconsolada, entró en la alcoba y le palpó la
+frente a su mujer.
+
+«Hija de mi vida, ¿qué tienes?».
+
+Al oír esta terneza y al ver delante la figura de Maxi, Fortunata sintió
+fuerte sacudida en su interior. Como una neurosis constitutiva de esas
+que se manifiestan de repente, cuando menos se las espera, así se
+presentó en el alma de la joven, a golpe, y a manera de explosión de
+pólvora, la aversión que su marido le había inspirado en otro tiempo. Lo
+primero que pensó fue cómo había retoñado tan de repente la infame
+planta del odio que ella creía seca y muerta, o al menos moribunda. Le
+miraba, y mientras más le miraba, peor... Se volvió del otro lado
+respondiendo con sequedad: «Nada».
+
+--¿Sabes lo que dice la tía?... oye...
+
+La opinión de la tía aumentaba la malquerencia de la sobrina y el vivo
+deseo de perder de vista a su marido. Cerrando los ojos, invocó a Dios y
+a la Virgen, de quien esperaba auxilio para poder curarse de aquella
+insana antipatía; pero ni por esas... «Si no le puedo ver; ¡si me iría
+al fin del mundo por no verle...! ¡Y yo creí que le iba tomando cariño!
+¡Buen cariño nos dé Dios! Ni sé yo en qué estaba pensando Feijoo...
+Tonto él, y yo más tonta en hacerle caso».
+
+Maxi, al tomarle el pulso, echó por aquella boca una retahíla de frases
+de medicina, concluyendo por decir: «Subiré esta noche un
+antiespasmódico, jarabe de azahar con bromuro, y quizás, quizás unas
+pildoritas de sulfato de quinina. Hay fiebre, aunque poca. Principio de
+un fuerte catarro. Tú te has enfriado en aquella maldita casa de
+corredor... o te habrás atufado con algún brasero».
+
+Fortunata pensó que, en efecto, se había atufado, pero no con brasero.
+Cediendo a los ruegos de su marido y de doña Lupe, se acostó, y a prima
+noche estaba más tranquila, desvelada, sin ningún apetito, oyendo con
+desagrado el ruido de los platos y cucharas que del comedor venía a la
+hora de cenar. Nicolás hablaba por los codos. «Mejor es que no tomes
+nada, si no tienes gana--le dijo Maxi, que entró mascando el postre y
+con un higo pasado en la mano--. Por si acaso, no bajaré esta noche a la
+botica, y te acompañaré». La peor de las medicinas era esta, pues
+gustaba la joven de estar sola, entretenida con sus pensamientos. Hizo
+por dormirse; su marido le ató fuertemente un pañuelo a la cabeza, y
+después se puso junto a la cama. Después de un breve sueño, vio ella la
+escueta figura de Maxi dando paseos en la habitación. Tan pronto miraba
+su persona como su sombra corriendo por la pared, larga, angulosa,
+doblándose en las esquinas del muro. «¡Ah!... Jacinta, yo te quisiera
+ver casada con este... Entonces me reiría, me estaría riendo tres años
+seguidos».
+
+Maximiliano se desnudaba para acostarse. Al quitarse el chaleco, salían
+de las boca-mangas los hombros, como alones de un ave flaca que no tiene
+nada que comer. Luego, los pantalones echaron de sí aquellas piernas
+como bastones que se desenfundan. Todas sus coyunturas funcionaban con
+trabajo, cual si estuvieran mohosas, y el pelo se le había hecho tan
+ralo, que su cabeza ofrecía una de esas calvas sin dignidad que suelen
+verse en jóvenes de poca y mala sangre. Al meterse en la cama y estirar
+los huesos, exhalaba un _¡ah!_ que no se sabía si era de dolor o de
+gusto. Fortunata, fingiendo dormir, se volvió para el otro lado y a
+media noche dormía de veras.
+
+A la madrugada abrió los ojos. La alcoba estaba en completa oscuridad.
+Oyó la respiración de su marido, áspera a ratos, a ratos silbante y con
+diversos flauteados, como si el aire encontrase en aquel pecho
+obstrucciones gelatinosas y lengüetas metálicas. Incorporose Fortunata,
+cediendo a un movimiento interior cuyo impulso inicial se determinó
+cuando estaba dormida. Lo que pensaba entonces era por demás peregrino.
+El disparate que se le había ocurrido, porque disparate era y de los
+gordos, fue que debía echarse del lecho muy callandito, buscar a tientas
+su ropa, vestirse... ir hacia la percha, coger su bata y ponérsela. El
+mantón, ¿dónde estaba? No pudo recordarlo; pero lo buscaría, a tientas
+también; y una vez hallado, saldría de la alcoba, cogería el llavín que
+estaba colgado de un clavo en el recibimiento, y ¡aire!... ¡a la calle!
+La idea de la evasión estuvo flameando un rato sobre sus sesos, como una
+luz de alcohol, sin que pudiera entender cómo se había encendido
+semejante idea. En el bolsillo de la bata tenía medio duro, una peseta,
+y algunos cuartos, la vuelta del duro que dio a Papitos para que le
+trajera... no recordaba qué. Pues con aquel dinero tenía bastante. ¿Para
+qué más? ¿Y a dónde iría? A una casa de huéspedes. No... a casa de D.
+Evaristo... No, porque D. Evaristo la reñiría. Esta idea de que la
+reñiría su _padrino_ fue el golpe que le aclaró el sentido, porque la
+idea de la fuga era un rastro del sueño. «¿Estoy despierta o dormida?»
+se preguntaba al reconocer su desatino; y quedose un rato sentada en la
+cama, con la mano en la mejilla. El pañuelo se le había desatado de la
+cabeza, y deshecho el peinado, sus espesas guedejas le caían sobre los
+hombros. «¡Qué marido este!--pensaba, recogiéndose el cabello--, ¡ni
+atar un pañuelo sabe!». Después creyó ver ojos, que en aquella profunda
+oscuridad la miraban. «Debo de estar soñando todavía. ¿Qué me miras tú?
+¿Qué dices? ¿Que estoy guapa? Ya lo creo. Más que tu mujer».
+
+Y se volvió a acostar. Maximiliano, al revolverse, le dio un
+encontronazo con un omoplato. «¡Ay!, me ha hecho ver las estrellas» dijo
+para sí Fortunata, recogiéndose más en su lado.
+
+«¿Duermes, vidita?» murmuró el otro despertándose, y rechupando luego
+como si tuviera una pastilla en la boca.
+
+Pero sin oír la respuesta, se volvió a dormir.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Al día siguiente Fortunata se sentía mejor; pero aún estaba en la
+cama cuando su marido, después de dar una vuelta por la botica, subió a
+verla. «¿Qué tal?--le dijo inclinándose sobre ella y besándola en
+frente--. Te puedes levantar.
+
+El día está bueno. ¡Ay!, yo tengo menos salud que tú, y no me quejo
+tanto. Siento tal debilidad que a veces me cuesta trabajo mover un dedo.
+Todos los huesos me duelen, y la cabeza la siento a ratos como si
+estuviera vacía, sin sesos... Pero no me duele, y esto es mala señal,
+porque las jaquecas son un puntal de la vida. Yo no sé lo que me pasa. A
+ratos me distraigo, me entra como un olvido, me quedo lelo sin saber
+dónde estoy ni lo que hago... Pues digo, ¿y cuándo pierdo la memoria y
+se me va de ella lo que más sé?... Tú estarás buena mañana; pero yo no
+sé a dónde voy a parar con estas cosas. Dice Ballester que tome mucho
+hierro, pero mucho hierro, y que esto es falta de glóbulos en la sangre,
+y así debe de ser... Esta máquina mía nunca ha sido muy famosa, y ahora
+está que no vale dos cuartos...».
+
+Fortunata le miraba y sentía una lástima profunda. Quizás esta lástima
+refrescaba el cariño fraternal que había empezado a marchitarse. Pero no
+estaba muy segura de esto, y cuando le vio salir, pensaba que si aquella
+planta raquítica del cariño se agostaba, debía hacer ella esfuerzos
+colosales por impedirlo.
+
+Poco después, hallándose en el gabinete sentada junto al balcón, por
+donde entraba el sol, sintió en los pasillos ruidos de voces que al
+pronto no se podía saber si eran de gozo o de ira. Pero ni tuvo tiempo
+de asustarse porque vio entrar a Nicolás haciendo aspavientos de júbilo,
+el rostro encendido, los ojos chispos, y llegándose a su cuñada le dio
+un fuerte abrazo:
+
+«Denme todos la enhorabuena... Ya... al fin... No ha sido favor, sino
+justicia. Pero estoy muy agradecido a las personas que...».
+
+--¡Gracias a Dios! Ya tenemos a Periquito hecho fraile--dijo doña Lupe,
+que después de haber recibido el estrujón en el pasillo, entraba tras
+él, radiante de dicha, porque se le quitaba de encima aquella fiera
+boca--. ¿Y de dónde?
+
+--De Orihuela, tía--replicó el clérigo frotándose las manos--. Mala
+catedral; pero ya veremos si sale una permuta.
+
+--Canónigo te vean mis ojos, que Papa como tenerlo en la mano.
+
+--¡Cuánto me alegro!--dijo Fortunata por decir algo, y miró a la calle
+al través de los cristales, temiendo que le leyeran en la cara los
+pensamientos que la canonjía de su cuñado le sugería.
+
+«¡Lo que es el mundo!--pensaba--. Razón tenía D. Evaristo. Hay dos
+sociedades, la que se ve y la que está escondida. Si no hubiera sido por
+mi maldad, ¡cuándo habría sido canónigo este tonto de capirote,
+ordinario y hediondo! ¡Y él tan satisfecho!».
+
+--Me voy mañana mismo a que me den la colación... Pero antes convido a
+todo el mundo. Juan Pablo no lo sabe todavía. ¡Que rabie!...
+
+Ayer me apostaba que no me la darían. Ese Villalonga es una gran
+persona, y Feijoo lo que se llama un caballero, y el Ministro también...
+¿Sabéis quién me dio la noticia? Pues Leopoldo Montes, que está ahora en
+Gracia y Justicia. Corrí allá, y cuando el jefe del personal de
+catedrales me dijo que eran ciertos los toros, creí que me daba un
+desmayo. La credencial estaba allí, y no me la habían mandado por no
+saber mis señas... Lo repito, convido a todo Cristo... a lo que
+quieran... y convido a las de Torquemada, a Ballester... a doña Casta y
+sus simpáticas hijas...
+
+--Para, hijo, para--dijo doña Lupe amoscándose--, que para esas
+convidadas no te va a bastar el sueldo de un año; y si piensas que yo
+cargo con el mochuelo de los gastos, te equivocas...
+
+Nicolás se calmó luego, tomando el tono que cuadra a un sacerdote y con
+el cual sabía él muy bien rectificar la descompostura que le producían
+la ira o el contento. «Nada, yo estoy satisfecho, y aunque creo que me
+lo merezco por mis estudios y por los servicios que he prestado en el
+confesonario, no he de tener orgullo; y desde ahora lo digo, me he de
+llevar bien con mis compañeros de cabildo... esta es la cosa. A mí me
+gusta la paz y concordia entre príncipes cristianos. Una vida
+descansada, mi misita por las mañanas con la fresca, mi corito mañana y
+tarde, mi altar mayor cuando me toque, mi paseíto por las tardes, y
+vengan penas».
+
+Cuando estaban almorzando, Fortunata no podía alejar de sí este
+comentario: «Si fue un bien que me adecentaras, estúpido, ya te lo he
+pagado y no te debo nada».
+
+«Yo tengo que ir al Monte--le dijo más tarde doña Lupe--, que hoy
+empiezan las subastas. Ten cuidado con Papitos, que estos días anda muy
+salida. Tú la echas a perder con tus benevolencias. Date una vuelta por
+la cocina y no le quites ojo. Hazle que ponga el bacalao de remojo o
+ponlo tú. Y que cuando yo venga esté lavada toda la ropa».
+
+Quedose sola Fortunata con la chiquilla; pero no pudo vigilarla, porque
+toda la tarde estuvieron entrando visitas. Primero fue doña Casta
+Moreno, viuda de Samaniego, con sus hijas, dos jóvenes muy bien educadas
+o que se lo creían ellas. La mamá pertenecía a la familia de los
+Morenos, que en el primer tercio del siglo se dividieron en dos grandes
+ramas, los _Morenos ricos_ y los _Morenos pobres_; pero habiendo nacido
+en la primera de estas ramas, vino a parar a la segunda. Casó con
+Samaniego, hombre de bien y muy entendido en Farmacia, pero que no supo
+hacerse rico. Por los Trujillos, tenía doña Casta parentesco remoto con
+Barbarita; pero habiendo sido muy amigas en la niñez, apenas se trataban
+ya, porque la fortuna y las vicisitudes de la vida las habían alejado
+considerablemente una de otra. Sus relaciones eran intermitentes. A
+veces se veían y se saludaban; a veces no. Les pasaba lo que a muchas
+personas que se han tratado en la infancia y que después están años y
+más años sin verse. Resulta que cuando se encuentran dudan si hablarse o
+no, y al fin no se hablan, porque ninguna se decide a ser la primera.
+
+Más cercano y claro era el parentesco de Casta con Moreno-Isla, el
+cual, a pesar de ser _Moreno rico_, mantenía cierta comunicación de
+familia con aquella _Moreno pobre_, visitándola alguna vez. Se tuteaban
+por resabio de la niñez; pero sus relaciones eran frías, lo
+absolutamente preciso para salvar el principio del linaje. La rama de
+los Moreno-Isla establecía además un enlace remoto entre doña Casta y
+Guillermina Pacheco; pero este parentesco era ya de los que no coge un
+galgo. Guillermina y la viuda de Samaniego no se habían tratado nunca.
+
+Jactábase doña Casta de haber educado muy bien a sus dos hijas. La
+mayor, Aurora, guapetona, viuda de un francés, era mujer de mucha
+disposición para el trabajo. Había vivido algún tiempo en Francia,
+dirigiendo un gran establecimiento de ropa blanca, y tenía hábitos
+independientes y mucho tino mercantil. La segunda, Olimpia, había estado
+asistiendo al Conservatorio siete años seguidos, y obtenido muchos
+premios de piano. Su mamá quería que fuese profesora consumada, y para
+demostrarlo en los exámenes y obtener buena nota, la hacía estudiar una
+pieza, con la cual mortificaba a la vecindad día y noche, durante meses
+y aun años. Contaba esta niña la serie de sus novios por los dedos de
+las manos; pero lo que es a casarse no habían tocado todavía.
+
+Fortunata simpatizaba mucho con Aurora y muy poco con la mamá y con
+Olimpia. Temía que se burlasen de ella, por su falta de educación, y que
+la estimaran en poco, sabedoras de su pasado. Reconociendo que le eran
+las tres muy superiores por la crianza y el acertado empleo de palabras
+finas, a veces quedábase a oscuras de lo que hablaban, y sólo asentía
+con movimientos de cabeza. Siempre era de la opinión de ellas, pues
+aunque pensara de distinta manera, no se atrevía a expresar su
+disentimiento. Aquella tarde, por causa de su situación de espíritu,
+estaba la de Rubín más cohibida que nunca y deseando que se marchasen.
+Pero desgraciadamente nunca estuvo doña Casta más habladora. Sentía
+mucho no encontrar a Lupe, pues deseaba comunicarle noticias de la mayor
+trascendencia. Aurora iba a ponerse al frente de un establecimiento de
+ropa blanca, montado a estilo de los mejores que hay en París y Londres.
+¿Qué tal?
+
+Esforzábase la mujer de Maxi en disimular el aburrimiento que esto le
+causaba, y a la hipérbole de doña Casta respondía con exclamaciones de
+pasmo y asentimiento. «Mi hija--añadió la viuda de Samaniego--, estará
+encargada de la dirección de los _trousseaux_, canastillas de bautizo y
+demás género elegante, y tendrá sueldo y participación en los
+beneficios. El dueño de este gran establecimiento, que tanto ha de
+llamar la atención, es Pepe Samaniego, a quien ha facilitado el dinero
+para montarlo mi _primo_ D. Manuel Moreno-Isla, el hombre más bueno y
+más generoso del mundo, y con un capital... ¡qué capital! Y vea usted,
+es soltero... y se pasa la vida en Londres aburriéndose... Lo que yo
+digo; podría haber hecho feliz a una joven, de las muchas que hay en la
+familia... Siempre que viene a verme, le largo un _espich_ como él dice,
+él se ríe, se ríe...».
+
+--¡Pero qué me importarán a mí todas estas cosas!--pensaba Fortunata,
+que ya no podía sostener más tiempo el papel, ni sabía de dónde sacar
+los monosílabos y las sonrisas.
+
+Por fin quiso Dios misericordioso que _las Samaniegas_ se marcharan;
+pero no habían pasado diez minutos cuando entró D. Evaristo, con su
+criado, que le sostenía por el brazo derecho, y Fortunata le condujo
+hasta la sala en una de cuyas butacas se sentó el anciano pesadamente.
+
+«¿Doña Lupe...?».
+
+--No hay nadie--dijo ella, lo que significaba: estoy sola, puede usted
+hablar con libertad.
+
+--¡Ah!, sola... ¿y qué tal...? Me dijeron que estabas... que estaba
+usted algo mala...
+
+Después de decirle que su enfermedad no había sido nada, la chulita se
+sentó junto a él, haciendo propósito de contarle la verdadera dolencia
+que sufría, que era puramente moral, y con los más graves caracteres.
+Pensaba preguntar a su sabio amigo y maestro, por qué todo aquel
+desorden se había manifestado a consecuencia de las breves palabras que
+cruzó con Jacinta. ¿Qué relación tenía aquella mujer con su conducta y
+con sus sentimientos? Sobre esto le diría algo sustancioso aquel sagaz
+conocedor del corazón humano y del mundo, porque ella se devanaba los
+sesos y no podía dar con la razón de que _la mona_ le trastornase su
+espíritu. Si era ángel, ¿por qué la hacía mala? ¿Por qué era con ella lo
+que es el demonio con las criaturas, que las tienta y les inspira el
+mal? Luego no era ángel. Otro punto oscuro quería consultarle, y era que
+sentía deseos vivísimos de parecerse a aquella mujer, y ser, si no
+mejor, lo mismo que ella. Luego Jacinta no era demonio.
+
+Lo difícil era explicar esto de modo que el amigo Feijoo lo entendiese,
+porque ya se sabe que no se daba buena mano para encontrar las palabras
+que en el lenguaje corriente expresan las cosas espirituales y
+enrevesadas.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Lo peor del caso fue que aún no había empezado la consulta
+cuando entró doña Lupe, quien invitó al Sr. de Feijoo a tomar chocolate.
+No se hizo de rogar el buen caballero, y la misma viuda de Jáuregui se
+lo sirvió. Mientras lo tomaba, hablaron de las visitas que tía y sobrina
+hacían a la calle de Mira el Río. «Yo--declaraba doña Lupe--, reconozco
+que no tengo valor ni estómago para practicar la caridad en ese grado.
+Admiro mucho a _la amiga_ Guillermina; pero no la puedo imitar». Feijoo
+expuso sobre aquel tema de la filantropía algunas consideraciones muy
+sesudas, y despidiose, dando a cada una de las señoras un fuerte apretón
+de manos.
+
+Aquella noche notó Fortunata en su marido algo que la puso en cuidado.
+Durante la comida no había dicho una palabra; tenía el color arrebatado,
+estaba muy inquieto, dando a cada instante suspiros hondísimos. Cuando
+subió a acostarse no tenía ya el rostro encendido, sino de color de
+cola. «¿Tienes jaqueca?» le preguntó su mujer, viéndole desplomarse en
+una silla y apoyar la cabeza en las manos. Contestó Maxi que no, que la
+cabeza no le dolía nada, y que lo que le aterraba era sentir el cráneo
+vacío, _desalquilado_, como una casa _con papeles_.
+
+«Hace poco--dijo con desaliento amargo--, perdí la memoria de tal
+modo... que... no sabía cómo te llamas tú. Venía subiendo la escalera, y
+me entró tal rabia, que me pregunté a gritos: '¿Pero cómo se llama, cómo
+se llama?...'. Me acordé al entrar en la casa. Hoy estaba haciendo una
+medicina para un enfermo de los ojos, y en vez del sulfato de _atropina_
+puse el de _eserina_, que es la indicación contraria. Si no lo advierte
+Ballester... ¡qué atrocidad!, dejo ciego al enfermo... No puedo
+trabajar. Esta cabeza se me ha trastornado. Figúrate que a ratos...».
+
+Diciendo esto la miraba de hito en hito, y Fortunata no sabía disimular
+bien el terror que aquellos ojos le causaban.
+
+«Figúrate que a ratos me siento tan estúpido, pero tan estúpido, que
+creo tener por cabeza un pedazo de granito. No salta aquí una idea
+aunque me dé con un martillo. Y otros ratos parece que me vuelvo el
+hombre de más seso del mundo, ¡y se me ocurren unas cosas...! De tan
+sublimes que son no las puedo expresar; me tiembla la lengua, me la
+muerdo y escupo sangre... Después me quedo como el que sale de un
+desmayo».
+
+--Acuéstate y descansa--le propuso su mujer compadecida y asustada--.
+Eso no es más que cansancio de tanto discurrir.
+
+Maximiliano empezó a desnudarse, deteniéndose a cada momento.
+
+«En cuanto muevo un brazo--decía con terror--, me aumentan de tal modo
+las palpitaciones que no puedo respirar. Ballester dice que es nervioso,
+una hiperquinesia del corazón, producida por la dispepsia... gases...
+Pero yo digo que no, que no, que esto es más grave. Es la aorta... Yo
+tengo una aneurisma, y el mejor día, plaf... revienta...».
+
+--No seas aprensivo... Si no leyeras librotes de Medicina no se te
+ocurrirían esos disparates--opinó ella sacándole los pantalones.
+
+Quedose con las piernas tiesas, en calzoncillos, esperando a que su
+mujer le quitara también las botas. «Dios te lo pague, hija de mi vida.
+Ayúdame, que bien lo necesita tu pobre marido. Estoy lucido, como hay
+Dios».
+
+Fortunata le cogió gallardamente en brazos y le metió en la cama. Aún
+podía ella más. Ambos se reían; pero después de la risa, Maximiliano dio
+un suspiro, diciendo con la tristeza mayor del mundo:
+
+«¡Qué fuerza tienes!... ¡Y yo qué débil! ¡Y a este llaman sexo fuerte!
+¡Valiente sexo el mío!».
+
+«Duérmete y no pienses en tonterías» indicó ella que, movida de piedad,
+creyó oportuno y caritativo hacerle algunas caricias.
+
+--Si no fuera por ti--dijo él, como un niño mimoso--, no se me
+importaría que la vida se me acabara... El mundo no vale nada sino por
+el amor. Es lo único efectivo y real; lo demás es figurado.
+
+Acostose también ella, y estuvo dándole conversación hasta que le entró
+sueño. ¡Pobre chico! La lástima que Fortunata sentía, apagaba en su
+espíritu la aversión, o al menos la escondía, como en un repliegue, no
+permitiéndole manifestarse. Y la compasión hacía que brotaran en su
+voluntad aquellos deseos de virtud sublime que a ratos surgían como flor
+de un minuto, criada por la emulación. La emulación o la manía imitativa
+eran lo que determinaba la idea de que si su marido se ponía muy malo,
+muy malo, ella sería la maravilla del mundo por el esmero en asistirle y
+cuidarle. Mas para que el triunfo fuese completo era menester que a Maxi
+le entrase una enfermedad asquerosa, repugnante y pestífera, de esas que
+ahuyentan hasta a los más allegados. Ella, entonces, daría pruebas de
+ser tan ángel como otra cualquiera, y tendría alma, paciencia, valor y
+estómago para todo. «Y entonces vería _esa_ si aquí hay perfecciones o
+no hay perfecciones, y que cada una es cada una... Lo malo sería que no
+lo viese, porque acá no ha de venir...».
+
+Maximiliano la distrajo de esta meditación, dando quejidos profundos. Ya
+conocía aquello su mujer y sabía el remedio, que era volverlo suavemente
+del otro lado...
+
+«¡Qué sueño!--murmuró Maxi medio despierto--. Soñaba que te habías
+marchado... y yo te había cogido de un pie, y tú tirabas, y yo tiraba
+más, y tirando se me rompía la bolsa del aneurisma, y todo el cuarto se
+llenaba de sangre, todo el cuarto, hasta el techo...».
+
+Le arrulló para que se durmiera, y ella se durmió también. Levantose
+temprano porque tenía que trabajar. Después de las nueve, cuando entró
+en la alcoba a ver si a su marido se le ofrecía alguna cosa, este se
+estaba vistiendo, y en una disposición de ánimo muy distinta de la que
+tuviera la noche anterior. No sólo parecía recobrado de su debilidad,
+sino que estaba inquieto, ágil y como si acabara de tomar un excitante
+muy enérgico. En cuanto entró su mujer, se fue derecho a ella,
+abotonándose el cuello de la camisa, y en tono de acritud le dijo:
+
+«Oye... estaba deseando que vinieras para decirte que esas visitas del
+señor de Feijoo me cargan. Anoche te lo iba a decir y se me olvidó... Ya
+lo sabes... Sé que ayer tarde estuvo aquí otra vez y le dieron chocolate
+con mojicón. Me lo contó mi hermano Juan, que pasaba por la calle cuando
+él salía, y hablaron».
+
+Fortunata estaba pasmada de aquel exabrupto, y más aún del tono. Por las
+mañanas, solía estar Maximiliano algo regañón y displicente; pero nunca
+como aquel día. Volviéndose hacia el espejo para ponerse la corbata,
+prosiguió diciendo: «Es que parece que hacen las cosas a propósito para
+molestarme, para que rabie... Y no eres tú sola... mi tía también. Se
+han propuesto sin duda hacerme perder la salud».
+
+En el espejo pudo ver Fortunata la cara pálida y contraída de Maxi, cuya
+susceptibilidad nerviosa se manifestaba en un movimiento vibratorio de
+cabeza, la cual parecía querer arrancarse por sí misma del tronco.
+Disculpose ella como pudo; pero él, en vez de calmarse, siguió
+quejándose de que le mortificaban adrede, de que se proponían acabar con
+él. La esposa callaba, sospechando que su marido no tenía la cabeza
+buena, y que sería peor llevarle la contraria. Desde entonces pudo
+observar que por las mañanas se repetía en Maxi la misma excitación, y
+la terquedad de que todas las personas de la familia se confabulaban
+contra él para atormentarle. Unas veces tomaba pie de alguna falta
+advertida en la ropa, botón caído, ojal roto, o cosa semejante. Otras,
+era que le ponían un chocolate muy malo para que reventara... ¡como que
+le quedan envenenar...!, o bien que dejaban los balcones y las puertas
+abiertas para que entrase un aire colado y le partiese. Estas manías
+iban de mal en peor, poniendo a doña Lupe de un humor acerbísimo y
+haciéndole presagiar alguna desgracia. Llegó día en que Maxi se
+expresaba con una violencia muy opuesta a su carácter pacífico, y cuando
+no le contradecían, se contestaba él, echando leña por sí propio en la
+hoguera de su ira; y por fin se iba refunfuñando, cerraba con golpe
+formidable la puerta, y bajaba la escalera de cuatro en cuatro peldaños.
+
+Por las noches el lobo se trocaba en cordero. Creeríase que la fuerte
+inervación de la mañana se iba gastando con los actos y movimientos de
+la persona en el curso del día, y que esta llegaba a la noche en el
+estado contrario, exhausta como el que ha trabajado mucho. Ya Fortunata
+se había acostumbrado a este tira y afloja, y ninguna de las
+extravagancias de su marido la cogía por sorpresa. Por las mañanas lo
+mejor era no hacerle caso, aparentando sumisión a sus exigencias; por
+las noches no había más remedio que halagarle y mimarle un poco; que
+otra cosa habría sido cruel.
+
+Diferentes veces, en las intimidades con su cara mitad, Maximiliano
+había expresado esas tristezas tan comunes en los matrimonios que no
+tienen hijos. Fortunata no gustaba de este tópico; pero no tenía más
+remedio que aceptarlo. Una noche lo acogió con verdadero entusiasmo,
+porque llevaba a él una felicísima idea que aquel día había tenido.
+«Mira tú--dijo a su esposo--; si Dios no quiere darnos una criatura, él
+se sabrá por qué lo hace. Pero podemos adoptar uno, buscar un huerfanito
+y traérnosle a casa. A mí me gustaría mucho, y a los dos nos
+distraería. ¿Por qué no he de hacer yo, aunque soy pobre, lo que hacen
+las señoras ricas, que no tienen hijos? Es muy soso un matrimonio sin
+chiquitín».
+
+A Maximiliano le pareció bien la idea; pero doña Lupe, aunque no la
+contradijo abiertamente, no pareció entusiasmarse con ella. Los
+chiquillos ensucian la casa, todo lo revuelven y enredan, y dan enormes
+disgustos con sus enfermedades y travesuras. Aunque expuso estas ideas
+con mucha discreción, Fortunata se entristeció, porque se le había
+metido en la cabeza desde la noche antes aquel tema de recoger un niño
+huérfano, y encariñada con ella, le costaba mucho trabajo desecharla.
+¡Manía de imitación!
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Doña Lupe la invitó, dos días después de la tarde del choque con
+Jacinta, a volver a visitar a Mauricia. ¡Qué diría doña Guillermina si
+no volvían! Negose Fortunata no sé con qué pretexto, a ir allá, y fue
+sola doña Lupe. Era el día de San Isidro y no había ventas en el Monte
+de Piedad. A eso de las diez regresó muy afectada, y entrando en el
+gabinete donde su sobrina estaba cosiendo, le dijo: «Hija, rézale un
+Padre nuestro a la pobre Mauricia».
+
+--¡Se ha muerto!--exclamó Fortunata sintiendo una fuerte sacudida en su
+alma.
+
+--Sí, a las diez y media. Parecía que estaba esperando a que llegara yo
+para morirse... ¡pobrecilla! Vengo horrorizada. Si yo lo sé, no parezco
+por allá. Estos cuadros no son para mí. Cuando llegué estaba en su sano
+juicio. ¡Preguntome por ti con un interés...! Dijo que te quería más que
+a nadie, y que en cuantito que entrara en el Cielo, le iba a pedir al
+Señor que te hiciera feliz. Yo, francamente, al oír esto, vi que estaba
+fatal, y Severiana me dijo que anoche creyeron por dos o tres veces que
+se les quedaba en las manos. Le dieron congojas tan fuertes, que se le
+acababa la respiración... Noté también que su voz parecía salir del
+hueco de un cántaro muy hondo, y sonaba como lejos... La cara la tenía
+muy arrebatada, y los ojos hundidos, pero muy brillantes. Guillermina
+estaba sentada a su cabecera, y a cada rato le daba abrazos y besos,
+diciéndole que pensara en Dios, que padeció tanto por salvarnos a
+nosotros... De repente, se descompuso, hija; ¡pero de qué manera...! se
+quedó amoratada, empezó a dar manotazos y a echar por aquella boca unas
+flores, ¡unas berzas...! Era un horror. En esto llegó el Padre Nones, a
+quien Guillermina había mandado llamar para que la auxiliase; pero todo
+inútil. Ni la pobre enferma podía oír lo que le decían, ni estaba su
+cabeza para cosas de religión. La santa tuvo una idea feliz. Le dio a
+beber una copa de Jerez, llena hasta los bordes. Mauricia apretaba los
+dientes; pero al fin, debió darle en la nariz el olorcillo, porque
+abriendo la bocaza, se lo atizó de un trago. ¡Cómo se relamía la
+infeliz! Se calmó y ¡pum!, la cabeza en la almohada. Entonces
+Guillermina, poniéndole una cruz entre las manos, le preguntaba si creía
+en Dios, si se encomendaba a Dios y a la Santísima Virgen, y a tales y
+cuales santos del Cielo, y contestaba ella que sí moviendo la cabeza...
+El Padre Nones estaba de rodillas, reza que te reza. Encendieron una
+vela, y te aseguro que el tufillo de la cera, los rezos y aquel
+espectáculo me levantaron el estómago y me han puesto los nervios como
+cuerdas de guitarra. Yo no quería mirar; pero la curiosidad... eso es lo
+que tiene... me hacía mirar. Los ojos de Mauricia se le habían hundido
+hasta ponérsele en la nunca, y la nariz, aquella nariz tan bonita, se le
+afiló como un cuchillo. Guillermina, alzando la voz, decíale que se
+abrazara a la cruz, que Dios la perdonaba, que ella la envidiaba por
+irse derechita a la gloria, y otras muchas cosas que la hacían a una
+llorar. La cabeza de Mauricia se iba quedando quieta, quieta... Luego la
+vimos mover los labios, y sacar la punta de la lengua como si quisiera
+relamerse... Dejó oír una voz que parecía venir, por un tubo, del sótano
+de la casa. A mí me pareció que dijo: _más, más_... Otras personas
+que allí había aseguran que dijo: _ya_. Como quien dice: «Ya veo
+la gloria y los ángeles». Bobería; no dijo sino _más_... a saber,
+_más Jerez_. Guillermina y Severiana le acercaron un espejo a la
+cara y lo tuvieron un ratito... Después todos empezaron a hablar en
+alta voz. Ya estaba Mauricia en el otro mundo; se había quedado de un
+color violado tirando a azul. A los diez minutos su fisonomía estaba
+tan variada, que si la ves no la conoces.
+
+«Pero Guillermina... ¡Qué mujer esa!--prosiguió la de Jáuregui, después
+de una triste pausa, poniendo los ojos en blanco--. ¿Creerás que la
+amortajó con sus propias manos? No haría más si fuera su hija. Ella la
+lavó... ella la vistió... ella le puso el hábito... y tan tranquila. Yo
+habría querido ayudar; pero, francamente, no sirvo para esas cosas. Me
+parecía natural el ofrecerme. Bien sabía yo que la santa no había de
+ceder a nadie el llevar la batuta en aquella operación: lo ha tomado por
+oficio. Pero me ofrecí, me ofrecí. Hay que estar en todo y quedar
+siempre en buen lugar. Y créete que lo poco que hice tiene mérito,
+porque en mí es un sacrificio cualquier niñería de este género, mientras
+que en esa señora no lo es, por estar muy acostumbrada a revolverse
+entre enfermos y difuntos, como las hermanas de la caridad. Habías de
+verla. Y siempre con su carita tan sonrosada, y aquel pasito ligero y
+vivaracho. Cuando concluyó, echamos las dos un largo párrafo en la
+salita; hablamos de Mauricia, de la mucha miseria que hay en este
+Madrid, y de que gracias a las buenas almas 'como usted' me dijo, se
+remediaban muchos males. «¿Y la sobrinita, no ha venido?--me preguntó--.
+El otro día me prometió unos pantalones de su marido».
+
+--¡Ah!, sí--recordó Fortunata--. No crea usted que lo he olvidado. Ya
+los aparté. Son para un hombre que toca la corneta, el trombón o qué sé
+yo qué. Se los mandaremos a Severiana.
+
+--Yo me encargo de eso--replicó doña Lupe, dando a entender que pensaba
+volver allá.
+
+--No, los llevaré yo, bien envueltitos en un pañuelo--dijo la sobrina, a
+quien de súbito entraron ganas de ir a la casa mortuoria--. Llevaremos
+cada una nuestro duro, por si piden para el entierro.
+
+--Eso no está mal pensado. Pero a quien hay que darlos es a Guillermina
+que es la que sabe agradecer. ¡Ah! Se me olvidaba decirte otra cosa. Me
+invitó a ir a visitar su asilo, mejor dicho, nos invitó a las dos.
+Iremos. Ese día estrenaré mi abrigo nuevo y tú la falda que te piensas
+hacer. Habrá que echarle algo en el cepillo; pero no importa. Otros
+petitorios me enfadan a mí; que a los cepillos no les temo.
+
+Papitos entró, y su ama le dijo que hiciera una taza de té, porque tenía
+el estómago revuelto. La señora no se había quitado el manto ni los
+guantes; pero cuando se aligeraba, charlando, de la carga que en su
+espíritu tenía, pensó en mudarse de ropa. En la mano traía un lío. Eran
+varias cosillas que de paso compró para engolosinar a Maxi. Ballester
+había recomendado que se le diera carne cruda; pero como él se negaba a
+comerla, doña Lupe discurrió el darle menudillos, corazones de aves, y
+suprimir para él el cocido y los feculentos. Para postre le trajo
+_bruños_ de Portugal.
+
+A nada de esto atendía Fortunata, por tener el pensamiento enteramente
+ocupado con aquella idea de visitar el asilo de doña Guillermina. De
+allí sacaría el huerfanito que quería prohijar. Pues digo... si estaba
+todavía en el establecimiento aquel mismo nene que su tío Pepe Izquierdo
+quiso venderle a Jacinta, ¡qué ocasión, Cristo!, ¡qué golpe! Que vieran,
+sí, que vieran cómo también ella...
+
+Pero pronto había de ocurrir algo que desconcertó por completo el plan
+de adoptar un huerfanito. Al día siguiente, resistiendo al empeño de
+Maxi que quería llevarlas a San Isidro, fueron, como estaba concertado,
+a la calle de Mira el Río. Temía Fortunata aquella visita por diferentes
+motivos, no siendo el menor la pena que le causaría, ver los restos de
+Mauricia. Temerosa y sobresaltada, quedose en la salita, donde estaba
+doña Fuensanta con un pañuelo negro por los hombros. Severiana entraba y
+salía. Sus ojos revelaban que había llorado, y también tenía un mantón
+negro por los hombros. Por un resquicio de la puerta que comunicaba la
+sala primera con la cámara mortuoria, vio Fortunata los pies de la Dura
+en el ataúd, y no tuvo ánimo para acercarse a ver más. Dábale pena y
+terror, y no podía olvidar las últimas palabras que le dijo su infeliz
+amiga: «Lo primerito que le he de pedir al Señor es que te mueras tú
+también, y estaremos juntas en el Cielo». Aunque se tenía por
+desgraciada, la de Rubín se agarraba con el pensamiento a la vida. Lo
+que dijo Mauricia era un disparate. Cada uno se muere cuando le toca, y
+nada más. Doña Lupe, que pasó a ver a la difunta, se afectó tanto, que
+no pudo permanecer allí. «Hija mía--dijo a su sobrina secreteándose--,
+yo no puedo ver estas cosas fúnebres. Creo que me va a dar algo. La
+muerte me aterra, y no es que yo sea aprensiva. No me causa espanto
+ninguna enfermedad, como no sea el mal de miserere. Es lo que temo... En
+fin, que yo me voy de aquí al Monte. Necesito que me dé el aire. Quédate
+tú por el buen parecer; ahí dentro está la santa. Toma mi duro, por si
+hay la consabida suscricioncita. En cuanto se lleven el cuerpo te vas a
+casa. Abur».
+
+Cuando se fue la de Jáuregui, dejando sola a su sobrina, esta mudó de
+sitio por no ver los pies de Mauricia, calzados con bonitas botas de
+caña clara; pies preciosísimos que no darían ya un solo paso, Doña
+Fuensanta salió y le dijo algunas palabras. Un ratito después, abriose
+la puerta de la estancia mortuoria, y Fortunata tuvo un estremecimiento
+nervioso, creyendo al pronto que era la propia Mauricia que aparecía...
+Pero no, era Guillermina. Desde que dio esta el primer paso en la sala,
+fijáronse sus ojos en la joven, quien otra vez tuvo miedo. La santa iba
+derecha a ella, mirándola como no la había mirado nunca.
+
+Tocándole suavemente un brazo, le dijo: «Tengo que hablar con usted».
+
+«¡Conmigo!...».--Sí, con usted--y al decir esto le volvió a tocar. La
+impresión de este contacto corríale por el brazo arriba hasta llegar al
+corazón.
+
+«Dos palabritas--añadió la santa; y luego se corrigió así--: Algunas más
+serán».
+
+Advertía Fortunata en aquella cara cierta severidad: iba a decir algo;
+pero la otra no le dio tiempo, y tomándole el brazo, como se toma el de
+los hombres, le dijo:
+
+«Venga usted por aquí. ¿Tiene prisa?».
+
+--No señora...--Yo no me había marchado por esperar a ver si usted
+venía. Anoche también la esperé a usted, y no quiso venir.
+
+Condújola a la casa próxima, donde doña Fuensanta vivía, y entraron en
+una salita bastante desordenada, en la cual había más baúles que sillas,
+y dos cómodas. Guillermina cerró la puerta, e invitando a Fortunata a
+ocupar una silla, sentose ella en un cofre.
+
+
+
+
+--x--
+
+
+Fortunata no sabía qué decir, ni qué cara poner, ni para dónde
+mirar; tanto la asustaba y sobrecogía la presencia de la respetable dama
+y la presunción del grave negocio que en aquella conferencia se iba a
+tratar. Guillermina, que no gustaba de perder el tiempo, abordó al
+instante la cuestión de esta manera: «Yo tengo una amiga a quien quiero
+mucho... la quiero tanto que daría mi vida por ella; y esta amiga tiene
+un marido que... En una palabra, mi amiga ha padecido horriblemente con
+ciertas... tonterías de su esposo... el cual es una excelente persona
+también... entendámonos, y yo le quiero mucho... Pero en fin, los
+hombres...».
+
+La señora de Rubín miraba los trastos que obstruían el cuarto. Sin duda
+buscaba algún mueble debajo del cual se pudiera meter.
+
+«Vamos al caso--prosiguió la otra, dando un castañetazo con los
+labios--. Yo soy muy clara en todas mis cosas; no me gustan comedias. Me
+he comprometido a hablar con usted.
+
+Primero se convino en acudir a la señora de Jáuregui; pero luego creí
+mejor embestirla a usted directamente, y apelar a su conciencia, porque
+me parecía a mí que llamando a esa puerta, alguien me respondería desde
+dentro. Yo no creo que haya nadie malo, malo de todas veras. ¡Me he
+llevado tantos chascos!... tantas veces me ha pasado ver que una persona
+con fama de perversa salía de buenas a primeras con un acto de los más
+cristianos, que ya no me sorprendo de ver saltar el bien en donde menos
+se piensa. Que usted ha tenido sus extravíos, todo el mundo lo sabe.
+¿Para qué hemos de decir otra cosa?».
+
+--¡Claro!...--murmuró Fortunata sin enterarse del verdadero sentido de
+las palabras.
+
+--Yo no tenía el gusto de conocer a usted... Le confieso que me quedé
+pasmada cuando mi amiguita me dijo ayer quién era usted. Ni remota
+sospecha tenía yo... ¡Si esto parece comedia! ¡Encontrarse aquí, en un
+acto de caridad dos personas tan... no se me ofenda si digo tan opuestas
+por sus antecedentes, por su manera de ser...! Y no quiero rebajar a
+nadie. Todo lo contrario: se me figura, no sé por qué... esto es cosa de
+presentimiento, de adivinación, de corazonada... se me figura que usted,
+si la sacuden bien, así como otros cuando los apalean sueltan bellotas,
+si la sacuden bien, digo, ha de dejar caer alguna flor.
+
+Fortunata dijo que sí con la cabeza, y el dogal que en el cuello sentía
+empezó a aflojarse.
+
+«Por esto apelo a su conciencia, y le pido que me declare, la mano
+puesta en el corazón, si esta temporada, en estos días, tiene algún
+trato con el esposo de mi amiga... Porque esta es la idea que se le ha
+metido ahora en la cabeza. Con que a ver, dígame usted si...».
+
+--¡Yo!--exclamó Fortunata, que casi perdió el miedo con el empuje de la
+verdad que quería salir--. Yo... ¿ahora? ¿Está usted soñando? ¡Si hace
+un siglo que ni siquiera le he visto...!
+
+--¿De veras?--preguntó la santa, guiñando los ojos. Aquel modo de mirar
+extraía la verdad como con tenazas; y ciertamente, la pecadora sentía
+que la mirada aquella la penetraba hasta lo más profundo, trincando todo
+lo que encontraba.
+
+--¿Pero no lo cree?... ¿Pero lo duda?--añadió; y olvidándose de los
+buenos modales, iba a hacer la cruz con los dedos y a besárselos jurando
+_por esta_.
+
+El deseo de ser creída resplandecía de tal modo en sus ojos, que
+Guillermina no pudo menos de ver asomada en ellos la conciencia. Pero
+como disimulaba esto, permaneciendo fría y observadora, la otra se
+impacientaba y enardecía, no sabiendo ya qué decir para convencerla.
+«¿Por qué quiere usted que se lo jure?...
+
+¡Vamos, que dudar esto!... Ni verle, ni saber de él tan siquiera...».
+
+--No diga usted más--manifestó Guillermina con cierta solemnidad--. Me
+basta. Lo creo. Si usted me hubiera dicho lo contrario, yo le habría
+pedido que hiciese todo lo posible por devolver a esa pobrecilla la
+tranquilidad, eso es. Pero si no hay nada, me guardo mi súplica por
+ahora; únicamente me permito hacerla de un modo condicional, ¿qué le
+parece a usted?, mirando a lo futuro, y para el caso de que lo que ahora
+no sucede, sucediera mañana o pasado.
+
+La señora de Rubín miraba al suelo. Tenía el pañuelo metido en el puño y
+este en la barba.
+
+«Pero ahora--agregó la santa mujer--, se me ocurre hacer otra
+preguntita... Usted tenga mucha paciencia; buena jaqueca le ha caído
+encima. Vamos a ver: si ya no hay nada absolutamente entre usted y el
+marido de mi amiga, si todo pasó, ¿por qué guardamos ese rencor a una
+persona que no nos hace ningún daño?... ¿Por qué el otro día, ahí en ese
+pasillo, la trató usted de una manera tan descompuesta y le dijo... no
+sé qué? Francamente, hija, esto nos ha parecido muy extraño, porque
+usted es casada, y vive en paz con su marido, al menos así lo parece. Si
+aquellas diabluras se acabaron, ¿a qué venía maltratar de palabra y
+hasta de obra a la pobre Jacinta, cuando lo que procedía era pedirle
+perdón?».
+
+--Eso fue que...--murmuró Fortunata, haciendo del pañuelo una perfecta
+pelota--, eso fue... pues fue que...
+
+Y no había medio de pasar de aquí. Las lágrimas salían a sus ojos, y el
+nudo de la garganta volvió a apretársele de un modo horrible. En toda su
+vida, en tiempo alguno, habíase visto la infeliz en trance semejante. La
+persona que familiar y cariñosamente llamaban algunos la _rata
+eclesiástica_, infundíale más respeto que un confesor, más que un
+obispo, más que el Papa. Y la _rata_ guiñaba más los ojos, y en su
+bondad quiso abrir camino a la confesión.
+
+«Es que usted, como si lo viera, conserva resentimientos y quizá
+pretensiones que son un gran pecado; es que usted no está curada de su
+enfermedad del ánimo; es que usted, si no tiene ahora trato con aquel
+sujeto, se halla dispuesta a volverlo a tener. Las cosas claritas».
+
+Fortunata no contestó. «¿He acertado? ¿He puesto el dedo en la parte más
+sensible de la llaga? Franqueza, señora mía; que esto no ha de salir de
+aquí. Yo me tomo estas libertades, porque sé que usted no se ha de
+enfadar. Bien sé que abuso y que me pongo insoportable y machacona; pero
+aguánteme usted por un momento; no hay más remedio... Con que a ver...».
+
+Tampoco dijo nada. Por fin, desliando el pañuelo y expresándose a
+tropezones, quiso escapar por la tangente en esta forma: «Aquel día...
+cuando le dije a esa señora... aquello... después me pesó».
+
+--¿Y por qué no le pidió usted perdón?
+
+--Digo que me pesó mucho.--Estamos en ello... corriente... pero conteste
+claro, ¿por qué no le dio excusas?
+
+--Porque me marché a mi casa.
+
+--Bueno. ¿Y si ahora la viera usted?
+
+Silencio completo. Guillermina no tuvo paciencia para esperar más la
+respuesta, y acalorándose expresó lo que sigue: «¿Pero usted no sabe que
+esa señora es mujer legítima... mujer legítima de aquel caballero?
+¿Usted no sabe que Dios les casó y su unión es sagrada? ¿No sabe que es
+pecado, y pecado horrible, desear el hombre ajeno, y que la esposa
+ofendida tiene derecho a ponerle a usted las peras al cuarto, mientras
+que usted, con dos adulterios nada menos sobre su conciencia, la ofende
+con sólo mirarla? Pero vamos a ver, ¿usted qué se ha llegado a figurar,
+que estamos aquí entre salvajes y que cada cual puede hacer lo que le da
+la gana, y que no hay ley, ni religión, ni nada? Pues estaríamos lucidos
+con esas ideítas, sí señor... No extrañe usted que me enfade un poco, y
+dispense».
+
+Fortunata estaba como si le hubieran vaciado sobre el cráneo una cesta
+de piedras. Cada palabra de Guillermina fue como un guijarro.
+
+En aquel momento, cogido el pañuelo por las dos puntas hacía con él una
+soga. No se puede saber si fueron espontaneidad aturdida o bien
+reflexión deliberada estas palabras suyas:
+
+«Es que yo soy muy mala; no sabe usted lo mala que soy».
+
+--Sí, sí; ya voy viendo que no somos una perfección--indicó la santa
+irguiéndose en el asiento como para mirarla más de lejos--. Cuando hay
+arrepentimiento el Señor perdona. ¡Pero usted, por lo visto, tiene una
+frescura para mirar estas cosas de la moral...!, frescura que no le
+envidio. Usted está casada: ya que la conciencia no le remuerde por un
+lado, ¿cómo no le escuece por el otro?
+
+--Me casé sin saber lo que hacía.
+
+--¡Qué angelito!... ¡sin saber lo que hacía! Pues qué, ¿casarse es un
+acto insignificante y maquinal como beber un buche de agua? ¿Puede
+alguien casarse sin saber que se casa?... Hija mía, ese argumento
+guárdelo usted para cuando hable con tontas, que conmigo no vale.
+
+--Me casaron--agregó Fortunata, volviendo a hacer una pelota con el
+pañuelo--me casaron sin que pueda decir cómo. Creí que me convenía y que
+podría querer a mi marido.
+
+--¡Ay, qué gracioso!... ¡Qué monísima es la criatura!--exclamó la
+fundadora con amable ironía y gracejo--. Estas... hartas de pecados son
+muy saladas cuando se hacen las inocentes. ¡Creyó que le podría querer!
+¿Y qué hizo usted para conseguirlo?... ¡Ah! Lo que usted quería, digamos
+las cosas claras, lo que usted quería era casarse para tener un nombre,
+independencia y poder corretear libremente. ¿Más clarito todavía? Pues
+lo que usted deseaba era una bandera para poder ejercer la piratería con
+apariencias de legalidad. ¡Desdichado hombre el que cargó con usted! De
+veras que le cayó la lotería. Y dígame, ¿al fin no saltó por alguna
+parte ese cariño que usted quería tener?
+
+--No señora--replicó Fortunata, rompiendo a llorar--. Pero si me habla
+usted de esa manera, no podré seguir; tendré que retirarme.
+
+La santa se corrió en el cofre que le servía de asiento para aproximarse
+a la silla en que estaba la otra.
+
+«Vamos, no llore usted--le dijo con bondad, poniéndole la mano en el
+hombro--. No se ofenda por lo que he dicho. Ya le recomendé a usted que
+me llevara con paciencia. Hay que tomarme o dejarme. Cuando me pongo a
+sacar pecados no se me puede aguantar... Pues es claro, les duele; pero
+luego sienten alivio. Y hasta ahora, nada me ha dicho usted en su
+descargo».
+
+--¿Pero qué culpa tengo yo de no querer a mi marido?--manifestó la
+pecadora de la manera sofocada e intermitente que el llanto le
+permitía--. Yo no lo puedo remediar. Yo no me casé por lo que la señora
+dice, sino porque estaba equivocada, porque veía las cosas de otro modo
+que como son. A mi marido no le quiero, ni le querré nunca, aunque me lo
+manden todos los santos de la Corte celestial. Por eso digo que soy muy
+mala, muy mala.
+
+Guillermina dio un gran suspiro. En presencia de aquel terrible
+antagonismo entre el corazón y las leyes divinas y humanas, problema
+insoluble, su gran piedad inspirole una idea sublime. «Bien sé que es
+difícil mandar al corazón. Pero eso mismo le da a usted motivo para
+dejar de ser mala, como dice, y adquirir méritos inmensos. Pero, hija,
+¿en qué ha estado pensando que no se le ha ocurrido esto? Cumplir
+ciertos deberes, cuando el amor no facilita el cumplimiento, es la mayor
+hermosura del alma. Hacer esto bastaría para que todas las culpas de
+usted fueran lavadas. ¿Cuál es la mayor de las virtudes? La abnegación,
+la renuncia de la felicidad. ¿Qué es lo que más purifica a la criatura?,
+el sacrificio. Pues no le digo a usted más. Abra esos ojos, por amor de
+Dios; abra ese corazón de par en par. Llénese usted de paciencia, cumpla
+todos sus deberes, confórmese, sacrifíquese, y Dios la tendrá por suya,
+pero por muy suya. Haga usted eso, pero claro, que se vea, que se palpe,
+y el día en que usted sea como le propongo, yo... yo...».
+
+Al decir _yo_, Guillermina se ponía la mano en el pecho y daba a sus
+ojos la expresión más hermosa.
+
+«Yo, yo... ese día, iré a confesarme con usted como usted se confiesa
+ahora conmigo».
+
+Esto dejó a Fortunata tan desconcertada, que sus lágrimas se secaron de
+improviso. Miraba con verdadero espanto a la _rata eclesiástica_.
+
+«No se asombre usted ni ponga esos ojazos--prosiguió esta--. Yo no he
+tenido ocasión de tirar por el balcón a la calle una felicidad, ni una
+ilusión, ni nada. Yo no he tenido lucha. Entré en este terreno en que
+estoy como se pasa de una habitación a otra. No ha habido sacrificio, o
+es tan insignificante, que no merece se hable de él. Ríase usted de mí,
+si quiere; pero sepa que cuando veo a alguna persona que tiene la
+posibilidad de sacrificar algo, de arrancarse algo que duele, le tengo
+envidia... Sí; yo envidio a los malos, porque envidio la ocasión, que me
+falta, de romper y tirar un mundo, y les miro y les digo: 'Necios,
+tenéis en la mano la facultad del sacrificio y no la aprovecháis...'».
+
+Esta idea, a pesar de ser tan alta, fue muy inteligible para Fortunata,
+a quien se acercó Guillermina, y echándole el brazo por los hombros, la
+apretó suavemente contra sí. Nunca, en tiempo alguno, ni en el
+confesionario, había sentido la prójima su corazón con tantas ganas de
+desbordarse, arrojando fuera cuanto en él existía. La mirada sola de la
+virgen y fundadora parecía extraerle la representación ideal que de sus
+propias acciones y sentimientos tenía aquella infeliz en su espíritu,
+como la tenemos todos, representación que se aclara o se oscurece, según
+los casos, y que en aquel resplandecía como un foco de luz.
+
+
+
+
+--xi--
+
+
+Abriose la puerta y entró Severiana llorando a gritos. Había
+llegado el momento de que se llevaran el cuerpo de Mauricia, y este acto
+tristísimo se conoció en los gemidos y sollozos de todas las mujeres que
+en la casa mortuoria estaban. Cuando Guillermina y Fortunata salieron,
+ya el ataúd era bajado en hombros de dos jayanes para ponerlo en el
+carro humilde que esperaba en la calle. La curiosidad y el deseo de dar
+el último adiós a su amiga empujaron a Fortunata hacia la escalera...
+Alcanzó a ver las cintas amarillas sobre la tela negra, en la revuelta
+de la escalera; pero fue un segundo no más. Después se asomó al balcón,
+y vio cómo pusieron la caja en el carro, y cómo se puso en marcha este
+sin más acompañamiento que el de un triste simón en que iban Juan
+Antonio y dos vecinos. Se vio tan vivamente acometida de ganas de
+llorar, que no recordaba haber llorado nunca tanto, en tan poco tiempo.
+
+Y no era sólo la pena de ver desaparecer para siempre a una persona
+hacia la cual sentía amor, afición, querencia increíble; era además una
+necesidad de desahogar su corazón por penas atrasadas y que sin duda no
+estaban bien lloradas todavía.
+
+Pronto desapareció el carro, y de Mauricia no quedó más que un recuerdo,
+todavía fresco; pero que se había de secar rápidamente. A los diez
+minutos de haber salido el cuerpo, entró Severiana con los ojos
+hinchados, y abrió todas las puertas, ventanas y balcones para que se
+ventilara la casa. La comandanta empezaba a disponer el tren de
+limpieza, y a sacar los trastos para barrer con desahogo.
+
+--¡Pobre Mauricia!--dijo Fortunata a Guillermina, secándose el llanto a
+toda prisa, pues no le parecía bien ser ella la que más llorase--. Mire
+usted, señora, a mí me pasaba con esa mujer una cosa rara. Sabiendo que
+era muy mala, yo la quería... me era simpática, no lo podía remediar. Y
+cuando me contaba las barbaridades que hizo en su vida, yo no sé... me
+alegraba de oírla... y cuando me aconsejaba cosas malas, me parecía, acá
+para entre mí, que no eran tan malas y que tenía razón en
+aconsejármelas. ¿Cómo me explica usted esto?
+
+--¿Yo?... ¿que le explique yo?...--repuso la fundadora con cierto
+aturdimiento--. Hay en el corazón misterios muy grandes, y en lo que
+toca a la simpatía, misterios de misterios... ¡Pobre mujer! Y si viera
+usted qué guapa era cuando polla. Se crió en casa de mis padres.
+¡Lástima de chica! Su perfil elegante, la mirada, la expresión, eran de
+lo poco que se ve. Después se echó a perder, y se le puso la cara dura y
+hombruna, la voz ronca. Dicen que era el retrato vivo de Bonaparte, y
+efectivamente...
+
+Guillermina miró las láminas napoleónicas, y Fortunata también,
+reconociendo el parecido. Después la santa se despidió de Severiana,
+diciéndole que volvería al día siguiente. Le recomendó la paciencia, y
+tomando el brazo de la de Rubín, se fue con ella. Severiana y la
+comandanta las escoltaron hasta el portal.
+
+«Tenemos mucho que hablar--le dijo Guillermina en la calle--; pero
+mucho. Lo de hoy no ha sido más que desflorar el asunto. Me ha sabido a
+nada. Y usted, ¿tendrá un poco más de paciencia para aguantarme? Porque
+si no ha quedado harta de mí, le he de rogar que me dé otra audiencia.
+¿Será usted tan buena que quiera tener conmigo otro rato de palique?».
+
+--Todos los que usted quiera--replicó la señora de Rubín, encantada con
+la indulgencia y cortesía de la ilustre dama.
+
+--Bueno; ya fijaremos cuándo y cómo. ¿Va usted hacia su casa? Pues
+iremos juntas, porque yo tengo que ir a la calle de Zurita a echarle un
+réspice a mi herrero, y no hará usted nada demás si me acompaña un poco.
+Pronto despacho, y la dejaré a usted en la puerta de su casa.
+
+Aceptada con sumo agrado la proposición, anduvieron juntas el torcido y
+desigual camino que separa la vertiente de la Arganzuela del barranco de
+Lavapiés. Hablaban de cosas que nada tenían de espirituales, de lo caro
+que se estaba poniendo todo... La carne sin hueso, ¡quién lo había de
+decir!, a peseta; la leche a diez cuartos; el pan de picos a diez y
+seis, y de las casas no dijéramos; un cuarto que antes costaba ocho
+reales, ya no se encontraba por catorce. Llegaron por fin a la calle de
+Zurita y se metieron en una herrería, grande, negra, el piso cubierto de
+carbón, toda llena de humo y de ruido. El dueño del establecimiento
+avanzó a recibir a la señora, con su mandil de cuero ennegrecido, la
+cara sudorosa y tiznada, y quitándose la porra, le dio sus excusas por
+no haber entregado los clavos _bellotes_.
+
+«¿Pero y los gatillos, que es lo que hace más falta?--dijo la dama
+amoscándose--. Hombre de Dios, usted se va a condenar por tantos
+embustes como dice. ¿No me prometió que estarían por ayer? ¿Qué palabras
+son esas? Vaya, que ni Job tendría paciencia para aguantarle a usted.
+Están parados los carpinteros de armar, por causa de esa santa pachorra.
+No me extraña que esté usted tan gordo, Sr. Pepe... Y póngase la gorra,
+que está sudando y se puede constipar».
+
+El herrero se excusaba con voz balbuciente, y por fin hizo juramento de
+dar los gatillos para el jueves, sí, para el jueves, con toda
+seguridad... Había tenido un encargo con muchas prisas... pero en
+seguida se pondría con los gatillos de la señora, y los tendría, los
+tendría _por encima de la cabeza de Cristo_ para el día señalado. Volvió
+la fundadora a sermonearle, pues no se contentaba con promesas, y se
+despidió diciendo que si no estaban el jueves, se podía quedar con
+ellos. Salió el Sr. Pepe, haciendo cortesías, hasta media calle, y las
+dos señoras subieron despacio hacia la del Ave-María.
+
+«Bueno--dijo Guillermina--; antes de separarnos, quedaremos en algo.
+¿Quiere usted ir a mi casa? ¿Sabe usted dónde vivo?».
+
+Fortunata dijo que sí. Santa Cruz le había dicho varias veces que la
+_rata eclesiástica_ vivía en la casa inmediata a la suya, y que ella y
+Barbarita se comunicaban por los miradores. Para fijar el día, tuvo que
+pensarlo porque no quería dar cuenta a doña Lupe de tal visita, temerosa
+de que metiera en ella su cucharada, y discurrió que era preciso escoger
+un día en que _la de los pavos_ fuera al Monte de Piedad.
+
+«El viernes... ¿le parece a usted bien?, de diez a once de la mañana».
+
+--Perfectamente... Adiós, hija, conservarse.
+
+(Ya estaban en la puerta de la casa). Que la espero a usted. Que no me
+dé un plantón.
+
+--¡Quia!... No faltaba más.
+
+Quedose un rato Fortunata en la puerta mirándola subir, calle arriba, y
+después entró despacio, meditabunda. En todo el resto del día no la pudo
+apartar de su mente. ¡Qué extraordinaria mujer aquella! Sentíala dentro
+de sí, como si se la hubiera tragado, cual si la hubiera tomado en
+comunión. Las miradas y la voz de la santa se le agarraban a su interior
+como sustancias perfectamente asimiladas. Y por la noche, cuando Maxi se
+durmió, y estaba ella dando vueltas en la cama sin poder coger el sueño,
+vínole a la imaginación una idea que la hizo estremecer. Con tal
+claridad veía a Guillermina como si la tuviera delante; pero lo raro no
+era esto, sino que se le parecía también a Napoleón, como Mauricia la
+Dura. ¿Y la voz?... La voz era enteramente igual a la de su difunta
+amiga. ¿Cómo así, siendo una y otra personas tan distintas? Fuera lo que
+fuese, la simpatía misteriosa que le había inspirado Mauricia, se pasaba
+a Guillermina. ¿Cómo, pues, se podían confundir la que se señaló por sus
+vergonzosas maldades y la santa señora que era la admiración del mundo?
+«Yo no sé cómo es esto--discurría Fortunata--; pero que se parecen no
+tiene duda. Y el habla de las dos me suena lo mismo... Señor, ¡qué será
+esto!».
+
+Se devanaba los sesos en el torniquete de su desvelo para averiguar el
+sentido de tal fenómeno, y llegó a figurarse que de los restos fríos de
+Mauricia salía volando una mariposita, la cual mariposita se metía
+dentro de la _rata eclesiástica_ y la transformaba... ¡Cosa más rara!
+¡El mal extremado refundiéndose así y reviviendo en el bien más puro!...
+¿Pero no podría ser que Mauricia, arrepentida y bien confesada y
+absuelta, se hubiera trocado, al morir, en criatura sana y pura, tan
+pura como la misma santa fundadora... o más, o más? «¡Qué confusión,
+Dios mío! Y que no haya nadie que le explique a una estas cosas...».
+
+Después le causaba pavor la visión figurada de los pies de Mauricia...
+En la oscuridad, que surcaban rayas luminosas, veía las botas elegantes
+y pequeñas de la difunta... Los pies se movían, el cuerpo se levantaba,
+daba algunos pasos, iba hacia ella y le decía: «Fortunata, querida amiga
+de mi alma, ¿no me conoces? ¡Re...! Si no me he muerto, chica, si estoy
+en el mundo, créetelo porque yo te lo digo. Soy Guillermina, doña
+Guillermina, la _rata eclesiástica_. Mírame bien, mírame la cara, los
+pies... las manos, el mantón negro... Estoy loca con este asilo
+pastelero, y no hago más que pedir, pedir, pedir al Verbo y a la Verba.
+Sr. Pepe, ¿me hace usted esos gatillos o no?... ¡peinetas se debían
+volver!».
+
+
+
+
+-VII-
+
+La idea... la pícara idea
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Guillermina vivía, como antes se ha dicho, en la calle de Pontejos,
+pared por medio con los de Santa Cruz. Era aquella la antigua casa de
+los Morenos; allí estuvo la banca de este nombre desde tiempos remotos,
+y allí está todavía con la razón social de _Ruiz Ochoa_ y _Compañía_. El
+edificio, por lo angosto y alto, parecía una torre. El jefe actual de la
+banca no vivía allí; pero tenía su escritorio en el entresuelo; en el
+principal moraba D. Manuel Moreno-Isla, cuando venía a Madrid, su
+hermana doña Patrocinio, viuda, y su tía Guillermina Pacheco; en el
+segundo vivía Zalamero, casado con la hija de Ruiz Ochoa, y en el
+tercero, dos señoras ancianas, también de la familia, hermanas del
+obispo de Plasencia, Fray Luis Moreno-Isla y Bonilla.
+
+Entró Guillermina en su casa a las nueve y media de aquel día que debía
+de ser memorable. Tan temprano, y ya había andado aquella mujer medio
+mundo, oído tres misas y visitado el asilo viejo y el que estaba en
+construcción, despachando de paso algunas diligencias. Llegose un
+instante a su gabinete, pensando en la visita que aquel día esperaba,
+pero el interés de este asunto no le hizo olvidar los suyos propios, y
+sin quitarse el manto, volvió a salir y fue al despacho de su sobrino.
+«¿Se puede?» preguntó abriendo suavemente la puerta.
+
+«Pasa, _rata_» replicó Moreno, que se acababa de dar un baño y estaba
+sentado, escribiendo en su pupitre, con bata y gorro, clavados los
+lentes de oro en el caballete de la nariz.
+
+--Buenos días--dijo la santa entrando; él la miraba por encima de los
+quevedos--. No vengo a molestarte... Pero ante todo. ¿Cómo estás hoy?
+¿No se ha repetido el ahoguillo?
+
+--Estoy bien. Anoche he dormido. Me parece mentira que haya descansado
+una noche. Todo lo llevo con paciencia; pero esos desvelos horribles me
+matan. Hoy, ya lo ves, hablo un rato seguido y no me canso.
+
+--Vaya... cosas de los nervios... y resultado también de la vida ociosa
+que llevas... Pero vamos a mi pleito. Sólo te quería decir que ya que no
+me acabes el piso, me des siquiera unas vigas viejas que tienes en tu
+solar de la calle de Relatores... Ayer fui a verlas. Si me las das, yo
+las mandaré aserrar...
+
+--Vaya por las vigas, que no son viejas.
+
+--¡Si están medio podridas!
+
+--¡Qué han de estar! Pero en fin, tarasca, tuyas son--replicó Moreno
+volviendo a escribir--. ¡Cuándo querrá Dios que acabes tu dichoso asilo,
+a ver si descansa el género humano! Mira, no sabes lo antipática que te
+haces con tus petitorios. Eres la pesadilla de todas las familias y
+cuando te ven entrar, no lo dudes, aunque te pongan buena cara, ¡te
+echan de dientes adentro cada maldición...!
+
+A estas palabras, dichas con seriedad que más bien parecía broma,
+contestole Guillermina sentándose junto al pupitre, apoyando un codo en
+él, y mirando frente a frente al sobrino, cuya barba acarició con sus
+dedos, entre los cuales tenía enredado aún el rosario.
+
+«Todo eso lo dices por buscarme la lengua. Eres muy pillincito. Por de
+pronto vengan esos maderos que no te sirven para nada».
+
+--Carga con ellos y así te perniquiebres--repuso D. Manuel sonriendo.
+
+--Pero no basta eso. Es preciso que pongas una orden a tu administrador
+para que me los entregue. Aquí, en este papelito... Ya que tienes la
+pluma en la mano no me voy sin la orden. Luego acabarás tu carta.
+
+Diciendo esto, cogía de la papelera un pliego timbrado y se lo ponía
+delante, apartando con su propia mano la carta que estaba a medio
+escribir.
+
+--¡Dios tenga compasión de mí! Y el diablo cargue con estas santas
+cursis, con estas fundadoras de establecimientos que no sirven para
+nada.
+
+--Escribe, tontito. Si todo eso que hablas es bulla. ¡Si eres lo más
+bueno... y lo más cristiano...!
+
+--¡Cristiano yo!--exclamó el caballero enmascarando su benevolencia con
+una fiereza histriónica--. ¡Cristiano yo! ¡Mal pecado! Para que no te
+vuelvas a acercar más a mí, me voy a hacer protestante, judío, mormón...
+Quiero que huyas de mí como de la peste.
+
+--Vamos, no tontees. Te advierto que de ninguna manera te has de librar
+de mí, pues aunque te vuelvas el mismo Demonio, te he de pedir dinero y
+te lo he de sacar. Vamos; ponme eso.
+
+--No me da la gana. Y diciéndolo empezaba a redactar la orden.
+
+--Así, así...--decía Guillermina dictando--. «Sr. D... haga usted el
+favor de dar los palos...».
+
+--Por ahí... los palos... Leña, que te den leña es lo que a ti te viene
+bien.
+
+Durante el silencio de la escritura, oyose en el pasillo próximo rumor
+de faldas, voces de mujeres y estallido de besos. Moreno levantó la
+pluma diciendo: «¿Quién es?».
+
+--No te interrumpas... ¿Qué te importa a ti? Debe de ser Jacinta. Sigue.
+
+--Pues que pase aquí. ¿Por qué no pasa?
+
+--Está hablando con tu hermana. ¡Jacinta, Jacintilla!, entra: el
+monstruo quiere verte.
+
+Abriose la puerta y aparecieron Jacinta y Patrocinio, la hermana de
+Moreno. Esta se reía de ver a su hermano enzarzado con la santa, y
+riéndose se retiró.
+
+--Venga usted... Jacinta por Dios--dijo Moreno echando la firma al
+documento--, y sáqueme de este Calvario. Crea usted que su amiguita me
+está crucificando.
+
+«Calle usted, cicatero--le contestó la joven avanzando hacia la mesa--.
+Usted es el que la crucifica a ella, porque pudiendo darle todo lo que
+le pide, que bien de sobra lo tiene, no se lo da: y hace muy mal en
+atormentarla si piensa dárselo al fin».
+
+--Vamos, usted se me ha pasado al enemigo. Ya no hay salvación--afirmó
+él quitándose los lentes y frotándose los ojos, cansados de tanto
+escribir--. Estamos perdidos.
+
+--¿Eh?, ¿qué tal? ¿Tengo buenos abogados?--dijo Guillermina recogiendo
+su papel.
+
+--¡Cicatero!--repitió Jacinta--. ¡Negarle tres o cuatro mil tristes
+duros para acabar el piso...!, ¡un hombre que no tiene hijos, que está
+nadando en dinero! ¡Usted que antes era tan bueno, tan caritativo...!
+
+--Es que me he vuelto protestante, hereje, y me voy a volver judío, a
+ver si esta calamidad me deja en paz.
+
+--No, no le dejaremos, ¿verdad?--insistió la santa--. Mira, Manolo:
+Jacinta y yo pedimos ahora juntas. Aunque te vuelvas turco, ya te cayó
+que hacer.
+
+--No, Jacinta no se mete en esos enredos--dijo Moreno mirándola
+fijamente en los ojos.
+
+--Vaya que sí me meto. El asilo es mío; lo he comprado.
+
+--¿Sí?, pues si ha dado usted dos pesetas por él ha hecho un mal
+negocio. Todavía está a la mitad y ya se está cayendo.
+
+--Primero te caerás tú.
+
+--Es mío--afirmó la señora de Santa Cruz avanzando más y poniendo la
+palma de la mano sobre el pupitre--. A ver, rico avariento, dé usted
+para la obra de Dios.
+
+--¡Otra! Ya he dado unas vigas que valen cualquier cosa--replicó Manolo,
+mirando embelesado, tan pronto la cara de la mendicante como su mano de
+ángel, sonrosada y gordita.
+
+--Eso no basta. Necesitamos acabar el piso principal, y...
+
+--Eso... eso...--interrumpió Guillermina--. Pero no te dará ni una mota.
+¿Sabes? Se va a hacer mormón, y necesita el dinero para tantísimas
+mujeres como tendrá que mantener.
+
+--Poco a poco, señoras mías--observó el rico avariento, echándose sobre
+el respaldo del sillón--. La cosa varía de aspecto. ¡Jacinta metida a
+santa fundadora! ¡Qué compromiso! Ahora sí que no sé cómo salir del
+paso, porque ahora sí que me condeno de veras, si me obstino en la
+negativa. Porque no hay duda de que esta mano que pide, mano del Cielo
+es...
+
+--Y tan del Cielo--indicó la propia Delfina sacudiendo la mano--.
+Decidirse pronto, caballero. Es la primera vez que ejerzo de santa. Si
+me echa la limosnita, usted me estrena.
+
+--¿Sí?...--dijo él moviéndose en el sillón con gran desasosiego--. Pues
+doy, pues doy.
+
+Guillermina empezó a dar palmadas, gritando: «Hosanna... ya le tenemos
+cogido». Y con vivacidad, semejante a la de una jovenzuela, echó mano a
+la llave que estaba puesta en uno de los cajones de la mesa.
+
+--Eh... ¿qué libertades son estas?--gritó su sobrino sujetándole la
+mano.
+
+--El talonario del Banco...--decía la _rata eclesiástica_, luchando por
+desasirse y por sofocar la risa--. Aquí, aquí lo tienes, perro hereje...
+sácalo pronto y pon cuatro números, cuatro letras y el garabato de tu
+firma. Jacinta, abre... sácalo... no tengas miedo.
+
+--Orden, orden, señoras--arguyó Moreno a quien la risa cortaba la
+respiración--. Esto ya es un allanamiento, un escalo. Tengan calma,
+porque si no me veré en el caso de llamar a una pareja.
+
+--¡El talonario, el talonario!--chillaba Jacinta, dando también
+palmadas.
+
+--Paciencia, paciencia. No tengo aquí el talonario. Está abajo, en el
+escritorio. Luego...
+
+--¡Bah!... ¡se está burlando de nosotras!...
+
+--No, no--dijo Guillermina con ardor--, ya no puede volverse atrás.
+
+--Yo no me voy ya sin la firma.--Más que la firma--manifestó Moreno muy
+serio, poniéndose la mano sobre aquel corazón que no valía ya dos
+cuartos--, vale mi palabra.
+
+Estaba pálido, casi blanco, del color del papel en que escribía.
+
+«¿De veras?».--No hay más que hablar.--Eso sí--dijo la santa--, él es un
+pillo, un hereje; pero lo que es palabra, la tiene...
+
+Dichas otras cuantas bromas, retiráronse las dos santas fundadoras,
+dejando al hereje con su médico. Iban tan contentas, que cuando entraron
+en el cuarto de Guillermina, a esta le faltaba poco para ponerse a
+bailar.
+
+«¿Pero de veras nos mandará el talón?» preguntó Jacinta, incrédula.
+
+--Como tenerlo en la mano... Has estado muy hábil... Como tiene conmigo
+tanta confianza, se pone muy pesado. Pero a ti no te había de negar...
+¡Qué alegría!... ¡Ya tenemos piso principal! ¡Viva San José bendito!
+¡Vivaaaa!... ¡Viva la Virgen del Carmen!... ¡Vivaaaa! Porque a ellos se
+le debe todo. Tarde o temprano, Manolo me habría dado esos cuartos.
+¡Ah!, yo le conozco bien. ¡Si es un angelote, un bendito, un alma de
+Dios...!
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+No les duró mucho el regocijo, porque oyeron el reloj de la Puerta
+del Sol dando las diez, y ambas mudaron súbitamente la expresión de su
+rostro. «Las diez, ya veremos si viene--dijo Guillermina, que aún
+conservaba resplandores de alegría en su cara--. Prometió venir; pero
+esa palabra no debe de ser tan de fiar como la de Manolo».
+
+Y permaneciendo ambas en pie, la fundadora dijo a su amiguita:
+
+«Esto no lo hago yo más que por ti... ¡meterme en vidas ajenas! La
+impresión que saqué el otro día es que por el momento no es ella quien
+te le distrae. Sería una actriz consumada si así no fuese. Como venga
+hoy, le echaremos la sonda más abajo a ver si sale algo. De todas
+suertes, ya la sermonearé bien para que le reciba a cajas destempladas,
+si él intentara... ¿Creerás una cosa? ¿Que esa mujer no me parece
+enteramente mala?».
+
+--Podrá ser... Pero si usted hubiera visto la cara que me puso el otro
+día, una cara de rencor como usted no puede figurarse...
+
+--Dice que después le pesó...
+
+--¡Bribona!--exclamó Jacinta, frunciendo los labios y apretando los
+puños.
+
+--Pero, en fin, hoy la tantearemos otra vez.
+
+Como quiera que sea, su sermoncito no hay quien se lo quite. Y por si
+viene pronto... quedamos en que de diez a once... debes marcharte ya, no
+sea que te pille aquí.
+
+Después de un rato de silencio, la Delfina dijo con resolución: «Yo no
+me voy».
+
+--¡Hija, qué me dices!... ¿Estás loca?
+
+--Yo no me voy. Me esconderé en la alcoba. Quiero oír lo que diga...
+
+--Eso sí que no te lo consiento. ¿En mi casa escenas de comedia? No, no
+lo esperes.
+
+--¡Pero qué tonta, y qué exagerada, y qué puntillosa es usted, hija!
+¿Qué mal hay en eso?, a ver... Le digo a usted que no me voy.
+
+--Pues te quedas aquí... ¡Ah!, no, eso tampoco. Márchate, niña de mi
+alma, y no me pongas en tan mal paso. No es de mi carácter eso.
+
+--Déjeme... ¡por Dios! ¿Pero qué le importa a usted?... vaya... Yo me
+meto en la alcoba y me estoy allí como en misa.
+
+--Hija, ni en los teatros resulta eso con sentido común... Para salir
+diciendo luego con voz hueca: «¡lo he oído todo!».
+
+--Yo no chistaré. No haré más que oír... Vamos, remilgada, déjeme usted.
+
+--Ya me figuraba yo que habías de salir con alguna tontería. Eres una
+voluntariosa. De esa manera me agradeces lo que hago por ti...
+
+--¿Pero qué mal hay?... Vaya, que es usted terca. Pues que no me voy,
+que no me voy.
+
+Sonó la campanilla. «¿Apostamos a que es ella?... Lo siento» dijo
+Guillermina, asomándose a la puerta.
+
+Jacinta no creyó prudente discutir más, y sin decir nada metiose en la
+alcoba, cerrando cuidadosamente las vidrieras. Guillermina, no
+conformándose con el escondite, quiso salir con ánimo de recibir la
+visita en otra habitación; mas dispuso la fatalidad que su prima
+Patrocinio, al ver entrar a Fortunata, la tomara por una de las muchas
+personas que iban allí a pedir socorros, y la introdujese, como si
+dijéramos, a boca de jarro, en el gabinete de la santa. Esta se vio algo
+confusa, sin saber cómo salir de aquel atolladero. «¡Ah!, ¿era usted?...
+No la esperaba... Pase y tome asiento».
+
+Fortunata, que iba vestida con mucha sencillez, entró como entraría una
+planchadora que va a entregar la ropa. Avanzaba tímidamente,
+deteniéndose a cada palabra del saludo, y fue preciso que Guillermina la
+mandase dos o tres veces sentarse para que lo hiciera. Su aire de
+modestia, su encogimiento, que era el mejor signo de la conciencia de su
+inferioridad, hacíanla en aquel instante verdadero tipo de mujer del
+pueblo, que por incidencia se encuentra mano a mano con las personas de
+clase superior. Mucho la cohibía el temor de no saber usar términos en
+consonancia con los que emplearía la confesora, pues en todas las
+ocasiones difíciles recobraba su popular rudeza, y se le iban de la
+memoria las pocas enseñanzas de lenguaje y modales que había recibido en
+su corta y accidentada vida de señora.
+
+Pero lo verdaderamente singular era que Guillermina, tan dueña de su
+palabra normalmente, estaba también azorada aquel día, y no sabía cómo
+desenvolverse. El escondite de su amiga la llenaba de confusión, porque
+era un engaño, un fraude, una superchería indigna de personas formales.
+Lo primero que a la santa se le ocurrió, para empezar, fue una
+ampliación de lo que había dicho en la casa de Severiana. «Si quiere
+usted que seamos amigas y que le dé buenos consejos, es preciso que
+tenga conmigo mucha confianza y no me oculte nada, por feo y malo que
+sea. Hay en su vida de usted un punto muy oscuro. Usted está casada y no
+quiere a su marido; así me lo confesó el otro día. Crea que esto me ha
+dado qué pensar. Dice usted que se casó sin saber lo que hacía...
+Explicación escurridiza. Tengamos sinceridad, y hablemos claro. La
+sinceridad es difícil; pero así como los niños, que confiesan por
+primera vez, no confesarían si el cura no les sacara los pecadillos con
+cuchara, así yo voy a ayudarle a usted preguntando y echándole el
+anzuelo de la respuesta. Veremos si pica... Cuando usted se determinó a
+casarse, ¿no hizo allá en el fondo de su pensamiento, la reserva de que
+el matrimonio le permitiera pecar libremente, no digo que con este y con
+el otro, sino con el que usted quería?».
+
+Fortunata miraba al techo, recordando.
+
+«¿No había esa reserva? A ver... busque usted bien; busque más adentro,
+más abajo».
+
+--Puede que sí la hubiera--dijo la otra al fin, con voz muy apagada y
+trémula--. Puede que sí...
+
+--¿Ve usted cómo salen las heces cuando se las quiere sacar?
+
+--Pero también le diré a usted que yo no contaba con volverle a ver...
+Pensé que no se acordaba de mí. Yo me llegué a creer que podría ser
+buena y honrada... me lo tragué. ¿Pero cómo fue ello?, que él me
+buscó... sí señora, me buscó y me encontró. Sin saber cómo, de repente,
+el casamiento y mi marido se me pusieron a cien mil leguas de distancia.
+Yo no sé explicarlo, no sé explicarlo.
+
+En cuanto la conversación se corría del lado de Juanito Santa Cruz,
+Guillermina se aterraba. Quería apartarla de aquel extremo peligroso, y
+no sabía cómo llevar a su penitente a un terreno puramente ideal.
+
+«Pero su conciencia... eso es lo que quiero saber».
+
+--¡Mi conciencia!... esto sí que es raro... se lo cuento a usted como
+pasó... no se me alborotaba cuando cometía yo aquellos pecados tan
+refeos... Le diré a usted más, aunque se horrorice... mi conciencia me
+aprobaba... vamos al caso, me decía una cosa muy atroz, me decía que mi
+verdadero marido...
+
+--No siga usted--interrumpió la santa alarmadísima, creyendo sentir
+ruido en la alcoba. Es horrible. No siga usted. ¡Virgen del Carmen! Está
+usted muy dañada.
+
+--Parecíame a mí--prosiguió la penitente sin poder contener la efusión
+de su sinceridad--, que aquel hombre me pertenecía a mí y que yo no
+pertenecía al otro... que mi boda era un engaño, una ilusión, como lo
+que sacan en los teatros.
+
+--Calle, cállese por Dios...
+
+--Pero aguárdese usted... A mí me había dado palabra de casamiento...
+como esta es luz... Y me la había dado antes de casarse... Y yo había
+tenido un niño... Y a mí me parecía que estábamos los dos atados para
+siempre, y que lo demás que vino después no vale... eso es.
+
+Guillermina se llevó las manos a la cabeza... Discurrió que lo mejor era
+diferir la conferencia para otro día, pretextando que tenía que salir.
+«Eso es muy grave. Hay que tratarlo despacio. Cierto que una promesa
+liga algo... No sostendré yo que ese joven se portó bien con usted. Pero
+el tiempo, la sociedad... Y sobre todo, los derechos que usted podría
+tener, los ha perdido con su mala conducta».--Yo no habría sido
+mala--dijo la de Rubín envalentonándose, al ver en su confesora un
+inexplicable aturdimiento--, si él no me hubiera plantado en medio del
+arroyo con un hijo dentro de mí--la santa vacilaba; no sabía por dónde
+romper. ¡Ah!, sin aquel peligroso testigo de Jacinta ya se habría
+explicado ella bien, enseñando a la atrevida cuántas son cinco.
+
+--Usted, hija mía, está como trastornada--le dijo, buscando modos de
+hacer insignificante la conversación--. El otro día me pareció usted más
+razonable... ¿qué mosca la ha picado...?
+
+--¿Qué mosca?--dijo Fortunata con cierto extravío en la mirada--. ¿Qué
+mosca?, pues una.
+
+--Porque usted no se hace cargo de que ha pasado tiempo, de que ese
+hombre está casado con una mujer angelical, y que...
+
+En la fisonomía de la prójima se encendió de improviso una luz vivísima.
+Fue como una aureola de inspiración que le envolvía toda la cara. Más
+hermosa que nunca, sacó de su cabeza un gallardísimo argumento, y se lo
+soltó a la otra como se suelta una bomba explosiva.
+
+¡Pruuun! Guillermina se quedó atontada cuando oyó esta atrocidad:
+
+«¡Angelical!... sí, todo lo angelical que usted quiera; pero _no tiene
+hijos_. Esposa que no tiene hijos, no es tal esposa».
+
+Guillermina se quedó tan pasmada, que no pudo responder.
+
+«Es idea mía--prosiguió la otra con la inspiración de un apóstol y la
+audacia criminal de un anarquista--. Dirá usted lo que guste; pero es
+idea mía, y no hay quien me la quite de la cabeza... Virtuosa, sí;
+estamos en ello; pero no le puede dar un heredero... Yo, yo, yo se lo he
+dado, y se lo puedo volver a dar...».
+
+--Por Dios... cállese usted... no he visto otro caso... ¡Qué idea!...
+¡qué atrevimiento! Está usted condenada.
+
+Y la virgen y confesora llegó a tal grado de confusión, que no daba ya
+pie con bola.
+
+«Yo estaré todo lo condenada que usted quiera... pero es mi idea; con
+esta idea me iré al Infierno, al Cielo o a donde Dios disponga que me
+vaya... Porque eso de que yo sea mala, muy mala, todavía está por ver».
+
+La santa la miraba con verdadero espanto. Fortunata parecía estar fuera
+de sí y como el exaltado artista que no tiene conciencia de lo que dice
+o canta.
+
+«¿Por qué he de ser yo tan mala como parece?... ¿porque tengo una idea?
+¿No puede una tener una idea?... ¿Dice usted que la otra es un ángel? Yo
+no lo niego, yo no pretendo quitarle su mérito... Si a mí me gusta, si
+quisiera parecerme a ella en algunas cosas, en otras no, porque ella
+será para usted todo lo santa que se quiera, pero está por debajo de mí
+en una cosa: _no tiene hijos_, y cuando tocan a tener hijos, no me
+rebajo a ella, y levanto mi cabeza, sí señora... Y no los tendrá ya,
+porque está probado, y por lo que hace a que yo los puedo tener, también
+muy probado está. Es mi idea, es una idea mía. Y otra vez lo digo: la
+esposa que no da hijos, no vale... Sin nosotras las que los damos, se
+acabaría el mundo... Luego nosotras...».
+
+«Nada, nada, esta mujer está loca y no tendré más remedio que ponerla en
+la calle--pensó Guillermina--. ¡Y qué trago estará pasando la otra
+pobre, oyendo tales lindezas!».
+
+Notaba en ella cierta exaltación insana. No era la misma mujer con quien
+había hablado dos días antes. Ya tenía la palabra en la boca para
+despedirla con buen modo, cuando se sintió ruido como de mano golpeando
+en los cristales de un mirador, y luego una voz que llamaba a
+Guillermina. Asomose esta. Fortunata oyó claramente la voz de doña
+Bárbara preguntando: «¿Está ahí Jacinta?».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+La santa vaciló antes de dar respuesta. Por fin la dio:
+«¿Jacinta?... No, aquí no está». Poco más hablaron las dos damas, y
+Guillermina volvió al lado de la visita; pero la falsedad que se había
+visto obligada a decir trastornaba de tal modo su espíritu, que no
+parecía la misma mujer de siempre, segura, impávida y tan dueña de su
+palabra como de sus actos. La mentira y el escondite escénico de su
+amiga pusiéronla en la situación más crítica del mundo, porque se había
+hecho a la verdad, y vivía en ella como los peces en el agua. Estaba la
+pobre señora, con aquellos escrúpulos, como pez a quien sacan de su
+elemento, y aún le pasó por el magín la pavorosa idea: _¡pecado mortal!_
+En fin que aquello se tenía que concluir.
+
+«Hija mía, usted está hoy un poco alucinada. Bien quisiera poderla oír,
+consolarla... pero tiene que dispensarme por hoy... Otro día...».
+
+--¿Tiene usted que salir?--dijo la anarquista con pena--. Bueno,
+volveré; yo tengo que contarle a usted una cosa... Si no se la cuento a
+usted, lo sentiré... ¡Ay!, una cosa que me ha pasado ayer... ¡tremenda,
+muy tremenda!
+
+Guillermina permaneció en pie, diciendo para sí: «¿qué será?».
+
+«Si persiste usted--agregó en voz alta--, en tener esas ideas
+estrambóticas, es difícil que yo la consuele. No nos entenderemos
+nunca».
+
+En aquel momento la pecadora clavaba sus ojos en la santa. Se le estaba
+pareciendo a Mauricia. La cara no era la misma; pero la expresión sí...
+y la voz, se le había enronquecido como la de las personas que beben
+aguardiente.
+
+«¿En qué piensa usted? ¿Por qué me mira tanto?» le preguntó Guillermina,
+que ya estaba impaciente por terminar.--La miro a usted porque me gusta
+mirarla... Anoche y anteanoche, y todos los días desde aquel en que
+hablamos, la tengo a usted metidita dentro de mis ojos, la veo cuando
+duermo y cuando no duermo. Ayer, cuando me pasó lo que me pasó, dije:
+«No tengo sosiego hasta que no se lo cuente a la señora».
+
+Guillermina, movida de gran curiosidad, se sentó, y tomándole una mano,
+le dijo en voz queda: «Cuente usted... Ya oigo».
+
+«Pues ayer--refirió la joven con los ojos bajos, alzándolos al final de
+cada frase, como si pusiera con ellos las comas, más que con el
+acento--, pues ayer... iba yo tan tranquila por la calle de la
+Magdalena, pensando en usted... porque siempre estoy pensando en usted
+y... me paré a ver el escaparate de una tienda donde hay tubos y llaves
+de agua... Ni sé por qué me paré allí, pues ¿qué me importan a mí los
+tubos?... cuando sentí a mi espalda... mejor dicho aquí en el cuello,
+una voz... ¡Ay, señora!, la voz me sonó aquí detrás junto a estos
+pelitos que tenemos donde nace la cabellera, y fue como si me entraran
+una aguja muy fina y muy fría... Me quedé helada... volvime... le vi...
+se sonreía».
+
+Guillermina extendió la mano para taparle la boca; pero sin resultado.
+
+«Yo no podía hablar... Me quedé como una estatua; me dieron ganas de
+llorar, de echar a correr o de no sé qué».
+
+--No le diría a usted nada de particular--indicó la santa muy asustada,
+quitando gravedad al asunto--. Nada más que un saludo...
+
+--¿Qué saludo?... Verá usted. Me dijo: «¿Chiquilla, qué es de tu
+vida?...». Yo no le pude contestar... Di media vuelta, y él me cogió una
+mano.
+
+--Vamos, vamos, esto ya es demasiado--declaró Guillermina, levantándose
+turbadísima--. Otro día me contará usted eso...
+
+--No, si no hay más... Yo retiré mi mano, y me fui sin decirle nada...
+No tuve alma para seguir adelante sin mirar para atrás, y miré y le
+vi... Me seguía, distante. Apresuré el paso y me metí en mi casa...
+
+--Muy bien hecho, muy bien hecho...
+
+--Pero aguárdese usted--dijo Fortunata que ya no estaba exaltada, sino
+en un grado de humildad lastimosa, y su tono era el de los penitentes
+muy afligidos, que no pueden con el peso de sus culpas--. Aún falta lo
+mejor. Después que le vi, se me ha clavado de tal manera en el
+pensamiento la idea de... Es una idea mía, idea mala, señora... pero
+usted es una santa, y me la quitará de la cabeza... Por eso no tengo
+sosiego hasta no decírsela...
+
+--Basta, basta; no quiero, no quiero.
+
+--Que sí quiere--insistió la joven reteniéndola por ambas manos, pues la
+confesora hizo ademán de apartarse de ella.
+
+--Una idea infame... la idea de pecar otra vez...--dijo Guillermina,
+balbuciente--. ¿Es eso?...
+
+--Eso es... pero verá la señora. Yo quiero echarla de mí; pero a veces
+se me ocurre que no debo echarla, que no peco...
+
+--¡Jesús!--Que así debe ser, que así está dispuesto--añadió la señora de
+Rubín, volviendo a exaltarse y a tomar la expresión del anarquista que
+arroja la bomba explosiva para hacer saltar a los poderes de la tierra.
+Es una idea mía, una idea muy perra, una idea negra como las niñas de
+los ojos de Satanás... y no me la puedo arrancar.
+
+--Cállese usted... Guillermina puso cara de consternación y dio algunos
+pasos, vacilando como una persona que se va a caer. Tiempo hacía, mucho
+tiempo, que la insigne fundadora no se había encontrado en compromiso
+semejante. Sentíase atada y sin libertad, y esto la ponía fuera de sí,
+destruyendo aquella serenidad soberana que normalmente tenía. Aún
+intentó un esfuerzo para dominar situación tan penosa, y echando miradas
+de alarma a la vidriera de su alcoba, dijo: «Pero usted... no
+reflexiona... que...».
+
+No pudo concluir esta frase trivial. La otra, que siendo cifra de todas
+las debilidades humanas, parecía más fuerte que la gran doctora y santa,
+se permitió sonreír oyéndola. «¿Y qué saco de reflexionar? Mientras más
+reflexiono peor».
+
+--Veo que usted no tiene atadero... Con esas ideas, pronto volveríamos
+al estado salvaje.
+
+Con sonrisa sarcástica y un expresivo alzar de hombros, dio a entender
+Fortunata que por ella no había inconveniente en que la sociedad
+volviera al estado salvaje...
+
+«Usted no tiene sentido moral; usted no puede tener nunca principios,
+porque es anterior a la civilización; usted es una salvaje y pertenece
+de lleno a los pueblos primitivos». Esto o cosa parecida le habría dicho
+Guillermina si su espíritu hubiera estado en otra disposición.
+Únicamente expresó algo que se relacionaba vagamente con aquellas ideas:
+«Tiene usted las pasiones del pueblo, brutales y como un canto sin
+labrar».
+
+Así era la verdad, porque el pueblo, en nuestras sociedades, conserva
+las ideas y los sentimientos elementales en su tosca plenitud, como la
+cantera contiene el mármol, materia de la forma. El pueblo posee las
+verdades grandes y en bloque, y a él acude la civilización conforme se
+le van gastando las menudas, de que vive.
+
+De repente Fortunata vaciló en su ánimo. Parecía una fuerza nerviosa que
+caía en brusca sedación. La otra, en cambio, se creció de repente por
+una sacudida de su conciencia. «Ya no más, no más mentira. No puedo, no
+puedo...».
+
+Alzó los ojos al techo, cruzó las manos, su cara se puso muy encendida y
+sus ojos iluminados. Quedose atónita la anarquista oyéndole decir estas
+palabras con un acento que parecía ser de otro mundo:
+
+«Salva, Jesús mío, esta alma que se quiere perder, y apártame a mí de la
+mentira». Después se llegó a ella y le cogió una mano, diciéndole con
+profunda lástima: «¡Pobre mujer!, yo tengo la culpa de las atrocidades
+que ha dicho usted, yo, yo, Dios me lo perdone, y la causa ha sido una
+farsa, una mentira... La verdad ante todo. La verdad me ha salvado
+siempre y me salvará ahora. Usted ha dicho cosas infernales que
+desgarran el corazón de mi amiga, y las ha dicho porque creía que
+hablaba sólo conmigo. Pues la he engañado a usted, porque Jacinta está
+escondida en aquella alcoba».
+
+Diciéndolo, corrió hacia la puerta vidriera y la empujó. Fortunata, que
+estaba sentada frente a la puerta aquella, levantose de golpe,
+quedándose yerta y muda. Jacinta no aparecía. Se oyeron tan sólo sus
+sollozos. Estaba sentada en una silla, apoyando la cabeza en la cama de
+la santa. Esta se fue a ella y le dijo: «Perdónala, querida mía, que no
+sabe lo que se dice».
+
+--Y usted...--añadió, saliendo a la puerta--, bien comprenderá que debe
+retirarse. Hágame el favor... Quizás todo habría concluido de un modo
+pacífico; pero la Delfina se levantó de repente, poseída de la rabia de
+paloma que en ocasiones le entraba. ¡Ánimas benditas! De un salto salió
+al gabinete. Estaba amoratada de tanto llorar y de tantísima cólera como
+sentía... No podía hablar... se ahogaba. Tuvo que hacer como que escupía
+las palabras para poder decir con gritos intermitentes: «¡Bribona...
+infame, tiene el valor de creerse!... no comprende que no se la ha
+mandado... a la galera, porque la justicia... porque no hay justicia...
+Y usted... (por Guillermina) no sé cómo consiente, no sé cómo ha podido
+creer... ¡Qué ignominia!... Esta mujerzuela aquí, en esta casa... ¡qué
+afrenta!... ¡Ladrona...!».
+
+Fortunata, en el primer movimiento de sorpresa y temor, había dado una
+vuelta y puéstose tras el sillón en que poco antes estaba sentada.
+Apoyando las manos en el respaldo, agachó el cuerpo y meneó las caderas
+como los tigres que van a dar el salto. Mirola Guillermina, sintiendo el
+espanto más grande que en su vida había sentido... Fortunata agachó más
+la cabeza... Sus ojos negros, situados contra la claridad del balcón,
+parecía que se le volvían verdes, arrojando un resplandor de luz
+eléctrica. Al propio tiempo dejó oír una voz ronca y terrible que decía:
+«¡La ladrona eres tú... tú! Y ahora mismo...».
+
+La ira, la pasión y la grosería del pueblo se manifestaron en ella de
+golpe, con explosión formidable. Volvió a la niñez, a aquella época en
+que trabándose de palabras con alguna otra zagalona de la plazuela, se
+agarraban por el moño y se sacudían de firme, hasta que los mayores las
+separaban. No parecía ser quien era, ni debía de tener conciencia de lo
+que hacía. Jacinta y Guillermina se acobardaron un momento; pero luego
+la primera lanzó un grito de angustia, y la santa salió a pedir socorro.
+No tuvo tiempo Fortunata de prolongar su altercado ni de volver en sí,
+porque apareció en la puerta el criado de Moreno, que era un inglesote
+como un castillo, y a poco vino también doña Patrocinio, y después el
+mismo Moreno.
+
+La señora de Rubín no se dio cuenta de lo demás... Tenía después una
+idea incierta de que la mano dura del inglés la había cogido por un
+brazo, apretándoselo tanto que aún le dolía al día siguiente; de que la
+sacaron del gabinete, de que le abrieron la puerta y de que se vio
+bajando la escalera.
+
+Todos acudieron a la señora de Santa Cruz que había perdido el
+conocimiento, y Moreno, poniendo una cara entre burlesca y consternada,
+se dejó decir: «Estas cosas le pasan a mi querida tía por meterse a
+redentora».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Bajó Fortunata los peldaños riendo... Era una risa estúpida
+salpicada de interjecciones. «¡A mí, decirme...! Si no me echan, la
+cojo... le levanto... pero no sé, no recuerdo bien si le arañé la cara.
+¡A mí decirme! Si le pego un bocado no la suelto... Ja, ja, ja...». Le
+temblaban tanto las piernas, que al llegar a la calle apenas podía
+andar. La luz y el aire parecía que le despejaban algo la cabeza, y
+empezó a darse cuenta de la situación. ¿Pero era verdad lo que había
+dicho y hecho? No estaba segura de haberle pegado; pero sí de que le
+dijo algo. ¿Y para qué la otra la había llamado a ella _ladrona_?...
+Subió por la calle de la Paz, pasando a cada instante de una acera a
+otra sin saber lo que hacía.
+
+«¿Pero yo qué he hecho?... ¡Oh!, bien hecho está... ¡Llamarme a mí
+_ladrona_, ella que me ha robado lo mío!». Se volvió para atrás, y como
+quien echa una maldición, dijo entre dientes: «Tú me llamarás lo que
+quieras... Llámame tal o cual y tendrás razón... Tú serás un ángel...
+pero tú no has tenido hijos. Los ángeles no los tienen. Y yo sí... Es mi
+idea, una idea mía. Rabia, rabia, rabia... Y no los tendrás, no los
+tendrás nunca, y yo sí... Rabia, rabia, rabia...».
+
+Más allá del Banco volvió a reírse. Su monólogo era así: «¡Lo mismo que
+la otra, la _señora_ del Espíritu Santo...! Doña Mauricia, digo,
+Guillermina la Dura... Quiere hacernos creer que es santa... ¡buen peine
+está! Harta de retozar con los curas, se quiere hacer la obispa
+catoliquísima y meterse en el confesonario... ¡Perdida, borrachona,
+hipocritona!... púa de sacristía, amancebada con todos los clérigos...
+con el Nuncio y con San José...».
+
+De pronto sus ideas variaron, y sintiendo dolorosa angustia en su alma,
+como impresión de horrible vacío, pensaba así: «¿Pero a quién me volveré
+ahora? ¡Dios mío, qué sola estoy! ¡Por qué te me has muerto, amiga de mi
+alma, Mauricia!... Por más que digan, tú eras un ángel en la tierra, y
+ahora estás divirtiéndote con los del Cielo; ¡y yo aquí tan solita! ¿Por
+qué te has muerto? Vuélvete acá... ¿Qué es de mí? ¿Qué me aconsejas?
+¿Qué me dices?... ¡Qué ganas siento de llorar! Sola, sin nadie que me
+diga una palabra de consuelo... ¡Oh!, ¡qué amiga me he perdido!...
+Mauricia, no estés más entre las ánimas benditas, y vuelve a vivir...
+Mira que estoy huérfana, y yo y los huerfanitos de tu asilo estamos
+llorando por ti... Los pobres que tú socorrías te llaman. Ven, ven...
+Señor Pepe te ha hecho los gatillos... le vi esta mañana en la fragua,
+machacando, tin, tan... Mauricia, amiga de mi alma, ven y las dos juntas
+nos contaremos nuestras penas, hablaremos de cuando nos querían nuestros
+hombres, y de lo que nos decían cuando nos arrullaban, y luego beberemos
+aguardiente las dos, porque yo también quiero el aguardientito, como tú,
+que estás en la gloria, y lo beberé contigo para que se me duerman mis
+penas, sí, para que se me emborrachen mis penas».
+
+Entró por fin en casa. Enteramente trastornada, andaba como una máquina.
+No había nadie más que Papitos, a quien vio, mas no le dijo nada.
+Encerrose en su alcoba, tiró el manto y se echó en el sofá, dando un
+rugido. Después de revolcarse como las fieras heridas, se puso boca
+abajo, oprimiendo el vientre contra los muelles del sofá, y clavando los
+dedos en un cojín. No tardó en caer en penoso letargo, lleno de visiones
+disparatadas y horribles, sin darse cuenta del tiempo que estuvo en tal
+disposición. Cuando volvió en sí, había poca luz en el cuarto. Fijándose
+bien, pudo distinguir la cara escrutadora de doña Lupe que la
+observaba... «¿Qué tienes?... Me has asustado. ¡Dabas unos mugidos...!,
+y de pronto te echabas a reír, ¡y se te escapaban unas palabritas...!».
+A las reiteradas y capciosas preguntas de su tía, contestaba
+evasivamente y con mucha torpeza. «¿En dónde has estado hoy? Tú has
+salido».--«Fui a comprar aquella tela...».--«¿Y dónde está?».--«¿Que
+dónde está la tela?... Pues no sé...».--«Parece que estás en Babia. A ti
+te pasa algo. Levántate de ese sofá».
+
+Pero no se levantaba. Empezó a sospechar la viuda que aquel espíritu
+estaba perturbado, y tembló. Vinieron a su pensamiento pasadas
+vergüenzas y desdichas, y se prometió vigilar mucho. Estuvo la señora de
+morros toda la noche, y Fortunata de más morros todavía, sintiendo que
+se apoderaba de su alma la aversión a toda aquella familia. No les podía
+ver. Eran sus carceleros, sus enemigos, sus espías. A cualquier parte de
+la casa que fuese, seguíala doña Lupe. Se sentía vigilada, y el rechinar
+de las zapatillas de su tía le causaba violentísima ira. Al día
+siguiente, después de almorzar, y cuando Maxi se había marchado a la
+botica, tuvo tanto miedo Fortunata a que la ira estallase, que para
+evitarlo se ató una venda a la cabeza, fingiendo jaqueca, y encerrándose
+en su alcoba, acostose en su cama. A la media hora le entró, como el día
+anterior, la embriaguez aquella, el desvanecimiento de las ideas, que se
+emborrachaban con tragos de dolor y se dormían.
+
+En tal situación siente vivos impulsos de salir a la calle; se levanta,
+se viste, pero no está segura de haberse quitado la venda. Sale, se
+dirige a la calle de la Magdalena, y se para ante el escaparate de la
+tienda de tubos, obedeciendo a esa rutina del instinto por la cual,
+cuando tenemos un encuentro feliz en determinado sitio, volvemos al
+propio sitio creyendo que lo tendremos por segunda vez. ¡Cuánto tubo!,
+llaves de bronce, grifos, y multitud de cosas para llevar y traer el
+agua... Detiénese allí mediano rato viendo y esperando. Después sigue
+hacia la plaza del Progreso. En la calle de Barrionuevo, se detiene en
+la puerta de una tienda donde hay piezas de tela desenvueltas y colgadas
+haciendo ondas. Fortunata las examina, y coge algunas telas entre los
+dedos para apreciarlas por el tacto. «¡Qué bonita es esta cretona!».
+Dentro hay un enano, un monstruo, vestido con balandrán rojo y turbante,
+alimaña de transición que se ha quedado a la mitad del camino darwinista
+por donde los orangutanes vinieron a ser hombres. Aquel adefesio hace
+allí mil extravagancias para atraer a la gente, y en la calle se
+apelmazaban los chiquillos para verle y reírse de él. Fortunata sigue y
+pasa junto a la taberna en cuya puerta está la gran parrilla de asar
+chuletas, y debajo el enorme hogar lleno de fuego. La tal taberna tiene
+para ella recuerdos que le sacan tiras del corazón... Entra por la
+Concepción Jerónima; sube después por el callejón del Verdugo a la plaza
+de Provincia; ve los puestos de flores, y allí duda si tirar hacia
+Pontejos, a donde la empuja su pícara idea, o correrse hacia la calle de
+Toledo. Opta por esta última dirección, sin saber por qué. Déjase ir por
+la calle Imperial, y se detiene frente al portal del Fiel Contraste a
+oír un pianito que está tocando una música muy preciosa. Éntranle ganas
+de bailar, y quizás baila algo: no está segura de ello. Ocurre entonces
+una de estas obstrucciones que tan frecuentes son en las calles de
+Madrid. Sube un carromato de siete mulas ensartadas formando rosario. La
+delantera se insubordina metiéndose en la acera, y las otras toman
+aquello por pretexto para no tirar más. El vehículo, cargado de pellejos
+de aceite, con un perro atado al eje, la sartén de las migas colgando
+por detrás, se planta, a punto que llega por detrás el carro de la carne
+con los cuartos de vaca chorreando sangre, y ambos carreteros empiezan a
+echar por aquellas bocas las finuras de costumbre. No hay medio de abrir
+paso, porque el rosario de mulas hace una curva, y dentro de ella es
+cogido un simón que baja con dos señoras. Éramos pocos... A poco llega
+un coche de lujo con un caballero muy gordo. Que si pasas tú, que si te
+apartas, que sí y que no. El carretero de la carne pone a Dios de vuelta
+y media. Palo a las mulas, que empiezan a respingar, y una de estas
+coces coge la portezuela del simón y la deshace... Gritos, leña, y el
+carromatero empeñado en que la cosa se arregla poniendo a Dios, a la
+Virgen, a la hostia y al Espíritu Santo que no hay por dónde cogerlos.
+
+Y el pianito sigue tocando aires populares, que parecen encender con sus
+acentos de pelea la sangre de toda aquella chusma. Varias mujeres que
+tienen en la cuneta puestos ambulantes de pañuelos, recogen a escape su
+comercio, y lo mismo hacen los de la _gran liquidación por saldo, a real
+y medio la pieza_. Un individuo que sobre una mesilla de tijera exhibe
+el gran invento para cortar cristal, tiene que salir a espeta perros;
+otro que vende los lápices más fuertes del mundo (como que da con ellos
+tremendos picotazos en la madera sin que se les rompa la punta), también
+recoge los bártulos, porque la mula delantera se le va encima. Fortunata
+mira todo esto y se ríe. El piso está húmedo y los pies se resbalan. De
+repente, ¡ay!, cree que le clavan un dardo. Bajando por la calle
+Imperial, en dirección al gran pelmazo de gente que se ha formado, viene
+Juanito Santa Cruz. Ella se empina sobre las puntas de los pies para
+verle y ser vista. Milagro fuera que no la viese. La ve al instante y se
+va derecho a ella. Tiembla Fortunata, y él le coge una mano
+preguntándole por su salud. Como el pianito sigue blasfemando y los
+carreteros tocando, ambos tienen que alzar la voz para hacerse oír. Al
+mismo tiempo Juan pone una cara muy afligida, y llevándola dentro del
+portal del Fiel Contraste, le dice: «Me he arruinado, chica, y para
+mantener a mis padres y a mi mujer, estoy trabajando de escribiente en
+una oficina... Pretendo una plaza de cobrador del tranvía. ¿No ves lo
+mal trajeado que estoy?» Fortunata le mira, y siente un dolor tan vivo
+como si le dieran una puñalada. En efecto; la capa del señorito de Santa
+Cruz tiene un siete tremendo, y debajo de ella asoma la americana con
+los ribetes deshilachados, corbata mugrienta, y el cuello de la camisa
+de dos semanas... Entonces ella se deja caer sobre él, y le dice con
+efusión cariñosa: «Alma mía, yo trabajaré para ti; yo tengo costumbre,
+tú no; sé planchar, sé repasar, sé servir... tú no tienes que
+trabajar... yo para ti... Con que me sirvas para ir a entregar, basta...
+no más. Viviremos en un sotabanco, solos y tan contentos».
+
+Entonces empieza a ver que las casas y el cielo se desvanecen, y Juan no
+está ya de capa sino con un gabán muy majo. Edificios y carros se van, y
+en su lugar ve Fortunata algo que conoce muy bien, la ropa de Maxi,
+colgada de una percha, la ropa suya en otra, con una cortina de percal
+por encima; luego ve la cama, va reconociendo pedazo a pedazo su alcoba;
+y la voz de doña Lupe ensordece la casa riñendo a Papitos porque, al
+aviar las lámparas, ha vertido casi todo el mineral... y gracias que es
+de día, que si es de noche y hay luz, incendio seguro.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Lo que había soñado se le quedó a la señora de Rubín tan impreso en
+la mente cual si hubiera sido realidad. Le había visto, le había
+hablado. Completó su pensamiento, amenazando con el puño cerrado a un
+ser invisible: «Tiene que volver... ¿Pues tú qué creías? Y si él no me
+busca, le buscaré yo... Yo tengo mi idea, y no hay quien me la quite».
+Incorporose después, quedándose apoyada en un codo y mirando a los
+ladrillos. Sus ojos se fijaron en un punto del suelo. Con rápido impulso
+saltó hacia aquel punto y recogió un objeto. Era un botón... Mirolo
+tristemente, y después lo arrojó con fuerza lejos de sí, diciendo: «es
+negro y de tres _aujeritos_. Mala sombra». Vuelta otra vez a la
+cavilación: «Porque si le encuentro y no quiere venir, me mato, juro que
+me mato. No vivo más así, Señor; te digo que no me da la gana de vivir
+más así. Yo veré el modo de buscar en la botica un veneno cualquiera que
+acabe pronto... Me lo trago, y me voy con Mauricia». Esta idea parecía
+darle cierto aplomo, y salió del cuarto. En pocas palabras la puso doña
+Lupe al tanto de la gran burrada que había hecho Papitos. «Nada, hija,
+que si es de noche y se vierte el mineral con la luz encendida, aquí
+perecemos todos achicharrados... Es muy perra esta chica, y me va a
+consumir la vida».
+
+Pasado el berrinche, se fijó en la cara de su sobrina, encontrando en
+ella un oscurísimo jeroglífico que no podía descifrar: «Pero estate sin
+cuidado que ya te lo acertaré yo... Conmigo no juegas tú».
+
+Aquella noche hizo Maxi mil extravagancias, y a la mañana siguiente se
+puso tan encalabrinado y vidrioso, que no se le podía aguantar. «Hay que
+tener mucha paciencia--dijo doña Lupe a Fortunata--. ¿Sabes lo que te
+aconsejo? Que no le lleves la contraria en nada. Hay que decirle a todo
+que sí, sin perjuicio de hacer lo que se deba. El pobrecito está mal. Me
+ha dicho esta mañana Ballester que tiene algo de reblandecimiento
+cerebral. Dios nos tenga de su mano». Sentía Fortunata vivos deseos de
+salir a la calle, y no sabía qué pretexto inventar para procurarse
+escapatorias. Ofrecíase a hacer compras de que doña Lupe tenía
+necesidad, e inventaba menesteres que motivaran una salidita. La taimada
+viuda de Jáuregui comprendió que una sujeción absoluta sería
+perjudicial, y empezó a darle libertad. Un día le leyó la cartilla en
+estos términos: «Puedes salir; no eres una chiquilla y ya sabes lo que
+haces. Yo creo que no nos darás ningún disgusto, y que has de mirar por
+el decoro de la familia lo mismo que miro yo. La dignidad, hija, la
+dignidad es lo primero». Pero doña Lupe empezaba a hacérsele
+horriblemente antipática, y por nada del mundo le habría hecho una
+confidencia. Hablando con verdad, lo que más disgustada tenía a doña
+Lupe era, no que Fortunata saliese, sino que no le comunicase nada de lo
+que pensaba o sentía. El pensar que tal vez estaría a la sazón la señora
+de Rubín jugando una gran trastada al decoro de la familia, la
+mortificaba, sí, pero no tanto como el ver que no la consultaba ni le
+pedía consejo sobre aquello desconocido y oscuro que sin duda le
+ocurría. «El tapujito es lo que me revienta. Como yo lo descubra va a
+ser sonada. En hora maldita entró aquí esta loquinaria. No, yo nunca la
+tragué, el Señor es testigo... siempre me dio la cara. El ganso de
+Nicolás fue quien lo echó a perder tomándolo por lo religioso... Si al
+menos se llegara a mí y me dijera: «tía, yo me veo en este conflicto, yo
+he faltado o voy a faltar, o puede que falte si no me atajan...».
+Demasiado sabe ella que con este mundo que yo tengo y con lo bien que
+discurro, gracias a Dios, le abriría camino para poner a salvo el honor
+de la familia. Pero no... la muy bestia se empeña en gobernarse sola, ¿y
+qué hará?... Alguna barbaridad, pero gorda. Si no, allá lo veremos».
+
+Fortunata se echó a la calle, y en la Plaza del Progreso vio muchos
+coches; pero muchos. Era un entierro, que iba por la calle del Duque de
+Alba hacia la de Toledo. Por las caras conocidas que fue viendo mientras
+el fúnebre séquito pasaba, vino a comprender que el entierro era el de
+Arnaiz el Gordo, que se había muerto el día antes. Pasaron los
+Villuendas, los Trujillos, los Samaniegos, Moreno-Isla... Pues irían
+también D. Baldomero y su hijo... quizás en los coches de delante,
+haciendo cabecera... «Toma; también Estupiñá». Desde el simón en que iba
+con uno de los _chicos_, el gran Plácido le echó una mirada de
+indignación y desdén. Siguió ella tras el entierro, y al llegar a la
+parte baja de la calle de Toledo, tomó a la derecha por la calle de la
+Ventosa y se fue a la explanada del Portillo de Gilimón, desde donde se
+descubre toda la vega del Manzanares. Harto conocía aquel sitio, porque
+cuando vivía en la calle de Tabernillas, íbase muchas tardes de paseo a
+Gilimón, y sentándose en un sillar de los que allí hay, y que no se sabe
+si son restos o preparativos de obras municipales, estábase largo rato
+contemplando las bonitas vistas del río. Pues lo mismo hizo aquel día.
+El cielo, el horizonte, las fantásticas formas de la sierra azul,
+revueltas con las masas de nubes, le sugerían vagas ideas de un mundo
+desconocido, quizás mejor que este en que estamos; pero seguramente
+distinto. El paisaje es ancho y hermoso, limitado al Sur por la fila de
+cementerios, cuyos mausoleos blanquean entre el verde oscuro de los
+cipreses. Fortunata vio largo rosario de coches como culebra que
+avanzaba ondeando; y al mismo tiempo otro entierro subía por la rampa de
+San Isidro, y otro por la de San Justo. Como el viento venía de aquella
+parte, oyó claramente la campana de San Justo que anunciaba cadáver.
+
+«Estará con su papá--pensó ella--, y aunque al volver me vea, no ha de
+decirme nada».
+
+Después de permanecer allí largo rato, fue a la Virgen de la Paloma, a
+quien dijo cuatro cosas, y estaba rezándole, cuando sus ojos, al
+resbalar por el suelo, tropezaron con un objeto que brillaba en medio de
+los baldosines de mármol. Púsose un momento a gatas para cogerlo. Era un
+botón. «¡Es blanco y de cuatro _aujeritos_! Buena sombra» dijo
+guardándolo.
+
+Se fue a su casa, y al día siguiente salió a comprar tela para un
+vestido. Estuvo en dos tiendas de la Plaza Mayor, tomó después por la
+calle de Toledo, con su paquete en la mano, y al volver la esquina de la
+calle de la Colegiata para tomar la dirección de su casa, recibió como
+un pistoletazo esta voz que sonó a su lado: «¡Negra!».
+
+¡Ay Dios mío!, encontrársele así tan de sopetón, ¡precisamente en uno de
+los pocos instantes en que no estaba pensando en él! Como que iba
+discurriendo la combinación que le pondría al vestido. ¿Azul o plata
+vieja? Le miró y se puso del color de la cera blanca. Él entonces detuvo
+un simón que pasaba. Abrió la portezuela, y miró a su antigua amiga,
+sonriendo; sonrisa que quería decir: ¿Vienes o no? Si estás rabiando por
+venir... ¿a qué esa vacilación?
+
+La vacilación duraría como un par de segundos. Y después Fortunata se
+metió en el coche, de cabeza, como quien se tira en un pozo. Él entró
+detrás, diciendo al cochero: «Mira, te vas hacia las Rondas... paseo de
+los Olmos... el Canal».
+
+Durante un rato se miraban, sonreían y no decían nada. A ratos Fortunata
+se inclinaba hacia atrás, como deseando no ser vista de los transeúntes;
+a ratos parecía tan tranquila, como si fuera en compañía de su marido.
+
+«Ayer te vi... digo, no te vi... Vi el entierro y me figuré que irías en
+los coches de delante».
+
+Los ojos de ella le envolvían en una mirada suave y cariñosa.
+
+«¡Ah!, sí, el entierro del pobre Arnaiz... Dime una cosa, ¿me guardas
+rencor?».
+
+La mirada se volvió húmeda.
+
+--¿Yo?... ninguno.--¿A pesar de lo mal que me porté contigo?...
+
+--Ya te lo perdoné.--¿Cuándo?--¡Cuándo! ¡Qué gracia! Pues el mismo día.
+
+--Hace tiempo, _nena negra_, que me estoy acordando mucho de ti--dijo
+Santa Cruz con cariño que no parecía fingido, clavándole una mano en un
+muslo.
+
+--¡Y yo!... Te vi en la calle Imperial... no, digo, soñé que te vi.
+
+--Yo te vi en la calle de la Magdalena.
+
+--¡Ah!, sí... la tienda de tubos; muchos tubos.
+
+Aun con este lenguaje amistoso, no se rompió la reserva hasta que no
+salieron a la Ronda. Allí el aislamiento les invadía. El coche penetraba
+en el silencio y en la soledad, como un buque que avanza en alta mar.
+
+--¡Tanto tiempo sin vernos!--exclamó Juan pasándole el brazo por la
+espalda.
+
+--¡Tenía que ser, tenía que ser!--dijo ella inclinando su cabeza sobre
+el hombre de él--. Es mi destino.
+
+--¡Qué guapa estás! ¡Cada día más hermosa!
+
+--Para ti toda--afirmó ella, poniendo toda su alma en una frase.
+
+--Para mí toda--dijo él, y las dos caras se estrujaron una contra
+otra--. Y no me la merezco, no me la merezco. Francamente, chica, no sé
+cómo me miras.
+
+--Mi destino, hijo, mi destino. Y no me pesa, porque yo tengo acá mi
+idea, ¿sabes?
+
+Santa Cruz no pensó en rogarle que explicara su idea. La suya era esta:
+«¡Pero qué hermosa estás! ¿Has hecho alguna picardía en el tiempo que ha
+pasado sin que nos veamos?».
+
+--¿Picardías yo?... (extrañando mucho la pregunta).
+
+--Quiero decir: después que volviste con tu marido, ¿no has tenido por
+ahí algún devaneo...?
+
+--¡Yo!--exclamó ella con el acento de la dignidad ofendida--; ¡pero
+estás loco! Yo no tengo devaneos más que contigo...
+
+--¿De cuánto tiempo puedes disponer?
+
+--De todo el que tú quieras.
+
+--Podrías tener un disgusto en tu casa.
+
+--Es verdad... pero ¿y qué?
+
+Y en el acto se acordó de las amonestaciones de Feijoo. Claro; no había
+necesidad de descomponerse, ni de faltar a la religión de las
+apariencias.
+
+--Pues dispongo de una hora.--¿Y mañana?--¿Nos veremos mañana? No me
+engañes, pero no me engañes--dijo ella suplicante--. Estoy acostumbrada
+a tus papas...
+
+--No, ahora no... ¿Me quieres?
+
+--¡Qué pregunta!... Bien lo sabes tú, y por eso abusas. Yo soy muy tonta
+contigo; pero no lo puedo remediar. Aunque me pegaras, te querría
+siempre. ¡Qué burrada! Pero Dios me ha hecho así, ¿qué culpa tengo?
+
+Tanta ingenuidad, ya conocida del incrédulo Delfín, era una de las cosas
+que más le encantaban en ella. Tiempo hacía que él notaba cierta
+sequedad en su alma, y ansiaba sumergirla en la frescura de aquel afecto
+primitivo y salvaje, pura esencia de los sentimientos del pueblo rudo.
+
+--¿Me engañarás otra vez, farsantuelo? (clavándole a su vez los dedos en
+la rodilla).
+
+--No claves tanto, hija, que duele. Y ahora gocemos del momento
+presente, sin pensar en lo que se hará o no se hará después. Eso depende
+de las circunstancias.
+
+--¡Ah!, esas señoras circunstancias son las que me cargan a mí. Y yo
+digo: «¿Pero, Señor, para qué hay en el mundo circunstancias?». No debe
+haber más que _quererse_ y a vivir.
+
+--Tienes razón (abrazándola con nervioso frenesí y dándole la mar de
+besos). _Quererse_ y a vivir. Eres el corazón más grande que existe.
+
+Fortunata se acordó otra vez de su amigo y maestro Feijoo. El corazón
+grande era un mal y había que recortarlo.
+
+--Reconozco--prosiguió el Delfín--, que vales mucho más que yo, como
+corazón; pero mucho más. Soy al lado tuyo muy poca cosa, _nena negra_.
+No sé qué tienes en esos condenados ojos. Te andan dentro de ellos todas
+las auroras de la gloria celestial y todas las llamas del Infierno...
+Quiéreme, aunque no me lo merezco.
+
+--¡Me muero por ti! (tirándole suavemente de las barbas). Si no me
+quieres, te irás al Infierno... para que lo sepas; te irás conmigo... te
+llevaré yo, arrastrándote por estas barbas.
+
+Risas. «¡Qué feliz soy, pero qué feliz soy hoy, Dios mío!--exclamó la
+joven, con semblante y ojos iluminados--. No me cambiaría por todos los
+ángeles y serafines que están brincando delante de su Divina Majestad en
+el Cielo; no me cambiaría, no me cambiaría».
+
+--Ni yo... hace tiempo que yo necesitaba una alegría. Estaba triste, y
+decía: «A mí me falta algo; ¿pero qué es lo que me falta a mí?».
+
+--Yo también estaba triste. Pero el corazón me está diciendo hace
+tiempo: «Tú volverás, tú volverás...». Y si una no volviera, ¿para qué
+es vivir? Vivir para que llegue un día así; lo demás es estarse muriendo
+siempre.
+
+--Es tarde, y no quiero que te comprometas. Precaución, chica. No
+hagamos tonterías.
+
+Volviendo a acordarse de Feijoo, repitió ella: «Lo principal es no hacer
+tonterías».
+
+--Quedamos en que...--Mañana, a la hora que te venga mejor.
+
+--Cochero, vuelva usted.--Déjame a la entrada de la calle de Valencia.
+
+--Donde tú quieras.--Y pasado mañana también--dijo tras una pausa y con
+ansiedad la insensata mujer.
+
+--Y al otro, y al otro... Pero no muerdas...
+
+Miraba ella al porvenir, y su radiante felicidad se nublaba con la idea
+de que los días venideros desmintieran aquel en que estaba.
+
+--Porque ahora no serás tan malito como antes. ¿Verdad, pillín mío?...
+¿No serás, no, verdad, rico mío?
+
+--Que no, que no... Vas a ver... Tú te convencerás...
+
+--Júramelo... ¡Ah!, ¡qué tonta!, ¡como si los juramentos valieran! En
+fin, que ahora tomaré mis precauciones... Si mi idea se cumple...
+
+--¿Y cuál es tu idea?, ¿qué idea es esa?
+
+--No te lo quiero decir... Es una idea mía: si te la dijera, te
+parecería una barbaridad. No lo entenderías... ¿Pero qué te crees tú,
+que yo no tengo también mi talento?
+
+--Lo que tú tienes, _nena negra_, es toda la sal de Dios (besándola con
+romanticismo).
+
+--Pues eso... junto con la sal está la idea... Si mi idea se cumple...
+No te quiero decir más.
+
+--Mañana me lo dirás.
+
+--No, mañana tampoco... El año que viene.
+
+--_Ya llegó el instante fiero_...
+
+--_Silvia de la despedida_. Déjame aquí. Adiós, hijo de mi vida.
+Acuérdate de mí. ¡Que no fueran los minutos horas! Adiós... me muero por
+ti.
+
+--Que no faltes. Y no te olvides del número.
+
+--¿Qué me he de olvidar, hombre? Primero me olvidaré de mi nombre.
+
+--A la una en punto. Adiós, negra salada.
+
+--Hasta mañana.--Hasta mañana.
+
+
+Madrid.--Diciembre de 1886.
+
+
+FIN DE LA PARTE TERCERA
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+Parte cuarta
+
+
+
+
+-I-
+
+En la calle del Ave-María
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Segismundo Ballester (el licenciado en Farmacia que estaba al
+frente de la botica de Samaniego) tenía frecuentes altercados con Maxi
+por los garrafales errores en que este incurría. Llegó el caso de
+prohibirle que hiciese por sí solo ningún medicamento de cuidado.
+«¡Carambita!, hijo, si da usted en confundirme los _alcoholatos_ con las
+_tinturas alcohólicas_, apaga y vámonos. Este frasco es el _alcohol de
+coclearia_, y este otro la _tintura de acónito_... Vea usted la receta y
+fíjese bien... Si seguimos así, lo mejor sería que doña Casta cerrase el
+establecimiento».
+
+Y expresándose así, con ínfulas y asperezas de dómine, Ballester le
+quitó de las manos a su subalterno lo que entre ellas tenía. «Pero ¿qué
+demonios ha echado usted aquí?--dijo luego con enojo, llevándose el
+potingue a la nariz--. O esto es _valeriana_ o no sé lo que me pesco.
+
+¡Cuando digo...! Hoy está usted muy malo. Más vale que se retire a su
+casa. Yo me las arreglo mejor solo. Cuidarse; llévese usted un
+derivativo... Mire, mire, llévese también un preparado de hierro. El
+derivativo se lo zampa en ayunas... Luego en cada comida se atiza una
+píldora de _hierro reducido por el hidrógeno_, con _extracto de
+ajenjos_... por la noche al acostarse se atiza usted otra... Con estos
+calores, conviene no abusar mucho del hierro, ¿sabe?, y sobre todo,
+paséese usted y no lea tanto».
+
+Relevado por su regente de la obligación de trabajar, Rubín se fue al
+laboratorio, y tomando de debajo de la silla un librote, se puso a leer.
+Profundísima tristeza se revelaba en su rostro enjuto y granuloso. Caía
+en la lectura como en una cisterna; tan abstraído estaba y tan apartado
+de todo lo que no fuera el torbellino de letras en que nadaban sus ojos
+y con sus ojos su espíritu. Tomaba extrañas e increíbles posturas. A
+veces las piernas en cruz subían por un tablero próximo hasta mucho más
+arriba de donde estaba la cabeza; a veces una de ellas se metía dentro
+de la estantería baja por entre dos garrafas de drogas. En los dobleces
+del cuerpo, las rodillas juntábanse a ratos con el pecho, y una de las
+manos servía de almohada a la nuca. Ya se apoyaba en la mesa sobre el
+codo izquierdo, ya el sobaco derecho montaba sobre el respaldo de la
+silla, como si esta fuera una muleta, ya en fin, las piernas se
+extendían sobre la mesa cual si fueran brazos. La silla, sustentada en
+las patas de atrás, anunciaba con lastimeros crujidos sus intenciones de
+deshacerse; y en tanto el libro cambiaba de disposición con aquellos
+extravagantes escorzos del cuerpo del lector. Tan pronto aparecía por
+arriba, sostenido en una sola mano, como agarrado con las dos, más abajo
+de donde estaban las rodillas; ya se le veía abierto con las hojas al
+viento como si quisiera volar, ya doblado violentamente a riesgo de
+desencuadernarse. Lo que nunca variaba ni disminuía era la atención del
+lector, siempre intensa y fija al través de todos los sacudimientos de
+la materia muscular, como el principio que sobrevive a las revoluciones.
+
+Ballester iba y venía, trabajando sin cesar, y cantaba entre dientes
+estribillos de zarzuelas populares. Era un hombre simpático, no muy
+limpio, de barba inculta, la nariz muy gruesa, personalidad negligente,
+terminada por arriba en una caballera de matorral, que debía de tener
+muy poco trato con los peines, y por abajo en anchas y muy usadas
+pantuflas de pana, que iba arrastrando por los ladrillos de la rebotica
+y laboratorio.
+
+«Pero, alma de Dios, ya que no trabaja usted... al menos despache
+menudencias--dijo, parándose ante Rubín--. Mire, allí está esa mujer
+esperando hace un cuarto de hora... Diez céntimos de diaquilón. En
+aquella gaveta está. Vamos, menéese».
+
+Rubín salía a la tienda y despachaba.
+
+«¿En dónde están los frascos de _Emulsión Scott_?».
+
+--Mírelos, mírelos; si los tiene casi en la mano. Dígole que es preciso
+cuidar esa cabeza... ¡Otra vez a leer! Bueno; usted se acordará de mí...
+leer, leer, y el aparato cerebro-espinal que lo parta un rayo... Tararí,
+tararí...
+
+Seguía cantando y el otro ¡plum!, se chapuzaba otra vez en su lectura.
+
+«¿Y qué lee?... vamos a ver--dijo Ballester mirando el libro--. _La
+pluralidad de mundos habitados_... Bueno va... ¡Cualquier día me iba yo
+a ocupar de si había personas en Júpiter! Cuando digo que usted, amigo
+Rubín, va a acabar mal. Aquí para entre los dos: ¿a usted qué le va ni
+qué le viene con que haya gente en Marte o deje de haberla? ¿Le van a
+dar a usted algo por el descubrimiento? Tararí... tararí. Yo doy de
+barato--añadió luego, poniéndose a machacar en el mortero--, yo doy de
+barato que haya familia en las estrellas; es más, declaro que la hay.
+Bueno, ¿y qué? La consecuencia es que estarían tan jorobados como
+nosotros».
+
+Rubín no contestaba. A cierta hora, dejó el libro, metiéndolo en un
+rincón de la anaquelería, que apestaba a fénico, entre dos potes de
+este líquido; después se restregaba los ojos y estiraba los brazos y el
+cuerpo todo, tardando lo menos cinco minutos en aquel desperezo que
+activaba la circulación de su poca sangre. Cogía el hongo que de una
+percha colgaba, y a la calle. Poco tenía que andar por ella para ir a su
+casa. Entró en esta con la cabeza baja, las cejas fruncidas. Su tía le
+dijo que Fortunata no había venido aún y que le esperarían para comer.
+Maxi ocupó su sitio en la mesa, doña Lupe le recogió el sombreo, y
+volviendo al poco rato, sentose en el sofá de paja; ambos esperaron un
+rato en silencio.
+
+«Cuidado que hoy tarda más que nunca» observó doña Lupe; y como notase
+en el rostro de su sobrino señales de desasosiego, se apresuró a
+entablar conversación más amena.
+
+«Todo el día me he estado acordando de lo que hablamos anoche. ¡Ah!, si
+tú fueras otro, si tú tuvieras ambición, pronto seríamos todos ricos. El
+farmacéutico que no hace dinero en estos tiempos es porque tiene
+vocación de pobre. Tú sabes bastante, y con un poco de trastienda y otro
+poco de farsa y mucho anuncio, mucho anuncio, negocio hecho. Créeme, yo
+te ayudaría».
+
+--No crea usted, tía, yo también he pensado en eso. Ayer se me ocurría
+una aplicación del _hierro dializado_ a sin fin de medicamentos... Creo
+que encontraría una fórmula nueva.
+
+--Estas cosas, hijo, o se hacen en gordo o no se hacen. Si inventas
+algo, que sea _panacea_, una cosa que lo cure todo, absolutamente todo,
+y que se pueda vender en líquido, en píldoras, pastillas, cápsulas,
+jarabe, emplasto y en cigarros aspiradores. Pero hombre, en tantísima
+droga como tenéis ¿no hay tres o cuatro que bien combinadas sirvan para
+todos los enfermos? Es un dolor que teniendo la fortuna tan a la mano,
+no se la coja. Mira el doctor Perpiñá, de la calle de Cañizares. Ha
+hecho un capitalazo con ese jarabe... no recuerdo bien el nombre; es
+algo así como _latro-faccioso_...
+
+--El _lacto-fosfato de cal perfeccionado_--dijo Maxi--. En cuanto a las
+_panaceas_, la moral farmacéutica no las admite.
+
+--¡Qué tonto!... ¿Y qué tiene que ver la moral con esto? Lo que digo; no
+saldrás de pobre en toda tu vida... Lo mismo que el tontaina de
+Ballester: también me salió el otro día con esa música. ¿Nada os dice la
+experiencia? Ya veis: el pobre Samaniego no dejó capital a su familia,
+porque también tocaba la misma tecla. Como que en su tiempo no se
+vendían en su farmacia sino muy contados específicos. Casta bufaba con
+esto. También ella desea que entre tú y Ballester le inventéis algo, y
+deis nombre a la casa, y llenéis bien el cajón del dinero... Pero buen
+par de sosos tiene en su establecimiento...
+
+Charla que te charla, doña Lupe miraba al reloj del comedor, mas no
+expresaba su impaciencia con palabras. Por fin sonó la campanilla
+débilmente. Era Fortunata que, cuando iba tarde, llamaba con timidez y
+cautela, como si quisiera que hasta la campanilla comentase lo menos
+posible su tardío regreso al hogar doméstico. Papitos corrió a abrir, y
+doña Lupe fue a la cocina. Maxi habló con su mujer en un tono que
+indicaba la complacencia de verla, y se quejó suavemente de que no
+hubiese entrado antes. Tenía ella los ojos encendidos como de haber
+llorado, y no era difícil conocer que disimulaba una gran pena. Pero
+Rubín no reparaba en lo cabizbaja y suspirona que estaba su mujer
+aquella noche. Hacía algún tiempo que la facultad de observación se
+eclipsaba en él; vivía de sí mismo, y todas sus ideas y sentimientos
+procedían de la elaboración interior. La impulsión objetiva era casi
+nula, resultando de esto una existencia enteramente soñadora.
+
+A doña Lupe sí que no se le escapaba nada, y de todo iba tomando notas.
+Hablose en la mesa del tiempo, del gran calor que se había metido,
+_impropio de la estación_, porque todavía no había entrado Julio, aunque
+faltaban pocos días; de los trenes de ida y vuelta, y de la mucha gente
+que salía para las provincias del Norte. Con cierta timidez, se aventuró
+Fortunata a decir que su marido debía dejarse de píldoras, y decidirse
+a ir a San Sebastián a tomar baños de mar. Mostrándose muy apático, dijo
+el pobre chico que lo mismo era tomarlos en Madrid con las _algas
+marinas del Cantábrico_, a lo que respondió su mujer con energía: «Eso
+de las algas es conversación, y aunque no lo fuera, lo que más importa
+es tomar las _brisas_».
+
+Picando con el tenedor en el plato, para coger los garbanzos uno a uno,
+la señora de Jáuregui se decía lo siguiente: «Te veo venir... buena
+pieza. Ya sé yo las _brisas_ que tú quieres. Después de zarandearte
+aquí, quieres zarandearte allá, porque se te va el amigo... Sí, lo sé
+por Casta. Los señores de la Plazuela de Pontejos se marchan mañana.
+Pero yo te respondo, picaronaza, de que con esa no te sales... ¡A San
+Sebastián nada menos! Estás fresca... Ya te daré yo _brisas_...».
+
+Vino luego doña Casta con Olimpia a proponerles dar un paseo al Prado.
+Rubín vacilaba; pero su mujer se negó resueltamente a salir. Fuese doña
+Lupe con sus amigas, y Fortunata y Maxi estuvieron solos hasta media
+noche en la sala, a oscuras, con los balcones abiertos, a causa del
+calor que reinaba, hablando de cosas enteramente apartadas de la
+realidad. Él proponía los temas más extravagantes, por ejemplo: «¿Cuál
+de nosotros dos se morirá primero? Porque yo estoy muy delicado; pero
+con estos achaques, quizás tenga tela para muchos años. Los
+temperamentos delicados son los que más viven, y los robustos están más
+expuestos a dar un estallido». Hacía ella esfuerzos por sostener plática
+tan soporífera y desagradable. Otra proposición de Maxi: «Mira una cosa;
+si yo no estuviera casado contigo, me consagraría por entero a la vida
+religiosa. No sabes tú cómo me seduce, cómo me llama... Abstraerse,
+renunciar a todo, anular por completo la vida exterior, y vivir sólo
+para adentro... este es el único bien positivo; lo demás es darle
+vueltas a una noria de la cual no sale nunca una gota de agua».
+
+Fortunata decía a todo que sí, y aparentando ocuparse de aquello,
+pensaba en lo suyo, meciéndose en la dulce oscuridad y la tibia
+atmósfera de la sala. Por los balcones entraba muy debilitada la luz de
+los faroles de la calle. Dicha luz reproducía en el techo de la
+habitación el foco de los candelabros, con las sombras de su armadura, y
+esta imagen fantástica, temblando sobre la superficie blanca del cielo
+raso, atraía las miradas de la triste joven, que estaba tendida en una
+butaca con la cabeza echada hacia atrás. Maxi volvió a machacar: «Si no
+fuera por ti, no se me importaría nada morirme, Es más, la idea de la
+muerte es grata en mi alma. La muerte es la esperanza de realizar en
+otra parte lo que aquí no ha sido más que una tentativa. Si nos
+aseguraran que no nos moriríamos nunca, pronto se convertiría uno en
+bestia, ¿no te parece a ti?».
+
+--¿Pues qué duda tiene?--respondía la otra maquinalmente, dejando a su
+idea revolotear por el techo.
+
+--Yo pienso mucho en esto, y me entregaría desde luego a la vida
+interior, si no fuera porque está uno atado a un carro de afectos, del
+cual hay que tirar.
+
+--¡Ay, Dios mío, la que me espera mañana!--pensó la esposa. Era probado:
+Siempre que su marido estaba por las noches muy dado a la somnolencia
+espiritual, al día siguiente le entraba la desconfianza furibunda y la
+manía de que todos se conjuraban contra él.
+
+Poco después de esto, dijo Maxi que se quería acostar. Fortunata
+encendió luz, y él fue hacia la alcoba, arrastrando los pies como un
+viejo. Mientras su mujer le desnudaba, el pobre chico la sorprendió con
+estas palabras, que a ella le parecieron infernal inspiración de un
+cerebro dado a los demonios: «Veremos si esta noche sueño lo mismo que
+soñé anoche. ¿No te lo he contado? Verás. Pues soñé que estaba yo en el
+laboratorio, y que me entretenía en distribuir bromuro potásico en
+papeletas de un gramo... a ojo. Estaba afligido, y me acordaba de ti.
+Puse lo menos cien papeletas, y después sentí en mí una sed muy rara,
+sed espiritual que no se aplaca en fuentes de agua. Me fui hacia el
+frasco del clorhidrato de morfina y me lo bebí todo. Caí al suelo, y en
+aquel sopor... Tú vete haciendo cargo... en aquel sopor se me apareció
+un ángel y me dijo, dice: 'José, no tengas celos, que si tu mujer está
+encinta, es por obra del _Pensamiento puro_...'. ¿Ves qué disparates? Es
+que ayer tarde trinqué la Biblia y leí el pasaje aquel de...».
+
+Maxi se estiró en la cama, y cerrando los ojos, cayó al instante en
+profundo sueño, cual si se hubiera bebido todo el láudano de la
+farmacia.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Fortunata no se acostó en la cama, porque hacía mucho calor.
+Echose medio vestida en el sofá, y a la madrugada, después de haber
+dormido algunos ratos, sintió que su marido estaba despierto. Oíale dar
+suspiros y gruñir como una persona sofocada por la cólera. Sintiole
+palpar en la mesa de noche buscando la caja de cerillas. Esta se cayó al
+suelo, y en el suelo vio Fortunata la claridad lívida que los fósforos
+despiden en la oscuridad. La mano de Maxi descendió buscando la caja, y
+al fin pudo apoderarse de ella. Fortunata vio subir el azulado
+resplandor, como difusa humareda. Este fenómeno desapareció con el
+restallido del fósforo y la instantánea presencia de la luz alumbrando
+la estancia. Los ojos del joven se esparcieron ansiosos por ella, y
+viendo a su mujer acostada, dijo: «¡Ah!... estás ahí... ¡qué bien haces
+el papel!».
+
+Para evitar cuestiones tan a deshora, la esposa fingió que dormía. Pero
+entreabriendo los ojos le vio encender la vela. Púsose Maxi la ropa
+necesaria para no levantarse desnudo, y se bajó de la cama
+cautelosamente. Cogiendo la vela, salió al pasillo. Fortunata le sintió
+reconociendo el cerrojo de la puerta, registrando el cuarto en que ella
+tenía su ropa, y después el comedor y la cocina. Tantas veces había
+hecho Maxi aquello mismo, que su mujer se había acostumbrado a tal
+extravagancia. Era que le acometía la pícara idea de que alguien entraba
+o quería entrar en la casa con intenciones de robarle su honor.
+
+Cuando Maxi volvió a la alcoba, ya principiaba a apuntar el día. «Si no
+te cojo hoy, te cojo mañana--rezongaba--. No hay nada; pero yo sentí
+pasos, yo sentí cuchicheos; tú saliste de aquí... Has vuelto a entrar y
+estás ahí haciéndote la dormida para engañarme... Déjate estar... Yo
+estoy con mucho ojo, y aunque parezca que no veo nada, lo veo todo... A
+buena parte vienes... Que andaba un hombre por los pasillos, no tiene
+duda. No vale el jurarme que no había nadie. Pues qué, ¿no tengo yo
+oídos?... ¿Estoy yo tonto?».
+
+Decía esto sentado al borde del lecho, la vela en la mano, mirando a su
+mujer, que continuaba fingiéndose dormida, con la esperanza de que se
+aplacara. Pero esto no era fácil, y una vez desatada la insana manía, ya
+había jaqueca para un rato. Acabando de vestirse, empezó a dar trancos
+por la habitación, manoteando y hablando solo.
+
+«No, no, no... Si creen que me la dan, se equivocan. Lo más horrible es
+que mi tía es encubridora... Pues qué, ¿entraría nadie en la casa si
+ella no lo consintiera? Y Papitos también es encubridora. Buenas
+propinas se calzará. Pero ya te arreglaré yo, _celestina_ menuda. Que no
+me vengan con tonterías. Ayer noté yo bien marcadas en el felpudo de la
+entrada las suelas de unas botas de persona fina. Dicen que el
+aguador... ¡Qué aguador ni que niño muerto!... Y anteayer había en esa
+misma alcoba la impresión, sí, la impresión de una persona que aquí
+estuvo. No lo puedo explicar; era como huellas dejadas en el aire, como
+un olor, como el molde de un cuerpo en el ambiente. No me equivoco; aquí
+entró alguien. Lucido, lucido papel estoy haciendo. ¡Dios mío! ¿De qué
+le vale a uno el poner su honor por encima de todas las cosas? Viene un
+cualquiera y lo pisotea, y lo llena de inmundicia. Y no le basta a uno
+vigilar, vigilar, vigilar. Yo no duermo nada, y sin embargo... Pero es
+preciso vigilar más todavía y no perder de vista ni un momento a mi
+mujer, a mi tía, a Papitos... Esta condenada Papitos es la que abre la
+puerta, y yo la voy a reventar».
+
+Fortunata creyó al fin que convenía hacer que despertaba. Lo particular
+era que en aquella crisis el desventurado joven no pasaba de las
+extravagancias de lenguaje a las violencias de obra; todo era quejas
+acerbísimas, afán angustioso por su honor y amenazas de que iba a hacer
+y acontecer.
+
+«¿Qué disparates estás hablando ahí?--le dijo su mujer--. ¿Por qué no te
+acuestas? Ya que tú no duermes, déjame dormir a mí».
+
+--¿Te parece que después de lo que has hecho, se puede dormir? ¡Qué
+conciencias, válgame Dios, qué conciencias estas!... Tú lo negarás
+ahora... ¿Quién andaba por los pasillos? Claro, el gato. El pobre minino
+paga todas las culpas. ¿Y tú a qué saliste?, a jugar con el gato,
+¿verdad?, justo. ¡Y eso me lo he de tragar yo! Lo que me anonada es que
+mi tía consienta esto, mi tía que me quiere tanto. ¡Tú, ya sé que no me
+quieres; pero mi tía...! Vamos que... Pues esa víbora de Papitos, con su
+cara de mona... ¡Qué humanidad, Dios mío! El hombre honrado no tiene
+defensa contra tanto enemigo; la traición le rodea; la deslealtad le
+acecha. Aquellos en quienes más confía le venden. Donde menos lo piensa,
+en el seno de la familia, salta un Judas. En la tierra no hay ni puede
+haber honor. En el Cielo únicamente, porque Dios es el único que no nos
+engaña, el único que no se pone careta de amor para darnos la puñalada.
+
+Fortunata se vistió a toda prisa. Sabía por experiencia que mientras más
+le contradecía era peor. Un rato estuvo sentada en el sofá, oyéndole
+disparatar y aguardando a que avanzara un poco la mañana par avisar a
+doña Lupe. Antes de ir a lavarse, pasó por la alcoba de su tía, que ya
+estaba vistiendo, y le dijo: «Hoy está atroz... ¡pobrecito!... A ver si
+usted le puede calmar».
+
+--Voy, voy allá... Veo que sin mí no os podéis gobernar. Si yo
+faltara... no quiero pensarlo. Mira, pon en planta a Papitos, y que
+encienda lumbre... Le haremos chocolate en seguida; porque la debilidad
+es lo que le pone así, y hay que meterle lastre en aquel pobre cuerpo.
+Toma las llaves, saca de aquel chocolate que nos dio Ballester,
+_chocolate con hierro dializado_... ¡Qué chico, vaya por dónde le da...!
+Salgo al momento.
+
+Cuando su tía entró con el chocolate, Maxi seguía tan disparado como
+antes. «Lo que yo extraño, tía, lo que yo no puedo explicarme--dijo
+clavando en ella sus ojos que relampagueaban--, es que usted consienta
+esto y lo encubra y me quiera matar, porque sépalo usted, para mí el
+honor es primero que la vida».
+
+--Hijo de mi alma--le contestó doña Lupe poniendo el chocolate sobre la
+mesa--, después hablaremos de eso... Yo te explicaré lo que hay, y te
+convencerás de que todo es una figuración tuya. Toma primero el
+chocolate, que estás muy débil...
+
+El joven se dejó caer en el sofá, inclinándose hacia la mesa próxima, en
+que el desayuno estaba, y tomando un bizcocho lo mojó en el líquido
+espeso. Antes de probarlo, se le fue la lengua otra vez acerca de lo
+mismo, si bien en tono más tranquilo. «No sé cómo me va usted a
+convencer, cuando yo tengo oídos, yo tengo ojos, y ante la evidencia, no
+valen...».
+
+Hizo un gesto de repugnancia y horror al probar el bizcocho mojado.
+
+«Tía... ¡Fortunata!... ¿qué es esto?, ¿qué me dan?... Este chocolate
+tiene arsénico».
+
+--¡Hijo, por María Santísima!--exclamó doña Lupe consternada, a punto
+que entraba su sobrina.
+
+--¿Pero ustedes creen que a mí se me puede ocultar el gusto del
+arsénico?...--dijo enteramente descompuesto, los ojos extraviados--. Y
+no son tontas; ponen poca dosis... un centigramo, para irme matando
+lentamente... Y apuesto a que ha sido Ballester el que les ha dado el
+ácido arsenioso... porque también él está contra mí... ¿Qué infierno es
+este, Dios mío?...
+
+--Vamos, esto no se puede sufrir. ¡Decir que le hemos envenenado el
+chocolate...!
+
+--¡Gusto a arsénico!... clavado... ¡pero tan clavado...!
+
+Levantose en actitud de desesperación y volvió a la inquietud delirante
+de sus paseos...
+
+«Tendré que dejarme morir de hambre... es horrible... Mi casa llena de
+enemigos. Las personas que más me querían antes, ahora desean mi
+muerte».
+
+--¡Conque arsénico...!--dijo Fortunata tomándolo a broma, con esperanza
+de obtener así mejor efecto--. Para que veas que eres un simple y un
+majadero, voy a tomarme yo el chocolate.
+
+Y en el acto empezó a tomarlo. Su marido la miraba atónito.
+
+«A ver si espichamos de una vez... Él podrá tener veneno, pero bien rico
+está... ¿Te convences ahora?... Me tomaría otra jícara. No creas, me
+vendría bien que esto matara, porque así me iba pronto de este mundo,
+que maldita la gracia que tiene, con las jaquecas que me das y lo mucho
+que nos haces sufrir».
+
+Doña Lupe, en tanto, trajo la cocinilla económica para hacer en
+presencia de Maxi otro chocolate. Aun así, fue preciso sostener una
+lucha penosa para que se decidiera a probarlo, pues insistía en que
+también aquel tenía gusto a arsénico... «Aunque no tanto, convengo en
+que no es tanto». Después, tomando tonos de transacción, les dijo: «Yo
+creo que todo ello es cosa de Papitos... porque ustedes no saben lo
+mala que es y la inquina que me tiene».
+
+--Vamos, que es para pegarte--le contestó doña Lupe--. ¡Tomarla así con
+la pobre Papitos!... Mira, cuando te den manías, échame a mí toda la
+culpa. Yo sé desenvolverme y probar mi inocencia. Y ahora, ¿por qué no
+os vais los dos a dar un paseíto por el Retiro? Hasta las nueve no hace
+calor; la mañana está deliciosa.
+
+Fortunata apoyó esta proposición, pero él no tenía ganas de salir.
+Continuaba en el sofá, apoyado el codo en la mesilla y la cabeza en la
+mano, mirando al suelo como si quisiera contar los juncos de la esterita
+que había junto al sofá. Las dos mujeres se miraban, comunicándose con
+los ojos malas impresiones.
+
+«Eso--murmuró él de una manera torva y recelosa--. Quieren echarme a la
+calle, para...».
+
+--Pero alma de Dios, si va ella contigo...
+
+--¿Y a dónde me quiere llevar? Sabe Dios... Alguna trampa que me quieren
+armar. Si sólo fuera para asesinarme, pase; ¡pero si es para atentar al
+sagrado de mi honor...!
+
+--Todo sea por Dios.--¿No sabe usted, tía, que hace tres meses...? la
+_Correspondencia_ lo trajo... una mujer llevó a su marido al Retiro, y
+cuando iban por un paseo solitario salió el cómplice... sí, el cómplice,
+que estaba escondido tras unas matas, y entre ella y aquel tuno cogieron
+al pobre marido, le ataron de pies y manos y le arrojaron al
+estanque...
+
+--¡Jesús, qué barbaridad! ¿De dónde has sacado esos desatinos?
+
+--La _Correspondencia_ no ha traído tal cosa--dijo Fortunata.
+
+--Vamos, lo habrás soñado tú.
+
+--Yo no lo he soñado--gritó él levantándose con golpe de resorte--. Es
+verdad; lo he leído en la _Correspondencia_... y... ¡También me llaman
+embustero! Yo no digo más que la verdad. Las embusteras son ustedes...
+ustedes, con esas conciencias cargadas de crímenes...
+
+Doña Lupe cruzaba las manos y miraba al Cielo, invocando la justicia
+divina. Fortunata expresaba un gran abatimiento, cual si su paciencia
+tocase ya al punto en que agotarse debía.
+
+«Mira--dijo la viuda--, vete a la botica, ponte a trabajar, y con la
+distracción se te despejará la cabeza».
+
+Sabía por experiencia la señora de Jáuregui que en los ataques fuertes
+de su sobrino, Ballester era la única persona que le hacía entrar en
+razón, desplegando ante él, ya la burla descarada, ya la autoridad seca
+y hasta cruel. Las personas de la familia, a quienes él quería, eran las
+más ineptas para dominarle, pues contra ellas iba la descarga de su
+recelo furibundo. «Bueno, bajaré--dijo Maxi tomando su sombrero--.
+Tengo que ajustarle las cuentas al señor de Ballester. De mí no se ríe
+más... Y en último caso, que me lo diga cara a cara. ¿A que no se
+atreve? Es un cobarde y un traidor, que vendiendo amistad, hiere por la
+espalda».
+
+Tía y esposa no le dijeron nada, y fueron tras él. Cogiendo de la percha
+del recibimiento la caña que usaba, salió dando un fuerte portazo. Bajó
+rápidamente y estuvo hablando un rato con la portera. Desde el balcón le
+vieron las dos señoras salir a la calle, pasar la acera de enfrente,
+mirar hacia la casa... Ocultáronse ellas entonces, y asomándose con
+cautela por entre los hierros, viéronle seguir, gesticulando y haciendo
+molinete con el bastón. A cada instante se paraba y volvía hacia atrás.
+Daba unos cuantos pasos y otra vez por la calle arriba. En una de estas
+vueltas, salió Ballester a la puerta de la botica y le llamó con gesto
+imperativo: «Aquí pronto... ¡Me gusta...! Venga usted aquí».
+
+En actitud semejante a la de un perro que ante el palo de su amo agacha
+las orejas y arrastra el rabo por el suelo, entró Rubín en la botica
+diciendo a su regente: «Buenos días, amigo Ballester. No le había visto.
+Iba a tomar un poco el aire. Y usted, ¿qué tal?».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+«Yo, bueno... conque a tomar el aire...--contestó Segismundo con
+cara de muy mal genio--.
+
+El aire que me va usted a tomar ahora es ponerle las etiquetas a estos
+frascos de jarabes... Y cuidado con equivocarse. Las etiquetas rojas son
+las del _jarabe de corteza de naranja amarga con yoduro potásico_; las
+verdes el mismo con _hierro dializado_. Como usted me trueque las
+papeletas, le trituro».
+
+Poníase a trabajar, y, cosa por demás extraña, a pesar del desorden de
+su cabeza, no cometía una sola equivocación, ni aun cuando le dieron
+seis clases más de jarabes con sus correspondientes letreros de
+diferentes colores. Ballester, que ya tenía noticia, por una esquelita
+de doña Lupe, del rudo acceso de aquella mañana, le vigilaba
+disimuladamente, mirándole por el rabillo del ojo, pero en una de las
+vueltas que dio al laboratorio, Maxi dejó bruscamente el trabajo y se
+fue a la calle sin sombrero. Al volver a la tienda y notar la ausencia
+del joven, el regente se quedó muy tranquilo y no dijo más que: «Ya
+voló... buena va». Tomaba con calma las extravagancias de su colega, y
+su deseo era que una de aquellas escapatorias fuera la del humo. «Pero
+no tendré yo esa suerte--decía--, y ya me lo volverán a traer para que
+le amanse».
+
+Maxi subió a su casa. Al abrirle la puerta, no se admiró Fortunata de lo
+descompuesto que venía, porque ya no eran nuevas aquellas inesperadas
+apariciones. «Supongo--dijo él con trémulo labio--, que no me lo
+negarás ahora... Puede que mi tía lo niegue... ¡es tan hipócrita...!
+Pero tú no, tú eres mala y sincera. Cuando das el golpe mortal lo dices,
+¿verdad? Y ahora ante los hechos palpables, evidentes, ¿qué tenéis que
+decir?».
+
+«Otra vez... pero hijo...» chilló doña Lupe, saliendo al recibimiento.
+
+--Usted, tía, se empeñará en negarlo ahora... pero esta no lo niega.
+Cierto que no le cogeré; porque habrá saltado por el balcón; pero no me
+negarán que entró... Le he visto yo, le he visto pasar por delante de la
+botica... En la escalera ha dejado su huella, su rastro, rastro y
+huella, señores, que no se pueden confundir con nada... pero con nada.
+
+--¡Pues estamos divertidas!--dijo doña Lupe a Fortunata, que daba
+suspiros mirando a su marido con lástima intensísima.
+
+--La que me las va a pagar todas juntas es esa indecente de
+Papitos--gritó él, dando algunos pasos hacia la cocina.
+
+--¡Papitos!, está en la compra. ¡Pobre chica!... Ea, ya estamos hartas.
+A ver si nos dejas en paz. Le encargaremos a Ballester que te amarre...
+Niño, niño, se acabaron las tonterías.
+
+Diciendo esto le cogía por un brazo y le sacudía con ira materna y
+correccional. «Mira que no te podemos sufrir... Lo que tú tienes es
+mucho mimo».
+
+El desgraciado joven se dejó caer en un banco que en el recibimiento
+había, el cual semejaba banco de iglesia, y allí se transformó la
+máscara insana de su rostro, pasando de la furia a la consternación.
+«Garantíceme usted... pues... que mi honor está... lo que llaman
+intacto... y yo me tranquilizaré».
+
+«¡Tu honor! ¿Pero quién diablos se ha metido con él? Si todo es humo,
+humo que hay dentro de esta cabeza».
+
+--¡Humo!... ¡ah!...--Sí, todo humo--dijo Fortunata, poniéndole
+cariñosamente la mano en el hombro--. No pienses y no temerás nada. Es
+la imaginación, nada más que la imaginación... la loca de la casa, como
+decía tu hermano Nicolás.
+
+--¿Sabes lo que vamos a hacer?--indicó doña Lupe, algún tiempo después,
+aprovechando la relativa calma que en su sobrino se notaba--. Pues vamos
+a darle de almorzar.
+
+Su mujer le agarró por un brazo para llevarle a la mesa, y él no hizo
+ninguna resistencia. Temían una y otra que no quisiese tomar nada,
+fundándose en que la comida estaba envenenada; pero con gran sorpresa de
+ambas, Maxi no manifestó recelo alguno sobre este particular. Tenía poco
+apetito, y para que pasara algo, las dos hubieron de hacer a competencia
+considerable gasto de palabras tiernas. Tan cariñosas se mostraron, que
+Maxi comió más que otros días, sin hacer observación alguna ni quejarse
+de lo mal condimentado que estaba todo. Hiciéronle café y esto fue lo
+único que tomó con gana. De sobremesa, trató doña Lupe de alegrarse los
+espíritus, charlando de cosas enteramente contrarias a aquella monserga
+del honor; mas él daba a conocer con suspiros profundos que la tormenta
+de su alma no estaba del todo extinguida. Pero la fuerza del ataque
+había pasado, y pronto vendría la completa serenidad. Al despedirse para
+volver a la botica, llevó a su mujer aparte y le dijo: «Prométeme no
+salir esta tarde... prométeme no salir nunca sino conmigo».
+
+--¡Salir yo!, ¡qué disparates se te ocurren! No pienso en tal
+cosa--replicó ella sonriendo--. Aquí me estaré esperándote. A la noche
+iremos a casa de doña Casta. ¿Quieres? O a paseo.
+
+Mientras esto decía, doña Lupe, acechándola desde un rincón del pasillo,
+fijaba en ella una mirada astuta.
+
+Aquella tarde estuvo Maxi en la botica bastante más calmado. En un rato
+que tuvo libre, se fue al rincón del laboratorio en que guardaba sus
+libros, y cogió uno disponiéndose a sumergirse en la lectura. Pero
+Ballester tomó una vara; se fue derecho a él, y arrebatándole el libro,
+le amenazó con castigarle. «Ea, dejémonos de sabidurías, que eso es lo
+que nos trastorna. ¿A ver qué es esto?... ¡Hombre, qué bonito!
+
+_Errores de la teogonía egipcia y persa_... Esto reza el epígrafe del
+capítulo... Pero, criatura, ¿que siempre ha de estar usted metiéndose en
+lo que no le importa? ¿Qué le va a usted ni qué le viene con que
+aquellos bárbaros, que ya se murieron hace miles de años, adoraran
+muchos dioses?... Es gana de meterse en vidas ajenas. ¡Que tenían los
+dioses por gruesas! Bueno, ¿y qué? ¿Acaso los tiene usted que mantener?
+Lo que yo digo: es gana de entrometerse. No puedo ver tanta tontería
+(exaltándose más a cada frase y llegando hasta la cólera); no puedo ver
+que un cristiano se queme las cejas por averiguar cosas de las cuales ha
+de sacar lo que el negro del sermón... Que le escondo los libros, que se
+los quemo... Voy al momento».
+
+Esto último se lo decía a un parroquiano que mostraba una receta.
+
+«A ver, marmolillo (por Maxi) menéese usted. Alcánceme el alcanfor, el
+nitro dulce, el polvo de regaliz...».
+
+Confeccionada la medicina en un dos por tres, volvió Ballester a coger
+la vara, y continuó la filípica de este modo:
+
+«Lo mismo que la tontería en que ahora ha dado... que le van a quitar su
+honor; que entran hombres en la casa... que por todas partes se le
+tienden asechanzas a su honor... ¡Qué melodramáticos estamos y qué
+simples _semos_! Parece mentira que tales absurdos se le ocurran a
+quien está casado con una mujer, que es _la casta Susana_, sí señor, me
+ratifico, _la casta Susana_, mujer que antes se dejaría descuartizar que
+mirarle a la cara a un hombre. ¿Y si lo sabe usted, para qué arma esas
+tragedias? ¡Ah!, si yo tuviera una hembra así, tan hermosa, tan
+virtuosa; si yo tuviera a mi lado una virgen como esa, la adoraría de
+rodillas y primero me apaleaban que darle un disgusto. ¡Su honor! Si
+tiene usted más honor que... vamos, no sé con qué compararlo. Tiene
+usted un honor más limpio que el sol... ¿qué digo sol, si el sol tiene
+manchas? Más limpio que la limpieza. Y todavía se queja... Nada, yo le
+voy a curar a usted con esta vara. En cuanto hable del honor, ¡zas!...
+No hay otra manera. Lo que yo digo: esas cosas las hace usted por lo muy
+mimadito que está. Tía que le cuida, mujer guapa que le mima también y
+que se mira en las niñas de sus ojos... Como que es la verdad...
+Carambita, pues si yo tuviera una mujer así...».
+
+Al llegar a esta parte de la reprimenda que Segismundo le espetaba más
+en serio que un ladrillo, Rubín se había tranquilizado tanto, que casi
+estaba dispuesto a oírle con benevolencia y hasta con jovialidad. Y
+concluyó por sonreír, y al cabo de un gran rato le dijo:
+
+«Amigo Ballester, le convido a usted a Variedades esta noche. ¿Quiere?».
+
+--¿Pues no he de querer? Bueno va. Pedradas de esas vengan todos los
+días, ilustre amigo mío. Iremos... en el bien entendido de que venga
+Padilla esta noche a quedarse de guardia. Vamos ahora, mi queridísimo
+colega, a hacer estas píldoras de _protoioduro de mercurio_. Prepare
+usted el regaliz y el mucílago de goma arábiga. Receta de cuidado. Mucho
+ojo... Le digo a usted que no hay ciencia más sublime que la Farmacia.
+¡Cuánto más bonita que averiguar si hubo o no tantas o cuántas docenas
+de dioses! Vamos allá; mucho cuidado con este precioso mercurial. Aviado
+estará el enfermo para quien sea. No, no le arriendo la ganancia. Pero a
+fe que se habrá divertido bastante en este mundo con las mozas guapas, y
+si buenos azotes le cuesta ahora, buenas ínsulas se habrá calzado.
+¡Eh!... cuidado con las dosis. No sea usted tan vivo de genio. Mire que
+va a jorobar al paciente, y la saliva que eche va a llegar hasta aquí...
+¡Qué hermosa es la Farmacia! Para mí hay dos artes, la Farmacia y la
+Música. Ambas curan a la humanidad. La Música es la Farmacia del alma, y
+la... viceversa, ya usted me entiende. Nosotros, ¿qué somos si no los
+compositores del cuerpo? Usted es un Rossini, por ejemplo, yo un
+Beethoven. En uno y otro arte todo es combinar, combinar. Llámanse notas
+allá, aquí las llamamos drogas, sustancias; allá sonatas, oratorios y
+cuartetos... aquí vomitivos, diuréticos, tónicos, etc... El _quid_ está
+en saber herir con la composición la parte sensible... ¿Qué le parecen
+a usted estas teorías?... Cuando desafinamos, el enfermo se muere.
+
+A poco llegó el practicante que sólo hacía servicio en la botica por las
+noches, y llevándole aparte, le dijo Segismundo: «Amigo Padilla, hoy
+mismo le voy a proponer a doña Casta que vengas de día, porque esta
+calamidad de Rubín tiene la cabeza como un cesto, y me temo que si se
+queda solo envenene a toda la parroquia».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Aquella noche, después de comer, fueron todos a casa de doña
+Casta, donde debían reunirse para ir a paseo. Pero a poco de estar allí,
+entró Ballester diciendo que se había levantado un airote muy fuerte y
+amenazaba tormenta, por lo que unánimemente se acordó no salir; se
+encendió luz en la sala, y doña Casta dijo a Olimpia que tocara la pieza
+para que la oyeran Maximiliano y Ballester.
+
+Olimpia era la menor de las hijas de Samaniego, y hubiera causado gran
+admiración en la época en que era de moda ser tísico, o al menos
+parecerlo. Delgada, espiritual, ojerosa, con un corte de cara fino y de
+expresión romántica, la niña aquella habría sido perfecta beldad
+cincuenta años ha, en tiempo de los tirabuzones y de los talles de
+sílfide. Quería doña Casta que sus niñas tuvieran un medio de ganarse la
+vida para el día en que por cualquier contingencia empobreciesen, y
+Olimpia fue llevada al Conservatorio desde edad temprana. Siete años
+estuvo tecleando, y después tecleaba en casa bajo la dirección de un
+reputado maestro que iba dos veces por semana. Tratábase de que ganara
+premio en los exámenes, y para esto la niña estuvo por espacio de tres
+años estudiando una dichosa pieza, que no acababa de dominar nunca.
+Pieza por la mañana, pieza por tarde y noche. Ballester se la sabía ya
+de memoria sin perder nota. No había logrado Olimpia _decir_ toda, toda
+la pieza, desde el _adagio patético_ hasta el _presto con fuoco_, sin
+equivocarse alguna vez, y siempre que tocaba delante de gente, se
+embarullaba y hacía un pisto de notas que ni Cristo lo entendía. Por eso
+doña Casta la mandaba tocar cuando había personas extrañas, para que
+fuese perdiendo el miedo al _público_.
+
+La determinación de no salir a paseo puso a la señorita de mal talante,
+porque no podía hablar con su novio, que a aquella hora estaba clavado
+en la esquina de la calle de los Tres Peces, esperando a que saliese la
+familia para incorporarse. Era un chico de mérito, que estudiaba el
+último año de no sé qué carrera, y escribía artículos de crítica
+(gratis) en diferentes periódicos. A pesar de sus notables prendas,
+doña Casta no le veía con buenos ojos, porque la crítica, francamente,
+como oficio para mantener una familia, no le parecía de lo más
+lucrativo. Pero Olimpia estaba muy apasionada; leía todos los artículos
+de su novio, que este le llevaba recortados de los periódicos y pegados
+en cuartillas, y con esta lectura se iba ilustrando considerablemente.
+Todo aquel fárrago de sentencias estéticas lo guardaba con las cartas y
+los mechones de pelo. Doña Casta no permitía aún al apreciable joven
+entrar en la casa.
+
+Tocó la niña su pieza con no poca fatiga, a ratos aporreando las teclas
+como si las quisiera castigar por alguna falta que habían cometido, a
+ratos acariciándolas para que sonaran suavemente con ayuda de pedal,
+arqueando el cuerpo, ya de un lado, ya de otro, y poniendo cara afligida
+o de mal genio, según el pasaje. Parecía que los dedos eran bocas, y que
+estas bocas tenían hambre atrasada por las muchas notas que se comían.
+En ciertas escalas difíciles algunas notas se anticipaban a sus
+predecesoras y otras se quedaban rezagadas; pero cuando llegaba un
+efecto fácil, la pianista decía «aquí que no peco», y se indemnizaba de
+las pifias que cometiera antes. Durante el largo martirio de las teclas,
+las exclamaciones de admiración no cesaban. «¡Qué dedos los de esta
+chica!... Me río yo de Guelbenzu... ¡Y qué talento artístico, qué
+expresión!» decía el gran tuno de Ballester.
+
+Y doña Casta: «Ahora viene el paso difícil, ahora... En este trozo no
+tiene pero... ¡Qué limpieza... qué manera de frasear!...». Doña Lupe
+también hacía aspavientos, y Fortunata se veía obligada a expresar su
+entusiasmo, aunque no entendía una palabra de tal cencerrada, y en su
+interior se pasmaba de que aquello se llamase _arte sublime_, y de que
+las personas formales aplaudiesen música semejante a la de un taller de
+calderería. Cualquier tonadilla de los pianitos de ruedas que van por la
+calle le gustaba y la conmovía más.
+
+Olimpia tocaba con fe y emoción, presumiendo que el espejo de los
+críticos la oía desde la calle. Cuando concluyó, estaba rendida,
+sudorosa, le dolían todos los huesos y apenas podía respirar. Ni
+siquiera tenía aliento para dar las gracias por las flores que todos le
+echaban. La tos que le entró parecía anunciar un ataque de hemoptisis.
+«Hija mía--le dijo su mamá, viéndola ir hacia el balcón--, no te asomes,
+que estás sudando. Toma, ponte esta toquilla».
+
+Y se la ponía, y no pudiendo refrenar las ganas de salir al balcón,
+salió con Fortunata, y ambas estuvieron contemplando el alma en pena que
+se paseaba en la acera de enfrente.
+
+Al poco rato entró Aurora, la mayor de _las Samaniegas_, que era muy
+distinta de su hermana, pelinegra, bien parecida sin ser una hermosura,
+de esas que a un color anémico unen cierta robustez fofa y lozanía de
+carnes incoloras. Su pecho era desproporcionadamente abultado, su cuello
+corto, las caderas y el talle bien torneados, y las costuras de las
+mangas parecían próximas a reventar por causa de la gordura creciente de
+los brazos. La cabeza era bonita, de poco pelo y muy bien arreglada.
+Tenía más entendimiento que su hermana; vestía con esa sencillez airosa
+de las mujeres extranjeras que se ganan la vida en un mostrador de
+tienda elegante, o llevando la contabilidad de un restaurant. Su traje
+era siempre de un solo color, sin combinaciones, de un corte severo y
+como expeditivo, traje de mujer joven que sale sola a la calle y trabaja
+honradamente.
+
+Expliquemos esto. Aurora Samaniego tenía treinta años y era viuda de un
+francés, que vino a España representando casas extranjeras de droguería.
+A poco de casarse, allá por el 65, el francés se fue con su mujer a
+Burdeos y allí heredó de sus padres un establecimiento de ropa blanca,
+que mejoró a fuerza de trabajo, poniendo en él las bases de una fortuna.
+Pero entre Bismark y Napoleón III lo echaron todo a perder, pues por
+causa de estos dos personajes sobrevino la guerra de 1870, que tantas
+esperanzas había de segar en flor. Fenelón, que era hombre bonísimo y de
+inteligencia mercantil, tenía el defecto del _chauvinisme_. Empuñó las
+armas, se agregó a un cuerpo de ejército, y a los primeros disparos, los
+prusianos le dejaron seco.
+
+Viuda y con poco dinero, aunque también sin hijos, Aurora volvió a
+Madrid, donde las disposiciones y hábitos de trabajo que había adquirido
+no pudieron tener empleo por no existir aquí _grandes almacenes_, y los
+que hay, están servidos por esos gandulones de horteras, que usurpan a
+las muchachas el único medio decoroso de ganarse la vida. Había
+aprendido la viuda de Fenelón cuanto hay que saber en lo concerniente al
+ramo de ropa blanca; estaba fuerte en contabilidad; tenía nociones
+claras del orden económico y del régimen a que debe sujetarse un negocio
+bien montado, y hablaba el francés a la perfección. Pero todos estos
+méritos habrían sido inútiles hasta el fin del mundo, si no se le
+ocurriera a Pepe Samaniego establecer el comercio de ropa blanca _con
+arreglo a los últimos adelantos del extranjero_, y llevar a él a persona
+tan inteligente y para el caso como su prima. El plan era vastísimo.
+Aurora estaría al frente del departamento de equipos de boda y
+canastillas de bautizo, ropa de niños y de señora. El capital para la
+instalación de esta importante industria habíalo facilitado D. Manuel
+Moreno-Isla, que tenía confianza en la honradez y tino de Pepe
+Samaniego. La tienda estaría en una casa nueva de la subida a Santa
+Cruz, frente por frente a la calle de Pontejos, y sus escaparates serían
+de seguro los más vistosos y elegantes de Madrid. Inauguración, el 1º de
+Setiembre. Samaniego estaba en París haciendo compras, y en la fecha a
+que esto se refiere, ya empezaban a venir algunas cajas. En la tienda
+provisional, que estaba próxima a la definitiva, había ya mucho trabajo.
+Aurora, al frente de una graciosa pléyade de oficiales habilísimas,
+estaba disponiendo las piezas-modelo que se habían de presentar en los
+primeros días, como muestras de las ricas confecciones de la casa. De
+sol a sol vivía entre oleadas de batista con espuma de encajes
+riquísimos, cortando y probando, puntada aquí, tijeretazo allá,
+gobernando su hato de cosedoras con tanta inteligencia como autoridad.
+
+Por las noches, cuando llegaba a su casa, rendida, su madre gustaba de
+que estuvieran presentes doña Lupe, Fortunata o las demás amigas, para
+dar rienda suelta a su vanidad. En cuanto la veía entrar, se le
+iluminaba el rostro, y ya no se hablaba más que del establecimiento
+nuevo, y de las cosas no vistas que en él admiraría el Madrid elegante.
+Las cuatro mujeres no paraban el pico hasta las doce, y por eso
+Ballester, aquella noche, al ver que se armaba el nublado de ropa
+blanca, cogió por un brazo a Maxi y le dijo: «Nosotros nos vamos a ver
+una piececita en Variedades». Dicho se está que Olimpia, no participando
+de la presunción ni del entusiasmo mercantil de su mamá, seguía posada
+en el antepecho del balcón del gabinete, viendo pasar la sombra
+melancólica del aburrido Aristarco, y arrojándole desde arriba alguna
+palabrilla, para que endulzara el plantón.
+
+«Estarás muy cansada, siéntate--decía doña Casta a su hija, armando el
+corrillo--. ¿Cómo va eso?».
+
+--Hoy han estado probando el gas en la nueva tienda. Será una cosa
+espléndida. Ya están llegando cajas de novedades, cosas, ¡ay!, _por
+ejemplo_, tan bonitas, que en Madrid no se ha visto nada igual. Aquí no
+saben poner escaparates. Verán, verán el nuestro, con _todo lo que hay
+de más lindo_, para llamar la atención, y hacer que la gente se pare y
+entre a comprar algo. Después que entran, se les enseña más, se les
+_hace ver_ esta y la otra cosa de precio, se les engatusa, y al fin
+caen. Los tenderos de aquí apenas tienen el arte del _etalaje_, y en
+cuanto al arte de vender, pocos lo poseen. Hay muchos que pertenecen
+todavía a la escuela de Estupiñá, que reñía a los que iban a comprar.
+
+--Yo creo--dijo doña Lupe con expresión avariciosa--, que Pepe Samaniego
+va a hacer un gran negocio. Madrid está por explotar. Todo consiste en
+tener pesquis. ¡Oh!, pues en el ramo de Farmacia, Dios mío, hay una
+verdadera mina. Yo estoy bregando con Maxi para que invente, para que
+salga por ahí con su poco de _panacea_. Pero nos hemos vuelto todos muy
+morales y muy rigoristas. Vean por qué esta nación no adelanta, y los
+extranjeros nos explotan llevándose todo el dinero.
+
+Esta última frase llevó la conversación al primitivo terreno, del cual
+se había desviado un poco con aquello de la panacea.
+
+«Por eso--dijo doña Casta--, un establecimiento montado como los mejores
+del extranjero, no puede menos de hacerse de oro, pues habiéndolo aquí,
+las señoras de la grandeza no tendrán que ir a Bayona y a Biarritz a
+comprar la última novedad».
+
+Aurora vestía un traje de percal, azul claro, con cinturón de cuero, y
+en este una gran hebilla. Su atavío era todo frescura, sencillez de
+obrera elegante. Fue un rato para adentro a tomarse la colación o
+golosina que su madre le guardaba siempre, y volvió con un platito en
+una mano y una cucharilla en la otra. Era compota de ciruelas lo que
+tomaba, con un pedazo de rosca.
+
+«¿Ustedes gustan?... Pues decía que en las cajas que están ahora en la
+Aduana de Irún, vienen unos trajecitos de niño, de punto, que han de
+hacer sensación. El modelo llegó ayer en gran velocidad, y también vino
+un fichú del cual estamos haciendo imitaciones de clase inferior, con
+puntilla ordinaria. Verán, verán ustedes... Pues el faldón de bautizo,
+_por ejemplo_, que estamos arreglando con encaje _valenciennes_, no se
+podrá poner menos de quinientos francos. (Aurora tenía la costumbre de
+contar siempre por francos). Es verdaderamente encantador. Lo traeré
+aquí cuando esté acabado para que lo vean ustedes».
+
+--Mejor será que vayamos nosotras allá--dijo doña Lupe--, y así veremos
+y hociquearemos todo antes de que se abra al público.
+
+Fortunata decía también algo, aunque no mucho, porque lo de la tienda no
+despertaba en ella gran interés. Después que apuró el platillo de la
+compota, volvió Aurora para adentro, y trajo unas yemas en un papel.
+¡Qué golosa era! Ofreció una a Fortunata, que la tomó, y doña Casta se
+dispuso a obsequiar a sus amigos con vasos de agua. Ponía esta señora
+sus cinco sentidos en los botijos para enfriar el agua, y tenía a gala
+el que en ninguna parte la hubiese tan fresca y rica como en su casa.
+Después de traer un plato con azucarillos, fue a escanciar el precioso
+contenido de los botijos, pues eran varios, y en ellos graduaba la
+temperatura, poniéndolos o no en el balcón, Doña Lupe la ayudaba en la
+traída de aguas, y en tanto Aurora le pasó a Fortunata el brazo por la
+cintura y ambas salieron al balcón de la sala.
+
+Cada cual se comía una yema de chocolate, y después tomaron otra de
+coco.
+
+Lejos del oído impertinente de doña Lupe y doña Casta, Aurora se
+secreteó con Fortunata: «Se han ido todos esta tarde... El primo Manolo
+va también con ellos».
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Aquí cuadra bien decir que Fortunata y la viuda de Fenelón se
+habían hecho muy amigas. Esta mostraba a la de Rubín una gran simpatía,
+y con esta simpatía, la dulce confianza que de ella emanaba, y por fin,
+con el verdadero derroche de indulgencia que en favor de sus faltas
+hacía, apoderose poco a poco de todos sus secretos. Por de contado,
+estas intimidades sólo tenían lugar a espaldas de doña Lupe y muy lejos
+de doña Casta, pues ni una ni otra habrían consentido que tales temas se
+trajesen a las honestas y decorosas conversaciones de aquella casa.
+
+Enlazadas por la cintura, brazo con brazo, estuvieron un rato las dos
+mujeres sin decirse nada, comiéndose las yemas y mirando a la calle. De
+pronto se echó a reír Aurora.
+
+«Mira el tonto de Ponce, haciéndole cucamonas a Olimpia. Yo creo que mi
+hermana es la única mujer que en el mundo existe capaz de querer a un
+crítico. Merecería en castigo casarse con él. _Solamente_, que como es
+mi hermana, no le deseo esta catástrofe».
+
+«Vaya, que está apurado el hombre--decía Fortunata, riendo también--. Le
+hace señas para que baje... Sí, ahora va a bajar. Estás tú fresco...
+Será que quiere darle uno de esos artículos que escribe y en los cuales
+cuenta el argumento de los dramas para que nos enteremos. Vaya, hombre,
+no te apures, que ya le hablarás otra noche. Ahora no puede ser... ¡Qué
+pesados son estos novios!, ¿verdad?».
+
+Pasado otro rato, y cuando los brazos soltaron las cinturas y ambas
+estaban limpiándose los dedos en sus respectivos pañuelos, Aurora volvió
+a decir: «Pues sí, todos partieron esta tarde y el primo Moreno con
+ellos. Creo que van a San Juan de Luz».
+
+Fortunata volvió la cara para el balcón del gabinete, donde estaba
+Olimpia. Después miró a su amiga, diciéndole en tono muy seco: «Van a
+San Sebastián y a Biarritz, y a principios de Setiembre irán todos a
+París».
+
+--Niñas--dijo doña Casta, tocándoles en los hombros--. ¿De qué agua
+quieren ustedes?... ¿_Progreso_ o Lozoya?
+
+--Lo mismo me da--replicó Fortunata.
+
+--Toma Lozoya, y créeme--insinuó doña Lupe, con su vaso en la mano--.
+Por más que diga esta, _Progreso_ es un poquito salobre.
+
+--Eso va en gustos... Y también influye el hábito--arguyó Casta con la
+suficiencia y formalidad de un catador de vinos--. Como yo me he criado
+bebiendo el agua de _Pontejos_, que es la misma que la de la Merced, que
+hoy llaman _Progreso_, toda otra agua me parece que sabe a fango.
+
+No insistiré en lo mucho que se dijo sobre este tratado de las aguas de
+Madrid. Mientras las dos señoras mayores cotorreaban dentro, Fortunata y
+Aurora lo hacían en el balcón. Las once y media serían cuando sintieron
+la voz de Ballester. Este y Maxi las miraban desde la acera de enfrente.
+«Si bajan ustedes--dijo Rubín--, las espero aquí».
+
+--Olimpia--gritó Ballester--. Venimos de ver la obra que se estrenó
+anteanoche. ¡Qué mala es! ¿Tiene usted ya noticias de ella?
+
+--¿Yo?... ¿Qué está usted diciendo?
+
+--Como usted se trata con autoridades...
+
+Al decir esto pasaba el crítico junto a él.
+
+«Oiga usted, Olimpa... La obra es una ferocidad; pero ciertos amigos del
+autor la pondrán en las nubes. Quisiera yo verles para que me dijeran a
+mí por qué engañan de este modo al público».
+
+--Déjeme usted en paz... ¡Qué tonto es usted!--replicó Olimpia, y se
+metió para adentro.
+
+--¿Bajáis o no?--dijo Maxi; y su mujer le contestó que esperase en la
+botica, que ellas bajarían. Aurora y Fortunata se reían mirando a
+Ponce, que iba escapado por la calle arriba, como alma que lleva el
+diablo.
+
+Retiráronse las de Rubín a su domicilio, teniendo ambas señoras la
+satisfacción de ver a Maxi tan mejorado de los desórdenes cerebrales de
+aquella mañana, que no parecía el mismo hombre. Síntomas favorables eran
+la obediencia a cuanto se le mandaba, y lo juicioso y sosegado de sus
+respuestas. Aquella noche durmió con tranquilidad, y nada ocurrió que
+saliera del canon ordinario. A la tarde siguiente convinieron marido y
+mujer en dar un paseo a prima noche. Fue ella a buscarle a la botica a
+la hora concertada, y no le encontró. «Ha ido a cortarse el pelo--le
+dijo Ballester, ofreciéndole una silla--. Con las murrias de estos
+últimos tiempos, el pobre chico no caía en la cuenta de que se iba
+pareciendo a los poetas melenudos... Le he mandado que se trasquilase
+esta misma tarde. Tenga usted presente una cosa: hay que imponérsele,
+combatirle el abandono, las lecturas y no consentir que se ensimisme.
+Antes que dejarle caer en las melancolías, vale más darle un disgusto.
+Yo siempre le hablo gordo, y crea usted... me ha cogido miedo. Es lo que
+hace falta».
+
+--¡Pobrecito!...--exclamó Fortunata--. ¿Pero ve usted por dónde le ha
+dado?... Yo no he visto un desatinar semejante.
+
+Segismundo, que en aquel momento tenía poco que hacer, dejolo todo por
+atender cortésmente a la señora de su amigo y serle grato en lo que de
+él dependiera. Era hombre que tenía que contenerse mucho para no ser
+galante y aun atrevido con cualquier mujer en cuya presencia estuviese.
+Con Fortunata se había permitido alguna vez tal cual broma; aquel día se
+corrió más. Llevándose los dedos a su rebelde cabellera para hacer con
+ellos púas de peine, se la atusó, y arqueando el cuerpo, inclinose hacia
+la señora para decirle con retintín:
+
+«Muy triste está usted desde ayer... No, no me lo niegue... ¿Pues yo no
+veo lo que pasa? Leo en las caras».
+
+--Pues en la mía poco habrá leído usted.
+
+--Más de lo que se piensa... Leo pasajes tiernísimos... estrofas de
+despedida... ayes de soledad...
+
+--¡Ay, qué majadero!--¡Oh!, a mí no se me escapa nada. Convengo en que
+no hay motivos para que usted esté tan patética... Pero hay otra cosa...
+a mí me gusta remontarme a los orígenes, me gusta buscar el por qué, y
+francamente, cuando miro ese por qué, no puedo menos que lamentar la
+equivocación de que usted viene padeciendo desde tiempos remotos.
+
+Fortunata le miraba sonriendo, pues no creía que debía enojarse.
+
+«Sí, no puedo menos de deplorar--prosiguió el regente inflándose--, que
+usted sea tan consecuente con personas que no lo merecen... Habiendo en
+el mundo tanto corazón leal, ir a buscar precisamente el más inconstante
+y...».
+
+--¿Qué disparates está usted diciendo?
+
+--¡Oh!, no son disparates--replicó el farmacéutico, dando algunos pasos
+delante de ella y procurando que dichos pasos fueran todo lo airosos
+posible--. Perdóneme usted mi atrevimiento. Yo las gasto así; siempre he
+sido Juan Claridades, y cuando una idea quiere salir de mí, le abro la
+puerta para que salga, porque si la dejo dentro, estallo... Pues
+decía... ¿Se va usted a enfadar?
+
+--No, hombre, ¿qué me voy a enfadar yo? Suéltela, suéltela.
+
+--Pues decía... (Ballester tomaba una actitud que a él le parecía
+aristocrática), decía que a quien debiera usted querer es a mí... Ya ve
+usted que no me muerdo la lengua.
+
+--¡Ay, qué gracia! Me gusta usted por lo corto de genio.
+
+--Al pan pan y al vino vino. Queriéndome a mí, verá lo que es corazón
+amante, consecuente y tropical. Pero le advierto una cosa...
+
+--¿Qué?--Que si se decide a quererme... usted no se decidirá, pero si se
+decide, tenga cuidado de no decírmelo de sopetón... porque me moriré de
+gusto... Sería como una descarga eléctrica.
+
+--Estese tranquilo... Sí, se lo iré diciendo poco a poco...
+preparándole, como cuando se dan malas noticias...
+
+--No tanto, no tanto...--Vaya que es usted malo... Aquí, entre tanta
+medicina, ¿no hay nada que le cure la cabeza?
+
+--¡Pues si lo hubiera, amiga mía, si lo hubiera...! Y creen muchos que
+la peor cabeza de esta casa es la del pobre Maxi, cuando la mía es una
+pajarera. Verdad que dos palabras de quien yo me sé me harían la persona
+más cuerda y más feliz de la tierra...
+
+Viendo en esto que entraba Rubín, dio otro giro a su charla. «Aquí le
+estaba diciendo a su cara mitad, que le voy a dar unas píldoras...
+¡Dios, qué píldoras!».
+
+--¿Para ella?--No hombre, para usted.--¿Y de qué son?--Bueno va; ya
+quiere saber de qué son. Carambita, cuando uno discurre algo nuevo, debe
+reservarse el secreto. Es un específico.
+
+--Este Segismundo está ido--dijo Fortunata--. Vámonos.
+
+--Yo no tomo píldoras sin saber la composición--indicó Maxi con la mayor
+buena fe.
+
+--Estos hombres felices son muy impertinentes. Todo lo quieren
+averiguar... ¡Y ahora se va de paseíto con su tórtola! ¡Qué babosos...
+_semos_! ¡Luego se queja el nene!... (tirándole de una oreja), se queja
+de vicio... el niño mimado de la Providencia... Abur, divertirse.
+
+Salió a despedirles a la puerta de la botica, se puso muy tieso, y
+estirándose todo lo posible sobre la base de sus zapatillas, les siguió
+con la vista hasta que desaparecieron en lo alto de la calle.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Iban pasando los cansados días del verano, que es en Madrid la
+estación de las tristezas, porque el sueño y el apetito escasean, la
+sociedad disminuye, y los que aquí se quedan parece que comen el pan de
+la emigración. En la familia de Rubín nada ocurría de particular, pues
+Maxi no empeoraba, aunque todas las mañanas tenía su excitación
+correspondiente, más o menos aparatosa; pero mientras no llegase a un
+grado de furor como el de la célebre mañanita del arsénico, las dos
+mujeres podían llevarlo con paciencia. De noche, las depresiones se
+manifestaban levemente, y a veces no se conocían. Ballester había
+conseguido, combinando la persuasión con la severidad, apartarle en
+absoluto de toda lectura favorable a la concentración del ánimo.
+
+Entre Fortunata y doña Lupe no era todo concordia, como se puede haber
+comprendido, pues la señora de Jáuregui, observadora sagaz, había
+comprendido que desde principios de Junio su sobrina andaba en malos
+pasos. Todas las personas relacionadas con la familia de Rubín sabían la
+historia de la mujer de Maxi, y el dramático papel que desempeñaba en
+ella el señorito de Santa Cruz. Algunas, quizás, tenían conocimiento de
+aquella tercera salida de la aventurera al campo de su loca ilusión;
+pero nadie se atrevió a llevar el cuento a _la de los Pavos_. Esta, no
+obstante, lo sabía por obra del puro cálculo y de sus facultades
+olfatorias. Arrancose una vez a _armar la gorda_ «para que no
+crea--pensaba--que me trago sus mentiras y que estoy aquí haciendo el
+papamoscas». Pero Fortunata, recordando al instante las lecciones de su
+amigo Feijoo, trazó la raya divisoria que este le recomendara, y vino a
+decir en sustancia: «de aquí para allá, señora, gobierna usted; de aquí
+para acá, están _mis cosas_ y en ellas no tiene usted que meterse».
+
+No se dio por vencida la orgullosa viuda del alabardero, y volvió a la
+carga dos o tres veces en esta forma: «Si el pobre Maxi estuviera bueno,
+él te arreglara como cumple a todo hombre que se estima; pero no lo
+está, y tengo que tomar yo a mi cargo el decoro de la familia. Me he
+dicho mil veces: '¿daré el estallido o no daré el estallido?'. En la
+situación de ese pobrecito, mi estallido sería su muerte. Por eso me
+contengo y me trago todo el veneno. ¿Ves?, mi cabeza se está llenando
+de canas desde que veo estas ignominias sin poderlas remediar...».
+
+Fortunata volvió el rostro para ocultar sus lágrimas. Esta escena
+ocurría en el gabinete, hallándose las dos cosiendo sus trajes de
+verano.
+
+«Después de lo que pasó en Noviembre del año pasado--prosiguió la viuda
+con serenidad que espantaba--, después de tu enmienda verdadera o falsa;
+después que se te perdonó (y por mi voto no se te habría perdonado);
+después que echamos tierra al horrible crimen, me parece que estabas
+obligada a portarte de otra manera. No vengas ahora con lagrimitas que
+han de parecer de hipocresía. Porque yo digo una cosa. Óyeme
+atentamente».
+
+Doña Lupe dejó la costura y se preparó a hablar, como los oradores de
+profesión. «Yo me pongo en el caso de una mujer que siente una pasión
+antigua, con raigones muy hondos y que no se pueden arrancar. Hay casos,
+y verdaderamente, esto es para mirarlo despacio. Pues si tú hubieras
+venido a mí y me hubieras dicho: 'Tía, esto me pasa. Me persiguen; yo no
+sé si podré defenderme; soy débil; ayúdeme usted...'. ¡Oh!, la cosa
+variaba mucho. Porque yo te habría dirigido, yo te habría dado
+fortaleza, consuelo... Pero no; se te antoja campar por tus respetos, y
+hacer y acontecer, como una mozuela sin juicio... Eso es un disparate:
+ahí tienes, ahí tienes el motivo de todas tus desgracias al no contar
+para nada con las personas que deben guiarte. Total; que cuando acudas
+pidiendo socorro ya será tarde, y esas personas te dirán: 'Entiéndete
+ahora, húndete, y cúbrete de vergüenza y date a los demonios'».
+
+Pronunciada esta elocuente filípica, continuó la señora un buen espacio
+de tiempo dando resoplidos, y Fortunata no levantaba los ojos de su
+costura. Discurría sobre la extrañeza de aquellos conceptos de la viuda,
+que parecía dispuesta a ciertos temperamentos indulgentes en caso de que
+se la consultara, y de que se la tuviera por dispensadora infalible de
+protección y por sancionadora de las acciones. «Esta mujer quiere ser el
+Papa--pensaba--, y con tal que la hagan Papa, se aviene a todo. Pero lo
+que es por mí...». A Fortunata le repugnaba la moral despótica de doña
+Lupe, en la cual entrevía más soberbia que rectitud, o una rectitud
+adaptada jesuíticamente a la soberbia. No se conformaba esto con las
+ideas absolutas de la joven criminal. Ella quería para sus actos la
+absolución completa o la completa condenación. Infierno o Cielo, y nada
+más. Tenía _su idea_ y para nada necesitaba de consejos ni de la
+protección de nadie. Se las componía sola mucho mejor, y cualquiera que
+fuese su cruz, no le hacía falta Cirineo. Sus acciones eran decisivas,
+rectilíneas, iba a ellas disparada como proyectil que sale del cañón.
+
+Enterada doña Lupe, en aquellos secreteos que con su amiga Casta tenía,
+de que los de Santa Cruz se habían marchado a veranear, tomó pie de esta
+circunstancia para endilgarle a su sobrina otro discurso, aunque en tono
+menos catilinario que los anteriores.
+
+Era aquella señora esencialmente gubernamental y edificaba siempre sobre
+la base sólida de los hechos consumados todos sus planes y raciocinios.
+«Mira tú por dónde podríamos llegar a entendernos--le dijo una tarde que
+la volvió a coger a mano para el caso--. He sabido que la persona que te
+trae dislocada no está ya en Madrid. ¿Qué mejor ocasión quieres para
+emprender la reforma de tu estado interior, que está como una casa en
+ruinas? Yo estoy dispuesta a ayudarte todo lo que pueda. No debiera
+hacerlo; pero tengo caridad y me hago cargo de las flaquezas humanas.
+Otra tomaría por la calle de en medio; yo creo que en cosas tan
+delicadas se debe proceder con cierto ten con ten. Habrías de empezar
+por ponerme en antecedentes, por confiarme hasta los menores detalles,
+entiéndelo bien, hasta los menores detalles; por ponerme al tanto de lo
+que piensas, de lo que sientes, de las tentaciones que te dan por la
+mañana, por la tarde y por la noche; en fin, habías de declarar todos,
+toditos los síntomas de esa maldita enfermedad, y darme palabra de hacer
+cuanto yo te mandare». Hablaba, pues, la viuda como si tuviera en el
+bolsillo las recetas para todos los casos patológicos del alma.
+
+Por cumplir, más que por gusto, Fortunata tuvo la condescendencia de
+decir algo, reservando, como es natural lo más delicado. Doña Lupe se
+entusiasmó tanto con aquella muestra de sumisión, que hizo gala de sus
+facultades profesionales, y terminó así: «Te aseguro que si me obedeces,
+te quitaré eso de la cabeza y serás lo que no eres, un modelo de mujeres
+casadas. Por de pronto, me comprometo a que no vuelvas a caer, aun en el
+caso de que se te tendiera el lazo otra vez. ¡Vaya, con el caballerito!
+Es cosa de dar parte a la policía. Tú déjate llevar; pon el pleito en
+mis manos, déjame a mí... y verás. ¿Apuestas a que me planto un día en
+casa de doña Bárbara y le canto clarito? Tú no sabes quién soy, tú no me
+conoces. ¡Y has sido tan tonta que no has querido valerte de mí...! Bien
+merecido tienes lo que te pasa. Pues lo que es ahora, que quieras que
+no, tomo cartas en el asunto... Has de concluir por adorarme como se
+adora a una madre».
+
+Y al finalizar estaba doña Lupe radiante. Casi casi se aventuró a hacer
+a su sobrina una maternal caricia; tales eran su gozo y satisfacción. Un
+pensamiento se le salía del magín a cada instante; pero lo reservaba en
+la hoja más escondida de su gramática parda. Ni la sombra de este
+pensamiento dejaba entrever a Fortunata.
+
+Guardábalo para sí y se recreaba con él a solas. «¿Le habrá dado
+dinero?». Siempre que se hacía esta pregunta, se contestaba
+afirmativamente. «Tiene que haberle dado algo, quizás grandes
+cantidades. ¿Pero dónde demonios las tiene? ¿Qué hace que no me las da
+para que se las coloque?... Como si lo viera: es que tiene vergüenza de
+poner en mis manos dinero adquirido por tales medios. Esta delicadeza la
+honra... Y no es otra cosa; le da vergüenza de decírmelo. Pero al fin
+ello saldrá».
+
+Y una tarde que el matrimonio había ido a paseo, la gran capitalista, no
+pudiendo enfrenar por más tiempo su curiosidad, mandó a Papitos a un
+recado, por quedarse sola, y con determinación admirable hizo un
+registro en la cómoda y baúl de Fortunata. Valiéndose del sin fin de
+llaves que tenía, abrió todos los cajones y revolvió en ellos
+cuidadosamente, esmerándose en dejar las cosas, después de bien
+examinadas, en la misma disposición que antes tenían. Este proceder
+jesuítico lo practicaba siempre que metía sus manos escudriñadoras en
+donde no debían estar. Busca por allí, busca por allá, y nada. Los
+billetes se esconden tan fácilmente, que no hay manera de encontrarlos.
+Pero tenía doña Lupe tan fino olfato para descubrir dinero, que estaba
+segura de dar con los billetes si los había. «¿Tendralos cosidos en la
+ropa?--pensó--. Puede ser. Esa socarrona parece que no sabe jota, ¡y
+sabe más...!». En la cómoda no había nada que a dinero se pareciese, ni
+tampoco cartas. Algunas joyas y chucherías vio, que le parecieron
+recuerdo o prenda de amores; pero lo que es _guano_, ni el olor.
+
+«Es muy particular--gruñía la viuda, registrando el baúl, después del
+reconocimiento minucioso que en la cómoda hizo--. ¡Y no se comprende que
+siendo él tan rico y ella una pobre...!». El baúl, que sólo contenía
+ropas viejas, no dio tampoco nada de sí. «Pues tiene que haber
+algo...--rezongó la señora--, tiene que haber algo. En alguna parte está
+el escondrijo. Dinero hay, o no hay dinero en el mundo».
+
+Cansada de su inútil escrutinio y guardando las llaves, que formaban
+apretado racimo, digno del arsenal de una compañía de ladrones, doña
+Lupe se sentó a meditar, y poniéndose una mano sobre el pecho de algodón
+y acariciándoselo, se rascó con los dedos de la otra la frente, allí
+donde principia el cabello, como quien estimula la generación de una
+idea, y dijo: «Pues si efectivamente no le ha dado nada, hay que
+reconocer que ese hombre es el mayor de los indecentes».
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+Apretaba el calor, y las escenas que he descrito se repetían,
+reproduciéndose con ese amaneramiento que suele tomar la vida humana en
+ciertos periodos, cual fatigado artista que descuida la renovación de la
+forma. Los paseítos por la noche para tomar el tranvía del _barrio_; las
+excursiones a algún teatro de verano; las tertulias en casa de Samaniego
+o de Rubín; las garatusas del crítico en la calle; la romántica figura
+de Olimpia colgada en el balcón como una muestra o insignia que dijera:
+«aquí se ama por lo fino»; las extravagancias de Ballester; los espasmos
+de Maxi, todo continuaba repitiéndose de día en día con regularidad de
+programa.
+
+En Agosto ocurrió algo que no estaba en los papeles, y fue del modo
+siguiente. Una mañana fue Torquemada a ver a doña Lupe para tratar de
+negocios. Con su traje de verano, tenía el buen D. Francisco aspecto
+semejante al de los militares que vienen de Cuba, pues a más del
+trajecito azul, se había encasquetado un sombrero de paja de ala ancha.
+Su camisa, de rayas coloradas, parecía la bandera de los Estados Unidos;
+y para recalcar más su facha americana, llevaba una joya en la corbata y
+una cadena de reloj interminable, que le daba muchas vueltas de una
+parte a otra del pecho. Los pantalones eran tan cortos, que al sentarse
+se le veía media pierna. Allí venía bien decir que el _difunto era más
+chico_. Todo ello parecía prendas heredadas, o venidas a su poder por
+embargo judicial, o cogidas a algún filibustero. Servíale el sombrero
+de abanico, cuando estaba en visita, con la ventaja de que las personas
+circunstantes participaban de la ventilación que daba aquella prenda
+tropical tan bien manejada.
+
+Un rato llevaban de interesante conferencia, cuando sonó la campanilla,
+y a poco entró Maxi en el gabinete, que era donde su tía y don Francisco
+estaban. Fortunata estaba planchando. En cuanto vio llegar a su marido,
+fue a ver qué se le ofrecía, pues algo desusado debía de ser. A tal
+hora, las diez de la mañana, no venía jamás a casa el pobre chico.
+Echándose un pañuelo por los hombros, porque el calor de la plancha la
+obligaba a estar al fresco, pasó al gabinete. Lo mismo ella que su tía
+se pasmaron de ver en el semblante del joven una alegría inusitada, Los
+ojos le brillaban, y hasta en la manera de saludar a D. Francisco
+advirtieron algo extraño, que las llenó de alarma. «Hola, D. Paco; yo
+bien, ¿y usted?... Y doña Silvia y Rufinita, ¿siguen tomando los baños
+del Manzanares?». Este lenguaje tan confianzudo, era lo más contrario al
+temperamento y a la timidez de Maxi.
+
+«¿Qué traes por aquí a esta hora?» le preguntó su tía, disimulando su
+sorpresa.
+
+Fortunata le examinaba atentamente, sentada lejos del grupo principal,
+en una silla próxima a la puerta de la alcoba de doña Lupe. Él no se
+sentó, y después de aquel saludo tan campechano que le echó al usurero,
+se puso de espaldas al balcón con las manos en los bolsillos, mirando a
+todos como quien espera recibir felicitaciones. «Pues nada--dijo--, que
+estoy de enhorabuena».
+
+--Qué, ¿te ha caído la lotería?
+
+--No es eso... ¿Para qué quiero yo loterías? Ni falta... Es mucho más
+que eso, porque he encontrado lo que buscaba. Ya le dije a usted que
+estaba pensando, que sólo me faltaba una fórmula para completar...
+
+--¡La combinación!... Pues qué, ¿has encontrado la _panacea_?--expresó
+la tía con incredulidad.
+
+--No es mal nombre si usted se lo quiere dar--dijo el pobre chico,
+exaltándose más a cada palabra--. De _pan_, que significa todo... y
+_akos_ que es lo mismo que decir _remedio_. Que lo sana y purifica todo,
+vamos...
+
+--¡Gracias a Dios que haces algo de provecho!--declaró doña Lupe,
+recelosa, observando las miradas de Maxi, cuyo resplandor de júbilo era
+enteramente febril.
+
+--Anoche estuve toda la noche discurriendo muy intranquilo, los sesos
+como ascuas, porque al plan, mejor dicho, al sistema no le faltaba más
+que una fórmula para estar completo... ¡La maldita fórmula...! Por fin,
+ahora, hace un ratito, se me ocurrió; di un brinco de alegría.
+Ballester, que no comprende esto, ni lo comprenderá nunca, se enfadó
+conmigo y no me quería dar papel y tinta para escribir la fórmula y
+dejarla consignada... Temo que se me escape, que se me vaya de la
+cabeza... Mi memoria es una jaula abierta, y los pájaros... pif...
+
+Doña Lupe y Fortunata se miraron con tristeza. «Bueno--dijo la tía,
+viendo que le venía encima una nube--. Tranquilízate, escribirás la
+fórmula, harás tu _panacea_, tendrá un gran éxito y ganaremos mucho
+dinero».
+
+--¡Ah!...--exclamó él con la expresión que se da a toda idea de un
+trabajo abrumador--. No crea usted... para exponer el sistema completo
+con claridad bastante para que todos lo comprendan, se necesita quemarse
+las cejas... ¡digo! Tendré que pasar las noches de claro en claro. No
+importa; cuando esto empiece a correr, verán ustedes; adquiriré una
+reputación y una gloria tan grandes, pero tan grandes que...
+
+--Adiós mi dinero--murmuró doña Lupe, y Fortunata dijo para sí algo
+parecido.
+
+--El problema que quedaba por resolver--dijo Maxi acercándose a su tía y
+dando castañetazos con los dedos--, era el de la emanación de las almas.
+¿De dónde emana el alma? ¿Es parte de la sustancia divina, que se
+encarna con la vida y se desencarna con la muerte para volver a su
+origen?... ¿o es una creación accidental hecha por Dios, subsistiendo
+siempre impersonal? Aquí estaba el intríngulis.
+
+Doña Lupe dio un gran suspiro, mirando a D. Francisco que guiñaba los
+ojos de una manera entre burlesca y compasiva.
+
+«¡Hijo, por Dios!--dijo Fortunata acercándose--, no discurras esas cosas
+que dan dolor de cabeza... Sí, está muy bien; pero todo lo que hay que
+averiguar sobre esto, está ya averiguado... No te calientes la cabeza».
+
+--Querida mía (rechazándola con dulzura y tomando un tonillo enfático),
+si en este _via crucis _ de trabajos y persecuciones que me espera; si
+en el camino doloroso y glorioso de este apostolado, no me quieres
+acompañar tú, lo sentiré por ti más que por mí; pero tú al fin vendrás.
+¿Cómo no, si eres pecadora, y para los pecadores, para su redención y
+para su salvación es para lo que yo pienso lo que pienso y propongo lo
+que propongo?
+
+Fortunata volvió a la apartada silla en que antes estuvo, y doña Lupe,
+después de llevarse las manos a la cabeza, hizo un gesto de conformidad
+cristiana. Le faltaba poco para echarse a llorar. En este punto creyó
+oportuno Torquemada intervenir, con esperanza de que sus discretas
+razones enderezaran el torcido _intellectus_ del desdichado joven. «Mire
+usted, amigo Maximiliano, yo creo que todo lo que debemos saber sobre
+eso, ya nos lo han enseñado. Y lo que no, más vale que no lo sepamos...
+porque el mucho apurar las cosas le quita a uno la fe. Esta vida no es
+más que un mediano pasar: así lo encontramos y así lo hemos de dejar; y
+por mucho que miremos para el Cielo no ha de caer el maná... «Ganarás el
+pan con el sudor de tu frente», dijo quien dijo, y no hay más. ¿Qué saca
+usted de ponerse a cavilar sobre si el alma es esto o aquello? Si al fin
+nos hemos de morir... Tengamos la conciencia tranquila; no hagamos cosas
+malas, y ruede la bola... y no temamos el materialismo de la muerte; que
+al fin polvo somos, y...».
+
+--Basta, no siga usted--dijo Maxi, ceñudo, cortándole el discurso--. Si
+usted es materialista, nunca nos entenderemos.
+
+--No, si lo que yo digo es que el alma tiene el pago que merece, y como
+el cuerpo no es más que a la manera de un cascarón, cuando este se
+pudre, a mí no me asusta el materialismo de hacerse uno polvo.
+
+--Ya... comprendido--dijo el otro con mayor exaltación, y acentuando la
+contrariedad que experimentaba--. Usted es de la escuela de mi hermano
+Juan Pablo: _fuerza y materia_. Ya discutiremos eso. Yo expondré mi
+doctrina; que exponga Juan Pablo la suya, y veremos quién se lleva tras
+sí a la señora humanidad.
+
+Diciendo esto giró sobre un tacón, y rápidamente salió, marchándose a su
+cuarto. Su mujer fue tras él muy afligida. Maxi se sentó en la mesilla
+en que tenía algunos libros y recado de escribir. Apoyando la mano en el
+hombro de él, su mujer miró los garrapatos que trazaba con febril mano
+sobre un papel.
+
+«Ved aquí fijados los puntos capitales--balbucía él, escribiendo--.
+Solidaridad de sustancia espiritual. La encarnación es un estado
+penitenciario o de prueba. La muerte es la liberación, el indulto o sea
+la vida verdadera. Procuremos obtenerla pronto...».
+
+--Chico, descansa ahora un ratito--díjole su esposa, tratando de
+quitarle la pluma de la mano--. Bastante has trabajado hoy con esos
+cálculos tan difíciles... Mañana seguirás... No, no creas que me parece
+mal; yo te ayudaré a pensar... hablaremos de esto. Yo también discurro.
+
+Contra lo que esperaba, Maxi no se irritó. Tenía su semblante expresión
+seráfica; sus modales eran suaves y más parecía un iluminado antiguo,
+cuya demencia se elaboraba en la soledad claustral, que el insensato de
+estos tiempos, educado para el manicomio en los febriles apetitos de la
+sociedad presente.
+
+«Tú también discurres--le dijo con dulzura--. Lo sé, tú piensas, porque
+sientes; tú me comprendes, porque amas. Has pecado, has padecido; pecar
+y padecer son dos aspectos de una misma cosa; por consiguiente, tienes
+el sentimiento de la liberación... Usando una parábola, te escuece en
+las muñecas el grillete de la vida».
+
+Fortunata se quedó en ayunas de toda esta cantinela, pero por no
+contrariarle, respondía que sí. «Lo que es por padecer no ha de quedar,
+porque toda mi vida ha sido un puro suplicio... Pero ahora no te ocupes
+más de eso».
+
+Doña Lupe miraba por el hueco de la puerta entornada.
+
+«Tú me ayudarás--prosiguió Maxi con ráfagas de inspiración religiosa en
+sus ojos encandilados--, tú me ayudarás a propagar esta gran doctrina,
+resultado de tantas cavilaciones, y que no habría llegado a ser
+completamente mía sin el auxilio del Cielo. El gran misterio de la
+revelación se ha renovado en mí. Lo que sé, lo sé porque me lo ha dicho
+quien todo se lo sabe».
+
+Observando entonces que su tía le miraba, extendió la mano para
+llamarla, y le dijo: «Tía, pase usted... Aquí no hablamos en secreto.
+También usted será conmigo en la inmensa... en la inmensa y dolorosa
+propaganda... Por cierto que no me explico, que no sé cómo ustedes dejan
+entrar aquí a ese materialista...».
+
+--¡Don Francisco...!, hijo, ¿pues qué mal puede hacerte?
+
+--Mucho, tía, mucho, porque todos los de esa infame secta no me pueden
+ver ni pintado, y si ese hombre sigue entrando en esta casa con tanta
+confianza, podría intentar el descrédito de mi sistema, robándome antes
+mi honor.
+
+Y miraba a Fortunata como para buscar en su rostro la aseveración o
+apoyo de lo que decía. Ella lo comprendió. «Tiene razón, tía... ese
+materialista que no entre más aquí».
+
+--Pues no entrará, hijo, no entrará... Vaya. Yo le diré que se largue
+con su materialismo a los infiernos.
+
+--¿Te sientes bien? ¿Quieres tomar algo?--le dijo su mujer con cariño.
+
+--Me siento tan bien como nunca me he sentido, créanmelo (demostrando en
+su tono y semblante la placidez de su alma). Desde que di con la tan
+rebuscada fórmula, paréceme que soy otro... Antes mi vida era un
+martirio, ahora no me cambio por nadie. No me duele nada, me siento
+bien, y para colmo de felicidad no tengo ganas de comer ni de dormir...
+
+--Pues es preciso que tomes algo.--No lo necesito... créanmelo. Verán
+cómo no lo necesito. Si soy otro, si no tengo ya carne ni para nada la
+quiero. No tengo más que el esqueleto, y él se basta para llevar el
+alma.
+
+A Fortunata se le humedecieron los ojos. Poco después, cuando salió un
+instante, encontró a doña Lupe lloriqueando. «Está perdido--le dijo la
+señora de Jáuregui--, enteramente perdido... Ya esto no tiene
+soldadura».
+
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Aquella tarde pasaron las dos pobres mujeres ratos muy malos.
+Quedose él como aletargado en el sofá de la alcoba, más propiamente en
+éxtasis, porque tenía los ojos abiertos, y no parecía enterarse de nada
+de lo que a su alrededor pasaba. Fortunata tomó su costura y se le sentó
+al lado, esperando a ver en qué paraba aquello. Doña Lupe entraba y
+salía, dando suspiros y haciendo algún puchero. Al llegar la hora de
+comer, Maxi se despabiló un poco, resistiéndose a tomar alimento. Ellas
+no tenían ganas de probar bocado, y le instaban a él a que lo hiciese,
+empleando los más extraños medios de persuasión. Por fin, doña Lupe
+obtuvo resultado con este argumento: «No sé yo cómo vas a resistir esa
+vida de trabajos sin comer algo. Se dice de Cristo que ayunaba; pero no
+que estuviera días y días sin probar bocado. Al contrario, su
+institución fundamental, la Eucaristía, la hizo cenando...».
+
+Con esto, Maxi se avino a tomar un plato de sopa y un poco de vino; pero
+de aquí no le hicieron pasar. Después parecía más exaltado. Tomándole
+las manos a su mujer, le dijo:
+
+«Yo no soy más que el precursor de esta doctrina; el verdadero Mesías de
+ella vendrá después, vendrá pronto; ya está en camino. Quien todo se lo
+sabe me lo ha dicho a mí».
+
+Fortunata no entendía palotada.
+
+Doña Lupe mandó recado a Ballester, que fue a verle después de
+anochecido. No sabía vencer el farmacéutico su genio vivo y zumbón, ni
+mostrarse tan habilidoso como el caso exigía, y aunque Fortunata le
+tiraba de los faldones de la levita para que tomase un tono más
+contemporizador, el maldito no se podía contener: «Vaya con la que saca
+ahora... Pero, hombre de Dios, ¿a usted qué le importa que el alma venga
+de acá o venga de allá? ¿Qué se mete usted en el bolsillo con esto?
+¿Cree que le van a dar algo por el descubrimiento? Anteayer me dio usted
+la gran jaqueca con aquello de _la cosa en sí_... Pues pongamos que sea
+_la cosa en no_. Yo digo que esto es música pura; _la cosa en sí bemol_.
+¡Ah, qué tontita es la criatura y qué refistolera! Porque esto de meter
+las narices en la eternidad, es una cosa que a Dios le debe cargar
+mucho. A nadie le gusta que le estén atisbando de cerca y viendo lo que
+hace o deja de hacer. Por esto Dios, a todos los sobones y entrometidos
+que le siguen los pasos y le cuentan las arrugas, les castiga
+volviéndolos tontos. Conque, saque usted la consecuencia. Parece mentira
+que un hombre que podría ser el más feliz del mundo, casado con esta
+perla de Oriente y sobrino de esta tía, que es otra perla, se devane
+los sesos por cosas que no le importan. ¡Si nadie se lo ha de
+agradecer!... En fin, que si estas señoras me autorizan, yo le curo a
+usted con el extracto de fresno administrado en vírgulas, uso externo,
+por la mañana y por la tarde».
+
+Maxi le miraba con desdén, y el otro, viendo que sus cuchufletas no
+hacían el efecto de costumbre, púsose más serio y tomó por otros rumbos.
+Al salir, acompañado hasta la puerta por las dos señoras, les dijo: «Le
+voy a dar la _hatchisschina_, o _extracto de cáñamo indiano_, que es
+maravilloso para combatir el abatimiento del ánimo, causante de las
+ideas lúgubres y de la manía religiosa. Efecto inmediato. Verán
+ustedes... Si se le da a un anacoreta, en seguida se pone a bailar».
+
+Como la nueva fase del trastorno de Maxi era pacífica, tía y esposa
+estaban en expectativa. Por las noches no se movía de la cama, y si bien
+es verdad que hablaba solo, hacíalo en voz baja, en el tono de los
+chicos que se aprenden la lección. A pesar de esto, Fortunata se ponía
+tan nerviosa que no podía pegar los ojos en toda la noche, durmiendo
+algunos ratos de día. El enfermo no iba ya a la botica, ni mostraba
+deseos de ir a parte alguna, pareciendo caer en profunda apatía y
+reconcentrar toda su existencia en el hervidero callado y recóndito de
+sus propias ideas. Fuera de los paseos que daba en el comedor o en la
+alcoba, no hacía ejercicio alguno, y después de la inapetencia de los
+primeros días, le entró un apetito voraz, que las dos mujeres tuvieron
+por buen síntoma. A la semana, manifestó deseos de salir; pero una y
+otra trataron de disuadirle. Estaba tranquilo, y como hablara de algo
+distinto de aquellas manías de la emanación del alma y de la doctrina
+que iba a predicar, se expresaba con seso y hasta con donaire. Poco a
+poco iban siendo menos los ratos de extravío, y se pasaba largas horas
+completamente despejado y tratando de cualquier asunto con discreta
+naturalidad. Fortunata hacía que le ayudase a estirar la ropa o a
+devanar madejas, y él se prestaba a todo con sumisión; doña Lupe solía
+encargarle que le arreglase alguna cuenta, y con esto se entretenía, y
+nadie le tuviera por dañado en la parte más fina de la máquina humana. A
+principios de Setiembre, habiendo llegado a estar tres días sin mentar
+para nada aquel galimatías del alma, las dos señoras estaban muy alegres
+confiando en que pasaría pronto el ramalazo. Volvieron los paseos de
+noche, y por fin le permitieron salir solo, y reanudó sus trabajos en la
+botica, cuidadosamente vigilado por Ballester.
+
+Fortunata tenía además otros motivos de hondísima pena. _Aquél _ no le
+había escrito ni una sola carta, faltando a su solemne promesa.
+¡Ingrato! ¿Qué le costaba poner dos letras diciendo, por ejemplo: _Estoy
+bueno y te quiero siempre_? Pero nada, ni siquiera esto... Revelaba
+estas tristezas a su única confidente, Aurora, en aquellos ratos de
+charla sabrosa que las señoras mayores les permitían. La inauguración de
+la tienda de Samaniego, que se verificó hacia el 15 de Setiembre, tuvo a
+la viuda de Fenelón muy atareada en aquellos días. Pocas veces se vio en
+un comercio de Madrid tanto movimiento ni más claras señales de que
+había caído bien en la gracia y atención del público. Las novedades de
+exquisito gusto, traídas de París por Pepe Samaniego, atraían mucha
+gente, y las señoras se enracimaban y caían como las moscas en la miel.
+Los dependientes no tenían manos para enseñar, y Aurora estaba rendida
+de trabajo, porque los encargos de _trousseaux_ y _ajuares _ se sucedían
+sin interrupción. Doña Casta no estaba tranquila el día en que no iba a
+meter las narices en la tienda y taller, para traerle luego el cuento a
+doña Lupe de los encargos que había, y de lo que se estaba haciendo para
+la Casa Real y otras que sin ser reales tienen mucho dinero. Fortunata
+iba poco, por propia inspiración y también por consejo de Aurora, pues
+no convenía que la viesen allí las de Santa Cruz, que frecuentaban mucho
+el taller y tienda.
+
+Los domingos pasaban juntas las dos amigas toda la tarde en la casa de
+una o de otra, y allí era el comer dulces y el contarse cositas,
+sentadas al balcón, viendo las idas y venidas del crítico desde la calle
+de los Tres Peces a la de la Magdalena. Él no tendría criterio, pero lo
+que es piernas...
+
+Un domingo de los últimos de Setiembre, la Fenelón llevó a la otra una
+noticia importante: «Mañana vienen. Hoy ha estado Candelaria limpiando
+toda la casa».
+
+Lo que Fortunata sintió era una combinación de pena y alegría que no la
+dejaba hablar. Porque deseando que volviese, al mismo tiempo tenía
+presentimientos de una nueva desgracia. ¡Cuidado que no haberle escrito
+ni una sola letra, pero ni una...! Aurora convenía en que era una gran
+bribonada. Después que pusieron a esto los comentarios propios del caso,
+la de Fenelón dijo a su compinche algo más que fue oído con
+extraordinaria curiosidad y atención: «¿Creerás que se me ha metido una
+cosa en la cabeza?... Ello no será; pero bien podría ser. Ayer estuvo
+doña Guillermina en la tienda. Pepe le había ofrecido una cantidad para
+su obra, si salía bien la inauguración, y nada... que se plantó allí a
+cobrar... Pues hablando de la familia, dijo que el primo Moreno viene
+también mañana con ellos. Se fue con ellos y con ellos vuelve. Yo sé que
+han pasado el verano en Biarritz, y después han ido todos a París...
+¿Qué te parece a ti? El primo Manolo no viene a España más que, _por
+ejemplo, _ en invierno; nunca ha venido en Setiembre. Y eso de pegarse a
+la familia de Santa Cruz, ¡él, que gusta de andar siempre solo! Ello no
+será; ¡pero hay tantas cosas que parece que no pueden ser y luego son!
+Antes de que partieran, me pareció a mí, por ciertas cosas que vi y oí,
+que al _buen hombre_ le gustaba demasiado Jacinta. ¡Si habrá algo...! ¿A
+ti qué te parece?».
+
+Fortunata estaba absorta y como lela. Le parecía increíble lo que su
+amiga contaba.
+
+«¡Porque es muy rara esa persecución! ¡Siempre con ellos... un hombre
+que no hace su nido en ninguna parte...! Yo no sé, no sé. ¿Habrá
+algo?... ¿Qué te parece a ti?».
+
+--Pues...--dijo la de Rubín pensándolo mucho--, a mí me parece que no.
+
+--Pues como haya algo, no se me ha de escapar, porque estoy allí, como
+quien dice, en mi garita de vigilancia. Desde la ventana de mi
+entresuelo, veo los miradores de la casa de Santa Cruz y los de Moreno.
+Como haya telégrafos, cuenta que les atrapo el _juego_... A ti qué te
+parece... ¿Habrá...?
+
+--Me parece que no--volvió a decir Fortunata, pensándolo cada vez más.
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+La noticia del regreso de los de Santa Cruz, que le fue comunicada
+por Casta, avivó en la viuda de Jáuregui los deseos de emprender su
+campaña reparadora en favor de su sobrina. Cogiola muy a mano aquel día
+y le endilgó otra perorata: «Ahora o nunca. El enemigo en puerta. Estoy
+a tus órdenes, por si quieres consejos o un plan de defensa en toda
+regla». Dicho esto, trató de meterle los dedos en la boca para salir de
+dudas respecto a si había recibido o no alguna cantidad gruesa de manos
+de su amante.
+
+Fortunata no apartaba los ojos de la ropa que estaba repasando.
+«Comprendo--expuso la señora con acento parlamentario--, que tengas
+cortedad para confesarme ciertas cosas, y por mi parte, te soy franca:
+no te tengo yo por peor de lo que eres; no creo, como podrían creerlo
+otras personas, que tu debilidad es interesada, y que quieres a ese
+hombre porque es rico, y que no lo querrías si fuese pobre. No, yo no te
+hago ese disfavor... para que veas. Tengo la seguridad de que arrastrada
+y todo como eres, loca y sin pizca de juicio, tus faltas nacen del amor
+y no del interés; y los mismos disparates que haces por un hombre
+poderoso, que te da grandes cantidades, lo harías si fuera un pobre
+pelagatos y tuvieras que comprarle tú a él una cajetilla».
+
+--¿Qué está usted ahí hablando de grandes cantidades?--preguntó
+Fortunata mirándola con sorpresa, y casi casi echándose a reír.
+
+--No, si esto no es para que me digas la cifra exacta. Cállatela... haz
+el favor... que ciertas cosas vale más que se queden dentro. No vayas a
+creerte que pretendo me entregues a mí esos capitales para
+colocártelos... No, ya sabrás tú manejarte bien...
+
+--¿Pero qué está usted diciendo... señora?...
+
+--No, yo no digo nada. Me repugnaría, puedes creerlo, manejar esos
+fondos.
+
+--¿Pero qué fondos, ni qué...? Usted está soñando.
+
+--Vaya... si pretenderás que me trague yo esa rueda de molino más grande
+que esta casa. ¡Si me querrás hacer creer que no te da...!
+
+--¡A mí!--No me hagas tan tonta...--No sé de dónde ha sacado usted...
+Para que lo sepa de una vez: No tengo nada. Me daría si me viera en una
+necesidad. Me ha ofrecido... pero yo no he querido tomarlo.
+
+Iba doña Lupe a soltarle otra andanada. «Valiente turrón te ha caído,
+grandísima idiota. Por no saber, no sabes ni siquiera perderte». Pero se
+contuvo y se tragó su ira, desahogándola después en agitado soliloquio:
+«No he visto otra. No tiene vergüenza, ni tampoco sentido común. ¡Qué
+canalla y al mismo tiempo qué bestia! Si hubiera un Infierno para los
+tontos, ahí debieras ir tú de cabeza».
+
+Maximiliano volvía lentamente a la vida regular, sin que esto quiera
+decir que se le quitara de la cabeza la idea aquella. Habíase
+transformado, y así como en las crisis hepáticas hay derrames de bilis,
+en aquella crisis mental parecía haberse verificado un derrame de
+sentimientos. No sólo era ya pacífico, sino tiernísimo, y sus afectos se
+habían sutilizado, como el licor que pasa por el alambique. Las fórmulas
+de cariño que con su tía y su mujer usaba eran extraordinariamente
+suaves y hasta empalagosas; se afligía cuando causaba alguna molestia, y
+agradeciendo mucho los cuidados que se le prodigaban, los rehuía como
+pudiera. Iniciábase en él cierta tendencia a imponerse privaciones y
+sufrimientos, y la mortificación, que antes le sublevaba, por liviana
+que fuese, ya le complacía. Si en la conversación, o en aquellas
+polémicas que con su familia tenía a las horas de comer, se le escapaba
+una palabra más alta que otra, luego sentía remordimientos de haberla
+pronunciado, y si no la recogía, pidiendo perdón de ella, era porque la
+timidez le ponía un freno.
+
+Un día hubo de decirle a Papitos, porque no le había limpiado las botas:
+«Vaya con la chiquilla esta... ¡Verás tú!». Y al salir de la casa
+sintió tal pena de haberse expresado con displicencia y ardor, que le
+faltaba poco para derramar una lágrima. «¡Cuándo se me quitará esta
+costumbre viciosa de ultrajar a los humildes!... ¿Qué más da que estén
+las botas con o sin betún? La que debe tener lustre es el alma, no el
+calzado. Parece mentira que los humanos demos tal valor a estas
+niñerías. ¡Injusto estuve con la pobre chiquilla! ¡Inocente y angelical
+criatura! Soy un animal... ¿Pero quién es el guapo que de estrellas
+abajo entiende y practica la justicia? El tenido por justo hace setenta
+y dos barbaridades cada día. Trabajillo cuesta el desprenderse de esta
+sarna moral, heredada, con la cual nace uno y con la cual vive hasta que
+llega la hora de la liberación».
+
+«¿Qué trae usted ahí entre ceja y ceja? ¿Saco la vara?--le dijo
+Ballester con aquella dureza que era, según él, el más eficaz
+tratamiento--. Porque hoy me parece que venimos muy _evangelísticos_.
+Cuidadito. Ya sabe usted cómo las gasto».
+
+--Pégueme usted. No me importa--le contestó Maxi, dejando el sombrero en
+la percha--. Lo merezco, como lo merece toda persona que se enfada
+porque no le han limpiado las botas. ¡Qué humanidad tan imbécil! Amigo
+Segismundo, ¡qué hermosa es la muerte!
+
+--Si me vuelve usted a decir que es hermosa la muerte--replicó el otro
+cogiendo la vara y esgrimiéndola cómicamente--, le lleno el cuerpo de
+chichones. ¡Decir que es guapa esa tarasca, mamarracho, más fea que el
+no comer! Mírela usted allí, mírela allí con esa cara que da asco...
+mírela, y como diga que es guapa, le pulverizo.
+
+Señalaba a un emblema pintado en el techo de la botica, en el cual
+estaban, decorativamente combinados, la serpiente de Esculapio, el reloj
+de arena del Tiempo, un alambique, una retorta, el busto de Hipócrates y
+una calavera.
+
+«Si quiere usted contemplar toda la gracia del mundo, míreme a mí--dijo
+Ballester, que dejando la vara, dio una vuelta, cogiéndose los faldones
+de la levita--. Estoy guapo, ¿sí o no?».
+
+Ballester ostentaba aquel día zapatillas nuevas, estrenaba traje de
+lanilla de los más baratos, y se había ido a la peluquería, donde
+después de cardarle la caballera, se la habían rizado con tenacillas.
+
+«Vaya, que está usted elegante» dijo Maxi, poniéndose a pesar unas dosis
+para píldoras.
+
+--Pues más he de estarlo mañana. Mañana se casa mi hermanita con
+Federico Ruiz, un chico de mucho talento. ¿Le conoce usted? Los
+periódicos, que hablan constantemente de él, anteponen siempre a su
+nombre algún mote muy salado. Ahora le llaman _el distinguido pensador_.
+¿A que no le llaman a usted así, a pesar de lo mucho que piensa? Porque
+usted no piensa con juicio y él sí.
+
+Por la noche estaban en la botica, además de Ballester, los dos
+practicantes Padilla y Rubín. Como apareciese en la acera de enfrente el
+célebre crítico, Segismundo se vio acometido a la ira cómica que le
+producía la presencia de aquel personaje de tan indudable importancia en
+la república de las letras. «Tengo a ese caballerito--decía--, sentado
+en la boca del estómago... sobre todo, desde que elogió aquella obra tan
+mala, estrenada este invierno, diciendo que en ella se _planteaba el
+problema_, y qué sé yo qué. Veréis: Es aquel dramita moral en que se
+recomienda el matrimonio y las buenas costumbres; como que allí resulta
+que todos los solteros somos unos pillos; y porque un joven se retira
+tarde y se gasta algún durete en picos pardos, me le llaman monstruo y
+el papá le maldice... Hay una escena en que todos se desmayan, porque
+sale uno muy malo, que resulta ser un hombre dedicado a la ciencia, el
+cual dice con la mayor frescura que él no cree en Dios aunque le
+fusilen. Total, que cuando la vi representar, pensé que me tragaba todos
+los eméticos que hay en mi farmacia. La moraleja de la obra es que sin
+religión no hay felicidad, y por eso la pone en las nubes este ángel de
+Dios, que es el alcaloide de la cursilería».
+
+Cerró la noche y Ponce se acercó para telegrafiarse con su amada. Del
+balcón descendía una cuerda, a la que el joven ataba un papel.
+
+«Le manda su último artículo--dijo el regente a sus amigos, acechando en
+la puerta de la farmacia--. Ahora baja la cuerda con un dulce... Como
+anoche, lo mismo que anoche. Veréis, veréis la broma que le tengo
+preparada».
+
+Con nerviosa presteza fue a la rebotica y sacó del cajón un objeto del
+tamaño de una yema, blanco y de apariencia azucarada. Padilla se
+desternillaba de risa, y Maxi observaba con atención simpática.
+
+«Pero es preciso que me ayudéis. Tú, Padilla, que le conoces, sales, te
+haces el encontradizo, le hablas de literatura dramática, le entretienes
+un rato volviéndole la cara para allá; y entretanto, yo, con muchísimo
+disimulo, me escurro pegado a la pared, en el momento en que baja el
+bramante con el dulce. Quito la yema, ¿sabes?... y pongo esta. La hice
+anoche. Es estricnina, a la dosis que se echa a los perros, bien
+neutralizado el sabor con regaliz, y forrada de azúcar. Se la come y
+revienta como un triquitraque».
+
+Padilla se partía de risa, y Maxi lo tomaba a broma.
+
+«Hombre, matarle no--dijo Padilla--. Si la hubieras hecho de jalapa,
+escamonea o cosa así...».
+
+--No, chico; si yo lo que quiero es que reviente... Iré a presidio... me
+pierdo. ¿Y qué? No se la perdono... ¡Ultrajar a los hombres de ciencia
+y a los solteros!
+
+Llevando su broma hasta el fin, Ballester porfiaba que la yema era
+venenosa; mas como el otro rechazara la complicidad en aquel homicidio,
+diose a partido el exaltado boticario, diciendo que la pelotilla era de
+azúcar con aceite de croto, que es el derivativo drástico por
+excelencia. Maxi, que le había ayudado a hacerla, se sonreía. Como en
+estos dimes y diretes se pasó bastante tiempo, cuando Ballester quiso
+poner en ejecución la chuscada, ya había bajado el hilo con una yema de
+coco, y el crítico se la estaba comiendo. El otro se consoló pensando
+que otra noche consumaría su trágica venganza. «Él se la tiene que
+comer...--dijo guardando la bola--. Como me llamo Segismundo, se la
+tiene que tragar, y entonces diré como mi tocayo: '¡Vive Dios que pudo
+ser!'».
+
+
+
+
+--x--
+
+
+Aquella noche, cuando Maxi subió a comer, encontró a su mujer un
+poco enferma. Le dolía la cabeza y tenía náuseas. Doña Lupe, que la
+estaba observando siempre, veía en su mal un pretexto para esconder de
+la familia los pesares que la consumían. «Lo que tú tienes--pensaba--,
+es el afán de volver al reclamo. Estás luchando contigo misma. Quieres
+ir y no te determinas». Algo de esto debía de ser, pues Fortunata se
+metió en su alcoba, resistiéndose a tomar alimento. Maximiliano no le
+instaba a que comiera, pues aquella actitud de su mujer tomábala él por
+querencia de privaciones, por iniciación del aniquilamiento, o apetito
+de muerte y liberación. Doña Lupe, fatigada de lidiar con tanta
+insensatez de una y otra parte, se retiró, dejándoles solos y diciendo:
+«Haced lo que queráis. Allá os arregléis a vuestro gusto. Yo estoy
+rendida». Comió sola, y con Papitos les mandaba de algún plato, que
+volvía casi intacto. Después entró un instante en la alcoba para
+preguntarles qué tal estaban, y se fue a descansar. «No puedo resistir
+más esta vida de perros--decía--. Dios tenga compasión de mí».
+
+Fortunata habría deseado que su marido se durmiese y la dejase en paz.
+Pero no parecía él dispuesto a hacerle el gusto en esto. Presentábase
+aquella noche bastante locuaz, lo que la disgustó mucho, pues pocas
+veces se había sentido con menos ganas de conversación. A poco de
+acostarse, observó que su marido, sentado frente a la mesa donde estaba
+la luz, sacaba del bolsillo un paquete, después otro, objetos envueltos
+en papeles, y los ponía frente a sí, como un hombre que se prepara a
+trabajar. El ligero ruido estridente que hace el papel al ser
+desdoblado, ruido que se acrecía con el silencio de la noche, molestaba
+a Fortunata atrayendo su atención. Lo primero que hizo Maxi fue sacar de
+un envoltorio de regular tamaño multitud de paquetes chicos muy bien
+doblados, como los que en Farmacia se llaman _papeletas_, forma en que
+se dividen y expenden las dosis de las medicinas en polvo. Pero después
+vio la joven que desliaba otro paquete de forma larga y... ¡Ay, Dios
+mío, era un cuchillo!... Lo estuvo él contemplando un rato por un lado y
+por otro, y acercaba la yema del dedo a la punta como para probar si era
+bien aguda. La esposa sintió sudor frío en todo su cuerpo... No pudo
+contenerse, y como si despertase a un durmiente para librarle de los
+fingidos horrores de angustiosa pesadilla, le dijo... «Maxi, hijo, ¿qué
+haces?». Él la miró con gran tranquilidad.
+
+«Yo creí que dormías. ¿No tienes sueño? Pues charlaremos de cosas
+agradables».
+
+--Como quieras. Pero más vale que te acuestes, y dejes las cosas
+agradables para mañana.
+
+--No... de seguro que te gustará lo que voy a decirte. Espera un poco.
+
+Recogió todos sus paquetes y el cuchillo, y trasladándose a la silla que
+estaba junto a la cama, lo puso todo sobre la mesa de noche.
+
+«Ajajá... Ahora verás--dijo sonriendo cariñosamente, como el que se
+dispone a dar a la persona amada la sorpresa de un regalito--. Esto, ya
+lo ves: es un puñal».
+
+Fortunata se estremeció como si la hoja fría le tocara las carnes, y se
+puso a dar diente con diente.
+
+«Lo compré hoy en la tienda de espadas de la calle de Cañizares. Aquí
+dice: _Toledo, 1873_. Es bonito, ¿verdad? Hace días que vengo pensando
+en cuál es la mejor manera de hacerle al alma el gran favor de mandarla
+para el otro barrio. ¿A ti que te parece? No decido nada sin tu consejo;
+y lo que tú prefieras, eso preferiré yo».
+
+La infeliz mujer estaba tan medrosa, que apenas podía hablar.
+
+«Guarda eso, por Dios... Mira que me da mucho miedo».
+
+--¡Miedo!--exclamó él con asombro y desconsuelo--. Pues yo creí que
+habría conseguido infundirte mi idea y que ya mi idea te era familiar.
+¡Miedo a la muerte!, es decir, ¡miedo a la libertad y amor al calabozo!
+¿Ahora salimos con eso? Si lo primero, mil veces te lo he dicho, es
+mirar a la muerte como el fin de los padecimientos, como miran a la
+playa los infelices que luchan con las olas, agarrados a un madero.
+
+--No, si no tengo miedo--dijo ella con deseos de tranquilizarle, porque
+observó que se exaltaba--. Pero es que... esas cosas, más vale dejarlas
+para de día. Ahora, a dormir.
+
+--¡Dormir!... Ahí tienes otra tontería. Dormir, ¿y qué saca uno de
+dormir? Pues embrutecerse, olvidarse de lo principal, que es el
+desprendimiento y la evasión. Querida mía, o estás conmigo o estás
+contra mí; decídete pronto. ¿Estás dispuesta a tomar la llave de la
+puerta y escaparte conmigo? ¿Sí? Pues lo primero es no tener horror a la
+muerte, que es la puerta, estar siempre mirándola, y prepararse para
+salir por ella cuando llegue la hora feliz de la liberación.
+
+Fortunata se arropó bien, porque le había entrado más frío. ¡Ay qué
+miedo tan grande!
+
+«El momento de la liberación es aquel en que uno se considera
+suficientemente purificado para apechugar con el paso de un mundo a
+otro, y dar ese paso por sí mismo. Las religiones dominantes prohíben el
+suicidio. ¡Qué tontas son! La mía lo ordena. Es el sacramento, es la
+suprema alianza con la divinidad... Bueno; pues las personas que por
+medio de la anulación social, y cultivando la vida interior, llegan a
+purificarse, comprenden por su propio sentido cuándo llega el momento de
+tomar el portante. La liberación no debiera llamarse suicidio. La
+expresión mejor es esta: matar a la bestia carcelera. Llega un momento
+en que el alma no puede ya aguantar la esclavitud, y es preciso
+soltarse. ¿Cómo? Mira».
+
+Fortunata tiritaba, discurriendo si se levantaría para llamar a doña
+Lupe.
+
+«Esto es un puñal... bien afilado... Hay que tener en cuenta que la
+bestia se defiende, por muy decaída que esté. La carne es carne, y
+mientras tenga vida hace la gracia de doler. Por eso conviene que la
+liberación sea con el menor dolor posible, porque la misma alma, con
+toda su fortaleza, se amilana, siente lástima de la bestia carcelera e
+intercede por ella. Tú fíjate bien, y si el arma blanca no te gusta, me
+lo dices con franqueza. ¿Prefieres el arma de fuego? Pueden fallar los
+tiros, y entonces el alma se impacienta; suele suceder que la bala no
+toma la dirección conveniente y queda la bestia a medio matar con medio
+cuerpo muerto y medio cuerpo vivo. Por eso yo te traigo aquí los medios
+tóxicos, que son callados y seguros».
+
+Empezó a mostrar aquellas papeletas tan bien hechas y bien dobladas,
+sobre las cuales había escrito con clarísima letra el nombre de cada
+droga. Mirábalas Fortunata con indecible terror, y se tapaba la nariz y
+la boca, temerosa de que, respirando tales ingredientes, pudiera
+envenenarse.
+
+«Vete enterando. Esta sustancia que ves aquí, blanca y en cristalitos,
+es la _estricnina_... Muerte segura y tetánica, y que produce muchas
+angustias, por lo cual no te la recomiendo. La _atropina_ es esta, y
+esta la _cicutina_. ¿Ves?, polvos blancos. La _citutina_ tiene una
+ventaja, y es que con ella se liberó el señor de Sócrates, lo que la
+hace venerable. Ambos son venenos virosos, es a saber, que se queda uno
+dormido y en sueños se acaba. Pero yo me pregunto: En las tinieblas del
+sueño, ¿no producirán los pataleos de la bestia horribles martirios?
+¿Qué te parece a ti? ¿Preferiremos la _digitalina_, que mata por
+asfixia? ¿O nos fijaremos en los mercuriales? Míralos aquí: El _ioduro
+de Mercurio_, rojo; el _cianuro de Mercurio_, blanco. También tengo un
+preparado de fósforo, que mata por envenenamiento de la sangre. Pero lo
+bueno está aquí, míralo; el verdadero _ojo de boticario_, la bendición
+de Dios. Esto sí que mata, y pronto. ¿Ves este polvo gris? Es la
+_gelsemina_, la maravilla de la toxicación. La bestia se estremece sólo
+de verla; porque sabe que con esto no hay bromas. Muerte instantánea».
+
+--Basta, basta--dijo Fortunata, que ya no podía resistir más--. Si no
+guardas todo eso, me levanto y me voy.
+
+Él la miró con semblante en que se pintaban un desconsuelo siniestro y
+un asombro compasivo. Esta mirada le aumentó a ella el miedo, y
+comprendiendo que era forzoso disimularlo, acariciándole la manía para
+evitar cualquier barbaridad, le dijo:
+
+«Todo está muy bien... yo comprendo... Claro, la bestia hay que matarla.
+Pero si quieres que yo te quiera, ha de ser con condición de que no me
+traigas acá venenos...».
+
+--¡Ah!, corriente... Si prefieres las armas de fuego... Pero en este
+caso hay que ejercitarse. Preciso es que mueras primero tú, después
+yo... ¿Y si me falla el tiro y me quedo vivo y viene gente y me
+sujetan...?
+
+--No, hijo no; cada cual coge una pistola, y apunta uno para el otro
+como en los desafíos... Se da la señal, ¡pum!, y ya verás cómo quedan
+las dos bestias.
+
+Maximiliano meditaba. «No me parece muy practicable tu solución».
+
+--Sí, chico, sí, te digo que sí. Hazme el favor de coger todos esos
+polvos y tirarlos por la ventana al patio. No, mejor será que los
+envuelvas en un paquete y me los des; yo los guardaré. Te prometo
+guardarlos. Pero qué, ¿desconfías de mí?... Gracias, hombre.
+
+De veras que desconfiaba, porque cuando ella extendió sus manos para
+coger las papeletas, acudió él a defenderlas como se defiende una
+propiedad sagrada. «Tate, tate; déjame esto aquí. Yo lo guardaré...».
+
+--Bueno, mételo en el cajón de la mesa de noche, y también el
+cuchillito. Yo te prometo no tocarlo.
+
+--¿Me lo juras?--Te lo juro... No parece sino que yo te he engañado
+alguna vez. ¡Qué cosas tienes!... Pero te has de acostar...
+
+--Si no tengo sueño, a Dios gracias. Cuando duermo algo, sueño que soy
+hombre, es decir, que la bestia me amarra, me azota y hace de mí lo que
+le da la gana... ¡Infame carcelero!
+
+Impaciente, Fortunata se lanzó a las determinaciones que exigen los
+casos graves. Echose de la cama tal como estaba, y casi a la fuerza,
+mezclando los cariños con la autoridad, como se hace con los niños, le
+hizo acostar. Quitole la ropa, le cogió en brazos, y después de meterle
+en la cama, se abrazó a él sujetándole y arrullándole hasta que se
+adormeciera. Decíale mil disparates referentes a aquello de la
+liberación, de la hermosura de la muerte y de lo buena que es la matanza
+de la bestia carcelera. «A cada bestia le llega su San Martín» repetía,
+con otras frases que habrían sido humorísticas, si las circunstancias no
+las hicieran lúgubres.
+
+Ella durmió muy poco. Al amanecer, viéndole en profundo letargo,
+levantose cautelosamente y echó mano al puñal y las papeletas. Escondido
+el primero, vació todo el contenido de las segundas en un periódico,
+metiéndolo todo revuelto en un cucurucho para llevárselo a Ballester.
+Con ayuda de doña Lupe, que se horripilaba oyendo contar el paso de la
+noche anterior, pusieron en cada papelillo cantidad proporcionada de sal
+o azúcar molida, y bien dobladitos como estaban, volvieron a meterlos en
+la mesa de noche. Lo primero que él hizo al despertar fue ver si le
+habían quitado su tesoro, y como extrañase no hallar el puñal, díjole su
+mujer: «El puñal lo he guardado yo... Es monísimo. Descuida, que no lo
+perderé. ¿Tienes o no confianza en mí? Tocante a esos polvos, encárgate
+tú de guardarlos, y si el caso llega, chico, no seré yo quien les haga
+ascos, porque, bien mirado, para lo que sirve esta vida... Lucidas
+estamos; ¡siempre penando, siempre penando! Espera que te espera, y cada
+día un desengaño... Te aseguro que el vivir es una broma pesada».
+
+--Dame un abrazo--le dijo Maxi arrojándose a ella medio vestido--. Así
+te quiero. Tú has padecido, tú has pecado... luego eres mía.
+
+Y como en aquel momento entrara su tía trayéndole el chocolate, se fue
+hacia ella, en pernetas, con intento de abrazarla, diciéndole:
+
+--También usted ha padecido, también usted ha pecado, querida tía.
+
+--¡Pecar yo!...--Y es usted de mi tanda.--Todo lo que quieras, con tal
+que te tomes ahora este chocolatito.
+
+--Lo tomaré, lo tomaré, aunque no tengo apetito. Venga... Por aquello de
+cumplir.
+
+--Dices bien; una cosa es enamorarse de la muerte, y otra cumplir
+nuestras obligaciones mientras no llega el momento--dijo doña Lupe con
+naturalidad--. De mí te sé decir que estoy harta de la vida, pero harta,
+y si no he tomado ya una determinación es porque como tiene una tanto
+que hacer, no le queda tiempo ni para pensar en lo que le conviene. Pero
+ya lo arreglaremos, hijo, y a mí me tienes dispuesta a darle la morrada
+a la bestia cuando menos ella se lo piense. Ya no la puedo sufrir.
+
+Tía y esposa, disimulando su tristeza, le contemplaban mientras tomó el
+chocolate, admiradas de que lo tomase con ganas. Las ganas teníalas la
+bestia, él no.
+
+
+
+
+--xi--
+
+
+A eso de las diez salió Fortunata para llevar a Ballester el
+paquete de sustancias venenosas. «Ahí tiene usted la que nos preparaba
+su amigo--le dijo con desabrimiento--. ¡Vaya un cuidado que tiene usted!
+Vea lo que llevó a casa...».
+
+Ballester examinaba las terribles drogas... Después se puso muy serio:
+«Ese tonto de Padillita tiene la culpa. No sé cómo le permitió andar en
+esto. Descuide usted, que le echaré hoy una buena peluca. Lo mejor será
+que no trabaje más aquí; cualquier día nos mete en un conflicto... Pero
+siéntese usted...».
+
+Al ofrecerle una silla, Ballester parecía poner especial cuidado en dar
+a conocer sus botas nuevas, resplandecientes; en que Fortunata admirase
+su levita y su cabellera rizada a fuego, la cual despedía fuerte olor a
+heliotropo. En todo reparó ella, demostrándolo con una sonrisa
+picaresca.
+
+«Se ríe usted de lo reguapo que me he puesto hoy, ¿verdad? Acostumbrada
+a verme hecho un cavador... Pues le diré: hoy se casa mi hermana con ese
+a quien llaman el _distinguido pensador_, Federico Ruiz. Voy a la boda,
+y esta noche le traeré a usted los dulces».
+
+Fortunata volvió a su tema: «Es preciso tomar una determinación. Las
+medicinas que usted le da, no le hacen ningún efecto. Hoy hemos hablado
+mi tía y yo. Antes de llevarle a un manicomio, es preciso probar algún
+otro medicamento. ¿No se decide usted a darle eso que decía?... no me
+acuerdo cómo se llama... eso que suena así como un estornudo...».
+
+--¡Ah!, el _hatchiss_... lo prepararemos. Usted manda en esta casa... es
+usted el ama, y me manda a mí, y si me pide una cataplasma hecha con
+picadillo de mi corazón, al momento se la hago.
+
+--¿Ya está usted con sus guasas?
+
+--Y ahora me toca a mí pedirle un favor...
+
+--Usted dirá.--Esta noche traigo los dulces de la boda. Mando al segundo
+una parte, otra la dejo aquí para los amigos que vengan. ¿Irá usted
+arriba a casa de doña Casta, o vendrá aquí?
+
+--Iremos arriba... Si paseamos, puede que entremos aquí. Según esté ese.
+
+--Bueno; esta noche ha de venir mi amigo el crítico. Padilla le invitará
+a entrar y le ofrecerá dulces. Quiero que se coma uno que tengo yo aquí
+preparado para él... No sabe usted cuánto le odio.
+
+Fortunata, que tenía la cabeza caldeada con ideas de envenenamiento, se
+asustó.
+
+«¿Pero qué demonios le va usted a dar a ese infeliz? Si es un buen
+chico».
+
+--Nada, no se asuste usted... No es más que un derivativo... La fiesta
+consiste en que luego le invite doña Casta a subir, y que suba...
+
+--No sea usted bruto. ¡Si es un chico muy bueno! Me han dicho que
+mantiene a su madre...
+
+--¡Que mantiene a su madre! Pues estará lucida. ¿Y con qué la mantiene?
+¿Con los artículos?
+
+--Le dan dos duros por cada uno. Ya ve usted. Y hace cuatro todas las
+semanas.
+
+--Buen pelo, buen pelo... Pero en fin, aunque mantenga a su madre y a su
+abuela y a toda su familia, y sea un excelente chico, yo le quiero dar
+esta broma inocente. ¿Me hará usted el favor que le pido?
+
+--¿Cuál?--No le pido a usted que me dé un beso, porque si le pidiera ese
+pedazo de la gloria, usted no me lo daría, y si me lo diera, al instante
+me tendrían que poner en manos del amigo Ezquerdo... Pues mis
+aspiraciones se concretan hoy, querida amiga, a que usted, si está aquí
+cuando entre ese niño ilustrado, le ofrezca la yema que yo tengo
+dispuesta. Dándosela usted no sospechará... Además, usted le dirá a doña
+Casta o a Aurora que le inviten a subir para que oiga tocar la pieza...
+
+--Quítese usted de ahí... Yo no me meto en esas intrigas. ¡Pobre
+muchacho! Me pongo de su parte. ¡Qué malo es usted!
+
+--Más mala es usted... En pago de su infamia le voy a dar una buena
+noticia.
+
+--¿A mí noticias?...--Y tan buena que le ha de saber a usted mejor que
+los dulces que le enviaré esta noche... ¡Ay!, me consuela una cosa,
+amiga mía; y es que si conmigo es usted ingrata, lo es también con
+otros. ¡Mal de muchos...!
+
+--¿Qué está diciendo?
+
+--Pues que bien le pasean a usted la calle... Y la niña sin parecer por
+ninguna parte. El niño rompía el pescuezo mirando para los balcones, y
+usted atormentándole con su ausencia. ¡Pobre señor!... toda la tarde
+calle arriba calle abajo...
+
+Fortunata palideció, y con la mayor seriedad del mundo se dejó decir:
+
+«¿Quién... y cuándo?...».
+
+--No se haga usted la tonta... Pues ayer tarde, cuando se retiró, ¡iba
+con una cara de mal humor...! Plantón como aquel no se ha llevado nunca.
+Yo le miraba y me decía: «bien merecido te está... Aguántate, cachete...
+Todos somos iguales». ¿Quiere usted que le dé un consejo? Pues trátele a
+la baqueta. Que suspire, que pasee, que le tome la medida a la calle.
+Toda la hiel no ha de ser para mí... ¿Quiere que le dé otro consejo?
+Pues a usted le conviene un corazón como este que yo tengo aquí
+guardadito, virgen, créalo usted, virgen. Acéptelo, y déjese de querer a
+ingratos...
+
+Fortunata se había puesto tan desasosegada, que no oía las amorosas
+confianzas del farmacéutico. «Abur, abur--dijo levantándose--. Tengo que
+volverme a mi casa».
+
+--Vamos a ver... Y si vuelve esta tarde, ¿qué le digo?
+
+--Quítese usted allá...--indicó ella corriendo hacia la puerta, y el
+otro detrás.
+
+--¿Qué le digo?... Porque aunque no le he hablado nunca, le hablaré, si
+usted me lo manda. ¿Dígole que no parezca más por aquí?... ¡Ay, qué
+mujer! Allá va como una exhalación. Está tocada, tan tocada como su
+marido... Todo por no enamorarse de un hombre digno, como por ejemplo...
+un servidor. ¡Ah! Segismundo, paciencia. Imita a los pescadores de caña;
+espera, espera, que al fin ella picará.
+
+Doña Lupe, cuando entró su sobrina bastante sofocada por haber subido
+muy aprisa la escalera, admirose de verla tan alegre. «Sabe Dios--dijo
+para sí--; sabe Dios por qué estarán los tiempos tan divertidos...
+Probablemente esta salidita, con pretexto de llevarle a Ballester los
+polvos, sería para verle... Él le diría que pasaba a tal hora... ¡Y qué
+colorada viene! Sin duda ha habido hocicadas en el portal».
+
+Maxi continuaba tranquilo. Más bien parecía un convaleciente que un
+enfermo. Estaba muy débil y no apetecía más que sentarse junto a los
+cristales del balcón del gabinete, contemplando con incierta mirada a
+los transeúntes. Esto no le hacía maldita gracia a Fortunata, porque...
+«si _al otro_ le da la gana de pasar también esta tarde y Maxi le ve, se
+va a excitar mucho». Por tal motivo estuvo muy inquieta, y a cada
+instante se asomaba y volvía para adentro, tratando de que su marido se
+pusiese en otra parte. Pero al otro no le dio la gana de pasar aquella
+tarde. Lo que hizo fue mandar un recadito a su amiga, sacándola del
+purgatorio de incertidumbre y tristeza en que estaba. Servía de
+Celestina para estas comunicaciones la tía de Fortunata, Segunda
+Izquierdo, que en Mayo último se le había presentado, miserable y
+llorosa, a que le diera una limosna. Desde entonces iba todas las
+semanas, y su sobrina la socorría, unas veces con dinero, otras con
+comida sobrante o alguna prenda de vestir.
+
+Santa Cruz la amparaba también, y ella se servía de su mendicidad para
+introducir en la morada de Rubín los mensajes de amor; y tan ladinamente
+lo hacía, que la sagaz doña Lupe no sospechaba nada. Pues aquella tarde,
+después de mucho tiempo de entrar allí _con las manos vacías_, puso en
+las de Fortunata una esquelita. Al fin, ¡oh, dicha increíble!... Cuando
+pudo, leyó la feliz mujer el papelito, en el cual se le citaba a tal
+hora y a tal sitio para el día siguiente.
+
+Por la noche fueron todos a casa de doña Casta, quien tomó por su cuenta
+a Maxi, prodigándole mil cuidados, ofreciéndole golosinas, y tratando de
+refrescarle el cerebro con una plácida disertación sobre las aguas de
+Madrid, y sobre las propiedades por que se distinguen las de la
+Acubilla, Abroñigal, y fuente de la Reina, de las de Lozoya.
+
+La viuda de Fenelón llegó a la hora de costumbre, y a poco subió el mozo
+de la botica con la bandeja de dulces que mandaba Ballester. No tardaron
+en presentarse el señor y la señora del tercero de la derecha. Él, por
+una de esas ironías tan comunes en la vida, era el hombre más grave,
+seco y desapacible del mundo, comadrón de oficio, y se llamaba _D.
+Francisco de Quevedo_ (hermano del cura castrense, Quevedo, a quien
+conocimos en la tertulia del café, junto con el _Pater_ y Pedernero). Su
+mujer competía en elegancia con una boya de las que están ancladas en
+el mar para amarrar de ellas los barcos. Su paso era difícil, lento y
+pesado, y cuando se sentaba, no había medio de que se levantara sin
+ayuda. Su cara redonda semejaba farol de alcaldía o Casa de Socorro,
+porque era roja y parecía tener una luz por dentro; de tal modo
+brillaba. Pues a esta monstruosidad la llamaba Ballester _doña
+Desdémona_, por ser o haber sido Quevedo muy celoso, y con este mote la
+designaré, aunque su verdadero nombre era doña Petra. No tenía niños
+este matrimonio, y mientras D. Francisco se pasaba la vida sacando a luz
+los hijos del hombre, su esposa sacaba y criaba pájaros, para lo cual
+tenía muy buena mano. Estaba la casa llena de jaulas, y en ellas se
+reproducían diversas familias y especies de aves cantoras. Y para colmo
+de contrastes, era la señora del comadrón una mujer chistosísima, que
+contaba las cosas con mucha sal. En cambio, D. Francisco de Quevedo no
+tenía más chiste que el que podría tener un caimán.
+
+
+
+
+--xii--
+
+
+Aurora y Fortunata, después de cumplir un rato con la visita,
+riéndole las gracias a _doña Desdémona_, se fueron al balcón. La viuda
+tenía que contar a su amiga cosa de mucha importancia, y al instante
+empezó el secreto. «Ya no me queda duda. Ciertos son los toros. ¿Sabes
+que el primo Moreno no sale de la tienda? Allí se va por las mañanas, y
+no quita los ojos del portal de Santa Cruz, acechando si entran o salen.
+El muy tonto, ¡qué mal lo disimula! Parece mentira que se chifle así un
+hombre de su edad... porque anda ya cerca de los cincuenta; un hombre
+enfermo... porque los médicos dirán lo que quieran, pero el mejor día
+hace el _crac_... ¿Y qué más prueba de su embrutecimiento que estar
+aquí?... ¿Por qué no se va al extranjero como otros años? Buen pajarraco
+está. Ya ves; un hombre, _por ejemplo_, que podría haber hecho la
+felicidad de cualquier muchacha honrada, se ve ahora sin amor, sin
+familia propia, solo, triste... ¡Ah!, le conozco bien: es un disoluto,
+un inmoral, un corrompido. No le gustan más que las casadas. Me lo ha
+dicho a mí misma... a mí me lo ha dicho».
+
+--¿Pero tú...?--Espera, te contaré--dijo Aurora con cautela,
+asegurándose de que ningún curioso se destacaba de la tertulia para
+acecharlas--. Pues este primo Moreno, aunque pariente lejano, y más
+lejano por ser rico y nosotras pobres, nos visitaba alguna vez... hará
+de esto trece o catorce años. Mamá le consideraba mucho, y cuando venía
+a casa le recibía poco menos que en palio. Tuvo mamá en un tiempo la
+ilusión ¡qué tontería!, de casarme con él. Yo tenía dieciocho años, él
+treinta y pico. ¿Te vas enterando?
+
+Fortunata atendía con toda su alma.
+
+«¿Quieres que te hable con franqueza? Pues a mí no me disgustaba; pero
+nunca me dijo nada... Tenía buena figura y unos aires de caballero como
+los tienen pocos... Mamá y papá hechos unos tontos con aquella
+esperanza... ¡qué inocentes! Es muy lagarto ese hombre. ¡Casarse
+conmigo! Sí, para mí estaba. A lo mejor, meses y meses sin parecer por
+aquí. Yo me acordaba de él y de cuando venía a casa; como que al verle
+entrar nos quedábamos todos turulatos y nos parecía que entraba por esa
+puerta la Divina Majestad... Pues como te digo, dejó de venir. En aquel
+tiempo conocí a Fenelón; fue mi novio y me pidió. Mamá tenía todavía
+ilusiones; papá se había curado de ellas. Nos casamos... ¿Pues creerás
+que al mes de casados, viene el primo a Madrid y empieza a hacerme la
+corte por lo fino?».
+
+Fortunata parecía que estaba oyendo leer el relato más novelesco, según
+el interés y asombro que mostraba.
+
+«Pues verás. Fenelón era un bendito; de estos que juzgan a todo el mundo
+por sí mismos, y que no ven el mal aunque se lo cuelguen de la nariz. No
+se enteraba de la persecución, y yo pasando la pena negra. ¡Ay hija, qué
+peligro tan grande! Siempre que salía, ¡pin!, me le encontraba. Yo no
+sé... parecía que me olía como los perros huelen la caza. Una tarde que
+llovía, me cogió y casi a la fuerza me metió en su coche. Estuve a dos
+dedos del abismo, casi a dedo y medio; pero no, no caí. ¡Dios mío, qué
+hombre!, es absurdo».
+
+--¿Pero tú le querías?--preguntó la de Rubín, que con la idea del querer
+resolvía todos los problemas.
+
+--Yo... te diré... me pasaba una cosa particular. Temblaba siempre que
+nos encontrábamos... le tenía miedo, y... de ti para mí, me gustaba.
+Pero, lo que yo digo, ¿por qué no se casó conmigo?
+
+--Claro.--Yo le hubiera querido mucho, y no le habría faltado por nada
+de este mundo. Pero estos hombres, ¡qué malos son, pero qué malos! Pues
+verás. Me voy a Burdeos con mi marido, pasan meses y meses, llega el
+verano y nos vamos a pasar una corta temporada en Royan, un pueblo de
+baños de mar. Pues, hija, estaba yo una tarde en el muelle viendo
+desembarcar a los pasajeros que venían en el vaporcito de Burdeos,
+cuando me veo al primo Moreno. Me quedé... ¡ay!, no te quiero decir
+nada.
+
+--¿Y tu marido estaba contigo?
+
+--No; ese es el caso. Fenelón había ido a París a hacer compras. En
+París estaba Moreno, le vio... y chitito callando se fue a Royan,
+sabiendo que me cogía sola y descuidada. Descuido fue, que aquella vez,
+hija, no pude zafarme como cuando la del coche... ¡Ay!, estas cosas te
+las cuento a ti, porque sé que eres callada y no me has de hacer
+traición. ¡Si mamá lo supiera...! En fin, que el muy tunante se divirtió
+todo lo que quiso, y después la del humo. Llegó el 70, y al pobrecito
+Fenelón le mataron esos infames prusianos. Fue un dolor... ¡ah! por ser
+valiente, ¡por empeñarse en salir en una descubierta! Era un hombre tan
+patriota, que por salvar a su querida Francia, habría dado él cien vidas
+que tuviera... Pero vamos al otro, a ese solterón estragado... Cuando
+enviudé, dije: «Pues ahora, si de veras le gusto...». ¡Quia! Me le
+encontré en Madrid al año siguiente, y como si tal cosa. ¿Creerás que me
+dijo algo de amor? ¿Creerás que se acordaba de cumplir las promesas que
+me había hecho? Buen cumplimiento nos dé Dios. Hija, frialdad igual no
+he visto. Te aseguro, que me dan ganas, _por ejemplo_, de clavarle un
+puñal... Cierto que me ofreció lo que yo quisiera para establecerme...
+pero no quise tomar nada de aquellas manos. ¡Monstruo! Cuando le dio al
+primo Pepe el dinero para la gran tienda, puso por condición que me
+había de colocar al frente de las labores... Pero no se lo agradezco,
+palabra de honor, no se lo agradezco...
+
+--A tu primo no le gustan más que las casadas.
+
+¡Valiente tuno!--dijo Fortunata moviendo la cabeza, como quien comprende
+tarde lo que debió de comprender antes.
+
+--Estos solterones vagabundos y ricos son así... Están viciosos,
+estragados, mimosos; y como se han acostumbrado a hacer su gusto, piden
+_mediodía a catorce horas_. Ahí le tienes ya, aburrido, enfermo; no sabe
+qué hacerse; quiere calor de familia y no le encuentra en ninguna parte.
+Bien merecido le está; me alegro. Que lo pague. Y para mayor desgracia,
+se engolosina ahora con Jacinta. Lo que a él le enciende el amor es la
+resistencia; y las que tienen fama de honradas, le entusiasman, y las
+que sobre tener fama, lo son, le vuelven loco. Con Jacinta debe de haber
+sostenido una guerra tremenda, sí, tremenda; pero al fin, ella se ha
+rendido, no te quepa duda. Yo fui Metz, que cayó demasiado pronto; y
+ella es Belfort, que se defiende; pero al fin cae también... ¡Ah!, las
+señas son mortales. El primo va a la casa todos los días, y la acecha
+cuando sale, para hacerse el encontradizo... Algunas tardes no parece
+por la tienda. ¿Tendrán citas? He aquí mi idea. Te juro que lo he de
+averiguar. Imposible que yo no lo averigüe. Aunque tuviera que perder mi
+colocación, aunque me quedara sin camisa que ponerme... ¡Qué infamia! Y
+miren la otra, la mosquita muerta, con su cara de Niño Jesús y su fama
+de virtud. Sí; santidades a cuarto; véase la clase. Te aseguro que el
+día en que esto estalle y haya la gran tragedia, será el día más feliz
+de mi vida. ¿Pues qué cree ese? ¿Que se puede engañar, y engañar, y
+engañar siempre, y burlarse de los pobres maridos? Pues ya cayó otro;
+_solamente_ que ahora no da con mi Fenelón, que era un santo y no
+sospechaba de nadie más que de los prusianos. Ahora da con un hombre
+templado, tu amigo, que no se conformará con esta deshonra, ¿verdad? Te
+aseguro que le va a arder el pelo al tal primito con todo su mal de
+corazón y su extranjerismo.
+
+Fortunata no chistó. Aquella revelación le había dejado tan atontada,
+cual si le descargasen un fuerte golpe en la cabeza.
+
+Jacinta... ¡Jesús!.. el modelito, el ángel, la mona de Dios... ¿Qué
+diría Guillermina, la _obispa_, empeñada en convertir a la gente y en
+ver la que peca y la que no peca?... ¿Qué diría?... ja, ja, ja... ¡Ya no
+había virtud! ¡Ya no había más ley que el amor!... ¡Ya podía ella alzar
+su frente! Ya no le sacarían ningún ejemplo que la confundiera y
+abrumara. Ya Dios las había hecho a todas iguales... para poderlas
+perdonar a todas.
+
+
+
+
+-II-
+
+Insomnio
+
+
+
+
+-i--
+
+
+A las doce de un hermoso día de Octubre, D. Manuel Moreno-Isla
+regresaba a su casa, de vuelta de un paseíto por _Hide Park_ ... digo,
+por el Retiro. Responde la equivocación del narrador al _quid pro quo_
+del personaje, porque Moreno, en las perturbaciones superficiales que
+por aquel entonces tenía su espíritu, solía confundir las impresiones
+positivas con los recuerdos. Aquel día, no obstante, el cansancio que
+experimentaba, determinando en él un trabajo mental comparativo,
+permitíale apreciar bien la situación efectiva y el escenario en que
+estaba. «Muy mal debe andar la máquina, cuando a mitad de la calle de
+Alcalá ya estoy rendido. Y no he hecho más que dar la vuelta al
+estanque. ¡Demonio de neurosis o lo que sea! Yo, que después de darle la
+vuelta a la _Serpentine_ me iba del tirón a _Cromwell road_... friolera;
+como diez veces el paseo de hoy... yo que llegaba a mi casa dispuesto a
+andar otro tanto, ahora me siento fatigado a la mitad de esta condenada
+calle de Alcalá... ¡Tal vez consista en estos endiablados pisos, en
+este repecho insoportable!... Esta es la capital de las setecientas
+colinas. ¡Ah!, ya están regando esos brutos, y tengo que pasarme a la
+otra acera para que no me atice una ducha este salvaje con su manga de
+riego. 'Eso es, bestias, encharcad bien para que haya fango y
+paludismo...'. Pues por aquí, los barrenderos me echan encima una nube
+de polvo... 'Animales, respetad a la gente...'. Prefiero las duchas...
+En fin, que este salvajismo es lo que me tiene a mí enfermo. No se puede
+vivir aquí... Pues digo; otro pobre. No se puede dar un paso sin que le
+acosen a uno estas hordas de mendigos. ¡Y algunos son tan insolentes!...
+'Toma, toma tú también'. Como me olvide algún día de traer un bolsillo
+lleno de cobre, me divierto. ¡Aquí no hay policía, ni beneficencia, ni
+formas, ni civilización!... Gracias a Dios que he subido el repecho.
+Parece la subida al Calvario, y con esta cruz que llevo a cuestas,
+más... ¡Qué hermosos nardos vende esta mujer! Le compraré uno... 'Deme
+usted un nardo. Una varita sola... Vaya, deme usted tres varitas.
+¿Cuánto? Tome usted... Abur'. Me ha robado. Aquí todos roban... Debo de
+parecer un San José; pero no importa... 'Yo no juego a la lotería;
+déjeme usted en paz'. ¿Qué me importará a mí que sea mañana último día
+de billetes, ni que el número sea bonito o feo...? Se me ocurre comprar
+un billete, y dárselo a Guillermina. De seguro que le toca. ¡Es la
+mujer de más suerte!... 'Venga ese décimo, niña... Sí, es bonito número.
+¿Y tú por qué andas tan sucia?'. ¡Qué pueblo, válgame Dios, qué raza! Lo
+que yo le decía anteayer a D. Alfonso: 'Desengáñese Vuestra Majestad,
+han de pasar siglos antes de que esta nación sea presentable. A no ser
+que venga el cruzamiento con alguna casta del Norte, trayendo aquí
+madres sajonas'. Ya poco me falta. Francamente, es cosa de tomar un
+coche; pero no, aguántate, que pronto llegarás... Un entierro por la
+Puerta del Sol. No, lo que es aquí no me he de morir yo, para que no me
+lleven en esas horribles carrozas... Dan las doce. Allá están los
+cesantes mirando caer la bola. Buena bola os daría yo. Ahí viene
+Casa-Muñoz. ¿Pero qué veo? ¿Es él? Ya no se tiñe. Ha comprendido que es
+absurdo llevar el pelo blanco y las patillas negras. No me mira, no
+quiere que le salude. Realmente es muy ridícula la situación de un
+hombre que se tiñe, el día en que se decide a renunciar a la pintura,
+porque la edad lo exige o porque se convence de que nadie cree en el
+engaño... Allí va en un coche la duquesa de Gravelinas... No me ha
+visto... 'Abur Feijoo...'. ¡Qué bajón ha dado ese hombre!... Vamos, ya
+entro por mi calle de Correos. Si habrá venido a almorzar mi primo... Lo
+que es hoy me tiene que hacer un reconocimiento en toda regla, porque me
+siento muy mal... Que me ausculte bien, porque este corazón parece un
+fuelle roto. ¿Será esto un fenómeno puramente moral? Puede ser. Ya veo
+yo el remedio... ¡Pero qué verdes están las uvas, qué verdes! Los
+balcones tan tristes como siempre. ¡Ah!... sale al mirador Barbarita
+para hablar con la _rata eclesiástica_... 'Adiós, adiós... vengo de dar
+mi paseíto... Estoy muy bien, hoy no me he cansado nada...'. ¡Qué
+mentira tan grande he dicho! Me canso como nunca. Ahora, escalera de mi
+casa, sé benévola conmigo. Subamos... ¡Ay, qué corazón, maldito fuelle!
+Despacito, tiempo hay de llegar arriba. Si no llego hoy, llegaré mañana.
+Seis escalones a la espalda. ¡Dios mío, lo que falta todavía!».
+
+Cuando llegó al principal, su hermana le esperaba en la puerta. «¿Te has
+cansado mucho?».--Así, así. ¿Dónde está Tom? Que venga.
+
+Moreno entró en su habitación, seguido del criado. Este era inglés y le
+acompañaba en todos su viajes. Decía el anti-patriota que los sirvientes
+españoles son tan torpes que no saben ni cerrar una puerta. El suyo era
+de esos que hacen de la servidumbre una profesión inteligente, y se
+adelantan a los más insignificantes deseos de sus amos para
+satisfacerlos. En inglés le dijo Moreno que echase agua en uno de los
+búcaros que en la estancia había, para poner los nardos; y sin soltar
+estos de la mano se dejó caer en el sofá. Vestía el caballero americana
+oscura y pantalón de cuadros, sombrero de copa, y los indispensables
+botines blancos cubriendo las botas holgadísimas, con suelas de un dedo
+de grueso. «¿Ha venido mi primo?» preguntó a Tom dándole las flores.
+
+--El señor doctor está en la habitación de _miss_ Guillermina.
+
+--_Dígale usted_ que estoy aquí.
+
+La fatiga del paseo y de la escalera le duraba aún cuando vio entrar al
+más simpático de los doctores, Moreno Rubio, despidiendo tufo de
+alegría, como un preservativo contra las tristezas de la medicina.
+Médico de gran saber y aplicación, había alcanzado mucha fama y tenía
+una clientela brillantísima.
+
+«Hoy me vas a examinar bien...--le dijo su primo--. Figúrate que soy un
+desconocido que se te presenta en tu consulta. Déjate de bromas conmigo,
+y no me ocultes la verdad. Mira que te desacredito, si no lo haces así».
+
+--Bueno, hombre, descuida; te registraremos en toda regla--replicó el
+médico sonriendo y sentándose junto a él--. ¿Te has cansado mucho?
+
+--¿No me ves? También es gana de hacer preguntas. En cuanto almorcemos,
+me entrego a ti, como un cadáver de la sala de disección.
+
+--Pues mejor es antes (sacando la trompetilla y tornillándola).
+
+--Bueno, pues ya puedes empezar. (Quitándose la americana). ¿Me echo en
+la cama? Es mejor, sí; aquí me tienes como un muerto, con las manos
+cruzadas.
+
+--No, extiende los brazos. Así...
+
+El doctor abrió la camisa y aplicó un extremo de la trompeta,
+inclinándose para poner su oído en el otro. «No te muevas... Ahora,
+respira fuerte... da un suspiro, pero un suspiro grande, como los de los
+enamorados».
+
+--Me parece que tú estás de guasa. Pepe, por Dios, mira que esto es
+serio, muy serio. Llevo más de diez noches sin pegar los ojos, y tu
+dichoso digital no me alivia nada.
+
+--Cállate, y déjame oír...
+
+--¿Qué notas?... ¿qué?
+
+--Pero ten paciencia. Aguarda... Pues esto está muy malo. Hay aquí
+dentro un zipizape de mil demonios.
+
+--¿Qué clase de ruido sientes? La sístole es demasiado fuerte y...
+
+--Algo de eso.--El empuje de la corriente sanguínea...
+
+--Sí; pero prevalece un síntoma muy perro, un síntoma...
+
+--¿Cuál es?, dímelo. ¿Cómo se llama?
+
+--Amor.--¡Vaya! Llamaré otro médico. Tú no me sirves... con tus guasitas
+de mal gusto. ¡Ni qué tendrá que ver...!
+
+--¡Pues no ha de tener que ver!--dijo Moreno Rubio poniéndose serio y
+guardando su instrumento--.
+
+No sé qué te figuras tú. ¿Quieres romper de un golpe la armonía del
+mundo espiritual con el mundo físico? Ya lo sabes; te lo he dicho mil
+veces. No necesito auscultarle más. Tienes desórdenes en la circulación,
+los cuales podrán ser muy graves si no cambias de vida.
+
+--No parece sino que hago yo la vida del perdido (levantándose y
+volviéndose a poner su ropa).
+
+--Haces la vida del caprichoso, que es peor. Te conviene una
+tranquilidad absoluta, renunciar a los deseos vehementes, a las
+cavilaciones que la no satisfacción de ellos te produce; viajar menos,
+ahogar todo apetito loco de los sentidos, renunciar a todos los
+excitantes malsanos; no me refiero solamente al café y al té, sino más
+principalmente a los excitantes imaginativos e ideales; huir de las
+emociones, y cortarte la coleta de banderillero, con intención de no
+dejártela crecer más; trazar una raya en tu vida y decir: «ni Cristo
+pasó de la Cruz, ni yo paso de aquí». Si tuvieras treinta o treinta y
+cinco años, te aconsejaría que te casaras; pero más vale que te hagas la
+cuenta de que por reciente providencia judicial... o divina, han
+desaparecido todas las mujeres que hay en el mundo, casadas, solteras y
+viudas...
+
+--¡Bah!, ¡bah! Siempre la misma historia--dijo Moreno-Isla, tomándolo a
+broma--. ¿Pero tú eres un médico o un confesor?
+
+--Las dos cosas--afirmó el otro con serenidad y energía--. Si no haces
+lo que te he dicho, Manolo, si no lo haces, te mueres, y pronto. De modo
+que ya sabes mi opinión. No vuelvas a consultarme. No sé más. He agotado
+mi ciencia contigo. Si hay algún colega que encuentre el medio de poner
+de acuerdo tus costumbres y tus pasiones con una ordenada y sana función
+vascular, llámalo, y entiéndete con él.
+
+El criado anunció que el almuerzo estaba servido. «Vamos en
+seguida--dijo el enfermo, cogiendo a su primo por el brazo--. Espérate
+un poco, que te quiero consultar otra cosa».
+
+Detuviéronse un instante en la habitación, y D. Manuel, poniéndole una
+cara muy seria, hizo a su primo esta pregunta: «Vamos a ver, sin guasa.
+En mi estado, sea bueno, sea malo, en mi estado presente, fíjate bien,
+tal como ahora estoy, ¿podría yo tener hijos?».
+
+Moreno Rubio soltó la carcajada.
+
+«Hombre, no digo que no. Podrías tener una escuela de párvulos».
+
+--Quiero decir... pero respóndeme en serio... quiero decir, si tal como
+estoy, con la tubería descompuesta...
+
+--Ya lo creo, por poder...--Eso te lo digo, porque después de eso, me
+decidiría a aceptar lo que propones, el retraimiento, cortar la coleta,
+etc...
+
+--Mira, inocente, no te cuides de aumentar la especie. Mientras menos
+seres humanos nazcan, mejor. Para lo que vale esta vida...
+
+--Creo lo mismo... pero a mí me gustaría tener la seguridad de que... Es
+un ejemplo, un por si acaso nada más. No creas que me parece mal tu plan
+de vida vegetativa. Yo lo adoptaría, sí señor; pero a su tiempo.
+
+--Primo--le dijo el otro mirándole con socarronería--; si quieres hijos,
+haberlo pensado antes.
+
+--No, tonto, si no es que yo los quiera; ni maldita la falta que me
+hacen a mí chiquillos. Si esto te lo pregunto hipotéticamente. Me basta
+con tener conciencia de mi aptitud... Curiosidades de enfermo...
+
+--¿Que no vienen?--dijo, presentándose en la puerta, la hermana de
+Moreno-Isla.
+
+--Vaya unas prisas. Ya vamos. ¡Para la gana que uno tiene...!
+
+--Pero la tengo yo, canastos--dijo el médico.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Por la tarde pidió Moreno su coche y estuvo haciendo visitas hasta
+las siete. Comió en casa de los de Santa Cruz, y estos lo notaron
+sombrío, padeciendo chocantes distracciones, y tan indiferente a todo,
+que ni siquiera tomaba con calor la defensa de sus principios y gustos
+extranjeros, cuando Barbarita, por combatirle la murria, sacaba a
+relucir algún tema de entretenida polémica sobre este punto. Algo dijo,
+sin embargo, que animó la desmayada conversación de aquella noche.
+«¿Saben ustedes cuál es una de las cosas que me cargan más en España? La
+costumbre que tienen las criadas de ponerse a cantar cuando trabajan.
+Parecía natural que en mi casa me viera yo libre de este tormento. Pues
+no señor. Tiene mi tía Guillermina una criadita cuya boca vale por dos
+murgas. No vale mandarla callar. Obedece durante diez minutos, y de
+repente vuelve otra vez con _el señor alcalde mayor_. Dice que se
+olvida, Creánmelo ustedes. Le rompería la cabeza».
+
+--¡Y me quieres hacer creer que en el extranjero...! Pero Manolo...
+
+--¡Ah!, no, señora... esté usted segura de que si en Londres una criada
+se permitiera cantar, pronto la pondrían de patitas en la calle. Es que
+ni se les ocurre tal disparate.
+
+--Lo creo; tan sosas son.--Es que esta pícara raza, que no conoce el
+valor del tiempo, tampoco conoce el del silencio. No podrá usted meterle
+en la cabeza a esta gente la idea de que la persona que se pone a pegar
+gritos cuando yo escribo, o cuando pienso, o cuando duermo, me roba. Es
+una falta de civilización como otra cualquiera. Apoderarse del silencio
+ajeno es como quitarle a uno una moneda del bolsillo.
+
+Estas cosas hacían gracia, y aquella noche las rieron más, para
+animarle. Invitado por Juan a ir al Teatro Real, lo rehusó. Había en la
+casa muy poca gente, Guillermina en su rincón, D. Valeriano Ruiz Ochoa y
+Barbarita II. Barbarita I había concebido el loco proyecto de casar a
+Moreno con esta sobrina suya, que era muy mona, y comunicado el
+pensamiento a Jacinta, esta lo encontró de lo más insensato que se le
+podría ocurrir a nadie. «¡Pero mamá, si mi hermana no tiene más que
+dieciocho años, y Moreno anda ya cerca de los cincuenta, y además está
+enfermo!».
+
+--Cierto que hay diferencia de edades--decía la señora riendo--, pero es
+un gran partido. Ándate con repulgos y verás cómo le cae a tu hermana un
+subteniente, un oficial de la clase de quintos u otra lotería semejante.
+Este hombre es un buenazo muy rico, y eso que padece no es sino
+aburrimiento, mal de soltería, lo que los ingleses llaman _esplín_.
+Cásale, y se le quitan diez años de encima.
+
+Jacinta no se convencía, y en cuanto a la enfermedad, su opinión era muy
+distinta de la de su suegra. Aquella noche le cogió por su cuenta para
+echarle un buen réspice. Estaban en el despacho apartados de los dos
+grupos de tresillistas (D. Baldomero, Ruiz Ochoa, su señora, Pepe
+Samaniego y otros). Barbarita II y su hermana tenían delante a Moreno,
+que en los primeros momentos de aquella situación, decía de dientes
+para adentro: «Creo que si no estuviera presente la polla, le diría
+algo. Me enfada esta niña con su inocencia y su cara bonita. Parece que
+se la pone al lado como un escudo contra mí... Es fatalidad esta; las
+pocas veces que la cojo sola, no adelanto nada. Si le digo cualquier
+reticencia delicada, se hace la tonta. Evita el encontrarse sola
+conmigo, y ahora trae siempre a rastras al espantajo angelical de su
+hermana para asustarme».
+
+--Pero qué callado está usted...--observó Jacinta sonriendo--. ¿Qué?,
+¿se siente usted peor? Dice mamá, que si usted se casa se le quitarán
+diez años de encima. Conque, decidirse...
+
+La fisonomía del misántropo se iluminó al oír esta peregrina receta.
+
+«También yo lo creo--dijo--. Vea usted; un remedio que parece tan fácil,
+es imposible».
+
+--Justo; como se ha concluido el género femenino... Tiene usted razón,
+ya no hay mujeres.
+
+--Para mí como si no las hubiera... ¿Qué le dije a usted ayer? Ya no se
+acuerda. Si ya se sabe: cosa que yo le diga a usted es como si la
+escribiera en el agua.
+
+--De veras que se me ha olvidado. ¿Te acuerdas tú, Bárbara?
+
+--No, si Bárbara no estaba presente.
+
+--No importa. Todo lo que usted me dice a mí, al instante voy a
+contárselo a mi hermana.
+
+--Sí, es usted muy cuentera. ¿Y por qué se lo cuenta usted a su hermana?
+
+--Porque le hace gracia. Moreno no pudo disimular la profunda tristeza
+que se apoderaba de él.
+
+«¿Pero qué tiene usted?... Esta noche le encuentro más _esplinado_ que
+nunca».
+
+--¿No nos contaba ayer que dejó tres novias en Londres?--apuntó
+Barbarita, que gustaba de buscarle la lengua.
+
+--Sí; pero a esas no las quiero--replicó Moreno con la ingenuidad de un
+niño. Y luego, revolcándose en aquella tristeza contra la cual nada
+podía su dominio de hombre de sociedad, se espetó otro monólogo--: Ya
+estoy entrando en el periodo pueril... La tontería y la incapacidad me
+invaden... Esta mujer con su frialdad y su ironía me ha puesto el pie
+sobre la cabeza y me la ha aplastado, como la Virgen la de la
+serpiente... Ya empiezo a estar ridículo...
+
+--¿Por qué no le repite usted esta noche a mi hermana lo que le dijo la
+semana pasada?--dijo Barbarita II al melancólico caballero.
+
+--¿Yo... que...? (asustado, como quien despierta de un sueño). Yo... no
+le he dicho nada.
+
+--Sí, la semana pasada, cuando fuimos a la Casa de Campo, y se puso
+usted a contar el cuento de aquella inglesona que le quiso pegar un tiro
+porque le dijo no sé qué, en un tren.
+
+--No me acuerdo--dijo el misántropo con todas las apariencias de un
+estúpido.
+
+--Este hombre--indicó Jacinta--, cuando tocan a olvidarse, no hay quien
+le gane. Me dijo usted que se casaba si yo me comprometía a buscarle la
+novia...
+
+--¡Ah!... Pues no; me desdigo, recojo la proposición. Si ha empezado
+usted sus trabajos, delos por inútiles. Pagaré indemnización, si es
+preciso.
+
+--Ya lo creo que es preciso... Poquito que había yo hecho ya. ¡Vaya que
+la formalidad de usted...!
+
+Ambas se pusieron muy serias. Notaban en Moreno palidez mortal, gran
+abatimiento, y un cierto olvido, extraño en él, de la atención constante
+que se debe prestar a las señoras cuando se platica con ellas. Jacinta
+se inclinó un poco hacia él, abriendo su abanico sobre las rodillas, y
+le dijo en tono muy cariñoso: «Amigo mío, es preciso que usted se cuide,
+y mire más por su salud. Esta tarde nos encontramos a Moreno Rubio en
+casa de Amalia, y me dijo que lo que usted padece no es nada; pero que
+si se descuida y no hace lo que él le manda, lo va a pasar mal. Usted no
+es un niño, y debe comprenderlo. ¿Por qué no hace caso de lo que le
+dicen las personas que le quieren bien y que se interesan por usted?».
+
+Moreno la miraba estático. Algunos monosílabos salieron de su boca;
+pero aquellos pedazos rotos de su pensamiento más bien parecían de
+aquiescencia que de protesta. Jacinta siguió hablándole en un tono
+dulce, tiernísimo, y más bien parecía una madre que una amiga.
+
+«¡Cuánto nos alegraríamos de verle a usted bueno y sano, y qué fácil
+sería con buena voluntad!... Porque lo que usted tiene no es más que
+malas ideas. Así me lo dijo su primo, y viene bien esta opinión con lo
+que yo creía. Es lástima que teniendo todos los medios de ser feliz no
+lo sea. ¿Qué le falta a usted?...».
+
+Moreno sentía que el corazón se le hacía pedazos. «¿Pues no dice que qué
+me falta?... Si me falta todo, absolutamente todo. ¡Ay, qué mujer!, si
+sigue en esta cuerda, creo que me pongo más en ridículo».
+
+--¿Qué le falta a usted? Nada. Si no se le pusieran en la cabeza cosas
+imposibles, estaría tan campante. Lo que tiene usted es mucho mimo. Es
+como los chiquillos.
+
+«¡Ya lo creo; soy como los chiquillos!» pensaba el infeliz caballero.
+
+--Moreno Rubio lo ha dicho y tiene razón: usted tiene en su mano su
+salud y su vida. Si las pierde es porque quiere. Parece mentira que un
+hombre de su edad no sepa ponerse a las órdenes de la razón.
+
+«¡La razón! Buena tía indecente está» observó D. Manuel dentro de su
+pensamiento.
+
+--Y sacudir las malas ideas y atemperar el espíritu; no desear lo que no
+se puede tener, y hacer vida ramplona, sin empeñarse en que todas las
+cosas se desquicien para acomodarse a su gusto y satisfacción. ¿Qué es
+el _esplín_ más que soberbia? Sí, lo que usted tiene es soberbia, el
+_usted_ satánico. Estos inglesotes se figuran que el mundo se ha hecho
+para ellos... No, señor mío, hay que ponerse en fila y ser como los
+demás... ¿Conque se cuidará usted, hará lo que le manda su primo y lo
+que le mande yo?... porque yo también soy médica... Otra cosa; aquí en
+España está usted siempre renegando y echando pestes. Esto no le gusta,
+¿pues para qué vive aquí? ¿Por qué no se va a Inglaterra?
+
+--Ya me quiere echar... ¿ve usted...?--dijo Moreno mirando a Barbarita y
+esforzándose en sonreír para ocultar su turbación--. Y luego quieren que
+no viaje.
+
+--No, no le conviene andar siempre de ceca en meca, como un viajante de
+comercio que va enseñando muestras. Márchese a su Londres, estese allí
+quietecito, muy quietecito, y si se le presenta una inglesa fresca y de
+buen genio, cásese, apechugue con ella, aunque sea protestante... ¡Ay,
+Dios!, que no me oiga Guillermina; sí, cásese, y verá cómo se le pasan
+todas las murrias, tendrá niños... Me comprometo a ser madrina del
+primero... digo, si es que le bautizan. Y hasta madre me comprometo a
+ser si me le dan... le tomo, aunque esté sin cristianar. Yo le
+bautizaré. Pero no hay que hablar de esto. Me contento con ser madrina
+del primer Morenito que nazca, y le diré a mi marido que me lleve a
+Londres para el bautizo...
+
+Moreno se levantó. Se sentía muy mal, y las palabras de la Delfina le
+excitaban extraordinariamente.
+
+«¿Pero se va usted...? ¿Se ha puesto malo? ¿Es que no le gustan mis
+sermones?».
+
+«Si no me voy, la entrego--pensaba el misántropo, apretando los
+labios...--. Esta pícara me está asesinando».
+
+--¿Te vas, Manolo?--le preguntó D. Baldomero desde el otro extremo de la
+habitación.
+
+--¡Si me echan, padrino...! Su hijita de usted me quiere desterrar.
+
+--¡Ay, qué pillo!... Si es todo lo contrario.
+
+Barbarita I se adelantó, diciendo: «Extravagante, coge del brazo a la
+polla, y paséate un momento de aquí a mi gabinete, y de mi gabinete
+aquí. ¿Te sientes mal? Eso no es más que nervios. Distráete un poquito.
+Bárbara, anda».
+
+Moreno le dio el brazo a Barbarita II, y empezaron los paseos. De su
+conversación insustancial cogió al vuelo Jacinta algunas cláusulas,
+cuando la pareja, en aquel ir y venir de su estancia a otra, pasaba
+junto a ella. «¿Yo?, no... me lo puedo creer...». «¡Ay, qué cosas se le
+ocurren!... ¡Pero qué malo es usted...!». «En cuanto vaya allá me voy a
+convertir al judaísmo». «¡Jesús!...». «¿Que yo tengo novio? ¿De dónde ha
+sacado eso?...». «Lo apuntaré para que no se me olvide...». «No, si a mí
+no me gustan los pollos...».
+
+«Si ésta fuera más lista--dijo la señora de Santa Cruz a su nuera--,
+creo que le cazaba».
+
+Pero Jacinta era muy incrédula en este particular, y miraba tristemente
+a la pareja cuando pasaba. Al retirase, Moreno pudo hablarle un instante
+sin testigos.
+
+«Se hará lo que usted desea... Se ha de cumplir todo el programa...
+todo, hasta en lo que se refiere el _nene_. Tendrá usted su _Morenito_».
+
+Jacinta observó en su mirada una expresión tan tétrica, que no pudo
+menos de decirse: «Está ya completamente trastornado».
+
+Moreno salió con paso inseguro... La cabeza se le desvanecía, y al bajar
+la escalera tuvo que agarrarse al barandal para no caerse... «Cuando
+digo que me he vuelto tonto, pero tonto de remate... Ya no sé pensar. No
+sé adónde diablos se me ha ido la razón... Esta mujer me ha embrujado...
+Nada, enteramente imbécil».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+En la soledad de su alcoba, encontrose mi hombre más dueño de sí
+mismo, habiendo vencido aquella turbación inexplicable con que saliera
+de la casa de Santa Cruz. Despidió a su criado, después de quitarse la
+ropa, y envuelto en su bata se tendió en el sofá. En aquellas tristes
+horas engañaba el insomnio paseándose a ratos por la habitación, a ratos
+echado y descabezando un ligero intranquilo sueño. Acudían entonces a su
+memoria las acciones e imágenes de aquel día o de los anteriores, a
+veces las de fechas muy remotas y que no tenían relación alguna con su
+situación presente. Aquella noche, cosa rara, apenas salió el ayuda de
+cámara, Moreno se quedó profundamente dormido en el sofá, sin soñar
+nada; pero despertó a la media hora, no pudiendo apreciar el tiempo que
+su letargo durara. Al despertar huyó de tal modo el sueño de su cerebro
+y hallábase tan inquieto, que ni siquiera admitía como probable la idea
+de dormir. A la manera que el jugador saca las piezas del ajedrez y las
+va poniendo sobre el tablero de casillas blancas y negras, así fue
+sacando sus ideas. Tenía por pareja a sí mismo en aquel juego...
+«Adelante un peón».
+
+«¡Te has lucido! ¡Campaña como esta...! ¿Cuánto tiempo hace que estás en
+España? A poco más, año completo. ¿Y para qué? Para nada. ¡Pobre hombre!
+Lo que me pareció fácil, resulta no ya difícil, sino imposible... Para
+más contrariedad, delante de esa bendita y maldita mujer, me convierto
+en el más insípido de los colegiales. ¿Por qué es esto? Y dime otra
+cosa, idiota, ¿qué tiene esa mona para que de este modo te hayas
+embrutecido por ella? Otras son más guapas, otras tienen más ingenio,
+otras hay más elegantes; y sin embargo, es el número uno, el número
+único. De gustarme pasa a enloquecerme, y noto en mí lo que no había
+notado nunca, una alegría, una tristeza... ganas de llorar, de reír, y
+aun de hacer el tonto delante de ella. Nada, que a los cuarenta y ocho
+años me sale el sarampión y la edad del pavo. Tampoco me había pasado
+nunca lo que me pasa ahora, cortarme, sentir que quiero ser atrevido y
+no puedo. Le voy a decir una galantería intencionada, y me sale una
+simpleza. Me infunde un respeto que jamás conocí. La sigo a Biarritz, la
+acompaño a París; y cuanto más la trato, más atado me veo por este
+maldecido respeto... Me cortaría yo este respeto como se corta una mano
+gangrenada. ¿A qué viene tal respeto? ¿Qué quiere decir esto? Sea lo que
+quiera, de esa mujer digo yo lo que hasta ahora no he dicho de ninguna,
+y es que si fuera soltera, me casaría con ella...».
+
+Se agitó tanto, que tuvo que levantarse y ponerse a pasear. «Vaya que
+este mundo es una cosa divertida. Yo desgraciado; ella desgraciada,
+porque su marido es un ciego y desconoce la joya que posee. De estas dos
+desgracias podríamos hacer una felicidad, si el mundo no fuera lo que
+es, esclavitud de esclavitudes y toda esclavitud... Me parece que la
+estoy viendo cuando le dije aquello... ¡Qué risita, qué serenidad, y qué
+contestación tan admirable! Me dejó pegado a la pared. Tan pegado estoy,
+que no he vuelto por otra, y cuando preparo algo para decírselo, ¡anda
+valiente!... le digo todo lo contrario. Que se vuelva uno tan estúpido,
+es cosa que no me cabía en la cabeza. ¡Ay! Dios, si me muero, y el
+pensamiento vive más allá de la muerte, estaré viendo toda la eternidad
+esta carita graciosa, con su expresión celestial, estos ojos serenos y
+risueños, esta cabellera oscura con ráfagas blancas que le hacen tanta
+gracia... esta boca, que no habla sin que me duela el alma. ¡Pobre
+ángel!, su única pasión es la maternidad, sed no satisfecha, desconsuelo
+inmenso. Su pasión se me comunica y me abrasa; yo también quiero tener
+un hijo, yo también. ¡Si me parece que le estoy viendo!, si está aquí,
+en los linderos de la vida, mirándome, diciéndome que le traiga, y no
+falta más que traerlo. Vendría si ella quisiera. Tengo la seguridad de
+que vendría; es una idea que se me ha clavado aquí. Y yo le digo: 'Por
+un niño, bien se podría dar la virtud...'. ¡Ah!, no tener valor para
+decirle esto... ¿Pero cómo?, ¡si no hay palabra que se preste a
+decirlo!...».
+
+La palpitación que sentía era tan fuerte que tuvo que sentarse. Se
+ahogaba. En la región cardiaca, o cerca de ella, más al centro, sentía
+el golpe de sangre, con duro y contundente compás. Era como si un
+herrero martillase junto al mismo corazón, remachando a fuego una pieza
+nueva que se acababa de echar.
+
+«Esto es horrible. Si rompe, que rompa de una vez. ¡Ay de mí!... Si me
+quisiera, el corazón se me curaría; como que no es enfermedad lo que
+tiene, sino impaciencia... hormiguilla... ¿Qué habré hecho yo para ser
+tan desgraciado? Ahora caigo en la cuenta de que no me he divertido
+nunca. Todas mis aventuras han sido el deseo corriendo detrás del
+fastidio. ¡Y cree la gente que yo he sido un hombre feliz, que yo estoy
+enfermo de congestión de goces! ¡Estúpidos!».
+
+Sin saber cómo ni por qué, ciertas impresiones de aquel día se
+reprodujeron en su mente. Entre ellas la menos fugaz fue esta: Por la
+mañana, entrando en el Retiro, se le puso delante uno de esos pobres
+asquerosos que suelen pedir en los extremos de la población, y que a
+veces se corren hasta el centro. Era un hombre cubierto de andrajos, y
+que andaba con un pie y una muleta; la otra pierna era un miembro
+repugnante, el muslo hinchado y cubierto de costras, el pie colgando,
+seco, informe y sanguinolento. Mostraba aquello para excitar la
+compasión. Era la pierna para él su modo de vivir, su finca, su oficio,
+lo que para los mendigos músicos es la guitarra o el violín. Tales
+espectáculos indignaban a Moreno, que al verse acosado por estos
+industriales de la miseria humana, trinaba de ira. Pues cuando se volvía
+para no verle, el maldito, haciendo un quiebro con su ágil muleta, se le
+ponía otra vez delante, mostrándole la pierna. Al aburrido caballero se
+le quitaban las ganas de dar limosna, y por fin la dio para librarse de
+persecución tan terrorífica. Alejose del pordiosero, renegando. «¡Ni
+esto es país, ni esto es capital, ni aquí hay civilización!... ¡Qué
+ganas tengo de pasar el Pirineo!».
+
+Pues bien, aquella noche, se le representó el pobre paralítico con tanta
+viveza, que casi casi creía verle en su alcoba. Hubo un instante en que
+la alucinación de Moreno llegó a ser tan efectiva, que se incorporó, y
+cogiendo un libro que en la próxima silla estaba... «Mira, si no te
+marchas con tu pierna podrida...». Después cayó otra vez su cabeza en el
+sofá y se puso la mano sobre los ojos. «El infeliz se ha de buscar la
+vida de alguna manera. No tiene él la culpa de que no haya en esta
+tierra maldita establecimientos de beneficencia. Si le veo mañana, le
+doy un duro... Vaya si se lo doy... ¡Qué envidia le va a tener mi tía
+Guillermina! Volvámonos ahora para la pared, a ver si me duermo un poco.
+Así; cerraré los ojos. No, mejor será que los abra, y que me figure que
+quiero despabilarme.
+
+Lo que se desea no se tiene nunca. Ea, figurémonos que hago esfuerzos
+para no dormirme. ¿Y para qué quiero yo dormir? Mejor es estar así,
+pensando uno en sus cosas. Estas rayas de papel, azules y verdes, se
+quiebran a distancia de veinticinco centímetros; no, de veinte. La flor
+gris alterna con la flor azul. Bonito dibujo. ¡Cómo se le quedaría la
+cabeza al que lo inventó!... Y aquí hay una pequeña mancha... Creo que
+si me pusiera a mirar la luz, me dormiría más pronto, Vuelta otra vez».
+
+Miró la luz puesta sobre la mesa central, grande, redonda y cubierta con
+rico tapete. La lámpara era de aceite, compuesta de dos candilones de
+bronce unidos por un vástago. Ambas luces tenían pantallas verdes, con
+añadidura de raso del mismo color, al modo de faldones que caían por una
+sola parte de las dos circunferencias. La claridad se esparcía por la
+mesa, y el resto de la habitación estaba en penumbra manchada, con
+verdosa pátina de tapiz viejo. Sobre la mesa había unos guantes, varios
+libros, dos retratos en bonitos marcos, uno de ellos del gordo Arnaiz,
+una papelera, juego de té de finísima porcelana, una cajita de marfil y
+otros objetos muy lindos. «Aquel guante--dijo Moreno--, que monta sobre
+la papelera, parece exactamente un lebrel que corre tras la caza... ¡Qué
+silencio tan solemne hay ahora! El chorrear de la fuente de Pontejos, es
+lo que se siente siempre, y alguno que otro coche que pasa por la
+Puerta del Sol... Son los trasnochadores, que se retiran. Así iba yo en
+mi _cab_ al salir del club de Picadilly... sólo que mi _cab_ corría como
+una exhalación y estos carruajes andan poco y parece que se deshacen
+sobre los adoquines. ¡Y cómo se me refrescan las memorias...! Parece que
+estoy mirando a aquella prójima que se me apareció una noche en
+Haymarket, al salir de aquel Bar... ¡No me ha ocurrido otra...! ¡Y cómo
+se parecía a esta tonta de Aurora Fenelón! Todo pasó, todo va cayendo
+atrás revolviéndose en la estela que deja el barco...».
+
+De repente dio un salto, y levantándose se puso a dar paseos.
+
+«Mañana mismo me voy--dijo--, sí, me voy para siempre. ¡Morirme yo aquí,
+para que me lleven en esos carros tan cursis! No; gracias a Dios que
+tomo una resolución; y lo que es esta viene fuertecilla. Me ha entrado
+de repente y con un empuje... No veo la hora de que amanezca para
+mandarle a Tom que haga el equipaje. Mañana haré mis compras. No puede
+uno ir de España sin llevar los regalitos de abanicos y panderetas...
+¡Ay, qué feliz me siento con esta idea que me ha dado! ¡Irme!... ¡Si
+esto debiste resolverlo hace tiempo! ¿Para qué estás aquí, para
+consumirte más? Vamos, no dirá ella que no la obedezco; sus deseos son
+órdenes. Me ha dicho: 'Amigo mío, vete', y me voy.
+
+¿Me querrá cuando me vaya? ¿Pensará en mí...? Bien podría ser... ¡Si se
+convenciera de que el amor que tiene a su marido es como echar rosas a
+un burro para que se las coma, si se convenciera de esto...! Pero vaya
+usted a esperar que se convenza. No puede ser. Quiere locamente a ese
+mico, y se morirá queriéndole. A mí se me figura que le desprecia y le
+ama: hay estos dualismos en el corazón humano. Pero yo digo: ¿no pasará
+por su mente alguna vez la idea de quererme a mí? Me contentaría con
+esto, con que la idea hubiera pasado una vez; vamos, dos veces. Bien
+puede haber dicho: '¡qué bueno es este Moreno!, si yo fuera su mujer, no
+me daría disgustos, y habríamos tenido un chiquillo, dos o más'. Quién
+sabe... ¿Habrá dicho esto alguna vez? No sé por qué me figuro que sí lo
+ha dicho. Qué sé yo... dentro de mí anida este convencimiento como un
+germen de esperanza, como una semilla que está dentro de la tierra y que
+no ha brotado pero que vive... Si me constara que ella se ha dicho esto,
+yo al verla tan religiosa, me volvería el hombre más católico del
+mundo... Por agradarle, ¡cuántas funciones y misas había de costear yo!
+Y no haría esto con hipocresía, porque amándola, vendría la fe, la fe,
+sí, que se ha ido yo no sé adónde... Creo que ya amanece. No tengo
+sueño, ni lo tendré más. Mañana me voy, y me iría esta tarde, si tuviera
+tiempo de arreglar el viaje... Y otra cosa.
+
+¿Iré a despedirme de ella? No sé qué determinar. Si la veo no me voy.
+¿Pues por qué no? Me iré. Ella me ha dicho que me vaya, desea que me
+vaya. De lejos la querré lo mismo que de cerca, y ella me querrá tal
+vez. Seré para ella como un sueño, y los sueños suelen herir el corazón
+más que la realidad».
+
+Volvió a echarse, y se entretuvo contemplando con errante mirada las
+paredes de la habitación. Había allí un San José, cuadro grande, de
+familia, que como pintura valía poco, pero Moreno lo tenía en gran
+estima, porque estuvo muchos años en la alcoba donde él nació. Se
+asociaba a las impresiones de su niñez aquel santo tan guapote,
+reclinado sobre nubes, con su vara, su niño, y aquella capa amarilla
+cuyos pliegues hacían competencia al celaje. Se le refrescó de tal modo
+al buen caballero en aquel momento la memoria de su padre, que parecía
+que le estaba viendo, y oyéndole el metal de voz. A su madre no la había
+conocido, porque murió siendo él muy niño. También se acordó de cuando
+su hermana y él (aquella misma hermana viuda que allí vivía), iban a la
+casa del abuelito, en la Concepción Jerónima, cogidos de la mano. Y una
+tarde, al revolver la calle Imperial, se perdieron, es decir, se perdió
+ella, y él por poco se muere del susto. Pues un día que iba por la Plaza
+de Provincia, vio el burro de un aguador, suelto: el dueño estaba en la
+taberna próxima. Entráronle ganas a Manolito de montarse en el pollino,
+y como lo pensó lo hizo. Pero el condenado animal, en cuanto sintió el
+jinete salió escapado, y aunque el chico hacía esfuerzos por detenerlo,
+no podía... Total, que llegó hasta la calle de Segovia, muy cerca del
+puente. Y no fue que el burro se parara, sino que el jinete se cayó,
+abriéndose la cabeza. Todavía tenía la señal. Por suerte, los hermanos
+García, boteros, que tenían su taller de corambres debajo del
+Sacramento, y le vieron caer, le conocían, y recogiéndole, le llevaron a
+casa de su abuelito. ¡La que se armó allí! Acordábase D. Manuel de aquel
+lance como si hubiera ocurrido el día anterior; veía a su abuelito, D.
+Antonio Moreno, que todavía usaba chorreras, corbatín de suela y casaca
+a todas las horas del día. Hasta en el almacén (droguería al por mayor),
+estaba de frac. Pues luego vino el papá y estuvo dudando si pegarle o
+no... Lo peor de todo, fue que al asno no se le vio más el pelo, y la
+familia tuvo que pagar por él una fuerte indemnización. «Si parece que
+fue ayer» decía Moreno, tocándose la frente, en el sitio donde estaba la
+cicatriz.
+
+Cuando ya clareaba el día, sintió ruido en la casa; mas al punto
+comprendió lo que era. «Ya está en pie la _rata eclesiástica_. Ahora se
+va a oír siete misas lo menos... y a tratar de tú a la Santísima
+Trinidad. ¡Pobrecilla, qué sacará de eso!... Pero en fin, saque o no
+saque, es una felicidad ser así...».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+Guillermina dio dos golpecitos en la puerta, y abriéndola un poco,
+asomó por ella su cara sonrosada y sus ojos vivos. «Hijo, al ver la luz
+en tu alcoba, dije: ese pobrecillo estará en vela todavía. Veo que
+acerté. ¿Qué es eso?, ¿has pasado otra mala noche?».
+
+--Ya lo ves. Pasa. No he dormido nada. ¿Y tú?
+
+--¿Yo?, del lado que me acuesto, amanezco. No duermo más que cuatro
+horas; pero van de un tirón. ¿No ves que llego a casa rendida? Y lo que
+tengo que cavilar lo cavilo por el día.
+
+--¡Qué felicidad! ¿Te vas ahora a misa?
+
+--Sí, para lo que gustes mandar--replicó la santa; y su semblante recién
+lavado despedía tanta frescura como regocijo.
+
+--¡Y tan tranquila...!, porque tú estás muy tranquila... con tus misas
+por la mañana, y el resto del día dando cada sablazo que tiembla el
+misterio. ¿Sabes una cosa?, te tengo envidia... me cambiaría por ti...
+
+--Pues tonto (avanzando hacia él), lo que yo hago es lo fácil, ¿qué más
+tienes que... hacerlo?
+
+--Siéntate un ratito--dijo Moreno, haciéndolo en el sofá y dando una
+palmada en el asiento--. Más santidad que en oír siete misas, hay en
+practicar las obras de misericordia, acompañando a los enfermos y dando
+un ratito de conversación a quien se ha pasado toda la noche en vela.
+Dime una cosa. ¿Cómo llevas las obras de tu asilo?
+
+--¿Pues no lo sabes? (sentándose). Bien. Gracias a las almas
+caritativas, la construcción va echado chispas. Jacinta lo ha tomado con
+tanto calor, que hoy trabaja más que yo, y maneja el sable con un garbo
+que me deja tamañita.
+
+--Tienes unas amigas que valen cualquier cosa. Esta noche he pensado en
+ti y en tus devociones. Te asombrarás si te digo que desde la madrugada
+se me ha metido aquí un sentimiento desconocido, algo como ganas de
+hacerme religioso, de pensar en Dios, de dedicarme a obras de piedad...
+
+--¡Manolo!... (poniéndose muy seria). Si empiezas con tus bromitas, me
+voy.
+
+--No, no es broma--replicó él; y tenía en su cara tal expresión de
+abatimiento, que la santa se quedó como lela mirándole...
+
+--¿Pero estás de chanza o...? Manolo, ¿en qué piensas?... ¿Qué te pasa?
+
+--Hay horas en la vida, que parecen siglos por las mudanzas que traen.
+Hace un rato, verás ¡qué cosa tan extraña! Me acordé de un pobre que me
+pidió limosna esta mañana... Era un infeliz que tiene una pierna
+deforme y repugnante, llena de úlceras... Me pidió limosna y le arrojé
+una moneda de cobre, diciéndole con horror: «Quítese usted de delante de
+mí, so pillete». Pues esta noche he tenido aquí la visita de aquel
+hombre... Le he visto, como te estoy viendo a ti, y primero me inspiraba
+repugnancia, después compasión, y acabé por decirle: «¿Quieres cambiarte
+conmigo?». Porque con su pierna podrida, su muleta y su libertad,
+disfruta él de una tranquilidad que yo no tengo. Su conciencia está como
+un charco empozado en el cual no cae jamás la piedra más pequeña. ¡Pobre
+de mí!, cambiaría con él; cambiaría mi riqueza por su mendicidad, mi
+corazón enfermo por su pierna inerte, y mi desasosiego por su paz. ¿Qué
+crees tú?
+
+--Creo que Dios te toca en el corazón--dijo la dama guiñando los ojos, y
+poniendo sobre la cabeza del triste caballero su mano derecha, en la
+cual tenía el libro de misa y el rosario--. No tienes tú cara de bromas.
+Alguna procesión muy grande te anda por dentro. Y si otras veces te da
+la vena por decirme herejías y hacerme rabiar, no creas que te he tenido
+por malo. Eres un bendito; y si vivieras siempre con nosotras y no te
+pasaras la vida entre protestantes y ateos, tú serías otro.
+
+--¿Pero no sabes que me voy mañana?
+
+--¿Te vas?, ¿de veras?--con vivo desconsuelo--.
+
+Mal negocio. Buscando siempre la frialdad; huyendo siempre del calor de
+la familia.
+
+--No, si aquí es donde no me quieren--manifestó Moreno con aire sombrío.
+
+--¿Que no te queremos? Vaya con lo que sales... Tontín, no digas
+disparates.
+
+--Mi vida está completamente truncada y rota. No hay manera de soldarla
+ya... Cree que si me quisieran yo me quedaría aquí, yo sería bueno, y
+por darte gusto a ti y a tus amigas, me haría muy religioso, muy amigo
+de Dios y de la Virgen; emplearía todo mi dinero en obras de caridad,
+protegería la devoción...
+
+El asombro de la santa era tan grande, que no lo podía expresar. Abría
+la boca, maravillada, cual si presenciara un milagro.
+
+«Pero de veras que tú... Mira, hijo, si quieres que yo crea en ese
+estado de tu espíritu, es preciso que me lo pruebes...».
+
+--¿Cómo he de probártelo?
+
+--Vamos a ver--dijo la virgen y fundadora, con resolución--. ¿A que no
+haces una cosa?
+
+--¿A que sí la hago?--¿A que no te vienes conmigo a San Ginés?
+
+--A que sí. Levantose para tirar de la campanilla.
+
+«Necesito verlo para creerlo--dijo Guillermina, echando de sus ojos
+chispazos de alegría--. Deja, yo llamaré a Tomás. El pobre chico no se
+habrá levantado todavía».
+
+--Creo que sí... ¡Tom!...
+
+--Yo te haré el té... Vamos, vete vistiendo.
+
+Aquella salida matinal le agradaba, porque rompía las tediosas rutinas
+de su existencia.
+
+«Vaya que si voy a la iglesia... (disponiéndose con actividad febril). Y
+oiré todas las misas que quieras, y rezaré contigo... Dime, ¿no va
+Jacinta a esta hora a San Ginés?».
+
+--Hombre, tan temprano no. Un poco más tarde que yo, suele ir Bárbara.
+
+--Pues me alegro de que seamos nosotros los primeros, los más
+madrugadores, los más impacientes por cumplir y santificarnos... ¡Tom!
+
+El inglés entró, y a poco, cuando ya su amo estaba vestido, le trajo el
+té. Guillermina, sirviéndole el desayuno, le decía: «Abrígate bien, que
+las mañanas están frescas. No sea cosa que por empezar tu vida nueva,
+vayas a coger una pulmonía».
+
+--Mejor... me he convencido de que vivir es la mayor de las sandeces--le
+dijo él, bajando la escalera--. ¿Para qué vive uno? Para padecer. El
+pobre de la pierna es el que lo pasa regularmente. Porque aquello no
+duele. Lleva su pierna por delante como si fuera una cosa bonita que el
+público desea conocer.
+
+--Hay mucha miseria--observó la dama, tomando el tema por otro lado--, y
+los que tenemos qué comer nos quejamos de vicio. Mientras más padezcamos
+aquí, más gozaremos allá.
+
+(El misántropo no dijo nada a esto. Seguía tan pensativo.)
+
+«El mendigo de la pierna se irá al Cielo derechito, con su muleta, y
+muchos de los ricos que andan por ahí en carretela, irán tan muellemente
+en ella a pasearse por los infiernos. Yo le pido a Dios que me dé la más
+asquerosa de las enfermedades, y... no me quiere hacer caso; siempre tan
+sana. Paciencia; Él nos da siempre lo que nos conviene».
+
+Tampoco a esto dijo nada Moreno. Entraron en San Ginés, y Guillermina se
+fue derecha a la capilla de la Soledad, a punto que empezaba la primera
+misa. Mientras esta duró, la ilustre dama, aunque no apartaba su
+atención del Oficio, pudo advertir que su sobrino estaba tras ella,
+cumpliendo con todo el ritual como cualquier devoto, arrodillándose y
+levantándose en las ocasiones convenientes. Pero a la segunda misa
+observole distraído e inquieto. Iba de un lado para otro, examinaba los
+altares y las imágenes como si estuviera en un museo. Esto la disgustó,
+y tal fue su incomodidad, que no se atrevió a comulgar aquel día, porque
+no se encontraba con el espíritu absolutamente sereno y limpio. Ya en la
+cuarta misa, el caballero aquel, no sólo se distraía sino que perturbaba
+la devoción de los fieles, pasando delante de los altares, donde se
+decía misa, sin hacer la más ligera genuflexión ni reverencia. «Tendré
+que decirle que se vaya--pensaba la santa--. Esa no es manera de estar
+en la iglesia».
+
+Hallábase Moreno contemplando una imagen yacente, encerrada en lujosa
+urna de cristal, cuando sintió a su lado este susurro:
+
+«Bonita efigie ¿verdad? Es el Cristo que sacamos en la procesión del
+Santo Entierro».
+
+Volviose y vio a su lado a Estupiñá, calado hasta las orejas el gorro
+negro de punto, señalando la imagen con gesto de cicerone.
+
+«La mortaja de fina holanda la bordaron las señoras Micaelas, y es
+regalo de doña Bárbara. Escultura soberbia... y es de movimiento, porque
+le clavamos en la cruz o le _descendemos_ según conviene».
+
+Y como el caballero no le dijese nada, Plácido se alejó rezando entre
+dientes. Sentose en un banco, y desde entonces, sin dejar de atender a
+sus devociones, no le quitaba ojo al señor de Moreno, sin poder
+explicarse su presencia en la parroquia. «Es lo que me quedaba que
+ver--decía--, D. Manolo aquí... ¡él, que no tiene religión! Es que gusta
+de ver las buenas imágenes... Por ahí empecé yo».
+
+Menudo réspice le echó la fundadora a su sobrino cuando salieron. «Pero,
+hijo, me has quitado la devoción con tus paseos por la iglesia. Ya decía
+yo que te habías de cansar».
+
+--Pues tía, para primer día de curso, no puedes quejarte. Todo es
+empezar. Ya ves que oí una misita. ¿Qué querías? ¿Que fuera como tú? Te
+aseguro que me satisfizo el ensayo. Pasé un rato muy agradable, en un
+estado de tranquilidad que me ha hecho mucho bien. ¿Te quejas de que me
+paseaba por la iglesia?... Es que cuando uno va a hacer vida nueva, le
+gusta enterarse... Quería yo mirar bien las imágenes. Créelo; si
+siguiera en Madrid, me haría amigo de todas ellas. Me gusta verlas tan
+hermosas, con sus ropas de lujo y sus miradas fijas en un punto. Parece
+que están viendo venir algo que no acaba de venir. Las que nos miran
+parece que nos dicen algo cuando las miramos, y que efectivamente nos
+han de consolar si les pedimos algo. Comprendo el misticismo; lo veo
+claro... ¡Ay!, si yo me quedara aquí...
+
+--¿Por qué no te quedas?... ¡Qué tonto!--le dijo la santa con
+desconsuelo.
+
+--¡Imposible!... me tengo que marchar... Y allá voy a estar muy triste;
+como si lo viera...
+
+--Entonces... quédate. ¿Quieres que te dé una ocupación? Buena falta te
+hace. Te nombro sobrestante de mis obras, administrador de mis colectas
+y sacristán mayor de mi capilla nueva, cuando esté concluida.
+
+Moreno se echó a reír con gana.
+
+«¡Monaguillo mayor...! Lo aceptaría. Te juro que lo aceptaría... Me
+estoy volviendo enteramente infantil. ¡Monaguillo en jefe! Y yo
+encendería las velas, yo quitaría el polvo a las imágenes y las pondría
+tan guapas; ¡yo charlaría con las beatas...! No lo creerás; pero dentro
+de mí está naciendo algo que se compagina muy bien con ese oficio
+humilde».
+
+--Si eres tú un buenazo. La ociosidad, lo mucho que te has divertido y
+el _esplín_ inglés te ponen así. Y yo te juro que te aburrirás más si no
+vuelves a Dios tus miradas. Haz lo que yo, Manolo; dale un puntapié al
+mundo; hazte chiquito para ser grande; bájate para subir. Tú ya no eres
+pollo; tú no te has de casar ya. Ni te conviene el andar siempre de
+viaje, como una carta con el sobre mal puesto, que recorre todas las
+estafetas del mundo. Mujeres, ¿para qué sirven sino de perdición? Ten un
+cuarto de hora de arrojo, y ofrécele a Dios lo que te queda de vida. No
+es esto decir que te metas fraile: hay mil maneras de ganarse la dicha
+eterna. Oye lo que se me ocurre. ¿Por qué no dedicas tu dinero, tu
+actividad y todo tu espíritu a una obra grande y santa, no a una obra
+pasajera, sino a esas que quedan, para bien de la humanidad y gloria de
+Dios? Levanta de nueva planta un buen edificio, un asilo para este o el
+otro fin, por ejemplo, un gran manicomio en que se recoja y cuide a los
+pobrecitos que han perdido la razón...
+
+--Tú tienes la manía de los edificios, y quieres pegármela a mí...
+
+--Es lo primero que se me ha ocurrido. ¿Te parece mala idea? Un
+manicomio modelo, como los que habrás visto en el extranjero. Aquí
+estamos en eso muy atrasados. Harías una inmensa obra de caridad, y
+Madrid y España te bendecirán.
+
+--¡Un manicomio!--dijo Moreno, sonriendo de un modo que le heló la
+sangre a su generosa tía--. Sí, no me parece mal. Y lo estrenaríamos tú
+y yo...
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Despidiose Guillermina a la puerta de la casa, para ir al asilo, y
+él subió. ¡Cosa más rara! Apenas se cansaba al acometer la escalera.
+Sentíase muy bien aquella mañana, el espíritu confortado, la palpitación
+muy adormecida, el apetito despierto. Al entrar en su casa, pidió más
+té, y mientras Tom se lo servía, le dijo en español:
+
+«Mañana nos vamos. Haz el equipaje. Avisarás a Estupiñá... Que me haga
+el favor de venir, para que me traiga de las tiendas algunas cosillas.
+No puede uno ir de España a Inglaterra sin llevar a los amigos alguna
+chuchería que tenga color local».
+
+Luego siguió hablando consigo mismo: «Es un mareo. Si no lleva usted
+panderetas con figuras de toros, chulos u otras porquerías así, se lo
+comen vivo. Veremos si encuentro algunas acuarelas. También necesito
+mantas, moñas de toros, y trataré de encontrar algún cacharro de
+carácter. No hay peor calamidad que ser amigo de coleccionistas».
+Estupiñá, que en aquella temporada frecuentaba el trato de Moreno, por
+haberle este confiado la administración de su casa de la Cava, se
+presentó dispuesto a llevarle todo el contenido de las tiendas de Madrid
+para que escogiese. Panderetas de las más abigarradas, abanicos y
+algunos cuadritos fueron llegando sucesivamente en todo el transcurso
+del día, y D. Manuel escogía y pagaba. Aquello le entretuvo
+agradablemente, y se reía pensando en la felicidad que iba a repartir
+entre sus amistades londonenses. «Esta suerte de picas con el caballo
+pisándose las tripas está pintiparada para las de Simpson, que son tan
+marimachos. Esta pandereta, con la chula tocando la guitarra, para
+_miss_ Newton. Si ella viera los originales, ¡qué desilusión! Esta
+pareja del andaluz a caballo y la maja en la reja pelando la pava, para
+la sentimental y romancesca _mistress_ Mitchell, que pone los ojos en
+blanco al hablar de España, el país del amor, del naranjo y de las
+aventuras increíbles... ¡Ah!, este D. Quijote reventando a cuchilladas
+los cueros de vino, para el amigo Davidson, que llama a D. Quijote _don
+Cuiste_, y se las tira de hispanófilo... Bien, bien. De cacharros
+estamos tal cual. Estos botijos son horribles. Toda la cerámica moderna
+española no vale dos cuartos. A ver, Plácido, ¿serías tú capaz de
+buscarme un vestido de torero completo?... Lo quiero para un amigo que
+sueña con ponérselo en un baile de trajes... Estará hecho un mamarracho.
+Pero a nosotros no nos importa. ¿Podrás buscármelo?».
+
+--Pues ya lo creo--dijo Plácido, para quien no había nunca dificultades
+tratándose de compras--. ¿Usado o sin usar?
+
+--Hombre, sin usar... En fin, como le encuentres...
+
+Salió Estupiñá como si Mercurio le hubiera prestado sus alados
+borceguíes, y a poco entró el doméstico, a quien su amo tenía también
+ocupado en la busca de ciertos encargos. Tom se había aficionado mucho a
+los toros; no perdía corrida, y entre sus amigos contaba a varias
+eminencias del arte del cuerno. Por esto le dio Moreno el encargo de
+buscarle alguna moña, de las que guardan los aficionados como veneradas
+reliquias, y convenía que tuviesen manchas de sangre y muchos pisotones,
+con señales de la trágica brega. Muy desconsolado entró el inglés,
+diciendo que no encontraba moñas ni aun ofreciendo por ellas un ojo de
+la cara.
+
+«Mira, chico--le dijo su amo--, no te apures. Puesto que no se
+encuentran moñas, llevaremos otra cosa. ¿Has visto por ahí, en el Prado
+y Recoletos, a un tío muy feo que lleva una cesta y en ella, puestos en
+cañas, formando como un gran árbol, multitud de molinillos de papel
+dorado y plateado y de todos los colores...? ¿sabes?, ¿molinillos que
+dan vueltas con el viento, y que los niños compran por dos o tres
+peniques? Pues tráete una docena, los llevamos y decimos que esas son
+las moñas que se les ponen a los toros cuando salen a la plaza, brrrr...
+reventando al mundo entero con aquellos cuernos tan afilados... Y se lo
+creen... Si conoceré yo a mi gente».
+
+Tom se reía; pero en su interior rechazaba aquella superchería por dos
+móviles de conciencia, el móvil de la rectitud inglesa y el de la
+formalidad del aficionado a toros. Con el fraude propuesto por su amo se
+cometían dos graves faltas, engañar a una nación y ultrajar el
+respetable arte de la Tauromaquia, el verdadero _sport_ trágico. No sé
+qué se decidió de esto. En tanto Rossini llenaba la casa de abanicos y
+panderetas, y Moreno escogía y pagaba, entreteniéndose luego en
+envolverlos en papeles y en ponerles rótulos con el nombre del
+destinatario.
+
+Había resuelto hacer muy pocas visitas de despedida, pretextando el mal
+estado de su salud. Después de almorzar, bajó al escritorio, y se ocupó
+de liquidar y poner en claro su cuenta personal. No intervenía en ningún
+negocio; y el trabajo de banca, que en otro tiempo le había gustado
+tanto, aburríale ya. Pero aquel día pareció que se le despertaban las
+aficiones, porque habló largamente de negocios con Ruiz Ochoa,
+recomendándole no dejase de interesarse en alguna subasta de pastas de
+oro para el Banco. «Me parece que este año he de comprar algún oro...
+Bien podéis andar aquí con mucho pulso en eso de acuñar tanta plata,
+porque este metal va para abajo y ha de ir mucho más. Al precio que
+tienen aquí las libras, vale más expedir oro, y por mi parte, me he de
+llevar todo el que pueda». En esto entró Ramón Villuendas, preguntando a
+cómo tomaban las libras, y la conversación vino a recaer sobre el mismo
+tema. Él estaba mandando oro y más oro...
+
+«Este pico, dádselo a Guillermina» dijo Moreno al ver, en la cuenta de
+alquileres de sus casas, un sobrante con que no contaba.
+
+Entraron otras personas y se habló de muy diferentes cosas. Mientras
+duró aquella conversación, pensaba Moreno si iría o no a despedirse de
+los de Santa Cruz. Si no iba, se ofendería quizás su padrino, y yendo,
+podían sobrevenirle contrariedades mayores, incluso la de arrepentirse
+del viaje y aplazarlo... No había más remedio que ir. ¿Pero a qué hora?
+¿A la de comer? Titubeaba, y de vuelta a su casa, estuvo discurriendo un
+largo rato sobre aquel problema de la hora. «Adoptado un partido--se
+dijo--, lo mejor será que no la vea más en carne y hueso, porque lo que
+es en idea, viéndola estoy a todas horas. ¡Qué chiquillo me he
+vuelto!... En fin, tengo tiempo de pensarlo de aquí a mañana, porque lo
+que es hoy, no iré».
+
+A eso de las cinco fue el misántropo a una tienda de la Plaza Mayor a
+ver las mantas granadinas con que quería obsequiar a sus amigos
+ingleses. Allí estuvo un cuarto de hora, y el tendero le propuso
+mandarle con Plácido lo mejor que tenía, para que escogiese. Ya era casi
+de noche, y valía más que el señor examinase de día el género. Así se
+convino y volviose a su casa. Al entrar en el portal sintió un golpecito
+en el hombro. Era Jacinta que le pegaba un paraguazo. Quedose el buen
+señor como si le hubieran dado un tiro. Quiso hablar y no pudo. Jacinta
+le cogió del brazo, y rebasados los primeros escalones, empezó el
+diálogo.
+
+«¿Con que al fin se va usted?».
+
+--Al fin me arranco. Ya era tiempo...
+
+--Pero qué, ¿se cansa usted mucho hoy...? Pues vamos despacio, más
+despacio si usted quiere... ¡Ah!, ya me ha contado Guillermina que hoy
+estuvo usted muy santito... Así me gusta a mí la gente.
+
+--¿Por qué no fue usted a verme?... ¡Estaba yo más salado...!
+
+--Si no lo sabía. ¿Vuelve usted mañana?
+
+--¿De veras que va usted a ir a verme?... ¡Cómo se reirá de mí!
+
+--¡Reírme! ¡Qué cosas se le ocurren! Iré a tomar ejemplo.
+
+--¿A que no va?--¿A que sí?--Pues allí me tendrá, haciéndole la
+competencia a Estupiñá... Verá usted, verá usted... cada día más.
+
+--¡Cada día! ¿Pero no se va usted mañana?
+
+--Es verdad, no me acordaba... Bueno, pues no me iré.
+
+--Eso no; le conviene a usted marcharse, y allí seguirá haciendo su
+noviciado.
+
+--Allá no vale.--¿Cómo que no vale?--Porque allá me cogen por su cuenta
+unas amigas protestantes que tengo, y que quiera que no, me hacen
+renegar... Usted tendrá la culpa; sobre su conciencia va. ¿Conque me
+quedo o me voy?
+
+--Pues con esa responsabilidad tan grande no me atrevo a aconsejarle.
+Haga usted lo que le parezca mejor... Vaya, por fin llegamos. ¿Se ha
+cansado usted mucho?
+
+--Un poquitito... pero con usted siempre contento. ¿Quiere usted volver
+a bajar?
+
+--¿Otra vez?--Sí, para volver a subir... Como si quisiera usted ir al
+cuarto piso.
+
+--No me lo perdonaría, si usted me acompañaba, fatigándose tanto.
+
+Entraron, y Jacinta se metió en el cuarto de la santa. Moreno fuese al
+suyo y se dejó caer en el sofá, echándose el sombrero para atrás.
+Pensaba descansar un ratito y pasar luego a la habitación de
+Guillermina. «No, no paso; no quiero verla más. ¿Para qué atormentarme?
+Se acabó. Pongámosle encima una losa». Al poco rato, sintiendo que
+Jacinta salía, acercose a la puerta con ánimo de verla. Pero no puedo
+ver nada. Como aún no habían encendido la luz del recibimiento, sólo
+columbró un bulto, una sobra y pudo oír dos o tres palabras que se
+dijeron, al despedirse, Jacinta y la _rata eclesiástica_. Esta fue
+entonces al cuarto de su sobrino, y hallole dando vueltas en él. «¿Qué
+tal te encuentras, catecúmeno?» le dijo con mucho cariño.
+
+--Regular, casi bien... Espero dormir esta noche.
+
+--Recógete temprano.--Eso pienso hacer... y mañana... Oye una cosa: ¿no
+te ha dicho Jacinta que mañana pienso volver a San Ginés?
+
+--No, no me lo ha dicho.--¿No te ha dicho que ella iría a verme tan
+devoto?
+
+--No... no hemos hablado una palabra de ti.
+
+--¿Ni dijo que había subido conmigo y que...?
+
+--No... nada. Moreno sintió que la horrible pulsación de su pecho era
+anegada por una onda glacial. En aquel punto tuvo que sentarse, porque
+le flaqueaban las piernas, y se le desvanecía la cabeza.
+
+«Pues si quieres volver mañana, yo vendré a llamarte. Se entiende, si
+pasas buena noche».
+
+--Iremos a pasar un rato--dijo Moreno de una manera lúgubre--, y a
+echarle a mi desesperación una hora de esparcimiento, como se le echa
+carne a una fiera para que no muerda.
+
+--Si tú le pidieras al Señor... pero bien pedido... que te curara esos
+_esplines_, te los curaría... Pídeselo, hijo; ¡pero si sabré yo lo que
+me digo!
+
+--¿Qué has de saber tú?... ¿Qué has de saber lo que hay del lado de allá
+de la puerta negra?
+
+--¿Ahora sales con eso?... Tú podrás haber perdido parte de la fe; pero
+toda no se pierde nunca. Esas cosas se dicen sin creer en ellas, por
+fatuidad. Con todas sus bromas, si te rascan, aparece el creyente...
+
+--No, tonta, yo no creo en nada, en nada, en nada--le dijo Moreno con
+énfasis, complaciéndose en mortificarla.
+
+--Todo sea por Dios... Entonces, ¿para qué vienes conmigo a la iglesia?
+
+--Toma, por distraerme un rato, por verte a ti, por ver a Estupiñá,
+figuras raras de la humanidad, excentricidades, tipos, como todo esto
+que yo llevo a Londres para los aficionados a lo característico y al
+color local.
+
+Guillermina daba suspiros. No quería incomodarse.
+
+«Para rarezas tú...--dijo al fin echándose a reír--. A ti sí que te
+debían enseñar por las ferias... _a dos reales, un real los niños y
+soldados_. Cree que ganaba dinero el que te expusiera».
+
+--Con un cartelón que dijese: «se enseña aquí el hombre más desgraciado
+del mundo».
+
+--Por su culpa, por su culpa; hay que añadir eso. Ser desgraciado y no
+volver los ojos a Dios es lo último que me quedaba que ver. Eso es,
+bruto, encenágate más; hazte más materialista y más gozón, a ver si te
+sale la felicidad... Eres un soberbio, un tonto... Mira, sobrino, me
+voy, porque si no me voy te pego con tu propio bastón.
+
+Y él estaba tan abstraído que ni siquiera la sintió salir.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Comió con regular apetito en compañía de su hermana y de
+Guillermina. Cuando concluyeron, dijo a esta que había dado orden en el
+escritorio de que le entregaran el sobrante de su cuenta personal, con
+cuya noticia su puso la fundadora como unas castañuelas, y no pudiendo
+contener su alegría, se fue derecha a él, y le dijo: «¡Cuánto tengo que
+agradecer a mi querido ateo de mi alma! Sigue, sigue dándome esas
+pruebas de tu ateísmo, y los pobres te bendecirán... ¿Ateo tú? ¡Ni
+aunque me lo jures lo he de creer!». Moreno se sonreía tristemente. Tal
+entusiasmo le entró a la santa, que le dio un beso... «Toma, perdido,
+masón, luterano y anabaptista; ahí tienes el pago de tu limosna».
+
+Sentíase él tan propenso a la emoción, que cuando los labios de la santa
+tocaron su frente, le entró una leve congoja y a punto estuvo de darlo a
+conocer. Estrechó suavemente a la santa contra su pecho, diciéndole: «Es
+que lo uno no quita lo otro, y aunque yo sea incrédulo, quiero tener
+contenta a mi _rata eclesiástica_, por lo que pudiera tronar. Supongamos
+que hay lo que yo creo que no hay... Podría ser... Entonces mi querida
+_rata_ se pondría a roer en un rincón del cielo para hacer un agujerito,
+por el cual me colaría yo...».
+
+--Y nos colaríamos todos--indicó la hermana de Moreno, gozosa, pues le
+hacían mucha gracia aquellas bromas.
+
+--¡Vaya si le haré el agujerito!--dijo Guillermina--. Roe que te roe me
+estaré yo un rato de eternidad, y si Dios me descubre y me echa una
+peluca, le diré: «Señor, es para que entre mi sobrino, que era muy
+ateo... de jarabe de pico, se entiende; y me daba para los pobres». El
+Señor se quedará pensando un rato, y dirá: «Vaya, pues que entre sin
+decir nada a nadie».
+
+A las diez estaba el misántropo en su habitación, disponiéndose para
+acostarse. «¿Se te ofrece algo?» le dijo su hermana.
+
+--No. Trataré de dormir... Mañana a estas horas estaré oyendo cantar el
+_botijo e leche_. ¡Qué aburrimiento!
+
+--Pero, hombre, ¿qué más te da? Con no comprárselo si no te gusta... Si
+esa gente vive de eso, déjales vivir.
+
+--No, si yo no me opongo a que vivan todo lo que quieran--replicó Moreno
+con energía--. Lo que no quita que me cargue mucho, pero mucho, oír el
+tal pregón...
+
+--Vaya por Dios... Otras cosas hay peores y se llevan con paciencia.
+
+Después llegó Tom, y la hermana de Moreno se retiró a punto que entraba
+Guillermina con la misma cantinela: «¿Quieres algo?... A ver si te
+duermes, que no es mal ajetreo el que vas a llevar mañana. Mira; de
+París telegrafías, para que sepamos si vas bien...».
+
+Daba algunos pasos hacia fuera y volvía: «Lo que es mañana no te llamo.
+Necesitas descanso. Tiempo tienes, hijo, tiempo tienes de darte golpes
+de pecho. Lo primero es la salud».
+
+--Esta noche sí que voy a dormir bien--anunció D. Manuel con esa
+esperanza de enfermo que es gozo empapado en melancolía--. No tengo
+sueño aún; pero siento dentro de mí un cierto presagio de que voy a
+dormir.
+
+--Y yo voy a rezar porque descanses. Verás, verás tú. Mientras estés
+allá, rezaré tanto por ti, que te has de curar, sin saber de dónde te
+viene el remedio. Lo que menos pensarás tú, tontín, es que la _rata
+eclesiástica_ te ha tomado por su cuenta y te está salvando sin que lo
+adviertas. Y cuando te sientas con alguna novedad en tu alma, y te
+encuentres de la noche a la mañana con todas esas máculas ateas bien
+curadas, dirás «¡milagro, milagro!» y no hay tal milagro, sino que
+tienes el padre alcalde, como se suele decir. En fin, no te quiero
+marear, que es tarde... Acuéstate prontito, y duérmete de un tirón siete
+horas.
+
+Le dio varios palmetazos en los hombros, y él la vio salir con
+desconsuelo. Habría deseado que le acompañase algún tiempo más, pues sus
+palabras le producían mucho bien.
+
+«Oye una cosa... Si quieres llamarme temprano, hazlo... Yo te prometo
+que mañana estaré más formal que hoy».
+
+--Si estás despierto, entraré. Si no, no--dijo Guillermina volviendo--.
+Más te conviene dormir que rezar. ¿Necesitas algo? ¿Quieres agua con
+azúcar?
+
+--Ya está aquí. Retírate, que tú también has de dormir. Pobrecilla, no
+sé cómo resistes... ¡Vaya un trabajo que te tomas!...
+
+Iba a decir «¿y todo para qué?» pero se contuvo. Nunca le había sido tan
+grata la persona de su tía como aquella noche, y se sintió atraído hacia
+ella por fuerza irresistible. Por fin se fue la santa, y a poco, Moreno
+ordenó a su criado que se retirara. «Me acostaré dentro de un
+ratito--dijo el caballero--; pues aunque creo que he de dormir, todavía
+no tengo ni pizca de sueño. Me sentaré aquí y revisaré la lista de
+regalos, a ver si se me queda alguno. ¡Ah!, conviene no olvidar las
+mantas. La hermana de Morris se enfadará si no le llevo algo de mucho
+carácter...». La idea de las mantas llevó a su mente, por
+encadenamiento, el recuerdo de algo que había visto aquella tarde. Al ir
+a la tienda de la Plaza Mayor en busca de aquel original artículo,
+tropezó con una ciega que pedía limosna. Era una muchacha, acompañada
+por un viejo guitarrista, y cantaba jotas con tal gracia y maestría, que
+Moreno no pudo menos de detenerse un rato ante ella. Era horriblemente
+fea, andrajosa, fétida, y al cantar parecía que se le salían del casco
+los ojos cuajados y reventones, como los de un pez muerto. Tenía la cara
+llena de cicatrices de viruelas. Sólo dos cosas bonitas había en ella:
+los dientes, que eran blanquísimos, y la voz pujante, argentina, con
+vibraciones de sentimiento y un dejo triste que llenaba el alma de
+punzadora nostalgia. «Esto sí que tiene carácter» pensaba Moreno
+oyéndola, y durante un rato tuviéronle encantado las cadencias
+graciosas, aquel amoroso gorjeo que no saben imitar las celebridades del
+teatro. La letra era tan poética como la música.
+
+Moreno había echado mano al bolsillo para sacar una peseta. Pero le
+pareció mucho, y sacó dos peniques (digo, dos piezas del perro), y se
+fue.
+
+Pues aquella noche se le representaron tan al vivo la muchacha ciega, su
+fealdad y su canto bonito, que creía estarla viendo y oyendo. La popular
+música revivió en su cerebro de tal modo, que la ilusión mejoraba la
+realidad. Y la jota esparcía por todo su ser tristeza infinita, pero que
+al propio tiempo era tristeza consoladora, bálsamo que se extendía
+suavemente untado por una mano celestial. «Debí darle la peseta» pensó,
+y esta idea le produjo un remordimiento indecible. Era tan grande su
+susceptibilidad nerviosa, que todas las impresiones que recibía eran
+intensísimas, y el gusto o pena que de ellas emanaban, le revolvían lo
+más hondo de sus entrañas. Sintió como deseos de llorar... Aquella
+música vibraba en su alma, como si esta se compusiera totalmente de
+cuerdas armoniosas. Después alzó la cabeza y se dijo: «¿Pero estoy
+dormido o despierto? De veras que debí darle la peseta... ¡Pobrecilla!
+Si mañana tuviera tiempo, la buscaría para dársela».
+
+El reloj de la Puerta del Sol dio la hora. Después Moreno advirtió el
+profundísimo silencio que le envolvía, y la idea de la soledad sucedió
+en su mente a las impresiones musicales. Figurábase que no existía nadie
+a su lado, que la casa estaba desierta, el barrio desierto, Madrid
+desierto. Miró un rato la luz, y bebiéndola con los ojos, otras ideas le
+asaltaron. Eran las ideas principales, como si dijéramos las ideas
+inquilinas, palomas que regresaban al palomar después de pasearse un
+poco por los aires. «Ella se lo pierde...--se dijo con cierta convicción
+enfática--. Y en el desdén se lleva la penitencia, porque no tendrá
+nunca el consuelo que desea... Yo me consolaré con mi soledad, que es el
+mejor de los amigos. ¿Y quién me asegura que el año que viene, cuando
+vuelva, no la encontraré en otra disposición? Vamos a ver... ¿por qué no
+había de ser así? Se habrá convencido de que amar a un marido como el
+que tiene es contrario a la naturaleza; y su Dios, aquel buen Señor que
+está acostado en la urna de cristal, con su sábana de holanda finísima,
+aquel mismo Dios, amigo de Estupiñá, le ha de aconsejar que me quiera.
+¡Oh!, sí, el año que viene vuelvo... en Abril ya estoy andando para acá.
+Ya verá mi tía si me hago yo místico, y tan místico, que dejaré
+tamañitos a los de aquí... ¡Oh!... mi niña adorada bien vale una misa. Y
+entonces gastaré un millón, dos millones, seis millones, en construir un
+asilo benéfico. ¿Para qué dijo Guillermina? ¡Ah!, para locos; sí, es lo
+que hace más falta... y me llamarán la _Providencia de los
+desgraciados_, y pasmaré al mundo con mi devoción... Tendremos uno, dos,
+muchos hijos, y seré el más feliz de los hombres... Le compraré al
+Cristo aquel tan lleno de cardenales una urna de plata... y...».
+
+Se levantó, y después de dar dos o tres paseos, volvió a sentarse junto
+a la mesa donde estaba la luz, porque había sentido una opresión
+molestísima. Las pulsaciones, que un instante cesaron, volvieron con
+fuerza abrumadora, acompañadas de un sentimiento de plenitud torácica.
+«¡Qué mal estoy ahora!... pero esto pasará, y me dormiré. Esta noche voy
+a dormir muy bien... Ya va pasando la opresión. Pues sí, en Abril
+vuelvo, y para entonces tengo la seguridad de que...».
+
+Tuvo que ponerse rígido, porque desde el centro del cuerpo le subía por
+el pecho un bulto inmenso, una ola, algo que le cortaba la respiración.
+Alargó el brazo como quien acompaña del gesto un vocablo; pero el
+vocablo, expresión de angustia tal vez, o demanda de socorro, no pudo
+salir de sus labios. La onda crecía, la sintió pasar por la garganta y
+subir, subir siempre. Dejó de ver la luz. Puso ambas manos sobre el
+borde de la mesa, e inclinando la cabeza, apoyó la frente en ellas
+exhalando un sordo gemido. Dejose estar así, inmóvil, mudo. Y en aquella
+actitud de recogimiento y tristeza, expiró aquel infeliz hombre.
+
+La vida cesó en él, a consecuencia del estallido y desbordamiento
+vascular, produciéndole conmoción instantánea, tan pronto iniciada como
+extinguida. Se desprendió de la humanidad, cayó del gran árbol la hoja
+completamente seca, sólo sostenida por fibra imperceptible. El árbol no
+sintió nada en sus inmensas ramas. Por aquí y por allí caían en el mismo
+instante hojas y más hojas inútiles; pero la mañana próxima había de
+alumbrar innumerables pimpollos, frescos y nuevos.
+
+Ya de día, Guillermina se acercó a la puerta y aplicó su oído. No sentía
+ningún rumor. No había luz. «Duerme como un bendito... Buen disparate
+haría si le despertara». Y se alejó de puntillas.
+
+
+
+
+-III-
+
+Disolución
+
+
+
+
+--i--
+
+
+A mediados de Noviembre, Fortunata estaba algo desmejorada.
+Observándola, Ballester se decía: «¡Cuando yo digo que me debía querer a
+mí en vez de consumir su vida por ese botarate! ¡Qué mujeres estas! Son
+como los burros, que cuando se empeñan en andar por el borde del
+precipicio, primero lo matan a palos que tomar otro camino».
+
+Desde la rebotica, donde estaba trabajando, la vio pasar por la calle:
+«Allá va la nave. Siempre tan puntual a la citita. Doña Lupe furiosa, el
+pobre Rubín ido, y esta paloma volando al tejado del vecino. ¡Qué lejos
+está ella de que le he descubierto el escondrijo! Trabajillo me costó;
+pero me salí con la mía. Y no es que me proponga delatarla... cosa
+impropia de un caballero como yo. Hágolo para mi gobierno. Yo soy así;
+me gusta seguir los pasos de la persona que me interesa... De seguro que
+al volver del tortoleo entra por aquí... ¡Ah!, qué memoria la tuya,
+Segismundo; ya no te acordabas de que para hoy le prometiste tener
+hechas las píldoras de _hatchisschina_, que le quieren dar al pobre
+Maxi, a ver si le levantan y aclaran un poco aquellos espíritus tan
+entenebrecidos. Vamos a ello, y que la alegría más expansiva y la más
+placentera ilusión de vida _(sacando de un armario el frasco del
+extracto indiano)_, iluminen el cacumen de mi infeliz amigo, a la acción
+de este precioso excitante».
+
+Dos o tres horas después de esto, Fortunata entraba en la botica. El
+farmacéutico observó pintada en su semblante la consternación. Sin duda
+tenía una pena grande, grande, horrible, de esas que no pueden
+expresarse sino con la imagen retórica de una espada traspasando el
+pecho. «Amiga mía--le dijo Ballester--, no tema usted que la mortifique
+con consuelos vulgares. Usted padece hoy, y no es cosa de poco más o
+menos, sino alguna tribulación muy gorda lo que usted tiene dentro. No,
+ni me lo niegue. Su cara de usted es para mí un libro, el más hermoso de
+los libros. Leo en él todo lo que a usted le pasa. No valen evasivas. Ni
+pretendo que me confíe sus penitas, hasta que no se convenza de que el
+médico llamado a curárselas soy yo».
+
+--Vaya Ballester--dijo Fortunata con malísimo humor--. No estoy ahora
+para bromas.
+
+--Lo creo... Tiene usted el corazón como si se lo estuvieran apretando
+con una soga...
+
+--¡Ay!, sí...--exclamó con arranque la joven a quien faltaba poco para
+echarse a llorar.
+
+--Y usted ha llorado, porque los ojos también lo están diciendo.
+
+--Sí, sí... pero déjese de tonterías y no se meta en lo que no le
+importa. Está usted hoy muy agudo.
+
+--_Siempre lo fue don García_. Para otras personas tendrá usted
+secretos, para mí no. Sé de dónde viene usted. Sé la calle, número de la
+casa y piso... Y si me apura, sé lo que ha ocurrido. Desazón; que si tú,
+que si yo; que no me quieres, que sí, que tira, que afloja, que vira,
+que vuelta; que me engañas, que no, que tú más, y hemos concluido, y
+adiós, y allá va la lagrimita.
+
+La señora de Rubín dejó caer la cabeza sobre el pecho, dando un chapuzón
+en el lago negro de su tristeza. Ballester la miraba sin osar decirle
+nada, respetando aquel dolor que por lo muy verdadero no podía
+disimularse. Por fin, Fortunata, como quien vuelve en sí, se levantó de
+la silla, y le dijo:
+
+--Esas píldoras, ¿las ha hecho usted?
+
+--Aquí están (entregándole la cajita). Y a propósito, a usted no le
+vendrá mal tomarse una.
+
+--¿Yo?... Lo mío no va con píldoras... Quédese con Dios; me voy a mi
+casa.
+
+--Consolarse--le dijo Segismundo en la puerta--. La vida es así; hoy
+pena, mañana una alegría. Hay que tener calma, y tomar las cosas como
+vienen, y no ligar todo nuestro ser a una sola persona. Cuando una vela
+se acaba, debe encenderse otra... Conque tengamos valor, y aprendamos a
+despreciar... Quien no sabe despreciar, no es digno de los goces del
+amor... Y por último, simpática amiga mía, ya sabe que estoy a sus
+órdenes, que tiene en mí el más rendido de los servidores para cuanto se
+le ocurra, amigo diligente, reservadísimo, buena persona... Abur.
+
+Subió la joven a su casa. Doña Lupe no estaba, porque en aquellos días
+iba infaliblemente a las subastas del Monte de Piedad. Maximiliano
+permanecía largas horas en su despacho o en la alcoba, sin salir ni
+siquiera a los pasillos, sumergido en una meditación que más bien
+parecía somnolencia, por lo común echado en el sofá, la vista fija en un
+punto del techo, al modo de penitente visionario. No molestaba a nadie;
+no se resistía a tomar el alimento ni las medicinas, sometiéndose
+silenciosamente a cuanto se le mandaba, como si lo dominante, en aquella
+fase del proceso encefálico, fuera la anulación de la voluntad, el no
+ser nada para llegar a serlo todo. Considerándose sola en la casa,
+Fortunata anduvo de una parte a otra, buscando una ocupación que la
+distrajera y consolara. Imposible. Mientras más trabajaba, con más
+energía y claridad repetía su mente lo que le había pasado aquella
+mañana. «Yo me voy a volver loca--se dijo poniéndose a mojar la ropa--.
+Más loca estoy que el pobre Maxi, y esto me acaba de rematar».
+
+Sin que se interrumpiera la acción mecánica, el espíritu de la pobre
+mujer reproducía fielmente la escena aquella, con las palabras, los
+gestos y las inflexiones más insignificantes del diálogo. En medio de la
+reproducción iban colocándose, como anotaciones puestas al acaso, los
+comentarios que se le ocurrían. El trabajo de su cerebro era una
+calenturienta y dolorosa mezcla de las funciones del juicio y de la
+memoria, revolviéndose con desorden y alumbrándose unas a otras con
+aquella claridad de relámpago que a cada instante despedían.
+
+«Tontería grande fue decírselo... Él está hace tiempo muy frío, y como
+con ganas de romper. ¡Cansado otra vez!, cansado; y allá por Junio, sí,
+bien me acuerdo de que era en Junio, porque estaban poniendo los palos
+para el toldo de la procesión del Corpus, me dijo que nunca más me
+dejaría, que se avergonzaba de haberme abandonado dos veces, ¡y qué sé
+yo cuántas mentiras más!... Lo que hace ahora es buscar un pretexto para
+llamarse andana... ¡Cristo!, ¡qué cara me puso cuando le dije
+aquello...! 'No seas bobito, ni fíes tanto en la virtud de tu mujer.
+¿Pues qué te crees? ¿Que no es ella como las demás? Para que lo sepas;
+tu mujer te ha faltado con aquel señor de Moreno, que se murió de
+repente, una noche. La suerte tuya fue que dio el estallido; y es que
+los corazones revientan, de la fuerza del querer... Créete, como Dios es
+mi padre, que la _mona del Cielo_ le quería también, y tenían sus
+citas... no sé dónde... pero las tenían. Tan listo como eres, y a ti
+también te la dan...'. ¡Bendito Dios, qué cara me puso! ¡Ah!, el amor
+propio y la soberbia le salían a borbotones por la boca...».
+
+Después sentía claramente en su oído la vibración de aquella réplica que
+la había hecho estremecer, que aún la alumbraba, porque las palabras se
+repetían sin cesar como la pieza de una caja de música, cuyo cilindro,
+sonada la última nota, da la primera. «¿Pero qué te has figurado, que mi
+mujer es como tú? ¿De dónde has sacado esa historia infame? ¿Quién te ha
+metido en la cabeza esas ideas? Mi mujer es sagrada. Mi mujer no tiene
+mancilla. Yo no la merezco a ella, y por lo mismo la respeto y la admiro
+más. Mi mujer, entiéndelo bien, está muy por encima de todas las
+calumnias. Tengo en ella una fe absoluta, ciega, y ni la más ligera duda
+puede molestarme. Es tan buena, que sobre serme fiel, tiene la costumbre
+de entregarme todos sus pensamientos para que yo los examine. ¡Ojalá
+pudiera yo entregarle los míos! Y ahora, cuando tú me traes esos
+absurdos cuentos, me veo tan por bajo de ella, que no puede ser más. Tú
+misma me estás castigando con eso de decirme que mi mujer es como tú, o
+que en algo puede parecerse a ti. Me castigas porque me demuestras la
+diferencia; te comparo con ella, y si pierdes en la comparación, échate
+a ti la culpa... Para concluir, si vuelves a pronunciar delante de mí
+una palabra sola referente a mi mujer, cojo mi sombrero... y no vuelves
+a verme más en todos los días de tu vida».
+
+Comentario: «¡Y yo que me había hecho la ilusión de que no era honrada,
+para salir ahora con que no tengo más remedio que confesar que lo es!
+¿Habrá visto visiones Aurora? Lo asegura de un modo, que no sé... Puede
+que se equivoque... Puede que el caballero ese estuviera prendado de
+ella; eso no quiere decir que ella pecase ni mucho menos...».
+
+Otra vez sentía retumbar en su oído las tremendas palabras de _aquel_:
+«Si vuelves a pronunciar delante de mí, _etc_...». Y el comentario
+parecía producirse en el cerebro paralelamente a la repetición de la
+filípica: «¡Ah!, tuno, no hablabas antes de ese modo. En Junio, sí, bien
+me acuerdo, todo era _te quiero y te adoro_, y bastante que nos reíamos
+de la _mona del Cielo_, aunque siempre la teníamos por virtuosa. ¿Que es
+sagrada, dices?... ¿Entonces, para qué la engañas? ¡Sagrada! Ahora sales
+con eso. _Cojo mi sombrero y no me vuelves a ver_... Eso es que tú lo
+quieres hace tiempo. Estás buscando un motivo, y te agarras a lo que
+dije. _Te comparo con ella, y si pierdes en la comparación, échate a ti
+misma la culpa_. Eso es decirme que soy un trasto, que yo no puedo ser
+honrada aunque quiera... ¡Cómo me requemaba oyendo esto y cómo me
+requemo ahora mismo! Se me aprieta la garganta, y los ojos se me llenan
+de lágrimas. ¡Decirme a mí esto, a mí, que me estoy condenando por
+él...! Pero, Señor, ¡qué culpa tendré yo de que esa niña bonita sea
+ángel! Hasta la virtud sirve para darme a mí en la cabeza. ¡Ingrato!».
+
+Reproducción de algo que ella le había contestado: «Mira; no lo tomes
+tan a pechos. Podrá ser mentira. ¿Yo qué sé? No creerás que lo he
+inventado yo. Para que veas que no me gustan farsas contigo; eso que te
+incomoda tanto, es cosa de Aurora...».
+
+Y él: «Como la coja, le arranco la lengua. Es una víbora esa mujer, una
+envidiosa, una intrigante. Ándate con cuidado con ella».
+
+Comentario: «De veras que estuve muy prudente. No se debe hablar mal de
+nadie sin tener seguridad de lo que se dice. Desde aquel momento no me
+volvió a mirar como me mira siempre. Le chafé su amor propio. Es como
+cuando se sienta una, sin pensarlo, sobre un sombrero de copa, que no
+hay manera, por más que se le planche después, de volverlo a poner como
+estaba. Esta sí que no me la perdona.
+
+Perdona él todo; pero que le toquen a su soberbia no lo perdona. «¿Estás
+enfadado?».--«¡Si te parece que no debo estarlo...!».--«Hazte el cargo
+de que no he dicho nada».--«No puedo; me has ofendido; te has rebajado a
+mis ojos. Como tú no tienes sentido moral, no comprendes esto. No
+calculas el valor que se quitan a sí mismas las personas cuando hablan
+más de la cuenta».--«No me digas esas cosas».--«Se me salen de la boca.
+Desde que calumniaste a mi mujer, la veneración y el cariño que le tengo
+se aumentan, y veo otra cosa; veo lo miserable que soy al lado suyo; tú
+eres el espejo en que miro mi conciencia y te aseguro que me veo
+horrible».
+
+Comentario: «Cuando toma este tonito, le pegaría... Eso es decirme que
+soy una indecente. Y siempre que saca estas _tiologías_, es porque me
+quiere dejar. Y yo no puedo vivir así, Dios mío; esto es peor que la
+muerte».
+
+Reproducción: «¿Te vas ya?».--«¿Te parece que es temprano
+todavía?».--«¿Vienes el lunes?».--«No puedo asegurártelo».--«Ya empiezas
+con tus mañas».--«Tú sí que te pones pesada».--«No quiero disputar. Dime
+lo que quieras».--«Si rompemos, no me eches a mí la culpa, porque eres
+tú quien la tiene».--«¿Yo?».--«Sí, tú, por salir con alguna patochada
+ordinaria».--«Bueno, lo que quieras... Tú siempre has de tener razón...
+Adiós».--«Hasta la vista».
+
+Y al cabo de un rato, su mente saltó de improviso con una idea nueva,
+expresada en medio de los ahogos de la desesperación, como un rayo que
+atraviesa las nubes y momentáneamente las horada, las ilumina con sus
+refulgentes dobleces. «¿Pero qué demonios es esto de la virtud, que por
+más vueltas que le doy no puedo hacerme con ella y meterla en mí?».
+
+Entonces advirtió que no había mojado la ropa. Su tarea estaba por
+empezar, y los rollos de camisas, chambras y demás prendas continuaban
+delante de ella, muertos de risa, lo mismo que el barreño de agua.
+Papitos, que entró en el comedor con los cuchillos ya limpios, fue el
+choque que la hizo salir de su abstracción.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+El día de San Eugenio propuso doña Casta ir de merienda al Pardo;
+pero las de Rubín no querían ni oír hablar de nada que a diversión se
+pareciese. Bueno tenían ellas el espíritu para meriendas. Fueron _las
+Samaniegas_ con _doña Desdémona_, Quevedo y otros amigos. Por la noche,
+doña Casta se empeñaba en que todas habían de comer bellota, de la
+provisión que trajo. Estaban de tertulia en casa de Rubín. Sólo faltaba
+Aurora, a quien Fortunata esperaba con ansia, y siempre que sentía pasos
+en la escalera, iba a la puerta para abrirle antes de que llamase. Por
+fin llegó la viuda de Fenelón, fatigadísima. Los encargos en aquel mes
+eran considerables; las bodas aristocráticas menudeaban, y la pobre
+Aurora no podía desenvolverse. Como que por cumplir y hacer las entregas
+a tiempo se había traído alguna labor para trabajar en su casa. Velaría
+hasta las doce o la una. Brindose la de Rubín a ayudarla, y con la venia
+de las dos señoras mayores se fueron a la casa próxima. Fortunata
+deseaba estar sola con su amiga para hablar largo y tendido sobre
+diferentes cosas.
+
+Encendieron luz en el gabinete, y sobre una gran mesa que allí había,
+por el estilo de las mesas de los sastres, Aurora, sacando sus avíos, se
+puso a cortar y a preparar. Fortunata la ayudaba a desenvolver los
+patrones y a hilvanarlos sobre la tela. A cada momento se arrancaba
+Aurora del pecho una aguja enhebrada o se la clavaba en él, pues el
+pecho era su acerico, y allí tenía también una batería de alfileres.
+Extendiendo sus miradas sobre los patrones, con atención de artista,
+cogiendo ora la aguja, ora las tijeras, ya inclinada sobre la mesa, ya
+derecha y mirando desde lejos el efecto del corte; moviendo la cabeza
+para obtener la oblicuidad de la mirada en ciertas ocasiones, empezó a
+charlar, arrojando las palabras como un sobrante de la potencia
+espiritual que aplicaba a su obra mecánica.
+
+«Hoy ha sido el funeral. ¡Cosa estupenda, según me ha dicho Candelaria!
+El catafalco llegaba hasta el techo, y la orquesta era magnífica; muchas
+luces... Ahí tienes para qué les sirve el dinero a esos _celibatarios_
+egoístas. Estaban las de Santa Cruz y Ruiz Ochoa, _las Trujillas_, y qué
+sé yo quién más... Como no nos vemos desde hace muchos días, no te he
+podido contar la impresión que recibí aquella mañana. Verás: pasaba yo a
+eso de las ocho y media por la plaza de Pontejos para ir a mi obrador,
+cuando vi que del portal salía despavorido el criado inglés... Según
+después supe, iba en busca de mi primo Moreno Rubio, que vive en la
+calle de Bordadores. Yo dije: '¿qué pasará?' y Samaniego salió de la
+tienda preguntando: '¿qué hay?'--'¿Cómo que qué hay?'. El inglés
+entonces, con un terror que no puedo pintarte, nos dijo: 'Señor muerto;
+señor como muerto'. Corrió allá Pepe y yo detrás. En el portal había un
+corrillo de gente; unos salían, otros entraban, y todos se lamentaban
+del suceso. Subí con Pepe... la puerta estaba abierta. Los gritos de
+Patrocinio Moreno se oían desde la escalera. ¡Ay, qué paso, hija! Yo
+tenía un miedo que no te puedo ponderar. Acerqueme poco a poco a la
+habitación. Allí estaba la santa, todavía con el manto puesto y el libro
+de misa en la mano... Parecía una imagen. Y Moreno... no me quiero
+acordar, sentado en una silla junto a la mesa...
+
+Dicen que le encontraron con la cabeza apoyada en las manos, seco,
+rígido y sin sangre. No puedo pintarte el horror que me causó lo que vi.
+Le habían incorporado en el asiento. Toda la pechera de la camisa estaba
+manchada de sangre, la barba llena de cuajarones... los ojos abiertos.
+(Aquí suspendió Aurora su trabajo, poniendo todo su espíritu en lo que
+relataba...) No quise entrar. De la puerta me volví, y no sé cómo llegué
+al taller, porque me iba cayendo por el camino; tal impresión me hizo.
+Hay que reconocer que ese hombre tenía que concluir de mala manera; pero
+eso no quita que una le tenga lástima. (Volvió a poner toda la atención
+en su trabajo). Estuve muy mala aquel día, y a ratos me entraban ganas
+de llorar. Mal se portó conmigo, muy mal... ¡Ah!, ya veo yo que todo se
+paga en este mundo».
+
+--¡Pobre señor!--exclamó Fortunata--. A mí también me dio lástima cuando
+lo supe. Pero, ¿no sabes una cosa?, que hoy hemos tenido la gran bronca
+_ese_ y yo, porque le dije aquello...
+
+--¿Lo de...?--apuntó Aurora, suspendiendo otra vez el trabajo, y mirando
+a su amiga con intención picaresca.
+
+--Sí... Se enfadó tanto, que concluimos mal. ¡Ay, qué pena tengo! Porque
+si es calumnia, figúrate, ¡qué barbaridad ir con esa historia!
+
+--Calumnia no--dijo la de Fenelón, atendiendo más a su corte--. Podrá
+ser equivocación.
+
+¿Quién demonios sabe lo que pasa en el interior de la _mona_? Que el
+difunto Moreno andaba loco por ella, no tiene duda. Falta saber, _por
+ejemplo_, si ella le correspondía o no.
+
+--Tú me dijiste que sí, y que tenían citas...
+
+--Sí; pero te lo dije como una suposición nada más--replicó la astuta
+mujer con cierto despego, como si deseara mudar de conversación--. Tú te
+precipitaste al llevarle ese cuento. Se habrá volado. Hay que tener
+tacto, amiga mía, y no herir el amor propio de los hombres. Ya debías
+suponer que le sabría mal.
+
+--¿Y tú qué crees?, hablando ahora como si estuviéramos delante de un
+confesor. ¿Tú qué crees?, ¿es, como quien dice, ángel o qué?
+
+Aurora dejó las tijeras, y se clavó en el pecho la aguja enhebrada.
+Después de calcular su respuesta, la soltó en esta forma:
+
+«Pues hablando con verdad, y sin asegurar nada terminantemente, te diré
+que la tengo por virtuosa. Si mi primo hubiera vivido, no sé a dónde
+habrían llegado las cosas. Él hacía el trovador de la manera más
+infantil del mundo. ¡Quién lo diría...!, ¡un hombre tan corrido!...
+Ella... no sé... creo que se reía de él... Y bien merecido le estaba,
+por pillo. Quizás le miraba con alguna simpatía... pero lo que es citas,
+amiga mía, me parece que no las hubo, digo, me parece; y si algo de esto
+dije, fue como un _tal vez_, y me vuelvo atrás».
+
+Tornó a su faena dejando a la otra en la mayor confusión.
+
+«Y en último resultado--le dijo después--, ¿a ti qué más te da que sea
+honrada o deje de serlo? Lo que te importa es que él te quiera a ti más
+que a ella».
+
+--¡Oh!, no...--exclamó Fortunata con toda su alma--, es que si no fuera
+honrada esa mujer, a mí me parecería que no hay honradez en el mundo y
+que cada cual puede hacer lo que le da la gana... Paréceme que se rompe
+todo lo que la ata a una; no sé si me explico; y que ya lo mismo da
+blanco que negro. Créetelo; esa duda no se me va de la cabeza a ninguna
+hora; siempre estoy pensando en lo mismo, y tan pronto me alegro de que
+sea mala como de que no lo sea. ¡Ah!, no sabes tú lo que yo cavilo al
+cabo del día. Las cosas que me pasan a mí no tienen nombre.
+
+--Pues para que te tranquilices de una vez--dijo la otra sin mirarla--.
+Tenla por honrada, y cuando hables de esto con _él_, hazle entender que
+lo crees así, y no aspires a que _él_ te dé su respeto; conténtate con
+el amor.
+
+--Quítate de ahí, mujer--saltó Fortunata muy nerviosa--. Si esto se
+acaba... ¡Si me está faltando ese perro! Si en quince días no le he
+visto más que dos veces. Siempre llega tarde, y como de mala gana. ¡Oh!,
+yo le conozco bien las mañas: me le sé de memoria. Nada, que quiere
+echarme al agua otra vez, lo veo, lo estoy viendo. Hoy se lo dije
+claro, y no me contestó nada.
+
+--Entonces tenemos a _la mona del Cielo_ de enhorabuena.
+
+--¡Ah!, no... Me parece que ahora la veleta marca para otro lado. Me
+está faltando con alguna que ni su mujer ni yo conocemos. Más claro, a
+las dos nos está dando el plantón _hache_, y yo estoy que no sé lo que
+me pasa, más muerta que viva... llena de rabia, llena de celos. No he de
+parar hasta cogerle, y de veras te digo que si le cojo, y si cojo a la
+otra, me pierdo. Yo vengaré a _la mona del Cielo_, y me vengaré a mí. No
+quisiera morirme sin este gusto.
+
+--Dime una cosa... ¿Te has fijado en determinada mujer?--le preguntó su
+amiga mirándola de hito en hito.
+
+--No sé; esta noche se me ocurrió si será Sofía la Ferrolana, o la Peri,
+o Antonia, esa que estaba con Villalonga.
+
+--Es natural, piensas en las que conoces. ¿Qué me das, querida mía, si
+te lo averiguo? Al decir esto, Aurora abandonó todo trabajo y se puso
+delante de su amiga en la actitud más complaciente.
+
+«¿Que qué te doy? Lo que tú quieras. Todo lo que tengo... Te lo
+agradeceré eternamente».
+
+--Bueno; pues déjame a mí, que como yo coja el cabo del hilo, hemos de
+llegar a la otra punta. Verás por qué lo digo; en mi taller hay una
+chiquilla, muy graciosa por cierto, que me parece, me parece...
+
+--¡En tu taller...!--Sí; pero no te precipites... No es ella tal vez...
+Quiero decir, que por ella he de coger el cabo del hilo, y verás... iré
+tirando, tirando hasta dar con lo que queremos saber. Tú confíate en mí,
+y no hagas nada por tu parte. Prométeme que no te has de meter en nada.
+Sin esa condición, no cuentes conmigo.
+
+--Pues bien, yo te lo prometo. Pero me has de decir todo lo que vayas
+averiguando. Te digo que si la cojo... No me importa ir al Modelo; te
+juro que no me importa. Si ya me parece que la tengo entre mis uñas...
+
+Doña Casta entró, abriendo la puerta con su llavín. Era tarde, y
+Fortunata tuvo que retirarse. Aurora se quedó trabajando un momento más,
+y decía para sí: «Estas tontas son terribles, cuando les entra la rabia.
+Pero ya se aplacará. Pues no faltaría más... Estaría bueno...».
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Una tarde, doña Lupe vio entrar a su sobrina tan desolada, que no
+pudo menos de írsele encima, llena de irascibilidad, no pudiendo sufrir
+ya que no le confiase sus penas, cualquiera que fuese la causa de ellas.
+«¿Te parece que estas son horas de venir? Y haz el favor, para otra
+vez, de dejarte en la calle tus agonías y no ponérteme delante con esa
+cara de viernes, pues bastantes espectáculos tristes tenemos en casa».
+
+Fortunata tenía su interior tan tempestuoso que no pudo contenerse, y
+estalló con esa ira pueril que ocasiona las reyertas de mujeres en las
+casas de vecindad. «Señora, déjeme usted en paz, que yo no me meto con
+usted, ni me importa la cara que usted tenga o deje de tener. Pues
+estamos bien... Que no pueda una ni siquiera estar triste, porque a la
+señora esta le incomodan las caras afligidas... Me pondré a bailar, si
+le parece».
+
+No estaba acostumbrada doña Lupe a contestaciones de este temple, y al
+pronto se desconcertó. Por fin hubo de salir por este registro: «Eso de
+que me ocupe o no me ocupe, no eres tú quien lo ha de decidir. ¿Pues
+qué? ¿Han tocado ya a emanciparse? Estás fresca. ¿Crees que se te va a
+tolerar ese cantonalismo en que vives? ¡Me gustan los humos de la loca
+esta!... Ya te arreglaré, ya te arreglaré yo».
+
+Estaba la otra tan violenta y tenía los nervios tan tirantes, que al
+apartar una silla la tiró al suelo, y al poner su manguito sobre la
+cómoda, dio contra un vaso de agua que en ella había.
+
+«Eso es, rómpeme la sillita... Mira cómo has derramado el agua».
+
+--Mejor.--¿Sí?... Ya te mejoraré yo, ya te arreglaré.
+
+--Usted, señora, se arreglará sus narices, que a mí no me arregla
+nadie...
+
+«No quiero incomodarme, no quiero alzar tampoco la voz--dijo doña Lupe
+levantándose de su asiento--, porque no se entere ese desventurado».
+Salió un momento con objeto de cerrar puertas para que no se oyera la
+gresca, y a poco volvió al gabinete, diciendo: «Se ha quedado dormido.
+Si te parece, haz bulla para que no descanse el pobrecito. Te estás
+portando... ¡Silencio!».
+
+--Si es usted la que chilla... Yo bien callada entré. Pero se empeña en
+buscarme el genio.
+
+--Mete ruido, mete ruido. Ni siquiera has de dejar dormir al pobre
+chico.
+
+--Por mi parte, que duerma todo lo que quiera.
+
+--Y lo que más me subleva es tu terquedad--dijo doña Lupe bajando la
+voz--, y ese empeño de gobernarte sola, sí, esa independencia
+estúpida... Tú te lo guisas y tú te lo comes. Así te sabe a demonios.
+Bien empleado te está todo lo que te pasa, muy bien empleado.
+
+Tanta turbación había en el alma de la esposa de Rubín, que la ira
+estaba en ella como prendida con alfileres, y el menor accidente, una
+nada, determinaba la transición de la rabia al dolor, y de la energía
+convulsiva a la pasividad más desconsoladora. Algo se derrumbaba dentro
+de ella, y perdiendo toda entereza, rompió a llorar como un niño a quien
+le descubren una travesura gorda. Doña Lupe se vanaglorió mucho de aquel
+cambio de tono, que consideraba obra de sus facultades persuasivas.
+Fortunata se dejó caer en una silla, y más de un cuarto de hora estuvo
+sin articular palabra, oprimiendo el pañuelo contra su cara.
+
+«Pues sí, tía... es verdad que debiera yo... contarle a usted... No lo
+hice porque me parecía impropio. ¡Qué barbaridad! Traer a esta casa
+cuentos de... Soy una miserable; yo no debo estar aquí... Hasta llorar
+aquí por lo que lloro es una canallada. Pero no lo puedo remediar. El
+alma se me deshace. Yo tengo que decirle a alguien que me muero de pena,
+que no puedo vivir. Si no lo digo, reviento... Usted crea lo que
+quiera... pero soy muy desgraciada. Yo sé que me lo merezco, que soy
+mala, mala de encargo... pero soy muy desgraciada».
+
+--Ahí tienes--le dijo doña Lupe moviendo la mano derecha, con dos dedos
+de ella muy tiesos, en ademán enteramente episcopal--; ahí tienes lo que
+pasa por no hacer lo que yo te digo... Si hubieras seguido los consejos
+que te di este verano, no te verías como te ves.
+
+La otra estaba tan sofocada, que su tía tuvo que traerle un vaso de
+agua.
+
+--Serénate--le decía--, que ahora no te he de reñir, aunque bien lo
+mereces. No, no necesitas explicarme lo que te pasa; justo castigo de
+Dios. ¿Crees que no tengo yo pesquis? Me basta verte la cara. Ello tenía
+que suceder, porque los malos pasos conducen siempre a malos fines... El
+resultado es que sale todo lo que yo digo. El pecado trae la penitencia.
+Otra vez te da carpetazo ese hombre, ¿acerté?
+
+--Sí, sí... ¡Pero qué infame!...
+
+--Anda, que los dos estáis buenos. Tal para cual. Las relaciones
+criminales siempre acaban así. Uno se encarga de castigar al otro, y el
+que castiga ya encontrará también su trancazo en alguna parte. Pues
+estás lucida... Tras de cornuda, aporreada, y después sacada a bailar.
+
+--¡Pero qué infame!--volvió a decir Fortunata, mirando a su tía con los
+ojos llenos de lágrimas--. ¿Pues no ha tenido el atrevimiento de
+decirme, entre bromas y veras, que yo estaba enredada con Ballester?
+Pretextos, _tiologías_ y nada más. De seguro que no lo cree.
+
+--Aguanta, que todo te lo tienes bien merecido. Ni vengas a que yo te
+consuele... Acudiendo con tiempo, no digo que no. Abres ahora los ojos y
+te encuentras horriblemente sola, sin familia, sin marido, sin mí.
+
+Fortunata, con un pánico semejante al de quien se está ahogando,
+agarrose a la falda de doña Lupe, y vuelta a soltar un raudal de
+lágrimas.
+
+«No, no, no... yo no quiero estar sola, triste de mí. Dígame usted algo,
+siquiera que tenga paciencia, siquiera que me porte ahora bien... Sí, me
+portaré bien; ahora sí, ahora sí».
+
+--Ahora sí. Vaya, hija, no madrugues tanto. Tú no te acuerdas de Santa
+Bárbara sino cuando truena. ¿Qué sacaría yo de consolarte ahora y
+corregirte, si el mejor día volvías a las andadas?
+
+--Ahora no... ahora no...--Quien no te conoce que te compre... Al
+extremo a que han llegado las cosas, me parece que no debo intervenir
+ya, ni tomar vela en ese entierro. Sería hasta indecoroso para mí.
+Resultaría... así como cierta complicidad en tus crímenes. No, hija, has
+acudido tarde... ¡Te he estado metiendo la indulgencia por los ojos, sin
+que tú la quisieras ver, y ahora que te ahogas, vienes a mí...! ¡Ay!, no
+puedo, no puedo.
+
+Y sin decir más, se fue a la cocina, pensando que toda severidad era
+poco contra aquella mujer, y que convenía aterrorizarla, a ver si se
+sometía al fin de una manera absoluta.
+
+Pronto se hizo de noche. Los días menguaban, entristeciendo el ánimo de
+los que ya, por otros motivos, estaban tristes. A las seis y media la
+casa estaba a oscuras, y doña Lupe retardaba el encender luces todo lo
+posible. Fortunata, en el cuarto de su marido, y casi a tientas, llegó
+al sofá donde él estaba echado, y le preguntó si tenía ganas de comer,
+sin obtener respuesta. Oía los suspiros que daba el infeliz, y en una de
+aquellas aproximaciones, Maxi cogiéndole las manos, se las apretó con
+afecto. Algo había en el alma de Fortunata que respondía a tal
+demostración de ternura. Sentía hacia él cariño semejante al que inspira
+un niño enfermo, efusión de lástima que protege y que no pide nada.
+
+Doña Lupe trajo luz, y mirando a los esposos con sus ojos encandilados
+por el vivo resplandor de la llama de petróleo, dijo, sin duda por
+animar a Maxi con una broma: «¿Ya estáis haciendo los tortolitos?... Más
+cuenta te tiene comer. ¿Quieres que esta coma aquí contigo?».
+
+--Sí, sí, yo comeré aquí--dijo la esposa prontamente--. Y él comerá
+también, ¿verdad, hijo? ¿Verdad que comerás con tu mujer? Ella te
+cortará los pedacitos de carne y te los irá dando.
+
+--Pues yo os mandaré la comida--indicó doña Lupe, poniendo la pantalla
+al quinqué y acortando la llama--. Tengo hoy un arroz con menudillos que
+es lo que hay que comer.
+
+En el rato que estuvieron solos, antes de que entrara Papitos con el
+servicio y la sopa, Maxi endilgó a su mujer algunas frases enteramente
+ceñidas al endiablado asunto que constituía su demencia. Fortunata le
+apoyó en todo, mostrándose muy penetrada de la urgencia de establecer,
+como realidad social, el principio de solidaridad de la sustancia
+divina. A todo decía que sí, y mientras comían, notó que el enfermo se
+animaba extraordinariamente, llegando hasta mostrarse alegre, locuaz y
+poniendo un singular calor en sus proyectos de apostolado. En un momento
+que salió afuera, preguntole Fortunata a su tía: «¿Y le dio usted al fin
+esas píldoras?».
+
+«Sí por cierto. Esta mañana en ayunas se tomó una, y a las cuatro le di
+otra. ¿No lo dispuso así Ballester...?».
+
+--Sí... Vea usted por qué está tan avispado. ¡Vaya con el cáñamo ese!
+Pero los disparates son los mismos; sólo que ahora no ve las cosas de un
+modo tan negro sino que las toma por lo risueño.
+
+Volvió al lado de él, y le fue dando los menudillos con el tenedor, y él
+se los comía con gana, sin cesar de hablar y aun de reír. Su risa
+plácida no parecía la de un demente.
+
+Fortunata sentía leve consuelo en su alma, y se decía: «¡Si Dios
+quisiera que se pusiera bueno...! Pero cómo va Dios a hacer nada que yo
+le pida... ¡Si soy lo más malo que Él ha echado al mundo! Para mí esta
+casa se tiene que acabar. ¿A dónde me retiraré? ¿Qué será de mí? Pero a
+donde quiera que vaya, me gustará saber de este pobrecito, el único que
+me ha querido de verdad, el que me ha perdonado dos veces y me
+perdonaría la tercera... y la cuarta... Yo creo que me perdonaría
+también la quinta, si no tuviera esa cabeza como un campanario. Y esto
+es por culpa mía. ¡Ay, Cristo, qué remordimiento tan grande! Iré con
+este peso a todas partes, y no podré ni respirar».
+
+Después de comer, estaba él animadísimo, cual no lo había estado en
+mucho tiempo, pero sus conceptos eran de lo más estrafalario que
+imaginarse puede. Como entraran doña Silvia y Rufinita, de visita, doña
+Lupe se fue con ellas a la sala, y los esposos se quedaron solos. Maxi
+se levantó, y estiró todo el cuerpo, elevando los brazos. Los huesos
+crujieron, hizo diferentes contorsiones que parecían un trabajo de
+gimnasia, y luego volvió a sentarse, abrazando a su mujer y quedándose
+ante ella (pues estaba sentado en una banqueta junto al sofá) en actitud
+semejante a la que toman los amantes de teatro cuando van a decirse algo
+muy bonito en décimas o quintillas.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+«Vida mía--le dijo en el tono más dulce del mundo--, gracias mil
+por el consuelo que me has dado con tus palabras».
+
+Fortunata no sabía qué palabras eran aquellas que le habían consolado;
+pero lo mismo daba. Hizo un signo afirmativo, y adelante.
+
+«Porque estando tú conforme conmigo, no deseo más. Mis aspiraciones
+están cumplidas. ¡Viva el gran principio de la liberación por el
+desprendimiento, por la anulación!...».
+
+--¡Vivaaa...!--Así lo dirán las multitudes, cuando esta doctrina se
+propague; pero esto no nos toca a nosotros, sino al que vendrá después.
+Cumplamos tú y yo la ley de morir cuando nos creamos llegados al punto
+de caramelo de la pureza. Matemos a la bestia cuando de ella esté
+completamente desligada su prisionera, la sustancia espiritual, como del
+erizo se desprende la castaña bien madura.
+
+--Nada, hijo, que la mataremos.--Me gusta verte así. ¿Hay nada más
+hermoso que la muerte? ¡Morir, acabar de penar, desprenderse de todas
+estas miserias, de tantos dolores y de toda la inmundicia terrenal! ¿Hay
+nada que pueda compararse a este bien supremo?... ¿Concibe el alma nada
+más sublime?
+
+--¿Y después?--dijo Fortunata, que aun sabiendo con quién hablaba, oía
+con mucho gusto aquella manera de considerar la muerte.
+
+--¡Oh!, después, sentirse uno absolutamente puro, perteneciente a la
+sustancia divina; reconocerse uno parte de ella, y todito con aquel gran
+todo... ¡Qué dicha tan grande!
+
+--¡No padecer...!--murmuró la prójima inclinando su cabeza sobre el
+pecho de él--. ¡No temer si le hacen a uno esta o la otra perrería...!,
+no verse en agonías nunca y gozar, gozar, gozar...
+
+Su mente se dejó ir en alas de aquella sublime idea, perdiéndose en los
+espacios invisibles y sin confines.
+
+«¡Sentir luego la irradiación del bien en sí, y contemplarse uno en
+aquel todo etéreo y sustancial, infinitamente perfecto y sano, hermoso,
+transparente y placentero...!».
+
+Esto era ya un poco metafísico, y Fortunata no lo comprendía bien. Lo
+accesible para ella era la idea primera: morirse, desprenderse de las
+lacerias de este mundo, y sentirse luego persona idéntica a la persona
+viva, gozando todo lo que hay que gozar y amando y siendo amada con
+arrobamientos que no se acaban nunca.
+
+«Querida mía--le dijo Maxi moviendo mucho la cabeza y los músculos de la
+cara, señal de una fuerte excitación nerviosa--; los dos moriremos
+después que hayamos cumplido nuestra misión. Y para que te penetres bien
+de la tuya, te voy a decir lo que he sabido por revelación celestial».
+
+Fortunata se preparó a oír el gran disparate que su marido anunciaba, y
+puso una carita muy gravemente atenta.
+
+«Pues yo sé una cosa que tú no sabes, aunque quizás lo presientes, y que
+seguramente sabrás muy pronto. Quizás hayas empezado a notar algún
+síntoma; pero aún tu espíritu no tendrá más presentimientos de este
+gran suceso».
+
+La miraba de tal modo, que ella empezó a asustarse. ¿Qué sería, Dios,
+qué sería? Maxi estuvo un rato en silencio, clavados en ella sus ojos
+como saetas, y por fin le dijo estas palabras que la hicieron
+estremecer: «Tú estás en cinta».
+
+Quedose un rato la infeliz mujer como petrificada. Trataba de tomarlo a
+broma, trataba de negarlo; pero para ninguna de estas determinaciones
+tenía valor. Terror inmenso llenaba su alma al ver que Maxi decía lo que
+decía con expresión de la más grande seguridad. Pero lo último que a
+Fortunata le quedaba que oír fue esto, dicho con exaltación de
+iluminado, y con atroz recrudecimiento de las sacudidas nerviosas de la
+cabeza: «Ha sido una revelación. El espíritu que me instruye me ha
+traído anoche esta idea... Misterio bonitísimo, ¿verdad? Tú estás
+embarazada... Y tú lo presumes; mejor dicho, lo sabes, te lo estoy
+conociendo en la cara; lo ocultas porque ignoras que esto no ha de
+arrojar ninguna deshonra sobre ti. El hijo que llevas en tus entrañas es
+el hijo del Pensamiento Puro, que ha querido encarnarse para traer al
+mundo su salvación. Fuiste escogida para este prodigio, porque has
+padecido mucho, porque has amado mucho, porque has pecado mucho.
+Padecer, amar y pecar... ve ahí los tres infinitivos del verbo de la
+existencia. Nacerá de ti el verdadero Mesías. Nosotros somos nada más
+que precursores, ¿te vas enterando?, nada más que precursores, y cuanto
+des a luz, tú y yo habremos cumplido nuestra misión, y nos liberaremos
+matando nuestras bestias».
+
+Del salto se puso Fortunata al otro extremo de la habitación. Habíale
+entrado tal pánico, que por poco sale al pasillo pidiendo socorro. Maxi
+tenía la cara descompuesta y transfigurada, y sus ojos parecían carbones
+encendidos. Ni siquiera reparó que su mujer se había alejado de él, y
+continuó hablando como si aún la tuviera al lado. La infeliz, turbada y
+muerta de miedo, se acurrucó en el rincón opuesto, y cruzadas las manos,
+miraba al desgraciado demente, diciendo para sí: «¿En qué lo habrá
+conocido?... Dios, ¡qué hombre! ¿Será farsa todo esto de la locura?
+¿Será que se finge así para poder matarme, sin que la justicia le
+persiga...? ¡Pero cómo habrá descubierto...! ¡Si no lo he dicho a nadie!
+¡Si no se me conoce nada todavía...! ¡Ah!, lo que este hombre tiene es
+mucha picardía. Eso de la revelación lo dice para engañar a la gente...
+Sin duda se lo figura, se lo teme, o me lo ha conocido no sé en qué...
+¿Lo habré dicho yo en sueños?... Aunque no; podrá haberlo adivinado por
+su propia locura. ¿No dicen que las grandes verdades las saben los niños
+y los locos...? ¡Ay, qué miedo me ha entrado! Dios mío, líbrame de esta
+tribulación. Este hombre me quiere matar y hace todas estas comedias
+para vengarse en mí y asesinarme a lo bóbilis bóbilis...».
+
+El iluminado fue hacia su mujer, cogiéndola por un brazo. Tal temor
+sentía ella, que hasta se encontró con fuerzas inferiores a las de su
+marido, que era tan débil. «Moñuca mía--le dijo apretándole el brazo con
+nerviosa energía, y mirándola con una expresión en que la desdichada
+veía confundidos al amante y al asesino--. Nos liberaremos, por medio de
+una sangría suelta, desde que hayas cumplido tu misión. ¿Cuándo será?
+Allá por Febrero o Marzo».
+
+--Debe ser por Marzo--pensó Fortunata--; pero para ti estaba... Ya me
+pondré yo en salvo. Mátate tú, si quieres, que yo tengo que vivir para
+criarlo, ¡y voy a ser tan feliz con él...! Va a ser el consuelo de mi
+vida. Para eso lo tengo, y para eso me lo ha dado Dios... ¿Ves cómo me
+salí con mi idea?... Mi hijo es una nueva vida para mí. Y entonces no
+habrá quien me tosa... ¡Oh!, si no lo sintiera aquí dentro, yo y tú
+seríamos iguales, tan loco el uno como el otro, y entonces sí que
+debíamos matarnos.
+
+Oíase el run run de las despedidas de doña Silvia y Rufinita en el
+pasillo. A poco entró la de Jáuregui, y viéndola su sobrino, se volvió
+al sofá, dejando a su mujer en pie en medio del cuarto.
+
+«¿Qué tal?--dijo doña Lupe--. ¿Hay sueño? Son las once».
+
+--Ha venido usted a turbar nuestra felicidad--replicó Maxi sentado, y
+moviendo las piernas en el aire--. Mi elegida y yo deseamos estar solos,
+enteramente solos. Los misterios inefables que a ella y a mí...
+
+--¿Pero qué volteretas son esas que das? (no sabiendo si reír o ponerse
+seria). Pareces un saltimbanquis.
+
+--Que a ella y a mí se nos han revelado... los misterios inefables,
+digo... nos llevan a un éxtasis delicioso, de que no pueden participar
+las personas vulgares.
+
+--¡Llamarme a mí persona vulgar!...
+
+--La vulgaridad consiste en estar muy apegada a los bienes terrenos...
+es decir, en hacerle mimos a la bestia.
+
+--¿Pero qué?, ¿también vas a dar vueltas de carnero?--dijo asustada doña
+Lupe, viéndole apoyar las manos en el sofá y doblar luego la cabeza
+hasta tocar con ella la gutapercha.
+
+--Lo que yo dé, a usted no le importa, mujer de poca fe... La noche está
+fría y necesito que las extremidades entren en calor. Dentro del cráneo
+me han encendido un hornillo.
+
+--¿Ve usted... ve usted...?--indicó Fortunata, no recatándose de decirlo
+en alta voz--. El efecto de esas condenadas píldoras. Creo que no deben
+dársele más. Ya ve usted cómo se pone: se le trastorna más el cerebro y
+adivina los secretos.
+
+--¿Cómo que adivina los secretos...? Pero, niño, ¿qué haces?
+
+Rubín se sentaba y se levantaba, dando botes en el asiento, como un
+jinete que monta a la inglesa.
+
+«Allá por Marzo será el gran suceso, la admiración del mundo--gruñía el
+infeliz, dando vueltas sobre sí mismo--. Lo anunciará una estrella que
+ha de aparecer por Occidente, y los Cielos y la tierra resonarán con
+himnos de alegría».
+
+--¿Pero qué estás diciendo? Vamos, hijo de mi alma, estate tranquilo.
+
+--Lo que yo quisiera saber ahora es dónde está mi sombrero--dijo él,
+mirando debajo de la mesa y del sofá.
+
+--¿Y para qué quieres el sombrero?
+
+--Quiero salir, tengo que ir a la calle. Pero lo mismo da salir con la
+cabeza descubierta. Hace un calor horrible.
+
+--Sí, vámonos al Retiro. Fortunata, coge la vela; y tú por delante.
+
+Y agarrándose al brazo del joven sin ventura, le llevaron a la alcoba.
+Del salto se plantó Maxi en la cama, quedándose un instante con los
+brazos y las piernas en alto. Después dejaba caer pesadamente las
+extremidades para volver a levantarlas.
+
+«¡Bonita noche nos va a hacer pasar!» exclamó doña Lupe cruzando las
+manos. Fortunata, desalentada y meditabunda, se dejó caer en el sofá.
+
+«¿A que no me aciertan ustedes en dónde estoy?--dijo el pobre demente--.
+Me he caído del Cielo sobre un tejado. ¿Qué hace mi mujer ahí que no
+viene en mi socorro?».
+
+--Pues sí señor, ¡bonita noche!--repetía doña Lupe, echando un suspiro
+por cada palabra.
+
+Intentaron acostarle. Pero no fue posible. Se les escapaba de las manos,
+con viveza de niño, que a veces parecía agilidad de mono. Su risa
+causaba espanto a las dos señoras, y últimamente no se le entendía una
+palabra de las muchas que de su boca soltaba atropelladamente,
+pronunciándolas de un modo primitivo, como los chiquillos que empiezan a
+hablar. Por fin el desgaste nervioso hubo de rendirle, y se quedó quieto
+en el sofá, con una pierna sobre la mesa, la otra en una silla, la
+cabeza debajo de un cojín, y los brazos extendidos en cruz. Una mano
+daba contra el suelo, y tenía la otra metida debajo del cuerpo, dando al
+brazo una vuelta que parecía inverosímil. No quisieron ellas variarle la
+difícil postura, temiendo que si le tocaban, se alborotaría de nuevo y
+les daría otra jaqueca. Doña Lupe dormitaba, sentada en una silla junto
+a la cama del matrimonio; pero Fortunata no pegó los ojos en toda la
+noche.
+
+Ya amanecía cuando le acostaron. Apenas daba acuerdo de sí, y gemía, al
+moverse, como si tuviera molido a palos su ruin y desdichado cuerpo.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+Creo que fue el día de la Concepción cuando Rubín salió de su
+cuarto con un cuchillo en la mano detrás de Papitos, diciendo que la
+había de matar. El susto de la tía y de Fortunata fue muy grande, y les
+costó trabajo quitarle el arma homicida, que era un cuchillo de la mesa,
+con el cual no era fácil quitar la vida a nadie. Pero el paso fue
+terrible, y los chillidos de Papitos se oyeron en toda la vecindad.
+Salió despavorida del cuarto del señorito, y él detrás, frío y resuelto,
+como si fuera a hacer la cosa más natural del mundo. La mona se refugió
+entre las faldas de su ama, gritando: «¡Que me mata, que me quiere
+matar!» y Fortunata corrió a sujetarle, lo que no hubiera conseguido a
+pesar de su superioridad muscular, sin la ayuda de doña Lupe. La
+resistencia de él era puramente espasmódica, y mientras se defendía de
+los cuatro brazos que querían contenerle y arrancarle el cuchillo, decía
+con voz ronca: «Le siego el pescuezo y la...». Después se supo que
+Papitos tenía la culpa, porque le había irritado, contradiciéndole
+estúpidamente. Doña Lupe lo sospechó así, y mientras Fortunata se le
+llevaba otra vez a su cuarto, procurando calmarle, la señora cogió a la
+chiquilla por su cuenta, y con la persuasión de tres o cuatro pellizcos,
+hízole confesar que ella era culpable de lo ocurrido. «Mire,
+señora--replicaba ella bebiéndose las lágrimas--; él fue quien empezó,
+porque yo no chisté. Estaba recogiendo el servicio, y él saltó contra
+mí, diciéndome que para arriba y que para abajo... Yo no lo entendía y
+me eché a reír... Pero _dimpués_ salió con unos disparates muy gordos.
+¿Sabe, señora, lo que dijo? Que la señorita Fortunata iba a tener un
+niño, y qué sé yo qué más. No pude _por menos_ de soltar la carcajada, y
+entonces fue cuando _garró_ el cuchillo y salió tras de mí. Si no doy un
+_blinco_, me divide».
+
+--Bueno; vete a la cocina, y aprende para otra vez. A todo lo que él
+diga, por disparatado que sea, dices tú _amén_, y siempre _amén_.
+
+Aquel hecho era quizás síntoma de un nuevo aspecto de locura, y las dos
+señoras no cabían ya en su pellejo, de temor y zozobra. No pasaron ocho
+días sin que el caso se repitiera. Maxi pudo apoderarse de un cuchillo,
+y fue hacia su tía, diciendo que la quería _liberar_. Gracias a que
+estaba allí el Sr. Torquemada, no fue difícil desarmarle; pero el susto
+no había quien se lo quitara a doña Lupe, que tuvo que tomarse una taza
+de tila. Por cierto que la señora se conceptuaba infeliz entre todas
+las señoras y damas de la tierra, por las muchas pesadumbres que sobre
+su alma tenía. No era sólo el estado lastimosísimo del más querido de
+sus sobrinos; otras cosas la mortificaban atrozmente, abatiendo su
+grande espíritu. Entre Fortunata y ella mediaron ciertas palabras que
+imposibilitaban absolutamente toda concordia.
+
+«¡Vaya--le dijo doña Lupe una noche--, que te estás luciendo! ¿A qué
+esas reservas, cuando más indicada estaba la confianza? ¿Cómo es que lo
+ha sabido Maximiliano, que está demente, antes que yo, que estoy en mi
+sano juicio? ¿A qué esos escondites conmigo?».
+
+Después de una larga pausa, Fortunata, con muchísimo trabajo, se
+determinó a responder esto: «Yo no se lo he dicho. Él lo adivinó. Esto
+no podía yo decirlo a nadie de esta casa, y a él menos...».
+
+--¡Y a él menos!--repitió doña Lupe, clavando en la delincuente sus
+miradas como flechas.
+
+--Sí, porque él no debía saberlo nunca--prosiguió la otra haciendo el
+último esfuerzo--. A usted pensaba yo decírselo, pero no me determiné
+por la vergüenza que me daba. Ahora que lo sabe, lo que tengo que hacer
+es pedirle que tenga compasión de mí, recoger mi ropa y marcharme de
+esta casa. Ahora sí que será para siempre.
+
+La viuda de Jáuregui se tomó tiempo para dar contestación a estas
+gravísimas palabras. Un sin fin de ideas se le metió en la cabeza, y
+estuvo aturdida largo rato, sin saber con cuál de ellas quedarse. El
+rompimiento definitivo le arrancaba una tira de su corazón, con dolor
+agudísimo, por no serle posible retener las cantidades que Fortunata
+había puesto en sus manos. La elasticidad de su conciencia no llegaba
+nunca a sus estirones a la apropiación de lo ajeno, ni directa ni
+indirectamente. Lo ajeno era sagrado para ella, y aunque aumentase lo
+suyo cuanto pudiera a costa del prójimo, jamás llegaba a la absorción de
+lo que se le confiaba. Devolvería, pues, lo que se le había entregado,
+con los aumentos que a su buena administración se debían. Cierto que
+esta devolución era para ella un trance doloroso, algo como la
+separación de un hijo que se va a la guerra a que le maten, pues aquel
+_guano_, entregado a su dueño, pronto se perdería en el desorden y los
+vicios.
+
+Pero si esta pena la estimulaba a transigir una vez más, su decoro y más
+aún su amor propio se sublevaban airados contra aquella infame, que
+traía al hogar doméstico hijos que no eran de su marido. Esto no se
+podía sufrir sin cubrirse de baldón; esto no lo toleraría doña Lupe,
+aunque tuviera que dar, no sólo el dinero ajeno, sino el propio... Tanto
+como el propio, no, vamos; pero en fin, así lo pensaba para poder
+expresar de una manera enfática su grandísimo enojo.
+
+¡Qué diría la gente!... ¡qué las amigas, ante quienes doña Lupe oficiaba
+como guardadora de la moralidad y de los buenos principios! Cierto que
+para el mundo la situación que crearía la maternidad de la de Rubín
+sería una situación legal, toda vez que Maxi, enfermo y encerrado quizá
+para entonces en un manicomio, no había de llamarse a engaño; pero en
+este caso, la afrenta sería mayor por añadirse a ella la mentira. Y
+todos tendrían a doña Lupe por encubridora, y le cortarían lindos sayos.
+Si ya le parecía a ella oírlo: «Miren esa, tan orgullosa y rígida,
+tapando el matute que la otra bribona ha introducido en su casa. Lo hará
+por la cuenta que le tiene. El padre de la criatura es hombre rico y
+habrá pagado bien el alijo». La idea de que pudieran decir esto hacía
+brotar de la frente augusta de la viuda gotas de sudor del tamaño de
+garbanzos.
+
+«Ella misma--pensó--, no se ha recatado para decirme que el pobre Maxi
+está tan inocente de esto como yo. Lo cantará lo mismo a todo el mundo,
+porque ella es así, muy bocona... Pero entre dos afrentas, prefiero que
+le haya dado por pregonar la verdad, pues así no hará catálogos la
+gente, ni tendrá nadie que decir si el chico es o no es...».
+
+De todo esto se deducía que aquella pícara había traído una maldición a
+la casa; ella tenía la culpa de la demencia de Maxi. Bien lo vaticinó
+doña Lupe: mucha mujer para tan poco hombre. Naturalmente, el pobre
+chico tenía que morirse o perder la cabeza. Lo que había que desear ya
+era que la prójima se perdiese completamente de vista; que entre la
+familia y ella mediasen abismos infranqueables; que pudiera decir doña
+Lupe a los amigos: «esa mujer se ha muerto para mí». La sombra de
+Jáuregui parecía venir en ayuda de las determinaciones de su ilustre
+viuda, porque a esta le faltaba poco para ver a su marido salirse de
+aquel cuadro en que retratado estaba, tomar vida y voz para decirle: «Si
+no arrojas de tu casa a esa pájara, me voy yo, me borro de este lienzo
+en que estoy, y no me vuelves a ver más. O ella o yo». Y cuando la
+pájara repitió que se marchaba, doña Lupe no pudo menos de decirle con
+acritud: «¿Pero qué haces que no has echado ya a correr?... Francamente,
+me pasma que tengas pachorra para estar aquí todavía. Otra de más
+frescura no habrá». Llevándola a su gabinete le habló de la entrega de
+las cantidades que en su poder tenía. Fortunata dijo con mucha calma y
+frialdad que no se llevaba el dinero y que sólo tomaría los réditos.
+«¿Cómo voy a colocarlo yo? Téngalo usted; yo guardo el recibo y vendré
+todos los trimestres a recoger el premio».
+
+Doña Lupe abrió tanta boca, que por poco se le entra una mosca en ella.
+Su primer impulso fue negarse a ser administradora y apoderada de
+semejante persona; pero tal prueba de confianza la anonadaba. Insistió
+en dar el dinero; insistió más la otra en dejarlo en manos que tan bien
+lo sabían aumentar, y así quedó el asunto. _La de los Pavos_ temía que
+entre ella y su sobrina quedase aquella relación, aquel cable
+telegráfico, por donde vinieran a comunicarse la honradez más pura y la
+inmoralidad. Conservar el dinero era sostener una especie de
+parentesco... ¡Oh!, no, esto parecía como transacción con la afrenta.
+Pero al propio tiempo, entregar los santos cuartos a su dueña era lo
+mismo que tirarlos a la calle. Sus amantes se los gastarían en un decir
+Jesús... y era lástima que tan bonito capital se destruyese.
+
+Mucho se disputó sobre esto, haciendo ambas alardes de delicadeza; pero,
+al fin, el dinero quedó en poder de doña Lupe. Ascendía la suma a
+treinta mil reales, los veinte mil dados por Feijoo, y diez mil y pico
+que habían producido desde aquella fecha, colocados por Torquemada en
+préstamos a militares. Precisamente en los días últimos del año, cuando
+ocurrió lo que ahora se cuenta, casi toda la suma estaba sin colocar, y
+la tenía la señora en su cómoda, esperando una _proporción_, que D.
+Francisco tenía en tratos con un señor comandante. La suma que poseía
+Fortunata en acciones del Banco, se conservaba en esta misma forma,
+porque así lo había dispuesto D. Evaristo. Guardaba la tía de Maxi el
+extracto de la inscripción en un hueco de su vargueño, y no se sacaba
+sino al fin de los semestres, para ir al Banco a cobrar el dividendo.
+Sobre esta clase de valores no hubo disputa entre las dos mujeres,
+porque desde luego pensó Fortunata llevárselos, y la otra no gustaba de
+conservar fondos de que no podía disponer para sus ingeniosas
+combinaciones financieras. La custodia de la inscripción le molestaba y
+la ponía tan en cuidado sin ningún beneficio, que no sintió verla salir
+de su casa. Los treinta mil reales quedaron bien agasajaditos en un
+rincón de la cómoda. Eran para doña Lupe como un hijo adoptivo a quien
+quería como a los hijos propios.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+La evasión (pues así debe llamársela) de su mujer, no fue notada
+por Maxi en los primeros días. Pero cuando se hizo cargo de ella,
+manifestó una inquietud que puso a la pobre doña Lupe en mayor
+aburrimiento del que tenía. Pensó seriamente en llevar a su infeliz
+sobrino a un manicomio. Mucha pena le daba separarse de él, entregándole
+a la asistencia de gentes mercenarias; pero no había otro remedio. Para
+tratar de esto y acordar lo más conveniente, llamó a Juan Pablo, que a
+la sazón había pasado de Penales a Sanidad, y podría tal vez poner a su
+hermano en Leganés, en un departamento de distinguidos, con pago de
+media pensión o quizás sin pagar un cuarto.
+
+Entre tanto, Fortunata, al salir de la casa de su marido, y antes de
+dirigirse a su nueva morada, encaminó sus pasos a la de D. Evaristo. Era
+este la primera persona a quien tenía que consultar sobre la crítica
+situación en que se encontraba. Referirle lo ocurrido era ya para ella
+un verdadero castigo de su perversidad, porque de sólo pensar que lo
+refería, le entraba espanto. ¡Bueno se iba a poner Feijoo, al saber que
+la chulita había hecho mangas y capirotes de la doctrina práctica
+expuesta con tanto ardor y cariño por el simpático anciano, cuando
+dispuso la separación! ¡Cuánto mejor no haberse separado de aquel hombre
+sin igual! ¡Ella le habría soportado en su vejez caduca, y habría sido
+feliz cuidándole como se cuida a un niño inocente! Al llegar a la Plaza
+de los Carros, y al ver la calle de Don Pedro, pensó que no tendría
+valor para contarle a su amigo sus últimas calaveradas. Subió temblando
+por la ancha escalera, que estaba aquel día alfombrada y con muchos
+tiestos, porque la noche antes se había celebrado en la legación, con
+gran comistraje y mucha fiesta, el aniversario del Emperador.
+
+Así se lo dijo doña Paca a Fortunata, cuando esta le preguntó por su
+amo. «Anoche ha estado muy inquieto, porque hemos tenido convite y
+recepción en el principal y los coches no cesaron de alborotar en la
+calle hasta la madrugada. Esta casa es ordinariamente muy silenciosa;
+pero cuando hay ruido, parece que se hunde el mundo. ¡Figúrese usted qué
+nos importará a nosotros que cumpla no sé cuántos años ese señor
+Emperador, a quien parta un rayo! ¡Valiente jaqueca nos dio anoche!...
+Pase usted. Hoy le encontrará un poco aturdido a consecuencia de la mala
+noche».
+
+Don Evaristo se hallaba ya en lastimoso estado. Las piernas las tenía
+casi completamente paralizadas, y salía a paseo en un cochecillo o
+sillón de ruedas, que empujaba su criado. Iba a las Vistillas a tomar el
+sol, y a veces se extendía hasta la Plaza de Oriente por el Viaducto. Al
+centro de la Villa no venía nunca, y para las relaciones y amistades que
+en las partes más animadas de Madrid tenía, aquella existencia
+paralítica y con tantos achaques, aquella vida circunscrita al barrio
+extremo, eran como una muerte anticipada, pues del verdadero Feijoo, tal
+como le conocimos, no quedaba ya más que una sombra. Estaba
+completamente sordo, teniendo que auxiliarse de una trompetilla para
+recoger algunos sonidos; su inteligencia sufría eclipses, y la memoria
+se le perdía en ocasiones casi por completo, quedándose en la tristeza
+del instante presente, sin ayer, sin historia, como si cayera de una
+nube en mitad de la vida, a la manera de un bólido. Sus distracciones
+eran ya puramente pueriles. Se pasaba las horas muertas haciendo el
+juego del _bilboquet_, o bien entretenido en enredar con los muchos
+gatos que había en la casa. Todas las crías de la hermosa _menina_ de
+doña Paca se conservaban, al menos mientras les duraba el donaire de la
+infancia gatesca. Sentado al sol junto al balcón en su sillón muy
+cómodo, Feijoo arrojaba a sus graciosos amigos una pelota atada con un
+hilo, y se divertía con las monísimas cabriolas y morisquetas que hacían
+los pequeñuelos. Otras veces les tiraba la pelota a lo largo de la
+enorme estancia, o ataba al hilo un pedazo de trapo, recogiéndolo como
+recoge el pescador su aparejo, para verlos correr tras él. Cuando entró
+Fortunata, el juego del hilo y de la pelota estaba suspendido, por ley
+de variedad, y D. Evaristo tenía en la mano su _bilboquet_, saltando la
+bola, y acertando muy raras veces a clavarla en el palo. Dos o tres
+gatitos blancos con manchas grises enredaban sobre el buen señor. Uno se
+le subía por la manta que le envolvía las piernas; otro estaba en su
+regazo sentado sobre los cuartos traseros, refregándose las patas con la
+lengua y el hocico con la pata; y un tercero se le había subido a un
+hombro y allí seguía con vivaracha atención los brincos de la bola del
+_bilboquet_, marcándolos con la pata en el aire. Lo que él quería era
+meterte mano a la bola aquella tan bonita.
+
+Al ver entrar a su amiga, el inválido puso una cara muy risueña. Todos
+los sentimientos los expresaba ya riendo. La mandó sentar a su lado, y
+aun quiso seguir en su solaz inocente; pero tuvo que suspenderlo para
+coger la trompetilla. Fortunata cogió en sus manos uno de los gatitos
+para acariciarlo.
+
+«¿Qué hay?--dijo D. Evaristo mirándola de un modo que parecía indicar
+agradecimiento de las caricias que al micho hacía--. ¡Ah!, ese es el más
+tunante de todos... ¡Sabe más...!, ¡y tiene más picardías! Conque a ver,
+chulita, ¿qué hay?».
+
+Fortunata no sabía cómo empezar. Contrariábala mucho tener que decir las
+cosas a gritos, y temía que se enterasen los criados, la vecindad y
+hasta el embajador con toda su gente extranjera. ¿Y cómo se podía contar
+una cosa tan delicada dando berridos, al modo que cantan los serenos las
+horas, o como los pregones de las calles? Algo dijo que llevó al ánimo
+de don Evaristo el convencimiento de que su chulita se veía en un mal
+paso. De repente soltó mi hombre la risa infantil y babosa, diciendo:
+«¿Apostamos a que ha habido algún _rasgo_? Precisamente lo que más
+prohibí, los dichosos _rasgos_, que siempre traen alguna desgracia».
+
+La consternada joven no podía asegurar que sus últimas diabluras
+mereciesen la denominación y categoría de _rasgos_; pero indudablemente
+eran una cosa muy mala. Sobre todo no había hecho maldito caso de las
+sabias recetas de vida social que le diera su amigo. Para hacerle
+comprender mejor que con largas explicaciones algo de lo que ocurría,
+sacó la inscripción, que llevaba dentro de un sobre y este envuelto en
+un papel.
+
+«¿Qué es eso, la inscripción?--dijo el anciano riéndose más--¿Pues
+qué... ji ji ji... ha habido rompimiento con ese bendito?...».
+
+Y se puso la trompetilla en la oreja para coger con ella la respuesta.
+
+--Completamente ido de la cabeza... manicomio.
+
+--¡Que no come!--Al manicomio... que le van a poner en Leganés...
+
+--¡Ah! ¿Y doña Lupe?
+
+--Ella y yo... Fortunata hizo con sus dos dedos índices un signo muy
+expresivo, poniéndolos punta con punta.
+
+--Habéis reñido... ji ji ji... ¡Qué cosas! Doña Lupe muy lagarta...
+
+El gatito que se había subido en el hombro del señor, estaba muy
+preocupado con la trompetilla. Ignoraba sin duda lo que era aquello, y
+quería saberlo a todo trance, porque alargaba la pata como para hacer
+un reconocimiento de tan misterioso objeto. La curiosidad del animalito
+interrumpía la audición, que era ya bastante penosa. Feijoo tomó la
+inscripción diciendo: ¿Pero qué ocurre?... ¿doña Lupe...?, ji ji ji...
+Todavía sostendrá que yo le hice el amor. No hay quien se lo quite de la
+cabeza. Y todo porque me solía parar en la esquina de la calle de
+Tintoreros, esperando a la mujer de Inza, ji ji ji... el de la tienda de
+mantas.
+
+Después de esta brillante ráfaga de memoria, la preciosa facultad se
+eclipsó por completo, y el ayer se borró absolutamente del espíritu del
+buen caballero. Miraba a su chulita con estupidez y cierta expresión de
+duda o sorpresa. Fortunata seguía pegando gritos; pero él no se
+enteraba; lo poco que oía era como si oyese el ruido del viento: no le
+sacaba sentido. Cansada de inútiles esfuerzos, la joven se calló,
+mirando a su amigo con hondísima pena. Y mirándola él también, de
+repente volvió a su risa pueril, motivada por las cosquillas que en el
+cuello le hacía el gatito... «Si es un granuja este... si no me deja
+vivir». Fortunata daba suspiros, sin que el anciano se enterase de esta
+expresiva manifestación de disgusto, y al fin, ella, comprendiendo que
+era inútil esperar de aquella ruina apuntalada un consuelo y un consejo,
+decidió retirarse. Al darle un cariñoso abrazo, el anciano pareció
+volver en sí, recobrando su acuerdo, y se le refrescó la memoria.
+«Chulita, no te vayas--le dijo, dándole un palmetazo en el muslo--.
+¡Ah... qué tiempos aquellos! ¿Te acuerdas? ¡Qué días tan felices!
+Lástima que yo no hubiera tenido veinte años menos. Entonces sí que
+habríamos sido dichosos». Ella decía que sí con la cabeza. Luego D.
+Evaristo pareció instantáneamente asaltado por una idea que le
+inquietaba. Después de meditar un instante, aprovechando aquella ráfaga
+de inteligencia que cruzaba por su cerebro, cogió el sobre que contenía
+la inscripción, y devolviéndoselo, le dijo: «No dejes esto aquí. Puedo
+morirme de un momento a otro, y tu dinero corre peligro de extraviarse.
+Es mejor que lo guardes tú. No tengas cuidado. Las acciones son
+nominativas, y nadie más que tú puede disponer de su importe». Y como si
+el despejo de su inteligencia no hubiera tenido más objeto que
+permitirle aquella importante advertencia, en cuanto la hizo, la nube
+invadió otra vez toda la caja del cerebro, volvió a la risa infantil, y
+a preocuparse más de que la bola del _bilboquet_ se pinchase en el
+palito que de todo lo que a su desgraciada amiga pudiera referirse.
+
+Salió, pues, Fortunata de la triste visita con la impresión de haber
+perdido para siempre aquel grande y útil amigo, el hombre mejor que ella
+tratara en su vida y seguramente también el más práctico, el más sabio
+y el que mejores consejos daba. Verdad que ella hizo tanto caso de estos
+consejos como de las coplas de Calaínos; pero no dejaba de conocer que
+eran excelentes, y que debió al pie de la letra seguirlos.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+De aquel anciano chocho y que más bien parecía un niño, no podía
+la esposa de Rubín esperar ya ninguna protección ni amparo moral. Sólo
+en muy contados momentos lúcidos se revelaba en él un recuerdo vago de
+lo que había sido. Le lloró por muerto con verdadera efusión de hija
+desconsolada, y se aterraba de la orfandad en que iba a quedar cuando
+más necesitaba de una persona sesuda y discreta que la dirigiera. La
+impresión de vacío y soledad que sacó de la casa, poníala en grandísima
+tristeza. En la Cava Baja pasó por junto a un pianito que tocaba aires
+de ópera con ritmo picante y amoroso. Esta música le llegaba al alma.
+Parose un rato a oírla, y se le saltaron las lágrimas. Lo que sentía era
+como si su espíritu se asomara al brocal de la cisterna en que estaba
+encerrado, y desde allí divisara regiones desconocidas. La música
+aquella le retozaba en la epidermis, haciéndola estremecer con un
+sentimiento indefinible que no podía expresarse sino llorando. «Yo debo
+de ser muy bruta--pensó, alejándose--, porque me gusta más esta música
+de los pianitos de la calle que la pieza que toca Olimpia, y que dicen
+que es cosa tan buena. A mí me parece que, cuando la oigo, me aporrean
+los oídos con la mano del almirez».
+
+Había resuelto Fortunata, de acuerdo con su tía Segunda, albergarse en
+la casa de esta, que vivía otra vez en la Cava. Allá se encaminó desde
+la calle de Don Pedro, y antes de entrar en el portal de la pollería, el
+mismo portal y el mismo edificio donde tuvo principio la historia de sus
+desdichas, una vecina le dijo que Segunda estaba en el puesto de la
+plazuela, comiendo con unas amigas. Fuese allá, y vio a su tía con otras
+dos tarascas junto a una mesilla, comiendo un guiso de cordero en platos
+de Talavera. Jarro de vino y botijo de agua completaban el servicio. Las
+tres damas estaban con los moños al aire, hablando a un tiempo en alta
+voz, con ese desparpajo y esa independencia de modales que caracterizan
+a los vendedores ambulantes que viven siempre al aire libre, y tienen la
+voz hecha a la gritería de los pregones. Segunda Izquierdo era una mujer
+corpulenta y con la cara arrebatada, el pelo entrecano. Se parecía
+bastante a su hermano José; pero no conservaba tan bien como este la
+hermosura de aquella _raza de gente guapa_, porque las miserias, las
+enfermedades y la vida aperreada de los últimos años habían hecho
+efectos devastadores en su cara y cuerpo. Los que trataron a Segunda en
+su edad de oro, apenas la conocían ya, porque su cara estaba toda llena
+de costurones, y en el cuello y quijada inferior llevaba unas rúbricas
+que daban fe de otros tantos abcesos tratados quirúrgicamente. El ojo
+derecho no estaba ya todo lo abierto que debía, a causa de una rija, y
+el párpado inferior del mismo había adquirido notoria semejanza con un
+tomate, a consecuencia de la aplicación de un puño cerrado, de lo que
+resultó una inflamación que vino a parar en endurecimiento. Ni aun su
+hermosa dentadura conservaba Segunda, pues un año hacía que empezaban a
+emigrar las piezas unas tras otras. El cuerpo se iba pareciendo al de
+una vaca que se pusiera en dos pies.
+
+En cuanto vio venir a su sobrina, cogió de encima de la mesilla una
+llave enorme, que parecía la llave de un castillo, y alargándosela le
+dijo que subiera a la casa si quería. Las otras dos tiorras miraron a la
+joven con descarada curiosidad. A una de ellas la conocía Fortunata, a
+la otra no. Sentose un momento en una banqueta que le ofrecieron, porque
+estaba cansada; pero sintiéndose molesta por las preguntas impertinentes
+de las amigas de su tía, subió al cuarto que debía de ser su albergue...
+hasta sabe Dios cuándo. Aquel barrio y los sitios aquellos éranle tan
+familiares, que a ojos cerrados andaría por entre los cajones sin
+tropezar. ¿Pues y la casa? En ella, desde el portal hasta lo más alto de
+la escalera de piedra, veía pintada su infancia, con todos sus episodios
+y accidentes, como se ven pintados en la iglesia los Pasos de la Pasión
+y Muerte de Cristo. Cada peldaño tenía su historia, y la pollería y el
+cuarto entresuelo y después el segundo tenían ese _revestimiento de una
+capa espiritual_ que es propio de los lugares consagrados por la
+religión o por la vida. «¡Las vueltas del mundo!--decía dando las de la
+escalera y venciendo con fatiga los peldaños--. ¡Quién me había de decir
+que pararía aquí otra vez!... Ahora es cuando conozco que, aunque poco,
+algo se me ha pegado el señorío. Miro todo esto con cariño; ¡pero me
+parece tan ordinario...! Aquellas dos tiburonas... ¡qué tipos!, pues ¿y
+mi tía?...».
+
+El cuarto que entonces tenía Segunda en aquella casa era uno de los más
+altos. Estaba sobre el de Estupiñá. No había llegado Fortunata al
+segundo, cuando vio bajar a este, y le entraron ganas de saludarle. Puso
+él una carátula durísima al verla; pero a pesar de esto, la joven sentía
+ganas de decirle algo. Érale simpático; conocía sus apetitos
+_parlamentarios_, y aunque por sus amistades con los de Santa Cruz podía
+contarle ella en el número de sus enemigos, le miraba ella con buenos
+ojos, teniéndole por hombre inofensivo y bondadoso. «Aunque usted no
+quiera, D. Plácido, buenos días». El gran Rossini no se dignó volver
+hacia ella su perfil de cotorra, y refunfuñando algo que la nueva
+inquilina no pudo entender, siguió por la escalera abajo, haciendo sonar
+con desusado estrépito los peldaños de piedra.
+
+Fortunata vio el cuarto. ¡Ay, Dios, qué malo era, y qué sucio y qué feo!
+Las puertas parecía qué tenían un dedo de mugre, el papel era todo
+manchas, los pisos desiguales. La cocina causaba horror. Indudablemente
+la joven se había adecentado mucho y adquirido hábitos de señora, porque
+la vivienda aquella se le presentaba inferior a su categoría, a sus
+hábitos y a sus gustos. Hizo propósito de lavar las puertas y aun de
+pintarlas, y de adecentar aquel basurero lo más posible, sin perjuicio
+de buscar casa más a la moderna, quisiera o no Segunda vivir en su
+compañía. El gabinetito que ella había de ocupar tenía, como la sala,
+una gran reja para la Plaza Mayor. Estuvo un rato ocupada en hacer
+mentalmente la colocación de sus muebles, la cama, la cómoda, una mesa y
+dos sillas. Por cierto que todo esto tenía que comprarlo, pues de la
+casa matrimonial no había de sacar nada. Recorriendo el cuarto, pensó
+que si el casero se conformaba a hacer algunas reparaciones, no quedaría
+mal. Era menester blanquear la cocina, tapar con yeso algunos agujeros
+y enormes grietas que por todas partes había, empapelar el gabinete, que
+iba a ser su alcoba, y pintar las puertas. Ya pensaba en la jaqueca que
+le iba a dar al administrador, cuando se acordó (su gozo en un pozo) de
+que el administrador era Estupiñá. «De seguro que en cuanto le hable de
+obras en la casa, se va a poner hecho un tigre. Claro, me tiene tirria;
+¿pues qué es él más que un servilón de los de Santa Cruz? Con todo,
+pienso decirle algo, porque en último caso, con dejarle el cuarto hemos
+concluido. Y ahora que recuerdo, esta casa era de D. Manuel
+Moreno-Isla, que el año pasado le dio la administración a D. Plácido.
+Me lo contó mi tía, y D. Plácido es tan tirano, que no da una paletada
+de yeso aunque le fusilen. Falta saber de quién es ahora la casa... ¿La
+habrá heredado doña Guillermina?...». Quedose meditando en que su
+destino no le permitía salir de aquel círculo de personas que en los
+últimos tiempos la había rodeado. Era como una red que la envolvía, y
+como pensara escabullirse por algún lado, se encontraba otra vez cogida.
+«No; habrán heredado la casa los señores de Ruiz Ochoa, o la mujer de
+Zalamero... Y después de todo, ¿a mí qué me importa que herede la finca
+Juan o Pedro? Yo no la he de heredar».
+
+Si tuviera agua en abundancia, se pondría al instante a lavar toda la
+casa; pero desde el siguiente empezaría. Vio que la reja daba a un
+balconcillo o terraza, y al punto determinó poner allí todos los tiestos
+de flores que cupiesen. La vista del cuadrilátero de la plaza era
+bonita, despejada y alegre. El jardín lucía muy bien desde arriba, con
+sus dos fuentecillas y el caballo panzudo, del que Fortunata veía los
+cuartos traseros, como los de un cebón, y el Rey aquel encima, con su
+canuto en la mano. Acercábase Navidad, y ya estaban preparando los
+puestos de Noche--Buena. Distinguió también a su tía y a las otras dos
+matronas que, ayudadas de un jayán, estaban claveteando tablas y armando
+un toldo. Poco después, mirando para la acera de la Casa-Panadería,
+alcanzó a ver a Juan Pablo, sentado en uno de los puestos de
+limpia-botas, y leyendo un periódico mientras le daba lustre al calzado.
+Después le vio pasar a la acera de enfrente y seguir hasta el rincón de
+la escalerilla, como si fuese al café de Gallo.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Como antes se ha dicho, a los pocos días de la desaparición de
+su mujer, Maxi empezó a echarla de menos, mostrándose receloso, y
+apeteciendo su compañía con cierta mimosidad impertinente que ponía
+furiosa a doña Lupe. Juan Pablo y ella disertaron largamente sobre lo
+que se debía hacer, y por fin el primogénito dijo que intentaría
+aplicar a su hermano un buen sistema terapéutico, antes de recurrir al
+extremo de encerrarle en un manicomio. No se habían probado las duchas,
+ni el sacarle de paseo al campo, ni el bromuro de sodio, que estaba
+dando tan buen resultado contra la peri-encefalitis difusa y contra la
+meningo-encefalitis, etc... y siguió echando términos de medicina por
+aquella boca, pues entonces le daba por leer libros de esta ciencia, y
+con una idea tomada de aquí y otra de allá hacía unos pistos que eran lo
+que había que ver.
+
+Dicho y hecho. Todas las mañanas iba Juan Pablo a buscar a su hermano, y
+unas veces engañado, otras casi a la fuerza, le llevaba a San Felipe
+Neri, y allí le arreaba una ducha escocesa capaz de resucitar a un
+muerto. Algunas tardes sacábale a paseo por las afueras, procurando
+entretener su imaginación con ideas y relatos placenteros, absolutamente
+contrarios al fárrago de disparates que el infeliz chico había tenido
+últimamente en su cerebro. A los quince días de este enérgico
+tratamiento, mejoró visiblemente, y su hermano y médico estaba muy
+satisfecho. Más de una vez se expresó Maxi durante el paseo como la
+persona más razonable. De su mujer no hablaba nunca; pero como saltase
+en la conversación algo que de cerca o de lejos se relacionara con ella,
+se le veía caer en sombrías meditaciones y en un mutismo tétrico del
+cual Juan Pablo, con todas su retóricas, no le podía sacar. Una mañana,
+al salir de la ducha, y cuando el enfermo parecía entonado por la
+reacción, ágil y con la cabeza muy despejada, se paró en la calle, y
+cogiendo suavemente las solapas del gabán de su hermano, le dijo: «Pero
+vamos a una cosa. ¿Por qué ni tú, ni mi tía, ni nadie queréis decirme
+dónde está mi mujer? ¿Qué ha sido de ella? Tened franqueza, y no hagáis
+más misterios conmigo... ¿Es que se ha muerto, y no me lo queréis decir?
+¿Teméis que la noticia me altere?».
+
+Juan Pablo no supo qué contestarle. Viendo en la cara y en los ojos de
+su hermano señales de nerviosa inquietud, trató de desviar la
+conversación. Pero el otro se aferraba a ella repitiendo sus preguntas y
+parándose a cada instante. «Pues mira--le respondió al fin haciendo un
+gesto campechano--. Hazte cuenta que se ha muerto... porque lo que yo te
+digo... ¿A ti qué más te da que viva o muera? ¿Para qué quieres tú
+mujer? Las mujeres no sirven más que para dar disgustos, chico. Ve aquí
+por lo que yo no he querido casarme nunca».
+
+--¡Muerta!--dijo Maxi sin alzar la voz, pero con extraordinaria luz en
+los ojos--. ¡Muerta!... De modo que yo me puedo volver a casar.
+
+Al decir esto, se insubordinaba; no quería ir por la acera, sino por el
+empedrado, dando manotadas y tropezando con algunos transeúntes.
+
+Juan Pablo le metió en un coche para llevarle a su casa. Enterada la
+tía, apoyó la misma idea respecto a Fortunata, diciéndole: «Hijo, todos
+nos tenemos que morir. No te asombres de que le haya tocado a ella la
+china antes que a ti. Si Dios se la ha querido llevar, ¿qué quieres que
+hagamos?, conformarnos, mandar decirle sus misas correspondientes... y
+yo te aseguro que ya lleva dichas más de cuatro, y consolarnos poco a
+poco, como podamos».
+
+Desde que ocurrió esto, la mejoría iniciada con el nuevo tratamiento
+pareció desmentirse. El enfermo no alborotaba; pero volvió a chapuzarse
+en hondísimas abstracciones. Sin duda en su cerebro había aparecido una
+nueva idea, o reproducídose alguna de las antiguas, que ya se tenían por
+abandonadas o dispersas. Durante muchos días no nombró a su mujer, hasta
+que una noche, yendo de paseo con Juan Pablo por las calles, se paró y
+le dijo: «¿Me quieres hacer creer que se ha muerto?... ¡Qué tontería! En
+ese caso, ¿por qué no nos vestimos de luto?».
+
+--¡Qué atrasado de noticias estás! ¿No sabes que hay ahora una ley
+prohibiendo el luto?
+
+--¡Una ley prohibiendo el luto! Si creerás que a mí me comulgas con
+ruedas de molino. Mira, chico, aunque parece que estoy trastornado, veo
+más claro que todos vosotros.
+
+Y no se habló más del asunto. Conviene apuntar, antes de pasar adelante,
+que aquella abnegación de Juan Pablo y el asiduo interés que por la
+salud de su hermano mostraba, serían absolutamente inexplicables, dado
+el egoísmo del señor de Rubín, si no se acudiera, para encontrar la
+causa, a ciertas ideas relacionadas con la economía política o la
+ciencia que llaman financiera. Tiempo hacía que Juan Pablo tenía un
+proyecto de conversión de su deuda flotante, proyecto vasto, para cuyo
+éxito necesitaba el concurso de la casa Rostchild, por otro nombre, su
+tía. Respecto a la necesidad del empréstito, no cabía la menor duda; era
+cuestión de vida o muerte. Lo que restaba era que doña Lupe se prestase
+a hacerlo, pues la garantía moral de una de las entidades contratantes
+no era ni con mucho tan sólida como la de Inglaterra o Francia. Empezó,
+pues, el primogénito de Rubín por prestarle en aquel delicado asunto de
+la enfermedad de Maxi la oficiosa ayuda que se ha visto. Iba de continuo
+a la casa, y en todo cuanto hablaba con su tía, era de la opinión de
+esta, ya fuese de Política, ya de Hacienda lo que se tratara. Hizo
+entusiastas elogios del Sr. de Torquemada; explanó acaloradamente la
+necesidad de arreglar sus propios asuntos, con aquello de _año nuevo
+vida nueva_, estableciendo en sus gastos un orden tan escrupuloso, que
+no haría más el primer lord de la Tesorería inglesa. Cuando hallaba
+ocasión, echaba una puntadita; pero doña Lupe tenía más conchas que un
+galápago, y se hacía la tonta... pero tan tonta que habría que pegarle.
+
+Apretado por el crecimiento aterrador de su deuda flotante, el filósofo
+desplegaba un tesón y constancia más que fraternales en el cuidado de
+Maxi. En Enero del 76, había conseguido domarle hasta el punto de que le
+llevaba consigo a la oficina, teníale allí ocupado en ordenar papeles o
+en tomar algún apunte, y por las noches solía llevarle a la tertulia del
+café, donde estaba el pobre chico como en misa, oyendo atentamente lo
+que se decía, y sin desplegar sus labios. Rara vez sacaba de su cabeza
+aquel viejo y maldecido tema de la _liberación voluntaria_ y de _la
+muerte de la bestia carcelera_; pero una noche que estaban solos en el
+café, lo sacó, como se trae del desván un trasto viejo y se le limpia el
+polvo, a ver si lo ha deteriorado el tiempo o lo han roído los ratones.
+Con gran serenidad, Juan Pablo, oficiando de maestro de filosofía, dijo
+lo siguiente: «Mira, el dogma de la _solidaridad de sustancia_ ha sido
+declarado cursi por todos los sabios de la época, congregados en un
+concilio ecuménico, que acaba de celebrarse en... Basilea. Las
+conclusiones son tremendas. Como no lees la prensa, no te enteras. Pues
+se ha decretado que son mamarrachos netos todos los individuos que creen
+en la _liberación por el desprendimiento_, y en que se debe dar _la
+morcilla a la bestia_. A los que sostienen la herejía filosófica de que
+va a venir un nuevo Mesías, encarnándose en una buena moza, etc.,
+etc..., se les declara memos de capirote y se les condena a comer
+virutas».
+
+--Mira, tú--dijo Maximiliano con el acento más grave del mundo y como
+quien hace una confidencia importante--. Eso del Mesías, acá para entre
+los dos, no lo he creído yo nunca, ni era dogma ni cosa que lo valga. Lo
+dije porque tuve un sueño, y al despertar se me quedó parte de él en la
+cabeza, y me andaba aquí dentro como un cascabel. Lo que hay es que me
+había entrado en aquellos días una idea de lo más estrafalario que te
+puedas imaginar, una idea que debía de ser criada aquí en el seno
+cerebral donde fermenta eso que llaman celos. ¿Qué creerás que era? Pues
+que mi mujer me faltaba y estaba en cinta. ¿Ves qué disparate?
+
+--Ave María Purísima, ¡qué barbaridad!
+
+--Sentía en mí, detrás de aquella idea, una calentura de celos que me
+abrasaba. Para averiguar si era fundada aquella pícara idea, fui ¿y qué
+hice? Pues saqué la cancamurria del Mesías que iba a venir, diciéndole
+que ella lo tenía en su seno y que el papá era el _Pensamiento Puro_...
+En fin, que con esta farsa pensaba yo arrancarle la confesión de lo que
+se me había metido entre ceja y ceja. ¿Qué resultó? Nada, porque aquella
+noche me puse muy enfermo; pero después he comprendido mi desatino, he
+visto claro, muy claro, y... Dios la perdone.
+
+Empezó a tomar su café, y en tanto Juan Pablo se decía con tristeza:
+«¡Pero qué malo está esta noche! ¡Dios, qué malo!». Maxi repitió hasta
+seis veces el _Dios la perdone_, y cuando entraron Leopoldo Montes y
+otro amigo, se calló. A la hora y media de tertulia, dio en celebrar con
+extrema hilaridad los donaires que Montes contaba. Después tomó parte en
+la conversación, expresándose con tanta serenidad y con juicios tan
+acertados, que se maravillaban de oírle todos los presentes. Juan Pablo
+discurría así: «Pues no está tan _guillati_ como pensé, y lo que dijo
+antes revela más bien talento agudísimo. ¡Por vida de la santísima uña
+del diablo! Si consigo yo ponerte bueno, mi querida tía, _alias_ la
+baronesa de Rothschild, no tendrá más remedio que hincar la jeta y darme
+lo que necesito».
+
+
+
+
+-IV-
+
+Vida nueva
+
+
+
+
+--i--
+
+
+El 4 del mes de Enero, Fortunata sintió un campanillazo y salió a
+abrir, mirando antes por el ventanillo, cubierto de una chapa de hierro
+con agujeros (estilo primitivo). Era Estupiñá, que miraba a los tales
+agujeritos del modo más autoritario. Abrió la joven, y el gran Plácido,
+con gesto displicente, las cejas algo fruncidas, mostrando en una mano
+el bastón cuyo puño era una cabeza de cotorra (regalo que le trajeron de
+Sevilla los señoritos de Santa Cruz), alargó con la otra un papel que
+tenía un sello. «El recibo del mes» dijo en tono de déspota asiático que
+dicta una orden de pena de muerte.
+
+--Pase, D. Plácido (sonriendo con gracia). Tengo que hablarle.
+
+--Yo no paso. Vengan los cuartos. No tengo ganas de conversación.
+
+¡Decir aquel hombre que no tenía ganas de conversación era como si el
+mar dijese que no tiene agua! Pero el tesón podía en él más que el
+liviano apetito.
+
+«¡Jesús, qué mal genio ha echado este hombre!
+
+Si le voy a dar la _guita_. No tendrá usted mejores inquilinas que
+nosotras».
+
+--Sí... Buenas jaquecas me ha dado la Segunda. No... Yo no paso; no sea
+majadera.
+
+--Quiero que vea usted cómo está la casa, para que se convenza de que
+aquí no pueden vivir cristianos.
+
+--Pues mudarse.--Pero, hijo, ¡qué _tiranístico_ se ha vuelto! No he
+visto casero más malo... ¿Pero ni siquiera me blanqueará la cocina, que
+parece una carbonería? ¡Y hay cada agujero!... Yo no puedo vivir entre
+tanta suciedad. ¿Sabe lo que le digo? Que si no quiere usted hacer las
+obras, las haré yo por mi cuenta... ¡vaya!
+
+--Eso es otra cosa. Siempre que sea bajo mi vigilancia y...
+
+--Pase, pase y verá... Al fin Plácido se dignó entrar por el pasillo
+adelante. Fue a la cocina, echó un vistazo a la alcoba interior que
+estaba llena de grietas...
+
+«No se pueden hacer obras cada vez que lo pide un inquilino, porque
+sería el cuento de nunca acabar. Mañana, si a mano viene, se mudan
+ustedes, y el que tome el cuarto, como vea la cal fresca, pide más
+obras. No podemos. El mes pasado me gasté más de veinte mil reales en
+reparaciones. Conque, despácheme, que tengo prisa».
+
+--¿Pero se ha vuelto usted cohete? Siéntese un momento. Dígame una
+cosa...
+
+--No tengo que decir cosas. Que me voy...
+
+--¡Ay qué pólvora de hombre! Mire que así va a vivir poco.
+
+--Mejor. Bastante he vivido ya.--Siéntese. En seguidita le doy el
+dinero. Pero dígame una cosa que quiero saber. ¿De quién es ahora esta
+casa?
+
+--Eso a usted no le importa. ¿Cree que estoy yo para perder el tiempo?
+La casa es de su amo. Le repito que no tengo ganas de conversación. ¿Es
+que quiere usted comprar la finca? Vamos; al avío... Ya sabe que soy
+hombre de pocas palabras.
+
+--¿De pocas?, ¡digo... pues si lo fuera de muchas...! Si usted el día
+que nació estaba charlando por siete. Dígame... ¿de quién es la casa?
+
+--De su amo. Conque... Bastante hemos hablado... y finalmente: la finca
+es magnífica; está tasada en treinta y cinco mil duros. Sólo el pedernal
+de los cimientos y la berroqueña de la escalera valen un dineral. ¿Pues
+y las paredes? El otro día, al abrir un hueco, los albañiles no le
+podían meter el pico, Nada, que _talmente_ se rompen las herramientas en
+este ladrillo recocho que parece un diamante... Pues para concluir... no
+tengo ganas de conversación. Cuando se abrió el testamento del señor D.
+Manuel Moreno-Isla, que en gloria esté, testamento hecho tres años ha,
+se encontró que dejaba esta casa y el solar de la calle de Relatores a
+doña Guillermina Pacheco, su tía... La señora ha hipotecado ambas fincas
+para acabar el asilo, y por eso verá usted que este va echando chispas.
+Lo acabarán este año... Conque...
+
+Extendió la mano, y con la otra mostraba el bastón, como si fuera un
+bastón de autoridad.
+
+«¡Doña Guillermina mi casera!--dijo Fortunata, pensativa, entregando el
+dinero--. Pues a ella le voy a pedir que me haga las obras. Es amiga
+mía».
+
+--¡Qué ha de ser amiga de usted... qué ha de ser!--replicó Estupiñá con
+sarcasmo--. Y si quiere usted verla furiosa, háblele de obras que no
+sean las del asilo. Adiós; que haya salud... ¡Ah!, me olvidaba: cuidado
+con los tiestos de la ventana. Como yo vea rezumos de agua, la echo a
+usted; cuente que la echo... ¡María Santísima, y cuánta planta tiene
+usted aquí! Es un jardín... Me parece mucho peso... ¡Qué vistas tan
+hermosas! Mal año ha sido este para los puestos de Navidad. Están los
+pobres vendedores que trinan. Ya se ve... con tanta agua... Y hoy me
+parece que tenemos nieve. En toda mi vida no he visto un invierno tan
+frío como este. ¿Sabe usted que se murió el sordo, el del puesto de
+carne? Anoche... de repente. Yo le vi tan bueno y tan sano anteayer,
+y... ¡qué vida esta!... En fin, voy a ver si les saco algo a los del
+segundo de la izquierda. Me deben cinco meses. ¡Ay qué gente! Si la
+señora me dejara, ya les habría puesto los trastos en la calle; pero mi
+ama es así, no quiere desahucios.--«Por Dios Plácido, no les eches...
+los pobrecitos ya pagarán; es que no pueden».--«Pero señora, con que me
+dieran lo que gastan en aguardiente y lo que se dejan en la pastelería
+de Botín...». Total, que con caseras como la mía, estos bribones de
+inquilinos están como quieren.
+
+Tanto charló aquel hombre, que Fortunata, después de haberle rogado para
+que entrara, le tuvo que echar con buen modo: «Pero don Plácido, mire
+que se le va a hacer tarde...».
+
+--¡Ah!, sí... ¡la culpa la tiene usted que es lo más habladora...! Abur,
+abur...
+
+Fortunata no salía nunca a la calle. Ella misma se arreglaba su comida,
+y Segunda, que tenía puesto en la plazuela, le traía la compra.
+
+En los días que siguieron a la primera visita del administrador de la
+casa, no pudo la prójima apartar de su pensamiento a la que por tan
+breve espacio de tiempo fue su amiga. «¡Quién le había de decir a ella y
+quién me había de decir que viviría en su casa! ¡Qué vueltas da el
+mundo! En aquellos días, ni a mí se me pasaba por la cabeza venirme
+aquí, ni esta casa era tampoco de ella. Y cuando don Plácido le cuente
+que soy su inquilina, ¿qué dirá? ¿Se pondrá furiosa y querrá echarme a
+la calle? Tal vez no, tal vez no...». Cuando esta idea u otra semejante
+le refrescaba el recuerdo de la inaudita escena y altercado en el
+gabinete de la santa, sentía la pobre mujer que la conciencia se le
+alborotaba, y no podía aplacarla ni aun arguyéndose que _la otra la
+había provocado_. «Me cegué, no supe lo que hice. De veras digo que si
+tuviera ocasión, le habría de decir a doña Guillermina que me
+perdonara».
+
+La soledad en que vivía, favoreciendo en ella esta resurrección mental
+de lo pasado, inspirábale juicios muy claros de sus acciones y
+sentimientos. Todo lo veía entonces transparentado por la luz de la
+razón, a la distancia que permite apreciar bien el tamaño y forma de los
+objetos, así como la paz del claustro permite a los fugitivos del mundo
+ver los errores y maldades que cometieron en él. «¿Y a Jacinta, le
+pediría yo perdón?» se preguntaba sin acertar con la respuesta. Tan
+pronto se le ocurría que sí como que no. La Delfina la había ofendido y
+ultrajado, cuando ella no hacía más que contarle a la santa sus penas y
+el conflicto en que estaba. Por fin, a fuerza de meditar en ello,
+amasando sus ideas con la tristeza que destilaba su alma, empezó a
+prevalecer la afirmativa. Cierto que debía pedirle perdón por el intento
+que tuvo de arañarle la cara, ¡qué barbaridad!, y por las palabras que
+se dejó decir. Mas para que esta idea triunfase por completo, faltaba
+aclarar el siguiente punto:
+
+¿Había faltado Jacinta con el señor de Moreno?
+
+Porque si había faltado, allá se iba la una con la otra, y tan buena era
+Juana como Petra. Nunca pudo la señora de Rubín llegar en sus
+cavilaciones a una solución terminante en este punto oscurísimo. Ya
+afirmaba la culpabilidad de _la mona del Padre Eterno_, ya la negaba.
+«Daría yo cualquier cosa--exclamaba invocando al Cielo--, por saber esa
+verdad que ahora no saben más que Dios y ella, pues el tercero que la
+sabía se ha muerto. Lo sabrá también el confesor de Jacinta, si es que
+lo ha confesado. Pero nadie más, nadie más. Pues no sé qué daría yo por
+salir de la duda. Esta curiosidad me quema la sangre... Flojilla
+diferencia va de una cosa a otra... Si pecó, todo varía en mí, y no me
+rebajo yo a pedirle perdón; pero si no faltó... ¡ay!, la dichosa _mona_
+me tiene debajo de su pie como tiene San Miguel al diablo».
+
+De aquí pasaba a otro eslabón de ideas: «Y ahora estamos las dos de un
+color. A ninguna de las dos nos quiere. Estamos lucidas... Ambas nos
+podríamos consolar... porque en mi terreno, yo soy también virtuosa,
+quiere decirse que yo no le he faltado con nadie; y si ella se hace
+cargo de esto, bien podría venir a mí, y entre las dos buscaríamos a la
+pindongona que nos le entretiene ahora, y la pondríamos que no habría
+por donde cogerla... Vamos a ver, ¿por qué Jacinta y yo, ahora que
+estamos iguales, no habíamos de tratarnos? Por más que digan, yo me he
+afinado algo. Cuando pongo cuidado digo muy pocos disparates. Como no se
+me suba la mostaza a la nariz, no suelto ninguna palabra fea. Las
+señoras Micaelas me desbastaron, y mi marido y doña Lupe me pasaron la
+piedra pómez, sacándome un poco de lustre. ¿Por qué no nos habíamos de
+tratar, olvidando aquellas bromas que nos dijimos?... Esto en el caso de
+que sea honrada, porque si no, no me rebajo. Cada una tiene su aquel de
+honradez».
+
+Pasaba sin pensarlo a otro eslabón. «Pero ella no querrá... Tiene mucho
+orgullo y mucho tupé, mayormente ahora que se la comerá la envidia.
+¡Ah!, que no me venga ahora hablando de sus derechos... ¿Qué derechos ni
+qué pamplinas? Esto que yo tengo aquí _entre mí_, no es humo, no. ¡Qué
+contenta estoy!... El día en que _esa_ lo sepa, va a rabiar tanto, que
+se va a morir del berrinchín. Dirá que es mujer legítima... ¡Humo! Todo
+queda reducido a unos cuantos latines que le echó el cura, y a la
+ceremonia, que no vale nada... Esto que yo tengo, señora mía, es algo
+más que latines; fastídiese usted... Los curas y los abogados, ¡mala
+peste cargue con ellos!, dirán que esto no vale... Yo digo que sí vale;
+es mi idea. Cuando lo natural habla, los hombres se tienen que callar la
+boca».
+
+Y su convicción era tan profunda, que de ella tomaba fuerza para
+soportar aquella vida solitaria y tristísima.
+
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+Una mañana, al levantarse, vio que había caído durante la noche
+una gran nevada. El espectáculo que ofrecía la plaza era precioso; los
+techos enteramente blancos; todas las líneas horizontales de la
+arquitectura y el herraje de los balcones perfilados con purísimas
+líneas de nieve; los árboles ostentando cuajarones que parecían de
+algodón, y el Rey Felipe III con pelliza de armiño y gorro de dormir.
+Después de arreglarse volvió a mirar la plaza, entretenida en ver cómo
+se deshacía el mágico encanto de la nieve; cómo se abrían surcos en la
+blancura de los techos; cómo se sacudían los pinos su desusada
+vestimenta; cómo, en fin, en el cuerpo del Rey y en el del caballo, se
+desleían los copos y chorreaba la humedad por el bronce abajo. El suelo,
+a la mañana tan puro y albo, era ya al mediodía charca cenagosa, en la
+cual chapoteaban los barrenderos y mangueros municipales, disolviendo la
+nieve con los chorros de agua y revolviéndola con el fango para echarlo
+todo a la alcantarilla. Divertido era este espectáculo, sobre todo
+cuando restallaban los airosos surtidores de las mangas de riego, y los
+chicos se lanzaban a la faena, armados con tremendas escobas. Miraba
+esto Fortunata, cuando de repente... ¡ay, Dios mío!, vio a su marido;
+era él, Maximiliano, que entraba en la plaza por el arco del 7 de
+Julio, y tuvo que retroceder saltando más que de prisa, porque el chorro
+de agua le cortó el paso. Instintivamente se quitó la joven de su
+ventana; pero después se volvió a asomar, diciéndose: «Si aquí no puede
+verme... Lo que menos piensa él es que está tan cerca de mí... Vamos; da
+la vuelta... Se ha metido por los soportales. Sin duda va al café de
+Gallo a reunirse con su hermano, la otra cabeza de campanario. ¿Pero
+cómo es que le dejan salir solo? ¿Se habrá puesto bueno? ¿Estará mejor?
+¡Pobre chico!...».
+
+Y no se volvió a acordar más de él hasta la noche, cuando estaba
+acostada, sola en la casa, pues su tía no había entrado aún.
+
+«Es una barbaridad que le dejen salir solo a la calle. El mejor día hace
+cualquier desavío y da un disgusto... Pues ahora que le he visto suelto,
+voy a tener miedo, y me pondré a discurrir si se meterá aquí el mejor
+día... La suerte es que no sabrá dónde estoy; buen cuidado tengo yo de
+que no lo sepa. ¿Pero quién está segura de ningún secreto en estos
+tiempos? A lo mejor, cualquier chusco se lo canta y ya tenemos jaqueca
+para rato... ¡Como no le dé por venir a matarme!... Eso tendrá que ver.
+Pero muy descuidada habría de cogerme, porque le deshago yo de un par de
+porrazos... Pero, ¿y si entra, se esconde, me acecha, y ¡pim!, me pega
+un tiro?... No; yo tengo que estar con mucho cuidado. Ni a Cristo le
+abro yo la puerta. Y voy a decirle a mi tía que necesito tomar una
+criada. Una chiquilla modosa y dispuestilla, así como Papitos, me
+vendría muy bien. ¡Sola todo el día en esta jaula!... ¡Ah!, gracias a
+Dios; ya siento el llavín de mi tía, que entra. ¿Será ella o será alguno
+que le ha quitado el llavín y viene a matarme?... Tía, tía, ¿es usted?».
+
+--Yo soy, ¿qué se te ocurre?...
+
+--Nada; ya estoy tranquila. Es que me da mucho miedo de estar sola, y me
+parece que entran ladrones, asesinos y qué sé yo...
+
+Ninguna noche conciliaba el sueño antes de que diera las doce el reloj
+de la Casa-Panadería. Oía claramente algunas campanadas; después el
+sonido se apagaba alejándose, como si se balanceara en la atmósfera,
+para volver luego y estrellarse en los cristales de la ventana. En el
+estado incierto del crepúsculo cerebral, imaginaba Fortunata que el
+viento venía a la plaza a jugar con la hora. Cuando el reloj empezaba a
+darla, el viento la cogía en sus brazos y se la llevaba lejos, muy
+lejos... Después volvía para acá, describiendo una onda grandísima, y
+retumbaba ¡plam!, tan fuerte como si el sonoro metal estuviera dentro de
+la casa. El viento pasaba con la hora en brazos por encima de la Plaza
+Mayor y se iba hasta Palacio, y aún más allá, cual si fuera mostrando la
+hora por toda la Villa y diciendo a sus habitantes: «Aquí tenéis las
+doce, tan guapas». Y luego tornaba para acá, ¡plam!... ¡ay!, era la
+última. El viento entonces se largaba refunfuñando. Otras noches se
+entretenía la joven discurriendo que la hora de la Puerta del Sol y la
+hora de la Panadería se enzarzaban. Empezaba esta, y le respondía la
+otra. De tal modo se confundían los toques, que no conociera aquella
+hora ni la misma noche que la inventó. Las doce de acá y las doce de
+allá eran una disputa o guirigay de campanadas. «Vamos, que también se
+oye la Merced... Tantísima hora, tantísima hora, y no sabe una si son
+las doce o qué...».
+
+Para tener compañía y servicio, tomó por criada a una niña, hija de una
+de las placeras amigas de Segunda. Llamábase Encarnación y parecía muy
+formalita. Su ama le leyó la cartilla el primer día, diciéndole: «Mira,
+si algún sujeto que tú no conoces, por ejemplo, un señorito flaco, de
+mal color, así un poco alborotado, te pregunta en la calle si vivo yo
+aquí, dices que no. No abras nunca la puerta a ninguna persona que no
+sea de casa. Llaman, miras, y vienes y me dices: 'Señorita, es un hombre
+o una mujer de estas y estas señas'. Conque fíjate bien en lo que te
+mando. Tu tía te habrá hecho la misma recomendación. Si no nos obedeces,
+¿sabes lo que hacemos? Pues cogerte y mandarte a la cárcel. Y no creas
+que te van a sacar: allí te estarás lo menos, lo menos, tres años y
+medio».
+
+La chica cumplía estas órdenes al pie de la letra. Un domingo llamaron.
+«Señorita, ahí está un hombre con barbas largas, muy aseñorado... y
+tiene la voz así, como _respetosa_». Miró Fortunata por los agujeros de
+la chapa. Era Ballester. «Dile que pase». Se alegraba de verle para
+saber lo que ocurría en la familia, y para que le contara por qué
+demonios andaba suelto Maxi por esas calles.
+
+De tan gozoso, estaba turbado el bueno del farmacéutico. Venía vestido
+con los trapitos de cristianar, peinado en la peluquería, con una raya
+muy bien sacada desde la frente a la nuca, y las mechas negras
+chorreando olorosa grasa, las botas nuevas y sombrero de copa muy
+lustroso. «¡Qué deseos tenía de verla a usted...! No me atrevía a
+venir... Pero doña Lupe me ha instado tanto para que venga, que al
+fin... No, no, no tema que Maximiliano descubra dónde usted está. Hay
+mucho cuidado para que no se entere de nada. Y eso que ahora, si viera
+usted, ha recobrado la razón; parece que está juiciosísimo; habla de
+todo con tino, y no hace ningún disparate».
+
+Fortunata estaba algo cohibida, pues a pesar de la convicción de que
+hacía gala con respecto a ciertas legitimidades, le daba vergüenza de no
+poder disimular ya su estado ante un amigo de la familia de Rubín. Se
+puso muy colorada cuando Segismundo le dijo esto: «Doña Lupe me ha dado
+un recadito para usted. Me ha encargado decirle si quiere que le avise a
+D. Francisco de Quevedo... Es hombre que sabe su obligación; muy
+cuidadoso y muy hábil...».
+
+--No sé, veremos... lo pensaré... todavía...--balbució ella cortadísima,
+bajando los ojos.
+
+--¿Cómo todavía? Me ha dicho doña Lupe que será en Marzo. Estamos a 20
+de Febrero. No, no se descuide usted... que a lo mejor podría verse
+sorprendida... Estas cosas deben prepararse con tiempo.
+
+Tomando una actitud galante, añadió: «Porque yo me intereso vivamente
+por usted en todas las circunstancias, en todas absolutamente. Soy el
+mismo Segismundo de siempre y cuando usted necesite de un amigo leal y
+callado, acuérdese de mí...».
+
+Y elevando el tono casi hasta lo patético, saltó de repente con esto:
+«No me vuelvo atrás de nada de lo que he dicho a usted en otras
+ocasiones». Como ella aparentase no interesarse en este giro de la
+conversación, volvió Ballester a tomar el tono fraternal de esta manera.
+«Me voy a permitir hablar a Quevedo. Debemos estar prevenidos... Le diré
+que venga a ver a usted... Es persona de confianza, y ya sabe él que no
+tiene que decir nada al amigo Rubín».
+
+Lo que tenía a Fortunata muy sorprendida y maravillada era el interés
+que mostraba hacia ella, según le dijo el regente, la viuda de Jáuregui.
+
+«Yo no sé lo que es, amiga mía; pero _la ministra_, de unos días a esta
+parte me ha preguntado como unas seis veces si la había visto a usted...
+'Yo no voy--me dijo--; pero hay que mirar algo por ella, y no
+abandonarla como a un perro'. Por esto me decidí a venir, y ahora me
+alegro, porque veo que usted me ha recibido, y que continuaremos siendo
+buenos amigos. Quedamos en que vendrá Quevedo. Sí; preparémonos, porque
+estas cosas unas veces se presentan bien y otras mal. No le faltará a
+usted nada. ¡Qué caramba! Hay que afrontar las situaciones, y... ¡Oh!,
+¡qué cabeza ésta! ¿Pues no se me olvidaba lo mejor? (metiéndose la mano
+en el bolsillo). _La ministra_ me ha dado para usted este paquetito de
+dinero. Por fuera está escrita la cantidad: mil doscientos cincuenta y
+dos reales. Debe de ser lo que le corresponde a usted por réditos de
+algún dinero. Para concluir: siempre que se le ofrezca a usted alguna
+cosa, sea del orden que fuese, piensa usted un rato, y dice: '¿A quién
+acudiré yo?, pues a ese tarambana de Segismundo'. Con mandarme un
+recadito... Aunque yo cuidaré de venir algún domingo o los ratos que
+tenga libres, porque ahora, como estoy solo con Padilla, dispongo de
+muy poquito tiempo. Si pudiera, vendría mañana y tarde todos los días,
+contando con su permiso. Pero en este pícaro mundo, se llega hasta donde
+se puede, y el que, impulsado por el querer, va más allá del poder, cae
+y se estrella».
+
+Repitió sus ofrecimientos y se fue, dejando a Fortunata la impresión de
+que no estaba tan sola como creía, y de que el tal Segismundo era, en
+medio de sus tonterías y extravagancias, un corazón generoso y leal.
+Mucho le extrañaba a la infeliz joven que Aurora no hubiese ido a verla,
+y sintió que se le olvidara, durante la visita del regente, preguntar a
+este por _las Samaniegas_. Pero ya se lo preguntaría cuando volviese.
+
+Con el cambio de vida y domicilio, reanudó la señora de Rubín algunas
+relaciones de familia que estaban absolutamente quebrantadas, siendo de
+notar entre ellas la de José Izquierdo, que, empezando por ir a cenar
+con su hermana y sobrina algunas noches, acabó, conforme a su genial
+parasitario, por estar allí todo el tiempo que tenía libre. Fortunata
+encontró a su tío transfigurado moralmente, con un reposo espiritual que
+nunca viera en él, suelto de palabra, curado de su loca ambición y de
+aquel negro pesimismo que le hacía renegar de su suerte a cada instante.
+El bueno de _Platón_, encontrando al fin el descanso de su vida
+vagabunda, se había sentado en una piedra del camino, a la sombra de
+frondoso árbol cargado de fruto (valga la figura) sin que nadie le
+disputase el hartarse de ella. No existía por aquel entonces en Madrid
+un _modelo_ mejor, y los pintores se lo disputaban. Veíase Izquierdo
+acosado, requerido; recibía esquelas y recados a toda hora, y le
+desconsolaba el no tener tres o cuatro cuerpos para servir con ellos al
+arte. Ni había oficio en el mundo que más le cuadrase, porque aquello no
+era trabajar ¡qué demonio!, era _retratarse_, y el que trabajaba era el
+pintor, poniendo en él sus cinco sentidos y mirándole como se mira a una
+novia. En aquellos días de Febrero del 76, como se pusiera a hablar con
+su hermana y sobrina de las muchas obras que traía entre manos, no
+acababa. En tal estudio hacía de _Pae Eterno_, en el momento de estar
+fabricando la luz; en otro de Rey D. Jaime, a caballo, entrando en
+Valencia. Allí de Nabucodonosor andando a cuatro patas; aquí de un _tío
+en pelota que le llaman_ Eneas, con su padre a _la pela_. «Pero lo mejor
+que estamos pintando ahora... y que lo vamos sacando _de lo fino_..., es
+aquel paso de Hernán-Cortés cuando manda dar fuego a las judías
+naves...». Ganaba mi hombre todo lo que necesitaba, y era venturoso, y
+la sujeción del día la compensaba con las largas expansiones de charla y
+copas que se daba de noche en algún café, convidando a los amigos. A su
+sobrina le prestaba servicios, haciéndole cuantos encargos eran
+compatibles con sus tareas artísticas. Solía ella enviarle con algún
+mensaje a casa de su costurera, o se valía de él para recados y compras.
+Más de una vez le mandó a la gran tienda de Samaniego por tela o encajes
+para el ajuar que estaba haciendo; pero siempre le encargaba que no la
+descubriese allí, pues ya que Aurora no había ido a verla, lo que
+propiamente era una falta de educación, y hablando mal y pronto, una
+cochinada, no quería ella tampoco aparentar que solicitaba su amistad; y
+si razones tenía _la Samaniega_ para retraerse, también ella las tenía
+para no rebajarse. «A fina me ganará; pero a orgullosa no».
+
+
+
+
+-V-
+
+La razón de la sinrazón
+
+
+
+
+--i--
+
+
+La mejoría de Maximiliano continuaba, de lo cual coligieron su tía
+y su hermano que la separación matrimonial había sido un gran bien, pues
+sin duda la presencia y compañía de su mujer era lo que le sacaba de
+quicio. Todo aquel invierno continuó el tratamiento de las duchas
+circular y escocesa y el bromuro de sodio. Al principio, cuando no le
+sacaba a paseo Juan Pablo, sacábale su misma tía, teniendo ocasión de
+notar lo bien concertados que eran sus juicios. Observaron, no obstante,
+que en el caletre del joven se escondía un pensamiento relativo al
+paradero de su consorte, y temían que este pensamiento, aunque contenido
+en proporciones menudas por el renacimiento armónico de la vida
+cerebral, tuviera el mejor día fuerza expansiva bastante para volver a
+trastornar toda la máquina. Pero estos temores no se confirmaron. En
+Diciembre y Enero la mejoría fue tan notoria, que doña Lupe estaba
+pasmada y contentísima. En Febrero ya le permitieron salir solo, pues
+no se metía con nadie y se le habían acentuado considerablemente la
+timidez y la docilidad. Era como un retroceso a la edad en que estudió
+los primeros años de su carrera, y aun parecía que se renovaban en él
+las ideas de aquellos lejanos días, y con las ideas el encogimiento en
+el trato, la sobriedad de palabras y la falta de iniciativa.
+
+Su vida era muy metódica; no se le permitía leer nada, ni él lo
+intentaba tampoco, y siempre que iba a la calle, doña Lupe le fijaba la
+hora a que había de volver. Ni una sola vez dejó de entrar a la hora que
+se le mandaba. Para que tales días se pareciesen más a los de marras, el
+único gusto del joven era pasear por las calles sin rumbo fijo, a la
+ventura, observando y pensando. Una diferencia había entre la
+deambulación pasada y la presente. Aquella era nocturna y tenía algo de
+sonambulismo o de ideación enfermiza; esta era diurna, y a causa de las
+buenas condiciones del ambiente solar en que se producía, resultaba más
+sana y más conforme con la higiene cerebro-espinal. En aquella, la mente
+trabajaba en la ilusión, fabricando mundos vanos con la espuma que echan
+de sí las ideas bien batidas; en esta trabajaba en la razón,
+entreteniéndose en ejercicios de lógica, sentando principios y
+obteniendo consecuencias con admirable facilidad. En fin, que en la
+marcha que llevaba el proceso cerebral, le sobrevino el _furor de la
+lógica_, y se dice esto así, porque cuando pensaba algo, ponía un
+verdadero empeño maniático en que fuera pensado en los términos usuales
+de la más rigurosa dialéctica. Rechazaba de su mente con tenaz
+repugnancia todo lo que no fuera obra de la razón y del cálculo, no
+desmintiendo esto ni en las cosas más insignificantes.
+
+Que al poco tiempo de sentir en sí este tic del razonamiento lo aplicó
+al oscuro problema lógico de la ausencia de su mujer, no hay para qué
+decirlo. «Que vive, no tiene duda; este es un principio inconcuso que ni
+siquiera se discute. Ahora dilucidemos si está en Madrid o fuera de
+Madrid. Si se hubiera ido a otra parte, alguna vez recibiría mi tía
+cartas suyas. Es así que jamás llega a casa el cartero del exterior, y
+cuando va es para traer alguna carta de las hermanas de mi tío Jáuregui;
+luego... Pero propongamos la hipótesis de que dirige las cartas a otra
+persona para que yo no me entere. Es inverosímil; pero propongámosla. En
+tal caso, ¿qué persona sería esta? En todo rigor de lógica no puede ser
+doña Casta, porque la señora de Samaniego no gusta de tales papeles. En
+todo rigor de lógica tiene que ser Torquemada. Pero Torquemada,
+anteayer, entró en el gabinete de mi tía, y yo, desde el pasillo, le oí
+preguntarle claramente si había sabido de la señorita... Luego,
+Torquemada no es. Luego, no siendo Torquemada, no hay intermediario de
+cartas; y no habiendo intermediario de cartas, no puede haber
+correspondencia; luego está en Madrid».
+
+Quedose muy satisfecho, y después de detenerse un rato a ver un
+escaparate de estampas, volvió a pegar la hebra: «Podría ponerse en duda
+que entre ella y mi tía haya comunicación, y en caso de que no la
+hubiera, el problema de su residencia seguiría como boca de lobo; pero
+yo sostengo que hay comunicación. Si no, ¿qué significa el papelito de
+apuntes que sorprendí el otro día sobre la cómoda de mi tía, y en el
+cual, pasando al descuido la vista, distinguí este renglón que decía:
+_Corresponden a F. 1.252 reales_? _F._ quiere decir _ella_. Luego hay
+comunicación entre mi tía y ella, y como esta comunicación no es postal,
+resulta claro, como la luz del día, que reside en Madrid».
+
+Largos ratos se pasaba en este ejercicio de la razón. A veces se decía:
+«Rechacemos todo lo fantástico. No admitamos nada que no se apoye en la
+lógica. ¿De qué vive? ¿Vivirá honradamente? No aventuremos ningún juicio
+temerario. Podrá vivir honradamente y podrá vivir de mala manera. Yo
+llegaré a descubrir la verdad enterita, sin preguntar una palabra a
+nadie. Pues todos callan ante mí, yo callo ante todos. Veo, oigo y
+pienso. Así sabré todo lo que quiero. ¡Qué hermosa es la verdad, mejor
+dicho, estos bordes del manto de la verdad que alcanzamos a ver en la
+tierra, porque el cuerpo del manto y el de la verdad misma no se ven
+desde estos barrios!... Dios mío, me asombro de lo cuerdo que estoy. La
+gente me mira con lástima, como a un enfermo; pero yo, en mí, me recreo
+en lo sano de mis juicios. Dichoso el que piensa bien, porque él está en
+grande».
+
+Entró en el café del Siglo, donde creía encontrar a su hermano; pero
+Leopoldo Montes le dijo que habiendo aceptado Villalonga la Dirección de
+Beneficencia y Sanidad, había encargado a Juan Pablo un trabajo
+delicadísimo y muy enojoso... cosa de poner en claro unas cuentas de
+lazaretos; y me le tenía en la oficina de sol a sol. Allí le llevaban el
+café. No le venía mal a Juan Pablo que el director le encargase trabajos
+extraordinarios, pues esto significaba confianza, y tras la confianza
+vendría un ascenso. Hablaron de empleos y de política, diciendo
+Maximiliano cosas muy buenas.
+
+Refugio, la querida de Juan Pablo, estaba aquel invierno muy mal de
+ropa, y no iba al café del Siglo, sino al de Gallo, porque le cogía
+cerca (la pareja moraba en la Concepción Jerónima), y además porque la
+sociedad modesta que frecuentaba aquel establecimiento, permitía
+presentarse en él de trapillo o con mantón y pañuelo a la cabeza.
+Agregábansele a Refugio algunas personas con quienes tenía amistad fácil
+y adventicia, de esas que se contraen por vecindad de casa o de mesa de
+café. Eran un portero de la Academia de la Historia con su esposa, y un
+cobrador municipal de puestos del mercado, con la suya o lo que fuese.
+Este matrimonio solía ir los domingos acompañado de toda la familia, a
+saber: una abuela que había sido _víctima_ del 2 de Mayo, y siete
+menores. El café se compone de dos crujías, separadas por gruesa pared y
+comunicadas por un arco de fábrica; mas a pesar de esta rareza de
+construcción, que le asemeja algo a una logia masónica, el local no
+tiene aspecto lúgubre. En la segunda sala, donde se instalaba Refugio,
+había siempre animación campechana y confianzuda, y como el espacio es
+allí tan reducido, toda la parroquia venía a formar una sola tertulia.
+En ella imperaba Refugio como en un salón elegante en el cual fuera
+estrella de la moda, Dábase mucho lustre, tomando aires de señora,
+alardeando de expresarse con agudeza y de decir gracias que los demás
+estaban en la obligación de reír. Poníase siempre en un ángulo, que
+tenía, por la disposición del local, honores de presidencia. Cuando Maxi
+iba, su cuñada le hacía sentar a su lado, y le mimaba y atendía mucho,
+con sentimientos compasivos y de protección familiar, permitiéndose
+también tutearle y darle consejos higiénicos. Él se dejaba querer, y
+apenas tomaba parte en la tertulia, como no fuera con los silogismos que
+mentalmente hacía sobre todo lo que allí se charlaba. Una noche estaba
+el pobre chico tomándose su café, muy callado, en la misma mesa de
+Refugio, cuando se fijó en dos hombres que en la próxima estaban, uno de
+los cuales no le era desconocido. Pensando, pensando, acertó al fin. Era
+Pepe Izquierdo, tío de su mujer, a quien sólo había visto una vez, yendo
+de paseo con Fortunata por las Rondas, y ella se lo presentó. Como en
+Gallo había tanta confianza, pronto se comunicaron los de una y otra
+mesa. Primero se hablaba de política, después de que la guerra se
+acabaría a fuerza de dinero, y como la política y las guerras vienen a
+ser las fibras con que se teje la Historia, hablose de la Revolución
+francesa, época funesta en que, según el cobrador municipal, habían sido
+guillotinadas _muchas almas_. Oír que se hablaba de Historia y no meter
+baza, era imposible para Izquierdo; pues desde que se puso a _modelo_
+sabía que Nabucodonosor era un Rey que comía hierba; que D. Jaime entró
+en Valencia a caballo, y que Hernán-Cortés era un _endivido_ muy
+templado que se entretenía en quemar barcos. Los disparates que aquel
+hombre dijo acerca del _Pronunciamiento_ de Francia, hicieron reír mucho
+a todos, particularmente al portero de la Academia de la Historia, que
+echaba al concurso miradas desdeñosas, no queriendo aventurar una
+opinión, que habría sido lo mismo que arrojar margaritas a cerdos. Mas
+el compañero de _Platón_, persona enteramente desconocida para Maxi,
+debía de ser uno de los sujetos más eruditos que en aquel local se
+habían visto nunca, y cuando rompió a hablar, se ganó la atención del
+auditorio. Tenía la cara granulosa y el pescuezo como el de un pavo, con
+una nuez muy grande, el pelo escobillón, y se expresaba en términos muy
+distintos del gárrulo lenguaje de su amigo: «Al Rey Luis XVI--dijo--, y
+a la Reina Doña María Antonieta les cortaron la cabeza, naturalmente,
+porque no querían darle libertad al pueblo. Por eso hubo, naturalmente,
+aquel gran pronunciamiento, y todo lo variaron, hasta los nombres de los
+meses, señores, y hasta abolieron la vara de medir y pusieron el metro,
+y la religión también fue abolida, celebrándose las misas, naturalmente,
+a la diosa Razón».
+
+Tanta sabiduría impresionó a Maxi, que al punto se desató a charlar con
+Ido del Sagrario, pues no era otro el docto amigo de Izquierdo, y
+estuvieron poniendo comentarios a los trágicos sucesos del 93. «Porque
+mire usted, cuando el pueblo se desmanda, los ciudadanos se ven
+indefensos, y francamente, naturalmente, buena es la libertad; pero
+primero es vivir. ¿Qué sucede? Que todos piden orden. Por consiguiente,
+salta el dictador, un hombre que trae una macana muy grande, y cuando
+empieza a funcionar la macana, todos la bendicen. O hay lógica o no hay
+lógica. Vino, pues, Napoleón Bonaparte, y empezó a meter en cintura a
+aquella gente. Y que lo hizo muy bien, y yo le aplaudo, sí señor, yo le
+aplaudo».
+
+--Y yo también--dijo Maxi, con la mayor buena fe, observando que aquel
+hombre razonaba discretamente.
+
+--¿Quiere esto decir que yo sea partidario de la tiranía?...--prosiguió
+Ido--. No señor. Me gusta la libertad; pero respetando... respetando a
+Juan, Pedro y Diego... y que cada uno piense como quiera, pero sin
+desmandarse, sin desmandarse, mirando siempre para la ley. Muchos creen
+que el ser liberal consiste en pegar gritos, insultar a los curas, no
+trabajar, pedir aboliciones y decir que mueran las autoridades. No
+señor. ¿Qué se desprende de esto? Que cuando hay libertad mal entendida
+y muchas aboliciones, los ricos se asustan, se van al extranjero, y no
+se ve una peseta por ninguna parte. No corriendo el dinero, la plaza
+está mal, no se vende nada, y el bracero que tanto chillaba dando vivas
+a la Constitución, no tiene qué comer. Total, que yo digo siempre:
+«Lógica, liberales» y de aquí no me saca nadie.
+
+«Este hombre tiene mucho talento» pensaba Rubín, apoyando con
+movimientos de cabeza la aseveración de aquel sujeto.
+
+Y cuando, al despedirse, Ido le dio su nombre, agregando que era
+profesor de primeras letras en las escuelas católicas, Maximiliano
+discurrió que no estaba en armonía la humildad del empleo con el saber y
+la destreza dialéctica que aquel individuo mostraba.
+
+Al siguiente día por la tarde, Maxi fue a Gallo y no estaban, de las
+personas conocidas, más que el cobrador municipal y José Izquierdo. Este
+había dejado en la silla próxima un envoltorio. Mirolo el joven con
+disimulo y vio que era algo como ropa o calzado, cubierto con un
+pañuelo. Tan mal hecho estaba el atadijo, que al mover la silla se
+descubrió una bota elegante con caña color de café. Al verla Rubín,
+sintió como si le cayera una gota fría en el corazón. «Esa bota es de
+ella... ¡ay, de ella es!... La conozco, como conozco las mías. No la
+lleva a componer porque está casi nueva. La lleva de muestra para que le
+hagan otro par. Es muy presumida en cuestiones de calzado. Le gusta
+tener siempre tres o cuatro pares en buen uso. ¿Y por qué no las lleva
+ella? Porque no sale. Luego está enferma... Enferma, ¿de qué?».
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+_Platón_ se despidió de su amigo, y cogió el lío diciendo que
+tenía que ir a la calle del Arenal.
+
+«Justo--discurrió Maxi sin decir una palabra--.
+
+Allí está su zapatero. Arenal, 22... Lo que me falta saber, podría
+averiguarlo siguiendo a ese bárbaro. Pero no... Con la lógica y sólo con
+la lógica lo averiguaré. ¿Para qué quiero esta gran cordura que ahora
+tengo? Con mi cabeza me gobierno yo solo».
+
+Después, cuando entraron Ido, Refugio y otras personas, estuvo muy
+comunicativo, discurriendo admirablemente sobre todo lo que se trató,
+que fue la insurrección de Cuba, el alza de la carne, lo que se debe
+hacer para escoger un bonito número en la lotería, la frecuencia con que
+se tiraba gente por el Viaducto de la calle de Segovia, el tranvía nuevo
+que se iba a poner y otras menudencias.
+
+Un día de los primeros de Marzo, Maxi, al dirigirse al café, vio a
+Izquierdo en los soportales de la Casa-Panadería, y a punto que le
+saludaba, pasó y se detuvo el cobrador municipal. Este y José cambiaron
+unas palabras.
+
+«En seguida voy al café--dijo el _modelo_, mostrando varios paquetes a
+su amigo, que los miraba con curiosidad--. Subo a largar esto: Varas de
+cinta... jabón... demonios, dátiles. Voy cargado como un santísimo
+burro».
+
+Maximiliano siguió hacia el café, y observando que Platón tomaba hacia
+la calle de Ciudad Rodrigo, miró su reloj.
+
+--¡Dátiles!... ¡Cuántos le he comprado yo! Las golosinas la venden. Se
+despepita por ellas...--pensó el razonador, penetrando en el establecimiento,
+sin ver nada de lo que en él había--. Come dátiles... luego no está mala;
+los dátiles son muy indigestos. Y puesto que ella los come, la causa del no
+salir, no es enfermedad... Luego, es otra cosa...
+
+Y viendo entrar a Izquierdo, volvió a mirar su reloj. «Ha tardado doce
+minutos. Luego la casa está cerca... Doce minutos: pongamos cuatro para
+subir la escalera, dos para bajarla... Y está cansado el hombre; debe de
+ser alta la escalera... La casa está cerca. La descubriremos por la
+lógica. Nada de preguntas, porque no me lo dirían; ni seguir a este
+animal, porque eso no tendría mérito. Cálculo, puro cálculo...».
+
+Izquierdo y el cobrador municipal le convidaron a unas copas; pero él no
+quiso aceptar, porque le repugnaba el aguardiente. Oyoles la
+conversación sin aparentar oírla, aunque nada interesante tenía para él,
+pues versó sobre si la Villa iba a suprimir tantas y tantas mulas del
+ramo de jardines y paseos para repartirse la cebada entre los
+concejales. Después el recaudador sacó a relucir no sé qué asunto de
+familia, quejándose de las continuas enfermedades de su esposa, de lo
+que Izquierdo tomó pie para decir unas cuantas barbaridades sobre las
+ventajas de no tener familia que mantener. «Musotros los viudos estamos
+como queremos» dijo volviéndose a Maxi y dándole un palmetazo en el
+hombro. El pobre muchacho hizo como que aprobaba la idea, sonriendo, y
+para sí dio unas cuantas vueltas al manubrio de la lógica: «Se te ha
+encargado que no descubras nada; se te ha dicho que tengas cuidado con
+lo que hablas delante de mí, dromedario, y tú, como todos, te empeñas en
+meterme en la cabeza la idea de que estoy viudo. No cuentas con que mi
+cabeza es un prodigio de claridad y raciocinio. A buena parte vienes.
+Verás cómo destruyo tus sofismas y mentiras. Verás lo que puede el
+cálculo de un cerebro lleno de luz... ¡Con que yo viudo! Lo mismo que mi
+tía, que me dijo ayer: «desde que _enviudaste_, pareces otro...». Me
+conviene hacerles creer que me lo trago. Con mi lógica me las arreglo
+admirablemente y me río del mundo. ¡Qué bonita es la lógica; pero qué
+bonita! ¡Y qué hermosura tener la cabeza como la tengo ahora, libre de
+toda apreciación fantasmagórica, atenta a los hechos, nada más que a los
+hechos, para fundar en ellos un raciocinio sólido!... Pero vámonos a mi
+casa, que mi tía me espera».
+
+Tres días después de esto, al entrar en la botica, notó que Ballester y
+Quevedo hablaban, y que al verle llegar a él, se callaron súbitamente.
+Como había adquirido facilidad para la apreciación de los hechos, aquel
+se le reveló claramente. Segismundo y el comadrón trataban de algo que
+no querían oyese Maximiliano.
+
+Para disimular le preguntaron a él por su salud, y a poco dijo Quevedo
+al farmacéutico en tono muy misterioso: «¿Ha preparado usted el
+cornezuelo de centeno? Basta con eso por ahora».
+
+«Qué tal, ¿paseamos mucho, joven?--agregó en alta voz, volviendo hacia
+Maxi su cara de caimán, en la cual la sonrisa venía a ser como una
+expresión de ferocidad--. Vamos bien, vamos bien. Al fin podrá usted
+volver a sus ocupaciones ordinarias. Ya decía yo que en cuanto estuviera
+usted libre... por aquello de _muerto el perro se acabó la rabia_».
+Rubín contestó afirmativamente y con amabilidad. Después observó que
+Ballester sacaba de un cajón un paquetito de medicamento y se lo daba al
+Sr. de Quevedo, diciéndole: «Lléveselo usted; lo he pulverizado yo mismo
+con el mayor esmero. La antiespasmódica la llevaré yo». El comadrón tomó
+el paquete y se fue.
+
+A poco entró _doña Desdémona_ preguntando por su marido, y pudo observar
+el joven que Ballester le hizo señas, llamándole la atención sobre la
+presencia de Maxi, pues la señora empezó diciendo: «¿Ha ido otra vez a
+la Cava?». Aquello se arregló y _doña Desdémona_ invitole a que la
+acompañase a su casa, lo que él hizo de bonísima gana, remolcándola del
+brazo por la escalera arriba. Conversando estuvieron largo rato, y la
+señora de Quevedo le enseñaba sus jaulas de pájaros, canarias en cría,
+un jilguero que sacaba agua del pozo, y comía extrayendo el alpiste de
+una caja, con otras curiosidades ornitológicas de que tenía llena la
+casa. A la hora de comer entró Quevedo muy fatigado, diciendo: «No hay
+nada todavía...». Y como vio allí al sobrino de doña Lupe, no dijo más.
+
+Cuando Maximiliano se retiró, iba desarrollando en su mente la más
+prodigiosa cadena de razonamientos que en aquellas cavilaciones se había
+visto. «¿Ves como salió? Lo que fulminó en mi cabeza como un resplandor
+siniestro del delirio, ahora clarea como luz cenital que ilumina todas
+las cosas. Vaya, hasta poeta me estoy volviendo. Pero dejémonos de
+poesías; la inspiración poética es un estado insano. Lógica, lógica, y
+nada más que lógica. ¿Cómo es que lo averiguado hoy por procedimientos
+lógicos, fundados en datos e indicios reales, existió antes en mi mente
+como los rastros que deja el sueño o como las ideas extravagantes de un
+delirio alcohólico? Porque esto no es nuevo para mí. Yo lo pensé, yo lo
+concebí envuelto en impresiones disparatadas y confundido con ideas
+enteramente absurdas. ¡Misterios del cerebro, desórdenes de la ideación!
+Es que la inspiración poética precede siempre a la verdad, y antes de
+que la verdad aparezca, traída por la sana lógica, es revelada por la
+poesía, estado morboso... En fin, que yo lo adiviné, y ahora lo sé. El
+calor se transforma en fuerza. La poesía se convierte en razón. ¡Qué
+claro lo veo ahora! Vive en la Cava, en la Cava, en la misma casa tal
+vez donde vivió antes. Se esconde para que no la vea nadie. El suceso se
+aproxima. La asiste Quevedo. Para ella son el cornezuelo de centeno y la
+antiespasmódica. ¡Ah!, ¡cómo me río yo de estos imbéciles que creen que
+me engañan!... ¡Engañarme a mí, que estoy ahora más cuerdo que la misma
+cordura! ¡Dios mío, qué talento tengo! ¡Qué manera de discurrir!...
+¡Estoy asombrado de mí mismo, y compadezco a mi tía, a Ballester, a
+todos los que hacen delante de mí esta comedia! 'Todavía no hay nada',
+fue lo que dijo Quevedo al volver a la Cava. Presunción equivocada,
+falsos síntomas. Luego la cosa está próxima. Estamos en Marzo. Bien, no
+me falta más que averiguar la casa. Si me dejara llevar de la
+inspiración, aseguraría que es la misma casa aquella, la de los
+escalones de piedra. Pero no; procedamos con estricta lógica, y no
+aseguremos nada que no esté fundado en un dato real».
+
+Al día siguiente estuvo con su hermano en el café del Siglo, y después
+en el de Gallo con Refugio. Era el 19 de Marzo, y los que se llamaban
+José convidaban a toda la tertulia. Ido del Sagrario se negaba a tomar
+copas y su amigo Izquierdo, que bebía aguardiente como si fuera agua, se
+burlaba de la sobriedad del profesor de instrucción primaria, el cual
+aseguró haber comido _fuerte_ y no hallarse muy bien del estómago. Poco
+a poco se iba desprendiendo el buen Ido de la masa de gente que formaba
+la tertulia, retirándose de silla en silla, hasta que Maxi le vio en la
+mesa más lejana, ensimismado, los codos sobre el mármol y la cabeza en
+las palmas de las manos. Fuese hacia él, movido de lástima, y le
+preguntó lo que tenía. «Amigo--le dijo Ido con voz cavernosa, mostrando
+su cara descompuesta--, ¿ve usted cómo me tiembla el párpado derecho?
+Pues es señal de que me estoy poniendo malo... pero no tiene usted idea
+de lo malo que me pongo».
+
+--Vamos, D. José, eso no es más que aprensión (tratando de llevarle al
+grupo principal).
+
+--Déjeme usted... Se ríen de mí, porque desbarro mucho... Tiempo hacía
+que no me daba esto; pero lo veo venir, lo veo venir... Ya, ya me entra,
+y no lo puedo remediar. Tendré que ausentarme, para que no se burlen de
+mí. Porque me pongo perdido... Me pongo como si bebiera mucho
+aguardiente, y ya ve usted que no lo cato... no lo cato, créamelo usted,
+caballero. Usted es el único que no se reirá de mí; usted comprende mi
+desgracia y me compadece.
+
+--D. José... que se le quiten esas cosas de la cabeza--le dijo el otro,
+oficiando de hombre sesudo y razonable.
+
+--¡Ah!... pues quíteme del campo de mi vida los hechos... (tocándole
+amigablemente el brazo). Porque somos esclavos de las acciones ajenas, y
+las nuestras no son la norma de nuestra vida. Así es el mundo. De nada
+le vale a usted ser honrado, si la maldad de los demás le obliga a hacer
+una barbaridad.
+
+--Eso está muy bien discurrido.
+
+--¡Oh!, la desgracia vuelve sabios a los tontos... No, no somos dueños
+de nuestra vida. Estamos engranados en una maquinaria, y andamos
+conforme nos lleva la rueda de al lado. El hombre que hace el disparate
+de casarse, se engrana, se engrana, ¿me entiende usted?, y ya no es
+dueño de su movimiento.
+
+--Entiendo, sí...--Pues no me acuse usted si oye que he cometido un
+crimen (hablándole al oído), porque los que tenemos la desgracia de ser
+esposos de una adúltera... Los que tenemos esa desgracia, no podemos
+responder de aquel mandamiento que dice: _no matar_. Creo que es el
+quinto.
+
+--Sí, el quinto es--dijo Maxi, que sentía una corriente fría pasándole
+por el espinazo.
+
+--Y aquí donde usted me ve... (echándose para atrás y expresándose
+siempre en voz muy baja), hoy mato yo...
+
+Esto, aunque dicho muy quedamente, fue oído de Izquierdo, que rompiendo
+a reír, soltó esta andanada: «¡Pues no dice este judío _Dio_ que hoy
+mata él!... ¿En qué plaza, camaraíta?».
+
+Las carcajadas atronaban el café, y Rubín se acercó al grupo principal,
+diciendo con la mayor serenidad del mundo y en tono de benevolencia y
+compasión: «Señores, no burlarse de este pobre señor que no tiene la
+cabeza buena. Un trastorno mental es el mayor de los males, y no es
+cristiano tomar estas cosas a broma. Denle un poco de agua con
+aguardiente».
+
+Se la ofrecieron; pero Ido no la quiso tomar. Amorraba la cabeza entre
+los brazos cruzados sobre el mármol, y el dueño del establecimiento,
+mirándole con sorna, le decía: «Aquí no se duermen monas. A dormirlas a
+la calle». Maxi trató de hacerle levantar la cabeza. «D. José, a usted
+le convendría tomar duchas y también unas pildoritas de bromuro de
+sodio. ¿Quiere que se las prepare? Es el tratamiento más eficaz para
+combatir eso... Dígamelo usted a mí, que durante una temporada he estado
+como usted... muchísimo peor. Yo inventaba religiones; yo quería que
+todo el género humano se matara; yo esperaba el Mesías... Pues aquí me
+tiene tan sano y tan bueno».
+
+Y volviendo al grupo principal: «Nada, hay que dejarle. Eso le pasará.
+¡Pobrecito!, me da mucha lástima».
+
+De repente, D. José se levantó de su asiento y salió de estampía, entre
+la risa y chacota de toda la partida. Maxi quiso salir detrás; pero
+Refugio le tiró de los faldones y le hizo sentar a su lado: «Déjalo tú,
+¿qué te importa?». Y apareció el tumulto, por la entrada de otros Pepes;
+y el amo del café, que también era algo José, repartió puros y ron con
+marrasquino. Algunos se empeñaron en que Maximiliano bebiese; pero ni él
+quería, ni Refugio se lo hubiera permitido, atenta siempre a cuidar de
+su preciosa salud. Lo que hacía el excelente muchacho era reír con la
+mayor buena fe todas las gracias que allí se decían, hasta las más
+zafias y groseras, aunque sin participar mucho de la estrepitosa alegría
+de aquella gente.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+Comió Rubín aquella noche sosegadamente con su tía, contándole
+algo de lo que había visto y oído en el café, a lo que respondió la gran
+señora expresándole su deseo de que no fuese más a aquel
+establecimiento, por estar muy lejos, y porque en él siempre encontraría
+una sociedad inculta y ordinaria. El joven parecía conformarse con esta
+idea, y aseguró que no volvería más. Después fue con su tía a casa de
+Samaniego, y mientras duró la tertulia, permaneció apartado de ella,
+labrando y puliendo su idea. «Es en la casa de los escalones de
+piedra... Después que echó aquel brindis estúpido, Izquierdo habló de
+subir a gatas a casa de su hermana, y de bajar rodando por los
+escalones de piedra... Ya sé, pues, dónde está. Ahora, hay que proceder
+con sigilo y decisión. Llegó la hora de castigar. El honor me lo pide.
+No soy un asesino, soy un juez. Aquel desgraciado hombre lo decía:
+'Estamos engranados en la máquina, y la rueda próxima es la que nos hace
+mover. Sus dientes empujan mis dientes, y ando'».
+
+--¿Por qué suspiras, hijo?--le preguntó su tía, observándole caviloso y
+suspirante.
+
+Contestó evasivamente, y a poco se retiraron, no sin que _doña
+Desdémona_ invitase al joven a pasar en su casa la mañana siguiente. Le
+enseñaría todos sus pájaros y le daría de almorzar. Aceptada esta
+fineza, Maxi se personó en casa de Quevedo desde las nueve, hora en que
+la señora aquella se hallaba en la plenitud de sus funciones, limpiando
+jaulas, revisando nidos, examinando huevos, y sosteniendo con este y el
+otro volátil pláticas muy cariñosas. Su obesidad no le impedía ser ágil
+y diligentísima en aquella faena. Gastaba una bata de color de almagre,
+y como su figura era casi esférica, no parecía persona que anda, sino un
+enorme queso de bola que iba rodando por las habitaciones y pasillos. No
+tardó en asociar al chico a sus operaciones, enseñándole a distribuir el
+alpiste a toda la familia. Con algunos sostenía _doña Desdémona_
+conversaciones maternales.
+
+«¿Qué dices tú, chiquitín de la casa?... gloria mía... A ver, ¿tiene el
+niño mucha hambre...? ¡Ay qué pico me abre este hijo!». Y los trinos
+ensordecían la casa. Con verdadero ahínco, Maximiliano seguía torneando
+en su cabeza las ideas de la noche anterior. «La mataré a ella y me
+mataré después, porque en estos casos hay que poner el pleito en manos
+de Dios. La justicia humana no lo sabe fallar».
+
+--¡Qué mala es esta pájara!--decía _doña Desdémona_--, no sabe usted lo
+mala que es. Ha matado ya tres maridos... y de los hijos no hace caso.
+Si no fuera por el macho, que es, ahí donde usted lo ve, toda una
+persona decente, los pobrecitos se morirían de hambre.
+
+--Hay que perdonarla--replicó Maxi con humorismo--, porque no sabe lo
+que se hace... Y si la fuéramos a condenar, ¿quién le tiraría la primera
+piedra?
+
+--Vamos ahora a los pericos, que ya están alborotados.
+
+«La lógica exige su muerte--pensaba Rubín colgando cuidadosamente una
+jaula en que había muchos nidos--. Si siguiera viviendo, no se cumpliría
+la ley de la razón».
+
+La renovación del alpiste y del agua daba a aquellos infelices y
+graciosos seres aprisionados una alegría insensata; y poniéndose todos a
+piar y a cantar a un tiempo, no era posible que se entendieran las
+personas que entre ellos estaban. _Doña Desdémona_ hablaba por señas.
+Maxi parecía contento, y hubiera vuelto a empezar todas las operaciones
+por puro entretenimiento. Cuando llegó la hora de almorzar, tenía ya muy
+buen apetito, y el comadrón y su esposa estuvieron muy amables con él,
+diciéndole que le agradecerían fuese todos los días, si tenía gusto en
+ello. Ya Quevedo no era celoso, y desde que su esposa se había
+redondeado hasta hacer la competencia a los quesos de Flandes, se curó
+el buen señor de sus murrias y no volvió a hacer el Otelo. Sin embargo,
+a ninguno que no fuera el pobre Rubín, le habría permitido entrar
+libremente en la casa, porque en verdad, no le consideraba a éste capaz
+de comprometer la honra de ningún hogar donde penetrase.
+
+Doña Lupe entró muy gozosa, diciendo: «¿Qué tal se ha portado el
+galán?».
+
+--Admirablemente, señora. Es lo más amable...--replicó _doña Desdémona_,
+y llevándola aparte, añadió--: Si está bueno y sano... ¡Si viera usted
+qué contento y qué tranquilo...! Nada, como la persona de más juicio.
+
+--Yo creo--dijo la de Jáuregui--, que si no está curado, le falta poco.
+¿Y qué hay de eso?
+
+--Esta mañana volvió Quevedo. Todavía nada... Esperando por momentos...
+Ella, con mucho miedo.
+
+Algo más cotorrearon, pero no hace al caso. Doña Lupe se llevó a su
+sobrino al Monte de Piedad, y como aquel día las ventas fueron de muy
+poco interés, tornaron pronto a casa, después de comprar fresa y
+espárragos en un puesto de la calle de Atocha. Por la tarde, la señora
+encargó a su sobrino que le hiciera unas cuentas algo complicadas, y él
+las despachó con presteza y exactitud, sin equivocarse ni en un céntimo;
+y como su tía se maravillase de aquel tino aritmético, el joven se echó
+a reír, diciéndole: «¿Pero usted qué se ha figurado? Si tengo yo la
+cabeza como no la he tenido nunca. Si estoy tan cuerdo, que me sobra
+cordura para darla a muchos que por cuerdos pasan».
+
+Hacía muchísimo tiempo que doña Lupe no había visto al chico tan
+despejado, con tanto reposo en el espíritu y el ánimo tan dispuesto a la
+alegría, señales todas de reparación indudable. «Si no dudo que estés
+bien... Cierto que ya quisieran muchos... Yo me alegro infinito de verte
+así, y le pido a Dios que te conserve».
+
+--Crea usted que seguiré lo mismo. Yo reconozco en mi cabeza una fuerza
+que nunca he tenido. Discurro admirablemente, y se lo voy a probar a
+usted ahora mismo. Se pasmará usted al ver que si buena comedia han
+hecho ustedes conmigo, mejor la he hecho yo con ustedes. Los engañadores
+son los engañados.
+
+Doña Lupe empezó a alarmarse.
+
+--Pues verá usted (continuando en la mesa en que había hecho las cuentas
+y con el papel de ellas entre las manos). Mi familia, Ballester y todas
+las personas a quienes conozco fuera de casa, _bordaban_ admirablemente
+su papel; y yo callado... haciéndome el tonto, mientras con la sola
+fuerza del cálculo, descubría la verdad.
+
+Y doña Lupe tan parada, que no sabía qué decirle.
+
+«Y vea usted cómo le pruebo que mi cabeza da quince y raya hoy a las
+cabezas mejor organizadas, incluso la de usted. Sin decir una palabra a
+nadie, sin preguntar a bicho viviente, y fundándome sólo en algún
+indicio que pescaba aquí y allí, sentando hechos y deduciendo
+consecuencias, he descubierto la verdad... todo con la pura lógica, tía,
+con la lógica seca. Atienda usted y asómbrese».
+
+Estaba, en efecto, la viuda ilustre tan asombrada como quien ve volar un
+buey.
+
+«Pues por el orden siguiente, he ido descubriendo estos hechos: Que
+Fortunata no se ha muerto, que está en Madrid, que vive cerca de la
+Plaza Mayor, que vive en la Cava de San Miguel, en la casa de los
+escalones de piedra, que está fuera de cuenta desde hace un mes, y que
+D. Francisco de Quevedo la asiste».
+
+Doña Lupe no se atrevió a negar; tan abrumadoras eran las verdades que
+su sobrino manifestaba. «Verás... Tú no debes ocuparte de eso... Te
+concedo que vive, pero no sé dónde. Y en cuanto al embarazo, es error
+tuyo y de tu maldita lógica. ¡Vaya con la salida! El diablo cargue con
+tu lógica».
+
+--Si insiste usted, querida tía, en hacer comedias, creeré que quien ha
+perdido el juicio es usted. Yo afirmo lo que he dicho, y tengo la
+evidencia de que es verdad. Mí lógica no me engaña ni puede engañarme.
+Con franqueza: ¿nota usted en mí algo que remotamente se parezca a falta
+de juicio?
+
+Doña Lupe no supo qué responder.
+
+«¿He dicho algún disparate?... ¿Se atreve usted a sostener que lo he
+dicho? Pues tomemos un coche y vamos a la Cava... ¡Ah!, no quiere usted.
+Luego, yo he dicho la verdad, y la que falta ahora a ella, sin duda con
+muy buen fin, es mi señora tía. ¿Quién es aquí el cuerdo y quién no lo
+es?».
+
+--Pues repito que eso del estado interesante es una papa--dijo la viuda
+llena de confusión--. Alguien ha querido darte un bromazo, que por
+cierto es de muy mal gusto.
+
+--Yo le juro a usted que con nadie he hablado de este asunto,
+absolutamente con nadie. El conocimiento adquirido es obra del cálculo
+puro. Y ahora, por si alguien duda todavía de que yo sea la cordura
+andando, voy a dar a todos la última prueba de ella. ¿Cómo? Pues no
+volviendo a hablar de semejante asunto. Se acabó. Sigamos la vida
+ordinaria... Aquí no ha pasado nada, tía; hágase usted cuenta de que no
+hemos hablado nada. ¿No me dijo usted que tenía otra cuenta que
+arreglar? Venga; estoy pronto, con una cabeza que es un acero para los
+números, pues estos son la pura esencia de la lógica.
+
+Y se puso a trabajar en las operaciones aritméticas con tanta serenidad,
+y un temple tan equilibrado, que doña Lupe salió de la estancia
+haciéndose cruces y diciendo que si lo que acababa de oír se lo hubieran
+contado los cuatro Evangelistas, no les habría dado crédito. Pero siendo
+lo que refirió el sobrino un prodigio de capacidad intelectual, la
+señora no las tenía todas consigo respecto al estado de aquella cabeza.
+Entráronle alarmas, como las de los peores días pasados, y se puso de un
+humor vidrioso no acertando a determinar si aquello de la lógica era una
+crisis favorable, o por el contrario, traería nuevas complicaciones.
+
+Y no estuvo muy feliz Juan Pablo, en la elección de aquel día para hacer
+a doña Lupe la proposición de empréstito, pues encontró a la capitalista
+dada a todos los demonios. Era el hombre de menos suerte que existía,
+pues nunca daba en el quid de la buena ocasión; lástima grande, porque
+el discurso que llevaba preparado para convencer a la señora era
+admirable, y una roca se ablandaría oyéndolo. Su tía no le dejó pasar
+del exordio, negándose absolutamente a contratar ninguna clase de
+préstamo ni en las condiciones más usurarias. Total: que salió Juan
+Pablo de la casa renegando de su estrella, de su tía y de todo el género
+humano, revolviendo en su mente propósitos de venganza con proyectos de
+suicidio, pues estaba el infeliz como el náufrago que patalea en medio
+de las olas, y ya no podía más, ya no podía más. Se ahogaba.
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+En la noche de aquel aciago día, que creyó deber marcar con la
+piedra más negra que en su triste camino hubiera, Juan Pablo sostuvo en
+el café del Siglo las teorías más disolventes. Con gran estupefacción de
+D. Basilio Andrés de la Caña, que volvió a la tertulia, embistió contra
+la propiedad individual, haciendo creer al propio sujeto y a otros tales
+que se había dado un atracón de lecturas prudhonianas. No había visto un
+solo libro, ni por el forro, y toda su argumentación ingeniosa sacábala
+de la rabia que contra doña Lupe sentía, rencor satánico que habría
+bastado para inspirar epopeyas.
+
+Como el gran principio de la propiedad individual no tenía en aquella
+desigual contienda más defensor que D. Basilio, quedó maltrecho. La mesa
+de mármol, en torno de la cual formaban animado círculo las caras de los
+combatientes, estaba a última hora llena de cadáveres, revueltos con
+las cucharillas, con los vasos que aún tenían heces de café y leche, con
+la ceniza de cigarro, los periódicos y los platillos de metal blanco, en
+los cuales la mano afanadora de D. Basilio no había dejado más que polvo
+de azúcar. Dichos cadáveres, horriblemente destrozados, eran la
+propiedad, todas las clases de propiedad posibles, el Estado, la Iglesia
+y cuantas instituciones se derivan de estos dos principios, Matrimonio,
+Ejército, Crédito público, etc... Con admiración de todos, Juan Pablo se
+lanzó a la defensa del amor libre, de las relaciones absolutamente
+espontáneas entre los sexos, y puso la patria potestad sobre la cabeza
+de la madre. Al Papa le deshizo, y la tiara quedó pateada bajo la mesa,
+con los pedazos de periódico, los salivazos y el palillo deshilachado de
+D. Basilio, quien al fin, en el barullo de la derrota, arrojó lejos de
+sí aquel marcador de sus argumentos. También andaba por el suelo la
+corona real, triturada por las suelas de las botas, y el cetro de toda
+autoridad corría la misma suerte. Las conteras de los bastones,
+golpeando con furia el sucio entarimado, remataban las víctimas que iban
+cayendo de la mesa, expirantes. Creeríase que Juan Pablo las estrujaba
+con los codos, después de acribillarlas con su dialéctica, y cuando
+cogía un lápiz y trazaba números con febril mano sobre el mármol, para
+probar que no debe haber presupuesto, parecía un Fouquier de Thinville
+firmando sentencias de muerte y mandando carne a la guillotina.
+
+¿Y qué menos podía hacer el desgraciado Rubín que descargar contra el
+orden social y los poderes históricos la horrible angustia que llenaba
+su alma? Porque estaba perdido, y la cruel negativa de su tía le puso en
+el caso de escoger entre la deshonra y el suicidio. Antes de ir al café
+había tenido un vivo altercado con Refugio, por pretender ésta que fuese
+con ella a Gallo, y el disgusto con su querida, a quien tenía cariño, le
+revolvió más la bilis. Sus amigos no podían con él; estaba furioso; poco
+faltaba para que insultase a los que le contradecían, y su numen
+paradójico se excitaba hasta un grado de inspiración que le hacía
+parecer un propagandista de la secta de los _tembladores_. El que mejor
+replicaba ¡parece increíble!, era Maxi, que se quedó en el café más
+tiempo del acostumbrado, retenido por el interés de la polémica.
+Defendía el joven Rubín los principios fundamentales de toda sociedad
+con un ardor y una serena convicción que eran el asombro de cuantos le
+oían. No se alteraba como el otro; argumentaba con frialdad, y sus
+nervios, absolutamente pacíficos, dejaban a la razón desenvolverse con
+libertad y holgura. La suerte de Rubín mayor fue que Rubín menor se
+marchó a las diez, pues doña Lupe le tenía prescrito que no entrase en
+casa tarde, y por nada del mundo desobedecería él esta pragmática. Había
+vuelto a la docilidad de los tiempos que se podrían llamar
+_antediluvianos_ o que precedieron a la catástrofe de su casamiento.
+Dejando que su hermano se arreglara como pudiese con los demás
+tratadistas de derecho público, abandonó el café con ánimo de irse
+derechito a su casa. Atravesó la Plaza Mayor, desde la calle de Felipe
+III a la de la Sal, y en aquel ángulo no pudo menos que pararse un rato,
+mirando hacia las fachadas del lado occidental del cuadrilátero. Pero
+esta suspensión de su movimiento fue pronto vencida del prurito de
+lógica que le dominaba, y se dijo: «No; voy a casa, y han dado ya las
+diez... Luego, no debo detenerme». Siguió por la calle de Postas y
+Vicario Viejo, y antes de desembocar en la subida a Santa Cruz, vio
+pasar a Aurora, que salía de la tienda de Samaniego para ir a su casa.
+«¡Qué tarde va hoy!» pensó, siguiendo tras ella por la calle arriba,
+hacia la plazuela de Santa Cruz, no por seguirla, sino porque ella iba
+delante de él, sin verle. Andaba la viuda de Fenelón a buen paso, sin
+mirar para ninguna parte, y llevaba en la mano un paquete, alguna obra
+tal vez para trabajar en su casa el día siguiente, que era domingo, y
+domingo de Ramos por más señas.
+
+Como iba más aprisa que él, pronto se aumentó la distancia que les
+separaba. En vez de seguir por la calle de Atocha para tomar por la de
+Cañizares, como parecía natural (este era el itinerario que usaba Maxi),
+la joven se metió por el oscuro callejón del Salvador. En la sombra del
+Ministerio de Ultramar la esperaba un hombre que la detuvo un instante:
+diéronse las manos y siguieron juntos. «Hola, hola--se dijo Maxi
+acechando--, ¿belenes tenemos?». Y viéndoles ir por el callejón
+adelante, una idea o más bien sospecha encendió en él vivísima
+curiosidad. Siguiéndoles a cierta distancia, se cercioró al punto de lo
+que antes fuera presunción, y la certidumbre produjo en su alma
+violentísima sacudida. «Es él, ese infame... La espera; van juntos... y
+toman la vía más solitaria... Luego, son amantes... ¡Engañar a una pobre
+mujer... un hombre casado!...». Determinose en él con poderosa fuerza el
+rencor de otros tiempos, aquel rencor concentrado y sutil que era como
+un virus ponzoñoso, tan pronto manifiesto como latente, y que al
+derramarse por todo su ser, producía tantos y tan distintos fenómenos
+cerebrales. Al propio tiempo se desbordaba en el alma del desdichado
+joven un sentimiento quijotesco de la justicia, no tal como la estiman
+las leyes y los hombres, sino como se ofrece a nuestro espíritu,
+directamente emanada de la esencia divina. «Esto lo tolera y aun lo
+aplaude la sociedad... Luego, es una sociedad que no tiene vergüenza.
+¿Y qué defensa hay contra esto? En las leyes ninguna. ¡Ay, Dios mío, si
+tuviera aquí un revólver, ahora mismo, ahora mismo, sin titubear un
+instante, le pegaba un tiro por la espalda y le partía el corazón! No
+merece que se le mate por delante. ¡Traidor, miserable, ladrón de
+honras! ¡Y esa tonta que se deja engañar!... Pero ella no merece la
+muerte, sino la galera, sí señor, la galera...».
+
+Al día siguiente del lastimoso lance ocurrido cerca de Cuatro Caminos,
+no estaba Maxi más excitado y rencoroso que aquella noche lo estuvo. En
+el tiempo transcurrido desde la noche aciaga de Noviembre, no había
+visto a su ofensor sino muy contadas veces, y siempre de lejos; nunca le
+había tenido así, tan a tiro... «¡Ay!, ¿por qué no traigo un
+revólver?... Ahora mismo le dejaba seco. Si pasara por una armería, lo
+compraba... Pero si no tengo dinero. La tía no me da más que los dos
+reales para el café. Dios, ¡qué desesperación! Si me infundes la idea de
+la justicia, idea lógica, perfectamente lógica, ¿por qué no me das los
+medios para hacerla efectiva?... Verle expirar revolcándose en su
+sangre; no tenerle ninguna lástima... ¡Que no vea yo esto, Dios!... ¡Que
+no lo vea el mundo entero... porque el mundo entero se había de
+regocijar...!».
+
+Después de recorrer la calle de Barrionuevo y la Plaza del Progreso, la
+pareja tomó por la calle de San Pedro Mártir, buscando la vía menos
+concurrida. «Van a tomar por la calle de la Cabeza--dijo Maxi--, por
+donde no pasa un alma a estas horas. ¡Ah!, trasto, ladrón de honras,
+asesino... La justicia caerá sobre ti algún día, si no hoy, mañana. Lo
+que siento es que no sea por mi mano». Seguíales sin perderles de vista,
+a bastante distancia... «Me duelen las contusiones que recibí aquella
+noche, como si las acabara de recibir... Perdulario, cobarde, que te
+ensañas con los débiles de cuerpo, con los enfermos que no se pueden
+tener... A ti se te contesta con una bala... ¡plaf! Y se te deja seco...
+Y yo me quedaría tan fresco si te pudiera dar lo que mereces... pero tan
+fresco y tan satisfecho como se queda todo el que ha hecho un bien muy
+grande, pero muy grande...».
+
+Al llegar a la calle del Ave María, Rubín se pasó a la acera de los
+impares y se puso en acecho en la esquina de la calle de San Simón, en
+la sombra. Detuviéronse: Aurora parecía decir a su galán que no siguiese
+más. Era prudente esta indicación, y el galán se despidió apretándole la
+mano. Maxi le miró subir hacia la calle de la Magdalena, y sentía deseos
+de gritar e írsele encima: «Ratero de mi honor y de todos los honores...
+ahora las vas a pagar todas juntas». Creía que se le afilaban las uñas
+haciéndosele como garras de tigre. En un tris estuvo que Maxi diese el
+salto y cayese sobre la presa. La lógica le salvó. «Soy mucho más débil,
+y me destrozará... Un revólver, un rifle es lo que yo necesito».
+
+Cuando los amantes desaparecieron de su vista, Rubín penetró en su casa.
+Lo más particular fue que la idea de su mujer se borró de su mente
+durante aquel suceso, o quizás personificaba en Aurora la totalidad de
+las deslealtades y traiciones femeninas. A solas en su cuarto, fue
+acometido de una duda horrible. «Pero esto que me desvela ahora--se
+decía revolviéndose en el lecho--, ¿es verdad, o lo he soñado yo? Sé que
+entré, sé que caí en la cama, sé que dormí, y ahora me encuentro con
+esta impresión espantosa en mi cerebro. ¿Es verdad que les he visto, al
+infame y a ella, o lo he soñado? Que yo he tenido un sopor breve y
+profundo, es indudable... Pues ya voy creyendo que ha sido sueño... Sí;
+sueño ha sido... Aurora es honrada. Vaya con las cosas que sueña uno...
+¡Pero no, Dios, si lo vi, si lo estoy viendo todavía, y si tengo
+estampadas aquí las dos figuras...! Esto es para volverse loco... ¡y
+sería lástima, ahora que estoy tan cuerdo...!».
+
+Todo el día siguiente estuvo con la misma confusión en su mente. ¿Lo
+había visto, o lo había soñado? El Miércoles Santo enviole su tía con un
+recado a casa de Samaniego, y después de estarse allí gran rato, oyendo
+tocar la pieza, notó que doña Casta hablaba muy vivamente con
+Aurora.--«Vaya, hija, que hoy nos has dado un buen plantón. ¡Tres horas
+esperándote!... ¿A qué tienes tú que ir hoy al obrador, si hoy no se
+trabaja?... Lo mismo que el Domingo de Ramos... Toda la tarde en el
+obrador, y luego viene Pepe y me dice que ni has aparecido por allí ni
+ese es el camino. ¿En dónde estuviste? ¡En casa de las de Reoyos! ¿Y qué
+hacías tú tantas horas en casa de las de Reoyos? Tengo yo que
+averiguarlo...».
+
+Aurora se defendía con ingenio y tesón, como quien sabe que es mayor de
+edad y puede, cuando quiera, echar a rodar la autoridad materna; pero no
+llegó el caso de hacerlo así. Maxi, aparentando poner sus cinco sentidos
+en la pieza que tocaba Olimpia, no perdía sílaba de aquel doméstico
+altercado. Gracias que la cuestión ocurrió cuando la niña tenía entre
+sus dedos el _andante cantabile molto expresivo_, que si llega a
+coincidir con el _allegro agitato_, ni Dios pesca una letra de lo que
+hija y madre hablaron. Durante el _presto con fuoco_, Maxi se decía:
+«Parece mentira que dudara yo un instante de que aquello era la pura
+realidad... ¡Y lo creí sueño...!, ¡qué imbécil!... Un dato tomado de la
+existencia positiva me ha quitado todas las dudas. Ahora no me basta con
+la lógica, necesito ver algo más... y veré. ¡Qué lección para mi mujer!
+¡Oh! Dios mío, ahora me asalta otra duda horrible. Si la mato no hay
+lección. La enseñanza es más cristiana que la muerte, quizá más cruel, y
+de seguro más lógica... Que viva para que padezca y padeciendo
+aprenda... Pero a él debo matarle... ¡a él sí!».
+
+Oyendo el estrepitoso fin de la pieza, tuvo como un sopor de medio
+minuto, y volvió de él asaltado por esta idea que le sacudía: «No, matar
+no. Su maldad es necesaria para este gran escarmiento. La vida es lo que
+duele y lo que enseña... La muerte para los buenos... para los
+perversos, lógica, lógica».
+
+Apenas se había acabado la tocata, entró doña Casta a decirle: «Maxi, la
+señora de Quevedo me ha llamado por la ventana del patio para decirme
+que le mande a usted subir un momento. Tiene que enviar un recado a
+Lupe». Subió el pobre chico, y _doña Desdémona_ le hizo esperar un
+ratito, pues estaba ayudando a su marido a desnudarse. Acababa de
+entrar, muy fatigado; le llamaron a las doce y hasta aquella hora no
+había podido volver a casa.
+
+«Querido--dijo a Rubín la dama esférica, tocándole amistosamente en el
+hombro--. Hágame el favor de decirle a Lupe que la pájara mala sacó
+pollo esta mañana... un polluelo hermosísimo... con toda felicidad...».
+
+Maxi se rascó una oreja, y sacando de su alma a los labios una sonrisa
+extraña, cuya significación no pudo entender la señora de Quevedo, «la
+pájara mala--dijo con acento de niño mimoso--, enséñemela usted... y el
+pollo... enséñemelo también».
+
+--No, no, ahora no--replicó _doña Desdémona_ empujándole hacia la
+puerta--. Mañana los verá... Vaya ahora a decirle esto a su tía.
+
+
+
+
+--v--
+
+
+El interés con que doña Lupe esperaba noticias de la pájara mala y
+de si sacaba bien o mal el pollo, no podrá ser comprendido sin tener en
+cuenta las grandes ideas que en aquellos días despuntaban en el caletre
+de la insigne señora. Su entendimiento excelso sugeríale determinaciones
+para todos los casos, y medios de armonizar los hechos con los
+principios en la medida de lo posible. Era su lema que debemos partir
+siempre de la realidad de las cosas, y sacrificar lo mejor a lo bueno, y
+lo bueno a lo posible. Esto lo había aprendido en la experiencia de los
+negocios, la cual se aplica con éxito a los asuntos morales, del mismo
+modo que el ejercicio de las matemáticas y la agilidad gimnástica que
+dan al entendimiento, facilitan el estudio de la filosofía.
+
+Pues pensando en su sobrina, vino a sentar ciertas bases que discutió
+consigo misma, dándolas al fin por indestructibles, a saber: que aquello
+no tenía remedio, que la deshonra era inevitable, si bien no recaía
+sobre doña Lupe, pues a todo el mundo constaba que ella no alentó ni
+favoreció jamás los desvaríos de Fortunata. Esto lo sabían hasta los
+perros de la calle. Por consiguiente, bien podía la señora estar
+tranquila sobre este particular. Segundo punto: Fortunata sería todo lo
+mala que se quisiera suponer; pero había pertenecido a la familia, y la
+persona más importante de esta no podía menos de echar una mirada a la
+descarriada joven para enterarse de sus pasos, y tratar de impedir que
+arrojase sobre el claro apellido de Rubín ignominias mayores.
+Presentábase un problema grave, cuya solución no estaba al alcance de
+los entendimientos vulgares. Aquel pequeñuelo que iba a presentarse en
+el mundo era, por ley de la naturaleza, sucesor de los Santa Cruz, único
+heredero directo de poderosa y acaudalada familia. Verdad que por la ley
+escrita, el tal nene era un Rubín; pero la fuerza de la sangre y las
+circunstancias habían de sobreponerse a las ficciones de la ley, y si el
+señorito de Santa Cruz no se apresuraba a portarse como padre efectivo,
+buscando medio de transmitir a su heredero parte del bienestar opulento
+de que él disfrutaba, era preciso darle el título de monstruo.
+
+«¡Oh!, si a mí me hubiera pasado lo que le pasa a esa panfilona--se
+decía--, ¿cómo no me había de señalar el otro una pensión de alimentos?
+
+Bonito genio tengo yo para estas cosas... ¡Ah! ¡Pues si esa hiciera caso
+de mí, y se dejara llevar...! Lo que es ahora, yo le aseguro que sus dos
+o tres mil duros de pensión no se los quitaba nadie... Lo primerito que
+yo haría era plantarme en casa de doña Bárbara y leerle la cartilla bien
+leída... Y lo haré, lo haré, aunque esa simple no me autorice. No lo
+puedo remediar, la iniciativa me alborota todo el espíritu, y reviento
+si no le doy salida... Y me inspira lástima lo que va a nacer, porque es
+un dolor que viva pobre viniendo de quien viene. Pues el día de mañana
+(pongo que sea varón), cuando crezca y sea preciso librarle de quintas,
+¿qué va a hacer esa infeliz? No, esto no puede quedar así... ¡pobre
+criaturita! Hay que hacer algo, y véase aquí cómo es una caritativa
+cuando menos lo piensa... No, lo que es yo no me callo, yo me voy a ver
+a doña Bárbara, y con esta labia que tengo y lo bien que pongo los
+puntos, le haré ver el disparate de que su nieto esté peor que un
+inclusero... porque ¿de qué va a vivir? Las acciones del Banco se las
+comerán hijo y madre en un par de años, y con el rédito de los treinta
+mil reales no tienen ni para sopas. Lo que es dinero de Maxi no lo han
+de ver, de eso respondo, porque sería el colmo de la afrenta y de la
+tontería... Nada, nada; que yo doy la campanada gorda, siempre y cuando
+el señorito ese no le señale el estipendio en el término de un mes.
+Vaya si la doy... Me pongo mi abrigo de terciopelo, mi capota, mis
+guantes y ¡hala!... Ahora se me ocurre que debo empezar por darle una
+embestida a mi amiga Guillermina, que se hará cargo de la justicia del
+caso... Sí, ¡magnífica idea! Guillermina hablará con la otra y... Ahora,
+ahora comprenderá esa loquinaria la diferencia que hay entre obrar ella
+por cuenta propia y tenerme a mí por consejera y directora. ¿Apostamos a
+que ella, si el otro no le da un cuarto, se deja estar con su santa
+pachorra, sin atreverse a nada, tragando hiel y muriéndose de hambre?
+Pero yo, cuando hago el bien, lo hago contra viento y marea, y se lo
+meto en los hocicos a las personas tercas e inútiles que no saben hacer
+nada por sí».
+
+Estas ideas, que fermentaron en el cerebro de aquella gran diplomática y
+ministra durante todo el mes de Marzo, determinaron los recaditos que
+mandó a Fortunata con Ballester, el encargo que hizo a Quevedo de
+asistirla cuando el caso llegara, no vacilando en decir al feo y hábil
+profesor de obstetricia que sus honorarios no serían perdidos. Algo la
+desconcertó Maxi el día en que se mostró sabedor del secreto, pues la
+señora, para hacer todos aquellos proyectos benéficos en interés del
+vástago de Santa Cruz, _partía del principio_ de que su sobrino
+desconocía en absoluto la verdad. Muchísimo se alegraba de verle tan
+sereno; pero la sacaba de quicio el pensar que se volvería razonable
+hasta el punto de compadecerse de su mujer, y asignarle alguna pequeña
+renta para que no pidiera limosna o se prostituyese. No, el otro, el que
+había roto los vidrios, era el que los tenía que pagar.
+
+A esta altura estaban sus cavilaciones, cuando Maxi le llevó la noticia
+que le diera _doña Desdémona_. Lo primero en que doña Lupe puso su
+atención inteligente fue en la cara del joven al dar el recado, y se
+pasmó de su impavidez, a pesar de que demostraba penetrar el sentido
+recto de la alegoría empleada por la señora de Quevedo. Después de
+repetir textualmente el recado, añadió: «Ha sido esta mañana. D.
+Francisco acababa de llegar y se estaba acostando».
+
+Doña Lupe no volvía de su asombro. «Vaya, que lo toma con calma. Más
+vale así. ¿Y esto es cordura o qué es? Será lo que llaman filosofía...
+Dios nos tenga de su mano, si después le da por la filosofía contraria».
+
+--¿Piensa usted ir a verla?--le preguntó después el chico con la mayor
+naturalidad.
+
+--¿Yo?... pero qué cosas tienes... Veo que es inútil hacer comedias
+contigo. Con ese talentazo que estás echando, nada se te escapa...
+¡Verla yo! Sólo por curiosidad he querido saber lo que sé... De aquí en
+adelante, como si no existiera. ¿No piensas tú lo mismo?
+
+--Exactamente lo mismo... ¿Ve usted lo frío y sereno que estoy?
+
+--Así me gusta. Esto se llama ser filósofo en toda la extensión de la
+palabra, y elevarse sobre las miserias humanas--dijo la viuda con
+emoción verdadera o falsa--. No vuelvas a acordarte más del santo de su
+nombre...
+
+--Y aunque me acordara, tía, aunque me acordara...
+
+--¿Para qué?... Tú no has de verla.
+
+--Y aunque la viera, tía, aunque la viera...
+
+Doña Lupe se inquietó un poco oyendo esta frase, dicha con cierto
+sentido de tenacidad maniática. Pero Maximiliano se apresuró a
+tranquilizarla con otro argumento: «¿Pero no observa usted lo cuerdo que
+estoy? Si no me he visto nunca así, ni en mis mejores tiempos... Ya
+quisieran todos...».
+
+La señora tomó pie de esto último para variar la conversación: «Dices
+bien. ¿Sabes que tu hermano Juan Pablo me parece a mí que no está bueno
+de la cabeza? Hoy estuvo otra vez a darme la jaqueca... Pues que le he
+de hacer el préstamo o se pega un tirito. ¡Como no se mate él! Es el
+egoísmo andando. Se necesita atrevimiento. ¡Pedirme dinero un hombre
+que, cuando debe, no hay medio de sacarle un real, y se enfada si una
+reclama lo suyo! Dice que le van a hacer secretario de un gobierno de
+provincia y qué sé yo qué... ¿Tú lo crees? Muy rebajada está la talla
+de los empleados; pero no tanto...».
+
+En aquel segundo ataque desesperado que dio Juan Pablo a su tía, salió
+de la casa el pobre hombre más muerto que vivo. Su tía no era ya
+simplemente una mujer mala; era un monstruo, una furia, un dragón
+mitológico. Aquel tiro con que él se amenazaba a sí mismo, ¡cuánto mejor
+estaría empleado en ella! «Pero ese tiro, ¿me lo doy o no me lo doy?...
+No tengo más remedio que dármelo--discurría entrando por la calle de la
+Magdalena--. Por ninguna parte veo la solución. Sí, lo que es el tiro me
+lo pego; vaya si me lo pego... Lo malo es que no tengo revólver... Se me
+está figurando que al fin y al cabo no me pegaré tiro ninguno. Es uno
+así, tan dejado, que no se arranca... Ya voy viendo yo que una cosa es
+decir uno de buena fe que se mata, y otra cosa es hacerlo... Pero en
+fin, yo sigo en mis trece, y al fin, me lo tendré que pegar, no habrá
+más remedio».
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Estuvo con un humor de mil diablos todo el Jueves y Viernes Santo.
+El Sábado, a poco de entrar en la oficina, le llamó Villalonga a su
+despacho. Rubín se dirigió allá palpitante de emoción. «¡Dios!--se
+decía--; ¿será para darme la secretaría? ¡Qué cuña, si no es para esto,
+qué cuña, ya no aguanto más! En cuanto salga del despacho del jefe, me
+levanto la tapa de los sesos, como hay Dios. La contra es que no tengo
+revólver... Me tiraré por el balcón... No, eso no; ¡me haría una
+tortilla!... Vamos, que el corazoncito me anuncia secretaría... Ánimo,
+chico, que hoy te va a sonreír la suerte».
+
+El director era hombre muy expeditivo, y sin hacerle sentar le dijo:
+«Amigo Rubín, usted es listo y me conviene usted...».
+
+Rubín vio la cara del director como la del Padre Eterno que los pintores
+ponen entre nubes, esmaltadas de angelitos.
+
+«Me conviene usted, y yo le voy a meter en carrera».
+
+--Muchas gracias, Sr. D. Jacinto. Ya sabe que estoy a sus órdenes.
+
+--Pues le voy a dar a usted la gran sorpresa. Yo necesito un hombre; y
+como entiendo que usted sabrá desenvolverse en el destino delicadísimo
+que le pienso dar...
+
+--La secretaría de...--No, amigo; es más. Yo, cuando encuentro una
+persona que me entra por el ojo derecho, y que sirve, digo _copo_, y la
+tomo para que me sirva a mí. Le juro a usted que me conviene, _camará_.
+Allá va la bomba. Va usted a ser gobernador de una provincia de tercera
+clase.
+
+Rubín no pudo decir nada. Creyó que se le caía encima el techo del
+despacho y todo el Ministerio de la Gobernación.
+
+«Pues sí, gobernador de _mi_ provincia. Quiero ver cómo arreglo aquello.
+Usted no tiene que entenderse más que conmigo. El Ministro me da vara
+alta».
+
+--Señor director--balbució Rubín--, disponga usted de mí.
+
+--Pues será usted incluido en la combinación que va mañana a la firma
+del Rey. Ya hablaremos, y le contaré a usted de cómo está aquello. Creo
+que iremos bien.
+
+Luego echaron un cigarro, y hablaron algo del estado de la provincia,
+desflorando el asunto. Empezó a entrar gente en el despacho, y Rubín se
+retiró para comenzar sus preparativos. Estaba el hombre que no sabía lo
+que le pasaba; creía soñar... se daba pellizcos a ver si estaba
+despierto, anduvo algún tiempo por la calle como un insensato... se reía
+solo... le dieron ganas de comprar un revólver para ponerse a disparar
+tiros al aire... ¡Ah!, lo que debía hacer era meterle un par de balas en
+el cuerpo a doña Lupe... sí, por mala, por tacaña... Pero no, no;
+perdonar a todo el mundo... La vida es hermosa, y gobernar un pedazo de
+país es el mayor de los deleites. A los individuos de Orden Público o de
+la Guardia Civil que iba encontrando, les miraba ya como subalternos, y
+por poco les manda prender a su tía y a Torquemada.
+
+En el café, aquella noche, hubo la gran escena.
+
+Al principio no dijo nada, esperando dar la sorpresa de sopetón; pero
+sus amigos conocieron que no era el mismo hombre. Daba un sonsonete de
+autoridad a sus palabras, medíalas mucho, tomaba el café con más pausa
+que de costumbre, y a cada momento echaba una frasecilla de protección.
+«Pero amigo Montes, no hay que apurarse... ya veremos, ya veremos si se
+te puede meter en algún hueco... D. Basilio me tiene que dar unos datos
+que necesito sobre la recaudación de la provincia de X... Oiga usted,
+Relimpio, no se dé prisa a presentar la memoria, porque esta situación
+dura. Cánovas tiene para un rato. Es hombre que entiende la aguja de
+marear». Y como se suscitara un debate político de los más graves, Rubín
+se puso de parte de los que defendían la tesis más razonable,
+conciliadora y templada. «Pero ustedes, ¿qué creen, que una sociedad
+puede vivir siempre soñando con trastornos? Seamos prácticos, señores,
+seamos prácticos, y no confundamos las pandillas de politicastros con el
+verdadero país».
+
+En esto llegó _La Correspondencia_, y a las primeras ojeadas conspicuas
+que arrojó sobre las columnas de ella el buen D. Basilio, tropezó con la
+combinación de gobernadores, y lanzando un berrido de sorpresa, se
+restregó los ojos creyendo que leía mal. Mas convencido de que no era
+error, lanzó otra exclamación más fuerte y al instante se enteraron
+todos, y Juan Pablo fue objeto de aclamaciones y plácemes, unos
+sinceros, otros con su poco de bien disimulada envidia.
+
+«Hace tiempo que el amigo Villalonga tenía empeño en eso. Hoy ha
+machacado tanto que no he podido decirle que no».
+
+--¡Pero qué callado se lo tenía!
+
+De todos lados de la cámara... digo del café, vino gente a felicitar al
+gobernador, y el mozo, a quien Juan Pablo debía el consumo de cinco
+meses, y algunos picos, se puso más contento que si le hubiera caído la
+lotería; y hasta el amo del establecimiento fue a dar un apretón de
+manos a su parroquiano, diciéndole si podía colocar en las oficinas de
+la provincia a un sobrinito suyo que tenía muy buena letra.
+
+«No le digo que sí ni que no, D. José. Veremos. Tengo la mar de
+compromisos... Pero ya sabe usted que haré los imposibles por
+servirle... Usted me manda».
+
+El hombre compensó con los goces de aquella noche los sufrimientos y
+tristezas de tantísimos meses. Toda la gente que próxima estaba,
+mirábale con cierta expresión de asombro y respeto, como se mira a quien
+es, ha sido o va a ser algo en el mundo. En cuantos asuntos se trataron
+aquella noche en el círculo, Rubín hizo gala de las ideas más sensatas.
+Era preciso moralizar la administración provincial, desterrar abusos;
+sobre todo, en el destierro de los abusos insistió mucho. Su plan de
+conducta era muy político... contemporizar, contemporizar mientras se
+pudiera, apurar hasta lo último el espíritu conciliador; y cuando se
+cargara de razón, levantar el palo y deslomar a todo el que se
+desmandase... Mucho respeto a las instituciones sobre que descansa el
+orden social. Cuando va cundiendo el corruptor materialismo, es preciso
+alentar la fe y dar apoyo a las conciencias honradas. Lo que es en su
+provincia, ya se tentarían la ropa los _revolucionarios de oficio_ que
+fueran a predicar ciertas ideas. ¡Bonito genio tenía él...! En fin, que
+el pueblo español está ineducado y hay que impedir que cuatro pillastres
+engañen a los inocentes... La mayoría es buena; pero hay mucho tonto,
+mucho inocente, y el Gobierno debe velar por los tontos para que no sean
+engañados... En cuanto a moralidad administrativa, no había que hablar.
+Él no pasaba ni pasaría por ciertas cosas. Ya le había dicho a
+Villalonga que aceptaba con la condición de que no le pondría veto a la
+persecución y exterminio de los pillos... «A muchos que mangonean ahora,
+les he de llevar _codo con codo_ a la cárcel de partido... Yo soy así;
+hay que tomarme o dejarme».
+
+Don Basilio era de los que sinceramente se alegraban del _golpe de
+suerte_ que había tenido Juan Pablo. Aquel destino no era _de su ramo_,
+y por tanto, no lo envidiaba. Si se hubiera tratado de la dirección
+económica de una provincia, D. Basilio habría sentido tristeza del bien
+ajeno. Pero no le sacaran a él de sus números... Por cierto que el
+Ministro le había encargado un trabajo que le traía marcado... _proyecto
+de reglamento para la cobranza del subsidio industrial_... «Siempre me
+caen a mí estos turrones. Ocurre en secretaría que no se conocen los
+antecedentes de tal o cual cosa... '¡Ah!, la Caña lo sabrá'. Piden en el
+Congreso una nota del estado en que se halla la codificación de
+Hacienda. ¡Qué lío! Nadie sabe una palabra... '¡Ah!... a ver... la
+Caña'. Y la Caña les saca del apuro. Que el Ministro quiere enterarse de
+los trabajos hechos para el establecimiento del Registro fiscal, que es
+el gran medio para descubrir la riqueza oculta... Pues toda la casa
+revuelta; busca por aquí, busca por allá. Hasta que a uno se le ocurre
+decir... 'Eso la Caña...' y efectivamente; como que la Caña es el que
+hizo los primeros estudios del Registro fiscal». Total, que si por
+desgracia llegaba a faltar D. Basilio del Ministerio de Hacienda, este
+se venía abajo de golpe como un edificio al cual falta el cimiento.
+
+Leopoldo Montes aspiraba a que Rubín le llevase de secretario; pero esto
+no era fácil. «Chico, yo se lo diré a Villalonga. Creo que me dan el
+secretario hecho... Veremos si te meto de inspector de policía». Otros
+tertuliantes sentían envidia, y aunque felicitaban y adulaban al
+favorecido, al propio tiempo hacían pronósticos de las dificultades que
+había de tener en el gobierno de su ínsula. Pero ello es que la lisonja
+y la envidia, la codicia ambiciosa, la curiosidad y la novelería
+aumentaban considerablemente el personal de la tertulia en el tiempo que
+medió entre el nombramiento y la salida de Rubín para su destino. Mucho
+ajetreo tuvo aquellos días para arreglar sus asuntos y proveerse de
+ropa. Y no dejaron de molestarle también y entorpecerle ciertas
+disensiones domésticas, pues Refugio, que ya se estaba dando pisto de
+gobernadora, y se había despedido de sus amigas con ofrecimientos de
+protección a todo el género humano, se quedó helada cuando su señor le
+dijo que no la podía llevar... Pucheros, lloros, apóstrofes, quejas,
+gritos... «Pero, hija de mi alma, hazte cargo de las cosas; no seas así.
+¿No comprendes que no me puedo presentar en mi capital de provincia con
+una mujer que no es mi mujer? ¡Qué diría la alta sociedad, y la pequeña
+sociedad también, y la burguesía!... Me desprestigiaría, chica, y no
+podríamos seguir allí. Esto no puede ser. Pues estaría bueno que un
+gobernador, cuya misión es velar por la moral pública, diera tal
+ejemplo. ¡El encargado de hacer respetar todas las leyes, faltando a las
+más elementales!... ¡Bonita andaría la sociedad, si el representante del
+Estado predicara prácticamente el concubinato! Ni que estuviéramos
+entre salvajes... Convéncete de que no puede ser. Tú te quedas aquí y yo
+te mandaré lo que vayas necesitando... Pero lo que es allá no me pongas
+los pies... porque si lo hicieras, tu _chachito_ se vería en el caso de
+cogerte... ya sabes que tengo mucho carácter... de cogerte y mandarte
+para acá por tránsitos de la Guardia civil».
+
+
+
+
+-VI-
+
+Final
+
+
+
+
+--i--
+
+
+Fortunata sintió ruido en la puerta y esta voz: «¿Se
+puede?».--«Pase usted, D. Segismundo» dijo reconociendo al regente de la
+botica. Y entró el tal con cara risueña y actitud oficiosa, como de
+persona que cree ser útil. Estaba la joven incorporada en su lecho, con
+chambra y pañuelo a la cabeza. «¡Qué reguapa está!--pensaba Ballester al
+saludarla, apretándole mucho la mano--. ¡Lástima de mujer!».
+
+«Ayer no pasó usted--le dijo ella con amabilidad--, porque yo no sabía
+quién era, y no quiero recibir visitas. Estoy muerta de miedo, y por las
+noches sueño que alguien viene a robármelo. ¿Quiere usted verle?...».
+
+A su lado estaba, durmiendo con plácido sueño, el recién venido
+personaje, cuyas precoces gracias quería mostrar a su amigo. Así lo hizo
+con más orgullo que vergüenza, y apartó las sábanas, dejando ver la
+carita sonrosada y los puños cerrados del tierno niño.
+
+«¡Cuidado que es bonito!» dijo Ballester inclinándose--.
+
+Tiene a quien salir por una y otra banda.
+
+--Dos horas hace que está tan dormidito. ¡Qué ángel! ¡Y si viera usted
+qué pillo es, y qué tragón! Viene determinado a darse buena vida. Si lo
+viera usted cuando se pone a mirarme... ¡Pobrecito! Me quiere mucho.
+Sabe que le quiero más que a mi vida, y que es para mí el mundo entero.
+
+--Ya sabe usted lo convenido. Seré padrino de Su Excelencia. Usted me lo
+prometió la última vez que nos vimos.
+
+--Sí, sí, y no me vuelvo atrás. Usted será padrino.
+
+--Y después del primer nombre, que usted designará (poniéndose muy
+inflado), llevará el mío, Segismundo. ¿Qué le parece a usted?
+
+--Muy bien. Se llamará Juan, después Evaristo, y después Segismundo.
+
+--Bueno; transijo con el tercer lugar en el escalafón, pero de ahí no
+paso; como usted me quiera echar al cuarto, me sublevo.
+
+Ambos se rieron. Ballester se había sentado en una silla junto al lecho,
+y no quitaba los ojos de aquella mujer, que le parecía entonces más
+hermosa que nunca. «Le daría cuatro besos--pensaba--; pero de amistad,
+de pura amistad, porque me interesa esta infeliz... y digan lo que
+quieran, no es tan mala como se cree por ahí». Después empezó a dar
+noticias de la familia y amigos, las cuales oía Fortunata con gran
+curiosidad. «Doña Lupe, con toda su fiereza, no la olvida a usted. Todos
+los días nos pide noticias a mí o a Quevedo, y pregunta también por el
+muchacho, si es robusto, si mama bien, si tiene algún defecto
+físico...».
+
+--¡Defecto!...--exclamó la madre indignada--. Si es una preciosidad. Más
+perfecto es que las perfecciones. Se lo enseñaré a usted desnudo, para
+que vea qué hermosura de hijo. Estoy loca con él. Me parece que han de
+venir a quitármelo. Y no crea usted; ¡hay tanta envidiosona...!
+
+Dejando que pasara la racha de entusiasmo maternal, Ballester continuó
+así: «Pero lo que la pasmará a usted es saber que el amigo Maxi está tan
+mejorado, pero tan mejorado, que si le ve usted no le conoce».
+
+--¿Pero es de verdad?... Quia: guasas de usted.
+
+--No hija. Siempre que ocurre en la casa o en la vecindad algo difícil
+de resolver, se le consulta a él. Está hecho un Salomón. _Doña
+Desdémona_, cuando surge alguna dificultad en su república de pájaros,
+le llama, y lo que él dice, se hace.
+
+--Vaya, que hoy estamos de vena. Ojalá fuera verdad lo que usted dice.
+Yo me alegraría mucho, con tal que no se acordara de mí para nada, ni
+supiera que estoy viva.
+
+--Pues eso sí que no lo logra usted... Todo lo sabe.
+
+--¡Ay, no me lo diga, por Dios! (asustadísima y palideciendo). No sabe
+usted el miedo que me ha entrado. Ya no voy a tener un minuto de
+tranquilidad. ¿Pero es eso verdad? No se divierta conmigo, Ballester;
+mire que estoy temblando de miedo.
+
+--¿Miedo a qué? Si está muy razonable, y más tranquilo que nunca. Todas
+sus ideas son ideas de benevolencia y tolerancia. Habla poco, y a lo
+mejor se descuelga diciendo cosas muy buenas. No le suelta a usted un
+disparate ni aunque se lo pida por favor. Respecto de usted, creo que el
+sentimiento que tiene es la indiferencia, si es que la indiferencia se
+puede llamar sentimiento.
+
+--No me fío, no me fío (meditaba, demostrando en el tono que no las
+tenía todas consigo). Verá usted cómo el mejor día...
+
+La conversación pasó de Maximiliano a _las Samaniegas_, mostrando
+Fortunata gran extrañeza de que Aurora no se acordase de ella. «Es una
+mala crianza, porque bien sabe dónde estoy, y desde su obrador aquí se
+viene en tres minutos. Y si no quería ella venir, ¿qué le costaba mandar
+una oficiala a preguntar si vivo o si muero?... Crea usted que esto me
+duele; porque yo, a quien me quiere como dos le quiero como catorce».
+
+Ballester contestó con un gran suspiro, al cual no dio su interlocutora
+la interpretación conveniente. De pronto el farmacéutico mudó el tema:
+«¡Ah!, me olvidaba de lo mejor. ¿Sabe usted que el crítico y yo nos
+hemos hecho amigos? ¡Quién lo creería! ¡Tanto como yo le odiaba! Pues
+verá usted. Padillita le metió un día en la botica, y yo empecé a darle
+guasa con sus críticas, diciéndole que me gustaban mucho. Pues resulta
+que es muy modesto y que se asusta cuando le elogian lo que escribe.
+Poco a poco hemos ido intimando, y toda la inquina que le tenía se ha
+evaporado. Es tan honradito el pobre Ponce, que todo lo que escribe es
+de conciencia, y hasta cuando elogió el dramón aquel que a mí me sacaba
+de quicio, lo hizo porque le salía de dentro. Y aunque le paguen tarde,
+mal y nunca, él tan conforme en su _sacerdocio_; lo toma en serio, y le
+parece que nadie ha de tener opinión sobre las obras si él no la da. Ha
+hecho oposición a una placita en el Tribunal de Cuentas y la ha ganado.
+¿Pues qué cree usted? El infeliz tiene que mantener a su madre, que está
+enferma; y yo, desde que me contó su historia, no le cobro nada por las
+medicinas. Le damos bromas con Olimpia y la pieza que toca, diciéndole
+que su adorada es muy romántica y que no tenga miedo de casarse, porque
+no come. Ni necesitan cocinera, ni cocina, ni siquiera cesto para la
+compra. Yo le digo que abandone el _sacerdocio_ y que deje a los
+autores y al público que se arreglen como quieran. Está conforme
+conmigo, y por fin me ha revelado un secreto: ha escrito un drama y lo
+tiene en el Español; y como se represente, el exitazo es seguro. La
+noche del estreno pienso ir con todos mis amigos para armar un alboroto
+y llamar al autor a la escena lo menos cuarenta veces. Me quiere leer la
+obra y yo le he dicho que me la deje allí. Sin leerla, le diré que es
+magnífica, y un amigo mío periodista pondrá un sueltecito con aquello de
+que _en los círculos literarios se habla mucho, etc_... Le digo a usted que
+me interesa mucho ese infeliz, y que haría yo algo por él si pudiera. En
+_bálsamo tranquilo_ le tengo dado ya más de medio cuartillo, y el
+extracto de belladona se lo lleva de calle, porque lo que padece la mamá
+es reuma. También le he hecho una bizma para la cintura que vale
+cualquier dinero. Yo soy así; al que me entra por el ojo derecho, le doy
+hasta la camisa. ¡Y si viera usted qué cariño me ha tomado Ponce!
+Echamos largos párrafos sobre el arte realista, y el ideal, y la emoción
+estética, y cuanto yo digo, aunque sea un gran desatino, porque en mi
+vida las he visto más gordas, lo escucha como el Evangelio, y yo me doy
+con él un lustre que no hay más que ver. Fuera de estas tonterías de la
+crítica, es un alma de Dios, muy agradecido, muy delicado, sin más
+debilidad que la de querer a Olimpia y figurarse que un hombre de sesos
+se puede casar con semejante inutilidad. Yo me he propuesto quitárselo
+de la cabeza, y creo que lo voy consiguiendo. Porque yo le digo: «¿Con
+qué se van a mantener? ¿Con la pieza?». Si se casa, van a ser cuatro de
+familia; el matrimonio y la mamá de él, enferma, y una hermanita que,
+según me ha contado Ponce, debe de tener hambre canina. De esto hablamos
+largamente en la botica, que llamamos el _círculo literario_, y le voy
+engatusando. Olimpia me sacaría los ojos si supiera las cosas que le
+digo a su novio; pero que se fastidie. Ya le he conocido siete _osos_, y
+lo que es a este no le pesca tampoco. Yo le he tomado bajo mi
+protección, y le he de salvar. ¡Buen turrón le caía si se casara...!».
+
+--¡Qué risa con usted! ¡Pobre Ponce! Ya le decía yo que era un buen
+chico, y usted empeñado en darle la morcilla.
+
+--¡Ah!, de buena escapó. Guardo la fatídica yema para otro, sí, para
+otro, en quien ahora recaen todos mis odios. No me pregunte usted quién
+es, porque no se lo he de decir... Se lo diré después que se la haya
+zampado, porque se la tiene que comer, como este es día.
+
+En esto, el ruido de voces, que sonaba en la salita próxima aumentó
+considerablemente, y a los oídos de Ballester llegaban estas palabras:
+_envido a la chica, órdago a los pares_.
+
+«Es mi tío José--dijo Fortunata--, que está jugando al mus con su amigo.
+Le mando que venga aquí para que me acompañe mientras estoy en la cama,
+porque tengo mucho miedo, y para que no se aburra, hago que le traigan
+una botella de cerveza y le permito que venga su amigo a hacerle
+compañía».
+
+Ballester se asomó a la puerta entornada para ver a la pareja. No
+conocía a ninguno de los dos; pero la cara de Ido del Sagrario no era
+nueva para él, y creía haberla visto en alguna parte, aunque no
+recordaba dónde ni cuándo.
+
+
+
+
+--ii--
+
+
+La primera vez que Ballester vio a Izquierdo y a su docto amigo,
+no les dijo más que algunas palabras dictadas por la buena crianza; pero
+a la segunda se cruzó entre ellos tal tiroteo de cumplidos,
+ofrecimientos y franquezas, que no había de tardar la amistad en unirles
+a los tres con apretado lazo.
+
+Desde su alcoba, donde continuaba encamada, Fortunata se reía de las
+ocurrencias de Segismundo buscándole la lengua a _Platón_ y a Ido del
+Sagrario, a quien solía llamar _maestro_. Siempre que iba por las noches
+el farmacéutico, les encontraba infaliblemente y se divertía con ellos
+lo indecible.
+
+Mucho agradecía la desdichada joven aquellas visitas. Ballester era el
+corazón más honrado y generoso del mundo, y tenía cierta vanidad en
+tomar sobre sí el cumplimiento de los deberes que correspondían a otros
+y que estos otros olvidaban. Y aunque alentara, con respecto a la señora
+de Rubín, pretensiones amorosas a plazo largo, no dejaban por eso de ser
+puros y desinteresados sus actos de caridad, y habrían sido lo mismo aun
+en el caso de que su amiga espantara de fea y careciese de todo
+atractivo personal.
+
+Fortunata iba adquiriendo confianza con él, y le revelaba sus
+pensamientos sobre diferentes cosas. No obstante, algo había que no se
+atrevía a manifestar, por no tener la seguridad de ser bien comprendida.
+Ni Segunda ni José Izquierdo lo comprenderían tampoco. Y como le era
+forzoso echar fuera aquellas ideas, porque no le cabían en la mente y se
+le rebosaban, tenía que decírselas a sí misma para no ahogarse. «Ahora
+sí que no temo las comparaciones. Entre ella y yo, ¡qué diferencia! Yo
+soy madre del único _hijo de la casa_, madre soy, bien claro está, y no
+hay más nieto de don Baldomero que este rey del mundo que yo tengo
+aquí... ¿Habrá quien me lo niegue? Yo no tengo la culpa de que la ley
+ponga esto o ponga lo otro. Si las leyes son unos disparates muy gordos,
+yo no tengo nada que ver con ellas. ¿Para qué las han hecho así? La
+verdadera ley es la de la sangre, o como dice Juan Pablo, la
+Naturaleza, y yo por la Naturaleza le he quitado a la _mona del Cielo_
+el puesto que ella me había quitado a mí... Ahora la quisiera yo ver
+delante para decirle cuatro cosas y enseñarle este hijo... ¡Ah!, ¡qué
+envidia me va a tener cuando lo sepa!... ¡Qué rabiosilla se va a
+poner!... Que se me venga ahora con leyes, y verá lo que le contesto...
+Pero no, no le guardo rencor; ahora que he ganado el pleito y está ella
+debajo, la perdono; yo soy así».
+
+«Pues él, ¡digo!, cuando lo sepa, ¿qué hará?, ¿qué pensará? ¡No acabo de
+cavilar en esto, Dios mío! Él será un pillo, y un ingrato; pero lo que
+es a su nene le tiene que querer. Como que se volverá loco con él. Y
+cuando vea que es su retrato vivo ¡Cristo! ¡Pues digo, si doña Bárbara
+le viera...! Y le verá, toma, le verá... Como hay Dios, que se vuelve
+loca. ¡Qué contenta estoy, Señor, qué contenta! Yo bien sé que nunca
+podré alternar con esa familia, porque soy muy ordinaria, y ellos muy
+requetefinos; yo lo que quiero es que conste, que conste, sí, que una
+servidora es la madre del heredero, y que sin una servidora no tendrían
+nieto. Esta es mi idea, la idea que vengo criando aquí, desde hace
+tantísimo tiempo, empollándola hasta que ha salido, como sale el
+pajarito del cascarón... Bien sabe Dios que esto que pienso, no es
+porque yo sea interesada.
+
+Para nada quiero el dinero de esa gente, ni me hace maldita falta: lo
+que yo quiero es que conste... Sí, señora doña Bárbara, es usted mi
+suegra por encima de la cabeza de Cristo Nuestro Padre, y usted salte
+por donde quiera, pero soy la mamá de su nieto, de su único nieto».
+
+Quedábase muy convencida después de sentar estas arrogantes
+afirmaciones, y la satisfacción le producía tal contento, que se ponía a
+cantar en voz baja, arrullando a su hijo; y cuando este se dormía,
+continuaba rezongando como la pájara en el nido. El gozo, algunas
+noches, no la dejaba dormir, y se pasaba largas horas jugando con su
+idea ya realizada, saltándola como Feijoo saltaba el _bilboquet_.
+
+Quevedo iba a verla todos los días, y aunque la encontraba muy bien,
+ordenaba que no se levantase. ¡Qué aburrimiento estar tanto tiempo
+prisionera! Gracias que con su chiquitín se entretenía. De noche le
+ayudaba Segunda a fajarlo y limpiarlo; por el día Encarnación, que era
+muy lista y se volvía loca de gusto cuando su ama le dejaba tener el
+pequeñuelo en brazos durante algunos minutos. En sus ratos de alegría
+delirante, Fortunata se acordaba mucho de Estupiñá. «Pero, tía, ¿no se
+ha tropezado usted en la escalera con Plácido? Dígale que pase, que le
+tengo que hablar». Respondía Segunda que no una ni dos veces, sino más
+de veinte había encontrado al tal; pero que todas las chinitas que le
+echaba para que subiese habían sido como si no. «Me puso una cara,
+chica, cuando le conté la novedad, que parecía un juez de primera
+_estancia_. Y ayer me dijo: '¡Quite usted allá, so chubasca,
+encubridora; a usted y a la otra farfantona, las voy a poner en la
+calle!'».
+
+--Ya se amansará. ¿Qué apostamos a que se amansa?--decía la joven
+sonriendo--. Yo quiero que entre y vea esta estrella que se ha caído del
+Cielo.
+
+Tanto hizo Segunda y tales enredos armó, que Estupiñá entró una mañana,
+gruñendo y echándoselas de hombre de mal genio que tiene que contraer
+todos los músculos de su cara para enfrenar su indignación. A cuanto le
+decían Segunda y su hermano, respondía con bufidos; y si la señora de
+Izquierdo no me le sujeta por un brazo, de fijo que echa a correr por
+las escaleras abajo. «No se puede tratar con estas tías farfantonas...
+Vaya usted al rábano. Vaya usted muy enhoramala». Pero dando estos
+respiros a su ira verdadera o falsa, ello es que no se marchaba, y
+Segunda le metió casi a la fuerza en la alcoba. Obedeciendo a un impulso
+instintivo, Estupiñá se quitó el sombrero en el momento en que sentía
+los chillidos del heredero de Santa Cruz que estaba pidiendo la teta con
+mucha necesidad. Al ver que el hablador descubría su venerable cabeza,
+Fortunata sintió en su alma inundación de alegría, y se dijo: «Eso es,
+saluda a tu amito. Él te protegerá como te han protegido sus abuelos y
+su padre». Plácido se inclinó para verle, y aunque se quería hacer el
+hombre terrible, se le escapó esta frase: «Clavado, _talmente_
+clavado...».
+
+«¡Qué feo es!... ¿verdad, D. Plácido?--dijo la madre, radiante de
+gozo--. ¿Qué, no le da un beso?... ¿Cree que le va a pegar algo?
+Descuide, que lo bonito no se pega... ¿Sabe una cosa don Plácido? Me
+parece que le va usted a querer... y él a usted también. ¿A que sí?».
+
+El hablador murmuraba algo que no se oía bien. Estuvo un momento como
+indeciso entre el furor y la suavidad. Después rompió a hablar con
+Segunda sobre si esta ponía o no ponía aquel año cajón en San Isidro, y
+se retiró al fin, despidiéndose de una manera que bien podía pasar por
+conciliadora. Fortunata estaba contentísima, y se decía: «De seguro que
+ahora mismo va con el cuento. Es lo que yo quiero, que lleve el chisme».
+Encadenando ideas, se daba a pensar en el gusto que tendría de ver a
+doña Guillermina, presumiendo al mismo tiempo que si la viera había de
+sentir mucha vergüenza. «Le pediré perdón por lo mal que me porté aquel
+día, y me perdonará... como esta es luz. De fijo que me calienta las
+orejas; pero paso por todo con tal de ver la cara que pone delante de
+este hijo. A ver qué tiene que decir de mi idea. ¿Qué se le ocurrirá?
+Alguna cosa que yo no entenderé ni la entenderá nadie... Diga lo que
+quiera y tómelo por donde lo tome, Dios no puede volverse atrás de lo
+que ha hecho; y aunque se hunda el mundo, este hijo es el _verídico
+nieto natural_ de esos señores, D. Baldomero y doña Bárbara... y la
+otra, con todo su ángel, no toca pito, no toca pito... eso es lo que yo
+digo. Que me presente uno como este... No lo presentará, no. Porque Dios
+me dijo a mí: _tú pitarás_; y a ella no le ha dicho tal cosa. Y si doña
+Bárbara se chifló por el _Pituso_ falso, ¡cómo no se dislocará por el de
+oro de ley! De lo contenta que estoy, creo que me voy a poner mala... Y
+de fijo que Estupiñá lleva el cuento. La que yo quiero que lo sepa
+primero de todos es mi amiga _la obispa_. ¿Apostamos a que viene a
+verme? Ya... no se le queda a ella en el cuerpo el sermón que me tiene
+preparado. ¡Vengan sermones! No me importa; mejor. Yo le diré que tiene
+razón; pero que yo tengo el hijo, y allá se van hijos con razones».
+
+Esta visita teníala por infalible, pues la santa era muy amiga de echar
+réspices y de enderezar a las que cometían pecados gordos. Tan segura
+estaba de verla, que siempre que sonaba la campanilla creía que era
+ella, y se preparaba a recibirla, arreglando la cama y poniéndose con la
+mayor decencia posible, trémula de emoción y esperanza.
+
+
+
+
+--iii--
+
+
+El bautizo se celebró con modestia suma en San Ginés, una mañana
+de Abril, y le pusieron al chico los nombres de Juan Evaristo Segismundo
+y algunos más. Ballester se corrió gallardamente aquel día a convidar a
+Izquierdo y a Ido del Sagrario en el próximo café de Levante. Instó
+mucho al _maestro_ a que tomara un _biftec_; pero D. José lo rehusó,
+aunque buenas ganas tenía de aceptarlo. De solo oler la carne y ver la
+sangre de ella y la grasa en el plato de sus amigos, le parecía que se
+trastornaba. Su almuerzo fue un café con media tostada de abajo... y
+otra media de arriba. Tras el café vinieron las incitantes copas, y
+también les hizo escrúpulos el profesor; no así _el modelo_, que se
+llenó el cuerpo de ron hasta que ya no podía más, sin que por eso se
+perturbase su sólida cabeza, que debía de ser un alambique. Mientras
+comían, vieron pasar a Maximiliano Rubín, que salía del café; pero como
+él no aparentó verlos, no le dijeron nada. A eso de la una, Ballester se
+fue a su botica y los dos Josés a la casa de la Cava. Era domingo y
+ninguno de los dos tenía ocupaciones. Izquierdo mandó a Encarnación por
+una _grande_ de cerveza, y sacando de una caja muy sucia el juego de
+dominó, extendió y mezcló las fichas para empezar una partidita. Y
+cuentan las crónicas _platónicas_, que antes de llegar a la mitad del
+segundo juego, las pobres fichas se quedaron solas. Ido se había
+levantado y daba paseos por la sala. Izquierdo se dejó caer sobre el
+sofá de Vitoria y dormía como un _verídico_ bruto, el sombrero sobre los
+ojos, la boca abierta y las cuatro patas estiradas. La señá Segunda se
+llevó a Encarnación a la plazuela, porque la noche antes había habido
+fuego en dos o tres puestos inmediatos al de ella, y se pasó la mañana
+ayudando a sus compañeras a meter los trastos que se sacaron, y a
+reparar lo que de reparación era susceptible.
+
+Fortunata estuvo aquel día aburridísima, con muchas ganas de levantarse.
+Por respeto a las ordenanzas del señor de Quevedo, seguía en la cama,
+pero ya no aguantaría aquella cárcel enojosa dos días más. Juan Evaristo
+Segismundo, después que le trajeron de San Ginés, estaba tan guapote y
+satisfecho, cual si tuviera conciencia de su dichoso ingreso en la
+familia cristiana; y para celebrarlo, en cuantito llegó al lado de su
+madre, buscó la despensa y se puso el cuerpo que no le cabía una gota
+más de leche. Oía Fortunata los ronquidos del venerable _Platón_, cual
+monólogo de un cerdo, y sentía también los paseos de Ido, y algún
+monosílabo ininteligible, suspiros que parecían ayes de pena o
+invocaciones poéticas; y cuando el profesor llegaba en su deambulación
+febril a la puerta de la alcoba, creía distinguir sus manos o parte de
+un brazo que subían hasta cerca del techo. Luego sonó la campanilla y D.
+José fue a abrir. Fortunata creyó que era Encarnación que volvía de la
+plazuela; pero se equivocaba. No tardó en oír cuchicheos en la puerta.
+¿Quién sería? Después sintió pasos y un chillar de botas que la hicieron
+estremecer, y se quedó muda de terror al ver en la puerta a Maximiliano.
+Era él; así lo afirmó después de dudarlo un momento. La estupefacción
+que sentía apenas le permitió dar un grito, y su primer movimiento fue
+echarle los brazos al nene, decidida a _comerse a bocados_ a quien
+intentase hacerle daño o quitárselo. Rubín estuvo más de un minuto sin
+dar un paso, clavado en la puerta y destacándose dentro del marco de
+ella como la figura de un cuadro. ¡Cosa rara! Ningún signo de hostilidad
+se veía en su cara ni en su ademán. Miraba a su mujer con seriedad, pero
+sin dureza, y cuando dio los primeros pasos para acercarse a la cama, su
+expresión era casi indulgente. Pero ella no las tenía todas consigo, y
+le miró como quien se dispone a una defensa enérgica. «Tío, tío--dijo
+alzando la voz--. Encarnación...». Como ni Izquierdo ni la criada
+respondieran, quiso llamar al esperpento aquel que en el cuarto se
+paseaba. Mas al ir a pronunciar su nombre se le borró de la memoria.
+
+«¿Cómo diablos se llama este hombre?... Usted, venga acá... ¡Ah!, ya me
+acuerdo. Señor Sagrario, haga el favor de despertar a mi tío». Pero ni
+el tío despertaba, ni D. José se hacía cargo de que le llamaban.
+
+«Parece que me tienes miedo, y que pides socorro--le dijo Maxi con fría
+bondad--. No te voy a comer. Estás equivocada si piensas que vengo de
+malas. Si no se trata ya de matarte ni de matar a nadie... Esa idea
+estúpida voló... por fortuna de todos».
+
+Diciendo esto se sentó en la silla, y quitándose el sombrero lo puso
+sobre la cama. Fortunata le encontró más delgado; la calva parecía
+mayor, y sus miradas tenían cierto reposo que la tranquilizó.
+
+«Aunque nadie me ha dicho una palabra--prosiguió Rubín--, sé todo lo que
+te ha pasado; lo he sabido por mi propia razón, y vengo a compadecerte y
+a hacerte un gran bien... Porque yo perdí la razón, bien lo sabes; pero
+luego la volví a adquirir. Dios me la quitó y me la volvió a dar tan
+completa, que en este momento estoy más cuerdo que tú y que toda la
+familia. No te asombres, hija, que bien conocerás por lo que voy a
+decirte que mi cabeza está buena, tan buena como nunca lo estuvo. Qué,
+¿no lo crees?».
+
+Fortunata no sabía si creerlo o no. Su miedo no se había extinguido, y
+esperaba que tras aquellas palabras tranquilas, vinieran otras airadas
+y sin pies ni cabeza. No dijo nada, y siguió protegiendo a su hijo, en
+actitud de defenderle al primer ataque. Maxi no parecía reparar en el
+niño. Con gran serenidad habló así:
+
+«Tan sano estoy de la cabeza, que me hago cargo de tu situación y de la
+mía. Ya entre tú y yo no puede haber nada. Nos casamos por debilidad
+tuya y equivocación mía. Yo te adoraba; tú a mí no. Matrimonio
+imposible. Tenía que venir el divorcio, y el divorcio ha venido. Yo me
+volví loco, y tú te emancipaste. Los disparates que habíamos hecho los
+enmendó la Naturaleza. Contra la Naturaleza no se puede protestar».
+
+Miraba el bulto que en la cama hacía Juan Evaristo; pero como su ademán
+no tenía nada de hostil, Fortunata se iba sosegando.
+
+«¡Ya sé lo que hay aquí! ¡Pobre niño! Dios no ha querido que sea mío. Si
+lo fuera, me querrías algo. Pero no lo es, todo el mundo lo sabe, y lo
+sé yo también... Divorcio consumado. Más vale así. Yo no debí casarme
+contigo. Bien lo pagué perdiendo la razón. ¿Qué debo hacer ahora que la
+he recobrado? Pues ver las cosas de muy alto, y acatar los hechos, y
+observar las lecciones tremendas que da Dios a las criaturas... Antes me
+las dio a mí... ahora a ti. Prepárate. No vengo a hacerte daño, sino a
+anunciarte la buena nueva de la lección, porque estas pedradas que
+vienen de arriba sanan, curan y fortalecen».
+
+--Pero este hombre--se decía Fortunata--, ¿está cuerdo o está más loco
+que antes? Buena jaqueca me está dando; pero como no pase de ahí, se le
+puede aguantar.
+
+Algo quiso decir en alta voz; pero él no la dejaba meter baza, y como si
+trajera un discurso preparado y no quisiera dejar de pronunciar ninguna
+de sus partes, pegó en seguida la hebra: «¿Te acuerdas de cuando yo
+estaba loco? Los ratos que te di te los tenías bien merecidos; porque en
+realidad te portabas muy mal conmigo. Tu infidelidad se me había metido
+a mí en la cabeza; no tenía ningún dato en qué fundarme; pero el
+convencimiento de ella no lo podía echar de mí. No sé decir bien si soñé
+que ibas a ser madre, o si me inspiraron esta idea los celos que tenía.
+Porque yo tenía unos celos ¡ay!, que no me dejaban vivir. 'Mi mujer me
+falta--decía yo--, no tiene más remedio que faltarme; no puede ser de
+otra manera'. Y como por lo mucho que te quería, yo no encontraba a tu
+pecado más solución que la muerte, ahí tienes por qué me nació en la
+cabeza, lo mismo que nace el musgo en los troncos, aquella idea de la
+liberación, pretextos y triquiñuelas de la mente para justificar el
+asesinato y el suicidio. Era aquello un reflejo de las ideas comunes, el
+pensar general modificado y adulterado por mi cerebro enfermo. ¡Ay, qué
+malo me puse! Te digo que cuando inventé aquel sistema filosófico tan
+ridículo, estaba en el periodo peorcito. No me quiero acordar. Los
+disparates que yo decía los recuerdo como se recuerdan los de las
+novelas que uno ha leído de niño; y ahora me río de ellos, y calculo
+cuánto se reirían los demás. ¿Te acuerdas tú?».
+
+Fortunata respondió que sí con la cabeza. No le quitaba los ojos,
+siguiendo atentamente sus movimientos por ver si se descomponía, y estar
+preparada a cualquier agresión.
+
+«Después me atacó lo que yo llamo la _Mesianitis_... Era también una
+modificación cerebral de los celos. ¡El Mesías... tu hijo, el hijo de un
+padre que no era tu marido! Empezó por ocurrírseme que yo debía matarte
+a ti y a tu descendencia, y luego esta idea hervía y se descomponía como
+una sustancia puesta al fuego, y entre las espumas burbujeaba aquel
+absurdo del Mesías. Examínalo bien, y verás que todo era celos, celos
+fermentados y en putrefacción. ¡Ay, hija, qué malo es estar loco! Cuánto
+mejor es estar cuerdo, aunque uno, al recobrar el juicio, se encuentre
+apagado el hornillo de los afectos, toda la vida del corazón muerta, y
+limitado a hacer una vida de lógica, fría y algo triste».
+
+Al oír esto, que Maxi expresó con cierta elocuencia, Fortunata volvió a
+inquietarse, y llamó de nuevo a su tío, que seguía dando los ronquidos
+por respuesta. El mismo resultado tuvieron las voces de «Señor Sagrario,
+señor Sagrario... haga el favor de venir». D. José se asomó a la puerta,
+echando a la pareja una mirada de maestro de escuela que inspecciona el
+aula en que estudian sus alumnos, y vuelta a pasearse sin hacer caso de
+nada.
+
+Rubín acercó más la silla, y Fortunata tuvo más miedo: «Pero todo
+aquello de la liberación y del Mesías voló. Los hechos reales
+sustituyeron a las figuraciones de mi cerebro... Dios me devolvió mi
+razón, y me la devolvió corregida y aumentada. Con ella vi los hechos;
+con ella descubrí lo que mi familia me ocultaba; con ella reconstruí mi
+ser, que había pasado por tantos cataclismos; con ella me penetré bien
+de nuestro divorcio y deseché dos y hasta tres veces la idea de
+homicidio; con ella pude llegar a considerarte mujer extraña, madre de
+hijos que yo no podía tener, y con ella me he revestido de serenidad y
+conformidad. ¿No te admiras de verme como me ves? Más te asombrarías si
+pudieras leer en mi pensamiento, y comprender esta elevación con que yo
+miro todas las cosas, la calma con que te veo a ti, la indiferencia con
+que veo a tu hijo... ¡Un ser más en el mundo! Cuando él ha venido sus
+razones tendrá. ¿Qué derecho tengo yo a estorbarle la vida? ¿Qué derecho
+a matarte a ti porque se la hayas dado? Fíjate bien: es muy grave eso
+de decir: 'tal o cual persona no debió de nacer'».
+
+--¡Dios mío!--exclamó para sí Fortunata--. ¿Pero este hombre está cuerdo
+o cómo está? ¿Eso que dice es razón, o los mayores disparates que en mi
+vida le he oído...?
+
+--Yo pregunto--añadió Maxi acercándose más--. El derecho a nacer, ¿no es
+el más sagrado de todos los derechos? ¿Quién me mete a mí a poner
+estorbo a ningún nacimiento? Estaría gracioso... Nazcan y vivan, que
+viviendo aprenderán.
+
+«Nada, para mí está peor que antes--pensaba la esposa--, y esto que dice
+podrá ser cuerdo, pero yo no entiendo palotada».
+
+--Parece que me tienes miedo--le dijo él siempre serio y tranquilo--. No
+sé por qué. Ya habrás visto que a razonable no me gana nadie.
+
+--Sí, es verdad; pero...--¿Pero qué...?--Tú dirás que gato escaldado del
+agua fría huye (sonriéndose ligeramente, por primera vez en aquella
+conferencia). Otra cosa: enséñame a tu hijo.
+
+Fortunata volvió a sentir terror, y al ver que Maxi alargaba las manos
+hacia donde estaba el pequeñuelo, las apartó con las suyas, diciendo:
+«Otro día le verás... Déjale... está dormido y me le vas a despertar».
+
+--¡Pero qué maniática eres!... Yo creí que después de haberme oído, te
+convencerías de que mi razón está como un reloj y de que además me ha
+entrado un gran talento. ¿Qué has visto en mí que te parezca sospechoso?
+Nada absolutamente. Mis sentimientos son de paz; la última idea mala la
+tuve hace días; pero la arranqué y estoy limpio de ira y de odio. Y para
+decírtelo todo en una palabra: Fortunata, soy un santo. No es esto
+jactancia, es la verdad... ¿Crees que voy a hacer daño a tu hijo? ¡Hacer
+daño a una criatura! Eso no cabe en lo humano. Déjamele ver, y te diré
+algo que te aprovechará.
+
+Fortunata, al fin, sospechando que la contrariedad podía irritarle,
+permitiole ver al nene, sin acercarse mucho, y protegiéndole con sus
+manos. No dijo nada mientras le miraba. Después volvió a su asiento y
+estuvo un rato con la mirada perdida entre los ramos de la colcha,
+ligeramente fruncido el ceño.
+
+«Se parece a tu verdugo. Lo malo no perece nunca. La maldad engendra y
+los buenos se aniquilan en la esterilidad».
+
+
+
+
+--iv--
+
+
+«Tío, por Dios, tío, despierte usted» volvió a decir Fortunata
+gritando; y como asomase a la puerta la flácida y carunculosa efigie de
+Ido del Sagrario, la joven le dijo: «¿Pero qué hace usted que no
+despierta a mi tío?... ¡Qué sola me tienen aquí! ¡Y esa chiquilla que no
+viene!».
+
+Ido refunfuñó algo que Fortunata no pudo entender. Mirando al profesor
+con lástima, Maxi dijo a su esposa: «Este buen señor está tocado. Me da
+mucha lástima, porque sé lo que es andar mal de la cabeza. Si él
+quisiera seguir mi plan, yo me comprometía a ponerle como nuevo».
+
+Y en alta voz, viendo al desgraciado Ido llegar otra vez hasta la puerta
+de la alcoba y mirar hacia dentro con los ojos de estúpido: «Señor D.
+José, serénese, y aprenda a ver la vida como es... Es tontería creer que
+las cosas son como nos las imaginamos y no como a ellas les da la gana
+de ser. Al amor no se le dictan leyes. Si la mujer falta, divorcio al
+canto, y dejar que obre la lógica, pues ella castiga sin palo ni
+piedra».
+
+Y Fortunata se persignaba, llena de admiración, diciéndose: «¿Pero será
+verdad, Dios mío, que a mi marido le ha entrado un gran talento, o estas
+cosas que dice son farsa para tapar una mala idea? ¿Qué haré yo para que
+se marche pronto? Porque a lo mejor me sale por malagueñas, y me da el
+gran susto».
+
+«¡Se parece a tu enemigo!--repitió Maxi, volviendo a la idea que le
+había excitado ligeramente--. Es una desgracia para él. Y si en lo moral
+saca la casta, peor que peor. El niño inocente no es responsable de las
+culpas del padre; pero hereda las malas mañas. ¡Pobre niño!, tengo
+lástima de él. Si se te muere debes alegrarte, porque si vive te dará
+muchos disgustos».
+
+A Fortunata le indignó esta idea; pero no se atrevió a contradecirla.
+Que dijera todo lo que quisiese. Su plan era no contestarle nada, a ver
+si se aburría y se marchaba pronto.
+
+«Tiene a quien salir--añadió Maxi con lúgubre ironía--. Su papá es de
+oro... No necesitas decirme que no te hace caso... Harto lo sé. Ni
+siquiera habrá venido a verle... También me lo figuro. No vendrá; ten
+por cierto que no vendrá».
+
+--¡Quién sabe!...--se dejó decir la joven, sintiendo que se le apretaba
+la garganta.
+
+--Te repito que no vendrá... Tengo mis razones para asegurarlo.
+
+--Claro... ¡qué ha de venir...! Ni falta.
+
+--Dices bien; ni falta. Gracias que te oigo una expresión filosófica.
+Ese hombre tiene ahora otros entretenimientos.
+
+Fortunata sintió que toda la sangre se le subía al rostro, y se puso muy
+sofocada. Rubín estiró el codo sobre el lecho, apoyándose en él con
+actitud perezosa, semejante a la que tomaba en la botica cuando leía.
+
+«Es preciso que lo sepas pronto. Todo lo que tardes en saberlo, tardas
+en regenerarte».
+
+La _Pitusa_ tenía mucho calor, y cogiendo un abanico que junto a la
+almohada tenía, empezó a abanicarse.
+
+--Es preciso que lo sepas--volvió a decir Maxi con cierta frialdad
+implacable, propia del hombre acostumbrado al asesinato--. Tu verdugo no
+se acuerda ya de ti para nada, y ahora tiene amores con otra mujer.
+
+--¡Con otra mujer!--dijo ella, repitiendo la frase como una muletilla, a
+la cual no se saca sentido. Sus miradas vagaban por los dibujos de la
+colcha.
+
+--Sí, con otra mujer a quien tú conoces.
+
+El asesino le iba soltando a la víctima las palabras en dosis pequeñas,
+y la miraba observando el efecto que le causaban. Fortunata quiso
+sobreponerse a aquel suplicio, y sacudiendo la despeinada cabeza, como
+para alejar y espantar una convicción que quería penetrar en ella, le
+dijo: «¿Qué historias me vienes a contar ahí?... Déjame en paz».
+
+--Esto que te cuento no es un enredo; es verdad. Ese hombre está
+enamorado de otra mujer, y tú la conoces. Aprende, pues. Ahí tienes la
+maravillosa arma de la lógica humana, con la cual te hiero para sanarte.
+Más vale morir aprendiendo, que vivir ignorando. Esta lección terrible
+puede llevarte hasta la santidad, que es el estado en que yo me
+encuentro. ¿Y quién me ha traído a mí a este bendito estado? Pues una
+lección, una simple lección.
+
+Mira, Fortunata, bendito sea el cuchillo que sana.
+
+--Falta que sea verdad lo que cuentas--dijo la víctima defendiéndose.
+
+--Tú podrás creerlo o no creerlo, como un enfermo puede tomar o no la
+medicina que el médico le da. Porque esto es la medicina de tu
+conciencia. ¿Quieres otra? ¿Quieres el nombre de la que te ha robado lo
+que tú robaste? Pues te lo voy a decir.
+
+Fortunata sintió como un desvanecimiento, y al incorporarse se le iba la
+cabeza, y la habitación daba vueltas en torno suyo. Llevándose la mano a
+los ojos, dijo a su marido:
+
+«Me lo tienes que decir».
+
+--Es una amiga tuya.--¡Amiga mía!--Sí, y su nombre empieza con A.
+
+--¡Aurora, Aurora es!--exclamó la joven dando un salto en su lecho, y
+mirando a su marido como miran las personas de honor que han recibido
+una bofetada.
+
+--Ella es.--Hace tiempo que el corazón me decía algo de esto, pero muy
+bajito, y yo no lo quería creer.
+
+--Estoy tan seguro de lo que afirmo, que no puede ser más.
+
+--Tú me engañas, tú me engañas--replicó la joven en actitud de
+Dolorosa--. Tú me quieres matar, y en vez de pegarme un tiro, me vienes
+con esta historia.
+
+--Si lo tomas como golpe de muerte, tómalo--manifestó Rubín con
+implacable frialdad.
+
+--¡Aurora... Aurora!... ¡Dios mío!, ¡qué idea tan perra...! (agitándose
+extraordinariamente). Pero no puede ser. Este hombre está loco y no sabe
+lo que se dice.
+
+--¿Que estoy loco?... (imperturbable). Bueno, defiéndete con eso. Pero
+tú caerás, tú te convencerás. No tienes escape. La verdad se impone. Ahí
+tienes un tiro que no yerra nunca. ¿Quieres más señas? Cuando Aurora
+sale de su obrador, él la espera en la calle de Santo Tomás y van juntos
+hacia el Ave-María. Los domingos, Aurora dice en su casa que va al
+obrador, y a donde va es a...
+
+--Cállate; te digo que te calles--gritó Fortunata retorciéndose los
+brazos--. Eres un mentiroso, un calumniador.
+
+--¿Pues qué querías tú...? (con sonrisa glacial). Hija, es preciso estar
+a las agrias y a las maduras. ¿Qué querías? ¿Herir y que no te hirieran?
+¿Matar y que no te mataran? El mundo es así. Hoy tiras tú la estocada, y
+mañana eres tú quien la recibe... ¿Dudas todavía?
+
+La víctima no dijo nada. No dudaba, no; lo denunciado por aquel hombre,
+que a veces parecía demente, a veces no, revestía las apariencias de un
+hecho cierto. Algo tenía la infeliz joven en su cabeza que se lo
+confirmaba, inundándola de luz. Recordó frases y actos, ató cabos, y...
+nada, que era verdad, como hay Dios. El infeliz chico estaría todo lo
+enfermo que se quisiera suponer; pero lo que decía, verdad era.
+
+«¿Lo dudas todavía?» volvió a preguntar él.
+
+--No sé, no sé... ¿Y si te has equivocado?... (con extremada inquietud y
+ráfagas de ira). No sé qué pensar... Maxi, Maxi, si me hubieras dado un
+tiro, me habrías matado menos. Te juro que si es verdad, esa mujer, esa
+hipócrita, esa sinvergüenza que me vendía amistad, no se ha de reír de
+mí. Te juro que le pateo el alma más pronto que lo digo (revolcándose en
+el lecho). Esto no puede quedar así. La mato, le saco los ojos, le
+arranco el corazón... Que me traigan mi ropa. Tío, chiquilla; quiero
+levantarme. ¡Pero qué abandonada me tienen!
+
+--Comprendo que te dé tan fuerte. Así me dio a mí; pero luego me he
+vuelto estoico. Aprende de mí. ¿No ves qué sereno estoy? He pasado por
+todas las crisis de la ira, de la rabia y de la locura...
+
+--Porque tú no eres un hombre (interrumpiéndole).
+
+--Es que las lecciones me han valido.
+
+--Bueno; porque eres un santo... Yo no soy santa, ni quiero.
+
+--¿Y por qué no habías de serlo tú también? (tomándole las manos y
+tratando de contener con suavidad sus movimientos de ira). ¿Por qué no
+habías de aspirar al estado en que yo me encuentro? A él he llegado
+pasando por la rabia, por la locura... Ahora mismo, no hace mucho,
+cuando vi a ese diablo de hombre cometiendo una nueva infamia, sentí
+otra vez la debilidad de espíritu que creía vencida... me entraron ganas
+de pegarle un tiro, por librar a la humanidad de semejante monstruo...
+Pero después he sabido vencerme y he dicho: Mejor castiga una
+consecuencia lógica que un puñal.
+
+--¡Quiere decirse que le viste con ella y te quedaste tan fresco!--gritó
+la joven, furibunda, echando llamaradas de los ojos.
+
+--No me quedé fresco... Me alboroté mucho; pero después vino la
+reflexión. Lo que importa, me dije, no es que él muera, sino que ella
+aprenda. Y tú has aprendido.
+
+--¡Pues si yo les llego a ver...!
+
+--Si les llegas a ver, acuérdate de mí. Hazte santa como yo... Les miras
+y pasas...
+
+--Tú no eres hombre... Tú no eres nada--exclamó la joven con
+desprecio--. A ella, a esa bribona es a quien yo quisiera arreglar. Si
+la cojo, no lo cuenta. ¡Infame, arrastrada, indecente, engañarme así!
+
+--Tú, mira bien si tienes derecho a tratarla de ese modo.
+
+--¡Pues no he de tener! (ofuscándose por completo y sin reparar en lo
+que decía). Me ha quitado lo mío. Yo seré mala; pero ella lo es más,
+mucho más.
+
+--Comprendo tu exaltación. Yo, que no tenía otro móvil que la justicia,
+cuando les vi, cuando me persuadí de que pecaban, creo que si tengo un
+revólver, les suelto los seis tiros por la espalda.
+
+--Bien, bien--dijo la esposa con ferocidad--. ¿Por qué no lo hiciste?
+Eres un tonto... Aunque después me hubieras matado a mí también. Tienes
+derecho a hacerlo.
+
+--Les vi entrar en aquella casa... Fortunata abría los ojos con espanto.
+
+«Les esperé para verles salir. Calle tal, número tantos. Me escondí en
+un portal. ¡Oh!, la suerte de ellos fue que no llevaba revólver...».
+
+--Yo te lo compraré... Hoy mismo, ahora mismo (agitándose en el lecho,
+cogiendo a su hijo, volviéndolo a dejar, descubriéndose el pecho,
+tapándoselo y sin saber qué hacer).
+
+--¡Matar!... ¿Lección a ella? ¿Y la tuya?
+
+--¿La mía, la mía? Ya la tengo, majadero. ¿Todavía quieres más lección?
+A esa traicionera sí que se la voy a dar, y gorda.
+
+--Irás a presidio si matas.--Pues iré contenta.--¿Y tu hijito? Al oír
+esto, Fortunata tuvo un retroceso en su salvaje idea, y cogiendo al
+chiquillo, que empezaba a rezongar, se lo llevó al seno.
+
+La madre lloraba, el chico también, y el gran Ido apareció otra vez en
+la puerta sin decir nada, contemplando a marido y mujer con miradas
+semejantes a las de las estatuas de yeso o mármol, pues parecía no tener
+niñas en los ojos. Gracias que la entrada de Segunda puso término a la
+situación; y lo mismo fue ver a Rubín que volarse, soltando por aquella
+boca sapos y culebras y echando la culpa de todo a su hermano y al
+tagarote inútil de don José Ido, el cual, viéndose insultado, a su
+parecer tan sin motivo, hacía contracciones casi inverosímiles con los
+músculos de la cara, juntando un ojo con la boca y encaramando el otro
+hasta la raíz del pelo. «Yo no sé lo que es--decía--, yo no sé lo que
+es; pero hoy no tengo la cabeza buena... Y conste que si entró fue
+porque quiso; que yo no le mandé entrar... y si la mata, sus razones
+tendrá, naturalmente... ¡Vaya con la señora esta qué genio gasta!, ¡y
+cómo me trata! ¿No sabe quién soy? Pues soy Josef... el Idumeo...
+profesor en partos... intelectuales».
+
+
+
+
+--v--
+
+
+«Cállese usted, so _guillati_--chillaba Segunda, que por los
+movimientos amenazadores que hizo, parecía dispuesta a desbaratar con
+un par de bofetadas la frágil persona del _profesor idumeo_--. La culpa
+la tiene este morral que está aquí durmiéndola».
+
+Obra de romanos fue el despertar a _Platón_; por fin, su hermana le tiró
+de una pata, mientras Encarnación tiraba de la otra, y el corpachón del
+_modelo_, resbalando sobre el sofá, se desplomó con estruendo sobre el
+piso. Un rato estuvo estirándose, refregándose los ojos con las manazas,
+y escupiendo más _hostias_ que palabras. «¿Onde está el judío ladrón que
+ha entrado sin mi premiso?, ¡hostia!, que le parto por la metá». El
+lenguaje de Segunda no desmerecía del de su hermano por la finura ni por
+lo escogido de las voces, lo que desagradaba extraordinariamente a Ido.
+Maxi salió a la salita, y José Izquierdo se le cuadró ladrándole así:
+«¡Ah!, era usté. Ora mismo a la calle... brrr... ¡Y que tengo yo un
+genio mu blando...! Pues si le llego a ver antes ¡hostia!, me caso con
+la santísima... si le llego a ver antes, por el judío balcón, ¡hostia!,
+va solutamente a la calle».
+
+Sin demostrar temor alguno, Maximiliano sonreía. Se armó tal zaragata,
+que tuvo que intervenir Ido con frases de concordia, y Segunda
+manoteaba, echando la culpa al calzonazos de su hermano, y este
+increpaba a Encarnación, y la chiquilla daba de rechazo contra Maxi; y
+fue tal el vocerío que hubo de presentarse en la puerta, que estaba
+abierta, Estupiñá, y penetró en la casa con ademanes policiacos,
+mandando callar a todo el mundo y amenazando con traer una pareja. «Ya
+decía yo que en este cuarto no habría paz, y como sigan así, pronto los
+planto a todos en la calle». Se fue refunfuñando, y al anochecer, cuando
+ya Ido y Maxi se habían marchado, y los hermanos Izquierdo estaban
+comiendo, volvió a subir, con bastón de mando, y dijo despóticamente:
+«Orden, orden y el primero que meta ruido, va a la cárcel».
+
+--Pues qué, D. Plácido, ¿va a venir el Viático?
+
+--Poco menos--replicó el hablador entrando sin pedir permiso y
+dirigiéndose a la alcoba--. Que va a venir el ama, la señora casera.
+Mucho orden, señores, mucha formalidad.
+
+Lo mismo fue oír _Platón_ que la señora de Pacheco venía, que el temor
+de verla le intranquilizó y no tuvo ya sosiego. A trangullones despachó
+la comida, apresurándose a largarse a la calle. Tal era su miedo de que
+la señora le viese, que bajó la escalera a escape, y se le erizaba el
+cabello pensando en que si Guillermina subía cuando él bajaba, no
+tendría dónde meterse para evitar su encuentro.
+
+Desde la entrevista con su marido, Fortunata se puso tan inquieta, que
+Segunda tuvo que enfadarse para impedir que se levantara, pues quería
+hacerlo a todo trance. El chiquitín debía de encontrar novedad en lo
+tocante a provisiones de boca, porque estaba mal humorado, como si
+quisiera también echarse a la calle, en son de pronunciamiento. El aviso
+de la visita de la santa calmó bastante a la madre; pero no al hijo, que
+no entendía aún ni jota de santidades. Presentose la dama a las nueve,
+acompañada de Estupiñá; y después de saludar a Segunda como si fuera
+esta la señora más encopetada, pasó, y antes de decir nada a la que fue
+su amiga, examinó bien a Juan Evaristo Segismundo. Segunda acercaba una
+vela para que la dama pudiera ver bien las facciones del niño, quien no
+parecía entusiasmado, ni mucho menos, con inspección tan impertinente ni
+con la viveza de la luz, tan próxima a sus ojitos.
+
+«¡Qué mal genio tiene!» dijo la santa sentándose junto al lecho,
+mientras Fortunata agasajaba a su hijo, y metiéndole el pecho en la
+boca, trataba de aplacarle. Fue Guillermina muy parca en saludos y
+demostraciones de afecto, y luego, cuando se quedaron solas la señora de
+Rubín y la santa, esta no dijo nada de religión, ni mentó la virtud, ni
+el pecado, ni cosa alguna concerniente al orden moral. Habló de si la
+joven madre tenía o no mucha leche, y de si sentía esta o la otra
+molestia, con otras cosas pertinentes al estado en que se hallaba.
+Fortunata notó en la cara apacible de la fundadora cierta severidad
+estudiada, y para romper aquel hielo, dijo lo siguiente, cuya
+oportunidad podría dudarse: «Este sí que es el _Pituso_ legítimo, el de
+la propia tía Javiera, ¿verdad, señora? ¡Ah!, ¿no sabe? En cuanto mi tío
+José oyó decir que usted venía, salió de carrera, como alma que lleva el
+diablo».
+
+--Por el miedo que me tiene. Buena nos la dio... Déjele usted estar, que
+como yo le coja a mano, le he de decir cuatro cosas.
+
+Y cuando la madre puso al niño a su lado, ya harto y dormido,
+Guillermina le volvió a mirar atentamente, observando sus facciones como
+el numismático observa el borroso perfil y las inscripciones de una
+moneda antigua para averiguar si es auténtica o falsificada. Después dio
+un suspiro, y guiñando los ojos para mirar a Fortunata, se expresó así:
+«¡Buena la hemos hecho, buena!...».
+
+Y ambas estuvieron calladas un rato, mirándose.
+
+--Señora--dijo de improviso la parida, como queriendo romper un secreto
+que abruma--. Yo tengo que pedir a usted perdón...
+
+--¡A mí!, perdón... ¿de qué?
+
+--De las burradas que hice, de las atrocidades que dije aquella mañana
+en su casa de usted. También a ella le pediría perdón si la viera... Me
+porté mal, lo conozco. Yo no guardo rencor a nadie... digo, no se lo
+guardo a ella, porque...
+
+¡Ay, señora, usted no sabe lo que pasa, usted no sabe que a las dos nos
+está engañando... y sé quién es la que nos le entretiene, una culebra,
+una hipocritona, que me vendía amistad...! Esto no quedará así, señora,
+no quedará así...
+
+--No me traiga usted a mí cuentos, que no me dan frío ni calor (con
+reprensión graciosa). Ahora lo que le conviene es tranquilidad; que
+tiempo hay de ajustar cuentas atrasadas...
+
+Y volvió a mirar al chico, recreándose silenciosamente en su hermosura y
+lozanía. Fortunata le bebía a ella las miradas, jactándose de adivinarle
+el pensamiento, el cual bien podía ser este: «¡Si Jacinta le viera...!».
+¿Pero cómo le había de ver? Esto sí que era imposible. «Por mí--pensaba
+la _Pitusa_--, no habría inconveniente... ¡Pero cuánto sufrirá la
+pobrecilla, si le ve! Y puede que se le antoje... Sí, para ella
+estaba... Amiga mía, tenerlos, tenerlos... Esta le irá contando cómo es;
+le dirá: 'tiene la boca así, los ojos asado, y en esto se parece a su
+padre y en lo otro a su madre. Criatura más perfecta no ha echado Dios
+al mundo'».
+
+«Cuando usted esté buena, hablaremos--indicó la santa con ánimo ya de
+retirarse--. Yo tengo una idea... No es usted sola quien tiene ideas;
+sólo que las mías no son malas, al menos no las tengo por tales. Y para
+concluir por hoy, ¿necesita usted algo? Si no puede criar, no se apure,
+le pondremos un ama a este caballerito, que me parece no habría de
+hacerle ascos. Es preciso criarle bien».
+
+--Yo puedo, yo puedo... ¡vaya!--replicó la otra contrariada--. ¿Qué cree
+usted? Soy muy fuerte. Mi hijo no lo cría nadie más que yo.
+
+--Pues alimentarse bien (recobrando su tono dulcemente autoritario). Y
+cuidado con hacerme disparates. Obedecer al médico... Nada de arrebatos
+de ira, ni devaneos. ¡Ah!, yo dudo mucho que usted sirva...
+
+Y sintiendo uno de aquellos arranques de inspiración que la embellecían
+y sublimaban, le dijo esto, ya en pie para marcharse:
+
+«Porque ha de saber usted que Dios me ha hecho tutora de este hijo...
+Sí, buena moza, no se espante ni me ponga esos ojazos. Su madre es
+usted, pero yo tengo sobre él una parte de autoridad. Dios me la ha
+dado. Si su madre le faltara, yo me encargo de darle otra, y también
+abuela. Hijo mío, has venido al mundo con bendición, porque suceda lo
+que suceda, no estarás nunca solo. Déjeme usted que le vea otra vez. No
+me harto de mirarle. Quiero llevármele metido dentro de mis ojos.
+¡Virgen del Carmen!, ¡qué lindísimo es...! Tiene a quien salir. Adiós,
+adiós».
+
+Salió acompañada de Estupiñá, diciendo al modo de rezo: «Acatemos la
+voluntad de Dios... Él sabrá por qué ha mandado acá este angelote.
+Jacinta, furiosa, dice que Dios está chocho y que no hace más que
+disparates... Pobrecilla... ¡Qué limitada inteligencia la nuestra! No
+comprendemos nada, pero nada, de lo que Él hace, y nos devanamos los
+sesos por adivinar el sentido de ciertas cosas que pasan, y mientras más
+vueltas les damos menos las entendemos. Por eso yo corto por lo sano, y
+todas mis _matemáticas_ se reducen a decir: «Cúmplase la voluntad del
+Señor».
+
+Fortunata soñó aquella noche que entraban Aurora, Guillermina y Jacinta,
+armadas de puñales y con caretas negras, y amenazándola con darle
+muerte, le quitaban a su hijo. Después era Aurora sola la que cometía el
+nefando crimen, penetrando de puntillas en la alcoba, dándole a oler un
+maldecido pañuelo empapado en menjurje de la botica, y dejándola como
+dormida, sin movimiento, pero con aptitud de apreciar lo que pasaba.
+Aurora cogía al chiquillo y se lo llevaba, sin que su madre pudiera
+impedirlo, ni siquiera gritar. Despertó acongojadísima. Se sentía mal,
+propensa a desvaríos de la mente en cuanto se aletargaba, y con
+muchísima sed. Esta llegó a ser tan fuerte, que no pudiendo despertar a
+su tía dando con los nudillos en el tabique, tuvo al fin que levantarse
+en busca de agua. Al volverse a acostar sintió bastante frío, y con
+estas alternativas de frío y calor estuvo hasta la mañana.
+
+
+
+
+--vi--
+
+
+Ballester fue temprano, y a ella le faltó tiempo para hablarle de
+la visita de Maxi y de la historia que este le había llevado. Mucho se
+incomodó el regente al enterarse de esto, y con desusada seriedad y
+calor hubo de negar lo que su amigo contara de _la Samaniega_.
+
+«Mire, compañero--dijo ella--, mientras más se amontone usted para
+negarlo, más creo yo en ello. Usted no habla nunca así; y cuando se pone
+serio, no dice más que mentiras. Lo que quiere es que yo me serene. Se
+lo agradezco; pero no puede ser. Y lo que es esa francesilla asquerosa
+no se ríe de mí».
+
+Agotó el buen amigo toda su lógica para arrancarle aquella idea, sin
+adelantar nada. «Y por fin--dijo tomando el tono festivo y maleante que
+empleara con Maxi en otra ocasión--, ¿para qué hacemos caso de lo que
+diga ese desventurado?... ¡Ay qué románticas y qué súpitas... _semos_!
+Mi amigo Rubín, con esas apariencias que ahora tiene de hombre de seso,
+está más _tocati_ que nunca. Todo lo dice al revés, y el otro día me
+sostenía que _doña Desdémona_ es una mujer hermosa. Me parece que si
+seguimos por ese camino, tendré que traerme acá la vara...».
+
+No afectaron a Fortunata estas bromas.
+
+Observábala él con atención seria, notando que una idea muy siniestra y
+tenaz la dominaba, y que no era fácil quitársela de la cabeza. Temió que
+aquel estado de ánimo influyese desfavorablemente en su salud, y para
+prevenirlo metiole miedo. «Me ha dicho Quevedo que en estos días hay que
+tener mucho cuidado con usted, y que no le permitirá levantarse hasta la
+semana que viene. Cualquier disparate que usted hiciera podría sernos
+fatal. Conque, hija mía (tomándole las manos), muchísimo cuidado. No le
+digo que lo haga por mí. ¿Qué caso hace usted de este pobre boticarín?
+Ninguno, y con razón, porque yo para usted no soy nadie... hágalo por mi
+amigo Juan Evaristo, a quien quiero ya como si fuera hijo mío, sí,
+sépalo usted, y me constituyo en su tutor; hágalo por él, y _tutti
+contenti_».
+
+Parecía convencida, y Ballester se fue con la impresión de haber
+triunfado. Tranquila estuvo toda la mañana; pero a eso del mediodía, al
+despertar de un sueño breve, se sintió tan vivamente acometida de ganas
+de salir a la calle, que no pudo sobreponerse a este ciego impulso.
+Levantose, con gran sorpresa de Encarnación, única persona que en la
+sala estaba, se peinó a la ligera y se puso su falda de merino oscuro,
+pañuelo de crespón negro, otro de color a la cabeza, mitones colorados,
+sus botas de caña clara, y... Pero antes de salir dedicó un gran rato a
+su hijo, que habiendo despertado cuando la mamá se vestía, parecía
+declarar con sus chillidos que le cargaba la salidita. Le convenció ella
+dándole todo lo que quiso o lo que había, y el angelito se quedó dormido
+en su cuna de mimbres. «Mira--dijo a Encarnación su ama--; yo voy a
+salir. No estaré fuera sino poco tiempo, porque tomaré un coche, y haré
+la diligencia en media hora. Tú no te separas de aquí, y si despierta el
+niño, le arrullas y le meces, diciéndole que yo vendré en seguidita...
+Cuidado cómo te separas de él. Oye; mientras yo esté fuera, no abres a
+nadie... Mejor será otra cosa; yo cierro dando las dos vueltas y me
+llevo la llave. Si viene Segunda, que espere en la escalera». Dio muchos
+besos a su hijo, de quien por primera vez en aquella ocasión se
+separaba, y salió, cerrando la puerta y llevándose la llave. «No sea
+cosa que alguien venga y... No, no me le quitarán; pero se han dado
+casos. Este ángel mío, veo que tiene muchos golosos. Y sobre todo esa
+envidiosona de Jacinta es la que más miedo me da. De la pelusa que tiene
+le van a salir más canas, y se va a poner como un alambre de flaca.
+¿Pero qué remedio tiene sino conformarse...? Bastante he penado yo...
+que pene ahora ella. ¡Ah!, siento pasos. Francamente, no quisiera que me
+viera nadie, porque empezarán a decir que si salgo o no salgo, y no me
+gustan _refirencias_.
+
+Me parece que es D. Plácido el que sube. Me guardaré un poquito hasta
+que entre en su casa... Ya llega, abre su puerta. Ahora me escabullo, y
+Dios me acompañe. Debiera llevar algo que duela... ¡Ah!, la llave. Es
+mejor que la mano del almirez. Con esto y las uñas... yo le juro
+que...».
+
+Tomó un coche y apenas entró en él se sintió tan mareada, a causa del
+movimiento y de su propia debilidad, que hubo de cerrar los ojos e
+inclinar la cabeza para no ver las casas volteando en torno suyo. «Debí
+haber tomado un caldito antes de salir... Pero a buena hora me acuerdo.
+En fin, esto pasará». Pasó ciertamente, y lo primero que hizo al
+reponerse fue variar la orden que había dado al simón. Habíale dicho
+_Ave María, 18_; pero tuvo una idea, y dijo _Cabeza, 10_, sacando la
+suya por la ventanilla, alargando el brazo y tocando con la llave que en
+la mano llevaba, al modo de un arma, el brazo del cochero. En la casa
+últimamente designada estuvo como una media hora, y cuando bajó a tomar
+de nuevo el carruaje, su cara pálida tenía transparencias de cera, los
+labios no tenían color... «¿A dónde vamos, señora?» le preguntó el
+cochero, viendo que pasaba tiempo sin que diera ninguna orden. «Subida a
+Santa Cruz, esquina a la calle de Vicario Viejo». Y dicho esto, y al
+rodar de la berlina, daba vueltas a este pensamiento: «Claro; lo que yo
+dije. La Visitación a mí no me lo había de ocultar. ¡Y luego dice el
+tonto de Ballester que mi marido está loco! Más razón tiene y más
+talento que todos los cuerdos juntos... No se ha equivocado ni en tanto
+así. Veinte duros le he dado a la Visitación por la cantinela... Claro;
+a mí no me lo había de negar...». Y partiendo de esta idea, volvía a la
+misma cien y cien veces, describiendo el doloroso círculo.
+
+Apeose en la subida a Santa Cruz, y subió al obrador de Samaniego,
+entrando por el portal, que estaba en la calle de Vicario Viejo. Iba tan
+decidida, que no tuvo ni la más ligera vacilación. La puerta del
+entresuelo tenía mampara de hule, que al abrirse hacía sonar un timbre.
+Fortunata había estado allí en los días que precedieron a la
+inauguración de la tienda, y recordaba perfectamente todo. No había que
+llamar, sino que se empujaba la mampara, sonaba un _plin_ muy fuerte, y
+ya estaba uno dentro. Así lo hizo aquel día, y apenas recorrió el corto
+pasillo que a la estancia principal conducía, encarose con Aurora que en
+aquel momento iba desde el centro, donde estaba la mesa, hacia una de
+las ventanas, llevando telas en la mano. Alrededor de la mesa vio
+Fortunata como unas seis o siete oficialas, cosiendo, y en un sofá,
+junto a la ventana apaisada que daba a la calle, estaban dos señoras,
+examinando a la luz encajes y telas.
+
+«Buenos días» dijo la Rubín, deteniéndose un instante y recorriendo con
+mirada fugaz todas las caras que delante tenía. Aurora, al verla, se
+quedó tan inmutada, que no supo ni qué decir ni qué cara poner. «¡Ah!...
+tú, Fortunata... ¡Cuánto tiempo...!». De improviso tomó un tonillo de
+sequedad. «Dispensa... Estoy ocupada. Si quisieras volver a otra
+hora...». Pero al instante cambió de registro. «¡Qué cara te vendes!
+¿Has estado mala?».
+
+--Y tú, ¿cómo estás?... siempre tan famosa...--le dijo Fortunata
+acercándose y poniendo una cara fingidamente amable; pero en la cual no
+era difícil ver la cruel suavidad con que algunas fieras lamen a la
+víctima antes de devorarla.
+
+--Y tú, ¿dónde te metes?--balbució Aurora muy cortada, sin saber para
+dónde volverse.
+
+Por fin se dirigió a las señoras que allí estaban; pero no supo qué
+decirles. Fortunata se le puso delante cuando volvía hacia la mesa
+central. «Tenía que hablar contigo... Como no se te ve... ¡Ay, qué
+amigas estas, se muere una sin que le digan nada!».
+
+Algo se tranquilizaba Aurora con este lenguaje, y sonriendo contestó:
+«Hija, con tantas ocupaciones, no tiene una tiempo para visitas. Pensé
+ir a verte... Pero siéntate».
+
+--Estoy bien así... Pronto despacho.
+
+Aurora se acercó otra vez a las señoras, y al volverse, su amiga le
+tocó un brazo. «Tenía que hablarte dos palabras... una cosita que te
+quería decir. Me estaba muriendo por verte. ¡Ingrata! ¡Sabiendo el gusto
+que me da tu compañía...!».
+
+--Tienes razón--dijo la otra volviendo a inquietarse, porque en la cara
+de su amiga advirtió algo que la puso en cuidado--. Todos los días
+pensaba ir...
+
+--Sabiendo que te quiero tanto...--Y yo a ti... ¿Pero por qué no te
+sientas?
+
+--No... Me voy en seguida. No he venido más que a traerte una cosa...
+
+--A traerme una cosa... ¡a mí!
+
+--Sí, verás. Y diciendo _verás_, hizo con el brazo derecho un raudo y
+enérgico movimiento, y le descargó tan de lleno la mano sobre la cara,
+que la otra no pudo resistir el impulso, y dando un grito, se cayó al
+suelo. Fortunata dijo: «¡Toma, indecente, púa, ladrona!».
+
+Bofetada más sonora y tremenda no se ha dado nunca. Todas las ofícialas
+corrieron espantadas al auxilio de su jefe; pero por pronto que
+acudieron, no fue posible impedir que Fortunata, empuñando su llave con
+la mano derecha, le descargase a la otra un martillazo en la frente; y
+después, con indecible rapidez y coraje, le echó ambas manos al moño y
+tiró con toda su fuerza. Los chillidos de Aurora se oían desde la
+calle. Las dos señoras aquellas salieron a la escalera pidiendo socorro.
+Gracias que las oficialas sujetaron a la fiera en el momento en que
+clavaba sus garras en el pelo de la víctima, que si no, allí da cuenta
+de ella. Sujetada por tantas manos, Fortunata hizo esfuerzos por
+desasirse y seguir la gresca; pero al fin el número, que no el valor,
+venció su increíble pujanza. A una de las modistillas la tiró patas
+arriba de una manotada; a otra le puso un ojo como un tomate. Dando
+resoplidos, lívida y sudorosa, los ojos despidiendo llamas, Fortunata
+continuaba con su lengua la trágica obra que sus manos no podían
+realizar. «Eso para que vuelvas, so tunanta, a meter tus dedos en el
+plato ajeno... Embustera, timadora, comedianta, que eres capaz de
+engañar al Verbo Divino. ¡Lástima de agua del bautismo la que te
+echaron! Tramposa, chalana... Te pateo la cara aunque me deshonre las
+suelas de las botas».
+
+Y tal esfuerzo hizo por desasirse, que a punto estuvo de lograrlo. Dos
+de ellas habían acudido a levantar a Aurora, que continuaba dando gritos
+de dolor. Si no se presentan Pepe Samaniego y un dependiente, sabe Dios
+la que se arma allí.
+
+«¿Qué es esto? ¿Qué ha pasado aquí? ¿Quién es usted? ¿Qué busca usted?».
+
+--¡Quién soy!...--gritó Fortunata con desesperación--. Una persona
+decente...
+
+--Sí, ya se conoce... Aurora, ¡por Dios!... ¿Qué es esto?
+
+--Una persona decente, que he venido a ajustarle la cuenta a este
+serpentón que tiene usted en su casa. Y también es calumniadora.
+
+--Cállese usted y váyase muy enhoramala... ¿Pero qué es esto, Aurora?...
+¡Jesús!, sangre en la cabeza. Una herida... Oiga usted, mujerzuela,
+ahora mismo va usted a la cárcel... ¡Eh!, llamar a una pareja.
+
+La Fenelón estaba como desmayada, y sus alumnas le desabrocharon el
+vestido para aflojarle el corsé.
+
+--Quien va a ir a la cárcel es esa--chilló la agresora, frenética,
+revertida otra vez bruscamente a las condiciones de su origen, mujer del
+pueblo, con toda la pasión y la grosería que el trato social había
+disimulado en ella--. Yo no he faltado... A mí sí que me han faltado...
+Esa bribona me ha engañado, nos ha engañado a las dos, porque somos dos
+las agraviadas, dos, y usted debe saberlo... _Aquella_ es un ángel, yo
+otro ángel, digo, yo no... Pero hemos tenido un hijo; _el hijo de la
+casa_, y esta es una entrometida, fea, tiñosa y sin vergüenza que me la
+tiene que pagar, me la tiene que pagar.
+
+--¡Si no se calla usted...!--dijo Samaniego, llegándose a ella con
+ademán amenazador--. Vamos, que por ser usted mujer, no le sacudo el
+polvo ahora mismo.
+
+--¿Usted a mí?... falta que pueda. Más le valdrá a usted no permitir las
+indecencias que hace esta...
+
+--Le digo a usted que si no se calla... No me puedo contener... ¡Eh!,
+llamar a una pareja.
+
+La escena tomó aún peor carácter con la aparición de doña Casta, que
+hubo de llegar a la tienda en aquel instante, y enterada de la zaragata,
+subió renqueando, y entró en el teatro del dramático suceso, dando
+gritos. «¡Hija de mi alma!... ¡Pero qué!... ¡la han matado!...
+¡Sangre!... ¡Ay, Dios mío! ¡Aurora... Aurora...! ¿Pero quién ha sido?...
+¡Ah!, esa mujer...».
+
+--Sí, yo, yo he sido--le dijo Fortunata desde el rincón donde la tenían
+acorralada--. Mejor cuenta le tendría a usted, so bruja, no ser tapadera
+de las tunanterías de su niña...
+
+Doña Casta, acudiendo a su hija, no se hacía cargo de las flores que la
+otra le echaba. Aurora volvió en sí exhalando gemidos. «No es nada, tía
+--dijo Samaniego--. No se asuste usted... Una leve contusión, y el susto
+correspondiente... ¿Pero no se calla esa salvaje?... A la prevención, a
+la prevención...».
+
+--Dejarla; que se vaya...--murmuró Aurora con los ojos cerrados.
+
+--A la cárcel--gritaba ronca doña Casta.
+
+--No, a la cárcel no--dijo la víctima, haciendo gala de
+generosidad...--dejarla, dejarla... Pepe, no le hagas nada.
+
+--No; si yo no le pego... Allá se entenderá con el juez.
+
+--No, juez no, juez no--decía la de Fenelón muy apurada--. La perdono.
+Dejarla; que se vaya, que se vaya pronto; que yo no la vea.
+
+Fortunata, implacable, no se quería callar, y entre los que rodeaban a
+la víctima se dividieron los pareceres respecto a lo que se debía hacer
+con la agresora. Subió más gente, y el obrador, con tanto vocear y las
+pisadas de los que entraban y salían, parecía un infierno.
+
+
+
+
+--vii--
+
+
+La primera que llegó a la casa de la Cava, durante la ausencia de
+la _Pitusa_, fue Guillermina. Después de llamar dos veces, la voz de
+Encarnación le respondió al través de los agujeros de la chapa: «La
+señorita ha salido. Me ha dejado encerrada».
+
+--¡Ha salido!... ¡Dios nos asista!... ¿Pero es eso verdad, o es que no
+quiere recibirme?
+
+--No, señora, no está. Dijo que volvería pronto. Echó la llave con dos
+vueltas.
+
+--¿Y el niño?--Sigue tan dormidito.--Esperaré un rato--dijo la santa
+dando un suspiro; y cansada de estar en pie, se sentó en el más alto
+escalón del tramo. Parecía una pobre que espera se abra la puerta para
+pedir limosna--¿Pero dónde habrá ido esa loca?... Lo que yo digo: a
+esta no la sujeta nadie. No va a poder criar a su hijo. Tiene a lo mejor
+algunas corazonadas felices; pero cuando menos se piensa la pega... El
+mejor día abandona a su niño o lo mete en la Inclusa... No, eso sí que
+no se lo consentimos. Si el pobrecito tiene una madre descastada, no le
+faltará quien mire por él.
+
+Cuando esto pensaba, sintió subir a otra persona. Era Ballester, quien
+al verla, se quedó algo cortado. «¿Viene usted a esta casa?--le dijo la
+dama--. Pues tómelo con paciencia, que el pájaro voló. La señora esa se
+ha ido a la calle. Dentro están el chico y la criada; pero como se llevó
+la llave, no podemos entrar. Aguante usted el plantón, como yo, si no
+tiene prisa, que ya no puede tardar».
+
+--¡Pero si le habíamos prohibido que saliera! (asustadísimo y
+disgustado). Anoche, según me dijo D. Francisco de Quevedo, estaba algo
+excitada. Por eso yo venía a ver... ¡Qué disparates hace!
+
+--¡Ya lo creo que es disparate! ¿Y usted no sospecha dónde podrá estar?
+
+--Yo... nada. En fin, esperaremos. Sentose el regente dos escalones más
+abajo, y la santa guiñó los ojos para mirarle. Como no se paraba en
+barras cuando creía necesario interrogar a alguna persona, de buenas a
+primeras acometió a Ballester en esta forma: «Dígame usted, caballero,
+y dispense la confianza. ¿Es usted la persona que ahora... tiene más
+ascendiente con esta mujer?».
+
+--Yo, señora... ascendiente no creo tenerlo... La conozco hace poco
+tiempo. Soy su amigo; me intereso algo por ella.
+
+--No trato yo de que usted me diga qué clase de amistad es esa...
+
+--Las relaciones más puras... ¿Qué, no lo cree usted?
+
+--Sí, yo creo todo. Precisamente, tengo mucha fe (riendo con gracia);
+pero no se trata ahora de esto. ¿A mí qué me importa? Lo que quiero
+decir es que si usted tiene algún influjo sobre ella, debe aconsejarle
+que... Porque el día mejor pensado, esta mujer vuelve a las andadas, y
+se cansará de criar a su niñito. Lo mejor sería que le pusiera un ama,
+entregándoselo a personas que le habrían de cuidar mejor que ella.
+Aconséjele usted esto.
+
+--Yo... que quiere usted que le diga... creo que no le abandonará. Está
+muy entusiasmada con él.
+
+--Sí; buen entusiasmo nos dé Dios. ¡Mire usted que esta...! ¡Marcharse a
+paseo!, qué ganas de calle tenía. Ni sé cómo el angelito aguanta tanto
+tiempo sin mamar...
+
+No había acabado de decirlo, cuando oyeron los chillidos del pobre niño.
+No pudiendo contenerse, Guillermina se levantó y fue hacia la chapa
+agujereada, y por allí echó estas vehementes expresiones: «¡Hijo mío,
+esa loca que no viene!... tienes razón... ¡bribona! Aguárdate un
+poquitín, un poquitín». Llamó para que viniese a la puerta la chiquilla,
+y le dijo: «Oye, niña, a ver cómo le entretienes un momentito, que tu
+ama no puede tardar. Mécele en su cunita, cántale algo, sosona».
+
+Y volviendo al peldaño, charló con su compañero de plantón: «¡Qué alma
+de mujer...! ¡Ay!, tengo el genio tan vivo, que rompería la puerta,
+cogería al niño y le llevaría a que le dieran de mamar... ¿Es usted
+médico?».
+
+--No, señora; soy farmacéutico.
+
+Se calló porque sintieron pasos, ya muy cerca, como de una persona que
+subía con cautela, y miraron a la meseta intermedia, esperando a que el
+que subía diese la vuelta. La aparición de aquella persona les dejó a
+ambos muy sorprendidos. Era Maximiliano, quien al ver a doña Guillermina
+y a Segismundo sentados en la escalera, hizo el siguiente razonamiento:
+«Dos personas que esperan y que se sientan cansadas. Luego, hace tiempo
+que esperan, y la casa está cerrada».
+
+Un rato estuvo inmóvil sin saber si seguir subiendo o volverse para
+abajo. El regente se reía y Guillermina le miraba con gracejo.
+
+«Nada--le dijo esta--, que tiene usted que esperar también. ¿Tiene usted
+llave?».
+
+--¿Llave yo?--La del campo--indicó Ballester con mal humor, discurriendo
+que maldita la falta que hacía Maxi allí--. Más vale que se vaya usted,
+amigo Rubín, y vuelva, porque esto va largo.
+
+--Esperaré yo también--contestó el otro sentándose debajo de Ballester.
+
+Y volvieron a oírse los desesperados gritos del _Pituso_, y Guillermina
+no disimulaba su impaciencia y zozobra. «Ya se ve, la pobre criatura
+tiene ganita... ¡Cuidado que levantarse antes de tiempo y plantarse en
+la calle...! Le digo a usted que le pegaría...».
+
+Maximiliano callaba, no quitándole los ojos a la santa, a quien nunca
+había visto tan de cerca.
+
+--Pues estamos lucidos--añadió ella--. Ya somos tres. Y esto va picando
+en historia. Siento pasos. Si será al fin esa veleta...
+
+Los pasos no parecían de mujer. ¿Quién sería? Miraron los tres, y
+apareció José Izquierdo, quien al ver a doña Guillermina, se sobresaltó
+extraordinariamente y miró para abajo, como si se quisiera tirar de
+cabeza. Habría él dado cualquier cosa por tener dónde meterse. La santa
+se reía en sus barbas, y por fin le dijo: «No me tenga usted miedo,
+señor de _Platón_... ¿Por qué está usted tan asustado? No me como la
+gente. Si somos amigos usted y yo...».
+
+--Señora--dijo el _modelo_ con un gruñido--, cuando el endivido tiene
+necesidad, no pue ser caballero y hace cualquiera cosa.
+
+--Sí, hombre, ya lo sé; y aquel gran timo que usted nos dio está
+olvidado... ¡Pues si viera usted qué guapo está el _Pituso_!
+
+--¿De veras? ¡Ay!, ¡probe piojín de mis entrañas!
+
+--Sí; se cría perfectamente. Y es tan listo y tan travieso que tiene
+alborotado todo el asilo.
+
+--¡Ay!, cómo se le conoce la santísima sangre de su madre, que revolvía
+medio mundo. Si tenía aquel chico un talento macho... vamos que...
+
+--Ahora está usted como quiere, Sr. de _Platón_, según he oído, ganando
+unos grandes dinerales con la pintura.
+
+--Defendemos el santo garbanzo, señora...
+
+--Yo me alegro por diferentes motivos, pues estando usted tan en grande
+no se le ocurrirá engañar a la gente.
+
+Izquierdo se rascaba una oreja, y la habría dado porque la santa mudara
+de conversación.
+
+--Si la señora quiere, no miremos pa tras.
+
+--Si esto no es mirar _pa tras_... Vamos, que ahora, si usted estuviera
+mal de fondos, bien podría intentar otro negocio como aquel... y no con
+moneda falsa, sino con legítima.
+
+Ballester se reía y Maximiliano estaba muy serio, lo que reparó la
+fundadora, apresurándose a decir: «Si no fuera por estas bromas, ¿cómo
+pasaríamos el horrible plantón? Yo me consumo cuando tengo que esperar,
+y cuando espero estúpidamente por la tontería de una persona, pierdo la
+paciencia en absoluto...».
+
+Volvió a oírse la quejumbrosa cantinela de Juan Evaristo, y Guillermina
+tiró de la campanilla para decir a la criada: «Mujer, entretenle; dile
+cositas. Pareces tonta... ¡Hijo mío, ya viene, ya viene!... Verás qué
+soba le doy cuando entre, por tenerte así tan solito, muertecito de
+hambre... Señores (volviendo al escalón), ustedes me han de dispensar, y
+si alguno se cansa, no esté aquí por hacerme compañía. Algo debe de
+haberle pasado a esa mujer, cuando tarda tanto. Propongo que se nombre
+una comisión, que vaya a hacer un reconocimiento a la calle y averigüe
+dónde puede estar». Al decir esto, miraba a Maxi, dando a entender que
+fuera él de la citada comisión. El joven no hizo ademán alguno que
+indicara intención de moverse, y en la misma actitud perezosa en que
+estaba, mirando de soslayo a sus compañeros de plantón, dijo así: «Hace
+como unos cinco cuartos de hora iba en un coche por la calle de
+Atocha... Entró por la calle de Cañizares... Hace como unos tres cuartos
+de hora, vi el mismo coche atravesar la plaza de Santa Cruz hacia la
+calle de Esparteros...».
+
+Ballester y Guillermina se miraron alarmados. «Pues propongo--repitió
+ella--, que vaya una comisión a la calle de Esparteros...
+
+¿Y no vio usted si el coche se detuvo en alguna parte?».
+
+--No, señora... Yo creí que el coche venía hacia acá, pues aunque el
+camino más directo desde la calle de Atocha es Plaza Mayor, Ciudad
+Rodrigo y Cava, como en la entrada de la Plaza, por Atocha, están
+adoquinando y no se puede pasar, dije yo: «Es que el cochero va a tomar
+la calle Mayor». Pero por lo visto no ha venido aquí. Luego, ha ido a
+otra parte. Quizás haya ido a visitar a alguna amiga: Aurora, por
+ejemplo...
+
+Ballester y la santa volvieron a mirarse con inquietud. «Lo que este
+chico dice--indicó el farmacéutico, comunicando a la dama sus temores--,
+me parece tan lógico, que casi casi me inclino a tenerlo por cierto».
+
+Oyéronse pasos otra vez; pero eran muy pesados y los acompañaba un
+carraspeo y resoplido de persona madura, por lo que nadie creyó fuera
+Fortunata la que llegaba. «Es Sigunda», dijo izquierdo antes de verla, y
+no se equivocó. La placera se puso en jarras al ver la escalonada
+tertulia que allí había, y cuando apreció quién estaba sentada en el
+lugar más alto, abrió medio palmo de boca, expresando su admiración de
+esta manera: «¡Bendito Dios! ¡El ama de la casa sentadita en la
+escalera, como una pobre que está esperando las sobras de la comida!
+Pero qué, ¿no está esa diabla?
+
+¡Se ha escapado a la calle! Me lo temía. ¡Qué cabeza! ¡Si estaba ella
+anoche muy encalabrinada...! Pero señora, ¿por qué no pasa a casa de D.
+Plácido? Allí habrá sillas, al menos, y podrán la señora y los señores
+sentarse a gusto...».
+
+--Hágame el favor de llamar en el tercero y ver si está Plácido. Tengo
+la seguridad de que él la encuentra.
+
+Segunda llamó, y Plácido no estaba.
+
+«¿Quiere la señora que vaya a buscarla?... ¿Pero adónde?».
+
+--Yo iré--dijo Ballester, que no podía desechar la idea de que en el
+obrador de Samaniego darían razón de la fugitiva. Pero aún hablaba con
+Guillermina en secreto, cuando Segunda, que había bajado en busca de una
+llave o ganzúa con que abrir la puerta, gritó desde el principal: «Ya
+está aquí, ya está aquí».
+
+--¡Ah!, ¡gracias a Dios...!--exclamó Guillermina sin intención de doble
+sentido--. Ya pareció la perdida. Veremos lo que trae.
+
+--Una de dos--dijo Ballester suspirando--: o trae la cara arañada, o
+trae sangre o quizás piel humana en las uñas.
+
+--Es mucha mujer esta... Todos se levantaron menos Maximiliano, que
+continuó echado apáticamente hasta que vio a su mujer. Esta subía
+jadeante, sofocadísima, limpiándose con un pañuelo el sudor de la cara,
+y levantándose las faldas para no pisárselas. En la mano traía la llave
+de la casa. «¿Qué, he tardado?... Si no he tardado nada. Despaché en
+seguida... ¡Ah!, doña Guillermina también aquí. Hija, yo creí
+desocuparme más pronto... Y mi rey tiene hambre... ya le oigo llorar...
+Voy, voy, hijo de mis entrañas... ¡Ay!, creí que no me dejaban venir. Si
+me llevan a la cárcel, no sé... pobrecito mío».
+
+--Abra usted, abra pronto...--le dijo Guillermina empujándola--,
+callejera, cabra montés. Está visto; no sirve usted para madre... ¡Ángel
+de Dios!, hace dos horas que está rabiando... Si usted no se enmienda,
+tendremos que mirar por él.
+
+
+
+
+--viii--
+
+
+Abrió y entraron todos atropelladamente; Fortunata delante,
+Guillermina agarrada a ella, y detrás Ballester, Maxi, Izquierdo y
+Segunda. La madre corrió derecha a la alcoba, donde estaba el pequeño en
+su cuna, dando unos gritos que enternecerían al caballo de bronce de
+Felipe III. «Aquí estoy, rico mío, aquí está tu esclava... Ven, ven,
+cielo de mi vida; toma la tetita, toma... ¡Ay qué hambre tan grande!...
+¡Cuánto ha llorado mi ángel!... Yo desatinada por venir. ¡Qué contento
+se pone mi niño!... Ya no llora más, ¿verdad? Ya no más...».
+
+Sin quitarse el mantón, había cogido al chiquillo, disponiéndose a
+aplacar su gran necesidad. Se sentó en la cama, para dejar a Guillermina
+la única silla que en la alcoba había. La santa no atendía más que al
+pequeñuelo, observando si la ansiedad con que mamaba iba acompañada de
+satisfacción: «Me temo que con esos arrebatos se quede usted sin leche».
+
+--¡Quia!, no señora... Vea usted, la tengo de sobra. Al contrario, creo
+que si no me desahogo, me quedo seca. Estaba yo anoche, que no cabía en
+mí. Me era tan preciso vengarme como el respirar y el comer. Pues verá
+usted... después de darle una bofetada que debió de oírse en Tetuán, le
+pegué un achuchón con la llave, y la descalabré... después metí mano a
+las greñas...
+
+--Cállese usted por Dios, que me da horror de oírla.
+
+--Me querían llevar a la cárcel, y estuvieron cerca de una hora si me
+llevan o no me llevan. Fueron los policías, y yo dije que estaba
+criando. Total, que por fin me soltaron, y aquí me vine corriendo. ¡Si
+no hay como ser así para que la respeten a una! Si no están allí las
+condenadas modistas, me paseo por encima de su corpacho como por esa
+sala. Porque mire usted que es remala; ¡engañar a dos, a dos, señora, a
+mí y a la otra, que es un ángel, según dice todo el mundo! Dígale usted
+que su cuenta con _la Samaniega_ está ajustada.
+
+--Me parece que está usted muy trastornada... Cállese, cállese y atienda
+a su hijo...
+
+--Ya atiendo, señora, ya atiendo. ¿Pues no me ve?... Hijo, gloria de tu
+madre, emperador del mundo... ¡Ay!, crea usted que si aquellos perros
+guindillas no me dejan venir a dar de mamar a mi hijo, no sé lo que me
+pasa... El mismo Samaniego fue quien me soltó, diciendo: «Que se vaya
+noramala». Pues sí, señora, estoy contenta. Y crea usted que no me
+alegro por interés... ¿Para qué quiero yo el dinero? Para nada. Me
+alegro por tener _el hijo de la casa_, y esto no me lo quita nadie. Ni
+con latines ni sin latines me lo quitan. ¿Verdad, señora? Usted está
+ahora de mi parte. Y _ella_ también está ahora de mi parte, ¿verdad?
+
+--Cuando digo que usted no tiene la cabeza buena (bastante alarmada).
+Cállese la boca. Tengamos formalidad (dándole palmadas en el hombro),
+porque si no le cría bien, le pondremos ama; y en último caso, hasta le
+recogeremos para tenerlo con nosotras.
+
+--¡Quia!... no señora... Yo no lo suelto (con gran excitación y
+desbordamientos de alegría). ¡Estoy tan contenta!... Usted me va a
+querer, señora ¿verdad? ¿Me querrá usted? Porque yo necesito que alguien
+me quiera de firme. Verá usted qué bien me voy a portar ahora.
+¿Hombres?, ni mirarlos. No quiero cuentas con ninguno. Mi hijito y nada
+más.
+
+--Sí... quien te conozca que te compre.
+
+--¡Ah!, usted no me conoce, señora... ¿Cree que...? Ja, ja, ja... Mi
+hijito, y aquí paz... Verá usted; nos haremos cargo de que es hijo de
+las tres, y tendrá tres madres en vez de una...
+
+A la santa le hizo gracia aquella extraña idea.
+
+«Mire usted; después que Dios me ha dado al _hijo de la casa_, no le
+guardo rencor a la otra... Porque yo soy tanto como ella por lo menos...
+Como no sea más. Pero pongamos que soy lo mismo. No le guardo rencor, y
+como me apuren mucho, hasta le tomaré cariño... Tres mamás va a tener
+este rico, esta gloria: yo, que soy la mamá primera; ella la mamá
+segunda, y usted la mamá tercera».
+
+«¡Pero, hija, qué alborotada está usted, y qué disparates dice!
+(tomándole el pulso y examinando con alarma el brillo de sus ojos).
+Extraño mucho que el pobre Juanín encuentre qué sacar de ese pecho...».
+
+Las demás personas que en la casa entraron estaban en la sala, sin
+atreverse a pasar mientras durase aquel animado coloquio de la diabla y
+la santa, cuyo lejano run run oían. Guillermina pasó a la salita en
+busca de Ballester, que estaba muy cariacontecido junto a los cristales
+de la ventana, mirando a la plaza, y le dijo: «Está esa mujer
+excitadísima, y me temo que se seque... ¿Hay aquí antiespasmódica?».
+
+--Sí, sí, la preparé yo con muchísimo esmero; pero traeré más esta
+noche. ¿Dice usted que está excitadísima?
+
+--Pero atroz... Cabeza trastornada; dice mil despropósitos. Entre usted.
+
+Cuando Ballester le propuso que tomara la medicina, replicó la joven:
+«Lo que quiero es agua. Tengo una sed horrible... la boca seca». Bebió
+con ansia, y entre tanto, la fundadora llevaba aparte a Ballester y le
+decía:
+
+--Oiga usted. Y su marido, ese pobre hombre, ¿qué viene a buscar aquí?
+¿Qué hace, qué dice, cómo ha tomado esto?
+
+--Señora--replicó el regente fluctuando entre la seriedad y la risa--.
+¿Usted no lo entiende?... pues yo tampoco. Su natural es tímido. Por
+eso, cuando veo que rompe a hablar con personas que no son de confianza,
+me escamo mucho. De algún tiempo acá todo cuanto ese chico habla es tan
+atinado, que podrían tenerlo por suyo los siete sabios de Grecia.
+
+--¿Pero no está...?--preguntó la dama llevándose a la sien su dedo
+índice.
+
+--A saber... Él fue quien le trajo el cuento de lo del tal con la cual,
+quiero decir, con la _Fenelona_. Yo no me fío de la cordura de este
+caballerito, y siempre que le cojo a mano le registro, a ver si trae
+algún arma. No me gusta nada verle aquí.
+
+Rubín e Izquierdo estaban sentados en el sofá de la sala, ambos
+silenciosos, Fortunata llamó a Ballester y a _Platón_ para contarles lo
+que había hecho, y en tanto Guillermina se fue a sentar junto a
+Maximiliano, insinuándose con él por medio de una sonrisa de benignidad.
+Quiso la dama hablarle, y no pudo decir una palabra, pues con todo su
+talento y práctica del mundo no acertaba con la clave de las ideas que
+ante aquel hombre, dada la situación de él, debía desarrollar. ¿Qué le
+diría? ¡Este sí que era problema! ¿Qué tono tomaría? ¿Era cuerdo el tal
+o no? Porque si había dificultades considerándole demente, tratándole
+como sano las dificultades eran tales que rayaban en lo imposible. ¿Le
+hablaría del niño?... Jesús qué disparate. ¿Le diría que su mujer era
+una joya? ¡Qué barbaridad! ¿Acometería el estado real de las cosas? Ni
+pensarlo. ¿Lo tomaría por el lado religioso y de la resignación?
+Tampoco. ¿Por el lado mundano? Quia... Nunca se había visto la buena
+señora enfrente de un problema de ciencia social tan enrevesado y
+temeroso. Aquel enigma superaba a cuantos enigmas había visto ella en su
+vida infatigable.
+
+«Vamos--pensó la fundadora--, ¿a que tirando por la calle de en medio
+salgo bien? Es lo mejor, y este sistema siempre me ha dado resultados.
+Oiga usted, caballerito...».
+
+--Señora... Y aquí se atascó el diálogo, porque la santa no se atrevía
+a pasar adelante. Pero quiso Dios que la misma esfinge le abriese camino
+diciéndole: «Yo conocía a usted de vista y de fama; pero nunca había
+tenido el gusto de hablarle... Es usted una santa, y cuando se muera, la
+canonizaremos y la pondremos en los altares».
+
+--Gracias; es favor--replicó ella con gracejo--. Y a mí me parece que el
+santo es usted.
+
+--Yo... (sin maravillarse mucho de la lisonja). Pero de mí a usted hay
+una gran diferencia. Cierto que yo he ganado algunas batallitas contra
+mis pasiones; pero no he llegado, ni con mucho, al grado de perfección
+que usted. Disto bastante todavía. Si con padecer se llegara, ya
+estaríamos en el pináculo, porque yo he padecido mucho, señora. Usted se
+pasmará de la serenidad que nota en mí. Todos se pasman, y no es para
+menos. Porque aquí donde usted me ve, he estado loco, loco perdido...
+
+--Lo sé, lo sé... ¡Ay, qué dolor!
+
+--Y he ido pasando por este y el otro grado. Primero tuve el delirio
+persecutorio, después el delirio de grandezas... Inventé religiones; me
+creí jefe de una secta que había de transformar el mundo. Padecí también
+furor de homicidio, y por poco mato a mi tía y a Papitos. Siguieron
+luego depresiones horribles, ganas de morirme, manía religiosa, ansias
+de anacoreta, y el delirio de la abnegación y el desprendimiento...
+
+Pero Dios quiso curarme, y poco a poco aquellos estados fueron pasando,
+y la razón, que estaba muerta, empezó a nacer, primero chiquitita, y
+después creció tanto, tanto, que se me hizo un cerebro nuevo, y fui otro
+hombre, señora. Y me encontré entonces con la novedad de un gran
+talento, perdóneme usted la inmodestia, con una gran aptitud para juzgar
+de todas las cosas...
+
+Guillermina estaba pasmada y no se le ocurría nada que oponer a aquellas
+razones. Expresábase él con admirable serenidad y con fácil y aun
+ingeniosa palabra, sin atropellarse ni vacilar un instante, las
+facciones reposadas, todo cortesía y aplomo.
+
+«Y cuando volví a la vida, porque volver a la vida fue aquello,
+encontreme como el que sube a un monte muy alto, muy alto, y ve todas
+las cosas de golpe, reducidas a mínimo tamaño. 'Aquello--decía yo--que
+me pareció tan grande, vedlo allá tan chiquitín'. Híceme cargo de todo
+lo que había pasado durante mi enfermedad, que más bien me parecía
+sueño, y vi la infidelidad de esa desgraciada, vi también que tenía una
+cría, y la claridad de aquella razón nueva y robusta que yo había
+echado, me hizo ver un caso de aplicación de la justicia, y consideré
+que era de mi deber contribuir a la extirpación del mal en la humanidad,
+matando a esa infeliz, con lo cual la redimía, porque yo he dicho
+siempre: 'Bienaventurados los que van al patíbulo, porque ellos en su
+suplicio se arrepienten, y arrepintiéndose se salvan'».
+
+Guillermina iba a contestar algo a esto; pero el otro no la dejaba meter
+baza.
+
+«Aguárdese usted un poquito, que falta la segunda parte. Pensaba yo cómo
+realizaría aquel acto de justicia, cuando la casualidad, mejor será
+decir la Providencia, me deparó una solución mejor y más cristiana que
+la muerte. Esta pobre mujer no necesitaba de mi justicia. Dios mismo
+había dispuesto su castigo y una lección tremenda. ¿Qué debía yo hacer?
+Dejar que hiriera la lección. La infidelidad castiga la infidelidad.
+¿Hay nada más lógico que esto? Yo debía, pues, dejar que obrase la
+lógica. Di gracias a Dios por aquella luz que hizo venir a mí. Dios es
+el único que castiga, ¿verdad, señora? ¡Y qué bien que lo sabe hacer! ¿A
+qué usurparle sus funciones? Dios, realizando la justicia por medio de
+los sucesos, lógicamente, es el espectáculo más admirable que pueden
+ofrecer el mundo y la historia. Así es que yo me lavo las manos, y dejo
+que la lección natural se produzca y la justicia se cumpla. ¿Es esto ser
+razonable? ¿Es esto ser cuerdo...?».
+
+Hizo la pregunta cruzándose de brazos, y Guillermina después de vacilar,
+le dijo: «Vaya si lo es. Y Cristo nos enseña que no debemos tomarnos la
+justicia por nuestra mano, pues Dios castiga sin palo ni piedra, y Él
+da a cada criatura lo que le conviene. Cuando alguna injusticia nos
+envuelve, por picardías de los hombres, lo que debemos hacer es
+aguantar, y cruzarnos de brazos y decir: 'Vengan palos. Mientras más me
+humillen, más me levantaré después. Mientras más me azoten aquí, más
+salud tendré allá'».
+
+--Eso mismo pienso yo. Los resentimientos que había en mi corazón, los
+he ido desechando... La idea de matar la considero yo ineficaz y
+absurda, como un medicamento equivocado. Sólo Dios mata, y Él es quien
+siempre enseña. Yo he tenido celos horribles, yo he tenido rencores
+ardientes; sin embargo, toda esta maleza va cayendo bajo el hacha de la
+razón... Razón y nada más que razón. Ya no pienso en matar a nadie, ni
+aun a los que tanto odié. Veo las admirables enseñanzas de Dios, veo a
+los malos recibir su castigo, y procuro no merecerlo yo... Este es mi
+sistema, esta es mi vida.
+
+Segismundo había llamado a Guillermina desde la puerta de la alcoba.
+Allí cuchichearon algo referente a Fortunata, y habiéndole preguntado a
+la santa su parecer respecto al joven Rubín, la fundadora se expresó de
+este modo: «Lo último que me ha dicho es el colmo de la sabiduría y de
+la cordura; pero...».
+
+--No las tiene usted todas consigo... Ni yo tampoco.
+
+
+
+
+--ix--
+
+
+Izquierdo entró con una botella de cerveza y detrás el mozo del
+café de Gallo con un _grande_ de limón, ponchera y copas. «La
+señora--dijo él queriendo ser amable--, va a tomar un vasito de cerveza
+con limón».
+
+--¡Quite usted allá!--replicó la dama--. Yo no bebo esas porquerías. Se
+lo agradezco...
+
+A Fortunata la invitaron también; pero ella no quiso tampoco tomarlo, y
+pidió leche. Ballester, atento a serle agradable, mandó a Encarnación
+por la leche, y Guillermina se despidió para retirarse en el momento en
+que entraba Plácido, que había subido presuroso y lleno de oficiosidad a
+ponerse a sus órdenes.
+
+Segismundo observaba a su amiga, y a la verdad, no le parecía su estado
+muy católico. El falso gozo que la hacía reír a cada instante no era
+buena señal, y hubiera él deseado que hablase menos. Pero todo se volvía
+contar el lance con Aurora, dándole proporciones trágicas, y una vez
+concluido, lo empezaba de nuevo, revelando contra la que fue su amiga
+una saña implacable. Ballester la contradecía suavemente, recomendándole
+la prudencia, la tolerancia y el perdón de las injurias. No sabiendo ya
+qué decirle, llegó hasta sacarle el ejemplo de Maximiliano, que llevaba
+con tan cristiana mansedumbre el cargamento de sus agravios. La diabla,
+al oír esto, se reía más, diciendo que su marido era un santo, un
+verdadero santo, y que si le canonizaban y le ponían en los altares,
+ella le rezaría y le escupiría. Esto no lo oyó Rubín, que a la sazón
+estaba jugando a las damas con Izquierdo.
+
+Trajeron la leche, y cuando Encarnación se la servía a su ama, esta vio
+que habían caído dos moscas; le entró mucho asco y puso a la chiquilla
+como hoja de perejil, llamándola puerca y descuidada. El regente mandó
+traer más leche, y dijo que la de las moscas se la bebería él, pues no
+tenía asco de nada. Sacó los insectos con el dedo meñique, y su amiga le
+criticó esta acción, llamándole sucio y tratándole con cierta sequedad.
+Trajeron la leche bien tapada para que no cayeran moscas, y mientras
+Fortunata se la bebía, Ballester se tomó la otra, diciendo bromas y
+chuscadas, con las cuales no lograba disipar la negra tristeza en que la
+joven había caído tras la ruidosa alegría. Mandola acostar, y
+entretanto, pasó el farmacéutico a la sala, haciendo que atendía al
+juego de las damas. No podía tener tranquilidad mientras Maxi estuviera
+allí, ni se fiaba de sus apariencias resignadas y filosóficas. Con
+disimulo, y fingiendo que le hacía cosquillas, por jugar, le tocó los
+bolsillos, temeroso de que llevara algún arma. Pero nada encontró en su
+disimulado reconocimiento. A pesar de todo, no quería Ballester irse
+sin llevarle por delante, y tanto bregó con él, que hubo de conseguirlo.
+Salió, pues, el regente haciendo propósito de volver, pues su amiga le
+había puesto en cuidado.
+
+_Platón_ se fue también al anochecer, pero a las nueve regresó
+encendiendo luz en la sala. No eran las nueve y cuarto, cuando
+Fortunata, que había empezado a dormitar, sintió pasos, y vio que un
+hombre entraba en la alcoba. «¿Quién es?--preguntó alarmada, echando los
+brazos a su hijo--. ¡Ah!, eres tú, Maxi; no te había conocido. Está esto
+tan oscuro...».
+
+La tos perruna de su tío la tranquilizó, diciéndole que no estaba sola.
+Mandó a la chica que trajese luz, pues se le había despabilado el sueño,
+y José, atento a custodiarla, se asomaba a cada instante a la alcoba.
+Sentose Maximiliano junto a la cama como el día anterior, y
+bondadosamente le dijo: «Esta tarde había aquí mucha gente y no pude
+hablarte. Por eso he vuelto. Ya sé que tú y Aurora os pegasteis. Doña
+Casta está furiosa, y mi tía, no puedes figurarte lo alborotada que está
+contra ti. Sobre este suceso de hoy se me ocurre a mí una cosa que te
+quiero comunicar».
+
+--Dímelo, dímelo prontito--indicó ella, que sin saber por qué, esperaba
+de aquel hombre, a quien tenía en tan poco ideas extrañas y quizás
+consoladoras.
+
+--Pues lo que has hecho esta tarde favorece a tu enemiga--afirmó Rubín
+con severidad de médico, aguardando el efecto que tales palabras habían
+de hacer en ella--. Sí; favorece a tu enemiga. Tú eres tonta y no
+conoces la naturaleza humana. Yo, desde que entré en esta gran crisis de
+la razón, todo lo veo claro, y la naturaleza humana no tiene secretos
+para mí.
+
+Fortunata no comprendía. «Me explicaré mejor. Quiero decir que al
+maltratar a tu rival le has dado la victoria sobre ti. El hombre a quien
+queréis las dos pudo haber vacilado antes de elegir la que
+definitivamente había de merecer su amor. Ahora no vacilará. Entre una
+que se descompone y hace las brutalidades que tú hiciste y otra que
+padece y es maltratada, el amor tiene que preferir a la víctima. Toda
+víctima es por sí interesante. Todo verdugo es por sí odioso. En un
+pleito de amor, la víctima gana siempre. Ésta es una verdad que está
+escrita en el corazón humano como en un libro, y yo leo en él tan claro
+como leemos una noticia en _El Imparcial_. Yo lo sé todo; nada se me
+oculta. Demasiadas pruebas tienes de ello».
+
+A Fortunata le hizo esto tan mal efecto, que sintió ganas de coger la
+palmatoria y tirársela a la cabeza. Respondió con despecho: «Pues si
+gana ella, mejor. A mí no me importa nada que él la quiera ni que la
+deje de querer...».
+
+--Y ahora la va a querer tanto--agregó Maxi impasible y frío--, la va a
+querer tanto, que los amantes de Teruel van a ser paja al lado de ellos.
+La querrá porque ha sido atropellada, y las víctimas siempre inspiran
+amor. Créetelo porque te lo digo yo, que todo lo sé. La querrá con
+locura, más que a ti, más que a su mujer; y hará con ella lo que no hizo
+con ninguna. Abandonará a su mujer y a sus padres para vivir a sus
+anchas con ella... Y serán felices y tendrán muchos hijitos.
+
+Lo que la de Rubín dijo no fue más que un mugido. Hizo ademán de coger
+la palmatoria. Después se tapó la cara con la mano.
+
+«Yo te digo estas cosas porque son la verdad, y te pego con la verdad
+para que la lección escueza. Así, así es como aprendes. Bonita
+enseñanza, ¿verdad? Cierto que duele y hace sangre; pero padecer y
+aprender son sinónimos. Por tu bien es. Tu conciencia se purificará, y
+ojalá te murieras con esta pena, porque te irías derecha al Cielo».
+
+La joven lloraba con angustia, y él no parecía tenerle compasión.
+
+«Veo que me crees y haces bien. Lo que te he dicho ha salido siempre
+verdad. Yo lo sé todo, y mi razón me presenta la vida como un panorama
+ante los ojos. Es un don que recibí de Dios. Cuando estaba loco,
+adivinaba por inspiración; bien lo sabes, y recordarás que te anuncié
+todo lo que iba a pasar... La verdad venía entonces a mí envuelta en
+una especie de simbolismo, como las verdades reveladas a los pueblos de
+Oriente. Pero luego entré en la época de la razón, y la verdad se me
+ofrece clara y desnuda, y desnuda y clara te la digo. ¿Acerté a
+encontrarte cuando todos me decían que te habías muerto? ¿Acerté a
+descubrir lo de Aurora con los detalles de casa, hora a que se reunían,
+etcétera? Pues ya ves. Nada se me esconde, y lo que acabo de decirte es
+el Evangelio. Has dado la victoria a tu enemiga... aguanta el golpe. Tu
+víctima y tu verdugo serán felices y tendrán muchos hijos».
+
+--Cállate, cállate o verás...--dijo Fortunata amenazándole con el puño,
+y tratando de vencer el terror sugestivo y supersticioso que su marido
+le inspiraba--. Yo también sé verdades y te voy a decir una.
+
+--Pues dímela pronto.--Digo que eres un hombre sin honor...
+
+Maximiliano se estremeció ligeramente, pero nada más. Seguía oyendo. «¿Y
+qué más?» dijo.
+
+--¿Te parece poco?--prosiguió la diabla, que de rabiosa que estaba,
+tenía espuma de saliva en los labios--. Pues Ballester y doña
+Guillermina lo decían hace poco: «Es un santo; pero no tiene el
+sentimiento del honor». Conque ya sabes. Déjame en paz. No quiero verte
+más. Unos dicen que estás cuerdo, y otros que estás loco. Yo creo que
+estás cuerdo, pero que no eres hombre; has perdido la condición de
+hombre, y no tienes... vamos al decir, amor propio ni dignidad... Conque
+ahí tienes tu lección. Aguanta y vuelve por otra. ¿Qué creías?, ¿que yo
+iba a sufrirte tus lecciones, y no te iba yo a dar las mías?
+
+--Lo que dices (con glacial estoicismo) es propio de una criatura llena
+de debilidades y de impurezas, en quien la razón se halla en estado
+embrionario, y que habla y obra siempre al impulso de las pasiones y del
+vicio.
+
+--_¡Tiologías!_--gritó Fortunata exaltándose y moviendo los brazos como
+una actriz en pasaje de empeño--. Si tú hubieras tenido tanto así de
+dignidad, me habrías pegado un tiro... No lo has hecho. Mejor para mí. Y
+otra cosa te digo. Si hubieras tenido un adarme de sangre de hombre,
+cuando viste a ese y a esa, les habrías pegado seis tiros, dejándoles
+secos a los dos. Pero tú no tienes sangre. Esa santidad y esa
+cristiandad y esa pastelera razón son la horchata que tienes en las
+venas...
+
+Izquierdo, que oía desde la puerta, se alarmó, creyendo oportuno evitar
+aquel coloquio que tan mal giro tomaba: «Ea--dijo entrando--, bastante
+hemos hablado. Y usted, señor de Maxi, haga el favor de tomar
+soleta...».
+
+Le cogía por un brazo, sin que él hiciese resistencia. Rubín estaba algo
+aturdido, como si analizara y descompusiera en su mente las acusaciones
+de su mujer antes de darles la réplica que merecían. De repente, cual
+movida de un impulso epiléptico, Fortunata se incorporó en el lecho,
+echó los brazos hacia adelante, clavó los dedos de una mano en el hombro
+de su marido con tanta fuerza que le tuvo atenazado, y comiéndoselo con
+los ojos, le gritó de este modo: «Marido mío, ¿quieres que te quiera
+yo?, ¿quieres que te quiera con el alma y la vida?... Di si quieres...
+Yo me he portado mal contigo; pero ahora, si haces lo que te pido, me
+portaré bien. Seré una santa como tú... Di si quieres...».
+
+Maxi la interrogaba con su mirada luminosa.
+
+«Di si quieres. Verás cómo lo cumplo. Seré una mujer modelo, y tendremos
+hijos tú y yo... Pero has de hacer lo que te digo. Yo te juro que no me
+volveré atrás, y te querré. Tú no sabes lo que es una mujer que se muere
+por un hombre. ¡Pobretín, esa miel no la has catado nunca!... ¿No darías
+tú algo porque yo te quisiera como tú me querías a mí?... ¿Te acuerdas
+de cuando me adorabas, te acuerdas?... Pues figúrate que yo te adoro a
+ti lo mismo y que te llevo estampado en mi corazón, como tú me llevabas
+a mí...».
+
+Maximiliano empezó a inmutarse... La máscara fría y estoica parecía
+deshacerse como la cera al calor, y sus ojos revelaban emoción que por
+instantes crecía, como una ola que avanza engrosando.
+
+«Di si quieres...--repetía la diabla con exaltación delirante--. Déjate
+de santidades y reconciliémonos y querámonos... Tú no lo has catado
+nunca. No sabes lo que es ser querido... Verás... Pero ha de ser con una
+condición... Que hagas lo que debiste hacer, matar a esa indina,
+matarla... porque lo merece... Yo te compro el revólver... ahora
+mismo...».
+
+Sus manos revolvieron temblorosas bajo las almohadas buscando el
+portamonedas. De él sacó un billete de Banco. «Toma, ¿quieres más?
+Compras un revólver... bien seguro... pero bien seguro... la acechas, y
+plim... la dejas seca... Oye otra cosa: Para que se te quiten los
+celitos, y cumplas con tu honor como un caballero, les matas a los dos,
+¿sabes?, a ella y a él, que también lo merece, y después de muertos (con
+salvaje sarcasmo), después de muertos, ¡que tengan los hijos en el otro
+mundo!... ¿Con que lo harás? Hazlo por mí, y por su pobrecita mujer, que
+es un ángel... las dos somos ángeles, cada una a su manera... Dime que
+lo harás... ¡Y luego te querré tanto...! No viviré más que para ti...
+¡Qué felices vamos a ser!... tendremos niños... hijos tuyos, ¿qué te
+crees?...».
+
+Maxi, lelo y mudo, la miraba, y al fin sus ojos se humedecieron... Se
+deshelaba. Quiso hablar y no pudo... La voz le hacía gargarismos.
+
+«Sí... quererte a ti--añadió ella--. No sé por qué lo dudas. ¡Ah!, no me
+conoces... no sabes de lo que soy capaz... déjate de _tiologías_... ¡El
+amor! Yo te enseñaré lo que es... No lo sabes, tontín... ¡la cosa más
+rica...!».
+
+--Vamos, ¿qué _yeciones_ son estas?--clamó Izquierdo, tirando a Rubín de
+un brazo--. Basta de música... A la calle, que esta chica está mu mala.
+
+--Tío, déjele usted, déjele usted... Es mi marido, y queremos estar
+juntos... ¡Vaya!...
+
+Maxi se dejaba levantar del asiento como un saco. Se había quedado
+inerte. De pronto, hubo algo en su espíritu que podría compararse a un
+vuelco súbito, o movimiento de cosas que, girando sobre un pivote,
+estaban abajo y se habían puesto arriba. Las manos le temblaban, sus
+ojos echaron chispas, y cuando dijo _matarles, matarles_, su voz sonó en
+falsete como en la noche aquella funesta, después del atropello de que
+fue víctima en Cuatro Caminos.
+
+«Mátameles, sí...--añadió la diabla, retorciéndose las manos--. ¡Hijos
+ella!... En el infierno los tendrá...».
+
+Cayó desplomada sobre las almohadas, chocando la cabeza contra los
+hierros de la cama.
+
+Maxi alargó la mano y recogió el billete, que estaba aún sobre la
+colcha. Y a punto que Izquierdo le sacaba, resonó la voz de Juan
+Evaristo con agudísimo timbre, y entraba Segismundo, asombrándose mucho
+de ver al filósofo otra vez allí.
+
+
+
+
+--x--
+
+
+«¡Demonio de chico!--dijo a Izquierdo cuando volvía de acompañar
+hasta la puerta al señor de Rubín--. Hay que tener mucho cuidado con él
+y no perderle de vista cuando entra aquí. Y ella, ¿qué tal está?...
+Buena moza, ¿cómo va ese valor?».
+
+La joven no respondía. Estaba como aletargada. Pero el chico siguió
+chillando, y al reclamo de él, la madre abrió los ojos, y tomándole en
+brazos, le acercó a su seno. Ballester mandó a la criada que quitara la
+luz, que acaloraba mucho la alcoba, y se sentó donde antes había estado
+Maxi. Luego sacó una cajita de medicinas y una botellita con poción.
+«Aquí traigo otra antiespasmódica. La he hecho yo mismo, y traigo
+también el _percloruro de hierro_ y la _ergotina_, por si acaso... Mucho
+cuidado, hija mía, mucho reposo; que las emociones y los disparates de
+hoy nos pueden traer un trastorno. Apuesto a que Maxi ha venido a
+contarle a usted alguna otra tontería. Es preciso prohibirle la
+entrada».
+
+Fortunata había vuelto a cerrar los ojos. El niño callaba y se oían sus
+lengüetazos.
+
+«Buenas tragaderas tiene el amigo--dijo Ballester; y para sí,
+contemplando a la diabla, que dormía o fingía dormir--: ¡Qué hermosa
+está!... Le daría yo un par de besos... con la intención más pura del
+mundo... He aquí una mujer que hoy no vale nada moralmente, y que
+valdría mucho, si reventara ese maldito Santa Cruz, que la tiene
+_sugestionada_... ¡Lástima de corazón echado a los perros...!».
+
+El chico rompió a llorar otra vez, y la madre parecía tan inquieta como
+él.
+
+«Amigo Ballester... ¿sabe usted que me parece que me quedo sin leche?...
+Mi hijo chupa, chupa y no saca...».
+
+--No asustarse. Es accidental. Procure usted dormir... A ver: ¿Maxi le
+ha dicho a usted alguna tontería?
+
+--Tontería no... verdades...
+
+--¡Verdades!... (rompiendo a reír). ¿Y cómo sabe usted que son verdades?
+
+--Porque las grandes verdades las dicen los niños y los locos.
+
+--Es un refrán sin sentido común. Los locos no dicen más que disparates.
+
+--Es que mi marido no está loco... Tiene ahora mucho talento. Tal creo
+yo.
+
+Juan Evaristo volvió a callar, pegándose al pezón con salvaje ahínco.
+
+«Tome usted un poco de esta bebida. La he preparado como para usted...
+Está riquísima. Es preciso calmar los nervios».
+
+La chica trajo un vaso con cucharilla, y Fortunata tomó la
+antiespasmódica.
+
+«¡Qué bueno es usted, Segismundo! ¡Qué agradecida estoy a lo que hace
+por mí!».
+
+--Todo y mucho más se lo merece usted, carambita--replicó el
+farmacéutico con efusión de cariño--. Hemos de ser muy amigos.
+
+--Amigos sí, porque lo que es querer... No vuelvo yo a querer a ningún
+hombre, como no sea a mi marido, siempre y cuando haga lo que le mando.
+
+--¡A su marido! (tomándolo a broma). No me parece mal. Y ahora que está
+hecho un santo...
+
+--Santo, no... ¡qué simplezas dice usted!
+
+--Santo; así como suena. De modo que será usted también santa... Pues yo
+seré su discípulo. Nos iremos los tres a un desierto a hacer penitencia
+y comer yerba.
+
+--Cállese usted.--Usted es la que se va a callar... a ver si se duerme y
+se le calman los nervios. La salida de hoy no tendrá consecuencias.
+¿Sabe usted lo que venía pensando?, que si encontraba mal a la buena
+moza, me quedaría aquí esta noche. Y al salir de casa, le dije a mi
+madre que quizás no volvería. Nada, que estoy decidido a cuidarla como
+si fuera mi cara mitad.
+
+--No; si no es preciso que usted se moleste. Crea que me siento regular
+esta noche, casi bien. Anoche ¿sabe?, estaba peor.
+
+--Pues me estaré hasta las doce o la una. Me pondré a leer _La
+Correspondencia_ o a jugar al tute con el señor de Izquierdo. Y si la
+veo a usted tranquila y dormida, me retiraré. Si no, aquí me estoy de
+centinela.
+
+Así lo hizo, y no habiendo observado hasta más de media noche nada de
+particular, salió de puntillas, dando a la placera instrucciones por si
+la mamá o el niño tenían alguna novedad durante la noche. El _modelo_ se
+fue también, y Segunda se metió en su cuchitril; mas apenas había
+descabezado el primer sueño, la llamó Encarnación de parte de la
+señorita, que se sentía mal. El chiquillo soltaba todos los registros de
+su voz y no había manera de acallarle. Agotó la madre todos sus medios y
+Encarnación los suyos, que eran cogerle en brazos y dar un paso adelante
+y otro atrás, como si bailara, tratando de persuadirle con amorosas
+palabras de que los niños deben estarse calladitos.
+
+«Paréceme--dijo Fortunata con terror--, que me estoy secando».
+
+--Pues si te secas--le contestó su tía, que hasta para consolar era
+regañona y desapacible--, pues si te secas, ¡demonche!, mejor, ponemos
+un ama, y a vivir...
+
+--Diga usted, tía, ¿ha venido mi marido?
+
+Segunda la miró asombrada. «¡Tu marido!... ¿sabes la hora que es? ¿Y
+para qué quieres que venga acá ese tipo?».
+
+--Tenía que hablarle...--¡Santo Cristo de Burgos, cortinas verdes!... A
+buenas horas nos entra la fineza... El demonio que te entienda, chica,
+¡ahora clamas por tu marido! Para lo que ha de servirte, más vale que no
+parezca por acá en mil años.
+
+--Es que le tenía que hablar. No ha estado aquí desde anoche.
+
+Segunda la volvió a mirar, echándose a reír con descarada grosería.
+«Pero, chica, si ha estado aquí esta noche, y se fue a las diez...».
+
+--¡Ah!, ¿esta noche ha sido? Es que confundo yo las noches... Creí que
+había habido un día entre medio. Cuando una está en la cama, se le va la
+idea del tiempo...
+
+La criatura seguía alborotando, y su madre se quejaba de un desasosiego
+que no podía explicar. «¡Cuánto siento que se haya ido Segismundo! Él me
+recetaría alguna cosa, o al menos, diciéndome que esto no es nada, yo me
+lo creería».
+
+Segunda propuso ir a llamarle; pero Fortunata no consintió en ello,
+porque una noche, dijo, se pasaba de cualquier manera. Así fue, y la
+verdad es que la pasaron todos muy mal, incluso Encarnación, que se
+dormía en pie.
+
+A la mañana siguiente, subió Estupiñá a preguntar por toda la familia
+con un interés del cual Segunda sabía sacar partido. «¿Cómo ha pasado la
+noche la mamá? Y el niño, ¿qué tal? Ya me he enterado del _artículo_ de
+amas, y tengo noticias de tres muy buenas, la una pasiega, otra de Santa
+María de Nieva y la tercera de la parte de Asturias, con cada ubre como
+el de una vaca suiza. ¡Género excelente!».
+
+«Pues no está demás que usted haya dado estos pasos, D. Plácido, porque
+estoy en que se nos seca--dijo la placera, gozosa de meter su cucharada
+en aquel asunto--; y si la señora (aludiendo a Guillermina), quiere que
+se le ponga ama, yo soy de la misma conformidad».
+
+Plácido, después de cotorrear un poco con Segunda en la puerta de la
+casa de esta, bajó a la suya, y en la salita, tapizada de carteles de
+novenas y otras funciones eclesiásticas, estaba Guillermina, en pie, el
+rosario y el libro de rezos en la mano. La casera y el administrador
+cotorrearon otro poco, y el resultado de esta nueva conferencia fue que
+Rossini volvió a subir presuroso y a tener otra hocicada con Segunda en
+la puerta. «Dígame usted, ¿está durmiendo ahora? ¿Y el niño mama o no
+mama?»--«Pues ahora están los dos callados... _Paice_ que
+duermen».--«Pues silencio. Cuide usted de que no haya ruido en la
+casa... Yo, verá usted, como salgan los chicos del latonero a alborotar
+en la escalera, les deslomo».
+
+Y vuelta a bajar y a subir nuevamente con un mensaje. «Señá Segunda,
+oiga. Que no deje usted de mandar recado hoy a ese señor de Quevedo,
+para que la vea y nos diga si traemos el ama o no traemos el
+ama».--«Bien está, bien».--«Yo estaré a la mira; ya las tengo
+apalabradas, y las reconoceremos en mi casa. Buenas mujeres, y no tienen
+pretensiones de cobrar un sentido. Como leche, señá Segunda, como leche,
+creo que la asturiana nos ha de dar mejor resultado que ninguna. Tengo
+yo un ojo... En fin, mucho cuidado».
+
+Y tornó a bajar con toda su oficiosidad y diligencia, dispuesto a subir
+cien veces si fuese menester. Guillermina estuvo aún un ratito en casa
+de su amigo, el cual no sabía qué hacerse al ver su pobre vivienda
+honrada con persona tan excelsa. Habría traído de San Ginés, si pudiera,
+el trono de la Virgen del Rosario, para que se sentara. Pues, digo,
+cuando llamaron a la puerta y fue a abrir, y vio ante sí la simpática
+figura de Jacinta, creyó el pobre hombre que toda la corte celestial
+penetraba en su casa. No dijo nada la señorita; no hizo más que sonreír
+de un modo que significaba: «¡Qué raro verme aquí!». Guillermina alzó la
+voz desde la sala diciendo: «Pasa, aquí estoy...». Estupiñá, siempre
+delicado, se apartó para dejarlas hablar a solas. Parecía que la santa
+reprendía paternalmente a la otra: «Si ya te he dicho que lo dejes de mi
+cuenta. Yo me entiendo. Si te empeñas en meter la cuchara, creo que lo
+vas a echar a perder... No, no te dejo subir... ¿te parece fácil entrar
+a verle sin que se entere su madre? Atrevidilla te has vuelto... ¿Que le
+bajen aquí? ¡Vamos; las cosas que se te ocurren...! Tiempo tienes de
+verle. Si empezamos a hacer disparates y a portarnos como dos
+intrigantas que se meten donde no las llaman, merecemos que nos tome Ido
+por tipos de sus novelas. Vámonos ahora a San Ginés, y luego sabremos la
+opinión del señor de Quevedo. Descuida, que no se nos morirá de hambre».
+
+Salieron, y Plácido se fue con ellas a la iglesia, pues aunque ya había
+estado en ella, érale muy grato acompañar a las señoras a misa. Oyeron
+dos, y antes de salir, sentadas en un banco, la Delfina dijo a su amiga:
+«¿Sabe usted que no he podido oír las misas con devoción, acordándome de
+esa mujer? No la puedo apartar de mi pensamiento. Y lo peor es que lo
+que hizo ayer me parece muy bien hecho. Dios me perdone esta barbaridad
+que voy a decir: creo que con la justiciada de ayer, esa picarona ha
+redimido parte de sus culpas. Ella será todo lo mala que se quiera; pero
+valiente lo es. Todas deberíamos hacer lo mismo».
+
+La santa no respondió, porque dentro de la iglesia no gustaba de tratar
+ciertos asuntos de reconocida profanidad; pero cuando salían por el
+patio que da a la calle del Arenal, tomó el brazo de su amiguita,
+diciéndole: «Bueno estuvo el lance, bueno. ¡Qué par de alhajas!».
+
+--¡Crea usted que a mí me daba una alegría cuando lo oí contar!...
+Habría yo dado cualquier cosa por estar presente en aquella tragedia...
+
+--Quite allá... es repugnante... Dos mujeres pegándose...
+
+--Será lo que usted quiera; pero desde que me lo contaron, la bribona
+antigua se ha crecido a mis ojos y me parece menos arrastrada que la
+moderna.
+
+--Este mundo, hija mía, está lleno de maldades. A donde quiera que mira
+una, no ve más que pecados, y pecados cada vez más gordos, porque la
+humanidad parece que se vuelve de día en día más descarada y menos
+temerosa de Dios... ¡Quién había de decir que esa muchacha, esa
+Aurorita, que parecía tan buena, tan lista...! No, como lista, ya lo es;
+aunque la otra lo ha sido más... ¿Y qué dice Bárbara?, estaba encantada
+con ella, y todos los días iba al obrador a verla trabajar... Pero
+cállate, que aquí viene tu señora suegra...
+
+Barbarita y la pareja se encontraron.
+
+«Ya no alcanzas la del señor cura... ¡Qué horas de ir a misa!».
+
+--Pero si no me han dejado salir en toda la mañana... Mira, Jacinta,
+allí tienes a tu marido llama que te llama... Entré y... «Que dónde
+estabas tú. Que qué tenías tú que hacer en la calle tan temprano».
+Conque bien puedes darte prisa.
+
+--Que espere... Pues no faltaba más...--replicó Jacinta con tedio--. Que
+tenga paciencia, que también la tienen los demás.
+
+--Y vosotras, ¿de dónde venís?
+
+--¿Nosotras? De ver amas de cría--dijo la santa sonriendo.
+
+--¡Amas de cría!...--Sí, no es broma... amas, amas, amas.
+
+--¡Qué graciosa estás hoy!...
+
+--Pues qué, ¿no te ha dicho esta tonta que hemos encontrado otro
+_Pituso_?
+
+Barbarita se echó a reír con donaire. «Pero qué, ¿os han dado otro
+timo?».
+
+--Quia; ahora no. Este es auténtico... este es de ley; _no tiene hoja_,
+como el otro, por quien perdiste la chaveta.
+
+--¡Bah!, no quiero oírte...--repuso Barbarita con humor festivo, y se
+separó de ellas para ir presurosa a la iglesia.
+
+--Oye... mira--dijo Guillermina llamándola...--Cuando salgas, date una
+vuelta por las tiendas. Allí tienes a tu corredor, Estupiñá el Grande.
+Aguarda, oye; te compras una buena cuna...
+
+La dama se reía; todas se reían.
+
+
+
+
+--xi--
+
+
+El dictamen de Quevedo no fue alarmante con respecto a la madre;
+pero al chico le dio el comadrón malas noticias, anunciándole que se
+quedaba sin provisiones. Por la tarde, Plácido comunicó a la señora que
+la mujer aquella se negaba a poner a su hijo en pechos de nodriza,
+aunque esta fuese bajada del Cielo; insistía en que tenía leche; el niño
+berreaba, dando a entender que su mamá faltaba descaradamente a la
+verdad... «En fin, señora--agregó Estupiñá con oficiosidad sañuda--; que
+a esa mujer hay que matarla. Es más mala que arrancada, y lo que ella
+quiere es que la criaturita perezca...».
+
+Fue allá la fundadora, y se alegró de encontrar a Ballester en la sala.
+«A ver si la convence usted de que no puede criar. La pobre, como tiene
+la cabeza un tanto débil y trastornada, se figura que le van a quitar a
+su hijo... Y no es eso, no es eso... Hay interés en que le críe bien».
+
+--Ya se lo he dicho... Casi he empleado las mismas palabras, señora...
+Pero si viera usted... Hállase hoy en un estado de apatía y tristeza que
+no me hace maldita gracia. No hay medio de sacarle una respuesta a nada
+de lo que se le dice. Tiene el chico en brazos, y cuando le hablan de
+amas o de que ella se está secando, le aprieta, le aprieta tanto contra
+sí, que me temo que en una de estas le ahogue.
+
+--Todo sea por Dios... Entraré a ver a la fiera, y trataremos de
+amansarla.
+
+Sin abandonar aquella actitud de desconfianza y miedo, Fortunata pareció
+alegrarse de ver a Guillermina, que la saludó con extremada amabilidad,
+demostrando un gran interés por ella y por su niño.
+
+«¡Qué gusto verla a usted!--exclamó la pecadora sin moverse--. Tenía yo
+ganas de que viniera para decirle una cosa...».
+
+--Pues ya me la está usted diciendo, porque me voy a escape.
+
+La infeliz joven puso el nene a su lado, mostrando menos desconfianza;
+pero le rodeó con su brazo en ademán de protección.
+
+«¿Pero me le quitará?... Diga si me le quería quitar... Fuera bromas. Lo
+que usted me diga lo creeré».
+
+--Muchas gracias, amiga mía... Me toma por ladrona de chiquillos. No
+sabía yo que soy bruja...
+
+--No; es que... verá. Yo pensaba que me lo iban a quitar, por lo mala
+que he sido. Pero eso no tiene que ver, ¿verdad? Pues ahora soy mucho
+más mala. ¡Ay!, señora, he cometido un pecado tan grande, tan regrande,
+que no creo que me lo perdone Dios.
+
+--¿Apostamos a que es cualquier tontería? (inclinándose hacia ella y
+acariciándole la barba).
+
+--¡Ay, señora, ojalá fuera tontería!... Voy a decírselo... Pero no me
+riña mucho... Pues anoche estuvo aquí mi marido, hablamos, y le di
+veinte duros para que comprara un revólver. El revólver es para matar a
+_ese_ y a _esa_... sobre todo a la francesota, infame, traicionera...
+
+Guillermina recibió impresión muy fuerte con estas palabras; pero hizo
+un esfuerzo por aparentar que no perdía su serenidad. «Fuertecillo es,
+sí, señora... Pero su marido de usted no hará nada. He hablado con él y
+me ha parecido muy razonable».
+
+--La razón es su tema... pero no hay que fiar... Lo que es los tiros,
+crea usted que no se le escapan. Yo le calenté bien la cabeza... Toda
+aquella sabiduría que ahora tiene se la quité con las cosas que le
+dije... Se volvió loco otra vez, señora; le prometí quererle como él me
+quiso a mí, y crea usted que hice la promesa con voluntad.
+
+--Me hace usted temblar (alarmándose). Vamos; el pecado ese es de lo más
+atroz que puede haber. Él, si los mata, peca menos que usted, por
+haberle mandado que lo hiciera, acalorándole con promesas.
+
+--Lo mismo me parece a mí, y por eso he estado con miedo toda la noche.
+
+--Si usted reconoce que ha hecho mal, y le pide perdón a Dios de su mala
+intención y procura limpiarse de ella, Dios tendrá piedad de la
+pecadora.
+
+--Es que... verá usted... estoy arrepentida por mitad. ¡Matarle a él!,
+¿sabe usted que me da lástima? No, no, que no le mate... Pero lo que es
+a esa bribona, tramposa, embustera... ¿Pues no tiene la poca vergüenza
+de creer que tendrá hijos?... ¡Hijos ella...! Dígame usted, ¿qué se
+pierde con que se vaya para el otro mundo un trasto semejante?
+
+Esto lo decía con tanta naturalidad, que Guillermina, por un instante,
+no supo si indignarse o tomarlo a risa. «Vaya, que las ideas de usted me
+gustan... Se me figura que marido y mujer allá se van... en sabiduría.
+Si usted no se desdice al momento en todos esos disparates me voy y no
+vuelve a verme en su vida más. No se puede tolerar esto...».
+
+--¿De modo que a esta tía _monstrua_ no se le da un castigo?... Eso sí
+que está bueno. Y seguirá riéndose de nosotras... No lo entiendo.
+
+--Dios es el que castiga; nosotros aprendemos.
+
+Ambas callaron, mirándose. «Tengo que traerle a usted un confesor. Usted
+no está buena ni del cuerpo ni del alma. Pues digo, si lo que Dios no
+quiera, sobreviene la muerte a la hora menos pensada, y la coge así, le
+cayó la lotería».
+
+--Si me muero, me llevo a mi hijo conmigo--dijo la diabla, volviéndole a
+coger y estrechándole contra sí.
+
+--Otra barbaridad. Hoy estamos de vena.
+
+--¿Pues no es mío?, ¿no le he dado yo la vida? (con febril impaciencia y
+ardor).
+
+--¡Cómo!... ¿darle vida usted? Hija, no tiene usted pocas pretensiones.
+También quiere ponerse en competencia con el Creador del mundo y de
+todas las cosas... Vamos, lo mejor es que me eche a reír... En fin,
+estamos aquí como dos tontas, y hay que poner las cosas en su lugar.
+Tiene usted que llamar a su marido y decirle que para quererle como Dios
+manda, es preciso que no mate a nadie, absolutamente a nadie. ¿Lo hará
+usted?
+
+--Si usted me lo manda, sí... ¡Ay!, yo creí que matar al que nos engaña,
+al que nos vende, no es pecado... vamos, que no era pecado muy gordo, se
+me subió la hiel a la cabeza. ¡Le tengo tanta rabia a ésa...! Digo yo
+que se puede tener rabia a otra persona, desear que la maten, y sin
+embargo no ser una mala.
+
+Incorporose para expresar con mímica más persuasiva un argumento que se
+le había ocurrido y que creía de gran fuerza: «Vamos a ver, señora. ¿A
+que la dejo callada ahora?, ¿a que, sabiendo usted tanto como sabe, no
+me devuelve esta?».
+
+--¿Qué?--Esta razón. Vamos a ver. La señorita Jacinta es, como quien
+dice, un ángel... Todos la llaman así... Bueno; pues con todo su mérito
+y su _santificación_, ¿no se alegrarla ella de que me quitaran a mí de
+en medio?
+
+Se volvió a reclinar en las almohadas, satisfecha, esperando la
+respuesta, con la seguridad de que la santa no tenía más remedio que
+mentir para no darle la razón.
+
+«¿Qué está usted diciendo?--replicó Guillermina indignada--. ¡Jacinta
+desear que maten a nadie!... ¡O usted es tonta o ha perdido el juicio!».
+
+--Vamos... Pues bueno, diré otra cosa (retirándose a la segunda paralela
+después de rechazada en la primera). ¿No se alegrará la señorita de que
+yo me muera?...
+
+--¿Alegrarse... de que usted se muera... de que se la lleve Dios...?
+(titubeando). Tampoco... tampoco... Jacinta no desea el mal del prójimo,
+y sabe que debemos amar a nuestros enemigos y hacer bien a los que nos
+aborrecen.
+
+Con un _ju ju_ melancólico expresaba Fortunata su incredulidad.
+
+«¡Ay!, ¿no lo cree?...».
+
+--¡Que me desea bien a mí!
+
+_Tie_ gracia.
+
+--Jacinta no sabe tener rencor... ni se acuerda de usted para nada...
+
+--Pero de eso a que me mire con buenos ojos...
+
+--Pues no faltaba más sino que la quisiera a usted como me quiere a
+mí... Por cierto que ha hecho la niña merecimientos para ello. Con que
+la perdone debe darse por satisfecha...
+
+--¿Y me perdona de verdad?... ¿pero es de verdad?
+
+--¿Pues qué duda tiene? Usted, como no sabe lo que es fe, ni temor de
+Dios, ni nada, no comprende esto.
+
+--¿Y podría ser mi amiga?...
+
+--Hija, tanto como amiga... Eso ya es un poco fuerte (no pudiendo
+contener la risa). Vamos, que no pide usted poco... Ahora quiere que
+después de lo que ha pasado partan un piñón...
+
+--¡Amigas!...--repitió la diabla frunciendo las cejas--. Por más que
+usted diga, no me puede ver, mayormente ahora que he tenido un hijo y
+ella no... Y lo que es ahora, ya no lo tiene, está visto... Que no le dé
+vueltas.
+
+Como Ballester se acercara a la puerta de la alcoba cuando oía reír a la
+santa, esta le dijo: «Entre usted si quiere divertirse, pues esto es una
+comedia. Su amiga de usted está por conquistar. ¡Qué ideas tiene! Por
+cierto que yo le voy a traer al Padre Nones. Tenemos que darle una
+limpia buena. En fin, me retiro, que con estas tonterías se me va la
+mañana».
+
+Se levantó, y Fortunata le tiró del vestido para hacerla sentar otra
+vez. «Una duda me queda, señora. Sáqueme de ella».
+
+--Veamos esa duda... otro despropósito. ¡Ay, qué cabeza!
+
+--Siéntese usted un momento, que le voy a hacer otra pregunta. Dígame
+(bajando la voz), ¿Jacinta faltó o no faltó con aquel caballero?
+
+--¡Ave María Purísima!... ¿con qué caballero?
+
+--Con aquel que se murió de repente...
+
+--Cállese, cállese o le pego...
+
+--No, si yo no lo creo ya. Lo creía; pero como fue la indecente de
+Aurora quien me lo dijo, ya dejé de creerlo... sólo que tenía un poquito
+de duda.
+
+--¿Esa...? (con soberano desprecio). ¡Y se atrevía a decir...!
+
+--Si es lo más mala... Usted no puede figurarse lo mala que es (con la
+mayor buena fe). Aquí donde usted me ve, yo, al lado de ella, soy un
+ángel.
+
+--Lo creo (sonriendo). No nos ocupemos de esas miserias. ¡Jacinta
+faltar! Estas pecadoras empedernidas creen que todas son como ellas...
+
+--No, si yo no lo creo, señora, si no lo creí (muy apurada). Ella fue la
+que lo dijo y lo creía... ¿Sabe una cosa? (Atrayéndola a sí y hablándole
+en secreto). Créame esto que le voy a decir... Uno de los motivos porque
+le pegué fue el haber dicho eso, el haberme encajado la bola de que
+Jacinta era como nosotras... Y dígame, ¿no merecía el morrazo que le di
+con la llave por afrentar a nuestra amiguita?... ¿No lo merecía? Claro
+que sí...
+
+Guillermina estaba confusa; no sabía si aprobar o desaprobar...
+
+«Quedamos en una cosa--dijo levantándose--; mañana vendrá el Padre Nones
+para usted, y para este ternerito un ama asturiana que, según dice
+Estupiñá...».
+
+--Ama, no... ¿para qué? Si puedo... ¿No ha visto lo satisfecho que está
+el rey de la casa? ¿No es verdad, rico, que para nada te hacen falta
+amas? Su mamá, su mamá le da al niño todo lo que quiere.
+
+--El Sr. de Quevedo sabe más que usted... Aquí no se hace más que lo que
+yo mando--declaró la santa con aquel ademán y tono autoritarios a los
+cuales nadie se podía oponer--. Si de aquí a mañana Quevedo no varía de
+opinión, vendrá la nodriza. Usted se calla y obedece... Yo pago y
+dispongo. Conque a cuidarse, y ya hablaremos. El _excelentísimo_ señor
+de Ballester queda encargado de la ejecución del presente decreto.
+
+
+
+
+--xii--
+
+
+Por la tarde llegó doña Lupe muy alarmada buscando a Maximiliano,
+a quien suponía allí. No pasó de la sala, ni quiso ver a Fortunata, de
+quien dijo que la compadecía, pero que no podía tener ninguna clase de
+relaciones con ella. En la sala cuchicheó la _ministra_ con Segismundo
+contándole lo ocurrido. Pues ahí era nada: Maximiliano había comprado un
+revólver... ¿pero quién diablos le dio el dinero? Descubriolo la señora por
+una casualidad... Le dio el olor, al verle entrar con un bulto entre
+papeles. Lo peor del caso fue que no pudo quitárselo. Salió escapado de
+la casa, y al poco rato los del herrero del bajo vinieron diciendo que
+le habían visto en la Ronda, pegando tiros contra la tapia de la fábrica
+del Gas, como para ejercitarse... ¡Ay!, _la de los Pavos_ estaba
+aterrada. Toda aquella sabiduría lógica, que el pobre chico tenía en la
+cabeza, se le había convertido en humo sin duda. Y lo peor era que no
+había ido a almorzar, ni se sabía su paradero... «Tenemos que dar parte
+a la policía, para evitar que haga cualquier barbaridad. Yo pensé que
+habría venido aquí, y corrí desolada... ¿Dónde demonios estará?
+Ballester, por Dios, averígüelo usted y sáqueme de este conflicto. Usted
+es la única persona que le domina cuando se pone así... Salga a ver si
+le encuentra; yo se lo ruego». A esto replicó el buen farmacéutico que
+no podía repicar y andar en la procesión. Fuese la de Jáuregui
+desconsoladísima, con intento de ver al Sr. de Torquemada, faro luminoso
+que le marcaba el puerto en todas las borrascas de la vida.
+
+Fortunata había oído la voz de doña Lupe, y cuando esta se retiró, quiso
+que Ballester le explicase qué traía por allí.
+
+«Pues nada, que _la ministra_ esa quiere meter las narices, y ver a
+usted, y hablarle y decirle cosas que sin duda la marearán».
+
+--¡Ah!, que no entre... no la puedo ver. Creo que me pondré mala si la
+veo. Y de mi marido, ¿qué dijo?
+
+--No le nombró.--Pues tampoco a Maxi le quiero ver... No sabe usted lo
+mal que me sienta verle y hablar con él... Me trastorna. No les deje
+usted pasar. Que se vayan a los infiernos. ¡Estoy tan tranquila aquí
+solita con mi hijo, y los amigos que me protegen...! ¡Que no venga, por
+Dios! ¿Usted me promete que no vendrán?
+
+Lo pedía con terror suplicante. Ballester, deshaciéndose en
+demostraciones de caballerosidad protectora y de fraternal hidalguía, le
+dijo que los Rubín grandes y chicos, así los de carne y hueso como los
+que tenían pechos de algodón, no entrarían en aquella alcoba sino
+pasando sobre su cadáver.
+
+Toda aquella tarde estuvo la joven con la idea fija de lo antipáticos
+que eran los Rubín, y de lo que ella haría para no recibirlos si a verla
+iban. El buen Segismundo se esforzaba en tranquilizarla sobre este
+particular, y habiendo observado que el recuerdo de otras personas
+excitaba y encendía su ánimo favorablemente, le habló de doña
+Guillermina y de su hermosa vida. «¿Sabe lo que me dijo al salir? Pues
+que si se le ofrece a usted algo no estando yo aquí, avise a D.
+Plácido, al cual se ha encargado que se ponga a las órdenes de usted si
+lo necesitara».
+
+--Claro--dijo Fortunata rebosando de orgullo inocente--; como que
+Plácido es todo _de la casa_, y desde chiquito no hace más que llevar
+recados de los señores, y servirles en mil menudencias. Es un buen
+hombre, y yo le quiero mucho... Y a doña Bárbara, ¿la conoce usted? Yo
+tampoco... Pero cuando Jacinta y yo seamos amigas, también lo seré de
+doña Bárbara... Francamente, estoy admirada del cariño que le tengo
+ahora a _la mona del Cielo_, cuando en otro tiempo, sólo de pensar en
+ella me ponía mala. Verdad que no acababa de aborrecerla, quiere
+decirse, que la aborrecía y me gustaba... cosa rara, ¿verdad? Ahora
+seremos amigas, crea usted que seremos amigas... ¿Lo duda usted?
+
+--¿Cómo he de dudar eso, criatura?
+
+--Es que usted parece como que se sonríe un poquitín, cuando me lo oye
+decir.
+
+--Está usted viendo visiones. Bueno va...
+
+--Pues, aunque usted se guasee, seremos amigas... y nadie tendrá que
+decir de mí ni esto, para que usted lo sepa... Porque voy a portarme...
+¡Cristo, cómo me voy a portar ahora! Mi hijo, mi hijo, y nada más...
+Vaya, ¿me sostendrá usted que no se sonríe ahora?
+
+--Sí; pero es de satisfacción, por verla a usted tan regenerada...
+¡Quién le tose a usted ahora, hallándose en relaciones con personas de
+la corte celestial...!
+
+--Y nada más... ¿Pues qué se creía usted?
+
+Se sofocaba tanto, que el farmacéutico creyó prudente llevar la
+conversación a un terreno insignificante; pero Fortunata se las componía
+para volver a lo mismo, a que ella y la _Delfina_ iban a ser uña y
+carne, y a que su conducta en lo sucesivo había de ser como de quien
+está en escuela de serafines. «Aquí donde usted me ve, amigo Ballester,
+yo también puedo ser ángel, poniéndome a ello. Todo está en ponerse... Y
+es cosa muy sencilla. Al menos a mí me parece que no me ha de costar
+ningún trabajo. Lo siento yo aquí _entre mí_».
+
+--Depende también de las personas con quien uno se junta--le dijo su
+amigo muy serio--. Hablemos ahora de otra cosa. De ciertos atrevimientos
+que yo tenía y tengo respecto a usted, no quiero decirle nada, porque se
+nos va a hacer santa... Aunque todo podía conciliarse, me parece a mí,
+ser santa y querer a este hijo de Dios... Pero en fin, vuelvo la hoja.
+¿Sabe usted que si me descuido pierdo mi colocación en la botica de
+Samaniego? Si doña Casta sabe que estas ausencias mías son para venir a
+visitar a la que le tomó las medidas a su niña, al instante me limpia el
+comedero. Por eso no puedo tirar mucho de la cuerda, y esta noche no
+vendré. Tengo que quedarme de guardia. Yo rompería con todo, si no fuera
+porque me será difícil encontrar colocación inmediatamente, y crea usted
+que un periodo de vacaciones me balda... Por mí no me importaría; pero a
+mi madre y a mi hermana no quiero hacerlas ayunar. El pobre _pensador_,
+mi ilustre cuñado, está mal de intereses, y si yo no tiro del carro, los
+ayes y lamentos pidiendo pan se han de oír en Algeciras.
+
+--Pero no sea usted tonto--dijo Fortunata con aquel arranque de
+generosidad, que en ella era tan común--. Yo tengo _guita_. Si quiere
+mandar a paseo a _las Samaniegas_, mándelas. Que se fastidien, que se
+arruinen, que coman piedras... Yo le doy a usted lo que necesite para su
+madre y para el _pensador_, hasta que encuentre otra botica. Tenga
+confianza conmigo... O _semos_ o no _semos_.
+
+Ballester era tan delicado, que de sólo oír tal proposición, le salieron
+los colores a la cara, y se excusó con expresiones de gratitud. Poco
+después de anochecer se retiró dando las órdenes más rigurosas a los
+hermanos Izquierdo con respecto a visitas. Si algún Rubín, fuese quien
+fuese, se presentaba, no abrir. Dejó sobre la mesa de la sala un arsenal
+de medicamentos, y a Fortunata le recomendó la quietud, y que _diese con
+la puerta del cerebro en los hocicos_ a toda idea triste que se
+presentara.
+
+Izquierdo se plantó de centinela en la sala, acompañado de una grande de
+cerveza, y por si la grande no era bastante para pasar la noche, llevó
+también una chica de añadidura. Segunda regresó a las diez, después de
+la horita de tertulia que solía pasar en el puesto de carne, y viendo a
+su sobrina muy despabilada, le dio un poco de palique: «¿Sabes a quién
+he visto?, a la tía esa, _la de los Pavos_. Fue a buscarme al cajón, muy
+ofendida porque el señor Ballester no la dejó entrar a verte. Anda a
+caza del sobrino que se les escapó esta mañana, y todavía no ha
+aparecido. ¿Sabes lo que me dijo? Te lo cuento para que te rías. Dice
+que _las Samaniegas_ están trinando contigo, y que la viejona aquella,
+doña Casta, no parará hasta no verte en el _modelo_. ¡Qué comedia!
+Ríete, que eso es envidia. Pues verás, La tía esa indecente, _la
+Fenelona_, francesota, más mala que el no comer, dice que este hijo que
+tienes no es hijo de quien es, sino de D. Segismundo. Tú ríete, tonta,
+que eso no es más que envidia».
+
+La prójima no chistó; pero bien se conocía que aquellas palabras habían
+hecho en su espíritu un efecto desastroso. Cuando se quedó sola, no le
+fue posible contener los impulsos de levantarse. La rabia surgió
+terrible en su alma, y sin reparar en lo que hacía, incorporose en el
+lecho, alargando las manos a la percha para coger su ropa... «Ahora
+mismo, ahora mismo voy, y con esta zapatilla le aporreo la cara hasta
+chafarle la nariz... trasto, indecente. ¡Decir eso...!, ¡una mentira tan
+grande! ¿Pero qué hora es? ¡Si están dando las doce! Sea la hora que
+quiera, saldré, no me puedo contener... Voy, entro en la casa, la saco a
+rastras de la cama, me paseo por encima de su alma... ¡Decir eso, decir
+eso...!, sin creerlo, porque ella no lo cree. ¡Lo dice por deshonrarme!
+Antes calumnió a Jacinta, y ahora me calumnia a mí».
+
+Se sentó en la cama, entreviendo, a pesar de lo ofuscado que su espíritu
+estaba, las dificultades de la empresa. «Si lo dejo para mañana, ya no
+iré, porque me lo quitarán de la cabeza... Y yo le he de refregar la
+jeta con la suela de mis botas. Si no lo hago, Dios mío, me va a ser
+imposible ser ángel, y no podré tener santidad. Como no haga esto,
+tendré que volver a ser mala; lo conozco en mí».
+
+Y tan pronto se ponía una pieza de ropa como se la quitaba, con
+vacilación horrible, fluctuando entre los ímpetus formidables de su
+deseo y el sentimiento de la imposibilidad. Por fin se vistió, y
+saliendo a la sala, vio a su tío dormido, de bruces sobre la mesa, junto
+a la luz, la botella grande a su lado, medio vacía. «Podría salir sin
+que me sintiera nadie... ¿Y si despertara a mi tío y le dijera que
+viniese conmigo...?». La idea de asociar a _Platón_ a su temeraria
+empresa, hízole ver la realidad, y lo disparatado de aquella idea.
+«Pues lo que es mañana temprano--se dijo volviendo a la alcoba--, mañana
+tempranito, antes de que salga para el obrador, voy y la acogoto...».
+
+Al mirar a su hijo, la llama de su ira se avivó más. «¡Decir que no es
+hijo de su padre...! ¡Qué infamia! La despedazaría sin compasión
+ninguna. ¡Inocente!, ¡tan chiquito y ya le quieren deshonrar! Pero no le
+deshonrarán, no, porque aquí está su madre para defenderle; y al que me
+diga que este no es el _hijo de la casa_, le saco los ojos. _Él_ no
+puede haberlo dicho... A mí me la soltó, pero fue así como en broma.
+_Él_ no puede haberlo dicho, y si yo supiera que lo había dicho, juro
+por esta cruz (haciéndola con los dedos y besándola), por esta cruz en
+que te mataron, Cristo mío, juro que le he de aborrecer... pero
+aborrecerle de cuajo, no de mentirijillas... ¡Ay, Dios mío! (echándose
+en la cama, acongojadísima); si le dicen esta mentira tan gorda a
+Guillermina y a Jacinta, ¿la creerán?... Puede que sí... Todo lo malo se
+cree, y lo malo que de mí se diga, se cree más... Pero no, puede que no
+lo crean... Es muy atroz el embuste. Esto no lo puede creer nadie, no
+puede ser, no puede ser, y primero creerán que el mundo se vuelve del
+revés, y que el día se hace noche, y el sol luna, y el agua fuego. Y si
+alguien lo creyera, él lo desmentiría; estoy segura de que lo
+desmentiría. Yo no he faltado, yo no he faltado (alzando la voz), y
+quien diga que yo he faltado, miente, y merece que se le arranque la
+lengua con unas tenazas de hierro echando fuego. Quieren que yo me
+pierda; pero por más que hagan esos perros, no me quitarán, Dios mío,
+que yo sea tan ángel como otra cualquiera. Que rabien, que rabien,
+porque lo seré, lo seré».
+
+Estaba inquietísima, dando vueltas en la cama. El hijito pidió y tomó el
+pecho; pero no debía de encontrar muy abundante el repuesto, cuando a
+cada instante apartaba su boca, chillando desesperadamente. A sus gritos
+de necesidad y desconsuelo, uníanse los de su madre, que decía: «Hijo de
+mi alma... qué, ¿no hay?... Esa, esa bruja ratera tiene la culpa; ella
+te lo ha quitado. Ya verás cómo la arregla tu mamá... Pobretín, tan
+chiquitito y ya le quieren deshonrar... Y mi niño es el rey de España, y
+nada tiene que ver con Ballester, que es su amiguito y nada más... Y mi
+niño es de quien es, y no hay otro en _la casa_, ni le habrá,
+¿verdad?... ¿verdad, gloria, cielo, alegría del mundo?».
+
+
+
+
+--xiii--
+
+
+Todo esto era muy bonito y muy tierno; pero la leche no parecía,
+por lo cual Juan Evaristo no se daba por satisfecho con aquellas
+expresiones de tan poco valor en la práctica. Los alaridos que la madre
+y el hijo daban, cada uno en su registro, no despertaron a José
+Izquierdo, pues este era hombre que en cogiendo la mona, no le
+enderezaba un cañón; pero sí sacaron de su letargo a Segunda, que fue a
+ver lo que ocurría, y hallando a su sobrina medio vestida, se puso hecha
+una furia y por poco le pega. «Mira que te estrello, si das en hacer
+funciones de comedia--le dijo con aquellas formas exquisitas que
+usaba--. ¿Pero no ves, burra, no ves que se te ha retirado la leche, y
+el pobrecito no tiene qué mamar?».
+
+Por fortuna, entre las cosas que dejó Ballester en previsión de todos
+los contratiempos posibles, había un biberón muy majo. Segunda, con
+determinación rápida, lo llenó de leche (de la cual tenía por casualidad
+un par de copas) y probó a dárselo al chico. Este al principio extrañaba
+la dureza y frialdad de aquel pezón que en su boquita le metían. Hizo
+algunos ascos, pero al fin pudo más el hambre que los remilgos, y apencó
+con la teta artificial. «Mira, mira, qué pronto se hace a todo el
+angelito. ¡Si es lo más noble...! Rico... ¡qué carpanta estábamos
+pasando!». La madre le miraba con desconsuelo, aunque contenta de que se
+hubiera encontrado forma y manera de vencer la dificultad. «¿Sabes una
+cosa?--le dijo su tía, poniéndole las manos en la cara--. Tienes
+calentura... Eso es por ponerte a pensar lo que no debes. ¡Si hicieras
+caso de mí, ahora que vas a ser la reina del mundo...! Porque lo que es
+tu tanto mensual te lo tienen que dar. De eso hablamos _la de los Pavos_
+y yo... ¡Vaya, pues no vas tú a ser ahora poco señora...! Chica, chica,
+no te hagas de miel; levanta tu cabeza. ¡Aire!... ¿Pues no ves que las
+señoronas esas te hacen la rueda? Como que será una potentada, y yo que
+tú, no paraba hasta que la Jacinta viniera a besarme la zapatilla. Pues
+qué... ¿crees que él no ha de venir también? Ya le llamará la sangre, y
+en cuantito que vea a este retrato suyo, se le caerá la baba... y...
+chica, créemelo, hasta coche vamos a tener... ¡qué comedia! ¡Cuando digo
+que estaremos en grande! Vendrá, vendrá él, y te aseguro que si tarda
+cuatro días es mucho tardar. ¿No ves que esa familia no tiene un nene
+que la alegre?... ¡si se están todos muriendo de ganas de chiquillo...!
+Tú, trabájalo bien, que nos ha venido Dios a ver con este hijo de
+nuestras entrañas... Yo estoy muy orgullosa, porque él Santa Cruz es
+como hay Dios; pero su poco de Izquierdo no se lo quita nadie: las dos
+familias están de enhorabuena... Ya he empezado yo a sacudirme las
+pulgas, y esta tarde le eché su puntadita a Plácido para que nos diera
+la casa gratis... ¿Qué te crees?... Si están los Santa Cruz con tu hijo
+como chiquillos con zapatos nuevos... Te diré una cosa que no sabes.
+Ayer estuvo la Jacinta en casa de D. Plácido... Quería subir a verle;
+pero esa otra, la santona, le dijo que otro día, por si tú te
+remontabas... Conque vete enterando... ¡Ah! ¡Quién me lo había de
+decir!... Todavía me he de ver yo cogida al brazo de don Baldomero,
+dando vueltas en la Castellana... ¡y poco charol que me voy a dar...! Si
+es una comedia... Tú date tono, no seas boba... que si sabemos
+aprovecharnos, de esta hecha vamos para marquesas».
+
+Fortunata, desde que su tía empezó a hablar, lloraba a lágrima suelta;
+pero al oír lo de que iban a ser marquesas, una ráfaga de jovialidad
+pasó por encima de la onda de tristeza, y la joven se echó a reír con la
+cara anegada en llanto.
+
+«No, no te rías; tanto como marquesas no; ni para qué queremos nosotras
+ser _títulas_; pero lo que es nuestro coche no nos lo quita nadie... Yo
+te aseguro que si hoy viene la Jacinta, tiene que subir... Verás qué
+prontito viene el otro... Claro, cuando no esté aquí su mujer... Me
+_paice_ a mí que su mujer, de esta hecha se tendrá que ir a plantar
+cebollino. Tú, tú eres la que va a subir al trono ahora, o no hay
+equidad en la tierra... Y no digan que eres casada y que tu hijo se
+tiene que llamar Rubín... ¡Qué comedia! Tú eres mayormente viuda y
+libre, porque a tu marido cuéntale como que está en gloria... Y bien
+saben todos que a la vuelta lo venden tinto, y el chico en la cara trae
+la casta, y lo que es la pensión verás cómo te la dan».
+
+Fortunata no se rió más, ni Segunda dijo nada que excitase su hilaridad.
+Hasta la madrugada estuvo la tía acompañándola, y viéndola relativamente
+sosegada, se fue a descabezar un sueño antes de bajar al mercado. A poco
+de quedarse sola, la joven sintió dentro de sí una cosa extraña. Se le
+nublaron los ojos, y se le desprendía algo en su interior, como cuando
+vino al mundo Juan Evaristo; sólo que era sin dolor ninguno. No pudo
+apreciar bien aquel fenómeno, porque se quedó desvanecida. Al volver en
+sí advirtió que era ya día claro, y oyó el piar de los pajarillos que
+tenían su cuartel general en los árboles de la Plaza Mayor y en las
+crines de bronce del caballo de Felipe III. Fue a coger a su hijo en
+brazos, y apenas podía con él. Le faltaban las fuerzas; ¡pero de qué
+manera!, y hasta la vista parecía amenguársele y pervertírsele, porque
+veía los objetos desfigurados y se equivocaba a cada momento, creyendo
+ver lo que no existía. Se asustó mucho y llamó; pero nadie vino en su
+auxilio. Después de llamar como unas tres veces, fue a llamar la cuarta,
+y... aquello sí era grave; no tenía voz, no le sonaba la voz, se le
+quedaba la intención de la palabra en la garganta sin poderla
+pronunciar. Dio algunos toques con los nudillos en el tabique; pero al
+fin su mano se quedó como si fuera de algodón; daba golpes con ella, y
+los golpes no sonaban. También podía ser que sonaran y ella no los
+oyera. Pero ¿cómo no los oía Segunda, que estaba al otro lado del
+tabique? Luego, el brazo se puso también como carne muerta,
+resistiéndose a moverse. «¿Será que me estoy muriendo?» pensó la joven,
+echando miradas a su interior. Pero poco pudo ver allí, por estar el
+interior a oscuras o fantásticamente iluminado. Todas sus ideas
+sufrieron trastornos más o menos febriles, las imágenes se disfrazaron,
+cual si fuesen a las máscaras, tomando cara y apariencia de lo que no
+eran, y la única sensación dominante con alguna claridad en aquel
+desorden fue la de estar inmóvil y rígida, con los movimientos
+involuntarios suspendidos y los voluntarios desobedientes al deseo. A su
+parecer no respiraba; el oído y la vista daban de rato en rato alguna
+impresión fugaz de la vida exterior; pero estas impresiones eran como
+algo que pasaba, siempre de izquierda a derecha. Creyó ver a Segunda y
+oírla hablar con Encarnación; pero hablaban a la carrera, como seres
+endemoniados, pasando y perdiéndose en un término vago que caía hacia la
+mano derecha. El piar de pájaros también se precipitaba en aquel sombrío
+confín, y los chillidos con que Juan Evaristo pedía su biberón.
+
+Pasado cierto tiempo, indeterminado para ella, recobró sus sentidos y
+pudo moverse, apreciando fácilmente la realidad. «¿Quién eres tú?
+--preguntó a Encarnación, única persona que estaba a su lado--. ¡Ah!, ya
+te conozco... ¡Qué tonta soy! ¿No está mi tía?». Díjole la chiquilla que
+la señá Segunda había bajado al mercado, y que subió con la leche para
+el niño, y después se volvió a marchar. Sacó Fortunata de aquel
+desvanecimiento una convicción que se afianzaba en su alma como las
+ideas primarias, la convicción de que se iba a morir aquella mañana.
+Sentía la herida allá dentro, sin saber dónde, herida o descomposición
+irremediables, que la conciencia fisiológica revelaba con diagnóstico
+infalible, semejante a inspiración o numen profético. La cabeza se le
+había serenado; la respiración era fácil aunque corta; la debilidad
+crecía atrozmente en las extremidades. Pero mientras la personalidad
+física se extinguía, la moral, concentrándose en una sola idea, se
+determinaba con desusado vigor y fortaleza. En aquella idea vaciaba,
+como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en
+aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y
+quizás menos humano de su carácter, para dejar tras sí una impresión
+clara y enérgica de él. «Si me descuido--pensó con gran ansiedad--, me
+cogerá la muerte, y no podré hacer esto... ¡qué gran idea!...
+Ocurrírseme tal cosa es señal de que voy a ir derecha al Cielo...
+Pronto, pronto, que la vida se me va...». Llamando a Encarnación, le
+dijo: «Chiquilla, vete corriendito al cuarto de abajo, y le dices a D.
+Plácido que le necesito... ¿entiendes?, que le necesito, que suba...
+Anda, no te detengas. Ya debe de estar ahí, de vuelta de la iglesia,
+tomándose su chocolate... Anda prontito, hija, y te lo agradeceré
+mucho».
+
+En el tiempo que estuvo fuera Encarnación, la diabla no hizo más que dar
+a su hijo muchos besos, diciéndole mil ternezas. El chico estaba
+despierto, y callado la miraba, y aunque nada decía, a ella se le figuró
+que hablaba... «Estarás tan ricamente... hijo mío. No te querrán tanto
+como yo, pero sí un poquito menos... Me estoy muriendo... qué sé yo qué
+tengo... La medicina esa... yo la tomaría... ¿dónde está?...
+¡Encarnación!... Pero si ha ido abajo... Parece que me voy en sangre...
+Hijo mío, Dios me quiere separar de ti; y ello será por tu bien... Me
+muero; la vida se me corre fuera, como el río que va a la mar. Viva
+estoy todavía por causa de esta bendita idea que tengo... ¡Ah!, qué idea
+tan repreciosa... Con ella no necesito Sacramentos; claro, como que me
+lo han dicho de arriba. Siento yo aquí en mi corazón la voz del ángel
+que me lo dice. Tuve esta idea cuando estaba aquí sin habla, y al
+despertar me agarré a ella... Es la llave de la puerta del Cielo... Hijo
+mío, estate calladito, y no chistes, que si tu mamá se va es porque
+Dios se lo manda... ¡Ah!, don Plácido, ¿está usted ahí?...».
+
+--Sí, señora--dijo el hablador entrando en la alcoba con los ademanes
+más oficiosos del mundo--. ¿Qué se le ofrece a usted? La señora me ha
+encargado...
+
+--Amigo, hágame el favor de traer pluma y papel... Espere; deme la
+medicina, esos polvos amarillos... ¿cuáles?, no sé... Pero deje, deje,
+que me tiene que escribir una carta.
+
+--¡Una carta!... Pero antes... (revolviendo en la mesa de noche). ¿Qué
+medicamento quiere?
+
+--Ninguno, ¿ya para qué?... Ándese pronto, que me voy... que me muero.
+
+--¡Que se muere! Vamos... no bromee usted.
+
+--Don Plácido, si no me sirve para esto, llamaré a otra persona. Si
+pudiera esperar a Ballester; pero no, no me da tiempo...
+
+--No, hija, no hay que apurarse. Voy por el tintero--y no tardó cinco
+minutos en volver, y al entrar de nuevo en la alcoba, vio que Fortunata
+se había incorporado en su cama con el chiquillo en brazos, y que
+después, entre ella y Encarnación, le ponían bien abrigadito en su cuna
+de mimbres, la cual venía a ser como un canasto. Le pusieron entre las
+manos su biberón para que no alborotase, y cubriéronle con un pañuelo
+finísimo de seda. Estupiñá no entendía una palabra, ni veía la relación
+que la pluma y papel pudieran tener con lo que veía. «Don Plácido--dijo
+Fortunata con mucha animación--; hágame el favor de escribir... Aquí no
+hay mesa. Chiquilla, tráele el tablero de las damas. Déjate de
+medicinas... ¿Para qué ya?... Vaya, D. Plácido, prepárese; verá qué
+golpe... Se me ocurrió una idea, hace poco, cuando estaba sin habla, al
+punto que me entraba también la idea de mi muerte... Ponga ahí lo que yo
+le diga: «Señora doña Jacinta. Yo...».
+
+--Yo...--repitió Plácido.
+
+--No; hay que empezar de otra manera... No se me ocurre. ¡Qué torpe soy!
+¡Ah!, sí, ponga usted. «Como el Señor se ha servido llevarme con Él, y
+ahora se me alcanza lo mala que he sido...». ¿Qué tal?, ¿va bien así?
+
+--«Lo mala que he sido...».
+
+--En fin, siga usted poniendo lo que le digo... «No quiero morirme sin
+hacerle a usted una fineza, y le mando a usted, por mano del amigo D.
+Plácido, ese _mono del Cielo_ que su esposo de usted me dio a mí,
+equivocadamente...». No, no, borre el _equivocadamente_; ponga: «que me
+lo dio a mí robándoselo a usted...». No, D. Plácido, así no, eso está
+muy mal... porque yo lo tuve... yo, y a ella no se le ha quitado nada.
+Lo que hay es que yo se lo quiero dar, porque sé que ha de quererle, y
+porque es mi amiga... Escriba usted. «Para que se consuele de los tragos
+amargos que le hace pasar su maridillo, ahí le mando al verdadero
+_Pituso_. Este no es falso, es legítimo y _natural_, como usted verá en
+su cara. Le suplico...».
+
+--«Le suplico...».--Usted póngalo todo muy clarito, D. Plácido; yo le
+doy la idea. Pues «le suplico que le mire como hijo y que le tenga por
+_natural_ suyo y del padre... Y mande a su segura servidora y amiga, que
+besa su mano...». ¿Qué tal? ¿Está con finura?... Ahora, veremos si puedo
+echar mi nombre... Me tiembla mucho el pulso... Tráigame la pluma...
+
+Puso un garabato, y luego mandó a Estupiñá abriese la cómoda y sacara la
+inscripción de las acciones del Banco. Después de revolver mucho, fue
+encontrado el documento. «Eso--dijo Fortunata--, se lo da usted a mi
+amiga doña Guillermina».
+
+--Pero no vale sin transferencia--replicó el hablador examinando el
+papel.
+
+--¿Sin qué?--Sin transferencia en toda regla.--Pamplinas. Es mío, y yo
+lo puedo dar a quien quiera. Coja usted la pluma, y ponga que es mi
+voluntad que esas acciones sean para doña Guillermina Pacheco. Le echaré
+muchas firmas debajo, y verá si vale.
+
+Aunque Estupiñá no creía válida aquella manera de testar, hizo lo que se
+le mandaba.
+
+--Ahora, amigo--dijo ella, perdiendo gradualmente el uso de la
+palabra--, coja usted a mi hijo y lléveselo... ¡ay!, déjemelo besar otra
+vez... Aguarde a que me muera... No; lléveselo antes de que venga mi
+tía, o mi marido, o doña Lupe... gente mala. Pueden venir, y ya ve
+usted... qué compromiso. No me dejarán hacer mi gusto, me enfadaré, y no
+me moriré tan santamente... como quiero morirme.
+
+No dijo más. Plácido, acercándose a contemplarla, se asustó
+extraordinariamente. Creyó que estaba muerta o que le faltaba poco para
+morirse; mandó a Encarnación en busca de Segunda y de José Izquierdo, y
+cogiendo la cesta en que Juan Evaristo dormía, la puso en la sala. «No
+me determino a llevármelo--pensó el buen viejo--. Pero al mismo tiempo,
+si esos brutos se empeñan en impedirme que me lo lleve... ¡Ah!, no; yo
+cargo con él, y que tiren por donde quieran». Cogió la cesta, y
+bajándola a su casa con toda la rapidez que le permitían sus piernas no
+muy fuertes, azorado como ladrón o contrabandista, volvió a subir y se
+aproximó a la enferma, mirándola tan de cerca, que casi se tocaban cara
+con cara. «Fortunata... _Pitusa_» murmuró echando _talmente_ la voz en
+el oído de la joven. A la tercera o cuarta llamada, Fortunata movió
+ligeramente los párpados, y desplegando los labios, apenas dijo:
+«_Nene_...».
+
+
+
+
+
+--xiv--
+
+
+«¡Caracoles!, esta mujer se va... ¡Y yo solo aquí con ella!, y el
+crío allá abajo. ¡Van a decir que le he robado! Anda, los ladrones serán
+ellos. Que digan lo que quieran. ¿A mí, qué? Les presento el papelito
+firmado por ella, y en paz. ¡Pobre mujer! (contemplándola horrorizado).
+¡Virgen del Carmen, si se va en sangre!... Pero esta gentuza, ¿cómo es
+que la abandona así? ¿No vieron el peligro? Y ese médico, ¿en qué está
+pensando?... ¡Qué compromiso! ¿Y qué le diría yo?... Aquí hay medicinas;
+se las daré. Pero ¿y si me equivoco? Cuidado con las drogas, Plácido, y
+no hagas una barbaridad. Esperaremos. Pero qué... si cuando vengan ya
+estará ella en el otro barrio. Dios la perdone y le dé lo que más le
+convenga... Es preciso tratar de animarla... (hablándole al oído).
+Fortunata, Fortunatita, abra usted los ojos, y no se nos muera así tan
+tontamente... Le traeré el Viático, si quiera la Santa Unción... ¡Eh!,
+hija, chica... Quia, no se entera... Esto está perdido. Hija mía, piense
+usted en Dios y en la Santísima Virgen; invóqueles en esta hora tremenda
+y la ampararán... Nada, como si le hablaran en griego; no oye, o es que
+está tan aferrada a la maldad que no quiere que se le hable de religión.
+Voy a tocar otro registro (con malicia).
+
+Fortunata, buena moza, mire usted quién está aquí... despierte y verá...
+¿No le conoce? Es aquel sujeto, el Sr. D. Juanito que viene a ver a
+su... dama... Mírele, mírele tan afligido de verla a usted malita.
+(Hablando para sí). ¡Cómo se sonríe la picarona! ¡Ah!, está dañada hasta
+el tuétano. Abre los ojos y le busca con las miradas. Es como los
+borrachos, que aunque estén expirando, si les nombran vino, parece que
+resucitan... ¡Como no se salve esta! Al infierno se va de cabeza... Vean
+qué manera de arrepentirse. Le nombro a Nuestro Divino Redentor y a
+María Santísima del Carmen, y como si tal cosa... Sorda como una tapia.
+Pero le nombro al señorete, y ya la tiene usted tan avispada, queriendo
+vivir, y sin duda con intenciones de pecar. ¡Ah!, cualquier día se salva
+esta... Me parece que sube ya la tía. Oigo sus resoplidos como los de
+una loba marina... Sí, aquí vienen (saliendo al pasillo y hablando con
+Segunda, que subía sofocadísima precedida de Encarnación). ¡Vaya una
+calma que tiene usted! Se ha puesto muy mala, pero muy mala».
+
+Apenas entró en la alcoba, Segunda empezó a dar gritos. «¡Hija de mi
+alma, me la han matado, me la han matado, me la han asesinado! ¡Ay, qué
+carnicería!, ¡cómo está!... Me la han matado... ¿Y el niño? Nos le han
+robado, nos le han robado...».
+
+--Atienda a su sobrina, y vea si la puede salvar--dijo Estupiñá
+cogiéndola por un brazo--, y déjese de asesinatos, y de robos de hijos,
+y no sea usted mamarracho.
+
+--Niña de mi alma... ¿pero qué? Fortunata... ¿te han matado, o qué es
+esto? A ver, cordera, ¿tienes heridas? _Paice_ que te han dado cien
+puñaladas... Pero estás viva. Cuéntame qué ha sido, ¿quién ha sido? ¿Y
+tu niño, nuestro niño, dónde está? ¿Te lo quitaron?...
+
+--Llame usted al médico--indicó Plácido con ira--. ¿Dónde vive? Yo le
+avisaré... Y no se cuide del niño, que está mejor que quiere, y nada le
+falta.
+
+--¿Pero dónde está?... D. Plácido, D. Plácido--exclamó Segunda,
+descompuesta y furiosa--; me parece que va usted a ir al palo... Voy a
+dar parte a la justicia. Usted es un forajido, sí señor, no me vuelvo
+atrás... Usted nos ha birlado a la criatura.
+
+--¡Atiza!... Pero mujer de Barrabás (retirándose por miedo a que Segunda
+le sacara los ojos). ¿Quiere usted callarse? ¿No ve que su sobrina se
+muere?
+
+--Porque usted me la ha matado, so verdugo, caribe, usted, usted.
+
+--Dale con gracia... Habrá que ponerle un bozal. Voy a avisar a la Casa
+de Socorro.
+
+--A la cárcel... es donde tiene que ir usted.
+
+Y en aquel momento entró José Izquierdo, a quien su hermana quiso
+incitar para que acometiese al bueno de Estupiñá. _Platón_ vacilaba, no
+dando a Segunda todo el crédito que esta creía merecer.
+
+«Ea, que me voy cargando... y quien va a traer el juez soy yo--afirmó el
+anciano, dando una patada--. El chico está donde debe estar, y bien
+saben que yo no miento. Y si no, pregúntenle a su madre».
+
+--Hija de mi vida--chillaba Segunda, abrazando y besando a su sobrina,
+que si no era ya cadáver, lo parecía--. Dinos lo que te han hecho,
+dímelo, corazón. ¡Ay, qué dolor de hija!...
+
+--Usted--dijo Plácido a Izquierdo autoritariamente--, corra a llamar a
+ese señor boticario que suele venir, el que ahora la protege. Yo avisaré
+a otra persona, y vamos a escape, que la muerte nos coge la delantera.
+
+Se escabulló sin esperar la opinión de Segunda. _Platón_, comprendiendo
+por instinto antes que por criterio, que las órdenes de Estupiñá eran
+más prácticas que las de la placera, salió y fue presuroso a la calle
+del Ave María.
+
+La primera persona que llegó a la casa fue Guillermina, a quien Plácido
+enteró por el camino de cuanto había ocurrido. Subiendo la escalera, la
+santa dijo a su sacristán: «Entre usted en su casa a esperar a Jacinta
+que vendrá en seguida. Adviértale que no quiero que suba. En cuanto
+pueda, bajaré yo. A Jacinta que no se mueva de aquí y me aguarde».
+
+Cuando la fundadora entró, la enferma continuaba en el mismo estado.
+Segunda, llena de consternación, no hablaba ya de asesinato, y aunque no
+acababa de comprender el _robo del chiquillo_, no se atrevió a mentarlo
+ante la señora casera. Había intentado hacerle tomar a Fortunata fuertes
+dosis de _ergotina_; pero no pudo conseguirlo. Apretaba los dientes, y
+no había medio de traerla a la razón. Guillermina tuvo más suerte o puso
+en ejecución mejores medios, porque logró hacerle beber algo de aquel
+eficaz medicamento. Hubo gran barullo, aplicación precipitada de
+remedios diferentes, externos e internos. La santa y la placera, ambas
+con igual ardor, trabajaron por atajar la vida que se iba; pero la vida
+no quería detenerse, y ante la ineficacia de sus esfuerzos, las dos
+mujeres se pararon rendidas y desconsoladas. Fortunata miraba con
+expresión de gratitud a su amiga, y cuando esta le cogía la mano,
+trataba de hablarle; pero apenas podía articular algún monosílabo.
+Calladas, se hablaron mirándose.
+
+«El Padre Nones va a venir--dijo la santa--; le mandé recado al salir de
+casa. Prepárese usted, hija mía, poniendo el pensamiento en Nuestro
+Señor Jesucristo; y como le pida perdón de sus pecados con verdadera
+contrición, se lo dará. ¿Se lo ha pedido usted?».
+
+Fortunata dijo que sí con la cabeza.
+
+«Mi amiguita se ha enterado del regalo que usted le ha hecho, y está tan
+agradecida. Ha sido un rasgo feliz y cristiano».
+
+En las nieblas que envolvían su pensamiento, la infeliz joven, al oír
+aquello del _rasgo_, se acordó de Feijoo y de sus prohibiciones; pero
+este recuerdo no la hizo arrepentirse de su acción.
+
+«Jacinta me encarga que dé a usted las gracias. No le guarda ningún
+rencor. Al contrario; usted ha sabido arreglarse para dejar buena
+memoria de sí. Además, ella es de las pocas personas que saben perdonar.
+Imítela usted ahora, que no le vendría mal en este instante sofocar sus
+pasiones, amar a sus enemigos y hacer bien a los que la aborrecen. Hija
+mía (abrazándola), ¿ha perdonado usted al hombre que tiene la culpa de
+todos sus males y que la ha arrastrado tantas veces al pecado?».
+
+Fortunata dijo que sí con la cabeza, y sus miradas daban a entender que
+aquel perdón era de los fáciles, porque el amor andaba de por medio.
+
+«¿Perdona usted también a esa mujer de quien se suponía ofendida, y a
+quien usted ofendió de palabra y de obra, con o sin motivo?».
+
+Este perdón sí que era de los duros. Callose la santa observando a la
+diabla intranquila. Esta tenía la cabeza echada hacia atrás, moviéndola
+sobre la almohada con cierta inquietud, y sus miradas vagaban por el
+techo.
+
+«¿Qué?, ¿duda usted?... Pues Dios, para perdonarnos, necesita saber si
+perdonamos nosotros antes. ¿Para qué quiere usted ahora ese odio
+mezquino? ¿De qué le sirve? De peso para impedirle subir al Cielo. Hay
+que arrojar ese plomo (abrazándola con más cariño). Amiguita, hágalo por
+mí, por _el mono del Cielo_, que debe quedar aquí rodeado de
+bendiciones, no de maldiciones».
+
+Fortunata se estremeció desde el cabello hasta los pies... Su
+respiración fatigosa indicaba el afán de vencer las resistencias físicas
+que entorpecían la voz. «No necesita usted hablar--le dijo la santa--;
+basta que manifieste su intención respondiéndome con la cabeza. ¿Perdona
+usted a Aurora...?». La moribunda movió la cabeza de un modo que podría
+pasar por afirmativo, pero con poco acento, como si no toda el alma,
+sino una parte de ella afirmase.
+
+«Más, más claro».
+
+Fortunata acentuó un poquitito más, y sus ojos se humedecieron.
+
+«Así me gusta».
+
+Entonces resplandeció en la cara de la infeliz señora de Rubín algo que
+parecía inspiración poética o religioso éxtasis, y vencida
+maravillosamente la postración en que estaba, tuvo arranque y palabras
+para decir esto: «Yo también... ¿no lo sabe usted...?, soy ángel...».
+
+Y algo más expresó; pero las palabras volvieron a ser ininteligibles, y
+en la cara le quedó una expresión de dicha inefable y reposada. La santa
+estuvo un instante sin saber qué actitud tomar.
+
+«¡Ángel!... sí--dijo al fin--; lo será, si se purifica bien. Amiga
+querida, es preciso prepararse con formalidad. El Padre Nones va a
+venir, y él le dará a usted consuelos que yo no puedo darle... Ahora
+recuerdo que usted tenía una idea maligna, origen de muchos pecados. Es
+preciso arrojarla y pisotearla... Busque, rebusque bien en su espíritu y
+verá cómo la encuentra; es aquel disparate de que el matrimonio, cuando
+no hay hijos, no vale... y de que usted, por tenerlos, era la verdadera
+esposa de... Vamos (con extraordinaria ternura), reconozca usted que
+semejante idea era un error diabólico a fuerza de ser tonto, y prométame
+que ha de renegar de ella y que no la olvidará cuando el amigo Nones la
+confiese. Mire usted que si se la lleva consigo le ha de estorbar mucho
+por allá».
+
+La _Pitusa_ no expresaba nada, por lo cual su fervorosa amiga volvía al
+ataque con más brío y pasión. «Fortunata, hija mía, por el cariño que me
+tiene, y que yo no me merezco, por el que yo le he tomado y que le
+conservaré toda mi vida, le pido que se arranque esa idea, y la arroje
+aquí, como si fuera un adorno de los que se ponen las pecadoras, un
+lunar postizo, un colorete. Eso no sirve allá, como no le sirva al
+demonio para hacer de las suyas... Se la arranca usted, ¿sí o no? Hágalo
+por mí, para que yo me quede tranquila».
+
+Fortunata volvió a tener la llamarada en sus ojos, al modo de un reflejo
+de iluminación cerebral, y en su cuerpo vibraciones de gozo, como si
+entrara alborotadamente en ella un espíritu benigno. La voluntad y la
+palabra reaparecieron; pero sólo fue para decir: «Soy ángel... ¿no lo
+ve?...».
+
+--Ángel, sí; bueno, esa convicción me gusta (con inquietud). Pero yo
+quisiera...
+
+Interrumpió a la señora la aparición del Padre Nones, que no cabía por
+la puerta, y tuvo que inclinarse para poder entrar. Toda la estancia se
+llenó de una negrura triste y severa. «Aquí estoy, _maestra_» dijo el
+anciano, y la dama se levantó para dejarle el asiento. Algo susurraron
+los dos antes de que ella se retirara. Nones habló cariñosamente a la
+enferma, que le miraba con empañados ojos, sin dar ninguna respuesta a
+sus palabras... Por fin, echó una voz que parecía infantil, voz
+quejumbrosa y dolorida, como de una tierna criatura lastimada. Lo que
+Nones creyó entender entre aquellas articulaciones de indefinible
+sentimiento fue esto: «¿No lo sabe?... soy ángel... yo también... _mona
+del Cielo_».
+
+Y siguió su exhortación el cura, diciendo para sí: «Trabajo perdido...
+cabeza trastornada».
+
+Y en alta voz: «Ángel, sí; pero es preciso, hija mía, confesar la fe de
+Cristo, consagrar a ella nuestros últimos pensamientos y pedirle con el
+corazón que nos perdone. Es tan bueno, tan bueno, que no niega su amparo
+a ningún pecador que se llegue a Él por empedernido que sea... Lo
+principal es tener un interior puro, un...».
+
+La miró alarmado. ¿Había dicho algo? Sí; pero Nones no pudo enterarse.
+Fue sin duda aquello de _soy ángel_, y luego inclinó la cabeza como
+quien se va a dormir. El sacerdote la miró más de cerca, y en alta voz
+dijo: «Maestra, maestra, venga usted».
+
+Entró Guillermina y ambos la observaron.
+
+«Creo--dijo Nones--que ha concluido. No ha podido confesar... Cabeza
+trastornada... ¡Pobrecita! Dice que es ángel... Dios lo verá...».
+
+La maestra y el cura se pusieron a rezar en voz alta. Segunda empezó a
+escandalizar, y en aquel momento llegaba Segismundo, quien sabedor en la
+escalera de lo que ocurría, entró en la casa y en la alcoba más muerto
+que vivo.
+
+
+
+
+--xv--
+
+
+Mientras estuvo allí el Padre Nones, Ballester se mantuvo en una
+actitud consternada, contemplando el lastimoso cuadro con el respeto que
+infunden los muertos, y encerrando su dolor en una compostura que tenía
+cierta corrección. Pero cuando no quedaron allí más testigos que la
+santa y Segunda, el buen farmacéutico creyó que no tenía para qué
+sujetar la onda impetuosa que del corazón le salía, y llegándose al
+cuerpo todavía caliente de su infeliz amiga, la abrazó, y estampó
+multitud de besos en su frente y mejillas.
+
+«¡Ah!, señora--dijo a la fundadora, secándose las lágrimas--; veo que se
+asombra usted de... de verme llorar así, y de estas demostraciones... Es
+que yo la quería mucho... era mi amiga... iba a ser mi querida...
+digo... no, dispense usted, éramos amigos... Usted no la conocía bien;
+yo sí... Era un ángel... digo, debía serlo, podría serlo; dispense
+usted, señora, no sé lo que me digo; porque me ha llegado al alma esta
+desgracia. No la esperaba... Ha sido un descuido. Ella misma, con los
+disparates que hacía... porque era de estos ángeles que hacen muchos
+disparates... ¿me entiende usted?... ¡Pobre mujer... tan hermosa y tan
+buena!... La hemorragia ha provenido sin duda de no haberse verificado
+la involución... Me lo temía... La salida antes de tiempo, la agitación
+moral... Añada usted descuidos, falta de asistencia, de vigilancia, y de
+una autoridad que se le hubiera impuesto. ¡Ah!, si yo hubiera estado
+aquí. Pero no podía, no podía. Mis obligaciones... ¡Ah!, señora, crea
+usted que tengo el corazón destrozado, y que tardaré en consolarme de
+esta pesadumbre... La había tomado yo tanto cariño, que a todas horas la
+tenía en el pensamiento. Mi destino me ligaba a ella, y hubiéramos sido
+felices, sí, felices, créalo usted... Nos habríamos ido a otro país, a
+un país lejano, muy lejano. Con permiso de usted, la voy a besar otra
+vez. No la había besado nunca. No me atrevía, ni ella lo habría
+consentido, porque era la persona más honrada y honesta que usted puede
+imaginar».
+
+Guillermina sentía tanto asombro como lástima ante las demostraciones de
+aquel buen hombre que con tanta franqueza se expresaba. Poco a poco fue
+tomando el dolor de Segismundo acentos más tranquilos, y sentado a la
+cabecera del lecho mortuorio, habló con la santa de un asunto que
+necesariamente y por la fuerza de la realidad se imponía.
+
+«¡Ah!, no señora; dispense usted. Los gastos del entierro los pago yo.
+Quiero tener esa satisfacción. No me la quite usted, por Dios...».
+
+--Pero, hijo--replicó la fundadora--, si usted es un pobre. ¿Qué
+necesidad tiene de ese gasto? Si no hubiera más remedio, muy santo y muy
+bueno. Pero no sea usted tonto y guarde su dinero, que bastante falta le
+hace. Esta obligación la pagará quien debe pagarla, y no digo más: al
+buen entendedor...
+
+No dándose por vencido, Ballester persistió en su idea: pero Guillermina
+hubo de machacar tanto, que al fin se la quitó de la cabeza. Segunda y
+sus dos compañeras de plazuela amortajaron a la infeliz señora de Rubín,
+y en tanto el farmacéutico se ocupaba con incansable actividad en los
+preparativos del entierro, que debía de ser a la mañana siguiente. En
+todo aquel día no abandonó la casa mortuoria. Al mediodía estaba solo en
+ella, y el cuerpo de Fortunata, ya vestido con su hábito negro de los
+Dolores, yacía en el lecho. Ballester no se saciaba de contemplarla,
+observando la serenidad de aquellas facciones que la muerte tenía ya por
+suyas, pero que no había devorado aún. Era el rostro como de marfil,
+tocado de manchas vinosas en el hueco de los ojos y en los labios, y las
+cejas parecían aún más finas, rasgueadas y negras de lo que eran en
+vida. Dos o tres moscas se habían posado sobre aquellas marchitas
+facciones. Segismundo sintió nuevamente deseos de besar a su amiga. ¿Qué
+le importaban a él las moscas? Era como cuando caían en la leche. Las
+sacaba, y después bebía como si tal cosa. Las moscas huyeron cuando la
+cara viva se inclinó sobre la muerta, y al retirarse tornaron a posarse.
+Entonces Ballester cubrió la faz de su amiga con un pañuelo finísimo.
+
+Guillermina volvió más tarde. Subía del cuarto de Plácido a decir a
+Ballester algo referente al entierro. Un rato hablaron, y como ella se
+mostrase recelosa de que el marido de la difunta fuese por allá y armara
+un escándalo, el farmacéutico la tranquilizó diciéndole: «No tema usted
+nada. Esta mañana hemos conseguido encerrarle. Está furioso el infeliz,
+y costó Dios y ayuda quitarle un maldito revólver que ha comprado y con
+el cual quiere fusilar a las pobres _Samaniegas_ y a otra persona que
+suele pasear por el barrio. La célebre doña Lupe estaba con el alma en
+un hilo. Acudimos Padilla y yo, y con gran trabajo pudimos desarmar al
+filósofo y encerrarle en su cuarto, donde quedó dando cabezadas contra
+las paredes y pegando unos gritos que se oían desde la calle».
+
+--Ya lo dije yo. Tanta y tanta lógica tenía que parar en eso... Conque
+ya sabe usted. A las diez habrá misa y responso en el cementerio. Y se
+ha dispuesto, por quien debe hacerlo, que el entierro sea de primera,
+coche de lujo con seis caballos; irán los niños del Hospicio... Usted
+dirá que esta ostentación no viene al caso.
+
+--No, yo no digo nada.
+
+--No tendría nada de particular que lo dijera, porque a primera vista es
+absurdo. Pero la complicación de causas trae la complicación de efectos,
+y por eso vemos en el mundo tantas cosas que nos parecen despropósitos y
+que nos hacen reír. Vea usted por qué yo profeso el principio de que no
+debemos reírnos de nada, y que todo lo que pasa, por el hecho de pasar,
+ya merece algo de respeto. ¿Se va usted enterando?
+
+Algo más iba a decir; pero entró Plácido, sombrero en mano, y con
+ciertos aires de ayudante de campo anunció a su generala que había
+llegado doña Bárbara.
+
+Bajó, pues, la santa, y encontró a su amiga un poco adusta, observando
+los cariñosos extremos de Jacinta con aquel canario de alcoba que estaba
+en su poder, como si se lo hubiera encontrado en la calle o se lo
+hubieran puesto en una cesta a la puerta de su casa. Algo le decían
+también a la señora de Santa Cruz las facciones del chiquitín; pero
+escarmentada y previsora, se contenía por no incurrir en la ridiculez de
+un chasco semejante al de marras. Estaba, pues, la señora, indecisa, sin
+resolverse a entusiasmarse; y las razones que Guillermina le dio para
+convencerla no la sacaron de aquella actitud reservada y suspicaz. Los
+afectos que se desbordaban del corazón de la Delfina eran combinación
+armoniosa de alegría y de pena, por las circunstancias en que aquella
+tierna criatura había ido a sus manos. No podía apartar su pensamiento
+de la persona que un poco más arriba, en la misma casa, había dejado de
+existir aquella mañana, y se maravillaba de notar en su corazón
+sentimientos que eran algo más que lástima de la mujer sin ventura, pues
+entrañaban tal vez algo de compañerismo, fraternidad fundada en
+desgracias comunes. Recordaba, sí, que la muerta había sido su mayor
+enemiga; pero las últimas etapas de la enemistad y el caso increíble de
+la herencia del _Pituso_, envolvían, sin que la inteligencia pudiera
+desentrañar este enigma, una reconciliación. Con la muerte de por medio,
+la una en la vida visible y la otra en la invisible, bien podría ser que
+las dos mujeres se miraran de orilla a orilla, con intención y deseos de
+darse un abrazo.
+
+Las tres señoras dijeron a un tiempo: «¿y qué hacemos ahora?». Entablose
+discusión breve sobre el punto a que llevarían aquella adquisición
+preciosa. Guillermina cortó las dificultades, proponiendo que le
+llevaran a su casa. Se dieron órdenes a Estupiñá para que fuesen
+conducidas también al domicilio de la santa las tres mujeronas entre las
+cuales sería elegida, a toda conciencia, la que había de criar al _mono
+del Cielo_.
+
+Por la noche de aquel célebre día, hubo en la casa de Santa Cruz una
+escena memorable.
+
+Jacinta y su suegra cogieron por su cuenta al Delfín, y le pusieron en
+duro compromiso, refiriéndole lo ocurrido, mostrándole la carta
+redactada por Estupiñá y obligándole (con lastimoso desdoro de su
+dignidad) a manifestarse sinceramente consternado, pues el caso no era
+para puesto en solfa, ni para rehuido con cuatro frases y un pensamiento
+ingenioso. Había faltado gravemente, ofendiendo a su mujer legítima,
+abandonando después a su cómplice, y haciendo a esta digna de compasión
+y aun de simpatía, por una serie de hechos de que él era exclusivamente
+responsable. Por fin, Santa Cruz, tratando de rehacer su destrozado amor
+propio, negó unas cosas, y otras, las más amargas, las endulzó y confitó
+admirablemente, para que pasaran, terminando por afirmar que el chico
+era suyo y muy suyo, y que por tal lo reconocía y aceptaba, con
+propósitos de quererle como si le hubiera tenido de su adorada y
+legítima esposa.
+
+Cuando se quedaron solos los Delfines, Jacinta se despachó a su gusto
+con su marido, y tan cargada de razón estaba y tan firme y valerosa, que
+apenas pudo él contestarle, y sus triquiñuelas fueron armas impotentes y
+risibles contra la verdad que afluía de los labios de la ofendida
+consorte. Esta le hacía temblar con sus acerados juicios, y ya no era
+fácil que el habilidoso caballero triunfara de aquella alma tierna,
+cuya dialéctica solía debilitarse con la fuerza del cariño. Entonces se
+vio que la continuidad de los sufrimientos había destruido en Jacinta la
+estimación a su marido, y la ruina de la estimación arrastró consigo
+parte del amor, hallándose por fin este reducido a tan míseras
+proporciones, que casi no se le echaba de ver. La situación desairada en
+que esto le ponía, inflamaba más y más el orgullo de Santa Cruz, y ante
+el desdén no simulado, sino real y efectivo, que su mujer le mostraba,
+el pobre hombre padecía horriblemente, porque era para él muy triste,
+que a la víctima no le doliesen ya los golpes que recibía. No ser nadie
+en presencia de su mujer, no encontrar allí aquel refugio a que
+periódicamente estaba acostumbrado, le ponía de malísimo talante. Y era
+tal su confianza en la seguridad de aquel refugio, que al perderlo,
+experimentó por vez primera esa sensación tristísima de las irreparables
+pérdidas y del vacío de la vida, sensación que en plena juventud
+equivale al envejecer, en plena familia equivale al quedarse solo, y
+marca la hora en que lo mejor de la existencia se corre hacia atrás,
+quedando a la espalda los horizontes que antes estaban por delante.
+Claramente se lo dijo ella, con expresiva sinceridad en sus ojos, que
+nunca engañaban. «Haz lo que quieras. Eres libre como el aire. Tus
+trapisondas no me afectan nada». Esto no era palabrería, y en las
+pruebas de la vida real, vio el Delfín que aquella vez iba de veras.
+
+Durante algún tiempo, el _Delfinito_ siguió en casa de Guillermina,
+donde estaba la nodriza, hasta que enteraron de todo a D. Baldomero, y
+se le pudo llevar a la casa patrimonial. Jacinta vivía consagrada a él
+en cuerpo y alma, y tenía la satisfacción de que todos en la casa le
+querían, incluso su padre. A solas con él, la dama se entretenía
+fabricando en su atrevido pensamiento edificios de humo con torres de
+aire y cúpulas más frágiles aún, por ser de pura idea. Las facciones del
+heredado niño no eran las de la otra, eran las suyas. Y tanto podía la
+imaginación, que la madre putativa llegaba a embelesarse con el
+artificioso recuerdo de haber llevado en sus entrañas aquel precioso
+hijo, y a estremecerse con la suposición de los dolores sufridos al
+echarle al mundo. Y tras estos juegos de la fantasía traviesa, venía el
+discurrir sobre lo desarregladas que andan las cosas del mundo. También
+ella tenía su idea respecto a los vínculos establecidos por la ley, y
+los rompía con el pensamiento, realizando la imposible obra de volver el
+tiempo atrás, de mudar y trastocar las calidades de las personas,
+poniendo a este el corazón de aquel, y a tal otro la cabeza del de más
+allá, haciendo, en fin, unas correcciones tan extravagantes a la obra
+total del mundo, que se reiría de ellas Dios, si las supiera, y su
+vicario con faldas, Guillermina Pacheco. Jacinta hacía girar todo este
+ciclón de pensamientos y correcciones alrededor de la cabeza angélica de
+Juan Evaristo; recomponía las facciones de este, atribuyéndole las suyas
+propias, mezcladas y confundidas con las de un ser ideal, que bien
+podría tener la cara de Santa Cruz, pero cuyo corazón era seguramente el
+de Moreno... aquel corazón que la adoraba y que se moría por ella...
+Porque bien podría Moreno haber sido su marido... vivir todavía, no
+estar gastado ni enfermo, y tener la misma cara que tenía el Delfín, ese
+falso, mala persona... «Y aunque no la tuviera, vamos, aunque no la
+tuviera... ¡Ah!, el mundo entonces sería como debía ser, y no pasarían
+las muchas cosas malas que pasan...».
+
+
+
+
+--xvi--
+
+
+En el entierro de la señora de Rubín contrastaba el lujo del
+carro fúnebre con lo corto del acompañamiento de coches, pues sólo
+constaba de dos o tres. En el de cabecera iba Ballester, que por no ir
+solo se había hecho acompañar de su amigo el crítico. En el largo
+trayecto de la Cava al cementerio, que era uno de los del Sur,
+Segismundo contó al buen Ponce todo lo que sabía de la historia de
+Fortunata, que no era poco, sin omitir lo último, que era sin duda lo
+mejor; a lo que dijo el eximio sentenciador de obras literarias, que
+había allí elementos para un drama o novela, aunque a su parecer, el
+tejido artístico no resultaría vistoso sino introduciendo ciertas
+urdimbres de todo punto necesarias para que la vulgaridad de la vida
+pudiese convertirse en materia estética. No toleraba él que la vida se
+llevase al arte tal como es, sino aderezada, sazonada con olorosas
+especias y después puesta al fuego hasta que cueza bien. Segismundo no
+participaba de tal opinión, y estuvieron discutiendo sobre esto con
+selectas razones de una y otra parte, quedándose cada cual con sus ideas
+y su convicción, y resultando al fin que la fruta cruda bien madura es
+cosa muy buena, y que también lo son las compotas, si el repostero sabe
+lo que trae entre manos.
+
+En esto llegaron y se dio tierra al cuerpo de la señora de Rubín,
+delante de las cuatro o cinco personas acompañantes, las cuales eran
+Segismundo y el crítico, Estupiñá, José Izquierdo y el marido de una de
+las placeras, amiga de Segunda. Ballester, afectadísimo, hacía de tripas
+corazón, y se retiró el último. De regreso a Madrid en el coche, llevaba
+fresca en su mente la imagen de la que ya no era nada. «Esta
+imagen--dijo a su amigo--, vivirá en mí algún tiempo; pero se irá
+borrando, borrando, hasta que enteramente desaparezca. Esta presunción
+de un olvido posible, aun suponiéndolo lejano, me da más tristeza que
+lo que acabo de ver... Pero tiene que haber olvido, como tiene que haber
+muerte. Sin olvido, no habría hueco para las ideas y los sentimientos
+nuevos. Si no olvidáramos no podríamos vivir, porque en el trabajo
+digestivo del espíritu no puede haber ingestión sin que haya también
+eliminación».
+
+Y más adelante: «Mire usted, amigo Ponce, yo estoy inconsolable; pero no
+desconozco que, atendiendo al egoísmo social, la muerte de esa mujer es
+un bien para mí (bienes y males andan siempre aparejados en la vida);
+porque, créamelo usted, yo me preparaba a hacer grandes disparates por
+esa buena moza; ya los estaba haciendo, y habría llegado sabe Dios a
+dónde... ¡calcule usted qué atracción ejercía sobre mí! Me tengo por
+hombre de seso, y sin embargo, yo me iba derecho al abismo. Tenía para
+mí esa mujer un poder sugestivo que no puedo explicarle; se me metió en
+la cabeza la idea de que era un ángel, sí, ángel disfrazado, como si
+dijéramos, vestido de máscara para estampar a los tontos, y no me
+habrían arrancado esta idea todos los sabios del mundo. Y aun ahora, la
+tengo aquí fija y clara... Será un delirio, una aberración; pero aquí
+dentro está la idea, y mi mayor desconsuelo es que no puedo ya, por
+causa de la muerte, probarme que es verdadera...
+
+Porque yo me lo quería probar... y créalo usted, me hubiera salido con
+la mía».
+
+A la semana siguiente, Ballester salió de la botica de Samaniego, porque
+doña Casta se enteró de sus relaciones (que a ella se le antojaron
+inmorales) con la infame que tan groseramente había atropellado a
+Aurora, y no quiso más cuentas con él. Doña Lupe le rogó varias veces
+que fuese a ver a Maximiliano, que continuaba encerrado en su cuarto, y
+le daban la comida por un tragaluz, no atreviéndose a entrar ni la
+señora ni Papitos, porque los aullidos que daba el infeliz eran señal de
+agitación insana y peligrosa. Segismundo fue el primero que penetró en
+la estancia, sin miedo alguno, y vio a Maxi en un rincón, hecho un
+ovillo, con más apariencias de imbecilidad que de furia, demudado el
+rostro y las ropas en desorden.
+
+«¿Qué?--le dijo el farmacéutico inclinándose y tratando de levantarle--.
+¿Se va pasando eso?... Como hace días nos quiso usted morder, cuando le
+quitamos el revólver, y daba mordiscos y patadas, y quería matar a todo
+el género humano, tuvimos que encerrarle. Justo castigo de la
+tontería... ¿Qué? ¿Ha perdido el uso de la palabra? Míreme de frente y
+no hagamos visajes, que se pone muy feíto. ¿No me conoce? Soy Ballester,
+y ahí tengo la vara aquella para enderezar a los niños mal criados».
+
+--Ballester--dijo Maxi mirándole fijamente y como quien vuelve de un
+letargo.
+
+--El mismo, ¿y qué?... ¿Quiere que le dé noticias del mundo? Pues
+prométame tener juicio.
+
+--¿Juicio...? Ya lo tengo, ya lo tengo. ¿Pues acaso he perdido yo alguna
+vez ni tanto así del juicio?
+
+--¡Quia! Nada en gracia de Dios. ¡Usted perder el juicio! Bueno va...
+
+--Ello es que yo he dormido, amigo Ballester--dijo Rubín con relativa
+serenidad levantándose--. Lo que recuerdo ahora es que yo estaba cuerdo,
+más cuerdo que nadie, y de repente me entró el frenesí de matar. ¿Por
+qué, por qué fue?
+
+--Eso, rásquese la cabecita a ver si hace memoria... fue porque _semos_
+muy tontos. Era usted el espejo de los filósofos, y ya iba para santo,
+cuando de repente le dio por comprar un revólver...
+
+--¡Ah!... sí (abriendo espantado lo ojos), fue porque mi mujer me dio
+palabra de quererme con verdadero amor, de quererme con delirio, ¿oye
+usted?, como ella sabe querer.
+
+--Bueno va. Y ahora le quiere echar la culpa a la otra pobre.
+
+--Ella, sí, ella fue. Me arrebató... y arrebatado estoy. Tengo dentro de
+mí el espíritu del mal... y apenas me queda un recuerdo vago de aquel
+estado de virtud en que me hallaba.
+
+--¡Qué lástima, hijo, qué lástima! Tenemos que volver a las duchas y al
+bromuro de sodio. Es lo mejor para echar virtud y filosofía.
+
+--Volveré--dijo Maxi con gravedad suma--, cuando haya cumplido la
+promesa que a mi mujer hice. Mataré, gozaré después de aquel amor
+inefable, infinito, que no he catado nunca y que ella me ofreció en
+cambio del sacrificio que le hice de mi razón, y luego nos consagraremos
+ella y yo a hacer penitencia y a pedir a Dios perdón de nuestra culpa.
+
+--¡Bonito programa, sí, señor, bonito contrato! Sólo que ya no puede
+realizarse, porque falta una de las partes.
+
+--¿Qué parte?--La que ponía el amor, ese amor tan sublime y...
+delirante.
+
+Maxi no comprendía, y Ballester, decidido a darle la noticia sin rodeos
+ni atenuaciones, concluyó así:
+
+--Sí, su mujer de usted ya no existe. La pobrecita se nos ha muerto hace
+hoy ocho días.
+
+Y al decirlo, se conmovió extraordinariamente, velándosele la voz. Maxi
+prorrumpió en una risa desentonada. «Otra vez la misma comedia, otra
+vez... Pero ahora, como entonces, no cuela, Sr. Ballester... ¿Apostamos
+a que con mi lógica vuelvo a descubrir dónde está? ¡Ay, Dios mío!, ya
+siento la lógica invadiendo mi cabeza con fuerza admirable, y el talento
+vuelve... sí, me vuelve, aquí está, le siento entrar. ¡Bendito sea
+Dios, bendito sea!».
+
+Doña Lupe, que escuchaba este coloquio desde el pasillo, aplicando su
+oído a la puerta entornada, fue perdiendo el miedo al oír la voz serena
+de su sobrino, y abrió un poquito, dejando ver su cara inteligente y
+atisbadora.
+
+«Entre usted, doña Lupe--le dijo Segismundo--. Ya está bien. Pasó el
+arrebato. Pero no quiere creer que hemos perdido a su esposa. Ya; como
+la otra vez le engañamos... Pero él tuvo más talento que nosotros».
+
+--Y ahora también, y ahora también--afirmó Rubín con maniática
+insistencia--. Empezaré al instante mis trabajos de observación y de
+cálculo.
+
+--Pues no necesitará calentarse la cabeza, porque yo se lo probaré... yo
+demostraré lo que he dicho. Doña Lupe, hágame el favor de traerle la
+ropita, porque no está bien que salga a la calle con esa facha.
+
+--¿Pero a dónde le va usted a llevar? (alarmada).
+
+--Déjeme usted a mí, señá ministra. Yo me entiendo. ¿Teme que le robe
+esta alhaja?
+
+--Mi ropa, tía, mi ropa--dijo Maxi tan animado como en sus mejores
+tiempos, y sin ninguna apariencia de trastorno mental.
+
+Por fin, se hizo lo que Ballester deseaba; Maxi se vistió y salieron. En
+el pasillo, Segismundo comunicó su pensamiento a doña Lupe: «Mire
+usted, señora, yo tengo que ir al cementerio a ver la lápida que he
+hecho poner en la sepultura de esa pobrecita. La costeo yo; he querido
+darme esa satisfacción... una lápida preciosa, con el nombre de la
+difunta y una corona de rosas...».
+
+--¡Corona de rosas!--exclamó _la de los Pavos_, que con toda su
+diplomacia no supo disimular un ligero acento de ironía.
+
+--De rosas... ¿y qué más le da a usted...? (quemándose). ¿Acaso tiene
+usted que pagarla?... Yo hubiera querido hacerla de mármol; pero no hay
+posibles... y es de piedra de Novelda; tributo modesto y afectuoso de
+una amistad pura... Era un ángel... Sí; no me vuelvo atrás, aunque usted
+se ría.
+
+--No, si no me he reído. Pues no faltaba más.
+
+--Un ángel a su manera. En fin, dejemos esto y vamos a lo otro. Como ha
+de influir mucho en el estado mental de este pobre chico el convencerse
+de que su mujer no vive, le pienso llevar... para que lo vea, señora,
+para que lo vea.
+
+Aprobó doña Lupe, y los dos farmacéuticos salieron y tomaron un simón.
+Por el camino iba Maxi cabizbajo, y la aproximación al cementerio le
+imponía, subyugando su ánimo con la gravedad que lleva en sí la idea del
+morir. «Adelante, niño» le dijo su amigo cogiéndole por un brazo, y
+llevándole dentro del camposanto. Atravesaron un gran patio lleno de
+mausoleos de más o menos lujo, después otro patio que era todo nichos;
+pasaron a un tercero en el cual había sepulturas abiertas, recién
+ocupadas, y paráronse delante de una en la cual estaban aún los
+albañiles, que acababan de poner una lápida y recogían las herramientas.
+
+«Aquí es--dijo Ballester, señalando la gran losa de cantería de Novelda,
+en cuyo extremo superior había una corona de rosas, bastante bien
+tallada, debajo del R.I.P. y luego un nombre y la fecha del
+fallecimiento--¿Qué dice ahí?».
+
+Maximiliano se quedó inmóvil, clavados los ojos en la lápida... ¡Bien
+claro lo rezaba el letrero! Y al nombre y apellido de su mujer se añadía
+_de Rubín_. Ambos callaban; pero la emoción de Maxi era más viva y
+difícil de dominar que la de su amigo. Y al poco rato, un llanto
+tranquilo, expresión de dolor verdadero y sin esperanza de remedio,
+brotaba de sus ojos en raudal que parecía inagotable. «Son las lágrimas
+de toda mi vida--pudo decir a su amigo--, las que derramo ahora... Todas
+mis penas me están saliendo por los ojos».
+
+Ballester se le llevó no sin trabajo, porque aún quería permanecer allí
+más tiempo y llorar sin tregua. Cuando salían del cementerio, entraba un
+entierro con bastante acompañamiento.
+
+Era el de D. Evaristo Feijoo. Pero los dos farmacéuticos no fijaron su
+atención en él. En el coche, Maximiliano, con voz sosegada y dolorida,
+expresó a su amigo estas ideas:
+
+«La quise con toda mi alma. Hice de ella el objeto capital de mi vida, y
+ella no respondió a mis deseos. No me quería... Miremos las cosas desde
+lo alto: no me podía querer. Yo me equivoqué, y ella también se
+equivocó. No fui yo solo el engañado, ella también lo fue. Los dos nos
+estafamos recíprocamente. No contamos con la Naturaleza, que es la gran
+madre y maestra que rectifica los errores de sus hijos extraviados.
+Nosotros hacemos mil disparates, y la Naturaleza nos los corrige.
+Protestamos contra sus lecciones admirables que no entendemos, y cuando
+queremos que nos obedezca, nos coge y nos estrella, como el mar estrella
+a los que pretenden gobernarlo. Esto me lo dice mi razón, amigo
+Ballester, mi razón, que hoy, gracias a Dios, vuelve a iluminarme como
+un faro espléndido. ¿No lo ve usted?... ¿pero no lo ve?... Porque el que
+sostenga ahora que estoy loco es el que lo está verdaderamente, y si
+alguien me lo dice en mi cara, ¡vive Cristo, por la santísima uña de
+Dios!, que me la ha de pagar».
+
+--Calma, calma, amigo mío (con bondad). Nadie le contradice a usted.
+
+--Porque yo veo ahora todos los conflictos, todos los problemas de mi
+vida con una claridad que no puede provenir más que de la razón... Y
+para que conste, yo juro ante Dios y los hombres que perdono con todo mi
+corazón a esa desventurada a quien quise más que a mi vida, y que me
+hizo tanto daño; yo la perdono, y aparto de mí toda idea rencorosa, y
+limpio mi espíritu de toda maleza, y no quiero tener ningún pensamiento
+que no sea encaminado al bien y a la virtud... El mundo acabó para mí.
+He sido un mártir y un loco. Que mi locura, de la que con la ayuda de
+Dios he sanado, se me cuente como martirio, pues mis extravíos, ¿qué han
+sido más que la expresión exterior de las horribles agonías de mi alma?
+Y para que no quede a nadie ni el menor escrúpulo respecto a mi estado
+de perfecta cordura, declaro que quiero a mi mujer lo mismo que el día
+en que la conocí; adoro en ella lo ideal, lo eterno, y la veo, no como
+era, sino tal y como yo la soñaba y la veía en mi alma; la veo adornada
+de los atributos más hermosos de la divinidad, reflejándose en ella como
+en un espejo; la adoro, porque no tendríamos medio de sentir el amor de
+Dios, si Dios no nos lo diera a conocer figurando que sus atributos se
+transmiten a un ser de nuestra raza. Ahora que no vive, la contemplo
+libre de las transformaciones que el mundo y el contacto del mal le
+imprimían; ahora no temo la infidelidad, que es un rozamiento con las
+fuerzas de la Naturaleza que pasan junto a nosotros; ahora no temo las
+traiciones, que son proyección de sombra por cuerpos opacos que se
+acercan; ahora todo es libertad, luz; desaparecieron las asquerosidades
+de la realidad, y vivo con mi ídolo en mi idea, y nos adoramos con
+pureza y santidad sublimes en el tálamo incorruptible de mi pensamiento.
+
+--Era un ángel--murmuró Ballester, a quien, sin saber cómo, se le
+comunicaba algo de aquella exaltación.
+
+--Era un ángel--gritó Maxi dándose un fuerte puñetazo en la rodilla--.
+¡Y el miserable que me lo niegue o lo ponga en duda se verá conmigo...!
+
+--¡Y conmigo!--repitió Segismundo, con igual calor--. Lástima de
+mujer... ¡Si viviera!
+
+
+--No, amigo, vivir no. La vida es una pesadilla... Más la quiero
+muerta...
+
+--Y yo también--dijo Ballester, cayendo en la cuenta de que no debía
+contrariarle--. La amaremos los dos como se ama a los ángeles. ¡Dichosos
+los que se consuelan así!
+
+--¡Dichosos mil veces, amigo mío!--exclamó Rubín con entusiasmo--, los
+que han llegado, como yo, a este grado de serenidad en el pensamiento.
+Usted está aún atado a las sinrazones de la vida; yo me liberté, y vivo
+en la pura idea. Felicíteme usted, amigo de mi alma, y deme un gran
+abrazo, así, así, más apretado; más, más, porque me siento muy feliz,
+muy feliz.
+
+Al entrar en su casa lo primero que dijo a doña Lupe fue esto: «Tía de
+mi alma, yo me quiero retirar del mundo, y entrar en un convento donde
+pueda vivir a solas con mis ideas». Vio el cielo abierto la de Jáuregui
+al oírle expresarse de este modo, y respondió: «¡Ay, hijo mío, si ya te
+tenía yo dispuesta tu entrada en un monasterio muy retirado y hermoso
+que hay aquí, cerca de Madrid! Verás qué ricamente vas a estar. Hay en
+él unos señores monjes muy simpáticos que no hacen más que pensar en
+Dios y en las cosas divinas. ¡Cuánto me alegro de que hayas tomado esa
+determinación! Anticipándome a tu deseo, te estaba yo preparando la ropa
+que has de llevar». Apoyó Ballester la idea que a su amigo le había
+entrado, y todo el día estuvo hablándole de lo mismo, temeroso de que se
+desdijera; y para aprovechar aquella buena disposición, al día siguiente
+tempranito, él mismo le llevó en un coche al sosegado retiro que le
+preparaban. Maxi iba contentísimo y no hizo ninguna resistencia. Pero al
+llegar, decía en alta voz como si hablara con un ser invisible: «¡Si
+creerán estos tontos que me engañan! Esto es Leganés. Lo acepto, lo
+acepto y me callo, en prueba de la sumisión absoluta de mi voluntad a
+lo que el mundo quiera hacer de mi persona. No encerrarán entre murallas
+mi pensamiento. Resido en las estrellas. Pongan al llamado Maximiliano
+Rubín en un palacio o en un muladar... lo mismo da».
+
+
+Madrid.--Junio de 1887.
+
+FIN DE LA NOVELA
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Fortunata y Jacinta, by Benito Pérez Galdós
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK FORTUNATA Y JACINTA ***
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+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
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+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
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+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
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+ The Project Gutenberg eBook of Fortunata Y Jacinta: (Dos Historias De Casadas), by Benito
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+<pre>
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+The Project Gutenberg EBook of Fortunata y Jacinta, by Benito Pérez Galdós
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Fortunata y Jacinta
+ dos historias de casadas
+
+Author: Benito Pérez Galdós
+
+Release Date: November 5, 2005 [EBook #17013]
+[Last updated on December 21, 2019]
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+Language: Spanish
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK FORTUNATA Y JACINTA ***
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+Produced by Chuck Greif
+
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+
+</pre>
+
+<hr />
+
+<h1>Fortunata y Jacinta: (dos historias de casadas)</h1>
+
+<h2>por<br /> B. P&eacute;rez Gald&oacute;s</h2>
+<h3>Imprenta de La Guirnalda</h3>
+<h3>Madrid</h3>
+<h3>1887</h3>
+<hr />
+
+<h2>&Iacute;NDICE</h2>
+<table summary="indice" cellspacing="0" cellpadding="0">
+<tr><td>
+<a href="#indice"><b>PARTE PRIMERA</b></a><br />
+<a href="#ia"><b>-I-</b></a>
+<a href="#iia"><b>-II-</b></a>
+<a href="#iiia"><b>-III-</b></a>
+<a href="#iva"><b>-IV-</b></a>
+<a href="#va"><b>-V-</b></a>
+<a href="#via"><b>-VI-</b></a>
+<a href="#viia"><b>-VII-</b></a>
+<a href="#viiia"><b>-VIII-</b></a>
+<a href="#ixa"><b>-IX-</b></a>
+<a href="#xa"><b>-X-</b></a>
+<a href="#xia"><b>-XI-</b></a><br /><br />
+<a href="#parte_segunda"><b>PARTE SEGUNDA</b></a><br />
+<a href="#ib"><b>-I-</b></a>
+<a href="#iib"><b>-II-</b></a>
+<a href="#iiib"><b>-III-</b></a>
+<a href="#ivb"><b>-IV-</b></a>
+<a href="#vb"><b>-V-</b></a>
+<a href="#vib"><b>-VI-</b></a>
+<a href="#viib"><b>-VII-</b></a><br /><br />
+<a href="#parte_tercera"><b>PARTE TERCERA</b></a><br />
+<a href="#ic"><b>-I-</b></a>
+<a href="#iic"><b>-II-</b></a>
+<a href="#iiic"><b>-III-</b></a>
+<a href="#ivc"><b>-IV-</b></a>
+<a href="#vc"><b>-V-</b></a>
+<a href="#vic"><b>-VI-</b></a>
+<a href="#viic"><b>-VII-</b></a><br /><br />
+<a href="#parte_cuarta"><b>PARTE CUARTA</b></a><br />
+<a href="#id"><b>-I-</b></a>
+<a href="#iid"><b>-II-</b></a>
+<a href="#iiid"><b>-III-</b></a>
+<a href="#ivd"><b>-IV-</b></a>
+<a href="#vd"><b>-V-</b></a>
+<a href="#vid"><b>-VI-</b></a>
+</td></tr>
+</table>
+<hr />
+
+<h2><a name="indice" id="indice"></a>PARTE PRIMERA</h2>
+<hr />
+<h2><a name="ia" id="ia"></a>-I-</h2>
+
+<h2>Juanito Santa Cruz</h2>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Las noticias m&aacute;s remotas que tengo de la persona que lleva este nombre
+me las ha dado Jacinto Mar&iacute;a Villalonga, y alcanzan al tiempo en que
+este amigo m&iacute;o y el otro y el de m&aacute;s all&aacute;, Zalamero, Joaquinito Pez,
+Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad. No cursaban todos
+el mismo a&ntilde;o, y aunque se reun&iacute;an en la c&aacute;tedra de Cam&uacute;s, separ&aacute;banse en
+la de Derecho Romano: el chico de Santa Cruz era disc&iacute;pulo de Novar, y
+Villalonga de Coronado. Ni ten&iacute;an todos el mismo grado de aplicaci&oacute;n:
+Zalamero, juicioso y circunspecto como pocos, era de los que se ponen en
+la primera fila de bancos, mirando con faz complacida al profesor
+mientras explica, y haciendo con la cabeza discretas se&ntilde;ales de
+asentimiento a todo lo que dice. Por el contrario, Santa Cruz y
+Villalonga se pon&iacute;an siempre en la grada m&aacute;s alta, envueltos en sus
+capas y m&aacute;s parecidos a conspiradores que a estudiantes. All&iacute; pasaban el
+rato charlando por lo bajo, leyendo novelas, dibujando caricaturas o
+sopl&aacute;ndose rec&iacute;procamente la lecci&oacute;n cuando el catedr&aacute;tico les
+preguntaba. Juanito Santa Cruz y Miquis llevaron un d&iacute;a una sart&eacute;n (no
+s&eacute; si a la clase de Novar o a la de Uribe, que explicaba Metaf&iacute;sica) y
+frieron un par de huevos. Otras muchas tonter&iacute;as de este jaez cuenta
+Villalonga, las cuales no copio por no alargar este relato. Todos ellos,
+a excepci&oacute;n de Miquis que se muri&oacute; en el 64 so&ntilde;ando con la gloria de
+Schiller, metieron infernal bulla en el c&eacute;lebre alboroto de la noche de
+San Daniel. Hasta el formalito Zalamero se descompuso en aquella ruidosa
+ocasi&oacute;n, dando pitidos y chillando como un salvaje, con lo cual se gan&oacute;
+dos bofetadas de un guardia veterano, sin m&aacute;s consecuencias. Pero
+Villalonga y Santa Cruz lo pasaron peor, porque el primero recibi&oacute; un
+sablazo en el hombro que le tuvo derrengado por espacio de dos meses
+largos, y el segundo fue cogido junto a la esquina del Teatro Real y
+llevado a la prevenci&oacute;n en una cuerda de presos, compuesta de varios
+estudiantes decentes y algunos pilluelos de muy mal pelaje. A la sombra
+me lo tuvieron veinte y tantas horas, y a&uacute;n durara m&aacute;s su cautiverio, si
+de &eacute;l no le sacara el d&iacute;a 11 su pap&aacute;, sujeto respetabil&iacute;simo y muy bien
+relacionado.</p>
+
+<p>&iexcl;Ay!, el susto que se llevaron D. Baldomero Santa Cruz y Barbarita no es
+para contado. &iexcl;Qu&eacute; noche de angustia la del 10 al 11! Ambos cre&iacute;an no
+volver a ver a su adorado nene, en quien, por ser &uacute;nico, se miraban y se
+recreaban con inefables goces de padres chochos de cari&ntilde;o, aunque no
+eran viejos. Cuando el tal Juanito entr&oacute; en su casa, p&aacute;lido y
+hambriento, descompuesta la faz graciosa, la ropita llena de sietes y
+oliendo a pueblo, su mam&aacute; vacilaba entre re&ntilde;irle y com&eacute;rsele a besos. El
+insigne Santa Cruz, que se hab&iacute;a enriquecido honradamente en el comercio
+de pa&ntilde;os, figuraba con timidez en el antiguo partido progresista; mas no
+era socio de la revoltosa <i>Tertulia</i>, porque las inclinaciones
+antidin&aacute;sticas de Ol&oacute;zaga y Prim le hac&iacute;an muy poca gracia. Su club era
+el sal&oacute;n de un amigo y pariente, al cual iban casi todas las noches D.
+Manuel Cantero, D. Cirilo &Aacute;lvarez y D. Joaqu&iacute;n Aguirre, y algunas D.
+Pascual Madoz. No pod&iacute;a ser, pues, D. Baldomero, por raz&oacute;n de afinidades
+personales, sospechoso al poder. Creo que fue Cantero quien le acompa&ntilde;&oacute;
+a Gobernaci&oacute;n para ver a Gonz&aacute;lez Bravo, y &eacute;ste dio al punto la orden
+para que fuese puesto en libertad el revolucionario, el anarquista, el
+descamisado Juanito.</p>
+
+<p>Cuando el ni&ntilde;o estudiaba los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su carrera, verificose en
+&eacute;l uno de esos cambiazos cr&iacute;ticos que tan comunes son en la edad
+juvenil. De travieso y alborotado volviose tan juiciosillo, que al mismo
+Zalamero daba quince y raya. Entrole la comez&oacute;n de cumplir
+religiosamente sus deberes escol&aacute;sticos y aun de instruirse por su
+cuenta con lecturas sin tasa y con ejercicios de controversia y palique
+declamatorio entre amiguitos. No s&oacute;lo iba a clase puntual&iacute;simo y cargado
+de apuntes, sino que se pon&iacute;a en la grada primera para mirar al profesor
+con cara de aprovechamiento, sin quitarle ojo, cual si fuera una novia,
+y aprobar con cabezadas la explicaci&oacute;n, como diciendo: &laquo;yo tambi&eacute;n me s&eacute;
+eso y algo m&aacute;s&raquo;. Al concluir la clase, era de los que le cortan el paso
+al catedr&aacute;tico para consultarle un punto oscuro del texto o que les
+resuelva una duda. Con estas dudas declaran los tales su furibunda
+aplicaci&oacute;n. Fuera de la Universidad, la fiebre de la ciencia le tra&iacute;a
+muy desasosegado. Por aquellos d&iacute;as no era todav&iacute;a costumbre que fuesen
+al Ateneo los sabios de pecho que est&aacute;n mamando la leche del
+conocimiento. Juanito se reun&iacute;a con otros cachorros en la casa del chico
+de Teller&iacute;a (Gustavito) y all&iacute; armaban grandes peloteras. Los temas m&aacute;s
+sutiles de Filosof&iacute;a de la Historia y del Derecho, de Metaf&iacute;sica y de
+otras ciencias especulativas (pues a&uacute;n no estaban de moda los estudios
+experimentales, ni el transformismo, ni Darwin, ni Haeckel eran para
+ellos, lo que para otros el trompo o la cometa. &iexcl;Qu&eacute; gran progreso en
+los entretenimientos de la ni&ntilde;ez! &iexcl;Cuando uno piensa que aquellos mismos
+nenes, si hubieran vivido en edades remotas, se habr&iacute;an pasado el tiempo
+mam&aacute;ndose el dedo, o haciendo y diciendo toda suerte de bober&iacute;as...!</p>
+
+<p>Todos los dineros que su pap&aacute; le daba, dej&aacute;balos Juanito en casa de
+Bailly-Bailli&egrave;re, a cuenta de los libros que iba tomando. Refiere
+Villalonga que un d&iacute;a fue Barbarita <i>reventando</i> de gozo y orgullo a la
+librer&iacute;a, y despu&eacute;s de saldar los d&eacute;bitos del ni&ntilde;o, dio orden de que
+entregaran a este todos los mamotretos que pidiera, aunque fuesen caros
+y tan grandes como misales. La bondadosa y angelical se&ntilde;ora quer&iacute;a poner
+un freno de modestia a la expresi&oacute;n de su vanidad maternal. Figur&aacute;base
+que ofend&iacute;a a los dem&aacute;s, haciendo ver la supremac&iacute;a de su hijo entre
+todos los hijos nacidos y por nacer. No quer&iacute;a tampoco profanar,
+haci&eacute;ndolo p&uacute;blico, aquel encanto &iacute;ntimo, aquel himno de la conciencia
+que podemos llamar los <i>misterios gozosos</i> de Barbarita. &Uacute;nicamente se
+clareaba alguna vez, soltando como al descuido estas entrecortadas
+razones: &laquo;&iexcl;Ay qu&eacute; chico!... &iexcl;cu&aacute;nto lee! Yo digo que esas cabezas tienen
+algo, algo, s&iacute; se&ntilde;or, que no tienen las dem&aacute;s... En fin, m&aacute;s vale que le
+d&eacute; por ah&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Concluy&oacute; Santa Cruz la carrera de Derecho, y de a&ntilde;adidura la de
+Filosof&iacute;a y Letras. Sus pap&aacute;s eran muy ricos y no quer&iacute;an que el ni&ntilde;o
+fuese comerciante, ni hab&iacute;a para qu&eacute;, pues ellos tampoco lo eran ya.
+Apenas terminados los estudios acad&eacute;micos, verificose en Juanito un
+nuevo cambiazo, una segunda crisis de crecimiento, de esas que marcan el
+misterioso paso o transici&oacute;n de edades en el desarrollo individual.
+Perdi&oacute; bruscamente la afici&oacute;n a aquellas furiosas broncas oratorias por
+un m&aacute;s o un menos en cualquier punto de Filosof&iacute;a o de Historia; empez&oacute;
+a creer rid&iacute;culos los sofocones que se hab&iacute;a tomado por probar que <i>en
+las civilizaciones de Oriente el poder de las castas sacerdotales era un
+poquito m&aacute;s ilimitado que el de los reyes</i>, contra la opini&oacute;n de
+Gustavito Teller&iacute;a, el cual sosten&iacute;a, dando pu&ntilde;etazos sobre la mesa, que
+lo era <i>un poquit&iacute;n menos</i>. Dio tambi&eacute;n en pensar que maldito lo que le
+importaba que <i>la conciencia fuera la intimidad total del ser racional
+consigo mismo</i>, o bien otra cosa semejante, como quer&iacute;a probar,
+hinch&aacute;ndose de convicci&oacute;n airada, Joaquinito Pez. No tard&oacute;, pues, en
+aflojar la cuerda a la man&iacute;a de las lecturas, hasta llegar a no leer
+absolutamente nada. Barbarita cre&iacute;a de buena fe que su hijo no le&iacute;a ya
+porque hab&iacute;a agotado el pozo de la ciencia.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a Juanito entonces veinticuatro a&ntilde;os. Le conoc&iacute; un d&iacute;a en casa de
+Federico Cimarra en un almuerzo que este dio a sus amigos. Se me ha
+olvidado la fecha exacta; pero debi&oacute; de ser esta hacia el 69, porque
+recuerdo que se habl&oacute; mucho de Figuerola, de la capitaci&oacute;n y del derribo
+de la torre de la iglesia de Santa Cruz. Era el hijo de D. Baldomero muy
+bien parecido y adem&aacute;s muy simp&aacute;tico, de estos hombres que se
+recomiendan con su figura antes de cautivar con su trato, de estos que
+en una hora de conversaci&oacute;n ganan m&aacute;s amigos que otros repartiendo
+favores positivos. Por lo bien que dec&iacute;a las cosas y la gracia de sus
+juicios, aparentaba saber m&aacute;s de lo que sab&iacute;a, y en su boca las
+paradojas eran m&aacute;s bonitas que las verdades. Vest&iacute;a con elegancia y
+ten&iacute;a tan buena educaci&oacute;n, que se le perdonaba f&aacute;cilmente el hablar
+demasiado. Su instrucci&oacute;n y su ingenio agud&iacute;simo le hac&iacute;an descollar
+sobre todos los dem&aacute;s mozos de la partida, y aunque a primera vista
+ten&iacute;a cierta semejanza con Joaquinito Pez, trat&aacute;ndoles se echaban de ver
+entre ambos profundas diferencias, pues el chico de Pez, por su ligereza
+de car&aacute;cter y la garruler&iacute;a de su entendimiento, era un verdadero
+botarate.</p>
+
+<p>Barbarita estaba loca con su hijo; mas era tan discreta y delicada, que
+no se atrev&iacute;a a elogiarle delante de sus amigas, sospechando que todas
+las dem&aacute;s se&ntilde;oras hab&iacute;an de tener celos de ella. Si esta pasi&oacute;n de madre
+daba a Barbarita inefables alegr&iacute;as, tambi&eacute;n era causa de zozobras y
+cavilaciones. Tem&iacute;a que Dios la castigase por su orgullo; tem&iacute;a que el
+adorado hijo enfermara de la noche a la ma&ntilde;ana y se muriera como tantos
+otros de menos m&eacute;rito f&iacute;sico y moral. Porque no hab&iacute;a que pensar que el
+m&eacute;rito fuera una inmunidad. Al contrario, los m&aacute;s brutos, los m&aacute;s feos y
+los perversos son los que se hartan de vivir, y parece que la misma
+muerte no quiere nada con ellos. Del tormento que estas ideas daban a su
+alma se defend&iacute;a Barbarita con su ardiente fe religiosa. Mientras oraba,
+una voz interior, susurro dulc&iacute;simo como chismes tra&iacute;dos por el &Aacute;ngel de
+la Guarda, le dec&iacute;a que su hijo no morir&iacute;a antes que ella. Los cuidados
+que al chico prodigaba eran esmerad&iacute;simos; pero no ten&iacute;a aquella buena
+se&ntilde;ora las tonter&iacute;as dengosas de algunas madres, que hacen de su cari&ntilde;o
+una man&iacute;a insoportable para los que la presencian, y corruptora para las
+criaturas que son objeto de &eacute;l. No trataba a su hijo con mimo. Su
+ternura sab&iacute;a ser inteligente y revestirse a veces de severidad dulce.</p>
+
+<p>&iquest;Y por qu&eacute; le llamaba todo el mundo y le llama todav&iacute;a casi un&aacute;nimemente
+<i>Juanito</i> Santa Cruz? Esto s&iacute; que no lo s&eacute;. Hay en Madrid muchos casos
+de esta aplicaci&oacute;n del diminutivo o de la f&oacute;rmula familiar del nombre,
+aun trat&aacute;ndose de personas que han entrado en la madurez de la vida.
+Hasta hace pocos a&ntilde;os, al autor cien veces ilustre de <i>Pepita Jim&eacute;nez</i>,
+le llamaban sus amigos y los que no lo eran, <i>Juanito</i> Valera. En la
+sociedad madrile&ntilde;a, la m&aacute;s amena del mundo porque ha sabido combinar la
+cortes&iacute;a con la confianza, hay algunos <i>Pepes, Manolitos</i> y <i>Pacos</i> que,
+aun despu&eacute;s de haber conquistado la celebridad por diferentes conceptos,
+contin&uacute;an nombrados con esta familiaridad democr&aacute;tica que demuestra la
+llaneza castiza del car&aacute;cter espa&ntilde;ol. El origen de esto habr&aacute; que
+buscarlo quiz&aacute; en ternuras dom&eacute;sticas o en h&aacute;bitos de servidumbre que
+trascienden sin saber c&oacute;mo a la vida social. En algunas personas, puede
+relacionarse el diminutivo con el sino. Hay efectivamente Manueles que
+nacieron predestinados para ser <i>Manolos</i> toda su vida. Sea lo que
+quiera, al venturoso hijo de D. Baldomero Santa Cruz y de do&ntilde;a B&aacute;rbara
+Arnaiz le llamaban <i>Juanito</i>, y <i>Juanito</i> le dicen y le dir&aacute;n quiz&aacute;
+hasta que las canas de &eacute;l y la muerte de los que le conocieron ni&ntilde;o
+vayan alterando poco a poco la campechana costumbre.</p>
+
+<p>Conocida la persona y sus felices circunstancias, se comprender&aacute;
+f&aacute;cilmente la direcci&oacute;n que tomaron las ideas del joven Santa Cruz al
+verse en las puertas del mundo con tantas probabilidades de &eacute;xito. Ni
+extra&ntilde;ar&aacute; nadie que un chico guapo, poseedor del arte de agradar y del
+arte de vestir, hijo &uacute;nico de padres ricos, inteligente, instruido, de
+frase seductora en la conversaci&oacute;n, pronto en las respuestas, agudo y
+ocurrente en los juicios, un chico, en fin, al cual se le podr&iacute;a poner
+el r&oacute;tulo social de <i>brillante</i>, considerara ocioso y hasta rid&iacute;culo el
+meterse a averiguar si hubo o no un idioma &uacute;nico primitivo, si el Egipto
+fue una colonia bracm&aacute;nica, si la China es absolutamente independiente
+de tal o cual civilizaci&oacute;n asi&aacute;tica, con otras cosas que a&ntilde;os atr&aacute;s le
+quitaban el sue&ntilde;o, pero que ya le ten&iacute;an sin cuidado, mayormente si
+pensaba que lo que &eacute;l no averiguase otro lo averiguar&iacute;a... &laquo;Y por &uacute;ltimo
+&mdash;dec&iacute;a&mdash;pongamos que no se averig&uuml;e nunca. &iquest;Y qu&eacute;...?&raquo;. El mundo
+tangible y gustable le seduc&iacute;a m&aacute;s que los incompletos conocimientos de
+vida que se vislumbran en el fugaz resplandor de las ideas <i>sacadas a la
+fuerza</i>, chispas obtenidas en nuestro cerebro por la percusi&oacute;n de la
+voluntad, que es lo que constituye el estudio. Juanito acab&oacute; por
+declararse a s&iacute; mismo que m&aacute;s sabe el que vive <i>sin querer saber</i> que el
+que <i>quiere saber sin vivir</i>, o sea aprendiendo en los libros y en las
+aulas. Vivir es relacionarse, gozar y padecer, desear, aborrecer y amar.
+La lectura es vida artificial y prestada, el usufructo, mediante una
+funci&oacute;n cerebral, de las ideas y sensaciones ajenas, la adquisici&oacute;n de
+los tesoros de la verdad humana por compra o por estafa, no por el
+trabajo. No paraban aqu&iacute; las filosof&iacute;as de Juanito, y hac&iacute;a una
+comparaci&oacute;n que no carece de exactitud. Dec&iacute;a que entre estas dos
+maneras de vivir, observaba &eacute;l la diferencia que hay entre comerse una
+chuleta y que le vengan a contar a uno c&oacute;mo y cu&aacute;ndo se la ha comido
+otro, haciendo el cuento muy a lo vivo, se entiende, y describiendo la
+cara que pon&iacute;a, el gusto que le daba la masticaci&oacute;n, la gana con que
+tragaba y el reposo con que diger&iacute;a.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Empez&oacute; entonces para Barbarita nueva &eacute;poca de sobresaltos. Si antes sus
+oraciones fueron pararrayos puestos sobre la cabeza de Juanito para
+apartar de ella el tifus y las viruelas, despu&eacute;s intentaban librarle de
+otros enemigos no menos atroces. Tem&iacute;a los esc&aacute;ndalos que ocasionan
+lances personales, las pasiones que destruyen la salud y envilecen el
+alma, los despilfarros, el desorden moral, f&iacute;sico y econ&oacute;mico.
+Resolviose la insigne se&ntilde;ora a tener car&aacute;cter y a vigilar a su hijo.
+H&iacute;zose fiscalizadora, reparona, entrometida, y unas veces con dulzura,
+otras con aspereza que le costaba trabajo fingir, tomaba raz&oacute;n de todos
+los actos del joven, tundi&eacute;ndole a preguntas: &laquo;&iquest;A d&oacute;nde vas con ese
+cuerpo?... &iquest;De d&oacute;nde vienes ahora?... &iquest;Por qu&eacute; entraste anoche a las
+tres de la ma&ntilde;ana?... &iquest;En qu&eacute; has gastado los mil reales que ayer te
+di?... A ver, &iquest;qu&eacute; significa este perfume que se te ha pegado a la
+cara?...&raquo;. Daba sus descargos el delincuente como pod&iacute;a, fatigando su
+imaginaci&oacute;n para procurarse respuestas que tuvieran visos de l&oacute;gica,
+aunque estos fueran como fulgor de rel&aacute;mpago. Pon&iacute;a una de cal y otra de
+arena, mezclando las contestaciones categ&oacute;ricas con los mimos y las
+zalamer&iacute;as. Bien sab&iacute;a cu&aacute;l era el flanco d&eacute;bil del enemigo. Pero
+Barbarita, mujer de tanto esp&iacute;ritu como coraz&oacute;n, se las ten&iacute;a muy tiesas
+y sab&iacute;a defenderse. En algunas ocasiones era tan fuerte la acometida de
+cari&ntilde;itos, que la mam&aacute; estaba a punto de rendirse, fatigada de su
+entereza disciplinaria. Pero, &iexcl;quia!, no se rend&iacute;a; y vuelta al ajuste
+de cuentas, y al inquirir, y al tomar acta de todos los pasos que el
+predilecto daba por entre los peligros sociales. En honor a la verdad,
+debo decir que los desvar&iacute;os de Juanito no eran ninguna cosa del otro
+jueves. En esto, como en todo lo malo, hemos progresado de tal modo, que
+las barrabasadas de aquel ni&ntilde;o bonito hace quince a&ntilde;os, nos parecer&iacute;an
+hoy timideces y aun actos de ejemplaridad relativa.</p>
+
+<p>Presentose en aquellos d&iacute;as al simp&aacute;tico joven la coyuntura de hacer su
+primer viaje a Par&iacute;s, adonde iban Villalonga y Federico Ruiz
+comisionados por el Gobierno, el uno a comprar m&aacute;quinas de agricultura,
+el otro a adquirir aparatos de astronom&iacute;a. A D. Baldomero le pareci&oacute;
+muy bien el viaje del chico, para que viese mundo; y Barbarita no se
+opuso, aunque le mortificaba mucho la idea de que su hijo correr&iacute;a en la
+capital de Francia temporales m&aacute;s recios que los de Madrid. A la pena de
+no verle un&iacute;ase el temor de que le sorbieran aquellos gabachos y
+gabachas, tan diestros en desplumar al forastero y en maleficiar a los
+j&oacute;venes m&aacute;s juiciosos. Bien se sab&iacute;a ella que all&aacute; hilaban muy fino en
+esto de explotar las debilidades humanas, y que Madrid era, comparado en
+esta materia con Par&iacute;s de Francia, un lugar de abstinencia y
+mortificaci&oacute;n. Tan triste se puso un d&iacute;a pensando en estas cosas y tan
+al vivo se le representaban la pr&oacute;xima perdici&oacute;n de su querido hijo y
+las redes en que inexperto ca&iacute;a, que sali&oacute; de su casa resuelta a
+implorar la misericordia divina del modo m&aacute;s solemne, conforme a sus
+grandes medios de fortuna. Primero se le ocurri&oacute; encargar muchas misas
+al cura de San Gin&eacute;s, y no pareci&eacute;ndole esto bastante, discurri&oacute; mandar
+poner de Manifiesto la Divina Majestad todo el tiempo que el ni&ntilde;o
+estuviese en Par&iacute;s. Ya dentro de la Iglesia, pens&oacute; que lo del Manifiesto
+era un lujo desmedido y por lo mismo quiz&aacute; irreverente. No, guardar&iacute;a el
+recurso gordo para los casos graves de enfermedad o peligro de muerte.
+Pero en lo de las misas s&iacute; que no se volvi&oacute; atr&aacute;s, y encarg&oacute; la mar de
+ellas, repartiendo adem&aacute;s aquella semana m&aacute;s limosnas que de costumbre.</p>
+
+<p>Cuando comunicaba sus temores a D. Baldomero, este se echaba a re&iacute;r y le
+dec&iacute;a: &laquo;El chico es de buena &iacute;ndole. D&eacute;jale que se divierta y que la
+corra. Los j&oacute;venes del d&iacute;a necesitan despabilarse y ver mucho mundo. No
+son estos tiempos como los m&iacute;os, en que no la corr&iacute;a ning&uacute;n chico del
+comercio, y nos ten&iacute;an a todos metidos en un pu&ntilde;o hasta que nos casaban.
+&iexcl;Qu&eacute; costumbres aquellas tan diferentes de las de ahora! La
+civilizaci&oacute;n, hija, es mucho cuento. &iquest;Qu&eacute; padre le dar&iacute;a hoy un par de
+bofetadas a un hijo de veinte a&ntilde;os por haberse puesto las botas nuevas
+en d&iacute;a de trabajo? &iquest;Ni c&oacute;mo te atrever&iacute;as hoy a proponerle a un mocet&oacute;n
+de estos que rece el rosario con la familia? Hoy los j&oacute;venes disfrutan
+de una libertad y de una iniciativa para divertirse que no gozaban los
+de anta&ntilde;o. Y no creas, no creas que por esto son peores. Y si me apuras,
+te dir&eacute; que conviene que los chicos no sean tan encogidos como los de
+entonces. Me acuerdo de cuando yo era pollo. &iexcl;Dios m&iacute;o, qu&eacute; soso era! Ya
+ten&iacute;a veinticinco a&ntilde;os, y no sab&iacute;a decir a una mujer o se&ntilde;ora sino <i>que
+usted lo pase bien</i>, y de ah&iacute; no me sacaba nadie. Como que me hab&iacute;a
+pasado en la tienda y en el almac&eacute;n toda la ni&ntilde;ez y lo mejor de mi
+juventud. Mi padre era una fiera; no me perdonaba nada. As&iacute; me cri&eacute;, as&iacute;
+sal&iacute; yo, con unas ideas de rectitud y unos h&aacute;bitos de trabajo, que ya
+ya... Por eso bendigo hoy los coscorrones que fueron mis verdaderos
+maestros. Pero en lo referente a sociedad, yo era un salvaje. Como mis
+padres no me permit&iacute;an m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a que la de otros muchachones tan
+&ntilde;o&ntilde;os como yo, no sab&iacute;a ninguna suerte de travesuras, ni hab&iacute;a visto a
+una mujer m&aacute;s que por el forro, ni entend&iacute;a de ning&uacute;n juego, ni pod&iacute;a
+hablar de nada que fuera mundano y corriente. Los domingos, mi mam&aacute;
+ten&iacute;a que ponerme la corbata y encasquetarme el sombrero, porque todas
+las prendas del d&iacute;a de fiesta parec&iacute;an querer escap&aacute;rseme del cuerpo. T&uacute;
+bien te acuerdas. Anda, que tambi&eacute;n te has re&iacute;do de m&iacute;. Cuando mis
+padres me hablaron... as&iacute;, a boca de jarro, de que me iba a casar
+contigo, &iexcl;me corri&oacute; un fr&iacute;o por todo el espinazo...! Todav&iacute;a me acuerdo
+del miedo que te ten&iacute;a. Nuestros padres nos dieron esto amasado y
+cocido. Nos casaron como se casa a los gatos, y punto concluido. Sali&oacute;
+bien; pero hay tantos casos en que esta manera de hacer familias sale
+malditamente... &iexcl;Qu&eacute; risa! Lo que me daba m&aacute;s miedo cuando mi madre me
+habl&oacute; de casarme, fue el compromiso en que estaba de hablar contigo...
+No ten&iacute;a m&aacute;s remedio que decirte algo... &iexcl;Caramba, qu&eacute; sudores pas&eacute;!
+'Pero yo &iquest;qu&eacute; le voy a decir, si lo &uacute;nico que s&eacute; es <i>que usted lo pase
+bien</i>, y en saliendo de ah&iacute; soy hombre perdido...?'.</p>
+
+<p>Ya te he contado mil veces la saliva amarga que tragaba &iexcl;ay, Dios m&iacute;o!,
+cuando mi madre me mandaba ponerme la levita de pa&ntilde;o negro para llevarme
+a tu casa. Bien te acuerdas de mi famosa levita, de lo mal que me estaba
+y de lo desma&ntilde;ado que era en tu presencia, pues no me arrancaba a decir
+una palabra sino cuando alguien me ayudaba. Los primeros d&iacute;as me
+inspirabas verdadero terror, y me pasaba las horas pensando c&oacute;mo hab&iacute;a
+de entrar y qu&eacute; cosas hab&iacute;a de decir, y discurriendo alguna triqui&ntilde;uela
+para hacer menos rid&iacute;cula mi cortedad... D&iacute;gase lo que se quiera, hija,
+aquella educaci&oacute;n no era buena. Hoy no se puede criar a los hijos de esa
+manera. Yo &iexcl;qu&eacute; quieres que te diga!, creo que en lo esencial Juanito no
+ha de faltarnos. Es de casta honrada, tiene la formalidad en la masa de
+la sangre. Por eso estoy tranquilo, y no veo con malos ojos que se
+despabile, que conozca el mundo, que adquiera soltura de modales...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, si lo que menos falta hace a mi hijo es adquirir soltura, porque
+la tiene desde que era una criatura... Si no es eso. No se trata aqu&iacute; de
+modales, sino de que me le coman esas bribonas...</p>
+
+<p>&mdash;Mira, mujer, para que los j&oacute;venes adquieran energ&iacute;a contra el vicio,
+es preciso que lo conozcan, que lo caten, s&iacute;, hija, que lo caten. No hay
+peor situaci&oacute;n para un hombre que pasarse la mitad de la vida rabiando
+por probarlo y no pudiendo conseguirlo, ya por timidez, ya por
+esclavitud. No hay muchos casos como yo, bien lo sabes; ni de estos
+tipos que jam&aacute;s, ni antes ni despu&eacute;s de casados, tuvieron trapicheos,
+entran muchos en libra. Cada cual en su &eacute;poca. Juanito, en la suya, no
+puede ser mejor de lo que es, y si te empe&ntilde;as en hacer de &eacute;l un
+anacronismo o una rareza, un <i>non</i> como su padre, puede que lo eches a
+perder.</p>
+
+<p>Estas razones no convenc&iacute;an a Barbarita, que segu&iacute;a con toda el alma
+fija en los peligros y escollos de la Babilonia parisiense, porque hab&iacute;a
+o&iacute;do contar horrores de lo que all&iacute; pasaba. Como que estaba infestada la
+gran ciudad de unas mujeronas muy guapas y elegantes que al pronto
+parec&iacute;an duquesas, vestidas con los m&aacute;s bonitos y los m&aacute;s nuevos arreos
+de la moda. Mas cuando se las ve&iacute;a y o&iacute;a de cerca, resultaban ser unas
+tiotas relajadas, comilonas, borrachas y &aacute;vidas de dinero, que
+desplumaban y resecaban al pobrecito que en sus garras ca&iacute;a. Cont&aacute;bale
+estas cosas el marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz que casi todos los veranos iba al
+extranjero.</p>
+
+<p>Las inquietudes de aquella incomparable se&ntilde;ora acabaron con el regreso
+de Juanito. &iexcl;Y qui&eacute;n lo dir&iacute;a! Volvi&oacute; mejor de lo que fue. Tanto hablar
+de Par&iacute;s, y cuando Barbarita cre&iacute;a ver entrar a su hijo hecho una
+l&aacute;stima, todo rechupado y an&eacute;mico, se le ve m&aacute;s gordo y lucio que
+antes, con mejor color y los ojos m&aacute;s vivos, much&iacute;simo m&aacute;s alegre, m&aacute;s
+hombre en fin, y con una amplitud de ideas y una punter&iacute;a de juicio que
+a todos dejaba pasmados. &iexcl;Vaya con Par&iacute;s!... El marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz
+se lo dec&iacute;a a Barbarita: &laquo;No hay que <i>involucrar</i>, Par&iacute;s es muy malo;
+pero tambi&eacute;n es muy bueno&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="iia" id="iia"></a>-II-</h2>
+
+<h2>Santa Cruz y Arnaiz. Vistazo hist&oacute;rico sobre el comercio matritense</h2>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Don Baldomero Santa Cruz era hijo de otro D. Baldomero Santa Cruz que en
+el siglo pasado tuvo ya tienda de pa&ntilde;os del Reino en la calle de la Sal,
+en el mismo local que despu&eacute;s ocup&oacute; D. Mauro Requejo. Hab&iacute;a empezado el
+padre por la m&aacute;s humilde jerarqu&iacute;a comercial, y a fuerza de trabajo,
+constancia y orden, el hortera de 1796 ten&iacute;a, por los a&ntilde;os del 10 al 15,
+uno de los m&aacute;s reputados establecimientos de la Corte en pa&ntilde;er&iacute;a
+nacional y extranjera. Don Baldomero II, que as&iacute; es forzoso llamarle
+para distinguirle del fundador de la dinast&iacute;a, hered&oacute; en 1848 el copioso
+almac&eacute;n, el s&oacute;lido cr&eacute;dito y la respetabil&iacute;sima firma de D. Baldomero I,
+y continuando las tradiciones de la casa por espacio de veinte a&ntilde;os m&aacute;s,
+retirose de los negocios con un capital sano y limpio de quince millones
+de reales, despu&eacute;s de traspasar la casa a dos muchachos que serv&iacute;an en
+ella, el uno pariente suyo y el otro de su mujer. La casa se denomin&oacute;
+desde entonces <i>Sobrinos de Santa Cruz</i>, y a estos sobrinos, D.
+Baldomero y Barbarita les llamaban familiarmente <i>los Chicos</i>.</p>
+
+<p>En el reinado de D. Baldomero I, o sea desde los or&iacute;genes hasta 1848, la
+casa trabaj&oacute; m&aacute;s en g&eacute;neros del pa&iacute;s que en los extranjeros. Escaray y
+Pradoluengo la surt&iacute;an de pa&ntilde;os, Brihuega de bayetas, Antequera de
+pa&ntilde;uelos de lana. En las postrimer&iacute;as de aquel reinado fue cuando la
+casa empez&oacute; a trabajar en g&eacute;neros <i>de fuera</i>, y la reforma arancelaria
+de 1849 lanz&oacute; a D. Baldomero II a mayores empresas. No s&oacute;lo realiz&oacute;
+contratos con las f&aacute;bricas de B&eacute;jar y Alcoy para dar mejor salida a los
+productos nacionales, sino que introdujo los famosos Sedanes para
+levitas, y las telas que tanto se usaron del 45 al 55, aquellos
+patencures, anascotes, c&uacute;bicas y chinchillas que ilustran la gloriosa
+historia de la sastrer&iacute;a moderna. Pero de lo que m&aacute;s provecho sac&oacute; la
+casa fue del ramo de capotes y uniformes para el Ej&eacute;rcito y la Milicia
+Nacional, no siendo tampoco despreciable el beneficio que obtuvo del
+<i>art&iacute;culo para capas</i>, el abrigo propiamente espa&ntilde;ol que resiste a todas
+las modas de vestir, como el garbanzo resiste a todas las modas de
+comer. Santa Cruz, Bringas y Arnaiz el gordo, monopolizaban toda la
+pa&ntilde;er&iacute;a de Madrid y surt&iacute;an a los tenderos de la calle de Atocha, de la
+Cruz y Toledo.</p>
+
+<p>En las contratas de vestuario para el Ej&eacute;rcito y Milicia Nacional, ni
+Santa Cruz, ni Arnaiz, ni tampoco Bringas daban la cara. Aparec&iacute;a como
+contratista un tal Albert, de origen belga, que hab&iacute;a empezado por
+introducir pa&ntilde;os extranjeros con mala fortuna. Este Albert era hombre
+muy para el caso, activo, despabilado, seguro en sus tratos aunque no
+estuvieran escritos. Fue el auxiliar eficac&iacute;simo de Casarredonda en sus
+valiosas contratas de lienzos gallegos para la tropa. El pantal&oacute;n blanco
+de los soldados de hace cuarenta a&ntilde;os ha sido origen de grand&iacute;simas
+riquezas. Los <i>fardos de Coru&ntilde;as y Viveros</i> dieron a Casarredonda y al
+tal Albert m&aacute;s dinero que a los Santa Cruz y a los Bringas los capotes y
+levitas militares de B&eacute;jar, aunque en rigor de verdad estos comerciantes
+no ten&iacute;an por qu&eacute; quejarse. Albert muri&oacute; el 55, dejando una gran
+fortuna, que hered&oacute; su hija casada con el sucesor de Mu&ntilde;oz, el de la
+inmemorial ferreter&iacute;a de la calle de Tintoreros.</p>
+
+<p>En el reinado de D. Baldomero II, las pr&aacute;cticas y procedimientos
+comerciales se apartaron muy poco de la rutina heredada. All&iacute; no se supo
+nunca lo que era un anuncio en el Diario, ni se emplearon viajantes para
+extender por las provincias lim&iacute;trofes el negocio. El refr&aacute;n de <i>el buen
+pa&ntilde;o en el arca se vende</i> era verdad como un templo en aquel s&oacute;lido y
+bien reputado comercio. Los detallistas no necesitaban que se les
+llamase a son de cencerro ni que se les embaucara con artes
+charlat&aacute;nicas. Demasiado sab&iacute;an todos el camino de la casa, y las
+met&oacute;dicas y honradas costumbres de esta, la fijeza de los precios, los
+descuentos que se hac&iacute;an por pronto pago, los plazos que se daban, y
+todo lo dem&aacute;s concerniente a la buena inteligencia entre vendedor y
+parroquiano. El escritorio no alter&oacute; jam&aacute;s ciertas tradiciones
+venerandas del laborioso reinado de D. Baldomero I. All&iacute; no se usaron
+nunca estos copiadores de cartas que son una aplicaci&oacute;n de la imprenta a
+la caligraf&iacute;a. La correspondencia se copiaba <i>a pulso</i> por un empleado
+que estuvo cuarenta a&ntilde;os sentado en la misma silla delante del mismo
+atril, y que por efecto de la costumbre casi copiaba la carta matriz de
+su principal sin mirarla. Hasta que D. Baldomero realiz&oacute; el traspaso, no
+se supo en aquella casa lo que era un metro, ni se quitaron a la vara de
+Burgos sus fueros seculares. Hasta pocos a&ntilde;os antes del traspaso, no us&oacute;
+Santa Cruz los sobres para cartas, y estas se cerraban sobre s&iacute; mismas.</p>
+
+<p>No significaban tales rutinas terquedad y falta de luces. Por el
+contrario, la clara inteligencia del segundo Santa Cruz y su
+conocimiento de los negocios, suger&iacute;anle la idea de que cada hombre
+pertenece a su &eacute;poca y a su esfera propias, y que dentro de ellas debe
+exclusivamente actuar. Demasiado comprendi&oacute; que el comercio iba a sufrir
+profunda transformaci&oacute;n, y que no era &eacute;l el llamado a dirigirlo por los
+nuevos y m&aacute;s anchos caminos que se le abr&iacute;an. Por eso, y porque ansiaba
+retirarse y descansar, traspas&oacute; su establecimiento a los <i>Chicos</i> que
+hab&iacute;an sido deudos y dependientes suyos durante veinte a&ntilde;os. Ambos eran
+trabajadores y muy inteligentes. Alternaban en sus viajes al extranjero
+para buscar y traer las <i>novedades</i>, alma del tr&aacute;fico de telas. La
+concurrencia crec&iacute;a cada a&ntilde;o, y era forzoso apelar al reclamo, recibir y
+expedir viajantes, mimar al p&uacute;blico, contemporizar y abrir cuentas
+largas a los parroquianos, y singularmente a las parroquianas. Como los
+<i>Chicos</i> hab&iacute;an abarcado tambi&eacute;n el comercio de lanillas, merinos, telas
+ligeras para vestidos de se&ntilde;ora, pa&ntilde;oler&iacute;a, confecciones y otros
+art&iacute;culos de uso femenino, y adem&aacute;s abrieron tienda al por menor y al
+<i>vareo</i>, tuvieron que pasar por el inconveniente de las morosidades e
+insolvencias que tanto quebrantan al comercio. Afortunadamente para
+ellos, la casa ten&iacute;a un cr&eacute;dito inmenso.</p>
+
+<p>La casa del gordo Arnaiz era relativamente moderna. Se hab&iacute;a hecho
+pa&ntilde;ero porque tuvo que quedarse con las existencias de Albert, para
+indemnizarse de un pr&eacute;stamo que le hiciera en 1843. Trabajaba
+exclusivamente en g&eacute;nero extranjero; pero cuando Santa Cruz hizo su
+traspaso a los Chicos, tambi&eacute;n Arnaiz se inclinaba a hacer lo mismo,
+porque estaba ya muy rico, muy obeso, bastante viejo y no quer&iacute;a
+trabajar. Daba y tomaba letras sobre Londres y representaba a dos
+Compa&ntilde;&iacute;as de seguros. Con esto ten&iacute;a lo bastante para no aburrirse. Era
+hombre que cuando se pon&iacute;a a toser hac&iacute;a temblar el edificio donde
+estaba; excelente persona, librecambista rabioso, angl&oacute;mano y solter&oacute;n.
+Entre las casas de Santa Cruz y Arnaiz no hubo nunca rivalidades; antes
+bien, se ayudaban cuanto pod&iacute;an. El gordo y D. Baldomero trat&aacute;ronse
+siempre como hermanos en la vida social y como compa&ntilde;eros querid&iacute;simos
+en la comercial, salvo alguna discusi&oacute;n demasiado agria sobre temas
+arancelarios, porque Arnaiz hab&iacute;a hecho la gracia de leer a Bastiat y
+concurr&iacute;a a los <i>meetings</i> de la Bolsa, no precisamente para o&iacute;r y
+callar, sino para echar discursos que casi siempre acababan en sofocante
+tos. Trinaba contra todo arancel que no significara un simple recurso
+fiscal, mientras que D. Baldomero, que en todo era templado, pretend&iacute;a
+que se conciliasen los intereses del comercio con los de la industria
+espa&ntilde;ola. &laquo;Si esos catalanes no fabrican m&aacute;s que adefesios &mdash;dec&iacute;a
+Arnaiz entre tos y tos&mdash;, y reparten dividendos de sesenta por ciento a
+los accionistas...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dale!, ya pareci&oacute; aquello&mdash;respond&iacute;a don Baldomero&mdash;Pues yo te
+probar&eacute;...</p>
+
+<p>Sol&iacute;a no probar nada, ni el otro tampoco, qued&aacute;ndose cada cual con su
+opini&oacute;n; pero con estas sabrosas peloteras pasaban el tiempo. Tambi&eacute;n
+hab&iacute;a entre estos dos respetables sujetos parentesco de afinidad, porque
+do&ntilde;a B&aacute;rbara, esposa de Santa Cruz, era prima del gordo, hija de
+Bonifacio Arnaiz, comerciante en pa&ntilde;oler&iacute;a de la China. Y escudri&ntilde;ando
+los troncos de estos linajes matritenses, ser&iacute;a f&aacute;cil encontrar que los
+Arnaiz y los Santa Cruz ten&iacute;an en sus diferentes ramas una savia com&uacute;n,
+la savia de los Trujillos. &laquo;Todos somos unos&mdash;dijo alguna vez el gordo
+en las expansiones de su humor festivo, inclinado a las sinceridades
+democr&aacute;ticas&mdash;, t&uacute; por tu madre y yo por mi abuela, somos Trujillos
+netos, <i>de patente</i>; descendemos de aquel Mat&iacute;as Trujillo que tuvo
+albarder&iacute;a en la calle de Toledo all&aacute; por los tiempos del mot&iacute;n de capas
+y sombreros. No lo invento yo; lo canta una escritura de juros que tengo
+en mi casa. Por eso le he dicho ayer a nuestro pariente Ram&oacute;n
+Trujillo... ya sab&eacute;is que me le han hecho conde... le he dicho que
+adopte por escudo un frontil y una j&aacute;quima con un letrero que diga:
+<i>Pertenec&iacute; a Babieca</i>...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Naci&oacute; Barbarita Arnaiz en la calle de Postas, esquina al callej&oacute;n de San
+Crist&oacute;bal, en uno de aquellos oprimidos edificios que parecen estuches o
+casas de mu&ntilde;ecas. Los techos se cog&iacute;an con la mano; las escaleras hab&iacute;a
+que subirlas con el credo en la boca, y las habitaciones parec&iacute;an
+destinadas a la premeditaci&oacute;n de alg&uacute;n crimen. Hab&iacute;a moradas de estas, a
+las cuales se entraba por la cocina. Otras ten&iacute;an los pisos en declive,
+y en todas ellas o&iacute;ase hasta el respirar de los vecinos. En algunas se
+ve&iacute;an mezquinos arcos de f&aacute;brica para sostener el entramado de las
+escaleras, y abundaba tanto el yeso en la construcci&oacute;n como escaseaban
+el hierro y la madera. Eran comunes las puertas de cuarterones, los
+baldosines polvorosos, los cerrojos imposibles de manejar y las
+vidrieras emplomadas. Mucho de esto ha desaparecido en las renovaciones
+de estos &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os; pero la estrechez de las viviendas
+subsiste.</p>
+
+<p>Creci&oacute; B&aacute;rbara en una atm&oacute;sfera saturada de olor de s&aacute;ndalo, y las
+fragancias orientales, juntamente con los vivos colores de la pa&ntilde;oler&iacute;a
+chinesca, dieron acento poderoso a las impresiones de su ni&ntilde;ez. Como se
+recuerda a las personas m&aacute;s queridas de la familia, as&iacute; vivieron y viven
+siempre con dulce memoria en la mente de Barbarita los dos maniqu&iacute;s de
+tama&ntilde;o natural vestidos de mandar&iacute;n que hab&iacute;a en la tienda y en los
+cuales sus ojos aprendieron a ver. La primera cosa que excit&oacute; la
+atenci&oacute;n naciente de la ni&ntilde;a, cuando estaba en brazos de su ni&ntilde;era,
+fueron estos dos pasmarotes de semblante lelo y desabrido, y sus
+magn&iacute;ficos trajes morados. Tambi&eacute;n hab&iacute;a por all&iacute; una persona a quien la
+ni&ntilde;a miraba mucho, y que la miraba a ella con ojos dulces y cuajados de
+candoroso chino. Era el retrato de Ay&uacute;n, de cuerpo entero y tama&ntilde;o
+natural, dibujado y pintado con dureza, pero con gran expresi&oacute;n. Mal
+conocido es en Espa&ntilde;a el nombre de este peregrino artista, aunque sus
+obras han estado y est&aacute;n a la vista de todo el mundo, y nos son
+familiares como si fueran obra nuestra. Es el ingenio bordador de los
+pa&ntilde;uelos de Manila, el inventor del tipo de rameado m&aacute;s vistoso y
+elegante, el poeta fecund&iacute;simo de esos madrigales de cresp&oacute;n compuestos
+con flores y rimados con p&aacute;jaros. A este ilustre chino deben las
+espa&ntilde;olas el hermos&iacute;simo y caracter&iacute;stico chal que tanto favorece su
+belleza, el mant&oacute;n de Manila, al mismo tiempo se&ntilde;oril y popular, pues lo
+han llevado en sus hombros la gran se&ntilde;ora y la gitana. Envolverse en &eacute;l
+es como vestirse con un cuadro. La industria moderna no inventar&aacute; nada
+que iguale a la ingenua poes&iacute;a del mant&oacute;n, salpicado de flores,
+flexible, pegadizo y mate, con aquel fleco que tiene algo de los enredos
+del sue&ntilde;o y aquella brillantez de color que iluminaba las muchedumbres
+en los tiempos en que su uso era general. Esta prenda hermosa se va
+desterrando, y s&oacute;lo el pueblo la conserva con admirable instinto. Lo
+saca de las arcas en las grandes &eacute;pocas de la vida, en los bautizos y en
+las bodas, como se da al viento un himno de alegr&iacute;a en el cual hay una
+estrofa para la patria. El mant&oacute;n ser&iacute;a una prenda vulgar si tuviera la
+ciencia del dise&ntilde;o; no lo es por conservar el car&aacute;cter de las artes
+primitivas y populares; es como la leyenda, como los cuentos de la
+infancia, candoroso y rico de color, f&aacute;cilmente comprensible y
+refractario a los cambios de la moda.</p>
+
+<p>Pues esta prenda, esta nacional obra de arte, tan nuestra como las
+panderetas o los toros, no es nuestra en realidad m&aacute;s que por el uso; se
+la debemos a un artista nacido a la otra parte del mundo, a un tal Ay&uacute;n,
+que consagr&oacute; a nosotros su vida toda y sus talleres. Y tan agradecido
+era el buen hombre al comercio espa&ntilde;ol, que enviaba a los de ac&aacute; su
+retrato y los de sus catorce mujeres, unas se&ntilde;oras tiesas y p&aacute;lidas como
+las que se ven pintadas en las tazas, con los pies incre&iacute;bles por lo
+chicos y las u&ntilde;as incre&iacute;bles tambi&eacute;n por lo largas.</p>
+
+<p>Las facultades de Barbarita se desarrollaron asociadas a la
+contemplaci&oacute;n de estas cosas, y entre las primeras conquistas de sus
+sentidos, ninguna tan segura como la impresi&oacute;n de aquellas flores
+bordadas con luminosos torzales, y tan frescas que parec&iacute;a cuajarse en
+ellas el roc&iacute;o. En d&iacute;as de gran venta, cuando hab&iacute;a muchas se&ntilde;oras en la
+tienda y los dependientes desplegaban sobre el mostrador centenares de
+pa&ntilde;uelos, la l&oacute;brega tienda semejaba un jard&iacute;n. Barbarita cre&iacute;a que se
+podr&iacute;an coger flores a pu&ntilde;ados, hacer ramilletes o guirnaldas, llenar
+canastillas y adornarse el pelo. Cre&iacute;a que se podr&iacute;an deshojar y
+tambi&eacute;n que ten&iacute;an olor. Esto era verdad, porque desped&iacute;an ese tufillo
+de los embalajes asi&aacute;ticos, mezcla de s&aacute;ndalo y de resinas ex&oacute;ticas que
+nos trae a la mente los misterios budistas.</p>
+
+<p>M&aacute;s adelante pudo la ni&ntilde;a apreciar la belleza y variedad de los abanicos
+que hab&iacute;a en la casa, y que eran una de las principales riquezas de
+ella. Qued&aacute;base pasmada cuando ve&iacute;a los dedos de su mam&aacute; sac&aacute;ndolos de
+las perfumadas cajas y abri&eacute;ndolos como saben abrirlos los que comercian
+en este art&iacute;culo, es decir, con un desgaire r&aacute;pido que no los estropea y
+que hace ver al p&uacute;blico la ligereza de la prenda y el blando rasgueo de
+las varillas. Barbarita abr&iacute;a cada ojo como los de un ternero cuando su
+mam&aacute;, sent&aacute;ndola sobre el mostrador, le ense&ntilde;aba abanicos sin dej&aacute;rselos
+tocar; y se embebec&iacute;a contemplando aquellas figuras tan monas, que no le
+parec&iacute;an personas, sino <i>chinos</i>, con las caras redondas y tersas como
+hojitas de rosa, todos ellos risue&ntilde;os y est&uacute;pidos, pero muy lindos, lo
+mismo que aquellas casas abiertas por todos lados y aquellos &aacute;rboles que
+parec&iacute;an matitas de albahaca... &iexcl;Y pensar que los &aacute;rboles eran el t&eacute;
+nada menos, estas hojuelas retorcidas, cuyo zumo se toma para el dolor
+de barriga...!</p>
+
+<p>Ocuparon m&aacute;s adelante el primer lugar en el tierno coraz&oacute;n de la hija
+de D. Bonifacio Arnaiz y en sus sue&ntilde;os inocentes, otras preciosidades
+que la mam&aacute; sol&iacute;a mostrarle de vez en cuando, previa amonestaci&oacute;n de no
+tocarlos; objetos labrados en marfil y que deb&iacute;an de ser los juguetes
+con que los &aacute;ngeles se divert&iacute;an en el Cielo. Eran al modo de torres de
+muchos pisos, o barquitos con las velas desplegadas y muchos remos por
+una y otra banda; tambi&eacute;n estuchitos, cajas para guantes y joyas,
+botones y juegos lind&iacute;simos de ajedrez. Por el respeto con que su mam&aacute;
+los cog&iacute;a y los guardaba, cre&iacute;a Barbarita que conten&iacute;an algo as&iacute; como el
+Vi&aacute;tico para los enfermos, o lo que se da a las personas en la iglesia
+cuando comulgan. Muchas noches se acostaba con fiebre porque no le
+hab&iacute;an dejado satisfacer su anhelo de coger para s&iacute; aquellas moner&iacute;as.
+Hubi&eacute;rase contentado ella, en vista de prohibici&oacute;n tan absoluta, con
+aproximar la yema del dedo &iacute;ndice al pico de una de las torres; pero ni
+aun esto... Lo m&aacute;s que se le permit&iacute;a era poner sobre el tablero de
+ajedrez que estaba en la vitrina de la ventana enrejada (entonces no
+hab&iacute;a escaparates), todas las piezas de un juego, no de los m&aacute;s finos, a
+un lado las blancas, a otro las encarnadas.</p>
+
+<p>Barbarita y su hermano Gumersindo, mayor que ella, eran los &uacute;nicos hijos
+de D. Bonifacio Arnaiz y de do&ntilde;a Asunci&oacute;n Trujillo. Cuando tuvo edad
+para ello, fue a la escuela de una tal do&ntilde;a Calixta, sita en la calle
+Imperial, en la misma casa donde estaba el Fiel Contraste. Las ni&ntilde;as con
+quienes la de Arnaiz hac&iacute;a mejores migas, eran dos de su misma edad y
+vecinas de aquellos barrios, la una de la familia de Moreno, del due&ntilde;o
+de la droguer&iacute;a de la calle de Carretas, la otra de Mu&ntilde;oz, el
+comerciante de hierros de la calle de Tintoreros. Eulalia Mu&ntilde;oz era muy
+vanidosa, y dec&iacute;a que no hab&iacute;a casa como la suya y que daba gusto verla
+toda llena de unos pedazos de hierro <i>mu</i> grandes, <i>del tama&ntilde;o de la
+ca&ntilde;a de do&ntilde;a Calixta</i>, y tan pesados, tan pesados que ni cuatrocientos
+hombres los pod&iacute;an levantar. Luego hab&iacute;a un sin fin de martillos,
+garfios, peroles <i>mu grandes, mu grandes</i>... &laquo;m&aacute;s anchos que este
+cuarto&raquo;. Pues, &iquest;y los paquetes de clavos? &iquest;Qu&eacute; cosa hab&iacute;a m&aacute;s bonita? &iquest;Y
+las llaves que parec&iacute;an de plata, y las planchas, y los anafres, y otras
+cosas lind&iacute;simas? Sosten&iacute;a que ella no necesitaba que sus pap&aacute;s le
+comprasen mu&ntilde;ecas, porque las hac&iacute;a con un martillo, visti&eacute;ndolo con una
+toalla. &iquest;Pues y las agujas que hab&iacute;a en su casa? No se acertaban a
+contar. Como que todo Madrid iba all&iacute; a comprar agujas, y su pap&aacute; se
+carteaba con el fabricante... Su pap&aacute; recib&iacute;a miles de cartas al d&iacute;a, y
+las cartas ol&iacute;an a hierro... como que ven&iacute;an de Inglaterra, donde todo
+es de hierro, hasta los caminos... &laquo;S&iacute;, hija, s&iacute;, mi pap&aacute; me lo ha
+dicho. Los caminos est&aacute;n embaldosados de hierro, y por all&iacute; encima van
+los coches echando demonios&raquo;.</p>
+
+<p>Llevaba siempre los bolsillos atestados de chucher&iacute;as, que mostraba para
+dejar bizcas a sus amigas. Eran tachuelas de cabeza dorada, corchetes,
+argollitas pavonadas, hebillas, pedazos de papel de lija, vestigios de
+muestrarios y de cosas rotas o descabaladas. Pero lo que ten&iacute;a en m&aacute;s
+estima, y por esto no lo sacaba sino en ciertos d&iacute;as, era su colecci&oacute;n
+de etiquetas, pedacitos de papel verde, recortados de los paquetes
+inservibles, y que ten&iacute;an el famoso escudo ingl&eacute;s, con la jarretiera, el
+leopardo y el unicornio. En todas ellas se le&iacute;a: Birmingham. &laquo;Veis...
+este se&ntilde;or <i>Berming&aacute;n</i> es el que se cartea con mi pap&aacute; todos los d&iacute;as,
+en ingl&eacute;s; y son tan amigos, que siempre le est&aacute; diciendo que vaya all&aacute;;
+y hace poco le mand&oacute;, dentro de una caja de clavos, un jam&oacute;n ahumado que
+ol&iacute;a como a chamusquina, y un pastel&oacute;n as&iacute;, mirad, del tama&ntilde;o del
+brasero de do&ntilde;a Calixta, que ten&iacute;a dentro muchas pasas chiquirrininas, y
+picaba como la guindilla; pero <i>mu</i> rico, hijas, <i>mu</i> rico&raquo;.</p>
+
+<p>La chiquilla de Moreno fundaba su vanidad en llevar papelejos con
+figuritas y letras de colores, en los cuales se hablaba de p&iacute;ldoras, de
+barnices o de ingredientes para te&ntilde;irse el pelo. Los mostraba uno por
+uno, dejando para el final el gran efecto, que consist&iacute;a en sacar de
+s&uacute;bito el pa&ntilde;uelo y ponerlo en las narices de sus amigas, dici&eacute;ndoles:
+<i>goled</i>. Efectivamente, qued&aacute;banse las otras medio desvanecidas con el
+fuerte olor de agua de Colonia o de los <i>siete ladrones</i>, que el pa&ntilde;uelo
+ten&iacute;a. Por un momento, la admiraci&oacute;n las hac&iacute;a enmudecer; pero poco a
+poco &iacute;banse reponiendo, y Eulalia, cuyo orgullo rara vez se daba por
+vencido, sacaba un tornillo dorado sin cabeza, o un pedazo de talco, con
+el cual dec&iacute;a que iba a hacer un espejo. Dif&iacute;cil era borrar la grata
+impresi&oacute;n y el &eacute;xito del perfume. La ferretera, algo corrida, ten&iacute;a que
+guardar los trebejos, despu&eacute;s de o&iacute;r comentarios verdaderamente
+injustos. La de la droguer&iacute;a hac&iacute;a muchos ascos, diciendo: &laquo;&iexcl;Uy, c&oacute;mo
+apesta eso, hija, guarda, guarda esas ordinarieces!&raquo;.</p>
+
+<p>Al siguiente d&iacute;a, Barbarita, que no quer&iacute;a dar su brazo a torcer,
+llevaba unos papelitos muy raros de pasta, todos llenos de garabatos
+chinescos. Despu&eacute;s de darse mucha importancia, haciendo que lo ense&ntilde;aba
+y volvi&eacute;ndolo a guardar, con lo cual la curiosidad de las otras llegaba
+al punto de la desaz&oacute;n nerviosa, de repente pon&iacute;a el papel en las
+narices de sus amigas, diciendo en tono triunfal: &laquo;&iquest;Y eso?&raquo;. Qued&aacute;banse
+Castita y Eulalia atontadas con el aroma asi&aacute;tico, vacilando entre la
+admiraci&oacute;n y la envidia; pero al fin no ten&iacute;an m&aacute;s remedio que humillar
+su soberbia ante el olorcillo aquel de la ni&ntilde;a de Arnaiz, y le ped&iacute;an
+por Dios que las dejase catarlo m&aacute;s. Barbarita no gustaba de prodigar su
+tesoro, y apenas acercaba el papel a las respingadas narices de las
+otras, lo volv&iacute;a a retirar con movimiento de cautela y avaricia,
+temiendo que la fragancia se marchara por los respiraderos de sus
+amigas, como se escapa el humo por el ca&ntilde;&oacute;n de una chimenea. El tiro de
+aquellos olfatorios era tremendo. Por &uacute;ltimo, las dos amiguitas y otras
+que se acercaron movidas de la curiosidad, y hasta la propia do&ntilde;a
+Calixta, que sol&iacute;a descender a la familiaridad con las alumnas ricas,
+reconoc&iacute;an, por encima de todo sentimiento envidioso, que ninguna ni&ntilde;a
+ten&iacute;a cosas tan bonitas como la de la tienda de Filipinas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Esta ni&ntilde;a y otras del barrio, bien apa&ntilde;aditas por sus respectivas mam&aacute;s,
+peinadas a estilo de maja, con peineta y flores en la cabeza, y sobre
+los hombros pa&ntilde;uelo de Manila de los que llaman de talle, se reun&iacute;an en
+un portal de la calle de Postas para pedir <i>el cuartito para la Cruz de
+Mayo</i>, el 3 de dicho mes, repicando en una bandeja de plata, junto a una
+mesilla forrada de damasco rojo. Los due&ntilde;os de la casa llamada <i>del
+portal de la Virgen</i>, celebraban aquel d&iacute;a una simp&aacute;tica fiesta y pon&iacute;an
+all&iacute;, junto al mismo taller de cucharas y molinillos que todav&iacute;a
+existe, un altar con la cruz enramada, muchas velas y algunas figuras de
+nacimiento. A la Virgen, que a&uacute;n se venera all&iacute;, la enramaban tambi&eacute;n
+con yerbas olorosas, y el fabricante de cucharas, que era gallego, se
+pon&iacute;a la montera y el chaleco encarnado. Las peque&ntilde;uelas, si los mayores
+se descuidaban, romp&iacute;an la consigna y se echaban a la calle, en re&ntilde;ida
+competencia con otras chiquillas pedig&uuml;e&ntilde;as, correteando de una acera a
+otra, deteniendo a los se&ntilde;ores que pasaban, y acos&aacute;ndoles hasta obtener
+el ochavito. Hemos o&iacute;do contar a la propia Barbarita que para ella no
+hab&iacute;a dicha mayor que pedir para la Cruz de Mayo, y que los caballeros
+de entonces eran en esto mucho m&aacute;s galantes que los de ahora, pues no
+desairaban a ninguna ni&ntilde;a bien vestidita que se les colgara de los
+faldones.</p>
+
+<p>Ya hab&iacute;a completado la hija de Arnaiz su educaci&oacute;n (que era harto
+sencilla en aquellos tiempos y consist&iacute;a en leer sin acento, escribir
+sin ortograf&iacute;a, contar haciendo trompetitas con la boca, y bordar con
+punto de marca el dechado), cuando perdi&oacute; a su padre. Ocupaciones serias
+vinieron entonces a robustecer su esp&iacute;ritu y a redondear su car&aacute;cter. Su
+madre y hermano, ayudados del gordo Arnaiz, emprendieron el inventario
+de la casa, en la cual hab&iacute;a alg&uacute;n desorden. Sobre las existencias de
+pa&ntilde;oler&iacute;a no se hallaron datos ciertos en los libros de la tienda, y al
+contarlas apareci&oacute; m&aacute;s de lo que se cre&iacute;a. En el s&oacute;tano estaban, muertos
+de risa, varios fardos de cajas que a&uacute;n no hab&iacute;an sido abiertos. Adem&aacute;s
+de esto, las casas importadoras de C&aacute;diz, Cuesta y Rubio, anunciaban dos
+remesas considerables que estaban ya en camino. No hab&iacute;a m&aacute;s remedio que
+cargar con todo aquel exceso de g&eacute;nero, lo que realmente era una
+contrariedad comercial en tiempos en que parec&iacute;a iniciarse la
+generalizaci&oacute;n de los abrigos <i>confeccionados</i>, not&aacute;ndose adem&aacute;s en la
+clase popular tendencias a vestirse como la clase media. La decadencia
+del mant&oacute;n de Manila empezaba a iniciarse, porque si los pa&ntilde;uelos
+llamados de talle, que eran los m&aacute;s baratos, se vend&iacute;an bien en Madrid
+(mayormente el d&iacute;a de San Lorenzo, para la</p>
+
+<p><i>parroquia de la chinche</i>) y ten&iacute;an regular salida para Valencia y
+M&aacute;laga, en cambio el gran mant&oacute;n, los ricos chales de tres, cuatro y
+cinco mil reales se vend&iacute;an muy poco, y pasaban meses sin que ninguna
+parroquiana se atreviera con ellos.</p>
+
+<p>Los herederos de Arnaiz, al inventariar la riqueza de la casa, que s&oacute;lo
+en aquel art&iacute;culo no bajaba de cincuenta mil duros, comprendieron que se
+aproximaba una crisis. Tres o cuatro meses emplearon en clasificar,
+ordenar, poner precios, confrontar los apuntes de don Bonifacio con la
+correspondencia y las facturas venidas directamente de Cant&oacute;n o
+remitidas por las casas de C&aacute;diz. Indudablemente el difunto Arnaiz no
+hab&iacute;a visto claro al hacer tantos pedidos; se ceg&oacute;, deslumbrado por
+cierta alucinaci&oacute;n mercantil; tal vez sinti&oacute; demasiado <i>el amor al
+art&iacute;culo</i> y fue m&aacute;s artista que comerciante. Hab&iacute;a sido dependiente y
+socio de la Compa&ntilde;&iacute;a de Filipinas, liquidada en 1833, y al emprender por
+s&iacute; el negocio de pa&ntilde;oler&iacute;a de Cant&oacute;n, cre&iacute;a conocerlo mejor que nadie.
+En verdad que lo conoc&iacute;a; pero ten&iacute;a una fe imprudente en la perpetuidad
+de aquella prenda, y algunas ideas supersticiosas acerca de la afinidad
+del pueblo espa&ntilde;ol con los espl&eacute;ndidos crespones rameados de mil
+colores. &laquo;Mientras m&aacute;s chillones&mdash;dec&iacute;a&mdash;, m&aacute;s venta&raquo;.</p>
+
+<p>En esto apareci&oacute; en el extremo Oriente un nuevo artista, un genio que
+acab&oacute; de perturbar a D. Bonifacio. Este innovador fue Senqu&aacute;, del cual
+puede decirse que representaba con respecto a Ay&uacute;n, en aquel arte
+budista, lo que en la m&uacute;sica representaba Beethoven con respecto a
+Mozart. Senqu&aacute; modific&oacute; el estilo de Ay&uacute;n, d&aacute;ndole m&aacute;s amplitud,
+variando m&aacute;s los tonos, haciendo, en fin, de aquellas sonatas graciosas,
+po&eacute;ticas y elegantes, sinfon&iacute;as poderosas con derroche de vida,
+combinaciones nuevas y atrevimientos admirables. Ver D. Bonifacio las
+primeras muestras del estilo de Senqu&aacute; y chiflarse por completo, fue
+todo uno. &laquo;&iexcl;Bar&aacute;stolis!, &iexcl;esto es la gloria divina&mdash;dec&iacute;a&mdash;; es mucho
+chino este...!&raquo;. Y de tal entusiasmo nacieron pedidos imprudentes y el
+grave error mercantil, cuyas consecuencias no pudo apreciar aquel
+excelente hombre, porque le cogi&oacute; la muerte.</p>
+
+<p>El inventario de abanicos, tela de nipis, crudillo de seda, tejidos de
+Madr&aacute;s y objetos de marfil tambi&eacute;n arrojaba cifras muy altas, y se hizo
+minuciosamente. Entonces pasaron por las manos de Barbarita todas las
+preciosidades que en su ni&ntilde;ez le parec&iacute;an juguetes y que le hab&iacute;an
+producido fiebre. A pesar de la edad y del juicio adquirido con ella, no
+vio nunca con indiferencia tales chucher&iacute;as, y hoy mismo declara que
+cuando cae en sus manos alguno de aquellos delicados campanarios de
+marfil, le dan ganas de guard&aacute;rselo en el seno y echar a correr.</p>
+
+<p>Cumplidos los quince a&ntilde;os, era Barbarita una chica bonit&iacute;sima,
+torneadita, fresca y sonrosada, de car&aacute;cter jovial, inquieto y un tanto
+burl&oacute;n. No hab&iacute;a tenido novio a&uacute;n, ni su madre se lo permit&iacute;a.
+Diferentes moscones revoloteaban alrededor de ella, sin resultado. La
+mam&aacute; ten&iacute;a sus proyectos, y empezaba a tirar acertadas l&iacute;neas para
+realizarlos. Las familias de Santa Cruz y Arnaiz se trataban con amistad
+casi &iacute;ntima, y adem&aacute;s ten&iacute;an v&iacute;nculos de parentesco con los Trujillos.
+La mujer de don Baldomero I y la del difunto Arnaiz eran primas
+segundas, floridas ramas de aquel nudoso tronco, de aquel albardero de
+la calle de Toledo, cuya historia sab&iacute;a tan bien el gordo Arnaiz. Las
+dos primas tuvieron un pensamiento feliz, se lo comunicaron una a otra,
+asombr&aacute;ronse de que se les hubiera ocurrido a las dos la misma cosa...
+&laquo;ya se ve, era tan natural...&raquo; y aplaudi&eacute;ndose rec&iacute;procamente,
+resolvieron convertirlo en realidad dichosa. Todos los descendientes del
+extreme&ntilde;o aquel de los aparejos borricales se distingu&iacute;an siempre por su
+costumbre de trazar una l&iacute;nea muy corta y muy recta entre la idea y el
+hecho. La idea era casar a Baldomerito con Barbarita.</p>
+
+<p>Muchas veces hab&iacute;a visto la hija de Arnaiz al chico de Santa Cruz; pero
+nunca le pas&oacute; por las mientes que ser&iacute;a su marido, porque el tal, no
+s&oacute;lo no le hab&iacute;a dicho nunca media palabra de amores, sino que ni
+siquiera la miraba como miran los que pretenden ser mirados. Baldomero
+era juicioso, muy bien parecido, fornido y de buen color, cort&iacute;simo de
+genio, sos&oacute;n como una calabaza, y de tan pocas palabras que se pod&iacute;an
+contar siempre que hablaba. Su timidez no dec&iacute;a bien con su corpulencia.
+Ten&iacute;a un mirar leal y cari&ntilde;oso, <i>como el de un gran perro de aguas</i>.</p>
+
+<p>Pasaba por la honestidad misma, iba a misa todos los d&iacute;as que lo mandaba
+la Iglesia, rezaba el rosario con la familia, trabajaba diez horas
+diarias o m&aacute;s en el escritorio sin levantar cabeza, y no gastaba el
+dinero que le daban sus pap&aacute;s. A pesar de estas raras dotes, Barbarita,
+si alguna vez le encontraba en la calle o en la tienda de Arnaiz o en la
+casa, lo que acontec&iacute;a muy pocas veces, le miraba con el mismo inter&eacute;s
+con que se puede mirar una saca de carb&oacute;n o un fardo de tejidos. As&iacute; es
+que se qued&oacute; como quien ve visiones cuando su madre, cierto d&iacute;a de
+precepto, al volver de la iglesia de Santa Cruz, donde ambas confesaron
+y comulgaron, le propuso el casamiento con Baldomerito. Y no emple&oacute; para
+esto circunloquios ni diplomacias de palabra, sino que se fue al asunto
+con estilo llano y decidido. &iexcl;Ah, la l&iacute;nea recta de los Trujillos...!</p>
+
+<p>Aunque Barbarita era desenfadada en el pensar, pronta en el responder, y
+sab&iacute;a sacudirse una mosca que le molestase, en caso tan grave se qued&oacute;
+algo mortecina y tuvo verg&uuml;enza de decir a su mam&aacute; que no quer&iacute;a maldita
+cosa al chico de Santa Cruz... Lo iba a decir; pero la cara de su madre
+pareciole de madera. Vio en aquel entrecejo la l&iacute;nea corta y sin curvas,
+la barra de acero trujillesca, y la pobre ni&ntilde;a sinti&oacute; miedo, &iexcl;ay qu&eacute;
+miedo! Bien conoci&oacute; que su madre se hab&iacute;a de poner como una leona, si
+ella se sal&iacute;a con la inocentada de querer m&aacute;s o menos. Callose, pues,
+como en misa, y a cuanto la mam&aacute; le dijo aquel d&iacute;a y los subsiguientes
+sobre el mismo tema del casorio, respond&iacute;a con signos y palabras de
+humilde aquiescencia. No cesaba de sondear su propio coraz&oacute;n, en el cual
+encontraba a la vez pena y consuelo. No sab&iacute;a lo que era amor; tan s&oacute;lo
+lo sospechaba. Verdad que no quer&iacute;a a su novio; pero tampoco quer&iacute;a a
+otro. En caso de querer a alguno, este alguno pod&iacute;a ser aquel.</p>
+
+<p>Lo m&aacute;s particular era que Baldomero, despu&eacute;s de concertada la boda, y
+cuando ve&iacute;a regularmente a su novia, no le dec&iacute;a de cosas de amor ni una
+miaja de letra, aunque las breves ausencias de la mam&aacute;, que sol&iacute;a
+dejarles solos un ratito, le dieran ocasi&oacute;n de lucirse como gal&aacute;n. Pero
+nada... Aquel zagalote guapo y desabrido no sab&iacute;a salir en su
+conversaci&oacute;n de las rutinas m&aacute;s triviales. Su timidez era tan
+ceremoniosa como su levita de pa&ntilde;o negro, de lo mejor de Sed&aacute;n, y que
+parec&iacute;a, usada por &eacute;l, como un reclamo del buen g&eacute;nero de la casa.
+Hablaba de los reverberos que hab&iacute;a puesto el marqu&eacute;s de Pontejos, del
+c&oacute;lera del a&ntilde;o anterior, de la degollina de los frailes, y de las muchas
+casas magn&iacute;ficas que se iban a edificar en los solares de los derribados
+conventos. Todo esto era muy bonito para dicho en la tertulia de una
+tienda; pero sonaba a cencerrada en el coraz&oacute;n de una doncella, que no
+estando enamorada, ten&iacute;a ganas de estarlo.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n pensaba Barbarita, oyendo a su novio, que la procesi&oacute;n iba por
+dentro y que el pobre chico, a pesar de ser tan grandull&oacute;n, no ten&iacute;a
+alma para sacarla fuera. &laquo;&iquest;Me querr&aacute;?&raquo; se preguntaba la novia. Pronto
+hubo de sospechar que si Baldomerito no le hablaba de amor
+expl&iacute;citamente, era por pura cortedad y por no saber c&oacute;mo arrancarse;
+pero que estaba enamorado hasta las gachas, reduci&eacute;ndose a declararlo
+con delicadezas, complacencias y puntualidades muy expresivas. Sin duda
+el amor m&aacute;s sublime es el m&aacute;s discreto, y las bocas m&aacute;s elocuentes
+aquellas en que no puede entrar ni una mosca. Mas no se tranquilizaba la
+joven razonando as&iacute;, y el sobresalto y la incertidumbre no la dejaban
+vivir. &laquo;&iexcl;Si tambi&eacute;n le estar&eacute; yo queriendo sin saberlo!&raquo; pensaba. &iexcl;Oh!,
+no; interrog&aacute;ndose y respondi&eacute;ndose con toda lealtad, resultaba que no
+le quer&iacute;a absolutamente nada. Verdad que tampoco le aborrec&iacute;a, y algo
+&iacute;bamos ganando.</p>
+
+<p>Y en este desabrid&iacute;simo noviazgo pasaron algunos meses, al cabo de los
+cuales Baldomero se solt&oacute; y despabil&oacute; algo. Su boca se fue desellando
+poquito a poco hasta que rompi&oacute;, como un erizo de casta&ntilde;a que madura y
+se abre, dejando ver el sazonado fruto. Palabra tras palabra, fue
+soltando las casta&ntilde;as, aquellas ideas elaboradas y guardadas con
+religiosa maternidad, como esconde Naturaleza sus obras en gestaci&oacute;n.
+Lleg&oacute; por fin el d&iacute;a se&ntilde;alado para la boda, que fue el 3 de Mayo de
+1835, y se casaron en Santa Cruz, sin aparato, instal&aacute;ndose en la casa
+del esposo, que era una de las mejores del barrio, en la plazuela de la
+Le&ntilde;a.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>A los dos meses de casados, y despu&eacute;s de una temporadilla en que
+Barbarita estuvo algo distra&iacute;da, melanc&oacute;lica y como con ganas de llorar,
+alarmando mucho a su madre, empezaron a notarse en aquel matrimonio, en
+tan malas condiciones hecho, s&iacute;ntomas de idilio. Baldomero parec&iacute;a otro.
+En el escritorio canturriaba, y buscaba pretextos para salir, subir a la
+casa y decir una palabrita a su mujer, cogi&eacute;ndola en los pasillos o
+donde la encontrase. Tambi&eacute;n sol&iacute;a equivocarse al sentar una partida, y
+cuando firmaba la correspondencia, daba a los rasgos de la tradicional
+r&uacute;brica de la casa una amplitud de trazo verdaderamente grandiosa,
+terminando el rasgo final hacia arriba como una invocaci&oacute;n de gratitud
+dirigida al Cielo. Sal&iacute;a muy poco, y dec&iacute;a a sus amigos &iacute;ntimos que no
+se cambiar&iacute;a por un Rey, ni por su tocayo Espartero, pues no hab&iacute;a
+felicidad semejante a la suya. B&aacute;rbara manifestaba a su madre con gozo
+discreto, que Baldomero no le daba el m&aacute;s m&iacute;nimo disgusto; que los dos
+caracteres se iban armonizando perfectamente, que &eacute;l era bueno como el
+mejor pan y que ten&iacute;a mucho talento, un talento que se descubr&iacute;a donde
+y como debe descubrirse, en las ocasiones. En cuanto estaba diez minutos
+en la casa materna, ya no se la pod&iacute;a aguantar, porque se pon&iacute;a
+desasosegaba y buscaba pretextos para marcharse diciendo: &laquo;Me voy, que
+est&aacute; mi marido solo&raquo;.</p>
+
+<p>El idilio se acentuaba cada d&iacute;a, hasta el punto de que la madre de
+Barbarita, disimulando su satisfacci&oacute;n, dec&iacute;a a esta: &laquo;Pero, hija, vais
+a dejar tama&ntilde;itos a los <i>Amantes de Teruel</i>&raquo;. Los esposos sal&iacute;an a paseo
+juntos todas las tardes. Jam&aacute;s se ha visto a D. Baldomero II en un
+teatro sin tener al lado a su mujer. Cada d&iacute;a, cada mes y cada a&ntilde;o, eran
+m&aacute;s t&oacute;rtolos, y se quer&iacute;an y estimaban m&aacute;s. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s de
+casados, parec&iacute;a que estaban en la luna de miel. El marido ha mirado
+siempre a su mujer como una criatura sagrada, y Barbarita ha visto
+siempre en su esposo el hombre m&aacute;s completo y digno de ser amado que en
+el mundo existe. C&oacute;mo se compenetraron ambos caracteres, c&oacute;mo se form&oacute;
+la conjunci&oacute;n inaudita de aquellas dos almas, ser&iacute;a muy largo de contar.
+El se&ntilde;or y la se&ntilde;ora de Santa Cruz, que a&uacute;n viven y ojal&aacute; vivieran mil
+a&ntilde;os, son el matrimonio m&aacute;s feliz y m&aacute;s admirable del presente siglo.
+Debieran estos nombres escribirse con letras de oro en los antip&aacute;ticos
+salones de la Vicar&iacute;a, para eterna ejemplaridad de las generaciones
+futuras, y debiera ordenarse que los sacerdotes, al leer la ep&iacute;stola de
+San Pablo, incluyeran alg&uacute;n parrafito, en lat&iacute;n o castellano, referente
+a estos excelsos casados. Do&ntilde;a Asunci&oacute;n Trujillo, que falleci&oacute; en 1841
+en un d&iacute;a triste de Madrid, el d&iacute;a en que fusilaron al general Le&oacute;n,
+sali&oacute; de este mundo con el atrevido pensamiento de que para alcanzar la
+bienaventuranza no necesitaba alegar m&aacute;s t&iacute;tulo que el de autora de
+aquel cristiano casamiento. Y que no le disputara esta gloria Juana
+Trujillo, madre de Baldomero, la cual hab&iacute;a muerto el a&ntilde;o anterior,
+porque Asunci&oacute;n probar&iacute;a ante todas las canciller&iacute;as celestiales que a
+ella se le hab&iacute;a ocurrido la sublime idea antes que a su prima.</p>
+
+<p>Ni los a&ntilde;os, ni las menudencias de la vida han debilitado nunca el
+profund&iacute;simo cari&ntilde;o de estos benditos c&oacute;nyuges. Ya ten&iacute;an canas las
+cabezas de uno y otro, y D. Baldomero dec&iacute;a a todo el que quisiera o&iacute;rle
+que amaba a su mujer <i>como el primer d&iacute;a</i>. Juntos siempre en el paseo,
+juntos en el teatro, pues a ninguno de los dos le gusta la funci&oacute;n si el
+otro no la ve tambi&eacute;n. En todas las fechas que recuerdan algo dichoso
+para la familia, se hacen rec&iacute;procamente sus regalitos, y para colmo de
+felicidad, ambos disfrutan de una salud espl&eacute;ndida. El deseo final del
+se&ntilde;or de Santa Cruz es que ambos se mueran juntos, el mismo d&iacute;a y a la
+misma hora, en el mismo lecho nupcial en que han dormido toda su vida.</p>
+
+<p>Les conoc&iacute; en 1870. D. Baldomero ten&iacute;a ya sesenta a&ntilde;os, Barbarita
+cincuenta y dos. &Eacute;l era un se&ntilde;or de muy buena presencia, el pelo
+entrecano, todo afeitado, colorado, fresco, m&aacute;s joven que muchos hombres
+de cuarenta, con toda la dentadura completa y sana, &aacute;gil y bien
+dispuesto, sereno y festivo, la mirada dulce, siempre la mirada aquella
+de perrazo de Terranova. Su esposa pareciome, para decirlo de una vez,
+una mujer guap&iacute;sima, casi estoy por decir mon&iacute;sima. Su cara ten&iacute;a la
+frescura de las rosas cogidas, pero no ajadas todav&iacute;a, y no usaba m&aacute;s
+afeite que el agua clara. Conservaba una dentadura ideal y un cuerpo
+que, aun sin cors&eacute;, daba quince y raya a muchas fantasmonas exprimidas
+que andan por ah&iacute;. Su cabello se hab&iacute;a puesto ya enteramente blanco, lo
+cual la favorec&iacute;a m&aacute;s que cuando lo ten&iacute;a entrecano. Parec&iacute;a pelo
+empolvado a estilo Pompadour, y como lo ten&iacute;a tan rizoso y tan bien
+partido sobre la frente, muchos sosten&iacute;an que ni all&iacute; hab&iacute;a canas ni
+Cristo que lo fund&oacute;. Si Barbarita presumiera, habr&iacute;a podido recortar muy
+bien los cincuenta y dos a&ntilde;os plant&aacute;ndose en los treinta y ocho, sin que
+nadie le sacara la cuenta, porque la fisonom&iacute;a y la expresi&oacute;n eran de
+juventud y gracia, iluminadas por una sonrisa que era la pura miel...
+Pues si hubiera querido presumir con malicia, &iexcl;digo...!, a no ser lo
+que era, una matrona respetabil&iacute;sima con toda la sal de Dios en su
+coraz&oacute;n, habr&iacute;a visto acudir los hombres como acuden las moscas a una de
+esas frutas que, por lo muy maduras, principian a arrugarse, y les
+chorrea por la corteza todo el az&uacute;car.</p>
+
+<p>&iquest;Y Juanito? Pues Juanito fue esperado desde el primer a&ntilde;o de aquel
+matrimonio sin par. Los felices esposos contaban con &eacute;l este mes, el que
+viene y el otro, y estaban vi&eacute;ndole venir y dese&aacute;ndole como los jud&iacute;os
+al Mes&iacute;as. A veces se entristec&iacute;an con la tardanza; pero la fe que
+ten&iacute;an en &eacute;l les reanimaba. Si tarde o temprano hab&iacute;a de venir... era
+cuesti&oacute;n de paciencia. Y el muy pillo puso a prueba la de sus padres,
+porque se entretuvo diez a&ntilde;os por all&aacute;, haci&eacute;ndoles rabiar. No se dejaba
+ver de Barbarita m&aacute;s que en sue&ntilde;os, en diferentes aspectos infantiles,
+ya comi&eacute;ndose los pu&ntilde;os cerrados, la cara dentro de un gorro con muchos
+encajes, ya talludito, con su escopetilla al hombro y mucha picard&iacute;a en
+los ojos. Por fin Dios le mand&oacute; en carne mortal, cuando los esposos
+empezaron a quejarse de la Providencia y a decir que les hab&iacute;a enga&ntilde;ado.
+D&iacute;a de j&uacute;bilo fue aquel de Septiembre de 1845 en que vino a ocupar su
+puesto en el m&aacute;s dichoso de los hogares Juanito Santa Cruz. Fue padrino
+del cr&iacute;o el gordo Arnaiz, quien dijo a Barbarita: &laquo;A m&iacute; no me la das t&uacute;.
+Aqu&iacute; ha habido matute. Este ternero lo has tra&iacute;do de la Inclusa para
+engarnmos... &iexcl;Ah!, estos proteccionistas no son m&aacute;s que contrabandistas
+disfrazados&raquo;.</p>
+
+<p>Cri&aacute;ronle con regalo y exquisitos cuidados, pero sin mimo. D. Baldomero
+no ten&iacute;a car&aacute;cter para poner un freno a su estrepitoso cari&ntilde;o paternal,
+ni para meterse en severidades de educaci&oacute;n y formar al chico como le
+formaron a &eacute;l. Si su mujer lo permitiera, habr&iacute;a llevado Santa Cruz su
+indulgencia hasta consentir que el ni&ntilde;o hiciera en todo su real gana.
+&iquest;En qu&eacute; consist&iacute;a que habiendo sido &eacute;l educado tan r&iacute;gidamente por D.
+Baldomero I, era todo blanduras con su hijo? &iexcl;Efectos de la evoluci&oacute;n
+educativa, paralela de la evoluci&oacute;n pol&iacute;tica! Santa Cruz ten&iacute;a muy
+presentes las ferocidades disciplinarias de su padre, los castigos que
+le impon&iacute;a, y las privaciones que le hab&iacute;a hecho sufrir. Todas las
+noches del a&ntilde;o le obligaba a rezar el rosario con los dependientes de la
+casa; hasta que cumpli&oacute; los veinticinco nunca fue a paseo solo, sino en
+corporaci&oacute;n con los susodichos dependientes; el teatro no lo cataba sino
+el d&iacute;a de Pascua, y le hac&iacute;an un trajecito nuevo cada a&ntilde;o, el cual no se
+pon&iacute;a m&aacute;s que los domingos. Ten&iacute;anle trabajando en el escritorio o en el
+almac&eacute;n desde las nueve de la ma&ntilde;ana a las ocho de la noche, y hab&iacute;a de
+servir para todo, lo mismo para mover un fardo que para escribir
+cartas. Al anochecer, sol&iacute;a su padre echarle los tiempos por encender el
+vel&oacute;n de cuatro mecheros antes de que las tinieblas fueran completamente
+due&ntilde;as del local. En lo tocante a juegos, no conoci&oacute; nunca m&aacute;s que el
+mus, y sus bolsillos no supieron lo que era un cuarto hasta mucho
+despu&eacute;s del tiempo en que empez&oacute; a afeitarse. Todo fue rigor, trabajo,
+sordidez. Pero lo m&aacute;s particular era que creyendo D. Baldomero que tal
+sistema hab&iacute;a sido eficac&iacute;simo para formarle a &eacute;l, lo ten&iacute;a por
+deplorable trat&aacute;ndose de su hijo. Esto no era una falta de l&oacute;gica, sino
+la consagraci&oacute;n pr&aacute;ctica de la idea madre de aquellos tiempos, el
+progreso. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a del mundo sin progreso?, pensaba Santa Cruz, y al
+pensarlo sent&iacute;a ganas de dejar al chico entregado a sus propios
+instintos. Hab&iacute;a o&iacute;do muchas veces a los economistas que iban de
+tertulia a casa de Cantero, la c&eacute;lebre frase <i>laissez aller, laissez
+passer</i>... El gordo Arnaiz y su amigo Pastor, el economista, sosten&iacute;an
+que todos los grandes problemas se resuelven por s&iacute; mismos, y D. Pedro
+Mata opinaba del propio modo, aplicando a la sociedad y a la pol&iacute;tica el
+sistema de la medicina expectante. La naturaleza se cura sola; no hay
+m&aacute;s que dejarla. Las fuerzas reparatrices lo hacen todo, ayudadas del
+aire. El hombre se educa s&oacute;lo en virtud de las suscepciones constantes
+que determina en su esp&iacute;ritu la conciencia, ayudada del ambiente social.
+D. Baldomero no lo dec&iacute;a as&iacute;; pero sus vagas ideas sobre el asunto se
+condensaban en una expresi&oacute;n de moda y muy socorrida: &laquo;el mundo marcha&raquo;.</p>
+
+<p>Felizmente para Juanito, estaba all&iacute; su madre, en quien se equilibraban
+maravillosamente el coraz&oacute;n y la inteligencia. Sab&iacute;a coger las
+disciplinas cuando era menester, y sab&iacute;a ser indulgente a tiempo. Si no
+le pas&oacute; nunca por las mientes obligar a rezar el rosario a un chico que
+iba a la Universidad y entraba en la c&aacute;tedra de Salmer&oacute;n, en cambio no
+le dispens&oacute; del cumplimiento de los deberes religiosos m&aacute;s elementales.
+Bien sab&iacute;a el muchacho que si hac&iacute;a novillos a la misa de los domingos,
+no ir&iacute;a al teatro por la tarde, y que si no sacaba buenas notas en
+Junio, no hab&iacute;a dinero para el bolsillo, ni toros, ni excursiones por el
+campo con Estupi&ntilde;&aacute; (luego hablar&eacute; de este tipo) para cazar p&aacute;jaros con
+red o liga, ni los dem&aacute;s divertimientos con que se recompensaba su
+aplicaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Mientras estudi&oacute; la segunda ense&ntilde;anza en el colegio de Masarnau, donde
+estaba a media pensi&oacute;n, su mam&aacute; le repasaba las lecciones todas las
+noches, se las met&iacute;a en el cerebro a pu&ntilde;ados y a empujones, como se mete
+la lana en un coj&iacute;n. Ved por d&oacute;nde aquella se&ntilde;ora se convirti&oacute; en
+sibila, int&eacute;rprete de toda la ciencia humana, pues le descifraba al
+ni&ntilde;o los puntos oscuros que en los libros hab&iacute;a, y aclaraba todas sus
+dudas, all&aacute; como Dios le daba a entender. Para manifestar hasta d&oacute;nde
+llegaba la sabidur&iacute;a enciclop&eacute;dica de do&ntilde;a B&aacute;rbara, estimulada por el
+amor materno, baste decir que tambi&eacute;n le traduc&iacute;a los temas de lat&iacute;n,
+aunque en su vida hab&iacute;a ella sabido palotada de esta lengua. Verdad que
+era traducci&oacute;n libre, mejor dicho, liberal, casi demag&oacute;gica. Pero Fedro
+y Cicer&oacute;n no se hubieran incomodado si estuvieran oyendo por encima del
+hombro de la maestra, la cual sacaba inmenso partido de lo poco que el
+disc&iacute;pulo sab&iacute;a. Tambi&eacute;n le cultivaba la memoria, descarg&aacute;ndosela de
+f&aacute;rrago in&uacute;til, y le hac&iacute;a ver claros los problemas de aritm&eacute;tica
+elemental, vali&eacute;ndose de garbanzos o jud&iacute;as, pues de otro modo no andaba
+ella muy a gusto por aquellos derroteros. Para la Historia Natural,
+sol&iacute;a la maestra llamar en su auxilio al le&oacute;n del Retiro, y &uacute;nicamente
+en la Qu&iacute;mica se quedaban los dos parados, mir&aacute;ndose el uno al otro,
+concluyendo ella por meterle en la memoria las f&oacute;rmulas, despu&eacute;s de
+observar que estas cosas no las entienden m&aacute;s que los boticarios, y que
+todo se reduce a si se pone m&aacute;s o menos cantidad de agua del pozo.
+Total: que cuando Juan se hizo bachiller en Artes, Barbarita declaraba
+riendo que con estos teje-manejes se hab&iacute;a vuelto, sin saberlo, una do&ntilde;a
+Beatriz Galindo para latines y una catedr&aacute;tica universal.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>En este interesante periodo de la crianza del heredero, desde el 45 para
+ac&aacute;, sufri&oacute; la casa de Santa Cruz la transformaci&oacute;n impuesta por los
+tiempos, y que fue puramente externa, continuando inalterada en lo
+esencial. En el escritorio y en el almac&eacute;n aparecieron los primeros
+mecheros de gas hacia el a&ntilde;o 49, y el famoso vel&oacute;n de cuatro luces
+recibi&oacute; tan tremenda bofetada de la dura mano del progreso, que no se le
+volvi&oacute; a ver m&aacute;s por ninguna parte. En la caja hab&iacute;an entrado ya los
+primeros billetes del Banco de San Fernando, que s&oacute;lo se usaban para el
+pago de letras, pues el p&uacute;blico los miraba a&uacute;n con malos ojos. Se
+hablaba a&uacute;n de talegas, y la operaci&oacute;n de contar cualquier cantidad era
+obra para que la desempe&ntilde;ara Pit&aacute;goras u otro gran aritm&eacute;tico, pues con
+los doblones y ochentines, las pesetas catalanas, los duros espa&ntilde;oles,
+los de veintiuno y cuartillo, las onzas, las pesetas columnarias y las
+monedas macuquinas, se armaba un bel&eacute;n espantoso.</p>
+
+<p>A&uacute;n no se conoc&iacute;an el sello de correo, ni los sobres ni otras conquistas
+del citado progreso. Pero ya los dependientes hab&iacute;an empezado a
+sacudirse las cadenas; ya no eran aquellos parias del tiempo de D.
+Baldomero I, a quienes no se permit&iacute;a salir sino los domingos y en
+comunidad, y cuyo vestido se confeccionaba por un patr&oacute;n &uacute;nico, para que
+resultasen uniformados como colegiales o presidiarios. Se les dejaba
+concurrir a los bailes de Villahermosa o de candil, seg&uacute;n las aficiones
+de cada uno. Pero en lo que no hubo variaci&oacute;n fue en aquel piadoso
+atavismo de hacerles rezar el rosario todas las noches. Esto no pas&oacute; a
+la historia hasta la &eacute;poca reciente del traspaso a <i>los Chicos</i>.
+Mientras fue D. Baldomero jefe de la casa, esta no se desvi&oacute; en lo
+esencial de los ejes diamantinos sobre que la ten&iacute;a montada el padre, a
+quien se podr&iacute;a llamar <i>D. Baldomero el Grande</i>. Para que el progreso
+pusiera su mano en la obra de aquel hombre extraordinario, cuyo retrato,
+debido al pincel de D. Vicente L&oacute;pez, hemos contemplado con satisfacci&oacute;n
+en la sala de sus ilustres descendientes, fue preciso que todo Madrid se
+transformase; que la desamortizaci&oacute;n edificara una ciudad nueva sobre
+los escombros de los conventos; que el Marqu&eacute;s de Pontejos adecentase
+este lugar&oacute;n; que las reformas arancelarias del 49 y del 68, pusieran
+patas arriba todo el comercio madrile&ntilde;o; que el grande ingenio de
+Salamanca idease los primeros ferrocarriles; que Madrid se <i>colocase</i>,
+por arte del vapor, a cuarenta horas de Par&iacute;s, y por fin, que hubiera
+muchas guerras y revoluciones y grandes trastornos en la riqueza
+individual.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n la casa de Gumersindo Arnaiz, hermano de Barbarita, ha pasado
+por grandes crisis y mudanzas desde que muri&oacute; D. Bonifacio. Dos a&ntilde;os
+despu&eacute;s del casamiento de su hermana con Santa Cruz, cas&oacute; Gumersindo con
+Isabel Cordero, hija de D. Benigno Cordero, mujer de gran disposici&oacute;n,
+que supo ver claro en el negocio de tiendas y ha sido la salvadora de
+aquel acreditado establecimiento. Comprometido &eacute;ste del 40 al 45, por
+los &uacute;ltimos errores del difunto Arnaiz, se defendi&oacute; con los <i>mahones</i>,
+aquellas telas ligeras y frescas que tanto se usaron hasta el 54. El
+g&eacute;nero de China deca&iacute;a visiblemente. Las galeras aceleradas iban
+trayendo a Madrid cada d&iacute;a con m&aacute;s presteza las novedades parisienses, y
+se apuntaba la invasi&oacute;n lenta y tir&aacute;nica de los medios colores, que
+pretenden ser signo de cultura. La sociedad espa&ntilde;ola empezaba a presumir
+de <i>seria</i>; es decir, a vestirse l&uacute;gubremente, y el alegre imperio de
+los colorines se derrumbaba de un modo indudable. Como se hab&iacute;an ido las
+capas rojas, se fueron los pa&ntilde;uelos de Manila. La aristocracia los ced&iacute;a
+con desd&eacute;n a la clase media, y esta, que tambi&eacute;n quer&iacute;a ser arist&oacute;crata,
+entreg&aacute;balos al pueblo, &uacute;ltimo y fiel adepto de los matices vivos. Aquel
+encanto de los ojos, aquel prodigio de color, remedo de la naturaleza
+sonriente, encendida por el sol de Mediod&iacute;a, empez&oacute; a perder terreno,
+aunque el pueblo, con instinto de colorista y poeta, defend&iacute;a la prenda
+espa&ntilde;ola como defendi&oacute; el parque de Montele&oacute;n y los reductos de
+Zaragoza. Poco a poco iba cayendo el chal de los hombros de las mujeres
+hermosas, porque la sociedad se empe&ntilde;aba en parecer grave, y para ser
+grave nada mejor que envolverse en tintas de tristeza. Estamos bajo la
+influencia del Norte de Europa, y ese maldito Norte nos impone los
+grises que toma de su ahumado cielo. El sombrero de copa da mucha
+respetabilidad a la fisonom&iacute;a, y raro es el hombre que no se cree
+importante s&oacute;lo con llevar sobre la cabeza un ca&ntilde;&oacute;n de chimenea. Las
+se&ntilde;oras no se tienen por tales si no van vestidas de color de holl&iacute;n,
+ceniza, rap&eacute;, verde botella o pasa de corinto. Los tonos vivos las
+encanallan, porque el pueblo ama el rojo bermell&oacute;n, el amarillo tila, el
+cadmio y el verde forraje; y est&aacute; tan arraigado en la plebe el
+sentimiento del color, que la <i>seriedad</i> no ha podido establecer su
+imperio sino transigiendo. El pueblo ha aceptado el oscuro de las capas,
+imponiendo el rojo de las vueltas; ha consentido las capotas,
+conservando las mantillas y los pa&ntilde;uelos chillones para la cabeza; ha
+transigido con los gabanes y aun con el <i>polis&oacute;n</i>, a cambio de las
+toquillas de gama clara, en que domina el celeste, el rosa y el amarillo
+de N&aacute;poles. El cresp&oacute;n es el que ha ido decayendo desde 1840, no s&oacute;lo
+por la citada evoluci&oacute;n de la <i>seriedad</i> europea, que nos ha cogido de
+medio a medio, sino por causas econ&oacute;micas a las que no pod&iacute;amos
+sustraernos.</p>
+
+<p>Las comunicaciones r&aacute;pidas nos trajeron mensajeros de la potente
+industria belga, francesa e inglesa, que necesitaban mercados. Todav&iacute;a
+no era moda ir a buscarlos al &Aacute;frica, y los ven&iacute;an a buscar aqu&iacute;,
+cambiando cuentas de vidrio por pepitas de oro; es decir, lanillas,
+cretonas y merinos, por dinero contante o por obras de arte. Otros
+mensajeros saqueaban nuestras iglesias y nuestros palacios, llev&aacute;ndose
+los brocados hist&oacute;ricos de casullas y frontales, el tis&uacute; y los
+terciopelos con bordados y aplicaciones, y otras muestras riqu&iacute;simas de
+la industria espa&ntilde;ola. Al propio tiempo arramblaban por los espl&eacute;ndidos
+pa&ntilde;uelos de Manila, que hab&iacute;an ido descendiendo hasta las gitanas.
+Tambi&eacute;n se dej&oacute; sentir aqu&iacute;, como en todas partes, el efecto de otro
+fen&oacute;meno comercial, hijo del progreso. Refi&eacute;rome a los grandes
+acaparamientos del comercio ingl&eacute;s, debidos al desarrollo de su inmensa
+marina. Esta influencia se manifest&oacute; bien pronto en aquellos humildes
+rincones de la calle de Postas por la depreciaci&oacute;n s&uacute;bita del g&eacute;nero de
+la China. Nada m&aacute;s sencillo que esta depreciaci&oacute;n. Al fundar los
+ingleses el gran dep&oacute;sito comercial de Singapore, monopolizaron el
+tr&aacute;fico del Asia y arruinaron el comercio que hac&iacute;amos por la v&iacute;a de
+C&aacute;diz y cabo de Buena Esperanza con aquellas apartadas regiones. Ay&uacute;n y
+Senqu&aacute; dejaron de ser nuestros mejores amigos, y se hicieron amigos de
+los ingleses. El sucesor de estos artistas, el fecundo e inspirado
+King-Cheong se cartea en ingl&eacute;s con nuestros comerciantes y da sus
+precios en libras esterlinas. Desde que Singapore apareci&oacute; en la
+geograf&iacute;a pr&aacute;ctica, el g&eacute;nero de Cant&oacute;n y Shangai dej&oacute; de venir en
+aquellas pesadas fragatonas de los armadores de C&aacute;diz, los Fern&aacute;ndez de
+Castro, los Cuesta, los Rubio; y la dilatada traves&iacute;a del Cabo pas&oacute; a la
+historia como ap&eacute;ndice de los fabulosos trabajos de Vasco de Gama y de
+Alburquerque. La v&iacute;a nueva traz&aacute;ronla los vapores ingleses combinados
+con el ferrocarril de Suez.</p>
+
+<p>Ya en 1840 las casas que tra&iacute;an directamente el g&eacute;nero de Cant&oacute;n no
+pod&iacute;an competir con las que lo encargaban a Liverpool. Cualquier
+mercachifle de la calle de Postas se prove&iacute;a de este art&iacute;culo sin ir a
+tomarlo en los dos o tres dep&oacute;sitos que en Madrid hab&iacute;a. Despu&eacute;s las
+corrientes han cambiado otra vez, y al cabo de muchos a&ntilde;os ha vuelto a
+traer Espa&ntilde;a directamente las obras de King-Cheong; mas para esto ha
+sido preciso que viniera la gran vigorizaci&oacute;n del comercio despu&eacute;s del
+68 y la robustez de los capitales de nuestros d&iacute;as.</p>
+
+<p>El establecimiento de Gumersindo Arnaiz se vio amenazado de ruina,
+porque las tres o cuatro casas cuya especialidad era como una herencia o
+traspaso de la Compa&ntilde;&iacute;a de Filipinas, no pod&iacute;an seguir monopolizando la
+pa&ntilde;oler&iacute;a y dem&aacute;s artes chinescas. Madrid se inundaba de g&eacute;nero a precio
+m&aacute;s bajo que el de las facturas de D. Bonifacio Arnaiz, y era preciso
+realizar de cualquier modo. Para compensar las p&eacute;rdidas de la
+<i>quemaz&oacute;n</i>, urg&iacute;a plantear otro negocio, buscar nuevos caminos, y aqu&iacute;
+fue donde luci&oacute; sus altas dotes Isabel Cordero, esposa de Gumersindo,
+que ten&iacute;a m&aacute;s pesquis que este. Sin saber pelotada de Geograf&iacute;a,
+comprend&iacute;a que hab&iacute;a un Singapore y un istmo de Suez.</p>
+
+<p>Adivinaba el fen&oacute;meno comercial, sin acertar a darle nombre, y en vez de
+echar maldiciones contra los ingleses, como hac&iacute;a su marido, se dio a
+discurrir el mejor remedio. &iquest;Qu&eacute; corrientes seguir&iacute;an? La m&aacute;s marcada
+era la de las <i>novedades</i>, la de la influencia de la fabricaci&oacute;n
+francesa y belga, en virtud de aquella ley de los grises del Norte,
+invadiendo, conquistando y anulando nuestro ser colorista y romancesco.
+El vestir se anticipaba al pensar y cuando a&uacute;n los versos no hab&iacute;an sido
+desterrados por la prosa, ya la lana hab&iacute;a hecho trizas a la seda.</p>
+
+<p>&laquo;Pues apechuguemos con las <i>novedades</i>&raquo; dijo Isabel a su marido,
+observando aquel furor de modas que le entraba a esta sociedad y el af&aacute;n
+que todos los madrile&ntilde;os sent&iacute;an de ser elegantes <i>con seriedad</i>. Era,
+por a&ntilde;adidura, la &eacute;poca en que la clase media entraba de lleno en el
+ejercicio de sus funciones, apandando todos los empleos creados por el
+nuevo sistema pol&iacute;tico y administrativo, comprando a plazos todas las
+fincas que hab&iacute;an sido de la Iglesia, constituy&eacute;ndose en propietaria del
+suelo y en usufructuaria del presupuesto, absorbiendo en fin los
+despojos del absolutismo y del clero, y fundando el imperio de la
+levita. Claro es que la levita es el s&iacute;mbolo; pero lo m&aacute;s interesante de
+tal imperio est&aacute; en el vestir de las se&ntilde;oras, origen de energ&iacute;as
+poderosas, que de la vida privada salen a la p&uacute;blica y determinan hechos
+grandes. &iexcl;Los trapos, ay! &iquest;Qui&eacute;n no ve en ellos una de las principales
+energ&iacute;as de la &eacute;poca presente, tal vez una causa generadora de
+movimiento y vida? Pensad un poco en lo que representan, en lo que
+valen, en la riqueza y el ingenio que consagra a producirlos la ciudad
+m&aacute;s industriosa del mundo, y sin querer, vuestra mente os presentar&aacute;
+entre los pliegues de las telas de moda todo nuestro organismo
+mesocr&aacute;tico, ingente pir&aacute;mide en cuya cima hay un sombrero de copa; toda
+la m&aacute;quina pol&iacute;tica y administrativa, la deuda p&uacute;blica y los
+ferrocarriles, el presupuesto y las rentas, el Estado tutelar y el
+parlamentarismo socialista.</p>
+
+<p>Pero Gumersindo e Isabel hab&iacute;an llegado un poco tarde, porque las
+<i>novedades</i> estaban en manos de mercaderes listos, que sab&iacute;an ya el
+camino de Par&iacute;s. Arnaiz fue tambi&eacute;n all&aacute;; mas no era hombre de gusto y
+trajo unos adefesios que no tuvieron aceptaci&oacute;n. La Cordero, sin
+embargo, no se desanimaba. Su marido empezaba a atontarse; ella a <i>ver
+claro</i>. Vio que las costumbres de Madrid se transformaban r&aacute;pidamente,
+que esta orgullosa Corte iba a pasar en poco tiempo de la condici&oacute;n de
+aldeota indecente a la de capital civilizada. Porque Madrid no ten&iacute;a de
+metr&oacute;poli m&aacute;s que el nombre y la vanidad rid&iacute;cula. Era un payo con
+casaca de gentil-hombre y la camisa desgarrada y sucia. Por fin el
+paleto se dispon&iacute;a a ser se&ntilde;or de verdad. Isabel Cordero, que se
+anticipaba a su &eacute;poca, presinti&oacute; la tra&iacute;da de aguas del Lozoya, en
+aquellos veranos ardorosos en que el Ayuntamiento refrescaba y
+alimentaba las fuentes del Berro y de la Teja con cubas de agua sacada
+de los pozos; en aquellos tiempos en que los portales eran sentinas y en
+que los vecinos iban de un cuarto a otro con el pucherito en la mano,
+pidiendo por favor un poco de agua para afeitarse.</p>
+
+<p>La perspicaz mujer vio el porvenir, oy&oacute; hablar del gran proyecto de
+Bravo Murillo, como de una cosa que ella hab&iacute;a sentido en su alma. Por
+fin Madrid, dentro de algunos a&ntilde;os, iba a tener raudales de agua
+distribuidos en las calles y plazas, y adquirir&iacute;a la costumbre de
+lavarse, por lo menos, la cara y las manos. Lavadas estas partes, se
+lavar&iacute;a despu&eacute;s otras. Este Madrid, que entonces era futuro, se le
+represent&oacute; con visiones de camisas limpias en todas las clases, de
+mujeres ya acostumbradas a mudarse todos los d&iacute;as, y de se&ntilde;ores que eran
+la misma pulcritud. De aqu&iacute; naci&oacute; la idea de dedicar la casa al g&eacute;nero
+blanco, y arraigada fuertemente la idea, poco a poco se fue haciendo
+realidad. Ayudado por D. Baldomero y Arnaiz, Gumersindo empez&oacute; a traer
+batistas fin&iacute;simas de Inglaterra, holandas y escocias, irlandas y
+madapolanes, <i>nansouk</i> y cretonas de Alsacia, y la casa se fue
+levantando no sin trabajo de su postraci&oacute;n hasta llegar a adquirir una
+prosperidad relativa. Complemento de este negocio <i>en blanco</i>, fueron la
+damasquer&iacute;a gruesa, los cut&iacute;es para colchones y la manteler&iacute;a de
+Courtray que vino a ser <i>especialidad</i> de la casa, como lo dec&iacute;a un
+r&oacute;tulo a&ntilde;adido al letrero antiguo de la tienda. Las puntillas y
+encajer&iacute;a mec&aacute;nica vinieron m&aacute;s tarde, siendo tan grandes los pedidos de
+Arnaiz, que una f&aacute;brica de Suiza trabajaba s&oacute;lo para &eacute;l. Y por fin, las
+crinolinas dieron al establecimiento buenas ganancias. Isabel Cordero,
+que hab&iacute;a presentido el Canal del Lozoya, presinti&oacute; tambi&eacute;n el
+miri&ntilde;aque; que los franceses llamaban <i>Malakoff</i>, invenci&oacute;n absurda que
+parec&iacute;a salida de un cerebro enfermo de tanto pensar en la direcci&oacute;n de
+los globos.</p>
+
+<p>De la pa&ntilde;oler&iacute;a y art&iacute;culos asi&aacute;ticos, s&oacute;lo quedaban en la casa por los
+a&ntilde;os del 50 al 60 tradiciones religiosamente conservadas. A&uacute;n hab&iacute;a
+alguna torrecilla de marfil, y buena porci&oacute;n de mantones ricos de alto
+precio en cajas primorosas. Era quiz&aacute;s Gumersindo la persona que en
+Madrid ten&iacute;a m&aacute;s arte para doblarlos, porque ha de saberse que doblar un
+cresp&oacute;n era tarea tan dif&iacute;cil como hinchar un perro. No sab&iacute;an hacerlo
+sino los que de antiguo ten&iacute;an la costumbre de manejar aquel art&iacute;culo,
+por lo cual muchas damas, que en alg&uacute;n baile de m&aacute;scaras se pon&iacute;an el
+chal, lo mandaban al d&iacute;a siguiente, con la caja, a la tienda de
+Gumersindo Arnaiz, para que este lo doblase seg&uacute;n arte tradicional, es
+decir, dejando oculta la rejilla de a tercia y el fleco de a cuarta, y
+visible en el cuartel superior el dibujo central. Tambi&eacute;n se conservaban
+en la tienda los dos maniqu&iacute;s vestidos de mandarines. Se pens&oacute; en
+retirarlos, porque ya estaban los pobres un poco tronados; pero
+Barbarita se opuso, porque dejar de verlos all&iacute; haciendo juego con la
+fisonom&iacute;a lela y honrada del Sr. de Ay&uacute;n, era como si enterrasen a
+alguno de la familia; y asegur&oacute; que si su hermano se obstinaba en
+quitarlos, ella se los llevar&iacute;a a su casa para ponerlos en el comedor,
+haciendo juego con los aparadores.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>Aquella gran mujer, Isabel Cordero de Arnaiz, dotada de todas las
+agudezas del traficante y de todas las triqui&ntilde;uelas econ&oacute;micas del ama
+de gobierno, fue agraciada adem&aacute;s por el Cielo con una fecundidad
+prodigiosa. En 1845, cuando naci&oacute; Juanito, ya hab&iacute;a tenido ella cinco, y
+sigui&oacute; pariendo con la puntualidad de los vegetales que dan fruto cada
+a&ntilde;o. Sobre aquellos cinco hay que apuntar doce m&aacute;s en la cuenta; total,
+diez y siete partos, que recordaba asoci&aacute;ndolos a fechas c&eacute;lebres del
+reinado de Isabel II. &laquo;Mi primer hijo&mdash;dec&iacute;a&mdash;naci&oacute; cuando vino la tropa
+carlista hasta las tapias de Madrid. Mi Jacinta naci&oacute; cuando se cas&oacute; la
+Reina, con pocos d&iacute;as de diferencia. Mi Isabelita vino al mundo el d&iacute;a
+mismo en que el cura Merino le peg&oacute; la pu&ntilde;alada a Su Majestad, y tuve a
+Rupertito el d&iacute;a de San Juan del 58, el mismo d&iacute;a que se inaugur&oacute; la
+tra&iacute;da de aguas&raquo;.</p>
+
+<p>Al ver la estrecha casa, se daba uno a pensar que la ley de
+impenetrabilidad de los cuerpos fue el pretexto que tom&oacute; la muerte para
+mermar aquel b&iacute;blico reba&ntilde;o. Si los diez y siete chiquillos hubieran
+vivido, habr&iacute;a sido preciso ponerlos en los balcones como los tiestos, o
+colgados en jaulas de machos de perdiz. El garrotillo y la escarlatina
+fueron entresacando aquella mies apretada, y en 1870 no quedaban ya m&aacute;s
+que nueve. Los dos primeros volaron a poco de nacidos. De tiempo en
+tiempo se mor&iacute;a uno, ya crecidito, y se aclaraban las filas. En no s&eacute;
+qu&eacute; a&ntilde;o, se murieron tres con intervalo de cuatro meses. Los que
+rebasaron de los diez a&ntilde;os, se iban criando regularmente.</p>
+
+<p>He dicho que eran nueve. Falta consignar que de estas nueve cifras,
+siete correspond&iacute;an al sexo femenino. &iexcl;Vaya una plaga que le hab&iacute;a ca&iacute;do
+al bueno de Gumersindo! &iquest;Qu&eacute; hacer con siete chiquillas? Para guardarlas
+cuando fueran mujeres, se necesitaba un cuerpo de ej&eacute;rcito. &iquest;Y c&oacute;mo
+casarlas bien a todas? &iquest;De d&oacute;nde iban a salir siete maridos buenos?
+Gumersindo, siempre que de esto se le hablaba, ech&aacute;balo a broma,
+confiando en la buena mano que ten&iacute;a su mujer para todo.
+&laquo;Ver&aacute;n&mdash;dec&iacute;a&mdash;, c&oacute;mo saca ella de debajo de las piedras siete yernos de
+primera&raquo;. Pero la fecunda esposa no las ten&iacute;a todas consigo. Siempre que
+pensaba en el porvenir de sus hijas se pon&iacute;a triste; y sent&iacute;a como
+remordimientos de haber dado a su marido una familia que era un problema
+econ&oacute;mico. Cuando hablaba de esto con su cu&ntilde;ada Barbarita, lament&aacute;base
+de parir hembras como de una responsabilidad. Durante su campa&ntilde;a
+prol&iacute;fica, desde el 38 al 60, acontec&iacute;a que a los cuatro o cinco meses
+de haber dado a luz, ya estaba otra vez en cinta. Barbarita no se
+tomaba el trabajo de pregunt&aacute;rselo, y lo daba por hecho. &laquo;Ahora&mdash;le
+dec&iacute;a&mdash;, vas a tener un muchacho&raquo;. Y la otra, enojada, echando pestes
+contra su fecundidad, respond&iacute;a: &laquo;Var&oacute;n o hembra, estos regalos debieran
+ser para ti. A ti debiera Dios darte un canario de alcoba todos los
+a&ntilde;os&raquo;.</p>
+
+<p>Las ganancias del establecimiento no eran escasas; pero los esposos
+Arnaiz no pod&iacute;an llamarse ricos, porque con tanto parto y tanta muerte
+de hijos y aquel famili&oacute;n de hembras la casa no acababa de florecer como
+debiera. Aunque Isabel hac&iacute;a milagros de arreglo y econom&iacute;a, el
+considerable gasto cotidiano quitaba al establecimiento mucha savia.
+Pero nunca dej&oacute; de cumplir Gumersindo sus compromisos comerciales, y si
+su capital no era grande, tampoco ten&iacute;a deudas. El <i>quid</i> estaba en
+colocar bien las siete chicas, pues mientras esta tremenda campa&ntilde;a
+matrimo&ntilde;esca no fuera coronada por un &eacute;xito brillante, en la casa no
+pod&iacute;a haber grandes ahorros.</p>
+
+<p>Isabel Cordero era, veinte a&ntilde;os ha, una mujer desmejorada, p&aacute;lida,
+deforme de talle, como esas personas que parece se est&aacute;n desbaratando y
+que no tienen las partes del cuerpo en su verdadero sitio. Apenas se
+conoc&iacute;a que hab&iacute;a sido bonita. Los que la trataban no pod&iacute;an
+imagin&aacute;rsela en estado distinto del que se llama interesante, porque el
+barrig&oacute;n parec&iacute;a en ella cosa normal, como el color de la tez o la
+forma de la nariz. En tal situaci&oacute;n y en los breves periodos que ten&iacute;a
+libres, su actividad era siempre la misma, pues hasta el d&iacute;a de caer en
+la cama estaba sobre un pie, atendiendo incansable al complicado
+gobierno de aquella casa. Lo mismo funcionaba en la cocina que en el
+escritorio, y acabadita de poner la enorme sart&eacute;n de migas para la cena
+o el calder&oacute;n de patatas, pasaba a la tienda a que su marido la enterase
+de las facturas que acababa de recibir o de los avisos de letras.
+Cuidaba principalmente de que sus ni&ntilde;as no estuviesen ociosas. Las m&aacute;s
+peque&ntilde;as y los varoncitos iban a la escuela; las mayores trabajaban en
+el gabinete de la casa, ayudando a su madre en el repaso de la ropa, o
+en acomodar al cuerpo de los varones las prendas desechadas del padre.
+Alguna de ellas se daba ma&ntilde;a para planchar; sol&iacute;an tambi&eacute;n lavar en el
+gran artes&oacute;n de la cocina, y zurcir y echar un remiendo. Pero en lo que
+mayormente sobresal&iacute;an todas era en el arte de arreglar sus propios
+perendengues. Los domingos, cuando su mam&aacute; las sacaba a paseo, en larga
+procesi&oacute;n, iban tan bien apa&ntilde;aditas que daba gusto verlas. Al ir a misa,
+desfilaban entre la admiraci&oacute;n de los fieles; porque conviene apuntar
+que eran muy monas. Desde las dos mayores que eran ya mujeres, hasta la
+&uacute;ltima, que era una miniaturita, formaban un reba&ntilde;o interesant&iacute;simo que
+llamaba la atenci&oacute;n por el n&uacute;mero y la escala gradual de las tallas.
+Los conocidos que las ve&iacute;an entrar, dec&iacute;an: &laquo;ya est&aacute; ah&iacute; do&ntilde;a Isabel con
+el muestrario&raquo;. La madre, peinada con la mayor sencillez, sin ning&uacute;n
+adorno, fl&aacute;cida, pecosa y desprovista ya de todo atractivo personal que
+no fuera la respetabilidad, pastoreaba aquel reba&ntilde;o, llev&aacute;ndolo por
+delante como los paveros en Navidad.</p>
+
+<p>&iexcl;Y que no pasaba flojos apuros la pobre para salir airosa en aquel papel
+inmenso! A Barbarita le hac&iacute;a ordinariamente sus confidencias. &laquo;Mira,
+hija, algunos meses me veo tan agonizada, que no s&eacute; qu&eacute; hacer. Dios me
+protege, que si no... T&uacute; no sabes lo que es vestir siete hijas. Los
+varones, con los desechos de la ropa de su padre que yo les arreglo, van
+tirando. &iexcl;Pero las ni&ntilde;as!... &iexcl;Y con estas modas de ahora y este
+suponer!... &iquest;Viste la pieza de merino azul?, pues no fue bastante y tuve
+que traer diez varas m&aacute;s. &iexcl;Nada te quiero decir del ramo de zapatos!
+Gracias que dentro de casa la que se me ponga otro calzado que no sea
+las alpargatitas de c&aacute;&ntilde;amo, ya me tiene hecha una leona. Para llenarles
+la barriga, me defiendo con las patatas y las migas. Este a&ntilde;o he
+suprimido los estofados. S&eacute; que los dependientes refunfu&ntilde;an; pero no me
+importa. Que vayan a otra parte donde los traten mejor. &iquest;Creer&aacute;s que un
+quintal de carb&oacute;n se me va como un soplo? Me traigo a casa dos arrobas
+de aceite, y a los pocos d&iacute;as... pif... parece que se lo han chupado las
+lechuzas. Encargo a Estupi&ntilde;&aacute; dos o tres quintales de patatas, hija, y
+como si no trajera nada&raquo;. En la casa hab&iacute;a dos mesas. En la primera
+com&iacute;an el principal y su se&ntilde;ora, las ni&ntilde;as, el dependiente m&aacute;s antiguo y
+alg&uacute;n pariente, como Primitivo Cordero cuando ven&iacute;a a Madrid de su finca
+de Toledo, donde resid&iacute;a. A la segunda se sentaban los dependientes
+menudos y los dos hijos, uno de los cuales hac&iacute;a su aprendizaje en la
+tienda de blondas de Segundo Cordero. Era un total de diez y siete o
+diez y ocho bocas. El gobierno de tal casa, que habr&iacute;a rendido a
+cualquiera mujer, no fatigaba visiblemente a Isabel. A medida que las
+ni&ntilde;as iban creciendo, disminu&iacute;a para la madre parte del trabajo
+material; pero este descanso se compensaba con el exceso de vigilancia
+para guardar el reba&ntilde;o, cada vez m&aacute;s perseguido de lobos y expuesto a
+infinitas asechanzas. Las chicas no eran malas, pero eran jovenzuelas, y
+ni Cristo Padre pod&iacute;a evitar los atisbos por el &uacute;nico balc&oacute;n de la casa
+o por la ventanucha que daba al callej&oacute;n de San Crist&oacute;bal. Empezaban a
+entrar en la casa cartitas, y a desarrollarse esas intrig&uuml;elas inocentes
+que son juegos de amor, ya que no el amor mismo. Do&ntilde;a Isabel estaba
+siempre con cada ojo como un farol, y no las perd&iacute;a de vista un momento.
+A esta fatiga ruda del espionaje materno un&iacute;ase el trabajo de exhibir y
+airear el muestrario, por ver si ca&iacute;a alg&uacute;n parroquiano o por otro
+nombre, marido. Era forzoso <i>hacer el art&iacute;culo</i>, y aquella gran mujer,
+negociante en hijas, no ten&iacute;a m&aacute;s remedio que vestirse y concurrir con
+su <i>g&eacute;nero</i> a tal o cual tertulia de amigas, porque si no lo hac&iacute;a,
+pon&iacute;an las nenas unos morros que no se las pod&iacute;a aguantar. Era tambi&eacute;n
+de r&uacute;brica el pase&iacute;to los domingos, en corporaci&oacute;n, las ni&ntilde;as muy bien
+arregladitas con cuatro pingos que parec&iacute;an lo que no eran, la mam&aacute; muy
+estirada de guantes, que le imposibilitaban el uso de los dedos, con
+manguito que le daba un calor excesivo a las manos, y su buena
+cachemira. Sin ser vieja lo parec&iacute;a.</p>
+
+<p>Dios, al fin, apreciando los m&eacute;ritos de aquella hero&iacute;na, que ni un punto
+se apartaba de su puesto en el combate social, ech&oacute; una mirada de
+benevolencia sobre el muestrario y despu&eacute;s lo bendijo. La primera chica
+que se cas&oacute; fue la segunda, llamada Candelaria, y en honor de la verdad,
+no fue muy lucido aquel matrimonio. Era el novio un buen muchacho,
+dependiente en la camiser&iacute;a de la viuda de Aparisi. Llam&aacute;base Pepe
+Samaniego y no ten&iacute;a m&aacute;s fortuna que sus deseos de trabajar y su
+honradez probada. Su apellido se ve&iacute;a mucho en los r&oacute;tulos del comercio
+menudo. Un t&iacute;o suyo era boticario en la calle del Ave Mar&iacute;a. Ten&iacute;a un
+primo pescadero, otro tendero de capas en la calle de la Cruz, otro
+prestamista, y los dem&aacute;s, lo mismo que sus hermanos, eran todos
+horteras. Pensaron primero los de Arnaiz oponerse a aquella uni&oacute;n; mas
+pronto se hicieron esta cuenta: &laquo;No est&aacute;n los tiempos para hilar muy
+delgado en esto de los maridos. Hay que tomar todo lo que se presente,
+porque son siete a colocar. Basta con que el chico sea formal y
+trabajador&raquo;.</p>
+
+<p>Casose luego la mayor, llamada Benigna en memoria de su abuelito el
+h&eacute;roe de Boteros. Esta s&iacute; que fue buena boda. El novio era Ram&oacute;n
+Villuendas, hijo mayor del c&eacute;lebre cambiante de la calle de Toledo; gran
+casa, fortuna s&oacute;lida. Era ya viudo con dos chiquillos, y su parentela
+ofrec&iacute;a variedad chocante en orden de riqueza. Su t&iacute;o D. Cayetano
+Villuendas estaba casado con Eulalia hermana del marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz,
+y pose&iacute;a muchos millones; en cambio, hab&iacute;a un Villuendas tabernero y
+otro que ten&iacute;a un tenducho de percales y bayetas llamado <i>El Buen
+Gusto</i>. El parentesco de los Villuendas pobres con los ricos no se ve&iacute;a
+muy claro; pero parientes eran y muchos de ellos se trataban y se
+tuteaban.</p>
+
+<p>La tercera de las chicas, llamada Jacinta, pesc&oacute; marido al a&ntilde;o
+siguiente. &iexcl;Y qu&eacute; marido!... Pero al llegar aqu&iacute;, me veo precisado a
+cortar esta hebra, y paso a referir ciertas cosas que han de preceder a
+la boda de Jacinta.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="iiia" id="iiia"></a>-III-</h2>
+
+<h2>Estupi&ntilde;&aacute;</h2>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>En la tienda de Arnaiz, junto a la reja que da a la calle de San
+Crist&oacute;bal, hay actualmente tres sillas de madera curva de Viena, las
+cuales sucedieron hace a&ntilde;os a un banco sin respaldo forrado de hule
+negro, y este banco tuvo por antecesor a un arc&oacute;n o caja vac&iacute;a. Aqu&eacute;lla
+era la sede de la inmemorial tertulia de la casa. No hab&iacute;a tienda sin
+tertulia, como no pod&iacute;a haberla sin mostrador y santo tutelar. Era esto
+un servicio suplementario que el comercio prestaba a la sociedad en
+tiempos en que no exist&iacute;an casinos, pues aunque hab&iacute;a sociedades
+secretas y clubs y caf&eacute;s m&aacute;s o menos patri&oacute;ticos, la gran mayor&iacute;a de los
+ciudadanos pac&iacute;ficos no iba a ellos, prefiriendo charlar en las tiendas.
+Barbarita tiene a&uacute;n reminiscencias vagas de la tertulia en los tiempos
+de su ni&ntilde;ez. Iba un fraile muy flaco que era el padre Alel&iacute;, un se&ntilde;or
+peque&ntilde;ito con anteojos, que era el pap&aacute; de Isabel, algunos militares y
+otros tipos que se confund&iacute;an en su mente con las figuras de los dos
+mandarines.</p>
+
+<p>Y no s&oacute;lo se hablaba de asuntos pol&iacute;ticos y de la guerra civil, sino de
+cosas del comercio. Recuerda la se&ntilde;ora haber o&iacute;do algo acerca de los
+primeros f&oacute;sforos o mistos que vinieron al mercado, y aun haberlos
+visto. Era como una botellita en la cual se met&iacute;a la cerilla, y sal&iacute;a
+echando lumbre. Tambi&eacute;n oy&oacute; hablar de las primeras alfombras de moqueta,
+de los primeros colchones de muelles, y de los primeros ferrocarriles,
+que alguno de los tertulios hab&iacute;a visto en el extranjero, pues aqu&iacute; ni
+asomos de ellos hab&iacute;a todav&iacute;a. Algo se apunt&oacute; all&iacute; sobre el billete de
+Banco, que en Madrid no fue papel-moneda corriente hasta algunos a&ntilde;os
+despu&eacute;s, y s&oacute;lo se usaba entonces para los pagos fuertes de la banca.
+Do&ntilde;a B&aacute;rbara se acuerda de haber visto el primer billete que llevaron a
+la tienda como un objeto de curiosidad, y todos convinieron en que era
+mejor una onza. El gas fue muy posterior a esto.</p>
+
+<p>La tienda se transformaba; pero la tertulia era siempre la misma en el
+curso lento de los a&ntilde;os. Unos habladores se iban y ven&iacute;an otros. No
+sabemos a qu&eacute; &eacute;poca fija se referir&iacute;an estos p&aacute;rrafos sueltos que al
+vuelo cog&iacute;a Barbarita cuando, ya casada, entraba en la tienda a
+descansar un ratito, de vuelta de paseo o de compras: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; hermosotes
+iban esta ma&ntilde;ana los del <i>tercero de fusileros</i> con sus pompones
+nuevos!&raquo;... &laquo;El Duque ha o&iacute;do misa hoy en las Calatravas. Iba con Linaje
+y con San Miguel&raquo;...</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabe usted, Estupi&ntilde;&aacute;, lo que dicen ahora? Pues dicen que los ingleses
+proyectan construir barcos de <i>fierro</i>&raquo;.</p>
+
+<p>El llamado Estupi&ntilde;&aacute; deb&iacute;a de ser indispensable en todas las tertulias de
+tiendas, porque cuando no iba a la de Arnaiz, todo se volv&iacute;a preguntar:
+&laquo;Y Pl&aacute;cido, &iquest;qu&eacute; es de &eacute;l?&raquo;. Cuando entraba le recib&iacute;an con
+exclamaciones de alegr&iacute;a, pues con su sola presencia animaba la
+conversaci&oacute;n. En 1871 conoc&iacute; a este hombre, que fundaba su vanidad en
+<i>haber visto toda la historia de Espa&ntilde;a</i> en el presente siglo. Hab&iacute;a
+venido al mundo en 1803 y se llamaba hermano de fecha de Mesonero
+Romanos, por haber nacido, como este, el 19 de Julio del citado a&ntilde;o. Una
+sola frase suya probar&aacute; su inmenso saber en esa historia viva que se
+aprende con los ojos: &laquo;Vi a Jos&eacute; I como le estoy viendo a usted ahora&raquo;.
+Y parec&iacute;a que se relam&iacute;a de gusto cuando le preguntaban: &laquo;&iquest;Vio usted al
+duque de Angulema, a lord Wellington?...&raquo;. &laquo;Pues ya lo creo&raquo;. Su
+contestaci&oacute;n era siempre la misma: &laquo;Como le estoy viendo a usted&raquo;. Hasta
+llegaba a incomodarse cuando se le interrogaba en tono dubitativo. &laquo;&iexcl;Que
+si vi entrar a Mar&iacute;a Cristina!... Hombre, si eso es de ayer...&raquo;. Para
+completar su erudici&oacute;n ocular, hablaba del <i>aspecto que presentaba
+Madrid</i> el 1.&ordm; de Septiembre de 1840, como si fuera cosa de la semana
+pasada. Hab&iacute;a visto morir a Canterac; ajusticiar a Merino, &laquo;nada menos
+que sobre el propio pat&iacute;bulo&raquo;, por ser &eacute;l hermano de la Paz y Caridad;
+hab&iacute;a visto matar a Chico..., precisamente ver no, pero oy&oacute; los tiritos,
+hall&aacute;ndose en la calle de las Velas; hab&iacute;a visto a Fernando VII el 7 de
+Julio cuando sali&oacute; al balc&oacute;n a decir a los milicianos que <i>sacudieran</i> a
+los de la Guardia; hab&iacute;a visto a Rodil y al sargento Garc&iacute;a arengando
+desde otro balc&oacute;n, el a&ntilde;o 36; hab&iacute;a visto a O'Donnell y Espartero
+abraz&aacute;ndose, a Espartero solo saludando al pueblo, a O'Donnell solo,
+todo esto en un balc&oacute;n, y por fin, en un balc&oacute;n hab&iacute;a visto tambi&eacute;n en
+fecha cercana a otro personaje diciendo a gritos que se hab&iacute;an acabado
+los Reyes. La historia que Estupi&ntilde;&aacute; sab&iacute;a estaba escrita en los
+balcones.</p>
+
+<p>La biograf&iacute;a mercantil de este hombre es tan curiosa como sencilla. Era
+muy joven cuando entr&oacute; de hortera en casa de Arnaiz, y all&iacute; sirvi&oacute;
+muchos a&ntilde;os, siempre bien quisto del principal por su honradez
+acrisolada y el grand&iacute;simo inter&eacute;s con que miraba todo lo concerniente
+al establecimiento. Y a pesar de tales prendas, Estupi&ntilde;&aacute; no era un buen
+dependiente. Al despachar, entreten&iacute;a demasiado a los parroquianos, y si
+le mandaban con un recado o comisi&oacute;n a la Aduana, tardaba tanto en
+volver, que muchas veces crey&oacute; D. Bonifacio que le hab&iacute;an llevado preso.
+La singularidad de que teniendo Pl&aacute;cido estas ma&ntilde;as, no pudieran los
+due&ntilde;os de la tienda prescindir de &eacute;l, se explica por la ciega confianza
+que inspiraba, pues estando &eacute;l al cuidado de la tienda y de la caja, ya
+pod&iacute;an Arnaiz y su familia echarse a dormir. Era su fidelidad tan grande
+como su humildad, pues ya le pod&iacute;an re&ntilde;ir y decirle cuantas perrer&iacute;as
+quisieran, sin que se incomodase. Por esto sinti&oacute; mucho Arnaiz que
+Estupi&ntilde;&aacute; dejara la casa en 1837, cuando se le antoj&oacute; establecerse con
+los dineros de una peque&ntilde;a herencia. Su principal, que le conoc&iacute;a bien,
+hac&iacute;a l&uacute;gubres profec&iacute;as del porvenir comercial de Pl&aacute;cido, trabajando
+por su cuenta.</p>
+
+<p>Promet&iacute;aselas &eacute;l muy felices en la tienda de bayetas y pa&ntilde;os del Reino
+que estableci&oacute; en la Plaza Mayor, junto a la Panader&iacute;a. No puso
+dependientes, porque la cortedad del negocio no lo consent&iacute;a; pero su
+tertulia fue la m&aacute;s animada y dicharachera de todo el barrio. Y ved aqu&iacute;
+el secreto de lo poco que dio de s&iacute; el establecimiento, y la
+justificaci&oacute;n de los vaticinios de D. Bonifacio. Estupi&ntilde;&aacute; ten&iacute;a un vicio
+hereditario y cr&oacute;nico, contra el cual eran impotentes todas las dem&aacute;s
+energ&iacute;as de su alma; vicio tanto m&aacute;s avasallador y terrible cuanto m&aacute;s
+inofensivo parec&iacute;a. No era la bebida, no era el amor, ni el juego ni el
+lujo; era la conversaci&oacute;n. Por un rato de palique era Estupi&ntilde;&aacute; capaz de
+dejar que se llevaran los demonios el mejor negocio del mundo. Como &eacute;l
+pegase la hebra con gana, ya pod&iacute;a venirse el cielo abajo, y antes le
+cortaran la lengua que la hebra. A su tienda iban los habladores m&aacute;s
+fren&eacute;ticos, porque el vicio llama al vicio. Si en lo m&aacute;s sabroso de su
+charla entraba alguien a comprar, Estupi&ntilde;&aacute; le pon&iacute;a la cara que se pone
+a los que van a dar sablazos. Si el g&eacute;nero pedido estaba sobre el
+mostrador, lo ense&ntilde;aba con gesto r&aacute;pido, deseando que acabase pronto la
+interrupci&oacute;n; pero si estaba en lo alto de la anaqueler&iacute;a, echaba hacia
+arriba una mirada de fatiga, como el que pide a Dios paciencia,
+diciendo: &laquo;&iquest;Bayeta amarilla? M&iacute;rela usted. Me parece que es angosta para
+lo que usted la quiere&raquo;. Otras veces dudaba o aparentaba dudar si ten&iacute;a
+lo que le ped&iacute;an. &laquo;&iquest;Gorritas para ni&ntilde;o? &iquest;Las quiere usted de visera de
+hule?... Sospecho que hay algunas, pero son de esas que no se usan
+ya...&raquo;.</p>
+
+<p>Si estaba jugando al tute o al mus, &uacute;nicos juegos que sab&iacute;a y en los que
+era maestro, primero se hund&iacute;a el mundo que apartar &eacute;l su atenci&oacute;n de
+las cartas. Era tan fuerte el ansia de charla y de trato social, se lo
+ped&iacute;a el cuerpo y el alma con tal vehemencia, que si no iban habladores
+a la tienda no pod&iacute;a resistir la comez&oacute;n del vicio, echaba la llave, se
+la met&iacute;a en el bolsillo y se iba a otra tienda en busca de aquel licor
+palabrero con que se embriagaba. Por Navidad, cuando se empezaban a
+armar los puestos de la Plaza, el pobre tendero no ten&iacute;a valor para
+estarse metido en aquel cuchitril oscuro. El sonido de la voz humana, la
+luz y el rumor de la calle eran tan necesarios a su existencia como el
+aire. Cerraba, y se iba a dar conversaci&oacute;n a las mujeres de los puestos.
+A todas las conoc&iacute;a, y se enteraba de lo que iban a vender y de cuanto
+ocurriera en la familia de cada una de ellas. Pertenec&iacute;a, pues, Estupi&ntilde;&aacute;
+a aquella raza de tenderos, de la cual quedan a&uacute;n muy pocos ejemplares,
+cuyo papel en el mundo comercial parece ser la atenuaci&oacute;n de los males
+causados por los excesos de la oferta impertinente, y disuadir al
+consumidor de la malsana inclinaci&oacute;n a gastar el dinero. &laquo;D. Pl&aacute;cido,
+&iquest;tiene usted pana azul?&raquo;.&mdash;&laquo;&iexcl;Pana azul!, &iquest;y qui&eacute;n te mete a ti en esos
+lujos? S&iacute; que la tengo; pero es cara para ti&raquo;. &mdash;&laquo;Ens&eacute;&ntilde;emela usted... y
+a ver si me la arregla&raquo;... Entonces hac&iacute;a el hombre un desmedido
+esfuerzo, como quien sacrifica al deber sus sentimientos y gustos m&aacute;s
+queridos, y bajaba la pieza de tela. &laquo;Vaya, aqu&iacute; est&aacute; la pana. Si no la
+has de comprar, si todo es gana de moler, &iquest;para qu&eacute; quieres verla?
+&iquest;Crees que yo no tengo nada qu&eacute; hacer?&raquo;.&mdash;&laquo;Lo que dije; estas mujeres
+marean a Cristo. Hay otra clase, s&iacute; se&ntilde;ora. &iquest;La compras, s&iacute; o no? A
+veinte y dos reales, ni un cuarto menos&raquo;.&mdash;&laquo;Pero d&eacute;jela ver... &iexcl;ay qu&eacute;
+hombre! &iquest;Cree que me voy a comer la pieza?&raquo;... &laquo;A veinte y dos
+realetes&raquo;. &mdash;&laquo;&iexcl;Ande y que lo parta un rayo!&raquo;.&mdash;&laquo;Que te parta a ti, mal
+criada, respondona, tarasca...&raquo;.</p>
+
+<p>Era muy fino con las se&ntilde;oras de alto copete. Su afabilidad ten&iacute;a tonos
+como este: &laquo;&iquest;La c&uacute;bica? S&iacute; que la hay. &iquest;Ve usted la pieza all&aacute; arriba?
+Me parece, se&ntilde;ora, que no es lo que usted busca... digo, me parece; no
+es que yo me quiera meter... Ahora se estilan rayaditas: de eso no
+tengo. Espero una remesa para el mes que entra. Ayer vi a las ni&ntilde;as con
+el Sr. D. C&aacute;ndido. Vaya, que est&aacute;n creciditas. &iquest;Y c&oacute;mo sigue el se&ntilde;or
+mayor? &iexcl;No le he visto desde que &iacute;bamos juntos a la b&oacute;veda de San
+Gin&eacute;s!&raquo;... Con este sistema de vender, a los cuatro a&ntilde;os de comercio se
+pod&iacute;an contar las personas que al cabo de la semana traspasaban el
+dintel de la tienda. A los seis a&ntilde;os no entraban all&iacute; ni las moscas.
+Estupi&ntilde;&aacute; abr&iacute;a todas las ma&ntilde;anas, barr&iacute;a y regaba la acera, se pon&iacute;a los
+manguitos verdes y se sentaba detr&aacute;s del mostrador a leer el <i>Diario de
+Avisos</i>. Poco a poco iban llegando los amigos, aquellos hermanos de su
+alma, que en la soledad en que Pl&aacute;cido estaba le parec&iacute;an algo como la
+paloma del arca, pues le tra&iacute;an en el pico algo m&aacute;s que un ramo de
+oliva, le tra&iacute;an la palabra, el sabros&iacute;simo fruto y la flor de la vida,
+el alcohol del alma, con que apacentaba su vicio... Pas&aacute;banse el d&iacute;a
+entero contando an&eacute;cdotas, comentando sucesos pol&iacute;ticos, tratando de t&uacute;
+a Mendiz&aacute;bal, a Calatrava, a Mar&iacute;a Cristina y al mismo Dios, trazando
+con el dedo planes de campa&ntilde;a sobre el mostrador en extravagantes l&iacute;neas
+t&aacute;cticas; demostrando que Espartero deb&iacute;a ir necesariamente por aqu&iacute; y
+Villarreal por all&aacute;; refiriendo tambi&eacute;n sucedidos del comercio, llegadas
+de tal o cual g&eacute;nero; lances de Iglesia y de milicia y de mujeres y de
+la corte, con todo lo dem&aacute;s que cae bajo el dominio de la bachiller&iacute;a
+humana. A todas estas el caj&oacute;n del dinero no se abr&iacute;a ni una sola vez,
+y a la vara de medir, sumida en pl&aacute;cida quietud, le faltaba poco para
+reverdecer y echar flores como la vara de San Jos&eacute;. Y como pasaban meses
+y meses sin que se renovase el g&eacute;nero, y all&iacute; no hab&iacute;a m&aacute;s que maulas y
+vejeces, el trueno fue gordo y repentino. Un d&iacute;a le embargaron todo, y
+Estupi&ntilde;&aacute; sali&oacute; de la tienda con tanta pena como dignidad.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Aquel gran fil&oacute;sofo no se entreg&oacute; a la desesperaci&oacute;n. Vi&eacute;ronle sus
+amigos tranquilo y resignado. En su aspecto y en el reposo de su
+semblante hab&iacute;a algo de S&oacute;crates, admitiendo que S&oacute;crates fuera hombre
+dispuesto a estarse siete horas seguidas con la palabra en la boca.
+Pl&aacute;cido hab&iacute;a salvado el honor, que era lo importante, pagando
+religiosamente a todo el mundo con las existencias. Se hab&iacute;a quedado con
+lo puesto y sin una mota. No salv&oacute; m&aacute;s mueble que la vara de medir. Era
+forzoso, pues, buscar alg&uacute;n modo de ganarse la vida. &iquest;A qu&eacute; se
+dedicar&iacute;a? &iquest;En qu&eacute; ramo del comercio emplear&iacute;a sus grandes dotes?
+D&aacute;ndose a pensar en esto, vino a descubrir que en medio de su gran
+pobreza conservaba un capital que seguramente le envidiar&iacute;an muchos: las
+relaciones. Conoc&iacute;a a cuantos almacenistas y tenderos hab&iacute;a en Madrid;
+todas las puertas se le franqueaban, y en todas partes le pon&iacute;an buena
+cara por su honradez, sus buenas maneras y principalmente por aquella
+bendita labia que Dios le hab&iacute;a dado. Sus relaciones y estas aptitudes
+le sugirieron, pues, la idea de dedicarse a corredor de g&eacute;neros. D.
+Baldomero Santa Cruz, el gordo Arnaiz, Bringas, Moreno, Labiano y otros
+almacenistas de pa&ntilde;os, lienzos o novedades, le daban piezas para que las
+fuera ense&ntilde;ando de tienda en tienda. Ganaba el 2 por 100 de comisi&oacute;n por
+lo que vend&iacute;a. &iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, qu&eacute; vida m&aacute;s deliciosa y qu&eacute; bien hizo
+en adoptarla, porque cosa m&aacute;s adecuada a su temperamento no se pod&iacute;a
+imaginar! Aquel correr continuo, aquel entrar por diversas puertas,
+aquel saludar en la calle a cincuenta personas y preguntarles por la
+familia era su vida, y todo lo dem&aacute;s era muerte. Pl&aacute;cido no hab&iacute;a nacido
+para el presidio de una tienda. Su elemento era la calle, el aire libre,
+la discusi&oacute;n, la contrataci&oacute;n, el recado, ir y venir, preguntar,
+cuestionar, pasando gallardamente de la seriedad a la broma. Hab&iacute;a
+ma&ntilde;ana en que se echaba al coleto toda la calle de Toledo de punta a
+punta, y la Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima, Atocha y Carretas.</p>
+
+<p>As&iacute; pasaron algunos a&ntilde;os. Como sus necesidades eran muy cortas, pues no
+ten&iacute;a familia que mantener ni ning&uacute;n vicio como no fuera el de gastar
+saliva, bast&aacute;bale para vivir lo poco que el corretaje le daba. Adem&aacute;s,
+muchos comerciantes ricos le proteg&iacute;an. Este, a lo mejor, le regalaba
+una capa; otro un corte de vestido; aquel un sombrero o bien comestibles
+y golosinas. Familias de las m&aacute;s empingorotadas del comercio le sentaban
+a su mesa, no s&oacute;lo por amistad sino por ego&iacute;smo, pues era una diversi&oacute;n
+o&iacute;rle contar tan diversas cosas con aquella exactitud pintoresca y aquel
+esmero de detalles que encantaba. Dos caracteres principales ten&iacute;a su
+entretenida charla, y eran: que nunca se declaraba ignorante de cosa
+alguna, y que jam&aacute;s habl&oacute; mal de nadie. Si por acaso se dejaba decir
+alguna palabra ofensiva, era contra la Aduana; pero sin individualizar
+sus acusaciones.</p>
+
+<p>Porque Estupi&ntilde;&aacute;, al mismo tiempo que corredor, era contrabandista. Las
+piezas de Hamburgo de 26 hilos que pas&oacute; por el portillo de Gilim&oacute;n,
+vali&eacute;ndose de ingeniosas ma&ntilde;as, no son para contadas. No hab&iacute;a otro como
+&eacute;l para atravesar de noche ciertas calles con un bulto bajo la capa,
+figur&aacute;ndose mendigo con un ni&ntilde;o a cuestas. Ninguno como &eacute;l pose&iacute;a el
+arte de deslizar un duro en la mano del empleado fiscal, en momentos de
+peligro, y se entend&iacute;a con ellos tan bien para este fregado, que las
+principales casas acud&iacute;an a &eacute;l para desatar sus l&iacute;os con la Hacienda. No
+hay medio de escribir en el Dec&aacute;logo los delitos fiscales. La moral del
+pueblo se rebelaba, m&aacute;s entonces que ahora, a considerar las
+defraudaciones a la Hacienda como verdaderos pecados, y conforme con
+este criterio, Estupi&ntilde;&aacute; no sent&iacute;a alboroto en su conciencia cuando pon&iacute;a
+feliz remate a una de aquellas empresas. Seg&uacute;n &eacute;l, lo que la Hacienda
+llama suyo no es suyo, sino de la naci&oacute;n, es decir, de Juan Particular,
+y burlar a la Hacienda es devolver a Juan Particular lo que le
+pertenece. Esta idea, sustentada por el pueblo con turbulenta fe, ha
+tenido tambi&eacute;n sus h&eacute;roes y sus m&aacute;rtires. Pl&aacute;cido la profesaba con no
+menos entusiasmo que cualquier caballista andaluz, s&oacute;lo que era de
+infanter&iacute;a, y adem&aacute;s no quitaba la vida a nadie. Su conciencia, envuelta
+en horrorosas nieblas tocante a lo fiscal, manifest&aacute;base pura y luminosa
+en lo referente a la propiedad privada. Era hombre que antes de guardar
+un ochavo que no fuese suyo, se habr&iacute;a estado callado un mes.</p>
+
+<p>Barbarita le quer&iacute;a mucho. Hab&iacute;ale visto en su casa desde que tuvo el
+don de ver y apreciar las cosas; conoc&iacute;a bien, por opini&oacute;n de su padre y
+por experiencia propia, las excelentes prendas y lealtad del hablador.
+Siendo ni&ntilde;a, Estupi&ntilde;&aacute; la llevaba a la escuela de la rinconada de la
+calle Imperial, y por Navidad iba con &eacute;l a ver los nacimientos y los
+puestos de la plaza de Santa Cruz. Cuando D. Bonifacio Arnaiz enferm&oacute;
+para morirse, Pl&aacute;cido no se separ&oacute; de &eacute;l ni enfermo ni difunto hasta
+que le dej&oacute; en la sepultura. En todas las penas y alegr&iacute;as de la casa
+era siempre el part&iacute;cipe m&aacute;s sincero. Su posici&oacute;n junto a tan noble
+familia era entre amistad y servidumbre, pues si Barbarita le sentaba a
+su mesa muchos d&iacute;as, los m&aacute;s del a&ntilde;o emple&aacute;bale en recados y comisiones
+que &eacute;l sab&iacute;a desempe&ntilde;ar con exactitud suma. Ya iba a la plaza de la
+Cebada en busca de alguna hortaliza temprana, ya a la Cava Baja a
+entenderse con los ordinarios que tra&iacute;an encargos, o bien a Maravillas,
+donde viv&iacute;an la planchadora y la encajera de la casa. Tal ascendiente
+ten&iacute;a la se&ntilde;ora de Santa Cruz sobre aquella alma sencilla y con fe tan
+ciega la respetaba y obedec&iacute;a &eacute;l, que si Barbarita le hubiera dicho:
+&laquo;Pl&aacute;cido, hazme el favor de tirarte por el balc&oacute;n a la calle&raquo;, el
+infeliz no habr&iacute;a vacilado un momento en hacerlo.</p>
+
+<p>Andando los a&ntilde;os, y cuando ya Estupi&ntilde;&aacute; iba para viejo y no hac&iacute;a
+corretaje ni contrabando, desempe&ntilde;&oacute; en la casa de Santa Cruz un cargo
+muy delicado. Como era persona de tanta confianza y tan ciegamente
+adicto a la familia, Barbarita le confiaba a Juanito para que le llevase
+y le trajera al colegio de Massarnau, o le sacara a paseo los domingos y
+fiestas. Segura estaba la mam&aacute; de que la vigilancia de Pl&aacute;cido era como
+la de un padre, y bien sab&iacute;a que se habr&iacute;a dejado matar cien veces antes
+que consentir que nadie tocase al <i>Delf&iacute;n</i> (as&iacute; le sol&iacute;a llamar) en la
+punta del cabello. Ya era este un polluelo con &iacute;nfulas de hombre cuando
+Estupi&ntilde;&aacute; le llevaba a los Toros, inici&aacute;ndole en los misterios del arte,
+que se preciaba de entender como buen madrile&ntilde;o. El ni&ntilde;o y el viejo se
+entusiasmaban por igual en el b&aacute;rbaro y pintoresco espect&aacute;culo, y a la
+salida Pl&aacute;cido le contaba sus proezas taur&oacute;macas, pues tambi&eacute;n, all&aacute; en
+su mocedad, hab&iacute;a echado sus quiebros y pases de muleta, y ten&iacute;a traje
+completo con lentejuelas, y toreaba novillos por lo fino, sin olvidar
+ninguna regla... Como Juanito le manifestara deseos de ver el traje,
+contest&aacute;bale Pl&aacute;cido que hac&iacute;a muchos a&ntilde;os su hermana la sastra (que de
+Dios gozaba) lo hab&iacute;a convertido en t&uacute;nica de un Nazareno, que est&aacute; en
+la iglesia de Daganzo de Abajo.</p>
+
+<p>Fuera del platicar, Estupi&ntilde;&aacute; no ten&iacute;a ning&uacute;n vicio, ni se junt&oacute; jam&aacute;s
+con personas ordinarias y de baja estofa. Una sola vez en su vida tuvo
+que ver con gente de mala ralea, con motivo del bautizo del chico de un
+sobrino suyo, que estaba casado con una tablajera. Entonces le ocurri&oacute;
+un lance desagradable del cual se acord&oacute; y avergonz&oacute; toda su vida; y fue
+que el pillete del sobrinito, confabulado con sus amigotes, logr&oacute;
+embriagarle, d&aacute;ndole subrepticiamente un Chinch&oacute;n capaz de marear a una
+piedra. Fue una borrachera est&uacute;pida, la primera y &uacute;ltima de su vida; y
+el recuerdo de la degradaci&oacute;n de aquella noche le entristec&iacute;a siempre
+que repuntaba en su memoria. &iexcl;Infames, burlar as&iacute; a quien era la misma
+sobriedad! Me le hicieron beber con enga&ntilde;o evidente aquellas nefandas
+copas, y despu&eacute;s no vacilaron en escarnecerle con tanta crueldad como
+groser&iacute;a. Pidi&eacute;ronle que cantara la Pitita, y hay motivos para creer que
+la cant&oacute;, aunque &eacute;l lo niega en redondo. En medio del desconcierto de
+sus sentidos, tuvo conciencia del estado en que le hab&iacute;an puesto, y el
+decoro le sugiri&oacute; la idea de la fuga. Echose fuera del local pensando
+que el aire de la noche le despejar&iacute;a la cabeza; pero aunque sinti&oacute;
+alg&uacute;n alivio, sus facultades y sentidos continuaban sujetos a los m&aacute;s
+garrafales errores. Al llegar a la esquina de la Cava de San Miguel, vio
+al sereno; mejor dicho, lo que vio fue el farol del sereno, que andaba
+hacia la rinconada de la calle de Cuchilleros. Crey&oacute; que era el Vi&aacute;tico,
+y arrodill&aacute;ndose y descubri&eacute;ndose, seg&uacute;n ten&iacute;a por costumbre, rez&oacute; una
+corta oraci&oacute;n y dijo: &laquo;&iexcl;que Dios le d&eacute; lo que mejor le convenga!&raquo;. Las
+carcajadas de sus soeces burladores, que le hab&iacute;an seguido, le volvieron
+a su acuerdo, y conocido el error, se meti&oacute; a escape en su casa, que a
+dos pasos estaba. Durmi&oacute;, y al d&iacute;a siguiente como si tal cosa. Pero
+sent&iacute;a un remordimiento viv&iacute;simo que por alg&uacute;n tiempo le hac&iacute;a suspirar
+y quedarse meditabundo. Nada aflig&iacute;a tanto su honrado coraz&oacute;n como la
+idea de que Barbarita se enterara de aquel chasco del Vi&aacute;tico.
+Afortunadamente, o no lo supo, o si lo supo no se dio nunca por
+entendida.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Cuando conoc&iacute; personalmente a este insigne hijo de Madrid, andaba ya al
+ras con los sesenta a&ntilde;os; pero los llevaba muy bien. Era de estatura
+menos que mediana, regordete y algo encorvado hacia adelante. Los que
+quieran conocer su rostro, miren el de Rossini, ya viejo, como nos le
+han transmitido las estampas y fotograf&iacute;as del gran m&uacute;sico, y pueden
+decir que tienen delante el divino Estupi&ntilde;&aacute;. La forma de la cabeza, la
+sonrisa, el perfil sobre todo, la nariz corva, la boca hundida, los ojos
+picarescos, eran trasunto fiel de aquella hermosura un tanto burlona,
+que con la acentuaci&oacute;n de las l&iacute;neas en la vejez se aproximaba algo a la
+imagen de Polichinela. La edad iba dando al perfil de Estupi&ntilde;&aacute; un cierto
+parentesco con el de las cotorras.</p>
+
+<p>En sus &uacute;ltimos tiempos, del 70 en adelante, vest&iacute;a con cierta
+originalidad, no precisamente por miseria, pues los de Santa Cruz
+cuidaban de que nada le faltase, sino por esp&iacute;ritu de tradici&oacute;n, y por
+repugnancia a introducir novedades en su guardarropa. Usaba un sombrero
+chato, de copa muy baja y con las alas planas, el cual pertenec&iacute;a a una
+&eacute;poca que se hab&iacute;a borrado ya de la memoria de los sombreros, y una capa
+de pa&ntilde;o verde, que no se le ca&iacute;a de los hombros sino en lo que va de
+Julio a Septiembre. Ten&iacute;a muy poco pelo, casi se puede decir ninguno;
+pero no usaba peluca. Para librar su cabeza de las corrientes fr&iacute;as de
+la iglesia, llevaba en el bolsillo un gorro negro, y se lo calaba al
+entrar. Era gran madrugador, y por la ma&ntilde;anita con la fresca se iba a
+Santa Cruz, luego a Santo Tom&aacute;s y por fin a San Gin&eacute;s. Despu&eacute;s de o&iacute;r
+varias misas en cada una de estas iglesias, calado el gorro hasta las
+orejas, y de echar un parrafito con beatos o sacristanes, iba de capilla
+en capilla rezando diferentes oraciones. Al despedirse, saludaba con la
+mano a las im&aacute;genes, como se saluda a un amigo que est&aacute; en el balc&oacute;n, y
+luego tomaba su agua bendita, fuera gorro, y a la calle.</p>
+
+<p>En 1869, cuando demolieron la iglesia de Santa Cruz, Estupi&ntilde;&aacute; pas&oacute; muy
+malos ratos.</p>
+
+<p>Ni el p&aacute;jaro a quien destruyen su nido, ni el hombre a quien arrojan de
+la morada en que naci&oacute;, ponen cara m&aacute;s afligida que la que &eacute;l pon&iacute;a
+viendo caer entre nubes de polvo los pedazos de cascote. Por aquello de
+ser hombre no lloraba. Barbarita, que se hab&iacute;a criado a la sombra de la
+venerable torre, si no lloraba al ver tan sacr&iacute;lego espect&aacute;culo era
+porque estaba volada, y la ira no le permit&iacute;a derramar l&aacute;grimas. Ni
+acertaba a explicarse por qu&eacute; dec&iacute;a su marido que D. Nicol&aacute;s Rivero era
+una gran persona. Cuando el templo desapareci&oacute;; cuando fue arrasado el
+suelo, y andando los a&ntilde;os se edific&oacute; una casa en el sagrado solar,
+Estupi&ntilde;&aacute; no se dio a partido. No era de estos caracteres acomodaticios
+que reconocen los hechos consumados. Para &eacute;l la iglesia estaba siempre
+all&iacute;, y toda vez que mi hombre pasaba por el punto exacto que
+correspond&iacute;a al lugar de la puerta, se persignaba y se quitaba el
+sombrero.</p>
+
+<p>Era Pl&aacute;cido hermano de la Paz y Caridad, cofrad&iacute;a cuyo domicilio estuvo
+en la derribada parroquia. Iba, pues, a auxiliar a los reos de muerte en
+la capilla y a darles conversaci&oacute;n en la hora tremenda, habl&aacute;ndoles de
+lo tonta que es esta vida, de lo bueno que es Dios y de lo ricamente que
+iban a estar en la gloria. &iexcl;Qu&eacute; ser&iacute;a de los pobrecitos reos si no
+tuvieran quien les diera un poco de jarabe de pico antes de entregar su
+cuello al verdugo!</p>
+
+<p>A las diez de la ma&ntilde;ana conclu&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute; invariablemente lo que
+podr&iacute;amos llamar su jornada religiosa. Pasada aquella hora, desaparec&iacute;a
+de su rostro rossiniano la seriedad t&eacute;trica que en la iglesia ten&iacute;a, y
+volv&iacute;a a ser el hombre afable, locuaz y ameno de las tertulias de
+tienda. Almorzaba en casa de Santa Cruz o de Villuendas o de Arnaiz, y
+si Barbarita no ten&iacute;a nada que mandarle, emprend&iacute;a su tarea para
+<i>defender el garbanzo</i>, pues siempre hac&iacute;a el papel de que trabajaba
+como un negro. Su afectada ocupaci&oacute;n en tal &eacute;poca era el corretaje de
+dependientes, y fing&iacute;a que los colocaba mediante un estipendio. Algo
+hac&iacute;a en verdad, mas era en gran parte pura farsa; y cuando le
+preguntaban si iban bien los negocios, respond&iacute;a en el tono de
+comerciante ladino que no quiere dejar clarear sus ping&uuml;es ganancias:
+&laquo;Hombre, nos vamos defendiendo; no hay queja... Este mes he colocado lo
+menos treinta chicos... como no hayan sido cuarenta...&raquo;.</p>
+
+<p>Viv&iacute;a Pl&aacute;cido en la Cava de San Miguel. Su casa era una de las que
+forman el costado occidental de la Plaza Mayor, y como el basamento de
+ellas est&aacute; mucho m&aacute;s bajo que el suelo de la Plaza, tienen una altura
+imponente y una estribaci&oacute;n formidable, a modo de fortaleza. El piso en
+que el tal viv&iacute;a era cuarto por la Plaza y por la Cava s&eacute;ptimo. No
+existen en Madrid alturas mayores, y para vencer aquellas era forzoso
+apechugar con ciento veinte escalones, <i>todos de piedra</i>, como dec&iacute;a
+Pl&aacute;cido con orgullo, no pudiendo ponderar otra cosa de su domicilio. El
+ser <i>todas de piedra</i>, desde la Cava hasta las bohardillas, da a las
+escaleras de aquellas casas un aspecto l&uacute;gubre y monumental, como de
+castillo de leyendas, y Estupi&ntilde;&aacute; no pod&iacute;a olvidar esta circunstancia que
+le hac&iacute;a interesante en cierto modo, pues no es lo mismo subir a su
+casa por una escalera como las del Escorial, que subir por viles
+pelda&ntilde;os de palo, como cada hijo de vecino.</p>
+
+<p>El orgullo de trepar por aquellas gastadas berroque&ntilde;as no exclu&iacute;a lo
+fatigoso del tr&aacute;nsito, por lo que mi amigo supo explotar sus buenas
+relaciones para abreviarlo. El due&ntilde;o de una zapater&iacute;a de la Plaza,
+llamado D&aacute;maso Trujillo, le permit&iacute;a entrar por su tienda, cuyo r&oacute;tulo
+era <i>Al ramo de azucenas</i>. Ten&iacute;a puerta para la escalera de la Cava, y
+usando esta puerta Pl&aacute;cido se ahorraba treinta escalones.</p>
+
+<p>El domicilio del hablador era un misterio para todo el mundo, pues nadie
+hab&iacute;a ido nunca a verle, por la sencilla raz&oacute;n de que D. Pl&aacute;cido no
+estaba en su casa sino cuando dorm&iacute;a. Jam&aacute;s hab&iacute;a tenido enfermedad que
+le impidiera salir durante el d&iacute;a. Era el hombre m&aacute;s sano del mundo.
+Pero la vejez no hab&iacute;a de desmentirse, y un d&iacute;a de Diciembre del 69 fue
+notada la falta del grande hombre en los c&iacute;rculos a donde sol&iacute;a ir.
+Pronto corri&oacute; la voz de que estaba malo, y cuantos le conoc&iacute;an sintieron
+viv&iacute;simo inter&eacute;s por &eacute;l. Muchos dependientes de tiendas se lanzaron por
+aquellos escalones de piedra en busca de noticias del simp&aacute;tico enfermo,
+que padec&iacute;a de un reuma agudo en la pierna derecha. Barbarita le mand&oacute;
+en seguida su m&eacute;dico, y no satisfecha con esto, orden&oacute; a Juanito que
+fuese a visitarle, lo que el Delf&iacute;n hizo de muy buen grado.</p>
+
+<p>Y sale a relucir aqu&iacute; la visita del Delf&iacute;n al anciano servidor y amigo
+de su casa, porque si Juanito Santa Cruz no hubiera hecho aquella
+visita, esta historia no se habr&iacute;a escrito. Se hubiera escrito otra, eso
+s&iacute;, porque por do quiera que el hombre vaya lleva consigo su novela;
+pero esta no.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Juanito reconoci&oacute; el n&uacute;mero 11 en la puerta de una tienda de aves y
+huevos. Por all&iacute; se hab&iacute;a de entrar sin duda, pisando plumas y
+aplastando cascarones. Pregunt&oacute; a dos mujeres que pelaban gallinas y
+pollos, y le contestaron, se&ntilde;alando una mampara, que aquella era la
+entrada de la escalera del 11. Portal y tienda eran una misma cosa en
+aquel edificio caracter&iacute;stico del Madrid primitivo. Y entonces se
+explic&oacute; Juanito por qu&eacute; llevaba muchos d&iacute;as Estupi&ntilde;&aacute;, pegadas a las
+botas, plumas de diferentes aves. Las cog&iacute;a al salir, como las hab&iacute;a
+cogido &eacute;l, por m&aacute;s cuidado que tuvo de evitar al paso los sitios en que
+hab&iacute;a plumas y algo de sangre. Daba dolor ver las anatom&iacute;as de aquellos
+pobres animales, que apenas desplumados eran suspendidos por la cabeza,
+conservando la cola como un sarcasmo de su m&iacute;sero destino. A la
+izquierda de la entrada vio el Delf&iacute;n cajones llenos de huevos, acopio
+de aquel comercio. La voracidad del hombre no tiene l&iacute;mites, y sacrifica
+a su apetito no s&oacute;lo las presentes sino las futuras generaciones
+gallin&aacute;ceas. A la derecha, en la prolongaci&oacute;n de aquella cuadra l&oacute;brega,
+un sicario manchado de sangre daba garrote a las aves. Retorc&iacute;a los
+pescuezos con esa presteza y donaire que da el h&aacute;bito, y apenas soltaba
+una v&iacute;ctima y la entregaba agonizante a las desplumadoras, cog&iacute;a otra
+para hacerle la misma caricia. Jaulones enormes hab&iacute;a por todas partes,
+llenos de pollos y gallos, los cuales asomaban la cabeza roja por entre
+las ca&ntilde;as, sedientos y fatigados, para respirar un poco de aire, y aun
+all&iacute; los infelices presos se daban de picotazos por aquello de <i>si t&uacute;
+sacaste m&aacute;s pico que yo... si ahora me toca a m&iacute; sacar todo el
+pescuezo</i>.</p>
+
+<p>Habiendo apreciado este espect&aacute;culo poco grato, el olor de corral que
+all&iacute; hab&iacute;a, y el ruido de alas, picotazos y cacareo de tanta v&iacute;ctima,
+Juanito la emprendi&oacute; con los famosos pelda&ntilde;os de granito, negros ya y
+gastados. Efectivamente, parec&iacute;a la subida a un castillo o prisi&oacute;n de
+Estado. El paramento era de f&aacute;brica cubierta de yeso y este de rayas e
+inscripciones soeces o tontas. Por la parte m&aacute;s pr&oacute;xima a la calle,
+fuertes rejas de hierro completaban el aspecto feudal del edificio. Al
+pasar junto a la puerta de una de las habitaciones del entresuelo,
+Juanito la vio abierta y, lo que es natural, mir&oacute; hacia dentro, pues
+todos los accidentes de aquel recinto despertaban en sumo grado su
+curiosidad. Pens&oacute; no ver nada y vio algo que de pronto le impresion&oacute;,
+una mujer bonita, joven, alta... Parec&iacute;a estar en acecho, movida de una
+curiosidad semejante a la de Santa Cruz, deseando saber qui&eacute;n demonios
+sub&iacute;a a tales horas por aquella endiablada escalera. La moza ten&iacute;a
+pa&ntilde;uelo azul claro por la cabeza y un mant&oacute;n sobre los hombros, y en el
+momento de ver al Delf&iacute;n, se infl&oacute; con &eacute;l, quiero decir, que hizo ese
+caracter&iacute;stico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las
+madrile&ntilde;as del pueblo se agasajan dentro del mant&oacute;n, movimiento que les
+da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca
+para volver luego a su volumen natural.</p>
+
+<p>Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que
+era y lo bien calzada que estaba, di&eacute;ronle ganas de tomarse confianzas
+con ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vive aqu&iacute;&mdash;le pregunt&oacute;&mdash;el Sr. de Estupi&ntilde;&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D. Pl&aacute;cido?... en lo <i>m&aacute;s &uacute;ltimo de arriba</i> &mdash;contest&oacute; la joven,
+dando algunos pasos hacia fuera.</p>
+
+<p>Y Juanito pens&oacute;: &laquo;T&uacute; sales para que te vea el pie. Buena bota&raquo;...
+Pensando esto, advirti&oacute; que la muchacha sacaba del mant&oacute;n una mano con
+mit&oacute;n encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se
+desbordaba del pecho del joven Santa Cruz, y no pudo menos de decir:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; come usted, criatura?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No lo ve usted? &mdash;replic&oacute; mostr&aacute;ndoselo&mdash;Un huevo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un huevo crudo! Con mucho donaire, la muchacha se llev&oacute; a la boca por
+segunda vez el huevo roto y se atiz&oacute; otro sorbo.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; c&oacute;mo puede usted comer esas babas crudas&mdash;dijo Santa Cruz, no
+hallando mejor modo de trabar conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor que guisadas. &iquest;Quiere usted?&mdash;replic&oacute; ella ofreciendo al Delf&iacute;n
+lo que en el cascar&oacute;n quedaba.</p>
+
+<p>Por entre los dedos de la chica se escurr&iacute;an aquellas babas gelatinosas
+y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta; pero no;
+le repugnaban los huevos crudos.</p>
+
+<p>&mdash;No, gracias. Ella entonces se lo acab&oacute; de sorber, y arroj&oacute; el
+cascar&oacute;n, que fue a estrellarse contra la pared del tramo inferior.
+Estaba limpi&aacute;ndose los dedos con el pa&ntilde;uelo, y Juanito discurriendo por
+d&oacute;nde pegar&iacute;a la hebra, cuando son&oacute; abajo una voz terrible que dijo:
+<i>&iexcl;Fortunaa&aacute;!</i> Entonces la chica se inclin&oacute; en el pasamanos y solt&oacute; un
+<i>yia voy</i> con chillido tan penetrante que Juanito crey&oacute; se le desgarraba
+el t&iacute;mpano. El <i>yia</i> principalmente son&oacute; como la vibraci&oacute;n agud&iacute;sima de
+una hoja de acero al deslizarse sobre otra. Y al soltar aquel sonido,
+digno canto de tal ave, la moza se arroj&oacute; con tanta presteza por las
+escaleras abajo, que parec&iacute;a rodar por ellas. Juanito la vio
+desaparecer, o&iacute;a el ruido de su ropa azotando los pelda&ntilde;os de piedra y
+crey&oacute; que se mataba. Todo qued&oacute; al fin en silencio, y de nuevo emprendi&oacute;
+el joven su ascensi&oacute;n penosa. En la escalera no volvi&oacute; a encontrar a
+nadie, ni una mosca siquiera, ni oy&oacute; m&aacute;s ruido que el de sus propios
+pasos.</p>
+
+<p>Cuando Estupi&ntilde;&aacute; le vio entrar sinti&oacute; tanta alegr&iacute;a, que a punto estuvo
+de ponerse bueno instant&aacute;neamente por la sola virtud del contento. No
+estaba el hablador en la cama sino en un sill&oacute;n, porque el lecho le
+hastiaba, y la mitad inferior de su cuerpo no se ve&iacute;a porque estaba
+liado como las momias, y envuelto en mantas y trapos diferentes. Cubr&iacute;a
+su cabeza, orejas inclusive, el gorro negro de punto que usaba dentro de
+la iglesia. M&aacute;s que los dolores reum&aacute;ticos molestaba al enfermo el no
+tener con qui&eacute;n hablar, pues la mujer que le serv&iacute;a, una tal do&ntilde;a
+Br&iacute;gida, patrona o ama de llaves, era muy displicente y de pocas
+palabras. No pose&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute; ning&uacute;n libro, pues no necesitaba de ellos
+para instruirse. Su biblioteca era la sociedad y sus textos las palabras
+calentitas de los vivos. Su ciencia era su fe religiosa, y ni para rezar
+necesitaba breviarios ni florilogios, pues todas las oraciones las
+sab&iacute;a de memoria. Lo impreso era para &eacute;l m&uacute;sica, garabatos que no sirven
+de nada. Uno de los hombres que menos admiraba Pl&aacute;cido era Guttenberg.
+Pero el aburrimiento de su enfermedad le hizo desear la compa&ntilde;&iacute;a de
+alguno de estos habladores mudos que llamamos libros. Busca por aqu&iacute;,
+busca por all&aacute;, y no se encontraba cosa impresa. Por fin, en polvoriento
+arc&oacute;n hall&oacute; do&ntilde;a Br&iacute;gida un mamotreto perteneciente a un exclaustrado
+que mor&oacute; en la misma casa all&aacute; por el a&ntilde;o 40. Abriolo Estupi&ntilde;&aacute; con
+respeto, &iquest;y qu&eacute; era? El tomo und&eacute;cimo del <i>Bolet&iacute;n Eclesi&aacute;stico de la
+Di&oacute;cesis de Lugo</i>. Apechug&oacute;, pues, con aquello, pues no hab&iacute;a otra cosa.
+Y se lo atiz&oacute; todo, de cabo a rabo, sin omitir letra, articulando
+correctamente las s&iacute;labas en voz baja a estilo de rezo. Ning&uacute;n tropiezo
+le deten&iacute;a en su lectura, pues cuando le sal&iacute;a al encuentro un lat&iacute;n
+largo y oscuro, le met&iacute;a el diente sin vacilar. Las pastorales,
+sinodales, bulas y dem&aacute;s entretenidas cosas que el libro tra&iacute;a, fueron
+el &uacute;nico remedio de su soledad triste, y lo mejor del caso es que lleg&oacute;
+a tomar el gusto a manjar tan desabrido, y algunos p&aacute;rrafos se los
+echaba al coleto dos veces, masticando las palabras con una sonrisa, que
+a cualquier observador mal enterado le habr&iacute;a hecho creer que el tomazo
+era de Paul de Kock.</p>
+
+<p>&laquo;Es cosa muy buena&raquo; dijo Estupi&ntilde;&aacute;, guardando el libro al ver que Juanito
+se re&iacute;a.</p>
+
+<p>Y estaba tan agradecido a la visita del Delf&iacute;n, que no hac&iacute;a m&aacute;s que
+mirarle recre&aacute;ndose en su guapeza, en su juventud y elegancia. Si
+hubiera sido veinte veces hijo suyo, no le habr&iacute;a contemplado con m&aacute;s
+amor. D&aacute;bale palmadas en la rodilla, y le interrogaba prolijamente por
+todos los de la familia, desde Barbarita, que era el n&uacute;mero uno, hasta
+el gato. El Delf&iacute;n, despu&eacute;s de satisfacer la curiosidad de su amigo,
+h&iacute;zole a su vez preguntas acerca de la vecindad de aquella casa en que
+estaba. &laquo;Buena gente&mdash;respondi&oacute; Estupi&ntilde;&aacute;&mdash;; s&oacute;lo hay unos inquilinos que
+alborotan algo por las noches. La finca pertenece al Sr. de Moreno Isla,
+y puede que se la administre yo desde el a&ntilde;o que viene. &Eacute;l lo desea; ya
+me habl&oacute; de ello tu mam&aacute;, y he respondido que estoy a sus &oacute;rdenes...
+Buena finca; con un cimiento de pedernal que es una gloria... escalera
+de piedra, ya habr&aacute;s visto; s&oacute;lo que es un poquito larga. Cuando
+vuelvas, si quieres acortar treinta escalones, entras por el <i>Ramo de
+azucenas</i>, la zapater&iacute;a que est&aacute; en la Plaza. T&uacute; conoces a D&aacute;maso
+Trujillo. Y si no le conoces, con decir: &laquo;voy a ver a Pl&aacute;cido&raquo; te dejar&aacute;
+pasar.</p>
+
+<p>Estupi&ntilde;&aacute; sigui&oacute; a&uacute;n m&aacute;s de una semana sin salir de casa, y el Delf&iacute;n iba
+todos los d&iacute;as a verle &iexcl;todos los d&iacute;as!, con lo que estaba mi hombre
+m&aacute;s contento que unas Pascuas, pero en vez de entrar por la zapater&iacute;a,
+Juanito, a quien sin duda no cansaba la escalera, entraba siempre por el
+establecimiento de huevos de la Cava.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="iva" id="iva"></a>-IV-</h2>
+
+<h2>Perdici&oacute;n y salvamento del Delf&iacute;n</h2>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Pasados algunos d&iacute;as, cuando ya Estupi&ntilde;&aacute; andaba por ah&iacute; restablecido
+aunque algo cojo, Barbarita empez&oacute; a notar en su hijo inclinaciones
+nuevas y algunas ma&ntilde;as que le desagradaron. Observ&oacute; que el Delf&iacute;n, cuya
+edad se aproximaba a los veinticinco a&ntilde;os, ten&iacute;a horas de infantil
+alegr&iacute;a y d&iacute;as de tristeza y recogimiento sombr&iacute;os. Y no pararon aqu&iacute;
+las novedades. La perspicacia de la madre crey&oacute; descubrir un notable
+cambio en las costumbres y en las compa&ntilde;&iacute;as del joven fuera de casa, y
+lo descubri&oacute; con datos observados en ciertas inflexiones muy
+particulares de su voz y lenguaje. Daba a la <i>elle</i> el tono arrastrado
+que la gente baja da a la <i>y</i> consonante; y se le hab&iacute;an pegado modismos
+pintorescos y expresiones groseras que a la mam&aacute; no le hac&iacute;an maldita
+gracia. Habr&iacute;a dado cualquier cosa por poder seguirle de noche y ver con
+qu&eacute; casta de gente se juntaba. Que esta no era fina, a la legua se
+conoc&iacute;a.</p>
+
+<p>Y lo que Barbarita no dudaba en calificar de encanallamiento, empez&oacute; a
+manifestarse en el vestido. El Delf&iacute;n se encaj&oacute; una capa de esclavina
+corta con mucho ribete, mucha trencilla y pasamaner&iacute;a. Pon&iacute;ase por las
+noches el sombrerito pavero, que, a la verdad, le ca&iacute;a muy bien, y se
+peinaba con los mechones ahuecados sobre las sienes. Un d&iacute;a se present&oacute;
+en la casa un sastre con facha de sacrist&aacute;n, que era de los que hacen
+ropa ajustada para toreros, chulos y matachines; pero do&ntilde;a B&aacute;rbara no le
+dej&oacute; sacar la cinta de medir, y poco falt&oacute; para que el pobre hombre
+fuera rodando por las escaleras. &laquo;&iquest;Es posible&mdash;dijo a su ni&ntilde;o, sin
+disimular la ira&mdash;, que se te antoje tambi&eacute;n ponerte esos pantalones
+ajustados con los cuales las piernas de los hombres parecen zancas de
+cig&uuml;e&ntilde;a?&raquo;. Y una vez roto el fuego, rompi&oacute; la se&ntilde;ora en acusaciones
+contra su hijo por aquellas maneras nuevas de hablar y de vestir. &Eacute;l se
+re&iacute;a, buscando medios de eludir la cuesti&oacute;n; pero la inflexible mam&aacute; le
+cortaba la retirada con preguntas contundentes. &iquest;A d&oacute;nde iba por las
+noches? &iquest;Qui&eacute;nes eran sus amigos? Respond&iacute;a &eacute;l que los de siempre, lo
+cual no era verdad, pues salvo Villalonga, que sal&iacute;a con &eacute;l muy puesto
+tambi&eacute;n de capita corta y pavero, los antiguos condisc&iacute;pulos no
+aportaban ya por la casa. Y Barbarita citaba a Zalamero, a Pez, al chico
+de Teller&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo no hacer comparaciones? Zalamero, a los veintisiete
+a&ntilde;os, era ya diputado y subsecretario de Gobernaci&oacute;n, y se dec&iacute;a que
+Rivero quer&iacute;a dar a Joaquinito Pez un Gobierno de provincia. Gustavito
+hac&iacute;a cada art&iacute;culo de cr&iacute;tica y cada estudio sobre los Or&iacute;genes de tal
+o cual cosa, que era una bendici&oacute;n, y en tanto &eacute;l y Villalonga &iquest;en qu&eacute;
+pasaban el tiempo?, &iquest;en qu&eacute;?, en adquirir h&aacute;bitos ordinarios y en
+tratarse con z&aacute;nganos de coleta. A mayor abundamiento, en aquella &eacute;poca
+del 70 se le desarroll&oacute; de tal modo al Delf&iacute;n la afici&oacute;n a los toros,
+que no perd&iacute;a corrida, ni dejaba de ir al apartado ning&uacute;n d&iacute;a y a veces
+se plantaba en la dehesa. Do&ntilde;a B&aacute;rbara viv&iacute;a en la mayor intranquilidad,
+y cuando alguien le contaba que hab&iacute;a visto a su &iacute;dolo en compa&ntilde;&iacute;a de un
+individuo del arte del cuerno, se sub&iacute;a a la parra y... &laquo;Mira, Juan,
+creo que t&uacute; y yo vamos a perder las amistades. Como me traigas a casa a
+uno de esos tagarotes de calz&oacute;n ajustado, chaqueta corta y botita de
+ca&ntilde;a clara, te pego, s&iacute;, hago lo que no he hecho nunca, cojo una escoba
+y ambos sal&iacute;s de aqu&iacute; pitando&raquo;... Estos furores sol&iacute;an concluir con
+risas, besos, promesas de enmienda y reconciliaciones cari&ntilde;osas, porque
+Juanito se pintaba solo para desenojar a su mam&aacute;.</p>
+
+<p>Como supiera un d&iacute;a la dama que su hijo frecuentaba los barrios de
+Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel, encarg&oacute; a
+Estupi&ntilde;&aacute; que vigilase, y este lo hizo con muy buena voluntad llev&aacute;ndole
+cuentos, dichos en voz baja y melodram&aacute;tica: &laquo;Anoche cen&oacute; en la
+pasteler&iacute;a del sobrino de Bot&iacute;n, en la calle de Cuchilleros... &iquest;sabe la
+se&ntilde;ora? Tambi&eacute;n estaba el Sr. de Villalonga y otro que no conozco, un
+tipo as&iacute;... &iquest;c&oacute;mo dir&eacute;?, de estos de sombrero redondo y capa con
+esclavina ribeteada. Lo mismo puede pasar por un <i>randa</i> que por un
+se&ntilde;orito disfrazado&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Mujeres...?&mdash;pregunt&oacute; con ansiedad Barbarita.</p>
+
+<p>&mdash;Dos, se&ntilde;ora, dos&mdash;dijo Pl&aacute;cido corroborando con igual n&uacute;mero de dedos
+muy estirados lo que la voz denunciaba&mdash;. No les pude ver las estampas.
+Eran de estas de mant&oacute;n pardo, delantal azul, buena bota y pa&ntilde;uelo a la
+cabeza... en fin, un par de reses muy bravas.</p>
+
+<p>A la semana siguiente, otra delaci&oacute;n:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ora, se&ntilde;ora...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;Ayer y anteayer entr&oacute; el ni&ntilde;o en una tienda de la Concepci&oacute;n
+Jer&oacute;nima, donde venden filigranas y corales de los que usan las amas de
+cr&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute;? &mdash;Que pasa all&iacute; largas horas de la tarde y de la noche. Lo s&eacute;
+por Pepe Vallejo, el de la cordeler&iacute;a de enfrente, a quien he encargado
+que est&eacute; con mucho ojo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tienda de filigranas y de corales?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora; una de estas plater&iacute;as de puntapi&eacute;, que todo lo que tienen
+no vale seis duros.</p>
+
+<p>No la conozco; se ha puesto hace poco; pero yo me enterar&eacute;. Aspecto de
+pobreza. Se entra por una puerta vidriera que tambi&eacute;n es entrada del
+portal, y en el vidrio han puesto un letrero que dice: <i>Especialidad en
+regalos para amas</i>... Antes estaba all&iacute; un relojero llamado Bravo, que
+muri&oacute; de miserere.</p>
+
+<p>De pronto los cuentos de Estupi&ntilde;&aacute; cesaron. A Barbarita todo se le volv&iacute;a
+preguntar y m&aacute;s preguntar, y el dichoso hablador no sab&iacute;a nada. Y
+cuidado que ten&iacute;a m&eacute;rito la discreci&oacute;n de aquel hombre, porque era el
+mayor de los sacrificios; para &eacute;l equival&iacute;a a cortarse la lengua el
+tener que decir: &laquo;no s&eacute; nada, absolutamente nada&raquo;. A veces parec&iacute;a que
+sus insignificantes e inseguras revelaciones quer&iacute;an ocultar la verdad
+antes que esclarecerla. &laquo;Pues nada, se&ntilde;ora; he visto a Juanito en un
+sim&oacute;n, solo, por la Puerta del Sol... digo... por la Plaza del &Aacute;ngel...
+Iba con Villalonga... se re&iacute;an mucho los dos... de algo que les hac&iacute;a
+gracia...&raquo;. Y todas las denuncias eran como estas, bobadas,
+subterfugios, evasivas... Una de dos: o Estupi&ntilde;&aacute; no sab&iacute;a nada, o si
+sab&iacute;a no quer&iacute;a decirlo por no disgustar a la se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Diez meses pasaron de esta manera, Barbarita interrogando a Estupi&ntilde;&aacute;, y
+este no queriendo o no teniendo qu&eacute; responder, hasta que all&aacute; por Mayo
+del 70, Juanito empez&oacute; a abandonar aquellos mismos h&aacute;bitos groseros que
+tanto disgustaban a su madre. Esta, que lo observaba atent&iacute;simamente,
+not&oacute; los s&iacute;ntomas del lento y feliz cambio en multitud de accidentes de
+la vida del joven. Cu&aacute;nto se regocijaba la se&ntilde;ora con esto, no hay para
+qu&eacute; decirlo. Y aunque todo ello era inexplicable lleg&oacute; un momento en que
+Barbarita dej&oacute; de ser curiosa, y no le importaba nada ignorar los
+desvar&iacute;os de su hijo con tal que se reformase. Lentamente, pues,
+recobraba el Delf&iacute;n su personalidad normal. Despu&eacute;s de una noche que
+entr&oacute; tarde y muy sofocado, y tuvo cefalalgia y v&oacute;mitos, la mudanza
+pareci&oacute; m&aacute;s acentuada. La mam&aacute; entreve&iacute;a en aquella ignorada p&aacute;gina de
+la existencia de su heredero, amores un tanto libertinos, org&iacute;as de mal
+gusto, bromas y ri&ntilde;as quiz&aacute;s; pero todo lo perdonaba, todo, todito, con
+tal que aquel trastorno pasase, como pasan las indispensables crisis de
+las edades. &laquo;Es un sarampi&oacute;n de que no se libra ning&uacute;n muchacho de estos
+tiempos&mdash;dec&iacute;a&mdash;. Ya sale el m&iacute;o de &eacute;l, y Dios quiera que salga en bien.</p>
+
+<p>Not&oacute; tambi&eacute;n que el Delf&iacute;n se preocupaba mucho de ciertos recados o
+esquelitas que a la casa tra&iacute;an para &eacute;l, mostr&aacute;ndose m&aacute;s bien temeroso
+de recibirlos que deseoso de ellos. A menudo daba a los criados orden de
+que le negaran y de que no se admitiera carta ni recado. Estaba algo
+inquieto, y su mam&aacute; se dijo gozosa: &laquo;Persecuci&oacute;n tenemos; pero &eacute;l parece
+querer cortar toda clase de comunicaciones. Esto va bien&raquo;. Hablando de
+esto con su marido, D. Baldomero, en quien lo progresista no quitaba lo
+autoritario (emblema de los tiempos), propuso un plan defensivo que
+mereci&oacute; la aprobaci&oacute;n de ella. &laquo;Mira, hija, lo mejor es que yo hable hoy
+mismo con el Gobernador, que es amigo nuestro. Nos mandar&aacute; ac&aacute; una
+pareja de orden p&uacute;blico, y en cuanto llegue hombre o mujer de malas
+trazas con papel o recadito, me lo trincan, y al Saladero de cabeza&raquo;.</p>
+
+<p>Mejor que este plan era el que se le hab&iacute;a ocurrido a la se&ntilde;ora. Ten&iacute;an
+tomada casa en Plencia para pasar la temporada de verano, fijando la
+fecha de la marcha para el 8 o el 10 de Julio. Pero Barbarita, con
+aquella seguridad del talento superior que en un punto inicia y ejecuta
+las resoluciones salvadoras, se encar&oacute; con Juanito, y de buenas a
+primeras le dijo: &laquo;Ma&ntilde;ana mismo nos vamos a Plencia&raquo;.</p>
+
+<p>Y al decirlo se fij&oacute; en la cara que puso. Lo primero que expres&oacute; el
+Delf&iacute;n fue alegr&iacute;a. Despu&eacute;s se qued&oacute; pensativo. &laquo;Pero deme usted dos o
+tres d&iacute;as. Tengo que arreglar varios asuntos...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; asuntos tienes t&uacute;, hijo? M&uacute;sica, m&uacute;sica. Y en caso de que tengas
+alguno, cr&eacute;eme, vale m&aacute;s que lo dejes como est&aacute;.</p>
+
+<p>Dicho y hecho. Padres e hijo salieron para el Norte el d&iacute;a de San Pedro.
+Barbarita iba muy contenta, juzg&aacute;ndose ya vencedora, y se dec&iacute;a por el
+camino: &laquo;Ahora le voy a poner a mi pollo una calza para que no se me
+escape m&aacute;s&raquo;. Instal&aacute;ronse en su residencia de verano, que era como un
+palacio, y no hay palabras con qu&eacute; ponderar lo contentos y saludables
+que todos estaban. El Delf&iacute;n, que fue desmejoradillo, no tard&oacute; en
+reponerse, recobrando su buen color, su palabra jovial y la plenitud de
+sus carnes. La mam&aacute; se la ten&iacute;a guardada. Esperaba ocasi&oacute;n propicia, y
+en cuanto esta lleg&oacute; supo acometer la empresa aquella de la calza, como
+persona lista y conocedora de las ma&ntilde;as del ave que era preciso
+aprisionar. Dios la ayudaba sin duda, porque el pollo no parec&iacute;a muy
+dispuesto a la resistencia.</p>
+
+<p>&laquo;Pues s&iacute;&mdash;dijo ella, despu&eacute;s de una conversaci&oacute;n preparada con gracia&mdash;.
+Es preciso que te cases. Ya te tengo la mujer buscada. Eres un
+chiquillo, y a ti hay que d&aacute;rtelo todo hecho. &iexcl;Qu&eacute; ser&aacute; de ti el d&iacute;a en
+que yo te falte! Por eso quiero dejarte en buenas manos... No te r&iacute;as,
+no; es la verdad, yo tengo que cuidar de todo, lo mismo de pegarte el
+bot&oacute;n que se te ha ca&iacute;do, que de elegirte la que ha de ser compa&ntilde;era de
+toda tu vida, la que te ha de mimar cuando yo me muera. &iquest;A ti te cabe en
+la cabeza que pueda yo proponerte nada que no te convenga?... No. Pues a
+callar, y pon tu porvenir en mis manos. No s&eacute; qu&eacute; instinto tenemos las
+madres, algunas quiero decir. En ciertos casos no nos equivocamos; somos
+infalibles como el Papa&raquo;.</p>
+
+<p>La esposa que Barbarita propon&iacute;a a su hijo era Jacinta, su prima, la
+tercera de las hijas de Gumersindo Arnaiz. &iexcl;Y qu&eacute; casualidad! Al d&iacute;a
+siguiente de la conferencia citada, llegaban a Plencia y se instalaban
+en una casita modesta, Gumersindo e Isabel Cordero con toda su caterva
+menuda. Candelaria no sal&iacute;a de Madrid, y Benigna hab&iacute;a ido a Laredo.</p>
+
+<p>Juan no dijo que s&iacute; ni que no. Limitose a responder por f&oacute;rmula que lo
+pensar&iacute;a; pero una voz de su alma le declaraba que aquella gran mujer y
+madre ten&iacute;a tratos con el Esp&iacute;ritu Santo, y que su proyecto era un
+verdadero caso de infalibilidad.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Porque Jacinta era una chica de prendas excelentes, modestita, delicada,
+cari&ntilde;osa y adem&aacute;s muy bonita. Sus lindos ojos estaban ya declarando la
+saz&oacute;n de su alma o el punto en que tocan a enamorarse y enamorar.
+Barbarita quer&iacute;a mucho a todas sus sobrinas; pero a Jacinta la adoraba;
+ten&iacute;ala casi siempre consigo y derramaba sobre ella mil atenciones y
+miramientos, sin que nadie, ni aun la propia madre de Jacinta, pudiera
+sospechar que la criaba para nuera. Toda la parentela supon&iacute;a que los
+se&ntilde;ores de Santa Cruz ten&iacute;an puestas sus miras en alguna de las chicas
+de Casa-Mu&ntilde;oz, de Casa-Trujillo o de otra familia rica y titulada.
+Pero Barbarita no pensaba en tal cosa. Cuando revel&oacute; sus planes a D.
+Baldomero, este sinti&oacute; regocijo, pues tambi&eacute;n a &eacute;l se le hab&iacute;a ocurrido
+lo mismo.</p>
+
+<p>Ya dije que el Delf&iacute;n prometi&oacute; pensarlo; mas esto significaba sin duda
+la necesidad que todos sentimos de no aparecer sin voluntad propia en
+los casos graves; en otros t&eacute;rminos, su amor propio, que le gobernaba
+m&aacute;s que la conciencia, le exig&iacute;a, ya que no una elecci&oacute;n libre, el
+simulacro de ella. Por eso Juanito no s&oacute;lo lo dec&iacute;a, sino que parec&iacute;a
+como que pensaba, y&eacute;ndose a pasear solo por aquellos pe&ntilde;ascales, y se
+enga&ntilde;aba a s&iacute; mismo dici&eacute;ndose: &laquo;&iexcl;qu&eacute; pensativo estoy!&raquo;. Porque estas
+cosas son muy serias, &iexcl;vaya!, y hay que revolverlas mucho en el mag&iacute;n.
+Lo que hac&iacute;a el muy farsante era saborear de antemano lo que se le
+aproximaba y ver de qu&eacute; manera dec&iacute;a a su madre con el aire m&aacute;s grave y
+filos&oacute;fico del mundo: &laquo;Mam&aacute;, he meditado profund&iacute;simamente sobre este
+problema, pesando con escr&uacute;pulo las ventajas y los inconvenientes, y la
+verdad, aunque el caso tiene sus m&aacute;s y sus menos, aqu&iacute; me tiene usted
+dispuesto a complacerla&raquo;.</p>
+
+<p>Todo esto era comedia, y querer ech&aacute;rselas de hombre reflexivo. Su madre
+hab&iacute;a recobrado sobre &eacute;l aquel ascendiente omn&iacute;modo que tuvo antes de
+las trapisondas que apuntadas quedan, y como el hijo pr&oacute;digo a quien los
+reveses hacen ver cu&aacute;nto le da&ntilde;a el obrar y pensar por cuenta propia,
+descansaba de sus funestas aventuras pensando y obrando con la cabeza y
+la voluntad de su madre.</p>
+
+<p>Lo peor del caso era que nunca le hab&iacute;a pasado por las mientes casarse
+con Jacinta, a quien siempre mir&oacute; m&aacute;s como hermana que como prima.
+Siendo ambos de muy corta edad (ella ten&iacute;a un a&ntilde;o y meses menos que &eacute;l)
+hab&iacute;an dormido juntos, y hab&iacute;an derramado l&aacute;grimas y acus&aacute;dose
+mutuamente por haber secuestrado &eacute;l las mu&ntilde;ecas de ella, y haber ella
+arrojado a la lumbre, para que se derritieran, los soldaditos de &eacute;l.
+Juan la hac&iacute;a rabiar, descomponi&eacute;ndole la casa de mu&ntilde;ecas, &iexcl;anda!, y
+Jacinta se vengaba arrojando en su barre&ntilde;o de agua los caballos de Juan
+para que se ahogaran... &iexcl;anda! Por un rey mago, negro por m&aacute;s se&ntilde;as,
+hubo unos dramas que acabaron en le&ntilde;a por partida doble, es decir, que
+Barbarita azotaba alternadamente uno y otro par de nalgas como el que
+toca los timbales; y todo porque Jacinta le hab&iacute;a cortado la cola al
+camello del rey negro; cola de cerda, no vayan a creer... &laquo;Envidiosa&raquo;.
+&laquo;Acus&oacute;n&raquo;... Ya ten&iacute;an ambos la edad en que un misterioso respeto les
+prohib&iacute;a darse besos, y se trataban con vivo cari&ntilde;o fraternal. Jacinta
+iba todos los martes y viernes a pasar el d&iacute;a entero en casa de
+Barbarita, y esta no ten&iacute;a inconveniente en dejar solos largos ratos a
+su hijo y a su sobrina; porque si cada cual en s&iacute; ten&iacute;a el desarrollo
+moral que era propio de sus veinte a&ntilde;os, uno frente a otro continuaban
+en la <i>edad del pavo</i>, muy lejos de sospechar que su destino les
+aproximar&iacute;a cuando menos lo pensasen.</p>
+
+<p>El paso de esta situaci&oacute;n fraternal a la de amantes no le parec&iacute;a al
+joven Santa Cruz cosa f&aacute;cil. &Eacute;l, que tan atrevido era lejos del hogar
+paterno, sent&iacute;ase acobardado delante de aquella flor criada en su
+propia casa, y ten&iacute;a por imposible que las cunitas de ambos, reunidas,
+se convirtieran en t&aacute;lamo. Mas para todo hay remedio menos para la
+muerte, y Juanito vio con asombro, a poco de intentar la metamorfosis,
+que las dificultades se desle&iacute;an como la sal en el agua; que lo que a &eacute;l
+le parec&iacute;a monta&ntilde;a era como la palma de la mano, y que el tr&aacute;nsito de la
+fraternidad al enamoramiento se hac&iacute;a <i>como una seda</i>. La primita,
+haci&eacute;ndose tambi&eacute;n la sorprendida en los primeros momentos y aun la
+vergonzosa, dijo tambi&eacute;n que aquello deb&iacute;a pensarse. Hay motivos para
+creer que Barbarita se lo hab&iacute;a hecho pensar ya. Sea lo que quiera, ello
+es que a los cuatro d&iacute;as de romperse el hielo ya no hab&iacute;a que ense&ntilde;arles
+nada de noviazgo. Creer&iacute;ase que no hab&iacute;an hecho en su vida otra cosa m&aacute;s
+que estar picoteando todo el santo d&iacute;a. El pa&iacute;s y el ambiente eran
+propicios a esta vida nueva. Rocas formidables, olas, playa con
+caracolitos, praderas verdes, setos, callejas llenas de arbustos,
+helechos y l&iacute;quenes, veredas cuyo t&eacute;rmino no se sab&iacute;a, caser&iacute;os r&uacute;sticos
+que al caer de la tarde desped&iacute;an de sus abollados techos humaredas
+azules, celajes grises, rayos de sol dorando la arena, velas de
+pescadores cruzando la inmensidad del mar, ya azul, ya verdoso, terso un
+d&iacute;a, otro aborregado, un vapor en el horizonte tiznando el cielo con su
+humo, un aguacero en la monta&ntilde;a y otros accidentes de aquel admirable
+fondo po&eacute;tico, favorec&iacute;an a los amantes, d&aacute;ndoles a cada momento un
+ejemplo nuevo para aquella gran ley de la Naturaleza que estaban
+cumpliendo.</p>
+
+<p>Jacinta era de estatura mediana, con m&aacute;s gracia que belleza, lo que se
+llama en lenguaje corriente una mujer <i>mona</i>. Su tez fin&iacute;sima y sus ojos
+que desped&iacute;an alegr&iacute;a y sentimiento compon&iacute;an un rostro sumamente
+agradable. Y hablando, sus atractivos eran mayores que cuando estaba
+callada, a causa de la movilidad de su rostro y de la expresi&oacute;n
+variad&iacute;sima que sab&iacute;a poner en &eacute;l. La estrechez relativa en que viv&iacute;a la
+numerosa familia de Arnaiz, no le permit&iacute;a variar sus galas; pero sab&iacute;a
+triunfar del amaneramiento con el arte, y cualquier perifollo anunciaba
+en ella una mujer que, si lo quer&iacute;a, estaba llamada a ser elegant&iacute;sima.
+Luego veremos. Por su talle delicado y su figura y cara porcelanescas,
+revelaba ser una de esas hermosuras a quienes la Naturaleza concede poco
+tiempo de esplendor, y que se ajan pronto, en cuanto les toca la primera
+pena de la vida o la maternidad.</p>
+
+<p>Barbarita, que la hab&iacute;a criado, conoc&iacute;a bien sus notables prendas
+morales, los tesoros de su coraz&oacute;n amante, que pagaba siempre con creces
+el cari&ntilde;o que se le ten&iacute;a, y por todo esto se enorgullec&iacute;a de su
+elecci&oacute;n. Hasta que ciertas tenacidades de car&aacute;cter que en la ni&ntilde;ez eran
+un defecto, agrad&aacute;banle cuando Jacinta fue mujer porque no es bueno que
+las hembras sean todas miel, y conviene que guarden una reserva de
+energ&iacute;a para ciertas ocasiones dif&iacute;ciles.</p>
+
+<p>La noticia del matrimonio de Juanito cay&oacute; en la familia Arnaiz como una
+bomba que revienta y esparce, no desastres y muertes, sino esperanza y
+dichas. Porque hay que tener en cuenta que el Delf&iacute;n, por su fortuna,
+por sus prendas, por su talento, era considerado como un ser bajado del
+cielo. Gumersindo Arnaiz no sab&iacute;a lo que le pasaba; lo estaba viendo y
+a&uacute;n le parec&iacute;a mentira; y siendo el amartelamiento de los novios
+bastante empalagoso, a &eacute;l le parec&iacute;a que todav&iacute;a se quedaban cortos y
+que deb&iacute;an entortolarse mucho m&aacute;s. Isabel era tan feliz que, de vuelta
+ya en Madrid, dec&iacute;a que le iba a dar algo, y que seguramente su
+empobrecida naturaleza no podr&iacute;a soportar tanta felicidad. Aquel
+matrimonio hab&iacute;a sido la ilusi&oacute;n de su vida durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os,
+ilusi&oacute;n que por lo muy hermosa no encajaba en la realidad. No se hab&iacute;a
+atrevido nunca a hablar de esto a su cu&ntilde;ada, por temor de parecer
+excesivamente ambiciosa y atrevida.</p>
+
+<p>Falt&aacute;bale tiempo a la buena se&ntilde;ora para dar parte a sus amigas del feliz
+suceso; no sab&iacute;a hablar de otra cosa, y aunque desmadejada ya y sin
+fuerzas a causa del trabajo y de los alumbramientos, cobraba nuevos
+br&iacute;os para entregarse con delirante actividad a los preparativos de
+boda, al equipo y dem&aacute;s cosas. &iexcl;Qu&eacute; proyectos hac&iacute;a, qu&eacute; cosas
+inventaba, qu&eacute; previsi&oacute;n la suya! Pero en medio de su inmensa tarea, no
+cesaba de tener corazonadas pesimistas, y exclamaba con tristeza: &laquo;&iexcl;Si
+me parece mentira!... &iexcl;Si yo no he de verlo!...&raquo;. Y este presentimiento,
+por ser de cosa mala, vino a cumplirse al cabo, porque la alegr&iacute;a
+inquieta fue como una combusti&oacute;n oculta que devor&oacute; la poca vida que all&iacute;
+quedaba. Una ma&ntilde;ana de los &uacute;ltimos d&iacute;as de Diciembre, Isabel Cordero,
+hall&aacute;ndose en el comedor de su casa, cay&oacute; redonda al suelo como herida
+de un rayo. Acometida de violent&iacute;simo ataque cerebral, falleci&oacute; aquella
+misma noche, rodeada de su marido y de sus consternados y amantes hijos.
+No recobr&oacute; el conocimiento despu&eacute;s del ataque, no dijo esta boca es m&iacute;a,
+ni se quej&oacute;. Su muerte fue de esas que vulgarmente se comparan a la de
+<i>un pajarito</i>. Dec&iacute;an los vecinos y amigos que hab&iacute;a <i>reventado de
+gusto</i>. Aquella gran mujer, hero&iacute;na y m&aacute;rtir del deber, autora de diez y
+siete espa&ntilde;oles, se embriag&oacute; de felicidad s&oacute;lo con el olor de ella, y
+sucumbi&oacute; a su primera embriaguez. En su muerte la persegu&iacute;an las fechas
+c&eacute;lebres, como la hab&iacute;an perseguido en sus partos, cual si la historia
+la rondara deseando tener algo que ver con ella. Isabel Cordero y D.
+Juan Prim expiraron con pocas horas de diferencia.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="va" id="va"></a>-V-</h2>
+
+<h2>Viaje de novios</h2>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>La boda se verific&oacute; en Mayo del 71. Dijo D. Baldomero con muy buen
+juicio que pues era costumbre que se largaran los novios, acabadita de
+recibir la bendici&oacute;n, a correrla por esos mundos, no comprend&iacute;a fuese de
+rigor el paseo por Francia o por Italia, habiendo en Espa&ntilde;a tantos
+lugares dignos de ser vistos. &Eacute;l y Barbarita no hab&iacute;an ido ni siquiera a
+Chamber&iacute;, porque en su tiempo los novios se quedaban donde estaban, y el
+&uacute;nico espa&ntilde;ol que se permit&iacute;a viajar era el duque de Osuna, D. Pedro.
+&iexcl;Qu&eacute; diferencia de tiempos!... Y ahora, hasta Periquillo Redondo, el que
+tiene el bazar de corbatas al aire libre en la esquina de la casa de
+Correos hab&iacute;a hecho su viajecito a Par&iacute;s... Juanito se manifest&oacute;
+enteramente conforme con su pap&aacute;, y recibida la bendici&oacute;n nupcial,
+verificado el almuerzo en familia sin aparato alguno a causa del luto,
+sin ninguna cosa notable como no fuera un conato de brindis de Estupi&ntilde;&aacute;,
+cuya boca tap&oacute; Barbarita a la primera palabra; dadas las despedidas, con
+sus l&aacute;grimas y besuqueos correspondientes, marido y mujer se fueron a la
+estaci&oacute;n. La primera etapa de su viaje fue Burgos, a donde llegaron a
+las tres de la ma&ntilde;ana, felices y locuaces, ri&eacute;ndose de todo, del fr&iacute;o y
+de la oscuridad. En el alma de Jacinta, no obstante, las alegr&iacute;as no
+exclu&iacute;an un cierto miedo, que a veces era terror. El ruido del &oacute;mnibus
+sobre el desigual piso de las calles, la subida a la fonda por angosta
+escalera, el aposento y sus muebles de mal gusto, mezcla de desechos de
+ciudad y de lujos de aldea, aumentaron aquel fr&iacute;o invencible y aquella
+pavorosa expectaci&oacute;n que la hac&iacute;an estremecer. &iexcl;Y tant&iacute;simo como quer&iacute;a
+a su marido!... &iquest;C&oacute;mo compaginar dos deseos tan diferentes; que su
+marido se apartase de ella y que estuviese cerca? Porque la idea de que
+se pudiera ir, dej&aacute;ndola sola, era como la muerte, y la de que se
+acercaba y la cog&iacute;a en brazos con apasionado atrevimiento, tambi&eacute;n la
+pon&iacute;a temblorosa y asustada. Habr&iacute;a deseado que no se apartara de ella,
+pero que se estuviera quietecito.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, cuando fueron a la catedral, ya bastante tarde, sab&iacute;a
+Jacinta una porci&oacute;n de expresiones cari&ntilde;osas y de &iacute;ntima confianza de
+amor que hasta entonces no hab&iacute;a pronunciado nunca, como no fuera en la
+vaguedad discreta del pensamiento que recela descubrirse a s&iacute; mismo. No
+le causaba verg&uuml;enza el decirle al otro que le idolatraba, as&iacute;, as&iacute;,
+clarito... al pan pan y al vino vino... ni preguntarle a cada momento si
+era verdad que &eacute;l tambi&eacute;n estaba hecho un id&oacute;latra y que lo estar&iacute;a
+hasta el d&iacute;a del Juicio final. Y a la tal preguntita, que hab&iacute;a venido a
+ser tan frecuente como el pesta&ntilde;ear, el que estaba de turno contestaba
+<i>Ch&iacute;</i>, dando a esta s&iacute;laba un tonillo de pronunciaci&oacute;n infantil. El
+<i>Ch&iacute;</i> se lo hab&iacute;a ense&ntilde;ado Juanito aquella noche, lo mismo que el decir,
+tambi&eacute;n en estilo mimoso, <i>&iquest;me quieles?</i>, y otras tonter&iacute;as y
+chiquilladas empalagosas, dichas de la manera m&aacute;s grave del mundo. En la
+misma catedral, cuando les quitaba la vista de encima el sacrist&aacute;n que
+les ense&ntilde;aba alguna capilla o preciosidad reservada, los esposos
+aprovechaban aquel momento para darse besos a escape y a hurtadillas,
+frente a la santidad de los altares consagrados o detr&aacute;s de la estatua
+yacente de un sepulcro. Es que Juanito era un pill&iacute;n, y un goloso y un
+atrevido. A Jacinta le causaban miedo aquellas profanaciones; pero las
+consent&iacute;a y toleraba, poniendo su pensamiento en Dios y confiando en que
+Este, al verlas, volver&iacute;a la cabeza con aquella indulgencia propia del
+que es fuente de todo amor.</p>
+
+<p>Todo era para ellos motivo de felicidad. Contemplar una maravilla del
+arte les entusiasmaba y de puro entusiasmo se re&iacute;an, lo mismo que de
+cualquier contrariedad. Si la comida era mala, risas; si el coche que
+les llevaba a la Cartuja iba danzando en los baches del camino, risas;
+si el sacrist&aacute;n de las Huelgas les contaba mil papas, diciendo que la
+se&ntilde;ora abadesa se pon&iacute;a mitra y gobernaba a los curas, risas. Y a m&aacute;s de
+esto, todo cuanto Jacinta dec&iacute;a, aunque fuera la cosa m&aacute;s seria del
+mundo, le hac&iacute;a a Juanito una gracia extraordinaria. Por cualquier
+tonter&iacute;a que este dijese, su mujer soltaba la carcajada. Las crudezas de
+estilo popular y aflamencado que Santa Cruz dec&iacute;a alguna vez,
+divert&iacute;anla m&aacute;s que nada y las repet&iacute;a tratando de fijarlas en su
+memoria. Cuando no son muy groseras, estas f&oacute;rmulas de hablar hacen
+gracia, como caricaturas que son del lenguaje.</p>
+
+<p>El tiempo se pasa sin sentir para los que est&aacute;n en &eacute;xtasis y para los
+enamorados. Ni Jacinta ni su esposo apreciaban bien el curso de las
+fugaces horas. Ella, principalmente, ten&iacute;a que pensar un poco para
+averiguar si tal d&iacute;a era el tercero o el cuarto de tan feliz existencia.
+Pero aunque no sepa apreciar bien la sucesi&oacute;n de los d&iacute;as, el amor
+aspira a dominar en el tiempo como en todo, y cuando se siente
+victorioso en lo presente, anhela hacerse due&ntilde;o de lo pasado, indagando
+los sucesos para ver si le son favorables, ya que no puede destruirlos y
+hacerlos mentira. Fuerte en la conciencia de su triunfo presente,
+Jacinta empez&oacute; a sentir el desconsuelo de no someter tambi&eacute;n el pasado
+de su marido, haci&eacute;ndose due&ntilde;a de cuanto este hab&iacute;a sentido y pensado
+antes de casarse. Como de aquella acci&oacute;n pret&eacute;rita s&oacute;lo ten&iacute;a leves
+indicios, despert&aacute;ronse en ella curiosidades que la inquietaban. Con los
+mutuos cari&ntilde;os crec&iacute;a la confianza, que empieza por ser inocente y va
+adquiriendo poco a poco la libertad de indagar y el valor de las
+revelaciones. Santa Cruz no estaba en el caso de que le mortificara la
+curiosidad, porque Jacinta era la pureza misma. Ni siquiera hab&iacute;a tenido
+un novio de estos que no hacen m&aacute;s que mirar y poner la cara afligida.
+Ella s&iacute; que ten&iacute;a campo vast&iacute;simo en que ejercer su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico.
+Manos a la obra. No debe haber secretos entre los esposos. Esta es la
+primera ley que promulga la curiosidad antes de ponerse a oficiar de
+inquisidora.</p>
+
+<p>Porque Jacinta hiciese la primera pregunta llamando a su marido <i>Nene</i>
+(como &eacute;l le hab&iacute;a ense&ntilde;ado), no dej&oacute; este de sentirse un tanto molesto.
+Iban por las alamedas de chopos que hay en Burgos, rectas e inacabables,
+como senderos de pesadilla. La respuesta fue cari&ntilde;osa, pero evasiva. &iexcl;Si
+lo que la <i>nena</i> anhelaba saber era un devaneo, una tonter&iacute;a...!, cosas
+de muchachos. La educaci&oacute;n del hombre de nuestros d&iacute;as no puede ser
+completa si este no trata con toda clase de gente, si no echa un vistazo
+a todas las situaciones posibles de la vida, si no toma el tiento a las
+pasiones todas. Puro estudio y educaci&oacute;n pura... No se trataba de amor,
+porque lo que es amor, bien pod&iacute;a decirlo, &eacute;l no lo hab&iacute;a sentido nunca
+hasta que le hizo til&iacute;n la que ya era su mujer.</p>
+
+<p>Jacinta cre&iacute;a esto; pero la fe es una cosa y la curiosidad otra. No
+dudaba ni tanto as&iacute; del amor de su marido; pero quer&iacute;a saber, s&iacute; se&ntilde;or,
+quer&iacute;a enterarse de ciertas aventurillas. Entre esposos debe haber
+siempre la mayor confianza, &iquest;no es eso? En cuanto hay secretos, adi&oacute;s
+paz del matrimonio. Pues bueno; ella quer&iacute;a leer de cabo a rabo ciertas
+paginitas de la vida de su esposo antes de casarse. &iexcl;Como que estas
+historias ayudan bastante a la educaci&oacute;n matrimonial! Sabi&eacute;ndolas de
+memoria, las mujeres viven m&aacute;s avisadas, y a poquito que los maridos se
+deslicen... &iexcl;tras!, ya est&aacute;n cogidos.</p>
+
+<p>&laquo;Que me lo tienes que contar todito... Si no, no te dejo vivir&raquo;.</p>
+
+<p>Esto fue dicho en el tren, que corr&iacute;a y silbaba por las angosturas de
+Pancorvo. En el paisaje ve&iacute;a Juanito una imagen de su conciencia. La v&iacute;a
+que lo traspasaba, descubriendo las sombr&iacute;as revueltas, era la
+indagaci&oacute;n inteligente de Jacinta. El muy tuno se re&iacute;a, prometiendo, eso
+s&iacute;, contar luego; pero la verdad era que no contaba nada de sustancia.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;S&iacute;, porque me enga&ntilde;as t&uacute; a m&iacute;!... A buena parte vienes... S&eacute; m&aacute;s de lo
+que te crees. Yo me acuerdo bien de algunas cosas que vi y o&iacute;. Tu mam&aacute;
+estaba muy disgustada, porque te nos hab&iacute;as hecho muy chu... la... pito;
+eso es&raquo;.</p>
+
+<p>El marido continuaba encerrado en su prudencia; mas no por eso se
+enfadaba Jacinta. Bien le dec&iacute;a su sagacidad femenil que la obstinaci&oacute;n
+impertinente produce efectos contrarios a los que pretende. Otra habr&iacute;a
+puesto en aquel caso unos morritos muy serios; ella no, porque fundaba
+su &eacute;xito en la perseverancia combinada con el cari&ntilde;o capcioso y
+diplom&aacute;tico. Entrando en un t&uacute;nel de la Rioja, dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Apostamos a que sin decirme t&uacute; una palabra, lo averiguo todo?&raquo;.</p>
+
+<p>Y a la salida del t&uacute;nel, el enamorado esposo, despu&eacute;s de estrujarla con
+un abrazo algo teatral y de haber mezclado el restallido de sus besos al
+mugir de la m&aacute;quina humeante, gritaba:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; puedo yo ocultar a esta mona golosa?... Te como; mira que te como.
+&iexcl;Curiosona, fisgona, fe&uacute;cha! &iquest;T&uacute; quieres saber? Pues te lo voy a contar,
+para que me quieras m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;M&aacute;s? &iexcl;Qu&eacute; gracia! Eso s&iacute; que es dif&iacute;cil.</p>
+
+<p>&mdash;Esp&eacute;rate a que lleguemos a Zaragoza.</p>
+
+<p>&mdash;No, ahora. &mdash;&iquest;Ahora mismo?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ch&iacute;</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No... en Zaragoza. Mira que es historia larga y fastidiosa.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor... Cu&eacute;ntala y luego veremos.</p>
+
+<p>&mdash;Te vas a re&iacute;r de m&iacute;. Pues se&ntilde;or... all&aacute; por Diciembre del a&ntilde;o
+pasado... no, del otro... &iquest;Ves?, ya te est&aacute;s riendo.</p>
+
+<p>&mdash;Que no me r&iacute;o, que estoy m&aacute;s seria que el Papamoscas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bueno, all&aacute; voy... Como te iba diciendo, conoc&iacute; a una mujer...
+Cosas de muchachos. Pero d&eacute;jame que empiece por el principio. &Eacute;rase una
+vez... un caballero anciano muy parecido a una cotorra y llamado
+Estupi&ntilde;&aacute;, el cual cay&oacute; enfermo y... cosa natural, sus amigos fueron a
+verle... y uno de estos amigos, al subir la escalera de piedra, encontr&oacute;
+una muchacha que se estaba comiendo un huevo crudo... &iquest;Qu&eacute; tal?...</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>&mdash;Un huevo crudo... &iexcl;qu&eacute; asco!&mdash;exclam&oacute; Jacinta escupiendo una
+salivita&mdash;. &iquest;Qu&eacute; se puede esperar de quien se enamora de una mujer que
+come huevos crudos?...</p>
+
+<p>&mdash;Hablando aqu&iacute; con imparcialidad, te dir&eacute; que era guapa. &iquest;Te enfadas?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; me voy a enfadar, hombre! Sigue...</p>
+
+<p>Se com&iacute;a el huevo, y te ofrec&iacute;a y t&uacute; participaste...</p>
+
+<p>&mdash;No, aquel d&iacute;a no hubo nada. Volv&iacute; al siguiente y me la encontr&eacute; otra
+vez.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, que le ca&iacute;ste en gracia y te estaba esperando.</p>
+
+<p>No quer&iacute;a el Delf&iacute;n ser muy expl&iacute;cito, y contaba a grandes rasgos,
+suavizando asperezas y pasando como sobre ascuas por los pasajes de
+peligro. Pero Jacinta ten&iacute;a un arte instintivo para el manejo del
+gancho, y sacaba siempre algo de lo que quer&iacute;a saber. All&iacute; sali&oacute; a
+relucir parte de lo que Barbarita in&uacute;tilmente intent&oacute; averiguar...
+&iquest;Qui&eacute;n era la del huevo?... Pues una chica hu&eacute;rfana que viv&iacute;a con su
+t&iacute;a, la cual era huevera y pollera en la Cava de San Miguel. &iexcl;Ah!
+&iexcl;Segunda Izquierdo!... por otro nombre la <i>Melaera</i>, &iexcl;qu&eacute; basilisco!...
+&iexcl;qu&eacute; lengua!... &iexcl;qu&eacute; rapacidad!... Era viuda, y estaba liada, as&iacute; se
+dice, con un picador. &laquo;Pero basta de digresiones. La segunda vez que
+entr&eacute; en la casa, me la encontr&eacute; sentada en uno de aquellos pelda&ntilde;os de
+granito, llorando&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A la t&iacute;a? &mdash;No, mujer, a la sobrina. La t&iacute;a le acababa de echar los
+tiempos, y a&uacute;n se o&iacute;an abajo los resoplidos de la fiera... Consol&eacute; a la
+pobre chica con cuatro palabrillas y me sent&eacute; a su lado en el escal&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; poca verg&uuml;enza!</p>
+
+<p>&mdash;Empezamos a hablar. No sub&iacute;a ni bajaba nadie. La chica era
+confianzuda, inocentona, de estas que dicen todo lo que sienten, as&iacute; lo
+bueno como lo malo. Sigamos. Pues se&ntilde;or... al tercer d&iacute;a me la encontr&eacute;
+en la calle. Desde lejos not&eacute; que se sonre&iacute;a al verme. Hablamos cuatro
+palabras nada m&aacute;s; y volv&iacute; y me col&eacute; en la casa; y me hice amigo de la
+t&iacute;a y hablamos; y una tarde sali&oacute; el picador de entre un mont&oacute;n de
+banastas donde estaba durmiendo la siesta, todo lleno de plumas, y
+lleg&aacute;ndose a m&iacute; me ech&oacute; la zarpa, quiero decir, que me dio la manaza y
+yo se la tom&eacute;, y me convid&oacute; a unas copas, y acept&eacute; y bebimos. No
+tardamos Villalonga y yo en hacernos amigos de los amigos de aquella
+gente... No te r&iacute;as... Te aseguro que Villalonga me arrastraba a
+aquella vida, porque se encaprich&oacute; por otra chica del barrio, como yo
+por la sobrina de Segunda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;l era m&aacute;s guapa?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La m&iacute;a!&mdash;replic&oacute; prontamente el Delf&iacute;n, dejando entrever la fuerza de
+su amor propio&mdash;, la m&iacute;a... un animalito muy mono, una salvaje que no
+sab&iacute;a leer ni escribir. Fig&uacute;rate, &iexcl;qu&eacute; educaci&oacute;n! &iexcl;Pobre pueblo!, y
+luego hablamos de sus pasiones brutales, cuando nosotros tenemos la
+culpa... Estas cosas hay que verlas de cerca... S&iacute;, hija m&iacute;a, hay que
+poner la mano sobre el coraz&oacute;n del pueblo, que es sano... s&iacute;, pero a
+veces sus latidos no son latidos, sino patadas... &iexcl;Aquella infeliz
+chica...! Como te digo, un animal; pero buen coraz&oacute;n, buen coraz&oacute;n...
+&iexcl;pobre <i>nena</i>!</p>
+
+<p>Al o&iacute;r esta expresi&oacute;n de cari&ntilde;o, dicha por el Delf&iacute;n tan
+espont&aacute;neamente, Jacinta arrug&oacute; el ce&ntilde;o. Ella hab&iacute;a heredado la
+aplicaci&oacute;n de la palabreja, que ya le disgustaba por ser como desecho de
+una pasi&oacute;n anterior, un vestido o alhaja ensuciados por el uso; y
+expres&oacute; su disgusto d&aacute;ndole al p&iacute;caro de Juanito una bofetada, que para
+ser de mujer y en broma reson&oacute; bastante.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Ves?, ya est&aacute;s enfadada. Y sin motivo. Te cuento las cosas como
+pasaron... Basta ya, basta de cuentos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, no. No me enfado. Sigue, o te pego otra.</p>
+
+<p>&mdash;No me da la gana... Si lo que yo quiero es borrar un pasado que
+considero infamante; si no quiero tener ni memoria de &eacute;l... Es un
+episodio que tiene sus lados rid&iacute;culos y sus lados vergonzosos. Los
+pocos a&ntilde;os disculpan ciertas demencias, cuando de ellas se saca el honor
+puro y el coraz&oacute;n sano. &iquest;Para qu&eacute; me obligas a repetir lo que quiero
+olvidar, si s&oacute;lo con recordarlo par&eacute;ceme que no merezco este bien que
+hoy poseo, t&uacute;, ni&ntilde;a m&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s perdonado&mdash;dijo la esposa, arregl&aacute;ndose el cabello que Santa
+Cruz le hab&iacute;a descompuesto al acentuar de un modo material aquellas
+expresiones tan sabias como apasionadas&mdash;. No soy impertinente, no exijo
+imposibles. Bien conozco que los hombres la han de correr antes de
+casarse. Te prevengo que ser&eacute; muy celosa si me das motivo para serlo;
+pero celos retrospectivos no tendr&eacute; nunca.</p>
+
+<p>Esto ser&iacute;a todo lo razonable y discreto que se quiera suponer; pero la
+curiosidad no disminu&iacute;a, antes bien aumentaba. Revivi&oacute; con fuerza en
+Zaragoza, despu&eacute;s que los esposos oyeron misa en el Pilar y visitaron la
+Seo.</p>
+
+<p>&laquo;Si me quisieras contar algo m&aacute;s de aquello...&raquo; indic&oacute; Jacinta, cuando
+vagaban por las solitarias y rom&aacute;nticas calles que se extienden detr&aacute;s
+de la catedral.</p>
+
+<p>Santa Cruz puso mala cara. &laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; tont&iacute;n! Si lo quiero saber para
+re&iacute;rme, nada m&aacute;s que para re&iacute;rme. &iquest;Qu&eacute; cre&iacute;as t&uacute;, que me iba a
+enfadar?... &iexcl;Ay, qu&eacute; bobito!... No, es que me hacen gracia tus
+calaveradas. Tienen un <i>chic</i>. Anoche pens&eacute; en ellas, y aun so&ntilde;&eacute; un
+poquitito con la del huevo crudo y la t&iacute;a y el mamarracho del t&iacute;o. No,
+si no me enojaba; me re&iacute;a, cr&eacute;elo, me divert&iacute;a vi&eacute;ndote entre esa
+aristocracia, hecho un caballero, una persona decente, vamos, con el
+pelito sobre la oreja. Ahora te voy a anticipar la continuaci&oacute;n de la
+historia. Pues se&ntilde;or... le hiciste el amor por lo fino, y ella lo
+admiti&oacute; por lo basto. La sacaste de la casa de su t&iacute;a y os fuisteis los
+dos a otro nido, en la Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima&raquo;.</p>
+
+<p>Juanito mir&oacute; fijamente a su mujer, y despu&eacute;s se ech&oacute; a re&iacute;r. Aquello no
+era adivinaci&oacute;n de Jacinta. Algo hab&iacute;a o&iacute;do sin duda, por lo menos el
+nombre de la calle. Pensando que conven&iacute;a seguir el tono festivo, dijo
+as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;T&uacute; sab&iacute;as el nombre de la calle; no vengas ech&aacute;ndotelas de zahor&iacute;... Es
+que Estupi&ntilde;&aacute; me espiaba y le llevaba cuentos a mam&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Sigue con tu conquista. Pues se&ntilde;or...</p>
+
+<p>&mdash;Cuesti&oacute;n de pocos d&iacute;as. En el pueblo, hija m&iacute;a, los procedimientos son
+breves. Ya ves c&oacute;mo se matan. Pues lo mismo es el amor. Un d&iacute;a le dije:
+&laquo;Si quieres probarme que me quieres, huye de tu casa conmigo&raquo;. Yo pens&eacute;
+que me iba a decir que no.</p>
+
+<p>&mdash;Pensaste mal... sobre todo si en su casa hab&iacute;a... le&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;La respuesta fue coger el mant&oacute;n, y decirme <i>vamos</i>. No pod&iacute;a salir
+por la Cava. Salimos por la zapater&iacute;a que se llama <i>Al ramo de
+azucenas</i>. Lo que te digo; el pueblo es as&iacute;, sumamente ejecutivo y
+enemigo de tr&aacute;mites.</p>
+
+<p>Jacinta miraba al suelo m&aacute;s que a su marido.</p>
+
+<p>&mdash;Y a rengl&oacute;n seguido la consabida palabrita de casamiento&mdash;dijo
+mir&aacute;ndole de lleno y observ&aacute;ndole indeciso en la respuesta.</p>
+
+<p>Aunque Jacinta no conoc&iacute;a personalmente a ninguna v&iacute;ctima de las
+palabras de casamiento, ten&iacute;a una clara idea de estos pactos diab&oacute;licos
+por lo que de ellos hab&iacute;a visto en los dramas, en las piezas cortas y
+aun en las &oacute;peras, presentados como recurso teatral, unas veces para
+hacer llorar al p&uacute;blico y otras para hacerle re&iacute;r. Volvi&oacute; a mirar a su
+marido, y notando en &eacute;l una como sonrisilla de hombre de mundo, le dio
+un pellizco acompa&ntilde;ado de estos conceptos, un tanto airados:</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, la palabra de casamiento con reserva mental de no cumplirla, una
+burla, una estafa, una villan&iacute;a. &iexcl;Qu&eacute; hombres!... Luego dicen... &iquest;Y esa
+tonta no te sac&oacute; los ojos cuando se vio chasqueada?... Si hubiera sido
+yo...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Si hubieras sido t&uacute;, tampoco me habr&iacute;as sacado los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Que s&iacute;... pillo... granujita. Vaya, no quiero saber m&aacute;s, no me cuentes
+m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; preguntas t&uacute;? Si te digo que no la quer&iacute;a, te enfadas
+conmigo y tomas partido por ella... &iquest;Y si te dijera que la quer&iacute;a, que
+al poco tiempo de sacarla de su casa, se me ocurr&iacute;a la simpleza de
+cumplir la palabra de casamiento que le di?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, tuno!&mdash;exclam&oacute; Jacinta con ira c&oacute;mica, aunque no enteramente
+c&oacute;mica&mdash;. Agradece que estamos en la calle, que si no, ahora mismo te
+daba un par de repelones y de cada manotada me tra&iacute;a un mech&oacute;n de
+pelo... Con que casarte... &iexcl;y me lo dices a m&iacute;!... &iexcl;a m&iacute;!</p>
+
+<p>La carcajada lanzada por Santa Cruz retumb&oacute; en la cavidad de la
+plazoleta silenciosa y desierta con ecos tan extra&ntilde;os, que los dos
+esposos se admiraron de o&iacute;rla. Formaban la rinconada aquella vetustos
+caserones de ladrillo modelado a estilo mud&eacute;jar, en las puertas
+gigantones o salvajes de piedra con la maza al hombro, en las cornisas
+aleros de tallada madera, todo de un color de polvo uniforme y
+trist&iacute;simo. No se ve&iacute;an ni se&ntilde;ales de alma viviente por ninguna parte.
+Tras las rejas enmohecidas no aparec&iacute;a ning&uacute;n resquicio de maderas
+entornadas por el cual se pudiera filtrar una mirada humana.</p>
+
+<p>&laquo;Esto es tan solitario, hija m&iacute;a&mdash;dijo el marido, quit&aacute;ndose el
+sombrero y riendo&mdash;, que puedes armarme el gran esc&aacute;ndalo sin que se
+entere nadie&raquo;.</p>
+
+<p>Juanito corr&iacute;a. Jacinta fue tras &eacute;l con la sombrilla levantada. &laquo;Que no
+me coges&raquo;. &mdash;&laquo;A que s&iacute;&raquo;.&mdash;&laquo;Que te mato...&raquo;. Y corrieron ambos por el
+desigual pavimento lleno de yerba, &eacute;l riendo a carcajadas, ella
+coloradita y con los ojos h&uacute;medos. Por fin, &iexcl;pum!, le dio un
+sombrillazo, y cuando Juanito se rascaba, ambos se detuvieron jadeantes,
+sofocados por la risa.</p>
+
+<p>&laquo;Por aqu&iacute;&raquo; dijo Santa Cruz se&ntilde;alando un arco que era la &uacute;nica salida.</p>
+
+<p>Y cuando pasaban por aquel t&uacute;nel, al extremo del cual se ve&iacute;a otra
+plazoleta tan solitaria y misteriosa como la anterior, los amantes, sin
+decirse una palabra, se abrazaron y estuvieron estrechamente unidos,
+besuque&aacute;ndose por espacio de un buen minuto y dici&eacute;ndose al o&iacute;do las
+palabras m&aacute;s tiernas.</p>
+
+<p>&laquo;Ya ves, esto es sabros&iacute;simo. Qui&eacute;n dir&iacute;a que en medio de la calle pod&iacute;a
+uno...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Si alguien nos viera... &mdash;murmur&oacute; Jacinta ruborizada, porque en
+verdad, aquel rinc&oacute;n de Zaragoza pod&iacute;a ser todo lo solitario que se
+quisiese, pero no era una alcoba.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor... si nos ven, mejor... Que se aguanten el gorro.</p>
+
+<p>Y vuelta a los abracitos y a los vocablos de miel.</p>
+
+<p>&mdash;Por aqu&iacute; no pasa un alma... &mdash;dijo &eacute;l&mdash;. Es m&aacute;s, creo que por aqu&iacute; no
+ha pasado nunca nadie. Lo menos hay dos siglos que no ha corrido por
+estas paredes una mirada humana...</p>
+
+<p>&mdash;Calla, me parece que siento pasos.</p>
+
+<p>&mdash;Pasos... &iquest;a ver?... &mdash;S&iacute;, pasos. En efecto, alguien ven&iacute;a. Oyose, sin
+poder determinar por d&oacute;nde, un arrastrar de pies sobre los guijarros del
+suelo. Por entre dos casas apareci&oacute; de pronto una figura negra. Era un
+sacerdote viejo. Cogi&eacute;ronse del brazo los consortes y avanzaron
+afectando la mayor compostura. El cl&eacute;rigo, al pasar junto a ellos, les
+mir&oacute; mucho.</p>
+
+<p>&laquo;Par&eacute;ceme&mdash;indic&oacute; la esposa, agarr&aacute;ndose m&aacute;s al brazo de su marido y
+peg&aacute;ndose mucho a &eacute;l&mdash;, que nos lo ha conocido en la cara&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; nos ha conocido?</p>
+
+<p>&mdash;Que est&aacute;bamos... tonteando.</p>
+
+<p>&mdash;Psch... &iquest;y a m&iacute;, qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Mira&mdash;dijo ella cuando llegaron a un sitio menos desierto&mdash;, no me
+cuentes m&aacute;s historias. No quiero saber m&aacute;s. Punto final.</p>
+
+<p>Rompi&oacute; a re&iacute;r, a re&iacute;r, y el Delf&iacute;n tuvo que preguntarle muchas veces la
+causa de su hilaridad para obtener esta respuesta:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabes de qu&eacute; me r&iacute;o? De pensar en la cara que habr&iacute;a puesto tu mam&aacute; si
+le entras por la puerta una nuera de mant&oacute;n, sortijillas y pa&ntilde;uelo a la
+cabeza, una nuera que dice <i>diqui&aacute; luego</i> y no sabe leer&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;Quedamos en que no hay m&aacute;s cuentos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No m&aacute;s... Bastante me he re&iacute;do ya de tu tonter&iacute;a. Francamente, yo cre&iacute;
+que eras m&aacute;s avisado... Adem&aacute;s, todo lo que me puedas contar me lo
+figuro. Que te aburriste pronto. Es natural... El hombre bien criado y
+la mujer ordinaria no emparejan bien. Pasa la ilusi&oacute;n, y despu&eacute;s &iquest;qu&eacute;
+resulta? Que ella huele a cebolla y dice palabras feas... A &eacute;l... como
+si lo viera... se le revuelve el est&oacute;mago, y empiezan las cuestiones. El
+pueblo es sucio, la mujer de clase baja, por m&aacute;s que se lave el palmito,
+siempre es pueblo. No hay m&aacute;s que ver las casas por dentro. Pues lo
+mismo est&aacute;n los benditos cuerpos.</p>
+
+<p>Aquella misma tarde, despu&eacute;s de mirar la puerta del Carmen y los
+elocuentes muros de Santa Engracia, que vieron lo que nadie volver&aacute; a
+ver, paseaban por las arboledas de Torrero. Jacinta, pesando mucho sobre
+el brazo de su marido, porque en verdad estaba cansadita, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Una sola cosa quiero saber, una sola. Despu&eacute;s punto en boca. &iquest;Qu&eacute; casa
+era esa de la Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima...?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija, &iquest;qu&eacute; te importa?... Bueno, te lo dir&eacute;. No tiene nada de
+particular. Pues se&ntilde;or... viv&iacute;a en aquella casa un t&iacute;o de la tal,
+hermano de la huevera, buen tipo, el mayor perdido y el animal m&aacute;s
+grande que en mi vida he visto; un hombre que lo ha sido todo,
+presidiario y revolucionario de barricadas, torero de invierno y
+tratante en ganado. &iexcl;Ah! &iexcl;Jos&eacute; Izquierdo!... te reir&iacute;as si le vieras y
+le oyeras hablar. Este tal le sorbi&oacute; los sesos a una pobre mujer, viuda
+de un platero y se cas&oacute; con ella. Cada uno por su estilo, aquella pareja
+val&iacute;a un imperio. Todo el santo d&iacute;a estaban ri&ntilde;endo, de pico se
+entiende... &iexcl;Y qu&eacute; tienda, hija, qu&eacute; desorden, qu&eacute; escenas! Primero se
+emborrachaba &eacute;l solo, despu&eacute;s los dos a turno. Preg&uacute;ntale a Villalonga;
+&eacute;l es quien cuenta esto a maravilla y remeda los jaleos que all&iacute; se
+armaban. Par&eacute;ceme mentira que yo me divirtiera con tales esc&aacute;ndalos. &iexcl;Lo
+que es el hombre! Pero yo estaba ciego; ten&iacute;a entonces la man&iacute;a de lo
+popular.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y su t&iacute;a, cuando la vio deshonrada, se pondr&iacute;a hecha una furia,
+verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Al principio s&iacute;... te dir&eacute;...&mdash;replic&oacute; el Delf&iacute;n buscando las
+callejuelas de una explicaci&oacute;n algo enojosa&mdash;. Pero m&aacute;s que por la
+deshonra se enfurec&iacute;a por la fuga. Ella quer&iacute;a tener en su casa a la
+pobre muchacha, que era su machacante. Esta gente del pueblo es atroz.
+&iexcl;Qu&eacute; moral tan extra&ntilde;a la suya!, mejor dicho, no tiene ni pizca de
+moral. Segunda empez&oacute; por presentarse todos los d&iacute;as en la tienda de la
+Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima, y armar un esc&aacute;ndalo a su hermano y a su cu&ntilde;ada.
+&laquo;Que si t&uacute; eres esto, si eres lo otro...&raquo;. Parece mentira; Villalonga y
+yo, que o&iacute;amos estos <i>jollines</i> desde el entresuelo, no hac&iacute;amos m&aacute;s que
+re&iacute;rnos. &iexcl;A qu&eacute; degradaci&oacute;n llega uno cuando se deja caer as&iacute;! Estaba yo
+tan tonto, que me parec&iacute;a que siempre hab&iacute;a de vivir entre semejante
+chusma. Pues no te quiero decir, hija de mi alma... un d&iacute;a que se meti&oacute;
+all&iacute; el picador, el querindango de Segunda. Este caballero y mi amigo
+Izquierdo se ten&iacute;an muy mala voluntad... &iexcl;Lo que all&iacute; se dijeron!... Era
+cosa de alquilar balcones.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; c&oacute;mo te divert&iacute;a tanto salvajismo.</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo lo s&eacute; tampoco. Creo que me volv&iacute; otro de lo que era y de lo que
+volv&iacute; a ser. Fue como un par&eacute;ntesis en mi vida. Y nada, hija de mi alma,
+fue el maldito capricho por aquella hembra popular, no s&eacute; qu&eacute; de
+entusiasmo art&iacute;stico, una demencia ocasional que no puedo explicar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes lo que estoy deseando ahora?&mdash;dijo bruscamente Jacinta.</p>
+
+<p>&mdash;Que te calles, hombre, que te calles. Me repugna eso. Raz&oacute;n tienes; t&uacute;
+no eras entonces t&uacute;. Trato de figurarme c&oacute;mo eras y no lo puedo
+conseguir. Quererte yo y ser t&uacute; como a ti mismo te pintas son dos cosas
+que no puedo juntar.</p>
+
+<p>&mdash;Dices bien, qui&eacute;reme mucho, y lo pasado pasado. Pero agu&aacute;rdate un
+poco: para dejar redondo el cuento, necesito a&ntilde;adir una cosa que te
+sorprender&aacute;. A las dos semanas de aquellos dimes y diretes, de tanta
+bronca y de tanto esc&aacute;ndalo entre los hermanos Izquierdo, y entre
+Izquierdo y el picador, y t&iacute;a y sobrina, se reconciliaron todos, y se
+acabaron las ri&ntilde;as y no hubo m&aacute;s que finezas y apretones de manos.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que es particular. &iexcl;Qu&eacute; gente!</p>
+
+<p>&mdash;El pueblo no conoce la dignidad. S&oacute;lo le mueven sus pasiones o el
+inter&eacute;s. Como Villalonga y yo ten&iacute;amos dinero largo para <i>juergas</i> y
+ca&ntilde;as, unos y otros tomaron el gusto a nuestros bolsillos, y pronto
+lleg&oacute; un d&iacute;a en que all&iacute; no se hac&iacute;a m&aacute;s que beber, palmotear, tocar la
+guitarra, <i>venga de ah&iacute;</i>, comer magras. Era una org&iacute;a continua. En la
+tienda no se vend&iacute;a; en ninguna de las dos casas se trabajaba. El d&iacute;a
+que no hab&iacute;a comida de campo hab&iacute;a cena en la casa hasta la madrugada.
+La vecindad estaba escandalizada. La polic&iacute;a rondaba. Villalonga y yo
+como dos insensatos...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; par de apuntes!... Pero hijo, est&aacute; lloviendo... a m&iacute; me ha
+ca&iacute;do una gota en la punta de la nariz... &iquest;Ves?... Aprisita, que nos
+mojamos.</p>
+
+<p>El tiempo se les puso muy malo, y en todo el trayecto hasta Barcelona no
+ces&oacute; de llover. Arrimados marido y mujer a la ventanilla, miraban la
+lluvia, aquella cortina de menudas l&iacute;neas oblicuas que descend&iacute;an del
+Cielo sin acabar de descender. Cuando el tren paraba, se sent&iacute;a el
+gotear del agua que los techos de los coches arrojaban sobre los
+estribos. Hac&iacute;a fr&iacute;o, y aunque no lo hiciera, los viajeros lo tendr&iacute;an
+s&oacute;lo de ver las estaciones encharcadas, los empleados calados y los
+campesinos que ven&iacute;an a tomar el tren con un saco por la cabeza. Las
+locomotoras chorreaban agua y fuego juntamente, y en los hules de las
+plataformas del tren de mercanc&iacute;as se formaban bolsas llenas de agua,
+peque&ntilde;os lagos donde habr&iacute;an podido beber los p&aacute;jaros, si los p&aacute;jaros
+tuvieran sed aquel d&iacute;a.</p>
+
+<p>Jacinta estaba contenta, y su marido tambi&eacute;n, a pesar de la melancol&iacute;a
+llorona del paisaje; pero como hab&iacute;a otros viajeros en el vag&oacute;n, los
+reci&eacute;n casados no pod&iacute;an entretener el tiempo con sus besuqueos y
+tonter&iacute;as de amor. Al llegar, los dos se re&iacute;an de la formalidad con que
+hab&iacute;an hecho aquel viaje, pues la presencia de personas extra&ntilde;as no les
+dej&oacute; ponerse babosos. En Barcelona estuvo Jacinta muy distra&iacute;da con la
+animaci&oacute;n y el fecundo bullicio de aquella gran colmena de hombres.
+Pasaron ratos muy dichosos visitando las soberbias f&aacute;bricas de Batll&oacute; y
+de Sert, y admirando sin cesar, de taller en taller, las maravillosas
+armas que ha discurrido el hombre para someter a la Naturaleza. Durante
+tres d&iacute;as, la historia aquella del huevo crudo, la mujer seducida y la
+familia de insensatos que se amansaban con org&iacute;as, qued&oacute; completamente
+olvidada o perdida en un laberinto de m&aacute;quinas ruidosas y ahumadas, o en
+el triquitraque de los telares. Los de Jacquard con sus incomprensibles
+juegos de cartones agujereados ten&iacute;an ocupada y suspensa la imaginaci&oacute;n
+de Jacinta, que ve&iacute;a aquel prodigio y no lo quer&iacute;a creer. &iexcl;Cosa
+estupenda! &laquo;Est&aacute; una viendo las cosas todos los d&iacute;as, y no piensa en
+c&oacute;mo se hacen, ni se le ocurre averiguarlo. Somos tan torpes, que al ver
+una oveja no pensamos que en ella est&aacute;n nuestros gabanes. &iquest;Y qui&eacute;n ha de
+decir que las chambras y enaguas han salido de un &aacute;rbol? &iexcl;Toma, el
+algod&oacute;n! &iquest;Pues y los tintes? El carm&iacute;n ha sido un bichito, y el negro
+una naranja agria, y los verdes y azules carb&oacute;n de piedra. Pero lo m&aacute;s
+raro de todo es que cuando vemos un burro, lo que menos pensamos es que
+de &eacute;l salen los tambores. &iquest;Pues, y eso de que las cerillas se saquen de
+los huesos, y que el sonido del viol&iacute;n lo produzca la cola del caballo
+pasando por las tripas de la cabra?&raquo;.</p>
+
+<p>Y no paraba aqu&iacute; la observadora. En aquella excursi&oacute;n por el campo
+instructivo de la industria, su generoso coraz&oacute;n se desbordaba en
+sentimientos filantr&oacute;picos, y su claro juicio sab&iacute;a mirar cara a cara
+los problemas sociales. &laquo;No puedes figurarte&mdash;dec&iacute;a a su marido, al
+salir de un taller&mdash;, cu&aacute;nta l&aacute;stima me dan esas infelices muchachas
+que est&aacute;n aqu&iacute; ganando un triste jornal, con el cual no sacan ni para
+vestirse. No tienen educaci&oacute;n, son como m&aacute;quinas, y se vuelven tan
+tontas... m&aacute;s que tonter&iacute;a debe de ser aburrimiento... se vuelven tan
+tontas digo, que en cuanto se les presenta un pillo cualquiera se dejan
+seducir... Y no es maldad; es que llega un momento en que dicen: 'Vale
+m&aacute;s ser mujer mala que m&aacute;quina buena'&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Filos&oacute;fica est&aacute; mi mujercita.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya... di que no me he lucido... En fin, no se habla m&aacute;s de eso. Di
+si me quieres, s&iacute; o no... pero pronto, pronto.</p>
+
+<p>Al otro d&iacute;a, en las alturas de Tibidabo, viendo a sus pies la inmensa
+ciudad tendida en el llano, despidiendo por mil chimeneas el negro
+resuello que declara su fogosa actividad, Jacinta se dej&oacute; caer del lado
+de su marido y le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Me vas a satisfacer una curiosidad... la &uacute;ltima&raquo;.</p>
+
+<p>Y en el momento que tal habl&oacute; arrepintiose de ello, porque lo que
+deseaba saber, si picaba mucho en curiosidad, tambi&eacute;n le picaba algo el
+pudor. &iexcl;Si encontrara una manera delicada de hacer la pregunta...!
+Revolvi&oacute; en su mente todo lo que sab&iacute;a y no hallaba ninguna f&oacute;rmula que
+sentase bien en su boca. Y la cosa era bastante natural. O lo hab&iacute;a
+pensado o lo hab&iacute;a so&ntilde;ado la noche anterior; de eso no estaba segura;
+mas era una consecuencia que a cualquiera se le ocurre sacar. El orden
+de sus juicios era el siguiente: &iquest;Cu&aacute;nto tiempo dur&oacute; el enredo de mi
+marido con esa mujer?, no lo s&eacute;. Pero durase m&aacute;s o durase menos, bien
+podr&iacute;a suceder que... hubiera nacido alg&uacute;n chiquillo&raquo;. Esta era la
+palabra dif&iacute;cil de pronunciar, <i>&iexcl;chiquillo!</i>, Jacinta no se atrev&iacute;a, y
+aunque intent&oacute; sustituirla con <i>familia, sucesi&oacute;n</i>, tampoco sal&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No, no era nada. &mdash;T&uacute; has dicho que me ibas a preguntar no s&eacute; qu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Era una tonter&iacute;a; no hagas caso.</p>
+
+<p>&mdash;No hay nada que m&aacute;s me cargue que esto... decirle a uno que le van a
+preguntar una cosa y despu&eacute;s no pregunt&aacute;rsela. Se queda uno confuso y
+haciendo mil c&aacute;lculos. Eso, eso, gu&aacute;rdalo bien... No le caer&aacute;n moscas.
+Mira, hija de mi alma, cuando no se ha de tirar no se apunta.</p>
+
+<p>&mdash;Ya tirar&eacute;... tiempo hay, hijito.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;melo ahora... &iquest;Qu&eacute; ser&aacute;, qu&eacute; no ser&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Nada... no era nada. &Eacute;l la miraba y se pon&iacute;a serio. Parec&iacute;a que le
+adivinaba el pensamiento, y ella ten&iacute;a tal expresi&oacute;n en sus ojos y en su
+sonrisilla picaresca, que casi casi se pod&iacute;a leer en su cara la palabra
+que andaba por dentro. Se miraban, se re&iacute;an, y nada m&aacute;s. Para s&iacute; dijo la
+esposa: &laquo;a su tiempo maduran las uvas. Vendr&aacute;n d&iacute;as de mayor confianza,
+y hablaremos... y sabr&eacute; si hay o no alg&uacute;n <i>hueverito</i> por ah&iacute;&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Jacinta no ten&iacute;a ninguna especie de erudici&oacute;n. Hab&iacute;a le&iacute;do muy pocos
+libros. Era completamente ignorante en cuestiones de geograf&iacute;a
+art&iacute;stica; y sin embargo, apreciaba la poes&iacute;a de aquella regi&oacute;n costera
+mediterr&aacute;nea que se desarroll&oacute; ante sus ojos al ir de Barcelona a
+Valencia. Los pueblecitos marinos desfilaban a la izquierda de la v&iacute;a,
+colocados entre el mar azul y una vegetaci&oacute;n espl&eacute;ndida. A trozos, el
+paisaje azuleaba con la plateada hoja de los olivos; m&aacute;s all&aacute; las vi&ntilde;as
+lo alegraban con la verde gala del p&aacute;mpano. La vela triangular de las
+embarcaciones, las casitas bajas y blancas, la ausencia de tejados
+puntiagudos y el predominio de la l&iacute;nea horizontal en las
+construcciones, tra&iacute;an al pensamiento de Santa Cruz ideas de arte y
+naturaleza hel&eacute;nica. Siguiendo las rutinas a que se dan los que han
+le&iacute;do algunos libros, habl&oacute; tambi&eacute;n de Constantino, de Grecia, de las
+barras de Arag&oacute;n y de los pececillos que las ten&iacute;an pintadas en el lomo.
+Era de caj&oacute;n sacar a relucir las colonias fenicias, cosa de que Jacinta
+no entend&iacute;a palotada, ni le hac&iacute;a falta. Despu&eacute;s vinieron Pr&oacute;cida y las
+V&iacute;speras Sicilianas, D. Jaime de Arag&oacute;n, Roger de Flor y el Imperio de
+Oriente, el duque de Osuna y N&aacute;poles, Venecia y el marqu&eacute;s de Bedmar,
+Massanielo, los Borgias, Lepanto, D. Juan de Austria, las galeras y los
+piratas, Cervantes y los padres de la Merced.</p>
+
+<p>Entretenida Jacinta con los comentarios que el otro iba poniendo a la
+r&aacute;pida visi&oacute;n de la costa mediterr&aacute;nea, condensaba su ciencia en estas o
+parecidas expresiones: &laquo;&iquest;Y la gente que vive aqu&iacute;, ser&aacute; feliz o ser&aacute; tan
+desgraciada como los aldeanos de tierra adentro, que nunca han tenido
+que ver con el Gran Turco ni con la capitana de D. Juan de Austria?
+Porque los de aqu&iacute; no apreciar&aacute;n que viven en un para&iacute;so, y el pobre,
+tan pobre es en Grecia como en Getafe&raquo;.</p>
+
+<p>Agradabil&iacute;simo d&iacute;a pasaron, viendo el risue&ntilde;o pa&iacute;s que a sus ojos se
+desenvolv&iacute;a, el caudaloso Ebro, las marismas de su delta, y por fin, la
+maravilla de la regi&oacute;n valenciana, la cual se anunci&oacute; con grupos de
+algarrobos, que de todas partes parec&iacute;an acudir bailando al encuentro
+del tren. A Jacinta le daban marcos cuando los miraba con fijeza. Ya se
+acercaban hasta tocar con su copudo follaje la ventanilla; ya se
+alejaban hacia lo alto de una colina; ya se escond&iacute;an tras un otero,
+para reaparecer haciendo pasos y figuras de minueto o jugando al
+escondite con los palos del tel&eacute;grafo.</p>
+
+<p>El tiempo, que no les hab&iacute;a sido muy favorable en Zaragoza y Barcelona,
+mejor&oacute; aquel d&iacute;a. Espl&eacute;ndido sol doraba los campos. Toda la luz del
+cielo parec&iacute;a que se colaba dentro del coraz&oacute;n de los esposos. Jacinta
+se re&iacute;a de la danza de los algarrobos, y de ver los p&aacute;jaros posados en
+fila en los alambres telegr&aacute;ficos. &laquo;M&iacute;ralos, m&iacute;ralos all&iacute;. &iexcl;Valientes
+p&iacute;caros! Se burlan del tren y de nosotros&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;F&iacute;jate ahora en los alambres. Son iguales al pentagrama de un papel de
+m&uacute;sica. Mira c&oacute;mo sube, mira c&oacute;mo baja. Las cinco rayas parece que est&aacute;n
+grabadas con tinta negra sobre el cielo azul, y que el cielo es lo que
+se mueve como un tel&oacute;n de teatro no acabado de colgar.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo digo&mdash;expres&oacute; Jacinta riendo&mdash;Mucha poes&iacute;a, mucha cosa
+bonita y nueva; pero poco que comer. Te lo confieso, marido de mi alma;
+tengo un hambre de mil demonios. La madrugada y este fresco del campo,
+me han abierto el apetito de par en par.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no quer&iacute;a hablar de esto para no desanimarte. Pronto llegaremos a
+una estaci&oacute;n de fonda. Si no, compraremos aunque sea unas rosquillas o
+pan seco... El viajar tiene estas peripecias. &Aacute;nimo chica, y dame un
+beso, que las hambres con amor son menos.</p>
+
+<p>&mdash;All&aacute; van tres, y en la primera estaci&oacute;n, mira bien, hijo, a ver si
+descubrimos algo. &iquest;Sabes lo que yo me comer&iacute;a ahora?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un bistec? &mdash;No. &mdash;&iquest;Pues qu&eacute;? &mdash;Uno y medio. &mdash;Ya te contentar&aacute;s con
+naranja y media.</p>
+
+<p>Pasaban estaciones, y la fonda no parec&iacute;a. Por fin, en no s&eacute; cu&aacute;l
+apareci&oacute; una mujer, que ten&iacute;a delante una mesilla con licores,
+rosquillas, pasteles adornados con hormigas y unos... &iquest;qu&eacute; era aquello?
+&laquo;&iexcl;P&aacute;jaros fritos!&mdash;grit&oacute; Jacinta a punto que Juan bajaba del vag&oacute;n&mdash;.
+Tr&aacute;ete una docena... No... oye, dos docenas&raquo;.</p>
+
+<p>Y otra vez el tren en marcha. Ambos se colocaron rodillas con rodillas,
+poniendo en medio el papel grasiento que conten&iacute;a aquel <i>mont&oacute;n de
+cad&aacute;veres</i> fritos, y empezaron a comer con la prisa que su mucha hambre
+les daba.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ay, qu&eacute; ricos est&aacute;n! Mira qu&eacute; pechuga... Este para ti, que est&aacute; muy
+gordito&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, para ti, para ti. La mano de ella era tenedor para la boca de &eacute;l,
+y viceversa. Jacinta dec&iacute;a que en su vida hab&iacute;a hecho una comida que m&aacute;s
+le supiese.</p>
+
+<p>&laquo;Este s&iacute; que est&aacute; de buen a&ntilde;o... &iexcl;pobre &aacute;ngel! El infeliz estar&iacute;a ayer
+con sus compa&ntilde;eros posado en el alambre tan contento, tan guapote,
+viendo pasar el tren y diciendo &laquo;all&aacute; van esos brutos&raquo;... hasta que vino
+el m&aacute;s bruto de todos, un cazador y... &iexcl;prum!... Todo para que nosotros
+nos regal&aacute;ramos hoy. Y a fe que est&aacute;n sabrosos. Me ha gustado este
+almuerzo.</p>
+
+<p>&mdash;Y a m&iacute;. Ahora veamos estos pasteles. El &aacute;cido f&oacute;rmico es bueno para la
+digesti&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El &aacute;cido qu&eacute;...?</p>
+
+<p>&mdash;Las hormigas, chica. No repares, y adentro. M&eacute;teles el diente. Est&aacute;n
+riqu&iacute;simos.</p>
+
+<p>Restauradas las fuerzas, la alegr&iacute;a se desbordaba de aquellas almas. &laquo;Ya
+no me marean los algarrobos&mdash;dec&iacute;a Jacinta&mdash;; bailad, bailad. &iexcl;Mira qu&eacute;
+casas, qu&eacute; emparrados! Y aquello, &iquest;qu&eacute; es?, naranjos. &iexcl;C&oacute;mo huelen!&raquo;.</p>
+
+<p>Iban solos. &iexcl;Qu&eacute; dicha, siempre solitos! Juan se sent&oacute; junto a la
+ventana y Jacinta sobre sus rodillas. &Eacute;l le rodeaba la cintura con el
+brazo. A ratos charlaban, haciendo ella observaciones c&aacute;ndidas sobre
+todo lo que ve&iacute;a. Pero despu&eacute;s transcurr&iacute;an algunos ratos sin que
+ninguno dijera una palabra. De repente volviose Jacinta hacia su marido,
+y ech&aacute;ndole un brazo alrededor del cuello, le solt&oacute; esta:</p>
+
+<p>&laquo;No me has dicho c&oacute;mo se llamaba&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n? &mdash;pregunt&oacute; Santa Cruz algo atontado.</p>
+
+<p>&mdash;Tu adorado tormento, tu... C&oacute;mo se llamaba o c&oacute;mo se llama... porque
+supongo que vivir&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute;... ni me importa. Vaya con lo que sales ahora.</p>
+
+<p>&mdash;Es que hace un rato me dio por pensar en ella. Se me ocurri&oacute; de
+repente. &iquest;Sabes c&oacute;mo? Vi unos refajos encarnados puestos a secar en un
+arbusto. T&uacute; dir&aacute;s que qu&eacute; tiene que ver... Es claro, nada; pero vete a
+saber c&oacute;mo se enlazan en el pensamiento las ideas. Esta ma&ntilde;ana me acord&eacute;
+de lo mismo cuando pasaban rechinando las carretillas cargadas de
+equipajes. Anoche me acord&eacute;, &iquest;cu&aacute;ndo creer&aacute;s? Cuando apagaste la luz. Me
+pareci&oacute; que la llama era una mujer que dec&iacute;a &iexcl;ay!, y se ca&iacute;a muerta. Ya
+s&eacute; que son tonter&iacute;as, pero en el cerebro pasan cosas muy particulares.
+&iquest;Con que, <i>nenito</i>, desembuchas eso, s&iacute; o no?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;El nombre. &mdash;D&eacute;jame a m&iacute; de nombres.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; poco amable es este se&ntilde;or!&mdash;dijo abraz&aacute;ndole&mdash;. Bueno, guarda el
+secretito, hombre, y dispensa. Ten cuidado no te roben esa preciosidad.
+Eso, eso es, o somos reservados o no. Yo me quedo lo mismo que estaba.
+No creas que tengo gran inter&eacute;s en saberlo. &iquest;Qu&eacute; me meto yo en el
+bolsillo con saber un nombre m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Es un nombre muy feo... No me hagas pensar en lo que quiero
+olvidar&mdash;replic&oacute; Santa Cruz con hast&iacute;o&mdash;No te digo una palabra, &iquest;sabes?</p>
+
+
+<p>&mdash;Gracias, amado pueblo... Pues mira, si te figuras que voy a tener
+celos, te llevas chasco. Eso quisieras t&uacute; para darte tono. No los tengo
+ni hay para qu&eacute;.</p>
+
+<p>No s&eacute; qu&eacute; vieron que les distrajo de aquella conversaci&oacute;n. El paisaje
+era cada vez m&aacute;s bonito, y el campo, convirti&eacute;ndose en jard&iacute;n, revelaba
+los refinamientos de la civilizaci&oacute;n agr&iacute;cola. Todo era all&iacute; nobleza, o
+sea naranjos, los &aacute;rboles de hoja perenne y brillante, de flores
+oloros&iacute;simas y de frutas de oro, &aacute;rbol ilustre que ha sido una de las
+m&aacute;s socorridas muletillas de los poetas, y que en la regi&oacute;n valenciana
+est&aacute; por los suelos, quiero decir, que hay tantos, que hasta los poetas
+los miran ya como si fueran cardos borriqueros. Las tierras labradas
+encantan la vista con la correcci&oacute;n atildada de sus l&iacute;neas. Las
+hortalizas bordan los surcos y dibujan el suelo, que en algunas partes
+semeja un ca&ntilde;amazo. Los variados verdes, m&aacute;s parece que los ha hecho el
+arte con una brocha, que no la Naturaleza con su labor invisible. Y por
+todas partes flores, arbustos tiernos; en las estaciones acacias
+gigantescas que extienden sus ramas sobre la v&iacute;a; los hombres con
+zarag&uuml;elles y pa&ntilde;uelo liado a la cabeza, resabio morisco; las mujeres
+frescas y graciosas, vestidas de indiana y peinadas con rosquillas de
+pelo sobre las sienes.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y cu&aacute;l es &mdash;pregunt&oacute; Jacinta deseosa de instruirse&mdash;el &aacute;rbol de las
+chufas?&raquo;.</p>
+
+<p>Juan no supo contestar, porque tampoco &eacute;l sab&iacute;a de d&oacute;nde diablos sal&iacute;an
+las chufas. Valencia se aproximaba ya. En el vag&oacute;n entraron algunas
+personas; pero los esposos no dejaron la ventanilla. A ratos se ve&iacute;a el
+mar, tan azul, tan azul, que la retina padec&iacute;a el enga&ntilde;o de ver verde el
+cielo.</p>
+
+<p>&iexcl;Sagunto! &iexcl;Ay, qu&eacute; nombre!, cuando se le ve escrito con las letras
+nuevas y acaso torcidas de una estaci&oacute;n, parece broma. No es de todos
+los d&iacute;as ver envueltas en el humo de las locomotoras las inscripciones
+m&aacute;s retumbantes de la historia humana. Juanito, que aprovechaba las
+ocasiones de ser sabio sentimental, se pasm&oacute; m&aacute;s de lo conveniente de la
+aparici&oacute;n de aquel letrero.</p>
+
+<p>&laquo;Y qu&eacute;, &iquest;qu&eacute; es?&mdash;pregunt&oacute; Jacinta picada de la noveler&iacute;a&mdash;. &iexcl;Ah!
+Sagunto, ya... un nombre. De fijo que hubo aqu&iacute; alguna marimorena. Pero
+habr&aacute; llovido mucho desde entonces. No te entusiasmes, hijo, y t&oacute;malo
+con calma. &iquest;A qu&eacute; viene tanto <i>&iexcl;ah!, &iexcl;oh!</i>...? Todo porque aquellos
+brutos...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Chica, qu&eacute; est&aacute;s ah&iacute; diciendo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hijo de mi alma, porque aquellos brutos... no me vuelvo atr&aacute;s...
+hicieron una barbaridad. Bueno, ll&aacute;malos h&eacute;roes si quieres, y cierra
+esa boca que te me est&aacute;s pareciendo al Papamoscas de Burgos.</p>
+
+<p>Vuelta a contemplar el jard&iacute;n agr&iacute;cola en cuyo verdor se destacaban las
+caba&ntilde;as de paja con una cruz en el pico del techo. En los bardales vio
+Jacinta unas plantas muy raras, de v&aacute;stagos escuetos y pencas enormes,
+que llamaron su atenci&oacute;n. &laquo;Mira, mira, qu&eacute; esperpento de &aacute;rbol. &iquest;Ser&aacute; el
+de los higos chumbos?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, hija m&iacute;a, los higos chumbos los da esa otra planta baja, compuesta
+de unas palas erizadas de p&uacute;as. Aquello otro es la pita, que da por
+fruto las sogas.</p>
+
+<p>&mdash;Y el esparto, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Hasta eso no llega mi sabidur&iacute;a. Por ah&iacute; debe de andar.</p>
+
+<p>El tren describ&iacute;a ampl&iacute;sima curva. Los viajeros distinguieron una gran
+masa de edificios cuya blancura descollaba entre el verde. Los grupos de
+&aacute;rboles la tapaban a trechos; despu&eacute;s la descubr&iacute;an. &laquo;Ya estamos en
+Valencia, chiquilla; m&iacute;rala all&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Valencia era la ciudad mejor situada del mundo, seg&uacute;n dijo un agudo
+observador, por estar construida en medio del campo. Poco despu&eacute;s, los
+esposos, empaquetados dentro de una tartana, penetraban por las calles
+angostas y torcidas de la ciudad campestre. &laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; pa&iacute;s, hijo!... Si
+esto parece un biombo... &iquest;A d&oacute;nde nos lleva este hombre?&raquo;.&mdash;&laquo;A la fonda
+sin duda&raquo;.</p>
+
+<p>A media noche, cuando se retiraron fatigados a su domicilio despu&eacute;s de
+haber paseado por las calles y o&iacute;do media <i>Africana</i> en el teatro de la
+Princesa, Jacinta sinti&oacute; que de repente, sin saber c&oacute;mo ni por qu&eacute;, la
+picaba en el cerebro el gusanillo aquel, la idea perseguidora, la penita
+disfrazada de curiosidad. Juan se resisti&oacute; a satisfacerla, alegando
+razones diversas. &laquo;No me marees, hija... Ya te he dicho que quiero
+olvidar eso...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero el nombre, <i>nene</i>, el nombre nada m&aacute;s. &iquest;Qu&eacute; te cuesta abrir la
+boca un segundo?... No creas que te voy a re&ntilde;ir, tont&iacute;n.</p>
+
+<p>Hablando as&iacute; se quitaba el sombrero, luego el abrigo, despu&eacute;s el cuerpo,
+la falda, el <i>polis&oacute;n</i>, y lo iba poniendo todo con orden en las butacas
+y sillas del aposento. Estaba rendida y no ve&iacute;a las santas horas de dar
+con sus fatigadas carnes en la cama. El esposo tambi&eacute;n iba soltando
+ropa. Aparentaba buen humor; pero la curiosidad de Jacinta le
+desagradaba ya. Por fin, no pudiendo resistir a las moner&iacute;as de su
+mujer, no tuvo m&aacute;s remedio que decidirse. Ya estaban las cabezas sobre
+las almohadas, cuando Santa Cruz ech&oacute; perezoso de su boca estas
+palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Pues te lo voy a decir; pero con la condici&oacute;n de que en tu vida m&aacute;s...
+en tu vida m&aacute;s me has de mentar ese nombre, ni has de hacer la menor
+alusi&oacute;n... &iquest;entiendes? Pues se llama...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias a Dios, hombre. Le costaba mucho trabajo decirlo. La otra le
+ayudaba.</p>
+
+<p>&mdash;Se llama <i>For</i>...</p>
+
+<p>&mdash;<i>For</i>... <i>narina</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No. <i>For</i>... <i>tuna</i>...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Fortunata</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Eso... Vamos, ya est&aacute;s satisfecha.</p>
+
+<p>&mdash;Nada m&aacute;s. Te has portado, has sido amable. As&iacute; es como te quiero yo.</p>
+
+<p>Pasado un ratito, dorm&iacute;a como un &aacute;ngel... dorm&iacute;an los dos.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabes lo que se me ha ocurrido?&mdash;dijo Santa Cruz a su mujer dos d&iacute;as
+despu&eacute;s en la estaci&oacute;n de Valencia&mdash;. Me parece una tonter&iacute;a que vayamos
+tan pronto a Madrid. Nos plantaremos en Sevilla. Pondr&eacute; un parte a
+casa&raquo;.</p>
+
+<p>Al pronto Jacinta se entristeci&oacute;. Ya ten&iacute;a deseos de ver a sus hermanas,
+a su pap&aacute; y a sus t&iacute;os y suegros. Pero la idea de prolongar un poco
+aquel viaje tan divertido, conquist&oacute; en breve su alma. &iexcl;Andar as&iacute;,
+llevados en las alas del tren, que algo tiene siempre, para las almas
+j&oacute;venes, de drag&oacute;n de f&aacute;bula, era tan dulce, tan entretenido...!</p>
+
+<p>Vieron la opulenta ribera del J&uacute;car, pasaron por Alcira, cubierta de
+azahares, por J&aacute;tiva la risue&ntilde;a; despu&eacute;s vino Montesa, de feudal
+aspecto, y luego Almansa en territorio fr&iacute;o y desnudo. Los campos de
+vi&ntilde;as eran cada vez m&aacute;s raros, hasta que la severidad del suelo les dijo
+que estaban en la adusta Castilla. El tren se lanzaba por aquel campo
+triste, como inmenso lebrel, olfateando la v&iacute;a y ladrando a la noche
+tarda, que iba cayendo lentamente sobre el llano sin fin. Igualdad,
+palos de tel&eacute;grafo, cabras, charcos, matorrales, tierra gris, inmensidad
+horizontal sobre la cual parecen haber corrido los mares poco ha; el
+humo de la m&aacute;quina alej&aacute;ndose en bocanadas majestuosas hacia el
+horizonte; las guardesas con la bandera verde se&ntilde;alando el paso libre,
+que parece el camino de lo infinito; bandadas de aves que vuelan bajo, y
+las estaciones haci&eacute;ndose esperar mucho, como si tuvieran algo bueno...
+Jacinta se durmi&oacute; y Juanito tambi&eacute;n. Aquella dichosa Mancha era un
+narc&oacute;tico. Por fin bajaron en Alc&aacute;zar de San Juan, a media noche,
+muertos de fr&iacute;o. All&iacute; esperaron el tren de Andaluc&iacute;a, tomaron chocolate,
+y vuelta a rodar por otra zona manchega, la m&aacute;s ilustre de todas, la
+Argamasillesca.</p>
+
+<p>Pasaron los esposos una mala noche por aquella estepa, matando el fr&iacute;o
+muy juntitos bajo los pliegues de una sola manta, y por fin llegaron a
+C&oacute;rdoba, donde descansaron y vieron la Mezquita, no bast&aacute;ndoles un d&iacute;a
+para ambas cosas. Ard&iacute;an en deseos de verse en la sin par Sevilla...
+Otra vez al tren. Ser&iacute;an las nueve de la noche cuando se encontraron
+dentro de la rom&aacute;ntica y alegre ciudad, en medio de aquel idioma ceceoso
+y de los donaires y chuscadas de la gente andaluza. Pasaron all&iacute; creo
+que ocho o diez d&iacute;as, encantados, sin aburrirse ni un solo momento,
+viendo los portentos de la arquitectura y de la Naturaleza, participando
+del buen humor que all&iacute; se respira con el aire y se recoge de las
+miradas de los transe&uacute;ntes. Una de las cosas que m&aacute;s cautivaban a
+Jacinta era aquella costumbre de los patios amueblados y ajardinados, en
+los cuales se ve que las ramas de una azalea bajan hasta acariciar las
+teclas del piano, como si quisieran tocar. Tambi&eacute;n le gustaba a Jacinta
+ver que todas las mujeres, aun las viejas que piden limosna, llevan su
+flor en la cabeza. La que no tiene flor se pone entre los pelos
+cualquier hoja verde y va por aquellas calles vendiendo vidas.</p>
+
+<p>Una tarde fueron a comer a un bodeg&oacute;n de Triana, porque dec&iacute;a Juanito
+que era preciso conocer todo de cerca y codearse con aquel original&iacute;simo
+pueblo, artista nato, poeta que parece pintar lo que habla, y que
+recibi&oacute; del Cielo el don de una filosof&iacute;a muy socorrida, que consiste en
+tomar todas las cosas por el lado humor&iacute;stico, y as&iacute; la vida, una vez
+convertida en broma, se hace m&aacute;s llevadera. Bebi&oacute; el Delf&iacute;n muchas
+ca&ntilde;as, porque opinaba con gran sentido pr&aacute;ctico que para asimilarse a
+Andaluc&iacute;a y sentirla bien en s&iacute;, es preciso introducir en el cuerpo toda
+la manzanilla que este pueda contener. Jacinta no hac&iacute;a m&aacute;s que probarla
+y la encontraba &aacute;spera y ac&iacute;dula, sin conseguir apreciar el olorcillo a
+<i>pero de Ronda</i> que dicen que tiene aquella bebida.</p>
+
+<p>Retir&aacute;ronse de muy buen humor a la fonda, y al llegar a ella vieron que
+en el comedor hab&iacute;a mucha gente. Era un banquete de boda. Los novios
+eran espa&ntilde;oles anglicanizados de Gibraltar. Los esposos Santa Cruz
+fueron invitados a tomar algo, pero lo rehusaron; &uacute;nicamente bebieron un
+poco de Champagne, por que no dijeran. Despu&eacute;s un ingl&eacute;s muy pesado, que
+chapurraba el castellano con la boca fruncida y los dientes apretados,
+como si quisiera mordiscar las palabras, se empe&ntilde;&oacute; en que hab&iacute;an de
+tomar unas ca&ntilde;as. &laquo;De ninguna manera... muchas gracias&raquo;. &mdash;&laquo;&iexcl;Ooooh!,
+s&iacute;&raquo;... El comedor era un hervidero de alegr&iacute;a y de chistes, entre los
+cuales empezaban a sonar algunos de gusto dudoso. No tuvo Santa Cruz m&aacute;s
+remedio que ceder a la exigencia de aquel maldito ingl&eacute;s, y tomando de
+sus manos la copa, dec&iacute;a a media voz: &laquo;Valiente <i>curdela</i> tienes t&uacute;&raquo;.
+Pero el ingl&eacute;s no entend&iacute;a... Jacinta vio que aquello se iba poniendo
+malo. El ingl&eacute;s llamaba al orden, diciendo a los m&aacute;s j&oacute;venes con su
+boquita cerrada que tuvieran <i>fundamenta</i>. Nadie necesitaba tanto como
+&eacute;l que se le llamase al orden, y sobre todo, lo que m&aacute;s falta le hac&iacute;a
+era que le recortaran la bebida, porque aquello no era ya boca, era un
+embudo. Jacinta presinti&oacute; la jarana, y tomando una resoluci&oacute;n s&uacute;bita,
+tir&oacute; del brazo a su marido y se lo llev&oacute;, a punto que este empezaba a
+tomarle el pelo al ingl&eacute;s.</p>
+
+<p>&laquo;Me alegro&mdash;dijo el Delf&iacute;n, cuando su mujer le conduc&iacute;a por las
+escaleras arriba&mdash;; me alegro de que me hubieras sacado de all&iacute;, porque
+no puedes figurarte lo que me iba cargando el tal ingl&eacute;s, con sus
+dientes blancos y apretados, con su amabilidad y su zapatito bajo... Si
+sigo un minuto m&aacute;s, le pego un par de trompadas... Ya se me sub&iacute;a la
+sangre a la cabeza...&raquo;.</p>
+
+<p>Entraron en su cuarto, y sentados uno frente a otro, pasaron un rato
+recordando los graciosos tipos que en el comedor estaban y los equ&iacute;vocos
+que all&iacute; se dec&iacute;an. Juan hablaba poco y parec&iacute;a algo inquieto. De
+repente le entraron ganas de volver abajo. Su mujer se opon&iacute;a.
+Disputaron. Por fin Jacinta tuvo que echar la llave a la puerta.</p>
+
+<p>&laquo;Tienes raz&oacute;n&mdash;dijo Santa Cruz dej&aacute;ndose caer a plomo sobre la
+silla.&mdash;M&aacute;s vale que me quede aqu&iacute;... porque si bajo, y vuelve el
+<i>mister</i> con sus finuras, le pego... Yo tambi&eacute;n s&eacute; <i>boxear</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Hizo el adem&aacute;n del <i>box</i>, y ya entonces su mujer le mir&oacute; muy seria.</p>
+
+<p>&mdash;Debes acostarte&mdash;le dijo. &mdash;Es temprano... Nos estaremos aqu&iacute; de
+tertulia... s&iacute;... &iquest;t&uacute; no tienes sue&ntilde;o? Yo tampoco. Acompa&ntilde;ar&eacute; a mi cara
+mitad. Ese es mi deber, y sabr&eacute; cumplirlo, s&iacute; se&ntilde;ora. Porque yo soy
+esclavo del deber...</p>
+
+<p>Jacinta se hab&iacute;a quitado el sombrero y el abrigo. Juanito la sent&oacute; sobre
+sus rodillas y empez&oacute; a saltarla como a los ni&ntilde;os cuando se les hace el
+caballo. Y dale con la tarabilla de que &eacute;l era esclavo de su deber, y de
+que lo primero de todo es la familia. El trote largo en que la llevaba
+su marido empez&oacute; a molestar a Jacinta, que se desmont&oacute; y se fue a la
+silla en que antes estaba. &Eacute;l entonces se puso a dar paseos r&aacute;pidos por
+la habitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Mi mayor gusto es estar al lado de mi adorada <i>nena</i>&mdash;dec&iacute;a sin
+mirarla&mdash;. <i>Te amo con delirio</i> como se dice en los dramas. Bendita sea
+mi madrecita... que me cas&oacute; contigo...</p>
+
+<p>Hinc&oacute;sele delante y le bes&oacute; las manos. Jacinta le observaba con atenci&oacute;n
+recelosa, sin pesta&ntilde;ear, queriendo re&iacute;rse y sin poderlo conseguir. Santa
+Cruz tom&oacute; un tono muy pla&ntilde;idero para decirle:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Y yo tan est&uacute;pido que no conoc&iacute; tu m&eacute;rito!, &iexcl;yo que te estaba mirando
+todos los d&iacute;as, como mira el burro la flor sin atreverse a com&eacute;rsela! &iexcl;Y
+me com&iacute; el cardo!... &iexcl;Oh!, perd&oacute;n, perd&oacute;n... Estaba ciego, encanallado;
+era yo muy <i>ca&ntilde;&iacute;</i>... esto quiere decir <i>gitano</i>, vida m&iacute;a. El vicio y la
+groser&iacute;a hab&iacute;an puesto una costra en mi coraz&oacute;n... llam&eacute;mosle
+<i>garloch&iacute;n</i>... Jacintilla, no me mires as&iacute;. Esto que te digo es la pura
+verdad. Si te miento, que me quede muerto ahora mismo. Todas mis faltas
+las veo claras esta noche. No s&eacute; lo que me pasa; estoy como inspirado...
+tengo m&aacute;s esp&iacute;ritu, cr&eacute;etelo... te quiero m&aacute;s, cielito, paloma, y te voy
+a hacer un altar de oro para adorarte&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; fino est&aacute; el tiempo!&mdash;exclam&oacute; la esposa que ya no pod&iacute;a
+ocultar su disgusto&mdash;. &iquest;Por qu&eacute; no te acuestas?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Acostarme yo, yo... cuando tengo que contarte tantas cosas,
+<i>chavala</i>!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Santa Cruz, que cansado ya de estar de rodillas,
+hab&iacute;a cogido una banqueta para sentarse a los pies de su mujer&mdash;.
+Perdona que no haya sido franco contigo. Me daba verg&uuml;enza de revelarte
+ciertas cosas. Pero ya no puedo m&aacute;s: mi conciencia se vuelca como una
+urna llena que se cae... as&iacute;, as&iacute;; y afuera todo... T&uacute; me absolver&aacute;s
+cuando me oigas, &iquest;verdad? Di que s&iacute;... Hay momentos en la vida de los
+pueblos, quiero decir, en la vida del hombre, momentos terribles, alma
+m&iacute;a. T&uacute; lo comprendes... Yo no te conoc&iacute;a entonces. Estaba como la
+humanidad antes de la venida del Mes&iacute;as, a oscuras, apagado el gas...
+s&iacute;. No me condenes, no, no, no me condenes sin o&iacute;rme...</p>
+
+<p>Jacinta no sab&iacute;a qu&eacute; hacer. Uno y otro se estuvieron mirando breve rato,
+los ojos clavados en los ojos, hasta que Juan dijo en voz queda:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Si la hubieras visto...! Fortunata ten&iacute;a los ojos como dos estrellas,
+muy semejantes a los de la Virgen del Carmen que antes estaba en Santo
+Tom&aacute;s y ahora en San Gin&eacute;s. Preg&uacute;ntaselo a Estupi&ntilde;&aacute;, preg&uacute;ntaselo si lo
+dudas... a ver... Fortunata ten&iacute;a las manos bastas de tanto trabajar, el
+coraz&oacute;n lleno de inocencia...</p>
+
+<p>Fortunata no ten&iacute;a educaci&oacute;n; aquella boca tan linda se com&iacute;a muchas
+letras y otras las equivocaba. Dec&iacute;a <i>indilugencias, golver, as&iacute;n.</i> Pas&oacute;
+su ni&ntilde;ez cuidando el <i>ganado</i>. &iquest;Sabes lo que es el ganado? Las gallinas.
+Despu&eacute;s criaba los palomos a sus pechos. Como los palomos no comen sino
+del pico de la madre, Fortunata se los met&iacute;a en el seno, &iexcl;y si vieras t&uacute;
+qu&eacute; seno tan bonito!, s&oacute;lo que ten&iacute;a muchos rasgu&ntilde;os que le hac&iacute;an los
+palomos con los garfios de sus patas. Despu&eacute;s cog&iacute;a en la boca un buche
+de agua y algunos granos de algarroba, y meti&eacute;ndose el pico en la
+boca... les daba de comer... Era la paloma madre de los tiernos
+pichoncitos... Luego les daba su calor natural... les arrullaba, les
+hac&iacute;a <i>rorroo&oacute;</i>... les cantaba canciones de nodriza... &iexcl;Pobre
+Fortunata, pobre <i>Pitusa</i>!... &iquest;Te he dicho que la llamaban la <i>Pitusa</i>?
+&iquest;No?... pues te lo digo ahora. Que conste... Yo la perd&iacute;... s&iacute;... que
+conste tambi&eacute;n; es preciso que cada cual cargue con su
+responsabilidad... Yo la perd&iacute;, la enga&ntilde;&eacute;, le dije mil mentiras, le hice
+creer que me iba a casar con ella. &iquest;Has visto?... &iexcl;Si ser&eacute; pill&iacute;n!...
+D&eacute;jame que me r&iacute;a un poco... S&iacute;, todas las papas que yo le dec&iacute;a, se las
+tragaba... El pueblo es muy inocente, es tonto de remate, todo se lo
+cree con tal que se lo digan con palabras finas... La enga&ntilde;&eacute;, le
+<i>garfi&ntilde;&eacute;</i> su honor, y tan tranquilo. Los hombres, digo, los se&ntilde;oritos,
+somos unos miserables; creemos que el honor de las hijas del pueblo es
+cosa de juego... No me pongas esa cara, vida m&iacute;a. Comprendo que tienes
+raz&oacute;n; soy un infame, merezco tu desprecio; porque... lo que t&uacute; dir&aacute;s,
+una mujer es siempre una criatura de Dios, &iquest;verdad?... y yo, despu&eacute;s que
+me divert&iacute; con ella, la dej&eacute; abandonada en medio de las calles...
+justo... su destino es el destino de las perras... Di que s&iacute;&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+
+<p>Jacinta estaba alarmad&iacute;sima, medio muerta de miedo y de dolor. No sab&iacute;a
+qu&eacute; hacer ni qu&eacute; decir. &laquo;Hijo m&iacute;o&mdash;exclam&oacute; limpiando el sudor de la
+frente de su marido&mdash;, &iexcl;c&oacute;mo est&aacute;s...! C&aacute;lmate, por Mar&iacute;a Sant&iacute;sima.
+Est&aacute;s delirando&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, no; esto no es delirio, es arrepentimiento&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Santa Cruz,
+quien, al moverse, por poco se cae, y tuvo que apoyar las manos en el
+suelo&mdash;. &iquest;Crees acaso que el vino...? &iexcl;Oh! no, hija m&iacute;a, no me hagas ese
+disfavor. Es que la conciencia se me ha subido aqu&iacute; al cuello, a la
+cabeza, y me pesa tanto, que no puedo guardar bien el equilibrio...
+D&eacute;jame que me prosterne ante ti y ponga a tus pies todas mis culpas para
+que las perdones... No te muevas, no me dejes solo, por Dios... &iquest;A d&oacute;nde
+vas? &iquest;No ves mi aflicci&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que veo... &iexcl;Oh! Dios m&iacute;o. Juan, por amor de Dios, sosi&eacute;gate; no
+digas m&aacute;s disparates. Acu&eacute;state. Yo te har&eacute; una taza de t&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y para qu&eacute; quiero yo t&eacute;, desventurada!...&mdash;dijo el otro en un tono
+tan descompuesto, que a Jacinta se le saltaron las l&aacute;grimas&mdash;. &iexcl;T&eacute;...!,
+lo que quiero es tu perd&oacute;n, el perd&oacute;n de la humanidad, a quien he
+ofendido, a quien he ultrajado y pisoteado. Di que s&iacute;... Hay momentos en
+la vida de los pueblos, digo, en la vida de los hombres, en que uno
+debiera tener mil bocas para con todas ellas a la vez... expresar la,
+la, la... Ser&iacute;a uno un coro... eso, eso... Porque yo he sido malo, no me
+digas que no, no me lo digas...</p>
+
+<p>Jacinta advirti&oacute; que su marido sollozaba. &iquest;Pero de veras sollozaba o
+era broma?</p>
+
+<p>&laquo;Juan, &iexcl;por Dios!, me est&aacute;s atormentando&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, ni&ntilde;a de mi alma &mdash;replic&oacute; &eacute;l sentado en el suelo sin descubrir el
+rostro, que ten&iacute;a entre las manos&mdash;. &iquest;No ves que lloro? Compad&eacute;cete de
+este infeliz... He sido un perverso... Porque la <i>Pitusa</i> me
+idolatraba... Seamos francos.</p>
+
+<p>Alz&oacute; entonces la cabeza, y tom&oacute; un aire m&aacute;s tranquilo.</p>
+
+<p>&mdash;Seamos francos; la verdad ante todo... me idolatraba. Cre&iacute;a que yo no
+era como los dem&aacute;s, que era la caballerosidad, la hidalgu&iacute;a, la
+decencia, la nobleza en persona, el acabose de los hombres... &iexcl;Nobleza,
+qu&eacute; sarcasmo! Nobleza en la mentira; digo que no puede ser... y que no,
+y que no. &iexcl;Decencia porque se lleva una ropa que llaman levita!... &iexcl;Qu&eacute;
+humanidad tan farsante! El pobre siempre debajo; el rico hace lo que le
+da la gana. Yo soy rico... di que soy inconstante... La ilusi&oacute;n de lo
+pintoresco se iba pasando. La groser&iacute;a con gracia seduce alg&uacute;n tiempo,
+despu&eacute;s marca... Cada d&iacute;a me pesaba m&aacute;s la carga que me hab&iacute;a echado
+encima. El picor del ajo me repugnaba. Dese&eacute;, puedes creerlo, que la
+<i>Pitusa</i> fuera mala para darle una puntera... Pero, quia... ni por
+esas... &iquest;Mala ella? a buena parte... Si le mando echarse al fuego por
+m&iacute;, &iexcl;al fuego de cabeza! Todos los d&iacute;as jarana en la casa. Hoy acababa
+en bien, ma&ntilde;ana no... Cantos, guitarreo... Jos&eacute; Izquierdo, a quien
+llaman <i>Plat&oacute;n</i> porque com&iacute;a en un plato como un barre&ntilde;o, arrojaba
+chinitas al picador... Villalonga y yo les ech&aacute;bamos a pelear o les
+reconcili&aacute;bamos cuando nos conven&iacute;a... La <i>Pitusa</i> temblaba de verlos
+alegres y de verlos enfurru&ntilde;ados... &iquest;Sabes lo que se me ocurr&iacute;a? No
+volver a aportar m&aacute;s por aquella maldita casa... Por fin resolvimos
+Villalonga y yo largamos con viento fresco y no volver m&aacute;s. Una noche se
+arm&oacute; tal gresca, que hasta las navajas salieron, y por poco nadamos
+todos en un lago de sangre... Me parece que oigo aquellas finuras:
+&laquo;&iexcl;indecente, cabr&oacute;n, <i>najabao, randa, murcia</i>...! No era posible
+semejante vida. Di que no. El hast&iacute;o era ya irresistible. La misma
+<i>Pitusa</i> me era odiosa, como las palabras inmundas... Un d&iacute;a dije
+<i>vuelvo</i>, y no volv&iacute; m&aacute;s... Lo que dec&iacute;a Villalonga: cortar por lo
+sano... Yo ten&iacute;a algo en mi conciencia, un hilito que me tiraba hacia
+all&aacute;... Lo cort&eacute;... Fortunata me persigui&oacute;; tuve que jugar al escondite.
+Ella por aqu&iacute;, yo por all&aacute;... Yo me escurr&iacute;a como una anguila. No me
+cog&iacute;a, no. El &uacute;ltimo a quien vi fue Izquierdo; le encontr&eacute; un d&iacute;a
+subiendo la escalera de mi casa. Me amenaz&oacute;; d&iacute;jome que la <i>Pitusa</i>
+estaba <i>cambr&iacute;</i> de cinco meses... <i>&iexcl;Cambr&iacute; de cinco meses...!</i> Alc&eacute; los
+hombros... Dos palabras &eacute;l, dos palabras yo... alargu&eacute; este brazo, y
+plaf... Izquierdo baj&oacute; de golpe un tramo entero... Otro estir&oacute;n, y
+plaf... de un brinco el segundo tramo... y con la cabeza para abajo...</p>
+
+<p>Esto &uacute;ltimo lo dijo enteramente descompuesto. Continuaba sentado en el
+suelo, las piernas extendidas, apoyado un brazo en el asiento de la
+silla. Jacinta temblaba. Le hab&iacute;a entrado mortal fr&iacute;o, y daba diente con
+diente. Permanec&iacute;a en pie en medio de la habitaci&oacute;n, como una estatua,
+contemplando la figura lastimos&iacute;sima de su marido, sin atreverse a
+preguntarle nada ni a pedirle una aclaraci&oacute;n sobre las extra&ntilde;as cosas
+que revelaba.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Por Dios y por tu madre! &mdash;dijo al fin movida del cari&ntilde;o y del
+miedo&mdash;, no me cuentes m&aacute;s. Es preciso que te acuestes y procures
+dormirte. C&aacute;llate ya&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que me calle!... &iexcl;que me calle! &iexcl;Ah!, esposa m&iacute;a, esposa adorada,
+&aacute;ngel de mi salvaci&oacute;n... Mes&iacute;as m&iacute;o... &iquest;Verdad que me perdonas?... di
+que s&iacute;.</p>
+
+<p>Se levant&oacute; de un salto y trat&oacute; de andar... No pod&iacute;a. Dando una r&aacute;pida
+vuelta fue a desplomarse sobre el sof&aacute;, poni&eacute;ndose la mano sobre los
+ojos y diciendo con voz cavernosa: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; horrible pesadilla!&raquo;. Jacinta
+fue hacia &eacute;l, le ech&oacute; los brazos al cuello y le arrull&oacute; como se arrulla
+a los ni&ntilde;os cuando se les quiere dormir.</p>
+
+<p>Vencido al cabo de su propia excitaci&oacute;n, el cerebro del Delf&iacute;n ca&iacute;a en
+est&uacute;pido embrutecimiento. Y sus nervios, que hab&iacute;an empezado a calmarse,
+luchaban con la sedaci&oacute;n. De repente se mov&iacute;a, como si saltara algo en
+&eacute;l y pronunciaba algunas s&iacute;labas. Pero la sedaci&oacute;n venc&iacute;a, y al fin se
+qued&oacute; profundamente dormido. A media noche pudo Jacinta con no poco
+trabajo llevarle hasta la cama y acostarle. Cay&oacute; en el sue&ntilde;o como en un
+pozo, y su mujer pas&oacute; muy mala noche, atormentada por el desagradable
+recuerdo de lo que hab&iacute;a visto y o&iacute;do.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente Santa Cruz estaba como avergonzado. Ten&iacute;a conciencia
+vaga de los disparates que hab&iacute;a hecho la noche anterior, y su amor
+propio padec&iacute;a horriblemente con la idea de haber estado rid&iacute;culo. No se
+atrev&iacute;a a hablar a su mujer de lo ocurrido, y esta, que era la misma
+prudencia, adem&aacute;s de no decir una palabra, mostr&aacute;base tan afable y
+cari&ntilde;osa como de costumbre. Por &uacute;ltimo, no pudo mi hombre resistir el
+af&aacute;n de explicarse, y preparando el terreno con un sin fin de
+zalamer&iacute;as, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Chiquilla, es preciso que me perdones el mal rato que te di anoche...
+Deb&iacute; ponerme muy pesadito... &iexcl;Qu&eacute; malo estaba! En mi vida me ha pasado
+otra igual. Cu&eacute;ntame los disparates que te dije, porque yo no me
+acuerdo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay! fueron muchos; pero muchos... Gracias que no hab&iacute;a m&aacute;s p&uacute;blico
+que yo.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, con franqueza... estuve inaguantable.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; lo has dicho... &mdash;Es que no s&eacute;... En mi vida, puedes creerlo, he
+cogido una turca como la que cog&iacute; anoche. El maldito ingl&eacute;s tuvo la
+culpa y me la ha de pagar. &iexcl;Dios m&iacute;o, c&oacute;mo me puse!... &iquest;Y qu&eacute; dije, qu&eacute;
+dije?... No hagas caso, vida m&iacute;a, porque seguramente dije mil cosas que
+no son verdad. &iexcl;Qu&eacute; bochorno! &iquest;Est&aacute;s enfadada? No, si no hay para qu&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Cierto. Como estabas... Jacinta no se atrevi&oacute; a decir &laquo;borracho&raquo;. La
+palabra horrible neg&aacute;base a salir de su boca.</p>
+
+<p>&mdash;Dilo, hija. Di <i>ajumao</i>, que es m&aacute;s bonito y aten&uacute;a un poco la
+gravedad de la falta.</p>
+
+<p>&mdash;Pues como estabas <i>ajuma&iacute;to</i>, no eras responsable de lo que dec&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Pero qu&eacute;, &iquest;se me escap&oacute; alguna palabra que te pudiera ofender?</p>
+
+<p>&mdash;No; s&oacute;lo una media docena de voces elegantes, de las que usa la alta
+sociedad. No las entend&iacute; bien. Lo dem&aacute;s bien clarito estaba, demasiado
+clarito. Lloraste por tu <i>Pitusa</i> de tu alma, y te llamabas miserable
+por haberla abandonado. Cr&eacute;elo, te pusiste que no hab&iacute;a por d&oacute;nde
+cogerte.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, hija, pues ahora con la cabeza despejada, voy a decirte dos
+palabritas para que no me juzgues por peor de lo que soy.</p>
+
+<p>Se fueron de paseo por las Delicias abajo, y sentados en solitario
+banco, vueltos de cara al r&iacute;o, charlaron un rato. Jacinta se quer&iacute;a
+comer con los ojos a su marido, adivin&aacute;ndole las palabras antes de que
+las dijera, y confront&aacute;ndolas con la expresi&oacute;n de los ojos a ver si eran
+sinceras. &iquest;Habl&oacute; Juan con verdad? De todo hubo. Sus declaraciones eran
+una verdad refundida como las comedias antiguas. El amor propio no le
+permit&iacute;a la reproducci&oacute;n fiel de los hechos. Pues se&ntilde;or... al volver de
+Plencia ya comprometido a casarse y enamorado de su novia, quiso saber
+qu&eacute; vuelta llev&oacute; Fortunata, de quien no hab&iacute;a tenido noticias en tanto
+tiempo. No le mov&iacute;a ning&uacute;n sentimiento de ternura, sino la compasi&oacute;n y
+el deseo de socorrerla si se ve&iacute;a en un mal paso. <i>Plat&oacute;n</i> estaba fuera
+de Madrid y su mujer en el otro mundo. No se sab&iacute;a tampoco a d&oacute;nde
+diantres hab&iacute;a ido a parar el picador; pero Segunda hab&iacute;a traspasado la
+huever&iacute;a y ten&iacute;a en la misma Cava un poco m&aacute;s abajo, cerca ya de la
+escalerilla, una covacha a que daba el nombre de <i>establecimiento</i>. En
+aquella caverna habitaba y hac&iacute;a el caf&eacute; que vend&iacute;a por la ma&ntilde;ana a la
+gente del mercado. Cuatro cacharros, dos sillas y una mesa compon&iacute;an el
+ajuar. En el resto del d&iacute;a prestaba servicios en la taberna del
+<i>pulpitillo</i>. Hab&iacute;a venido tan a menos en lo f&iacute;sico y en lo econ&oacute;mico,
+que a su antiguo tertulio le cost&oacute; trabajo reconocerla.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y la otra?...&raquo;. porque esto era lo que importaba.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>Santa Cruz tard&oacute; alg&uacute;n tiempo en dar la debida respuesta. Hac&iacute;a rayas en
+el suelo con el bast&oacute;n. Por fin se expres&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Supe que en efecto hab&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta tuvo la piedad de evitarle las &uacute;ltimas palabras de la oraci&oacute;n,
+dici&eacute;ndolas ella. Al Delf&iacute;n se le quit&oacute; un peso de encima.</p>
+
+<p>&laquo;Trat&eacute; de verla..., la busqu&eacute; por aqu&iacute; y por all&aacute;... y nada... Pero qu&eacute;,
+&iquest;no lo crees? Despu&eacute;s no pude ocuparme de nada. Sobrevino la muerte de
+tu mam&aacute;. Transcurri&oacute; alg&uacute;n tiempo sin que yo pensara en semejante cosa,
+y no debo ocultarte que sent&iacute;a cierto escozorcillo aqu&iacute;, en la
+conciencia... Por Enero de este a&ntilde;o, cuando me preparaba a hacer
+diligencias, una amiga de Segunda me dijo que la <i>Pitusa</i> se hab&iacute;a
+marchado de Madrid. &iquest;A d&oacute;nde? &iquest;Con qui&eacute;n? Ni entonces lo supe ni lo he
+sabido despu&eacute;s. Y ahora te juro que no la he vuelto a ver m&aacute;s ni he
+tenido noticias de ella&raquo;.</p>
+
+<p>La esposa dio un gran suspiro. No sab&iacute;a por qu&eacute;; pero ten&iacute;a sobre su
+alma cierta pesadumbre, y en su rectitud tomaba para s&iacute; parte de la
+responsabilidad de su marido en aquella falta; porque falta hab&iacute;a sin
+duda. Jacinta no pod&iacute;a considerar de otro modo el hecho del abandono,
+aunque este significara el triunfo del amor leg&iacute;timo sobre el criminal,
+y del matrimonio sobre el amancebamiento... No pod&iacute;an entretenerse m&aacute;s
+en ociosas habladur&iacute;as, porque pensaban irse a C&aacute;diz aquella tarde y era
+preciso disponer el equipaje y comprar algunas chucher&iacute;as. De cada
+poblaci&oacute;n se hab&iacute;an de llevar a Madrid regalitos para todos. Con la
+actividad propia de un d&iacute;a de viaje, las compras y algunas despedidas,
+se distrajeron tan bien ambos de aquellos desagradables pensamientos,
+que por la tarde ya estos se hab&iacute;an desvanecido.</p>
+
+<p>Hasta tres d&iacute;as despu&eacute;s no volvi&oacute; a rebullir en la mente de Jacinta el
+gusanillo aquel. Fue cosa repentina, provocada por no s&eacute; qu&eacute;, por esas
+misteriosas iniciativas de la memoria que no sabemos de d&oacute;nde salen. Se
+acuerda uno de las cosas contra toda l&oacute;gica, y a veces el encadenamiento
+de las ideas es una extravagancia y hasta una ridiculez. &iquest;Qui&eacute;n creer&iacute;a
+que Jacinta se acord&oacute; de Fortunata al o&iacute;r pregonar las <i>bocas de la
+Isla</i>? Porque dir&aacute; el curioso, y con raz&oacute;n, que qu&eacute; tienen que ver las
+bocas con aquella mujer. Nada, absolutamente nada.</p>
+
+<p>Volv&iacute;an los esposos de C&aacute;diz en el tren correo. No pensaban detenerse ya
+en ninguna parte, y llegar&iacute;an a Madrid de un tir&oacute;n. Iban muy gozosos,
+deseando ver a la familia, y darle a cada uno su regalo. Jacinta, aunque
+picada del gusanillo aquel, hab&iacute;a resuelto no volver a hablar de tal
+asunto, dej&aacute;ndolo sepultado en la memoria, hasta que el tiempo lo
+borrara para siempre. Pero al llegar a la estaci&oacute;n de Jerez, ocurri&oacute;
+algo que hizo revivir inesperadamente lo que ambos quer&iacute;an olvidar. Pues
+se&ntilde;or... de la cantina de la estaci&oacute;n vieron salir al condenado ingl&eacute;s
+de la noche de marras, el cual les conoci&oacute; al punto y fue a saludarles
+muy fino y galante, y a ofrecerles unas ca&ntilde;as. Cuando se vieron libres
+de &eacute;l, Santa Cruz le ech&oacute; mil pestes, y dijo que alg&uacute;n d&iacute;a hab&iacute;a de
+tener ocasi&oacute;n de darle el <i>par de galletas</i> que se ten&iacute;a ganadas. &laquo;Este
+danzante tuvo la culpa de que yo me pusiera aquella noche como me puse y
+de que te contara aquellos horrores...&raquo;.</p>
+
+<p>Por aqu&iacute; empez&oacute; a enredarse la conversaci&oacute;n hasta recaer otra vez en el
+<i>punto negro</i>. Jacinta no quer&iacute;a que se le quedara en el alma una idea
+que ten&iacute;a, y a la primera ocasi&oacute;n la ech&oacute; fuera de s&iacute;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pobres mujeres! &mdash;exclam&oacute;&mdash;. Siempre la peor parte para ellas&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hija m&iacute;a, hay que juzgar las cosas con detenimiento, examinar las
+circunstancias... ver el medio ambiente... &mdash;dijo Santa Cruz preparando
+todos los chirimbolos de esa dial&eacute;ctica convencional con la cual se
+prueba todo lo que se quiere.</p>
+
+<p>Jacinta se dej&oacute; hacer caricias. No estaba enfadada. Pero en su esp&iacute;ritu
+ocurr&iacute;a un fen&oacute;meno muy nuevo para ella. Dos sentimientos diversos se
+barajaban en su alma, sobreponi&eacute;ndose el uno al otro alternativamente.
+Como adoraba a su marido, sent&iacute;ase orgullosa de que este hubiese
+despreciado a otra para tomarla a ella. Este orgullo es primordial, y
+existir&aacute; siempre aun en los seres m&aacute;s perfectos. El otro sentimiento
+proced&iacute;a del fondo de rectitud que lastraba aquella noble alma y le
+inspiraba una protesta contra el ultraje y despiadado abandono de la
+desconocida. Por m&aacute;s que el Delf&iacute;n lo atenuase, hab&iacute;a ultrajado a la
+humanidad. Jacinta no pod&iacute;a ocult&aacute;rselo a s&iacute; misma. Los triunfos de su
+amor propio no le imped&iacute;an ver que debajo del trofeo de su victoria
+hab&iacute;a una v&iacute;ctima aplastada. Quiz&aacute;s la v&iacute;ctima merec&iacute;a serlo; pero la
+vencedora no ten&iacute;a nada que ver con que lo mereciera o no, y en el
+altar de su alma le pon&iacute;a a la tal v&iacute;ctima una lucecita de compasi&oacute;n.</p>
+
+<p>Santa Cruz, en su perspicacia, lo comprendi&oacute;, y trataba de librar a su
+esposa de la molestia de complacer a quien sin duda no lo merec&iacute;a. Para
+esto pon&iacute;a en funciones toda la maquinaria m&aacute;s brillante que s&oacute;lida de
+su raciocinio, aprendido en el comercio de las liviandades humanas y en
+someras lecturas. &laquo;Hija de mi alma, hay que ponerse en la realidad. Hay
+dos mundos, el que se ve y el que no se ve. La sociedad no se gobierna
+con las ideas puras. Buenos andar&iacute;amos... No soy tan culpable como
+parece a primera vista; f&iacute;jate bien. Las diferencias de educaci&oacute;n y de
+clase establecen siempre una gran diferencia de procederes en las
+relaciones humanas. Esto no lo dice el Dec&aacute;logo; lo dice la realidad. La
+conducta social tiene sus leyes que en ninguna parte est&aacute;n escritas;
+pero que se sienten y no se pueden conculcar. Faltas comet&iacute;, &iquest;qui&eacute;n lo
+duda?, pero imag&iacute;nate que hubiera seguido entre aquella gente, que
+<i>hubiera cumplido mis compromisos</i> con la <i>Pitusa</i>... No te quiero decir
+m&aacute;s. Veo que te r&iacute;es. Eso me prueba que hubiera sido un absurdo, una
+locura recorrer lo que, visto de all&aacute;, parec&iacute;a el camino derecho. Visto
+de ac&aacute;, ya es otro distinto. En cosas de moral, lo recto y lo torcido
+son seg&uacute;n de donde se mire. No hab&iacute;a, pues, m&aacute;s remedio que hacer lo que
+hice, y salvarme... Caiga el que caiga. El mundo es as&iacute;. Deb&iacute;a yo
+salvarme, &iquest;s&iacute; o no? Pues debiendo salvarme, no hab&iacute;a m&aacute;s remedio que
+lanzarme fuera del barco que se sumerg&iacute;a. En los naufragios siempre hay
+alguien que se ahoga... Y en el caso concreto del abandono, hay tambi&eacute;n
+mucho que hablar. Ciertas palabras no significan nada por s&iacute;. Hay que
+ver los hechos... Yo la busqu&eacute; para socorrerla; ella no quiso parecer.
+Cada cual tiene su destino. El de ella era ese: no parecer cuando yo la
+buscaba&raquo;.</p>
+
+<p>Nadie dir&iacute;a que el hombre que de este modo razonaba, con arte tan sutil
+y parad&oacute;jico, era el mismo que noches antes, bajo la influencia de una
+bebida espirituosa, hab&iacute;a vaciado toda su alma con esa sinceridad brutal
+y disparada que s&oacute;lo puede compararse al v&oacute;mito f&iacute;sico, producido por un
+em&eacute;tico muy fuerte. Y despu&eacute;s, cuando el despejo de su cerebro le hac&iacute;a
+due&ntilde;o de todas sus triqui&ntilde;uelas de hombre le&iacute;do y mundano, no volvi&oacute; a
+salir de sus labios ni un solo vocablo soez, ni una sola espontaneidad
+de aquellas que exist&iacute;an dentro de &eacute;l, como existen los trapos de
+colorines en alg&uacute;n rinc&oacute;n de la casa del que ha sido c&oacute;mico, aunque s&oacute;lo
+lo haya sido de afici&oacute;n. Todo era convencionalismo y frase ingeniosa en
+aquel hombre que se hab&iacute;a emperejilado intelectualmente, cort&aacute;ndose una
+levita para las ideas y planch&aacute;ndole los cuellos al lenguaje.</p>
+
+<p>Jacinta, que a&uacute;n ten&iacute;a poco mundo, se dejaba alucinar por las dotes
+seductoras de su marido. Y le quer&iacute;a tanto, quiz&aacute;s por aquellas mismas
+dotes y por otras, que no necesitaba hacer ning&uacute;n esfuerzo para creer
+cuanto le dec&iacute;a, si bien cre&iacute;a por fe, que es sentimiento, m&aacute;s que por
+convicci&oacute;n. Largo rato charlaron, mezclando las discusiones con los
+cari&ntilde;os discretos (por que en Sevilla entr&oacute; gente en el coche y no hab&iacute;a
+que pensar en la <i>besadera</i>), y cuando vino la noche sobre Espa&ntilde;a, cuyo
+radio iban recorriendo, se durmieron all&aacute; por Despe&ntilde;aperros, so&ntilde;aron con
+lo mucho que se quer&iacute;an, y despertaron al fin en Alc&aacute;zar con la idea
+placentera de llegar pronto a Madrid, de ver a la familia, de contar
+todas las peripecias del viaje (menos la escenita de la noche aquella) y
+de repartir los regalos.</p>
+
+<p>A Estupi&ntilde;&aacute; le llevaban un bast&oacute;n que ten&iacute;a por pu&ntilde;o la cabeza de una
+cotorra.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="via" id="via"></a>-VI-</h2>
+
+<h2>M&aacute;s y m&aacute;s pormenores referentes a esta ilustre familia</h2>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Pasaban meses, pasaban a&ntilde;os, y en aquella dichosa casa todo era paz y
+armon&iacute;a. No se ha conocido en Madrid familia mejor avenida que la de
+Santa Cruz, compuesta de dos parejas; ni es posible imaginar una
+compatibilidad de caracteres como la que exist&iacute;a entre Barbarita y
+Jacinta. He visto juntas muchas veces a la suegra y a la nuera, y por
+Dios que se manifestaba muy poco en ellas la diferencia de edades.
+Barbarita conservaba a los cincuenta y tres a&ntilde;os una frescura
+maravillosa, el talle perfecto y la dentadura sorprendente. Verdad que
+ten&iacute;a el cabello casi enteramente blanco; el cual m&aacute;s parec&iacute;a empolvado
+conforme al estilo Pompadour, que encanecido por la edad. Pero lo que la
+hac&iacute;a m&aacute;s joven era su afabilidad constante, aquel sonre&iacute;r gracioso y
+ben&eacute;volo con que iluminaba su rostro.</p>
+
+<p>De veras que no ten&iacute;an por qu&eacute; quejarse de su destino aquellas cuatro
+personas. Se dan casos de individuos y familias a quienes Dios no les
+debe nada; y sin embargo, piden y piden.</p>
+
+<p>Es que hay en la naturaleza humana un vicio de mendicidad; eso no tiene
+duda. Ejemplo los de Santa Cruz, que gozaban de salud cabal, eran ricos,
+estimados de todo el mundo y se quer&iacute;an entra&ntilde;ablemente. &iquest;Qu&eacute; les hac&iacute;a
+falta? Parece que nada. Pues alguno de los cuatro pordioseaba. Es que
+cuando un conjunto de circunstancias favorables pone en las manos del
+hombre gran cantidad de bienes, priv&aacute;ndole de uno solo, la fatalidad de
+nuestra naturaleza o el principio de descontento que existe en nuestro
+barro constitutivo le impulsan a desear precisamente lo poquito que no
+se le ha otorgado. Salud, amor, riqueza, paz y otras ventajas no
+satisfac&iacute;an el alma de Jacinta; y al a&ntilde;o de casada, m&aacute;s a&uacute;n a los dos
+a&ntilde;os, deseaba ardientemente lo que no ten&iacute;a. &iexcl;Pobre joven! Lo ten&iacute;a
+todo, menos chiquillos.</p>
+
+<p>Esta pena, que al principio fue desaz&oacute;n insignificante, impaciencia tan
+s&oacute;lo convirtiose pronto en dolorosa idea de vac&iacute;o. Era poco cristiano,
+al decir de Barbarita, desesperarse por la falta de sucesi&oacute;n. Dios, que
+les diera tantos bienes, hab&iacute;ales privado de aquel. No hab&iacute;a m&aacute;s remedio
+que resignarse, alabando la mano del que lo mismo muestra su
+omnipotencia dando que quitando.</p>
+
+<p>De este modo consolaba a su nuera, que m&aacute;s le parec&iacute;a hija; pero all&aacute; en
+sus adentros deseaba tanto como Jacinta la aparici&oacute;n de un muchacho que
+perpetuase la casta y les alegrase a todos. Se callaba este ardiente
+deseo por no aumentar la pena de la otra; mas atend&iacute;a con ansia a todo
+lo que pudiera ser s&iacute;ntoma de esperanzas de sucesi&oacute;n. &iexcl;Pero quia! Pasaba
+un a&ntilde;o, dos, y nada; ni aun siquiera esas presunciones vagas que hacen
+palpitar el coraz&oacute;n de las que sue&ntilde;an con la maternidad, y a veces les
+hacen decir y hacer muchas tonter&iacute;as.</p>
+
+<p>&laquo;No tengas prisa, hija &mdash;dec&iacute;a Barbarita a su sobrina&mdash;. Eres muy joven.
+No te apures por los chiquillos, que ya los tendr&aacute;s, te cargar&aacute;s de
+familia, y te aburrir&aacute;s como se aburri&oacute; tu madre, y pedir&aacute;s a Dios que
+no te d&eacute; m&aacute;s. &iquest;Sabes una cosa? Mejor estamos as&iacute;. Los muchachos lo
+revuelven todo y no dan m&aacute;s que disgustos. El sarampi&oacute;n, el
+garrotillo... &iexcl;Pues nada te quiero decir de las amas!... &iexcl;qu&eacute;
+calamidad!... Luego est&aacute;s hecha una esclava... Que si comen, que si se
+indigestan, que si se caen y se abren la cabeza. Vienen despu&eacute;s las
+inclinaciones que sacan. Si salen de mala &iacute;ndole... si no estudian...
+&iexcl;qu&eacute; s&eacute; yo!...&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta no se convenc&iacute;a. Quer&iacute;a canarios de alcoba a todo trance, aunque
+salieran raqu&iacute;ticos y feos; aunque luego fueran traviesos, enfermos y
+calaveras; aunque de hombres la mataran a disgustos. Sus dos hermanas
+mayores par&iacute;an todos los a&ntilde;os, como su madre. Y ella nada, ni
+esperanzas. Para mayor contrasentido, Candelaria, que estaba casada con
+un pobre, hab&iacute;a tenido dos de un vientre. &iexcl;Y ella, que era rica, no
+ten&iacute;a ni siquiera medio!... Dios estaba ya chocho sin duda.</p>
+
+<p>Vamos ahora a otra cosa. Los de Santa Cruz, como familia respetabil&iacute;sima
+y rica, estaban muy bien relacionados y ten&iacute;an amigos en todas las
+esferas, desde la m&aacute;s alta a la m&aacute;s baja. Es curioso observar c&oacute;mo
+nuestra edad, por otros conceptos infeliz, nos presenta una dichosa
+confusi&oacute;n de todas las clases, mejor dicho, la concordia y
+reconciliaci&oacute;n de todas ellas. En esto aventaja nuestro pa&iacute;s a otros,
+donde est&aacute;n pendientes de sentencia los graves pleitos hist&oacute;ricos de la
+igualdad. Aqu&iacute; se ha resuelto el problema sencilla y pac&iacute;ficamente,
+gracias al temple democr&aacute;tico de los espa&ntilde;oles y a la escasa vehemencia
+de las preocupaciones nobiliarias. Un gran defecto nacional, la
+empleoman&iacute;a, tiene tambi&eacute;n su parte en esta gran conquista. Las oficinas
+han sido el tronco en que se han injertado las ramas hist&oacute;ricas, y de
+ellas han salido amigos el noble tronado y el plebeyo ensoberbecido por
+un t&iacute;tulo universitario; y de amigos, pronto han pasado a parientes.
+Esta confusi&oacute;n es un bien, y gracias a ella no nos aterra el contagio de
+la guerra social, porque tenemos ya en la masa de la sangre un
+socialismo atenuado e inofensivo. Insensiblemente, con la ayuda de la
+burocracia, de la pobreza y de la educaci&oacute;n acad&eacute;mica que todos los
+espa&ntilde;oles reciben, se han ido compenetrando las clases todas, y sus
+miembros se introducen de una en otra, tejiendo una red espesa que
+amarra y solidifica la masa nacional. El nacimiento no significa nada
+entre nosotros, y todo cuanto se dice de los pergaminos es conversaci&oacute;n.
+No hay m&aacute;s diferencias que las esenciales, las que se fundan en la buena
+o mala educaci&oacute;n, en ser tonto o discreto, en las desigualdades del
+esp&iacute;ritu, eternas como los atributos del esp&iacute;ritu mismo. La otra
+determinaci&oacute;n positiva de clases, el dinero, est&aacute; fundada en principios
+econ&oacute;micos tan inmutables como las leyes f&iacute;sicas, y querer impedirla
+viene a ser lo mismo que intentar beberse la mar.</p>
+
+<p>Las amistades y parentescos de las familias de Santa Cruz y Arnaiz
+pueden ser ejemplo de aquel feliz revoltijo de las clases sociales; mas,
+&iquest;qui&eacute;n es el guapo que se atreve a formar estad&iacute;stica de las ramas de
+tan dilatado y laber&iacute;ntico &aacute;rbol, que m&aacute;s bien parece enredadera, cuyos
+v&aacute;stagos se cruzan, suben, bajan y se pierden en los huecos de un
+follaje dens&iacute;simo? S&oacute;lo se puede intentar tal empresa con la ayuda de
+Estupi&ntilde;&aacute;, que sabe al dedillo la historia de todas las familias
+comerciales de Madrid, y todos los enlaces que se han hecho en medio
+siglo. Arnaiz el gordo tambi&eacute;n se pirra por hablar de linajes y por
+buscar parentescos, averiguando or&iacute;genes humildes de fortunas
+orgullosas, y haciendo hincapi&eacute; en la desigualdad de ciertos
+matrimonios, a los cuales, en rigor de verdad, se debe la formaci&oacute;n del
+terreno democr&aacute;tico sobre que se asienta la sociedad espa&ntilde;ola. De una
+conversaci&oacute;n entre Arnaiz y Estupi&ntilde;&aacute; han salido las siguientes noticias:</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Ya sabemos que la madre de D. Baldomero Santa Cruz y la de Gumersindo y
+Barbarita Arnaiz eran parientes y ven&iacute;an del Trujillo extreme&ntilde;o y
+albardero. La actual casa de banca <i>Trujillo</i> y <i>Fern&aacute;ndez</i>, de una
+respetabilidad y solidez intachables, procede del mismo tronco.
+Barbarita es, pues, pariente del jefe de aquella casa, aunque su
+parentesco resulta algo lejano. El primer conde de Trujillo est&aacute; casado
+con una de las hijas del famoso negociante Casarredonda, que hizo
+colosal fortuna vendiendo fardos de <i>Coru&ntilde;as</i> y <i>Viveros</i> para vestir a
+la tropa y a la Milicia Nacional. Otra de las hijas del marqu&eacute;s de
+Casarredonda era duquesa de Gravelinas. Ya tenemos aqu&iacute;, perfectamente
+enganchadas, a la aristocracia antigua y al comercio moderno.</p>
+
+<p>Pero existe en C&aacute;diz una antigua y opulenta familia comercial que sirvi&oacute;
+como ninguna para enredar m&aacute;s la madeja social. Las hijas del famoso
+Bonilla, importador de pa&ntilde;oler&iacute;a y despu&eacute;s banquero y extractor de
+vinos, casaron: la una con S&aacute;nchez Bot&iacute;n, propietario, de quien vino la
+generala Minio, la marquesa de Teller&iacute;a y Alejandro S&aacute;nchez Bot&iacute;n, la
+otra con uno de los Morenos de Madrid, co-fundador de los Cinco Gremios
+y del Banco de San Fernando, y la tercera con el duque de Trastamara, de
+donde vino Pepito Trastamara. El hijo &uacute;nico de Bonilla cas&oacute; con una
+Trujillo.</p>
+
+<p>Pasemos ahora a los Morenos, procedentes del valle de Mena, una de las
+familias m&aacute;s dilatadas y que ofrecen m&aacute;s desigualdades y contrastes en
+sus infinitos y desparramados miembros. Arnaiz y Estupi&ntilde;&aacute; disputan, sin
+llegar a entenderse, sobre si el tronco de los Morenos estuvo en una
+droguer&iacute;a o en una peleter&iacute;a. En esto reina cierta oscuridad, que no se
+disipar&aacute; mientras no venga uno de estos averiguadores fan&aacute;ticos que son
+capaces de contarle a No&eacute; los pelos que ten&iacute;a en la cabeza y el n&uacute;mero
+de <i>eses</i> que hizo cuando cogi&oacute; la primera <i>p&iacute;tima</i> de que la historia
+tiene noticia. Lo que s&iacute; se sabe es que un Moreno cas&oacute; con una
+Isla-Bonilla a principios del siglo, viniendo de aqu&iacute; la Casa de giro
+que del 19 al 35 estuvo en la subida de Santa Cruz junto a la iglesia, y
+despu&eacute;s en la plazuela de Pontejos. Por la misma &eacute;poca hallamos un
+Moreno en la Magistratura, otro en la Armada, otro en el Ej&eacute;rcito y otro
+en la Iglesia. La Casa de banca no era ya <i>Moreno</i> en 1870, sino
+<i>Ruiz-Ochoa</i> y <i>Compa&ntilde;&iacute;a</i>, aunque uno de sus principales socios era don
+Manuel Moreno-Isla. Tenemos diferentes estirpes del tronco remot&iacute;simo
+de los Morenos. Hay los Moreno-Isla, los Moreno-Vallejo y los
+Moreno-Rubio, o sea los Morenos ricos y los Morenos pobres, ya tan
+distantes unos de otros que muchos ni se tratan ni se consideran afines.
+Castita Moreno, aquella presumida amiga de Barbarita en la escuela de la
+calle Imperial, hab&iacute;a nacido en los Morenos ricos y fue a parar, con los
+vaivenes de la vida, a los Morenos pobres. Se cas&oacute; con un farmac&eacute;utico
+de la interminable familia de los Samaniegos, que tambi&eacute;n tienen su
+puesto aqu&iacute;. Una joven perteneciente a los Morenos ricos cas&oacute; con un
+Pacheco, arist&oacute;crata segund&oacute;n, hermano del duque de Gravelinas, y de
+esta uni&oacute;n vino Guillermina Pacheco a quien conoceremos luego. Ved ahora
+c&oacute;mo una rama de los Morenos se mete entre el follaje de los
+Gravelinas, donde ya se engancha tambi&eacute;n el ramojo de los Trujillos, el
+cual ven&iacute;a ya trabado con los Arnaiz de Madrid y con los Bonillas de
+C&aacute;diz, formando una mara&ntilde;a cuyos hilos no es posible seguir con la
+vista.</p>
+
+<p>A&uacute;n hay m&aacute;s. D. Pascual Mu&ntilde;oz, due&ntilde;o de un acreditad&iacute;simo
+establecimiento de hierros en la calle de Tintoreros, progresista de
+inmenso prestigio en los barrios del Sur, verdadera potencia electoral y
+pol&iacute;tica en Madrid, cas&oacute; con una Moreno de no s&eacute; qu&eacute; rama, emparentada
+con Mendiz&aacute;bal y con Bonilla, de C&aacute;diz. Su hijo, que despu&eacute;s fue marqu&eacute;s
+de Casa-Mu&ntilde;oz, cas&oacute; con la hija de Albert, el que daba la cara en las
+contratas de pa&ntilde;os y lienzos con el Gobierno. Eulalia Moreno, hija
+tambi&eacute;n del D. Pascual y hermana del actual marqu&eacute;s, se uni&oacute; a D.
+Cayetano Villuendas, rico propietario de casas, progresista rancio.
+Dejamos sueltos estos cabos para tomarlos m&aacute;s adelante.</p>
+
+<p>Los Samaniegos, oriundos, como los Morenos, del pa&iacute;s de Mena tambi&eacute;n son
+ciento y la madre. Ya sabemos que la hija segunda de Gumersindo Arnaiz,
+hermana de Jacinta, cas&oacute; con Pepe Samaniego, hijo de un droguista
+arruinado de la Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima... Hay muchos Samaniegos en el
+comercio menudo, y leyendo el instructivo libro de los r&oacute;tulos de
+tiendas, se encuentra la <i>Farmacia de Samaniego</i> en la calle del Ave
+Mar&iacute;a (cuyo due&ntilde;o era el marido de Castita Moreno), y la <i>Carnicer&iacute;a de
+Samaniego</i> en la de las Maldonadas. Sin r&oacute;tulo hay un Samaniego
+prestamista y medio curial, otro cobrador del Banco, otro que tiene
+tienda de sedas en la calle de Botoneras y, por fin, varios que son
+horteras en diferentes tiendas. El Samaniego agente de Bolsa es primo de
+estos.</p>
+
+<p>La hija mayor de Gumersindo Arnaiz se cas&oacute; con Ram&oacute;n Villuendas, ya
+viudo con dos hijos, c&eacute;lebre cambiante de la calle de Toledo, la casa de
+Madrid que m&aacute;s trabaja en el negocio de moneda. Un hermano de este cas&oacute;
+con la hija de la viuda de Aparisi, due&ntilde;o de la camiser&iacute;a en que fue
+dependiente Pepe Samaniego. El t&iacute;o de ambos, D. Cayetano Villuendas,
+progresist&oacute;n y riqu&iacute;simo casero, era el esposo de Eulalia Mu&ntilde;oz, y su
+gran fortuna proced&iacute;a del negocio de curtidos en una &eacute;poca anterior a la
+de C&eacute;spedes. Ya se at&oacute; el cabo que quedara pendiente poco ha.</p>
+
+<p>Ahora se nos presentan algunos ramos que parecen sueltos y no lo est&aacute;n.
+&iquest;Pero qui&eacute;n podr&aacute; descubrir su misterioso enlace con los revueltos y
+cruzados v&aacute;stagos de esta colosal enredadera? &iquest;Qui&eacute;n puede indagar si
+D&aacute;maso Trujillo, el que puso en la Plaza Mayor la zapater&iacute;a <i>Al ramo de
+azucenas</i>, pertenece al genuino linaje de los Trujillos antes
+mencionados? &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; el averiguador que se lance a poner en claro si
+el due&ntilde;o de <i>El Buen gusto</i>, un tenducho de mantas de la calle de la
+Encomienda, es pariente indudable de los Villuendas ricos? Hay quien
+dice que Pepe Moreno Vallejo, el cordelero de la Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima, es
+primo hermano de D. Manuel Moreno-Isla, uno de los Morenos que atan
+perros con longaniza; y se dice que un Arnaiz, empleado de poco sueldo,
+es pariente de Barbarita. Hay un Mu&ntilde;oz y Aparisi, tripicallero en las
+inmediaciones del Rastro, que se supone primo segundo del marqu&eacute;s de
+Casa-Mu&ntilde;oz y de su hermana la viuda de Aparisi; y por fin, es preciso
+hacer constar que un cierto Trujillo, jesuita, reclama un lugar en
+nuestra enredadera, y tambi&eacute;n hay que d&aacute;rsele al Ilustr&iacute;simo Obispo de
+Plasencia, fray Luis Moreno-Isla y Bonilla. Asimismo lleva en su &aacute;rbol
+el nombre de Trujillo, la mujer de Zalamero, subsecretario de
+Gobernaci&oacute;n; pero su primer apellido es Ruiz Ochoa y es hija de la
+distinguida persona que hoy est&aacute; al frente de la banca de Moreno.</p>
+
+<p>Barbarita no se trataba con todos los individuos que aparecen en esta
+complicada enredadera. A muchos les esquivaba por hallarse demasiado
+altos; a otros apenas les distingu&iacute;a por hallarse muy bajos. Sus
+amistades verdaderas, como los parentescos reconocidos, no eran en gran
+n&uacute;mero, aunque s&iacute; abarcaban un c&iacute;rculo muy extenso, en el cual se
+entremezclaban todas las jerarqu&iacute;as. En un mismo d&iacute;a, al salir de paseo
+o de compras, cambiaba saludos m&aacute;s o menos afectuosos con la de Ruiz
+Ochoa, con la generala Minio, con Adela Trujillo, con un Villuendas
+rico, con un Villuendas pobre, con el pescadero pariente de Samaniego,
+con la duquesa de Gravelinas, con un Moreno Vallejo magistrado, con un
+Moreno Rubio m&eacute;dico, con un Moreno J&aacute;uregui sombrerero, con un Aparisi
+can&oacute;nigo, con varios horteras, con tan diversa gente, en fin, que otra
+persona de menos tino habr&iacute;a trocado los nombres y tratamientos.</p>
+
+<p>La mente m&aacute;s segura no es capaz de seguir en su laber&iacute;ntico enredo las
+direcciones de los v&aacute;stagos de este colosal &aacute;rbol de linajes
+matritenses. Los hilos se cruzan, se pierden y reaparecen donde menos se
+piensa. Al cabo de mil vueltas para arriba y otras tantas para abajo, se
+juntan, se separan, y de su empalme o bifurcaci&oacute;n salen nuevos enlaces,
+madejas y mara&ntilde;as nuevas. C&oacute;mo se tocan los extremos del inmenso ramaje
+es curioso de ver; por ejemplo, cuando Pepito Trastamara, que lleva el
+nombre de los bastardos de D. Alfonso XI, va a pedir dinero a C&aacute;ndido
+Samaniego, prestamista usurero, individuo de la <i>Sociedad protectora de
+se&ntilde;oritos necesitados</i>.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Los de Santa Cruz viv&iacute;an en su casa propia de la calle de Pontejos,
+dando frente a la plazuela del mismo nombre; finca comprada al difunto
+Aparisi, uno de los socios de la Compa&ntilde;&iacute;a de Filipinas. Ocupaban los
+due&ntilde;os el principal, que era inmenso, con doce balcones a la calle y
+mucha comodidad interior. No lo cambiara Barbarita por ninguno de los
+modernos hoteles, donde todo se vuelve escaleras y est&aacute;n adem&aacute;s abiertos
+a los cuatro vientos. All&iacute; ten&iacute;a n&uacute;mero sobrado de habitaciones, todas
+en un solo andar desde el sal&oacute;n a la cocina. Ni trocara tampoco su
+barrio, aquel <i>ri&ntilde;&oacute;n de Madrid</i> en que hab&iacute;a nacido, por ninguno de los
+caser&iacute;os flamantes que gozan fama de m&aacute;s ventilados y alegres. Por m&aacute;s
+que dijeran, el barrio de Salamanca es <i>campo</i>... Tan apegada era la
+buena se&ntilde;ora al terru&ntilde;o de su arrabal nativo, que para ella no viv&iacute;a en
+Madrid quien no oyera por las ma&ntilde;anas el ruido c&oacute;ncavo de las cubas de
+los aguadores en la fuente de Pontejos; quien no sintiera por ma&ntilde;ana y
+tarde la batahola que arman los coches correos; quien no recibiera a
+todas horas el h&aacute;lito tenderil de la calle de Postas, y no escuchara por
+Navidad los zambombazos y panderetazos de la plazuela de Santa Cruz;
+quien no oyera las campanadas del reloj de la Casa de Correos tan claras
+como si estuvieran dentro de la casa; quien no viera pasar a los
+cobradores del Banco cargados de dinero y a los carteros salir en
+procesi&oacute;n. Barbarita se hab&iacute;a acostumbrado a los ruidos de la vecindad,
+cual si fueran amigos, y no pod&iacute;a vivir sin ellos.</p>
+
+<p>La casa era tan grande, que los dos matrimonios viv&iacute;an en ella
+holgadamente y les sobraba espacio. Ten&iacute;an un sal&oacute;n algo anticuado, con
+tres balcones. Segu&iacute;a por la izquierda el gabinete de Barbarita, luego
+otro aposento, despu&eacute;s la alcoba. A la derecha del sal&oacute;n estaba el
+despacho de Juanito, as&iacute; llamado no porque este tuviese nada que
+despachar all&iacute;, sino porque hab&iacute;a mesa con tintero y dos hermosas
+librer&iacute;as. Era una habitaci&oacute;n muy bien puesta y c&oacute;moda. El gabinetito de
+Jacinta, inmediato a esta pieza, era la estancia m&aacute;s bonita y elegante
+de la casa y la &uacute;nica tapizada con tela; todas las dem&aacute;s lo estaban con
+colgadura de papel, de un arte dudoso, dominando los grises y t&oacute;rtola
+con oro. Ve&iacute;anse en esta pieza algunas acuarelas muy lindas compradas
+por Juanito, y dos o tres &oacute;leos ligeros, todo selecto y de regulares
+firmas, porque Santa Cruz ten&iacute;a buen gusto dentro del gusto vigente. Los
+muebles eran de raso o de felpa y seda combinadas con arreglo a la moda,
+siendo de notar que lo que all&iacute; se ve&iacute;a no chocaba por original ni
+tampoco por rutinario. Segu&iacute;a luego la alcoba del matrimonio joven, la
+cual se distingu&iacute;a principalmente de la paterna en que en esta hab&iacute;a
+lecho com&uacute;n y los j&oacute;venes los ten&iacute;an separados. Sus dos camas de
+palosanto eran muy elegantes, con pabellones de seda azul. La de los
+padres parec&iacute;a un andamiaje de caoba con cabecera de morri&oacute;n y columnas
+como las de un sagrario de Jueves Santo. La alcoba <i>de los pollos</i> se
+comunicaba con habitaciones de servicio, y le segu&iacute;an dos grandes piezas
+que Jacinta destinaba a los ni&ntilde;os... cuando Dios se los diera.
+Hall&aacute;banse amuebladas con lo que iba sobrando de los aposentos que se
+pon&iacute;an de nuevo, y su aspecto era por dem&aacute;s heterog&eacute;neo. Pero el arreglo
+definitivo de estas habitaciones vacantes exist&iacute;a completo en la
+imaginaci&oacute;n de Jacinta, quien ya ten&iacute;a previstos hasta los &uacute;ltimos
+detalles de todo lo que se hab&iacute;a de poner all&iacute; cuando el caso llegara.</p>
+
+<p>El comedor era interior, con tres ventanas al patio, su gran mesa y
+aparadores de nogal llenos de fin&iacute;sima loza de China, la consabida
+siller&iacute;a de cuero claveteado, y en las paredes papel imitando roble,
+listones claveteados tambi&eacute;n, y los bodegones al &oacute;leo, no malos, con la
+invariable raja de sand&iacute;a, el conejo muerto y unas ruedas de merluza que
+de tan bien pintadas parec&iacute;a que ol&iacute;an mal. Asimismo era interior el
+despacho de D. Baldomero.</p>
+
+<p>Estaban abonados los de Santa Cruz a un land&oacute;. Se les ve&iacute;a en los
+paseos; pero su tren era de los que <i>no llaman la atenci&oacute;n</i>. Juan sol&iacute;a
+tener por temporadas un faet&oacute;n o un t&iacute;lburi, que guiaba muy bien, y
+tambi&eacute;n ten&iacute;a caballo de silla; mas le picaba tanto la comez&oacute;n de la
+variedad que a poco de montar un caballo, ya empezaba a encontrarle
+defectos y quer&iacute;a venderlo para comprar otro. Los dos matrimonios se
+daban buena vida; pero sin presumir, huyendo siempre de se&ntilde;alarse y de
+que los peri&oacute;dicos les llamaran <i>anfitriones</i>. Com&iacute;an bien; en su casa
+hab&iacute;a muy poca etiqueta y cierto patriarcalismo, porque a veces se
+sentaban a la mesa personas de clase humilde y otras muy decentes que
+hab&iacute;an venido a menos. No ten&iacute;an cocinero de estos de gorro blanco, sino
+una cocinera antigua muy bien ama&ntilde;ada, que pod&iacute;a medir sus talentos con
+cualquier <i>jefe</i>; y la ayudaban dos <i>pinchas</i>, que m&aacute;s bien eran
+alumnas.</p>
+
+<p>Todos los primeros de mes recib&iacute;a Barbarita de su esposo mil duretes. D.
+Baldomero disfrutaba una renta de veinticinco mil pesos, parte de
+alquileres de sus casas, parte de acciones del Banco de Espa&ntilde;a y lo
+dem&aacute;s de la participaci&oacute;n que conservaba en su antiguo almac&eacute;n. Daba
+adem&aacute;s a su hijo dos mil duros cada semestre para sus gastos
+particulares, y en diferentes ocasiones le ofreci&oacute; un peque&ntilde;o capital
+para que emprendiera negocios por s&iacute;; pero al chico le iba bien con su
+dorada indolencia y no quer&iacute;a quebraderos de cabeza. El resto de su
+renta lo capitalizaba D. Baldomero, bien adquiriendo m&aacute;s acciones cada
+a&ntilde;o, bien amasando para hacerse con una casa m&aacute;s. De aquellos mil duros
+que la se&ntilde;ora cog&iacute;a cada mes, daba al Delf&iacute;n dos o tres mil reales, que
+con esto y lo que del pap&aacute; recib&iacute;a estaba como en la gloria; y los diez
+y siete mil reales restantes eran para el gasto diario de la casa y para
+los de ambas damas, que all&aacute; se las arreglaban muy bien en la
+distribuci&oacute;n, sin que jam&aacute;s hubiese entre ellas el m&aacute;s ligero pique por
+un duro de m&aacute;s o de menos. Del gobierno dom&eacute;stico cuidaban las dos, pero
+m&aacute;s particularmente la suegra, que mostraba ciertas tendencias al
+despotismo ilustrado. La nuera ten&iacute;a el delicado talento de respetar
+esto, y cuando ve&iacute;a que alguna disposici&oacute;n suya era derogada por la
+aut&oacute;crata, mostr&aacute;base conforme. Barbarita era administradora general de
+puertas adentro, y su marido mismo, despu&eacute;s que religiosamente le
+entregaba el dinero, no ten&iacute;a que pensar en nada de la casa, como no
+fuese en los viajes de verano. La se&ntilde;ora lo pagaba todo, desde el
+alquiler del coche a la peseta de <i>El Imparcial</i>, sin que necesitara
+llevar cuentas para tan complicada distribuci&oacute;n, ni apuntar cifra
+alguna. Era tan admirable su tino aritm&eacute;tico, que ni una sola vez pas&oacute;
+m&aacute;s all&aacute; de la indecisa raya que tan f&aacute;cilmente traspasan los ricos;
+llegaba el fin de mes y siempre hab&iacute;a un <i>super&aacute;vit</i> con el cual
+ayudaba a ciertas empresas caritativas de que se hablar&aacute; m&aacute;s adelante.
+Jacinta gastaba siempre mucho menos de lo que su suegra le daba para
+menudencias; no era aficionada a estrenar a menudo, ni a enriquecer a
+las modistas. Los h&aacute;bitos de econom&iacute;a adquiridos en su ni&ntilde;ez estaban tan
+arraigados que, aunque nunca le falt&oacute; dinero, tra&iacute;a a casa una costurera
+para hacer trabajillos de ropa y arreglos de trajes que otras se&ntilde;oras
+menos ricas suelen encargar fuera. Y por dicha suya, no ten&iacute;a que
+calentarse la cabeza para discurrir el empleo de sus sobrantes, pues
+all&iacute; estaba su hermana Candelaria, que era pobre y se iba cargando de
+familia. Sus hermanitas solteras tambi&eacute;n recib&iacute;an de ella frecuentes
+d&aacute;divas; ya los sombreritos de moda, ya el <i>fich&uacute;</i> o la manteleta, y
+hasta vestidos completos acabados de venir de Par&iacute;s.</p>
+
+<p>El abono que tomaron en el Real a un turno de palco principal fue idea
+de D. Baldomero quien no ten&iacute;a malditas ganas de o&iacute;r &oacute;peras, pero quer&iacute;a
+que Barbarita fuera a ellas para que le contase, al acostarse o despu&eacute;s
+de acostados, todo lo que hab&iacute;a visto en el <i>Regio coliseo</i>. Result&oacute; que
+a Barbarita no la llamaba mucho el Real; mas acept&oacute; con gozo para que
+fuera Jacinta. Esta, a su vez, no ten&iacute;a verdaderamente muchas ganas de
+teatro; pero alegrose mucho de poder llevar al Real a sus hermanitas
+solteras, porque las pobrecillas, si no fuera as&iacute;, no lo catar&iacute;an nunca.
+Juan, que era muy aficionado a la m&uacute;sica, estaba abonado a diario, con
+seis amigos, a un palco alto de proscenio.</p>
+
+<p>Las de Santa Cruz no llamaban la atenci&oacute;n en el teatro, y si alguna
+mirada ca&iacute;a sobre el palco era para las pollas colocadas en primer
+t&eacute;rmino con simetr&iacute;a de escaparate. Barbarita sol&iacute;a ponerse en primera
+fila para echar los gemelos en redondo y poder contarle a Baldomero algo
+m&aacute;s que cosas de decoraciones y del argumento de la &oacute;pera. Las dos
+hermanas casadas, Candelaria y Benigna, iban alguna vez, Jacinta casi
+siempre; pero se divert&iacute;a muy poco. Aquella mujer mimada por Dios, que
+la puso rodeada de ternura y bienandanzas en el lugar m&aacute;s sano, hermoso
+y tranquilo de este valle de l&aacute;grimas, sol&iacute;a decir en tono quejumbroso
+que <i>no ten&iacute;a gusto para nada</i>. La envidiada de todos, envidiaba a
+cualquier mujer pobre y descalza que pasase por la calle con un mam&oacute;n en
+brazos liado en trapos. Se le iban los ojos tras de la infancia en
+cualquier forma que se le presentara, ya fuesen los ni&ntilde;os ricos,
+vestidos de marineros y conducidos por la institutriz inglesa, ya los
+mocosos pobres, envueltos en bayeta amarilla, sucios, con caspa en la
+cabeza y en la mano un pedazo de pan lamido. No aspiraba ella a tener
+uno solo, sino que quer&iacute;a verse rodeada de una <i>serie</i>, desde el pill&iacute;n
+de cinco a&ntilde;os, hablador y travieso, hasta el rorr&oacute; de meses que no hace
+m&aacute;s que re&iacute;r como un bobo, tragar leche y apretar los pu&ntilde;os. Su
+desconsuelo se manifestaba a cada instante, ya cuando encontraba una
+bandada que iba al colegio, con sus pizarras al hombro y el l&iacute;o de
+libros llenos de mugre, ya cuando le sal&iacute;a al paso alg&uacute;n precoz mendigo
+cubierto de andrajos, mostrando para excitar la compasi&oacute;n sus carnes sin
+abrigo y los pies descalzos, llenos de saba&ntilde;ones. Pues como viera los
+alumnos de la Escuela P&iacute;a, con su uniforme galonado y sus guantes, tan
+limpios y bien puestos que parec&iacute;an caballeros chiquitos, se los com&iacute;a
+con los ojos. Las ni&ntilde;as vestidas de rosa o celeste que juegan a la rueda
+en el Prado y que parecen flores vivas que se han ca&iacute;do de los &aacute;rboles;
+las pobrecitas que envuelven su cabeza en una toquilla agujereada; los
+que hacen sus primeros pinitos en la puerta de una tienda agarr&aacute;ndose a
+la pared; los que chupan el seno de sus madres mirando por el rabo del
+ojo a la persona que se acerca a curiosear; los pilletes que enredan en
+las calles o en el solar vac&iacute;o arroj&aacute;ndose piedras y rompi&eacute;ndose la ropa
+para desesperaci&oacute;n de las madres; las nenas que en Carnaval se visten de
+chulas y se contonean con la mano clavada en la cintura; las que piden
+para la Cruz de Mayo; los talluditos que usan ya bast&oacute;n y ganan premios
+en los colegios, y los que en las funciones de teatro por la tarde
+sueltan el grito en la escena m&aacute;s interesante, distrayendo a los
+actores y enfureciendo al p&uacute;blico... todos, en una palabra, le
+interesaban igualmente.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Y de tal modo se iba ense&ntilde;oreando de su alma el af&aacute;n de la maternidad,
+que pronto empez&oacute; a embotarse en ella la facultad de apreciar las
+ventajas que disfrutaba. Estas llegaron a ser para ella invisibles, como
+lo es para todos los seres el fundamental medio de nuestra vida, la
+atm&oacute;sfera. &iquest;Pero qu&eacute; hac&iacute;a Dios que no mandaba uno siquiera de los
+chiquillos que en n&uacute;mero infinito tiene por all&aacute;? &iquest;En qu&eacute; estaba
+pensando su Divina Majestad? Y Candelaria, que apenas ten&iacute;a con qu&eacute;
+vivir, &iexcl;uno cada a&ntilde;o!... Y que vinieran diciendo que hay equidad en el
+Cielo... S&iacute;; no est&aacute; mala justicia la de arriba... s&iacute;... ya lo estamos
+viendo... De tanto pensar en esto, parec&iacute;a en ocasiones monomaniaca, y
+ten&iacute;a que apelar a su buen juicio para no dar a conocer el desatino de
+su esp&iacute;ritu, que casi casi iba tocando en la ridiculez. &iexcl;Y le ocurr&iacute;an
+cosas tan raras...! Su pena ten&iacute;a las intermitencias m&aacute;s extra&ntilde;as, y
+despu&eacute;s de largos periodos de sosiego se presentaba impetuosa y aguda,
+como un mal cr&oacute;nico que est&aacute; siempre en acecho para acometer cuando
+menos se le espera. A veces, una palabra insignificante que en la calle
+o en su casa oyera o la vista de cualquier objeto le encend&iacute;an de s&uacute;bito
+en la mente la llama de aquel tema, produci&eacute;ndole opresiones en el pecho
+y un sobresalto inexplicable.</p>
+
+<p>Se distra&iacute;a cuidando y mimando a los ni&ntilde;os de sus hermanas, a los cuales
+quer&iacute;a entra&ntilde;ablemente; pero siempre hab&iacute;a entre ella y sus sobrinitos
+una distancia que no pod&iacute;a llenar. No eran suyos, no los hab&iacute;a <i>tenido</i>
+ella, no se los sent&iacute;a unidos a s&iacute; por un hilo misterioso. Los
+verdaderamente unidos no exist&iacute;an m&aacute;s que en su pensamiento, y ten&iacute;a que
+encender y avivar este, como una fragua, para forjarse las alegr&iacute;as
+verdaderas de la maternidad. Una noche sali&oacute; de la casa de Candelaria
+para volverse a la suya poco antes de la hora de comer. Ella y su
+hermana se hab&iacute;an puesto de puntas por una tonter&iacute;a, porque Jacinta
+mimaba demasiado a Pepito, nene de tres a&ntilde;os, el primog&eacute;nito de
+Samaniego. Le compraba juguetes caros, le pon&iacute;a en la mano, para que las
+rompiera, las figuras de china de la sala y le permit&iacute;a comer mil
+golosinas. &laquo;&iexcl;Ah!, si fueras madre de verdad no har&iacute;as esto...&raquo;. &mdash;&laquo;Pues
+si no lo soy, mejor... &iquest;A ti qu&eacute; te importa?&raquo;. &mdash;&laquo;A m&iacute; nada. Dispensa,
+hija, &iexcl;qu&eacute; genio!&raquo;. &mdash;&laquo;Si no me enfado...&raquo;.&mdash;&laquo;&iexcl;Vaya, que est&aacute;s
+mimadita!&raquo;.</p>
+
+<p>Estas y otras tonter&iacute;as no ten&iacute;an consecuencias, y al cuarto de hora se
+echaban a re&iacute;r, y en paz. Pero aquella noche, al retirarse, sent&iacute;a la
+Delfina ganas de llorar. Nunca se hab&iacute;a mostrado en su alma de un modo
+tan imperioso el deseo de tener hijos. Su hermana la hab&iacute;a humillado, su
+hermana se enfadaba de que quisiera tanto al sobrinito. &iquest;Y aquello qu&eacute;
+era sino celos?... Pues cuando ella tuviera un chico, no permitir&iacute;a a
+nadie ni siquiera mirarle... Recorri&oacute; el espacio desde la calle de las
+Hileras a la de Pontejos, extraordinariamente excitada, sin ver a nadie.
+Llov&iacute;a un poco y ni siquiera se acord&oacute; de abrir su paraguas. El gas de
+los escaparates estaba ya encendido, pero Jacinta, que acostumbraba
+pararse a ver las novedades, no se detuvo en ninguna parte. Al llegar a
+la esquina de la plazuela de Pontejos y cuando iba a atravesar la calle
+para entrar en el portal de su casa, que estaba enfrente, oy&oacute; algo que
+la detuvo. Corriole un fr&iacute;o cortante por todo el cuerpo; quedose parada,
+el o&iacute;do atento a un rumor que al parecer ven&iacute;a del suelo, de entre las
+mismas piedras de la calle. Era un gemido, una voz de la naturaleza
+animal pidiendo auxilio y defensa contra el abandono y la muerte. Y el
+lamento era tan penetrante, tan afilado y agudo, que m&aacute;s que voz de un
+ser viviente parec&iacute;a el sonido de la prima de un viol&iacute;n herida
+tenuemente en lo m&aacute;s alto de la escala. Sonaba de esta manera:
+<i>miiii</i>... Jacinta miraba al suelo; porque sin duda el quejido aquel
+ven&iacute;a de lo profundo de la tierra. En sus desconsoladas entra&ntilde;as lo
+sent&iacute;a ella penetrar, traspas&aacute;ndole como una aguja el coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>Busca por aqu&iacute;, busca por all&aacute;, vio al fin junto a la acera por la parte
+de la plaza una de esas hendiduras practicadas en el encintado, que se
+llaman <i>absorbederos</i> en el lenguaje municipal, y que sirven para dar
+entrada en la alcantarilla al agua de las calles. De all&iacute;, s&iacute;, de all&iacute;
+ven&iacute;an aquellos lamentos que trastornaban el alma de la Delfina,
+produci&eacute;ndole un dolor, una efusi&oacute;n de piedad que a nada pueden
+compararse. Todo lo que en ella exist&iacute;a de presunci&oacute;n materna, toda la
+ternura que los &eacute;xtasis de madre so&ntilde;adora hab&iacute;an ido acumulando en su
+alma se hicieron fuerza activa para responder al <i>miiiii</i> subterr&aacute;neo
+con otro <i>miiii</i> dicho a su manera.</p>
+
+<p>&iquest;A qui&eacute;n pedir&iacute;a socorro? &laquo;Deogracias&raquo; grit&oacute; llamando al portero.
+Felizmente, el portero estaba en la esquina de la calle de la Paz
+hablando con un conductor del coche-correo, y al punto oy&oacute; la voz de su
+se&ntilde;orita. En cuatro trancos se puso a su lado.</p>
+
+<p>&laquo;Deogracias... eso... que ah&iacute; suena... mira a ver...&raquo; dijo la se&ntilde;orita
+temblando y p&aacute;lida.</p>
+
+<p>El portero prest&oacute; atenci&oacute;n; despu&eacute;s se puso de cuatro pies, mirando a su
+ama con semblante de marruller&iacute;a y jovialidad.</p>
+
+<p>&laquo;Pues... esto... &iexcl;Ah!, son unos gatitos que han tirado a la
+alcantarilla&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gatitos!... &iquest;est&aacute;s seguro... pero est&aacute;s seguro de que son gatitos?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;orita; y deben ser de la gata de la librer&iacute;a de ah&iacute; enfrente,
+que pari&oacute; anoche y no los puede criar todos...</p>
+
+<p>Jacinta se inclin&oacute; para o&iacute;r mejor. El <i>miiii</i> sonaba ya tan profundo que
+apenas se percib&iacute;a. &laquo;S&aacute;calos&raquo; dijo la dama con voz de autoridad
+indiscutible.</p>
+
+<p>Deogracias se volvi&oacute; a poner en cuatro pies, se arremang&oacute; el brazo y lo
+meti&oacute; por aquel hueco. Jacinta no pod&iacute;a advertir en su rostro la
+expresi&oacute;n de incredulidad, casi de burla. Llov&iacute;a m&aacute;s, y por el
+absorbedero empezaba a entrar agua, chorreando dentro con un ruido de
+freidera que apenas permit&iacute;a ya o&iacute;r el ahilado <i>miiii</i>. No obstante, la
+Delfina lo o&iacute;a siempre bien claro. El portero volvi&oacute; hacia arriba, como
+quien invoca al Cielo, su cara est&uacute;pida, y dijo sonriendo:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;orita, no se puede. Est&aacute;n muy hondos... pero muy hondos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no se puede levantar esta baldosa?&mdash;indic&oacute; ella, pisando fuerte en
+ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Esta baldosa?&mdash;repiti&oacute; Deogracias, poni&eacute;ndose de pie y mirando a su
+ama como se mira a la persona de cuya raz&oacute;n se duda&mdash;. Por poderse...
+avisando al Ayuntamiento... El teniente alcalde Sr. Aparisi, es vecino
+de casa... Pero...</p>
+
+<p>Ambos aguzaban su o&iacute;do. &laquo;Ya no se oye nada &mdash;observ&oacute; Deogracias,
+poni&eacute;ndose m&aacute;s est&uacute;pido&mdash;. Se han ahogado...&raquo;.</p>
+
+<p>No sab&iacute;a el muy bruto la pu&ntilde;alada que daba a su ama con estas palabras.
+Jacinta, sin embargo, cre&iacute;a o&iacute;r el gemido en lo profundo. Pero aquello
+no pod&iacute;a continuar. Empez&oacute; a ver la inmensa desproporci&oacute;n que hab&iacute;a
+entre la grandeza de su piedad y la peque&ntilde;ez del objeto a que la
+consagraba. Arreci&oacute; la lluvia, y el absorbedero deglutaba ya una onda
+gruesa que hac&iacute;a gargarismos y bascas al chocar con las paredes de aquel
+gaznate... Jacinta ech&oacute; a correr hacia la casa y subi&oacute;. Los nervios se
+le pusieron tan alborotados y el coraz&oacute;n tan oprimido, que sus suegros y
+su marido la creyeron enferma; y sufri&oacute; toda la noche la molestia
+indecible de o&iacute;r constantemente el <i>miiii</i> del absorbedero. En verdad
+que aquello era una tonter&iacute;a, quiz&aacute;s desorden nervioso; pero no lo pod&iacute;a
+remediar. &iexcl;Ah! Si su suegra sab&iacute;a por Deogracias lo ocurrido en la calle
+&iexcl;cu&aacute;nto se hab&iacute;a de burlar! Jacinta se avergonzaba de antemano,
+poni&eacute;ndose colorada, s&oacute;lo de considerar que entraba Barbarita
+dici&eacute;ndole con su maleante estilo: &laquo;Pero hija, &iquest;conque es cierto que
+mandaste a Deogracias meterse en las alcantarillas para salvar unos
+ni&ntilde;os abandonados...?&raquo;.</p>
+
+<p>S&oacute;lo a su marido, <i>bajo palabra de secreto</i>, cont&oacute; el lance de los
+gatitos. Jacinta no pod&iacute;a ocultarle nada, y ten&iacute;a un gusto particular en
+hacerle confianza hasta de las m&aacute;s vanas tonter&iacute;as que por su cabeza
+pasaban referentes a aquel tema de la maternidad. Y Juan, que ten&iacute;a
+talento, era indulgente con estos desvar&iacute;os del cari&ntilde;o vacante o de la
+maternidad sin hijo. Aventur&aacute;base ella a contarle cuanto le pasaba, y
+muchas cosas que a la luz del d&iacute;a no osara decir, dec&iacute;alas en la
+intimidad y soledad conyugales, porque all&iacute; ven&iacute;an como de molde, porque
+all&iacute; se dec&iacute;an sin esfuerzo cual si se dijeran por s&iacute; solas, porque, en
+fin, los comentarios sobre la sucesi&oacute;n ten&iacute;an como una base en la
+renovaci&oacute;n de las probabilidades de ella.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+
+<p>Hac&iacute;a mal Barbarita, pero muy mal, en burlarse de la man&iacute;a de su hija.
+&iexcl;Como si ella no tuviera tambi&eacute;n su man&iacute;a, y buena! Por cierto que
+llevaba a Jacinta la gran ventaja de poder satisfacerse y dar realidad a
+su pensamiento. Era una viciosa que se hartaba de los goces ansiados,
+mientras que la nuera padec&iacute;a horriblemente por no poseer nunca lo que
+anhelaba. La satisfacci&oacute;n del deseo <i>chiflaba</i> a la una tanto como a la
+otra la privaci&oacute;n del mismo.</p>
+
+<p>Barbarita ten&iacute;a la <i>chifladura</i> de las compras. Cultivaba el arte por el
+arte, es decir, la compra por la compra. Adquir&iacute;a por el simple placer
+de adquirir, y para ella no hab&iacute;a mayor gusto que hacer una excursi&oacute;n de
+tiendas y entrar luego en la casa cargada de cosas que, aunque no
+estaban dem&aacute;s, no eran de una necesidad absoluta. Pero no se sal&iacute;a nunca
+del l&iacute;mite que le marcaban sus medios de fortuna, y en esto precisamente
+estaba su magistral arte de marchante rica.</p>
+
+<p>El vicio aquel ten&iacute;a sus depravaciones, porque la se&ntilde;ora de Santa Cruz
+no s&oacute;lo iba a las tiendas de lujo, sino a los mercados, y recorr&iacute;a de
+punta a punta los cajones de la plazuela de San Miguel, las poller&iacute;as de
+la calle de la Caza y los puestos de la ternera fina en la costanilla de
+Santiago. Era tan conocida <i>do&ntilde;a Barbarita</i> en aquella zona, que las
+placeras se la disputaban y armaban entre s&iacute; grandes ciscos por la
+preferencia de una tan ilustre parroquiana.</p>
+
+<p>Lo mismo en los mercados que en las tiendas ten&iacute;a un auxiliar
+inestimable, un ojeador que tomaba aquellas cosas cual si en ello le
+fuera la salvaci&oacute;n del alma. Este era Pl&aacute;cido Estupi&ntilde;&aacute;. Como viv&iacute;a en
+la Cava de San Miguel, desde que se levantaba, a la primera luz del d&iacute;a,
+echaba una mirada de &aacute;guila sobre los cajones de la plaza. Bajaba cuando
+todav&iacute;a estaba la gente tomando la ma&ntilde;ana en las tabernas y en los caf&eacute;s
+ambulantes, y daba un vistazo a los puestos, enter&aacute;ndose del cariz del
+mercado y de las cotizaciones. Despu&eacute;s, bien embozado en la pa&ntilde;osa, se
+iba a San Gin&eacute;s, a donde llegaba algunas veces antes de que el sacrist&aacute;n
+abriera la puerta. Echaba un p&aacute;rrafo con las beatas que le hab&iacute;an cogido
+la delantera, alguna de las cuales llevaba su chocolatera y cocinilla, y
+hac&iacute;a su desayuno en el mismo p&oacute;rtico de la iglesia. Abierta esta, se
+met&iacute;an todos dentro con tanta prisa como si fueran a coger puesto en una
+funci&oacute;n de gran lleno, y empezaban las misas. Hasta la tercera o la
+cuarta no llegaba Barbarita, y en cuanto la ve&iacute;a entrar, Estupi&ntilde;&aacute; se
+corr&iacute;a despacito hasta ella, desliz&aacute;ndose de banco en banco como una
+sombra, y se le pon&iacute;a al lado. La se&ntilde;ora rezaba en voz baja moviendo los
+labios. Pl&aacute;cido ten&iacute;a que decirle muchas cosas, y entrecortaba su rezo
+para irlas desembuchando.</p>
+
+<p>&laquo;Va a salir la de D. Germ&aacute;n en la capilla de los Dolores... Hoy reciben
+congrio en la casa de Mart&iacute;nez; me han ense&ntilde;ado los despachos de
+Laredo... llena eres de gracia; el Se&ntilde;or es contigo... coliflor no hay,
+porque no han venido los arrieros de Villaviciosa por estar perdidos los
+caminos... &iexcl;Con estas malditas aguas...!, y bendito es el fruto de tu
+vientre, Jes&uacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>Pasaba tiempo a veces sin que ninguno de los dos chistara, ella a un
+extremo del banco, &eacute;l a cierta distancia, detr&aacute;s, ora de rodillas, ora
+sentados. Estupi&ntilde;&aacute; se aburr&iacute;a algunas veces por m&aacute;s que no lo declarase,
+y le gustaba que alguna beata rezagada o beato sob&oacute;n le preguntara por
+la misa: &laquo;&iquest;Se alcanza esta?&raquo;. Estupi&ntilde;&aacute; respond&iacute;a que s&iacute; o que no de la
+manera m&aacute;s cort&eacute;s, a&ntilde;adiendo siempre en el caso negativo algo que
+consolara al interrogador: &laquo;Pero est&eacute; usted tranquilo; va a salir en
+seguida la del padre Quesada, que es una p&oacute;lvora...&raquo;. Lo que &eacute;l quer&iacute;a
+era ver si saltaba conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de un gran rato de silencio, consagrado a las devociones,
+Barbarita se volv&iacute;a a &eacute;l dici&eacute;ndole con altaner&iacute;a impropia de aquel
+santo lugar:</p>
+
+<p>&laquo;Vaya, que tu amigo el Sordo nos la ha jugado buena&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;, se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>&mdash;Porque te dije que le encargaras medio solomillo, y &iquest;sabes lo que me
+mand&oacute;?, un pedazo enorme de contrafalda o babilla y un trozo de
+espaldilla, lleno de piltrafas y tendones... Vaya un modo de portarse
+con los parroquianos. Nunca m&aacute;s se le compra nada. La culpa la tienes
+t&uacute;... Ah&iacute; tienes lo que son tus <i>protegidos</i>...</p>
+
+<p>Dicho esto, Barbarita segu&iacute;a rezando y Pl&aacute;cido se pon&iacute;a a echar pestes
+mentalmente contra el Sordo, un tablajero a quien &eacute;l... No le proteg&iacute;a;
+era que <i>le hab&iacute;a recomendado</i>. Pero ya se las cantar&iacute;a &eacute;l muy claras al
+tal Sordo. Otras familias a quienes le recomendara, quej&aacute;ronse de que
+les hab&iacute;a dado <i>tapa del cencerro</i>, es decir, pescuezo, que es la carne
+peor, en vez de tapa verdadera. En estos tiempos tan desmoralizados no
+se puede recomendar a nadie. Otras ma&ntilde;anas iba con esta monserga: &laquo;&iexcl;C&oacute;mo
+est&aacute; hoy el mercado de caza! &iexcl;Qu&eacute; perdices, se&ntilde;ora! Divinidades,
+verdaderas divinidades&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No m&aacute;s perdiz. Hoy hemos de ver si Pantale&oacute;n tiene buenos cabritos.
+Tambi&eacute;n quisiera una buena lengua de vaca, <i>cargada</i>, y ver si hay
+ternera fina.</p>
+
+<p>&mdash;La hay tan fina, se&ntilde;ora, que parece <i>talmente</i> merluza.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues que me manden un buen solomillo y chuletas ri&ntilde;onadas. Ya
+sabes; no vayas a descolgarte con las agujas cortas del otro d&iacute;a.
+Conmigo no se juega.</p>
+
+<p>&mdash;Descuide usted... &iquest;Tiene la se&ntilde;ora convidados ma&ntilde;ana?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; y de pescados &iquest;qu&eacute; hay?</p>
+
+<p>&mdash;He <i>apalabrado</i> el salm&oacute;n por si viene ma&ntilde;ana... Lo que tenemos hoy es
+peste de langosta.</p>
+
+<p>Y concluidas las misas, se iban por la calle Mayor adelante en busca de
+emociones puras, inocentes, logradas con la oficiosidad amable del uno y
+el dinero copioso de la otra. No siempre se ocupaban de cosas de comer.
+Repetidas veces llev&oacute; Estupi&ntilde;&aacute; cuentos como este:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ora, se&ntilde;ora, no deje de ver las cretonas que han recibido los
+<i>chicos</i> de Sobrino... &iexcl;Qu&eacute; divinidad!&raquo;.</p>
+
+<p>Barbarita interrump&iacute;a un <i>Padrenuestro</i> para decir, todav&iacute;a con la
+expresi&oacute;n de la religiosidad en el rostro: &laquo;&iquest;Rameaditas?, s&iacute;, y con
+golpes de oro. Eso es lo que se estila ahora&raquo;.</p>
+
+<p>Y en el p&oacute;rtico, donde ya estaba Pl&aacute;cido esper&aacute;ndola, dec&iacute;a: &laquo;Vamos a
+casa de los <i>chicos</i> de Sobrino&raquo;.</p>
+
+<p>Los cuales ense&ntilde;aban a Barbarita, a m&aacute;s de las cretonas, unos satenes de
+algod&oacute;n floreados que eran la gran novedad del d&iacute;a; y a la viciosa le
+faltaba tiempo para comprarle un vestido a su nuera, quien sol&iacute;a pasarlo
+a alguna de sus hermanas.</p>
+
+<p>Otra embajada: &laquo;Se&ntilde;ora, se&ntilde;ora, esta ya no se alcanza; pero pronto va a
+salir la del sobrino del se&ntilde;or cura, que es otro padre Fuguilla por lo
+pronto que la despacha. Ya recibi&oacute; Pla los quesitos aquellos... no
+recuerdo c&oacute;mo se llaman&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora y en la hora de nuestra muerte... s&iacute;, ya... &iexcl;Si son como las
+rosquillas inglesas que me hiciste comprar el otro d&iacute;a y que ol&iacute;an a
+viejo...! Parec&iacute;an de la boda de San Isidro.</p>
+
+<p>A pesar de este rega&ntilde;o, al salir iban a casa de Pla con &aacute;nimo de no
+comprar m&aacute;s que dos libras de pasas de Corinto para hacer un pastel
+ingl&eacute;s, y la se&ntilde;ora se iba enredando, enredando, hasta dejarse en la
+tienda obra de ochocientos o novecientos reales. Mientras Estupi&ntilde;&aacute;
+admiraba, de mostrador adentro, las grandes novedades de aquel Museo
+universal de comestibles, dando su opini&oacute;n pericial sobre todo, probando
+ya una galleta de almendra y coco, que parec&iacute;a <i>talmente</i> mazap&aacute;n de
+Toledo, ya apreciando por el olor la superioridad del t&eacute; o de las
+especias, la dama se tomaba por su cuenta a uno de los dependientes, que
+era un Samaniego, y... adi&oacute;s mi dinero. A cada instante dec&iacute;a Barbarita
+que no m&aacute;s, y tras de la colecci&oacute;n de pur&eacute;s para sopas, iban las <i>perlas
+del Niz&aacute;n</i>, el <i>gluten de la estrella</i>, las salsas inglesas, el <i>caldo
+de carne de tortuga de mar</i>, la docena de botellas de Saint-Emilion,
+que tanto le gustaba a Juanito, el bote de <i>champignons extra</i>, que
+agradaban a D. Baldomero, la lata de anchoas, las trufas y otras
+menudencias. Del portamonedas de Barbarita, siempre bien provisto, sal&iacute;a
+el importe, y como hubiera un pico en la suma, tom&aacute;base la libertad de
+suprimirlo <i>por pronto pago</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, chicos, que lo mand&eacute;is todo al momento <i>a casa</i>&mdash;dec&iacute;a con
+despotismo Estupi&ntilde;&aacute; al despedirse, se&ntilde;alando las compras.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, quedaos con Dios&mdash;dec&iacute;a do&ntilde;a Barbarita, levant&aacute;ndose de la silla
+a punto que aparec&iacute;a el principal por la puerta de la trastienda, y
+saludaba con mil afectos a su parroquiana, quit&aacute;ndose la gorra de seda.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos pasando hijo... &iexcl;Ay, que <i>ladronicio</i> el de esta casa!... No
+vuelvo a entrar m&aacute;s aqu&iacute;... Abur, abur.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Hasta ma&ntilde;ana</i>, se&ntilde;ora. A los pies de usted... Tantas cosas a D.
+Baldomero... Pl&aacute;cido, Dios le guarde.</p>
+
+<p>&mdash;Maestro... que haya salud. Ciertos art&iacute;culos se compraban siempre al
+por mayor, y si era posible de primera mano. Barbarita ten&iacute;a en la
+m&eacute;dula de los huesos la fibra de comerciante, y se pirraba por sacar el
+g&eacute;nero <i>arreglado</i>. Pero, &iexcl;cu&aacute;n distantes de la realidad habr&iacute;an quedado
+estos intentos sin la ayuda del espejo de los corredores, Estupi&ntilde;&aacute; el
+Grande! &iexcl;Lo que aquel santo hombre andaba para encontrar huevos frescos
+en gran cantidad...! Todos los polleros de la Cava le tra&iacute;an en
+palmitas, y &eacute;l se daba no poca importancia, dici&eacute;ndoles: &laquo;o tenemos
+formalidad o no tenemos formalidad. Examinemos el art&iacute;culo, y despu&eacute;s se
+discutir&aacute;... calma, hombre, calma&raquo;. Y all&iacute; era el mirar huevo por huevo
+al trasluz, el sopesarlos y el hacer mil comentarios sobre su probable
+antig&uuml;edad. Como alguno de aquellos t&iacute;os le enga&ntilde;ase, ya pod&iacute;a
+encomendarse a Dios, porque llegaba Estupi&ntilde;&aacute; como una fiera amenaz&aacute;ndole
+con el teniente alcalde, con la inspecci&oacute;n municipal y hasta con la
+horca.</p>
+
+<p>Para el vino, Pl&aacute;cido se entend&iacute;a con los vinateros de la Cava Baja, que
+van a hacer sus compras a Arganda, Taranc&oacute;n o a la Sagra, y se pon&iacute;a de
+acuerdo con un medidor para que le tomase una partida de tantos o
+cuantos cascos, y la remitiese por conducto de un carromatero ya
+conocido. Ello hab&iacute;a de ser g&eacute;nero de confianza, <i>talmente</i> moro. El
+chocolate era una de las cosas en que m&aacute;s actividad y celo desplegaba
+Pl&aacute;cido, porque en cuanto Barbarita le daba &oacute;rdenes ya no viv&iacute;a el
+hombre. Compraba el cacao superior, el az&uacute;car y la canela en casa de
+Gallo, y lo llevaba todo a hombros de un mozo, sin perderlo de vista, a
+la casa del que hac&iacute;a las tareas. Los de Santa Cruz no transig&iacute;an con
+los chocolates industriales, y el que tomaban hab&iacute;a de ser hecho a
+brazo. Mientras el chocolatero trabajaba, Estupi&ntilde;&aacute; se convert&iacute;a en
+mosca, quiero decir que estaba todo el d&iacute;a dando vueltas alrededor de la
+tarea para ver si se hac&iacute;a <i>a toda conciencia</i>, porque en estas cosas
+hay que andar con mucho ojo.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a d&iacute;as de compras grandes y otros de menudencias; pero d&iacute;as sin
+comprar no los hubo nunca. A falta de cosa mayor, la viciosa no entraba
+nunca en su casa sin el par de guantes, el imperdible, los polvos para
+limpiar metales, el paquete de horquillas o cualquier chucher&iacute;a de los
+bazares de <i>todo a real</i>. A su hijo le llevaba regalitos sin fin,
+corbatas que no usaba, botonaduras que no se pon&iacute;a nunca. Jacinta
+recib&iacute;a con gozo lo que su suegra llevaba para ella, y lo iba
+trasmitiendo a sus hermanas solteras y casadas, menos ciertas cosas cuyo
+traspaso no le permit&iacute;an. Por la ropa blanca y por la manteler&iacute;a ten&iacute;a
+la se&ntilde;ora de Santa Cruz verdadera pasi&oacute;n. De la tienda de su hermano
+tra&iacute;a piezas enteras de holanda fin&iacute;sima, de batistas y madapolanes. D.
+Baldomero II y D. Juan I ten&iacute;an ropa para un siglo.</p>
+
+<p>A entrambos les surt&iacute;a de cigarros la propia Barbarita. El primero
+fumaba puros, el segundo papel. Estupi&ntilde;&aacute; se encargaba de traer estos
+peligrosos art&iacute;culos de la casa de un truchim&aacute;n que los vend&iacute;a de
+<i>ocultis</i>, y cuando atravesaba las calles de Madrid con las cajas debajo
+de su capa verde, el coraz&oacute;n le palpitaba de gozo, considerando la
+trastada que le jugaba a la Hacienda p&uacute;blica y recordando sus hermosos
+tiempos juveniles. Pero en los liberalescos a&ntilde;os de 71 y 72 ya era otra
+cosa... La polic&iacute;a fiscal no se met&iacute;a en muchos dibujos. El temerario
+contrabandista, no obstante, hubiera deseado tener un mal encuentro para
+probar al mundo entero que era hombre capaz de arruinar la <i>Renta</i> si se
+lo propon&iacute;a. Barbarita examinaba las cajas y sus marcas, las regateaba,
+ol&iacute;a el tabaco, escog&iacute;a lo que le parec&iacute;a mejor y pagaba muy bien.
+Siempre ten&iacute;a D. Baldomero un surtido tan variado como excelente, y el
+buen se&ntilde;or conservaba, entre ciertos h&aacute;bitos tenaces del antiguo
+hortera, el de reservar los cigarros mejores para los domingos.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="viia" id="viia"></a>-VII-</h2>
+
+<h2>Guillermina, virgen y fundadora</h2>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>De cuantas personas entraban en aquella casa, la m&aacute;s agasajada por toda
+la familia de Santa Cruz era Guillermina Pacheco, que viv&iacute;a en la
+inmediata, t&iacute;a de Moreno Isla y prima de Ruiz-Ochoa, los dos socios
+principales de la antigua banca de Moreno. Los miradores de las dos
+casas estaban tan pr&oacute;ximos, que por ellos se comunicaba do&ntilde;a B&aacute;rbara con
+su amiga, y un toquecito en los cristales era suficiente para establecer
+la correspondencia.</p>
+
+<p>Guillermina entraba en aquella casa como en la suya, sin etiqueta ni
+cumplimiento alguno. Ya ten&iacute;a su lugar fijo en el gabinete de Barbarita,
+una silla baja; y lo mismo era sentarse que empezar a hacer media o a
+coser. Llevaba siempre consigo un gran l&iacute;o o cesto de labor, cal&aacute;base
+los anteojos, cog&iacute;a las herramientas, y ya no paraba en toda la noche.
+Hubiera o no en las otras habitaciones gente de cumplido, ella no se
+mov&iacute;a de all&iacute; ni ten&iacute;a que ver con nadie. Los amigos asiduos de la casa,
+como el marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz, Aparisi o Federico Ruiz, la miraban ya
+como se mira lo que est&aacute; siempre en un mismo sitio y no puede estar en
+otro. Los de fuera y los de dentro trataban con respeto, casi con
+veneraci&oacute;n, a la ilustre se&ntilde;ora, que era como una figurita de
+nacimiento, menuda y agraciada, la cabellera con bastantes canas, aunque
+no tantas como la de Barbarita, las mejillas sonrosadas, la boca
+risue&ntilde;a, el habla tranquila y graciosa, y el vestido humild&iacute;simo.</p>
+
+<p>Algunos d&iacute;as iba a comer all&iacute;, es decir, a sentarse a la mesa. Tomaba un
+poco de sopa, y en lo dem&aacute;s no hac&iacute;a m&aacute;s que picar. D. Baldomero sol&iacute;a
+enfadarse y le dec&iacute;a: &laquo;Hija de mi alma, cuando quieras hacer penitencia
+no vengas a mi casa. Observo que no pruebas aquello que m&aacute;s te gusta. No
+me vengas a m&iacute; con cuentos. Yo tengo buena memoria. Te o&iacute; decir muchas
+veces en casa de mi padre que te gustaban las codornices, y ahora las
+tienes aqu&iacute; y no las pruebas. &iexcl;Que no tienes gana!... Para esto siempre
+hay gana. Y veo que no tocas el pan... Vamos, Guillermina, que perdemos
+las amistades...&raquo;.</p>
+
+<p>Barbarita, que conoc&iacute;a bien a su amiga, no machacaba como D. Baldomero,
+dej&aacute;ndola comer lo que quisiese o no comer nada. Si por acaso estaba en
+la mesa el gordo Arnaiz, se permit&iacute;a algunas cuchufletas de buen g&eacute;nero
+sobre aquellos antiqu&iacute;simos estilos de santidad, consistentes en no
+comer. &laquo;Lo que entra por la boca no da&ntilde;a al alma. Lo ha dicho San
+Francisco de Sales nada menos&raquo;. La de Pacheco, que ten&iacute;a buenas
+despachaderas, no se quedaba callada, y respond&iacute;a con donaire a todas
+las bromas sin enojarse nunca. Concluida la comida, se diseminaban los
+comensales, unos a tomar caf&eacute; al despacho y a jugar al tresillo, otros a
+formar grupos m&aacute;s o menos animados y chismosos, y Guillermina a su
+sillita baja y al teje maneje de las agujas. Jacinta se le pon&iacute;a al lado
+y tomaba muy a menudo parte en aquellas tareas, tan simp&aacute;ticas a su
+coraz&oacute;n. Guillermina hac&iacute;a camisolas, calzones y chambritas para sus
+ciento y pico de hijos de ambos sexos.</p>
+
+<p>Lo referente a esta insigne dama lo sabe mejor que nadie Zalamero, que
+est&aacute; casado con una de las chicas de Ruiz-Ochoa. Nos ha prometido
+escribir la biograf&iacute;a de su excelsa pariente cuando se muera, y
+entretanto no tiene reparo en dar cuantos datos se le pidan, ni en
+rectificar a ciencia cierta las versiones que el criterio vulgar ha
+hecho correr sobre las causas que determinaron en Guillermina, hace
+veinticinco a&ntilde;os, la pasi&oacute;n de la beneficencia. Alguien ha dicho que
+amores desgraciados la empujaron a la devoci&oacute;n primero, a la caridad
+propagandista y militante despu&eacute;s. Mas Zalamero asegura que esta opini&oacute;n
+es tan tonta como falsa. Guillermina, que fue bonita y aun un poquillo
+presumida, no tuvo nunca amores, y si los tuvo no se sabe absolutamente
+nada de ellos. Es un secreto guardado con sepulcral reserva en su
+coraz&oacute;n. Lo que la familia admite es que la muerte de su madre la
+impresion&oacute; tan vivamente, que hubo de proponerse, como el otro, <i>no
+servir a m&aacute;s se&ntilde;ores que se le pudieran morir</i>. No naci&oacute; aquella sin
+igual mujer para la vida contemplativa. Era un temperamento so&ntilde;ador,
+activo y emprendedor; un esp&iacute;ritu con ideas propias y con iniciativas
+varoniles. No se le hac&iacute;a cuesta arriba la disciplina en el terreno
+espiritual; pero en el material s&iacute;, por lo cual no pens&oacute; nunca en
+afiliarse a ninguna de las &oacute;rdenes religiosas m&aacute;s o menos severas que
+hay en el orbe cat&oacute;lico. No se reconoc&iacute;a con bastante paciencia para
+encerrarse y estar todo el santo d&iacute;a bostezando el <i>gori gori</i>, ni para
+ser soldado en los valientes escuadrones de Hermanas de la Caridad. La
+llama viv&iacute;sima que en su pecho ard&iacute;a no le inspiraba la sumisi&oacute;n pasiva,
+sino actividades iniciadoras que deb&iacute;an desarrollarse en la libertad.
+Ten&iacute;a un car&aacute;cter inflexible y un tesoro de dotes de mando y de
+facultades de organizaci&oacute;n que ya quisieran para s&iacute; algunos de los
+hombres que dirigen los destinos del mundo. Era mujer que cuando se
+propon&iacute;a algo iba a su fin derecha como una bala, con perseverancia
+grandiosa sin torcerse nunca ni desmayar un momento, inflexible y
+serena. Si en este camino recto encontraba espinas, las pisaba y
+adelante, con los pies ensangrentados.</p>
+
+<p>Empez&oacute; por unirse a unas cuantas se&ntilde;oras nobles amigas suyas que hab&iacute;an
+establecido asociaciones para socorros domiciliarios, y al poco tiempo
+Guillermina sobrepuj&oacute; a sus compa&ntilde;eras. Estas lo hac&iacute;an por vanidad, a
+veces de mala gana; aquella trabajaba con ardiente energ&iacute;a, y en esto se
+le fue la mitad de su leg&iacute;tima. A los dos a&ntilde;os de vivir as&iacute;, se la vio
+renunciar por completo a vestirse y ataviarse como manda la moda que se
+atav&iacute;en las se&ntilde;oras. Adopt&oacute; el traje liso de merino negro, el manto,
+pa&ntilde;ol&oacute;n oscuro cuando hac&iacute;a fr&iacute;o, y unos zapatones de pa&ntilde;o holgados y
+feos. Tal hab&iacute;a de ser su empaque en todo el resto de sus d&iacute;as.</p>
+
+<p>La asociaci&oacute;n ben&eacute;fica a que pertenec&iacute;a no se acomodaba al &aacute;nimo
+emprendedor de Guillermina, pues quer&iacute;a ella picar m&aacute;s alto, intentando
+cosas verdaderamente dif&iacute;ciles y tenidas por imposibles. Sus talentos de
+fundadora se revelaron entonces, asustando a todo aquel se&ntilde;or&iacute;o que no
+sab&iacute;a salir de ciertas rutinas. Algunas amigas suyas aseguraron que
+estaba loca, porque demencia era pensar en la fundaci&oacute;n de un asilo
+para huerfanitos, y mayor locura dotarle de recursos permanentes. Pero
+la infatigable iniciadora no desmayaba, y el asilo <i>fue hecho</i>,
+sosteni&eacute;ndose en los tres primeros a&ntilde;os de su dif&iacute;cil existencia con
+parte de la renta que le quedaba a Guillermina y con los donativos de
+sus parientes ricos. Pero de pronto la instituci&oacute;n empez&oacute; a crecer; se
+hinchaba y cund&iacute;a como las miserias humanas, y sus necesidades sub&iacute;an en
+proporciones aterradoras. La dama pignor&oacute; los restos de su leg&iacute;tima;
+despu&eacute;s tuvo que venderlos. Gracias a sus parientes, no se vio en el
+trance fatal de tener que mandar a la calle a los asilados a que
+pidieran limosna para s&iacute; y para la fundadora. Y al propio tiempo
+repart&iacute;a peri&oacute;dicamente cuantiosas limosnas entre la gente pobre de los
+distritos de la Inclusa y Hospital; vest&iacute;a muchos ni&ntilde;os, daba ropa a los
+viejos, medicinas a los enfermos, alimentos y socorros diversos a todos.
+Para no suspender estos auxilios y seguir sosteniendo el asilo era
+forzoso buscar nuevos recursos. &iquest;D&oacute;nde y c&oacute;mo? Ya las amistades y
+parentescos estaban tan explotados, que si se tiraba un poco m&aacute;s de la
+cuerda, era f&aacute;cil que se rompiera. Los m&aacute;s generosos empezaban a poner
+mala cara, y los cicateros, cuando se les iba a cobrar la cuota, dec&iacute;an
+que no estaban en casa.</p>
+
+<p>&laquo;Lleg&oacute; un d&iacute;a &mdash;dijo Guillermina, suspendiendo su labor, para contar el
+caso a varios amigos de Barbarita&mdash;, en que las cosas se pusieron muy
+feas. Amaneci&oacute; aquel d&iacute;a, y los veintitr&eacute;s peque&ntilde;uelos de Dios que yo
+hab&iacute;a recogido y que estaban en una casucha baja y h&uacute;meda de la calle de
+Zarzal, aposentados como conejos, no ten&iacute;an qu&eacute; comer. Tirando de aqu&iacute; y
+de all&aacute;, pod&iacute;an pasar aquel d&iacute;a; pero &iquest;y el siguiente? Yo no ten&iacute;a ya ni
+dinero ni quien me lo diera. Deb&iacute;a no s&eacute; cu&aacute;ntas fanegas de jud&iacute;as, doce
+docenas de alpargatas, tant&iacute;simas arrobas de aceite; no me quedaba que
+empe&ntilde;ar o que vender m&aacute;s que el rosario. Los primos, que me sacaban de
+tantos apuros, ya hab&iacute;an hecho los imposibles... Me daba verg&uuml;enza de
+volver a pedirles. Mi sobrino Manolo, que sol&iacute;a ser mi pa&ntilde;o de l&aacute;grimas,
+estaba en Londres. Y suponiendo que mi primo Valeriano me tapase mis
+veintitr&eacute;s bocas (y la m&iacute;a veinticuatro) por unos cuantos d&iacute;as, &iquest;c&oacute;mo me
+arreglar&iacute;a despu&eacute;s? Nada, nada, era indispensable ara&ntilde;ar la tierra y
+buscar cuartos de otra manera y por otros medios.</p>
+
+<p>&raquo;El d&iacute;a aquel fue d&iacute;a de pruebas para m&iacute;. Era un viernes de Dolores, y
+las siete espadas, se&ntilde;ores m&iacute;os, estaban clavadas aqu&iacute;... Me pasaban
+como unos rayos por la frente. Una idea era lo que yo necesitaba, y m&aacute;s
+que una idea, valor, s&iacute;, valor para lanzarme... De repente not&eacute; que
+aquel valor tan deseado entraba en m&iacute;, pero un valor tremendo, como el
+de los soldados cuando se arrojan sobre los ca&ntilde;ones enemigos... Trinqu&eacute;
+la mantilla y me ech&eacute; a la calle. Ya estaba decidida, y no crean,
+alegre como unas Pascuas, porque sab&iacute;a lo que ten&iacute;a que hacer. Hasta
+entonces yo hab&iacute;a pedido a los amigos; desde aquel momento pedir&iacute;a a
+todo bicho viviente, ir&iacute;a de puerta en puerta con la mano as&iacute;... Del
+primer tir&oacute;n me plant&eacute; en casa de una duquesa extranjera, a quien no
+hab&iacute;a visto en mi vida. Recibiome con cierto recelo; me tom&oacute; por una
+trapisondista; pero a m&iacute;, &iquest;qu&eacute; me importaba? Diome la limosna y, en
+seguida, para alentarme y apurar el c&aacute;liz de una vez, estuve dos d&iacute;as
+sin parar subiendo escaleras y tirando de las campanillas. Una familia
+me recomendaba a otra, y no quiero decir a ustedes las humillaciones,
+los portazos y los desaires que recib&iacute;. Pero el dichoso man&aacute; iba cayendo
+a gotitas a gotitas... Al poco tiempo vi que el negocio iba mejor de lo
+que yo esperaba. Algunos me recib&iacute;an casi con palio; pero la mayor parte
+se quedaban fr&iacute;os, mascullando excusas y buscando pretextos para no
+darme un c&eacute;ntimo. 'Ya ve usted, hay tantas atenciones... no se cobra...
+el Gobierno se lo lleva todo con las contribuciones...'. Yo les
+tranquilizaba. 'Un <i>perro chico</i>, un <i>perro chico</i> es lo que me hace falta'. Y aqu&iacute; me
+daban el <i>perro</i>, all&aacute; el duro, en otra parte el billetito de cinco o
+de diez... o nada. Pero yo tan campante. &iexcl;Ah!, se&ntilde;ores, este oficio
+tiene muchas quiebras. Un d&iacute;a sub&iacute; a un cuarto segundo, que me hab&iacute;a
+recomendado no s&eacute; qui&eacute;n. La tal recomendaci&oacute;n fue una broma est&uacute;pida.
+Pues se&ntilde;or, llamo, entro, y me salen tres o cuatro tarascas... &iexcl;Ay, Dios
+m&iacute;o, eran mujeres de mala vida!... Yo, que veo aquello... lo primero que
+me ocurri&oacute; fue echar a correr. 'Pero no&mdash;me dije&mdash;, no me voy. Veremos
+si les saco algo'. Hija, me llenaron de injurias, y una de ellas se fue
+hacia dentro y volvi&oacute; con una escoba para pegarme. &iquest;Qu&eacute; creen ustedes
+que hice? &iquest;Acobardarme? Quia. Me met&iacute; m&aacute;s adentro y les dije cuatro
+frescas... pero bien dichas... &iexcl;bonito genio tengo yo...! &iexcl;Pues creer&aacute;n
+ustedes que les saqu&eacute; dinero! P&aacute;smense, p&aacute;smense... la m&aacute;s
+desvergonzada, la que me sali&oacute; con la escoba fue a los dos d&iacute;as a mi
+casa a llevarme un napole&oacute;n.</p>
+
+<p>&raquo;Bueno... pues ver&aacute;n ustedes. La costumbre de pedir me ha ido dando esta
+bendita cara de vaqueta que tengo ahora. Conmigo no valen desaires ni s&eacute;
+ya lo que son sonrojos. He perdido la verg&uuml;enza. Mi piel no sabe ya lo
+que es ruborizarse, ni mis o&iacute;dos se escandalizan por una palabra m&aacute;s o
+menos fina. Ya me pueden llamar <i>perra jud&iacute;a</i>; lo mismo que si me
+llamaran <i>la perla de Oriente</i>; todo me suena igual... No veo m&aacute;s que mi
+objeto, y me voy derechita a &eacute;l sin hacer caso de nada. Esto me da
+tantos &aacute;nimos que me atrevo con todo. Lo mismo le pido al Rey que al
+&uacute;ltimo de los obreros. Oigan ustedes este golpe: Un d&iacute;a dije: 'Voy a
+ver a D. Amadeo'. Pido mi audiencia, llego, entro, me recibe muy serio.
+Yo imperturbable, le habl&eacute; de mi asilo y le dije que esperaba alg&uacute;n
+auxilio de su real munificencia. '&iquest;Un asilo de ancianos?'&mdash;me pregunt&oacute;.
+'No se&ntilde;or, de ni&ntilde;os'. &mdash;'&iquest;Son muchos?'. Y no dijo m&aacute;s. Me miraba con
+afabilidad. &iexcl;Qu&eacute; hombre!, &iexcl;qu&eacute; bocaza! Mand&oacute; que me dieran seis mil
+<i>gueal&eacute;s</i>... Luego vi a do&ntilde;a Mar&iacute;a Victoria, &iexcl;qu&eacute; excelente se&ntilde;ora!
+H&iacute;zome sentar a su lado; trat&aacute;bame como su igual; tuve que darle mil
+noticias del asilo, explicarle todo... Quer&iacute;a saber lo que comen los
+peque&ntilde;os, qu&eacute; ropa les pongo... En fin, que nos hicimos amigas...
+Empe&ntilde;ada en que fuera yo all&aacute; todos los d&iacute;as... A la semana siguiente me
+mand&oacute; montones de ropa, piezas de tela y suscribi&oacute; a sus ni&ntilde;os por una
+cantidad mensual.</p>
+
+<p>&raquo;Con que ya ven ustedes c&oacute;mo as&iacute;, a lo tonto a lo tonto, ha venido sobre
+mi asilo el pan de cada d&iacute;a. La suscripci&oacute;n fija creci&oacute; tanto que al a&ntilde;o
+pude tomar la casa de la calle de Alburquerque, que tiene un gran patio
+y mucho desahogo. He puesto una zapater&iacute;a para que los muchachos
+grandecitos trabajen, y dos escuelas para que aprendan. El a&ntilde;o pasado
+eran sesenta y ya llegan a ciento diez. Se pasan apuros; pero vamos
+viviendo. Un d&iacute;a andamos mal y al otro llueven provisiones. Cuando veo
+la despensa vac&iacute;a, <i>me echo a la calle</i>, como dicen los revolucionarios,
+y por la noche ya llevo a casa la libreta para tantas bocas. Y hay d&iacute;as
+en que no les falta su extraordinario, &iquest;qu&eacute; cre&iacute;an ustedes? Hoy les he
+dado un arroz con leche, que no lo comen mejor los que me oyen. Veremos
+si al fin me salgo con la m&iacute;a, que es un grano de an&iacute;s, nada menos que
+levantarles un edificio de nueva planta, un verdadero palacio con la
+holgura y la distribuci&oacute;n convenientes, todo muy propio, con
+departamento de esto, departamento de lo otro, de modo que me quepan
+all&iacute; doscientos o trescientos hu&eacute;rfanos, y puedan vivir bien y educarse
+y ser buenos cristianos&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;Un edificio <i>ad hoc</i>&raquo; dijo con incredulidad el marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz,
+que era uno de los presentes.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ad... hoc</i>, s&iacute; se&ntilde;or&mdash;replic&oacute; Guillermina, acentuando las dos
+palabras latinas&mdash;. Pues est&aacute; usted adelantado de noticias. &iquest;No sabe que
+tengo el terreno y los planos, y que ya me est&aacute;n haciendo el vaciado?
+&iquest;Sabe usted el sitio? M&aacute;s abajo del que ocupan las <i>Micaelas</i>, esas que
+recogen y corrigen las mujeres p&eacute;rdidas. El arquitecto y los delineantes
+me trabajan gratis. Ahora no pido s&oacute;lo dinero, sino ladrillo recocho y
+pint&oacute;n. Con que a ver...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tiene usted ya la memoria de canter&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;pregunt&oacute; con vivo inter&eacute;s Aparisi, que era hombre fuerte en negocio de
+berroque&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or. &iquest;Me quiere usted dar algo?</p>
+
+<p>&mdash;Le doy a usted&mdash;dijo Aparisi, acompa&ntilde;ando su generosidad de un gesto
+imperial&mdash;, la friolera de sesenta metros c&uacute;bicos de piedra sillar que
+tengo en la Guindalera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A c&oacute;mo? &mdash;pregunt&oacute; Guillermina, mir&aacute;ndole con los ojos gui&ntilde;ados y
+apunt&aacute;ndole con la aguja de media.</p>
+
+<p>&mdash;A nada... La piedra es de usted. &mdash;Gracias, Dios se lo pague. Y el
+marqu&eacute;s, &iquest;qu&eacute; me da?</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo... &iquest;Quiere usted dos vigas de hierro de doble T que me
+sobraron de la casa de la Carrera?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no las he de querer? Yo lo tomo todo, hasta una llave vieja,
+para cuando se acabe el edificio. &iquest;Saben ustedes lo que me llev&eacute; ayer a
+casa? Cuatro azulejos de cocina, un grifo y tres paquetitos de argollas.
+Todo sirve, amigos. Si en alg&uacute;n tejar me dan cuatro ladrillos, los
+acepto y a la obra con ellos. &iquest;Ven ustedes c&oacute;mo hacen los p&aacute;jaros sus
+nidos? Pues yo construir&eacute; mi palacio de hu&eacute;rfanos cogiendo aqu&iacute; una
+pajita y all&aacute; otra. Ya se lo he dicho a B&aacute;rbara, no ha de tirar ni un
+clavo, aunque est&eacute; torcido, ni una tabla, aunque est&eacute; rota. Los sellos
+de correo se venden, las cajas de cerillas tambi&eacute;n... &iquest;Con qu&eacute; creen
+ustedes que he comprado yo el gran lavabo que tenemos en el asilo? Pues
+juntando cabos de vela y vendi&eacute;ndolos al peso. El otro d&iacute;a me ofrecieron
+una petaca de cuero de Rusia. &laquo;&iquest;Para qu&eacute; le sirve eso?&raquo; dir&aacute;n estos
+se&ntilde;ores. Pues me sirvi&oacute; para hacer un regalo a uno de los delineantes
+que trabajan en el proyecto... &iquest;Ven ustedes a este marqu&eacute;s de
+Casa-Mu&ntilde;oz, que me est&aacute; oyendo y me ha ofrecido dos vigas de doble T?
+Bueno: &iquest;cu&aacute;nto apuestan a que le saco algo m&aacute;s? &iquest;Pues qu&eacute;, creen ustedes
+que el se&ntilde;or marqu&eacute;s tiene sus grandes yeser&iacute;as de Vallecas para ver
+estos apuros m&iacute;os y no acudir a ellos?</p>
+
+<p>&mdash;Guillermina&mdash;dijo Casa-Mu&ntilde;oz algo conmovido&mdash;, cuente usted con
+doscientos quintales, y del blanco, que es a nueve reales.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dije yo? Bueno. Y este se&ntilde;or de Ruiz &iquest;qu&eacute; har&aacute; por m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Hija de mi alma, yo no tengo ni un clavo ni una astilla, pero le juro
+a usted por mi salvaci&oacute;n que un domingo me salgo por las afueras y robo
+una teja para llev&aacute;rsela a usted... robar&eacute; dos, tres, una docena de
+tejas... Y hay m&aacute;s. Si quiere usted mis dos comedias, mis folletos
+sobre la <i>Uni&oacute;n ib&eacute;rica</i> y sobre la <i>Organizaci&oacute;n de los bomberos en
+Suiza</i>, mi obra de los <i>Castillos</i>, todo est&aacute; a su disposici&oacute;n. Diez
+ejemplares de cada cosa para que hagan lotes en una <i>t&oacute;mbola</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo ven ustedes? Cae el man&aacute;, cae. Si en estas cosas no hay m&aacute;s que
+ponerse a ello... Mi amigo Baldomero tambi&eacute;n dar&aacute; algo.</p>
+
+<p>&mdash;Las campanas&mdash;dijo el insigne comerciante&mdash;, y si me apuran, el
+pararrayos y las veletas. Quiero concluir el edificio, ya que el amigo
+Aparisi lo quiere empezar.</p>
+
+<p>&mdash;La primera piedra no hay quien me la quite&mdash;expres&oacute; Aparisi con toda
+la hinchaz&oacute;n de su amor propio.</p>
+
+<p>&mdash;Algo m&aacute;s daremos, &iquest;verdad Baldomero?&mdash;apunt&oacute; Barbarita&mdash;, por ejemplo,
+toda la capilla, con su &oacute;rgano, altares, im&aacute;genes...</p>
+
+<p>&mdash;Todo lo que t&uacute; quieras, hija. Y eso que las <i>Micaelas</i> nos han llevado
+un pico. Les hemos hecho casi la mitad del edificio. Pero ahora le toca
+a Guillermina. Ya sabe ella d&oacute;nde estamos.</p>
+
+<p>El grupo que rodeaba a la fundadora se fue disolviendo. Algunos,
+creyendo sin duda que lo que all&iacute; se trataba m&aacute;s era broma que otra
+cosa, se fueron al sal&oacute;n a hablar <i>seriamente</i> de pol&iacute;tica y negocios.
+D. Baldomero, que deseaba echar aquella noche una partida de mus, el
+juego cl&aacute;sico y tradicional de los comerciantes de Madrid, esper&oacute; a que
+entrase Pepe Samaniego, que era maestro consumado, para armar la
+partida. Durante un largo rato no se o&iacute;a en el sal&oacute;n m&aacute;s que <i>envido a
+la chica... envido a los pares... &oacute;rdago</i>.</p>
+
+<p>Las tres se&ntilde;oras estuvieron un momento solas, hablando de aquel proyecto
+de Guillermina, que segu&iacute;a cose que te cose, ayudada por Jacinta. Hac&iacute;a
+alg&uacute;n tiempo que a esta se le hab&iacute;a despertado vivo entusiasmo por las
+empresas de la Pacheco, y a m&aacute;s de reservarle todo el dinero que pod&iacute;a,
+se picaba los dedos cosiendo para ella durante largas horas. Es que
+sent&iacute;a un cierto consuelo en confeccionar ropas de ni&ntilde;o y en suponer que
+aquellas mangas iban a abrigar bracitos desnudos. Ya hab&iacute;a hecho dos
+visitas al asilo de la calle de Alburquerque y acompa&ntilde;ado una vez a
+Guillermina en sus excursiones a las miserables zah&uacute;rdas donde viven los
+pobres de la Inclusa y Hospital.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a que o&iacute;rla cuando volvi&oacute; a aquella su primera visita a los barrios
+del Sur. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; desigualdades!&mdash;dec&iacute;a, desflorando sin saberlo el
+problema social&mdash;. Unos tanto y otros tan poco. Falta equilibrio y el
+mundo parece que se cae. Todo se arreglar&iacute;a si los que tienen mucho
+dieran lo que les sobra a los que no poseen nada. &iquest;Pero qu&eacute; cosa
+sobra?... Vaya usted a saber&raquo;. Guillermina aseguraba que se necesita
+mucha fe para no acobardarse ante los espect&aacute;culos que la miseria
+ofrece. &laquo;Porque se encuentran almas buenas, s&iacute;&mdash;dec&iacute;a&mdash;; pero tambi&eacute;n
+mucha ingratitud. La falta de educaci&oacute;n es para el pobre una desventaja
+mayor que la pobreza. Luego la propia miseria les ataca el coraz&oacute;n a
+muchos y se lo corrompe. A m&iacute; me han insultado; me han arrojado pu&ntilde;ados
+de esti&eacute;rcol y tronchos de berza; me han llamado <i>t&iacute;a bruja</i>...&raquo;.</p>
+
+<p>A Barbarita le daba aquella noche por hablar de arquitectura y no perd&iacute;a
+ripio. Entr&oacute; a la saz&oacute;n Moreno Isla, y le recibieron con exclamaciones
+de alegr&iacute;a. Llamole la se&ntilde;ora y le dijo: &laquo;&iquest;Tiene usted cascote?&raquo;.</p>
+
+<p>Las tres se re&iacute;an viendo la sorpresa y confusi&oacute;n de Moreno, que era una
+excelente persona, como de cuarenta y cinco a&ntilde;os, c&eacute;libe y riqu&iacute;simo, de
+aficiones tan inglesas que se pasaba en Londres la mayor parte del a&ntilde;o;
+alto, delgado y de muy mal color porque estaba muy delicado de salud.</p>
+
+<p>&laquo;Que si tengo cascote. &iquest;Es para usted?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Usted conteste y no sea como los gallegos, que cuando se les hace una
+pregunta hacen otra. Puesto que est&aacute; usted de derribo, &iquest;tiene cascote,
+s&iacute; o no?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que lo tengo... y pedernal magn&iacute;fico. A sesenta reales el carro,
+todo lo que usted quiera. El cascote a ocho reales... &iexcl;Ah, tonto de m&iacute;!
+Ya s&eacute; de qu&eacute; se trata. La santurrona les est&aacute; embaucando con las
+fantasmagor&iacute;as del asilo que va a edificar... Cuidado, mucho cuidado con
+los timos. Antes de que ponga la primera piedra, nos llevar&aacute; a todos a
+San Bernardino.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate, que ya saben todos lo avariento que eres. Si no te pido nada,
+ro&ntilde;oso, cicatero.</p>
+
+<p>Gu&aacute;rdate tus carros de pedernal, que ya te los pondr&aacute;n en la balanza el
+d&iacute;a del gran saldo final, ya sabes, cuando suenen las trompetas
+aquellas, s&iacute;, y entonces, cuando veas que la balanza se te cae del lado
+de la avaricia, dir&aacute;s: &laquo;Se&ntilde;or, qu&iacute;tame estos carros de piedra y cascote
+que me hunden en el Infierno&raquo;, y todos diremos: &laquo;no, no, no... &eacute;chenle
+carga, que es muy malo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Con poner en el otro platillo los perros grandes y chicos que me has
+sacado, me salvo&mdash;d&iacute;jole Moreno riendo y manose&aacute;ndole la cara.</p>
+
+<p>&mdash;No me hagas caranto&ntilde;as, sobrinillo. Si crees que eso te vale, gran
+miserable, usurero, recocho en dinero&mdash;repiti&oacute; Guillermina con tono y
+sonrisa de chanza ben&eacute;vola&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; hombres estos! Todav&iacute;a quieres m&aacute;s, y
+est&aacute;s derribando una manzana de casas viejas para hacer casas
+domingueras y sacarles las entra&ntilde;as a los pobres.</p>
+
+<p>&mdash;No hagan ustedes caso de esta <i>rata eclesi&aacute;stica</i>&mdash;indic&oacute; Moreno,
+sent&aacute;ndose entre Barbarita y Jacinta&mdash;. Me est&aacute; arruinando. Voy a tener
+que irme a un pueblo porque no me deja vivir. Es que no me puedo
+descuidar. Estoy en casa visti&eacute;ndome... siento un susurro, algo as&iacute; como
+paso de ladrones; miro, veo un bulto, doy un grito... Es ella, la rata
+que ha entrado y se va escurriendo por entre los muebles. Nada; por
+pronto que acudo, ya mi querida t&iacute;a me ha registrado la ropa que est&aacute; en
+el perchero y se ha llevado todo lo que hab&iacute;a en el bolsillo del
+chaleco.</p>
+
+<p>La fundadora, atacada de una hilaridad convulsiva, se re&iacute;a con toda su
+alma.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ven ac&aacute;, pillo&mdash;dijo sec&aacute;ndose las l&aacute;grimas que la risa hab&iacute;a
+hecho brotar de sus ojos&mdash;, si contigo no valen buenos medios. Anda,
+hijo, el que te roba a ti..., ya sabes el refr&aacute;n... el que te roba a ti
+se va al Cielo derecho.</p>
+
+<p>&mdash;A donde vas t&uacute; a ir es al <i>Modelo</i>...</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate la boca, bob&oacute;n, y no me denuncies, que te traer&aacute; peor
+cuenta...</p>
+
+<p>No sigui&oacute; este di&aacute;logo, que promet&iacute;a dar mucho juego, porque del sal&oacute;n
+llamaron a Moreno con en&eacute;rgica insistencia. O&iacute;ase desde el gabinete
+rumor de un hablar vivo, y la mezclada agitaci&oacute;n de varias voces, entre
+las cuales se distingu&iacute;an claramente las de Juan, Villalonga y Zalamero,
+que acababan de entrar.</p>
+
+<p>Moreno fue all&aacute;, y Guillermina, que a&uacute;n no hab&iacute;a acabado de re&iacute;r, dec&iacute;a
+a sus amigas.</p>
+
+<p>&laquo;Es un angel&oacute;n... No ten&eacute;is idea de la pasta celestial de que est&aacute;
+formado el coraz&oacute;n de este hombre&raquo;.</p>
+
+<p>Barbarita no ten&iacute;a sosiego hasta no enterarse del por qu&eacute; de aquel
+tumulto que en el sal&oacute;n hab&iacute;a. Fue a ver y volvi&oacute; con el cuento:</p>
+
+<p>&laquo;Hijas, que el rey se marcha&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; dices, mujer!</p>
+
+<p>&mdash;Que D. Amadeo, cansado de bregar con esta gente, tira la corona por la
+ventana y dice: &laquo;Vayan ustedes a marcar al Demonio&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Todo sea por Dios! &mdash;exclam&oacute; Guillermina dando un suspiro y volviendo
+imperturbable a su trabajo.</p>
+
+<p>Jacinta pas&oacute; al sal&oacute;n, m&aacute;s que por enterarse de las noticias, por ver a
+su marido que aquel d&iacute;a no hab&iacute;a comido en casa.</p>
+
+<p>&laquo;Oye&mdash;le dijo en secreto Guillermina, deteni&eacute;ndola, y ambas se miraban
+con picard&iacute;a;&mdash;con veinte duros que le sonsaques hay bastante&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;En Bolsa no se supo nada. Yo lo supe en el Bols&iacute;n a las diez&mdash;dijo
+Villalonga&mdash;. Fui al Casino a llevar la noticia. Cuando volv&iacute; al Bols&iacute;n,
+se estaba haciendo el consolidado a 20.</p>
+
+<p>&mdash;Lo hemos de ver a 10, se&ntilde;ores &mdash;dijo el marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz en tono
+de Hamlet.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El Banco a 175...! &mdash;exclam&oacute; D. Baldomero pas&aacute;ndose la mano por la
+cabeza, y arrojando hacia el suelo una mirada f&uacute;nebre.</p>
+
+<p>&mdash;Perdone usted, amigo &mdash;rectific&oacute; Moreno Isla&mdash;. Est&aacute; a 172, y si usted
+quiere comprarme las m&iacute;as a 170, ahora mismo las largo. No quiero m&aacute;s
+papel de la querida patria. Ma&ntilde;ana me vuelvo a Londres.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;dijo Aparisi poniendo semblante prof&eacute;tico&mdash;; porque la que se va a
+armar ahora aqu&iacute;, ser&aacute; de &oacute;rdago.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ores, no seamos impresionables&mdash;indic&oacute; el marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz,
+que gustaba de dominar las situaciones con mirada alta&mdash;. Ese buen se&ntilde;or
+se ha cansado; no era para menos; ha dicho: &laquo;ah&iacute; queda eso&raquo;. Yo en su
+caso habr&iacute;a hecho lo mismo. Tendremos alg&uacute;n trastorno; habr&aacute; su poco de
+Rep&uacute;blica; pero ya saben ustedes que las naciones no mueren...</p>
+
+<p>&mdash;El golpe viene de fuera &mdash;manifest&oacute; Aparisi&mdash;. Esto lo ve&iacute;a yo venir.
+Francia...</p>
+
+<p>&mdash;No <i>involucremos</i> las cuestiones, se&ntilde;ores &mdash;dijo Casa-Mu&ntilde;oz poniendo
+una cara muy parlamentaria&mdash;. Y si he de hablar ingenuamente, dir&eacute; a
+ustedes que a m&iacute; no me asusta la Rep&uacute;blica, lo que me asusta es el
+republicanismo.</p>
+
+<p>Mir&oacute; a todos para ver qu&eacute; tal hab&iacute;a ca&iacute;do esta frase. No pod&iacute;a dudarse
+de que el murmullo aquel con que fue acogida era laudatorio.</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;or Marqu&eacute;s &mdash;declar&oacute; Aparisi picado de rivalidad&mdash;, el pueblo
+espa&ntilde;ol es un pueblo digno... que en los momentos de peligro, sabe
+ponerse...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; tiene que ver una cosa con otra?...&mdash;salt&oacute; el marqu&eacute;s inc&oacute;modo,
+anonadando a su contrario con una mirada&mdash;. No <i>involucre</i> usted las
+cuestiones.</p>
+
+<p>Aparisi, propietario y concejal de oficio, era un hombre que se preciaba
+de <i>poner los puntos sobre las &iacute;es</i>; pero con el marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz
+no le val&iacute;a su suficiencia, porque este no toleraba imposiciones y era
+capaz de poner puntos sobre las haches. Hab&iacute;a entre los dos una
+rivalidad t&aacute;cita, que se manifestaba en la emulaci&oacute;n para lanzar
+observaciones sint&eacute;ticas sobre todas las cosas. Una mirada de profunda
+antipat&iacute;a era lo &uacute;nico que a veces dejaba entrever el pugilato
+espiritual de aquellos dos atletas del pensamiento. Villalonga, que era
+observador muy picaresco, aseguraba haber descubierto entre Aparisi y
+Casa-Mu&ntilde;oz un antagonismo o competencia en la emisi&oacute;n de palabras
+escogidas. Se desafiaban a cu&aacute;l hablaba m&aacute;s por lo fino, y si el marqu&eacute;s
+daba muchas vueltas al <i>involucrar</i>, al <i>ad hoc</i>, al <i>sui generis</i> y
+otros t&eacute;rminos latinos, en seguida se ve&iacute;a al otro poniendo en prensa el
+cerebro para obtener frases tan selectas como <i>la concatenaci&oacute;n de las
+ideas</i>. A veces parec&iacute;a triunfante Aparisi, diciendo que tal o cual cosa
+era el <i>bello ideal</i> de los pueblos; pero Casa-Mu&ntilde;oz tomaba arranque y
+diciendo <i>el desider&aacute;tum</i>, hac&iacute;a polvo a su contrario.</p>
+
+<p>Cuenta Villalonga que hace a&ntilde;os hablaba Casa-Mu&ntilde;oz disparatadamente, y
+sostiene y jura haberle o&iacute;do decir, cuando a&uacute;n no era marqu&eacute;s, que las
+<i>puertas estaban herm&eacute;ticamente</i> <i> abiertas</i>; pero esto no ha llegado a
+comprobarse. Dejando a un lado las bromas, conviene decir que era el
+marqu&eacute;s persona apreciabil&iacute;sima, muy corriente, muy afable en su trato,
+excelente para su familia y amigos. Ten&iacute;a la misma edad que D.
+Baldomero; mas no llevaba tan bien los a&ntilde;os. Su dentadura era artificial
+y sus patillas te&ntilde;idas ten&iacute;an un viso carminoso, contrastando con la
+cabeza sin pintar. Aparisi era mucho m&aacute;s joven, hombre que presum&iacute;a de
+pie peque&ntilde;o y de manos bonitas, la cara arrebolada, el bigote casta&ntilde;o
+cayendo a lo chino, los ojos grandes, y en la cabeza una de esas calvas
+que son para sus poseedores un diploma de talento. Lo m&aacute;s caracter&iacute;stico
+en el concejal perpetuo era la expresi&oacute;n de su rostro, semejante a la de
+una persona que est&aacute; oliendo algo muy desagradable, lo que proven&iacute;a de
+cierta contracci&oacute;n de los m&uacute;sculos nasales y del labio superior. Por lo
+dem&aacute;s, buena persona, que no deb&iacute;a nada a nadie. Hab&iacute;a tenido almac&eacute;n de
+maderas, y se contaba que en cierta &eacute;poca les puso los puntos sobre las
+&iacute;es a los pinares de Balsain. Era hombre sin instrucci&oacute;n, y... lo que
+pasa... por lo mismo que no la ten&iacute;a gustaba de aparentarla. Cuenta el
+tunante de Villalonga que hace a&ntilde;os usaba Aparisi el <i>e pur si muove</i>
+de Galileo; pero el pobrecito no le daba la interpretaci&oacute;n verdadera, y
+cre&iacute;a que aquel c&eacute;lebre dicho significaba <i>por si acaso</i>.</p>
+
+<p>As&iacute;, se le oy&oacute; decir m&aacute;s de una vez: &laquo;Parece que no llover&aacute;; pero sacar&eacute;
+el paraguas <i>e pur si muove</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta trinc&oacute; a su marido por el brazo y le llev&oacute; un poquito aparte:</p>
+
+<p>&laquo;Y qu&eacute;, <i>nene</i>, &iquest;hay barricadas?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, hija, no hay nada. Tranquil&iacute;zate.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No volver&aacute;s a salir esta noche?... Mira que me asustar&eacute; mucho si
+sales.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no saldr&eacute;... &iquest;Qu&eacute;... qu&eacute; buscas?</p>
+
+<p>Jacinta, riendo, deslizaba su mano por el forro de la levita, buscando
+el bolsillo del pecho.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!, yo iba a ver si te sacaba la cartera sin que me sintieses...</p>
+
+<p>&mdash;Vaya con la descuidera... &mdash;&iexcl;Quia!, si no s&eacute;... Esto quien lo hace
+bien es Guillermina, que le saca a Manolo Moreno las pesetas del
+bolsillo del chaleco sin que &eacute;l lo sienta... A ver...</p>
+
+<p>Jacinta, due&ntilde;a ya de la cartera, la abri&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te enfadar&iacute;as si te quito este billete de veinte duros? &iquest;Te hace
+falta?</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto. Toma lo que quieras.</p>
+
+<p>&mdash;Es para Guillermina. Mam&aacute; le dio dos, y le falta un pico para poder
+pagar ma&ntilde;ana el trimestre del alquiler del asilo.</p>
+
+<p>Contestole el Delf&iacute;n apret&aacute;ndole con mucha efusi&oacute;n las dos manos y
+arrugando el billete que estaba en ellas.</p>
+
+<p>En cuanto Guillermina pesc&oacute; lo que le faltaba para completar su
+cantidad, dej&oacute; la costura y se puso el manto. Despidi&eacute;ndose brevemente
+de las dos se&ntilde;oras, atraves&oacute; el sal&oacute;n a prisa.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;A esa, a esa! &mdash;grit&oacute; Moreno&mdash;, sin duda se lleva algo. Caballeros,
+vean ustedes si les falta el reloj. B&aacute;rbara, que debajo de la mantilla
+de <i>la rata eclesi&aacute;stica</i> veo un bulto... &iquest;No hab&iacute;a aqu&iacute; candeleros de
+plata?&raquo;.</p>
+
+<p>En medio de la jovial algazara que estas bromas produc&iacute;an, sali&oacute;
+Guillermina, esparciendo sobre todos una sonrisa inefable que parec&iacute;a
+una bendici&oacute;n.</p>
+
+<p>En seguida, ceb&aacute;ronse todos con furia en el tema suculento de la partida
+del Rey, y cada cual expon&iacute;a sus opiniones con &iacute;nfulas de profec&iacute;a, como
+si en su vida hubieran hecho otra cosa que vaticinar acertando.
+Villalonga estaba ya viendo a D. Carlos entrar en Madrid, y el marqu&eacute;s
+de Casa-Mu&ntilde;oz hablaba de</p>
+
+<p><i>las exageraciones liberticidas</i> de la demagogia roja y de la demagogia
+blanca como si las estuviera mirando pintadas en la pared de enfrente;
+el ex-subsecretario de Gobernaci&oacute;n, Zalamero, le&iacute;a clarito en el
+porvenir el nombre del Rey Alfonso, y el concejal dec&iacute;a que <i>el
+alfonsismo estaba a&uacute;n en la nebulosa de lo desconocido</i>. El mismo
+Aparisi y Federico Ruiz profetizaron luego en una sola cuerda... &iexcl;Qu&eacute;
+demonio! Ellos no se asustaban de la Rep&uacute;blica. Como si lo vieran... no
+iba a pasar nada. Es que aqu&iacute; somos muy impresionables, y por cualquier
+contratiempo nos parece que se nos cae el Cielo encima. &laquo;Yo les aseguro
+a ustedes &mdash;dec&iacute;a Aparisi, puesta la mano sobre el pecho&mdash;, que no
+pasar&aacute; nada, pero nada. Aqu&iacute; no se tiene idea de lo que es el pueblo
+espa&ntilde;ol... Yo respondo de &eacute;l, me atrevo a responder con la cabeza,
+vaya...&raquo;. Moreno no vaticinaba; no hac&iacute;a m&aacute;s que decir: &laquo;Por si vienen
+mal dadas, me voy ma&ntilde;ana para Londres&raquo;. Aquel ricacho soltero alardeaba
+de carecer en absoluto del sentimiento de la patria, y estaba tan
+extranjerizado que nada espa&ntilde;ol le parec&iacute;a bueno. Los autores dram&aacute;ticos
+lo mismo que las comidas, los ferrocarriles lo mismo que las industrias
+menudas, todo le parec&iacute;a de una inferioridad lamentable. Sol&iacute;a decir que
+aqu&iacute; los tenderos no saben envolver en un papel una libra de cualquier
+cosa. &laquo;Compra usted algo, y despu&eacute;s que le miden mal y le cobran caro,
+el envoltorio de papel que le dan a usted se le deshace por el camino.
+No hay que darle vueltas; somos una raza inh&aacute;bil hasta no poder m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Don Baldomero dec&iacute;a con acento de tristeza una cosa muy sensata: &laquo;&iexcl;Si D.
+Juan Prim viviera...!&raquo;. Juan y Samaniego se apartaron del corrillo y
+charlaban con Jacinta y do&ntilde;a B&aacute;rbara, tratando de quitarles el miedo. No
+habr&iacute;a tiros, ni jarana... no ser&iacute;a preciso hacer provisiones... &iexcl;Ah!
+Barbarita so&ntilde;aba ya con hacer provisiones. A la ma&ntilde;ana siguiente, si no
+hab&iacute;a barricadas, ella y Estupi&ntilde;&aacute; se ocupar&iacute;an de eso.</p>
+
+<p>Poco a poco fueron desfilando. Eran las doce. Aparisi y Casa-Mu&ntilde;oz se
+fueron al Bols&iacute;n a saber noticias, no sin que antes de partir dieran una
+nueva muestra de su rivalidad. El concejal de oficio estaba tan
+excitado, que la contracci&oacute;n de su hocico se acentuaba, como si el olor
+aquel imaginario fuera el de la aza f&eacute;tida. Zalamero, que iba a
+Gobernaci&oacute;n, quiso llevarse al Delf&iacute;n; pero este, a quien su mujer ten&iacute;a
+cogido del brazo, se neg&oacute; a salir... &laquo;Mi mujer no me deja&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mi tocaya&mdash;dijo Villalonga&mdash;, se est&aacute; volviendo muy
+anticonstitucional.</p>
+
+<p>Por fin se quedaron solos los de casa. Don Baldomero y Barbarita besaron
+a sus hijos y se fueron a acostar. Esto mismo hicieron Jacinta y su
+marido.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="viiia" id="viiia"></a>-VIII-</h2>
+
+<h2>Escenas de la vida &iacute;ntima</h2>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>A poco de acostarse not&oacute; Jacinta que su marido dorm&iacute;a profundamente.
+Observ&aacute;bale desvelada, tendiendo una mirada tenaz de cama a cama. Crey&oacute;
+que hablaba en sue&ntilde;os... pero no; era simplemente quejido sin
+articulaci&oacute;n que acostumbraba a lanzar cuando dorm&iacute;a, quiz&aacute; por causa de
+una mala postura. Los pensamientos pol&iacute;ticos nacidos de las
+conversaciones de aquella noche, huyeron pronto de la mente de Jacinta.
+&iquest;Qu&eacute; le importaba a ella que hubiese Rep&uacute;blica o Monarqu&iacute;a, ni que D.
+Amadeo se fuera o se quedase? M&aacute;s le importaba la conducta de aquel
+ingrato que a su lado dorm&iacute;a tan tranquilo. Porque no ten&iacute;a duda de que
+Juan andaba algo distra&iacute;do, y esto no lo pod&iacute;an notar sus padres por la
+sencilla raz&oacute;n de que no le ve&iacute;an nunca tan cerca como su mujer. El
+p&eacute;rfido guardaba tan bien las apariencias, que nada hac&iacute;a ni dec&iacute;a <i>en
+familia</i> que no revelara una conducta regular y correct&iacute;sima. Trataba a
+su mujer con un cari&ntilde;o tal, que... vamos, se le tomar&iacute;a por enamorado.
+S&oacute;lo all&iacute;, de aquella puerta para adentro, se descubr&iacute;an las trastadas;
+s&oacute;lo ella, fund&aacute;ndose en datos negativos, pod&iacute;a destruir la aureola que
+el p&uacute;blico y la familia pon&iacute;an al glorioso Delf&iacute;n. Dec&iacute;a su mam&aacute; que era
+el marido modelo. &iexcl;Valiente pillo! Y la esposa no pod&iacute;a contestar a su
+suegra cuando le ven&iacute;a con aquellas historias... Con qu&eacute; cara le dir&iacute;a:
+&laquo;Pues no hay tal modelo, no se&ntilde;ora, no hay tal modelo, y cuando yo lo
+digo, bien sabido me lo tendr&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Pensando en esto, pas&oacute; Jacinta parte de aquella noche, atando cabos,
+como ella dec&iacute;a, para ver si de los hechos aislados lograba sacar alguna
+afirmaci&oacute;n. Estos hechos, valga la verdad, no arrojaban mucha luz que
+digamos sobre lo que se quer&iacute;a demostrar. Tal d&iacute;a y a tal hora Juan
+hab&iacute;a salido bruscamente, despu&eacute;s de estar un rato muy pensativo, pero
+muy pensativo. Tal d&iacute;a y a tal hora Juan hab&iacute;a recibido una carta, que
+le hab&iacute;a puesto de mal humor. Por m&aacute;s que ella hizo, no la hab&iacute;a podido
+encontrar. Tal d&iacute;a y a tal hora, yendo ella y Barbarita por la calle de
+Preciados, se encontraron a Juan que ven&iacute;a deprisa y muy abstra&iacute;do. Al
+verlas, quedose algo cortado; pero sab&iacute;a dominarse pronto. Ninguno de
+estos datos probaba nada; pero no cab&iacute;a duda: su marido se la estaba
+pegando.</p>
+
+<p>De vez en cuando estas cavilaciones cesaban, porque Juan sab&iacute;a
+arreglarse de modo que su mujer no llegase a cargarse de raz&oacute;n para
+estar descontenta. Como la herida a que se pone b&aacute;lsamo fresco, la pena
+de Jacinta se calmaba. Pero los d&iacute;as y las noches, sin saber c&oacute;mo,
+tra&iacute;anla lentamente otra vez a la misma situaci&oacute;n penosa. Y era muy
+particular; estaba tan tranquila, sin pensar en semejante cosa, y por
+cualquier incidente, por una palabra sin inter&eacute;s o referencia trivial,
+le asaltaba la idea como un dardo arrojado de lejos por desconocida mano
+y que ven&iacute;a a clav&aacute;rsele en el cerebro. Era Jacinta observadora,
+prudente y sagaz. Los m&aacute;s insignificantes gestos de su esposo, las
+inflexiones de su voz, todo lo observaba con disimulo, sonriendo cuando
+m&aacute;s atenta estaba, escondiendo con mil zalamer&iacute;as su vigilancia, como
+los naturalistas esconden y disimulan el lente con que examinan el
+trabajo de las abejas. Sab&iacute;a hacer preguntas capciosas, verdaderas
+trampas cubiertas de follaje. &iexcl;Pero bueno era el otro para dejarse
+coger!</p>
+
+<p>Y para todo ten&iacute;a el ingenioso culpable palabras bonitas: &laquo;La luna de
+miel perpetua es un contrasentido, es... hasta rid&iacute;cula. El entusiasmo
+es un estado infantil impropio de personas normales. El marido piensa en
+sus negocios, la mujer en las cosas de su casa, y uno y otro se tratan
+m&aacute;s como amigos que como amantes. Hasta las palomas, hija m&iacute;a, hasta las
+palomas cuando pasan de cierta edad, se hacen cari&ntilde;os as&iacute;... de una
+manera sesuda&raquo;. Jacinta se re&iacute;a con esto; pero no admit&iacute;a tales
+componendas. Lo m&aacute;s gracioso era que &eacute;l se las echaba de hombre ocupado.
+&iexcl;Valiente truh&aacute;n! &iexcl;Si no ten&iacute;a absolutamente nada que hacer m&aacute;s que
+pasear y divertirse...! Su padre hab&iacute;a trabajado toda la vida como un
+negro para asegurar la holgazaner&iacute;a dichosa del pr&iacute;ncipe de la casa...
+En fin, fuese lo que fuese, Jacinta se propon&iacute;a no abandonar jam&aacute;s su
+actitud de humildad y discreci&oacute;n. Cre&iacute;a firmemente que Juan no dar&iacute;a
+nunca esc&aacute;ndalos, y no habiendo esc&aacute;ndalo, las cosas ir&iacute;an pasando as&iacute;.
+No hay existencia sin gusanillo, un par&aacute;sito interior que la roe y a sus
+expensas vive, y ella ten&iacute;a dos: los apartamientos de su marido y el
+desconsuelo de no ser madre. Llevar&iacute;a ambas penas con paciencia, con tal
+que no saltara algo m&aacute;s fuerte.</p>
+
+<p>Por respeto a s&iacute; misma, nunca hab&iacute;a hablado de esto a nadie, ni al mismo
+Delf&iacute;n. Pero una noche estaba este tan comunicativo, tan bromista, tan
+pill&iacute;n, que a Jacinta se le llen&oacute; la boca de sinceridad, y palabra tras
+palabra, dio salida a todo lo que pensaba. &laquo;T&uacute; me est&aacute;s enga&ntilde;ando, y no
+es de ahora, es de hace tiempo. Si creer&aacute;s que soy tonta... El tonto
+eres t&uacute;&raquo;.</p>
+
+<p>La primera contestaci&oacute;n de Santa Cruz fue romper a re&iacute;r. Su mujer le
+tapaba la boca para que no alborotase. Despu&eacute;s el muy tunante empez&oacute; a
+razonar sus explicaciones, revisti&eacute;ndolas de formas seductoras. &iexcl;Pero
+qu&eacute; huecas le parecieron a Jacinta, que en las dial&eacute;cticas del coraz&oacute;n
+era m&aacute;s maestra que &eacute;l por saber amar de veras! Y a ella le toc&oacute; re&iacute;r
+despu&eacute;s y desmenuzar tan livianos argumentos... El sue&ntilde;o, un sue&ntilde;o dulce
+y mutuo les cogi&oacute;, y se durmieron felices... Y ved lo que son las cosas,
+Juan se enmend&oacute;, o al menos pareci&oacute; enmendarse.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a Santa Cruz en alt&iacute;simo grado las triqui&ntilde;uelas del artista de la
+vida, que sabe disponer las cosas del mejor modo posible para
+sistematizar y refinar sus dichas. Sacaba partido de todo, distribuyendo
+los goces y ajust&aacute;ndolos a esas misteriosas mareas del humano apetito
+que, cuando se acent&uacute;an, significan una organizaci&oacute;n viciosa. En el
+fondo de la naturaleza humana hay tambi&eacute;n, como en la superficie social,
+una sucesi&oacute;n de modas, periodos en que es de rigor cambiar de apetitos.
+Juan ten&iacute;a temporadas. En &eacute;pocas peri&oacute;dicas y casi fijas se hastiaba de
+sus correr&iacute;as, y entonces su mujer, tan mona y cari&ntilde;osa, le ilusionaba
+como si fuera la mujer de otro. As&iacute; lo muy antiguo y conocido se
+convierte en nuevo. Un texto desde&ntilde;ado de puro sabido vuelve a interesar
+cuando la memoria principia a perderle y la curiosidad se estimula.
+Ayudaba a esto el tiern&iacute;simo amor que Jacinta le ten&iacute;a, pues all&iacute; s&iacute; que
+no hab&iacute;a farsa, ni vil inter&eacute;s ni estudio. Era, pues, para el Delf&iacute;n
+una dicha verdadera y casi nueva volver a su puerto despu&eacute;s de mil
+borrascas. Parec&iacute;a que se restauraba con un cari&ntilde;o tan puro, tan leal y
+tan suyo, pues nadie en el mundo pod&iacute;a disput&aacute;rselo.</p>
+
+<p>En honor de la verdad, se ha de decir que Santa Cruz amaba a su mujer.
+Ni aun en los d&iacute;as que m&aacute;s viva estaba la marea de la infidelidad, dej&oacute;
+de haber para Jacinta un hueco de preferencia en aquel coraz&oacute;n que ten&iacute;a
+tantos rincones y callejuelas. Ni la variedad de aficiones y caprichos
+exclu&iacute;a un sentimiento inamovible hacia su compa&ntilde;era por la ley y la
+religi&oacute;n. Conociendo perfectamente su valer moral, admiraba en ella las
+virtudes que &eacute;l no ten&iacute;a y que seg&uacute;n su criterio, tampoco le hac&iacute;an
+mucha falta. Por esta &uacute;ltima raz&oacute;n no incurr&iacute;a en la humildad de
+confesarse indigno de tal joya, pues su amor propio iba siempre por
+delante de todo, y ten&iacute;ase por merecedor de cuantos bienes disfrutaba o
+pudiera disfrutar en este bajo mundo. Vicioso y discreto, sibarita y
+hombre de talento, aspirando a la erudici&oacute;n de todos los goces y con
+bastante buen gusto para espiritualizar las cosas materiales, no pod&iacute;a
+contentarse con gustar la belleza comprada o conquistada, la gracia, el
+donaire, la extravagancia; quer&iacute;a gustar tambi&eacute;n la virtud, no
+precisamente vencida, que deja de serlo, sino la pura, que en su pureza
+misma ten&iacute;a para &eacute;l su picante.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Por lo dicho se habr&aacute; comprendido que el Delf&iacute;n era un hombre
+enteramente desocupado. Cuando se cas&oacute;, h&iacute;zole proposiciones don
+Baldomero para que tomase algunos miles y negociara con ellos, ya
+jugando a la Bolsa, ya en otra especulaci&oacute;n cualquiera. Acept&oacute; el joven,
+mas no le satisfizo el ensayo, y renunci&oacute; en absoluto a meterse en
+negocios que traen muchas incertidumbres y desvelos. D. Baldomero no
+hab&iacute;a podido sustraerse a esa preocupaci&oacute;n tan espa&ntilde;ola de que los
+padres trabajen para que los hijos descansen y gocen. Recre&aacute;base aquel
+buen se&ntilde;or en la ociosidad de su hijo como un artesano se recrea en su
+obra, y m&aacute;s la admira cuanto m&aacute;s doloridas y fatigadas se le quedan las
+manos con que la ha hecho.</p>
+
+<p>Conviene decir tambi&eacute;n que el joven aquel no era derrochador. Gastaba,
+s&iacute;, pero con pulso y medida, y sus placeres dejaban de serlo cuando
+empezaban a exigirle algo de disipaci&oacute;n. En tales casos era cuando la
+virtud le mostraba su rostro apacible y seductor. Ten&iacute;a cierto respeto
+ing&eacute;nito al bolsillo, y si pod&iacute;a comprar una cosa con dos pesetas, no
+era &eacute;l seguramente quien daba tres. En todas las ocasiones, el
+desprenderse de una cantidad fuerte le costaba siempre alg&uacute;n trabajo, al
+contrario de los dadivosos que cuando dan parece que se les quita un
+peso de encima. Y como conoc&iacute;a tan bien el valor de la moneda, sab&iacute;a
+emplearla en la adquisici&oacute;n de sus goces de una manera prudente y casi
+mercantil. Ninguno sab&iacute;a como &eacute;l <i>sacar el jugo</i> a un billete de cinco
+duros o de veinte. De la cantidad con que cualquier manirroto se
+proporciona un placer, Juanito Santa Cruz sacaba siempre dos.</p>
+
+<p>A fuer de h&aacute;bil financiero, sab&iacute;a pasar por generoso cuando el caso lo
+exig&iacute;a. Jam&aacute;s hizo locuras, y si alguna vez sus apetitos le llevaron a
+ciertas pendientes, supo agarrarse a tiempo para evitar un resbal&oacute;n. Una
+de las m&aacute;s puras satisfacciones de los se&ntilde;ores de Santa Cruz era saber a
+ciencia cierta que su hijo no ten&iacute;a trampas, como la mayor&iacute;a de los
+hijos de familia en estos depravados tiempos.</p>
+
+<p>Algo le habr&iacute;a gustado a D. Baldomero que el Delf&iacute;n diera a conocer sus
+eximios talentos en la pol&iacute;tica. &iexcl;Oh!, si &eacute;l se lanzara, seguramente
+descollar&iacute;a. Pero Barbarita le desanimaba. &laquo;&iexcl;La pol&iacute;tica, la pol&iacute;tica!
+&iquest;Pues no estamos viendo lo que es? Una comedia. Todo se vuelve
+habladur&iacute;as y no hacer nada de provecho...&raquo;. Lo que hac&iacute;a cavilar algo a
+D. Baldomero II era que su hijo no tuviese la firmeza de ideas que &eacute;l
+ten&iacute;a, pues &eacute;l pensaba el 73 lo mismo que hab&iacute;a pensado el 45; es decir,
+que debe haber mucha libertad y mucho palo, que la libertad hace muy
+buenas migas con la religi&oacute;n, y que conviene perseguir y escarmentar a
+todos los que van a la pol&iacute;tica a hacer chanchullos.</p>
+
+<p>Porque Juan era la inconsecuencia misma. En los tiempos de Prim,
+manifestose entusiasta por la candidatura del duque de Montpensier. &laquo;Es
+el hombre que conviene, desenga&ntilde;aos, un hombre que lleva al dedillo las
+cuentas de su casa, un modelo de padre de familia&raquo;. Vino D. Amadeo, y el
+Delf&iacute;n se hizo tan republicano que daba miedo o&iacute;rle. &laquo;La Monarqu&iacute;a es
+imposible; hay que convencerse de ello. Dicen que el pa&iacute;s no est&aacute;
+preparado para la Rep&uacute;blica; pues que lo preparen. Es como si se
+pretendiera que un hombre supiera nadar sin decidirse a entrar en el
+agua. No hay m&aacute;s remedio que pasar alg&uacute;n mal trago... La desgracia
+ense&ntilde;a... y si no, vean esa Francia, esa prosperidad, esa inteligencia,
+ese patriotismo... esa manera de pagar los cinco mil millones...&raquo;. Pues
+se&ntilde;or, vino el 11 de Febrero y al principio le pareci&oacute; a Juan que todo
+iba a qu&eacute; quieres boca. &laquo;Es admirable. La Europa est&aacute; at&oacute;nita. Digan lo
+que quieran, el pueblo espa&ntilde;ol tiene un gran sentido&raquo;. Pero a los dos
+meses, las ideas pesimistas hab&iacute;an ganado ya por completo su &aacute;nimo.
+&laquo;Esto es una piller&iacute;a, esto es una verg&uuml;enza. Cada pa&iacute;s tiene el
+Gobierno que merece, y aqu&iacute; no puede gobernar m&aacute;s que un hombre que est&eacute;
+siempre con una estaca en la mano&raquo;. Por gradaciones lentas, Juanito
+lleg&oacute; a defender con calor la idea alfonsina. &laquo;Por Dios, hijo&mdash;dec&iacute;a D.
+Baldomero con inocencia&mdash;, si eso no puede ser&raquo; y sacaba a relucir los
+<i>jamases</i> de Prim. Pon&iacute;ase Barbarita de parte del desterrado pr&iacute;ncipe, y
+como el sentimiento tiene tanta parte en la suerte de los pueblos, todas
+las mujeres apoyaban al pr&iacute;ncipe y le defend&iacute;an con argumentos sacados
+del coraz&oacute;n. Jacinta dejaba muy atr&aacute;s a las m&aacute;s entusiastas por D.
+Alfonso. &laquo;&iexcl;Es un ni&ntilde;o!&raquo;... Y no daba m&aacute;s raz&oacute;n.</p>
+
+<p>Ten&iacute;ase a s&iacute; mismo el heredero de Santa Cruz por una gran persona.
+Estaba satisfecho, cual si se hubiera creado y visto que era bueno.
+&laquo;Porque yo&mdash;dec&iacute;a esforz&aacute;ndose en aliar la verdad con la modestia&mdash;, no
+soy de lo peorcito de la humanidad. Reconozco que hay seres superiores a
+m&iacute;, por ejemplo, mi mujer; pero &iexcl;cu&aacute;ntos hay inferiores, cu&aacute;ntos!&raquo;. Sus
+atractivos f&iacute;sicos eran realmente grandes, y &eacute;l mismo lo declaraba en
+sus soliloquios &iacute;ntimos: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; guapo soy! Bien dice mi mujer que no hay
+otro m&aacute;s salado. La pobrecilla me quiere con delirio... y yo a ella lo
+mismo, como es justo. Tengo la gran figura, visto bien, y en modales y
+en trato me parece... que somos algo&raquo;. En la casa no hab&iacute;a m&aacute;s opini&oacute;n
+que la suya; era el or&aacute;culo de la familia y les cautivaba a todos no
+s&oacute;lo por lo mucho que le quer&iacute;an y mimaban, sino por el sortilegio de su
+imaginaci&oacute;n, por aquella bendita labia suya y su manera de insinuarse.
+La m&aacute;s subyugada era Jacinta, quien no se hubiera atrevido a sostener
+delante de la familia que lo blanco es blanco, si su querido esposo
+sosten&iacute;a que es negro. Am&aacute;bale con verdadera pasi&oacute;n, no teniendo poca
+parte en este sentimiento la buena facha de &eacute;l y sus relumbrones
+intelectuales. Respecto a las perfecciones morales que toda la familia
+declaraba en Juan, Jacinta ten&iacute;a sus dudas. Vaya si las ten&iacute;a. Pero
+vi&eacute;ndose sola en aquel terreno de la incertidumbre, llen&aacute;base de
+tristeza y dec&iacute;a: &laquo;&iquest;Me estar&eacute; quejando de vicio? &iquest;Ser&eacute; yo, como
+aseguran, la m&aacute;s feliz de las mujeres, y no habr&eacute; ca&iacute;do en ello?&raquo;.</p>
+
+<p>Con estas consideraciones azotaba y mortificaba su inquietud para
+aplacarla como los penitentes vapulean la carne para reducirla a la
+obediencia del esp&iacute;ritu. Con lo que no se conformaba era con no tener
+chiquillos, &laquo;porque todo se puede ir conllevando &mdash;dec&iacute;a&mdash;, menos eso.
+Si yo tuviera un ni&ntilde;o, me entretendr&iacute;a mucho con &eacute;l, y no pensar&iacute;a en
+ciertas cosas&raquo;. De tanto cavilar en esto, su mente padec&iacute;a alucinaciones
+y desvar&iacute;os. Algunas noches, en el primer periodo del sue&ntilde;o, sent&iacute;a
+sobre su seno un contacto caliente y una boca que la chupaba. Los
+leng&uuml;etazos la despertaban sobresaltada, y con la trist&iacute;sima impresi&oacute;n
+de que todo aquello era mentira, lanzaba un &iexcl;ay!, y su marido le dec&iacute;a
+desde la otra cama: &laquo;&iquest;Qu&eacute; es eso, nenita?... &iquest;pesadilla?&raquo;.&mdash;&laquo;S&iacute;, hijo,
+un sue&ntilde;o muy malo&raquo;. Pero no quer&iacute;a decir la verdad por temor de que Juan
+lo tomara a risa.</p>
+
+<p>Los pasillos de su gran casa le parec&iacute;an l&uacute;gubres, s&oacute;lo porque no sonaba
+en ellos el estr&eacute;pito de las pataditas infantiles. Las habitaciones
+inservibles destinadas a la chiquiller&iacute;a, <i>cuando la hubiera</i>,
+infund&iacute;anle tal tristeza, que los d&iacute;as en que se sent&iacute;a muy tocada de la
+man&iacute;a, no pasaba por ellas. Cuando por las noches ve&iacute;a entrar de la
+calle a D. Baldomero, tan bondadoso y jovial, siempre con su cara de
+Pascua, vestido de fin&iacute;simo pa&ntilde;o negro y tan limpio y sonrosado, no
+pod&iacute;a menos de pensar en los nietos que aquel se&ntilde;or deb&iacute;a tener para que
+hubiera l&oacute;gica en el mundo, y dec&iacute;a para s&iacute;: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; abuelito se est&aacute;n
+perdiendo!&raquo;.</p>
+
+<p>Una noche fue al teatro Real de muy mala gana. Hab&iacute;a estado todo el d&iacute;a
+y la noche anterior en casa de Candelaria que ten&iacute;a enferma a la ni&ntilde;a
+peque&ntilde;a. Mal humorada y so&ntilde;olienta, deseaba que la &oacute;pera se acabase
+pronto; pero desgraciadamente la obra, como de Wagner, era muy larga,
+m&uacute;sica excelente seg&uacute;n Juan y todas las personas de gusto, pero que a
+ella no le hac&iacute;a maldita gracia. No lo entend&iacute;a, vamos. Para ella no
+hab&iacute;a m&aacute;s m&uacute;sica que la italiana, mientras m&aacute;s clarita y m&aacute;s de
+organillo mejor. Puso su muestrario en primera fila, y se coloc&oacute; en la
+&uacute;ltima silla de atr&aacute;s. Las tres pollas, Barbarita II, Isabel y Andrea,
+estaban muy gozosas, sinti&eacute;ndose flechadas por mozalbetes del para&iacute;so y
+de palcos por asiento. Tambi&eacute;n de butacas ven&iacute;a alg&uacute;n anteojazo bueno.
+Do&ntilde;a B&aacute;rbara no estaba. Al llegar al cuarto acto, Jacinta sinti&oacute;
+aburrimiento. Miraba mucho al palco de su marido y no le ve&iacute;a. &iquest;En d&oacute;nde
+estaba? Pensando en esto, hizo una cortes&iacute;a de respeto al gran Wagner,
+inclinando suavemente la graciosa cabeza sobre el pecho. Lo &uacute;ltimo que
+oy&oacute; fue un trozo descriptivo en que la orquesta hac&iacute;a un rumor semejante
+al de las trompetillas con que los mosquitos divierten al hombre en las
+noches de verano. Al arrullo de esta m&uacute;sica, cay&oacute; la dama en sue&ntilde;o
+profund&iacute;simo, uno de esos sue&ntilde;os intensos y breves en que el cerebro
+finge la realidad como un relieve y un histrionismo admirables. La
+impresi&oacute;n que estos letargos dejan suele ser m&aacute;s honda que la que nos
+queda de muchos fen&oacute;menos externos y apreciados por los sentidos.
+Hall&aacute;base Jacinta en un sitio que era su casa y no era su casa... Todo
+estaba forrado de un sat&eacute;n blanco con flores que el d&iacute;a anterior hab&iacute;a
+visto ella y Barbarita en casa de Sobrino... Estaba sentada en un <i>puff</i>
+y por las rodillas se le sub&iacute;a un muchacho lind&iacute;simo, que primero le
+cog&iacute;a la cara, despu&eacute;s le met&iacute;a la mano en el pecho. &laquo;Quita, quita...
+eso es caca... &iexcl;qu&eacute; asco!... cosa fea, es para el gato...&raquo;. Pero el
+muchacho no se daba a partido. No ten&iacute;a m&aacute;s que la camisa de fin&iacute;sima
+holanda, y sus carnes finas resbalaban sobre la seda de la bata de su
+mam&aacute;. Era una bata color <i>azul gendarme</i> que semanas antes hab&iacute;a
+regalado a su hermana Candelaria... &laquo;No, no, eso no... quita...
+caca...&raquo;. Y &eacute;l insistiendo siempre, pesadito, mon&iacute;simo. Quer&iacute;a
+desabotonar la bata, y meter mano. Despu&eacute;s dio cabezadas contra el seno.
+Viendo que nada consegu&iacute;a, se puso serio, tan extraordinariamente serio
+que parec&iacute;a un hombre. La miraba con sus ojazos vivos y h&uacute;medos,
+expresando en ellos y en la boca todo el desconsuelo que en la humanidad
+cabe. Ad&aacute;n, echado del para&iacute;so, no mirar&iacute;a de otro modo el bien que
+perd&iacute;a. Jacinta quer&iacute;a re&iacute;rse; pero no pod&iacute;a porque el peque&ntilde;o le
+clavaba su inflamado mirar en el alma. Pasaba mucho tiempo as&iacute;, el
+ni&ntilde;o-hombre mirando a su madre, y derritiendo lentamente la entereza de
+ella con el rayo de sus ojos. Jacinta sent&iacute;a que se le desgajaba algo en
+sus entra&ntilde;as. Sin saber lo que hac&iacute;a solt&oacute; un bot&oacute;n... Luego otro. Pero
+la cara del chico no perd&iacute;a su seriedad. La madre se alarmaba y... fuera
+el tercer bot&oacute;n... Nada, la cara y la mirada del nene siempre adustas,
+con una gravedad hermosa, que iba siendo terrible... El cuarto bot&oacute;n,
+el quinto, todos los botones salieron de los ojales haciendo gemir la
+tela. Perdi&oacute; la cuenta de los botones que soltaba. Fueron ciento, puede
+que mil... Ni por esas... La cara iba tomando una inmovilidad
+sospechosa. Jacinta, al fin, meti&oacute; la mano en su seno, sac&oacute; lo que el
+muchacho deseaba, y le mir&oacute; segura de que se desenojar&iacute;a cuando viera
+una cosa tan rica y tan bonita... Nada; cogi&oacute; entonces la cabeza del
+muchacho, la atrajo a s&iacute;, y que quieras que no le meti&oacute; en la boca...
+Pero la boca era insensible, y los labios no se mov&iacute;an. Toda la cara
+parec&iacute;a de una estatua. El contacto que Jacinta sinti&oacute; en parte tan
+delicada de su epidermis, era el roce espeluznante del yeso, roce de
+superficie &aacute;spera y polvorosa. El estremecimiento que aquel contacto le
+produjo dejola por un rato at&oacute;nita, despu&eacute;s abri&oacute; los ojos, y se hizo
+cargo de que estaban all&iacute; sus hermanas; vio los cortinones pintados de
+la boca del teatro, la apretada concurrencia de los costados del
+para&iacute;so. Tard&oacute; un rato en darse cuenta de d&oacute;nde estaba y de los
+disparates que hab&iacute;a so&ntilde;ado, y se ech&oacute; mano al pecho con un movimiento
+de pudor y miedo. Oy&oacute; la orquesta, que segu&iacute;a imitando a los mosquitos,
+y al mirar al palco de su marido, vio a Federico Ruiz, el gran mel&oacute;mano,
+con la cabeza echada hacia atr&aacute;s, la boca entreabierta, oyendo y
+gustando con fruici&oacute;n inmensa la deliciosa m&uacute;sica de los violines con
+sordina. Parec&iacute;a que le ca&iacute;a dentro de la boca un hilo del clarificado
+m&aacute;s fino y dulce que se pudiera imaginar. Estaba el hombre en un puro
+&eacute;xtasis. Otros mel&oacute;manos furiosos vio la dama en el palco; pero ya hab&iacute;a
+concluido el cuarto acto y Juan no parec&iacute;a.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Si todo lo que les pasa a las personas superiores mereciera una
+efem&eacute;ride, es f&aacute;cil que en una hoja de calendario americano,
+correspondiente a Diciembre del 73, se encontrara este parrafito: &laquo;D&iacute;a
+<i>tantos</i>: fuerte catarro de Juanito Santa Cruz. La imposibilidad de
+salir de casa le pone de un humor de doscientos mil diablos&raquo;. Estaba
+sentado junto a la chimenea, envuelto de la cintura abajo en una manta
+que parec&iacute;a la piel de un tigre, gorro calado hasta las orejas, en la
+mano un peri&oacute;dico, en la silla inmediata tres, cuatro, muchos
+peri&oacute;dicos. Jacinta le daba bromas por su forzada esclavitud, y &eacute;l,
+hallando distracci&oacute;n en aquellas guasitas, hizo como que le pegaba, la
+cogi&oacute; por un brazo, le atenaz&oacute; la barba con los dedos, le sacudi&oacute; la
+cabeza, despu&eacute;s le dio bofetadas, terribles bofetadas, y luego
+much&iacute;simos porrazos en diferentes partes del cuerpo, y grandes pinchazos
+o estocadas con el dedo &iacute;ndice muy tieso. Despu&eacute;s de bien cosida a
+pu&ntilde;aladas, le cort&oacute; la cabeza seg&aacute;ndole el pescuezo, y como si a&uacute;n no
+fuera bastante sevicia, la acribill&oacute; con cruel&iacute;simas e inhumanas
+cosquillas, acompa&ntilde;ando sus golpes de estas feroces palabras: &laquo;&iexcl;Qu&eacute;
+<i>guasoncita</i> se me ha vuelto mi nena!... Voy yo a ense&ntilde;ar a mi payasa a
+dar bromitas, y le voy a dar una solfa buena para que no le queden ganas
+de...&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta se desbarataba de risa, y el Delf&iacute;n hablando con un poco de
+seriedad, prosigui&oacute;: &laquo;Bien sabes que no soy callejero... A fe que te
+puedes quejar. Maridos conozco que cuando ponen el pie en la calle, del
+tir&oacute;n se est&aacute;n tres d&iacute;as sin parecer por la casa. Estos podr&iacute;an tomarme
+a m&iacute; por modelo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mariquita date tono&mdash;replic&oacute; Jacinta sec&aacute;ndose las l&aacute;grimas que la
+risa y las cosquillas le hab&iacute;an hecho derramar&mdash;. Ya s&eacute; que hay otros
+peores; pero no pongo yo mi mano en el fuego porque seas el n&uacute;mero uno.</p>
+
+<p>Juan mene&oacute; la cabeza en se&ntilde;al de amenaza. Jacinta se puso lejos de su
+alcance, por si se repet&iacute;an las b&aacute;rbaras cosquillas.</p>
+
+<p>&laquo;Es que t&uacute; exiges demasiado&raquo; dijo el marido, deplorando que su mujer no
+le tuviese por el m&aacute;s perfecto de los seres creados.</p>
+
+<p>Jacinta hizo un moh&iacute;n gracioso con fruncimiento de cejas y labios, el
+cual quer&iacute;a decir: &laquo;No me quiero meter en discusiones contigo, porque
+saldr&iacute;a con las manos en la cabeza&raquo;. Y era verdad, porque el Delf&iacute;n
+hac&iacute;a las prestidigitaciones del razonamiento con much&iacute;sima habilidad.</p>
+
+<p>&laquo;Bueno&mdash;indic&oacute; ella&mdash;. Dej&eacute;monos de tonter&iacute;as. &iquest;Qu&eacute; quieres almorzar?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Eso mismo ven&iacute;a yo a saber &mdash;dijo do&ntilde;a B&aacute;rbara apareciendo en la
+puerta&mdash;. Almorzar&aacute;s lo que quieras; pero pongo en tu conocimiento, para
+tu gobierno, que he tra&iacute;do unas calandrias riqu&iacute;simas. <i>Divinidades</i>,
+como dice Estupi&ntilde;&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Tr&aacute;iganme lo que quieran, que tengo m&aacute;s hambre que un maestro de
+escuela.</p>
+
+<p>Cuando salieron las dos damas, Santa Cruz pens&oacute; un ratito en su mujer,
+formulando un paneg&iacute;rico mental. &iexcl;Qu&eacute; &aacute;ngel! Todav&iacute;a no hab&iacute;a acabado &eacute;l
+de cometer una falta, y ya estaba ella perdon&aacute;ndosela. En los d&iacute;as
+precursores del catarro, hall&aacute;base mi hombre en una de aquellas etapas o
+mareas de su inconstante naturaleza, las cuales, alej&aacute;ndole de las
+aventuras, le aproximaban a su mujer. Las personas m&aacute;s hechas a la vida
+ilegal sienten en ocasiones vivo anhelo de ponerse bajo la ley por poco
+tiempo. La ley las tienta como puede tentar el capricho. Cuando Juan se
+hallaba en esta situaci&oacute;n, llegaba hasta desear permanecer en ella; a&uacute;n
+m&aacute;s, llegaba a creer que seguir&iacute;a. Y la Delfina estaba contenta. &laquo;Otra
+vez ganado&mdash;pensaba&mdash;. &iexcl;Si la buena durara!... &iexcl;si yo pudiera ganarle de
+una vez para siempre y derrotar en toda la l&iacute;nea a las
+<i>cantonales</i>...!&raquo;.</p>
+
+<p>Don Baldomero entr&oacute; a ver a su hijo antes de pasar al comedor. &laquo;&iquest;Qu&eacute; es
+eso, chico? Lo que yo digo: no te abrigas. &iexcl;Qu&eacute; cosas ten&eacute;is t&uacute; y
+Villalonga! &iexcl;Pararse a hablar a las diez de la noche en la esquina del
+Ministerio de la Gobernaci&oacute;n, que es otra punta del diamante! Te vi.
+Ven&iacute;a yo con Cantero de la Junta del Banco. Por cierto que estamos
+desorientados. No se sabe a d&oacute;nde ir&aacute; a parar esta anarqu&iacute;a. &iexcl;Las
+acciones a 138!... Pase usted, Aparisi... Es Aparisi que viene a
+almorzar con nosotros&raquo;.</p>
+
+<p>El concejal entr&oacute; y salud&oacute; a los dos Santa Cruz.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; peri&oacute;dicos has le&iacute;do?&mdash;pregunt&oacute; el pap&aacute; cal&aacute;ndose los quevedos,
+que s&oacute;lo usaba para leer&mdash;. Toma <i>La &Eacute;poca</i> y dame <i>El Imparcial</i>...
+Bueno, bueno va esto. &iexcl;Pobre Espa&ntilde;a! Las acciones a 138... el
+consolidado a 13.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; 13?... Eso quisiera usted&mdash;observ&oacute; el eterno concejal&mdash;. Anoche
+lo ofrec&iacute;an a 11 en el Bols&iacute;n y no lo quer&iacute;a nadie. Esto es el diluvio.</p>
+
+
+<p>Y acentuando de una manera notabil&iacute;sima aquella expresi&oacute;n de oler una
+cosa muy mala, a&ntilde;adi&oacute; que todo lo que estaba pasando lo hab&iacute;a previsto
+&eacute;l, y que los sucesos no discrepaban ni tanto as&iacute; de lo que <i>d&iacute;a por
+d&iacute;a</i> hab&iacute;a venido &eacute;l profetizando. Sin hacer mucho caso de su amigo, D.
+Baldomero ley&oacute; en voz alta la noticia o estribillo de todos los d&iacute;as.
+&laquo;La partida tal entr&oacute; en tal pueblo, quem&oacute; el archivo municipal, se
+racion&oacute;, y volvi&oacute; a salir... La columna tal persegu&iacute;a activamente al
+cabecilla cual, y despu&eacute;s de racionarse...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Ea&mdash;dijo sin acabar de leer&mdash;, vamos a racionarnos nosotros. El marqu&eacute;s
+no viene. Ya no se le espera m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>En esto entr&oacute; Blas, el criado de Juan con la mesita, ya puesta, en que
+hab&iacute;a de almorzar el enfermo. Poco despu&eacute;s apareci&oacute; Jacinta trayendo
+platos. Despu&eacute;s de saludarla, Aparisi le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Guillermina me ha dado un recado para usted... Hoy no hay <i>odisea
+filantr&oacute;pica</i> a la <i>parroquia de la chinche</i>, porque anda en busca de
+ladrillo portero para cimientos. Ya tiene hecho todo el vaciado del
+edificio... y por poco dinero. Unos carros trabajando a destajo, otros
+de limosna, aquel que ayuda medio d&iacute;a, el otro que va un par de horas,
+ello es que no le sale el metro c&uacute;bico ni a cinco reales. Y no s&eacute; qu&eacute;
+tiene esa mujer. Cuando va a examinar las obras, parece que hasta las
+mulas de los carros la conocen y tiran m&aacute;s fuerte para darle gusto...
+Francamente, yo que siempre cre&iacute; que el tal edificio no era <i>factible</i>,
+voy viendo...</p>
+
+<p>&laquo;Milagro, milagro&raquo; apunt&oacute; D. Baldomero en marcha hacia el comedor.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute;?&mdash;pregunt&oacute; Juan a su consorte al quedarse solos&mdash;. &iquest;Almuerzas
+aqu&iacute; o all&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres que aqu&iacute;? Almorzar&eacute; en las dos partes. Dice tu mam&aacute; que te
+estoy mimando mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Toma, golosa&mdash;le dijo &eacute;l alarg&aacute;ndole un pedazo de tortilla en el
+tenedor.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de com&eacute;rselo, la Delfina corri&oacute; al comedor. Al poco rato volvi&oacute;
+riendo.</p>
+
+<p>&laquo;Aqu&iacute; te tengo reservada esta pechuga de calandria. Toma, abre la
+boquita, nena&raquo;.</p>
+
+<p>La nena cogi&oacute; el tenedor, y despu&eacute;s de comerse la pechuga, volvi&oacute; a
+re&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; alegre est&aacute; el tiempo!</p>
+
+<p>&mdash;Es que ha llegado el marqu&eacute;s, y desde que se sent&oacute; en la mesa
+empezaron Aparisi y &eacute;l a tirotearse.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; han dicho? &mdash;Aparisi afirm&oacute; que la Monarqu&iacute;a no era <i>factible</i>, y
+despu&eacute;s larg&oacute; un <i>ipso facto</i>, y otras cosas muy finas.</p>
+
+<p>Juan solt&oacute; la carcajada. &laquo;El marqu&eacute;s estar&aacute; furioso&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Come en silencio, meditando una venganza. Te contar&eacute; lo que ocurra.
+&iquest;Quieres pescadilla?, &iquest;quieres bistec?</p>
+
+<p>&mdash;Tr&aacute;eme lo que quieras con tal que vengas pronto.</p>
+
+<p>Y no tard&oacute; en volver, trayendo un plato de pescado.</p>
+
+<p>&laquo;Hijo de mi vida, le mat&oacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;El marqu&eacute;s a Aparisi... le dej&oacute; en el sitio.</p>
+
+<p>&mdash;Cuenta, cuenta. &mdash;Pues de primera intenci&oacute;n soltole a su enemigo un
+<i>delirium tremens</i> a boca de jarro, y despu&eacute;s, sin darle tiempo de
+respirar, un <i>mane tegel fare</i>. El otro se ha quedado como atontado por
+el golpe. Veremos con lo que sale.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; c&eacute;lebre! Tomaremos caf&eacute; juntos&mdash;dijo Santa Cruz&mdash;. Vente pronto
+para ac&aacute;. &iexcl;Qu&eacute; coloradita est&aacute;s!</p>
+
+<p>&mdash;Es de tanto re&iacute;rme. &mdash;Cuando digo que me est&aacute;s haciendo til&iacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Al momento vuelvo... Voy a ver lo que salta por all&aacute;. Aparisi est&aacute;
+indignado con Castelar, y dice que lo que le pasa a Salmer&oacute;n es porque
+no ha seguido sus consejos...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Los consejos de Aparisi! &mdash;S&iacute;, y al marqu&eacute;s lo que le tiene con el
+alma en un hilo es que se levante <i>la masa obrera</i>.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Jacinta al comedor, y el &uacute;ltimo cuento que trajo fue este:</p>
+
+<p>&laquo;Chico, si est&aacute;s all&iacute; te mueres de risa. &iexcl;Pobre Mu&ntilde;oz! El otro se ha
+rehecho y le est&aacute; soltando unos primores... Fig&uacute;rate. Ahora est&aacute;
+contando que ha visto un proyectil de los que tiran los carcas, y el
+fusil Berdan... No dice agujeros, sino <i>orificios</i>. Todo se vuelve
+<i>orificios</i>, y el marqu&eacute;s no sabe lo que le pasa...&raquo;.</p>
+
+<p>No pudo seguir, porque entr&oacute; Mu&ntilde;oz, fumando un gran puro, a saludar al
+enfermo.</p>
+
+<p>&laquo;Hola, Juan&iacute;n... &iquest;Estamos <i>exclaustrados</i>?... &iquest;Y qu&eacute; es?... &iquest;coriza? Eso
+es bueno, y cuando la mucosa necesita eliminar, que elimine... En fin,
+yo me...&raquo;. Iba a decir <i>me largo</i>; pero al ver entrar a Aparisi (tal
+creyeron Jacinta y su marido), dijo: &laquo;me ausento&raquo;.</p>
+
+<p>A eso de las tres, marido y mujer estaban solos en el despacho, &eacute;l en el
+sill&oacute;n leyendo peri&oacute;dicos, ella arreglando la habitaci&oacute;n que estaba algo
+desordenada. Barbarita hab&iacute;a salido a comprar. El criado anunci&oacute; a un
+hombre que quer&iacute;a hablar con el <i>se&ntilde;or joven</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabes que no recibe&mdash;dijo la se&ntilde;orita, y tomando de manos de Blas
+una tarjeta que este tra&iacute;a ley&oacute;: <i>Jos&eacute; Ido del Sagrario, corredor de
+publicaciones nacionales y extranjeras</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Que entre, que entre al instante &mdash;orden&oacute; Santa Cruz, saltando en su
+asiento&mdash;. Es el loco m&aacute;s divertido que puedes imaginar. Ver&aacute;s c&oacute;mo nos
+re&iacute;mos... Cuando nos cansemos de o&iacute;rle, le echamos. &iexcl;Tipo m&aacute;s
+c&eacute;lebre...! Le vi hace d&iacute;as en casa de Pez, y nos hizo morir de risa.</p>
+
+<p>Al poco rato entr&oacute; en el despacho un hombre muy flaco, de cara enfermiza
+y toda llena de l&oacute;bulos y car&uacute;nculas, los pelos bermejos y muy tiesos,
+como crines de escobill&oacute;n, la ropa prehist&oacute;rica y muy ra&iacute;da, corbata
+roja y deshilachada, las botas muertas de risa. En una mano tra&iacute;a el
+sombrero que era un <i>claque</i> del a&ntilde;o en que esta prenda se invent&oacute;, el
+primog&eacute;nito de los <i>claques </i> sin g&eacute;nero de duda, y en la otra un l&iacute;o de
+carteras-prospectos para hacer suscriciones a libros de lujo, las cuales
+estaban tan sobadas, que la mugre no permit&iacute;a ver los dorados de la
+pasta. Impresion&oacute; penosamente a la compasiva Jacinta aquella estampa de
+miseria en traje de persona decente, y m&aacute;s l&aacute;stima tuvo cuando le vio
+saludar con urbanidad y sin encogimiento, como hombre muy hecho al trato
+social.</p>
+
+<p>&laquo;Hola, Sr. de Ido... &iexcl;cu&aacute;nto gusto de verle!&mdash;le dijo Santa Cruz con
+fingida seriedad&mdash;. Si&eacute;ntese, y d&iacute;game qu&eacute; le trae por aqu&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Con permiso... &iquest;Quiere usted <i>Mujeres c&eacute;lebres</i>?</p>
+
+<p>Jacinta y su marido se miraron. &mdash;O <i>Mujeres de la Biblia</i>&mdash;prosigui&oacute;
+Ido, ense&ntilde;ando carteras&mdash;. Como el Sr. de Santa Cruz me dijo el otro d&iacute;a
+en casa del Sr. de Pez que deseaba conocer las publicaciones de las
+casas de Barcelona que tengo el honor de representar... &iquest;O quiere usted
+<i>Cortesanas c&eacute;lebres, Persecuciones religiosas, Hijos del Trabajo,
+Grandes inventos, Dioses del Paganismo</i>...?</p>
+
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Basta, basta, no cite usted m&aacute;s obras ni me ense&ntilde;e m&aacute;s carteras. Ya le
+dije que no me gustan libros por suscrici&oacute;n. Se extrav&iacute;an las entregas,
+y es volverse loco... Prefiero tomar alguna obra completa. Pero no tenga
+prisa. Estar&aacute; usted cansado de tanto correr por ah&iacute;. &iquest;Quiere tomar una
+copita?</p>
+
+<p>&mdash;Much&iacute;simas gracias. Nunca bebo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No?, pues el otro d&iacute;a, cuando nos vimos en casa de Joaqu&iacute;n, dec&iacute;a
+este que estaba usted algo peneque... se entiende, un poco alegre...</p>
+
+<p>&mdash;Perdone usted, Sr. de Santa Cruz &mdash;replic&oacute; Ido avergonzado&mdash;. Yo no me
+embriago; no me he embriagado jam&aacute;s. Algunas veces, sin saber c&oacute;mo ni
+por qu&eacute;, me entra cierta excitaci&oacute;n, y me pongo as&iacute;, nervioso y como
+echando chispas... me pongo el&eacute;ctrico. &iquest;Ven ustedes?... ya lo estoy.
+F&iacute;jese usted, Sr. D. Juan, y observe c&oacute;mo se me mueve el p&aacute;rpado
+izquierdo y el m&uacute;sculo este de la quijada en el mismo lado. &iquest;Lo ve
+usted...?, ya est&aacute; la funci&oacute;n armada. Francamente, as&iacute; no se puede
+vivir. Los m&eacute;dicos me dicen que coma carne. Como carne y me pongo peor.
+Ea, ya estoy como un muelle de reloj... Si usted me da su permiso me
+retiro...</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, no, descanse usted. Eso se le pasar&aacute;. &iquest;Quiere usted un vaso de
+agua?</p>
+
+<p>Jacinta sinti&oacute; que no le dejase marchar, porque la idea de que el hombre
+aquel iba a caer all&iacute; con una pataleta le inspiraba repugnancia y miedo.
+Como Juan insistiese en lo del vaso de agua, d&iacute;jole a su esposa por lo
+bajo: &laquo;Este infeliz lo que tiene es hambre&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;A ver, Sr. de Ido&mdash;indic&oacute; la dama&mdash;, &iquest;se comer&iacute;a usted una chuletita?</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; respondi&oacute; t&aacute;citamente, con la expresi&oacute;n de una incredulidad
+profunda. Cada vez parec&iacute;a m&aacute;s extra&ntilde;o su mirar y m&aacute;s acentuado el
+temblor del p&aacute;rpado y la mejilla.</p>
+
+<p>&mdash;Perd&oacute;neme usted, se&ntilde;ora... Como la cabeza se me va, no puedo hacerme
+cargo de nada. Usted ha dicho que si me comer&iacute;a yo una...</p>
+
+<p>&mdash;Una chuletita. &mdash;Mi cabeza no puede apreciar bien... Padezco de
+olvidos de nombres y cosas. &iquest;A qu&eacute; llama usted una chuleta?&mdash;a&ntilde;adi&oacute;
+llev&aacute;ndose la mano a las erizadas crines, por donde se le escapaba la
+memoria y le entraba la electricidad&mdash;. &iquest;Por ventura, lo que usted
+llama... no s&eacute; c&oacute;mo, es un pedazo de carne con un rabito que es de
+hueso?</p>
+
+<p>&mdash;Justo. Llamar&eacute; para que se la traigan.</p>
+
+<p>&mdash;No se moleste, se&ntilde;ora. Yo llamar&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Que le traigan dos&mdash;dijo el se&ntilde;orito gozando con la idea de ver comer
+a un hambriento.</p>
+
+<p>Jacinta sali&oacute;, y mientras estuvo fuera Ido hablaba de su mala suerte.</p>
+
+<p>&laquo;En este pa&iacute;s, Sr. D. Juanito, no se protege a las letras. Yo que he
+sido profesor de primera ense&ntilde;anza, yo que he escrito obras de amena
+literatura tengo que dedicarme a correr publicaciones para llevar un
+pedazo de pan a mis hijos... Todos me lo dicen: si yo hubiera nacido en
+Francia, ya tendr&iacute;a <i>hotel</i>...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es indudable. &iquest;No ve usted que aqu&iacute; no hay quien lea, y los pocos
+que leen no tienen dinero?...</p>
+
+<p>&mdash;Naturalmente&mdash;dec&iacute;a Ido a cada instante, echando ansiosas miradas en
+redondo por ver si aparec&iacute;a la chuleta.</p>
+
+<p>Jacinta entr&oacute; con un plato en la mano. Tras ella vino Blas con el mismo
+velador en que hab&iacute;a almorzado el se&ntilde;orito, un cubierto, servilleta,
+panecillo, copa y botella de vino. Mir&oacute; estas cosas Ido con estupor
+fam&eacute;lico, no bien disimulado por la cortes&iacute;a, y le entr&oacute; una risa
+nerviosa, se&ntilde;al de hallarse pr&oacute;ximo a la plenitud de aquel estado que
+llamaba el&eacute;ctrico. La Delfina se volvi&oacute; a sentar junto a su marido y
+miraba entre espantada y compasiva al desgraciado D. Jos&eacute;. Este dej&oacute; en
+el suelo las carteras y el <i>claque</i>, que no se cerraba nunca, y cay&oacute;
+sobre las chuletas como un tigre... Entre los mascullones sal&iacute;an de su
+boca palabras y frases desordenadas: &laquo;Agradecid&iacute;simo... Francamente,
+habr&iacute;a sido falta de educaci&oacute;n desairar... No es que tenga apetito,
+naturalmente... He almorzado fuerte... &iquest;pero c&oacute;mo desairar?
+Agradecid&iacute;simo...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Observo una cosa, querido D. Jos&eacute;&mdash;dijo Santa Cruz.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;Que no masca usted lo que come. &mdash;&iexcl;Oh!, &iquest;le interesa a usted
+que masque?</p>
+
+<p>&mdash;No, a m&iacute; no. &mdash;Es que no tengo muelas... Como como los pavos.
+Naturalmente... as&iacute; me sienta mejor.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no bebe usted? &mdash;Media copita nada m&aacute;s... El vino no me hace
+provecho; pero muy agradecido, muy agradecido...&mdash;y a medida que iba
+comiendo, le bailaban m&aacute;s el p&aacute;rpado y el m&uacute;sculo, que parec&iacute;an ya
+completamente declarados en huelga. Not&aacute;base en sus brazos y cuerpo
+estremecimientos muy bruscos, como si le estuvieran haciendo cosquillas.</p>
+
+<p>&laquo;Aqu&iacute; donde le ves&mdash;dijo Santa Cruz&mdash;, se tiene una de las mujeres m&aacute;s
+guapas de Madrid&raquo;.</p>
+
+<p>Hizo un signo a Jacinta que quer&iacute;a decir: &laquo;Esp&eacute;rate, que ahora viene lo
+bueno&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es de veras? &mdash;S&iacute;. No se la merece. Ya ves que &eacute;l es feo adrede.</p>
+
+<p>&mdash;Mi mujer... Nicanora... &mdash;murmur&oacute; Ido sordamente, ya en el &uacute;ltimo
+bocado&mdash;, la Venus de M&eacute;dicis... carnes de raso...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tengo unas ganas de conocer a esa c&eacute;lebre hermosura...!&mdash;afirm&oacute; Juan.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; no hab&iacute;a dejado nada en el plato m&aacute;s que el hueso. Despu&eacute;s
+exhal&oacute; un hond&iacute;simo suspiro, y llev&aacute;ndose la mano al pecho, dej&oacute; escapar
+con bronca voz estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;La hermosura exterior nada m&aacute;s... sepulcro blanqueado... coraz&oacute;n lleno
+de v&iacute;boras.</p>
+
+<p>Su mirada infundi&oacute; tanto terror a Jacinta, que dijo por se&ntilde;as a su
+marido que le dejara salir. Pero el otro, queriendo divertirse un rato,
+hostig&oacute; la demencia de aquel pobre hombre para que saltara.</p>
+
+<p>&laquo;Venga ac&aacute;, querido D. Jos&eacute;. &iquest;Qu&eacute; tiene usted que decir de su esposa, si
+es una santa?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una santa!, &iexcl;una santa! &mdash;repiti&oacute; Ido, con la barba pegada al pecho y
+echando al Delf&iacute;n una mirada que en otra cara habr&iacute;a sido feroz&mdash;. Muy
+bien, se&ntilde;or m&iacute;o. &iquest;Y usted en qu&eacute; se funda para asegurarlo sin pruebas?</p>
+
+<p>&mdash;La voz p&uacute;blica lo dice. &mdash;Pues la voz p&uacute;blica se enga&ntilde;a&mdash;grit&oacute; Ido
+alargando el cuello y accionando con energ&iacute;a&mdash;. La voz p&uacute;blica no sabe
+lo que se pesca.</p>
+
+<p>&mdash;Pero c&aacute;lmese usted, pobre hombre&mdash;se atrevi&oacute; a expresar Jacinta&mdash;. A
+nosotros no nos importa que su mujer de usted sea lo que quiera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que no les importa!... &mdash;replic&oacute; Ido con entonaci&oacute;n tr&aacute;gica de actor
+de la legua&mdash;. Ya s&eacute; que estas cosas a nadie le importan m&aacute;s que a m&iacute;,
+al esposo ultrajado, al hombre que sabe poner su honor por encima de
+todas las cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Es claro que a &eacute;l le importa principalmente&mdash;dijo Santa Cruz
+hostig&aacute;ndole m&aacute;s&mdash;. Y que tiene el genio blando este se&ntilde;or Ido.</p>
+
+<p>&mdash;Y para que usted, se&ntilde;ora &mdash;a&ntilde;adi&oacute; el desgraciado mirando a Jacinta de
+un modo que la hizo estremecer&mdash;, pueda apreciar la justa indignaci&oacute;n de
+un hombre de honor, sepa que mi esposa es... &iexcl;ad&uacute;uultera!</p>
+
+<p>Dijo esta palabra con un alarido espantoso, levant&aacute;ndose del asiento y
+extendiendo ambos brazos como suelen hacer los bajos de &oacute;pera cuando
+echan una maldici&oacute;n. Jacinta se llev&oacute; las manos a la cabeza. Ya no pod&iacute;a
+resistir m&aacute;s aquel desagradable espect&aacute;culo. Llam&oacute; al criado para que
+acompa&ntilde;ara al desventurado corredor de obras literarias. Pero Juan,
+queriendo divertirse m&aacute;s, procuraba calmarle.</p>
+
+<p>&laquo;Si&eacute;ntese, Sr. D. Jos&eacute;, y no se excite tanto. Hay que llevar estas cosas
+con paciencia&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Con paciencia, con paciencia! &mdash;exclam&oacute; Ido, que en su estado
+el&eacute;ctrico repet&iacute;a siempre la &uacute;ltima frase que se le dec&iacute;a, como si la
+mascase, a pesar de no tener muelas.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hombre; estos tragos no hay m&aacute;s remedio que irlos pasando. Amargan
+un poco; pero al fin el hombre, como dijo el otro, se va <i>jaciendo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se va <i>jaciendo</i>! &iquest;Y el honor, se&ntilde;or de Santa Cruz?...</p>
+
+<p>Y otra vez hincaba la barba en el pecho, mirando con los ojos medio
+escondidos en el casco, y cerr&aacute;ndolos de s&uacute;bito, como los toros que
+bajan el testuz para acometer. Las car&uacute;nculas del cuello se le
+inyectaban de tal modo, que casi eclipsaban el rojo de la corbata.
+Parec&iacute;a un pavo cuando la excitaci&oacute;n de la pelea con otro pavo le
+convierte en animal feroz.</p>
+
+<p>&mdash;El honor&mdash;expres&oacute; Juan&mdash;. &iexcl;Bah!, el honor es un sentimiento
+convencional...</p>
+
+<p>Ido se acerc&oacute; paso a paso a Santa Cruz y le toc&oacute; en el hombro muy
+suavemente, clav&aacute;ndole sus ojos de pavo espantado. Despu&eacute;s de una larga
+pausa, durante la cual Jacinta se peg&oacute; a su marido como para defenderle
+de una agresi&oacute;n, el infeliz dijo esto, empezando muy bajito como si
+secreteara, y elevando gradualmente la voz hasta terminar de una manera
+estent&oacute;rea: &laquo;Y si usted descubre que su mujer, la Venus de M&eacute;dicis, la
+de las carnes de raso, la del cuello de cisne, la de los ojos cual
+estrellas... si usted descubre que esa divinidad, a quien usted ama con
+frenes&iacute;, esa dama que fue tan pura; si usted descubre, repito, que falta
+a sus deberes y acude a misteriosas citas con un duque, con un grande de
+Espa&ntilde;a, s&iacute; se&ntilde;or, con el mism&iacute;simo duque de Tal&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, eso es muy grave, pero muy grave&mdash;afirm&oacute; Juan, poni&eacute;ndose m&aacute;s
+serio que un juez&mdash;. &iquest;Est&aacute; usted seguro de lo que dice?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que si estoy seguro!... Lo he visto, lo he visto.</p>
+
+<p>Pronunci&oacute; esto con oprimido acento, como quien va a romper en llanto.</p>
+
+<p>&mdash;Y usted, Sr. D. Jos&eacute; de mi alma&mdash;dijo Santa Cruz fingi&eacute;ndose, no ya
+serio sino consternado&mdash;, &iquest;qu&eacute; hace que no pide una satisfacci&oacute;n al
+duque?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Duelos... duelitos a m&iacute;!&mdash;replic&oacute; Ido con sarcasmo&mdash;. Eso es para los
+tontos. Esas cosas se arreglan de otro modo.</p>
+
+<p>Y vuelta a empezar bajito, para concluir a gritos:</p>
+
+<p>&laquo;Yo har&eacute; justicia, se lo juro a usted... Espero cogerlos <i>in fraganti</i>
+otra vez, <i>in fraganti</i>, Sr. D. Juan. Entonces aparecer&aacute;n los dos
+cad&aacute;veres atravesados por una sola espada... Esta es la venganza, esta
+es la ley... por una sola espada... Y me quedar&eacute; tan fresco, como si tal
+cosa. Y podr&eacute; salir por ah&iacute; mostrando mis manos manchadas con la sangre
+de los ad&uacute;lteros y decir a gritos: 'Aprended de m&iacute;, maridos, a defender
+vuestro honor. Ved estas manos justicieras, vedlas y besadlas...'. Y
+vendr&aacute;n todos... toditos a besarme las manos. Y ser&aacute; un besamanos,
+porque hay tantos, tant&iacute;simos...&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar a este grado de su lastimoso acceso, el infeliz Ido ya no
+ten&iacute;a atadero. Gesticulaba en medio de la habitaci&oacute;n, iba de un lado
+para otro, par&aacute;base delante de los esposos sin ninguna muestra de
+respeto, daba r&aacute;pidas vueltas sobre un tac&oacute;n y ten&iacute;a todas las trazas
+de un hombre completamente irresponsable de lo que dice y hace. El
+criado estaba en la puerta riendo, esperando que sus amos le mandasen
+poner a aquel adefesio en la calle. Por fin, Juan hizo una se&ntilde;a a Blas;
+y a su mujer le dijo por lo bajo: &laquo;dale un par de duros&raquo;. Dejose
+conducir hasta la puerta el pobre D. Jos&eacute; sin decir una palabra, ni
+despedirse. Blas le puso en la cabeza el primog&eacute;nito de todos los
+<i>claques</i>, en una mano las mugrientas carteras, en otra los dos duros
+que para el caso le dio la se&ntilde;orita; la puerta se cerr&oacute; y oyose el
+pesado, inseguro paso del hombre el&eacute;ctrico por las escaleras abajo.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; no me divierte esto &mdash;opin&oacute; Jacinta&mdash;. Me da miedo. &iexcl;Pobre
+hombre! La miseria, el no comer le habr&aacute;n puesto as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Es lo m&aacute;s inofensivo que te puedes figurar. Siempre que va a casa de
+Joaqu&iacute;n, le pinchamos para que hable de la ad&uacute;uultera. Su demencia es
+que su mujer se la pega con un grande de Espa&ntilde;a. Fuera de eso, es
+razonable y muy veraz en cuanto habla. &iquest;De qu&eacute; provendr&aacute; esto, Dios m&iacute;o?
+Lo que t&uacute; dices, el no comer. Este hombre ha sido tambi&eacute;n autor de
+novelas, y de escribir tanto adulterio, no comiendo m&aacute;s que jud&iacute;as, se
+le reblandeci&oacute; el cerebro.</p>
+
+<p>Y no se habl&oacute; m&aacute;s del loco. Por la noche fue Guillermina, y Jacinta, que
+conservaba la mugrienta tarjeta con las se&ntilde;as de Ido, se la dio a su
+amiga para que en sus excursiones le socorriese. En efecto, la familia
+del corredor de obras (Mira el R&iacute;o 12), merec&iacute;a que alguien se
+interesara por ella. Guillermina conoc&iacute;a la casa y ten&iacute;a en ella muchos
+parroquianos. Despu&eacute;s de visitarla, hizo a su amiguita una pintura muy
+pat&eacute;tica de la miseria que en la madriguera de los Idos reinaba. La
+esposa era una infeliz mujer, m&aacute;rtir del trabajo y de la inanici&oacute;n,
+humilde, estropead&iacute;sima, fea de encargo, mal perge&ntilde;ada. &Eacute;l ganaba poco,
+casi nada. Viv&iacute;a la familia de lo que ganaban el hijo mayor, cajista, y
+la hija, polluela de buen ver que aprend&iacute;a para peinadora.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, dos d&iacute;as despu&eacute;s de la visita de Ido, Blas avis&oacute; que en el
+recibimiento estaba el hombre aquel de los pelos tiesos. Quer&iacute;a hablar
+con la se&ntilde;orita. Ven&iacute;a muy pac&iacute;fico. Jacinta fue all&iacute;, y antes de llegar
+ya estaba abriendo su portamonedas.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;le dijo Ido al tomar lo que se le daba&mdash;, estoy agradecid&iacute;simo
+a sus bondades; pero &iexcl;ay!, la se&ntilde;ora no sabe que estoy desnudo... quiero
+decir, que esta ropa que llevo se me est&aacute; deshaciendo sobre las
+carnes... Y naturalmente, si la se&ntilde;ora tuviera unos pantaloncitos
+desechados del se&ntilde;or D. Juan...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! S&iacute;... buscar&eacute;. Vuelva usted.</p>
+
+<p>&mdash;Porque la se&ntilde;ora do&ntilde;a Guillermina, que es tan buena, nos socorri&oacute; con
+bonos de carne y pan, y a Nicanora le dio una manta, que nos viene como
+bendici&oacute;n de Dios, porque en la cama nos abrig&aacute;bamos con toda mi ropa y
+la suya puesta sobre las s&aacute;banas...</p>
+
+<p>&mdash;Descuide usted, Sr. del Sagrario; yo le procurar&eacute; alguna prenda en
+buen uso. Tiene usted la misma estatura de mi marido.</p>
+
+<p>&mdash;Y a mucha honra... Agradecid&iacute;simo, se&ntilde;ora; pero cr&eacute;ame la se&ntilde;ora, se
+lo digo con la mano puesta en el coraz&oacute;n: m&aacute;s me convendr&iacute;a ropa de
+ni&ntilde;os que ropa de hombre, porque no me importa estar desnudo con tal que
+mis chicos est&eacute;n vestidos. No tengo m&aacute;s que una camisa, que Nicanora,
+naturalmente, me lava ciertas y determinadas noches mientras duermo,
+para pon&eacute;rmela por la ma&ntilde;ana... pero no me importa. Anden mis ni&ntilde;os
+abrigados, y a m&iacute; que me parta una pulmon&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no tengo ni&ntilde;os&mdash;dijo la dama con tanta pena como el otro al decir
+&laquo;no tengo camisa&raquo;.</p>
+
+<p>Maravill&aacute;base Jacinta de lo muy razonable que estaba el corredor de
+obras. No advirti&oacute; en &eacute;l ning&uacute;n indicio de las extravagancias de marras.</p>
+
+<p>&laquo;La se&ntilde;ora no tiene hijos... &iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima!&mdash;exclam&oacute; Ido&mdash;. Dios no sabe
+lo que se hace... Y yo pregunto: si la se&ntilde;ora no tiene ni&ntilde;os, &iquest;para
+qui&eacute;n son los ni&ntilde;os? Lo que yo digo... ese se&ntilde;or Dios ser&aacute; todo lo sabio
+que quieran; pero yo no le paso ciertas cosas&raquo;.</p>
+
+<p>Esto le pareci&oacute; a la Delfina tan discreto, que crey&oacute; tener delante al
+primer fil&oacute;sofo del mundo; y le dio m&aacute;s limosna.</p>
+
+<p>&laquo;Yo no tengo ni&ntilde;os &mdash;repiti&oacute;&mdash;, pero ahora me acuerdo. Mis hermanas los
+tienen...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mil y mil cuatrillones de gracias, se&ntilde;ora. Algunas prendas de abrigo,
+como las que reparti&oacute; el otro d&iacute;a do&ntilde;a Guillermina a los chicos de mis
+vecinos, no nos vendr&iacute;an mal.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Do&ntilde;a Guillermina reparti&oacute; a los vecinos y a usted no?... &iexcl;Ah!,
+descuide usted; ya le echar&eacute; yo un buen r&eacute;spice.</p>
+
+<p>Alentado por esta prueba de benevolencia, Ido empez&oacute; a tomar confianza.
+Avanz&oacute; algunos pasos dentro del recibimiento, y bajando la voz dijo a la
+se&ntilde;orita:</p>
+
+<p>&laquo;Reparti&oacute; do&ntilde;a Guillermina unos capuchoncitos de lana, medias y otras
+cosas; pero no nos toc&oacute; nada. Lo mejor fue para los hijos de la se&ntilde;&aacute;
+Joaquina y para el <i>Pitus&iacute;n</i>, el ni&ntilde;o ese... &iquest;no sabe la se&ntilde;ora?, ese
+chiquill&iacute;n que tiene consigo mi vecino Pepe Izquierdo... un hombre de
+bien, tan desgraciado como yo... No le quiero quitar al <i>Pitus&iacute;n</i> la
+preferencia. Comprendo que lo mejor debe caerle a &eacute;l por ser de la
+familia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dice usted, hombre? &iquest;De qui&eacute;n habla usted?&mdash;indic&oacute; Jacinta
+sospechando que Ido se electrizaba. Y en efecto, crey&oacute; notar s&iacute;ntomas de
+temblor en el p&aacute;rpado.</p>
+
+<p>&laquo;El <i>Pitus&iacute;n</i>&mdash;prosigui&oacute; Ido tom&aacute;ndose m&aacute;s confianza y bajando m&aacute;s la
+voz&mdash;, es un nene de tres a&ntilde;os, muy mono por cierto, hijo de una tal
+Fortunata, mala mujer, se&ntilde;ora, muy mala... Yo la vi una vez, una vez
+sola. Guapetona; pero muy loca. Mi vecino me ha enterado de todo...</p>
+
+<p>Pues como dec&iacute;a, el pobre <i>Pitus&iacute;n</i> es muy salado... &iexcl;m&aacute;s listo que
+Cachucha y m&aacute;s malo...! Trae al retortero a toda la vecindad. Yo le
+quiero como a mis hijos. El se&ntilde;or Pepe le recogi&oacute; no s&eacute; d&oacute;nde, porque su
+madre le quer&iacute;a tirar...&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta estaba aturdid&iacute;sima, como si hubiera recibido un fuerte golpe en
+la cabeza. O&iacute;a las palabras de Ido sin acertar a hacerle preguntas
+terminantes. &iexcl;Fortunata, el <i>Pitus&iacute;n</i>!... &iquest;No ser&iacute;a esto una nueva
+extravagancia de aquel cerebro novelador?</p>
+
+<p>&laquo;Pero, vamos a ver...&mdash;dijo la se&ntilde;orita al fin, comenzando a
+serenarse&mdash;. Todo eso que usted me cuenta, &iquest;es verdad o es locura de
+usted?... Porque a m&iacute; me han dicho que usted ha escrito novelas, y que
+por escribirlas comiendo mal, ha perdido la chaveta&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo le juro a la se&ntilde;ora que lo que le he dicho es el Sant&iacute;simo
+Evangelio&mdash;replic&oacute; Ido poni&eacute;ndose la mano sobre el pecho&mdash;. Jos&eacute;
+Izquierdo es persona formal. No s&eacute; si la se&ntilde;ora lo conocer&aacute;. Tuvo
+plater&iacute;a en la Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima, un gran establecimiento...
+especialidad en regalos para amas... No s&eacute; si fue all&iacute; donde naci&oacute; el
+<i>Pitus&iacute;n</i>; lo que s&iacute; s&eacute; es que, naturalmente, es hijo de su esposo de
+usted, el se&ntilde;or D. Juanito de Santa Cruz.</p>
+
+<p>&mdash;Usted est&aacute; loco &mdash;exclam&oacute; la dama con arranque de enojo y despecho&mdash;.
+Usted es un embustero... M&aacute;rchese usted.</p>
+
+<p>Empujole hacia la puerta mirando a todos lados por si hab&iacute;a en el
+recibimiento o en los pasillos alguien que tales desprop&oacute;sitos oyera. No
+hab&iacute;a nadie. D. Jos&eacute; se deshizo en reverencias; pero no se turb&oacute; porque
+le llamaran loco.</p>
+
+<p>&laquo;Si la se&ntilde;ora no me cree &mdash;se limit&oacute; a decir&mdash;, puede enterarse en la
+vecindad...&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta le retuvo entonces. Quer&iacute;a que hablase m&aacute;s.</p>
+
+<p>&laquo;Dice usted que ese Jos&eacute; Izquierdo... Pero no quiero saber nada. V&aacute;yase
+usted&raquo;.</p>
+
+<p>Ido hab&iacute;a traspasado el hueco de la puerta, y Jacinta cerr&oacute; de golpe, a
+punto que &eacute;l abr&iacute;a la boca para a&ntilde;adir quiz&aacute;s alg&uacute;n pormenor interesante
+a sus revelaciones. Tuvo la dama intenciones de llamarle. Figur&aacute;base que
+al trav&eacute;s de la madera, cual si esta fuera un cristal, ve&iacute;a el p&aacute;rpado
+tembloroso de Ido y su cara de pavo, que ya le era odiosa como la de un
+animal da&ntilde;ino. &laquo;No, no abro... &mdash;pens&oacute;&mdash;. Es una serpiente... &iexcl;Qu&eacute;
+hombre! Se finge el loco para que le tengan l&aacute;stima y le den dinero&raquo;.
+Cuando le oy&oacute; bajar las escaleras volvi&oacute; a sentir deseos de m&aacute;s
+explicaciones. En aquel mismo instante sub&iacute;an Barbarita y Estupi&ntilde;&aacute;
+cargados de paquetes de compras. Jacinta les vio por el ventanillo y
+huy&oacute; despavorida hacia el interior de la casa, temerosa de que le
+conocieran en la cara el desquiciamiento que aquel condenado hombre
+hab&iacute;a producido en su alma.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>&iexcl;C&oacute;mo estuvo aquel d&iacute;a la pobrecita! No se enteraba de lo que le dec&iacute;an,
+no ve&iacute;a ni o&iacute;a nada. Era como una ceguera y sordera moral, casi f&iacute;sica.
+La culebra que se le hab&iacute;a enroscado dentro, desde el pecho al cerebro,
+le com&iacute;a todos los pensamientos y las sensaciones todas, y casi le
+estorbaba la vida exterior. Quer&iacute;a llorar; &iquest;pero qu&eacute; dir&iacute;a la familia al
+verla hecha un mar de l&aacute;grimas? Habr&iacute;a que decir el motivo... Las
+reacciones fuertes y pasajeras de toda pena no le faltaban, y cuando
+aquella marca de consuelo ven&iacute;a, sent&iacute;a breve alivio. &iexcl;Si todo era un
+embuste, si aquel hombre estaba loco...! Era autor de novelas de brocha
+gorda y no pudiendo ya escribirlas para el p&uacute;blico, intentaba llevar a
+la vida real los productos de su imaginaci&oacute;n llena de tuberculosis. S&iacute;,
+s&iacute;, s&iacute;: no pod&iacute;a ser otra cosa: tisis de la fantas&iacute;a. S&oacute;lo en las
+novelas malas se ven esos hijos de sorpresa que salen cuando hace falta
+para complicar el argumento. Pero si lo revelado pod&iacute;a ser una papa,
+tambi&eacute;n pod&iacute;a no serlo, y he aqu&iacute; concluida la reacci&oacute;n de alivio. La
+culebra entonces, en vez de desenroscarse, apretaba m&aacute;s sus duros
+anillos.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a, el demonio lo hizo, estaba Juan mucho peor de su catarro. Era
+el enfermo m&aacute;s impertinente y dengoso que se pudiera imaginar. Pretend&iacute;a
+que su mujer no se apartara de &eacute;l, y notando en ella una tristeza que no
+le era habitual, dec&iacute;ale con enojo: &laquo;&iquest;Pero qu&eacute; tienes, qu&eacute; te pasa,
+hija? Vaya, pues me gusta... Estoy yo aqu&iacute; hecho una plasta, aburrido y
+pasando las de Ca&iacute;n, y te me vienes t&uacute; ahora con esa cara de juez.
+R&iacute;ete, por amor de Dios&raquo;. Y Jacinta era tan buena, que al fin hac&iacute;a un
+esfuerzo para aparecer contenta. El Delf&iacute;n no ten&iacute;a paciencia para
+soportar las molestias de un simple catarro, y se desesperaba cuando le
+ven&iacute;a uno de esos rosarios de estornudos que no se acaban nunca.
+Empe&ntilde;&aacute;base en despejar su cabeza de la pesada fluxi&oacute;n son&aacute;ndose con
+estr&eacute;pito y c&oacute;lera.</p>
+
+<p>&laquo;Ten paciencia, hijo&mdash;le dec&iacute;a su madre&mdash;. Si fuera una enfermedad
+grave, &iquest;qu&eacute; har&iacute;as?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues pegarme un tiro, mam&aacute;. Yo no puedo aguantar esto. Mientras m&aacute;s me
+sueno, m&aacute;s abrumada tengo la cabeza. Estoy harto de beber aguas.
+&iexcl;Demonio con las aguas! No quiero m&aacute;s brebajes. Tengo el est&oacute;mago como
+una charca. &iexcl;Y me dicen que tenga paciencia! Cualquier d&iacute;a tengo yo
+paciencia. Ma&ntilde;ana me echo a la calle.</p>
+
+<p>&mdash;Falta que te dejemos. &mdash;Al menos r&iacute;anse, cu&eacute;ntenme algo,
+distr&aacute;iganme. Jacinta, si&eacute;ntate a mi lado. M&iacute;rame.</p>
+
+<p>&mdash;Si ya te estoy mirando. Est&aacute;s muy guapito con tu pa&ntilde;uelo liado en la
+cabeza, la nariz colorada, los ojos como tomates...</p>
+
+<p>&mdash;B&uacute;rlate; mejor. Eso me gusta... Ya te dar&iacute;a yo mi constipado. No, si
+no quiero m&aacute;s caramelos. Con tus caramelos me has puesto el cuerpo como
+una confiter&iacute;a. Mam&aacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;&iquest;Estar&eacute; bueno ma&ntilde;ana? Por Dios, tengan compasi&oacute;n de m&iacute;,
+h&aacute;ganme llevadera esta vida. Estoy en un potro. Me carga el sudar. Si me
+desabrigo, toso; si me abrigo, echo el quilo... Mam&aacute;, Jacinta,
+distraedme; tr&aacute;iganme a Estupi&ntilde;&aacute; para re&iacute;rme un rato con &eacute;l.</p>
+
+<p>Jacinta, al quedarse otra vez sola con su marido, volvi&oacute; a sus
+pensamientos. Le mir&oacute; por detr&aacute;s de la butaca en que sentado estaba.
+&laquo;&iexcl;Ah, c&oacute;mo me has enga&ntilde;ado!...&raquo;. Porque empezaba a creer que el loco,
+con serlo tan rematado, hab&iacute;a dicho verdades. Las inequ&iacute;vocas
+adivinaciones del coraz&oacute;n humano dec&iacute;anle que la desagradable historia
+del <i>Pitus&iacute;n</i> era cierta. Hay cosas que forzosamente son ciertas, sobre
+todo siendo cosas malas. &iexcl;Entrole de improviso a la pobrecita esposa una
+rabia...! Era como la c&oacute;lera de las palomas cuando se ponen a pelear.
+Viendo muy cerca de s&iacute; la cabeza de su marido, sinti&oacute; deseos de tirarle
+del cabello que por entre las vueltas del pa&ntilde;uelo de seda sal&iacute;a. &laquo;&iexcl;Qu&eacute;
+rabia tengo! &mdash;pens&oacute; Jacinta apretando sus bonit&iacute;simos dientes&mdash;, por
+haberme ocultado una cosa tan grave... &iexcl;Tener un hijo y abandonarlo
+as&iacute;!&raquo;... Se ceg&oacute;; vio todo negro. Parec&iacute;a que le entraban convulsiones.
+Aquel <i>Pitus&iacute;n</i> desconocido y misterioso, aquella hechura de su marido,
+sin que fuese, como deb&iacute;a, hechura suya tambi&eacute;n, era la verdadera
+culebra que se enroscaba en su interior... &laquo;&iquest;Pero qu&eacute; culpa tiene el
+pobre ni&ntilde;o...? &mdash;pens&oacute; despu&eacute;s transform&aacute;ndose por la piedad&mdash;. &iexcl;Este,
+este tunante...!&raquo;. Miraba la cabeza, &iexcl;y qu&eacute; ganas ten&iacute;a de arrancarle
+una mecha de pelo, de pegarle un coscorr&oacute;n!... &iquest;Qui&eacute;n dice uno?... dos,
+tres, cuatro coscorrones muy fuertes para que aprendiera a no enga&ntilde;ar a
+las personas.</p>
+
+<p>&laquo;Pero mujer, &iquest;qu&eacute; haces ah&iacute; detr&aacute;s de m&iacute;?&mdash;murmur&oacute; &eacute;l sin volver la
+cabeza&mdash;. Lo que digo, hoy parece que est&aacute;s lela. Ven ac&aacute;, hija&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres? &mdash;Ni&ntilde;a de mi vida, hazme un favorcito.</p>
+
+<p>Con aquellas ternuras se le pas&oacute; a la Delfina todo su furor de
+coscorrones. Afloj&oacute; los dientes y dio la vuelta hasta pon&eacute;rsele delante.</p>
+
+<p>&laquo;Hazme el favorcito de ponerme otra manta. Creo que me he enfriado
+algo&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta fue a buscar la manta. Por el camino dec&iacute;a: &laquo;En Sevilla me cont&oacute;
+que hab&iacute;a hecho diligencias por socorrerla. Quiso verla y no pudo. Muri&oacute;
+mam&aacute;, pas&oacute; tiempo; no supo m&aacute;s de ella... Como Dios es mi padre, yo he
+de saber lo que hay de verdad en esto, y si... (se ahogaba al llegar a
+esta parte de su pensamiento) si es verdad que los hijos que no le nacen
+en m&iacute; le nacen en otra...&raquo;.</p>
+
+<p>Al ponerle la manta le dijo: &laquo;Abr&iacute;gate bien, infame&raquo;; y a Juanito no se
+le ocult&oacute; la seriedad con que lo dec&iacute;a. Al poco rato volvi&oacute; a tomar el
+acento mimoso:</p>
+
+<p>&laquo;Jacintilla, ni&ntilde;a de mi coraz&oacute;n, &aacute;ngel de mi vida, ll&eacute;gate ac&aacute;. Ya no
+haces caso del sinverg&uuml;enza de tu maridillo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Celebro que te conozcas. &iquest;Qu&eacute; quieres?</p>
+
+<p>&mdash;Que me quieras y me hagas muchos mimos. Yo soy as&iacute;. Reconozco que no
+se me puede aguantar. Mira, tr&aacute;eme agua azucarada... templadita, &iquest;sabes?
+Tengo sed.</p>
+
+<p>Al darle el agua, Jacinta le toc&oacute; la frente y las manos.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Crees que tengo calentura?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;De pollo asado. No tienes m&aacute;s que impertinencias. Eres peor que los
+chiquillos.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, hijita, cordera; cuando venga <i>La Correspondencia</i>, me la
+leer&aacute;s. Tengo ganas de saber c&oacute;mo se desenvuelve Salmer&oacute;n. Luego me
+leer&aacute;s <i>La &Eacute;poca</i>. &iexcl;Qu&eacute; buena eres! Te estoy mirando y me parece mentira
+que tenga yo por mujer a un seraf&iacute;n como t&uacute;. Y que no hay quien me quite
+esta ganga... &iexcl;Qu&eacute; ser&iacute;a de m&iacute; sin ti... enfermo, postrado...!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya una enfermedad! S&iacute;; lo que es por quejarte no quedar&aacute;...</p>
+
+<p>Do&ntilde;a B&aacute;rbara entr&oacute; diciendo con autoridad: &laquo;A la cama, ni&ntilde;o, a la cama.
+Ya es de noche y te enfriar&aacute;s en ese sill&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, mam&aacute;; a la cama me voy. Si yo no chisto, si no hago m&aacute;s que
+obedecer a mis tiranas... Si soy una malva. Blas, Blas..., &iquest;pero d&oacute;nde
+se mete este condenado hombre?</p>
+
+<p>Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, lo que bregaron para acostarle. La suerte de ellas era
+que lo tomaban a broma. &laquo;Jacinta, ponme un pa&ntilde;uelo de seda en la
+garganta... Chica, no aprietes tanto que me ahogas... Quita, quita, t&uacute;
+no sabes. Mam&aacute;, ponme t&uacute; el pa&ntilde;uelo... No, quit&aacute;dmelo; ninguna de las
+dos sabe liar un pa&ntilde;uelo. &iexcl;Pero qu&eacute; gente m&aacute;s in&uacute;til!&raquo;.</p>
+
+<p>Pasa un ratito. &laquo;Mam&aacute;, &iquest;ha venido <i>La Correspondencia</i>?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, hijo. No te desabrigues. Mete estos brazos. Jacinta, c&uacute;brele los
+brazos.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno, ya est&aacute;n metidos los brazos. &iquest;Los meto m&aacute;s? Eso es, se
+empe&ntilde;an en que me ahogue. Me han puesto un ba&uacute;l mundo encima. Jacinta,
+quita <i>jierro</i>, que el peso me agobia... Pero, chica, no tanto; sube m&aacute;s
+arribita el edred&oacute;n... tengo el pescuezo helado. Mam&aacute;... lo que digo,
+hacen las cosas de mala gana. As&iacute; no me pongo nunca bueno. Y ahora se
+van a comer. &iquest;Y me voy a quedar solo con Blas?</p>
+
+<p>&mdash;No, tonto, Jacinta comer&aacute; aqu&iacute; contigo.</p>
+
+<p>Mientras su mujer com&iacute;a, ni un momento dej&oacute; de importunarla: &laquo;T&uacute; no
+comes, t&uacute; est&aacute;s desganada; a ti te pasa algo; t&uacute; disimulas algo... A m&iacute;
+no me la das t&uacute;. Francamente, nunca est&aacute; uno tranquilo... pensando
+siempre si te nos pondr&aacute;s mala. Pues es preciso comer; haz un
+esfuerzo... &iquest;Es que no comes para hacerme rabiar?... Ven ac&aacute;, tontuela,
+echa la cabecita aqu&iacute;. Si no me enfado, si te quiero m&aacute;s que a mi vida,
+si por verte contenta, firmaba yo ahora un contrato de catarro
+vitalicio... Dame un poquito de esa camuesa... &iexcl;Qu&eacute; buena est&aacute;! D&eacute;jame
+que te chupe el dedo...&raquo;.</p>
+
+<p>Iban llegando los amigos de la casa que sol&iacute;an ir algunas noches.</p>
+
+<p>&laquo;Mam&aacute;, por las llagas y por todos los clavos de Cristo, no me traigas
+ac&aacute; a Aparisi... Ahora le da porque todo ha de ser <i>obvio... obvio</i> por
+arriba, <i>obvio</i> por abajo. Si me le traes le echo a cajas destempladas&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, no digas tonter&iacute;as. Puede que entre a saludarte; pero saldr&aacute; en
+seguida. &iquest;Qui&eacute;n ha entrado ahora?... &iexcl;Ah!, me parece que es Guillermina.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco la quiero ver. Me va a aburrir con su edificio. &iexcl;Valiente
+chifladura! Esa mujer est&aacute; loca. Anoche me dio la gran jaqueca, con que
+si sac&oacute; las maderas de <i>seis</i> a treinta y ocho reales, y las <i>carreras
+de pie y cuarto </i> a diez y seis reales pie. Me arm&oacute; un triquitraque de
+pies que me dej&oacute; la cabeza pateada. No me la entren aqu&iacute;. No me importa
+saber a c&oacute;mo valen el ladrillo pint&oacute;n y las alfarg&iacute;as... Mam&aacute;, ponte de
+centinela y aqu&iacute; no me entra m&aacute;s que Estupi&ntilde;&aacute;. Que venga Placidito, para
+que me cuente sus glorias, cuando iba al portillo de Gilim&oacute;n a meter
+contrabando, y a la b&oacute;veda de San Gin&eacute;s a abrirse las carnes con el
+zurriago... Que venga para decirle: &laquo;lorito, daca la pata&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, qu&eacute; impertinente! Ya sabes que el pobre Pl&aacute;cido se acuesta
+entre nueve y diez. Tiene que estar en planta a las cinco de la ma&ntilde;ana.
+Como que va a despertar al sacrist&aacute;n de San Gin&eacute;s, que tiene un sue&ntilde;o
+muy pesado.</p>
+
+<p>&mdash;Y porque el sacrist&aacute;n de San Gin&eacute;s sea un dormil&oacute;n, &iquest;me he de
+fastidiar yo? Que entre Estupi&ntilde;&aacute; y me d&eacute; tertulia. Es la &uacute;nica persona
+que me divierte.</p>
+
+<p>&mdash;Hijo, por amor de Dios, mete esos brazos.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, pues si no viene Rossini, no los meto y saco todo el cuerpo fuera.</p>
+
+<p>Y entraba Pl&aacute;cido y le contaba mil cosas divertidas, que siento no
+poder reproducir aqu&iacute;. No contento con esto, quer&iacute;a divertirse a costa
+de &eacute;l, y recordando un pasaje de la vida de Estupi&ntilde;&aacute; que le hab&iacute;an
+contado, dec&iacute;ale:</p>
+
+<p>&laquo;A ver, Pl&aacute;cido, cu&eacute;ntanos aquel lance tuyo cuando te arrodillaste
+delante del sereno, creyendo que era el Vi&aacute;tico...&raquo;.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r esto, el bondadoso y parlanch&iacute;n anciano se desconcertaba.
+Respond&iacute;a torpemente, balbuciendo negativas y &laquo;&iquest;qui&eacute;n te ha contado esa
+paparrucha?&raquo;. A lo mejor, saltaba Juan con esto: &laquo;&iquest;Pero di, Pl&aacute;cido, t&uacute;
+no has tenido nunca novia?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, vaya, este Juanito &mdash;dec&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute; levant&aacute;ndose para
+marcharse&mdash;, tiene hoy ganas de comedia.</p>
+
+<p>Barbarita, que tanto apreciaba a su buen amigo, estaba, como suele
+decirse, al quite de estas bromas que tanto le molestaban. &laquo;Hijo, no te
+pongas tan pesado... deja marchar a Pl&aacute;cido. T&uacute;, como te est&aacute;s durmiendo
+hasta las once de la ma&ntilde;ana, no te acuerdas del que madruga&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta, entre tanto, hab&iacute;a salido un rato de la alcoba. En el sal&oacute;n vio
+a varias personas, Casa-Mu&ntilde;oz, Ram&oacute;n Villuendas, D. Valeriano
+Ruiz-Ochoa y alguien m&aacute;s, hablando de pol&iacute;tica con tal expresi&oacute;n de
+terror, que m&aacute;s bien parec&iacute;an conspiradores. En el gabinete de Barbarita
+y en el rinc&oacute;n de costumbre hall&oacute; a Guillermina haciendo obra de media
+con hilo crudo. En el ratito que estuvo sola con ella, la enter&oacute; del
+plan que ten&iacute;a para la ma&ntilde;ana siguiente. Ir&iacute;an juntas a la calle de Mira
+el R&iacute;o, porque Jacinta ten&iacute;a un inter&eacute;s particular en socorrer a la
+familia de aquel pasmarote que hace las suscriciones. &laquo;Ya le contar&eacute; a
+usted; tenemos que hablar largo&raquo;. Ambas estuvieron de cuchicheo un buen
+cuarto de hora, hasta que vieron aparecer a Barbarita.</p>
+
+<p>&laquo;Hija, por Dios, ve all&aacute;. Hace un rato que te est&aacute; llamando. No te
+separes de &eacute;l. Hay que tratarle como a los chiquillos&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pero mujer, te marchas y me dejas as&iacute;... &iexcl;qu&eacute; alma tienes!&mdash;grit&oacute; el
+Delf&iacute;n cuando vio entrar a su esposa&mdash;. Vaya una manera de cuidarle a
+uno. Nada... Lo mismo que a un perro&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hijo de mi alma, si te dej&eacute; con Pl&aacute;cido y tu mam&aacute;... Perd&oacute;name, ya
+estoy aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Jacinta parec&iacute;a alegre, Dios sabr&iacute;a por qu&eacute;... Inclinose sobre el lecho
+y empez&oacute; a hacerle mimos a su marido, como podr&iacute;a hac&eacute;rselos a un ni&ntilde;o
+de tres a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; ma&ntilde;osito se me ha vuelto este nene!... Le voy a dar azotes...
+Toma, este por tu mam&aacute;, este por tu pap&aacute; y este grande... por tu
+parienta...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Rica! &mdash;Si no me quieres nada. &mdash;Anda, zalamera... quien no me
+quiere nada eres t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Nada en gracia de Dios. &mdash;&iquest;Cu&aacute;nto me quieres?</p>
+
+<p>&mdash;Tanto as&iacute;. &mdash;Es poco. &mdash;Pues como de aqu&iacute; a la Cibeles... no al
+Cielo... &iquest;Est&aacute;s satisfecho?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ch&iacute;</i>.</p>
+
+<p>Jacinta se puso seria. &laquo;Arr&eacute;glame esta almohada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;As&iacute;? &mdash;No, m&aacute;s alta. &mdash;&iquest;Est&aacute;s bien? &mdash;No, m&aacute;s bajita... Magn&iacute;fico.
+Ahora, r&aacute;scame aqu&iacute;, en la paletilla.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Aqu&iacute;? &mdash;M&aacute;s abajito... m&aacute;s arribita... ah&iacute;... fuerte... &iexcl;Ay, ni&ntilde;a de
+mi vida, eres la gloria eterna!... &iexcl;Qu&eacute; dicha la m&iacute;a en poseerte!...</p>
+
+<p>&laquo;Cuando est&aacute;s malo es cuando me dices esas cosas... Ya me las pagar&aacute;s
+todas juntas&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, soy un pillo... P&eacute;game.</p>
+
+<p>&mdash;Toma, toma. &mdash;C&oacute;meme... &mdash;S&iacute;, que te como, y te arranco un bocado...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay! &iexcl;ay!, no tanto, caramba. &iexcl;Si alguien nos viera!...</p>
+
+<p>&mdash;Creer&iacute;a que nos hab&iacute;amos vuelto tontos rematados&mdash;observ&oacute; Jacinta
+ri&eacute;ndose con cierta melancol&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Estas simplezas no son para que las vea nadie...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cierras los ojos? Du&eacute;rmete, a... rorr&oacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Eso es, quieres que me duerma para echar a correr a darle cuerda a esa
+mani&aacute;tica de Guillermina. T&uacute; eres responsable de que se chifle por
+completo, porque le fomentas el tema del edificio... Ya est&aacute;s deseando
+que cierre yo los ojos para irte. M&aacute;s que estar conmigo te gusta el
+palique. &iquest;Sabes lo que te digo? Que si me duermo, te tienes que estar
+aqu&iacute;, de centinela, para cuidar de que no me destape.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, hombre, bueno; me estar&eacute;.</p>
+
+<p>Quedose aletargado; pero en seguida abri&oacute; los ojos, y lo primero que
+vieron fue los de Jacinta, fijos en &eacute;l con atenci&oacute;n amante. Cuando se
+durmi&oacute; de veras, la centinela abandon&oacute; su puesto para correr al lado de
+Guillermina con quien ten&iacute;a pendiente una interesant&iacute;sima conferencia.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="ixa" id="ixa"></a>-IX-</h2>
+
+<h2>Una visita al Cuarto Estado</h2>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, el Delf&iacute;n estaba poco m&aacute;s o menos lo mismo. Por la
+ma&ntilde;ana, mientras Barbarita y Pl&aacute;cido andaban por esas calles de tienda
+en tienda, entregados al deleite de las compras precursoras de Navidad,
+Jacinta sali&oacute; acompa&ntilde;ada de Guillermina. Hab&iacute;a dejado a su esposo con
+Villalonga, despu&eacute;s de enjaretarle la mentirilla de que iba a la Virgen
+de la Paloma a o&iacute;r una misa que hab&iacute;a prometido. El atav&iacute;o de las dos
+damas era tan distinto, que parec&iacute;an ama y criada. Jacinta se puso su
+abrigo, sayo o <i>pardessus</i> color de pasa, y Guillermina llevaba el traje
+modest&iacute;simo de costumbre.</p>
+
+<p>Iba Jacinta tan pensativa, que la bulla de la calle de Toledo no la
+distrajo de la atenci&oacute;n que a su propio interior prestaba. Los puestos a
+medio armar en toda la acera desde los portales a San Isidro, las
+baratijas, las panderetas, la loza ordinaria, las puntillas, el cobre de
+Alcaraz y los veinte mil cachivaches que aparec&iacute;an dentro de aquellos
+nichos de mal clavadas tablas y de lienzos peor dispuestos, pasaban ante
+su vista sin determinar una apreciaci&oacute;n exacta de lo que eran. Recib&iacute;a
+tan s&oacute;lo la imagen borrosa de los objetivos diversos que iban pasando, y
+lo digo as&iacute;, porque era como si ella estuviese parada y la pintoresca
+v&iacute;a se corriese delante de ella como un tel&oacute;n. En aquel tel&oacute;n hab&iacute;a
+racimos de d&aacute;tiles colgados de una percha; puntillas blancas que ca&iacute;an
+de un palo largo, en ondas, como los v&aacute;stagos de una trepadora, pelmazos
+de higos pasados, en bloques, turr&oacute;n en trozos como sillares que
+parec&iacute;an acabados de traer de una cantera; aceitunas en barriles
+rezumados; una mujer puesta sobre una silla y delante de una jaula,
+mostrando dos pajarillos amaestrados, y luego montones de oro, naranjas
+en seretas o hacinadas en el arroyo. El suelo intransitable pon&iacute;a
+obst&aacute;culos sin fin, pilas de c&aacute;ntaros y vasijas, ante los pies del
+gent&iacute;o presuroso, y la vibraci&oacute;n de los adoquines al paso de los carros
+parec&iacute;a hacer bailar a personas y cacharros. Hombres con sartas de
+pa&ntilde;uelos de diferentes colores se pon&iacute;an delante del transe&uacute;nte como si
+fueran a capearlo. Mujeres chillonas taladraban el o&iacute;do con pregones
+enf&aacute;ticos, acosando al p&uacute;blico y poni&eacute;ndole en la alternativa de comprar
+o morir. Jacinta ve&iacute;a las piezas de tela desenvueltas en ondas a lo
+largo de todas las paredes, percales azules, rojos y verdes, tendidos de
+puerta en puerta, y su mareada vista le exageraba las curvas de aquellas
+r&uacute;bricas de trapo. De ellas colgaban, prendidas con alfileres, toquillas
+de los colores vivos y elementales que agradan a los salvajes. En
+algunos huecos brillaba el naranjado que chilla como los ejes sin grasa;
+el bermell&oacute;n nativo, que parece rasgu&ntilde;ar los ojos; el carm&iacute;n, que tiene
+la acidez del vinagre; el cobalto, que infunde ideas de envenenamiento;
+el verde de panza de lagarto, y ese amarillo tila, que tiene cierto aire
+de poes&iacute;a mezclado con la tisis, como en la <i>Traviatta</i>. Las bocas de
+las tiendas, abiertas entre tanto colgajo, dejaban ver el interior de
+ellas tan abigarrado como la parte externa, los horteras de bruces en el
+mostrador, o vareando telas, o charlando. Algunos braceaban, como si
+nadasen en un mar de pa&ntilde;uelos. El sentimiento pintoresco de aquellos
+tenderos se revela en todo. Si hay una columna en la tienda la revisten
+de cors&eacute;s encarnados, negros y blancos, y con los refajos hacen
+graciosas combinaciones decorativas.</p>
+
+<p>Dio Jacinta de cara a diferentes personas muy ceremoniosas. Eran
+maniqu&iacute;s vestidos de se&ntilde;ora con tremendos <i>polisones</i>, o de caballero
+con terno completo de lanilla. Despu&eacute;s gorras muchas gorras, posadas y
+alineadas en percheros del largo de toda una casa; chaquetas ahuecadas
+con un palo, zamarras y otras prendas que algo, s&iacute;, algo ten&iacute;an de seres
+humanos sin piernas ni cabeza. Jacinta, al fin, no miraba nada;
+&uacute;nicamente se fij&oacute; en unos hombres amarillos, completamente amarillos,
+que colgados de unas horcas se balanceaban a impulsos del aire. Eran
+juegos de calz&oacute;n y camisa de bayeta, cosidas una pieza a otra, y que
+as&iacute;, al pronto, parec&iacute;an personajes de azufre. Los hab&iacute;a tambi&eacute;n
+encarnados. &iexcl;Oh!, el rojo abundaba tanto, que aquello parec&iacute;a un pueblo
+que tiene la religi&oacute;n de la sangre. Telas rojas, arneses rojos,
+collarines y frontiles rojos con madro&ntilde;aje arabesco. Las puertas de las
+tabernas tambi&eacute;n de color de sangre. Y que no son ni tina ni dos.
+Jacinta se asustaba de ver tantas, y Guillermina no pudo menos de
+exclamar: &laquo;&iexcl;Cu&aacute;nta perdici&oacute;n!, una puerta s&iacute; y otra no, taberna. De aqu&iacute;
+salen todos los cr&iacute;menes&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando se hall&oacute; cerca del fin de su viaje, la Delfina fijaba
+exclusivamente su atenci&oacute;n en los chicos que iba encontrando. Pasm&aacute;base
+la se&ntilde;ora de Santa Cruz de que hubiera tant&iacute;sima madre por aquellos
+barrios, pues a cada paso tropezaba con una, con su cr&iacute;o en brazos, muy
+bien agasajado bajo el ala del mant&oacute;n. A todos estos ciudadanos del
+porvenir no se les ve&iacute;a m&aacute;s que la cabeza por encima del hombro de su
+madre. Algunos iban vueltos hacia atr&aacute;s, mostrando la carita redonda
+dentro del c&iacute;rculo del gorro y los ojuelos vivos, y se re&iacute;an con los
+transe&uacute;ntes. Otros ten&iacute;an el semblante mal humorado, como personas que
+se llaman a enga&ntilde;o en los comienzos de la vida humana. Tambi&eacute;n vio
+Jacinta no uno, sino dos y hasta tres, camino del cementerio. Supon&iacute;ales
+muy tranquilos y de color de cera dentro de aquella caja que llevaba un
+t&iacute;o cualquiera al hombro, como se lleva una escopeta.</p>
+
+<p>&laquo;Aqu&iacute; es&raquo; dijo Guillermina, despu&eacute;s de andar un trecho por la calle del
+Bastero y de doblar una esquina. No tardaron en encontrarse dentro de un
+patio cuadrilongo. Jacinta mir&oacute; hacia arriba y vio dos filas de
+corredores con antepechos de f&aacute;brica y pilastrones de madera pintada de
+ocre, mucha ropa tendida, mucho refajo amarillo, mucha zalea puesta a
+secar, y oy&oacute; un zumbido como de enjambre. En el patio, que era casi todo
+de tierra, empedrado s&oacute;lo a trechos, hab&iacute;a chiquillos de ambos sexos y
+de diferentes edades. Una zagalona ten&iacute;a en la cabeza toquilla roja con
+agujeros, o con <i>orificios</i>, como dir&iacute;a Aparisi; otra, toquilla blanca,
+y otra estaba con las gre&ntilde;as al aire. Esta llevaba zapatillas de orillo,
+y aquella botitas finas de ca&ntilde;a blanca, pero ajadas ya y con el tac&oacute;n
+torcido. Los chicos eran de diversos tipos. Estaba el que va para la
+escuela con su cartera de estudio, y el pillete descalzo que no hace m&aacute;s
+que vagar. Por el vestido se diferenciaban poco, y menos a&uacute;n por el
+lenguaje, que era duro y con inflexiones dejosas.</p>
+
+<p>&laquo;Chicooo... mia &eacute;ste... Que te rompo la cara... &iquest;sabeees...?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ves esa farolona?&mdash;dijo Guillermina a su amiga&mdash;, es una de las hijas
+de Ido... Esa, esa que est&aacute; dando brincos como un saltamontes... &iexcl;Eh!,
+chiquilla... No oyen... venid ac&aacute;.</p>
+
+<p>Todos los chicos, varones y hembras, se pusieron a mirar a las dos
+se&ntilde;oras, y callaban entre burlones y respetuosos, sin atreverse a
+acercarse. Las que se acercaban paso a paso eran seis u ocho palomas
+pardas, con reflejos irisados en el cuello; lind&iacute;simas, gordas. Ven&iacute;an
+muy confiadas meneando el cuerpo como las chulas, picoteando en el suelo
+lo que encontraban, y eran tan mansas, que llegaron sin asustarse hasta
+muy cerca de las se&ntilde;oras. De pronto levantaron el vuelo y se plantaron
+en el tejado. En algunas puertas hab&iacute;a mujeres que sacaban esteras a que
+se orearan, y sillas y mesas. Por otras sal&iacute;a como una humareda: era el
+polvo del barrido. Hab&iacute;a vecinas que se estaban peinando las trenzas
+negras y aceitosas, o las guedejas rubias, y ten&iacute;an todo aquel matorral
+echado sobre la cara como un velo. Otras sal&iacute;an arrastrando zapatos en
+chancleta por aquellos empedrados de Dios, y al ver a las forasteras
+corr&iacute;an a sus guaridas a llamar a otras vecinas, y la noticia cund&iacute;a, y
+aparec&iacute;an por las enrejadas ventanas cabezas peinadas o a medio peinar.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Eh!, chiquillos, venid ac&aacute;&raquo; repiti&oacute; Guillermina; y se fueron
+acercando escalonados por secciones, como cuando se va a dar un ataque.
+Algunos, m&aacute;s resueltos, las manos a la espalda, miraron a las dos damas
+del modo m&aacute;s insolente. Pero uno de ellos, que sin duda ten&iacute;a instintos
+de caballero, se quit&oacute; de la cabeza un andrajo que hac&iacute;a el papel de
+gorra y les pregunt&oacute; que a qui&eacute;n buscaban. &laquo;&iquest;Eres t&uacute; del se&ntilde;or de Ido?&raquo;.
+El rapaz respondi&oacute; que no, y al punto destacose del grupo la ni&ntilde;a de las
+zancas largas, de las gre&ntilde;as sueltas y de los zapatos de orillo,
+apartando a manotadas a todos los dem&aacute;s muchachos que se enracimaban ya
+en derredor de las se&ntilde;oras.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Est&aacute; tu padre arriba?&raquo;. La chica respondi&oacute; que s&iacute;, y desde entonces
+convirtiose en individuo de Orden P&uacute;blico. No dejaba acercar a nadie;
+quer&iacute;a que todos los granujas se retiraran y ser ella sola la que guiase
+a las dos damas hasta arriba. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; pesados, qu&eacute; sobones!... En todo
+quieren meter las narices... Atr&aacute;s, gateras, atr&aacute;s... Quitarvos de en
+medio; dejar paso&raquo;.</p>
+
+<p>Su anhelo era marchar delante. Habr&iacute;a deseado tener una campanilla para
+ir tocando por aquellos corredores a fin de que supieran todos qu&eacute; gran
+visita ven&iacute;a a la casa.</p>
+
+<p>&laquo;Ni&ntilde;a, no es preciso que nos acompa&ntilde;es&mdash;dijo Guillermina que no gustaba
+de que nadie se sofocase tanto por ella&mdash;. Nos basta con saber que est&aacute;n
+en casa&raquo;.</p>
+
+<p>Pero la zancuda no hac&iacute;a caso. En el primer pelda&ntilde;o de la escalera
+estaba sentada una mujer que vend&iacute;a higos pasados en una sereta, y por
+poco no la planta el zapato de orillo en mitad de la cara. Y todo porque
+no se apartaba de un salto para dejar el paso libre... &laquo;&iexcl;Vaya d&oacute;nde se
+va usted a poner, t&iacute;a bruja!... Afuera o la reviento de una patada...&raquo;.</p>
+
+<p>Subieron, no sin que a Jacinta le quedaran ganas de examinar bien toda
+la piller&iacute;a que en el patio quedaba. All&aacute; en el fondo hab&iacute;a divisado dos
+ni&ntilde;os y una ni&ntilde;a. Uno de ellos era rubio y como de tres a&ntilde;os. Estaban
+jugando con el fango, que es el juguete m&aacute;s barato que se conoce.
+Amas&aacute;banlo para hacer tortas del tama&ntilde;o de <i>perros grandes</i>. La ni&ntilde;a,
+que era de m&aacute;s edad, hab&iacute;a construido un hornito con pedazos de
+ladrillo, y a la derecha de ella hab&iacute;a un mont&oacute;n de panes, bollos y
+tortas, todo de la misma masa que tanto abundaba all&iacute;. La se&ntilde;ora de
+Santa Cruz observ&oacute; este grupo desde lejos. &iquest;Ser&iacute;a alguno de aquellos? El
+coraz&oacute;n le saltaba en el pecho y no se atrev&iacute;a a preguntar a la zancuda.
+En el &uacute;ltimo pelda&ntilde;o de la escalera encontraron otro obst&aacute;culo: dos
+muchachuelas y tres nenes, uno de estos en mantillas, interceptaban el
+paso. Estaban jugando con arena <i>fina</i> de fregar. El mam&oacute;n estaba fajado
+y en el suelo, con las patas y las manos al aire, berreando, sin que
+nadie le hiciera caso. Las dos ni&ntilde;as hab&iacute;an extendido la arena sobre el
+piso, y de trecho en trecho hab&iacute;an puesto diferentes palitos con
+cuerdas y trapos. Era el secadero de ropa de las Injurias, propiamente
+imitado.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; tropa, Dios! &mdash;exclam&oacute; la zancuda con indignaci&oacute;n de celador de
+ornato p&uacute;blico, que no caus&oacute; efecto&mdash;. Cuidado donde se van a poner...
+&iexcl;Fuera, fuera!... y t&uacute;, <i>pitoja</i>, recoge a tu hermanillo, que le vamos a
+espachurrar&raquo;. Estas amonestaciones de una autoridad tan celosa fueron
+o&iacute;das con el m&aacute;s insolente desd&eacute;n. Uno de los mocosos arrastraba su
+panza por el suelo, abierto de las cuatro patas; el otro cog&iacute;a pu&ntilde;ados
+de arena y se lavaba la cara con ella, acci&oacute;n muy l&oacute;gica, puesto que la
+arena representaba el agua. &laquo;Vamos, hijos, quitaos de en medio&mdash;les dijo
+Guillermina a punto que la zancuda destru&iacute;a con el pie el lavadero,
+gritando&mdash;: Sinverg&uuml;enzonas, &iquest;no ten&eacute;is otro sitio donde jugar? &iexcl;Vaya
+con la canalla esta...!&raquo;. y ech&oacute; adelante resuelta a destruir cualquier
+obst&aacute;culo que se pusiera al paso. Las otras chiquillas cogieron a los
+mocosos, como habr&iacute;an cogido una mu&ntilde;eca, y poni&eacute;ndoselos al cuadril,
+volaron por aquellos corredores.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos&mdash;dijo Guillermina a su gu&iacute;a&mdash;, no las ri&ntilde;as tanto, que tambi&eacute;n t&uacute;
+eres buena...&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Avanzaron por el corredor, y a cada paso un estorbo. Bien era un brasero
+que se estaba encendiendo, con el tubo de hierro sobre las brasas para
+hacer tiro; bien el mont&oacute;n de zaleas o de ruedos, ya una banasta de
+ropa; ya un c&aacute;ntaro de agua. De todas las puertas abiertas y de las
+ventanillas sal&iacute;an voces o de disputa, o de algazara festiva. Ve&iacute;an las
+cocinas con los pucheros armados sobre las ascuas, las artesas de lavar
+junto a la puerta, y all&aacute; en el testero de las breves estancias la
+indispensable c&oacute;moda con su hule, el vel&oacute;n con pantalla verde y en la
+pared una especie de altarucho formado por diferentes estampas, alguna
+l&aacute;mina al cromo de prospectos o peri&oacute;dicos sat&iacute;ricos, y muchas
+fotograf&iacute;as. Pasaban por un domicilio que era taller de zapater&iacute;a, y los
+golpazos que los zapateros daban a la suela, unidos a sus cantorrios,
+hac&iacute;an una algazara de mil demonios. M&aacute;s all&aacute; sonaba el convulsivo
+tiquitique de una m&aacute;quina de coser, y acud&iacute;an a las ventanas bustos y
+caras de mujeres curiosas. Por aqu&iacute; se ve&iacute;a un enfermo tendido en un
+camastro, m&aacute;s all&aacute; un matrimonio que disputaba a gritos. Algunas vecinas
+conocieron a do&ntilde;a Guillermina y la saludaban con respeto. En otros
+c&iacute;rculos causaba admiraci&oacute;n el empaque elegante de Jacinta. Poco m&aacute;s
+all&aacute; cruz&aacute;ronse de una puerta a otra observaciones picantes e
+irrespetuosas. &laquo;Se&ntilde;&aacute; Mariana, &iquest;ha visto que nos hemos tra&iacute;do el sof&aacute; en
+la rabadilla? &iexcl;Ja, ja, ja!&raquo;.</p>
+
+<p>Guillermina se par&oacute;, mirando a su amiga: &laquo;Esas chafalditas no van
+conmigo. No puedes figurarte el odio que esta gente tiene a los
+<i>polisones</i>, en lo cual demuestran un sentido... &iquest;c&oacute;mo se dice?, un
+sentido <i>est&eacute;tico</i> superior al de esos haraganes franceses que inventan
+tanto pegote est&uacute;pido&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta estaba algo corrida; pero tambi&eacute;n se re&iacute;a, Guillermina dio dos
+pasos atr&aacute;s, diciendo: &laquo;Ea, se&ntilde;oras, cada una a su trabajo, y dejen en
+paz a quien no se mete con ustedes&raquo;.</p>
+
+<p>Luego se detuvo junto a una de las puertas y toc&oacute; en ella con los
+nudillos.</p>
+
+<p>&laquo;La se&ntilde;&aacute; Severiana no est&aacute;&mdash;dijo una de las vecinas&mdash;. &iquest;Quiere la se&ntilde;ora
+dejar recado?...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No; la ver&eacute; otro d&iacute;a.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de recorrer dos lados del corredor principal, penetraron en una
+especie de t&uacute;nel en que tambi&eacute;n hab&iacute;a puertas numeradas; subieron como
+unos seis pelda&ntilde;os, precedidas siempre de la zancuda, y se encontraron
+en el corredor de otro patio, mucho m&aacute;s feo, sucio y triste que el
+anterior. Comparado con el segundo, el primero ten&iacute;a algo de
+aristocr&aacute;tico y podr&iacute;a pasar por albergue de familias <i>distinguidas</i>.</p>
+
+<p>Entre uno y otro patio, que pertenec&iacute;an a un mismo due&ntilde;o y por eso
+estaban unidos, hab&iacute;a un escal&oacute;n social, la distancia entre eso que se
+llama <i>capas</i>. Las viviendas, en aquella segunda <i>capa</i>, eran m&aacute;s
+estrechas y miserables que en la primera; el revoco se ca&iacute;a a pedazos, y
+los rasgu&ntilde;os trazados con un clavo en las paredes parec&iacute;an hechos con
+m&aacute;s sa&ntilde;a, los versos escritos con l&aacute;piz en algunas puertas m&aacute;s necios y
+groseros, las maderas m&aacute;s despintadas y ro&ntilde;osas, el aire m&aacute;s viciado, el
+vaho que sal&iacute;a por puertas y ventanas m&aacute;s espeso y repugnante. Jacinta,
+que hab&iacute;a visitado algunas casas de corredor, no hab&iacute;a visto ninguna tan
+t&eacute;trica y mal oliente. &laquo;&iquest;Qu&eacute;, te asustas, ni&ntilde;a bonita?&mdash;le dijo
+Guillermina&mdash;. &iquest;Pues qu&eacute; te cre&iacute;as t&uacute;, que esto era el Teatro Real o la
+casa de Fern&aacute;n-N&uacute;&ntilde;ez? &Aacute;nimo. Para venir aqu&iacute; se necesitan dos cosas:
+caridad y est&oacute;mago&raquo;.</p>
+
+<p>Echando una mirada a lo alto del tejado, vio la Delfina que por encima
+de este asomaba un tenderete en que hab&iacute;a muchos cueros, tripas u otros
+despojos, puestos a secar. De aquella regi&oacute;n ven&iacute;a, arrastrado por las
+ondas del aire, un olor nauseabundo. Por los desiguales tejados
+pase&aacute;banse gatos de feroz aspecto, flacos, con las quijadas angulosas,
+los ojos dormilones, el pelo erizado. Otros bajaban a los corredores y
+se tend&iacute;an al sol; pero los propiamente salvajes, viv&iacute;an y aun se
+criaban arriba, persiguiendo el sabroso rat&oacute;n de los secaderos.</p>
+
+<p>Pasaron junto a las dos damas figuras andrajosas, ciegos que iban dando
+palos en el suelo, lisiados con montera de pelo, pantal&oacute;n de soldado,
+horribles caras. Jacinta se apretaba contra la pared para dejar paso
+franco. Encontraban mujeres con pa&ntilde;uelo a la cabeza y mant&oacute;n pardo,
+tap&aacute;ndose la boca con la mano envuelta en un pliegue del mismo mant&oacute;n.
+Parec&iacute;an moras; no se les ve&iacute;a m&aacute;s que un ojo y parte de la nariz.
+Algunas eran agraciadas; pero la mayor parte eran flacas, p&aacute;lidas,
+tripudas y envejecidas antes de tiempo.</p>
+
+<p>Por los ventanuchos abiertos sal&iacute;a, con el olor a fritangas y el
+ambiente chinchoso, murmullo de conversaciones dejosas, arrastrando
+toscamente las s&iacute;labas finales. Este modo de hablar de la tierra ha
+nacido en Madrid de una mixtura entre el deje andaluz, puesto de moda
+por los soldados, y el dejo aragon&eacute;s, que se asimilan todos los que
+quieren darse aires varoniles.</p>
+
+<p>Nueva barricada de chiquillos les cort&oacute; el paso. Al verles, Jacinta y
+aun Guillermina, a pesar de su costumbre de ver cosas raras, qued&aacute;ronse
+pasmadas, y hubi&eacute;rales dado espanto lo que miraban, si las risas de
+ellos no disiparan toda impresi&oacute;n terror&iacute;fica. Era una manada de
+salvajes, compuesta de dos tagarotes como de diez y doce a&ntilde;os, una ni&ntilde;a
+m&aacute;s chica, y otros dos <i>chavales</i>, cuya edad y sexo no se pod&iacute;a saber.
+Ten&iacute;an todos ellos la cara y las manos llenas de chafarrinones negros,
+hechos con algo que deb&iacute;a de ser bet&uacute;n o barniz japon&eacute;s del m&aacute;s fuerte.
+Uno se hab&iacute;a pintado rayas en el rostro, otro anteojos, aqu&eacute;l bigotes,
+cejas y patillas con tan mala ma&ntilde;a, que toda la cara parec&iacute;a revuelta en
+heces de tintero. Los peque&ntilde;uelos no parec&iacute;an pertenecer a la raza
+humana, y con aquel maldito tizne extendido y resobado por la cara y las
+manos semejaban micos, diablillos o engendros infernales.</p>
+
+<p>&laquo;Malditos se&aacute;is... &mdash;grit&oacute; la zancuda, cuando vio aquellas fachas
+horrorosas&mdash;. &iexcl;Pero c&oacute;mo os hab&eacute;is puesto as&iacute;, sinverg&uuml;enzones,
+indecentes, puercos, marranos...!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;En el nombre del Padre... &mdash;exclam&oacute; Guillermina persign&aacute;ndose&mdash;. &iquest;Pero
+has visto...?</p>
+
+<p>Contemplaban ellos a las damas, mudos y con grand&iacute;sima emoci&oacute;n, gozando
+&iacute;ntimamente en la sorpresa y terror que sus espantables cataduras
+produc&iacute;an en aquellas se&ntilde;oriticas tan requetefinas. Uno de los peque&ntilde;os
+intent&oacute; echar la zarpa al abrigo de Jacinta; pero la zancuda empez&oacute; a
+dar chillidos: &laquo;Quitarvos all&aacute;, desaparta&iacute;sos, gorrinos asquerosos...
+que manch&aacute;is a estas se&ntilde;oras con esas manazas&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Bendito Dios!... Si parecen can&iacute;bales... No nos toqu&eacute;is... La culpa
+no ten&eacute;is vosotros, sino vuestras madres, que tal os consienten...</p>
+
+<p>Y si no me enga&ntilde;o, estos dos gandulones son tus hermanos, ni&ntilde;a&raquo;.</p>
+
+<p>Los dos aludidos, mostrando al sonre&iacute;r sus dientes blancos como la leche
+y sus labios m&aacute;s rojos que cerezas entre el negro que los rodeaba,
+contestaron que s&iacute; con sus cabezas de salvaje. Empezaban a sentirse
+avergonzados y no sab&iacute;an por d&oacute;nde tirar. En el mismo instante sali&oacute; una
+mujeraza de la puerta m&aacute;s pr&oacute;xima, y agarrando a una de las ni&ntilde;as
+embadurnadas, le levant&oacute; las enaguas y empez&oacute; a darle tal solfa en salva
+la parte, que los casta&ntilde;etazos se o&iacute;an desde el primer patio. No tard&oacute;
+en aparecer otra madre furiosa, que m&aacute;s que mujer parec&iacute;a una loba, y la
+emprendi&oacute; con otro de los mandingas a bofetada sucia, sin miedo a
+mancharse ella tambi&eacute;n. &laquo;Canallas, cafres, &iexcl;c&oacute;mo se han puesto!&raquo;. Y al
+punto fueron saliendo m&aacute;s madres irritadas. &iexcl;La que se arm&oacute;! Pronto se
+vieron l&aacute;grimas resbalando sobre el bet&uacute;n, llanto que al punto se volv&iacute;a
+negro. &laquo;Te voy a matar, grand&iacute;simo pillo, ladr&oacute;n...&raquo;. Estos son los
+condenados charoles que usa la se&ntilde;&aacute; Nicanora. Pero, &iexcl;re&mdash;Dios!, se&ntilde;&aacute;
+Nicanora, &iquest;para qu&eacute; deja ust&eacute; que las criaturas...?&raquo;.</p>
+
+<p>Una de las mujeres que m&aacute;s alborotaban se aplac&oacute; al ver a las dos damas.
+Era la se&ntilde;ora de Ido del Sagrario, que ten&iacute;a en la cara sombrajos y
+manchurrones de aquel mismo bet&uacute;n de los caribes, y las manos
+enteramente negras.</p>
+
+<p>Turbose un poco ante la visita: &laquo;Pasen las se&ntilde;oras... Me encuentran
+hecha una compasi&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Guillermina y Jacinta entraron en la mansi&oacute;n de Ido, que se compon&iacute;a de
+una salita angosta y de dos alcobas interiores m&aacute;s oprimidas y l&oacute;bregas
+a&uacute;n, las cuales daban el <i>qui&eacute;n vive</i> al que a ellas se asomaba. No
+faltaban all&iacute; la c&oacute;moda y la l&aacute;mina del Cristo del <i>Gran Poder</i>, ni las
+fotograf&iacute;as descoloridas de individuos de la familia y de ni&ntilde;os muertos.
+La cocina era un cubil fr&iacute;o donde hab&iacute;a mucha ceniza, pucheros volcados,
+tinajas rotas y el artes&oacute;n de lavar lleno de trapos secos y de polvo. En
+la salita, los ladrillos tecleaban bajo los pies. Las paredes eran como
+de carboner&iacute;a, y en ciertos puntos hab&iacute;an recibido bofetadas de cal, por
+lo que resultaba un claro-oscuro muy fant&aacute;stico. Creer&iacute;ase que andaban
+espectros por all&iacute;, o al menos sombras de linterna m&aacute;gica. El sof&aacute; de
+Vitoria era uno de los muebles m&aacute;s alarmantes que se pueden imaginar. No
+hab&iacute;a m&aacute;s que verle para comprender que no respond&iacute;a de la seguridad de
+quien en &eacute;l se sentase. Las dos o tres sillas eran tambi&eacute;n muy
+sospechosas. La que parec&iacute;a mejor, seguramente la pegaba. Vio Jacinta,
+salteados por aquellos fant&aacute;sticos muros, carteles de publicaciones
+ilustradas, de librillos de papel de fumar y cartones de almanaques
+americanos que ya no ten&iacute;an hojas. Eran a&ntilde;os muertos.</p>
+
+<p>Pero lo que mayormente excit&oacute; la curiosidad de ambas se&ntilde;oras fue un gran
+tablero que en el centro de la estancia hab&iacute;a, cogi&eacute;ndola casi toda; una
+mesa armada sobre bancos como la que usan los papelistas, y encima de
+ella grandes paquetes o manos de pliegos de papel fino de escribir. A un
+extremo los cuadernillos apilados formaban compactas resmas blancas; a
+otro las mismas resmas ya con bordes negros, convertidas en papel de
+luto.</p>
+
+<p>Ido extend&iacute;a sobre el tablero los pliegos de papel abiertos. Una
+muchacha, que deb&iacute;a de ser Rosita, contaba los pliegos ya enlutados y
+formaba los cuadernillos. Nicanora pidi&oacute; permiso a las se&ntilde;oras para
+seguir trabajando. Era una mujer m&aacute;s envejecida que vieja, y bien se
+conoc&iacute;a que nunca hab&iacute;a sido hermosa. Debi&oacute; de tener en otro tiempo
+buenas carnes, pero ya su cuerpo estaba lleno de pliegues y abolladuras
+como un zurr&oacute;n vac&iacute;o. All&iacute;, valga la verdad, no se sab&iacute;a lo que era
+pecho, ni lo que era barriga. La cara era hocicuda y desagradable. Si
+algo expresaba era un genio muy malo y un car&aacute;cter de vinagre; pero en
+esto enga&ntilde;aba aquel rostro como otros muchos que hacen creer lo que no
+es. Era Nicanora una infeliz mujer, de m&aacute;s bondad que entendimiento,
+probada en las luchas de la vida, que hab&iacute;a sido para ella una batalla
+sin victorias ni respiro alguno. Ya no se defend&iacute;a m&aacute;s que con la
+paciencia, y de tanto mirarle la cara a la adversidad deb&iacute;a de
+provenirle aquel alargamiento de morros que la afeaba
+considerablemente. La <i>Venus de M&eacute;dicis</i> ten&iacute;a los p&aacute;rpados enfermos,
+rojos y siempre h&uacute;medos, privados de pesta&ntilde;as, por lo cual dec&iacute;an de
+ella que <i>con un ojo lloraba a su padre y con otro a su madre</i>.</p>
+
+<p>Jacinta no sab&iacute;a a qui&eacute;n compadecer m&aacute;s, si a Nicanora por ser como era,
+o a su marido por creerla Venus cuando se <i>electrizaba</i>. Ido estaba muy
+cohibido delante de las dos damas. Como la silla en que do&ntilde;a Guillermina
+se sent&oacute; empezase a exhalar ciertos quejidos y a hacer desperezos,
+anunciando quiz&aacute;s que se iba a deshacer, D. Jos&eacute; sali&oacute; corriendo a traer
+una de la vecindad. Rosita era graciosa, pero desmedrada y clor&oacute;tica, de
+color de marfil. Llamaba la atenci&oacute;n su peinado en sortijillas, batido,
+engomado y puesto con much&iacute;simo aquel.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero qu&eacute; hace usted, mujer, con esa pintura?&raquo; pregunt&oacute; Guillermina a
+Nicanora.</p>
+
+<p><i>&mdash;Soy lutera</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Somos <i>luteranos</i>&mdash;dijo Ido sonriendo, muy satisfecho por tener
+ocasi&oacute;n de soltar aquel chiste que era viejo y hab&iacute;a sido soltado sin
+n&uacute;mero de veces.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; dice este hombre! &mdash;exclam&oacute; la fundadora horrorizada.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate t&uacute; y no disparates&mdash;replic&oacute; Nicanora&mdash;. Yo soy <i>lutera</i>, vamos
+al decir, pinto papel de luto. Cuando no tengo otro trabajo, me traigo a
+casa unas cuantas resmas, y las enluto mismamente como las se&ntilde;oras ven.
+El almacenista paga un real por resma. Yo pongo el tinte, y trabajando
+todo el d&iacute;a, me quedan seis o siete reales. Pero los tiempos est&aacute;n
+malos, y hay poco papel que te&ntilde;ir. Todas las luteras est&aacute;n paradas,
+se&ntilde;ora... porque, naturalmente, o se muere poca gente, o no les echan
+papeletas... Hombre&mdash;dijo a su marido, haci&eacute;ndole estremecer&mdash;, &iquest;qu&eacute;
+haces ah&iacute; con la boca abierta? <i>Desmiente</i>.</p>
+
+<p>Ido, que estaba oyendo a su mujer, como se oye a un orador brillante,
+despert&oacute; de su &eacute;xtasis y se puso a <i>desmentir</i>. Llaman as&iacute; al acto de
+colocar los pliegos de papel unos sobre otros, escalonados, dejando
+descubierta en todos una fajita igual, que es lo que se ti&ntilde;e. Como
+Jacinta observaba atentamente el trabajo de D. Jos&eacute;, este se esmer&oacute; en
+hacerlo con desusada perfecci&oacute;n y ligereza. Daba gusto ver aquellos
+bordes, que por lo iguales parec&iacute;an hechos a comp&aacute;s. Rosita apilaba
+pliegos y resmas sin decir una palabra. Nicanora hizo a Jacinta, mirando
+a su marido, una se&ntilde;a que quer&iacute;a decir: &laquo;Hoy est&aacute; bueno&raquo;. Despu&eacute;s empez&oacute;
+a pasar r&aacute;pidamente la brocha sobre el papel, como se hace con los
+estarcidos.</p>
+
+<p>&mdash;Y las suscriciones de entregas &mdash;pregunt&oacute; Guillermina&mdash;, &iquest;dan algo que
+comer?</p>
+
+<p>Ido abri&oacute; la boca para emitir pronta y juiciosa respuesta a esta
+pregunta; pero su mujer tom&oacute; r&aacute;pidamente la palabra, qued&aacute;ndose &eacute;l un
+buen rato con la boca abierta.</p>
+
+<p>&mdash;Las suscripciones&mdash;declar&oacute; la <i>Venus de M&eacute;dicis</i>&mdash;, son una calamidad.
+Aqu&iacute; Jos&eacute; tiene poca suerte... es muy honrado y le enga&ntilde;a
+cualisquiera. El p&uacute;blico es cosa mala, se&ntilde;oras, y suscritor hay que no
+paga ni aunque le arrastren. Luego, como el mes pasado perdi&oacute; <i>aqu&iacute;</i>
+(este aqu&iacute; era D. Jos&eacute;) un billete de cuatrocientos reales, el encargado
+de las obras se lo va cobrando, descont&aacute;ndole de las primas que le
+tocan. Por eso, naturalmente, nos hemos atrasado tanto, y lo poco que se
+apa&ntilde;a se lo birla el casero.</p>
+
+<p>Ido, desde que se dijo aquello del billete perdido, no volvi&oacute; a levantar
+los ojos de su trabajo. Aquel descuido que tuvo le avergonzaba como si
+hubiera sido un delito.</p>
+
+<p>&laquo;Pues lo primero que tienen ustedes que hacer&mdash;indic&oacute; la Pacheco&mdash;, es
+poner una escuela a esos dos tagarotes y a la berganta de su ni&ntilde;a
+peque&ntilde;a&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No los mando, porque me da verg&uuml;enza de que salgan a la calle con
+tanto pingajo.</p>
+
+<p>&mdash;No importa. Adem&aacute;s, esta amiguita y yo daremos a ustedes alguna ropa
+para los muchachos. Y el mayor, &iquest;gana algo?</p>
+
+<p>&mdash;Me gana cinco reales en una imprenta.</p>
+
+<p>Pero no tiene formalidad. Cuando le parece deja el trabajo, y se va a
+las becerradas de Getafe o de Legan&eacute;s, y no parece en tres d&iacute;as. Quiere
+ser torero y nos trae crucificados. Se va al matadero por las tardes,
+cuando deg&uuml;ellan, y en casa, dormido, habla de que si puso las
+banderillas a <i>porta-gayola</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Y usted&mdash;pregunt&oacute; Jacinta a Rosita&mdash;, &iquest;en qu&eacute; se ocupa?</p>
+
+<p>Rosita se puso muy encarnada. Iba a contestar; pero su madre, que
+llevaba la palabra por toda la familia, respondi&oacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Es peinadora... Est&aacute; aprendiendo con una vecina maestra. Ya tiene
+algunas parroquianas. Pero no le pagan, naturalmente... Es una sosona, y
+como no le pongan los cuartos en la mano, no hay de qu&eacute;. Yo le digo que
+no sea <i>panoli</i> y que tenga genio; pero... ya usted la ve. Como su
+padre, que el d&iacute;a que no le enga&ntilde;a uno le enga&ntilde;an dos&raquo;.</p>
+
+<p>Guillermina, despu&eacute;s de sacar varios bonos, como billetes de teatro, y
+dar a la infeliz familia los que necesitaba para proveerse de garbanzos,
+pan y carne por media semana, dijo que se marchaba. Pero Jacinta no se
+conform&oacute; con salir tan pronto. Hab&iacute;a ido all&iacute; con determinado fin, y por
+nada del mundo se retirar&iacute;a sin intentar al menos realizarlo. Varias
+veces tuvo la palabra en la boca para hacer una pregunta a D. Jos&eacute;, y
+este la miraba como diciendo: &laquo;estoy rabiando porque me pregunte usted
+por el <i>Pituso</i>&raquo;. Por fin, decidiose la dama a romper el silencio sobre
+punto tan capital, y levant&aacute;ndose dio algunos pasos hacia donde Ido
+estaba. Este no necesit&oacute; m&aacute;s que verla venir; y saliendo r&aacute;pidamente del
+cuarto, volvi&oacute; al poco con una criatura de la mano.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;&iexcl;El Dulce Nombre!...&raquo; exclam&oacute; la Pacheco viendo entrar aquel adefesio,
+y todos los dem&aacute;s lanzaron una exclamaci&oacute;n parecida al mirar al ni&ntilde;o,
+con la cara tan completamente pintada de negro que no se ve&iacute;a el color
+de su carne por parte alguna. Sus manos chorreaban bet&uacute;n, y en el traje
+se hab&iacute;an limpiado las suyas asqueros&iacute;simas los otros muchachos. El
+<i>Pitus&iacute;n</i> ten&iacute;a el cabello negro. Sus labios rojos sobre aquel chapapote
+superaban al coral m&aacute;s puro. Los dientecillos le brillaban cual si
+fueran de cristal. La lengua que sacaba, por tener la creencia de que
+todo negrito, para ser tal negrito, debe estirar la lengua todo lo m&aacute;s
+posible, parec&iacute;a una hoja de rosa.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; horror!... &iexcl;Ah!, tunantes... &iexcl;Bendito Dios!, &iexcl;c&oacute;mo le han
+puesto!... Anda, &iexcl;que apa&ntilde;ado est&aacute;s!...&raquo;. Las vecinas se enracimaban en
+las puertas riendo y alborotando. Jacinta estaba at&oacute;nita y apenada.
+Pas&aacute;ronle por la mente ideas extra&ntilde;as; la mancha del pecado era tal, que
+aun a la misma inocencia extend&iacute;a su sombra; y el maldito se re&iacute;a detr&aacute;s
+de su infernal careta, gozoso de ver que todos se ocupaban de &eacute;l, aunque
+fuera para escarnecerle. Nicarona dej&oacute; sus pinturas para correr detr&aacute;s
+de los bergantes y de la zancuda, que tambi&eacute;n deb&iacute;a de tener alguna
+parte en aquel desaguisado. La osad&iacute;a del negrito no conoc&iacute;a l&iacute;mites, y
+extendi&oacute; sus manos pringadas hacia aquella se&ntilde;ora tan maja que le miraba
+tanto. &laquo;Quita all&aacute;, demonio... quita all&aacute; esas manos&raquo; le gritaron.
+Viendo que no le dejaban tocar a nadie, y que su facha causaba risa, el
+chico daba patadas en medio del corro, sacando la lengua y presentando
+sus diez dedos como garras. De este modo ten&iacute;a, a su parecer, el aspecto
+de un bicho muy malo que se com&iacute;a a la gente, o por lo menos que se la
+quer&iacute;a comer.</p>
+
+<p>Oyose el pie de paliza que Nicarona, hecha una veneno, estaba dando a
+sus hijos, y el gemir de ellos. El <i>Pituso</i> empez&oacute; a cansarse pronto de
+su papel de mico, porque eso de no poder pegarse a nadie ten&iacute;a poca
+gracia. Lo mejor que pod&iacute;a hacer en su situaci&oacute;n desairada, era meterse
+los dedos en la boca; pero sab&iacute;a tan mal aquel endiablo potaje negro,
+que pronto los hubo de retirar.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Ser&aacute; veneno eso? &mdash;observ&oacute; Jacinta, alarmada&mdash;. Que lo laven, &iquest;por qu&eacute;
+no lo lavan?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues est&aacute;s bonito, Juan&iacute;n&mdash;d&iacute;jole Ido&mdash;. &iexcl;Y esta se&ntilde;ora que te quer&iacute;a
+dar un beso!</p>
+
+<p>&Aacute;vida de tocarle, la Delfina le agarr&oacute; un mech&oacute;n de cabello, lo &uacute;nico en
+que no hab&iacute;a pintura. &laquo;&iexcl;Pobrecito, c&oacute;mo est&aacute;!...&raquo;. De repente le
+entraron a Juan&iacute;n ganas de llorar. Ya no ense&ntilde;aba la lengua; lo que
+hac&iacute;a era dar suspiros.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero ese Sr. Izquierdo, no est&aacute;?&mdash;pregunt&oacute; a Ido Jacinta llev&aacute;ndole
+aparte&mdash;. Yo tengo que hablar con &eacute;l. &iquest;D&oacute;nde vive?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;replic&oacute; D. Jos&eacute; con finura&mdash;, la puerta de su domicilio est&aacute;
+cerrada... herm&eacute;ticamente, muy herm&eacute;ticamente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues quiero verle, quiero hablar con &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo pondr&eacute; en su conocimiento&mdash;repuso el corredor de obras, que
+gustaba de emplear formas burocr&aacute;ticas cuando la ocasi&oacute;n lo ped&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, v&aacute;monos, que es tarde &mdash;dijo impaciente Guillermina&mdash;. Otro d&iacute;a
+volveremos.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, volveremos... Pero que lo laven... &iexcl;pobre ni&ntilde;o! Debe de estar en
+un martirio horrible con ese emplasto en la cara. Di, tont&iacute;n, &iquest;quieres
+que te laven?</p>
+
+<p>El <i>Pituso</i> dijo que s&iacute; con la cabeza. Su aflicci&oacute;n crec&iacute;a, y poco le
+faltaba para romper a llorar. Todas las vecinas reconocieron la
+necesidad de lavarle; pero unas no ten&iacute;an agua y otras no quer&iacute;an
+gastarla en tal objeto. Por fin una mujer agitanada y con faldas de
+percal rameado, el talle muy bajo, un pa&ntilde;uelo ca&iacute;do por los hombros, el
+pelo lacio y la tez crasa y de color de <i>terra-cotta</i>, se pareci&oacute; por
+all&iacute; de repente, y quiso dar una lecci&oacute;n a las vecinas delante de las
+se&ntilde;oras, diciendo que ella ten&iacute;a agua de sobra para <i>despercudir</i> y
+<i>chovelar</i> a aquel &aacute;ngel. Se le llevaron en burlesca procesi&oacute;n, &eacute;l
+delante, aislado por su propio tizne, y ya con la dignidad tan por los
+suelos, que empezaba a dar <i>jip&iacute;os</i>; los chicos detr&aacute;s haciendo una
+bulla infernal, y la tarasca aquella del mo&ntilde;o lacio amenaz&aacute;ndolos con
+<i>endi&ntilde;arles</i> si no se quitaban de en medio. Desapareci&oacute; la comparsa por
+una puerqu&iacute;sima y angosta escalera que del &aacute;ngulo del corredor part&iacute;a.
+Jacinta hubiera querido subir tambi&eacute;n; pero Guillermina la sofocaba con
+sus prisas. &laquo;&iquest;Hija, sabes t&uacute; la hora que es?&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, nos iremos... Lo que es por m&iacute;, ya estamos andando&raquo; dec&iacute;a la otra
+sin moverse del corredor, mirando a la techumbre, en la cual no ve&iacute;a
+otra cosa que el horrible tinglado donde colgaban los cueros puestos a
+secar. Entre tanto, la fundadora, a pesar de su mucha prisa, entablaba
+una r&aacute;pida conversaci&oacute;n con D. Jos&eacute;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No tiene usted ya nada que hacer en casa?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Absolutamente nada, se&ntilde;ora. Ya est&aacute;n <i>desmentidas</i> las &uacute;ltimas resmas.
+Pensaba yo ahora irme a dar una vuelta y a tomar el aire.</p>
+
+<p>&mdash;Le conviene a usted el ejercicio... perfectamente. Pues oiga usted, al
+mismo tiempo que se orea un poco, me va a hacer un servicio.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy a disposici&oacute;n de la se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Se sale usted a la Ronda... tira usted para abajo, dejando a la
+izquierda la f&aacute;brica del gas. &iquest;Entiende usted?... &iquest;Sabe usted la
+estaci&oacute;n de las Pulgas? Bueno, pues antes de llegar a ella hay una casa
+en construcci&oacute;n... Est&aacute; concluida la obra de f&aacute;brica y ahora est&aacute;n
+armando una chimenea muy larga, porque va a ser <i>sierra mec&aacute;nica</i>... &iquest;Se
+va usted enterando? No tiene p&eacute;rdida. Pues entra usted y pregunta por el
+guarda de la obra, que se llama Pacheco... lo mismito que yo. Usted le
+dice: &laquo;Vengo por los ladrillos de do&ntilde;a Guillermina&raquo;. Ido repiti&oacute;, como
+los chicos que aprenden una lecci&oacute;n:</p>
+
+<p>&laquo;Vengo por los ladrillos, etc...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;El due&ntilde;o de esa f&aacute;brica me ha dado unos setenta ladrillos, lo &uacute;nico
+que le sobra... poca cosa, pero a m&iacute; todo me sirve... Bueno; coge usted
+los ladrillos y me los lleva a la obra... son para mi obra.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A la obra?... &iquest;Qu&eacute; obra?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, en Chamber&iacute;... mi asilo... &iquest;Est&aacute; usted lelo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! perdone la se&ntilde;ora... cuando o&iacute; la obra, cre&iacute; al pronto que era
+una obra literaria.</p>
+
+<p>&mdash;Si no puede usted de un viaje, emplee dos.</p>
+
+<p>&mdash;O tres, o cuatro... tant&iacute;simo gusto en ello... Si necesario fuese,
+naturalmente, tantos viajes como ladrillos...</p>
+
+<p>&mdash;Y si me hace bien el recado, cuente con un hongo casi nuevo... Me lo
+han dado ayer en una casa, y lo reservo para los amigos que me ayudan...
+&iquest;Con que lo har&aacute; usted? Hoy por ti y ma&ntilde;ana por m&iacute;. Vaya, abur, abur.</p>
+
+<p>Ido y su mujer se deshac&iacute;an en cumplidos y fueron escoltando a las
+se&ntilde;oras hasta la puerta de la calle. En la calle de Toledo tomaron ellas
+un sim&oacute;n para ganar tiempo, y el bendito Ido se fue a cumplir el encargo
+que la fundadora le hab&iacute;a hecho. No era una misi&oacute;n <i>delicada</i>
+ciertamente, como &eacute;l deseara; pero el principio de caridad que entra&ntilde;aba
+aquel acto lo trocaba de vulgar en sublime. Toda la santa tarde estuvo
+mi hombre ocupado en el transporte de los ladrillos, y tuvo la
+satisfacci&oacute;n de que ni uno solo de los setenta se le rompiera por el
+camino. El contento que inundaba su alma le quitaba el cansancio, y
+proven&iacute;a su gozo casi exclusivamente de que Jacinta, en aquel ratito en
+que le llev&oacute; aparte, le hab&iacute;a dado un duro. No puso &eacute;l la moneda en el
+bolsillo de su chaleco, donde la habr&iacute;a descubierto Nicanora, sino en la
+cintura, muy bien escondida en una faja que usaba pegada a la carne para
+abrigarse la boca del est&oacute;mago. Porque conviene fijar bien las cosas...
+aquel duro, dado aparte, lejos de las miradas fam&eacute;licas del resto de la
+familia, era exclusivamente para &eacute;l. Tal hab&iacute;a sido la intenci&oacute;n de la
+se&ntilde;orita, y D. Jos&eacute; habr&iacute;a cre&iacute;do ofender a su bienhechora
+interpret&aacute;ndola de otro modo. Guardar&iacute;a, pues, su tesoro, y se valdr&iacute;a
+de todas las trazas de su ingenio para defenderlo de las miradas y de
+las u&ntilde;as de Nicanora... porque si esta lo descubr&iacute;a, &iexcl;Santo Cristo de
+los Guardias...!</p>
+
+<p>Pas&oacute; la noche en grand&iacute;sima intranquilidad. Tem&iacute;a que su mujer
+descubriese con ojo perspicaz el matute que &eacute;l encerraba en su cintura.
+La maldita parec&iacute;a que ol&iacute;a la plata. Por eso estaba tan azorado y no se
+daba por seguro en ninguna posici&oacute;n, creyendo que al trav&eacute;s de la ropa
+se le iba a ver la moneda. Durante la cena estuvieron todos muy alegres;
+tiempo hac&iacute;a que no hab&iacute;an cenado tan bien. Pero al acostarse volvi&oacute; Ido
+a ser atormentado por sus temores, y no tuvo m&aacute;s remedio que estar toda
+la noche hecho un ovillo, con las manos cruzadas en la cintura, porque
+si en una de las revueltas que ambos daban sobre los accidentados
+jergones la mano de su mujer llegaba a tocar el duro, se lo quitaba, tan
+fijo como tres y dos son cinco. Durmi&oacute;, pues, tan mal que en realidad
+dorm&iacute;a con un ojo y velaba con el otro, atento siempre a defender su
+contrabando. Lo peor fue que vi&eacute;ndole su mujer tan retortijado y hecho
+todo una <i>ese</i>, crey&oacute; que ten&iacute;a el dolor espasm&oacute;dico que le sol&iacute;a dar; y
+como el mejor remedio para eso eran las friegas, Nicanora le propuso
+d&aacute;rselas, y al o&iacute;r tal proposici&oacute;n, tembl&aacute;ronle a Ido las carnes,
+vi&eacute;ndose descubierto y perdido. &laquo;Ahora s&iacute; que la hemos hecho buena&raquo;
+pens&oacute;. Pero su talento le sugiri&oacute; la respuesta, y dijo que no ten&iacute;a ni
+pizca de dolor, sino fr&iacute;o, y sin m&aacute;s explicaciones se volvi&oacute; contra la
+pared, peg&aacute;ndose a ella como un engrudo, y haci&eacute;ndose el dormido. Lleg&oacute;
+por fin el d&iacute;a y con &eacute;l la calma al coraz&oacute;n de Ido, quien se acical&oacute; y
+se lav&oacute; casi toda la cara, poni&eacute;ndose la corbata encarnada con cierta
+presunci&oacute;n.</p>
+
+<p>Eran ya las diez de la ma&ntilde;ana, porque con aquello de lavarse <i>bien</i> se
+hab&iacute;a ido bastante tiempo. Rosita tard&oacute; mucho en traer el agua, y
+Nicanora se hab&iacute;a dado la inmensa satisfacci&oacute;n de ir a la compra. Todos
+los individuos de la familia, cuando se encontraban uno frente a otro,
+se echaban a re&iacute;r, y el m&aacute;s risue&ntilde;o era D. Jos&eacute;, porque... &iexcl;si
+supieran!...</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Echose mi hombre a la calle, y tir&oacute; por la de Mira el R&iacute;o baja, cuya
+cuesta es tan empinada que se necesita hacer algo de volatines para no
+ir rodando de cabeza por aquellos pedernales. Ido la baj&oacute;, casi como la
+bajan los chiquillos, de un aliento, y una vez en la explanada que
+llaman el <i>Mundo Nuevo</i>, su esp&iacute;ritu se espaci&oacute;, como p&aacute;jaro lanzado a
+los aires. Empez&oacute; a dar resoplidos, cual si quisiera meter en sus
+pulmones m&aacute;s aire del que cab&iacute;a, y sacudi&oacute; el cuerpo como las gallinas.
+El picorcillo del sol le agradaba, y la contemplaci&oacute;n de aquel cielo
+azul, de incomparable limpieza y diafanidad, daba alas a su alma
+voladora. Candoroso e impresionable, D. Jos&eacute; era como los ni&ntilde;os o los
+poetas de verdad, y las sensaciones eran siempre en &eacute;l viv&iacute;simas, las
+im&aacute;genes de un relieve extraordinario. Todo lo ve&iacute;a agrandado
+hiperb&oacute;licamente o empeque&ntilde;ecido, seg&uacute;n los casos. Cuando estaba alegre,
+los objetos se revest&iacute;an a sus ojos de maravillosa hermosura; todo le
+<i>sonre&iacute;a</i>, seg&uacute;n la expresi&oacute;n com&uacute;n que le gustaba mucho usar. En cambio
+cuando estaba afligido, que era lo m&aacute;s frecuente, las cosas m&aacute;s bellas
+se afeaban volvi&eacute;ndose negras, y se cubr&iacute;an de un velo... parec&iacute;ale m&aacute;s
+propio decir <i>de un sudario</i>. Aquel d&iacute;a estaba el hombre de buenas, y la
+excitaci&oacute;n de la dicha hac&iacute;ale m&aacute;s ni&ntilde;o y m&aacute;s poeta que otras veces. Por
+eso el campo del <i>Mundo Nuevo</i>, que es el sitio m&aacute;s desamparado y m&aacute;s
+feo del globo terr&aacute;queo, le pareci&oacute; una bonita plaza. Sali&oacute; a la Ronda y
+ech&oacute; miradas de artista a una parte y otra. All&iacute; la puerta de Toledo
+&iexcl;qu&eacute; soberbia arquitectura! A la otra parte la f&aacute;brica del gas... &iexcl;oh
+prodigios de la industria!... Luego el cielo espl&eacute;ndido y aquellos lejos
+de Carabanchel, perdi&eacute;ndose en la inmensidad, con remedos y aun con
+murmullos de Oc&eacute;ano... &iexcl;sublimidades de la Naturaleza!... Andando,
+andando, le entr&oacute; de improviso un celo tan vehemente por la instrucci&oacute;n
+p&uacute;blica, que le falt&oacute; poco para caerse de espaldas ante los est&oacute;lidos
+letreros que ve&iacute;a por todas partes.</p>
+
+<p><i>No se premite tender rropa, y ni clabar clabos</i>, dec&iacute;a en una pared, y
+D. Jos&eacute; exclam&oacute;: &laquo;&iexcl;Vaya una barbaridad!... &iexcl;Ignorantes!... &iexcl;emplear dos
+conjunciones copulativas! Pero pedazos de animales, &iquest;no veis que la
+primera, naturalmente, junta las voces o cl&aacute;usulas en concepto
+afirmativo y la segunda en concepto negativo?... &iexcl;Y que no tenga qu&eacute;
+comer un hombre que podr&iacute;a ense&ntilde;ar la Gram&aacute;tica a todo Madrid y corregir
+estos delitos del lenguaje!... &iquest;Por qu&eacute; no me hab&iacute;a de dar el Gobierno,
+vamos a ver, por qu&eacute; no me hab&iacute;a de dar el encargo, mediante
+proporcionales emolumentos, de vigilar los r&oacute;tulos?... &iexcl;Zoquetes, qu&eacute;
+multas os pondr&iacute;a!... Pues tambi&eacute;n t&uacute; est&aacute;s bueno: <i>Se alquilan
+qartos</i>... muy bien, se&ntilde;or m&iacute;o. &iquest;Le gustan a usted tanto las <i>&uacute;es</i> que
+se las come con arroz? &iexcl;Ah!, si el Gobierno me nombrara <i>ort&oacute;grafo de la
+v&iacute;a p&uacute;blica</i>, ya ver&iacute;ais... Vamos, otro que tal: <i>se proive</i>... Se
+proh&iacute;be rebuznar, digo yo&raquo;.</p>
+
+<p>Hall&aacute;base en lo m&aacute;s entretenido de aquella cr&iacute;tica literaria, tan propia
+de su oficio, cuando vio que hacia &eacute;l iban tres individuos de calz&oacute;n
+ajustado, botas de ca&ntilde;a, chaqueta corta, gorra, el pelo echadito
+<i>palante</i>, caras de poca verg&uuml;enza.</p>
+
+<p>Eran los tales tipos muy madrile&ntilde;os y pertenec&iacute;an al gremio de los
+<i>randas</i>. El uno era <i>descuidero</i>, el otro <i>tomador</i>, y el tercero hac&iacute;a
+a pelo y a pluma. Ido les conoc&iacute;a, porque viv&iacute;an en su patio, siempre
+que no eran inquilinos de los del Saladero, y no gustaba de tratarse con
+semejante gentuza. De buena gana les habr&iacute;a dado una puntera en salva la
+parte; pero no se atrev&iacute;a. Una cosa es reformar la ortograf&iacute;a p&uacute;blica, y
+otra aplicar ciertos correctivos a la especie humana. &laquo;All&aacute; van los
+buenos d&iacute;as&raquo; le dijeron los chulos alegremente, y a Ido se le puso la
+carne como la de las gallinas, porque se acord&oacute; del duro y temi&oacute; que se
+lo <i>garfi&ntilde;aran</i> si entraba en parola con ellos. Pasando de largo, les
+dijo con mucha cortes&iacute;a: &laquo;Dios les guarde, caballeros... Conservarse&raquo; y
+apret&oacute; a correr. No le volvi&oacute; el alma al cuerpo hasta que les hubo
+perdido de vista.</p>
+
+<p>&laquo;Es preciso que me convide a algo&raquo; pensaba el pendolista; y hac&iacute;a la
+cr&iacute;tica mental de los manjares que m&aacute;s le gustaban. Cerca de la puerta
+de Toledo se encontr&oacute; con un mielero alcarre&ntilde;o que paraba en su misma
+casa. Estaban hablando, cuando pas&oacute; un pintor de panderetas, tambi&eacute;n
+vecino, y ambos le convidaron a unas copas. &laquo;V&aacute;yanse al r&aacute;bano,
+ordinariotes...&raquo; pens&oacute; Ido, y les dio las gracias, separ&aacute;ndose al punto
+de ellos. Andando m&aacute;s vio un ventorro en la acera derecha de la
+Ronda...</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Comer de fonda!&raquo;. Esta idea se le clav&oacute; en el cerebro. Un rato estuvo
+Ido del Sagrario ante el establecimiento de <i>El Tartera</i>, que as&iacute; se
+llamaba, mirando los dos tiestos de <i>b&oacute;nibus</i> llenos de polvo, las
+insignias de los bolos y la rayuela, la mano negra con el dedo tieso
+se&ntilde;alando la puerta, y no se decid&iacute;a a obedecer la indicaci&oacute;n de aquel
+dedo. &iexcl;Le sentaba tan mal la carne...! Desde que la com&iacute;a le entraba
+aquel mal tan extra&ntilde;o y daba en la gracia est&uacute;pida de creer que Nicanora
+era la Venus de M&eacute;dicis. Acordose, no obstante, de que el m&eacute;dico le
+recetaba siempre comer carne, y cuanto m&aacute;s cruda mejor. De lo m&aacute;s hondo
+de su naturaleza sal&iacute;a un bramido que le ped&iacute;a &iexcl;carne, carne, carne! Era
+una voz, un prurito irresistible, una imperiosa necesidad org&aacute;nica, como
+la que sienten los borrachos cuando est&aacute;n privados del fuego y de la
+picaz&oacute;n del alcohol.</p>
+
+<p>Por fin no pudo resistir; colose dentro del ventorrillo, y tomando
+asiento junto a una de aquellas despintadas mesas, empez&oacute; a palmotear
+para que viniera el mozo, que era el mismo <i>Tartera</i>, un hombre
+gord&iacute;simo, con chaleco de Bayona y mandil de lanilla verde rayado de
+negro. No lejos de donde estaba Ido hab&iacute;a un rescoldo dentro de enorme
+braser&oacute;n, y encima una parrilla casi tan grande como la reja de una
+ventana. All&iacute; se asaban las chuletas de ternera, que con la chamusquina
+en tan viva lumbre, desped&iacute;an un olor apetitoso. &laquo;Chuletas&raquo; dijo D.
+Jos&eacute;, y a punto vio entrar a un amigo, el cual le hab&iacute;a visto a &eacute;l y
+por eso sin duda entraba.</p>
+
+<p>&laquo;Hola, amigo Izquierdo... Dios le guarde&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Le vi pasar, maestro y dije, digo: A cuenta que voy a echar un
+espotrique con mi tocayo...</p>
+
+<p>Sentose sin ceremonia el tal, y poniendo los codos sobre la mesa, mir&oacute;
+fijamente a su tocayo. O las miradas no expresaban nada, o la de aquel
+sujeto era un memorial pidiendo que se le convidara. Ido era tan
+caballero que le falt&oacute; tiempo para hacer la invitaci&oacute;n, a&ntilde;adiendo una
+frase muy prudente. &laquo;Pero, tocayo, sepa que no tengo m&aacute;s que un duro...
+Con que no se corra mucho...&raquo;. Hizo el otro un gesto tranquilizador y
+cuando el <i>Tartera</i> puso el servicio, si servicio puede llamarse un par
+de cuchillos con mango de cuerno, servilleta sucia y salero, y pidi&oacute;
+&oacute;rdenes acerca del vino, le dijo, dice: &laquo;&iquest;Pardillo yo?... pa chasco...
+Tr&aacute;ete de la tierra&raquo;.</p>
+
+<p>A todo esto asinti&oacute; Ido del Sagrario, y sigui&oacute; contemplando a su amigo,
+el cual parec&iacute;a un grande hombre aburrido, car&aacute;cter agriado por la
+continuidad de las luchas humanas. Jos&eacute; Izquierdo representaba cincuenta
+a&ntilde;os, y era de arrogante estatura. Pocas veces se ve una cabeza tan
+hermosa como la suya y una mirada tan noble y varonil. Parec&iacute;a m&aacute;s bien
+italiano que espa&ntilde;ol, y no es maravilla que haya sido, en &eacute;poca
+posterior al 73, en plena Restauraci&oacute;n, el modelo predilecto de nuestros
+pintores m&aacute;s afanados.</p>
+
+<p>&laquo;Me alegro de verle a usted tocayo&mdash;le dijo Ido, a punto que las
+chuletas eran puestas sobre la mesa&mdash;, porque ten&iacute;a que comunicarle
+cosas de importancia. Es que ayer estuvo en casa do&ntilde;a Jacinta, la esposa
+del Sr. D. Juanito Santa Cruz, y pregunt&oacute; por el chico y le vio...
+quiero decir, no le vio porque estaba todito dado de negro... y luego
+dijo que d&oacute;nde estaba usted, y como usted no estaba, qued&oacute; en
+volver...&raquo;.</p>
+
+<p>Izquierdo deb&iacute;a de tener hambre atrasada, porque al ver las chuletas,
+les ech&oacute; una mirada guerrera que quer&iacute;a decir: &laquo;&iexcl;Santiago y a ellas!&raquo; y
+sin responder nada a lo que el otro hablaba, les embisti&oacute; con furia. Ido
+empez&oacute; a engullir comi&eacute;ndose grandes pedazos sin masticarlos. Durante un
+rato, ambos guardaron silencio. Izquierdo lo rompi&oacute; dando fuerte golpe
+en la mesa con el mango del cuchillo, y diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Re-hostia con la Rep&oacute;blica!... &iexcl;Vaya una porquer&iacute;a!&raquo;.</p>
+
+<p>Ido asinti&oacute; con una cabezada.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Repoblicanos de chanfaina... pillos, buleros, piores que serviles,
+moderaos, piores que moderaos!&mdash;prosigui&oacute; Izquierdo con fiera
+exaltaci&oacute;n&mdash;.</p>
+
+<p>No colocarme a m&iacute;, a m&iacute;, que soy el endivido que m&aacute;s breg&oacute; por la
+Rep&oacute;blica en esta jud&iacute;a tierra... Es la que se dice: cr&iacute;a cuervos...
+&iexcl;Ah! Se&ntilde;or de Martos, se&ntilde;or de Figueras, se&ntilde;or de Pi... a cuenta que
+ahora no conocen a este pobrete de Izquierdo, porque lo ven
+maltrajeao... pero antes, cuando Izquierdo ten&iacute;a por s&iacute; las afloencias
+de la Inclusa y cuando Bicerra le ven&iacute;a a ver pal cuento de echarnos a
+la calle, entonces... &iexcl;Hostia! Hamos venido a menos. Pero si por un es
+caso golvi&eacute;semos a m&aacute;s, yo les juro a esos figurones que tendremos una
+<i>yeci&oacute;n</i>.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>Ido segu&iacute;a corroborando, aunque no hab&iacute;a entendido aquello de la
+<i>yeci&oacute;n</i>, ni lo entendiera nadie. Con tal palabra Izquierdo expresaba
+una colisi&oacute;n sangrienta, una marimorena o cosa as&iacute;. Beb&iacute;a vaso tras vaso
+sin que su cabeza se afectase, por ser muy resistente.</p>
+
+<p>&laquo;Porque mirost&eacute;, maestro, lo que les atufa es el aquel de haber estado
+mi endivido en Cartagena... Y yo digo que a mucha honra, &iexcl;re-hostia!
+All&iacute; est&aacute;bamos los ver&iacute;dicos liberales. Y a cuenta que yo, tocayo, toda
+mi vida no he hecho m&aacute;s que derramar mi sangre por la jud&iacute;a libertad. El
+54, &iquest;qu&eacute; hice?, batirme en las barricadas como una presona decente. Que
+se lo pregunten al difunto D. Pascual Mu&ntilde;oz el de la tienda de jierros,
+padre del marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz, que era el hombre de m&aacute;s afloencias en
+estos arrabales, y me dijo mismamente aquel d&iacute;a: 'Amigo Plat&oacute;n, vengan
+esos cinco'. Y aluego jui con el propio D. Pascual a Palacio, y D.
+Pascual subi&oacute; a pleticar con la Reina, y pronto baj&oacute; con aquel pap&eacute;
+firmado por la Reina en que les daba la gran pat&aacute; a los moderaos. D.
+Pascual me dijo que pusiera un pa&ntilde;uelo branco en la punta de un palo y
+que malchara delante diciendo: 'cese er fuego, cese er fuego...'. El 56,
+era yo teniente de melicianos, y O'Donnell me cogi&oacute; miedo, y cuando
+pletic&oacute; a la tropa dijo: 'si no hay quien me coja a Izquierdo, no hamos
+hecho na'. El 66, cuando la de los artilleros, mi compare Socorro y yo
+estuvimos pegando tiros en la esquina de la calle de Laganitos... El 68,
+cuando la sant&iacute;sima, estuve haciendo la guardia en el Banco, pa que no
+robaran, y le digo ast&eacute; que si por un es caso llega a paicerse por all&iacute;
+alg&uacute;n randa, lo suicido... Pues tocan luego a la recompensa, y a Pucheta
+me le hacen guarda de la Casa de Campo, a Mochila del Pardo... y a m&iacute;
+una pat&aacute;. A cuenta que yo no pido m&aacute;s que un triste destino pa portear
+el correo a cualsiquiera parte, y na... Voy a ver a Bicerra, &iquest;y
+piensast&eacute; que me conoce?, &iexcl;pa chasco!... Le digo que soy Izquierdo, por
+mote <i>Plat&oacute;n</i>, y menea la cabeza.</p>
+
+<p>Es la que se dice: 'no se acuerdan del jud&iacute;o escal&oacute;n dimpu&eacute;s que est&aacute;n
+parriba...'. Dimpu&eacute;s me cas&eacute; y juimos viviendo tal cual. Pero cuando
+vino la jud&iacute;a Rep&oacute;blica, se me hab&iacute;a muerto mi Dimetria, y yo no ten&iacute;a
+que comer; me jui a ver al se&ntilde;or de Pi, y le dije, digo: 'Se&ntilde;or de Pi,
+aqu&iacute; vengo sobre una colocaci&oacute;n...'. &iexcl;Pa chasco! A cuenta de que el
+hombre me deb&iacute;a de tener tirria, porque se remont&oacute; y dijo que &eacute;l no
+ten&iacute;a colocaciones. &iexcl;Y un jud&iacute;o portero me puso en la calle!
+&iexcl;Re-contra-hostia!, &iexcl;si viviera Calvo Asensio!, aquel s&iacute; era un endivido
+que sab&iacute;a las comenencias, y el tratamiento de las personas ver&iacute;dicas.
+&iexcl;Vaya un amigo que me perd&iacute;! Toda la Inclusa era nuestra, y en tiempo
+leitoral, ni Dios nos tos&iacute;a, ni Dios, &iexcl;hostia!... &iexcl;Aqu&eacute;l s&iacute;, aqu&eacute;l
+s&iacute;!... A cuenta que me cog&iacute;a del brazo y nos entr&aacute;bamos en un caf&eacute;, o en
+la taberna a tomar una angelita... porque era muy llano y m&aacute;s liberal
+que la Virgen Sant&iacute;sima. &iquest;Pero estos de ahora?... es la que dice; ni
+liberales ni repoblicanos, ni na. Mirost&eacute; a ese Pi... un mequetrefe. &iquest;Y
+Castelar?, otro mequetrefe. &iquest;Y Salmer&oacute;n?, otro mequetrefe. &iquest;Roque
+Barcia?, mismamente. Luego, si es caso, vendr&aacute;n a pedir que les
+ayudemos, &iquest;pero yo...? No me pienso menear; basta de <i>yeciones</i>. Si se
+junde la Rep&oacute;blica que se junda, y si se junde el jud&iacute;o pueblo, que se
+junda tambi&eacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Apur&oacute; de nuevo el vaso, y el otro Jos&eacute; admiraba igualmente su facundia y
+su receptividad de bebedor. Izquierdo solt&oacute; luego una risa sarc&aacute;stica,
+prosiguiendo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Dicen que les van a traer a Alifonso... &iexcl;Pa chasco! Por m&iacute; que lo
+traigan. A cuenta que es como si ver&iacute;dicamente trajeran al Terso. Es la
+que se dice: pa m&iacute; lo mismo es blanco que negro. &Oacute;igame lo bueno: El a&ntilde;o
+pasado, estando en Alcoy, los carcas me jonjabaron. Me corr&iacute; a la
+partida de Callosa de Ensarri&aacute; y tir&eacute; mont&oacute;n de tiros a la Guardia
+Cevil. &iexcl;Qu&eacute; <i>yeci&oacute;n</i>! Salta por aqu&iacute;, salta por all&aacute;. Pero pronto me
+llam&eacute; andana porque me hab&iacute;an hecho contrata de medio duro diario, y los
+rumbeles solutamente no paic&iacute;an. Yo dije: 'Jos&eacute; m&iacute;o, g&uuml;&eacute;lvete liberal,
+que lo de carca no tercia'. Una nochecita me escurr&iacute;, y del tir&oacute;n me jui
+a Barcelona, donde la carpanta fue tan grande, maestro, que por poco doy
+las boque&aacute;s. &iexcl;Ay!, tocayo, si no es porque se me terci&oacute; encontrarme all&iacute;
+con mi sobrina Fortunata, no la cuento. Socorriome... es buena chica, y
+con los cuartos que me dio, trinqu&eacute; el jud&iacute;o tren, y a Madriz...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;dijo Ido, fatigado de aquel relato incoherente, y de aquel
+vocabulario grotesco&mdash;, recogi&oacute; usted a ese precioso ni&ntilde;o...</p>
+
+<p>Buscaba Ido la novela dentro de aquella g&aacute;rrula p&aacute;gina contempor&aacute;nea;
+pero Izquierdo, como hombre de m&aacute;s seso, despreciaba la novela para
+volver a la grave historia.</p>
+
+<p>&laquo;Allego y me aboco con los comiteles y les canto claro: '&iquest;Pero se&ntilde;ores,
+nos acantonamos o no nos acantonamos?... porque si no va a haber aqu&iacute;
+una <i>yeci&oacute;n</i>. &iexcl;Se re&iacute;an de m&iacute;!... &iexcl;pillos! &iexcl;Como que estaban vendidos al
+modera&iacute;smo!... Sabust&eacute; tocayo, &iquest;con qu&eacute; me motejaban aquellos
+mequetrefes? Pues na; con que yo no s&eacute; leer ni escribir: No es todo lo
+ver&iacute;dico, &iexcl;hostia!, porque leer ya s&eacute;, aunque no del todo lo segu&iacute;o que
+se debe. Como escribir, no escribo porque se me corre la tinta por el
+dedo... &iexcl;Bah!, es la que se dice: los escribidores, los periodiqueros, y
+los publicantones son los que han perd&iacute;o con sus tiolog&iacute;as a esta jud&iacute;a
+tierra, maestro&raquo;.</p>
+
+<p>Ido tard&oacute; mucho tiempo en apoyar esto, por ser quien era; pero Izquierdo
+le apret&oacute; el brazo con tanta fuerza, que al fin no tuvo m&aacute;s remedio que
+asentir con una cabezada, haciendo la reserva mental de que s&oacute;lo por la
+violencia daba su autorizado voto a tal barbaridad.</p>
+
+<p>&laquo;Entonces, tocayo de mi arma, viendo que me quer&iacute;an meter en el
+estaribel y enredarme con los guras, tom&eacute; el olivo y no juimos a
+Cartagena. &iexcl;Ay, qu&eacute; vida aquella! &iexcl;Re-hostia! A m&iacute; me quer&iacute;an hacer
+menistro de la Gubernaci&oacute;n; pero dije que nones. No me gustan suponeres.
+A cuenta que salimos con las freatas por aquellos mares de mi arma. Y
+entonces, que quieras que no, me ensalzaron a tiniente de nav&iacute;o, y
+estaba mismamente a las &oacute;rdenes del general Contreras, que me trataba
+de t&uacute;. &iexcl;Ay qu&eacute; hombre y qu&eacute; buen av&iacute;o el suyo! Parec&iacute;a ver&iacute;dicamente el
+gran turco con su gorro colorao. Aquello era una gloria. &iexcl;Alicante,
+&Aacute;guilas! Pelotazo va, pelotazo viene. Si por un es caso nos dejan,
+tocayo, nos comemos el sant&iacute;simo mundo y lo acantonamos to&iacute;to... &iexcl;Or&aacute;n!
+&iexcl;Ay qu&eacute; mala sombra tiene Or&aacute;n y aquel jud&iacute;o <i>vu</i> de los franceses que
+no hay cristiano que lo pase!... Me najo de all&iacute;, g&uuml;elvo a mi Espa&ntilde;ita,
+entro en Madriz mu calla&iacute;to, tan fresco... &iquest;a m&iacute; qu&eacute;?... y me presento a
+estos ti&oacute;logos, mequetrefes y les digo: 'Aqu&iacute; me ten&eacute;is, aqu&iacute; ten&eacute;is a
+la personalid&aacute; del endivido ver&iacute;dico que se pas&oacute; la sant&iacute;sima vida
+peleando como un gato tripa arriba por las jud&iacute;as libertades... Matarme,
+hostia, matarme; a cuenta que no me quer&eacute;is colocar...'. &iquest;Ust&eacute; me hizo
+caso? Pues ellos tampoco. Espotrica que te espotricar&aacute;s en las Cortes, y
+el sant&iacute;simo pueblo que reviente. Y yo digo que es menester acantonar a
+Madriz, pegarte fuego a las Cortes, al Palacio Real, y a lo jud&iacute;os
+ministerios, al Monte de Piedad, al cuartel de la Guardia Cevil y al
+Dip&oacute;sito de las Aguas, y luego hacer un racimo de horca con Castelar,
+Pi, Figueras, Martos, Bicerra y los dem&aacute;s, por moderaos, por
+moderaos...&raquo;.</p>
+
+
+
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+
+<p>Dijo el <i>por moderaos</i> hasta seis veces, subiendo gradualmente de tono,
+y la &uacute;ltima repetici&oacute;n debi&oacute; de o&iacute;rse en el puente de Toledo. El otro
+Jos&eacute; estaba muy aturdido con la b&aacute;rbara charla del grande hombre, el m&aacute;s
+desgraciado de los h&eacute;roes y el m&aacute;s desconocido de los m&aacute;rtires. Su
+m&aacute;scara de misantrop&iacute;a y aquella displicencia de genio perseguido eran
+natural consecuencia de haber llegado al medio siglo sin encontrar su
+asiento, pues treinta a&ntilde;os de tentativas y de fracasos son para abatir
+el &aacute;nimo m&aacute;s entero. Izquierdo hab&iacute;a sido chal&aacute;n, tratante en trigos,
+revolucionario, jefe de partidas, industrial, fabricante de velas, punto
+figurado en una casa de juego y due&ntilde;o de una <i>chirlata</i>; hab&iacute;a casado
+dos veces con mujeres ricas, y en ninguno de estos diferentes estados y
+ocasiones obtuvo los favores de la voluble suerte. De una manera y otra,
+casado y soltero, trabajando por su cuenta y por la ajena, siempre mal,
+siempre mal, &iexcl;hostia!</p>
+
+<p>La vida inquieta, las s&uacute;bitas apariciones y desapariciones que hac&iacute;a, y
+el haber estado en <i>gurapas</i> algunas temporadillas rodearon de misterio
+su vida, d&aacute;ndole una reputaci&oacute;n deplorable. Se contaban de &eacute;l horrores.
+Dec&iacute;an que hab&iacute;a matado a Demetria, su segunda mujer, y cometido otros
+nefandos cr&iacute;menes, violencias y atropellos. Todo era falso. Hay que
+declarar que parte de su mala reputaci&oacute;n la deb&iacute;a a sus fanfarronadas y
+a toda aquella humareda revolucionaria que ten&iacute;a en la cabeza. La mayor
+parte de sus empresas pol&iacute;ticas eran so&ntilde;adas, y s&oacute;lo las cre&iacute;an ya
+poqu&iacute;simos oyentes, entre los cuales Ido del Sagrario era el de mayores
+tragaderas. Para completar su retrato, s&eacute;pase que no hab&iacute;a estado en
+Cartagena. De tanto pensar en el dichoso cant&oacute;n, lleg&oacute; sin duda a
+figurarse que hab&iacute;a estado en &eacute;l, hablando por los codos de aquellas
+tremendas <i>yeciones</i> y dando detalles que enga&ntilde;aban a muchos bobos. Lo
+de la partida de Callosa s&iacute; parece cierto.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n se puede asegurar, sin temor de que ning&uacute;n dato hist&oacute;rico pruebe
+lo contrario, que <i>Plat&oacute;n</i> no era valiente, y que, a pesar de tanta
+baladronada, su reputaci&oacute;n de braveza empezaba a decaer como todas las
+glorias de fundamento inseguro. En los tiempos a que me refiero, el
+descr&eacute;dito era tal que la propia vanidad <i>plat&oacute;nica</i> estaba ya por los
+suelos. Principiaba a creerse una nulidad, y all&aacute; en sus soliloquios
+desesperados, cuando le sal&iacute;a mal alguna de las bajezas con que se
+procuraba dinero, se escarnec&iacute;a sinceramente, dici&eacute;ndose: &laquo;soy pior que
+una caballer&iacute;a; soy m&aacute;s tonto que un cerrojo; no sirvo absolutamente
+para nada&raquo;. El considerar que hab&iacute;a llegado a los cincuenta a&ntilde;os sin
+saber <i>plumear</i> y leyendo s&oacute;lo a trangullones, le hac&iacute;a formar de su
+<i>endivido</i> la idea m&aacute;s desventajosa. No ocultaba su dolor por esto, y
+aquel d&iacute;a se lo expres&oacute; a su tocayo con sentida ingenuidad:</p>
+
+<p>&laquo;Es una gaita esto de no saber escribir... &iexcl;Hostia!, si yo supiera...
+Cr&eacute;alo: ese es el por qu&eacute; de la tirria que me tiene Pi&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; no le contest&oacute;. Estaba doblado por la cintura, porque el
+digerir las dos enormes chuletas que se hab&iacute;a atizado, no se presentaba
+como un problema de f&aacute;cil soluci&oacute;n. Izquierdo no repar&oacute; que a su amigo
+le temblaba horriblemente el p&aacute;rpado, y que las car&uacute;nculas del cuello y
+los berrugones de la cara, inyectados y turgentes, parec&iacute;an pr&oacute;ximos a
+reventar. Tampoco se fij&oacute; en la inquietud de D. Jos&eacute;, que se mov&iacute;a en el
+asiento como si este tuviese espinas; y volviendo a lamentarse de su
+destino, se dej&oacute; decir: &laquo;Porque no hacen solutamente estimaci&oacute;n de los
+ver&iacute;dicos hombres del m&eacute;rito. Tanto mequetrefe colocao, y a nosotros,
+tocayo, a estos dos hombres de calid&aacute; nadie les ensalza. A cuenta de
+ellos se lo pierden; porque usted, &iexcl;hostia!, ser&iacute;a un lince para la
+Destruci&oacute;n p&uacute;blica, y yo... yo&raquo;.</p>
+
+<p>La vanidad de <i>Plat&oacute;n</i> cay&oacute; de golpe cuando m&aacute;s se remontaba, y no
+encontrando aplicaci&oacute;n adecuada a su personalidad, se estrell&oacute; en la
+conciencia de su estolidez. &laquo;Yo... para tirar de un carromato&mdash;pens&oacute;&mdash;.
+Despu&eacute;s dej&oacute; caer la varonil y gallarda cabeza sobre el pecho y estuvo
+meditando un rato sobre <i>el por qu&eacute;</i> de su perra suerte. Ido permaneci&oacute;
+completamente insensible a la lisonja que le soltara su amigo, y ten&iacute;a
+la imaginaci&oacute;n sumergida en sombr&iacute;o lago de tristezas, dudas, temores y
+desconfianzas. A Izquierdo le ro&iacute;a el pesimismo. La carga de la bebida
+en su est&oacute;mago no tuvo poca parte en aquel desaliento horrible, durante
+el cual vio desfilar ante su mente los treinta a&ntilde;os de fracasos que
+formaban su historia activa... Lo m&aacute;s singular fue que en su tristeza
+sent&iacute;a una dulce voz silb&aacute;ndole en el o&iacute;do: &laquo;T&uacute; sirves para algo... no
+te amontones...&raquo;. Mas no se convenc&iacute;a, no. &laquo;Al que me dijera
+&mdash;pensaba&mdash;, cu&aacute;l es la jud&iacute;a cosa pa que sirve este piazo de hombre, le
+querr&iacute;a, si es caso, m&aacute;s que a mi padre&raquo;. Aquel desventurado era como
+otros muchos seres que se pasan la mayor parte de la vida fuera de su
+sitio, rodando, rodando, sin llegar a fijarse en la casilla que su
+destino les ha marcado. Algunos se mueren y no llegan nunca; Izquierdo
+deb&iacute;a llegar, a los cincuenta y un a&ntilde;os, al puesto que la Providencia le
+asignara en el mundo, y que bien podr&iacute;amos llamar glorioso. Un a&ntilde;o
+despu&eacute;s de lo que ahora se narra estaba ya aquel planeta errante, puedo
+dar fe de ello, en su sitio c&oacute;smico. <i>Plat&oacute;n</i> descubri&oacute; al fin la ley de
+su sino, aquello para que exclusiva y <i>solutamente</i> serv&iacute;a. Y tuvo
+sosiego y pan, fue &uacute;til y desempe&ntilde;&oacute; un gran papel, y hasta se hizo
+c&eacute;lebre y se lo disputaban y le tra&iacute;an en palmitas. No hay ser humano,
+por despreciable que parezca, que no pueda ser eminencia en algo, y
+aquel busc&oacute;n sin suerte, despu&eacute;s de medio siglo de equivocaciones, ha
+venido a ser, por su hermos&iacute;simo talante, el gran <i>modelo</i> de la pintura
+hist&oacute;rica contempor&aacute;nea. Hay que ver la nobleza y arrogancia de su
+figura cuando me lo encasquetan una armadura fina, o ropillas y
+balandranes de raso, y me lo ponen <i>haciendo</i> el duque de Gand&iacute;a, al
+sentir la corazonada de hacerse santo, o el marqu&eacute;s de Bedmar ante el
+Consejo de Venecia, o Juan de Lanuza en el pat&iacute;bulo, o el gran Alba
+poni&eacute;ndoles las peras a cuarto a los flamencos. Lo m&aacute;s peregrino es que
+aquella caballer&iacute;a, toda ignorancia y rudeza, ten&iacute;a un notable instinto
+de la postura, sent&iacute;a hondamente la facha del personaje, y sab&iacute;a
+traducirla con el gesto y la expresi&oacute;n de su admirable rostro.</p>
+
+<p>Pero en aquella saz&oacute;n, todo esto era futuro y s&oacute;lo se presentaba a la
+mente embrutecida de <i>Plat&oacute;n</i> como presentimiento indeciso de glorias y
+bienandanza. El h&eacute;roe dio un suspiro, a que contest&oacute; el poeta con otro
+suspiro m&aacute;s tempestuoso. Mirando cara a cara a su amigo, Ido tosi&oacute; dos o
+tres veces, y con una vocecilla que sonaba met&aacute;licamente, le dijo,
+poni&eacute;ndole la mano en el hombro:</p>
+
+<p>&laquo;Usted es desgraciado porque no le hacen justicia; pero yo lo soy m&aacute;s,
+tocayo, porque no hay mayor desdicha que el deshonor&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Rep&oacute;blica puerca, rep&oacute;blica cochina!&mdash;rebuzn&oacute; <i>Plat&oacute;n</i>, dando en la
+mesa un porrazo tan recio, que todo el ventorro tembl&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Porque todo se puede conllevar&mdash;dijo Ido bajando la voz
+l&uacute;gubremente&mdash;, menos la infidelidad conyugal. Terrible cosa es hablar
+de esto, querido tocayo, y que esta deshonrada boca pregone mi propia
+ignominia... pero hay momentos, francamente, naturalmente, en que no
+puede uno callar. El silencio es delito, s&iacute; se&ntilde;or... &iquest;Por qu&eacute; ha de
+echar sobre m&iacute; la sociedad esta befa, no siendo yo culpable? &iquest;No soy
+modelo de esposos y padres de familia? &iquest;Pues cu&aacute;ndo he sido yo
+ad&uacute;ltero?, &iquest;cu&aacute;ndo?... que me lo digan.</p>
+
+<p>De repente, y saltando cual si fuera de goma, el hombre el&eacute;ctrico se
+levant&oacute;... Sent&iacute;a una ansiedad que le ahogaba, un furor que le pon&iacute;a los
+pelos de punta. En este excepcional desconcierto no se olvid&oacute; de pagar,
+y dando su duro al <i>Tartera</i>, recogi&oacute; la vuelta.</p>
+
+<p>&laquo;Noble amigo&mdash;d&iacute;jole a Izquierdo al o&iacute;do&mdash;, no me acompa&ntilde;e usted...
+Estimo en lo que valen sus ofrecimientos de ayuda. Pero debo ir solo,
+enteramente solo, s&iacute; se&ntilde;or; les coger&eacute; <i>in </i> <i> fraganti</i>...
+&iexcl;Silencio...!, &iexcl;chis!... La ley me autoriza a hacer un escarmiento...
+pero horrible, tremendo... &iexcl;Silencio digo!&raquo;.</p>
+
+<p>Y sali&oacute; de estamp&iacute;a, como una saeta. Vi&eacute;ndole correr, se re&iacute;an Izquierdo
+y el <i>Tartera</i>. El infeliz Ido iba derecho a su camino sin reparar en
+ning&uacute;n tropiezo. Por poco tumba a un ciego, y le volc&oacute; a una mujer la
+cesta de los cacahuetes y pi&ntilde;ones. Atraves&oacute; la Ronda, el Mundo Nuevo y
+entr&oacute; en la calle de Mira el R&iacute;o baja, cuya cuesta se ech&oacute; a pechos sin
+tomar aliento. Iba desatinado, gesticulando, los ojos fulminantes, el
+labio inferior muy echado para fuera. Sin reparar en nadie ni en nada,
+entr&oacute; en la casa, subi&oacute; las escaleras, y pasando de un corredor a otro,
+lleg&oacute; pronto a su puerta. Estaba cerrada sin llave. P&uacute;sose en acecho, el
+o&iacute;do en el agujero de la llave, y empujando de improviso la abri&oacute; con
+estr&eacute;pito, y ech&oacute; un vocerr&oacute;n muy tremendo: &iexcl;Ad&uacute;uultera!</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Cristo!, ya le tenemos otra vez con el dichoso <i>dengue</i>...&mdash;chill&oacute;
+Nicanora, reponi&eacute;ndose al instante de aquel gran susto&mdash;. Pobrecito m&iacute;o,
+hoy viene perdido...&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; entr&oacute; a pasos largos y marcados, con desplantes de c&oacute;mico de la
+legua; los ojos salt&aacute;ndosele del casco; y repet&iacute;a con un tono cavernoso
+la terror&iacute;fica palabra: &iexcl;ad&uacute;uultera!</p>
+
+<p>&mdash;Hombre de Dios&mdash;dijo la infeliz mujer, dejando a un lado el trabajo,
+que aquel d&iacute;a no era pintura, sino costura&mdash;, t&uacute; has comido, &iquest;verdad?...
+Buena la hemos hecho...</p>
+
+<p>Le miraba con m&aacute;s l&aacute;stima que enojo, y con cierta tranquilidad relativa,
+como se miran los males ya muy a&ntilde;ejos y conocidos.</p>
+
+<p>&laquo;&mdash;Fuertecillo es el ataque... Coraz&oacute;n, &iexcl;c&oacute;mo est&aacute;s hoy! Alg&uacute;n indino te
+ha convidado... Si le cojo... Mira, Jos&eacute;, debes acostarte...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, pap&aacute;&mdash;dijo Rosita, que hab&iacute;a entrado detr&aacute;s de su padre&mdash;,
+no nos asustes... Qu&iacute;tate de la cabeza esas andr&oacute;minas.</p>
+
+<p>Apartola &eacute;l lejos de s&iacute; con en&eacute;rgico adem&aacute;n, y sigui&oacute; dando aquellos
+pasos tragic&oacute;micos sin orden ni concierto. Parec&iacute;a registrar la casa; se
+asomaba a las f&eacute;tidas alcobas, daba vueltas sobre un tac&oacute;n, palpaba las
+paredes, miraba debajo de las sillas, revolviendo los ojos con fiereza y
+haciendo unos aspavientos que har&iacute;an re&iacute;r grandemente si la compasi&oacute;n no
+lo impidiera. La vecindad, que se divert&iacute;a mucho con el <i>dengue</i> del
+buen ido, empez&oacute; a congregarse en el corredor. Nicanora sali&oacute; a la
+puerta: &laquo;Hoy est&aacute; atroz... Si yo cogiera al lipendi que le convid&oacute; a
+magras...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Venga usted ac&aacute;, dama infiel!&mdash;le dijo el fren&eacute;tico esposo,
+cogi&eacute;ndola por un brazo.</p>
+
+<p>Hay que advertir que ni en lo m&aacute;s fuerte del acceso era brutal. O
+porque tuviera muy poca fuerza o porque su natural blando no fuese nunca
+vencido de la fiebre de aquella incre&iacute;ble desaz&oacute;n, ello es que sus manos
+apenas causaban ofensa. Nicanora le sujet&oacute; por ambos brazos, y &eacute;l,
+sacudi&eacute;ndose y pateando, descargaba su ira con estas palabras roncas:
+&laquo;No me lo negar&aacute;s ahora... Le he visto, le he visto yo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qui&eacute;n has visto, coraz&oacute;n?... &iexcl;Ah!, s&iacute;, al duque. S&iacute;, aqu&iacute; le
+tengo... No me acordaba... &iexcl;P&iacute;caro duque, que te quiere quitar esa
+recondenada prenda tuya!</p>
+
+<p>Desprendido de las manos de su mujer, que como tenazas le sujetaban, Ido
+volvi&oacute; a sus m&iacute;micas, y Nicanora, sabiendo que no hab&iacute;a m&aacute;s medio de
+aplacarle que dar rienda suelta a su insana man&iacute;a para que el ataque
+pasara m&aacute;s pronto, le puso en la mano un palillo de tambor que all&iacute;
+hab&iacute;an dejado los chicos, y empuj&aacute;ndole por la espalda... &laquo;Ya puedes
+escabecharnos&mdash;le dijo&mdash;, anda, anda; estamos all&iacute;, en el camar&iacute;n, tan
+agasajaditos... Fuerte, hijo; dale firme y s&aacute;canos el mondongo...&raquo;.</p>
+
+<p>Dando trompicones, entr&oacute; Ido en una de las alcobas, y apoyando la
+rodilla en el camastro que all&iacute; hab&iacute;a empez&oacute; a dar golpes con el
+palillo, pronunciando torpemente estas palabras: &laquo;Ad&uacute;lteros, expiad
+vuestro crimen&raquo;. Los que desde el corredor le o&iacute;an, re&iacute;anse a todo
+trapo, y Nicanora arengaba al p&uacute;blico diciendo: &laquo;pronto se le pasar&aacute;;
+cuanto m&aacute;s fuerte, menos le dura&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;As&iacute;, as&iacute;... muertos los dos... charco de sangre... yo vengado, mi honra
+la... la... vadita&raquo; murmuraba &eacute;l dando golpes cada vez m&aacute;s flojos, y al
+fin se desplom&oacute; sobre el jerg&oacute;n boca abajo. Las piernas colgaban fuera,
+la cara se oprim&iacute;a contra la almohada, y en tal postura rumiaba
+expresiones oscuras que se apagaban resolvi&eacute;ndose en ronquidos. Nicanora
+le volvi&oacute; cara arriba para que respirase bien, le puso las piernas
+dentro de la cama, manej&aacute;ndole como a un muerto, y le quit&oacute; de la mano
+el palo. Arreglole las almohadas y le afloj&oacute; la ropa. Hab&iacute;a entrado en
+el segundo periodo, que era el com&aacute;tico, y aunque segu&iacute;a delirando, no
+mov&iacute;a ni un dedo, y apretaba fuertemente los p&aacute;rpados, temeroso de la
+luz. Dorm&iacute;a la mona de carne.</p>
+
+<p>Cuando la <i>Venus de M&eacute;dicis</i> sali&oacute; del cubil, vio que entre las personas
+que miraban por la ventana, estaba Jacinta, acompa&ntilde;ada de su doncella.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>Hab&iacute;a presenciado parte de la escena y estaba aterrada. &laquo;Ya le pas&oacute; lo
+peor&mdash;dijo Nicanora saliendo a recibirla&mdash;. Ataque muy fuerte... Pero no
+hace da&ntilde;o. &iexcl;Pobre &aacute;ngel! Se pone de esta conformidad cuando come&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cosa m&aacute;s rara! &mdash;expres&oacute; Jacinta entrando.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando come carne... S&iacute; se&ntilde;ora. Dice el m&eacute;dico que tiene el cerebro
+como pasmado, porque durante mucho tiempo estuvo escribiendo cosas de
+mujeres malas, sin comer nada m&aacute;s que las condenadas jud&iacute;as... La
+miseria, se&ntilde;ora, esta vida de perros. &iexcl;Y si supiera usted qu&eacute; buen
+hombre es!... Cuando est&aacute; tranquilo no hace cosa mala ni dice una
+mentira... Incapaz de matar una pulga. Se estar&aacute; dos a&ntilde;os sin probar el
+pan, con tal que sus hijos lo coman. Ya ve la se&ntilde;ora si soy desgraciada.
+Dos a&ntilde;os hace que Jos&eacute; empez&oacute; con estas incumbencias. &iexcl;Se pasaba las
+noches en vela, sacando de su cabeza unas f&aacute;bulas...!, todo tocante a
+damas infieles, guapetonas, que se iban de picos pardos con unos duques
+muy ad&uacute;lteros... y los maridos trinando... &iexcl;Qu&eacute; cosas inventaba! Y por
+la ma&ntilde;ana las pon&iacute;a en limpio en papel de marquilla con una letra que
+daba gusto verla. Luego le dio el tifus, y se puso tan malo que estuvo
+<i>suministrado</i> y cre&iacute;amos que se iba. San&oacute; y le quedaron estas
+calenturas de la sesera, este <i>dengue</i> que le da siempre que toma
+sustancia. Tiene temporadas, se&ntilde;ora; a veces el ataque es muy ligero, y
+otras se pone tan encalabrinado que s&oacute;lo de pasar por delante del
+Matadero le baila el p&aacute;rpado y empieza a decir disparates. Bien dicen,
+se&ntilde;ora, que la carne es uno de los enemigos del alma... Cuidado con lo
+que saca... &iexcl;Que yo me adultero, y que se la pego con un duque!... Miren
+que yo con esta facha...</p>
+
+<p>No interesaba a Jacinta aquel triste relato tanto como cre&iacute;a Nicanora, y
+viendo que esta no pon&iacute;a punto, tuvo la dama que ponerlo.</p>
+
+<p>&laquo;Perdone usted&mdash;dijo dulcificando su acento todo lo posible&mdash;, pero
+dispongo de poco tiempo. Quisiera hablar con ese se&ntilde;or que llaman
+<i>Don</i>... Jos&eacute; Izquierdo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Para servir a vuecencia&mdash;dijo una voz en la puerta, y al mirar, encar&oacute;
+Jacinta con la arrogant&iacute;sima figura de <i>Plat&oacute;n</i>, quien no le pareci&oacute; tan
+fiero como se lo hab&iacute;an pintado.</p>
+
+<p>D&iacute;jole la Delfina que deseaba hablarle, y &eacute;l la invit&oacute; con toda la
+cortes&iacute;a de que era capaz a pasar a su habitaci&oacute;n. Ama y criada se
+pusieron en marcha hacia el 17, que era la vivienda de Izquierdo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;En d&oacute;nde est&aacute; el <i>Pituso</i>?&raquo; pregunt&oacute; Jacinta a mitad del camino.</p>
+
+<p>Izquierdo mir&oacute; al patio donde jugaban varios chicos, y no vi&eacute;ndole por
+ninguna parte, solt&oacute; un gru&ntilde;ido. Cerca del 17, en uno de los &aacute;ngulos del
+corredor hab&iacute;a un grupo de cinco o seis personas entre grandes y chicos,
+en el centro del cual estaba un ni&ntilde;o como de diez a&ntilde;os, ciego, sentado
+en una banqueta y tocando la guitarra. Su brazo era muy peque&ntilde;o para
+alcanzar el extremo del mango. Tocaba al rev&eacute;s, pisando las cuerdas con
+la derecha y rasgueando con la izquierda, puesta la guitarra sobre las
+rodillas, boca y cuerdas hacia arriba.</p>
+
+<p>La mano peque&ntilde;a y bonita del ceguezuelo her&iacute;a con gracia las cuerdas,
+sacando de ellas arpegios dulc&iacute;simos y esos punteados graves que tan
+bien expresan el sentir hondo y rudo de la plebe. La cabeza del m&uacute;sico
+oscilaba como la de esos mu&ntilde;ecos que tienen por pescuezo una espiral de
+acero, y revolv&iacute;a de un lado para otro los globos muertos de sus ojos
+cuajados, sin descansar un punto. Despu&eacute;s de mucho y mucho puntear y
+rasguear, rompi&oacute; con chillona voz el canto:</p>
+
+<p><i>A Pepa la gitani... i... i...</i></p>
+
+<p>Aquel <i>iiii</i> no se acababa nunca, daba vueltas para arriba y para abajo
+como una r&uacute;brica trazada con el sonido. Ya les faltaba el aliento a los
+oyentes cuando el ciego se determin&oacute; a posarse en el final de la frase:</p>
+
+<p><i>lla-cuando la pari&oacute; su madre...</i></p>
+
+<p>Expectaci&oacute;n, mientras el m&uacute;sico echaba de lo hondo del pecho unos ayes y
+gru&ntilde;idos como de un perrillo al que le est&aacute;n pellizcando el rabo. <i>&iexcl;Ay,
+ay, ay!</i>... Por fin concluy&oacute;:</p>
+
+<p><i>s&oacute;lo para las narices</i></p>
+
+<p><i>le dieron siete calambres.</i></p>
+
+<p>Risas, algazara, pataleos... Junto al ni&ntilde;o cantor hab&iacute;a otro ciego,
+viejo y curtido, la cara como un corcho, montera de pelo encasquetada y
+el cuerpo envuelto en capa parda con m&aacute;s remiendos que tela. Su risilla
+de suficiencia le denunciaba como autor de la celebrada estrofa. Era
+tambi&eacute;n maestro, padre quiz&aacute;s, del ciego chico y le estaba ense&ntilde;ando el
+oficio. Jacinta ech&oacute; un vistazo a todo aquel conjunto, y entre las
+respetables personas que formaban el corro, distingui&oacute; una cuya
+presencia la hizo estremecer. Era el <i>Pituso</i>, que asomando por entre el
+ciego grande y el chico, atend&iacute;a con toda su alma a la m&uacute;sica, puesta
+una mano en la cintura y la otra en la boca. &laquo;Ah&iacute; est&aacute;&raquo; dijo al Sr.
+Izquierdo, que al punto le sac&oacute; del grupo para llevarle consigo. Lo m&aacute;s
+particular fue que si cuando la fisonom&iacute;a del <i>Pituso</i> estaba
+embadurnada crey&oacute; Jacinta advertir en ella un gran parecido con Juanito
+Santa Cruz, al mirarla en su natural ser, aunque no efectivamente
+limpia, el parecido se hab&iacute;a desvanecido.</p>
+
+<p>&laquo;No se parece&raquo; pensaba entre alegre y desalentada, cuando Izquierdo le
+se&ntilde;al&oacute; la puerta para que entrase.</p>
+
+<p>Cuentan Jacinta y su criada que al verse dentro de la reducida, inmunda
+y desamparada celda, y al observar que el llamado <i>Plat&oacute;n</i> cerraba la
+puerta, les entr&oacute; un miedo tan grande que a entrambas se les ocurri&oacute;
+salir a la ventanilla a pedir socorro. Mir&oacute; la se&ntilde;ora de soslayo a la
+criada, por ver si esta mostraba entereza de &aacute;nimo; pero Rafaela estaba
+m&aacute;s muerta que viva. &laquo;Este bandido&mdash;pens&oacute; Jacinta&mdash;, nos va a retorcer
+el pescuezo sin dejarnos chistar&raquo;. Algo se tranquilizaba oyendo muy
+cerca el guitarreo y el rum rum de la multitud que rodeaba a los dos
+ciegos. Izquierdo les ofreci&oacute; las dos sillas que en la estancia hab&iacute;a, y
+&eacute;l se sent&oacute; sobre un ba&uacute;l, poniendo al <i>Pituso</i> sobre sus rodillas.</p>
+
+<p>Rafaela cuenta que en aquel momento se le ocurri&oacute; un plan infalible para
+defenderse del monstruo, si por acaso las atacaba. Desde el punto en que
+le viera hacer un adem&aacute;n hostil, ella se le colgar&iacute;a de las barbas. Si
+en el mismo instante y muy de sopet&oacute;n su se&ntilde;orita ten&iacute;a la destreza
+suficiente para coger un asador que muy cerca de su mano estaba y
+met&eacute;rselo por los ojos, la cosa era hecha.</p>
+
+<p>No hab&iacute;a all&iacute; m&aacute;s muebles que las dos sillas y el ba&uacute;l. Ni c&oacute;moda, ni
+cama, ni nada. En la oscura alcoba deb&iacute;a de haber alg&uacute;n camastro. De la
+pared colgaba una grande y hermosa l&aacute;mina detr&aacute;s de cuyo cristal se
+ve&iacute;an dos trenzas negras de pelo, hermos&iacute;simas, enroscadas al modo de
+culebras, y entre ellas una cinta de seda con este letrero: <i>&iexcl;Hija m&iacute;a!</i>
+&laquo;&iquest;De qui&eacute;n es ese pelo?&raquo; pregunt&oacute; Jacinta vivamente, y la curiosidad le
+alivi&oacute; por un instante el miedo.</p>
+
+<p>&mdash;De la hija de mi mujer &mdash;replic&oacute; <i>Plat&oacute;n</i> con gravedad, echando una
+mirada de desd&eacute;n al cuadro de las trenzas.</p>
+
+<p>&mdash;Yo cre&iacute; que eran de... &mdash;balbuci&oacute; la dama sin atreverse a acabar la
+frase&mdash;. Y la joven a quien pertenec&iacute;a ese pelo, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;En el cementerio&mdash;gru&ntilde;&oacute; Izquierdo con acento m&aacute;s propio de bestia que
+de hombre.</p>
+
+<p>Jacinta examin&oacute; al <i>Pituso</i> chico y... cosa rara, volvi&oacute; a advertir
+parecido con el gran <i>Pituso</i>. Le mir&oacute; m&aacute;s, y mientras m&aacute;s le miraba m&aacute;s
+semejanza. &iexcl;Santo Dios! Llamole, y el se&ntilde;or Izquierdo dijo al ni&ntilde;o con
+cierta aspereza atenuada que en &eacute;l pod&iacute;a pasar por dulzura: &laquo;Anda,
+pioj&iacute;n, y da un beso a esta se&ntilde;ora&raquo;. El nene, en pie, se resist&iacute;a a dar
+un paso hacia adelante. Estaba como asustado y clavaba en la se&ntilde;ora las
+estrellas de sus ojos. Jacinta hab&iacute;a visto ojos lindos, pero como
+aquellos no los hab&iacute;a visto nunca. Eran como los del Ni&ntilde;o Dios pintado
+por Murillo. &laquo;Ven, ven&raquo; le dijo llam&aacute;ndole con ese movimiento de las dos
+manos que hab&iacute;a aprendido de las madres. Y &eacute;l tan serio, con las
+mejillas encendidas por la verg&uuml;enza infantil, que tan f&aacute;cilmente se
+resuelve en descaro.</p>
+
+<p>&laquo;A cuenta que no es corto de genio; pero se espanta de las personas
+finas&raquo; dijo Izquierdo empuj&aacute;ndole hasta que Jacinta pudo cogerle.</p>
+
+<p>&mdash;Si es todo un caballero formal &mdash;declar&oacute; la se&ntilde;orita d&aacute;ndole un beso
+en su cara sucia que a&uacute;n ol&iacute;a a la endiablada pintura&mdash;. &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s
+hoy tan serio y ayer te re&iacute;as tanto y me ense&ntilde;abas tu leng&uuml;ecita?</p>
+
+<p>Estas palabras rompieron el sello a la seriedad de Juan&iacute;n, porque lo
+mismo fue o&iacute;rlas que desplegar su boca en una sonrisa angelical. Riose
+tambi&eacute;n Jacinta; pero su coraz&oacute;n sinti&oacute; como un repentino golpe, y se le
+nublaron los ojos. Con la risa del gracioso chiquillo resurg&iacute;a de un
+modo extraordinario el parecido que la dama cre&iacute;a encontrar en &eacute;l.
+Figurose que la raza de Santa Cruz le sal&iacute;a a la cara como poco antes le
+hab&iacute;a salido el carm&iacute;n del rubor infantil. &laquo;Es, es...&raquo; pens&oacute; con
+profunda convicci&oacute;n, comi&eacute;ndose a miradas la cara del rapazuelo. Vela en
+ella las facciones que amaba; pero all&iacute; hab&iacute;a adem&aacute;s otras desconocidas.
+Entrole entonces una de aquellas rabietinas que de tarde en tarde
+turbaban la placidez de su alma, y sus ojos, iluminados por aquel
+rencorcillo, quer&iacute;an interpretar en el rostro inocente del ni&ntilde;o las
+aborrecidas y culpables bellezas de la madre. Habl&oacute;, y su metal de voz
+hab&iacute;a cambiado completamente. Sonaba de un modo semejante a los bajos de
+la guitarra: &laquo;Se&ntilde;or Izquierdo, &iquest;tiene usted ah&iacute; por casualidad el
+retrato de su sobrina?&raquo;.</p>
+
+<p>Si Izquierdo hubiera respondido que s&iacute;, &iexcl;c&oacute;mo se habr&iacute;a lanzado Jacinta
+sobre &eacute;l! Pero no hab&iacute;a tal retrato, y m&aacute;s val&iacute;a as&iacute;. Durante un rato
+estuvo la dama silenciosa, sintiendo que se le hac&iacute;a en la garganta el
+nudo aquel, s&iacute;ntoma infalible de las grandes penas. En tanto, el Pituso
+adelantaba r&aacute;pidamente en el camino de la confianza. Empez&oacute; por tocar
+con los dedos t&iacute;midamente una pulsera de monedas antiguas que Jacinta
+llevaba, y viendo que no le re&ntilde;&iacute;an por este desacato, sino que la
+se&ntilde;ora aquella tan guapa le apretaba contra s&iacute;, se decidi&oacute; a examinar el
+imperdible, los flecos del mant&oacute;n y principalmente el manguito, aquella
+cosa de pelos suaves con un agujero, donde se met&iacute;a la mano y estaba tan
+calentito.</p>
+
+<p>Jacinta le sent&oacute; sobre sus rodillas y trat&oacute; de ahogar su desconsuelo,
+estimulando en su alma la piedad y el cari&ntilde;o que el desvalido ni&ntilde;o le
+inspiraba. Un examen r&aacute;pido sobre el vestido de &eacute;l le reprodujo la pena.
+&iexcl;Que el hijo de su marido estuviese con las carnecitas al aire, los pies
+casi desnudos...! Le pas&oacute; la mano por la cabeza rizosa, haciendo voto en
+su noble conciencia de querer al hijo de otra como si fuera suyo. El
+rapaz fijaba su atenci&oacute;n de salvaje en los guantes de la se&ntilde;ora. No
+ten&iacute;a &eacute;l ni idea remota de que existieran aquellas manos de mentira,
+dentro de las cuales estaban las manos verdaderas.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pobrecito! &mdash;exclam&oacute; con vivo dolor Jacinta, observando que el m&iacute;sero
+traje del <i>Pituso</i> era todo agujeros. Ten&iacute;a un hombro al aire, y una de
+las nalgas estaba tambi&eacute;n a la intemperie. &iexcl;Con cu&aacute;nto amor pas&oacute; la mano
+por aquellas fin&iacute;simas carnes, de las cuales pens&oacute; que nunca hab&iacute;an
+conocido el calor de una mano materna, y que estaban tan heladas de
+noche como de d&iacute;a!</p>
+
+<p>&laquo;Toca, toca&mdash;dijo a la criada&mdash;; muertecito de fr&iacute;o&raquo;.</p>
+
+<p>Y al Sr. Izquierdo: &laquo;Pero &iquest;por qu&eacute; tiene usted a este pobre ni&ntilde;o tan
+desabrigado?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Soy pobre, se&ntilde;ora &mdash;refunfu&ntilde;&oacute; Izquierdo con la sequedad de siempre&mdash;.
+No me quieren colocar... por decente...</p>
+
+<p>Iba a seguir espetando el relato de sus cuitas pol&iacute;ticas; pero Jacinta
+no le hizo caso. Juan&iacute;n, cuya audacia crec&iacute;a por momentos, atrev&iacute;ase ya
+nada menos que a posarle la mano en la cara, con much&iacute;simo respeto, eso
+s&iacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Te voy a traer unas botas muy bonitas&raquo; le dijo la que quer&iacute;a ser madre
+adoptiva, ech&aacute;ndole las palabras con un beso en su o&iacute;do sucio.</p>
+
+<p>El muchacho levant&oacute; un pie. &iexcl;Y qu&eacute; pie! M&aacute;s val&iacute;a que ning&uacute;n cristiano
+lo viera. Era una masa de informe esparto y de trapo asqueroso, llena de
+lodo y con un gran agujero, por el cual asomaba la fila de deditos
+rosados.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Bendito Dios! &mdash;exclam&oacute; Rafaela rompiendo a re&iacute;r&mdash;. &iquest;Pero Sr.
+Izquierdo, tan pobre es usted que no tiene para...?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Solutamente... &mdash;&iexcl;Te voy a poner m&aacute;s majo...!, ver&aacute;s. Te voy a poner
+un vestido muy precioso, tu sombrero, tus botas de charol.</p>
+
+<p>Comprendiendo aquello, el muy tuno &iexcl;abr&iacute;a cada ojo...! De todas las
+flaquezas humanas, la primera que apunta en el ni&ntilde;o, anunciando el
+hombre, es la presunci&oacute;n. Juan&iacute;n entendi&oacute; que le iban a poner guapo y
+solt&oacute; una carcajada. Pero las ideas y las sensaciones cambian
+r&aacute;pidamente en esta edad, y de improviso el <i>Pituso</i> dio una palmada y
+ech&oacute; un gran suspiro. Es una manera especial que tienen los chicos de
+decir: &laquo;Esto me aburre; de buena gana me marchar&iacute;a&raquo;. Jacinta le retuvo a
+la fuerza.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, Sr. de Izquierdo&mdash;dijo la dama, planteando decididamente
+la cuesti&oacute;n&mdash;. Ya s&eacute; por su vecino de usted qui&eacute;n es la mam&aacute; de este
+ni&ntilde;o. Est&aacute; visto que usted no lo puede criar ni educar. Yo me lo llevo.</p>
+
+<p>Izquierdo se prepar&oacute; a la respuesta.</p>
+
+<p>&mdash;Dir&eacute; a la se&ntilde;ora... yo... ver&iacute;dicamente, le tengo ley. Le quiero, si a
+mano viene, como hijo... Soc&oacute;rrale la se&ntilde;ora, por ser de la casta que
+es; col&oacute;queme a m&iacute;, y yo lo criar&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No, estos tratos no me convienen. Seremos amigos; pero con la
+condici&oacute;n de que me llevo este pobre &aacute;ngel a mi casa. &iquest;Para qu&eacute; le
+quiere usted? &iquest;Para que se cr&iacute;e en esos patios malsanos entre
+pilletes?... Yo le proteger&eacute; a usted, &iquest;qu&eacute; quiere?, &iquest;un destino?, &iquest;una
+cantidad?</p>
+
+<p>&mdash;Si la se&ntilde;ora&mdash;insinu&oacute; Izquierdo torvamente, soltando las palabras
+despu&eacute;s de rumiarlas mucho&mdash;, me logra una cosa...</p>
+
+<p>&mdash;A ver qu&eacute; cosa... &mdash;La se&ntilde;ora se aboca con Castelar... que me tiene
+tanta tirria... o con el Sr. de Pi.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jeme usted a m&iacute; de <i>pi</i> y de <i>pa</i>... Yo no le puedo dar a usted
+ning&uacute;n destino.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si no me dan la ministraci&oacute;n del Pardo, el hijo se queda aqu&iacute;...
+&iexcl;hostia! &mdash;declar&oacute; Izquierdo con la mayor aspereza, levant&aacute;ndose.
+Parec&iacute;a responder con la exhibici&oacute;n de su gallarda estatura m&aacute;s que con
+las palabras.</p>
+
+<p>&mdash;La administraci&oacute;n del Pardo nada menos. S&iacute;, para usted estaba. Hablar&eacute;
+a mi esposo, el cual reconocer&aacute; a Juan&iacute;n y le reclamar&aacute; por la justicia,
+puesto que su madre le ha abandonado.</p>
+
+<p>Rafaela cuenta que al o&iacute;r esto, se desconcert&oacute; un tanto <i>Plat&oacute;n</i>. Pero
+no se dio a partido, y cogiendo en brazos al ni&ntilde;o le hizo caricias a su
+modo: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n te quiere a ti, churumb&eacute;?... &iquest;A qui&eacute;n quieres t&uacute;, pioj&iacute;n
+m&iacute;o?&raquo;.</p>
+
+<p>El chico le ech&oacute; los brazos al cuello.</p>
+
+<p>&laquo;Yo no le impido ni le impedir&eacute; a usted que le siga queriendo, ni aun
+que le vea alguna vez &mdash;dijo la se&ntilde;ora, contemplando a Juan&iacute;n como una
+tonta&mdash;. Volver&eacute; ma&ntilde;ana y espero convencerle... y en cuanto a la
+administraci&oacute;n del Pardo, no crea usted que digo que no. Podr&iacute;a ser...
+no s&eacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Izquierdo se dulcific&oacute; un poco.</p>
+
+<p>&laquo;Nada, nada&mdash;pens&oacute; Jacinta&mdash;, este hombre es un chal&aacute;n. No s&eacute; tratar con
+esta clase de gente. Ma&ntilde;ana vuelvo con Guillermina y entonces... aqu&iacute; te
+quiero ver. Para usted&mdash;dijo luego en voz alta&mdash;, lo mejor ser&iacute;a una
+cantidad. Me parece que est&aacute; la patria oprimida&raquo;.</p>
+
+<p>Izquierdo dio un suspiro y puso al chico en el suelo. &laquo;Un endivido, que
+se pas&oacute; su sant&iacute;sima vida bregando porque los espa&ntilde;oles sean libres...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hombre de Dios, &iquest;todav&iacute;a les quiere usted m&aacute;s libres?</p>
+
+<p>&mdash;No... es la que se dice... cr&iacute;a cuervos... Sepa ust&eacute; que Bicerra,
+Castelar y otros mequetrefes, todo lo que son me lo deben a m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Cosa m&aacute;s particular. El ruido de la guitarra y de los cantos de los
+ciegos arreci&oacute; considerablemente, uni&eacute;ndose al estr&eacute;pito de tambores de
+Navidad.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y t&uacute; no tienes tambor?&raquo; pregunt&oacute; Jacinta al peque&ntilde;uelo, que apenas
+o&iacute;da la pregunta ya estaba diciendo que no con la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que barbaridad! &iexcl;Miren que no tener t&uacute; un tambor...! Te lo voy a
+comprar hoy mismo, ahora mismo. &iquest;Me das un beso?</p>
+
+<p>No se hac&iacute;a de rogar el <i>Pituso</i>. Empezaba a ser descarado. Jacinta sac&oacute;
+un paquetito de caramelos, y &eacute;l, con ese instinto de los golosos, se
+abalanz&oacute; a ver lo que la se&ntilde;ora sacaba de aquellos papeles. Cuando
+Jacinta le puso un caramelo dentro de la boca, Juan&iacute;n se re&iacute;a de gusto.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;C&oacute;mo se dice?&raquo; le pregunt&oacute; Izquierdo.</p>
+
+<p>In&uacute;til pregunta, porque &eacute;l no sab&iacute;a que cuando se recibe algo se dan las
+gracias.</p>
+
+<p>Jacinta le volvi&oacute; a coger en brazos y a mirarle. Otra vez le pareci&oacute; que
+el parecido se borraba. &iexcl;Si no ser&iacute;a...! Era conveniente averiguarlo y
+no proceder con precipitaci&oacute;n. Guillermina se encargar&iacute;a de esto. De
+repente el muy pillo la mir&oacute;, y sac&aacute;ndose el caramelo de la boca, se lo
+ofreci&oacute; para que chupase ella.</p>
+
+<p>&laquo;No, tonto, si tengo m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, viendo que su galanter&iacute;a no era estimada, le ense&ntilde;&oacute; la lengua.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Grand&iacute;simo tuno, me haces burla, a m&iacute;!...&raquo;.</p>
+
+<p>Y &eacute;l, entusiasm&aacute;ndose, volvi&oacute; a sacar la lengua, y habl&oacute; por primera vez
+en aquella conferencia, diciendo muy claro: &laquo;Putona&raquo;.</p>
+
+<p>Ama y criada rompieron a re&iacute;r, y Juan&iacute;n lanz&oacute; una carcajada
+gracios&iacute;sima, repitiendo la expresi&oacute;n, y dando palmadas como para
+aplaudirse.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas le ense&ntilde;a usted!...</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, hijo, no digas exprisiones...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me quieres?&mdash;le dijo la Delfina apret&aacute;ndole contra s&iacute;.</p>
+
+<p>El chico clav&oacute; sus ojos en Izquierdo.</p>
+
+<p>&laquo;Dile que s&iacute; pero a cuenta que no te vas con ella... &iquest;sabes?... que no
+te vas con ella, porque quieres m&aacute;s a tu pap&aacute; Pepe, pioj&iacute;n..., y que a
+tu pap&aacute; le tien que dar la ministraci&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; el b&aacute;rbaro a cogerle, y Jacinta se despidi&oacute;, haciendo prop&oacute;sito
+firme de volver con el refuerzo de su amiga.</p>
+
+<p>&laquo;Adi&oacute;s, adi&oacute;s, Juan&iacute;n. Hasta ma&ntilde;ana&raquo;; y le bes&oacute; la mano, pues la cara
+era imposible por tenerla toda untada de caramelo.</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s, rico&mdash;dijo Rafaela pellizc&aacute;ndole los dedos de un pie que
+asomaban por las claraboyas del calzado.</p>
+
+<p>Y salieron. Izquierdo, que aunque se ten&iacute;a por caballer&iacute;a, preci&aacute;base de
+ser caballero, sali&oacute; a despedirlas a la puerta de la calle, con el
+peque&ntilde;o en brazos. Y le mov&iacute;a la manecita para hacerle saludar a las dos
+mujeres hasta que doblaron la esquina de la calle del Bastero.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>A las nueve del d&iacute;a siguiente ya estaban all&iacute; otra vez ama y doncella,
+esperando a Guillermina, que convino en unirse con su amiga en cuanto
+despachara ciertos quehaceres que ten&iacute;a en la estaci&oacute;n de las Pulgas.
+Hab&iacute;a recibido dos vagones de sillares y obtenido del director de la
+Compa&ntilde;&iacute;a del Norte que le hicieran la descarga gratis con las gr&uacute;as de
+la empresa... &iexcl;los pasos que tuvo que dar para esto! Pero al fin se
+sali&oacute; con la suya, y adem&aacute;s quer&iacute;a que del transporte se encargara la
+misma empresa, que bastante dinero ganaba, y bien pod&iacute;a dar a los
+hu&eacute;rfanos desvalidos unos cuantos viajes de camiones.</p>
+
+<p>En cuanto entraron Jacinta y Rafaela vieron a Juan&iacute;n jugando en el
+patio. Llam&aacute;ronle y no quiso venir. Las miraba desde lejos, riendo, con
+media mano metida dentro de la boca; pero en cuanto le ense&ntilde;aron el
+tambor que le tra&iacute;an, como se ense&ntilde;an al toro, azuz&aacute;ndole, las
+banderillas que se le han de clavar, vino corriendo como exhalaci&oacute;n. Su
+contento era tal que parec&iacute;a que le iba a dar una pataleta, y estaba tan
+inquieto, que a Jacinta le cost&oacute; trabajo colgarle el tambor. Cogidos los
+palillos uno en cada mano, empez&oacute; a dar porrazos sobre el parche,
+corriendo por aquellos muladares, envidiado de los dem&aacute;s, y sin ocuparse
+de otra cosa que de meter toda la bulla posible.</p>
+
+<p>Jacinta y Rafaela subieron. La criada llevaba un l&iacute;o de cosas, d&aacute;divas
+que la se&ntilde;ora tra&iacute;a a los menesterosos de aquella pobr&iacute;sima vecindad.
+Las mujeres sal&iacute;an a sus puertas movidas de la curiosidad; empezaba el
+chismorreo, y poco despu&eacute;s, en los murmurantes corros que se formaron,
+circulaban noticias y comentos: &laquo;A la se&ntilde;&aacute; Nicanora le ha tra&iacute;do un
+mant&oacute;n borrego, al t&iacute;o <i>Dido</i> un sombrero y un chaleco de Bayona, y a
+Rosa le ha puesto en la mano cinco duros como cinco soles...&raquo;. &mdash;&laquo;A la
+baldada del n&uacute;mero 9 le ha tra&iacute;do una manta de cama, y a la se&ntilde;&aacute;
+Encarnaci&oacute;n un aquel de franela para la reuma, y al t&iacute;o Manjavacas un
+ung&uuml;ento en un tarro largo que lo llaman <i>pitofufito</i>... sabe, lo que le
+di yo a mi ni&ntilde;a el a&ntilde;o pasado, lo cual no le quit&oacute; de
+mor&iacute;rseme...&raquo;.&mdash;&laquo;Ya estoy viendo a Manjavacas empe&ntilde;ando el tarro o
+cambi&aacute;ndolo por gotas de aguardiente...&raquo;.&mdash;&laquo;O&iacute; que le quiere comprar el
+ni&ntilde;o a se&ntilde;&oacute; Pepe, y que le da treinta mil duros... y le hace
+gobernaor...&raquo;.&mdash;&laquo;&iquest;Gobernaor de qu&eacute;?...&raquo;. &mdash;&laquo;Paicen bobas... pues tiene
+que ser de las caballerizas repoblicanas...&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta empezaba a impacientarse porque no llegaba su amiga, y en tanto
+tres o cuatro mujeres, hablando a un tiempo, le expon&iacute;an sus necesidades
+con hiperb&oacute;lico estilo. Esta ten&iacute;a a sus dos ni&ntilde;os descalcitos; la otra
+no los ten&iacute;a descalzos ni calzados, porque se le mor&iacute;an todos, y a ella
+le hab&iacute;a quedado una angustia en el pecho que dec&iacute;an era una <i>ero&iacute;sma</i>.
+La de m&aacute;s all&aacute; ten&iacute;a cinco hijos y v&iacute;speras, de lo que daba fe el
+promontorio que le alzaba las faldas media vara del suelo. No pod&iacute;a ir
+en tal estado a la F&aacute;brica de Tabacos, por lo cual estaba pasando la
+familia una <i>crujida</i> buena. El pariente de estotra no trabajaba, porque
+se hab&iacute;a ca&iacute;do de un andamio y hac&iacute;a tres meses que estaba en el catre
+con un tolondr&oacute;n en el pecho y muchos dolores, echando sangre por la
+boca. Tantas y tantas l&aacute;stimas oprim&iacute;an el coraz&oacute;n de Jacinta, llevando
+a su mente ideas muy latas sobre la extensi&oacute;n de la miseria humana. En
+el seno de la prosperidad en que ella viv&iacute;a, no pudo darse nunca cuenta
+de lo grande que es el imperio de la pobreza, y ahora ve&iacute;a que, por
+mucho que se explore, no se llega nunca a los confines de este dilatado
+continente. A todos les daba alientos y promet&iacute;a ampararles en la
+medida de sus alcances, que, si bien no cortos, eran quiz&aacute;s
+insuficientes para acudir a tanta y tanta necesidad. El c&iacute;rculo que la
+rodeaba se iba estrechando, y la dama empezaba a sofocarse. Dio algunos
+pasos; pero de cada una de sus pisadas brotaba una compasi&oacute;n nueva;
+delante de su caridad luminosa &iacute;banse levantando las desdichas humanas,
+y reclamando el derecho a la misericordia. Despu&eacute;s de visitar varias
+casas, saliendo de ellas con el coraz&oacute;n desgarrado, hall&aacute;base otra vez
+en el corredor, ya muy intranquila por la tardanza de su amiga, cuando
+sinti&oacute; que le tiraban suavemente de la cachemira. Volviose y vio una
+ni&ntilde;a como de cinco o seis a&ntilde;os, lind&iacute;sima, muy limpia, con una hoja de
+<i>b&oacute;nibus</i> en el pelo.</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ora&mdash;le dijo la ni&ntilde;a con voz dulce y t&iacute;mida, pronunciando con la m&aacute;s
+pura correcci&oacute;n&mdash;, &iquest;ha visto usted mi delantal?&raquo;.</p>
+
+<p>Cogiendo por los bordes el delantal, que era de cretona azul, reci&eacute;n
+planchado y sin una mota, lo mostraba a la se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;... ya lo veo&mdash;dijo &eacute;sta admirada de tanta gracia y coqueter&iacute;a&mdash;.
+Est&aacute;s muy guapa y el delantal es... magn&iacute;fico&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Lo he estrenado hoy... no lo ensuciar&eacute;, porque no bajo al
+patio&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la peque&ntilde;a, hinchando de gozo y vanidad sus naricillas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qui&eacute;n eres? &iquest;C&oacute;mo te llamas?</p>
+
+<p>&mdash;Adoraci&oacute;n. &mdash;&iexcl;Qu&eacute; mona eres... y qu&eacute; simp&aacute;tica!</p>
+
+<p>&mdash;Esta ni&ntilde;a&mdash;dijo una de las vecinas&mdash;, es hija de una mujer muy mala
+que la llaman <i>Mauricia la Dura</i>. Ha vivido aqu&iacute; dos veces, porque la
+pusieron en las <i>Arrecogidas</i>, y se escap&oacute;, y ahora no se sabe d&oacute;nde
+anda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre ni&ntilde;a!... su mam&aacute; no la quiere.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tiene por mam&aacute; a su t&iacute;a Severiana, que la ampara como si fuera
+hija y la va criando. &iquest;No conoce la se&ntilde;orita a Severiana?</p>
+
+<p>&mdash;He o&iacute;do hablar de ella a mi amiga.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, la se&ntilde;orita Guillermina la quiere mucho... Como que ella y
+Mauricia son hijas de la planchadora de la casa... &iexcl;Severiana!... &iquest;D&oacute;nde
+est&aacute; esa mujer?</p>
+
+<p>&mdash;En la compra&mdash;replic&oacute; Adoraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, que eres muy se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>La otra, que se oy&oacute; llamar se&ntilde;orita, no cab&iacute;a en s&iacute; de satisfacci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ora&mdash;dijo, encantando a Jacinta con su metal de voz argentino y su
+pronunciaci&oacute;n celestial&mdash;. Yo no me pint&eacute; la cara el otro d&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&uacute; no...!, ya lo sab&iacute;a. Eres muy aseada.</p>
+
+<p>&mdash;No, no me pint&eacute; &mdash;repiti&oacute; acentuando tan fuertemente el no con la
+cabeza, que parec&iacute;a que se le romp&iacute;a el pescuezo&mdash;. Esos puercachones me
+quer&iacute;an pintar, pero no me dej&eacute;.</p>
+
+<p>Jacinta y Rafaela estaban embelesadas. No hab&iacute;an visto una ni&ntilde;a tan
+bonita, tan modosa y que se metiera por los ojos como aquella. Daba
+gusto ver la limpieza de su ropa. La falda la ten&iacute;a remendada, pero
+asead&iacute;sima; los zapatos eran viejos, pero bien defendidos, y el delantal
+una obra maestra de pulcritud.</p>
+
+<p>En esto lleg&oacute; la t&iacute;a y madre adoptiva de Adoraci&oacute;n. Era guapetona, alta
+y garbosa, mujer de un papelista, y la inquilina m&aacute;s ordenada, o si se
+quiere, m&aacute;s pudiente de aquella colmena. Viv&iacute;a en una de las
+habitaciones mejores del primer patio y no ten&iacute;a hijos propios, raz&oacute;n
+m&aacute;s para que Jacinta simpatizase con ella. En cuanto se vieron se
+comprendieron. Severiana estim&oacute; en lo que val&iacute;an las bondades de la dama
+para con la peque&ntilde;a; h&iacute;zola entrar en su casa, y le ofreci&oacute; una silla de
+las que llaman de Viena, mueble que en aquellos tugurios pareciole a
+Jacinta el colmo de la opulencia.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y mi ama do&ntilde;a Guillermina?&mdash;pregunt&oacute; Severiana&mdash;. Ya s&eacute; que viene
+ahora todos los d&iacute;as. &iquest;Usted no me conoce? Mi madre fue planchadora en
+casa de los se&ntilde;ores de Pacheco... all&iacute; nos criamos mi hermana Mauricia y
+yo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;He o&iacute;do hablar de ustedes a Guillermina...</p>
+
+<p>Severiana dej&oacute; el cesto de la compra, que bien repleto tra&iacute;a, arroj&oacute;
+mant&oacute;n y pa&ntilde;uelo, y no pudo resistir un impulso de vanidad. Entre las
+habitantes de las casas domingueras es muy com&uacute;n que la que viene de la
+plaza con abundante compra la exponga a la admiraci&oacute;n y a la envidia de
+las vecinas. Severiana empez&oacute; a sacar su repuesto, y alargando la mano
+lo mostraba de la puerta afuera... &laquo;Vean ustedes... una brecolera... un
+cuarter&oacute;n de carne de falda... un pico de carnero con carrilladas...
+escarola...&raquo; y por &uacute;ltimo sali&oacute; la gran sensaci&oacute;n. Severiana la ense&ntilde;&oacute;
+como un trofeo, reventando de orgullo. &laquo;&iexcl;Un conejo!&raquo; clamaron media
+docena de voces... &laquo;&iexcl;Hija, c&oacute;mo te has corrido!&raquo;.&mdash;&laquo;Hija, porque se
+puede, y lo he sacado por siete riales&raquo;. Jacinta crey&oacute; que la cortes&iacute;a
+la obligaba a lisonjear a la due&ntilde;a de la casa, mirando con much&iacute;simo
+inter&eacute;s las provisiones y elogiando su bondad y baratura.</p>
+
+<p>Hablose luego de Adoraci&oacute;n, que se hab&iacute;a cosido a las faldas de Jacinta,
+y Severiana empez&oacute; a referir:</p>
+
+<p>&laquo;Esta ni&ntilde;a es de mi hermana Mauricia... La se&ntilde;ora meti&oacute; en las Micaelas
+a mi hermana, pero esta se fug&oacute;, encaram&aacute;ndose por una tapia; y ahora la
+estamos buscando para volverla a encerrar all&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Conozco mucho esa Orden&mdash;dijo la de Santa Cruz&mdash;, y soy muy amiga de
+las madres Micaelas.</p>
+
+<p>All&iacute; la enderezar&aacute;n... Crea usted que hacen milagros...</p>
+
+<p>&mdash;Pero si es muy mala... se&ntilde;ora, muy mala&mdash;replic&oacute; Severiana dando un
+suspiro&mdash;. Aqu&iacute; me dej&oacute; esta criatura, y no nos pesa, porque me tira el
+alma como si la hubiera parido... lo cual que todos los m&iacute;os me han
+nacido muertos; y mi Juan Antonio le ha tomado tal ley a la chica, que
+no se puede pasar sin ella. Es una pinturera, eso s&iacute;, y me enreda mucho.
+Como que naci&oacute; y se cri&oacute; entre mujeres malas, que la ense&ntilde;aron a
+fantasiar y a ponerse polvos en la cara. Cuando va por la calle, hace
+unos meneos con el cuerpo que... ya le digo que la deslomo, si no se le
+quita esa ma&ntilde;a... &iexcl;Ah!, &iexcl;ver&aacute;s t&uacute;, ver&aacute;s, bribonaza! Lo bueno que tiene
+es que no me empuerca la ropa y le gusta lavarse manos, brazos, hocico,
+y hasta el cuerpo, se&ntilde;ora, hasta el cuerpo. Como coja un pedazo de jab&oacute;n
+de olor, pronto da cuenta de &eacute;l. &iquest;Pues el peinarse? Ya me ha roto tres
+espejos, y un d&iacute;a... &iquest;que creer&aacute; la se&ntilde;ora que estaba haciendo?... pues
+pint&aacute;ndose las cejas con un corcho quemado.</p>
+
+<p>Adoraci&oacute;n p&uacute;sose como la grana, avergonzada de las perrer&iacute;as que se
+contaban de ella.</p>
+
+<p>&laquo;No lo har&aacute; m&aacute;s &mdash;dijo la dama sin hartarse de acariciar aquella cara
+tan tersa y tan bonita; y variando la conversaci&oacute;n, lo que agradeci&oacute;
+mucho la peque&ntilde;a, se puso a mirar y alabar el buen arreglo de la
+salita&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Tiene usted una casa muy mona&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Para menestrales, talcualita. Ya sabe la se&ntilde;orita que est&aacute; a su
+disposici&oacute;n. Es muy grande para nosotros; pero tengo aqu&iacute; una amiga que
+vive en compa&ntilde;&iacute;a, do&ntilde;a Fuensanta, viuda de un se&ntilde;or comandante. Mi
+marido es bueno como los panes de Dios. Me gana catorce riales y no
+tiene ning&uacute;n vicio. Vivimos tan ricamente.</p>
+
+<p>Jacinta admir&oacute; la c&oacute;moda, bru&ntilde;ida de tanto fregoteo, y el altar que
+sobre ella formaban mil baratijas, y las fotograf&iacute;as de gente de tropa,
+con los pantalones pintados de rojo y los botones de amarillo. El Cristo
+del Gran Poder y la Virgen de la Paloma, eran all&iacute; dos hermosos cuadros;
+hab&iacute;a un gran cromo con la <i>Numancia</i>, navegando en un mar de musgo, y
+otro cuadrito bordado con <i>dos corazones amantes</i>, hechos a estilo de
+dechado, unidos con una cinta.</p>
+
+<p>Se hac&iacute;a tarde, y Jacinta no ten&iacute;a sosiego. Por fin, saliendo al
+corredor, vio venir a su amiga presurosa, acalorada... &laquo;No me ri&ntilde;as,
+hija; no sabes c&oacute;mo me han marcado esos badulaques en la estaci&oacute;n de las
+Pulgas. Que no pueden hacer nada sin orden expresa del Consejo. No han
+hecho caso de la tarjeta que llev&eacute;, y tengo que volver esta tarde, y los
+sillares all&iacute; muertos de risa y la obra parada... Pero en fin, vamos a
+nuestro asunto. &iquest;En d&oacute;nde est&aacute; ese que se come la gente? Adi&oacute;s,
+Severiana... Ahora no me puedo entretener contigo. Luego hablaremos&raquo;.</p>
+
+<p>Avanzaron en busca de la guarida de Izquierdo, siempre rodeadas de
+vecinas. Adoraci&oacute;n iba detr&aacute;s, cogida a la falda de Jacinta, como los
+pajes que llevan la cola de los reyes, y delante abriendo calle, como un
+batidor, la zancuda, que aquel d&iacute;a parec&iacute;a tener las canillas m&aacute;s
+desarrolladas y las gre&ntilde;as m&aacute;s sueltas. Jacinta le hab&iacute;a llevado unas
+botas, y estaba la chica muy incomodada porque su madre no se las dejaba
+poner hasta el domingo.</p>
+
+<p>Vieron entornada la puerta del 17, y Guillermina la empuj&oacute;. Grande fue
+su sorpresa al encarar, no con el se&ntilde;or <i>Plat&oacute;n</i> a quien esperaba
+encontrar all&iacute;, sino con una mujerona muy altona y muy feona, vestida de
+colorines, el talle muy bajo, la cara como te&ntilde;ida de ferruje, el pelo
+engrasado y de un negro que azuleaba. Echose a re&iacute;r aquel vestiglo,
+ense&ntilde;ando unos dientes cuya blancura con la nieve se podr&iacute;a comparar, y
+dijo a las se&ntilde;oras que <i>Don</i> Pepe no estaba, pero que al momentico
+vendr&iacute;a. Era la vecina del bohardill&oacute;n, llamada com&uacute;nmente la
+<i>gallinejera</i>, por tener puesto de gallineja y fritanga en la esquina de
+la Arganzuela. Sol&iacute;a prestar servicios dom&eacute;sticos al decadente se&ntilde;or de
+aquel domicilio, barrerle el cuarto una vez al mes, apalearle el jerg&oacute;n,
+y darle una mano de refregones al <i>Pituso</i>, cuando la porquer&iacute;a le pon&iacute;a
+una costra demasiado espesa en su angelical rostro. Tambi&eacute;n sol&iacute;a
+preparar para el grande hombre algunos platos exquisitos, como dos
+cuartos de molleja, dos cuartos de sangre frita y a veces una ensalada
+de escarola, bien cargada de ajo y comino.</p>
+
+<p>No tard&oacute; en venir Izquierdo, y echose fuera la estantigua aquella
+gitanesca, a quien Rafaela miraba con verdadero espanto, rezando
+mentalmente un Padre-nuestro porque se marchara pronto. Ven&iacute;a el b&aacute;rbaro
+dando resoplidos, cual si le rindiera la fatiga de tanto negocio como
+entre manos tra&iacute;a, y arrojando su pavero en el rinc&oacute;n y limpi&aacute;ndose con
+un pa&ntilde;uelo en forma de pelota el sudor de la nobil&iacute;sima frente, solt&oacute;
+este gru&ntilde;ido: &laquo;Vengo de en ca Bicerra... &iquest;Ust&eacute;s me recibieron? Pues &eacute;l
+tampoco... &iexcl;el muy soplao, el muy...! La culpa tengo yo que me rebajo a
+endividos tan... disinificantes&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;lmese usted, Sr. Pepe &mdash;indic&oacute; Jacinta, sinti&eacute;ndose fuerte en
+compa&ntilde;&iacute;a de su amiga.</p>
+
+<p>Como no hab&iacute;a m&aacute;s que dos sillas, Rafaela tuvo que sentarse en el ba&uacute;l y
+el grande hombre no comprendido quedose en pie; mas luego tom&oacute; una cesta
+vac&iacute;a que all&iacute; estaba, la puso boca abajo y acomod&oacute; su respetable
+persona en ella.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ix</span>-</h2>
+
+
+<p>Desde que se cruzaron las primeras palabras de aquella conferencia, que
+no dudo en llamar memorable, cay&oacute; Izquierdo en la cuenta de que ten&iacute;a
+que hab&eacute;rselas con un diplom&aacute;tico mucho m&aacute;s fuerte que &eacute;l. La tal do&ntilde;a
+Guillermina, con toda su opini&oacute;n de santa y su carita de Pascua, se le
+atravesaba. Ya estaba seguro de que le volver&iacute;a tarumba con sus
+<i>tiolog&iacute;as</i> porque aquella se&ntilde;ora deb&iacute;a de ser muy nea, y &eacute;l, la verdad,
+no sab&iacute;a tratar con neos.</p>
+
+<p>&laquo;Con que Sr. Izquierdo&mdash;propuso la fundadora sonriendo&mdash;, ya sabe
+usted... esta amiga m&iacute;a quiere recoger a ese pobre ni&ntilde;o, que tan mal se
+cr&iacute;a al lado de usted... Son dos obras de caridad, porque a usted le
+socorreremos tambi&eacute;n, siempre que no sea muy exigente...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hostia, con la t&iacute;a bruja esta!&mdash;dijo para s&iacute; <i>Plat&oacute;n</i>, revolviendo
+las palabras con mugidos; y luego en voz alta&mdash;: Pues como dije a la
+se&ntilde;ora, si la se&ntilde;ora quiere al <i>Pituso</i>, que se aboque con Castelar...</p>
+
+<p>&mdash;Eso s&iacute;; para que le hagan a usted ministro... Sr. Izquierdo, no nos
+venga usted con sandeces. &iquest;Cree que somos tontas? A buena parte viene...
+Usted no puede desempe&ntilde;ar ning&uacute;n destino, porque no sabe leer.</p>
+
+<p>Recibi&oacute; Izquierdo tan tremendo golpe en su vanidad, que no supo qu&eacute;
+contestar. Tomando una actitud noble, puesta la mano en el pecho,
+repuso:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ora, eso de no saber no es todo lo ver&iacute;dico... digo que no es todo
+lo ver&iacute;dico... verbi gracia: que es mentira. A cuenta que nos moteja
+porque semos probes. La probeza no es deshonra&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No lo es, cierto, pero s&iacute;; pero tampoco es honra, &iquest;estamos? Conozco
+pobres muy honrados; pero tambi&eacute;n los hay que son buenos p&aacute;jaros.</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy todo lo decente... &iquest;estamos?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, s&iacute;... Todos nos llamamos personas decentes; pero facilillo es
+probarlo. Vamos a ver. &iquest;C&oacute;mo se ha pasado usted la vida? Vendiendo
+burros y caballos, despu&eacute;s conspirando y armando barricadas...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y a mucha honra, y a mucha honra!... &iexcl;re-hostia!&mdash;grit&oacute; fuera de s&iacute;
+el chal&aacute;n, levant&aacute;ndose encolerizado&mdash;. &iexcl;Vaya con las t&iacute;as estas...!</p>
+
+<p>Jacinta daba diente con diente. Rafaela quiso salir a llamar; pero su
+propio temor le hab&iacute;a paralizado las piernas.</p>
+
+<p>&laquo;Ja, ja, ja... nos llama <i>t&iacute;as</i>...&mdash;exclam&oacute; Guillermina ech&aacute;ndose a re&iacute;r
+cual si hubiera o&iacute;do un inocente chiste&mdash;. Vaya con el excelent&iacute;simo
+se&ntilde;or... &iquest;Y piensa que nos vamos a enfadar por la flor que nos echa?
+Quia; yo estoy muy acostumbrada a estas finuras. Peores cosas le dijeron
+a Cristo.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora... se&ntilde;ora... no me saque la dinid&aacute;; mire que me estoy
+aguantando... aguantando...</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s aguantamos nosotras. &mdash;Yo soy un endivido... tal y como...</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es usted, bien lo sabemos: un holgazanote y un bruto... S&iacute;
+hombre, no me desdigo... &iquest;Piensa usted que le tengo miedo? A ver; saque
+pronto esa navaja...</p>
+
+<p>&mdash;No la gasto pa mujeres... &mdash;Ni para hombres... Si creer&aacute; este
+fantasm&oacute;n que nos va a acoquinar porque tiene esa fachada... Si&eacute;ntese
+usted y no haga visajes, que eso servir&aacute; para asustar a chicos, pero no
+a m&iacute;. Adem&aacute;s de bruto es usted un embustero, porque ni ha estado en
+Cartagena ni ese es el camino, y todo lo que cuenta de las revoluciones
+es gana de hablar. A m&iacute; me ha enterado quien le conoce a usted bien...
+&iexcl;Ah!, pobre hombre, &iquest;sabe usted lo que nos inspira? Pues l&aacute;stima, una
+l&aacute;stima que no puede ponderarle, por lo grande que es...</p>
+
+<p>Completamente aturdido, cual si le hubieran descargado una maza sobre el
+cuello, Izquierdo se sent&oacute; sobre la cesta, y esparci&oacute; sus miradas por el
+suelo. Rafaela y Jacinta respiraron, pasmadas del valor de su amiga, a
+quien ve&iacute;an como una criatura sobrenatural.</p>
+
+<p>&mdash;Con que vamos a ver&mdash;prosigui&oacute; esta gui&ntilde;ando los ojos, como siempre
+que expon&iacute;a un asunto importante&mdash;. Nosotras nos llevamos al ni&ntilde;ito, y
+le damos a usted una cantidad para que se remedie...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; hago yo con un triste estipendio? &iquest;Cree que yo me vendo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; delicados est&aacute;n los tiempos!... Usted, &iquest;qu&eacute; se ha de vender?
+Falta que haya quien le compre. Y esto no es compra, sino socorro. No me
+dir&aacute; usted que no lo necesita...</p>
+
+<p>&mdash;En fin, pa no cansar... &mdash;replic&oacute; bruscamente Jos&eacute;&mdash;, si me dan la
+ministraci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Una cantidad y punto concluido...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que no me da la gana, que no me da la sant&iacute;sima gana!</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno, no grite usted tanto, que no somos sordas. Y no sea
+usted tan fino, que tales finuras son impropias de un se&ntilde;or
+revolucionario tan... feroz.</p>
+
+<p>&mdash;Usted me quema la sangre... &mdash;&iquest;Con que destino, y si no no? Tijeretas
+han de ser. A fe que est&aacute; el hombre cortadito para administrador. Sr.
+Izquierdo, dejemos las bromas a un lado; me da mucha l&aacute;stima de usted;
+porque, lo digo con sinceridad, no me parece tan mala persona como cree
+la gente. &iquest;Quiere usted que le diga la verdad? Pues usted es un
+infelizote que no ha tenido parte en ning&uacute;n crimen ni en la invenci&oacute;n de
+la p&oacute;lvora.</p>
+
+<p>Izquierdo alz&oacute; la vista del suelo y mir&oacute; a Guillermina sin ning&uacute;n
+rencor. Parec&iacute;a confirmar con una mirada de sinceridad lo que la
+fundadora declaraba.</p>
+
+<p>&laquo;Y lo sostengo, este hijo de Dios no es un hombre malo. Dicen por ah&iacute;
+que usted asesin&oacute; a su segunda mujer... &iexcl;Patra&ntilde;a! Dicen que usted ha
+robado en los caminos... &iexcl;Mentira! Dicen por ah&iacute; que usted ha dado
+muchos trabucazos en las barricadas... &iexcl;Paparrucha!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Parola, parola, parola &mdash;murmur&oacute; Izquierdo con amargura.</p>
+
+<p>&mdash;Usted se ha pasado la vida luchando por el pienso y no sabiendo nunca
+vencer. No ha tenido arreglo... La verdad, este vendehumos es hombre de
+poca disposici&oacute;n: no sabe nada, no trabaja, no tiene pesquis m&aacute;s que
+para echar fanfarronadas y decir que se come los ni&ntilde;os crudos. Mucho
+hablar de la Rep&uacute;blica y de los cantones, y el hombre no sirve ni para
+los oficios m&aacute;s toscos... &iquest;Qu&eacute; tal?, &iquest;me equivoco? &iquest;Es este el retrato
+de usted, s&iacute; o no?...</p>
+
+<p><i>Plat&oacute;n</i> no dec&iacute;a nada, y pas&oacute; y repas&oacute; su hermosa mirada por los
+ladrillos del piso, como si los quisiera barrer con ella. Las palabras
+de Guillermina resonaban en su alma con el acento de esas verdades
+eternas contra las cuales nada pueden las argucias humanas.</p>
+
+<p>&laquo;Despu&eacute;s &mdash;a&ntilde;adi&oacute; la santa&mdash;, el pobre hombre ha tenido que valerse de
+mil arbitrios no muy limpios para poder vivir, porque es preciso
+vivir... Hay que ser indulgente con la miseria, y otorgarle un poquit&iacute;n
+de licencia para el mal&raquo;.</p>
+
+<p>Durante la breve pausa que sigui&oacute; a los &uacute;ltimos conceptos de
+Guillermina, el infeliz hombre cay&oacute; en su conciencia como en un pozo, y
+all&iacute; se vio tal cual era realmente, despojado de los trapos de oropel en
+que su amor propio le envolv&iacute;a; pens&oacute; lo que otras veces hab&iacute;a pensado,
+y se dijo en sustancia: &laquo;Si soy un ver&iacute;dico mulo, un buen Juan que no
+sabe matar un mosquito; y esta diabla de santa tiene dentro el cuerpo al
+Pae Eterno&raquo;.</p>
+
+<p>Guillermina no le quitaba los ojos, que con los gui&ntilde;os se volv&iacute;an
+picarescos. Era una maravilla c&oacute;mo le adivinaba los pensamientos. Parece
+mentira, pero no lo es, que despu&eacute;s de otra pausa solemne, dijo la
+Pacheco estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Porque eso de que Castelar le coloque es cosa de labios afuera. Usted
+mismo no lo cree ni en sue&ntilde;os. Lo dice por embobar a Ido y otros tontos
+como &eacute;l... Ni &iquest;qu&eacute; destino le van a dar a un hombre que firma con una
+cruz? Usted que alardea de haber hecho tantas revoluciones y de que nos
+ha tra&iacute;do la dichosa Rep&uacute;blica, y de que ha fundado el cant&oacute;n de
+Cartagena... &iexcl;as&iacute; ha salido &eacute;l!... usted que se las echa de hombre
+perseguido y nos llama neas con desprecio y publica por ah&iacute; que le van a
+hacer archip&aacute;mpano, se contentar&aacute;... d&iacute;galo con franqueza, se contentar&aacute;
+con que le den una porter&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>A Izquierdo le vibr&oacute; el coraz&oacute;n, y este movimiento del &aacute;nimo fue tan
+claramente advertido por Guillermina, que se ech&oacute; a re&iacute;r, y toc&aacute;ndole la
+rodilla con la mano, repiti&oacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No es verdad que se contentar&aacute;?... Vamos, hijo m&iacute;o, confi&eacute;selo por la
+pasi&oacute;n y muerte de nuestro Redentor, en quien todos creemos&raquo;.</p>
+
+<p>Los ojos del chal&aacute;n se iluminaron. Se le escap&oacute; una sonrisilla y dijo
+con viveza:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Porter&iacute;a de ministerio?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, hijo, no tanto... Espa&ntilde;ol hab&iacute;a de ser. Siempre picando alto y
+queriendo servir al Estado... Hablo de porter&iacute;a de casa particular.</p>
+
+<p>Izquierdo frunci&oacute; el ce&ntilde;o. Lo que &eacute;l quer&iacute;a era ponerse uniforme con
+galones. Volvi&oacute; a sumergirse de una zambullida en su conciencia, y all&iacute;
+dio volteretas alrededor de la porter&iacute;a de casa particular. &Eacute;l, lo dicho
+dicho, estaba ya harto de tanto bregar por la perra existencia. &iquest;Qu&eacute;
+mejor descanso pod&iacute;a apetecer que lo que le ofrec&iacute;a aquella <i>t&iacute;a</i>, que
+deb&iacute;a de ser sobrina de la Virgen Sant&iacute;sima?... Porque ya empezaba a ser
+viejo y no estaba para muchas bromas. La oferta significaba pitanza
+segura, poco trabajo; y si la porter&iacute;a era de casa grande, el uniforme
+no se lo quitaba nadie... Ya ten&iacute;a la boca abierta para soltar un
+<i>conforme</i> m&aacute;s grande que la casa de que deb&iacute;a ser portero, cuando el
+amor propio, que era su mayor enemigo, se le amotin&oacute;, y la fanfarroner&iacute;a
+cultivada en su mente armole una griter&iacute;a espantosa. Hombre perdido.
+Empez&oacute; a menear la cabeza con displicencia, y echando miradas de desd&eacute;n
+a una parte y otra, dijo: &laquo;&iexcl;Una porter&iacute;a!... es poco&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ya se ve... no puede olvidar que ha sido ministro de la Gobernaci&oacute;n,
+es decir, que lo quisieron nombrar... aunque me parece que se convino en
+que todo ello fue invenci&oacute;n de esa gran cabeza. Veo que entre usted y D.
+Jos&eacute; Ido, otro que tal, podr&iacute;an inventar lindas novelas. &iexcl;Ah!, la
+miseria, el mal comer, &iexcl;c&oacute;mo hacen desvariar estos pobres cerebros!...
+En resumidas cuentas, Sr. Izquierdo...</p>
+
+<p>Este se hab&iacute;a levantado, y poni&eacute;ndose a dar paseos por la habitaci&oacute;n con
+las manos en los bolsillos, expres&oacute; sus magn&aacute;nimos pensamientos de esta
+manera:</p>
+
+<p>&laquo;Mi dinid&aacute; y sinificancia no me premiten... Es la que se dice: quisiera,
+pero no pu&eacute; ser, no pu&eacute; ser. Si quieren solutamente socorrerme por que
+me quitan a mi pioj&iacute;n de mi arma, me atengo al honorario&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alabado sea Dios! Al fin caemos en la cantidad...</p>
+
+<p>Jacinta ve&iacute;a el cielo abierto... pero este cielo se nubl&oacute; cuando el
+b&aacute;rbaro desde un rinc&oacute;n, donde su voz hac&iacute;a ecos siniestros, solt&oacute; estas
+fat&iacute;dicas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Ea... pues... mil duros, y trato hecho&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mil duros!&mdash;dijo Guillermina&mdash;. &iexcl;La Virgen nos acompa&ntilde;e!, ya los
+quisi&eacute;ramos para nosotros. Siempre ser&aacute; un poquito menos.</p>
+
+<p>&mdash;No bajo ni un chavo. &mdash;&iquest;A que s&iacute;? Porque si usted es chal&aacute;n tambi&eacute;n yo
+soy chalana.</p>
+
+<p>Jacinta discurr&iacute;a ya c&oacute;mo se las compondr&iacute;a para juntar los mil duros,
+que al principio le parecieron suma muy grande, despu&eacute;s peque&ntilde;a, y as&iacute;
+estuvo un rato apreciando con diversos criterios de cantidad la cifra.</p>
+
+<p>&laquo;Que no rebajo ni tanto as&iacute;. Lo mismo me da monea met&aacute;lica que p&aacute;piros
+del Banco. Pero ojo al guarismo, que no rebajo na&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Eso, eso, tengamos car&aacute;cter... &iexcl;Pues no tiene pocas pretensiones! Ni
+usted con toda su casta vale mil cuartos, cuanto m&aacute;s mil duros... Vaya,
+&iquest;quiere dos mil reales?</p>
+
+<p>Izquierdo hizo un gesto de desprecio.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute;, se nos enfada?... Pues nada, qu&eacute;dese usted con su angelito. &iquest;Pues
+qu&eacute; se ha cre&iacute;do el muy majadero, que nos trag&aacute;bamos la bola de que el
+<i>Pituso</i> es hijo del esposo de esta se&ntilde;ora? &iquest;C&oacute;mo se prueba eso?...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo na tengo que ver... pues bien claro est&aacute; que es pae
+natural&mdash;replic&oacute; Izquierdo de mal talante&mdash;, pae natural del hijo de mi
+sobrina, verbo y gracia, Juan&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tiene usted la partida de bautismo?</p>
+
+<p>&mdash;La tengo&mdash;dijo el salvaje mirando al cofre sobre el que se sentaba
+Rafaela.</p>
+
+<p>&mdash;No, no saque usted papeles, que tampoco prueban nada. En cuanto a la
+paternidad <i>natural</i>, como usted dice, ser&aacute; o no ser&aacute;. Pediremos
+informes a quien pueda darlos.</p>
+
+<p>Izquierdo se rascaba la frente, como escarbando para extraer de ella una
+idea. La alusi&oacute;n a Juanito h&iacute;zole recordar sin duda cuando rod&oacute;
+ignominiosamente por la escalera de la casa de Santa Cruz. Jacinta, en
+tanto, quer&iacute;a llegar a un arreglo ofreciendo la mitad; mas Guillermina,
+que le adivin&oacute; en el semblante sus deseos de conciliaci&oacute;n, le impuso
+silencio, y levant&aacute;ndose, dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;or Izquierdo; gu&aacute;rdese usted su <i>churumb&eacute;</i>, que lo que es este timo
+no le ha salido&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora... &iexcl;Hostia!, yo soy un hombre de bien, y conmigo no se queda
+ninguna nea, &iquest;estamos? &mdash;replic&oacute; &eacute;l con aquella rabia superficial que no
+pasaba de las palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Es usted muy amable... Con las finuras que usted gasta no es posible
+que nos entendamos. &iexcl;Si habr&aacute; usted cre&iacute;do que esta se&ntilde;ora ten&iacute;a un gran
+inter&eacute;s en apropiarse del ni&ntilde;o! Es un capricho, nada m&aacute;s que un
+capricho. Esta simple se ha empe&ntilde;ado en tener chiquillos... man&iacute;a tonta,
+porque cuando Dios no quiere darlos, &Eacute;l se sabr&aacute; por qu&eacute;... Vio al
+<i>Pituso</i>, le dio l&aacute;stima, le gust&oacute;... pero es muy caro el animalito. En
+estos dos patios los dan por nada, a escoger... por nada, s&iacute;, alma de
+Dios, y con agradecimiento encima... &iquest;Qu&eacute; te cre&iacute;as, que no hay m&aacute;s que
+tu pioj&iacute;n?... Ah&iacute; est&aacute; esa ni&ntilde;a precios&iacute;sima que llaman Adoraci&oacute;n...
+Pues nos la llevaremos cuando queramos, porque la voluntad de Severiana
+es la m&iacute;a... Con que abur... &iquest;Qu&eacute; tienes que contestar?</p>
+
+<p>Ya te veo venir: que el <i>Pituso</i> es de la propia sangre de los se&ntilde;ores
+de Santa Cruz. Podr&aacute; ser, y podr&aacute; no ser... Ahora mismo nos vamos a
+contarle el caso al marido de mi amiga, que es hombre de mucha
+influencia y se tutea con Pi y almuerza con Castelar y es hermano de
+leche de Salmer&oacute;n... &Eacute;l ver&aacute; lo que hace. Si el ni&ntilde;o es suyo, te lo
+quitar&aacute;; y si no lo es, ay&uacute;dame a sentir. En este caso, pedazo de
+b&aacute;rbaro, ni dinero, ni porter&iacute;a, ni nada.</p>
+
+<p>Izquierdo estaba como aturdido con esta rociada de palabras vivas y
+contundentes. Guillermina, en aquellas grandes crisis oratorias, tuteaba
+a todo el mundo... Despu&eacute;s de empujar hacia la puerta a Jacinta y a
+Rafaela, volviose al desgraciado, que no acertaba a decir palabra, y
+ech&aacute;ndose a re&iacute;r con ang&eacute;lica bondad, le habl&oacute; en estos t&eacute;rminos:</p>
+
+<p>&laquo;Perd&oacute;name que te haya tratado duramente como mereces... Yo soy as&iacute;. Y
+no te vayas a creer que me he enfadado. Pero no quiero irme sin darte
+una limosna y un consejo. La limosna en esta. Toma, para ayuda de un
+panecillo&raquo;.</p>
+
+<p>Alarg&oacute; la mano ofreci&eacute;ndole dos duros, y viendo que el otro no los
+tomaba, p&uacute;solos sobre una de las sillas.</p>
+
+<p>&laquo;El consejo all&aacute; va. T&uacute; no vales absolutamente para nada. No sabes
+ning&uacute;n oficio, ni siquiera el de pe&oacute;n, porque eres harag&aacute;n y no te
+gusta cargar pesos. No sirves ni para barrendero de las calles, ni
+siquiera para llevar un cartel con anuncios... Y sin embargo,
+desventurado, no hay hechura de Dios que no tenga su <i>para qu&eacute;</i> en este
+taller admirable del trabajo universal; t&uacute; has nacido para un gran
+oficio, en el cual puedes alcanzar mucha gloria y el pan de cada d&iacute;a.
+Bobalic&oacute;n, &iquest;no has ca&iacute;do en ello?... &iexcl;Eres tan bruto!... &iquest;Pero di, no te
+has mirado al espejo alguna vez? &iquest;No se te ha ocurrido?... Pareces
+lelo... Pues te lo dir&eacute;: para lo que t&uacute; sirves es para modelo de
+pintores... &iquest;no entiendes? Pues ellos te ponen vestido de santo, o de
+caballero, o de Padre Eterno, y te sacan el retrato... porque tienes la
+gran figura. Cara, cuerpo, expresi&oacute;n, todo lo que no es del alma es en
+ti noble y hermoso; llevas en tu persona un tesoro, un verdadero tesoro
+de l&iacute;neas... Vamos, apuesto a que no lo entiendes&raquo;.</p>
+
+<p>La vanidad aument&oacute; la turbaci&oacute;n en que el bueno de Izquierdo estaba.
+Presunciones de gloria le pasaron con r&aacute;fagas de hoguera por la
+frente... Entrevi&oacute; un porvenir brillante... &iexcl;&Eacute;l, retratado por los
+pintores!... &iexcl;Y eso se pagaba! Y se ganaban cuartos por vestirse,
+ponerse y &iexcl;ah!... <i>Plat&oacute;n</i> se mir&oacute; en el vidrio del cuadro de las
+trenzas; pero no se ve&iacute;a bien...</p>
+
+<p>&laquo;Con que no lo olvides... Pres&eacute;ntate en cualquier estudio, y eres un
+hombre. Con tu pioj&iacute;n a cuestas, ser&iacute;as el San Crist&oacute;bal m&aacute;s hermoso que
+se podr&iacute;a ver. Adi&oacute;s, adi&oacute;s...&raquo;.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="xa" id="xa"></a>-X-</h2>
+
+<h3>M&aacute;s escenas de la vida &iacute;ntima</h3>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Saliendo por los corredores, dec&iacute;a Guillermina a su amiga:</p>
+
+<p>&laquo;Eres una inocentona... t&uacute; no sabes tratar con esta gente. D&eacute;jame a m&iacute;,
+y estate tranquila, que el <i>Pituso</i> es tuyo. Yo me entiendo. Si ese
+brib&oacute;n te coge por su cuenta, te saca m&aacute;s de lo que valen todos los
+chicos de la Inclusa juntos con sus padres respectivos. &iquest;Qu&eacute; pensabas t&uacute;
+ofrecerle? &iquest;Diez mil reales? Pues me los das, y si lo saco por menos, la
+diferencia es para mi obra&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de platicar un rato con Severiana en la salita de esta, salieron
+escoltadas por diferentes cuerpos y secciones de la granujer&iacute;a de los
+dos patios. A Juan&iacute;n, por m&aacute;s que Jacinta y Rafaela se desojaban
+busc&aacute;ndole, no le vieron por ninguna parte.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a, que era el 22, empeor&oacute; el Delf&iacute;n a causa de su impaciencia y
+por aquel af&aacute;n de querer anticiparse a la naturaleza, quit&aacute;ndole a esta
+los medios de su propia reparaci&oacute;n. A poco de levantarse tuvo que
+volverse a la cama, quej&aacute;ndose de molestias y dolores puramente
+ilusorios. Su familia, que ya conoc&iacute;a bien sus ma&ntilde;as, no se alarmaba, y
+Barbarita recet&aacute;bale sin cesar s&aacute;banas y resignaci&oacute;n. Pas&oacute; la noche
+intranquilo; pero se estuvo durmiendo toda la ma&ntilde;ana del 23, por lo que
+pudo Jacinta dar otro salto, acompa&ntilde;ada de Rafaela, a la calle de Mira
+el R&iacute;o. Esta visita fue de tan poca sustancia, que la dama volvi&oacute; muy
+triste a su casa. No vio al <i>Pituso</i> ni al Sr. Izquierdo. D&iacute;jole
+Severiana que Guillermina hab&iacute;a estado antes y echado un largo
+parlamento con el <i>endivido</i>, quien ten&iacute;a al chico montado en el hombro,
+ensay&aacute;ndose sin duda para <i>hacer</i> el San Crist&oacute;bal. Lo &uacute;nico que sac&oacute;
+Jacinta en limpio de la excursi&oacute;n de aquel d&iacute;a fue un nuevo testimonio
+de la popularidad que empezaba a alcanzar en aquellas casas. Hombres y
+mujeres la rodeaban y poco falt&oacute; para que la llevaran en volandas. Oyose
+una voz que gritaba: &laquo;&iexcl;viva la simpat&iacute;a!&raquo; y le echaron coplas de gusto
+dudoso, pero de muy buena intenci&oacute;n. Los de Ido llevaban la voz cantante
+en este concierto de alabanzas, y daba gozo ver a D. Jos&eacute; tan elegante,
+con las prendas en buen uso que Jacinta le hab&iacute;a dado, y su hongo casi
+nuevo de color caf&eacute;. El primog&eacute;nito de los <i>claques</i> fue objeto de una
+serie de transacciones y reventas chalanescas, hasta que lo adquiri&oacute; por
+dos cuartos un cierto vecino de la casa, que ten&iacute;a la especialidad de
+hacer el <i>higu&iacute;</i> en los Carnavales.</p>
+
+<p>Adoraci&oacute;n se pegaba a do&ntilde;a Jacinta desde que la ve&iacute;a entrar. Era como
+una idolatr&iacute;a el cari&ntilde;o de aquella chicuela. Qued&aacute;base est&aacute;tica y lela
+delante de la se&ntilde;orita, devor&aacute;ndola con sus ojos, y si esta le cog&iacute;a la
+cara o le daba un beso, la pobre ni&ntilde;a temblaba de emoci&oacute;n y parec&iacute;a que
+le entraba fiebre. Su manera de expresar lo que sent&iacute;a era dar de
+cabezadas contra el cuerpo de su &iacute;dolo, metiendo la cabeza entre los
+pliegues del mant&oacute;n y apretando como si quisiera abrir con ella un
+hueco. Ver partir a <i>do&ntilde;a</i> Jacinta era quedarse Adoraci&oacute;n sin alma, y
+Severiana ten&iacute;a que ponerse seria para hacerla entrar en raz&oacute;n. Aquel
+d&iacute;a le llev&oacute; la dama unas botitas muy lindas, y prometi&oacute; llevarle otras
+prendas, pendientes y una sortija con un diamante fino del tama&ntilde;o de un
+garbanzo; m&aacute;s grande todav&iacute;a, del tama&ntilde;o de una avellana.</p>
+
+<p>Al volver a su casa, ten&iacute;a la Delfina vivos deseos de saber si
+Guillermina hab&iacute;a hecho algo. Llamola por el balc&oacute;n; pero la fundadora
+no estaba. Probablemente, seg&uacute;n dijo la criada, no regresar&iacute;a hasta la
+noche porque hab&iacute;a tenido que ir por tercera vez a la estaci&oacute;n de las
+Pulgas, a la obra y al asilo de la calle de Alburquerque.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a ocurri&oacute; en casa de Santa Cruz un suceso feliz. Entr&oacute; D.
+Baldomero de la calle cuando ya se iban a sentar a la mesa, y dijo con
+la mayor naturalidad del mundo que le hab&iacute;a ca&iacute;do la loter&iacute;a. Oy&oacute;
+Barbarita la noticia con calma, casi con tristeza, pues el capricho de
+la suerte loca no le hac&iacute;a mucha gracia. La Providencia no hab&iacute;a andado
+en aquello muy lista que digamos, porque ellos no necesitaban de la
+loter&iacute;a para nada, y aun parec&iacute;a que les estorbaba un premio que, en
+buena l&oacute;gica, deb&iacute;a de ser para los infelices que juegan por mejorar de
+fortuna. &iexcl;Y hab&iacute;a tantas personas aquel d&iacute;a dadas a Barrab&aacute;s por no
+haber sacado ni un triste reintegro! El 23, a la hora de la lista
+grande, Madrid parec&iacute;a el pa&iacute;s de las desilusiones, porque... &iexcl;cosa m&aacute;s
+particular!, a nadie le tocaba. Es preciso que a uno le toque para creer
+que hay agraciados.</p>
+
+<p>Don Baldomero estaba muy sereno, y el golpe de suerte no le daba calor
+ni fr&iacute;o. Todos los a&ntilde;os compraba un billete entero, por rutina o vicio,
+quiz&aacute;s por obligaci&oacute;n, como se toma la c&eacute;dula de vecindad u otro
+documento que acredite la condici&oacute;n de espa&ntilde;ol neto, sin que nunca
+sacase m&aacute;s que frusler&iacute;as, alg&uacute;n reintegro o premios muy peque&ntilde;os. Aquel
+a&ntilde;o le tocaron doscientos cincuenta mil reales. Hab&iacute;a dado, como
+siempre, muchas participaciones, por lo cual los doce mil quinientos
+duros se repart&iacute;an entre la multitud de personas de diferente posici&oacute;n y
+fortuna; pues si algunos ricos cog&iacute;an buena breva, tambi&eacute;n muchos pobres
+pellizcaban algo. Santa Cruz llev&oacute; la lista al comedor, y la iba leyendo
+mientras com&iacute;a, haciendo la cuenta de lo que a cada cual tocaba. Se le
+o&iacute;a como se oye a los ni&ntilde;os del Colegio de San Ildefonso que sacan y
+cantan los n&uacute;meros en el acto de la extracci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;<i>Los Chicos</i> jugaron dos d&eacute;cimos y se calzan cincuenta mil reales.
+Villalonga un d&eacute;cimo: veinticinco mil. Samaniego la mitad&raquo;.</p>
+
+<p>Pepe Samaniego apareci&oacute; en la puerta a punto que D. Baldomero pregonaba
+su nombre y su premio, y el favorecido no pudo contener su alegr&iacute;a y
+empez&oacute; a dar abrazos a todos los presentes, incluso a los criados.</p>
+
+<p>&laquo;Eulalia Mu&ntilde;oz, un d&eacute;cimo: veinticinco mil reales. Benignita, medio
+d&eacute;cimo: doce mil quinientos reales. Federico Ruiz, dos duros: cinco mil
+reales. Ahora viene toda la morralla. Deogracias, Rafaela y Blas han
+jugado diez reales cada uno. Les tocan mil doscientos cincuenta&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;El carbonero, &iquest;a ver el carbonero?&raquo; dijo Barbarita que se interesaba
+por los jugadores de la &uacute;ltima escala lot&eacute;rica.</p>
+
+<p>&mdash;El carbonero ech&oacute; diez reales; Juana, nuestra insigne cocinera,
+veinte, el carnicero quince... A ver, a ver: Pepa la pincha cinco
+reales, y su hermana otros cinco. A estas les tocan seiscientos
+cincuenta reales.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; miseria! &mdash;Hija, no lo digo yo, lo dice la aritm&eacute;tica.</p>
+
+<p>Los part&iacute;cipes iban llegando a la casa atra&iacute;dos por el olor de la
+noticia, que se extendi&oacute; r&aacute;pidamente; y la cocinera, las pinchas y otras
+personas de la servidumbre se atrev&iacute;an a quebrantar la etiqueta,
+lleg&aacute;ndose a la puerta del comedor y asomando sus caras regocijadas para
+o&iacute;r cantar al se&ntilde;or la cifra de aquellos dineros que les ca&iacute;an. La
+se&ntilde;orita Jacinta fue quien primero llev&oacute; los parabienes a la cocina, y
+la pincha perdi&oacute; el conocimiento por figurarse que con los tristes cinco
+reales le hab&iacute;an ca&iacute;do lo menos tres millones. Estupi&ntilde;&aacute;, en cuanto supo
+lo que pasaba, sali&oacute; como un rayo por esas calles en busca de los
+agraciados para darles la noticia. &Eacute;l fue quien dio las albricias a
+Samaniego, y cuando ya no hall&oacute; ning&uacute;n interesado, daba la gran jaqueca
+a todos los conocidos que encontraba. &iexcl;Y &eacute;l no se hab&iacute;a sacado nada!</p>
+
+<p>Sobre esto habl&oacute; Barbarita a su marido con toda la gravedad discreta que
+el caso requer&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Hijo, el pobre Pl&aacute;cido est&aacute; muy desconsolado. No puede disimular su
+pena, y eso de salir a dar la noticia es para que no le conozcamos en la
+cara la hiel que est&aacute; tragando&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hija, yo no tengo la culpa... Te acordar&aacute;s que estuvo con el
+medio duro en la mano, ofreci&eacute;ndolo y retir&aacute;ndolo, hasta que al fin su
+avaricia pudo m&aacute;s que la ambici&oacute;n, y dijo: &laquo;Para lo que yo me he de
+sacar, m&aacute;s vale que emplee mi escudito en anises...&raquo;. &iexcl;Toma anises!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobrecillo!... ponlo en la lista.</p>
+
+<p>Don Baldomero mir&oacute; a su esposa con cierta severidad. Aquella infracci&oacute;n
+de la aritm&eacute;tica parec&iacute;ale una cosa muy grave.</p>
+
+<p>&laquo;Ponlo, hombre, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s te da? Que est&eacute;n todos contentos...&raquo;.</p>
+
+<p>Don Baldomero II se sonri&oacute; con aquella bondad patriarcal tan suya, y
+sacando otra vez lista y l&aacute;piz, dijo en alta voz: &laquo;Rossini, diez reales:
+le tocan mil doscientos cincuenta&raquo;.</p>
+
+<p>Todos los presentes se apresuraron a felicitar al favorecido, qued&aacute;ndose
+&eacute;l tan parado y suspenso, que crey&oacute; que le tomaban el pelo.</p>
+
+<p>&laquo;No, si yo no...&raquo;. Pero Barbarita le ech&oacute; unas miradas que le cortaron
+el hilo de su discurso. Cuando la se&ntilde;ora miraba de aquel modo no hab&iacute;a
+m&aacute;s remedio que callarse.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Si habr&aacute; nacido de pie este bendito Pl&aacute;cido&mdash;dijo D. Baldomero a su
+nuera&mdash;, que hasta se saca la loter&iacute;a sin jugar!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pl&aacute;cido&mdash;grit&oacute; Jacinta ri&eacute;ndose con mucha gana&mdash;, es el que nos ha
+tra&iacute;do la suerte.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si yo...&mdash;murmur&oacute; otra vez Estupi&ntilde;&aacute;, en cuyo esp&iacute;ritu las
+nociones de la justicia eran siempre muy claras, como no se tratara de
+contrabando.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tonto... c&oacute;mo tendr&aacute;s esa cabeza&mdash;dijo Barbarita con mucho
+fuego&mdash;, que ni siquiera te acuerdas de que me diste medio duro para la
+loter&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Yo... cuando usted lo dice... En fin... la verdad, mi cabeza anda,
+<i>talmente</i>, as&iacute; un poco ida...</p>
+
+<p>Se me figura que Estupi&ntilde;&aacute; lleg&oacute; a creer a pie juntillas que hab&iacute;a dado
+el escudo.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Cuando yo dec&iacute;a que el n&uacute;mero era de los m&aacute;s bonitos...!&mdash;manifest&oacute; D.
+Baldomero con orgullo&mdash;. En cuanto el lotero me lo entreg&oacute;, sent&iacute; la
+corazonada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Como bonito...&mdash;agreg&oacute; Estupi&ntilde;&aacute;&mdash;, no hay duda que lo es.</p>
+
+<p>&mdash;Si ten&iacute;a que salir, eso bien lo ve&iacute;a yo&mdash;afirm&oacute; Samaniego con esa
+convicci&oacute;n que es resultado del gozo&mdash;. &iexcl;Tres <i>cuatros</i> seguidos,
+despu&eacute;s un <i>cero</i>, y acabar con un <i>ocho</i>...! Ten&iacute;a que salir.</p>
+
+<p>El mismo Samaniego fue quien discurri&oacute; celebrar con panderetazos y
+villancicos el fausto suceso, y Estupi&ntilde;&aacute; propuso que fueran todos los
+agraciados a la cocina para hacer ruido con las cacerolas. Mas Barbarita
+prohibi&oacute; todo lo que fuera barullo, y viendo entrar a Federico Ruiz, a
+Eulalia Mu&ntilde;oz y a uno de los <i>Chicos</i>, Ricardo Santa Cruz mand&oacute; destapar media docena de botellas de
+<i>champagne</i>.</p>
+
+<p>Toda esta algazara llegaba a la alcoba de Juan, que se entreten&iacute;a oyendo
+contar a su mujer y a su criado lo que pasaba, y singularmente el
+milagro del premio de Estupi&ntilde;&aacute;. Lo que se ri&oacute; con esto no hay para qu&eacute;
+decirlo. La prisi&oacute;n en que tan a disgusto estaba volv&iacute;ale pronto a su
+mal humor y poni&eacute;ndose muy rega&ntilde;&oacute;n dec&iacute;a a su mujer: &laquo;Eso, eso, d&eacute;jame
+solo otra vez para ir a divertirte con la bullanga de esos idiotas. &iexcl;La
+loter&iacute;a!, &iexcl;qu&eacute; atraso tan grande! Es de las cosas que debieran
+suprimirse; mata el ahorro; es la Providencia de las haraganes. Con la
+loter&iacute;a no puede haber prosperidad p&uacute;blica... &iquest;Qu&eacute;?, te marchas otra
+vez. &iexcl;Bonita manera de cuidar a un enfermo! Y vamos a ver, &iquest;qu&eacute; demonios
+tienes t&uacute; que hacer por esas calles toda la ma&ntilde;ana? A ver, expl&iacute;came,
+quiero saberlo; porque es ya lo de todos los d&iacute;as&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta daba sus excusas risue&ntilde;a y sosegada. Pero le fue preciso soltar
+una mentirijilla. Hab&iacute;a salido por la ma&ntilde;ana a comprar nacimientos,
+velitas de color y otras chucher&iacute;as para los ni&ntilde;os de Candelaria.</p>
+
+<p>&laquo;Pues entonces&mdash;replic&oacute; Juanito revolvi&eacute;ndose entre las s&aacute;banas&mdash;, yo
+quiero que me digan para qu&eacute; sirven mam&aacute; y Estupi&ntilde;&aacute;, que se pasan la
+vida mareando a los tenderos y se saben de memoria los puestos de Santa
+Cruz... A ver, que me expliquen esto...&raquo;.</p>
+
+<p>La algazara de los premiados, que iba cediendo algo, se aument&oacute; con la
+llegada de Guillermina, la cual supo en su casa la nueva y entr&oacute;
+diciendo a voces: &laquo;Cada uno me tiene que dar el veinticinco por ciento
+para mi obra... Si no, Dios y San Jos&eacute; les amargar&aacute;n el premio&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;El veinticinco por ciento es mucho para la gente menuda&mdash;dijo D.
+Baldomero&mdash;. Cons&uacute;ltalo con San Jos&eacute; y ver&aacute;s c&oacute;mo me da la raz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hereje!...&mdash;replic&oacute; la dama haci&eacute;ndose la enfadada&mdash;, herejote...
+despu&eacute;s que chupas el dinero de la Naci&oacute;n, que es el dinero de la
+Iglesia, ahora quieres negar tu auxilio a mi obra, a los pobres... El
+veinticinco por ciento y t&uacute; el cincuenta por ciento... Y punto en boca.
+Si no, lo gastar&aacute;s en botica. Con que elige.</p>
+
+<p>&mdash;No, hija m&iacute;a; por m&iacute; te lo dar&eacute; todo...</p>
+
+<p>&mdash;Pues no har&aacute;s nada de m&aacute;s, avariento. Se est&aacute;n poniendo bien las
+cosas, a fe m&iacute;a... El ciento de <i>pint&oacute;n</i>, que estaba la semana pasada a
+diez reales, ahora me lo quieren cobrar a once y medio, y el <i>pardo</i> a
+diez y medio. Estoy volada. Los materiales por las nubes...</p>
+
+<p>Samaniego se empe&ntilde;&oacute; en que la santa hab&iacute;a de tomar una copa de
+<i>Champagne</i>.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero t&uacute; qu&eacute; has cre&iacute;do de m&iacute;, viciosote? &iexcl;Yo beber esas porquer&iacute;as!...
+&iquest;Cu&aacute;ndo cobras, ma&ntilde;ana? Pues prep&aacute;rate. All&iacute; me tendr&aacute;s como la maza de
+Fraga. No te dejar&eacute; vivir&raquo;.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s Guillermina y Jacinta hablaban a solas, lejos de todo o&iacute;do
+indiscreto.</p>
+
+<p>&laquo;Ya puedes vivir tranquila&mdash;le dijo la Pacheco&mdash;. El <i>Pituso</i> es tuyo.
+He cerrado el trato esta tarde. No puedes figurarte lo que bregu&eacute; con
+aquel Iscariote. Perd&iacute; la cuenta de las hostias que me ech&oacute; el muy
+blasfemo. All&aacute; me sac&oacute; del cofre la partida de bautismo, un papelejo que
+apestaba. Este documento no prueba nada. El chico ser&aacute; o no ser&aacute;...
+&iexcl;qui&eacute;n lo sabe! Pero pues tienes este capricho de ricacha mimosa, all&aacute;
+con Dios... Todo esto me parece irregular. Lo primero debi&oacute; ser hablar
+del caso a tu marido. Pero t&uacute; buscas la sorpresita y el efecto teatral.
+All&aacute; lo veremos... Ya sabes, hija, el trato es trato. Me ha costado Dios
+y ayuda hacer entrar en raz&oacute;n al Sr. Izquierdo. Por fin se contenta con
+seis mil quinientos reales. Lo que sobra de los diez mil reales es para
+m&iacute;, que bien me lo he sabido ganar... Con que ma&ntilde;ana, yo ir&eacute; despu&eacute;s de
+medio d&iacute;a; ve t&uacute; tambi&eacute;n con los santos cuartos.</p>
+
+<p>P&uacute;sose Jacinta muy contenga. Hab&iacute;a realizado su antojo; ya ten&iacute;a su
+juguete. Aquello podr&iacute;a ser muy bien una ni&ntilde;er&iacute;a; pero ella ten&iacute;a sus
+razones para obrar as&iacute;. El plan que concibi&oacute; para presentar al <i>Pituso</i>
+a la familia e introducirlo en ella, revelaba cierta astucia. Pens&oacute; que
+nada deb&iacute;a decir por el pronto al Delf&iacute;n. Depositar&iacute;a su hallazgo en
+casa de su hermana Candelaria hasta ponerle presentable. Despu&eacute;s dir&iacute;a
+que era un huerfanito abandonado en las calles, recogido por ella... ni
+una palabra referente a qui&eacute;n pudiera ser la mam&aacute; ni menos el pap&aacute; de
+tal mu&ntilde;eco. Todo el toque estaba en observar la cara que pondr&iacute;a Juan al
+verle. &iquest;Dir&iacute;ale algo la voz misteriosa de la sangre? &iquest;Reconocer&iacute;a en las
+facciones del pobre ni&ntilde;o las de...? Al inter&eacute;s dram&aacute;tico de este lance
+sacrificaba Jacinta la conveniencia de los procedimientos propios de
+tal asunto. Imagin&aacute;ndose lo que iba a pasar, la turbaci&oacute;n del infiel, el
+perd&oacute;n suyo, y mil cosas y pormenores novelescos que barruntaba,
+produc&iacute;ase en su alma un goce semejante al del artista que crea o
+compone, y tambi&eacute;n un poco de venganza, tal y como en alma tan noble
+pod&iacute;a producirse esta pasi&oacute;n.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Cuando fue al cuarto del Delf&iacute;n, Barbarita le hac&iacute;a tomar a este un
+taz&oacute;n de t&eacute; con co&ntilde;ac. En el comedor continuaba la bulla; pero los
+&aacute;nimos estaban m&aacute;s serenos. &laquo;Ahora&mdash;dijo la mam&aacute;&mdash;, han pegado la hebra
+con la pol&iacute;tica. Dice Samaniego que hasta que no corten doscientas o
+trescientas cabezas; no habr&aacute; paz. El marqu&eacute;s no est&aacute; por el
+derramamiento de sangre, y Estupi&ntilde;&aacute; le preguntaba por qu&eacute; no hab&iacute;a
+aceptado la diputaci&oacute;n que le ofrecieron...</p>
+
+<p>Se puso lo mismito que un pavo, y dijo que &eacute;l no quer&iacute;a meterse en...</p>
+
+<p>&mdash;No dijo eso&mdash;salt&oacute; Juanito, suspendiendo la bebida.</p>
+
+<p>&mdash;Que s&iacute;, hijo; dijo que no quer&iacute;a meterse en estos... no s&eacute; qu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Que no dijo eso, mam&aacute;. No alteres t&uacute; tambi&eacute;n la verdad de los textos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero hijo, si lo he o&iacute;do yo.</p>
+
+<p>&mdash;Aunque lo hayas o&iacute;do, te sostengo que no pudo decir eso... vaya.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute;? &mdash;El marqu&eacute;s no pudo decir <i>meterse</i>... yo pongo mi cabeza
+a que dijo <i>inmiscuirse</i>... Si sabr&eacute; yo c&oacute;mo hablan las personas finas.</p>
+
+<p>Barbarita solt&oacute; la carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&iacute;... tienes raz&oacute;n, as&iacute;, as&iacute; fue... que no quer&iacute;a
+<i>inmiscuirse</i>...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo ves?... Jacinta. &mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres, ni&ntilde;o mimoso?</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;ndale un recado a Aparisi. Que venga al momento.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute;? &iquest;Sabes la hora que es?</p>
+
+<p>&mdash;En cuanto sepa el motivo, se planta aqu&iacute; de un salto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero a qu&eacute;? &mdash;&iexcl;Ah&iacute; es nada! &iquest;Crees que va a dejar pasar eso de
+<i>inmiscuirse</i>? Yo quiero saber c&oacute;mo se sacude esa mosca...</p>
+
+<p>Las dos damas celebraron aquella broma mientras le arreglaban la cama.
+Guillermina hab&iacute;a salido de la casa sin despedirse, y poco a poco se
+fueron marchando los dem&aacute;s. Antes de las doce, todo estaba en silencio,
+y los pap&aacute;s se retiraron a su habitaci&oacute;n, despu&eacute;s de encargar a Jacinta
+que estuviese muy a la mira para que el Delf&iacute;n no se desabrigara. Este
+parec&iacute;a dormido profundamente, y su esposa se acost&oacute; sin sue&ntilde;o, con el
+&aacute;nimo m&aacute;s dispuesto a la centinela que al descanso. No hab&iacute;a
+transcurrido una hora, cuando Juan despert&oacute; intranquilo, rompiendo a
+hablar de una manera algo descompuesta. Crey&oacute; Jacinta que deliraba, y se
+incorpor&oacute; en su cama; mas no era delirio, sino inquietud con algo de
+impertinencia. Procur&oacute; calmarle con palabras cari&ntilde;osas; pero &eacute;l no se
+daba a partido. &laquo;&iquest;Quieres que llame?&raquo;.&mdash;&laquo;No; es tarde, y no quiero
+alarmar... Es que estoy nervioso. Se me ha espantado el sue&ntilde;o. Ya se ve;
+todo el d&iacute;a en este pozo del aburrimiento. Las s&aacute;banas arden y mi cuerpo
+est&aacute; fr&iacute;o&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta se ech&oacute; la bata, y corri&oacute; a sentarse al borde del lecho de su
+marido. Pareciole que ten&iacute;a algo de calentura. Lo peor era que sacaba
+los brazos y retiraba las mantas. Temerosa de que se enfriara, apur&oacute;
+todas las razones para sosegarle, y viendo que no pod&iacute;a ser, quitose la
+bata y se meti&oacute; con &eacute;l en la cama, dispuesta a pasar la noche
+abrig&aacute;ndole por fuerza como a los ni&ntilde;os, y arrull&aacute;ndole para que se
+durmiera. Y la verdad fue que con esto se soseg&oacute; un tanto, porque le
+gustaban los mimos, y que se molestaran por &eacute;l, y que le dieran tertulia
+cuando estaba desvelado. &iexcl;Y c&oacute;mo se hac&iacute;a el nene, cuando su mujer, con
+deliciosa gentileza materna, le cog&iacute;a entre sus brazos y le apretaba
+contra s&iacute; para agasajarle, prest&aacute;ndole su propio calor! No tard&oacute; Juan en
+aletargarse con la virtud de estos melindres. Jacinta no quitaba sus
+ojos de los ojos de &eacute;l, observando con atenci&oacute;n sostenida si se dorm&iacute;a,
+si murmuraba alguna queja, si sudaba. En esta situaci&oacute;n oy&oacute; claramente
+la una, la una y media, las dos, cantadas por la campana de la Puerta
+del Sol con tan claro timbre, que parec&iacute;an sonar dentro de la casa. En
+la alcoba hab&iacute;a una luz dulce, colada por pantalla de porcelana.</p>
+
+<p>Y cuando pasaba un rato largo sin que &eacute;l se moviera, Jacinta se
+entregaba a sus reflexiones. Sacaba sus ideas de la mente, como el avaro
+saca las monedas, cuando nadie le ve, y se pon&iacute;a a contarlas y a
+examinarlas y a mirar si entre ellas hab&iacute;a alguna falsa. De repente
+acord&aacute;base de la jugarreta que le ten&iacute;a preparada a su marido, y su alma
+se estremec&iacute;a con el placer de su pueril venganza. El <i>Pituso</i> se le
+met&iacute;a al instante entre ceja y ceja. &iexcl;Le estaba viendo! La contemplaci&oacute;n
+ideal de lo que aquellas facciones ten&iacute;an de desconocido, el trasunto de
+las facciones de la madre, era lo que m&aacute;s trastornaba a Jacinta,
+enturbiando su piadosa alegr&iacute;a. Entonces sent&iacute;a las cosquillas, pues no
+merecen otro nombre, las cosquillas de aquella infantil rabia que sol&iacute;a
+acometerla, sintiendo adem&aacute;s en sus brazos cierto prurito de apretar y
+apretar fuerte para hacerle sentir al infiel el furor de la paloma que
+la dominaba. Pero la verdad era que no apretaba ni pizca, por miedo de
+turbarle el sue&ntilde;o. Si cre&iacute;a notar que se estremec&iacute;a con escalofr&iacute;os,
+apretaba s&iacute; dulcemente, li&aacute;ndose a &eacute;l para comunicarle todo el calor
+posible. Cuando &eacute;l gem&iacute;a o respiraba muy fuerte, le arrullaba d&aacute;ndole
+suaves palmadas en la espalda, y por no apartar sus manos de aquella
+obligaci&oacute;n, siempre que quer&iacute;a saber si sudaba o no, acercaba su nariz o
+su mejilla a la frente de &eacute;l.</p>
+
+<p>Ser&iacute;an las tres cuando el Delf&iacute;n abri&oacute; los ojos, despabil&aacute;ndose
+completamente, y mir&oacute; a su mujer, cuya cara no distaba de la suya el
+espacio de dos o tres narices. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; bien me encuentro ahora!&mdash;le dijo
+con dulzura&mdash;. Estoy sudando; ya no tengo fr&iacute;o. &iquest;Y t&uacute; no duermes? &iexcl;Ah!
+La gran loter&iacute;a es la que me ha tocada a m&iacute;. T&uacute; eres mi premio gordo.
+&iexcl;Qu&eacute; buena eres!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te duele la cabeza? &mdash;No me duele nada. Estoy bien; pero me he
+desvelado; no tengo sue&ntilde;o. Si no lo tienes t&uacute; tampoco, cu&eacute;ntame algo. A
+ver dime a d&oacute;nde fuiste esta ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;A contar los frailes, que se ha perdido uno. As&iacute; nos dec&iacute;a mam&aacute; cuando
+mis hermanas y yo le pregunt&aacute;bamos d&oacute;nde hab&iacute;a ido.</p>
+
+<p>&mdash;Resp&oacute;ndeme al derecho. &iquest;A d&oacute;nde fuiste?</p>
+
+<p>Jacinta se re&iacute;a, porque le ocurri&oacute; dar a su marido un bromazo muy
+chusco.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; alegre est&aacute; el tiempo! &iquest;De qu&eacute; te r&iacute;es?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Me r&iacute;o de ti... &iexcl;Qu&eacute; curiosos son estos hombres! &iexcl;Virgen Mar&iacute;a!, todo
+lo quieren saber.</p>
+
+<p>&mdash;Claro, y tenemos derecho a ello. &mdash;No puede una salir a compras...
+&mdash;Dale con las tiendas. Competencia con mam&aacute; y Estupi&ntilde;&aacute;; eso no puede
+ser. T&uacute; no has ido a compras.</p>
+
+<p>&mdash;Que s&iacute;. &mdash;&iquest;Y qu&eacute; has comprado?</p>
+
+<p>&mdash;Tela. &mdash;&iquest;Para camisas m&iacute;as? Si tengo... creo que son veintisiete
+docenas.</p>
+
+<p>&mdash;Para camisas tuyas, s&iacute;; pero te las hago chiquititas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chiquititas! &mdash;S&iacute;, y tambi&eacute;n te estoy haciendo unos baberos muy
+monos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute;, baberos a m&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, tonto; por si se te cae la baba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jacinta! &mdash;Anda... y se r&iacute;e el muy simple. &iexcl;Ver&aacute;s qu&eacute; camisas! S&oacute;lo
+que las mangas son as&iacute;... no te cabe m&aacute;s que un dedo en ellas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras que t&uacute;?... A ver ponte seria... Si te r&iacute;es no creo nada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ves que seria me pongo?... Es que me haces re&iacute;r t&uacute;... Vaya, te
+hablar&eacute; con formalidad. Estoy haciendo un ajuar.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, no quiero o&iacute;rte... &iexcl;Qu&eacute; guasoncita!</p>
+
+<p>&mdash;Que es verdad. &mdash;Pero. &mdash;&iquest;Te lo digo? Di si te lo digo.</p>
+
+<p>Pas&oacute; un ratito en que se estuvieron mirando. La sonrisa de ambos parec&iacute;a
+una sola, saltando de boca a boca.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pesadez!... di pronto...</p>
+
+<p>&mdash;Pues all&aacute; va... Voy a tener un ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jacinta! &iquest;Qu&eacute; me cuentas?... Estas cosas no son para bromas&mdash;dijo
+Santa Cruz con tal alborozo, que su mujer tuvo que meterle en cintura.</p>
+
+<p>&mdash;Eh, formalidad. Si te destapas me callo.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; bromeas... Pues si fuera eso verdad, no lo habr&iacute;as cantado poco...
+&iexcl;con las ganitas que t&uacute; tienes! Ya se lo habr&iacute;as dicho hasta a los
+sordos. Pero di, &iquest;y mam&aacute; lo sabe?</p>
+
+<p>&mdash;No, no lo sabe nadie todav&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Pero mujer... D&eacute;jame, voy a tirar de la campanilla.</p>
+
+<p>&mdash;Tonto... loco... estate quieto o te pego.</p>
+
+<p>&mdash;Que se levanten todos en la casa para que sepan... Pero, &iquest;es farsa
+tuya? S&iacute;, te lo conozco en los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Si no te est&aacute;s quieto, no te digo m&aacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues me estar&eacute; quieto... Pero responde, &iquest;es presunci&oacute;n tuya
+o...?</p>
+
+<p>&mdash;Es certeza. &mdash;&iquest;Est&aacute;s segura? Tan segura como si le estuviera viendo, y
+le sintiera correr por los pasillos... &iexcl;Es m&aacute;s salado, m&aacute;s pill&iacute;n...!,
+bonito como un &aacute;ngel, y tan granuja como su pap&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ave Mar&iacute;a Pur&iacute;sima, qu&eacute; precocidad! Todav&iacute;a no ha nacido y ya sabes
+que es var&oacute;n, y que es tan granuja como yo.</p>
+
+<p>La Delfina no pod&iacute;a tener la risa. Tan pegados estaban el uno al otro,
+que parec&iacute;a que Jacinta se re&iacute;a con los labios de su marido, y que este
+sudaba por los poros de las sienes de su mujer.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Vaya con mi se&ntilde;ora, lo que me ten&iacute;a guardado!&raquo; a&ntilde;adi&oacute; con
+incredulidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te alegras? &mdash;&iquest;Pues no me he de alegrar? Si fuera cierto, ahora mismo
+pon&iacute;a en planta a toda la familia para que lo supieran; de fijo que pap&aacute;
+se encasquetaba el sombrero y se echaba a la calle, disparado, a comprar
+un nacimiento. Pero vamos a ver, expl&iacute;cate, &iquest;cu&aacute;ndo ser&aacute; eso?</p>
+
+<p>&mdash;Pronto. &mdash;&iquest;Dentro de seis meses? &iquest;Dentro de cinco?</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s pronto. &mdash;&iquest;Dentro de tres?</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s pront&iacute;simo... est&aacute; al caer, al caer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!... Mira, esas bromas son impertinentes. &iquest;Con que fuera de
+cuenta? Pues nada, no se te conoce.</p>
+
+<p>&mdash;Porque lo disimulo. &mdash;S&iacute;; para disimular est&aacute;s t&uacute;. Lo que har&iacute;as t&uacute;,
+con las ganas que tienes de chiquillos, ser&iacute;a salir para que todo el
+mundo te viera con tu bombo, y mandar a Rossini con un suelto a <i>La
+Correspondencia</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pues te digo que ya no hay d&iacute;a seguro. Nada, hombre, cuando le veas te
+convencer&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero a qui&eacute;n he de ver?</p>
+
+<p>&mdash;Al... a tu hijito, a tu nen&iacute;n de tu alma.</p>
+
+<p>&mdash;Te digo formalmente que me llenas de confusi&oacute;n, porque para chanza me
+parece mucha insistencia; y si fuera verdad, no lo habr&iacute;as tenido tan
+guardado hasta ahora.</p>
+
+<p>Comprendiendo Jacinta que no pod&iacute;a sostener m&aacute;s tiempo el bromazo, quiso
+recoger vela, y le incit&oacute; a que se durmiera, porque la conversaci&oacute;n
+acalorada pod&iacute;a hacerle da&ntilde;o.</p>
+
+<p>&laquo;Tiempo hay de que hablemos de esto&mdash;le dijo&mdash;; y ya... ya te ir&aacute;s
+convenciendo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;<i>G&uuml;eno</i> &mdash;replic&oacute; &eacute;l con puerilidad graciosa tomando el tono de un
+ni&ntilde;o a quien arrullan.</p>
+
+<p>&mdash;A ver si te duermes... Cierra esos ojitos. &iquest;Verdad que me quieres?</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s que a mi vida. Pero, hija de mi alma, &iexcl;qu&eacute; fuerza tienes! &iexcl;C&oacute;mo
+aprietas!</p>
+
+<p>&mdash;Si me enga&ntilde;as te cojo y... as&iacute;, as&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay! &mdash;Te deshago como un bizcocho. &mdash;&iexcl;Qu&eacute; gusto! &mdash;Y ahora, a
+<i>mimir</i>...</p>
+
+<p>Este y otros t&eacute;rminos que se dicen a los ni&ntilde;os les hac&iacute;an re&iacute;r cada vez
+que los pronunciaban; pero la confianza y la soledad daban encanto a
+ciertas expresiones que habr&iacute;an sido rid&iacute;culas en pleno d&iacute;a y delante de
+gente. Pasado un ratito, Juan abri&oacute; los ojos, diciendo en tono de
+hombre:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero de veras que vas a tener un chico?...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ch&iacute;</i>... y a <i>mimir</i>... <i>ro</i>... <i>ro</i>...</p>
+
+<p>Entre dientes le cantaba una canci&oacute;n de adormidera, d&aacute;ndole palmadas en
+la espalda.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; gusto ser <i>beb&eacute;</i>!&mdash;murmur&oacute; el Delf&iacute;n&mdash;, &iexcl;sentirse en los brazos de
+la mam&aacute;, recibir el calor de su aliento y...!&raquo;.</p>
+
+<p>Pas&oacute; otro rato, y Juan, despabil&aacute;ndose y fingiendo el lloriqueo de un
+tierno infante en edad de lactancia, chill&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Mama... mama... &mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;Teta. Jacinta sofoc&oacute; una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ahola</i> no... teta caca... cosa fea...</p>
+
+<p>Ambos se divert&iacute;an con tales simplezas. Era un medio de entretener el
+tiempo y de expresar su cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Toma teta&mdash;d&iacute;jole Jacinta meti&eacute;ndole un dedo en la boca; y &eacute;l se lo
+chupaba diciendo que estaba muy rica, con otras muchas tontadas,
+justificadas s&oacute;lo por la ocasi&oacute;n, la noche y la dulce intimidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si alguien nos oyera, c&oacute;mo se reir&iacute;a de nosotros!</p>
+
+<p>&mdash;Pero como no nos oye nadie... Las cuatro: &iexcl;qu&eacute; tarde!</p>
+
+<p>&mdash;Di qu&eacute; temprano. Ya pronto se levantar&aacute; Pl&aacute;cido para ir a despertar al
+sacrist&aacute;n de San Gin&eacute;s. &iexcl;Qu&eacute; fr&iacute;o tendr&aacute;!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;nto mejor nosotros aqu&iacute;, tan abrigaditos!</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que de esta me duermo, vida.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo tambi&eacute;n, coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>Se durmieron como dos &aacute;ngeles, mejilla con mejilla.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>&mdash;<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>24 de Diciembre.</p>
+
+<p>Por la ma&ntilde;ana encarg&oacute; Barbarita a Jacinta ciertos menesteres dom&eacute;sticos
+que la contrariaron; pero la misma retenci&oacute;n en la casa ofreci&oacute;
+coyuntura a la joven para dar un paso que siempre le hab&iacute;a inspirado
+inquietud. D&iacute;jole Barbarita que no saliera en todo aquel d&iacute;a, y como
+ten&iacute;a que salir forzosamente, no hubo m&aacute;s remedio que revelar a su
+suegra el l&iacute;o que entre manos tra&iacute;a. Pidiole perd&oacute;n por no haberle
+confiado aquel secreto, y advirti&oacute; con grand&iacute;sima pena que su suegra no
+se entusiasmaba con la idea de poseer a Juan&iacute;n. &laquo;&iquest;Pero t&uacute; sabes lo grave
+que es eso?... as&iacute;, sin m&aacute;s ni m&aacute;s... un hijo llovido. &iquest;Y qu&eacute; pruebas
+hay de que sea tal hijo?... &iquest;No ser&aacute; que te han querido estafar? &iquest;Y
+crees t&uacute; que se parece realmente? &iquest;No ser&aacute; ilusi&oacute;n tuya?... Porque todo
+eso es muy vago... Esos hallazgos de hijos parecen cosa de novela...&raquo;.</p>
+
+<p>La Delfina se descorazon&oacute; mucho. Esperaba una explosi&oacute;n de j&uacute;bilo en su
+mam&aacute; pol&iacute;tica. Pero no fue as&iacute;. Barbarita, cejijunta y preocupada, le
+dijo con frialdad: &laquo;No s&eacute; qu&eacute; pensar de ti; pero en fin, tr&aacute;etelo y
+esc&oacute;ndelo hasta ver... la cosa es muy grave. Dir&eacute; a tu marido que
+Benigna est&aacute; enferma y has ido a visitarla&raquo;. Despu&eacute;s de esta
+conversaci&oacute;n, fue Jacinta a la casa de su hermana a quien tambi&eacute;n confi&oacute;
+su secreto, concertando con ella el depositar el ni&ntilde;o all&iacute; hasta que
+Juan y D. Baldomero lo supieran. &laquo;Veremos c&oacute;mo lo toman&raquo; a&ntilde;adi&oacute; dando un
+gran suspiro. Estaba Jacinta aquella tarde fuera de s&iacute;. Ve&iacute;a al <i>Pituso</i>
+como si lo hubiera parido, y se hab&iacute;a acostumbrado tanto a la idea de
+poseerlo, que se indignaba de que su suegra no pensase lo mismo que
+ella.</p>
+
+<p>Juntose Rafaela con su ama en la casa de Benigna, y helas aqu&iacute; por la
+calle de Toledo abajo. Llevaban plata menuda para repartir a los pobres,
+y algunas chucher&iacute;as, entre ellas la sortija que la se&ntilde;orita hab&iacute;a
+prometido a Adoraci&oacute;n. Era una soberbia alhaja, comprada aquella ma&ntilde;ana
+por Rafaela en los bazares de <i>Liquidaci&oacute;n por saldo, a real y medio la
+pieza</i>, y ten&iacute;a un diamante tan grande y bien tallado, que al mismo
+Regente le dejar&iacute;a bizco con el fulgor de sus luces. En la fabricaci&oacute;n
+de esta soberbia piedra hab&iacute;a sido empleado el casco m&aacute;s valioso de un
+fondo de vaso. Apenas llegaron a los corredores del primer patio,
+vi&eacute;ronse rodeadas por pelotones de mujeres y chicos, y para evitar
+piques y celos, Jacinta tuvo que poner algo en todas las manos. Qui&eacute;n
+cog&iacute;a la peseta, qui&eacute;n el duro o el medio duro. Algunas, como Severiana,
+que, dicho sea entre par&eacute;ntesis, ten&iacute;a para aquella noche una magn&iacute;fica
+lombarda, lomo adobado y el besugo correspondiente, se contentaban con
+un saludo afectuoso. Otros no se daban por satisfechos con lo que
+recib&iacute;an. A todos preguntaba Jacinta que qu&eacute; ten&iacute;an para aquella noche.
+Algunas entraban con el besugo cogido por las agallas; otras no hab&iacute;an
+podido traer m&aacute;s que cascajo. Vio a muchas subir con el jarro de leche
+de almendras, que les dieran en el caf&eacute; de los Naranjeros, y de casi
+todas las cocinas sal&iacute;a tufo de fritangas y el campaneo de los
+almireces. Este besaba el duro que la se&ntilde;orita le daba, y el otro
+tir&aacute;balo al aire para cogerlo con algazara, diciendo: &laquo;&iexcl;Aire, aire, a la
+plaza!&raquo;. Y sal&iacute;an por aquellas escaleras abajo camino de la tienda.
+Hab&iacute;a quien preparaba su banquete con un <i>hocico con carrilleras</i>, una
+libra de <i>tapa del cencerro</i>, u otras despreciadas partes de la res
+vacuna, o bien con asadura, bofes de cerdo, sangre frita y desperdicios
+a&uacute;n peores. Los m&aacute;s opulentos d&aacute;banse tono con su pedazo de turr&oacute;n del
+que se parte con martillo, y la que hab&iacute;a tra&iacute;do una granada ten&iacute;a buen
+cuidado de que la vieran. Pero ning&uacute;n habitante de aquellas regiones de
+miseria era tan feliz como Adoraci&oacute;n, ni excitaba tanto la envidia entre
+las amigas, pues la rica alhaja que ce&ntilde;&iacute;a su dedo y que mostraba con el
+pu&ntilde;o cerrado, era fina y de ley y hab&iacute;a costado unos grandes dinerales.
+Aun las peque&ntilde;as que ostentaban zapatos nuevos, debidos a la caridad de
+<i>do&ntilde;a</i> Jacinta, los habr&iacute;an cambiado por aquella monstruosa y
+relumbrante piedra. La poseedora de ella, despu&eacute;s que recorri&oacute; ambos
+corredores ense&ntilde;&aacute;ndola, se peg&oacute; otra vez a la se&ntilde;orita, frot&aacute;ndose el
+lomo contra ella como los gatos.</p>
+
+<p>&laquo;No me olvidar&eacute; de ti, Adoraci&oacute;n&raquo; le dijo la se&ntilde;orita, que con esta
+frase parec&iacute;a anunciar que no volver&iacute;a pronto.</p>
+
+<p>En ambos patios hab&iacute;a tal ruido de tambores, que era forzoso alzar la
+voz para hacerse o&iacute;r. Cuando a los tamborazos se un&iacute;a el estr&eacute;pito de
+las latas de petr&oacute;leo, parec&iacute;a que se desplomaban las fr&aacute;giles casas. En
+los breves momentos que la tocata cesaba, o&iacute;ase el canto de un mirlo
+silbando la frase del himno de Riego, lo &uacute;nico que del tal himno queda
+ya. En la calle de Mira del R&iacute;o tocaba un pianillo de manubrio, y en la
+calle del Bastero otro, arm&aacute;ndose entre los dos una zaragata musical,
+como si las dos piezas se estuvieran ara&ntilde;ando en feroz pelea con las
+u&ntilde;as de sus notas. Eran una polka y un andante pat&eacute;tico, enzarzados como
+dos gatos furibundos. Esto y los tambores, y los gritos de la vieja que
+vend&iacute;a higos, y el clamor de toda aquella vecindad alborotada, y la risa
+de los chicos, y el ladrar de los perros pusi&eacute;ronle a Jacinta la cabeza
+como una grillera.</p>
+
+<p>Repartidas las limosnas, fue al 17, donde ya estaba Guillermina,
+impaciente por su tardanza. Izquierdo y el <i>Pituso</i> estaban tambi&eacute;n; el
+primero fingi&eacute;ndose muy apenado de la separaci&oacute;n del chico. Ya la
+fundadora hab&iacute;a entregado el <i>triste estipendio</i>.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya, abreviemos&raquo; dijo esta cogiendo al muchacho que estaba como
+asustado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres venirte conmigo? &mdash;<i>Mela pa ti</i>... &mdash;replic&oacute; el <i>Pituso</i> con
+br&iacute;o, y se ech&oacute; a re&iacute;r, alabando su propia gracia.</p>
+
+<p>Las tres mujeres se rieron mucho tambi&eacute;n de aquella salida tan fina, e
+Izquierdo, rasc&aacute;ndose la noble frente, dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;La se&ntilde;orita... a cuenta que ahora le ense&ntilde;ar&aacute; a no soltar
+exprisiones&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Buena falta le hace... En fin, v&aacute;monos.</p>
+
+<p>Juan&iacute;n hizo alguna resistencia; pero al fin se dej&oacute; llevar, seducido con
+la promesa de que le iban a comprar un nacimiento y muchas cosas buenas
+para que se las comiera todas.</p>
+
+<p>&laquo;Ya le he prometido al Sr. de Izquierdo&mdash;dijo Guillermina&mdash;, que se le
+procurar&aacute; una colocaci&oacute;n, y por de pronto ya le he dado mi tarjeta para
+que vaya a ver con ella a uno de los artistas de m&aacute;s fama, que est&aacute;
+pintando ahora un magn&iacute;fico <i>Buen Ladr&oacute;n</i>. Vaya... qu&eacute;dese con Dios&raquo;.</p>
+
+<p>Despidiose de ellas el futuro modelo con toda la urbanidad que en &eacute;l era
+posible, y salieron. Rafaela llevaba en brazos el chico. Como a fines de
+Diciembre son tan cortos los d&iacute;as, cuando salieron de la casa ya se
+echaba la noche encima. El fr&iacute;o era intenso, penetrante y traicionero
+como de helada, bajo un cielo bru&ntilde;ido, inmensamente desnudo y con las
+estrellas tan desamparadas, que los estremecimientos de su luz parec&iacute;an
+escalofr&iacute;os. En la calle del Bastero se insurreccion&oacute; el <i>Pituso</i>. Su
+bell&iacute;sima frente ce&ntilde;uda indicaba esta idea: &laquo;&iquest;Pero a d&oacute;nde me llevan
+estas t&iacute;as?&raquo;. Empez&oacute; a rascarse la cabeza, y dijo con sentimiento: <i>&laquo;Pae
+Pepe...&raquo;.</i> &mdash;&iquest;Qu&eacute; te importa a ti tu pap&aacute; Pepe? &iquest;Quieres un rabel? Di lo
+que quieres.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Quelo citunas</i> &mdash;replic&oacute; alargando la jeta&mdash;. No, <i>citunas</i> no; un
+pez.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un pez?... ahora mismo&mdash;le dijo su futura mam&aacute;, que estaba
+nervios&iacute;sima, sintiendo toda aquella vibraci&oacute;n glacial de las estrellas
+dentro de su alma.</p>
+
+<p>En la calle de Toledo volvieron a sonar los cansados pianitos, y tambi&eacute;n
+all&iacute; se engarfi&ntilde;aron las dos piezas, una tonadilla de la <i>Mascota</i> y la
+sinfon&iacute;a de <i>Sem&iacute;ramis</i>. Estuvieron bati&eacute;ndose con ferocidad, a
+distancia como de treinta pasos, tir&aacute;ndose de los pelos, d&aacute;ndose
+dentelladas y cayendo juntas en la mezcla inarm&oacute;nica de sus propios
+sonidos. Al fin venci&oacute; <i>Sem&iacute;ramis</i>, que resonaba orgullosa marcando sus
+nobles acentos, mientras se extingu&iacute;an las notas de su rival, gimiendo
+cada vez m&aacute;s lejos, confundidas con el tumulto de la calle.</p>
+
+<p>&Eacute;rales dif&iacute;cil a las tres mujeres andar aprisa, por la mucha gente que
+ven&iacute;a calle abajo, caminando presurosa con la querencia del hogar
+pr&oacute;ximo. Los obreros llevaban el saquito con el jornal; las mujeres
+alg&uacute;n comistrajo reci&eacute;n comprado; los chicos, con sus bufandas
+enroscadas en el cuello, cargaban rabeles, nacimientos de una tosquedad
+prehist&oacute;rica o tambores que ya iban bien baqueteados antes de llegar a
+la casa. Las ni&ntilde;as iban en grupo de dos o de tres, envuelta la cabeza en
+toquillas, charlando cada una por siete. Cu&aacute;l llevaba una botella de
+vino, cu&aacute;l el jarrito con leche de almendra; otras sal&iacute;an de las tiendas
+de comestibles dando brincos o se paraban a ver los puestos de
+panderetas, d&aacute;ndoles con disimulo un par de golpecitos para que sonaran.
+En los puestos de pescado los maragatos limpiaban los besugos, arrojando
+las escamas sobre los transe&uacute;ntes, mientras un ganap&aacute;n vestido con los
+calzonazos negros y el mandil verde rayado berreaba fuera de la puerta:
+&laquo;&iexcl;Al vivo de hoy, al vivito!&raquo;... Enorme farol&oacute;n con los cristales muy
+limpios alumbraba las pilas de lenguados, sardinas y pajeles, y las
+canastas de almejas. En las carnicer&iacute;as sonaban los machetazos con sorda
+trepidaci&oacute;n, y los platillos de las pesas, subiendo y bajando sin cesar,
+hac&iacute;an contra el m&aacute;rmol del mostrador los ruidos m&aacute;s extra&ntilde;os, notas de
+misteriosa alegr&iacute;a. En aquellos barrios algunos tenderos hacen gala de
+poseer, adem&aacute;s de g&eacute;neros exquisitos, una imaginaci&oacute;n exuberante, y para
+detener al que pasa y llamar compradores, se valen de recursos teatrales
+y fant&aacute;sticos. Por eso vio Jacinta de puertas afuera pir&aacute;mides de
+barriles de aceitunas que llegaban hasta el primer piso, altares hechos
+con cajas de mazap&aacute;n, trofeos de pasas y arcos triunfales festoneados
+con escobones de d&aacute;tiles. Por arriba y por abajo banderas espa&ntilde;olas con
+po&eacute;ticas inscripciones que dec&iacute;an: el <i>Diluvio en mazap&aacute;n, o Turr&oacute;n del
+Para&iacute;so</i> <i> terrenal</i>... M&aacute;s all&aacute; <i>Mantecadas de Astorga bendecidas por
+Su Santidad P&iacute;o IX</i>. En la misma puerta uno o dos horteras vestidos
+rid&iacute;culamente de frac, con chistera abollada, las manos sucias y la cara
+tiznada, gritaban desaforadamente ponderando el g&eacute;nero y d&aacute;ndolo a
+probar a todo el que pasaba. Un vendedor ambulante de turr&oacute;n hab&iacute;a
+discurrido un r&oacute;tulo peregrino para anonadar a sus competidores los
+orgullosos tenderos de establecimiento. &iquest;Qu&eacute; pondr&iacute;a? Porque decir que
+el g&eacute;nero era muy bueno no significaba nada. Mi hombre hab&iacute;a clavado en
+el m&aacute;s gordo bloque de aquel almendrado una banderita que dec&iacute;a:
+<i>Turr&oacute;n higi&eacute;nico</i>. Con que ya lo ve&iacute;a el p&uacute;blico... El otro turr&oacute;n
+ser&iacute;a todo lo sabroso y dulce que quisieran; mas no era <i>higi&eacute;nico</i>.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Quelo</i> un pez... &mdash;gru&ntilde;&oacute; el <i>Pituso</i> frot&aacute;ndose con mal humor los
+ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Mira&mdash;le dec&iacute;a Rafaela&mdash;, tu mam&aacute; te va a comprar un pez de dulce.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Pae Pepe</i>... &mdash;repiti&oacute; el chico llorando.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres una pandereta?... s&iacute;, una pandereta grande, que suene mucho.</p>
+
+<p>Las tres hac&iacute;an esfuerzos para acallarle, ofreci&eacute;ndole cuanto hab&iacute;a que
+ofrecer. Despu&eacute;s de comprada la pandereta, el chico dijo que quer&iacute;a una
+naranja. Le compraron tambi&eacute;n naranjas. La noche avanzaba, y el tr&aacute;nsito
+se hac&iacute;a dif&iacute;cil por la acera estrecha, resbaladiza y h&uacute;meda, tropezando
+a cada instante con la gente que la invad&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Ver&aacute;s, ver&aacute;s, &iexcl;qu&eacute; nacimiento tan bonito!&mdash;le dec&iacute;a Jacinta para
+calmarle&mdash;&iexcl;Y qu&eacute; ni&ntilde;os tan guapos! Y un pez grande, tremendo, todo de
+mazap&aacute;n, para que te lo comas entero&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Gande, gande!</i> A ratos se tranquilizaba, pero de repente le entraba
+el berrinche y se pon&iacute;a a dar patadas en el aire. Rafaela, que era una
+mujer de poqu&iacute;simas fuerzas, ya no pod&iacute;a m&aacute;s. Guillermina se lo quit&oacute; de
+los brazos, diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;D&aacute;mele ac&aacute;... no puedes ya con tu alma... Ea, caballerito; a callar se
+ha dicho...&raquo;.</p>
+
+<p>El <i>Pituso</i> le dio un porrazo en la cabeza.</p>
+
+<p>&laquo;Mira que te estrello... Ver&aacute;s la azotaina que te vas a llevar... &iexcl;Y qu&eacute;
+gordo est&aacute; el tunante!, parece mentira...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Quelo un bat&oacute;n</i>... &iexcl;hostia!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un bast&oacute;n?... tambi&eacute;n te lo compramos, hijo, si te est&aacute;s calladito...
+A ver, d&oacute;nde encontraremos bastones ahora...</p>
+
+<p>&mdash;Buena falta le hace&mdash;dijo Guillermina, y de los de acebuche, que
+escuecen bien, para ense&ntilde;arle a no ser ma&ntilde;oso.</p>
+
+<p>De esta manera llegaron a los portales y a la casa de Villuendas, ya
+cerrada la noche. Entraron por la tienda, y en la trastienda Jacinta se
+dej&oacute; caer fatigad&iacute;sima sobre un saco lleno de monedas de cinco duros. Al
+<i>Pituso</i> le deposit&oacute; Guillermina sobre un voluminoso fardo que
+conten&iacute;a... &iexcl;mil onzas!</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Los dependientes que estaban haciendo el recuento y balance, met&iacute;an en
+las arcas de hierro los cartuchos de oro y los paquetes de billetes de
+Banco, sujetos con un el&aacute;stico. Otro contaba sobre una mesa pesetas
+gastadas y las cog&iacute;a despu&eacute;s con una pala como si fueran lentejas.
+Manejaban el <i>g&eacute;nero</i> con absoluta indiferencia, cual si los sacos de
+monedas lo fueran de patatas, y las resmas de billetes, papel de
+estraza. A Jacinta le daba miedo ver aquello, y entraba siempre all&iacute; con
+cierto respeto parecido al que le inspiraba la iglesia, pues el temor de
+llevarse alg&uacute;n billete de cuatro mil reales pegado a la ropa le pon&iacute;a
+nerviosa.</p>
+
+<p>Ram&oacute;n Villuendas no estaba; pero Benigna baj&oacute; al momento, y lo primero
+que hizo fue observar atentamente la cara sucia de aquel aguinaldo que
+su hermana le tra&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Qu&eacute;, &iquest;no le encuentras parecido?&raquo; d&iacute;jole Jacinta algo picada.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad, hija... no s&eacute; qu&eacute; te diga...</p>
+
+<p>&mdash;Es el vivo retrato&mdash;afirm&oacute; la otra, queriendo cerrar la puerta, con
+una opini&oacute;n absoluta, a todas las dudas que pudieran surgir.</p>
+
+<p>&mdash;Podr&aacute; ser... Guillermina se despidi&oacute; rogando a los dependientes que le
+cambiaran por billetes tres monedas de oro que llevaba. &laquo;Pero me hab&eacute;is
+de dar premio&mdash;les dijo&mdash;. Tres reales por ciento. Si no, me voy a la
+Lonja del Almid&oacute;n, donde tienen m&aacute;s caridad que vosotros&raquo;.</p>
+
+<p>En esto entr&oacute; el amo de la casa, y tomando las monedas, las mir&oacute;
+sonriendo.</p>
+
+<p>&laquo;Son falsas... tienen hoja&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Usted s&iacute; que tiene hoja &mdash;replic&oacute; la santa con gracia, y los dem&aacute;s se
+re&iacute;an&mdash;. Una peseta de premio por cada una.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo va subiendo!... Usted nos tira al deg&uuml;ello.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que merec&eacute;is, publicanos.</p>
+
+<p>Villuendas tom&oacute; de un cercano mont&oacute;n dos duros y los a&ntilde;adi&oacute; a los
+billetes del cambio.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya... para que no diga...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias... Ya sab&iacute;a yo que usted...</p>
+
+<p>&mdash;A ver, do&ntilde;a Guillermina, espere un ratito&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Ram&oacute;n&mdash;. &iquest;Es cierto
+lo que me han contado, que usted, cuando no cae bastante dinero en la
+suscrici&oacute;n para la obra, le cuelga a San Jos&eacute; un ladrillo del pescuezo
+para que busque cuartos?</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or San Jos&eacute; no necesita de que le colguemos nada, pues hace
+siempre lo que nos conviene... Con que buenas noches; ah&iacute; les queda ese
+caballerito. Lo primero que deben hacer es ponerle a remojo para que se
+le ablande la mugre.</p>
+
+<p>Ram&oacute;n mir&oacute; al <i>Pituso</i>. Su semblante no expresaba tampoco una convicci&oacute;n
+muy profunda respecto al parecido. Sonre&iacute;a Benigna, y si no hubiera sido
+por consideraci&oacute;n a su querida hermana, habr&iacute;a dicho del <i>Pituso</i> lo que
+de las monedas que no sonaban bien: <i>Es falso</i>, o por lo menos, <i>tiene
+hoja</i>.</p>
+
+<p>&laquo;Lo primero es que le lavemos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No se va a dejar&mdash;indic&oacute; Jacinta&mdash;. Este no ha visto nunca el agua.
+Vamos, arriba.</p>
+
+<p>Subi&eacute;ronle, y que quieras que no, le despojaron de los pingajos que
+vest&iacute;a y trajeron un gran barre&ntilde;o de agua. Jacinta mojaba sus dedos en
+ella diciendo con temor: &laquo;&iquest;estar&aacute; muy fr&iacute;a?, &iquest;estar&aacute; muy caliente?
+&iexcl;Pobre &aacute;ngel, qu&eacute; mal rato va a pasar!&raquo;. Benigna no se andaba en tantos
+reparos, y &iexcl;pataplum!, le zambull&oacute; dentro, sujet&aacute;ndole brazos y piernas.
+&iexcl;Cristo! Los chillidos del <i>Pituso</i> se o&iacute;an desde la Plaza Mayor.
+Enjabon&aacute;ronle y restreg&aacute;ronle sin miramiento alguno, haciendo tanto caso
+de sus berridos como si fueran expresiones de alegr&iacute;a. S&oacute;lo Jacinta, m&aacute;s
+piadosa, agitaba el agua queriendo hacerle creer que aquello era muy
+divertido. Sacado al fin de aquel suplicio y bien envuelto en una s&aacute;bana
+de ba&ntilde;o, Jacinta le estrech&oacute; contra su seno dici&eacute;ndole que ahora s&iacute; que
+estaba guapo. El calorcillo calmaba la irritaci&oacute;n de sus chillidos,
+cambi&aacute;ndolos en sollozos, y la reacci&oacute;n, junto con la limpieza, le anim&oacute;
+la cara, ti&ntilde;&eacute;ndosela de ese rosicler puro y celestial que tiene la
+infancia al salir del agua. Le frotaban para secarle y sus brazos
+torneados, su fina tez y hermos&iacute;simo cuerpo produc&iacute;an a cada instante
+exclamaciones de admiraci&oacute;n. &laquo;&iexcl;Es un ni&ntilde;o Jes&uacute;s... es una divinidad este
+mu&ntilde;eco!&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s empezaron a vestirle. Una le pon&iacute;a las medias, otra le entraba
+una camisa fin&iacute;sima. Al sentir la molestia del vestir volviole el mal
+humor, y traj&eacute;ronle un espejo para que se mirara, a ver si el amor
+propio y la presunci&oacute;n acallaban su displicencia.</p>
+
+<p>&laquo;Ahora, a cenar... &iquest;Tienes ganita?&raquo;.</p>
+
+<p>El <i>Pituso</i> abr&iacute;a una boca descomunal y daba unos bostezos que eran la
+medida aproximada de su gana de comer.</p>
+
+<p>&laquo;Ay, &iexcl;qu&eacute; ganitas tiene el ni&ntilde;o! Ver&aacute;s... Vas a comer cosas ricas...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Patata!&mdash;grit&oacute; con ardor fam&eacute;lico.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; patatas, hombre? Mazap&aacute;n, sopa de almendra...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Patata, hostia! &mdash;repiti&oacute; &eacute;l pataleando.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, patatitas, todo lo que t&uacute; quieras.</p>
+
+<p>Ya estaba vestido. La buena ropa le ca&iacute;a tan bien que parec&iacute;a haberla
+usado toda su vida. No fue algazara la que armaron los ni&ntilde;os de
+Villuendas cuando le vieron entrar en el cuarto donde ten&iacute;an su
+nacimiento. Primero se sorprendieron en masa, despu&eacute;s parec&iacute;a que se
+alegraban; por fin determin&aacute;ronse los sentimientos de recelo y
+suspicacia. La familia menuda de aquella casa se compon&iacute;a de cinco
+cabezas, dos ni&ntilde;as grandecitas, hijas de la primera mujer de Ram&oacute;n, y
+los tres hijos de Benigna, dos de los cuales eran varones.</p>
+
+<p>Juan&iacute;n se qued&oacute; pasmado y lelo delante del nacimiento. La primera
+manifestaci&oacute;n que hizo de sus ideas acerca de la libertad humana y de la
+propiedad colectiva consisti&oacute; en meter mano a las velas de colores. Una
+de las ni&ntilde;as llev&oacute; tan a mal aquella falta de respeto, y dio unos
+chillidos tan fuertes que por poco se arma all&iacute; la de San Quint&iacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ay Dios m&iacute;o! &mdash;exclam&oacute; Benigna&mdash;. Vamos a tener un disgusto con este
+salvajito...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo le comprar&eacute; a &eacute;l muchas velas&mdash;afirm&oacute; Jacinta&mdash;. &iquest;Verdad, hijo, que
+t&uacute; quieres velas?</p>
+
+<p>Lo que &eacute;l quer&iacute;a principalmente era que le llenaran la barriga, porque
+volvi&oacute; a dar aquellos bostezos que part&iacute;an el alma. &laquo;A comer, a comer&raquo;
+dijo Benigna, convocando a toda la tropa menuda. Y los llev&oacute; por delante
+como un hato de pavos. La comida estaba dispuesta para los ni&ntilde;os, porque
+los pap&aacute;s cenar&iacute;an aquella noche en casa del t&iacute;o Cayetano.</p>
+
+<p>Jacinta se hab&iacute;a olvidado de todo, hasta de marcharse a su casa, y no
+supo apreciar el tiempo mientras dur&oacute; la operaci&oacute;n de lavar y vestir al
+<i>Pituso</i>. Al caer en la cuenta de lo tarde que era, p&uacute;sose
+precipitadamente el manto, y se despidi&oacute; del <i>Pituso</i>, a quien dio
+muchos besos. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; fuerte te da, hija!&raquo; le dijo su hermana sonriendo.
+Y raz&oacute;n ten&iacute;a hasta cierto punto, porque a Jacinta le faltaba poco para
+echarse a llorar.</p>
+
+<p>Y Barbarita, &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a hecho en la ma&ntilde;ana de aquel d&iacute;a 24? Ve&aacute;moslo.
+Desde que entr&oacute; en San Gin&eacute;s, corri&oacute; hacia ella Estupi&ntilde;&aacute; como perro de
+presa que embiste, y le dijo frot&aacute;ndose las manos: &laquo;Llegaron las ostras
+gallegas. &iexcl;Buen susto me ha dado el salm&oacute;n! Anoche no he dormido. Pero
+con seguridad le tenemos. Viene en el tren de hoy&raquo;.</p>
+
+<p>Por m&aacute;s que el gran Rossini sostenga que aquel d&iacute;a oy&oacute; la misa con
+devoci&oacute;n, yo no lo creo. Es m&aacute;s; se puede asegurar que ni cuando el
+sacerdote alzaba en sus dedos al Dios sacramentado, estuvo Pl&aacute;cido tan
+edificante como otras veces, ni los golpes de pecho que se dio
+retumbaban tanto como otros d&iacute;as en la caja del t&oacute;rax. El pensamiento se
+le escapaba hacia la liviandad de las compras, y la misa le pareci&oacute;
+larga, tan larga, que se hubiera atrevido a decir al cura, en confianza,
+que se <i>menease</i> m&aacute;s. Por fin salieron la se&ntilde;ora y su amigo. &Eacute;l se
+esforzaba en dar a lo que era gusto las apariencias del cumplimiento de
+un deber penoso. Se afanaba por todo, exagerando las dificultades. &laquo;Se
+me figura&mdash;dijo con el mismo tono que debe emplear Bismarck para decir
+al emperador Guillermo que desconf&iacute;a de la Rusia&mdash;, que los pavos de la
+<i>escalerilla</i> no est&aacute;n todo lo bien cebados que deb&iacute;amos suponer. Al
+salir hoy de casa les he tomado el peso uno por uno, y francamente, mi
+parecer es que se los compremos a Gonz&aacute;lez. Los capones de este son muy
+ricos... Tambi&eacute;n les tom&eacute; el peso. En fin, usted lo ver&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Dos horas se llevaron en la calle de Cuchilleros, cogiendo y soltando
+animales, acosados por los vendedores, a quienes Pl&aacute;cido trataba a la
+baqueta. Ech&aacute;baselas &eacute;l de tener un pulso tan fino para apreciar el
+peso, que ni un adarme se le escapaba. Despu&eacute;s de dejarse all&iacute; bastante
+dinero, tiraron para otro lado. Fueron a casa de Ranero para elegir
+algunas culebras del leg&iacute;timo mazap&aacute;n de Labrador, y a&uacute;n tuvieron tela
+para una hora m&aacute;s. &laquo;Lo que la se&ntilde;ora deb&iacute;a haber hecho hoy&mdash;dijo
+Estupi&ntilde;&aacute; sofocado, y fingi&eacute;ndose m&aacute;s sofocado de lo que estaba&mdash;, es
+traerse una lista de cosas, y as&iacute; no se nos olvidaba nada&raquo;.</p>
+
+<p>Volvieron a la casa a las diez y media, porque Barbarita quer&iacute;a
+enterarse de c&oacute;mo hab&iacute;a pasado su hijo la noche, y entonces fue cuando
+Jacinta revel&oacute; lo del <i>Pituso</i> a su mam&aacute; pol&iacute;tica, qued&aacute;ndose esta tan
+sorprendida como poco entusiasmada, seg&uacute;n antes se ha dicho. Sin cuidado
+ya con respecto a Juan, que estaba aquel d&iacute;a mucho mejor, do&ntilde;a B&aacute;rbara
+volvi&oacute; a echarse a la calle con su escudero y canciller. A&uacute;n faltaban
+algunas cosillas, la mayor parte de ellas para regalar a deudos y amigos
+de la familia. Del pensamiento de la gran se&ntilde;ora no se apartaba lo que
+su nuera le hab&iacute;a dicho. &iquest;Qu&eacute; casta de nieto era aquel? Porque la cosa
+era grave... &iexcl;Un hijo del Delf&iacute;n! &iquest;Ser&iacute;a verdad? Virgen Sant&iacute;sima, &iexcl;qu&eacute;
+novedad tan estupenda! &iexcl;Un nietecito por detr&aacute;s de la Iglesia! &iexcl;Ah!,
+las resultas de los devaneos de marras... Ella se lo tem&iacute;a... Pero &iquest;y si
+todo era hechura de la imaginaci&oacute;n exaltada de Jacinta y de su angelical
+coraz&oacute;n? Nada, nada, aquella misma noche al acostarse, le hab&iacute;a de
+contar todo a Baldomero.</p>
+
+<p>Nuevas compras fueron realizadas en aquella segunda parte de la ma&ntilde;ana,
+y cuando regresaban, cargados ambos de paquetes, Barbarita se detuvo en
+la plazuela de Santa Cruz, mirando con atenci&oacute;n de compradora los
+nacimientos. Estupi&ntilde;&aacute; se echaba a discurrir, y no comprend&iacute;a por qu&eacute; la
+se&ntilde;ora examinaba con tanto inter&eacute;s los puestos, estando ya todos los
+chicos de la parentela de Santa Cruz <i>surtidos de aquel art&iacute;culo</i>.
+Creci&oacute; el asombro de Pl&aacute;cido cuando vio que la se&ntilde;ora, despu&eacute;s de tratar
+como en broma un portal de los m&aacute;s bonitos, lo compr&oacute;. El respeto sell&oacute;
+los labios del amigo, cuando ya se desplegaban para decir: &laquo;&iquest;Y para
+qui&eacute;n es este Bel&eacute;n, se&ntilde;ora?&raquo;.</p>
+
+<p>La confusi&oacute;n y curiosidad del anciano llegaron al colmo cuando
+Barbarita, al subir la escalera de la casa, le dijo con cierto misterio:
+&laquo;Dame esos paquetes, y m&eacute;tete este armatoste debajo de la capa. Que no
+lo vea nadie cuando entremos&raquo;. &iquest;Qu&eacute; significaban estos tapujos?
+&iexcl;Introducir un Bel&eacute;n cual si fuera matute! Y como expert&iacute;simo
+contrabandista, hizo Pl&aacute;cido su alijo con admirable limpieza. La se&ntilde;ora
+lo tom&oacute; de sus manos, y llev&aacute;ndolo a su alcoba con minuciosas
+precauciones para que de nadie fuera visto, lo escondi&oacute;, bien cubierto
+con un pa&ntilde;uelo, en la tabla superior de su armario de luna.</p>
+
+<p>Todo el resto del d&iacute;a estuvo la insigne dama muy atareada, y Estupi&ntilde;&aacute;
+saliendo y entrando, pues cuando se cre&iacute;a que no faltaba nada, sal&iacute;amos
+con que se hab&iacute;a olvidado lo m&aacute;s importante. Llegada la noche, inquiet&oacute;
+a Barbarita la tardanza de Jacinta, y cuando la vio entrar fatigad&iacute;sima,
+el vestido mojado y toda hecha una l&aacute;stima, se encerr&oacute; un instante con
+ella, mientras se mudaba, y le dijo con severidad:</p>
+
+<p>&laquo;Hija, pareces loca... Vaya por d&oacute;nde te ha dado... por traerme nietos a
+casa... Esta tarde tuve la palabra en la boca para contarle a Baldomero
+tu calaverada; pero no me atrev&iacute;... Ya debes suponer si la cosa me
+parece grave...&raquo;.</p>
+
+<p>Era crueldad expresarse as&iacute;, y deb&iacute;a mi se&ntilde;ora do&ntilde;a B&aacute;rbara considerar
+que all&aacute; se iban compras con compras y man&iacute;as con man&iacute;as. Y no par&oacute; aqu&iacute;
+el r&eacute;spice, pues a rengl&oacute;n seguido vino esta observaci&oacute;n, que dej&oacute;
+helada a la infeliz Jacinta: &laquo;Doy de barato que ese mu&ntilde;eco sea mi nieto.
+Pues bien: &iquest;no se te ocurre que el trasto de su madre puede reclamarlo
+y metemos en un pleitazo que nos vuelva locos?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo lo ha de reclamar si lo abandon&oacute;?&mdash;contest&oacute; la otra sofocada,
+queriendo aparentar un gran desprecio de las dificultades.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, f&iacute;ate de eso... Eres una inocente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si lo reclama, no se lo dar&eacute;&mdash;manifest&oacute; Jacinta con una
+resoluci&oacute;n que ten&iacute;a algo de fiereza&mdash;. Dir&eacute; que es hijo m&iacute;o, que le he
+parido yo, y que prueben lo contrario... a ver, que me lo prueben.</p>
+
+<p>Exaltada y fuera de s&iacute;, Jacinta, que se estaba vistiendo a toda prisa,
+solt&oacute; la ropa para darse golpes en el pecho y en el vientre. Barbarita
+quiso ponerse seria; pero no pudo.</p>
+
+<p>&laquo;No, t&uacute; eres la que tienes que probar que lo has parido... Pero no
+pienses locuras, y tranquil&iacute;zate ahora, que ma&ntilde;ana hablaremos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, mam&aacute;!&mdash;dijo la nuera enterneci&eacute;ndose&mdash;. &iexcl;Si usted le viera...!</p>
+
+<p>Barbarita, que ya ten&iacute;a la mano en el llamador de la puerta para
+marcharse, volvi&oacute; junto a su nuera para decirle: &laquo;&iquest;Pero se parece?...
+&iquest;Est&aacute;s segura de que se parece?...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere usted verlo?, s&iacute; o no.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, hija, le echaremos un vistazo... No es que yo crea... Necesito
+pruebas; pero pruebas muy claritas... No me f&iacute;o yo de un parecido que
+puede ser ilusorio, y mientras Juan no me saque de dudas seguir&eacute;
+creyendo que a donde debe ir tu <i>Pituso</i> es a la Inclusa.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>&iexcl;Excelente y alegre cena la de aquella noche en casa de los opulentos
+se&ntilde;ores de Santa Cruz! Realmente no era cena sino comida retrasada, pues
+no gustaba la familia de trasnochar, y por tanto, ca&iacute;a dentro de la
+jurisdicci&oacute;n de la vigilia m&aacute;s rigurosa. Los pavos y capones eran para
+los d&iacute;as siguientes, y aquella noche cuanto se sirvi&oacute; en la mesa
+pertenec&iacute;a a los reinos de Neptuno. S&oacute;lo se sirvi&oacute; carne a Juan, que
+estaba ya mejor y pudo ir a la mesa. Fue verdadero fest&iacute;n de cardenales,
+con desmedida abundancia de peces, mariscos y de cuanto cr&iacute;a la mar,
+todo tan por lo fino y tan bien aderezado y servido que era una gloria.
+Veinticinco personas hab&iacute;a en la mesa, siendo de notar que el conjunto
+de los convidados ofrec&iacute;a perfecto muestrario de todas las clases
+sociales. La enredadera de que antes habl&eacute; hab&iacute;a llevado all&iacute; sus
+v&aacute;stagos m&aacute;s diversos. Estaba el marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz, de la
+aristocracia monetaria, y un &Aacute;lvarez de Toledo, hermano del duque de
+Gravelinas, de la aristocracia antigua, casado con un Trujillo.
+Resultaba no s&eacute; qu&eacute; ir&oacute;nica armon&iacute;a de la conjunci&oacute;n aquella de los dos
+nobles, oriundo el uno del gran Alba, y el otro sucesor de D. Pascual
+Mu&ntilde;oz, dign&iacute;simo ferretero de la calle de Tintoreros. Por otro lado nos
+encontramos con Samaniego, que era casi un hortera, muy cerca de
+Ruiz-Ochoa, o sea la alta banca. Villalonga representaba el Parlamento,
+Aparisi el Municipio, Joaqu&iacute;n Pez el Foro, y Federico Ruiz representaba
+muchas cosas a la vez: la Prensa, las Letras, la Filosof&iacute;a, la Cr&iacute;tica
+musical, el Cuerpo de Bomberos, las Sociedades Econ&oacute;micas, la
+Arqueolog&iacute;a y los Abonos qu&iacute;micos. Y Estupi&ntilde;&aacute;, con su levita nueva de
+pa&ntilde;o fino, &iquest;qu&eacute; representaba? El comercio antiguo, sin duda, las
+tradiciones de la calle de Postas, el contrabando, quiz&aacute;s <i>la religi&oacute;n
+de nuestros mayores</i>, por ser hombre tan sinceramente piadoso. D. Manuel
+Moreno Isla no fue aquella noche; pero s&iacute; Arnaiz el gordo, y Gumersindo
+Arnaiz, con sus tres pollas, Barbarita II, Andrea e Isabel; mas a sus
+tres hermanas eclipsaba Jacinta, que estaba guap&iacute;sima, con un vestido
+muy sencillo de rayas negras y blancas sobre fondo encarnado. Tambi&eacute;n
+Barbarita ten&iacute;a buen ver. Desde su asiento al extremo de la mesa,
+Estupi&ntilde;&aacute; la flechaba con sus miradas, siempre que corr&iacute;an de boca en
+boca elogios de aquellos platos tan ricos y de la variedad inaudita de
+pescados. El gran Rossini, cuando no miraba a su &iacute;dolo, charlaba sin
+tregua y en voz baja con sus vecinos, volviendo inquietamente a un lado
+y otro su perfil de cotorra.</p>
+
+<p>Nada ocurri&oacute; en la cena digno de contarse. Todo fue alegr&iacute;a sin nubes, y
+buen apetito sin ninguna desaz&oacute;n. El p&iacute;caro del Delf&iacute;n hac&iacute;a beber a
+Aparisi y a Ruiz para que se alegraran, porque uno y otro ten&iacute;an un vino
+muy divertido, y al fin consigui&oacute; con el <i>Champagne</i> lo que con el
+Jerez no hab&iacute;a conseguido. Aparisi, siempre que se pon&iacute;a peneque,
+mostraba un entusiasmo exaltado por las glorias nacionales. Sus
+<i>jumeras</i> eran siempre una fuerte emersi&oacute;n de l&aacute;grimas patri&oacute;ticas,
+porque todo lo dec&iacute;a llorando. All&iacute; brind&oacute; por <i>los h&eacute;roes de
+Trafalgar</i>, por <i>los h&eacute;roes del Callao</i> y por otros muchos h&eacute;roes
+mar&iacute;timos; pero tan conmovido el hombre y con los m&uacute;sculos olfatorios
+tan respingados, que se creer&iacute;a que Churruca y M&eacute;ndez N&uacute;&ntilde;ez eran sus
+pap&aacute;s y que ol&iacute;an muy mal. A Ruiz tambi&eacute;n le daba por el patriotismo y
+por los h&eacute;roes; pero inclin&aacute;ndose a lo terrestre y empleando un cierto
+tono de fiereza. All&iacute; sac&oacute; a Tetu&aacute;n y a Zaragoza poniendo al extranjero
+como chupa de d&oacute;mine, diciendo, en fin, que <i>nuestro porvenir est&aacute; en
+&Aacute;frica</i>, y que el Estrecho es un arroyo espa&ntilde;ol. De repente levantose
+Estupi&ntilde;&aacute; el grande, copa en mano, y no puede formarse idea de la
+expectaci&oacute;n y solemn&iacute;simo silencio que precedieron a su breve discurso.
+Conmovido y casi llorando, aunque no estaba <i>ajumao</i>, brind&oacute; por la
+noble compa&ntilde;&iacute;a, por los nobles se&ntilde;ores de la casa y por... aqu&iacute; una
+pausa de emoci&oacute;n y una cari&ntilde;osa mirada a Jacinta... y porque la noble
+familia tuviera pronto sucesi&oacute;n, como &eacute;l esperaba... y sospechaba... y
+cre&iacute;a.</p>
+
+<p>Jacinta se puso muy colorada, y todos, todos los presentes, incluso el
+Delf&iacute;n, celebraron mucho la gracia. Despu&eacute;s hubo gran tertulia en el
+sal&oacute;n; pero poco despu&eacute;s de las doce se hab&iacute;an retirado todos. Durmi&oacute;
+Jacinta sin sosiego, y a la ma&ntilde;ana siguiente, cuando su marido no hab&iacute;a
+despertado a&uacute;n, sali&oacute; para ir a misa. Oyola en San Gin&eacute;s, y despu&eacute;s fue
+a casa de Benigna, donde encontr&oacute; escenas de desolaci&oacute;n. Todos los
+sobrinitos estaban alborotados, inconsolables, y en cuanto la vieron
+entrar corrieron hacia ella pidiendo justicia. &iexcl;Vaya con lo que hab&iacute;a
+hecho Juan&iacute;n!... &iexcl;Ah&iacute; era nada en gracia de Dios! Empez&oacute; por arrancarles
+la cabeza a las figuras del nacimiento... y lo peor era que se re&iacute;a al
+hacerlo, como si fuera una gracia. &iexcl;Vaya una gracia! Era un
+sinverg&uuml;enza, un desalmado, un asesino. As&iacute; lo atestiguaban Isabel,
+Paquito y los dem&aacute;s, hablando confusa y atropelladamente, porque la
+indignaci&oacute;n no les permit&iacute;a expresarse con claridad. Disput&aacute;banse la
+palabra y se cog&iacute;an a la tiita, empin&aacute;ndose sobre las puntas de los
+pies. Pero &iquest;d&oacute;nde estaba el muy brib&oacute;n? Jacinta vio aparecer su cara
+inteligente y socarrona. Cuando &eacute;l la vio, quedose algo turbado, y se
+arrim&oacute; a la pared. Acerc&oacute;sele Jacinta, mostr&aacute;ndole severidad y
+conteniendo la risa... pidiole cuentas de sus horribles cr&iacute;menes.
+&iexcl;Arrancar la cabeza a las figuras!... Escond&iacute;a el <i>Pituso</i> la cara muy avergonzado, y se met&iacute;a el dedo en la nariz... La
+mam&aacute; adoptiva no hab&iacute;a podido obtener de &eacute;l una respuesta, y las
+acusaciones rayaban en frenes&iacute;. Se le echaban en cara los delitos m&aacute;s
+execrables, y se hac&iacute;a burla de &eacute;l y de sus h&aacute;bitos groseros.</p>
+
+<p>&laquo;Tiita, &iquest;no sabes? &mdash;dec&iacute;a Ramona riendo&mdash;. Se come las c&aacute;scaras de
+naranja...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cochino! Otra voz infantil atestigu&oacute; con la mayor solemnidad que
+hab&iacute;a visto m&aacute;s. Aquella ma&ntilde;ana, Juan&iacute;n estaba en la cocina royendo
+c&aacute;scaras de patata. Esto s&iacute; que era marranada.</p>
+
+<p>Jacinta bes&oacute; al delincuente, con gran estupefacci&oacute;n de los otros chicos.</p>
+
+<p>&laquo;Pues tienes bonito el delantal&raquo;. Juan&iacute;n ten&iacute;a el delantal como si
+hubiera estado fregando los suelos con &eacute;l. Toda la ropa estaba
+igualmente sucia.</p>
+
+<p>&mdash;Tiita&mdash;le dijo Isabelita haci&eacute;ndose la ofendida&mdash;.</p>
+
+<p>Si vieras... No hace m&aacute;s que arrastrarse por los suelos y dar coces
+como los burros. Se va a la basura y coge los pu&ntilde;ados de ceniza para
+ech&aacute;rnosla por la cara...</p>
+
+<p>Entr&oacute; Benigna, que ven&iacute;a de misa, y corrobor&oacute; todas aquellas denuncias,
+aunque con tono indulgente.</p>
+
+<p>&laquo;Hija, no he visto un salvaje igual. El pobrecito... bien se ve entre
+qu&eacute; gentes se ha criado&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor... As&iacute; le domesticaremos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; palabrotas dice!... &iexcl;Ram&oacute;n se ha re&iacute;do m&aacute;s...! No sabes la gracia
+que le hace su lengua de arriero. Anoche nos dio malos ratos, porque
+llamaba a su <i>Pae Pepe</i> y se acordaba de la pocilga en que ha vivido...
+&iexcl;Pobrecito! Esta ma&ntilde;ana se me orin&oacute; en la sala. Llegu&eacute; yo y me lo
+encontr&eacute; con las enaguas levantadas... Gracias que no se le antoj&oacute;
+hacerlo sobre el <i>puff</i>... lo hizo en la coquera... He tenido que cerrar
+la sala, porque me destrozaba todo. &iquest;Has visto c&oacute;mo ha puesto el
+nacimiento? A Ram&oacute;n le hizo much&iacute;sima gracia... y sali&oacute; a comprar m&aacute;s
+figuras; porque si no, &iquest;qui&eacute;n aguanta a esta patulea? No puedes
+figurarte la que se arm&oacute; aqu&iacute; anoche. Todos llorando en coro, y el otro
+cogiendo figuras y estrell&aacute;ndolas contra el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobrecillo!&mdash;exclam&oacute; Jacinta prodigando caricias a su hijo adoptivo y
+a todos los dem&aacute;s, para evitar una tempestad de celos&mdash;. &iquest;Pero no veis
+que &eacute;l se ha criado de otra manera que vosotros? Ya ir&aacute; aprendiendo a
+ser fino. &iquest;Verdad, hijo m&iacute;o? (Juan dec&iacute;a que s&iacute; con la cabeza y
+examinaba un pendiente de Jacinta)... S&iacute;; pero no me arranques la
+oreja... Es preciso que todos se&aacute;is buenos amiguitos, y que os llev&eacute;is
+como hermanos. &iquest;Verdad, Juan, que t&uacute; no vuelves a romper las figuras?...
+&iquest;Verdad que no? Vaya, &eacute;l es formal. Ramoncita, t&uacute; que eres la mayor,
+ens&eacute;&ntilde;ale en vez de re&ntilde;irle.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy fresco: tambi&eacute;n se quer&iacute;a comer una vela&mdash;dijo Ramoncita
+implacable.</p>
+
+<p>&mdash;Las velas no se comen, no. Son para encenderlas... Ver&eacute;is qu&eacute; pronto
+aprende &eacute;l todas las cosas... Si creer&eacute;is que no tiene talento.</p>
+
+<p>&mdash;No hay medio de hacerle comer m&aacute;s que con las manos&mdash;apunt&oacute; Benigna
+riendo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero mujer, &iquest;c&oacute;mo quieres que sepa...? Si en su vida ha visto &eacute;l un
+tenedor... Pero ya aprender&aacute;... &iquest;No observas lo listo que es?</p>
+
+<p>Villuendas entr&oacute; con las figuras.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya, a ver si estas se salvan de la guillotina&raquo;.</p>
+
+<p>Mir&aacute;balas el <i>Pituso</i> sonriendo con malicia, y los dem&aacute;s ni&ntilde;os se
+apoderaron de ellas, tomando todo g&eacute;nero de precauciones para librarlas
+de las manos destructoras del salvaje, que no se apartaba de su madre
+adoptiva. El instinto, fuerte y precoz en las criaturas como en los
+animalitos, le impulsaba a pegarse a Jacinta y a no apartarse de ella
+mientras en la casa estaba...</p>
+
+<p>Era como un perrillo que prontamente distingue a su amo entre todas las
+personas que le rodean, y se adhiere a &eacute;l y le mima y acaricia.</p>
+
+<p>Cre&iacute;ase Jacinta madre, y sintiendo un placer indecible en sus entra&ntilde;as,
+estaba dispuesta a amar a aquel pobre ni&ntilde;o con toda su alma. Verdad que
+era hijo de otra. Pero esta idea, que se interpon&iacute;a entre su dicha y
+Juan&iacute;n, iba perdiendo gradualmente su valor. &iquest;Qu&eacute; le importaba que fuera
+hijo de otra? Esa otra quiz&aacute; hab&iacute;a muerto, y si viv&iacute;a lo mismo daba,
+porque le hab&iacute;a abandonado. Bast&aacute;bale a Jacinta que fuera hijo de su
+marido para quererle ciegamente. &iquest;No quer&iacute;a Benigna a los hijos de la
+primera mujer de su marido como si fueran hijos suyos? Pues ella quer&iacute;a
+a Juan&iacute;n como si le hubiera llevado en sus entra&ntilde;as. &iexcl;Y no hab&iacute;a m&aacute;s que
+hablar! Olvido de todo, y nada de celos retrospectivos. En la excitaci&oacute;n
+de su cari&ntilde;o, la dama acariciaba en su mente un plan algo atrevido. &laquo;Con
+ayuda de Guillermina&mdash;pensaba&mdash;, voy a hacer la pamema de que he sacado
+este ni&ntilde;o de la Inclusa, para que en ning&uacute;n tiempo me lo puedan quitar.
+Ella lo arreglar&aacute;, y se har&aacute; un documento en toda regla... Seremos
+falsarias y Dios bendecir&aacute; nuestro fraude&raquo;.</p>
+
+<p>Le dio muchos besos, recomend&aacute;ndole que fuera bueno, y no hiciese
+porquer&iacute;as. Apenas se vio Juan&iacute;n en el suelo, agarr&oacute; el bast&oacute;n de
+Villuendas y se fue derecho hacia el nacimiento en la actitud m&aacute;s
+alarmante. Villuendas se re&iacute;a sin atajarle, gritando: &laquo;&iexcl;Adi&oacute;s, mi
+dinero!, &iexcl;eh!... &iexcl;socorro!, &iexcl;guardias...!&raquo;.</p>
+
+<p>Chillido un&aacute;nime de espanto y desolaci&oacute;n llen&oacute; la casa. Ramoncita
+pensaba seriamente en que deb&iacute;a llamarse a la Guardia Civil.</p>
+
+<p>&laquo;Pillo, ven ac&aacute;; eso no se hace&raquo; grit&oacute; Jacinta corriendo a sujetarle.</p>
+
+<p>Una cosa agradaba mucho a la joven. Juan&iacute;n no obedec&iacute;a a nadie m&aacute;s que a
+ella. Pero la obedec&iacute;a a medias, mir&aacute;ndola con malicia, y suspendiendo
+su movimiento de ataque.</p>
+
+<p>&laquo;Ya me conoce&mdash;pensaba ella&mdash;. Ya sabe que soy su mam&aacute;, que lo ser&eacute; de
+veras... Ya, ya le educar&eacute; yo como es debido&raquo;.</p>
+
+<p>Lo m&aacute;s particular fue que cuando se despidi&oacute;, el <i>Pituso</i> quer&iacute;a irse
+con ella. &laquo;Volver&eacute;, hijo de mi alma, volver&eacute;... &iquest;Veis c&oacute;mo me quiere?,
+&iquest;lo veis?... Con que portarse bien todos, y no rega&ntilde;ar. Al que sea malo,
+no le quiero yo...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>No se le coc&iacute;a el pan a Barbarita hasta no aplacar su curiosidad viendo
+aquella alhaja que su hija le hab&iacute;a comprado, un nieto. Fuera este
+ap&oacute;crifo o verdadero, la se&ntilde;ora quer&iacute;a conocerle y examinarle; y en
+cuanto tuvo Juan compa&ntilde;&iacute;a, buscaron suegra y nuera un pretexto para
+salir, y se encaminaron a la morada de Benigna. Por el camino, Jacinta
+explor&oacute; otra vez el &aacute;nimo de su t&iacute;a, esperando que se hubieran disipado
+sus prevenciones; pero vio con mucho disgusto que Barbarita continuaba
+tan severa y suspicaz como el d&iacute;a precedente. &laquo;A Baldomero le ha sabido
+esto muy mal. Dice que es preciso garant&iacute;as... y, francamente, yo creo
+que has obrado muy de ligero...&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando entr&oacute; en la casa y vio al <i>Pituso</i>, la severidad, lejos de
+disminuir, parec&iacute;a m&aacute;s acentuada. Contempl&oacute; Barbarita sin decir palabra
+al que le presentaban como nieto, y despu&eacute;s mir&oacute; a su nuera, que estaba
+en ascuas, con un nudo muy fuerte en la garganta. Mas de repente, y
+cuando Jacinta se dispon&iacute;a a o&iacute;r denegaciones categ&oacute;ricas, la abuela
+lanz&oacute; una fuerte exclamaci&oacute;n de alegr&iacute;a, diciendo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Hijo de mi alma!... &iexcl;amor m&iacute;o!, ven, ven a mis brazos&raquo;.</p>
+
+<p>Y lo apret&oacute; contra s&iacute; tan en&eacute;rgicamente, que el <i>Pituso</i> no pudo menos
+de protestar con un chillido.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Hijo m&iacute;o!... coraz&oacute;n... gloria, &iexcl;qu&eacute; guapo eres!... Rico, tesoro; un
+beso a tu abuelita&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se parece?&mdash;pregunt&oacute; Jacinta no pudiendo expresarse bien, porque se
+le ca&iacute;a la baba, como vulgarmente se dice.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que si se parece! &mdash;observ&oacute; Barbarita trag&aacute;ndole con los ojos&mdash;.
+Clavado, hija, clavado... &iquest;Pero qu&eacute; duda tiene? Me parece que estoy mirando a Juan cuando ten&iacute;a
+cuatro a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Jacinta se ech&oacute; a llorar. &laquo;Y por lo que hace a esa fantasmona...&mdash;agreg&oacute;
+la se&ntilde;ora examinando m&aacute;s las facciones del chico&mdash;, bien se le conoce en
+este espejo que es guapa... Es una perfecci&oacute;n este ni&ntilde;o&raquo;.</p>
+
+<p>Y vuelta a abrazarle y a darle besos.</p>
+
+<p>&laquo;Pues nada, hija &mdash;a&ntilde;adi&oacute; despu&eacute;s con resoluci&oacute;n&mdash;, a casa con &eacute;l&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta no deseaba otra cosa. Pero Barbarita corrigi&oacute; al instante su
+propia espontaneidad, diciendo: &laquo;No... no nos precipitemos. Hay que
+hablar antes a tu marido. Esta noche sin falta se lo dices t&uacute;, y yo me
+encargo de volver a tantear a Baldomero... Si es clavado, pero
+clavado...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y usted que dudaba! &mdash;Qu&eacute; quieres... Era preciso dudar, porque estas
+cosas son muy delicadas. Pero la procesi&oacute;n me andaba por dentro.
+&iquest;Creer&aacute;s que anoche he so&ntilde;ado con este mu&ntilde;eco? Ayer, sin saber lo que
+hac&iacute;a compr&eacute; un nacimiento. Lo compr&eacute; maquinalmente, por efecto de un no
+s&eacute; qu&eacute;... mi resabio de compras movido del pensamiento que me dominaba.</p>
+
+<p>&mdash;Bien sab&iacute;a yo que usted cuando le viera...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Y las tiendas cerradas hoy!&mdash;exclam&oacute; Barbarita en tono de
+consternaci&oacute;n&mdash;. Si estuvieran abiertas, ahora mismo le compraba un
+vestidito de marinero con su gorra en que diga: <i>Numancia</i>. &iexcl;Qu&eacute; bien le
+estar&aacute;! Hijo de mi coraz&oacute;n, ven ac&aacute;... No te me escapes; si te quiero
+mucho, &iexcl;si soy tu abuelita...! Me dicen estos tontainas que has roto el
+camello del Rey negro. Bien, vida m&iacute;a, bien roto est&aacute;. Ya le comprar&eacute; yo
+a mi ni&ntilde;o una gruesa de camellos y de reyes negros, blancos y de todos
+los colores.</p>
+
+<p>Jacinta ten&iacute;a ya celos. Pero consol&aacute;base de ellos viendo que Juan&iacute;n no
+quer&iacute;a estar en el regazo de su abuela y se deslizaba de los brazos de
+esta para buscar los de su mam&aacute; verdadera. En aquel punto de la escena
+que se describe, empezaron de nuevo las acusaciones y una serie de
+informes sobre los distintos actos de barbarie consumados por Juan&iacute;n.
+Los cinco fiscales se enracimaban en torno a las dos damas, formulando
+cada cual su queja en los t&eacute;rminos m&aacute;s difamatorios. &iexcl;V&aacute;lganos Dios lo
+que hab&iacute;a hecho! Hab&iacute;a cogido una bota de Isabelita y tir&aacute;dola dentro de
+la jofaina llena de agua para que nadase como un pato. &laquo;&iexcl;Ay, qu&eacute; rico!&raquo;
+clamaba Barbarita comi&eacute;ndosele a besos. Despu&eacute;s se hab&iacute;a quitado su
+propio calzado, porque era un marrano que gustaba de andar descalzo con
+las patas sobre el suelo. &laquo;&iexcl;Ay, qu&eacute; rico!...&raquo;. Quitose tambi&eacute;n las
+medias y ech&oacute; a correr detr&aacute;s del gato, cogi&eacute;ndolo por el rabo y d&aacute;ndole
+muchas vueltas... Por eso estaba tan mal humorado el pobre animalito...
+Luego se hab&iacute;a subido a la mesa del comedor para pegarle un palo a la
+l&aacute;mpara... &laquo;&iexcl;Ay, qu&eacute; rico!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Cuidado que es desgracia!&mdash;repiti&oacute; la se&ntilde;ora de Santa Cruz dando un
+gran suspiro&mdash;, &iexcl;las tiendas cerradas hoy!... Porque es preciso
+comprarle ropita, mucha ropita... Hay en casa de Sobrino unas medidas de
+colores y unos trajecitos de punto que son una preciosidad... &Aacute;ngel,
+ven, ven con tu abuelita... &iexcl;Ah!, ya conoce el muy pillo lo que has
+hecho por &eacute;l, y no quiere estar con nadie m&aacute;s que contigo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo...&mdash;indic&oacute; Jacinta con orgullo&mdash;. Pero no; &eacute;l es bueno
+&iquest;s&iacute;?, y quiere tambi&eacute;n a su abuelita, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>Al retirarse, iban por la calle tan desatinadas la una como la otra. Lo
+dicho dicho: aquella misma noche hablar&iacute;an las dos a sus respectivos
+maridos.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a, que fue el 25, hubo gran comida, y Juanito se retir&oacute; temprano
+de la mesa muy fatigado y con dolor de cabeza. Su mujer no se atrevi&oacute; a
+decirle nada, reserv&aacute;ndose para el d&iacute;a siguiente. Ten&iacute;a bien preparado
+todo el discurso, que confiaba en pronunciarlo entero sin el menor
+tropiezo y sin turbarse. El 26 por la ma&ntilde;ana entr&oacute; D. Baldomero en el
+cuarto de su hijo cuando este se acababa de levantar, y ambos estuvieron
+all&iacute; encerrados como una media hora. Las dos damas esperaban ansiosas en
+el gabinete el resultado de la conferencia, y las impresiones de
+Barbarita no ten&iacute;an nada de lisonjeras: &laquo;Hija, Baldomero no se nos
+presenta muy favorable. Dice que es necesario probarlo... ya ves t&uacute;,
+probarlo; y que eso del parecido ser&aacute; ilusi&oacute;n nuestra... Veremos lo que
+dice Juan&raquo;.</p>
+
+<p>Tan anhelantes estaban las dos, que se acercaron a la puerta de la
+alcoba por ver si pescaban alguna s&iacute;laba de lo que el padre y el hijo
+hablaban. Pero no se percib&iacute;a nada. La conversaci&oacute;n era sosegada, y a
+veces parec&iacute;a que Juan se re&iacute;a. Pero estaba de Dios que no pudieran
+salir de aquella cruel duda tan pronto como deseaban. Pareci&oacute; que el
+mismo demonio lo hizo, porque en el momento de salir D. Baldomero del
+cuarto de su hijo, he aqu&iacute; que se presentan en el despacho Villalonga y
+Federico Ruiz. El primero cay&oacute; sobre Santa Cruz para hablarle de los
+pr&eacute;stamos al Tesoro que hac&iacute;a con dinero suyo y ajeno, gan&aacute;ndose el
+ciento por ciento en pocos meses, y el segundo se meti&oacute; de rond&oacute;n en el
+cuarto del Delf&iacute;n. Jacinta no pudo hablar con este; pero se sorprendi&oacute;
+mucho de verle risue&ntilde;o y de la mirada maliciosa y un tanto burlona que
+su marido le ech&oacute;.</p>
+
+<p>Fueron todos a almorzar y el misterio continuaba. Cuenta Jacinta que
+nunca como en aquella ocasi&oacute;n sinti&oacute; ganas de dar a una persona de
+bofetadas y machacarla contra el suelo. Hubiera destrozado a Federico
+Ruiz, cuya charla insustancial y mareante, como zumbido de abej&oacute;n, se
+interpon&iacute;a entre ella y su marido. El maldito ten&iacute;a en aquella &eacute;poca la
+demencia de <i>los castillos</i>; estaba haciendo averiguaciones sobre todos
+los que en Espa&ntilde;a existen m&aacute;s o menos ruinosos, para escribir una gran
+obra her&aacute;ldica, arqueol&oacute;gica y de castrametaci&oacute;n sentimental, que aunque
+estuviese bien hecha no hab&iacute;a de servir para nada. Mareaba a Cristo con
+sus aspavientos por si tales o cuales ruinas eran bizantinas, mud&eacute;jares
+o lombardas con influencia moz&aacute;rabe y perfiles rom&aacute;nicos. &laquo;&iexcl;Oh!, &iexcl;el
+castillo de Coca!, &iquest;pues y el de Tur&eacute;gano?... Pero ninguno llegaba a los
+del Bierzo... &iexcl;Ah!, &iexcl;el Bierzo!... la riqueza que hay en ese pa&iacute;s es un
+asombro&raquo;. Luego resultaba que la tal <i>riqueza</i> era de muros
+despedazados, de aleros podridos y de bastiones que se ca&iacute;an piedra a
+piedra. Pon&iacute;a los ojos en blanco, las manos en cruz y los hombros a la
+altura de las orejas para decir: &laquo;hay una ventana en el Castillo de
+Ponferrada que... vamos... no puedo expresar lo que es aquello...&raquo;.
+Creer&iacute;ase que por la tal ventana se ve&iacute;a al Padre Eterno y a toda la
+Corte Celestial. &laquo;Caramba con la ventana&mdash;pensaba Jacinta, a quien le
+estaba haciendo da&ntilde;o el almuerzo&mdash;. Me gustar&iacute;a de veras si sirviera
+para tirarte por ella a la calle con todos tus condenados castillos&raquo;.</p>
+
+<p>Villalonga y D. Baldomero no prestaban ni pizca de atenci&oacute;n a los
+entusiasmos de su insufrible amigo, y se ocupaban en cosas de m&aacute;s
+sustancia.</p>
+
+<p>&laquo;Porque, fig&uacute;rese usted... el Director del Tesoro acepta el pr&eacute;stamo en
+consolidado que est&aacute; a 13... y extiende el pagar&eacute; por todo el valor
+nominal... al inter&eacute;s del 12 por 100. Usted vaya atando cabos...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Es escandaloso... &iexcl;Pobre pa&iacute;s!...</p>
+
+<p>Un instante se vieron solos Juanito y su mujer, y pudieron decirse
+cuatro palabras. Jacinta quiso hacerle una pregunta que ten&iacute;a preparada;
+pero &eacute;l se anticip&oacute; dej&aacute;ndola yerta con esta cruel&iacute;sima frase, dicha en
+tono cari&ntilde;oso: &laquo;Nena, ven ac&aacute;, &iquest;con que hijitos tenemos?&raquo;.</p>
+
+<p>Y no era posible explicarse m&aacute;s, porque la tertulia se enzarz&oacute; y
+vinieron otros amigos que empezaron a re&iacute;r y a bromear, tom&aacute;ndole el
+pelo a Federico Ruiz con aquello de los castillos y pregunt&aacute;ndole con
+seriedad si los hab&iacute;a estudiado todos sin que se le escapase alguno en
+la cuenta. Despu&eacute;s la conversaci&oacute;n recay&oacute; en la pol&iacute;tica. Jacinta estaba
+desesperada, y en los ratos que pod&iacute;a cambiar una palabrita con su
+suegra, esta pon&iacute;ale una cara muy desconsolada, dici&eacute;ndole: &laquo;Mal
+negocio, hija, mal negocio&raquo;.</p>
+
+<p>Por la noche, comensales otra vez, y luego tertulia y mucha gente. Hasta
+las doce dur&oacute; aquel martirio. Se marcharon al fin uno a uno.</p>
+
+<p>Jacinta les hubiera echado, abriendo todas las ventanas y sacudi&eacute;ndoles
+con una servilleta, como se hace con las moscas. Cuando su marido y
+ella se quedaron solos, parec&iacute;ale la casa un para&iacute;so; pero sus
+ansiedades eran tan grandes que no pod&iacute;a saborear el dulce aislamiento.
+&iexcl;Solos en la alcoba! Al fin...</p>
+
+<p>Juan cogi&oacute; a su mujer cual si fuera una mu&ntilde;eca, y le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Alma m&iacute;a, tus sentimientos son de &aacute;ngel; pero tu raz&oacute;n, all&aacute; por esas
+nubes, se deja alucinar. Te han enga&ntilde;ado; te han dado un soberbio timo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, no me digas eso &mdash;murmur&oacute; Jacinta, despu&eacute;s de una pausa en
+que quiso hablar y no pudo.</p>
+
+<p>&mdash;Si desde el principio hubieras hablado conmigo...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el Delf&iacute;n
+muy cari&ntilde;oso&mdash;. Pero aqu&iacute; tienes el resultado de tus tapujos... &iexcl;Ah, las
+mujeres!, todas ellas tienen una novela en la cabeza, y cuando lo que
+imaginan no aparece en la vida, que es lo m&aacute;s com&uacute;n, sacan su
+composicioncita.</p>
+
+<p>Estaba la infeliz tan turbada que no sab&iacute;a qu&eacute; decir: &laquo;Ese Jos&eacute;
+Izquierdo...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Es un tunante. Te ha enga&ntilde;ado de la manera m&aacute;s chusca... S&oacute;lo t&uacute;, que
+eres la misma inocencia puedes caer en redes tan mal urdidas... Lo que
+me espanta es que Izquierdo haya podido tener ideas... Es tan bruto;
+pero tan bruto, que en aquella cabeza no cabe una invenci&oacute;n de esta
+clase. Por lo bestia que es, parece honrado sin serlo. No, no discurri&oacute;
+&eacute;l tan gracioso timo. O mucho me enga&ntilde;o, o esto sali&oacute; de la cabeza de un
+novelista que se alimenta con jud&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;El pobre Ido es incapaz... &mdash;De enga&ntilde;ar a sabiendas, eso s&iacute;. Pero no
+te quepa duda. La primitiva idea de que ese ni&ntilde;o es mi hijo debi&oacute; ser
+suya. La concebir&iacute;a como sospecha, como inspiraci&oacute;n
+art&iacute;stico-flatulenta, y el otro se dijo: &laquo;Pues toma, aqu&iacute; hay un
+negocio&raquo;. Lo que es a <i>Plat&oacute;n</i> no se le ocurre; de eso estoy seguro.</p>
+
+<p>Jacinta, anonadada, quer&iacute;a defender su tema a todo trance. &laquo;Juan&iacute;n es tu
+hijo, no me lo niegues&raquo; replic&oacute; llorando.</p>
+
+<p>&mdash;Te juro que no... &iquest;C&oacute;mo quieres que te lo jure?... &iexcl;Ay Dios m&iacute;o!,
+ahora se me est&aacute; ocurriendo que ese pobre ni&ntilde;o es el hijo de la hijastra
+de Izquierdo. &iexcl;Pobre Nicolasa! Se muri&oacute; de sobreparto. Era una excelente
+chica. Su ni&ntilde;o tiene, con diferencia de tres meses, la misma edad que
+tendr&iacute;a el m&iacute;o si viviese.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si viviese! &mdash;Si viviese... s&iacute;... Ya ves c&oacute;mo te canto claro. Esto
+quiere decir que no vive.</p>
+
+<p>&mdash;No me has hablado nunca de eso &mdash;declar&oacute; severamente Jacinta&mdash;. Lo
+&uacute;ltimo que me contaste fue... qu&eacute; s&eacute; yo... No me gusta recordar esas
+cosas. Pero se me vienen al pensamiento sin querer. &laquo;No la vi m&aacute;s, no
+supe m&aacute;s de ella; intent&eacute; socorrerla y no la pude encontrar&raquo;. A ver,
+&iquest;fue esto lo que me dijiste?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, y era la verdad, la pura verdad. Pero m&aacute;s adelante hay otro
+episodio, del cual no te he hablado nunca, porque no hab&iacute;a para qu&eacute;.
+Cuando ocurri&oacute;, hac&iacute;a ya un a&ntilde;o que est&aacute;bamos casados; viv&iacute;amos en la
+mejor armon&iacute;a... Hay ciertas cosas que no se deben decir a una esposa.
+Por discreta y prudente que sea una mujer, y t&uacute; lo eres mucho, siempre
+alborota algo en tales casos; no se hace cargo de las circunstancias, ni
+se fija en los m&oacute;viles de las acciones. Entonces call&eacute;, y creo
+firmemente que hice bien en callar. Lo que pas&oacute; no es desfavorable para
+m&iacute;. Pod&iacute;a hab&eacute;rtelo dicho; pero &iquest;y si lo interpretabas mal? Ahora ha
+llegado la ocasi&oacute;n de cont&aacute;rtelo, y veremos qu&eacute; juicio formas. Lo que s&iacute;
+puedo asegurarte es que ya no hay m&aacute;s. Esto que te voy a decir es el
+&uacute;ltimo p&aacute;rrafo de una historia que te he referido por entregas. Y se
+acab&oacute;. Asunto agotado... Pero es tarde, hija m&iacute;a, nos acostaremos,
+dormiremos y ma&ntilde;ana...</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;No, no, no&mdash;grit&oacute; Jacinta m&aacute;s bien airada que impaciente&mdash;. Ahora
+mismo... &iquest;Crees que yo puedo dormir en esta ansiedad?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo que es yo, chiquilla, me acuesto&mdash;dijo el Delf&iacute;n,
+disponi&eacute;ndose a hacerlo&mdash;. Si creer&aacute;s t&uacute; que te voy a revelar algo que
+pone los pelos de punta. &iexcl;Si no es nada...!, te lo cuento porque es la
+prueba de que te han enga&ntilde;ado. Veo que pones una cara muy t&eacute;trica. Pues
+si no fuera porque el lance es bastante triste, te dir&iacute;a que te
+rieras... &iexcl;Te has de quedar m&aacute;s convencida...! Y no te apures por la
+<i>plancha</i>, hija. Ah&iacute; tienes lo que las personas sacan de ser demasiado
+buenas. Los &aacute;ngeles, como que est&aacute;n acostumbrados a volar, no andan por
+la tierra sin dar un traspi&eacute; a cada paso.</p>
+
+<p>Se hab&iacute;a acostumbrado de tal modo Jacinta a la idea de hacer suyo a
+Juan&iacute;n, de criarle y educarle como hijo, que le lastimaba al sentirlo
+arrancado de s&iacute; por una prueba, por un argumento en que interven&iacute;a la
+aborrecida mujer aquella cuyo nombre quer&iacute;a olvidar. Lo m&aacute;s particular
+era que segu&iacute;a queriendo al <i>Pituso</i>, y que su cari&ntilde;o y su amor propio
+se sublevaban contra la idea de arrojarle a la calle. No le abandonar&iacute;a
+ya, aunque su marido, su suegra y el mundo entero se rieran de ella y la
+tuvieran por loca y rid&iacute;cula.</p>
+
+<p>&laquo;Y ahora&mdash;sigui&oacute; Santa Cruz, muy bien empaquetado entre sus s&aacute;banas&mdash;,
+desp&iacute;dete de tu novela, de esa grande invenci&oacute;n de dos ingenios, Ido del
+Sagrario y Jos&eacute; Izquierdo... Vamos all&aacute;... Lo &uacute;ltimo que te dije
+fue...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Fue que se hab&iacute;a marchado de Madrid y que no pudiste averiguar a
+d&oacute;nde. Esto me lo contaste en Sevilla.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; memoria tienes! Pues pas&oacute; tiempo, y al a&ntilde;o de casados, un d&iacute;a, de
+repente, plaf... entras t&uacute; en mi cuarto y me das una carta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo? &mdash;S&iacute;, una cartita que trajeron para m&iacute;. La abro, me quedo as&iacute; un
+poco atontado... Me preguntas qu&eacute; es, y te digo: &laquo;Nada, es la madre del
+pobre Valledor que me pide una recomendaci&oacute;n para el alcalde...&raquo;. Cojo
+mi sombrero y a la calle.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Volv&iacute;a a Madrid, te llamaba, te escrib&iacute;a!...&mdash;observ&oacute; Jacinta,
+sent&aacute;ndose al borde del lecho, la mirada fija, apagada la voz.</p>
+
+<p>&mdash;Es decir, hac&iacute;a que me escribieran, porque la pobrecilla no sabe...
+&laquo;Pues se&ntilde;or, no hay m&aacute;s remedio que ir all&aacute;&raquo;. Cree que tu pobre marido
+iba de muy mal humor. No puedes figurarte lo que le molestaba la
+resurrecci&oacute;n de una cosa que cre&iacute;a muerta y desaparecida para siempre.
+&laquo;&iquest;Por d&oacute;nde saldr&aacute; ahora?... &iquest;Para qu&eacute; me llamar&aacute;?&raquo;. Yo dec&iacute;a tambi&eacute;n:
+&laquo;De fijo que hay muchacho por en medio&raquo;. Esta sucesi&oacute;n me cargaba. &laquo;Pero
+en fin, &iexcl;qu&eacute; remedio!...&raquo; pensaba al subir por aquellas oscuras
+escaleras. Era una casa de la calle de Hortaleza, al parecer de
+hu&eacute;spedes. En el bajo hay tienda de ata&uacute;des. &iquest;Y qu&eacute; era?, que la infeliz
+hab&iacute;a venido a Madrid con su hijo, con el m&iacute;o: &iquest;por qu&eacute; no decirlo
+claro?, y con un hombre, el cual estaba muy mal de fondos, lo que no
+tiene nada de particular... Llegar y ponerse malo el pobre ni&ntilde;o fue todo
+uno. Viose la pobre en un trance muy apurado. &iquest;A qui&eacute;n acudir? Era
+natural: a m&iacute;. Yo se lo dije. &laquo;Has hecho perfectamente...&raquo;. La m&aacute;s negra
+era que el garrotillo le cogi&oacute; al pobrecillo nene tan de filo, que
+cuando yo llegu&eacute;... te va a dar mucha pena, como me la dio a m&iacute;... pues
+s&iacute;, cuando llegu&eacute;, el pobre ni&ntilde;o estaba expirando. Lo que yo le dec&iacute;a al
+verla hecha un mar de l&aacute;grimas: &laquo;&iquest;Por qu&eacute; no me avisaste antes?&raquo;. Claro,
+yo habr&iacute;a llevado uno o dos buenos m&eacute;dicos y qui&eacute;n sabe, qui&eacute;n sabe si
+le hubi&eacute;ramos salvado.</p>
+
+<p>Jacinta callaba. El terror no la dejaba articular palabra.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y t&uacute; no lloraste?&raquo; fue lo primero que se le ocurri&oacute; decir.</p>
+
+<p>&mdash;Te aseguro que pas&eacute; un rato... &iexcl;ay qu&eacute; rato! &iexcl;Y tener que disimular en
+casa delante de ti! Aquella noche ibas t&uacute; al Real. Yo fui tambi&eacute;n; pero
+te juro que en mi vida he sentido, como en aquella noche, la tristeza
+agarrada a mi alma. T&uacute; no te acordar&aacute;s... No sab&iacute;as nada.</p>
+
+<p>&mdash;Y... &mdash;Y nada m&aacute;s. Le compr&eacute; la cajita azul m&aacute;s bonita que hab&iacute;a en la
+tienda de abajo, y se le llev&oacute; al cementerio en un carro de lujo con dos
+caballos empenachados, sin m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a que la del hombre de Fortunata y
+el marido, o lo que fuera, de la patrona. En la Red de San Luis, mira lo
+que son las casualidades, me encontr&eacute; a mam&aacute;... D&iacute;jome: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; p&aacute;lido
+est&aacute;s!&raquo;. &laquo;Es que vengo de casa de Moreno Vallejo a quien le han cortado
+hoy la pierna&raquo;. En efecto, le hab&iacute;an cortado la pierna, a consecuencia
+de la ca&iacute;da del caballo. Dici&eacute;ndolo, mir&eacute; desaparecer por la calle de
+la Montera abajo el carro con la cajita azul... &iexcl;Cosas del mundo! Vamos
+a ver: si yo te hubiera contado esto, &iquest;no habr&iacute;an sobrevenido mil
+disgustos, celos y cuestiones?</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute;s no&mdash;dijo la esposa dando un gran suspiro&mdash;. Seg&uacute;n lo que venga
+detr&aacute;s. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute; despu&eacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Todo lo que sigue es muy soso. Desde que se dio tierra al peque&ntilde;uelo,
+yo no ten&iacute;a otro deseo que ver a la madre tomando el portante. Puedes
+cre&eacute;rmelo: no me interesaba nada. Lo &uacute;nico que sent&iacute;a era compasi&oacute;n por
+sus desgracias, y no era floja la de vivir con aquel b&aacute;rbaro, un tiote
+grosero que la trataba muy mal y no la dejaba ni respirar. &iexcl;Pobre mujer!
+Yo le dije, mientras &eacute;l estaba en el cementerio: &laquo;&iquest;C&oacute;mo es que vives con
+este animal y le aguantas?&raquo;. Y respondiome: &laquo;No tengo m&aacute;s amparo que
+esta fiera. No le puedo ver; pero el agradecimiento...&raquo;. Es triste cosa
+vivir de esta manera, aborreciendo y agradeciendo. Ya ves cu&aacute;nta
+desgracia, cu&aacute;nta miseria hay en este mundo, ni&ntilde;a m&iacute;a... Bueno, pues
+sigo dici&eacute;ndote que aquella infeliz pareja me dio la gran jaqueca. El
+tal, que era mercachifle de estos que ponen puestos en las ferias,
+pretend&iacute;a una plaza de contador de la depositar&iacute;a de un pueblo.
+&iexcl;Valiente animal! Me atosigaba con sus exigencias, y aun con amenazas, y
+no tard&eacute; en comprender que lo que quer&iacute;a era sacarme dinero. La pobre
+Fortunata no me dec&iacute;a nada. Aquel bestia no le permit&iacute;a que me viera y
+hablara sin estar &eacute;l presente, y ella, delante de &eacute;l, apenas alzaba del
+suelo los ojos; tan aterrorizada la ten&iacute;a. Una noche, seg&uacute;n me cont&oacute; la
+patrona, la quiso matar el muy bruto. &iquest;Sabes por qu&eacute;?, porque me hab&iacute;a
+mirado. As&iacute; lo dec&iacute;a &eacute;l... Me puedes creer, como esta es noche, que
+Fortunata no me inspiraba sino l&aacute;stima. Se hab&iacute;a desmejorado mucho de
+f&iacute;sico, y en lo espiritual no hab&iacute;a ganado nada. Estaba flaca, sucia,
+vest&iacute;a de pingos que ol&iacute;an mal, y la pobreza, la vida de perros y la
+compa&ntilde;&iacute;a de aquel salvaje hab&iacute;anle quitado gran parte de sus atractivos.
+A los tres d&iacute;as se me hicieron insoportables las exigencias de la fiera,
+y me avine a todo. No tuve m&aacute;s remedio que decir: &laquo;Al enemigo que huye,
+puente de plata&raquo;; y con tal de verles marchar, no me importaba el
+sablazo que me dieron. Afloj&eacute; los cuartos a condici&oacute;n de que se hab&iacute;an
+de ir inmediatamente. Y aqu&iacute; paz y despu&eacute;s gloria. Y se acab&oacute; mi cuento,
+ni&ntilde;a de mi vida, porque no he vuelto a saber una palabra de aquel
+respetable tronco, lo que me llena de contento.</p>
+
+<p>Jacinta ten&iacute;a su mirada engarzada en los dibujos de la colcha. Su marido
+le tom&oacute; una mano y se la apret&oacute; mucho. Ella no dec&iacute;a m&aacute;s que &laquo;&iexcl;Pobre</p>
+
+<p><i>Pituso</i>, pobre Juan&iacute;n!&raquo;. De repente una idea hiri&oacute; su mente como un
+latigazo, sac&aacute;ndola de aquel abatimiento en que estaba. Era la
+convicci&oacute;n &uacute;ltima que se revolv&iacute;a furiosa en las agon&iacute;as del
+vencimiento. No existe nada que se resigne a morir, y el error es quiz&aacute;s
+lo que con m&aacute;s bravura se defiende de la muerte. Cuando el error se ve
+amenazado de esa ridiculez a que el lenguaje corriente da el nombre de
+<i>plancha</i>, hace desesperados esfuerzos, azuzado por el amor propio, para
+prolongar su existencia. De los escombros de sus ilusiones deshechas
+sac&oacute;, pues, Jacinta el &uacute;ltimo argumento, el &uacute;ltimo; pero lo esgrimi&oacute; con
+br&iacute;o, quiz&aacute;s por lo mismo que ya no ten&iacute;a m&aacute;s. &laquo;Todo lo que has dicho
+ser&aacute; verdad: no lo pongo en duda. Pero yo no te digo sino una cosa: &iquest;Y
+el parecido?&raquo;.</p>
+
+<p>Lo mismo fue o&iacute;r esto el Delf&iacute;n, que partirse de risa.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;El parecido! Si no hay tal parecido ni lo puede haber. S&oacute;lo existe en
+tu imaginaci&oacute;n. Los chicos de esa edad se parecen siempre a quien quiere
+el que los mira. Obs&eacute;rvale bien ahora, exam&iacute;nale las facciones con
+imparcialidad, pero con imparcialidad y conciencia, &iquest;sabes?... y si
+despu&eacute;s de esto sigues encontrando parecido, es que hay brujer&iacute;a en
+ello&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta le contemplaba en su mente con aquella imparcialidad tan
+recomendada, y... la verdad... el parecido subsist&iacute;a... aunque un
+poquillo borroso y desvaneci&eacute;ndose por grados. En la desesperaci&oacute;n de su
+inevitable derrota, encontr&oacute; a&uacute;n la dama otro argumento.</p>
+
+<p>&laquo;Tu mam&aacute; tambi&eacute;n le encontr&oacute; un gran parecido&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Porque t&uacute; le calentaste la cabeza. T&uacute; y mam&aacute; sois dos buenas
+mani&aacute;ticas. Yo reconozco que en esta casa hace falta un chiquit&iacute;n.
+Tambi&eacute;n yo lo deseo tanto como vosotras; pero esto, hija de mi alma, no
+se puede ir a buscar a las tiendas, ni lo debe traer Estupi&ntilde;&aacute; debajo de
+la capa, como las cajas de cigarros. El parecido, conv&eacute;ncete tontuela,
+no es m&aacute;s que la exaltaci&oacute;n de tu pensamiento por causa de esa maldita
+novela del ni&ntilde;o encontrado. Y puedes creerlo, si como historia el caso
+es falso, como novela es cursi. Si no, f&iacute;jate en las personas que te han
+ayudado al desarrollo de tu obra: Ido del Sagrario, un flatulento; Jos&eacute;
+Izquierdo, un loco de la clase de cabeller&iacute;as; Guillermina, una loca
+santa, pero loca al fin. Luego viene mam&aacute;, que al verte a ti chiflada,
+se chifla tambi&eacute;n. Su bondad le oscurece la raz&oacute;n, como a ti, porque
+sois tan buenas que a veces, cr&eacute;elo, es preciso ataros. No, no te r&iacute;as;
+a las personas que son muy buenas, muy buenas, llega un momento en que
+no hay m&aacute;s remedio que atarlas.</p>
+
+<p>Jacinta le sonre&iacute;a con tristeza, y su marido le hizo muchas caricias,
+afan&aacute;ndose por tranquilizarla. Tanto le rog&oacute; que se acostara, que al fin
+accedi&oacute; a ello.</p>
+
+<p>&laquo;Ma&ntilde;ana&mdash;dijo ella&mdash;, ir&aacute;s conmigo a verle&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;A qui&eacute;n... &iquest;al chiquillo de Nicolasa?... &iexcl;Yo!</p>
+
+<p>&mdash;Aunque no sea m&aacute;s que por curiosidad... Consid&eacute;ralo como una compra
+que hemos hecho las dos mani&aacute;ticas. Si compr&aacute;ramos un perrito, &iquest;no
+querr&iacute;as verle?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues ir&eacute;. Falta que mam&aacute; me deje salir ma&ntilde;ana... y bien podr&iacute;a,
+que este encierro me va cargando ya.</p>
+
+<p>Acostose Jacinta en su lecho, y al poco rato observ&oacute; que su esposo
+dorm&iacute;a. Ella ten&iacute;a poco sue&ntilde;o y pensaba en lo que acababa de o&iacute;r. &iexcl;Qu&eacute;
+cuadro m&aacute;s triste y qu&eacute; visi&oacute;n aquella de la miseria humana! Tambi&eacute;n
+pens&oacute; mucho en el <i>Pituso</i>. &laquo;Se me figura que ahora le quiero m&aacute;s.
+&iexcl;Pobrecito, tan lindo, tan mono y no parecerse...! Pero si yo me
+confirmo en que se parece... &iexcl;Que es ilusi&oacute;n! &iquest;C&oacute;mo ha de ser ilusi&oacute;n?
+No me vengan a m&iacute; con cuentos. Aquellos plieguecitos de la nariz cuando
+se r&iacute;e... aquel entrecejo...&raquo;. Y as&iacute; estuvo hasta muy tarde.</p>
+
+<p>El 28 por la ma&ntilde;ana, ya de vuelta de misa, entr&oacute; Barbarita en la alcoba
+del matrimonio joven a decirles que el d&iacute;a estaba muy bueno, y que el
+enfermo pod&iacute;a salir bien abrigado. &laquo;Os cog&eacute;is el coche y vais a dar una
+vuelta por el Retiro&raquo;. Jacinta no deseaba otra cosa, ni el Delf&iacute;n
+tampoco. S&oacute;lo que en vez de ir al Retiro, se personaron en casa de Ram&oacute;n
+Villuendas. Hall&aacute;base este en el escritorio; pero cuando les vio entrar
+subi&oacute; con ellos, deseando presenciar la escena del reconocimiento, que
+esperaba fuera pat&eacute;tica y teatral. Mucho se pasmaron &eacute;l y Benigna de que
+Juan viera al peque&ntilde;uelo con sosegada indiferencia, sin hacer ninguna
+demostraci&oacute;n de cari&ntilde;o paternal.</p>
+
+<p>&laquo;Hola, barbi&aacute;n&mdash;dijo Santa Cruz sent&aacute;ndose y cogiendo al chico por ambas
+manos&mdash;. Pues es guapo de veras. L&aacute;stima que no sea nuestro... No te
+apures, mujer, ya vendr&aacute; el verdadero <i>Pituso</i>, el leg&iacute;timo, de los
+propios cosecheros o de la propia t&iacute;a Javiera&raquo;.</p>
+
+<p>Benigna y Ram&oacute;n miraban a Jacinta.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos a ver&mdash;prosigui&oacute; el otro constituy&eacute;ndose en tribunal&mdash;. Vengan
+ustedes aqu&iacute; y digan imparcialmente, con toda rectitud y libertad de
+juicio, si este chico se parece a m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Silencio. Lo rompi&oacute; Benigna para decir:</p>
+
+<p>&laquo;Verdaderamente... yo... nunca encontr&eacute; tal parecido&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute;?&mdash;pregunt&oacute; Juan a Ram&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Yo... pues digo lo mismo que Benigna.</p>
+
+<p>Jacinta no sab&iacute;a disimular su turbaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Ustedes dir&aacute;n lo que quieran... pero yo... Es que no se fijan bien... Y
+en &uacute;ltimo caso, vamos a ver, &iquest;me negar&aacute;n que es mon&iacute;simo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, eso no... y que tiene que ser un gran pillete. Tiene a quien
+salir. Su padre fue primero empleado en el <i>gas</i>; despu&eacute;s punto figurado
+en la casa de juego del <i>pulpitillo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Punto figurado! &iquest;Y qu&eacute; es eso?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, una gran posici&oacute;n... El pap&aacute; de este ni&ntilde;o, si no me enga&ntilde;o, debe
+de estar ahora tomando aires en Ceuta.</p>
+
+<p>&mdash;Eso, eso no&mdash;indic&oacute; Jacinta con rabia&mdash;. &iquest;Tambi&eacute;n quieres t&uacute; infamar a
+mi ni&ntilde;o? D&aacute;mele ac&aacute;... &iquest;No es verdad, hijo, que tu pap&aacute; no...?</p>
+
+<p>Todos se echaron a re&iacute;r. Consol&aacute;base ella de su desairada situaci&oacute;n
+bes&aacute;ndole y diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;Mirad c&oacute;mo me quiere. Pues no, no le abandono, aunque lo mande quien lo
+mande. Es m&iacute;o&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Como que te ha costado tu dinero.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>El chico le ech&oacute; los brazos al cuello y mir&oacute; a los dem&aacute;s con rencor,
+como indignado de la nota infamante que se quer&iacute;a arrojar sobre su
+estirpe. Los otros ni&ntilde;os se le llevaron para jugar, no sin que antes le
+hiciera Jacinta muchas caranto&ntilde;as, por lo cual dijo Benigna que no
+<i>deb&iacute;a darle tan fuerte</i>.</p>
+
+<p>&laquo;C&aacute;llate t&uacute;... Digo que no le abandono. Me le llevar&eacute; a casa&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s loca? &mdash;insinu&oacute; el Delf&iacute;n con severidad.</p>
+
+<p>&mdash;No, que estoy bien cuerda. &mdash;Vamos, ten discreci&oacute;n... No digo yo
+tampoco que se le eche a la calle; pero en el Hospicio, bien
+recomendado, no lo pasar&iacute;a mal.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En el Hospicio! &mdash;exclam&oacute; Jacinta con la cara muy encendida&mdash;, &iexcl;para
+que me le manden a los entierros... y le den de comer aquellas
+bazofias...!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero t&uacute; qu&eacute; crees? Eres una criatura. &iquest;De d&oacute;nde sacas que as&iacute; se
+toman ni&ntilde;os ajenos? Chica, chica, est&aacute;s en pleno romanticismo.</p>
+
+<p>Benigna y su marido manifestaron con en&eacute;rgicos signos de cabeza que
+aquello del romanticismo estaba muy bien dicho.</p>
+
+<p>&laquo;Pero si yo tambi&eacute;n le quiero proteger&mdash;afirm&oacute; Juan apreciando los
+sentimientos de su mujer y disculpando su exageraci&oacute;n&mdash;. Ha sido una
+suerte para &eacute;l haber ca&iacute;do en nuestras manos libr&aacute;ndose de las de
+Izquierdo. Pero no disloquemos las ideas. Una cosa es protegerle y otra
+llev&aacute;rnosle a casa. Aunque yo quisiera darte ese gusto, falta que mi
+padre lo consintiera. Tus buenos sentimientos te hacen delirar, &iquest;verdad,
+Benigna? Yo le he dicho que a las personas muy buenas, muy buenas, es
+menester atarlas algunas veces. Esta es un &aacute;ngel, y los &aacute;ngeles caen en
+la tonter&iacute;a de creer que el mundo es el cielo. El mundo no es el cielo,
+&iquest;verdad, Ram&oacute;n?, y nuestras acciones no pueden ser basadas en el
+criterio angelical. Si todo lo que piensan y sienten los &aacute;ngeles, como
+mi mujer, se llevara a la pr&aacute;ctica, la vida ser&iacute;a imposible,
+absolutamente imposible. Nuestras ideas deben inspirarse en las ideas
+generales, que son el ambiente moral en que vivimos. Yo bien s&eacute; que se
+debe aspirar a la perfecci&oacute;n; pero no dando de puntapi&eacute;s a la armon&iacute;a
+del mundo, &iexcl;pues bueno estar&iacute;a!... a la armon&iacute;a del mundo, que es...
+para que lo sepas... un grandioso mecanismo de imperfecciones,
+admirablemente equilibradas y combinadas. Vamos a ver, te he convencido,
+&iquest;s&iacute; o no?</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute;, as&iacute; &mdash;replic&oacute; Jacinta muy triste, un poco aturdida por las
+paradojas de su marido. Jacinta ten&iacute;a idea tan alta de los talentos y de
+las sabias lecturas del Delf&iacute;n, que rara vez dejaba de doblegarse ante
+ellas, aunque en su fuero interno guardase algunos juicios
+independientes que la modestia y la subordinaci&oacute;n no le permit&iacute;an
+manifestar. No hab&iacute;an transcurrido diez segundos despu&eacute;s de aquel <i>as&iacute;,
+as&iacute;</i>, cuando se oy&oacute; una gran chiller&iacute;a. &laquo;&iquest;Qu&eacute; es, qu&eacute; hay?&raquo;. &iexcl;Qu&eacute; hab&iacute;a
+de ser sino alguna barbaridad de Juan&iacute;n! As&iacute; lo comprendi&oacute; Benigna,
+corriendo alarmada al comedor, de donde el temeroso estr&eacute;pito ven&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bien por los chicos valientes! &mdash;dijo Santa Cruz, a punto que Ram&oacute;n
+Villuendas se desped&iacute;a para bajar al escritorio. Jacinta corri&oacute; al
+comedor y a poco volvi&oacute; aterrada.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No sabes lo que ha hecho? Hab&iacute;a en el comedor una bandeja de arroz con
+leche. Juan&iacute;n se sube sobre una silla y empieza a coger el arroz con
+leche a pu&ntilde;ados... as&iacute;, as&iacute;, y despu&eacute;s de hartarse, lo tira por el suelo
+y se limpia las manos en las cortinas&raquo;.</p>
+
+<p>Oyose la voz de Benigna, hecha una furia: &laquo;Te voy a matar...
+&iexcl;indecente!, &iexcl;cafre!&raquo;. Los dem&aacute;s chicos aparecieron chillando. Jacinta
+les rega&ntilde;&oacute;: &laquo;Pero vosotros, tontainas, &iquest;no ve&iacute;ais lo que estaba
+haciendo? &iquest;Por qu&eacute; no avisasteis? &iquest;Es que le dej&aacute;is enredar para despu&eacute;s
+re&iacute;ros y armar estos alborotos?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, ll&eacute;vate, ll&eacute;vate de una vez de mi casa este cachorro de
+tigre&mdash;dijo Benigna, entrando muy soliviantada&mdash;. &iexcl;Virgen del Carmen, mi
+bandeja de arroz con leche!</p>
+
+<p>Los chicos de Villuendas saltaban gozosos.</p>
+
+<p>&laquo;Vosotros ten&eacute;is la culpa, bobones; vosotros que le azuz&aacute;is&raquo; d&iacute;joles la
+tiita, que en alguien ten&iacute;a que descargar su enfado.</p>
+
+<p>&laquo;T&uacute; le tienes que lavar &mdash;manifest&oacute; Benigna, sin cejar en su c&oacute;lera&mdash;,
+t&uacute;, t&uacute;. &iexcl;C&oacute;mo me ha puesto las cortinas!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, mujer, le lavar&eacute;. No te apures.</p>
+
+<p>&mdash;Y vestirle de limpio. Yo no puedo. Bastante tengo con los m&iacute;os... Y
+nada m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, no alborotes tanto, que todo ello es poca cosa.</p>
+
+<p>Jacinta y su marido fueron al comedor, donde le encontraron hecho un
+adefesio, cara, manos y vestido llenos de aquella pringue.</p>
+
+<p>&laquo;Bien, bien por los hombres bravos&mdash;grit&oacute; Juan en presencia de la
+fiera&mdash;. Mano al arroz con leche. Me hace gracia este muchacho&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Te voy a matar, pillo&mdash;le dijo su mam&aacute; adoptiva, arrodill&aacute;ndose ante
+&eacute;l y conteniendo la risa&mdash;. Te has puesto bonito... ver&aacute;s que jabonadura
+te vas a llevar.</p>
+
+<p>Mientras dur&oacute; el lavatorio, los Villuendas chicos se enracimaban en
+torno a su tiito, subi&eacute;ndosele a las rodillas y colg&aacute;ndosele de los
+brazos para contarle las grandes cochinadas que hac&iacute;a el bruto de
+Juan&iacute;n. No s&oacute;lo se com&iacute;a las velas, sino que lam&iacute;a los platos, y
+<i>dimpu&eacute;s</i>... tiraba los tenedores al suelo. Cuando su pap&aacute; Ram&oacute;n le
+reprend&iacute;a, le ense&ntilde;aba la lengua, diciendo <i>hostias</i> y otras
+<i>isprisiones</i> feas, y <i>dimpu&eacute;s</i>... hac&iacute;a una cosa muy indecente, &iexcl;vaya!,
+que era levantarse el vestido por detr&aacute;s, dar media vuelta ech&aacute;ndose a
+re&iacute;r y ense&ntilde;ar el culito.</p>
+
+<p>Santa Cruz no pod&iacute;a permanecer serio. Volvi&oacute; al fin Jacinta, trayendo de
+la mano al delincuente ya lavado y vestido de limpio, y a poco entr&oacute;
+Benigna, completamente aplacada, y encar&aacute;ndose con su cu&ntilde;ado, le dijo
+con la mayor severidad: &laquo;&iquest;Tienes ah&iacute; un duro? No tengo suelto&raquo;. Juan se
+apresur&oacute; a sacar el duro, y en el mismo momento en que lo pon&iacute;a en la
+mano de Benigna, Jacinta y los chicos soltaron una carcajada. Santa Cruz
+cay&oacute; de su burro.</p>
+
+<p>&laquo;Me la has dado, chica. No me acordaba de que es hoy d&iacute;a de Inocentes.
+Buena ha sido, buena. Ya me extra&ntilde;&oacute; a mi un poco que en esta casa del
+dinero no hubiera suelto&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Tomad&mdash;dijo Benigna a los ni&ntilde;os&mdash;; vuestro tiito os convida a dulces.</p>
+
+<p>&mdash;Para inocentadas&mdash;indic&oacute; Juan riendo&mdash;, la que nos ha querido dar mi
+mujer.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; no&mdash;replic&oacute; Benigna&mdash;. Aqu&iacute; hemos hablado mucho de esto, y la
+verdad, &eacute;l podr&iacute;a ser aut&eacute;ntico; pero la tostada del parecido no la
+encontr&aacute;bamos. Y pues resulta que esta preciosa fierecita no es de la
+familia... yo me alegro, y pido que me hagan el favor de quit&aacute;rmela de
+casa. Bastantes jaquecas me dan las m&iacute;as.</p>
+
+<p>Jacinta y su marido le rogaron al retirarse que le tuviese un d&iacute;a m&aacute;s.
+Ya decidir&iacute;an.</p>
+
+<p>Cosas muy crueles hab&iacute;a de o&iacute;r Jacinta aquel d&iacute;a, pero de cuanto oy&oacute;
+nada le causara tanto asombro y descorazonamiento como estas palabras
+que Barbarita le dijo al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&laquo;Baldomero est&aacute; incomodado con tu bromazo. Juan le habl&oacute; claro. No hay
+tal hijo ni a cien mil leguas. La verdad, t&uacute; te precipitaste; y en
+cuanto al parecido... Hablando con franqueza, hija; no se parece nada,
+pero nada&raquo;.</p>
+
+<p>Era lo que le quedaba por o&iacute;r a Jacinta.</p>
+
+<p>&laquo;Pero usted... &iexcl;por la Virgen sant&iacute;sima! tambi&eacute;n...&mdash;atreviose a decir
+cuando el espanto se lo permiti&oacute;&mdash;, tambi&eacute;n usted crey&oacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Es que se me pegaron tus ilusiones &mdash;replic&oacute; la suegra esforz&aacute;ndose en
+disculpar su error&mdash;. Dice Juan que es man&iacute;a; yo lo llamo ilusi&oacute;n, y las
+ilusiones se pegan como las viruelas. Las ideas fijas son contagiosas.
+Por eso, mira t&uacute;, por eso tengo yo tanto miedo a los locos y me asusto
+tanto de verme a su lado. Es que cuando alguno est&aacute; cerca de m&iacute; y se
+pone a hacer visajes, me pongo tambi&eacute;n yo a hacer lo mismo. Somos monos
+de imitaci&oacute;n... Pues s&iacute;, conv&eacute;ncete, lo del parecido es ilusi&oacute;n, y las
+dos... lo dir&eacute; muy bajito, las dos hemos hecho una soberbia plancha. &iquest;Y
+ahora, qu&eacute; hacer? No se te pase por la cabeza traerle aqu&iacute;. Baldomero no
+lo consiente, y tiene mucha raz&oacute;n. Yo... si he de decirte la verdad, le
+he tomado cari&ntilde;o. &iexcl;Ay!, sus salvajadas me divierten. &iexcl;Es tan mono! &iexcl;Qu&eacute;
+ojitos aquellos!, &iquest;pues y los plieguecitos de la nariz?... y aquella
+boca, aquellos labios, el piquito que hace con los labios, sobre todo.
+Ven ac&aacute; y ver&aacute;s el nacimiento que le compr&eacute;.</p>
+
+<p>Llev&oacute; a Jacinta a su cuarto de vestir y despu&eacute;s de mostrarle el
+nacimiento, le dijo: &laquo;Aqu&iacute; hay m&aacute;s contrabando. Mira. Esta ma&ntilde;ana fui a
+las tiendas, y... aqu&iacute; tienes: medias de color, un traje de punto, azul,
+a estilo ingl&eacute;s. Mira la gorra que dice <i>Numancia</i>. Este es un capricho
+que yo ten&iacute;a. Estar&aacute; salad&iacute;simo. Te juro que si no le veo con el
+letrero en la frente, voy a tener un disgusto&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta oy&oacute; y vio esto con melancol&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Si supiera usted lo que hizo esta ma&ntilde;ana!&raquo; dijo; y cont&oacute; el lance del
+arroz con leche.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Dios m&iacute;o, qu&eacute; gracioso!... Es para com&eacute;rselo... Yo, te digo la
+verdad, le traer&iacute;a a casa si no fuera porque a Baldomero y a Juan no les
+gustan estos tapujos... &iexcl;Ay!, de veras te lo digo. No puede una vivir
+sin tener alg&uacute;n ser peque&ntilde;ito a quien adorar. &iexcl;Hija de mi alma!, es una
+gran desgracia para todos que t&uacute; no nos <i>des</i> algo.</p>
+
+<p>A Jacinta se le clav&oacute; esta frase en el coraz&oacute;n, y estuvo temblando un
+rato en &eacute;l y agrandando la herida, como sucede con las flechas que no se
+han clavado bien.</p>
+
+<p>&laquo;Pues s&iacute;, esta casa es muy... muy sosona. Le falta una criatura que
+chille y alborote, que haga diabluras, que nos traiga a todos mareados.
+Cuando le hablo de esto a Baldomero, se r&iacute;e de m&iacute;; pero bien se le
+conoce que es hombre dispuesto a andar por esos suelos a cuatro pies,
+con los chicos a la pela&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que Benigna no le quiere tener &mdash;dijo la nuera&mdash;, ni es posible
+tampoco tenerle aqu&iacute;, le pondremos en casa de Candelaria. Yo le pasar&eacute;
+un tanto al mes a mi hermana para que el hu&eacute;sped no sea una carga
+pesada...</p>
+
+<p>&mdash;Me parece muy bien pensado; pero muy bien pensado. Est&aacute;s como las
+gatas paridas, escondiendo las cr&iacute;as hoy aqu&iacute;, ma&ntilde;ana all&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; remedio hay?... Porque lo que es al Hospicio no va. Eso que no
+lo piensen... &iexcl;Qu&eacute; cosas se le ocurren a mi marido! Ya, como a &eacute;l no le
+han hecho ir nunca a los entierros, pisando lodos, aguantando la lluvia
+y el fr&iacute;o, le parece muy natural que el otro pobrecito se cr&iacute;e entre
+ata&uacute;des... S&iacute;, est&aacute; fresco.</p>
+
+<p>&mdash;Yo me encargo de pagarle la pensi&oacute;n en casa de Candelaria&mdash;dijo
+Barbarita, secrete&aacute;ndose con su hija como los chiquillos que est&aacute;n
+concertando una travesura&mdash;. Me parece que debo empezar por comprarle
+una camita. &iquest;A ti qu&eacute; te parece?</p>
+
+<p>Replic&oacute; la otra que le parec&iacute;a muy bien y se consol&oacute; mucho con esta
+conversaci&oacute;n, d&aacute;ndose a forjar planes y a imaginar goces maternales.
+Pero quiso su mala suerte que aquel mismo d&iacute;a o el pr&oacute;ximo cortase el
+vuelo de su mente D. Baldomero, el cual la llam&oacute; a su despacho para
+echarle el siguiente serm&oacute;n:</p>
+
+<p>&laquo;Querida, me ha dicho B&aacute;rbara que est&aacute;s muy confusa por no saber qu&eacute;
+hacer con ese muchacho. No te apures; todo se arreglar&aacute;.</p>
+
+<p>Porque t&uacute; te ofuscaras, no vamos a echarle a la calle. Para otra vez,
+bueno ser&aacute; que no te dejes llevar de tu buen coraz&oacute;n... tan a paso de
+carga, porque todo debe moderarse, hija, hasta los impulsos sublimes...
+Dice Juan, y est&aacute; muy en lo justo, que los procedimientos angelicales
+trastornan la sociedad. Como nos empe&ntilde;emos todos en ser perfectos, no
+nos podremos aguantar unos a otros, y habr&iacute;a que andar a bofetadas...
+Bueno, pues te dec&iacute;a, que ese pobre ni&ntilde;o queda bajo mi protecci&oacute;n; pero
+no vendr&aacute; a esta casa, porque ser&iacute;a indecoroso, ni a la casa de ninguna
+persona de la familia, porque parecer&iacute;a tapujo&raquo;.</p>
+
+<p>No estaba conforme con estas ideas Jacinta; pero el respeto que su padre
+pol&iacute;tico le inspiraba le quit&oacute; el resuello, imposibilit&aacute;ndola de
+expresar lo mucho y bueno que se le ocurr&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Por consiguiente &mdash;prosigui&oacute; el respetable se&ntilde;or tom&aacute;ndole a su nuera
+las dos manos&mdash;, ese caballerito que compraste ser&aacute; puesto en el asilo
+de Guillermina... No hay que fruncir las cejas. All&iacute; estar&aacute; como en la
+gloria. Ya he hablado con la santa. Yo le pensiono, para que se le d&eacute;
+educaci&oacute;n y una crianza conveniente. Aprender&aacute; un oficio, y qui&eacute;n sabe,
+qui&eacute;n sabe si una carrera. Todo est&aacute; en que saque disposici&oacute;n. Par&eacute;ceme
+que no te entusiasmas con mi idea. Pero reflexiona un poquito y ver&aacute;s
+que no hay otro camino... All&iacute; estar&aacute; tan ricamente, bien comido, bien
+abrigado... Ayer le di a Guillermina cuatro piezas de pa&ntilde;o del Reino
+para que les haga chaquetas. Ver&aacute;s que guapines les va a poner. &iexcl;Y que
+no les llenan bien la barriga en gracia de Dios! Observa, si no, los
+cachetes que tienen, y aquellos colores de manzana. Ya quisieran muchos
+ni&ntilde;os, cuyos pap&aacute;s gastan levita y cuyas mam&aacute;s se zarandean por ah&iacute;,
+estar tan lucidos y bien apa&ntilde;ados como est&aacute;n los de Guillermina&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta se iba convenciendo, y cada vez sent&iacute;a menos fuerza para
+oponerse a las razones de aquel excelente hombre.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;; aqu&iacute; donde me ves&mdash;agreg&oacute; Santa Cruz con jovialidad&mdash;, yo tambi&eacute;n
+le tengo cari&ntilde;o a ese mu&ntilde;eco... quiero decir que no me libr&eacute; del
+contagio de vuestra man&iacute;a de meter chicos en esta casa. Cuando B&aacute;rbara
+me lo dijo, estaba ella tan cre&iacute;da de que era mi nieto, que yo tambi&eacute;n
+me lo tragu&eacute;. Verdad que exig&iacute; pruebas... pero mientras ven&iacute;an tales
+pruebas, perd&iacute; la chaveta... &iexcl;cosas de viejo!, y estuve todo aquel d&iacute;a
+haciendo cat&aacute;logos. Yo procuraba no darle mucha cuerda a B&aacute;rbara, ni
+dejarme arrastrar por ella, y me dec&iacute;a: &laquo;Tengamos serenidad y no
+chocheemos hasta ver...&raquo;. Pero pensando en ello, te lo digo ahora en
+confianza, sal&iacute; a la calle, me re&iacute;a solo, y sin saber lo que me hac&iacute;a,
+me met&iacute; en el Bazar de la Uni&oacute;n y...&raquo;.</p>
+
+<p>Don Baldomero, acentuando m&aacute;s su sonrisa paternal, abri&oacute; una gaveta de
+su mesa y sac&oacute; un objeto envuelto en papeles.</p>
+
+<p>&laquo;Y le compr&eacute; esto... Es un acorde&oacute;n. Pensaba d&aacute;rselo cuando lo trajerais
+a casa... Ver&aacute;s qu&eacute; instrumento tan bonito y qu&eacute; buenas voces...
+veinticuatro reales&raquo;.</p>
+
+<p>Cogiendo el acorde&oacute;n por las dos tapas, empez&oacute; a estirarlo y a
+encogerlo, haciendo <i>flin flan</i> repetidas veces. Jacinta se re&iacute;a y al
+propio tiempo se le escaparon dos l&aacute;grimas. Entr&oacute; entonces de improviso
+Barbarita, diciendo: &laquo;&iquest;Qu&eacute; m&uacute;sica es esta?... A ver, a ver&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, querida&mdash;declar&oacute; el buen se&ntilde;or acus&aacute;ndose francamente&mdash;. Que a
+m&iacute; tambi&eacute;n se me fue el santo al Cielo. No lo quer&iacute;a decir. Cuando t&uacute; me
+saliste con que lo del nieto era una novela, <i>flin flan</i>, me dio la idea
+de tirar esta m&uacute;sica a la calle, sin que nadie la viera; pero ya que se
+compr&oacute; para &eacute;l, <i>flin flan</i>, que la disfrute... &iquest;no os parece?</p>
+
+<p>&mdash;A ver, dame ac&aacute;&mdash;indic&oacute; Barbarita content&iacute;sima, ansiosa de ta&ntilde;er el
+pueril instrumento&mdash;. &iexcl;Ah!, calavera, as&iacute; me gastas el dinero en vicios.
+D&aacute;melo... lo tocar&eacute; yo... <i>flin flan</i>... &iexcl;Ay!, no s&eacute; qu&eacute; tiene esto...
+&iexcl;da un gusto o&iacute;rlo! Parece que alegra toda la casa.</p>
+
+<p>Y sali&oacute; tocando por los pasillos y diciendo a Jacinta: &laquo;Bonito
+juguete... &iquest;verdad? Ponte la mantilla, que ahora mismo vamos a
+llev&aacute;rselo, <i>flin flan</i>...&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="xia" id="xia"></a>-XI-</h2>
+
+<h2>Final, que viene a ser principio</h2>
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Quien manda, manda. Resolviose la cuesti&oacute;n del <i>Pituso</i> conforme a lo
+dispuesto por don Baldomero, y la propia Guillermina se lo llen&oacute; una
+ma&ntilde;anita a su asilo, donde qued&oacute; instalado. Iba Jacinta a verle muy a
+menudo, y su suegra la acompa&ntilde;aba casi siempre. El ni&ntilde;o estaban tan
+mimado, que la fundadora del establecimiento tuvo que tomar cartas en el
+asunto, amonestando severamente a sus amigas y cerr&aacute;ndoles la puerta no
+pocas veces. En los &uacute;ltimos d&iacute;as de aquel infausto a&ntilde;o, entr&aacute;ronle a
+Jacinta melancol&iacute;as, y no era para menos, pues el desairado y risible
+desenlace de la novela <i>Pitusiana</i> hubiera abatido al m&aacute;s pintado.
+Vinieron luego otras cosillas, menudencias si se quiere, pero como ca&iacute;an
+sobre un esp&iacute;ritu ya quebrantado, resultaban con mayor pesadumbre de la
+que por s&iacute; ten&iacute;an. Porque Juan, desde que se puso bueno y tom&oacute; calle,
+dej&oacute; de estar tan expansivo, sob&oacute;n y dengoso como en los d&iacute;as del
+encierro, y se acabaron aquellas escenas nocturnas en que la confianza
+imitaba el lenguaje de la inocencia. El Delf&iacute;n afectaba una gravedad y
+un seso propios de su talento y reputaci&oacute;n; pero acentuaba tanto la
+postura, que parec&iacute;a querer olvidar con una conducta sensata las
+chiquilladas del periodo catarral. Con su mujer mostr&aacute;base siempre
+afable y atento, pero fr&iacute;o, y a veces un tanto desde&ntilde;oso. Jacinta se
+tragaba este ac&iacute;bar sin decir nada a nadie. Sus temores de marras
+empezaban a condensarse, y atando cabos y observando pormenores, trataba
+de personalizar las distracciones de su marido. Pensaba primero en la
+institutriz de las ni&ntilde;as de Casa-Mu&ntilde;oz, por ciertas cosillas que hab&iacute;a
+visto casualmente, y dos o tres frases, cazadas al vuelo, de una
+conversaci&oacute;n de Juan con su confidente Villalonga. Despu&eacute;s tuvo esto por
+un disparate y se fij&oacute; en una amiga suya, casada con Moreno Vallejo,
+tendero de novedades de muy reducido capital. Dicha se&ntilde;ora gastaba un
+lujo estrepitoso, dando mucho que hablar. Hab&iacute;a, pues, un amante. A
+Jacinta se le puso en la cabeza que este era el Delf&iacute;n, y andaba
+desalada tras una palabra, un acento, un detalle cualquiera que se lo
+confirmase. M&aacute;s de una vez sinti&oacute; las cosquillas de aquella rabietina
+infantil que le entraba de sopet&oacute;n, y daba patadillas en el suelo y
+ten&iacute;a que refrenarse mucho para no irse hacia &eacute;l y tirarle del pelo
+dici&eacute;ndole: <i>pillo... farsante</i>, con todo lo dem&aacute;s que en su gresca
+matrimonial se acostumbra. Lo que m&aacute;s la atormentaba era que le quer&iacute;a
+m&aacute;s cuando &eacute;l se pon&iacute;a tan juicioso haciendo el bonit&iacute;simo papel de una
+persona que est&aacute; en la sociedad para dar ejemplo de moderaci&oacute;n y buen
+criterio. Y nunca estaba Jacinta m&aacute;s celosa que cuando su marido se daba
+aquellos aires de formalidad, porque la experiencia le hab&iacute;a ense&ntilde;ado a
+conocerle, y ya se sab&iacute;a, cuando el Delf&iacute;n se mostraba muy decidor de
+frases sensatas, envolviendo a la familia en el incienso de su
+argumentaci&oacute;n parad&oacute;jica, <i>picos pardos</i> seguros.</p>
+
+<p>Vinieron d&iacute;as marcados en la historia patria por sucesos resonantes, y
+aquella familia feliz discut&iacute;a estos sucesos como los discut&iacute;amos todos.
+&iexcl;El 3 de Enero de 1874!... &iexcl;El golpe de Estado de Pav&iacute;a! No se hablaba
+de otra cosa, ni hab&iacute;a nada mejor de qu&eacute; hablar. Era grato al
+temperamento espa&ntilde;ol un cambio teatral de instituciones, y volcar una
+situaci&oacute;n como se vuelca un puchero electoral. Hab&iacute;a estado
+admirablemente hecho, seg&uacute;n D. Baldomero, y el ej&eacute;rcito hab&iacute;a salvado
+<i>una vez m&aacute;s</i> a la desgraciada naci&oacute;n espa&ntilde;ola. El consolidado hab&iacute;a
+llegado a 11 y las acciones del Banco a 138. El cr&eacute;dito estaba hundido.
+La guerra y la anarqu&iacute;a no se acababan; hab&iacute;amos llegado al <i>per&iacute;odo
+&aacute;lgido del incendio</i>, como dec&iacute;a Aparisi, y pronto, muy pronto, el que
+tuviera una peseta la ense&ntilde;ar&iacute;a como cosa rara.</p>
+
+<p>Deseaban todos que fuese Villalonga a la casa para que les contara la
+memorable sesi&oacute;n de la noche del 2 al 3, porque la hab&iacute;a presenciado en
+los esca&ntilde;os rojos. Pero el representante del pa&iacute;s no aportaba por all&aacute;.
+Por fin se apareci&oacute; el d&iacute;a de Reyes por la ma&ntilde;ana. Pasaba Jacinta por el
+recibimiento, cuando el amigo de la casa entr&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Tocaya, buenos d&iacute;as... &iquest;c&oacute;mo est&aacute;n por aqu&iacute;? &iquest;Y el monstruo, se ha
+levantado ya?&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta no pod&iacute;a ver al dichoso tocayo. Fund&aacute;base esta antipat&iacute;a en la
+creencia de que Villalonga era el corruptor de su marido y el que le
+arrastraba a la infidelidad.</p>
+
+<p>&laquo;Pap&aacute; ha salido &mdash;d&iacute;jole no muy risue&ntilde;a&mdash;. &iexcl;Cu&aacute;nto sentir&aacute; no verle a
+usted para que le cuente eso!... &iquest;Tuvo usted mucho miedo? Dice Juan que
+se meti&oacute; usted debajo de un banco&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; gracia! &iquest;Ha salido tambi&eacute;n Juan?</p>
+
+<p>&mdash;No, se est&aacute; vistiendo. Pase usted.</p>
+
+<p>Y fue detr&aacute;s de &eacute;l, porque siempre que los dos amigos se encerraban,
+hac&iacute;a ella los imposibles por o&iacute;r lo que dec&iacute;an, poniendo su orejita
+rosada en el resquicio de la mal cerrada puerta. Jacinto esper&oacute; en el
+gabinete, y su tocaya entr&oacute; a anunciarle.</p>
+
+<p>&laquo;Pero qu&eacute;, &iquest;ha venido ya ese pelagatos?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... resalao... aqu&iacute; estoy.</p>
+
+<p>&mdash;Pasa, danzante... &iexcl;Dichosos los ojos...</p>
+
+<p>El amigote entr&oacute;. Jacinta notaba en los ojos de este algo de intenci&oacute;n
+picaresca. De buena gana se esconder&iacute;a detr&aacute;s de una cortina para
+estafarles sus secretos a aquel par de tunantes. Desgraciadamente ten&iacute;a
+que ir al comedor a cumplir ciertas &oacute;rdenes que Barbarita le hab&iacute;a
+dado... Pero dar&iacute;a una vueltecita, y tratar&iacute;a de pescar algo...</p>
+
+<p>&laquo;Cuenta, chico, cuenta. Est&aacute;bamos rabiando por verte&raquo;.</p>
+
+<p>Y Villalonga dio principio a su relato delante de Jacinta; pero en
+cuanto esta se march&oacute;, el semblante del narrador inundose de malicia.
+Miraron ambos a la puerta; cerciorose el compinche de que la esposa se
+hab&iacute;a retirado, y volvi&eacute;ndose hacia el Delf&iacute;n, le dijo con la voz
+temerosa que emplean los conspiradores dom&eacute;sticos:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Chico, no sabes... la noticia que te traigo...? &iexcl;Si supieras a qui&eacute;n
+he visto! &iquest;Nos oir&aacute; tu mujer?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre, pierde cuidado &mdash;replic&oacute; Juan poni&eacute;ndose los botones de la
+pechera&mdash;. Clar&eacute;ate pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues he visto a quien menos puedes figurarte... Est&aacute; aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n? &mdash;Fortunata... Pero no tienes idea de su transformaci&oacute;n. &iexcl;Vaya
+un cambiazo! Est&aacute; guap&iacute;sima, elegant&iacute;sima. Chico, me qued&eacute; turulato
+cuando la vi.</p>
+
+<p>Oy&eacute;ronse los pasos de Jacinta. Cuando apareci&oacute; levantando la cortina,
+Villalonga dio una brusca retorcedura a su discurso: &laquo;No, hombre, no me
+has entendido; la sesi&oacute;n empez&oacute; por la tarde y se suspendi&oacute; a las ocho.
+Durante la suspensi&oacute;n se trat&oacute; de llegar a una inteligencia. Yo me
+acercaba a todos los grupos a oler aquel guisado... &iexcl;jum!, malo, malo;
+el ministerio Palanca se iba cociendo, se iba cociendo... A todas
+esas... &iexcl;fig&uacute;rate si estar&iacute;an ciegos aquellos hombres!... a todas estas,
+fuera de las Cortes se estaba preparando la m&aacute;quina para echarles la
+zancadilla. Zalamero y yo sal&iacute;amos y entr&aacute;bamos a turno para llevar
+noticias a una casa de la calle de la Greda, donde estaban Serrano,
+Topete y otros. 'Mi general, no se entienden. Aquello es una balsa de
+aceite... hirviendo. Tumban a Castelar. En fin, se ha de ver ahora'.
+'Vuelva usted all&aacute;. &iquest;Habr&aacute; votaci&oacute;n?'.&mdash;'Creo que s&iacute;'. &mdash;'Tr&aacute;iganos
+usted el resultado'&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;El resultado de la votaci&oacute;n &mdash;indic&oacute; Santa Cruz&mdash;, fue contrario a
+Castelar. Di una cosa, &iquest;y si hubiera sido favorable?</p>
+
+<p>&mdash;No se habr&iacute;a hecho nada. Tenlo por cierto. Pues como te dec&iacute;a, habl&oacute;
+Castelar...</p>
+
+<p>Jacinta pon&iacute;a mucha atenci&oacute;n a esto; pero entr&oacute; Rafaela a llamarla y
+tuvo que retirarse.</p>
+
+<p>&laquo;Gracias a Dios que estamos solos otra vez&mdash;dijo el compinche despu&eacute;s
+que la vio salir&mdash;. &iquest;Nos oir&aacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha de o&iacute;r?... &iexcl;Qu&eacute; medroso te has vuelto! Cuenta, pronto. &iquest;D&oacute;nde
+la viste?</p>
+
+<p>&mdash;Pues anoche... estuve en el Suizo hasta las diez. Despu&eacute;s me fui un
+rato al Real, y al salir ocurriome pasar por <i>Praga</i> a ver si estaba
+all&iacute; Joaqu&iacute;n Pez, a quien ten&iacute;a que decir una cosa. Entro y lo primero
+que me veo es una pareja... en las mesas de la derecha... Quedeme
+mirando como un bobo... Eran un se&ntilde;or y una mujer vestida con una
+elegancia... &iquest;c&oacute;mo te dir&eacute;?, con una elegancia improvisada. &laquo;Yo conozco
+esa cara&raquo;, fue lo primero que se me ocurri&oacute;. Y al instante ca&iacute;... &laquo;&iexcl;Pero
+si es esa condenada de Fortunata!&raquo;. Por mucho que yo te diga, no puedes
+formarte idea de la metamorfosis... Tendr&iacute;as que verla por tus propios
+ojos. Est&aacute; de rechupete. De fijo que ha estado en Par&iacute;s, porque sin
+pasar por all&iacute; no se hacen ciertas transformaciones. P&uacute;seme todo lo
+cerca posible, esperando o&iacute;rla hablar. &laquo;&iquest;C&oacute;mo hablar&aacute;?&raquo; me dec&iacute;a yo.
+Porque el talle y el cors&eacute;, cuando hay dentro calidad, los arreglan los
+modistos f&aacute;cilmente; pero lo que es el lenguaje... Chico, hab&iacute;as de
+verla y te quedar&iacute;as lelo, como yo. Dir&iacute;as que su elegancia es de lance
+y que no tiene aire de se&ntilde;ora... Convenido; no tiene aire de se&ntilde;ora; ni
+falta... pero eso no quita que tenga un aire seductor, capaz de...
+Vamos, que si la ves, tiras piedras. Te acordar&aacute;s de aquel cuerpo sin
+igual, de aquel busto estatuario, de esos que se dan en el pueblo y
+mueren en la oscuridad cuando la civilizaci&oacute;n no los busca y los
+<i>presenta</i>. Cu&aacute;ntas veces lo dijimos: &laquo;&iexcl;Si este busto supiera
+explotarse...!&raquo;. Pues &iexcl;hala!, ya lo tienes en perfecta explotaci&oacute;n. &iquest;Te
+acuerdas de lo que sosten&iacute;as?... &laquo;El pueblo es la cantera. De &eacute;l salen
+las grandes ideas y las grandes bellezas. Viene luego la inteligencia,
+el arte, la mano de obra, saca el bloque, lo talla&raquo;... Pues chico, ah&iacute;
+la tienes bien labrada... &iexcl;Qu&eacute; l&iacute;neas tan primorosas!... Por supuesto,
+hablando, de fijo que mete la pata. Yo me acercaba con disimulo.
+Comprend&iacute; que me hab&iacute;a conocido y que mis miradas la cohib&iacute;an...
+&iexcl;Pobrecilla! Lo elegante no le quitaba lo ordinario, aquel no s&eacute; qu&eacute; de
+pueblo, cierta timidez que se combina no s&eacute; c&oacute;mo con el descaro, la
+conciencia de valer muy poco, pero muy poco, moral e intelectualmente,
+unida a la seguridad de esclavizar... &iexcl;ah, bribonas!, a los que valemos
+m&aacute;s que ellas... digo, no me atrevo a afirmar que valgamos m&aacute;s, como no
+sea por la forma... En resumidas cuentas, chico, est&aacute; que <i>ahuma</i>. Yo
+pensaba en la cantidad de agua que hab&iacute;a precedido a la transformaci&oacute;n.
+Pero &iexcl;ah!, las mujeres aprenden esto muy pronto. Son el mismo demonio
+para asimilarse todo lo que es del reino de la <i>toilette</i>. En cambio, yo
+apostar&iacute;a que no ha aprendido a leer... Son as&iacute;; luego dicen que si las
+pervertimos. Pues volviendo a lo mismo, la metamorfosis es completa.
+Agua, figurines, la f&aacute;cil costumbre de emperejilarse; despu&eacute;s seda,
+terciopelo, el sombrerito...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sombrero!&mdash;exclam&oacute; Juan en el colmo de la estupefacci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; y no puedes figurarte lo bien que le cae. Parece que lo ha llevado
+toda la vida... &iquest;Te acuerdas del pa&ntilde;olito por la cabeza con el pico
+arriba y la lazada?... &iexcl;Qui&eacute;n lo dir&iacute;a! &iexcl;Qu&eacute; transiciones!... Lo que te
+digo... Las que tienen genio, aprenden en un abrir y cerrar de ojos. La
+raza espa&ntilde;ola es tremenda, chico, para la asimilaci&oacute;n de todo lo que
+pertenece a la forma... &iexcl;Pero si hab&iacute;as de verla t&uacute;...! Yo, te lo
+confieso, estaba pasmado, absorto, embebe...</p>
+
+<p>&iexcl;Ay Dios m&iacute;o!, entr&oacute; Jacinta, y Villalonga tuvo que dar un quiebro
+violent&iacute;simo...</p>
+
+<p>&laquo;Te digo que estaba embebecido. El discurso de Salmer&oacute;n fue admirable...
+pero de lo m&aacute;s admirable... A&uacute;n me parece que estoy viendo aquella cara
+de <i>hijo del desierto</i>, y aquel movimiento horizontal de los ojos y la
+gallard&iacute;a de los gestos. Gran hombre; pero yo pensaba: 'No te valen tus
+filosof&iacute;as; en buena te has metido, y ya ver&aacute;s la que te tenemos
+armada'. Habl&oacute; despu&eacute;s Castelar. &iexcl;Qu&eacute; discursazo!, &iexcl;qu&eacute; valor de
+hombre!, &iexcl;c&oacute;mo se crec&iacute;a! Parec&iacute;ame que tocaba al techo. Cuando
+concluy&oacute;: 'A votar, a votar...'&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta volvi&oacute; a salir sin decir nada. Sospechaba quiz&aacute;s que en su
+ausencia los tunantes hablaban de otro asunto, y se alej&oacute; con &aacute;nimo de
+volver y aproximarse cautelosa.</p>
+
+<p>&laquo;Y aquel hombre... &iquest;qui&eacute;n era?&raquo; pregunt&oacute; el Delf&iacute;n que sent&iacute;a el ardor
+de una curiosidad febril.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Te dir&eacute;... desde que le vi, me dije: &laquo;Yo conozco esa cara&raquo;. Pero no pude
+caer en qui&eacute;n era. Entr&oacute; Pez y hablamos... &Eacute;l tambi&eacute;n quer&iacute;a
+reconocerle. Nos devan&aacute;bamos los sesos. Por fin ca&iacute;mos en la cuenta de
+que hab&iacute;amos visto a aquel sujeto d&iacute;as antes en el despacho del director
+del Tesoro. Creo que hablaba con este del pago de unos fusiles
+encargados a Inglaterra. Tiene acento catal&aacute;n, gasta bigote y perilla...
+cincuenta a&ntilde;os... bastante antip&aacute;tico. Pues ver&aacute;s; como Joaqu&iacute;n y yo la
+mir&aacute;bamos tanto, el t&iacute;o aquel se escamaba. Ella no <i>se timaba</i>...
+parec&iacute;a como vergonzosa... &iexcl;y qu&eacute; mona estaba con su verg&uuml;enza! &iquest;Te
+acuerdas de aquel palmito descolorido con cabos negros? Pues ha mejorado
+mucho, porque est&aacute; m&aacute;s gruesa, m&aacute;s llena de cara y de cuerpo.</p>
+
+<p>Santa Cruz estaba algo aturdido. Oyose la voz de Barbarita, que entraba
+con su nuera.</p>
+
+<p>&laquo;Sal&iacute; de estamp&iacute;a...&mdash;sigui&oacute; Villalonga&mdash;a anunciar a los amigos que
+hab&iacute;a empezado la votaci&oacute;n... A los pies de usted, Barbarita... Yo bien,
+&iquest;y usted? Aqu&iacute; estaba contando... Pues dec&iacute;a que ech&eacute; a correr...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hacia la calle de la Greda. &mdash;No... los amigos se hab&iacute;an trasladado a
+una casa de la calle de Alcal&aacute;, la de Casa-Irujo, que tiene ventanas al
+parque del ministerio de la Guerra... Subo y me les encuentro muy
+desanimados. Me asom&eacute; con ellos a las ventanas que dan a Buenavista, y
+no vi nada... &laquo;&iquest;Pero a cu&aacute;ndo esperan? &iquest;En qu&eacute; est&aacute;n pensando?...&raquo;.
+Francamente, yo cre&iacute; que el golpe se hab&iacute;a chafado y que Pav&iacute;a no se
+atrev&iacute;a a echar las tropas a la calle. Serrano, impaciente, limpiaba los
+cristales empa&ntilde;ados, para mirar, y abajo no se ve&iacute;a nada. &laquo;Mi general
+&mdash;le dije&mdash;, yo veo una faja negra, que as&iacute; de pronto, en la oscuridad
+de la noche, parece un z&oacute;calo... Mire usted bien, &iquest;no ser&aacute; una fila de
+hombres?&raquo;.&mdash;&laquo;&iquest;Y qu&eacute; hacen ah&iacute; pegados a la pared?&raquo;.&mdash;&laquo;Vea usted, vea
+usted, el z&oacute;calo se mueve. Parece una culebra que rodea todo el edificio
+y que ahora se desenrosca... &iquest;Ve usted?... la punta se extiende hacia
+las rampas&raquo;.&mdash;&laquo;Soldados son&mdash;dijo en voz baja el general, y en el mismo
+instante entr&oacute; Zalamero con medio palmo de lengua fuera, diciendo: &laquo;La
+votaci&oacute;n sigue: la ventaja que llevaba al principio Salmer&oacute;n, la lleva
+ahora Castelar... nueve votos... Pero a&uacute;n falta por votar la mitad del
+Congreso...&raquo;. Ansiedad en todas las caras... A m&iacute; me tocaba entonces ir
+all&aacute;, para traer el resultado final de la votaci&oacute;n... Tras, tras... cojo
+mi calle del Turco, y entrando en el Congreso, me encontr&eacute; a un
+periodista que sal&iacute;a: &laquo;La proposici&oacute;n lleva diez votos de ventaja.
+Tendremos ministerio Palanca&raquo;. &iexcl;Pobre Emilio!... Entr&eacute;. En el sal&oacute;n
+estaban votando ya las filas de arriba. Ech&eacute; un vistazo y sal&iacute;. Di la
+vuelta por la curva, pensando lo que acababa de ver en Buenavista, la
+cinta negra enroscada en el edificio... Figueras sali&oacute; por la
+escalerilla del reloj, y me dijo: &laquo;Usted qu&eacute; cree, &iquest;habr&aacute; trifulca esta
+noche?&raquo;. Y le respond&iacute;: &laquo;V&aacute;yase usted tranquilo, maestro, que no habr&aacute;
+nada...&raquo;. &laquo;Me parece&mdash;dijo con socarroner&iacute;a&mdash;que esto se lo lleva
+Pateta&raquo;. Yo me re&iacute;. Y a poco pasa un portero, y me dice con la mayor
+tranquilidad del mundo, que por la calle del Flor&iacute;n hab&iacute;a tropa. &laquo;&iquest;De
+veras? Visiones de usted. &iexcl;Qu&eacute; tropa ni qu&eacute; ni&ntilde;o muerto!&raquo;. Yo me hac&iacute;a
+de nuevas. Asom&eacute; la jeta por la puerta del reloj. &laquo;No me muevo de
+aqu&iacute;&mdash;pens&eacute;, mirando la mesa&mdash;. Ahora ver&eacute;is lo que es canela...&raquo;.
+Estaban leyendo el resultado de la votaci&oacute;n. Le&iacute;an los nombres de todos
+los votantes sin omitir uno. De repente aparecen por la puerta del
+rinc&oacute;n de Fernando el Cat&oacute;lico varios quintos mandados por un oficial, y
+se plantan junto a la escalera de la mesa. Parec&iacute;an comparsas de teatro.
+Por la otra puerta entr&oacute; un coronel viejo de la Guardia Civil.</p>
+
+<p>&laquo;El coronel Iglesias&mdash;dijo Barbarita, que deseaba terminase el relato&mdash;.
+De buena escap&oacute; el pa&iacute;s... Bien, Jacinto, supongo que almorzar&aacute; usted
+con nosotros&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya lo creo&mdash;dijo el Delf&iacute;n&mdash;. Hoy no le suelto; y pronto mam&aacute;,
+que es tarde.</p>
+
+<p>Barbarita y Jacinta salieron. &laquo;&iquest;Y Salmer&oacute;n qu&eacute; hizo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo puse toda mi atenci&oacute;n en Castelar, y le vi llevarse la mano a los
+ojos y decir: &iexcl;qu&eacute; ignominia! En la mesa se arm&oacute; un barullo espantoso...
+gritos, protestas. Desde el reloj vi una masa de gente, todos en pie...
+No distingu&iacute;a al presidente. Los quintos inm&oacute;viles... De repente &iexcl;pum!,
+son&oacute; un tiro en el pasillo...</p>
+
+<p>&mdash;Y empez&oacute; la desbandada... Pero dime otra cosa, chico. No puedo apartar
+de mi pensamiento... &iquest;Dec&iacute;as que llevaba sombrero?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n?... &iexcl;Ah, aquella!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, sombrero, y de much&iacute;simo gusto&mdash;dijo el compinche con tanto
+&eacute;nfasis como si continuara narrando el suceso hist&oacute;rico&mdash;, y vestido
+azul elegant&iacute;simo y abrigo de terciopelo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; est&aacute;s de guasa? Abrigo de terciopelo.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya... y con pieles, un abrigo soberbio. Le ca&iacute;a tan bien... que...</p>
+
+<p>Entr&oacute; Jacinta sin anunciarse ni con ruido de pasos ni de ninguna otra
+manera. Villalonga gir&oacute; sobre el &uacute;ltimo concepto como una veleta
+impulsada por fuerte racha de viento.</p>
+
+<p>&laquo;El abrigo que yo llevaba... mi gab&aacute;n de pieles... quiero decir, que en
+aquella marimorena me arrancaron una solapa... la piel de una solapa
+quiero decir...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando se meti&oacute; usted debajo del banco.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no me met&iacute; debajo de ning&uacute;n banco, tocaya. Lo que hice fue ponerme
+en salvo como los dem&aacute;s por lo que pudiera tronar.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, mira, querida esposa&mdash;dijo Santa Cruz, mostrando a su mujer el
+chaleco, que se quit&oacute; apenas puesto&mdash;. Mira c&oacute;mo cuelga ese &uacute;ltimo bot&oacute;n
+de abajo. Hazme el favor de peg&aacute;rselo o decirle a Rafaela que se lo
+pegue, o en &uacute;ltimo caso llamar al coronel Iglesias.</p>
+
+<p>&mdash;Venga ac&aacute;&mdash;dijo Jacinta con mal humor, saliendo otra vez.</p>
+
+<p>&mdash;En buen apuro me vi, camara&iacute;ta &mdash;dijo Villalonga conteniendo la
+risa&mdash;. &iquest;Se enterar&iacute;a? Pues ver&aacute;s; otro detalle. Llevaba unos pendientes
+de turquesas, que eran la gracia divina sobre aquel cutis moreno p&aacute;lido.
+&iexcl;Ay, qu&eacute; orejitas de Dios y qu&eacute; turquesas! Te las hubieras comido.
+Cuando les vimos levantarse, nos propusimos seguir a la pareja para
+averiguar d&oacute;nde viv&iacute;a. Toda la gente que hab&iacute;a en Praga la miraba, y
+ella m&aacute;s parec&iacute;a corrida que orgullosa. Salimos... tras, tras... calle
+de Alcal&aacute;, Peligros, Caballero de Gracia, ellos delante, nosotros
+detr&aacute;s. Por fin dieron fondo en la calle del Colmillo. Llamaron al
+sereno, les abri&oacute;, entraron.</p>
+
+<p>En una casa que est&aacute; en la acera del Norte entre la tienda de figuras de
+yeso y el establecimiento de burras de leche... all&iacute;.</p>
+
+<p>Entr&oacute; Jacinta con el chaleco.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos... a ver... &iquest;Manda us&iacute;a otra cosa?</p>
+
+<p>&mdash;Nada m&aacute;s, hijita; muchas gracias. Dice este monstruo que no tuvo miedo
+y que se sali&oacute; tan tranquilo... yo no lo creo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero miedo a qu&eacute;?... Si yo estaba en el ajo... Os dir&eacute; el &uacute;ltimo
+detalle para que os asombr&eacute;is. Los ca&ntilde;ones que puso Pav&iacute;a en las
+boca-calles estaban descargados. Y ya veis los que pas&oacute; dentro. Dos
+tiros al aire, y lo mismo que se desbandan los p&aacute;jaros posados en un
+&aacute;rbol cuando dais debajo de &eacute;l dos palmadas, as&iacute; se desband&oacute; la asamblea
+de la Rep&uacute;blica.</p>
+
+<p>&mdash;El almuerzo est&aacute; en la mesa. Ya pueden ustedes venir&mdash;dijo la esposa,
+que sali&oacute; delante de ellos muy preocupada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&oacute;magos, a defenderse!</p>
+
+<p>Algunas palabras hab&iacute;a cogido la Delfina al vuelo que no ten&iacute;an, a su
+parecer, ninguna relaci&oacute;n con aquello de las Cortes, el coronel Iglesias
+y el ministerio Palanca. Indudablemente hab&iacute;a moros por la costa. Era
+preciso descubrir, perseguir y aniquilar al corsario a todo trance. En
+la mesa vers&oacute; la conversaci&oacute;n sobre el mismo asunto, y Villalonga,
+despu&eacute;s de volver a contar el caso con todos sus pelos y se&ntilde;ales para
+que lo oyera D. Baldomero, a&ntilde;adi&oacute; diferentes pormenores que daban color
+a la historia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! Castelar tuvo golpes admirables. &laquo;&iquest;Y la Constituci&oacute;n
+federal?...&raquo;. &mdash;&laquo;La quemasteis en Cartagena&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bien dicho! &mdash;El &uacute;nico que se resist&iacute;a a dejar el local fue D&iacute;az
+Quintero, que empez&oacute; a pegar gritos y a forcejear con los guardias
+civiles... Los diputados y el presidente abandonaron el sal&oacute;n por la
+puerta del reloj y aguardaron en la biblioteca a que les dejaran salir.
+Castelar se fue con dos amigos por la calle del Flor&iacute;n, y retirose a su
+casa, donde tuvo un fuerte ataque de bilis.</p>
+
+<p>Estas referencias o noticias sueltas eran en aquella triste historia
+como las uvas desgranadas que quedan en el fondo del cesto despu&eacute;s de
+sacar los racimos. Eran las m&aacute;s maduras, y quiz&aacute;s por esto las m&aacute;s
+sabrosas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+<p>En los siguientes d&iacute;as, la observadora y suspicaz Jacinta not&oacute; que su
+marido entraba en casa fatigado, como hombre que ha andado mucho. Era la
+perfecta imagen del corredor que va y viene y sube escaleras y recorre
+calles sin encontrar el negocio que busca. Estaba cabizbajo como los que
+pierden dinero, como el cazador impaciente que se desperna de monte en
+monte sin ver pasar alima&ntilde;a cazable; como el artista desmemoriado a
+quien se le escapa del filo del entendimiento la idea feliz o la imagen
+que vale para &eacute;l un mundo. Su mujer trataba de reconocerle, echando en
+&eacute;l la sonda de la curiosidad cuyo plomo eran los celos; pero el Delf&iacute;n
+guardaba sus pensamientos muy al fondo y cuando advert&iacute;a conatos de
+sondaje, &iacute;base m&aacute;s abajo todav&iacute;a.</p>
+
+<p>Estaba el pobre Juanito Santa Cruz sometido al horroroso suplicio de la
+idea fija. Sali&oacute;, investig&oacute;, rebusc&oacute;, y la mujer aquella, visi&oacute;n
+inveros&iacute;mil que hab&iacute;a trastornado a Villalonga, no parec&iacute;a por ninguna
+parte. &iquest;Ser&iacute;a sue&ntilde;o, o ficci&oacute;n vana de los sentidos de su amigo? La
+portera de la casa indicada por Jacinto se prest&oacute; a dar cuantas noticias
+se le exig&iacute;an, mas lo &uacute;nico de provecho que Juan obtuvo de su
+indiscreci&oacute;n complaciente fue que en la casa de hu&eacute;spedes del segundo
+hab&iacute;an vivido un se&ntilde;or y una se&ntilde;ora, &laquo;guapetona ella&raquo; durante dos d&iacute;as
+nada m&aacute;s. Despu&eacute;s hab&iacute;an desaparecido... La portera declaraba con
+notoria agudeza que, a su parecer, el se&ntilde;or se hab&iacute;a largado por el
+tren, y la <i>individua</i>, se&ntilde;ora... o lo que fuera... <i>andaba por Madrid</i>.
+&iquest;Pero d&oacute;nde demonios andaba? Esto era lo que hab&iacute;a que averiguar. Con
+todo su talento no pod&iacute;a Juan darse explicaci&oacute;n satisfactoria del
+inter&eacute;s, de la curiosidad o af&aacute;n amoroso que despertaba en &eacute;l una
+persona a quien dos a&ntilde;os antes hab&iacute;a visto con indiferencia y hasta con
+repulsi&oacute;n. La forma, la p&iacute;cara forma, alma del mundo, ten&iacute;a la culpa.
+Hab&iacute;a bastado que la infeliz joven abandonada, miserable y quiz&aacute;s mal
+oliente se trocase en la aventurera elegante, limpia y seductora, para
+que los desdenes del hombre del siglo, que rinde culto al arte personal,
+se trocaran en un af&aacute;n ardiente de apreciar por s&iacute; mismo aquella
+transformaci&oacute;n admirable, prodigio de esta nuestra edad de seda. &laquo;Si
+esto no es m&aacute;s que curiosidad, pura curiosidad...&mdash;se dec&iacute;a Santa Cruz,
+caldeando su alma turbada&mdash;. Seguramente, cuando la vea me quedar&eacute; como
+si tal cosa; pero quiero verla, quiero verla a todo trance... y
+mientras no la vea, no creer&eacute; en la metamorfosis&raquo;. Y esta idea le
+dominaba de tal modo, que lo infructuoso de sus pesquisas produc&iacute;ale un
+dolor indecible, y se fue exaltando, y por &uacute;ltimo figur&aacute;base que ten&iacute;a
+sobre s&iacute; una grande, irreparable desgracia. Para acabar de aburrirle y
+trastornarle, un d&iacute;a fue Villalonga con nuevos cuentos. &laquo;He averiguado
+que el hombre aquel es un trapisondista... Ya no est&aacute; en Madrid. Lo de
+los fusiles era un timo... letras falsificadas&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ella... &mdash;A ella la ha visto ayer Joaqu&iacute;n Pez... Sosi&eacute;gate,
+hombre, no te vaya a dar algo. &iquest;D&oacute;nde dices? Pues por no s&eacute; qu&eacute; calle.
+La calle no importa. Iba vestida con la mayor humildad... T&uacute; dir&aacute;s como
+yo, &iquest;y el abrigo de terciopelo?... &iquest;y el sombrerito?... &iquest;y las
+turquesas?... Par&eacute;ceme que me dijo Joaqu&iacute;n que a&uacute;n llevaba las
+turquesas... No, no, no dijo esto, porque si las hubiera llevado, no las
+habr&iacute;a visto. Iba de pa&ntilde;uelo a la cabeza, bien anudado debajo de la
+barba, y con un mant&oacute;n negro de mucho uso, y un gran l&iacute;o de ropa en la
+mano... &iquest;Te explicas esto? &iquest;No? Pues yo s&iacute;... En el l&iacute;o iba el abrigo, y
+quiz&aacute;s otras prendas de ropa...</p>
+
+<p>&mdash;Como si lo viera&mdash;apunt&oacute; Juanito con r&aacute;pido discernimiento&mdash;. Joaqu&iacute;n
+la vio entrar en una casa de pr&eacute;stamos.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, &iexcl;qu&eacute; talentazo tienes!... Verde y con asa...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no la vio salir; no la sigui&oacute; despu&eacute;s para ver d&oacute;nde vive?</p>
+
+<p>&mdash;Eso te tocaba a ti... Tambi&eacute;n &eacute;l lo habr&iacute;a hecho. Pero considera, alma
+cristiana, que Joaquinito es de la Junta de Aranceles y Valoraciones, y
+precisamente hab&iacute;a junta aquella tarde, y nuestro amigo iba al
+ministerio con la puntualidad de un Pez.</p>
+
+<p>Quedose Juan con esta noticia m&aacute;s pensativo y peor humorado, sintiendo
+arreciar los s&iacute;ntomas del mal que padec&iacute;a, y que principalmente se
+alojaba en su imaginaci&oacute;n, mal de &aacute;nimo con mezcla de un desate nervioso
+acentuado por la contrariedad. &iquest;Por qu&eacute; la despreci&oacute; cuando la tuvo como
+era, y la solicitaba cuando se volvi&oacute; muy distinta de lo que hab&iacute;a
+sido?... El p&iacute;caro ideal, &iexcl;ay!, el eterno <i>&iquest;c&oacute;mo ser&aacute;?</i> Y la pobre
+Jacinta, a todas estas, descrism&aacute;ndose por averiguar qu&eacute; demonches de
+antojo o man&iacute;a embargaba el &aacute;nimo de su inteligente esposo. Este se
+mostraba siempre considerado y afectuoso con ella; no quer&iacute;a darle
+motivo de queja; mas para conseguirlo, necesitaba apelar a su misma
+imaginaci&oacute;n da&ntilde;ada, revestir a su mujer de formas que no ten&iacute;a, y
+supon&eacute;rsela m&aacute;s ancha de hombros, m&aacute;s alta, m&aacute;s mujer, m&aacute;s p&aacute;lida... y
+con las turquesas aquellas en las orejas... Si Jacinta llega a descubrir
+este arcano escondid&iacute;simo del alma de Juanito Santa Cruz, de fijo pide
+el divorcio. Pero estas cosas estaban muy adentro, en cavernas m&aacute;s
+hondas que el fondo de la mar, y no llegara a ella la sonda de Jacinta
+ni con todo el plomo del mundo.</p>
+
+<p>Cada d&iacute;a m&aacute;s dominado por su frenes&iacute; investigador, visit&oacute; Santa Cruz
+diferentes casas, unas de peor fama que otras, misteriosas aquellas,
+estas al alcance de todo el p&uacute;blico. No encontrando lo que buscaba en lo
+que parece m&aacute;s alto, descendi&oacute; de escal&oacute;n en escal&oacute;n, visit&oacute; lugares
+donde hab&iacute;a estado algunas veces y otros donde no hab&iacute;a estado nunca.
+Hall&oacute; caras conocidas y amigas, caras desconocidas y repugnantes, y a
+todas pidi&oacute; noticias, buscando remedio al tifus de curiosidad que le
+consum&iacute;a. No dej&oacute; de tocar a ninguna puerta tras de la cual pudieran
+esconderse la verg&uuml;enza perdida o la perdici&oacute;n vergonzosa. Sus
+explicaciones parec&iacute;an lo que no eran por el ardor con que las
+practicaba y el car&aacute;cter humanitario de que las revest&iacute;a. Parec&iacute;a un
+padre, un hermano que desalado busca a la prenda querida que ha ca&iacute;do en
+los d&eacute;dalos tenebrosos del vicio. Y quer&iacute;a cohonestar su inquietud con
+razones filantr&oacute;picas y aun cristianas que sacaba de su entendimiento
+rico en sofister&iacute;as. &laquo;Es un caso de conciencia. No puedo consentir que
+caiga en la miseria y en la abyecci&oacute;n, siendo, como soy, responsable...
+&iexcl;Oh!, mi mujer me perdone; pero una esposa, por inteligente que sea, no
+puede hacerse cargo de los motivos morales, s&iacute;, morales que tengo para
+proceder de esta manera&raquo;.</p>
+
+<p>Y siempre que iba de noche por las calles, todo bulto negro o pardo se
+le antojaba que era la que buscaba. Corr&iacute;a, miraba de cerca... y no era.
+A veces cre&iacute;a distinguirla de lejos, y la forma se perd&iacute;a en el gent&iacute;o
+como la gota en el agua. Las siluetas humanas que en el claro oscuro de
+la movible muchedumbre parecen escamoteadas por las esquinas y los
+portales, le tra&iacute;an descompuesto y sobresaltado. Mujeres vio muchas, a
+oscuras aqu&iacute;, all&aacute; iluminadas por la claridad de las tiendas; mas la
+suya no parec&iacute;a. Entraba en todos los caf&eacute;s, hasta en algunas tabernas
+entr&oacute;, unas veces solo, otras acompa&ntilde;ado de Villalonga. Iba con la
+certidumbre de encontrarla en tal o cual parte; pero al llegar, la
+imagen que llevaba consigo, como hechura de sus propios ojos, se
+desvanec&iacute;a en la realidad. &laquo;&iexcl;Parece que donde quiera que voy &mdash;dec&iacute;a con
+profundo tedio&mdash;llevo su desaparici&oacute;n, y que estoy condenado a
+expulsarla de mi vista con mi deseo de verla!&raquo;. Dec&iacute;ale Villalonga que
+tuviera paciencia; pero su amigo no la ten&iacute;a; iba perdiendo la serenidad
+de su car&aacute;cter, y se lamentaba de que a un hombre tan grave y bien
+equilibrado como &eacute;l le trastornase tanto un mero capricho, una tenacidad
+del &aacute;nimo, desaz&oacute;n de la curiosidad no satisfecha. &laquo;Cosas de los
+nervios, &iquest;verdad Jacintillo? Esta p&iacute;cara imaginaci&oacute;n... Es como cuando
+t&uacute; te pon&iacute;as enfermo y delirante esperando ver salir una carta que no
+sal&iacute;a nunca. Francamente, yo me cre&iacute;a m&aacute;s fuerte contra esta horrible
+neurosis de la carta que no sale&raquo;.</p>
+
+<p>Una noche que hac&iacute;a mucho fr&iacute;o, entr&oacute; el Delf&iacute;n en su casa no muy tarde,
+en un estado lamentable. Se sent&iacute;a mal, sin poder precisar lo que era.
+Dejose caer en un sill&oacute;n y se inclin&oacute; de un lado con muestras de
+intens&iacute;simo dolor. Acudi&oacute; a &eacute;l su amante esposa, muy asustada de verle
+as&iacute; y de o&iacute;r los ayes lastimeros que de sus labios se escapaban, junto
+con una expresi&oacute;n fea que se perdona f&aacute;cilmente a los hombres que
+padecen. &laquo;&iquest;Qu&eacute; tienes, nenito?&raquo;. El Delf&iacute;n se oprim&iacute;a con la mano el
+costado izquierdo. Al pronto crey&oacute; Jacinta que a su marido le hab&iacute;an
+pegado una pu&ntilde;alada. Dio un grito... mir&oacute;; no ten&iacute;a sangre...</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah! &iquest;Es que te duele?... &iexcl;Pobrecito ni&ntilde;o! Eso ser&aacute; fr&iacute;o... Esp&eacute;rate,
+te pondr&eacute; una bayeta caliente... te daremos friegas con... con
+&aacute;rnica...&raquo;.</p>
+
+<p>Entr&oacute; Barbarita y mir&oacute; alarmada a su hijo, pero antes de tomar ninguna
+disposici&oacute;n, echole una buena reprimenda porque no se recataba del
+crud&iacute;simo viento seco del Norte que en aquellos d&iacute;as reinaba. Juan
+entonces se puso a tiritar, dando diente con diente. El fr&iacute;o que le
+acometi&oacute; fue tan intenso que las palabras de queja sal&iacute;an de sus labios
+como pulverizadas. La madre y la esposa se miraron con terror
+consult&aacute;ndose rec&iacute;procamente en silencio sobre la gravedad de aquellos
+s&iacute;ntomas... Es mucho Madrid este. Sale de caza un cristiano por esas
+calles, noche tras noche. &iquest;En d&oacute;nde estar&aacute; la res? Tira por aqu&iacute;, tira
+por all&aacute;, y nada. La res no cae. Y cuando m&aacute;s descuidado est&aacute; el
+cazador, viene callandito por detr&aacute;s una pulmon&iacute;a de la finas, le
+apunta, tira, y me le deja seco.</p>
+
+<h3>Madrid.&mdash;Enero de 1886.</h3>
+
+<h3>FIN DE LA PRIMERA PARTE</h3>
+
+<hr style="margin-bottom:15%;" />
+
+<p><a name="parte_segunda" id="parte_segunda" ></a></p>
+
+<h1>Fortunata y Jacinta: (dos historias de casadas)</h1>
+
+<h2>por<br /> B. P&eacute;rez Gald&oacute;s</h2>
+
+<hr />
+<h2>PARTE SEGUNDA</h2>
+<div class="center">
+<a href="#ib"><b>-I-</b></a>
+<a href="#iib"><b>-II-</b></a>
+<a href="#iiib"><b>-III-</b></a>
+<a href="#ivb"><b>-IV-</b></a>
+<a href="#vb"><b>-V-</b></a>
+<a href="#vib"><b>-VI-</b></a>
+<a href="#viib"><b>-VII-</b></a><br />
+</div>
+<hr />
+
+<h2><a name="ib" id="ib"></a>-I-</h2>
+
+<h2>Maximiliano Rub&iacute;n</h2>
+
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>La venerable tienda de tirador de oro que desde inmemorial tiempo estuvo
+en los soportales de Plater&iacute;as, entre las calles de la Caza y San Felipe
+Neri, desapareci&oacute;, si no estoy equivocado, en los primeros d&iacute;as de la
+revoluci&oacute;n del 68. En una misma fecha cayeron, pues, dos cosas
+seculares, el trono aquel y la tienda aquella, que si no era tan antigua
+como la Monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola, &eacute;ralo m&aacute;s que los Borbones, pues su
+fundaci&oacute;n databa de 1640, como lo dec&iacute;a un letrero muy mal pintado en la
+anaqueler&iacute;a. Dicho establecimiento s&oacute;lo ten&iacute;a una puerta, y encima de
+ella este breve r&oacute;tulo: <i>Rub&iacute;n</i>.</p>
+
+<p>Federico Ruiz, que tuvo a&ntilde;os ha la man&iacute;a de escribir art&iacute;culos sobre los
+<i>Oscuros pero indudables vestigios de la raza israelita en la moderna
+Espa&ntilde;a</i> (con los cuales art&iacute;culos le hicieron un folletito los editores
+de la Revista que los public&oacute; gratis), sosten&iacute;a que el apellido de Rub&iacute;n
+era jud&iacute;o y fue usado por algunos conversos que permanecieron aqu&iacute;
+despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n. &laquo;En la calle de Milaneses, en la de Mes&oacute;n de
+Pa&ntilde;os y en Plater&iacute;as se albergaban diferentes familias de <i>ex-deicidas</i>,
+cuyos &uacute;ltimos v&aacute;stagos han llegado hasta nosotros, ya sin car&aacute;cter
+<i>fison&oacute;mico ni etnogr&aacute;fico</i>&raquo;. As&iacute; lo dec&iacute;a el fecundo publicista, y
+dedicaba medio art&iacute;culo a demostrar que el verdadero apellido de los
+Rub&iacute;n era <i>Rub&eacute;n</i>. Como nadie le contradec&iacute;a, d&aacute;base &eacute;l a probar cuanto
+le daba la gana, con esa buena fe y ese honrado entusiasmo que ponen
+algunos sabios del d&iacute;a en ciertos trabajos de erudici&oacute;n que el p&uacute;blico
+no lee y que los editores no pagan. Bastante hacen con publicarlos. No
+quisiera equivocarme; pero me parece que todo aquel juda&iacute;smo de mi amigo
+era pura fluxi&oacute;n de su acatarrado cerebro, el cual eliminaba aquellas
+enfadosas materias como otras muchas, seg&uacute;n el tiempo y las
+circunstancias. Y me consta que D. Nicol&aacute;s Rub&iacute;n, &uacute;ltimo poseedor de la
+mencionada tienda, era cristiano viejo, y ni siquiera se le pasaba por
+la cabeza que sus antecesores hubieran sido fariseos con rabo o sayones
+narigudos de los que salen en los pasos de Semana Santa.</p>
+
+<p>La muerte de este D. Nicol&aacute;s Rub&iacute;n y el acabamiento de la tienda fueron
+simult&aacute;neos.</p>
+
+<p>Tiempo hac&iacute;a que las deudas socavaban la casa, y se sosten&iacute;a apuntalada
+por las consideraciones personales que los acreedores ten&iacute;an a su due&ntilde;o.
+El motivo de la ruina, seg&uacute;n opini&oacute;n de todos los amigos de la familia,
+fue la mala conducta de la esposa de Nicol&aacute;s Rub&iacute;n, mujer desarreglada y
+escandalosa, que viv&iacute;a con un lujo impropio de su clase, y dio mucho que
+hablar por sus devaneos y trapisondas. Diversas e inexplicables
+alternativas hubo en aquel matrimonio, que tan pronto estaba unido como
+disuelto de hecho, y el marido pasaba de las violencias m&aacute;s b&aacute;rbaras a
+las tolerancias m&aacute;s vergonzosas. Cinco veces la ech&oacute; de su casa y otras
+tantas volvi&oacute; a admitirla, despu&eacute;s de pagarle todas sus trampas. Cuentan
+que Maximiliana Llorente era una mujer bella y deseosa de agradar, de
+esas que no caben en la estrechez vulgar de una tienda. Se la llev&oacute; Dios
+en 1867, y al a&ntilde;o siguiente pas&oacute; a mejor vida el pobre Nicol&aacute;s Rub&iacute;n, de
+una rotura de varisis, no dejando a sus hijos m&aacute;s herencia que la
+detestable reputaci&oacute;n dom&eacute;stica y comercial, y un pasivo enorme que
+dif&iacute;cilmente pudo ser pagado con las existencias de la tienda. Los
+acreedores arramblaron por todo, hasta por la anaqueler&iacute;a, que s&oacute;lo
+sirvi&oacute; para le&ntilde;a. Era contempor&aacute;nea del Conde-Duque de Olivares.</p>
+
+<p>Los hijos de aquel infortunado comerciante eran tres. Fijarse bien en
+sus nombres y en la edad que ten&iacute;an cuando acaeci&oacute; la muerte del padre.</p>
+
+<ul>
+<li><i>Juan Pablo</i>, de veintiocho a&ntilde;os.</li>
+<li><i>Nicol&aacute;s</i>, de veinticinco.</li>
+<li><i>Maximiliano</i>, de diecinueve.</li>
+</ul>
+
+<p>Ninguno de los tres se parec&iacute;a a los otros dos ni en el semblante ni en
+la complexi&oacute;n, y s&oacute;lo con muy buena voluntad se les encontraba el aire
+de familia. De esta heterogeneidad de las tres caras vino sin duda la
+maliciosa versi&oacute;n de que los tales eran hijos de diferentes padres.
+Pod&iacute;a ser calumnia, pod&iacute;a no serlo; pero debe decirse para que el lector
+vaya formando juicio. Algo ten&iacute;an de com&uacute;n, ahora que recuerdo, y era
+que todos padec&iacute;an de fuertes y molest&iacute;simas jaquecas. Juan Pablo era
+guapo, simp&aacute;tico y muy bien plantado, de buena estatura, ameno y f&aacute;cil
+en el decir, de inteligencia flexible y despierta. Nicol&aacute;s era
+desgarbado, vulgarote, la cara encendida y agujereada como un cedazo a
+causa de la viruela, y tan peludo, que le sal&iacute;an mechones por la nariz y
+por las orejas. Maximiliano era raqu&iacute;tico, de naturaleza pobre y
+linf&aacute;tica, absolutamente privado de gracias personales. Como que hab&iacute;a
+nacido de siete meses y luego se le criaron con biber&oacute;n y con una cabra.</p>
+
+<p>Cuando muri&oacute; el padre de estos tres mozos, Nicol&aacute;s, o sea el peludo
+(para que se les vaya distinguiendo), se fue a vivir a Toledo con su
+t&iacute;o D. Mateo Zacar&iacute;as Llorente, capell&aacute;n de <i>Doncellas Nobles</i>, el cual
+le meti&oacute; en el Seminario y le hizo sacerdote; Juan Pablo y Maximiliano
+se fueron a vivir con su t&iacute;a paterna do&ntilde;a Guadalupe Rub&iacute;n, viuda de
+J&aacute;uregui, conocida vulgarmente por <i>Do&ntilde;a Lupe la de los pavos</i>, la cual
+vivi&oacute; primero en el barrio de Salamanca y despu&eacute;s en Chamber&iacute;, se&ntilde;ora de
+tales circunstancias, que bien merece toda la atenci&oacute;n que le voy a
+consagrar m&aacute;s adelante. En un pueblo de la Alcarria ten&iacute;an los hermanos
+Rub&iacute;n una t&iacute;a materna, viuda, sin hijos y rica; mas como estaba
+vendiendo vidas, la herencia de esta se&ntilde;ora no era m&aacute;s que una esperanza
+remota.</p>
+
+<p>No hab&iacute;a m&aacute;s remedio que trabajar, y Juan Pablo empez&oacute; a buscarse la
+vida. Odiaba de tal modo las tiendas de tiradores de oro, que cuando
+pasaba por alguna, parec&iacute;a que le entraba la jaqueca. Metiose en un
+negocio de pescado, uni&eacute;ndose a cierto individuo que lo recib&iacute;a en
+comisi&oacute;n para venderlo al por mayor por seretas de fresco y barriles de
+escabeche en la misma estaci&oacute;n o en la plaza de la Cebada; pero en los
+primeros meses surgieron tales desavenencias con el socio, que Juan
+Pablo abandon&oacute; la pesca y se dedic&oacute; a viajante de comercio. Durante un
+par de a&ntilde;os estuvo rodando por los ferrocarriles con sus cajas de
+muestras. De Barcelona hasta Huelva, y desde Pontevedra a Almer&iacute;a no le
+qued&oacute; rinc&oacute;n que no visitase, deteni&eacute;ndose en Madrid todo el tiempo que
+pod&iacute;a. Trabaj&oacute; en sombreros de fieltro, en calzado de Soldevilla, y
+derram&oacute; por toda la Pen&iacute;nsula, como se esparce sobre el papel la
+arenilla de una salvadera, diferentes art&iacute;culos de comercio. En otra
+temporada corri&oacute; chocolates, pa&ntilde;uelos y chales <i>galer&iacute;a</i>, conservas,
+devocionarios y hasta palillos de dientes. Por su diligencia, su
+honradez y por la puntualidad con que remit&iacute;a los fondos recaudados, sus
+comitentes le apreciaban mucho. Pero no se sabe c&oacute;mo se las compon&iacute;a,
+que siempre estaba <i>m&aacute;s pobre que las ratas</i>, y se lamentaba con
+amanerado pesimismo de su p&iacute;cara suerte. Todas sus ganancias se le iban
+<i>por entre los dedos</i>, frecuentando mucho los caf&eacute;s en sus ratos de
+descanso, convidando sin tasa a los amigos y d&aacute;ndose la mejor vida
+posible en las poblaciones que visitaba. A los funestos resultados de
+este sistema llamaba &eacute;l <i>haber nacido con mala sombra</i>. La misma
+heterogeneidad y muchedumbre de art&iacute;culos que corr&iacute;a merm&oacute; pronto los
+resultados de sus viajes y algunas casas empezaron a retirarle su
+confianza, y el aburrido viajante, siempre de mal temple y echando
+maldiciones y ternos contra los mercachifles, aspiraba a un cambio de
+vida y a ocupaci&oacute;n m&aacute;s lucrativa y noble.</p>
+
+<p>D&iacute;a memorable fue para Juan Pablo aquel en que tropez&oacute; con un cierto
+amigote de la infancia, camarada suyo en San Isidro. El amigo era
+diputado de los que llamaban <i>cimbros</i>, y Juan Pablo, que era hombre de
+mucha labia, le encareci&oacute; tanto su aburrimiento de la vida comercial y
+lo bien dispuesto que estaba para la administrativa, que el otro se lo
+crey&oacute;, y h&aacute;gote empleado. Rub&iacute;n fue al mes siguiente inspector de
+polic&iacute;a en no s&eacute; qu&eacute; provincia. Pero su infame estrella se la hab&iacute;a
+jurado: a los tres meses cambi&oacute; la situaci&oacute;n pol&iacute;tica, y mi Rub&iacute;n
+cesante. Hab&iacute;a tomado el gusto a la carne de n&oacute;mina, y ya no pod&iacute;a ser
+m&aacute;s que empleado o pretendiente. No s&eacute; qu&eacute; hay en ello, pero es lo
+cierto que hasta la cesant&iacute;a parece que es un goce amargo para ciertas
+naturalezas, porque las emociones del pretender las vigorizan y entonan,
+y por eso hay muchos que el d&iacute;a que les colocan se mueren. La
+irritabilidad les ha dado vida y la sedaci&oacute;n brusca les mata. Juan Pablo
+sent&iacute;a incre&iacute;bles deleites en ir al caf&eacute;, hablar mal del Gobierno,
+anticipar nombramientos, darse una vuelta por los ministerios, acechar
+al protector en las esquinas de Gobernaci&oacute;n o a la salida del Congreso,
+dar el salto del tigre y caerle encima cuando le ve&iacute;a venir. Por fin
+sali&oacute; la credencial. Pero, &iexcl;qu&eacute; demonio!, siempre la condenada suerte
+persigui&eacute;ndole, porque todos los empleos que le daban eran de lo m&aacute;s
+antip&aacute;tico que imaginarse puede. Cuando no era algo de la polic&iacute;a
+secreta, era cosa de c&aacute;rceles o presidios.</p>
+
+<p>Entretanto cuidaba de su hermano peque&ntilde;o, por quien sent&iacute;a un cari&ntilde;o que
+se confund&iacute;a con la l&aacute;stima, a causa de las continuas enfermedades que
+el pobre chico padec&iacute;a. Pasados los veinte a&ntilde;os, se vigoriz&oacute; un poco,
+aunque siempre ten&iacute;a sus arrechuchos; y vi&eacute;ndole m&aacute;s entonado, Juan
+Pablo determin&oacute; darle una carrera para que no se malograse como &eacute;l se
+malogr&oacute;, por falta de una direcci&oacute;n fija desde la edad en que se plantea
+el porvenir de los hombres. Achacaba el mayor de los Rub&iacute;n su desgracia
+a la disparidad entre sus aptitudes innatas y los medios de
+exteriorizarse. &laquo;&iexcl;Oh, si mi padre me hubiera dado una
+carrera!&mdash;-pensaba&mdash;-, yo ser&iacute;a hoy algo en el mundo...&raquo;.</p>
+
+<p>No tard&oacute; en recibir un nuevo golpe, pues cuando so&ntilde;aba con un ascenso le
+limpiaron otra vez el comedero. Y he aqu&iacute; a mi hombre pase&aacute;ndose por
+Madrid con las manos en los bolsillos, o viendo correr tontamente las
+horas en este y el otro caf&eacute;, hablando de la situaci&oacute;n &iexcl;siempre de la
+situaci&oacute;n, de la guerra y de lo infames, indecentes y mamarrachos que
+son los pol&iacute;ticos espa&ntilde;oles! &iexcl;Duro en ellos! As&iacute; se desahogan los
+esp&iacute;ritus alborotados y tempestuosos. Y por aquella vez no hab&iacute;a
+esperanzas para Juan Pablo, porque los <i>suyos</i>, los que &eacute;l llamaba con
+tanto &eacute;nfasis los <i>m&iacute;os</i>, estaban por los suelos, y hab&iacute;a lo que llaman
+<i>racha</i> en las regiones burocr&aacute;ticas. A veces exploraba el m&iacute;sero
+cesante su conciencia, y se asombraba de no encontrar en ella nada en
+qu&eacute; fundar terminantemente su filiaci&oacute;n pol&iacute;tica. Porque ideas fijas...
+Dios las diera; hab&iacute;a le&iacute;do muy poco y nutr&iacute;a su entendimiento de lo que
+en los caf&eacute;s escuchaba y de lo que los peri&oacute;dicos le dec&iacute;an. No sab&iacute;a
+fijamente si era liberal o no, y con el mayor desparpajo del mundo
+llamaba <i>doctrinario</i> a cualquiera sin saber lo que la palabra
+significaba. Tan pronto sent&iacute;a en su esp&iacute;ritu, sin saber por qu&eacute; ni por
+qu&eacute; no, fren&eacute;tico entusiasmo por los derechos del hombre; tan pronto se
+le inundaba el alma de gozo oyendo decir que el Gobierno iba a dar mucho
+estacazo y a pasarse los tales derechos por las narices.</p>
+
+<p>En tal situaci&oacute;n, presentose inopinadamente en Madrid Nicol&aacute;s Rub&iacute;n, el
+curita peludo, que tambi&eacute;n ten&iacute;a sus pretensiones de ingresar no s&eacute; si
+en el clero castrense o en el catedral, y ambos hermanos celebraron unos
+coloquios muy reservados, paseando solos por las afueras. De resultas de
+esto, Juan Pablo apareci&oacute; un d&iacute;a en el caf&eacute; con cierta animaci&oacute;n, mucho
+desenfado en sus juicios pol&iacute;ticos, d&aacute;ndolas de profeta y expresando m&aacute;s
+altaneramente que nunca su desprecio de la situaci&oacute;n dominante. A los
+que de esta manera se conducen, se les mira en los caf&eacute;s con un poquillo
+de respeto y aun con cierta envidia, suponi&eacute;ndoles conocedores de
+secretos de Estado o de alguna intriga muy gorda. &laquo;El amigo
+Rub&iacute;n&mdash;dijo, en ausencia de &eacute;l D. Basilio Andr&eacute;s de la Ca&ntilde;a, que era
+uno de los puntos fijos en la mesa&mdash;, me parece a m&iacute; que no juega
+limpio con nosotros. Si le van a colocar que lo diga de una vez. &iquest;Qu&eacute;
+tenemos, viene <i>la federal</i> o qu&eacute;? <i>&iexcl;Misterios! &iexcl;Meditemos!</i>... &iquest;O es
+que le lleva cuentos a don Pr&aacute;xedes? Bueno, se&ntilde;ores, que se los lleve.
+No me importa el espionaje&raquo;.</p>
+
+<p>Esto pasaba a fines de 1872. De pronto Rub&iacute;n dijo que iba al extranjero
+a reanudar sus trabajos de viajante de comercio. Desapareci&oacute; de Madrid,
+y al cabo de meses se susurr&oacute; en la tertulia del caf&eacute; que estaba en la
+facci&oacute;n, y que D. Carlos le hab&iacute;a nombrado algo como contador o
+intendente en su Cuartel Real. S&uacute;pose m&aacute;s tarde que hab&iacute;a ido a
+Inglaterra a comprar fusiles, que hizo un alijo cerca de Guetaria, que
+vino disfrazado a Madrid y pas&oacute; a la Mancha y Andaluc&iacute;a en el verano del
+73, cuando la Pen&iacute;nsula, ardiendo por los cuatro costados, era una
+inmensa pira a la cual cada espa&ntilde;ol hab&iacute;a llevado su tea y el Gobierno
+soplaba.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Juan Pablo, que siempre se hab&iacute;a equivocado en lo referente a s&iacute; mismo y
+andaba por caminos torcidos, acert&oacute; al disponer que su hermano peque&ntilde;o
+siguiese la carrera de Farmacia. Muchas personas que no hacen m&aacute;s que
+disparates, poseen esta perspicacia del consejo y de la direcci&oacute;n de los
+dem&aacute;s, y no dando pie con bola en los destinos propios, ven claro en los
+del pr&oacute;jimo. En tal decisi&oacute;n tuvo adem&aacute;s bastante parte un grande amigo
+del difunto Nicol&aacute;s Rub&iacute;n y de toda la familia (el farmac&eacute;utico
+Samaniego, due&ntilde;o de la acreditada botica de la calle del Ave Mar&iacute;a),
+prometiendo tomar bajo sus auspicios a Maximiliano, llev&aacute;rsele de
+mancebo o practicante con la mira de que, andando el tiempo, se quedase
+al frente del establecimiento.</p>
+
+<p>Empez&oacute; Maximiliano sus estudios el 69, y su hermano y su t&iacute;a le
+ponderaban lo bonita que era la Farmacia y lo mucho que con ella se
+ganaba, por ser muy caros los medicamentos y muy baratas las primeras
+materias: agua del pozo, ceniza del fog&oacute;n, tierra de los tiestos,
+etc&eacute;tera... El pobre chico, que era muy d&oacute;cil, con todo se mostraba
+conforme. Lo que es entusiasmo, hablando en plata, no lo ten&iacute;a por esta
+carrera ni por otra alguna; no se hab&iacute;a despertado en &eacute;l ning&uacute;n af&aacute;n
+grande ni esa curiosidad sedienta de que sale la sabidur&iacute;a. Era tan
+endeble que la mayor parte del a&ntilde;o estaba enfermo, y su entendimiento no
+ve&iacute;a nunca claro en los senos de la ciencia, ni se apoderaba de una idea
+sino despu&eacute;s de echarle muchas lazadas como si la amarrara. Usaba de su
+escasa memoria como de un ave de cetrer&iacute;a para cazar las ideas; pero el
+halc&oacute;n se le marchaba a lo mejor, dej&aacute;ndole con la boca abierta y
+mirando al cielo.</p>
+
+<p>Fueron penos&iacute;simos los primeros pasos en la carrera. La pereza y la
+debilidad le reten&iacute;an en el lecho por las ma&ntilde;anas m&aacute;s tiempo del
+regular, y la pobre do&ntilde;a Lupe pasaba la pena negra para sacarle de las
+s&aacute;banas. Levant&aacute;base ella muy temprano, y se pon&iacute;a a dar golpes con el
+almirez junto a la misma cabeza del durmiente, que las m&aacute;s de las veces
+no se daba por entendido de tal estruendo. Luego le hac&iacute;a cosquillas,
+acostaba al gato con &eacute;l, le retiraba las s&aacute;banas con la debida
+precauci&oacute;n para que no se enfriase. El sue&ntilde;o se cebaba de tal modo en
+aquel cuerpo, por las exigencias de la reparaci&oacute;n org&aacute;nica, que el
+despertar del estudiante era obra de romanos y una de las cosas en que
+m&aacute;s energ&iacute;a y constancia desplegaba do&ntilde;a Lupe.</p>
+
+<p>El muchacho estudiaba y quer&iacute;a cumplir con su deber; pero no pod&iacute;a ir
+m&aacute;s all&aacute; de sus alcances. Do&ntilde;a Lupe le ayudaba a estudiar las
+lecciones, anim&aacute;bale en sus desfallecimientos, y cuando le ve&iacute;a apurado
+y temeroso por la proximidad de los ex&aacute;menes, se pon&iacute;a la mantilla y se
+iba a hablar con los profesores. Tales cosas les dec&iacute;a, que el chico
+pasaba, aunque con malas notas. Como no estuviese enfermo, asist&iacute;a
+puntualmente a clase, y era de los que tra&iacute;an mayor traj&iacute;n de notas,
+apuntes y cuadernos. Entraba en el aula cargado con aquel fardo, y no
+perd&iacute;a s&iacute;laba de lo que el profesor dec&iacute;a.</p>
+
+<p>Era de cuerpo peque&ntilde;o y no bien conformado, tan endeble que parec&iacute;a que
+se lo iba a llevar el viento, la cabeza chata, el pelo lacio y ralo.
+Cuando estaban juntos &eacute;l y su hermano Nicol&aacute;s, a cualquiera que les
+viese se le ocurrir&iacute;a proponer al segundo que otorgase al primero los
+pelos que le sobraban. Nicol&aacute;s se hab&iacute;a llevado todo el cabello de la
+familia, y por esta usurpaci&oacute;n pilosa, la cabeza de Maximiliano
+anunciaba que tendr&iacute;a calva antes de los treinta a&ntilde;os. Su piel era
+lustrosa, fina, cutis de ni&ntilde;o con transparencias de mujer desmedrada y
+clor&oacute;tica. Ten&iacute;a el hueso de la nariz hundido y chafado, como si fuera
+de sustancia blanda y hubiese recibido un golpe, resultando de esto no
+s&oacute;lo fealdad sino obstrucciones de respiraci&oacute;n nasal, que eran sin duda
+la causa de que tuviera siempre la boca abierta. Su dentadura hab&iacute;a
+salido con tanta desigualdad que cada pieza estaba, como si dij&eacute;ramos,
+donde le daba la gana. Y menos mal si aquellos condenados huesos no le
+molestaran nunca; &iexcl;pero si ten&iacute;a el pobrecito cada dolor de muelas que
+le hac&iacute;a poner el grito m&aacute;s all&aacute; del Cielo! Padec&iacute;a tambi&eacute;n de corizas y
+las empalmaba, de modo que resultaba un coriza cr&oacute;nico, con la
+pituitaria echando fuego y destilando sin cesar. Como ya iba aprendiendo
+el oficio, se administraba el yoduro de potasio en todas las formas
+posibles, y andaba siempre con un canuto en la boca aspirando brea,
+demonios o no s&eacute; qu&eacute;.</p>
+
+<p>D&iacute;gase lo que se quiera, Rub&iacute;n no ten&iacute;a ilusi&oacute;n ninguna con la Farmacia.
+Mas no estaba vac&iacute;a de aspiraciones altas el alma de aquel joven, tan
+desfavorecido por la Naturaleza que f&iacute;sica y moralmente parec&iacute;a hecho de
+sobras. A los dos o tres a&ntilde;os de carrera, aquel molusco empez&oacute; a sentir
+vibraciones de hombre, y aquel ciego de nacimiento empez&oacute; a entrever las
+fases grandes y gloriosas del astro de la vida. Viv&iacute;a do&ntilde;a Lupe en
+aquella parte del barrio de Salamanca que llamaban <i>Pajaritos</i>.
+Maximiliano ve&iacute;a desde la ventana de su tercer piso a los alumnos de
+Estado Mayor, cuando la Escuela estaba en el 40 antiguo de la calle de
+Serrano; y no hay idea de la admiraci&oacute;n que le causaban aquellos
+j&oacute;venes, ni del arrobamiento que le produc&iacute;a la franja azul en el
+pantal&oacute;n, el ros, la levita con las hojas de roble bordadas en el
+cuello, y la espada... &iexcl;tan chicos algunos y ya con espada! Algunas
+noches, Maximiliano so&ntilde;aba que ten&iacute;a su tizona, bigote y uniforme, y
+hablaba dormido. Despierto deliraba tambi&eacute;n, figur&aacute;ndose haber crecido
+una cuarta, tener las piernas derechas y el cuerpo no tan ca&iacute;do para
+adelante, imagin&aacute;ndose que se le arreglaba la nariz, que le brotaba el
+pelo y que se le pon&iacute;a un empaque marcial como el del m&aacute;s pintado. &iexcl;Qu&eacute;
+suerte tan negra! Si &eacute;l no fuera tan desgarbado de cuerpo y le hubieran
+puesto a estudiar aquella carrera, &iexcl;cu&aacute;nto se habr&iacute;a aplicado!
+Seguramente, a fuerza de sobar los libros, le habr&iacute;a salido el talento,
+como se saca lumbre a la madera frot&aacute;ndola mucho.</p>
+
+<p>Los s&aacute;bados por la tarde, cuando los alumnos iban al ejercicio con su
+fusil al hombro, Maximiliano se iba tras ellos para verles maniobrar, y
+la fascinaci&oacute;n de este espect&aacute;culo dur&aacute;bale hasta el lunes. En la clase
+misma, que por la placidez del local y la monoton&iacute;a de la lecci&oacute;n
+convidaba a la somnolencia, se pon&iacute;a a jugar con la fantas&iacute;a y a
+provocar y encender la ilusi&oacute;n. El resultado era un completo &eacute;xtasis, y
+al trav&eacute;s de la explicaci&oacute;n sobre las propiedades terap&eacute;uticas de las
+tinturas madres, ve&iacute;a a los alumnos militares en su estudio t&aacute;ctico de
+campo, como se puede ver un paisaje al trav&eacute;s de una vidriera de
+colores.</p>
+
+<p>Los chicos de la clase de Bot&aacute;nica se entreten&iacute;an en ponerse motes
+semejantes a las nomenclaturas de Linneo. A un tal Anacleto que se las
+tiraba de muy fino y muy se&ntilde;orito, le llamaban <i>Anacletus
+obsequiosissimus</i>; a Encinas, que era de muy corta estatura, le llamaban
+<i>Quercus gigantea</i>. Olmedo era muy abandonado y le ca&iacute;a admirablemente
+el <i>Ulmus sylvestris</i>. Narciso Puerta era feo, sucio y mal oliente.
+Pusi&eacute;ronle <i>Pseudo-Narcissus odoripherus</i>. A otro que era muy pobre y
+gozaba de un emple&iacute;to, le pusieron <i>Christophorus oficinalis</i> y por
+&uacute;ltimo, a Maximiliano Rub&iacute;n, que era fe&iacute;simo, desma&ntilde;ado y de muy cortos
+alcances, se le llam&oacute; durante toda la carrera <i>Rubinius vulgaris</i>.</p>
+
+<p>Al entrar el a&ntilde;o de 1874, ten&iacute;a Maximiliano veinticinco y no
+representaba a&uacute;n m&aacute;s de veinte. Carec&iacute;a de bigote, pero no de granos que
+le sal&iacute;an en diferentes puntos de la cara. A los veintitr&eacute;s a&ntilde;os tuvo
+una fiebre nerviosa que puso en peligro su vida; pero cuando sali&oacute; de
+ella parec&iacute;a un poco m&aacute;s fuerte; ya no era su respiraci&oacute;n tan fatigosa
+ni sus corizas tan tenaces, y hasta los condenados raigones de sus
+muelas parec&iacute;an m&aacute;s civilizados. No usaba ya el ioduro tan a pasto ni el
+canuto de brea, y s&oacute;lo las jaquecas persist&iacute;an, como esos amigos
+machacones cuya visita peri&oacute;dica causa espanto. Juan Pablo estaba
+entonces en el Cuartel Real, y do&ntilde;a Lupe dejaba a Maximiliano en
+libertad, porque le cre&iacute;a inaccesible a los vicios por raz&oacute;n de su
+pobreza f&iacute;sica, de su natural ap&aacute;tico y de la timidez que era el
+resultado de aquellas desventajas. Y adem&aacute;s de libertad, d&aacute;bale su t&iacute;a
+alg&uacute;n dinero para sus placeres de mozo, segura de que no hab&iacute;a de
+gastarlo sino con mucho pulso. Inclin&aacute;base el chico a economizar, y
+ten&iacute;a una hucha de barro en la cual iba metiendo las monedas de plata y
+alg&uacute;n cent&eacute;n de oro que le daban sus hermanos cuando ven&iacute;an a Madrid. En
+la ropa era muy mirado, y gustaba de hacerse trajes baratos y de moda,
+que cuidaba como a las ni&ntilde;as de sus ojos. De esto le sobrevino alguna
+presunci&oacute;n, y gracias a ella su figura no parec&iacute;a tan mala como era
+realmente. Ten&iacute;a su buena capa de embozos colorados; por la noche se
+liaba en ella, met&iacute;ase en el tranv&iacute;a y se iba a dar una vuelta hasta las
+once, rara vez hasta las doce. Por aquel tiempo se mud&oacute; do&ntilde;a Lupe a
+Chamber&iacute;, buscando siempre casas baratas, y Maximiliano fue perdiendo
+poco a poco la ilusi&oacute;n de los alumnos de Estado Mayor.</p>
+
+<p>Su timidez, lejos de disminuir con los a&ntilde;os, parec&iacute;a que aumentaba.
+Cre&iacute;a que todos se burlaban de &eacute;l consider&aacute;ndole insignificante y para
+poco. Exageraba sin duda su inferioridad, y su desaliento le hac&iacute;a huir
+del trato social. Cuando le era forzoso ir a alguna visita, la casa en
+que deb&iacute;a entrar impon&iacute;ale miedo, aun vista por fuera, y estaba dando
+vueltas por la calle antes de decidirse a penetrar en ella. Tem&iacute;a
+encontrar a alguien que le mirara con malicia, y pensaba lo que hab&iacute;a de
+decir, aconteciendo las m&aacute;s de las veces que no dec&iacute;a nada. Ciertas
+personas le infund&iacute;an un respeto que casi casi era p&aacute;nico, y al verlas
+venir por la calle se pasaba a la otra acera. Estas personas no le
+hab&iacute;an hecho da&ntilde;o alguno; al contrario, eran amigos de su padre, o de
+do&ntilde;a Lupe o de Juan Pablo. Cuando iba al caf&eacute; con los amigos, estaba muy
+bien si no hab&iacute;a m&aacute;s que dos o tres. En este caso hasta se le soltaba la
+lengua y se pon&iacute;a a hablar sobre cualquier asunto. Pero como se
+reunieran seis u ocho personas, enmudec&iacute;a, incapaz de tener una opini&oacute;n
+sobre nada. Si se ve&iacute;a obligado a expresarse, o porque se quer&iacute;an
+<i>quedar con &eacute;l</i> o porque sin malicia le preguntaban algo, ya estaba mi
+hombre como la grana y tartamudeando.</p>
+
+<p>Por esto le gustaba m&aacute;s, cuando el tiempo no era muy fr&iacute;o, vagar por las
+calles, embozadito en su pa&ntilde;osa, viendo escaparates y la gente que iba y
+ven&iacute;a, par&aacute;ndose en los corros en que cantaba un ciego, y mirando por
+las ventanas de los caf&eacute;s. En estas excursiones pod&iacute;a muy bien emplear
+dos horas sin cansarse, y desde que se daba cuerda y cog&iacute;a impulso, el
+cerebro se le iba calentando, calentando hasta llegar a una presi&oacute;n
+alt&iacute;sima en que el joven errante se figuraba estar persiguiendo
+aventuras y ser muy otro de lo que era. La calle con su bullicio y la
+diversidad de cosas que en ella se ven, ofrec&iacute;a gran incentivo a aquella
+imaginaci&oacute;n, que al desarrollarse tarde, sol&iacute;a desplegar los br&iacute;os de
+que dan muestras algunos enfermos graves. Al principio no le llamaban la
+atenci&oacute;n las mujeres que encontraba; pero al poco tiempo empez&oacute; a
+distinguir las guapas de las que no lo eran, y se iba en seguimiento de
+alguna, por puro &eacute;xtasis de aventura, hasta que encontraba otra mejor y
+la segu&iacute;a tambi&eacute;n. Pronto supo distinguir de <i>clases</i>, es decir, lleg&oacute; a
+tener tan buen ojo, que conoc&iacute;a al instante las que eran honradas y las
+que no. Su amigo <i>Ulmus sylvestris</i>, que a veces le acompa&ntilde;aba, ind&uacute;jole
+a romper la reserva que su encogimiento le impon&iacute;a, y Maximiliano
+conoci&oacute; a algunas que hab&iacute;a visto m&aacute;s de una vez y que le hab&iacute;an
+parecido muy guapetonas. Pero su alma permanec&iacute;a serena en medio de sus
+tentativas viciosas: las mismas con quienes pas&oacute; ratos agradables le
+repugnaban despu&eacute;s, y como las viera venir por la calle, les hu&iacute;a el
+bulto.</p>
+
+<p>Agrad&aacute;bale m&aacute;s vagar solo que en compa&ntilde;&iacute;a de Olmedo, porque este le
+distra&iacute;a, y el goce de Maximiliano consist&iacute;a en pensar e imaginar
+libremente y a sus anchas, figur&aacute;ndose realidades y volando sin tropiezo
+por los espacios de lo posible, aunque fuera improbable. Andar, andar y
+so&ntilde;ar al comp&aacute;s de las piernas, como si su alma repitiera una m&uacute;sica
+cuyo ritmo marcaban los pasos, era lo que a &eacute;l le deleitaba. Y como
+encontrara mujeres bonitas, solas, en parejas o en grupos, bien con
+toquilla a la cabeza o con manto, gozaba mucho en afirmarse a s&iacute; mismo
+que <i>aquellas eran honradas</i>, y en seguirlas hasta ver a d&oacute;nde iban.
+&laquo;&iexcl;Una honrada! &iexcl;Que me quiera una honrada!&raquo;. Tal era su ilusi&oacute;n... Pero
+no hab&iacute;a que pensar en tal cosa. S&oacute;lo de pensar que le dirig&iacute;a la
+palabra a una honrada, le temblaban las carnes. &iexcl;Si cuando iba a su casa
+y estaban en ella Rufinita Torquemada o la se&ntilde;ora de Samaniego con su
+hija Olimpia, se met&iacute;a en la cocina por no verse obligado a
+saludarlas...!</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>De esta manera aquel mis&aacute;ntropo lleg&oacute; a vivir m&aacute;s con la visi&oacute;n interna
+que con la externa. El que antes era como una ostra hab&iacute;a venido a ser
+algo como un poeta. Viv&iacute;a dos existencias, la del pan y la de las
+quimeras. Esta la hac&iacute;a a veces tan espl&eacute;ndida y tal alta, que cuando
+ca&iacute;a de ella a la del pan, estaba todo molido y maltrecho. Ten&iacute;a
+Maximiliano momentos en que se llegaba a convencer de que era otro, esto
+siempre de noche y en la soledad vagabunda de sus paseos. Bien era
+oficial de ej&eacute;rcito y ten&iacute;a una cuarta m&aacute;s de alto, nariz aguile&ntilde;a,
+mucha fuerza muscular y una cabeza... una cabeza que no le dol&iacute;a nunca;
+o bien un paisano pudiente y muy gal&aacute;n, que hablaba por los codos sin
+turbarse nunca, capaz de echarle una flor a la mujer m&aacute;s arisca, y que
+estaba en sociedad de mujeres como el pez en el agua. Pues como dije, se
+iba calentando de tal modo los sesos, que se lo llegaba a creer. Y si
+aquello le durara, ser&iacute;a tan loco como cualquiera de los que est&aacute;n en
+Legan&eacute;s. La suerte suya era que aquello se pasaba, como pasar&iacute;a una
+jaqueca; pero la alucinaci&oacute;n recobraba su imperio durante el sue&ntilde;o, y
+all&iacute; eran los disparates y el teje maneje de unas aventuras generalmente
+muy tiernas, muy por lo fino, con abnegaciones, sacrificios, hero&iacute;smos y
+otros fen&oacute;menos sublimes del alma. Al despertar, en ese momento en que
+los juicios de la realidad se confunden con las im&aacute;genes mentirosas del
+sue&ntilde;o y hay en el cerebro un crep&uacute;sculo, una discusi&oacute;n vaga entre lo que
+es verdad y lo que no lo es, el enga&ntilde;o persist&iacute;a un rato, y Maximiliano
+hac&iacute;a por retenerlo, volviendo a cerrar los ojos y atrayendo las
+im&aacute;genes que se dispersaban. &laquo;Verdaderamente&mdash;dec&iacute;a &eacute;l&mdash;, &iquest;por qu&eacute; ha de
+ser una cosa m&aacute;s real que la otra? &iquest;Por qu&eacute; no ha de ser sue&ntilde;o lo del
+d&iacute;a y vida efectiva lo de la noche? Es cuesti&oacute;n de nombres y de que
+di&eacute;ramos en llamar <i>dormir</i> a lo que llamamos <i>despertar</i>, y <i>acostarse</i>
+al <i>levantarse</i>... &iquest;Qu&eacute; raz&oacute;n hay para que no diga yo ahora mientras me
+visto: 'Maximiliano, ahora te est&aacute;s echando a dormir. Vas a pasar mala
+noche, con pesadilla y todo, o sea con clase de <i>Materia farmac&eacute;utica
+animal</i>...?'&raquo;.</p>
+
+<p>El tal <i>Ulmus sylvestris</i> era un chico simp&aacute;tico, buen mozo, alegre y de
+cabeza un tanto ligera. De todos los compa&ntilde;eros de <i>Rubinius vulgaris</i>,
+aquel era el que m&aacute;s le quer&iacute;a, y Maximiliano le pagaba con un cari&ntilde;o
+que ten&iacute;a algo de respeto. Llevaba Olmedo una vida muy poco ejemplar,
+mudando cada mes de casa de hu&eacute;spedes, pas&aacute;ndose las noches en lugares
+pecaminosos, y haciendo todos los disparates estudiantiles, como si
+fueran un programa que hab&iacute;a que cumplir sin remedio. &Uacute;ltimamente viv&iacute;a
+con una tal Feliciana, graciosa y muy corrida, d&aacute;ndose importancia con
+ello, como si el <i>entretener</i> mujeres fuese una carrera en que hab&iacute;a que
+matricularse para ganar t&iacute;tulo de hombre hecho y derecho. D&aacute;bale &eacute;l lo
+poco que ten&iacute;a, y ella afanaba por su lado para ir viviendo, un d&iacute;a con
+estrecheces, otro con rumbo y siempre con la mayor despreocupaci&oacute;n.
+Tomaba &eacute;l en serio este g&eacute;nero de vida, y cuando ten&iacute;a dinero, invitaba
+a sus amigos a <i>tomar un bacalao</i> en su <i>hotel</i>, d&aacute;ndose unos aires de
+hombre de mundo y pill&iacute;n, con cierta imitaci&oacute;n mala del desgaire
+parisiense que conoc&iacute;a por las novelas de Paul de Kock. Feliciana era
+de Valencia, y pon&iacute;a muy bien el arroz; pero el servicio de la mesa y
+la mesa misma ten&iacute;an que ver. Y Olmedo lo hac&iacute;a todo tan al vivo y tan
+con arreglo a programa, que se emborrachaba sin gustarle el vino,
+cantaba flamenco sin saberlo cantar, destrozaba la guitarra y hac&iacute;a
+todos los desatinos que, a su parecer, constitu&iacute;an el rito de perdido;
+pues a &eacute;l se le antoj&oacute; ser perdido, como otros son masones o caballeros
+cruzados, por el prurito de desempe&ntilde;ar papeles y de tener una
+significaci&oacute;n. Si existiera el uniforme de perdido, Olmedo se lo hubiera
+puesto con verdadero entusiasmo, y sent&iacute;a que no hubiese un distintivo
+cualquiera, cinta, plumacho o gal&oacute;n, para salir con &eacute;l, diciendo
+t&aacute;citamente: &laquo;Vean ustedes lo perdulario que soy&raquo;. Y en el fondo era un
+infeliz. Aquello no era m&aacute;s que una prolongaci&oacute;n viciosa de la <i>edad del
+pavo</i>.</p>
+
+<p>Maximiliano no iba nunca a las francachelas de su amigo, aunque este le
+convidaba siempre. Pero se informaba de la salud de Feliciana, como si
+fuera una se&ntilde;ora, y Olmedo tambi&eacute;n tomaba esto en serio, diciendo: &laquo;La
+tengo un poquillo delicada. Hoy le he dicho a Orfila que se pase por
+casa&raquo;. Este Orfila era un estudiantillo de &uacute;ltimo a&ntilde;o de Medicina, que
+se llamaba lo mismo que el c&eacute;lebre doctor, y curaba, es decir, recetaba
+a los amigos y a las amigas de los amigos.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, al salir de clase, dijo Olmedo a Rub&iacute;n: &laquo;Vete por casa si
+quieres ver una mujer... hasta all&iacute;. Es una amiga de Feliciana, que se
+ha ido a nuestro <i>hotel</i> unos d&iacute;as mientras encuentra colocaci&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es honrada?&mdash;pregunt&oacute; Rub&iacute;n, mostrando en su tono la importancia que
+daba a la honradez.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Honrada!, &iexcl;qu&eacute; narices!&mdash;exclam&oacute; el perdis riendo&mdash;. &iquest;Pero t&uacute; crees
+que hay alguna mujer que sea... lo que se llama honrada?</p>
+
+<p>Esto lo dijo con aplomo filos&oacute;fico, el sombrero inclinado sobre la sien
+derecha como distintivo de sus ideas acerca de la depravaci&oacute;n humana. Ya
+no hab&iacute;a mujeres honradas: lo dec&iacute;a un conocedor profundo de la sociedad
+y del vicio. El escepticismo de Olmedo era signo de infancia, un
+desorden de transici&oacute;n fisiol&oacute;gica, algo como una segunda dentici&oacute;n.
+Todo se reduce a echar muchas babas, y luego ya viene el hombre con
+otras ideas y otra manera de ser.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Con que no es honrada!...&raquo; apunt&oacute; Maximiliano, que habr&iacute;a deseado que
+todas las hembras lo fueran.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha de ser, hombre?... &iexcl;Buena p&uacute;a est&aacute;! Lleg&oacute; a Madrid no hace
+mucho tiempo con un barbi&aacute;n... creo que tratante en fusiles. &iexcl;Tra&iacute;an un
+tren, chico!... La vi una noche... Te juro que daba el puro opio.
+Parec&iacute;a del propio Par&iacute;s... Pero yo no s&eacute; lo que pas&oacute;, &iexcl;narices!</p>
+
+<p>Aquel se&ntilde;or no jugaba limpio, y una ma&ntilde;ana se larg&oacute; dejando un pico muy
+grande en la casa de hu&eacute;spedes, y otro pico no s&eacute; d&oacute;nde, y picos y
+picos... Total, que la pobre tuvo que empe&ntilde;ar todos sus trapos y se
+qued&oacute; con lo puesto, nada m&aacute;s que con lo puesto, cuando lo tiene puesto
+se entiende. Feliciana se la encontr&oacute; no s&eacute; d&oacute;nde hecha un mar de
+l&aacute;grimas, y le dijo: &laquo;vente a mi casa&raquo;. &iexcl;All&iacute; est&aacute;! Hace sus saliditas,
+ojo al Cristo, para lo cual Feliciana le presta su ropa. No te creas; es
+una chica muy buena. &iexcl;Tiene un &aacute;ngel...!</p>
+
+<p>Por la noche fue Maximiliano al <i>hotel</i> de Feliciana, tercer piso en la
+calle de Pelayo, y al entrar, lo primero que vio... Es que junto a la
+puerta de entrada hab&iacute;a un cuartito peque&ntilde;o, que era donde moraba la
+hu&eacute;speda, y esta sal&iacute;a de su escondrijo cuando Rub&iacute;n entraba. Feliciana
+hab&iacute;a salido a abrir con el quinqu&eacute; en la mano, porque lo llevaba para
+la sala, y a la luz viv&iacute;sima del petr&oacute;leo sin pantalla, encar&oacute;
+Maximiliano con la m&aacute;s extraordinaria hermosura que hasta entonces
+hab&iacute;an visto sus ojos. Ella le mir&oacute; a &eacute;l como a una cosa rara, y &eacute;l a
+ella como a sobrenatural aparici&oacute;n.</p>
+
+<p>Pas&oacute; Rub&iacute;n a la salita, y dejando su capa, se sent&oacute; en un sill&oacute;n de hule
+cuyos muelles asesinaban la parte del cuerpo que sobre ellos ca&iacute;a.
+Olmedo quer&iacute;a que su amigo jugase con &eacute;l a la siete y media; pero como
+Maximiliano se negase a ello, empez&oacute; a hacer solitarios. Puso Feliciana
+sobre la luz una pantalla de figurines vestidos con pegotes de trapo, y
+despu&eacute;s se ech&oacute; con indolencia en la butaca, abrig&aacute;ndose con su mant&oacute;n
+alfombrado.</p>
+
+<p>&laquo;Fortunata&mdash;grit&oacute; llamando a su amiga, que daba vueltas por toda la casa
+como si buscara alguna cosa&mdash;. &iquest;Qu&eacute; se te ha perdido?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Chica, mi toquilla azul.&mdash;&iquest;Vas a salir ya?&mdash;S&iacute;: &iquest;qu&eacute; hora es?</p>
+
+<p>Rub&iacute;n se alegr&oacute; de aquella ocasi&oacute;n que se le presentaba de prestar un
+servicio a mujer tan hermosa, y sacando su reloj con mucha solemnidad,
+dijo: &laquo;Las nueve menos siete minutos... y medio&raquo;. No pod&iacute;a decirse la
+hora con exactitud m&aacute;s escrupulosa.</p>
+
+<p>&laquo;Ya ves&mdash;dijo Feliciana&mdash;. tienes tiempo... Hasta las diez. Con que
+salgas de aqu&iacute; a las diez menos cuarto... &iquest;Pero esa toquilla?... M&iacute;rala,
+m&iacute;rala en esa silla junto a la c&oacute;moda&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!, hija... si llega a ser perro me muerde.</p>
+
+<p>Se la puso, envolvi&eacute;ndose la cabeza, echando miradas a un espejo de
+marco negro que sobre la c&oacute;moda estaba, y despu&eacute;s se sent&oacute; en una silla
+a hacer tiempo. Entonces Maximiliano la mir&oacute; mejor. No se hartaba de
+mirarla, y una obstrucci&oacute;n singular se le fij&oacute; en el pecho, cort&aacute;ndole
+la respiraci&oacute;n. &iquest;Y qu&eacute; decir? Porque hab&iacute;a que decir algo. El pobre
+joven se sent&iacute;a delante de aquella hermosura m&aacute;s cortado que en la
+visita de m&aacute;s campanillas.</p>
+
+<p>&laquo;Bien puedes abrigarte&raquo; indic&oacute; Feliciana a su amiga; y Rub&iacute;n vio el
+cielo abierto, porque pudo decir en tono de sentencia filos&oacute;fica:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, est&aacute; la noche fresquecita.</p>
+
+<p>&mdash;Ll&eacute;vate el llav&iacute;n...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Feliciana&mdash;. Ya sabes que el sereno se
+llama Paco. Suele estar en la taberna.</p>
+
+<p>La otra no desplegaba sus labios. Parec&iacute;a que estaba de muy mal humor.
+Maximiliano contemplaba como un bobo aquellos ojos, aquel entrecejo
+incomparable y aquella nariz perfecta, y habr&iacute;a dado algo de mucho
+precio porque ella se hubiese dignado mirarle de otra manera que como se
+mira a los bichos raros. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima que no sea honrada!&mdash;pensaba&mdash;. Y
+qui&eacute;n sabe si lo ser&aacute;, quiero decir que conserve la honradez del alma en
+medio de...&raquo;.</p>
+
+<p>Estaba muy fija en &eacute;l la idea aquella de las dos honradeces, en algunos
+casos armonizadas, en otros no. Habl&oacute; Fortunata poco y vulgar; todo lo
+que dijo fue de lo menos digno de pasar a la historia: que hac&iacute;a mucho
+fr&iacute;o, que se le hab&iacute;a descosido un mit&oacute;n, que aquel llav&iacute;n parec&iacute;a la
+<i>maza de Fraga</i>, que al volver a casa entrar&iacute;a en la botica a comprar
+unas pastillas para la tos.</p>
+
+<p>Maximiliano estaba encantado, y no atrevi&eacute;ndose a desplegar los labios,
+daba su asentimiento con una sonrisa, sin quitar los ext&aacute;ticos ojos de
+aquel semblante que le parec&iacute;a angelical. Y cuanto ella dijo lo oy&oacute; como
+si fuera una sarta de conceptos ingenios&iacute;simos. &laquo;&iexcl;Si es un &aacute;ngel!... No
+ha dicho ni una palabra malsonante... &iexcl;Y qu&eacute; metal de voz! No he o&iacute;do en
+mi vida m&uacute;sica tan grata... &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; el decir esta mujer un <i>te
+quiero</i>, dici&eacute;ndolo con verdad y con alma?&raquo;. Esta idea produjo en la
+mente de Rub&iacute;n sacudidas que le duraron mediano rato. Le corri&oacute; un fr&iacute;o
+por el espinazo y v&iacute;nole cierto picor a la nariz como cuando se ha
+bebido gaseosa.</p>
+
+<p>Cansado de hacer solitarios, Olmedo se puso a contar cuentos indecentes,
+lo que a Maximiliano le pareci&oacute; muy mal. Otras noches hab&iacute;a o&iacute;do
+an&eacute;cdotas parecidas y se hab&iacute;a re&iacute;do; pero aquella noche se pon&iacute;a de
+todos colores deseando que a su condenado amigo se le secara la boca.
+&laquo;&iexcl;Qu&eacute; desverg&uuml;enza contar aquellas marranadas delante de personas... de
+personas decentes, s&iacute; se&ntilde;or!&raquo;. Estaba Rub&iacute;n tan desconcertado como si
+las dos mujeres all&iacute; presentes fuesen remilgadas damas o alumnas de un
+colegio monjil; pero su timidez le imped&iacute;a mandar callar a Olmedo.
+Fortunata no se re&iacute;a tampoco de aquellos est&uacute;pidos chistes; pero m&aacute;s
+bien parec&iacute;a indiferente que indignada de o&iacute;rlos. Estaba distra&iacute;da
+pensando en sus cosas. &iquest;Qu&eacute; cosas ser&iacute;an aquellas? Diera Maximiliano
+por saberlas... su hucha con todo lo que conten&iacute;a. Al acordarse de su
+tesoro tuvo otra sacudida, y se removi&oacute; en el asiento lastim&aacute;ndose mucho
+con el duro contacto de aquellos mal llamados muelles.</p>
+
+<p>&laquo;Pero el cuento m&aacute;s salado &iexcl;narices!&mdash;dijo Olmedo&mdash;, es el del panadero.
+&iquest;Lo sabes t&uacute;? Cuando aquel obispo fue a la visita pastoral y se acost&oacute;
+en la cama del cura... Ver&eacute;is...&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se levant&oacute; para marcharse. Ocurriole a Maximiliano salir
+detr&aacute;s de ella para ver d&oacute;nde iba. Era la manera especial suya de hacer
+la corte. En su esp&iacute;ritu so&ntilde;ador exist&iacute;a la vaga creencia de que
+aquellos seguimientos entra&ntilde;aban una comunicaci&oacute;n misteriosa, quiz&aacute;s
+magn&eacute;tica. Seguir, mirando de lejos, era un lenguaje o telegraf&iacute;a <i>sui
+generis</i>, y la persona seguida, aunque no volviese la vista atr&aacute;s, deb&iacute;a
+de conocer en s&iacute; los efectos del fluido de atracci&oacute;n. Sali&oacute; Fortunata
+despidi&eacute;ndose muy fr&iacute;amente, y a los dos minutos se despidi&oacute; tambi&eacute;n
+Maximiliano con &aacute;nimo de alcanzarla todav&iacute;a en el portal. Pero aquel
+condenado <i>Ulmus sylvestris</i> le entretuvo a la fuerza, cogi&eacute;ndole una
+mano y apret&aacute;ndosela con b&aacute;rbaros alardes de vigor muscular, para re&iacute;rse
+con los chillidos de dolor que daba el pobre <i>Rubinius vulgaris</i>. &laquo;&iexcl;Qu&eacute;
+asno eres!&mdash;exclamaba este, retirando al fin su mano magullada, con los
+dedos pegados unos a otros&mdash;. &iexcl;Vaya unas gracias!..</p>
+
+<p>Esto y contar porquer&iacute;as es tu fuerte. Mejor te pusieras a estudiar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ni&ntilde;o del m&eacute;rito, papos-castos</i>, &iquest;quieres hacer el favor de tocarme
+las narices?</p>
+
+<p>&mdash;No te hagas ordinario&mdash;dijo Rub&iacute;n con bondad&mdash;. Si no lo eres, si
+aunque quieras parecerlo no lo puedes conseguir.</p>
+
+<p>Esto lastim&oacute; el amor propio de Olmedo m&aacute;s que si su amigo le hubiera
+llenado de insultos, porque todo lo llevaba con paciencia menos que se
+le rebajase un pelo de la graduaci&oacute;n de perdis que se hab&iacute;a dado. Le
+supo tan mal la indulgencia de Rub&iacute;n, que sali&oacute; tras &eacute;l hasta la puerta,
+dici&eacute;ndole entre otras tonter&iacute;as: &laquo;&iexcl;Valiente hip&oacute;crita est&aacute;s t&uacute;...
+narices! Estos silfidones, a lo mejor la pegan&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Maximiliano baj&oacute; la escalera como la baja uno cuando tiene ocho a&ntilde;os y
+se le ha ca&iacute;do el juguete de la ventana al patio. Lleg&oacute; sin aliento al
+portal, y all&iacute; dud&oacute; si deb&iacute;a tomar a la derecha o a la izquierda de la
+calle. El coraz&oacute;n le dijo que fuera hacia la calle de San Marcos. Apret&oacute;
+el paso pensando que Fortunata no deb&iacute;a de andar muy a prisa y que la
+alcanzar&iacute;a pronto. &laquo;&iquest;Ser&aacute; aquella?&raquo;. Crey&oacute; ver la toquilla azul; pero al
+acercarse not&oacute; que no era la nube de su cielo. Cuando ve&iacute;a una mujer
+<i>que </i> <i> pudiera ser ella</i>, acortaba el paso por no aproximarse
+demasiado, pues acerc&aacute;ndose mucho no eran tan misteriosos los encantos
+del seguimiento. Anduvo calles y m&aacute;s calles, retrocedi&oacute;, dio vueltas a
+esta y la otra manzana, y la <i>dama nocturna</i> no parec&iacute;a. Mayor
+desconsuelo no sinti&oacute; en su vida. Si la encontrara era capaz hasta de
+hablarle y decirle alg&uacute;n amoroso atrevimiento. Se agit&oacute; tanto en aquel
+paseo vagabundo, que a las once ya no se pod&iacute;a tener en pie, y se
+arrimaba a las paredes para descansar un rato. Irse a su casa sin
+encontrarla y darse un buen trote con ella... a distancia de treinta
+pasos, d&aacute;bale mucha tristeza. Pero al fin se hizo tan tarde y estaba tan
+fatigado, que no tuvo m&aacute;s remedio que coger el tranv&iacute;a de Chamber&iacute; y
+retirarse. Lleg&oacute; y se acost&oacute;, deseando apagar la luz para pensar sobre
+la almohada. Su esp&iacute;ritu estaba abatid&iacute;simo. Asalt&aacute;ronle pensamientos
+tristes, y sinti&oacute; ganas de llorar. Apenas durmi&oacute; aquella noche, y por la
+ma&ntilde;ana hizo prop&oacute;sito de ir al <i>hotel</i> de Feliciana en cuanto saliera de
+clase.</p>
+
+<p>H&iacute;zolo como lo pens&oacute;, y aquel d&iacute;a pudo vencer un poco su timidez.
+Feliciana le ayudaba, estimul&aacute;ndole con ma&ntilde;a, y as&iacute; logr&oacute; Rub&iacute;n decir a
+la otra algunas cosas que por disimulo de sus sentimientos quiso que
+fueran maliciosas. &laquo;Tardecillo vino usted anoche. A las once no hab&iacute;a
+vuelto usted todav&iacute;a&raquo;. Y por este estilo otras frases vulgares que
+Fortunata o&iacute;a con indiferencia y que contestaba de un modo desde&ntilde;oso.
+Maximiliano reservaba las purezas de su alma para ocasi&oacute;n m&aacute;s oportuna,
+y con feliz instinto hab&iacute;a determinado iniciarse como uno de tantos,
+como un cualquiera que no quer&iacute;a m&aacute;s que divertirse un rato. Dejoles
+solos la tunanta de Feliciana, y Rub&iacute;n se acobard&oacute; al principio; pero de
+repente se reh&iacute;zo. No era ya el mismo hombre. La fe que llenaba su alma,
+aquella pasi&oacute;n nacida en la inocencia y que se desarroll&oacute; en una noche
+como &aacute;rbol milagroso que surge de la tierra cargado de fruto, le remov&iacute;a
+y le transfiguraba. Hasta la maldita timidez quedaba reducida a un
+fen&oacute;meno puramente externo. Mir&oacute; sin pesta&ntilde;ear a Fortunata, y cogi&eacute;ndole
+una mano, le dijo con voz temblorosa: &laquo;Si usted me quiere querer, yo...
+la querr&eacute; m&aacute;s que a mi vida&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata le mir&oacute; tambi&eacute;n a &eacute;l, sorprendida. Le parec&iacute;a imposible que el
+<i>bicho raro</i> se expresase as&iacute;... Vio en sus ojos una lealtad y una
+honradez que la dejaron pasmada. Despu&eacute;s reflexion&oacute; un instante,
+tratando de apoyarse en un juicio pesimista. Se hab&iacute;an burlado tanto de
+ella, que lo que estaba viendo no pod&iacute;a ser sino una nueva burla. Aquel
+era, sin duda, m&aacute;s pillo y m&aacute;s embustero que los dem&aacute;s. Consecuencia de
+tales ideas fue la sonora carcajada que solt&oacute; la mujer aquella ante la
+faz compungida de un hombre que era todo esp&iacute;ritu. Pero &eacute;l no se
+desconcert&oacute;, y la circunstancia de verse escuchado con atenci&oacute;n, d&aacute;bale
+un valor desconocido. &iexcl;&Aacute;nimo! &laquo;Si usted me quiere, yo la adorar&eacute;, yo la
+idolatrar&eacute; a usted...&raquo;.</p>
+
+<p>Revelaba la tal mujer un gran escepticismo, y lo que hac&iacute;a la muy p&iacute;cara
+era tomar a risa la pasi&oacute;n del joven.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y si lo probara?&mdash;dijo Maximiliano con seriedad que le dio, &iexcl;parece
+mentira!, un tornasol de hermosura&mdash;; &iquest;si le probara a usted de un modo
+que no dejase lugar a dudas...?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;&iexcl;Que la idolatrar&eacute;!... no, que ya la estoy idolatrando.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Tie</i> gracia!... &iexcl;idolatrando!, &iexcl;ja, ja!&mdash;repiti&oacute; la otra, y devolv&iacute;a
+la palabra como se devuelve una pelota en el juego.</p>
+
+<p>Maximiliano no insisti&oacute; en emplear vocablos muy expresivos. Comprendi&oacute;
+que lo rid&iacute;culo se le ven&iacute;a encima. No dijo m&aacute;s que: &laquo;Bueno, seremos
+amigos... Me contento con eso por hoy. Yo soy un infeliz, quiero decir,
+soy bueno. Hasta ahora no he querido a ninguna mujer&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata le miraba y, francamente, no pod&iacute;a acostumbrarse a aquella
+nariz chafada, a aquella boca tan sin gracia, al endeble cuerpo que
+parec&iacute;a se iba a deshacer de un soplo. &iexcl;Que siempre se enamoraran de
+ella tipos as&iacute;! Obligada a disimular y a hacer ciertos papeles, aunque
+en verdad no los hac&iacute;a muy bien, sigui&oacute; la conversaci&oacute;n en aquel
+terreno.</p>
+
+<p>&laquo;Esta noche quiero hablar con usted&mdash;dijo Rub&iacute;n categ&oacute;ricarnente&mdash;.
+Vendr&eacute; a las ocho y media. &iquest;Me da usted palabra de no salir... o de
+esperarme para salir conmigo?&raquo;.</p>
+
+<p>Diole ella la palabra que con tanta necesidad le ped&iacute;a el joven, y as&iacute;
+concluy&oacute; la entrevista. Rub&iacute;n se fue corriendo a su casa.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; chico! Si parec&iacute;a otro. &Eacute;l mismo notaba que algo se hab&iacute;a abierto
+dentro de s&iacute;, como arca sellada que se rompe, soltando un mundo de
+cosas, antes comprimidas y ahogadas. Era la crisis, que en otros es
+larga o poco acentuada, y all&iacute; fue violenta y explosiva. &iexcl;Si hasta le
+parec&iacute;a que ten&iacute;a talento...! Como que aquella tarde se le ocurrieron
+pensamientos magn&iacute;ficos y juicios de una originalidad sorprendente.
+Hab&iacute;a formado de s&iacute; mismo un concepto poco favorable como hombre de
+inteligencia; pero ya, por efecto del s&uacute;bito amor, cre&iacute;ase capaz de dar
+quince y raya a m&aacute;s de cuatro. La modestia cedi&oacute; el puesto a un cierto
+orgullo que tomaba posesi&oacute;n de su alma... &laquo;Pero &iquest;y si no me
+quiere?&mdash;pensaba desanim&aacute;ndose y cayendo a tierra con las alas rotas&mdash;.
+Es que me tendr&aacute; que querer... No es el primer caso... Cuando me
+conozca...&raquo;.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo la apat&iacute;a y la pereza quedaban vencidas... And&aacute;banle por
+dentro comezones y pruritos nuevos, un deseo de hacer algo, y de probar
+su voluntad en actos grandes y dif&iacute;ciles... Iba por la calle sin ver a
+nadie, tropezando con los transe&uacute;ntes, y a poco se estrella contra un
+&aacute;rbol del paseo de Luchana. Al entrar en la calle de Raimundo Lulio vio
+a su t&iacute;a en el balc&oacute;n tomando el sol. Verla y sentir un miedo muy
+grande, pero muy grande, fue todo uno. &laquo;&iexcl;Si mi t&iacute;a lo sabe...!&raquo;. Pero
+del miedo sali&oacute; al instante la reacci&oacute;n de valor, y apret&oacute; los pu&ntilde;os
+debajo de la capa, los apret&oacute; tanto que le dolieron los dedos. &laquo;Si mi
+t&iacute;a se opone, que se oponga y que se vaya a los demonios&raquo;. Nunca, ni aun
+con el pensamiento, hab&iacute;a hablado Maximiliano de do&ntilde;a Lupe con tan poco
+respeto. Pero los antiguos moldes estaban rotos. Todo el mundo y toda la
+existencia anteriores a aquel estado nov&iacute;simo se hund&iacute;an o se disipaban
+como las tinieblas al salir el sol. Ya no hab&iacute;a t&iacute;a, ni hermanos, ni
+familia, ni nada, y quien quiera que se le atravesase en su camino era
+declarado enemigo. Maximiliano tuvo tal acceso de coraje, que hasta se
+ofreci&oacute; a su mente con caracteres odiosos la imagen de do&ntilde;a Lupe, de su
+segunda madre. Al subir las escaleras de la casa se seren&oacute;, pensando que
+su t&iacute;a no sab&iacute;a nada, y si lo sab&iacute;a, que lo supiera, &iexcl;ea!... &laquo;&iexcl;Qu&eacute;
+car&aacute;cter estoy echando!&raquo; se dijo al meterse en su cuarto.</p>
+
+<p>Cerr&oacute; cuidadosamente la puerta y cogi&oacute; la hucha. Su primer impulso fue
+estrellarla contra el suelo y romperla para sacar el dinero; y ya la
+ten&iacute;a en la mano para consumar tan antiecon&oacute;mico prop&oacute;sito, cuando le
+asaltaron temores de que su t&iacute;a oyera el ruido y entrase y le armara un
+cisco. Acordose de lo orgullosa que estaba do&ntilde;a Lupe de la hucha de su
+sobrino. Cuando iban visitas a la casa la ense&ntilde;aba como una cosa rara,
+son&aacute;ndola y dando a probar el peso, para que todos se pasmaran de lo
+arregladito y previsor que era el ni&ntilde;o. &laquo;Esto se llama formalidad. Hay
+pocos chicos que sean as&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano discurri&oacute; que para realizar su deseo, necesitaba comprar
+otra hucha de barro exactamente igual a aquella y llenarla de cuartos
+para que sonara y pesara... Se estuvo riendo a solas un rato, pensando
+en el chasco que le iba a dar a su t&iacute;a... &iexcl;&eacute;l, que no hab&iacute;a cometido
+nunca una travesura...!, lo &uacute;nico que hab&iacute;a hecho, a&ntilde;os atr&aacute;s, era
+robarle a su t&iacute;a botones para coleccionarlos. &iexcl;Instintos de
+coleccionista, que son variantes de la avaricia! Alguna vez lleg&oacute; hasta
+cortarle los botones de los vestidos; pero con un solfeo que le dieron
+no le quedaron ganas de repetirlo. Fuera de esto, nada; siempre hab&iacute;a
+sido la misma mansedumbre, y tan econ&oacute;mico que su t&iacute;a le amaba m&aacute;s quiz&aacute;
+por la virtud del ahorro que por las otras.</p>
+
+<p>&laquo;Pues se&ntilde;or; manos a la obra. En la cacharrer&iacute;a del paseo de Santa
+Engracia hay huchas exactamente iguales. Comprar&eacute; una; mirar&eacute; bien esta
+para tomarle bien las medidas&raquo;.</p>
+
+<p>Estaba Maximiliano con la hucha en la mano mir&aacute;ndola por arriba y por
+abajo, como si la fuera a retratar, cuando se abri&oacute; la puerta y entr&oacute;
+una chiquilla como de doce a&ntilde;os, delgada y espigadita, los brazos
+arremangados, muy atusada de flequillo y sortijillas, con un delantal
+que le llegaba a los pies. Lo mismo fue verla Maximiliano, que se turb&oacute;
+cual si le hubieran sorprendido en un acto vergonzoso.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; buscas t&uacute; aqu&iacute;, chiquilla sin verg&uuml;enza?&raquo;.</p>
+
+<p>Por toda contestaci&oacute;n, la rapaza le ense&ntilde;&oacute; medio palmo de lengua,
+plegando los ojos y haciendo unas muecas de careta fea de lo m&aacute;s
+estrafalario y grotesco que se puede imaginar.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, bonita te pones... L&aacute;rgate de aqu&iacute;, o ver&aacute;s...</p>
+
+<p>Era la criada de la casa. Do&ntilde;a Lupe odiaba a las mujeronas, y siempre
+tomaba a su servicio ni&ntilde;as para educarlas y amoldarlas a su gusto y
+costumbres. Llam&aacute;banla Papitos no s&eacute; por qu&eacute;. Era m&aacute;s viva que la
+p&oacute;lvora, activa y trabajadora cuando quer&iacute;a, holgazana y ma&ntilde;osa algunos
+d&iacute;as. Ten&iacute;a el cuerpo esbelto, las manos &aacute;speras del trabajo y el agua
+fr&iacute;a, la cara diablesca, con unos ojos reventones de que sacaba mucho
+partido para hacer re&iacute;r a la gente, la boca hocicuda y graciosa, con un
+juego de labios y unos dientes blanqu&iacute;simos que eran como de encargo
+para producir las muecas m&aacute;s extravagantes. Los dos dientes centrales
+superiores eran enormes, y se le ve&iacute;an siempre, porque ni cuando estaba
+de morros cerraba completamente la boca.</p>
+
+<p>O&iacute;da la conminaci&oacute;n que le hizo Maximiliano, Papitos se desvergonz&oacute; m&aacute;s.
+Ella las gastaba as&iacute;. Cuanto m&aacute;s la amenazaban m&aacute;s pesadita se pon&iacute;a.
+Volvi&oacute; a echar fuera una cantidad incre&iacute;ble de lengua, y luego se puso a
+decir en voz baja: &laquo;Feo, feo...&raquo; hasta treinta o cuarenta veces. Esta
+apreciaci&oacute;n, que no era contraria a la verdad ni mucho menos, nunca
+hab&iacute;a inspirado a Rub&iacute;n m&aacute;s que desprecio; pero en aquella ocasi&oacute;n le
+indign&oacute; tanto, vamos... que de buena gana le hubiera cortado a Papitos
+toda aquella lenguaza que sacaba.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Si no te largas, de la patada que te doy...!&raquo;.</p>
+
+<p>Fue tras ella; pero Papitos se puso a salvo. Parec&iacute;a que volaba. Desde
+el fondo del pasillo, en la puerta de la cocina, repet&iacute;a sus burlas,
+haciendo con las manos gestos de mico. Volvi&oacute; &eacute;l a su cuarto muy
+incomodado y a poco entr&oacute; ella otra vez.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; buscas aqu&iacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vengo <i>a por</i> la l&aacute;mpara para aviarla...</p>
+
+<p>El motivo de haber dicho esto la chiquilla con relativo juicio y
+serenidad, fue que se oyeron los pasos de do&ntilde;a Lupe, y su voz temerosa:
+&laquo;Mira, Papitos, que voy all&aacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;T&iacute;a, venga usted... Est&aacute; de jarana...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Acus&oacute;n!&mdash;le dijo por lo bajo la chicuela al coger la l&aacute;mpara&mdash;, fe&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;La culpa la tienes t&uacute;&mdash;a&ntilde;adi&oacute; severamente do&ntilde;a Lupe, en la puerta&mdash;,
+porque te pones a jugar con ella, le r&iacute;es las gracias, y ya ves. Cuando
+quieres que te respete, no puede ser. Es muy mal criada.</p>
+
+<p>La t&iacute;a y el sobrino hablaron un instante.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Tambi&eacute;n vendr&aacute;s tarde esta noche? Mira que las noches est&aacute;n muy fr&iacute;as.
+Estas heladas son crueles. T&uacute; no est&aacute;s para valent&iacute;as&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, si no siento nada. Nunca he estado mejor&mdash;dijo Rub&iacute;n, sintiendo
+que la timidez le ganaba otra vez.</p>
+
+<p>&mdash;No hagamos simplezas... Hace un fr&iacute;o horrible. &iexcl;Qu&eacute; a&ntilde;o tan malo!
+&iquest;Creer&aacute;s que anoche no pude entrar en calor hasta la madrugada? Y eso
+que me ech&eacute; encima cuatro mantas. &iexcl;Qu&eacute; atrocidad! Como que estamos entre
+las <i>C&aacute;tedras de Roma y Antioqu&iacute;a</i>, que es, seg&uacute;n dec&iacute;a mi J&aacute;uregui, el
+peor tiempo de Madrid.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>&iquest;Va usted esta noche a casa de do&ntilde;a Silvia?&mdash;preguntole Rub&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Eso pienso. Si t&uacute; sales me dejar&aacute;s all&aacute;, y luego ir&aacute;s a buscarme a las
+once en punto.</p>
+
+<p>Esto contrariaba a Maximiliano, porque le tasaba el tiempo; pero no dijo
+nada.</p>
+
+<p>&mdash;Y esta tarde, &iquest;sale usted?&mdash;pregunt&oacute; luego deseando que su t&iacute;a saliese
+antes de comer, para verificar, mientras ella estuviese fuera, la
+sustituci&oacute;n de las huchas.</p>
+
+<p>&mdash;Puede que me llegue un ratito a casa de Paca Morej&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Yo la acompa&ntilde;ar&eacute; a usted... Tengo que ir a ver a Narciso para que me
+preste unos apuntes. La dejar&eacute; a usted en la calle de la Habana&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe fue a la cocina y le arm&oacute; una gran chiller&iacute;a a Papitos porque
+hab&iacute;a dejado quemar el principio. Pero la chica estaba muy acostumbrada
+a todo, y se quedaba tan fresca. Como que acabadita de o&iacute;rse llamar con
+las denominaciones m&aacute;s injuriosas y de recibir un pellizco que le
+atenazaba la carne, pon&iacute;ase detr&aacute;s de su ama a hacer visajes y a sacar
+la lengua, mientras se rascaba el brazo dolorido.</p>
+
+<p>&laquo;Si creer&aacute;s t&uacute; que no te estoy viendo, bribona&raquo; dec&iacute;a do&ntilde;a Lupe sin
+volverse, entre risue&ntilde;a y enojada. Y no se pod&iacute;a pasar sin ella.
+Necesitaba tener una criatura a quien reprender y ense&ntilde;ar por los
+procedimientos suyos.</p>
+
+<p>P&uacute;sose la mantilla do&ntilde;a Lupe, y t&iacute;a y sobrino salieron. La primera se
+qued&oacute; en la calle de Arango, y el segundo se fue a comprar la hucha y
+torn&oacute; a su casa. Hab&iacute;a llegado la ocasi&oacute;n de consumar el atentado, y el
+que durante la premeditaci&oacute;n se mostraba tan valeroso, cuando se
+aproximaba el instante cr&iacute;tico sent&iacute;a viv&iacute;sima inquietud. Empez&oacute; por
+asegurarse de la curiosidad de Papitos, echando la llave a la puerta
+despu&eacute;s de encender la luz; pero &iquest;c&oacute;mo asegurarse de su propia
+conciencia que se le alborotaba, pint&aacute;ndole la falta proyectada como
+nefando delito? Compar&oacute; las dos huchas, observando con satisfacci&oacute;n que
+eran exactamente iguales en volumen y en el color del barro. No era
+posible que nadie adviniese la sustituci&oacute;n. Manos a la obra. Lo primero
+era romper la primitiva para coger el oro y la plata, pasando a la nueva
+la calderilla, con m&aacute;s de dos pesetas en <i>perros</i> que al objeto hab&iacute;a
+cambiado en la tienda de comestibles. Romper la olla sin hacer ruido era
+cosa imposible. Permaneci&oacute; un rato sentado en una silla junto a la cama,
+con las dos huchas sobre esta, acariciando suavemente la que iba a ser
+v&iacute;ctima. Su mirada vagaba alrededor de la luz, cazando una idea. La luz
+iluminaba la mesilla cubierta de hule negro, sobre el cual estaban los
+libros de estudio, forrados con peri&oacute;dicos y muy bien ordenados por do&ntilde;a
+Lupe; dos o tres frascos de sustancias medicinales, el tintero y varios
+n&uacute;meros de <i>La Correspondencia</i>. La mirada del joven revolote&oacute; por la
+estrecha cavidad del cuarto, como si siguiera las curvas del vuelo de
+una mosca, y fue de la mesa a la percha en que pend&iacute;an aquellos moldes
+de s&iacute; mismo, su ropa, el chaqu&eacute; que reproduc&iacute;a su cuerpo y los
+pantalones que eran sus propias piernas colgadas como para que se
+estiraran. Mir&oacute; despu&eacute;s la c&oacute;moda, el ba&uacute;l y las botas que sobre &eacute;l
+estaban, sus propios pies cortados, pero dispuestos a andar. Un
+movimiento de alegr&iacute;a y la animaci&oacute;n de la cara indicaron que
+Maximiliano hab&iacute;a atrapado la idea. Bien lo dec&iacute;a &eacute;l: con aquellas cosas
+se hab&iacute;a vuelto de repente hombre de talento. Levantose, y cogiendo una
+bota sali&oacute; y fue a la cocina, donde estaba Papitos cantando.</p>
+
+<p>&laquo;Chiquilla, &iquest;me das la mano del almirez? Esta bota tiene un clavo
+tremendo, pero tremendo, que me ha dejado cojo&raquo;.</p>
+
+<p>Papitos cogi&oacute; la mano del almirez, haciendo el adem&aacute;n de machacar al
+se&ntilde;orito la cabeza.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos, ni&ntilde;a, estate quieta. Mira que le cuento todo a la t&iacute;a. Me
+encarg&oacute; que tuviera cuidado contigo, y que si te mov&iacute;as de la cocina, te
+diera dos coscorrones&raquo;.</p>
+
+<p>Papitos se puso a picar la escarola, sin dejar de hacer visajes.</p>
+
+<p>&laquo;Y yo le dir&eacute;&mdash;replic&oacute;&mdash;, yo le dir&eacute; lo que hace... el muy
+trapisondista...&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano se estremeci&oacute;. &laquo;Tonta, &iquest;qu&eacute; es lo que yo hago?...&raquo; dijo
+sorteando su turbaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Encerrarse en su cuarto, <i>&iexcl;ay ol&eacute;! &iexcl;ay ol&eacute;!</i>... para que nadie le
+vea; pero yo le he visto por el agujero de la llave... <i>&iexcl;ay ol&eacute;! &iexcl;ay
+ol&eacute;!</i>...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;Escribi&eacute;ndole cartas a la novia.</p>
+
+<p>&mdash;Mentira... &iquest;yo...? Quita all&aacute;, enredadora...</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a su cuarto, llevando la mano del almirez, y echada otra vez la
+llave, tap&oacute; el agujero con un pa&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>&laquo;Ella no mirar&aacute;; pero por si se le ocurre...&raquo;.</p>
+
+<p>El tiempo apremiaba y do&ntilde;a Lupe pod&iacute;a venir. Cuando cogi&oacute; la hucha
+llena, el coraz&oacute;n le palpitaba y su respiraci&oacute;n era dif&iacute;cil. D&aacute;bale
+compasi&oacute;n de la v&iacute;ctima, y para evitar su enternecimiento, que podr&iacute;a
+frustrar el acto, hizo lo que los criminales que se arrojan fren&eacute;ticos a
+dar el primer golpe para perder el miedo y acallar la conciencia,
+impidi&eacute;ndose el volver atr&aacute;s. Cogi&oacute; la hucha y con febril mano le atiz&oacute;
+un porrazo. La v&iacute;ctima exhal&oacute; un gemido seco. Se hab&iacute;a cascado, pero no
+estaba rota a&uacute;n. Como este primer golpe fue dado sobre el suelo, le
+pareci&oacute; a Maximiliano que hab&iacute;a retumbado mucho, y entonces puso sobre
+la cama el cacharro herido. Su azoramiento era tal que casi le pega a la
+hucha vac&iacute;a en vez de hacerlo a la llena; pero se seren&oacute;, diciendo:
+&laquo;&iexcl;Qu&eacute; tonto soy! Si esto es m&iacute;o, &iquest;por qu&eacute; no he de disponer de ello
+cuando me d&eacute; la gana?&raquo;. Y le&ntilde;a, m&aacute;s le&ntilde;a... La infeliz v&iacute;ctima, aquel
+antiguo y leal amigo, modelo de honradez y fidelidad, gimi&oacute; a los
+fieros golpes, abri&eacute;ndose al fin en tres o cuatro pedazos. Sobre la cama
+se esparcieron las tripas de oro, plata y cobre. Entre la plata, que era
+lo que m&aacute;s abundaba, brillaban los centenes como las pepitas amarillas
+de un mel&oacute;n entre la pulpa blanca. Con mano tr&eacute;mula, el asesino lo
+recogi&oacute; todo menos la calderilla, y se lo guard&oacute; en el bolsillo del
+pantal&oacute;n. Los cascos esparcidos semejaban pedazos de un cr&aacute;neo, y el
+polvillo rojo del barro cocido que ensuciaba la colcha blanca pareciole
+al criminal manchas de sangre. Antes de pensar en borrar las huellas del
+estropicio, pens&oacute; en poner los cuartos en la hucha nueva, operaci&oacute;n
+verificada con tanta precipitaci&oacute;n que las piezas se atragantaban en la
+boca y algunas no quer&iacute;an pasar. Como que la boca era un poquit&iacute;n m&aacute;s
+estrecha que la de la muerta. Despu&eacute;s meti&oacute; el cobre de las dos pesetas
+que hab&iacute;a cambiado.</p>
+
+<p>No hab&iacute;a tiempo que perder. Sent&iacute;a pasos. &iquest;Subir&iacute;a ya do&ntilde;a Lupe? No, no
+era ella; pero pronto vendr&iacute;a y era forzoso despachar. Aquellos cascos,
+&iquest;d&oacute;nde los echar&iacute;a? He aqu&iacute; un problema que le puso los pelos de punta
+al asesino. Lo mejor era envolver aquellos despojos sangrientos en un
+pa&ntilde;uelo y tirarlos en medio de la calle cuando saliera. &iquest;Y la sangre?
+Limpi&oacute; la colcha como pudo, soplando el polvo. Despu&eacute;s advirti&oacute; que su
+mano derecha y el pu&ntilde;o de la camisa conservaban algunas se&ntilde;ales, y se
+ocup&oacute; en borrarlas cuidadosamente. Tambi&eacute;n la mano del almirez necesit&oacute;
+de un buen limpi&oacute;n. &iquest;Tendr&iacute;a algo en la ropa? Se mir&oacute; bien de pies a
+cabeza. No hab&iacute;a nada, absolutamente nada. Como todos los matadores en
+igual caso, fue escrupuloso en el examen; pero a estos desgraciados se
+les olvida siempre algo, y donde menos lo piensan se conserva el dato
+acusador que ilumina a la justicia.</p>
+
+<p>Lo que desconcert&oacute; a Rub&iacute;n cuando crey&oacute; concluida su faena, fue la
+aprensi&oacute;n de advertir que la hucha nueva no se parec&iacute;a nada a la
+sacrificada. &iquest;C&oacute;mo antes del crimen las vio tan iguales que parec&iacute;an una
+misma? Error de los sentidos. Tambi&eacute;n pod&iacute;a ser error la diferencia que
+despu&eacute;s del crimen notaba. &iquest;Se equivoc&oacute; antes o se equivocaba despu&eacute;s?
+En la enorme turbaci&oacute;n de su &aacute;nimo no pod&iacute;a decidir nada. &laquo;Pero si,
+basta tener ojos&mdash;dec&iacute;a&mdash;, para conocer que esta hucha no es aquella...
+En esta el barro es m&aacute;s recocho, de color m&aacute;s oscuro, y tiene por aqu&iacute;
+una mancha negra... A la simple vista se ve que no es la misma... Dios
+nos asista. &iquest;A ver el peso?... Pues el peso me parece que es menor en
+esta... No, m&aacute;s bien mayor, mucho mayor... &iexcl;Fatalidad!&raquo;.</p>
+
+<p>Quedose parado un largo rato mirando a la luz y viendo en ella a do&ntilde;a
+Lupe en el acto de coger la hucha falsa y decir: &laquo;Pero esta hucha... no
+s&eacute;... me parece... no es la misma&raquo;. Dando un gran suspiro, envolvi&oacute;
+r&aacute;pidamente en un pa&ntilde;uelo los destrozados restos de la v&iacute;ctima, y los
+guard&oacute; en la c&oacute;moda hasta el momento de salir. Puso la nueva hucha en el
+sitio de costumbre, que era el caj&oacute;n alto de la c&oacute;moda, abri&oacute; la puerta,
+quitando el pa&ntilde;uelo que tapaba el agujero de la llave, y despu&eacute;s de
+llevar a la cocina el instrumento alevoso, volvi&oacute; a su cuarto con idea
+de contar el dinero... Pero si era suyo, &iquest;a qu&eacute; tanto miedo y zozobra?
+&Eacute;l no hab&iacute;a robado nada a nadie, y sin embargo, estaba como los
+ladrones. M&aacute;s derecho era referir a su t&iacute;a lo que le pasaba, que no
+andar con tapujos. &iexcl;S&iacute;, pues buena se pondr&iacute;a do&ntilde;a Lupe si &eacute;l le contara
+su aventura y el empleo que daba a sus ahorros! Val&iacute;a m&aacute;s callar, y
+adelante.</p>
+
+<p>No pudo entretenerse en contar su tesoro, porque entr&oacute; do&ntilde;a Lupe,
+dirigi&eacute;ndose inmediatamente a la cocina. Maximiliano se paseaba en su
+cuarto esperando que le llamasen a comer, y hac&iacute;a c&aacute;lculos mentales
+sobre aquella desconocida suma que tanto le pesaba. &laquo;Mucho debe de ser,
+pero mucho&mdash;calculaba&mdash;; porque en tal tiempo ech&eacute; un dobloncito de
+cuatro, y en cual tiempo otro. Y cuando tom&eacute; la medicina aquella que
+sab&iacute;a tan mal, me dio mi t&iacute;a dos duritos, y cada vez que hab&iacute;a que tomar
+purga un durito o medio durito. Lo que es en monedas de a cinco, puede
+que pasen de quince&raquo;.</p>
+
+<p>Sinti&oacute; que le renac&iacute;a el valor. Pero cuando le llamaron a comer, y fue
+al comedor y se encar&oacute; con su t&iacute;a, pens&oacute; que esta le iba a conocer en la
+cara lo que hab&iacute;a hecho. Mir&aacute;bale ella lo mismo que el d&iacute;a infausto en
+que le robara los botones arranc&aacute;ndolos de la ropa... Y al sobrinito se
+le alborot&oacute; la conciencia, haci&eacute;ndole ver peligros donde no los hab&iacute;a.
+&laquo;Me parece&mdash;cavilaba, tragando la sopa&mdash;, que la colcha no ha quedado
+muy limpia... Caspitina, se me olvid&oacute; una cosa; pero una cosa muy
+importante... ver si hab&iacute;an ca&iacute;do pedacitos de barro en alguna parte.
+Ahora recuerdo que o&iacute; el <i>tin</i>, como si un casquillo saltara en el
+momento del golpe y fuera a chocar disparado con el frasco de ioduro. En
+el suelo quiz&aacute;s... &iexcl;y mi t&iacute;a barre todos los d&iacute;as!... &iexcl;C&oacute;mo me mira! Si
+sospechar&aacute; algo... Lo que ahora me faltaba era que mi t&iacute;a hubiese pasado
+por la tienda al volver de casa de las de Morej&oacute;n, y le hubiera dicho el
+tendero: &laquo;Aqu&iacute; estuvo su sobrino a cambiar dos pesetas en calderilla&raquo;.</p>
+
+<p>El mirar escrutador de do&ntilde;a Lupe no ten&iacute;a nada de particular.
+Acostumbrada ella a estudiarle la cara, para ver c&oacute;mo andaba de salud, y
+el tal semblante era un libro en que la buena se&ntilde;ora hab&iacute;a aprendido m&aacute;s
+Medicina que Farmacia su sobrino en los textos impresos.</p>
+
+<p>&laquo;Me parece que t&uacute; no andas bien...&mdash;le dijo&mdash;. Cuando entr&eacute; te sent&iacute;
+toser... Estas heladas...</p>
+
+<p>Por Dios, ten mucho cuidado; no tengamos aqu&iacute; otra como la del a&ntilde;o
+pasado, que empalmaste cuatro catarros y por poco pierdes el curso. No
+olvides de liarte un pa&ntilde;uelo de seda en la cabeza, de noche, cuando te
+acuestes; y yo que t&uacute; empezar&iacute;a a tomar el agua de brea... No hagas
+ascos. Es bueno curarse en salud. Por s&iacute; o por no, ma&ntilde;ana te traigo las
+pastillas de Tol&uacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Con esto se tranquiliz&oacute; el joven comprendiendo que las miradas no eran
+m&aacute;s que la inspecci&oacute;n m&eacute;dica de todos los d&iacute;as. Comieron y se prepararon
+para salir. El criminal se emboz&oacute; bien en la capa y apag&oacute; la luz de su
+cuarto para coger los restos de la v&iacute;ctima y sacarlos ocultamente. Como
+las monedas que en el bolsillo del pantal&oacute;n llevaba no eran paja, se
+denunciaban sonando una contra otra. Por evitar este ruido inoportuno,
+Maximiliano se meti&oacute; un pa&ntilde;uelo en aquel bolsillo, atarug&aacute;ndolo bien
+para que las piezas de plata y oro no chistasen, y as&iacute; fue en efecto,
+pues en todo el trayecto desde Chamber&iacute; hasta la casa de Torquemada el
+o&iacute;do de do&ntilde;a Lupe, que siempre se afinaba con el rumor de dinero como el
+o&iacute;do de los gatos con los pasos del rat&oacute;n, y hasta parec&iacute;a que entiesaba
+las orejas, no percibi&oacute; nada, absolutamente nada. El sobrinito, cuando
+cre&iacute;a que las monedas se mov&iacute;an, atarugaba el bolsillo como quien ataca
+un arma. &iexcl;Creer&iacute;ase que le hab&iacute;a salido un tumor en la pierna!...</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="iib" id="iib"></a>-II-</h2>
+
+<h2>Afanes y contratiempos de un redentor</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Grande fue el asombro de Fortunata aquella noche cuando vio que
+Maximiliano sacaba pu&ntilde;ados de monedas diferentes, y contaba con rapidez
+la suma, apartando el oro de la plata. A la sorpresa un tanto alegre de
+la joven, sigui&oacute; pronto sospecha de que su improvisado amigo hubiese
+adquirido aquel caudal por medios no muy limpios. Crey&oacute; ver en &eacute;l un
+hijo de familia que, arrastrado de la pasi&oacute;n y cegado por la tonter&iacute;a,
+se hab&iacute;a incautado de la caja paterna. Esta idea la mortific&oacute; mucho,
+haci&eacute;ndole ver la cruel insistencia con que su destino la maltrataba.
+Desde que fue lanzada a los azares de aquella vida, se hab&iacute;a visto
+siempre unida a hombres groseros, perversos o tramposos, <i>lo peor de
+cada casa</i>.</p>
+
+<p>No dej&oacute; entrever a Maximiliano sus sospechas sobre la procedencia del
+dinero, que, viniera de donde viniese, no pod&iacute;a ser mal recibido, y poco
+a poco se fue tranquilizando al ver que el apreciable muchacho hac&iacute;a
+alarde de poseer ideas econ&oacute;micas enteramente contrarias a las de sus
+predecesores. &laquo;Esto&mdash;dijo mostr&aacute;ndole un grupito de monedas de oro&mdash;, es
+para que desempe&ntilde;es la ropa que te sea m&aacute;s necesaria... Los trajes de
+lujo, el abrigo de terciopelo, el sombrero y las alhajas se sacar&aacute;n m&aacute;s
+adelante, y se renovar&aacute; el pr&eacute;stamo para que no se pierdan. Olv&iacute;date por
+ahora de todo lo que es pura ostentaci&oacute;n. Acabose el barullo. Se gastar&aacute;
+nada m&aacute;s que lo que se tenga, para no hacer ni una trampa, pero ni una
+sola trampa. F&iacute;jate bien&raquo;. Esta sensatez era cosa nueva para Fortunata,
+y empez&oacute; a corregir algo sus primeras ideas acerca de su amante y a
+considerarle mejor que los dem&aacute;s. En los d&iacute;as siguientes Olmedo confirm&oacute;
+esta buena opini&oacute;n, habl&aacute;ndole con vivos encarecimientos de la
+formalidad de aquel chico y de lo muy arregladito que era.</p>
+
+<p>Qued&oacute; convenido entre Fortunata y su protector tomar un cuarto que
+estaba desalquilado en la misma casa. Rub&iacute;n insisti&oacute; mucho en la
+modestia y baratura de los muebles que se hab&iacute;an de poner, porque...
+(para que se vea si era juicioso) &laquo;conviene empezar por poco&raquo;. Despu&eacute;s
+se ver&iacute;a, y el humilde hogar ir&iacute;a creciendo y embelleci&eacute;ndose
+gradualmente. Aceptaba ella todo sin entusiasmo ni ilusi&oacute;n alguna, m&aacute;s
+bien <i>por probar</i>. Maximiliano le era poco simp&aacute;tico; pero en sus
+palabras y en sus acciones hab&iacute;a visto desde el primer momento la
+persona decente, novedad grande para ella. Vivir con una persona
+decente despertaba un poco su curiosidad. Dos d&iacute;as estuvo ocupada en
+instalarse. Los muebles se los alquil&oacute; una vecina que hab&iacute;a levantado
+casa, y Rub&iacute;n atendi&oacute; a todo con tal tino, que Fortunata se pasmaba de
+sus admirables dotes administrativas, pues no ten&iacute;a ni idea remota de
+aquel ingenioso modo de defender una peseta, ni sab&iacute;a c&oacute;mo se recorta un
+gasto para reducirlo de seis a cinco, con otras artes financieras que el
+excelente chico hab&iacute;a aprendido de do&ntilde;a Lupe.</p>
+
+<p>Tratando de medir el cari&ntilde;o que sent&iacute;a por su amiga, Maximiliano hallaba
+p&aacute;lida e inexpresiva la palabra querer, teniendo que recurrir a las
+novelas y a la poes&iacute;a en busca del verbo amar, tan usado en los
+ejercicios gramaticales como olvidado en el lenguaje corriente. Y aun
+aquel verbo le parec&iacute;a desabrido para expresar la dulzura y ardor de su
+cari&ntilde;o. Adorar, idolatrar y otros cumpl&iacute;an mejor su oficio de dar a
+conocer la pasi&oacute;n exaltada de un joven enclenque de cuerpo y robusto de
+esp&iacute;ritu.</p>
+
+<p>Cuando el enamorado se iba a su casa, llevaba en s&iacute; la impresi&oacute;n de
+Fortunata transfigurada. Porque no ha habido princesa de cuento oriental
+ni dama del teatro rom&aacute;ntico que se ofreciera a la mente de un caballero
+con atributos m&aacute;s ideales ni con rasgos m&aacute;s puros y nobles. Dos
+Fortunatas exist&iacute;an entonces, una la de carne y hueso, otra la que
+Maximiliano llevaba estampada en su mente. De tal modo se sutilizaron
+los sentimientos del joven Rub&iacute;n con aquel extraordinario amor, que este
+le inspiraba no s&oacute;lo las buenas acciones, el entusiasmo y la abnegaci&oacute;n,
+sino tambi&eacute;n la delicadeza llevada hasta la castidad. Su naturaleza
+pobre no ten&iacute;a exigencias; su esp&iacute;ritu las ten&iacute;a grandes, y estas eran
+las que m&aacute;s le apremiaban. Todo lo que en el alma humana puede existir
+de noble y hermoso brot&oacute; en la suya, como los chorros de lava en el
+volc&aacute;n activo. So&ntilde;aba con redenciones y regeneraciones, con lavaduras de
+manchas y con sacar del pasado negro de su amada una vida de m&eacute;ritos. El
+generoso gal&aacute;n ve&iacute;a los m&aacute;s sublimes problemas morales en la frente de
+aquella infeliz mujer, y resolverlos en sentido del bien parec&iacute;ale la
+m&aacute;s grande empresa de la voluntad humana. Porque su loco entusiasmo le
+impulsaba a la salvaci&oacute;n social y moral de su &iacute;dolo, y a poner en esta
+obra grandiosa todas las energ&iacute;as que alborotaban su alma. Las
+peripecias vergonzosas de la vida de ella no le desalentaban, y hasta
+med&iacute;a con gozo la hondura del abismo del cual iba a sacar a su amiga; y
+la hab&iacute;a de sacar pura o purificada. En aquellas confidencias que ambos
+ten&iacute;an, cre&iacute;a Maximiliano advertir en la pecadora un cierto fondo de
+rectitud y menos corrupci&oacute;n de lo que a primera vista parec&iacute;a.</p>
+
+<p>&iquest;Se equivocar&iacute;a en esto? A veces lo sospechaba; pero su buena fe
+triunfaba al instante de esta sospecha. Lo que s&iacute; pod&iacute;a sostener sin
+miedo a equivocarse era que Fortunata ten&iacute;a vivos deseos de mejorar su
+personalidad, es decir, de adecentarse y pulirse. Su ignorancia era,
+como puede suponerse, completa. Le&iacute;a muy mal y a trompicones, y no sab&iacute;a
+escribir.</p>
+
+<p>Lo esencial del saber, lo que saben los ni&ntilde;os y los paletos, ella lo
+ignoraba, como lo ignoran otras mujeres de su clase y aun de clase
+superior. Maximiliano se re&iacute;a de aquella incultura rasa, tomando en
+serio la tarea de irla corrigiendo poco a poco. Y ella no disimulaba su
+barbarie; por el contrario, manifestaba con graciosa sinceridad sus
+ardientes deseos de adquirir ciertas ideas y de aprender palabras finas
+y decentes. Cada instante estaba preguntando el significado de tal o
+cual palabra, e inform&aacute;ndose de mil cosas comunes. No sab&iacute;a lo que es el
+Norte y el Sur. Esto le sonaba a cosa de viento; pero nada m&aacute;s. Cre&iacute;a
+que un senador es algo del Ayuntamiento. Ten&iacute;a sobre la imprenta ideas
+muy extra&ntilde;as, creyendo que los autores mismos pon&iacute;an en las p&aacute;ginas
+aquellas letras tan iguales. No hab&iacute;a le&iacute;do jam&aacute;s libro ninguno, ni
+siquiera novela. Pensaba que Europa es un pueblo y que Inglaterra es un
+pa&iacute;s de acreedores. Respecto del sol, la luna y todo lo dem&aacute;s del
+firmamento, sus nociones pertenec&iacute;an al orden de los pueblos
+primitivos. Confes&oacute; un d&iacute;a que no sab&iacute;a qui&eacute;n fue Col&oacute;n. Cre&iacute;a que era
+un general, as&iacute; como O'Donnell o Prim. En lo religioso no estaba m&aacute;s
+aventajada que en lo hist&oacute;rico. La poca doctrina cristiana que aprendi&oacute;
+se le hab&iacute;a olvidado. Comprend&iacute;a a la Virgen, a Jesucristo y a San
+Pedro; les ten&iacute;a por muy buenas personas, pero nada m&aacute;s. Respecto a la
+inmortalidad y a la redenci&oacute;n, sus primeras ideas eran muy confusas.
+Sab&iacute;a que arrepinti&eacute;ndose uno, bien arrepentido, se salva; eso no ten&iacute;a
+duda, y por m&aacute;s que dijeran, nada que se relacionase con el amor era
+pecado.</p>
+
+<p>Sus defectos de pronunciaci&oacute;n eran atroces. No hab&iacute;a fuerza humana que
+le hiciera decir <i>fragmento, magn&iacute;fico, enigma</i> y otras palabras
+usuales. Se esforzaba en vencer esta dificultad, riendo y machacando en
+ella; pero no lo consegu&iacute;a. Las <i>eses</i> finales se le convert&iacute;an en
+<i>jotas</i>, sin que ella misma lo notase ni evitarlo pudiera, y se com&iacute;a
+muchas s&iacute;labas. Si supiera ella qu&eacute; bonita boca se le pon&iacute;a al
+com&eacute;rselas, no intentara enmendar su graciosa incorrecci&oacute;n. Pero
+Maximiliano se hab&iacute;a erigido en maestro, con rigores de d&oacute;mine e &iacute;nfulas
+de acad&eacute;mico. No la dejaba vivir, y estaba en acecho de los solecismos
+para caer sobre ellos como el gato sobre el rat&oacute;n. &laquo;No se dice
+<i>diferiencia</i>, sino diferencia. No se dice <i>Jacometrenzo</i>, ni <i>Espiritui
+Santo</i>, ni <i>indilugencias</i>. Adem&aacute;s <i>escam&oacute;n</i> y <i>escamarse</i> son palabras
+muy feas, y llamar <i>tiolog&iacute;as</i> a todo lo que no se entiende es una
+barbaridad. Repetir a cada instante <i>pa chasco</i> es costumbre ordinaria&raquo;,
+etc...</p>
+
+<p>Lo mejorcito que aquella mujer ten&iacute;a era su ingenuidad. Repetidas veces
+sac&oacute; Maximiliano a relucir el caso de la deshonra de ella, por ser muy
+importante este punto en el plan de regeneraci&oacute;n. El inspirado y
+entusiasta mancebo hac&iacute;a hincapi&eacute; en lo malos que son los se&ntilde;oritos y en
+la necesidad de una ley a la inglesa que proteja a las muchachas
+inocentes contra los seductores. Fortunata no entend&iacute;a palotada de estas
+leyes. Lo &uacute;nico que sosten&iacute;a era que el tal Juanito Santa Cruz era el
+&uacute;nico hombre a quien hab&iacute;a querido de verdad, y que le amaba siempre.
+&iquest;Por qu&eacute; decir otra cosa? Reconociendo el otro con caballeresca lealtad
+que esta consecuencia era laudable, sent&iacute;a en su alma punzada de celos,
+que trastornaba por un instante sus planes de redenci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y le quieres tanto, que si le vieras en alg&uacute;n peligro le salvar&iacute;as?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Claro que s&iacute;... me lo puedes creer. Si le viera en un peligro, le
+sacar&iacute;a en bien, aunque me perdiera yo. No s&eacute; decir m&aacute;s que lo que me
+sale de <i>entre m&iacute;</i>. Si no es verdad esto, que no llegue a la noche con
+salud.</p>
+
+<p>Se puso tan guapa al hacer esta declaraci&oacute;n, que Rub&iacute;n la mir&oacute; mucho
+antes de decir:</p>
+
+<p>&laquo;No, no jures; no necesitas jurarlo. Te creo. Di otra cosa. Y si ahora
+entrara por esa puerta y te dijera: 'Fortunata, ven' &iquest;ir&iacute;as?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata mir&oacute; a la puerta. Rub&iacute;n tragaba saliva y buscaba en el sitio
+donde tenemos el bigote algo que retorcer, y encontrando s&oacute;lo unos pelos
+muy tenues, los martirizaba cruelmente.</p>
+
+<p>&laquo;Eso... seg&uacute;n...&mdash;dijo ella plegando su entrecejo&mdash;. Me ir&iacute;a o no me
+ir&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Maximiliano quer&iacute;a saberlo todo. Era como el buen m&eacute;dico que le pide al
+enfermo las noticias m&aacute;s insignificantes del mal que padece y de su
+historia para saber c&oacute;mo ha de curarle. Fortunata no ocultaba nada, eso
+bueno ten&iacute;a, y el doctor amante se encontraba a veces con m&aacute;s quiz&aacute;s de
+lo necesario para la prodigiosa cura. &iexcl;Y qu&eacute; horrorizado se quedaba
+oyendo contar lo mal que se port&oacute; el seductor de aquella hermosura! El
+honrad&iacute;simo aprendiz de farmac&eacute;utico no comprend&iacute;a que pudieran existir
+hombres tan malos, y las penas todas del infierno parec&iacute;anle pocas para
+castigarles. Criminal m&aacute;s perverso que los asesinos y ladrones era,
+seg&uacute;n &eacute;l, el se&ntilde;orito seductor de doncella pobre, que le hac&iacute;a creer que
+se iba a casar con ella, y despu&eacute;s la dejaba plantada en medio del
+arroyo con su chiquillo o con las v&iacute;speras. &iquest;Por cu&aacute;nto har&iacute;a esto &eacute;l,
+Maximiliano Rub&iacute;n?... El tal Juanito Santa Cruz era, pues, el hombre m&aacute;s
+infame, m&aacute;s execrable y vil que se pod&iacute;a imaginar. Pero la misma
+ofendida no extremaba mucho, como parec&iacute;a natural, los anatemas contra
+el seductor, por cuya raz&oacute;n tuvo Maximiliano que redoblar su furia
+contra &eacute;l, llam&aacute;ndole monstruo y otras cosas muy malas. Fortunata ve&iacute;ase
+forzada a repetirlo; pero no hab&iacute;a medio de que pronunciara la palabra
+<i>monstruo</i>. Se le atravesaba como otras muchas, y al fin, despu&eacute;s de mil
+tentativas que parec&iacute;an n&aacute;useas, la soltaba entre sus bonit&iacute;simos
+dientes y labios, como si la escupiera.</p>
+
+<p>Prefer&iacute;a contar particularidades de su infancia. Su difunto padre pose&iacute;a
+un caj&oacute;n en la plazuela y era hombre honrado. Su madre ten&iacute;a, como
+Segunda, su t&iacute;a paterna, el tr&aacute;fico de huevos. Llam&aacute;banla a ella desde
+ni&ntilde;a la <i>Pitusa</i>, porque fue muy raqu&iacute;tica y encanijada hasta los doce
+a&ntilde;os; pero de repente dio un gran estir&oacute;n y se hizo mujer de talla y de
+garbo. Sus padres se murieron cuando ella ten&iacute;a doce a&ntilde;os... O&iacute;a estas
+cosas Maximiliano con mucho placer. Pero con todo, mand&aacute;bala que fuese
+al grano, a las cosas graves, como lo referente al hijo que hab&iacute;a
+tenido. Cuando parte de esta historia fue contada, al joven le falt&oacute;
+poco para que se le saltaran las l&aacute;grimas. La tierna criatura sin m&aacute;s
+amparo que su madre pobre, la aflicci&oacute;n de esta al verse abandonada,
+eran en verdad un cuadro trist&iacute;simo que part&iacute;a el coraz&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; no
+le cit&oacute; ante los tribunales? Es lo que deb&iacute;a haber hecho. A estos
+tunantes hay que tratarles a la baqueta. Otra cosa. &iquest;Por qu&eacute; no se le
+ocurri&oacute; darle un esc&aacute;ndalo, ir a la casa con el cr&iacute;o en brazos y
+presentarse a do&ntilde;a B&aacute;rbara y a D. Baldomero y contarles all&iacute; bien
+clarito la gracia que hab&iacute;a hecho su hijo?... Pero no, esto no hubiera
+sido muy conforme con la dignidad. M&aacute;s val&iacute;a despreciarle, dej&aacute;ndole
+entregado a su conciencia, s&iacute;, a su conciencia, que buen jaleo le hab&iacute;a
+de armar tarde o temprano.</p>
+
+<p>Fortunata, al o&iacute;r esto, fijaba sus ojos en el suelo, repitiendo como una
+m&aacute;quina aquello de que lo mejor era el desprecio. S&iacute;, despreciarle,
+repet&iacute;a el otro, pues era ignominia solicitar su protecci&oacute;n. Aunque le
+dieran lo que le dieran, no era capaz Fortunata de decir <i>ignominia</i>.
+Maximiliano insisti&oacute; en que hab&iacute;a sido una gran falta pedir amparo al
+mismo Juanito Santa Cruz, a aquel infame, cuando volvi&oacute; ella a Madrid y
+le cay&oacute; su ni&ntilde;o enfermo.</p>
+
+<p>&laquo;Pero, tont&iacute;n, si no es por &eacute;l, no hubi&eacute;ramos tenido con qu&eacute; enterrarle&raquo;
+dijo Fortunata saliendo a la defensa de su propio verdugo.</p>
+
+<p>&mdash;Primero le dejo yo insepulto, que recurrir... La dignidad, hija, es
+antes que todo. F&iacute;jate bien en esto. Lo que quiero saber ahora es qu&eacute;
+sujeto era ese con quien te uniste despu&eacute;s, el que te sac&oacute; de Madrid y
+te llev&oacute; de pueblo en pueblo como los trastos de una feria.</p>
+
+<p>&mdash;Era un hombre traicionero y malo&mdash;dijo Fortunata con desgana, como si
+el recuerdo de aquella parte de su vida le fuera muy desagradable&mdash;. Me
+fui con &eacute;l porque me vi perdida, y no ten&iacute;a a d&oacute;nde volverme. Era
+hermano de un vecino nuestro en la Cava de San Miguel. Primeramente tuvo
+un caj&oacute;n de casquer&iacute;a en la plaza, y despu&eacute;s puso tienda de quincalla
+iba a todas las ferias con un sin fin de arcas llenas de baratijas, y
+armaba tiendas. Le llamaban <i>Ju&aacute;rez el negro</i> por tener la color muy
+morena. Vi&eacute;ndome tan mal, me ofreci&oacute; el oro y el moro, y que iba a hacer
+y a acontecer. Mi t&iacute;a me ech&oacute; de la casa y mi t&iacute;o se desapareci&oacute;. Yo
+estaba enferma, y Ju&aacute;rez me dijo que si me iba con &eacute;l, me llevar&iacute;a a
+ba&ntilde;os. Dec&iacute;a que ganaba montes y montones en las romer&iacute;as, y que yo iba
+a estar como una reina. No se pod&iacute;a casar conmigo porque era casado,
+pero en cuantito que se muriera su mujer, que era una borrachona,
+cumplir&iacute;a, si se&ntilde;or, cumplir&iacute;a conmigo.</p>
+
+<p>Y sigui&oacute; relatando con rapidez aquella p&aacute;gina fea, deseando concluirla
+pronto. Lo del se&ntilde;orito Santa Cruz, siendo tan desastroso, lo refer&iacute;a
+con prolijidad y aun con cierta amarga complacencia; pero lo de <i>Ju&aacute;rez
+el negro</i> sal&iacute;a de sus labios como una confesi&oacute;n forzada o testimonio
+ante tribunales, de esos que van quemando la boca a medida que salen.
+&iexcl;Cu&aacute;nto le pes&oacute; ponerse en manos de aquel hombre! Era un perdido, un
+charr&aacute;n, una mala persona. Hubi&eacute;rase resistido a seguirle, si no le
+empujaran a ello los parientes con quienes viv&iacute;a, los cuales no ten&iacute;an
+maldita gana de mantenerle el pico. Pronto vio que todo lo que ofrec&iacute;a
+<i>Ju&aacute;rez el negro</i> era conversaci&oacute;n. No ganaba un cuarto; con el mundo
+entero armaba camorra, y todo el veneno que iba amasando en su maldecida
+alma, por la mala suerte, lo descargaba sobre su querida... En fin, vida
+m&aacute;s arrastrada no la hab&iacute;a pasado ella nunca ni esperaba volverla a
+pasar... Con el dinero que Juanito Santa Cruz les dio, cuando estuvieron
+en Madrid y se muri&oacute; el ni&ntilde;ito, hubiera podido el muy bestia de Ju&aacute;rez
+arreglar su comercio; pero &iquest;qu&eacute; hizo? Beber y m&aacute;s beber. El vinazo y el
+aguardientazo le remataron. Una ma&ntilde;ana despert&oacute; ella oy&eacute;ndole dar unos
+grandes gru&ntilde;idos... as&iacute; como si le estuvieran apretando el tragadero.
+&iquest;Qu&eacute; era? Que se estaba muriendo. Salt&oacute; espantada de la cama, y llam&oacute; a
+los vecinos. No hubo tiempo de <i>suministrarle</i> y s&oacute;lo le cogi&oacute; la
+Unci&oacute;n. Esto pasaba en L&eacute;rida. A los dos d&iacute;as, vendi&oacute; sus cuatro trastos
+y con los cuartos que pudo juntar plantose en Barcelona. Hab&iacute;a hecho
+juramento de no volver a tratar con animales. Libertad, libertad y
+libertad era lo que le ped&iacute;an el cuerpo y el alma.</p>
+
+<p>La verdad ante todo. &iquest;Para qu&eacute; decir una cosa por otra? La franqueza es
+una virtud cuando no se tienen otras, y la franqueza obligaba a
+Fortunata a declarar que en la primera temporada de anarqu&iacute;a moral se
+hab&iacute;a divertido algo, olvidando sus penas como las olvidan los
+borrachos. Su &eacute;xito fue grande, y su falta de educaci&oacute;n ayudaba a
+cegarla. Lleg&oacute; a creer que enceneg&aacute;ndose mucho se vengaba de los que la
+hab&iacute;an perdido, y sol&iacute;a pensar que si el p&iacute;caro Santa Cruz la ve&iacute;a hecha
+un brazo de mar, tan elegantona y triunfante, se le antojar&iacute;a quererla
+otra vez. &iexcl;Pero s&iacute;, para &eacute;l estaba...! Cont&oacute; a rengl&oacute;n seguido tantas
+cosas, que Maximiliano se sinti&oacute; lastimado. Tuvo precisi&oacute;n de <i>echar un
+velo, </i> como dicen los ret&oacute;ricos, sobre aquella parte de la historia de
+su amada. El velo ten&iacute;a que ser muy denso porque la franqueza de
+Fortunata arrojaba luz viv&iacute;sima sobre los sucesos referidos, y su
+pintoresco lenguaje los hac&iacute;a reverberar... Dio ella entonces algunos
+cortes a su relaci&oacute;n, comi&eacute;ndose no ya las letras sino p&aacute;rrafos y
+cap&iacute;tulos enteros, y he aqu&iacute; en sustancia lo que dijo: Torrellas, el
+c&eacute;lebre paisajista catal&aacute;n, era tan celoso que no la dejaba vivir.
+Inventaba mil tormentos arm&aacute;ndole trampas para ver si ca&iacute;a o no ca&iacute;a.
+Tan odioso lleg&oacute; a serle aquel hombre, que al fin se dej&oacute; ella caer.
+Metiose adrede en la trampa, conoci&eacute;ndola, por gusto de jugarle una
+partida al muy majadero, porque as&iacute; se vengaba de las muchas que le
+hab&iacute;an jugado a ella. Y nada m&aacute;s... Total, que por poco la mata el
+condenado pintor de &aacute;rboles... Lo que m&aacute;s quemaba a este era que la
+infidelidad hab&iacute;a sido con un &iacute;ntimo amigo suyo, pintor tambi&eacute;n, autor
+del cuadro de David mirando a... Fortunata no se acordaba del nombre,
+pero era una que estaba ba&ntilde;&aacute;ndose... A ninguno de los dos artistas
+quer&iacute;a ella; por ninguno de los dos hubiera dado dos cuartos, si se
+compraran con dinero. M&aacute;s que ellos val&iacute;an sus cuadros. Desde que enga&ntilde;&oacute;
+al primero con el segundo, se le puso en la cabeza la idea de peg&aacute;rsela
+a los dos con otro, y la satisfacci&oacute;n de este deseo se la proporcion&oacute; un
+empleado joven, pobre y algo simp&aacute;tico que se parec&iacute;a mucho a Juanito
+Santa Cruz.</p>
+
+<p>Otro velo... Maximiliano se vio precisado a echar otro velo... &laquo;C&aacute;llate,
+hazme el favor de callarte&raquo; le dijo, pensando que, seg&uacute;n iba saliendo la
+historia, necesitaba lo menos una pieza de tul. Pero ella sigui&oacute;
+narrando. Pues como iba diciendo, el tal joven sali&oacute; tambi&eacute;n un buen
+punto. Una ma&ntilde;ana, mientras ella dorm&iacute;a, le empe&ntilde;&oacute; todas sus alhajas,
+para jugar. Y aqu&iacute; paz... Vino despu&eacute;s un viejo que le daba mucho dinero
+y la llev&oacute; a Par&iacute;s donde se engalan&oacute; y afin&oacute; extraordinariamente su
+gusto para vestirse. &iexcl;Viejo m&aacute;s cuco!... Hab&iacute;a sido general carcunda en
+la otra guerra, y trataba mucho con gente de sotana. Era muy vicioso y
+le daba muchas jaquecas con <i>tantismas</i> incumbencias como ten&iacute;a. Un d&iacute;a
+se quem&oacute; ella y le plant&oacute; en la calle. Sucesor, Camps, que le puso casa
+con gran rumbo. Parec&iacute;a hombre muy rico; pero luego result&oacute; que era un
+trampa-larga. Antes de venir a Madrid le dio a ella olor de chubasco, y
+a poco de estar aqu&iacute; vio que se ven&iacute;a la tempestad encima. Camps tra&iacute;a
+recomendaciones para el director del Tesoro, y quiso cobrar unos pagar&eacute;s
+falsos de fusiles que se supon&iacute;an comprados por el Gobierno. Una noche
+entr&oacute; en casa muy enfurru&ntilde;ado, trinc&oacute; una maleta peque&ntilde;a, llenola de
+ropa, pidi&oacute; a Fortunata todo el dinero que ten&iacute;a y dijo que iba al
+Escorial. Escorial fue, que no ha vuelto a parecer. Lo dem&aacute;s bien lo
+sab&iacute;a Maximiliano... El sucesor de Camps hab&iacute;a sido &eacute;l, y ya se le
+conoc&iacute;a en cierto resplandor de sus ojos el orgullo que la herencia le
+produjera. Porque bien claro lo hab&iacute;a dicho Fortunata. &iexcl;Gracias a Dios
+que encontraba en su camino una persona decente!</p>
+
+<p>Sent&iacute;ase Maximiliano poseedor de una fuerza redentora, hermana de las
+fuerzas creadoras de la Naturaleza. &iexcl;Ya ver&iacute;a el mundo la irradiaci&oacute;n de
+bondad y de verdad que &eacute;l iba a arrojar sobre aquella infeliz v&iacute;ctima
+del hombre!</p>
+
+<p>Desde que la conoci&oacute; y sinti&oacute; que el Cielo se le met&iacute;a en su alma, todo
+en &eacute;l fue idealismo, nobleza y buenas acciones. &iexcl;Qu&eacute; diferencia entre &eacute;l
+y los perdularios en cuyas manos estuvo aquella pobrecita! Por mucho que
+se buscara en la vida de Rub&iacute;n, no se encontrar&iacute;an m&aacute;s que dolores de
+cabeza y otras molestias f&iacute;sicas; pero a ver, que le sacaran alg&uacute;n acto
+ignominioso, ni siquiera una falta.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Una de las cosas a que Maximiliano daba m&aacute;s importancia para poner en
+ejecuci&oacute;n su plan redentorista era que Fortunata le amara, porque sin
+esto la sublime obra iba a tener sus dificultades. Si Fortunata se
+prendaba de &eacute;l, aunque se prendara por lo moral, que es la menor
+cantidad de amor posible, no era tan dif&iacute;cil que &eacute;l la convirtiera al
+bien por la atracci&oacute;n de su alma. De esta necesidad de amor previo
+emanaba la insistencia con que Maximiliano le preguntaba a su &iacute;dolo si
+le quer&iacute;a ya algo, si le iba queriendo. Algunas veces contestaba ella
+que s&iacute; con esa facilidad mec&aacute;nica y rutinaria de los ni&ntilde;os aplicados que
+se saben la lecci&oacute;n; otras veces, m&aacute;s sincera y reflexiva, respond&iacute;a que
+el cari&ntilde;o no depende de la voluntad ni menos de la raz&oacute;n, y por esto
+acontece que una mujer, que no tiene pelo de tonta, se enamorisca de
+cualquier pelagatos, y da calabazas a las personas decentes. Aseguraba
+estar muy agradecida a Maximiliano por lo bien que se hab&iacute;a portado con
+ella, y de aquella gratitud saldr&iacute;a, con el trato, el querer. Seg&uacute;n
+Rub&iacute;n, el orden natural de las cosas en el mundo espiritual establece
+que el amor nazca del agradecimiento, aunque tambi&eacute;n nace de otros
+padres. El coraz&oacute;n le dec&iacute;a, como &eacute;l dice las cosas, a la calladita, que
+Fortunata le hab&iacute;a de querer de firme; y esperaba con paciencia el
+cumplimiento de esta dulce profec&iacute;a. Sin embargo, no las ten&iacute;a todas
+consigo, porque como se dan casos de que salga fallido lo que el coraz&oacute;n
+anuncia, pasaba el pobre chico horas de verdadera angustia, y a solas en
+su casa, se met&iacute;a en unos c&aacute;lculos muy hondos para averiguar el estado
+de los sentimientos de su querida. R&aacute;pidamente pasaba de la duda m&aacute;s
+cruel a las afirmaciones terminantes. Tan pronto pensaba que no le
+quer&iacute;a ni pizca, como que le empezaba a querer, y todo era discutir y
+analizar palabras, gestos y actos de ella, interpret&aacute;ndolos de una
+manera o de otra. &laquo;&iquest;Por qu&eacute; me dijo tal o cual cosa? &iquest;Qu&eacute; querr&iacute;a
+expresar con aquella reticencia?... Y aquella carcajadita, &iquest;qu&eacute;
+significaba?... Ayer, cuando me abri&oacute; la puerta, no me dijo nada... Pero
+cuando me march&eacute; d&iacute;jome que me abrigara bien&raquo;.</p>
+
+<p>La casa estaba en una de las muchas rinconadas de la antigua calle de
+San Ant&oacute;n. En el portal hab&iacute;a una relojer&iacute;a entre cristales, quedando
+tan poco espacio para la entrada, que los gordos ten&iacute;an que pasar de
+medio lado; en el piso bajo y tienda una boller&iacute;a que inundaba la casa
+de emanaciones de canela y az&uacute;car. En el piso principal radicaba una
+casa de pr&eacute;stamos con farol&oacute;n a la calle, y en ciertos d&iacute;as hab&iacute;a en los
+balcones ventilaci&oacute;n de capas empe&ntilde;adas. M&aacute;s arriba los pisos estaban
+divididos en viviendas estrechas y de poco precio. Hab&iacute;a derecha,
+izquierda y dos interiores. Los vecinos eran de dos clases: mujeres
+sueltas, o familias que ten&iacute;an su comercio en el pr&oacute;ximo mercado de San
+Ant&oacute;n. Hueveras y verduleras poblaban aquellos reducidos aposentos,
+echando sus hijos a la escalera para que jugasen. En uno de los segundos
+exteriores viv&iacute;a Feliciana, y Fortunata en un tercero interior. Lo
+alquil&oacute; Rub&iacute;n por encontrarlo tan a mano, con intenci&oacute;n de tomar
+vivienda mejor cuando variaran las circunstancias.</p>
+
+<p>Pasaba Maximiliano all&iacute; todo el tiempo de que pod&iacute;a disponer. Por la
+noche estaba hasta las doce y a veces hasta la una, no faltando ni aun
+cuando se ve&iacute;a acometido de sus terribles jaquecas. La sorpresa y
+confusi&oacute;n que a do&ntilde;a Lupe causaba esto no hay para qu&eacute; decirlas, y no se
+satisfac&iacute;a con las explicaciones que su sobrinito daba. &laquo;Aqu&iacute; hay gato
+encerrado&mdash;dec&iacute;a la astuta se&ntilde;ora&mdash;, o en t&eacute;rminos m&aacute;s claros, <i>gata
+encerrada</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando Maximiliano iba con jaqueca a la casa de su amante, esta le
+cuidaba casi tan bien como la propia do&ntilde;a Lupe, y hac&iacute;a los imposibles
+por conseguir que no metieran bulla los chicos de la huevera. Esto lo
+agradec&iacute;a tanto el enfermo que se le aumentaba el amor, si fuera capaz
+de aumento lo que ya era tan grande. Observ&oacute; con satisfacci&oacute;n que
+Fortunata sal&iacute;a a la calle lo menos posible. Por la ma&ntilde;ana bajaba a
+hacer su compra, con su cesto al brazo, y al cuarto de hora volv&iacute;a. Ella
+misma se hac&iacute;a la comida y limpiaba la casa, en cuyas operaciones se le
+iba casi todo el d&iacute;a. No recib&iacute;a visitas de mujeres de conducta dudosa,
+y la suya era estrictamente ajustada a las pr&aacute;cticas de una vida
+regular. &laquo;Tiene la honradez en la m&eacute;dula de los huesos&mdash;dec&iacute;a
+Maximiliano rebosando alegr&iacute;a&mdash;. Le gusta tanto trabajar, que cuando
+tiene hecha una cosa la desbarata y la vuelve a hacer por no estar
+ociosa. El trabajo es el fundamento de la virtud. Lo que digo, esta
+mujer ha sido mala a la fuerza&raquo;.</p>
+
+<p>En medio de estos dulc&iacute;simos ensue&ntilde;os de su alma arrebatada, sent&iacute;a
+Maximiliano unos saetazos que le hac&iacute;an volver sobresaltado a la
+realidad. Era como la feroz picada de un mosquito cuando estamos
+empezando a dormirnos dulcemente... Por mucho que se estirase el dinero
+sacado de la hucha, al fin se ten&iacute;a que concluir, porque todo es finito
+en este mundo, y el met&aacute;lico precisamente es una de las cosas m&aacute;s
+finitas que se pueden imaginar... &iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima!, cuando el temido
+momento llegase... &iexcl;cuando la &uacute;ltima peseta del &uacute;ltimo duro fuera
+cambiada...! Si el mosquito le picaba a Maximiliano cuando estaba en su
+cama dormido o prepar&aacute;ndose a ello, incorpor&aacute;base tan desvelado cual si
+fueran las doce del d&iacute;a, o se pon&iacute;a a dar vueltas en el lecho y a
+calentarlo con el ardor de su febril zozobra. A veces invocaba al Cielo
+con &iacute;ntimo fervor de oraci&oacute;n. Esperaba que la obra generosa que hab&iacute;a
+emprendido pesase mucho en las rec&oacute;nditas intenciones de la Providencia
+para que Esta le sacase del atolladero en que los amantes iban a caer.
+&Eacute;l no era un granuja; ella se estaba portando bien, y con su conducta
+echaba velos y m&aacute;s velos sobre lo pasado. Si la Providencia no ten&iacute;a en
+cuenta estas circunstancias, &iquest;de qu&eacute; le val&iacute;a a uno portarse bien y ser
+un modelo de orden y buena fe? Esto es claro como el agua. Fortunata
+pensaba lo mismo, cuando &eacute;l le confiaba sus temores. Ten&iacute;a que ser as&iacute;,
+o todo lo que se habla de la Providencia es patra&ntilde;a. Pronto dir&eacute; c&oacute;mo se
+salieron con la suya, con lo cual se demostr&oacute; que ten&iacute;an all&aacute; arriba, en
+los mismos cielos, alguna entidad de peso que les proteg&iacute;a. Bien ganada
+se ten&iacute;an esta protecci&oacute;n, porque &eacute;l, enaltecido por su cari&ntilde;o, ella,
+aspirando a la honradez y ensay&aacute;ndose en practicarla, eran dos seres que
+val&iacute;an cualquier dinero, o en otros t&eacute;rminos, dignos de que se les
+facilitaran los medios de continuar su campa&ntilde;a virtuosa.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>La &uacute;nica visita que recib&iacute;an era la de Feliciana y Olmedo. Ni una ni
+otro agradaban mucho a Maximiliano: ella por ser ordinaria y de
+sentimientos innobles, incapaz de apetecer la honradez como estado
+permanente; &eacute;l por ser muy atropellado, muy hablador, muy amigo de
+contar cuentos sucios y de decir palabras indecentes. Entraba siempre
+con el sombrero echado atr&aacute;s, afectando una groser&iacute;a de maneras que no
+ten&iacute;a, imitando los modales y hasta el andar de los borrachos,
+arrastrando las palabras, pero absteni&eacute;ndose de beber con disculpa de
+mal de est&oacute;mago, en realidad porque se mareaba y embrutec&iacute;a a la segunda
+copa. En confianza dijo Maximiliano a Fortunata que deb&iacute;an mudarse de
+casa para no tener vecinos tan contrarios al m&eacute;todo de personas decentes
+que se hab&iacute;an impuesto.</p>
+
+<p>De todo lo que el enamorado pensaba hacer para la redenci&oacute;n de su
+querida, nada le parec&iacute;a tan urgente como ense&ntilde;arla a escribir y a leer
+bien. Todas las ma&ntilde;anas la ten&iacute;a media hora haciendo palotes. Fortunata
+deseaba aprender; pero ni con la paciencia ni con la atenci&oacute;n sostenida
+se desarrollaban sus talentos caligr&aacute;ficos. Estaban ya muy duros
+aquellos dedos para tales primores. El h&aacute;bito del trabajo en su infancia
+hab&iacute;a dado robustez a sus manos, que eran bonitas, aunque bastas, cual
+manos de obrera. No ten&iacute;a pulso para escribir, se manchaba de tinta los
+dedos y sudaba mucho, poni&eacute;ndose sofocada y haciendo con los labios una
+graciosa trompeta en el momento de trazar el palote.</p>
+
+<p>&laquo;Nada de hociquitos, hija de mi alma; eso es muy feo&mdash;le dec&iacute;a el
+profesor acarici&aacute;ndole la cabeza&mdash;. No agarrotes los dedos... Si es cosa
+sencill&iacute;sima, y lo m&aacute;s f&aacute;cil...&raquo;.</p>
+
+<p>Ya se ve, para &eacute;l era f&aacute;cil; pero ella, que en su vida las hab&iacute;a visto
+m&aacute;s gordas, hallaba en la escritura una dificultad invencible. Dec&iacute;a con
+tristeza que no aprender&iacute;a jam&aacute;s, y se lamentaba de que en su ni&ntilde;ez no
+la hubieran puesto a la escuela. La lectura la cansaba tambi&eacute;n y la
+aburr&iacute;a soberanamente, porque despu&eacute;s de estarse un mediano rato sacando
+las s&iacute;labas como quien saca el agua de un pozo, resultaba que no
+entend&iacute;a ni jota de lo que el texto dec&iacute;a. Arrojaba con desprecio el
+libro o peri&oacute;dico, diciendo que ya no estaba la Magdalena para
+tafetanes.</p>
+
+<p>Si en el orden literario no mostraba ninguna aplicaci&oacute;n, en lo tocante
+al arte social no s&oacute;lo era aplicad&iacute;sima, sino que revelaba aptitudes
+notables. Las lecciones que Maximiliano le daba referentes a cosas de
+urbanidad y a conocimientos rudimentarios de los que exige la buena
+educaci&oacute;n eran tan provechosas, que le bastaban a veces indicaciones
+leves para asimilarse una idea o un conjunto de ideas. &laquo;Aunque te
+estorbe lo negro&mdash;le dec&iacute;a &eacute;l&mdash;, me parece que t&uacute; tienes talento&raquo;. En
+poco tiempo le ense&ntilde;&oacute; todas las f&oacute;rmulas que se usan en una visita de
+cumplido, c&oacute;mo se saluda al entrar y al despedirse, c&oacute;mo se ofrece la
+casa y otras muchas particularidades del trato fino. Y tambi&eacute;n aprendi&oacute;
+cosas tan importantes como la sucesi&oacute;n de los meses del a&ntilde;o, que no
+sab&iacute;a, y cu&aacute;l tiene treinta y cu&aacute;l treinta y un d&iacute;as. Aunque parezca
+mentira, este es uno de los rasgos caracter&iacute;sticos de la ignorancia
+espa&ntilde;ola, m&aacute;s en las ciudades que en las aldeas, y m&aacute;s en las mujeres
+que en los hombres. Gustaba mucho de los trabajos dom&eacute;sticos, y no se
+cansaba nunca. Sus m&uacute;sculos eran de acero, y su sangre fogosa se aven&iacute;a
+mal con la quietud. Como pudiera, m&aacute;s se cuidaba de prolongar los
+trabajos que de abreviarlos. Planchar y lavar le agradaba en extremo, y
+entreg&aacute;base a estas faenas con delicia y ardor, desarrollando sin
+cansarse la fuerza de sus pu&ntilde;os. Ten&iacute;a las carnes duras y apretadas, y
+la robustez se combinaba en ella con la agilidad, la gracia con la
+rudeza para componer la m&aacute;s hermosa figura de salvaje que se pudiera
+imaginar. Su cuerpo no necesitaba cors&eacute; para ser esbelt&iacute;simo. Vestido
+enorgullec&iacute;a a las modistas; desnudo o a medio vestir, cuando andaba por
+aquella casa tendiendo ropa en el balc&oacute;n, limpiando los muebles o
+cargando los colchones cual si fueran cojines, para sacarlos al aire,
+parec&iacute;a una figura de otros tiempos; al menos, as&iacute; lo pensaba Rub&iacute;n, que
+s&oacute;lo hab&iacute;a visto belleza semejante en pinturas de amazonas o cosa tal.
+Otras veces le parec&iacute;a mujer de la Biblia, la Betsab&eacute;e aquella del ba&ntilde;o,
+la Rebeca o la Samaritana, se&ntilde;oras que hab&iacute;a visto en una obra
+ilustrada, y que, con ser tan barbianas, todav&iacute;a se quedaban dos dedos
+m&aacute;s abajo de la sana hermosura y de la gallard&iacute;a de su amiga.</p>
+
+<p>En los comienzos de aquella vida, Maximiliano abandon&oacute; mucho sus
+estudios; pero cuando fue metodizando su amor, la conciencia de la
+misi&oacute;n moral que se propon&iacute;a cumplir le estimul&oacute; al estudio, para
+hacerse pronto hombre de carrera. Y era muy particular lo que le
+ocurr&iacute;a. Se notaba m&aacute;s despierto, m&aacute;s perspicaz para comprender, m&aacute;s
+curioso de los secretos de la ciencia, y le interesaba ya lo que antes
+le aburriera. En sus meditaciones, sol&iacute;a decir que <i>le hab&iacute;a entrado
+talento</i>, como si dijese que le hab&iacute;a entrado calentura. Indudablemente
+no era ya el mismo. En media hora se aprend&iacute;a una lecci&oacute;n que antes le
+llevaba dos horas y al fin no la sab&iacute;a. Creci&oacute; su admiraci&oacute;n al
+observarse en clase contestando con relativa facilidad a las preguntas
+del profesor y al notar que se le ocurr&iacute;an apreciaciones muy juiciosas;
+y el profesor y los alumnos se pasmaban de que <i>Rubinius vulgaris</i> se
+hubiera despabilado como por ensalmo. Al propio tiempo hallaba vivo
+placer en ciertas lecturas extra&ntilde;as a la Farmacia, y que antes le
+cautivaban poco. Algunos de sus compa&ntilde;eros sol&iacute;an llevar al aula, para
+leer a escondidas, obras literarias de las m&aacute;s famosas. Rub&iacute;n no fue
+nunca aficionado a introducir de contrabando en clase, entre las p&aacute;ginas
+de la <i>Farmacia qu&iacute;mico-org&aacute;nica</i>, el <i>Werther</i> de Go&euml;the o los dramas
+de Shakespeare. Pero despu&eacute;s de aquella sacudida que el amor le dio,
+entrole tal gusto por las grandes creaciones literarias, que se
+embebec&iacute;a ley&eacute;ndolas. Devor&oacute; el <i>Fausto</i> y los poemas de Heine, con la
+particularidad de que la lengua francesa, que antes le estorbaba, se le
+hizo pronto f&aacute;cil. En fin, que mi hombre hab&iacute;a pasado una gran crisis.
+El cataclismo amoroso vari&oacute; su configuraci&oacute;n interna. Consider&aacute;base como
+si hubiera estado durmiendo hasta el momento en que su destino le puso
+delante la mujer aquella y el problema de la redenci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Cuando yo era tonto&mdash;dec&iacute;a sin ocultarse a s&iacute; mismo el desprecio con
+que se miraba en aquella &eacute;poca que bien podr&iacute;a llamarse antediluviana&mdash;,
+cuando yo era tonto, &eacute;ralo por carecer de un objeto en la vida. Porque
+eso son los tontos, personas que no tienen misi&oacute;n alguna&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no ten&iacute;a criada. Dec&iacute;a que ella se bastaba y se sobraba para
+todos los quehaceres de casa tan reducida. Muchas tardes, mientras
+estaba en la cocina, Maximiliano estudiaba sus lecciones, tendido en el
+sof&aacute; de la sala. Si no fuera porque el espectro de la hucha se le sol&iacute;a
+aparecer de vez en cuando anunci&aacute;ndole el acabamiento del dinero
+extra&iacute;do de ella, &iexcl;cu&aacute;n feliz habr&iacute;a sido el pobre chico! A pesar de
+esto, la dicha le embargaba. Entr&aacute;bale una embriaguez de amor que le
+hac&iacute;a ver todas las cosas te&ntilde;idas de optimismo. No hab&iacute;a dificultades,
+no hab&iacute;a peligros ni tropiezos. El dinero ya vendr&iacute;a de alguna parte.
+Fortunata era buena, y bien claros estaban ya sus prop&oacute;sitos de
+decencia. Todo iba a pedir de boca, y lo que faltaba era concluir la
+carrera y... Al llegar aqu&iacute;, un pensamiento que desde el principio de
+aquellos amores ten&iacute;a muy guardadito, porque no quer&iacute;a manifestarlo sino
+en saz&oacute;n oportuna, se le vino a los labios. No pudo retener m&aacute;s tiempo
+aquel secreto que se le sal&iacute;a con empuje, y si no lo dec&iacute;a reventaba,
+s&iacute;, reventaba; porque aquel pensamiento era todo su amor, todo su
+esp&iacute;ritu, la expresi&oacute;n de todo lo nuevo y sublime que en &eacute;l hab&iacute;a, y no
+se puede encerrar cosa tan grande en la estrechez de la discreci&oacute;n.
+Entr&oacute; la pecadora en la sala, que hac&iacute;a tambi&eacute;n las veces de comedor, a
+poner la mesa, operaci&oacute;n en extremo sencilla y que quedaba hecha en
+cinco minutos. Maximiliano se abalanz&oacute; a su querida con aquella especie
+de v&eacute;rtigo de respeto que le entraba en ocasiones, y bes&aacute;ndole
+castamente un brazo que medio desnudo tra&iacute;a, cogi&eacute;ndole despu&eacute;s la mano
+basta y estrech&aacute;ndola contra su coraz&oacute;n, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Fortunata, yo me caso contigo&raquo;.</p>
+
+<p>Ella se ech&oacute; a re&iacute;r con incredulidad; pero Rub&iacute;n repiti&oacute; el <i>me caso
+contigo</i> tan solemnemente, que Fortunata lo empez&oacute; a creer. &laquo;Hace
+tiempo&mdash;a&ntilde;adi&oacute; &eacute;l&mdash;, que lo hab&iacute;a pensado... Lo pens&eacute; cuando te conoc&iacute;,
+hace un mes... Pero me pareci&oacute; bien no decirte nada hasta no tratarte un
+poco... O me caso contigo o me muero. Este es el dilema&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Tie</i> gracia... &iquest;Y qu&eacute; quiere decir <i>dilema</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Pues esto: que o me caso o me muero. Has de ser m&iacute;a ante Dios y los
+hombres. &iquest;No quieres ser honrada? Pues con el deseo de serlo y un
+nombre, ya est&aacute; hecha la honradez. Me he propuesto hacer de ti una
+persona decente y lo ser&aacute;s, lo ser&aacute;s si t&uacute; quieres...</p>
+
+<p>Inclinose para coger los libros que se hab&iacute;an ca&iacute;do al suelo. Fortunata
+sali&oacute; para traer lo que en la mesa faltaba, y al entrar le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Esas cosas se calculan bien... no por m&iacute;, sino por ti.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, ya lo tengo pensado; pero muy bien pensado... &iquest;Y a ti, te hab&iacute;a
+ocurrido esto?</p>
+
+<p>&mdash;No... no me pasaba por la imaginaci&oacute;n. Tu familia ha de hacer la
+contra.</p>
+
+<p>&mdash;Pronto ser&eacute; mayor de edad&mdash;afirm&oacute; Rub&iacute;n con br&iacute;o&mdash;. Op&oacute;ngase o no, lo
+mismo me da...</p>
+
+<p>Fortunata se sent&oacute; a su lado, dejando la mesa a medio poner y la comida
+a punto de quemarse. Maximiliano le dio muchos abrazos y besos, y ella
+estaba como aturdida... poco risue&ntilde;a en verdad, esparciendo miradas de
+un lado para otro. La generosidad de su amigo no le era indiferente, y
+contest&oacute; a los apretones de manos con otros no tan fuertes, y a las
+caricias de amor con otras de amistad. Levantose para volver a la
+cocina, y en ella su pensamiento se balance&oacute; en aquella idea del
+casorio, mientras maquinalmente echaba la sopa en la sopera... &laquo;&iexcl;Casarme
+yo!... <i>&iexcl;pa chasco...!</i>, &iexcl;y con este encanijado...! &iexcl;Vivir siempre,
+siempre con &eacute;l, todos los d&iacute;as... de d&iacute;a y de noche!... &iexcl;Pero calcula
+t&uacute;, mujer... ser honrada, ser casada, se&ntilde;ora de Tal... persona
+decente...!&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>Maximiliano sol&iacute;a contar algunos particulares de la familia de Rub&iacute;n,
+por lo cual ten&iacute;a ella noticias de do&ntilde;a Lupe, de Juan Pablo y del cura.
+Con los detalles que el joven iba dando de sus parientes, ya Fortunata
+les conoc&iacute;a como si les hubiera tratado. Aquella noche, excitado por el
+entusiasmo que le produjo la resoluci&oacute;n de casamiento, se dej&oacute; decir,
+tocante a su t&iacute;a, algo que era quiz&aacute; indiscreto. Do&ntilde;a Lupe prestaba
+dinero, por mediaci&oacute;n de un tal Torquemada, a militares, empleados y a
+todo el que cayese. Hablando con completa sinceridad, Maximiliano no
+<i>era partidario</i> de aquella manera de constituirse una renta; pero &eacute;l
+&iquest;qu&eacute; ten&iacute;a que ver con los actos de su se&ntilde;ora t&iacute;a? Esta le amaba mucho y
+probablemente le har&iacute;a su heredero. Ten&iacute;a una papelera antigua, negra y
+muy grande, de hierro, frente a su cama, donde guardaba el dinero y los
+pagar&eacute;s de los pr&eacute;stamos. Gastaba lo preciso y de mes en mes su fortuna
+aumentaba, sabe Dios cu&aacute;nto. Deb&iacute;a de ser muy rica, pero muy rica,
+porque &eacute;l ve&iacute;a que Torquemada le llevaba <i>resmas</i> de billetes. En cuanto
+a su hermano Juan Pablo, ya se sab&iacute;a a ciencia cierta que estaba con los
+carlistas, y si estos triunfaban, ocupar&iacute;a una posici&oacute;n muy alta. Su
+hermano Nicol&aacute;s hab&iacute;a de parar en can&oacute;nigo, y qui&eacute;n sabe, qui&eacute;n sabe si
+en obispo... En fin, que por todos lados se ofrec&iacute;a a la joven pareja
+horizontes sonrosados. En estas y otras conversaciones se pasaron la
+primera noche, hasta que se retir&oacute; Maximiliano a su casa, qued&aacute;ndose
+Fortunata tan pensativa y preocupada que se durmi&oacute; muy tarde y pas&oacute; la
+noche intranquila.</p>
+
+<p>El amante tambi&eacute;n estaba poco dispuesto al sue&ntilde;o; mas era porque el
+entusiasmo le hac&iacute;a cosquillas en el epigastrio, atraves&aacute;ndole un bulto
+en el v&eacute;rtice de los pulmones, con lo que le pesaba el respirar, y
+adem&aacute;s pon&iacute;ale candelas encendidas en el cerebro. Por m&aacute;s que &eacute;l soplaba
+para apagarlas y poder dormirse, no lo pod&iacute;a conseguir. Su t&iacute;a estaba
+con &eacute;l un poco seria. Sin duda sospechaba algo, y como persona de mucho
+pesquis, no se tragaba ya aquellas bolas del estudiar fuera de casa y de
+los amigos enfermos a quienes era preciso velar. A los dos d&iacute;as de aquel
+en que el exaltado mozo se arranc&oacute; a prometer su mano, do&ntilde;a Lupe tuvo
+con &eacute;l una grave conferencia. El semblante de la se&ntilde;ora no revelaba tan
+s&oacute;lo recelo, sino profunda pena, y cuando llam&oacute; a su sobrino para
+encerrarse con &eacute;l en el gabinete, este sinti&oacute; desvanecerse su valor.
+Quitose la se&ntilde;ora el manto y lo puso sobre la c&oacute;moda bien doblado.
+Despu&eacute;s de clavar en &eacute;l los alfileres, mirando a su sobrino de un modo
+que le hizo estremecer, le dijo: &laquo;Tengo que hablarte <i>detenidamente</i>&raquo;.
+Siempre que su t&iacute;a empleaba el <i>detenidamente</i>, era para echarle un
+r&eacute;spice.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Tienes hoy jaqueca?&raquo; le pregunt&oacute; despu&eacute;s do&ntilde;a Lupe.</p>
+
+<p>Maximiliano estaba muy bien de la cabeza; pero para colocarse en buena
+situaci&oacute;n, dijo que sent&iacute;a principios de jaqueca. As&iacute; do&ntilde;a Lupe tendr&iacute;a
+compasi&oacute;n de &eacute;l. Dejose caer en un sill&oacute;n y se comprimi&oacute; la frente.</p>
+
+<p>&laquo;Pues se trata de una mala noticia&mdash;asever&oacute; la viuda de J&aacute;uregui&mdash;,
+quiero decir, mala, precisamente mala no... aunque tampoco es buena&raquo;.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n, sin comprender a qu&eacute; pod&iacute;a referirse su t&iacute;a, barrunt&oacute; que nada
+ten&iacute;a que ver aquello con sus amores clandestinos, y respir&oacute;. La
+opresi&oacute;n del epigastrio se le hizo m&aacute;s ligera, y se acab&oacute; de
+tranquilizar al o&iacute;r esto:</p>
+
+<p>&laquo;La noticia no ha de afectarte mucho. &iquest;Para qu&eacute; tanto rodeo? Tu t&iacute;a do&ntilde;a
+Melitona Llorente ha pasado a mejor vida. Mira la carta en que me lo
+dice el se&ntilde;or cura de Molina de Arag&oacute;n. Muri&oacute; como una santa, recibi&oacute;
+todos los Sacramentos y dej&oacute; treinta mil reales para misas&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano conoc&iacute;a muy poco a su t&iacute;a materna. La hab&iacute;a visto s&oacute;lo dos o
+tres veces siendo muy ni&ntilde;o, y no viv&iacute;a en su imaginaci&oacute;n sino por las
+rosquillas y el arrope que mandaba de regalo todos los a&ntilde;os en vida de
+D. Nicol&aacute;s Rub&iacute;n. La noticia del fallecimiento de esta buena se&ntilde;ora le
+afect&oacute; poco.</p>
+
+<p>&laquo;Todo sea por Dios&raquo; murmur&oacute; por decir algo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe se volvi&oacute; de espaldas para abrir el caj&oacute;n de la c&oacute;moda y en
+esta postura le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;T&uacute; y tus hermanos hered&aacute;is a Melitona, que por mis cuentas deb&iacute;a tener
+un capitalito sano de veinte o veinticinco mil duros&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano no oy&oacute; bien por estar su t&iacute;a de espaldas, y aquello le
+interesaba tanto que se levant&oacute;, puso un codo sobre la c&oacute;moda y all&iacute; se
+hizo repetir el concepto para enterarse bien.</p>
+
+<p>&laquo;Esas son mis cuentas&mdash;agreg&oacute; do&ntilde;a Lupe&mdash;; pero ya ves que en los
+pueblos no se sabe lo que se tiene y lo que no se tiene. Probablemente
+la difunta emplear&iacute;a alg&uacute;n dinero en pr&eacute;stamos, que es como tirarlo al
+viento. Se cobra tarde y mal, cuando se cobra. De modo que no os hag&aacute;is
+muchas ilusiones. Cuando Juan Pablo venga a Madrid ir&aacute; a Molina de
+Arag&oacute;n a enterarse del testamento y recoger lo que es vuestro&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues que vaya inmediatamente&mdash;dijo Maximiliano dando una palmada sobre
+la c&oacute;moda&mdash;; pero aquello de llegar y en la misma estaci&oacute;n coger el
+billete y zas... al tren otra vez.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, no tanto. Tu hermano est&aacute; en Bayona. Lo mejor es que se pase
+por Molina antes de venir a Madrid. Le escribir&eacute; hoy mismo. Sosi&eacute;gate;
+t&uacute; eres as&iacute;, o la apat&iacute;a andando o la pura p&oacute;lvora... Eso es ahora, que
+antes, para mover un pie le ped&iacute;as licencia al otro. Te has vuelto muy
+atropellado.</p>
+
+<p>Le mir&oacute; de un modo tan indagador, que al pobre chico se le volvieron a
+abatir los &aacute;nimos. Era hombre de car&aacute;cter siempre que su t&iacute;a no le
+clavase la flecha de sus ojuelos pardos y sagaces, y viose tan perdido
+que se apresur&oacute; a variar la conversaci&oacute;n, preguntando a su t&iacute;a cu&aacute;ntos
+a&ntilde;os ten&iacute;a do&ntilde;a Melitona. Estuvo la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui un ratito
+haciendo cuentas, estirado el labio inferior, la cabeza oscilando como
+un p&eacute;ndulo y los ojos vueltos al techo, hasta que sali&oacute; una cifra, de la
+cual Maximiliano no se hizo cargo. Volvi&oacute; despu&eacute;s do&ntilde;a Lupe a tomar en
+boca la metamorfosis de su sobrino, deslizando algunas bromitas, que a
+este le supieron a cuerno quemado. &laquo;Ya se ve, con esos estudios que
+haces ahora en casa de los amigos, te habr&aacute;s vuelto un pozo de
+ciencia... A m&iacute; no me vengas con f&aacute;bulas. T&uacute; te pasas el d&iacute;a y la mitad
+de la noche en alguna conspiraci&oacute;n... porque por el lado de las mujeres
+no temo nada, francamente. Ni a ti te gusta eso, ni puedes aunque te
+gustara...&raquo;.</p>
+
+<p>Aquel <i>ni puedes</i> incomodaba tanto al joven y le parec&iacute;a tan humillante,
+que a punto estuvo de dar a su t&iacute;a un ment&iacute;s como una casa. Pero no pas&oacute;
+de aqu&iacute;, pues do&ntilde;a Lupe tuvo que ocuparse de cosas m&aacute;s graves que
+averiguar si su sobrino pod&iacute;a o no pod&iacute;a. Papitos fue quien le salv&oacute;
+aquel d&iacute;a, atrayendo a s&iacute; toda la atenci&oacute;n del ama de la casa. Porque la
+mona aquella ten&iacute;a d&iacute;as. Algunos lo hac&iacute;a todo tan bien y con tanta
+diligencia y aseo, que do&ntilde;a Lupe dec&iacute;a que era una perla. Pero otros no
+se la pod&iacute;a aguantar. Aquel d&iacute;a empez&oacute; de los buenos y concluy&oacute; siendo
+de los peores. Por la ma&ntilde;ana hab&iacute;a cumplido admirablemente; estuvo muy
+suelta de lengua y de manos, haciendo garatusas y dando brincos en
+cuanto la se&ntilde;ora le quitaba la vista de encima. Semejante fiebre era
+se&ntilde;al de pr&oacute;ximos trastornos. En efecto, por la tarde dividi&oacute; en dos la
+tapa de una sopera, y desde entonces todo fue un puro desastre. Cuando
+se enfurru&ntilde;aba creer&iacute;ase que hac&iacute;a las cosas mal adrede. Le mandaban
+esto y se sal&iacute;a con lo otro. No se pueden contar las faltas que cometi&oacute;
+en una hora. Bien dec&iacute;a do&ntilde;a Lupe que ten&iacute;a los demonios metidos en el
+cuerpo y que era mala, pero mala de veras, una sinverg&uuml;enza, una mal
+criada y una calamidad... <i>en toda la extensi&oacute;n de la palabra</i>. Y
+mientras m&aacute;s repelones le daban, peor que peor. Pas&oacute; tanta agua del
+puchero del agua caliente al puchero de la verdura, que esta qued&oacute;
+encharcada. Los garbanzos se quemaron, y cuando fueron a comerlos
+amargaban como demonios. La sopa no hab&iacute;a cristiano que la pasara de
+tanta sal como le ech&oacute; aquella condenada. Luego era una insolente,
+porque en vez de reconocer sus torpezas dec&iacute;a que la se&ntilde;ora ten&iacute;a la
+culpa, y que ella, la muy piojosa, no estar&iacute;a all&iacute; ni un d&iacute;a m&aacute;s porque
+<i>mist&eacute;... en cualsiquiera parte la tratar&iacute;an mejor</i>.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe discut&iacute;a con ella violentamente, argumentando con crueles
+pellizcos, y a&ntilde;adiendo que estaba autorizada por la madre para
+descuartizarla si preciso era. A lo que Papitos contestaba echando
+lumbre por los ojos: &laquo;&iexcl;Ay, hija, no me descuartice usted tanto!&raquo;. Este
+sol&iacute;a ser el periodo culminante de la disputa, que conclu&iacute;a d&aacute;ndole la
+se&ntilde;ora a su sirviente una gran bofetada y rompiendo la otra a llorar...
+Los disparates segu&iacute;an, y al servir la mesa pon&iacute;a los platos sobre ella
+sin considerar que no eran de hierro. Do&ntilde;a Lupe la amenazaba con
+mandarla a la <i>galera</i> o con llamar una pareja, con escabecharla y
+ponerla en salmuera, y poco a poco se iba aplacando la fierecilla hasta
+que se quedaba como un guante.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>Maximiliano, gozoso de ver que su t&iacute;a con aquel gran alboroto, no se
+ocupaba de &eacute;l, pon&iacute;ase de parte de la autoridad y en contra de Papitos.
+S&iacute;, s&iacute;; era muy mala, muy descarada, y hab&iacute;a que atarla corto. Azuzaba
+la c&oacute;lera de do&ntilde;a Lupe para que esta no se revolviese contra &eacute;l
+habl&aacute;ndole de su cambio de costumbres y de lo que hac&iacute;a fuera de casa.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe fue aquella noche a casa de las de la Ca&ntilde;a, y se estuvo all&aacute;
+las horas muertas. Maximiliano entr&oacute; a las once. Hab&iacute;a dejado a
+Fortunata acostada y casi dormida, y se retir&oacute; decidido a afrontar las
+chafalditas de su t&iacute;a y a explicarse con ella. Porque despu&eacute;s del caso
+de la herencia, ya no pod&iacute;a dudar de que la Providencia le favorec&iacute;a,
+abri&eacute;ndole camino. Nunca hab&iacute;a sido &eacute;l muy religioso; pero aquella noche
+parec&iacute;ale desacato y aun ingratitud no consagrar a la divinidad un
+pensamiento, ya que no una oraci&oacute;n. Estaba como un demente. Por el
+camino miraba a las estrellas y las encontraba m&aacute;s hermosas que nunca, y
+muy mironas y habladoras. A Fortunata, sin mentarle la herencia por
+respeto a la difunta, le dijo algo de sus fincas de Molina de Arag&oacute;n, y
+de que si el dinero en hipotecas era el mejor dinero del mundo. A veces
+su imaginaci&oacute;n agrandaba las cifras de la herencia, a&ntilde;adi&eacute;ndole ceros,
+&laquo;porque esa gente de los pueblos no gasta un cuarto, y no hace m&aacute;s que
+acumular, acumular...&raquo;.</p>
+
+<p>Los faroles de la calle le parec&iacute;an astros, los transe&uacute;ntes excelentes
+personas, movidas de los mejores deseos y de sentimientos nobil&iacute;simos.
+Entr&oacute; en su casa resuelto a espontanearse con su t&iacute;a... &laquo;&iquest;Me
+atrever&eacute;?&mdash;pensaba&mdash;. Si me atreviera... &iquest;Y qu&eacute; hay de malo en esto? En
+&uacute;ltimo caso, &iquest;qu&eacute; puede hacer mi t&iacute;a? &iquest;Acaso me va a comer? Si me niega
+el derecho de casarme con quien me d&eacute; la gana, ya le dir&eacute; yo cu&aacute;ntas son
+cinco. No se conoce el genio de las personas hasta que no llega la
+ocasi&oacute;n de mostrarlo&raquo;. A pesar de estas disposiciones belicosas, cuando
+Papitos le dijo que la se&ntilde;ora no hab&iacute;a vuelto todav&iacute;a, quit&oacute;sele de
+encima un gran peso, porque en verdad la revelaci&oacute;n del secreto y el
+cisco que hab&iacute;a de seguirle eran para acoquinar al m&aacute;s pintado. No le
+arredraba el miedo de ser vencido, porque su amor y su misi&oacute;n le dar&iacute;an
+seguramente coraje; pero conven&iacute;a proceder con tacto y diplomacia,
+pensar bien lo que iba a decir para no ofender a su t&iacute;a, y, si era
+posible, ponerla de su parte en aquel tremendo pleito.</p>
+
+<p>Se fue a la cocina detr&aacute;s de Papitos, siguiendo una costumbre antigua de
+hacer tertulia y de entretenerse en pl&aacute;ticas sabrosas cuando se
+encontraban solos. Un a&ntilde;o antes, la criadita y el estudiante se pasaban
+las horas muertas en la cocina, cont&aacute;ndose cuentos o proponi&eacute;ndose
+acertijos. En estos era fuerte la chiquilla. Sus carcajadas se o&iacute;an
+desde la calle cuando repet&iacute;a la adivinanza, sin que el otro la pudiera
+acertar. Maximiliano se rascaba la cabeza, aguzando su entendimiento;
+pero la soluci&oacute;n no sal&iacute;a. Papitos le llamaba zote, bruto y otras cosas
+peores sin que &eacute;l se ofendiera. Tomaba su revancha en los cuentos, pues
+sab&iacute;a muchos, y ella los escuchaba con embeleso, abierta la boca de par
+en par y los ojos clavados en el narrador. Aquella noche estaba Papitos
+de muy mal temple por la soba que se hab&iacute;a llevado, y le ten&iacute;a mucha
+tirria al se&ntilde;orito porque no se puso de su parte en la contienda, como
+otras veces. &laquo;Feo, tonto&mdash;le dijo aguzando la jeta cuando le vio
+sentarse en la mesilla de pino de la cocina&mdash;. Acus&oacute;n, patoso... memo en
+polvo&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano buscaba una f&oacute;rmula para pedirle perd&oacute;n sin menoscabo de su
+dignidad de se&ntilde;orito. Sent&iacute;ase con impulsos de protecci&oacute;n hacia ella.
+Verdad que hab&iacute;an jugado juntos; que el a&ntilde;o anterior, a pesar de la
+diferencia de edades, eran tan ni&ntilde;os el uno como el otro, y se
+entreten&iacute;an en enredos inocentes. Pero ya las cosas hab&iacute;an cambiado. &Eacute;l
+era hombre, &iexcl;y qu&eacute; hombre!, y Papitos una chiquilla retozona sin pizca
+de juicio. Pero ten&iacute;a buena &iacute;ndole, y cuando sentara la cabeza y diera
+un estir&oacute;n ser&iacute;a una criada inapreciable. La chiquilla, despu&eacute;s que le
+dijo todas aquellas injurias, se puso a repasar una media, en la cual
+ten&iacute;a metida la mano izquierda como en un guante. Sobre la mesa estaba
+su estuche de costura, que era una caja de tabacos. Dentro de ella hab&iacute;a
+carretes, cintajos, un canuto de agujas muy ro&ntilde;oso, un pedazo de cera
+blanca, botones y otras cosas pertinentes al arte de la costura. La
+cartilla en que Papitos aprend&iacute;a a leer estaba tambi&eacute;n all&iacute;, con las
+hojas sucias y reviradas. El quinqu&eacute; de la cocina con el tubo ahumado y
+sin pantalla, iluminaba la cara gitanesca de la criada, d&aacute;ndole un tono
+de bronce rojizo, y la cara p&aacute;lida y serosa del se&ntilde;orito con sus ojeras
+violadas y sus granulaciones alrededor de los labios.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Quieres que te tome la lecci&oacute;n?&raquo; dijo Rub&iacute;n cogiendo la cartilla.</p>
+
+<p>&mdash;Ni falta... canijo, esp&aacute;tula, <i>paice</i> un garabito... No quiero que me
+tome <i>lici&oacute;n</i>&mdash;replic&oacute; la chica remed&aacute;ndole la voz y el tono.</p>
+
+<p>&mdash;No seas salvaje... Es preciso que aprendas a leer, para que seas mujer
+completa&mdash;dijo Rub&iacute;n esforz&aacute;ndose en parecer juicioso&mdash;. Hoy has estado
+un poco salida de madre, pero ya eso pas&oacute;. Teniendo juicio, se te mirar&aacute;
+siempre como de la familia.</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Mia este!</i>... Me zampo yo a la familia...&mdash;chill&oacute; la otra
+remed&aacute;ndole y haciendo las morisquetas diab&oacute;licas de siempre.</p>
+
+<p>&mdash;No te abandonaremos nunca&mdash;manifest&oacute; el joven henchido de deseos de
+protecci&oacute;n&mdash;. &iquest;Sabes lo que te digo?... Para que lo sepas, chica, para
+que lo sepas, ten entendido que cuando yo me case... cuando yo me case,
+te llevar&eacute; conmigo para que seas la doncella de mi se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Al soltar la carcajada se tendi&oacute; Papitos para atr&aacute;s con tanta fuerza,
+que el respaldo de la silla cruji&oacute; como si se rompiera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Casarse &eacute;l, <i>vust&eacute;</i>!... memo, m&aacute;s que memo, &iexcl;casarse!&mdash;exclam&oacute;&mdash;. Si
+la se&ntilde;orita dice que <i>vust&eacute;</i> no se puede casar... S&iacute;, se lo dec&iacute;a a
+do&ntilde;a Silvia la otra noche.</p>
+
+<p>La indignaci&oacute;n que sinti&oacute; Maximiliano al o&iacute;r este concepto fue tan viva,
+que de manifestarse en hechos habr&iacute;a ocurrido una cat&aacute;strofe. Porque tal
+ultraje no pod&iacute;a contestarse sino agarrando a Papitos por el pescuezo y
+estrangul&aacute;ndola. El inconveniente de esto consist&iacute;a en que Papitos ten&iacute;a
+mucha m&aacute;s fuerza que &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Eres lo m&aacute;s animal y lo m&aacute;s grosero...&mdash;balbuci&oacute; Rub&iacute;n&mdash;, que he visto
+en mi vida. Si no te curas de esas tonter&iacute;as, nunca ser&aacute;s nada.</p>
+
+<p>Papitos alarg&oacute; el brazo izquierdo en que ten&iacute;a la media, y asomando sus
+dedos por los agujeros, le cogi&oacute; la nariz al se&ntilde;orito y le tir&oacute; de ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que te est&eacute;s quieta!... &iexcl;vaya!... T&uacute; no te has llevado nunca una
+solfa buena, y soy yo quien te la va a dar... &iquest;Y por qu&eacute; son esas risas
+est&uacute;pidas?... &iquest;Porque he dicho que me caso? Pues s&iacute; se&ntilde;or, me caso
+porque me da la gana.</p>
+
+<p>Tiempo hac&iacute;a que Maximiliano deseaba hablar de aquella manera con
+alguien, y manifestar su pensamiento libre y sin turbaci&oacute;n. La
+confidencia que tan dif&iacute;cil era con otra persona, resultaba f&aacute;cil con la
+cocinerita, y el hombre se creci&oacute; despu&eacute;s de dichas las primeras
+palabras.</p>
+
+<p>&laquo;T&uacute; eres una inocente&mdash;le dijo poni&eacute;ndole la mano en el hombro&mdash;, t&uacute; no
+conoces el mundo, ni sabes lo que es una pasi&oacute;n verdadera&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar a este punto, Papitos no entendi&oacute; ni jota de lo que su
+se&ntilde;orito le dec&iacute;a... Era un lenguaje nuevo, como eran nuevas la
+expresi&oacute;n de &eacute;l y la cara seria que puso. No pon&iacute;a aquella cara cuando
+contaba los cuentos.</p>
+
+<p>&laquo;Porque ver&aacute;s t&uacute;&mdash;continu&oacute; Rub&iacute;n, expres&aacute;ndose con alma&mdash;; el amor es la
+ley de las leyes, el amor gobierna el mundo. Si yo encuentro la mujer
+que me gusta, que es la mitad, si no la totalidad de mi vida, una mujer
+que me transforme, inspir&aacute;ndome acciones nobles y d&aacute;ndome cualidades que
+antes no ten&iacute;a, &iquest;por qu&eacute; no me he de casar con ella? A ver, que me lo
+digan; que me den una raz&oacute;n, media raz&oacute;n siquiera... Porque t&uacute; no me has
+de salir con argumentos tontos; t&uacute; no has de participar de esas
+preocupaciones por las cuales...&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar aqu&iacute;, el orador se embarull&oacute; algo, y no ciertamente por miedo
+a la dial&eacute;ctica de su contrario. Papitos, despu&eacute;s de asombrarse mucho de
+la solemnidad con que el se&ntilde;orito hablaba y de las cosas incomprensibles
+que le dec&iacute;a, empez&oacute; a aburrirse. Sigui&oacute; Maximiliano descargando su
+coraz&oacute;n, que otra coyuntura de desahogo como aquella no se le volver&iacute;a a
+presentar, y por fin la ni&ntilde;a estir&oacute; el brazo izquierdo sobre la mesa, y
+como estaba tan fatigada del ajetreo de aquel d&iacute;a y de los coscorrones,
+hizo del brazo almohada y reclin&oacute; su cabeza en ella. En aquel momento,
+Maximiliano, exaltado por su propia elocuencia, se dej&oacute; decir: &laquo;La &uacute;nica
+raz&oacute;n que me dan es que si ha sido o no ha sido esto o lo otro. Respondo
+que es falso, fals&iacute;simo. Si hay en su existencia d&iacute;as vergonzosos, y no
+dir&eacute; tanto como vergonzosos, d&iacute;as borrascosos, d&iacute;as desventurados, ha
+sido por ley de la necesidad y de la pobreza, no por vicio... Los
+hombres, los se&ntilde;oritos, esa raza de Ca&iacute;n, corrompida y miserable, tienen
+la culpa... Lo digo y lo repito. La responsabilidad de que tanta mujer
+se pierda recae sobre el hombre. Si se castigara a los seductores y a
+los petimetres... la sociedad...&raquo;.</p>
+
+<p>Papitos dorm&iacute;a como un &aacute;ngel, apoyada la mejilla sobre el brazo tieso, y
+conservando en la mano de &eacute;l la media, por cuyos agujeros asomaban los
+dedos. Dorm&iacute;a con pl&aacute;cido reposo, la cara seria, como si aprobase
+inconscientemente las perrer&iacute;as que el otro dec&iacute;a de los seductores, y
+aprovechara la lecci&oacute;n para cuando le tocara. El propio calor de sus
+palabras llev&oacute; a Maximiliano a una exaltaci&oacute;n que parec&iacute;a insana. No
+pod&iacute;a estar quieto ni callado. Levantose y fue por los pasillos
+adelante, hablando solo en baja voz o haciendo gestos. El pasillo estaba
+oscuro; pero &eacute;l conoc&iacute;a tan bien todos los rincones, que andaba por
+ellos sin vacilaci&oacute;n ni tropiezo. Entr&oacute; en la sala que tambi&eacute;n estaba a
+oscuras, penetr&oacute; en el gabinete de su t&iacute;a, que a la misma boca de lobo
+se igualara en lo tenebroso, y all&iacute; se le redobl&oacute; la facundia, y la
+energ&iacute;a de sus declamaciones rayaba en frenes&iacute;. Apoyando las cl&aacute;usulas
+con enf&aacute;tico gesto, se le ocurr&iacute;an frases de admirable efecto
+contundente, frases capaces de tirar de espaldas a todos los individuos
+de la familia si las oyeran. &iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima que no estuviera all&iacute; su
+t&iacute;a...! Como si la estuviera viendo, le solt&oacute; estas atrevidas
+expresiones: &laquo;Y para que lo sepa usted de una vez, yo no cedo ni puedo
+ceder, porque sigo en esto el impulso de mi conciencia, y contra la
+conciencia no valen pamplinas, ni ese c&uacute;mulo, ese c&uacute;mulo, s&iacute; se&ntilde;ora,
+de... preocupaciones rancias que usted me opone. Yo me caso, me caso, y
+me caso, porque soy due&ntilde;o de mis actos, porque soy mayor de edad, porque
+me lo dicta mi conciencia, porque me lo manda Dios; y si usted lo
+aprueba, ella y yo le abriremos nuestros amantes brazos y ser&aacute; usted
+nuestra madre, nuestra consejera, nuestra gu&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>Vamos, que sent&iacute;a de veras no estuviese delante de &eacute;l en el sill&oacute;n de
+hule la propia viuda de J&aacute;uregui en imagen corp&oacute;rea, porque de fijo le
+dir&iacute;a lo mismo que estaba diciendo ante su imagen figurada y supuesta.
+Despu&eacute;s sali&oacute; otra vez al pasillo, donde continu&oacute; la perorata,
+pase&aacute;ndose de un extremo a otro, y gesticulando a favor de la oscuridad.
+La soledad, el silencio de la noche y la poca luz favorecen a los
+t&iacute;midos para su comedia de osados y lenguaraces, teni&eacute;ndose a s&iacute; mismos
+por p&uacute;blico y envalenton&aacute;ndose con su f&aacute;cil &eacute;xito. Maximiliano hablaba
+quedito; sus fuertes manotadas no correspond&iacute;an al diapas&oacute;n bajo de las
+palabras, cuya vehemencia sofocada las hac&iacute;a parecer como un ensayo.</p>
+
+<p>Cuando do&ntilde;a Lupe llam&oacute; a la puerta, su sobrino le abri&oacute;, y pasmose ella
+de que estuviera en pie todav&iacute;a. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; despabilado est&aacute; el tiempo!&raquo; dijo
+la se&ntilde;ora con cierto retint&iacute;n, que hizo estremecer al joven, limpiando
+s&uacute;bitamente su esp&iacute;ritu de toda idea de independencia, como se limpia de
+sombras un farol cuando aparece dentro de &eacute;l la llama del gas. Al o&iacute;r la
+campanilla, acudi&oacute; la chica dando traspi&eacute;s y restreg&aacute;ndose los ojos.
+Do&ntilde;a Lupe no dijo m&aacute;s que: &laquo;a la cama todo Cristo&raquo;. Era muy tarde y
+Papitos ten&iacute;a que madrugar. El sobrino y la cocinerita entraron sin
+hacer ruido en sus respectivas madrigueras, como los conejos cuando oyen
+los pasos del cazador.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>La declaraci&oacute;n de Maximiliano hab&iacute;a puesto a Fortunata en perplejidad
+grande y penosa. Aquella noche y las siguientes durmi&oacute; mal por la viveza
+del pensar y las contradictorias ideas que se le ocurr&iacute;an. Despu&eacute;s de
+acostada tuvo que levantarse y se arroj&oacute;, liada en una manta, en el
+sof&aacute; de la sala; pero no se quedaban las cavilaciones entre las s&aacute;banas,
+sino que iban con ella a donde quiera que iba. La primera noche
+dominaron al fin, tras largo debate, las ideas afirmativas. &laquo;&iexcl;Casarme
+yo, y casarme con un hombre de bien, con <i>una persona decente</i>...!&raquo;. Era
+lo m&aacute;s que pod&iacute;a desear... &iexcl;Tener un nombre, no tratar m&aacute;s con gentuza,
+sino con caballeros y se&ntilde;oras! Maximiliano era un bienaventurado, y
+seguramente la har&iacute;a feliz. Esto pensaba por la ma&ntilde;ana, despu&eacute;s de
+lavarse y encender la lumbre, cuando cog&iacute;a la cesta para ir a la compra.
+P&uacute;sose el manto y el pa&ntilde;uelo por la cabeza, y baj&oacute; a la calle. Lo mismo
+fue poner el pie en la v&iacute;a p&uacute;blica que sus ideas variaron.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pero vivir siempre con este chico... tan feo como es! Me da por el
+hombro, y yo le levanto como una pluma. Un marido que tiene menor fuerza
+que la mujer no es, no puede ser marido. El pobrecillo es un bendito de
+Dios; pero no le podr&eacute; querer aunque viva con &eacute;l mil a&ntilde;os. Esto ser&aacute;
+ingratitud, pero &iquest;qu&eacute; le vamos a hacer?, no lo puedo remediar...&raquo;.</p>
+
+<p>Tan distra&iacute;da estaba, que el carnicero le pregunt&oacute; tres veces lo que
+quer&iacute;a sin obtener respuesta. Por fin se enter&oacute;. &laquo;Hoy no llevo m&aacute;s que
+media libra de falda para el cocido y una chuletita de lomo. Se&ntilde;or Paco,
+p&eacute;semelo bien&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Tome usted, simpat&iacute;a, y mande.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n compr&oacute; dos onzas de tocino; luego una brecolera en el puesto de
+verduras de la carnicer&iacute;a, y en la tienda de la esquina, arroz, cuatro
+huevos y una lata de pimientos morrones. Al volver a su casa, revis&oacute; la
+lumbre y se puso a limpiar y a barrer. Mientras quitaba el polvo a los
+muebles, volvi&oacute; al tema: &laquo;No se encuentra todos los d&iacute;as un hombre que
+quiera echarse encima una carga como esta&raquo;.</p>
+
+<p>Hizo la cama y despu&eacute;s empez&oacute; a peinarse. Al ver en el espejo su linda
+cara p&aacute;lida, diole por emplear argumentos comparativos: &laquo;Porque &iexcl;Mar&iacute;a
+<i>Santisma</i>!, si Maximiliano apostaba a feo, no hab&iacute;a quien le ganara...
+&iexcl;Y qu&eacute; mal huelen las boticas! Debi&oacute; de haber seguido otra carrera...
+Dios me favorezca... Si tuviera alg&uacute;n hijo me acompa&ntilde;ar&iacute;a con &eacute;l;
+pero... &iexcl;quia!...&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de esta reticencia, que por lo terminante parec&iacute;a hija de una
+convicci&oacute;n profunda, sigui&oacute; contemplando y admirando su belleza. Estaba
+orgullosa de sus ojos negros, tan bonitos que, seg&uacute;n dictamen de ella
+misma, <i>le daban la pu&ntilde;alada al Espiritui Santo</i>. La tez era una
+preciosidad por su pureza mate y su transparencia y tono de marfil
+reci&eacute;n labrado; la boca, un poco grande, pero fresca y tan mona en la
+risa como en el enojo... &iexcl;Y luego unos dientes! &laquo;Tengo los
+dientes&mdash;dec&iacute;a ella mostr&aacute;ndoselos&mdash;, como pedacitos de leche cuajada&raquo;.</p>
+
+<p>La nariz era perfecta. &laquo;Narices como la m&iacute;a, pocas se ven&raquo;... Y por fin,
+componi&eacute;ndose la cabellera negra y abundante como los malos
+pensamientos, dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Vaya un pelito que me ha dado Dios!&raquo;. Cuando
+estaba concluyendo, se le vino a las mientes una observaci&oacute;n, que no
+hac&iacute;a entonces por primera vez. Hac&iacute;ala todos los d&iacute;as, y era esta:
+&laquo;&iexcl;Cu&aacute;nto m&aacute;s guapa estoy ahora que... antes! He ganado mucho&raquo;.</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s se puso muy triste. Los pedacitos de leche cuajada
+desaparecieron bajo los labios fruncidos, y se le arm&oacute; en el entrecejo
+como una densa nube. El rayo que por dentro pasaba dec&iacute;a as&iacute;: &laquo;&iexcl;Si me
+viera ahora...!&raquo;. Bajo el peso de esta consideraci&oacute;n estuvo un largo
+rato quieta y muda, la vista independiente a fuerza de estar fija.
+Despert&oacute; al fin de aquello que parec&iacute;a letargo, y volviendo a mirarse,
+animose con la reflexi&oacute;n de su buen palmito en el espejo. &laquo;Digan lo que
+quieran, lo mejor que tengo es el entrecejo... Hasta cuando me enfado es
+bonito... &iquest;A ver c&oacute;mo me pongo cuando me enfado? As&iacute;, as&iacute;... &iexcl;Ah,
+llaman!&raquo;.</p>
+
+<p>El campanillazo de la puerta la oblig&oacute; a dejar el tocador. Sali&oacute; a abrir
+con la peineta en una mano y la toalla por los hombros. Era el redentor,
+que entr&oacute; muy contento y le dijo que acabara de peinarse. Como faltaba
+tan poco, pronto qued&oacute; todo hecho. Maximiliano la elogi&oacute; por su
+resoluci&oacute;n de no tomar peinadoras.</p>
+
+<p>&iquest;Por qu&eacute; las mujeres no se han de peinar solas? La que no sabe que
+aprenda. Eso mismo dec&iacute;a Fortunata. El pobre chico no dejaba de expresar
+su admiraci&oacute;n por el buen arreglo y econom&iacute;a de su futura, haciendo por
+sus propias manos la tarea que desempe&ntilde;an mal esas bergantas ladronas
+que llaman criadas de servir. Fortunata aseguraba que aquella costumbre
+suya no ten&iacute;a m&eacute;rito porque el trabajo le gustaba. &laquo;Eres una
+alhajita&mdash;le dec&iacute;a su amante con orgullo&mdash;. En cuanto a las peinadoras,
+todas son unas grandes alcahuetas, y en la casa donde entran no puede
+haber paz&raquo;.</p>
+
+<p>M&aacute;s adelante tomar&iacute;an alguna criada, porque no conven&iacute;a tampoco que ella
+se matase a trabajar. Estar&iacute;an seguramente en buena posici&oacute;n, y puede
+que algunos d&iacute;as tuvieran convidados a su mesa. La servidumbre es
+necesaria, y llegar&iacute;a un d&iacute;a seguramente en que no se podr&iacute;an pasar sin
+una ni&ntilde;era. Al o&iacute;r esto, por poco suelta la risa Fortunata; pero se
+contuvo, concret&aacute;ndose a decir en su interior: &laquo;&iexcl;Para qu&eacute; querr&aacute; ni&ntilde;eras
+este desventurado...!&raquo;.</p>
+
+<p>A rengl&oacute;n seguido, sac&oacute; el joven a relucir el tema del casorio, y dijo
+tales cosas que Fortunata no pudo menos de rendir el esp&iacute;ritu a tanta
+generosidad y nobleza de alma. &laquo;Tu comportamiento decidir&aacute; de su
+suerte&mdash;afirm&oacute; &eacute;l&mdash;, y como tu comportamiento ha de ser bueno, porque tu
+alma tiene todos los resortes del bien, estamos al cabo de la calle. Yo
+pongo sobre tu cabeza la corona de mujer honrada; t&uacute; har&aacute;s porque no se
+te caiga y por llevarla dignamente. Lo pasado, pasado est&aacute;, y el
+arrepentimiento no deja ni rastro de mancha, pero ni rastro. Lo que diga
+el mundo no nos importe. &iquest;Qu&eacute; es el mundo? F&iacute;jate bien y ver&aacute;s que no es
+nada, cuando no es la conciencia&raquo;.</p>
+
+<p>A Fortunata se le humedecieron los ojos, porque era muy accesible a la
+emoci&oacute;n, y siempre que se le hablaba con solemnidad y con un sentido
+generoso, se conmov&iacute;a aunque no entendiera bien ciertos conceptos. La
+enternec&iacute;an el tono, el estilo y la expresi&oacute;n de los ojos. Crey&oacute;
+entonces caso de conciencia hacer una observaci&oacute;n a su amigo.</p>
+
+<p>&laquo;Piensa bien lo que haces&mdash;le dijo&mdash;, y no comprometas por m&iacute; tu...&raquo;.</p>
+
+<p>Quer&iacute;a decir dignidad; pero no dio con la palabra por el poco uso que en
+su vida hab&iacute;a hecho de vocablos de esta naturaleza. Pero se dio sus
+ma&ntilde;as para expresar toscamente la idea, diciendo: &laquo;Calcula que los que
+me conozcan te van a llamar <i>el marido de la Fortunata</i>, en vez de
+llamarte por tu nombre de pila. Yo te agradezco mucho lo que haces por
+m&iacute;; pero como te estimo no quiero verte con...&raquo;.</p>
+
+<p>Quer&iacute;a decir con un estigma en la frente; pero ni conoc&iacute;a la palabra ni
+aunque la conociera la habr&iacute;a podido decir correctamente. &laquo;No quiero
+que te tomen el pelo por m&iacute;&raquo;, fue lo que dijo, y se qued&oacute; tan fresca,
+esperando convencerle. Pero Maximiliano, fuerte en su idea y en su
+conciencia, como dentro de un doble baluarte inexpugnable, se ech&oacute; a
+re&iacute;r. Semejantes argumentos eran para &eacute;l como ser&iacute;a para los poseedores
+de Gibraltar ver que les quisiera asaltar un enemigo armado con una
+ca&ntilde;a. &iexcl;Valiente caso hac&iacute;a &eacute;l de las estupideces del vulgo!... Cuando su
+conciencia le dec&iacute;a: &laquo;mira, hijo, este es el camino del bien; vete por
+&eacute;l&raquo;, ya pod&iacute;a venir todo el g&eacute;nero humano a detenerle; ya pod&iacute;an
+apuntarle con un ca&ntilde;&oacute;n rayado. Porque &eacute;l iba sacando un car&aacute;cter de que
+a&uacute;n no se hab&iacute;a enterado la gente, un car&aacute;cter de acero, y todo lo que
+se dec&iacute;a de su timidez era conversaci&oacute;n. &laquo;Que t&uacute; seas buena, honrada y
+leal es lo que importa: lo dem&aacute;s corre de mi cuenta, d&eacute;jame a m&iacute;, t&uacute;
+d&eacute;jame a m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s almorzaba Fortunata, y Maximiliano estudiaba, cambiando de
+vez en cuando algunas palabras. Toda aquella tarde dominaron en el
+esp&iacute;ritu de la joven las ideas optimistas, porque &eacute;l se dej&oacute; decir algo
+de su herencia, de tierras e hipotecas en Molina de Arag&oacute;n, asegurando
+que <i>sus vi&ntilde;as pod&iacute;an darle tanto m&aacute;s cuanto</i>. Por la noche avisaron
+para que les trajeran caf&eacute;, y vino el mozo de <i>la Paz</i> con &eacute;l. Olmedo y
+Feliciana entraron de tertulia. Estaban de monos y apenas se hablaban,
+se&ntilde;al inequ&iacute;voca de pelotera dom&eacute;stica. Y es que si los estados m&aacute;s
+s&oacute;lidos se quebrantan cuando la hacienda no marcha con perfecta
+regularidad, aquella casa, hogar, familia o lo que fuera, no pod&iacute;a menos
+de resentirse de las anomal&iacute;as de un presupuesto cuyo car&aacute;cter
+permanente era el d&eacute;ficit. Feliciana ten&iacute;a ya pignorado lo mejorcito de
+su ropa, y Olmedo hab&iacute;a perdido el cr&eacute;dito de una manera absoluta. Por
+la falta de cr&eacute;dito se pierden las rep&uacute;blicas lo mismo que las
+monarqu&iacute;as. Y no se hac&iacute;a ya ilusiones el bueno de Olmedo acerca de la
+cat&aacute;strofe pr&oacute;xima. Sus amigos, que le conoc&iacute;an bien, descubr&iacute;an en &eacute;l
+menos entereza para desempe&ntilde;ar el papel de libertino, y a menudo se le
+clareaba la buena &iacute;ndole al trav&eacute;s de la m&aacute;scara. A Maximiliano le
+contaron que hab&iacute;an sorprendido a Olmedo en el Retiro estudiando a
+hurtadillas. Cuando le vieron sus amigos, escondi&oacute; los libros entre el
+follaje, porque le sab&iacute;a mal que le descubrieran aquella flaqueza. Daba
+mucha importancia a la consecuencia en los actos humanos, y ten&iacute;a por
+deshonra el soltar de improviso la casaca e insignias de perdulario.
+&iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a la gente, qu&eacute; los amigos, qu&eacute; los mocosos, m&aacute;s j&oacute;venes que
+&eacute;l, que le tomaban por modelo? Hall&aacute;base en la situaci&oacute;n de uno de esos
+chiquillos que para darse aires de hombres encienden un cigarro muy
+fuerte y se lo empiezan a fumar y se marean con &eacute;l; pero tratan de
+dominar las n&aacute;useas para que no se diga que se han emborrachado. Olmedo
+no pod&iacute;a aguantar m&aacute;s la horrible desaz&oacute;n, el asco y el v&eacute;rtigo que
+sent&iacute;a; pero continuaba con el cigarro en la boca haciendo que tiraba de
+&eacute;l, pero sin chupar cosa mayor.</p>
+
+<p>Feliciana, por su parte, hab&iacute;a empezado a campar por sus respetos. Lo
+dicho, la honradez y el amor eran cosas muy buenas; pero no daban de
+comer. El calavera de oficio no se permiti&oacute; aquella noche ninguna
+barrabasada. S&oacute;lo al entrar, y cuando los cuatro se sentaron a tomar
+caf&eacute; dijo con su habitual desenfado: &laquo;Narices, ya est&aacute; reunido aqu&iacute;
+to&iacute;to el <i>Demi-Monde</i>&raquo;. Fortunata y Feliciana no comprendieron; pero
+Rub&iacute;n se puso encarnado y se incomod&oacute; mucho; porque aplicar tales
+vocablos a personas dispuestas a unirse en santo v&iacute;nculo le parec&iacute;a una
+falta de respeto, una groser&iacute;a y una cochinada, s&iacute; se&ntilde;or, una
+cochinada... Mas se call&oacute; por no armar camorra ni quitar a la reuni&oacute;n
+sus tonos de circunspecci&oacute;n y formalidad. Acordose de que nada hab&iacute;a
+dicho a su amigo del casorio proyectado, siendo evidente que Olmedo
+habl&oacute; en t&eacute;rminos tan <i>liberales</i> por ignorancia. Determin&oacute;, pues,
+revelarle su pensamiento en la primera ocasi&oacute;n, para que en lo sucesivo
+midiera y pesara mejor sus palabras.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>Aquella noche fue tambi&eacute;n mala para Fortunata, pues se la pas&oacute; casi toda
+cavilando, discurriendo sobre si <i>el otro</i> se acordar&iacute;a o no de ella.
+Era muy particular que no le hubiese encontrado nunca en la calle. Y por
+falta de mirar bien a todos lados no era ciertamente. &iquest;Estar&iacute;a malo,
+estar&iacute;a fuera de Madrid? M&aacute;s adelante, cuando supo que en Febrero y
+Marzo hab&iacute;a estado Juanito Santa Cruz enfermo de pulmon&iacute;a, acordose de
+que aquella noche lo hab&iacute;a so&ntilde;ado ella. Y fue verdad que lo so&ntilde;&oacute; a la
+madrugada, cuando su caldeado cerebro se adormeci&oacute;, cediendo a una como
+borrachera de cavilaciones. Al despertar ya de d&iacute;a, el reposo profundo
+aunque breve hab&iacute;a vuelto del rev&eacute;s las im&aacute;genes y los pensamientos en
+su mente. &laquo;A mi boticarito me atengo&mdash;dijo despu&eacute;s que ech&oacute; el Padre
+Nuestro por las &aacute;nimas, de que no se olvidaba nunca&mdash;. Viviremos tan
+apa&ntilde;aditos&raquo;. Levantose, encendi&oacute; su lumbre, baj&oacute; a la compra, y de
+tienda en tienda pensaba que Maximiliano pod&iacute;a dar un estir&oacute;n, echar m&aacute;s
+pecho y m&aacute;s carnes, ser m&aacute;s hombre, en una palabra, y curarse de aquel
+maldito romadizo cr&oacute;nico que le obligaba a estarse sonando
+constantemente. De la bondad de su coraz&oacute;n no hab&iacute;a nada que decir,
+porque era un santo, y como se casara de verdad, su mujer hab&iacute;a de
+hacer de &eacute;l lo que quisiera. Con cuatro palabritas de miel, ya estaba &eacute;l
+contento y achantado. Lo que importaba era no llevarle la contraria en
+todo aquello de la conciencia y de las misiones... aqu&iacute; un adjetivo que
+Fortunata no recordaba. Era <i>sublimes</i>; pero lo mismo daba; ya se sab&iacute;a
+que era una cosa muy buena.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a la compra dur&oacute; algo m&aacute;s, pues habi&eacute;ndole anunciado Maximiliano
+que almorzar&iacute;a con ella, pensaba hacerle un plato que a entrambos les
+gustaba mucho, y que era la especialidad culinaria de Fortunata, el
+arroz con menudillos. Lo hac&iacute;a tan ricamente, que era para chuparse los
+dedos. L&aacute;stima que no fuera tiempo de alcachofas, porque las hubiera
+tra&iacute;do para el arroz. Pero trajo un poco de cordero que le daba mucho
+aquel. Compr&oacute; chuletas de ternera, dos reales de menudillos y unas
+sardinas escabechadas para segundo plato.</p>
+
+<p>De vuelta a su casa arm&oacute; los tres pucheros con el minucioso cuidado que
+la cocina espa&ntilde;ola exige, y empez&oacute; a hacer su arroz en la cacerola.
+Aquel d&iacute;a no hubo en la cocina cacharro que no funcionara. Despu&eacute;s de
+fre&iacute;r la cebolla y de machacar el ajo y de picar el menudillo, cuando
+ninguna cosa importante quedaba olvidada, lavose la pecadora las manos y
+se fue a peinar, poniendo m&aacute;s cuidado en ello que otros d&iacute;as. Pas&oacute; el
+tiempo; la cocina desped&iacute;a m&uacute;ltiples y confundidos olores. &iexcl;Dios, con
+la faena que en ella hab&iacute;a! Cuando lleg&oacute; Rub&iacute;n, a las doce, sali&oacute; a
+abrirle su amiga con semblante risue&ntilde;o. Ya estaba la mesa puesta, porque
+la mujer aquella multiplicaba el tiempo, y como quisiera, todo lo hacia
+con facilidad y prontitud. Dijo el enamorado que ten&iacute;a mucha hambre, y
+ella le recomend&oacute; una chispita de paciencia. Se le hab&iacute;a olvidado una
+cosa muy importante, el vino, y bajar&iacute;a a buscarlo. Pero Maximiliano se
+prest&oacute; a desempe&ntilde;ar aquel servicio dom&eacute;stico, y baj&oacute; m&aacute;s pronto que la
+vista.</p>
+
+<p>Media hora despu&eacute;s estaban sentados a la mesa en amor y compa&ntilde;a; pero en
+aquel instante se vio Fortunata acometida bruscamente de unos
+pensamientos tan extra&ntilde;os, que no sab&iacute;a lo que le pasaba. Ella misma
+compar&oacute; su alma en aquellos d&iacute;as a una veleta. Tan pronto marcaba para
+un lado como para otro. De improviso, como si se levantara un fuerte
+viento, la veleta daba la vuelta grande y pon&iacute;a la punta donde antes
+ten&iacute;a la cola. De estos cambiazos hab&iacute;a sentido ella muchos; pero
+ninguno como el de aquel momento, el momento en que meti&oacute; la cuchara
+dentro del arroz para servir a su futuro esposo. No sabr&iacute;a ella decir
+c&oacute;mo fue ni c&oacute;mo vino aquel sentimiento a su alma, ocup&aacute;ndola toda; no
+supo m&aacute;s sino que le mir&oacute; y sinti&oacute; una antipat&iacute;a tan horrible hacia el
+pobre muchacho, que hubo de violentarse para disimularla.</p>
+
+<p>Sin advertir nada, Maximiliano elogiaba el perfecto condimento del
+arroz; pero ella se call&oacute;, echando para adentro, con las primeras
+cucharadas, aquel f&aacute;rrago amargo que se le quer&iacute;a salir del coraz&oacute;n. Muy
+<i>para entre s&iacute;</i>, dijo: &laquo;Primero me hacen a m&iacute; en pedacitos como estos,
+que casarme con semejante hombre... &iquest;Pero no le ven, no le ven que ni
+siquiera parece un hombre?... Hasta huele mal... Yo no quiero decir lo
+que me da cuando calculo que toda la vida voy a estar mirando delante de
+m&iacute; esa nariz de rabadilla&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Parece que est&aacute;s triste, mo&ntilde;uca&raquo; le dijo Rub&iacute;n, que sol&iacute;a darle este
+cari&ntilde;oso mote.</p>
+
+<p>Contest&oacute; ella que el arroz no hab&iacute;a quedado tan bien como deseara.
+Cuando com&iacute;an las chuletas, Maximiliano le dijo con cierta pedanter&iacute;a de
+d&oacute;mine: &laquo;Una de las cosas que tengo que ense&ntilde;arte es a comer con tenedor
+y cuchillo, no con tenedor s&oacute;lo. Pero tiempo tengo de instruirte en esa
+y en otras cosas m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n le cargaba a ella tanta correcci&oacute;n. Deseaba hablar bien y ser
+persona fina y decente; pero &iexcl;cu&aacute;nto m&aacute;s aprovechadas las lecciones si
+el maestro fuera otro, sin aquella destiladera de nariz, sin aquella
+cara deslucida y muerta, sin aquel cuerpo que no parec&iacute;a de carne, sino
+de cordilla!</p>
+
+<p>Esta antipat&iacute;a de Fortunata no estorbaba en ella la estimaci&oacute;n, y con la
+estimaci&oacute;n mezcl&aacute;base una l&aacute;stima profunda de aquel desgraciado,
+caballero del honor y de la virtud, tan superior moralmente a ella. El
+aprecio que le ten&iacute;a, la gratitud, y aquella conmiseraci&oacute;n inexplicable,
+porque no se compadece a los superiores, eran causa de que refrenase su
+repugnancia. No era ella muy fuerte en disimular, y otro menos alucinado
+que Rub&iacute;n habr&iacute;a conocido que el lind&iacute;simo entrecejo ocultaba algo. Pero
+ve&iacute;a las cosas por el lente de sus ideas propias, y para &eacute;l todo era
+como deb&iacute;a ser y no como era. Alegrose mucho Fortunata de que el
+almuerzo concluyese, porque eso de estar sosteniendo una conversaci&oacute;n
+seria y oyendo advertencias y correcciones no la divert&iacute;a mucho.
+Gust&aacute;bale m&aacute;s el traj&iacute;n de recoger la loza y levantar la mesa, operaci&oacute;n
+en que puso la mano no bien tomaron el caf&eacute;. Y para estar m&aacute;s tiempo en
+la cocina que en la sala, revis&oacute; los pucheros, y se puso a picar la
+ensalada cuando a&uacute;n no hac&iacute;a falta. De rato en rato daba una vuelta por
+la sala, donde Maximiliano se hab&iacute;a puesto a estudiar. No le era f&aacute;cil
+aquel d&iacute;a fijar su atenci&oacute;n en los libros. Estaba muy distra&iacute;do, y cada
+vez que su amiga entraba, toda la ciencia farmac&eacute;utica se desvanec&iacute;a de
+su mente. A pesar de esto quer&iacute;a que estuviese all&iacute;, y aun se enoj&oacute; algo
+por lo mucho que prolongaba los ratos de cocina. &laquo;Chica, no trabajes
+tanto, que te vas a cansar. Trae tu labor y si&eacute;ntate aqu&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Es que si me pongo aqu&iacute; no estudias, y lo que te conviene es estudiar
+para que no pierdas el a&ntilde;o&mdash;replic&oacute; ella&mdash;. &iexcl;Pues si lo pierdes y tienes
+que volverlo a estudiar...!&raquo;.</p>
+
+<p>Esta raz&oacute;n hizo efecto grande en el &aacute;nimo de Rub&iacute;n. &laquo;No importa que
+est&eacute;s aqu&iacute;. Con tal que no me hables, estudiar&eacute;. Vi&eacute;ndote, parece que
+comprendo mejor las cosas, y que se me abren las compuertas del
+entendimiento. Te pones aqu&iacute;, t&uacute; a tu costura, yo a mis libros. Cuando
+me siento muy torpe, &iexcl;pim!, te miro y al momento me despabilo&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se ri&oacute; un poco, y ausent&aacute;ndose un instante, trajo la costura.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabes?&mdash;le dijo Rub&iacute;n, apenas ella se sent&oacute;&mdash;. Mi hermano Juan Pablo
+se fue a Molina a arreglar eso de la herencia de la t&iacute;a Melitona. Mi t&iacute;a
+Lupe le escribi&oacute; y antes de venir a Madrid se plant&oacute; all&aacute;. Escribe
+diciendo que no habr&aacute; grandes dificultades&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras?, &iexcl;vamos!... M&aacute;s vale as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Como lo oyes. A&uacute;n no puedo decir lo que nos tocar&aacute; a cada hermano. Lo
+que s&iacute; te aseguro es que me alegro de esto por ti, exclusivamente por
+ti. Luego te quejar&aacute;s de la Providencia. Porque cuanto m&aacute;s aseguradas
+est&aacute;n las materialidades de la vida, m&aacute;s segura es la conservaci&oacute;n del
+honor. La mitad de las deshonras que hay en la vida no son m&aacute;s que
+pobreza, chica, pobreza. Cr&eacute;ete que ha venido Dios a vernos, y si ahora
+no nos portamos bien, merecemos que nos arrastren.</p>
+
+<p>Fortunata hubiera dicho para s&iacute;: &laquo;&iexcl;Vaya un moralista que me ha salido!&raquo;
+pero no ten&iacute;a noticia de esta palabra, y lo que dijo fue: &laquo;Ya estoy de
+<i>misionero</i> hasta aqu&iacute;&raquo;, usando la palabra <i>misionero</i> con un sentido
+doble, a saber: el de predicador y el de agente de aquello que Rub&iacute;n
+llamaba <i>su misi&oacute;n</i>.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ix</span>-</h2>
+
+
+<p>Maximiliano comunic&oacute; a Olmedo sus planes de casamiento encarg&aacute;ndole el
+mayor sigilo, porque no conven&iacute;a que se divulgasen antes de tiempo, para
+evitar maledicencias tontas. Crey&oacute; el gran perdis que su amigo estaba
+loco, y en el fondo de su alma le compadec&iacute;a, aunque admiraba el
+atrevimiento de Rub&iacute;n para hacer la m&aacute;s grande y escandalosa calaverada
+que se pod&iacute;a imaginar. &iexcl;Casarse con una...! Esto era un colmo, el colmo
+del <i>buen fin</i>, y en semejante acto hab&iacute;a una mezcla horrenda de
+ignominia y de abnegaci&oacute;n sublime, un no s&eacute; qu&eacute; de osad&iacute;a y al mismo
+tiempo de bajeza, que levant&oacute; al bueno de Rub&iacute;n, a sus ojos, de aquel
+fondo de vulgaridad en que estaba. Porque Rub&iacute;n pod&iacute;a ser un tonto; pero
+no era un tonto vulgar, era uno de esos tontos que tocan lo sublime con
+la punta de los dedos. Verdad que no llegan a agarrarlo; pero ello es
+que lo tocan. Olmedo, al mismo tiempo que sondeaba la inmensa gravedad
+del prop&oacute;sito de su amigo, no pudo menos de reconocer que a &eacute;l, Olmedo,
+al perdulario de oficio, no se le hab&iacute;a pasado nunca por la cabeza una
+majader&iacute;a de aquel calibre.</p>
+
+<p>&laquo;Descuida, chico, lo que es por m&iacute; no lo sabr&aacute; nadie, &iexcl;qu&eacute; narices! Soy
+tu amigo &iquest;s&iacute; o no?, pues basta &iexcl;narices! Te doy mi palabra de honor;
+estate tranquilo&raquo;.</p>
+
+<p>La palabra de <i>Ulmus sylvestris</i>, cuando se trataba de algo comprendido
+en la jurisdicci&oacute;n de la picard&iacute;a, era sagrada. Pero en aquella ocasi&oacute;n
+pudo m&aacute;s el prurito chismogr&aacute;fico que el fuero del honor picaresco, y el
+gran secreto fue revelado a Narciso Puerta <i>(Pseudo&mdash;Narcisus
+odoripherus)</i> con la mayor reserva, y previo juramento de no
+transmitirlo a nadie. &laquo;Te lo digo en confianza, porque s&eacute; que ha de
+quedar de ti para m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Descuida, chico, no faltaba m&aacute;s... Ya t&uacute; me conoces&raquo;.</p>
+
+<p>En efecto, Narciso no lo dijo a nadie, con una sola excepci&oacute;n. Porque,
+verdaderamente, &iquest;qu&eacute; importaba confiar el secretillo a una sola persona,
+a una sola, que de fijo no lo hab&iacute;a de propalar?</p>
+
+<p>&laquo;Te lo digo a ti s&oacute;lo, porque s&eacute; que eres muy discreto&mdash;murmur&oacute; Narciso
+al o&iacute;do de su amigo Encinas <i>(Quercus gigantea)</i>&mdash;. Cuidado con lo que
+te encargo... pero mucho cuidado. S&oacute;lo t&uacute; lo sabes. No tengamos un
+disgusto&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, no seas tonto... Parece que me conoces de ayer. Ya sabes que
+soy un sepulcro.</p>
+
+<p>Y el sepulcro se abri&oacute; en casa de las de la Ca&ntilde;a, con la mayor reserva
+se entiende, y despu&eacute;s de hacer jurar a todos de la manera m&aacute;s solemne
+que guardar&iacute;an aquel profundo arcano. &laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; cosas tiene usted,
+Encinas! No nos haga usted tan poco favor. Ni que fu&eacute;ramos chiquillas,
+para ir con el cuento y comprometerle a usted...&raquo;.</p>
+
+<p>Pero una de aquellas se&ntilde;oras cre&iacute;a que era pecado mortal no indicar algo
+a do&ntilde;a Lupe, porque esta al fin lo ten&iacute;a que saber, y m&aacute;s val&iacute;a
+prepararla para tan tremendo golpe. &iexcl;Pobre se&ntilde;ora! Era un dolor verla
+con aquella tranquilidad, tan ajena a la deshonra que la amenazaba.
+Total, que la noticia lleg&oacute; a la sutil oreja de do&ntilde;a Lupe a los tres
+d&iacute;as de haber salido del labio t&iacute;mido de <i>Rubinius vulgaris</i>.</p>
+
+<p>Cuentan que do&ntilde;a Lupe se qued&oacute; un buen rato como quien ve visiones.
+Despu&eacute;s dio a entender que algo barruntaba ella, por la conducta an&oacute;mala
+de su sobrino. &iexcl;Casarse con una que ha tenido que ver con muchos
+hombres! &iexcl;Bah!, no ser&iacute;a cierto quiz&aacute;s. Y si lo era, pronto se hab&iacute;a de
+saber; porque, eso s&iacute;, a do&ntilde;a Lupe no se le apagar&iacute;a en el cuerpo la
+bomba, y aquella misma noche o al d&iacute;a siguiente por la ma&ntilde;ana,
+Maximiliano y ella se ver&iacute;an las caras... Que la se&ntilde;ora viuda de
+J&aacute;uregui estaba volada, lo prob&oacute; la inseguridad de su paso al recorrer
+la distancia entre el domicilio de las de la Ca&ntilde;a y el suyo. Hablaba
+sola, y se le cay&oacute; el paraguas dos veces, y cuando se baj&oacute; a recogerlo,
+se le cay&oacute; el pa&ntilde;uelo, y por fin, en vez de entrar en el portal de su
+casa, entr&oacute; en el pr&oacute;ximo. &iexcl;Como estuviera en casa el muy hipocrit&oacute;n, su
+t&iacute;a le iba a poner verde! Pero no estar&iacute;a seguramente, porque eran las
+once de la noche, y el se&ntilde;oritingo no entraba ya nunca antes de las doce
+o la una... &iexcl;Qui&eacute;n lo hab&iacute;a de decir; pero qui&eacute;n lo hab&iacute;a de decir...!,
+aquel cuitado, aquella calamidad de chico, aquella inutilidad, tan
+fulastre y para poco que no ten&iacute;a aliento para apagar una vela, y que a
+los dieciocho a&ntilde;os, s&iacute;, bien lo pod&iacute;a asegurar do&ntilde;a Lupe, no sab&iacute;a lo
+que son mujeres y cre&iacute;a que los ni&ntilde;os que nacen vienen de Par&iacute;s; aquel
+hombre fallido enamorarse as&iacute;, &iexcl;y de qui&eacute;n!, &iexcl;de una mujer perdida...!,
+pero perdida... en toda la extensi&oacute;n de la palabra.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Ha venido el se&ntilde;orito?&raquo; pregunt&oacute; a su criada, y como esta le
+contestara que no, frunci&oacute; los labios en se&ntilde;al de impaciencia.</p>
+
+<p>El desasosiego y la ira habr&iacute;an llegado qu&eacute; s&eacute; yo a d&oacute;nde, si no se
+desahogaran un poco sobre la inocente cabeza de Papitos, y se dice la
+cabeza, porque esta fue lo que m&aacute;s padeci&oacute; en aquel achuch&oacute;n. Ha de
+saberse que Papitos era un tanto presumida, y que siendo su principal
+belleza el cabello negro y abundante, en &eacute;l pon&iacute;a sus cinco sentidos. Se
+peinaba con arte precoz, haci&eacute;ndose sortijillas y patillas, y para
+rizarse el fleco, no teniendo tenazas, empleaba un pedazo de alambre
+grueso, calent&aacute;ndolo hasta el rojo. Hubiera querido hacer estas cosas
+por la ma&ntilde;ana; pero como su ama se levantaba antes que ella, no pod&iacute;a
+ser. La noche, cuando estaba sola, era el mejor tiempo para dedicarse
+con entera libertad a la peluquer&iacute;a elegante. Un pedazo de espejo, un
+batidor desdentado, un poco de tragacanto y el alambre gordo le
+bastaban. Por mal de sus pecados, aquella noche se hab&iacute;a trabajado el
+pelo con tanta perfecci&oacute;n, que... &laquo;&iexcl;hija, ni que fueras a un baile!&raquo; se
+hab&iacute;a dicho ella a s&iacute; misma, con risa convulsiva, al mirarse en el
+espejo por secciones de cara, porque de una vez no se la pod&iacute;a mirar
+toda.</p>
+
+<p>&laquo;Puerca, fantasmona, mamarracho&mdash;grit&oacute; do&ntilde;a Lupe destruyendo con
+manotada furibunda todos aquellos perfiles que la chiquilla hab&iacute;a hecho
+en su cabeza&mdash;. En esto pasas el tiempo... &iquest;No te da verg&uuml;enza de andar
+con la ropa llena de agujeros, y en vez de ponerte a coser te da por
+atusarte las crines? &iexcl;Presumida, sinverg&uuml;enza! &iquest;Y la cartilla? Ni
+siquiera la habr&aacute;s mirado... Ya, ya te dar&eacute; yo pelitos. Voy a llevarte
+a la barber&iacute;a y a raparte la cabeza, dej&aacute;ndotela como un huevo&raquo;.</p>
+
+<p>Si le hubieran dicho que le cortaban la cabeza, no hubiera sentido la
+chica m&aacute;s terror.</p>
+
+<p>&laquo;Eso, ahora el moquito y la lagrimita, despu&eacute;s me envenenas la sangre
+con tus peinados indecentes. Pareces la mona del Retiro... Est&aacute;s
+bonita... s&iacute;... Pero qu&eacute;, &iquest;tambi&eacute;n te has echado pomada?&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe se oli&oacute; la mano con que hab&iacute;a estropeado imp&iacute;amente el
+criminal flequillo. Al acercar la mano a su nariz, h&iacute;zolo con adem&aacute;n tan
+majestuoso, que es l&aacute;stima no lo reprodujera un buen maestro de
+escultura.</p>
+
+<p>&laquo;Gorrina... me has pringado la mano... &iexcl;Uy, qu&eacute; pestilencia!... &iquest;De
+d&oacute;nde has sacado esta porquer&iacute;a?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Me la dio el <i>sito</i> Maxi&mdash;respondi&oacute; Papitos con humildad...</p>
+
+<p>Esto llev&oacute; bruscamente las ideas de do&ntilde;a Lupe a la verdadera causa de su
+ira. Ocurri&oacute;sele hacer un reconocimiento en el cuarto de su sobrino, lo
+que agradeci&oacute; mucho Papitos, porque de este modo ten&iacute;a fin de inmediato
+el sofoco que estaba pasando. &laquo;Vete a la cocina&raquo; le dijo la se&ntilde;ora; y no
+necesit&oacute; repet&iacute;rselo, porque se escabull&oacute; como un ratoncillo que siente
+ruido. Do&ntilde;a Lupe encendi&oacute; luz en el cuarto de Maximiliano, y empez&oacute; a
+observar. &laquo;&iexcl;Si encontrara alguna carta!&mdash;pens&oacute;&mdash;. &iexcl;Pero quia! Ahora
+recuerdo que me han dicho que esa tarasca no sabe escribir. Es un
+animal en toda la extensi&oacute;n de la palabra&raquo;.</p>
+
+<p>Registra por aqu&iacute;, registra por all&aacute;, nada encontraba que sirviera de
+comprobaci&oacute;n a la horrible noticia. Abri&oacute; la c&oacute;moda, vali&eacute;ndose de las
+llaves de la suya, y all&iacute; tampoco hab&iacute;a nada. La hucha estaba en su
+sitio y llena, quiz&aacute;s m&aacute;s pesada que antes. Retratos, no los vio por
+ninguna parte. Hall&aacute;base do&ntilde;a Lupe engolfada en su investigaci&oacute;n
+polic&iacute;aca, sin descubrir rastro del crimen, cuando entr&oacute; Maximiliano.
+Papitos le abri&oacute; la puerta; dirigiose a su cuarto sorprendido de ver luz
+en &eacute;l, y al encarar con su t&iacute;a, que estaba revolviendo el tercer caj&oacute;n
+de la c&oacute;moda, comprendi&oacute; que su secreto hab&iacute;a sido descubierto, y le
+corrieron escalofr&iacute;os de muerte por todo el cuerpo. Do&ntilde;a Lupe supo
+contenerse. Era persona de buen juicio y muy oportunista, quiero decir
+que no gustaba de hacer cosa ninguna fuera de saz&oacute;n, y para calentarle
+las orejas a su sobrino no era buena hora la media noche. Porque
+seguramente ella hab&iacute;a de alzar la voz y no conven&iacute;a el esc&aacute;ndalo.
+Tambi&eacute;n era probable que al chico le diera una jaqueca muy fuerte si le
+sofocaban tan a deshora, y do&ntilde;a Lupe no quer&iacute;a martirizarle. Lelo y mudo
+estaba el estudiante en la puerta de su cuarto, cuando su t&iacute;a se volvi&oacute;
+hacia &eacute;l, y ech&aacute;ndole una mirada muy significativa, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Pasa; yo me voy. Duerme tranquilo, y ma&ntilde;ana te ajustar&eacute; las
+cuentas...&raquo;. Se fue hacia su alcoba; pero no hab&iacute;a dado diez pasos,
+cuando volvi&oacute; airada amenaz&aacute;ndole con la mano y con un grito:
+&laquo;&iexcl;Grand&iacute;simo pillo!... Pero tente boca. Qu&eacute;dese esto para ma&ntilde;ana... A
+dormir se ha dicho&raquo;.</p>
+
+<p>No durmi&oacute; Maximiliano pensando en la escena que iba a tener con su t&iacute;a.
+Su imaginaci&oacute;n agrandaba a veces el conflicto haci&eacute;ndolo tan
+hermosamente terrible como una escena de Shakespeare; otras lo reduc&iacute;a a
+proporciones menudas. &laquo;&iquest;Y qu&eacute;, se&ntilde;ora t&iacute;a, y qu&eacute;?&mdash;dec&iacute;a alzando los
+hombros dentro de la cama, como si estuviera en pie&mdash;. He conocido una
+mujer, me gusta y me quiero casar con ella. No veo el motivo de tanta...
+Pues estamos frescos... &iquest;Soy yo alguna m&aacute;quina?... &iquest;no tengo mi libre
+albedr&iacute;o?... &iquest;Qu&eacute; se ha figurado usted de m&iacute;?&raquo;. A ratos se sent&iacute;a tan
+fuerte en su derecho, que le daban ganas de levantarse, correr a la
+alcoba de su t&iacute;a, tirarle de un pie, despertarla y soltarle este
+jicarazo: &laquo;Sepa usted que al son que me tocan bailo. Si mi familia se
+empe&ntilde;a en tratarme como a un chiquillo, yo le probar&eacute; a mi familia que
+soy hombre&raquo;. Pero se qued&oacute; helado al suponer la contestaci&oacute;n de su t&iacute;a,
+que seguramente ser&iacute;a esta: &laquo;&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;as t&uacute; de ser hombre, qu&eacute; hab&iacute;as de
+ser...?&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando el buen chico se levant&oacute; al d&iacute;a siguiente, que era domingo, ya
+do&ntilde;a Lupe hab&iacute;a vuelto de misa. Entrole Papitos el chocolate, y, la
+verdad, no pudo pasarlo, porque se le hab&iacute;a puesto en el epigastrio la
+tirantez angustiosa, s&iacute;ntoma infalible de todas las situaciones
+apuradas, lo mismo por causa de ex&aacute;menes que por otro temor o sobresalto
+cualquiera. Estaba l&iacute;vido, y la se&ntilde;ora debi&oacute; de sentir l&aacute;stima cuando le
+vio entrar en su gabinete, como el criminal que entra en la sala de
+juicio. La ventana estaba abierta, y do&ntilde;a Lupe la cerr&oacute; para que el
+pobrecillo no se constipase, pues una cosa es la salud y otra la
+justicia. Ven&iacute;a el delincuente con las manos en los bolsillos y una
+gorrita escocesa en la cabeza, las botas nuevas y la ropa de dentro de
+casa, tan mustio y abatido que era preciso ser de bronce para no
+compadecerle. Do&ntilde;a Lupe ten&iacute;a una falda de diario con muchos y grandes
+remiendos admirablemente puestos, delantal azul de cuadros, toquilla
+oscura envolviendo el arrogante busto, pa&ntilde;uelo negro en la cabeza,
+mitones colorados y borcegu&iacute;es de fieltro gruesos y blandos, tan blandos
+que sus pasos eran como los de un gato. El gabinetito era una pieza muy
+limpia. Una c&oacute;moda y el armario de luna de forma vulgar eran los
+principales muebles. El sof&aacute; y siller&iacute;a ten&iacute;an forro de <i>crochet</i> a
+estilo de casa de hu&eacute;spedes, todo hecho por la se&ntilde;ora de la casa.</p>
+
+<p>Pero lo que daba cierto aspecto grandioso al gabinete era el retrato
+del difunto esposo de do&ntilde;a Lupe, colgado en el sitio presidencial, un
+cuadr&aacute;ngano al &oacute;leo, perverso, que representaba a D. Pedro Manuel de
+J&aacute;uregui, alias <i>el de los Pavos</i>, vestido de comandante de la Milicia
+Nacional, con su morri&oacute;n en una mano y en otra el bast&oacute;n de mando.
+Pintura m&aacute;s chabacana no era posible imaginarla. El autor deb&iacute;a de ser
+una especialidad en las muestras de casas de vacas y de burras de leche.
+Sosten&iacute;a, no obstante, do&ntilde;a Lupe que el retrato de J&aacute;uregui era una obra
+maestra, y a cuantos lo contemplaban les hac&iacute;a notar dos cosas
+sobresalientes en aquella pintura, a saber: que donde quiera que se
+pusiese el espectador los ojos del retrato miraban al que le miraba, y
+que la cadena del reloj, la gola, los botones, la carrillera y placa del
+morri&oacute;n, en una palabra, toda la parte met&aacute;lica estaba pintada de la
+manera m&aacute;s extraordinaria y magistral.</p>
+
+<p>Las fotograf&iacute;as que daban guardia de honor al lienzo eran muchas, pero
+colgadas con tan poco sentimiento de la simetr&iacute;a, que se las creer&iacute;a
+seres animados que andaban a su arbitrio por la pared.</p>
+
+<p>&laquo;Muy bien, Sr. D. Maximiliano, muy bien&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe mirando
+sever&iacute;simamente a su sobrino&mdash;. Si&eacute;ntate que hay para rato&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="iiib" id="iiib"></a>-III-</h2>
+
+<h2>Do&ntilde;a Lupe la de los Pavos</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Maximiliano no se sent&oacute;, do&ntilde;a Lupe s&iacute;, y en el centro del sof&aacute; debajo
+del retrato, como para dar m&aacute;s austeridad al juicio. Repiti&oacute; el &laquo;muy
+bien, Sr. D. Maximiliano&raquo; con retint&iacute;n sarc&aacute;stico. Por lo general,
+siempre que su t&iacute;a le daba tratamiento, llam&aacute;ndole <i>se&ntilde;or don</i>, el pobre
+chico ve&iacute;a la nube del pedrisco sobre su cabeza.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Estarse una matando toda la vida&mdash;prosigui&oacute; ella&mdash;, para sacar
+adelante al dichoso sobrinito, sortearle las enfermedades a fuerza de
+mimos y cuidados, darle una carrera quit&aacute;ndome yo el pan de la boca,
+hacer por &eacute;l lo que no todas las madres hacen por sus hijos para que al
+fin!... &iexcl;Buen pago, bueno!... No, no me expliques nada, si estoy
+perfectamente informada. S&eacute; qui&eacute;n es esa... dama ilustre con quien te
+quieres casar. Vamos, que buena doncella te canta... &iquest;Y creer&aacute;s que
+vamos a consentir tal deshonra en la familia? Dime que todo es una
+chiquillada y no se hable m&aacute;s del asunto&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano no pod&iacute;a decir tal cosa; pero tampoco pod&iacute;a decir otra,
+porque si en el fondo de su &aacute;nimo empezaban a levantarse olas de
+entereza, esas olas reventaban y se descompon&iacute;an antes de llegar a la
+orilla, o sea a los labios. Estaba tan cortado, que sintiendo dentro de
+s&iacute; la energ&iacute;a no la pod&iacute;a mostrar por aquella p&iacute;cara emoci&oacute;n nerviosa
+que le embargaba. Dej&oacute; esparcir sus miradas por la pared testera, como
+buscando por all&iacute; un apoyo. En ciertas situaciones apuradas y en los
+grandes estupores del alma, las miradas suelen fijarse en algo
+insignificante y que nada tiene que ver con la situaci&oacute;n. Maximiliano
+contempl&oacute; un rato el grupo fotogr&aacute;fico de las chicas de Samaniego,
+Aurora y Olimpia, con mantilla blanca, enlazados los brazos, la una muy
+adusta, la otra sentimental. &iquest;Por qu&eacute; miraba aquello? Su turbaci&oacute;n le
+llevaba a colgar las miradas aqu&iacute; y all&iacute;, prendiendo el esp&iacute;ritu en
+cualquier objeto, aunque fueran las cabezas de los clavos que sosten&iacute;an
+los retratos.</p>
+
+<p>&laquo;Expl&iacute;cate, hombre&mdash;a&ntilde;adi&oacute; do&ntilde;a Lupe, que era viva de genio&mdash;. &iquest;Es una
+ni&ntilde;er&iacute;a?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora&mdash;respondi&oacute; el acusado, y esta negaci&oacute;n, que era afirmaci&oacute;n,
+empez&oacute; a darle &aacute;nimos, aliger&aacute;ndole un poco la angustia aquella de la
+boca del est&oacute;mago.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s seguro de que no es chiquillada? &iexcl;Valiente idea tienes t&uacute; del
+mundo y de las mujeres, inocente!... Yo no puedo consentir que una
+pindonga de esas te coja y te enga&ntilde;&eacute; para timarte tu nombre honrado,
+como otros timan el reloj. A ti hay que tratarte siempre como a los
+ni&ntilde;os atrasaditos que est&aacute;n a medio desarrollar. Hay que recordar que
+hace cinco a&ntilde;os todav&iacute;a iba yo por la ma&ntilde;ana a abrocharte los calzones,
+y que ten&iacute;as miedo de dormir solo en tu cuarto.</p>
+
+<p>Idea tan desfavorable de su personalidad exasperaba al joven. Sent&iacute;a
+crecer dentro la bravura; pero le faltaban palabras. &iquest;D&oacute;nde demonios
+estaban aquellas condenadas palabras que no se le ocurr&iacute;an en trance
+semejante? El maldito h&aacute;bito de la timidez era la causa de aquel
+silencio est&uacute;pido. Porque la mirada de do&ntilde;a Lupe ejerc&iacute;a sobre &eacute;l
+fascinaci&oacute;n singular&iacute;sima, y teniendo mucho que decir, no lograba
+decirlo. &laquo;&iquest;Pero qu&eacute; dir&iacute;a yo?... &iquest;C&oacute;mo empezar&iacute;a yo?&raquo; pensaba fijando la
+vista en el retrato de Torquemada y su esposa, de bracete.</p>
+
+<p>&mdash;Todo se arreglar&aacute;&mdash;indic&oacute; do&ntilde;a Lupe en tono conciliador&mdash;, si consigo
+quitarte de la cabeza esas humaredas. Porque t&uacute; tienes sentimientos
+honrados, tienes buen juicio... Pero si&eacute;ntate. Me da fatiga de verte en
+pie.</p>
+
+<p>&mdash;Es menester que usted se entere bien&mdash;dijo Maximiliano al sentarse en
+el sill&oacute;n, creyendo haber encontrado un buen cabo de discurso para
+empezar&mdash;; se entere bien de las cosas... Yo... pensaba hablar a
+usted...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no lo hiciste? &iexcl;Qu&eacute; tal ser&iacute;a ello!... &iexcl;Vaya, que un chico
+delicadito como t&uacute;, meterse con esas viciosonas...! Y no te quepa
+duda... As&iacute;, pronto entregar&aacute;s la pelleja. Si caes enfermo, no vengas a
+que te cuide tu t&iacute;a, que para eso s&iacute; sirvo yo, &iquest;eh?, para eso s&iacute; sirvo,
+ingrato, tunante... &iquest;Y te parece bien que cuando me miro en ti, cuando
+te saco adelante con tanto trabajo y soy para ti m&aacute;s que una madre; te
+parece bien que me des este pago, infame, y que te me cases con una
+mujer de mala vida?</p>
+
+<p>Rub&iacute;n se puso verde y le sali&oacute; un amargor intens&iacute;simo del coraz&oacute;n a los
+labios.</p>
+
+<p>&laquo;No es eso, t&iacute;a, no es eso&mdash;sostuvo, entrando en posesi&oacute;n de s&iacute; mismo&mdash;.
+No es mujer de mala vida. La han enga&ntilde;ado a usted&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;El que me ha enga&ntilde;ado eres t&uacute; con tus encogimientos y tus timideces...
+Pero ahora lo veremos. No creas que vas a jugar conmigo; no creas que te
+voy a dejar hacer tu gusto. &iquest;Por qui&eacute;n me tomas, bobalic&oacute;n?... &iexcl;Ah, si
+yo no hubiera tenido tanta confianza...! &iexcl;Pero si he sido una tonta; si
+me cre&iacute; que t&uacute; no eras capaz de mirar a una mujer! Buena me la has dado,
+buena. Eres un apunte... en toda la extensi&oacute;n de la palabra.</p>
+
+<p>Maximiliano, al o&iacute;r esto, estaba profundamente embebecido, mirando el
+retrato de Rufinita Torquemada. La ve&iacute;a y no la ve&iacute;a, y s&oacute;lo
+confusamente y con vaguedades de pesadilla, se hac&iacute;a cargo de la
+actitud de la se&ntilde;orita aquella, retratada sobre un fondo marino y
+figurando que estaba en una barca. Vuelto en s&iacute;, pens&oacute; en defenderse;
+pero no pod&iacute;a encontrar las armas, es decir, las palabras. Con todo, ni
+por un instante se le ocurr&iacute;a ceder. Flaqueaba su m&aacute;quina nerviosa; pero
+la voluntad permanec&iacute;a firme.</p>
+
+<p>&laquo;A usted la han informado mal&mdash;insinu&oacute; con torpeza&mdash;, respecto a la
+persona... que... Ni hay tal vida airada ni ese es el camino... Yo
+pensaba decirle a usted: 'T&iacute;a, pues yo... quiero a esta persona, y... mi
+conciencia...'&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate, c&aacute;llate y no me saques la c&oacute;lera, que al o&iacute;rte decir que
+quieres a una tiota chubasca, me dan ganas de ahogarte, m&aacute;s por tonto
+que por malo... y al o&iacute;rte hablar de conciencia en este tratado, me dan
+ganas de... Dios me perdone... &iquest;Sabes lo que te digo?&mdash;a&ntilde;adi&oacute; alzando la
+voz&mdash;, &iquest;sabes lo que te digo? Que desde este momento vuelvo a tratarte
+como cuando ten&iacute;as doce a&ntilde;os. Hoy no me sales de casa. Ea, ya estoy yo
+en funciones con mis disciplinas... Y desde ma&ntilde;ana me vuelves a tomar el
+aceite de h&iacute;gado de bacalao. Vete a tu cuarto y qu&iacute;tate las botas. Hoy
+no me pisas la calle.</p>
+
+<p>Dios sabe lo que iba a contestar el acusado. Qued&oacute; suelta en el aire la
+primera palabra, porque lleg&oacute; una visita. Era el Sr. de Torquemada,
+persona de confianza en la casa, que al entrar iba derecho al gabinete,
+a la cocina, al comedor o a donde quiera que la se&ntilde;ora estuviese. La
+fisonom&iacute;a de aquel hombre era dif&iacute;cil de entender. S&oacute;lo do&ntilde;a Lupe, en
+virtud de una larga pr&aacute;ctica, sab&iacute;a encontrar algunos jerogl&iacute;ficos en
+aquella cara ordinaria y enjuta, que ten&iacute;a ciertos rasgos de tipo
+militar con visos clericales. Torquemada hab&iacute;a sido alabardero en su
+mocedad, y conservando el bigote y perilla, que eran ya entrecanos,
+ten&iacute;a un no s&eacute; qu&eacute; de eclesi&aacute;stico, debido sin duda a la mansedumbre
+afectada y dulzona, y a un cierto subir y bajar de p&aacute;rpados con que
+adulteraba su groser&iacute;a innata. La cabeza se le inclinaba siempre al lado
+derecho. Su estatura era alta, mas no arrogante; su cabeza calva, crasa
+y escamosa, con un enrejado de pelos mal extendidos para cubrirla. Por
+ser aquel d&iacute;a domingo, llevaba casi limpio el cuello de la camisa, pero
+la capa era el n&uacute;mero dos, con las vueltas aceitosas y los ribetes
+deshilachados. Los pantalones, mermados por el crecimiento de las
+rodilleras, se le sub&iacute;an tanto que parec&iacute;a haber montado a caballo sin
+trabillas. Sus botas, por ser domingo, estaban aquel d&iacute;a embetunadas y
+eran tan chillonas que se o&iacute;an desde una legua.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y c&oacute;mo est&aacute; la familia?&raquo; pregunt&oacute; al tomar asiento, despu&eacute;s de dar su
+mano siempre sudorosa a do&ntilde;a Lupe y al sobrino.</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente bien&mdash;dijo la se&ntilde;ora observando con ansiedad el
+semblante de Torquemada&mdash;. &iquest;Y en casa?</p>
+
+<p>&mdash;No hay novedad, a Dios gracias. Do&ntilde;a Lupe esperaba aquel d&iacute;a noticia
+de un asunto que le interesaba mucho. Como siempre se pon&iacute;a en lo peor
+para que las desgracias no la cogieran desprevenida, pens&oacute;, al ver
+entrar a su agente, que le tra&iacute;a malas nuevas. Temi&oacute; preguntarle. La
+cara de militar adulterado no expresaba m&aacute;s que un inter&eacute;s decidido por
+la familia. Al fin Torquemada, que no gustaba de perder el tiempo, dijo
+a su amiga:</p>
+
+<p>&laquo;Vamos, do&ntilde;a Lupe, que hoy estamos de buena. &iquest;A que no me acierta usted
+la peripecia que le traigo?&raquo;.</p>
+
+<p>La fisonom&iacute;a de la se&ntilde;ora se ilumin&oacute;, pues sab&iacute;a que su amigo llamaba
+peripecia a toda cobranza inesperada. Echose &eacute;l a re&iacute;r, y meti&oacute; mano al
+bolsillo interior de su americana.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ay! No me lo diga usted, D. Francisco&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a Lupe con
+incredulidad, cruzando las manos&mdash;. &iquest;Ha pagado...?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Lo va usted a ver... Yo... tampoco lo esperaba. Como que fui anoche a
+decirle que el lunes se le embargar&iacute;a. Hoy por la ma&ntilde;ana, cuando me
+estaba vistiendo para ir a misa, me le veo entrar. Cre&iacute; que ven&iacute;a a
+pedirme m&aacute;s pr&oacute;rrogas. Como siempre nos est&aacute; enga&ntilde;ando, que hoy, que
+ma&ntilde;ana... Yo no le creo ni la Biblia. Es muy fabulista. Pero en fin,
+pedradas de estas nos den todos los d&iacute;as. &laquo;Se&ntilde;or de Torquemada&mdash;me dice
+muy serio&mdash;, vengo a pagarle a usted...&raquo;. Me qued&eacute; lo que llaman
+at&oacute;nito. Como que no esperaba la peripecia. Finalmente, que me dio el
+<i>guano</i>, o sean ocho mil reales, cogi&oacute; su pagar&eacute;, y a vivir.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo le dec&iacute;a a usted&mdash;observ&oacute; do&ntilde;a Lupe casi sin poder hablar,
+con la alegr&iacute;a atravesada en la garganta&mdash;. El tal Joaquinito Pez es una
+persona decente. &Eacute;l pasa sus apurillos como todos esos hijos de familia
+que se dan buena vida, y un d&iacute;a tienen, otro no. De fijo que ser&aacute;
+jugador...</p>
+
+<p>Torquemada hizo una separaci&oacute;n de billetes, dando la mayor parte a do&ntilde;a
+Lupe.</p>
+
+<p>&laquo;Los seis mil reales de usted... dos mil m&iacute;os. Buen chirip&oacute;n ha sido
+este. Yo los contaba, como quien dice, perdidos, porque el tal
+Joaquinito est&aacute;, seg&uacute;n o&iacute;, con el agua al cuello. &iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; el
+desgraciado a quien ha dado el sablazo? A bien que a nosotros no nos
+importa&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Como no le hemos de prestar m&aacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted, do&ntilde;a Lupe&mdash;dijo Torquemada, haciendo una perfecta <i>o</i> con
+los dedos pulgar e &iacute;ndice y ense&ntilde;&aacute;ndosela a su interlocutora.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe contempl&oacute; la <i>o</i> con veneraci&oacute;n y escuch&oacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Mire usted, se&ntilde;ora, estos se&ntilde;oritos disolutos son buenos parroquianos,
+porque no reparan en el materialismo del premio y del plazo; pero al fin
+la dan, y la dan gorda. Hay que tener mucho ojo con ellos. Al principio,
+el embargo les asusta; pero como lleguen a perder el punto una vez, lo
+mismo les da <i>fu</i> que <i>fa</i>. Aunque usted les ponga en la publicidad de
+la <i>Gaceta</i>, se quedan tan frescos. Vea usted al marquesito de
+Casa-Boj&iacute;o; le embargu&eacute; el mes pasado; le vend&iacute; hasta la l&aacute;mina en que
+ten&iacute;a el &aacute;rbol geneal&oacute;gico. Pues, finalmente, a los tres d&iacute;as me le vi
+en un faet&oacute;n, como si tal cosa, y pas&oacute; por junto a m&iacute; y las ruedas me
+salpicaron el barro de la calle... No es que me importe el materialismo
+del barro; lo digo para que se vea lo que son... &iquest;Pues creer&aacute; usted que
+encontr&oacute; despu&eacute;s quien le prestara? Ello fue al cuatro mensual; pero aun
+al cinco ser&iacute;a, como quien dice, el todo por el todo. Verdad que no
+molestan, y si a mano viene, cuando piden pr&oacute;rroga, por tenerle a uno
+contento le dan un destinillo para un sobrino, como hizo el chico de Pez
+conmigo... pero el materialismo del destino no importa; a lo mejor la
+pegan y de canela fina, cr&eacute;ame usted. Por eso, ya puede venir ahora a
+tocar a esta puerta, que le he de mandar a plantar cebollino&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar aqu&iacute; Torquemada sac&oacute; su sebosa petaca. Como ten&iacute;a tanta
+confianza, iba a echar un cigarro; ofreci&oacute; a Maximiliano, y do&ntilde;a Lupe
+respondi&oacute; bruscamente por &eacute;l diciendo con desd&eacute;n: &laquo;Este no fuma&raquo;.</p>
+
+<p>Las operaciones previas de la fumada duraban un buen rato, porque
+Torquemada le variaba el papel al cigarrillo. Despu&eacute;s encendi&oacute; el
+f&oacute;sforo rasp&aacute;ndolo en el muslo. &laquo;Como seguro&mdash;prosigui&oacute;&mdash;, aunque da
+mucho que hacer, el <i>chico</i> de la tienda de ropas hechas, Jos&eacute; Mar&iacute;a
+Vallejo. All&iacute; me tiene todos los primeros de mes, como un perro de
+presa... Mil duros me tiene all&iacute;, y no le cobro m&aacute;s que veintis&eacute;is todos
+los meses. &iquest;Que se atrasa? &laquo;Hijo, yo tengo un gran compromiso y no te
+puedo aguardar&raquo;. Cojo media docena de capas, y me las llevo, y tan
+fresco... Y no lo hago por el materialismo de las capas, sino para que
+mire bien el plazo. Si no hay m&aacute;s remedio, se&ntilde;ora. Es menester tratarles
+as&iacute;, porque no guardan consideraci&oacute;n. Se figuran que tiene uno el dinero
+para que ellos se diviertan. &iquest;Se acuerda usted de aquellos estudiantes
+que nos dieron tanta guerra?, fue el primer dinero de usted que coloqu&eacute;.
+&iexcl;Aquel Cienfuegos, aquel Arias Ortiz! Vaya unos peines. Si no es por m&iacute;,
+no se les cobra...</p>
+
+<p>Y eran tan tunantes, que despu&eacute;s que iban a casa llor&aacute;ndome tocante a la
+pr&oacute;rroga, me los encontraba en el caf&eacute; atiz&aacute;ndose bisteques... y vengan
+copas de ron y marrasquino... Lo mismo que aquel tendero de la calle
+Mayor, aquel Rubio que ten&iacute;a peleter&iacute;a, &iquest;se acuerda usted? Un d&iacute;a,
+finalmente, me trajo su reloj, los pendientes de su mujer, y doce cajas
+de pieles y manguitos, y aquella misma tarde, aquella mism&iacute;sima tarde,
+se&ntilde;ora, me le veo en la Puerta del Sol, encaram&aacute;ndose en un coche para
+ir a los Toros... Si son as&iacute;... quieren el dinero, como quien dice, para
+el materialismo de tirarlo. Por eso estoy todo el santo d&iacute;a vigilando a
+Jos&eacute; Mar&iacute;a Vallejo, que es un buen hombre, sin despreciar a nadie. Voy a
+la tienda y veo si hay gente, si hay movimiento; echo una gui&ntilde;ada al
+caj&oacute;n; me entero de si el chico que va a cobrar las cuentas trae
+<i>guano</i>; sermoneo al principal, le doy consejos, le recomiendo que al
+que paga no le crucifique. &iexcl;Si es la verdad, si no hay m&aacute;s camino...!
+almente, el que se hace de manteca pronto se lo meriendan. Y no lo
+agradecen, no se&ntilde;ora, no agradecen el inter&eacute;s que me tomo por ellos.
+Cuando me ven entrar, &iexcl;si viera usted qu&eacute; cara me ponen! No reparan que
+est&aacute;n trabajando con mi dinero. Y finalmente, &iquest;qu&eacute; eran ellos? Unos
+pobres pelagatos. Les parece que porque me dan veintis&eacute;is duros al mes,
+ya han cumplido... Dicen que es mucho y yo digo que me lo tienen que
+agradecer, porque los tiempos est&aacute;n malos, pero muy malos&raquo;.</p>
+
+<p>En toda la parte del siglo XIX que dur&oacute; la largu&iacute;sima existencia
+usuraria de D. Francisco Torquemada, no se le oy&oacute; decir una sola vez
+siquiera que los tiempos fueran buenos. Siempre eran malos, pero muy
+malos. Aun as&iacute;, el 68 ya ten&iacute;a Torquemada dos casas en Madrid, y hab&iacute;a
+empezado sus negocios con doce mil reales que hered&oacute; su mujer el 51. Los
+un d&iacute;a mezquinos capitales de do&ntilde;a Lupe, &eacute;l se los hab&iacute;a centuplicado en
+un par de lustros, siendo esta la &uacute;nica persona que asociaba a sus
+oscuros negocios. Cobr&aacute;bale una comisi&oacute;n insignificante, y se tomaba por
+los asuntos de ella tanto inter&eacute;s como por los propios, en raz&oacute;n a la
+gran amistad que hab&iacute;a tenido con el difunto J&aacute;uregui.</p>
+
+<p>&laquo;Y con esta fecha y con esta facha me voy&raquo; dijo levant&aacute;ndose y
+colg&aacute;ndose la capa que se le ca&iacute;a del hombro izquierdo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tan pronto?&mdash;Se&ntilde;ora, que no he o&iacute;do misa. Lo que le dec&iacute;a a usted,
+estaba visti&eacute;ndome para salir a o&iacute;rla, cuando entr&oacute; Joaquinito a darme
+la gran peripecia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buena ha sido, buena!&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a Lupe, oprimiendo contra su seno
+la mano en que ten&iacute;a los billetes, tan bien cogidos que no se ve&iacute;a el
+papel por entre los dedos.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute;date con Dios&mdash;dijo Torquemada a Maximiliano que s&oacute;lo contest&oacute; al
+saludo con un <i>ju ju</i>...</p>
+
+<p>Y sali&oacute; al recibimiento, acompa&ntilde;ado de do&ntilde;a Lupe. Maximiliano les sinti&oacute;
+cuchicheando en la puerta. Por fin se oyeron las botas chillonas del
+ex-alabardero bajando la escalera, y do&ntilde;a Lupe reapareci&oacute; en el
+gabinete. El j&uacute;bilo que le causaba la cobranza de aquel dinero que cre&iacute;a
+perdido era tan grande, que sus ojos pardos le luc&iacute;an como dos carbones
+encendidos, y su boca tra&iacute;a bosquejada una sonrisa. Desde que la vio
+entrar, conoci&oacute; Maximiliano que su c&oacute;lera se hab&iacute;a aplacado. El <i>guano</i>,
+como dec&iacute;a Torquemada, no pod&iacute;a menos de dulcificarla; y lleg&aacute;ndose a
+donde estaba el delincuente, que no se hab&iacute;a movido de la butaca, le
+puso una mano en el hombro, empu&ntilde;ando fuertemente en la otra los
+billetes, y le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;No, no te sofoques... no es para tomarlo as&iacute;. Yo te digo estas cosas
+por tu bien...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, realmente&mdash;repuso Maximiliano con serenidad, que m&aacute;s le asombr&oacute; a
+&eacute;l mismo que a do&ntilde;a Lupe&mdash;, no me he sofocado... yo estoy tranquilo,
+porque mi conciencia...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; se volvi&oacute; a embarullar. Do&ntilde;a Lupe no le dio tiempo a desenvolverse
+porque se meti&oacute; en la alcoba, cerrando las vidrieras. Desde el gabinete
+la sinti&oacute; Maximiliano trasteando.</p>
+
+<p>Guardaba el dinero. Abriendo despu&eacute;s la puerta, mas sin salir de la
+alcoba, la se&ntilde;ora sigui&oacute; hablando con su sobrino:</p>
+
+<p>&laquo;Ya sabes lo que te he dicho. Hoy no me sales a la calle... Y desde
+ma&ntilde;ana empezar&aacute;s a tomarme el aceite de h&iacute;gado de bacalao, porque todo
+eso que te da no es m&aacute;s que debilidad del cerebro... Luego seguiremos
+con el fosfato, otra vez con el fosfato. No debiste dejar de
+tomarlo...&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano, como no ten&iacute;a delante a su t&iacute;a, se permiti&oacute; una sonrisa
+burlona. Miraba en aquel momento a su t&iacute;o el Sr. de J&aacute;uregui, que le
+miraba tambi&eacute;n a &eacute;l, como es consiguiente. No pudo menos de observar que
+el digno esposo de su t&iacute;a era horrendo; ni comprend&iacute;a c&oacute;mo do&ntilde;a Lupe no
+se mor&iacute;a de miedo cuando se quedaba sola, de noche, en compa&ntilde;&iacute;a de
+semejante espantajo.</p>
+
+<p>&laquo;Con que ya sabes&mdash;dijo al aparecer en la puerta, abroch&aacute;ndose su cuerpo
+de merino negro, pues se estaba disponiendo para salir&mdash;. Ya puedes ir a
+quitarte las botas. Est&aacute;s preso&raquo;.</p>
+
+<p>Fuese el joven a su cuarto sin decir nada, y do&ntilde;a Lupe se qued&oacute; pensando
+en lo d&oacute;cil que era. El rigor de su autoridad, que el muchacho acataba
+siempre con veneraci&oacute;n, ser&iacute;a remedio eficaz y pronto del desorden de
+aquella cabeza. Bien lo dec&iacute;a ella. &laquo;En cuanto yo le doy cuatro gritos,
+le pongo como una liebre. Trabajo les mando a esas lobas que me le
+quieran trastornar&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Papitos...!&raquo; grit&oacute; la se&ntilde;ora, y al punto se oyeron las patadas de la
+chica en el pasillo como las de un caballo en el Hip&oacute;dromo. Presentose
+con una patata en la mano y el cuchillo en la otra.</p>
+
+<p>&laquo;Mira&mdash;le dijo su ama con voz queda&mdash;. Ten cuidado de ver lo que hace el
+se&ntilde;orito Maxi mientras yo estoy fuera. A ver si escribe alguna carta o
+qu&eacute; hace&raquo;.</p>
+
+<p>La mona se dio por enterada, y volvi&oacute; a la cocina dando brincos.</p>
+
+<p>&laquo;A ver&mdash;dijo la se&ntilde;ora hablando consigo misma&mdash;, &iquest;se me olvidar&aacute; algo?..
+&iexcl;Ah!, el portamonedas. &iquest;Qu&eacute; hay que traer?... Fideos, az&uacute;car... y nada
+m&aacute;s. &iexcl;Ah!, el aceite de h&iacute;gado de bacalao: lo que es eso no se lo
+perdono. A cucharetazos es como se cura esto. Y ahora no habr&aacute; el
+realito de vell&oacute;n por cada toma. Ya es un hombre, quiero decir, ya no es
+un chiquillo&raquo;.</p>
+
+<p>Fig&uacute;rese el lector cu&aacute;l ser&iacute;a el asombro de do&ntilde;a Lupe <i>la de los Pavos</i>,
+cuando vio entrar en la sala a su sobrino, no con zapatillas ni en tren
+de andar por casa, sino empaquetado para salir, con su capa de vueltas
+encarnadas, su chaqu&eacute; azul y su honguito de color de caf&eacute;. Tan
+estupefacta y col&eacute;rica estaba por la desobediencia del mancebo, que
+apenas pudo balbucir una protesta: &laquo;Pe... pero...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;T&iacute;a&mdash;dijo Maximiliano con voz alterada y temblorosa&mdash;, no pue... no
+puedo obedecer a usted... Soy mayor de edad. He cumplido veinticinco
+a&ntilde;os... Yo la respeto a usted; resp&eacute;teme usted a m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y sin esperar respuesta, dio media vuelta y sali&oacute; de la casa a toda
+prisa, temiendo sin duda que su t&iacute;a le agarrase por los faldones.</p>
+
+<p>Bien claro explicaba &eacute;l su conducta, chismorreando consigo mismo: &laquo;Yo no
+s&eacute; defenderme con palabras; yo no puedo hablar, y me aturullo y me turbo
+s&oacute;lo de que mi t&iacute;a me mire; pero me defender&eacute; con hechos. Mis nervios me
+venden; pero mi voluntad podr&aacute; m&aacute;s que mis nervios, y lo que es la
+voluntad, bien firme la tengo ahora. Que se metan conmigo; que venga
+todo el g&eacute;nero humano a impedirme esta resoluci&oacute;n; yo no discutir&eacute;, yo
+no dir&eacute; una palabra; pero a donde voy, voy, y al que se me ponga por
+delante, sea quien sea, le piso y sigo mi camino&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe se qued&oacute; que no sab&iacute;a lo que le pasaba.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Papitos, Papitos!... No, no te llamo... vete... &iquest;Pero has visto qu&eacute;
+insolente? Si no es &eacute;l, no es &eacute;l... Es que me le han vuelto del rev&eacute;s,
+me le han embrujado. &iquest;Habr&aacute; tunante? Si estoy por seguirle y avisar a
+una pareja de Orden P&uacute;blico para que me le trinquen... Pero a la noche
+nos veremos las caras. Porque t&uacute; has de volver, t&uacute; tienes que volver,
+sietemesino hip&oacute;crita... Papitos, toma, toma; b&aacute;jate por los fideos y el
+az&uacute;car. Yo no salgo, no puedo salir. Creo que me va a dar algo... Mira,
+te pasas por la botica y pides un frasco de aceite de h&iacute;gado de bacalao,
+del que yo tra&iacute;a. Ya saben ellos. Dices que yo ir&eacute; a pagarlo... Oye,
+oye, no traigas eso. &iexcl;Si no lo va a querer tomar...! Tr&aacute;ete una vara.
+No, no traigas tampoco vara... Te pasas por la droguer&iacute;a y pides diez
+c&eacute;ntimos de sanguinaria. A m&iacute; me va a dar algo...&raquo;.</p>
+
+<p>Estaba en efecto amenazada de un arrebato de sangre, y la cosa no era
+para menos. Nunca hab&iacute;a visto en su sobrino un rasgo de independencia
+como el que acababa de ver. Hab&iacute;a sido siempre tan poquita cosa, que
+donde le pon&iacute;an all&iacute; se estaba. Voluntad propia, no la tuvo jam&aacute;s. En
+ning&uacute;n tiempo fue preciso ponerle la mano encima, porque un fruncimiento
+de cejas bastaba para traerle a la obediencia. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a pasado en
+aquel cordero para convertirle en algo as&iacute; como un leoncillo? La mente
+de do&ntilde;a Lupe no pod&iacute;a descifrar misterio tan grande. Tras de la c&oacute;lera y
+la confusi&oacute;n vino el abatimiento, y se sent&iacute;a tan rendida f&iacute;sicamente
+como si hubiera estado toda la ma&ntilde;ana ocupada en alguna faena penosa.</p>
+
+<p>Quitose con pausa los trapitos domingueros que se hab&iacute;a empezado a
+poner, y volvi&oacute; a llamar a la mona para decirle: &laquo;No hagas m&aacute;s que unas
+sopas de ajo. El se&ntilde;oritingo no vendr&aacute; a almorzar, y si viene le acusar&eacute;
+las cuarenta&raquo;.</p>
+
+<p>Tomando la sillita baja, que usaba cuando cos&iacute;a, la coloc&oacute; junto al
+balc&oacute;n. Le dol&iacute;a la cintura y al sentarse exhal&oacute; un &iexcl;ay! Para coser
+usaba siempre gafas. Se las puso, y sacando obra de su cesta de costura,
+empez&oacute; a repasar unas s&aacute;banas. No le repugnaba a do&ntilde;a Lupe trabajar los
+domingos, porque sus escr&uacute;pulos religiosos se los hab&iacute;a quitado J&aacute;uregui
+en tantos a&ntilde;os de propaganda matrimonial progresista. P&uacute;sose, pues, a
+zurcir en su sitio de costumbre, que era junto a la vidriera. En el
+balc&oacute;n ten&iacute;a dos o tres tiestos, y por entre las secas ramas ve&iacute;a la
+calle. Como el cuarto era principal, desde aquel sitio se ver&iacute;a muy bien
+pasar gente en caso de que la gente quisiese pasar por all&iacute;. Pero la
+calle de Raimundo Lulio y la de Don Juan de Austria, que hace &aacute;ngulo con
+ella, son de muy poco tr&aacute;nsito. Parece aquello un pueblo. La &uacute;nica
+distracci&oacute;n de do&ntilde;a Lupe en sus horas solitarias era ver qui&eacute;n entraba
+en el taller de coches inmediato o en la imprenta de enfrente, y si
+pasaba o no do&ntilde;a Guillermina Pacheco en direcci&oacute;n del asilo de la calle
+de Alburquerque. Lugar y ocasi&oacute;n admirables eran aquellos para
+reflexionar, con los trapos sobre la falda, la aguja en la mano, los
+espejuelos calados, la cesta de la ropa al lado, el gato hecho una
+pelota de sue&ntilde;o a los pies de su ama. Aquel d&iacute;a do&ntilde;a Lupe ten&iacute;a, m&aacute;s que
+nunca, materia larga de meditaciones.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Que se est&eacute; una sacrificada toda la vida para esto!... &Eacute;l no lo sabe,
+&iquest;qu&eacute; ha de saber, si es un tont&iacute;n? Le ponen el plato delante, &iquest;y qu&eacute;
+sabe las agon&iacute;as que ha costado pon&eacute;rselo?... Pues si le dijera yo que
+cada garbanzo, algunos d&iacute;as, tiempo ha, ten&iacute;a el valor de una perla...
+seg&uacute;n lo que costaba traerlo a casa...! No s&eacute; qu&eacute; habr&iacute;a sido de m&iacute; sin
+el Sr. de Torquemada, ni qu&eacute; hubiera sido de Maxi sin m&iacute;. &iexcl;Lucida
+existencia ser&iacute;a la suya si no hubiera tenido m&aacute;s arrimo que el de sus
+hermanos! Dime, bobo de Coria, &iquest;si yo no hubiera trabajado como una
+negra para defender el panecillo y poner esta casa en el pie que tiene;
+si no discurriera tanto como discurro, calent&aacute;ndome los sesos a todas
+horas y empleando en mil menudencias estas entendederas que Dios me ha
+dado, &iquest;qu&eacute; habr&iacute;a sido de ti, ingratuelo?... &iexcl;Ah! &iexcl;Si viviera mi
+J&aacute;uregui!&raquo;.</p>
+
+<p>El recuerdo de su difunto, que siempre se avivaba en la mente de do&ntilde;a
+Lupe cuando se ve&iacute;a en alg&uacute;n conflicto, la enterneci&oacute;. En todas sus
+aflicciones se consolaba con la dulce memoria de su felicidad
+matrimonial, pues J&aacute;uregui hab&iacute;a sido el mejor de los hombres y el
+n&uacute;mero uno de los maridos. &laquo;&iexcl;Ay, mi J&aacute;uregui!&raquo; exclamaba echando toda
+el alma en un suspiro.</p>
+
+<p>Don Pedro Manuel de J&aacute;uregui hab&iacute;a servido en el Real Cuerpo de
+Alabarderos. Despu&eacute;s se dedic&oacute; a negocios, y era tan honrado, pero tan
+sosamente honrado, que no dej&oacute; al morir m&aacute;s que cinco mil reales.
+Oriundo de la provincia de Le&oacute;n, recib&iacute;a partidas de huevos y otros
+art&iacute;culos de recoba. Todos los paveros leoneses, zamoranos y segovianos
+depositaban en sus manos el dinero que ganaban, para que lo girase a los
+pueblos productores del art&iacute;culo, y de aqu&iacute; vino el apodo que le dieron
+en Puerta Cerrada y que hered&oacute; do&ntilde;a Lupe. Tambi&eacute;n recib&iacute;a J&aacute;uregui, por
+Navidad, remesas de mantecadas de Astorga, y a su casa iban a cobrar y a
+dejar fondos todos los ordinarios de la maragater&iacute;a. En pol&iacute;tica hizo
+gran papel D. Pedro por ser uno de los corifeos de la Milicia Nacional,
+y era tan sensato, que la &uacute;nica vez que se sublev&oacute; lo hizo al grito
+m&aacute;gico de &iexcl;Viva Isabel II! Falleci&oacute; aquel bendito, y do&ntilde;a Lupe se
+hubiera muerto tambi&eacute;n si el dolor matara. Y no se vaya a creer que le
+faltaron pretendientes a la viudita, pues hab&iacute;a, entre otros, un D.
+Evaristo Feijoo, coronel de ej&eacute;rcito, que le rondaba la calle y no la
+dejaba vivir. Pero la fidelidad a la memoria de su feo y honrado
+J&aacute;uregui se sobrepon&iacute;a en do&ntilde;a Lupe a todos los intereses de la tierra.
+Despu&eacute;s vino la crianza y cuidado de su sobrinito, que le dieron esa
+distracci&oacute;n tan saludable para las desazones del alma. Torquemada y los
+negocios ayud&aacute;ronla tambi&eacute;n a entretener su existencia y a conllevar su
+dolor... Pas&oacute; tiempo, gan&oacute; dinero, y lentamente vino la situaci&oacute;n en que
+la he descrito. Frisaba ya do&ntilde;a Lupe en los cincuenta a&ntilde;os, mas estaba
+tan bien conservada, que no parec&iacute;a tener m&aacute;s de cuarenta. Hab&iacute;a sido en
+su mocedad frescachona de cuerpo y enjuta de rostro, y ten&iacute;a cierto
+parecido remoto con Juan Pablo. Sus ojos pardos conservaban la viveza de
+la juventud; pero ten&iacute;a cierta adustez jur&iacute;dica en la cara, acentuada de
+l&iacute;neas y seca de color. Sobre el labio superior, fino y violado cual los
+bordes de una reciente herida, le corr&iacute;a un bozo tenue, muy tenue, como
+el de los chicos precoces, vello fin&iacute;simo que no la afeaba ciertamente;
+por el contrario, era quiz&aacute;s la &uacute;nica pincelada feliz de aquel rostro
+semejante a las pinturas de la Edad Media, y hac&iacute;a la gracia el tal bozo
+de ir a terminarse sobre el pico derecho de la boca con una verruguita
+muy mona, de la cual sal&iacute;an dos o tres pelos bermejos que a la luz
+brillaban retorcidos como hilillos de cobre. El busto era hermoso,
+aunque, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, hab&iacute;a en &eacute;l algo y aun algos de
+falseamiento de la verdad.</p>
+
+<p>Descollaba do&ntilde;a Lupe por la inteligencia y por el prurito de mostrarla a
+cada instante.</p>
+
+<p>As&iacute; como a otras el amor propio les inspira la presunci&oacute;n, a la viuda de
+J&aacute;uregui le infund&iacute;a convicciones de superioridad intelectual y el deseo
+de dirigir la conducta ajena, resplandeciendo en el consejo y en todo lo
+que es pr&aacute;ctico y gubernativo. Era una de esas personas que, no habiendo
+recibido educaci&oacute;n, parece que la han tenido cumplid&iacute;sima, por lo bien
+que se expresan, por la firmeza con que se imponen un car&aacute;cter y lo
+sostienen, y por lo bien que disfrazan con las ret&oacute;ricas sociales las
+brutalidades del ego&iacute;smo humano.</p>
+
+<p>De la memoria de su J&aacute;uregui llev&oacute; el pensamiento a su sobrino. Eran sus
+dos amores. Subi&eacute;ndose las gafas que se le hab&iacute;an deslizado hasta la
+punta de la nariz, prosigui&oacute; as&iacute;: &laquo;Pues conmigo no juega. Le pongo en la
+calle como tres y dos son cinco. Tendr&eacute; que hacer un esfuerzo, porque le
+quiero como debe de quererse a los hijos... &iexcl;Yo que ten&iacute;a la ilusi&oacute;n de
+casarle con Rufina o al menos con Olimpia!... No, me gusta mucho m&aacute;s
+Rufina Torquemada. Cuidado que soy tonta. Al verle tan hura&ntilde;o, y que se
+escond&iacute;a cuando entraba do&ntilde;a Silvia con su hija, cre&iacute;a que hablarle a
+este chico de mujeres era como mentarle al diablo la cruz. F&iacute;ese usted
+de apariencias. Y ahora resulta que hace meses sostiene a una mujer, y
+se pasa el d&iacute;a entero con ella y... Vamos, yo tengo que ver esto para
+creerlo... Y otra cosa: &iquest;c&oacute;mo se las arreglar&aacute; para mantenerla?... La
+hucha est&aacute; all&iacute; con su peso de siempre...&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe, al llegar aqu&iacute;, se engolf&oacute; en cavilaciones tan abstrusas que
+no es posible seguirla. Su mente se sumerg&iacute;a y sal&iacute;a a flote, como un
+madero arrojado en medio de las bravas olas. La buena se&ntilde;ora estuvo as&iacute;
+toda la tarde. Llegada la noche, deseaba ardientemente que el sobrino
+entrase de la calle para descargar sobre &eacute;l todo el material de lavas
+que el volc&aacute;n de su pecho no pod&iacute;a contener. Entr&oacute; el sietemesino muy
+tarde, cuando su t&iacute;a estaba ya comiendo y se hab&iacute;a servido el cocido.
+Maximiliano se sent&oacute; a la mesa sin decir nada, muy grave y algo azorado.
+Empez&oacute; a comer con apetito la sopa fr&iacute;a, echando miradas indagatorias e
+inquietas a su se&ntilde;ora t&iacute;a, que evitaba el mirarle... <i>por no romper</i>...
+&laquo;Debo contenerme&mdash;pensaba ella&mdash;, hasta que coma... Y parece que tiene
+ganitas...&raquo;. A ratos el joven daba hondos suspiros mirando a su t&iacute;a,
+cual si deseara tener una explicaci&oacute;n con ella. M&aacute;s de una vez quiso
+do&ntilde;a Lupe romper en denuestos; pero el silencio y la compostura de su
+sobrino la conten&iacute;an, haci&eacute;ndole temer que se repitiera el rasgo varonil
+de aquella ma&ntilde;ana. Por fin, apenas cat&oacute; el joven unas pasas que de
+postre hab&iacute;a, se levant&oacute; para ir a su cuarto; y apenas le vio do&ntilde;a Lupe
+de espalda, se le encendieron bruscamente los &aacute;nimos y corri&oacute; tras &eacute;l,
+conteniendo las palabras que a la boca se le sal&iacute;an. Estaba el pobre
+chico encendiendo el quinqu&eacute; de su cuarto, cuando la se&ntilde;ora apareci&oacute; en
+la puerta, gritando con toda la fuerza de sus pulmones: &laquo;Zascandil&raquo;.</p>
+
+<p>No se inmut&oacute; Maximiliano ni aun cuando do&ntilde;a Lupe, repitiendo su
+ap&oacute;strofe, lleg&oacute; al cuarto o al quinto <i>zascandil</i>. Y como si esta
+palabra fuera el tap&oacute;n de su ira, tras ella corrieron en vena abundante
+las quejas por lo que el chico hab&iacute;a hecho aquella ma&ntilde;ana. &laquo;Y no quiero
+hablar ahora del motivo&mdash;a&ntilde;adi&oacute; ella&mdash;; de esa moza que te has echado...
+y que sin duda empieza por pegarte su mala educaci&oacute;n. Voy a la patochada
+de esta ma&ntilde;ana. &iquest;Crees que tu t&iacute;a es alg&uacute;n trapo viejo?&raquo;.</p>
+
+<p>El muchacho se sent&oacute; en la silla que junto a la cama estaba, y apoyando
+el codo en esta, aguant&oacute; el achuch&oacute;n, sin mirar a su juez. Ten&iacute;a un
+palillo entre los dientes, y lo llevaba de un lado para otro de la boca
+con nerviosa presteza. Ya se le hab&iacute;a quitado el gran temor que la
+hermana de su padre le infund&iacute;a. Como ciertos cobardes se vuelven
+valientes desde que disparan el primer tiro, Maximiliano, una vez que
+rompi&oacute; el fuego con la hombrada de aquella ma&ntilde;ana, sent&iacute;a su voluntad
+libre del freno que le pusiera la timidez. Dicha timidez era un fen&oacute;meno
+puramente nervioso, y en ella ten&iacute;an no poca parte tambi&eacute;n sus
+rutinarios h&aacute;bitos de subordinaci&oacute;n y apocamiento. Mientras no hubo en
+su alma una fuerza poderosa, aquellos h&aacute;bitos y la di&aacute;tesis nerviosa
+formaron la costra o apariencia de su car&aacute;cter; pero surgi&oacute; dentro la
+energ&iacute;a, que estuvo luchando durante alg&uacute;n tiempo por mostrarse,
+rompiendo la corteza. La timidez o falsa humildad endurec&iacute;a esta, y como
+la energ&iacute;a interior no encontraba un auxilio en la palabra, porque la
+sumisi&oacute;n consuetudinaria y la cortedad no le hab&iacute;an permitido educarla
+para discutir, pasaba tiempo sin que la costra se rompiera. Por fin, lo
+que no pudieron hacer las palabras, lo hizo un acto. Roto el cascar&oacute;n,
+Maximiliano se encontr&oacute; m&aacute;s valiente y dispuesto a medirse con la fiera.
+Lo que antes era como levantar una monta&ntilde;a, parec&iacute;ale ya como alzar del
+suelo un pa&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>Oy&oacute; en calma los desahogos de su t&iacute;a. &iexcl;Cu&aacute;ntos argumentos se pod&iacute;an
+oponer a los que la buena se&ntilde;ora disparaba con m&aacute;s ardor que l&oacute;gica!
+Pero lo que es en argumentar con palabras &iexcl;qu&eacute; diablo!, todav&iacute;a no
+estaba &eacute;l fuerte. Argumentaba con hechos. En esto s&iacute; que se pintaba
+solo. Cuando su t&iacute;a tom&oacute; respiro dej&aacute;ndose caer sofocada en la silla
+pr&oacute;xima a la mesa, Maximiliano rompi&oacute; a hablar a su vez; pero no era
+aquello razonar, era como si cogiera su coraz&oacute;n y lo volcara sobre la
+cama, lo mismo que hab&iacute;a volcado la hucha despu&eacute;s de cascarla.</p>
+
+<p>&laquo;La quiero tanto&mdash;dijo sin mirar a su t&iacute;a, y encontrando palabras
+relativamente f&aacute;ciles para expresar sus sentimientos&mdash;, la quiero tanto,
+que toda mi vida est&aacute; en ella, y ni ley ni familia ni el mundo entero me
+pueden apartar de ella... Si me ponen en esta mano la muerte y en esta
+otra dejar de quererla y me obligan a escoger, preferir&eacute; mil veces
+morirme, matarme o que me maten... La quise desde el momento en que la
+vi, y no puedo dejar de quererla, sino dejando de vivir... de modo que
+es tonter&iacute;a oponerse a lo que tengo pensado, porque salto por encima de
+todo y si me ponen delante una pared la paso... &iquest;Ve usted c&oacute;mo rompen
+los jinetes del Circo de Price los papeles que les ponen delante cuando
+saltan sobre los caballos? Pues as&iacute; rompo yo una pared si me la ponen
+entre ella y yo&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Este s&iacute;mil hubo de impresionar vivamente a la gran do&ntilde;a Lupe, que
+contempl&oacute; un rato a su sobrino con m&aacute;s l&aacute;stima que ira.</p>
+
+<p>&laquo;Yo me he llevado chascos en mi vida&mdash;dijo meneando la cabeza como los
+mu&ntilde;ecos que tienen un alambre en el pescuezo&mdash;; pero un chasco como este
+no me lo he llevado nunca. Me la has dado completa, a fondo, de
+maestro... Cierto que no tengo poder sobre ti... Si te pierdes, bien
+perdido est&aacute;s. No me vengas a m&iacute; despu&eacute;s con arrumacos. Te cri&eacute;, te
+eduqu&eacute;, he sido para ti una madre. &iquest;No te parece que deb&iacute;as haberme
+dicho: 'pues t&iacute;a, esto hay'?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto que s&iacute;&mdash;replic&oacute; vivamente Maximiliano&mdash;, pero me daba reparo,
+t&iacute;a. Ahora que me he soltado par&eacute;ceme la cosa m&aacute;s f&aacute;cil del mundo. De
+esta falta le pido a usted perd&oacute;n, porque reconozco que me port&eacute; mal.
+Pero se me trababa la lengua cuando quer&iacute;a decir algo, y me entraban
+sudores... Me acostumbr&eacute; a no hablar a usted m&aacute;s que de si me dol&iacute;a o no
+la cabeza, de que se me hab&iacute;a ca&iacute;do un bot&oacute;n, de si llov&iacute;a o estaba seco
+y otras tonter&iacute;as as&iacute;... Oiga usted ahora, que despu&eacute;s de callar tanto
+me parece que reviento si no le cuento a usted todo. La conoc&iacute; hace tres
+meses. Estaba pobre, hab&iacute;a sido muy desgraciada...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, me han dicho que es muy corrida. Tienes buenas
+tragaderas&mdash;afirm&oacute; do&ntilde;a Lupe con crueldad.</p>
+
+<p>&mdash;No haga usted caso... los hombres son muy malos. &iquest;No conviene usted
+conmigo en que los hombres son muy malos? Y d&iacute;game usted ahora. &iquest;No es
+acci&oacute;n noble traer al buen camino a una alma buena que se ha
+descarriado?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y t&uacute;, t&uacute;&mdash;chill&oacute; la de J&aacute;uregui con espanto, persign&aacute;ndose&mdash;, te has
+metido a pastor!</p>
+
+<p>&mdash;Pero agu&aacute;rdese usted, t&iacute;a. No juzgue usted las cosas tan de
+ligero&mdash;insisti&oacute; Maximiliano, apurado por no saber expresarse bien&mdash;.
+&iexcl;Si ella est&aacute; arrepentida! Ni ha sido tampoco tan mala como a usted le
+han dicho. Si es un &aacute;ngel...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;De cornisa! Buen provecho.</p>
+
+<p>&mdash;Cr&eacute;ame usted, y cuando la conozca...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo... conocerla yo! De eso est&aacute; libre... Repito que buen provecho te
+haga tu oveja, mejor dicho, tu cabra descarriada.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si no es eso... es que yo no me expreso bien. D&iacute;game una cosa,
+&iquest;el querer ser honrada no es lo mismo que serlo? &iquest;Dice usted que no?
+Pues yo no lo veo as&iacute;, yo no lo veo as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo ha de ser lo mismo querer ser una cosa que serlo?</p>
+
+<p>&mdash;En el terreno moral s&iacute;... Si conmigo es honrada y sin m&iacute; podr&iacute;a no
+serlo, &iquest;c&oacute;mo quiere usted que yo le diga, anda y vete a los demonios?
+&iquest;No es m&aacute;s natural y humano que la acoja y la salve? Pues qu&eacute;, las obras
+grandes y &iquest;c&oacute;mo dir&eacute;?... cristianas, &iquest;se han de mirar por el lado del
+ego&iacute;smo?</p>
+
+<p>Crey&oacute; el pobre muchacho que hab&iacute;a puesto una pica en Flandes con este
+argumento, y observ&oacute; el efecto que en su t&iacute;a hab&iacute;a hecho. La verdad es
+que do&ntilde;a Lupe se qued&oacute; un instante algo confusa sin saber qu&eacute; responder.
+Al fin le contest&oacute; con desd&eacute;n:</p>
+
+<p>&laquo;Est&aacute;s loco. Esas cosas no se le ocurren a nadie que tenga sesos. Me
+voy, te dejo, porque si estoy aqu&iacute;, te pego, no tengo m&aacute;s remedio que
+romperte encima el palo de una escoba, y la verdad, si eres poco hombre
+para ese amor tan sublime, a&uacute;n lo eres menos para recibir una paliza&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano la sujet&oacute; por el vestido y la oblig&oacute; a sentarse otra vez.</p>
+
+<p>&laquo;&Oacute;igame usted... t&iacute;a. Yo la quiero a usted mucho; yo le debo a usted la
+vida, y aunque usted se empe&ntilde;e en re&ntilde;ir conmigo, no lo ha de
+conseguir... Vamos a ver. Lo que yo hago ahora, lo que la tiene a usted
+tan enojada es, seg&uacute;n voy viendo, una acci&oacute;n noble, y mi conciencia me
+la aprueba, y estoy satisfecho de ella como si tuviera a Dios dentro de
+m&iacute; dici&eacute;ndome: <i>bien, bien</i>... Porque usted no me puede hacer creer que
+estamos en el mundo s&oacute;lo para comer, dormir, digerir la comida y
+pasearnos. No; estamos para otra cosa. Y si yo siento dentro de m&iacute; una
+fuerza muy grande, pero muy grande, que me impulsa a la salvaci&oacute;n de
+otra alma lo he de realizar, aunque se hunda el mundo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que t&uacute; tienes&mdash;afirm&oacute; do&ntilde;a Lupe queriendo sostener su papel&mdash;, es
+la tonter&iacute;a que te rebosa por todo el cuerpo... y nada m&aacute;s. No me
+engatusar&aacute;s con palabritas. Vaya que de la noche a la ma&ntilde;ana has
+aprendido unos t&eacute;rminos y unos floreos de frases que me tienen
+pasmada... Est&aacute;s hecho un poeta... en toda la extensi&oacute;n de la palabra;
+yo siempre he tenido a los poetas por unos grandes embusteros... tontos
+de atar... T&uacute; no eres ya el sobrinito que yo cri&eacute;. &iexcl;C&oacute;mo me has
+enga&ntilde;ado!... &iexcl;Una mujer, una manceba, un bel&eacute;n...!, y ahora viene la de
+me caso, y a Roma por todo. Anda, ya no te quiero; ya no soy tu tiita
+Lupe... No te echo de mi casa por l&aacute;stima, porque espero que todav&iacute;a has
+de arrepentirte y me has de pedir perd&oacute;n.</p>
+
+<p>Maximiliano, ya completamente sereno, movi&oacute; la cabeza expresando duda.</p>
+
+<p>&laquo;El perd&oacute;n ya lo ped&iacute; por haber callado, y ya no tengo que pedir m&aacute;s
+perdones. Todav&iacute;a hay algo que usted no sabe y que le quiero decir.
+&iquest;C&oacute;mo la he mantenido durante tres meses? &iexcl;Ay, t&iacute;a! Romp&iacute; la hucha;
+ten&iacute;a tres mil y pico de reales, lo bastante para que viva con modestia,
+porque es muy econ&oacute;mica, sumamente econ&oacute;mica, t&iacute;a, y no gasta m&aacute;s que lo
+preciso&raquo;.</p>
+
+<p>Esta revelaci&oacute;n hizo vacilar un momento la ira de do&ntilde;a Lupe. &iexcl;Era
+econ&oacute;mica!... El joven sac&oacute; la hucha, y mostr&aacute;ndola a su t&iacute;a, revel&oacute; el
+suceso como la cosa m&aacute;s natural del mundo, reproduci&eacute;ndolo a lo vivo.
+&laquo;Mire usted, cog&iacute; la hucha vieja, despu&eacute;s de traer esta, que es
+enteramente igual. Machaqu&eacute; la llena; cog&iacute; el oro y la plata y pas&eacute; a
+esta el cobre, a&ntilde;adiendo dos pesetas en cuartos para que pesara lo
+mismo... &iquest;Quiere usted verlo?&raquo;.</p>
+
+<p>Antes que do&ntilde;a Lupe respondiera, Maximiliano estrell&oacute; la hucha contra el
+suelo, y las piezas de cobre inundaron la habitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Ya veo, ya veo que no tienes desperdicio&mdash;observ&oacute; do&ntilde;a Lupe recogiendo
+la calderilla&mdash;. &iquest;Y cuando se te acabe el dinero? &iquest;Vendr&aacute;s a que yo te
+d&eacute;? &iexcl;Ay, qu&eacute; equivocado est&aacute;s!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando se me acabe, Dios me socorrer&aacute; por alg&uacute;n lado&mdash;dijo Maximiliano
+con fe.</p>
+
+<p>Estaba excitad&iacute;simo y ten&iacute;a el rostro encendido. Do&ntilde;a Lupe no hab&iacute;a
+visto nunca tanto brillo en aquellos ojos ni animaci&oacute;n semejante en
+aquella cara. Cuando entre los dos hubieron recogido las piezas, la t&iacute;a
+las envolvi&oacute; en un n&uacute;mero de <i>La Correspondencia</i>, y arrojando el
+paquete sobre la c&oacute;moda, dijo con soberano menosprecio:</p>
+
+<p>&laquo;Ah&iacute; tienes para el regalo de boda&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano guard&oacute; en la c&oacute;moda el pesado paquete, y despu&eacute;s se puso la
+capa. Do&ntilde;a Lupe no se atrevi&oacute; a retenerle, pues aunque su coraz&oacute;n se
+llen&oacute; de sentimientos de soberbia y autoridad, nada de esto pudo
+traducirse al exterior, porque en el momento de intentarlo, un freno
+inexplicable la contuvo. Sent&iacute;a desvanecida su autoridad sobre el
+enamorado joven; ve&iacute;a una fuerza efectiva y revolucionaria delante de su
+fuerza hist&oacute;rica, y si no le ten&iacute;a miedo, era innegable que aquel
+repentino tes&oacute;n la infund&iacute;a alg&uacute;n respeto.</p>
+
+<p>Aquella mujer que dorm&iacute;a a pierna suelta despu&eacute;s de haber estrangulado,
+en connivencia con Torquemada, a un infeliz deudor, estaba intranquila
+ante los problemas de conciencia que le hab&iacute;a planteado su sobrino tan
+candorosamente. Si quer&iacute;a tanto a esa mujer, &iquest;con qu&eacute; derecho oponerse a
+que se casara con ella? Y si ten&iacute;a la tal inclinaciones honradas, y buen
+s&iacute;ntoma de honradez era el ser tan econ&oacute;mica, &iquest;qui&eacute;n cargaba con la
+responsabilidad de atajarla en el camino de la reforma? Do&ntilde;a Lupe empez&oacute;
+a llenarse de escr&uacute;pulos. Su coraz&oacute;n no era depravado sino en lo tocante
+a pr&eacute;stamos; era como los que tienen un vicio, que fuera de &eacute;l, y cuando
+no est&aacute;n atacados de fiebre, son razonables, prudentes y discretos.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, despu&eacute;s de otro altercado con su sobrino, apuntaron
+vagamente en su alma las ideas de transacci&oacute;n. Ya no cab&iacute;a duda de que
+la pasi&oacute;n de Maximiliano era tenaz y profunda, y de que le prestaba
+energ&iacute;as incontrastables. Ponerse frente a ella era como ponerse delante
+de una ola muy hinchada en el momento de reventar. Do&ntilde;a Lupe reflexion&oacute;
+mucho todo aquel d&iacute;a, y como ten&iacute;a un gran sentido de la realidad,
+empez&oacute; a reconocer el poder que ejercen sobre nuestras acciones los
+hechos consumados, y el escaso valor de las ideas contra ellos. Lo de
+Maxi ser&iacute;a un disparate, ella segu&iacute;a creyendo que era una burrada atroz;
+mas era un hecho, y no hab&iacute;a otro remedio que admitirlo como tal. Pens&oacute;
+entonces con admirable tino que cuando en el orden privado, lo mismo
+que en el p&uacute;blico, se inicia un poderoso impulso revolucionario, l&oacute;gico,
+motivado, que arranca de la naturaleza misma de las cosas y se fortifica
+en las circunstancias, es locura plant&aacute;rsele delante; lo pr&aacute;ctico es
+sortearlo y con &eacute;l dejarse ir aspirando a dirigirlo y encauzarlo. Pues a
+sortear y dirigir aquella revoluci&oacute;n dom&eacute;stica; que atajarla era
+imposible, y el que se le pusiera delante, arrollado ser&iacute;a sin
+remedio... De esta idea provino la relativa tolerancia con que habl&oacute; a
+su sobrino en la segunda noche de confianzas, la ma&ntilde;a con que le fue
+sacando noticias y pormenores de su novia, sin aparentar curiosidad,
+aventur&aacute;ndose a darle algunos consejos. Verdad que entre col y col le
+soltaba ciertas frescuras; pero esto era muy estudiado para que Maxi no
+viera el juego. &laquo;No cuentes conmigo para nada; all&aacute; te las hayas... Ya
+te he dicho que no quiero saber si tu novia tiene los ojos negros o
+amarillos. A m&iacute; no me vengas con zalamer&iacute;as. Te oigo por consideraci&oacute;n;
+pero no me importa. &iquest;Que la vaya yo a ver? &iexcl;Est&aacute;s t&uacute; fresco...!&raquo;.</p>
+
+<p>A Maximiliano le hab&iacute;a dado su metamorfosis una penetraci&oacute;n
+intermitente. En ocasiones pose&iacute;a la vista r&aacute;pida y segura del ingenio
+superior; en ocasiones era tan ciego que no ve&iacute;a tres sobre un burro.
+Las pasiones exaltadas producen estas pasmosas diferencias en la
+eficacia de una facultad, y hacen a los hombres romos o agudos cual si
+estuviera el esp&iacute;ritu sometido a una influencia lun&aacute;tica. Aquel d&iacute;a ley&oacute;
+el joven en el coraz&oacute;n de do&ntilde;a Lupe y apreci&oacute; sus disposiciones
+pacificadoras, a pesar de las frases estudiadas con que las quer&iacute;a
+disimular. Hizo adem&aacute;s un razonamiento que demuestra la agudeza genial
+que adquir&iacute;a en ciertos momentos de verdadero estro, adivinando por arte
+de inspiraci&oacute;n los arcanos del alma de sus semejantes. El razonamiento
+fue este: &laquo;Mi t&iacute;a se ablanda; mi t&iacute;a se da a partido. Y como Fortunata
+no le debe dinero, ni se lo deber&aacute; nunca, porque estoy yo para
+impedirlo, ha de llegar d&iacute;a en que sean amigas&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>Porque do&ntilde;a Lupe era tal y como su sobrino la pintaba en aquella breve
+consideraci&oacute;n; era juiciosa, razonable, se hac&iacute;a cargo de todo, miraba
+con ojos un tanto esc&eacute;pticos las flaquezas humanas, y sab&iacute;a perdonar las
+ofensas y hasta las injurias; pero lo que es una deuda no la perdonaba
+nunca. Hab&iacute;a en ella dos personas distintas, la mujer y la prestamista.
+El que quisiera estar bien con ella y gozar de su amistad, tuviese mucho
+cuidado de que las dos naturalezas no se confundieran nunca. Un simple
+pagar&eacute;, extendido y firmado de la manera m&aacute;s cordial del mundo, bastaba
+a convertir la amiga en basilisco, la mujer cristiana en inquisidora.</p>
+
+<p>La doble personalidad de esta se&ntilde;ora ten&iacute;a un signo externo en su
+cuerpo, una representaci&oacute;n fatal, obra de la cirug&iacute;a, que en este punto
+fue una ciencia justiciera y acusadora. A do&ntilde;a Lupe le faltaba un pecho,
+por amputaci&oacute;n a consecuencia del tumor scirroso de que padeci&oacute; en vida
+de su marido. Como presum&iacute;a de buen cuerpo y usaba cors&eacute; dentro de casa,
+aquella parte que le faltaba la supli&oacute; con una bien construida pelota de
+algod&oacute;n en rama. A la vista, despu&eacute;s de vestida, ofrec&iacute;a gallardo
+conjunto; pero tras de la ropa, s&oacute;lo la mitad de su seno era de carne;
+la otra mitad era insensible y bien se le pod&iacute;a clavar un pu&ntilde;al sin que
+le doliese. Lo mismo era su coraz&oacute;n; la mitad de carne, la mitad de
+algod&oacute;n. La &iacute;ndole de las relaciones que con las personas tuviese
+determinaba el predominio de tal o cual mitad. No mediando ning&uacute;n
+pagar&eacute;, daba gusto de tratar con aquella se&ntilde;ora; mas como las
+circunstancias la hicieran <i>inglesa</i>, ya estaba fresco el que se metiese
+con ella.</p>
+
+<p>Y no hab&iacute;a sido as&iacute; en vida de su marido. Verdad que en aquel tiempo
+venturoso, no manejaba m&aacute;s dinero que el que J&aacute;uregui le daba para el
+gasto de la casa. Despu&eacute;s de viuda, vi&eacute;ndose con cuatro cachivaches y
+cinco mil reales, imagin&oacute; fundar una casa de hu&eacute;spedes, pero Torquemada
+se lo quit&oacute; de la cabeza, ofreci&eacute;ndose a colocarle sus dineros con buen
+inter&eacute;s y toda la seguridad posible. El &eacute;xito y las ganancias
+engolosinaron a do&ntilde;a Lupe, que adquiri&oacute; gradual y r&aacute;pidamente todas las
+cualidades del perfecto usurero, y ech&oacute; el medio pecho de algod&oacute;n,
+haci&eacute;ndose insensible, implacable y dura cuando de la cobranza puntual
+de sus cr&eacute;ditos se trataba. Los primeros a&ntilde;os de esta vida pas&oacute; la
+se&ntilde;ora grandes apuros, porque los r&eacute;ditos, aun con ser tan crecidos, no
+le bastaban al sostenimiento de su casa. Pero a fuerza de orden y
+econom&iacute;a fue saliendo adelante, y aun hizo verdaderos milagros
+atendiendo a las medicinas que Maximiliano necesitaba y a los
+considerables gastos de su carrera. Quer&iacute;a mucho a su sobrino y se
+afanaba porque nada le faltara. Este m&eacute;rito grande no se le pod&iacute;a negar.
+Lo que dijo del garbanzo que ten&iacute;a el valor de una perla, es muy cierto.
+Pero no lo es que hubiese practicado la usura por el solo inter&eacute;s de dar
+carrera al sietemesino. Esto se lo dec&iacute;a ella a s&iacute; propia en sus
+soliloquios; pero era uno de esos sofismas con que quiere cohonestarse y
+ennoblecerse el ego&iacute;smo humano. Do&ntilde;a Lupe <i>trabajaba en pr&eacute;stamos</i> por
+pura afici&oacute;n que le infundi&oacute; Torquemada, y sin sobrino y sin necesidades
+habr&iacute;a hecho lo mismo.</p>
+
+<p>Cuando vinieron los a&ntilde;os bonancibles y el capitalito de la viuda
+ascendi&oacute; a dos mil duros, iniciose un periodo de buena suerte que deb&iacute;a
+de ser pronto incre&iacute;ble prosperidad. Cay&oacute; en las combinadas redes de los
+dos prestamistas un pobre se&ntilde;or, m&aacute;s desgraciado que perverso (que hab&iacute;a
+sido director general y viv&iacute;a con gran rumbo a pesar de estar a la
+cuarta pregunta), y no quiero decir c&oacute;mo le pusieron. Los dos mil duros
+de do&ntilde;a Lupe crecieron como la espuma en el t&eacute;rmino de tres a&ntilde;os,
+renovando obligaciones, acumulando intereses y aumentando estos cada a&ntilde;o
+desde dos por ciento mensual, que era el tipo primitivo, a cuatro. A la
+pobre v&iacute;ctima le sac&oacute; Torquemada mucho m&aacute;s, porque se adjudic&oacute; sus
+muebles riqu&iacute;simos por un pedazo de pan; pero el tal se lo ten&iacute;a muy
+bien merecido. Despu&eacute;s se reh&iacute;zo con un destino en la administraci&oacute;n de
+Cuba; se volvi&oacute; a perder, torn&oacute; a reponerse en Filipinas, y ahora est&aacute;
+por cuarta vez en poder de los vampiros. Como ya no hay dinero en las
+colonias, parece dif&iacute;cil que este desventurado haga la quinta pella.
+Dicen que Am&eacute;rica para los americanos. &iexcl;Vaya una tonter&iacute;a! Am&eacute;rica para
+los usureros de Madrid.</p>
+
+<p>En la fecha en que nuestra narraci&oacute;n coge a do&ntilde;a Lupe, ten&iacute;a ya un
+caudalito de diez mil duros, parte asegurado en acciones del Banco y
+parte en pr&eacute;stamos con pagar&eacute; legalizado, figurando mucha mayor cantidad
+de la percibida por el deudor. El ex-alabardero era enemigo <i>del
+materialismo</i> de las hipotecas con seguridad legal y r&eacute;dito prudente.
+Los pr&eacute;stamos arriesgados con premio muy subido eran su delicia y su
+arte predilecto, porque aun cuando alguno no se cobrase hasta la v&iacute;spera
+del Juicio Final, la mayor parte de las v&iacute;ctimas ca&iacute;an atontadas por el
+miedo al esc&aacute;ndalo, y se doblaba el dinero en poco tiempo. Ten&iacute;a olfato
+seguro para rastrear a las personas pundonorosas, de esas que entregan
+el pellejo antes que permitir andar en lenguas de la fama, y con estas
+se met&iacute;a hasta el fondo, <i>se atracaba de deudor</i>.</p>
+
+<p>Poco a poco fue transmitiendo su manera de ser, de obrar y sentir a su
+compinche, como se pasa la imagen de un papel a otro por medio del calco
+o el estarcido. Cada vez que D. Francisco le llevaba dinero cobrado, un
+problema de usura resuelto y finiquito, se alegraba tanto la viudita que
+se le abr&iacute;an los poros, y por aquellas v&iacute;as se le entraba el car&aacute;cter de
+Torquemada a posesionarse del suyo e informarlo de nuevo.</p>
+
+<p>La esposa de Torquemada estaba hecha tan a semejanza de este, que do&ntilde;a
+Lupe la o&iacute;a y la trataba como al propio don Francisco. Y con el trato
+frecuente que las dos se&ntilde;oras ten&iacute;an, do&ntilde;a Silvia lleg&oacute; tambi&eacute;n a
+ejercer gran influencia sobre su amiga, imprimiendo en esta algunos
+rasgos de su fisonom&iacute;a moral. Era hombruna, descarada y cuando se pon&iacute;a
+en jarras hac&iacute;a temblar a medio mundo. M&aacute;s de una vez aguard&oacute; en la
+calle a un acreedor, con acecho de asesino apostado, para insultarle sin
+piedad delante de la gente que pasaba. A esto no lleg&oacute; ni pod&iacute;a llegar
+la de J&aacute;uregui, porque ten&iacute;a ciertas delicadezas de &iacute;ndole y de
+educaci&oacute;n que se sobrepon&iacute;an a sus enconos de usurera. Pero s&iacute; fueron
+juntas alguna vez a la casa de una infeliz viuda que les deb&iacute;a dinero, y
+despu&eacute;s de apremiarla in&uacute;tilmente para que les pagara, echaron miradas
+codiciosas hacia los muebles. Las dos harp&iacute;as cambiaron breves palabras
+frente a la v&iacute;ctima, que por poco se muere del susto. &laquo;A usted le
+conviene esta copa-brasero&mdash;dijo do&ntilde;a Silvia&mdash;, y a m&iacute; aquella c&oacute;moda&raquo;.
+Hicieron subir a los mozos de cordel y se llevaron los citados objetos,
+despu&eacute;s de quitarle a la c&oacute;moda la ropa y a la copa el fuego. La deudora
+se avino a todo por perder de vista a las dos infernales mujeres que
+tanto pavor le causaban.</p>
+
+<p>La copa aquella estaba en la sala de do&ntilde;a Lupe; mas no se encend&iacute;a
+nunca. Maximiliano sab&iacute;a su procedencia, as&iacute; como la de un bargue&ntilde;o y un
+armario soberbio que en la alcoba estaban. La mesa en que el estudiante
+escrib&iacute;a entr&oacute; en la casa de la misma manera, y la vajilla buena que se
+usaba en ciertos d&iacute;as fue adquirida por la quinta parte de su valor, en
+pago de un pico que adeudaba una amiga &iacute;ntima. Do&ntilde;a Silvia hab&iacute;a hecho
+el negocio, que do&ntilde;a Lupe no se atreviera a tanto. Un centro de plata,
+dos bandejas del mismo metal y una tetera que la se&ntilde;ora mostraba con
+orgullo, hab&iacute;an ido a la casa empe&ntilde;adas tambi&eacute;n por una amiga &iacute;ntima y
+all&iacute; se quedaron por insolvencia. Maximiliano se hab&iacute;a enterado de
+muchos pormenores concernientes a los manejos de su t&iacute;a. Las alhajas,
+vestidos de se&ntilde;ora, encajes y mantones de Manila que pasaban a ser
+suyos, tras largo cautiverio, vend&iacute;alos por conducto de una corredora
+llamada Mauricia la Dura. Esta iba a la casa con frecuencia en otros
+tiempos; pero ya apenas <i>corr&iacute;a</i>, y do&ntilde;a Lupe la echaba muy de menos,
+porque aunque era muy alborotada y disoluta, cumpl&iacute;a siempre bien.
+Asimismo hab&iacute;a podido observar Maximiliano en su propia casa lo
+implacable que era su t&iacute;a con los deudores, y de este conocimiento vino
+el inspirado juicio que formul&oacute; de esta manera: &laquo;Si me caso con
+Fortunata y si la suerte nos trae escaseces, antes pediremos limosna por
+las calles que pedir a mi t&iacute;a un pr&eacute;stamo de dos pesetas... Mientras m&aacute;s
+amigos, m&aacute;s claros&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="ivb" id="ivb"></a>-IV-</h2>
+
+<h2>Nicol&aacute;s y Juan Pablo Rub&iacute;n.&mdash;Prop&oacute;nense nuevas artes y medios de
+redenci&oacute;n</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Hall&aacute;base do&ntilde;a Lupe, en el fondo de su alma, inclinada a la transacci&oacute;n
+lenta que impon&iacute;an las circunstancias; mas no quiso dar su brazo a
+torcer ni dejar de mostrar una inflexibilidad prudente, hasta tanto que
+viniese Juan Pablo y hablaran t&iacute;a y sobrino de la inaudita novedad que
+hab&iacute;a en la familia. Una ma&ntilde;ana, cuando Maximiliano estaba a&uacute;n en la
+cama no bien dormido ni despierto, sinti&oacute; ruido en la escalera y en los
+pasillos. Oy&oacute; primero patadas y gritos de mozos que sub&iacute;an ba&uacute;les,
+despu&eacute;s la voz de su hermano Juan Pablo; y lo mismo fue o&iacute;rla, que
+sentir renovado en su alma aquel p&iacute;caro miedo que parec&iacute;a vencido.</p>
+
+<p>No ten&iacute;a malditas ganas de levantarse. Oy&oacute; a su t&iacute;a regateando con los
+mozos por si eran tres o eran dos y medio. Despu&eacute;s, le pareci&oacute; que Juan
+Pablo y su t&iacute;a hablaban en el comedor. &iexcl;Si le estar&iacute;a contando
+aquello...! Seguramente, porque su t&iacute;a era muy novelera, y no le gustaba
+de que ciertas cosas se le enranciaran dentro del cuerpo. Oy&oacute; luego que
+su hermano se lavaba en el cuarto inmediato, y cuando do&ntilde;a Lupe entr&oacute;
+para llevarle toallas, cuchichearon largo rato. Maximiliano calcul&oacute; que
+probablemente hablar&iacute;an de la herencia; pero no las ten&iacute;a todas consigo.
+Trataba de darse &aacute;nimos considerando que su hermano era el m&aacute;s simp&aacute;tico
+de la familia, el de m&aacute;s talento y el que mejor se hac&iacute;a cargo de las
+cosas.</p>
+
+<p>Levantose al fin de mala gana. Ya lavado y vestido, vacilaba en salir, y
+se estuvo un ratito con la mano en el picaporte. Do&ntilde;a Lupe toc&oacute; a la
+puerta, y entonces ya no hubo m&aacute;s remedio que salir. Estaba p&aacute;lido y
+daba l&aacute;stima verle. Abraz&oacute; a su hermano, y en el mirar de este, en el
+tono de sus palabras, conoci&oacute; al punto que sab&iacute;a la grande, incre&iacute;ble
+historia. No ten&iacute;a ganas el joven de explicaciones ni disputas aquella
+hora, y como era un poco tarde se apresur&oacute; a irse a la clase. Mas no
+tuvo sosiego en ella, ni ces&oacute; de pensar en lo que su hermano dir&iacute;a y
+har&iacute;a. Esta perplejidad le arrancaba suspiros. El miedo, el p&iacute;caro miedo
+era su principal enemigo. Conven&iacute;ale, pues, quitarse pronto la m&aacute;scara
+ante su hermano como se la hab&iacute;a quitado ante do&ntilde;a Lupe, pues hasta que
+lo hiciera no se reintegrar&iacute;a en el uso de su voluntad. Si Juan Pablo
+sal&iacute;a por la tremenda, quiz&aacute;s era mejor, porque as&iacute; no estaba
+Maximiliano en el caso de guardarle consideraciones; pero si se pon&iacute;a
+en un pie de astucias diplom&aacute;ticas, fingiendo ceder para resistir con la
+inercia, entonces... Esto &iexcl;ay!, lo tem&iacute;a m&aacute;s que nada.</p>
+
+<p>Pronto hab&iacute;a de salir de dudas. Cuando Maximiliano entr&oacute; a almorzar, ya
+estaba Juan Pablo sentado a la mesa, y a poco lleg&oacute; do&ntilde;a Lupe con una
+bandeja de huevos fritos y lonjas de jam&oacute;n. Gozosa estaba aquel d&iacute;a la
+se&ntilde;ora, porque Papitos se portaba bien, como siempre que hab&iacute;a aumento
+de trabajo. &laquo;Es tan novelera esta mona&mdash;dec&iacute;a&mdash;, que cuando tenemos
+mucho que hacer parece que se multiplica. Lo que ella quiere es lucirse,
+y como vea ocasiones de lucimiento, es un oro. Cuando menos hay que
+hacer es cuando la pega. Me la traje a casa hecha una salvajita, y poco
+a poco le he ido quitando ma&ntilde;as. Era golosa, y siempre que iba a la
+tienda por algo, lo hab&iacute;a de catar. &iquest;Creer&aacute;s que se com&iacute;a los fideos
+crudos?... La recog&iacute; de un basurero de Cuatro Caminos, hambrienta,
+cubierta de andrajos. Sal&iacute;a a pedir y por eso ten&iacute;a todos los malos
+h&aacute;bitos de la vagancia. Pero con mi sistema la voy enderezando. Porrazo
+va, porrazo viene, la verdad es que sacar&eacute; de ella una mujer en toda la
+extensi&oacute;n de la palabra&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; tan malo el servicio en Madrid&mdash;observ&oacute; Juan Pablo&mdash;, que no debe
+usted mirarle mucho los defectos.</p>
+
+<p>Durante todo el almuerzo hablaron del servicio, y a cada cosa que dec&iacute;an
+miraban a Maximiliano como impetrando su asentimiento. El joven observ&oacute;
+que su hermano estaba serio con &eacute;l, pero aquella seriedad indicaba que
+le reconoc&iacute;a hombre, pues hasta entonces le trat&oacute; siempre como a un
+ni&ntilde;o. El estudiante esperaba burlas, que era lo que m&aacute;s tem&iacute;a, o una
+reprimenda paternal. Ni una cosa ni otra se apuntaba en el lenguaje
+indiferente y fr&iacute;o de Juan Pablo. Este, despu&eacute;s de almorzar, sintiose
+amagado de la jaqueca y se ech&oacute; de muy mal humor en su cama. Toda la
+tarde y parte de la noche estuvo entre las garras de aquella desaz&oacute;n m&aacute;s
+molesta que grave. No eran sus ataques tan penosos como los de
+Maximiliano, y generalmente le era f&aacute;cil anegar el dolor hemicr&aacute;neo en
+la onda del sue&ntilde;o. Ya sab&iacute;a que el cansancio de los viajes consecutivos
+le produc&iacute;a el ataque, y que este se pasaba en la noche mas no por esto
+lo llevaba con paciencia. Renegando de su suerte estuvo hasta muy tarde,
+y al fin descans&oacute; con sosegado sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>En tanto, do&ntilde;a Lupe hac&iacute;a mil consideraciones sobre el ap&aacute;tico desd&eacute;n
+con que Juan Pablo recibiera la noticia de <i>aquello</i>. Hab&iacute;a fruncido el
+ce&ntilde;o; despu&eacute;s hab&iacute;a opinado que su hermano era loco, y por fin, alzando
+los hombros, dijo: &laquo;&iquest;Yo qu&eacute; tengo que ver? Es mayor de edad. All&aacute; se las
+haya&raquo;.</p>
+
+<p>Lo mismo Maximiliano que su t&iacute;a hab&iacute;an notado que Juan Pablo estaba
+triste. Primero lo atribuyeron a cansancio; pero notaron luego que
+despu&eacute;s de las doce horas de sue&ntilde;o reparador, estaba m&aacute;s triste a&uacute;n. No
+sosten&iacute;a ninguna conversaci&oacute;n. Parec&iacute;a que nada le interesaba, ni aun la
+herencia, de la que hablaba poco, aunque siempre en t&eacute;rminos precisos.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabes que tu hermano lo ha tomado con calma?&raquo; dijo do&ntilde;a Lupe a Maxi
+una noche.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;El asunto tuyo. Dos veces le he hablado. &iquest;Y sabes lo que hace?
+Alzar los hombros, sacudir la ceniza del cigarro con el dedo me&ntilde;ique, y
+decir que ah&iacute; se las den todas.</p>
+
+<p>El enamorado o&iacute;a con j&uacute;bilo estas palabras, que eran para &eacute;l un gran
+consuelo. Indudablemente Juan Pablo observaba la prudente regla de
+respetar los sentimientos y prop&oacute;sitos ajenos para que le respetaran los
+suyos. Hablaba tan poco, que do&ntilde;a Lupe ten&iacute;a que sacarle las palabras
+con cuchara. &laquo;O est&aacute; tambi&eacute;n haciendo el trovador&mdash;dec&iacute;a do&ntilde;a Lupe&mdash;, o
+le pasa algo. Estoy yo divertida con mis sobrinos. Todos est&aacute;n con
+murria. Al menos Maxi es franco y dice lo que quiere&raquo;.</p>
+
+<p>Hubiera hurgado do&ntilde;a Lupe a su sobrino mayor para que le relevase la
+causa de su tristeza; pero como presum&iacute;a fuese cosa de pol&iacute;tica, no
+quiso tocar este punto delicado por no armar camorra con Juan Pablo,
+que era o hab&iacute;a sido carlista, al paso que do&ntilde;a Lupe era liberal, cosa
+extra&ntilde;a, liberal <i>en toda la extensi&oacute;n de la palabra</i>. Despu&eacute;s de servir
+a D. Carlos en una posici&oacute;n militar administrativa, Rub&iacute;n hab&iacute;a sido
+expulsado del Cuartel Real. Sus &iacute;ntimos amigos le oyeron hablar de
+calumnias y de celadas traidoras; pero nada se sab&iacute;a concretamente.
+Dejaba escapar de su pecho exclamaciones de ira, juramentos de venganza
+y ap&oacute;strofes de despecho contra s&iacute; mismo. &laquo;&iexcl;Bien merecido lo tengo por
+meterme con esa gente!&raquo;. Cuando lleg&oacute; a Madrid echado de la corte de D.
+Carlos, fue a casa de su t&iacute;a, seg&uacute;n costumbre antigua; pero apenas
+paraba en la casa. Dorm&iacute;a fuera, com&iacute;a tambi&eacute;n fuera, casi siempre en
+los caf&eacute;s o en casa de alguna amiga, y do&ntilde;a Lupe se desazonaba juzgando
+con raz&oacute;n que semejante vida no se ajustaba a las buenas pr&aacute;cticas
+morales y econ&oacute;micas. De repente, el mis&aacute;ntropo volvi&oacute; al Norte,
+diciendo que regresar&iacute;a pronto, y mientras estuvo fuera se supo la
+muerte de Melitona Llorente. La primera noticia que de la herencia tuvo
+Juan Pablo di&oacute;sela su t&iacute;a paterna por una carta que le dirigi&oacute; a Bayona.
+Prepar&aacute;base a volver a Espa&ntilde;a, y la carta aquella con la noticia que
+llevaba aceler&oacute; su vuelta. Entr&oacute; por Santander, se fue a Zaragoza por
+Miranda y de all&iacute; a Molina de Arag&oacute;n. Diez d&iacute;as estuvo en esta villa,
+donde ninguna dificultad de importancia le ofreci&oacute; la toma de posesi&oacute;n
+del caudal heredado. Este ascend&iacute;a a unos treinta mil duros entre
+inmuebles y dinero dado a r&eacute;dito sobre fincas; y descontadas las mandas
+y los derechos de traslaci&oacute;n de dominio, quedaban unos veintisiete mil
+duros. Cada hermano cobrar&iacute;a nueve mil. Juan Pablo, al llegar a Madrid,
+escribi&oacute; a Nicol&aacute;s para que tambi&eacute;n viniese, con objeto de estar
+reunidos los tres hermanos y tratar de la partici&oacute;n.</p>
+
+<p>He dicho que do&ntilde;a Lupe rehu&iacute;a el hablar de pol&iacute;tica con Juan Pablo. En
+realidad, ella no entend&iacute;a jota de pol&iacute;tica, y si era liberal, &eacute;ralo por
+sentimiento, como tributo a la memoria de su J&aacute;uregui y por respeto al
+uniforme de miliciano nacional que este tan gallardamente ostentaba en
+su retrato. Pero si le hubieran dicho que explicara los puntos
+esenciales del dogma liberal, se habr&iacute;a visto muy apurada para
+responder. No sab&iacute;a m&aacute;s sino que aquellos malditos <i>carcas</i> eran unos
+indecentes que nos quer&iacute;an traer la Inquisici&oacute;n y las <i>caenas</i>. Hab&iacute;a
+respirado aquella se&ntilde;ora aires tan progresistas durante su ni&ntilde;ez y en
+los gloriosos veinte a&ntilde;os de su uni&oacute;n con J&aacute;uregui, que no quer&iacute;a ni o&iacute;r
+hablar de absolutismo. No comprend&iacute;a c&oacute;mo su sobrino, un muchacho tan
+listo, hab&iacute;a cometido la borricada de hacerse s&uacute;bdito de aquel zagal&oacute;n
+de D. Carlos, un perdido, un zafiote, un d&eacute;spota <i>en toda la extensi&oacute;n
+de la palabra</i>.</p>
+
+<p>En la cuesti&oacute;n religiosa, las ideas de do&ntilde;a Lupe se adaptaban al
+criterio de su difunto esposo, que era el m&aacute;s juicioso de los hombres y
+sab&iacute;a dar <i>a Dios lo que es de Dios y al C&eacute;sar</i>, etc... Este estribillo
+lo repet&iacute;a muy orgullosamente la viuda siempre que saltaba una
+oportunidad, a&ntilde;adiendo que cre&iacute;a cuanto la Santa Madre Iglesia manda
+creer; pero que mientras menos trato tuviera con curas, mejor. O&iacute;a su
+misa los domingos y confesaba muy de tarde en tarde; mas de este paso
+regular no la sacaba nadie.</p>
+
+<p>Desde un d&iacute;a en que disputando con su sobrino sobre este tema, se
+amontonaron los dos y por poco se tiran los trastos a la cabeza, no
+quiso do&ntilde;a Lupe volver a mentar a los <i>carcundas</i> delante de Juan Pablo.
+Y cuando le vio venir del Cuartel Real, corrido y humillado, tuvo la
+se&ntilde;ora una alegr&iacute;a tal que con dificultad pod&iacute;a disimularla. Se acordaba
+de su J&aacute;uregui y de las cosas oportunas y sapient&iacute;simas que este dec&iacute;a
+sobre todo desgraciado que se met&iacute;a con curas, pues era lo mismo que
+acostarse con ni&ntilde;os. &laquo;Y no aprender&aacute;&mdash;pensaba do&ntilde;a Lupe&mdash;; todav&iacute;a es
+capaz de volver a las andadas, y de ir all&aacute; a quitarle motas al z&aacute;ngano
+de Carlos <i>Siete</i>.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Durmiose Maxi aquella noche arrullado por la esperanza. S&iacute;ntoma de
+conciliaci&oacute;n era que su t&iacute;a no le hablaba ya con ira, y aun parec&iacute;a
+tenerle en verdadero concepto de hombre o de var&oacute;n. A veces, hasta
+parec&iacute;a que la insigne se&ntilde;ora le ten&iacute;a cierto respeto. &iexcl;Si no hay como
+mostrarse duro y decidido para que le respeten a uno...! Por lo dem&aacute;s,
+do&ntilde;a Lupe hab&iacute;a vuelto a cuidarle con su acostumbrada solicitud. Le
+pon&iacute;a en la mesa los platos de su gusto, y en su cuarto nada faltaba
+para su regalo y comodidad. En fin, que el pobre chico estaba
+satisfecho; sent&iacute;a que el terreno se solidificaba bajo sus plantas, y se
+reconoc&iacute;a m&aacute;s &aacute;rbitro de su destino, y casi triunfante en la descomunal
+batalla que estaba dando a su familia.</p>
+
+<p>En cuanto a Juan Pablo, no hab&iacute;a nada que temer. Los dos hermanos no
+ten&iacute;an ocasiones de hablar mucho, porque el primog&eacute;nito, despu&eacute;s de
+almorzar, se marchaba a uno de los caf&eacute;s de la Puerta del Sol y all&iacute; se
+estaba las horas muertas. Por la noche o ven&iacute;a muy tarde o no ven&iacute;a. La
+idea de que su hermano andaba de picos pardos regocijaba a Maxi porque
+&laquo;ahora se ver&aacute;&mdash;dec&iacute;a&mdash;, qui&eacute;n es m&aacute;s juicioso, qui&eacute;n cumple mejor las
+leyes de la moral. Que no nos venga aqu&iacute; ech&aacute;ndosela de plancheta con
+su <i>ne&iacute;smo</i>&raquo;.</p>
+
+<p>En suma, que mi hombre se ve&iacute;a m&aacute;s respetado y considerado desde que se
+las tuvo tiesas con su t&iacute;a la ma&ntilde;ana de marras. La &uacute;nica persona que no
+participaba ni poco ni mucho de este respeto era Papitos, que cada d&iacute;a
+le trataba con familiaridad m&aacute;s chocarrera. &laquo;Feo, cara de pito, memo en
+polvo&mdash;dec&iacute;ale sacando un trozo de lengua tal que casi parec&iacute;a
+inveros&iacute;mil&mdash;. Valiente mico est&aacute; <i>vust&eacute;</i>... Ver&aacute; c&oacute;mo no le dejan
+casar... S&iacute;, para <i>vust&eacute;</i> estaba. Bobo, m&aacute;s que bobo&raquo;. Maximiliano la
+despreciaba y se lo dec&iacute;a: &laquo;L&aacute;rgate de aqu&iacute;, sinverg&uuml;enza, o te quito
+todas las muelas de una bofetada&raquo;. &laquo;<i>&iquest;Vust&eacute;, vust&eacute;?</i>, ja, ja. Si le
+cojo, del primer borleo va a parar al tejado&raquo;.</p>
+
+<p>M&aacute;s val&iacute;a no hacerle caso. Era una inocente que no sab&iacute;a lo que se
+dec&iacute;a. Estaba Papitos arreglando el cuarto de <i>sito</i> Maxi, donde se puso
+la cama para el cura, que deb&iacute;a llegar al d&iacute;a siguiente por la ma&ntilde;ana.
+No ve&iacute;a el estudiante con buenos ojos este arreglo, porque siempre que
+su hermano Nicol&aacute;s ven&iacute;a a Madrid y dorm&iacute;a en aquel cuarto le espantaba
+el sue&ntilde;o con sus ronquidos. Eran sus fauces y conducto nasal trompeta de
+Jeric&oacute; con diferentes registros a cual peor. Maxi se pon&iacute;a tan nervioso,
+que a veces ten&iacute;a que salirse de la cama y del cuarto. Lo que m&aacute;s le
+incomodaba era que a la ma&ntilde;ana siguiente el cura sosten&iacute;a que no hab&iacute;a
+dormido nada.</p>
+
+<p>Indic&oacute; a do&ntilde;a Lupe que le librara de este martirio poniendo a Nicol&aacute;s en
+otra habitaci&oacute;n. &iquest;Pero d&oacute;nde, si no hab&iacute;a m&aacute;s aposentos en la casa? La
+se&ntilde;ora le prometi&oacute; ponerle la cama en su propia alcoba si el cura
+roncaba mucho la primera noche. &laquo;Pero ahora que me acuerdo, yo tambi&eacute;n
+ronco... En fin, ya se arreglar&aacute;. Aunque sea en la sala te podr&aacute;s
+quedar&raquo;.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; Nicol&aacute;s Rub&iacute;n a la ma&ntilde;anita siguiente, y Maxi le vio entrar como
+un enemigo m&aacute;s con quien tendr&iacute;a que batirse. El car&aacute;cter sacerdotal de
+su hermano le impresionaba, pues por mucho que su t&iacute;a y &eacute;l hablaran
+contra el <i>ne&iacute;smo</i>, un cura siempre es una autoridad en cualquier
+familia. A este hermano le quer&iacute;a Maxi menos que a Juan Pablo, sin duda
+por haber vivido ausente de &eacute;l durante su ni&ntilde;ez.</p>
+
+<p>Los dos hermanos mayores almorzaron juntos, mas no hablaron ni palotada
+de pol&iacute;tica, por no chocar con do&ntilde;a Lupe. Precisamente Nicol&aacute;s fue quien
+meti&oacute; a Juan Pablo por el aro carlista, prometi&eacute;ndole villas y
+castillos. Hab&iacute;ale dado recomendaciones para elevadas personas del
+Cuartel Real y para unos cl&eacute;rigos de caballer&iacute;a que resid&iacute;an en Bayona.
+Pero nada, como digo, se habl&oacute; en la mesa. No se les ocultaba que su t&iacute;a
+sab&iacute;a hacer guardar los respetos debidos a la entidad de J&aacute;uregui,
+presente siempre en la casa por ficci&oacute;n mental, de que era s&iacute;mbolo el
+feo retrato que en el gabinete estaba. Hablaban del tiempo, de lo mal
+que se viv&iacute;a en Toledo, de que el viento se hab&iacute;a llevado toda la flor
+del albaricoque, y de otras zarandajas, honrando sin melindres el buen
+almuerzo.</p>
+
+<p>De sobremesa, Juan Pablo propuso, puesto que estaban todos reunidos,
+tratar algunos puntos de la herencia, que deb&iacute;an ponerse en claro. &Eacute;l no
+quer&iacute;a propiedad r&uacute;stica, y si sus hermanos lo aprobaban, recibir&iacute;a su
+parte en met&aacute;lico e hipotecas. Otras hipotecas y las tierras ser&iacute;an para
+Nicol&aacute;s y Maximiliano. Estos se conformaron con lo que su hermano
+propon&iacute;a, y a do&ntilde;a Lupe le dieron ganas de tomar cartas en el asunto;
+pero no se atrevi&oacute; a intervenir en un negocio que no le incumb&iacute;a. No
+tuvo m&aacute;s remedio que tragar saliva y callarse. Despu&eacute;s le dijo a
+Maximiliano: &laquo;Hab&eacute;is sido unos tontos. Tu hermano quiere su parte en
+met&aacute;lico para gastarla en cuatro d&iacute;as. Es una mano rota. &iquest;A m&iacute; qu&eacute; me va
+ni me viene? Pues m&aacute;s te habr&iacute;a valido recibir lo tuyo en dinero
+contante, que bien colocado por m&iacute;, te habr&iacute;a dado una rentita bien
+segura. Y si no, lo has de ver. Yo quiero saber c&oacute;mo te las vas t&uacute; a
+gobernar con tanto olivo, tanto parral y ese pedazo de monte bajo que
+dicen que te toca. Lo mismo que el majagranzas de Nicol&aacute;s; a todo dec&iacute;a
+que s&iacute;. Por de pronto tendr&eacute;is que tomar un administrador que os robar&aacute;
+los ojos, y os dar&aacute; cada cuenta que Dios tirita. &iexcl;Qu&eacute; par de zopencos
+sois! Yo te miraba y te quer&iacute;a comer con los ojos, d&aacute;ndote a entender
+que te resistieras; y t&uacute;, hecho un marmolillo... Y luego quieres
+ech&aacute;rtela de hombre de car&aacute;cter. Bonito camino, s&iacute; se&ntilde;or, bonito camino
+tomas&raquo;.</p>
+
+<p>Otra cosa hab&iacute;a propuesto tambi&eacute;n el primog&eacute;nito, a la que accedieron
+gustosos los otros dos hermanos. Cuando muri&oacute; D. Nicol&aacute;s Rub&iacute;n, todos
+los <i>ingleses</i> cobraron con las existencias de la tienda, a excepci&oacute;n de
+uno, que hab&iacute;a sido el mejor y m&aacute;s fiel amigo del difunto en sus d&iacute;as
+buenos y malos. Este acreedor era Samaniego, el boticario de la calle
+del Ave Mar&iacute;a, y su cr&eacute;dito ascend&iacute;a, con el inter&eacute;s vencido de seis por
+ciento, a sesenta y tantos mil reales. Propuso Juan Pablo satisfacerlo
+como un homenaje a la justicia y a la buena memoria de su querido padre,
+y se vot&oacute; afirmativamente por unanimidad. La misma do&ntilde;a Lupe aprob&oacute; este
+acuerdo, que si recortaba un poco el capital de la herencia, era un acto
+de lealtad y como una consagraci&oacute;n p&oacute;stuma de la honradez de su infeliz
+hermano. Samaniego no hab&iacute;a reclamado nunca el pago de su deuda, y esta
+delicadeza pesaba m&aacute;s en el &aacute;nimo de los Rub&iacute;n para pagarle. Ambas
+familias se visitaban a menudo, trat&aacute;ndose con la mayor cordialidad, y
+aun se lleg&oacute; a decir que Juan Pablo no miraba con malos ojos a la mayor
+de las hijas del boticario, llamada Aurora, y de cuyas virtudes, talento
+y aptitud para el trabajo se hac&iacute;a toda lenguas do&ntilde;a Lupe.</p>
+
+<p>Aprobadas la partici&oacute;n propuesta por Juan Pablo y la cancelaci&oacute;n del
+cr&eacute;dito de Samaniego.</p>
+
+<p>Maximiliano, con estas cosas, se sent&iacute;a cada vez m&aacute;s fuerte. Hab&iacute;a
+tomado acuerdos en consejo de familia, luego era hombre. Si ten&iacute;a la
+personalidad legal, &iquest;c&oacute;mo no tener la otra? Figur&aacute;base que algo crec&iacute;a y
+se vigorizaba dentro de &eacute;l, y hasta lleg&oacute; a imaginar que si le pusieran
+en una b&aacute;scula hab&iacute;a de pesar m&aacute;s que antes de aquellas determinaciones.
+Sin duda ten&iacute;a tambi&eacute;n m&aacute;s robustez f&iacute;sica, m&aacute;s dureza de m&uacute;sculos, m&aacute;s
+plenitud de pulmones. No obstante, estaba sobre ascuas hasta que su
+hermano el cleriguito no se explicase. Podr&iacute;a suceder muy bien que
+cuando todo iba como una seda, saliese con ciertas <i>mistiquer&iacute;as</i>
+propias de su oficio, sacando el Cristo de debajo de la sotana y
+alborotando la casa.</p>
+
+<p>La noche del mismo d&iacute;a en que se trat&oacute; de la herencia, supo Nicol&aacute;s lo
+que pasaba, y no lo tom&oacute; con tanta calma como Juan Pablo. Su primer
+arranque fue de indignaci&oacute;n. Tom&oacute; una actitud consternada y meditabunda,
+haciendo el papel de hombre entero, a quien no asustan las dificultades
+y que tiene a gala el presentarles la cara. Las relaciones entre Nicol&aacute;s
+y la viuda, que hab&iacute;an sido fr&iacute;as hasta un par de meses antes de los
+sucesos referidos, eran en la fecha de estos muy cordiales, y no porque
+t&iacute;a y sobrino tuviesen conformidad de genio, sino por cierta
+coincidencia en procederes econ&oacute;micos que atenuaba la gran disparidad
+entre sus caracteres. Do&ntilde;a Lupe no hab&iacute;a simpatizado nunca con Nicol&aacute;s;
+primero, porque las sotanas en general no la hac&iacute;an feliz; segundo,
+porque aquel sobrino suyo no se dejaba querer. No ten&iacute;a las seducciones
+personales de Juan Pablo, ni la humildad del peque&ntilde;o. Su fisonom&iacute;a no
+era agradable, distingui&eacute;ndose por lo peluda, como antes se indic&oacute;. Bien
+dec&iacute;a do&ntilde;a Lupe que as&iacute; como el primog&eacute;nito se llevara todos los
+talentos de la familia, Nicol&aacute;s se hab&iacute;a adjudicado todos los pelos de
+ella. Se afeitaba hoy, y ma&ntilde;ana ten&iacute;a toda la cara negra. Reci&eacute;n
+afeitado, sus mand&iacute;bulas eran de color pizarra. El vello le crec&iacute;a en
+las manos y brazos como la yerba en un f&eacute;rtil campo, y por las orejas y
+narices le asomaban espesos mechones. Dir&iacute;ase que eran las ideas, que
+cansadas de la oscuridad del cerebro se asomaban por los balcones de la
+nariz y de las orejas a ver lo que pasaba en el mundo.</p>
+
+<p>Carg&aacute;banle a do&ntilde;a Lupe sus pretensiones sermonarias y cierta groser&iacute;a
+entremezclada con la soberbia clerical. Las relaciones entre una y otro
+eran puramente de f&oacute;rmula, hasta que a Nicol&aacute;s, en uno de los viajes que
+hizo a Madrid, se le ocurri&oacute; entregar a la t&iacute;a sus ahorros para que se
+los colocara, y v&eacute;ase aqu&iacute; c&oacute;mo se estableci&oacute; entre estas dos personas
+una corriente de simpat&iacute;a convencional que hab&iacute;a de producir la amistad.
+Era como dos pa&iacute;ses separados por esenciales diferencias de raza y
+antagonismos de costumbres, y unidos luego por un tratado de comercio.
+Lo contrario pas&oacute; entre Juan Pablo y do&ntilde;a Lupe. Esta le tuvo en otro
+tiempo mucho cari&ntilde;o y apreciaba sus grandes atractivos personales; pero
+ya le iba dando de lado en sus afectos. No le perdonaba sus h&aacute;bitos de
+despilfarro y el poco aprecio que hac&iacute;a del dinero gast&aacute;ndolo tan sin
+sustancia. Ni una sola vez, ni una, le hab&iacute;a dado un pico para que se lo
+colocase a r&eacute;dito. Siempre estaba a la cuarta pregunta, y como pudiera
+sacarle a su t&iacute;a alguna cantidad por medio de combinaciones dignas del
+mejor hacendista, no dejaba de hacerlo, y a la viuda se le requemaba la
+sangre con esto. V&eacute;ase, pues, c&oacute;mo se entend&iacute;a mejor con el m&aacute;s
+antip&aacute;tico de sus sobrinos que con el m&aacute;s simp&aacute;tico.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Conocedor Nicol&aacute;s de la tremenda noticia, le falt&oacute; tiempo para pegar la
+hebra de su sopor&iacute;fero serm&oacute;n, s&oacute;lo interrumpido cuando Papitos trajo la
+ensalada. Porque Nicol&aacute;s Rub&iacute;n no pod&iacute;a dormir si no le pon&iacute;an delante a
+punto de las once una ensalada de lechuga o escarola, seg&uacute;n el tiempo,
+bien ali&ntilde;ada, bien meneada, con el indispensable ajito frotado en la
+ensaladera, y la golosina del apio en su tiempo. Hab&iacute;a comido muy bien
+el dichoso cura, circunstancia que no debe notarse, pues no hay memoria
+de que dejara de hacerlo cumplidamente ning&uacute;n d&iacute;a del a&ntilde;o. Pero su
+est&oacute;mago era un verdadero molino, y a las tres horas de haberse llenado,
+hab&iacute;a que cargarlo otra vez. &laquo;Esto no es m&aacute;s que debilidad&mdash;dec&iacute;a
+poniendo una cara grave y a veces consternada&mdash;, y no hay idea de los
+esfuerzos que he hecho por corregirla. El m&eacute;dico me manda que coma poco
+y a menudo&raquo;.</p>
+
+<p>Cay&oacute; sobre aquel forraje de la ensalada, e inclinaba la cara sobre ella
+como el bruto sobre la cavidad del pesebre lleno de yerba.</p>
+
+<p>&laquo;Le dir&eacute; a usted, t&iacute;a&mdash;murmuraba con el gru&ntilde;ido que la masticaci&oacute;n le
+permit&iacute;a&mdash;. Yo no soy de mucho comer, aunque lo parezca&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pod&iacute;as serlo m&aacute;s. Come, hijo, que el comer no es pecado gordo.</p>
+
+<p>&mdash;Le dir&eacute; a usted, t&iacute;a...</p>
+
+<p>No le dijo nada, porque la operaci&oacute;n aquella de mascar los jugosos
+tallos de la escarola absorb&iacute;a toda su atenci&oacute;n. Los gruesos labios le
+reluc&iacute;an con la pringue, y esta se le escurr&iacute;a por las comisuras de la
+boca formando un hilo corriente, que hubiera descendido hasta la
+garganta si los ca&ntilde;ones de la mal rapada barba no lo detuvieran. Ten&iacute;a
+puesto un gorro negro de lana con borlita que le ca&iacute;a por delante al
+inclinar la cabeza, y se retiraba hacia atr&aacute;s cuando la alzaba. A do&ntilde;a
+Lupe (no lo pod&iacute;a remediar) le daba asco el modo de comer de su sobrino,
+considerando que m&aacute;s le val&iacute;a saber menos de cosas teol&oacute;gicas y un
+poquito m&aacute;s de arte de urbanidad. Como estaban los dos solos, d&aacute;bale
+bromas sobre aquello del comer poco y a menudo; pero &eacute;l se apresur&oacute; a
+variar la conversaci&oacute;n, llev&aacute;ndola al asunto de Maxi.</p>
+
+<p>&laquo;Una cosa muy seria, t&iacute;a, pero que muy seria&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que lo es; pero creo muy dif&iacute;cil quit&aacute;rsela de la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Eso corre de mi cuenta... &iexcl;Oh! Si no tuviera yo otras monta&ntilde;as que
+levantar en vilo...&mdash;dijo el cl&eacute;rigo apartando de s&iacute; la ensaladera, en
+la cual no quedaba ni una hebra&mdash;. Ver&aacute; usted... ver&aacute; usted si le vuelvo
+yo del rev&eacute;s como un calcet&iacute;n. Para esas cosas me pinto...</p>
+
+<p>No pudo concluir la frase, porque le vino de lo hondo del cuerpo a la
+boca una tan voluminosa cantidad de gases, que las palabras tuvieron que
+echarse a un lado para darle salida. Fue tan sonada la regurgitaci&oacute;n,
+que do&ntilde;a Lupe tuvo que apartar la cara, aunque Nicol&aacute;s se puso la palma
+de la mano delante de la boca a guisa de mampara. Este movimiento era
+una de las pocas cosas relativamente finas que sab&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;...me pinto solo&mdash;termin&oacute;, cuando ya los fluidos se hab&iacute;an difundido
+por el comedor&mdash;. Ver&aacute; usted, en cuanto llegue le echo el toro... &iexcl;Oh!,
+es mi fuerte. Me parece que ya est&aacute; ah&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Oyose la campanilla, y la misma do&ntilde;a Lupe abri&oacute; a su sobrino. Lo mismo
+fue entrar este en el comedor que conocer en la cara impertinente de su
+hermano que ya sab&iacute;a <i>aquello</i>... No le dio Nicol&aacute;s tiempo a prepararse,
+porque de buenas a primeras le emboc&oacute; de este modo:</p>
+
+<p>&laquo;Si&eacute;ntese usted aqu&iacute;, caballerito, que tenemos que hablar. Vaya, que me
+ha dejado fr&iacute;o lo que acabo de saber. Estamos bien. Con que...&raquo;.</p>
+
+<p>La mano tiesa volvi&oacute; a ponerse delante de la boca, a punto que se
+atascaban las palabras, sufriendo la cabeza como una trepidaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Con que aqu&iacute; hace cada cual lo que le da la gana, sin tener en cuenta
+las leyes divinas ni humanas, y haciendo mangas y capirotes de la
+religi&oacute;n, de la dignidad de la familia...&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano, que al principiar el r&eacute;spice, estaba anonadado, se reh&iacute;zo
+de s&uacute;bito, y todas las fuerzas de su esp&iacute;ritu se pronunciaron con
+varonil arranque. Tal era el s&iacute;ntoma caracter&iacute;stico del <i>hombre nuevo</i>
+que en &eacute;l hab&iacute;a surgido. Roto el hielo de la cortedad desde el momento
+en que la tremenda cuesti&oacute;n sal&iacute;a a <i>vista p&uacute;blica</i>, le brotaban del
+fondo del alma aquellos alientos grandes para su defensa. Discutir, eso
+no; pero lo que es obrar, s&iacute;, o al menos demostrar con palabras breves y
+enf&aacute;ticas su firme prop&oacute;sito de independencia...</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Bah!&mdash;exclam&oacute; apartando la vista de su hermano con un movimiento
+desde&ntilde;oso de la cabeza&mdash;. No quiero o&iacute;r sermones. Yo s&eacute; bien lo que debo
+hacer&raquo;.</p>
+
+<p>Dijo, y levant&aacute;ndose se march&oacute; a su cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, muy bien&mdash;murmur&oacute; el cura qued&aacute;ndose corrido, mirando a do&ntilde;a
+Lupe y a Papitos, la cual se pasmaba de aquel mirar que parec&iacute;a una
+consulta&mdash;. Y qu&eacute; mal educadito y que rabiosito se ha vuelto. Bien, muy
+bien; pero muy...</p>
+
+<p>Un metro c&uacute;bico de gas se precipit&oacute; a la boca con tanta violencia, que
+Nicol&aacute;s tuvo que ponerse tieso para darle salida franca, y a pesar de lo
+furioso que estaba, supo cuidar de que la mano desempe&ntilde;ara su
+obligaci&oacute;n. Do&ntilde;a Lupe tambi&eacute;n parec&iacute;a indignada, aunque si se hubiera
+ido a examinar bien el interior de la digna se&ntilde;ora, se habr&iacute;a visto que
+en medio del enojo que su dignidad le impon&iacute;a, nac&iacute;a t&iacute;midamente un
+sentimiento extra&ntilde;o de regocijo por aquella misma independencia de su
+sobrino. &iexcl;Si ser&iacute;a efectivamente un hombre, un car&aacute;cter entero...!
+Siempre le disgust&oacute; a ella que fuera tan encogido y para poco. &iquest;Por qu&eacute;
+no se hab&iacute;a de alegrar de ver en &eacute;l un rasgo siquiera de personalidad
+&aacute;rbitra de s&iacute; misma? &laquo;Hay que ver por d&oacute;nde sale este demonches de
+chico&mdash;pensaba con cierta travesura&mdash;. &iexcl;Y qu&eacute; geniazo va sacando!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pero muy bien, perfectamente bien&mdash;dijo el cura apoyando las manos en
+los brazos del sill&oacute;n, para enderezar el cuerpo&mdash;. Ver&aacute;s ahora,
+grand&iacute;simo piru&eacute;tano, c&oacute;mo te pongo yo las peras a cuarto. T&iacute;a, buenas
+noches. Ahora va a ser la gorda. Acostados los dos, hablaremos&raquo;.</p>
+
+<p>Encerrose Nicol&aacute;s en su alcoba, que era la de su hermano, y ambos se
+metieron en la cama. Do&ntilde;a Lupe se puso fuera a escuchar. Al principio no
+oy&oacute; m&aacute;s que el crujir de los hierros de la cama del cl&eacute;rigo, que era muy
+mala y endeble, y en cuanto se mov&iacute;a el desgraciado ocupador de ella
+volv&iacute;ase toda una pura m&uacute;sica, la que unida al ruido de los muelles del
+colch&oacute;n veterano, hubiera quitado el sue&ntilde;o a todo hombre que no fuese
+Nicol&aacute;s Rub&iacute;n. Despu&eacute;s oy&oacute; do&ntilde;a Lupe la voz de Maxi, opaca, pero entera
+y firme. Nicol&aacute;s no le dejaba meter baza; pero el otro se las ten&iacute;a
+tiesas... &iexcl;Terrible duelo entre el serm&oacute;n y el lenguaje sincero de los
+afectos! Pon&iacute;a singular atenci&oacute;n do&ntilde;a Lupe a la voz del sietemesino, y
+se hubiera alegrado de o&iacute;r algo estupendo, categ&oacute;rico y que se saliera
+de lo com&uacute;n; pero no pod&iacute;a distinguir bien los conceptos, porque la voz
+de Maxi era muy apagada y parec&iacute;a salir de la cavidad de una botella. En
+cambio los gritos del cura se o&iacute;an claramente desde el pasillo. &laquo;Miren
+por d&oacute;nde sale ahora este...&mdash;pens&oacute; do&ntilde;a Lupe volviendo la cara con
+desd&eacute;n&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; tendr&aacute;n que ver Santo Tom&aacute;s ni el padre Su&aacute;rez con...!&raquo;.
+Al fin dej&oacute; de o&iacute;rse la voz cavernosa del sacerdote, y en cambio se
+percibi&oacute; un silbido r&iacute;tmico, al que siguieron pronto mugidos como los
+del aire filtr&aacute;ndose por los huecos de un torre&oacute;n en ruinas.</p>
+
+<p>&laquo;Ya est&aacute; roncando ese...&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe retir&aacute;ndose a su alcoba&mdash;. &iexcl;Qu&eacute;
+noche va a pasar el otro pobre!&raquo;.</p>
+
+<p>Ser&iacute;an las nueve de la ma&ntilde;ana siguiente, cuando Nicol&aacute;s pidi&oacute; a Papitos
+su chocolate. Sali&oacute; del cuarto con la cara muy mal lavada, y algunas
+partes de ella parec&iacute;an no haber visto m&aacute;s agua que la del bautismo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Ese chocolate?&raquo; pregunt&oacute; en el comedor, resob&aacute;ndose las manos una con
+otra, como si quisiera sacar fuego de ellas.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora mismo. El chocolate hab&iacute;a de ser con canela, hecho con leche,
+por supuesto, y en raci&oacute;n de dos onzas. Le hab&iacute;an de acompa&ntilde;ar un bollo
+de tahona, varios bizcochitos y agua con azucarillo. Y a&uacute;n dec&iacute;a Nicol&aacute;s
+que tomaba chocolate no por tomarlo, sino nada m&aacute;s que por fumarse un
+cigarrillo encima.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; result&oacute; anoche?&mdash;pregunt&oacute; do&ntilde;a Lupe al ponerle delante todo
+aquel cargamento.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, que no hay quien le apee&mdash;respondi&oacute; el cl&eacute;rigo, sumergiendo
+el primer bizcochito en el espeso l&iacute;quido&mdash;. Lo que usted dec&iacute;a: no es
+posible quit&aacute;rselo de la cabeza. Una de dos, o matarle o dejarle, y como
+no le hemos de matar... Al fin convenimos en que yo ver&iacute;a hoy a esa...
+cabra loca.</p>
+
+<p>&mdash;No me parece mal.&mdash;Y seg&uacute;n la impresi&oacute;n que me haga, determinaremos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vais juntos?&mdash;No, yo solo, quiero ir solo. Adem&aacute;s &eacute;l est&aacute; hoy con
+jaqueca.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con jaqueca? &iexcl;Pobrecito!</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe corri&oacute; a ver a Maximiliano, que despu&eacute;s de empezar a vestirse,
+hab&iacute;a tenido que echarse otra vez en la cama. Provocado sin duda por las
+emociones de aquellos d&iacute;as, por el largo debate con su hermano Nicol&aacute;s,
+y m&aacute;s a&uacute;n quiz&aacute;s por los insufribles ronquidos de este, apareci&oacute; el
+temido acceso. Desde media noche sinti&oacute; Maxi un entorpecimiento
+particular dentro de la cabeza, acompa&ntilde;ado del presagio del mal. La
+aton&iacute;a sigui&oacute;, con el deseo de sue&ntilde;o no satisfecho y luego una punzada
+detr&aacute;s del ojo izquierdo, la cual se aliviaba con la compresi&oacute;n bajo la
+ceja. El paciente daba vueltas en la cama buscando posturas, sin
+encontrar la del alivio. Resolv&iacute;ase luego la punzada en dolor
+gravitativo, extendi&eacute;ndose como un cerco de hierro por todo el cr&aacute;neo.
+El trastorno general no se hac&iacute;a esperar, ansiedad, n&aacute;useas, ganas de
+moverse, a las que segu&iacute;an inmediatamente ganas m&aacute;s vivas todav&iacute;a de
+estarse quieto. Esto no pod&iacute;a ser, y por fin le entraba aquella desaz&oacute;n
+epil&eacute;ptica, aquel maldito hormigueo por todo el cuerpo. Cuando trat&oacute; de
+levantarse parec&iacute;ale que la cabeza se le abr&iacute;a en dos o tres cascos,
+como se hab&iacute;a abierto la hucha a los golpes de la mano del almirez.
+Sinti&oacute; entrar a su t&iacute;a. Do&ntilde;a Lupe conoc&iacute;a tan bien la enfermedad, que no
+ten&iacute;a m&aacute;s que verle para comprender el periodo de ella en que estaba.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Tienes ya el clavo?&mdash;le pregunt&oacute; en voz muy baja&mdash;. Te pondr&eacute;
+l&aacute;udano&raquo;.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a aparecido el clavo, que era la sensaci&oacute;n de una baguetilla de
+hierro caliente atravesada desde el ojo izquierdo a la coronilla.
+Despu&eacute;s pasaba al ojo derecho este suplicio, algo atenuado ya. Do&ntilde;a
+Lupe, tan cari&ntilde;osa como siempre, le puso l&aacute;udano, y arreglando la cama y
+cerrando bien las maderas, le dej&oacute; para ir a hacer una taza de t&eacute;,
+porque era preciso que tomase algo. El enfermo dijo a su t&iacute;a que si iba
+Olmedo a buscarle para ir a clase, le dejase pasar para hacerle un
+encargo. Fue Olmedo, y Maximiliano le rog&oacute; corriese a avisar a Fortunata
+la visita del cl&eacute;rigo, para que estuviese prevenida. &laquo;Oye, advi&eacute;rtele
+que tenga mucho cuidado con lo que dice; que hable sin miedo y con
+sinceridad; basta con esto. Dile c&oacute;mo estoy y que no la podr&eacute; ver hasta
+ma&ntilde;ana&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>El aviso, puntualmente transmitido por Olmedo, de la visita del cura
+puso a Fortunata en gran confusi&oacute;n. Pareciole al pronto un honor harto
+grande, luego compromiso, porque la visita de persona tan respetable
+indicaba que la cosa iba de veras. No se conceptuaba, adem&aacute;s, con
+bastante finura para recibir a sujetos de tanta autoridad. &laquo;&iexcl;Un se&ntilde;or
+eclesi&aacute;stico!... &iexcl;qu&eacute; verg&uuml;enza voy a pasar! Porque de seguro me
+preguntar&aacute; cosas como cuando una se va a confesar... &iquest;Y c&oacute;mo me pondr&eacute;?
+&iquest;Me vestir&eacute; con los trapitos de cristianar, o de cualquier manera?...
+Quiz&aacute;s sea mejor ponerme hecha un pingo, a lo pobre, para que no crea...
+No, no es propio. Me vestir&eacute; decente y modestita&raquo;. Despachados los m&aacute;s
+urgentes quehaceres del d&iacute;a, peinose con mucha sencillez, se puso su
+vestido negro, las botas nuevas; p&uacute;sose tambi&eacute;n su pa&ntilde;uelo de lana
+oscuro, sujeto con un imperdible de metal blanco que representaba una
+golondrina, y mir&aacute;ndose al espejo, aprob&oacute; su perfecta facha de mujer
+honesta. Antes de arreglarse hab&iacute;a almorzado precipitadamente, con poca
+gana, porque no le gustaban visitas tan serias, ni sab&iacute;a lo que en ellas
+hab&iacute;a de decir. La idea de soltar alguna barbaridad o de no responder
+derechamente a lo que se le preguntara, le quit&oacute; el apetito... Y bien
+mirado, &iquest;qu&eacute; necesidad ten&iacute;a ella de visitas de curas? Pero no tuvo
+tiempo de pensar mucho en esto, porque de repente... til&iacute;n. Era
+pr&oacute;ximamente la una y media.</p>
+
+<p>Corri&oacute; a abrir la puerta. El coraz&oacute;n le saltaba en el pecho. La figura
+negra avanz&oacute; por el pasillo para entrar en la salita. Fortunata estaba
+tan turbada que no acert&oacute; a decirle que se sentase y dejara la canaleja.
+Maxi, que al hablar de la familia se dejaba guiar m&aacute;s por el amor propio
+que por la sinceridad, le hab&iacute;a hecho mil cuentos hiperb&oacute;licos de
+Nicol&aacute;s, pint&aacute;ndole como persona de mucha virtud y talento, y ella se
+los hab&iacute;a cre&iacute;do. Por esto se desilusion&oacute; algo al ver aquella figura
+tosca de cura de pueblo, aquellas barbas mal rapadas y la abundancia de
+vello negro que parec&iacute;a cultivado para formar cosecha. La cara era
+desagradable, la boca grande y muy separada de la nariz corva y chica;
+la frente espaciosa, pero sin nobleza; el cuerpo fornido, las manos
+largas, negras y poco familiarizadas con el jab&oacute;n; la tez morena,
+&aacute;spera y aceitosa. El ropaje negro del cura revelaba desaseo, y este
+detalle bien observado por Fortunata la ilusion&oacute; otra vez respecto a la
+santidad del sujeto, porque en su ignorancia supon&iacute;a la limpieza re&ntilde;ida
+con la virtud. Poco despu&eacute;s, notando que su futuro hermano pol&iacute;tico
+ol&iacute;a, y no a &aacute;mbar, se confirm&oacute; en aquella idea.</p>
+
+<p>&laquo;Parece que est&aacute; usted como asustada&mdash;dijo Nicol&aacute;s con fr&iacute;a sonrisa
+clerical&mdash;. No me tenga usted miedo. No me como a la gente. &iquest;Se figura
+usted a lo que vengo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;or... no... digo, me figuro. Maximiliano...</p>
+
+<p>&mdash;Maximiliano es un tarambana&mdash;afirm&oacute; el cl&eacute;rigo con la seguridad
+burlesca del que se siente frente a un interlocutor demasiado d&eacute;bil&mdash;, y
+usted lo debe conocer como lo conozco yo. Ahora ha dado en la simpleza
+de casarse con usted... No, si no me enfado. No crea usted que la voy a
+re&ntilde;ir. Yo soy moro de paz, amiga m&iacute;a, y vengo aqu&iacute; a tratar la cosa por
+las buenas. Mi idea es esta: ver si es usted una persona juiciosa, y si
+como persona juiciosa comprende que esto del casorio es una botaratada;
+ni m&aacute;s ni menos... Y si lo reconoce as&iacute;, pretendo, esta, esta es la
+cosa, que usted misma sea quien se lo quite de la cabeza... ni menos ni
+m&aacute;s.</p>
+
+<p>Fortunata conoc&iacute;a <i>La Dama de las Camelias</i>, por haberla o&iacute;do leer.
+Recordaba la escena aquella del padre suplicando a la <i>dama</i> que le
+quite de la cabeza al chico la tonter&iacute;a de amor que le degrada, y sinti&oacute;
+cierto orgullo de encontrarse en situaci&oacute;n semejante. M&aacute;s por coqueter&iacute;a
+de virtud que por abnegaci&oacute;n, acept&oacute; aquel bonito papel que se le
+ofrec&iacute;a, &iexcl;y vaya si era bonito! Como no le costaba trabajo desempe&ntilde;arlo
+por no estar enamorada ni mucho menos, respondi&oacute; en tono dulce y grave:</p>
+
+<p>&laquo;Yo estoy dispuesta a hacer todo lo que usted me mande&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, muy bien, perfectamente bien&mdash;dijo Nicol&aacute;s, orgulloso de lo que
+cre&iacute;a un triunfo de su personalidad, que se impon&iacute;a s&oacute;lo con
+mostrarse&mdash;. As&iacute; me gusta a m&iacute; la gente. &iquest;Y si le mando que no vuelva a
+ver m&aacute;s a mi hermano, que se escape esta noche para que cuando &eacute;l vuelva
+ma&ntilde;ana no la encuentre?</p>
+
+<p>Al o&iacute;r esto, Fortunata vacil&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Lo har&eacute;, s&iacute;, se&ntilde;or&mdash;contest&oacute; al fin, cuidando luego de buscar
+inconvenientes al plan del sacerdote&mdash;. &iquest;Pero a d&oacute;nde ir&eacute; yo que &eacute;l no
+venga tras de m&iacute;? Al &uacute;ltimo rinc&oacute;n de la tierra ha de ir a buscarme.
+Porque usted no sabe lo desatinado que est&aacute; por... esta su servidora&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, lo s&eacute;, lo s&eacute;... A buena parte viene. &iquest;De modo que usted cree que
+no adelantamos nada con darle esquinazo?... Esta es la cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, se&ntilde;or, pero nada&mdash;declar&oacute; ella, disgustada ya del papel de <i>Dama
+de las Camelias</i>, porque si el casarse con Maximiliano era una soluci&oacute;n
+poco grata a su alma, la vida p&uacute;blica la aterraba en tales t&eacute;rminos, que
+todo le parec&iacute;a bien antes que volver a ella.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, perfectamente bien&mdash;afirm&oacute; Nicol&aacute;s d&aacute;ndose aires de persona que
+medita mucho las cosas, y razona a lo matem&aacute;tico&mdash;. Ya tenemos un punto
+de partida, que es la buena disposici&oacute;n de usted... esta es la cosa.
+Resp&oacute;ndame ahora. &iquest;No tiene usted qui&eacute;n la ampare si rompe con mi
+hermano?</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or.&mdash;&iquest;No tiene usted familia?&mdash;No se&ntilde;or.&mdash;Pues est&aacute; usted
+aviada... De forma y manera&mdash;dijo cruzando los brazos y echando el
+cuerpo atr&aacute;s&mdash;, que en tal caso no tiene m&aacute;s remedio que... que echarse
+a la buena vida... al amor libre... a... Ya usted me entiende.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or, entiendo... no tengo m&aacute;s camino&mdash;manifest&oacute; la joven con
+humildad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tremenda responsabilidad para m&iacute;!&mdash;exclam&oacute; el curita moviendo la
+cabeza y mirando al suelo, y lo repiti&oacute; hasta unas cinco veces en tono
+de p&uacute;lpito.</p>
+
+<p>En aquel instante le vinieron al pensamiento ideas distintas de las que
+hab&iacute;a llevado a la visita, y m&aacute;s conformes con su empinada soberbia
+clerical. Hab&iacute;a ido con el prop&oacute;sito de romper aquellos lazos, si la
+novia de su hermano no se prestaba medianamente a ello; pero cuando la
+vio tan humilde, tan resignada a su triste suerte, entrole apetito de
+componendas y de mostrar sus habilidades de zurcidor moral. &laquo;He aqu&iacute; una
+ocasi&oacute;n de lucirme&mdash;pens&oacute;&mdash;. Si consigo este triunfo, ser&aacute; el m&aacute;s grande
+y cristiano de que puede vanagloriarse un sacerdote. Porque fig&uacute;rense
+ustedes que consigo hacer de esta samaritana una se&ntilde;ora ejemplar y tan
+cat&oacute;lica como la primera... fig&uacute;renselo ustedes...&raquo;. Al pensar esto,
+Nicol&aacute;s cre&iacute;a estar hablando con sus colegas. Tomaba en serio su oficio
+de pescador de gente, y la verdad, nunca se le hab&iacute;a presentado un pez
+como aquel. Si lo sacaba de las aguas de la corrupci&oacute;n, &laquo;&iexcl;qu&eacute; victoria,
+se&ntilde;ores, pero qu&eacute; pesca!&raquo;. En otros casos semejantes, aunque no de tanta
+importancia, en los cuales hab&iacute;a &eacute;l mangoneado con todos sus ardides
+apost&oacute;licos, alcanz&oacute; &eacute;xitos de relumbr&oacute;n que le hicieron objeto de
+envidia entre el clero toledano. S&iacute;; el curita Rub&iacute;n hab&iacute;a reconciliado
+dos matrimonios que andaban a la gre&ntilde;a, hab&iacute;a salvado de la prostituci&oacute;n
+a una ni&ntilde;a bonita, hab&iacute;a obligado a casarse a tres seductores con las
+respectivas seducidas; todo por la fuerza persuasiva de su dial&eacute;ctica...
+&laquo;Soy de encargo para estas cosas&raquo; fue lo &uacute;ltimo que pens&oacute;, hinchado de
+vanidad y alegr&iacute;a como caudillo valeroso que ve delante de s&iacute; una gran
+batalla. Despu&eacute;s se frot&oacute; mucho las manos, murmurando:</p>
+
+<p>&laquo;Bien, bien; esta es la cosa&raquo;. Era el movimiento inicial del obrero que
+se aligera las manos antes de empezar una ruda faena, o del cavador que
+se las escupe antes de coger la azada. Despu&eacute;s dijo bruscamente y
+sonriendo:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Me permite usted echar un cigarrillo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or, pues no faltaba m&aacute;s...&mdash;replic&oacute; Fortunata, que esperaba el
+resultado de aquel meditar y del frote de las manos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&iacute;&mdash;declar&oacute; gravemente Nicol&aacute;s, chupando su cigarrillo&mdash;, me
+falta valor para lanzarla a usted al mundo malo; mejor dicho, la caridad
+y el ministerio que profeso me vedan hacerlo. Cuando un n&aacute;ufrago quiere
+salvarse, &iquest;es humano darle una patada desde la orilla? No; lo humano es
+alargarle una mano o echarle un palo para que se agarre... esta es la
+cosa.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or&mdash;indic&oacute; Fortunata agradecida&mdash;, porque yo soy n&aacute;u...</p>
+
+<p>Iba a decir <i>n&aacute;ufraga</i>; pero temiendo no pronunciar bien palabra tan
+dif&iacute;cil, la guard&oacute; para otra ocasi&oacute;n, diciendo para s&iacute;: &laquo;No metamos la
+pata sin necesidad&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pues lo que yo necesito ahora&mdash;agreg&oacute; Rub&iacute;n terci&aacute;ndose el manteo sobre
+las piernas, y accionando como un hombre que necesita tener los brazos
+libres para una gran faena&mdash;, es ver en usted se&ntilde;ales claras de
+arrepentimiento y deseo de una vida regular y decente; lo que yo
+necesito ahora es leer en su interior, en su coraz&oacute;n de usted. Vamos
+all&aacute;. &iquest;Hace mucho tiempo que no se confiesa usted?&raquo;.</p>
+
+<p>La Samaritana se puso colorada, porque le daba verg&uuml;enza de decir que
+hac&iacute;a lo menos diez o doce a&ntilde;os que no se hab&iacute;a confesado. Por fin lo
+declar&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Perfectamente&mdash;dijo Nicol&aacute;s, acercando su sill&oacute;n al sof&aacute; en que la
+joven estaba&mdash;. Le prevengo a usted que tengo mucha experiencia de esto.
+Hace cinco a&ntilde;os que practico el confesonario, y que las cazo al vuelo.
+Quiero decir que a m&iacute; no hay mujer que me enga&ntilde;e&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata tuvo miedo y Nicol&aacute;s aproxim&oacute; m&aacute;s el sill&oacute;n. Aunque estaban
+solos, ciertas cosas deb&iacute;an decirse en voz baja.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos a ver, &iquest;qui&eacute;n fue el primero?&raquo; pregunt&oacute; el presb&iacute;tero llev&aacute;ndose
+la mano tiesa a la boca, porque con la pregunta quer&iacute;an salir tambi&eacute;n
+ciertos gases.</p>
+
+<p>Cont&oacute; ella lo de Juanito Santa Cruz, pasando no poca verg&uuml;enza, y dando
+a conocer la triste historia incoherente.</p>
+
+<p>&laquo;Abrevie usted. Hay muchos pormenores que ya me los s&eacute;, como me s&eacute; el
+Catecismo... Que le dio a usted palabra de casamiento y que usted fue
+tan boba que se lo crey&oacute;. Que un d&iacute;a la cogi&oacute; descuidada y sola... Bah,
+bah... lo de siempre. Despu&eacute;s habr&aacute; usted conocido a otros muchos
+hombres, &iquest;a cu&aacute;ntos pr&oacute;ximamente?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata mir&oacute; al techo, haciendo un c&aacute;lculo num&eacute;rico.</p>
+
+<p>&laquo;Es dif&iacute;cil decir... Lo que es conocer...&raquo;.</p>
+
+<p>El sacerdote se sonri&oacute;. &laquo;Quiero decir tratar con intimidad; hombres con
+quienes ha vivido usted en relaciones de un mes, de dos... esta es la
+cosa. No me refiero a los conocimientos de un instante, que eso vendr&aacute;
+despu&eacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pues ser&aacute;n...&raquo; dijo ella pasando un rato muy malo.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, no se asuste usted del n&uacute;mero.</p>
+
+<p>&mdash;Pues podr&aacute;n ser... como unos ocho... Deje usted que me acuerde bien...</p>
+
+<p>&mdash;Basta ya; lo mismo da ocho que doce o que ochocientos doce. &iquest;Le
+repugna a usted la memoria de esos esc&aacute;ndalos?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, s&iacute;, se&ntilde;or... Crea usted que...</p>
+
+<p>&mdash;Que no los puede ver ni pintados. Lo creo... &iexcl;Valientes pillos! Sin
+embargo, d&iacute;game usted: &iquest;No volver&iacute;a a tener amistad con alguno de ellos,
+si la solicitara?</p>
+
+<p>Con ninguno...&mdash;dijo Fortunata.&mdash;&iquest;De veras? Pi&eacute;nselo usted bien.</p>
+
+<p>Fortunata lo pens&oacute;, y al cabo de un ratito, la lealtad y buena fe con
+que se confesaba mostr&aacute;ronse en esta declaraci&oacute;n:</p>
+
+<p>&laquo;Con uno... qu&eacute; s&eacute; yo... Pero no puede ser&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jese usted de que pueda o no pueda ser. Ese uno, esa excepci&oacute;n de su
+hast&iacute;o es el primero, ese tal D. Juanito. No necesita usted
+confirmarlo. Me s&eacute; estas historias al dedillo. &iquest;No ve usted, hija m&iacute;a,
+que he sido confesor de las Arrepentidas de Toledo durante cinco a&ntilde;os
+largos de talle?</p>
+
+<p>&mdash;Pero no puede ser. Est&aacute; casado, es muy feliz, y no se acuerda de m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;A saber, a saber... Pero en fin, usted confiesa que es el &uacute;nico sujeto
+a quien de veras quiere, el &uacute;nico por quien de veras siente apetito de
+amores y esa cosa, esa tonter&iacute;a que ustedes las mujeres...</p>
+
+<p>&mdash;El &uacute;nico.&mdash;Y a los dem&aacute;s que los parta un rayo.</p>
+
+<p>&mdash;A los dem&aacute;s, nada.&mdash;&iquest;Y a mi hermano?... esta es la cosa.</p>
+
+<p>Lo brusco de la pregunta aturdi&oacute; a la penitente. No la esperaba, ni se
+acordaba para nada en aquel momento del pobre Maxi. Como era tan sincera
+no pens&oacute; ni por un momento en alterar la verdad. Las cosas claras.
+Adem&aacute;s, el cl&eacute;rigo aquel parec&iacute;ale muy listo, y si le dec&iacute;a una cosa por
+otra conocer&iacute;a el embuste.</p>
+
+<p>&laquo;Pues a su hermano de usted, tampoco&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente&mdash;dijo el curita, acercando su sill&oacute;n todo lo m&aacute;s que
+acercarse pod&iacute;a.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>Para que ning&uacute;n malicioso interprete mal las bruscas aproximaciones del
+sill&oacute;n de Nicol&aacute;s Rub&iacute;n al asiento de su interlocutora, conviene hacer
+constar de una vez que era hombre de temple fort&iacute;simo, o m&aacute;s propiamente
+hablando, frigid&iacute;simo. La belleza femenina no le conmov&iacute;a o le conmov&iacute;a
+muy poco, raz&oacute;n por la cual su castidad carec&iacute;a de m&eacute;rito. La carne que
+a &eacute;l le tentaba era otra, la de ternera por ejemplo, y la de cerdo m&aacute;s,
+en buenas magras, chuletas ri&ntilde;onadas o solomillo bien puesto con
+guisantes. M&aacute;s pronto se le iban los ojos detr&aacute;s de un jam&oacute;n que de una
+cadera, por suculenta que esta fuese, y la mejor <i>falda</i> para &eacute;l era la
+que da nombre al guisado. Jact&aacute;base de su inapetencia mujeril haciendo
+de ella una estupenda virtud; pero no necesitaba andar a cachetes con el
+demonio para triunfar. Las embestidas del sill&oacute;n eran simplemente un
+h&aacute;bito de confianza, adquirido con el uso del secreto penitenciario.</p>
+
+<p>&laquo;Lo que se llama querer...&mdash;dijo Fortunata haciendo esfuerzos para
+expresarse claramente&mdash;, querer, &iquest;entiende usted?, no; pero aprecio,
+estimaci&oacute;n s&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De modo que no hay lo que llaman ilusi&oacute;n?...</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or.&mdash;Pero hay esa afici&oacute;n tranquila, que puede ser principio de
+una amistad constante, de ese afecto puro, honesto y reposado que hace
+la felicidad de los matrimonios.</p>
+
+<p>Fortunata no se atrevi&oacute; a responder claro.</p>
+
+<p>Le parec&iacute;a mucho lo que el eclesi&aacute;stico propon&iacute;a. Recort&aacute;ndolo algo se
+pod&iacute;a aceptar.</p>
+
+<p>&laquo;Puedo llegar a quererle con el trato...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente... Porque es preciso que usted se fije bien en una cosa:
+eso de la ilusi&oacute;n es pura monserga, eso es para bobas. Ilusionarse con
+un caballerete porque tenga los ojos as&iacute; o asado, porque tenga el
+bigotito de esta manera, el cuerpo derecho y el habla dengosa, es propio
+de hembras salvajes. Amar de ese modo no es amar, es perversi&oacute;n, es
+vicio, hija m&iacute;a. El verdadero amor es el espiritual, y la &uacute;nica manera
+de amar es enamorarse de la persona por las prendas del alma. Las
+mujeres de estos tiempos se dejan pervertir por las novelas y por las
+ideas falsas que otras mujeres les imbuyen acerca del amor. &iexcl;Patra&ntilde;a y
+propaganda indecente que hace Satan&aacute;s por mediaci&oacute;n de los poetas,
+novelistas y otros holgazanes! Diranle a usted que el amor y la
+hermosura f&iacute;sica son hermanos, y le hablar&aacute;n a usted de Grecia y del
+naturalismo pagano. No haga usted caso de patra&ntilde;as, hija m&iacute;a, no crea en
+otro amor que en el espiritual, o sea en las simpat&iacute;as de alma con
+alma...</p>
+
+<p>La pr&oacute;jima adivinaba m&aacute;s que entend&iacute;a esto, que era contrario a sus
+sentimientos; pero como lo dec&iacute;a un sabio, no hab&iacute;a m&aacute;s remedio que
+contestar a todo que s&iacute;. Viendo que hac&iacute;a indicaciones afirmativas con
+la cabeza, el cura se animaba, a&ntilde;adiendo con &eacute;nfasis:</p>
+
+<p>&laquo;Sostener otra cosa es renegar del catolicismo y volver a la
+mitolog&iacute;a... esta es la cosa&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Claro&mdash;apunt&oacute; la joven; pero en su interior se preguntaba qu&eacute; quer&iacute;a
+decir aquello de la mitolog&iacute;a... porque de seguro no ser&iacute;a cosa de
+mitones.</p>
+
+<p>Aquel cl&eacute;rigo, arreglador de conciencias, que se cre&iacute;a m&eacute;dico de
+corazones da&ntilde;ados de amor, era quiz&aacute;s la persona m&aacute;s inepta para el
+oficio a que se dedicaba, a causa de su propia virtud, est&eacute;ril y
+glacial, condici&oacute;n negativa que, si le apartaba del peligro, cerraba sus
+ojos a la realidad del alma humana. Practicaba su apostolado por
+f&oacute;rmulas rutinarias o rancios aforismos de libros escritos por santos a
+la manera de &eacute;l, y hab&iacute;a hecho inmensos da&ntilde;os a la humanidad arrastrando
+a doncellas incautas a la soledad de un convento, tramando casamientos
+entre personas que no se quer&iacute;an, y desgobernando, en fin, la m&aacute;quina
+admirable de las pasiones. Era como los m&eacute;dicos que han estudiado el
+cuerpo humano en un atlas de Anatom&iacute;a. Ten&iacute;a recetas charlat&aacute;nicas para
+todo, y las aplicaba al buen tun tun, haciendo estragos por donde quiera
+que pasaba.</p>
+
+<p>&laquo;De esta manera, hija m&iacute;a&mdash;a&ntilde;adi&oacute; lleno de fatuidad&mdash;, puede darse el
+caso de que una mujer hermosa llegue a amar entra&ntilde;ablemente a un hombre
+feo. El verdadero amor, f&iacute;jese usted en esto y est&aacute;mpelo en su memoria,
+es el de alma por alma. Todo lo dem&aacute;s es obra de la imaginaci&oacute;n, la
+loca de la casa.</p>
+
+<p>A Fortunata le hizo gracia esta figura.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n hace caso de la imaginaci&oacute;n?&mdash;prosigui&oacute; &eacute;l, oy&eacute;ndose, y muy
+satisfecho del efecto que cre&iacute;a causar&mdash;. Cuando la loca le alborote a
+usted, no se d&eacute; por entendida, hija. &iquest;Har&iacute;a usted caso de una persona
+que pasara ahora por la calle diciendo disparates? Pues lo mismo es,
+exactamente lo mismo. A la imaginaci&oacute;n se la mira con desprecio, y se
+hace lo contrario de lo que ella inspira. Comprendo que usted, por la
+vida mala que ha llevado y por no haber tenido a su lado buenos
+ejemplos, no podr&aacute; durante alg&uacute;n tiempo meter en cintura a la loca de la
+casa; pero aqu&iacute; estamos para ense&ntilde;arla. Aqu&iacute; me tiene a m&iacute;, y me parece
+que s&eacute; lo que traigo entre manos... Empecemos. Para que usted sea digna
+de casarse con un hombre honrado, lo primerito es que me vuelva los ojos
+a la religi&oacute;n, empezando por edificarse interiormente.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;or&mdash;respondi&oacute; humildemente la pr&oacute;jima, que entend&iacute;a lo de la
+religi&oacute;n; pero no lo de la edificaci&oacute;n. Para ella edificar era lo mismo
+que hacer casas,</p>
+
+<p>&mdash;Bien. &iquest;Est&aacute; usted dispuesta a ponerse bajo mi direcci&oacute;n y a hacer todo
+lo que yo le mande?&mdash;propuso el cura con la hinchaz&oacute;n de vanidad que le
+daba aquel papel sublime de la&ntilde;ador de almas cascadas.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;or.&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo estamos de doctrina cristiana?</p>
+
+<p>Dijo esto con un tonillo de superioridad impertinente, lo mismo que
+dicen algunos m&eacute;dicos: &laquo;a ver la lengua&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo... la <i>dotrina</i>&mdash;replic&oacute; la penitente temblando...&mdash;muy mal. No s&eacute;
+nada.</p>
+
+<p>El capell&aacute;n no hizo aspavientos. Al contrario, le gustaba que sus
+catec&uacute;menos estuvieran rasos y limpios de toda ciencia, para poder &eacute;l
+ense&ntilde;&aacute;rselo todo. Despu&eacute;s medit&oacute; un rato, las manos cruzadas y dando
+vuelta a los pulgares uno sobre otro. Fortunata le miraba en silencio.
+No pod&iacute;a dudar de que era hombre muy sabedor de cosas del mundo y de las
+flaquezas humanas, y pens&oacute; que le conven&iacute;a ponerse bajo su direcci&oacute;n. En
+aquel momento hall&aacute;base bajo la influencia de ideas supersticiosas
+adquiridas en su infancia respecto a la religi&oacute;n y al clero. Su
+catecismo era harto elemental y se reduc&iacute;a a dos o tres nociones
+incompletas, el Cielo y el Infierno, padecer aqu&iacute; para gozar all&aacute;, o lo
+contrario. Su moral era puramente personal, intuitiva y no ten&iacute;a nada
+que ver con lo poco que recordaba de la doctrina cristiana. Form&oacute; del
+hermano de Maxi buen concepto, porque se lavaba poco y sab&iacute;a mucho y no
+re&ntilde;&iacute;a a las pecadoras, sino que las trataba con dulzura, ofreci&eacute;ndoles
+el matrimonio, la salvaci&oacute;n, y habl&aacute;ndoles del alma y otras cosas muy
+bonitas.</p>
+
+<p>&laquo;Todo depende de que usted sepa mandar a paseo a la loquilla&mdash;continu&oacute;
+Nicol&aacute;s saliendo de su abstracci&oacute;n&mdash;. Ya sabe usted lo que Jes&uacute;s le dijo
+a la samaritana cuando habl&oacute; con ella en el pozo, en una situaci&oacute;n
+parecida a la que ahora tenemos usted y yo...&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se sonri&oacute;, afectando entender la cita; pero se hab&iacute;a quedado a
+oscuras.</p>
+
+<p>&laquo;Si usted quiere mejorar de vida y edific&aacute;rsenos interiormente para
+adquirir la fuerza necesaria, aqu&iacute; me tiene. &iquest;Pues para qu&eacute; estamos?
+Cuando yo considere segura la reforma de usted, quiz&aacute;s no ponga tantos
+peros al casorio con mi hermano. El pobre est&aacute; loco por usted; me dijo
+anoche que si no le dejamos casar se muere. Mi t&iacute;a quiere quit&aacute;rselo de
+la cabeza; mas yo le dije: &laquo;Calma, calma, las cosas hay que verlas
+despacio. No nos precipitemos, t&iacute;a&raquo;, y por eso me vine aqu&iacute;. Me
+comprometo a curarle a usted esa enfermedad de la imaginaci&oacute;n que
+consiste en tener cari&ntilde;o al hombre indigno que la perdi&oacute;. Conseguido
+esto, amar&aacute; usted al que ha de ser su marido, y lo amar&aacute; con ilusi&oacute;n
+espiritual, no de los sentidos... ni m&aacute;s ni menos. &iexcl;Oh, he alcanzado yo
+tantos triunfos de estos; he salvado a tanta gente que se cre&iacute;a da&ntilde;ada
+para siempre! Conv&eacute;nzase usted, en esto, como en otras cosas, todo es
+ponerse a ello, todo es empezar... Imag&iacute;nese usted lo bien que estar&aacute;
+cuando se nos reforme; vivir&aacute; feliz y considerada, tendr&aacute; un nombre
+respetable, y habr&aacute; quien la adore, no por sus gracias personales, que
+maldito lo que significan, sino por las espirituales, que es lo que
+importa. Al principio tendr&aacute; usted que hacer algunos esfuerzos; ser&aacute;
+preciso que se olvide de su buen palmito. Esto es quiz&aacute;s lo m&aacute;s dif&iacute;cil,
+pero hag&aacute;monos la cuenta de que la &uacute;nica hermosura verdad es la del
+alma, hija m&iacute;a, porque de la del cuerpo dan cuenta los gusanos...&raquo;.</p>
+
+<p>Esto le pareci&oacute; muy bien a la pecadora, y dec&iacute;a que s&iacute; con la cabeza.</p>
+
+<p>&laquo;Pues vamos a cuentas. &iquest;Usted quiere que establezcamos la posibilidad,
+esta es la cosa, la posibilidad de casarse con un Rub&iacute;n?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;or&mdash;respondi&oacute; Fortunata con cierto miedo, espantada a&uacute;n por
+aquello de los gusanos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues es preciso que se nos someta usted a la siguiente prueba&mdash;dijo el
+cura, tap&aacute;ndose un bostezo, porque eran ya las cuatro y no habr&iacute;a tenido
+inconveniente en tomar una friolera&mdash;. Hay en Madrid una instituci&oacute;n
+religiosa de las m&aacute;s &uacute;tiles, la cual tiene por objeto recoger a las
+muchachas extraviadas y convertirlas a la verdad por medio de la
+oraci&oacute;n, del trabajo y del recogimiento. Unas, desenga&ntilde;adas de la poca
+sustancia que se saca al deleite, se quedan all&iacute; para siempre; otras
+salen ya <i>edificadas</i>, bien para casarse, bien para servir en casas de
+personas respetabil&iacute;simas. Son muy pocas las que salen para volver a la
+perdici&oacute;n. Tambi&eacute;n entran all&iacute; se&ntilde;oras decentes a expiar sus pecados,
+esposas ligeras de cascos que han hecho alguna trastada a sus maridos, y
+otras que buscan en la soledad la dicha que no tuvieron en el bullicio
+del mundo.</p>
+
+<p>Fortunata segu&iacute;a dando cabezadas. Hab&iacute;a o&iacute;do hablar de aquella casa, que
+era el convento de las Micaelas.</p>
+
+<p>&laquo;Perfectamente; as&iacute; se llama. Bueno, usted va all&aacute; y la tenemos
+encerradita durante tres, cuatro meses o m&aacute;s. El capell&aacute;n de la casa es
+tan amigo m&iacute;o, que es como si fuera yo mismo. &Eacute;l la dirigir&aacute; a usted
+espiritualmente, puesto que yo no puedo hacerlo porque tengo que
+volverme a Toledo. Pero siempre que venga a Madrid, he de ir a tomarle
+el pulso y a ver c&oacute;mo anda esa educaci&oacute;n, sin perjuicio de que antes de
+entrar en el convento, le he de dar a usted un buen recorrido de
+doctrina cristiana para que no se nos vaya all&aacute; enteramente cerril. Si
+pasado un plazo prudencial, me resulta usted en tal disposici&oacute;n de
+esp&iacute;ritu que yo la crea digna de ser mi hermana pol&iacute;tica, podr&iacute;a quiz&aacute;s
+llegar a serlo. Yo le respondo a usted de que, como este indigno
+capell&aacute;n d&eacute; el pase, toda la familia dir&aacute; <i>am&eacute;n</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Estas palabras fueron dichas con sencillez y dulzura. Eran una de sus
+mejores y m&aacute;s estudiadas recetas, y ten&iacute;a para ello un tonillo de
+convicci&oacute;n que hac&iacute;a efecto grande en las inexpertas personas a quienes
+se dirig&iacute;an.</p>
+
+<p>En Fortunata fue tan grande el efecto, que casi casi se le saltaron las
+l&aacute;grimas. Indudablemente era muy de agradecer el inter&eacute;s que aquel
+bondadoso ap&oacute;stol de Cristo se tomaba por ella. Y todo sin rega&ntilde;os, sin
+manotadas, trat&aacute;ndola como un buen pastor tratar&iacute;a a la m&aacute;s querida de
+sus ovejas. A pesar de esta excelente disposici&oacute;n de su &aacute;nimo, la
+infeliz vacilaba un poco. De una parte le seduc&iacute;a la vida retirada,
+silenciosa y cristiana del claustro. Bien pudiera ser que all&iacute; se
+cerrase por completo la herida de su coraz&oacute;n. Hab&iacute;a que probarlo al
+menos. De otra parte la aterraba lo desconocido, las monjas... &iquest;c&oacute;mo
+ser&iacute;an las monjas?, &iquest;c&oacute;mo la tratar&iacute;an? Pero Nicol&aacute;s se adelant&oacute; a sus
+temores, dici&eacute;ndole que eran las se&ntilde;oras m&aacute;s indulgentes y cari&ntilde;osas que
+se pod&iacute;an ver. A la samaritana se le aguaron los ojos, y pens&oacute; en lo que
+ser&iacute;a ella convertida de <i>chica</i> en se&ntilde;ora, la imaginaci&oacute;n limpia de
+aquella maleza que la perd&iacute;a, la conciencia hecha de nuevo, el
+entendimiento iluminado por mil cosas bonitas que aprender&iacute;a. La misma
+imaginaci&oacute;n, a quien el maestro hab&iacute;a puesto que no hab&iacute;a por donde
+cogerla, fue la que le encendi&oacute; fuegos de entusiasmo en su alma,
+infundi&eacute;ndole el orgullo de ser otra mujer distinta de lo que era.</p>
+
+<p>&laquo;Pues s&iacute;, pues s&iacute;... quiero entrar en las Micaelas&raquo; afirm&oacute; con arranque.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, a purificarse tocan. &iquest;Ve usted c&oacute;mo nos hemos
+entendido?&mdash;dijo el cl&eacute;rigo con alegr&iacute;a, levant&aacute;ndose&mdash;. Cansado ya de
+tanto discutir, yo le dije a mi hermano: Si tu pasi&oacute;n es tan fuerte que
+no la puedes combatir, pon el pleito en mis manos, tonto, que yo te lo
+arreglar&eacute;. Si es mi oficio; si para eso estamos; si no s&eacute; hacer otra
+cosa... &iquest;Para qu&eacute; servir&iacute;a yo si no sirviera para enderezar torceduras
+de estas?</p>
+
+<p>El orgullo se le rezum&iacute;a por todos los poros como si fuera sudor; los
+ojos le brillaban. Cogi&oacute; la canaleja, diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;Volver&eacute; por aqu&iacute;. Hablar&eacute; a mi hermano y a mi t&iacute;a. Tenemos ya una gran
+base de arreglo, que es su conformidad de usted con todo lo que le mande
+este pobre sacerdote&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata al darle la mano se la bes&oacute;.</p>
+
+<p>Las &uacute;ltimas palabras de la visita fueron referentes al mal tiempo, a que
+&eacute;l no pod&iacute;a estar en Madrid sino dos semanas, y por fin a la jaqueca que
+ten&iacute;a Maximiliano aquel d&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Es mal de familia. Yo tambi&eacute;n las padezco. Pero lo que principalmente
+me trae descompuesto ahora es un p&iacute;caro mal de est&oacute;mago... debilidad,
+dicen que es debilidad... Tengo que comer muy a menudo y muy poca
+cantidad... esta es la cosa... Es efecto del excesivo trabajo... &iexcl;qu&eacute; le
+vamos a hacer! Al llegar esta hora se me pone aqu&iacute; un perrito... lo
+mismo que un perrito que me estuviera mordiendo. Y como no le eche algo
+al condenado, me da muy mal rato&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Si quiere usted... aguarde usted... yo...&mdash;dijo Fortunata pasando
+revista mental a su pobre despensa.</p>
+
+<p>&mdash;Quite usted all&aacute;, criatura... No faltaba m&aacute;s... &iquest;Piensa que no me
+puedo pasar...? No es que yo apetezca nada; lo tomo hasta con asco; pero
+me sienta bien, conozco que me sienta bien.</p>
+
+<p>&mdash;Si quiere usted, traer&eacute;... No tengo en casa; pero bajar&eacute; a la
+tienda...</p>
+
+<p>&mdash;Quite usted all&aacute;... no me lo diga ni en broma... Vaya, abur, abur... Y
+cuidarse, cuidarse mucho, &iquest;eh?, que andan pulmon&iacute;as.</p>
+
+<p>El cl&eacute;rigo sali&oacute; y fue a casa de un amigo donde le sol&iacute;an dar, en
+aquella cr&iacute;tica hora, el remedio de su debilidad de est&oacute;mago.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>En la noche de aquel memorable d&iacute;a, y cuando la jaqueca se le calm&oacute;,
+pudo enterarse Maxi de que su hermano hab&iacute;a ido a la calle de Pelayo, y
+de que sus impresiones &laquo;no hab&iacute;an sido malas&raquo; seg&uacute;n declaraci&oacute;n del
+propio cura. Daba este mucha importancia a su apostolado, y cuando le
+ca&iacute;a en las manos uno de aquellos negocios de conquista espiritual,
+exageraba los peligros y dificultades para dar m&aacute;s valor a su victoria.
+El otro se abrasaba en impaciencia; mas no consegu&iacute;a obtener de Nicol&aacute;s
+sino medias palabras. &laquo;All&aacute; veremos... estas no son cosas de juego... Ya
+tengo las manos en la masa... no es mala masa; pero hay que trabajarla a
+pulso... esta es la cosa. He de volver all&aacute;... Es preciso que tengas
+paciencia... &iquest;pues t&uacute; qu&eacute; te crees?&raquo;. El pobre chico no ve&iacute;a las santas
+horas de que llegase el d&iacute;a para saber por ella pormenores de la
+conferencia. Fortunata le vio entrar sobre las diez, p&aacute;lido como la
+cera, convaleciente de la jaqueca, que le dejaba mareos, aturdimiento y
+fatiga general. Se ech&oacute; en el sof&aacute;; cubriole su amiga la mitad del
+cuerpo con una manta, p&uacute;sole almohadas para que recostase la cabeza, y a
+medida que esto hac&iacute;a, le aplacaba la curiosidad cont&aacute;ndole
+precipitadamente todo.</p>
+
+<p>Aquella idea de llevarla al convento como a una casa de purificaci&oacute;n,
+pareciole a Maxi prueba estupenda del gran talento catequizador de su
+hermano. A &eacute;l le hab&iacute;a pasado vagamente por la cabeza algo semejante;
+mas no supo formularlo. &iexcl;Qu&eacute; insigne hombre era Nicol&aacute;s! &iexcl;Ocurrirle
+aquello!... Tamizada por la religi&oacute;n, Fortunata volver&iacute;a a la sociedad
+limpia de polvo y paja, y entonces &iquest;qui&eacute;n osar&iacute;a dudar de su
+honorabilidad? El esp&iacute;ritu del sietemesino, revuelto desde el fondo a la
+superficie por la pasi&oacute;n, como un mar sacudido por furioso hurac&aacute;n, se
+corr&iacute;a, dig&aacute;moslo as&iacute;, de una parte a otra, explay&aacute;ndose en toda idea
+que se le pusiese delante. As&iacute;, lo mismo fue present&aacute;rsele la idea
+religiosa, que tenderse hacia ella y cubrirla toda con impetuosa y
+fresca onda. &iexcl;La religi&oacute;n, qu&eacute; cosa tan buena!... &iexcl;Y &eacute;l, tan torpe, que
+no hab&iacute;a ca&iacute;do en ello! No era torpeza sino distracci&oacute;n. Es que andaba
+muy distra&iacute;do. Y su manceba, que m&aacute;s bien era ya novia, se le apareci&oacute;
+entonces con aureola resplandeciente y se revisti&oacute; de ideales atributos.
+Creer&iacute;ase que el amor que le inspiraba se iba a depurar a&uacute;n m&aacute;s,
+haci&eacute;ndose tan sutil como aquel que dicen le ten&iacute;a a Beatriz el Dante, o
+el de Petrarca por Laura, que tambi&eacute;n era amor de lo m&aacute;s fino.</p>
+
+<p>Nunca hab&iacute;a sido Maximiliano muy dado a lo religioso; pero en aquel
+instante le entraron de sopet&oacute;n en el esp&iacute;ritu unos ardores de piedad
+tan singulares, unas ganas de tomarse confianzas con Cristo o con la
+Sant&iacute;sima Trinidad, y aun con tal o cual santo, que no sab&iacute;a lo que le
+pasaba. El amor le conduc&iacute;a a la devoci&oacute;n, como le habr&iacute;a conducido a la
+impiedad, si las cosas fuesen por aquel camino. Tan bien le pareci&oacute; el
+plan de su hermano, que el gozo le reprodujo el dolor de cabeza, aunque
+levemente. Comprimi&eacute;ndose con dos dedos de la mano la ceja izquierda,
+habl&oacute; a Fortunata de lo buenas que deb&iacute;an de ser aquellas madres
+Micaelas, de lo bonito que ser&iacute;a el convento, y de las preciosas y
+util&iacute;simas cosas que all&iacute; aprender&iacute;a, soltando como por ensalmo la
+c&aacute;scara amarga y troc&aacute;ndose en se&ntilde;ora, s&iacute;, en se&ntilde;ora tan decente, que
+habr&iacute;a otras lo mismo, pero m&aacute;s no... m&aacute;s no.</p>
+
+<p>A Fortunata se le comunic&oacute; el entusiasmo. &iexcl;La religi&oacute;n! Tampoco ella
+hab&iacute;a ca&iacute;do en esto. &iexcl;Cuidado que no ocurr&iacute;rsele una cosa tan
+sencilla...! Lo particular era que ve&iacute;a su purificaci&oacute;n como se ve un
+milagro cuando se cree en ellos, como convertir el agua en vino o hacer
+de cuatro peces cuarenta.</p>
+
+<p>&laquo;Dime una cosa&mdash;pregunt&oacute; a Maxi, acord&aacute;ndose de que era bella&mdash;. &iquest;Y me
+pondr&aacute;n tocas blancas?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Puede que s&iacute;&mdash;replic&oacute; &eacute;l con seriedad&mdash;. No puedo asegur&aacute;rtelo; pero
+es f&aacute;cil que s&iacute; te las pongan.</p>
+
+<p>Fortunata cogi&oacute; una toalla y ech&aacute;ndosela por la cabeza, se fue a mirar
+al espejo. Acordose entonces de una cosa esencial, esto es, que en la
+nueva existencia, la hermosura f&iacute;sica no val&iacute;a un pito y que lo que
+importaba y ten&iacute;a valor era la del alma. Observando la cara que ten&iacute;a
+Maxi aquel d&iacute;a y lo p&aacute;lido que estaba, consider&oacute; que las prendas morales
+del joven empezaban a transparentarse en su rostro, haci&eacute;ndole menos
+desagradable... Entrevi&oacute; una mudanza radical en su manera de ver las
+cosas.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qui&eacute;n sabe&mdash;se dijo&mdash;, lo que pasar&aacute; despu&eacute;s de estar all&iacute; tratando
+con las monjas, rezando y viendo a todas horas la custodia! De seguro me
+volver&eacute; otra sin sentirlo. Yo saco la cuenta de lo bueno que puede
+sucederme, por lo malo que me ha sucedido. Calculo que esto es como
+cuando una teme llegar a la cosa m&aacute;s mala del mundo y dice una: 'jam&aacute;s
+llegar&eacute; a eso'. Y &iquest;qu&eacute; pasa?, que luego llega una y se asombra de verse
+all&iacute;, y dice: 'parec&iacute;a mentira'. Pues lo mismo ser&aacute; con lo bueno. Dice
+una: 'jam&aacute;s llegar&eacute; tan arriba', y sin saber c&oacute;mo, arriba se encuentra&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano se qued&oacute; a almorzar; pero la irritaci&oacute;n de su est&oacute;mago y la
+desgana hubieron de contenerle en la m&aacute;s prudente frugalidad. Ella en
+cambio ten&iacute;a buen apetito, porque hab&iacute;a trabajado mucho aquella ma&ntilde;ana y
+quiz&aacute;s porque estaba contenta y excitada. De aqu&iacute; tom&oacute; pie el redentor
+para hablar de lo mucho que com&iacute;a su hermano Nicol&aacute;s. Esto desilusion&oacute;
+un poco a Fortunata, que se qued&oacute; como lela, mirando a su amante, y
+deteniendo el tenedor a poca distancia de la boca. Cre&iacute;a ella que los
+curas de mucho saber y virtud deb&iacute;an de conocerse en el poco uso que
+hac&iacute;an del agua y jab&oacute;n, y tambi&eacute;n en que su alimento no pod&iacute;a ser sino
+yerbas cocidas y sin sal.</p>
+
+<p>Toda la tarde estuvieron platicando acerca de la ida al convento y
+tambi&eacute;n sobre cosas relacionadas con la parte material de su existencia
+futura. &laquo;En la partici&oacute;n&mdash;dijo con cierto &eacute;nfasis Maximiliano&mdash;, me
+tocan fincas r&uacute;sticas. Mi t&iacute;a se enfad&oacute; porque deseaba para m&iacute; el dinero
+contante; pero yo no soy de su opini&oacute;n; prefiero los inmuebles&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata apoy&oacute; esta idea con un signo de cabeza; mas no estaba segura
+de lo que significaba la palabra <i>inmueble</i>, ni quer&iacute;a tampoco
+preguntarlo. Ello deb&iacute;a de ser lo contrario de muebles. Maxi la sac&oacute; de
+dudas m&aacute;s tarde, hablando de sus olivares y vi&ntilde;as y de la buena cosecha
+que se anunciaba; por lo cual vino a entender que inmuebles es lo mismo
+que decir &aacute;rboles. Tambi&eacute;n ella prefer&iacute;a las propiedades de campo a
+todas las dem&aacute;s clases de riqueza. Despu&eacute;s que se retir&oacute; su amante, se
+qued&oacute; pensando en su fortuna, y todo aquel f&aacute;rrago de olivos, parrales y
+carrascales que ten&iacute;a metido en la cabeza le impidi&oacute; dormir hasta muy
+tarde, enderezando a&uacute;n m&aacute;s sus prop&oacute;sitos por la v&iacute;a de la honradez.</p>
+
+<p>&laquo;A ver, &iquest;qu&eacute; tal?... &iquest;c&oacute;mo es?... &iquest;es guapa?&raquo; hab&iacute;a preguntado do&ntilde;a Lupe
+a Nicol&aacute;s con viv&iacute;sima curiosidad.</p>
+
+<p>Aunque el insigne cl&eacute;rigo no ten&iacute;a cierta clase de pasiones, sab&iacute;a
+apreciar el g&eacute;nero a la vista. Hizo con los dedos de su mano derecha un
+manojo, y llev&aacute;ndolos a la boca los apart&oacute; al instante, diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;Es una mujer... hasta all&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe se qued&oacute; desconcertada. A los peligros ya conocidos deb&iacute;an
+unirse los que ofrece por s&iacute; misma toda belleza superior dentro de la
+m&aacute;quina del matrimonio. &laquo;Las mujeres casadas <i>no deben</i> ser muy
+hermosas&raquo; dijo la se&ntilde;ora promulgando la frase con acento de convicci&oacute;n
+profunda.</p>
+
+<p>H&iacute;zole otras mil preguntas para aplacar su ardent&iacute;sima curiosidad; c&oacute;mo
+estaba vestida y peinada; qu&eacute; tal se expresaba; c&oacute;mo ten&iacute;a arreglada la
+casa, y Nicol&aacute;s respond&iacute;a ech&aacute;ndoselas de observador. Sus impresiones no
+hab&iacute;an sido malas, y aunque no ten&iacute;a bastantes datos para formar juicio
+del verdadero car&aacute;cter de la pr&oacute;jima, pod&iacute;a anticipar, fiado en su
+experiencia, en su buen ojo y en un cierto no s&eacute; que, presunciones
+favorables. Con esto la curiosidad de do&ntilde;a Lupe se acaloraba m&aacute;s, y ya
+no pod&iacute;a tener sosiego hasta no meter su propia nariz en aquel guisado.
+Visitar a la tal no le parec&iacute;a digno, habiendo hecho tantos aspavientos
+en contra suya; pero estar muchos d&iacute;as sin verla y averiguarle las
+faltas, si las ten&iacute;a, era imposible. Hubiera deseado verla <i>por un
+agujerito</i>. Con el sobrinillo no quer&iacute;a la se&ntilde;ora dar su brazo a torcer,
+y siempre se mostraba intolerante, aunque ya con menos fuego. Pareciole
+buena idea aquello de purificarla en las Micaelas, y aunque a nadie lo
+dijo, para s&iacute; consideraba aquel camino como el &uacute;nico que pod&iacute;a conducir
+a una soluci&oacute;n. Rabiaba por echarle la vista encima al <i>basilisco</i>, y
+como su sobrino no le dec&iacute;a que fuera a verla, este silencio hac&iacute;ala
+rabiar m&aacute;s. Un d&iacute;a ya no pudo contenerse, y cogiendo descuidado a Maxi
+en su cuarto, le emboc&oacute; esto de buenas a primeras: &laquo;No creas que voy yo
+a rebajarme a eso...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute;, se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>&mdash;A visitar a tu... no puedo pronunciar ciertas palabras. Me parece
+indecoroso que yo vaya all&aacute;, a pesar de todos esos proyectos de leg&iacute;a
+eclesi&aacute;stica que le vais a dar.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, si yo no he dicho a usted nada...</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que no ir&eacute;... no ir&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero t&iacute;a...&mdash;No hay t&iacute;a que valga. No me lo has dicho; pero lo deseas.
+&iquest;Crees que no te leo yo los pensamientos? &iexcl;Qu&eacute; podr&aacute;s t&uacute; disimular
+delante de m&iacute;! Pues no, no te sales con la tuya. Yo no voy all&aacute; sino en
+el caso de que me llev&eacute;is atada de pies y manos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues la llevaremos atada de manos y pies&mdash;dijo Maxi, riendo.</p>
+
+<p>Lo deseaba, s&iacute;; pero como ten&iacute;a su criterio formado y su invariable
+l&iacute;nea de conducta trazada, no daba un valor excesivo a lo que de la
+visita pudiera resultar. V&eacute;ase por d&oacute;nde la fuerza de las circunstancias
+hab&iacute;a puesto a do&ntilde;a Lupe en una situaci&oacute;n subalterna, y el pobre chico,
+que meses antes no se atrev&iacute;a a chistar delante de ella, miraba a su t&iacute;a
+de igual a igual. La dignidad de su pasi&oacute;n hab&iacute;a hecho del ni&ntilde;o un
+hombre, y como el plebeyo que se ennoblece, miraba a su antiguo
+aut&oacute;crata con respeto, pero sin miedo.</p>
+
+<p>Como Nicol&aacute;s visitaba algunos d&iacute;as a Fortunata para ense&ntilde;arle la
+doctrina cristiana, do&ntilde;a Lupe se pon&iacute;a furiosa. Tantas idas y venidas
+dec&iacute;a ella que le ten&iacute;an revuelto el est&oacute;mago. Pero el sentimiento que
+verdaderamente la hac&iacute;a chillar era como envidia de que fuese Nicol&aacute;s y
+no pudiera ir ella. Por este motivo andaban t&iacute;a y sobrino algo
+desavenidos. Corr&iacute;a Marzo, y el d&iacute;a de San Jos&eacute; dijo Nicol&aacute;s en la mesa:
+&laquo;T&iacute;a, ya hay fresa&raquo;. Pero la indirecta no hizo efecto en la econ&oacute;mica
+viuda. Volvi&oacute; a la carga el cl&eacute;rigo en diferentes ocasiones: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; fresa
+m&aacute;s rica he visto hoy! T&iacute;a, &iquest;a c&oacute;mo estar&aacute; ahora la fresa?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute;, ni me importa&mdash;replic&oacute; ella&mdash;, porque como no la pienso
+traer hasta que no se ponga a tres reales...</p>
+
+<p>Nicol&aacute;s dio un suspiro, mientras do&ntilde;a Lupe dec&iacute;a para s&iacute;: &laquo;Como no comas
+m&aacute;s fresa que la que yo te ponga, tragaldabas, aviado est&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Y como do&ntilde;a Lupe era algo golosa, trajo un d&iacute;a un cucurucho de fresa,
+bien escondido entre la mantilla; mas no lo puso en la mesa. Concluida
+la comida, y mientras Nicol&aacute;s le&iacute;a <i>La Correspondencia </i> o <i> El
+Papelito</i> en el comedor, do&ntilde;a Lupe se encerraba en su cuarto para
+comerse la fresa bien espolvoreada con az&uacute;car. En cuanto el cura se
+echaba a la calle, sal&iacute;a do&ntilde;a Lupe de su escondite para ofrecer a
+Maximiliano un poco de aquella sabrosa fruta, y entraba en su cuarto con
+el platito y la cucharilla. Agradec&iacute;a mucho estas finezas el chico, y se
+com&iacute;a la golosina. Mir&aacute;bale comer su t&iacute;a con expectante atenci&oacute;n, y
+cuando quedaban en el plato no m&aacute;s que seis o siete fresas, se lo
+quitaba de las manos diciendo: &laquo;Esto para Papitos que est&aacute; con cada ojo
+como los de un besugo&raquo;.</p>
+
+<p>La chiquilla se com&iacute;a las fresas, y despu&eacute;s, con los leng&uuml;etazos que le
+daba al plato, lo dejaba como si lo hubiera lavado.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>Juan Pablo prestaba atenci&oacute;n muy escasa al asunto de Maximiliano y a
+todos los dem&aacute;s asuntos de la familia, como no fuera el de la herencia.
+Su anhelo era cobrar pronto para pagar sus trampas. Entraba de noche muy
+tarde, y casi siempre com&iacute;a fuera, lo que agradec&iacute;a mucho do&ntilde;a Lupe,
+pues Nicol&aacute;s con su voracidad puntual le desequilibraba el presupuesto
+de la casa. La misantrop&iacute;a que le entr&oacute; a Juan Pablo desde su desairado
+regreso del Cuartel Real no se alter&oacute; en aquellos d&iacute;as que sucedieron a
+la herencia. Hablaba muy poco, y cuando do&ntilde;a Lupe le nombraba el casorio
+de Maxi, como cuando se le pega a uno un alfilerazo para que no se
+duerma, alzaba los hombros, dec&iacute;a palabras de desd&eacute;n hacia su hermano y
+nada m&aacute;s. &laquo;Con su pan se lo coma... &iquest;Y a m&iacute; qu&eacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>De carlismo no se hablaba en la casa, porque do&ntilde;a Lupe no lo consent&iacute;a.
+Pero una ma&ntilde;ana, los dos hermanos mayores se enfrascaron de tal modo en
+la conversaci&oacute;n, m&aacute;s bien disputa, que no hicieron maldito caso de la
+se&ntilde;ora. Juan Pablo estaba lav&aacute;ndose en su cuarto, entr&oacute; Nicol&aacute;s a
+decirle no s&eacute; qu&eacute;, y por si el cura Santa Cruz era un bandido o un loco,
+se fueron enzarzando, enzarzando hasta que...</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Quieres que te diga una cosa?&mdash;gritaba el primog&eacute;nito,
+descomponi&eacute;ndose&mdash;. Pues don Carlos no ha triunfado ya por vuestra
+culpa, por culpa de los curas. Hay que ir all&aacute;, como he ido yo, para
+hacerse cargo de las intrigas de la gentualla de sotana, que todo lo
+quiere para s&iacute;, y no va m&aacute;s que a desacreditar con calumnias y chismes a
+los que verdaderamente trabajan. Yo no pod&iacute;a estar all&iacute;; me ahogaba. Le
+dije a Dorregaray: 'mi general, no s&eacute; c&oacute;mo usted aguanta esto', y &eacute;l se
+alzaba de hombros, &iexcl;poni&eacute;ndome una cara...! No pasaba d&iacute;a sin que los
+lechuzos le llevaran un cuento a don Carlos. Que Dorregaray andaba en
+tratos con Moriones para rendirse, que Moriones le hab&iacute;a ofrecido diez
+millones de reales, en fin, mil indecencias. Cuando lleg&oacute; a mi noticia
+que me acusaban de haber ido al Cuartel General de Moriones a llevar
+recados de mi jefe, me vol&eacute;, y aquella misma tarde, habi&eacute;ndome
+encontrado a la camarilla en el atrio de la iglesia de San Miguel, me
+li&eacute; la manta a la cabeza, y por poco se arma all&iacute; un Dos de Mayo. &laquo;Aqu&iacute;
+no hay m&aacute;s traidores que ustedes. Lo que tienen es envidia del traidor,
+si le hubiera, por el provecho que saque de su traici&oacute;n. No digo yo por
+diez millones; pero por diez mil ochavos vender&iacute;an ustedes al Rey, y
+toda su descendencia; ladrones infames, t&iacute;os de Judas&raquo;. En fin, que si
+no acierta a pasar el coronel Goiri, que me quer&iacute;a mucho, y me coge a la
+fuerza y me arranca de all&iacute; y me lleva a mi casa, aquella tarde sale el
+reda&ntilde;o de un cura a ver la puesta del sol. Estuve tres d&iacute;as en cama con
+un amago de ataque cerebral. Cuando me levant&eacute;, ped&iacute; una audiencia a Su
+Majestad. Su contestaci&oacute;n fue ponerme en la mano el canuto y el
+pasaporte para la frontera. En fin, que los <i>engarza-rosarios</i> dieron
+conmigo en tierra, porque no me prestaba a ayudarles en sus
+maquinaciones contra los leales y valientes. Por las sotanas se perdi&oacute;
+don Carlos V, y al VII no le aprovech&oacute; la lecci&oacute;n. All&aacute; se las haya. &iquest;No
+quer&iacute;as religi&oacute;n?, pues ah&iacute; la tienes; atr&aacute;cate de curas, indig&eacute;state y
+revienta.</p>
+
+<p>&mdash;Es una apreciaci&oacute;n tuya&mdash;dijo Nicol&aacute;s moderando su ira&mdash;, que no me
+parece muy fundada... esta es la cosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; qu&eacute; sabes lo que es el mundo y la realidad? Est&aacute;s en babia.</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute;, me parece que est&aacute;s algo ido, porque cuidado que has dicho
+disparates.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate la boca, est&uacute;pido...&mdash;dijo Nicol&aacute;s, sulfur&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes lo que te digo?&mdash;grit&oacute; Juan Pablo, alzando arrogante la voz&mdash;,
+que a m&iacute; no se me manda callar, &iquest;estamos? He tenido el honor de decirle
+cuatro frescas al obispo de Pers&eacute;polis, y quien no teme a las sotanas
+moradas, &iquest;qu&eacute; miedo ha de tener a las negras?...</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo te digo...&mdash;agreg&oacute; Nicol&aacute;s descompuesto, tr&eacute;mulo y no sabiendo
+si amenazar con los pu&ntilde;os o simplemente con las palabras&mdash;, yo te digo
+que eres un chisgarab&iacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; alboroto es este?&mdash;clam&oacute; do&ntilde;a Lupe entrando a poner paz&mdash;. &iexcl;Vaya
+con los caballeros estos! Ya les dije otra vez a los se&ntilde;ores ojalateros,
+que cuando quisieran disputar por alto se fueran a hacerlo a la calle.
+En mi casa no quiero esc&aacute;ndalos.</p>
+
+<p>&mdash;Es que con este bruto no se puede discutir...&mdash;dijo Nicol&aacute;s, que casi
+no pod&iacute;a respirar de tan sofocado como estaba.</p>
+
+<p>Juan Pablo no dec&iacute;a nada, y sigui&oacute; visti&eacute;ndose, volviendo la espalda a
+su hermano.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Vaya un genio que has echado!&mdash;le dijo do&ntilde;a Lupe, sin que &eacute;l la
+mirara&mdash;. Pod&iacute;as considerar que tu hermano es sacerdote... Y sobre todo,
+no vengas ech&aacute;ndotela de plancheta; porque si te sali&oacute; mal el pase a <i>la
+infame facci&oacute;n</i>, y has tenido que volverte con las manos en la cabeza,
+&iquest;qu&eacute; culpa tenemos los dem&aacute;s?&raquo;.</p>
+
+<p>Juan Pablo no se dign&oacute; contestar. Do&ntilde;a Lupe cogi&oacute; por un brazo al cura y
+se lo llev&oacute; consigo temerosa de que se enzarzaran otra vez. En el
+comedor estaba Maximiliano sentado ya para almorzar. Hab&iacute;a o&iacute;do la
+reyerta sin d&aacute;rsele una higa de lo que resultara. All&aacute; ellos. A Nicol&aacute;s
+no le quit&oacute; su berrinch&iacute;n el apetito, pues ninguna turbaci&oacute;n del &aacute;nimo,
+por grande que fuera, le pod&iacute;a privar de su m&aacute;s caracter&iacute;stica
+manifestaci&oacute;n org&aacute;nica. Los tres oyeron gritos en la calle, y do&ntilde;a Lupe
+puso atenci&oacute;n, creyendo que era un <i>extraordinario</i> de peri&oacute;dico
+anunciando triunfos del ej&eacute;rcito liberal sobre los carlistas. En
+aquellos d&iacute;as del a&ntilde;o 1874, menudeaban los suplementos de peri&oacute;dico,
+manteniendo al vecindario en continua ansiedad.</p>
+
+<p>&laquo;Papitos&mdash;dijo la se&ntilde;ora&mdash;, toma dos cuartos y b&aacute;jate a comprar el
+<i>extraordinario de la Gaceta</i>. Ver&eacute;is c&oacute;mo habla de alguna buena tollina
+que les han dado a los <i>tersos</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Nicol&aacute;s que ten&iacute;a un o&iacute;do sutil&iacute;simo, despu&eacute;s de callar un rato y hacer
+callar a todos, dijo: &laquo;Pero, t&iacute;a, no sea usted chiflada. Si no hay tal
+preg&oacute;n de <i>extraordinario</i>. Lo que dice la voz, claramente se oye... El
+<i>freeeesero... fresa</i>&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Puede que as&iacute; sea&mdash;replic&oacute; do&ntilde;a Lupe, guardando su portamonedas m&aacute;s
+pronto que la vista&mdash;. Pero est&aacute; tan verde, que es un puro vinagre...</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios&mdash;se dej&oacute; decir Nicol&aacute;s suspirando&mdash;. Peor lo pas&oacute;
+Jes&uacute;s, que pidi&oacute; agua y le dieron hiel.</p>
+
+<p>Mascando el &uacute;ltimo bocado, sali&oacute; Maximiliano para irse a clase, llevando
+la carga de sus libros, y mucho despu&eacute;s almorz&oacute; Juan Pablo solo.
+Aquellos almuerzos servidos a distintas horas molestaban mucho a do&ntilde;a
+Lupe. &iquest;Se cre&iacute;an sus sobrinos que aquella casa era una posada? El &uacute;nico
+que ten&iacute;a consideraci&oacute;n, el que menos guerra daba y el que menos com&iacute;a
+era Maxi, el de la pasta de &aacute;ngel, siempre comedido, aun despu&eacute;s de que
+le volvieron tarumba los ojos de una mujer. Sobre esto reflexionaba do&ntilde;a
+Lupe aquella tarde, cosiendo en la sillita, junto al balc&oacute;n de la calle,
+sin m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a que la del gato.</p>
+
+<p>&laquo;D&iacute;gase lo que se quiera, es el mejor de los tres&mdash;pensaba, metiendo y
+sacando la aguja&mdash;, mejor que el egoist&oacute;n de Nicol&aacute;s, mejor que el
+tarambana de Juan Pablo... &iquest;Que se quiere casar con una...? Hay que ver,
+hay que ver eso. No se puede juzgar sin o&iacute;r... Podr&iacute;a suceder que no
+fuera... Se dan casos... &iexcl;Vaya!... Y est&aacute; enamorado como un tonto... &iquest;Y
+qu&eacute; le vamos a hacer? Dios nos tenga de su mano&raquo;.</p>
+
+<p>Entr&oacute; Nicol&aacute;s de la calle y preguntado por do&ntilde;a Lupe, dijo que ven&iacute;a de
+casa del <i>basilisco</i>. Aquel d&iacute;a se mostr&oacute; m&aacute;s satisfecho, llegando a
+asegurar que su catec&uacute;mena comprend&iacute;a bien las cosas de religi&oacute;n, y que
+en lo moral parec&iacute;a ser <i>de buena madera</i>, con lo que lleg&oacute; a su colmo
+la curiosidad de la viuda y ya no le fue posible sostener por m&aacute;s tiempo
+el papel desde&ntilde;oso que representaba.</p>
+
+<p>&laquo;Tanto te empe&ntilde;ar&aacute;s&mdash;dijo al estudiante aquella noche&mdash;, que al fin lo
+vas a conseguir&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;, t&iacute;a?&mdash;Que vaya yo en persona a ver a esa... Pero conste que si
+voy es contra mi voluntad.</p>
+
+<p>Maximiliano, que era bondadoso y quer&iacute;a estar bien con ella, no quiso
+manifestarle indiferencia. &laquo;Pues s&iacute;, t&iacute;a, si usted va a verla, se lo
+agradeceremos toda nuestra vida&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ninguna falta me hacen vuestros agradecimientos, si es que me decido a
+ir, que todav&iacute;a no lo s&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, t&iacute;a.&mdash;Ni voy, si es que me decido, porque me lo agradezc&aacute;is, sino
+por medir con mis propios ojos toda la hondura del abismo en que te
+quieres arrojar, a ver si hallo a&uacute;n modo de apartarte de &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana mismo, t&iacute;a; yo la acompa&ntilde;o a usted&mdash;dijo entusiasmado el
+chico&mdash;. Ver&aacute; usted mi abismo, y cuando lo vea me empujar&aacute;.</p>
+
+<p>Y fue al d&iacute;a siguiente do&ntilde;a Lupe, vestida con los trapitos de
+cristianar, porque antes hab&iacute;a ido a la gran funci&oacute;n del asilo de do&ntilde;a
+Guillermina, por invitaci&oacute;n de esta, de lo que estaba muy satisfecha.
+Quer&iacute;a dar el golpe, y como ten&iacute;a tanto dominio sobre s&iacute; y se expresaba
+con tanta soltura, juzgaba f&aacute;cil darse mucho lustre en la visita.</p>
+
+<p>As&iacute; fue en efecto. Pocas veces en su vida, ni aun en los mejores d&iacute;as de
+J&aacute;uregui, se dio do&ntilde;a Lupe tanto pisto como en aquella entrevista, pues
+siendo el <i>basilisco</i> tan poco fuerte en artes sociales y hall&aacute;ndose tan
+cohibida por su situaci&oacute;n y su mala fama, la otra se despach&oacute; a su gusto
+y se empingorot&oacute; hasta un extremo incre&iacute;ble. Trataba do&ntilde;a Lupe a su
+presunta sobrina con urbanidad; pero guardando las distancias. Hab&iacute;a de
+conocerse hasta en los menores detalles, que la visitada era una moza de
+c&aacute;scara amarga, con recomendables pretensiones de decencia, y la
+visitante una se&ntilde;ora, y no una se&ntilde;ora cualquiera, sino la se&ntilde;ora de
+J&aacute;uregui, el hombre m&aacute;s honrado y de m&aacute;s sanas costumbres que hab&iacute;a
+existido en todo tiempo en Madrid o por lo menos en Puerta Cerrada. Y su
+condici&oacute;n de dama se probaba en que despu&eacute;s de haber hecho todo lo
+posible, en la primera parte de la visita, por mostrar cierta severidad
+de principios, juzg&oacute; en la segunda que ven&iacute;a bien caerse un poco del
+lado de la indulgencia. El verdadero se&ntilde;or&iacute;o jam&aacute;s se complace en
+humillar a los inferiores. Do&ntilde;a Lupe se sinti&oacute; con unas ganas tan vivas
+de protecci&oacute;n con respecto a Fortunata, que no podr&iacute;a llevarse cuenta de
+los consejos que le dio y reglas de conducta que se sirvi&oacute; trazarle. Es
+que se pirraba por proteger, dirigir, aconsejar y tener alguien sobre
+quien ejercer dominio...</p>
+
+<p>Una de las cosas que m&aacute;s gracia le hicieron en Fortunata, fue su timidez
+para expresarse. Se le conoc&iacute;a en seguida que no hablaba como las
+personas finas, y que ten&iacute;a miedo y verg&uuml;enza de decir disparates. Esto
+la favoreci&oacute; en opini&oacute;n de do&ntilde;a Lupe, porque el desenfado en el lenguaje
+habr&iacute;a sido se&ntilde;al de anarqu&iacute;a en la voluntad. &laquo;No se apure usted&mdash;le
+dec&iacute;a la viuda, toc&aacute;ndole familiarmente la rodilla con su abanico&mdash;; que
+no es posible aprender en un d&iacute;a a expresarse como nosotras. Eso vendr&aacute;
+con el tiempo y el uso y el trato. Pronunciar mal una palabra no es
+verg&uuml;enza para nadie, y la que no ha recibido una educaci&oacute;n esmerada no
+tiene la culpa de ello&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata estaba pasando la pena negra con aquella visita de <i>tantismo
+cumplido</i>, y un color se le iba y otro se le ven&iacute;a, sin saber c&oacute;mo
+contestar a las preguntas de do&ntilde;a Lupe ni si sonre&iacute;r o ponerse seria. Lo
+que deseaba era que se largara pronto. Hablaron de la ida al convento,
+resoluci&oacute;n que la t&iacute;a de Maxi alab&oacute; mucho, esforz&aacute;ndose en sacar de su
+cabeza los conceptos m&aacute;s alambicados y los vocablos m&aacute;s requetefinos. A
+tal extremo hubo de llegar en esto, que Fortunata quedose en ayunas de
+muchas cosas que le oy&oacute;. Por fin lleg&oacute; el instante de la despedida, que
+Fortunata deseaba con ansia y tem&iacute;a, consider&aacute;ndose incapaz de decir con
+claridad y sosiego todas aquellas f&oacute;rmulas &uacute;ltimas y el ofrecimiento de
+la casa. La de J&aacute;uregui lo hizo como persona corrida en esto; Fortunata
+tartamude&oacute;, y todo lo dijo al rev&eacute;s.</p>
+
+<p>Maximiliano habl&oacute; poco durante la visita. No hac&iacute;a m&aacute;s que estar <i>al
+quite</i>, acudiendo con el capote all&iacute; donde Fortunata se ve&iacute;a en peligro
+por torpeza de lenguaje. Cuando sali&oacute; do&ntilde;a Lupe, crey&oacute; que deb&iacute;a
+acompa&ntilde;arla hasta la calle, y as&iacute; lo hizo.</p>
+
+<p>&laquo;Si es una bobona...&mdash;dijo la viuda a su sobrino&mdash;; tal para cual...
+Parece que la han cogido con lazo. En manos de una persona inteligente,
+esta mujer podr&iacute;a enderezarse, porque no debe de tener mal fondo. Pero
+yo dudo que t&uacute;...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe era persona de buen gusto y apreci&oacute; al instante la hermosura
+del <i>basilisco</i> sin ponerle reparos, como es uso y costumbre en juicios
+de mujeres. Aun aquellas que no tienen pretensiones de belleza se
+resisten a proclamar la ajena. &laquo;Es bonita de veras&mdash;dec&iacute;a para s&iacute; la
+viuda, camino de su casa&mdash;, lo que se llama bonita. Pero es una salvaje
+que necesita que la domestiquen&raquo;. Los deseos de aprender que Fortunata
+manifestaba le agradaron mucho, y sinti&oacute; que se agitaban en su alma, con
+pruritos de ejercitarse, sus dotes de maestra, de consejera, de
+protectora y jefe de familia. Pose&iacute;a do&ntilde;a Lupe la aptitud y la vanidad
+educativas, y para ella no hab&iacute;a mayor gloria que tener alguien sobre
+quien desplegar autoridad. Maxi y Papitos eran al mismo tiempo hijos y
+alumnos, porque la se&ntilde;ora se hac&iacute;a siempre querer de los seres
+inferiores a quienes educaba. El mismo J&aacute;uregui hab&iacute;a sido tambi&eacute;n, al
+decir de la gente, tan disc&iacute;pulo como marido.</p>
+
+<p>Volvi&oacute;, pues, a su casa la t&iacute;a de Maximiliano revolviendo en su mente
+planes soberbios. La pasi&oacute;n de domesticar se despertaba en ella delante
+de aquel magn&iacute;fico animal que estaba pidiendo una mano h&aacute;bil que lo
+desbravase. Y v&eacute;ase aqu&iacute; c&oacute;mo a impulsos de distintas pasiones, t&iacute;a y
+sobrino vinieron a coincidir en sus deseos; v&eacute;ase c&oacute;mo la tirana de la
+casa concluy&oacute; por mirar con ojos ben&eacute;volos a la misma persona de quien
+hab&iacute;a dicho tantas perrer&iacute;as. Mucho agradec&iacute;a esto el joven, y juzgando
+por s&iacute; mismo, cre&iacute;a que la indulgencia de do&ntilde;a Lupe se derivaba de un
+afecto, cuando en rigor proven&iacute;a de esa imperiosa necesidad que sienten
+los humanos de ejercitar y poner en funciones toda facultad grande que
+poseen. Por esto la viuda no cesaba de pensar en el gran partido que
+pod&iacute;a sacar de Fortunata, desbast&aacute;ndola y puli&eacute;ndola hasta tallarla en
+se&ntilde;ora, e imaginaba una victoria semejante a la que Maximiliano
+pretend&iacute;a alcanzar en otro orden. La cosa no ser&iacute;a f&aacute;cil, porque el
+animal deb&iacute;a tener muchos resabios; pero mientras m&aacute;s grandes fueran las
+dificultades, m&aacute;s se lucir&iacute;a la maestra. De repente le entraban a la
+se&ntilde;ora de J&aacute;uregui recelos punzantes, y dec&iacute;a: &laquo;Si no puede ser, si es
+mucha mujer para medio hombre. Si no existiera este maldito
+desequilibrio de sangre, &eacute;l con su cari&ntilde;o y yo con lo mucho que s&eacute;,
+domar&iacute;amos a la fiera; pero esta moza se nos tuerce el mejor d&iacute;a, no hay
+duda de que se nos tuerce&raquo;.</p>
+
+<p>Media semana estuvo en esta lucha, ya queriendo ceder para oficiar de
+maestra, ya perseverando en sus primitivos temores e inclin&aacute;ndose a no
+intervenir para nada... Pero con las amigas ten&iacute;a que representar otros
+papeles, pues era vanidosa fuera de casa, y no gustaba nunca de aparecer
+en situaci&oacute;n desairada o rid&iacute;cula. Cuidaba mucho de ponerse siempre muy
+alta, para lo cual ten&iacute;a que exagerar y embellecer cuanto la rodeaba.
+Era de esas personas que siempre alaban desmedidamente las cosas
+propias. Todo lo suyo era siempre bueno: su casa era la mejor de la
+calle, su calle la mejor del barrio, y su barrio el mejor de la villa.
+Cuando se mudaba de cuarto, esta supremac&iacute;a domiciliaria iba con ella a
+donde quiera que fuese. Si algo desairado o rid&iacute;culo le ocurr&iacute;a, lo
+guardaba en secreto; pero si era cosa lisonjera, la publicaba poco menos
+que con repiques. Por esto cuando se corri&oacute; entre las familias amigas
+que el sietemesino se quer&iacute;a casar con una tarasca, no sab&iacute;a <i>la de los
+Pavos</i> c&oacute;mo arreglarse para quedar bien. Dificilillo de componer era
+aquello, y no bastaba todo su talento a convertir en blanco lo negro,
+como otras veces hab&iacute;a hecho.</p>
+
+<p>Varias noches estuvo en la tertulia de las de la Ca&ntilde;a completamente
+achantada y sin saber por d&oacute;nde tirar. Pero desde el d&iacute;a en que vio a
+Fortunata, se sacudi&oacute; la morri&ntilde;a, creyendo haber encontrado un punto de
+apoyo para levantar de nuevo el mundo abatido de su optimismo. &iquest;En qu&eacute;
+creer&eacute;is que se fund&oacute; para volver a tomar aquellos aires de persona
+superior a todos los sucesos? Pues en la hermosura de Fortunata. Por
+mucho que se figuraran de su belleza, no tendr&iacute;an idea de la realidad.
+En fin, que hab&iacute;a visto mujeres guapas, pero como aquella ninguna. Era
+una divinidad <i>en toda la extensi&oacute;n de la palabra</i>.</p>
+
+<p>Pasmadas estaban las amigas oy&eacute;ndola, y aprovech&oacute; do&ntilde;a Lupe este asombro
+para acudir con el siguiente ardid estrat&eacute;gico: &laquo;Y en cuanto a lo de su
+mala vida, hay mucho que hablar... No es tanto como se ha dicho. Yo me
+atrevo a asegurar que es much&iacute;simo menos&raquo;.</p>
+
+<p>Interrogada sobre la condici&oacute;n moral y de car&aacute;cter de la divinidad, hizo
+muchas salvedades y distingos: &laquo;Eso no lo puedo decir... No he hablado
+con ella m&aacute;s que una vez. Me ha parecido humilde, de un car&aacute;cter
+apocado, de esas que son f&aacute;ciles de dominar por quien pueda y sepa
+hacerlo&raquo;. Hablando luego de que la met&iacute;an en las Micaelas, todas las
+presentes elogiaron esta resoluci&oacute;n, y do&ntilde;a Lupe se encastill&oacute; m&aacute;s en su
+vanidad, diciendo que hab&iacute;a sido idea suya y condici&oacute;n que puso para
+transigir, que despu&eacute;s de una larga cuarentena religiosa pod&iacute;a ser
+admitida en la familia, pues las cosas no se pod&iacute;an llevar a punto de
+lanza, y eso de tronar con Maximiliano y cerrarle la puerta, muy pronto
+se dice; pero hacerlo ya es otra cosa.</p>
+
+<p>Entre tanto, acerc&aacute;base el d&iacute;a designado para llevar el <i>basilisco</i> a
+las Micaelas. Nicol&aacute;s Rub&iacute;n hab&iacute;a hablado al capell&aacute;n, su compa&ntilde;ero de
+Seminario, el cual habl&oacute; a la Superiora, que era una dama ilustre, amiga
+&iacute;ntima y pariente lejana de Guillermina Pacheco. Acordada la admisi&oacute;n en
+los t&eacute;rminos que marca el reglamento de la casa, s&oacute;lo se esperaba para
+realizarla a que pasasen los d&iacute;as de Semana Santa. El Jueves salieron
+Maxi y su amiga a andar algunas estaciones, y el Viernes muy tempranito
+fueron a la Cara de Dios, d&aacute;ndose despu&eacute;s un largo paseo por San
+Bernardino. Fortunata estaba, con la religi&oacute;n, como chiquillo con
+zapatos nuevos, y quer&iacute;a que su amante le explicase lo que significan el
+Jueves Santo y las Tinieblas, el Cirio Pascual y dem&aacute;s s&iacute;mbolos. Maxi
+sal&iacute;a del paso con dificultad, y all&aacute; se las arreglaba de cualquier
+modo, poniendo a los huecos de su ignorancia los remiendos de su
+inventiva. La religi&oacute;n que &eacute;l sent&iacute;a en aquella crisis de su alma era
+demasiado alta y no pod&iacute;a inspirarle verdadero inter&eacute;s por ning&uacute;n culto;
+pero bien se le alcanzaba que la inteligencia de Fortunata no pod&iacute;a
+remontarse m&aacute;s arriba del punto a donde alcanzan las torres de las
+iglesias cat&oacute;licas. &Eacute;l s&iacute;; &eacute;l iba lejos, muy lejos, llevado del
+sentimiento m&aacute;s que de la reflexi&oacute;n, y aunque no ten&iacute;a base de estudios
+en qu&eacute; apoyarse, pensaba en las causas que ordenan el universo e
+imprimen al mundo f&iacute;sico como al mundo moral movimiento solemne, regular
+y matem&aacute;tico. &laquo;Todo lo que debe pasar, pasa&mdash;dec&iacute;a&mdash;, y todo lo que debe
+ser, es&raquo;. Le hab&iacute;a entrado fe ciega en la acci&oacute;n directa de la
+Providencia sobre el mecanismo funcionante de la vida menuda. La
+Providencia dictaba no s&oacute;lo la historia p&uacute;blica sino tambi&eacute;n la privada.
+Por debajo de esto &iquest;qu&eacute; significaban los s&iacute;mbolos? Nada. Pero no quer&iacute;a
+quitarle a Fortunata su ilusi&oacute;n de las im&aacute;genes, del <i>gori gori</i> y de
+las pompas teatrales que se admiran en las iglesias, porque, ya se ve...
+la pobrecilla no ten&iacute;a su inteligencia cultivada para comprender ciertas
+cosas, y a fuer de pecadora, conven&iacute;a conservarla durante alg&uacute;n tiempo
+sujeta a observaci&oacute;n, en aquel orden de ideas relativamente bajo, que
+viene a ser algo como sanitarismo moral o polic&iacute;a religiosa.</p>
+
+<p>El entusiasmo que la joven sent&iacute;a era como los encantos de una moda que
+empieza. Iban, pues, los dos amantes, como he dicho, por aquellos
+altozanos de Vallehermoso, ya entre tejares, ya por veredas trazadas en
+un campo de cebada, y al fin se cansaron de tanta charla religiosa. A
+Rub&iacute;n se le acab&oacute; su saber de liturgia, y a Fortunata le empezaba a
+molestar un pie, a causa de la apretura de la bota. El calzado estrecho
+es gran suplicio, y la molestia f&iacute;sica corta los vuelos de la mente.
+Hab&iacute;an pasado por junto a los cementerios del Norte, luego hicieron alto
+en los dep&oacute;sitos de agua; la samaritana se sent&oacute; en un sillar y se quit&oacute;
+la bota. Maximiliano le hizo notar lo bien que luc&iacute;a desde all&iacute; el
+apretado caser&iacute;o de Madrid con tanta c&uacute;pula y detr&aacute;s un horizonte
+inmenso que parec&iacute;a la mar. Despu&eacute;s le se&ntilde;al&oacute; hacia el lado del Oriente
+una mole de ladrillo rojo, parte en construcci&oacute;n, y le dijo que aquel
+era el convento de las Micaelas donde ella iba a entrar. Pareci&eacute;ronle a
+Fortunata bonitos el edificio y su situaci&oacute;n, expresando el deseo de
+entrar pronto, aquel mismo d&iacute;a si era posible. Asalt&oacute; entonces el
+pensamiento de Rub&iacute;n una idea triste. Bueno era lo bueno, pero no lo
+demasiado. Tanta piedad pod&iacute;a llegar a ser una desgracia para &eacute;l, porque
+si Fortunata se entusiasmaba mucho con la religi&oacute;n y se volv&iacute;a santa de
+veras, y no quer&iacute;a m&aacute;s cuentas con el mundo, sino quedarse all&iacute;
+encerradita adorando la custodia durante todo el resto de sus d&iacute;as...
+&iexcl;Oh!, esta idea sofoc&oacute; tanto al pobre redentor, que se puso rojo. Y bien
+pod&iacute;a suceder, porque algunas que entraban all&iacute; cargadas de pecados se
+correg&iacute;an de tal modo y se daban con tanta gana a la penitencia, que no
+quer&iacute;an salir m&aacute;s, y hablarles de casarse era como hablarles del
+demonio... Pero no, Fortunata no ser&iacute;a as&iacute;; no ten&iacute;a ella cariz de
+volverse santa <i>en toda la extensi&oacute;n de la palabra</i>, como dir&iacute;a do&ntilde;a
+Lupe. Si lo fuera, Maximiliano se morir&iacute;a de pena, se volver&iacute;a entonces
+protestante, mas&oacute;n, jud&iacute;o, ateo.</p>
+
+<p>No manifest&oacute; estos temores a su querida, que estaba con un pie calzado y
+otro descalzo, mirando atentamente las idas y venidas de una procesi&oacute;n
+de hormigas. &Uacute;nicamente le dijo: &laquo;Tiempo tienes de entrar. No conviene
+tampoco que te d&eacute; muy fuerte&raquo;.</p>
+
+<p>Era preciso seguir. Volvi&oacute; a ponerse la bota y... &iexcl;ay!, &iexcl;qu&eacute; dolor!, lo
+malo fue que aquel d&iacute;a, Viernes Santo, no hab&iacute;a coches, y no era posible
+volver a casa de otra manera que a pie.</p>
+
+<p>&laquo;Nos hemos alejado mucho&mdash;dijo Maximiliano ofreci&eacute;ndole su brazo&mdash;.
+Ap&oacute;yate y as&iacute; no cojear&aacute;s tanto... &iquest;Sabes lo que pareces as&iacute;, llevada a
+remolque?... pues una embarazada fuera de cuenta, que ya no puede dar un
+paso, y yo parezco el marido que pronto va a ser padre&raquo;. No pudo menos
+de hacerla re&iacute;r esta idea, y recordando que la noche anterior,
+Maximiliano, en las efusiones epil&eacute;pticas de su cari&ntilde;o, hab&iacute;a hablado
+algo de sucesi&oacute;n, dijo para su sayo: &laquo;De eso s&iacute; que est&aacute;s t&uacute; libre&raquo;.</p>
+
+<p>El jueves siguiente fue conducida Fortunata a las Micaelas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="vb" id="vb"></a>-V-</h2>
+
+<h2>Las Micaelas por fuera</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Hay en Madrid tres conventos destinados a la correcci&oacute;n de mujeres. Dos
+de ellos est&aacute;n en la poblaci&oacute;n antigua, uno en la ampliaci&oacute;n del Norte,
+que es la zona predilecta de los nuevos institutos religiosos y de las
+comunidades expulsadas del centro por la incautaci&oacute;n revolucionaria de
+sus hist&oacute;ricas casas. En esta faja Norte son tantos los edificios
+religiosos que casi es dif&iacute;cil contarlos. Los hay para monjas reclusas,
+y para las religiosas que viven en comunicaci&oacute;n con el mundo y en
+batalla ruda con la miseria humana, en estas &oacute;rdenes modernas derivadas
+de la de San Vicente de Pa&uacute;l, cuya mortificaci&oacute;n consiste en recoger
+ancianos, asistir enfermos o educar ni&ntilde;os. Como por encanto hemos visto
+levantarse en aquella zona grandes pelmazos de ladrillo, de dudoso valer
+arquitect&oacute;nico, que manifiestan cu&aacute;n positiva es a&uacute;n la propaganda
+religiosa, y qu&eacute; resultados tan pr&aacute;cticos se obtienen del ahorro
+espiritual, o sea la limosna, cultivado por buena mano. Las <i>Hermanitas
+de los Pobres</i>, las <i>Siervas de Mar&iacute;a</i> y otras, tan apreciadas en
+Madrid por los positivos auxilios que prestan al vecindario, han labrado
+en esta zona sus casas con la prontitud de las obras de contrata. De
+institutos para cl&eacute;rigos s&oacute;lo hay uno, grand&oacute;n, vulgar y triste como un
+falansterio. Las Salesas Reales, arrojadas del convento que les hizo
+do&ntilde;a B&aacute;rbara, tienen tambi&eacute;n domicilio nuevo, y otras monjas hist&oacute;ricas,
+las que recogieron y guardaron los huesos de D. Pedro el Cruel, acampan
+all&aacute; sobre las alturas del barrio de Salamanca.</p>
+
+<p>La planicie de Chamber&iacute;, desde los Pozos y Santa B&aacute;rbara hasta m&aacute;s all&aacute;
+de Cuatro Caminos, es el sitio preferido de las &oacute;rdenes nuevas. All&iacute;
+hemos visto levantarse el asilo de Guillermina Pacheco, la mujer
+constante y extraordinaria, y all&iacute; tambi&eacute;n la casa de las Micaelas.
+Estos edificios tienen cierto car&aacute;cter de improvisaci&oacute;n, y en todos,
+combinando la baratura con la prisa, se ha empleado el ladrillo al
+descubierto, con ciertos aires mud&eacute;jares y pegotes de g&oacute;tico a la
+francesa. Las iglesias afectan, en las fr&aacute;giles escayolas que las
+decoran interiormente, el estilo adamado con pretensiones de elegante de
+la bas&iacute;lica de Lourdes. Hay, pues, en ellas una impresi&oacute;n de aseo y
+arreglo que encanta la vista, y una deplorable manera arquitect&oacute;nica. La
+importaci&oacute;n de los nuevos estilos de piedad, como el del Sagrado
+Coraz&oacute;n, y esas manadas de curas de babero expulsados de Francia, nos
+han tra&iacute;do una cosa buena, el aseo de los lugares destinados al culto; y
+una cosa mala, la perversi&oacute;n del gusto en la decoraci&oacute;n religiosa.
+Verdad que Madrid apenas ten&iacute;a elementos de defensa contra esta
+invasi&oacute;n, porque las iglesias de esta villa, adem&aacute;s de muy sucias, son
+verdaderos adefesios como arte. As&iacute; es que no podemos alzar mucho el
+gallo. El barroquismo sin gracia de nuestras parroquias, los canceles
+llenos de mugre, las capillas cubiertas de horribles escayolas
+empolvadas y todo lo dem&aacute;s que constituye la vulgaridad indecorosa de
+los templos madrile&ntilde;os, no tiene que echar nada en cara a las
+cursiler&iacute;as de esta nov&iacute;sima monumentalidad, tambi&eacute;n armada en yesos
+deleznables y con derroche de oro y pinturas al temple, pero que al
+menos despide olor de aseo, y tiene el decoro de los sitios en que anda
+mucho la santidad de la escoba, del agua y el jab&oacute;n.</p>
+
+<p>El caser&oacute;n que llamamos <i>Las Micaelas</i> estaba situado m&aacute;s arriba del de
+Guillermina, all&aacute; donde las rarificaciones de la poblaci&oacute;n aumentan en
+t&eacute;rminos de que es mucho m&aacute;s extenso el suelo bald&iacute;o que el edificado.
+Por algunos huecos del caser&iacute;o se ven horizontes esteparios y luminosos,
+tapias de cementerios coronadas de cipreses, esbeltas chimeneas de
+f&aacute;bricas como palmeras sin ramas, grandes extensiones de terreno mal
+sembrado para pasto de las burras de leche y de las cabras. Las casas
+son bajas, como las de los pueblos, y hay algunas de corredor con
+habitaciones numeradas, cuyas puertas se ven por la medianer&iacute;a. El
+edificio de las Micaelas hab&iacute;a sido una casa particular, a la que se
+agreg&oacute; un ala interior costeando dos lados de la huerta en forma de
+medio claustro, y a la saz&oacute;n se le estaba a&ntilde;adiendo por el lado opuesto
+la iglesia, que era amplia y del estilo de moda, ladrillo sin revoco
+modelado a lo mud&eacute;jar y cabos de canter&iacute;a de Novelda labrada en ojival
+constructivo. Como la iglesia estaba a&uacute;n a medio hacer, el culto se
+celebraba en la capilla provisional, que era una gran cruj&iacute;a baja, a la
+izquierda de la puerta.</p>
+
+<p>En el arreglo de esta cruj&iacute;a para convertirla en templo interino,
+manifest&aacute;base el buen deseo, la pulcritud y la inocencia art&iacute;stica de
+las excelentes se&ntilde;oras que compon&iacute;an la comunidad. Las paredes estaban
+estucadas, como las de nuestras alcobas, porque este es un g&eacute;nero de
+decoraci&oacute;n barato en Madrid y sumamente favorable a la limpieza. En el
+fondo estaba el altar, que era, ya se sabe, blanco y oro, de un estilo
+tan visto y tan determinado, que parece que viene en los figurines. A
+derecha e izquierda, en cromos chillones de gran tama&ntilde;o, los dos
+Sagrados Corazones, y sobre ellos se abr&iacute;an dos ventanas enjut&iacute;simas,
+terminadas por arriba en corte ojival, con vidrios blancos, rojos y
+azules, combinados en rombo, como se usan en las escaleras de las casas
+modernas.</p>
+
+<p>Cerca de la puerta hab&iacute;a una reja de madera que separaba el p&uacute;blico de
+las monjas los d&iacute;as en que el p&uacute;blico entraba, que eran los jueves y
+domingos. De la reja para adentro, el piso estaba cubierto de hule, y a
+los costados de lo que bien podremos llamar nave hab&iacute;a dos filas de
+sillas reclinatorios. A la derecha de la nave dos puertas, no muy
+grandes: la una conduc&iacute;a a la sacrist&iacute;a, la otra a la habitaci&oacute;n que
+hac&iacute;a de coro. De all&iacute; ven&iacute;an los flauteados de un harmonium ta&ntilde;ido
+candorosamente en los acordes de la t&oacute;nica y la dominante, y con las
+modulaciones m&aacute;s elementales; de all&iacute; ven&iacute;an tambi&eacute;n los exaltados
+acentos de las dos o tres monjas cantoras. La m&uacute;sica era digna de la
+arquitectura, y sonaba a zarzuela sentimental o a canci&oacute;n de las que se
+reparten como regalo a las suscritoras en los peri&oacute;dicos de modas. En
+esto ha venido a parar el grandioso canto eclesi&aacute;stico, por el abandono
+de los que mandan en estas cosas y la latitud con que se vienen
+permitiendo novedades en el severo culto cat&oacute;lico.</p>
+
+<p>La pecadora fue llevada a las Micaelas pocos d&iacute;as despu&eacute;s de la Pascua
+de Resurrecci&oacute;n. Aquel d&iacute;a, desde que despert&oacute;, se le puso a Maxi la
+obstrucci&oacute;n en la boca del est&oacute;mago, pero tan fuerte como si tuviera
+entre pecho y espalda atravesado un palo. Molestia semejante sent&iacute;a en
+los d&iacute;as de ex&aacute;menes, pero no con tanta intensidad. Fortunata parec&iacute;a
+contenta, y deseaba que la hora llegase pronto para abreviar la
+expectaci&oacute;n y perplejidad en que los dos amantes estaban, sin saber qu&eacute;
+decirse. A ella por lo menos no se le ocurr&iacute;a nada que decirle, y aunque
+a &eacute;l se le pasaban por el mag&iacute;n muchas cosas, ten&iacute;a cierta aversi&oacute;n
+innata a lo teatral, y no gustaba de hablar gordo en ciertas ocasiones.
+Si ha de decirse verdad, Maxi inspiraba aquel d&iacute;a a su novia un
+sentimiento de cari&ntilde;o dulce y sosegado, con su poquillo de l&aacute;stima. Y &eacute;l
+procuraba dar a la conversaci&oacute;n tono familiar, hablando del tiempo o
+recomendando a la joven que tuviese cuidado de no olvidar alguna
+importante prenda de ropa. Nicol&aacute;s, que estaba presente, no habr&iacute;a
+permitido tampoco zalamer&iacute;as de amor ni besuqueo, y ayudaba a recoger y
+agrupar todas las cosas que hab&iacute;an de llevarse, a&ntilde;adiendo observaciones
+tan pr&aacute;cticas como esta: &laquo;Ya sabe usted que ni perfumes ni joyas ni
+ringorrangos de ninguna clase entran en aquella casa. Todo el bagaje
+mundano se arroja a la puerta&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando vino el mozo que deb&iacute;a llevar el ba&uacute;l, Fortunata estaba ya
+dispuesta, vestida con la mayor sencillez. Maximiliano mir&oacute; diferentes
+veces su reloj sin enterarse de la hora. Nicol&aacute;s, que estaba m&aacute;s sereno,
+mir&oacute; el suyo y dijo que era tarde. Bajaron los tres, y fueron
+pausadamente y sin hablar hacia la calle de Hortaleza a tomar un coche
+sim&oacute;n. Instalose el joven con no poco trabajo en la bigotera, porque las
+faldas de su futura esposa y la ropa talar del cl&eacute;rigo estorbaban lo que
+no es decible la entrada y la salida; y si el trayecto fuera m&aacute;s largo,
+el martirio de aquellas seis piernas que no sab&iacute;an c&oacute;mo colocarse habr&iacute;a
+sido muy grande. La ne&oacute;fita miraba por la ventanilla, atra&iacute;da vagamente
+y sin inter&eacute;s su atenci&oacute;n por la gente que pasaba. Creer&iacute;ase que miraba
+hacia fuera por no mirar hacia dentro; Maximiliano se la com&iacute;a con los
+ojos, mientras el presb&iacute;tero procuraba en vano animar la conversaci&oacute;n
+con algunas cuchufletas bien poco ingeniosas.</p>
+
+<p>Llegaron por fin al convento. En la puerta hab&iacute;a dos o tres mendigas
+viejas, que pidieron limosna, y a Maximiliano le falt&oacute; tiempo para
+d&aacute;rsela. Le amargaba extraordinariamente la boca, y su voz ahilada sal&iacute;a
+de la garganta con interrupciones y s&iacute;ncopas como la de un asm&aacute;tico. Su
+turbaci&oacute;n le obligaba a refugiarse en los temas vulgares... &laquo;&iexcl;Vaya que
+son pesados estos pobres!... Parece que hay misa, porque se oye la
+campanilla de alzar... Es bonita la casa, y alegre, s&iacute; se&ntilde;or, alegre&raquo;.</p>
+
+<p>Entraron en una sala que hay a la derecha, en el lado opuesto a la
+capilla. En dicha sala recib&iacute;an visitas las monjas, y las recogidas a
+quienes se permit&iacute;a ver a su familia los jueves por la tarde, durante
+hora y media, en presencia de dos madres. Adornada con sencillez rayana
+en pobreza, la tal sala no ten&iacute;a m&aacute;s que algunas estampas de santos y un
+cuadrote de San Jos&eacute;, al &oacute;leo, que parec&iacute;a hecho por la misma mano que
+pint&oacute; el J&aacute;uregui de la casa de do&ntilde;a Lupe. El piso era de baldos&iacute;n, bien
+lavado y frotado, sin m&aacute;s defensa contra el fr&iacute;o que dos esteritas de
+junco delante de los dos bancos que ocupaban los testeros principales.
+Dichos bancos, las sillas y un canap&eacute; de patas curvas eran piezas
+diferentes, y bien se conoc&iacute;a que todo aquel pobre menaje proven&iacute;a de
+donativos o limosnas de esta y la otra casa. Ni cinco minutos tuvieron
+que esperar, porque al punto entraron dos madres que ya estaban
+avisadas, y casi pis&aacute;ndoles los talones entr&oacute; el se&ntilde;or capell&aacute;n, un
+hombr&oacute;n muy campechano y que de todo se re&iacute;a. Llam&aacute;base D. Le&oacute;n Pintado,
+y en nada correspond&iacute;a la persona al nombre. Nicol&aacute;s Rub&iacute;n y aquel
+pasmarote tan grande y tan jovial se abrazaron y se saludaron
+tute&aacute;ndose. Una de las dos monjas era joven, coloradita, de boca
+agraciada y ojos que habr&iacute;an sido lind&iacute;simos si no adolecieran de
+estrabismo. La otra era seca y de edad madura, con gafas, y daba bien
+claramente a entender que ten&iacute;a en la casa m&aacute;s autoridad que su
+compa&ntilde;era. A las palabras que dijeron, impregnadas de esa cortes&iacute;a
+dulzona que informa el estilo y el metal de voz de las religiosas del
+d&iacute;a, iba la ne&oacute;fita a contestar alguna cosa apropiada al caso; pero se
+cort&oacute; y de sus labios no pudo salir m&aacute;s que un <i>ju ju</i>, que las otras no
+entendieron. La sesi&oacute;n fue breve. Sin duda las madres Micaelas no
+gustaban de perder el tiempo. &laquo;Desp&iacute;dase usted&raquo; le dijo la seca,
+tom&aacute;ndola por un brazo. Fortunata estrech&oacute; la mano de Maxi y de Nicol&aacute;s,
+sin distinguir entre los dos, y dejose llevar. <i>Rubinius vulgaris</i> dio
+un paso, dejando solos a los dos curas que hablaban cogi&eacute;ndose
+rec&iacute;procamente las borlas de sus manteos, y vio desaparecer a su amada,
+a su &iacute;dolo, a su ilusi&oacute;n, por la puerta aquella pintada de blanco, que
+comunicaba la sala con el resto de la religiosa morada. Era una puerta
+como otra cualquiera; pero cuando se cerr&oacute; otra vez, pareciole al
+enamorado chico cosa diferente de todo lo que contiene el mundo en el
+vast&iacute;simo reino de las puertas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Ech&oacute; a andar hacia Madrid por el polvoriento camino del antiguo Campo de
+Guardias, y volviendo a mirar su reloj por un movimiento maquinal,
+tampoco entonces se hizo cargo de la hora que era. No se dio cuenta de
+que su hermano y D. Le&oacute;n Pintado, entretenidos en una conversaci&oacute;n
+interesante y par&aacute;ndose cada diez palabras, se hab&iacute;an quedado atr&aacute;s.
+Hablaban de las oposiciones a la lectoral de Sig&uuml;enza y de las peloteras
+que ocurrieron en ella. El capell&aacute;n, como candidato reventado, pon&iacute;a de
+oro y azul al obispo de la di&oacute;cesis y a todo el cabildo. Maximiliano,
+sin advertir las paradas, sigui&oacute; andando hasta que se encontr&oacute; en su
+casa. Abriole do&ntilde;a Lupe la puerta y le hizo varias preguntas: &laquo;Y qu&eacute;
+tal, &iquest;iba contenta?&raquo;. Revelaban estas interrogaciones tanto inter&eacute;s como
+curiosidad, y el joven, animado por la benevolencia que en su t&iacute;a
+observaba, departi&oacute; con ella, arranc&aacute;ndose a mostrarle algunas de las
+afiladas p&uacute;as que le rasgu&ntilde;aban el coraz&oacute;n. Ten&iacute;a un presentimiento vago
+de no volverla a ver, no porque ella se muriese, sino porque dentro del
+convento y contagiada de la piedad de las monjas, pod&iacute;a chiflarse
+demasiado con las cosas divinas y enamorarse de la vida espiritual hasta
+el punto de no querer ya marido de carne y hueso, sino a Jesucristo, que
+es el esposo que a las monjas de verdadera santidad les hace til&iacute;n. Esto
+lo expres&oacute; irreverentemente con medias palabras; pero do&ntilde;a Lupe sac&oacute;
+toda la sustancia a los conceptos. &laquo;Bien podr&iacute;a suceder eso&mdash;le dijo con
+acento de convicci&oacute;n, que turb&oacute; m&aacute;s a Maximiliano&mdash;, y no ser&iacute;a el
+primer caso de mujeres malas... quiero decir ligeras... que se han
+convertido en un abrir y cerrar de ojos, volvi&eacute;ndose tan del rev&eacute;s, que
+luego no ha habido m&aacute;s remedio que canonizarlas&raquo;.</p>
+
+<p>El redentor sinti&oacute; fr&iacute;o en el coraz&oacute;n. &iexcl;Fortunata canonizada! Esta idea,
+por lo muy absurda que era, le atorment&oacute; toda la ma&ntilde;ana. &laquo;Francamente
+&mdash;dijo al fin, despu&eacute;s de muchas meditaciones&mdash;, tanto como canonizar,
+no; pero bien podr&iacute;a darle por el misticismo y no querer salir, y
+quedarme yo <i>in albis</i>&raquo;. Vamos, que semejante idea le aterraba! En tal
+caso no ten&iacute;a m&aacute;s remedio que volverse &eacute;l santito tambi&eacute;n, dedicarse a
+la Iglesia y hacerse cura... &iexcl;Jes&uacute;s qu&eacute; disparate! &iexcl;Cura!, &iquest;y para qu&eacute;?
+De vuelta en vuelta, su mente lleg&oacute; a un torbellino doloroso en el cual
+no tuvo ya m&aacute;s remedio que ahogar las ideas, para librarse del tormento
+que le ocasionaban. Intent&oacute; estudiar... Imposible. Ocurriole escribir a
+Fortunata, encarg&aacute;ndole que no hiciera caso alguno de lo que le dijesen
+las monjas acerca de la vida espiritual, la gracia y el amor m&iacute;stico...
+Otro disparate. Por fin se fue calmando, y la raz&oacute;n se clareaba un poco
+tras aquellas nieblas.</p>
+
+<p>Las once ser&iacute;an ya, cuando desde su cuarto sinti&oacute; un grande altercado
+entre do&ntilde;a Lupe y Papitos. El motivo de aquella dom&eacute;stica zaragata fue
+que a Nicol&aacute;s Rub&iacute;n se le ocurri&oacute; la idea tr&aacute;gica de convidar a almorzar
+a su amigo el padre Pintado, y no fue lo peor que se le ocurriera, sino
+que se apresurase a ejecutarla con aquella frescura clerical que en tan
+alto grado ten&iacute;a, metiendo a su camarada por las puertas de la casa sin
+ocuparse para nada de si en esta hab&iacute;a o no los bastimentos necesarios
+para dos bocas de tal naturaleza.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe que tal vio y oy&oacute;, no pudo decir nada, por estar el otro
+cl&eacute;rigo delante; pero ten&iacute;a la sangre requemada. Su orgullo no le
+permit&iacute;a desprestigiar la casa, poni&eacute;ndoles un artes&oacute;n de bazofia para
+que se hartaran; y afrontando despechada el conflicto, dec&iacute;a para su
+sayo cosas que habr&iacute;an hecho saltar a toda la curia eclesi&aacute;stica. &laquo;No s&eacute;
+lo que se figura este heliog&aacute;balo... cree que mi casa es la posada del
+Peine. Despu&eacute;s que &eacute;l me come un codo, trae a su compinche para que me
+coma el otro. Y por las trazas, debe tener buen diente y un est&oacute;mago
+como las galer&iacute;as del Dep&oacute;sito de aguas... &iexcl;Ay, Dios m&iacute;o!, &iexcl;qu&eacute; ego&iacute;stas
+son estos curas...! Lo que yo deb&iacute;a hacer era ponerle la cuentecita, y
+entonces... &iexcl;ah!, entonces s&iacute; que no se volv&iacute;a a descolgar con
+invitados, porque es <i>Alejandro en pu&ntilde;o</i> y no le gusta ser rumboso sino
+con dinero ajeno&raquo;.</p>
+
+<p>El volc&aacute;n que rug&iacute;a en el pecho de la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui no pod&iacute;a
+arrojar su lava sino sobre Papitos, que para esto justamente estaba.
+Hab&iacute;a empezado aquel d&iacute;a la monilla por hacer bien las cosas; pero la
+ri&ntilde;&oacute; su ama tan sin raz&oacute;n, que... &iexcl;diablo de chica!, concluy&oacute; por
+hacerlo todo al rev&eacute;s. Si le ordenaban quitar agua de un puchero, echaba
+m&aacute;s. En vez de picar cebolla, machacaba ajos; la mandaron a la tienda
+por una lata de sardinas y trajo cuatro libras de bacalao de Escocia;
+rompi&oacute; una escudilla, y tantos disparates hizo que do&ntilde;a Lupe por poco le
+aporrea el cr&aacute;neo con la mano del almirez. &laquo;De esto tengo la culpa yo,
+grand&iacute;sima bestia, por empe&ntilde;arme en domar ac&eacute;milas y en hacer de ellas
+personas... Hoy te vas a tu casa, a la choza del muladar de Cuatro
+Caminos donde estabas, entre cerdos y gallinas, que es la sociedad que
+te cuadra...&raquo;. Y por aqu&iacute; segu&iacute;a la retah&iacute;la... &iexcl;Pobre Papitos!
+Suspiraba y le corr&iacute;an las l&aacute;grimas por la cara abajo. Hab&iacute;a llegado ya
+a tal punto su azoramiento, que no daba pie con bola.</p>
+
+<p>Entre tanto los dos curas estaban en la sala, fumando cigarrillos, las
+canalejas sobre sillas, groseramente espatarrados ambos en los dos
+sillones principales, y hablando sin cesar del mismo tema de las
+oposiciones de Sig&uuml;enza. La culpa de todo la ten&iacute;a el de&aacute;n, que era un
+trasto y quer&iacute;a la lectoral a todo trance para su sobrinito. &iexcl;Valientes
+perros estaban t&iacute;o y sobrino! Este hab&iacute;a hecho discursos racionalistas,
+y cuando la <i>Gloriosa</i> dio vivas a Topete y a Prim en una reuni&oacute;n de
+dem&oacute;cratas. Do&ntilde;a Lupe entr&oacute; al fin haciendo violent&iacute;simas contorsiones
+con los m&uacute;sculos de su cara para poder brindarles una sonrisa en el
+momento de decir que ya pod&iacute;an pasar... que tendr&iacute;an que dispensar
+muchas faltas, y que iban a hacer penitencia.</p>
+
+<p>Y mientras se sentaban, mir&oacute; con terror al amigo de su sobrino, que era
+lo mismo que un buey puesto en dos pies, y pensaba que si el apetito
+correspond&iacute;a al volumen, todo lo que en la mesa hab&iacute;a no bastara para
+llenar aquel inmenso est&oacute;mago. Felizmente, Maxi estaba tan sin gana, que
+apenas prob&oacute; bocado; do&ntilde;a Lupe se declar&oacute; tambi&eacute;n inapetente, y de este
+modo se fue resolviendo el problema y no hubo conflicto que lamentar. El
+padre Pintado, a pesar de ser tan proceroso, no era hombre de mucho
+comer y ameniz&oacute; la reuni&oacute;n contando otra vez... las oposiciones de
+Sig&uuml;enza. Do&ntilde;a Lupe, por cortes&iacute;a, afirmaba que era una barbaridad que
+no le hubieran dado a &eacute;l la lectoral.</p>
+
+<p>La ira de la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui no se calm&oacute; con el feliz &eacute;xito del
+almuerzo... y sigui&oacute; machacando sobre la pobre Papitos. Esta, que
+tambi&eacute;n ten&iacute;a su genio, herv&iacute;a interiormente en despecho y deseos de
+revancha. &laquo;&iexcl;Miren la t&iacute;a bruja&mdash;dec&iacute;a para s&iacute;, bebi&eacute;ndose las
+l&aacute;grimas&mdash;, con su teta menos...! Mejor tuviera verg&uuml;enza de ponerse la
+teta de trapo para que crea la gente que tiene las dos de verdad, como
+las tienen todas y como las tendr&eacute; yo el d&iacute;a de ma&ntilde;ana...&raquo;. Por la
+tarde, cuando la se&ntilde;ora sali&oacute;, encargando que le limpiara la ropa,
+ocurriole a la mona tomar de su ama una venganza terrible; pero una de
+esas venganzas que dejan eterna memoria. Se le ocurri&oacute; poner, colgado en
+el balc&oacute;n, el cuerpo de vestido que pegada ten&iacute;a la <i>cosa falsa</i> con que
+do&ntilde;a Lupe enga&ntilde;aba al p&uacute;blico. La malicia de Papitos imaginaba que
+puesto en el balc&oacute;n el testimonio de la falta de su se&ntilde;ora, la gente que
+pasase lo hab&iacute;a de ver y se hab&iacute;a de re&iacute;r mucho. Pero no ocurrieron de
+este modo las cosas, porque ning&uacute;n transe&uacute;nte se fij&oacute; en el pecho
+postizo, que era lo mismo que una vejiga de manteca; y al fin la
+chiquilla se apresur&oacute; a quitarlo, discurriendo con buen juicio que si
+do&ntilde;a Lupe al entrar ve&iacute;a colgado del balc&oacute;n aquel acusador de su
+defecto, se hab&iacute;a de poner hecha una fiera, y ser&iacute;a capaz de cortarle a
+su criada <i>las dos cosas de verdad</i> que pensaba tener.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, Maximiliano encamin&oacute; sus pasos al convento, no
+por entrar, que esto era imposible, sino por ver aquellas paredes tras
+de las cuales respiraba la persona querida. La ma&ntilde;ana estaba deliciosa,
+el cielo despejad&iacute;simo, los &aacute;rboles del paseo de Santa Engracia
+empezaban a echar la hoja. Det&uacute;vose el joven frente a las Micaelas,
+mirando la obra de la nueva iglesia que llegaba ya a la mitad de las
+ojivas de la nave principal. Alej&aacute;ndose hasta m&aacute;s all&aacute; de la acera de
+enfrente, y subiendo a unos montones de tierra endurecida, se ve&iacute;a, por
+encima de la iglesia en construcci&oacute;n, un largo corredor del convento, y
+aun se pod&iacute;an distinguir las cabezas de las monjas o recogidas que por
+&eacute;l andaban. Pero como la obra avanzaba r&aacute;pidamente, cada d&iacute;a se ve&iacute;a
+menos. Observ&oacute; Maxi en los d&iacute;as sucesivos que cada hilada de ladrillos
+iba tapando discretamente aquella interesante parte de la interioridad
+monjil, como la ropa que se extiende para velar las carnes descubiertas.
+Lleg&oacute; un d&iacute;a en que s&oacute;lo se alcanzaban a ver las zapatas de los maderos
+que sosten&iacute;an el techo del corredor, y al fin la masa constructiva lo
+tap&oacute; todo, no quedando fuera m&aacute;s que las chimeneas, y aun para columbrar
+estas era preciso tomar la visual desde muy lejos.</p>
+
+<p>Al Norte hab&iacute;a un terreno mal sembrado de cebada. Hacia aquel ejido, en
+el cual hab&iacute;a un poste con letrero anunciando venta de solares, ca&iacute;an
+las tapias de la huerta del convento, que eran muy altas. Por encima de
+ellas asomaban las copas de dos o tres soforas y de un casta&ntilde;o de
+Indias. Pero lo m&aacute;s visible y lo que m&aacute;s cautivaba la atenci&oacute;n del
+desconsolado muchacho era un motor de viento, sistema Parson, para
+noria, que se destacaba sobre alt&iacute;simo aparato a mayor altura que los
+tejados del convento y de las casas pr&oacute;ximas. El inmenso disco,
+semejante a una sombrilla japonesa a la cual se hubiera quitado la
+convexidad, daba vueltas sobre su eje pausada o r&aacute;pidamente, seg&uacute;n la
+fuerza del aire. La primera vez que Maxi lo observ&oacute;, mov&iacute;ase el disco
+con majestuosa lentitud, y era tan hermoso de ver con su coraza de
+tablitas blancas y rojas, parecida a un plumaje, que tuvo fijos en &eacute;l
+los tristes ojos un buen cuarto de hora. Por el Sur la huerta lindaba
+con la medianer&iacute;a de una f&aacute;brica de tintas de imprimir, y por el Este
+con la tejavana perteneciente al inmediato taller de canter&iacute;a, donde se
+trabajaba mucho. As&iacute; como los ojos de Maximiliano miraban con
+inexplicable simpat&iacute;a el disco de la noria, su o&iacute;do estaba preso, por
+decirlo as&iacute;, en la continua y siempre igual m&uacute;sica de los canteros,
+tallando con sus escoplos la dura berroque&ntilde;a. Creer&iacute;ase que grababan en
+l&aacute;pidas inmortales la leyenda que el coraz&oacute;n de un inconsolable poeta
+les iba dictando letra por letra. Detr&aacute;s de esta tocata reinaba el
+augusto silencio del campo, como la inmensidad del cielo detr&aacute;s de un
+grupo de estrellas.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n se paseaba por aquellos andurriales, sin perder de vista el
+convento; iba y ven&iacute;a por las veredas que el paso traza en los terrenos,
+matando la yerba, y a ratos sent&aacute;base al sol, cuando este no picaba
+mucho. Montones de esti&eacute;rcol y paja romp&iacute;an a lo lejos la uniformidad
+del suelo; aqu&iacute; y all&iacute; tapias de ladrillo de color de polvo, letreros
+industriales sobre faja de yeso, casas que intentaban rodearse de un
+jardinillo sin poderlo conseguir; m&aacute;s all&aacute; tejares y las casetas
+plomizas de los vigilantes de consumos, y en todo lo que la vista abarca
+un sentimiento profund&iacute;simo de soledad expectante. Turb&aacute;bala s&oacute;lo alg&uacute;n
+perro sabio de los que, huyendo de la estricnina municipal, se pasean
+por all&iacute; sin quitar la vista del suelo. A veces el joven volv&iacute;a al
+camino real y se dejaba ir un buen trecho hacia el Norte; pero no ten&iacute;a
+ganas de ver gente y se echaba fuera, meti&eacute;ndose otra vez por el campo
+hasta divisar las arcadas del acueducto del Lozoya. La vista de la
+sierra lejana suspend&iacute;a su atenci&oacute;n, y le encantaba un momento con
+aquellos brochazos de azul intens&iacute;simo y sus toques de nieve; pero muy
+luego volv&iacute;a los ojos al Sur, buscando los andamiajes y la mole de las
+Micaelas, que se confund&iacute;a con las casas m&aacute;s exc&eacute;ntricas de Chamber&iacute;.</p>
+
+<p>Todas las ma&ntilde;anas antes de ir a clase, hac&iacute;a Rub&iacute;n esta excursi&oacute;n al
+campo de sus ilusiones. Era como ir a misa, para el hombre devoto, o
+como visitar el cementerio donde yacen los restos de la persona querida.
+Desde que pasaba de la iglesia de Chamber&iacute; ve&iacute;a el disco de la noria, y
+ya no le quitaba los ojos hasta llegar pr&oacute;ximo a &eacute;l. Cuando el motor
+daba sus vueltas con celeridad, el enamorado, sin saber por qu&eacute; y
+obedeciendo a un impulso de su sangre, avivaba el paso. No sab&iacute;a
+explicarse por qu&eacute; oculta relaci&oacute;n de las cosas la velocidad de la
+m&aacute;quina le dec&iacute;a: &laquo;apres&uacute;rate, ven, que hay novedades&raquo;. Pero luego
+llegaba y no hab&iacute;a novedad ninguna, como no fuera que aquel d&iacute;a soplaba
+el viento con m&aacute;s fuerza. Desde la tapia de la huerta o&iacute;ase el rumor
+blando del volteo del disco, como el que hacen las cometas, y sent&iacute;ase
+el crujir del mecanismo que transmite la energ&iacute;a del viento al v&aacute;stago
+de la bomba... Otros d&iacute;as le ve&iacute;a quieto, amodorrado en brazos del aire.
+Sin saber por qu&eacute;, deten&iacute;ase el joven; pero luego segu&iacute;a andando
+despacio. Hubiera &eacute;l lanzado al aire el mayor soplo posible de sus
+pulmones para hacer andar la m&aacute;quina. Era una tonter&iacute;a; pero no lo pod&iacute;a
+remediar. El estar parado el motor parec&iacute;ale se&ntilde;al de desventura.</p>
+
+<p>Pero lo que m&aacute;s tormento daba a Maximiliano era la distinta impresi&oacute;n
+que sacaba todos los jueves de la visita que a su futura hac&iacute;a. Iba
+siempre acompa&ntilde;ado de Nicol&aacute;s, y como adem&aacute;s no se apartaban de la
+recogida las dos monjas, no hab&iacute;a medio de expresarse con confianza. El
+primer jueves encontr&oacute; a Fortunata muy contenta; el segundo, estaba
+p&aacute;lida y algo triste. Como apenas se sonre&iacute;a, falt&aacute;bale aquel rasgo
+hechicero de la contracci&oacute;n de los labios, que enloquec&iacute;a a su amante.
+La conversaci&oacute;n fue sobre asuntos de la casa, que Fortunata elogi&oacute;
+mucho, encomiando los progresos que hac&iacute;a en la lectura y escritura, y
+jact&aacute;ndose del cari&ntilde;o que le hab&iacute;an tomado las se&ntilde;oras. Como en uno de
+los sucesivos jueves dijera algo acerca de lo que le hab&iacute;a gustado la
+fiesta de Pentecost&eacute;s, la principal del a&ntilde;o en la comunidad, y despu&eacute;s
+recayera la conversaci&oacute;n sobre temas de iglesia y de culto, expres&aacute;ndose
+la ne&oacute;fita con bastante calor, Maximiliano volvi&oacute; a sentirse atormentado
+por la idea aquella de que su querida se iba a volver m&iacute;stica y a
+enamorarse perdidamente de un rival tan temible como Jesucristo. Se le
+ocurr&iacute;an cosas tan extravagantes como aprovechar los pocos momentos de
+distracci&oacute;n de las madres para secretearse con su amada y decirle que no
+creyera en aquello de la Pentecost&eacute;s, figuraci&oacute;n aleg&oacute;rica nada m&aacute;s,
+porque no hubo ni pod&iacute;a haber tales lenguas de fuego ni Cristo que lo
+fund&oacute;; a&ntilde;adiendo, si pod&iacute;a, que la vida contemplativa es la m&aacute;s est&eacute;ril
+que se puede imaginar, aun como preparaci&oacute;n para la inmortalidad, porque
+las luchas del mundo y los deberes sociales bien cumplidos son lo que
+m&aacute;s purifica y ennoblece las almas. Ocioso es a&ntilde;adir que se guard&oacute; para
+s&iacute; estas doctrinas escandalosas porque era dif&iacute;cil expresarlas delante
+de las madres.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="vib" id="vib"></a>-VI-</h2>
+
+<h2>Las Micaelas por dentro</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Cuando las dos madres aquellas, la bizca y la seca, la llevaron adentro,
+Fortunata estaba muy conmovida. Era aquella sensaci&oacute;n primera de miedo y
+verg&uuml;enza de que se siente pose&iacute;do el escolar cuando le ponen delante de
+sus compa&ntilde;eros, que han de ser pronto sus amigos, pero que al verle
+entrar le dirigen miradas de hostilidad y burla. Las recogidas que
+encontr&oacute; al paso mir&aacute;banla con tanta impertinencia, que se puso muy
+colorada y no sab&iacute;a qu&eacute; expresi&oacute;n dar a su cara. Las madres, que tantos
+y tan diversos rostros de pecadoras hab&iacute;an visto entrar all&iacute;, no
+parec&iacute;an dar importancia a la belleza de la nueva recogida. Eran como
+los m&eacute;dicos que no se espantan ya de ning&uacute;n horror patol&oacute;gico que vean
+entrar en las cl&iacute;nicas. Hubo de pasar un buen rato antes de que la joven
+se serenase y pudiera cambiar algunas palabras con sus compa&ntilde;eras de
+lazareto. Pero entre mujeres se rompe m&aacute;s pronto a&uacute;n que entre
+colegiales ese hielo de las primeras horas, y palabra tras palabra
+fueron brotando las simpat&iacute;as, echando el cimiento de futuras
+amistades.</p>
+
+<p>Como ella esperaba y deseaba, pusi&eacute;ronle una toca blanca; mas no hab&iacute;a
+en el convento espejos en que mirar si ca&iacute;a bien o mal. Luego le
+hicieron poner un vestido de lana burda y negra muy sencillo; pero
+aquellas prendas s&oacute;lo eran de indispensable uso al bajar a la capilla y
+en las horas de rezo, y pod&iacute;a quit&aacute;rselas en las horas de trabajo,
+poni&eacute;ndose entonces una falda vieja de las de su propio ajuar y un
+cuerpo, tambi&eacute;n de lana, muy honesto, que recib&iacute;an para tales casos. Las
+recogidas divid&iacute;anse en dos clases, una llamada las <i>Filomenas</i> y otra
+las <i>Josefinas</i>. Constitu&iacute;an la primera, las mujeres sujetas a
+correcci&oacute;n; la segunda compon&iacute;ase de ni&ntilde;as puestas all&iacute; por sus padres,
+para que las educaran, y m&aacute;s com&uacute;nmente por madrastras que no quer&iacute;an
+tenerlas a su lado. Estos dos grupos o familias no se comunicaban en
+ninguna ocasi&oacute;n. Dicho se est&aacute; que Fortunata pertenec&iacute;a a la clase de
+las <i>Filomenas</i>. Observ&oacute; que buena parte del tiempo se dedicaba a
+ejercicios religiosos, rezos por la ma&ntilde;ana, doctrina por la tarde.
+Enterose luego de que los jueves y domingos hab&iacute;a adoraci&oacute;n del
+Sacramento, con largu&iacute;simas y entretenidas devociones, acompa&ntilde;adas de
+m&uacute;sica. En este ejercicio y en la misa matinal, las recogidas, como las
+madres, entraban en la iglesia con un gran velo por la cabeza, el cual
+era casi tan grande como una s&aacute;bana.</p>
+
+<p>Lo tomaban en la habitaci&oacute;n pr&oacute;xima a la entrada, y al salir lo volv&iacute;an
+a dejar despu&eacute;s de doblarlo.</p>
+
+<p>Acostumbrada la pr&oacute;jima a levantarse a las nueve o las diez de la
+ma&ntilde;ana, &eacute;ranle penosos aquellos madrugones que en el convento se usaban.
+A las cinco de la ma&ntilde;ana ya entraba Sor Antonia en los dormitorios
+tocando una campana que les desgarraba los o&iacute;dos a las pobres
+durmientes. El madrugar era uno de los mejores medios de disciplina y
+educaci&oacute;n empleados por las madres, y el velar a altas horas de la noche
+una mala costumbre que combat&iacute;an con ah&iacute;nco, como cosa igualmente nociva
+para el alma y para el cuerpo. Por esto, la monja que estaba de guardia
+pasaba revista a los dormitorios a diferentes horas de la noche, y como
+sorprendiese murmullos de secreteo, impon&iacute;a sever&iacute;simos castigos.</p>
+
+<p>Los trabajos eran diversos y en ocasiones rudos. Pon&iacute;an las maestras
+especial cuidado en desbastar aquellas naturalezas enviciadas o fogosas,
+mortificando las carnes y ennobleciendo los esp&iacute;ritus con el cansancio.
+Las labores delicadas, como costura y bordados, de que hab&iacute;a taller en
+la casa, eran las que menos agradaban a Fortunata, que ten&iacute;a poca
+afici&oacute;n a los primores de aguja y los dedos muy torpes. M&aacute;s le agradaba
+que la mandaran lavar, brochar los pisos de baldos&iacute;n, limpiar las
+vidrieras y otros menesteres propios de criadas de escalera abajo. En
+cambio, como la tuvieran sentada en una silla haciendo trabajos de marca
+de ropa se aburr&iacute;a de lo lindo. Tambi&eacute;n era muy de su gusto que la
+pusieran en la cocina a las &oacute;rdenes de la hermana cocinera, y era de ver
+c&oacute;mo fregaba ella sola todo el material de cobre y loza, mejor y m&aacute;s
+pronto que dos o tres de las m&aacute;s diligentes.</p>
+
+<p>Mucho rigor y vigilancia desplegaban las madres en lo tocante a
+relaciones entre las llamadas arrepentidas, ya fuesen <i>Filomenas</i> o
+<i>Josefinas</i>. Eran centinelas sagaces de las amistades que se pudieran
+entablar y de las parejas que formara la simpat&iacute;a. A las pr&oacute;jimas
+antiguas y ya conocidas y probadas por su sumisi&oacute;n, se las mandaba a
+acompa&ntilde;ar a las nuevas y sospechosas. Hab&iacute;a algunas a quienes no se
+permit&iacute;a hablar con sus compa&ntilde;eras sino en el corro principal en las
+horas de recreo.</p>
+
+<p>A pesar de la severidad empleada para impedir las parejas &iacute;ntimas o
+grupos, siempre hab&iacute;a alguna infracci&oacute;n hip&oacute;crita de esta observancia.
+Era imposible evitar que entre cuarenta o cincuenta mujeres hubiese dos
+o tres que se pusieran al habla, aprovechando cualquier coyuntura
+oportuna en las varias ocupaciones de la casa. Un s&aacute;bado por la ma&ntilde;ana
+Sor Natividad, que era la Superiora (por m&aacute;s se&ntilde;as la madrecita seca que
+recibi&oacute; a Fortunata el d&iacute;a de su entrada), mand&oacute; a esta que brochase
+los baldosines de la sala de recibir. Era Sor Natividad vizca&iacute;na, y tan
+celosa por el aseo del convento que lo ten&iacute;a siempre como tacita de
+plata, y en viendo ella una mota, un poco de polvo o cualquier suciedad,
+ya estaba desatinada y fuera de s&iacute;, poniendo el grito en el Cielo como
+si se tratara de una gran calamidad ca&iacute;da sobre el mundo, otro pecado
+original o cosa as&iacute;. Ap&oacute;stol fan&aacute;tico de la limpieza, a la que segu&iacute;a
+sus doctrinas la agasajaba y mimaba mucho, arrojando tremendos anatemas
+sobre las que prevaricaban, aunque s&oacute;lo fuera venialmente, en aquella
+moral cerrada del aseo. Cierto d&iacute;a arm&oacute; un esc&aacute;ndalo porque no hab&iacute;an
+limpiado... &iquest;qu&eacute; creer&eacute;is?, las cabezas doradas de los clavos que
+sosten&iacute;an las estampas de la sala. En cuanto a los cuadros, hab&iacute;a que
+descolgarlos y limpiarlos por detr&aacute;s lo mismo que por delante. &laquo;Si no
+ten&eacute;is alma, ni un adarme de gracia de Dios&mdash;les dec&iacute;a&mdash;, y no os hab&eacute;is
+de condenar por malas, sino por puercas&raquo;. El s&aacute;bado aquel mand&oacute;, como
+digo, dar cera y brochado al piso de la sala, encargando a Fortunata y a
+otra compa&ntilde;era que se lo hab&iacute;an de dejar <i>lo mismo que la cara del Sol</i>.</p>
+
+<p>Era para Fortunata este trabajo no s&oacute;lo f&aacute;cil, sino divertido. Gust&aacute;bale
+calzarse en el pie derecho el grueso escobill&oacute;n, y arrastrando el pa&ntilde;o
+con el izquierdo, andar de un lado para otro en la vasta pieza, con
+paso de baile o de patinaci&oacute;n, puesta la mano en la cintura y
+ejercitando en grata gimnasia todos los m&uacute;sculos hasta sudar
+copiosamente, ponerse la cara como un pavo y sentir unos dulc&iacute;simos
+retozos de alegr&iacute;a por todo el cuerpo. La compa&ntilde;era que Sor Natividad le
+dio en aquella faena era una <i>filomena</i> en cuyo rostro se hab&iacute;a fijado
+no pocas veces la ne&oacute;fita, creyendo reconocerlo. Indudablemente hab&iacute;a
+visto aquella cara en alguna parte, pero no recordaba d&oacute;nde ni cu&aacute;ndo.
+Ambas se hab&iacute;an mirado mucho, como deseando tener una explicaci&oacute;n; pero
+no se hab&iacute;an dirigido nunca la palabra. Lo que s&iacute; sab&iacute;a Fortunata era
+que aquella mujer daba mucha guerra a las madres por su car&aacute;cter
+alborotado y desigual.</p>
+
+<p>Desde que la Superiora las dej&oacute; solas, la otra rompi&oacute; a patinar y a
+hablar al mismo tiempo. Par&aacute;ndose despu&eacute;s ante Fortunata, le dijo:
+&laquo;Porque nosotras nos conocemos, &iquest;eh? A m&iacute; me llaman <i>Mauricia la Dura</i>.
+&iquest;No te acuerdas de haberme visto en casa de la Paca?&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah... s&iacute;!...&raquo; indic&oacute; Fortunata, y cargando sobre el pie derecho, tir&oacute;
+para otro lado frotando el suelo con amaz&oacute;nica fuerza.</p>
+
+<p>Mauricia la Dura representaba treinta a&ntilde;os o poco m&aacute;s, y su rostro era
+conocido de todo el que entendiese algo de iconograf&iacute;a hist&oacute;rica, pues
+era el mismo, exactamente el mismo de Napole&oacute;n Bonaparte antes de ser
+Primer C&oacute;nsul. Aquella mujer singular&iacute;sima, bella y varonil ten&iacute;a el
+pelo corto y lo llevaba siempre mal peinado y peor sujeto. Cuando se
+agitaba mucho trabajando, las melenas se le soltaban, lleg&aacute;ndole hasta
+los hombros, y entonces la semejanza con el precoz caudillo de Italia y
+Egipto era perfecta. No inspiraba simpat&iacute;as Mauricia a todos los que la
+ve&iacute;an; pero el que la viera una vez, no la olvidaba y sent&iacute;a deseos de
+volverla a mirar. Porque ejerc&iacute;an indecible fascinaci&oacute;n sobre el
+observador aquellas cejas rectas y prominentes, los ojos grandes y
+febriles, escondidos como en acecho bajo la concavidad frontal, la
+pupila inquieta y &aacute;vida, mucho hueso en los p&oacute;mulos, poca carne en las
+mejillas, la quijada robusta, la nariz romana, la boca acentuada
+terminando en flexiones en&eacute;rgicas, y la expresi&oacute;n, en fin, so&ntilde;adora y
+melanc&oacute;lica. Pero en cuanto Mauricia hablaba, adi&oacute;s ilusi&oacute;n. Su voz era
+bronca, m&aacute;s de hombre que de mujer, y su lenguaje vulgar&iacute;simo, revelando
+una naturaleza desordenada, con alternativas misteriosas de depravaci&oacute;n
+y de afabilidad.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Despu&eacute;s que se reconocieron, callaron un rato, trabajando las dos con
+igual ah&iacute;nco. Un tanto fatigadas se sentaron en el suelo, y entonces
+Mauricia, arrastr&aacute;ndose hasta llegar junto a su compa&ntilde;era, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Aquel d&iacute;a... &iquest;sabes?, acabadita de marcharte t&uacute;, estuvo en casa de la
+Paca Juanito Santa Cruz&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata la mir&oacute; aterrada.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; d&iacute;a?&raquo; fue lo &uacute;nico que dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No te acuerdas? El d&iacute;a que estuviste t&uacute;, el d&iacute;a en que te conoc&iacute;...
+<i>Paices</i> boba. Yo me li&eacute; con la Visitaci&oacute;n, que me rob&oacute; un pa&ntilde;uelo, la
+muy ladrona sinverg&uuml;enza. Le met&iacute; mano, y... &iexcl;ras!, le trinqu&eacute; la oreja
+y me qued&eacute; con el pendiente en la mano, parti&eacute;ndole el pulpejo... por
+poco me traigo media cara. Ella me mordi&oacute; un brazo, mira... todav&iacute;a est&aacute;
+aqu&iacute; la se&ntilde;al; pero yo le dej&eacute; sella&iacute;to un ojo... todav&iacute;a no lo ha
+abierto, y le saqu&eacute; una tira de pellejo &iexcl;ras!, desde semejante parte,
+aqu&iacute; por la sien... hasta la barba. Si no nos apartan, si no me coges t&uacute;
+a m&iacute; por la cintura, y Paca a ella, la reviento... cre&eacute;telo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me acuerdo de aquella trifulca&mdash;dijo Fortunata mirando a su
+compa&ntilde;era con miedo.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute;, la que me la hace me la paga. No s&eacute; si sabes que a la Matilde,
+aquella silfidona rubia...</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;, no la conozco.&mdash;Pues all&aacute; se me vino con unos chismajos, porque
+yo <i>hablaba</i> entonces con el chico de Teller&iacute;a y... Pues la cog&iacute; un d&iacute;a,
+la tir&eacute; al suelo, me estuve paseando sobre ella todo el tiempo que me
+dio la gana... y luego, cog&iacute; una badila y del primer golpe le abr&iacute; un
+ojal en la cabeza, del tama&ntilde;o de un duro... La llevaron al hospital...
+Dicen que por el boquete que le hice se le ve&iacute;a la sesada... Buen repaso
+le di. Pues otro d&iacute;a, estando en el Modelo... ver&aacute;s... me dijo una t&iacute;a
+muy pindongona y muy facha que si yo era no s&eacute; qu&eacute; y no s&eacute; cu&aacute;nto, y de
+la primer bofetada que le alumbr&eacute; fue rodando por el suelo con las patas
+al aire. Nada, que tuvieron que atarme... Pues volviendo a lo que dec&iacute;a.
+Aquel d&iacute;a que tuve la zaragata con Visitaci&oacute;n...</p>
+
+<p>Sintieron venir a la Superiora, y r&aacute;pidamente se levantaron y se
+pusieron a brochar otra vez. La monja mir&oacute; el piso, ladeando la cara
+como los p&aacute;jaros cuando miran al suelo, y se retir&oacute;. Un rato despu&eacute;s,
+las dos arrepentidas volvieron a pegar su hebra.</p>
+
+<p>&laquo;No aportaste m&aacute;s por all&iacute;. Yo le pregunt&eacute; despu&eacute;s a la Paca si hab&iacute;a
+vuelto por all&iacute; el <i>chico</i> de Santa Cruz, y me contest&oacute;: 'Calla hija, si
+han dicho aqu&iacute; anoche que est&aacute; con <i>plumon&iacute;a</i>...'. Pobrecito, por poco
+no lo cuenta. Estuvo si se las l&iacute;a, si no se las l&iacute;a... Por ti pregunt&eacute;
+a la Feliciana una tarde que fui a ense&ntilde;arle los mantones de Manila que
+yo estaba corriendo, y me dijo que te ibas a casar con un boticario...
+ya, el sobrino de do&ntilde;a Lupe <i>la de los Pavos</i>... &iexcl;Ah!, chica, si esa tal
+do&ntilde;a Lupe es lo que m&aacute;s conozco... Preg&uacute;ntale por m&iacute;. Le he vendido m&aacute;s
+alhajas que pelos tengo en la cabeza. &iexcl;Ah!, entonces s&iacute; que estaba yo
+bien; pero de repente me trastorn&eacute;, y ca&iacute; tan enferma del est&oacute;mago, que
+no pod&iacute;a pasar nada, y lo mismo era entrarme bocado en &eacute;l o gota de
+agua, que parec&iacute;a que me encend&iacute;an lumbre; y mi hermana Severiana, que
+vive en la calle de Mira el R&iacute;o, me llev&oacute; a su casa, y all&iacute; me entraron
+unos calambres que cre&iacute; que espichaba; y una noche, viendo que aquello
+no se me quer&iacute;a calmar, sal&iacute; de estamp&iacute;a, y en la taberna me atiz&eacute; tres
+copas de aguardiente, arreo, tras, tras, tras, y sal&iacute;, y en medio a
+medio de la calle ca&iacute;me al suelo, y los chiquillos se me ajuntaron a la
+redonda, y luego vinieron los guindillas y me soplaron en la prevenci&oacute;n.
+Severiana quiso llevarme otra vez a su casa; pero entonces una se&ntilde;ora
+que conocemos, esa do&ntilde;a Guillermina... la habr&aacute;s o&iacute;do nombrar... me
+cogi&oacute; por su cuenta y me trajo a este <i>establecimiento</i>. La do&ntilde;a
+Guillermina es una que se ha echado mismamente a pobre, &iquest;sabes?, y pide
+limosna y est&aacute; haciendo un palaci&oacute;n ah&iacute; abajo para <i>los hu&eacute;rfanos</i>. Mi
+hermana y yo nos criamos en su casa, &iexcl;gran casa la de los se&ntilde;ores de
+Pacheco! Personas muy ricas, no te creas, y mi madre era la que les
+planchaba. Por eso nos tiene tanta ley do&ntilde;a Guillermina, que siempre que
+me ve con miseria me socorre, y dice que mientras m&aacute;s mala sea yo m&aacute;s me
+ha de socorrer. Pues que quise que no, aqu&iacute; me metieron... Ya me hab&iacute;an
+metido antes; pero no estuve m&aacute;s que una semana, porque me escap&eacute;
+subi&eacute;ndome por la tapia de la huerta como los gatos&raquo;.</p>
+
+<p>Esta historia, contada con tan aterradora sinceridad, impresion&oacute; mucho a
+la otra <i>filomena</i>. Siguieron ambas bailando a lo largo de la sala,
+desliz&aacute;ndose sobre el ya pulimentado piso, como los patinadores sobre el
+hielo, y Fortunata, a quien le escarbaba en el interior lo que referente
+a ella habla dicho Mauricia la Dura, quiso aclarar un punto importante,
+dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&laquo;Yo no fui m&aacute;s que dos veces a casa de la Paca, y por mi gusto no
+hubiera ido ninguna. La necesidad, hija... Despu&eacute;s no volv&iacute; m&aacute;s porque
+me salieron relaciones con el chico con quien me voy a casar&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de una pausa, durante la cual vini&eacute;ronle al pensamiento muchas
+cosas pasadas, crey&oacute; oportuno decir algo, conforme a las ideas que
+aquella casa impon&iacute;a: &laquo;&iquest;Y para qu&eacute; me buscaba a m&iacute; ese hombre?... &iquest;para
+qu&eacute;? Para perderme otra vez. Con una basta&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Los hombres son muy caprichosos&mdash;dijo en tono de filosof&iacute;a Mauricia la
+Dura&mdash;, y cuando la tienen a una a su disposici&oacute;n, no le hacen m&aacute;s caso
+que a un trasto viejo; pero si una habla con otro, ya el de antes quiere
+arrimarse, por el aquel de la golosina que otro se lleva. Pues digo...
+si una se pone a ser verbigracia honrada, los muy peines no pasan por
+eso, y si una se mete mucho a rezar y a confesar y comulgar, se les
+encienden m&aacute;s a ellos las querencias, y se pirran por nosotras desde que
+nos convertimos por lo eclesi&aacute;stico... Pues qu&eacute;, &iquest;crees t&uacute; que Juanito
+no viene a rondar este convento desde que sabe que est&aacute;s aqu&iacute;? <i>Paices</i>
+boba. Tenlo por cierto, y alguno de los coches que se sienten por ah&iacute;,
+cr&eacute;ete que es el suyo.</p>
+
+<p>&mdash;No seas tonta... no digas burradas&mdash;replic&oacute; la otra palideciendo&mdash;. No
+puede ser... Porque mira t&uacute;, &eacute;l cay&oacute; con la pulmon&iacute;a en Febrero...</p>
+
+<p>&mdash;Bien enterada est&aacute;s.&mdash;Lo s&eacute; por Feliciana, a quien se lo cont&oacute;, <i>d&iacute;as
+atr&aacute;s</i>, un se&ntilde;or que es amigo de Villalonga. Pues ver&aacute;s, &eacute;l cay&oacute; con la
+pulmon&iacute;a en Febrero, y en este <i>entremedio</i> conoc&iacute; yo al chico con quien
+hablo... El otro estuvo dos meses muy malito... si se va si no se va.
+Por fin sali&oacute;, y en Marzo se fue con su mujer a Valencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute;?&mdash;Que todav&iacute;a no habr&aacute; vuelto.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Paices</i> boba... Esto es un decir. Y si no ha vuelto, volver&aacute;...
+Quiere decirse que te har&aacute; la rueda cuando venga y se entere de que
+ahora vas para santa.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; s&iacute; que eres boba... d&eacute;jame en paz. Y suponiendo que venga y me
+ronde... &iquest;A m&iacute; qu&eacute;?</p>
+
+<p>Sor Natividad examin&oacute; el brochado y vio &laquo;que era bueno&raquo;. Satisfacci&oacute;n de
+artista resplandec&iacute;a en su carita seca. Mir&oacute; al techo tratando de
+descubrir alguna mota producida por las moscas; pero no hab&iacute;a nada, y
+hasta las cabezas de los clavos de la pared, limpiados el d&iacute;a antes,
+resplandec&iacute;an como estrellitas de oro. La Superiora volv&iacute;a las gafas a
+todas partes buscando algo que reprender; pero nada encontr&oacute; que
+mereciese su cr&iacute;tica estrecha. Dispuso que antes de entrar los muebles
+los limpiasen y frotasen bien para que todo el polvo quedase fuera; pero
+encarg&oacute; mucho que aquella operaci&oacute;n se hiciese <i>al hilo</i> de la madera; y
+como las dos trabajadoras no entendiesen bien lo que esto significaba,
+cogi&oacute; ella misma un trapo y pr&aacute;cticamente les hizo ver con la mayor
+seriedad cu&aacute;l era su sistema. Cuando se quedaron solas otra vez,
+Mauricia dijo a su amiga: &laquo;Hay que tener contenta a esta <i>t&iacute;a chiflada</i>,
+que es buena persona, y como le froten los muebles <i>al hilo</i>, la tienes
+partiendo un pi&ntilde;&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Mauricia ten&iacute;a d&iacute;as. Las monjas la consideraban lun&aacute;tica, porque si las
+m&aacute;s de las veces la somet&iacute;an f&aacute;cilmente a la obediencia, haci&eacute;ndola
+trabajar, entr&aacute;bale de golpe como una locura y romp&iacute;a a decir y hacer
+los mayores desatinos. La primera vez que esto pas&oacute;, las religiosas se
+alarmaron; mas domada la furia sin que fuese preciso apelar a la fuerza,
+cuando se repet&iacute;an los accesos de indisciplina y procacidad no les daban
+gran importancia. Era un espect&aacute;culo imponente y aun divertido el que de
+tiempo en tiempo, com&uacute;nmente cada quince o veinte d&iacute;as, daba Mauricia a
+todo el personal del convento. La primera vez que lo presenci&oacute;
+Fortunata, sinti&oacute; verdadero terror.</p>
+
+<p>Inici&aacute;basele aquel trastorno a Mauricia como se inician las
+enfermedades, con s&iacute;ntomas leves, pero infalibles, los cuales se van
+acentuando y recorren despu&eacute;s todo el proceso morboso. El periodo
+prodr&oacute;mico sol&iacute;a ser una cuesti&oacute;n con cualquier recogida por el
+chocolate del desayuno, o por si al salir le tropezaron y la otra lo
+hizo con mala intenci&oacute;n. Las madres interven&iacute;an, y Mauricia callaba al
+fin, qued&aacute;ndose durante dos o tres horas taciturna, rebelde al trato,
+haci&eacute;ndolo todo al rev&eacute;s de como se le mandaba. Su diligencia pasmosa
+troc&aacute;base en dejadez; y como las madres la reprendieran, no les
+respond&iacute;a nada cara a cara; pero en cuanto volv&iacute;an la espalda, dejaba
+o&iacute;r gru&ntilde;idos, masticando entre ellos palabras soeces. A este periodo
+segu&iacute;a por lo com&uacute;n una travesura ruidosa y carnavalesca, hecha de
+improviso para provocar la risa de algunas <i>Filomenas</i> y la indignaci&oacute;n
+de las se&ntilde;oras. Mauricia aprovechaba el silencio de la sala de labores
+para lanzar en medio de ella un gato con una chocolatera amarrada a la
+cola, o hacer cualquier otro disparate m&aacute;s propio de chiquillos que de
+mujeres formales. Sor Antonia, que era la bondad misma, mir&aacute;bala con
+toda la severidad que cab&iacute;a en su car&aacute;cter angelical, y Mauricia le
+devolv&iacute;a la mirada con insolente dureza, diciendo: &laquo;Si no he sido
+<i>yio</i>... <i>amos</i>, si no he sido <i>yio</i>... &iquest;Para qu&eacute; me mira usted
+tantooo?... &iquest;Es que me quiere retrataaar...?&raquo;.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a, Sor Antonia llam&oacute; a la Superiora, que era una vizca&iacute;na muy
+templada. Esta dijo al entrar: &laquo;&iquest;Ya est&aacute; otra vez suelto el
+enemigo?...&raquo;. Y decret&oacute; que fuese encerrada en el cuarto que serv&iacute;a de
+prisi&oacute;n cuando alguna recogida se insubordinaba. Aqu&iacute; fue el estallar la
+fiereza de aquella maldita mujer. &laquo;&iexcl;Encerrarme a m&iacute;!... &iquest;De veee... ras?
+No me lo diga usted... prenda&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mauricia&mdash;dijo con varonil entereza la monja, soltando una expresi&oacute;n
+de su tierra&mdash;, d&eacute;jese usted de <i>ch&iacute;nchirri-m&aacute;ncharras</i>, y obedezca. Ya
+sabe usted que no nos asusta con sus botaratadas. Aqu&iacute; no tenemos miedo
+a ninguna tarasca. Por compasi&oacute;n y caridad no la echamos a la calle, ya
+lo sabe usted... Vamos, hija, pocas palabras y a hacer lo que se le
+manda.</p>
+
+<p>A Mauricia le temblaba la quijada, y sus ojos tomaban esa opacidad
+siniestra de los ojos de los gatos cuando van a atacar. Las recogidas la
+miraban con miedo, y algunas monjas rodearon a la Superiora para hacerla
+respetar.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya con lo que sale ahora la t&iacute;a chiflada... &iexcl;Encerrarme a m&iacute;! A donde
+voy es a mi casa, &iexcl;hala...!, a mi casa, de donde me sacaron enga&ntilde;ada
+estas indecentonas, s&iacute; se&ntilde;or, enga&ntilde;ada, porque yo era honrada como un
+sol, y aqu&iacute; no nos ense&ntilde;an m&aacute;s que peines y peinetas... &iexcl;Ja ja ja!...
+Vaya con las se&ntilde;oras virtuosas y <i>santifiqu&iacute;simas</i>. &iexcl;Ja ja ja!...&raquo;.</p>
+
+<p>Estos monos&iacute;labos guturales los emit&iacute;a con todo el grueso de su
+grues&iacute;sima voz, y con tal acento de sarcasmo infame y de groser&iacute;a, que
+habr&iacute;an sacado de quicio a personas de menos paciencia y flema que Sor
+Natividad y sus compa&ntilde;eras. Estaban tan hechas a ser tratadas de aquel
+modo y hab&iacute;an domado fieras tan espantables, que ya las injurias no les
+hac&iacute;an efecto. &laquo;Vamos&mdash;dijo la Superiora frunciendo el ce&ntilde;o&mdash;; callando,
+y baje usted al patio&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me gusta la santidad de estas traviatonas de iglesia... &iexcl;Ja ja
+ja!...&mdash;grit&oacute; la infame puesta en jarras y mirando en redondo a todo el
+concurso de recogidas&mdash;. Se encierran aqu&iacute; para retozar a sus anchas con
+los cur&aacute;nganos de babero... &iexcl;Ja ja ja!... &iexcl;qu&eacute; peines!... y con los que
+no son de babero.</p>
+
+<p>Muchas recogidas se tapaban los o&iacute;dos. Otras, suspensa la mano sobre el
+bastidor, miraban a las monjas y se pasmaban de su serenidad. En aquel
+instante apareci&oacute; en la sala una figura extra&ntilde;a. Era Sor Marcela, una
+monja vieja, coja y casi enana, la m&aacute;s desdichada estampa de mujer que
+puede imaginarse. Su cara, que parec&iacute;a de cart&oacute;n, era morena, dura,
+chata, de tipo mong&oacute;lico, los ojos expresivos y afables como los de
+algunas bestias de la raza cuadrumana. Su cuerpo no ten&iacute;a forma de
+mujer, y al andar parec&iacute;a desbaratarse y hundirse del lado izquierdo,
+imprimiendo en el suelo un golpe seco que no se sab&iacute;a si era de pie de
+palo o del propio mu&ntilde;&oacute;n del hueso roto. Su fealdad s&oacute;lo era igualada por
+la impavidez y el desd&eacute;n compasivo con que mir&oacute; a Mauricia.</p>
+
+<p>Sor Marcela tra&iacute;a en la mano derecha una gran llave, y apuntando con
+ella al estern&oacute;n de la delincuente, hizo un casta&ntilde;eteo de lengua y no
+dijo m&aacute;s que esto: &laquo;Andando&raquo;.</p>
+
+<p>Quitose la fiera con r&aacute;pido movimiento su toca, sacudi&oacute; las melenas y
+sali&oacute; al corredor, echando por aquella boca insolencias terribles. La
+coja volvi&oacute; a indicarle el camino, y Mauricia, moviendo los brazos como
+aspas de molino de viento, se puso a gritar:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Peines y peinetas!... &iquest;Pues no me quieren deshonrar y encerrarme como
+si yo fuera una <i>criminala</i>? &iexcl;Tunantas!... cuando si yo quisiera, de
+tres bofetadas las tumbaba a todas patas arriba...&raquo;.</p>
+
+<p>A pesar de estas fierezas, la coja la llevaba por delante con la misma
+calma con que se conduce a un perro que ladra mucho, pero que se sabe no
+ha de morder. A mitad de la escalera se volvi&oacute; la harp&iacute;a, y mirando con
+inflamados ojos a las monjas que en el corredor quedaban, les dec&iacute;a en
+un grito estridente: &laquo;&iexcl;Ladronas, m&aacute;s que ladronas!... &iexcl;Grand&iacute;simas
+p&uacute;as!...&raquo;.</p>
+
+<p>Dicho esto, la coja le pon&iacute;a suavemente la mano en la espalda,
+empuj&aacute;ndola hacia adelante. En el patio tuvo que cogerla por un brazo,
+porque quer&iacute;a subir de nuevo.</p>
+
+<p>&laquo;Si no te hacen caso, est&uacute;pida&mdash;le dijo&mdash;, si no eres t&uacute; la que hablas
+sino el demonio que te anda dentro de la boca. C&aacute;llate ya por amor de
+Dios y no marees m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;El demonio eres t&uacute;&mdash;replic&oacute; la fiera, que parec&iacute;a ya, por lo muy
+exaltada, irresponsable de los disparates que dec&iacute;a&mdash;. Facha,
+mamarracho, esperpento...</p>
+
+<p>&mdash;Echa, echa m&aacute;s veneno&mdash;murmuraba Sor Marcela con tranquilidad,
+abriendo la puerta de la prisi&oacute;n&mdash;. As&iacute; te pasar&aacute; m&aacute;s pronto el
+arrechucho. Vaya, adentro, y ma&ntilde;ana como un guante. A la noche te traer&eacute;
+de comer. Paciencia, hija...</p>
+
+<p>Mauricia ladr&oacute; un poco m&aacute;s; pero con tanto furor de palabras no hac&iacute;a
+resistencia verdadera, de modo que aquella pobre vieja inv&aacute;lida la
+manejaba como a un ni&ntilde;o. Bast&oacute; que esta la cogiese por un brazo y la
+metiera dentro del encierro, para que la prisi&oacute;n se efectuase sin ning&uacute;n
+inconveniente, despu&eacute;s de tanta bulla. Sor Marcela ech&oacute; la llave dando
+dos vueltas, y la guard&oacute; en su bolsillo. Su rostro, tan parecido a una
+m&aacute;scara japonesa, continuaba imperturbable. Cuando atravesaba el patio
+en direcci&oacute;n a la escalera, oy&oacute; el <i>ja ja ja</i> de Mauricia, que estaba
+asomada por uno de los dos tragaluces con barras de hierro que la puerta
+ten&iacute;a en su parte superior. La monja no se detuvo a o&iacute;r las injurias que
+la fiera le dec&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Eh!... coja... gal&aacute;pago, vuelve ac&aacute; y ver&aacute;s qu&eacute; morrazo te doy... &iexcl;Qu&eacute;
+facha!, ca&ntilde;am&oacute;n, pata y media...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>La faz napole&oacute;nica, l&iacute;vida y con la melena suelta, volvi&oacute; a asomar en la
+reja a la ca&iacute;da de la tarde. Y Sor Marcela pas&oacute; repetidas veces por
+delante de la c&aacute;rcel, volviendo de registrar los nidos de las gallinas,
+por ver si ten&iacute;an huevos, o de regar los pensamientos y francesillas que
+cultivaba en un rinc&oacute;n de la huerta. El patio, que era peque&ntilde;o y se
+comunicaba con la huerta por una reja de madera casi siempre abierta,
+estaba muy mal empedrado, resultando tan irregular el paso de la coja,
+que los balanceos de su cuerpo semejaban los de una peque&ntilde;a embarcaci&oacute;n
+en un mar muy agitado. Muy a menudo andaba Sor Marcela por all&iacute;, pues
+ten&iacute;a la llave de la le&ntilde;era y carbonera, la del calabozo y la de otra
+pieza en que se guardaban trastos de la casa y de la iglesia.</p>
+
+<p>Ya cerca de la noche, como he dicho, Mauricia no se quitaba de la reja
+para hablar a la monja cuando pasaba. Su acento hab&iacute;a perdido la
+aspereza iracunda de por la ma&ntilde;ana, aunque estaba m&aacute;s ronca y ten&iacute;a
+tonos de dolor y de miseria, implorando caridad. La fiera estaba domada.
+Fuertemente asida con ambas manos a los hierros, la cara pegada a estos,
+alargando la boca para ser mejor o&iacute;da, dec&iacute;a con voz pla&ntilde;idera:</p>
+
+<p>&laquo;Cojita m&iacute;a... ca&ntilde;amoncito de mi alma, &iexcl;cu&aacute;nto te quiero!... All&aacute; va el
+patito con sus meneos; una, dos, tres... Lucero del convento, ven y
+escucha, que te quiero decir una cosita&raquo;.</p>
+
+<p>A estas expresiones de ternura, mezcladas de burla cari&ntilde;osa, la monja no
+contestaba ni siquiera con una mirada. Y la otra segu&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ay, mi galapaguito de mi alma, qu&eacute; enfadadito est&aacute; conmigo, que le
+quiero tanto!... Sor Marcela, una palabrita, nada m&aacute;s que una palabrita.
+Yo no quiero que me saques de aqu&iacute;, porque me merezco la encerrona. Pero
+&iexcl;ay ni&ntilde;ita m&iacute;a, si vieras qu&eacute; mala me he puesto! <i>Paice</i> que me est&aacute;n
+arrancando el est&oacute;mago con unas tenazas de fuego... Es de la tremolina
+de esta ma&ntilde;ana. Me dan tentaciones de ahorcarme colg&aacute;ndome de esta reja
+con un cord&oacute;n hecho de tiras del refajo. Y lo voy a hacer, s&iacute;, lo hago y
+me cuelgo si no me miras y me dices algo... Cojita graciosa, enanita
+remonona, mira, oye: si quieres que te quiera m&aacute;s que a mi vida y te
+obedezca como un perro, hazme un favor que voy a pedirte; tr&aacute;eme nada
+m&aacute;s que una lagrimita de aquella gloria divina que t&uacute; tienes, de aquello
+que te recet&oacute; el m&eacute;dico para tu mal de barriga... Anda, &aacute;ngel, mira que
+te lo pido con toda mi alma, porque esta penita que tengo aqu&iacute; no se me
+quiere quitar, y parece que me voy a morir. Anda, rica, ca&ntilde;am&oacute;n de los
+&aacute;ngeles; tr&aacute;eme lo que te pido, as&iacute; Dios te d&eacute; la vida celestial que te
+tienes ganada, y tres m&aacute;s, y as&iacute; te coronen los serafines cuando entres
+en el Cielo con tu patita coja...&raquo;.</p>
+
+<p>La monja pasaba... trun, trun... hiriendo los guijarros con aquel pie
+duro que deb&iacute;a ser como la pata de una silla; y no conced&iacute;a a la
+prisionera ni respuesta ni mirada. Al anochecer, baj&oacute; con la cena para
+la presa, y abriendo la puerta penetr&oacute; en el l&oacute;brego aposento. Por el
+pronto no vio a Mauricia, que estaba acurrucada sobre unas tablas, las
+rodillas junto al pecho, las manos cruzadas sobre las rodillas, y en las
+manos apoyada la barba.</p>
+
+<p>&laquo;No veo. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;s?&raquo; murmur&oacute; la coja sent&aacute;ndose sobre otro rimero de
+tablas.</p>
+
+<p>Contest&oacute; Mauricia con un gru&ntilde;ido, como el de un mast&iacute;n a quien dan con
+el pie para que se despierte. Sor Marcela puso junto a s&iacute; un plato de
+menestra y un pan. &laquo;La Superiora&mdash;dijo&mdash;, no quer&iacute;a que te trajera m&aacute;s
+que pan y agua; pero interced&iacute; por ti... No te lo mereces. Aunque me
+proponga no tener entra&ntilde;as, no lo puedo conseguir. A ti te manejo yo a
+mi modo y s&eacute; que mientras peor se te trate, m&aacute;s rabiosa te pones... Y
+para que veas, hija, hasta d&oacute;nde llevo mi condescendencia...&raquo; a&ntilde;adi&oacute;
+sacando de debajo del manto un objeto...</p>
+
+<p>Crey&eacute;rase que Mauricia lo hab&iacute;a olido, porque de improviso alz&oacute; la
+cabeza, adquiriendo tal animaci&oacute;n y vida su cara que parec&iacute;a
+<i>mismamente</i> la del otro cuando, se&ntilde;alando las pir&aacute;mides, dijo lo de los
+<i>cuarenta siglos</i>. La mazmorra estaba oscura, mas por la puerta entraba
+la &uacute;ltima claridad del d&iacute;a, y las dos mujeres all&iacute; encerradas se pod&iacute;an
+ver y se ve&iacute;an, aunque m&aacute;s bien como bultos que como personas. Mauricia
+alarg&oacute; las manos con ansia hasta tocar la botella, pronunciando palabras
+truncadas y balbucientes para expresar su gratitud; pero la monja
+apartaba el codiciado objeto.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Eh!... las manos quietas. Si no tenemos formalidad, me voy. Ya ves que
+no soy tirana, que llevo la caridad hasta un l&iacute;mite que quiz&aacute;s sea
+imprudente. Pero yo digo: 'D&aacute;ndole un poquito, nada m&aacute;s que una miajita,
+la consuelo, y aqu&iacute; no puede haber vicio'. Porque yo s&eacute; lo que es la
+debilidad de est&oacute;mago y cu&aacute;nto hace sufrir. Negar y negar siempre al
+preso pecador todo lo que pide, no es bueno. El Se&ntilde;or no puede negar
+esto. Tengamos misericordia y consolemos al triste&raquo;.</p>
+
+<p>Diciendo esto sac&oacute; un cortadillo y se prepar&oacute; a escanciar corta porci&oacute;n
+del precioso licor, el cual era un co&ntilde;ac muy bueno que sol&iacute;a usar para
+combatir sus rebeldes dispepsias. Luego cay&oacute; en la cuenta de que antes
+deb&iacute;a comerse Mauricia el plato de menestra. La presa lo comprendi&oacute; as&iacute;,
+apresur&aacute;ndose a devorar la cena para abreviar.</p>
+
+<p>&laquo;Esto que te doy&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la monja&mdash;, es una reparaci&oacute;n de los nervios y
+un puntal del &aacute;nimo desmayado. No creas que lo hago a escondidas de la
+Superiora, pues acaba de autorizarme para darte esta golosina, siempre
+que sea en la medida que separa la necesidad del apetito y el remedio
+del deleite. Yo s&eacute; que esto te entona y te da la alegr&iacute;a necesaria para
+cumplir bien con los deberes. Mira t&uacute; por d&oacute;nde lo que algunos podr&iacute;an
+tener por malo, es bueno en medida razonable&raquo;.</p>
+
+<p>Mauricia estaba tan agradecida, que no acertaba a expresar su gratitud.
+La cojita ech&oacute; en el cortadillo una cantidad, as&iacute; como un dedo,
+inclinando la botella con extraordinario pulso para que no saliera m&aacute;s
+de lo conveniente; y al d&aacute;rselo a la presa, le repiti&oacute; el serm&oacute;n. &iexcl;Y
+c&oacute;mo se relam&iacute;a la otra despu&eacute;s de beber, y qu&eacute; bien le supo! Conoc&iacute;a
+muy bien al galapaguito para atreverse a pedir m&aacute;s. Sab&iacute;a, por
+experiencia de casos an&aacute;logos, que no traspasaba jam&aacute;s el l&iacute;mite que su
+bondad y su caridad le impon&iacute;an. Era buena como un &aacute;ngel para conceder,
+y firme como una roca para detenerse en el punto que deb&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Ya s&eacute;&mdash;dijo tapando cuidadosamente la botella&mdash;, que con este consuelo
+de tus nervios desmayados estar&aacute;s m&aacute;s dispuesta, y la reparaci&oacute;n del
+cuerpo ayuda la del alma&raquo;.</p>
+
+<p>En efecto, Mauricia empez&oacute; a sentirse alegre, y con la alegr&iacute;a v&iacute;nole
+una viva disposici&oacute;n del &aacute;nimo para la obediencia y el trabajo, y tantas
+ganas le entraron de todo lo bueno, que hasta tuvo deseos de rezar, de
+confesarse y de hacer devociones exageradas como las que hac&iacute;a Sor
+Marcela, que, al decir de las recogidas, llevaba cilicio.</p>
+
+<p>&laquo;D&iacute;gale por Dios a la Superiora que estoy arrepentida y que me
+perdone... que yo cuando me da el toque y me pongo a despotricar soy un
+papagayo, y la lengua se lo dice sola. S&aacute;queme pronto de aqu&iacute;, y
+trabajar&eacute; como nunca, y si me mandan fregar toda la casa de arriba a
+abajo, la fregar&eacute;. &Eacute;chenme penitencias gordas y las cumplir&eacute; en un decir
+luz&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Me gusta verte tan entrada en raz&oacute;n&mdash;le dijo la madre, recogiendo el
+plato&mdash;; pero por esta noche no saldr&aacute;s de aqu&iacute;. Medita, medita en tus
+pecados, reza mucho y p&iacute;dele al Se&ntilde;or y a la Sant&iacute;sima Virgen que te
+iluminen.</p>
+
+<p>Mauricia cre&iacute;a que estaba ya bastante iluminada, porque la excitaci&oacute;n
+encend&iacute;a sus ideas d&aacute;ndole un cierto entusiasmo; y despu&eacute;s de hacer un
+poco de ejercicio corporal colg&aacute;ndose de la reja, porque sus miembros
+apetec&iacute;an estirarse, se puso a rezar con toda la devoci&oacute;n de que era
+capaz, luchando con las varias distracciones que llevaban su mente de un
+lado para otro, y por fin se qued&oacute; dormida sobre el duro lecho de
+tablas. Sac&aacute;ronla del encierro al d&iacute;a siguiente temprano, y al punto se
+puso a trabajar en la cocina, sumisa, callada y desplegando maravillosas
+actividades. Despu&eacute;s de cumplir una condena, lo que ocurr&iacute;a
+infaliblemente una vez cada treinta o cuarenta d&iacute;as, la mujer
+napole&oacute;nica estaba cohibida y como avergonzada entre sus compa&ntilde;eras,
+poniendo toda su atenci&oacute;n en las obligaciones, demostrando un celo y
+obediencia que encantaban a las madres. Durante cuatro o cinco d&iacute;as
+desempe&ntilde;aba sin embarazo ni fatiga la tarea de tres mujeres. Pasadas dos
+semanas, advert&iacute;an que se iba cansando; ya no hab&iacute;a en su trabajo
+aquella correcci&oacute;n y diligencia admirables; empezaban las omisiones, los
+olvidos, los descuidillos, y todo esto iba en aumento hasta que la
+repetici&oacute;n de las faltas anunciaba la proximidad de otro estallido. Con
+Fortunata volvi&oacute; a intimar despu&eacute;s de la escena violenta que he
+descrito, y juntas echaron largos p&aacute;rrafos en la cocina, mientras
+pelaban patatas o fregaban los peroles y cazuelas. All&iacute; gozaban de
+cierta libertad, y estaban sin tocas y en traje de <i>mec&aacute;nica</i> como las
+criadas de cualquier casa.</p>
+
+<p>&laquo;Yo tengo una ni&ntilde;a&mdash;dijo Mauricia en una de sus confidencias&mdash;. La puse
+por nombre Adoraci&oacute;n. &iexcl;Es m&aacute;s mona...! Est&aacute; con mi hermana Severiana,
+porque yo, como gasto este geniazo, le doy malos ejemplos sin querer,
+&iquest;t&uacute; sabes?, y mejor vive el angelito con Severiana que conmigo. Esa do&ntilde;a
+Jacinta, esposa de tu se&ntilde;or, quiere mucho a mi ni&ntilde;a, y le compra ropa y
+le da el toque por llev&aacute;rsela consigo; como que est&aacute; rabiando por tener
+chiquillos y el Se&ntilde;or no se los quiere dar. Mal hecho, &iquest;verdad? Pues los
+hijos deben ser para los ricos y no para los pobres, que no los pueden
+mantener&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se manifest&oacute; conforme con estas ideas. Algo hab&iacute;a o&iacute;do ella
+contar del desmedido af&aacute;n de aquella se&ntilde;ora por tener hijos; pero
+Mauricia le dijo algo m&aacute;s, cont&aacute;ndole tambi&eacute;n el caso del <i>Pituso</i>, a
+quien Jacinta quiso recoger crey&eacute;ndolo hijo de su marido y de la propia
+Fortunata. Tal efecto hizo en esta la historia de aquel incre&iacute;ble caso
+de delirio maternal y de pasi&oacute;n no satisfecha, que estuvo tres d&iacute;as sin
+poder apartarlo del pensamiento.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Desde el corredor alto se ve&iacute;a parte del Campo de Guardias, el Dep&oacute;sito
+de aguas del Lozoya, el cementerio de San Mart&iacute;n y el caser&iacute;o de Cuatro
+Caminos, y detr&aacute;s de esto los tonos severos del paisaje de la Moncloa y
+el admirable horizonte que parece el mar, l&iacute;neas ligeramente onduladas,
+en cuya aparente inquietud parece balancearse, como la vela de un barco,
+la torre de Aravaca o de H&uacute;mera. Al ponerse el sol, aquel magn&iacute;fico
+cielo de Occidente se encend&iacute;a en espl&eacute;ndidas llamas, y despu&eacute;s de
+puesto, apag&aacute;base con gracia infinita, fundi&eacute;ndose en las palideces del
+&oacute;palo. Las recortadas nubes oscuras hac&iacute;an figuras extra&ntilde;as,
+acomod&aacute;ndose al pensamiento o a la melancol&iacute;a de los que las miraban, y
+cuando en las calles y en las casas era ya de noche, permanec&iacute;a en
+aquella parte del cielo la claridad blanda, cola del d&iacute;a fugitivo, la
+cual lentamente tambi&eacute;n se iba.</p>
+
+<p>Estas hermosuras se ocultar&iacute;an completamente a la vista de <i>Filomenas</i> y
+<i>Josefinas</i> cuando estuviera concluida la iglesia en que se trabajaba
+constantemente. Cada d&iacute;a, la creciente masa de ladrillos tapaba una
+l&iacute;nea de paisaje.</p>
+
+<p>Parec&iacute;a que los alba&ntilde;iles, al poner cada hilada, no constru&iacute;an, sino que
+borraban. De abajo arriba, el panorama iba desapareciendo como un mundo
+que se anega. Hundi&eacute;ronse las casas del paseo de Santa Engracia, el
+Dep&oacute;sito de aguas, despu&eacute;s el cementerio. Cuando los ladrillos rozaban
+ya la bell&iacute;sima l&iacute;nea del horizonte, a&uacute;n sobresal&iacute;an las lejanas torres
+de H&uacute;mera y las puntas de los cipreses del Campo Santo. Lleg&oacute; un d&iacute;a en
+que las recogidas se alzaban sobre las puntas de los pies o daban saltos
+para ver algo m&aacute;s y despedirse de aquellos amigos que se iban para
+siempre. Por fin la techumbre de la iglesia se lo trag&oacute; todo, y s&oacute;lo se
+pudo ver la claridad del crep&uacute;sculo, la cola del d&iacute;a arrastrada por el
+cielo.</p>
+
+<p>Pero si ya no se ve&iacute;a nada, se o&iacute;a, pues el tiqui tiqui del taller de
+canteros parec&iacute;a formar parte de la atm&oacute;sfera que rodeaba el convento.
+Era ya un fen&oacute;meno familiar, y los domingos, cuando cesaba, la falta de
+aquella m&uacute;sica era para todas las habitantes de la casa la mejor
+apreciaci&oacute;n de d&iacute;a de fiesta. Los domingos, empezaba a o&iacute;rse desde las
+dos el tambor que ameniza el T&iacute;o Vivo y balancines que est&aacute;n junto al
+Dep&oacute;sito de aguas. Este bullicio y el de la muchedumbre que concurre a
+los merenderos de los Cuatro Caminos y de Tetu&aacute;n, duraba hasta muy
+entrada la noche. Mucho molest&oacute; en los primeros tiempos a algunas
+monjas el tal tamboril, no s&oacute;lo por la pesadez de su toque, sino por la
+idea de lo mucho que se peca al son de aquel mundano instrumento. Pero
+se fueron acostumbrando, y por fin lo mismo o&iacute;an el rumor del T&iacute;o Vivo
+los domingos, que el de los picapedreros los d&iacute;as de labor. Algunas
+tardes de d&iacute;a de fiesta, cuando las recogidas se paseaban por la huerta
+o el patio, la tolerancia de las madres llegaba hasta el extremo de
+permitirles bailar una chispita, con decencia se entiende, al son de
+aquellas m&uacute;sicas populares. &iexcl;Cu&aacute;ntas memorias evocadas, cu&aacute;ntas
+sensaciones reverdecidas en aquellos poquitos compases y vueltas de las
+pobres reclusas! &iexcl;Qu&eacute; recuerdo tan vivo de las polkas bailadas con
+horteras en el sal&oacute;n de la Alhambra, de tarde, levantando mucho polvo
+del piso, las manos muy sudadas y chupando caramelos revenidos! Y lo
+peor de todo y lo que en definitiva las hab&iacute;a perdido era que aquellos
+benditos horteras iban todos con buen fin. El buen fin precisamente,
+disculpando los malos medios, era la m&aacute;s negra. Porque despu&eacute;s, ni fin
+ni principio ni nada m&aacute;s que verg&uuml;enza y miseria.</p>
+
+<p>La monja que m&aacute;s empe&ntilde;adamente abogaba porque se las dejase zarandearse
+un ratito era Sor Marcela, que por su cojera y su facha parec&iacute;a incapaz
+de apreciar el sentimiento est&eacute;tico de la danza. Pero la mujer aquella
+con su aplastada cara japonesa, sab&iacute;a mucho del mundo y de las pasiones
+humanas, ten&iacute;a el coraz&oacute;n rebosando tolerancia y caridad, y sosten&iacute;a
+esta tesis: que la privaci&oacute;n absoluta de los apetitos alimentados por la
+costumbre m&aacute;s o menos viciosa, es el peor de los remedios, por engendrar
+la desesperaci&oacute;n, y que para curar a&ntilde;ejos defectos es conveniente
+permitirlos de vez en cuando con mucha medida.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a sorprendi&oacute; a Mauricia en la carbonera fum&aacute;ndose un cigarrillo,
+cosa ciertamente fea e impropia de una mujer. La coja no se apresur&oacute; a
+quitarle el cigarro de la boca, como parec&iacute;a natural. S&oacute;lo le dijo:
+&laquo;&iexcl;Qu&eacute; cochina eres! No s&eacute; c&oacute;mo te puede gustar eso. &iquest;No te mareas?&raquo;.
+Mauricia se re&iacute;a; y cerrando fuertemente un ojo porque el humo se le
+hab&iacute;a metido en &eacute;l, mir&oacute; a la monja con el otro, y alarg&aacute;ndole el
+cigarro, le dijo: &laquo;Pruebe, se&ntilde;ora&raquo;. &iexcl;Cosa inaudita! Sor Marcela dio una
+chupada y despu&eacute;s arroj&oacute; el cigarro, haciendo ascos, escupiendo mucho y
+poniendo una cara tan fea como la de esos fetiches monstruosos de las
+idolatr&iacute;as malayas. Mauricia lo recogi&oacute; y sigui&oacute; chupando, alternando un
+ojo con otro en el cerrarse y en el mirar. Despu&eacute;s hablaron de la
+procedencia del pitillo. La otra no quer&iacute;a confesarlo; pero la
+madrecita, que sab&iacute;a tanto, le dijo: &laquo;Los alba&ntilde;iles te lo han tirado
+desde la obra. No lo niegues. Ya te vi haci&eacute;ndoles garatusas. Si la
+Superiora sabe que andas en tel&eacute;grafos con los alba&ntilde;iles, buena te la
+arma... y con raz&oacute;n. Tira ya el tabacazo, indecente... &iexcl;Ay, qu&eacute; asco! Me
+ha dejado la boca perdida. No comprendo c&oacute;mo os puede gustar ese ardor,
+ese picor de mil demonios. Los hombres, como si no tuvieran bastantes
+vicios, los inventan cada d&iacute;a...&raquo;. Mauricia tir&oacute; el cigarro y apagolo
+con el pie.</p>
+
+<p>Fortunata, al mes de estar all&iacute;, tuvo otra amiga con quien intim&oacute;
+bastante. Do&ntilde;a Manolita era <i>se&ntilde;ora</i> en regla, puesto que era casada,
+ayudaba a las monjas en las clases de lectura y escritura, y pon&iacute;a un
+empe&ntilde;o particular en ense&ntilde;ar a Fortunata, de lo que principalmente vino
+su amistad. Permit&iacute;an las madres a aquella recogida cierta latitud en la
+observancia de las reglas; se la dejaba sola con una o dos <i>filomenas</i>
+durante largo rato, bien en la sala de estudio, bien en la huerta; se le
+permit&iacute;a ir al departamento de <i>Josefinas</i>, y como ten&iacute;a habitaci&oacute;n
+aparte y pagaba buena pensi&oacute;n, gozaba de m&aacute;s comodidad que sus
+compa&ntilde;eras de encierro.</p>
+
+<p>Fortunata y ella, una vez que se conocieron, no tardaron en referirse
+sus respectivas historias. La que ya conocemos sali&oacute; descarnada; pero
+Manolita adorn&oacute; la suya tanto y de tal modo la quiso hacer pat&eacute;tica, que
+no la conocer&iacute;a nadie. Seg&uacute;n su relato, no hab&iacute;a pecado, todo hab&iacute;a sido
+pura equivocaci&oacute;n; pero su marido, que era muy bruto y ten&iacute;a la culpa,
+s&iacute;, &eacute;l ten&iacute;a la culpa, de las equivocaciones, o si se quiere, malas
+tentaciones de ella, la hab&iacute;a metido all&iacute; sin andarse con rodeos. Como
+aquella se&ntilde;ora hab&iacute;a ocupado una regular posici&oacute;n, contaba con embeleso
+cosas del mundo y sus pompas, de los saraos a que asist&iacute;a, de los muchos
+y buenos vestidos que usaba. Porque su marido era comerciante de
+novedades, hombre inferior a ella por el nacimiento; como que su pap&aacute;
+era oficial primero de la Direcci&oacute;n de la Deuda. Oyendo estas
+ponderaciones orgullosas, Fortunata se echaba a pensar qu&eacute; cosa tan
+empingorotada ser&iacute;a aquel destino del pap&aacute; de su amiga.</p>
+
+<p>Pero lo mejor fue que en la conversaci&oacute;n sali&oacute; de repente una cosa
+interesant&iacute;sima. Manolita conoc&iacute;a a los de Santa Cruz. &iexcl;Vaya!, si su
+marido, Pepe Reoyos, era &iacute;ntimo, pero &iacute;ntimo, de D. Baldomero. Y ella,
+la propia Manolita, visitaba mucho a do&ntilde;a B&aacute;rbara. De aqu&iacute; salt&oacute; la
+conversaci&oacute;n a hablar de Jacinta. &iexcl;Ah! Jacinta era una mujer muy mona:
+lo ten&iacute;a todo, bondad, belleza, talento y virtud. El danzante de Juan no
+merec&iacute;a tal joya, por ser muy dado a picos pardos. Pero fuera de esto,
+era un excelente chico, y muy simp&aacute;tico, pero mucho.</p>
+
+<p>&laquo;Ya sabr&aacute; usted&mdash;dijo luego&mdash;, que cay&oacute; malo con pulmon&iacute;a en Febrero de
+este a&ntilde;o. Por poco se muere. En esta casa, que debe mucha protecci&oacute;n a
+los se&ntilde;ores de Santa Cruz, pusieron al Se&ntilde;or de Manifiesto, y cuando
+estuvo fuera de peligro, Jacinta coste&oacute; unas funciones solemnes. Como
+que vino el obispo auxiliar a decirnos la misa...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras?... <i>tie</i> gracia.</p>
+
+<p>&mdash;Como usted lo oye. &iexcl;Lo que usted se perdi&oacute;! Jacinta es una de las
+se&ntilde;oras que m&aacute;s han ayudado a sostener esta casa. Ya se ve, como no
+tiene hijos... no sabe en qu&eacute; gastar el dinero. &iquest;Se ha fijado usted en
+aquellos grandes ramos, mon&iacute;simos, con flores de tis&uacute; de oro y hojas de
+plata?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;replic&oacute; Fortunata que atend&iacute;a con toda su alma&mdash;. &iexcl;Los que se
+pusieron en el altar el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s!</p>
+
+<p>&mdash;Los mismos. Pues los regal&oacute; Jacinta. Y el manto de la Virgen, el manto
+de brocado con ramos... &iexcl;qu&eacute; mono!, tambi&eacute;n es donativo suyo, en acci&oacute;n
+de gracias por haberse puesto bueno su marido.</p>
+
+<p>Fortunata lanz&oacute; una exclamaci&oacute;n de pasmo y maravilla. &iexcl;Cosa m&aacute;s rara! &iexcl;Y
+ella hab&iacute;a tenido en su mano, d&iacute;as antes, para limpiarle unas gotas de
+cera, aquel mismo manto que hab&iacute;a servido para pagar, dig&aacute;moslo as&iacute;, la
+salvaci&oacute;n del chico de Santa Cruz! Y no obstante, todo era muy natural,
+s&oacute;lo que a ella se le revolv&iacute;an los pensamientos y le daba qu&eacute; pensar,
+no el hecho en s&iacute;, sino la casualidad, eso es, la casualidad, el haber
+tenido en su mano objetos relacionados, por medio de una curva social,
+con ella misma, sin que ella misma lo sospechara.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no sabe usted lo mejor&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Manolita, goz&aacute;ndose en el asombro
+de la otra, el cual m&aacute;s bien parec&iacute;a espanto&mdash;. La custodia, sabe usted,
+la custodia en que se pone al propio Dios, tambi&eacute;n vino de all&aacute;. Fue
+regalo de Barbarita, que hizo promesa de ofrecerla a estas monjas si su
+hijo se pon&iacute;a bueno. No vaya usted a creer que es de oro; es de plata
+sobredorada; pero muy <i>mona</i>, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>Fortunata ten&iacute;a sus pensamientos tan en lo hondo, que no par&oacute; mientes en
+la incre&iacute;ble tonter&iacute;a de llamar mona a una custodia.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>Y no pudo en muchos d&iacute;as apartar de su pensamiento las cosas que le
+refiri&oacute; do&ntilde;a Manolita que, entre par&eacute;ntesis, no acababa de serle
+simp&aacute;tica, y lo que m&aacute;s metida en reflexiones la tra&iacute;a no era
+precisamente que aquellos hechos de regalar la custodia y el manto se
+hubieran verificado, sino la casualidad... &laquo;<i>Tie</i> gracia&raquo;. Si hubiera
+ella ido al convento algunos d&iacute;as antes, habr&iacute;a asistido a la solemne
+misa, con obispo y todo, que se dijo en acci&oacute;n de gracias por haberse
+puesto bueno el tal... Esto ten&iacute;a m&aacute;s gracia. Y por su parte Fortunata,
+que sab&iacute;a perdonar las ofensas, no habr&iacute;a tenido inconveniente en unir
+sus votos a los de todo el personal de la casa... Esto ten&iacute;a m&aacute;s gracia
+todav&iacute;a.</p>
+
+<p>Pero lo que produjo en su alma inmenso trastorno fue el ver a la propia
+Jacinta, viva, de carne y hueso. Ni la conoc&iacute;a ni vio nunca su retrato;
+pero de tanto pensar en ella hab&iacute;a llegado a formarse una imagen que,
+ante la realidad, result&oacute; completamente mentirosa. Las se&ntilde;oras que
+proteg&iacute;an la casa sosteni&eacute;ndola con cuotas en met&aacute;lico o donativos, eran
+admitidas a visitar el interior del convento cuando quisieren; y en
+ciertos d&iacute;as solemnes se hac&iacute;a limpieza general y se pon&iacute;a toda la casa
+como una plata, sin desfigurarla ni ocultar las necesidades de ella,
+para que las protectoras vieran bien a qu&eacute; orden de cosas deb&iacute;an aplicar
+su generosidad. El d&iacute;a de Corpus, despu&eacute;s de misa mayor, empezaron las
+visitas que duraron casi toda la tarde. Marquesas y duquesas, que hab&iacute;an
+venido en coches blasonados, y otras que no ten&iacute;an t&iacute;tulo pero s&iacute; mucho
+dinero, desfilaron por aquellas salas y pasillos, en los cuales la
+direcci&oacute;n fan&aacute;tica de Sor Natividad y las manos rudas de las recogidas
+hab&iacute;an hecho tales prodigios de limpieza que, seg&uacute;n frase vulgar, se
+pod&iacute;a comer en el suelo sin necesidad de manteles. Las labores de
+bordado de las <i>Filomenas</i>, las planas de las <i>Josefinas</i> y otros
+primores de ambas estaban expuestos en una sala, y todo era pl&aacute;cemes y
+felicitaciones. Las se&ntilde;oras entraban y sal&iacute;an, dejando en el ambiente de
+la casa un perfume mundano que algunas narices de reclusas aspiraban con
+avidez. Despertaban curiosidad en los grupos de muchachas los vestidos y
+sombreros de toda aquella muchedumbre elegante, libre, en la cual hab&iacute;a
+algunas, justo es decirlo, que hab&iacute;an pecado mucho m&aacute;s, pero much&iacute;simo
+m&aacute;s que la peor de las que all&iacute; estaban encerradas. Manolita no dej&oacute; de
+hacer al o&iacute;do de su amiga esta observaci&oacute;n picante. En medio de aquel
+desfile vio Fortunata a Jacinta, y Manolita (marcando esta sola
+excepci&oacute;n en su cr&iacute;tica social), cuid&oacute; de hacerle notar la gracia de la
+se&ntilde;ora de Santa Cruz, la elegancia y sencillez de su traje, y aquel aire
+de modestia que se ganaba todos los corazones. Desde que Jacinta
+apareci&oacute; al extremo del corredor, Fortunata no quit&oacute; de ella sus ojos,
+examin&aacute;ndole con atenci&oacute;n ansiosa el rostro y el andar, los modales y el
+vestido. Confundida con otras compa&ntilde;eras en un grupo que estaba a la
+puerta del comedor, la sigui&oacute; con sus miradas, y se puso en acecho junto
+a la escalera para verla de cerca cuando bajase, y se le qued&oacute;, por fin,
+aquella simp&aacute;tica imagen vivamente estampada en la memoria.</p>
+
+<p>La impresi&oacute;n moral que recibi&oacute; la samaritana era tan compleja, que ella
+misma no se daba cuenta de lo que sent&iacute;a. Indudablemente su natural
+rudo y apasionado la llev&oacute; en el primer momento a la envidia. Aquella
+mujer le hab&iacute;a quitado lo suyo, lo que, a su parecer, le pertenec&iacute;a de
+derecho. Pero a este sentimiento mezcl&aacute;base con extra&ntilde;a amalgama otro
+muy distinto y m&aacute;s acentuado. Era un deseo ardent&iacute;simo de parecerse a
+Jacinta, de ser como ella, de tener su aire, su <i>aquel</i> de dulzura y
+se&ntilde;or&iacute;o. Porque de cuantas damas vio aquel d&iacute;a, ninguna le pareci&oacute; a
+Fortunata tan se&ntilde;ora como la de Santa Cruz, ninguna ten&iacute;a tan impresa en
+el rostro y en los ademanes la decencia. De modo que si le propusieran a
+la pr&oacute;jima, en aquel momento, transmigrar al cuerpo de otra persona, sin
+vacilar y a ojos cerrados habr&iacute;a dicho que quer&iacute;a ser Jacinta.</p>
+
+<p>Aquel resentimiento que se inici&oacute; en su alma iba troc&aacute;ndose poco a poco
+en l&aacute;stima, porque Manolita le repiti&oacute; hasta la saciedad que Jacinta
+sufr&iacute;a desdenes y horribles desaires de su marido. Lleg&oacute; a sentar como
+principio general que todos los maridos quieren m&aacute;s a sus mujeres
+eventuales que a las fijas, aunque hay excepciones. De modo que Jacinta,
+al fin y al cabo y a pesar del Sacramento, era tan v&iacute;ctima como
+Fortunata. Cuando esta idea se cruz&oacute; entre una y otra, el rencor de la
+pecadora fue m&aacute;s d&eacute;bil y su deseo de parecerse a aquella otra v&iacute;ctima
+m&aacute;s intenso.</p>
+
+<p>En los d&iacute;as sucesivos figur&aacute;base que segu&iacute;a vi&eacute;ndola o que se iba a
+aparecer por cualquier puerta cuando menos lo esperase... El mucho
+pensar en ella la llev&oacute;, al amparo de la soledad del convento, a tener
+por las noches ensue&ntilde;os en que la se&ntilde;ora de Santa Cruz aparec&iacute;a en su
+cerebro con el relieve de las cosas reales. Ya so&ntilde;aba que Jacinta se le
+presentaba a llorarle sus cuitas y a contarle las perradas de su marido,
+ya que las dos cuestionaban sobre cu&aacute;l era m&aacute;s v&iacute;ctima; ya, en fin, que
+transmigraban rec&iacute;procamente, tomando Jacinta el exterior de Fortunata y
+Fortunata el exterior de Jacinta. Estos disparates recalentaban de tal
+modo el cerebro de la reclusa, que despierta segu&iacute;a imaginando desvar&iacute;os
+del mismo si no de mayor calibre.</p>
+
+<p>Cortaban estas cavilaciones las visitas de Maximiliano todos los jueves
+y domingos, entre las cuatro y seis de la tarde. Ve&iacute;a la joven con gusto
+llegar la ocasi&oacute;n de aquellas visitas, las deseaba y las esperaba,
+porque Maximiliano era el &uacute;nico lazo efectivo que con el mundo ten&iacute;a, y
+aunque el sentimiento religioso conquistara algo en ella, no la hab&iacute;a
+desligado de los intereses y afectos mundanos. Por esta parte bien pod&iacute;a
+estar tranquilo el bueno de Rub&iacute;n, porque ni una sola vez, en los
+momentos de mayor fervor piadoso, le pas&oacute; a la pecadora por el mag&iacute;n la
+idea de volverse santa a machamartillo.</p>
+
+<p>Ve&iacute;a, pues, a Maximiliano con gusto, y aun se le hac&iacute;an cortas las horas
+que en su compa&ntilde;&iacute;a pasaba hablando de do&ntilde;a Lupe y de Papitos, o haciendo
+c&aacute;lculos honestos sobre sucesos que hab&iacute;an de venir. Cierto que
+f&iacute;sicamente el apreciable chico le desagradaba; pero tambi&eacute;n es verdad
+que se iba acostumbrando a &eacute;l, que sus defectos no le parec&iacute;an ya tan
+grandes y que la gratitud iba ahondando mucho en su alma. Si hac&iacute;a
+examen de coraz&oacute;n, encontraba que en cuesti&oacute;n de amor a su redentor
+hab&iacute;a ganado muy poco; pero el aprecio y estimaci&oacute;n eran seguramente
+mayores, y sobre todo, lo que hab&iacute;a crecido y fortalec&iacute;dose en su
+pensamiento era la conveniencia de casarse para ocupar un lugar honroso
+en el mundo. A ratos se preguntaba con sinceridad de d&oacute;nde y c&oacute;mo le
+hab&iacute;a venido el fortalecimiento de aquella idea; mas no acertaba a darse
+respuesta. &iquest;Era quiz&aacute;s que el silencio y la paz de aquella vida hac&iacute;an
+nacer y desarrollarse en ella la facultad del sentido com&uacute;n? Si era as&iacute;,
+no se daba cuenta de semejante fen&oacute;meno, y lo &uacute;nico que su rudeza sab&iacute;a
+formular era esto: &laquo;Es que de tanto pensar me ha entrado talento, como a
+Maximiliano le entr&oacute; de tanto quererme, y este talento es el que me dice
+que me debo casar, que ser&eacute; tonta de remate si no me caso&raquo;.</p>
+
+<p>Feliz entre todos los mortales se cre&iacute;a el buen estudiante de Farmacia,
+viendo que su querida no rechazaba la idea de dar por concluida la
+cuarentena y apresurar el casamiento. Sin duda estaba ya su alma m&aacute;s
+limpia que una patena. Lo malo era que el tontaina de Nicol&aacute;s, a los
+cinco meses de estar la pobre chica en el convento, dec&iacute;a que no era
+bastante y que por lo menos deb&iacute;an esperar al a&ntilde;o. Maximiliano se pon&iacute;a
+furioso, y do&ntilde;a Lupe, consultada sobre el particular, dio su dictamen
+favorable a la salida. Aunque dos o tres veces, llevada por su sobrino
+hab&iacute;a visitado al <i>basilisco</i>, no hab&iacute;a podido averiguar si estaba ya
+bien despercudida de las m&aacute;culas de marras, pero ella quer&iacute;a ejercitar,
+como he dicho antes, su facultad educatriz, y todo lo que se tardase en
+tener a Fortunata bajo su jurisdicci&oacute;n, se deten&iacute;a el gran experimento.
+Desconfiaba algo la buena se&ntilde;ora de la eficacia de los institutos
+religiosos para enderezar a la gente torcida. Lo que all&iacute; aprend&iacute;an,
+dec&iacute;a, era el arte de disimular sus resabios con formas hip&oacute;critas. En
+el mundo, en el mundo, en medio de las circunstancias es donde se
+corrigen los defectos, bajo una direcci&oacute;n sabia. Muy santo y muy bueno
+que al raquitismo se apliquen los reconstituyentes; pero do&ntilde;a Lupe
+opinaba que de nada valen estos si no van acompa&ntilde;ados del ejercicio al
+aire libre y de la gimnasia, y esto era lo que ella quer&iacute;a aplicar, el
+mundo, la vida y al mismo tiempo principios.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>Con las <i>Josefinas</i> no ten&iacute;a Fortunata relaci&oacute;n alguna. Eran todas ni&ntilde;as
+de cinco a diez o doce a&ntilde;os, que viv&iacute;an aparte ocupando las habitaciones
+de la fachada. Com&iacute;an antes que las otras en el mismo comedor, y bajaban
+a la huerta a hora distinta que las <i>Filomenas</i>. Toda la ma&ntilde;ana estaban
+las ni&ntilde;as diciendo a coro sus lecciones, con un chillar cadencioso y
+pla&ntilde;idero que se o&iacute;a en toda la casa. Por la tarde cantaban tambi&eacute;n la
+doctrina. Para ir a la iglesia, sal&iacute;an de su departamento
+procesionalmente, de dos en dos, con su pa&ntilde;uelo negro a la cabeza, y se
+pon&iacute;an a los lados del presbiterio capitaneadas por las dos monjas
+maestras.</p>
+
+<p>Como Fortunata hac&iacute;a cada d&iacute;a nuevas relaciones de amistad entre las
+<i>Filomenas</i>, debo mencionar aqu&iacute; a dos de estas, quiz&aacute;s las m&aacute;s j&oacute;venes,
+que se distingu&iacute;an por la exageraci&oacute;n de sus manifestaciones religiosas.
+Una de ellas era casi una ni&ntilde;a, de tipo fin&iacute;simo, rubia, y ten&iacute;a muy
+bonita voz. Cantaba en el coro los estribillos de muy dudoso gusto con
+que se celebraba la presencia del Dios Sacramentado. Llam&aacute;base Bel&eacute;n, y
+en el tiempo que all&iacute; hab&iacute;a pasado dio pruebas inequ&iacute;vocas de su deseo
+de enmienda. Sus pecados no deb&iacute;an de ser muchos, pues era muy joven;
+pero fueran como se quiera, la chica parec&iacute;a dispuesta a no dejar en su
+alma ni rastro de ellos, seg&uacute;n la vida de perros que llevaba, las
+atroces penitencias que hac&iacute;a y el frenes&iacute; con que se consagraba a las
+tareas de piedad. Dec&iacute;ase que hab&iacute;a sido corista de zarzuela, pasando de
+all&iacute; a peor vida, hasta que una mano caritativa la sac&oacute; del cieno para
+ponerla en aquel seguro lugar. Inseparable de esta era Felisa, de alguna
+m&aacute;s edad, tambi&eacute;n de tipo fino y como de se&ntilde;orita, sin serlo. Ambas se
+juntaban siempre que pod&iacute;an, trabajaban en el mismo bastidor y com&iacute;an en
+el propio plato, formando pareja indisoluble en las horas de recreo. La
+procedencia de Felisa era muy distinta de la de su amiguita. No hab&iacute;a
+pertenecido al teatro m&aacute;s que de una manera indirecta, por ser doncella
+de una actriz famosa, y en el teatro tuvo tambi&eacute;n su perdici&oacute;n. Llevola
+a las Micaelas do&ntilde;a Guillermina Pacheco, que la caz&oacute;, puede decirse, en
+las calles de Madrid, ech&aacute;ndole una pareja de Orden P&uacute;blico, y sin m&aacute;s
+raz&oacute;n que su voluntad, se apoder&oacute; de ella. Guillermina las gastaba as&iacute;,
+y lo que hizo con Felisa hab&iacute;alo hecho con otras muchas, sin dar
+explicaciones a nadie de aquel atentado contra los derechos
+individuales.</p>
+
+<p>Si quer&iacute;an ver incomodadas a Felisa y Bel&eacute;n, no hab&iacute;a m&aacute;s que hablarles
+de volver al mundo. &iexcl;De buena se hab&iacute;an librado! All&iacute; estaban tan
+ricamente, y no se acordaban de lo que dejaron atr&aacute;s m&aacute;s que para
+compadecer a las infelices que a&uacute;n segu&iacute;an entre las u&ntilde;as del demonio.
+No hab&iacute;a en toda la casa, salvo las monjas, otras m&aacute;s rezonas. Si las
+dejaran, no saldr&iacute;an de la capilla en todo el d&iacute;a. Los largos ejercicios
+piadosos de las distintas &eacute;pocas del a&ntilde;o, como octava de Corpus,
+sermones de Cuaresma, flores de Mar&iacute;a, les sab&iacute;an siempre a poco. Bel&eacute;n
+pon&iacute;a con tanto calor sus facultades musicales al servicio de Dios, que
+cantaba coplitas hasta quedarse ronca, y cantar&iacute;a hasta morir. Ambas
+confesaban a menudo y hac&iacute;an preguntas al capell&aacute;n sobre dudas muy
+sutiles de la conciencia, pareci&eacute;ndose en esto a los estudiantes
+aplicaditos que acorralan al profesor a la salida de clase para que les
+aclare un punto dif&iacute;cil. Las monjas estaban contentas de ellas, y aunque
+les agradaba ver tanta piedad, como personas expertas que eran y
+conocedoras de la juventud, vigilaban mucho a la pareja, cuidando de que
+nunca estuviese sola. Felisa y Bel&eacute;n, juntas todo el d&iacute;a, se separaban
+por las noches, pues sus dormitorios eran distintos. Las madres
+desplegaban un celo escrupuloso en separar durante las horas de descanso
+a las que en las de trabajo propend&iacute;an a juntarse, obedeciendo las
+naturales atracciones de la simpat&iacute;a y de la congenialidad.</p>
+
+<p>Los lazos de afecto que un&iacute;an a Fortunata con Mauricia eran muy
+extra&ntilde;os, porque a la primera le inspiraba terror su amiga cuando
+estaba en el <i>ataque</i>; enoj&aacute;banla sus audacias, y sin embargo, alg&uacute;n
+poder diab&oacute;lico deb&iacute;a de tener la Dura para conquistar corazones, pues
+la otra simpatizaba con ella m&aacute;s que con las dem&aacute;s y gustaba
+extraordinariamente de su conversaci&oacute;n &iacute;ntima. Cautiv&aacute;bale sin duda su
+franqueza y aquella prontitud de su entendimiento para encontrar razones
+que explicaran todas las cosas. La fisonom&iacute;a de Mauricia, su expresi&oacute;n
+de tristeza y gravedad, aquella palidez hermosa, aquel mirar profundo y
+acechador la fascinaban, y de esto proced&iacute;a que la tuviese por autoridad
+en cuestiones de amores y en la definici&oacute;n de la moral rar&iacute;sima que
+ambas profesaban. Un d&iacute;a las pusieron a lavar en la huerta. Estaban en
+traje de <i>mec&aacute;nica</i>, sin tocas, sintiendo con gusto el picor del sol y
+el fresco del aire sobre sus cuellos robustos. Fortunata hizo a su amiga
+algunas confidencias acerca de su pr&oacute;xima salida y de la persona con
+quien iba a casarse.</p>
+
+<p>&laquo;No me digas m&aacute;s, chica... te conviene, te conviene. &iexcl;Peines y peinetas!
+A do&ntilde;a Lupe la conozco como si la hubiera parido. Cuando la veas,
+preg&uacute;ntale por Mauricia la Dura, y ver&aacute;s c&oacute;mo me pone en las nubes.
+&iexcl;Ah!, &iexcl;cu&aacute;nta guita le he llevado! A m&iacute; me llaman la <i>dura</i>; pero a ella
+debieran llamarla la <i>apretada</i>. Chica, es as&iacute;... (diciendo esto
+mostraba a su amiga el pu&ntilde;o fuertemente cerrado). Pero es mujer de
+mucho caletre y que se sabe timonear. &iquest;Qu&eacute; te crees t&uacute;? Tiene millones
+escondidos en el Banco y en el Monte. &iexcl;Digo! Si sabe m&aacute;s que C&aacute;novas esa
+t&iacute;a. Al sobrino le he visto algunas veces. O&iacute; que es tonto y que no
+sirve para nada. Mejor para ti; ni de encargo, chica. No pod&iacute;as pedir a
+Dios que te cayera mejor breva. T&uacute; bien puedes hacer caso de lo que yo
+te diga, pues tengo yo mucha linterna... <i>amos</i>, que veo mucho. Cr&eacute;elo
+porque yo te lo digo: si tu marido es un <i>alilao</i>, quiere decirse, si se
+deja gobernar por ti y te pones t&uacute; los pantalones, puedes cantar el
+aleluya, porque eso y estar en la gloria es lo mismo. Hasta para ser
+<i>mismamente</i> honrada te conviene&raquo;.</p>
+
+<p>En el vivo inter&eacute;s que este di&aacute;logo ten&iacute;a para las dos mujeres, a veces
+los cuatro vigorosos brazos metidos en el agua se deten&iacute;an, y las manos
+enrojecidas dejaban en paz por un momento el envoltorio de ropa anegada,
+que chillaba con los hervores del jab&oacute;n. Puestas una frente a otra a los
+dos lados de la artesa, mir&aacute;banse cara a cara en aquellos cortos
+intervalos de descanso, y despu&eacute;s volv&iacute;an con furor al trabajo sin parar
+por eso la lengua.</p>
+
+<p>&laquo;Hasta para ser honrada&mdash;repiti&oacute; Fortunata, echando todo el peso de su
+cuerpo sobre las manos, para estrujar el rollo de tela como si lo
+amasara&mdash;. De eso no se hable, porque hazte cuenta... yo, una vez que
+me case, honrada tengo que ser. No quiero m&aacute;s belenes&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, es lo mejor para vivir una... tan ancha&mdash;dijo Mauricia&mdash;. Pero a
+saber c&oacute;mo vienen las cosas... porque una dice: &laquo;esto deseo&raquo;, y despu&eacute;s
+se pone a hacerlo y &iexcl;tras!, lo que una quer&iacute;a que saliera pez sale rana.
+T&uacute; est&aacute;s en grande, chica, y te ha venido Dios a ver. Puedes hacer
+rabiar al chico de Santa Cruz, porque en cuanto te vea hecha una persona
+decente se ha de ir a ti como el gato a la carne. Cr&eacute;etelo porque te lo
+digo yo.</p>
+
+<p>&mdash;Quita, quita; si &eacute;l no se acuerda ya ni del santo de mi nombre.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Paices</i> boba, &iquest;qu&eacute; apuestas a que en cuanto te echen el Sacramento,
+pierde pie...? No conoces t&uacute; el peine.</p>
+
+<p>&mdash;Ver&aacute;s c&oacute;mo no pasa eso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; apuestas? S&iacute;, porque creer&aacute;s que ahora mismo no te anda rondando.
+Como si lo viera. &iexcl;Y me har&aacute;s creer t&uacute; a m&iacute; que no piensas en &eacute;l!...
+Cuando una est&aacute; encerrada entre tanta cosa de religi&oacute;n, misa va y misa
+viene, serm&oacute;n por arriba y serm&oacute;n por abajo, mirando siempre a la
+custodia, respirando tufo de monjas, vengan luces y tira de incensario,
+<i>paice</i> que le salen a una <i>de entre s&iacute;</i> todas las cosas malas o buenas
+que ha pasado en el mundo, como las hormigas salen del agujero cuando se
+pone el Sol, y la religi&oacute;n lo que hace es refrescarle a una la
+entendedera y ponerle el coraz&oacute;n m&aacute;s tierno.</p>
+
+<p>Alentada por esta declaraci&oacute;n arrancose Fortunata a revelar que, en
+efecto, pensaba algo, y que algunas noches ten&iacute;a sue&ntilde;os extravagantes. A
+lo mejor so&ntilde;aba que iba por los portales de la calle de la Fresa y
+&iexcl;plan!, se le encontraba de manos a boca. Otras veces le ve&iacute;a saliendo
+del Ministerio de Hacienda. Ninguno de estos sitios ten&iacute;a significaci&oacute;n
+en sus recuerdos. Despu&eacute;s so&ntilde;aba que era ella la esposa y Jacinta la
+querida del tal, unas veces abandonada, otras no. La manceba era la que
+deseaba los chiquillos y la esposa la que los ten&iacute;a. &laquo;Hasta que un
+d&iacute;a... me daba tanta l&aacute;stima que le dije, digo: 'Bueno, pues tome usted
+una criatura para que no llore m&aacute;s'&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; salado!&mdash;exclam&oacute; Mauricia&mdash;. Es buen golpe. Lo que una sue&ntilde;a
+tiene su aquel.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya unos disparates! Como te lo digo, me parec&iacute;a que lo estaba
+viendo. Yo era la se&ntilde;ora por delante de la Iglesia, ella por detr&aacute;s, y
+lo m&aacute;s particular es que yo no le ten&iacute;a tirria, sino l&aacute;stima, porque yo
+par&iacute;a un chiquillo todos los a&ntilde;os, y ella... ni esto... A la noche
+siguiente volv&iacute;a a so&ntilde;ar lo mismo, y por el d&iacute;a a pensarlo. &iexcl;Vaya unas
+papas! &iquest;Qu&eacute; me importa que <i>la</i> Jacinta beba los vientos por tener un
+chiquillo sin poderlo conseguir, mientras que yo?...</p>
+
+<p>&mdash;Mientras que t&uacute; los tienes siempre y cuando te d&eacute; la gana. Dilo tonta,
+y no te acobardes.</p>
+
+<p>&mdash;Quiere decirse que ya lo he tenido y bien podr&iacute;a volverlo a tener.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Claro! Y que no rabiar&aacute; poco la otra cuando vea que lo que ella no
+puede, para ti es coser y cantar... Chica, no seas tonta, no te rebajes,
+no le tengas l&aacute;stima, que ella no la tuvo de ti cuando te birl&oacute; lo que
+era tuyo y muy tuyo... Pero a la que nace pobre no se la respeta, y as&iacute;
+anda este mundo pastelero. Siempre y cuando puedas darle un disgusto,
+d&aacute;selo, por vida del sant&iacute;simo peine... Que no se r&iacute;an de ti porque
+naciste pobre. Qu&iacute;tale lo que ella te ha quitado, y adivina qui&eacute;n te
+dio.</p>
+
+<p>Fortunata no contest&oacute;. Estas palabras y otras semejantes que Mauricia le
+sol&iacute;a decir, despertaban siempre en ella est&iacute;mulos de amor o
+desconsuelos que dormitaban en lo m&aacute;s escondido de su alma. Al o&iacute;rlas,
+un rel&aacute;mpago glacial le corr&iacute;a por todo el espinazo, y sent&iacute;a que las
+insinuaciones de su compa&ntilde;era concordaban con sentimientos que ella
+ten&iacute;a muy guardados, como se guardan las armas peligrosas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>Sorprendidas por una monja en esta sabrosa conversaci&oacute;n que las hac&iacute;a
+desmayar en el trabajo, tuvieron que callarse. Mauricia dio salida al
+agua sucia, y Fortunata abri&oacute; el grifo para que se llenara la artesa con
+el agua limpia del dep&oacute;sito de palastro. Creer&iacute;ase que aquello
+simbolizaba la necesidad de llevar pensamientos claros al di&aacute;logo un
+tanto impuro de las dos amigas. La artesa tardaba mucho en llenarse,
+porque el dep&oacute;sito ten&iacute;a poca agua. El gran disco que transmit&iacute;a a la
+bomba la fuerza del viento, estaba aquel d&iacute;a muy perezoso, movi&eacute;ndose
+tan s&oacute;lo a ratos con indolente majestad; y el aparato, despu&eacute;s de gemir
+un instante como si trabajara de mala gana, quedaba inactivo en medio
+del silencio del campo. Ganas ten&iacute;an las dos recogidas de seguir
+charlando; pero la monja no las dejaba y quiso ver c&oacute;mo aclaraban la
+ropa. Despu&eacute;s las amigas tuvieron que separarse, porque era jueves y
+Fortunata hab&iacute;a de vestirse para recibir la visita de los de Rub&iacute;n.
+Mauricia se qued&oacute; sola tendiendo la ropa.</p>
+
+<p>Maximiliano dijo categ&oacute;ricamente aquella tarde que por acuerdo de la
+familia y con asentimiento de la Superiora, en el pr&oacute;ximo mes de
+Setiembre se dar&iacute;a por concluida la reclusi&oacute;n de Fortunata, y esta
+saldr&iacute;a para casarse. Las madres no ten&iacute;an queja de ella y alababan su
+humildad y obediencia. No se distingu&iacute;a, como Bel&eacute;n y Felisa, por su
+ardiente celo religioso, lo que indicaba falta de vocaci&oacute;n para la vida
+claustral; pero cumpl&iacute;a sus deberes puntualmente, y esto bastaba. Hab&iacute;a
+adelantado mucho en la lectura y escritura, y se sab&iacute;a de corrido la
+doctrina cristiana, con cuya luz las Micaelas reputaban a su disc&iacute;pula
+suficientemente alumbrada para guiarse en los senderos rectos o
+tortuosos del mundo; y ten&iacute;an por cierto que la posesi&oacute;n de aquellos
+principios daba a sus alumnas incre&iacute;ble fuerza para hacer frente a todas
+las dudas. En esto hay que contar con la &iacute;ndole, con el esqueleto
+espiritual, con esa forma interna y perdurable de la persona, que suele
+sobreponerse a todas las transfiguraciones epid&eacute;rmicas producidas por la
+ense&ntilde;anza; pero con respecto a Fortunata, ninguna de las madres, ni aun
+las que m&aacute;s de cerca la hab&iacute;an tratado, ten&iacute;an motivos para creer que
+fuera mala. Consider&aacute;banla de poco entendimiento, docilota y f&aacute;cilmente
+gobernable. Verdad que en todo lo que corresponde al reino inmenso de
+las pasiones, las monjas apenas ejercitaban su facultad educatriz, bien
+porque no conocieran aquel reino, bien porque se asustaran de asomarse a
+sus fronteras.</p>
+
+<p>Debe decirse que aquella tarde, cuando Maximiliano habl&oacute; a su futura de
+pr&oacute;xima salida, los sentimientos de ella experimentaron un retroceso.
+&iexcl;Salir, casarse!... En aquel instante parec&iacute;ale su dichoso novio m&aacute;s
+antip&aacute;tico que nunca, y advirti&oacute; con miedo que aquellas regiones
+magn&iacute;ficas de la hermosura del alma no hab&iacute;an sido descubiertas por
+ella en la soledad y santidad de las Micaelas, como le anunciara Nicol&aacute;s
+Rub&iacute;n, a pesar de haber rezado tanto y de haber o&iacute;do <i>tantismos</i>
+sermones. Porque lo que el capell&aacute;n dec&iacute;a en el p&uacute;lpito era que debemos
+hacer todo lo posible para salvarnos, que seamos buenos y que no
+pequemos; tambi&eacute;n dec&iacute;a que se debe amar a Dios sobre todas las cosas y
+que Dios es <i>hermosismo</i> en s&iacute; y tal como el alma le ve; pero a ella se
+le figuraba que por bajo de esto quedaba libre el coraz&oacute;n para el amor
+mundano, que este entra por los ojos o por la simpat&iacute;a, y no tiene nada
+que ver con que la persona querida se parezca o no se parezca a los
+santos. De este modo ca&iacute;a por tierra toda la doctrina del cura Rub&iacute;n, el
+cual entend&iacute;a tanto de amor como de herrar mosquitos.</p>
+
+<p>En resumen, que los sentimientos de la pr&oacute;jima hacia su marido futuro no
+hab&iacute;an cambiado en nada. No obstante, cuando Maximiliano le dijo que ya
+ten&iacute;a elegida la casita que iba a alquilar y le consult&oacute; acerca de los
+muebles que comprar&iacute;a, aquella presunci&oacute;n o sentimiento de su hogar
+honrado despert&oacute; en el &aacute;nimo de Fortunata la dignidad de la nueva vida,
+se sinti&oacute; impulsada hacia aquel hombre que la redim&iacute;a y la regeneraba.
+De este modo vino a mostrarse complacid&iacute;sima con la salida pr&oacute;xima, y
+dijo mil cosas oportunas acerca de los muebles, de la vajilla y hasta de
+la bater&iacute;a de cocina.</p>
+
+<p>Despidi&eacute;ronse muy gozosos, y Fortunata se retir&oacute; con la mente hecha a
+aquel orden de ideas. &iexcl;Un hogar honrado y tranquilo!... &iexcl;Si era lo que
+ella hab&iacute;a deseado toda su vida!... &iexcl;Si jam&aacute;s tuvo afici&oacute;n al lujo ni a
+la vida de aparato y perdici&oacute;n!... &iexcl;Si su gusto fue siempre la oscuridad
+y la paz, y su maldito destino la llevaba a la publicidad y a la
+inquietud!... &iexcl;Si ella hab&iacute;a so&ntilde;ado siempre con verse rodeada de un
+corro chiquito de personas queridas, y vivir como Dios manda, queriendo
+bien a los suyos y bien querida de ellos, pasando la vida sin afanes!...
+&iexcl;Si fue lanzada a la vida mala por despecho y contra su voluntad, y no
+le gustaba, no se&ntilde;or, no le gustaba!... Despu&eacute;s de pensar mucho en esto
+hizo examen de conciencia, y se pregunt&oacute; qu&eacute; hab&iacute;a obtenido de la
+religi&oacute;n en aquella casa. Si en lo tocante a prendarse de las guapezas
+del alma hab&iacute;a adelantado poco, en otro orden algo iba ganando. Gozaba
+de cierta paz espiritual, desconocida para ella en &eacute;pocas anteriores,
+paz que s&oacute;lo turbaba Mauricia arrojando en sus o&iacute;dos una maligna frase.
+Y no fue esto la &uacute;nica conquista, pues tambi&eacute;n prendi&oacute; en ella la idea
+de la resignaci&oacute;n y el convencimiento de que debemos tomar las cosas de
+la vida como vienen, recibir con alegr&iacute;a lo que se nos da, y no aspirar
+a la realizaci&oacute;n cumplida y total de nuestros deseos. Esto se lo dec&iacute;a
+aquella misma claridad esencial, aquella <i>idea blanca</i> que sal&iacute;a de la
+custodia. Lo malo era que en aquellas largas horas, a veces aburridas,
+que pasaba de rodillas ante el Sacramento, la faz envuelta en un gran
+velo al modo de mosquitero, la pecadora sol&iacute;a fijarse m&aacute;s en la
+custodia, marco y continente de la sagrada forma, que en la forma misma,
+por las asociaciones de ideas que aquella joya despertaba en su mente.</p>
+
+<p>Y llegaba a creerse la muy tonta que la forma, <i>la idea blanca</i>, le
+dec&iacute;a con familiar lenguaje semejante al suyo: &laquo;No mires tanto este
+cerco de oro y piedras que me rodea, y m&iacute;rame a m&iacute; que soy la verdad. Yo
+te he dado el &uacute;nico bien que puedes esperar. Con ser poco, es m&aacute;s de lo
+que te mereces. Ac&eacute;ptalo y no me pidas imposibles. &iquest;Crees que estamos
+aqu&iacute; para mandar, verbi gracia, que se altere la ley de la sociedad s&oacute;lo
+porque a una marmotona como t&uacute; se le antoja? El hombre que me pides es
+un se&ntilde;or de muchas campanillas y t&uacute; una pobre muchacha. &iquest;Te parece f&aacute;cil
+que Yo haga casar a los se&ntilde;oritos con las criadas o que a las muchachas
+del pueblo las convierta en se&ntilde;oras? &iexcl;Qu&eacute; cosas se os ocurren, hijas! Y
+adem&aacute;s, tonta, &iquest;no ves que es casado, casado por mi religi&oacute;n y en mis
+altares?, &iexcl;y con qui&eacute;n!, con uno de mis &aacute;ngeles hembras. &iquest;Te parece que
+no hay m&aacute;s que enviudar a un hombre para satisfacer el antojito de una
+corrida como t&uacute;? Cierto que lo que a m&iacute; me conviene, como t&uacute; has dicho,
+es traerme ac&aacute; a Jacinta. Pero eso no es cuenta tuya. Y sup&oacute;n que la
+traigo, sup&oacute;n que se queda viudo. &iexcl;Bah! &iquest;Crees que se va a casar
+contigo? S&iacute;, para ti estaba. &iexcl;Pues no se casar&iacute;a si te hubieras
+conservado honrada, <i>cuanti m&aacute;s</i>, sosona, habi&eacute;ndote echado tan a
+perder! Si es lo que Yo digo: parece que est&aacute;is locas rematadas, y que
+el vicio os ha secado la mollera. Me ped&iacute;s unos disparates que no s&eacute;
+c&oacute;mo los oigo. Lo que importa es dirigirse a M&iacute; con el coraz&oacute;n limpio y
+la intenci&oacute;n recta, como os ha dicho ayer vuestro capell&aacute;n, que no habr&aacute;
+inventado la p&oacute;lvora; pero, en fin, es buen hombre y sabe su obligaci&oacute;n.
+A ti, Fortunata, te mir&eacute; con <i>indilugencia</i> entre las descarriadas,
+porque volv&iacute;as a M&iacute; tus ojos alguna vez, y Yo vi en ti deseos de
+enmienda; pero ahora, hija, me sales con que s&iacute;, ser&aacute;s honrada, todo lo
+honrada que Yo quiera, siempre y cuando que te d&eacute; el hombre de tu
+gusto... &iexcl;Vaya una gracia!... Pero en fin, no me quiero enfadar. Lo
+dicho, dicho: soy infinitamente misericordioso contigo, d&aacute;ndote un bien
+que no mereces, depar&aacute;ndote un marido honrado y que te adora, y todav&iacute;a
+refunfu&ntilde;as y pides m&aacute;s, m&aacute;s, m&aacute;s... Ved aqu&iacute; por qu&eacute; se cansa Uno de
+decir que s&iacute; a todo... No calculan, no se hacen cargo estas
+desgraciadas. Dispone Uno que a tal o cual hombre se le meta en la
+cabeza la idea de regenerarlas, y luego vienen ellas poniendo peros. Ya
+salen con que ha de ser bonito, ya con que ha de ser Fulano y si no,
+no. Hijas de mi alma, Yo no puedo alterar mis obras ni hacer mangas y
+capirotes de mis propias leyes. &iexcl;Para hombres bonitos est&aacute; el tiempo!
+Con que resignarse, hijas m&iacute;as, que por ser cabras no ha de abandonaros
+vuestro pastor; tomad ejemplo de las ovejas con quien viv&iacute;s; y t&uacute;,
+Fortunata, agrad&eacute;ceme sinceramente el bien inmenso que te doy y que no
+te mereces, y d&eacute;jate de hacer melindres y de pedir goller&iacute;as, porque
+entonces no te doy nada y tirar&aacute;s otra vez al monte. Con que,
+cuidadito...&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando las recogidas, al retirarse, se quitaban el velo, las m&aacute;s
+pr&oacute;ximas a Fortunata notaron que esta se sonre&iacute;a.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>Es cosa muy cargante para el historiador verse obligado a hacer menci&oacute;n
+de muchos pormenores y circunstancias enteramente pueriles, y que m&aacute;s
+bien han de excitar el desd&eacute;n que la curiosidad del que lee, pues aunque
+luego resulte que estas nimiedades tienen su engranaje efectivo en la
+m&aacute;quina de los acontecimientos, no por esto parecen dignas de que se las
+traiga a cuento en una relaci&oacute;n ver&iacute;dica y grave. Ved, pues, por qu&eacute;
+pienso que se han de re&iacute;r los que lean aqu&iacute; ahora que Sor Marcela ten&iacute;a
+miedo a los ratones; y no valdr&aacute; seguramente a&ntilde;adir que el miedo de la
+cojita era grande, espantoso, ocasionado a desagradables incidentes y
+aun a derivaciones tr&aacute;gicas. Como ella sintiera en la soledad de su
+celda el bulle bulle del maldecido animal, ya no pegaba los ojos en toda
+la noche. Le entraba tal rabia, que no pod&iacute;a ni siquiera rezar, y la
+rabia, m&aacute;s que contra el rat&oacute;n, era contra Sor Natividad, que se hab&iacute;a
+empe&ntilde;ado en que no hubiera gatos en el convento, porque el &uacute;ltimo que
+all&iacute; existi&oacute; no participaba de sus ideas en punto al aseo de todos los
+rincones de la casa.</p>
+
+<p>En una de aquellas noches de Agosto le dio el diminuto roedor tanta
+guerra a la madrecita, que esta se levant&oacute; al amanecer con la firm&iacute;sima
+resoluci&oacute;n de cazarlo y hacer el m&aacute;s terrible de los escarmientos. Era
+tan insolente el tal, que despu&eacute;s de ser d&iacute;a claro se paseaba por la
+celda muy tranquilo y miraba a Sor Marcela con sus ojuelos negros y
+pillines. &laquo;Ver&aacute;s, ver&aacute;s&mdash;dijo esta subi&eacute;ndose con gran trabajo a la
+cama, porque la idea de que el rat&oacute;n se acercase a uno de sus pies,
+aunque fuera el de palo, caus&aacute;bale terror&mdash;, lo que es hoy no te
+escapas... d&eacute;jate estar, que ya te compondremos&raquo;.</p>
+
+<p>Llam&oacute; a Fortunata y a Mauricia, y en breves palabras las puso al
+corriente de la situaci&oacute;n. Ambas recogidas, particularmente la Dura, no
+quer&iacute;an otra cosa. O se apoderaban del enemigo, o no eran ellas quienes
+eran. Baj&oacute; Sor Marcela a la iglesia, y las dos mujeres emprendieron su
+campa&ntilde;a. No qued&oacute; trasto que no removieran, y para separar de su sitio
+la c&oacute;moda, que era pesad&iacute;sima, estuvieron haciendo esfuerzos varoniles
+cosa de un cuarto de hora, no acabando antes porque la risa les cortaba
+las fuerzas. Por fin, tanto trabajaron que cuando Sor Marcela sali&oacute; de
+la iglesia, una monja le dio la feliz noticia de que el rat&oacute;n hab&iacute;a sido
+cogido. Subi&oacute; la enana a su celda, y la algazara de las recogidas le
+anunciaba por el camino las diabluras de Mauricia, que ten&iacute;a el rat&oacute;n
+vivo en la mano y asustaba con &eacute;l a sus compa&ntilde;eras.</p>
+
+<p>Cost&oacute; alg&uacute;n trabajo restablecer el orden y que Mauricia diese muerte a
+la v&iacute;ctima y la arrojase. Sor Marcela dispuso que le volviesen a poner
+los trastos de la celda lo mismo que estaban, y acabose el cuento del
+rat&oacute;n.</p>
+
+<p>El d&iacute;a siguiente fue uno de los m&aacute;s calurosos de aquel verano. En las
+habitaciones que ca&iacute;an al Mediod&iacute;a era imposible parar, porque faltaba
+el aire respirable. Donde quiera que daba el sol, el ambiente seco,
+quieto y abrasado tostaba. Ni aun las ramas m&aacute;s altas de los &aacute;rboles de
+la huerta se mov&iacute;an, y el disco de Parson, inm&oacute;vil, miraba a la
+inmensidad como una pupila cuajada y moribunda. De doce a tres, se
+suspend&iacute;a todo trabajo en la casa, porque no hab&iacute;a cuerpo ni esp&iacute;ritu
+que lo resistiera.</p>
+
+<p>Algunas monjas se retiraban a su celda a dormir la siesta; otras se iban
+a la iglesia que era lo m&aacute;s fresco de la casa, y sentadas en las
+banquetas, apoyando en la pared su espalda, o rezaban con somnolencia, o
+descabezaban un sue&ntilde;ecillo.</p>
+
+<p>Las <i>Filomenas</i> ca&iacute;an tambi&eacute;n rendidas de cansancio. Algunas se iban a
+sus dormitorios, y otras tend&iacute;anse en el suelo de la sala de labores o
+de la escuela. Las monjas que las vigilaban permit&iacute;an aquella infracci&oacute;n
+a la regla, porque ellas tampoco pod&iacute;an resistir, y cerrando dulcemente
+sus ojos y arrull&aacute;ndose en un pl&aacute;cido arrobo, conservaban en las
+facciones, como una careta, el moh&iacute;n de la maestra, cuya obligaci&oacute;n es
+mantener la disciplina.</p>
+
+<p>En la sala de escuela hab&iacute;a dos o tres grupos de mujeres sentadas en los
+bancos, con la cabeza y el busto descansando sobre las mesas. Algunas
+roncaban con estr&eacute;pito. La monja se hab&iacute;a dormido tambi&eacute;n con la cabeza
+echada hacia atr&aacute;s y la boca abierta. En una de las carpetas de estudio,
+dos recogidas velaban: una era Bel&eacute;n, que le&iacute;a en su libro de rezos, y
+la otra Mauricia la Dura, que ten&iacute;a la cabeza inclinada sobre la
+carpeta, apoyando la frente en un pu&ntilde;o cerrado. Al principio, su vecina
+Bel&eacute;n crey&oacute; que rezaba, porque oy&oacute; cierto murmullo y alg&uacute;n silabeo
+fugaz. Pero luego observ&oacute; que lo que hac&iacute;a Mauricia era llorar.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; tienes, mujer?&raquo; le dijo Bel&eacute;n, alz&aacute;ndole a viva fuerza la cabeza.</p>
+
+<p>La pecadora no contest&oacute; nada; mas la otra pudo observar que su rostro
+estaba tan ba&ntilde;ado en l&aacute;grimas como si le hubiesen echado por la frente
+un cubo de agua, y sus ojos encendidos y aquella grand&iacute;sima humedad
+igualaban el rostro de Mauricia al de la Magdalena; as&iacute; al menos lo vio
+Bel&eacute;n. Tantas preguntas le hizo esta y tanto cari&ntilde;o le mostr&oacute;, que al
+fin obtuvo respuesta de la pobre mujer desolada, que no parec&iacute;a tener
+consuelo ni hartarse nunca de llorar.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; he de tener, desgraciada de m&iacute;?&mdash;exclam&oacute; al fin bebi&eacute;ndose sus
+l&aacute;grimas&mdash;, sino que hoy, sin saber por qu&eacute; ni por qu&eacute; no, me veo tal y
+como soy; soy mala, mala, m&aacute;s que mala, y se me vienen al filo del
+pensamiento toditos los pecados que he cometido, desde el primero hasta
+el &uacute;ltimo...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hija&mdash;arguy&oacute; Bel&eacute;n con aquel sonsonete que hab&iacute;a aprendido y que
+tan bien se acomodaba a su figura angelical y a sus moditos
+insinuantes&mdash;, ten entendido que aunque tus cr&iacute;menes fueran tantos como
+las arenas de la mar, Dios te los perdonar&aacute; si te arrepientes de ellos.</p>
+
+<p>O&iacute;r esto Mauricia y dar un gran berrido y soltar otra catarata de
+l&aacute;grimas fue todo uno.</p>
+
+<p>&laquo;No, no, no&mdash;murmur&oacute; luego entre sollozos tales que parec&iacute;a que se
+ahogaba&mdash;. A m&iacute; no me puede perdonar, a m&iacute; no, porque he sido muy
+arrastrada, pero mucho, y cuanto pecado hay, chica, lo he cometido yo...
+Y si no, di uno, n&oacute;mbrame el que quieras, y de seguro que lo tengo
+metido aqu&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute; cosas tienes, mujer&mdash;observ&oacute; Bel&eacute;n muy apurada, acord&aacute;ndose de
+cuando fue corista y represent&aacute;ndose con terror el escenario de la
+Zarzuela&mdash;; otras han hecho tambi&eacute;n pecados feos, pero los han llorado
+como t&uacute;, y c&aacute;talas perdonadas.</p>
+
+<p>Mauricia ten&iacute;a un pa&ntilde;uelo en la mano; pero con la humedad del lloro y
+del sudor era ya como una pelota. Amas&aacute;balo en la mano y se lo pasaba
+por la angustiada frente.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero c&oacute;mo te ha dado as&iacute;... tan de repente?&mdash;dijo la otra confusa.
+&iexcl;Ah!, es que Dios toca en el coraz&oacute;n cuando menos lo piensa una. Llora,
+hija, desah&oacute;gate, y no te asustes... &iquest;Sabes lo que vas a hacer? Ma&ntilde;ana
+te confiesas... Puede que se te haya quedado algo por decir y confesar,
+porque siempre se queda algo sin saber c&oacute;mo, y esos pozos son lo que m&aacute;s
+atormenta... pues dilo todo, reba&ntilde;a bien... As&iacute; lo hice yo, y hasta que
+lo hice no tuve tranquilidad. Luego el perro de Satan&aacute;s me atormentaba
+por vengarse, y cuando empezaba la misa, a m&iacute; me parec&iacute;a que alzaban el
+tel&oacute;n, y cuando yo romp&iacute;a a cantar, se me ven&iacute;a a la boca aquello de <i>El
+</i> <i> Siglo</i>, que dice: <i>'Somos figurines vivos...'</i>. Y un d&iacute;a por poco
+no lo suelto... Pillinadas del diablo; pero no pod&iacute;a conmigo ni con mi
+fe, y tanto hice que lo met&iacute; en un pu&ntilde;o, y ahora, que se atreva, &iquest;a que
+no se atreve?... Llora, hija, llora todo lo que quieras, que Dios te
+iluminar&aacute; y te dar&aacute; su gracia&raquo;.</p>
+
+<p>Ni por esas. Mientras m&aacute;s consuelos le daba Bel&eacute;n, m&aacute;s inconsolable
+estaba la otra, y m&aacute;s caudaloso era el r&iacute;o de sus l&aacute;grimas. Sor Antonia,
+la madre que gobernaba all&iacute;, se despert&oacute;, y para disimular su descuido,
+dio una fuerte voz, sin incomodarse mucho con las durmientes y a&ntilde;adiendo
+que hac&iacute;a un calor horrible. Un instante despu&eacute;s, Bel&eacute;n y la monja
+cuchichearon, sin duda a prop&oacute;sito de Mauricia a quien miraban. Ten&iacute;a
+Bel&eacute;n vara alta con las se&ntilde;oras, por su humildad y devoci&oacute;n y por la
+diligencia con que iba a contarles cuanto hac&iacute;an y dec&iacute;an sus
+compa&ntilde;eras.</p>
+
+<p>Era domingo, y a las cuatro toda la comunidad entr&oacute; en la iglesia donde
+hab&iacute;a ejercicio y serm&oacute;n. Las <i>Filomenas</i> ocuparon su sitio detr&aacute;s de
+las monjas, unas y otras con los velos por la cabeza. Las <i>Josefinas</i>
+permanec&iacute;an en la habitaci&oacute;n que hac&iacute;a de coro. Bel&eacute;n y las damas
+cantoras entonaban inocentes romanzas, mientras dur&oacute; el Manifiesto, en
+las cuales se dec&iacute;a que ten&iacute;an el <i>pecho ardiendo en llamas de amor</i> y
+otras candideces por el estilo. La que tocaba el <i>harmonium</i> hac&iacute;a en
+los descansos unos ritornellos muy cursis. Pero a pesar de estas
+profanaciones art&iacute;sticas, la iglesita estaba muy mona, como dir&iacute;a
+Manolita, apacible, misteriosa y relativamente fresca, inundada de la
+fragancia de las flores naturales.</p>
+
+<p>A Fortunata le toc&oacute; al lado Mauricia. Cuenta la que despu&eacute;s fue se&ntilde;ora
+de Rub&iacute;n que en una ocasi&oacute;n que mir&oacute; a su compa&ntilde;era, hubo de observar al
+trav&eacute;s del velo suyo y del de ella una expresi&oacute;n tan particular que se
+qued&oacute; at&oacute;nita. Mauricia, al entrar, lloraba; pero al cabo de un rato m&aacute;s
+bien parec&iacute;a re&iacute;rse con contenida y sat&aacute;nica risa. Fortunata no pudo
+comprender el motivo de esto, y crey&oacute; que la oscuridad del velo le
+desfiguraba la realidad de la cara de su pareja. Volvi&oacute; a mirar con
+disimulo, haciendo que se volv&iacute;a para ahuyentar una mosca, y... ello
+podr&iacute;a ser ilusi&oacute;n, pero los ojos de Mauricia parec&iacute;an dos ascuas. En
+fin, todo ser&iacute;a aprensi&oacute;n.</p>
+
+<p>Subi&oacute; D. Le&oacute;n Pintado al p&uacute;lpito y ech&oacute; un sermonazo lleno de los
+amaneramientos que el tal usaba en su oratoria. Lo que aquella tarde
+dijo hab&iacute;alo dicho ya otras tardes, y ciertas frases no se le ca&iacute;an de
+la boca. Tron&oacute;, como siempre, contra los librepensadores, a quienes
+llam&oacute; <i>ap&oacute;stoles del error</i> unas mil y quinientas veces. Al salir de la
+iglesia, Fortunata ech&oacute;, como de costumbre, una mirada al p&uacute;blico, que
+estaba tras de la verja de madera, y vio a Maximiliano, que no faltaba
+ning&uacute;n domingo a aquella amorosa cita muda. Le vio con simpat&iacute;a. Notaba
+gozosa que empezaban a perder valor ante sus ojos los defectos f&iacute;sicos
+del apreciable joven. &iexcl;Si ser&iacute;an aquellos los brotes del amor por la
+hermosura del alma! Lo que m&aacute;s consolaba a Fortunata era la esperanza
+cada d&iacute;a m&aacute;s firme, porque el capell&aacute;n se lo hab&iacute;a dicho no pocas veces
+en el confesonario, de que cuando se casase y viviese santamente con su
+marido a la sombra de las leyes divinas y humanas, le hab&iacute;a de amar;
+pero no as&iacute; de cualquier modo, sino con verdadero calor y arranque del
+alma. Tambi&eacute;n le dec&iacute;a esto la forma, <i>la idea blanca</i> encerrada en la
+custodia.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ix</span>-</h2>
+
+
+<p>Llegada la noche, y recogidas las <i>Josefinas</i> a su dormitorio, las
+madres permitieron que las <i>Filomenas</i> estuvieran en la huerta hasta m&aacute;s
+tarde de lo reglamentario, por ver si sal&iacute;a un poco de fresco. Eran ya
+las nueve, y la tierra abrasaba; el aire no se mov&iacute;a; las estrellas
+parec&iacute;an m&aacute;s pr&oacute;ximas seg&uacute;n el fulgor viv&iacute;simo con que brillaban, y
+ve&iacute;ase entre las grandes y medianas mayor n&uacute;mero, al parecer, de las
+peque&ntilde;itas, tantas, tantas que era como un polvo de plata esparcido
+sobre aquel azul intens&iacute;simo.</p>
+
+<p>La luna nueva se puso temprano, bajando al horizonte como una hoz,
+rodeada de aureola blanquecina que anunciaba m&aacute;s calor para el d&iacute;a
+siguiente.</p>
+
+<p>Las recogidas formaban diferentes grupos sentadas en el suelo y en la
+escalera de madera que comunica el corredor principal con la huerta, y
+se quitaban las tocas para disminuir el calor de la piel. Algunas
+miraban el motor de viento que segu&iacute;a inm&oacute;vil. Al borde del estanque que
+est&aacute; al pie del aparato, hab&iacute;a tres mujeres, Fortunata, Felisa y do&ntilde;a
+Manolita, sentadas sobre el muro de ladrillo, gozando de la frescura del
+agua pr&oacute;xima. Aquel era el mejor sitio; pero no lo dec&iacute;an, porque el
+ego&iacute;smo les hac&iacute;a considerar que si se enracimaban all&iacute; todas las
+mujeres, el escaso fresco del agua se repartir&iacute;a m&aacute;s y tocar&iacute;an a menos.
+En el opuesto lado de la huerta, que era el sitio m&aacute;s apartado y feo,
+hab&iacute;a un tinglado, bajo el cual se ve&iacute;an tiestos vac&iacute;os o rotos, un
+mont&oacute;n de mantillo que parec&iacute;a caf&eacute; molido, dos carretillas, regaderas y
+varios instrumentos de jardiner&iacute;a. En otro tiempo hubo all&iacute; un cubil, y
+en el cubil un cerdo que se criaba con los desperdicios; pero el
+Ayuntamiento mand&oacute; quitar el animal de San Ant&oacute;n, y el cubil estaba
+vac&iacute;o.</p>
+
+<p>Desde el anochecer se puso all&iacute; Mauricia la Dura, sola, sobre el mont&oacute;n
+de mantillo; y como era el sitio m&aacute;s caldeado, nadie la quiso
+acompa&ntilde;ar.</p>
+
+<p>Alguna se le aproxim&oacute; en son de burla; pero no pudo obtener de ella una
+sola palabra. Estaba sentada a lo moro, con los brazos ca&iacute;dos, la cabeza
+derecha, m&aacute;s napole&oacute;nica que nunca, la vista fija enfrente de s&iacute; con
+dispersi&oacute;n vaga m&aacute;s bien de persona so&ntilde;adora que meditabunda. Parec&iacute;a
+lela o quiz&aacute;s ten&iacute;a semejanza con esos penitentes del Hindost&aacute;n que se
+est&aacute;n tant&iacute;simos d&iacute;as seguidos mirando al cielo sin pesta&ntilde;ear, en un
+estado medio entre la modorra y el &eacute;xtasis. Ya era tarde cuando se le
+acerc&oacute; Bel&eacute;n sent&aacute;ndosele al lado. La mir&oacute; atentamente, pregunt&aacute;ndole
+que qu&eacute; hac&iacute;a all&iacute; y en qu&eacute; pensaba, y por fin Mauricia despleg&oacute; sus
+labios de esfinge, y dijo estas palabras que le produjeron a Belencita
+una corriente fr&iacute;a en el espinazo:</p>
+
+<p>&laquo;He visto a Nuestra Se&ntilde;ora&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dices, mujer, qu&eacute; te pasa?&mdash;le pregunt&oacute; la ex-corista con
+ansiedad muy viva.</p>
+
+<p>&mdash;He visto a la Virgen&mdash;repiti&oacute; Mauricia con una seguridad y aplomo que
+dejaron a la otra como quien no sabe lo que le pasa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; est&aacute;s segura de lo que dices?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!... As&iacute; me muera si no es verdad. Te lo juro por estas
+cruces&mdash;dijo la iluminada con voz tr&eacute;mula, bes&aacute;ndose las manos&mdash;. La he
+visto... baj&oacute; por all&iacute;, donde est&aacute; el abanic&oacute;n de la noria... Bajaba en
+mitad de una luz... &iquest;c&oacute;mo te lo dir&eacute;?... de una luz que no te puedes
+figurar... de una luz que era, verbi gracia como las puras mieles...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Como las mieles!&mdash;repiti&oacute; Bel&eacute;n no comprendiendo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues... tan dulce que... Despu&eacute;s vino andando, andando hacia ac&aacute; y se
+puso all&iacute;, delantito. Pas&oacute; por entre vosotras y vosotras no la ve&iacute;ais.
+Yo sola la ve&iacute;a... No tra&iacute;a el ni&ntilde;o Dios en brazos. Dio dos o tres
+pasitos m&aacute;s y se par&oacute; otra vez. Mira, &iquest;ves aquella piedrecita?, pues
+all&iacute;... y me estuvo mirando... Yo no pod&iacute;a respirar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y te dijo algo, te dijo algo?&mdash;pregunt&oacute; Bel&eacute;n toda ojos, p&aacute;lida como
+una muerta.</p>
+
+<p>&mdash;Nada... pero lloraba mir&aacute;ndome... &iexcl;Se le ca&iacute;an unos lagrimones...! No
+tra&iacute;a nene Dios; <i>paic&iacute;a</i> que se lo hab&iacute;an quitado. Despu&eacute;s dio la
+vuelta para all&aacute; y volvi&oacute; a pasar entre vosotras sin que la vierais,
+hasta llegar <i>mismamente</i> a aquel &aacute;rbol... All&iacute; vi muchos angelitos que
+sub&iacute;an y bajaban corre que corre del tronco a las ramas y...</p>
+
+<p>&mdash;Y de las ramas al tronco...&mdash;Y despu&eacute;s... ya no vi nada... Me qued&eacute;
+como ciega... quiere decirse, enteramente ciega; estuve un rato sin ver
+gota, sin poder moverme. Sent&iacute;a aqu&iacute;, entre m&iacute;, una cosa...</p>
+
+<p>&mdash;Como una pena...&mdash;Como pena no, un gusto, un consuelo...</p>
+
+<p>Se acerc&oacute; entonces Fortunata, y ambas callaron.</p>
+
+<p>&mdash;Si est&aacute;n de secreto, me voy.</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo&mdash;dijo Bel&eacute;n, despu&eacute;s de una grave pausa&mdash;, que eso debes
+consultarlo con el confesor.</p>
+
+<p>Mauricia se levant&oacute; y andando lentamente retirose a la habitaci&oacute;n donde
+dorm&iacute;a y ten&iacute;a su ropa. Creyeron las otras dos que se hab&iacute;a ido a
+acostar, y qued&aacute;ronse all&iacute; haciendo comentarios sobre el extra&ntilde;o caso,
+que Bel&eacute;n transmiti&oacute; a Fortunata con todos sus pelos y se&ntilde;ales. Bel&eacute;n lo
+cre&iacute;a o afectaba creerlo, Fortunata no. Pero de pronto vieron que la
+Dura volv&iacute;a y se sentaba de nuevo sobre el mont&oacute;n de mantillo. Mir&aacute;ronla
+con recelo y se alejaron.</p>
+
+<p>De pronto son&oacute; en la huerta un &iexcl;ah! prolongado y gozoso, como los que
+lanza la multitud en presencia de los fuegos artificiales. Todas las
+recogidas miraban al disco, que se hab&iacute;a movido solemnemente, dando dos
+vueltas y par&aacute;ndose otra vez. &laquo;Aire, aire&raquo; gritaron varias voces. Pero
+el motor no dio despu&eacute;s m&aacute;s que media vuelta, y otra vez quieto. El
+v&aacute;stago de hierro chill&oacute; un instante, y las que estaban junto al
+estanque oyeron en lo profundo de la bomba una regurgitaci&oacute;n tenue. El
+ca&ntilde;o escupi&oacute; un salivazo de agua, y todo qued&oacute; despu&eacute;s en la misma
+quietud chicha y desesperante.</p>
+
+<p>Bel&eacute;n se hab&iacute;a puesto a charlar por lo bajo con una monja llamada Sor
+Facunda, que era la marisabidilla de la casa, muy le&iacute;da y escribida,
+bondadosa e inocente hasta no m&aacute;s, directora de todas las funciones
+extraordinarias, camarera de la Virgen y de todas las im&aacute;genes que
+ten&iacute;an alguna ropa que ponerse, muy querida de las <i>Filomenas</i> y a&uacute;n m&aacute;s
+de las <i>Josefinas</i>, y persona tan candorosa, que cuanto le dec&iacute;an, sobre
+todo si era bueno, se lo cre&iacute;a como el Evangelio. Basta decir en elogio
+de la <i>sancta simplicitas</i> de esta se&ntilde;ora, que en sus confesiones jam&aacute;s
+ten&iacute;a nada de qu&eacute; acusarse, pues ni con el pensamiento hab&iacute;a pecado
+nunca; mas como creyera que era muy desairado no ofrecer nada
+absolutamente ante el tribunal de la penitencia, revolv&iacute;a su mag&iacute;n
+buscando algo que pudiera tener siquiera un tufillo de maldad, y se
+reba&ntilde;aba la conciencia para sacar unas cosas tan sutiles y sin
+sustancia, que el capell&aacute;n se re&iacute;a para su sotana. Como el pobre D. Le&oacute;n
+Pintado ten&iacute;a que vivir de aquello, lo o&iacute;a seriamente, y hac&iacute;a que
+tomaba muy en consideraci&oacute;n aquellos pecados tan superfirol&iacute;ticos que no
+hab&iacute;a cristiano que los comprendiera... Y la monja se pon&iacute;a muy
+compungida, diciendo que no lo volver&iacute;a a hacer; y &eacute;l, que era muy tuno,
+dec&iacute;a que s&iacute;, que era preciso tener cuidado para otra vez, y que patat&iacute;n
+y que patat&aacute;n... Tal era Sor Facunda, dama ilustre de la m&aacute;s alta
+aristocracia, que dej&oacute; riquezas y posici&oacute;n por meterse en aquella vida,
+mujer peque&ntilde;ita, no bien parecida, afable y cari&ntilde;osa, muy aficionada a
+hacerse querer de las j&oacute;venes. Llevaba siempre tras s&iacute;, en las horas de
+recreo, un hato de ni&ntilde;as precozmente m&iacute;sticas, preguntonas, rezonas y
+cuya conducta, palabras y entusiasmos pertenec&iacute;an a lo que podr&iacute;a
+llamarse <i>el pavo</i> de la santidad.</p>
+
+<p>Dif&iacute;cil es averiguar lo que pas&oacute; en el cotarro que formaban Sor Facunda
+y sus amiguitas. Ello fue que Bel&eacute;n, temblando de emoci&oacute;n y con la cara
+ansiosa, dijo a la monja: &laquo;Mauricia ha visto a la Virgen...&raquo;. Y poco
+despu&eacute;s repet&iacute;an las otras con indefinible asombro: &laquo;&iexcl;Ha visto a la
+Virgen!&raquo;.</p>
+
+<p>Sor Facunda, seguida de su escolta, se acerc&oacute; a Mauricia, a quien mir&oacute;
+un buen rato sin decirle palabra. Estaba la infeliz mujer en la misma
+postura morisca, la cabeza apoyada sobre las rodillas. Parec&iacute;a llorar.</p>
+
+<p>&laquo;Mauricia&mdash;le dijo en tono lacrimoso la monja, con aquella buena fe que
+en ella equival&iacute;a a la gracia divina&mdash;. Porque hayas sido muy mala no
+vayas a creerte que Dios te niega su perd&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Oyose un gran bramido, y la reclusa mostr&oacute; su cara inundada de llanto.
+Dijo algunas palabras ininteligibles y estropajosas, a las que Sor
+Facunda y compa&ntilde;&iacute;a no sacaron ninguna sustancia. De repente se levant&oacute;.
+Su rostro, a la claridad de la luna, ten&iacute;a una belleza grandiosa que las
+circunstantes no supieron apreciar. Sus ojos desped&iacute;an fulgor de
+inspiraci&oacute;n. Se apret&oacute; el pecho con ambas manos en actitud semejante a
+las que la escultura ha puesto en algunas im&aacute;genes, y dijo con acento
+conmovedor estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Oh mi se&ntilde;ora!... te lo traer&eacute;, te lo traer&eacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Echando a correr hacia la escalera con gran presteza, pronto
+desapareci&oacute;. Sor Facunda habl&oacute; con las otras madres. Cuando toda la
+comunidad, a la voz de la Superiora, se recog&iacute;a abandonando la huerta y
+subiendo lentamente a las habitaciones (la mayor parte de las mujeres de
+mala gana, porque el calor de la noche convidaba a estar al aire libre),
+corri&oacute; la voz de que la visionaria se hab&iacute;a acostado.</p>
+
+<p>Fortunata, que pocos d&iacute;as antes fue trasladada al dormitorio en que
+estaba Mauricia, vio que esta se hab&iacute;a acostado vestida y descalza.
+Acercose a ella y por su bronca respiraci&oacute;n crey&oacute; entender que dorm&iacute;a
+profundamente. Mucho le daba qu&eacute; pensar el singular estado en que su
+amiga se hab&iacute;a puesto, y esperaba que le pasar&iacute;a pronto, como otros
+<i>toques</i> semejantes aunque de diverso car&aacute;cter. Largo tiempo estuvo
+desvelada, pensando en aquello y en otras cosas, y a eso de las doce,
+cuando en el dormitorio y en la casa toda reinaban el silencio y la paz,
+not&oacute; que Mauricia se levantaba. Pero no se atrevi&oacute; a hablarle ni a
+detenerla, por no turbar el silencio del dormitorio, iluminado por una
+luz tan d&eacute;bil que le faltaba poco para extinguirse. Mauricia atraves&oacute;
+la estancia sin hacer ruido, como sombra, y se fue. Poco despu&eacute;s
+Fortunata sent&iacute;a sue&ntilde;o y se aletargaba; mas en aquel estado indeciso
+entre el dormir y el velar, crey&oacute; ver a su compa&ntilde;era entrar otra vez en
+el dormitorio sin que se le sintieran los pasos. Metiose debajo de la
+cama, donde ten&iacute;a un cofre; revolvi&oacute; luego entre los colchones...
+Despu&eacute;s Fortunata no se hizo cargo de nada, porque se durmi&oacute; de veras.</p>
+
+<p>Mauricia sali&oacute; al corredor, y atraves&aacute;ndolo todo, se sent&oacute; en el primer
+pelda&ntilde;o de la escalera.</p>
+
+<p>&laquo;Te digo que me atrever&eacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>&iquest;Con qui&eacute;n hablaba? Con nadie, porque estaba enteramente sola. No ten&iacute;a
+m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a en aquella soledad que las altas estrellas.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; dices?&mdash;pregunt&oacute; despu&eacute;s como quien sostiene un di&aacute;logo&mdash;. Habla
+m&aacute;s alto, que con el ruido del &oacute;rgano no se oye. &iexcl;Ah!, ya entiendo...
+Estate tranquila, que aunque me maten, yo te lo traer&eacute;. Ya sabr&aacute;n qui&eacute;n
+es Mauricia la Dura, que no teme ni a Dios... Ja ja ja... Ma&ntilde;ana, cuando
+venga el capell&aacute;n y bajen esas t&iacute;as pasteleras a la iglesia, &iexcl;qu&eacute; chasco
+se van a llevar!&raquo;.</p>
+
+<p>Soltando una risilla insolente, se precipit&oacute; por la escalera abajo. &iquest;Qu&eacute;
+demonios pasaba en aquel cerebro?... Entr&oacute; por la puerta peque&ntilde;a que
+comunica el patio con el largo pasillo interior del edificio, y una vez
+all&iacute; pas&oacute; sin obst&aacute;culo al vest&iacute;bulo, tentando la pared porque la
+oscuridad era completa. Se le o&iacute;a un cierto rechinar de dientes y alg&uacute;n
+monos&iacute;labo gutural que lo mismo pudiera ser signo de risa que de c&oacute;lera.
+Por fin lleg&oacute; palpando paredes a la puerta de la capilla, y buscando la
+cerradura con las manos, empez&oacute; a rasgu&ntilde;ar en el hierro. La llave no
+estaba puesta... &laquo;&iexcl;Peines y peinetas, d&oacute;nde estar&aacute; la condenada llave!&raquo;
+murmur&oacute; con un rugido de hond&iacute;simo despecho. Prob&oacute; a abrir vali&eacute;ndose de
+la fuerza y de la ma&ntilde;a. Pero ni una ni otra val&iacute;an en aquel caso. La
+puerta del sagrado recinto estaba bien cerrada. Sigui&oacute; la infeliz mujer
+exhalando gemidos, como los de un perro que se ha quedado fuera de su
+casa y quiere que le abran. Despu&eacute;s de media hora de in&uacute;tiles esfuerzos,
+desplomose en el umbral de la puerta, e inclinando la cabeza se durmi&oacute;.
+Fue uno de esos sue&ntilde;os que se parecen al morir instant&aacute;neo. La cabeza
+dio contra el canto como una piedra que cae, y la torcida postura en que
+quedaba el cuerpo al caer dobl&aacute;ndose con violencia, fue causa de que el
+resuello se le dificultara, produci&eacute;ndose en los conductos de la
+respiraci&oacute;n silbidos agud&iacute;simos, a los que sigui&oacute; un estertor como de
+l&iacute;quidos que hierven.</p>
+
+<p>Aletargada profundamente, Mauricia hizo lo que no hab&iacute;a podido hacer
+despierta, y prosigui&oacute; la acci&oacute;n interrumpida por una puerta bien
+cerrada. Falt&oacute; el hecho real, pero no la realidad del mismo en la
+voluntad. Entr&oacute;, pues, la tarasca en la iglesia y all&iacute; pudo andar sin
+tropiezo, porque la l&aacute;mpara del altar daba luz bastante para ver el
+camino. Sin vacilar dirigi&oacute; sus pasos al altar mayor, diciendo por el
+camino: &laquo;Si no te voy a hacer mal ninguno, Diosecito m&iacute;o; si voy a
+llevarte con tu mam&aacute; que est&aacute; ah&iacute; fuera llorando por ti y esperando a
+que yo te saque... &iquest;Pero qu&eacute;?... no quieres ir con tu mama&iacute;ta... Mira
+que te est&aacute; esperando... tan guapetona, tan maja, con aquel manto todito
+lleno de estrellas y los pies encima del <i>biricornio</i> de la luna...
+Ver&aacute;s, ver&aacute;s, qu&eacute; bien te saco yo, mon&iacute;n... Si te quiero mucho; &iquest;pero no
+me conoces?... Soy Mauricia la Dura, soy tu amiguita&raquo;.</p>
+
+<p>Aunque andaba muy aprisa, tardaba mucho tiempo en llegar al altar,
+porque la capilla, que era tan chica, se hab&iacute;a vuelto muy grande. Lo
+menos hab&iacute;a media legua desde la puerta al altar... Y mientras m&aacute;s
+andaba, m&aacute;s lejos, m&aacute;s lejos... Lleg&oacute; por fin y subi&oacute; los dos, tres,
+cuatro escalones, y le causaba tanta extra&ntilde;eza verse en aquel sitio
+mirando de cerca la mesa aquella cubierta con fin&iacute;simo y albo lienzo,
+que un rato estuvo sin poder dar el &uacute;ltimo paso. Le entr&oacute; una risa
+convulsiva cuando puso su mano sobre el ara sagrada... &laquo;&iquest;Qui&eacute;n me hab&iacute;a
+de decir?... &iexcl;oh, mi re&mdash;Dios de mi alma que yo... ji ji ji!...&raquo;. Apart&oacute;
+el Crucifijo que est&aacute; delante de la puerta del sagrario, alarg&oacute; luego el
+brazo; pero como no alcanzaba, alarg&aacute;balo m&aacute;s y m&aacute;s, hasta que lleg&oacute; a
+dolerle mucho de tantos estirones... Por fin, gracias a Dios, pudo abrir
+la puerta que s&oacute;lo tocan las manos ungidas del sacerdote. Levantando la
+cortinilla, busc&oacute; un momento en el misterioso, santo y venerado hueco...
+&iexcl;Oh!, no hab&iacute;a nada. Busca por aqu&iacute;, busca por all&iacute; y nada... Acordose
+de que no era aquel el sitio donde est&aacute; la custodia, sino otro m&aacute;s alto.
+Subi&oacute; al altar, puso los pies en el ara santa... Busca por aqu&iacute;, por
+all&iacute;... &iexcl;Ah!, por fin tropezaron sus dedos con el met&aacute;lico pie de la
+custodia. Pero qu&eacute; fr&iacute;o estaba, tan fr&iacute;o que quemaba. El contacto del
+metal llev&oacute; por todo lo largo del espinazo de Mauricia una corriente
+glacial... Vacil&oacute;. &iquest;Lo coger&iacute;a, s&iacute; o no? S&iacute;, s&iacute; mil veces; aunque
+muriera, era preciso cumplir. Con exquisito cuidado, m&aacute;s con gran
+decisi&oacute;n, empu&ntilde;&oacute; la custodia bajando con ella por una escalera que antes
+no estaba all&iacute;. Orgullo y alegr&iacute;a inundaron el alma de la atrevida mujer
+al mirar en su propia mano la representaci&oacute;n visible de Dios... &iexcl;C&oacute;mo
+brillaban los rayos de oro que circundan el viril, y qu&eacute; misteriosa y
+pl&aacute;cida majestad la de la hostia pur&iacute;sima, guardada tras el cristal,
+blanca, divina y con todo el aquel de persona, sin ser m&aacute;s que una
+sustancia de delicado pan!</p>
+
+<p>Con incre&iacute;ble arrogancia Mauricia descend&iacute;a, sin sentir peso alguno.
+Alzaba la custodia como la alza el sacerdote para que la adoren los
+fieles... &laquo;&iquest;Veis c&oacute;mo me he atrevido?&mdash;pensaba&mdash;. &iquest;No dec&iacute;as que no
+pod&iacute;a ser?... Pues pudo ser, &iexcl;qu&eacute; peine!&raquo;. Segu&iacute;a por la iglesia
+adelante. La pur&iacute;sima hostia, con no tener cara, miraba cual si tuviera
+ojos... y la sacr&iacute;lega, al llegar bajo el coro, empezaba a sentir miedo
+de aquella mirada. &laquo;No, no te suelto, ya no vuelves all&iacute;... &iexcl;A casa con
+tu mam&aacute;...! &iquest;s&iacute;? &iquest;Verdad que el ni&ntilde;o no llora y quiere ir con su
+mam&aacute;?...&raquo;. Diciendo esto, atrev&iacute;ase a agasajar contra su pecho la
+sagrada forma. Entonces not&oacute; que la sagrada forma no s&oacute;lo ten&iacute;a ya ojos
+profundos tan luminosos como el cielo, sino tambi&eacute;n voz, una voz que la
+tarasca oy&oacute; resonar en su o&iacute;do con lastimero son. Hab&iacute;a desaparecido
+toda sensaci&oacute;n de la materialidad de la custodia; no quedaba m&aacute;s que lo
+esencial, la representaci&oacute;n, el s&iacute;mbolo puro, y esto era lo que Mauricia
+apretaba furiosamente contra s&iacute;. &laquo;Chica&mdash;le dec&iacute;a la voz&mdash;, no me
+saques, vuelve a ponerme donde estaba. No hagas locuras... Si me sueltas
+te perdonar&eacute; tus pecados, que son tantos que no se pueden contar; pero
+si te obstinas en llevarme, te condenar&aacute;s. Su&eacute;ltame y no temas, que yo
+no le dir&eacute; nada a D. Le&oacute;n ni a las monjas para que no te ri&ntilde;an...
+Mauricia, chica, &iquest;qu&eacute; haces...? &iquest;Me comes, me comes...?&raquo;.</p>
+
+<p>Y nada m&aacute;s... &iexcl;Qu&eacute; desvar&iacute;o! Por grande que sea un absurdo siempre tiene
+cabida en el inconmensurable hueco de la mente humana.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">x</span>-</h2>
+
+
+<p>Por la ma&ntilde;ana tempranito, la Superiora y Sor Facunda se tropezaron al
+salir de sus respectivas celdas.</p>
+
+<p>&laquo;Cr&eacute;ame usted&mdash;dijo Sor Facunda&mdash;, algo hay de extraordinario.
+Consultar&eacute; ahora mismo con D. Le&oacute;n. El caso de Mauricia debe de
+examinarse detenidamente&raquo;.</p>
+
+<p>Sor Natividad, que era mujer de mucho entendimiento y estaba
+acostumbrada a los pueriles entusiasmos de su compa&ntilde;era, no hizo m&aacute;s que
+sonre&iacute;r con bondad. Hubiera dicho a Sor Facunda: &laquo;qu&eacute; tonta es usted,
+hija&raquo;; pero no le dijo nada; y sacando un manojo de llaves se fue hacia
+el guardarropa.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero en d&oacute;nde est&aacute; esa loca?&raquo; pregunt&oacute; despu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;No parece por ninguna parte&mdash;dijo Fortunata, que por orden de Sor
+Marcela hab&iacute;a bajado en busca de su amiga&mdash;. Arriba no est&aacute;.</p>
+
+<p>En los dormitorios de las <i>Filomenas</i> hab&iacute;a gran tr&aacute;fago. Todas se
+lavaban la cara y las manos, ri&ntilde;endo por el agua, cuestionando sobre si
+t&uacute; me quitaste la toalla o si esa es mi agua. &laquo;Que no, que mi agua es
+esta&raquo;. Otra sacaba de debajo de la cama un zoquete de pan y empezaba a
+com&eacute;rselo. &laquo;&iexcl;Ay, qu&eacute; hambre tengo...!, con estos calores, cuidado que
+suda una; no se puede vivir... &iexcl;Y ponerse ahora la toca!&raquo;.</p>
+
+<p>Sor Antonia entraba, impon&iacute;a silencio y les daba prisa. O&iacute;ase el
+esquil&oacute;n de la capilla. El sacrist&aacute;n se hab&iacute;a asomado varias veces por
+la reja de la sacrist&iacute;a que da al vest&iacute;bulo diciendo sucesivamente:
+&laquo;Todav&iacute;a no ha venido don Le&oacute;n...&raquo; &laquo;ya est&aacute; ah&iacute; D. Le&oacute;n...&raquo; &laquo;ya se est&aacute;
+vistiendo&raquo;. O&iacute;anse en la parte alta los pasos de toda la comunidad que
+iba hacia el templo a o&iacute;r la primera misa. Delante fueron las
+<i>Josefinas</i>, so&ntilde;olientas a&uacute;n y dando bostezos, empuj&aacute;ndose unas a otras.
+Segu&iacute;an las <i>Filomenas</i> con cierto orden, las m&aacute;s diligentes dando prisa
+a las perezosas. Donde hay muchas mujeres, tiene que haber ese rumor de
+colegio, que se hace superior a la disciplina m&aacute;s severa. Entre chacota
+y risas se o&iacute;a el rumorcillo aquel: &laquo;Mauricia... &iquest;no sab&eacute;is? Vio anoche
+la propia figura de la Virgen&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, quita all&aacute;.&mdash;Mi palabra... Preg&uacute;ntaselo a Bel&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!, ni que fu&eacute;ramos tontas...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La cara de la Virgen?... Vaya... Ser&iacute;a la de Nuestra Se&ntilde;ora del
+Aguardiente.</p>
+
+<p>Pero Sor Facunda y las de su cotarro iban por la escalera abajo
+diciendo que el hecho pod&iacute;a ser falso, y pod&iacute;a tambi&eacute;n no serlo; y que
+el ser Mauricia muy pecadora no significaba nada, porque de otras
+much&iacute;simo m&aacute;s perversas se hab&iacute;a valido Dios para sus fines.</p>
+
+<p>Dijo la misa D. Le&oacute;n, que parec&iacute;a <i>el padre fuguilla</i> por la presteza
+con que despachaba. Hab&iacute;a sido cura de tropa, y a las monjas no les
+acababa de gustar la marcial diligencia de su capell&aacute;n. M&aacute;s tarde
+celebraba don Hildebrando, cura franc&eacute;s de los de babero, el cual era lo
+contrario que Pintado, pues estiraba la misa hasta lo incre&iacute;ble.</p>
+
+<p>Cuando la comunidad sal&iacute;a de la capilla, do&ntilde;a Manolita, que hab&iacute;a
+entrado de las &uacute;ltimas, sofocada, se acerc&oacute; a la Superiora y le dijo que
+Mauricia estaba en la huerta sobre el mont&oacute;n de mantillo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya... en la basura&mdash;replic&oacute; Sor Natividad frunciendo el ce&ntilde;o&mdash;; es su
+sitio.</p>
+
+<p>Bajaron las recogidas al refectorio a tomar el chocolate con rebanada de
+pan. Animaci&oacute;n mundana reinaba en el frugal desayuno, y aunque las
+monjas se esforzaban por mantener un orden cuartelesco, no lo pod&iacute;an
+conseguir.</p>
+
+<p>&laquo;Ese plato es el m&iacute;o. Dame mi servilleta... Te digo que es la m&iacute;a...
+&iexcl;Vaya! &iexcl;Ay, San Antonio, qu&eacute; duro est&aacute; el pan!... Este s&iacute; que es de la
+boda de San Isidro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A callar!</p>
+
+<p>Algunas ten&iacute;an un apetito voraz; se habr&iacute;an comido triple raci&oacute;n, si se
+la dieran.</p>
+
+<p>Inmediatamente despu&eacute;s empezaba a distribuirse toda aquella tropa
+mujeril, como soldados que se incorporan a sus respectivos regimientos.
+Estas bajaban a la cocina, aquellas sub&iacute;an a la escuela y sal&oacute;n de
+costura, y otras, quit&aacute;ndose las tocas y poni&eacute;ndose la falda de
+<i>mec&aacute;nica</i>, se dedicaban a la limpieza de la casa.</p>
+
+<p>Estaba la Superiora hablando con Sor Antonia en la puerta de una celda,
+cuando lleg&oacute; muy apurada una reclusa, diciendo: &laquo;Le he mandado que venga
+y no quiere venir. Me ha querido pegar. &iexcl;Si no echo a correr...! Despu&eacute;s
+cogi&oacute; un mont&oacute;n de aquella basura y me lo tir&oacute;. Mire usted...&raquo;.</p>
+
+<p>La recogida ense&ntilde;&oacute; a las madres su hombro manchado de mantillo.</p>
+
+<p>&laquo;Tendr&eacute; que ir yo... &iexcl;Ay, qu&eacute; mujer!... &iexcl;qu&eacute; guerra nos da!&mdash;dijo la
+Superiora...&mdash;. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; Sor Marcela? Que traiga la llave de la
+perrera. Hoy tendremos <i>ch&iacute;nchirri-m&aacute;ncharras</i>... Est&aacute; m&aacute;s tocada que
+nunca. Dios nos d&eacute; paciencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y Sor Facunda que me ha dicho ahora mismo&mdash;indic&oacute; Sor Antonia con
+franca risa y bizcando m&aacute;s los ojos&mdash;, que Mauricia hab&iacute;a visto a la
+Virgen!</p>
+
+<p>La Superiora respondi&oacute; a aquella risa con otra menos franca. Tres o
+cuatro <i>Filomenas</i> de las m&aacute;s hombrunas bajaron a la huerta con orden
+expresa de traer a la visionaria.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre mujer y qu&eacute; perdida se pone!&mdash;observ&oacute; Sor Natividad dentro del
+corrillo de monjas que se iba formando&mdash;. Males de nervios, y nada m&aacute;s
+que males de nervios.</p>
+
+<p>Y al decirlo, sus miradas chocaron con las de Sor Facunda, que se
+acercaba con semblante extraordinariamente afligido.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero no ha consultado usted este caso con el se&ntilde;or capell&aacute;n?&raquo; le dijo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;replic&oacute; Sor Natividad con un poco de humorismo&mdash;, y el capell&aacute;n me
+ha dicho que la meta en la perrera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Encerrarla porque llora!...&mdash;exclam&oacute; la otra que en su timidez no se
+atrev&iacute;a a contradecir a la Superiora&mdash;. El caso merec&iacute;a examinarse.</p>
+
+<p>&mdash;Para preverlo todo&mdash;indic&oacute; la vizca&iacute;na&mdash;, avisaremos tambi&eacute;n al
+m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; tiene que ver el m&eacute;dico...? En fin, yo no s&eacute;. Quien manda,
+manda. Pero me parec&iacute;a... Ello podr&aacute; ser cosa f&iacute;sica; pero &iquest;si no lo
+fuera? Si efectivamente Mauricia... No es que yo lo afirme; pero tampoco
+me atrevo a negarlo. Aquel llorar continuo, &iquest;qu&eacute; puede ser sino
+arrepentimiento? A saber los medios que el Se&ntilde;or escoge...</p>
+
+<p>Y se retir&oacute; a su celda. Casi casi se dieron un encontronazo Sor Facunda
+alej&aacute;ndose y Sor Marcela que al corrillo se acercaba, dando balances y
+golpeando el suelo duramente con su pie de madera. Su semblante
+descompuesto por la ira estaba m&aacute;s feo que nunca; con la prisa que tra&iacute;a
+apenas pod&iacute;a respirar, y las primeras frases le salieron de la boca
+desmenuzadas por el enojo: &laquo;Ya, ya sabemos... &iexcl;San Antonio!...
+bribona... parece mentira... &iexcl;Ay, Dios m&iacute;o!, si es para volverse
+loca...&raquo;.</p>
+
+<p>Habl&oacute; algunas palabras en voz muy baja con la Superiora, quien al o&iacute;rlas
+puso una cara que daba miedo.</p>
+
+<p>&laquo;Yo... bien lo sabe usted...&mdash;balbuci&oacute; Sor Marcela&mdash;, lo ten&iacute;a para mi
+mal del est&oacute;mago... co&ntilde;ac superior&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero esa maldita &iquest;c&oacute;mo...? Si esto parece... &iexcl;Jes&uacute;s me valga! Estoy
+horrorizada. &iquest;Pero cu&aacute;ndo...?</p>
+
+<p>&mdash;Es muy sencillo... h&aacute;gase usted cargo. Anteayer, &iexcl;San Antonio
+bendito!, cuando estuvo en mi celda moviendo los trastos para coger el
+rat&oacute;n.</p>
+
+<p>A la Superiora se le escap&oacute;, sin poderlo remediar, una ligera
+sonrisilla; mas al punto volvi&oacute; a poner cara de palo. Y la enana corri&oacute;
+hacia donde estaban las recogidas, y lo mismo que dijera a Sor Natividad
+se lo repiti&oacute; a Fortunata, sin poner un freno a su ira: &laquo;&iquest;Habrase visto
+diablura semejante?... &iquest;Qu&eacute; te parece? &iexcl;Estamos todas horripiladas!&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no dijo nada y se puso muy seria. Quiz&aacute;s no la cog&iacute;a de nuevo
+la declaraci&oacute;n de la monja. Obedeciendo a esta subi&oacute; al dormitorio en
+busca de pruebas del nefando crimen imputado a su amiga.</p>
+
+<p>&laquo;Ah&iacute; tienen ustedes&mdash;dec&iacute;a la Superiora a las que m&aacute;s cerca de ella
+estaban&mdash;, c&oacute;mo esa arrastrada ha visto visiones... &iexcl;Ya!, &iexcl;qu&eacute; no ver&iacute;a
+ella!... &iquest;Pero no viene al fin? Yo le juro que no vuelve a hacernos
+otra. Es preciso ajustarle bien las cuentas...&raquo;.</p>
+
+<p>La cojita se present&oacute; otra vez en el corrillo mostrando la enorme llave
+de la perrera; la esgrim&iacute;a como si fuera una pistola, con amenaza
+homicida. Realmente estaba furiosa, y el topetazo de su pie duro sobre
+el suelo ten&iacute;a una violencia y sonoridad excepcionales. En esto lleg&oacute;
+Fortunata trayendo una botella, que al punto le arrebat&oacute; Sor Marcela.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Vac&iacute;a, enteramente vac&iacute;a!&mdash;exclam&oacute; esta levant&aacute;ndola en alto y
+mir&aacute;ndola al trasluz&mdash;. Y estaba casi llena, pues apenas...&raquo;.</p>
+
+<p>Aplic&oacute; despu&eacute;s su nariz chafada a la boca de la botella, diciendo con
+lastimera entonaci&oacute;n: &laquo;No ha dejado m&aacute;s que el olor... &iexcl;Bribonaza!, ya
+te dar&iacute;a yo bebida...&raquo;. De la nariz de la coja pas&oacute; el cuerpo del delito
+a la de Sor Natividad y de esta a otras narices pr&oacute;ximas, resultando, de
+la apreciaci&oacute;n del tufo, mayor severidad en el comentario del crimen.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; asco! Buen pechug&oacute;n se ha dado...&mdash;exclam&oacute; la Superiora&mdash;. Ya,
+&iexcl;c&oacute;mo estar&aacute; aquel cuerpo con todo ese l&iacute;quido ardiente! Nunca nos hab&iacute;a
+pasado otra... La arreglaremos, la arreglaremos. &iquest;Pero viene o no?&raquo;.</p>
+
+<p>Bajaba ya, decidida a abreviar la tardanza del acto de justicia, cuando
+se oy&oacute; un gran tumulto. Las tres mujeronas que hab&iacute;an ido en busca de la
+delincuente, pasaban de la huerta al patio por la puertecilla verde,
+huyendo despavoridas y dando voces de p&aacute;nico. Son&oacute; en dicha puerta el
+estampido de un fuerte cantazo.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Que nos mata, que nos mata!&raquo; gritaban las tres, recogiendo sus faldas
+para correr m&aacute;s f&aacute;cilmente por la escalera arriba. Asom&aacute;ronse las madres
+al barandal del corredor que sobre el patio ca&iacute;a, y vieron aparecer a
+Mauricia, descalza, las melenas sueltas, la mirada ardiente y
+extraviada, y todas las apariencias, en fin, de una loca. La Superiora,
+que era mujer de genio fuerte, no se pudo contener y desde arriba grit&oacute;:
+&laquo;Trasto... infame, si no te est&aacute;s quieta, ver&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Una pareja, una pareja de Orden P&uacute;blico&raquo; apuntaron varias voces de
+monjas.</p>
+
+<p>&mdash;No... ver&eacute;is... Si yo me basto y me sobro...&mdash;indic&oacute; la Superiora,
+haciendo alarde de ser mujer para el caso&mdash;. Lo que es conmigo no juega.</p>
+
+<p>P&uacute;sose Mauricia de un salto en el rinc&oacute;n frontero al corredor donde las
+madres estaban, y desde all&iacute; las mir&oacute; con insolencia, sacando y
+estirando la lengua, y haciendo muecas y gestos indecent&iacute;simos.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Tiorras, so tiorras!&raquo; gritaba, e inclin&aacute;ndose con r&aacute;pido movimiento,
+cogi&oacute; del suelo piedras y pedazos de ladrillo, y empez&oacute; a dispararlos
+con tanto vigor como buena punter&iacute;a. Las monjas y las recogidas, que al
+sentir el alboroto salieron en tropel a los corredores del principal y
+del segundo piso, prorrumpieron en chillidos. Parec&iacute;a que se ven&iacute;a el
+mundo abajo. &iexcl;Dios m&iacute;o, qu&eacute; bulla! Y a las exclamaciones de arriba
+respond&iacute;a la tarasca con aullidos salvajes.</p>
+
+<p>Unas se agachaban resguard&aacute;ndose tras el barandal de f&aacute;brica cuando
+ven&iacute;a la pedrada; otras asomaban la cabeza un momento y la volv&iacute;an a
+esconder. Los proyectiles menudeaban, y con ellos las voces de aquella
+endemoniada mujer. Parec&iacute;a una amazona. Ten&iacute;a un pecho medio
+descubierto, el cuerpo del vestido hecho girones y las melenas cortas le
+azotaban la cara en aquellos movimientos del hondero que hac&iacute;a con el
+brazo derecho. Su catadura les parec&iacute;a horrible a las se&ntilde;oras monjas;
+pero estaba bella en rigor de verdad, y m&aacute;s arrogante, varonil y
+napole&oacute;nica que nunca.</p>
+
+<p>Sor Marcela intent&oacute; bajar valerosa, pero a los tres pelda&ntilde;os cogi&oacute; miedo
+y vir&oacute; para arriba. Su cara filipina se hab&iacute;a puesto de color de
+mostaza inglesa.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ver&aacute;s t&uacute; si bajo, infame diablo!&raquo; era su muletilla; pero ello es que
+no bajaba.</p>
+
+<p>Por una reja de la sacrist&iacute;a que da al patio, asom&oacute; la cara del
+sacrist&aacute;n, y poco despu&eacute;s la de D. Le&oacute;n Pintado. Dos monjas que estaban
+de turno en la porter&iacute;a se asomaron tambi&eacute;n por otra ventana baja; pero
+lo mismo fue verlas Mauricia que empezar tambi&eacute;n a mandarles piedras.
+Nada, que tuvieron que retirarse. Asustadas las infelices, quisieron
+pedir auxilio. En aquel instante llam&oacute; alguien a la puerta del convento,
+y a poco entr&oacute; una se&ntilde;ora, de visita, que pas&oacute; al sal&oacute;n, y enter&aacute;ndose
+de lo que ocurr&iacute;a, asomose tambi&eacute;n a la ventana baja. Era Guillermina
+Pacheco, que se persign&oacute; al ver la tragedia que all&iacute; se hab&iacute;a armado.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;En el nombre del...! &iexcl;Pero t&uacute;!... &iexcl;Mauricia!... &iquest;c&oacute;mo se entiende?...
+&iquest;qu&eacute; haces?... &iquest;est&aacute;s loca?&raquo;.</p>
+
+<p>La portera y la otra monja no la pudieron contener, y Guillermina sali&oacute;
+al patio por la puerta que lo comunica con el vest&iacute;bulo.</p>
+
+<p>&laquo;Guillermina&mdash;grit&oacute; Sor Natividad desde arriba&mdash;, no salgas...
+Cuidado... mira que es una fiera... Ah&iacute; tienes, ah&iacute; tienes la alhaja que
+t&uacute; nos has tra&iacute;do... Ret&iacute;rate por Dios, mira que est&aacute; loca y no
+repara... Hazme el favor de llamar a una pareja de Orden P&uacute;blico&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pareja ni pareja?&mdash;dijo Guillermina incomodad&iacute;sima&mdash;.
+&iexcl;Mauricia!... &iexcl;c&oacute;mo se entiende!</p>
+
+<p>Pero no hab&iacute;a tenido tiempo de decirlo cuando una peladilla de arroyo le
+roz&oacute; la cara. Si le da de lleno la descalabra.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Jes&uacute;s!... Pero no, no es nada&raquo;.</p>
+
+<p>Y llev&aacute;ndose la mano a la parte dolorida, clam&oacute;: &laquo;Infame, a m&iacute;, a m&iacute; me
+has tirado!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;A usted, s&iacute;, y a todo el g&eacute;nero mundano&mdash;grit&oacute; con voz tan ronca, que
+apenas se entend&iacute;a&mdash;, so t&iacute;a pastelera... V&aacute;yase pronto de aqu&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Las monjas horrorizadas elevaban sus manos al Cielo; algunas lloraban.
+En esto, D. Le&oacute;n Pintado hab&iacute;a abierto con no poco trabajo la reja de la
+sacrist&iacute;a; salt&oacute; al patio, &uacute;nica manera de comunicarse con el convento
+desde la sacrist&iacute;a, y abalanz&aacute;ndose a Mauricia le sujet&oacute; ambos brazos.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Su&eacute;ltame, Le&oacute;n, capell&aacute;n de peinetas!&raquo; rugi&oacute; la visionaria...</p>
+
+<p>Pero Pintado ten&iacute;a manos de hierro, aunque era de pocos &aacute;nimos, y una
+vez lanzado al hero&iacute;smo, no s&oacute;lo sujet&oacute; a Mauricia, sino que le aplic&oacute;
+dos sonoras bofetadas. La escena era repugnante. Tras el capell&aacute;n sali&oacute;
+tambi&eacute;n su ac&oacute;lito, y mientras los dos arreglaban a la Dura, las monjas,
+viendo sojuzgado al enemigo, arriesg&aacute;ronse a bajar y acudieron a
+Guillermina, que con el pa&ntilde;uelo se resta&ntilde;aba la sangre de su leve
+herida. Con cierta tranquilidad, y m&aacute;s risue&ntilde;a que enojada, la fundadora
+dijo a sus amigas: &laquo;&iexcl;Cuidado que pasan unas cosas...! Yo ven&iacute;a a que me
+dierais los ladrillos y el cascote que os sobran, y mirad qu&eacute; pronto me
+he salido con la m&iacute;a... Nada, ponedla ahora mismo en la calle, y que se
+vaya a los quintos infiernos, que es donde debe estar&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Ahora mismo. D. Le&oacute;n, no la maltrate usted&raquo; dijo la Superiora.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Z&aacute;ngano!... &iexcl;mala pu&ntilde;alada te mate!...&mdash;bramaba Mauricia, que ya
+ten&iacute;a pocas fuerzas y hab&iacute;a ca&iacute;do al suelo&mdash;. &iexcl;Un sacerdote pegando a
+una... se&ntilde;ora!</p>
+
+<p>&mdash;Que le traigan su ropa&mdash;grit&oacute; Sor Natividad&mdash;. Pronto, pronto. Me
+parece mentira que la ver&eacute; salir...</p>
+
+<p>Mauricia ya no se defend&iacute;a. Hab&iacute;a perdido su salvaje fuerza; pero su
+semblante expresaba a&uacute;n ferocidad y desorden mental.</p>
+
+<p>Luego se vio que desde el corredor alto tiraban un par de botas, luego
+un mant&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Bajarlo, hijas, bajarlo&mdash;dijo desde el patio la Superiora, mirando
+hacia arriba y ya recobrada la serenidad con que daba siempre sus
+&oacute;rdenes. Fortunata baj&oacute; un l&iacute;o de ropa, y recogiendo las botas, se lo
+dio todo a Mauricia, es decir, se lo puso delante. La espantosa escena
+descrita hab&iacute;a impresionado desagradablemente a la joven, que sinti&oacute;
+profunda compasi&oacute;n de su amiga. Si las monjas se lo hubieran permitido,
+quiz&aacute;s ella habr&iacute;a aplacado a la bestia.</p>
+
+<p>&laquo;Toma tu ropa, tus botas&mdash;le dijo en voz baja y en tono apacible&mdash;.
+Pero, hija, &iexcl;c&oacute;mo te has puesto!... &iquest;No conoces ya que has estado
+trastornada?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&iacute;tate de ah&iacute;, pendoncillo... qu&iacute;tate o te...</p>
+
+<p>&mdash;Dejarla, dejarla&mdash;dijo la Superiora&mdash;. No decirle una palabra m&aacute;s. A
+la calle, y hemos concluido.</p>
+
+<p>Con gran dificultad se levant&oacute; Mauricia del suelo y recogi&oacute; su ropa. Al
+ponerse en pie pareci&oacute; recobrar parte de su furor.</p>
+
+<p>&laquo;Que se te queda este l&iacute;o&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Las botas, las botas. La tarasca lo recogi&oacute; todo. Ya sal&iacute;a sin decir
+nada, cuando Guillermina la mir&oacute; severamente.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; mujer esta! Ni siquiera sabe salir con decencia&raquo;.</p>
+
+<p>Iba descalza, cogidas las botas por los tirantes.</p>
+
+<p>&mdash;P&oacute;ngase usted las botas&mdash;le grit&oacute; la Superiora.</p>
+
+<p>&mdash;No me da la gana. Abur... &iexcl;Son todas unas jud&iacute;as pasteleras...!</p>
+
+<p>&mdash;Paciencia, hija, paciencia... necesitamos mucha paciencia&mdash;dijo Sor
+Natividad a sus compa&ntilde;eras, tap&aacute;ndose los o&iacute;dos.</p>
+
+<p>Se le franquearon todas las puertas, abri&eacute;ndolas de par en par y
+resguard&aacute;ndose tras las hojas de ellas, como se abren las puertas del
+toril para que salga la fiera a la plaza. La &uacute;ltima que cambi&oacute; algunas
+palabras con ella fue Fortunata, que la sigui&oacute; hasta el vest&iacute;bulo movida
+de l&aacute;stima y amistad, y a&uacute;n quiso arrancarle alguna declaraci&oacute;n de
+arrepentimiento. Pero la otra estaba ciega y sorda; no se enteraba de
+nada, y dio a su amiga tal empuj&oacute;n, que si no se apoya en la pared cae
+redonda al suelo.</p>
+
+<p>Sali&oacute; triunfante, echando a una parte y otra miradas de altivez y
+desprecio. Cuando vio la calle, sus ojos se iluminaron con fulgores de
+j&uacute;bilo y grit&oacute;: &laquo;&iexcl;Ay, mi querida calle de mi alma!&raquo;. Extendi&oacute; y cerr&oacute;
+los brazos, cual si en ellos quisiera apretar amorosamente todo lo que
+ve&iacute;an sus ojos. Respir&oacute; despu&eacute;s con fuerza, parose mirando azorada a
+todos lados, como el toro cuando sale al redondel. Luego, orient&aacute;ndose,
+tir&oacute; muy decidida por el paseo abajo. Era cosa de ver aquella mujerona
+descalza, desgarrada, melenuda, despidiendo de sus ojos fiereza, con un
+l&iacute;o bajo el brazo y las botas colgando de una mano. Las pocas personas
+que por all&iacute; pasaban, mir&aacute;ronla con asombro. Al llegar junto a los
+almacenes de la Villa, pas&oacute; junto a varios chicos, barrenderos, que
+estaban sentados en sus carretillas con las escobas en la mano.
+Tuvi&eacute;ronla ellos por persona de poco m&aacute;s o menos y se echaron a re&iacute;r
+delante de su cara napole&oacute;nica.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya, que buena <i>curda</i> te llevas, &iexcl;olee&eacute;!...&raquo;.</p>
+
+<p>Y ella se les puso delante en actitud arrogant&iacute;sima, alz&oacute; el brazo que
+ten&iacute;a libre y les dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ap&oacute;stoles del error!&raquo;.</p>
+
+<p>Prorrumpiendo al mismo tiempo en est&uacute;pida risa, pas&oacute; de largo. A los
+barrenderos les hizo aquello mucha gracia, y poni&eacute;ndose en marcha con
+las carretillas por delante y las escobas sobre ellas, siguieron detr&aacute;s
+de Mauricia, como una escolta de burlesca artiller&iacute;a, haciendo un ruido
+de mil demonios y dispar&aacute;ndole bala rasa de groser&iacute;as e injurias.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="viib" id="viib"></a>-VII-</h2>
+
+<h2>La boda y la luna de miel</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Por fin se acord&oacute; que Fortunata saldr&iacute;a del convento para casarse en la
+segunda quincena de Setiembre. El d&iacute;a se&ntilde;alado estaba ya muy pr&oacute;ximo, y
+si el pensamiento de la reclusa no se hab&iacute;a familiarizado a&uacute;n de una
+manera terminante con la nueva vida que la esperaba, no ten&iacute;a duda de
+que le conven&iacute;a casarse, comprendiendo que no debemos aspirar a lo
+mejor, sino aceptar el bien posible que en los sabios lotes de la
+Providencia nos toca. En las &uacute;ltimas visitas, Maxi no hablaba m&aacute;s que de
+la proximidad de su dicha. Contole un d&iacute;a que ya ten&iacute;a tomada la casa,
+un cuarto precioso en la calle de Sagunto, cerca de su t&iacute;a; otro la
+entretuvo refiri&eacute;ndole pormenores deliciosos de la instalaci&oacute;n. Ya se
+hab&iacute;an comprado casi todos los muebles. Do&ntilde;a Lupe, que se pintaba sola
+para estas cosas, recorr&iacute;a diariamente las almonedas anunciadas en <i>La
+Correspondencia</i>, adquiriendo gangas y m&aacute;s gangas. La cama de matrimonio
+fue lo &uacute;nico que se tom&oacute; en el almac&eacute;n; pero do&ntilde;a Lupe la sac&oacute; tan
+arreglada, que era como de lance. Y no s&oacute;lo ten&iacute;an ya casa y muebles,
+sino tambi&eacute;n criada. Torquemada les recomend&oacute; una que serv&iacute;a para todo y
+que guisaba muy bien, mujer de edad mediana, formal, limpia y sentada.
+Bien pod&iacute;a decirse de ella que era tambi&eacute;n ganga como los muebles,
+porque el servicio estaba muy malo en Madrid, pero muy malo. Nombr&aacute;base
+Patricia, pero Torquemada la llamaba <i>Patria</i>, pues era hombre tan
+econ&oacute;mico que ahorraba hasta las letras, y era muy amigo de las
+abreviaturas por ahorrar saliva cuando hablaba y tinta cuando escrib&iacute;a.</p>
+
+<p>Otra tarde le dio Maxi una hermosa sorpresa. Cuando Fortunata entr&oacute; en
+el convento, las papeletas de alhajas y ropas de lujo que estaban
+empe&ntilde;adas quedaron en poder del joven, que hizo prop&oacute;sito de liberar
+aquellos objetos en cuanto tuviese medios para ello. Pues bien, ya pod&iacute;a
+anunciar a su amada con indecible gozo que cuando entrara en la nueva
+casa, encontrar&iacute;a en ella las prendas de vestir y de adorno que la
+infeliz hab&iacute;a arrojado al mar el d&iacute;a de su naufragio. Por cierto que las
+alhajas le hab&iacute;an gustado mucho a do&ntilde;a Lupe por lo ricas y elegantes, y
+del abrigo de terciopelo dijo que con ligeras reformas ser&iacute;a una pieza
+espl&eacute;ndida. Esto le llev&oacute; naturalmente a hablar de la herencia. Ya hab&iacute;a
+cogido su parte, y con un pico que recibi&oacute; en met&aacute;lico hab&iacute;a redimido
+las prendas empe&ntilde;adas. Ya era propietario de inmuebles, y m&aacute;s val&iacute;a esto
+que el dinero contante. Y a prop&oacute;sito de la herencia, tambi&eacute;n le cont&oacute;
+que entre su hermano mayor y do&ntilde;a Lupe hab&iacute;an surgido ruidosas
+desavenencias. Juan Pablo emple&oacute; toda su parte en pagar las deudas que
+le devoraban y un descubierto que dejara en la administraci&oacute;n carlista.
+No bast&aacute;ndole el caudal de la herencia, hab&iacute;a tenido el atrevimiento de
+pedir prestada una cantidad a do&ntilde;a Lupe, la cual se vol&oacute; &iexcl;y le dijo
+tantas cosas...! Total, que tuvieron una fuerte pelotera, y desde
+entonces no se hablaban t&iacute;a y sobrino, y este se hab&iacute;a ido a vivir con
+una querida. &laquo;&iexcl;Y viva la moralidad! &iexcl;Y tradicionalista me soy!&raquo;.</p>
+
+<p>Charlaron otro d&iacute;a de la casa, que era preciosa, con vistas muy buenas.
+Como que del balc&oacute;n del gabinete se alcanzaba a ver un poquito del
+Dep&oacute;sito de aguas; papeles nuevos, alcoba estucada, calle tranquila,
+poca vecindad, dos cuartos en cada piso, y s&oacute;lo hab&iacute;a principal y
+segundo. A tantas ventajas se un&iacute;a la de estar todo muy a la mano:
+debajo carboner&iacute;a, a cuatro pasos carnicer&iacute;a, y en la esquina pr&oacute;xima
+tienda de ultramarinos.</p>
+
+<p>No pod&iacute;a olvid&aacute;rseles el importante asunto de la carrera de <i>Rubinius
+vulgaris</i>. A mediados de Setiembre se hab&iacute;a examinado de la &uacute;nica clase
+que le faltaba para aprobar el &uacute;ltimo a&ntilde;o, y lo m&aacute;s pronto que le fuera
+posible tomar&iacute;a el grado. Desde luego entrar&iacute;a de practicante en la
+botica de Samaniego, el cual estaba gravemente enfermo, y si se mor&iacute;a,
+la viuda tendr&iacute;a que confiar a dos licenciados la explotaci&oacute;n de la
+farmacia. Maxi entrar&iacute;a seguramente de segundo, con el tiempo llegar&iacute;a a
+ser primero, y por fin amo del establecimiento. En fin, que todo iba
+bien y el porvenir les sonre&iacute;a.</p>
+
+<p>Estas cosas daban a Fortunata alegr&iacute;a y esperanza, avivando los
+sentimientos de paz, orden y regularidad dom&eacute;stica que hab&iacute;an nacido en
+ella. Con ayuda de la raz&oacute;n, estimulaba en su propia voluntad la
+direcci&oacute;n aquella, y se alegraba de tener casa, nombre y decoro.</p>
+
+<p>Dos d&iacute;as antes de la salida, confes&oacute; con el padre Pintado; expurgaci&oacute;n
+larga, repaso general de conciencia desde los tiempos m&aacute;s remotos. La
+preparaci&oacute;n fue como la de un examen de grado, y el capell&aacute;n tomo aquel
+caso con gran solicitud y atenci&oacute;n. All&iacute; donde la penitente no pod&iacute;a
+llegar con su sinceridad, llegaba el penitenciario con sus preguntas de
+gancho. Era perro viejo en aquel oficio. Como no ten&iacute;a nada de gazmo&ntilde;o,
+la confesi&oacute;n concluy&oacute; por ser un di&aacute;logo de amigos. Diole consejos sanos
+y pr&aacute;cticos, h&iacute;zole ver con palmarios ejemplos, algunos del orden
+humor&iacute;stico, la perdici&oacute;n que trae a la criatura el dejarse mover de
+los sentidos, y le pint&oacute; las ventajas de una vida de continencia y
+modestia, dando de mano a la soberbia, al desorden y a los apetitos.
+Descendiendo de las alturas espirituales al terreno de la filosof&iacute;a
+utilitaria, don Le&oacute;n demostr&oacute; a su penitente que el portarse bien es
+siempre ventajoso, que a la larga el mal, aunque venga acompa&ntilde;ado de
+triunfos brillantes, acaba por infligir a la criatura cierto grado de
+penalidad sin esperar a las de la otra vida, que son siempre infalibles.
+&laquo;H&aacute;gase usted la cuenta&mdash;le dijo tambi&eacute;n&mdash;, de que es otra mujer, de que
+se ha muerto y resucitado en otro mundo. Si encuentra usted alg&uacute;n d&iacute;a
+por ah&iacute; a las personas que en aquella pasada vida la arrastraron a la
+perdici&oacute;n, fig&uacute;rese que son fantasmas, sombras, as&iacute; como suena, y no las
+mire siquiera&raquo;. Por fin, encomendole la devoci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen,
+como un ejercicio saludable del esp&iacute;ritu y una predisposici&oacute;n a las
+buenas acciones. La penitente se qued&oacute; muy gozosa, y el d&iacute;a que hizo la
+comuni&oacute;n se observ&oacute; con una tranquilidad que nunca hab&iacute;a tenido.</p>
+
+<p>La despedida de las monjas fue muy sentida. Fortunata se ech&oacute; a llorar.
+Sus compa&ntilde;eras Bel&eacute;n y Felisa le dieron besos, regal&aacute;ronle estampitas y
+medallas, asegur&aacute;ndole que rezar&iacute;an por ella. Do&ntilde;a Manolita mostrose
+envidiosa y desconsolada. Ella tambi&eacute;n saldr&iacute;a, pues s&oacute;lo estaba all&iacute;
+por equivocaci&oacute;n; pronto se hab&iacute;an de ver claras las cosas, y el asno
+de su marido vendr&iacute;a a pedirle perd&oacute;n y a sacarla de aquel encierro. Sor
+Marcela, Sor Antonia, la Superiora y las dem&aacute;s madres mostr&aacute;ronse muy
+afables con ella, asegurando que era de las recogidas que les hab&iacute;an
+dado menos que hacer. Despidi&eacute;ronla con sentimiento de verla salir; pero
+d&aacute;ndole parabienes por su boda y el buen fin que su reclusi&oacute;n hab&iacute;a
+tenido.</p>
+
+<p>En la sala esperaban Maximiliano y do&ntilde;a Lupe, que la recogieron y se la
+llevaron en un coche de alquiler. Estaba convenido de antemano llevarla
+a la casa del novio, cosa verdaderamente un poco irregular; pero como
+ella no ten&iacute;a en Madrid parientes, al menos conocidos, do&ntilde;a Lupe no vio
+soluci&oacute;n mejor al problema de alojamiento. La boda se verificar&iacute;a el
+lunes 1.&ordm; de Octubre, dos d&iacute;as despu&eacute;s de la salida de las Micaelas.</p>
+
+<p>Sent&iacute;a la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui el goce inefable del escultor eminente a
+quien entregan un pedazo de cera y le dicen que modele lo mejor que
+sepa. Sus aptitudes educativas ten&iacute;an ya materia blanda en quien
+emplearse. De una salvaje <i>en toda la extensi&oacute;n de la palabra</i>, formar&iacute;a
+una se&ntilde;ora, haci&eacute;ndola a su imagen y semejanza. Ten&iacute;a que ense&ntilde;arle
+todo, modales, lenguaje, conducta. Mientras m&aacute;s pobreza de educaci&oacute;n
+revelaba la alumna, m&aacute;s gozaba la maestra con las perspectivas e
+ilusiones de su plan.</p>
+
+<p>Aquella misma ma&ntilde;ana, cuando estaban almorzando, tuvo ya ocasi&oacute;n, con
+tanto regocijo en el alma como dignidad en el semblante, de empezar a
+aplicar sus ense&ntilde;anzas. &laquo;No se dice <i>armejas</i> sino <i>almejas</i>. Hija, hay
+que irse acostumbrando a hablar como Dios manda&raquo;. Quer&iacute;a do&ntilde;a Lupe que
+Fortunata se prestase a reconocerla por directora de sus acciones en lo
+moral y en lo social, y mostraba desde los primeros momentos una
+severidad no exenta de tolerancia, como cumple a profesores que saben al
+pelo su obligaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Destin&oacute;sele una habitaci&oacute;n contigua a la alcoba de la se&ntilde;ora, y que le
+serv&iacute;a a esta de guardarropa. Hab&iacute;a all&iacute; tantos cachivaches y tanto
+trasto, que la hu&eacute;speda apenas pod&iacute;a moverse; pero dos d&iacute;as se pasan de
+cualquier manera. Durante aquellos dos d&iacute;as, hall&aacute;base la joven muy
+cohibida delante de la que iba a ser su t&iacute;a, porque esta no bajaba del
+tr&iacute;pode ni cesaba en sus correcciones; y rara vez abr&iacute;a la boca
+Fortunata sin que la otra dejara de advertirle algo, ya referente a la
+pronunciaci&oacute;n, ya a la manera de conducirse, mostr&aacute;ndose siempre
+autoritaria, aunque con estudiada suavidad. &laquo;En los conventos&mdash;dec&iacute;a&mdash;,
+se corrigen muchos defectos; pero tambi&eacute;n se adquieren modales
+encogidos. Su&eacute;ltese usted, y cuando salude a las visitas, h&aacute;galo con
+serenidad y sin atropellarse&raquo;.</p>
+
+<p>Estas cosas pon&iacute;an a Fortunata de mal humor, y su encogimiento crec&iacute;a.</p>
+
+<p>Consideraba que cuando estuviera en su casa, se emancipar&iacute;a de aquella
+tutela enojosa, sin chocar, por supuesto, porque adem&aacute;s do&ntilde;a Lupe le
+parec&iacute;a mujer de gran utilidad, que sab&iacute;a mucho y aconsejaba algunas
+cosas muy puestas en raz&oacute;n.</p>
+
+<p>Molestaban a Fortunata las visitas que, seg&uacute;n ella, s&oacute;lo iban por
+curiosear. Do&ntilde;a Silvia no hab&iacute;a podido resistir la curiosidad y se
+plant&oacute; en la casa el mismo d&iacute;a en que la novia sali&oacute; del convento. Al
+otro d&iacute;a fue Paquita Morej&oacute;n, esposa de D. Basilio Andr&eacute;s de la Ca&ntilde;a, y
+ambas parecieron a Fortunata impertinentes y entrometidas. Su finura
+resultole afectada, como de personas ordinarias que se empe&ntilde;an en no
+parecerlo.</p>
+
+<p>Las visitas le daban cumplida enhorabuena por su boda. En los ojos se
+les le&iacute;a este pensamiento: &laquo;&iexcl;Vaya una ganga la de usted!&raquo;. La se&ntilde;ora de
+D. Basilio repiti&oacute; la visita el segundo d&iacute;a. Iba vestida de pingajos de
+seda mal arreglados, queriendo aparentar. H&iacute;zose muy pegajosa; quer&iacute;a
+intimar y elogiaba la hermosura de la novia, como un medio indirecto de
+expresar las deficiencias de la misma en el orden moral.</p>
+
+<p>Otra visita notable fue la de Juan Pablo, a quien llev&oacute; su hermano. Do&ntilde;a
+Lupe y el mayor de los Rubines no se hablaban despu&eacute;s de la marimorena
+que tuvieron al repartir la herencia. Con gran sorpresa de la novia,
+Juan Pablo estuvo afectuoso con ella. Creer&iacute;ase que intentaba hacer
+rabiar a su t&iacute;a, concediendo su benevolencia a la persona de quien
+aquella hab&iacute;a dicho tantas perrer&iacute;as. Durante la visita, que no fue
+breve, sentose Fortunata en el borde de una silla, como una paleta, algo
+atontada y no sabiendo qu&eacute; decir para sostener la conversaci&oacute;n con un
+hombre que se expresaba tan bien. Al despedirse, diole Juan Pablo un
+fuerte apret&oacute;n de manos, dici&eacute;ndole que asistir&iacute;a a la boda.</p>
+
+<p>Luego fueron t&iacute;a y sobrina a ver la casa matrimonial. Do&ntilde;a Lupe le
+mostr&oacute; uno por uno los muebles, haci&eacute;ndole notar lo buenos que eran, y
+que su colocaci&oacute;n, dispuesta por ella, no pod&iacute;a ser m&aacute;s acertada. El
+juicio sobre cada parte de la casa y sobre los trastos y su distribuci&oacute;n
+d&aacute;balo ya por anticipado do&ntilde;a Lupe, de modo que la otra no tuviese que
+decir m&aacute;s que &laquo;s&iacute;... verdad...&raquo;.</p>
+
+<p>De vuelta, ya avanzada la tarde, a la calle de Raimundo Lulio, se
+ocuparon en disponer varias cosas para el d&iacute;a siguiente. Maximiliano
+hab&iacute;a ido a invitar a algunos amigos, y do&ntilde;a Lupe sali&oacute; tambi&eacute;n diciendo
+que volver&iacute;a antes de anochecido. Quedose sola Fortunata, y se puso a
+hacer en su vestido de gro negro, que hab&iacute;a de lucir en la ceremonia,
+ciertos arreglos de escasa importancia. No ten&iacute;a m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a que la de
+Papitos, que se escapaba de la cocina para ponerse al lado de la
+se&ntilde;orita, cuya hermosura admiraba tanto. El peinado era la principal
+causa de la estupefacci&oacute;n de la chiquilla, y habr&iacute;a dado esta un dedo de
+la mano por poder imitarlo. Sentose a su lado y no se hartaba de
+contemplarla, llen&aacute;ndose de regocijo cuando la otra solicitaba su ayuda,
+aunque s&oacute;lo fuera para lo m&aacute;s insignificante. En esto llamaron a la
+puerta; corri&oacute; a abrir la mona, y Fortunata no supo lo que le pasaba
+cuando vio entrar en la sala a Mauricia la Dura.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>El sentimiento que le inspiraba aquella mujer en las Micaelas; la
+inexplicable mescolanza de terror y atracci&oacute;n prod&uacute;jose en aquel
+instante en su alma con mayor fuerza. Mauricia le infund&iacute;a miedo y al
+propio tiempo una simpat&iacute;a irresistible y misteriosa, cual si le
+sugiriera la idea de cosas reprobables y al mismo tiempo gratas a su
+coraz&oacute;n. Mir&oacute; a su amiga sin hablarle, y esta se le acerc&oacute; sonriendo,
+como si quisiera decir: &laquo;Lo que menos esperabas t&uacute; era verme aqu&iacute;
+ahora...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras eres t&uacute;...?</p>
+
+<p>Y observ&oacute; que Mauricia tra&iacute;a unos zapatos muy bonitos de cuero
+amarillo, atados con cordones azules terminados en madro&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y qu&eacute; bien calzada!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te cre&iacute;as t&uacute;?</p>
+
+<p>Despu&eacute;s le mir&oacute; la cara. Estaba muy p&aacute;lida; los ojos parec&iacute;an m&aacute;s
+grandes y traicioneros, acechando en sus profundos huecos violados bajo
+la ceja recta y negra. La nariz parec&iacute;a de marfil, la boca m&aacute;s acentuada
+y los dos pliegues que la limitaban m&aacute;s en&eacute;rgicos. Todo el semblante
+revelaba melancol&iacute;a y profundidad de pensamiento, al menos as&iacute; lo
+consider&oacute; Fortunata sin poder expresar por qu&eacute;. Tra&iacute;a Mauricia un mant&oacute;n
+nuevo y a la cabeza un pa&ntilde;uelo de seda de fajas azul-turqu&iacute; y rojo vivo,
+delantal de cuadritos y falda de tart&aacute;n, y en la mano un bulto atado con
+un pa&ntilde;uelo por las cuatro puntas.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No est&aacute; do&ntilde;a Lupe?&raquo; dijo sent&aacute;ndose sin ninguna ceremonia.</p>
+
+<p>&mdash;Ya le he dicho que no&mdash;replic&oacute; Papitos con mal modo.</p>
+
+<p>&mdash;No te he preguntado a ti, refistolera, m&eacute;tome-en-todo. L&aacute;rgate a tu
+cocina, y d&eacute;janos en paz.</p>
+
+<p>Papitos se fue refunfu&ntilde;ando.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; traes por aqu&iacute;?&mdash;le pregunt&oacute; Fortunata, que desde que la vio
+entrar, sent&iacute;a palpitaciones muy fuertes.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada... Estoy otra vez corriendo prendas, y aqu&iacute; traigo unos
+mantones para que los vea esa t&iacute;a pastelera...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; manera de hablar! Corr&iacute;gete, mujer... &iquest;Te has olvidado ya de la
+que hiciste en el convento? &iexcl;Vaya un esc&aacute;ndalo! Lo sent&iacute; mucho por ti.
+Aquel d&iacute;a me puse mala.</p>
+
+<p>&mdash;Chica, no me hables... Vaya, que me trastorn&eacute; de veras. Pero una
+tentaci&oacute;n cualquiera la tiene. &iquest;Y qu&eacute;, dije muchas barbaridades? Yo no
+me acuerdo. No estaba en m&iacute;, no sab&iacute;a lo que hac&iacute;a. S&oacute;lo me acuerdo de
+que vi a la Pura y Limpia, y despu&eacute;s quise entrar en la iglesia y coger
+al Sant&iacute;simo Sacramento... so&ntilde;&eacute; que me com&iacute;a la hostia... Nunca me ha
+dado un toque tan fuerte, chica... &iexcl;Qu&eacute; cosas se le ocurren a una cuando
+se sube el mengue a la cabeza! Cr&eacute;emelo porque yo te lo digo: cuando se
+me seren&oacute; el sentido, estaba abochornada... El &uacute;nico a quien guardaba
+rencor era al t&iacute;o capell&aacute;n. Me lo hubiera comido a bocados. A las
+se&ntilde;oras no. Me daban ganas de ir a pedirles perd&oacute;n; pero por el aquel de
+la <i>dinid&aacute;</i> no fui. Lo que m&aacute;s me escoc&iacute;a era haberle tirado un
+ladrillazo a do&ntilde;a Guillermina. Esto s&iacute; que no me lo paso, no me lo
+paso... Y le he cogido tal miedo, que cuando la veo venir por la calle,
+se me sube toda la color a la cara, y me voy por otro lado para que no
+me vea. A mi hermana le ha dicho que me perdona, &iquest;ves?, y que todav&iacute;a
+cuenta hacer algo por m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Es que eres atroz...&mdash;le dijo Fortunata&mdash;. Si no te quitas ese vicio,
+vas a parar en mal.</p>
+
+<p>&mdash;Quita, mujer, y no me digas nada... Pues si desde que sal&iacute; de las
+Micaelas no he vuelto a catarlo... Soy ahora, como quien dice, otra. No
+quiero vivir con mi hermana, porque Juan Antonio y yo no casamos bien;
+pero a persona decente no me gana nadie ahora. Cr&eacute;etelo porque yo te lo
+digo. No lo vuelvo a catar. Y si no, t&uacute; lo has de ver... Y pasando a
+otra cosa, ya s&eacute; que te casas ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por d&oacute;nde lo has sabido?</p>
+
+<p>&mdash;Eso, ac&aacute; yo... Todo se sabe&mdash;replic&oacute; la Dura con malicia&mdash;. Vaya, que
+te ha ca&iacute;do la loter&iacute;a. Yo me alegro, porque te quiero.</p>
+
+<p>En esto Mauricia se inclin&oacute; bruscamente y recogi&oacute; del suelo un objeto
+peque&ntilde;o. Era un bot&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Buen ag&uuml;ero, mira&mdash;dijo mostr&aacute;ndolo a Fortunata&mdash;. Se&ntilde;al de que vas a
+ser dichosa&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No creas en brujer&iacute;as.&mdash;&iquest;Que no crea?... <i>Paices</i> boba. Cuando una se
+encuentra un bot&oacute;n, quiere decirse que a una le va a pasar algo. Si el
+bot&oacute;n es como este, blanco y con cuatro <i>ujeritos</i>, buena se&ntilde;al; pero si
+es negro y con tres, mala.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es un disparate.&mdash;Chica, es el Evangelio. Lo he probado la mar de
+veces. Ahora vas a estar en grande. &iquest;Sabes una cosa?</p>
+
+<p>Dijo esto &uacute;ltimo con tal intenci&oacute;n, que Fortunata, cuya ansiedad crec&iacute;a
+sin saber por qu&eacute;, vio tras el <i>sabes una cosa</i> una confidencia de
+extraordinaria gravedad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;Que te quemas.&mdash;&iquest;C&oacute;mo que me quemo?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, mujer, que te quemas, que le tienes muy cerca. Te gustan las
+cosas claras, &iquest;verdad?, pues all&aacute; va. Volvi&oacute; de Valencia muy bueno y muy
+enamoradito de ti. Lo que yo te dec&iacute;a, chica, lo mismo fue enterarse de
+que estabas en las Micaelas haci&eacute;ndote la cat&oacute;lica, que se le encendi&oacute;
+el celo, y todas las tardes pasaba por all&iacute; en su <i>feat&oacute;n</i>. Los hombres
+son as&iacute;: lo que tienen lo desprecian, y lo que ven guardado con llave y
+candados, eso, eso es lo que se les antoja.</p>
+
+<p>&mdash;Quita, quita...&mdash;dijo Fortunata, queriendo aparecer serena&mdash;. No me
+vengas con cuentos.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; lo has de ver.&mdash;&iquest;C&oacute;mo que lo he de ver? Vaya, que tienes unas
+cosas...</p>
+
+<p>Mauricia se ech&oacute; a re&iacute;r con aquel desparpajo que a su amiga le parec&iacute;a
+el humorismo de un hermoso y tentador demonio. En medio de la infernal
+risa, brotaba esta frase que a Fortunata le pon&iacute;a los pelos de punta:
+&laquo;&iquest;Te lo digo?... &iquest;te lo digo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute;?</p>
+
+<p>Se miraron ambas. Dentro de los c&oacute;ncavos y amoratados huecos de los
+ojos, acechaban las pupilas de Mauricia con ferocidad de p&aacute;jaro cazador.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Te lo digo?... Pues el tal sabe echar por la calle de enmedio. Vaya,
+que es listo y ejecutivo. Te ha armado una trampa, en la cual vas a
+caer... Como que ya has metido la patita dentro&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo...?&mdash;S&iacute;... t&uacute;. Pues ha alquilado el cuarto de la izquierda de la
+casa en que vas a vivir; el tuyo es el de la derecha.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!... no digas desatinos&mdash;replic&oacute; Fortunata, queriendo ech&aacute;rselas
+de valiente.</p>
+
+<p>Deslizose de sus rodillas al suelo la falda de gro negro que estaba
+arreglando.</p>
+
+<p>&laquo;Como lo oyes, chica... All&iacute; le tienes. Desde que entres en tu casa, le
+sentir&aacute;s la respiraci&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Quita, quita... no quiero o&iacute;rte.</p>
+
+<p>&mdash;Si sabr&eacute; yo lo que me digo. Para que te enteres: hace media hora que
+he estado hablando con &eacute;l en casa de una amiga. Si no caes en la trampa,
+creo que el pobrecito revienta... tan dislocado est&aacute; por ti.</p>
+
+<p>&mdash;El cuarto de al lado... a mano izquierda cuando entramos... el m&iacute;o a
+esta mano; de modo que... No me vuelvas loca...</p>
+
+<p>&mdash;Lo ha tomado por cuenta de &eacute;l una que llaman Cirila... T&uacute; no la
+conoces; yo s&iacute;: ha sido tambi&eacute;n corredora de alhajas y tuvo casa de
+hu&eacute;spedes. Est&aacute; casada con uno que fue de la ronda secreta, y ahora tu
+se&ntilde;or me le ha colocado en el tren.</p>
+
+<p>Fortunata sinti&oacute; que se congestionaba. Su cabeza ard&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya, todo eso es cuento... &iquest;Piensas que me voy a creer esas bolas?...
+&iexcl;Como no se acuerde &eacute;l de m&iacute;...!, ni falta.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; lo has de ver. &iexcl;Ay qu&eacute; chico! Da pena verle... loquito por ti... y
+arrepentido de la partida serrana que te jug&oacute;. Si la pudiera reparar, la
+reparar&iacute;a. Cr&eacute;etelo porque yo te lo digo.</p>
+
+<p>En esto entr&oacute; Papitos con pretexto de preguntar una cosa a la se&ntilde;orita,
+pero realmente con el &uacute;nico objeto de curiosear. Lo mismo fue verla
+Mauricia que echarle los tiempos del modo m&aacute;s desp&oacute;tico.</p>
+
+<p>&laquo;Mira, chiquilla, si no te largas, ver&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>La amenaz&oacute; con un movimiento del brazo, precursor de una gran bofetada;
+pero la mona se le rebel&oacute;, chillando as&iacute;: &laquo;No me da la gana... &iquest;Y a
+usted qu&eacute;?... &iexcl;M&iacute;a esta!...&raquo;. Fortunata le dijo: &laquo;Papitos, vete a la
+cocina&raquo;, y obedeci&oacute; la rapaza, aunque de muy mala gana.</p>
+
+<p>&laquo;Pues yo...&mdash;prosigui&oacute; Fortunata&mdash;, si es verdad, le dir&eacute; a mi marido
+que tome otra casa&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Tendr&iacute;as que cantarle el motivo.</p>
+
+<p>&mdash;Se lo cantar&eacute;... vaya.&mdash;Bonita escandalera armar&iacute;as... Nada, hija,
+que la trampa te la ponen donde quiera que vayas, y &iexcl;pum!... &iacute;dem de
+lienzo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ea... no me casar&eacute;&mdash;dijo la novia en el colmo ya de la confusi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quia! Por tonta que te quieras volver, no har&aacute;s tal... &iquest;Crees que
+esas brevas caen todos los d&iacute;as? Que se te quite de la cabeza...
+Casadita, puedes hacer lo que quieras, guardando el aparato de la
+<i>comenencia</i>. La mujer soltera es una esclava; no puede ni menearse. La
+que tiene un peine de marido, tiene bula para todo.</p>
+
+<p>Fortunata callaba, mirando vagamente al suelo, con la barba apoyada en
+la mano.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; miras?&mdash;dijo la Dura inclin&aacute;ndose&mdash;. &iexcl;Ah!, otro bot&oacute;n... y este es
+negro, con tres <i>ujeros</i>... Mala se&ntilde;al, chica. Esto quiere decir que si
+no te casas, mereces que te azoten&raquo;.</p>
+
+<p>Recogiendo el bot&oacute;n, lo miraba de cerca. Anochec&iacute;a, y la sala se iba
+quedando a oscuras. Poco despu&eacute;s Fortunata ve&iacute;a s&oacute;lo el bulto de su
+amiga y los zapatos amarillos. Empezaba a cogerle miedo; pero no deseaba
+que se marchase, sino que hablara m&aacute;s y m&aacute;s del mismo temeroso asunto.</p>
+
+<p>&laquo;Te digo que no me caso&raquo; repiti&oacute; la joven, sintiendo que se renovaba en
+su alma el horror al matrimonio con el chico de Rub&iacute;n. Y las ideas tan
+trabajosamente construidas en las Micaelas, se desquiciaron de repente.
+Aquel altarito levantado a fuerza de meditaciones y de gimnasias de la
+raz&oacute;n, se resquebrajaba como si le temblara el suelo.</p>
+
+<p>&laquo;El cuarto de la izquierda... de modo que... Eso es estar vendida... Una
+puerta aqu&iacute;, otra all&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que te digo, una patita en la trampa; s&oacute;lo te falta meter la otra.</p>
+
+<p>Y rompi&oacute; a re&iacute;r de nuevo con aquella franqueza insolente que a Fortunata
+le agradaba, cosa extra&ntilde;a, despertando en su alma instintos de dulce
+perversidad.</p>
+
+<p>&laquo;Nada, yo no me caso, que no me caso, &iexcl;ea!&mdash;declar&oacute; la novia
+levant&aacute;ndose y dando pasos de aqu&iacute; para all&iacute;, cual si movi&eacute;ndose
+quisiera infundirse la energ&iacute;a que le faltaba&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Como lo vuelvas a decir...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Mauricia haciendo un gesto de
+burlesca amenaza&mdash;. &iquest;Piensas que una ganga como esta se encuentra detr&aacute;s
+de cada esquina? Nada, chica, a casarse tocan. En ese espejo quisieran
+verse otras. Y para acabar, chica, c&aacute;sate, y haz por no caer en la
+trampa. Vaya, ponte a ser honrada, que de menos nos hizo Dios... Oye lo
+que te digo, que es el Evangelio, chica, el puro Evangelio:</p>
+
+<p>Fortunata se detuvo ante su amiga, y esta la oblig&oacute; a sentarse otra vez
+a su lado.</p>
+
+<p>&laquo;Nada, te casas... porque casarte es tu salvaci&oacute;n. Si no, vas a andar de
+mano en mano hasta la consunci&oacute;n de los siglos. T&uacute; no seas boba; si
+quieres ser honrada, <i>serlo</i>, hija. Descuida, que no te pondr&aacute;n un pu&ntilde;al
+al pecho para que peques&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&iacute;&mdash;dijo Fortunata anim&aacute;ndose&mdash;, &iquest;qu&eacute; me importa a m&iacute; la trampa?
+Como yo no quiera caer...</p>
+
+<p>&mdash;Claro... El otro ah&iacute; junto... pues que le parta un rayo. &iquest;A ti qu&eacute;? T&uacute;
+di &laquo;soy honrada&raquo;, y de ah&iacute; no te saca nadie. A los pocos d&iacute;as le dices a
+tu esposo de tu alma que la casa no te gusta, y tom&aacute;is otra.</p>
+
+<p>&mdash;Di que s&iacute;... tomamos otra, y se acab&oacute; la trampa&mdash;observ&oacute; la novia
+tomando en serio los consejos de su amiga.</p>
+
+<p>&mdash;Verdad que &eacute;l no se acobardar&aacute;, y a donde vayas, &eacute;l detr&aacute;s. Cr&eacute;eme que
+est&aacute; loco, Y te digo m&aacute;s. La criada que tienes, esa Patricia que le
+recomend&oacute; a do&ntilde;a Lupe el se&ntilde;or de Torquemada, est&aacute; vendida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vendida!... &iexcl;Ah!...&mdash;exclam&oacute; Fortunata con nuevo terror&mdash;. Mira t&uacute;
+por qu&eacute; esa mujer no me gust&oacute; cuando la vi esta ma&ntilde;ana. Es muy adulona,
+muy relamida, y tiene todo el aire de un serpent&oacute;n... Pues nada, le dir&eacute;
+a mi marido que no me gusta, y ma&ntilde;ana mismo la despido.</p>
+
+<p>&mdash;Eso... y viva el <i>caraiter</i>. T&uacute; mira bien lo que te digo: siempre y
+cuando quieras ser honrada, <i>serlo</i>; pero dejarte de casar, &iexcl;dejar de
+casarte!, que no se te pase por la cabeza, hija de mi alma.</p>
+
+<p>Fortunata parec&iacute;a recobrar la calma con esta exhortaci&oacute;n de su amiga,
+expresada de una manera cari&ntilde;osa y fraternal.</p>
+
+<p>&laquo;Otra cosa se me ocurre&mdash;indic&oacute; luego con la alegr&iacute;a del n&aacute;ufrago que ve
+flotar una tabla cerca de s&iacute;&mdash;. Le dir&eacute; a mi marido que estoy mala y que
+me lleve a vivir al pueblo ese donde ha cogido la herencia&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pueblo!... &iquest;Y qu&eacute; vas a hacer t&uacute; en un pueblo?&mdash;dijo Mauricia con
+expresi&oacute;n de desconsuelo, como una madre que se ocupa del porvenir de su
+hija&mdash;. Mira t&uacute;, y cr&eacute;elo porque yo te lo digo: m&aacute;s dif&iacute;cil es ser
+honrada en un pueblo chico que en estas ciudades grandes donde hay mucho
+personal, porque en los pueblos se aburre una; y como no hay m&aacute;s que dos
+o tres sujetos finos y siempre les est&aacute;s viendo, &iexcl;qu&eacute; peine!, acabas por
+encapricharte con alguno de ellos. Yo conozco bien lo que son los
+pueblos de corto personal. Resulta que el alcalde, y si no el alcalde el
+m&eacute;dico y si no el juez, si lo hay, te hacen til&iacute;n, y no quiero decirte
+nada. En &uacute;ltimo caso, tanto te aburres, que te da un <i>toque</i> y caes con
+el se&ntilde;or cura...</p>
+
+<p>&mdash;Quita, quita, &iexcl;qu&eacute; asco!</p>
+
+<p>&mdash;Pues chica, no pienses en salir de Madrid&mdash;agreg&oacute; la tarasca
+cogi&eacute;ndola por un brazo, atray&eacute;ndola a s&iacute; y sent&aacute;ndola sobre sus
+rodillas&mdash;. Hija de mi vida, &iquest;a qui&eacute;n quiero yo? A ti nada m&aacute;s. Lo que
+yo te diga es por tu bien.</p>
+
+<p>D&eacute;jate llevar; c&aacute;sate, y si hay trampa, que la haya. Lo que debe pasar,
+pasa... Deja correr y haz caso de m&iacute;, que te he tomado cari&ntilde;o y soy
+<i>mismamente</i> como tu madre.</p>
+
+<p>Fortunata iba a responder algo; pero la campanilla anunci&oacute; que se
+aproximaba do&ntilde;a Lupe.</p>
+
+<p>Cuando esta penetr&oacute; en la sala, ya sab&iacute;a por Papitos qui&eacute;n estaba all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En d&oacute;nde est&aacute; esa loca?&mdash;entr&oacute; diciendo&mdash;. &iexcl;Pero qu&eacute; oscuridad! No
+veo gota. Mauricia...</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; estoy, mi se&ntilde;ora do&ntilde;a Lupe. Ya nos pod&iacute;an traer una luz.</p>
+
+<p>Fortunata fue por la luz, y en tanto la viuda dijo a su corredora:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; traes por ac&aacute;? &iexcl;Cu&aacute;nto tiempo...! &iquest;Y qu&eacute; tal? &iquest;Te has enmendado?
+Porque el padre Pintado le cont&oacute; a Nicol&aacute;s horrores de ti...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No haga caso, se&ntilde;ora. D. Le&oacute;n es muy fabulista y boquea m&aacute;s de la
+cuenta. Fue un pronto que tuve.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya unos prontos!... &iquest;Y qu&eacute; traes ah&iacute;?</p>
+
+<p>Entr&oacute; Fortunata con la l&aacute;mpara encendida, y la tarasca empez&oacute; a mostrar
+mantones de Manila, un tapiz japon&eacute;s, una colcha de malla y felpilla.</p>
+
+<p>&laquo;Mire, mire qu&eacute; primores. Este pa&ntilde;ol&oacute;n es de la se&ntilde;&aacute; marquesa de
+Teller&iacute;a. Lo da por un pedazo de pan. An&iacute;mese, se&ntilde;ora, para que haga un
+regalo a su sobrina, el d&iacute;a de ma&ntilde;ana, que as&iacute; sea el <i>escomienzo</i> de
+todas las felicidades&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quita all&aacute;!... ni para qu&eacute; quiere esta mantones. &iexcl;Buenos est&aacute;n los
+tiempos! &iquest;Y qu&eacute; precio?... &iexcl;Cincuenta duros! Ajaj&aacute;... &iexcl;qu&eacute; gracia! Los
+tengo yo del propio Senqu&aacute;, mucho m&aacute;s floreados que ese y los doy a
+veinticinco.</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera verlos... &iquest;Sabe lo que le digo? Que me caiga muerta aqu&iacute;
+mismo, si no es verdad que me han ofrecido treinta y ocho y no lo he
+querido dar... Mire, por estas cruces.</p>
+
+<p>Y haciendo la cruz con dos dedos, se la bes&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;A buena parte vienes!... Si estoy yo de mantones...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no ser&aacute;n como este.&mdash;Mejores, cien veces mejores... Pero me
+alegro de que hayas venido: te voy a dar un aderezo para que me lo
+corras.</p>
+
+<p>Y siguieron picoteando de este modo hasta que entr&oacute; Maximiliano, y do&ntilde;a
+Lupe mand&oacute; sacar la sopa. El novio, enter&aacute;ndose de que hab&iacute;a visita en
+la sala, acercose despacito a la puerta para ver qui&eacute;n era. &laquo;Es
+Mauricia&raquo; le dijo su prometida sali&eacute;ndole al encuentro.</p>
+
+<p>Ambos se fueron al comedor, esperando all&iacute; a que su t&iacute;a despachase a la
+corredora. Cuando esta se fue no quiso Fortunata salir a despedirla, por
+temor de que dijese algo que la pudiera comprometer.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Maximiliano habl&oacute; a su futura de las invitaciones que hab&iacute;a hecho, y
+ella le o&iacute;a como quien oye llover; mas no repar&oacute; el joven en esta
+distracci&oacute;n por lo muy exaltado que estaba. Como era tan idealista,
+quer&iacute;a hacer el papel de novio con todas las reglas recomendadas por el
+uso, y aunque se vio solo en el comedor con su amada, trat&aacute;bala con
+aquellos miramientos que impone el pudor m&aacute;s exquisito. No se decid&iacute;a ni
+a besarla, gozando con la idea de poder hacerlo a sus anchas despu&eacute;s de
+recibidas las bendiciones de la Iglesia, y aun de hacerle otras caricias
+con la falsa ilusi&oacute;n de no hab&eacute;rselas hecho antes. Mientras com&iacute;an,
+Fortunata se sinti&oacute; anegada en tristeza, que le costaba trabajo
+disimular. Inspir&aacute;bale el pr&oacute;ximo estado tanto temor y repugnancia, que
+le pas&oacute; por el pensamiento la idea de escaparse de la casa, y se dijo:
+&laquo;No me llevan a la Iglesia ni atada&raquo;. Do&ntilde;a Lupe, que gustaba tanto de
+hacer papeles y de poner en todos los actos la correcci&oacute;n social, no
+quer&iacute;a que los novios se quedasen solos ni un momento. Hab&iacute;a que emplear
+una ficci&oacute;n moral como tributo a la moral misma y en prueba de la
+importancia que debemos dar a la forma en todas nuestras acciones.</p>
+
+<p>Fortunata estuvo muy desvelada aquella noche. Lloraba a ratos como una
+Magdalena, y pon&iacute;ase luego a recordar cuanto le dijo el padre Pintado y
+el remedio de la devoci&oacute;n a la Sant&iacute;sima Virgen. Durmiose al fin
+rezando, y so&ntilde;&oacute; que la Virgen la casaba, no con Maxi, sino con su
+verdadero hombre, con el que era suyo a pesar de los pesares. Despert&oacute;
+sobresaltada, diciendo: &laquo;Esto no es lo convenido&raquo;. En el delirio de su
+febril insomnio, pens&oacute; que D. Le&oacute;n la hab&iacute;a enga&ntilde;ado y que la Virgen se
+pasaba al enemigo, &laquo;Pues para esto no se necesitaba tanto Padre Nuestro
+y tanta Ave Mar&iacute;a...&raquo;. Por la ma&ntilde;ana re&iacute;ase de aquellos disparates, y
+sus ideas fueron m&aacute;s reposadas. Vio claramente que era locura no seguir
+el camino por donde la llevaban, que era sin duda el mejor. &laquo;&iexcl;Hala!,
+honrada a todo trance. Ya me defender&eacute; de cuantas trampas se me quieran
+armar&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe dej&oacute; las ociosas plumas a las cinco de la ma&ntilde;ana cuando a&uacute;n no
+era de d&iacute;a, y arranc&oacute; de la cama a Papitos, tir&aacute;ndole de una oreja, para
+que encendiera la lumbre. &iexcl;Flojita tarea la de aquel d&iacute;a; un almuerzo
+para doce personas! Llam&oacute; a Fortunata para que se fuera arreglando, y
+acordaron dejar dormir a Maxi hasta la hora precisa, porque los
+madrugones le sentaban mal. Dio varias disposiciones a la novia para que
+trabajara en la cocina, y se fue a la compra con Papitos, llevando el
+cesto m&aacute;s grande que en la casa hab&iacute;a.</p>
+
+<p>Lo que do&ntilde;a Lupe llamaba el <i>menudo</i> era excelente: ri&ntilde;ones salteados,
+sesos, merluza o pajeles, si los hab&iacute;a, chuletas de ternera, filete a la
+inglesa... Esto corr&iacute;a de cuenta de la viuda, y Fortunata se comprometi&oacute;
+a hacer una paella. A las ocho ya estaba do&ntilde;a Lupe de vuelta, y parec&iacute;a
+una p&oacute;lvora; tal era su actividad. Como que a las diez deb&iacute;an ir a la
+Iglesia. &laquo;Pero no, no ir&eacute;, porque si voy, de fijo me hace Papitos alg&uacute;n
+desaguisado&raquo;. La suerte fue que vino Patricia, y entonces se decidi&oacute; la
+se&ntilde;ora a asistir a la ceremonia.</p>
+
+<p>P&uacute;sose la novia su vestido de seda negro, y do&ntilde;a Lupe se empe&ntilde;&oacute; en
+plantarle un ramo de azahar en el pecho. Hubo disputa sobre esto... que
+s&iacute;, que no. Pero la se&ntilde;ora de D. Basilio hab&iacute;a tra&iacute;do el ramo y no se la
+pod&iacute;a desairar. Como que era el mismo ramo que ella se hab&iacute;a puesto el
+d&iacute;a de su boda. Fortunata estaba guap&iacute;sima, y Papitos buscaba mil
+pretextos para ir al gabinete y admirarla aunque s&oacute;lo fuera un instante.
+&laquo;Esta s&iacute; que no tiene algod&oacute;n en la delantera&raquo; pensaba.</p>
+
+<p>La de J&aacute;uregui se puso su <i>visita</i> adornada con abalorio, y do&ntilde;a Silvia
+se present&oacute; con pa&ntilde;uelo de Manila, lo que no agrad&oacute; mucho a la viuda,
+porque parec&iacute;a boda de pueblo. Torquemada fue muy majo; llevaba el hongo
+nuevo, el cuello de la camisa algo sucio, corbata negra deshilachada y
+en ella un alfiler con magn&iacute;fica perla que hab&iacute;a sido de la marquesa de
+Casa-Boj&iacute;o. El bast&oacute;n de roten y las enormes rodilleras de los calzones
+le acababan de caracterizar. Era hombre muy humor&iacute;stico y ten&iacute;a una
+baraja de chistes referentes al tiempo. Cuando diluviaba, entraba
+diciendo: &laquo;Hace un polvo atroz&raquo;. Aquel d&iacute;a hac&iacute;a mucho calor y sequedad,
+motivo sobrado para que mi hombre se luciera: &laquo;&iexcl;Vaya una nevada que est&aacute;
+cayendo!&raquo;. Estas gracias s&oacute;lo las re&iacute;an do&ntilde;a Silvia y do&ntilde;a Lupe.</p>
+
+<p>Maxi llevaba su levita nueva y la chistera que aquel d&iacute;a se puso por
+primera vez. Extra&ntilde;aba mucho aquel desusado armatoste, y cuando se lo
+ve&iacute;a en la sombra, parec&iacute;ale de tres o cuatro palmos de alto. Dentro de
+casa, cre&iacute;a que tocaba con su sombrero al techo. Pero en orden de
+chisteras, la m&aacute;s notable era la de D. Basilio Andr&eacute;s de la Ca&ntilde;a, que lo
+menos era de catorce modas atrasadas, y databa del tiempo en que Bravo
+Murillo le hizo ordenador de pagos. Las botas miraban con envidia al
+sombrero por el lustre que ten&iacute;a. Nicol&aacute;s Rub&iacute;n presentose menos
+desaseado que otras veces, sintiendo no haber podido traer a D. Le&oacute;n.
+<i>Ulmus Sylvestris, Quercus gigantea</i>, y <i>Pseudo-Narcissus odoripherus</i>
+present&aacute;ronse muy guapetones, de levit&iacute;n, y alguno de ellos con guantes
+acabados de comprar, y rodearon a la novia, y la felicitaron y aun le
+dieron bromas, vi&eacute;ndose ella apurad&iacute;sima para contestarles. Por fin,
+do&ntilde;a Lupe dio la voz de mando, y a la iglesia todo el mundo.</p>
+
+<p>Fortunata ten&iacute;a la boca extraordinariamente amarga, cual si estuviera
+mascando palitos de quina. Al entrar en la parroquia sinti&oacute; horrible
+miedo. Figur&aacute;base que su enemigo estaba escondido tras un pilar. Si
+sent&iacute;a pasos, cre&iacute;a que eran los de &eacute;l. La ceremonia verificose en la
+sacrist&iacute;a, y dur&oacute; poco tiempo. Impresionaron mucho a la novia los
+s&iacute;mbolos del Sacramento, y por poco se cae redonda al suelo. Y al propio
+tiempo sent&iacute;a en s&iacute; una luz nueva, algo como un sacudimiento, el choque
+de la dignidad que entraba. La idea del se&ntilde;or&iacute;o enderez&oacute; su esp&iacute;ritu,
+que estaba como columna inclinada y pr&oacute;xima a perder el equilibrio.
+&iexcl;Casada!, &iexcl;honrada o en disposici&oacute;n de serlo! Se reconoc&iacute;a otra. Estas
+ideas, que quiz&aacute;s proced&iacute;an de un fen&oacute;meno espasm&oacute;dico, la confortaron;
+pero al salir volvi&oacute; a sentirse acometida del miedo. &iexcl;Si por acaso el
+enemigo se le aparec&iacute;a...! Porque Mauricia le hab&iacute;a dicho que rondaba,
+que rondaba, que rondaba... &iexcl;Aqu&iacute; de la Virgen! Pero &iexcl;qu&eacute; cosas! &iexcl;Si
+Mar&iacute;a Sant&iacute;sima proteg&iacute;a ahora al enemigo! Esta idea extravagante no la
+pod&iacute;a echar de s&iacute;. &iquest;C&oacute;mo era posible que la Virgen defendiera el pecado?
+&iexcl;Tremendo disparate!, pero disparate y todo, no hab&iacute;a medio de
+destruirlo.</p>
+
+<p>De regreso a la casa, do&ntilde;a Lupe no cab&iacute;a en su pellejo; de tal modo se
+crec&iacute;a y se multiplicaba atendiendo a tantas y tan diferentes cosas. Ya
+recomendaba en voz baja a Fortunata que no estuviese tan displicente con
+do&ntilde;a Silvia; ya corr&iacute;a al comedor a disponer la mesa; ya se liaba con
+Papitos y con Patricia, y parec&iacute;a que a la vez estaba en la cocina, en
+la sala, en la despensa y en los pasillos. Creer&iacute;ase que hab&iacute;a en la
+casa tres o cuatro viudas de J&aacute;uregui funcionando a un tiempo. Su mente
+se acaloraba ante la temerosa contingencia de que el almuerzo saliera
+mal. Pero si sal&iacute;a bien, &iexcl;qu&eacute; triunfo! El coraz&oacute;n le lat&iacute;a con fuerza,
+comunicando calor y fiebre a toda su persona, y hasta la pelota de
+algod&oacute;n parec&iacute;a recibir tambi&eacute;n su parte de vida, palpitando y
+permiti&eacute;ndose doler. Por fin, todo estuvo a punto. Juan Pablo, que no
+hab&iacute;a ido a la iglesia, pero que se hab&iacute;a unido a la comitiva al volver
+de ella, buscaba un pretexto para retirarse. Entr&oacute; en el comedor cuando
+sonaba el pataleo de las sillas en que se iban acomodando los
+comensales, y cont&oacute;... &laquo;Me voy&mdash;dijo&mdash;, para no hacer trece&raquo;. Algunos
+protestaron de tal superstici&oacute;n, y otros la aplaudieron. A D. Basilio le
+parec&iacute;a esto incompatible con las luces del siglo, y lo mismo cre&iacute;a do&ntilde;a
+Lupe; pero se guard&oacute; muy bien de detener a su sobrino por la ojeriza que
+le ten&iacute;a, y Juan Pablo se fue, quedando en la mesa los comensales en la
+tranquilizadora cifra de doce.</p>
+
+<p>Durante el almuerzo, que fue largo y fastidioso, Fortunata sigui&oacute; muy
+encogida, sin atreverse a hablar, o haci&eacute;ndolo con mucha torpeza cuando
+no ten&iacute;a m&aacute;s remedio. Tem&iacute;a no comer con bastante finura y revelar
+demasiado su escasa educaci&oacute;n. El temor de parecer ordinaria era causa
+de que las palabras se detuvieran en sus labios en el momento de ser
+pronunciadas. Do&ntilde;a Lupe, que la ten&iacute;a al lado, estaba al quite para
+auxiliarla si fuera menester, y en los m&aacute;s de los casos respond&iacute;a por
+ella, si algo se le preguntaba, o le soplaba con disimulo lo que deb&iacute;a
+de decir.</p>
+
+<p>A un tiempo notaron Fortunata y do&ntilde;a Lupe que Maximiliano no se sent&iacute;a
+bien. El pobrecito quer&iacute;a enga&ntilde;arse a s&iacute; mismo, haci&eacute;ndose el valiente;
+mas al fin se entreg&oacute;. &laquo;T&uacute; tienes jaqueca&raquo; le dijo su t&iacute;a. &laquo;S&iacute; que la
+tengo&mdash;replic&oacute; &eacute;l con desaliento, llev&aacute;ndose la mano a los ojos&mdash;; pero
+quer&iacute;a olvidarla a ver si no haci&eacute;ndole caso, se pasaba. Pero es in&uacute;til;
+no me escapo ya. Parece que se me abre la cabeza. Ya se ve, la agitaci&oacute;n
+de ayer, la mala noche, porque a las tres de la ma&ntilde;ana despert&eacute; creyendo
+que era la hora, y no volv&iacute; a dormir&raquo;.</p>
+
+<p>Hubo en la mesa un coro compasivo. Todos dirig&iacute;an al pobre jaquecoso
+miradas de l&aacute;stima y algunos le propon&iacute;an remedios extravagantes.</p>
+
+<p>&laquo;Es mal de familia&mdash;observ&oacute; Nicol&aacute;s&mdash;, y con nada se quita. Las m&iacute;as
+han sido tan tremendas, que el d&iacute;a que me tocaba, no pod&iacute;a menos que
+compararme a San Pedro M&aacute;rtir, con el hacha clavada en la cabeza. Pero
+de alg&uacute;n tiempo a esta parte se me alivian con jam&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo es eso?... &iquest;aplic&aacute;ndose una tajada a la cabeza?</p>
+
+<p>&mdash;No, hija... comi&eacute;ndolo...&mdash;&iexcl;Ah!, uso interno...&mdash;Vale m&aacute;s que te
+retires&mdash;dijo Fortunata a su marido, cuyo sufrimiento crec&iacute;a por
+instantes.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe fue de la misma opini&oacute;n, y Maximiliano pidi&oacute; permiso para
+retirarse, si&eacute;ndole concedido con otro coro de lamentaciones. El
+almuerzo tocaba ya a su fin. Fortunata se levant&oacute; para acompa&ntilde;ar a su
+marido, y no hay que decir que, sintiendo el motivo, se alegraba de
+abandonar la mesa, por verse libre de la etiqueta y de aquel suplicio de
+las miradas de tanta gente. Maxi se ech&oacute; en su cama; su mujer le arrop&oacute;
+bien, y cerrando las maderas, fue a la cocina a hacer un t&eacute;. All&iacute;
+tropez&oacute; con do&ntilde;a Lupe, que le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Primero es el caf&eacute;. Ya lo est&aacute;n esperando. Ay&uacute;dame, y luego har&aacute;s el t&eacute;
+para tu marido. Lo que &eacute;l necesita m&aacute;s es descanso&raquo;.</p>
+
+<p>La sobremesa fue larga. Pegaron la hebra D. Basilio y Nicol&aacute;s sobre el
+carlismo, la guerra y su soluci&oacute;n probable, y se arm&oacute; una gran
+tremolina, porque intervinieron los farmac&eacute;uticos, que eran atrozmente
+liberales, y por poco se tiran los platos a la cabeza. Torquemada
+procuraba pacificar, y entre unos y otros molestaban mucho al enfermo
+con la bulla que hac&iacute;an. Por fin, a eso de las cuatro fueron desfilando,
+teniendo la desposada que o&iacute;r los pl&aacute;cemes empalagosos que le dirig&iacute;an,
+confundidos con bromas de mal gusto, y contestar a todo como Dios le
+daba a entender. La tarde pasola Maxi muy mal; le dieron v&oacute;mitos y se
+vio acometido de aquel hormigueo epil&eacute;ptico que era lo que m&aacute;s le
+molestaba. Al anochecer se empe&ntilde;&oacute; en que se hab&iacute;a de ir a la nueva casa,
+y su mujer y su t&iacute;a no pod&iacute;an quit&aacute;rselo de la cabeza.</p>
+
+<p>&laquo;Mira que te vas a poner peor. Duerme aqu&iacute;, y ma&ntilde;ana...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, no quiero. Me siento algo aliviado. El periodo m&aacute;s malo pas&oacute; ya.
+Ahora el dolor est&aacute; como indeciso, y dentro de media hora aparecer&aacute; en
+el lado derecho, dej&aacute;ndome libre el izquierdo. Nos vamos a casa, me
+acuesto entre s&aacute;banas y all&iacute; pasar&eacute; lo que me resta.</p>
+
+<p>Fortunata insist&iacute;a en que no se moviese, pero &eacute;l se levant&oacute; y se puso la
+capa. No hubo m&aacute;s remedio que emprender la marcha para la otra casa.</p>
+
+<p>&laquo;T&iacute;a&mdash;dijo Maxi&mdash;, que no se olvide el frasco de l&aacute;udano. C&oacute;gelo t&uacute;,
+Fortunata, y ll&eacute;valo. Cuando me meta en la cama, tratar&eacute; de dormir, y
+si no lo consigo, echar&aacute;s seis gotas, cuidado... seis gotas nada m&aacute;s de
+esta medicina en un vaso de agua, y me las dar&aacute;s a beber&raquo;.</p>
+
+<p>Muy abrigado y la cabeza bien envuelta para que no le diese fr&iacute;o,
+llev&aacute;ronle a la casa matrimonial, que fue estrenada en condiciones poco
+lisonjeras. La distancia entre ambos domicilios era muy corta. Al
+atravesar la calle de Santa Feliciana, Fortunata crey&oacute; ver... jurar&iacute;a...
+Le corri&oacute; una exhalaci&oacute;n fr&iacute;a por todo el cuerpo. Pero no se atrev&iacute;a a
+mirar para atr&aacute;s con objeto de cerciorarse. Probablemente no era m&aacute;s que
+delirio y azoramiento de su alma, motivados por las mil andr&oacute;minas que
+le hab&iacute;a contado Mauricia.</p>
+
+<p>Llegaron, y como todo estaba preparado para pernoctar, nada echaron de
+menos. S&oacute;lo se hablan olvidado unas buj&iacute;as y Patricia baj&oacute; a traerlas.
+Acostado Maxi, sucedi&oacute; lo que se tem&iacute;a: que se puso peor, y vuelta a los
+v&oacute;mitos y a la desaz&oacute;n espasm&oacute;dica. &laquo;T&uacute; no quieres hacer caso de m&iacute;...
+&iexcl;Cu&aacute;nto mejor que hubieras dormido en casa esta noche! Ah&iacute; tienes el
+resultado de tu terquedad&raquo;. Despu&eacute;s de expresar su opini&oacute;n autoritaria
+de esta manera, do&ntilde;a Lupe, viendo a su sobrino m&aacute;s tranquilo y como
+vencido del sopor, empez&oacute; a dar instrucciones a Fortunata sobre el
+gobierno de la casa. No aconsejaba, sino que dispon&iacute;a. Por dar &oacute;rdenes,
+hasta le dijo lo que hab&iacute;a de mandar traer de la plaza al d&iacute;a
+siguiente, y al otro y al otro. &laquo;Y cuidado con dejar de tomarle la
+cuenta a la muchacha, al c&eacute;ntimo, pues Torquemada dice que no la abona y
+no hay que fiar... Si te falta alg&uacute;n cacharro en la cocina, no lo
+compres; yo te lo comprar&eacute;, porque a ti te clavan... Nada de comprar
+petr&oacute;leo en latas... el fuego me horripila. Desde ma&ntilde;ana vendr&aacute; el
+petrolero de casa y le tomas lo que se gaste en el d&iacute;a... Patatas y
+jab&oacute;n, una arroba de cada cosa. Cuidado c&oacute;mo te sales de un diario de
+diecis&eacute;is reales todo lo m&aacute;s... El d&iacute;a que sea conveniente un
+extraordinario, me lo avisas... Yo ir&eacute; con Papitos a la plaza de San
+Ildefonso, y te traer&eacute; lo que me parezca bien... A Maxi le pones ma&ntilde;ana
+dos huevitos pasados, ya sabes, y un sopicaldo. Los dem&aacute;s d&iacute;as su
+chuletita con patatas fritas. No compres nunca merluza en Chamber&iacute;.
+Papitos te la traer&aacute;. Mucho ojo con este carnicero, que es m&aacute;s ladr&oacute;n
+que Judas. Si tienes alguna cuesti&oacute;n con &eacute;l, n&oacute;mbrame a m&iacute; y le ver&aacute;s
+temblar...&raquo;. Y por aqu&iacute; sigui&oacute; amonestando y apercibiendo con &iacute;nfulas de
+verdadera ama y canciller de toda la familia. La suerte que se march&oacute;.</p>
+
+<p>Ser&iacute;an las diez cuando la desposada se qued&oacute; sola con su marido y con
+Patricia. Maxi no acababa de tranquilizarse, por lo que fue preciso
+apelar al remedio heroico. El mismo enfermo lo pidi&oacute;, dejando o&iacute;r una
+voz quejumbrosa que sal&iacute;a de entre las s&aacute;banas, y que por su tenuidad
+no parec&iacute;a corresponder a la magnitud del lecho. Fortunata cogi&oacute; el
+cuenta gotas y acercando la luz prepar&oacute; la p&oacute;cima. En vez de siete gotas
+no puso m&aacute;s que cinco. Le daba miedo aquella medicina. Tomola Maxi y al
+poco rato se quedaba dormido con la boca abierta, haciendo una mueca que
+lo mismo pod&iacute;a ser de dolor que de iron&iacute;a.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Al ver dormido a su esposo, pareciole a Fortunata que se alejaba;
+encontrose sola, rodeada de un silencio alevoso y de una quietud
+traidora. Dio varias vueltas por la casa, sin apartar el pensamiento y
+las miradas de los tabiques que separaban su cuarto del inmediato, y los
+tales tabiques se le antojaron transparentes, como delgadas gasas, que
+permit&iacute;an ver todo lo que de la otra parte pasaba. Andando de puntillas
+por los pasillos y por la sala, percibi&oacute; rumor de voces. Si aplicara el
+o&iacute;do a la pared, oir&iacute;a quiz&aacute;s claramente; pero no se atrevi&oacute; a
+aplicarlo. Por la ventana del comedor que daba a un patio medianero,
+ve&iacute;ase otra ventana igual con visillos en los cristales. All&iacute; luc&iacute;a una
+l&aacute;mpara con pantalla verde, y alrededor de ella pasaban bultos, sombras,
+borrosas im&aacute;genes de personas, cuyas caras no se pod&iacute;an distinguir.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de hacer estas observaciones, fue a la cocina, donde estaba la
+criada preparando los trastos para el d&iacute;a siguiente. Era tan hacendosa y
+tan corrida en el oficio, que la misma do&ntilde;a Lupe se sorprend&iacute;a de verla
+trabajar, porque despachaba las cosas en un decir Jes&uacute;s, sin
+atropellarse. Pero a Fortunata le era antip&aacute;tica por aquella amabilidad
+empalagosa tras de la cual vislumbraba la traici&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Patricia&mdash;le dijo su ama, afectando una curiosidad indiferente&mdash;. &iquest;Sabe
+usted qu&eacute; gente es esa del cuarto de al lado?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita&mdash;replic&oacute; la criada sin dejarla concluir&mdash;; como estoy aqu&iacute;
+desde el d&iacute;a antes de salir usted del convento, ya conozco a toda la
+vecindad... &iquest;sabe? En ese cuarto vive una se&ntilde;ora muy fina que la llaman
+do&ntilde;a Cirila. Su marido es no s&eacute; qu&eacute; del tren. Tiene una gorra con
+galones y letras. Esta noche, cuando baj&eacute; por las buj&iacute;as, me encontr&eacute; a
+la vecina en la tienda y me pregunt&oacute; por el se&ntilde;orito. Dijo que cualquier
+cosa que se ofreciera... &iquest;sabe? Es muy amable. Ayer entr&oacute; aqu&iacute; a ver la
+casa, y yo pas&eacute; a la suya... Dice que tiene muchas ganas de hacerle a
+usted la visita.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute;!&mdash;replic&oacute; Fortunata sent&aacute;ndose en la silla de la cocina, junto a
+la mesa de pino blanco&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; confianzudo est&aacute; el tiempo! Y usted,
+&iquest;para qu&eacute; se ha metido all&aacute;, sin m&aacute;s ni m&aacute;s?... &iquest;Qu&eacute; sab&iacute;a usted si a m&iacute;
+me gustaba o no me gustaba entrar en relaciones...?</p>
+
+<p>&mdash;Yo... se&ntilde;orita... calcul&eacute; que...</p>
+
+<p>&mdash;Nada, estoy vendida...&mdash;pens&oacute; Fortunata&mdash;, y esta mujer es el mismo
+demonio.</p>
+
+<p>Un rato estuvo meditando, hasta que Patricia, mientras pon&iacute;a los
+garbanzos de remojo, la sac&oacute; de su abstracci&oacute;n con estas ma&ntilde;osas
+palabras:</p>
+
+<p>&laquo;D&iacute;jome do&ntilde;a Cirila que es usted muy linda, &iquest;sabe?... que esta ma&ntilde;ana la
+vio a usted en la iglesia y que le fue muy simp&aacute;tica. Ver&aacute; usted, cuando
+la trate, que tambi&eacute;n ella se deja querer. Dice que se alegrar&aacute; mucho de
+que usted pase a su casa cuando guste... con confianza, y que de noche
+est&aacute;n jugando a la brisca hasta las doce&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que pase yo all&aacute;!... &iexcl;yo!</p>
+
+<p>&mdash;Claro... y esta noche misma puede pasar, puesto que el se&ntilde;orito duerme
+y no son m&aacute;s que las diez... Digo, si quiere distraerse un rato.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero qu&eacute; est&aacute; usted diciendo? &iexcl;Distraerme yo!&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se habr&iacute;a dejado llevar del primer impulso de c&oacute;lera, si en su
+alma no hubiera nacido otro impulso de tolerancia, unido a cierta
+relajaci&oacute;n de conciencia. Se call&oacute;, y en aquel instante llamaron a la
+puerta.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Llaman!... No abra usted, no abra usted&raquo; dijo con presentimiento de
+un cercano peligro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;, se&ntilde;orita?... &iquest;A qu&eacute; esos miedos...? Mirar&eacute; por el
+ventanillo.</p>
+
+<p>Y fue hacia el recibimiento. Desde la cocina oy&oacute; Fortunata cuchicheo en
+la puerta. Dur&oacute; poco, y la criada volvi&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;Los de al lado... la misma se&ntilde;orita Cirila fue la que llam&oacute;. Nada; que
+si ten&iacute;amos por casualidad azucarillos... Le he dicho que no. Me
+pregunt&oacute; c&oacute;mo segu&iacute;a el se&ntilde;orito. Le contest&eacute; que duerme como un lir&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata sali&oacute; de la cocina sin decir nada, cejijunta y con los labios
+temblorosos. Fue a la alcoba y observ&oacute; a su marido que dorm&iacute;a
+profundamente, pronunciando en su delirio opi&aacute;ceo palabras amorosas
+entremezcladas con t&eacute;rminos de farmacia: &laquo;&Iacute;dolo... De acetato de
+morfina, un centigramo... Cielo de mi vida... Clorhidrato de amoniaco,
+tres gramos... disu&eacute;lvase...&raquo;.</p>
+
+<p>Volviendo a la cocina, mand&oacute; a la criada que se acostase; pero la se&ntilde;ora
+Patria no ten&iacute;a sue&ntilde;o. &laquo;Mientras la se&ntilde;orita no se acueste, &iquest;para qu&eacute; me
+he de acostar yo? Podr&iacute;a ofrecerse algo&raquo;. Y la muy picarona quer&iacute;a
+entablar conversaci&oacute;n con su ama; mas esta no le respond&iacute;a a nada. De
+pronto, el despierto o&iacute;do de Fortunata, cuyo pensamiento estaba
+reconcentrado en la trampa que a su parecer se le armaba, crey&oacute; sentir
+ruido en la puerta. Parec&iacute;a como si cautelosamente probaran llaves
+desde fuera para abrirla. Fue all&aacute; muerta de miedo, y al acercarse ces&oacute;
+el ruido; ella no las ten&iacute;a todas consigo, y llam&oacute; a Patria: &laquo;Jurar&iacute;a
+que alguien anda en la puerta... Pero qu&eacute;, &iquest;no ha echado usted el
+cerrojo?&raquo;.</p>
+
+<p>Observ&oacute; entonces que el cerrojo no estaba echado, y lo corri&oacute; con mucho
+cuidado para no hacer ruido.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Vaya, que si yo me fiara de usted para guardar la casa!... A ver,
+atenci&oacute;n... &iquest;No siente usted un ruidito como si alguien estuviera
+tentando la cerradura?... &iquest;Ve usted?, ahora empujan... &iquest;qu&eacute; es esto?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita... &iquest;sabe?, es el viento que rebulle en la escalera. No sea
+usted tan medrosica...</p>
+
+<p>Lo m&aacute;s particular era que la misma Fortunata, al correr el cerrojo con
+tanto cuidado, hab&iacute;a sentido, all&aacute; en el m&aacute;s apartado escondrijo de su
+alma, un travieso anhelo de volverlo a descorrer. Podr&iacute;a ser ilusi&oacute;n
+suya; pero cre&iacute;a ver, cual si la puerta fuera de cristal, a la persona
+que tras esta, a su parecer, estaba... Le conoc&iacute;a, &iexcl;cosa m&aacute;s rara!, en
+la manera de empujar, en la manera de rasgu&ntilde;ar la fechadura en la manera
+de probar una llave que no serv&iacute;a. Durante un rato, se&ntilde;ora y criada no
+se miraron. A la primera le temblaban las manos y le andaba por dentro
+del cr&aacute;neo un barullo tumultuoso. La sirviente clavaba en la se&ntilde;ora sus
+ojos de gato, y su ir&oacute;nica sonrisa podr&iacute;a ser lo mismo el &uacute;nico aspecto
+c&oacute;mico de la escena que el m&aacute;s terrible y dram&aacute;tico. Pero de repente,
+sin saber c&oacute;mo, criada y ama cruzaron sus miradas, y en una mirada
+pareci&oacute; que se entendieron. Patria le dec&iacute;a con sus ojuelos que
+ara&ntilde;aban: &laquo;Abra usted, tonta, y d&eacute;jese de remilgos&raquo;. La se&ntilde;ora dec&iacute;a:
+&laquo;&iquest;Le parece a usted bien que abra?... &iquest;Cree usted que...?&raquo;.</p>
+
+<p>Pero a Fortunata la gan&oacute; de s&uacute;bito el decoro, y tuvo un rechazo de honor
+y dignidad.</p>
+
+<p>&laquo;Si esto sigue&mdash;dijo&mdash;, despertar&eacute; a mi marido. &iexcl;Ah!, ya parece que se
+retira el ladr&oacute;n, pues ladr&oacute;n debe de ser...&raquo;.</p>
+
+<p>Toc&oacute; el cerrojo para cerciorarse de que estaba corrido, y se fue a la
+sala. Patricia volvi&oacute; a la cocina.</p>
+
+<p>&laquo;En todo caso, es demasiado pronto&raquo; pens&oacute; Fortunata sent&aacute;ndose en una
+silla y poni&eacute;ndose a pensar. Fue como una concesi&oacute;n a las ideas malas
+que con tanta presteza surg&iacute;an de su cerebro, como salen del hormiguero
+las hormigas, en larga procesi&oacute;n, negras y diligentes. Despu&eacute;s trat&oacute; de
+rehacerse de nuevo: &laquo;Resueltamente, ma&ntilde;ana le digo a mi marido que la
+casa no me gusta y que es preciso que nos mudemos. Y a esta sinverg&uuml;enza
+la planto en la calle&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; cosas pasan! De improviso, obedeciendo a un movimiento
+irresistible, casi puramente mec&aacute;nico y fatal, Fortunata se levant&oacute; y
+saliendo de la sala, se acerc&oacute; a la puerta. En aquel acto, todo lo que
+constituye la entidad moral hab&iacute;a desaparecido con total eclipse del
+alma de la infortunada mujer; no hab&iacute;a m&aacute;s que el impulso f&iacute;sico, y lo
+poco que de espiritual hab&iacute;a en ello, enga&ntilde;&aacute;base a s&iacute; mismo crey&eacute;ndose
+simple curiosidad. Aplic&oacute; el o&iacute;do a la rejilla... Pues s&iacute;, la persona,
+el ladr&oacute;n o lo que fuera, continuaba all&iacute;. Instintivamente, como el
+suicida pone el dedo en el gatillo, llev&oacute; la mano al cerrojo; pero as&iacute;
+como el suicida, instintivamente tambi&eacute;n, se sobrecoge y no tira, apart&oacute;
+su mano del cerrojo, el cual ten&iacute;a el mango tieso hacia adelante como un
+dedo que se&ntilde;ala.</p>
+
+<p>Entonces, por los huecos de la rejilla, de fuera adentro, penetraron
+estas palabras adelgazadas por la voz, cual si hubieran de pasar por un
+tamiz fin&iacute;simo: &laquo;Nena, nena... ahora s&iacute; que no te me escapas&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no hizo movimiento alguno. Se hab&iacute;a convertido en estatua.
+Cre&iacute;a estar sola, y vio que Patria se acercaba pasito a pasito, pisando
+como los gatos. No con el lenguaje, sino con aquella cara gatesca y
+aquella boca que parec&iacute;a que se estaba siempre relamiendo, dec&iacute;a:
+&laquo;Se&ntilde;orita, abra usted y no haga m&aacute;s papeles. Si al fin ha de abrir
+ma&ntilde;ana, &iquest;por qu&eacute; no abre esta noche?&raquo;.</p>
+
+<p>Como si esto hubiera sido expresado con la voz, con la voz respondi&oacute; la
+se&ntilde;ora: &laquo;No, no abro&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya por Dios... Largo y temeroso silencio sigui&oacute; a esto. Despu&eacute;s
+sintieron que se abr&iacute;a y se cerraba la puerta del cuarto vecino.
+Fortunata respir&oacute;. El <i>otro</i>, cansado de esperar, se retiraba.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya por Dios&raquo; repiti&oacute; Patria, como si dijera: &laquo;Tanto repulgo para
+caerse luego...&raquo;.</p>
+
+<p>Pasado un cuarto de hora, sintieron que se abr&iacute;a otra vez la puerta de
+la izquierda. Corri&oacute; Fortunata al ventanillo, mir&oacute; con cuidado y... el
+<i>otro</i> sal&iacute;a embozado en su capa con vueltas encarnadas. La emoci&oacute;n que
+sinti&oacute; al verle fue tan grande, que se qued&oacute; como yerta, sin saber d&oacute;nde
+estaba. Hac&iacute;a tres a&ntilde;os que no le hab&iacute;a visto... Observ&oacute; un hecho muy
+desagradable: al salir el tal, no hab&iacute;a mirado a la puerta de la
+derecha, como parec&iacute;a natural... Estaba enojado sin duda...</p>
+
+<p>Y movida del mismo impulso mec&aacute;nico, la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n corri&oacute; al balc&oacute;n
+de la sala, y abri&oacute; quedamente la madera... En efecto, le vio atravesar
+la calle y doblar la esquina de la de Don Juan de Austria. Tampoco hab&iacute;a
+mirado para los balcones de la casa, como es natural mire el chasqueado
+expugnador de una plaza, al retirarse de sus muros.</p>
+
+<p>Patricia se permiti&oacute; la confianza de poner su mano en el hombro de su
+ama, dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&laquo;Ahora s&iacute; que nos podemos acostar. &iexcl;Qu&eacute; susto hemos pasado!&raquo;. Fortunata
+le respondi&oacute;: &laquo;&iquest;Susto yo?... &iexcl;quia!&raquo;. Todo esto se dec&iacute;a con un
+cuchicheo cauteloso, y lo mismo lo habr&iacute;an dicho aunque no hubiera all&iacute;
+un enfermo cuyo sue&ntilde;o hab&iacute;a que respetar. La criada se desliz&oacute;
+blandamente por los oscuros pasillos y el ama entr&oacute; en la alcoba. Al ver
+a su marido, sinti&oacute; como si lo que est&aacute; a cien mil leguas de nosotros se
+nos pusiera al lado de repente. Maxi hab&iacute;a dado vueltas en el lecho y
+dorm&iacute;a como los p&aacute;jaros, con la cabeza bajo el ala. El mezquino cuerpo
+se perd&iacute;a en la anchura de aquella cama tan grande, y all&iacute; pod&iacute;a
+pasearse en sue&ntilde;os el esposo como en los inconmensurables espacios del
+Limbo.</p>
+
+<p>La esposa no se acost&oacute;, y acercando una butaca a la cama, y ech&aacute;ndose en
+ella, cerr&oacute; los ojos. Y all&aacute; de madrugada fue vencida del sue&ntilde;o, y se le
+arm&oacute; en el cerebro un penoso tumulto de cerrojos que se descorr&iacute;an, de
+puertas que se franqueaban, de tabiques transparentes y de hombres que
+se colaban en su casa filtr&aacute;ndose por las paredes.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, Maxi estaba mejor, pero rendid&iacute;simo. Daba l&aacute;stima
+verle. Su palidez era como la de un muerto; ten&iacute;a la lengua blanca,
+mucha debilidad y ning&uacute;n apetito.</p>
+
+<p>Di&eacute;ronle algo de comer, y Fortunata opin&oacute; que deb&iacute;a quedarse en la cama
+hasta la tarde. Esto no le disgustaba a Maxi, porque sent&iacute;a cierto
+alborozo infantil de verse en aquel lecho tan grand&oacute;n y rodar por &eacute;l. La
+mujer le cuidaba como se cuida a un ni&ntilde;o, y se hab&iacute;a borrado de su mente
+la idea de que era un hombre.</p>
+
+<p>Vino do&ntilde;a Lupe muy temprano, y enterada que Maxi estaba bien, empez&oacute; a
+dar &oacute;rdenes y m&aacute;s &oacute;rdenes, y a incomodarse porque ciertas cosas no se
+hab&iacute;an hecho como ella mandara. Iba de la sala a la cocina y de la
+cocina a la sala, dictando reglas y pragm&aacute;ticas de buen gobierno. Maxi
+se quejaba de que su mujer estaba m&aacute;s tiempo fuera de la alcoba que en
+ella, y la llamaba a cada instante.</p>
+
+<p>&laquo;Gracias a Dios, hija, que pareces por aqu&iacute;. Ni siquiera me has dado un
+beso. &iexcl;Qu&eacute; d&iacute;a de boda, hija, y qu&eacute; noche! Esta maldita jaqueca... pero
+ya pas&oacute;, y ahora lo menos en quince d&iacute;as no me volver&aacute; a dar... &iexcl;Vamos!,
+ya est&aacute;s otra vez queriendo marcharte a la cocina. &iquest;No est&aacute; ah&iacute; esa
+se&ntilde;ora Patria?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ha ido a la compra. La que est&aacute; es tu t&iacute;a, por cierto dando
+<i>tantismas</i> &oacute;rdenes, que no sabe una a cu&aacute;l atender primero.</p>
+
+<p>&mdash;Pues d&eacute;jala. T&uacute;, a todo di que s&iacute;, y luego haces lo que quieras,
+pichona. Ven ac&aacute;... Que trabaje Patria; para eso est&aacute;. &iexcl;Qu&eacute; bien sirve!
+&iquest;verdad? Es una mujer muy lista.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo...&mdash;&iquest;Te vas de veras?&mdash;S&iacute;, porque si no, tu t&iacute;a me va a
+echar los tiempos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues me gusta!... Entonces me levanto, y me voy tambi&eacute;n a la cocina.
+Yo quiero estarte mirando hasta que me harte bien. Ahora eres m&iacute;a; soy
+tu due&ntilde;o &uacute;nico, y mando en ti.</p>
+
+<p>&mdash;Vuelvo al momentito, rico...&mdash;Estos momentitos me cargan&mdash;dijo &eacute;l
+nadando en las s&aacute;banas como si fueran olas.</p>
+
+<p>Toda la ma&ntilde;ana tuvo Fortunata el pensamiento fijo en la casa vecina.
+Mientras almorzaba sola, miraba por la ventana del patio, pero no vio a
+nadie. Parec&iacute;a vivienda deshabitada. Siempre que pasaba por la sala
+echaba la esposa de Rub&iacute;n miradas furtivas a la calle. Ni un alma. Sin
+duda la trampa se armaba s&oacute;lo por las noches.</p>
+
+<p>A la tarde, hall&aacute;ndose sola con Patricia en la cocina, tuvo ya las
+palabras en la boca para preguntarle: &laquo;&iquest;y los de al lado?&raquo;. Pero no
+despleg&oacute; sus labios. Debi&oacute; de penetrar la maldita gata aquella en el
+pensamiento de su ama, pues como si contestara a una pregunta, le dijo
+de buenas a primeras:</p>
+
+<p>&laquo;Pues ahorita, cuando baj&eacute; a la carnicer&iacute;a, &iquest;sabe?, encontreme a la
+se&ntilde;orita Cirila. Me pregunt&oacute; por el se&ntilde;orito, y dijo que pasar&iacute;a a verla
+a usted, sin decir cu&aacute;ndo ni cu&aacute;ndo no.</p>
+
+<p>&mdash;No me venga usted con cuentos de... esa familiona&mdash;contest&oacute; Fortunata,
+cuyo &aacute;nimo estaba bastante aplacado para poder tomar aquella correcta
+actitud&mdash;. Ni qu&eacute; me importa a m&iacute;... &iquest;me entiende usted?</p>
+
+<p>Maximiliano se levant&oacute;, dio algunas vueltas; pero estaba tan d&eacute;bil, que
+tuvo que volver a acostarse. Ella, en tanto, segu&iacute;a observando. No se
+o&iacute;a en la vecindad ning&uacute;n rumor. Por la noche igual silencio. Parec&iacute;a
+que a la do&ntilde;a Cirila, a su marido, el de la gorra con letras, y a los
+amigos que les visitaban, se les hab&iacute;a tragado la tierra. Por la noche,
+sinti&oacute; Fortunata tristeza y desasosiego tan grandes, que no sab&iacute;a lo que
+le pasaba. Se habr&iacute;a podido creer que la contrariaba el no ver a nadie
+de la casa pr&oacute;xima, el no sentir pisadas, ni ruido de puertas, ni nada.
+Maximiliano, que desde media tarde hab&iacute;a vuelto a nadar entre las
+agitadas s&aacute;banas del lecho, y estaba tan impertinente como un ni&ntilde;o
+enfermo que ha entrado en la convalecencia, dijo a su consorte, ya cerca
+de las diez, que se acostase, y esta obedeci&oacute;; mas la repugnancia y
+hast&iacute;o que inundaban su alma en aquel instante eran de tal modo
+imperiosos, que le cost&oacute; trabajo no darlos a conocer. Y el pobre chico
+no se encontraba en aptitud de expresarle su desmedido amor de otro modo
+que por manifestaciones relacionadas exclusivamente con el pensamiento y
+con el coraz&oacute;n. Palabras ardientes sin eco en ninguna concavidad de la
+m&aacute;quina humana, impulsos de cari&ntilde;o propiamente ideales, y de aqu&iacute; no
+sal&iacute;a, es decir, no pod&iacute;a salir. Fortunata le dijo con expresi&oacute;n
+fraternal y consoladora: &laquo;Mira, du&eacute;rmete, descansa y no te acalores.
+Anoche has estado muy malito, y necesitas unos d&iacute;as para reponerte.
+Hazte cuenta que no estoy aqu&iacute;, y a dormir se ha dicho&raquo;. Si lo
+tranquiliz&oacute;, no se sabe; pero ello es que se qued&oacute; dormida, y no
+despert&oacute; hasta las siete de la ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>Maxi se qued&oacute; m&aacute;s tiempo en la cama, hart&aacute;ndose de sue&ntilde;o, aquel reparo
+que su desmedrada constituci&oacute;n reclamaba. P&uacute;sose Fortunata a arreglar la
+casa y mand&oacute; a Patricia a la compra, cuando he aqu&iacute; que entra do&ntilde;a Lupe
+toda descompuesta: &laquo;&iquest;No sabes lo que pasa? Pues una friolera. D&eacute;jame
+sentar que vengo sofocad&iacute;sima. Vaya que dan que hacer mis dichosos
+sobrinos. Anoche han puesto preso a Juan Pablo. Ha venido a dec&iacute;rmelo
+ahora mismo D. Basilio. Entraron los de la polic&iacute;a en la casa de esa
+mujer con quien vive ahora, &iquest;te vas enterando?, y despu&eacute;s de registrar
+todo y de coger los papeles, trincaron a mi sobrino, y en el Saladero me
+le tienes... Vamos a ver, &iquest;y qu&eacute; hago yo ahora? Francamente, se ha
+portado muy mal conmigo; es un mal agradecido y un manirroto. Si s&oacute;lo se
+tratara de tenerle unos d&iacute;as en la c&aacute;rcel, hasta me alegrar&iacute;a, para que
+escarmiente y no vuelva a meterse donde no le llaman. Pero me ha dicho
+D. Basilio que a todos los presos de anoche... han cogido a mucha
+gente... les van a mandar nada menos que a las islas Marianas; y aunque
+Juan Pablo se tiene bien merecido este paseo, francamente, es mi
+sobrino, y he de hacer cuanto pueda para que le pongan en libertad&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi, que oyera desde la alcoba algunas palabras de este relato, llam&oacute;;
+y do&ntilde;a Lupe lo repiti&oacute; en su presencia, a&ntilde;adiendo:</p>
+
+<p>&laquo;Es preciso que te levantes ahora mismo y vayas a ver a todas las
+personas que puedan interesarse por tu hermano, que bien ganado se tiene
+el achuch&oacute;n, &iexcl;pero qu&eacute; le hemos de hacer!... T&uacute; ver&aacute;s a D. Le&oacute;n Pintado,
+para que te presente al Doctor Sede&ntilde;o, el cual te presentar&aacute; a D. Juan
+de Lantigua, que aunque es un se&ntilde;or muy <i>neo</i>, tiene influencia por su
+respetabilidad. Yo pienso ver a Casta Moreno para que interceda con D.
+Manuel Moreno Isla, y este le hable a Zalamero, que est&aacute; casado con la
+chica de Ruiz Ochoa. Cada uno por su lado, beberemos los vientos para
+impedir que le plantifiquen en las islas Marianas&raquo;. Vistiose el joven a
+toda prisa, y do&ntilde;a Lupe, en tanto, dispuso que no se hiciese almuerzo en
+la cocina de Fortunata, y que esta y su marido almorzaran con ella, para
+estar de este modo reunidos en d&iacute;a de tanto traj&iacute;n. Maxi sali&oacute; despu&eacute;s
+de desayunarse, y su mujer y su t&iacute;a se fueron a la otra casa. Por el
+camino, do&ntilde;a Lupe dec&iacute;a: &laquo;Es l&aacute;stima que Nicol&aacute;s se haya ido a Toledo
+hace dos d&iacute;as, pues si estuviera aqu&iacute;, &eacute;l dar&iacute;a pasos por su hermano, y
+con seguridad le sacar&iacute;a hoy mismo de la c&aacute;rcel, porque los curas son
+los que m&aacute;s conspiran y los que m&aacute;s pueden con el Gobierno... Ellos la
+arman, y luego se dan buena ma&ntilde;a para atarles las manos a los ministros
+cuando tocan a castigar. As&iacute; est&aacute; el pa&iacute;s que es un dolor... todo tan
+perdido... &iexcl;Hay m&aacute;s miseria...!, y las patatas a seis reales arroba,
+cosa que no se ha visto nunca&raquo;.</p>
+
+<p>P&uacute;sose la viuda en movimiento con aquella actividad valerosa que le
+hab&iacute;a proporcionado tantos &eacute;xitos en su vida, y Fortunata y Papitos
+quedaron encargadas de hacer el almuerzo. A la hora de este, volvi&oacute; do&ntilde;a
+Lupe sofocada, diciendo que Samaniego, el marido de Casta Moreno, se
+hallaba en peligro de muerte y que por aquel lado no pod&iacute;a hacerse nada.
+Casta no estaba en disposici&oacute;n de acompa&ntilde;arla a ninguna parte. Tocar&iacute;a,
+pues, a otra puerta, y&eacute;ndose derechita a ver al Sr. de Feijoo, que era
+amigo suyo y hab&iacute;a sido su pretendiente, y ten&iacute;a gran amistad con don
+Jacinto Villalonga, &iacute;ntimo del Ministro de la Gobernaci&oacute;n. A poco lleg&oacute;
+don Basilio diciendo que Maxi no ven&iacute;a a almorzar. &laquo;Ha ido con D. Le&oacute;n
+Pintado a ver a no s&eacute; qu&eacute; personaje, y tienen para un rato&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata determin&oacute; volverse a su casa, pues ten&iacute;a algo que hacer en
+ella, y repiti&eacute;ndole a Papitos las varias disposiciones dictadas por la
+aut&oacute;crata en el momento de su segunda salida, se puso el mant&oacute;n y cogi&oacute;
+calle. No ten&iacute;a prisa y se fue a dar un pase&iacute;to, recre&aacute;ndose en la
+hermosura del d&iacute;a, y dando vueltas a su pensamiento, que estaba como el
+T&iacute;o Vivo, dale que le dar&aacute;s, y torna y vira... Iba despacio por la calle
+de Santa Engracia, y se detuvo un instante en una tienda a comprar
+d&aacute;tiles, que le gustaban mucho. Siguiendo luego su vagabundo camino,
+saboreaba el placer &iacute;ntimo de la libertad, de estar sola y suelta
+siquiera poco tiempo. La idea de poder ir a donde gustase la excitaba
+haciendo circular su sangre con m&aacute;s viveza. Trad&uacute;jose esta disposici&oacute;n
+de &aacute;nimo en un sentimiento filantr&oacute;pico, pues toda la calderilla que
+ten&iacute;a la iba dando a los pobres que encontraba, que no eran pocos... Y
+anda que andar&aacute;s, vino a hacerse la consideraci&oacute;n de que no sent&iacute;a
+malditas ganas de meterse en su casa. &iquest;Qu&eacute; iba ella a hacer en su casa?
+Nada. Conven&iacute;ale sacudirse, tomar el aire. Bastante esclavitud hab&iacute;a
+tenido dentro de las Micaelas. &iexcl;Qu&eacute; gusto poder coger de punta a punta
+una calle tan larga como la de Santa Engracia! El principal goce del
+paseo era ir solita, libre. Ni Maxi ni do&ntilde;a Lupe ni Patricia ni nadie
+pod&iacute;an contarle los pasos, ni vigilarla ni detenerla.</p>
+
+<p>Se hubiera ido as&iacute;... sabe Dios hasta d&oacute;nde. Miraba todo con la
+curiosidad alborozada que las cosas m&aacute;s insignificantes inspiran a la
+persona salida de un largo cautiverio. Su pensamiento se gallardeaba en
+aquella dulce libertad, recre&aacute;ndose con sus propias ideas. &iexcl;Qu&eacute; bonita,
+<i>verbi gracia</i>, era la vida sin cuidados, al lado de personas que la
+quieren a una y a quien una quiere...! Fijose en las casas del barrio de
+las Virtudes, pues las habitaciones de los pobres le inspiraban siempre
+cari&ntilde;oso inter&eacute;s. Las mujeres mal vestidas que sal&iacute;an a las puertas y
+los chicos derrotados y sucios que jugaban en la calle atra&iacute;an sus
+miradas, porque la existencia tranquila, aunque fuese oscura y con
+estrecheces, le causaba envidia. Semejante vida no pod&iacute;a ser para ella,
+porque estaba fuera de su centro natural, Hab&iacute;a nacido para menestrala;
+no le importaba trabajar <i>como el obispo</i> con tal de poseer lo que por
+suyo ten&iacute;a. Pero alguien la sac&oacute; de aquel su primer molde para lanzarla
+a vida distinta; despu&eacute;s la trajeron y la llevaron diferentes manos. Y
+por fin, otras manos empe&ntilde;&aacute;ronse en convertirla en se&ntilde;ora. La pon&iacute;an en
+un convento para moldearla de nuevo, despu&eacute;s la casaban... y tira y
+dale. Figur&aacute;base ser una mu&ntilde;eca viva, con la cual jugaba una entidad
+invisible, desconocida, y a la cual no sab&iacute;a dar nombre.</p>
+
+<p>Ocurriole si no tendr&iacute;a ella <i>pecho</i> alguna vez, quer&iacute;a decir
+iniciativa... si no har&iacute;a alguna vez lo que le saliera <i>de entre s&iacute;</i>.
+Embebecida en esta cavilaci&oacute;n lleg&oacute; al Campo de Guardias, junto al
+Dep&oacute;sito. Hab&iacute;a all&iacute; muchos sillares, y sent&aacute;ndose en uno de ellos,
+empez&oacute; a comer d&aacute;tiles. Siempre que arrojaba un hueso, parec&iacute;a que
+lanzaba a la inmensidad del pensar general una idea suya, calentita,
+como se arroja la chispa al mont&oacute;n de paja para que arda.</p>
+
+<p>&laquo;Todo va al rev&eacute;s para m&iacute;... Dios no me hace caso. Cuidado que me pone
+las cosas mal... El hombre que quise, &iquest;por qu&eacute; no era un triste alba&ntilde;il?
+Pues no; hab&iacute;a de ser se&ntilde;orito rico, para que me enga&ntilde;ara y no se
+pudiera casar conmigo... Luego, lo natural era que yo le aborreciera...
+pues no se&ntilde;or, sale siempre la mala, sale que le quiero m&aacute;s... Luego lo
+natural era que me dejara en paz, y as&iacute; se me pasar&iacute;a esto; pues no
+se&ntilde;or, la mala otra vez; me anda rondando y me tiene armada una
+trampa... Tambi&eacute;n era natural que ninguna persona decente se quisiera
+casar conmigo; pues no se&ntilde;or, sale Maxi y... &iexcl;tras!, me pone en el
+disparadero de casarme, y nada, cuando apenas lo pienso, bendici&oacute;n al
+canto... &iquest;Pero es verdad que estoy casada yo?...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>Miraba el hueso del d&aacute;til que se acababa de comer, y como si el hueso le
+dijera que s&iacute;, hizo ella un signo afirmativo y algo desconsolado...
+&laquo;&iexcl;Vaya si lo estoy!&raquo;. Quedose tan profundamente ensimismada, que olvid&oacute;
+d&oacute;nde estaba. Pero levant&aacute;ndose de repente, ech&oacute; a andar hacia abajo,
+como los que llevan en el cerebro ese cascabel que se llama <i>idea fija</i>.
+Hab&iacute;a subido la luenga calle con aires de paseante, distra&iacute;da, alegre,
+vago el mirar; baj&aacute;bala como los monomaniacos. Al llegar frente a la
+iglesia, sacola de este embebecimiento un ruido de pasos que sinti&oacute; tras
+s&iacute;. &laquo;Estos pasos son los suyos&mdash;pens&oacute;&mdash;; pues lo que es yo no miro para
+atr&aacute;s. &iquest;Qu&eacute; har&eacute;? Aprisita, aprisita&raquo;.</p>
+
+<p>La curiosidad pudo m&aacute;s que nada y Fortunata mir&oacute;; no era. M&aacute;s adelante
+sinti&oacute; otra vez pasos persistentes y vio una sombra que se extend&iacute;a por
+la calle, paralela a su sombra. Aquel s&iacute; era... &iquest;Mirar&iacute;a? No; m&aacute;s val&iacute;a
+no darse por entendida... Por fin, la p&iacute;cara curiosidad... Mir&oacute; y
+tampoco era. Al llegar a su casa estaba m&aacute;s tranquila. Cuando Patria
+abri&oacute; la puerta, le pregunt&oacute;: &laquo;&iquest;Ha venido alguien? &iquest;El se&ntilde;orito
+est&aacute;?...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;orito no viene hasta la noche. Mand&oacute; un recado para que no le
+esperase usted.</p>
+
+<p>Y la taimada gata se sonre&iacute;a de un modo tan zalamero, que Fortunata no
+pudo menos de preguntarle: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n est&aacute; ah&iacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a sonre&iacute;r Patricia con infernal malicia, y... &laquo;&iquest;Qu&eacute;... pero
+qu&eacute;...?&raquo; balbuci&oacute; la se&ntilde;ora acerc&aacute;ndose de puntillas a la puerta de la
+sala. Empujola suavemente hasta abrir un poquito. No ve&iacute;a nada. Abri&oacute;
+m&aacute;s, m&aacute;s... Estaba p&aacute;lida como si se hubiera quedado sin sangre... Abri&oacute;
+m&aacute;s... acab&aacute;ramos. En el sof&aacute; de la sala, tranquilamente sentado...
+&iexcl;Dios!, <i>el otro</i>. Fortunata estuvo a punto de perder el conocimiento.
+Le pas&oacute; un no s&eacute; qu&eacute; por delante de los ojos, algo como un velo que baja
+o un velo que sube. No dijo nada. &Eacute;l, p&aacute;lido tambi&eacute;n, se levant&oacute; y dijo
+claramente: &laquo;Adelante, <i>nena</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no daba un paso. De repente (el demonio explicara aquello),
+sinti&oacute; una alegr&iacute;a insensata, un estallido de infinitas ansias que en su
+alma estaban contenidas. Y se precipit&oacute; en los brazos del Delf&iacute;n,
+lanzando este grito salvaje: &laquo;&iexcl;Nene!... &iexcl;bendito Dios!&raquo;.</p>
+
+<p>Olvidados de todo, los amantes estuvieron abrazados largo rato. La
+pr&oacute;jima fue quien primero habl&oacute;, diciendo: &laquo;Nene, me muero por ti...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Ven ac&aacute;&raquo; dijo Santa Cruz cogi&eacute;ndola por una brazo. Dej&aacute;base llevar
+ella, como la cosa m&aacute;s natural del mundo. Franquearon la puerta de la
+casa, que estaba abierta. Y la del cuarto de la izquierda, &iexcl;qu&eacute;
+casualidad!, abierta tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Luego que pasaron, alguien cerr&oacute;. En aquella morada reinaba una
+discreci&oacute;n alevosa. Juan la llev&oacute; a una salita muy bien puesta, junto a
+la cual hab&iacute;a una alcoba perfectamente arreglada. Sent&aacute;ronse en el sof&aacute;
+y se volvieron a abrazar. Fortunata estaba como embriagada, con cierto
+desvar&iacute;o en el alma, perdida la memoria de los hechos recientes. Toda
+idea moral hab&iacute;a desaparecido como un sue&ntilde;o borrado del cerebro al
+despertar; su casamiento, su marido, las Micaelas, todo esto se hab&iacute;a
+alejado y pu&eacute;stose a millones de leguas, en punto donde ni aun el
+pensamiento lo pod&iacute;a seguir. Su amante le dijo con simp&aacute;tica voz:
+&laquo;&iexcl;cu&aacute;nto tenemos que hablar!&raquo; y a ella le entr&oacute; una risa convulsiva, que
+dif&iacute;cilmente pod&iacute;a expresarse: &laquo;Ji ji ji... &iexcl;tres a&ntilde;os!... no, m&aacute;s a&ntilde;os,
+m&aacute;s porque ji ji ji... &iquest;Ves c&oacute;mo tiemblo? No s&eacute; lo que me pasa... pues
+s&iacute;, m&aacute;s tiempo, porque cuando estuve aqu&iacute; con ji ji ji... <i>Ju&aacute;rez el
+Negro</i>, te vi y no te vi... y siempre &eacute;l delante, y un d&iacute;a que le dije
+que te quer&iacute;a, sac&oacute; un cuchillo muy grande, ji ji ji... y me quiso
+matar... Yo muri&eacute;ndome por hablarte y &eacute;l que no... que no... Nuestro
+<i>nen&iacute;n</i> muerto, y yo m&aacute;s muerta, ji ji; y en Barcelona me acordaba de ti
+y te mandaba besos por el aire, y en Zaragoza... besos por el aire... ji
+ji, y en Madrid lo mismo. Y cuando me metieron en el convento,
+tambi&eacute;n... ji ji ji... besos por el aire... y t&uacute; sin acordarte de m&iacute;,
+malo...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sin acordarme! Desde que volv&iacute; de Valencia te estoy dando caza... &iexcl;Lo
+que he pasado, hija! Ya te contar&eacute;. Y al fin te he cogido... &iexcl;ah, buena
+pieza! Ahora me las pagar&aacute;s todas juntas... &iexcl;Cu&aacute;nto me has hecho
+sufrir!... &iexcl;M&aacute;s maldiciones le he echado a ese dichoso convento...! Pero
+qu&eacute; guapa est&aacute;s, nena.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Chi</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s hermos&iacute;sima.&mdash;<i>Chi</i>... para ti.</p>
+
+<p>El fr&iacute;o aquel de fiebre se troc&oacute; de improviso en calor violent&iacute;simo, y
+la risa convulsiva en explosi&oacute;n de llanto.</p>
+
+<p>&laquo;No es d&iacute;a de llorar, sino de estar alegre&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes de qu&eacute; me acuerdo? De mi <i>nen&iacute;n</i> tan gracioso... Si hubiera
+vivido, le habr&iacute;as querido t&uacute;, &iquest;verdad? Me parece que le veo, cuando se
+le llevaron en la cajita azul... Aquella misma noche fue cuando Ju&aacute;rez
+el Negro me sac&oacute; un cuchillote tan grande, y me dijo con aquel vocerr&oacute;n:
+&laquo;Brr... son las ocho; reza lo que tengas que rezar, porque antes de las
+nueve te mato&raquo;. Estaba furioso de celos... &iexcl;Ay, qu&eacute; miedo tan atroz!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;nto tenemos que contar!... yo a ti, t&uacute; a m&iacute;. Ya s&eacute; que te has
+casado. Has hecho bien.</p>
+
+<p>Este <i>has hecho bien</i> le cay&oacute; a la pr&oacute;jima como una gota fr&iacute;a en el
+coraz&oacute;n, tray&eacute;ndola bruscamente a la realidad. Enjugando sus l&aacute;grimas,
+se acord&oacute; de Maxi, de su boda; y su casa, que se hab&iacute;a alejado cien
+millas de leguas, se puso all&iacute;, a cuatro pasos, f&uacute;nebre y antip&aacute;tica. El
+rechazo de su alma ante este fen&oacute;meno le sec&oacute; en un instante todas las
+l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y por qu&eacute; hice bien?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Porque as&iacute; eres m&aacute;s libre y tienes un nombre. Puedes hacer lo que
+quieras, siempre que lo hagas con discreci&oacute;n. He o&iacute;do que tu marido es
+un buen chico, que ve visiones...</p>
+
+<p>Al o&iacute;r esto, vio Fortunata levantarse en su esp&iacute;ritu la imagen ideal, o
+m&aacute;s bien, el espectro de su perversidad. Lo que acababa de hacer era de
+lo que apenas tiene nombre, por lo muy extraordinario y anormal, en el
+registro de las maldades humanas. El lugar, la ocasi&oacute;n daban a su acto
+mayor fealdad, y as&iacute; lo comprendi&oacute; en un r&aacute;pido examen de conciencia;
+pero ten&iacute;a la antigua y siempre nueva pasi&oacute;n tanto empuje y lozan&iacute;a, que
+el espectro huy&oacute; sin dejar rastro de s&iacute;. Se consideraba Fortunata en
+aquel caso como ciego mecanismo que recibe impulso de sobrenatural mano.
+Lo que hab&iacute;a hecho, hac&iacute;alo, a juicio suyo, por disposici&oacute;n de las
+misteriosas energ&iacute;as que ordenan las cosas m&aacute;s grandes del universo, la
+salida del Sol y la ca&iacute;da de los cuerpos graves. Y ni pod&iacute;a dejar de
+hacerlo, ni discut&iacute;a lo inevitable, ni intentaba atenuar su
+responsabilidad, porque esta no la ve&iacute;a muy clara, y aunque la viese,
+era persona tan firme en su direcci&oacute;n, que no se deten&iacute;a ante ninguna
+consecuencia, y se <i>conformaba</i>, tal era su idea, <i>con ir al infierno</i>.</p>
+
+<p>&laquo;Esto de alquilar la casa pr&oacute;xima a la tuya&mdash;dijo Santa Cruz&mdash;, es una
+calaverada que no puede disculparse sino por la demencia en que yo
+estaba, ni&ntilde;a m&iacute;a, y por mi furor de verte y hablarte. Cuando supe que
+hab&iacute;as venido a Madrid, &iexcl;me entr&oacute; un delirio...! Yo ten&iacute;a contigo una
+deuda del coraz&oacute;n, y el cari&ntilde;o que te deb&iacute;a me pesaba en la conciencia.
+Me volv&iacute; loco, te busqu&eacute; como se busca lo que m&aacute;s queremos en el mundo.
+No te encontr&eacute;; a la vuelta de una esquina me acechaba una pulmon&iacute;a para
+darme el estacazo... ca&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobrecito m&iacute;o!... Lo supe, s&iacute;. Tambi&eacute;n supe que me buscaste. &iexcl;Dios te
+lo pague! Si lo hubiera sabido antes, me habr&iacute;as encontrado.</p>
+
+<p>Esparci&oacute; sus miradas por la sala; pero la relativa elegancia con que
+estaba puesta no la afect&oacute;. En miserable bodeg&oacute;n, en un s&oacute;tano lleno de
+telara&ntilde;as, en cualquier lugar subterr&aacute;neo y f&eacute;tido habr&iacute;a estado
+contenta con tal de tener al lado a quien entonces ten&iacute;a. No se hartaba
+de mirarle.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; guapo est&aacute;s!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues y t&uacute;? &iexcl;Est&aacute;s precios&iacute;sima!... Est&aacute;s ahora mucho mejor que antes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, no&mdash;repuso ella con cierta coqueter&iacute;a&mdash;. &iquest;Lo dices porque me he
+civilizado algo? &iexcl;Quia!, no lo creas: yo no me civilizo, ni quiero; soy
+siempre pueblo; quiero ser como antes, como cuando t&uacute; me echaste el
+lazo y me cogiste.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pueblo!, eso es&mdash;observ&oacute; Juan con un poquito de pedanter&iacute;a&mdash;; en
+otros t&eacute;rminos: lo esencial de la humanidad, la materia prima, porque
+cuando la civilizaci&oacute;n deja perder los grandes sentimientos, las ideas
+matrices, hay que ir a buscarlos al bloque, a la cantera del pueblo.</p>
+
+<p>Fortunata no entend&iacute;a bien los conceptos; pero alguna idea vaga ten&iacute;a de
+aquello.</p>
+
+<p>&laquo;Me parece mentira&mdash;dijo &eacute;l&mdash;, que te tengo aqu&iacute;, cogida otra vez con
+lazo, fierecita m&iacute;a, y que puedo pedirte perd&oacute;n por todo el mal que te
+he hecho...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Quita all&aacute;... &iexcl;perd&oacute;n!&mdash;exclam&oacute; la joven aneg&aacute;ndose en su propia
+generosidad&mdash;. Si me quieres, &iquest;qu&eacute; importa lo pasado?</p>
+
+<p>En el mismo instante alz&oacute; la frente, y con sat&aacute;nica convicci&oacute;n, que
+ten&iacute;a cierta hermosura por ser convicci&oacute;n y por ser sat&aacute;nica, se dej&oacute;
+decir estas arrogantes palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Mi marido eres t&uacute;... todo lo dem&aacute;s... &iexcl;papas!&raquo;.</p>
+
+<p>El&aacute;stica era la conciencia de Santa Cruz, mas no tanto que no sintiera
+cierto terror al o&iacute;r expresi&oacute;n tan atrevida. Por corresponder, iba &eacute;l a
+decir <i>mi mujer eres t&uacute;</i>; pero envain&oacute; su mentira, como el hombre
+prudente que reserva para los casos graves el uso de las armas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>Ya de noche pas&oacute; Fortunata a su casa. Su marido no hab&iacute;a llegado a&uacute;n.
+Mientras le esperaba, la pecadora volvi&oacute; a ver el espectro aquel de su
+perversidad; pero entonces le vio m&aacute;s claro, y no pudo tan f&aacute;cilmente
+hacerle huir de su esp&iacute;ritu. &laquo;Me han enga&ntilde;ado&mdash;pensaba&mdash;, me han llevado
+al casorio, como llevan una res al matadero, y cuando quise recordar, ya
+estaba degollada... &iquest;Qu&eacute; culpa tengo yo?&raquo;. La casa estaba a oscuras y
+encendi&oacute; luz. Al arrojar la cerilla en el suelo, esta cay&oacute; encendida, y
+Fortunata la mir&oacute; con vivo inter&eacute;s, recordando una de las supersticiones
+que le hab&iacute;an ense&ntilde;ado en su juventud. &laquo;Cuando la cerilla cae
+prendida&mdash;se dijo&mdash;y con la llama vuelta para una, buena suerte&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi entr&oacute; cansado y meditabundo; pero al ver a su mujer se puso alegre.
+&iexcl;Todo un d&iacute;a sin verla! Le hab&iacute;a tra&iacute;do un paquete de rosquillas. &iquest;Y
+Juan Pablo? Al fin se arreglar&iacute;a todo. Seguramente no iba a las islas
+Marianas, pero quiz&aacute;s le tendr&iacute;an en el Saladero quince o veinte d&iacute;as.
+&laquo;Y merecido, hija. &iquest;Para qu&eacute; se mete a buscarle el pelo al huevo?&raquo;.</p>
+
+<p>Mientras comieron, Fortunata contemplaba a su marido, m&aacute;s que en la
+realidad, en s&iacute; misma, y de este examen surg&iacute;a un tedio abrumador, y la
+antipat&iacute;a de marras, pero tan agrandada, tanto, que ya no cab&iacute;a m&aacute;s. Y
+la perversa no trat&oacute; de combatir aquel sentimiento; se recreaba en &eacute;l
+como en una monstruosidad que tiene algo de seductora.</p>
+
+<p>&laquo;Alma m&iacute;a&mdash;le dijo su marido cuando acababan de comer&mdash;, veo con gusto
+que no te falta apetito. &iquest;Quieres que nos vayamos ahora a un caf&eacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;replic&oacute; ella secamente&mdash;. Estoy rendid&iacute;sima. &iquest;No ves que se me
+cierran los p&aacute;rpados? Lo que quiero es dormir.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, mejor; yo tambi&eacute;n lo deseo.</p>
+
+<p>Acost&aacute;ronse, y el tiempo que a&uacute;n estuvo despierta empleolo Fortunata en
+hacer comparaciones. El cuerpo desmedrado de Maxi le produc&iacute;a, al tocar
+el suyo, crispamientos nerviosos. Y tambi&eacute;n se dio a pensar en lo
+molesto y dif&iacute;cil que era para ella tener que vivir dos vidas
+diferentes, una verdadera, otra falsa, como las vidas de los que
+trabajan en el teatro. A ella le era muy dif&iacute;cil representar y fingir,
+por lo que su tormento se crec&iacute;a considerablemente. &laquo;No podr&eacute;, no
+podr&eacute;&mdash;pensaba al dormirse&mdash;hacer esta comedia mucho tiempo&raquo;. A la
+madrugada despert&oacute; despu&eacute;s de un profund&iacute;simo y reparador sue&ntilde;o, y
+entonces le dio por llorar, haciendo c&aacute;lculos, represent&aacute;ndose con gran
+poder de la mente escenas probables, y condoli&eacute;ndose de no poder ver a
+su amante a todas horas.</p>
+
+<p>En los siguientes d&iacute;as, las escapadas al cuarto vecino ten&iacute;an lugar a
+horas varias, cuando Maxi sal&iacute;a. Iba a estudiar con un amigo para tomar
+el grado, y adem&aacute;s sol&iacute;a ir a la farmacia de Samaniego. Ya estaba
+acordado que tendr&iacute;a plaza en el establecimiento. Aunque sus ausencias
+eran seguras, ambos criminales determinaron poner el nido m&aacute;s lejos. En
+tanto, Patricia hac&iacute;a lo que le daba la gana. Las disposiciones de
+Fortunata y aun de la misma do&ntilde;a Lupe eran letra muerta. Robaba
+descaradamente, y su ama no se atrev&iacute;a a reprenderla. Santa Cruz, que
+era el autor de todo aquel fregado, no sab&iacute;a c&oacute;mo arreglarlo, cuando su
+amiga le consultaba. El plan m&aacute;s prudente era tomar otro cuarto y
+despedir luego a Patricia, d&aacute;ndole una buena propina para que se
+callara.</p>
+
+<p>Algunos d&iacute;as el Delf&iacute;n ofrec&iacute;a regalos y dinero a su amante; pero esta
+no quer&iacute;a tomar nada. Se le hab&iacute;a encajado en la cabeza una man&iacute;a
+estramb&oacute;tica, de que ambos se re&iacute;an mucho, cuando ella la contaba. Pues
+la man&iacute;a era que Juanito <i>no deb&iacute;a</i> ser rico. Para que las cosas fueran
+en regla, <i>deb&iacute;a</i> ser pobre, y entonces ella trabajar&iacute;a <i>como una negra</i>
+para mantenerle. &laquo;Si t&uacute; hubieras sido alba&ntilde;il, carpintero o, pongo por
+caso, celador del resguardo, otro gallo me cantara&raquo;.&mdash;&laquo;Vaya por d&oacute;nde te
+ha dado ahora&raquo;.&mdash;&laquo;Y nada m&aacute;s&raquo;. No hab&iacute;a medio de quitarle de la cabeza
+aquella correcci&oacute;n de las obras de la Providencia.</p>
+
+<p>&laquo;En resumidas cuentas&mdash;le dec&iacute;a &eacute;l&mdash;, eres una inocentona. Pero, di, &iquest;no
+te gusta el lujo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando no estoy contigo, me gusta algo, no mucho. Nunca me he chiflado
+por los trapos. Pero cuando te tengo, lo mismo me da oro que cobre; seda
+y percal todo es lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;H&aacute;blame con franqueza. &iquest;No necesitas nada?</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Nada; me lo puedes creer&raquo;.&mdash;&laquo;&iquest;Ese alma de Dios te da todo lo que
+necesitas?&raquo;.&mdash;&laquo;Todo; me lo puedes creer&raquo;.&mdash;&laquo;Quiero regalarte un
+vestido&raquo;.&mdash;&laquo;No me lo pondr&eacute;&raquo;.&mdash;&laquo;Y un sombrero&raquo;.&mdash;&laquo;Lo convertir&eacute; en
+espuerta&raquo;.&mdash;&laquo;&iquest;Has hecho voto de pobreza?&raquo;.&mdash;&laquo;Yo no he hecho voto de
+nada. Te quiero porque te quiero, y no s&eacute; m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Nada, enteramente primitiva&raquo; pensaba el Delf&iacute;n, el bloque del pueblo,
+al cual se han de ir a buscar los sentimientos que la civilizaci&oacute;n deja
+perder por refinarlos demasiado.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a hablaban de Maximiliano. &laquo;&iexcl;Infeliz chico!&mdash;dec&iacute;a Fortunata&mdash;, el
+odio que le he tomado, no es odio verdadero sino l&aacute;stima. Siempre me fue
+muy antip&aacute;tico. Me dej&eacute; meter en las Micaelas y me dej&eacute; casar... &iquest;Sabes
+t&uacute; c&oacute;mo fue todo eso?, pues como lo que cuentan de que <i>manetizan</i> a una
+persona y hacen de ella lo que quieren; lo mismito. Yo, cuando no se
+trata de querer, no tengo voluntad. Me traen y me llevan como una
+mu&ntilde;eca... Y ahora, cr&eacute;ete que me entran remordimientos de enga&ntilde;ar a ese
+pobre chico. Es un angel&oacute;n sin pena ni gloria. Danme ganas a veces de
+desenga&ntilde;arle, y la verdad... Porque lo que es acariciarle, no puedo, se
+me resiste, no est&aacute; en mi natural. Le pido a la Virgen que me d&eacute; fuerzas
+para cantar claro&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A la Virgen!... &iquest;pero t&uacute; crees?...&mdash;dijo Santa Cruz pasmado, pues
+ten&iacute;a a Fortunata por heterodoxa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no he de creer? Lo que me aconseja la Virgen siempre que le rezo
+con los ojos cerrados, es que te quiera mucho y me deje querer de ti...
+La tienes de tu parte, chiquillo... &iquest;De qu&eacute; te espantas? Pues digo; yo
+le rezo a la Virgen y ella me protege, aunque yo sea mala. &iexcl;Qui&eacute;n sabe
+lo que resultar&aacute; de aqu&iacute;, y si las cosas se volver&aacute;n alg&uacute;n d&iacute;a lo que
+<i>deben</i> ser! Y si te hablo con franqueza, a veces dudo que yo sea
+mala... s&iacute;, tengo mis dudas. Puede que no lo sea. La conciencia se me
+vuelve ahora para aqu&iacute;, despu&eacute;s para all&aacute;; estoy dudando siempre, y al
+fin me hago este cargo: <i>querer a quien se quiere no puede ser cosa
+mala</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Oye una cosa&mdash;dijo el Delf&iacute;n, que se recreaba en las singular&iacute;simas
+nociones de aquel esp&iacute;ritu&mdash;. &iquest;Y si tu marido descubriera esto y me
+quisiera matar?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!, no me lo digas... ni en broma me lo digas. Me tiraba a &eacute;l como
+una leona y le destrozaba... &iquest;Ves c&oacute;mo se coge un langostino y se le
+arrancan las patas, y se le retuerce el corpacho y se le saca lo que
+tiene dentro?, pues as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero vamos a ver, nena: &iquest;No me guardas rencor por haberte abandonado,
+dej&aacute;ndote en la miseria, con tus <i>v&iacute;speras</i> de chiquillo y en poder de
+<i>Ju&aacute;rez el Negro</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Ning&uacute;n rencor te guardo: Entonces estaba rabiosa. La rabia y la
+miseria me llevaron con <i>Ju&aacute;rez el Negro</i>. &iquest;Creer&aacute;s lo que te voy a
+decir? Pues me fui con &eacute;l por lo mucho que le aborrec&iacute;a. Cosa rara,
+&iquest;verdad?... Y como no ten&iacute;a un triste pedazo de pan que llevar a la
+boca, y &eacute;l me lo daba, ah&iacute; tienes... Yo dije: &laquo;me vengar&eacute; y&eacute;ndome con
+este animal&raquo;. Cuando tuve a mi ni&ntilde;o, me consolaba con &eacute;l; pero luego se
+me muri&oacute;; y cuando revent&oacute; Ju&aacute;rez, como yo me pens&eacute; que ya no me
+quer&iacute;as, dije: &laquo;pues ahora me vengar&eacute; siendo todo lo mala que pueda&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; ideas tienes t&uacute; de las maneras de tomar venganza?</p>
+
+<p>&mdash;No me preguntes nada... no s&eacute;... Vengarse es hacer lo que no se
+debe... lo m&aacute;s feo, lo m&aacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y de qui&eacute;n te vengas as&iacute;, criatura?</p>
+
+<p>&mdash;Pues de Dios, de... de qu&eacute; s&eacute; yo... no me preguntes, porque para
+explic&aacute;rtelo, tendr&iacute;a que ser sabia como t&uacute;, y yo no s&eacute; jota, ni aprendo
+nada, aunque do&ntilde;a Lupe y las monjas, frota que frota, me hayan sacado
+alg&uacute;n lustre... ense&ntilde;&aacute;ndome a no decir tanto disparate.</p>
+
+<p>Santa Cruz estuvo un gran rato pensativo.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a hablaron tambi&eacute;n de Jacinta... No gustaba Juan que la
+conversaci&oacute;n fuese llevada a este terreno; pero Fortunata, siempre que
+ten&iacute;a ocasi&oacute;n, &iacute;base a &eacute;l derecha. A sus preguntas, contestaba el otro
+evasivamente.</p>
+
+<p>&laquo;Mira, nena; deja a mi mujer en su casa&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues aseg&uacute;rame que no la quieres.</p>
+
+<p>&mdash;La quiero, s&iacute;... &iquest;a qu&eacute; enga&ntilde;arte?... pero de una manera muy distinta
+que a ti. Le guardo todas las consideraciones que ella se merece,
+porque... no puedes figurarte lo buena que es.</p>
+
+<p>Fortunata sigui&oacute; inquiriendo con molesta curiosidad todo lo que quer&iacute;a
+saber respecto a la intimidad de los esposos; pero el otro se escurr&iacute;a
+gallardamente, dejando a salvo, hasta donde era posible en aquel
+criminal coloquio, la personalidad sagrada de su mujer.</p>
+
+<p>&laquo;La pobrecilla&mdash;dijo al fin&mdash;, tiene una pasi&oacute;n que la domina, mejor
+dicho, una man&iacute;a que la trae trastornada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es?&mdash;La man&iacute;a de los hijos. Dios no quiere y ella se empe&ntilde;a en
+que s&iacute;. De la pena que le causa su esterilidad, se ha desmejorado, ha
+enflaquecido, y hace alg&uacute;n tiempo que se est&aacute; llenando de canas. Es ya
+pasi&oacute;n de &aacute;nimo. &iquest;Te enteraste de lo que pas&oacute;? Pues le dieron el gran
+timo. Tu t&iacute;o Jos&eacute; Izquierdo, de compinche con otro loco, le hizo creer
+que un chiquillo de tres a&ntilde;os que consigo ten&iacute;a, era nuestro Juan&iacute;n. Mi
+mujer perdi&oacute; la chaveta, quiso adoptarlo y nada menos que llev&aacute;rnoslo a
+casa. Por pronto que se descubri&oacute; el enredo, no se pudo evitar que tu
+t&iacute;o le estafase seis mil reales.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Tie</i> gracia. Ya sab&iacute;a yo esa historia. El ni&ntilde;o ese debe de ser el de
+Nicolasa, la entenada del t&iacute;o Pepe. Naci&oacute; seis d&iacute;as despu&eacute;s que el
+nuestro, y era hijo de uno que encend&iacute;a los faroles del gas... Pero no
+comprendo una cosa. A m&iacute; me parece que tu mujer deb&iacute;a de querer a ese
+nene por creerlo tuyo y aborrecerlo por ser de otra madre. Yo juzgo por
+m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Calla, tonta, mi mujer se vuelve loca por todos los ni&ntilde;os del
+universo, sean de quien fueren. Y al supuesto Juan&iacute;n, bastara que le
+tuviera por m&iacute;o, para que le adorara. Ella es as&iacute;; si no tienes t&uacute; idea
+de lo buena que es. &iexcl;Pues si pariera...! Santo Cristo, no quiero
+pensarlo. De seguro perd&iacute;a el juicio, y nos lo hac&iacute;a perder a todos.
+Querr&iacute;a a mi hijo m&aacute;s que a m&iacute; y m&aacute;s que al mundo entero.</p>
+
+<p>Quedose Fortunata, al o&iacute;r esto, risue&ntilde;a y pensativa. &iquest;Qu&eacute; estaba
+tramando aquella cabeza llena de extravagancias? Pues esto:</p>
+
+<p>&laquo;Escucha, nenito de mi vida, lo que se me ha ocurrido. Una gran idea;
+ver&aacute;s. Le voy a proponer un trato a tu mujer. &iquest;Dir&aacute; que s&iacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos lo que es.&mdash;Muy sencillo. A ver qu&eacute; te parece. Yo le cedo a
+ella un hijo tuyo y ella me cede a m&iacute; su marido. Total, cambiar un nene
+chico por el nene grande.</p>
+
+<p>El Delf&iacute;n se ri&oacute; de aquel singular convenio, expresado con cierto
+donaire.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Dir&aacute; que s&iacute;?... &iquest;Qu&eacute; crees t&uacute;?&mdash;pregunt&oacute; Fortunata con la mayor buena
+fe, pasando luego de la candidez al entusiasmo para decir:</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, t&uacute; te reir&aacute;s todo lo que quieras; pero esto es una gran
+idea.</p>
+
+<p>El ilustrado joven se zambull&oacute; en un mar de meditaciones.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>Las visitas a la casa de Cirila prosiguieron durante dos semanas; pero
+bien se demostr&oacute; en la pr&aacute;ctica que aquello no pod&iacute;a seguir, y tomaron
+otro cuarto. Patricia se hab&iacute;a hecho insoportable, y do&ntilde;a Lupe,
+descolg&aacute;ndose en la casa a horas intempestivas, llevada de su af&aacute;n de
+mangonear, dificultaba las escapatorias de su sobrina. En tanto,
+Fortunata no trataba a Maximiliano desconsideradamente; pero su frialdad
+ser&iacute;a capaz de helar el fuego mismo. Habr&iacute;a preferido &eacute;l mil veces que
+su mujer le tirase los trastos a la cabeza, a que le tratara con aquella
+cortes&iacute;a desde&ntilde;osa y glacial. Rar&iacute;sima vez se daba el caso de que ella
+le hiciese una caricia; para obtenerla, ten&iacute;a Maxi que echarle
+memoriales, y lo que lograba era como limosna. Es que Fortunata no
+serv&iacute;a para cortesana, y sus fingimientos eran tan torpes que daba
+l&aacute;stima verla fingir.</p>
+
+<p>El joven farmac&eacute;utico ten&iacute;a momentos de horrible tristeza, y cavilaba
+mucho. De tal estado pas&oacute; a la observaci&oacute;n, desarroll&aacute;ndosele esta
+facultad de un modo pasmoso. Siempre que estaba en casa, no quitaba los
+ojos de su mujer, estudi&aacute;ndole los movimientos, las miradas, los pasos y
+hasta el respirar. Cuando com&iacute;an, le examinaba la manera de comer;
+cuando estaban en el lecho, la manera de dormir.</p>
+
+<p>Fortunata no le miraba nunca. Este hecho, cuidadosamente observado,
+produjo en el infeliz muchacho indecible melancol&iacute;a. &iexcl;Haber comprado
+aquellos ojos con su mano, su honra y su nombre para que se empleasen en
+mirar a una silla antes que en mirarle a &eacute;l! Esto era tremendo, pero
+tremendo, y cierto d&iacute;a agit&oacute; su alma un furor insano; mas no quiso
+manifestarlo, y lo desahog&oacute; a solas mordi&eacute;ndose los pu&ntilde;os.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Por qu&eacute; no me miras?&raquo; le pregunt&oacute; una noche, con semblante ce&ntilde;udo.</p>
+
+<p>&mdash;Porque... No dijo m&aacute;s; se comi&oacute; el resto de la frase. Dios sabe lo que
+iba a decir.</p>
+
+<p>Beb&iacute;a los vientos el desgraciado chico por hacerse querer, inventando
+cuantas sutilezas da de s&iacute; la man&iacute;a o enfermedad de amor. Indagaba con
+febril examen las causas rec&oacute;nditas del agradar, y no pudiendo conseguir
+cosa de provecho en el terreno f&iacute;sico, escudri&ntilde;aba el mundo moral para
+pedirle su remedio. Imagin&oacute; enamorar a su esposa por medios
+espirituales. Hall&aacute;base dispuesto, &eacute;l que ya era bueno, a ser santo, y
+hac&iacute;a estudio de lo que a su mujer le era grato en el orden del
+sentimiento para realizarlo como pudiera. Gustaba ella de dar limosna a
+cuantos pobres encontrase; pues &eacute;l dar&iacute;a m&aacute;s, mucho m&aacute;s. Ella sol&iacute;a
+admirar los casos de abnegaci&oacute;n; pues &eacute;l se buscar&iacute;a una coyuntura de
+ser heroico. A ella le agradaba el trabajo; pues &eacute;l se matar&iacute;a a
+trabajar. De este modo devastaba el infeliz su alma, arrancando todo lo
+bueno, noble y hermoso para ofrec&eacute;rselo a la ingrata, como quien tala un
+jard&iacute;n para ofrecer en un solo ramo todas las flores posibles.</p>
+
+<p>&laquo;Ya no me quieres&mdash;le dijo un d&iacute;a con inmensa tristeza&mdash;, ya tu coraz&oacute;n
+vol&oacute;, como el pajarito a quien le dejan abierta la jaula. Ya no me
+quieres&raquo;.</p>
+
+<p>Y ella le respond&iacute;a que s&iacute;; &iexcl;pero de qu&eacute; manera! M&aacute;s val&iacute;a que dijese
+terminantemente que no. &laquo;&iquest;Por qu&eacute; te vas tan lejos de m&iacute;? Parece que te
+causo horror. Cuando entro, te pones seria; cuando crees que no me fijo
+en ti, est&aacute;s ensimismada y te sonr&iacute;es como si en esp&iacute;ritu hablaras con
+alguien&raquo;.</p>
+
+<p>Otra cosa le mortificaba. Cuando sal&iacute;an juntos a paseo, todo el mundo se
+fijaba en Fortunata, admirando su hermosura; luego le miraban a &eacute;l.
+Supon&iacute;a Maxi que todos hac&iacute;an la observaci&oacute;n de que no era &eacute;l hombre
+para tal hembra. Algunos se permit&iacute;an examinarle de una manera
+insolente. Si iban al caf&eacute;, estaban poco tiempo, porque los amigos se
+enracimaban alrededor de Fortunata sin hacer maldito caso de su marido,
+y este tragaba mucha bilis. Lo que desorientaba m&aacute;s a Maxi era que ella
+no <i>tomaba varas</i> con nadie, y siempre que &eacute;l dec&iacute;a <i>v&aacute;monos</i>, estaba
+dispuesta a retirarse.</p>
+
+<p>Buscaba el farmac&eacute;utico algo en qu&eacute; fundar las conjeturas que empezaban
+a devorarle, y no lo encontraba. Ide&oacute; consultar el caso con su t&iacute;a; pero
+no quiso dar su brazo a torcer, y temblaba de que do&ntilde;a Lupe le dijese:
+&laquo;&iquest;Ves?, &iexcl;por no hacer caso de m&iacute;!&raquo;. &iexcl;Celos! &iquest;Y de qui&eacute;n? Fortunata
+mostr&aacute;base con todos tan fr&iacute;a como con &eacute;l. Sol&iacute;a esparcir
+melanc&oacute;licamente sus miradas por la calle, entre el gent&iacute;o, sin fijarse
+en nadie, cual si buscaran a alguien que no quer&iacute;a dejarse ver. Y
+despu&eacute;s las miradas volv&iacute;an a s&iacute; misma con mayor tristeza.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n atormentaban al joven los elogios que sus amigos le hac&iacute;an de
+ella. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; mujer te tienes!&raquo; le dec&iacute;a <i>Pseudo-Narcissus odoripherus</i>.
+Y <i>Quercus gigantea</i> le silbaba en el o&iacute;do estas f&uacute;nebres palabras: &laquo;Es
+mucha hembra para ti, barbi&aacute;n. &Aacute;ndate con mucho ojo&raquo;.</p>
+
+<p>Pero do&ntilde;a Lupe le infund&iacute;a ideas optimistas. &iexcl;Parec&iacute;a mentira! La
+perspicaz, la sabia y experimentada se&ntilde;ora de J&aacute;uregui dijo m&aacute;s de una
+vez a su sobrino: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; trabajadora es tu mujer! Siempre que vengo aqu&iacute;
+me la encuentro planchando o lavando. Francamente, no cre&iacute;... Te
+ayudar&aacute;, te ayudar&aacute;. Y luego tan calladita... Hay d&iacute;as que no le oigo el
+metal de voz&raquo;.</p>
+
+<p>Con unas cosas y otras, el pobre chico apenas pod&iacute;a estudiar, y con
+mucho trabajo se preparaba para la licenciatura. El asunto de su
+colocaci&oacute;n se hab&iacute;a resuelto ya, porque habiendo fallecido Samaniego a
+fines de Octubre, su viuda organiz&oacute; el personal de la botica, dando una
+plaza a Maximiliano. Se convino entre do&ntilde;a Casta Moreno y do&ntilde;a Lupe que
+cuando el chico tomara el grado, se le fijar&iacute;a sueldo, y que pasado un
+a&ntilde;o de pr&aacute;ctica, tendr&iacute;a participaci&oacute;n en las ganancias. Por el lado
+econ&oacute;mico todo iba a pedir de boca, porque mientras llegaba el d&iacute;a de
+ganar con su profesi&oacute;n, pod&iacute;a vivir bien con la corta renta de la
+herencia. Lo malo era que desde que ingresara en la botica, ser&iacute;ale
+preciso ausentarse de su casa d&iacute;as enteros, y esto le pon&iacute;a en ascuas.
+Ocurri&oacute;sele entonces lo que se le ocurre a cualquier celoso, salir un
+d&iacute;a, diciendo que iba a la farmacia, y volver en seguida. H&iacute;zolo una
+vez, y no sorprendi&oacute; nada: Fortunata estaba en la cocina. Repiti&oacute; la
+treta, y lo mismo: estaba cosiendo. A la tercera, Fortunata hab&iacute;a
+salido. Dos horas despu&eacute;s entr&oacute;, trayendo un paquete en la mano. &laquo;&iquest;Que
+de d&oacute;nde vengo? Pues de comprar unas cosillas. &iquest;No me dijiste que
+quer&iacute;as una corbata? M&iacute;rala&raquo;.</p>
+
+<p>Una noche entr&oacute; Maximiliano bastante excitado. Le tom&oacute; la mano a su
+mujer, y haci&eacute;ndola sentar a su lado, le dijo a boca de jarro: &laquo;Hoy he
+conocido a ese pillo que te deshonr&oacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se qued&oacute; como muerta.</p>
+
+<p>&laquo;Pues qu&eacute;... &iquest;no est&aacute; enfermo?&raquo;.</p>
+
+<p>Se le escap&oacute; esta espontaneidad, y cuando quiso contenerla ya era tarde.
+Hac&iacute;a una semana que Santa Cruz no iba a las citas, y le hab&iacute;a enviado,
+por medio de Cirila, un recadito. Se hab&iacute;a ca&iacute;do del caballo en la Casa
+de Campo, estrope&aacute;ndose ligeramente un brazo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Enfermo?&mdash;dijo Maxi, clavando en ella sus ojos de iluminado&mdash;. En
+efecto, ten&iacute;a un brazo en cabestrillo. &iquest;Pero t&uacute; por d&oacute;nde sabes...?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, yo no sab&iacute;a nada&mdash;replic&oacute; Fortunata enteramente aturdida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&uacute; lo has dicho!&mdash;exclam&oacute; Rub&iacute;n con la mirada terror&iacute;fica&mdash;. &iquest;Por
+d&oacute;nde lo sabes?</p>
+
+<p>La pr&oacute;jima se puso como la grana; despu&eacute;s volvi&oacute; a palidecer. Buscaba
+una salida de aquel compromiso, y al fin la encontr&oacute;: &laquo;&iexcl;Ah!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;&iquest;Dices que c&oacute;mo lo s&eacute;, tont&iacute;n?... Pues muy sencillo. Si lo
+tra&iacute;a el peri&oacute;dico... Tu t&iacute;a lo ley&oacute; anoche. Mira, aqu&iacute; est&aacute;: que se
+cay&oacute; del caballo paseando por la Casa de Campo.</p>
+
+<p>Y recobrando su serenidad, revolvi&oacute; en la mesa y cogi&oacute; <i>El Imparcial</i>
+que, en efecto, tra&iacute;a la noticia: &laquo;Mira... &iquest;lo ves?... conv&eacute;ncete&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi, despu&eacute;s de leer, sigui&oacute; diciendo: &laquo;Le vi en el Saladero; all&iacute;
+debiera estar ese canalla toda su vida. Olmedo, que iba conmigo, me le
+ense&ntilde;&oacute;. Fue a ver a mi hermano; &eacute;l iba a visitar a un tal Moreno Vallejo
+que tambi&eacute;n est&aacute; preso por conspirar. &iexcl;Y el tal Santa Cruz es de lo m&aacute;s
+cargante...!&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se tapaba la cara con el peri&oacute;dico, fingiendo que le&iacute;a. Maxi
+le arrebat&oacute; el papel de un manotazo.</p>
+
+<p>&laquo;Te has quedado as&iacute; como... estupefacta&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jame en paz&mdash;replic&oacute; ella con un despego que a su marido le lleg&oacute; al
+alma.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; modales, hija! Ya ni consideraci&oacute;n.</p>
+
+<p>Fortunata parec&iacute;a que ten&iacute;a sellada la boca. Comieron sin chistar; &eacute;l se
+puso luego a estudiar y ella a coser, sin que el f&uacute;nebre silencio se
+rompiera. Acost&aacute;ronse, y lo mismo. Ella volvi&oacute; la espalda a su marido,
+insensible a los suspiros que daba. Desvelados estuvieron ambos largo
+rato, cada cual por su lado, muy cerca materialmente uno de otro, pero
+en esp&iacute;ritu Fortunata se hab&iacute;a ido a los ant&iacute;podas.</p>
+
+<p>Dos o tres d&iacute;as despu&eacute;s, volviendo del Saladero, a donde fue para decir
+a su hermano que pronto le soltar&iacute;an, vio Maximiliano a Santa Cruz
+guiando un faet&oacute;n por la calle de Santa Engracia arriba. Ya ten&iacute;a el
+brazo bueno. Mir&oacute; a Maxi, y este le mir&oacute; a &eacute;l. Desde lejos, porque el
+coche iba bastante a prisa, observ&oacute; Rub&iacute;n que este entraba por la calle
+de Raimundo Lulio. &iquest;Pasar&iacute;a luego a la de Sagunto? Nunca como en aquel
+momento sinti&oacute; el exaltado chico ganas de tener alas. Apresur&oacute; el paso
+todo lo que pudo, y al llegar a su calle... &iexcl;Dios!... lo que se tem&iacute;a...
+Fortunata en el balc&oacute;n, mirando por la calle del Castillo hacia el paseo
+de la Habana, por donde seguramente hab&iacute;a seguido el coche. Subi&oacute; el
+joven farmac&eacute;utico tan r&aacute;pidamente la escalera, que al llegar arriba no
+pod&iacute;a respirar. Es que para ser celoso se necesitan buenos pulmones.
+Cayose m&aacute;s bien que se sent&oacute; en una silla, y su mujer y Patricia
+acudieron a &eacute;l creyendo que le daba alg&uacute;n accidente. No pod&iacute;a hablar y
+se golpeaba la cabeza con los pu&ntilde;os. Cuando su mujer se qued&oacute; sola con
+&eacute;l sinti&oacute; Rub&iacute;n que aquella furibunda c&oacute;lera se trocaba en un dolor
+cobarde. El alma se le desgajaba y sacud&iacute;a resisti&eacute;ndose a albergar en
+su seno la ira. Los ojos se le llenaron de l&aacute;grimas, las rodillas se le
+doblaron. Cayendo a los pies de su mujer, le besuque&oacute; las manos. &laquo;Ten
+piedad de m&iacute;&mdash;le dijo con aflicci&oacute;n m&aacute;s de ni&ntilde;o que de hombre&mdash;. Por tu
+vida... la verdad, la verdad. Ese se&ntilde;or... t&uacute; esper&aacute;ndole... &eacute;l pasaba
+por verte. T&uacute; no me quieres, t&uacute; me est&aacute;s enga&ntilde;ando... le quieres otra
+vez... le has visto en alguna parte. La verdad... M&aacute;s quiero morirme de
+pena que de verg&uuml;enza. Fortunata, yo te saqu&eacute; de las barreduras de la
+calle, y t&uacute; me cubres a m&iacute; de fango. Yo te di mi honor limpio, y me lo
+devuelves sucio. Yo te di mi nombre, y haces de &eacute;l una caricatura. El
+&uacute;ltimo favor te pido... la verdad, dime la verdad&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ix</span>-</h2>
+
+
+<p>Fortunata movi&oacute; la lengua y agit&oacute; los labios. En la punta de aquella
+ten&iacute;a la verdad, y por instantes dud&oacute; si soltarla o meterla para
+adentro. La verdad quer&iacute;a salir. Las palabras se alinearon mudas y
+dec&iacute;an: &laquo;S&iacute;, es cierto que te aborrezco. Vivir contigo es la muerte. Y a
+&eacute;l le quiero m&aacute;s que a mi vida&raquo;. La batalla fue breve, y Fortunata
+volvi&oacute; la terrible verdad a los senos de su esp&iacute;ritu. La aflicci&oacute;n de
+Maxi exig&iacute;a la mentira, y su mujer tuvo que dec&iacute;rsela... mentiras de
+esas que inspiran viva compasi&oacute;n al que las dice y consuelan poco al que
+las oye. Ech&aacute;balas de s&iacute; como enfermera que administra la in&uacute;til
+medicina al agonizante.</p>
+
+<p>&laquo;D&iacute;melo de otra manera y te creer&eacute;&mdash;manifest&oacute; Rub&iacute;n&mdash;. Dilo con un
+poquito de calor, siquiera como me lo dec&iacute;as antes. T&uacute; no sabes el da&ntilde;o
+que me haces. Me est&aacute;s haciendo creer que no hay Dios, que portarse bien
+y portarse mal todo es lo mismo&raquo;.</p>
+
+<p>La compasi&oacute;n venci&oacute; a la delincuente y se mostr&oacute; tan afable aquella
+tarde y noche, que Maximiliano hubo de tranquilizarse. El pobrecito
+estaba destinado a no tener rato bueno, pues a punto que su esp&iacute;ritu
+recib&iacute;a alg&uacute;n alivio, se le inici&oacute; la jaqueca. La noche fue cruel, y
+Fortunata esmerose en cuidarle. En medio de sus dolores cefal&aacute;lgicos, el
+infortunado joven se caldeaba m&aacute;s la mente arbitrando remedios o
+paliativos de la ansiedad que le dominaba. A poco de vomitar, dijo a su
+mujer: &laquo;Se me ocurre una idea que resolver&aacute; las dificultades... Nos
+iremos a Molina de Arag&oacute;n, donde tengo mis fincas. Abandono la carrera y
+me dedico a labrador... Quieres, &iquest;s&iacute; o no? All&iacute; vivir&eacute; con
+tranquilidad&raquo;. Fortunata se mostr&oacute; conforme, si bien recordaba lo que
+Mauricia le hab&iacute;a dicho de la vida de los pueblos. S&oacute;lo descuartizada
+ir&iacute;a ella a vivir al campo; pero aquella noche no ten&iacute;a m&aacute;s remedio que
+decir <i>s&iacute;</i> a todo.</p>
+
+<p>En los siguientes d&iacute;as notaba el pobre Maxi que su descaecimiento
+aumentaba de una manera alarmante como si le sangraran, y asustad&iacute;simo
+fue a consultar con Augusto Miquis, el cual le dijo que hubiera sido
+mejor consultara antes de casarse, pues en tal caso le habr&iacute;a ordenado
+terminantemente el celibato. Esto redobl&oacute; sus tristezas; mas cuando
+Miquis le propuso como &uacute;nico remedio de su mal la rusticaci&oacute;n, cobr&oacute;
+esperanzas, confirm&aacute;ndose en la idea de abandonar la corte y sepultarse
+para siempre en sus estados de Molina.</p>
+
+<p>La segunda vez que habl&oacute; de esto a su mujer, no la encontr&oacute; tan bien
+dispuesta. &laquo;&iquest;Y tus estudios, y tu carrera? Acons&eacute;jate con tu t&iacute;a, y ella
+te dir&aacute; que lo que est&aacute;s pensando es un disparate&raquo;. Maxi estaba muy
+caviloso por ciertas cosas que en su mujer notaba. Hac&iacute;a d&iacute;as que apenas
+levantaba ella los ojos del suelo y su mirar revelaba una gran
+pesadumbre. De repente, una tarde que volv&iacute;a Rub&iacute;n de la botica, al
+subir la escalera la oy&oacute; cantar. Entr&oacute;, y la cara de Fortunata
+resplandec&iacute;a de contento y animaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a pasado? Maxi no lo pudo
+penetrar, aunque sus celos, aguzadores de la inteligencia, le apuntaban
+presunciones que bien podr&iacute;an contener la verdad. Esta era que la
+pr&oacute;jima hab&iacute;a recibido, por conducto de Patria, una esquelita en que se
+le anunciaba la reapertura del curso amoroso, interrumpido durante una
+quincena. &laquo;Esta alegr&iacute;a&mdash;pensaba Maxi&mdash;, &iquest;por qu&eacute; ser&aacute;?&raquo;. Y
+comprendiendo por instinto de celoso que echaba un jarro de agua fr&iacute;a
+sobre aquel contento, dijo a Fortunata: &laquo;Ya est&aacute; decidido que nos iremos
+al pueblo. Lo he consultado con mi t&iacute;a y ella lo aprueba&raquo;.</p>
+
+<p>No era verdad que hab&iacute;a consultado con do&ntilde;a Lupe, mas lo dec&iacute;a para dar
+a su proposici&oacute;n autoridad indiscutible.</p>
+
+<p>&laquo;Te ir&aacute;s t&uacute;...&raquo; dijo ella sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;agreg&oacute; &eacute;l conteniendo la amargura que de su alma se desbordaba&mdash;,
+los dos.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; te has vuelto loco&mdash;observ&oacute; Fortunata riendo con cierto descaro&mdash;.
+Yo cre&iacute;... &iquest;Pero lo dices con formalidad?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Toma!... &iquest;Y t&uacute; no me dijiste que ir&iacute;as tambi&eacute;n y que quer&iacute;as ser
+paleta?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero fue porque me pens&eacute; que era conversaci&oacute;n. &iexcl;Encerrarme yo en
+un pueblo! &iexcl;Qu&eacute; talento tienes!</p>
+
+<p>De tal modo se demud&oacute; el rostro del joven, que Fortunata, que ya
+empezaba a decir algunas bromas sobre aquel asunto, se recogi&oacute; en s&iacute;.
+Maxi no dijo una palabra, y de pronto sali&oacute; disparado de la casa, cerr&oacute;
+con estruendo la puerta y baj&oacute; la escalera de cuatro en cuatro pelda&ntilde;os.
+Asustose Fortunata, y asom&aacute;ndose al balc&oacute;n, viole recorrer
+apresuradamente la calle de Sagunto y despu&eacute;s tomar por la de Santa
+Engracia, hacia abajo. Ella sali&oacute; despu&eacute;s, tomando por la misma calle,
+pero hac&iacute;a arriba, en direcci&oacute;n de Cuatro Caminos.</p>
+
+<p>Las seis de la tarde ser&iacute;an cuando Rub&iacute;n volvi&oacute; a su casa. Estaba
+l&iacute;vido, y de l&iacute;vido pas&oacute; a verde, cuanto Patricia le dijo que la
+se&ntilde;orita hab&iacute;a salido a compras. Dej&aacute;ndose llevar de su insensato
+recelo, interrog&oacute; a la criada, tratando de averiguar por ella. Pero a
+buena parte iba. Patricia ten&iacute;a la discreci&oacute;n del traidor, y cuanto dijo
+fue encaminado a introducir en el cerebro de Maxi el convencimiento de
+que su mujer era punto menos que canonizable. Cuando la criminal entr&oacute;,
+el marido hab&iacute;a mandado encender luz y estaba sentado junto a la mesa de
+la sala. &laquo;&iquest;De d&oacute;nde vienes?&raquo; le pregunt&oacute;.&mdash;&laquo;Me parece&mdash;replic&oacute; ella&mdash;,
+haberte dicho que iba a comprar este retor&raquo;. Mostr&oacute; un envoltorio,
+despu&eacute;s un paquetito, y otro. &laquo;&iquest;Ves?... la sopa Juliana que tanto te
+gusta...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n&mdash;dijo Maximiliano de una manera siniestra&mdash;, te he comprado
+a ti esta tarde un regalito... Mira.</p>
+
+<p>Alarg&oacute; el brazo para sacar de debajo de la mesa algo que ocult&oacute; al
+entrar. Era un objeto envuelto en papeles, que descubri&oacute; lentamente,
+cuando ella se inclinaba risue&ntilde;a para verlo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;A ver... qu&eacute; es?... &iexcl;Ay!, un rev&oacute;lver...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, para matarte y matarme...&mdash;dijo Maxi en un tono que no pudo ser
+tan l&uacute;gubre como &eacute;l deseaba, pues el arma empez&oacute; a causarle miedo, a
+causa de que en su vida hab&iacute;a tenido en las manos un chisme de tal
+clase...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas tienes!&mdash;dijo ella palideciendo&mdash;. T&uacute; no sabes lo que te
+pescas... Pareces tonto... Matarme a m&iacute;, &iquest;y por qu&eacute;?...</p>
+
+<p>Le ech&oacute; una mirada dulce y penetrante, el mismo mirar con que le hab&iacute;a
+hecho su esclavo. El pobre chico sinti&oacute; como si le pusieran un grillete
+en el alma.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya que se te ocurren unos disparates, hijo... Soy muy miedosa, y de
+s&oacute;lo ver eso me pongo a temblar. Bonita manera tienes de hacer que yo te
+quiera, s&iacute; se&ntilde;or, bonita manera&raquo;.</p>
+
+<p>Acerc&oacute; t&iacute;midamente su mano al mango del arma. &laquo;Puedes cogerlo, est&aacute;
+descargado&raquo; dijo Maxi, que de un salto se hab&iacute;a dejado caer del furor a
+la piedad.</p>
+
+<p>&mdash;Eres un ni&ntilde;o&mdash;declar&oacute; ella, cogiendo el arma&mdash;, y como ni&ntilde;o hay que
+tratarte. Venga ac&aacute; ese chisme: lo guardar&eacute; para el caso de que entren
+ladrones en casa.</p>
+
+<p>Y se lo llev&oacute; sin que &eacute;l hiciese resistencia. Despu&eacute;s de guardarlo con
+llave en un ba&uacute;l lleno de cosas viejas, volvi&oacute; al lado de su marido, que
+se hab&iacute;a quedado absorto, midiendo sin duda con azorado pensamiento la
+enorme distancia que en su ser hab&iacute;a entre los arranques de la voluntad
+y la ineficacia de su desmayada acci&oacute;n.</p>
+
+<p>Aquella noche no ocurri&oacute; nada; pero a la tarde siguiente,
+<i>Pseudo-Narcissus odoripherus</i>, fue a buscarle a la botica de
+Samaniego, y le dijo que Fortunata ten&iacute;a citas con un se&ntilde;or en una casa
+del paseo de Santa Engracia, un poquito m&aacute;s arriba de los almacenes de
+la Villa.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">x</span>-</h2>
+
+
+<p>Tom&oacute; Maxi un coche para ir a Chamber&iacute; y a su casa. Despu&eacute;s de entrar en
+ella e informarse de que la se&ntilde;orita no estaba, subi&oacute; lentamente hacia
+la iglesia, y al pasar por delante de ella y ver una cruz de hierro que
+hay en el atrio, v&iacute;nole al pensamiento la idea de que deb&iacute;a haberse
+tra&iacute;do el rev&oacute;lver. Retrocedi&oacute;, y a mitad del camino acordose de que su
+mujer hab&iacute;a guardado el arma. &iexcl;Qu&eacute; tonto estuvo &eacute;l en permit&iacute;rselo!
+Volvi&oacute; a tomar la direcci&oacute;n Norte, sintiendo en su alma el suplicio
+indecible que produc&iacute;a la conjunci&oacute;n de dos sentimientos tan opuestos
+como el anhelo de la verdad y el terror de ella. Al distinguir el motor
+de noria que se destacaba sobre la casa de las Micaelas, no pudo
+reprimir un ahogo de pena que le hizo sollozar. El disco no se mov&iacute;a.</p>
+
+<p>Pas&oacute; el joven m&aacute;s all&aacute; de los Almacenes de la Villa y examin&oacute; las casas
+de un solo piso alto que all&iacute; existen. Como ignoraba cu&aacute;l era la que
+serv&iacute;a de abrigo a los ad&uacute;lteros, resolvi&oacute; vigilarlas todas. La noche se
+ven&iacute;a encima y Maxi deseaba que viniese m&aacute;s aprisa para dejar de ver el
+disco, que le parec&iacute;a el ojo de un buf&oacute;n testigo, expresando todo el
+sarcasmo del mundo. Maldici&oacute;n sacr&iacute;lega escapose de sus labios, y reneg&oacute;
+de que hubieran venido a estar tan cerca su deshonra y el santuario
+donde le hab&iacute;an dorado la infame p&iacute;ldora de su ilusi&oacute;n. En otros
+t&eacute;rminos: &eacute;l hab&iacute;a ido all&iacute; en busca de una hostia, y le hab&iacute;an dado una
+rueda de molino... y lo peor era que se la hab&iacute;a tragado.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de mucho pasear vio el faet&oacute;n de Santa Cruz, guiado por el
+lacayo, despacio, como para que no se enfriaran los caballos. Ya no
+quedaba duda. El coche le esperaba. Violo subir hasta Cuatro Caminos,
+donde se detuvo para encender las luces. Despu&eacute;s baj&oacute;, y al llegar a los
+Almacenes de la Villa, otra vez para arriba. Maxi no le perd&iacute;a de vista.
+El cochero daba a conocer su aburrimiento e impaciencia. En una de las
+vueltas del veh&iacute;culo, Rub&iacute;n sorprendi&oacute; en aquel hombre una mirada
+dirigida a una de las casas. &laquo;Aqu&iacute; es... aqu&iacute; est&aacute;&raquo;. Fijose cerca de
+all&iacute;, reduciendo el espacio de su paseo vigilante. Eran las siete.</p>
+
+<p>Por fin, en un momento en que Maxi iba de Sur a Norte vio, a bastante
+distancia, a un hombre que sal&iacute;a de la casa. Era &eacute;l, Santa Cruz, el
+mismo, vestido de americana y hongo. Det&uacute;vose en la puerta buscando con
+la vista su carruaje. Las dos luces brillaban all&aacute; arriba. Dirigiose
+hacia Cuatro Caminos... Detr&aacute;s, avivando el paso, el odio personificado
+en Maximiliano.</p>
+
+<p>La v&iacute;a estaba solitaria. Pasaba muy poca gente, y hac&iacute;a bastante fr&iacute;o.
+El Delf&iacute;n sinti&oacute; aquellos pasos detr&aacute;s de s&iacute;, y una misteriosa
+aprensi&oacute;n, la conciencia tal vez, le dijo de qui&eacute;n eran. Volviose a
+punto que la temblorosa voz del otro dec&iacute;a: &laquo;Oiga usted&raquo;. Parose en
+firme Santa Cruz, y aunque no le conoc&iacute;a bien, le tuvo por quien era sin
+dudar un momento.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; se le ofrece a usted?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Canalla!... &iexcl;indecente!&mdash;exclam&oacute; Rub&iacute;n con m&aacute;s fiereza en el tono que
+en la actitud.</p>
+
+<p>No esper&oacute; Santa Cruz a o&iacute;r m&aacute;s, ni su amor propio le permit&iacute;a dar
+explicaciones, y con un movimiento vigoroso de su brazo derecho rechaz&oacute;
+a su antagonista. M&aacute;s que bofetada fue un empuj&oacute;n; pero el endeble
+esqueleto de Rub&iacute;n no pudo resistirlo; puso un pie en falso al
+retroceder y se cay&oacute; al suelo, diciendo: &laquo;Te voy a matar... y a ella
+tambi&eacute;n&raquo;. Revolcose en la tierra; se le vio un instante pataleando a
+gatas, diciendo entre mugidos... &laquo;&iexcl;ladr&oacute;n, ratero... ver&aacute;s!...&raquo;. Santa
+Cruz estuvo un rato contempl&aacute;ndole con la calma fr&iacute;a del ofuscado
+asesino, y cuando vio que al fin consegu&iacute;a levantarse, se fue hacia &eacute;l y
+le cogi&oacute; por el pescuezo, apret&aacute;ndole sa&ntilde;udamente cual si quisiera
+ahogarle de veras... Reteni&eacute;ndole contra el suelo, gritaba: &laquo;Est&uacute;pido...
+escuerzo... &iquest;quieres que te patee...?&raquo;.</p>
+
+<p>De la oprimida garganta del desdichado joven sal&iacute;a un gemido, estertor
+de asfixia. Sus ojos reventones se clavaban en su verdugo con un
+centelleo el&eacute;ctrico de ojos de gato rabioso y moribundo. La &uacute;nica
+defensa del que estaba debajo era clavar sus u&ntilde;as, afil&aacute;ndolas con el
+pensamiento, en los brazos, en las piernas, en todo lo que alcanzaba del
+vencedor; y logrando alzarse un poco con nervioso coraje, trat&oacute; de
+hacerle molinete para derribarle. Derribados los dos, luchar&iacute;an quiz&aacute;s
+m&aacute;s proporcionadamente. &iexcl;Pobre raz&oacute;n aplastada por la soberbia! &iquest;D&oacute;nde
+est&aacute; la justicia? &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la vindicta del d&eacute;bil? En ninguna parte.</p>
+
+<p>El furor del Delf&iacute;n no fue tanto que se le ocultara el peligro de llegar
+a un homicidio, abusando de su superioridad. &laquo;Este al fin es un hombre,
+aunque parece un insecto&raquo; pens&oacute;. Y con desd&eacute;n que ten&iacute;a algo de l&aacute;stima,
+hubo de soltar su presa, que cay&oacute; inerte a un lado del camino, en una
+especie de hoyo o surco. Al verle como un bulto, Juan sinti&oacute; algo de
+miedo. &laquo;Si le habr&eacute; matado sin querer... Y en todo caso... ha sido en
+defensa propia&raquo;. Pero la v&iacute;ctima exhal&oacute; un mugido, y revolc&aacute;ndose como
+los epil&eacute;pticos, repiti&oacute;: &laquo;Ladr&oacute;n... asesino&raquo;. El Delf&iacute;n se acerc&oacute; y
+poni&eacute;ndole un pie sobre el pecho, cuidando de no apretar, dijo: &laquo;Si no
+te callas, cucaracha, te aplasto&raquo;.</p>
+
+<p>Levantose Rub&iacute;n de un salto. Era todo u&ntilde;as y todo dientes; sacaba las
+armas del d&eacute;bil; pero con tanta fiereza, que si coge al otro le arranca
+la piel. Santa Cruz acudi&oacute; pronto a la defensa. &laquo;Te digo que te pateo...
+si vuelves...&raquo;. Le levant&oacute; como una pluma y le lanz&oacute; violentamente donde
+antes hab&iacute;a ca&iacute;do. Era un solar o campo mal labrado, m&aacute;s all&aacute; de la
+&uacute;ltima casa. La v&iacute;ctima no daba acuerdo de s&iacute;, y aprovechando aquel
+momento el b&aacute;rbaro se&ntilde;orito, que vio pasar su coche, lo detuvo, montose
+en &eacute;l de un salto y &iexcl;hala!, partieron los caballos a escape.</p>
+
+<p>Un hombre se hab&iacute;a detenido ante los combatientes en el &uacute;ltimo instante
+de la reyerta; acercose a Maxi y le mir&oacute; con recelo. Creyendo que estaba
+mortalmente herido, no quer&iacute;a meterse en l&iacute;os con la justicia. Cuando le
+oy&oacute; hablar, acercose m&aacute;s. &laquo;Buen hombre, &iquest;qu&eacute; es eso?... &iexcl;Pobre chico! Si
+no parece chico, sino un viejo... &iexcl;Vaya, que pegar as&iacute; a un pobre
+anciano!&raquo;. Luego lleg&oacute; otro hombre, que se destac&oacute; de un grupo de
+obreros que sub&iacute;an. Auxiliado por este, Maxi logr&oacute; levantarse y corri&oacute;
+un buen trecho por el camino abajo, gritando: &laquo;&iexcl;Ladr&oacute;n!... &iexcl;a ese!...
+&iexcl;al asesino!...&raquo;. Pero el coche estaba ya m&aacute;s all&aacute; de la iglesia.
+Formose en torno a la v&iacute;ctima un corro de cuatro, seis, diez personas de
+ambos sexos. Mir&aacute;bales como si fueran amigos que hab&iacute;an de darle la
+raz&oacute;n reconociendo en &eacute;l a la justicia pateada y a la humanidad
+escarnecida. Parec&iacute;a un insensato. Su descompuesto rostro daba miedo, y
+su ahilada voz excitaba la mayor extra&ntilde;eza.</p>
+
+<p>Porque el ardor de la lucha hab&iacute;a determinado como una relajaci&oacute;n de la
+laringe, en t&eacute;rminos que la voz se le hab&iacute;a vuelto enteramente de
+falsete. Sal&iacute;an de su garganta las palabras como el acento de un
+imp&uacute;ber. &laquo;&iquest;En d&oacute;nde se ha metido?... &iquest;en d&oacute;nde?... &iquest;No es verdad,
+se&ntilde;ores, que es un miserable?... &iquest;un secuestrador?... Me ha quitado lo
+m&iacute;o, me ha robado... &Eacute;l la arroj&oacute; a la basura... yo la recog&iacute; y la
+limpi&eacute;... &eacute;l me la quit&oacute; y la... volvi&oacute; a arrojar... la volvi&oacute; a
+arrojar. &iexcl;Trasto infame!... Pero yo tengo que hacer dos muertes. Ir&eacute; al
+pat&iacute;bulo... no me importa ir al pat&iacute;bulo, se&ntilde;ores... digo que quiero ir
+al palo... pero ellos por delante, ellos por delante...&raquo;.</p>
+
+<p>Los que le rodeaban le ten&iacute;an l&aacute;stima. Desconociendo el motivo de la
+zaragata, cada cual dec&iacute;a lo que le parec&iacute;a. &laquo;<i>Sobre vino</i> una
+pendencia&raquo;.&mdash;&laquo;No, cuesti&oacute;n de faldas; &iquest;verdad?&raquo;.&mdash;&laquo;&iexcl;Quita all&aacute;!, &iquest;pero
+no ves que es marica?&raquo;.</p>
+
+<p>Las mujeres le miraban con m&aacute;s inter&eacute;s. &laquo;Tiene usted sangre en la
+frente&raquo; le dijo una. Era una rozadura de que el joven no se hab&iacute;a dado
+cuenta. Llevose la mano a la cabeza y la retir&oacute; manchada de sangre. Not&oacute;
+que el brazo derecho le dol&iacute;a horriblemente.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos, vamos&mdash;le dijo uno&mdash;, v&eacute;ngase usted a la Casa de Socorro&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Gatera... miserable...&mdash;Vamos; ya eso se acab&oacute;... &iquest;En d&oacute;nde tiene
+usted el sombrero?</p>
+
+<p>Maxi no dijo nada ni se cuid&oacute; del sombrero. De repente rompi&oacute; en
+aullidos, pues no parec&iacute;an otra cosa los esfuerzos de su voz para hablar
+a gritos. Los circunstantes pod&iacute;an o&iacute;rle dif&iacute;cilmente estos conceptos:
+&laquo;Partirle el coraz&oacute;n es poco; es menester... machac&aacute;rselo&raquo;.</p>
+
+<p>Dos hombres le llevaban calle abajo, cada cual agarr&aacute;ndole de un brazo,
+y &eacute;l, mirando con estupidez a sus conductores,
+repet&iacute;a:&mdash;&iexcl;machac&aacute;rselo!&mdash;. A ratos se paraba, prorrumpiendo en risas de
+demente. Ya cerca de la iglesia aparecieron dos individuos de Orden
+P&uacute;blico, que viendo a Maxi en aquel estado, le recibieron muy mal.
+Pensaron que era un pillete, y que los golpes que hab&iacute;a recibido le
+estaban muy bien merecidos... Le cogieron por el cuello de la americana
+con esa paternal zarpa de la justicia callejera. &laquo;&iquest;Qu&eacute; tiene usted?&raquo; le
+pregunt&oacute; uno de ellos, mal humorado. Maxi contest&oacute; con la misma risa
+insana y delirante; viendo lo cual el polizonte, apret&oacute; la zarpa, como
+expresi&oacute;n de los rigores que la justicia humana debe emplear con los
+criminales.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y el agresor?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Machac&aacute;rselo!... Lleg&oacute; a la Casa de Socorro, ya con una procesi&oacute;n de
+gente tras s&iacute;. El m&eacute;dico de guardia conoc&iacute;a a Maxi, y despu&eacute;s de
+curarle la contusi&oacute;n de la cabeza, que no ten&iacute;a importancia, le mand&oacute; a
+su casa al cuidado de los guardias de Orden P&uacute;blico.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xi</span>-</h2>
+
+
+<p>Cuando entr&oacute; el malaventurado chico en su casa, Fortunata no hab&iacute;a
+aparecido a&uacute;n. Lo mismo fue verle Patricia en aquel lastimoso estado,
+que correr a dar aviso a do&ntilde;a Lupe, la cual no tard&oacute; en presentarse
+alborotada y afligida. Lo primero que hizo, conforme a su gran car&aacute;cter,
+fue sobreponerse a los sucesos, no amilanarse por la vista de la sangre
+y dictar atinadas &oacute;rdenes preliminares, como acostar a Maximiliano,
+traer provisi&oacute;n de &aacute;rnica, reconocerle bien las contusiones que ten&iacute;a y
+llamar un m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero y Fortunata?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Sali&oacute; a hacer unas compras&mdash;dijo Patricia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es particular! Las ocho y media de la noche.</p>
+
+<p>En vano intent&oacute; do&ntilde;a Lupe saber lo que hab&iacute;a ocurrido de los propios
+labios del joven. Este no dec&iacute;a m&aacute;s que &laquo;&iexcl;machac&aacute;rselo!&raquo; con aquella voz
+de falsete, que era otra novedad para su t&iacute;a. Acost&aacute;ronle con no poco
+trabajo, y le llenaron de bizmas. El m&eacute;dico de la Casa de Socorro vino y
+orden&oacute; el reposo. Tem&iacute;a que hubiese algo de conmoci&oacute;n cerebral; pero
+probablemente concluir&iacute;a todo con una fuerte jaqueca. Tambi&eacute;n propin&oacute; el
+bromuro pot&aacute;sico a fuertes dosis, y a la primera toma se adormeci&oacute; el
+herido, pronunciando palabras sueltas, de las cuales nada pudo sacar en
+claro la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui. &iexcl;Y a todas estas la otra sin parecer!</p>
+
+<p>Por fin, a eso de las nueve y media, cuando el m&eacute;dico se fue, sinti&oacute;
+do&ntilde;a Lupe un rebullicio, luego cuchicheos en el pasillo. Fortunata hab&iacute;a
+entrado, y hablaba muy bajito con Patria. La mente de la viuda, en la
+cual hasta entonces todo era confusi&oacute;n y vaguedades, empez&oacute; a dar de s&iacute;
+los juicios m&aacute;s extra&ntilde;os, ideas de atrevido alcance y de un pesimismo
+aterrador. Sali&oacute; paso a paso a la sala, deseosa de sorprender aquel
+secreteo. Fortunata entr&oacute;, p&aacute;lida como un cirio y con ojos aterrados;
+mas do&ntilde;a Lupe no le dijo nada. La vio que avanzaba hacia el gabinete,
+que daba algunos pasos hacia la alcoba deteni&eacute;ndose en la puerta, y que
+desde all&iacute; alargaba el cuerpo para mirar a su marido. &iquest;Por qu&eacute; no entr&oacute;?
+&iquest;Qu&eacute; temor la deten&iacute;a? La alcoba estaba casi a oscuras, pues apenas
+llegaba a ella la claridad de la l&aacute;mpara encendida en la sala. Do&ntilde;a Lupe
+llev&oacute; al gabinete la luz. Quer&iacute;a observar lo que hac&iacute;a su sobrina, y por
+de pronto le llam&oacute; la atenci&oacute;n su actitud extra&ntilde;a, no muy conforme con
+los sentimientos naturales en una esposa en situaci&oacute;n tan aflictiva.
+Una vez que le mir&oacute; bien de lejos, Fortunata, sin hacer maldito caso de
+persona tan respetable como su t&iacute;a pol&iacute;tica, volvi&oacute; a la sala, que ya
+estaba medio a oscuras, y se sent&oacute; en una silla. Todav&iacute;a no se hab&iacute;a
+quitado el manto, y parec&iacute;a que iba a volver a la calle. Apoyada la
+mejilla en la mano, permaneci&oacute; inm&oacute;vil como un cuarto de hora. El
+silencio que en las tres piezas reinaba s&oacute;lo se interrump&iacute;a con tal cual
+palabra estropajosa pronunciada por Maxi, y con el paso gatuno de la
+sirviente que atravesaba la sala para ir a recibir &oacute;rdenes de la &uacute;nica
+persona que aquella noche mandara en la casa. Si el estado del enfermo
+permitiera alzar la voz, &iexcl;ay!, do&ntilde;a Lupe har&iacute;a retemblar la casa con el
+estruendo de su palabra autoritaria y fiscalizadora; pero no pod&iacute;a ser.
+&iexcl;Qu&eacute; cosas hab&iacute;a de o&iacute;r su sobrina! Resolvi&oacute;, pues, la t&iacute;a dejar la
+discusi&oacute;n para el d&iacute;a siguiente; mas tanto la apremiaron la curiosidad y
+el enojo, que no pudo menos de personarse, pasito a paso, en la sala, y
+decir a Fortunata, con voz oprimida: &laquo;Expl&iacute;came esto&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Esto?...&mdash;murmur&oacute; la pr&oacute;jima, alzando la cara, como quien despierta.</p>
+
+<p>&mdash;Esto, s&iacute;... Maximiliano maltratado... t&uacute; entrando en casa tan tarde y
+con esos modos de traidora de melodrama.</p>
+
+<p>Fortunata, despu&eacute;s de mirar de hito en hito a do&ntilde;a Lupe por espacio
+como de un minuto, volvi&oacute; a apoyar la mejilla en el pu&ntilde;o sin decir una
+palabra.</p>
+
+<p>&laquo;Pues me he enterado... Me gusta...&raquo;.</p>
+
+<p>Y fue a la alcoba, porque se oy&oacute; la voz de Maxi llamando. Poco despu&eacute;s
+se le sinti&oacute; vomitar. Fortunata prest&oacute; atenci&oacute;n a lo que all&iacute; pasaba;
+pero sin abandonar su postura de esfinge.</p>
+
+<p>Cuando la viuda volvi&oacute; a la sala, ya eran m&aacute;s de las diez.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Las diez dadas!&mdash;dijo con aquella voz tan severa que habr&iacute;a hecho
+estremecer a una piedra&mdash;. Y no te has quitado el manto. &iquest;Es que piensas
+volver... de compras? El pobre Maxi, al despertar hace un rato, me
+pregunt&oacute; si hab&iacute;as venido, y le dije que no. Me dio verg&uuml;enza de decirle
+que s&iacute;, porque habr&iacute;a sido preciso a&ntilde;adir que s&oacute;lo con la manera de
+entrar te declaras culpable... &Eacute;l dijo: 'M&aacute;s vale que no venga...'. &iquest;Y
+t&uacute; no conoces que as&iacute; no se puede seguir?... &iquest;que es preciso que me
+expliques esto? Habla, hija, habla o yo ver&eacute; lo que tengo que hacer&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata, despu&eacute;s de mirarla con una emoci&oacute;n que do&ntilde;a Lupe no podr&iacute;a
+definir, volvi&oacute; a apoyar la cara en la mejilla, y dando un gran suspiro,
+se acoraz&oacute; dentro de aquel silencio l&uacute;gubre, que desesperar&iacute;a a la misma
+paciencia.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Esto es para volverse loca!...&mdash;expres&oacute; do&ntilde;a Lupe con un gesto
+iracundo&mdash;. &iquest;Creer&aacute;s t&uacute;, creer&aacute; usted que conmigo valen marruller&iacute;as?
+Sepa usted que...&raquo;.</p>
+
+<p>La ira se le desbordaba, y para contenerla volvi&oacute; a la alcoba. Su mente
+acalorada revolv&iacute;a estas ideas: &laquo;Sali&oacute; lo que yo me tem&iacute;a... Si lo dije,
+si esta mujer nos hab&iacute;a de dar al fin un disgusto... &iexcl;Ay, qu&eacute; ojo tengo!
+A m&iacute; no me entraba, no me entraba; y siempre lo dije: 'ni con Micaelas
+ni sin Micaelas, podremos hacer de una mujer mala una esposa decente'.
+Ah&iacute; est&aacute;, ah&iacute; est&aacute;, ah&iacute; la tienen. Vean si acert&eacute;; vean si eran
+preocupaciones m&iacute;as...&raquo;.</p>
+
+<p>Lo que m&aacute;s ensoberbec&iacute;a a do&ntilde;a Lupe era el chasco que se hab&iacute;a llevado,
+pues aunque dijera otra cosa, ello es que hab&iacute;a cre&iacute;do a Fortunata
+radicalmente reformada. No pudo contener su arranque, y volvi&oacute; a la
+sala. &laquo;Pero se explica usted, &iquest;s&iacute; o no?...&raquo;.</p>
+
+<p>Repar&oacute; entonces que hablaba con una sombra. Fortunata no estaba all&iacute;.
+Sali&oacute; do&ntilde;a Lupe al pasillo, y vio luz en un cuartito interior, donde la
+mujer de Maxi guardaba su ropa. Empuj&oacute; la puerta. All&iacute; estaba, ya sin
+mantilla, sacando ropa del armario y meti&eacute;ndola en un mundo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero querr&aacute; usted al fin sacarme de dudas?&mdash;dijo sin recatarse ya de
+alzar la voz&mdash;. Esto es vergonzoso. Si usted se obstina en callarse,
+creer&eacute; que la causante de toda esta tragedia es usted y nada m&aacute;s que
+usted&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se volvi&oacute; hacia ella. Su palidez era como la de un muerto.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos a ver&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la de J&aacute;uregui manoteando&mdash;. Si mi sobrino me
+vuelve a preguntar si ha entrado usted, &iquest;qu&eacute; le digo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;gale usted&mdash;replic&oacute; la esposa en voz m&aacute;s baja y expres&aacute;ndose con
+mucha dificultad&mdash;; d&iacute;gale usted que no he venido, porque me marchar&eacute; en
+cuanto sea de d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no entiendo una palabra... &iexcl;qu&eacute; ha pasado, Santo Dios!... &iquest;Qui&eacute;n
+maltrat&oacute; a Maxi?</p>
+
+<p>Fortunata dio un gran suspiro. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; farsa! Voy a dar parte a la
+justicia. Veremos si al juez le contesta de esa manera. Que usted es
+culpable, bien a la vista est&aacute;. Si no, &iquest;por qu&eacute; se marcha usted?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Porque me debo ir&mdash;replic&oacute; la otra mirando al suelo.</p>
+
+<p>No dijo m&aacute;s. Fuera de s&iacute;, do&ntilde;a Lupe le ech&oacute; la zarpa a un brazo y
+sacudi&eacute;ndola fuertemente, le solt&oacute; esta imprecaci&oacute;n:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah!, maldita... bien claro se ve que es usted una bribona... una
+bribona en toda la extensi&oacute;n de la palabra... que lo ha sido siempre y
+lo ser&aacute; mientras viva... A todos enga&ntilde;&oacute; usted menos a m&iacute;... a m&iacute; no...
+Yo la vi venir&raquo;.</p>
+
+<p>Abrumada por su conciencia, Fortunata no pudo contestar nada. Si do&ntilde;a
+Lupe se hubiera abalanzado a ella para pegarle, se habr&iacute;a dejado
+castigar.</p>
+
+<p>&laquo;Hace usted bien en largarse&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la otra ya en la puerta&mdash;. No ser&eacute;
+yo quien la detenga... Viento fresco. &iexcl;Qu&eacute; casa esta y qu&eacute; matrimonio!
+Nada me coge de nuevo... porque, lo repito, a todos enga&ntilde;&oacute; usted menos a
+m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y era mentira, porque la primera enga&ntilde;ada fue ella. &iexcl;Valiente fiasco
+hab&iacute;an tenido sus facultades educatrices! La idea de este fracaso
+encend&iacute;a su furor m&aacute;s que el delito mismo que en su sobrina sospechaba.</p>
+
+<p>Volviendo a la sala, apoderose de la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui el frenes&iacute; de
+las disposiciones. La primera fue que se quedar&iacute;a all&iacute; aquella noche.
+Despu&eacute;s mand&oacute; a Patricia a su casa con un recado, llamando a Nicol&aacute;s,
+que aquel d&iacute;a hab&iacute;a llegado de Toledo. &laquo;Que venga mi sobrino
+inmediatamente, y si est&aacute; durmiendo, encargue usted a Papitos que le
+despierte&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata segu&iacute;a en el cuarto de la ropa; mas adelantaba muy poco en el
+arreglo de su equipaje, porque a lo mejor se quedaba inm&oacute;vil, sentada
+sobre un ba&uacute;l, mirando al suelo o a la vela, que ard&iacute;a con p&aacute;bilo muy
+larguilucho y negro, chorreando goterones de grasa. Desde que empez&oacute; a
+faltar, no hab&iacute;a sentido remordimientos como los de aquella noche. El
+espectro de su maldad no hab&iacute;a hecho antes m&aacute;s que presentarse como en
+broma, y &eacute;rale a ella muy f&aacute;cil espantarlo; pero ya no acontec&iacute;a lo
+mismo. El espectro ven&iacute;a y se sentaba con ella y con ella se levantaba;
+cuando se pon&iacute;a a guardar ropa, la ayudaba; al suspirar, suspiraba; los
+ojos de ella eran los de &eacute;l, y, en fin, la persona de ambos parec&iacute;a una
+misma persona. Y la atormentaban, juntamente con los revuelcos de su
+conciencia, ansias de amor, deseos viv&iacute;simos de normalizar su vida
+dentro de la pasi&oacute;n que la dominaba. Acordose de que su amante le hab&iacute;a
+ofrecido ponerle casa, y establecer entre ambos una familiaridad regular
+dentro de la irregularidad. &iquest;Pero esto podr&iacute;a ser? Las ansias amorosas
+se cruzaban en su esp&iacute;ritu con temores vagos, y al fin ven&iacute;a a
+considerarse la persona m&aacute;s desgraciada del mundo, no por culpa suya,
+sino por disposici&oacute;n superior, por aquella mec&aacute;nica espiritual que la
+empujaba de un modo irresistible. No pens&oacute; en dormir aquella noche, y
+anhelaba que viniese el d&iacute;a para marcharse, porque el sentir la voz
+doliente de su marido produc&iacute;ale atroz martirio. Habr&iacute;a dado diez a&ntilde;os
+de su vida porque lo que pas&oacute; no hubiera pasado. Pero ya que no lo pod&iacute;a
+remediar, &iexcl;ojal&aacute; que las heridas de Maxi fuesen de poca importancia!
+Despu&eacute;s de esto, su m&aacute;s vivo deseo era coger la puerta y huir para
+siempre de la casa aquella. Antes morir que continuar la farsa de un
+matrimonio imposible.</p>
+
+<p>De estas meditaciones la sac&oacute; do&ntilde;a Lupe, que despu&eacute;s de media noche
+volvi&oacute; a entrar en el cuarto. Envolv&iacute;ase toda en una manta, lo que le
+daba cierto aspecto temeroso y l&uacute;gubre como de alma del otro mundo.</p>
+
+<p>&laquo;Al pobre Maxi&mdash;dijo&mdash;, le da ahora por llorar... No cesa de preguntarme
+si ha venido usted... Francamente, no s&eacute; qu&eacute; responderle&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;gale usted que me he muerto&mdash;replic&oacute; Fortunata.</p>
+
+<p>&mdash;Y positivamente ser&iacute;a lo mejor... &iquest;Ha arreglado usted ya sus ba&uacute;les?</p>
+
+<p>&mdash;Me falta poco... Mire, mire... no me llevo nada que no sea m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y sus alhajas?&mdash;pregunt&oacute; la viuda que custodiaba en su casa las de
+m&aacute;s valor.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Mis alhajas?&mdash;observ&oacute; la otra vacilando primero y asegur&aacute;ndose al
+fin&mdash;. No son m&iacute;as. Son de &eacute;l, de Maxi, que las desempe&ntilde;&oacute;. Se las dejo
+todas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De modo que no se lleva usted m&aacute;s que su ropa?</p>
+
+<p>&mdash;Nada m&aacute;s. Hasta el portamonedas, con el &uacute;ltimo dinero que me dio, lo
+dejo aqu&iacute; sobre la c&oacute;moda. V&eacute;alo usted.</p>
+
+<p>Cogi&oacute; la prudente se&ntilde;ora el portamonedas que estaba a&uacute;n bien repleto y
+se lo guard&oacute;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xii</span>-</h2>
+
+
+<p>Hay motivos para creer que cuando Papitos entr&oacute; a media noche en el
+cuarto de Nicol&aacute;s Rub&iacute;n y le dijo sacudi&eacute;ndole fuertemente: &laquo;Se&ntilde;or,
+se&ntilde;or, su t&iacute;a que vaya all&aacute; ahora mismo&raquo;, el santo var&oacute;n solt&oacute; un
+bramido y dio media vuelta volviendo a caer en profundo sue&ntilde;o. Es
+probable que a la segunda acometida de Papitos, el cl&eacute;rigo se
+desperezara, y que ahuyentase a la mona con otro fuerte berrido,
+agasajando en su empa&ntilde;ado cerebro la idea de que su t&iacute;a deb&iacute;a esperar
+hasta la ma&ntilde;ana siguiente. Y el fundamento de estas apreciaciones es que
+Nicol&aacute;s no se present&oacute; en la casa de su hermano Maxi hasta las siete
+dadas. Tanta pachorra sacaba de quicio a do&ntilde;a Lupe, que poniendo el
+grito en el Cielo, dec&iacute;a: &laquo;Estoy destinada a ser la v&iacute;ctima de estos
+tres idiotas... Cada uno por su lado me consumen la vida, y entre los
+tres juntos van a acabar conmigo... &iexcl;Qu&eacute; familia, Se&ntilde;or, qu&eacute; familia! Si
+me viera mi J&aacute;uregui, otro gallo me cantara. &iexcl;Pero hombre de Dios, vaya
+que tienes una calma! No s&eacute; c&oacute;mo con ella y lo que comes no est&aacute;s m&aacute;s
+gordo... Te llamo a las once de la noche y esta es la hora en que te
+descuelgas por aqu&iacute;... &iquest;T&uacute; sabes lo que pasa?&raquo;.</p>
+
+<p>Esto lo dec&iacute;a en la sala, al ver entrar a Nicol&aacute;s, cuyos ojos ten&iacute;an a&uacute;n
+se&ntilde;ales evidentes de lo bien que hab&iacute;a dormido. Al sentir el coloquio,
+sali&oacute; la pecadora de su escondite, y acerc&aacute;ndose a la puerta de la sala
+trat&oacute; de escuchar. Pero t&iacute;a y sobrino siguieron hablando muy bajito, y
+nada pudo percibir. Despu&eacute;s el cl&eacute;rigo, a instancias de su t&iacute;a, sali&oacute;
+al pasillo, y Fortunata metiose r&aacute;pidamente en su escondite para
+esperarle all&iacute;.</p>
+
+<p>El cuarto aquel estaba casi completamente a oscuras en las primeras
+horas del d&iacute;a. Los que entraban no ve&iacute;an a quien dentro estuviera. La
+vela, que ardi&oacute; gran parte de la noche, se hab&iacute;a consumido. Desde
+dentro, vio Fortunata al cura, sombra negra en el cuadro luminoso de la
+puerta, y esper&oacute; a que entrase o a que dijese algo. Como el que recela
+penetrar en la madriguera de una bestia feroz, Nicol&aacute;s permaneci&oacute; en la
+puerta, y desde ella lanz&oacute; en medio de la oscuridad estas palabras:
+&laquo;Mujer, &iquest;est&aacute; usted aqu&iacute;?... No veo nada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; estoy, s&iacute; se&ntilde;or&mdash;murmur&oacute; ella.</p>
+
+<p>&mdash;Mi t&iacute;a&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el cl&eacute;rigo&mdash;, me ha contado los horrores de esta
+noche... Mi hermano maltratado, herido; usted entrando en casa a
+deshora, y entrando para recoger su ropa y marcharse, rompiendo la
+armon&iacute;a conyugal y dej&aacute;ndonos a todos en la mayor confusi&oacute;n. &iquest;Me querr&aacute;
+usted explicar a m&iacute; este turris-burris?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;or&mdash;replic&oacute; la voz con miedo y turbaci&oacute;n indecibles.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si ha tenido usted parte en esta infamia?</p>
+
+<p>&mdash;Yo... en lo de los golpes no he tenido parte&mdash;apunt&oacute; con r&aacute;pida frase
+la voz.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a cuentas&mdash;dijo el cl&eacute;rigo avanzando un poco, precedido de sus
+manos que palpaban en las tinieblas&mdash;. Hace algunos d&iacute;as... lo he
+sabido ayer por casualidad... mi hermano sospechaba que usted no le era
+fiel; esta es la cosa. &iquest;Ten&iacute;a fundamento esta sospecha?</p>
+
+<p>La voz no dijo nada, y hubo un ratito de temerosa expectativa.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero no contesta usted?&mdash;interrog&oacute; Nicol&aacute;s con acento airado&mdash;. &iquest;Por
+qui&eacute;n me toma? H&aacute;gase usted cargo de que est&aacute; en el confesonario. No
+hago la pregunta como persona de la familia ni como juez, sino como
+sacerdote. &iquest;Ten&iacute;a fundamento la sospecha?&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de otro ratito, que al cura se le hizo m&aacute;s largo que el primero,
+la voz respondi&oacute; tenuemente:</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute; se&ntilde;or&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ya veo&mdash;afirm&oacute; Rub&iacute;n con ira&mdash;, que nos ha enga&ntilde;ado usted a todos, a
+m&iacute; el primero, a las se&ntilde;oras Micaelas, a mi amigo Pintado y a toda mi
+familia despu&eacute;s. Es usted indigna de ser nuestra hermana. Vea usted qu&eacute;
+bonito papel hemos hecho. &iexcl;Y yo que respond&iacute;...! En mi vida me ha pasado
+otra. La tuve a usted por extraviada, no por corrompida, y ahora veo que
+es usted lo que se llama un monstruo.</p>
+
+<p>Dio entonces un paso m&aacute;s, cerrando un poco la puerta, y tent&oacute; la pared
+por si hallaba silla o banco en qu&eacute; sentarse.</p>
+
+<p>&laquo;Hablando en plata, usted no quiere a mi hermano... &Aacute;brete,
+conciencia&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or&mdash;dijo la voz prontamente y sin hacer ning&uacute;n esfuerzo.</p>
+
+<p>&mdash;No le ha querido nunca... esta es la cosa.</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or.&mdash;Pero usted me dijo que esperaba tomarle cari&ntilde;o conforme le
+fuera tratando.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; lo dije.&mdash;Pero no ha resultado... No ha resultado. &iexcl;Chasco como
+este...! Se dan casos... De modo que nada.</p>
+
+<p>&mdash;Nada.&mdash;&iexcl;Perfectamente! Pero usted olvida que es casada y que Dios le
+manda querer a su marido, y si no le quiere, serle fiel de cuerpo y de
+pensamiento. &iexcl;Bonita plancha, s&iacute; se&ntilde;or, bonita!... En mi vida me ha
+pasado otra. Y usted, pisoteando el honor y la ley de Dios, se ha
+prendado de cualquier pelagatos... ya se ve: su pasado licencioso le
+envenena el alma, y la purificaci&oacute;n fue una pamema. &iexcl;No haber visto
+esto, Se&ntilde;or, no haberlo visto!</p>
+
+<p>Estaba tan furioso el cura por lo mal que le hab&iacute;a salido aquella
+compostura, y su amor propio de arreglador padec&iacute;a tanto, que no pudo
+menos de desahogar su despecho con estas col&eacute;ricas razones: &laquo;Pues s&eacute;pase
+usted que est&aacute; condenada, y no le d&eacute; vueltas: condenada&raquo;.</p>
+
+<p>No se sabe si este procedimiento del terror hizo su efecto, porque
+Fortunata no contest&oacute; nada. La expresi&oacute;n de sus sentimientos acerca del
+tremendo anatema perdiose en la oscuridad de aquella caverna.</p>
+
+<p>&laquo;Al menos, desdichada, confiese usted su delito&mdash;dijo Rub&iacute;n, que
+desliz&aacute;ndose en las tinieblas hab&iacute;a encontrado un caj&oacute;n en que
+sentarse&mdash;. No me oculte usted nada. &iquest;Cu&aacute;ntas veces, cu&aacute;ntas veces ha
+faltado usted a su marido?&raquo;.</p>
+
+<p>La contestaci&oacute;n tardaba. Nicol&aacute;s repiti&oacute; la pregunta hasta tres veces
+suavizando el tono, y al fin oy&oacute; un susurro que dec&iacute;a: &laquo;Muchas&raquo;.</p>
+
+<p>Cuenta el padre Rub&iacute;n que aquel</p>
+
+<p><i>muchas</i> le dio escalofr&iacute;os, y que le pareci&oacute; el rumorcillo que hacen
+las correderas cuando en tropel se escurren por las paredes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con cu&aacute;ntos hombres?</p>
+
+<p>&mdash;Con uno solo...&mdash;&iexcl;Con uno s&oacute;lo!... &iquest;De veras? &iquest;Le conoci&oacute; usted
+despu&eacute;s de casada?</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or. Le conozco hace mucho tiempo... le he querido siempre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! ya... la historia vieja... perfectamente&mdash;dijo el cura, cuyo amor
+propio se ergu&iacute;a al encontrar un medio de aparecer previsor&mdash;. Eso ya me
+lo tem&iacute;a yo. &iexcl;El amorcito primero...! &iquest;No lo dije, no se lo dije a
+usted? Por ah&iacute; est&aacute; el peligro. He visto muchos casos. Bueno. &iquest;Y ese
+pelafust&aacute;n es el de marras?</p>
+
+<p>Fortunata contest&oacute; que s&iacute;, sin comprender lo que quer&iacute;a decir de marras.</p>
+
+<p>&laquo;Y ese ha sido el miserable que abusando de su fuerza maltrat&oacute; al pobre
+Maxi, d&eacute;bil y enfermizo... &iexcl;Ay, mundo amargo!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&Eacute;l fue... pero Maxi le provoc&oacute;...&mdash;dijo la voz&mdash;. Esas cosas vienen
+sin saber c&oacute;mo... Yo lo presenci&eacute; desde la ventana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Desde qu&eacute; ventana?</p>
+
+<p>&mdash;De la casa aquella.&mdash;&iquest;Casita tenemos?... S&iacute;... s&iacute;, lo de siempre. Lo
+hab&iacute;a previsto yo. No crea usted que me coge de nuevo. &iexcl;Casita y
+todo!... &iexcl;Cu&aacute;nta infamia! &iquest;Y no siente usted remordimientos? Cualquier
+persona que tuviera alma estar&iacute;a en tal caso llena de tribulaci&oacute;n...
+pero usted tan fresca.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo siento... lo siento... Quisiera que eso no hubiera pasado.</p>
+
+<p>&mdash;Eso, que no hubiera pasado el lance, para continuar pecando a la
+calladita. Y siga el fandango. Tambi&eacute;n esta clase de perversidad me la
+s&eacute; de memoria.</p>
+
+<p>Fortunata se call&oacute;. Fuera que los ojos del cl&eacute;rigo se acostumbraran a la
+oscuridad, fuera que entrase en el cuarto m&aacute;s luz, ello es que Nicol&aacute;s
+empez&oacute; a distinguir a su hermana pol&iacute;tica, sentada sobre el ba&uacute;l, con un
+pa&ntilde;uelo en la mano. A ratos se lo llevaba al rostro como para secar sus
+l&aacute;grimas. Cierto es que Fortunata lloraba; pero algunas veces la causa
+de la aproximaci&oacute;n del pa&ntilde;uelo a la cara era la necesidad en que la
+joven se ve&iacute;a de resguardar su olfato del olor desagradable que las
+ropas negras y muy usadas del cl&eacute;rigo desped&iacute;an.</p>
+
+<p>&laquo;Esas l&aacute;grimas que usted derrama, &iquest;son de arrepentimiento sincero? &iexcl;A
+saber...! Si usted se nos arrepintiera de verdad, pero de verdad, con
+contrici&oacute;n ardiente, todav&iacute;a esto podr&iacute;a arreglarse. Pero ser&iacute;a preciso
+que se nos sometiera a pruebas rudas y concluyentes... esta es la cosa.
+&iquest;Volver&iacute;a usted a las Micaelas?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, no se&ntilde;or&mdash;replic&oacute; la pecadora con prontitud.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, que se la lleve a usted el demonio&mdash;grit&oacute; el cl&eacute;rigo
+con gesto de menosprecio.</p>
+
+<p>&mdash;Le dir&eacute; a usted... yo me arrepiento; pero...</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute; peros ni qu&eacute; manzanas...&mdash;manifest&oacute; Rub&iacute;n, manoteando con groseros
+modales&mdash;. Reniegue usted de su infame adulterio; reniegue tambi&eacute;n del
+hombre malo que la tiene endemoniada.</p>
+
+<p>&mdash;Eso...&mdash;&iquest;Eso qu&eacute;?... &iexcl;Vaya con la muy...! Y me lo dice as&iacute;, con ese
+cinismo.</p>
+
+<p>Fortunata no sab&iacute;a lo que quiere decir cinismo, y se call&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Todo induce a creer que usted se prepara a reincidir, y que no hay
+quien le quite de la cabeza esa maldita ilusi&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>El gran suspiro que dio la otra confirm&oacute; esta suposici&oacute;n mejor que las
+palabras.</p>
+
+<p>&laquo;De modo que, aun vi&eacute;ndose perdida y deshonrada por ese miserable,
+todav&iacute;a le quiere usted. Buen provecho le haga&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No lo puedo remediar. Ello est&aacute; <i>entre</i> m&iacute; y no puedo vencerlo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya... la historia de siempre. Si me la s&eacute; de memoria... Que quieren
+s&oacute;lo a aquel y no pueden desterrarlo del pensamiento, y que patat&iacute;n y
+que patat&aacute;n... En fin, todo ello no es m&aacute;s que falta de conciencia,
+podredumbre del coraz&oacute;n, subterfugios del pecado. &iexcl;Ay, qu&eacute; mujeres!
+Saben que es preciso vencer y desarraigar las pasiones; pues no se&ntilde;or,
+siempre aferradas a la ilusioncita... Tijeretas han de ser... En
+resumidas cuentas, que usted no quiere salvarse. La pusimos en el camino
+de la regeneraci&oacute;n, y le ha faltado tiempo para echarse por los senderos
+de la cabra. &iexcl;Al monte, hija, al monte! Bueno; all&aacute; se entender&aacute; usted
+con Dios. Ya me estoy riendo del chasco que se va usted a llevar. Porque
+ahora, como si lo viera, se lanzar&aacute; otra vez a la vida libre.
+Divertirse... &iexcl;ea!... Por de pronto habr&aacute; un arreglito, y ese tunante le
+dar&aacute; alguna protecci&oacute;n; tendr&aacute; usted casa en que vivir... Y ahora que me
+acuerdo, &iquest;ese hombre es casado?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;or&mdash;dijo Fortunata con pena.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ave Mar&iacute;a Pur&iacute;sima!&mdash;exclam&oacute; el cura llev&aacute;ndose ambas manos a la
+cabeza&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; horror y qu&eacute; sociedad! Otra v&iacute;ctima; la esposa de ese
+se&ntilde;or... Y usted tan fresca, sembrando muertes y exterminios por donde
+quiera que va...</p>
+
+<p>Esta frase de serm&oacute;n aterr&oacute; un poco a Fortunata.</p>
+
+<p>&laquo;Tendr&aacute; usted su castigo y pronto. La historia de siempre... &iexcl;Qu&eacute;
+mujeres, Se&ntilde;or, qu&eacute; mujeres! V&aacute;yase usted a correr aventuras, deshonre a
+su marido, perturbe dos matrimonios; ya vendr&aacute;, ya vendr&aacute; el estallido.
+No le arriendo la ganancia. El amancebamiento ahora, despu&eacute;s la
+prostituci&oacute;n, el abismo. S&iacute;, ah&iacute; lo tiene usted, m&iacute;relo abierto ya, con
+su boca negra, m&aacute;s fea que la boca de un drag&oacute;n. Y no hay remedio, a &eacute;l
+va usted de cabeza... porque ese hombre la abandonar&aacute; a usted... Son
+habas contadas&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata ten&iacute;a la cabeza pr&oacute;xima a las rodillas. Estaba hecha un
+ovillo, y sus sollozos declaraban la agitaci&oacute;n de su alma.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah, mujer infeliz!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el cl&eacute;rigo con solemnidad, levant&aacute;ndose&mdash;;
+no s&oacute;lo es usted una bribona, sino una idiota. Todas las enamoradas lo
+son porque se les seca el entendimiento. Las saca uno del purgatorio del
+deleite y all&aacute; se van otra vez. T&uacute; te lo quieres, pues t&uacute; te lo ten. En
+el Infierno le ajustar&aacute;n a usted las cuentas. V&aacute;yase usted luego all&aacute;
+con sofismas y con zalamer&iacute;as de amor... Esto se acab&oacute;. Ni yo tengo que
+hacer nada con usted, ni usted tiene nada que hacer en esta casa.
+Cuenta concluida. Al arroyo, hija; divertirse; usted sale de aqu&iacute;, y
+cuando se vaya, sahumaremos, s&iacute;, sahumaremos... Perfec... tamente&raquo;.</p>
+
+<p>Esto lo dijo en la puerta y luego se retir&oacute; sin a&ntilde;adir una palabra m&aacute;s.
+Do&ntilde;a Lupe le aguardaba en la sala para saber si hab&iacute;a sido m&aacute;s
+afortunado que ella en la averiguaci&oacute;n de la verdad, y all&iacute; se
+estuvieron picoteando un buen rato. Despu&eacute;s oyeron ruido, sintieron la
+voz de Fortunata que hablaba quedito con Patricia, dici&eacute;ndole quiz&aacute;s
+c&oacute;mo y cu&aacute;ndo mandar&iacute;a a buscar su ropa. T&iacute;a y sobrino asom&aacute;ronse luego
+a los cristales del balc&oacute;n y la vieron atravesar la calle presurosa, y
+doblar la esquina sin dirigir una mirada a la casa que abandonaba para
+siempre.</p>
+
+<p>Nicol&aacute;s repet&iacute;a una figura de que estaba satisfecho: &laquo;Sahumar, sahumar y
+sahumar&raquo;. Y a prop&oacute;sito de espliego, a &eacute;l, f&iacute;sicamente, tampoco le
+vendr&iacute;a mal... esto sin ofender a nadie.</p>
+
+<h3>Madrid.&mdash;Mayo de 1886.</h3>
+
+<h3>FIN DE LA PARTE SEGUNDA</h3>
+
+<hr style="margin-bottom:15%;" />
+
+<p><a name="parte_tercera" id="parte_tercera"></a></p>
+
+<h1>Fortunata y Jacinta: (dos historias de casadas)</h1>
+
+<h2>por<br /> B. P&eacute;rez Gald&oacute;s</h2>
+
+<hr />
+<h2>PARTE TERCERA</h2>
+<div class="center">
+<a href="#ic"><b>-I-</b></a>
+<a href="#iic"><b>-II-</b></a>
+<a href="#iiic"><b>-III-</b></a>
+<a href="#ivc"><b>-IV-</b></a>
+<a href="#vc"><b>-V-</b></a>
+<a href="#vic"><b>-VI-</b></a>
+<a href="#viic"><b>-VII-</b></a><br />
+</div>
+
+
+<hr />
+<h2><a name="ic" id="ic"></a>-I-</h2>
+
+<h2>Costumbres turcas</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Juan Pablo Rub&iacute;n no pod&iacute;a vivir sin pasarse la mitad de las horas del
+d&iacute;a o casi todas ellas en el caf&eacute;. Amoldada su naturaleza a este g&eacute;nero
+de vida, habr&iacute;ase tenido por infeliz si el trabajo o las ocupaciones le
+obligaran a vivir de otro modo. Era un asesino implacable y reincidente
+del tiempo, y el &uacute;nico goce de su alma consist&iacute;a en ver c&oacute;mo expiraban
+las horas dando boqueadas, y c&oacute;mo iban cayendo los periodos de fastidio
+para no volver a levantarse m&aacute;s. Iba al caf&eacute; al medio d&iacute;a, despu&eacute;s de
+almorzar, y se estaba hasta las cuatro o las cinco. Volv&iacute;a despu&eacute;s de
+comer, sobre las ocho, y no se retiraba hasta m&aacute;s de media noche o hasta
+la madrugada, seg&uacute;n los casos. Como sus amigos no eran tan constantes,
+pasaba algunos ratos solo, meditando en problemas graves de pol&iacute;tica
+religi&oacute;n o filosof&iacute;a, contemplando con incierto y so&ntilde;oliento mirar las
+escayolas de la escocia, las pinturas ahumadas del techo, los fustes de
+hierro y las mediasca&ntilde;as doradas. Aquel recinto y aquella atm&oacute;sfera
+&eacute;ranle tan necesarios a la vida, por efecto de la costumbre, que s&oacute;lo
+all&iacute; se sent&iacute;a en la plenitud de sus facultades. Hasta la memoria le
+faltaba fuera del caf&eacute;, y como a veces se olvidara s&uacute;bitamente en la
+calle de nombres o de hechos importantes, no se impacientaba por
+recordar, y dec&iacute;a muy tranquilo: &laquo;En el caf&eacute; me acordar&eacute;&raquo;. En efecto,
+apenas tomaba asiento en el div&aacute;n, la influencia estimulante del local
+dej&aacute;base sentir en su organismo. Heridos el olfato y la vista, pronto se
+iban despertando las facultades espirituales, la memoria se le
+refrescaba y el entendimiento se le desentumec&iacute;a. Proporcion&aacute;bale el
+caf&eacute; las sensaciones &iacute;ntimas que son propias del hogar dom&eacute;stico, y al
+entrar le sonre&iacute;an todos los objetos, como si fueran suyos. Las personas
+que all&iacute; viera constantemente, los mozos y el encargado, ciertos
+parroquianos fijos, se le representaban como unidos estrechamente a &eacute;l
+por lazos de familia. Hasta con la jorobadita que vend&iacute;a en la puerta
+f&oacute;sforos y peri&oacute;dicos ten&iacute;a cierto parentesco espiritual.</p>
+
+<p>Pero aunque Juan Pablo se encari&ntilde;aba de este modo con el local, hab&iacute;a
+cambiado de caf&eacute; bastantes veces en el espacio de cinco a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Equival&iacute;a esto a mudar de vivienda, y como todos los caf&eacute;s de Madrid se
+parecen, lo mismo que se parecen las casas, Juan Pablo llevaba en s&iacute;
+propio su domesticidad, y a los dos d&iacute;as de frecuentar un caf&eacute;, ya se
+encontraba en &eacute;l como en familia. Los cambios eran determinados por
+ciertas corrientes de emigraci&oacute;n que hay en la sociedad de los vagos y
+que no se sabe a qu&eacute; obedecen. Unas veces el impulso part&iacute;a de algunos
+amigos inconstantes, tocados de la man&iacute;a de la variedad; otras la
+emigraci&oacute;n era motivada por una cuesti&oacute;n muy desagradable con <i>aquel
+se&ntilde;or de la mesa pr&oacute;xima</i>. Ya proven&iacute;a de que el amo del caf&eacute; <i>se port&oacute;
+cochinamente</i> cobrando a la tertulia unas copas, que se hab&iacute;an roto al
+discutir las verdaderas causas de la muerte de Concha en Montemuru; ya,
+por fin, de un desmejoramiento progresivo e intolerable del <i>g&eacute;nero</i>,
+raz&oacute;n por la cual desearan muchos estrenar los establecimientos nuevos o
+renovados. Juan Pablo no gustaba de iniciar ninguna corriente de
+emigraci&oacute;n; pero las segu&iacute;a casi siempre. En estas corrientes es f&aacute;cil
+que se pierda alguno de la partida, o por rebelde a las mudanzas o
+porque las deudas le cautivan en el antiguo local y all&iacute; le hipotecan la
+asistencia, pero en cambio siempre se gana alg&uacute;n tertulio nuevo que
+viene a refrescar las ideas y las bromas.</p>
+
+<p>Quien se hubiera tomado el trabajo de seguir los pasos de Rub&iacute;n desde
+el 69 al 74, le habr&iacute;a visto parroquiano del caf&eacute; de San Antonio en la
+Corredera de San Pablo, despu&eacute;s del Suizo Nuevo, luego de Plater&iacute;as, del
+Siglo y de Levante; le ver&iacute;a, en cierta ocasi&oacute;n, prefiriendo los caf&eacute;s
+cantantes y en otra abominando de ellos; concurriendo al de Gallo o al
+de la Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima cuando quer&iacute;a hacerse el invisible, y por fin,
+sentar sus reales en uno de los m&aacute;s concurridos y bulliciosos de la
+Puerta del Sol.</p>
+
+<p>Al medio d&iacute;a era siempre de los retrasados, porque se levantaba tarde;
+por la noche era infaliblemente el primero. Rara vez, al entrar,
+encontraba ya all&iacute; a D. Evaristo Gonz&aacute;lez Feijoo o a Leopoldo Montes. La
+tertulia de la noche ten&iacute;a su personal distinto de la del d&iacute;a, y eran
+pocos los que asist&iacute;an a una y otra. S&oacute;lo Rub&iacute;n era punto fijo en ambas.
+La pe&ntilde;a aquella ocupaba tres mesas, y antes de que los parroquianos
+llegaran, el mozo les pon&iacute;a a todos el servicio. Juan Pablo entraba a
+las ocho, cuando a&uacute;n no hab&iacute;a en el local m&aacute;s que tres o cuatro
+personas, y los mozos estaban de conversaci&oacute;n sentados junto al
+mostrador. En este, el amo o encargado preparaba los servicios, poniendo
+pilas de platillos de az&uacute;car. Cada instante se abr&iacute;a la puerta de
+cristales para dar paso a alg&uacute;n parroquiano (que entraba quit&aacute;ndose la
+bufanda o desemboz&aacute;ndose), y luego se cerraba con fuerte batacazo, para
+volverse a abrir en seguida con estridente chirrido de goznes mohosos.
+Era un estribillo abrumador... <i>Chirris</i>... entrada del individuo con su
+puro de estanco en la boca... despu&eacute;s <i>pum</i> y otra vez <i>chirris</i>...</p>
+
+<p>El amo saludaba desde el mostrador a alg&uacute;n parroquiano que le ca&iacute;a
+cerca. Los m&aacute;s gustaban de que se les sirviera el caf&eacute; sin ninguna
+tardanza, y daban palmadas si el chico no ven&iacute;a pronto. Juan Pablo
+entraba despacio y muy serio, como hombre que va a cumplir una
+obligaci&oacute;n sagrada. Dirig&iacute;a el paso gravemente hacia las mesas de la
+derecha y se sentaba siempre en el propio sitio con matem&aacute;tica
+exactitud. El mozo le saludaba en el momento de dar un restreg&oacute;n con el
+pa&ntilde;o a la mesa, y &eacute;l, contestando con cierta dignidad, frot&aacute;base las
+manos, se acomodaba bien en el asiento, conservando la capa sobre los
+hombros; despu&eacute;s acercaba el vaso, poniendo a la derecha, a la discreta
+distancia a que se pone el tintero para escribir, el platillo del
+az&uacute;car, y luego atend&iacute;a a la operaci&oacute;n de verter en el vaso la leche y
+el caf&eacute;, poniendo mucho cuidado en que las proporciones de ambos
+l&iacute;quidos fueran convenientes y en que el vaso se llenara sin rebosar.
+Esto era elemental. Despu&eacute;s cog&iacute;a la cuchara con la mano izquierda y con
+la derecha iba echando pausadamente los terrones, dirigiendo miradas
+indulgentes a todo el local y a las personas que entraban. Como
+veterano del caf&eacute; sab&iacute;a tomarlo con aquella lentitud y arte que
+corresponden a todo acto importante.</p>
+
+<p>Imposible que la historia siga a este hombre en todos sus periodos
+cafeteros. Pero no se puede pasar en silencio la etapa aquella de la
+Puerta del Sol, en que Rub&iacute;n ten&iacute;a por tertulios y amigos a D. Evaristo
+Gonz&aacute;lez Feijoo, a don Basilio Andr&eacute;s de la Ca&ntilde;a; a Melchor de Relimpio
+y a Leopoldo Montes, personas todas muy dadas a la pol&iacute;tica, y que
+hablaban del pa&iacute;s como de cosa propia. Teniendo todos la misma man&iacute;a,
+cada cual cultivaba una especialidad, pues Leopoldo Montes llevaba un
+d&iacute;a y otro infaliblemente, noticias de crisis; D. Basilio descend&iacute;a
+siempre a menudencias de personal; Relimpio era procaz y malicioso en
+sus juicios; Rub&iacute;n descollaba por suponerse que todo lo sab&iacute;a y que se
+anticipaba a los sucesos <i>vi&eacute;ndolos venir</i>, y por &uacute;ltimo, Feijoo era
+profundamente esc&eacute;ptico, y tomaba a broma todas las cosas de la
+pol&iacute;tica.</p>
+
+<p>All&iacute; brillaba espl&eacute;ndidamente esa fraternidad espa&ntilde;ola en cuyo seno se
+dan mano de amigo el carlista y el republicano, el progresista de cabeza
+dura y el moderado implacable. Antiguamente, los partidos separados en
+p&uacute;blico, est&aacute;banlo tambi&eacute;n en las relaciones privadas; pero el progreso
+de las costumbres trajo primero cierta suavidad en las relaciones
+personales, y por fin la suavidad se troc&oacute; en blandura. Algunos creen
+que hemos pasado de un extremado mal a otro, sin detenernos en el medio
+conveniente, y ven en esta fraternidad una relajaci&oacute;n de los caracteres.
+Esto de que todo el mundo sea amigo particular de todo el mundo es
+s&iacute;ntoma de que las ideas van siendo tan s&oacute;lo un pretexto para conquistar
+o defender el pan. Existe una confabulaci&oacute;n t&aacute;cita (no tan escondida que
+no se encuentre a poco que se rasque en los pol&iacute;ticos), por la cual se
+establece el turno en el dominio. En esto consiste que no hay
+aspiraci&oacute;n, por extraviada que sea, que no se tenga por probable; en
+esto consiste la inseguridad, &uacute;nica cosa que es constante entre
+nosotros, la ayuda mas&oacute;nica que se prestan todos los partidos desde el
+clerical al anarquista, lo mismo d&aacute;ndose una credencial vergonzante en
+tiempo de paces, que otorg&aacute;ndose perdones e indultos en las guerras y
+revoluciones. Hay algo de seguros mutuos contra el castigo, raz&oacute;n por la
+cual se miran los hechos de fuerza como la cosa m&aacute;s natural del mundo.
+La moral pol&iacute;tica es como una capa con tantos remiendos, que no se sabe
+ya cu&aacute;l es el pa&ntilde;o primitivo.</p>
+
+<p>Hablando de esto, Feijoo y Rub&iacute;n achacaban la relajaci&oacute;n de los
+caracteres a los desenga&ntilde;os. &laquo;Yo&mdash;dec&iacute;a Feijoo&mdash;, soy progresista
+desenga&ntilde;ado, y usted tradicionalista arrepentido. Tenemos algo de com&uacute;n:
+el creer que todo esto es una comedia y que s&oacute;lo se trata de saber a
+qui&eacute;n le toca mamar y a qui&eacute;n no&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Don Evaristo Gonz&aacute;lez Feijoo merece algo m&aacute;s que una menci&oacute;n en
+este relato. Era hombre de edad, solter&oacute;n, y viv&iacute;a desahogadamente de
+sus rentas y de su retiro de coronel del ej&eacute;rcito. A poco de la guerra
+de &Aacute;frica, abandon&oacute; el servicio activo. Era el &uacute;nico individuo de la
+tertulia que no ten&iacute;a trampas ni apuros de dinero. Su existencia pl&aacute;cida
+y ordenada, reflej&aacute;base en su persona pulcra, robusta y simp&aacute;tica. Su
+facha denunciaba su profesi&oacute;n militar y su natural hidalgo; ten&iacute;a bigote
+blanco y marcial arrogancia, continente reposado, ojos vivos, sonrisa
+entre picaresca y bondadosa; vest&iacute;a con mucho esmero y limpieza, y su
+palabra era sumamente instructiva, porque hab&iacute;a viajado y servido en
+Cuba y en Filipinas; hab&iacute;a tenido muchas aventuras y visto muchas y muy
+extra&ntilde;as cosas. No se alteraba cuando o&iacute;a expresar las ideas m&aacute;s
+exageradas y disolventes. Lo mismo al partidario de la inquisici&oacute;n que
+al petrolero m&aacute;s rabioso, les escuchaba Feijoo con frialdad ben&eacute;vola.
+Era indulgente con los entusiasmos, sin duda porque &eacute;l tambi&eacute;n los hab&iacute;a
+<i>padecido</i>. Cuando alguno se expresaba ante &eacute;l con fe y calor, o&iacute;ale con
+la paciencia compasiva con que se oye a los locos. Tambi&eacute;n &eacute;l hab&iacute;a
+sido loco; pero ya hab&iacute;a recobrado la raz&oacute;n, y la raz&oacute;n en pol&iacute;tica era,
+seg&uacute;n &eacute;l, la ausencia completa de fe.</p>
+
+<p>En las tertulias de los caf&eacute;s hay siempre dos categor&iacute;as de individuos,
+una es la de los que ponen la broza en la conversaci&oacute;n, llevando
+noticias absurdas o diciendo bromas groseras sobre personas y cosas;
+otra es la de los que dan la &uacute;ltima palabra sobre lo que se debate,
+soltando un juicio doctoral y reduciendo a su verdadero valor las bromas
+y los dicharachos. Donde quiera que hay hombres, hay autoridad, y estas
+autoridades de caf&eacute;, definiendo a veces, a veces profetizando y siempre
+influyendo, por la sensatez aparente de sus juicios, sobre la vulgar
+multitud, constituyen una especie de opini&oacute;n, que suele traslucirse a la
+prensa, all&iacute; donde no existe otra de mejor ley.</p>
+
+<p>Bueno. Los que ejercen autoridad en los c&iacute;rculos o tertulias de caf&eacute;
+suelen sentarse en el div&aacute;n, esto es, de espaldas a la pared, como si
+presidieran o constituyesen tribunal. Juan Pablo y Feijoo pertenec&iacute;an a
+esta categor&iacute;a; pero el segundo no se sentaba nunca en el div&aacute;n, porque
+le daba calor la pana, sino en una de las sillas de fuera, tomando caf&eacute;
+en un &aacute;ngulo de la mesa y volviendo la espalda a los individuos de la
+mesa inmediata.</p>
+
+<p>En cambio, D. Basilio Andr&eacute;s de la Ca&ntilde;a, que era vulgo, se sentaba
+siempre en el div&aacute;n. Gustaba de ocupar posiciones superiores a las que
+merec&iacute;a, y recostaba en el marco de los espejos su cabeza calva y
+lustrosa. Usaba gafas, y su nariz peque&ntilde;a podr&iacute;a pasar por signo o
+emblema de agudeza. Entornaba los ojos cuando daba una respuesta
+dif&iacute;cil, como hombre que quiere reconcentrar bien las ideas. Su frente
+era espacios&iacute;sima y su fisonom&iacute;a de esas que parecen revelar un
+entendimiento profundo y sint&eacute;tico. Ten&iacute;a alg&uacute;n parecido con Cavour, de
+lo que proven&iacute;an las bromas un tanto pesadas que le daban. Para juzgar
+su talento, acudiremos a un dicho de Melchor de Relimpio: &laquo;El mejor
+negocio que se podr&iacute;a hacer en estos tiempos, &iquest;a que no saben ustedes
+cu&aacute;l es? Pues abrirle la cabeza a D. Basilio y sacarle toda la paja que
+hay dentro para venderla&raquo;.</p>
+
+<p>Y don Basilio, que ten&iacute;a ciertas marruller&iacute;as de asno viejo, sacaba
+partido de su fisonom&iacute;a enga&ntilde;osa y de aquel aire de <i>hombre conspicuo</i>
+que le daban su calva de calabaza, su frente abovedada, sus anteojos y
+su nariz chiquita y prism&aacute;tica. M&aacute;s de una vez, los ministros a quienes
+se present&oacute; experimentaron los efectos de fascinaci&oacute;n que aquella
+car&aacute;tula ejerc&iacute;a sobre el vulgo, y le tomaron por una eminencia no
+comprendida. Cr&aacute;neo y entrecejo eran un timo frenop&aacute;tico. Siempre que
+discut&iacute;a tomaba un tono tan solemne, que muchos incautos le miraban con
+respeto. Consideraba la risa como un acto impropio de la dignidad
+humana, y hab&iacute;ala desterrado casi en absoluto de su cara, tomando por
+modelo una p&aacute;gina del Nomencl&aacute;tor o de la Memoria de la Deuda P&uacute;blica.</p>
+
+<p>Dos fases ten&iacute;a la vida de este hombre: el periodismo y la empleoman&iacute;a.
+En la prensa, siempre estuvo encargado de la parte extranjera y de las
+cuestiones de Hacienda. Ni para una ni para otra cosa se necesitaba en
+el periodismo antiguo saber escribir. Pero la Ca&ntilde;a tomaba tan en serio
+estas dos ramas del conocimiento humano, que cuando trabajaba parec&iacute;a
+que estaba escribiendo la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</i>. Su sueldo en las
+redacciones no pas&oacute; nunca de treinta duros, cuando le pagaban. De las
+redacciones pasaba a las oficinas, y de las oficinas a las redacciones;
+de modo que cuando estaba cesante y la familia pereciendo, alegr&aacute;banse
+las Musas de la pol&iacute;tica extranjera y de la ciencia fiscal. Siempre fue
+mi hombre <i>arrimado a la cola</i>, como dec&iacute;an sus amigos; es decir, muy
+moderado, porque siempre le colocaban los doctrinarios. Su primer
+destino se lo dio Mon, y estuvo en Hacienda con ciertas alternativas
+hasta el periodo largo de la Uni&oacute;n Liberal. Esta &eacute;poca fue su <i>cruj&iacute;a</i>
+funesta, y vivi&oacute; m&iacute;seramente de la pluma, preguntando todos los d&iacute;as a
+la conclusi&oacute;n del art&iacute;culo: &laquo;&iquest;qu&eacute; har&aacute; la Rusia?&raquo; y respondi&eacute;ndose con
+la m&aacute;s deliciosa buena fe: &laquo;no lo sabemos&raquo;. A Inglaterra la llamaba
+siempre el <i>Gabinete de Saint-James</i>, y a Francia el <i>Gabinete de las
+Tuller&iacute;as</i>.</p>
+
+<p>Durante el periodo revolucionario, pas&oacute; el pobre D. Basilio una
+trinquetada horrible, porque no quiso venderse ni abdicar sus ideas.
+&Uacute;nicamente consinti&oacute; en trabajar en un peri&oacute;dico liberal templado;
+pero... bien claro se lo dijo al director... nada m&aacute;s que para tratar de
+las cuestiones financieras, con exclusi&oacute;n absoluta de toda idea
+pol&iacute;tica. Dicho y hecho: la Ca&ntilde;a se largaba todos los d&iacute;as un articulazo
+que no le&iacute;a nadie, criticando la gesti&oacute;n de la Hacienda; pero no as&iacute;
+como se quiera, sino con n&uacute;meros. &laquo;Con los n&uacute;meros no se juega&raquo; dec&iacute;a
+&eacute;l, y le met&iacute;a mano al presupuesto y lo desmenuzaba como si fuera la
+cuenta de la lavandera. &laquo;Si esta gente no comprende&mdash;dec&iacute;a en el caf&eacute;
+inflado de autoridad&mdash;, que sin presupuesto no hay pol&iacute;tica posible, ni
+hay pa&iacute;s, ni nada. Estoy harto de dec&iacute;rselo todos los d&iacute;as. Y nada; como
+si se lo dijera a este m&aacute;rmol. Se&ntilde;ores, yo les juro que he examinado una
+por una todas las cifras, y cr&eacute;anmelo, parece mentira que ese bu&ntilde;uelo
+haya salido de las oficinas de Hacienda. Pero si es lo que yo digo: ese
+se&ntilde;or (el Ministro del ramo) no sabe por d&oacute;nde anda, ni en su vida las
+ha visto m&aacute;s gordas... &iexcl;Cuidado que lo vengo demostrando como tres y dos
+son cinco! Pero nada... no lo quieren entender&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de expresar con un gran suspiro la l&aacute;stima que ten&iacute;a de este
+pobre pa&iacute;s, segu&iacute;a tomando su caf&eacute; con indolencia, pero con apetito,
+porque para D. Basilio era verdadero alimento, y lo tomaba colmado, en
+vaso, y dejando rebosar todo lo posible en el plato para trasegarlo
+despu&eacute;s fr&iacute;o al vaso. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la Revoluci&oacute;n, D. Manuel
+Pez diole un destinillo en el Gobierno civil, y &eacute;l lo acept&oacute; como ayuda
+hasta que vinieran tiempos mejores; pero estaba descontento, no s&oacute;lo por
+lo mezquino del sueldo, sino por razones de dignidad. Los amigos que le
+o&iacute;an quejarse, comparando la exig&uuml;idad de la paga con la muchedumbre de
+bocas que constitu&iacute;an su familia, le consolaban cada cual a su manera;
+pero &eacute;l dec&iacute;a invariablemente: &laquo;y sobre todo, me lo pueden creer, lo que
+m&aacute;s me contrista es no estar <i>en mi ramo</i>&raquo;. Su ramo era la Hacienda.</p>
+
+<p>La conversaci&oacute;n del c&iacute;rculo, que empezaba casi siempre con el tema de la
+guerra, pasaba insensiblemente al de los empleos. Leopoldo Montes,
+cesante eterno, Relimpio, y otros que ten&iacute;an entre los dientes alguna
+piltrafa del presupuesto, se arrojaban con deleite fam&eacute;lico sobre aquel
+tema picante. &laquo;Usted, &iquest;cu&aacute;nto tiene?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo <i>catorce</i>; pero me corresponden <i>diecis&eacute;is</i>; Fulano, que estaba por
+debajo de m&iacute; en la Ordenaci&oacute;n de pagos, tiene ya <i>veinte</i>, y yo llevo
+diez a&ntilde;os con <i>catorce</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo&mdash;dec&iacute;a D. Basilio&mdash;, cuando estaba <i>en mi ramo</i>, llegu&eacute; a
+<i>veinticuatro</i> por mis pasos contados. Con este desbarajuste que hay
+ahora, no se sabe ya por d&oacute;nde anda uno. El d&iacute;a que vuelva a <i>mi ramo</i>,
+no admito credencial que sea inferior a <i>treinta</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pero como aqu&iacute; se hacen mangas y capirotes de los <i>derechos
+adquiridos</i>... &iexcl;qu&eacute; pa&iacute;s! Yo entr&eacute; en Penales con <i>ocho</i>, despu&eacute;s me
+pasaron a Instrucci&oacute;n P&uacute;blica con <i>diez</i>, luego cesante, y al fin, para
+no morirme de hambre, tuve que aceptar <i>seis</i> en Loter&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo&mdash;murmuraba una voz que parec&iacute;a salida de una botella, voz
+correspondiente a una cara escu&aacute;lida y cadav&eacute;rica, en la cual estaban
+impresas todas las tristezas de la Administraci&oacute;n espa&ntilde;ola&mdash;, s&oacute;lo pido
+dos meses, dos meses m&aacute;s de activo para poderme jubilar por Ultramar. He
+pasado el charco siete veces, estoy sin sangre, y ya me corresponde
+retirarme a descansar con <i>doce</i>. &iexcl;Maldita sea mi suerte!</p>
+
+<p>El cesante m&aacute;s digno de conmiseraci&oacute;n es aquel que s&oacute;lo pide unos
+cuantos d&iacute;as m&aacute;s de empleo para poder reclinar sobre la almohada de las
+Clases Pasivas una frente cargada de a&ntilde;os, de sustos y de servicios.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>De ocho a diez estaba el caf&eacute; completamente lleno, y los
+alientos, el vapor y el humo hac&iacute;an un potaje atmosf&eacute;rico que
+indigestaba los pulmones. A las nueve, cuando aparec&iacute;an <i>La
+Correspondencia</i> y los dem&aacute;s peri&oacute;dicos de la noche, aumentaba el
+bullicio. La jorobada y un su hermano, tambi&eacute;n algo cargado de espaldas,
+entraban con las manos de papel, y dando brazadas por entre las mesas
+del centro, iban alargando peri&oacute;dicos a todo el que los ped&iacute;a. Poco
+despu&eacute;s empezaba a clarear la concurrencia; algunos se iban al teatro, y
+las pe&ntilde;as de estudiantes se disolv&iacute;an, porque hay muchos que se van a
+estudiar temprano. En todos los caf&eacute;s son bastantes los parroquianos que
+se retiran entre diez y once. A las doce vuelve a animarse el local con
+la gente que regresa del teatro y que tiene costumbre de tomar chocolate
+o de cenar antes de irse a la cama. Despu&eacute;s de la una s&oacute;lo quedan los
+enviciados con la conversaci&oacute;n, los adheridos al div&aacute;n o a las sillas
+por una especie de solidificaci&oacute;n calc&aacute;rea, las verdaderas ostras del
+caf&eacute;.</p>
+
+<p>Juan Pablo no se iba hasta que cerraban las puertas, y de todos sus
+amigos el &uacute;nico que tan a deshora le acompa&ntilde;aba era Melchor de Relimpio.
+Iban juntos hacia su barrio y a veces el uno dejaba al otro en la
+puerta de su casa, sin cesar de charlar hasta el momento en que ven&iacute;a el
+sereno a abrir. Si la noche estaba buena, sol&iacute;an darse una hora m&aacute;s de
+palique vagando por las calles.</p>
+
+<p>&iquest;De qu&eacute; hablaban aquellos hombres durante tantas y tantas horas? El
+espa&ntilde;ol es el ser m&aacute;s charlat&aacute;n que existe sobre la tierra, y cuando no
+tiene asunto de conversaci&oacute;n, habla de s&iacute; mismo; dicho se est&aacute; que ha de
+hablar mal. En nuestros caf&eacute;s se habla de cuanto cae bajo la ley de la
+palabra humana desde el gran d&iacute;a de Babel, en que Dios hizo las
+opiniones. &Oacute;yense en tales sitios vulgaridades groseras, y tambi&eacute;n
+conceptos ingeniosos, discretos y oportunos. Porque no s&oacute;lo van al caf&eacute;
+los perdidos y maldicientes; tambi&eacute;n van personas ilustradas y de buena
+conducta. Hay tertulias de militares, de ingenieros; las de empleados y
+estudiantes son las que m&aacute;s abundan, y los provincianos forasteros
+llenan los huecos que aquellos dejan. En un caf&eacute; se oyen las cosas m&aacute;s
+necias y tambi&eacute;n las m&aacute;s sublimes. Hay quien ha aprendido todo lo que
+sabe de filosof&iacute;a en la mesa de un caf&eacute;, de lo que se deduce que hay
+quien en la misma mesa pone c&aacute;tedra amena de los sistemas filos&oacute;ficos.
+Hay notabilidades de la tribuna o de la prensa, que han aprendido en los
+caf&eacute;s todo lo que saben. Hombres de poderosa asimilaci&oacute;n ostentan cierto
+caudal de conocimientos, sin haber abierto un libro, y es que se han
+apropiado ideas vertidas en esos c&iacute;rculos nocturnos por los estudiosos
+que se permiten una hora de esparcimiento en tertulias tan amenas y
+fraternales. Tambi&eacute;n van sabios a los caf&eacute;s; tambi&eacute;n se oyen all&iacute;
+observaciones elocuentes y llenas de sustancia, exposiciones sint&eacute;ticas
+de profundas doctrinas. No es todo frivolidad, an&eacute;cdotas callejeras y
+mentiras. El caf&eacute; es como una gran feria en la cual se cambian infinitos
+productos del pensamiento humano. Claro que dominan las baratijas; pero
+entre ellas corren, a veces sin que se las vea, joyas de inestimable
+precio.</p>
+
+<p>La mesa presidida por Juan Pablo Rub&iacute;n era la segunda, entrando, a mano
+derecha. La inmediata pertenec&iacute;a al mismo c&iacute;rculo de amigos; despu&eacute;s
+segu&iacute;a la de los <i>curas de tropa</i>, llamada as&iacute; porque a ella se
+arrimaban tres o cuatro sacerdotes, de estos que podr&iacute;amos llamar
+sueltos, y que durante la noche y parte del d&iacute;a hac&iacute;an vida laica. A
+esta mesa sol&iacute;a ir Nicol&aacute;s Rub&iacute;n, vestido de seglar como los otros,
+sirviendo de transici&oacute;n entre aquel c&iacute;rculo y el pr&oacute;ximo, donde su
+hermano estaba. Las dos tertulias vecinas viv&iacute;an en excelentes
+relaciones, y a veces se entremezclaban los apreciables sujetos que las
+compon&iacute;an. A la mesa de los presb&iacute;teros segu&iacute;an dos de escritores,
+periodistas y autores dram&aacute;ticos. Federico Ruiz iba por all&iacute; muy a
+menudo, y como era hombre tan comunicativo, met&iacute;a baza con los curas, de
+lo que result&oacute; que estos se familiarizaran por una banda con la gente de
+pluma, y por otra con los amigos de Rub&iacute;n y Feijoo. A los escritores
+segu&iacute;an los <i>chicos de caminos</i>, que ocupaban las tres mesas del &aacute;ngulo.
+All&iacute; empezaba lo que llamaban el <i>martillo</i>, o sea el crucero del
+vast&iacute;simo local. Dicho crucero era como un segundo departamento del
+caf&eacute;, y estaba invadido por estudiantes, en su mayor&iacute;a gallegos y
+leoneses, que met&iacute;an una bulla infernal.</p>
+
+<p>Como todo esto que cuento se refiere al a&ntilde;o 74, natural es que en el
+caf&eacute; se hablara principalmente de la guerra civil. En aquel a&ntilde;o
+ocurrieron sucesos y lances muy notables, como el sitio de Bilbao, la
+muerte de Concha, y por fin, el pronunciamiento de Sagunto. Raro era el
+d&iacute;a que no echaban los peri&oacute;dicos un extraordinario anunciando batallas,
+desembarcos de armas, movimientos de tropas, cambios de generales y
+otras cosas que por lo com&uacute;n daban pie a inacabables comentarios.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Se ha enterado usted, Rub&iacute;n?&mdash;dec&iacute;a Feijoo al tomar asiento junto al
+&aacute;ngulo de la mesa, y quitando de la boca del vaso el platillo del
+az&uacute;car&mdash;. Parece que Mendiry se ha corrido hacia Viana&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Descuide usted&mdash;replicaba Juan Pablo con suficiencia. No saldr&aacute;n del
+circulito de las Provincias Vascongadas y Navarra. Les conozco bien...
+Todos los jefes no van m&aacute;s que a hacer su pella... El d&iacute;a en que haya un
+gobierno que les quiera comprar, se acab&oacute; la guerra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, hombre...!&mdash;No hay m&aacute;s que hablar. Piller&iacute;a aqu&iacute;, piller&iacute;a
+all&aacute;, y todo una gran piller&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; no hay m&aacute;s que mucha hambre&mdash;dec&iacute;a uno de los curas de tropa
+alzando la voz en la mesa inmediata&mdash;. La guerra no se acaba porque los
+militares van muy a gusto en el machito. Los de ac&aacute; y los de all&aacute; no
+est&aacute;n por la paz. &iquest;Pero qu&eacute; me dicen ustedes a m&iacute; que he visto aquello?
+Yo he servido en el <i>cuarto montado</i>, he visto de cerca la guerra... y
+esta seguir&aacute; jorob&aacute;ndonos mientras unos y otros mamen de ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; fuerte est&aacute; el se&ntilde;or capell&aacute;n!&mdash;dijo Feijoo sonriendo, y no dijo
+m&aacute;s porque entr&oacute; D. Basilio y en tono de gran misterio se expres&oacute; de
+este modo:</p>
+
+<p>&laquo;Cuando digo que hay novedades...&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s que le sirvieron el caf&eacute;, agach&oacute; la cabeza, y en el c&iacute;rculo que
+formaban las cuatro o cinco cabezas de sus amigos que se alargaron para
+o&iacute;rle, hizo la confidencia:</p>
+
+<p>&laquo;Se lo digo a ustedes en gran reserva&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; es?&mdash;<i>&iexcl;Misterios!</i>... Sagasta est&aacute; disgustado. Me lo ha
+dicho su secretario particular.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, yo tambi&eacute;n lo o&iacute;&mdash;indic&oacute; Relimpio&mdash;. Es cierto... como que tiene
+dolor de muelas.</p>
+
+<p>&mdash;El motivo&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la Ca&ntilde;a radiante&mdash;, no lo s&eacute;. Cada uno piense como
+quiera. Yo lo &uacute;nico que me permito decir es que esto est&aacute; muy malo...
+pero muy malo, y que hay mar de fondo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no sabe usted m&aacute;s?&mdash;le pregunt&oacute; Feijoo de una manera
+apremiante&mdash;. Yo cre&iacute; que nos iba usted a dar noticia de la conferencia
+del Duque con Elduayen... Y ahora sale con que Sagasta est&aacute;
+malhumorado... Dios nos asista... Pero lo de la conferencia, &iquest;es cierto
+o no?</p>
+
+<p>Don Basilio sol&iacute;a llevar en la boca un palillo de dientes, y tom&aacute;ndolo
+entre los dedos lo mostraba, accionando con &eacute;l, como si formara parte
+del argumento.</p>
+
+<p>&laquo;Lo que yo s&eacute;&mdash;afirm&oacute; con acento pat&eacute;tico, ofreciendo el palillo a la
+admiraci&oacute;n de sus amigos&mdash;, lo que yo s&eacute; es que esto est&aacute; muy malo. Digo
+con Lorenzana: <i>Meditemos</i>&raquo;.</p>
+
+<p>El c&iacute;rculo de cabezas volvi&oacute; a formarse, y en &eacute;l ech&oacute; D. Basilio su
+aliento, como los saludadores, antes de echar sus palabras. Era el tal
+aliento poco grato a la nariz de Feijoo, por lo cual este se retir&oacute;
+discretamente.</p>
+
+<p>Don Basilio estuvo vacilando entre su conciencia, que le exig&iacute;a callar,
+y el deseo de satisfacer la curiosidad de sus amigos. Por fin se
+violent&oacute; un poco para decir:</p>
+
+<p>&laquo;Esta tarde Romero Ortiz sali&oacute; del ministerio a las cuatro, y al pasar
+en coche por la calle del Amor de Dios, vio a un amigo, par&oacute; el coche,
+el amigo entr&oacute;, y fueron...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qui&eacute;n era el amigo?</p>
+
+<p>&mdash;Todo no se ha de decir... Pues bien; all&aacute; va: era <i>el pollo Romero</i>.
+Fueron... esta s&iacute; que es gorda... a casa de D. Antonio C&aacute;novas... Madera
+Baja, 1.</p>
+
+<p>Dicho esto, la Ca&ntilde;a se qued&oacute; muy serio, saboreando el efecto que deb&iacute;an
+causar sus palabras. Volvi&oacute; a poner el palillo entre los dientes y
+miraba a sus amigos con cierta l&aacute;stima.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y qu&eacute;?&mdash;dijo Rub&iacute;n con desabrimiento&mdash;. No veo la tostada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, amigo m&iacute;o&mdash;replic&oacute; D. Basilio en el tono de un hombre superior
+que no quiere incomodarse&mdash;, si usted no quiere ver la tostada, &iquest;yo qu&eacute;
+le voy a hacer?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; m&aacute;s da que vayan o no a casa de C&aacute;novas?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, nada... la cosa no tiene malicia. Flojilla cosa es... &iquest;De qu&eacute;
+pan hago las migas, compadre? Del tuyo que con el viento no se oye.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s se permiti&oacute; echarse a re&iacute;r, cosa en &eacute;l extra&ntilde;&iacute;sima y desusada.</p>
+
+<p>&laquo;Este D. Basilio...&raquo;.&mdash;Amigo&mdash;manifest&oacute; Feijoo con su franqueza
+habitual&mdash;. Confiese usted que la noticia que nos ha tra&iacute;do podr&iacute;a ser
+una sandez.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, mi Sr. D. Evaristo, usted crea lo que quiera. Yo me lavo las
+manos.</p>
+
+<p>Esto de lavarse las manos lo repet&iacute;a mucho la Ca&ntilde;a; pero los hechos no
+correspond&iacute;an a las palabras como lo demostraba la simple observaci&oacute;n.
+&laquo;Ustedes podr&aacute;n creer lo que les acomode&mdash;repet&iacute;a el escritor de
+Hacienda, intentando elevar su dignidad de noticiero sobre la chacota de
+sus amigos&mdash;, pero lo que yo sostengo es que antes de un mes est&aacute; el
+Pr&iacute;ncipe Alfonso en el trono&raquo;.</p>
+
+<p>Risa general. D. Basilio se pon&iacute;a colorado y despu&eacute;s palidec&iacute;a. Sus
+labios temblaban al aplicarse al borde del vaso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que no?&mdash;dijo con rabia Juan Pablo&mdash;. Eso, nunca. Antes que eso,
+que vuelvan los cantonales. &iexcl;Ni que fu&eacute;ramos bobos en Espa&ntilde;a! Se&ntilde;ores,
+&iquest;a ustedes les cabe en la cabeza que venga aqu&iacute; el Pr&iacute;ncipe Alfonso? Y
+detr&aacute;s do&ntilde;a Isabel. &iexcl;Bonito porvenir!... Otra vez el <i>moderantismo</i>.
+Pero yo pregunto&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con exaltaci&oacute;n, dejando caer la capa y echando
+atr&aacute;s el sombrero&mdash;, yo pregunto: &iquest;qu&eacute; gente tiene a su lado el
+Pr&iacute;ncipe? A ver; responderme.</p>
+
+<p>Don Basilio, no se atrev&iacute;a a responder. Content&aacute;base con tomar aires de
+hombre profundo, que no se resuelve a soltar el enjambre de ideas que le
+zumban en el cerebro.</p>
+
+<p>&mdash;Responderme.&mdash;Nadie... cuatro gatos&mdash;dijo Montes.</p>
+
+<p>&mdash;Los que no supieron defender a su madre cuando la echamos, se&ntilde;ores...
+Y ahora... Si quiere D. Basilio, pasaremos revista a todos los
+personajes del <i>alfonsismo</i>. Vamos, vengan ratas.</p>
+
+<p>Don Basilio, por su gusto, se habr&iacute;a metido debajo de la mesa. No hac&iacute;a
+m&aacute;s que morder el palillo y gru&ntilde;ir como un mast&iacute;n que no se decide a
+ladrar ni quiere tampoco callarse.</p>
+
+<p>&laquo;El <i>alfonsismo</i> es un crimen&raquo; afirm&oacute; con la mayor suficiencia Leopoldo
+Montes, que no se paraba en barras para expresar una opini&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pero un crimen <i>de lesa naci&oacute;n</i>&mdash;agreg&oacute; Rub&iacute;n&mdash;. Es lo que yo le dec&iacute;a
+anoche a Relimpio, que tambi&eacute;n se va cayendo de ese lado. &iexcl;En estos
+momentos, cuando no se sabe lo que saldr&aacute; de la guerra...! Pues qu&eacute;, si
+D. Carlos no fuera un necio, &iquest;no estar&iacute;a ya en Madrid?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, y eso &iquest;qu&eacute; prueba?&mdash;arguy&oacute; al fin D. Basilio, viendo una salida
+favorable de la confusi&oacute;n en que su contrincante le met&iacute;a&mdash;; &iquest;qu&eacute; tiene
+que ver...? L&oacute;gica, se&ntilde;ores, l&oacute;gica.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, hombre, que no viene ac&aacute; el ni&ntilde;o ese... que no viene... Yo pongo
+mi cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Pero...&mdash;No hay pero... Que no viene, y no le d&eacute; usted vueltas, Sr. de
+la Ca&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Deme usted razones.&mdash;Que no viene... Usted se convencer&aacute;, usted lo
+ver&aacute;... Al tiempo...</p>
+
+<p>&mdash;Pues al tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Que no, hombre, que no. Si hasta que venga el Pr&iacute;ncipe no le llevan a
+usted <i>a su ramo</i>, menudo pelo va usted a echar...</p>
+
+<p>&mdash;Si no se trata aqu&iacute; de que yo eche pelo ni de que no eche
+pelo&mdash;manifest&oacute; D. Basilio incomod&aacute;ndose un poco y mostrando el palillo
+deshilachado.</p>
+
+<p>Pero Rub&iacute;n se puso a hablar con Feijoo, que le preguntaba por aquel
+inexplicable casamiento de su hermano con una mujer maleada. Don Basilio
+peg&oacute; la hebra con los curas de tropa y con Nicol&aacute;s Rub&iacute;n. En aquel
+c&iacute;rculo le hac&iacute;an m&aacute;s caso que en el suyo, y se despachaba m&aacute;s a su
+gusto. Divididas las opiniones, el capell&aacute;n del <i>cuarto montado</i> votaba
+por el Pr&iacute;ncipe; pero el cura Rub&iacute;n y otros dos que all&iacute; hab&iacute;a bufaban
+s&oacute;lo de o&iacute;r hablar del <i>alfonsismo</i>. D. Basilio, inclin&aacute;ndose de aquel
+lado, apoyado en el codo, les revelaba secretos con much&iacute;sima reserva.
+Ya no faltaba m&aacute;s que dar algunos perfiles a la cosa. Todo dispuesto, y
+el primerito que estaba en el ajo era Serrano.</p>
+
+<p>&laquo;Lo que ustedes oyen... Al tiempo... Ustedes lo han de ver... y pronto,
+muy pronto&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s se incautaba con disimulo de todos los terrones de az&uacute;car que
+pod&iacute;a, y se marchaba a su casa, despidi&eacute;ndose de cada uno
+particularmente con apret&oacute;n de manos a espaldarazo.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Rub&iacute;n, despu&eacute;s de su fracaso en el campo y corte de D. Carlos,
+hab&iacute;a tomado en aborrecimiento a los hombres del bando absolutista; pero
+conservaba las ideas autoritarias y la opini&oacute;n de que no se puede
+gobernar bien sino dando muchos palos. Toda la parte religiosa del
+programa carlista la descartaba, qued&aacute;ndose tan s&oacute;lo con la pol&iacute;tica,
+porque ya hab&iacute;a visto pr&aacute;cticamente que los curas lo echan todo a
+perder. Dec&iacute;a que su ideal era <i>un gobierno de le&ntilde;a</i>, que hiciera las
+leyes y nos las aplicara sin contemplaciones, mirando siempre a la
+justicia, con una tranca muy grande y siempre alzada en la mano. Este
+sistema autocr&aacute;tico comprend&iacute;a las maneras de gobernar m&aacute;s que las ideas
+y soluciones te&oacute;ricas, porque entre las que profesaba Rub&iacute;n hab&iacute;alas
+marcadamente avanzadas, populares y aun socialistas. Uno de sus temas
+era este: &laquo;Conviene que todo el mundo coma... porque el hambre y la
+pobreter&iacute;a son lo que m&aacute;s estorba la acci&oacute;n de los gobiernos, lo que da
+calor a las revoluciones, manteniendo a la naci&oacute;n en la intranquilidad y
+el desbarajuste&raquo;. Este socialismo sin libertad, combinado con el
+absolutismo sin religi&oacute;n, formaba en la cabeza de aquel buen hombre un
+revoltijo de mil demonios.</p>
+
+<p>Otro de sus temas era: <i>No m&aacute;s pillos y pena de muerte al ladr&oacute;n</i>. O m&aacute;s
+claro: castigo inmediato y cruel a todos los que van al gobierno con el
+&uacute;nico fin de hacer chanchullos. La r&aacute;faga de ambici&oacute;n que pasa por la
+mente de todo espa&ntilde;ol con m&aacute;s o menos frecuencia haci&eacute;ndole decir <i>si yo
+fuera poder</i>, le soplaba a Rub&iacute;n dos o tres veces cada d&iacute;a, m&aacute;s bien
+como sue&ntilde;o que como esperanza; pero en sus horas de soledad se adormec&iacute;a
+con aquella idea y la trabajaba, bati&eacute;ndola, como se bate la clara de
+huevo para que crezca y se abulte y forme espumarajos. La conclusi&oacute;n de
+este meneo mental era que &laquo;aqu&iacute; lo que hace falta es un hombre de
+ri&ntilde;ones, un t&iacute;o de mucho talento con cada ri&ntilde;&oacute;n como la c&uacute;pula del
+Escorial&raquo;.</p>
+
+<p>Su prisi&oacute;n por sospechas de conspiraci&oacute;n acentuole la soberbia y la
+murria so&ntilde;adora, revolviendo m&aacute;s al propio tiempo el pisto manchego de
+su programa pol&iacute;tico-social. Sali&oacute; de la c&aacute;rcel con la cabeza m&aacute;s
+aturullada y los &aacute;nimos m&aacute;s encendidos. Entrole entonces cierto af&aacute;n por
+las lecturas, porque reconoc&iacute;a su ignorancia y la necesidad de entender
+las ideas de los grandes hombres y los sucesos notables que hab&iacute;an
+pasado en el mundo. Durante un par de semanas ley&oacute; mucho, devorando
+obras diferentes, y como ten&iacute;a facilidad de asimilaci&oacute;n y mucha labia,
+lo que le&iacute;a por las ma&ntilde;anas lo desembuchaba por las noches en el caf&eacute;
+convertido en pajaritas. Pajaritas eran sus conceptos; pero no por
+serlo, dejaban de cautivar a D. Basilio, a Leopoldo Montes y al mismo
+Feijoo.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a se despert&oacute; pensando que deb&iacute;a <i>empollar</i> algo de sistemas
+filos&oacute;ficos y de historia de las religiones. El m&oacute;vil de esto no era
+simplemente el amor al saber, sino un maligno deseo de tener argumentos
+con qu&eacute; apabullar a los curas de la mesa pr&oacute;xima, que s&oacute;lo por ser
+curas, aunque sueltos, le eran antip&aacute;ticos, pues odiaba a la clase
+entera desde aquella trastada que los sotanas le hicieron en el Norte.</p>
+
+<p>Poco a poco, a medida que iba acopiando argumentos, fue Rub&iacute;n
+corri&eacute;ndose a lo largo del div&aacute;n, hasta que lleg&oacute; a presidir la mesa de
+los capellanes. Eran estos tres, cuatro cuando iba Nicol&aacute;s Rub&iacute;n, todos
+de buena sombra y muy echados para adelante. Ninguno de ellos se mord&iacute;a
+la lengua fuera cual fuese el tema de que se tratara. El m&aacute;s calificado
+era un viejo catarroso, andaluz, gran narrador de an&eacute;cdotas, mal
+hablado, y en el fondo buena persona. Retir&aacute;base a las once y dec&iacute;a sus
+misitas por la ma&ntilde;ana. El segundo era cura de tropa, echado del servicio
+por no s&eacute; qu&eacute; desafueros, y el tercero ex-capell&aacute;n de un vapor correo
+expulsado porque le cogieron contrabando de tabaco. Estos dos eran
+buenos peines; hab&iacute;an corrido mucho mundo, y estaban sin licencias,
+ladrando de hambre, echados de todas las iglesias y sin encontrar
+amparo en parte alguna. Tal situaci&oacute;n les agriaba el car&aacute;cter,
+haci&eacute;ndoles parecer peores de lo que eran. Jam&aacute;s se vest&iacute;an de h&aacute;bitos;
+pero conservaban la cara afeitada, como para estar disponibles en el
+caso de que los admitiesen otra vez en el oficio.</p>
+
+<p>No s&eacute; c&oacute;mo se llamaba el viejo catarroso, porque todos all&iacute; le nombraban
+<i>Pater</i>; hasta el mozo que le serv&iacute;a, d&aacute;bale este apodo. El ex-castrense
+se llamaba Quevedo y era del propio Perchel, feo como un susto, picado
+de viruelas, de mirada aviesa y con una cara de secuestrador, que dar&iacute;a
+espanto al infeliz que se la encontrase en mitad de un camino solitario.
+Beb&iacute;a aguardiente aquel cl&eacute;rigo como si fuera agua, y su lenguaje era un
+ceceo con gargarismos. Contaba hechos de armas y aventuras de cuartel
+con una gracia burda y una sinceridad zafia que levantaban ampolla. El
+otro se llamaba Pedernero y era del propio Ceuta, hijo de una <i>oficiala</i>
+del Fijo, joven y simp&aacute;tico, de modales mucho m&aacute;s finos que sus colegas,
+listo como un chorro de p&oacute;lvora, y con un pico de oro que daba gusto.
+Para &eacute;l no ten&iacute;an secretos la vida humana ni la juventud: Su compa&ntilde;ero
+Quevedo sol&iacute;a envolverse en formas hip&oacute;critas; Pedernero no. Se
+presentaba sin m&aacute;scara, tal como era, empezando por decir que el
+Superior hab&iacute;a hecho muy bien en quitarle las licencias.</p>
+
+<p>El llamado <i>Pater</i> afectaba cierto magisterio episcopal con los otros
+dos; les reprend&iacute;a cuando dec&iacute;an alguna barbaridad y les daba buenos
+consejos, profesando el principio de que todo era tolerable cuando se
+trataba en broma. &Eacute;l, por ejemplo, hablaba y o&iacute;a, sobre todo o&iacute;a, muchas
+cosas malas; pero su vida permanec&iacute;a pura. Ten&iacute;a la cara redonda, blanca
+y risue&ntilde;a, y cuando estaba sin sombrero parec&iacute;a una mujer cincuentona,
+ama de can&oacute;nigo. No gustaba de que le armasen en la mesa disputas
+violentas, sino que se mantuviera la tertulia en el terreno de las
+hablillas sabrosas y de las chirigotas picantes, aunque fuesen sucias.
+Pues bien; en este c&iacute;rculo fue donde se col&oacute; Juan Pablo, con su
+clerofobia y su pegadizo saber de teolog&iacute;a y filosof&iacute;a cat&oacute;lica.</p>
+
+<p>Empez&oacute; dando puntadas. Como al principio era su charla fr&iacute;vola y de
+gacetilla, todos se re&iacute;an y el <i>Pater</i> estaba en sus glorias. Pero poco
+a poco iba sacando Rub&iacute;n proposiciones serias. El poder temporal del
+Papa fue puesto por los suelos, sin que ninguno de los tonsurados
+hiciese una defensa formal. El <i>Pater</i> y Quevedo tomaban la cuesti&oacute;n con
+calma, oponiendo a los ataques de Rub&iacute;n argumentos evasivos en estilo
+joco-serio. Pedernero lo echaba todo a chacota; pero una noche que llev&oacute;
+Rub&iacute;n, bien fresquecito y pegado con saliva, el tema de la pluralidad de
+mundos habitados, Pedernero empez&oacute; a despabilarse. Era doctor en
+Teolog&iacute;a, y aunque hab&iacute;a ahorcado los libros hac&iacute;a mucho tiempo, algo
+recordaba, y ten&iacute;a adem&aacute;s grandes dotes de polemista. Rub&iacute;n sali&oacute; un
+tanto contuso; pero en retirada se defend&iacute;a bien con su flexibilidad y
+agudeza. M&aacute;s adelante llev&oacute; un arsenal de argumentos contra la
+revelaci&oacute;n. &laquo;Esto no lo creen ya m&aacute;s que los adoquines...&raquo;. Todo el
+Viejo Testamento no era m&aacute;s que un fraude, una imitaci&oacute;n de las
+teogon&iacute;as india y persa. Bien se ve&iacute;a la reproducci&oacute;n de los mismos
+mitos y s&iacute;mbolos. El pecado original, la expulsi&oacute;n del para&iacute;so, la
+encarnaci&oacute;n, la redenci&oacute;n, eran una serie de representaciones po&eacute;ticas y
+naturalistas que se reproduc&iacute;an al trav&eacute;s de los siglos, &laquo;lo mismo a
+orillas del &Eacute;ufrates que del Nilo que del Jord&aacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;S&iacute;?, pues ahora lo ver&aacute;s&raquo;. Esto se dijo Pedernero, cuyo amor propio de
+te&oacute;logo contrabandista se pic&oacute; extraordinariamente. En dos o tres d&iacute;as
+refresc&oacute; sus lecturas, reh&iacute;zo su erudici&oacute;n descompuesta en los viajes y
+en la vida de libertino, y bien preparado acudi&oacute; al torneo a que el otro
+le retaba con sabidur&iacute;as de tercera mano, aprendidas en los libritos
+franceses de ciencia popular a treinta c&eacute;ntimos el tomo. Pues amigo, una
+noche el ex-capell&aacute;n del vapor-correo se li&oacute; la manta y le dio tal
+paliza a Rub&iacute;n, que este hubo de salir con las manos en la cabeza. Hab&iacute;a
+que ver a Pedernero transfigurado, hecho un orador ardiente y lleno de
+arrogante facundia. El auditorio se estrechaba, y de las mesas pr&oacute;ximas
+y de los veladores del centro acud&iacute;a gente, apelmaz&aacute;ndose en torno a los
+bravos contrincantes. Rub&iacute;n era agudo, &aacute;gil, guerrillero de la
+discusi&oacute;n; el otro dominaba el asunto y era firme y sobrio de palabras,
+seguro en la dial&eacute;ctica.</p>
+
+<p>No pararon aqu&iacute; las cosas. Rub&iacute;n, lleno de despecho, resobaba sus
+libritos de a treinta c&eacute;ntimos para buscar armas contra la Iglesia.
+Apenas las esgrim&iacute;a, Pedernero le reventaba. Su argumentaci&oacute;n era la
+maza de Fraga. El <i>Pater</i> no cab&iacute;a en s&iacute; de gozo y bailaba en el
+asiento; Quevedo alargaba el hocico, y hasta se atrev&iacute;a a decir <i>mu</i>,
+repitiendo las admirables razones de su amigo. Los dem&aacute;s tertulios se
+envalentonaban adhiri&eacute;ndose algunos al bando de Pedernero, otros al de
+Rub&iacute;n, no por convicci&oacute;n, sino por divertirse y aumentar la jarana.
+Adem&aacute;s de los tres curas, eran parroquianos de aquella mesa las
+siguientes personas: un agente de Bolsa riqu&iacute;simo que, con el <i>Pater</i>,
+llevaba diez a&ntilde;os de concurrir todas las noches a aquel mismo sitio, un
+bajo de &oacute;pera retirado, un funcionario de poco sueldo y el due&ntilde;o de un
+acreditado molino de chocolate. Los curas y estos cuatro se&ntilde;ores
+formaban la partida m&aacute;s fraternal que puede imaginarse. Llevando cada
+cual un bocado sabroso al fest&iacute;n de la murmuraci&oacute;n pasaban dulcemente
+las horas, amigos all&iacute;, distantes unos de otros en el comercio de la
+vida ordinaria.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n, al verse vencido, pues hasta el agente de Bolsa, que era el m&aacute;s
+libre-pensador de todos, se cay&oacute; del lado de Pedernero, buscaba camorra,
+empleando argumentos de mala fe y personalizando la disputa. El bajo de
+&oacute;pera se cre&iacute;a en el deber de apoyar la idea religiosa, por haberla
+expresado tantas veces con su s&aacute;bana por la cabeza, haciendo el
+respetable papel de sumo sacerdote; y el del molino de chocolate azuzaba
+a los dos por ver si la cosa se enfurru&ntilde;aba y no quedaban m&aacute;s que los
+rabos. O&iacute;anse en aquella parte del caf&eacute; cl&aacute;usulas furibundas,
+proposiciones que parec&iacute;an dichas en un p&uacute;lpito, y descollaba sobre el
+tumulto la valiente voz de Pedernero gritando:</p>
+
+<p>&laquo;Yo le digo a usted que ning&uacute;n Santo Padre ha podido sostener ese
+disparate. No jorobar. Yo le reto a usted a que me traiga el texto, y si
+no lo trae, es prueba de que lo inventa usted&raquo;.</p>
+
+<p>Aquella noche qued&oacute; la cosa mal, y el tono de los contendientes, as&iacute;
+como la atm&oacute;sfera caldeada que en la tertulia rein&oacute;, hac&iacute;an temer una
+escena desagradable. La cat&aacute;strofe tuvo lugar a la noche siguiente, pues
+habi&eacute;ndose permitido Rub&iacute;n algunas reticencias desfavorables a la
+reputaci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, salt&oacute; Pedernero de su asiento, tr&eacute;mulo y
+descompuesto, en estado de horrible agitaci&oacute;n, y lanz&oacute; a su contrario
+anatema tan furibundo que los amigos tuvieron que sujetarles.</p>
+
+<p>&laquo;Porque yo soy un lipendi. Yo reconozco&mdash;gritaba el capell&aacute;n
+ahog&aacute;ndose&mdash;, que soy un mal sacerdote; pero delante de m&iacute; no hay un
+jud&iacute;o sin verg&uuml;enza que se atreva a hablar mal de la Virgen. O se traga
+usted esas infamias o le rompo el alma... ahora mismo&raquo;.</p>
+
+<p>No puede describirse lo que all&iacute; pas&oacute;. Voces, gritos, patadas, capas
+rotas, vasos volcados, terrones por el suelo. Trincando una botella,
+Rub&iacute;n apunt&oacute; al cura con tal desacierto que qued&oacute; descalabrado... el
+infeliz bajo de &oacute;pera. El zipizape fue de lo m&aacute;s c&eacute;lebre... D. Basilio
+tir&oacute; de los faldones a Rub&iacute;n y por poco se queda con ellos en la mano.
+Todo el caf&eacute; se alborot&oacute;. El amo intervino...</p>
+
+<p>Emigraci&oacute;n. Desde el d&iacute;a siguiente Juan Pablo traslad&oacute; sus reales a otro
+caf&eacute;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>El primero que hubo de seguirle fue don Evaristo Gonz&aacute;lez Feijoo, a
+quien era indiferente este o el otro establecimiento. Instal&aacute;ronse por
+el pronto en Fornos, y all&iacute; esperaron. A la segunda noche fue Leopoldo
+Montes, y a la tercera D. Basilio, que les encontr&oacute; discutiendo de qu&eacute;
+caf&eacute; se posesionar&iacute;an definitivamente.</p>
+
+<p>El escritor de Hacienda se apresur&oacute; a dar su opini&oacute;n favorable al caf&eacute;
+de Santo Tom&aacute;s, porque all&iacute; daban m&aacute;s az&uacute;car que en ninguna parte.
+Replic&oacute; a esto Montes que no hab&iacute;a que mirar el caso <i>bajo el prisma
+exclusivo</i> del az&uacute;car y que el g&eacute;nero que m&aacute;s importaba era el caf&eacute;. El
+de la Aduana estuvo a punto de triunfar; pero lo desecharon por no estar
+siempre entre franceses, as&iacute; como se excluy&oacute; el Imperial por los
+toreros, y otro por las cursis que lo invad&iacute;an. Feijoo se habr&iacute;a quedado
+all&iacute;; pero a Rub&iacute;n le eran antip&aacute;ticos los alumnos de escuelas
+preparatorias militares que iban a Fornos a primera hora. Molest&aacute;bale
+tambi&eacute;n la costumbre que all&iacute; hab&iacute;a de quitar gas a las diez de la noche
+cuando se iban los tales alumnos. El local se quedaba medio a oscuras,
+no volviendo a ser bien alumbrado hasta las doce, hora en que ven&iacute;an a
+cenar los bolsistas. A Rub&iacute;n le cargaban tambi&eacute;n los dichosos bolsistas,
+que no hablaban m&aacute;s que de dinero.</p>
+
+<p>Decidieron por fin establecerse en el Siglo de la calle Mayor, donde se
+encontraron bastantes personas conocidas. Rub&iacute;n necesitaba algunos d&iacute;as
+para la aclimataci&oacute;n en nuevo local. Al principio cambiaba
+frecuentemente de mesa, bien porque el sitio era expuesto a las
+corrientes de aire, bien por ciertas vecindades un poco molestas. Una de
+las primeras noches, cuando a&uacute;n no hab&iacute;an llegado los amigos, Rub&iacute;n
+estaba solo en la mesa, y pon&iacute;a su atenci&oacute;n en dos grupos inmediatos a
+&eacute;l. En ambos era vivo y animado el di&aacute;logo. En el de la derecha dec&iacute;an:
+&laquo;Hoy he hecho yo unas cincuenta arrobas a veinticinco reales. Pero est&aacute;
+la plaza perdida. Los paletos van aprendiendo mucho. Hoy han dicho que
+no traen m&aacute;s escarola si no se la ponemos a diez&raquo;. En el grupo de la
+izquierda, compuesto de tres individuos, oy&oacute; Rub&iacute;n lo siguiente: &laquo;Te
+aseguro que yo admito la metemps&iacute;cosis, seg&uacute;n la entend&iacute;an los egipcios
+y los caldeos&raquo;. Comprendi&oacute; Rub&iacute;n que los de la derecha eran asentadores
+de v&iacute;veres y los de la izquierda fil&oacute;sofos de caf&eacute;. En el del Siglo
+hab&iacute;a una gran reuni&oacute;n de espiritistas, a la que concurr&iacute;a por aquella
+fecha Federico Ruiz. Viole Rub&iacute;n, y se acerc&oacute; a la tertulia, teniendo el
+gusto de discutir con los individuos m&aacute;s entusiastas de aquella secta.
+Entend&iacute;a Juan Pablo que esto de ir corri&eacute;ndola de mundo en mundo despu&eacute;s
+que uno se muere es muy aceptable; pero lo del <i>periesp&iacute;ritu</i> no lo
+tragaba, ni la guasa de que vengan S&oacute;crates y Cervantes a ponerse de
+ch&aacute;chara con nosotros cuando nos place. Vamos; esto es para bobos. Uno
+de los m&aacute;s chiflados de la escuela se esforzaba en convencer a Rub&iacute;n,
+tomando ese tonillo de unci&oacute;n y ese amaneramiento de cuello torcido y
+ojos bajos en que cae todo propagandista de doctrina religiosa,
+cualquiera que sea. Feijoo aparentaba creer, por darles cuerda y o&iacute;rles
+desatinar. A aquel c&iacute;rculo iba Federico Ruiz siempre con prisa y con el
+tiempo tasado, porque a tal hora ten&iacute;a que asistir a una junta para
+tratar de la erecci&oacute;n del monumento a Jovellanos; despu&eacute;s a otra para
+ocuparse del banquete que se hab&iacute;a de dar a los pescadores de provincias
+que vendr&iacute;an al Congreso de piscicultura. Hombre m&aacute;s atareado no se vio
+jam&aacute;s en nuestro pa&iacute;s, y como ten&iacute;a tantas cosas en el caletre, para no
+olvidar muchas de ellas se ve&iacute;a obligado a apunt&aacute;rselas con l&aacute;piz en los
+pu&ntilde;os de la camisa. Cuando no ten&iacute;a que ir a la <i>Sociedad Econ&oacute;mica</i> a
+defender su voto particular como individuo de la comisi&oacute;n informadora de
+reformas sociales, iba al <i>Fomento de las Ciencias</i> a dar su conferencia
+sobre la utilidad de elevar a estudio serio el arte de la panificaci&oacute;n.
+Entre col y col, Ruiz pasaba un rato con sus amigos los espiritistas, y
+les alentaba a organizarse, a establecerse, a alquilar un local, y sobre
+todo a fundar un &oacute;rgano en la prensa. Nada adelantar&iacute;an sin &oacute;rgano.</p>
+
+<p>Iba tambi&eacute;n a aquel corrillo Aparisi el concejal, a quien ten&iacute;an ya
+medio trastornado los ap&oacute;stoles, Pepe Samaniego, que no se dejaba
+embaucar, y D&aacute;maso Trujillo, el due&ntilde;o de la zapater&iacute;a titulada <i>Al ramo
+de azucenas</i>, que todo se lo cre&iacute;a como un bendito, y a solas en su casa
+hac&iacute;a experimentos con una banqueta de zapatero. En la mesa pr&oacute;xima
+hab&iacute;a empleados de Hacienda, Gobernaci&oacute;n y Ultramar, y una tanda de
+cesantes. Entre ellos vio Rub&iacute;n al individuo a quien s&oacute;lo faltaban dos
+meses de empleo para poder pedir su jubilaci&oacute;n. Ten&iacute;a pintada en su cara
+la ansiedad m&aacute;s terrible; su piel era como la c&aacute;scara de un lim&oacute;n
+podrido, sus ojos de espectro, y cuando se acercaba a la mesa de los
+espiritistas, parec&iacute;a uno de aquellos seres muertos hace miles de a&ntilde;os,
+que vienen ahora por estos barrios, llamados por el toque de la pata de
+un velador. El clima de Cuba y Filipinas le hab&iacute;a dejado en los huesos,
+y como era todo &eacute;l una pura mojama, relumbraban en su cara las miradas
+de tal modo que parec&iacute;a que se iba a comer a la gente. A un guas&oacute;n se le
+ocurri&oacute; llamarle Rams&eacute;s II, y cay&oacute; tan en gracia el mote, que Rams&eacute;s II
+se qued&oacute;. Pasando con desd&eacute;n por junto a los espiritistas, se sentaba en
+el c&iacute;rculo de los empleados, oyendo m&aacute;s bien que hablando, y
+permiti&eacute;ndose hacer tal cual observaci&oacute;n con voz de ultratumba, que
+sal&iacute;a de su garganta como un eco de las fr&iacute;as cavernas de una pir&aacute;mide
+egipcia. &laquo;Dos meses, nada m&aacute;s que dos meses me faltan, y todo se vuelve
+promesas, que hoy, que ma&ntilde;ana, que veremos, que no hay vacante...&raquo;.</p>
+
+<p>Feijoo se arrimaba a &eacute;l y le daba conversaci&oacute;n, por l&aacute;stima, anim&aacute;ndole
+y procurando distraerle de su tema; pero Rams&eacute;s II, cuyo verdadero
+nombre era Villaamil, no ten&iacute;a m&aacute;s consuelo que aplicar su oreja seca y
+amarilla a la conversaci&oacute;n, por si escuchaba algo de crisis o de
+trifulca pr&oacute;xima que diese patas arriba con todo. Lo que &eacute;l quer&iacute;a era
+que se armase gorda, pero muy gorda, a ver si...</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero a usted qui&eacute;n le recomienda?&raquo; le pregunt&oacute; una noche Juan Pablo.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; D. Claudio Moyano.&mdash;Pues entonces ya est&aacute; usted fresco.</p>
+
+<p>&mdash;Dicen que traen al Pr&iacute;ncipe...&mdash;indic&oacute; Rams&eacute;s II con timidez.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; lo traer&aacute;n los rusos... por las ventas de Alcorc&oacute;n. Aviado est&aacute;
+usted si espera a que venga el Pr&iacute;ncipe... Aqu&iacute; lo que viene es la
+liquidaci&oacute;n social... y despu&eacute;s, sabe Dios. Saldr&aacute; el hombre que hace
+falta, un t&iacute;o con un garrote muy grande y con cada ri&ntilde;&oacute;n... as&iacute;.</p>
+
+<p>Rams&eacute;s II bajaba la cabeza. D. Basilio era su &uacute;nico amigo, porque
+tambi&eacute;n all&iacute; pon&iacute;a el pa&ntilde;o al p&uacute;lpito para anunciar la venida del
+Pr&iacute;ncipe... &laquo;Por supuesto&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a&mdash;, tiene que venir con la estaca de
+que habla el amigo Juan Pablo&raquo;.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n se encontraba bien en aquel c&iacute;rculo, pero una noche acert&oacute; a ver
+en las mesas de enfrente a un hombre que le desconcert&oacute; por completo.
+Era un amigo suyo que le hab&iacute;a prestado dinero. La secreta antipat&iacute;a que
+inspira el acreedor manifest&aacute;base en el alma de Rub&iacute;n en forma de un
+odio rec&oacute;ndito, nacido quiz&aacute;s del sentimiento de humillaci&oacute;n que
+producen las deudas a toda persona de amor propio muy susceptible. El
+tal era C&aacute;ndido Samaniego, hombre medio curial y medio negociante, en su
+trato afable, en sus negocios duro. Muchas veces renov&oacute; a Juan Pablo sus
+pagar&eacute;s, y &uacute;ltimamente le hab&iacute;a apremiado con cierta acritud. Rub&iacute;n
+condensaba sus sentimientos respecto al prestamista en esta frase:
+&laquo;Pagarle y despu&eacute;s romperle la cabeza&raquo;. Desde que le ve&iacute;a en las mesas
+de enfrente, sent&iacute;a una desaz&oacute;n profund&iacute;sima, mal de est&oacute;mago y como
+ganas de enfadarse. Pon&iacute;ase tan nervioso, que le habr&iacute;a tirado un
+botellazo al primer espiritista que hablase de llamar a Epaminondas para
+consultarle sobre la marcha de los carlistas por el Bazt&aacute;n.</p>
+
+<p>Y el p&eacute;rfido <i>ingl&eacute;s</i> se dejaba caer hacia aquellas mesas pretextando
+tener que hablar a su primo Pepe; pero con intenci&oacute;n de aproximarse a
+Juan Pablo, ver lo que hac&iacute;a y cruzar con &eacute;l algunas palabras. El
+infeliz deudor hac&iacute;a de tripas coraz&oacute;n, y poni&eacute;ndole cara risue&ntilde;a,
+convid&aacute;bale a tomar algo; mas el usurero le daba las gracias, y si ten&iacute;a
+ocasi&oacute;n le soltaba indirectas tan suaves como esta: &laquo;Mire usted que no
+puedo m&aacute;s. Siempre me est&aacute; usted diciendo que la semana que entra, y
+francamente... sentir&eacute; verme obligado a dar un paso que...&raquo;.</p>
+
+<p>A Rub&iacute;n se le hac&iacute;a ac&iacute;bar el caf&eacute; y la tertulia un infierno. &Eacute;rale
+insoportable la presencia de aquel hombre a quien no pod&iacute;a mandar a
+paseo, imagen viva del desorden de su vida, que se le aparec&iacute;a como el
+espectro de una v&iacute;ctima cuando m&aacute;s contento estaba. La &uacute;nica delicia de
+su triste existencia era el caf&eacute;. Aquel sue&ntilde;o pl&aacute;cido, Samaniego se lo
+trocaba en angustiosa pesadilla. No pudo m&aacute;s, y una noche, sin decir
+nada, levant&oacute; el vuelo hacia otras regiones.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>En esta nueva emigraci&oacute;n, deseando estar lo m&aacute;s lejos posible del
+Siglo, se fue a San Joaqu&iacute;n, en la calle de Fuencarral, y no se corri&oacute;
+m&aacute;s al Norte porque no hab&iacute;a caf&eacute;s en las latitudes altas de Madrid.
+Pero en esta deserci&oacute;n, ya no le acompa&ntilde;aron ni D. Basilio Andr&eacute;s de la
+Ca&ntilde;a, ni Montes; &eacute;ste porque San Joaqu&iacute;n estaba <i>donde Cristo dio las
+tres voces</i>, aqu&eacute;l porque ya se iba cargando de la pertinencia con que
+Rub&iacute;n se burlaba de sus profec&iacute;as sobre la proximidad de la
+Restauraci&oacute;n. El mismo D. Evaristo Feijoo le sigui&oacute; de mal humor,
+dici&eacute;ndole con desabrimiento que no le gustaban los caf&eacute;s de piano, y
+que el <i>g&eacute;nero</i> y la sociedad no deb&iacute;an ser de lo mejor en aquellas
+alturas. Estuvieron solos algunos d&iacute;as. No ve&iacute;an por all&iacute; caras de
+amigos, hasta que una noche se apareci&oacute; en el local una pareja conocida.
+Eran Feliciana y Olmedo, el estudiante de farmacia amigo de Maxi. Ya no
+viv&iacute;an juntos, porque Olmedo hab&iacute;a dado un cambiazo en sus costumbres
+volvi&eacute;ndose aplicad&iacute;simo a cara descubierta. No se recataba ya para
+estudiar, y hac&iacute;a p&uacute;blico alarde, con la mayor desverg&uuml;enza, de su
+decidida inclinaci&oacute;n a tomar el grado aquel mismo a&ntilde;o, llegando hasta la
+audacia de escribir un trabajo muy bueno sobre la dextrina, e
+ilusion&aacute;ndose con la idea de hacer oposici&oacute;n a una c&aacute;tedra. Pero no se
+hab&iacute;a encontrado a su antiguo amor, hecha un pingo, y la convid&oacute; a tomar
+un caf&eacute; en aquel apartado establecimiento. M&aacute;s de dos horas estuvieron
+charlando los que fueron amantes, y ella no paraba el pico refiriendo
+los malos tratos que le daba el hombre que a la saz&oacute;n era su due&ntilde;o.
+Volvieron dos noches despu&eacute;s a la misma mesa, y Rub&iacute;n trab&oacute; conversaci&oacute;n
+con ellos. Hablaron de la boda de Maximiliano y de los incre&iacute;bles
+sucesos que despu&eacute;s vinieron, diciendo Juan Pablo que su cu&ntilde;adita era
+una buena pieza.</p>
+
+<p>&laquo;Pero, hombre&mdash;dijo Feijoo a su amigo&mdash;. Y usted, &iquest;para qu&eacute; dej&oacute; casar a
+su hermano?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;A mi hermano le falta un tornillo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, como guapa, ya lo es&mdash;agreg&oacute; D. Evaristo con cierto
+entusiasmo&mdash;. La he visto ayer... mejor dicho, la he visto varias
+veces.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde?&mdash;En su casa. Es largo de contar... dej&eacute;moslo para otra noche.</p>
+
+<p>Era sin duda cosa delicada para dicha delante de testigos, y estos eran:
+Olmedo con Feliciana, el pianista ciego, que en los descansos sol&iacute;a
+agregarse a aquella pl&aacute;cida tertulia, y una se&ntilde;ora jamona, fiel
+parroquiana del caf&eacute; de nueve a doce. La llamaban do&ntilde;a Mar&iacute;a de las
+Nieves, y era una de las figuras m&aacute;s notables que presenta Madrid en la
+variad&iacute;sima serie de los tipos de caf&eacute;. Iba algunas veces sola, otras
+con una mujer de mant&oacute;n borrego que parec&iacute;a verdulera acomodada. Llevaba
+toquilla de color corinto, que se quitaba al sentarse, y al punto se le
+armaba en la mesa una tertulia de hombres, compuesta de los siguientes
+personajes: un portero del Colegio de Sordo-Mudos, un empleado del
+Tribunal de Cuentas, un teniente viejo, de la clase de tropa, retirado
+del servicio, y dos individuos que ten&iacute;an puesto de carne y frutas en la
+plaza de San Ildefonso. En esta sociedad reinaba do&ntilde;a Nieves como en un
+sal&oacute;n, siendo ella la que pronunciaba las frases maliciosas y
+chispeantes sobre el suceso del d&iacute;a, y los otros los que las re&iacute;an.
+Corr&iacute;ase algunas veces hacia la mesa inmediata, sobre todo a &uacute;ltima
+hora, cuando sus amigos, gente que ten&iacute;a que madrugar, empezaba a
+desertar del local. Entonces se formaba una segunda pe&ntilde;a. Do&ntilde;a Nieves,
+bien digerido el caf&eacute;, tomaba chocolate, y acompa&ntilde;&aacute;banla Juan Pablo,
+Feijoo, el pianista ciego, Feliciana, Olmedo y alg&uacute;n otro. El mozo
+mismo, que hab&iacute;a llegado a familiarizarse con aquella sociedad, se
+agregaba tambi&eacute;n, tomando asiento a un extremo del corro para escuchar y
+aplaudir. Do&ntilde;a Nieves era propietaria de algunos puestos del mercado y
+los arrendaba; por esto, as&iacute; como por sus muchas relaciones, los
+diferentes tratos en que andaba y los anticipos que hac&iacute;a a las
+placeras, ejerc&iacute;a cierto caciquismo en la plazuela. Se hac&iacute;a respetar de
+los guindillas, protegiendo al d&eacute;bil contra el fuerte y los
+contraventores de las Ordenanzas urbanas contra la tiran&iacute;a municipal.</p>
+
+<p>Al pianista ciego le daba el cafetero siete reales y la cena. Por el d&iacute;a
+se dedicaba a afinar. Era casado y con ocho de familia. Tocaba piezas de
+&oacute;pera y de zarzuelas francesas como una m&aacute;quina, con ejecuci&oacute;n f&aacute;cil,
+aunque incorrecta, sin gusto ni sentimiento. A pesar de esto, en ciertos
+pasajes muy naturalistas en que imitaba una tempestad o <i>las campanadas
+de incendios</i> que da cada parroquia, le aplaud&iacute;a mucho el p&uacute;blico, y a
+&uacute;ltima hora le ped&iacute;an siempre habaneras.</p>
+
+<p>La verdad es que todo esto, do&ntilde;a Nieves y las placeras sus amigas, las
+mujeres de equ&iacute;voca decencia que iban all&iacute; acompa&ntilde;adas de madres
+postizas, el mozo y sus familiaridades, el pianista y sus habaneras,
+aburr&iacute;an a Juan Pablo soberanamente. Para colmo de hast&iacute;o, Feijoo no era
+puntual y faltaba muchas noches. En cambio, Feliciana y Olmedo iban con
+m&aacute;s frecuencia, llevando ella una amiguita que acababa de salir de San
+Juan de Dios.</p>
+
+<p>En las &uacute;ltimas semanas del 74, Rub&iacute;n volvi&oacute; a sentir comez&oacute;n de
+lecturas. Quer&iacute;a instruirse a todo trance, labor inmensa y dif&iacute;cil por
+carecer de base, pues su padre, con la idea de que al comerciante le
+estorba el lat&iacute;n, no le permiti&oacute; aprender m&aacute;s que las cuatro reglas y un
+poco de franc&eacute;s. No ten&iacute;a biblioteca, y un amigo le proporcionaba
+libros. Fue a verle, escogi&oacute; los que m&aacute;s despertaron su curiosidad por
+los t&iacute;tulos, y consagr&oacute; a la lectura todo el tiempo que le dejaban libre
+el caf&eacute; y el sue&ntilde;o. Tantas ideas adquiri&oacute; que se sent&iacute;a con vivas ansias
+de devolverlas por medio de la propaganda. O predicaba o reventaba.
+L&aacute;stima grande no volver a la tertulia de Pedernero para ponerle verde,
+porque ya sab&iacute;a lo bastante para pasarse a todos los te&oacute;logos por la
+nariz.</p>
+
+<p>Las lecturas de Rub&iacute;n fueron como un descubrimiento. Ya sospechaba &eacute;l
+aquello; pero no se atrev&iacute;a a expresarlo. El hallazgo era negativo, es
+decir, hab&iacute;a descubierto que la mejor organizaci&oacute;n de los estados es la
+desorganizaci&oacute;n; la mejor de las leyes la que las anula todas, y el
+&uacute;nico gobierno <i>serio</i> el que tiene por misi&oacute;n no gobernar nada,
+dejando que las energ&iacute;as sociales se manifiesten como les da la gana. La
+anarqu&iacute;a absoluta produce el orden verdadero, el orden racional y
+propiamente humano. Las sociedades, claro, tienen sus edades como las
+personas: hay sociedades que est&aacute;n mamando, sociedades que andan a
+gatas, sociedades pollas, sociedades j&oacute;venes, y por fin, las maduras y
+due&ntilde;as de s&iacute;; sociedades con barbas, en una palabra, y tambi&eacute;n con
+algunas canas. Tocante a religiones y pr&aacute;cticas sociales que de ellas se
+derivan, Juan Pablo iba muy lejos, pero muy lejos; como que no le
+costaba nada el billete para tan largo viaje. S&oacute;lo en la edad pueril,
+cuando a la sociedad se le cae la baba y vive bajo la f&eacute;rula del d&oacute;mine,
+se comprende que exista y tenga pros&eacute;litos la instituci&oacute;n llamada
+matrimonio, uni&oacute;n perpetua de los sexos, contraviniendo la ley de
+Naturaleza... &iquest;y a santo de qu&eacute;?, vamos a ver... Eso s&iacute;, por encima de
+todo la Naturaleza. Estudiando bien la vida total, el entendimiento se
+limpia de las telara&ntilde;as que en &eacute;l han tejido los siglos. La Naturaleza
+es la verdadera luz de las almas, el Verbo, el leg&iacute;timo Mes&iacute;as, no el
+que ha de venir sino el que est&aacute; siempre viniendo. Ella se hizo a s&iacute;
+propia, y en sus devoluciones eternas, concibiendo y naciendo sin cesar,
+es siempre hija y madre de s&iacute; misma. &iquest;Qu&eacute; tal? Toma canela fina.</p>
+
+<p>Encontr&aacute;base mi hombre con fuerza dial&eacute;ctica y entusiasmo bastantes para
+predicar y extender por todo el mundo aquellas verdades. Pero como no
+ten&iacute;a m&aacute;s p&uacute;blico que la tertulia del caf&eacute;, con ese inocente auditorio
+tuvo que contentarse. &iquest;Y qu&eacute;? &iexcl;Cu&aacute;nto mejor no era sembrar la nueva
+doctrina en entendimientos sencillos y absolutamente incultivados! Pues
+el mismo Jesucristo &iquest;no escogi&oacute; por disc&iacute;pulos a unos infelices
+pescadores, hombres rudos que no conoc&iacute;an ninguna letra, y a mujeres de
+mala vida? Ved aqu&iacute; por d&oacute;nde do&ntilde;a Nieves y las placeras sus amigas,
+Feliciana y la parroquiana de San Juan de Dios, el camarero, el pianista
+fueron escogidos para que Juan Pablo sembrara en ellos la primera
+simiente de aquel Evangelio al natural. Por espacio de muchas noches
+hizo propaganda acalorada. A veces se ten&iacute;a que incomodar, porque le
+hac&iacute;an observaciones est&uacute;pidas o socarronas. Como se expresaba muy bien,
+o&iacute;anle todos con gran atenci&oacute;n, y las chicas del partido le pon&iacute;an
+buenos ojos. El mozo era el m&aacute;s entusiasmado y dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; pico tiene
+este se&ntilde;or de Rub&iacute;n!&raquo;.</p>
+
+<p>Pasaba lo de la anarqu&iacute;a y aun lo del matrimonio; pero en llegando a que
+todo es Naturaleza, reinaba gran confusi&oacute;n en el auditorio, y do&ntilde;a
+Nieves, tomando el caso a broma, ped&iacute;a mayor claridad.</p>
+
+<p>&laquo;Pero a ver, D. Juan Pablo, expl&iacute;quese mejor... porque eso de que todos
+seamos todo no lo calo yo bien...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Lo primero, hijas m&iacute;as&mdash;dec&iacute;a con unci&oacute;n el expositor&mdash;, es limpiar el
+<i>intellectus</i> de errores adquiridos en la infancia, de prejuicios y
+muletillas; lo primero es <i>querer entender</i>. No admito argumentos que no
+sean racionales.</p>
+
+<p>&mdash;Y cuando nos morimos&mdash;pregunt&oacute; una de las samaritanas&mdash;, &iquest;qu&eacute; pasa?</p>
+
+<p>&mdash;Hija, cuando nos morimos, pasamos a fundirnos en el grandioso conjunto
+universal...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Mia</i> &eacute;sta... &iquest;Pues qu&eacute; quer&iacute;as t&uacute;, seguir gozando y divirti&eacute;ndote por
+all&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y Dios?&mdash;&iexcl;Dios!... francamente, no me gusta, por consideraciones que
+se deben a toda gran idea hist&oacute;rica, no me gusta, digo, hablar mal de
+&Eacute;l... Me concreto, pues, a negarle... respetuosamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Otra!, &iexcl;qu&eacute; cosas se le ocurren! De modo que la misa no es nada
+tampoco...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima!, con lo que sale usted ahora. La misa... es un rito,
+uno de tantos ritos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y lo mismo da o&iacute;rla que no? &iquest;Y para qu&eacute; son los funerales?</p>
+
+<p>&mdash;Otro rito... La que no pueda o no sepa dar a la Naturaleza lo que es
+de la Naturaleza y a la historia lo que es de la historia, que se
+calle... No hay tal muerte, hijas m&iacute;as: la que tenga o&iacute;dos, oiga... Esta
+es la verdad; morirse es cumplir una ley de armon&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya un l&iacute;o que me arman ustedes!</p>
+
+<p>Una de las placeras que presentes estaban ten&iacute;a muy abultado el seno. En
+cierta ocasi&oacute;n, estando confes&aacute;ndose, le dijo el cura: &laquo;sea usted
+modesta en el vestir y no haga ostentaci&oacute;n de esas
+<i>naturalezas</i>...&raquo;.&mdash;&laquo;&iquest;Qu&eacute;, se&ntilde;or?&raquo;.&mdash;&laquo;Eso, la delantera&raquo;. Por esto, al
+o&iacute;r hablar de Naturaleza y de pecado, crey&oacute; que se refer&iacute;an a aquellas
+partes que debe cubrir el recato, y dijo escandalizada:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Vaya unas conversaciones indecentes que sacan ustedes!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Indecentes no, hija&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo dijo y sostengo&mdash;manifest&oacute; una de las samaritanas, tirando
+por la calle de enmedio&mdash;, es que este D. Juan Pablo est&aacute; <i>guillado</i>.</p>
+
+<p>Loco, tal vez no; pero fatigado s&iacute; de sus in&uacute;tiles esfuerzos. Ni
+abriendo con martillo un boquete en aquellas cabezas de piedra, lograr&iacute;a
+meter la luz de la verdad. Corri&eacute;ndose al velador inmediato, donde
+estaba cenando el ciego, mand&oacute; al mozo que le pusiese all&iacute; su chocolate.
+El ciego volvi&oacute; hacia &eacute;l sus ojos vac&iacute;os y muertos, su cara que parec&iacute;a
+un quinqu&eacute; sin encender, y le dijo con profund&iacute;sima tristeza:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero es verdad, D. Juan Pablo, lo que usted nos cuenta? &iquest;Lo cree usted
+as&iacute;, o es que quiere entretenerse y divertirse con nosotros, ignorantes?
+Me ha llenado usted de dudas.</p>
+
+<p>&iquest;Ser&aacute; verdad que cuando uno se muere se convierte en escarola?&raquo;.</p>
+
+<p>Juan Pablo mir&oacute; al ciego, y se helaron en sus labios las palabras con
+que iba a espetarle nuevamente su cruel filosof&iacute;a. Era Rub&iacute;n hombre de
+buen coraz&oacute;n, y le pareci&oacute; poco humano aumentar las tinieblas de aquella
+triste y miserable vida. Pero al propio tiempo su conciencia no le
+permit&iacute;a desmentir lo que acababa de sostener. La dignidad por delante.
+Estuvo luchando un rato entre la piedad y el deber, y como el ciego
+volviese a preguntarle con insistente af&aacute;n: &laquo;&iquest;pero es cierto que al
+morir nos convertimos en berzas...?&raquo; le replic&oacute; el ap&oacute;stol:</p>
+
+<p>&laquo;Le dir&eacute; a usted... hay opiniones... No haga caso. Si no fuera por estas
+bromas, &iquest;c&oacute;mo se pasaba el rato?&raquo;.</p>
+
+<p>No siguieron estas conversaciones filos&oacute;ficas, porque sobrevino lo de
+Sagunto, y este suceso absorbi&oacute; la atenci&oacute;n general en todos los caf&eacute;s,
+desde el m&aacute;s grande al m&aacute;s chico. Rub&iacute;n estaba furioso, y sosten&iacute;a que
+el Gobierno no ten&iacute;a verg&uuml;enza si no fusilaba en el acto... pero en el
+acto... a Mart&iacute;nez Campos, a Jovellar y todos los dem&aacute;s que hab&iacute;an
+andado en aquel l&iacute;o. Cuando sus amigos no le quer&iacute;an o&iacute;r sobre este
+particular, hablaba solo. Desment&iacute;a categ&oacute;ricamente cuantas noticias
+llegaban al caf&eacute;. Todo era falso. Antes que el Pr&iacute;ncipe viniera, habr&iacute;a
+un levantamiento general, y los carlistas har&iacute;an el &uacute;ltimo esfuerzo.
+Negaba que D. Alfonso hubiera llegado a Marsella, que se embarcase para
+Barcelona en la <i>Navas de Tolosa</i>, y vi&eacute;ndolo entrar en Madrid habr&iacute;a de
+negar que estaba entre nosotros. Pero una noche, despu&eacute;s de largas
+ausencias, lleg&oacute; Feijoo al caf&eacute;, y sent&aacute;ndose los dos aparte, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Hombre, he visto a Jacinto Villalonga; he hablado largamente con &eacute;l. Ya
+sabe usted que es de la situaci&oacute;n y muy amigo m&iacute;o. Por supuesto, no
+acepta la Direcci&oacute;n que se le ha ofrecido, porque prefiere andar suelto.
+Es u&ntilde;a y carne de Romero Robledo. Y voy a lo que iba... Le he hablado de
+usted...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;De m&iacute;!&mdash;S&iacute;; es preciso colocarse. Usted no puede continuar as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted, amigo Feijoo&mdash;dijo Rub&iacute;n masticando las palabras para
+salir de aquel atolladero&mdash;. Yo no puedo admitir... &iquest;Y el decoro de los
+hombres? &iexcl;Yo he profesado toda mi vida...!</p>
+
+<p>&mdash;M&uacute;sica, m&uacute;sica.&mdash;Yo no soy de esos que hablan mal de una situaci&oacute;n, y
+luego van a quitarles motas al que antes desollaron.</p>
+
+<p>&mdash;M&uacute;sica, m&uacute;sica.&mdash;En fin, que yo agradezco... pero no puede ser... Me
+ofender&iacute;a, s&iacute; se&ntilde;or, me ofender&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;De modo&mdash;exclam&oacute; Feijoo en voz alta, abriendo los brazos y tomando un
+tono que no se podr&iacute;a decir si era de indignaci&oacute;n o de burla&mdash;, de modo
+que ya no hay patriotismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Otra!... Patriotismo s&iacute; hay; pero yo...</p>
+
+<p>&mdash;Usted har&aacute; lo que yo le mande, y tendremos credencial.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n sigui&oacute; toda la noche afectando mal humor, una severidad torva, el
+malestar de la persona a quien ponen un pu&ntilde;al al pecho para que consume
+un acto contrario a sus convicciones. Al retirarse a casa, se comparaba
+con Wamba y dec&iacute;a para su sayo: &laquo;C&oacute;mo ha de ser... paciencia. Tengo que
+ser alfonsino... a la fuerza. &iexcl;Vaya un compromiso... Re-Dios, qu&eacute;
+compromiso...!&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="iic" id="iic"></a>-II-</h2>
+
+<h2>La restauraci&oacute;n vencedora</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Me ha contado Jacinta que una noche lleg&oacute; a tal grado su irritaci&oacute;n
+por causa de los celos, de la curiosidad no satisfecha y de la forzada
+reserva, que a punto estuvo de estallar y descubrirse, haciendo pedazos
+la m&aacute;scara de tranquilidad que ante sus suegros se pon&iacute;a. Porque la peor
+de sus mortificaciones era tener que desempe&ntilde;ar el papel de mujer
+venturosa, y verse obligada a contribuir con sus risitas a la felicidad
+de D. Baldomero y do&ntilde;a B&aacute;rbara, trag&aacute;ndose en silencio su amargura. Ya
+no le quedaba duda de que su marido <i>entreten&iacute;a</i>, como se dice ahora, a
+una mujer, y de estos entretenimientos no ten&iacute;an ni siquiera sospechas
+los bienaventurados pap&aacute;s. Sab&iacute;a que la tarasca que le robaba su marido
+era la misma con quien tuvo amores antes de casarse, la madre del
+<i>Pituso</i> muerto, la condenada Fortunata que le hab&iacute;a dado tantas
+jaquecas. Deseaba verla... pero no; m&aacute;s val&iacute;a que no la viera jam&aacute;s,
+porque si la ve&iacute;a, de fijo se le iba el santo al Cielo.</p>
+
+<p>La noche a que Jacinta se refer&iacute;a, contando estas cosas, noche
+trist&iacute;sima para ella por haber adquirido recientemente noticias
+fidedignas de la infidelidad de su marido, hubo en la casa gran
+regocijo. Aquel d&iacute;a hab&iacute;a entrado en Madrid el Rey Alfonso XII, y D.
+Baldomero estaba con la Restauraci&oacute;n como chiquillo con zapatos nuevos.
+Barbarita tambi&eacute;n reventaba de gozo y dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; chico m&aacute;s salado
+y m&aacute;s simp&aacute;tico!&raquo;. Jacinta ten&iacute;a que entusiasmarse tambi&eacute;n, a pesar de
+aquella procesi&oacute;n que por dentro le andaba, y poner cara de pascua a
+todos los que entraron felicit&aacute;ndose del suceso. El marqu&eacute;s de
+Casa-Mu&ntilde;oz oficiaba de chambel&aacute;n palatino. Hab&iacute;a tenido la dicha
+inmensa de estar en Palacio formando parte de una de las comisiones, y
+el Rey habl&oacute; con &eacute;l... Contaba el caso el marqu&eacute;s, haciendo notar bien
+el tono familiar con que se hab&iacute;a expresado S. M. &laquo;Hola, marqu&eacute;s, &iquest;c&oacute;mo
+va?&raquo;. Nada, lo mismo que si me hubiera tratado toda la vida.</p>
+
+<p>Aparisi sostuvo poco despu&eacute;s que &eacute;l hab&iacute;a previsto todo lo que estaba
+pasando. &Eacute;l no era partidario de la Restauraci&oacute;n; pero hab&iacute;a que
+respetar los hechos consumados. D. Baldomero no cesaba de exclamar:
+&laquo;<i>Veremos a ver</i> si ahora, &iexcl;qu&eacute; dianches!, hacemos algo; si esta naci&oacute;n
+entra por el aro...&raquo;. Jacinta se indignaba en su interior. Ten&iacute;a un
+volc&aacute;n en el pecho, y la alegr&iacute;a de los dem&aacute;s la mortificaba. Por su
+gusto se hubiera echado a llorar en medio de la reuni&oacute;n; mas &eacute;rale
+forzoso contenerse y sonre&iacute;r cuando su suegro la miraba. Retorciendo en
+su coraz&oacute;n la cuerda con que a s&iacute; propia se ahogaba, se dec&iacute;a: &laquo;Pero a
+este buen se&ntilde;or, &iquest;qu&eacute; le va ni le viene con el Rey?... &iexcl;qu&eacute; les
+importa!... Yo estoy volada, y aqu&iacute; mismo me pondr&iacute;a a dar chillidos, si
+no temiera escandalizar. &iexcl;Esto es horrible!...&raquo;.</p>
+
+<p>Don Alfonso &eacute;rale antip&aacute;tico, porque su imagen estaba asociada a la
+horrible pena que la infeliz sufr&iacute;a. Aquella ma&ntilde;ana fue con Barbarita a
+casa de Eulalia Mu&ntilde;oz, que viv&iacute;a en la Calle Mayor, a ver la entrada del
+Rey. Amalia Trujillo la tom&oacute; por su cuenta, y la estuvo adulando antes
+de darle el gran susto. Hall&aacute;banse las dos solas en el balc&oacute;n de la
+alcoba de Eulalia, y ya sonaban los clarines anunciando la proximidad
+del Rey, cuando Amalia, &iexcl;plum!, le solt&oacute; el pistoletazo. &laquo;Tu marido
+<i>entretiene</i> a una mujer, a una tal Fortunata, guap&iacute;sima... de pelo
+negro... Le ha puesto una casa muy lujosa, calle tal, n&uacute;mero tantos...
+En Madrid lo sabe todo el mundo, y conviene que t&uacute; tambi&eacute;n lo sepas&raquo;.
+Quedose yerta. Cierto que sospechaba; pero la noticia, dada as&iacute; con
+tales detalles, como el pelo negro, el n&uacute;mero de la casa, era un
+jicarazo tremendo. Desde aquel aciago instante, ya no se enter&oacute; de lo
+que en la calle ocurr&iacute;a. El Rey pas&oacute;, y Jacinta le vio confusa y
+vagamente, entre la agitaci&oacute;n de la multitud y el <i>turur&uacute;</i> de tantas
+cornetas y m&uacute;sicas. Vio que se agitaban pa&ntilde;uelos, y bien pudo suceder
+que ella agitara el suyo sin saber lo que hac&iacute;a... Todo el resto del d&iacute;a
+estuvo como una son&aacute;mbula.</p>
+
+<p>Entr&oacute; Guillermina, que tambi&eacute;n hubo de llevar sus notas de alegr&iacute;a al
+concierto general. &laquo;Ya era tiempo&mdash;dijo antes de meterse en el rinc&oacute;n en
+que sol&iacute;a estar&mdash;. No aguardo sino a que descanse del viaje para ir a
+echarle el toro... Me tiene que dar para concluir el piso bajo. Y lo
+har&aacute;, porque le hemos tra&iacute;do con esa condici&oacute;n: que favorezca la
+beneficencia y la religi&oacute;n. Dios le conserve&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta la sigui&oacute; al gabinete pr&oacute;ximo, y all&iacute; estuvieron las dos de
+ch&aacute;chara por espacio de una hora larga. Guillermina dec&iacute;a: &laquo;Paciencia,
+hija, paciencia, y todo se arreglar&aacute;; yo te lo prometo&raquo;. Ya cerca de las
+doce entr&oacute; Juan, y su mujer le mir&oacute; con severidad sin decirle nada...
+&laquo;Es que te voy a aborrecer&mdash;pens&oacute;&mdash;, como no te enmiendes. Pues no
+faltaba otra cosa... Y lo que es esta noche te como... No me engatusar&aacute;s
+con tus zalamer&iacute;as&raquo;.</p>
+
+<p>Juan, aunque bien hubiera querido contradecir los optimismos de su padre
+y amigos, no se atrevi&oacute; a ello, porque el empuje de aquella opini&oacute;n era
+demasiado fuerte para luchar con &eacute;l. Hasta los &uacute;ltimos d&iacute;as del 74 hab&iacute;a
+defendido la Restauraci&oacute;n. Despu&eacute;s de hecha, encontr&oacute; mal que la
+hicieran los militares, y en esto fund&oacute; sus cr&iacute;ticas del suceso
+consumado.</p>
+
+<p>&laquo;Aqu&iacute; siempre se han hecho las mudanzas de esa manera&mdash;dijo el se&ntilde;or de
+Santa Cruz con patriarcal buena fe&mdash;. Es nuestra manera de matar pulgas.
+Pues qu&eacute;, &iquest;quer&iacute;as t&uacute; que las Cortes...? Est&aacute;s fresco&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s sostuvo el Delf&iacute;n, con ejemplos de Francia e Inglaterra, que
+ninguna Restauraci&oacute;n hab&iacute;a prevalecido; mas todos se negaron a seguirle
+por los vericuetos hist&oacute;ricos. D. Baldomero, sin meterse en dibujos,
+dijo una cosa muy sensata, producto de su observaci&oacute;n de tanto tiempo:
+&laquo;Yo no s&eacute; lo que suceder&aacute; dentro de viente, dentro de cincuenta a&ntilde;os. En
+la sociedad espa&ntilde;ola no se puede nunca fiar tan largo. Lo &uacute;nico que
+sabemos es que nuestro pa&iacute;s padece alternativas o fiebres intermitentes
+de revoluci&oacute;n y de paz. En ciertos periodos todos deseamos que haya
+mucha autoridad. &iexcl;Venga le&ntilde;a! Pero nos cansamos de ella y todos queremos
+echar el pie fuera del plato. Vuelven los d&iacute;as de jarana, y ya estamos
+suspirando otra vez porque se acorte la cuerda. As&iacute; somos, y as&iacute; creo
+que seremos hasta que se afeiten las ranas&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Es la condici&oacute;n humana. As&iacute; viven y se educan las sociedades&mdash;dijo el
+Delf&iacute;n&mdash;. Lo que a m&iacute; no me gusta es que esto se haga por otra v&iacute;a que
+la de la Ley.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pillo, tunante!&mdash;pensaba Jacinta comi&eacute;ndose las palabras, y con las
+palabras la hiel que se le quer&iacute;a salir&mdash;. &iquest;Qu&eacute; sabes t&uacute; lo que es ley?
+&iexcl;Farsante, demagogo, anarquista! C&oacute;mo se hace el purito... Quien no te
+conoce...&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando se retiraron a su alcoba, Jacinta se esforzaba en aumentar su
+furor; quer&iacute;a cultivarlo, o alimentarlo como se alimenta una llama,
+arrojando en ella m&aacute;s combustible. &laquo;Esta noche me le como. Quisiera
+estar m&aacute;s furiosa de lo que estoy, para no dejarme engolosinar. Y eso
+que lo estoy bastante. Pero a&uacute;n me vendr&iacute;a bien un poquito m&aacute;s de ira.
+Es un falso, un hip&oacute;crita, y si no le aborrezco, no tengo perd&oacute;n de
+Dios&raquo;.</p>
+
+<p>En esto, sinti&oacute; que Juan la abrazaba por la cintura... &laquo;Qu&iacute;tate,
+d&eacute;jame...&mdash;grit&oacute; ella&mdash;. Estoy muy incomodada; &iquest;pero no ves que estoy
+muy incomodada?&raquo;.</p>
+
+<p>Juan la vio temblorosa y sin poder respirar. &laquo;Perdone uste, se&ntilde;ora&raquo;
+replic&oacute; bromeando.</p>
+
+<p>Jacinta tuvo ya en la punta de la lengua el <i>lo s&eacute; todo</i>; pero se acord&oacute;
+de que noches antes su marido y ella se hab&iacute;an re&iacute;do mucho de esta
+frase, observ&aacute;ndola repetida en todas las comedias de intriga. La
+irritada esposa crey&oacute; m&aacute;s del caso decir: &laquo;Te aborrecer&eacute;, ya te estoy
+aborreciendo&raquo;. Santa Cruz, que estaba de buenas, repiti&oacute; con buena
+sombra otra frase de las comedias: &laquo;<i>Ahora lo comprendo todo</i>. Pero la
+verdad, chica, es que no comprendo nada&raquo;.</p>
+
+<p>Turbada en sus prop&oacute;sitos de pelea por el buen genio y los cari&ntilde;osos
+modos que el p&eacute;rfido tra&iacute;a aquella noche, Jacinta rompi&oacute; a llorar como
+un ni&ntilde;o. Juan le hizo muchas caricias, besos por aqu&iacute; y all&iacute;, en el
+cuello y en las manos, en las orejas y en la coronilla; besos en un codo
+y en la barba, acompa&ntilde;ados del lenguaje m&aacute;s finamente tierno que se
+podr&iacute;a imaginar.</p>
+
+<p>&laquo;No aguanto m&aacute;s, no puedo aguantar m&aacute;s&raquo; era lo &uacute;nico que ella dec&iacute;a con
+angustioso hipo, moj&aacute;ndole a &eacute;l la cara y las manos con tanta y tanta
+l&aacute;grima. No pod&iacute;a tener consuelo. Todo aquel llanto era el disimulo de
+tant&iacute;simos d&iacute;as, sospechar callando, sentirse herida y no poder decir ni
+siquera &iexcl;ay! &laquo;Esto es horrible, esto es espantoso; no hay mujer m&aacute;s
+desgraciada que yo... Y lo que es ahora, te aborrecer&eacute; de veras, porque
+yo no puedo querer a quien no me quiere. Te quer&iacute;a m&aacute;s que a mi vida.
+&iexcl;Qu&eacute; tonta he sido! A los hombres hay que tratarlos sin consideraci&oacute;n...
+Ya no m&aacute;s, ya no m&aacute;s... Estoy volada, y lo que es esta no te la
+perdono... digo que no te la perdono&raquo;.</p>
+
+<p>Alg&uacute;n trabajo le cost&oacute; a Santa Cruz que su mujer repitiese lo que le
+hab&iacute;a dicho una amiga aquella ma&ntilde;ana. Y cuando &eacute;l lo negaba, la ofendida
+esposa, que sent&iacute;a en su alma la convicci&oacute;n profund&iacute;sima de la
+autenticidad del hecho, irrit&aacute;base m&aacute;s: &laquo;No lo niegues, no me lo
+niegues, pues yo s&eacute; que es cierto. Hace tiempo que te lo he conocido&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En qu&eacute;...?&mdash;En muchas cosas.&mdash;D&iacute;melas&mdash;indic&oacute; &eacute;l poni&eacute;ndose serio.</p>
+
+<p>&mdash;Si siempre has de negarlo... Pero no, no me enga&ntilde;as m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Si no pienso enga&ntilde;arte...&mdash;Lo que Amalia me ha dicho&mdash;afirm&oacute; Jacinta
+con s&uacute;bita ira, llena de dignidad, poni&eacute;ndose en pie y afianzando con un
+gesto admirable su aseveraci&oacute;n&mdash;, es verdad. Yo digo que es verdad y
+basta.</p>
+
+<p>Grave y mir&aacute;ndola a los ojos, el anarquista replic&oacute; en tono muy seguro:</p>
+
+<p>&laquo;Bueno, pues es verdad. Yo te declaro que es verdad&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Quedose Jacinta como una estatua, y al fin, volviendo la espalda a
+su marido, hizo un adem&aacute;n de salir. &Eacute;l la cogi&oacute; por una mano, y quiso
+abrazarla. Ella no se dej&oacute;. En medio del estruj&oacute;n frustrado, s&oacute;lo pudo
+articular la esposa muy vagamente estas palabras: &laquo;Me voy&raquo;. Lo que m&aacute;s
+la irritaba era que el tunante, despu&eacute;s de lo que hab&iacute;a dicho, tuviera
+todav&iacute;a humor de bromas y pusiera aquella cara de pill&iacute;n, como si se
+tratara de una cosa de juego. Porque se sonre&iacute;a, y tranquilo en
+apariencia, d&iacute;jole en tono de seriedad c&oacute;mica:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ora, acu&eacute;stese usted&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo...?&mdash;Se lo mando a usted... Acu&eacute;stese usted al momento.</p>
+
+<p>No le fue a ella posible entonces librarse de un abrazo apretado, y en
+aquel segundo estruj&oacute;n, oy&oacute; estas cari&ntilde;osas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No vale m&aacute;s que nos expliquemos como buenos amigos? Hijita de mi alma,
+si te enfurru&ntilde;as, no llegaremos a entendernos&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta fue bruscamente desarmada. Quedose como el combatiente de los
+cuentos de ni&ntilde;os, a quien por obra de magia se le convierte la espada en
+alfiler y el escudo en dedal.</p>
+
+<p>El Delf&iacute;n hab&iacute;a entrado, desde los &uacute;ltimos d&iacute;as del 74, en aquel periodo
+sedante que segu&iacute;a infaliblemente a sus desvar&iacute;os. En realidad no era
+aquello virtud, sino cansancio del pecado; no era el sentimiento puro y
+regular del orden, sino el hast&iacute;o de la revoluci&oacute;n. Verific&aacute;base en &eacute;l
+lo que D. Baldomero hab&iacute;a dicho del pa&iacute;s; que padec&iacute;a fiebres
+alternativas de libertad y de paz. A los dos meses de una de las m&aacute;s
+graves distracciones de su vida, su mujer empezaba a gustarle lo mismito
+que si fuera la mujer de otro. La bondad de ella favorec&iacute;a este
+movimiento centr&iacute;peto, que se hab&iacute;a determinado por quinta o sexta vez
+desde que estaban casados. Ya en otras ocasiones pudo creer Jacinta que
+la vuelta a los deberes conyugales ser&iacute;a definitiva; pero se equivoc&oacute;,
+porque el Delf&iacute;n, que ten&iacute;a en el cuerpo el demonio malo de la variedad,
+cans&aacute;base de ser bueno y fiel, y tornaba a dejarse mover de la fuerza
+centr&iacute;fuga. Mas era tanta la alegr&iacute;a de la esposa al verle enmendado,
+que no pensaba que aquella enmienda fuera como un descanso, para
+emprenderla despu&eacute;s con m&aacute;s br&iacute;o por esos mundos de Dios. Tambi&eacute;n esto
+concordaba con un pensamiento de D. Baldomero, que dec&iacute;a: &laquo;Cuando el
+pa&iacute;s remite, y fortalece con su opini&oacute;n la autoridad, no es que ame
+verdaderamente el orden y la ley, sino que se pone en cura y hace sangre
+para saciar despu&eacute;s con mejor gusto el apetito de las trifulcas&raquo;.</p>
+
+<p>Qued&oacute;, como he dicho, tan desarmada Jacinta, que no pod&iacute;a ser m&aacute;s. Pero
+creyendo que su dignidad le ordenaba seguir muy col&eacute;rica, dijo todas las
+palabras necesarias para mostrarlo, por ejemplo: &laquo;Me acostar&eacute; o no me
+acostar&eacute;, seg&uacute;n me acomode. &iquest;A ti qu&eacute; te importa? No parece si no que...
+Conmigo no se juega, &iquest;estamos?... &iquest;Pues qu&eacute; se ha figurado este tonto?
+Hemos concluido, te digo que hemos concluido... Bien, me acuesto porque
+quiero, no porque t&uacute; me lo mandes... &iexcl;Vaya!...&raquo;.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s se o&iacute;a en la alcoba lo siguiente: &laquo;Que te est&eacute;s quieto...
+No vayas a creerte que ahora te voy a perdonar. No, si no me
+engatusas... ni hay <i>til&iacute;n</i> que valga. Ya van quince y raya. No est&aacute;n
+los tiempos para perdones, caballerito. Haz el favor, te digo... No
+quiero verte, no quiero o&iacute;rte, ni me importa que me quieras o no. Si me
+quieres, rabia y rabia; mejor. Yo me reir&eacute; vi&eacute;ndote padecer. Con que lo
+dicho, d&eacute;jame en paz. Tengo un sue&ntilde;o espantoso... &iquest;No ves c&oacute;mo se me
+cierran los ojos?&raquo;.</p>
+
+<p>Y era mentira. Lejos de tener ganas de dormir, estaba muy despabilada y
+nerviosa.</p>
+
+<p>&laquo;T&uacute; no tienes sue&ntilde;o; &iquest;a que no lo tienes?&mdash;le dec&iacute;a &eacute;l&mdash;. &iquest;A que te
+despabilo y te pongo como un lucero?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que no? &iquest;C&oacute;mo?</p>
+
+<p>&mdash;Cont&aacute;ndote toda la verdad de lo que te dijo Amalia, haciendo una
+confesi&oacute;n general para que veas que no soy tan malo como crees.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, s&iacute;; ven, ven, hijito&mdash;exclam&oacute; ella alargando sus brazos
+desnudos&mdash;. Confi&eacute;same todo; pero con nobleza. Nada de comedias...
+porque t&uacute; eras muy comiquito. Gracias que yo te conozco ya las
+marruller&iacute;as, y algunas bolas me trago; pero otras no. &iquest;De veras que vas
+a cont&aacute;rmelo todo?</p>
+
+<p>La idea de perdonar electrizaba a Jacinta, poni&eacute;ndola tan nerviosa que
+echaba chispas. No cab&iacute;a en s&iacute; de inquietud, pensando en lo grande del
+perd&oacute;n que ten&iacute;a que dar en pago de lo enorme de la sinceridad que se le
+ofrec&iacute;a.</p>
+
+<p>Y su zozobra era tal, que por poco se echa de la cama, cuando Juan se
+apart&oacute; de ella para ir hacia la suya... &laquo;&iquest;Pero qu&eacute;?&mdash;pens&oacute;&mdash;, &iquest;se
+arrepiente este tuno de lo que ha dicho?... &iquest;Es que no quiere contarme
+nada?...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Abur, hombre&raquo; dijo en alta voz con despecho.</p>
+
+<p>&mdash;Si vuelvo, si voy all&aacute; en seguida... Mi mujer gasta un genio muy vivo.</p>
+
+<p>&mdash;Es que si cuentas, cuentas pronto; y si no, lo dices, para dormirme.
+No estoy yo aqu&iacute; esperando a que al se&ntilde;orito le d&eacute; la gana de tenerme en
+vela toda la noche.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llese usted, <i>so t&iacute;a</i>...&mdash;Diciendo esto, volvi&oacute; hacia ella,
+sent&aacute;ndose en el lecho y haci&eacute;ndole mil ternezas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, esto est&aacute; perdido&mdash;murmur&oacute; Jacinta en los respiros que las
+caricias de su marido le dejaban, ahog&aacute;ndola...&mdash;. Mira, estate quieto y
+no me sofoques. No tengo yo gana de bromas.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos al caso, ni&ntilde;ita m&iacute;a. Para que yo te cuente lo que deseas saber,
+es preciso que t&uacute; me cuentes antes a m&iacute; otra cosa. Dices que t&uacute;
+sospechabas esto que ha pasado, mejor, que lo adivinabas. &iquest;En qu&eacute; te
+fundabas t&uacute; para adivinarlo?... &iquest;qu&eacute; observaste y qu&eacute; supiste?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!... &iexcl;con lo que sale ahora este bobo...! &iquest;Crees que una mujer
+celosa necesita ver nada? Lo olfatea, lo calcula y no se equivoca... Se
+lo dice el coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;El coraz&oacute;n no dice nada. Eso es una frase.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando te vuelves falt&oacute;n, la menor palabra, cualquier gesto tuyo me
+sirven para leerte los pensamientos. &iquest;Y te parece que es poco dato el
+ver c&oacute;mo me tratas a m&iacute;? Hasta la manera de entrar aqu&iacute; es un dato.
+Hasta una ternura, una palabra cari&ntilde;osa te venden, porque al punto se ve
+que son sobras de otra parte, tra&iacute;das aqu&iacute; por deber y para cubrir el
+expediente... Palabras y caricias vienen muy usadas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;nto sabes!&mdash;M&aacute;s sabes t&uacute;... No, no, m&aacute;s s&eacute; yo. En la desgracia se
+aprende... Muchas veces me callo por no escandalizar; pero por dentro
+siento algo que me est&aacute; rallando as&iacute;, as&iacute;... muele que te muele... &iexcl;Pues
+tengo yo un olfato...! Cuando est&aacute;s faltoncito, si no lo conociera por
+otras cosas, lo conocer&iacute;a por el perfume que traes algunas veces en la
+ropa... Otro dato: Una noche tra&iacute;as en el pa&ntilde;uelo de seda del cuello,
+&iquest;qu&eacute; crees?, pues un cabello negro, grande. Lo saqu&eacute; con las puntas de
+los dedos y lo estuve mirando. Me daba tanto asco como si me lo hubiera
+encontrado en la sopa. No chist&eacute;. Otra noche dijiste en sue&ntilde;os palabras
+de las que se dicen cuando un hombre se pega con otro. Yo me asust&eacute;. Fue
+aquella noche que entraste muy nervioso y con un dolor en el brazo. Tuve
+que ponerte &aacute;rnica. Me contaste que viniendo no s&eacute; por d&oacute;nde te sali&oacute; un
+borracho, y tuviste que andar a trompazos con &eacute;l. Tra&iacute;as tierra en la
+americana azul. Toda la noche estuviste muy inquieto, &iquest;no te acuerdas?</p>
+
+<p>&mdash;Me acuerdo, s&iacute;&mdash;dijo el Delf&iacute;n, renovando en su mente el lance con
+Maximiliano.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ver&aacute;s. Otra noche, cuando te desnudabas, plin... cay&oacute; al suelo un
+bot&oacute;n. Vino saltando hasta cerca de mi cama. Parec&iacute;a que me miraba. Era
+de n&iacute;quel, labrado, con muchos garabatos. Cuando te dormiste, me ech&eacute; de
+la cama y lo cog&iacute;. Era un bot&oacute;n de mujer, de los que se usan ahora en
+las chaquetillas. Lo tengo guardado. Estas ignominias se guardan para en
+su d&iacute;a sacarlas y decir: &iquest;me negar&aacute;s esto?... &iexcl;Y t&uacute; siempre tan
+comediante! &iexcl;Yo pasaba unas fatigas...!, pero nunca quise rebajarme al
+espionaje. Se me ocurri&oacute; preguntar al cochero. Con una buena propinilla,
+Manuel no me habr&iacute;a ocultado lo que supiera. Pero por respeto a ti y a
+m&iacute; misma y a la familia, no hice nada. &iexcl;Contarle a tu mam&aacute; mis
+sospechas!... &iquest;Para qu&eacute;?, &iquest;para disgustarla sin ventaja ninguna?...
+Guillermina, con quien &uacute;nicamente me clareaba, dec&iacute;ame siempre:
+&laquo;paciencia, hija, paciencia&raquo;. Y por fin llegaba yo a tenerla, y el
+molinillo que me daba vueltas en el coraz&oacute;n, mol&iacute;a, haci&eacute;ndomelo polvo,
+y yo aguanta que aguanta, siempre callada, poniendo cara de Pascua y
+tragando hiel, tragando hiel. Esta ma&ntilde;ana, cuando Amalia me dijo lo que
+me dijo, toda la sangre se me hizo como un veneno, y me propuse
+aborrecerte, pero aborrecerte en toda regla, no creas... y no perdonarte
+aunque te me pusieras delante de rodillas. &iexcl;Pero es una tan d&eacute;bil...!
+&iexcl;Si merecemos todo lo que nos pasa...! Es la mayor desgracia ser as&iacute;,
+tan simplona... Como que estamos a merced de esas... secuestradoras, que
+de tiempo en tiempo nos prestan a nuestros propios maridos para que no
+alborotemos...</p>
+
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Esta &uacute;ltima queja puso al se&ntilde;orito de Santa Cruz un tanto
+pensativo y desconcertado. No desconoc&iacute;a &eacute;l la situaci&oacute;n poco airosa en
+que estaba ante Jacinta, cuya grandeza moral se elevaba ante sus ojos
+para darle la medida de su peque&ntilde;ez. Era muy soberbio, y el amor propio
+descollaba en &eacute;l sobre la conciencia y sobre los sentimientos todos; de
+manera que nada le molestaba tanto como verse y reconocerse inferior a
+su mujer. Cuando, media hora antes, prometi&oacute; confesar sus faltas, h&iacute;zolo
+movido de orgullo, para engalanarse con la sinceridad, a la manera del
+fatuo que se da tono con una cruz. La confesi&oacute;n de la culpa ennoblece
+siempre, y como demasiado sab&iacute;a &eacute;l que todo lo noble hallaba eco en el
+gran coraz&oacute;n de Jacinta, se dijo: &laquo;aqu&iacute; me viene bien un <i>rasgo</i>&raquo;. Pero
+el momento de la confesi&oacute;n se acercaba, y el pecador estaba algo
+confuso, sin saber c&oacute;mo iba a salir de ella. Lo que &eacute;l quer&iacute;a era quedar
+bien, remontarse hasta su mujer, y superarla si era posible, presentando
+sus faltas como m&eacute;ritos, y retocando toda la historia de modo que
+pareciese blanco y hasta noble lo que con los datos sueltos del bot&oacute;n y
+el cabello era negro y deshonroso. No ten&iacute;a que calentarse mucho los
+sesos para salir del paso, porque para tales escamoteos ten&iacute;a su
+entendimiento una aptitud particular. Su imaginaci&oacute;n despiert&iacute;sima se
+pintaba sola para hacer pasar de un cubilete a otro las ideas. Lo que &eacute;l
+no pod&iacute;a sufrir era que se le tuviese por hombre vulgar, por uno de
+tantos. Hasta las acciones m&aacute;s triviales y comunes, si eran suyas,
+quer&iacute;a que pasasen por actos deliberadamente admirables y que en nada se
+parec&iacute;an a lo que hace todo el mundo. R&aacute;pidamente, con aquella presteza
+de juicio del artista improvisador, hizo su composici&oacute;n, y all&aacute; te van
+las confidencias... Jacinta se hab&iacute;a de quedar tama&ntilde;ita. Ya ver&iacute;a ella
+qu&eacute; marido ten&iacute;a, qu&eacute; ser superior, qu&eacute; persona tan extraordinaria. Hay
+una moral gruesa, la que comprende todo el mundo, incluso los ni&ntilde;os y
+las mujeres. Hay otra moral fina, exquisita, inapreciable para el vulgo:
+es la que s&oacute;lo pueden gustar los paladares muy sensibles... Vamos all&aacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Prepar&eacute;monos a o&iacute;r tus papas&raquo; dijo ella.</p>
+
+<p>&mdash;De todo lo que has dicho, parece deducirse que yo soy un miserable,
+un cualquiera, uno de tantos. Pues ahora lo veremos. He guardado reserva
+contigo, porque cre&iacute; que no me comprender&iacute;as. Veremos si me comprendes
+ahora. Es cierto que hace dos meses, me encontr&eacute; otra vez a...</p>
+
+<p>&mdash;Haz el favor de no nombrarla&mdash;suplic&oacute; Jacinta con viveza&mdash;. Ese nombre
+me hace el efecto de la picadura de una v&iacute;bora.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues voy al grano... Encontr&eacute;mela casada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Casada!&mdash;S&iacute;, con un simple. La metieron en un convento, la casaron
+despu&eacute;s como por sorpresa... Chica, una historia de intrigas, violencias
+y atrocidades que horroriza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre mujer!&mdash;exclam&oacute; ella, respondiendo al intento de Juan, que
+empezaba por hacer a la otra digna de l&aacute;stima&mdash;. Pero bien merecido le
+est&aacute; por su mala conducta.</p>
+
+<p>&mdash;Esp&eacute;rate un poco, hija. Mujer tan desgraciada no creo que haya nacido.</p>
+
+<p>&mdash;Ni m&aacute;s mala tampoco.&mdash;Sobre eso hay mucho que decir. No es maldad lo
+que hay en ella, es falta de ideas morales. Si no ha visto nunca m&aacute;s que
+malos ejemplos; &iexcl;si ha vivido siempre con tunantes...! Yo pongo en su
+lugar a la mujer m&aacute;s perfecta, a ver lo que hac&iacute;a. No, no es lo que
+crees. Digo m&aacute;s, ser&iacute;a muy buena, si la dirigieran al bien. Pero hazte
+cargo: despu&eacute;s de andar de mano en mano, este la coge, este la suelta,
+la casan con un hombre que no es hombre, con un hombre que no puede ser
+marido de nadie...</p>
+
+<p>Jacinta abri&oacute; la boca; tan grande era su pasmo.</p>
+
+<p>&laquo;Y ese majadero la martirizaba de tal modo desde el primer d&iacute;a de
+matrimonio, que la infeliz, prefiriendo la libertad en la ignominia a
+una esclavitud insoportable, se escapa de la casa, y se echa otra vez a
+la calle, como en sus peores tiempos. En esto me encuentra y me pide
+amparo&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta no hab&iacute;a cerrado todav&iacute;a la boca.</p>
+
+<p>&laquo;En tal situaci&oacute;n&mdash;prosigui&oacute; Juan, hall&aacute;ndose ya en plena posesi&oacute;n de su
+tesis y con los cubiletes en la mano&mdash;, yo te planteo el problema a
+ti... vamos a ver... Fig&uacute;rate que eres hombre; fig&uacute;rate que te
+encuentras delante de aquella infeliz mujer, que te pide socorro, una
+defensa contra la miseria y la deshonra, y al verla delante, t&uacute; te
+reconoces autor de todas sus desdichas, porque t&uacute; la perdiste, porque de
+ti le vienen todos sus males. Yo quiero que me digas con lealtad qu&eacute;
+har&iacute;as, qu&eacute; har&iacute;as t&uacute; en este trance. Pero cierra ya esa boca; basta ya
+de asombro y cont&eacute;stame&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo... &iquest;qu&eacute; har&iacute;a? Echar mano al bolsillo, darle cuatro o cinco
+duros, y marcharme a mi casa.</p>
+
+<p>&mdash;Esa fue mi primera idea. Pero ciertas deudas, se&ntilde;ora m&iacute;a&mdash;dijo Santa
+Cruz triunfante&mdash;, no se saldan con cuatro ni con cinco duros.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mil, dos mil, cien mil reales, vamos.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco. Yo pens&eacute; que deb&iacute;a poner a aquella infeliz en camino de
+adquirir una posici&oacute;n decente y estable. Buscarle un marido, no pod&iacute;a
+ser; estaba casada. Procurarle una manera de vivir con independencia y
+honradez... &iexcl;ah!, esto es muy dif&iacute;cil. No tiene educaci&oacute;n; no sabe
+trabajar en nada que produzca dinero. No hay para ella m&aacute;s recurso que
+comer de su belleza. Pero en esto mismo hay distintos grados de
+ignominia. No empieces a hacerte cruces, hija. Las cosas hay que
+tomarlas como son; otra cosa es empe&ntilde;arse en sostener una filosof&iacute;a
+cursi. Yo le dije: &laquo;bueno, pues te pongo una casa, y arr&eacute;glatelas como
+puedas...&raquo;. No, si no es para que hagas tantas cruces, lo repito. Hay
+que ponerse en la realidad, ni&ntilde;ita. No mires esto con ojos de mujer;
+ponte en mi caso; fig&uacute;rate que eres hombre...</p>
+
+<p>&mdash;Estoy asombrada de la vuelta que le das a tus caprichos, y de lo bien
+que te las compones para hacer pasar por protecci&oacute;n desinteresada lo que
+en realidad es amor que ten&iacute;as o tienes a esa maldita.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a eso voy ahora. Aqu&iacute; te quiero ver... Atenci&oacute;n. Yo te juro que
+no despertaba en m&iacute; ni el amor m&aacute;s insignificante, ni tan siquiera un
+capricho de momento. No hay ejemplo de una frialdad como la que yo
+sent&iacute;a ante ella. Bien me lo puedes creer. No s&oacute;lo no me inspiraba
+pasi&oacute;n, sino que hasta me repugnaba.</p>
+
+<p>&mdash;Eso&mdash;dijo la esposa&mdash;, que te lo crea otro, que lo que es yo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; tonta eres! Tu incredulidad nace de la idea equivocada que tienes
+de esa mujer. Te la has figurado como un monstruo de seducciones, como
+una de esas que, sin tener pizca de educaci&oacute;n ni ning&uacute;n atractivo moral,
+poseen un sin fin de artima&ntilde;as para enloquecer a los hombres y
+esclavizarles volvi&eacute;ndoles est&uacute;pidos. Esta casta de perdidas que en
+Francia tanto abunda, como si hubiera all&iacute; escuela para formarlas,
+apenas existe en Espa&ntilde;a, donde son contadas... todav&iacute;a, se entiende,
+porque ello al fin tiene que venir, como han venido los ferrocarriles...
+Pues digo que Fortunata no es de esas, no posee m&aacute;s educaci&oacute;n que la
+cara bonita; por lo dem&aacute;s, es sosa, vulgar, no se le ocurre ninguna
+picard&iacute;a de las que trastornan a los hombres; y en cuanto a formas... no
+hablo del cuerpo y talle... sigue tan tosca como cuando la conoc&iacute;. No
+aprende; no se le pega nada. Y como para todo se necesita talento, una
+especialidad de talento, resulta que esa infeliz que tanto te da que
+pensar, no sirve absolutamente para diablo, &iquest;me entiendes? Si todas
+fueran como ella, apenas habr&iacute;a esc&aacute;ndalos en el mundo, y los
+matrimonios vivir&iacute;an en paz, y tendr&iacute;amos much&iacute;sima moralidad. En una
+palabra, chiquilla, no hay en ella complexi&oacute;n viciosa; tiene todo el
+corte de mujer honrada; naci&oacute; para la vida oscura, para hacer calceta y
+cuidar muchachos.</p>
+
+<p>Al llegar aqu&iacute; Juan se asust&oacute;, creyendo que se le hab&iacute;a ido un poco la
+lengua, y cay&oacute; en la cuenta de que si Fortunata era como &eacute;l dec&iacute;a, si no
+ten&iacute;a <i>complexi&oacute;n viciosa</i>, mayor, mucho mayor era la responsabilidad de
+&eacute;l por haberla perdido. Jacinta hubo de pensar esto mismo, y no tard&oacute; en
+manifest&aacute;rselo. Pero el prestidigitador acudi&oacute; a defender la suerte con
+la presteza de su flexible ingenio.</p>
+
+<p>&laquo;Es verdad&mdash;le dijo&mdash;, y esto aumentaba mis remordimientos. No ten&iacute;a m&aacute;s
+remedio que hacer en obsequio suyo lo que no habr&iacute;a hecho por otra.
+Ponte t&uacute; en mi caso, fig&uacute;rate que eres yo, y que te ha pasado todo lo
+que me ha pasado a m&iacute;. Puedes hacerte cargo de mi tormento, y de lo que
+yo sufrir&iacute;a teniendo que considerar y proteger, por escr&uacute;pulo de
+conciencia, a una mujer que no me inspira ning&uacute;n afecto, ninguno, y que
+&uacute;ltimamente me inspiraba antipat&iacute;a, porque Fortunata, cr&eacute;elo como el
+Evangelio, es de tal condici&oacute;n, que el hombre m&aacute;s enamorado no la
+resiste un mes. Al mes, todos se rinden, es decir, echan a correr...&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta hab&iacute;a empezado a dar pataditas, haciendo saltar el edred&oacute;n que
+a los pies ten&iacute;a. Era su manera de expresar la alegr&iacute;a bulliciosa cuando
+estaba acostada. Porque siendo verdad lo que Juan dec&iacute;a, la temida rival
+era como los espantajos puestos en el campo, de los cuales se r&iacute;en hasta
+los p&aacute;jaros cuando los examinan de cerca. Pero a&uacute;n le quedaba una duda,
+&iquest;Era aquello verdad o no? Para mentira estaba demasiado bien hiladito.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ella te quiere todav&iacute;a?&mdash;pregunt&oacute; con la picard&iacute;a de un juez de
+instrucci&oacute;n.</p>
+
+<p>El esposo se hizo repetir la pregunta, sin otro objeto que retrasar la
+respuesta, que deb&iacute;a ser muy pensada.</p>
+
+<p>&mdash;Pues te dir&eacute;... que s&iacute;. Tiene esa debilidad. Otras mujeres, las de
+complexi&oacute;n viciosa, son en sus pasiones tan vehementes como
+inconstantes. Pronto olvidan al que adoraron y cambian de ilusi&oacute;n como
+de moda. Esta no.</p>
+
+<p>&mdash;Esta no&mdash;repiti&oacute; Jacinta, asustada de ver a su enemiga tan distinta de
+como ella se la figuraba.</p>
+
+<p>&mdash;No. Ha dado en la tonter&iacute;a de quererme siempre lo mismo, como antes,
+como la primera vez. Aqu&iacute; tienes otra cosa que me anonada, que me obliga
+a ser indulgente. Ponte en mi lugar, hija. Porque si yo viera que
+coqueteaba con otros hombres, anda con Dios. Pero si no hay quien la
+apee de una fidelidad que no viene al caso. &iexcl;Fiel a m&iacute;! &iquest;a santo de qu&eacute;?
+&iexcl;Te aseguro que me ha hecho cavilar m&aacute;s esa sosona! Ha pasado por
+tantas manos, y siempre fiel, consecuente como un clavo, que se est&aacute;
+donde le clavan. Ni el deshonor, ni el matrimonio la han curado de esta
+man&iacute;a. &iquest;No te parece a ti que es man&iacute;a?</p>
+
+<p>A Jacinta le acudieron tantas ideas a la mente, que no sab&iacute;a con cu&aacute;l
+quedarse, y estaba perpleja y muda.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Hay tantos&mdash;exclam&oacute; Santa Cruz en el tono que se da a las cosas muy
+filos&oacute;ficas&mdash;, hay tantos a quienes hace infelices la inconstancia de
+las mujeres, y a m&iacute; me hace padecer una fidelidad que no solicito, que
+no me hace falta, que no me importa para nada!&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta dio un gran suspiro.&mdash;Pero al tener conciencia, el tener un
+sentido moral muy elevado&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el Delf&iacute;n dominando la suerte&mdash;, como
+lo tengo yo, me ha puesto en una situaci&oacute;n equ&iacute;voca frente a ti. Yo
+necesitaba darte explicaciones. Ya te las he dado, y por ellas habr&aacute;s
+visto que no se debe juzgar los actos de los hombres por lo que parece,
+sino que es preciso ir al fondo, hija, al fondo de las cosas. &iquest;Con que
+te vas enterando? A lo mejor se lleva uno cada chasco... &iexcl;Cu&aacute;ntas veces
+pensamos mal de un sujeto, fund&aacute;ndonos en hablillas del vulgo o en
+cualquier dato inseguro, como por ejemplo, un pelo, un bot&oacute;n!... y
+despu&eacute;s de mirar bien el hecho, &iquest;qu&eacute; resulta?, que no basta para
+muestra un bot&oacute;n, que el que se cuelga de un cabello se cae; en una
+palabra, ni&ntilde;a m&iacute;a, que lo aparentemente deshonroso puede no serlo, y que
+la realidad, en vez de arrojar verg&uuml;enza sobre el sujeto, lo que hace es
+enaltecerlo y quiz&aacute;s honrarle.</p>
+
+<p>&mdash;Poco a poco&mdash;dijo la esposa prontamente&mdash;, que para m&iacute; sigue siendo
+turbio. Me parece que en todo lo que has dicho hay demasiada
+composici&oacute;n. No me f&iacute;o yo, no me f&iacute;o, porque para fabricar estos arcos
+triunfales de frases y entrar por ellos d&aacute;ndote mucho tono, te pintas t&uacute;
+solo. Lo cierto es que le has puesto la casa, la has visitado y te has
+divertido en grande con ella. &iexcl;Vaya una conciencia la tuya, vaya una
+manera de pagarle su fidelidad, tirando por el suelo la que me debes a
+m&iacute;!... &iquest;Qu&eacute; moral es esta? No escamotees la verdad. Esa mujer es una
+bribona, y t&uacute; ser&iacute;as un simple si no fueras tambi&eacute;n un solemn&iacute;simo
+pillo.</p>
+
+<p>&mdash;P&aacute;rese usted un poco, <i>camara&iacute;ta</i>&mdash;replic&oacute; Santa Cruz algo
+desconcertado&mdash;. &iquest;Qu&eacute; palabras usar&eacute; yo para pintarte la situaci&oacute;n en
+que me encontraba? Es que el caso es de los m&aacute;s raros que se pueden
+ofrecer... Para que veas que soy sincero y leal, te dir&eacute; que hubo en m&iacute;
+algo de flaqueza, s&iacute;, flaqueza que nac&iacute;a de la compasi&oacute;n. No tuve valor
+para resistir a las... &iquest;c&oacute;mo dir&eacute;?... a las sugestiones apasionadas de
+quien tiene por m&iacute; una idolatr&iacute;a que yo no merezco.</p>
+
+<p>Pero te juro que lo hice sin ilusi&oacute;n, con fastidio, como el que cumple
+un deber, pensando en mi mujer, vi&eacute;ndote a ti m&aacute;s que a la que tan cerca
+ten&iacute;a, y deseando que aquella comedia concluyera.</p>
+
+<p>Ambos estuvieron callados un mediano rato. &iquest;Cre&iacute;a Jacinta aquellas
+cosas, o aparentaba creerlas como Sancho las bolas que D. Quijote le
+cont&oacute; de la cueva de Montesinos? Lo &uacute;ltimo que Juan dijo fue esto:
+&laquo;Ahora juzga t&uacute; como te parezca bien lo que acabo de confesarte, y
+compara lo bueno que hay en ello con lo malo que habr&aacute; tambi&eacute;n. Yo me
+entrego a ti&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Romper, romper para siempre toda clase de relaciones con esa calamidad
+es lo que importa&mdash;manifest&oacute; la Delfina inquiet&iacute;sima, dando vueltas en
+el lecho&mdash;. Que no la veas m&aacute;s, que ni siquiera la saludes si te la
+encuentras por la calle... &iexcl;Oh, qu&eacute; mujer!, es mi pesadilla.</p>
+
+<p>&mdash;Da por hecho el rompimiento, pero definitivo, absoluto. Lo deseo tanto
+como t&uacute;; me lo puedes creer.</p>
+
+<p>Lo dec&iacute;a con tal expresi&oacute;n de ingenuidad, que Jacinta sinti&oacute; grande
+alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, hija, no aguanto m&aacute;s. Que se vaya con su constancia a los quintos
+infiernos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si da en perseguirte?&mdash;Ser&eacute; capaz hasta de recurrir a la polic&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De modo que no vuelves m&aacute;s a esa casa?... Di que no vuelves, dime que
+no la quieres.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! Demasiado lo sabes. No volver&eacute; m&aacute;s que a despedirme.</p>
+
+<p>&mdash;No; escr&iacute;bele una carta. Las despedidas cara a cara no son buenas para
+romper.</p>
+
+<p>&mdash;Har&eacute; lo que t&uacute; quieras, lo que t&uacute; me mandes, ni&ntilde;ita de mi alma,
+mon&iacute;sima... m&aacute;s salada que el terr&oacute;n de los mares.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>A la siguiente ma&ntilde;ana, Jacinta se levant&oacute; muy gozosa, con los
+esp&iacute;ritus avispados, y muchas ganitas de hablar y de re&iacute;r sin motivo
+aparente. Barbarita, que entr&oacute; de la calle a las diez, le dijo: &laquo;&iexcl;Qu&eacute;
+retozona est&aacute;s hoy!... Oye. Al volver de San Gin&eacute;s, me encontr&eacute; con
+Manolo Moreno, que lleg&oacute; ayer de Londres. Le he convidado a almorzar&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta fue a su tocador. A&uacute;n dorm&iacute;a su marido, y ella se empez&oacute; a
+arreglar. A poco entr&oacute; una visita, que Jacinta recibi&oacute; en su gabinete.
+Era Severiana, que dos veces por semana llevaba a Adoraci&oacute;n a que la
+viese su protectora. Ya se sabe que la Delfina, no pudiendo adoptar al
+<i>Pituso</i> y tomarlo por hijo, y sintiendo m&aacute;s fuerte e imperioso en su
+alma el anhelo de la maternidad, dio en proteger a la precios&iacute;sima y
+cari&ntilde;osa hija de Mauricia la Dura. Para Jacinta no hab&iacute;a goce m&aacute;s grande
+y puro que acariciar un peque&ntilde;uelo, darle calor y comunicarle aquel
+sentimiento de bondad que se desbordaba de su alma. Agrad&aacute;bale tanto la
+ni&ntilde;a aquella, que se la habr&iacute;a llevado consigo si sus suegros y su
+marido lo permitieran; pero no siendo posible esto, se consolaba
+visti&eacute;ndola como una se&ntilde;orita, pag&aacute;ndole el colegio y pasando un ratito
+con ella. Gozaba en ver su belleza, en aspirar la fragancia de su
+inocencia y en examinarla para cerciorarse de sus adelantos.</p>
+
+<p>&laquo;Hola, ven ac&aacute;, mujer, dame un beso y un abrazo&raquo; le dijo la se&ntilde;orita,
+atray&eacute;ndola a s&iacute; con maternal cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>Adoraci&oacute;n se frot&oacute; bien la cara y el cuerpo contra la cintura y falda de
+su protectora.</p>
+
+<p>&laquo;Dice que lo que le pide a la Virgen&mdash;declar&oacute; Severiana con esa
+adulaci&oacute;n de los humildes muy favorecidos y que a&uacute;n quieren serlo m&aacute;s&mdash;,
+es no separarse nunca, nunca de la se&ntilde;orita... para estarla mirando
+siempre&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ya s&eacute; que me quiere mucho, y yo la quiero a ella, si es buena y
+estudia. &iexcl;Qu&eacute; elegante est&aacute;s!... No te hab&iacute;a visto el vestido nuevo.</p>
+
+<p>&mdash;Anoche so&ntilde;aba con la ropa nueva&mdash;dijo Severiana&mdash;, y ayer, cuando se
+la puso, no hac&iacute;a m&aacute;s que mirarse al espejo. Si la toc&aacute;bamos &iexcl;ay!, nos
+quer&iacute;a pegar... Lo que ella deseaba era que la se&ntilde;orita la viera tan
+maja, &iquest;verdad, rica?</p>
+
+<p>&mdash;No me gusta tanto af&aacute;n por las composturas. Ahora lo que yo quiero es
+ver qu&eacute; tal andan esas lecciones... Hoy no tengo tiempo de hacer
+preguntas; pero otro d&iacute;a, el jueves, veremos c&oacute;mo est&aacute; ese catecismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, se&ntilde;orita, se lo sabe de corrido. Nos tiene mareados con lo que
+hicieron aquellos que se com&iacute;an el man&aacute; y lo de No&eacute; en el arca, con
+tantos animales como meti&oacute; en ella. &iquest;Pues y leer? Lee mejor que mi
+marido.</p>
+
+<p>&mdash;Eso me gusta... El mes que entra la pondremos en un colegio, interna.
+Ya es grandecita... es preciso que vaya aprendiendo los buenos
+modales... su poquito de franc&eacute;s, su poquito de piano... Quiero educarla
+para maestrita o institutriz, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>Adoraci&oacute;n la miraba como en &eacute;xtasis.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y esa mujer?&raquo; pregunt&oacute; luego Jacinta a Severiana, refiri&eacute;ndose a la
+madre de Adoraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ora, no me la nombre. A poco de salir de las Micaelas, parec&iacute;a algo
+enmendada. Volvi&oacute; a correr pa&ntilde;uelos de Manila y algunas prendas; estaba
+en buena conformidad; pero ya la tenemos otra vez en danza con el
+maldito vicio. Anteanoche la recogieron tiesa en la calle de la
+Comadre... &iexcl;Qu&eacute; verg&uuml;enza...!&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta hizo un gesto de pena. &laquo;&iexcl;Pobrecita m&iacute;a!&raquo; exclam&oacute; abrazando m&aacute;s
+estrechamente a su protegida.</p>
+
+<p>&mdash;Por esto&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la otra&mdash;, yo quer&iacute;a hablar a la se&ntilde;orita para ver si
+do&ntilde;a Guillermina ten&iacute;a proporci&oacute;n de meterla en cualquier parte donde la
+sujetaran. En las Micaelas no puede ser, a cuento de que all&iacute; la
+tuvieron que echar por escandalosa... Pero bien la podr&iacute;an poner, si a
+mano viene, en un hospicio, o casa de orates, al menos para que no diera
+malos ejemplos.</p>
+
+<p>&mdash;Veremos...&mdash;dijo distra&iacute;da Jacinta levant&aacute;ndose, porque hab&iacute;a o&iacute;do el
+repique del timbre con que su marido llamaba.</p>
+
+<p>Faltaba algo antes de que Adoraci&oacute;n se despidiera. Su protectora le daba
+siempre una golosina, y aquel d&iacute;a hubo de olvidarse. Quedose parada la
+ni&ntilde;a en medio del gabinete aun despu&eacute;s de los &uacute;ltimos besos de la
+despedida. Jacinta cay&oacute; en la cuenta de su distracci&oacute;n. &laquo;Esp&eacute;rate un
+momento&raquo;. A poco volvi&oacute; con lo que la chiquilla deseaba, y repetida la
+recomendaci&oacute;n de portarse bien y estudiar mucho, acompa&ntilde;olas hasta la
+puerta. Cuando Severiana y su sobrinita sal&iacute;an, entraba Moreno-Isla, y
+Jacinta que le vio subir, se detuvo en el recibimiento. Sub&iacute;a despacio y
+jadeante, a causa de la afecci&oacute;n al coraz&oacute;n que padec&iacute;a. Estaba muy
+envejecido, de mal color, y con m&aacute;s aire extranjero que antes.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Oh, puerta del para&iacute;so!, &iexcl;qu&eacute; manos te abren...! Dispense usted... Me
+canso horriblemente&raquo; dijo Moreno, salud&aacute;ndola con tanta urbanidad como
+afecto.</p>
+
+<p>Estupi&ntilde;&aacute;, que entraba detr&aacute;s, le ech&oacute; tambi&eacute;n un gran saludo a D.
+Manuel, permiti&eacute;ndose abrazarle, porque eran antiguos amigos.</p>
+
+<p>&laquo;Est&aacute;s hecho un pollo&raquo; le dijo Moreno, palmote&aacute;ndole en los hombros.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos tirando... &iquest;Y usted...?</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute;, as&iacute;.&mdash;&iexcl;Siempre por esas tierras de extranjis!... Caramba, tambi&eacute;n
+es gusto, teniendo aqu&iacute; tantos que le quieren bien...</p>
+
+<p>El forastero le contest&oacute; con la benevolencia un tanto fr&iacute;a que saben
+emplear los superiores bien educados. Separ&aacute;ronse en el pasillo, porque
+Estupi&ntilde;&aacute; ten&iacute;a que ir hacia el comedor. Moreno sigui&oacute; a Jacinta hasta el
+sal&oacute;n y de all&iacute; al gabinete.</p>
+
+<p>&laquo;No me hab&iacute;a dicho Guillermina que estaba usted en Madrid. Lo supe hoy
+por mam&aacute;&raquo; dijo ella por decir algo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Guillermina? &iexcl;Buena tiene ella la cabeza para acordarse de
+anunciarme! &iquest;Sabe usted que cada vez que vengo a Espa&ntilde;a me la encuentro
+m&aacute;s tocada? Ayer, cuando entr&eacute; en casa, lo primero que hizo, mientras me
+saludaba, fue un registro de todos los bolsillos de mi ropa. Me
+desplum&oacute;. Lo que yo dec&iacute;a: &laquo;apenas se pone el pie en Espa&ntilde;a, no se da un
+paso sin tropezar con bandoleros&raquo;. Ahora pretende que entre todos los
+parientes le hagamos un piso... friolera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobrecilla! Es una santa. Lleg&oacute; entonces D. Baldomero, anunci&aacute;ndose
+antes de entrar con estas alegres voces: &laquo;&iquest;En d&oacute;nde est&aacute; ese
+anti-patriota?&raquo;. Cuando apareci&oacute; en la puerta, con los brazos abiertos,
+fue Moreno a dejarse estrechar en ellos.</p>
+
+<p>&laquo;Bien, padrino; est&aacute; usted hecho un muchacho&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute;, perdido? Me dijeron que estabas algo delicado.</p>
+
+<p>&mdash;Me canso horriblemente&mdash;replic&oacute; el forastero, toc&aacute;ndose el coraz&oacute;n&mdash;.
+Algo aqu&iacute;... Pero dicen que es nervioso.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, nervioso&mdash;afirm&oacute; Santa Cruz como si tuviera en el dedillo toda
+la medicina.</p>
+
+<p>&mdash;Nervioso, claro&mdash;repiti&oacute; Jacinta; y Barbarita, que a la saz&oacute;n entraba,
+tambi&eacute;n dijo: &laquo;&iquest;Qu&eacute; ha de ser sino nervioso...?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, vaya con este perdis&mdash;dec&iacute;a D. Baldomero mirando mucho a su
+amigo y pariente y no atrevi&eacute;ndose a decir que le encontraba muy
+desmejorado&mdash;. Siempre tan extranjerote.</p>
+
+<p>&mdash;No quiere nada con nosotros&mdash;dijo Barbarita, examin&aacute;ndole la ropa&mdash;.
+Mira, mira que levita gris cerrada... y botines blancos... Pero, Manolo,
+&iexcl;qu&eacute; zapatones usan por all&aacute;! Esos guantes pasar&iacute;an aqu&iacute; por guantes de
+cochero.</p>
+
+<p>Moreno se ech&oacute; a re&iacute;r. Su persona ten&iacute;a tal aire ingl&eacute;s, que quien le
+viera, tomar&iacute;ale por uno de esos lores aburridos y millonarios que andan
+por el mundo sacudi&eacute;ndose la morri&ntilde;a que les consume. Hasta cuando
+hablaba desment&iacute;a, no por afectaci&oacute;n, sino por h&aacute;bito, su progenie
+espa&ntilde;ola, porque arrastraba un poco las erres y olvidaba algunos
+vocablos de los menos usuales. Se hab&iacute;a educado en el c&eacute;lebre colegio de
+Eton; a los treinta a&ntilde;os volvi&oacute; a Inglaterra y all&iacute; viv&iacute;a de continuo,
+salvo las cortas temporadas que pasaba en Madrid. Pose&iacute;a el arte de la
+buena educaci&oacute;n en su forma m&aacute;s exquisita, y una soltura de modales que
+cautivaba. Era ahijado de D. Baldomero I, y por esto segu&iacute;a llamando
+<i>padrino</i> a D. Baldomero II.</p>
+
+<p>&mdash;Ya saben ustedes que no transijo con la patria&mdash;dijo sonriendo&mdash;.
+Mientras m&aacute;s la visito, menos me gusta. Por respeto a mi padrino, no me
+atrevo a decir m&aacute;s.</p>
+
+<p>Los gustos extranjeros de aquel hombre y el desamor que a su patria
+mostraba, eran ocasi&oacute;n de empe&ntilde;adas reyertas entre &eacute;l y D. Baldomero,
+que defend&iacute;a todo <i>lo del Reino</i> con sincero entusiasmo. A veces perd&iacute;a
+los estribos el buen espa&ntilde;ol, sosteniendo que en todo lo <i>de fuera</i> hay
+mucho de farsa, y Moreno, extremando sus antipat&iacute;as, sosten&iacute;a que en
+Espa&ntilde;a no hay m&aacute;s que tres cosas buenas: la Guardia Civil, las uvas de
+albillo y el Museo del Prado.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos a ver&mdash;dijo D. Baldomero con alegr&iacute;a, que le retozaba en la
+cara&mdash;. &iquest;Qu&eacute; me dices del Rey que hemos tra&iacute;do? Ahora s&iacute; que vamos a
+estar en grande. Ver&aacute;s c&oacute;mo prospera el pa&iacute;s y se acaban las guerras&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Es guapo chico. Varios espa&ntilde;oles residentes en Londres le acompa&ntilde;amos
+en el tren hasta Dover. Yo le regal&eacute; un magn&iacute;fico reloj... Es muy
+despejado chico, pero muy despejado. &iexcl;L&aacute;stima de Rey! Yo le dije:
+&laquo;Vuestra Majestad va a gobernar el pa&iacute;s de la ingratitud; pero Vuestra
+Majestad vencer&aacute; a la hidra&raquo;. Esto lo dije por cortes&iacute;a; pero yo no creo
+que pueda barajar a esta gente. &Eacute;l querr&aacute; hacerlo bien; pero falta que
+le dejen.</p>
+
+<p>En esto entr&oacute; Juan, y &eacute;l y su pariente se dieron los abrazos de
+ordenanza. Para ponerse a almorzar no faltaba m&aacute;s que Villalonga.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero qu&eacute;?&mdash;dijo el Delf&iacute;n&mdash;, &iquest;le esperamos? Sabe Dios a qu&eacute; hora
+vendr&aacute;. Anoche se retirar&iacute;a a las tres de la tertulia del Ministro de la
+Gobernaci&oacute;n, y estar&aacute; todav&iacute;a en la cama&raquo;.</p>
+
+<p>Acordaron, pues, no aguardar m&aacute;s, y durante el cordial almuerzo, que
+quieras que no, la conversaci&oacute;n vers&oacute; sobre si en Espa&ntilde;a es todo malo, o
+si en Francia e Inglaterra es de buena ley todo lo que admiramos.
+Moreno-Isla no ced&iacute;a una pulgada de terreno antipatri&oacute;tico en que su
+terquedad se encerraba.</p>
+
+<p>&laquo;Miren ustedes... hablando ahora con toda seriedad&mdash;dijo, despu&eacute;s de
+apurar bien el tema de las comidas, y pasando a ciertas ideas de cultura
+general&mdash;. Yo he hecho una observaci&oacute;n que nadie me desmentir&aacute;. Desde
+que se pasa la frontera para all&aacute; y se entra en Francia, no le pica a
+usted una pulga&raquo;. <i>(Risas)</i>.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; tendr&aacute;n que ver las pulgas...!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y sostienes t&uacute; que en Francia no hay pulgas?</p>
+
+<p>&mdash;No las hay, cr&eacute;ame usted, padrino, no las hay. Es un resultado del
+aseo general, de la limpieza de las casas y de las personas. Vaya usted
+a San Sebasti&aacute;n. Se lo comen vivo...</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, por Dios, &iexcl;qu&eacute; argumentos!...</p>
+
+<p>Son&oacute; la campanilla. &laquo;&iexcl;Ah&iacute; est&aacute;!&raquo; dijeron todos, y Barbarita mir&oacute; al
+lugar vac&iacute;o que estaba destinado a Villalonga en la mesa. Este entr&oacute; muy
+alegre, saludando a la familia, y dando un apret&oacute;n de manos a Moreno.</p>
+
+<p>&laquo;Indulgencia, se&ntilde;ora. He venido volando por no hacerme esperar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Amigo, desde que est&aacute; usted en candelero, no hay quien le vea. &iexcl;Qu&eacute;
+caro se cotiza!</p>
+
+<p>&mdash;Es que no me dejan vivir. Anoche dur&oacute; el jubileo hasta las tres.
+Doscientas personas entrando y saliendo. Y que no pretenden nada...</p>
+
+<p>&mdash;Preparando las elecciones, &iquest;eh?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, pues si pasamos al terreno pol&iacute;tico...&mdash;indic&oacute; Moreno.</p>
+
+<p>&mdash;No, no pases&mdash;replic&oacute; Santa Cruz&mdash;. En ese terreno concedo, concedo...</p>
+
+<p>Despu&eacute;s hubo debate sobre quesos, diciendo D. Baldomero que los del
+Reino son tambi&eacute;n muy buenos. Luego tratose de las casas, que Moreno
+calific&oacute; de inhabitables. &laquo;Por eso todo el mundo vive en la calle&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pues mire usted&mdash;dijo Villalonga&mdash;: las casas ser&aacute;n todo lo malas que
+usted quiera; pero hay en las del extranjero una costumbre que maldita
+la gracia que tiene. Me refiero a la falta de maderas en los balcones y
+ventanas, por lo cual entra la luz desde que Dios amanece, y no puede
+usted pegar los ojos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero usted cree que por all&aacute; hay alguien que se est&eacute; durmiendo hasta
+el medio d&iacute;a?</p>
+
+<p>Sobre esto se habl&oacute; mucho, y el forastero sac&oacute; a relucir otras cosas.
+&laquo;Yo de m&iacute; s&eacute; decir que cuando paso la frontera para ac&aacute; recibo las m&aacute;s
+tristes impresiones. Habr&aacute; algo que admirar; a m&iacute; se me esconde, y no
+veo m&aacute;s que la groser&iacute;a, los malos modos, la pobreza, hombres que
+parecen salvajes, liados en mantas; mujeres flacas... Lo que m&aacute;s me
+choca es lo desmedrado de la casta. Rara vez ve usted un hombrach&oacute;n
+robusto y una mujer fresca. No lo duden ustedes, nuestra raza est&aacute; mal
+alimentada, y no es de ahora; viene pasando hambres desde hace siglos...
+Mi pa&iacute;s me es bastante antip&aacute;tico, y desde que me meto en el <i>express</i>
+de Ir&uacute;n ya estoy renegando. Por la ma&ntilde;ana, cuando despierto en la Sierra
+y oigo pregonar el <i>botijo e leche</i>, me siento mal; cr&eacute;anlo ustedes...
+Al llegar a Madrid, y ver la gente de capa, las mujeres con mantones,
+las calles mal adoquinadas, y los caballos de los coches como
+esqueletos, no veo la hora de volverme a marchar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombre, en qu&eacute; tonter&iacute;as te fijas!&mdash;observ&oacute; D. Baldomero, continuando
+la apolog&iacute;a de la patria en t&eacute;rminos calurosos que el otro o&iacute;a con
+benevolencia.</p>
+
+<p>Cuando tomaban el caf&eacute;, notaron todos que Moreno se sent&iacute;a mal; pero &eacute;l
+disimulaba, y llev&aacute;ndose la mano al coraz&oacute;n, dec&iacute;a otra vez: &laquo;Algo
+aqu&iacute;... No es nada. Nervioso quiz&aacute;s. Lo que m&aacute;s me molesta es el ruido
+de la circulaci&oacute;n de la sangre. Por eso me gusta tanto viajar... Con el
+ruido del tren, no oigo el m&iacute;o&raquo;.</p>
+
+<p>Hubo un momento de silencio y tristeza en la mesa; pero aquello pas&oacute;, y
+siguieron charlando. Jacinta observaba que alguien le hac&iacute;a tel&eacute;grafos
+desde la puerta, alzando un poco el cortin&oacute;n. Sali&oacute;: era Guillermina.</p>
+
+<p>&laquo;No, yo no paso. Tengo que irme al momento a la obra&mdash;le dijo con
+secreteo&mdash;. Vengo para encargarte que le hables. Saca la conversaci&oacute;n
+como puedas, y que se entere bien de la necesidad en que estamos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Moreno ayudar&aacute;&mdash;d&iacute;jole su amiguita, llev&aacute;ndola a otra pieza para
+hablar con m&aacute;s libertad.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;... est&aacute; incomodado conmigo... Esta ma&ntilde;ana hemos re&ntilde;ido... La
+verdad... me enfad&eacute;, me tuve que enfadar. Fig&uacute;rate que esta vez viene
+m&aacute;s hereje que nunca. Cada uno es due&ntilde;o de condenarse; &iquest;pero a qu&eacute; viene
+decirme a m&iacute; cosas contra la religi&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; malo!&mdash;Y tantas fueron sus burlas y sacrilegios que... Dios me lo
+perdone... me incomod&eacute;. Le dije que no me hac&iacute;a falta su dinero para
+nada, y que tendr&iacute;a miedo de tomarlo en mis manos, por ser dinero de
+Satan&aacute;s. Pero esto es un dicho, &iquest;sabes?</p>
+
+<p>&mdash;Claro.&mdash;&iquest;Y aqu&iacute; no ha hablado de religi&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;No; ni jota. Mam&aacute; no se lo tolerar&iacute;a. Ha hablado de que en Espa&ntilde;a hay
+m&aacute;s pulgas que en Francia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dale! &iexcl;Qu&eacute; importar&aacute; que haya pulgas con tal que haya cristiandad!
+Las cosas que dicen estos herejotes nos indignar&iacute;an si no las tom&aacute;ramos
+a risa. T&uacute; no sabes bien lo protestante y calvinista que viene ahora. Me
+horripil&eacute; oy&eacute;ndole. Pero en fin, all&aacute; se entender&aacute; con Dios; y entre
+tanto, lo que importa es que afloje los cuartos para mi obra. Y que le
+ha de valer para su alma, aunque &eacute;l no quiera... Con que a ver si me le
+catequizas.</p>
+
+<p>&mdash;Har&eacute; lo que pueda... Veremos, le dir&eacute; algo...</p>
+
+<p>&mdash;No vayas a olvidarte... Adi&oacute;s, hija de mi alma. Me voy; esta noche me
+contar&aacute;s lo que te diga. Creo que no nos dejar&aacute; mal, porque en el fondo
+es un buenazo. A poco que se le raspe la corteza de hereje, sale aquella
+pasta de &aacute;ngel de otros tiempos. Qu&eacute;date con Dios.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Jacinta al comedor. Si cumpli&oacute; o no el encargo de Guillermina,
+lo veremos a su tiempo. M&aacute;s que reunir dinero para el asilo, preocupaba
+a la dama el ver resuelto seg&uacute;n su deseo lo que ella y su marido hab&iacute;an
+tratado la noche anterior. Movida de este af&aacute;n, as&iacute; que se marcharon
+Moreno y Villalonga, cogi&oacute; por su cuenta al Delf&iacute;n, y otra vez trataron
+ambos la cuesti&oacute;n de la ruptura. De acuerdo estaban en lo principal,
+discrepando s&oacute;lo en el procedimiento m&aacute;s adecuado, pues ella opinaba por
+una carta y &eacute;l por una entrevista de despedida. Al fin, tras laboriosa
+discusi&oacute;n, prevaleci&oacute; este criterio, como ver&aacute; el que siga leyendo.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="iiic" id="iiic"></a>-III-</h2>
+
+<h2>La revoluci&oacute;n vencida</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Quien supiera o pudiera apartar el ramaje vistoso de ideas m&aacute;s o
+menos contrahechas y de palabras relumbrantes, que el se&ntilde;orito de Santa
+Cruz puso ante los ojos de su mujer en la noche aquella, encontrar&iacute;a la
+seca desnudez de su pensamiento y de su deseo, los cuales no eran otra
+cosa que un profund&iacute;simo hast&iacute;o de Fortunata y las ganas de perderla de
+vista lo m&aacute;s pronto posible. &iquest;Por qu&eacute; lo que no se tiene se desea, y lo
+que se tiene se desprecia? Cuando ella sali&oacute; del convento con corona de
+honrada para casarse; cuando llevaba mezcladas en su pecho las azucenas
+de la purificaci&oacute;n religiosa y los azahares de la boda, parec&iacute;ale al
+Delf&iacute;n digna y lucida haza&ntilde;a arrancarla de aquella vida. H&iacute;zolo as&iacute; con
+&eacute;xito superior a sus esperanzas, pero su conquista le impon&iacute;a la
+obligaci&oacute;n de sostener indefinidamente a la v&iacute;ctima, y esto, pasado
+cierto tiempo, se iba haciendo aburrido, soso y caro. Sin variedad era
+&eacute;l hombre perdido; lo ten&iacute;a en su naturaleza y no lo pod&iacute;a remediar.
+Hab&iacute;a que cambiar de forma de Gobierno cada poco tiempo, y cuando estaba
+en rep&uacute;blica, &iexcl;le parec&iacute;a la monarqu&iacute;a tan seductora...! Al salir de su
+casa aquella tarde, iba pensando en esto. Su mujer le estaba gustando
+m&aacute;s, mucho m&aacute;s que aquella situaci&oacute;n revolucionaria que hab&iacute;a
+implantado, pisoteando los derechos de dos matrimonios.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n duda&mdash;segu&iacute;a pensando&mdash;, que es prudente evitar el esc&aacute;ndalo? Yo
+no puedo parecerme a este y el otro y el de m&aacute;s all&aacute;, que viven en la
+anarqu&iacute;a, se&ntilde;alados de todo el mundo. Hay otra raz&oacute;n, y es que se me
+est&aacute; volviendo antip&aacute;tica, lo mismo que la otra vez. La pobrecilla no
+aprende, no adelanta un solo paso en el arte de agradar; no tiene
+instintos de seducci&oacute;n, desconoce las gater&iacute;as que embelesan. Naci&oacute; para
+hacer la felicidad de un apreciable alba&ntilde;il, y no ve nada m&aacute;s all&aacute; de su
+nariz bonita. &iquest;Pues no le ha dado ahora por hacerme camisas? &iexcl;Buenas
+estar&iacute;an!... Habla con sinceridad; pero sin gracia ni <i>esprit</i>. &iexcl;Qu&eacute;
+diferente de Sof&iacute;a la Ferrolana, que, cuando Pepito Trastamara la trajo
+del primer viaje a Par&iacute;s, era una verdadera Dubarry espa&ntilde;olizada! Para
+todas las artes se necesitan facultades de asimilaci&oacute;n, y esta marmotona
+que me ha ca&iacute;do a m&iacute; es siempre igual a s&iacute; misma. Con decir que hace
+d&iacute;as le dio por estar rezando toda la tarde... &iquest;y para qu&eacute;?... para
+pedirle a Dios chiquillos...</p>
+
+<p>&iexcl;Al Demonio se le ocurre...! En fin, que no puedo ya m&aacute;s, y hoy mismo se
+acaba esta irregularidad. &iexcl;Abajo la rep&uacute;blica!&raquo;.</p>
+
+<p>Pensando de este modo, hab&iacute;a llegado a la casa de su querida, y en el
+momento de poner la mano en el llamador, un hecho extra&ntilde;o cort&oacute;
+bruscamente el hilo de sus ideas. Antes de que llamara, se abri&oacute; la
+puerta, dando paso a un se&ntilde;or mayor, de muy buena presencia, el cual
+sali&oacute;, saludando a Santa Cruz con una cort&eacute;s inclinaci&oacute;n de cabeza. La
+misma Fortunata le hab&iacute;a abierto la puerta y le desped&iacute;a.</p>
+
+<p>Juan entr&oacute;. La salida de aquel se&ntilde;or le produjo en un instante dos
+sentimientos distintos que se sucedieron con brevedad. El primero fue
+algo de enojo, el segundo satisfacci&oacute;n de que el acaso le proporcionase
+un buen apoyo para el rompimiento que deseaba... &laquo;Me parece que yo
+conozco a este se&ntilde;or tan terne. Le he visto, le he visto en alguna
+parte&mdash;pensaba entrando hacia la sala&mdash;. &iexcl;Si tendremos gatuperio...!
+Estar&iacute;a bueno. Pero m&aacute;s vale as&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y en alta voz y de mal modo, pregunt&oacute; a Fortunata: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n es ese
+viejo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo cre&iacute; que le conoc&iacute;as. D. Evaristo Feijoo, coronel o no s&eacute; qu&eacute; de
+milicia... Es grande amigo de Juan Pablo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n es Juan Pablo? &iexcl;Vaya unos conocimientos que me quieres
+colgar...!</p>
+
+<p>&mdash;Mi cu&ntilde;ado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;ndo he conocido yo a tu cu&ntilde;ado, ni qu&eacute; me importa?... Estamos
+bien. &iquest;Y a qu&eacute; ven&iacute;a aqu&iacute; ese se&ntilde;or... Feijoo, dices? Me parece que es
+amigo de Villalonga.</p>
+
+<p>&mdash;Ha venido a visitarme, y esta es la tercera vez... Es un se&ntilde;or muy
+bueno y muy fino. &iquest;Qu&eacute; te crees, que viene a hacerme el amor? &iexcl;Qu&eacute;
+tontito! Pero en resumidas cuentas, si te parece que no debo recibirle,
+no lo har&eacute; m&aacute;s. Y aqu&iacute; paz...</p>
+
+<p>&mdash;No, no; rec&iacute;bele todo lo que quieras&mdash;dijo &eacute;l variando de t&aacute;ctica con
+la rapidez del genio&mdash;. Si, como dices, es una persona formal, podr&iacute;a
+ser que te conviniera cultivar su amistad.</p>
+
+<p>Fortunata no comprendi&oacute; bien, y &eacute;l se envalenton&oacute; con el silencio de
+ella.</p>
+
+<p>&laquo;Porque, hija m&iacute;a, yo debo decirte que no podemos seguir as&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Pensaba el muy tuno que lo mejor era cortar por lo sano, planteando la
+cuesti&oacute;n desde el primer momento con limpieza y claridad.</p>
+
+<p>La salita en que estaba ten&iacute;a ese lujo allegadizo que sustituye al
+verdadero all&iacute; donde el concubinato elegante vive a&uacute;n en condiciones de
+timidez y m&aacute;s bien como ensayo. Hab&iacute;a muebles forrados de seda y
+cortinas hermosas; pero aquellos eran feotes, de amaranto combinado con
+verde-lim&oacute;n; las cortinas estaban torcidas, las guardamalletas mal
+colocadas, la alfombra mal casada; y las jardineras de bazar, con
+begonias de trapo, cojeaban. El reloj de la consola no hab&iacute;a sabido
+nunca lo que es dar la hora. Era dorado, con figuras como de pastores,
+haciendo juego con candelabros encerrados en guardabrisas. Hab&iacute;a
+laminitas compradas en baratillos, con marcos de cruceta, y otras mil
+porquer&iacute;as con pretensiones de lujo y riqueza, todo ello anterior a la
+transformaci&oacute;n del gusto que se ha verificado de diez a&ntilde;os a esta parte.
+Santa Cruz miraba esta sala con cierto orgullo, viendo en ella como un
+testimonio de su esplendidez; pero al mismo tiempo sol&iacute;a ridiculizar a
+Fortunata por su mal gusto. Ciertamente que para vestirse ten&iacute;a
+instintos de elegancia; pero en muebles y decoraci&oacute;n de casa desbarraba.
+En suma, que ella tendr&iacute;a todas las cualidades que quisiera; pero lo que
+es <i>chic</i> no ten&iacute;a.</p>
+
+<p>Sentado en el sof&aacute; y con el sombrero puesto, Juan contempl&oacute; aquel d&iacute;a
+todo lo que all&iacute; hab&iacute;a, goz&aacute;ndose en la idea de que lo miraba por &uacute;ltima
+vez. Fortunata estaba en pie, delante de &eacute;l, y luego se sent&oacute; en una
+banqueta, fijando los ojos en su amante, como en expectativa de algo muy
+grave que de &eacute;l esperaba o&iacute;r.</p>
+
+<p>&laquo;Si esta pavisosa&mdash;pens&oacute; Santa Cruz mir&aacute;ndola tambi&eacute;n&mdash;, viera con qu&eacute;
+donaire se sienta en un <i>puff</i> Sof&iacute;a la Ferrolana, tendr&iacute;a mucho que
+aprender. Lo que es esta, ni a palos aprender&aacute; nunca esas blanduras de
+la gata, esos arqueos de un cuerpo pegadizo y sutil que acaricia el
+asiento &iexcl;Ah!, &iexcl;qu&eacute; bestias nos hizo Dios!...&raquo;.</p>
+
+<p>Y en alta voz: &laquo;Dime, &iquest;por qu&eacute; no te has puesto la bata de seda, como te
+he mandado?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas tienes!... No la quiero estropear.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es...&mdash;dijo el otro riendo sin delicadeza&mdash;, gu&aacute;rdala para los
+d&iacute;as de fiesta. As&iacute; me gusta a m&iacute; la gente, arregladita... Y cuando yo
+vengo aqu&iacute; te pones la batita de lana, que unos d&iacute;as apesta a canela y
+otros a petr&oacute;leo...</p>
+
+<p>&mdash;Mentira&mdash;replic&oacute; Fortunata, oliendo su propio vestido&mdash;. Est&aacute; bien
+limpia. &iquest;Para qu&eacute; dices lo que no es?</p>
+
+<p>&mdash;No, lo que es dentro de casa, t&uacute; est&aacute;s por aquello de <i>ya enga&ntilde;&eacute;</i>.
+Eso; ponte bien ordinaria y todo lo cursi que puedas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay qu&eacute; gracia!... pues hoy no me he puesto la bata de seda, porque he
+estado toda la ma&ntilde;ana en la cocina.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Haciendo qu&eacute;?&mdash;Escabeche de besugo.&mdash;Bien; me gusta. <i>Jormiguita</i>
+para cuando vengan los malos tiempos&mdash;dijo el Delf&iacute;n con ben&eacute;vola
+iron&iacute;a&mdash;. Pues hija, yo tengo que hablarte hoy con claridad. Te quiero
+demasiado para andar en misterios contigo. T&uacute; eres razonable, te haces
+cargo de las cosas y comprender&aacute;s que tengo raz&oacute;n en lo que te voy a
+decir.</p>
+
+<p>Este lenguaje desconcert&oacute; a Fortunata, porque le recordaba el otra vez
+usado para licenciarla. Pero &eacute;l crey&oacute; oportuno mostrarse cari&ntilde;oso, y la
+hizo sentar a su lado para pasarle la mano por la cara y hacerle algunas
+zalamer&iacute;as de las que se emplean con los ni&ntilde;os cuando se les quiere
+hacer tomar una medicina.</p>
+
+<p>&laquo;Ven ac&aacute;, y no te asustes. Yo no quiero m&aacute;s que tu bien. No dir&aacute;s que no
+he hecho por ti cuanto estaba en mi mano. Por mi parte, bien lo sabes
+t&uacute;, seguir&iacute;amos lo mismo; pero mi mujer se ha enterado... anoche hemos
+tenido una bronca espantosa, pero espantosa, chica; no puedes figurarte
+c&oacute;mo se puso. Se desmay&oacute;; tuvimos que llamar al m&eacute;dico. La m&aacute;s negra fue
+que mis pap&aacute;s se enteraron tambi&eacute;n del motivo, y... una chilla por aqu&iacute;,
+otra por all&aacute;; mi padre furioso... entre todos me quer&iacute;an comer&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata estaba tan absorta y aterrada, que no pod&iacute;a pronunciar palabra
+alguna.</p>
+
+<p>&laquo;Ya te he dicho que lo paso todo, menos dar un disgusto a mis padres.
+As&iacute; es que anoche me plant&eacute; conmigo mismo, y dije: 'Aunque me muera de
+pena, esto se tiene que acabar'. S&eacute; que me costar&aacute; una enfermedad. El
+golpe ser&aacute; rudo. No se arranca fibra tan sensible sin que duela mucho.
+Pero es preciso, y para estos casos son los caracteres...&raquo;.</p>
+
+<p>Mientras ella empezaba a lloriquear, Juan se dec&iacute;a: &laquo;Ahora viene la
+lagrimita. Es infalible. Prepar&eacute;monos&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Tonta, no llores, no te aflijas&mdash;a&ntilde;adi&oacute; bes&aacute;ndola&mdash;. Mira que yo estoy
+con el alma en un hilo, y si te veo flaquear, soy hombre perdido&raquo;.</p>
+
+<p>Procuraba mostrarse a dos dedos de romper en llanto, y pon&iacute;a una cara
+muy triste.</p>
+
+<p>&laquo;No creas&mdash;balbuci&oacute; la pr&oacute;jima entre sollozos&mdash;. Te ve&iacute;a venir. Hace
+d&iacute;as que la est&aacute;s t&uacute; tramando... Bueno, hemos concluido&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, si yo te querr&eacute; siempre, nena negra. S&oacute;lo que no puedo visitarte
+m&aacute;s. Alguna vez... no digo que no... Pero as&iacute;, con esta manera de
+vivir... imposible. Madrid, que parece grande, es muy chico, es una
+aldea. Aqu&iacute; todo se hace p&uacute;blico, y al fin no hay m&aacute;s remedio que bajar
+la cabeza. Yo soy casado, t&uacute; tambi&eacute;n; estamos pateando todas las leyes
+divinas y humanas. Si hubiera muchos como nosotros, pronto la sociedad
+ser&iacute;a peor que un presidio, un verdadero infierno suelto. &iquest;No has
+pensado t&uacute; alguna vez en esto?</p>
+
+<p>Lo que Fortunata hab&iacute;a pensado era que el amor salva todas las
+irregularidades, mejor dicho, que el amor lo hace todo regular, que
+rectifica las leyes, derogando las que se le oponen. Lo hab&iacute;a dicho
+varias veces a su amante, expres&aacute;ndose de una manera ruda; pero en aquel
+lance, parec&iacute;ale rid&iacute;culo volver sobre aquella idea verdadera o falsa
+del amor, porque en su buen instinto comprend&iacute;a que toda aquella
+hojarasca de leyes divinas, principios, conciencia y dem&aacute;s, serv&iacute;a para
+ocultar el hueco que dejaba el amor fugitivo. Pero ella no lo seguir&iacute;a
+jam&aacute;s al terreno de la controversia, porque no sab&iacute;a desenvolverse con
+tanta palabra fina.</p>
+
+<p>&laquo;Ya me lo dec&iacute;a el coraz&oacute;n&raquo; exclamaba, apretando el pa&ntilde;uelo contra sus
+ojos.</p>
+
+<p>&mdash;No se puede uno sustraer a los principios&mdash;prosigui&oacute; &eacute;l&mdash;. Las
+conveniencias sociales, nena m&iacute;a, son m&aacute;s fuertes que nosotros, y no
+puede uno estar ri&eacute;ndose de ellas mucho tiempo, porque a lo mejor viene
+el garrotazo, y hay que bajar la cabeza. Yo quisiera que t&uacute; te
+penetraras bien de esto... Nunca te he dicho nada; pero a veces, aqu&iacute;
+mismo he sentido mi conciencia tan alborotada, que...</p>
+
+<p>Fortunata le mir&oacute; de un modo que le hizo callar... &laquo;&iexcl;A buenas horas y
+con sol!&mdash;quer&iacute;a decir aquella mirada&mdash;. Despu&eacute;s que hemos cometido
+todos los cr&iacute;menes, ahora salimos con escr&uacute;pulos... Y yo pago la falta
+de los dos...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Bien merecido me lo tengo&mdash;declar&oacute; en un arranque de dolor combinado
+con la rabia&mdash;, porque los dos hemos sido malos; pero yo he sido m&aacute;s
+mala que t&uacute;... yo dejo tama&ntilde;itas a todas... &iexcl;Dios, con la que yo hice!,
+&iexcl;portarme como me port&eacute; con aquella familia! T&uacute; me dec&iacute;as que no era
+nada, cuando yo me pon&iacute;a triste... pensando en lo que hab&iacute;a hecho, s&iacute;, y
+te re&iacute;as... te re&iacute;as&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... pero...&mdash;Repito que te re&iacute;as... &iexcl;pero c&oacute;mo!, a carcajadas,
+llam&aacute;ndome simple y qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;... Bien, bien; bastante hemos
+hablado... Te vas, pues muy santo y muy bueno. Lo sentir&eacute;; calcula si lo
+sentir&eacute;... pero ya me ir&eacute; consolando. No hay mal que cien a&ntilde;os dure.
+&iexcl;Aire, aire!</p>
+
+<p>Se limpiaba r&aacute;pidamente las l&aacute;grimas, fingiendo una fortaleza que no
+ten&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Nos separaremos como amigos&mdash;dijo Santa Cruz tom&aacute;ndole una mano, que
+ella separ&oacute; prontamente&mdash;, y me retiro d&aacute;ndote un buen consejo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l?&mdash;pregunt&oacute; ella m&aacute;s airada que dolorida.</p>
+
+<p>&mdash;Que te unas... que procures unirte otra vez con tu marido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo...!&mdash;exclam&oacute; la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n con indecible terror&mdash;. &iexcl;Despu&eacute;s
+de...!</p>
+
+<p>&mdash;Ya te serenar&aacute;s, hija. &iexcl;El tiempo! &iquest;Sabes t&uacute; los milagros que ese
+se&ntilde;or hace? T&uacute; lo has dicho: no hay mal que cien a&ntilde;os dure, y cuando se
+tocan de cerca los grandes inconvenientes de vivir lejos de la ley, no
+hay m&aacute;s remedio que volver a ella. Ahora te parece imposible; pero
+volver&aacute;s. Si es lo natural, es lo f&aacute;cil, lo f&aacute;cil... Solemos decir: &laquo;tal
+cosa no llega nunca&raquo;. Y sin embargo llega, y apenas nos sorprende por la
+suavidad con que ha venido.</p>
+
+<p>Levantose la joven disparada, y se meti&oacute; en su gabinete. Estaba como una
+loca. Juan la sigui&oacute;, temiendo que le acometiese un acceso de
+desesperaci&oacute;n. Ambos se encontraron en la puerta de la alcoba. &Eacute;l
+entraba, ella sal&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabes lo que te digo?...&mdash;grit&oacute; Fortunata con la voz ronca de despecho
+y dolor&mdash;. Que ya est&aacute;s dem&aacute;s aqu&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no te irrites...&mdash;&iexcl;Fuera, fuera!&mdash;gritaba ella empuj&aacute;ndole con
+ruda energ&iacute;a.</p>
+
+<p>Santa Cruz reconoci&oacute; aquella fuerza casi superior a la suya, y no ten&iacute;a
+gran empe&ntilde;o en oponerse a ella. Por punto, hizo como que sus brazos
+intentaban someter a los de su querida. Esta pudo m&aacute;s y cerr&oacute;
+violentamente la puerta de la alcoba. El Delf&iacute;n toc&oacute; en los cristales,
+diciendo: &laquo;Si no hay motivo para tanta bulla... Nena, nena negra,
+abre... Ten calma y no te sofoques... &iexcl;Bah!, siempre eres as&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Pero de dentro de la alcoba no ven&iacute;a ninguna respuesta, ni una voz
+siquiera. Juan aplic&oacute; el o&iacute;do, creyendo sentir sollozos... gemidos
+sofocados. Pronto comprendi&oacute; que no pod&iacute;a apetecer mejor coyuntura para
+plantarse r&aacute;pidamente en la calle y dar por terminado el enojoso tr&aacute;mite
+de la ruptura.</p>
+
+<p>&laquo;Pero a&uacute;n me falta la &uacute;ltima parte&mdash;pens&oacute; echando mano a su cartera&mdash;.
+No puedo abandonarla as&iacute;...&raquo;. Despu&eacute;s de meditar un rato, volvi&oacute; a
+guardar la cartera y se dijo: &laquo;Mejor ser&aacute; que me vaya... Se lo mandar&eacute;
+en una carta... Adi&oacute;s. No dir&aacute; Jacinta que...&raquo;.</p>
+
+<p>Sali&oacute; de puntillas, como se sale de la casa en que hay un enfermo grave.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>En el resto de aquel aciago d&iacute;a, dicho se est&aacute; que la pobre se&ntilde;ora
+de Rub&iacute;n se entreg&oacute; a las mayores extravagancias, pues tal nombre
+merecen sin duda actos como no querer comer, estar llorando a moco y
+baba tres horas seguidas, encender la luz cuando a&uacute;n era d&iacute;a claro,
+apagarla despu&eacute;s que fue noche por gusto de la oscuridad, y decir mil
+disparates en alta voz, lo mismo que si delirara. La criada intent&oacute;
+tranquilizarla; pero los consuelos verbales la irritaban m&aacute;s. A eso de
+las nueve, la dolorida se levant&oacute; con resoluci&oacute;n del sof&aacute; en que se
+hab&iacute;a echado, y a tientas, porque el gabinete estaba oscur&iacute;simo, busc&oacute;
+su mant&oacute;n. &laquo;Ya ver&aacute;n, ya ver&aacute;n&raquo; murmuraba en su agitaci&oacute;n epil&eacute;ptica; y
+a tientas busc&oacute; tambi&eacute;n las botas y se las puso. Pa&ntilde;uelo a la cabeza,
+mant&oacute;n bien recogido sobre los hombros, y a la calle... Sali&oacute; con
+rapidez y determinaci&oacute;n, como quien sabe a d&oacute;nde va y obedece a uno de
+esos formidables impulsos en l&iacute;nea recta que conducen a toda acci&oacute;n
+terminante. Ni tiempo dio a que Dorotea pudiera detenerla, porque cuando
+esta la vio, ya estaba abriendo la puerta y sal&iacute;a como una saeta.</p>
+
+<p>Eran las nueve de la noche. Fortunata atraves&oacute; con paso ligero la calle
+de Hortaleza, la Red de San Luis. No deb&iacute;a de estar muy trastornada
+cuando en vez de tomar por la calle de la Montera, en la cual el gent&iacute;o
+estorbaba el tr&aacute;nsito, fue a buscar la de la Salud y baj&oacute; por ella,
+considerando que por tal camino ganaba diez minutos. De la calle del
+Carmen pas&oacute; a la de Preciados, sin perder ni un momento el instinto de
+la viabilidad. Atraves&oacute; la Puerta del Sol por frente a la casa de
+Cordero, y ya la ten&eacute;is subiendo por la calle de Correos hacia la
+plazuela de Pontejos. Ya llegaba, y a medida que ve&iacute;a m&aacute;s cerca el
+objeto de su viaje, parec&iacute;a como que se le iba acabando la cuerda
+epil&eacute;ptica que la impulsaba a la febril marcha. Vio el portal de la casa
+de Santa Cruz, y sus miradas se internaron con recelo por aquella
+cavidad ancha, de estucadas paredes, y alumbrada por mecheros de gas.
+Ver esto y pararse en firme, con cierta frialdad en el alma, sintiendo
+el choque interior de toda velocidad bruscamente enfrenada, fue todo
+uno.</p>
+
+<p>Ver el portal fue para la pr&oacute;jima, como para el p&aacute;jaro, que ciego y
+disparado vuela, topar violentamente contra un muro. Los que obran bajo
+la acci&oacute;n de impulsos cerebrales, irresistibles y mec&aacute;nicos, como los
+instintos que ata&ntilde;en a la conservaci&oacute;n, van muy bien en su carrera
+mientras no ven el fin m&aacute;s que en la representaci&oacute;n falsa que de &eacute;l les
+da su deseo; pero cuando la realidad de aquel fin se les pone delante,
+ofreci&eacute;ndoseles como acci&oacute;n sometida a las leyes generales, no hay
+velocidad que no tenga su rechazo. &iquest;Cu&aacute;l era el intento de Fortunata y
+qu&eacute; iba a hacer all&iacute;? &iexcl;Friolera!... Pues nada m&aacute;s que entrar en la casa
+sin pedir permiso a nadie, llamar, colarse de rond&oacute;n, dando gritos y
+atropellando a todo el que encontrara, llegarse a Jacinta, cogerla por
+el mo&ntilde;o y... Esto de cogerla por el mo&ntilde;o no se determin&oacute; bien en su
+voluntad; pero s&iacute; que le dir&iacute;a mil cosas amargas y violentas. Tal
+pensaba cuando le entr&oacute; aquel desatino de salir de su casa y correr
+hacia la plazuela de Pontejos. Y cuando bajaba por la calle de la Salud,
+iba pensando as&iacute;: &laquo;No se me quedar&aacute; en el cuerpo nada, nada. Ella es la
+que me hace desgraciada, rob&aacute;ndome a mi marido... Porque es mi marido:
+yo he tenido un hijo suyo y ella no... Vamos a ver, &iquest;qui&eacute;n tiene m&aacute;s
+derecho? Entra&ntilde;as por entra&ntilde;as, &iquest;cu&aacute;les valen m&aacute;s?&raquo;. Estos enormes
+disparates, nacidos del trastorno que en su cerebro reinara,
+persistieron cuando estaba parada y at&oacute;nita delante del portal de los de
+Santa Cruz.</p>
+
+<p>&laquo;Pues no s&eacute; por qu&eacute; no entro y armo la escandalera que debo armar...&raquo;.</p>
+
+<p>Pero la conten&iacute;a un cierto respeto que no acertaba a explicarse. Se
+alej&oacute;, y desde la acera de enfrente mir&oacute; hacia la casa, diciendo para
+s&iacute;: &laquo;Habr&aacute; luz en el gabinete de Jacinta, donde estar&aacute;n de tertulia&raquo;.
+Pero no vio nada. Todo cerrado; todo a oscuras... &laquo;&iexcl;Si habr&aacute;n salido...!
+No, estar&aacute;n ah&iacute; burl&aacute;ndose de m&iacute;, ri&eacute;ndose de la trastada que me han
+hecho... Buenos son todos: &iexcl;tales hijos, tales padres!&raquo;. Volvi&oacute; a sentir
+el insensato anhelo de entrar en la casa, y dio tres o cuatro pasos
+hacia ella; pero retrocedi&oacute; por segunda vez. &laquo;&iquest;A ver qui&eacute;n sale?&raquo;. Era
+un viejo que se deten&iacute;a en el portal y echaba un p&aacute;rrafo con Deogracias.
+La joven reconoci&oacute; a Estupi&ntilde;&aacute;, que hab&iacute;a sido vecino suyo cuando ella
+viv&iacute;a en la Cava, donde tuvieron principio sus interminables desgracias.
+Pl&aacute;cido se emboz&oacute; en su capa tomando hacia la calle del Vicario Viejo.
+Siguiole Fortunata con la vista hasta verle desaparecer, y poco despu&eacute;s
+volvi&oacute; a su acecho. &iquest;Qui&eacute;n sal&iacute;a? Un caballero con botines blancos que
+parec&iacute;a extranjero. El tal pas&oacute; junto a ella, la mir&oacute;, casi casi se
+detuvo un instante para verla mejor; despu&eacute;s sigui&oacute; su camino. Otras
+personas sal&iacute;an o entraban. Aunque en el pensamiento de Fortunata iba
+condens&aacute;ndose la imposibilidad de entrar, continuaba all&iacute; clavada sin
+saber por qu&eacute;. No se pod&iacute;a marchar, aunque iba comprendiendo que la idea
+que a tal sitio la llev&oacute; era una locura, como las que se hacen en
+sue&ntilde;os. Uno de los muchos desvar&iacute;os que se sucedieron en su mente fue
+imaginar que tal o cual hombre de los que vio salir era amante de
+Jacinta. &laquo;Porque a m&iacute; no me digan que es virtuosa... Vaya unos embustes
+que corre la gente. No se puede creer nada. &iquest;Virtuosa?, <i>tie</i> gracia...
+Ninguna de estas casadas ricas lo es ni lo puede ser. Nosotras las del
+pueblo somos las &uacute;nicas que tenemos virtud, cuando no nos enga&ntilde;an. Yo,
+por ejemplo... verbigracia, yo&raquo;. Entrole una risa convulsiva. &laquo;&iquest;Y de qu&eacute;
+te r&iacute;es, p&aacute;nfila?&mdash;se dijo a s&iacute; misma&mdash;. M&aacute;s honrada eres t&uacute; que el sol,
+porque no has querido ni quieres m&aacute;s que a uno. &iquest;Pero estas... estas?...
+Ja ja ja. Cada trimestre hombre nuevo, y virtuosa me soy. &iquest;Por qu&eacute;? Pues
+porque no dan esc&aacute;ndalos, y todo se lo tapan unas con otras. &iexcl;Ah!,
+se&ntilde;ora do&ntilde;a Jacinta, gu&aacute;rdese el m&eacute;rito para quien lo crea; usted
+caer&aacute;... tiene usted que caer, si no ha ca&iacute;do ya&raquo;.</p>
+
+<p>De pronto vio que al portal se acercaba un coche. &iquest;Traer&iacute;a gente o ven&iacute;a
+a tomarla? A tomarla porque no sali&oacute; nadie; el lacayo entr&oacute; en la casa,
+y Deogracias se puso a hablar con el cochero. &laquo;Van a salirse dijo la
+infeliz, sintiendo otra vez los ardientes impulsos que la sacaron de su
+casa&mdash;. Ahora s&iacute; que no se me escapan... Me voy encima, y a las dos las
+afrento... tal suegra para tal nuera... &iexcl;buen par de cu&ntilde;as est&aacute;n!...
+&iexcl;Cu&aacute;nto tardan! La cabeza se me abrasa, y parece que me vuelvo toda
+u&ntilde;as...&raquo;.</p>
+
+<p>Salieron las se&ntilde;oras. Fortunata vio primero a una de pelo blanco,
+despu&eacute;s a Jacinta, despu&eacute;s a una pollita que deb&iacute;a de ser su hermana...;
+vio terciopelo, pieles blancas, sedas, joyas, todo r&aacute;pidamente y como
+por magia. Las tres entraron en el coche, y el lacayo cerr&oacute; la
+portezuela. &iexcl;Pero qu&eacute; cosas! Lo mismo fue ver a las tres damas, que a
+Fortunata le entr&oacute; un fuerte miedo. &iexcl;Y ella que pensaba clavarles las
+puntas de sus dedos como garfios de acero! Lo que sinti&oacute; era m&aacute;s bien
+terror, como el que infunde un s&uacute;bito y horrendo peligro, y tan
+impotente se vio su voluntad ante aquel p&aacute;nico, que ech&oacute; a correr y
+alejose a escape, sin atreverse ni siquiera a mirar hacia atr&aacute;s. Oy&oacute; el
+ruido del coche que rodaba por la calle abajo, y a&uacute;n lo vio pasar por
+delante con tan r&aacute;pida vuelta que por poco la arrolla. &laquo;&iexcl;Eh!...&raquo; grit&oacute;
+el cochero, y la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n dio un grito, saltando hacia atr&aacute;s...
+&iexcl;Qu&eacute; susto, pero qu&eacute; susto, Se&ntilde;or!... Sigui&oacute; hacia la Puerta del Sol,
+d&aacute;ndose cuenta de aquel miedo intens&iacute;simo que hab&iacute;a sentido y
+pregunt&aacute;ndose si en &eacute;l hab&iacute;a tambi&eacute;n algo de verg&uuml;enza. Pero no le era
+dif&iacute;cil discernir si su espanto era como el del exaltado cristiano que
+ve al demonio, o como el de este cuando le presentan una cruz.</p>
+
+<p>Dej&aacute;ndose llevar de sus propios pasos, se encontr&oacute; sin saber c&oacute;mo en el
+centro de la Puerta del Sol. Inconscientemente se sent&oacute; en el brocal de
+la fuente y estuvo mirando los espumarajos del agua. Un individuo de
+Orden P&uacute;blico la mir&oacute; con aire suspicaz; pero ella no hizo caso y
+continu&oacute; all&iacute; largo rato, viendo pasar tranv&iacute;as y coches en derredor
+suyo como si estuviera en el eje de un T&iacute;o Vivo. El fr&iacute;o y la impresi&oacute;n
+de humedad la obligaron a ausentarse y se alej&oacute; envolvi&eacute;ndose bien en su
+mant&oacute;n y tap&aacute;ndose la boca. Casi no se le ve&iacute;an m&aacute;s que los ojos, y como
+estos eran tan bonitos, muchos se le pon&iacute;an al lado y le ped&iacute;an permiso
+para acompa&ntilde;arla, dici&eacute;ndole mil cuchufletas. Record&oacute; entonces otros
+tiempos infelices, y la idea de tener que volver a ellos le produjo
+dolor muy vivo, despej&aacute;ndole la cabeza de las quimeras que se le hab&iacute;an
+metido en ella. El sentimiento de la realidad iba poco a poco recobrando
+su imperio. Mas la realidad &eacute;rale odiosa y trataba de mantenerse en
+aquel estado delirante. Un individuo de los que la siguieron se aventur&oacute;
+a detenerla en toda regla, llam&aacute;ndola por su nombre.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; tapadita va usted!... Fortunata&raquo;.</p>
+
+<p>Det&uacute;vose ella ante el que esto dijo. Pensando en qui&eacute;n podr&iacute;a ser,
+estuvo un ratito como lela mirando a la persona que enfrente ten&iacute;a. &laquo;Yo
+quiero conocer esta cara&mdash;se dijo&mdash;. &iexcl;Ah!, es D. Evaristo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hija, muy distraidita va usted...</p>
+
+<p>&mdash;Voy a mi casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por aqu&iacute;!&mdash;exclam&oacute; Feijoo con asombro&mdash;. Pues el camino que lleva
+usted es el del Teatro Real.</p>
+
+<p>&mdash;Es que...&mdash;replic&oacute; ella mirando las casas&mdash;me hab&iacute;a equivocado... No
+s&eacute; lo que me pasa...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos por aqu&iacute;; la acompa&ntilde;ar&eacute; a usted&mdash;dijo D. Evaristo con bondad&mdash;.
+Capellanes, Rompelanzas, Olivo, Ballesta, San Onofre, Hortaleza, Arco.</p>
+
+<p>&mdash;Ese es el camino; pero no dude usted lo que le digo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?, hija m&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Que yo soy honrada, que siempre lo he sido.</p>
+
+<p>Feijoo mir&oacute; a su amiga. Francamente, aquellos ojos tan bonitos le hab&iacute;an
+hecho siempre much&iacute;sima gracia; pero no le hac&iacute;a maldita la exaltaci&oacute;n
+que en ellos notaba aquella noche.</p>
+
+<p>La abandonada se volvi&oacute; a tapar la boca con el mant&oacute;n, y su acompa&ntilde;ante
+no chistaba. Mas como ella se detuviera de nuevo para repetir aquel
+concepto de la honradez, Feijoo, que era hombre muy franco, no pudo
+menos de decirle:</p>
+
+<p>&laquo;Amiguita, usted no est&aacute; buena, quiero decir, a usted le ha pasado algo
+muy gordo. Confiese usted a m&iacute;, que soy un amigo leal, y le dar&eacute; buenos
+consejos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero duda usted&mdash;dijo Fortunata, apoy&aacute;ndose en la pared&mdash;, que yo
+haya sido siempre...?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Honrada? &iquest;C&oacute;mo he de dudar eso, hija m&iacute;a?, pues no faltaba m&aacute;s. Lo
+que dudo es que usted tenga buena salud. Est&aacute; usted fatigada, y me
+parece que debemos tomar un coche... &iexcl;Eh!, cochero...</p>
+
+<p>La de Rub&iacute;n se dej&oacute; llevar, y maquinalmente entr&oacute; en el sim&oacute;n. Alguna
+vez hab&iacute;a hecho lo mismo con un cualquiera encontrado en la calle.</p>
+
+<p>Feijoo le habl&oacute; dentro del coche con paternal cari&ntilde;o; pero ella no
+contestaba de una manera completamente acorde. De pronto le mir&oacute; en la
+oscuridad del veh&iacute;culo, dici&eacute;ndole: &laquo;&iquest;Y t&uacute;, qui&eacute;n eres?... &iquest;A d&oacute;nde me
+llevas? &iquest;Por qui&eacute;n me has tomado? &iquest;No sabes que soy honrada?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Dios m&iacute;o!&mdash;murmur&oacute; el buen D. Evaristo con hond&iacute;simo disgusto&mdash;.
+Esa cabeza no est&aacute; buena, ni medio buena...</p>
+
+<p>Por fin llegaron, y los dos subieron. La criada les abri&oacute;. &laquo;Ahora&mdash;dijo
+el simp&aacute;tico coronel retirado&mdash;, a acostarse. &iquest;Quiere usted que le
+traiga un m&eacute;dico?&raquo;.</p>
+
+<p>Sin contestar, metiose ella en su alcoba. Feijoo la sigui&oacute;, afligid&iacute;simo
+de verla en tan lastimoso estado. Despu&eacute;s, &eacute;l y la criada, cuchichearon.</p>
+
+<p>&mdash;Rompimiento... Le ha dado otra vez el canuto ese bergante&mdash;dec&iacute;a D.
+Evaristo&mdash;. Si no es m&aacute;s que eso, la trinquetada pasar&aacute;.</p>
+
+<p>Despidiose hasta el d&iacute;a siguiente, y la dolorida se acost&oacute; diciendo a la
+criada mientras la ayudaba a desnudarse: &laquo;Honrada soy, y lo he sido
+siempre. &iquest;Qu&eacute;?... &iquest;lo dudas t&uacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo... no se&ntilde;orita; &iquest;qu&eacute; he de dudarlo?&mdash;replic&oacute; la criada, volviendo
+la cara para disimular una sonrisa.</p>
+
+<p>Durmiose pronto la infeliz se&ntilde;ora de Rub&iacute;n; pero a la media hora ya
+estaba despierta y muy excitada. Dorotea, que se qued&oacute; junto a ella, la
+oy&oacute; cantando, a media voz y con las manos cruzadas, las coplas m&iacute;sticas
+de las Micaelas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="ivc" id="ivc"></a>-IV-</h2>
+
+<h2>Un curso de filosof&iacute;a pr&aacute;ctica</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Dos o tres veces fue D. Evaristo al siguiente d&iacute;a a enterarse de la
+salud de Fortunata; pero no la pudo ver. Dorotea le dijo que la se&ntilde;orita
+no quer&iacute;a ver a nadie, y que de tanto pensar que era honrada, le dol&iacute;a
+horriblemente la cabeza. Al otro d&iacute;a la se&ntilde;orita estaba un poco mejor,
+se hab&iacute;a levantado y apetecido un sopicaldo. &laquo;Pero sigue con la misma
+idea&mdash;a&ntilde;adi&oacute; no sin malicia la chica, que era graciosa y avisada&mdash;. Se
+lo prevengo, se&ntilde;or, para que le lleve el genio y le diga que s&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Descuida, hija&mdash;replic&oacute; el caballero&mdash;, que por m&iacute; no ha de quedar.
+&iquest;Puedo verla? &iquest;No la molestar&eacute; mucho? &iquest;Sabe que estoy aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo sabe. Esp&eacute;rese un ratito y pasar&aacute;.</p>
+
+<p>Quedose solo en el comedor mi hombre, y despu&eacute;s de quince minutos de
+espera, Dorotea le mand&oacute; pasar. Estaba Fortunata en su gabinete, tendida
+en el sof&aacute;, la cabeza reclinada sobre un almohad&oacute;n de raso azul. Ten&iacute;a
+puesta la bata de seda y un pa&ntilde;uelo blanco fin&iacute;simo a la cabeza, tan
+ajustado, que no se le ve&iacute;a m&aacute;s que el &oacute;valo del rostro. Estaba ojerosa,
+p&aacute;lida y muy abatida. Como D. Evaristo se preciaba de saber algo de
+medicina, tomole el pulso.</p>
+
+<p>&laquo;Si est&aacute; usted como un reloj, hija. Si no tiene fiebre ni ese es el
+camino... &iexcl;Bah!, coqueter&iacute;as... un poco de rabietina y nada m&aacute;s. Y que
+est&aacute; usted guap&iacute;sima con ese pa&ntilde;olito, ya, ya. No se le ven ni el pelo
+ni las orejas. Parece una hermana de la Caridad... &iexcl;Vaya con los males
+de esta se&ntilde;ora!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ayer estuve muy malita&mdash;dijo ella con voz apagada&mdash;. La cabeza se me
+part&iacute;a, y como no me pod&iacute;a quitar de <i>entre m&iacute;</i> aquella idea, y dale con
+lo mismo... &iexcl;Lo que una piensa!... Tengo que declarar que soy...</p>
+
+<p>&mdash;Honrada, s&iacute;, hoy m&aacute;s que ayer y ma&ntilde;ana m&aacute;s que hoy. Por sabido se
+calla.</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre, no digo eso.&mdash;&iquest;C&oacute;mo que no?&mdash;Lo que soy es muy mala, la
+mujer m&aacute;s mala que ha nacido. &iquest;Pero usted sabe bien lo que yo he hecho?
+Lo que me pasa me lo tengo bien ganado, s&iacute;, bien ganado me lo tengo,
+&iexcl;porque cuidado que he hecho yo perrer&iacute;as en este mundo...!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quite usted all&aacute;!... No habr&aacute; sido tanto.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos ahora a otra cosa&mdash;dijo la joven, sacando de debajo del manto
+una mano, en la que ten&iacute;a una carta&mdash;. Ayer me mand&oacute; esto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n? &iexcl;Ah! Santa Cruz.</p>
+
+<p>&mdash;No la he le&iacute;do hasta esta ma&ntilde;ana. Aqu&iacute; se despide otra vez, d&aacute;ndome
+consejos y ech&aacute;ndoselas de santo var&oacute;n. Me manda dentro de la carta
+cuatro mil reales.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos... No se ha corrido que digamos.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero escribirle hoy mismo&mdash;indic&oacute; ella anim&aacute;ndose un poco&mdash;.
+Escribirle, no... nada m&aacute;s que meter los dos billetes de dos mil reales
+dentro de un sobre y devolv&eacute;rselos.</p>
+
+<p>&mdash;Hija m&iacute;a, p&aacute;rese usted y piense bien lo que hace&mdash;dijo el amigo,
+acerc&aacute;ndose cari&ntilde;osamente a ella&mdash;. Eso de devolver dinero es un
+romanticismo impropio de estos tiempos. S&oacute;lo se devuelve el dinero que
+se ha robado, y usted ten&iacute;a derecho a que &eacute;l le diera, no s&oacute;lo eso, sino
+much&iacute;simo m&aacute;s. Con que d&eacute;jese usted de <i>rasgos</i> si no quiere que la
+silbe, porque esas simplezas no se ven ya m&aacute;s que en las comedias malas.
+Nada, yo me he propuesto sacarla a usted del terreno de la tonter&iacute;a y
+ponerla s&oacute;lidamente sobre el terreno pr&aacute;ctico.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es el dinero no lo tomo&mdash;declar&oacute; la enferma del coraz&oacute;n,
+alargando los labios como los ni&ntilde;os mimosos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; gracia!... Eso es, y coma usted mimitos&mdash;dijo el coronel,
+haciendo tambi&eacute;n con sus labios la trompeta m&aacute;s larga que le fue
+posible&mdash;. &iexcl;Devolverle los santos cuartos! S&iacute;, para que se r&iacute;a m&aacute;s. Eso
+es lo que &eacute;l quiere... &iquest;Tiene usted ahorros?</p>
+
+<p>&mdash;Tendr&eacute; unos treinta duros.</p>
+
+<p>&mdash;Pues eso y nada... &iquest;De qu&eacute; va usted a vivir ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Quiero ser honrada.&mdash;Magn&iacute;fico... sublime. Lo que no veo tan claro es
+que para ser honrada sea preciso no comer... &iquest;Acaso piensa usted
+trabajar? &iquest;En qu&eacute;?... Al menos, con esos cuatro mil reales tiene tiempo
+de pensarlo y vivir algunos meses. Con que a guardar los <i>monises</i>, y no
+se hable m&aacute;s del asunto.</p>
+
+<p>No se convenci&oacute; Fortunata, que era algo terca; pero aplaz&oacute; la devoluci&oacute;n
+de los billetes para el d&iacute;a siguiente. Como ten&iacute;a clavada en su mente la
+injuria recibida, sin querer hablaba de ella.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Vaya la que me ha hecho!&mdash;murmur&oacute; despu&eacute;s de una pausa, mirando al
+suelo&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; manera de pagarme! &iexcl;Yo, que lo dej&eacute; todo por &eacute;l, y a los
+que me hab&iacute;an hecho decente les di una patada!... Perdone usted si hablo
+mal. Soy muy ordinaria. Es mi ser natural; y como a los que me quer&iacute;an
+afinar y hacerme honrada les di con su honradez en los hocicos... &iexcl;Qu&eacute;
+ingrata, &iquest;verdad?, qu&eacute; indecente he sido! Todo por querer m&aacute;s de lo que
+es debido, por querer como una leona. Y para que calcule usted si soy
+simple, aqu&iacute;, donde usted me ve, si ese hombre me vuelve a decir tan
+siquiera media palabra, le perdono y le quiero otra vez&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ya se conoce que es usted m&aacute;s tierna que el reques&oacute;n&mdash;dijo D.
+Evaristo, meditando.</p>
+
+<p>&mdash;Es que los dem&aacute;s me parece que no son tales hombres. Para m&iacute; hay dos
+clases de hombres; &eacute;l a este lado, todos los dem&aacute;s al otro. No voy de
+aqu&iacute; a esa puerta por todos ellos. Soy as&iacute;, no lo puedo remediar.</p>
+
+<p>&mdash;No me dice usted nada que yo no sepa. He visto mucho mundo&mdash;afirm&oacute;
+Feijoo, con tolerancia de sacerdote hecho al confesonario&mdash;. Las
+personas que son como usted suelen pasar una vida de perros. No hay
+mayor desgracia que tener el coraz&oacute;n demasiado grande. Cerebro grande,
+est&oacute;mago grande, h&iacute;gado grande, son males tambi&eacute;n; pero menores. Y yo he
+de poder poco o le he de recortar a usted el coraz&oacute;n, para que haya
+equilibrio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Equi...?&mdash;Equilibrio.&mdash;Ya; no lo digo bien; pero comprendo lo que es.
+&iquest;Y c&oacute;mo me va usted a recortar?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! Se necesitan muchas lecciones... es la &uacute;nica manera de que usted
+no sea desgraciada toda la vida. &iexcl;Ah!, este mundo es una gaita con
+muchos agujeros, y hay que templar, templar para que suene bien. Usted
+no sabe de la misa la media. Parece que acaba de nacer, y que la han
+puesto de patitas en el mundo. &iquest;Qu&eacute; resulta?, que no sabe por d&oacute;nde
+anda. Devuelve el dinero que le dan, y se chifla dos, tres veces por una
+misma persona. &iexcl;Bonito porvenir! Yo le voy a ense&ntilde;ar a usted una cosa
+que no sabe.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;Vivir... Vivir es nuestra primera obligaci&oacute;n en este valle de
+l&aacute;grimas, y sin embargo... &iexcl;qu&eacute; pocos hay que sepan desempe&ntilde;arla!... Se
+lo dice a usted un hombre que ha visto mucho mundo, que ha tenido, como
+usted, un coraz&oacute;n del tama&ntilde;o de hoy y ma&ntilde;ana. Conque prepararse, que
+empiezo mis lecciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ser&eacute; feliz?&mdash;dijo Fortunata con expectaci&oacute;n supersticiosa, como si
+le estuvieran echando las cartas.</p>
+
+<p>&mdash;Por de pronto, de lo que yo trato es de que sea usted pr&aacute;ctica.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pr&aacute;ctica!&mdash;replic&oacute; ella arrugando la nariz con salero, como hac&iacute;a
+siempre que afectaba no comprender una cosa y burlarse de ella al mismo
+tiempo&mdash;. Pr&aacute;ctica, &iquest;qu&eacute; quiere decir eso?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no lo sabe?... &iexcl;No se haga usted m&aacute;s tonta de lo que es!&mdash;indic&oacute; D.
+Evaristo arrugando tambi&eacute;n su nariz.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nos haremos <i>pl&eacute;iticas</i>&mdash;dijo la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n, ridiculizando
+la palabra para ridiculizar la idea.</p>
+
+<p>Poco m&aacute;s dur&oacute; aquella visita, porque el se&ntilde;or de Feijoo no quer&iacute;a
+molestar. Despidiose, prometiendo volver pronto. Por &eacute;l, volver&iacute;a dentro
+de una hora. &laquo;Amiguita, usted no puede estar mucho tiempo sola, porque
+esa cabeza se pone a trabajar... Como usted no me eche, aqu&iacute; me tendr&aacute;
+otra vez esta tarde&raquo;.</p>
+
+<p>Y volvi&oacute; cerca de anochecido trayendo un ramo de flores, y poco despu&eacute;s
+fue un mozo de cuerda con dos o tres tiestos. A Fortunata le gustaban
+mucho las flores, as&iacute; vivas como cortadas; ten&iacute;a los balcones llenos de
+macetas y se pasaba buena parte de la ma&ntilde;ana cuid&aacute;ndolas. Mucho
+agradeci&oacute; al buen caballero tales obsequios, que ten&iacute;an mayor precio en
+la estaci&oacute;n que corr&iacute;a. Las flores del ramo eran de las m&aacute;s bellas,
+raras y valiosas que hay en invierno. De lo que sobre plantas se habl&oacute;
+aquella tarde, coligi&oacute; D. Evaristo que su amiga ten&iacute;a gustos un poco
+desacordes con el gusto corriente. No le hac&iacute;a gracia ninguna flor que
+no tuviese fragancia, y particularmente las camelias le eran
+antip&aacute;ticas. Entre la mejor de las camelias y el m&aacute;s amarillo y sos&oacute;n de
+los girasoles, no hallaba gran diferencia en cuanto al m&eacute;rito. Di&eacute;ranle
+a ella un buen clavel, un nardo, una rosa de la tierra, y en fin, todas
+aquellas flores que <i>ilusionan el sentido</i> en cuanto uno se acerca a
+ellas...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; tal nos encontramos esta tarde?&mdash;dijo D. Evaristo inclin&aacute;ndose
+para verle la cara.</p>
+
+<p>Ech&aacute;baselas de m&eacute;dico; pero examinaba la cara por lo bonita que le
+parec&iacute;a, no por buscar en ella s&iacute;ntomas hipocr&aacute;ticos; y como avanzara la
+noche y no hab&iacute;a luz, ten&iacute;a que acercarse mucho para ver bien.
+Continuaba ella en el propio sitio y postura que por la ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy lo mismo&mdash;replic&oacute; sin moverse&mdash;. Desde que usted se fue, estuve
+llorando hasta ahorita.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no hay que devanarse los sesos para encontrar el remedio. Con no
+moverme de aqu&iacute;... Pero podr&iacute;a ser el remedio peor que la enfermedad, y
+al fin tendr&iacute;a usted que llorar para que me marchase... Vamos, hija,
+modere esos suspiros tan fuertes, que parece se le va a salir el alma
+por la boca. Ya nos iremos consolando. El tiempo es un m&eacute;dico que se
+pinta solo para curar estas cosas; y todav&iacute;a he de ver yo a mi amiga m&aacute;s
+contenta que unas Pascuas, sin acordarse para nada de lo que tanto la
+aflige hoy. Y pronto, muy pronto... Y es preciso distraerse. &iquest;Sabe usted
+jugar al tresillo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo? No s&eacute; m&aacute;s que el tute. <i>Ese</i> quiso ense&ntilde;arme el tresillo; pero
+nunca lo pude aprender. No sabe usted bien lo torpe que soy.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le gusta a usted el teatro?</p>
+
+<p>&mdash;Eso s&iacute;, sobre todo los dramas en que hay cosas que la hacen llorar a
+una.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ave Mar&iacute;a Pur&iacute;sima!... Esas obras en que sale aquello de &laquo;&iexcl;hijo
+m&iacute;o!... &iexcl;padre m&iacute;o!...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Esas, y otras en que hay pasos de mucha aflicci&oacute;n, y sacan las
+espadas, y se desmaya una actriz porque le quitan el hijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alabado sea el Sant&iacute;simo!...&mdash;dijo Feijoo con socarroner&iacute;a&mdash;. En eso
+s&iacute; que son contrarios nuestros gustos, porque yo, en cuanto veo que los
+actores pegan gritos y las actrices principian a hacerme pucheritos, ya
+estoy bufando en mi butaca y mirando para la puerta... Nada de l&aacute;grimas.
+Lo que le conviene a usted ahora es re&iacute;rse con las piececitas de Lara y
+Variedades. Para dramas, hija, los de la realidad... &iquest;Le gustan a usted
+los bailes de m&aacute;scaras?</p>
+
+<p>&mdash;Se va usted a re&iacute;r&mdash;replic&oacute; Fortunata incorpor&aacute;ndose&mdash;. En el poco
+tiempo que anduve yo suelta en Barcelona, de la ceca a la meca, sol&iacute;a ir
+a bailes y divertirme algo; despu&eacute;s no... Este a&ntilde;o me llev&oacute; Juan dos
+veces, y otra vez fui yo sola con una amiga, por ver si le sorprend&iacute;a
+peg&aacute;ndomela con alg&uacute;n trasto... &iquest;Creer&aacute; usted que no me he divertido ni
+esto? La careta me da un calor que me abrasa... me la quiero quitar.
+Pues digo... si me pongo a dar bromas, yo misma me r&iacute;o de mi poca
+gracia. No puede usted figurarse lo <i>desaborida</i> que soy. No se me
+ocurre nada m&aacute;s que sandeces. Juan me dec&iacute;a que no sirvo para nada, y
+que no me merezco el palmito que tengo. &Eacute;l se empe&ntilde;aba en que yo fuera
+de otro modo; pero la cabra siempre tira al monte. Pueblo nac&iacute; y pueblo
+soy; quiero decir, ordinariota y salvaje... &iexcl;Ah, si viera usted lo
+furioso que se pon&iacute;a cuando le dec&iacute;a yo que me gusta un guisado de falda
+y pechos como los que se comen en los bodegones!</p>
+
+<p>Pues nada; que ten&iacute;a que esconderme para comer a mi gusto. &iquest;Y cuando me
+sermoneaba porque no tengo ese aire de francesa que tiene la Anto&ntilde;ita,
+esa que est&aacute; con Villalonga, y otra que llaman Sof&iacute;a la Ferrolana?
+&laquo;Hasta en la manera de sentarse se diferencian de ti&mdash;me dec&iacute;a&mdash;. F&iacute;jate
+bien en aquel aire de abandono o de viveza seg&uacute;n los casos; en aquella
+gracia, en aquel modo de andar por la calle. T&uacute; cuando vas por ah&iacute; con
+tu velito y ese pasito reposado, sin mirar a nadie, parece que vas de
+casa en casa pidiendo para una misa&raquo;. &iquest;Ve usted lo que me dec&iacute;a? &iquest;Y
+cuando se empe&ntilde;aba en que me pusiera yo esos cuerpos tan ce&ntilde;idos, tan
+ce&ntilde;idos que con ellos parece que ense&ntilde;a una todo lo que Dios le ha
+dado?...</p>
+
+<p>&mdash;Esta mujer me vuelve loco&mdash;pensaba Feijoo, experimentando, al o&iacute;r a
+Fortunata, una sensaci&oacute;n de inefable contento&mdash;. Si estoy chocho, si no
+s&eacute; lo que me pasa... &iexcl;Ay Dios m&iacute;o, a mi edad!... No hay remedio, me
+declaro... Pero no, refr&eacute;nate, compa&ntilde;ero, a&uacute;n no es tiempo...</p>
+
+<p>Al buen se&ntilde;or se le pon&iacute;an los ojos encandilados oy&eacute;ndole contar
+aquellas cosas con tan encantadora sinceridad. Sonrisa de alegr&iacute;a y
+esperanza contra&iacute;a sus labios, mostrando su dentadura intachable. Su
+cara, que era siempre sonrosada, pon&iacute;asele encendida, con verdaderos
+ardores de juventud en las mejillas. Era, en suma, el viejo m&aacute;s guapo,
+simp&aacute;tico y frescach&oacute;n que se pod&iacute;a imaginar; limpio como los chorros
+del oro, el cabello rizado, el bigote como la pura plata; lo dem&aacute;s de la
+cara tan bien afeitadito, que daba gloria verle; la frente espaciosa y
+de color marfil, con las arrugas finas y bien rasgueadas. Pues de
+cuerpo, ya quisieran parec&eacute;rsele la mayor parte de los muchachos de hoy.
+Otro m&aacute;s derecho y bien plantado no hab&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;No, lo que es hoy no le digo nada&mdash;pensaba&mdash;. Temo hacer el biso&ntilde;o.
+Calma, compa&ntilde;ero, y repli&eacute;gate un poco; tiempo tienes de picar espuelas.
+Hoy lo recibir&iacute;a mal. Est&aacute; muy reciente la herida&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Pues lo que es hoy s&iacute; que no me quedo con esto dentro del
+cuerpo&mdash;pens&oacute; mi hombre al otro d&iacute;a, entrando en la sala, hecho un sol
+de limpio y despidiendo, como todas las ma&ntilde;anas al salir de su casa, un
+fuerte olor a <i>colonia</i>&mdash;. &iquest;Y d&oacute;nde est&aacute;?, &iquest;qu&eacute; hace que no sale? Es un
+encanto esa mujer, y tengo al tal Santa Cruz por el gazn&aacute;piro m&aacute;s grande
+que come pan... &iexcl;Cu&aacute;nto me hace esperar! Par&eacute;ceme que oigo trastazos
+como de dar con el zorro en los muebles. Estar&aacute; de limpieza, aunque hoy
+no es s&aacute;bado. Pero no importa que no sea s&aacute;bado. Eso le conviene:
+trabajar, hacer ejercicio, distraerse, andar de aqu&iacute; para all&iacute;.
+&iexcl;Magn&iacute;fico!... S&iacute;, s&iacute;, sin duda est&aacute; de limpieza. Es un diamante en
+bruto esa mujer. Si hubiera ca&iacute;do en mis manos, en vez de caer en las de
+ese simpl&iacute;n, &iexcl;qu&eacute; facetas, Dios m&iacute;o, qu&eacute; facetas le habr&iacute;a tallado
+yo!... Y sigue el traqueteo all&aacute; dentro. Parece que arrastran muebles...
+Bien, muy bien, dale duro. Para cosas del coraz&oacute;n, sudar, sudar. &iexcl;Ay qu&eacute;
+contento estoy hoy! Tiempo hac&iacute;a, compa&ntilde;ero, mucho tiempo hac&iacute;a que no
+te sent&iacute;as tan feliz como te sientes hoy. Desde que estuviste en
+Filipinas... Pues ahora parece que est&aacute;n moviendo la cama de hierro.
+&iexcl;C&oacute;mo rechina el metal!... &iexcl;Ah!, por fin sale...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Disp&eacute;nseme usted, amigo D. Evaristo&mdash;dijo Fortunata apareciendo en la
+puerta del gabinete, con bata de diario, un delantal muy grande y
+pa&ntilde;uelo liado a la cabeza&mdash;. Estoy de limpia&raquo;. Tras ella se ve&iacute;a una
+atm&oacute;sfera polvorienta, turbia y luminosa; el sol entraba por el balc&oacute;n,
+de par en par abierto.</p>
+
+<p>&laquo;Porque yo tengo esta costumbre... Cuando me siento con ganas de llorar
+y dada a todos los demonios, &iquest;sabe usted qu&eacute; hago?, pues coger el zorro,
+las escobas, una esponja grande y un cubo de agua. Siempre que tengo una
+pena muy grande le meto mano al polvo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues &iexcl;ay, hija m&iacute;a!, la compadezco a usted... porque la casa est&aacute; como
+una plata...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo ha de ser!... S&iacute;, esta es mi &uacute;nica distracci&oacute;n. Y no s&eacute; ninguna
+labor delicada; no s&eacute; coser en fino; no bordo ni toco el piano. Tampoco
+pinto platos como esa Antonia, amiga de Villalonga, la cual est&aacute; siempre
+de pinceles; yo apenas s&eacute; leer y no le saco sentido a ning&uacute;n libro...
+&iquest;qu&eacute; he de hacer?, fregar y limpiar. Con esto no me acuerdo de otras
+cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Me la comer&iacute;a&mdash;pens&oacute; D. Evaristo, que la contemplaba embobado, sin
+decir nada.</p>
+
+<p>&mdash;Conque lo mejor es que se vaya usted ahora, y vuelva m&aacute;s tarde. Le
+vamos a llenar de polvo y basura.</p>
+
+<p>&mdash;No, hija, yo no me voy de aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Uy!... C&oacute;mo huele usted a <i>colonia</i>. Ese olor s&iacute; que me gusta... Pero
+le vamos a poner perdido. Mire que ahora empezaremos con la sala.</p>
+
+<p>&mdash;No me importa&mdash;replic&oacute; el buen se&ntilde;or con sonrisa inefable&mdash;. &iquest;Me
+empolva?, mejor. Yo me sacudir&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Como usted quiera... Pues &aacute;ndese por ah&iacute;... Yo no tengo aqu&iacute; <i>&aacute;lbumes</i>
+ni libros para que se entretenga.</p>
+
+<p>&mdash;Maldita la falta que me hacen a m&iacute; los <i>&aacute;lbumes</i>... Siga, siga usted y
+trabaje firme. Eso, eso es lo que nos conviene. Luego hablaremos. Yo no
+tengo absolutamente nada que hacer...</p>
+
+<p>Y dos horas m&aacute;s tarde estaban sentados ambos en el gabinete, uno frente
+a otro, ella en el mismo pergenio en que antes se presentara, y algo
+fatigada...</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Debo tener una facha...!&mdash;dijo levant&aacute;ndose para mirarse al espejo que
+sobre el sof&aacute; estaba&mdash;. &iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima! &iquest;Ve usted las pesta&ntilde;as c&oacute;mo
+las tengo, llenas de polvo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No estar&iacute;an as&iacute; sino fueran tan negras y tan grandes y hermosas...</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera aviarme un poco. Es una falta recibir visitas con esta facha.</p>
+
+<p>&mdash;Por m&iacute; no se apure usted... Me agrada m&aacute;s verla as&iacute;. Descanse ahora y
+echemos un parrafito. Voy a permitirme una pregunta. &iquest;Qu&eacute; piensa usted
+hacer ahora?</p>
+
+<p>Fortunata, que se inclinaba hacia adelante para o&iacute;r mejor, dej&oacute; caer la
+cabeza sobre el respaldo; la mejor manera de expresar que no hab&iacute;a
+pensado nada sobre aquel punto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Piensa usted pedir perd&oacute;n a su marido y reconciliarse con &eacute;l?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s! &iexcl;Y qu&eacute; cosas se le ocurren!&mdash;exclam&oacute; ella, llev&aacute;ndose las
+manos a la cabeza, cual si oyera el mayor de los absurdos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me parece que no he dicho ning&uacute;n disparate.</p>
+
+<p>&mdash;Antes que volver con Maximiliano&mdash;afirm&oacute; Fortunata poniendo la cara
+m&aacute;s seria que sab&iacute;a poner&mdash;, todo lo paso, todo...</p>
+
+<p>&mdash;Incluso la miseria, la deshonra...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;or.&mdash;Bueno. Pues quiere decir que cuando se acabe lo poquito que
+usted tiene... y supongo que no habr&aacute; insistido en devolver los cuatro
+mil reales... pues cuando se acabe, no tendr&aacute; usted m&aacute;s remedio que
+buscarse la vida como pueda. Usted no sabe ning&uacute;n trabajo honrado que
+produzca dinero; conque claro es... si me aciertas lo que llevo en la
+mano te doy un racimo.</p>
+
+<p>Fortunata frunci&oacute; el ce&ntilde;o, y sin levantar las miradas del suelo, doblaba
+y desdoblaba un pico del delantal.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no tiene vuelta de hoja, compa&ntilde;era. O a casa con su marido, o a la
+calle con Juan, Pedro y Diego, a ver si sale alg&uacute;n primo con quien ir
+tirando. De este camino malo parten varios senderos, y no todos
+concluyen en el hospital y en la abyecci&oacute;n. De modo que pi&eacute;nselo usted.
+Por m&aacute;s que se devane los sesos, no podr&aacute; salir de este dilema.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De este qu&eacute;?&mdash;Dilema; quiere decir que a fondo o a Flandes.</p>
+
+<p>&mdash;Yo quiero ser honrada&mdash;afirm&oacute; la joven con la mayor seriedad del
+mundo, atormentando m&aacute;s la punta del delantal.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Honrada?, me parece muy bien. Y d&iacute;game usted con toda franqueza:
+&iquest;honrada comiendo o sin comer?</p>
+
+<p>Fortunata se sonri&oacute; un poco. Aquella sonrisa ilumin&oacute; su pena un
+instante; pero pronto qued&oacute; su rostro envuelto otra vez en seriedad
+sombr&iacute;a, se&ntilde;al de la duda horrible que agitaba su alma.</p>
+
+<p>&mdash;Eso de la honradez es muy bonito&mdash;prosigui&oacute; Feijoo&mdash;. No hay nada que
+se diga tan f&aacute;cilmente y que luego resulte m&aacute;s dif&iacute;cil en la pr&aacute;ctica.
+Yo creo que usted ha querido decir honradez relativa...</p>
+
+<p>&mdash;No; yo quiero ser honrada a carta cabal, honrada, honrada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sin volver con su marido?</p>
+
+<p>&mdash;Sin volver con mi marido. Feijoo hizo con los labios, con los ojos,
+con todos los m&uacute;sculos de su cara un moh&iacute;n muy humano y expresivo, signo
+perteneciente al lenguaje universal y a la m&iacute;mica de todos los pa&iacute;ses,
+el cual quer&iacute;a decir:</p>
+
+<p>&laquo;Hija m&iacute;a, no lo entiendo...&raquo;.</p>
+
+<p>Ni Fortunata lo entend&iacute;a tampoco, por lo cual estaba verdaderamente
+anonadada. Falt&aacute;bale poco para echarse a llorar.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos, vamos&mdash;dijo el coronel sacudiendo toda aquella argumentaci&oacute;n
+capciosa, como se sacuden las moscas&mdash;; hablemos claro y seamos
+pr&aacute;cticos sin miedo a la situaci&oacute;n verdadera. Las cosas son como son, no
+como deseamos que sean. &iexcl;Qu&eacute; m&aacute;s quisi&eacute;ramos sino que usted pudiera ser
+tan honrada y pura como el sol! Pero <i>tarde piache</i>, como dijo el p&aacute;jaro
+cuando se lo estaban comiendo. De lo que tratamos ahora es de que usted
+sea lo menos deshonrada posible. Porque me r&iacute;o yo de las virtudes que
+s&oacute;lo est&aacute;n en el pico de la lengua. &iquest;Y el vivir y el comer?</p>
+
+<p>Usted, compa&ntilde;era, no tiene ahora m&aacute;s remedio que aceptar el amparo de un
+hombre. S&oacute;lo falta que la suerte le depare un buen hombre. &iquest;Se echar&aacute;
+usted a buscarlo por ah&iacute; entre sus relaciones, o saldr&aacute; a pescar un
+desconocido por las calles, teatros y paseos? A ver... D&iacute;golo porque si
+quiere usted ahorrarse ese trabajo, fig&uacute;rese que aburrida ha salido por
+esos mundos, que ha echado el anzuelo, que le han picado, que tira para
+arriba, y que &iexcl;oh, sorpresa!, me ha pescado a m&iacute;. Aqu&iacute; me tiene usted
+fuera del agua dando coletazos de gusto por verme tan bien pescado. Soy
+algo viejo, pero sin vanidad creo que sirvo para todo, y por fuera y por
+dentro valgo m&aacute;s que la mayor&iacute;a de los muchachos. No tengo nada que
+hacer, vivo de mis rentas, soy solo en el mundo, me doy buena vida y
+puedo d&aacute;rsela a quien me acomoda. Conque a decidirse. Modestia a un
+lado, d&iacute;gole a usted que dificilillo le ser&iacute;a, en su situaci&oacute;n,
+encontrar un acomodo mejor. Bien lo comprender&aacute; cuando le pasen las
+tristezas, que ojal&aacute; sea pronto. Ahora no tiene la cabeza despejada. Y
+no vacilo en decirlo&mdash;agreg&oacute; alzando la voz, como si se incomodara&mdash;. Le
+ha ca&iacute;do a usted la loter&iacute;a, y no as&iacute; un premio cualquiera, sino el
+gordo de Navidad&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero ser honrada&mdash;repiti&oacute; Fortunata sin mirarle, como los ni&ntilde;os
+mimosos que insisten en decir la cosa fea por que les reprenden.</p>
+
+<p>&mdash;No ser&eacute; yo quien le quite a usted eso de la cabeza&mdash;dijo el caballero
+sonriendo, sin dudar de su victoria&mdash;. Y bien podr&iacute;a ser que hubiera
+usted descubierto la cuadratura del c&iacute;rculo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dice?&mdash;Nada... Tambi&eacute;n se me ocurre que dentro de mi proposici&oacute;n
+puede usted ser todo lo honrada que quiera. Mientras m&aacute;s, mejor... En
+fin, no quiero marearla a usted m&aacute;s, y la dejo sola para que piense en
+lo que le he dicho. Siga limpiando, trabaje, d&eacute; bofetadas a los muebles,
+fregotee hasta que le escuezan los dedos; mec&aacute;nica, mucha mec&aacute;nica, y
+mientras tanto, piense bien en esto, y ma&ntilde;ana o pasado ma&ntilde;ana... no hay
+prisa... vengo por la <i>rimpuesta</i>, como dice el payo...</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Como lo que debe suceder sucede, y no hay bromas con la realidad,
+las cosas vinieron y ocurrieron conforme a los deseos de D. Evaristo
+Gonz&aacute;lez Feijoo. Bien sab&iacute;a &eacute;l que no pod&iacute;a ser de otro modo, a menos
+que aquella mujer estuviese loca. &iquest;Qu&eacute; salida ten&iacute;a fuera de la
+propuesta por &eacute;l? Ninguna. &iquest;Qu&eacute; honradez era aquella que apetec&iacute;a, no
+sabiendo trabajar, no queriendo volver con su marido y no teniendo
+malditas ganas de irse a un yermo a comer ra&iacute;ces? Moraleja: Lo que ten&iacute;a
+que llegar, por la sucesi&oacute;n infalible de las necesidades humanas, lleg&oacute;.
+&laquo;Y para que veas si s&eacute; yo hacer las cosas y me intereso por ti&mdash;le dijo
+un d&iacute;a D. Evaristo tute&aacute;ndola ya&mdash;; me propongo evitar el esc&aacute;ndalo por
+ti y por m&iacute;. Pondr&eacute; singular cuidado en que ignore esto Juan Pablo
+Rub&iacute;n, que fue quien me present&oacute; a ti, en la calle, &iquest;te acuerdas?, y de
+ah&iacute; viene nuestro dichoso conocimiento. Estas relaciones las hemos de
+esconder y reservar hasta donde sea humanamente posible. Ver&aacute;s qu&eacute; bien
+vamos a estar. Yo te ense&ntilde;ar&eacute; a ser pr&aacute;ctica, y cuando pruebes el ser
+pr&aacute;ctica, te ha de parecer mentira que hayas hecho en tu vida tant&iacute;simas
+tonter&iacute;as contrarias a la ley de la realidad&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata, preciso es decirlo, no estaba contenta, ni aun medianamente.
+Hall&aacute;base m&aacute;s bien resignada y se consolaba con la idea de que dentro de
+su desgracia no hab&iacute;a soluci&oacute;n mejor que aquella, y de que vale m&aacute;s caer
+sobre un mont&oacute;n de paja que sobre un mont&oacute;n de piedras. En los primeros
+d&iacute;as tuvo horas de melancol&iacute;a intens&iacute;sima, en las cuales su conciencia,
+confabulada con la memoria, le representaba de un modo vivo todas las
+maldades que cometiera en su vida, singularmente la de casarse y ser
+ad&uacute;ltera con pocas horas de diferencia. Pero de repente, sin saber c&oacute;mo
+ni por qu&eacute;, todo se le volv&iacute;a del rev&eacute;s all&aacute; en las cavidades
+desconocidas de su esp&iacute;ritu, y la conciencia se le presentaba limpia,
+clara y firme. Juzg&aacute;base entonces sin culpa alguna, inocente de todo el
+mal causado, como el que obra a impulsos de un mandato extra&ntilde;o y
+superior. &laquo;Si yo no soy mala&mdash;pensaba&mdash;. &iquest;Qu&eacute; tengo yo de malo aqu&iacute;
+<i>entre m&iacute;</i>? Pues nada&raquo;.</p>
+
+<p>Con estos diferentes estados de su esp&iacute;ritu se relacionaban ciertas
+intermitencias de man&iacute;a religiosa. En las horas en que se sent&iacute;a muy
+culpable, entr&aacute;bale temor de los castigos temporales y eternos.
+Acord&aacute;base de cuanto le ense&ntilde;aron D. Le&oacute;n y las Micaelas, y volv&iacute;an a su
+mente las impresiones de la vida del convento con frescura y claridad
+pasmosas. Cuando le daba por ah&iacute;, iba a misa, y aun se le ocurr&iacute;a
+confesarse; pero de pronto le entraba miedo y lo dejaba para m&aacute;s
+adelante. Luego ven&iacute;a la contraria, o sea el sentimiento de su
+inculpabilidad, como una reversi&oacute;n mec&aacute;nica del estado anterior, y todas
+las somnolencias y aprensiones m&iacute;sticas hu&iacute;an de su mente. Se pasaba
+entonces dos o tres d&iacute;as en completa tranquilidad, sin rezar m&aacute;s que los
+Padrenuestros que por rutina le sal&iacute;an de entre dientes todas las
+ma&ntilde;anas. Su conciencia giraba sobre un pivote, present&aacute;ndole, ya el lado
+blanco, ya el lado negro. A veces esta brusca revuelta depend&iacute;a de una
+palabra, de una idea caprichosa que pasaba volando por su esp&iacute;ritu, como
+pasa un p&aacute;jaro fugaz por la inmensidad del Cielo. Entre creerse un
+monstruo de maldad o un ser inocente y desgraciado, mediaban a veces el
+lapso de tiempo m&aacute;s breve o el accidente m&aacute;s sencillo; que se
+desprendiese una hoja del tallo ya marchito de una planta cayendo sin
+ruido sobre la alfombra; que cantase el canario del vecino o que pasara
+un coche cualquiera por la calle, haciendo mucho ruido.</p>
+
+<p>Estaba muy agradecida al se&ntilde;or de Feijoo, que se portaba con ella como
+un caballero, y no ten&iacute;a nada de quisquilloso, ni las impertinencias que
+suelen gastar los hombres. El primer d&iacute;a le ley&oacute; la cartilla, que era
+muy breve: &laquo;Mira, yo te dejo en absoluta libertad. Puedes salir y entrar
+a la hora que quieras, y hacer lo que te d&eacute; tu real gana. No soy
+partidario del sistema preventivo. Quiero que seas leal conmigo, como yo
+lo soy contigo. En cuanto te canses avisas... Aqu&iacute; no me entres a ning&uacute;n
+hombre, porque si alg&uacute;n d&iacute;a descubro gatuperio, me marcho tan calladito
+y no me vuelves a ver... Lo mismo har&eacute; si lo descubro fuera. Si te
+portas bien, no dejar&eacute; de protegerte, ni aun en el caso de que me fuera
+preciso dejarte&raquo;.</p>
+
+<p>Lo que propiamente llamamos amor, la verdad, Fortunata no lo sent&iacute;a por
+su amigo; pero s&iacute; le ten&iacute;a respeto, y el cari&ntilde;o apacible a que era
+acreedor por su hidalgo comportamiento. Ten&iacute;ale ella por la persona m&aacute;s
+decente que hab&iacute;a tratado en su vida. &iexcl;Y cu&aacute;nto sab&iacute;a! &iexcl;Qu&eacute; experiencia
+del mundo la suya, y con qu&eacute; habilidad se las gobernaba! Para poner en
+ejecuci&oacute;n aquel plan de reserva de que hablara al principio, mandole
+tomar un cuartito modesto. No por econom&iacute;a, pues bien pod&iacute;a &eacute;l pagar una
+casa como la que Santa Cruz pagaba; era por recato. Lo de la honradez,
+que ella anhelaba ignorando el valor exacto de las palabras, no ten&iacute;a
+sentido; pero ya que no fuese honrada, al menos pareci&eacute;ralo, y esto iba
+ganando, que no era floja ganancia. Un cuartito modesto en un barrio
+apartado era ya se&ntilde;al de que al menos se evitaba el esc&aacute;ndalo. A poco de
+instalada en su nuevo domicilio, D. Evaristo le compr&oacute; una buena m&aacute;quina
+de Singer, con lo que ella se entreten&iacute;a mucho. La visita del protector
+era diaria, pero sin hora fija. Unas veces iba de tarde, otras de noche.
+Pero siempre se retiraba a su casa a dormir. Conven&iacute;a que Fortunata
+tuviese una criada fiel, discreta y de cierta responsabilidad. Feijoo
+estuvo cosa de un mes busc&aacute;ndola y al fin pudo encontrarla.</p>
+
+<p>Si Fortunata, empezando por conformarse, acab&oacute; por sentirse bien, D.
+Evaristo estuvo desde luego muy a gusto en aquella vida. &laquo;Yo no soy
+celoso&mdash;le dec&iacute;a&mdash;, y aunque no pongo mi mano en el fuego por ninguna
+mujer, creo que no me faltar&aacute;s, como no se descuelgue otra vez el
+danzante de marras. A este s&iacute; que le tengo miedo&raquo;. Y ella declaraba con
+su sinceridad de siempre que, en efecto, le conservaba ley al maldito
+autor de sus desgracias... no lo pod&iacute;a remediar; pero que si la buscaba
+otra vez, ya sabr&iacute;a ella resistir y darle con toda la fuerza de su
+honradez en los hocicos, para que no volviera a ser pillo. Al o&iacute;r esto,
+Feijoo se mostraba ben&eacute;volamente incr&eacute;dulo y dec&iacute;a: &laquo;Pid&aacute;mosle a Dios
+que no te busque, por si acaso; que a Segura llevan preso&raquo;.</p>
+
+<p>Viv&iacute;an retiradamente, y no se presentaban juntos en ninguna parte. La
+calaverada de Feijoo no fue descubierta por sus amigos m&aacute;s sagaces;
+Fortunata no daba que hablar a nadie, y la familia de su marido cre&iacute;a
+que hab&iacute;a desaparecido de Madrid. Con este sistema de cautela y recato,
+les iba tan bien que D. Evaristo no cesaba de congratularse. &laquo;&iquest;Ves,
+chulita, c&oacute;mo de este modo estamos en el Para&iacute;so? As&iacute; se consiguen dos
+cosas, la tranquilidad dentro, el decoro fuera. &iquest;Qu&eacute; necesidad tengo yo
+de que me llamen <i>viejo verde</i>? Y t&uacute;, &iquest;por qu&eacute; has de andar en lenguas
+de la gente? Aqu&iacute; tienes lo que yo te quer&iacute;a ense&ntilde;ar, ser persona
+pr&aacute;ctica. Al mundo hay que tratarlo siempre con much&iacute;simo respeto. Yo
+bien s&eacute; que lo mejor es que uno sea un santo; pero como esto es
+dificilillo, hay que tener formalidad y no dar nunca malos ejemplos.
+F&iacute;jate bien en esto; la dignidad siempre por delante, compa&ntilde;era&raquo;.</p>
+
+<p>Hablando de esto, se animaba llegando hasta la elocuencia. &laquo;Porque mira
+t&uacute;, chulita, no predico yo la hipocres&iacute;a. En cierta clase de faltas, la
+dignidad consiste en no cometerlas. No transijo, pues, con nada que sea
+apropiarse lo ajeno, ni con mentiras que da&ntilde;an al honor del pr&oacute;jimo, ni
+con nada que sea vil y cobarde; tampoco transijo con menospreciar la
+disciplina militar: en esto soy muy severo; pero en todo aquello que se
+relaciona con el amor, la dignidad consiste en guardar el decoro...
+porque no me entra ni me ha entrado nunca en la cabeza que sea pecado,
+ni delito, ni siquiera falta, ning&uacute;n hecho derivado del amor verdadero.
+Por eso no me he querido casar... Claro, es preciso contener algo a la
+gente y asustar a los viciosos; por eso se hicieron diez mandamientos en
+vez de ocho, que son los leg&iacute;timos; los otros dos no me entran a m&iacute;.
+&iexcl;Ah!, chulita, dir&aacute;s que yo tengo la moral muy rara. La verdad, si me
+dicen que Fulano hizo un robo, o que mat&oacute; o calumni&oacute; o arm&oacute; cualquier
+gater&iacute;a, me indigno, y si le cogiera, cr&eacute;elo, le ahogar&iacute;a; pero vienen y
+me cuentan que tal mujer le falt&oacute; a su marido, que tal ni&ntilde;a se fug&oacute; de
+la casa paterna con el novio, y me quedo tan fresco. Verdad que por el
+decoro debido a la sociedad, hago que me espanto, y digo: &laquo;&iexcl;Qu&eacute;
+barbaridad, hombre, qu&eacute; barbaridad!&raquo;. Pero en mi interior me r&iacute;o y digo:
+&laquo;ande el mundo y crezca la especie, que para eso estamos...&raquo;.</p>
+
+<p>Todo esto le pareci&oacute; a Fortunata muy peregrino cuando lo oy&oacute; por primera
+vez; pero a la segunda, encontrolo conforme con algo que ella hab&iacute;a
+pensado. &iquest;Pero no ser&iacute;a un disparate? Porque era imposible que ella y
+Feijoo tuviesen raz&oacute;n contra el mundo entero.</p>
+
+<p>&laquo;Conque ya sabes&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el coronel&mdash;; el d&iacute;a en que se te antoje
+faltarme, me lo dices. Yo no creo en las fidelidades absolutas. Yo soy
+indulgente, soy hombre, en una palabra, y s&eacute; que decir <i>humanidad</i> es lo
+mismo que decir <i>debilidad</i>... Pues vienes y me lo cuentas a m&iacute;, en mis
+barbas; nada de tapujos... &iquest;Creer&aacute;s que voy a venir con un rev&oacute;lver para
+pegarte un tirito y pegarme yo otro?... &iexcl;Valiente asno ser&iacute;a si lo
+hiciera! No. En nombre de la humanidad y de la especie te mirar&eacute; con
+benevolencia... Cierto que me ha de escocer algo. Pero coger&eacute; mi
+sombrero y me marchar&eacute; de tu casa, sin que eso quiera decir que te
+abandone, pues lo que har&eacute; ser&aacute; jubilarte, se&ntilde;al&aacute;ndote media paga&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero qu&eacute; hombre m&aacute;s raro, y qu&eacute; manera de querer!&mdash;pensaba Fortunata.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Aquel d&iacute;a comieron juntos; expansi&oacute;n que D. Evaristo se permit&iacute;a
+algunas veces. Dijo ella que sab&iacute;a <i>poner unas jud&iacute;as</i> estofadas a
+estilo de taberna, que era lo que hab&iacute;a que comer.</p>
+
+<p>Quiso Feijoo probar tambi&eacute;n aquel plato, porque le gustaban algunas
+comidas espa&ntilde;olas. Fortunata ten&iacute;a una despensa admirablemente provista,
+y en ropa y trapos gastaba muy poco. &Eacute;l era tan listo y tan pr&aacute;ctico,
+que supo sin esfuerzo hacerle disminuir el in&uacute;til y ruinoso rengl&oacute;n de
+las modas. En la cuesti&oacute;n de <i>buc&oacute;lica</i>, s&iacute; que no le pon&iacute;a tasa, y le
+recomendaba que trajese siempre lo mejor y m&aacute;s adecuado a cada estaci&oacute;n.
+Pero ella no necesitaba que su se&ntilde;or le hiciera estas advertencias,
+porque, madrile&ntilde;a neta y de la Cava de San Miguel nada menos, sab&iacute;a lo
+que se debe comer en cada &eacute;poca. No era glotona; pero s&iacute; inteligente en
+v&iacute;veres y en todo lo que concierne a la bien provista plaza de Madrid.</p>
+
+<p>Y la verdad era que con aquella vida tranquila y sosegada, eminentemente
+pr&aacute;ctica, se iba poniendo tan lucida de carnes, tan guapa y hermosota
+que daba gloria verla. Siempre tuvo la de Rub&iacute;n buena salud; pero nunca,
+como en aquella temporada, vio desarrollarse la existencia material con
+tanta plenitud y lozan&iacute;a. Feijoo, al contemplarla, no pod&iacute;a por menos de
+sentirse descorazonado. &laquo;Cada d&iacute;a m&aacute;s guapa&mdash;pensaba&mdash;, y yo cada d&iacute;a
+m&aacute;s viejo&raquo;. Y ella, cuando se miraba al espejo, no se resist&iacute;a a la
+admiraci&oacute;n de su propia imagen. Algunos d&iacute;as le pasaba por bajo del
+entrecejo la observaci&oacute;n aquella de otros tiempos: &laquo;&iexcl;Si me viera
+ahora...!&raquo;.</p>
+
+<p>Pero al punto trataba de alejar estas ideas, que no le tra&iacute;an m&aacute;s que
+tristezas y cavilaciones.</p>
+
+<p>Viv&iacute;a en la calle de Tabernillas (Puerta de Moros), que para los
+madrile&ntilde;os del centro es <i>donde Cristo dio las tres voces y no le
+oyeron</i>. Es aquel barrio tan apartado, que parece <i>un pueblo</i>.
+Comun&iacute;case, de una parte con San Andr&eacute;s, y de otra con el Rosario y la
+V.O.T. El vecindario es en su mayor&iacute;a pac&iacute;fico y modestamente acomodado;
+asentadores, placeros, trajineros. Empleados no se encuentran all&iacute;, por
+estar aquel caser&iacute;o lejos de toda oficina. Es el arrabal alegre y bien
+asoleado, y corri&eacute;ndose al Portillo de Gilim&oacute;n, se ve la vega del
+Manzanares, y la Sierra, San Isidro y la Casa de Campo. Hacia los
+taludes del Rosario la vecindad no es muy distinguida, ni las vistas muy
+buenas, por caer contra aquella parte las prisiones militares y
+encontrarse a cada paso mujeres sueltas y soldados que se quieren
+soltar. Al fin de la calle del &Aacute;guila tambi&eacute;n desmerece mucho el
+vecindario, pues en la explanada de Gilim&oacute;n, inundada de sol a todas las
+horas del d&iacute;a, suelen verse cuadros dignos del Potro de C&oacute;rdoba y del
+Albaic&iacute;n de Granada. Por la calle de la Solana, donde habita tanta
+pobreter&iacute;a, iba Fortunata a misa a la Paloma, y se pasmaba de no
+encontrar nunca en su camino ninguna cara conocida. Ciertamente, cuando
+un habitante del centro o del Norte de la Villa visita aquellos barrios,
+ni las casas ni los rostros le resultan Madrid. En un mes no pas&oacute;
+Fortunata m&aacute;s ac&aacute; de Puerta de Moros, y una vez que lo hizo, det&uacute;vose en
+Puerta Cerrada. Al sentir el mugido de la respiraci&oacute;n de la capital en
+sus senos centrales, volviose asustada a su pac&iacute;fica y silenciosa calle
+de Tabernillas.</p>
+
+<p>Don Evaristo viv&iacute;a, desde que obtuvo el retiro, en el segundo piso de un
+caser&oacute;n aristocr&aacute;tico de la calle de Don Pedro. Era uno de esos palacios
+grandones y sin arquitectura, construidos por la nobleza. En el
+principal hab&iacute;a una embajada, y cuando en ella se celebraba sarao,
+decoraban la escalera con tiestos y le pon&iacute;an alfombra. Hab&iacute;ase
+acostumbrado Feijoo a la amplitud desnuda de sus habitaciones, a las
+grandes vidrieras, a la altura de techos, y no pod&iacute;a vivir en <i>estas
+casas de cart&oacute;n</i> del Madrid moderno. Su domicilio ten&iacute;a algo de
+convento, y su vecino en el segundo de la izquierda era un arque&oacute;logo,
+poseedor de colecciones maravillosas. En toda la casa no se o&iacute;a ni el
+ruido de una mosca, pues el Ministro Plenipotenciario del principal era
+hombre solo, y fuera de las noches de recepci&oacute;n, que eran muy contadas,
+creer&iacute;ase que all&iacute; no viv&iacute;a nada.</p>
+
+<p>Por la solitaria calle de las Aguas se comunicaba brevemente Feijoo con
+su &iacute;dolo. No me vuelvo atr&aacute;s de lo que esta expresi&oacute;n indica, pues el
+buen se&ntilde;or lleg&oacute; a sentir por su protegida un amor entra&ntilde;able, no todo
+compuesto de fiebre de amante, sino tambi&eacute;n de un cierto cari&ntilde;o
+paternal, que cada d&iacute;a se determinaba m&aacute;s. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima,
+compa&ntilde;ero!&mdash;pensaba&mdash;, que no tengas veinte a&ntilde;os menos... De veras que
+es una l&aacute;stima. &iexcl;Si a esta la cojo yo antes...! As&iacute; como otros
+estropearon con sus manos inh&aacute;biles esta precios&iacute;sima <i>individua</i>, yo le
+hubiera dado una configuraci&oacute;n admirable. &iexcl;Qu&eacute; espa&ntilde;ola es, y qu&eacute; chocho
+me estoy volviendo!&raquo;.</p>
+
+<p>Al mes, ya Feijoo no pod&iacute;a vivir sin aumentar indefinidamente las horas
+que al lado de ella pasaba. Muchos d&iacute;as com&iacute;an o almorzaban juntos, y
+como ambos amantes hab&iacute;an convenido en enaltecer y restaurar
+pr&aacute;cticamente la hispana cocina, hac&iacute;a la <i>individua</i> unos guisotes y
+fritangas, cuyo olor llegaba m&aacute;s all&aacute; de San Francisco el Grande. De
+sobremesa, si no jugaban al tute, el buen se&ntilde;or le contaba a su querida
+aventuras y pasos estupendos de su dram&aacute;tica vida militar. Hab&iacute;a estado
+en Cuba en tiempo de la expedici&oacute;n de Narciso L&oacute;pez, y trabaj&oacute; mucho en
+la persecuci&oacute;n y captura del famoso insurgente. Fortunata le o&iacute;a
+embelesada, puestos los codos sobre la mesa, la cara sostenida en las
+manos, los ojos clavados en el narrador, quien bajo la influencia de la
+atenci&oacute;n ingenua de su amada, se sent&iacute;a m&aacute;s elocuente, con la memoria
+m&aacute;s fresca y las ideas m&aacute;s claras. &laquo;T&uacute; no puedes hacerte cargo de
+aquellas noches de luna en Cuba, de aquella b&oacute;veda de plata
+resplandeciente, de aquellos manglares que son jardines en medio de los
+espejos de la mar... Pues aquella noche de que te hablo, est&aacute;bamos
+acechando junto a un r&iacute;o, porque sab&iacute;amos que por all&iacute; hab&iacute;an de pasar
+los insurgentes. O&iacute;mos un chapoteo en el agua; cre&iacute;mos que era un caim&aacute;n
+que se escurr&iacute;a entre las ca&ntilde;as bravas. De repente, pim... un tiro.
+&iexcl;Ellos!... Al instante toda nuestra gente se echa los fusiles a la cara.
+Ta-ra-ra-trap... Un negrazo salta sobre m&iacute;, y zas, le meto el machete
+por el ombligo y se lo saco por el lomo... No me he visto en otra,
+hija&raquo;.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n hab&iacute;a estado en la expedici&oacute;n a Roma el 48. &iexcl;Oh, Roma! Aquello
+s&iacute; que era cosa grande. &iexcl;Qu&eacute; bonito aquel paso de P&iacute;o IX bendiciendo a
+las tropas! Y la conversaci&oacute;n rodaba, sin saber c&oacute;mo, de la bendici&oacute;n
+papal a los amor&iacute;os del narrador. En esto era la de no acabar, y de la
+cuenta total sal&iacute;an a siete aventuras por a&ntilde;o, con la particularidad de
+que eran en las cinco partes del mundo, porque Feijoo, que tambi&eacute;n hab&iacute;a
+estado en Filipinas, tuvo algo que ver con chinas, javanesas y hasta con
+joloanas. Una salvaje le hab&iacute;a trastornado el seso, demostrando que en
+las islas de la Polinesia se dan casos de coqueter&iacute;a no menos refinada
+que la de los salones europeos. &laquo;&iexcl;Ay, qu&eacute; bueno!&mdash;exclamaba Fortunata
+riendo con toda su alma, al o&iacute;r ciertos lances&mdash;. &iexcl;Si eso parece de
+ac&aacute;...! &iexcl;Pero qu&eacute; lista...! &iquest;Has visto? &iexcl;Y luego dicen...!&raquo;.</p>
+
+<p>De europeas no hab&iacute;a que hablar. Cont&oacute; el ex-coronel aventuras con
+solteras y casadas, que a su amiga le parec&iacute;an mentira, y no las habr&iacute;a
+cre&iacute;do si no las oyera de labios de persona tan ver&iacute;dica y formal.
+&mdash;&laquo;&iquest;Pero has visto? Si eso se dice, no se cree... Y si lo escriben,
+pensar&aacute;n que es f&aacute;bula mal inventada. &iexcl;Qu&eacute; cosas hacen las mujeres! Bien
+dicen que somos el Demonio&raquo;.</p>
+
+<p>Debo advertir que nada refer&iacute;a Feijoo que no fuese verdad, porque ni
+siquiera recargaba sus cuadros y retratos del natural. Lo mismo hac&iacute;a
+Fortunata, cuando le tocaba a ella ser narradora, incitada por su
+protector a mostrar alg&uacute;n cap&iacute;tulo de la historia de su vida, que en
+corto tiempo ofrec&iacute;a lances dignos de ser contados y aun escritos. No se
+hac&iacute;a ella de rogar, y como ten&iacute;a la virtud de la franqueza, y no
+apreciaba bien, por rudeza de paladar moral, la significaci&oacute;n buena o
+mala de ciertos hechos, todo lo desembuchaba. A veces sent&iacute;a D. Evaristo
+gran regocijo oy&eacute;ndola, a veces verdadero terror; pero de todas estas
+sesiones sal&iacute;a al fin con impresiones de tristeza, y pensaba as&iacute;: &laquo;Si
+hubiera ca&iacute;do antes en mis manos, si yo la hubiera cogido antes, todas
+esas ignominias se habr&iacute;an evitado... &iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima, compa&ntilde;ero, qu&eacute;
+l&aacute;stima!... Y lo m&aacute;s raro es que despu&eacute;s de tanto manosear hayan quedado
+intactas ciertas prendas, como la sinceridad, que al fin es algo y la
+constancia en el amor a uno solo...&raquo;.</p>
+
+<p>Ambos evitaban que en sus conversaciones surgieran ciertos nombres; pero
+una noche se habl&oacute;, no s&eacute; por qu&eacute;, de Juanito Santa Cruz. &laquo;Anda&mdash;dijo
+Fortunata&mdash;, que ya se habr&aacute; cansado otra vez de la tonta de su mujer. A
+bien que ella se tomar&aacute; la revancha...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No lo creo...&mdash;Pues yo s&iacute;...&mdash;afirm&oacute; la pr&oacute;jima fingiendo
+convicci&oacute;n&mdash;. &iexcl;Bah! No hay mujer casada que no peque... Ya saben tapar
+bien esas se&ntilde;oras ricas.</p>
+
+<p>&mdash;No me gusta, hija, que hables as&iacute; de persona alguna y menos de esa. Yo
+me explico que no la quieras bien; pero observa que es inocente de las
+trastadas que te ha hecho su marido.</p>
+
+<p>Feijoo conoc&iacute;a a algunas personas de la familia de Santa Cruz. A Jacinta
+y a Juan no les hab&iacute;a hablado nunca; pero s&iacute; a D. Baldomero y algo a
+Barbarita. Trataba al gordo Arnaiz, y a otros muy allegados a la
+familia, como el marqu&eacute;s de Casa-Mu&ntilde;oz y Villalonga; y el mismo Pl&aacute;cido
+Estupi&ntilde;&aacute; no era un desconocido para &eacute;l.</p>
+
+<p>&laquo;Es preciso que te acostumbres&mdash;prosigui&oacute; con cierta severidad&mdash;, a no
+hacer juicios temerarios, huyendo de cuanto pueda herir o lastimar a una
+familia respetable. Dobla la hoja y hazte cuenta de que esa gente se ha
+ido a Ultramar, o se ha muerto&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Te dir&eacute; una cosa que ha de pasmarte&mdash;indic&oacute; Fortunata con la expresi&oacute;n
+grave que tomaba cuando hac&iacute;a una declaraci&oacute;n de extremada y casi
+incre&iacute;ble sinceridad&mdash;. Pues el d&iacute;a en que vi por primera vez a Jacinta,
+me gust&oacute;... sin que por gustarme dejara de aborrecerla. Una noche me
+acost&eacute; con el coraz&oacute;n tan requemado de celos, que me sent&iacute;a capaz...
+hasta de matarla... mira t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!, no digas tonter&iacute;as... No me hace gracia que te pongas as&iacute;...
+Eso de matar a la rival es hasta cursi...</p>
+
+<p>&mdash;Pero si no he acabado... d&eacute;jame que te cuente lo mejor. La aborrezco y
+me agrada mirarla, quiere decirse, que me gustar&iacute;a parecerme a ella, ser
+como ella, y que se me cambiara todo mi ser natural hasta volverme tal y
+como ella es.</p>
+
+<p>&mdash;Eso s&iacute; que no lo entiendo&mdash;dijo Feijoo cayendo en un mar de
+meditaciones&mdash;. Caprichos del coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>Y al levantarse, apoyando las manos en los brazos del sill&oacute;n, not&oacute; &iexcl;ay!,
+que el cuerpo le pesaba m&aacute;s; pero mucho m&aacute;s que antes.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>No pararon aqu&iacute; las observaciones referentes a su decaimiento
+f&iacute;sico. Una ma&ntilde;ana, al levantarse, not&oacute; que la cabeza se le mareaba.
+Jam&aacute;s hab&iacute;a sentido cosa semejante. En la calle advirti&oacute; que para andar
+completamente derecho, necesitaba pensarlo y propon&eacute;rselo. Pasando junto
+a la carcomida puerta del convento de la Latina, no pudo menos que
+mirarse en ella como en un espejo. Se vio all&iacute; bien claro, cual vestigio
+honroso conservado s&oacute;lo por indulgencia del tiempo. &laquo;Todo envejece
+&mdash;pens&oacute;&mdash;, y cuando las piedras se gastan, &iexcl;c&oacute;mo no ha de gastarse el
+cuerpo del hombre!&raquo;.</p>
+
+<p>Y los s&iacute;ntomas de decadencia aumentaban con rapidez aterradora. Dos d&iacute;as
+despu&eacute;s not&oacute; Feijoo que no o&iacute;a bien. El sonido se le escapaba, como si
+el mundo todo con su bulla y las palabras de los hombres se hubieran ido
+m&aacute;s lejos. Fortunata ten&iacute;a que gritar para que &eacute;l se enterase de lo que
+dec&iacute;a. A lo penoso de esta situaci&oacute;n un&iacute;ase lo que tiene de rid&iacute;culo.
+Verdad que a&uacute;n andaba al paso de costumbre; pero el cansancio era mayor
+que antes, y cuando sub&iacute;a escaleras, el aliento le faltaba. Mir&aacute;base al
+espejo por las ma&ntilde;anas, y en aquella consulta infalible notaba fl&aacute;ccidas
+y amarillentas sus mejillas, antes lozanas; la frente se apergaminaba, y
+ten&iacute;a los ojos enrojecidos y llorones. Al ponerse las botas, la rodilla
+derecha le dol&iacute;a como si le metieran por la choquezuela una aguja
+caliente, y siempre que se inclinaba, un m&uacute;sculo de la espalda, cuyo
+nombre no sab&iacute;a &eacute;l, produc&iacute;ale molestia lacerante, que fuera terrible si
+no pasara pronto... &laquo;&iexcl;Qu&eacute; baj&oacute;n tan grande, compa&ntilde;ero&mdash;se dec&iacute;a&mdash;, pero
+qu&eacute; baj&oacute;n! Y esto va a escape. Ya se ve. La locurilla me ha cogido ya
+con los huesos duros y con muchas Navidades encima... Pero francamente,
+este bajoncito no me lo esperaba yo todav&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>Esto le ocasion&oacute; grandes tristezas que al principio trataba de disimular
+delante de su querida; pero una tarde que estaban sentados junto al
+balc&oacute;n, se le abatieron tanto los esp&iacute;ritus que no pudo contener su pena
+y la confi&oacute; a su amiga: &laquo;Chulita, habr&aacute;s notado que yo... pues... habr&aacute;s
+visto que mi salud no es buena. Y entre par&eacute;ntesis, &iquest;qu&eacute; edad me echas
+t&uacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Sesenta&mdash;dijo ella seriamente con la reserva mental de que se quedaba
+algo corta.</p>
+
+<p>&mdash;Hace unos d&iacute;as que he entrado en lo sesenta y nueve... Dentro de nada
+setenta... &iquest;Sabes que de quince d&iacute;as a esta parte me parece que he
+envejecido de golpe y porrazo veinte a&ntilde;os? Yo me conservaba en mis
+apariencias y en mis br&iacute;os de cincuenta, cuando de improviso la
+naturaleza ha dicho: &laquo;&iexcl;Que me voy... que no puedo m&aacute;s...!&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata hab&iacute;a notado el baj&oacute;n; pero, como es natural, no hablaba de
+semejante cosa.</p>
+
+<p>&laquo;Lo que m&aacute;s me carga&mdash;dijo D. Evaristo con rabia, dando un pu&ntilde;etazo en
+el brazo del sill&oacute;n&mdash;, es que la vista... Yo siempre he tenido una vista
+como un lince. Fig&uacute;rate que en la Habana ve&iacute;a, desde el castillo de
+Atar&eacute;s, las se&ntilde;ales del vig&iacute;a del Morro, distinguiendo perfectamente los
+colores de las banderas. Pues desde ayer noto no s&eacute; qu&eacute;. Algunos objetos
+se me oscurecen completamente, y cuando me da el sol, me pican los
+ojos... Desde ma&ntilde;ana pienso usar gafas verdes. Estar&eacute; bonito. En cuanto
+al o&iacute;do, ya te habr&aacute;s enterado. Hace d&iacute;as era el izquierdo, ahora es el
+derecho; he ascendido: era teniente y soy ya capit&aacute;n. Te aseguro que
+estoy divertido. Pero es insigne majader&iacute;a rebelarse contra la
+naturaleza. Tiene ella sus fueros, y el que los desconoce, lo paga. Yo
+he sido en esto poco pr&aacute;ctico, si&eacute;ndolo tanto en otras cosas; pero ya
+que se me olvidaron los papeles en el caso este de hacer el pollo a los
+sesenta y nueve a&ntilde;os, voy a recogerlos para prevenir las malas
+consecuencias. Ahora es preciso que me ocupe m&aacute;s de ti que de m&iacute;. Yo,
+poco puedo durar...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No... &iexcl;qu&eacute; tontuna!&mdash;dijo Fortunata, aquella vez m&aacute;s piadosa que
+sincera.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; no me vengas t&uacute; con zalamer&iacute;as. Por mucho que tire... pon que
+tire un a&ntilde;o, dos; eso si no me quedo el mejor d&iacute;a hecho un monigote y en
+tal estado que tengas t&uacute; que sonarme y ponerme la cuchara en la boca. De
+todas maneras, ya tengo poca cuerda, chulita de mi alma, y tengo que
+pensar mucho en ti, que la tienes todav&iacute;a para rato, pues ahora est&aacute;s en
+la flor de tus a&ntilde;os y en lo mejor de tu hermosura.</p>
+
+<p>Y otro d&iacute;a, subiendo la escalera, notaba que casi la sub&iacute;a m&aacute;s con los
+brazos que con las piernas, pues ten&iacute;a que ampararse del pasamanos,
+haciendo mucha fuerza en &eacute;l. &laquo;Esto va por la posta. Si me descuido, no
+tengo tiempo ni de dejar a esta infeliz bien defendida de los pillos y
+de las propias debilidades de su car&aacute;cter. &iexcl;Pobre chulita! Hay que mirar
+mucho c&oacute;mo la dejo, porque esta al son que la tocan baila. Lo que se me
+ha ocurrido para asegurarla contra incendios, es decir, contra los
+<i>rasgos</i> de todas clases, quiz&aacute;s no le guste; de fijo que no le gustar&aacute;.
+Pero ya ir&aacute; comprendiendo que no hay otro camino... &iexcl;Ay de m&iacute;, que a&uacute;n
+me falta un tramo! Dios nos asista. &iexcl;Qui&eacute;n me hab&iacute;a de decir a m&iacute;...!&raquo;.</p>
+
+<p>Al entrar en la casa, pas&oacute; insensiblemente del soliloquio al discurso,
+dando voz a sus meditaciones. &laquo;&iexcl;Qui&eacute;n me hab&iacute;a de decir a m&iacute; que
+llegar&iacute;a a ocuparme de que existan boticas en el mundo! Yo que jam&aacute;s
+cat&eacute; p&iacute;ldora, ni pastilla, ni gl&oacute;bulo, tengo mi alcoba llena de
+potingues; y si fuera a hacer todo lo que el m&eacute;dico me dice, no durar&iacute;a
+tres d&iacute;as. &iexcl;Y qui&eacute;n me hab&iacute;a de decir a m&iacute; que le har&iacute;a ascos a la
+comida, yo que jam&aacute;s le he preguntado a ning&uacute;n plato por sus
+intenciones! El est&oacute;mago se me quiere jubilar antes que lo dem&aacute;s del
+cuerpo, y ya debes suponer que faltando el jefe de la oficina... En fin,
+qu&eacute; le hemos de hacer&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar aqu&iacute;, D. Evaristo ten&iacute;a que alzar mucho la voz para hacerse
+o&iacute;r, porque en la calle se situ&oacute; un pianito de manubrio, tocando polkas
+y walses. Las del tercero, que eran las amas o sobrinas del ec&oacute;nomo de
+San Andr&eacute;s, que all&iacute; viv&iacute;a, se pusieron a bailar, y al poco rato
+hicieron lo propio de los del segundo de la derecha. En el principal y
+segundo de la casa de enfrente armose igual jaleo, y como los chicos
+alborotaban tanto en la calle, la griter&iacute;a era espantosa y D. Evaristo y
+su amiga tuvieron que callarse, mir&aacute;ndose y riendo.</p>
+
+<p>&laquo;Pues sobre que estoy sordo&mdash;dijo el simp&aacute;tico viejo&mdash;, la vecindad no
+nos deja o&iacute;rnos. Call&eacute;monos, que tiempo hay de hablar&raquo;.</p>
+
+<p>Fij&oacute; sus tristes miradas en el suelo y Fortunata, con los brazos
+cruzados, mir&aacute;bale atenta, contemplando los estragos de la degeneraci&oacute;n
+senil en su fisonom&iacute;a, mientras se alejaban y extingu&iacute;an en la calle los
+picantes ritmos del baile. La tarde ca&iacute;a; pronto iba a ser de noche, y
+como Feijoo ten&iacute;a horror a la oscuridad, su amiga encendi&oacute; luz, que puso
+en la mesa de camilla, y cerr&oacute; despu&eacute;s las maderas.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;En d&oacute;nde has estado hoy?&raquo; le pregunt&oacute; D. Evaristo, que casi todas las
+noches le hac&iacute;a la misma pregunta, no por fiscalizar sus actos, sino
+porque de aquella interrogaci&oacute;n sal&iacute;a casi siempre una pl&aacute;tica
+agradable.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hoy al mediod&iacute;a sub&iacute; a casa de las del cura&mdash;dijo ella sonriendo
+y pas&aacute;ndole el brazo por encima de los hombros&mdash;. Son dos sobrinas o qu&eacute;
+s&eacute; yo qu&eacute;, guapillas, y se parecen aunque no son hermanas. Ayer
+estuvieron aqu&iacute; y me dijeron si les quer&iacute;a pespuntar y dobladillar unas
+tiras para tableado de vestidos. Se componen mucho y tienen arriba la
+mar de figurines. Est&aacute;n haciendo dos trajes, y si vieras... no pude por
+menos de re&iacute;rme; porque del terciopelo que les sobra hacen trajes para
+Ni&ntilde;os Jes&uacute;s y para V&iacute;rgenes. Todo lo aprovechan, y hasta una hebilla de
+sombrero que no puedan gastar, se la plantan a cualquier santo en la
+cintura.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a hecho Fortunata algunas relaciones en la vecindad m&aacute;s pr&oacute;xima. Se
+visitaba con los inquilinos de la casa, y con alguna familia de la
+inmediata, gente muy llana, muy neta; como que a todas las visitas iba
+la pr&oacute;jima con mant&oacute;n y pa&ntilde;uelo a la cabeza. En el tiempo que dur&oacute;
+aquella c&oacute;moda vida volvieron a determinarse en ella las primitivas
+maneras, que hab&iacute;a perdido con el roce de otra gente de m&aacute;s afinadas
+costumbres. El adem&aacute;n de llevarse las manos a la cintura en toda ocasi&oacute;n
+volvi&oacute; a ser dominante en ella, y el hablar arrastrado, dejoso y
+prolongando ciertas vocales, reverdeci&oacute; en su boca, como reverdece el
+idioma nativo en la de aquel que vuelve a la patria tras larga ausencia.
+La gente m&aacute;s fina de aquella vecindad, o la que m&aacute;s procuraba serlo, era
+la familia del cura, y estas dos sobrinas eclesi&aacute;sticas se esforzaban en
+hacer contrastar su lenguaje atildado con el de su hermosa vecina.</p>
+
+<p>&laquo;Pero &iquest;no sabes, <i>hijo</i>, lo que me han dicho hoy?&mdash;prosigui&oacute; Fortunata
+conteniendo la risa&mdash;. &iexcl;Ay qu&eacute; gracia!... Te lo contar&eacute; para que te
+r&iacute;as. La mayor, que es la m&aacute;s estirada, levant&oacute; las cejas, y mir&aacute;ndome
+como con l&aacute;stima, y echando aquella voz tan fina, pero tan fina que
+parece que se la han hecho las ara&ntilde;as, fue y me dijo, dice: '&iquest;Pero ese
+se&ntilde;or, no se casa con usted?'. Por poco suelto el trapo... Yo le
+contest&eacute; 'puede' y sigui&oacute; con el serm&oacute;n. Para que me dejara en paz le
+dije al fin que s&iacute;, que nos &iacute;bamos a casar, que ya est&aacute;bamos sacando los
+papeles y que pronto se echar&iacute;an las proclamas&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bien contestado... &iexcl;Qu&eacute; ganas de meterse en lo que no les importa!</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora te pregunto yo&mdash;dijo Fortunata m&aacute;s cari&ntilde;osa, pero bastante m&aacute;s
+seria&mdash;. Si yo fuera soltera, &iquest;te casar&iacute;as conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;Sobre eso ya sabes cu&aacute;les son mis ideas&mdash;replic&oacute; &eacute;l de buen humor&mdash;.
+&iquest;Crees que han variado desde que estoy enfermo, y que los hombres
+piensan de un modo cuando tienen el est&oacute;mago como un reloj, y de otro
+cuando la maquina principia a descomponerse? Algo de esto pasa, chulita,
+y una cosa es hablar desde la altura de una salud perfecta y otra al
+borde del hoyo... Pero en esto del matrimonio te aseguro que no han
+variado mis ideas. Sigo creyendo que el casarse es est&uacute;pido, y me ir&eacute;
+para el otro barrio sin apearme de esto. &iexcl;Qu&eacute; quieres! Yo he visto mucho
+mundo... A m&iacute; no me la da nadie. S&eacute; que es condici&oacute;n precisa del amor la
+no duraci&oacute;n, y que todos los que se comprometen a adorarse mientras
+vivan, el noventa por ciento, cr&eacute;etelo, a los dos a&ntilde;os se consideran
+prisioneros el uno del otro, y dar&iacute;an algo por soltar el grillete. Lo
+que llaman infidelidad no es m&aacute;s que el fuero de la naturaleza que
+quiere imponerse contra el despotismo social, y por eso ver&aacute;s que soy
+tan indulgente con los y las que se pronuncian.</p>
+
+<p>Por aqu&iacute; sigui&oacute; en su ingenioso tema; pero Fortunata no entend&iacute;a bien
+estas teor&iacute;as, sin duda por el lenguaje que empleaba su amigo. A poco de
+esto se puso ella a cenar. Feijoo no tomaba m&aacute;s que un huevo pasado y
+despu&eacute;s chocolate, porque su est&oacute;mago no le permit&iacute;a ya las cenas
+pesadas. Pero en su frugal colaci&oacute;n gozaba viendo comer a su protegida,
+cuyo apetito era una bendici&oacute;n de Dios.</p>
+
+<p>&laquo;Hija, tienes un apetito modelo. Te estoy mirando, y al paso que te
+envidio, me felicito de verte tan bien agarrada a la vida. As&iacute;, as&iacute; me
+gusta... No te d&eacute; verg&uuml;enza de comer bien, y puesto que lo hay, apl&iacute;cate
+todo lo que puedas, que d&iacute;a vendr&aacute;... ojal&aacute; que no. Ya ves qu&eacute;
+contraste; yo voy para abajo, t&uacute; para arriba. &iexcl;Cuando digo que tienes lo
+mejor de la vida por delante...! Y buena tonta ser&aacute;s si no engordas todo
+lo que puedas, y te pones las carnes a&uacute;n m&aacute;s duras y apretadas si es
+posible. Fig&uacute;rate si con esas tragaderas estar&aacute;s bien dispuesta para el
+amor&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de esto y mientras Fortunata se com&iacute;a una cantidad inapreciable
+de pasas y almendras, cogi&eacute;ndolas del plato una a una y llev&aacute;ndoselas a
+la boca sin mirarlas, el bondadoso anciano sigui&oacute; sus habladur&iacute;as con
+cierto desconcierto, y como desvariando. A ratos parec&iacute;a incomodado, y
+expres&aacute;ndose cual si refutara opiniones que acabara de o&iacute;r, daba
+palmetazos en los brazos del sill&oacute;n:</p>
+
+<p>&laquo;Si siempre he sostenido lo mismo, si no es de ahora esta opini&oacute;n. El
+amor es la reclamaci&oacute;n de la especie que quiere perpetuarse, y al
+est&iacute;mulo de esta necesidad tan conservadora como el comer, los sexos se
+buscan y las uniones se verifican por elecci&oacute;n fatal, superior y extra&ntilde;a
+a todos los artificios de la Sociedad. M&iacute;ranse un hombre y una mujer.
+&iquest;Qu&eacute; es? La exigencia de la especie que pide un nuevo ser, y este nuevo
+ser reclama de sus probables padres que le den vida. Todo lo dem&aacute;s es
+m&uacute;sica; fatuidad y palabrer&iacute;a de los que han querido hacer una Sociedad
+en sus gabinetes, fuera de las bases inmortales de la Naturaleza. &iexcl;Si
+esto es claro como el agua! Por eso me r&iacute;o yo de ciertas leyes y de todo
+el c&oacute;digo penal social del amor, que es un f&aacute;rrago de tonter&iacute;as
+inventadas por los feos, los mamarrachos y los sabios est&uacute;pidos que
+jam&aacute;s han obtenido de una hembra el m&aacute;s ligero favorcito&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata le miraba con sorpresa mezclada de temor, el codo en la mesa,
+derecho el busto, en una actitud airosa y elegante, llevando
+pausadamente del plato a la boca, ahora una pasita, ahora una
+almendrita. Feijoo le cogi&oacute; la barbilla entre sus dedos, dici&eacute;ndole con
+cari&ntilde;o: &laquo;&iquest;Verdad, chulita, que tengo raz&oacute;n? &iquest;Verdad que s&iacute;?... &iexcl;Ay, qu&eacute;
+ser&aacute; de ti, chulita, cuando yo me muera!... &iquest;Y en lo que me queda de
+vida, si esta se prolonga y voy m&aacute;s para abajo todav&iacute;a...? Hay que
+preverlo todo, compa&ntilde;era. &iexcl;Me ha entrado un desasosiego...! &iexcl;Qu&eacute; gruesa
+est&aacute;s y qu&eacute; hermosota, y yo... yo... concluido, absolutamente concluido!
+Soy un reloj que toc&oacute; su &uacute;ltima campanada, y aunque anda un poco
+todav&iacute;a, ya no da la hora&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;murmur&oacute; ella frot&aacute;ndole el pecho con su cabeza&mdash;, no... Todav&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; ilusi&oacute;n! Yo acab&eacute;. El est&oacute;mago me pide el retiro. Hay algo en
+m&iacute; que ha hecho dimisi&oacute;n; pero dimisi&oacute;n irrevocable; efectividad
+concluida, funciones que pasaron a la historia. Es preciso prevenir...
+mirar por ti, asegurarte contra la tonter&iacute;a.</p>
+
+<p>Fortunata se re&iacute;a, y para calmarle aquel desasosiego que sus
+estrafalarios pensamientos y aprensiones le causaban, prodigole aquella
+noche, hasta que se separaron, los cari&ntilde;os y cuidados de una hija
+amant&iacute;sima con el mejor de los padres.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>Al siguiente d&iacute;a, Feijoo le dijo al entrar: &laquo;Hoy es la primera vez
+que he tenido que tomar un coche desde la Plaza Mayor aqu&iacute;. Hasta ahora
+las piernas se han defendido; estas piernas que han hecho marchas de
+seis leguas en una noche... Tengo el sim&oacute;n a la puerta. Vente conmigo y
+vamos a dar una vuelta por las rondas del Sur&raquo;. Fortunata no pensaba m&aacute;s
+que en complacerle, y accedi&oacute; con alg&uacute;n recelo, pues siempre que
+paseaban juntos, aunque fuera por sitios apartados, tem&iacute;a encontrarse a
+Maximiliano o a do&ntilde;a Lupe a la vuelta de una esquina. Esta idea le hac&iacute;a
+temblar.</p>
+
+<p>Pasearon un buen ratito, sin que tuvieran ning&uacute;n encuentro desagradable.
+Dos d&iacute;as despu&eacute;s, don Evaristo no fue a verla, y en su lugar lleg&oacute; el
+criado con una breve esquelita, llam&aacute;ndola. El se&ntilde;or hab&iacute;a pasado muy
+mala noche, y el m&eacute;dico le hab&iacute;a ordenado que se quedase en la cama.
+Corri&oacute; all&aacute; Fortunata muy afligida, y le vio incorporado en el lecho,
+afectando tranquilidad y alegr&iacute;a. &laquo;No es nada de particular&mdash;le dijo,
+haci&eacute;ndola sentar a su lado&mdash;. El m&eacute;dico se empe&ntilde;a en que no salga. Pero
+no estoy mal; casi casi estoy mejor que los d&iacute;as pasados. S&oacute;lo que como
+no tengo costumbre de encamarme... Desde que pas&eacute; la fiebre amarilla en
+Cuba hace cuarenta a&ntilde;os, no sab&iacute;a yo lo que son s&aacute;banas a las cuatro de
+la tarde. &iexcl;Qu&eacute; ganas ten&iacute;a de verte! Anoche me entr&oacute; como una
+angustia... Cre&iacute; que me mor&iacute;a sin dejarte arreglada una vida pr&aacute;ctica,
+esencialmente pr&aacute;ctica. Por lo que pueda tronar, te voy a decir lo que
+desde hace d&iacute;as tengo pensado. Ver&aacute;s qu&eacute; plan. Al principio puede que te
+escueza un poco; pero... no hay otro remedio, no hay otro remedio&raquo;.</p>
+
+<p>Inclinose del lado en que la joven estaba, para poner su boca lo m&aacute;s
+cerca posible del o&iacute;do de ella, y le dispar&oacute; cara a cara estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Resultado de lo mucho que cavilo por ti. Es preciso que te vuelvas a
+unir a tu marido&raquo;.</p>
+
+<p>Contra lo que el simp&aacute;tico viejo esperaba Fortunata no hizo aspavientos
+de sorpresa.</p>
+
+<p>Puso, s&iacute;, una carita muy monamente apenada, y alzando la voz, dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Pero eso, &iquest;cabe en lo posible?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No necesitas alzar mucho la voz. Hoy estoy mucho mejor de la sordera.
+Por este o&iacute;do izquierdo me entra todo perfectamente, y no sale por el
+otro... &iquest;Dices que si cabe en lo posible? De eso se trata; de hacerle
+hueco. Ya he tanteado el terreno. Esta ma&ntilde;ana estuvo Juan Pablo a verme
+y le ech&eacute; una chinita. Has de saber que anteayer me encontr&eacute; a do&ntilde;a Lupe
+en la calle y le arroj&eacute; otra chinita.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ellos saben...?&mdash;pregunt&oacute; la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n con los labios muy
+secos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Esto?... Creo que no. Quiz&aacute;s lo sospechen; pero oficialmente no saben
+nada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!, no me pod&iacute;as decir nada&mdash;manifest&oacute; la joven d&aacute;ndose un
+leng&uuml;etazo en los labios, que se le secaban m&aacute;s todav&iacute;a&mdash;, nada que me
+fuera m&aacute;s antip&aacute;tico, m&aacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo comprendo...&mdash;Si t&uacute; no te has de morir&mdash;dijo Fortunata
+irgui&eacute;ndose con br&iacute;o, en son de protesta&mdash;. &iexcl;Si te pondr&aacute;s bueno...!</p>
+
+<p>Feijoo hab&iacute;a cerrado los ojos, y se sonre&iacute;a en las tinieblas de su
+meditaci&oacute;n. La chulita callaba mir&aacute;ndole. Con aquella sonrisa, que
+parec&iacute;a la que les queda a algunas caras despu&eacute;s que se han muerto,
+contestaba D. Evaristo mejor que con palabras.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y a Nicol&aacute;s le has echado otra chinita?&raquo; pregunt&oacute; ella despu&eacute;s de una
+pausa, queriendo alegrar conversaci&oacute;n tan l&uacute;gubre.</p>
+
+<p>&mdash;No, porque no le he visto. Es el m&aacute;s bruto de los tres. T&uacute; cr&eacute;eme; si
+ganamos a do&ntilde;a Lupe, todos los dem&aacute;s bajar&aacute;n la cabeza, incluso tu
+marido. Do&ntilde;a Lupe es la que manda all&iacute;, y peor para ellos si no mandara.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, yo dudo mucho que quieran... Les jugu&eacute; una partida muy
+serrana&mdash;afirm&oacute; ella, gozosa de encontrar un argumento contra aquel plan
+tan contrario a su gusto&mdash;, pero muy serrana. Lo que yo hice es de eso
+que no se perdona.</p>
+
+<p>&mdash;Todo se perdona, hija, todo, todo&mdash;dijo el enfermo con indulgencia
+empapada en escepticismo&mdash;. Por muy grande que nos figuremos la masa de
+olvido derramado en la sociedad como elemento reparador, esa masa supera
+todav&iacute;a a todos nuestros c&aacute;lculos. El bien y la gratitud son limitados;
+siempre los encontramos cortos. El olvido es infinito. De &eacute;l se deriva
+el <i>vuelva a empezar</i>, sin el cual el mundo se acabar&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, no, no es posible... No tienen verg&uuml;enza si me perdonan.</p>
+
+<p>&mdash;Eso, all&aacute; ellos... Lo que me importa a m&iacute; es que t&uacute; quedes en una
+situaci&oacute;n correcta y sobre todo... pr&aacute;ctica. Tienes t&uacute; en ti misma poca
+defensa contra los peligros que a la vida ofrece continuadamente el
+entusiasmo. Si te dejo sola, aunque te asegure la subsistencia, te
+arrastrar&aacute;n otra vez las pasiones y volver&aacute;s a la vida mala. Necesita mi
+ni&ntilde;a un freno, y ese freno, que es la legalidad, no le ser&aacute; molesto si
+lo sabe llevar... si sigue los consejos que voy a darle. Tonta,
+tontaina, si todo en este mundo depende del modo, del estilo... Nada es
+bueno ni malo por s&iacute;. &iquest;Me entiendes? Ojo al coraz&oacute;n es lo primero que te
+digo. No permitas que te domine. Eso de echar todo por la ventana en
+cuanto el se&ntilde;or coraz&oacute;n se atufa, es un disparate que se paga caro. Hay
+que dar al coraz&oacute;n sus miajitas de carne; es fiera y las hambres largas
+le ponen furioso; pero tambi&eacute;n hay que dar a la fiera de la sociedad la
+parte que le corresponde, para que no alborote. Si no, lo echas todo a
+rodar, y no hay vida posible. A ti te asusta el hacer vida com&uacute;n con tu
+marido porque no le quieres...</p>
+
+<p>&mdash;Ni tanto as&iacute;; no le quiero, ni es posible que le quiera nunca, nunca,
+nunca.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente. Pues todo se arreglar&aacute;, hija, todo se arreglar&aacute;... No te
+apures ni pongas esa cara tan afligida. Hablaremos despacio. Por hoy no
+quiero calentarte la cabeza, ni calent&aacute;rmela yo, que bastante he
+charlado ya, y empiezo a sentirme mal. Est&aacute; la cosa aprobada en
+principio... en principio.</p>
+
+<p>Quedose dormido el buen se&ntilde;or, que por haber pasado muy mala noche,
+ten&iacute;a sue&ntilde;o atrasado, y Fortunata permaneci&oacute; a su lado sin chistar ni
+moverse por no turbar su descanso. Examinaba la habitaci&oacute;n y habr&iacute;a
+deseado poder escudri&ntilde;ar la casa toda. De lo que en la alcoba observ&oacute;,
+hubo de sacar el conocimiento de que la casa estaba muy bien puesta. D.
+Evaristo, que tan pr&aacute;ctico quer&iacute;a ser en la vida social, deb&iacute;a de serlo
+m&aacute;s en la dom&eacute;stica, y, conforme a sus ideas, lo primero que tiene que
+hacer el hombre en este valle de inquietudes es buscarse un buen agujero
+donde morar, y labrar en &eacute;l un perfecto molde de su car&aacute;cter. Soltero y
+con fortuna suficiente para quien no tiene mujer ni chiquillos ni
+familia pr&oacute;xima, Feijoo viv&iacute;a en dichosa soledad, bien servido por
+criados fieles, due&ntilde;o absoluto de su casa y de su tiempo, no priv&aacute;ndose
+de nada que le gustase, y teniendo todos los deseos cumplidos en el filo
+mismo de su sant&iacute;sima voluntad. M&aacute;s que por el lujo, despuntaba la casa
+por la comodidad y el aseo. Gobern&aacute;bala una tal do&ntilde;a Paca, gallega, que
+tuvo casa de hu&eacute;spedes distinguidos y recomendados, en la cual vivi&oacute;
+Feijoo mucho tiempo, y completaban la servidumbre una cocinera bastante
+buena y un criado muy callado y ya algo viejo, que hab&iacute;a sido asistente
+de su amo.</p>
+
+<p>Este despert&oacute; como a la media hora de haberse dormido, y restreg&aacute;ndose
+los ojos y gru&ntilde;endo un poco, hubo de asombrarse de ver all&iacute; a su amiga,
+y alarg&oacute; la cabeza para mirarla. Vi&eacute;ndola re&iacute;r, se expres&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Pues con el sue&ntilde;ecito que he echado perd&iacute; la situaci&oacute;n, chica, y al
+despertar, no me acordaba de que hab&iacute;as quedado ah&iacute;... Y vi&eacute;ndote ahora,
+me dec&iacute;a yo, en ese estado de torpeza que divide el dormir del velar:
+'&iquest;pero es ella la que veo? &iquest;C&oacute;mo y cu&aacute;ndo ha venido a mi casa?'&raquo;.</p>
+
+<p>Sac&oacute; su mano de entre las s&aacute;banas para tomar la de ella, y recogiendo al
+punto las ideas que se hab&iacute;an dispersado, le dijo: &laquo;F&iacute;jate bien en una
+cosa, y es que do&ntilde;a Lupe <i>la de los Pavos</i>, que es la persona de m&aacute;s
+entendimiento en toda esa familia, no se ha de llevar mal contigo, si
+tienes tacto. Lo que a do&ntilde;a Lupe le gusta es mangonear, dirigir la casa,
+y ech&aacute;rselas de consejera y maestra. Hay que darle cuerda por ah&iacute;, y
+dejarla que mangonee todo lo que quiera. El gobierno de la casa lo ha de
+llevar mucho mejor que t&uacute;, porque es mujer que lo entiende: la trat&eacute; un
+poco cuando viv&iacute;a su marido, que era amigo y paisano m&iacute;o. Por cierto que
+cuando se qued&oacute; viuda, dio en la flor de decir que yo le hac&iacute;a el oso.
+&iexcl;Tonter&iacute;a y fatuidad suya!... Pero en fin, es mujer de gobierno. De modo
+que dej&aacute;ndola que se explaye a su gusto en todo lo que sea el mete y
+saca de la vida dom&eacute;stica, podr&aacute;s conservar tu independencia en lo
+dem&aacute;s. No s&eacute; si me entiendes ahora; pero ya te lo explicar&eacute; mejor. En
+&uacute;ltimo caso, si alg&uacute;n d&iacute;a tuvieras un choque con ella, te plantas y le
+dices: &laquo;ea, se&ntilde;ora, yo no me meto en lo que es de su incumbencia de
+usted. No se meta usted en lo que es de la m&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Se hab&iacute;a hecho de noche y los dos interlocutores no se ve&iacute;an. Feijoo
+llam&oacute; para que trajeran luz, y cuando la trajo do&ntilde;a Paca, la primera
+claridad que se esparci&oacute; por el aposento sirvi&oacute; al ama de llaves para
+examinar con r&aacute;pida inspecci&oacute;n el rostro de la amiga de su se&ntilde;or,
+dici&eacute;ndose: &laquo;esta es la p&aacute;jara que nos le ha trastornado&raquo;. Aquel
+curioseo receloso de criado que espera heredar, fue seguido de
+diferentes pretextos para permanecer all&iacute; con idea de pescar algo de la
+conversaci&oacute;n. Pero mientras Paca estuvo en la alcoba haciendo que
+ordenaba las cosas, moviendo los trastos y revisando las medicinas, D.
+Evaristo no despleg&oacute; los labios. Miraba a su ama de llaves, y su sonrisa
+maliciosa quer&iacute;a decir: &laquo;t&uacute; te cansar&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>As&iacute; fue. Retirose la due&ntilde;a, y D. Evaristo volvi&oacute; a su tema: &laquo;Lo primero
+que has de tener presente es que siempre, siempre, en todo caso y
+momento, hay que guardar el decoro. Mira, chulita, no me muero hasta que
+no te deje esta idea bien metida en la cabeza. Apr&eacute;ndete de memoria mis
+palabras, y rep&iacute;telas todas las ma&ntilde;anas a rengl&oacute;n seguido del
+Padre-nuestro&raquo;.</p>
+
+<p>Como un d&oacute;mine que repite la declinaci&oacute;n a sus disc&iacute;pulos, machacando
+s&iacute;laba tras s&iacute;laba, cual si se las claveteara en el cerebro a golpes de
+maza, D. Evaristo, la mano derecha en el aire, actuando a comp&aacute;s como un
+martillo, iba incrustando en el caletre de su alumna estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Guardando... las... apariencias, observando... las reglas... del
+respeto que nos debemos los unos a los otros... y... sobre todo, esto es
+lo principal... no descomponi&eacute;ndose nunca, oye lo que te digo... no
+descomponi&eacute;ndose nunca... (A la segunda repetici&oacute;n del concepto, la mano
+del d&oacute;mine qued&aacute;base suspendida en el aire; y sus cejas arqueadas en
+mitad de la frente, sus ojos extraordinariamente iluminados denotaban la
+importancia que daba a este punto de la lecci&oacute;n)... no descomponi&eacute;ndose
+nunca, se puede hacer todo lo que se quiera&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s le entr&oacute; tos. Do&ntilde;a Paca se apareci&oacute; dando gru&ntilde;idos y diciendo
+que la tos proven&iacute;a de tanto hablar, contra lo que el m&eacute;dico ordenaba.
+&laquo;A usted no le ha de matar la enfermedad, sino la conversaci&oacute;n... A ver
+si toma el jarabe y cierra el pico&raquo;. Para atenuar el efecto de esa
+salida un tanto descort&eacute;s, estando presente una visita, la se&ntilde;ora
+aquella agraci&oacute; a la intrusa con una sonrisilla forzada. &iquest;Cu&aacute;l de las
+dos dar&iacute;a al enfermo la cucharada de jarabe? Quiso hacerlo el ama de
+llaves; pero Fortunata estuvo m&aacute;s lista. La otra tom&oacute; su desquite,
+arrojando una observaci&oacute;n de autoridad displicente a la cara de la
+entrometida. &laquo;Eso es, dele el cloral en vez del jarabe, y la
+hacemos...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero no es esta la medicina?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Esa es, s&iacute;... pero pod&iacute;a usted haberse equivocado. Para eso estoy yo
+aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Que me d&eacute; lo que quiera&mdash;gru&ntilde;&oacute; Feijoo con burlesca incomodidad&mdash;. &iquest;A
+usted qu&eacute; le importa, se&ntilde;ora do&ntilde;a Francisca?...</p>
+
+<p>&mdash;Es que...&mdash;Bueno; aunque me envenenara. Mejor.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>Al verse otra vez en su casa y sola, Fortunata no pod&iacute;a con la
+gusanera de pensamientos que <i>le llenaba toda la caja de la cabeza</i>.
+&iexcl;Volver con su marido! &iexcl;Ser otra vez la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n! Si un mes antes
+le hubieran hablado de tal cosa, se habr&iacute;a echado a re&iacute;r. La idea
+continuaba teniendo para ella una extra&ntilde;eza dolorosa; pero despu&eacute;s de lo
+que oy&oacute; al buen amigo no le parec&iacute;a tan absurda. &iquest;Llegar&iacute;a aquello a ser
+posible y hasta conveniente? Un cuchicheo de su alma le dijo que s&iacute;,
+aunque las antipat&iacute;as que los Rub&iacute;n le inspiraban no se extinguieran.
+Que D. Evaristo se mor&iacute;a pronto era cosa indudable: no hab&iacute;a m&aacute;s que
+verle. &iquest;Qu&eacute; iba a ser de ella, privada de la direcci&oacute;n y consejo de tan
+excelente hombre?... &iexcl;Cuidado que sab&iacute;a el tal! Toda la ciencia del
+mundo la pose&iacute;a al dedillo, y la naturaleza humana, <i>el aquel de la
+vida</i>, que para otros es tan dif&iacute;cil de conocer, para &eacute;l era como un
+catecismo que se sabe de memoria. &iexcl;Qu&eacute; hombre!</p>
+
+<p>As&iacute; como en las mutaciones de cuadros disolventes, a medida que unas
+figuras se borran van apareciendo las l&iacute;neas de otras, primero una
+vaguedad o presentimiento de las nuevas formas, despu&eacute;s contornos, luego
+masas de color, y por fin, las actitudes completas, as&iacute; en la mente de
+Fortunata empezaron a esbozarse desde aquella noche, cual apariencias
+que brotan en la nebulosa del sue&ntilde;o, las personas de Maxi, de do&ntilde;a Lupe,
+de Nicol&aacute;s Rub&iacute;n y hasta de la misma Papitos. Eran ellos que sal&iacute;an
+nuevamente a luz, primero como espectros, despu&eacute;s como seres reales con
+cuerpo, vida y voz. Al amanecer, inquieta y rebelde al sue&ntilde;o, o&iacute;ales
+hablar y reconoc&iacute;a hasta los gestos m&aacute;s insignificantes que modelaban la
+personalidad de cada uno.</p>
+
+<p>Levantose la chulita muy tarde y recibi&oacute; un recado de su amigo
+dici&eacute;ndole que estaba mejor y que se levantar&iacute;a y saldr&iacute;a a la calle con
+permiso del tiempo. Esper&oacute; su visita, y en tanto no cesaba de cavilar en
+lo mismo. La gratitud que hacia Feijoo sent&iacute;a, era m&aacute;s viva a&uacute;n que
+antes, y habr&iacute;a deseado que la vida que con &eacute;l llevaba continuase, pues
+aunque algo tediosa, era tan pac&iacute;fica que no deb&iacute;a ambicionar otra
+mejor. &laquo;Si dura mucho esto, &iquest;llegar&eacute; a cansarme y a no poder sufrir esta
+soser&iacute;a?</p>
+
+<p>Puede que s&iacute;&raquo;. El apetito del coraz&oacute;n, aquella necesidad de querer
+fuerte, le daba sus desazones de tiempo en tiempo, produci&eacute;ndole la
+ilusi&oacute;n triste de estar como encarcelada y puesta a pan y agua. Pero no
+se conformaba; quiz&aacute;s cada d&iacute;a la conformidad era menor... quiz&aacute;s ve&iacute;a
+con agrado en las lontananzas de su imaginaci&oacute;n algo nuevo y desconocido
+que interesara profundamente su alma, y pusiera en ejercicio sus
+facultades, que se desentumec&iacute;an despu&eacute;s de una larga inactividad.</p>
+
+<p>Don Evaristo lleg&oacute; en coche a eso de las cuatro muy animado, y le mand&oacute;
+que le hiciera un chocolatito para las cinco. Esmerose ella en esto, y
+cuando el buen se&ntilde;or tomaba con gana su merienda, le dijo entre otras
+cosas que, si segu&iacute;a mejor, al d&iacute;a siguiente hablar&iacute;a con Juan Pablo,
+plante&aacute;ndole la cuesti&oacute;n resueltamente. &laquo;Y tambi&eacute;n te digo una cosa. No
+veo la causa de que tu marido te sea tan odioso. Podr&aacute; no ser simp&aacute;tico;
+pero no es mala persona. Podr&aacute; no ser un Adonis; pero tampoco es el
+coco. Mujeres hay casadas con hombres infinitamente peores, y viven con
+ellos; all&aacute; tendr&aacute;n sus encontronazos; pero se arreglan y viven... T&uacute; no
+seas tonta, que no sabes la ganga que es tener un hombre y una chapa
+decorosa en el casillero de la sociedad. Si sacas partido de esto, ser&aacute;s
+feliz. Casi estoy por decirte que mejor te cuadra un marido como el que
+tienes, que otro de mejor l&aacute;mina, porque con un poco de muleta har&aacute;s de
+&eacute;l lo que quieras. Me han dicho que desde la separaci&oacute;n est&aacute; muy
+taciturno, muy dado a sus estudios, y que no se le conocen trapicheos ni
+distracciones... Por grandes que sean sus resentimientos, chica, creo
+que en cuanto le hablen de volver contigo, se le hace la boca agua&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata, sonriendo, dio a entender su incredulidad.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Que no? &iexcl;Ay, chulita!, t&uacute; no conoces la naturaleza humana. Cree lo que
+te he dicho. Maximiliano te abrir&aacute; los brazos. &iquest;No ves que es como t&uacute;,
+un apasionado, un sentimental? Te idolatra, y los que aman as&iacute;, con esa
+locura, se pirran por perdonar. &iexcl;Ah, perdonar! Todo lo que sea <i>rasgos</i>
+les vuelve locos de gusto. T&uacute; d&eacute;jate querer, grand&iacute;sima tonta, y hazte
+cargo de que se te presenta un ancho horizonte de vida... si lo sabes
+aprovechar&raquo;.</p>
+
+<p>Esto del horizonte aviv&oacute; en la mente de la joven aquel naciente anhelo
+de lo desconocido, del querer fuerte sin saber c&oacute;mo ni a qui&eacute;n. Lo que
+no pod&iacute;a era compaginar esperanza tan incierta con la vida de familia
+que se le recomendaba. Pero algo y aun algos se le iba clareando en el
+entendimiento.</p>
+
+<p>Feijoo mejor&oacute; sensiblemente en los d&iacute;as que siguieron al arrechucho
+aquel. Recobr&oacute; parte de sus fuerzas, algo del buen humor, y las
+presunciones de pr&oacute;xima muerte se desvanecieron en su esp&iacute;ritu. Mas no
+por esto desisti&oacute; de llevar adelante un plan que hab&iacute;a llegado a ser
+casi una man&iacute;a, absorbiendo todos sus pensamientos. Decidido a hablar
+con Juan Pablo, fue a verle una ma&ntilde;ana al caf&eacute; de Madrid, donde ten&iacute;a un
+rato de tertulia antes de entrar en la oficina, pues al fin &iexcl;miseria
+humana!, hubo de aceptar la credencialeja de doce mil que le hab&iacute;a dado
+Villalonga, por recomendaci&oacute;n del mismo Feijoo. No estaba contento ni
+mucho menos con esto del orgulloso Rub&iacute;n, y se quejaba de que una
+amistad sagrada le hubiera puesto en el compromiso de aceptar el turr&oacute;n
+alfonsino. Por supuesto que la situaci&oacute;n no duraba ni pod&iacute;a durar.
+C&aacute;novas no sab&iacute;a por d&oacute;nde andaba. Entre tanto, y supiera o no don
+Antonio lo que tra&iacute;a entre manos, ello es que Juan Pablo se hab&iacute;a
+comprado una chistera nueva, y ten&iacute;a el proyecto de trocar su capa, algo
+deshilachada de ribetes y mugrienta de forros, por otra nueva. Eso al
+menos iba ganando el pa&iacute;s.</p>
+
+<p>Pero de todas las mejoras de ropa que publicaban en los <i>c&iacute;rculos
+pol&iacute;ticos</i> y en las calles de Madrid el cambio de instituciones, ninguna
+tan digna de pasar a la historia como el estreno de levita de pa&ntilde;o fino
+que transform&oacute; a don Basilio Andr&eacute;s de la Ca&ntilde;a a los seis d&iacute;as de
+colocado. Hundiose en los abismos del ayer la levita antigua, con toda
+su mugre, testimonio lustroso de luengos a&ntilde;os de cesant&iacute;a y de arrastrar
+las mangas por las mesas de las redacciones. Completaba el buen ver de
+la prenda un sombrero de moda, y el gran D. Basilio parec&iacute;a un sol,
+porque su cara echaba lumbre de satisfacci&oacute;n. Desde que entr&oacute; a servir
+<i>en su ramo</i> y en la categor&iacute;a que le cuadraba, estaba el hombre que no
+cab&iacute;a en su chaleco. Hasta parec&iacute;a que hab&iacute;a engordado, que ten&iacute;a m&aacute;s
+pelo en la cabeza, que era menos miope, y que se le hab&iacute;an quitado diez
+a&ntilde;os de encima. Se afeitaba ya todos los d&iacute;as, lo que en realidad le
+quitaba el parecido consigo mismo. No quiero hablar de las otras muchas
+levitas y gabanes flamantes que se ve&iacute;an por Madrid, ni de las se&ntilde;oras
+que trocaban sus anticuados trajes por otros elegantes y de &uacute;ltima
+novedad. Este es un fen&oacute;meno hist&oacute;rico muy conocido. Por eso cuando pasa
+mucho tiempo sin cambio pol&iacute;tico, cogen el cielo con las manos los
+sastres y mercaderes de trapos, y con sus quejas acaloran a los
+descontentos y azuzan a los revolucionarios. &laquo;Est&aacute;n los negocios muy
+parados&raquo; dicen los tenderos; y otro resuella tambi&eacute;n por la herida
+diciendo: &laquo;No se protege al comercio ni a la industria...&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando Feijoo entr&oacute; en el caf&eacute; de Madrid, Juan Pablo no hab&iacute;a llegado
+a&uacute;n, y decidi&oacute; esperarle en el sitio que su amigo acostumbraba ocupar. A
+poco entr&oacute; D. Basilio presuroso, de levita nueva, el palillo entre los
+dientes, y se dirigi&oacute; al mostrador con ademanes gubernamentales. &laquo;Que me
+lleven el caf&eacute; a la oficina&raquo; dijo en voz alta, mirando el reloj y
+haciendo un gesto, por el cual los circunstantes podr&iacute;an comprender, sin
+necesidad de m&aacute;s explicaciones, el cataclismo que iba a ocurrir en la
+Hacienda si D. Basilio se retrasaba un minuto m&aacute;s.</p>
+
+<p>&laquo;Hola, D. Evaristo&mdash;dijo deteni&eacute;ndose un instante a estrecharle la
+mano&mdash;. &iquest;C&oacute;mo va la salud...? &iquest;Bien? Me alegro... Conservarse... Muy
+ocupado... Junta en el despacho del jefe... Abur&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Buen pelo echamos, &iquest;eh?... Sea enhorabuena. Yo tal cual. Adi&oacute;s.</p>
+
+<p>Al quedarse otra vez solo, D. Evaristo arrug&oacute; el ce&ntilde;o. Ocurri&oacute;sele una
+contrariedad que entorpecer&iacute;a su plan. Al ir hacia el caf&eacute; hab&iacute;a
+preparado por el camino el discurso que le espetar&iacute;a a Juan Pablo. Este
+discurso empezaba as&iacute;: &laquo;Amigo m&iacute;o, me he enterado de que la pobre mujer
+de su hermano de usted vive en el m&aacute;s grande apartamiento, arrepentida
+ya de su falta, indigente y sin amparo alguno...&raquo; y por aqu&iacute; segu&iacute;a.
+Pero esto era insigne torpeza, porque si despu&eacute;s de encarecer lo tronada
+y hambrienta que estaba Fortunata, &iexcl;la ve&iacute;an tan hermosa...! No, de
+ninguna manera. Facilillo era compaginar la lozan&iacute;a de la se&ntilde;ora de
+Rub&iacute;n con su desgracia. &iquest;Y c&oacute;mo evitar que del indicio de aquellas
+apretadas carnes y de aquel color admirable indujeran los parientes la
+certeza de una vida regalona, alegre y descuidada?... Uno rato estuvo mi
+hombre discurriendo c&oacute;mo probar que no es cosa del otro jueves que las
+personas afligidas engorden, y a&uacute;n no hab&iacute;a logrado construir su plan
+l&oacute;gico, cuando lleg&oacute; Juan Pablo, frot&aacute;ndose las manos, y dejando ver en
+su cara la satisfacci&oacute;n &iacute;ntima que el simple hecho de entrar en el caf&eacute;
+le produc&iacute;a. Era como el tinte de placidez que toma la cara del buen
+burgu&eacute;s al penetrar en el hogar dom&eacute;stico. Salud&aacute;ronse los dos amigos
+con el afecto de siempre. Despu&eacute;s de o&iacute;r, acerca de su salud, todas las
+vulgaridades hipocr&aacute;ticas con que el sano trastea al enfermo, como
+aquello de <i>es nervioso... pasee usted... yo tambi&eacute;n estuve as&iacute;</i>, Feijoo
+abord&oacute; la cuesti&oacute;n, y por zancas y barrancas, soltando lo primero que se
+le ocurr&iacute;a, lleg&oacute; a decir que &eacute;l se hab&iacute;a propuesto, por pura caridad,
+negociar la reconciliaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Probrecilla!&mdash;dijo Rub&iacute;n, echando los terrones de az&uacute;car en el vaso,
+con aquella pausa que constitu&iacute;a un verdadero placer&mdash;. Dice usted que
+pasando miserias y muy arrepentida... &iexcl;Cu&aacute;nto se habr&aacute; desmejorado!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Le dir&eacute; a usted... Precisamente desmejorarse, no; lo que est&aacute; es as&iacute;,
+muy... ensimismada. Pero sigue tan guapa como antes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y Santa Cruz, no...?&mdash;Quite usted, hombre. Si hace la mar de tiempo
+que tronaron. A poco de las trapisondas de marras... Desde entonces su
+cu&ntilde;ada de usted ha vivido apartada del bullicio, llorando sus faltas y
+comi&eacute;ndose los ahorros que ten&iacute;a, hasta que han venido los apuros. Ha
+sido una casualidad que yo me enterara. Ver&aacute; usted... me la encontr&eacute;
+hace d&iacute;as... contome sus cuitas... Me dio mucha pena. H&aacute;gase usted cargo
+de lo que sufrir&aacute; una criatura con la conciencia alborotada y en esta
+situaci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! Sr. D. Evaristo, a m&iacute; no me la da usted... Usted es muy tunante y
+las mata callando...</p>
+
+<p>Al o&iacute;r esto, la diplomacia de Feijoo se alarm&oacute;, creyendo llegada la
+ocasi&oacute;n de sacar, si no todo el Cristo, la cabeza de &eacute;l.</p>
+
+<p>&laquo;Mire usted, compa&ntilde;ero&mdash;le dijo con reposado acento&mdash;; cuando trato las
+cosas en serio, ya sabe usted que las bromas me parecen impertinentes,
+&iquest;estamos? Es poco delicado en usted suponer que he tenido alg&uacute;n l&iacute;o con
+esa se&ntilde;ora, y que lo disimilo con la hipocres&iacute;a de querer reconciliar el
+matrimonio. Vamos, que se pasa usted de pill&iacute;n...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Era un suponer, D. Evaristo&mdash;manifest&oacute; Rub&iacute;n desdici&eacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hac&iacute;a yo bonito papel... Hombre, muchas gracias...</p>
+
+<p>&mdash;No, no he dicho nada...&mdash;Adem&aacute;s, diferentes veces me ha o&iacute;do usted
+decir que hace tiempo que me cort&eacute; la coleta.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;.&mdash;Y si en mis treinta, y en mis cuarenta y aun en mis
+cincuenta, he toreado de lo fino, lo que es ahora... &iexcl;Pues estoy yo
+bueno para fiestas con mis sesenta y nueve a&ntilde;os y estos achaques...!
+H&aacute;game usted m&aacute;s favor, y cuando le digo una cosa, cr&eacute;amela, porque para
+eso son los buenos amigos, para creerle a uno...</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted raz&oacute;n, y lo que siento &iexcl;qu&eacute; cu&ntilde;a!, es que no viera en mi
+reticencia una broma...</p>
+
+<p>&mdash;Me parec&iacute;a a m&iacute; que el asunto, por tratarse de una persona de la
+familia de usted y por iniciarlo yo, no era para bromear.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n crey&oacute; o aparent&oacute; creer, y puso la atenci&oacute;n m&aacute;s filos&oacute;fica del
+mundo en lo que su amigo sigui&oacute; diciendo sobre materia tan importante. Y
+aqu&iacute; viene bien un dato: Juan Pablo hab&iacute;a recibido de Feijoo algunos
+pr&eacute;stamos a plazo indefinido. Este excelente hombre, viendo sus
+angustias, hall&oacute; una manera delicada de suministrarle la cantidad
+necesaria para librarse de C&aacute;ndido Samaniego, que le persegu&iacute;a con sa&ntilde;a
+inquisidora. Estas caridades discretas las hac&iacute;a muy a menudo Feijoo con
+los amigos a quienes estimaba, favoreci&eacute;ndoles sin humillarles. Por
+supuesto, ya sab&iacute;a &eacute;l que aquello no era prestar, sino hacer limosna,
+quiz&aacute;s la m&aacute;s evang&eacute;lica, la m&aacute;s aceptable a los ojos de Dios. Y no se
+dio el caso de que recordase la deuda a ninguno de los deudores, ni aun
+a los que luego fueron ingratos y olvidadizos. Juan Pablo no era de
+estos, y se pon&iacute;a gustoso, con respecto a su generoso <i>ingl&eacute;s</i>, en ese
+estado de subordinaci&oacute;n moral, propio del insolvente a quien se le dan
+todas las largas que &eacute;l quiere tomarse. Demasiado sab&iacute;a que un hombre de
+quien se han recibido tales favores hay que creerle siempre todo lo que
+dice, y que se contrae con &eacute;l la obligaci&oacute;n t&aacute;cita de ser de su opini&oacute;n
+en cualquier disputa, y de ponerse serio cuando &eacute;l recomienda la
+seriedad. All&aacute; en su interior pensar&iacute;a Rub&iacute;n lo que quisiese; pero de
+dientes afuera se mantuvo en el papel que le correspond&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Por mi parte, no he de poner inconvenientes... Qu&eacute; quiere usted que le
+diga. No s&eacute; lo que pensar&aacute; Maximiliano. Desde aquellas cosas, no le he
+o&iacute;do mentar a su mujer... Si algo se ha de hacer, crea usted que no se
+dar&aacute; un paso si mi t&iacute;a no va por delante... Yo estoy un poco torcido con
+ella... Lo mejor es que le hable usted&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s se enter&oacute; Feijoo con mucha ma&ntilde;a de ciertas particularidades de
+la familia. Maxi hab&iacute;a tomado el grado y estaba ya practicando en la
+botica de Samaniego, a las &oacute;rdenes de un tal Ballester, encargado del
+establecimiento.</p>
+
+<p>Supo adem&aacute;s el anciano que do&ntilde;a Lupe no viv&iacute;a ya en Chamber&iacute;, sino en la
+calle del Ave Mar&iacute;a, y que todo el tiempo que le dejaba libre a Maxi la
+farmacia, lo empleaba en darse buenos atracones de lectura filos&oacute;fica.
+Le hab&iacute;a dado por ah&iacute;.</p>
+
+<p>Luego hablaron de otras cosas. El fil&oacute;sofo cafetero dijo a su amigo que
+cuando quisiera echar otro p&aacute;rrafo no le buscase m&aacute;s en el Caf&eacute; de
+Madrid, porque all&iacute; hab&iacute;a ca&iacute;do en un c&iacute;rculo de cazadores que le ten&iacute;an
+marcado y aburrido con la <i>perra pechona, el hur&oacute;n</i>, y con <i>que si la
+perdiz ven&iacute;a o no ven&iacute;a al reclamo</i>. No sab&iacute;a a&uacute;n a qu&eacute; <i>local</i> mudarse;
+pero probablemente ser&iacute;a al Suizo Viejo, donde iban Federico Ruiz y
+otros chicos atrozmente pante&iacute;stas. De los antiguos cofrades s&oacute;lo iban a
+<i>Madrid</i> D. Basilio, insufrible con su ministerialismo, Leopoldo Montes
+y el <i>Pater</i>. Pero este se marchar&iacute;a aquella misma noche a Cuevas de
+Vera, su pueblo, a trabajar las elecciones de Villalonga. Tambi&eacute;n charl&oacute;
+Juan Pablo de pol&iacute;tica, diciendo con mucho <i>tup&eacute;</i> que el Gobierno
+<i>estaba de cuerpo presente</i>, y que la situaci&oacute;n durar&iacute;a... a todo tirar,
+a todo tirar, tres o cuatro meses.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>La primera vez que D. Evaristo visit&oacute; a su dama despu&eacute;s de esta
+entrevista, abrazola gozoso, y le dijo: &laquo;Albricias... vamos bien, vamos
+bien&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute;... qu&eacute; hay? &iquest;buenas noticias?</p>
+
+<p>&mdash;Oro molido; mejor dicho, excelentes impresiones. Tu marido...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le ha visto usted?&mdash;No he tenido esa satisfacci&oacute;n. Pero me han
+contado de &eacute;l una cosa que es en extremo favorable. Te lo dir&eacute; para que
+no caviles. Maximiliano se ha dedicado a la filosof&iacute;a...</p>
+
+<p>Fortunata se qued&oacute; mirando a su amigo, sin saber qu&eacute; expresi&oacute;n tomar. No
+ve&iacute;a la tostada, ni sab&iacute;a en rigor lo que era la filosof&iacute;a, aunque
+sospechaba que fuese una cosa muy enrevesada, incomprensible y que
+vuelve <i>gil&iacute;s</i> a los hombres.</p>
+
+<p>&laquo;No me llama la atenci&oacute;n que te quedes con la boca abierta. Ya ir&aacute;s
+comprendiendo... &iexcl;Se da unos atracones de filosof&iacute;a!, y me parece que
+dijo Juan Pablo que era filosof&iacute;a espiritualista...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... &iquest;De esos que hablan con las patas de las mesas? &iexcl;Alabado
+sea...!</p>
+
+<p>&mdash;No, esos no. Pero estamos de enhorabuena: cualquiera que sea la secta
+o escuela que le sorbe el seso a tu marido, tenemos ya noventa y seis
+probabilidades contra cuatro de que te reciba con los brazos abiertos.
+T&uacute; lo has de ver.</p>
+
+<p>Fortunata dudaba que esto fuera as&iacute;. La partida que ella le hab&iacute;a jugado
+a Maxi era demasiado serrana para que este la olvidara por lo que dicen
+los libros. Al otro d&iacute;a entr&oacute; el simp&aacute;tico amigo m&aacute;s alegre y excitado.
+Su proyecto lleg&oacute; a dominarle de tal modo, que no sab&iacute;a pensar en otra
+cosa, y de la ma&ntilde;ana a la noche estaba dando vueltas al tema. Hab&iacute;a
+mejorado mucho su salud y al mismo tiempo no pon&iacute;a tanto cuidado como
+antes en el adorno de su persona. Desde que tomara con tanto cari&ntilde;o las
+funciones paternales, se hab&iacute;a dejado toda la barba, usaba hongo y una
+gran bufanda alrededor del cuello. Sal&iacute;a a sus diligencias en coche
+sim&oacute;n por horas. Cuando la pr&oacute;jima le vio entrar aquel d&iacute;a con el
+sombrero echado hacia atr&aacute;s, los ojos chispeantes, los movimientos
+&aacute;giles, comprendi&oacute; que las noticias eran buenas. &laquo;Con estos
+alegrones&mdash;dijo &eacute;l abraz&aacute;ndola&mdash;, se rejuvenece uno. Chulita, otro
+abrazo, otro. Vengo de hablar con la mism&iacute;sima do&ntilde;a Lupe <i>la de los
+Pavos</i>&raquo;. Fortunata se asust&oacute; s&oacute;lo de o&iacute;r el nombre de su t&iacute;a pol&iacute;tica.</p>
+
+<p>&laquo;Impresiones muy buenas&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el diplom&aacute;tico...&mdash;. Ha empezado por
+ahuecar la voz, y por negarse a proponer la reconciliaci&oacute;n. Pero
+mientras m&aacute;s cerdea ella, m&aacute;s claro veo yo que har&aacute; lo que deseamos.
+&iexcl;Oh!, entiendo bien a mi gente. Tambi&eacute;n esta tiene sus filosof&iacute;as
+pardas, y a m&iacute; no me la da. Conozco las callejuelas de la naturaleza
+humana mejor que los rincones de mi casa. Do&ntilde;a Lupe est&aacute; deseando que
+vuelvas; pero dese&aacute;ndolo, para que lo sepas. Se lo he conocido en la
+cara y en el modo de decir que no... Yo no s&eacute; si te he contado que en un
+tiempo, a poco de enviudar, tuvo sus pretensiones respecto a m&iacute;...
+pretensiones honestas... Dec&iacute;a la muy fatua que yo le paseaba la calle.
+&iquest;Creer&aacute;s que se le descompone la cara siempre que me ve?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata solt&oacute; la carcajada. &laquo;Dime, &iquest;y cuando te pretend&iacute;a, ya le
+hab&iacute;an cortado el pecho que le falte?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no lo s&eacute;. Por m&iacute; que le cortaran los dos... En fin, chica, que
+esto marcha. Yo le dije que si hab&iacute;a reconciliaci&oacute;n, vivir&iacute;as con ella,
+pues yo estimaba muy conveniente esta vida com&uacute;n. Tan hueca se puso al
+o&iacute;rme decir esto, que a&uacute;n creo que le nac&iacute;a un pecho nuevo... Oye lo que
+tienes que hacer cuando esto se realice: Yo te dar&eacute; una cantidad que le
+entregar&aacute;s a ella el primer d&iacute;a, suplic&aacute;ndole que te la coloque. Te
+niegas a admitirle recibo. Nada le gusta tanto como que tengan confianza
+en ella en asuntos de dinero... &iexcl;Ah!... leo en ella como leo en ti. &iquest;No
+ves que la trat&eacute; bastante en vida de J&aacute;uregui, que, entre par&eacute;ntesis,
+era un hombre excelente? Ya te dar&eacute; una lecci&oacute;n larga sobre el tole tole
+con que debes tratarla, una mezcla h&aacute;bil de sumisi&oacute;n e independencia,
+haci&eacute;ndole una raya, pero una raya bien clarita, y dici&eacute;ndole: &laquo;de aqu&iacute;
+para all&aacute; manda usted; de aqu&iacute; para ac&aacute; estoy yo...&raquo;. Ahora la tecla que
+me falta tocar es tu marido. He hablado pocas veces con &eacute;l, apenas le
+trato; pero no importa...</p>
+
+<p>La mejor&iacute;a se acentu&oacute; tanto, que D. Evaristo atreviose a salir de noche,
+y lo primero que hizo fue ir en busca de Juan Pablo. No le encontr&oacute; en
+el Suizo Viejo. All&iacute; estaban Villalonga, Juanito Santa Cruz, Zalamero,
+Severiano Rodr&iacute;guez, el m&eacute;dico Moreno Rubio, S&aacute;nchez Bot&iacute;n, Joaqu&iacute;n Pez
+y otros que ten&iacute;an constituida la m&aacute;s ingeniosa y regocijada pe&ntilde;a que en
+los caf&eacute;s de Madrid ha existido. Hab&iacute;an hecho un reglamento humor&iacute;stico,
+del cual cada uno de los socios ten&iacute;a su ejemplar en el bolsillo. De
+aquellas c&eacute;lebres mesas hab&iacute;an salido ya un ministro, dos subsecretarios
+y varios gobernadores. Aunque era amigo de algunos, no quiso Feijoo
+acercarse, y se fue a una mesa lejana. Junto a &eacute;l, los ingenieros de
+Caminos hablaban de pol&iacute;tica europea, y m&aacute;s ac&aacute; los de Minas disputaban
+sobre literatura dram&aacute;tica. No lejos de estos, un grupo de empleados en
+la Contadur&iacute;a central se ocupaba con gran calor de pozos artesianos, y
+dos jueces de primera instancia, unidos a un actor retirado, a un
+empresario de caballos para la Plaza de Toros y a un oficial de la
+Armada, discut&iacute;an si eran m&aacute;s bonitas las mujeres con <i>polis&oacute;n</i> o sin
+&eacute;l. Despu&eacute;s llam&oacute; la atenci&oacute;n de D. Evaristo la facha de un hombre que
+iba por entre las mesas, el cual sujeto m&aacute;s bien parec&iacute;a momia animada
+por arte de brujer&iacute;a. &laquo;Yo conozco esta cara&mdash;se dijo Feijoo&mdash;. &iexcl;Ah! ya;
+es el que llam&aacute;bamos <i>Rams&eacute;s II</i>, el pobre Villaamil que s&oacute;lo necesitaba
+dos meses para jubilarse&raquo;. Acercose t&iacute;midamente este desgraciado a
+Villalonga, que ya estaba levantado para marcharse; y en actitud
+cohibida, echando los ojos fuera del casco, le habl&oacute; de algo que deb&iacute;a
+ser los maldecidos dos meses. Jacinto alzaba los hombros, respondi&eacute;ndole
+con benevolencia quejumbrosa. Parec&iacute;a decirle: &laquo;&iexcl;Yo, qu&eacute; m&aacute;s
+quisiera...! He hecho todo lo posible... Veremos... he dado una nota...
+Crea usted que por m&iacute; no queda... Si, ya s&eacute;, dos meses nada m&aacute;s...&raquo;. Un
+instante despu&eacute;s <i>Rams&eacute;s II</i> pas&oacute; junto a D. Evaristo, desliz&aacute;ndose por
+entre las mesas y sillas como sombra impalpable. Llamole por su nombre
+verdadero Feijoo, y acercose el otro a la mesa, inclinando, para ver
+qui&eacute;n le llamaba, su cara amarilla, requemada por el sol de Cuba y
+Filipinas. Se reconocieron. Villaamil, invitado por su amigo, dobl&oacute; su
+esqueleto para sentarse, y tom&oacute; caf&eacute;... con m&aacute;s leche que caf&eacute;... &laquo;&iexcl;Ah!,
+&iquest;buscaba usted a Juan Pablo? Pues del salto se ha ido al caf&eacute; de
+Zaragoza. Dice que le cargan los ingenieros...&raquo;.</p>
+
+<p>Como le conven&iacute;a retirarse temprano, no fue D. Evaristo aquella noche al
+indicado caf&eacute;.</p>
+
+<p>Las nueve ser&iacute;an de la siguiente, cuando entr&oacute; en el establecimiento de
+la Plaza de Ant&oacute;n Mart&iacute;n, que lleno de gente estaba, con una atm&oacute;sfera
+espesa y sofocante que se pod&iacute;a mascar, y un ensordecedor ruido de
+colmena; bulla y ambiente que soportan sin molestia los madrile&ntilde;os, como
+los herreros el calor y el estr&eacute;pito de una fragua. Desemboz&aacute;ndose,
+avanz&oacute; el anciano por la tortuosa calle que dejaran libre las mesas del
+centro, y miraba a un lado y otro buscando a su amigo. Ya tropezaba con
+un mozo encargado de <i>servicio</i>, ya su capa se llevaba la toquilla de
+una cursi; aqu&iacute; se le interpon&iacute;a el brazo del vendedor de
+<i>Correspondencias</i> que alargaba ejemplares a los parroquianos, y all&aacute; le
+hac&iacute;an barricada dos individuos gordos que sal&iacute;an o cuatro flacos que
+entraban. Por fin, distingui&oacute; a Juan Pablo en el rinc&oacute;n inmediato a la
+escalera de caracol por donde se sube al billar. Acompa&ntilde;&aacute;banle en la
+misma mesa dos personas: una mujer bastante bonita, aunque estropeada, y
+un joven en quien al pronto reconoci&oacute; D. Evaristo a Maximiliano. Los dos
+hermanos sosten&iacute;an conversaci&oacute;n muy animada. La <i>indivudua</i> eran el amor
+de Juan Pablo, una tal Refugio, personaje de historia, aunque no
+hist&oacute;rico, de cara graciosa y picante, con un diente de menos en la
+enc&iacute;a superior. Feijoo no la hab&iacute;a visto nunca, ni el fil&oacute;sofo de caf&eacute;
+acostumbraba a presentarse en p&uacute;blico en compa&ntilde;&iacute;a de aquella Aspasia,
+por cuya raz&oacute;n quedose Rub&iacute;n un tanto cortado al ver a su amigo.</p>
+
+<p>Maximiliano salud&oacute; a D. Evaristo, pregunt&aacute;ndole con mucho inter&eacute;s por su
+salud, a lo que respondi&oacute; el anciano con mucha viveza: &laquo;Ya ve usted...
+<i>Cinco</i> meses llevo as&iacute;... un d&iacute;a caigo, otro me levanto... &iexcl;<i>Cinco</i>
+meses!... Nada; que viene un d&iacute;a en que la m&aacute;quina dice, 'hasta aqu&iacute;
+llegamos, compa&ntilde;ero' y no se empe&ntilde;e usted en remendarla, ni echarle
+aceite. Que no anda, y que no anda, y se tiene que parar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; es lo que usted tiene?&mdash;pregunt&oacute; Maximiliano con presunci&oacute;n
+de m&eacute;dico novel o de boticario incipiente, que unos y otros se desviven
+por ser &uacute;tiles a la humanidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que qu&eacute; tengo? &iexcl;Ah!, una cosa muy mala. La peor de las enfermedades.
+&iexcl;Sesenta a&ntilde;os!, &iquest;le parece a usted poco?</p>
+
+<p>Todos se echaron a re&iacute;r. &laquo;Me ha dicho mi hermano&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Maxi&mdash;, que
+digiere usted mal&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Cinco meses lleva mi est&oacute;mago de indisciplina&mdash;replic&oacute; el ladino
+viejo, que quer&iacute;a sin duda meterle a Maxi en la cabeza aquello de los
+cinco meses&mdash;. Ya no le hago caso. Me he rendido, y espero tranquilo el
+<i>cese</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Si quiere usted, le har&eacute; un preparado de peptona.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias... Veremos lo que dice mi m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&mdash;Poco mal y bien quejado&mdash;afirm&oacute; el otro Rub&iacute;n, d&aacute;ndole palmadas en el
+hombro.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ustedes estaban hablando de algo que deb&iacute;a de ser
+interesante&mdash;dijo Feijoo&mdash;. Por m&iacute; no se interrumpan.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;bamos... p&aacute;smese usted... en las regiones et&eacute;reas.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, es que me quiere convencer&mdash;manifest&oacute; Maximiliano con calor&mdash;,
+de que todo es fuerza y materia. Yo le digo una cosa, &laquo;pues a eso que t&uacute;
+llamas fuerza, lo llamo yo esp&iacute;ritu, el Verbo, el querer universal; y
+volvemos a la misma historia, al Dios uno y creador y al alma que de &eacute;l
+emana&raquo;.</p>
+
+<p>Don Evaristo, en tanto, miraba a Refugio, examin&aacute;ndole el rostro, la
+boca, el diente menos. La muchacha sent&iacute;a verg&uuml;enza de verse tan
+observada, y no sab&iacute;a c&oacute;mo ponerse, ni qu&eacute; dengues hacer con los labios
+al llevarse a ellos la cucharilla con leche merengada.</p>
+
+<p>&laquo;Eso, eso... por ah&iacute; duele&mdash;dijo el ex-coronel, arrim&aacute;ndose al partido
+de Maximiliano&mdash;. &iexcl;El alma!... Estos se&ntilde;ores materialistas creen que con
+variar el nombre a las cosas han vuelto el mundo patas arriba&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si ya te he dicho...&mdash;arg&uuml;&iacute;a sofocado Juan Pablo.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jame que acabe...&mdash;No es eso... &iexcl;qu&eacute; cu&ntilde;a!</p>
+
+<p>&mdash;Volvemos a lo mismo. &iquest;No me conozco yo en m&iacute;, uno, consciente,
+responsable?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Otra te pego! Pero ven ac&aacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Aguarda. Si yo me reconozco &iacute;ntimamente en la sustancia de mi yo...</p>
+
+<p>Se expresaba con exaltaci&oacute;n sin dejar meter baza a su hermano, y este,
+en cambio, no se la dejaba meter a &eacute;l, y simult&aacute;neamente se quitaban la
+palabra de la boca.</p>
+
+<p>&mdash;Esp&eacute;rate un poco... no es eso.</p>
+
+<p>&mdash;All&aacute; voy... yo vivo en mi conciencia, por m&iacute; y antes y despu&eacute;s de m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, pero lo primero es distinguir... Mira...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buen par de chiflados est&aacute;is los dos!&mdash;dijo para s&iacute; D. Evaristo
+mirando con curiosidad el portillo que en la dentadura ten&iacute;a Refugio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dale, bola!...&mdash;replic&oacute; Maxi&mdash;. Si no es eso... Yo, &iquest;soy yo?... &iquest;me
+reconozco como tal yo en todos mis actos?</p>
+
+<p>&mdash;No, yo no soy m&aacute;s que un accidente del concierto total; yo no me
+pertenezco, soy un fen&oacute;meno.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que yo soy un fen&oacute;meno!... &iexcl;Ave-Mar&iacute;a Pur&iacute;sima, qu&eacute; disparate!</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s t&uacute; fresco... Lo permanente no soy yo, &iexcl;qu&eacute; cu&ntilde;a!, es el
+conjunto... Yo lo reconozco as&iacute; en el fen&oacute;meno pasajero de mi
+conocimiento.</p>
+
+<p>&iexcl;Y estas cosas se dec&iacute;an en el rinc&oacute;n de un caf&eacute;, al lado de un
+parroquiano que le&iacute;a <i>La Correspondencia</i> y de otro que hablaba del
+precio de la carne! En una de las mesas pr&oacute;ximas hab&iacute;a un grupo de
+individuos que ten&iacute;an facha de matuteros o cosa tal. A la derecha
+ve&iacute;anse dos cursis acompa&ntilde;adas de una buscona y obsequiadas por un se&ntilde;or
+que les dec&iacute;a mil tonter&iacute;as empalagosas; enfrente una trinca en que se
+disputaba acerca de Lagartijo y Frascuelo, con voces destempladas y
+manotazos. Y por la escalera de caracol sub&iacute;an y bajaban constantemente
+parroquianos, dando patadas que m&aacute;s parec&iacute;an coces; y por aquella
+espiral ven&iacute;an rumores de disputa, el chasquido de las bolas de billar,
+y el canto del mozo que apuntaba.</p>
+
+<p>&laquo;Si se me permite dar una opini&oacute;n&mdash;dijo Feijoo, que empezaba a marearse
+con tanto barullo&mdash;, voto con el pollo&raquo;.</p>
+
+<p>En esto son&oacute; el piano, que se alzaba sobre una tarima en medio del caf&eacute;,
+con la tapa triangular levantada para que hiciera m&aacute;s ruido; y empez&oacute; la
+tocata, que era de piano y viol&iacute;n. La m&uacute;sica, los aplausos, las voces y
+el murmullo constante del caf&eacute; formaban un run run tan insoportable, que
+el buen D. Evaristo crey&oacute; que se le iba la cabeza, y que caer&iacute;a redondo
+al suelo si permanec&iacute;a all&iacute; un cuarto de hora m&aacute;s. Decidi&oacute; retirarse,
+descontento de no haber encontrado solo a Juan Pablo, pues delante del
+farmac&eacute;utico no pod&iacute;a hablar del espinoso asunto que entre manos tra&iacute;a.
+Su enojo se troc&oacute; en alegr&iacute;a cuando Maxi, al verle en pie, dijo que &eacute;l
+tambi&eacute;n se iba porque era hora de volver a su farmacia. Salieron, pues,
+juntos, y antes de llegar a la puerta, vio el anciano que le cortaba el
+paso una figura macilenta y sepulcral. Era <i>Rams&eacute;s II</i>, que ven&iacute;a en
+busca suya. &laquo;Se&ntilde;or D. Evaristo, por Dios, hable usted de m&iacute; al se&ntilde;or de
+Villalonga&raquo; le dijo la momia, interponi&eacute;ndose como si no quisiera darle
+paso sino a cambio de una promesa.</p>
+
+<p>&mdash;Se har&aacute;, compa&ntilde;ero, se har&aacute;; hablaremos a Villalonga&mdash;dijo D. Evaristo
+emboz&aacute;ndose&mdash;; pero ahora estoy de prisa... no puedo detenerme... Hijo,
+vamos.</p>
+
+<p>Y abri&eacute;ndose paso, sali&oacute; con el chico de Rub&iacute;n.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ix</span>-</h2>
+
+
+<p>Al cual dijo en la puerta: &laquo;&iquest;Hacia d&oacute;nde va usted con su cuerpo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo? A la calle del Ave Mar&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; casualidad! Yo llevo esa direcci&oacute;n. Iremos juntos... Deje usted
+que me emboce bien... Ahora deme usted el brazo. Las piernas no me
+ayudan. Ya se ve... cinco meses... cabalitos... f&iacute;jese usted bien... sin
+digerir. No s&eacute; c&oacute;mo estoy vivo. Desde Octubre del a&ntilde;o pasado no levanto
+cabeza... &iexcl;Pero qu&eacute; ideas las de Juan Pablo! Parece mentira... &iexcl;un
+muchacho de entendimiento!... Usted s&iacute; que sabe por d&oacute;nde anda. S&iacute;; no
+espere usted a llegar a viejo y a ver de cerca la muerte para creer que
+somos algo m&aacute;s que montoncitos de basura animados por fuerza semejante a
+la electricidad que hace hablar a un alambre. Eso se deja para los
+tontos y perdularios, para la gente que no piensa. Usted est&aacute; en lo
+firme, y ser&aacute; capaz de acciones nobles, de acciones que, por lo mismo
+que son tan elevadas, no est&aacute;n al alcance del vulgo.</p>
+
+<p>No comprend&iacute;a Maximiliano a cuenta de qu&eacute; era aquello; pero ten&iacute;a su
+esp&iacute;ritu admirablemente dispuesto para recibir toda sutileza que se le
+quisiera echar; estaba hambriento de cosas ideales, y la meditaci&oacute;n, el
+estudio y la soledad hab&iacute;anle dado una receptividad asombrosa para todo
+lo que procediera del pensamiento puro. Por esta causa, sin entender de
+qu&eacute; se trataba, contest&oacute; humildemente: &laquo;Tiene usted mucha raz&oacute;n... pero
+mucha raz&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;El hombre que como usted&mdash;prosigui&oacute; don Evaristo&mdash;, no se deja
+engatusar por las sabidur&iacute;as modernas, est&aacute; en disposici&oacute;n de hacer el
+bien, pero no el bien de cualquier modo, sino sublimemente &iexcl;caramba!,
+mirando para el cielo, no para la tierra...&raquo;.</p>
+
+<p>Tiempo hac&iacute;a que Maxi se hab&iacute;a dedicado a mirar al cielo.</p>
+
+<p>&laquo;Mire uste, Sr. D. Evaristo&mdash;dijo sinti&eacute;ndose lleno y ah&iacute;to de aquella
+espiritual sustancia, acopiada a fuerza de barajar sus tristezas con las
+hojas de los libros&mdash;. La desgracia me ha hecho a m&iacute; volver los ojos a
+las cosas que no se ven ni se tocan. Si no lo hubiera hecho as&iacute;, me
+habr&iacute;a muerto ya cien veces. &iexcl;Y si viera usted qu&eacute; distinto es el mundo
+mirado desde arriba a mirado desde abajo! Me parec&iacute;a a m&iacute; mentira que yo
+hab&iacute;a de ver apagarse en m&iacute; la sed de venganza, y el odio que me
+embruteci&oacute;. Y sin embargo, el tiempo, la abstracci&oacute;n, el pensar en el
+conjunto de la vida y en lo grande de sus fines me han puesto como estoy
+ahora&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Claro... &iquest;A qu&eacute; vienen esos odios y esas venganzas de melodrama?&mdash;dijo
+gozoso don Evaristo&mdash;. Para perderse nada m&aacute;s. &iexcl;Dichoso el que sabe
+elevarse sobre las pasiones de momento y atemperar su alma en las
+verdades eternas!</p>
+
+<p>Y para su sayo habl&oacute; de este modo: &laquo;Tan metaf&iacute;sico est&aacute; este chico, que
+nos viene como anillo al dedo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;En este bulle-bulle de las pasiones de los hombres del d&iacute;a&mdash;prosigui&oacute;
+Maxi con cierto &eacute;nfasis&mdash;, llega uno a olvidarse de que vivimos para
+perdonar las ofensas y hacer bien a los que nos han hecho mal.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted raz&oacute;n, hijo... y dichoso mil veces el que como usted, as&iacute;,
+tan jovencito, llega a posesionarse de esa idea y a hacerla efectiva en
+la vida real.</p>
+
+<p>&mdash;La desgracia, un golpe rudo... ah&iacute; tiene usted el maestro. Se llega a
+este estado padeciendo, despu&eacute;s de pasar por todas las angustias de la
+c&oacute;lera, por los pinchazos que le da a uno el amor propio y por mil
+amarguras... &iexcl;Ay, se&ntilde;or don Evaristo! Parece mentira que yo est&eacute; tan
+fresco despu&eacute;s de haberme cre&iacute;do con derecho a matar a un hombre,
+despu&eacute;s de haberme ilusionado con la idea de cometer el crimen,
+concluyendo por renunciar a ello. Mi conciencia est&aacute; hoy tan tranquila
+no habiendo matado, como firme y decidida estuvo cuando pens&eacute; matar...
+Entonces no ve&iacute;a a Dios en m&iacute;; ahora s&iacute; que le veo. Cr&eacute;alo usted; hay
+que anularse para triunfar; decir <i>no soy nada</i> para serlo todo.</p>
+
+<p>Feijoo, en vista de estas buenas disposiciones, se fue derecho al bulto.
+&laquo;A un esp&iacute;ritu tan bien fortalecido&mdash;le dijo&mdash;, se le puede hablar sin
+rodeos. &iquest;Do&ntilde;a Lupe no ha tratado con usted de cierto asunto...?&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano se puso del color de la grana de su embozo, y contest&oacute;
+afirmativamente con embarazo y turbaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Por mi parte&mdash;a&ntilde;adi&oacute; D. Evaristo&mdash;, har&eacute; todo lo que pueda para que
+esto cuaje. Si ello tiene que suceder. Es lo pr&aacute;ctico, amigo m&iacute;o; y ya
+que usted es tan m&iacute;stico, conviene que sea un poquito pr&aacute;ctico... Por
+una casualidad intervengo yo en esto... Le advierto a usted que ella
+desea volver...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo desea!&mdash;exclam&oacute; Rub&iacute;n, dejando caer el embozo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Toma! &iquest;Ahora salimos con eso? Pues si no lo deseara &iquest;c&oacute;mo me hab&iacute;a de
+meter yo en semejante negocio? &iquest;No comprende usted...?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... pero... No hay que confundir. El perd&oacute;n puramente espiritual o
+evang&eacute;lico, ya lo tiene... Pero el otro perd&oacute;n, el que llamar&iacute;amos
+social, porque equivale a reconciliarse, es imposible.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, que no ser&aacute; tanto&mdash;dijo para s&iacute; don Evaristo, subi&eacute;ndose el
+embozo.</p>
+
+<p>&mdash;Es imposible&mdash;repiti&oacute; Maxi.</p>
+
+<p>&mdash;Pi&eacute;nselo bien, pi&eacute;nselo bien; preg&uacute;nteselo a la almohada, compa&ntilde;ero...
+Yo creo que cuando usted madure la idea...</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que aunque la estuviera madurando diez a&ntilde;os...</p>
+
+<p>&mdash;En estas cosas hay que poner algo de caridad; no se puede proceder con
+simple criterio de justicia. Convendr&iacute;a que usted hablase con ella...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo!... pero D. Evaristo...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, no me vuelvo atr&aacute;s. Quien tiene ideas como las que usted tiene,
+&iexcl;caramba!, y sabe sentir y pensar con esa alteza de miras... eso es, con
+esa espiritualidad de la... pues... de... claro...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cree usted que ella me podr&iacute;a dar explicaciones claras, pero muy
+claras, de todo lo que ha hecho despu&eacute;s que se separ&oacute; de m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Hijo, yo creo que las dar&aacute;... pero es claro que usted no debe apurar
+mucho tampoco... O hay perd&oacute;n o no hay perd&oacute;n. La caridad por delante,
+detr&aacute;s la indulgencia, y ver si en efecto hay prop&oacute;sitos sinceros de
+enmienda. Por lo que he o&iacute;do, me parece que los hay; se lo digo a usted
+de coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo dudo.&mdash;Pues yo no. Juzgue usted mi opini&oacute;n como quiera. Y sepa
+que intervengo en esto por pura humanidad, porque se me ha ocurrido no
+morirme sin dejar tras de m&iacute; una buena acci&oacute;n, ya que en la cuenta de mi
+vida tengo tantas malas o insignificantes. No me gusta meterme en vidas
+ajenas; pero en este caso, cr&eacute;alo usted... se me ha puesto en la cabeza
+que a entrambos les conviene volver a unirse.</p>
+
+<p>Ya en este terreno, D. Evaristo se descubri&oacute; m&aacute;s:</p>
+
+<p>&laquo;Amigo&mdash;dijo par&aacute;ndose en la puerta de la botica&mdash;. Su mujer de usted me
+ha parecido una mujer defectuos&iacute;sima. Aunque la he tratado poco puedo
+asegurar que tiene buen fondo; pero carece de fuerza moral. Ser&aacute; siempre
+lo que quieran hacer de ella los que la traten&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano le miraba con ojos at&oacute;nitos. Lo mismo pensaba &eacute;l.</p>
+
+<p>&laquo;Yo le ech&eacute; anteayer un largo serm&oacute;n, recomend&aacute;ndole que se amoldara a
+las realidades de la vida, que pusiera un freno a aquella
+imaginacioncilla tan desenvuelta. 'Pero, hija m&iacute;a, es preciso pensar lo
+que se hace, y dejarse de tonter&iacute;as'. Yo muy serio. Creo que algo he
+conseguido. Usted lo ha de ver, compa&ntilde;ero. Es l&aacute;stima que teniendo buen
+fondo, buen coraz&oacute;n... s&oacute;lo que algo grande... y careciendo de las
+malicias de otras, no posea un poco de juicio. Porque con un poco de
+juicio, nada m&aacute;s que con un poco de juicio, no se pueden hacer las
+tonter&iacute;as que ella ha hecho... En fin, hijo, usted dir&aacute; que qui&eacute;n me
+mete a m&iacute; a le&ntilde;ador, pero &iquest;qu&eacute; quiere usted?, a los viejecillos nos
+gusta arreglar a los j&oacute;venes y marcarles el paso de esta vida para que
+eviten los tropezones que hemos dado nosotros&raquo;.</p>
+
+<p>Dijo esto &uacute;ltimo sonriendo con tal hombr&iacute;a de bien, que Maximiliano se
+llen&oacute; de confusiones. No sab&iacute;a qu&eacute; contestar, y sent&iacute;a que se le
+apretaba la garganta. Despidiose D. Evaristo, dejando al pobre chico en
+tal grado de aturdimiento, que durante muchos d&iacute;as hubo de revolver en
+su mente indigestada los dejos de aquel coloquio que tuvo con el
+respetable anciano, en una noche fr&iacute;a del mes de Marzo.</p>
+
+<p>Al siguiente d&iacute;a, D. Evaristo fue en coche a ver a Fortunata, a quien
+encontr&oacute; pein&aacute;ndose sola. Sent&aacute;ndose a su lado, y cogi&eacute;ndola por un
+brazo, la llam&oacute; a s&iacute; y le dio un beso, dici&eacute;ndole: &laquo;El &uacute;ltimo beso... La
+aventura del viejo Feijoo ha pasado a la historia... Entraremos pronto
+en vida nueva, y de esto no quedar&aacute; sino un recuerdo en m&iacute; y otro en
+ti... Para el p&uacute;blico nada. Estas cenizas s&oacute;lo para nosotros esconden un
+poco de calor&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata, que ten&iacute;a en cada mano una de las gruesas bandas de sus
+cabellos negros, apart&aacute;ndolas como si fueran una cortina, no sab&iacute;a si
+re&iacute;r o echarse a llorar...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Has hablado con &eacute;l...?&mdash;dijo conmovida y al mismo tiempo sonriente.</p>
+
+<p>&mdash;Vete acostumbrando a tratarme de usted...&mdash;replic&oacute; &eacute;l con cierta
+severidad&mdash;. No se te escape una expresi&oacute;n familiar, porque entonces la
+echamos a perder. Yo tambi&eacute;n te tratar&eacute; de usted delante de gente...
+Todo acab&oacute;... Fortunata, no soy para ti m&aacute;s que un padre... Aquel que te
+quiso como quiere el hombre a la mujer, no existe ya... Eres mi hija. Y
+no es que hagamos un papel aprendido, no; es que t&uacute; ser&aacute;s verdaderamente
+para m&iacute;, de aqu&iacute; en adelante, como una hijita, y yo ser&eacute; para ti un
+verdadero papa&iacute;to. Lo digo con toda mi alma. Yo no soy aquel; yo me
+morir&eacute; pronto, y...</p>
+
+<p>Vi&eacute;ndole que se conmov&iacute;a, la chulita no pudo aguantar m&aacute;s, y solt&oacute; el
+trapo a llorar. Aquellas admirables guedejas sueltas la asemejaban a
+esas im&aacute;genes del dolor que acompa&ntilde;an a los epitafios. Feijoo hizo un
+moh&iacute;n como de persona mayor que quiere dominar una debilidad pueril, y
+le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Pero no, no me averg&uuml;enzo de que se me salte una l&aacute;grima. Yo juro por
+Dios, en quien siempre he cre&iacute;do, que el cari&ntilde;o paternal es lo que me la
+hace derramar. Todo lo que en m&iacute; exist&iacute;a de var&oacute;n, capaz de amar, ha
+desaparecido; todo muri&oacute;, y no me queda de ello nada; ni aun siquiera lo
+echo de menos. Nunca he sido padre; ahora siento que lo soy... y mi
+coraz&oacute;n se llena de afectos desconocidos, tan puros, pero tan puros...&raquo;.</p>
+
+<p>La pr&oacute;jima no hab&iacute;a visto nunca a su amigo tan vencido de la emoci&oacute;n.
+Ten&iacute;a los ojos h&uacute;medos y le temblaban las manos. Sujetose ella en la
+coronilla con una correa negra las crenchas de su abundante cabello,
+porque no era posible repicar y andar en la procesi&oacute;n; no pod&iacute;a peinarse
+y al mismo tiempo celebrar, entre l&aacute;grimas y castos apretones de mano,
+la santificaci&oacute;n de las relaciones que entre ambos hab&iacute;an existido. Poco
+a poco se serenaron; don Evaristo, la hizo sentar a su lado en el sof&aacute;,
+y con voz clara y firme le habl&oacute; de esta manera:</p>
+
+<p>&laquo;Me parece que esto se arregla. &iexcl;Cu&aacute;nto me gustar&iacute;a morirme dej&aacute;ndote en
+una situaci&oacute;n normal y decorosa!... Bien veo que no es f&aacute;cil que tu
+marido te sea simp&aacute;tico; pero eso no es inconveniente invencible. Hay
+que transigir con las formas, y tomar las cosas de la vida como son. &iquest;Y
+qui&eacute;n te dice que trat&aacute;ndole algo, no llegues a tenerle afecto? Porque
+&eacute;l es bueno y decente. Anoche le vi, y no me ha parecido tan raqu&iacute;tico.
+Ha engordado; ha echado carnes, y hasta me pareci&oacute; que tiene un aire m&aacute;s
+arrogantillo, m&aacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>Sonriendo tristemente, expresaba la joven su incredulidad.</p>
+
+<p>&laquo;En fin, t&uacute; lo has de ver. Y en &uacute;ltimo caso, hay que conformarse. La
+vida regular y el transigir con las leyes sociales tienen tal
+importancia, que hay que sacrificar el gusto, hija m&iacute;a, y la ilusi&oacute;n...
+No digo que se sacrifique todo, todo el gusto y toda la ilusi&oacute;n; pero
+algo, no lo dudes, algo hay que sacrificar. De tener un marido, un
+nombre, una casa decente, a andar con la <i>alquila</i> levantada, como los
+simones, a &eacute;ste tomo, a &eacute;ste dejo, va mucha diferencia para que no te
+pares a pensar bien lo que haces... Vamos a ver. Es preciso preverlo
+todo. Yo te voy a presentar los dos casos que se te pueden ofrecer en tu
+vida legal, y para los dos te voy a dar mi consejo franco, leal, con un
+gran sentido de la realidad. Primer caso: supongamos que al poco tiempo
+de vivir con Maximiliano, encuentras que el muchacho se porta bien
+contigo, vas viendo sus buenas cualidades, que se manifiestan en todos
+los actos de la vida, y supongamos tambi&eacute;n que le vas teniendo alg&uacute;n
+cari&ntilde;o...&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata ten&iacute;a la mirada fija en un punto del suelo, como una espada,
+tan bien hundida que no la pod&iacute;a desclavar. Seguro de que le o&iacute;a, aunque
+no le miraba, Feijoo sigui&oacute; hablando despacio, poniendo pausas entre las
+cl&aacute;usulas.</p>
+
+<p>&laquo;Supongamos esto... Pues tu deber en tal caso, es esforzarte en que ese
+cari&ntilde;o... llam&eacute;mosle amistad, se aumente todo lo posible. Trabaja
+contigo misma para conseguirlo. &iexcl;Ah!, hija m&iacute;a, el trato hace milagros;
+la buena voluntad tambi&eacute;n los hace. Evita al propio tiempo la ociosidad,
+y ver&aacute;s c&oacute;mo lo que te parece tan dif&iacute;cil te ha de ser muy f&aacute;cil. Se han
+dado casos, pero muchos casos, de mujeres unidas por fuerza a un hombre
+aborrecido, y que le han ido tomando ley poquito a poco hasta llegar a
+ponerse m&aacute;s tiernas que la manteca. No digo nada si tienes chiquillos,
+porque entonces...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo que es eso...!&mdash;indic&oacute; con viveza Fortunata.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mira qu&eacute; tonta! &iquest;Y qu&eacute; sabes t&uacute;? No se puede asegurar tal cosa. La
+Naturaleza sale siempre por donde menos se piensa... Y con chiquillos,
+ya llevas m&aacute;s de la mitad del camino andado para llegar al sosiego que
+te recomiendo, pues en criarlos y en cuidarlos se te desgastar&aacute; el
+sentimiento que de sobra tienes en esa alma de Dios, y te equilibrar&aacute;s,
+y no har&aacute;s m&aacute;s tonter&iacute;as... Bueno; ya hemos hablado del primer caso, que
+es el mejor; pasemos al segundo. Te lo presento en la previsi&oacute;n de que
+falle el primero, lo que bien pudiera suceder. Vamos all&aacute;...</p>
+
+<p>Fortunata esperaba con ansia la exposici&oacute;n del segundo caso, pero Feijoo
+lo tomaba con calma, pues se qued&oacute; buen rato meditando, con el ce&ntilde;o
+fruncido y la vista fija en el suelo.</p>
+
+<p>&laquo;Lo mejor&mdash;prosigui&oacute;&mdash;es lo que acabo de decirte; pero cuando no se
+puede hacer lo mejor, se hace lo menos malo... &iquest;me entiendes? Suponiendo
+que no te sea posible encari&ntilde;arte con ese bendito, y que ni el trato ni
+las buenas prendas de &eacute;l te lo hagan menos antip&aacute;tico; suponiendo que la
+vida llegue a serte insoportable, y... Vaya que esto es temerario, y se
+necesita de toda mi entereza para aconsejarte. Pero yo, antes que todo,
+veo lo pr&aacute;ctico, lo posible, y no puedo aconsejar a nadie que se deje
+morir ni que se suicide. No se deben imponer sacrificios superiores a
+las fuerzas humanas. Si el coraz&oacute;n se te conserva en el tama&ntilde;o que ahora
+tiene, si no hay medio de recortarlo, si se te pronuncia, &iquest;qu&eacute; le vamos
+a hacer? Dentro del mal, veamos qu&eacute; es lo mejor entre lo peor, y...&raquo;.</p>
+
+<p>Feijoo rebuscaba las palabras m&aacute;s propias para expresar su pensamiento.
+Las ideas se alborotaron un poco y necesit&oacute; someterlas para no
+embarullarse. Dando un gran suspiro, se pas&oacute; la mano por la cabeza,
+perdida la vista en el espacio. Saliendo al fin de su perplejidad, dijo
+con voz cautelosa:</p>
+
+<p>&laquo;Y en un caso extremo, quiero decir, si te ves en el disparadero de
+faltar, guardas el decoro, y habr&aacute;s hecho el menor mal posible... El
+decoro, la correcci&oacute;n, la decencia, este es el secreto, compa&ntilde;era&raquo;.</p>
+
+<p>Det&uacute;vose asustado, a la manera del ladr&oacute;n que siente ruido, y se volvi&oacute;
+a poner la mano sobre la cabeza, como invocando sus canas. Pero sus
+canas no le dijeron nada. Al punto se envalenton&oacute;, y recobr&oacute; la
+seguridad de su lenguaje, diciendo: &laquo;T&uacute; eres demasiado inexperta para
+conocer la importancia que tiene en el mundo la forma. &iquest;Sabes t&uacute; lo que
+es la forma, o mejor dicho, las formas? Pues no te dir&eacute; que estas sean
+todo; pero hay casos en que son casi todo. Con ellas marcha la sociedad,
+no te dir&eacute; que a pedir de boca, pero s&iacute; de la mejor manera que puede
+marchar. &iexcl;Oh!, los principios son una cosa muy bonita; pero las formas
+no lo son menos. Entre una sociedad sin principios, y una sociedad sin
+formas, no s&eacute; yo con cu&aacute;l me quedar&iacute;a&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">x</span>-</h2>
+
+
+<p>Fortunata hab&iacute;a comprendido. Hac&iacute;a signos afirmativos con la
+cabeza, y cruzadas las manos sobre una de sus rodillas, imprim&iacute;a a su
+cuerpo movimientos de balanc&iacute;n o remadera.</p>
+
+<p>A Feijoo le hab&iacute;a costado alg&uacute;n trabajo arrancarse a exponer su moral en
+aquellas circunstancias, porque en la conciencia se le puso un nudo, que
+le apret&oacute; durante breve rato; pero al punto lo deshizo evocando las
+teor&iacute;as que hab&iacute;a profesado toda su vida. Lanzado, pues, el concepto m&aacute;s
+peligroso, sigui&oacute; luego como una seda, sin nudo y sin tropiezo.</p>
+
+<p>&laquo;Ya sabes cu&aacute;les son mis ideas respecto al amor. Reclamaci&oacute;n imperiosa
+de la Naturaleza... la Naturaleza diciendo <i>aum&eacute;ntame</i>... No hay medio
+de oponerse... la especie humana que grita <i>quiero crecer</i>... &iquest;Me
+entiendes? &iquest;Hablo con claridad? &iquest;Necesitar&eacute; emplear par&aacute;bolas o
+ejemplos?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata entend&iacute;a, y segu&iacute;a balance&aacute;ndose de atr&aacute;s adelante, acentuando
+las afirmaciones con su cabeza despeinada.</p>
+
+<p>&laquo;Pues no te digo m&aacute;s. Esto es muy delicado, tan delicado como una
+pistola montada al pelo, con la cual no se puede jugar. Siempre es
+preferible el primer caso, el caso de la fidelidad, porque de este modo
+cumples con la Naturaleza y con el mundo. El segundo t&eacute;rmino te lo pongo
+como un <i>por si acaso</i>, y para que... pon en esto tus cinco sentidos...
+para que si te ves en el trance, por exigencias irresistibles del
+coraz&oacute;n, de echar abajo el principio, sepas salvar la forma...&raquo;.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; volvi&oacute; mi hombre a sentir el nudo; pero evocando otra vez su
+filosof&iacute;a de tantos a&ntilde;os, lo desat&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Hay que guardar en todo caso las santas apariencias, y tributar a la
+sociedad ese culto externo sin el cual volver&iacute;amos al estado salvaje. En
+nuestras relaciones tienes un ejemplo de que cuando se quiere el secreto
+se consigue. Es cuesti&oacute;n de estilo y habilidad. Si yo tuviera tiempo
+ahora, te contar&iacute;a infinitos casos de pecadillos cometidos con una
+reserva absoluta, sin el menor esc&aacute;ndalo, sin la menor ofensa del decoro
+que todos nos debemos... Te pasmar&iacute;as. Oye bien lo que te digo, y
+apr&eacute;ndetelo de memoria. Lo primero que tienes que hacer es sostener el
+<i>orden p&uacute;blico</i>, quiero decir la paz del matrimonio, respetar a tu
+marido y no consentir que pierda su dignidad de tal... Dir&aacute;s que es
+dif&iacute;cil; pero ah&iacute; est&aacute; el talento, compa&ntilde;era... Hay que discurrir, y
+sobre todo, penetrarse bien del propio decoro para saber mirar por el
+ajeno... Lo segundo...&raquo;.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; D. Evaristo se acerc&oacute; m&aacute;s a ella, como si temiera que alguien le
+pudiese o&iacute;r, y con el dedo &iacute;ndice muy tieso iba marcando bien lo que le
+dec&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Lo segundo es que tengas mucho cuidado en elegir, esto es
+esencial&iacute;simo; mucho cuidado en ver con qui&eacute;n... en ver a qui&eacute;n...&raquo;.</p>
+
+<p>La conclusi&oacute;n del concepto no sal&iacute;a, no quer&iacute;a salir. Vi&eacute;ndole Fortunata
+en aquel apuro, acudi&oacute; a remediarlo, diciendo: &laquo;Comprendido,
+comprendido&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues no necesito a&ntilde;adir nada m&aacute;s... porque si caes en la
+tentaci&oacute;n de querer a un hombre indigno, adi&oacute;s mi dinero, adi&oacute;s
+decoro... Y lo &uacute;ltimo que te recomiendo es que si logras conseguir que
+no pueda tentarte otra vez el mameluco de Santa Cruz, habr&aacute;s puesto una
+pica en Flandes.</p>
+
+<p>Dicho esto, el anciano se levant&oacute;, y tomando capa y sombrero, se dispuso
+a marcharse. De la puerta volvi&oacute; hacia Fortunata, y alzando el bast&oacute;n
+con adem&aacute;n de mando, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Repito lo de antes. Aquello se acab&oacute;... y ahora soy tu padre, t&uacute; mi
+hija... tr&aacute;tame de usted... ocupemos nuestros puestos... Aprendamos a
+vivir vida pr&aacute;ctica... Por de pronto, serenidad, y concluye de peinarte,
+que es tarde. Yo me voy, que tengo mucho que hacer&raquo;.</p>
+
+<p>Metiose el original moralista en su sim&oacute;n, y apenas hab&iacute;a llegado a la
+Plaza de los Carros, empez&oacute; a sentir en su alma una inquietud
+inexplicable. Y tras la inquietud moral vino un cierto malestar f&iacute;sico,
+con algo de temblor y escalofr&iacute;os, acompa&ntilde;ado de terror supersticioso...
+Pero no pod&iacute;a definir la causa del miedo... El coche corr&iacute;a por la
+Cava-Alta, y Feijoo se sent&iacute;a cada vez peor. De improviso sinti&oacute; como
+una vibraci&oacute;n intens&iacute;sima en su interior, y un rel&aacute;mpago a manera de
+lanceta fugaz atravesole de parte a parte. Crey&oacute; que una desconocida
+lengua le gritaba: &laquo;&iexcl;Est&uacute;pido, vaya unas cosas que ense&ntilde;as a tu
+hija...!&raquo;. Extendi&oacute; la mano para detener al cochero y decirle que
+volviera a la calle de Tabernillas; pero antes de realizar aquel
+prop&oacute;sito, ces&oacute; la trepidaci&oacute;n que en su alma hab&iacute;a sentido, y todo
+qued&oacute; en reposo... &laquo;&iexcl;Qu&eacute; debilidades!&mdash;pens&oacute;&mdash;; estas son chocheces y
+nada m&aacute;s que chocheces... &iquest;Pues no se me ocurri&oacute; volver all&aacute; para
+desdecirme? No te reselles, compa&ntilde;ero, y sost&eacute;n ahora lo que has cre&iacute;do
+siempre. Esto es lo pr&aacute;ctico, es lo &uacute;nico posible... Si le recomendara
+la virtud absoluta, &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a?, serm&oacute;n absolutamente perdido. As&iacute; al
+menos...&raquo;.</p>
+
+<p>Y sigui&oacute; tan satisfecho. Con el ajetreo que tra&iacute;a aquellos d&iacute;as, en los
+cuales hizo dos visitas a do&ntilde;a Lupe, celebr&oacute; muchas conferencias con
+Juan Pablo y otra muy sustanciosa con Nicol&aacute;s Rub&iacute;n, que andaba desalado
+detr&aacute;s de una canonj&iacute;a, tuvo el buen se&ntilde;or una reca&iacute;da en su enfermedad.
+Una tarde de fines de Marzo se sinti&oacute; tan mal, que hubo de retirarse a
+su casa y se acost&oacute;. Do&ntilde;a Paca advirti&oacute; en &eacute;l, juntamente con los
+s&iacute;ntomas de agravaci&oacute;n, cierta alegr&iacute;a febril, lo que juzg&oacute; de mal&iacute;simo
+ag&uuml;ero, pues si su amo se volv&iacute;a ni&ntilde;o o demente cuando tan malito
+estaba, se&ntilde;al era esto de la proximidad del fin. Toda la noche estuvo
+dando vueltas de un lado para otro, queriendo levantarse, y renegando de
+que le tuvieran prisionero en la c&aacute;rcel de aquellas malditas s&aacute;banas. A
+la madrugada, se nublaron sus sentidos, y a punto de perder el
+conocimiento, se despidi&oacute; del mundo sensible con este varonil concepto
+que apenas sali&oacute; del mag&iacute;n a los labios: &laquo;Ya me puedo morir tranquilo,
+puesto que he sabido arrancarle al demonio de la tonter&iacute;a el alma que ya
+ten&iacute;a entre sus u&ntilde;as...&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Paca y el criado, creyendo que su amo se quedaba en aquel espasmo,
+empezaron a dar chillidos; llamaron al m&eacute;dico, dieron al se&ntilde;or muchas
+friegas, y por fin volvi&eacute;ronle a la vida. Todos se pasmaron de verle
+risue&ntilde;o y de o&iacute;rle afirmar que no le dol&iacute;a nada y que se sent&iacute;a bien y
+contento. Mas a pesar de esto, el doctor puso muy mala cara,
+pronosticando que la debilidad cerebral y nerviosa acabar&iacute;a pronto con
+el enfermo. Por m&aacute;s que este se envalenton&oacute;, no pudo levantarse y las
+fuerzas le iban faltando. Carec&iacute;a en absoluto de apetito. Los amigos que
+aquel d&iacute;a le acompa&ntilde;aban, convinieron en decirle de la manera m&aacute;s
+delicada que se preparase espiritualmente para el traspaso final,
+ocup&aacute;ndose del negocio de salvar su alma. Creyeron los m&aacute;s que D.
+Evaristo se alborotar&iacute;a con esto, pues siempre hizo alarde de libre
+pensador; mas con gran sorpresa de todos, oy&oacute; la indicaci&oacute;n del modo m&aacute;s
+sereno y amable, diciendo que &eacute;l ten&iacute;a sus creencias, pero que al mismo
+tiempo gustaba de cumplir toda obligaci&oacute;n consagrada por el asentimiento
+del mayor n&uacute;mero. &laquo;Yo creo en Dios&mdash;dijo&mdash;, y tengo ac&aacute; mi religi&oacute;n a mi
+manera. Por el respeto que los hombres nos debemos los unos a los otros,
+no quiero dejar de cumplir ning&uacute;n requisito de los que ordena toda
+sociedad bien organizada. Siempre he sido esclavo de las buenas formas.
+Tr&aacute;iganme ustedes cuantos curas quieran, que yo no me asusto de nada, ni
+temo nada, y no desentono jam&aacute;s. No descomponerse; ese es mi tema&raquo;.</p>
+
+<p>Todos los presentes se maravillaron al o&iacute;rle, y aquel mismo d&iacute;a se le
+administraron los Sacramentos. Despu&eacute;s se puso mucho mejor, lo cual dio
+motivo a que le dijeran, como es uso y costumbre, que la religi&oacute;n es
+medicina del cuerpo y del alma. &Eacute;l aseguraba que no se mor&iacute;a de aquel
+arrechucho, que ten&iacute;a siete vidas como los gatos, y que era muy posible
+que Dios le dejase tirar alg&uacute;n tiempo m&aacute;s para permitirle ver muchas y
+muy peregrinas cosas. As&iacute; fue en efecto, pues en todo el a&ntilde;o 75 que
+corr&iacute;a no se muri&oacute; el fil&oacute;sofo pr&aacute;ctico.</p>
+
+<p>Durante la convalecencia de aquel ataque, no permiti&oacute; que Fortunata
+fuese a verle. Le escrib&iacute;a algunas cartitas, reiter&aacute;ndole sus consejos y
+d&aacute;ndole otros nuevos para el d&iacute;a ya pr&oacute;ximo en que la reconciliaci&oacute;n
+deb&iacute;a efectuarse. Al propio tiempo se ocupaba en la revisi&oacute;n de su
+testamento y en tomar varias disposiciones ben&eacute;ficas que algunas
+personas hab&iacute;an de agradecerle mucho. Ten&iacute;a un peque&ntilde;o caudal repartido
+en diferentes pr&eacute;stamos hechos a amigos menesterosos. Algunos le hab&iacute;an
+firmado pagar&eacute;s de mil, de dos y hasta de tres mil reales. Todos estos
+papeles fueron rotos. Dispuso c&oacute;mo se hab&iacute;an de repartir las alhajas que
+ten&iacute;a, algunas de bastante valor, sortijas con hermosos solitarios,
+botonaduras, y adem&aacute;s cajitas primorosas de marfil y s&aacute;ndalo que hab&iacute;a
+tra&iacute;do de Filipinas, una hermosa espada, dos o tres bastones de mando
+con pu&ntilde;o de oro. Hizo la distribuci&oacute;n de todo con un acierto que
+declaraba su gran delicadeza y el aprecio que hac&iacute;a de las amistades
+consecuentes.</p>
+
+<p>Respecto a Fortunata lo dispuso tan bien que no cab&iacute;a m&aacute;s. No le dejaba
+en su testamento m&aacute;s que algunos regalitos, llam&aacute;ndola <i>ahijada</i>; pero,
+por medio de un agente de Bolsa muy discreto, se hizo una operaci&oacute;n en
+que la chulita figuraba como compradora de cierta cantidad de acciones
+del Banco, d&aacute;ndole adem&aacute;s, de mano a mano, algunas cantidades en
+billetes. No olvid&oacute; por esto D. Evaristo a sus parientes, que eran dos
+sobrinas, residentes la una en Astorga, la otra en Ponferrada. Ambas
+quedaban muy bien atendidas en el testamento; y en cuanto a los socorros
+que anualmente les enviaba, no perdi&oacute; aquel a&ntilde;o la memoria de esta
+obligaci&oacute;n, a pesar de los muchos quebraderos de cabeza que tuvo. Do&ntilde;a
+Paca y los dos criados tambi&eacute;n se llevar&iacute;an un pellizco el d&iacute;a en que el
+amo faltara.</p>
+
+<p>Indic&aacute;ronle los cl&eacute;rigos de la parroquia si no dejaba algo para
+sufragios por su alma, y &eacute;l, con bondadosa sonrisa, replic&oacute; que no hab&iacute;a
+olvidado ninguno de los deberes de la cortes&iacute;a social, y que para no
+desafinar en nada, tambi&eacute;n quedaba puesto el rengloncito de las misas.</p>
+
+<p>Fue a verle una tarde Villalonga, y lo primero que le dijo Feijoo,
+mientras se dejaba abrazar por &eacute;l, fue esto: &laquo;Pero, hombre, &iquest;ser&aacute; usted
+tan malo que no le d&eacute; la canonj&iacute;a a mi recomendado?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, querido patriarca, tengamos paciencia... Har&eacute; lo que pueda.
+Le puse una carta muy expresiva a C&aacute;rdenas mand&aacute;ndole la nota. Pero
+considere usted que es un arco de iglesia. &iexcl;Canonj&iacute;a! Para m&iacute; la
+quisiera yo.</p>
+
+<p>&mdash;Y para m&iacute; tambi&eacute;n... Pero en fin, &iquest;puede ser o no? Es un cleriguito de
+las mejores condiciones.</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo... &iexcl;pero qu&eacute; quiere usted! Estos cargos son muy solicitados, y
+cuando vaca uno, hay cuatrocientos curas con los dientes de este tama&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, pero mi presb&iacute;tero es un cura apreciabil&iacute;simo, un santo var&oacute;n...
+Como que ayuna todos los d&iacute;as...</p>
+
+<p>&mdash;Ya... ser&aacute; un bacalao ese padre Rub&iacute;n. &iquest;No le di ya a usted una
+credencial de Penales para un Rub&iacute;n? Usted por lo visto protege a esa
+familia.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no protejo familias, ni&ntilde;o. D&eacute;jese usted de protecciones... S&oacute;lo que
+me intereso por las personas de m&eacute;rito.</p>
+
+<p>&mdash;Por m&iacute; no ha de quedar. Le dar&eacute; otro achuch&oacute;n a C&aacute;rdenas. Pero, lo que
+digo, son plazas que tienen muchos golosos. Los pretendientes explotan
+el valimiento y la influencia de las se&ntilde;oras. Casi siempre son las
+faldas las que deciden qui&eacute;n se ha de sentar en los coros de las
+catedrales.</p>
+
+<p>&mdash;Pues suponga usted, compa&ntilde;ero, que yo tengo faldas, que soy una
+dama... ea.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si yo no lo he de decidir...</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted que si no me nombra mi can&oacute;nigo, no me muero, y le estar&eacute;
+atormentando meses y meses.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor... Viva usted mil a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y esas elecciones, van bien?</p>
+
+<p>&mdash;Como un acero. Tengo all&aacute; un padre cura que vale un imperio. Me est&aacute;
+haciendo unos arreglos en el distrito, que Dios tirita, y tirita toda la
+Sant&iacute;sima Trinidad. Ese s&iacute; que merece, no digo yo canonj&iacute;as, sino siete
+mitras.</p>
+
+<p>&mdash;Le conozco, el <i>Pater</i>... fue capell&aacute;n de mi regimiento.</p>
+
+<p>Villalonga se despidi&oacute; reiterando sus buenos deseos respecto a Nicol&aacute;s
+Rub&iacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Eh, Jacinto, por Dios, una palabra!&mdash;dijo D. Evaristo llam&aacute;ndole
+cuando ya estaba en la puerta&mdash;. Por Dios y todos los santos, no me
+olvide usted a ese desdichado... al pobre Villaamil, a ese que llaman
+<i>Rams&eacute;s II</i>&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; recomendado en una nota de <i>indispensables</i>. Conque m&aacute;s no puedo
+hacer.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted que no me deja vivir... Todos los d&iacute;as viene tres veces. La
+noche que me dieron el Vi&aacute;tico, en el momento aquel, mir&eacute; para este lado
+y lo primero que vi fue a <i>Rams&eacute;s II</i>, con una vela en la mano. &iexcl;C&oacute;mo me
+miraba el infeliz!... Creo que no me mor&iacute; de tanto como rez&oacute; Villaamil,
+pidiendo a Dios que viviera.</p>
+
+<p>&mdash;Podr&aacute; ser... No le olvidar&eacute;. Abur, abur.</p>
+
+<p>Y D. Evaristo se qued&oacute; solo, pensativo y dulcemente ensimismado,
+saboreando en su conciencia el goce puro de hacer a sus semejantes todo
+el bien posible, o de haber evitado el mal en la medida que la
+Providencia ha concedido a la iniciativa humana.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="vc" id="vc"></a>-V-</h2>
+
+<h2>Otra restauraci&oacute;n</h2>
+
+<hr />
+
+
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Las personas muy rutinarias y ordenadas que se acostumbran a las
+dulzuras tranquilas del m&eacute;todo en la vida, concluyen, abusando en cierto
+modo de la regularidad, por someter al casillero del tiempo, no s&oacute;lo las
+ocupaciones, sino los actos y funciones del esp&iacute;ritu y aun del cuerpo
+que parecen m&aacute;s rebeldes al r&eacute;gimen de las horas. As&iacute;, pues, la gran
+do&ntilde;a Lupe, cuya existencia era muy semejante a la de un reloj con alma,
+hab&iacute;a distribuido tan bien el tiempo, que hasta para pensar en cualquier
+asunto de inter&eacute;s que sobreviniese, ten&iacute;a marcada una parte del d&iacute;a y un
+determinado sitio. Cuando era preciso meditar, por el picor de una de
+esas ideas, hermanas del abejorro, que se plantan en el cerebro y no hay
+medio de sacudirlas, o do&ntilde;a Lupe no meditaba, o ten&iacute;a que hacerlo
+sentada en la silleta junto a la ventana de la sala, los anteojos en el
+caballete de la nariz, la cesta de la ropa delante y el gato muy
+repantigado en un extremo de la alfombrita. La meditaci&oacute;n era mucho m&aacute;s
+honda y eficaz si la se&ntilde;ora ten&iacute;a metida toda la mano izquierda, hasta
+m&aacute;s arriba de la mu&ntilde;eca, dentro de una media, y si las claraboyas de
+esta eran bastante anchas para poder tener sobre ellas enrejados como
+los de una c&aacute;rcel. Tal era la fuerza del m&eacute;todo, que do&ntilde;a Lupe no
+pensaba a gusto sino all&iacute;, as&iacute; como para hacer sus c&aacute;lculos aritm&eacute;ticos
+el mejor momento era cuando descascaraba los guisantes en la cocina (en
+tiempo de guisantes), o cuando pon&iacute;a los garbanzos de remojo. La
+costumbre obraba estos prodigios, y lo mismo era ver la se&ntilde;ora los
+garbanzos y poner su mano en ellos, que se le llenaba el cerebro de
+n&uacute;meros y ve&iacute;a claro en sus negocios, si le conven&iacute;a o no tal pr&eacute;stamo,
+si deb&iacute;a quedarse o no con tal o cual alhaja. Al levantarse, por la
+ma&ntilde;ana temprano, preve&iacute;a todos los sucesos y acciones del d&iacute;a que
+empezaba, y se preparaba para ellos con una evocaci&oacute;n mental de su
+energ&iacute;a, y con la distribuci&oacute;n met&oacute;dica de las horas para todo lo
+previsto y probable. Era esto como si <i>se diera cuerda</i>, acumulando en
+s&iacute; la fuerza inteligente que necesitaba.</p>
+
+<p>Todas estas rutinas del pensamiento y de la acci&oacute;n fueron perturbadas
+por la mudanza de casa, que se efectu&oacute; en Diciembre del 74, y no hay que
+decir cu&aacute;n gran sacrificio fue para do&ntilde;a Lupe este cambio. Era de esas
+personas que aborrecen lo desconocido y que se encari&ntilde;an con el rinc&oacute;n
+en que viven. Mover los trastos era para ella algo semejante a incendio
+o demolici&oacute;n; pero no hab&iacute;a m&aacute;s remedio que dar el salto del Norte al
+Sur de Madrid, pues teniendo Maximiliano que pasar la mayor parte del
+tiempo en la botica de Samaniego, era una falta de caridad hacerle
+recorrer dos veces al d&iacute;a los tres cuartos de legua que separan el
+barrio de Chamber&iacute; del de Lavapi&eacute;s. Carg&oacute;, pues, la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui
+con sus penates, y se instal&oacute; en un segundo de la calle del Ave-Mar&iacute;a.
+Habr&iacute;ale gustado vivir en la misma casa de la botica; pero no hab&iacute;a all&iacute;
+ning&uacute;n cuarto con papeles. Eligi&oacute; un segundo de la finca inmediata, y
+sus balcones ca&iacute;an al lado de los de su amiga Casta Moreno, viuda de
+Samaniego. Los primeros d&iacute;as extra&ntilde;aba la casa, teni&eacute;ndola por peor que
+la otra; mas pronto hubo de reconocer que era mucho mejor, m&aacute;s espaciosa
+y bella, y en cuanto a los barrios, lo que la se&ntilde;ora hab&iacute;a perdido en
+tranquilidad gan&aacute;balo en animaci&oacute;n. Poco a poco se fue adaptando a su
+nuevo domicilio, y cuando la sorprende de nuevo nuestro relato, sentada
+junto a la ventana y recapacitando, con la mano dentro de la media, en
+una fecha que debe caer all&aacute; por Marzo del 75, ya no se acordaba de la
+vivienda de Chamber&iacute; en que la conocimos.</p>
+
+<p>La meditaci&oacute;n y el zurcido no le imped&iacute;an mirar de vez en cuando a la
+calle, y la del Ave-Mar&iacute;a es mucho m&aacute;s <i>pasajera</i> que la de Raimundo
+Lulio. En una de aquellas miradas casi maquinales que la viuda echaba
+hacia afuera, como para poner soluci&oacute;n de continuidad al temeroso
+problema que ten&iacute;a entre ceja y ceja, vio pasar a una persona que le
+retuvo un instante la atenci&oacute;n. Era Guillermina Pacheco. &laquo;Parece que la
+santa frecuenta ahora estos barrios&mdash;murmur&oacute; do&ntilde;a Lupe, alargando la
+cabeza para observarla por la calle abajo&mdash;. Ya la he visto pasar cuatro
+o cinco veces a distintas horas. Verdad que para ella no hay
+distancias... Ahora que recuerdo, me ha dicho Casta que es pariente
+suya, y he de preguntarle...&raquo;.</p>
+
+<p>La fundadora inspiraba a do&ntilde;a Lupe grandes simpat&iacute;as. De tanto verla
+pasar por la calle de Raimundo Lulio, camino del asilo de la de
+Alburquerque, lleg&oacute; a imaginar que la trataba. Siempre que hab&iacute;a funci&oacute;n
+p&uacute;blica en la capilla del asilo, iba do&ntilde;a Lupe, deseosa de introducirse
+y de hacer migas con la santa. Admir&aacute;bala mucho, no exclusivamente por
+sus santidades, sino m&aacute;s bien por aquel desprecio del mundo, por su
+actividad varonil y la grandeza de su car&aacute;cter. Quiz&aacute;s la se&ntilde;ora de
+J&aacute;uregui cre&iacute;a sentir tambi&eacute;n en su alma algo de aquella levadura
+autocr&aacute;tica, de aquella iniciativa ardiente y de aquel poder
+organizador, y esta especie de parentesco espiritual era quiz&aacute;s lo que
+le infund&iacute;a mayores ganas de tratarla &iacute;ntimamente. S&oacute;lo le hab&iacute;a hablado
+una o dos veces en las funciones del asilo, as&iacute; como por entrometimiento
+y oficiosidad, y cuando en dichas fiestas ve&iacute;ala rodeada de damas <i>de la
+grandeza</i> y de se&ntilde;oronas ricas, que ten&iacute;an el coche a la puerta, do&ntilde;a
+Lupe habr&iacute;a dado el &uacute;nico pecho que pose&iacute;a por meter las narices entre
+aquella gente, codearse con ellas y mangonear en los petitorios. Porque
+ella ten&iacute;a la vanidad, muy bien fundada por cierto, de no desmerecer de
+las tales se&ntilde;oras en punto a buena crianza y modales. Harto sab&iacute;a,
+adem&aacute;s, que no todas hab&iacute;an nacido en doradas cunas, y que la finura es
+lo que constituye la verdadera aristocracia en estos tiempos liberales.
+No hab&iacute;a raz&oacute;n para que ella, que sab&iacute;a presentarse como la primera,
+dejase de alternar con las damas que segu&iacute;an a Guillermina cual las
+ovejas siguen al pastor... A mayor abundamiento, en lo tocante a ropa
+estaba a la saz&oacute;n la viuda de J&aacute;uregui en excelentes condiciones. Con su
+talento y su econom&iacute;a se hab&iacute;a agenciado un abrigo de terciopelo, con
+pieles, que la m&aacute;s pintada no lo usara mejor. Y le hab&iacute;a salido por poco
+m&aacute;s de nada, atendido lo que generalmente cuestan estas piezas... Le
+estaban arreglando una capota, que... vamos; el d&iacute;a que la estrenara
+hab&iacute;a de llamar la atenci&oacute;n... Estas reflexiones fueron como un inciso
+en lo que aquella tarde pensaba la se&ntilde;ora, inciso que se abri&oacute; al ver
+pasar a Guillermina, cerr&aacute;ndose cuando la virgen y fundadora desapareci&oacute;
+por la calle abajo.</p>
+
+<p>Vuelta a la meditaci&oacute;n, tomando el hilo de ella en el mismo punto en que
+lo hab&iacute;a soltado... &laquo;Y aunque el Sr. de Feijoo lo niegue hoy, es tan
+verdad que me rondaba la calle al a&ntilde;o de perder a mi J&aacute;uregui... tan
+verdad como que nos hemos de morir. Y si no, &iquest;qu&eacute; hac&iacute;a plantado en
+aquella dichosa esquina de la calle de Tintoreros? Esto fue poco antes
+de la guerra de &Aacute;frica, bien me acuerdo; y si el tal no se va a matar
+moros, sabe Dios si... Pero esto no hace al caso, y vamos a lo otro. Que
+es un caballero decent&iacute;simo, no tiene la menor duda. J&aacute;uregui le
+apreciaba mucho, y me dec&iacute;a que no ten&iacute;a m&aacute;s contra que ser muy
+mujeriego... Fuera de esto, hombre de veracidad, con una palabra como
+los Evangelios, y cosa que &eacute;l dec&iacute;a poni&eacute;ndose formal era como si la
+escribieran notarios... Con todo, &iexcl;lo que me ha venido contando estos
+d&iacute;as me parece tan extra&ntilde;o...! Que est&aacute; arrepentida, que &eacute;l la ha tomado
+bajo su protecci&oacute;n... Se la encontr&oacute; en casa de unos vecinos, y le dio
+l&aacute;stima, y qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;... Por m&aacute;s que diga ese santo var&oacute;n, tales
+arrepentimientos me parecen a m&iacute; las coplas de Calainos... Y si por
+acaso... Quita, quita, pensamiento y no me tientes con una sospecha, que
+parece tan veros&iacute;mil... El mismo Feijoo quiz&aacute;s... puede... habr&aacute;
+tenido... y ahora... Sobre esto quiero echar tierra, porque me volver&iacute;a
+loca. La verdad es que el pobre se&ntilde;or ha dado un baj&oacute;n tremendo y no
+debe de haber estado para morisquetas de algunos meses ac&aacute;. &iexcl;Si ser&aacute;
+cierto lo que dice!... &iexcl;Caridad, l&aacute;stima, arrepentimiento... necesidad
+de transigir, decoro, reconciliaci&oacute;n...!&raquo;.</p>
+
+<p>Otro inciso. Mir&oacute; a la calle y vio por segunda vez a Guillermina que
+sub&iacute;a. &laquo;&iquest;Pero qu&eacute; trae en la mano?, un palo y un garfio de hierro. &iexcl;Vaya
+con la santa esta! Algo que le han dado. Dicen que lo acepta todo. V&eacute;ase
+por d&oacute;nde yo le podr&iacute;a ayudar a su obra, d&aacute;ndole media docena de llaves
+viejas que tengo aqu&iacute;. Aquella tabla que lleva parece una plantilla...
+Toma, como que vendr&aacute; del almac&eacute;n de maderas de la calle de Valencia.
+Vaya unos trajines... Vea usted una cosa que a m&iacute; me gustar&iacute;a, edificar
+un <i>establecimiento</i>, pidi&eacute;ndole dinero al Verbo... Lo har&iacute;a yo tan
+grande como el Escorial...&raquo;.</p>
+
+<p>Cerrado el inciso, y otra vez al tema: &laquo;&iexcl;Vaya con lo que me ha dicho
+esta ma&ntilde;ana Nicol&aacute;s: que Feijoo es el primer caballero de Madrid y que
+le ha prometido una canonj&iacute;a! Si se la dan, ya no me queda nada que ver.
+Yo me alegrar&iacute;a, para quitarme esa carga de encima; pero &iexcl;qu&eacute; tiempos y
+qu&eacute; Gobiernos! &iexcl;Ah!, si yo gobernara, si yo fuera ministra, &iexcl;qu&eacute;
+derechitos andar&iacute;an todos! Si esta gente no sabe... si salta a la vista
+que no sabe. &iexcl;Dar una canonj&iacute;a a un cl&eacute;rigo joven, que entra en su casa
+a la una de la noche y pasa el tiempo charlando en el caf&eacute; con los curas
+de caballer&iacute;a que andan por ah&iacute; sueltos y sin licencias! Pero en fin,
+all&aacute; te la d&eacute; Dios, y si pescas el turr&oacute;n, hijo, buen provecho, y
+escribe en llegando, y no parezcas m&aacute;s por aqu&iacute;, egoist&oacute;n,
+tragaldabas... Pues digo, el otro, el Juanito Pablo, desde que tiene
+empleo no pone los pies en casa. &iexcl;Si comparado con sus hermanos,
+Maximiliano es un &aacute;ngel de Dios y un talentazo...! Voy a lo que me dec&iacute;a
+Nicol&aacute;s esta ma&ntilde;ana... Que D. Evaristo es un cristiano rancio, y que
+cuando le administraron, recibi&oacute; al Se&ntilde;or con una edificaci&oacute;n y una
+santidad tan grandes, que todos los concurrentes al acto lloraban a moco
+y baba. Vaya, no ser&iacute;a para tanto... exageraci&oacute;n. En estas cosas de
+santidad hay que llamar al t&iacute;o Paco para que traiga la rebaja. Pero en
+fin, pongamos que sea as&iacute;, &iquest;y qu&eacute;? Ahora lo que falta saber es si con
+toda esa cristiandad nos querr&aacute; dar gato por liebre... &iexcl;L&aacute;stima,
+arrepentimiento!... Dios m&iacute;o, o dame una luz clara sobre esto, o qu&iacute;tame
+esta grillera de mi cabeza. Yo me vuelvo loca... Y no s&eacute; por qu&eacute; me
+devano los sesos, porque en rigor, &iquest;a m&iacute; qu&eacute; me va ni me viene? Si
+Maximiliano quiere humillarse despu&eacute;s de las atrocidades que pasaron, yo
+no debo meterme... Pero s&iacute;, s&iacute; me meter&eacute;. &iquest;C&oacute;mo consentir tal afrenta?
+La muy bribona... &iexcl;imaginar que su marido puede perdonarla despu&eacute;s de la
+trastada indecente que le hizo, despu&eacute;s que el querindango atropell&oacute; a
+este infeliz abusando de su fuerza...! &iexcl;Qu&eacute; infamia! Si yo no hubiera
+estado un mes seguido trasteando a este chico para quitarle de la cabeza
+la idea de la venganza... no s&eacute; qu&eacute; cat&aacute;strofes habr&iacute;an sucedido. Quer&iacute;a
+pegarle un tiro al otro, y hasta se le ocurri&oacute; hacer un cartucho de
+dinamita para pon&eacute;rselo en la puerta de su casa. Delirios... lo mejor es
+el desprecio... A estos badulaques se les desprecia... Bueno est&aacute; mi
+sobrino para meterse en lances, &eacute;l que se asusta de entrar en un cuarto
+sin luz. &iexcl;Pobrecillo Maxi!, &iexcl;tiene un coraz&oacute;n de oro, y ahora que est&aacute;
+tan dado a estudiar lo del otro mundo, se le ocurren unas cosas...!
+&iexcl;Vaya con lo que me dec&iacute;a anoche! 'T&iacute;a de mi alma, a fuerza de pensar y
+padecer, he llegado a desprenderme de todas las pasiones, y a no sentir
+en m&iacute; ni odio ni venganza'. Dice que la perdona cristianamente, por esto
+y lo otro y qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;... pero en cuanto a hacer vida com&uacute;n, ni que
+se lo mande el Papa. Y a rengl&oacute;n seguido me marea para que la vaya a
+ver. 'T&iacute;a, vis&iacute;tela usted, ent&eacute;rese... sond&eacute;ela, a ver c&oacute;mo se presenta.
+Puede que sea verdad lo que dice D. Evaristo...'. Todas las noches la
+misma canci&oacute;n. Al fin, si se pone muy pesadito, no tendr&eacute; m&aacute;s remedio
+que ir. Y no es flojo el paseo que tengo que dar, de aqu&iacute; a Puerta de
+Moros...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Un lunes por la tarde, do&ntilde;a Lupe entr&oacute; en su casa a eso de las
+cinco. Ven&iacute;a muy emperifollada. &laquo;Papitos, &iquest;qui&eacute;n ha venido?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Aquel se&ntilde;or de las barbas blancas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y nadie m&aacute;s? &iquest;No ha estado Mauricia?</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;ora... Esta ma&ntilde;ana la vi en la puerta del bodeg&oacute;n de la Plazuela
+de Lavapi&eacute;s. Vive por aqu&iacute; cerca... &laquo;Se&ntilde;&aacute; Mauricia, mire que la se&ntilde;ora
+la est&aacute; esperando...&raquo;. Me contest&oacute;, dice: dile a esa <i>tiona</i> que si
+quiere correr los pa&ntilde;uelos que los corra ella, y que si no, que los
+deje...</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Habr&aacute; indecente!...&raquo; exclam&oacute; la se&ntilde;ora algo distra&iacute;da.</p>
+
+<p>Papitos, que aquella ma&ntilde;ana hab&iacute;a sido castigada porque trajo de la
+plaza una merluza muy mala, crey&oacute; que a su ama no se le hab&iacute;a pasado el
+berrinch&iacute;n, y temblaba mir&aacute;ndole las manos. Pero en el &aacute;nimo de do&ntilde;a
+Lupe se hab&iacute;a disipado la ira correccional, a causa de los sentimientos
+de otro orden y del gran estupor que desde una hora antes reinaban en
+&eacute;l.</p>
+
+<p>&laquo;Oye, Papitos&mdash;le dijo&mdash;. Ven ac&aacute;, y atiende bien a lo que te encargo.
+Yo tengo que salir otra vez. Das de comer al se&ntilde;orito Nicol&aacute;s y al
+se&ntilde;orito Maxi; pero este vendr&aacute; mucho m&aacute;s tarde que su hermano. F&iacute;jate
+bien, y no salgas luego haciendo lo contrario de lo que te mando.</p>
+
+<p>Para principio del cl&eacute;rigo, pones la merluza mala que trajiste esta
+ma&ntilde;ana, &iquest;sabes?, y que est&aacute; apestando... Le echas bastante sal, y
+despu&eacute;s la cargas de harina todo lo que puedas y la fr&iacute;es. Ponle todas
+las tajadas, y se las embaular&aacute; sin enterarse de si est&aacute; buena o mala.
+Es como los tiburones, que tragan todo lo que les echan. Para postre,
+las nueces y el arrope, &iquest;sabes? Le pones en la mesa la orza, y que se
+harte; a ver si lo acaba. Est&aacute; fermentando y no hay quien lo pase... Si
+el se&ntilde;orito Maxi viniese antes de que est&eacute; de vuelta, le pones de
+principio una de las dos chuletas de ternera, la m&aacute;s crecidita, y de
+postre le sacas las pastas que trajo el bollero esta ma&ntilde;ana, y la carne
+de membrillo que yo tomo. Conque a ver si lo haces todo al rev&eacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando le daban tales pruebas de confianza, delegando en ella la
+autoridad, la mona se crec&iacute;a, y aguzado su entendimiento por la vanidad,
+desempe&ntilde;aba sus obligaciones de un modo intachable. Do&ntilde;a Lupe, que ya la
+conoc&iacute;a bien, estaba segura de que sus &oacute;rdenes ser&iacute;an cumplidas. Papitos
+hizo con la cabeza signos de inteligencia, y se sonre&iacute;a la muy tunanta,
+pensando sin duda, &iexcl;aqu&iacute; que no peco!... en la cantidad de sal que le
+iba a echar a la merluza del se&ntilde;orito Nicol&aacute;s.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe permaneci&oacute; un rato en la sala, sin moverse del sill&oacute;n en que
+se sentara al entrar, con el manto puesto, la mano en la mejilla,
+pensando en lo mismo. No hab&iacute;a vuelto a&uacute;n de su asombro, ni volver&iacute;a en
+mucho tiempo. Fortunata, de cuya casa ven&iacute;a, le hab&iacute;a dado mil duros
+para que se los colocara del modo que lo creyera m&aacute;s conveniente... y
+sin querer admitir recibo... Al pronto sospech&oacute; la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui si
+ser&iacute;an falsos los billetes... pero &iexcl;quia, si eran m&aacute;s leg&iacute;timos que el
+sol! Tal prueba de confianza le llegaba al alma, porque no s&oacute;lo era
+confianza en su honradez, sino en su talento para hacer producir dinero
+al dinero... Pues adem&aacute;s, Fortunata, en el curso de la conversaci&oacute;n,
+hab&iacute;a dado a entender que ten&iacute;a acciones del Banco, sin decir cu&aacute;ntas.
+&iquest;De d&oacute;nde hab&iacute;a salido esta riqueza? Quiz&aacute;s Juanito Santa Cruz... quiz&aacute;s
+Feijoo... Lo m&aacute;s particular era que do&ntilde;a Lupe, por impulsos de
+tolerancia que hab&iacute;an surgido bruscamente en su esp&iacute;ritu, se esforzaba
+en suponer a aquel caudal una procedencia decente. &iexcl;Fascinaci&oacute;n que la
+moneda ejerce en ciertos caracteres, porque para estos lo bueno tiene
+que tener buen origen!... &laquo;&iquest;Y por qu&eacute; no ha de ser verdad todo eso del
+arrepentimiento?...&mdash;se dec&iacute;a&mdash;. Lo que no me explico es una cosa... El
+primer d&iacute;a me dijo Feijoo que estaba miserable... pero miserable, y
+comi&eacute;ndose sus ahorros. &iexcl;Pues si son estas las sobras...! En fin,
+doblemos la hoja; pong&aacute;monos en un punto de vista imparcial, y no
+hagamos juicios temerarios antes de tener datos seguros. &iquest;Qui&eacute;n se
+atreve a condenar a un semejante sin o&iacute;rlo? Ser&iacute;a una crueldad, una
+injusticia. Eso de que siempre hayamos de pensar mal, me parece una
+barbaridad... Pero me estoy aqu&iacute; ensimismada, y si tardo, quiz&aacute;s no
+encuentre en su casa a D. Francisco... &Eacute;l dir&aacute; qu&eacute; hacemos con todo este
+<i>guano</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Al bajar la escalera, sus pensamientos tomaban otro giro. &laquo;&iexcl;Y qu&eacute; guapa
+est&aacute;!... Es un horror de guapa. Y siempre tan modosita... Parece que no
+rompe un plato. Cuando entr&eacute;, por poco se desmaya. Y aquello no es
+fingido... ella ser&aacute; todo lo que se quiera; pero no hace papeles, no
+tiene talento para hacerlos. En cuanto a modales, ha olvidado todo lo
+que le ense&ntilde;&eacute;... ser&aacute; preciso volver a empezar... y de lenguaje seguimos
+lo mismo. Ni la m&aacute;s ligera alusi&oacute;n a los sucesos del a&ntilde;o pasado. Dir&aacute;, y
+con raz&oacute;n, que peor es meneallo...&raquo;.</p>
+
+<p>Como tres horas largas estuvo do&ntilde;a Lupe fuera de su casa. Cuando volvi&oacute;,
+Nicol&aacute;s hab&iacute;a comido y march&aacute;dose, y Maximiliano estaba concluyendo. La
+primer pregunta que hizo el ama a Papitos fue referente a las &oacute;rdenes
+que le hab&iacute;a dado.</p>
+
+<p>&laquo;No dej&oacute; ni rastro&raquo; replic&oacute; la muchacha, ense&ntilde;ando a su ama la fuente en
+que hab&iacute;a servido la merluza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y dijo algo?</p>
+
+<p>&mdash;No pod&iacute;a decir nada, porque no paraba de tragar.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe se sonre&iacute;a. Cerciorose de que a Maximiliano se le hab&iacute;a
+servido conforme a sus &oacute;rdenes, y despu&eacute;s de cambiar de ropa, dispuso su
+propia comida, que era de lo m&aacute;s frugal. Cuando entr&oacute; en el comedor, ya
+Maxi no estaba all&iacute;, y media hora despu&eacute;s encontrole en su cuarto, sin
+luz, sentado junto a la mesa y de bruces en ella, con la cabeza
+sostenida en las manos, y agarradas estas al cabello, como si se lo
+quisiera arrancar. Vi&eacute;ndole tan sumergido en su tristeza, su se&ntilde;ora t&iacute;a
+le dijo: &laquo;Vamos, hombre, no te pongas as&iacute;. No hay que tomar las cosas
+tan a pechos... Lo que est&aacute; de Dios que sea, ser&aacute;. Cuando las cosas
+vienen bien rodadas, no hay medio de evitarlas&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Y qu&eacute;, &iquest;la ha visto usted?&raquo; dijo Maxi dejando al fin aquella posici&oacute;n
+violenta, y mirando con ansiedad a su t&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... Me has mareado tanto... que al fin... Pues nada... la he visto y
+no me ha comido. Es la misma panfilona inexperta de siempre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; desmejorada?&mdash;&iquest;Desmejorada? Qu&iacute;tate de ah&iacute;. Lo que est&aacute; es
+guap&iacute;sima. Por cada ojo parece que le salen cuantas estrellas hay en el
+Cielo. A algunas personas la miseria les prueba bien.</p>
+
+<p>&mdash;Pero qu&eacute;, &iquest;est&aacute; miserable? &iquest;Pasa necesidades?&mdash;pregunt&oacute; el chico,
+movi&eacute;ndose con inquietud en la silla&mdash;. Eso no debe consentirse...</p>
+
+<p>&mdash;No digo que tenga hambre... y tal vez... Su situaci&oacute;n no debe ser muy
+desahogada. Hoy a las cuatro de la tarde, seg&uacute;n me dijo, no hab&iacute;a
+entrado en su cuerpo m&aacute;s que un poco de pan del d&iacute;a antes, un pedacito
+de chocolate crudo, y al mediod&iacute;a una corta raci&oacute;n de bofes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Dios! &iquest;Y usted consiente eso? &iexcl;Bofes...!</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; penitencia tal vez&mdash;replic&oacute; la viuda en aquel tono de convicci&oacute;n
+ingenua que tomaba cuando quer&iacute;a jugar con la credulidad de su sobrino,
+como el gato con la bola de papel.</p>
+
+<p>&mdash;Francamente, t&iacute;a, eso de que pase hambres... Yo no la perdono, no
+puede ser... le aseguro a usted que eso... <i>jam&aacute;s, jam&aacute;s, jam&aacute;s</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Ya te he dicho que no es prudente soltar <i>jamases</i> tan a boca llena
+sobre ning&uacute;n punto que se refiera a las cosas humanas. Ya ves el bueno
+de D. Juan Prim qu&eacute; lucido ha quedado con sus <i>jamases</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a m&iacute; no me pasar&aacute; lo que a D. Juan Prim, porque s&eacute; lo que digo...
+Y como la restauraci&oacute;n depende de m&iacute;, y yo no he de hacerla... Pero de
+esto no se trata ahora. Aunque no ha de haber las paces, me duele que
+pase hambre. Es preciso socorrerla.</p>
+
+<p>&mdash;Pues volver&eacute; all&aacute;. Pero se me ocurre una cosa. &iquest;Por qu&eacute; no vas t&uacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo!&mdash;exclam&oacute; el exaltado chico sintiendo que los cabellos se le
+pon&iacute;an de punta.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, t&uacute;... porque est&aacute;s acostumbrado a que todo te lo den bien amasado
+y cocido... Esto es cosa delicada... Yo no quiero responsabilidades. T&uacute;
+no eres ya un ni&ntilde;o, y debes decidir por ti mismo estas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo!, &iexcl;que vaya yo!&mdash;murmur&oacute; el joven farmac&eacute;utico, sintiendo un
+temblor, un fr&iacute;o... Se pon&iacute;a malo de s&oacute;lo pensarlo.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute;, s&iacute;, t&uacute;... D&eacute;jate de miedos y vacilaciones. Si lo quieres hacer lo
+haces, y si no lo dejas.</p>
+
+<p>&mdash;No tengo tiempo de ir&mdash;dijo Rub&iacute;n tranquiliz&aacute;ndose al encontrar tan
+liviano pretexto.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a insistir do&ntilde;a Lupe con lenguaje duro en que &eacute;l deb&iacute;a decidir
+por s&iacute; mismo aquel asunto de la reconciliaci&oacute;n, ver a Fortunata y
+proceder en conciencia seg&uacute;n las impresiones que recibiera. Tanto y
+tanto le predic&oacute;, que al cabo el pobre muchacho hizo prop&oacute;sito de ir; y
+al d&iacute;a siguiente, en un rato que le dej&oacute; libre la botica, tom&oacute; el camino
+de la calle de Tabernillas, m&aacute;s muerto que vivo, pensando en lo que
+dir&iacute;a y lo que callar&iacute;a, con la penita muy acentuada en la boca del
+est&oacute;mago, lo mismo que cuando iba a examinarse. Al llegar y reconocer el
+n&uacute;mero de la casa, entrole tal espanto, que se retir&oacute;, huyendo de la
+calle y del barrio...</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente hizo un segundo esfuerzo y pudo entrar en el portal;
+pero ante la vidriera que daba paso a la escalera, se detuvo. Le
+aterraba la idea de subir, y de su mente se hab&iacute;a borrado todo lo que
+pensaba decirle. Aguard&oacute; un rato en espantosa lucha, hasta que le
+asaltaron ideas alarmantes como esta: &laquo;Si ahora baja y me ve aqu&iacute;...&raquo;. Y
+sali&oacute; escapado por la calle adelante sin atreverse ni a mirar hacia
+atr&aacute;s. La tentativa del tercer d&iacute;a no tuvo mejor &eacute;xito, y aburrido al
+fin y desconcertado, resolvi&oacute; expresarse con su mujer por medio de una
+carta. Andando hacia la calle del Ave-Mar&iacute;a, iba discurriendo que deb&iacute;a
+poner en la carta mucha severidad, y un ligero matiz de indulgencia, un
+grano nada m&aacute;s de sal de piedad para sazonarla. Dir&iacute;ale que no pod&iacute;a
+admitirla en su casa; pero que con el tiempo... si daba pruebas de
+arrepentimiento... En fin, que ya saldr&iacute;a la ep&iacute;stola tan guapamente.
+Excitado por estas ideas y prop&oacute;sitos, entr&oacute; en su casa, y al dirigirse
+a su cuarto y o&iacute;r la voz de su t&iacute;a que desde la sala le llamaba, sinti&oacute;
+en el coraz&oacute;n como si se lo tocaran con la punta de un alfiler... Entr&oacute;
+en la sala, y... &iexcl;lo que vieron sus ojos, Dios omnipotente!... &iexcl;Dios que
+haces posible lo imposible! En la sala estaba Fortunata, en pie, l&iacute;vida
+como los que van a ser ajusticiados...</p>
+
+<p>Maximiliano no cay&oacute; redondo por milagro de Dios... Dijo <i>&iexcl;ah!</i>... y se
+qued&oacute; como una estatua. Tampoco ella chistaba nada y sus miradas ca&iacute;an
+al suelo como pesas de plomo. Por fin el joven, en el &uacute;ltimo grado de la
+turbaci&oacute;n y del desconcierto, se aventur&oacute; a hablar, y dijo algo as&iacute; como
+<i>buenas tardes</i>... y despu&eacute;s: <i>Yo cre&iacute; que</i>... y luego: <i>De modo que
+usted, t&iacute;a...</i> &laquo;No, yo no me meto en nada&mdash;declar&oacute; do&ntilde;a Lupe, que estaba
+sentada como presidiendo&mdash;. Lo &uacute;nico que he dispuesto es traerla aqu&iacute;
+para que frente a frente decid&aacute;is... Fortunata, si&eacute;ntate&raquo;.</p>
+
+<p>Al recuerdo de su agravio sinti&oacute; Maximiliano en su alma una reacci&oacute;n
+brusca contra aquel misticismo reci&eacute;n aprendido, m&aacute;s hijo de la
+necesidad que de la convicci&oacute;n. &laquo;Esto me parece prematuro&raquo; dijo, y sali&oacute;
+de la sala.</p>
+
+<p>Pronto se le reuni&oacute; su t&iacute;a en el despacho, y le dijo: &laquo;Me parece bien tu
+severidad. Pero las circunstancias... &iquest;No me has dicho que era
+indispensable pasarle un tanto diario para alimentos? &iquest;Y te parece a ti
+que estamos en disposici&oacute;n de sostener dos casas?&raquo;.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a el muchacho la cabeza tan alborotada, que no pudo hacerse cargo de
+tales argumentos. Para &eacute;l lo mismo era que su t&iacute;a le hablase de dos
+casas que de cuatro mil. &laquo;D&eacute;jeme usted&mdash;le dijo, casi sollozando&mdash;.
+Estoy dejado de la mano de Dios&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pues ya que est&aacute; aqu&iacute;, no se ha de marchar&mdash;prosigui&oacute; do&ntilde;a Lupe en voz
+baja&mdash;. La pondremos en el cuartito pr&oacute;ximo al m&iacute;o. Y basta. &iexcl;Ay!, &iexcl;que
+siempre me han de tocar a m&iacute; estos arreglos y composturas!... &iquest;Sabes lo
+que te digo? Pues que aqu&iacute; ten&eacute;is ocasi&oacute;n de deciros todas las perrer&iacute;as
+que quer&aacute;is o de daros todas las explicaciones que juzgu&eacute;is
+convenientes. Yo me lavo mis manos. A m&iacute; no me met&aacute;is en vuestras
+contradanzas. Si quer&eacute;is llegar a un acuerdo, en hora buena sea, y si no
+quer&eacute;is, tambi&eacute;n. Bastante servicio os hago con prestaros mi casa para
+que os tom&eacute;is el pulso hasta ver si hay paces o no hay paces. Y por
+Dios, no me des m&aacute;s jaquecas. Si pasan d&iacute;as y no salta la avenencia, se
+acab&oacute;. Pero no me deis m&aacute;s jaquecas, por Dios, no me deis m&aacute;s jaquecas&raquo;.</p>
+
+<p>Esto &uacute;ltimo lo dijo en alta voz, saliendo ya al pasillo, de modo que lo
+oyeron muy bien, Papitos en un extremo de la casa, y Fortunata en otro.
+Esta qued&oacute; desde aquella tarde en la casa, y su situaci&oacute;n era de las
+menos airosas, porque su marido apenas le hablaba. Nicol&aacute;s hac&iacute;a el
+gasto de conversaci&oacute;n en la mesa. Al segundo d&iacute;a, Fortunata dijo a do&ntilde;a
+Lupe que se marchaba, lo que dio motivo a que la se&ntilde;ora saliera por los
+pasillos gritando: &laquo;Por Dios, no me deis m&aacute;s jaquecas... ya no puedo
+m&aacute;s. Que cada cual haga lo que quiera&raquo;. Pero a pesar de esto, la esposa
+no se march&oacute;. Al tercer d&iacute;a, en medio de la reserva y hura&ntilde;o silencio
+que entre ambos c&oacute;nyuges reinaba, empez&oacute; Maxi a soltar una que otra
+palabra; luego ya no eran palabras, sino frases, y tras las cl&aacute;usulas
+fr&iacute;as vinieron las tibias. Por fin se permiti&oacute; alg&uacute;n concepto jovial. Al
+quinto d&iacute;a se sonre&iacute;a mirando a su mujer. Al sexto, Fortunata le miraba
+con atenci&oacute;n cort&eacute;s cuando dec&iacute;a algo; al s&eacute;timo, Maxi opinaba como ella
+en toda discusi&oacute;n que en la mesa se trabase; al octavo le daba una
+palmadita en el hombro; al noveno la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n se interesaba
+porque su marido se abrigase bien al salir, y al d&eacute;cimo estuvieron como
+un cuarto de hora secrete&aacute;ndose a solas en un rinc&oacute;n de la sala; al
+und&eacute;cimo Maxi le apret&oacute; mucho la mano al entrar, y al duod&eacute;cimo exclam&oacute;
+do&ntilde;a Lupe como sacerdote que entona el <i>hosanna</i>: &laquo;Vaya que os pon&eacute;is
+babosos. Por Dios, no me deis jaquecas. Si est&aacute;is reventando por hacer
+las paces, &iquest;a qu&eacute; tantos remilgos? Bien hago yo en no meterme en nada,
+bendita de m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y de este modo se verific&oacute; aquella restauraci&oacute;n, aquel restablecimiento
+de la vida legal. Fue de esas cosas que pasan, sin que se pueda
+determinar c&oacute;mo pasaron, hechos fatales en la historia de una familia
+como lo son sus similares en la historia de los pueblos; hechos que los
+sabios presienten, que los expertos vaticinan sin poder decir en qu&eacute; se
+fundan, y que llegan a ser efectivos sin que se sepa c&oacute;mo, pues aunque
+se les sienta venir, no se ve el disimulado mecanismo que los trae.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>En los primeros d&iacute;as que sucedieron a este gran suceso, nada
+ocurri&oacute; digno de contarse. Y si algo hubo fue de puertas afuera. Voy a
+ello. Una tarde estaban do&ntilde;a Lupe y Fortunata en la sala cosiendo unas
+anillas a las magn&iacute;ficas cortinas de seda con que se hab&iacute;a quedado la
+se&ntilde;ora por pr&eacute;stamo no satisfecho, cuando Papitos, que se hab&iacute;a asomado
+al balc&oacute;n para descolgar la ropa puesta a secar, empez&oacute; a dar chillidos:
+&laquo;Se&ntilde;oras, vengan, miren... &iexcl;cu&aacute;nta gente!... Han matado a uno&raquo;.
+Asom&aacute;ronse las dos se&ntilde;oras y vieron que en la parte baja de la calle,
+cerca de la esquina de la de San Carlos, hab&iacute;a un gran corrillo que a
+cada momento engrosaba m&aacute;s. &laquo;Hay un <i>cad&aacute;vere</i> difunto all&iacute; en mitad de
+la gente&raquo; grit&oacute; Papitos que ten&iacute;a medio cuerpo fuera del balc&oacute;n.&mdash;Yo veo
+un bulto tendido en el suelo&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe.&mdash;&iquest;Ves t&uacute; algo?... Ser&aacute;
+alg&uacute;n borracho. Pero observa qu&eacute; multitud se va reuniendo. Como que los
+coches no pueden pasar... Y mira qu&eacute; polic&iacute;as estos. Ni para un remedio.</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ora, m&aacute;ndeme por los fideos... Ya sabe que no hay...&raquo; dijo la mona.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos... lo que t&uacute; quieres es curiosear...</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;ndeme&mdash;repiti&oacute; la chiquilla dando brincos entre risue&ntilde;a y
+suplicante.</p>
+
+<p>&mdash;Pues anda&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe, que aquel d&iacute;a estaba de buen humor&mdash;; si no
+sales te vas a caer por el balc&oacute;n. Pero ven prontito... y ten cuidado de
+limpiarte bien los pies en los felpudos que hay en la porter&iacute;a, porque
+hay muchos barros... Mira c&oacute;mo pusiste la alfombra cuando volviste de
+avisar al carbonero.</p>
+
+<p>Sali&oacute; Papitos m&aacute;s pronta que la vista, y estuvo fuera como unos veinte
+minutos. Su ama la vio entrar en la casa y fue a abrirle la puerta...
+&laquo;&iquest;Te has restregado bien las patas?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;ora... mire.&mdash;Ahora aqu&iacute; otra vez... &iquest;Sabes lo que debes hacer
+siempre que subes?, refregarte bien en el limpia-barros del vecino, en
+ese que est&aacute; ah&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En este?&mdash;dijo la mona, bailando el zapateado en el limpia-barros del
+cuarto de la izquierda.</p>
+
+<p>&mdash;Porque todos los pisotones de menos que le demos al nuestro, eso vamos
+ganando.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabe, se&ntilde;ora, sabe?...&mdash;agreg&oacute; Papitos, que a pesar de venir sofocada
+de tanto correr, segu&iacute;a bailoteando en el felpudo ajeno&mdash;. &iquest;No sabe lo
+que hay all&iacute;? Es una mujer que parece est&aacute; bebida; pero muy bebida... &iquest;Y
+no acierta qui&eacute;n es?, la se&ntilde;&aacute; Mauricia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero oyes, mujer, has o&iacute;do?&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe desde el pasillo
+volviendo a la sala&mdash;. Mauricia... borracha... ah&iacute; tienes lo que re&uacute;ne
+tant&iacute;sima gente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero la viste bien?, &iquest;est&aacute;s segura de que es ella?&mdash;pregunt&oacute;
+Fortunata pasado el primer momento de asombro.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;orita, ella es...</p>
+
+<p>&mdash;Pero hija&mdash;observ&oacute; do&ntilde;a Lupe volviendo a asomarse con
+oficiosidad...&mdash;cree que me hace esto una impresi&oacute;n... &iexcl;Y los de Orden
+P&uacute;blico que no parecen!... &iexcl;Ah!, s&iacute;, la levantan... &iexcl;Qu&eacute; mujer!... Miren
+que ponerse en ese estado.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora se la llevan... Est&aacute; como un cuerpo muerto&mdash;dec&iacute;a Fortunata,
+acord&aacute;ndose de las escenas que hab&iacute;a presenciado en el convento.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se la llevan a la Casa de Socorro o al hospital... Pero &iexcl;quia!,
+no... Suben. &iquest;Apostamos a que la traen a la botica?</p>
+
+<p>&mdash;Si tiene rajada la cabeza en salva la parte...&mdash;afirm&oacute; Papitos dando a
+conocer gr&aacute;ficamente las dimensiones de la herida&mdash;. Y echaba la mar de
+sangre... que corr&iacute;a por la calle abajo, como corre el agua cuando
+llueve.</p>
+
+<p>Cuando pasaba bajo los balcones el cuerpo inerte de Mauricia la Dura,
+cargado por los de Orden P&uacute;blico y escoltado por el gent&iacute;o, Fortunata se
+quit&oacute; del balc&oacute;n, porque le faltaba &aacute;nimo para presenciar tal
+espect&aacute;culo. Do&ntilde;a Lupe y Papitos s&iacute; que lo vieron todo, y esta tuvo a&uacute;n
+la pretensi&oacute;n de que su ama la dejase ir a la botica para ver la cura
+que le hac&iacute;an a <i>aquella borrachona</i>. Pero esto ya era mucha libertad, y
+aunque la chiquilla imagin&oacute; diferentes pretextos para bajar, no se sali&oacute;
+con la suya.</p>
+
+<p>A la hora de comer, Maximiliano habl&oacute; del caso, describiendo la cura y
+haciendo augurios poco lisonjeros sobre la suerte de la enferma.</p>
+
+<p>&laquo;Tienes raz&oacute;n&mdash;observ&oacute; la viuda&mdash;. Me parece que de este barquinazo no
+sale. &iexcl;Pobre mujer! &iexcl;Tener ese vicio! De veras lo siento, pues no hay
+otra como ella para correr alhajas&raquo;.</p>
+
+<p>Refiri&oacute; entonces Maxi un pasaje curios&iacute;simo y reciente de la historia de
+la tal Mauricia, que hab&iacute;a sido contado aquella misma tarde, despu&eacute;s de
+la cura, por el Sr. de Aparisi, uno de los que sol&iacute;an ir de tertulia a
+la botica. &laquo;Pues esa buena pieza, en una de las tremendas borrascas que
+le produce el maldito vicio, fue recogida de la calle por los
+protestantes, que tienen su capilla y casa en las Pe&ntilde;uelas&raquo;. Enterose
+do&ntilde;a Guillermina, la se&ntilde;ora esa que pide para los hu&eacute;rfanos de la calle
+de Alburquerque, y lo mismo fue saberlo, que volarse... Vean ustedes.
+Plantose en la casa de los protestantes a reclamar a la tarasca. Tun,
+tun... &iquest;qui&eacute;n?... yo... Y sali&oacute; el pastor, que es uno que llaman D.
+Horacio, que tiene el pelo colorado y ralo, como barbas de ma&iacute;z; sali&oacute;
+tambi&eacute;n la pastora, su mujer, que es una tal do&ntilde;a Malvina... buenas
+personas los dos, porque lo protestante no quita lo decente. Entre
+par&eacute;ntesis, se distinguen por su independencia en el vestir. Do&ntilde;a
+Malvina le hace las levitas a D. Horacio, y D. Horacio le arregla los
+sombreros a do&ntilde;a Malvina. Total, que estos inglesones lo entienden: no
+gastan un cuarto en sastres ni modistas. Pero voy al cuento. Los
+pastores se las tuvieron tiesas, y do&ntilde;a Guillermina m&aacute;s tiesas todav&iacute;a.
+Religi&oacute;n frente a religi&oacute;n, la cosa se iba poniendo fea. Los
+protestantes dec&iacute;an que la mujer aquella les hab&iacute;a pedido limosna y
+protecci&oacute;n; do&ntilde;a Guillermina lo negaba, acus&aacute;ndoles de haberla sonsacado
+y de haber ido a buscarla a su propia casa. D. Horacio dijo que nones y
+que har&iacute;a valer sus derechos luteranos ante el mismo Tribunal Supremo;
+amoscose la otra, y do&ntilde;a Malvina sac&oacute; el libro de la Constituci&oacute;n, a lo
+que replic&oacute; Guillermina que ella no entend&iacute;a de constituciones ni de
+libros de caballer&iacute;as. Por fin, acudi&oacute; la cat&oacute;lica al Gobernador, y el
+Gobernador mand&oacute; que saliese Mauricia del poder de Poncio Pilatos, o sea
+de D. Horacio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ves, qu&eacute; cosas?&mdash;observ&oacute; do&ntilde;a Lupe&mdash;. Ah&iacute; tienes los belenes que se
+arman por la religi&oacute;n. Bien dec&iacute;a mi J&aacute;uregui que &eacute;l era muy liberal,
+pero que no le petaba por la libertad de cultos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues agu&aacute;rdense ustedes, que falta lo mejor. D. Horacio, como ingl&eacute;s
+que sabe respetar las leyes, obedeci&oacute; la orden del Gobernador,
+reserv&aacute;ndose el sostener su derecho ante los tribunales. Pero cuando le
+dijo a Mauricia que se marchara, esta no quiso, y empez&oacute; a poner de oro
+y azul a do&ntilde;a Guillermina, hall&aacute;ndose esta presente, y a todas las
+se&ntilde;oras de las Juntas cat&oacute;licas, diciendo que eran unas tales y unas
+cuales.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bribona! Si es atroz... le entran esos toques, y no sabe lo que
+dice.</p>
+
+<p>&mdash;Do&ntilde;a Guillermina no se acobard&oacute; por esto, ni renunci&oacute; a llev&aacute;rsela. Se
+fue pian pianino, y se sent&oacute; en la puerta, en un guardacant&oacute;n que hay
+all&iacute;. Todos los d&iacute;as iba a ponerse en el mismo sitio, como un centinela.
+El pastor y la pastora le dec&iacute;an que pasara y ella contestaba que muchas
+gracias... Y por fin ayer se volvieron las tornas, porque Mauricia se
+enfureci&oacute;, y acometiendo a do&ntilde;a Malvina le llen&oacute; la cara de ara&ntilde;azos...
+D. Horacio llama a los de Orden P&uacute;blico, y la tarasca se mete en la
+capilla, rompe el p&uacute;lpito, vuelca el tintero, hace pedazos todos los
+libros, arma una barricada con las sillas, y coge la copa en que ellos
+comulgan, y... la profana del modo m&aacute;s indecente. Cost&oacute; trabajo echarla
+a la calle... Al salir, &iexcl;tras!... do&ntilde;a Guillermina, que me le echa un
+cordel al pescuezo y se la lleva. Todo esto lo ha contado Aparisi, que
+lo sabe por el mismo D. Horacio y por do&ntilde;a Guillermina, y porque tuvo
+que intervenir como teniente alcalde que es del distrito... A Mauricia
+la pusieron en casa de una hermana que vive ah&iacute; por la calle de Toledo;
+y se conoce que all&aacute; tampoco la pueden sujetar, por lo que se ha visto
+esta tarde. De la botica la llevaron a la Casa de Socorro.</p>
+
+<p>Esta relaci&oacute;n era demasiado larga para los pulmones de Maximiliano, por
+lo cual lleg&oacute; al t&eacute;rmino de ella fatigad&iacute;simo. Todos se pasmaron del
+cuento, y do&ntilde;a Lupe compadeci&oacute; a la Dura, deplorando que con vicio tan
+inmundo malograse las cualidades de inteligencia corredora que pose&iacute;a.
+En cuanto a Fortunata, se sent&iacute;a profundamente lastimada, y deseaba que
+su marido acabase de contar aquellos trist&iacute;simos lances, para que la
+conversaci&oacute;n recayese en otro asunto. Pero no fue posible, porque hasta
+el t&eacute;rmino de la comida no se habl&oacute; m&aacute;s que de Mauricia, de los
+protestantes y del insano vicio de la embriaguez; y por fin, Nicol&aacute;s
+sac&oacute; a relucir sucesos ocurridos en las Micaelas, evocando el testimonio
+de Fortunata. Esta, muy contra su voluntad, no tuvo m&aacute;s remedio que
+referir los novelescos pasajes del rat&oacute;n, las visiones y de la botella
+de co&ntilde;ac; pero lo hizo a <i>grandes rasgos</i>, para acabar m&aacute;s pronto.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Aquella noche se fueron a Variedades, que est&aacute; a dos pasos del
+Ave-Mar&iacute;a. Otra ventaja de aquel barrio sobre Chamber&iacute; es que se puede
+ir de noche a ver una piececita o a pasar un rato en cualquier caf&eacute;, sin
+hacer caminatas de media legua, ni usar el tranv&iacute;a. A Fortunata no le
+gustaba ir al teatro ni presentarse en p&uacute;blico. Sent&iacute;a inexplicable
+miedo de las miradas de la gente, y aunque pocos o ninguno la conoc&iacute;an,
+figur&aacute;base que la conoc&iacute;an todos, y que de cada boca sal&iacute;a un comentario
+acerca de ella. Por desgracia, asunto no faltaba. Pero si la miraban los
+hombres, era para admirarla, y si cuchicheaban luego, rara vez dec&iacute;an
+algo fundado en un conocimiento verdadero de la realidad. Otro motivo
+del terror que el teatro y los sitios p&uacute;blicos le inspiraban era
+encontrar <i>caras conocidas</i>, y este recelo la ten&iacute;a como azorada y sobre
+ascuas durante la funci&oacute;n.</p>
+
+<p>En la casa se hallaba muy bien. Hab&iacute;a tenido seguramente en su vida
+temporadas de mayor felicidad, pero no de tan blando sosiego. Hab&iacute;a
+visto d&iacute;as, los menos, eso s&iacute;, en que brillaba echando chispas el sol
+del alma, seguidos de otros en que se apagaba casi por completo; pero
+nunca vio una tan inalterable y mansa corriente de d&iacute;as tibios, iguales,
+de penumbra dulce y reparadora. Llev&aacute;base muy bien con do&ntilde;a Lupe, y con
+su marido le pasaba lo m&aacute;s extra&ntilde;o que imaginar pudiera. No digamos que
+le quer&iacute;a, seg&uacute;n su concepto y definici&oacute;n del querer; pero le hab&iacute;a
+tomado un cierto cari&ntilde;o como de hermana o hermano. No era ni pod&iacute;a ser
+el hombre por quien la mujer da su vida, encontrando espiritual goce en
+este sacrificio; era simplemente un ser cuya conservaci&oacute;n y bienestar
+deseaba. Y as&iacute; como se supone y casi se entrev&eacute; una tierra lejana cuando
+se va navegando a la aventura, as&iacute; entreve&iacute;a ella la contingencia de
+quererle con amor m&aacute;s firme, y de pasar a su lado toda la vida, llegando
+a no desear nunca otra mejor. En vez de rehuir las obligaciones de su
+casa, Fortunata hac&iacute;a por extenderlas y aumentarlas, conociendo que el
+trabajo le ayudaba a sostenerse en aquel equilibrio, sin balances de
+dicha, pero tambi&eacute;n sin penas, el coraz&oacute;n adormecido y aplanado, como
+baj&oacute; la acci&oacute;n de un b&aacute;lsamo emoliente. Acord&aacute;base de los dos casos que
+le hab&iacute;a presentado el bueno de Feijoo, y pensaba si ocurrir&iacute;a lo que
+ella tuvo por m&aacute;s inveros&iacute;mil, esto es, que se realizara el primero.
+&iquest;Llegar&iacute;a a conformarse con tal vida, y a contenerse con aquel fruto
+desabrido del amor sin apetecer otro m&aacute;s dulz&oacute;n y menos sano?...</p>
+
+<p>Maximiliano, en cambio, no pod&iacute;a vencer su inquietud. Ning&uacute;n motivo
+ten&iacute;a para sospechar de su mujer, cuya conducta era absolutamente
+correcta. Do&ntilde;a Lupe y &eacute;l convinieron en que jam&aacute;s Fortunata saldr&iacute;a sola
+a la calle, y esto se cumpl&iacute;a al pie de la letra. Pero ni con tales
+seguridades acababa de tranquilizarse. Deseaba ardientemente tener
+hijos, por dos motivos: primero, para echarle a su cara mitad un lazo
+m&aacute;s y ligaduras nuevas; segundo, para que la maternidad desgastase un
+poco aquella hermosura espl&eacute;ndida que cada d&iacute;a deslumbraba m&aacute;s. La
+desproporci&oacute;n entre las estaturas de uno y otro, y entre el conjunto de
+su apariencia personal, mortificaba tanto al pobre chico, que hac&iacute;a
+esfuerzos imposibles y a veces rid&iacute;culos para amenguar aquella falta de
+armon&iacute;a. Encarg&aacute;base calzado con tacones altos, y se esmeraba en vestir
+bien y en atender a ciertos perfiles de que s&oacute;lo se ocupan los <i>dandys</i>.
+Desgraciadamente, aunque Fortunata apenas se compon&iacute;a, la desproporci&oacute;n
+era siempre muy visible. Pero Maxi ve&iacute;a con gozo que su esposa se
+cuidaba poco de hacer resaltar su belleza, mirando con desd&eacute;n las modas,
+y se alegraba por dos razones tambi&eacute;n: porque as&iacute; se igualar&iacute;an algo los
+dos consortes <i>o har&iacute;an m&aacute;s juego</i>, y porque as&iacute; la mirar&iacute;an menos los
+extra&ntilde;os.</p>
+
+<p>Desde la restauraci&oacute;n de su legalidad dom&eacute;stica hab&iacute;a abandonalo por
+completo las lecturas filos&oacute;ficas, reverdeciendo en su alma el mal
+curado dolor de su afrenta y los odios vengativos. Aquel ascetismo y
+aquel <i>ver a Dios en s&iacute;</i> fueron nada m&aacute;s que obra fugaz de la tristeza,
+o quiz&aacute;s de las circunstancias, y exist&iacute;an en su mente como esas
+lecciones, pegadas con saliva, que los estudiantes aprenden en los
+apuros del examen. Sus nuevas obligaciones en la botica le llamaban del
+lado de la qu&iacute;mica y de la farmacia, y se dedic&oacute; a esto con verdadero
+ardor, deseando aprender. Dec&iacute;ale do&ntilde;a Lupe que inventase alg&uacute;n
+espec&iacute;fico, alguna papa cualquiera o antigualla que con nombre peregrino
+y nuevo pasase por prodigioso hallazgo; pero &eacute;l se resist&iacute;a porque lo
+consideraba impropio de la ciencia. T&iacute;a y sobrino ten&iacute;an sobre esto
+altercados muy vivos... &laquo;&iexcl;Como si fuera un crimen idear cualquier clase
+de p&iacute;ldoras, c&aacute;psulas o grajeas, y all&aacute; te va un nombre!...&raquo;. &laquo;C&aacute;psulas
+<i>hipoquitrop&iacute;ticas vegetales</i>... o <i>animales</i>, lo mismo da... del Doctor
+Rub&iacute;n... <i>infalibles</i>... contra cualquier cosa... contra la tisis... o
+el moquillo de los perros... Lo que importa es <i>descubrir</i> algo y
+plantarle unas etiquetas muy chillonas con tu retrato... Eres un
+mandria. Si no inventas t&uacute; un espec&iacute;fico, al fin tendr&eacute; que inventarlo
+yo... Fortunata, dile que invente, hija, conv&eacute;ncele... Pod&eacute;is ganar r&iacute;os
+de oro&raquo;.</p>
+
+<p>Pocas veces ve&iacute;a Fortunata al se&ntilde;or de Feijoo, que iba a la casa de
+visita, ceremoniosamente, y se estaba all&iacute; como una hora, charlando m&aacute;s
+con la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui que con la de Rub&iacute;n. El simp&aacute;tico viejo
+parec&iacute;a contento; pero los achaques le pesaban cada d&iacute;a m&aacute;s, y ya en
+Abril no sal&iacute;a a la calle sino acompa&ntilde;ado de un criado. En una de sus
+visitas habl&oacute; a solas con su amiga, en t&eacute;rminos tan paternales que a
+ella le falt&oacute; poco para llorar. Todo iba bien, perfectamente bien, y ya
+se habr&iacute;a convencido la chulita del valor de sus lecciones y consejos. A
+Maxi le agradaba poco la amistad de Feijoo, sin que a punto fijo supiera
+por qu&eacute;. Pero lo m&aacute;s particular era que a la misma Fortunata, al mes de
+aquella vida, empezaron a serle menos gratas las visitas de D. Evaristo.
+Su gratitud y afecto hacia &eacute;l eran siempre los mismos; pero no pod&iacute;a
+menos de considerar la presencia de su antiguo protector en la casa como
+una monstruosidad. &laquo;&iquest;Ser&aacute; verdad&mdash;pensaba&mdash;, como me ha dicho &eacute;l, que de
+estas barbaridades incre&iacute;bles est&aacute; llena la vida humana?... &iexcl;Qu&eacute; cosas
+hay, pero qu&eacute; cosas!... Un mundo que se ve, y otro que est&aacute; debajo,
+escondido... Y lo de dentro gobierna a lo de fuera... pues... claro...
+no anda la muestra del reloj, sino la m&aacute;quina que no se ve&raquo;.</p>
+
+<p>Al anochecer entr&oacute; do&ntilde;a Lupe, despu&eacute;s de haberse limpiado el lodo de las
+suelas en el felpudo del vecino. &laquo;Oye una cosa&mdash;dijo a Fortunata,
+quit&aacute;ndose el manto&mdash;. He sabido esta tarde que Mauricia se est&aacute;
+muriendo. &iexcl;Pobre mujer! Tenemos que ir a verla. No es lejos: calle de
+Mira el R&iacute;o&raquo;. Diole esta noticia su amiga Casta Moreno, que la supo por
+C&aacute;ndido Samaniego. Do&ntilde;a Guillermina hab&iacute;a sacado del Hospital a
+Mauricia, traslad&aacute;ndola a casa de la hermana de esta, y la asist&iacute;a el
+m&eacute;dico de la Beneficencia Domiciliaria y de la Junta de se&ntilde;oras. La
+infeliz tarasca viciosa, con estos cuidados y las ternezas de do&ntilde;a
+Guillermina, y m&aacute;s a&uacute;n, con la proximidad de la muerte, estaba que
+parec&iacute;a otra, curada de sus maldades y arrepentida <i>en toda la extensi&oacute;n
+de la palabra</i>, diciendo que se quer&iacute;a morir lo m&aacute;s cat&oacute;licamente
+posible, y pidiendo perd&oacute;n a todos con unos ayes y una religiosidad tan
+fervientes que part&iacute;an el coraz&oacute;n. &laquo;Te digo que si esto es verdad, habr&aacute;
+que alquilar balcones para verla morir. Ma&ntilde;ana nos vamos all&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe no iba a ver a Mauricia por pura caridad. Tiempo hac&iacute;a que
+Guillermina la fascinaba, m&aacute;s por el se&ntilde;or&iacute;o que por la virtud, y ya que
+la gran fundadora iba a hacer patente su santidad, teniendo por corte a
+las damas m&aacute;s encopetadas, en lugar accesible a do&ntilde;a Lupe, &iquest;por qu&eacute; no
+hab&iacute;a esta de intentar meter la jeta? Pues qu&eacute;, &iquest;no era ella tambi&eacute;n
+<i>dama</i>? Sobre estos particulares habl&oacute; largamente con Casta Moreno, que
+algunas noches iba de tertulia con sus dos hijas a casa de Rub&iacute;n, y la
+viuda de Samaniego se hac&iacute;a lenguas de Guillermina, conceptu&aacute;ndola
+sobrenatural. &iexcl;Y era pariente suya, lejana, por los Morenos! El amor
+propio y el orgullo inflaban a do&ntilde;a Lupe cuando se consideraba
+mangoneando en cosas de beneficencia elegante a las &oacute;rdenes de la
+ilustre fundadora. Una contra tendr&iacute;a esto si llegaba a realizarse, y
+era que no hab&iacute;a m&aacute;s remedio que dar algo de <i>guano</i>.</p>
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, visti&eacute;ndose para salir, pens&oacute; mi do&ntilde;a Lupe si
+deber&iacute;a ponerse el abrigo de terciopelo. Pero pronto cay&oacute; en la cuenta
+de que era un disparate. Sobre que se le mojar&iacute;a, porque el d&iacute;a estaba
+lluvioso, no era propio aquel regio atav&iacute;o del lugar, personas y ocasi&oacute;n
+de la visita. Tiempo ten&iacute;a de darse pisto con el abrigo, la capota y
+otras prendas. Encarg&oacute; a Fortunata que se vistiese con sencillez, y ella
+se puso algo m&aacute;s apa&ntilde;adita, de modo que resultase siempre la conveniente
+distancia.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="vic" id="vic"></a>-VI-</h2>
+
+<h2>Naturalismo espiritual</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Al entrar en la calle de Mira el R&iacute;o, encontraron a Severiana, a
+quien do&ntilde;a Lupe hab&iacute;a visto algunas veces. Llevaba un vaso con medicina,
+tapado con un papel a estilo de botica antigua. Do&ntilde;a Lupe la interrog&oacute;,
+y enterada la otra de que iban a ver a su hermana, hizo gustosamente de
+introductora, gui&aacute;ndolas por el sucio portal, la menos sucia y tortuosa
+escalera, hasta llegar al corredor. Ya se sabe que la vivienda de
+Severiana era una de las mejores de aquel falansterio, y que por su
+capacidad y arreglo bien pod&iacute;a pasar por lujosa en semejante vecindad.
+Viv&iacute;a en compa&ntilde;&iacute;a con aqu&eacute;lla una tal do&ntilde;a Fuensanta, viuda de un
+comandante, y la casa respond&iacute;a a esta situaci&oacute;n comanditaria, pues
+constaba de dos salitas enteramente iguales, cada una con ventana a la
+calle. Entre la puerta y la sala primera hab&iacute;a un pasillo, en el cual se
+ve&iacute;a la artesa de lavar y la entrada de la cocina, cuya reja daba al
+corredor. Dos piezas interiores completaban el cuarto. Cuando
+Guillermina, comprendiendo el fin pr&oacute;ximo de Mauricia, indujo a
+Severiana a sacarla del hospital por tercera vez y llevarla a su casa,
+la se&ntilde;ora viuda del comandante cedi&oacute; su cuarto para tan ben&eacute;fico objeto,
+trasladando sus muebles al cuarto de otra vecina. Mauricia fue, pues,
+instalada en la segunda de las dos salitas. Severiana ten&iacute;a su cama en
+la alcoba interior, y la sala primera estaba destinada a recibir
+visitas, como lo declaraban el relativo lujo de la c&oacute;moda, las sillas de
+Vitoria nuevecitas, el sof&aacute; de lo mismo, la mesa con cubierta de hule,
+el cuadrito de los <i>dos corazones amantes</i>, el de la <i>Numancia</i> en mar
+de musgo, los retratos de militares cu&ntilde;ados de Severiana, la estera de
+esparto flamante y sin ning&uacute;n agujero, de empleitas rojas y amarillas, y
+en fin, las laminotas que recientemente hab&iacute;an sido adquiridas en el
+Rastro por una bicoca. Eran excelentes grabados ya pasados de moda, el
+papel viejo y con manchas de humedad, los marcos de caoba, y
+representaban asuntos que nada ten&iacute;an de espa&ntilde;ol, por cierto, las
+batallas de Napole&oacute;n I, reproducidas de los un tiempo c&eacute;lebres retratos
+de Horacio Vernet y el bar&oacute;n Gros. &iquest;Qui&eacute;n no ha visto el <i>Napole&oacute;n en
+Eylau</i>, y <i>en Jena</i>, el <i>Bonaparte en Arcola</i>, la <i>apoteosis de
+Austerlitz</i> y la <i>Despedida de Fontainebleau</i>?</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe y Fortunata entraron, precedidas de Severiana, en el aposento
+de la enferma, que estaba incorporada en la cama. Le hab&iacute;an cortado el
+pelo d&iacute;as antes para poderle curar la herida de la cabeza; su perfil
+romano se hab&iacute;a acentuado; era m&aacute;s fina la nariz, la quijada inferior
+abultaba m&aacute;s, y la extenuaci&oacute;n le agrandaba los ojos. Las curvas airosas
+de la boca eran m&aacute;s rasgueadas, y la decomisura de los labios, que
+parec&iacute;a obra de un agudo punz&oacute;n, d&aacute;bale cierto aspecto de grandeza ca&iacute;da
+o de humillaci&oacute;n sublimemente resignada. Las c&aacute;rdenas ojeras le cog&iacute;an
+media cara; el superciliar sal&iacute;a como una visera; los ojos, hermosos y
+ardientes, qued&aacute;banse all&aacute; dentro, y rodeados de aquella piel morada
+relumbraban m&aacute;s, como si acecharan el acaso que iba a pasar. Las cejas
+negras formaban una sola l&iacute;nea recta. La frente era espaciosa, con un
+mech&oacute;n de pelo negro... En fin, que la Dura completaba la historia
+aquella expuesta en las paredes: era el <i>Napole&oacute;n en Santa Helena</i>.</p>
+
+<p>Cuando do&ntilde;a Lupe y Fortunata la saludaron, las estuvo mirando un rato,
+como si tardara en reconocerlas. Despu&eacute;s las nombr&oacute;. &iexcl;Qu&eacute; voz! Siempre
+fue ronca la voz de Mauricia; pero hab&iacute;a bajado ya a lo m&aacute;s grave del
+diapas&oacute;n. &laquo;&iexcl;Dios m&iacute;o!&mdash;se dijo Fortunata, oy&eacute;ndola despu&eacute;s de mirarla&mdash;,
+&iexcl;si parece un hombre...!&raquo;. Do&ntilde;a Lupe, en tanto, sent&aacute;ndose en una de las
+sillas de paja, pronunciaba las frases de consuelo propias de la
+ocasi&oacute;n, a&ntilde;adiendo: &laquo;Eso para que aprendas... y tengas formalidad.</p>
+
+<p>A ver si cuando salgas de esta, te sirve de escarmiento&raquo;.</p>
+
+<p>Mauricia se volvi&oacute; para Fortunata, que se hab&iacute;a sentado junto a la
+cabecera; la mir&oacute; mucho, sin decir nada; despu&eacute;s clav&oacute; sus ojos en el
+techo, rezongando: &laquo;S&iacute;... bien mala he sido, bien re-mala...&raquo;. Y vuelta
+otra vez hacia su amiga, le dirigi&oacute; estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Oye t&uacute;, arrepi&eacute;ntete... pero con tiempo, con tiempo. No lo dejes para
+&uacute;ltima hora, porque... eso no vale. T&uacute; tampoco eres trigo limpio, y el
+d&iacute;a que hagas s&aacute;bado en tu conciencia, vas a necesitar mucha agua y
+jab&oacute;n, mucha escoba y mucho estropajo...&raquo;.</p>
+
+<p>Con tan buena fe lo dijo, que Fortunata no pod&iacute;a ofenderse. A do&ntilde;a Lupe
+le pareci&oacute; la amonestaci&oacute;n muy impertinente y descort&eacute;s, porque &iquest;a santo
+de qu&eacute; ven&iacute;a el hablar de pecados ajenos, teniendo tantos propios de qu&eacute;
+ocuparse? Verdad que su sobrina pol&iacute;tica no hab&iacute;a sido un modelo; pero
+ya estaba corregida y no hab&iacute;a que volver sobre lo pasado. &laquo;Ya sabemos
+que te tratan muy bien&raquo; dijo, para variar la conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias a la madre de los pobres&mdash;declar&oacute; Severiana, que estaba en pie
+arreglando la cama&mdash;, no le falta nada. &iexcl;Qu&eacute; se&ntilde;ora esa!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una santa!&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a Lupe en el tono m&aacute;s encomi&aacute;stico&mdash;. No le d&eacute;
+usted otro nombre, porque ese es el que le cae bien...</p>
+
+<p>&mdash;Pero esta se ha cerrado a no comer&mdash;dijo la hermana mir&aacute;ndola&mdash;, y sin
+comer no viven m&aacute;s que los camaleones.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ayunas, &iquest;de verdad?....</p>
+
+<p>&mdash;Para pasar el caldo tenemos que d&aacute;rselo con Jerez... y por la ma&ntilde;ana,
+para que pase una tostadita, hay que darle un dedito de la horchata de
+cepa, y por la noche otro dedito...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero de veras le dais... esa perdici&oacute;n?&mdash;pregunt&oacute; alarmad&iacute;sima do&ntilde;a
+Lupe.</p>
+
+<p>&mdash;Lo ha mandado el m&eacute;dico. Dice que es medicina. Parece aquello de <i>al
+rev&eacute;s te lo digo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas!... &iquest;Y no te comer&iacute;as t&uacute;&mdash;le propuso Fortunata&mdash;, un
+muslito de gallina, una ruedita de merluza, una croquetita?</p>
+
+<p>S&oacute;lo de o&iacute;r hablar de comida se pon&iacute;a peor Mauricia. Le temblaban mucho
+las manos, y de rato en rato le daban como ataques de asfixia, siendo su
+respiraci&oacute;n muy dif&iacute;cil, y quej&aacute;ndose de irresistible calor. Hall&aacute;ndose
+presentes la de J&aacute;uregui y su sobrina, estuvo la Dura un ratito como
+quien desea romper a toser y no puede. Las tres mujeres la miraban con
+pena, lament&aacute;ndose de no saber aliviarle aquel ahogo... &laquo;Bebe un poco de
+agua&raquo; le dijo Fortunata incorpor&aacute;ndose. Pero aquello pas&oacute;, y la infeliz
+volvi&oacute; a hablar, cortando mucho las frases y tomando aire a cada
+palabra.</p>
+
+<p>&laquo;Ayer me trajeron a la ni&ntilde;a... &iexcl;qu&eacute; guapa y qu&eacute; se&ntilde;orita est&aacute;!...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no la tienes contigo?&mdash;pregunt&oacute; la de Rub&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora. Si est&aacute; en el colegio...&mdash;replic&oacute; Severiana&mdash;; interna en
+el colegio de se&ntilde;oritas de do&ntilde;a Visitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... m&aacute;s vale que est&eacute;... all&aacute;... <i>desapartada</i> de m&iacute;. Ayer... &iexcl;qu&eacute;
+pena!... no me conoci&oacute;... &iexcl;Tanto tiempo sin verme!... me ten&iacute;a miedo...
+&iexcl;pobrecita de mi alma!... miedo, as&iacute; como se dice... Ni que su madre
+fuera el coco...</p>
+
+<p>En esto oyeron pasos, y miraron todas a la puerta. Era do&ntilde;a Guillermina,
+que entr&oacute;, como siempre, muy apresurada, encendidas las mejillas, con su
+perdurable mant&oacute;n oscuro, sus zapatones, su falda de merino. Do&ntilde;a Lupe y
+Fortunata se levantaron, y la fundadora salud&oacute; con aquella gracia y
+amabilidad que eran iguales para el Rey y para el &uacute;ltimo de los
+mendigos. Do&ntilde;a Lupe crey&oacute; que no la reconocer&iacute;a, pues s&oacute;lo se hab&iacute;an
+hablado una vez en la funci&oacute;n del Asilo; pero s&iacute; la reconoci&oacute;, y aun la
+nombr&oacute;, porque Guillermina era como los grandes capitanes, que tienen
+memoria felic&iacute;sima de nombres y fisonom&iacute;as, y soldado con quien hablan
+una vez, no se les despinta. &laquo;Mi sobrina&raquo; dijo la viuda present&aacute;ndola, y
+Guillermina la mir&oacute; sonriendo. &laquo;No me es desconocida su cara... la he
+visto en las Micaelas... Por muchos a&ntilde;os&raquo;. En seguida dirigiose a
+Mauricia, apoyando ambas manos en la cama. &laquo;&iquest;Y qu&eacute; tal te encuentras
+hoy? &iquest;Comer&iacute;as algo?... Nada, este chubasco te pasar&aacute; pronto. Ma&ntilde;ana
+recibir&aacute;s a Dios. &iquest;C&oacute;mo va esa conciencia? Buen limpi&oacute;n te vamos a dar.
+Eso te conviene m&aacute;s que nada. Yo te quer&iacute;a coger por mi cuenta y hacerte
+confesar, porque dici&eacute;ndole t&uacute; misma al Se&ntilde;or lo buena pieza que eres,
+el Se&ntilde;or te dar&iacute;a su gracia... Con que prepararse. Esta tarde volver&aacute; el
+padre Nones. Me ha dicho que te confesaste bien. Se me figura que a&uacute;n
+tendr&aacute;s algunas heces que sacar, &iquest;eh?&raquo;.</p>
+
+<p>Mauricia se sonre&iacute;a, cortada y confusa. Con la cabeza dijo que s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues estos pozos endurecidos hay que echarlos fuera, porque el demonio
+se agarra de cualquier cosa&mdash;dijo la santa, acarici&aacute;ndole la barba&mdash;.
+Con que ya sabes... ma&ntilde;ana tenemos aqu&iacute; gran fiesta... &iquest;Te parece? Viene
+a visitarte el que hizo los Cielos y la Tierra... Te parecer&aacute; a ti que
+no lo mereces... Pues aunque no lo merezcas, &eacute;l viene, y sabido se
+tendr&aacute; por qu&eacute;.</p>
+
+<p>La vivacidad, la gracia y el fervor con que Guillermina dec&iacute;a estas
+cosas, impresionaron a las cuatro mujeres que las o&iacute;an. Severiana
+soltaba dos lagrimones. Fortunata sent&iacute;a en su alma tanta admiraci&oacute;n por
+aquella mujer, que le habr&iacute;a besado la orla del vestido. &laquo;Luego dicen
+que ya no hay gente buena en el mundo&mdash;pensaba&mdash;. &iquest;Pues y esta?...
+&iexcl;Cuidado que mandar todo a paseo, casa, parientes, fortuna, querer, y
+sacrificar su juventud para andar toda la vida entre miserias...!&raquo;.
+Asust&aacute;base de medir con el pensamiento la distancia que hab&iacute;a entre ella
+y la ilustre se&ntilde;ora; distancia infinita sin duda, y que en manera alguna
+pod&iacute;a acortarse, pues aunque la gente santa pecara, y ella hiciera
+muchas obras de caridad, las dos almas no llegar&iacute;an jam&aacute;s a verse
+pr&oacute;ximas.</p>
+
+<p>La fundadora, con aquella actividad vivaracha que en todo pon&iacute;a, dict&oacute; a
+Severiana algunas disposiciones para la ceremonia que se preparaba.
+&laquo;Aqu&iacute; pondr&aacute;s la mesilla que est&aacute; en la otra sala, y se har&aacute; el altar.
+Yo te mandar&eacute; un crucifijo, y buscaremos flores... La ropa de la cama
+hay que ponerla limpia, y adornar todo el cuarto lo mejor que se
+pueda...&raquo;.</p>
+
+<p>Luego pas&oacute; a la sala, seguida de do&ntilde;a Lupe, que quer&iacute;a meter baza a todo
+trance: &laquo;Tendremos sumo gusto en venir ma&ntilde;ana. Aprecio mucho a Mauricia,
+que a no ser por el maldito vicio, ser&iacute;a una buena mujer, trabajadora,
+fiel... Y d&iacute;game usted: de noche habr&aacute; que velarla. Yo no tendr&iacute;a
+inconveniente en quedarme alguna noche; y si no, mi sobrina...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Dios se lo pague a usted... Se acepta, se acepta. P&oacute;ngase usted de
+acuerdo con Severiana. La comandanta y yo nos hemos quedado anoche. Se
+necesitan dos personas, porque cuando le dan convulsiones, cuesta Dios y
+ayuda sujetarla.</p>
+
+<p>&mdash;Verdaderamente&mdash;manifest&oacute; do&ntilde;a Lupe con adulaci&oacute;n&mdash;; los ejemplos que
+usted da, se&ntilde;ora, hacen que todas las dem&aacute;s seamos mejores de lo que
+ser&iacute;amos si usted no existiera.</p>
+
+<p>La flor estaba bien ideada; pero Guillermina se ech&oacute; a re&iacute;r,
+agradeciendo la flor, pero no queri&eacute;ndola tomar.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ejemplos yo! Eso quisiera. Me vendr&iacute;a bien que alguien me los diese a
+m&iacute;. &iexcl;Ay, hija! Estoy para que me ense&ntilde;en, no para ense&ntilde;ar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted qu&eacute; ha de decir? Ni aun le gusta que le saquen la cuenta de
+todo lo que vale... Pues, amiga, no sea usted tan buena y rebajaremos.</p>
+
+<p>&mdash;Quite usted, quite usted... Eso lo dice por disimular. &iexcl;Sabe Dios las
+misericordias que usted, a la calladita, habr&aacute; hecho en este mundo, con
+esta misma Mauricia tal vez...! Y ahora me las quiere colgar a m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo!... &iexcl;Jes&uacute;s! No digo que no tenga yo tambi&eacute;n algunas buenas obras
+en mi cuentecita del cielo; &iexcl;pero compararme con usted...! Calle por
+Dios, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;En fin, no es cosa de que nos pongamos a re&ntilde;ir por qui&eacute;n peca menos...
+&iquest;le parece a usted?&mdash;dijo la fundadora, uniendo la cortes&iacute;a a la
+modestia, y permiti&eacute;ndose el caracter&iacute;stico gui&ntilde;ar de ojos, un tanto
+picaresco&mdash;. Mi lema es este: &laquo;haga cada uno lo que pueda y lo que sepa,
+y Dios ver&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Eso mismo pienso yo...&mdash;Conque, usted me dispensar&aacute;... tengo mucho que
+hacer. Hasta ma&ntilde;ana; no faltar...</p>
+
+<p>Entre tanto, la de Rub&iacute;n estaba sola con la enferma, porque Severiana se
+fue a la cocina. Le arregl&oacute; las almohadas, y despu&eacute;s ambas se estuvieron
+mirando. Fortunata pensaba en la simpat&iacute;a inexplicable que aquella mujer
+le hab&iacute;a inspirado siempre, a pesar de ser tan loca y tan mala. &iquest;Ser&iacute;a
+tal simpat&iacute;a un parentesco de perversidad? Ejerc&iacute;a sobre ella una
+atracci&oacute;n querenciosa, y como le dijera alg&uacute;n concepto lisonjero a su
+coraz&oacute;n, sent&iacute;alo retumbar en su mente cual si fuera verdad pronunciada
+por sobrenatural labio. Mil veces analiz&oacute; la joven este poder fascinador
+de su amiga, sin lograr encontrarle nunca el sentido. &iexcl;Cosas del
+esp&iacute;ritu, que no las entiende m&aacute;s que Dios!</p>
+
+<p>Mauricia parec&iacute;a melanc&oacute;lica y sosegada. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; se&ntilde;ora esa!&mdash;exclam&oacute;
+Fortunata&mdash;. &iquest;Habr&aacute; nacido de madre como nosotras?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Apuesto a que no&mdash;replic&oacute; la Dura&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; mujer!... El d&iacute;a que me
+quiso sacar de esos indinos protestantes, me entr&oacute; el toque y la
+insult&eacute;... &iexcl;Qu&eacute; mala fui!... (Iba a soltar un terno; pero se contuvo,
+porque le estaba absolutamente prohibido pronunciar palabras feas,
+siendo esto para ella un gran martirio, a causa de la poca variedad de
+t&eacute;rminos de su habitual lenguaje)... Y ella, como si le dijeran ni&ntilde;a
+bonita...</p>
+
+<p>No has visto otra. &iexcl;<i>Mia </i> que traerme aqu&iacute; y cuidarme como me cuida!,
+&iexcl;re...! No s&eacute; c&oacute;mo hablar... &iexcl;<i>Mia</i> que esto que hace conmigo!... Es
+prima hermana del Nazareno; no hay quien me lo quite de la cabeza...
+Fig&uacute;rate lo que suponemos nosotras al comp&aacute;s de ella... &iexcl;nosotras que
+hemos sido unos peines...! Es que ni arrepentidas valemos para
+descalzarle el zapato. Pues d&eacute;jate que venga la otra... tambi&eacute;n aquella
+es de la piel de Cristo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n?&mdash;La amiguita, la que protege a mi ni&ntilde;a...</p>
+
+<p>Fortunata vio delante de s&iacute;, s&uacute;bitamente, una oscura niebla que se le
+iba encima... El coraz&oacute;n le dio un salto... &laquo;Jacinta&mdash;dijo&mdash;; pues qu&eacute;,
+&iquest;tambi&eacute;n viene aqu&iacute; esa?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ayer estuvo... Ella misma tra&iacute;a mi ni&ntilde;a. Mira; cr&eacute;etelo porque te lo
+digo yo: cuando entr&oacute; <i>paic&iacute;a</i> que entraba una luz en el cuarto.</p>
+
+<p>Fortunata sent&iacute;a ganas de echar a correr.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero todav&iacute;a le tienes tirria?... &iexcl;Ay, qu&eacute; mala eres! Perd&oacute;nala, que
+bien lo merece. Te quit&oacute; tu hombre; pero ella no ten&iacute;a culpa. &iexcl;Qu&eacute;
+ro&ntilde;a!... &iexcl;ay!, se me escap&oacute;. Palabra fea, vu&eacute;lvete para adentro; no,
+qu&eacute;date fuera... Pues chica, no seas pava... &iquest;crees t&uacute;, que el mejor d&iacute;a
+no te vuelve a querer tu D. Juan?... Como si lo viera. Cuando una se va
+a morir, ve las cosas claras, muy claritas; la muerte la alumbra a una,
+y yo te digo que tu se&ntilde;or volver&aacute; contigo.</p>
+
+<p>Es ley, hija, es ley, que no puede faltar... Y si me apuras, te dir&eacute; que
+a Jacinta no se le importa un pito. A cuenta que no le quiere nada...
+Estas casadas ricas, como viven con <i>tantismo</i> regalo, no quieren a sus
+maridos... quieren a otros. No lo digo por ella, Dios me oiga, aunque
+sabe Dios lo que har&aacute;, lo cual no quita que sea mayormente un &aacute;ngel y
+que reparta muchas caridades&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no dec&iacute;a nada. La enferma se inclin&oacute; hacia ella, y d&aacute;ndose
+unos aires evang&eacute;licos, en el tono que podr&iacute;a emplear un pastor de
+almas, le amonest&oacute; as&iacute;: &laquo;Arrepi&eacute;ntete, chica, y no lo dejes para luego.
+Vete arrepintiendo de todo, menos de querer a quien te sale de <i>entre
+ti</i>, que esto no es, como quien dice, pecado. No robar, no <i>ajumarse</i>,
+no decir mentiras; pero en el querer, &iexcl;aire, aire!, y caiga el que
+caiga. Siempre y cuando lo hagas as&iacute;, tu miajita de cielo no te la quita
+nadie&raquo;.</p>
+
+<p>Algo iba a contestarle su amiga; pero no pudo porque entr&oacute; do&ntilde;a Lupe
+d&aacute;ndole prisa para marcharse. Era un poco tarde y ten&iacute;an que ir a otra
+parte antes de regresar a casa. Despidi&eacute;ronse con promesa de volver al
+d&iacute;a siguiente, y salieron. Por la calle hablaban de Guillermina, de
+quien dijo la de J&aacute;uregui: &laquo;Es una mujer esa que electriza; y cuando se
+la trata, sin querer se vuelve una tambi&eacute;n algo santa... Cincuenta y
+tres reales me deb&iacute;a Mauricia.</p>
+
+<p>Yo, de todas maneras, se los hab&iacute;a perdonado; pero ahora, cr&eacute;elo, me
+alegrar&iacute;a de que me debiera lo menos doscientos, para perdon&aacute;rselos
+tambi&eacute;n&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Dos horas antes de la se&ntilde;alada para que Mauricia recibiera a Dios,
+ya estaba all&iacute; la fundadora. &laquo;Pero Severiana, &iquest;en qu&eacute; est&aacute;s
+pensando?&mdash;fue lo primero que dijo al entrar por el pasillo&mdash;. Quita de
+aqu&iacute; esta artesa. &iexcl;Vaya un adorno! Ropa sucia y agua de jab&oacute;n...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita, lo iba a quitar... Pase usted. Me han dicho las vecinas que
+las dos l&aacute;minas de Napole&oacute;n que caen al lado del altar deben quitarse,
+porque era muy protestante, <i>mas&oacute;nico</i> y...</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jate de tonter&iacute;as... &iquest;Y c&oacute;mo est&aacute; esta p&aacute;jara hoy? &iquest;Qu&eacute; tal, hija?</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a estaba bastante aplanada, las manos m&aacute;s temblorosas,
+respirando lentamente, aunque sin gran fatiga, con invencible tendencia
+a permanecer muda y quieta, los ojos vagando por el techo o por la pared
+de enfrente, cual si siguiera el vuelo de una mosca.</p>
+
+<p>Enterose la dama minuciosamente de c&oacute;mo hab&iacute;a pasado la noche, de
+qui&eacute;nes se quedaron a velarla, de lo que hab&iacute;a dicho el m&eacute;dico en la
+visita de la ma&ntilde;ana. A todo contest&oacute; Severiana: el doctor hab&iacute;a mandado
+que se le diera doble dosis de <i>la nuez c&oacute;mica</i>, seguir con las
+cucharadas por la noche, las papeletitas por el d&iacute;a, y a sus horas el
+Jerez o Pajarete. Guillermina, sin dejar de o&iacute;r esto, empezaba a poner
+su atenci&oacute;n en otra cosa. Frente a la ventana y formando &aacute;ngulo recto
+con la cama hab&iacute;an puesto la mesa, que deb&iacute;a ser altar, y en ella estaba
+de rodillas Juan Antonio, el marido de Severiana, fijando en la pared
+todos los clavos que cre&iacute;a necesarios para suspender la decoraci&oacute;n
+proyectada.</p>
+
+<p>&laquo;No clavetee usted m&aacute;s, por Dios... Parece que va a derribar la casa...
+Y que el ruido la molestar&aacute;... &iquest;Pero qu&eacute; van a poner ustedes ah&iacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>La comandanta entr&oacute; con unos pedazos de damasco rojo y amarillo, que
+hab&iacute;an sido cortinas cuarenta a&ntilde;os antes, pasando despu&eacute;s por distintos
+usos. Con aquella tela se forrar&iacute;a la pared, formando la bandera
+espa&ntilde;ola, y en el centro se pondr&iacute;a una l&aacute;mina del Cristo del Gran
+Poder, propiedad de la portera. &laquo;No me parece mal&mdash;dijo Guillermina,
+sacando del estuche sus anteojos y cal&aacute;ndoselos&mdash;. A ver, Juan Antonio,
+si se luce usted. &iquest;Y flores, no tenemos?&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;De trapo... ver&aacute; usted&mdash;replic&oacute; Severiana llevando a la se&ntilde;ora a su
+alcoba y mostr&aacute;ndole un mont&oacute;n de flores de papel dorado, tul y talco
+extendidas sobre la cama. Hab&iacute;a tambi&eacute;n all&iacute; cintas de cigarros, y esas
+rosas con hojas plateadas que sirven para decorar los pitos de San
+Isidro. &laquo;Esto es muy feo&mdash;opin&oacute; la santa&mdash;, &iquest;pero no hay naturales, o
+siquiera ramaje?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;ora... El vecino del 6, que es no s&eacute; qu&eacute; de la Villa, me ha
+prometido traer rama de pino y carrasca. Esto lo pondr&aacute; Juan Antonio por
+arriba haciendo cenefas...</p>
+
+<p>&mdash;Buscar alg&uacute;n bonito tiesto de <i>bonibus</i>, hija; no se os ocurre
+nada&mdash;dijo Guillermina, volviendo a la sala&mdash;, y en las ramas verdes
+at&aacute;is flores de trapo, y resulta muy bonito&mdash;. Vaya, Juan Antonio, no
+m&aacute;s clavaz&oacute;n; ya est&aacute;n bien sujetas las cortinas. Ahora, cu&eacute;lgueme usted
+la Virgen de las Angustias debajo del Se&ntilde;or, y a los lados...</p>
+
+<p>La comandanta entr&oacute; trayendo un cuadrote que representaba a P&iacute;o IX
+echando la bendici&oacute;n a las tropas espa&ntilde;olas en Gaeta. Para hacer juego,
+propuso Juan Antonio poner al otro lado la <i>Numancia</i>. Guillermina
+vacil&oacute; en dar su asentimiento; pero al fin... una risita y un gui&ntilde;o
+resolvieron la duda. &laquo;Poner el barquito, ponerlo, que todo lo de la mar
+es de Dios&raquo;.</p>
+
+<p>Sali&oacute; luego al corredor, y habiendo notado que la escalera no estaba
+barrida a&uacute;n, llam&oacute; a la portera. &laquo;&iquest;Pero usted en qu&eacute; est&aacute; pensando? &iquest;No
+le han dicho que hoy viene el Se&ntilde;or a esta casa? &iexcl;Y est&aacute; ese portal que
+da asco mirarlo! Coja usted la escoba mujer. Si no, la coger&eacute; yo. Qu&eacute;,
+&iquest;se cree usted que no lo hago como lo digo?&raquo;.</p>
+
+<p>La portera vio que do&ntilde;a Guillermina se quitaba el manto... &laquo;No,
+se&ntilde;orita, no sea tan viva de genio. Barreremos... pero ya ver&aacute; lo que
+tarda esta granujer&iacute;a en volver a ensuciarlo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo vuelve usted a barrer. Baj&oacute; la se&ntilde;ora al patio, donde hab&iacute;a
+entrado un ciego tocando la guitarra y estaban algunos chiquillos
+jugando a los toros. &laquo;Eh, ni&ntilde;os, hoy es preciso que tengamos mucha
+formalidad. Y cuidadito con echarme basura en el portal y en la
+escalera. Estas eneas y juncos que hab&eacute;is esparcido en el patio, me los
+vais a recoger y entreg&aacute;rselos a su due&ntilde;o&raquo;.</p>
+
+<p>Los chicos oyeron esto sin chistar. En el fondo del patio se hab&iacute;a
+establecido un sillero que hac&iacute;a fondos de junco y ten&iacute;a montones de
+ellos arrimados a la pared, los unos te&ntilde;idos de rojo y puestos a secar,
+los otros sin te&ntilde;ir, cortados y apilados. Eran enemigos jurados de este
+industrial los <i>chavales</i> de la vecindad, que bonitamente le robaban los
+juncos para sus juegos y diabluras. Al ver a la santa parlamentando con
+ellos, sali&oacute; de su tenducho y encar&aacute;ndose con la infantil cuadrilla, les
+dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Ya veis, gateras, lo que <i>vus</i> dice la se&ntilde;orita. Que <i>vus</i> est&eacute;is
+quietos, que <i>vus</i> est&eacute;is callados, que si no, <i>vus</i> llevar&aacute; a todos a
+la c&aacute;rcel&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene raz&oacute;n el maestro Curtis&mdash;dijo la fundadora, poniendo la cara m&aacute;s
+severa que le fue posible&mdash;. A la c&aacute;rcel van atados codo con codo, si no
+se portan hoy como es debido, hoy que viene a honrar esta casa el...</p>
+
+<p>La interrumpi&oacute; un sacerdote anciano que entr&oacute; y fue derecho hacia ella.
+Era el Padre Nones. &laquo;Buenos d&iacute;as, maestra. Ya est&aacute; usted en planta,
+oficiando de capitana generala&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo que estar en todo. Si yo no tratara de ense&ntilde;ar a esta gente la
+buena crianza, vendr&iacute;a usted luego con el Sant&iacute;simo y tendr&iacute;a que entrar
+pisando lodo, y cuanta inmundicia hay.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; importa?&mdash;observ&oacute; Nones riendo.</p>
+
+<p>&mdash;Claro que no importa; pero &iquest;por qu&eacute; no hemos de tener limpieza y
+decoro delante del Se&ntilde;or, siquiera por estimaci&oacute;n de nosotros mismos? Se
+limpia la casa cuando vienen el teniente alcalde y el m&eacute;dico del
+Ayuntamiento con sus bastones de borlas, y se ha de dejar sucia cuando
+viene el... Pero c&aacute;llese usted hombre, por amor de Dios&mdash;esto se lo
+dec&iacute;a al ciego de la guitarra, que habi&eacute;ndose enterado de la presencia
+de la se&ntilde;ora, quiso que esta conociera la suya, y se acercaba tanto, que
+al fin parec&iacute;a querer meterle por los ojos el mango del instrumento. Al
+propio tiempo tocaba y cantaba hasta desga&ntilde;itarse...</p>
+
+<p>&laquo;Que se calle usted... por amor de Dios... Nos deja sordos&mdash;dijo la
+santa sacando su portamonedas&mdash;.</p>
+
+<p>Tenga, y a la calle a cantar. Hoy no quiero aqu&iacute; fandangos. &iquest;Me
+entiende?&raquo;.</p>
+
+<p>Marchose el porfiado ciego, y la fundadora sigui&oacute; hablando con el Padre
+Nones: &laquo;Suba usted a ver si me la reconcilia y le da la &uacute;ltima pasadita.
+Par&eacute;ceme que no est&aacute; muy bien dispuesta. La encuentro peor de la
+enfermedad del cuerpo; y en cuanto al alma, cada vez la entiendo menos.
+&iexcl;Qu&eacute; ideas tan extra&ntilde;as! Arriba, arriba. Nos veremos luego. Yo no me voy
+ya de la casa hasta que se acabe todo&raquo;.</p>
+
+<p>Subi&oacute; Nones, y la dama, despu&eacute;s de recomendar al sillero y a otros
+vecinos que barrieran la delantera de las respectivas puertas, iba a
+subir tambi&eacute;n; pero le interceptaron el paso dos sujetos que bajaban.
+Era el uno don Jos&eacute; Ido del Sagrario, a quien no conocer&iacute;an los testigos
+de sus rom&aacute;nticas haza&ntilde;as al principio de esta historia, seg&uacute;n estaba ya
+de bien trajeado y limpio. Visto por detr&aacute;s, parec&iacute;a otra persona; mas
+de frente, lo desengonzado de su cuerpo, la escualidez carunculosa de su
+cara y el desarrollo cada vez mayor de la nuez, le declaraban id&eacute;ntico a
+s&iacute; mismo. El que le acompa&ntilde;aba era un infeliz m&uacute;sico, habitante en el
+segundo patio y en el mismo cuchitril en que anidara antes Izquierdo. Lo
+primero que se notaba en &eacute;l era la gran bufanda que le envolv&iacute;a el
+cuello subiendo en sus vueltas hasta m&aacute;s arriba de las orejas, y
+descendiendo hasta el pecho. Llevaba gorra con gal&oacute;n, y de la bufanda
+para abajo toda la ropa era de pur&iacute;simo verano, y adem&aacute;s adelgazada por
+el uso. Temblaba de fr&iacute;o, y con el brazo derecho oprim&iacute;a los aros
+bronc&iacute;neos de un tromb&oacute;n, dirigiendo la abollada boca hacia adelante
+como si quisiera bostezar con ella en vez de hacerlo con la suya propia.</p>
+
+<p>&laquo;Este amigo&mdash;dijo Ido, en son de presentaci&oacute;n&mdash;, este amigo m&iacute;o... un
+italiano, se&ntilde;ora... se llama el se&ntilde;or de Leopardi, un artista
+desgraciado. Pues me ha dicho que si la se&ntilde;ora quiere, naturalmente, se
+pondr&aacute; en la escalera cuando pase el Sant&iacute;simo y tocar&aacute; la marcha
+real...&raquo;.</p>
+
+<p>El otro infeliz murmur&oacute; algo, con marcado acento extranjero, llev&aacute;ndose
+a la gorra la temblorosa mano.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; cosas se le ocurren a este hombre! Ave Mar&iacute;a
+Pur&iacute;sima&mdash;exclam&oacute; Guillermina con benevolencia&mdash;. D&eacute;jese usted de
+marchas reales... No, no se quite la gorra; se va usted a constipar.
+Caballeros, aqu&iacute;, y durante la ceremonia, mientras menos m&uacute;sica, mejor&raquo;.</p>
+
+<p>Ido y Leopardi se miraron desconcertados. A la observaci&oacute;n de la se&ntilde;ora
+no se ocult&oacute; lo mal que estaba de ropa el infeliz artista, y le dijo que
+se fuera a su cuarto, que tocara all&iacute; el tromb&oacute;n todo lo que quisiese y
+por fin que... &laquo;Yo ver&eacute; si encuentro por ah&iacute; unos pantalones&raquo;.</p>
+
+<p>Subi&oacute; al principal, y de puerta en puerta exhortaba a los grupos de
+mujeres que all&iacute; estaban pein&aacute;ndose. &laquo;A las doce... que no vea yo aqu&iacute;
+estos corrillos, &iquest;estamos? Y barrerme bien todo el corredor. La que
+tenga velas que las saque; la que tenga flores o tiestos bonitos que los
+lleve all&aacute;... Y todos estos pingajos que aqu&iacute; veo colgados, est&aacute;n ahora
+dem&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sirven estos ramos de caracoles?&raquo; dijo la del guarda de consumos,
+mostr&aacute;ndolos en la puerta de su casa.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo. Ll&eacute;valos. Y t&uacute;, Rita, rec&oacute;gete esas melenas, mujer, que
+pareces una c&oacute;mica. Es preciso que est&eacute;is todas muy decentes.</p>
+
+<p>La mujer del sereno se dispon&iacute;a a encender el farol de su marido y a
+ponerlo colgado del chuzo en la reja de la cocina. Otra preguntaba si
+val&iacute;a el quinqu&eacute; de petr&oacute;leo. A las ni&ntilde;as que deb&iacute;an salir al portal con
+velas, se les pusieron los pa&ntilde;uelos de Manila llamados de talle, y la
+que ten&iacute;a botas nuevas se las calzaba; la que no, sal&iacute;a como estaba, con
+las alpargatas llenas de agujeros. &laquo;No se quiere lujo, sino decencia&raquo;
+repet&iacute;a Guillermina, que comunicaba su actividad febril a todos los
+vecinos y vecinas de la casa. Cuando volv&iacute;a al cuarto de Severiana,
+encontr&oacute; al Padre Nones que sal&iacute;a. &laquo;Le he enderezado las ideas, maestra;
+ahora est&aacute; bien preparada&mdash;le dijo el cl&eacute;rigo que, por su alta estatura,
+ten&iacute;a que encorvarse para hablar con ella&mdash;. Voy a la iglesia. Dentro de
+tres cuartos de hora estamos aqu&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Entr&oacute; la fundadora en la casa y vio el altar, que estaba muy bien. Juan
+Antonio hab&iacute;a claveteado las flores de trapo al borde de los lienzos de
+damasco, formando como un marco. Resultaba un conjunto bonito y muy
+simp&aacute;tico, y as&iacute; lo declar&oacute; la se&ntilde;ora, ech&aacute;ndole sus gafas. Luego
+cubrieron la mesa con una colcha muy hermosa que la comandanta, mujer de
+gran habilidad, hab&iacute;a hecho para rifarla. Era de cuadros de malla,
+combinados con otros cuadros de <i>peluche</i> carmes&iacute;. Encima se puso un
+pa&ntilde;o de altar tra&iacute;do de la parroquia, que ten&iacute;a un hermoso encaje.
+Trajeron luego las ramas de pino, y para colocarlas fue preciso
+improvisar b&uacute;caros con barrilitos de aceitunas y de escabeche, que Juan
+Antonio cubri&oacute; y decor&oacute; con pedazos de papeles pintados. Era papelista,
+y en su arte, con paciencia y engrudo, hac&iacute;a maravillas. Se colocaron
+los ramos de caracoles, cajitas de dulce y estampas; y por fin, los
+retratos de los dos sargentos hermanos de Juan Antonio, con su pantal&oacute;n
+rojo, muy a lo vivo, y los botones amarillos, asomaban por entre las
+ramas de pino, como soldados que est&aacute;n en emboscada acechando al
+enemigo.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s apareci&oacute; Estupi&ntilde;&aacute;, de capa verde, trayendo bajo los
+pliegues de ella una cosa que abultaba mucho y que guardaba con respeto.
+Era el crucifijo de bronce de Guillermina, hermosa escultura de bastante
+peso, y que Pl&aacute;cido no quiso entregar a nadie sino a la misma due&ntilde;a de
+&eacute;l. Esta sali&oacute; al pasillo, recibi&oacute; de manos de Rossini la sagrada
+imagen, y quit&aacute;ndole el pa&ntilde;uelo de seda que la envolv&iacute;a, entr&oacute; con ella
+en la sala, pareci&eacute;ndose mucho, en tal momento, a una verdadera santa
+escapada del A&ntilde;o Cristiano para recibir culto en el pintoresco altar,
+que simbolizaba la ingenua sencillez y firmeza de las creencias del
+pueblo. Puso el Cristo en su sitio, regocij&aacute;ndose mucho con la
+admiraci&oacute;n que produc&iacute;a el bronce en los circunstantes, y despu&eacute;s sali&oacute;
+a dar &oacute;rdenes a Estupi&ntilde;&aacute;. &laquo;Vaya usted a la parroquia para que acompa&ntilde;e
+al Sant&iacute;simo, y diga que traigan pronto las velas que se han de repartir
+aqu&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>En esto, ya hab&iacute;an entrado Fortunata y su t&iacute;a, ambas de negro, muy
+decentes, y mientras la de J&aacute;uregui met&iacute;a su cucharada en el corro de
+Guillermina, la otra pas&oacute; a ver a Mauricia. Encontrola como aturdida,
+sin saber lo que le pasaba. A las preguntas que le hizo, respond&iacute;a con
+la mayor concisi&oacute;n, porque el temor de decir alguna palabra fea
+enfrenaba sus labios. Estaba reducida a usar tan s&oacute;lo la tercera parte
+de los vocablos que emplear sol&iacute;a, y a&uacute;n no se le quitaban los
+escr&uacute;pulos, sospechando que tuviese en alg&uacute;n eco infernal las voces m&aacute;s
+comunes. Lo que Fortunata le oy&oacute; claramente fue esto: &laquo;&iexcl;Ay, qu&eacute; gusto
+salvarse!&raquo;...</p>
+
+<p>Pero al punto frunci&oacute; Mauricia el ce&ntilde;o. Le hab&iacute;a entrado la sospecha de
+que la palabra <i>gusto</i> fuese mala. Comunic&oacute; estos temores a su amiga,
+quien la tranquiliz&oacute; sonriendo, y por fin le dijo que siendo su
+intenci&oacute;n limpia, no importaba que se le saliese de la boca sin querer
+alg&uacute;n t&eacute;rmino sucio. Creyolo as&iacute; la enferma; pero no las ten&iacute;a todas
+consigo y estaba como bajo la presi&oacute;n de un gran temor. En un momento
+que cogi&oacute; a Fortunata sola, le dijo temblorosa: &laquo;Arrepi&eacute;ntete de todo,
+chica, pero de todo... Somos muy malas... t&uacute; no sabes bien lo malas que
+somos&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Se acercaba la hora, y en el patio sonaba el rumor de emoci&oacute;n
+teatral que acompa&ntilde;a a las grandes solemnidades. El pueblo ocupaba el
+sitio infalible que la curiosidad dispone. En el portal no se cab&iacute;a, y
+todos los chicos del barrio se hab&iacute;an dado cita all&iacute;, cual si creyeran
+que sin ellos no pod&iacute;a tener lucimiento alguno la ceremonia. Guillermina
+recorr&iacute;a toda la <i>carrera</i>, desde la puerta del cuarto de Severiana
+hasta la de la calle, dando &oacute;rdenes, inspeccionando el p&uacute;blico y
+mandando que se pusieran en &uacute;ltima fila las individualidades de uno y
+otro sexo que no ten&iacute;an buen ver. Hab&iacute;a venido de la parroquia un hombre
+asacristanado, y estaba repartiendo la carga de velas que trajo.</p>
+
+<p>En la parte del corredor que hab&iacute;a de recorrer el Vi&aacute;tico, mand&oacute; que se
+pusieran las ni&ntilde;as que luc&iacute;an pa&ntilde;uelo de talle, y como no tuvieran
+velas, orden&oacute; que se les diesen. Abocose a ella la comandanta, como un
+edec&aacute;n de parada, para decirle que en la calle, frente al mismo portal,
+se hab&iacute;a puesto un condenado pianito, tocando jotas, polkas, y <i>la
+canci&oacute;n de la Lola</i>; que esto era una irreverencia y no se pod&iacute;a
+consentir. A lo que replic&oacute; la santa que no deb&iacute;an ocuparse de lo que
+pasase fuera; pero observando al punto que el profano instrumento
+molestaba mucho y estorbaba la edificaci&oacute;n del vecindario, por el
+apetito que algunos sent&iacute;an de ponerse a bailar, baj&oacute; al portal y habl&oacute;
+con el de Orden P&uacute;blico que all&iacute; estaba. Todos los individuos de este
+cuerpo que conoc&iacute;an a Guillermina, la obedec&iacute;an como al mismo
+gobernador. Total, que el piano tuvo que salir pitando, y sus arpegios y
+trinos se o&iacute;an despu&eacute;s perdidos y revueltos, como si alguien estuviera
+barriendo sus notas por la calle de Toledo abajo.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; el momento hermoso y solemne. O&iacute;ase desde arriba el rumor popular;
+y luego, en el seno de aquel silencio que cay&oacute; s&uacute;bitamente sobre la casa
+como una nube, la campanilla vibrante marc&oacute; el paso de la comitiva del
+Sacramento. El altar estaba hecho un ascua de oro con tant&iacute;sima luz, que
+reflejaba en el talco de las flores. Hab&iacute;a sido entornada la ventana, y
+todos de rodillas esperaban. El <i>til&iacute;n</i> sonaba cada vez m&aacute;s cerca; se le
+sent&iacute;a subir la escalera entre un traqueteo de pasos; despu&eacute;s llegaba a
+la puerta; vibraba m&aacute;s fuerte en el pasillo entre el muge-muge de los
+latines que ven&iacute;a murmurando el ac&oacute;lito. Apareci&oacute; por fin el Padre
+Nones, tan alto que parec&iacute;a llegaba al techo, un poco encorvado, la
+cabeza blanca como el vell&oacute;n del Cordero Pascual, llevando agasajado el
+porta-formas entre los pliegues de la capa blanca. Arrodillose ante el
+altar y all&iacute; estuvo rezando un ratito. Mauricia estaba en aquel instante
+blanca, di&aacute;fana, y sus ojos entornados y como sin vida miraban al
+sacerdote y lo que entre manos tra&iacute;a. Guillermina se le puso al lado y
+acerc&oacute; su rostro al de ella. Cuando el sacerdote se aproximaba, la santa
+susurr&oacute; al o&iacute;do de la enferma, como secreto de &aacute;ngeles, estas palabras:
+&laquo;Abre la boca&raquo;. El cura dijo: &laquo;<i>Corpus Domini Nostri</i>, etc.&raquo; y todo
+qued&oacute; en silencio, y los p&aacute;rpados de Mauricia se abatieron, proyectando
+sobre las ojeras la sombra de sus largas pesta&ntilde;as.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s sali&oacute; la comitiva, precedida de la campanilla, entre la
+calle formada por mujeres arrodilladas, con velas o sin ellas. Se sinti&oacute;
+que bajaba, que sal&iacute;a y se alejaba por la calle. Cuando ya no se o&iacute;a m&aacute;s
+el <i>til&iacute;n</i>, Guillermina, cesando de rezar, acerc&oacute; su cara a la de
+Mauricia y empez&oacute; a darle besos. Todas las dem&aacute;s, lloriqueando, la
+felicitaban con ruidosos aspavientos, y por fin la misma santa hubo de
+mandar que cesaran aquellas manifestaciones de regocijo, porque la
+enferma se afectaba mucho, y podr&iacute;a resultarle alg&uacute;n retroceso
+peligroso. Mas por efecto de la excitaci&oacute;n, Mauricia no sent&iacute;a dolor ni
+molestia alguna; estaba como bajo la acci&oacute;n de fort&iacute;simo anest&eacute;sico, de
+los que producen efectos infalibles aunque pasajeros. Desde la edad de
+doce a&ntilde;os, en que la llevaron a comulgar por primera vez, no hab&iacute;a
+vuelto a verse en otra como aquella, y con la impresi&oacute;n recibida
+retrogradaba su pensamiento a la infancia, llegando hasta adormecerse
+por breves momentos en la ilusi&oacute;n de que era ni&ntilde;a inocente y pura, y de
+que, como entonces, ignoraba lo que son pecados gordos.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n mand&oacute; Guillermina despejar la habitaci&oacute;n y que se apagaran las
+luces. Entre la mucha gente que hab&iacute;a entrado, ve&iacute;anse dos mujeres muy
+bien vestidas a la chulesca, con mant&oacute;n color caf&eacute; con leche, delantal
+azul, falda de tart&aacute;n, pa&ntilde;uelos de color chill&oacute;n a la cabeza, el peinado
+rematado en <i>quiquiriqu&iacute;</i> con peina de bolas, el calzado de la m&aacute;s
+perfecta hechura y ajuste. Parec&iacute;an deseosas de hablar a Mauricia; pero
+no se atrev&iacute;an a adelantarse hasta la cama. Guillermina, concluida la
+ceremonia, no les quitaba ojo, y por fin resolvi&oacute; darles el qui&eacute;n vive.
+&laquo;Se&ntilde;oras m&iacute;as&mdash;les dijo&mdash;, &iquest;qu&eacute; bueno traen ustedes por aqu&iacute;? Si han
+venido por devoci&oacute;n, me parece muy bien. Pero si vienen a curiosear,
+siento tener que decirles que tomen la puerta y que aqu&iacute; no hacen falta
+para nada&raquo;.</p>
+
+<p>Salieron las tales muy corridas, echando de sus bocas, por la escalera
+abajo, palabras absolutamente contrarias a los latines que pocos
+momentos antes se hab&iacute;an o&iacute;do en el propio sitio. Todas las que
+presenciaron la <i>indirecta</i> que les ech&oacute; la se&ntilde;ora, la celebraron mucho,
+dici&eacute;ndole do&ntilde;a Lupe al pasar a la sala: &laquo;Vaya unas despachaderas que
+tiene usted, amiga m&iacute;a. Eso se llama car&aacute;cter&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Una de ellas&mdash;dijo Severiana&mdash;, es <i>Pepa la Lagarta</i>... mujer de
+historia, &iquest;sabe?... la que dicen mat&oacute; a su marido con una aguja de coser
+serones... muy amigota de Mauricia, a quien debe quinientos reales... Y
+no se los puede sacar... &iquest;Pero creen ustedes que no tiene dinero? Ya
+quisiera yo... Gasta como una marquesa, y el mes pasado coste&oacute;, en San
+Cayetano, una novena a la Virgen de las Angustias, que era lo que hab&iacute;a
+que ver...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Novena?&mdash;S&iacute;, porque sanara el <i>Clavelero</i>, un chulito que tiene muy
+guap&iacute;n, el cual recibi&oacute; un achuch&oacute;n en la plaza de Legan&eacute;s... como que
+le entr&oacute; el pit&oacute;n por salva la parte... Pues el <i>Clavelero</i> san&oacute;. &iquest;Y
+eso...? Vea usted, se&ntilde;ora, &iexcl;qu&eacute; cosas hace la Virgen!</p>
+
+<p>&mdash;Ella se sabr&aacute; lo que le conviene, tonta.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s se retir&oacute; Guillermina. La casa volvi&oacute; a tomar su aspecto
+ordinario. La comandanta y do&ntilde;a Lupe estaban en la sala hablando de la
+rifa de la maravillosa colcha que decoraba el altar. Fortunata y
+Severiana acompa&ntilde;aban a Mauricia, que se aletargaba lentamente, pues no
+hab&iacute;a dormido nada la noche anterior. Do&ntilde;a Fuensanta, deseosa de mostrar
+a la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui sus habilidades, la invit&oacute; a pasar a la casa
+inmediata. Hay que decir de paso que do&ntilde;a Lupe estaba algo
+desilusionada, pues hab&iacute;a cre&iacute;do que Guillermina iba siempre a sus
+visitas ben&eacute;ficas con un regimiento de se&ntilde;oras. &laquo;&iquest;Pero d&oacute;nde est&aacute;n esas
+<i>damas distinguidas</i> de que hablan los peri&oacute;dicos? Por lo que voy
+viendo, aqu&iacute; no viene m&aacute;s <i>dama</i> que yo&raquo;.</p>
+
+<p>Viendo Fortunata que Mauricia se dorm&iacute;a profundamente, sali&oacute; a la sala.
+No hab&iacute;a nadie. Acercose a la ventana, mirando a la calle por entre los
+cristales, y all&iacute; estuvo un largo rato con la atenci&oacute;n vagabunda y el
+pensamiento adormilado, cuando un rumor en el pasillo la sac&oacute; de su
+abstracci&oacute;n. Al volverse, se qued&oacute; at&oacute;nita, viendo a Jacinta que,
+detenida en la puerta, alargaba la cabeza para ver qui&eacute;n estaba all&iacute;.
+Tra&iacute;a de la mano una ni&ntilde;a, vestida a la moda, pero con sencillez y sin
+pizca de afectaci&oacute;n de elegancia. Avanz&oacute; hacia Fortunata; interrog&aacute;ndola
+con aquella sonrisa angelical que vista una vez no se pod&iacute;a olvidar.
+Sent&iacute;a la de Rub&iacute;n una gran turbaci&oacute;n, mezcla incre&iacute;ble de cortedad de
+genio y de temor ante la superioridad, y se puso muy colorada, despu&eacute;s
+como la cera. Debi&oacute; Jacinta preguntarle algo; sin duda la otra no acert&oacute;
+a responderle. La se&ntilde;ora de Santa Cruz se acerc&oacute; a la puerta que
+comunicaba con la otra sala. Entonces Fortunata, que se hallaba detr&aacute;s,
+dijo: &laquo;Se ha quedado dormida&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&eacute;ndose hacia ella, otra vez le ech&oacute; Jacinta aquella mirada y
+aquella sonrisa que la asesinaban. &laquo;En ese caso, esperaremos un poco&raquo;,
+indic&oacute; en voz casi imperceptible, sent&aacute;ndose en una de las sillas de
+paja. Fortunata no sab&iacute;a qu&eacute; hacer. No tuvo valor para marcharse, y se
+sent&oacute; en el sof&aacute;. Casi en el mismo instante la Delfina sintiose vacilar
+en su asiento, porque la silla estaba inv&aacute;lida, y se pas&oacute; al sof&aacute;.
+Hall&aacute;ronse las dos juntas, tocando falda con falda. Fortunata, por no
+mirar a su rival, miraba a la ni&ntilde;a, a quien aquella ten&iacute;a en pie delante
+de s&iacute;, cogi&eacute;ndola de las manos. Observ&oacute; la de Rub&iacute;n el trajecito azul de
+Adoraci&oacute;n, sus botas, todo su decente atav&iacute;o, y en aquella inspecci&oacute;n
+fisgona que hizo, sus miradas y las de Jacinta se encontraron alguna
+vez. &laquo;&iexcl;Oh, si t&uacute; supieras al lado de qui&eacute;n est&aacute;s!&raquo; pensaba Fortunata, y
+aqu&iacute; su temor se desvanec&iacute;a un tanto, para dejar revivir la ira. &laquo;Si yo
+te dijera ahora qui&eacute;n soy, padecer&iacute;as quiz&aacute;s m&aacute;s de lo que yo padezco&raquo;.
+Adoraci&oacute;n quer&iacute;a decir algo; pero Jacinta le tapaba la boca, y mirando a
+la de Rub&iacute;n se sonre&iacute;a con esa ingenuidad que indica ganas de trabar
+conversaci&oacute;n. Comprendiolo la otra, diciendo para s&iacute;: &laquo;No, pues yo no he
+de buscarte la lengua&raquo;. La ni&ntilde;a, aquel dato vivo de la bondad de la
+Delfina, no pod&iacute;a menos de determinar en Fortunata un pensamiento
+distinto de los anteriores. Pero sus renovados odios trataban de
+envenenar la admiraci&oacute;n: &laquo;&iexcl;Oh!, s&iacute;, se&ntilde;ora&mdash;pensaba&mdash;. Ya sabemos que
+tiene usted un sin fin de perfecciones. &iquest;A qu&eacute; cacarearlo tanto...? Poco
+falta para que lo canten los ciegos. Si estuvi&eacute;ramos como usted, entre
+personas decentes, y bien casaditas con el hombre que nos gusta, y
+teniendo todas las necesidades satisfechas, ser&iacute;amos lo mismo. S&iacute;,
+se&ntilde;ora; yo ser&iacute;a lo que es usted si estuviera donde usted est&aacute;... Vaya,
+que el m&eacute;rito no es tan del otro jueves, ni hay motivo para tanto bombo
+y platillo. Y si no, venga usted a mi puesto, al puesto que tuve desde
+que me enga&ntilde;&oacute; <i>aquel</i>, y entonces ver&iacute;amos las perfecciones que nos
+sacaba la mona esta&raquo;.</p>
+
+<p>Y las miradas de la de Santa Cruz volvieron a flecharla. Eran un
+comentario que con los ojos pon&iacute;a a la tonter&iacute;a o pueril gracia que
+Adoraci&oacute;n acababa de decirle. Sin saber c&oacute;mo, aquel nuevo flechazo trajo
+a la mente de Fortunata un pensamiento que en cierto modo se eslabonaba
+con la presencia de la ni&ntilde;a. Acordose de que Jacinta hab&iacute;a querido
+recoger a otro ni&ntilde;o, crey&eacute;ndolo hijo de su marido... &laquo;&iexcl;Y m&iacute;o...!
+&iexcl;crey&eacute;ndolo el m&iacute;o!&raquo;. Desde la altura de esta idea, se despe&ntilde;&oacute; en un
+verdadero abismo de confusiones y contradicciones... &iquest;Habr&iacute;a hecho ella
+lo mismo? &laquo;Vamos, que no... que s&iacute;... que no, y otra vez que s&iacute;...&raquo;. &iexcl;Y
+si el <i>Pituso</i> no hubiera sido una falsificaci&oacute;n de Izquierdo; si en
+aquel instante, en vez de mirar all&iacute; a la ni&ntilde;a de Mauricia, viera a su
+pobre Juan&iacute;n...! Le entraron tan fuertes ganas de echarse a llorar, que
+para contenerse evoc&oacute; su coraje, tocando el registro de los agravios,
+segura de que le sacar&iacute;an del laberinto en que estaba. &laquo;Porque t&uacute; me
+quitaste lo que era m&iacute;o... y si Dios hiciera justicia, ahora mismo te
+pondr&iacute;as donde yo estoy, y yo donde t&uacute; est&aacute;s, grand&iacute;sima ladrona...&raquo;. No
+sigui&oacute;, porque Jacinta, no pudiendo resistir m&aacute;s las ganas de entablar
+conversaci&oacute;n, la mir&oacute; otra vez y le hizo esta preguntita: &laquo;&iquest;Qu&eacute; tal
+estuvo la Comuni&oacute;n? Y Mauricia, &iquest;qu&eacute; tal?...&raquo;. He aqu&iacute; a la pr&oacute;jima otra
+vez turbada y sin saber lo que le pasaba. &laquo;Muy bien... pero muy bien...
+Mauricia contenta...&raquo;.</p>
+
+<p>Agradeci&oacute; mucho Fortunata que en aquel momento se abriese suavemente la
+puerta de la alcoba y apareciera la cabeza de Severiana. Hacia ella fue
+corriendo Adoraci&oacute;n. &laquo;Chitito&mdash;le dijo su t&iacute;a, entrando pasito a paso&mdash;.
+No hagas ruido, que tu mam&aacute; est&aacute; dormida. Tiempo hace que no ha cogido
+un sue&ntilde;o tan largo. &iexcl;Ay, se&ntilde;orita, lo que se perdi&oacute; usted! Ha estado
+todo tan bien, que daba gusto&raquo;.</p>
+
+<p>Mientras la Delfina y Severiana hablaban, Fortunata, que continuaba
+sentada, examin&oacute; con curiosidad a la esposa de <i>aquel</i>, fij&aacute;ndose
+detenidamente en el traje, en el abrigo, en el sombrero... No le parec&iacute;a
+propio venir de sombrero; pero por lo dem&aacute;s, no hab&iacute;a nada que criticar.
+El abrigo era perfecto. La de Rub&iacute;n hizo prop&oacute;sito de encargarse el suyo
+exactamente igual. Y la falda, &iexcl;qu&eacute; elegante! &iquest;D&oacute;nde se encontrar&iacute;a
+aquella tela? Seguramente era de Par&iacute;s.</p>
+
+<p>Oyose la voz ronca de Mauricia. Su hermana entr&oacute; corriendo, y Jacinta
+miraba por el hueco de la puerta entornada. Cuando Severiana volvi&oacute; a la
+sala, la se&ntilde;orita dijo: &laquo;Yo no entro. Pase usted con la peque&ntilde;a. Yo me
+quedo aqu&iacute;&raquo;. A pesar de lo trastornadas que estaban sus facultades,
+Fortunata supo apreciar el verdadero sentido de aquella resistencia de
+Jacinta a presentarse con la ni&ntilde;a. Era un sentimiento de modestia y
+delicadeza. Quer&iacute;a sustraerse a las manifestaciones de gratitud de la
+pobre enferma, y evitarle a esta el sonrojo de su desairada situaci&oacute;n
+como madre.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Ser&aacute; por eso por lo que no quiere entrar?&mdash;se pregunt&oacute; mir&aacute;ndola de
+espaldas&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; remilgos estos! Cuando digo que me cargan a m&iacute; estas
+perfecciones... &iexcl;Qu&eacute; monas nos hizo Dios! Pues lo que es yo, s&iacute; entro&raquo;.</p>
+
+<p>Severiana se acerc&oacute; a la cama, llevando de la mano a la chiquilla.
+&laquo;Mira, mira lo que te traigo... &iquest;Cu&aacute;l visita te gusta m&aacute;s? &iquest;Esta o la
+que estuvo antes?&raquo;.</p>
+
+<p>Mauricia le ech&oacute; los brazos a su hija y le dio muchos besos. Un poco
+asustada, la nena bes&oacute; tambi&eacute;n a su madre, sin efusi&oacute;n de cari&ntilde;o, y como
+besan a cualquier persona los chicos obedientes, cuando se lo manda la
+maestra. &laquo;&iexcl;Ay, qu&eacute; mala he sido!&mdash;exclam&oacute; la enferma, tambi&eacute;n sin
+efusi&oacute;n, como quien cumple un tr&aacute;mite...&mdash;. Ni&ntilde;a de mi alma, bien haces
+en querer a la se&ntilde;orita m&aacute;s que a m&iacute;, porque yo he sido m&aacute;s mala que
+arrancada, &iexcl;re...!&raquo;. Atraves&oacute;sele el vocablo, y ella hizo como que
+escup&iacute;a algo. Luego revolvi&oacute; a todos lados sus miradas anhelantes,
+diciendo: &laquo;Severiana, o t&uacute;, o cualquiera, &iexcl;si quisierais darme!...&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe y la comandanta hab&iacute;an entrado tambi&eacute;n. &laquo;&iquest;Qu&eacute; tal, Mauricia?
+Hoy es para ti d&iacute;a feliz. Recibes a Dios, y ves a tu nena. &iexcl;Oh, qu&eacute; maja
+est&aacute;!&raquo;.</p>
+
+<p>Pero la Dura ten&iacute;a todo su ser embargado por la ardent&iacute;sima ansiedad
+f&iacute;sica que experimentaba, y sus ojos de &aacute;guila se fijaron en Severiana
+que escanciaba en un vaso algo del contenido de una botella. El licor
+brillaba con reflejos de topacio engastado en oro. &laquo;&iexcl;C&oacute;mo lo miras,
+bribona!&mdash;pens&oacute; la esc&eacute;ptica y observadora do&ntilde;a Lupe&mdash;. Esa es la
+Eucarist&iacute;a que a ti te gusta, el Pajarete...&raquo;. Y vi&eacute;ndoselo tomar, dec&iacute;a
+la muy picarona: &laquo;Eso, sabor&eacute;ate bien, y rel&aacute;mete. No lo hac&iacute;as as&iacute;
+cuando recib&iacute;as a Dios...&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s del <i>trinquis</i>, Mauricia pareci&oacute; como si resucitara, y su cara
+resplandec&iacute;a de animaci&oacute;n y contento. Entonces s&iacute; demostr&oacute; que en el
+fondo de su ser exist&iacute;an instintos y sentimientos maternales; entonces
+s&iacute; que abraz&oacute; y bes&oacute; con efusi&oacute;n tiern&iacute;sima a la hija que hab&iacute;a llevado
+en sus entra&ntilde;as... Y tanto se excit&oacute;, que temiendo le diera un s&iacute;ncope,
+quit&aacute;ronle de los brazos a la nena. &laquo;S&iacute;, que te lleven, que te quiten de
+mi lado... No merezco tenerte... Me tienes miedo, rica... Como que
+cuando seas ma&ntilde;osa, no te dir&aacute;n 'que viene el coco', sino 'que viene tu
+madre'. &iexcl;Ay, qu&eacute; pena!... Pero estoy conforme. Dicen que tengo que
+salvar... &iexcl;Ay, qu&eacute; gusto! Y mi hija est&aacute; mejor en la tierra con la
+se&ntilde;orita que conmigo en el Cielo... Y nada m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Adoraci&oacute;n rompi&oacute; a llorar entre afligida y espantada. Total, que
+tuvieron que llev&aacute;rsela, porque aquel espect&aacute;culo no pod&iacute;a prolongarse.
+Mauricia segu&iacute;a dando besos al aire y diciendo cosas que enternec&iacute;an a
+las dem&aacute;s... &laquo;S&iacute;, s&iacute;&mdash;pens&oacute; do&ntilde;a Lupe, que tambi&eacute;n estaba conmovida&mdash;.
+&iexcl;Cu&aacute;nto quieres a tu hija!... &iexcl;Te la beber&iacute;as!&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no aguard&oacute; al fin de la escena. Sent&iacute;a en su interior un
+trastorno tan grande, que una de dos, o romp&iacute;a en llanto o reventaba.
+Refugiose en el cuarto interior, y ech&aacute;ndose sobre un ba&uacute;l, se ech&oacute; a
+llorar. Los sentimientos que desataban aquel raudal de l&aacute;grimas no eran
+&uacute;nicamente los producidos por la situaci&oacute;n del momento; eran algo
+antiguo y profundo, sedimentado en su alma, su tradicional desgracia, el
+despecho combinado con un vago deseo de ser buena, &laquo;sin poderlo
+conseguir... Cuidado que esto es de lo que se dice y no se cree&raquo;.</p>
+
+<p>Muchas l&aacute;grimas hab&iacute;a derramado cuando sinti&oacute; el ruido del coche de
+Jacinta que part&iacute;a, y entonces sali&oacute; a la sala. Do&ntilde;a Lupe se desped&iacute;a de
+la comandanta, ofreci&eacute;ndole tomar diez papeletas de la rifa de la
+colcha, y hac&iacute;a una se&ntilde;a a su sobrina indic&aacute;ndole que era hora de
+retirarse. Dieron un vistazo y un apret&oacute;n de manos a la enferma, y
+salieron. Cuando iban por la calle, do&ntilde;a Lupe, que comprendi&oacute; cu&aacute;nto
+hab&iacute;a impresionado a su sobrina el encuentro con la se&ntilde;ora de Santa
+Cruz, intent&oacute; dos o tres veces aludir a esto; pero la prudencia y un
+sentimiento de delicadeza retuvieron su charlatana lengua.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>En el portal de su casa se separaron; do&ntilde;a Lupe subi&oacute; y Fortunata
+fue a la botica, donde Maxi estaba solo, haciendo un emplasto. Contole
+su mujer lo que hab&iacute;a visto aquel d&iacute;a, recordando con feliz memoria
+todos los pormenores. La visita de Jacinta fue omitida discretamente. Al
+farmac&eacute;utico le agradaba que su cara mitad anduviera en aquellos trotes
+de beneficencia, viese buenos ejemplos y se familiarizara con aquellos
+cuadros hondamente humanos de la miseria y de la muerte, pues sin duda
+ser&iacute;an m&aacute;s provechosos a su esp&iacute;ritu que los saraos, bullangas y
+diversiones.</p>
+
+<p>A la hora de comer se hablaba de lo mismo, y ponderaba do&ntilde;a Lupe la
+solemnidad conmovedora del acto de aquel d&iacute;a. Discutiose si deb&iacute;an
+volver por la noche a la calle de Mira el R&iacute;o o irse a Variedades a ver
+una pieza; mas como Fortunata mostrase gran repugnancia a las funciones
+teatrales, prevaleci&oacute; lo primero, y Maxi, muy complacido de aquella
+aplicaci&oacute;n a las obras de piedad, prometi&oacute; que las acompa&ntilde;ar&iacute;a y que
+ir&iacute;a a recogerlas a las once. &laquo;Y como no haya esta noche quien se quede
+a velar, me quedar&eacute; yo&raquo; dijo la viuda, a quien no se le coc&iacute;a el pan
+hasta no dar a Guillermina prueba palmaria de humildad y abnegaci&oacute;n.
+Opusi&eacute;ronse a esto el sobrino y su mujer, diciendo el primero que bueno
+era lo bueno, pero no lo demasiado. La de J&aacute;uregui dec&iacute;a con deliciosa
+modestia: &laquo;&iexcl;Si yo no lo hago por buscar un elogio; si no hay en esto el
+menor asomo de m&eacute;rito...! Yo resisto perfectamente una noche toledana, y
+hasta dos y tres. De modo que...&raquo;.</p>
+
+<p>Las nueve ser&iacute;a, cuando los tres entraban por el portal de la casa de
+corredor, y no fue poco su asombro al ver en el patio resplandor de
+hoguera y multitud de antorchas, cuyas movibles y rojizas llamas daban a
+la escena temeroso y fant&aacute;stico aspecto. &iquest;Qu&eacute; era aquello? Que los
+granujas de la vecindad hab&iacute;an pegado fuego a un mont&oacute;n de paja que en
+mitad del patio hab&iacute;a, y despu&eacute;s robaron al maestro Curtis todas las
+eneas que pudieron, y encendi&eacute;ndolas por un cabo empezaron a <i>jugar al
+Vi&aacute;tico</i>, el cual juego consist&iacute;a en formarse de dos en dos, llevando
+los juncos a guisa de velas, y en marchar lentamente <i>echando latines</i>
+al son de la campanilla que uno de ellos imitaba y de la marcha real de
+cornetas que tocaban todos. La diversi&oacute;n consist&iacute;a en romper filas
+inesperadamente, y saltar por encima de la hoguera. El que llevaba el
+cop&oacute;n, bien abrigadito con un refajo atado al cuello, daba las zapatetas
+m&aacute;s atrevidas que se podr&iacute;an imaginar, y hasta vueltas de carnero,
+poniendo todo su arte en recobrar la actitud reverente en el momento
+mismo de tomar la vertical. En fin, que semejante escena daba una idea
+de aquella parte del Infierno donde deben tener sus esparcimientos los
+chiquillos del Demonio. Maximiliano y su mujer se detuvieron un rato a
+ver aquello; pero do&ntilde;a Lupe dirigi&oacute; a la infantil tropa miradas y
+expresiones de desd&eacute;n, diciendo que la culpa la ten&iacute;an los padres que
+tal sacrilegio consent&iacute;an.</p>
+
+<p>Subieron, y cuando Fortunata pas&oacute; a la alcoba de Mauricia, que estaba
+sola, retirose Maxi, diciendo que volver&iacute;a a las once. Estaba aquella
+noche la enferma sumamente inquieta, y lo poco que hablaba no era un
+modelo de claridad. El temor de pronunciar palabras malas parec&iacute;a
+haberse desvanecido en ella, porque escupi&oacute; de sus labios algunas que
+ard&iacute;an. La memoria no deb&iacute;a de estar muy firme, porque cuando su amiga
+le dijo: &laquo;Sosi&eacute;gate y acu&eacute;rdate de lo de esta ma&ntilde;ana&raquo; replic&oacute;: &laquo;&iexcl;Lo de
+esta ma&ntilde;ana...!, &iquest;qu&eacute; ha sido...?&raquo;. Y mirando con extraviados ojos al
+techo, parec&iacute;a entregarse al doloroso trabajo de recordar, cazando las
+ideas como si fueran moscas. M&aacute;s presente que la administraci&oacute;n del
+Sacramento ten&iacute;a el <i>paso</i> con su hija; &iexcl;ay, qu&eacute; paso!... &laquo;&iquest;No vistes a
+<i>la</i> Jacinta?&mdash;pregunt&oacute; a Fortunata, volvi&eacute;ndose de un costado y
+poni&eacute;ndole la mano en el hombro...&mdash;. &iquest;Habl&oacute; contigo?... T&uacute; eres una
+sosona y no tienes genio... Si a m&iacute; me llega a pasar lo que te ha pasado
+a ti con esa pastelera; si el hombre m&iacute;o me lo quita una mona golosa, y
+se me pone delante, &iexcl;ay!, por algo me llaman Mauricia la Dura. Si me la
+veo delante, digo, y me viene con palabras superfirol&iacute;ticas... la trinco
+por el mo&ntilde;o y as&iacute;, as&iacute;, le doy cuatro vueltas hasta que la acogoto...&raquo;.
+Uniendo la acci&oacute;n a la palabra, Mauricia hac&iacute;a contorsiones violentas,
+se destapaba, rechinaba los dientes... no pudiendo sujetarla Fortunata,
+llam&oacute; a Severiana: &laquo;&iexcl;Ay, venga usted! Est&aacute; diciendo mil disparates...
+por Dios, vea usted de reducirla... Dele algo para que se calme,
+aguardiente...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;A m&iacute; no me puede nadie&mdash;grit&oacute; la infeliz con frenes&iacute;, los ojos
+desencajados, forcejeando contra los cuatro brazos que la quer&iacute;an
+sujetar&mdash;. Soy Mauricia la Dura, la que le abri&oacute; una ventana en el casco
+a aquella ladrona que me robaba los pa&ntilde;uelos, la que le arranc&oacute; el mo&ntilde;o
+a la Pepa, la que le ara&ntilde;&oacute; la cara a do&ntilde;a Malvina la <i>protestanta</i>...
+Su&eacute;ltame tiorra pastelera, o de una mordida te arranco media cara.
+&iexcl;Persona decente t&uacute;!... t&uacute;, que dejas un soldado pa tomar otro... t&uacute; que
+tienes ya el coraz&oacute;n como la puerta de Alcal&aacute;, de tanta gente como ha
+entrado por &eacute;l... Ja, ja, ja... Loba, m&aacute;s que loba, so asquerosa, jud&iacute;a,
+con m&aacute;s babas que un perro ti&ntilde;oso... cara de escupidera, zurr&oacute;n, celem&iacute;n
+de peinetas... ver&aacute;s qu&eacute; recorrido te doy... as&iacute;, as&iacute;, y te arranco la
+nariz, y te escupo los ojos, y te saco todo el mondongo...&raquo;. Por fin no
+eran voces humanas las que de sus labios llenos de espuma sal&iacute;an, sino
+rugidos de fiera sujeta y acorralada. No pudiendo librar sus brazos de
+los vigorosos que la conten&iacute;an, sus dedos se agarraron con rabia
+epil&eacute;ptica a lo que encontraban, y quer&iacute;an deshacer y rasgar la s&aacute;bana y
+la colcha. El fatigoso mugido iba calm&aacute;ndose poco a poco, las
+contorsiones eran menos violentas, y por fin, cay&oacute; en un colapso
+profund&iacute;simo. La sedaci&oacute;n era instant&aacute;nea, y a la misma muerte se
+parec&iacute;a.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Rub&iacute;n estaba aterrada. Severiana le dijo: &laquo;ya ha tenido
+esta noche tres achuchones de estos, y anteanoche tuvo seis. Si viniera
+el m&eacute;dico la aplacar&iacute;a d&aacute;ndole esos pinchacitos que llaman <i>yeciones</i>...
+&iquest;sabe?, una gotita de morfina&raquo;. Sin duda por esta frecuencia de los
+accesos ve&iacute;alos Severiana con relativa calma, como los que se
+acostumbran a los prodigios del dolor humano en las cl&iacute;nicas. A poco de
+tranquilizarse Mauricia, la otra se dedic&oacute; a preparar la l&aacute;mpara que
+deb&iacute;a arder toda la noche, un vaso con agua, aceite y una mariposa
+encima.</p>
+
+<p>Media hora estuvo la tarasca como dormida, pronunciando en sue&ntilde;os
+retazos de palabras y fragmentos de cl&aacute;usulas groseras, como retumban en
+lontananza los dejos de la tempestad que ha pasado. Despert&oacute; luego, y
+con voz sosegada dijo a su amiga: &laquo;&iquest;Est&aacute;s aqu&iacute;?... &iexcl;qu&eacute; gusto me da
+verte! De todas las personas que veo aqu&iacute;, la que me gusta m&aacute;s eres t&uacute;.
+Te quiero m&aacute;s que a mi hermana. Lo primerito que he de pedirle al Se&ntilde;or
+cuando me meta en el Cielo, es que te haga feliz, d&aacute;ndote lo que es muy
+re-tuyo, lo que te han quitado... Su Divina Majestad puede arreglarlo,
+si quiere...&raquo;.</p>
+
+<p>A Fortunata no se le ocurr&iacute;a nada que responder a estos disparates.</p>
+
+<p>&laquo;Porque t&uacute; has padecido... &iexcl;pobrecita! Buenas perradas te han jugado en
+esta vida. La pobre siempre debajo, y las ricas pate&aacute;ndole la cara. Pero
+d&eacute;jate estar, que el Se&ntilde;or te arreglar&aacute;, haciendo justicia y d&aacute;ndote lo
+que te quitaron. Lo s&eacute;, lo he so&ntilde;ado ahora, cuando me dorm&iacute; pensando que
+me mor&iacute;a y que entraba en el Cielo escoltada por la mar de angelitos...
+&iexcl;tan monos...! Cr&eacute;etelo, porque yo te lo digo... Y yo, <i>mismamente</i> le
+he de decir a la Virgen y al Verbo y Gracia que te hagan feliz y se
+acuerden de las amarguras que has pasado&raquo;.</p>
+
+<p>Callose un instante, y despu&eacute;s de los dos o tres suspiros que Fortunata
+ech&oacute; de su seno, volvi&oacute; a hablar la enferma de este modo: &laquo;&iquest;Has visto a
+Jacinta?... porque ella fue quien trajo a mi ni&ntilde;a. Es un seraf&iacute;n esa
+mujer... Ahora cuando me pens&eacute; que estaba en el Cielo, la vi encima de
+una nube con un velo blanco... Estaba all&iacute;, <i>entremedio</i> de aquellos
+grandes corros de &aacute;ngeles. &iquest;Ser&aacute; que se va a morir? Lo sentir&eacute; por mi
+ni&ntilde;a. Pero Dios sabe m&aacute;s que nosotras, &iquest;verdad?, y lo que &eacute;l hace, bien
+sabido se lo tiene... Pero dime, &iquest;te habl&oacute; ella? &iquest;Le soltaste alguna
+patochada? Har&iacute;as mal. Porque ella no tiene la culpa. Perd&oacute;nala, chica,
+perd&oacute;nala; que lo primerito para salvarse es perdonar a una parte y
+otra. M&iacute;rame a m&iacute;, que no hago m&aacute;s que lo que me manda el Padre Nones, y
+he perdonado a la Pepa, a la Matilde, que me quiso envenenar, y a do&ntilde;a
+Malvina la <i>protestanta</i> y a todo el g&eacute;nero mundano... &iexcl;re...! P&aacute;rate
+boca que ya ibas a soltarlo... Pues s&iacute;, perdonar; cr&eacute;etelo porque yo te
+lo digo. &iquest;Ves qu&eacute; tranquila estoy? Pues a cuenta que lo mismo estar&aacute;s
+t&uacute;, y Dios te dar&aacute; lo tuyo; eso no tiene duda... porque es de ley. Y por
+la santidad que tengo entre m&iacute;, te digo que si el marido de la se&ntilde;orita
+se quiere volver contigo y le recibes, no pecas, no pecas...&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata crey&oacute; prudente mandarla callar, pues aquel concepto se
+armonizaba mal con la santidad de que hac&iacute;a gala su amiga.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece&mdash;le dijo&mdash;, que si el Padre Nones te oye eso, te ha de
+reprender... porque ya ves... quien manda manda, y est&aacute; dispuesto que no
+sean las cosas as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; risa contigo! &iquest;Pues t&uacute; qu&eacute; sabes? Yo estoy arrepentida de todo lo
+malo que he hecho; yo he perdonado a todo Cristo. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s quieren? Esto
+que te cuento es, como quien dice, una idea. &iquest;No puede una tener una
+idea?... Cuando me muera, veremos, cr&eacute;etelo... el Sant&iacute;simo me dir&aacute; que
+tengo raz&oacute;n...</p>
+
+<p>Callose fatigada, y Fortunata le impuso silencio. De repente determinose
+una brusca sacudida en su esp&iacute;ritu, y tom&aacute;ndole la mano a su querida
+amiga y apret&aacute;ndosela mucho, le dijo con expresi&oacute;n de terror:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; te parece a ti, me salvar&eacute; yo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; duda tiene?&mdash;replic&oacute; la otra tranquiliz&aacute;ndola&mdash;Dicen que
+aunque los pecados de una sean tantos como las arenas de la mar...
+fig&uacute;rate t&uacute; la cantidad de arenas que habr&aacute; en todita la mar...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!... &iexcl;si habr&aacute; arenas en todita la mar y sus arenales!&mdash;repiti&oacute;
+Mauricia con voz pat&eacute;tica.</p>
+
+<p>&mdash;Pues aunque los pecados de una sean m&aacute;s que las arenas, Dios los
+perdona cuando una se arrepiente de verdad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y crees t&uacute; que una idea, pongo por caso, es tambi&eacute;n pecado?</p>
+
+<p>&mdash;Seg&uacute;n y conforme. Pero t&uacute; no tienes malas ideas. Estate tranquila.</p>
+
+<p>&mdash;Dios te oiga... Se me arranca el alma de verte penando... con un
+hombre que no quieres... &iexcl;qu&eacute; traspaso! Chavala querida, mu&eacute;rete, y
+vente conmigo. Ver&aacute;s qu&eacute; bien vamos a estar las dos all&aacute;. &iexcl;Porque te
+quiero tanto...! Dame un abrazo, hija, y mu&eacute;rete conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;No lo digas mucho&mdash;balbuci&oacute; Fortunata conmovid&iacute;sima, acariciando a su
+amiga&mdash;. Bien podr&iacute;a ser que me muriera pronto. Para lo que yo hago en
+este mundo... no s&eacute;... valdr&iacute;a m&aacute;s... &iexcl;Ay, qu&eacute; desgraciada soy!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Re...! &iexcl;Bendita sea tu alma! Lo primerito que le pido al Se&ntilde;or, lo
+juro por estas cruces, es que te mueras.</p>
+
+<p>Las dos se echaron a llorar. En tanto do&ntilde;a Lupe sosten&iacute;a una gallarda
+disputa con Severiana. &laquo;Ya lo he dicho y no hay m&aacute;s que hablar. Yo me
+quedo esta noche para que usted descanse un poco&raquo;.&mdash;&laquo;Se&ntilde;ora, no lo
+consiento. Hay vecinas que se quieren quedar&raquo;.&mdash;&laquo;&iexcl;Vecinas!... Aviada
+est&aacute; la enferma con las vecinas. &iexcl;Son tan torpes y tan descuidadas...!
+Ver&aacute; usted c&oacute;mo trabucan las medicinas y le encajan una por
+otra&raquo;.&mdash;&laquo;&iexcl;Oh!, no se&ntilde;ora, no consiento que usted se moleste&raquo;.&mdash;&laquo;Repito
+que me quedo, &iexcl;vaya! Si no hay en ello m&eacute;rito alguno, ni sacrificio. No
+me cuesta ning&uacute;n trabajo estar en vela toda la noche. Y adem&aacute;s, hija,
+hay que hacer algo por el pr&oacute;jimo. Velaremos, pues, y no me hable usted
+de gratitud que es rid&iacute;culo hacer tanto aspaviento por lo que no vale
+tres cominos&raquo;.</p>
+
+<p>La viuda de J&aacute;uregui no hac&iacute;a gran sacrificio, y su determinaci&oacute;n estaba
+calculada con habilidad, pues como una de las vecinas le dijera que
+Guillermina pensaba echar un guante al d&iacute;a siguiente para atender a las
+apremiantes necesidades de algunos inquilinos de la casa, do&ntilde;a Lupe
+pens&oacute; de esta suerte: &laquo;Con quedarme a velar, cumplo; y eso del guante no
+va conmigo, porque en todo el d&iacute;a de ma&ntilde;ana no aparezco por aqu&iacute;, ni a
+media legua a la redonda&raquo;.</p>
+
+<p>Severiana explic&oacute; minuciosamente a la se&ntilde;ora cuanto hab&iacute;a que hacer,
+advirti&eacute;ndole que la llamase si ocurr&iacute;a algo extraordinario. Otra vecina
+se quedaba tambi&eacute;n, en calidad de ayudante. A las doce, Fortunata se
+retir&oacute; a su casa con su marido, que fue a buscarla. Cogiditos del brazo
+recorrieron el trayecto m&aacute;s tortuoso que largo que les separaba de su
+domicilio, hablando de alcoholismo y de beneficencia domiciliaria, y
+poniendo muy en duda que do&ntilde;a Lupe resistiese toda la noche sin
+dormirse, pues era persona que en dando las diez ya estaba haciendo
+cortes&iacute;as aunque se encontrase en visita.</p>
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, determin&oacute; la esposa ir a enterarse de la noche
+toledana que habr&iacute;a pasado do&ntilde;a Lupe, y Maximiliano no se opuso a ello.
+Cumplidas las sabias &oacute;rdenes que hab&iacute;a dado la directora de la casa,
+Fortunata sali&oacute; con Papitos, y despu&eacute;s de encaminarla a la compra,
+indic&aacute;ndole algunas cosas que deb&iacute;a tomar, separose de ella en la
+plazuela de Lavapi&eacute;s para dirigirse a la calle Mira el R&iacute;o. Encontr&oacute; a
+su t&iacute;a en el cuarto de la comandanta en un estado verdaderamente
+aflictivo, ojerosa, con la cabeza pesada y un humor poco dispuesto a las
+bromas.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Bien por las valent&iacute;as!...&mdash;le dijo Fortunata&mdash;. &iquest;Y qu&eacute; tal se ha
+portado la enferma?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No me hables, hija; noche m&aacute;s perra no la he pasado en mi vida. No me
+ha dejado ni siquiera descabezar un sue&ntilde;o de diez minutos. La maldita
+parec&iacute;a que lo hac&iacute;a a prop&oacute;sito y por vengarse de lo muy derecha que la
+he obligado a andar cuando me corr&iacute;a mantones... Fig&uacute;rate; en un puro
+delirio hasta que Dios amaneci&oacute;. Jurar&iacute;a que todo el aguardiente que ha
+bebido en su vida se le subi&oacute; a la cabeza esta noche. Ya se levantaba,
+ya se revolv&iacute;a, echaba las piernazas fuera de la cama, y los brazos como
+aspas de molino... &iexcl;Luego unas voces y unos berridos...! Ya sabes el
+diccionario que gasta... Y a lo mejor se quedaba como un gato que
+acecha, los ojos como ascuas, y hablando bajito, bajito, y se&ntilde;alando
+para la mesa en que est&aacute; el altar y la lamparilla, dec&iacute;a: &laquo;M&iacute;renlo,
+m&iacute;renlo; all&iacute; est&aacute;&raquo;. &iexcl;A m&iacute; me daba un miedo...! Prefer&iacute;a o&iacute;rla gritar...
+Cr&eacute;ete que me horripilaba cuando le ve&iacute;a se&ntilde;alar a la luz y al altarito.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe empez&oacute; a tomar el chocolate que le trajo do&ntilde;a Fuensanta, y a
+rengl&oacute;n seguido continu&oacute; la relaci&oacute;n, imitando la voz y la actitud de la
+delirante.</p>
+
+<p>&laquo;Y se pon&iacute;a as&iacute;: 'All&iacute; est&aacute;, m&iacute;renlo... el <i>se&ntilde;or</i> de Sor Natividad...
+La bribona lo tiene preso... Bribona, m&aacute;s que loba...'. &iquest;Sabes t&uacute; qui&eacute;n
+es el <i>se&ntilde;or</i>... con retint&iacute;n, de Sor Natividad? Pues la custodia, hija,
+el Sant&iacute;simo... Y segu&iacute;a: 'Ahora voy all&aacute;, te cojo, te saco y te echo al
+pozo...'. &iexcl;Al pozo!, &iquest;has visto?, &iexcl;arrojar la custodia al pozo! Mira t&uacute;
+si tendr&aacute; malas ideas... Luego dice que se salva. &iexcl;Como no se salve
+esa...! Me ha dicho Severiana que cuando delira fuerte, siempre se sale
+con eso, con que va a sacar del Sagrario la custodia y a guardarla en su
+ba&uacute;l, o qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;. Ver&aacute;s: soltaba una risa que a m&iacute; me pon&iacute;a los
+pelos de punta, y dec&iacute;a muy callandito: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; guapo est&aacute;s con tu cara
+blanca, con tu cara de hostia dentro del cerco de piedras finas!... &iexcl;Oh,
+qu&eacute; reguapo est&aacute;s! No creas que te robo las piedras... Para nada las
+quiero... Me gustas... &iexcl;te comer&iacute;a! No me digas que no te coja, porque
+te cojo, aunque me muera y me eches al infierno... Sor Natividad te
+falta; para que lo sepas; te falta con el Padre Pintado...'. En fin,
+hija, que era un horror. Suprimo las flores que iba entreverando, porque
+me arder&iacute;a la boca&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe hizo esfuerzos por atraer hacia su paladar, con la lengua y
+con los rechupidos de sus labios, lo que en el fondo del pocillo
+quedaba, y conseguido esto al fin, acab&oacute; as&iacute;: &laquo;Con estos disparates
+sacr&iacute;legos estuve toda la noche en vilo, horrorizada, el est&oacute;mago
+revuelto, y deseando que el d&iacute;a llegara&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Me lo figuraba&mdash;dijo Fortunata, y despu&eacute;s le dio cuenta de lo que
+hab&iacute;a dispuesto y de lo que le indic&oacute; a Papitos que comprase.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ay! Me parece que he estado un a&ntilde;o fuera de mi casa. Me ocurr&iacute;a que no
+sabr&iacute;ais desenvolveros y que la mona se declarar&iacute;a en cant&oacute;n, haciendo
+lo que le daba la gana. Ahora a casa, que es madre. Ya hemos cumplido.
+Claro que esto no es ninguna santidad extraordinaria, ni un caso de
+hero&iacute;smo; pero algo es algo...&raquo;.</p>
+
+<p>Vieron entonces que Guillermina pasaba en direcci&oacute;n al cuarto de
+Severiana, y do&ntilde;a Lupe corri&oacute; a recibir de su boca augusta los pl&aacute;cemes
+que merec&iacute;a. &laquo;&iexcl;Oh, qu&eacute; buena es usted!&mdash;le dijo la santa, estrech&aacute;ndole
+las manos&mdash;. &iexcl;Quedarse aqu&iacute; cuidando a esta pobre...! No, no diga usted
+que esto no vale nada. Vaya si vale. &iexcl;Dejar las comodidades de su casa
+para velar a la cabecera de una infeliz...! Pues lo que yo s&eacute; es que no
+lo hacen todas... Dios se lo pagar&aacute;. M&aacute;s de agradecer es esto que los
+donativos que hacen otras... qued&aacute;ndose muy abrigaditas en sus camas...
+porque esta es la verdadera caridad que sale del coraz&oacute;n... En fin, veo
+que su modestia se ofende, amiga m&iacute;a, y no quiero sacarle a usted los
+colores a la cara. Gracias, gracias&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe estaba muy satisfecha; pero sospechando que la fundadora iba a
+sacar el temido guante, se despidi&oacute; con prisa. &laquo;Amiga de mi alma, la
+obligaci&oacute;n me llama a mi choza...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;&mdash;le dijo Guillermina&mdash;. La obligaci&oacute;n antes que nada. Hasta
+luego.</p>
+
+<p>Y llevando aparte a Fortunata en el corredor, su t&iacute;a le dijo: &laquo;T&uacute; te
+quedar&aacute;s aqu&iacute; un ratito; si hay petitorio, no quedaremos nosotras en mal
+lugar. Le dices que apunte un duro por ti y otro por m&iacute;. Es bastante.
+Bien debe saber que no somos potentadas. No me gustan guantes; pero s&eacute;
+cumplir en todas las circunstancias y no hacer un mal papel. Un duro por
+ti y otro por m&iacute;; no lo olvides. No digas si podemos o no podemos m&aacute;s.
+T&uacute; lo sueltas seco, sin achicarte ni engrandecerte; que ella, aunque se
+le d&eacute; un ochavo, siempre da las gracias con la misma boquita de
+merengue. Vaya... Mentira me parece que he de verme en mis cuatro
+paredes...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>Cuando Fortunata, despu&eacute;s de un ratito de palique con la
+comandanta, penetr&oacute; en la otra casa, vio cosas que la pasmaron.
+Guillermina, dejando su mantilla y su libro de misa sobre el sof&aacute;,
+desempe&ntilde;aba junto a Mauricia las obligaciones m&aacute;s penosas del arte de
+cuidar enfermos, acometiendo con actividad maquinal las faenas m&aacute;s
+repugnantes, como persona que tiene la obligaci&oacute;n y la costumbre de
+hacerlo. Severiana se esforzaba en impedirlo; pero Guillermina no ced&iacute;a.
+&laquo;D&eacute;jame t&uacute;... si a m&iacute; esto no me cuesta ning&uacute;n trabajo... Vete a ver lo
+que quiere Juan Antonio, que est&aacute; dando voces hace un rato&raquo;. La pobre
+menestrala deseaba tener tres o cuatro cuerpos para atender todo.
+&laquo;Hombre, ten consideraci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo quieres que deje a la se&ntilde;ora en...?&raquo;.
+Al ver la de Rub&iacute;n este tr&aacute;fago y la poca gente que hab&iacute;a para tan
+diversos quehaceres, brindose gustosa a ayudar. Lo que hac&iacute;a Guillermina
+era para asustar a cualquiera. Fortunata no se cre&iacute;a con valor para
+tanto. Y sin embargo, al ver a la insigne dama aristocr&aacute;tica humillarse
+de aquel modo, avergonzose de no tener valor para imitarla, y sacando
+fuerzas de flaqueza, ofreci&oacute; su ayuda. Como hija del pueblo, no quer&iacute;a
+ser menos que la <i>se&ntilde;ora de la grandeza</i> en aquellos baj&iacute;simos
+menesteres... &laquo;Quite usted all&aacute;, por D&iacute;os, hija...&mdash;replic&oacute; la santa&mdash;.
+No faltaba m&aacute;s; no lo consiento... de ninguna manera. &iquest;Es que quiere
+usted ayudarnos? Pues si tan buen deseo tiene, barra la sala, que va a
+venir el m&eacute;dico&raquo;.</p>
+
+<p>Apenas hubo cogido Fortunata la escoba, entr&oacute; Severiana, y que quieras
+que no, se la quit&oacute; de las manos. &laquo;No faltaba m&aacute;s... se&ntilde;orita. Se va
+usted a poner perdida...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, d&eacute;jeme usted que la ayude. &iquest;Quiere que le haga el almuerzo a
+su marido?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas tiene...!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay qu&eacute; gracia!... &iquest;Cree usted que no s&eacute;?... La tortillita en la
+fiambrera, y el pan abierto con la sardina dentro. Si he hecho yo en mi
+vida m&aacute;s almuerzos de obreros que pelos tengo en la cabeza...</p>
+
+<p>&mdash;Hemos encendido la lumbre en la casa de la vecina. All&aacute; est&aacute; do&ntilde;a
+Fuensanta; pero va a salir a la compra, y si usted hiciera el favor...</p>
+
+<p>Fortunata no necesit&oacute; m&aacute;s, y fue a la otra casa, donde encontr&oacute; a la
+comandanta muy afanada, porque no era un almuerzo, sino tres los que
+ten&iacute;a que preparar, el de Juan Antonio y el de dos obreros m&aacute;s, cuyas
+respectivas mujeres se hab&iacute;an ido ya para la f&aacute;brica, dej&aacute;ndole aquel
+encargo. &laquo;V&aacute;yase usted a la compra&mdash;le dijo&mdash;, que de las tortillas se
+encarga una servidora...&raquo;. Mucho agradeci&oacute; esto do&ntilde;a Fuensanta, y
+poni&eacute;ndose su toquilla encarnada, qued&aacute;ndose con la bata de tart&aacute;n y las
+gruesas zapatillas de orillo, cogi&oacute; el cesto y el portamonedas y fue a
+pedir &oacute;rdenes a Severiana, que estaba en la sala, dentro de una nube de
+polvo. &laquo;Tr&aacute;igame usted un codillo como el del otro d&iacute;a, para ponerlo en
+sal... un cuarter&oacute;n de agujas cortas... Tocino hay en casa... &iexcl;Ah!, no
+olvide las zanahorias, ni el cuarto de gallina... Si trae para usted
+sesada de carnero, c&oacute;mpreme otra a m&iacute;...</p>
+
+<p>Oiga, oiga; si ve una buena lengua, tr&aacute;igamela descargada, y la
+salaremos para las dos...&raquo;.</p>
+
+<p>Sali&oacute; la viuda del comandante renqueando por aquellas escaleras abajo, y
+a poco partieron Juan Antonio y los otros dos obreros con sus saquitos
+de comida en la mano. La se&ntilde;ora de Rub&iacute;n hab&iacute;a desempe&ntilde;ado su cometido
+con tanta presteza como acierto, y mientras se lavaba las manos, dejose
+llevar por su vagabundo pensamiento a un orden de ideas que no era nuevo
+en ella. &laquo;&iexcl;Si es lo que a m&iacute; me gusta, ser obrera, mujer de un
+trabajador honradote que me quiera...! No le des vueltas, chica; pueblo
+naciste y pueblo ser&aacute;s toda tu vida. La cabra tira al monte, y se te
+despega el se&ntilde;or&iacute;o, cr&eacute;etelo, se te despega...&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando pas&oacute; a decir a Severiana que estaba servida, esta hab&iacute;a concluido
+de limpiar la sala. Como hab&iacute;a tan mal olor all&iacute;, trajeron una paletada
+de carbones encendidos, y echando un pu&ntilde;ado de espliego, la pasearon por
+toda la casa, desde el pasillo hasta la cocina. Despu&eacute;s del sahumerio,
+Fortunata entr&oacute; a ver a Mauricia, a quien encontr&oacute; muy mal, en un estado
+de decaimiento y postraci&oacute;n muy visibles. El m&eacute;dico, que lleg&oacute; entonces,
+la examin&oacute; detenidamente, observando hinchaz&oacute;n en las piernas y en el
+vientre. La par&aacute;lisis agitante crec&iacute;a de una manera aterradora. Antes de
+partir, el doctor habl&oacute; con Guillermina en la sala, dici&eacute;ndole que
+aquello no pod&iacute;a menos de acabar mal, y que a todo tirar, tirar&iacute;a dos
+d&iacute;as... Acerc&aacute;base Fortunata para enterarse de esto, cuando vio entrar
+inesperadamente a una persona cuya presencia le hizo el efecto de una
+descarga el&eacute;ctrica.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Jes&uacute;s, esa mona otra vez...!, yo me voy&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta y Guillermina hablaron un momento con el m&eacute;dico, que se despidi&oacute;
+luego. &laquo;Entrar&eacute; un ratito a verla&mdash;dijo la Delfina a su amiga,
+sent&aacute;ndose en el sof&aacute;&mdash;. &iquest;Va usted a estar aqu&iacute; mucho tiempo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo que pasar al otro corredor a ver al zapatero... Pobre hombre, no
+ha querido ir al hospital. Yo no hab&iacute;a visto nunca un caso de hidropes&iacute;a
+semejante. La barriga de ese infeliz era anoche como un tonel... Y ya le
+han dado tres barrenos; pero el de ayer con tan mala fortuna, que no le
+sacaron m&aacute;s que medio litro, y dicen que tiene en aquel cuerpo la
+friolera de catorce litros... &iexcl;Qu&eacute; humanidad, Dios m&iacute;o!</p>
+
+<p>Fortunata pas&oacute; a la otra sala, y a poco volvi&oacute; diciendo que Mauricia
+dorm&iacute;a profundamente. La fundadora hizo entonces una observaci&oacute;n
+humor&iacute;stica. Dirigi&eacute;ndose a las dos, les dijo: &laquo;&iquest;Oyen ustedes ese
+tromb&oacute;n que toca la marcha real?&raquo;. En efecto, se o&iacute;a bien clara, aunque
+lejana, la marcha real tocada con verdadero frenes&iacute; por Leopardi, que en
+la repetici&oacute;n le pon&iacute;a un lujo escandaloso de mordentes y apoyaturas.</p>
+
+<p>&laquo;Pues ese pobre hombre&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la santa conteniendo la risa&mdash;, desde que
+se entera de que estoy aqu&iacute;, se pone a tocar como un descosido. Es la
+manera de recordarme que le promet&iacute; vestirle, porque el desventurado
+est&aacute; mejor de pulmones que de ropa. Mira&mdash;propuso a Jacinta, cogi&eacute;ndole
+un brazo&mdash;; en cuanto vayas hoy a tu casa, has de ver si tiene tu marido
+algunos pantalones que no le sirvan... Puede que no tenga porque &iexcl;ya
+hemos hecho tantos escrutinios en su guardarropa!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;, no s&eacute;&mdash;dijo la se&ntilde;ora de Santa Cruz, procurando recordar...&mdash;me
+parece.</p>
+
+<p>&mdash;Si no&mdash;manifest&oacute; prontamente la de Rub&iacute;n&mdash;, yo traer&eacute; unos del m&iacute;o...</p>
+
+<p>&mdash;Dios se lo pagar&aacute; a usted... porque verdaderamente parte el coraz&oacute;n
+ver a ese pobre hombre, en este tiempo, con unos calzones de hilo, de
+los que traen los soldados de Cuba...</p>
+
+<p>Sali&oacute; Guillermina para ir al almac&eacute;n de maderas de la Ronda, y Jacinta
+la acompa&ntilde;&oacute; hasta el corredor. Sentose Fortunata en el sof&aacute;, creyendo
+que las dos se marchaban. Pero la de Santa Cruz, despu&eacute;s de hablar con
+su amiga de varias cosas, le dijo: &laquo;Aqu&iacute; la espero a usted. Lleve mi
+coche, y luego me recoger&aacute; y nos iremos juntas&raquo;. Entr&oacute; inmediatamente,
+sent&aacute;ndose tambi&eacute;n en el sof&aacute;.</p>
+
+<p>&iexcl;Ponerse a su lado! &iexcl;No conocerle en la cara que las dos no pod&iacute;an estar
+juntas en parte alguna!...</p>
+
+<p>Esto pensaba la mujer de Maxi, que sinti&oacute; deseos de huir, y luego
+verg&uuml;enza y miedo de hacerlo. Si la otra le hablaba, no tendr&iacute;a m&aacute;s
+remedio que responderle. &laquo;Pues si yo le dijera qui&eacute;n soy, la har&iacute;a
+temblar. Ver&iacute;amos entonces qui&eacute;n temblaba m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta la mir&oacute;. Ya el d&iacute;a anterior hab&iacute;a despertado su curiosidad
+hermosura tan expresiva. Y cuando sus ojos se encontraban con el rayo de
+aquellos ojos negros, sent&iacute;a una impresi&oacute;n no muy grata, al modo de esos
+presentimientos inseguros que son, no como el contacto de un objeto,
+sino como la sensaci&oacute;n del aire que hace el objeto al pasar r&aacute;pidamente.</p>
+
+<p>&laquo;Seg&uacute;n ha dicho el m&eacute;dico&mdash;indic&oacute; la Delfina decidida a pegar la
+hebra&mdash;, la pobre Mauricia no saldr&aacute; de esta&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No saldr&aacute; la pobre&mdash;opin&oacute; Fortunata algo cortada, porque le asaltaba
+la idea de que su lenguaje no ser&iacute;a bastante fino.</p>
+
+<p>&mdash;Si sigue as&iacute;, traer&eacute; esta tarde a la ni&ntilde;a, para que la vea... De todos
+modos, debo traerla &iquest;no le parece a usted?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, tr&aacute;igala. Jacinta sab&iacute;a que aquella desconocida no era soltera,
+porque hab&iacute;a ofrecido unos pantalones <i>de su marido</i>. H&iacute;zole, pues, la
+pregunta que ingenuamente se le sal&iacute;a siempre de los labios cuando se
+encontraba delante de una casada: &laquo;&iquest;Tiene usted ni&ntilde;os?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;ora&mdash;replic&oacute; la de Rub&iacute;n con alguna sequedad.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tampoco. Pero me gustan tanto los ni&ntilde;os, que tengo verdadera man&iacute;a
+por ellos, y los ajenos me parece que deber&iacute;an ser m&iacute;os... y, cr&eacute;alo
+usted, no tendr&iacute;a escr&uacute;pulo de conciencia en robar uno, si pudiera...</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo tambi&eacute;n, si pudiera...&mdash;declar&oacute; Fortunata, que no quer&iacute;a ser
+menos que su rival en aquello de la man&iacute;a materna.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero es que se le han muerto a usted, o que no los ha tenido?</p>
+
+<p>&mdash;Tuve uno, s&iacute; se&ntilde;ora... va para cuatro a&ntilde;os...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y en cuatro a&ntilde;os no ha tenido usted m&aacute;s que uno? &iquest;Qu&eacute; tiempo lleva
+usted de matrimonio? Perdone mi indiscreci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?...&mdash;murmur&oacute; la otra vacilando&mdash;. Cinco a&ntilde;os. Yo me cas&eacute; antes que
+usted...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Antes que yo!&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora... pues dec&iacute;a que tuve un ni&ntilde;o y se me
+muri&oacute;, s&iacute; se&ntilde;ora, y si me viviera, le digo a usted que...</p>
+
+<p>Como advirtiera la dama en los ojos de su interlocutora una lucidez y
+movilidad singular&iacute;simas, sospech&oacute; si aquella mujer padecer&iacute;a
+enajenaci&oacute;n mental. Su tono y su mirar eran muy extra&ntilde;os, impropios del
+lugar y de la sosegada conversaci&oacute;n que ambas sosten&iacute;an. &laquo;A esta mujer
+hay que dejarla&mdash;pens&oacute; Jacinta&mdash;; me callar&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Guardaron silencio un rato mirando al suelo. Jacinta no pensaba en nada
+importante; Fortunata s&iacute;, y por la mente le pas&oacute; toda su historia como
+envuelta en una nube de fuego. Se le vinieron a la boca palabras duras
+para increpar a aquella <i>mona del Cielo</i>, que le hab&iacute;a quitado lo suyo.
+&iquest;Pues no era esto una gran injusticia? Los agravios se le revolv&iacute;an en
+el seno, sali&eacute;ndole a los labios en esa forma descomedida y grosera de
+las hijas del pueblo, cuando se ponen a re&ntilde;ir. &laquo;&iexcl;La cojo y la...!&mdash;dec&iacute;a
+para s&iacute; clav&aacute;ndose las u&ntilde;as en sus propios brazos&mdash;. &iquest;Que es un &aacute;ngel?
+Pues que lo sea... &iquest;Que es una santa? &iquest;Y a m&iacute; qu&eacute;?...&raquo;. Pero de los
+labios para fuera, nada... &laquo;&iexcl;Qu&eacute; cobarde soy! Con una palabra la har&eacute;
+caer redonda, y me tendr&aacute; un miedo tan grande que no le dar&aacute;n ganas de
+volverme a hacer preguntitas...&raquo;.</p>
+
+<p>En esto <i>la mona del Cielo</i>, impaciente porque no ven&iacute;a Guillermina,
+sali&oacute; un instante al corredor. Al verse sola, crey&oacute; sentirse la otra con
+m&aacute;s valor para dar un esc&aacute;ndalo... Toda la rudeza, toda la pasi&oacute;n gozosa
+de mujer del pueblo, ardiente, sincera, ineducada, herv&iacute;a en su alma, y
+una sugesti&oacute;n incre&iacute;ble la impulsaba a mostrarse tal como realmente era,
+sin disimulo hip&oacute;crita. &laquo;&iexcl;Si no volver&aacute;!...&raquo; se dijo mirando al
+corredor, y al decir esto su esp&iacute;ritu volv&iacute;a sobre s&iacute;, penetr&aacute;ndose del
+sentido l&oacute;gico de las cosas... &laquo;Ella es una mujer de m&eacute;rito y yo he sido
+una perdida... Pero yo tengo raz&oacute;n, y perdida o no, la justicia est&aacute; de
+mi parte... porque ella ser&iacute;a yo, si estuviera en mi lugar...&raquo;.</p>
+
+<p>En esto vio que <i>la mona</i> volv&iacute;a... Verla y cegarse fue todo uno. No
+pod&iacute;a darse cuenta de lo que le pas&oacute;. Obedec&iacute;a a un empuje superior a su
+voluntad, cuando se lanz&oacute; hacia ella con la rapidez y el salto de un
+perro de presa. Junt&aacute;ronse, chocando en mitad del angosto pasillo. La
+pr&oacute;jima le clav&oacute; sus dedos en los brazos, y Jacinta la mir&oacute; aterrada,
+como quien est&aacute; delante de una fiera... Entonces vio una sonrisa de
+brutal iron&iacute;a en los labios de la desconocida, y oy&oacute; una voz asesina que
+le dijo claramente: &laquo;Soy Fortunata&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta se qued&oacute; sin habla... despu&eacute;s lanz&oacute; un &iexcl;ay! agud&iacute;simo, como la
+persona que recibe la picada de una v&iacute;bora. En tanto Fortunata mov&iacute;a la
+cabeza afirmativamente con insolente dureza, repitiendo: &laquo;Soy... soy...
+soy la...&raquo;. Pero tan sofocada estaba, que no articul&oacute; las &uacute;ltimas
+palabras. La Delfina baj&oacute; los ojos, y dando un tir&oacute;n se solt&oacute;. Quiso
+decir algo, no pudo. La otra se apart&oacute;, echando llamas de sus ojos y
+resoplidos de su pecho, y andando hacia atr&aacute;s sigui&oacute; diciendo, sin que
+las palabras llegaran a articularse: &laquo;Te cojo y te revuelco... porque si
+yo estuviera donde t&uacute; est&aacute;s, ser&iacute;a...&raquo;. Aqu&iacute; recobr&oacute; el aliento, y pudo
+decir: &laquo;&iexcl;Mejor que t&uacute;, mejor que t&uacute;...!&raquo;.</p>
+
+<p>La de Santa Cruz recobr&oacute; la serenidad, y entrando en la sala, volvi&oacute; a
+ponerse en el sof&aacute;. Su actitud revelaba tanta dignidad como inocencia.
+Era la agredida, y no s&oacute;lo pod&iacute;a serenarse m&aacute;s pronto, sino responder a
+la ofensa con desd&eacute;n soberano y aun con el perd&oacute;n mismo. La otra sinti&oacute;,
+por el contrario, tremendo peso dentro de s&iacute;. &iexcl;Ay, su acci&oacute;n
+descompuesta y brutal le gravit&oacute; en el alma como si la casa se le
+hubiera desplomado encima! No tuvo &aacute;nimo para entrar tambi&eacute;n; tembl&oacute; de
+pensar lo que dir&iacute;a Severiana si se enteraba; pues &iquest;y do&ntilde;a
+Guillermina?... Refugiose en el cuarto de la comandanta, donde hab&iacute;a
+dejado velo y manguito. La cobard&iacute;a que sinti&oacute; impuls&aacute;bala a correr
+hacia la calle. Huir, s&iacute;, y no volver a poner los pies en aquella casa
+ni en parte alguna donde pudiera tener tales encuentros... Sali&oacute; sin
+hacer ruido, desliz&aacute;ndose, y al pasar frente a la puerta, mir&oacute; y la vio
+all&aacute; dentro, al extremo del largo pasillo, que parec&iacute;a un anteojo. La
+ve&iacute;a de perfil, la mano en la mejilla, muy pensativa, y Jacinta no la
+ve&iacute;a a ella. Baj&oacute; y se puso en la calle, acord&aacute;ndose de una de las
+principales recomendaciones que le hab&iacute;a hecho Feijoo: &laquo;No descomponerse
+nunca&raquo;. Pues bien se hab&iacute;a descompuesto aquel d&iacute;a... &laquo;Pero
+verdaderamente&mdash;discurri&oacute; tratando de serenarse&mdash;. Yo &iquest;qu&eacute; le he hecho?,
+nada... &Uacute;nicamente decirle qui&eacute;n soy, para que me conozca...&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Cosa extra&ntilde;a!, le entraron ganas de esperar para verla salir. P&uacute;sose de
+centinela en la calle del Bastero, y cinco minutos despu&eacute;s vio a la
+fundadora entrar en la casa. &laquo;Han de subir por la calle de
+Toledo&mdash;pens&oacute;&mdash;; desde all&iacute; las ver&eacute; sin que me vean. Sigui&oacute; a la calle
+de Toledo, poni&eacute;ndose en acecho en la acera de enfrente, junto a la
+puerta de una taberna. Al cabo de un cuarto de hora, apareci&oacute; por la
+boca-calle la berlina con las dos damas. &laquo;Hablan de m&iacute;, y le est&aacute;
+contando c&oacute;mo pas&oacute; el lance... me imita, remedando mi movimiento, cuando
+la cog&iacute; por los brazos... &iquest;Qu&eacute; dir&aacute;n, Dios m&iacute;o, qu&eacute; dir&aacute;n? Me parece
+o&iacute;rlas... Que soy un trasto y que me deb&iacute;an mandar a presidio&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>Cuando sub&iacute;a la escalera de su casa, se iniciaba en la conciencia
+de la joven una reprobaci&oacute;n clara de lo que hab&iacute;a hecho. &laquo;...Hubiera
+sido mucho mejor&mdash;pens&oacute; deteniendo el paso y tardando un minuto de
+escal&oacute;n a escal&oacute;n&mdash;, decirle aquello de <i>yo soy Fortunata</i>, con calma,
+reparando bien qu&eacute; cara pon&iacute;a ella al o&iacute;rlo, y luego quedarme tan
+fresca, esperando a ver por qu&eacute; registro sal&iacute;a, o echarle tres o cuatro
+chinitas, dici&eacute;ndole que yo tambi&eacute;n soy honrada, claro, y que su marido
+es un tunante... a ver por d&oacute;nde la tomaba&raquo;.</p>
+
+<p>Al entrar en la casa, hall&oacute; a do&ntilde;a Lupe muy incomodada con Papitos,
+sobre cuya inocente cabeza descargaba el mal humor que la noche en vela
+le produjo. Cuanto se hab&iacute;a hecho en su ausencia le parec&iacute;a mal,
+dej&aacute;ndose decir que ni tan siquiera para una obra de caridad pod&iacute;a salir
+de casa, pues en cuanto volv&iacute;a la espalda, era todo un desbarajuste.
+Fortunata comprendi&oacute; que tambi&eacute;n quer&iacute;a meterse con ella; mas no
+teniendo ganas de re&ntilde;ir, dejaba sin contestaci&oacute;n sus refunfu&ntilde;os. &laquo;Mira
+que es pifia mandar traer esta babilla y esta falda que no sirve ni para
+el gato. Tienes la cabeza llena de viento. Nada, en cuanto yo me
+descuido, ya no das pie con bola&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata empezaba a sentirse mal. Ten&iacute;a escalofr&iacute;os, dolor de cabeza y
+ganas de bostezar a cada momento. Conociole do&ntilde;a Lupe en la cara la
+desaz&oacute;n, y le pregunt&oacute; con gran inter&eacute;s: &laquo;&iquest;Tienes ascos, mareos...?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; lo que tengo; pero me acostar&iacute;a de buena gana.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe, al irse a la cocina, iba pensando que aquellos s&iacute;ntomas
+podr&iacute;an anunciar tal vez la probable reproducci&oacute;n del tipo de Rub&iacute;n en
+la especie humana; pero bien sab&iacute;a la otra que no era nada de esto, y
+sin m&aacute;s explicaciones echose, bien envuelta en una manta, en el sof&aacute; de
+su cuarto. Despu&eacute;s que se le aplacara el fr&iacute;o, sinti&oacute; somnolencia, que
+la llev&oacute; a un delirio tranquilo, reproduciendo en su mente la escena
+aquella con varias adiciones de importancia. &iquest;Eran estas algo que con la
+prisa no pudo decir, pero que debi&oacute; haber dicho, o eran simplemente
+desvar&iacute;os de su cerebro encendido por la calentura?... &laquo;&iexcl;Si creer&aacute; esta
+se&ntilde;ora que no hay en el mundo m&aacute;s mujeres honradas que ella!... Que se
+le quite a usted eso de la cabeza. &iexcl;Vaya con el modelo!... &iexcl;A buena
+parte viene usted...! &iquest;Sabe usted, ni&ntilde;a, que como a m&iacute; se me meta en la
+cabeza, le doy a usted honradez y virtudes por los hocicos hasta que no
+quiera m&aacute;s? Porque eso es cuesti&oacute;n de decir: '&iexcl;Ea!'... S&iacute;, y si me atufo
+no hay quien me tosa. &iquest;Pues qu&eacute; cree usted, que a m&iacute; me costar&iacute;a trabajo
+cuidar enfermos y d&aacute;rmelas de muy cat&oacute;lica? Pues si a mano viene me
+pondr&eacute; el mejor d&iacute;a a cuidar y limpiar y revolver los enfermos m&aacute;s
+podridos, y me vestir&eacute; una saya, y recoger&eacute; ni&ntilde;os que no tengan padres,
+que de eso y de mucho m&aacute;s soy yo capaz... &iexcl;Vaya con la <i>mona del Cielo</i>!
+Ea... no venga ac&aacute; vendiendo m&eacute;rito... &iexcl;Y &aacute;ngel me soy! Pues para que lo
+sepa, tambi&eacute;n yo, si me da la gana de ser &aacute;ngel, lo ser&eacute;, y m&aacute;s que
+usted, mucho m&aacute;s. Todas tenemos nuestro &aacute;ngel en el cuerpo...&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de esto, torn&oacute; a ver con claridad las cosas, y dejando vagar sus
+miradas por la habitaci&oacute;n solitaria y semioscura, pensaba en lo mismo,
+pero apreciando mejor la realidad de las cosas. En aquella meditaci&oacute;n,
+lo que descollaba, despu&eacute;s de vueltas mil, era un vivo deseo de ser no
+s&oacute;lo igual, sino superior a la otra. El c&oacute;mo era lo dif&iacute;cil. &laquo;Porque lo
+primero que tengo que hacer es querer a mi marido, y portarme bien para
+que se olviden las maldades que he hecho...&raquo;.</p>
+
+<p>El pensamiento, recorriendo todas las caras del tema, iba de las cosas
+m&aacute;s sutiles a las m&aacute;s triviales. &laquo;Me tengo que hacer una falda
+enteramente igual a la que llevaba ella... lo mismito, con aquel
+tableado; y si encontrara tela igual... La verdad es que tiene la mona
+un aire de se&ntilde;or&iacute;o y de... de... &iquest;de qu&eacute;?, de majestad, s&iacute;... &iexcl;Bah!,
+esto es idea, idea nada m&aacute;s de los que la miran, porque con aquello de
+que es &aacute;ngel... A saber si lo es realmente, que las apariencias
+enga&ntilde;an...&raquo;.</p>
+
+<p>Sacola de esta cavilaci&oacute;n do&ntilde;a Lupe, que entr&oacute; con pisadas de gato, y le
+dijo que era preciso tomara algo. Negose Fortunata a comer cosa alguna,
+y dijo que lo &uacute;nico que apetec&iacute;a era una naranja para chuparla.
+&laquo;&iquest;Antojitos ya?&raquo; murmur&oacute; la t&iacute;a sonriendo, y mand&oacute; a Papitos por la
+naranja.</p>
+
+<p>Mientras la chupaba, haci&eacute;ndole un agujerito y apret&aacute;ndola como aprietan
+los chicos la teta, a la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n le pas&oacute; por el cerebro otra
+r&aacute;faga de aquel furor que determin&oacute; el acto de la ma&ntilde;ana: &laquo;Tu marido es
+m&iacute;o y te lo tengo que quitar... Pinturera... santurrona... ya te dir&eacute; yo
+si eres &aacute;ngel o lo que eres... Tu marido es m&iacute;o; me lo has robado...
+como se puede robar un pa&ntilde;uelo. Dios es testigo, y si no, preg&uacute;ntale...
+Ahora mismo lo sueltas o ver&aacute;s, ver&aacute;s qui&eacute;n soy...&raquo;.</p>
+
+<p>Quedose dormida, dejando caer al suelo la naranja. Despert&oacute; al sentir
+sobre su frente la mano de su amante esposo, que hab&iacute;a subido a comer, y
+enterado de que estaba indispuesta, se asust&oacute; mucho, Do&ntilde;a Lupe quiso
+hacerle concebir esperanzas de sucesi&oacute;n; pero &eacute;l, moviendo la cabeza con
+expresi&oacute;n esc&eacute;ptica y desconsolada, entr&oacute; en la alcoba y le palp&oacute; la
+frente a su mujer.</p>
+
+<p>&laquo;Hija de mi vida, &iquest;qu&eacute; tienes?&raquo;.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r esta terneza y al ver delante la figura de Maxi, Fortunata sinti&oacute;
+fuerte sacudida en su interior. Como una neurosis constitutiva de esas
+que se manifiestan de repente, cuando menos se las espera, as&iacute; se
+present&oacute; en el alma de la joven, a golpe, y a manera de explosi&oacute;n de
+p&oacute;lvora, la aversi&oacute;n que su marido le hab&iacute;a inspirado en otro tiempo. Lo
+primero que pens&oacute; fue c&oacute;mo hab&iacute;a reto&ntilde;ado tan de repente la infame
+planta del odio que ella cre&iacute;a seca y muerta, o al menos moribunda. Le
+miraba, y mientras m&aacute;s le miraba, peor... Se volvi&oacute; del otro lado
+respondiendo con sequedad: &laquo;Nada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes lo que dice la t&iacute;a?... oye...</p>
+
+<p>La opini&oacute;n de la t&iacute;a aumentaba la malquerencia de la sobrina y el vivo
+deseo de perder de vista a su marido. Cerrando los ojos, invoc&oacute; a Dios y
+a la Virgen, de quien esperaba auxilio para poder curarse de aquella
+insana antipat&iacute;a; pero ni por esas... &laquo;Si no le puedo ver; &iexcl;si me ir&iacute;a
+al fin del mundo por no verle...! &iexcl;Y yo cre&iacute; que le iba tomando cari&ntilde;o!
+&iexcl;Buen cari&ntilde;o nos d&eacute; Dios! Ni s&eacute; yo en qu&eacute; estaba pensando Feijoo...
+Tonto &eacute;l, y yo m&aacute;s tonta en hacerle caso&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi, al tomarle el pulso, ech&oacute; por aquella boca una retah&iacute;la de frases
+de medicina, concluyendo por decir: &laquo;Subir&eacute; esta noche un
+antiespasm&oacute;dico, jarabe de azahar con bromuro, y quiz&aacute;s, quiz&aacute;s unas
+pildoritas de sulfato de quinina. Hay fiebre, aunque poca. Principio de
+un fuerte catarro. T&uacute; te has enfriado en aquella maldita casa de
+corredor... o te habr&aacute;s atufado con alg&uacute;n brasero&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata pens&oacute; que, en efecto, se hab&iacute;a atufado, pero no con brasero.
+Cediendo a los ruegos de su marido y de do&ntilde;a Lupe, se acost&oacute;, y a prima
+noche estaba m&aacute;s tranquila, desvelada, sin ning&uacute;n apetito, oyendo con
+desagrado el ruido de los platos y cucharas que del comedor ven&iacute;a a la
+hora de cenar. Nicol&aacute;s hablaba por los codos. &laquo;Mejor es que no tomes
+nada, si no tienes gana&mdash;le dijo Maxi, que entr&oacute; mascando el postre y
+con un higo pasado en la mano&mdash;. Por si acaso, no bajar&eacute; esta noche a la
+botica, y te acompa&ntilde;ar&eacute;&raquo;. La peor de las medicinas era esta, pues
+gustaba la joven de estar sola, entretenida con sus pensamientos. Hizo
+por dormirse; su marido le at&oacute; fuertemente un pa&ntilde;uelo a la cabeza, y
+despu&eacute;s se puso junto a la cama. Despu&eacute;s de un breve sue&ntilde;o, vio ella la
+escueta figura de Maxi dando paseos en la habitaci&oacute;n. Tan pronto miraba
+su persona como su sombra corriendo por la pared, larga, angulosa,
+dobl&aacute;ndose en las esquinas del muro. &laquo;&iexcl;Ah!... Jacinta, yo te quisiera
+ver casada con este... Entonces me reir&iacute;a, me estar&iacute;a riendo tres a&ntilde;os
+seguidos&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano se desnudaba para acostarse. Al quitarse el chaleco, sal&iacute;an
+de las boca-mangas los hombros, como alones de un ave flaca que no tiene
+nada que comer. Luego, los pantalones echaron de s&iacute; aquellas piernas
+como bastones que se desenfundan. Todas sus coyunturas funcionaban con
+trabajo, cual si estuvieran mohosas, y el pelo se le hab&iacute;a hecho tan
+ralo, que su cabeza ofrec&iacute;a una de esas calvas sin dignidad que suelen
+verse en j&oacute;venes de poca y mala sangre. Al meterse en la cama y estirar
+los huesos, exhalaba un <i>&iexcl;ah!</i> que no se sab&iacute;a si era de dolor o de
+gusto. Fortunata, fingiendo dormir, se volvi&oacute; para el otro lado y a
+media noche dorm&iacute;a de veras.</p>
+
+<p>A la madrugada abri&oacute; los ojos. La alcoba estaba en completa oscuridad.
+Oy&oacute; la respiraci&oacute;n de su marido, &aacute;spera a ratos, a ratos silbante y con
+diversos flauteados, como si el aire encontrase en aquel pecho
+obstrucciones gelatinosas y leng&uuml;etas met&aacute;licas. Incorporose Fortunata,
+cediendo a un movimiento interior cuyo impulso inicial se determin&oacute;
+cuando estaba dormida. Lo que pensaba entonces era por dem&aacute;s peregrino.
+El disparate que se le hab&iacute;a ocurrido, porque disparate era y de los
+gordos, fue que deb&iacute;a echarse del lecho muy callandito, buscar a tientas
+su ropa, vestirse... ir hacia la percha, coger su bata y pon&eacute;rsela. El
+mant&oacute;n, &iquest;d&oacute;nde estaba? No pudo recordarlo; pero lo buscar&iacute;a, a tientas
+tambi&eacute;n; y una vez hallado, saldr&iacute;a de la alcoba, coger&iacute;a el llav&iacute;n que
+estaba colgado de un clavo en el recibimiento, y &iexcl;aire!... &iexcl;a la calle!
+La idea de la evasi&oacute;n estuvo flameando un rato sobre sus sesos, como una
+luz de alcohol, sin que pudiera entender c&oacute;mo se hab&iacute;a encendido
+semejante idea. En el bolsillo de la bata ten&iacute;a medio duro, una peseta,
+y algunos cuartos, la vuelta del duro que dio a Papitos para que le
+trajera... no recordaba qu&eacute;. Pues con aquel dinero ten&iacute;a bastante. &iquest;Para
+qu&eacute; m&aacute;s? &iquest;Y a d&oacute;nde ir&iacute;a? A una casa de hu&eacute;spedes. No... a casa de D.
+Evaristo... No, porque D. Evaristo la re&ntilde;ir&iacute;a. Esta idea de que la
+re&ntilde;ir&iacute;a su <i>padrino</i> fue el golpe que le aclar&oacute; el sentido, porque la
+idea de la fuga era un rastro del sue&ntilde;o. &laquo;&iquest;Estoy despierta o dormida?&raquo;
+se preguntaba al reconocer su desatino; y quedose un rato sentada en la
+cama, con la mano en la mejilla. El pa&ntilde;uelo se le hab&iacute;a desatado de la
+cabeza, y deshecho el peinado, sus espesas guedejas le ca&iacute;an sobre los
+hombros. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; marido este!&mdash;pensaba, recogi&eacute;ndose el cabello&mdash;, &iexcl;ni
+atar un pa&ntilde;uelo sabe!&raquo;. Despu&eacute;s crey&oacute; ver ojos, que en aquella profunda
+oscuridad la miraban. &laquo;Debo de estar so&ntilde;ando todav&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; me miras t&uacute;?
+&iquest;Qu&eacute; dices? &iquest;Que estoy guapa? Ya lo creo. M&aacute;s que tu mujer&raquo;.</p>
+
+<p>Y se volvi&oacute; a acostar. Maximiliano, al revolverse, le dio un
+encontronazo con un omoplato. &laquo;&iexcl;Ay!, me ha hecho ver las estrellas&raquo; dijo
+para s&iacute; Fortunata, recogi&eacute;ndose m&aacute;s en su lado.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Duermes, vidita?&raquo; murmur&oacute; el otro despert&aacute;ndose, y rechupando luego
+como si tuviera una pastilla en la boca.</p>
+
+<p>Pero sin o&iacute;r la respuesta, se volvi&oacute; a dormir.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente Fortunata se sent&iacute;a mejor; pero a&uacute;n estaba en la
+cama cuando su marido, despu&eacute;s de dar una vuelta por la botica, subi&oacute; a
+verla. &laquo;&iquest;Qu&eacute; tal?&mdash;le dijo inclin&aacute;ndose sobre ella y bes&aacute;ndola en
+frente&mdash;. Te puedes levantar.</p>
+
+<p>El d&iacute;a est&aacute; bueno. &iexcl;Ay!, yo tengo menos salud que t&uacute;, y no me quejo
+tanto. Siento tal debilidad que a veces me cuesta trabajo mover un dedo.
+Todos los huesos me duelen, y la cabeza la siento a ratos como si
+estuviera vac&iacute;a, sin sesos... Pero no me duele, y esto es mala se&ntilde;al,
+porque las jaquecas son un puntal de la vida. Yo no s&eacute; lo que me pasa. A
+ratos me distraigo, me entra como un olvido, me quedo lelo sin saber
+d&oacute;nde estoy ni lo que hago... Pues digo, &iquest;y cu&aacute;ndo pierdo la memoria y
+se me va de ella lo que m&aacute;s s&eacute;?... T&uacute; estar&aacute;s buena ma&ntilde;ana; pero yo no
+s&eacute; a d&oacute;nde voy a parar con estas cosas. Dice Ballester que tome mucho
+hierro, pero mucho hierro, y que esto es falta de gl&oacute;bulos en la sangre,
+y as&iacute; debe de ser... Esta m&aacute;quina m&iacute;a nunca ha sido muy famosa, y ahora
+est&aacute; que no vale dos cuartos...&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata le miraba y sent&iacute;a una l&aacute;stima profunda. Quiz&aacute;s esta l&aacute;stima
+refrescaba el cari&ntilde;o fraternal que hab&iacute;a empezado a marchitarse. Pero no
+estaba muy segura de esto, y cuando le vio salir, pensaba que si aquella
+planta raqu&iacute;tica del cari&ntilde;o se agostaba, deb&iacute;a hacer ella esfuerzos
+colosales por impedirlo.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s, hall&aacute;ndose en el gabinete sentada junto al balc&oacute;n, por
+donde entraba el sol, sinti&oacute; en los pasillos ruidos de voces que al
+pronto no se pod&iacute;a saber si eran de gozo o de ira. Pero ni tuvo tiempo
+de asustarse porque vio entrar a Nicol&aacute;s haciendo aspavientos de j&uacute;bilo,
+el rostro encendido, los ojos chispos, y lleg&aacute;ndose a su cu&ntilde;ada le dio
+un fuerte abrazo:</p>
+
+<p>&laquo;Denme todos la enhorabuena... Ya... al fin... No ha sido favor, sino
+justicia. Pero estoy muy agradecido a las personas que...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias a Dios! Ya tenemos a Periquito hecho fraile&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe,
+que despu&eacute;s de haber recibido el estruj&oacute;n en el pasillo, entraba tras
+&eacute;l, radiante de dicha, porque se le quitaba de encima aquella fiera
+boca&mdash;. &iquest;Y de d&oacute;nde?</p>
+
+<p>&mdash;De Orihuela, t&iacute;a&mdash;replic&oacute; el cl&eacute;rigo frot&aacute;ndose las manos&mdash;. Mala
+catedral; pero ya veremos si sale una permuta.</p>
+
+<p>&mdash;Can&oacute;nigo te vean mis ojos, que Papa como tenerlo en la mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;nto me alegro!&mdash;dijo Fortunata por decir algo, y mir&oacute; a la calle
+al trav&eacute;s de los cristales, temiendo que le leyeran en la cara los
+pensamientos que la canonj&iacute;a de su cu&ntilde;ado le suger&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Lo que es el mundo!&mdash;pensaba&mdash;. Raz&oacute;n ten&iacute;a D. Evaristo. Hay dos
+sociedades, la que se ve y la que est&aacute; escondida. Si no hubiera sido por
+mi maldad, &iexcl;cu&aacute;ndo habr&iacute;a sido can&oacute;nigo este tonto de capirote,
+ordinario y hediondo! &iexcl;Y &eacute;l tan satisfecho!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Me voy ma&ntilde;ana mismo a que me den la colaci&oacute;n... Pero antes convido a
+todo el mundo. Juan Pablo no lo sabe todav&iacute;a. &iexcl;Que rabie!...</p>
+
+<p>Ayer me apostaba que no me la dar&iacute;an. Ese Villalonga es una gran
+persona, y Feijoo lo que se llama un caballero, y el Ministro tambi&eacute;n...
+&iquest;Sab&eacute;is qui&eacute;n me dio la noticia? Pues Leopoldo Montes, que est&aacute; ahora en
+Gracia y Justicia. Corr&iacute; all&aacute;, y cuando el jefe del personal de
+catedrales me dijo que eran ciertos los toros, cre&iacute; que me daba un
+desmayo. La credencial estaba all&iacute;, y no me la hab&iacute;an mandado por no
+saber mis se&ntilde;as... Lo repito, convido a todo Cristo... a lo que
+quieran... y convido a las de Torquemada, a Ballester... a do&ntilde;a Casta y
+sus simp&aacute;ticas hijas...</p>
+
+<p>&mdash;Para, hijo, para&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe amosc&aacute;ndose&mdash;, que para esas
+convidadas no te va a bastar el sueldo de un a&ntilde;o; y si piensas que yo
+cargo con el mochuelo de los gastos, te equivocas...</p>
+
+<p>Nicol&aacute;s se calm&oacute; luego, tomando el tono que cuadra a un sacerdote y con
+el cual sab&iacute;a &eacute;l muy bien rectificar la descompostura que le produc&iacute;an
+la ira o el contento. &laquo;Nada, yo estoy satisfecho, y aunque creo que me
+lo merezco por mis estudios y por los servicios que he prestado en el
+confesonario, no he de tener orgullo; y desde ahora lo digo, me he de
+llevar bien con mis compa&ntilde;eros de cabildo... esta es la cosa. A m&iacute; me
+gusta la paz y concordia entre pr&iacute;ncipes cristianos. Una vida
+descansada, mi misita por las ma&ntilde;anas con la fresca, mi corito ma&ntilde;ana y
+tarde, mi altar mayor cuando me toque, mi pase&iacute;to por las tardes, y
+vengan penas&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando estaban almorzando, Fortunata no pod&iacute;a alejar de s&iacute; este
+comentario: &laquo;Si fue un bien que me adecentaras, est&uacute;pido, ya te lo he
+pagado y no te debo nada&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Yo tengo que ir al Monte&mdash;le dijo m&aacute;s tarde do&ntilde;a Lupe&mdash;, que hoy
+empiezan las subastas. Ten cuidado con Papitos, que estos d&iacute;as anda muy
+salida. T&uacute; la echas a perder con tus benevolencias. Date una vuelta por
+la cocina y no le quites ojo. Hazle que ponga el bacalao de remojo o
+ponlo t&uacute;. Y que cuando yo venga est&eacute; lavada toda la ropa&raquo;.</p>
+
+<p>Quedose sola Fortunata con la chiquilla; pero no pudo vigilarla, porque
+toda la tarde estuvieron entrando visitas. Primero fue do&ntilde;a Casta
+Moreno, viuda de Samaniego, con sus hijas, dos j&oacute;venes muy bien educadas
+o que se lo cre&iacute;an ellas. La mam&aacute; pertenec&iacute;a a la familia de los
+Morenos, que en el primer tercio del siglo se dividieron en dos grandes
+ramas, los <i>Morenos ricos</i> y los <i>Morenos pobres</i>; pero habiendo nacido
+en la primera de estas ramas, vino a parar a la segunda. Cas&oacute; con
+Samaniego, hombre de bien y muy entendido en Farmacia, pero que no supo
+hacerse rico. Por los Trujillos, ten&iacute;a do&ntilde;a Casta parentesco remoto con
+Barbarita; pero habiendo sido muy amigas en la ni&ntilde;ez, apenas se trataban
+ya, porque la fortuna y las vicisitudes de la vida las hab&iacute;an alejado
+considerablemente una de otra. Sus relaciones eran intermitentes. A
+veces se ve&iacute;an y se saludaban; a veces no. Les pasaba lo que a muchas
+personas que se han tratado en la infancia y que despu&eacute;s est&aacute;n a&ntilde;os y
+m&aacute;s a&ntilde;os sin verse. Resulta que cuando se encuentran dudan si hablarse o
+no, y al fin no se hablan, porque ninguna se decide a ser la primera.</p>
+
+<p>M&aacute;s cercano y claro era el parentesco de Casta con Moreno-Isla, el
+cual, a pesar de ser <i>Moreno rico</i>, manten&iacute;a cierta comunicaci&oacute;n de
+familia con aquella <i>Moreno pobre</i>, visit&aacute;ndola alguna vez. Se tuteaban
+por resabio de la ni&ntilde;ez; pero sus relaciones eran fr&iacute;as, lo
+absolutamente preciso para salvar el principio del linaje. La rama de
+los Moreno-Isla establec&iacute;a adem&aacute;s un enlace remoto entre do&ntilde;a Casta y
+Guillermina Pacheco; pero este parentesco era ya de los que no coge un
+galgo. Guillermina y la viuda de Samaniego no se hab&iacute;an tratado nunca.</p>
+
+<p>Jact&aacute;base do&ntilde;a Casta de haber educado muy bien a sus dos hijas. La
+mayor, Aurora, guapetona, viuda de un franc&eacute;s, era mujer de mucha
+disposici&oacute;n para el trabajo. Hab&iacute;a vivido alg&uacute;n tiempo en Francia,
+dirigiendo un gran establecimiento de ropa blanca, y ten&iacute;a h&aacute;bitos
+independientes y mucho tino mercantil. La segunda, Olimpia, hab&iacute;a estado
+asistiendo al Conservatorio siete a&ntilde;os seguidos, y obtenido muchos
+premios de piano. Su mam&aacute; quer&iacute;a que fuese profesora consumada, y para
+demostrarlo en los ex&aacute;menes y obtener buena nota, la hac&iacute;a estudiar una
+pieza, con la cual mortificaba a la vecindad d&iacute;a y noche, durante meses
+y aun a&ntilde;os. Contaba esta ni&ntilde;a la serie de sus novios por los dedos de
+las manos; pero lo que es a casarse no hab&iacute;an tocado todav&iacute;a.</p>
+
+<p>Fortunata simpatizaba mucho con Aurora y muy poco con la mam&aacute; y con
+Olimpia. Tem&iacute;a que se burlasen de ella, por su falta de educaci&oacute;n, y que
+la estimaran en poco, sabedoras de su pasado. Reconociendo que le eran
+las tres muy superiores por la crianza y el acertado empleo de palabras
+finas, a veces qued&aacute;base a oscuras de lo que hablaban, y s&oacute;lo asent&iacute;a
+con movimientos de cabeza. Siempre era de la opini&oacute;n de ellas, pues
+aunque pensara de distinta manera, no se atrev&iacute;a a expresar su
+disentimiento. Aquella tarde, por causa de su situaci&oacute;n de esp&iacute;ritu,
+estaba la de Rub&iacute;n m&aacute;s cohibida que nunca y deseando que se marchasen.
+Pero desgraciadamente nunca estuvo do&ntilde;a Casta m&aacute;s habladora. Sent&iacute;a
+mucho no encontrar a Lupe, pues deseaba comunicarle noticias de la mayor
+trascendencia. Aurora iba a ponerse al frente de un establecimiento de
+ropa blanca, montado a estilo de los mejores que hay en Par&iacute;s y Londres.
+&iquest;Qu&eacute; tal?</p>
+
+<p>Esforz&aacute;base la mujer de Maxi en disimular el aburrimiento que esto le
+causaba, y a la hip&eacute;rbole de do&ntilde;a Casta respond&iacute;a con exclamaciones de
+pasmo y asentimiento. &laquo;Mi hija&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la viuda de Samaniego&mdash;, estar&aacute;
+encargada de la direcci&oacute;n de los <i>trousseaux</i>, canastillas de bautizo y
+dem&aacute;s g&eacute;nero elegante, y tendr&aacute; sueldo y participaci&oacute;n en los
+beneficios. El due&ntilde;o de este gran establecimiento, que tanto ha de
+llamar la atenci&oacute;n, es Pepe Samaniego, a quien ha facilitado el dinero
+para montarlo mi <i>primo</i> D. Manuel Moreno-Isla, el hombre m&aacute;s bueno y
+m&aacute;s generoso del mundo, y con un capital... &iexcl;qu&eacute; capital! Y vea usted,
+es soltero... y se pasa la vida en Londres aburri&eacute;ndose... Lo que yo
+digo; podr&iacute;a haber hecho feliz a una joven, de las muchas que hay en la
+familia... Siempre que viene a verme, le largo un <i>espich</i> como &eacute;l dice,
+&eacute;l se r&iacute;e, se r&iacute;e...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero qu&eacute; me importar&aacute;n a m&iacute; todas estas cosas!&mdash;pensaba Fortunata,
+que ya no pod&iacute;a sostener m&aacute;s tiempo el papel, ni sab&iacute;a de d&oacute;nde sacar
+los monos&iacute;labos y las sonrisas.</p>
+
+<p>Por fin quiso Dios misericordioso que <i>las Samaniegas</i> se marcharan;
+pero no hab&iacute;an pasado diez minutos cuando entr&oacute; D. Evaristo, con su
+criado, que le sosten&iacute;a por el brazo derecho, y Fortunata le condujo
+hasta la sala en una de cuyas butacas se sent&oacute; el anciano pesadamente.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Do&ntilde;a Lupe...?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No hay nadie&mdash;dijo ella, lo que significaba: estoy sola, puede usted
+hablar con libertad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, sola... &iquest;y qu&eacute; tal...? Me dijeron que estabas... que estaba
+usted algo mala...</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de decirle que su enfermedad no hab&iacute;a sido nada, la chulita se
+sent&oacute; junto a &eacute;l, haciendo prop&oacute;sito de contarle la verdadera dolencia
+que sufr&iacute;a, que era puramente moral, y con los m&aacute;s graves caracteres.
+Pensaba preguntar a su sabio amigo y maestro, por qu&eacute; todo aquel
+desorden se hab&iacute;a manifestado a consecuencia de las breves palabras que
+cruz&oacute; con Jacinta. &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n ten&iacute;a aquella mujer con su conducta y
+con sus sentimientos? Sobre esto le dir&iacute;a algo sustancioso aquel sagaz
+conocedor del coraz&oacute;n humano y del mundo, porque ella se devanaba los
+sesos y no pod&iacute;a dar con la raz&oacute;n de que <i>la mona</i> le trastornase su
+esp&iacute;ritu. Si era &aacute;ngel, &iquest;por qu&eacute; la hac&iacute;a mala? &iquest;Por qu&eacute; era con ella lo
+que es el demonio con las criaturas, que las tienta y les inspira el
+mal? Luego no era &aacute;ngel. Otro punto oscuro quer&iacute;a consultarle, y era que
+sent&iacute;a deseos viv&iacute;simos de parecerse a aquella mujer, y ser, si no
+mejor, lo mismo que ella. Luego Jacinta no era demonio.</p>
+
+<p>Lo dif&iacute;cil era explicar esto de modo que el amigo Feijoo lo entendiese,
+porque ya se sabe que no se daba buena mano para encontrar las palabras
+que en el lenguaje corriente expresan las cosas espirituales y
+enrevesadas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>Lo peor del caso fue que a&uacute;n no hab&iacute;a empezado la consulta
+cuando entr&oacute; do&ntilde;a Lupe, quien invit&oacute; al Sr. de Feijoo a tomar chocolate.
+No se hizo de rogar el buen caballero, y la misma viuda de J&aacute;uregui se
+lo sirvi&oacute;. Mientras lo tomaba, hablaron de las visitas que t&iacute;a y sobrina
+hac&iacute;an a la calle de Mira el R&iacute;o. &laquo;Yo&mdash;declaraba do&ntilde;a Lupe&mdash;, reconozco
+que no tengo valor ni est&oacute;mago para practicar la caridad en ese grado.
+Admiro mucho a <i>la amiga</i> Guillermina; pero no la puedo imitar&raquo;. Feijoo
+expuso sobre aquel tema de la filantrop&iacute;a algunas consideraciones muy
+sesudas, y despidiose, dando a cada una de las se&ntilde;oras un fuerte apret&oacute;n
+de manos.</p>
+
+<p>Aquella noche not&oacute; Fortunata en su marido algo que la puso en cuidado.
+Durante la comida no hab&iacute;a dicho una palabra; ten&iacute;a el color arrebatado,
+estaba muy inquieto, dando a cada instante suspiros hond&iacute;simos. Cuando
+subi&oacute; a acostarse no ten&iacute;a ya el rostro encendido, sino de color de
+cola. &laquo;&iquest;Tienes jaqueca?&raquo; le pregunt&oacute; su mujer, vi&eacute;ndole desplomarse en
+una silla y apoyar la cabeza en las manos. Contest&oacute; Maxi que no, que la
+cabeza no le dol&iacute;a nada, y que lo que le aterraba era sentir el cr&aacute;neo
+vac&iacute;o, <i>desalquilado</i>, como una casa <i>con papeles</i>.</p>
+
+<p>&laquo;Hace poco&mdash;dijo con desaliento amargo&mdash;, perd&iacute; la memoria de tal
+modo... que... no sab&iacute;a c&oacute;mo te llamas t&uacute;. Ven&iacute;a subiendo la escalera, y
+me entr&oacute; tal rabia, que me pregunt&eacute; a gritos: '&iquest;Pero c&oacute;mo se llama, c&oacute;mo
+se llama?...'. Me acord&eacute; al entrar en la casa. Hoy estaba haciendo una
+medicina para un enfermo de los ojos, y en vez del sulfato de <i>atropina</i>
+puse el de <i>eserina</i>, que es la indicaci&oacute;n contraria. Si no lo advierte
+Ballester... &iexcl;qu&eacute; atrocidad!, dejo ciego al enfermo... No puedo
+trabajar. Esta cabeza se me ha trastornado. Fig&uacute;rate que a ratos...&raquo;.</p>
+
+<p>Diciendo esto la miraba de hito en hito, y Fortunata no sab&iacute;a disimular
+bien el terror que aquellos ojos le causaban.</p>
+
+<p>&laquo;Fig&uacute;rate que a ratos me siento tan est&uacute;pido, pero tan est&uacute;pido, que
+creo tener por cabeza un pedazo de granito. No salta aqu&iacute; una idea
+aunque me d&eacute; con un martillo. Y otros ratos parece que me vuelvo el
+hombre de m&aacute;s seso del mundo, &iexcl;y se me ocurren unas cosas...! De tan
+sublimes que son no las puedo expresar; me tiembla la lengua, me la
+muerdo y escupo sangre... Despu&eacute;s me quedo como el que sale de un
+desmayo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Acu&eacute;state y descansa&mdash;le propuso su mujer compadecida y asustada&mdash;.
+Eso no es m&aacute;s que cansancio de tanto discurrir.</p>
+
+<p>Maximiliano empez&oacute; a desnudarse, deteni&eacute;ndose a cada momento.</p>
+
+<p>&laquo;En cuanto muevo un brazo&mdash;dec&iacute;a con terror&mdash;, me aumentan de tal modo
+las palpitaciones que no puedo respirar. Ballester dice que es nervioso,
+una hiperquinesia del coraz&oacute;n, producida por la dispepsia... gases...
+Pero yo digo que no, que no, que esto es m&aacute;s grave. Es la aorta... Yo
+tengo una aneurisma, y el mejor d&iacute;a, plaf... revienta...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No seas aprensivo... Si no leyeras librotes de Medicina no se te
+ocurrir&iacute;an esos disparates&mdash;opin&oacute; ella sac&aacute;ndole los pantalones.</p>
+
+<p>Quedose con las piernas tiesas, en calzoncillos, esperando a que su
+mujer le quitara tambi&eacute;n las botas. &laquo;Dios te lo pague, hija de mi vida.
+Ay&uacute;dame, que bien lo necesita tu pobre marido. Estoy lucido, como hay
+Dios&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata le cogi&oacute; gallardamente en brazos y le meti&oacute; en la cama. A&uacute;n
+pod&iacute;a ella m&aacute;s. Ambos se re&iacute;an; pero despu&eacute;s de la risa, Maximiliano dio
+un suspiro, diciendo con la tristeza mayor del mundo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; fuerza tienes!... &iexcl;Y yo qu&eacute; d&eacute;bil! &iexcl;Y a este llaman sexo fuerte!
+&iexcl;Valiente sexo el m&iacute;o!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Du&eacute;rmete y no pienses en tonter&iacute;as&raquo; indic&oacute; ella que, movida de piedad,
+crey&oacute; oportuno y caritativo hacerle algunas caricias.</p>
+
+<p>&mdash;Si no fuera por ti&mdash;dijo &eacute;l, como un ni&ntilde;o mimoso&mdash;, no se me
+importar&iacute;a que la vida se me acabara... El mundo no vale nada sino por
+el amor. Es lo &uacute;nico efectivo y real; lo dem&aacute;s es figurado.</p>
+
+<p>Acostose tambi&eacute;n ella, y estuvo d&aacute;ndole conversaci&oacute;n hasta que le entr&oacute;
+sue&ntilde;o. &iexcl;Pobre chico! La l&aacute;stima que Fortunata sent&iacute;a, apagaba en su
+esp&iacute;ritu la aversi&oacute;n, o al menos la escond&iacute;a, como en un repliegue, no
+permiti&eacute;ndole manifestarse. Y la compasi&oacute;n hac&iacute;a que brotaran en su
+voluntad aquellos deseos de virtud sublime que a ratos surg&iacute;an como flor
+de un minuto, criada por la emulaci&oacute;n. La emulaci&oacute;n o la man&iacute;a imitativa
+eran lo que determinaba la idea de que si su marido se pon&iacute;a muy malo,
+muy malo, ella ser&iacute;a la maravilla del mundo por el esmero en asistirle y
+cuidarle. Mas para que el triunfo fuese completo era menester que a Maxi
+le entrase una enfermedad asquerosa, repugnante y pest&iacute;fera, de esas que
+ahuyentan hasta a los m&aacute;s allegados. Ella, entonces, dar&iacute;a pruebas de
+ser tan &aacute;ngel como otra cualquiera, y tendr&iacute;a alma, paciencia, valor y
+est&oacute;mago para todo. &laquo;Y entonces ver&iacute;a <i>esa</i> si aqu&iacute; hay perfecciones o
+no hay perfecciones, y que cada una es cada una... Lo malo ser&iacute;a que no
+lo viese, porque ac&aacute; no ha de venir...&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano la distrajo de esta meditaci&oacute;n, dando quejidos profundos. Ya
+conoc&iacute;a aquello su mujer y sab&iacute;a el remedio, que era volverlo suavemente
+del otro lado...</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; sue&ntilde;o!&mdash;murmur&oacute; Maxi medio despierto&mdash;. So&ntilde;aba que te hab&iacute;as
+marchado... y yo te hab&iacute;a cogido de un pie, y t&uacute; tirabas, y yo tiraba
+m&aacute;s, y tirando se me romp&iacute;a la bolsa del aneurisma, y todo el cuarto se
+llenaba de sangre, todo el cuarto, hasta el techo...&raquo;.</p>
+
+<p>Le arrull&oacute; para que se durmiera, y ella se durmi&oacute; tambi&eacute;n. Levantose
+temprano porque ten&iacute;a que trabajar. Despu&eacute;s de las nueve, cuando entr&oacute;
+en la alcoba a ver si a su marido se le ofrec&iacute;a alguna cosa, este se
+estaba vistiendo, y en una disposici&oacute;n de &aacute;nimo muy distinta de la que
+tuviera la noche anterior. No s&oacute;lo parec&iacute;a recobrado de su debilidad,
+sino que estaba inquieto, &aacute;gil y como si acabara de tomar un excitante
+muy en&eacute;rgico. En cuanto entr&oacute; su mujer, se fue derecho a ella,
+aboton&aacute;ndose el cuello de la camisa, y en tono de acritud le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Oye... estaba deseando que vinieras para decirte que esas visitas del
+se&ntilde;or de Feijoo me cargan. Anoche te lo iba a decir y se me olvid&oacute;... Ya
+lo sabes... S&eacute; que ayer tarde estuvo aqu&iacute; otra vez y le dieron chocolate
+con mojic&oacute;n. Me lo cont&oacute; mi hermano Juan, que pasaba por la calle cuando
+&eacute;l sal&iacute;a, y hablaron&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata estaba pasmada de aquel exabrupto, y m&aacute;s a&uacute;n del tono. Por las
+ma&ntilde;anas, sol&iacute;a estar Maximiliano algo rega&ntilde;&oacute;n y displicente; pero nunca
+como aquel d&iacute;a. Volvi&eacute;ndose hacia el espejo para ponerse la corbata,
+prosigui&oacute; diciendo: &laquo;Es que parece que hacen las cosas a prop&oacute;sito para
+molestarme, para que rabie... Y no eres t&uacute; sola... mi t&iacute;a tambi&eacute;n. Se
+han propuesto sin duda hacerme perder la salud&raquo;.</p>
+
+<p>En el espejo pudo ver Fortunata la cara p&aacute;lida y contra&iacute;da de Maxi, cuya
+susceptibilidad nerviosa se manifestaba en un movimiento vibratorio de
+cabeza, la cual parec&iacute;a querer arrancarse por s&iacute; misma del tronco.
+Disculpose ella como pudo; pero &eacute;l, en vez de calmarse, sigui&oacute;
+quej&aacute;ndose de que le mortificaban adrede, de que se propon&iacute;an acabar con
+&eacute;l. La esposa callaba, sospechando que su marido no ten&iacute;a la cabeza
+buena, y que ser&iacute;a peor llevarle la contraria. Desde entonces pudo
+observar que por las ma&ntilde;anas se repet&iacute;a en Maxi la misma excitaci&oacute;n, y
+la terquedad de que todas las personas de la familia se confabulaban
+contra &eacute;l para atormentarle. Unas veces tomaba pie de alguna falta
+advertida en la ropa, bot&oacute;n ca&iacute;do, ojal roto, o cosa semejante. Otras,
+era que le pon&iacute;an un chocolate muy malo para que reventara... &iexcl;como que
+le quedan envenenar...!, o bien que dejaban los balcones y las puertas
+abiertas para que entrase un aire colado y le partiese. Estas man&iacute;as
+iban de mal en peor, poniendo a do&ntilde;a Lupe de un humor acerb&iacute;simo y
+haci&eacute;ndole presagiar alguna desgracia. Lleg&oacute; d&iacute;a en que Maxi se
+expresaba con una violencia muy opuesta a su car&aacute;cter pac&iacute;fico, y cuando
+no le contradec&iacute;an, se contestaba &eacute;l, echando le&ntilde;a por s&iacute; propio en la
+hoguera de su ira; y por fin se iba refunfu&ntilde;ando, cerraba con golpe
+formidable la puerta, y bajaba la escalera de cuatro en cuatro pelda&ntilde;os.</p>
+
+<p>Por las noches el lobo se trocaba en cordero. Creer&iacute;ase que la fuerte
+inervaci&oacute;n de la ma&ntilde;ana se iba gastando con los actos y movimientos de
+la persona en el curso del d&iacute;a, y que esta llegaba a la noche en el
+estado contrario, exhausta como el que ha trabajado mucho. Ya Fortunata
+se hab&iacute;a acostumbrado a este tira y afloja, y ninguna de las
+extravagancias de su marido la cog&iacute;a por sorpresa. Por las ma&ntilde;anas lo
+mejor era no hacerle caso, aparentando sumisi&oacute;n a sus exigencias; por
+las noches no hab&iacute;a m&aacute;s remedio que halagarle y mimarle un poco; que
+otra cosa habr&iacute;a sido cruel.</p>
+
+<p>Diferentes veces, en las intimidades con su cara mitad, Maximiliano
+hab&iacute;a expresado esas tristezas tan comunes en los matrimonios que no
+tienen hijos. Fortunata no gustaba de este t&oacute;pico; pero no ten&iacute;a m&aacute;s
+remedio que aceptarlo. Una noche lo acogi&oacute; con verdadero entusiasmo,
+porque llevaba a &eacute;l una felic&iacute;sima idea que aquel d&iacute;a hab&iacute;a tenido.
+&laquo;Mira t&uacute;&mdash;dijo a su esposo&mdash;; si Dios no quiere darnos una criatura, &eacute;l
+se sabr&aacute; por qu&eacute; lo hace. Pero podemos adoptar uno, buscar un huerfanito
+y tra&eacute;rnosle a casa. A m&iacute; me gustar&iacute;a mucho, y a los dos nos
+distraer&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute; no he de hacer yo, aunque soy pobre, lo que hacen
+las se&ntilde;oras ricas, que no tienen hijos? Es muy soso un matrimonio sin
+chiquit&iacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>A Maximiliano le pareci&oacute; bien la idea; pero do&ntilde;a Lupe, aunque no la
+contradijo abiertamente, no pareci&oacute; entusiasmarse con ella. Los
+chiquillos ensucian la casa, todo lo revuelven y enredan, y dan enormes
+disgustos con sus enfermedades y travesuras. Aunque expuso estas ideas
+con mucha discreci&oacute;n, Fortunata se entristeci&oacute;, porque se le hab&iacute;a
+metido en la cabeza desde la noche antes aquel tema de recoger un ni&ntilde;o
+hu&eacute;rfano, y encari&ntilde;ada con ella, le costaba mucho trabajo desecharla.
+&iexcl;Man&iacute;a de imitaci&oacute;n!</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ix</span>-</h2>
+
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe la invit&oacute;, dos d&iacute;as despu&eacute;s de la tarde del choque con
+Jacinta, a volver a visitar a Mauricia. &iexcl;Qu&eacute; dir&iacute;a do&ntilde;a Guillermina si
+no volv&iacute;an! Negose Fortunata no s&eacute; con qu&eacute; pretexto, a ir all&aacute;, y fue
+sola do&ntilde;a Lupe. Era el d&iacute;a de San Isidro y no hab&iacute;a ventas en el Monte
+de Piedad. A eso de las diez regres&oacute; muy afectada, y entrando en el
+gabinete donde su sobrina estaba cosiendo, le dijo: &laquo;Hija, r&eacute;zale un
+Padre nuestro a la pobre Mauricia&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se ha muerto!&mdash;exclam&oacute; Fortunata sintiendo una fuerte sacudida en su
+alma.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, a las diez y media. Parec&iacute;a que estaba esperando a que llegara yo
+para morirse... &iexcl;pobrecilla! Vengo horrorizada. Si yo lo s&eacute;, no parezco
+por all&aacute;. Estos cuadros no son para m&iacute;. Cuando llegu&eacute; estaba en su sano
+juicio. &iexcl;Preguntome por ti con un inter&eacute;s...! Dijo que te quer&iacute;a m&aacute;s que
+a nadie, y que en cuantito que entrara en el Cielo, le iba a pedir al
+Se&ntilde;or que te hiciera feliz. Yo, francamente, al o&iacute;r esto, vi que estaba
+fatal, y Severiana me dijo que anoche creyeron por dos o tres veces que
+se les quedaba en las manos. Le dieron congojas tan fuertes, que se le
+acababa la respiraci&oacute;n... Not&eacute; tambi&eacute;n que su voz parec&iacute;a salir del
+hueco de un c&aacute;ntaro muy hondo, y sonaba como lejos... La cara la ten&iacute;a
+muy arrebatada, y los ojos hundidos, pero muy brillantes. Guillermina
+estaba sentada a su cabecera, y a cada rato le daba abrazos y besos,
+dici&eacute;ndole que pensara en Dios, que padeci&oacute; tanto por salvarnos a
+nosotros... De repente, se descompuso, hija; &iexcl;pero de qu&eacute; manera...! se
+qued&oacute; amoratada, empez&oacute; a dar manotazos y a echar por aquella boca unas
+flores, &iexcl;unas berzas...! Era un horror. En esto lleg&oacute; el Padre Nones, a
+quien Guillermina hab&iacute;a mandado llamar para que la auxiliase; pero todo
+in&uacute;til. Ni la pobre enferma pod&iacute;a o&iacute;r lo que le dec&iacute;an, ni estaba su
+cabeza para cosas de religi&oacute;n. La santa tuvo una idea feliz. Le dio a
+beber una copa de Jerez, llena hasta los bordes. Mauricia apretaba los
+dientes; pero al fin, debi&oacute; darle en la nariz el olorcillo, porque
+abriendo la bocaza, se lo atiz&oacute; de un trago. &iexcl;C&oacute;mo se relam&iacute;a la
+infeliz! Se calm&oacute; y &iexcl;pum!, la cabeza en la almohada. Entonces
+Guillermina, poni&eacute;ndole una cruz entre las manos, le preguntaba si cre&iacute;a
+en Dios, si se encomendaba a Dios y a la Sant&iacute;sima Virgen, y a tales y
+cuales santos del Cielo, y contestaba ella que s&iacute; moviendo la cabeza...
+El Padre Nones estaba de rodillas, reza que te reza. Encendieron una
+vela, y te aseguro que el tufillo de la cera, los rezos y aquel
+espect&aacute;culo me levantaron el est&oacute;mago y me han puesto los nervios como
+cuerdas de guitarra. Yo no quer&iacute;a mirar; pero la curiosidad... eso es lo
+que tiene... me hac&iacute;a mirar. Los ojos de Mauricia se le hab&iacute;an hundido
+hasta pon&eacute;rsele en la nunca, y la nariz, aquella nariz tan bonita, se le
+afil&oacute; como un cuchillo. Guillermina, alzando la voz, dec&iacute;ale que se
+abrazara a la cruz, que Dios la perdonaba, que ella la envidiaba por
+irse derechita a la gloria, y otras muchas cosas que la hac&iacute;an a una
+llorar. La cabeza de Mauricia se iba quedando quieta, quieta... Luego la
+vimos mover los labios, y sacar la punta de la lengua como si quisiera
+relamerse... Dej&oacute; o&iacute;r una voz que parec&iacute;a venir, por un tubo, del s&oacute;tano
+de la casa. A m&iacute; me pareci&oacute; que dijo: <i>m&aacute;s, m&aacute;s</i>... Otras personas
+que all&iacute; hab&iacute;a aseguran que dijo: <i>ya</i>. Como quien dice: &laquo;Ya veo
+la gloria y los &aacute;ngeles&raquo;. Bober&iacute;a; no dijo sino <i>m&aacute;s</i>... a saber,
+<i>m&aacute;s Jerez</i>. Guillermina y Severiana le acercaron un espejo a la
+cara y lo tuvieron un ratito... Despu&eacute;s todos empezaron a hablar en
+alta voz. Ya estaba Mauricia en el otro mundo; se hab&iacute;a quedado de un
+color violado tirando a azul. A los diez minutos su fisonom&iacute;a estaba
+tan variada, que si la ves no la conoces.</p>
+
+<p>&laquo;Pero Guillermina... &iexcl;Qu&eacute; mujer esa!&mdash;prosigui&oacute; la de J&aacute;uregui, despu&eacute;s
+de una triste pausa, poniendo los ojos en blanco&mdash;. &iquest;Creer&aacute;s que la
+amortaj&oacute; con sus propias manos? No har&iacute;a m&aacute;s si fuera su hija. Ella la
+lav&oacute;... ella la visti&oacute;... ella le puso el h&aacute;bito... y tan tranquila. Yo
+habr&iacute;a querido ayudar; pero, francamente, no sirvo para esas cosas. Me
+parec&iacute;a natural el ofrecerme. Bien sab&iacute;a yo que la santa no hab&iacute;a de
+ceder a nadie el llevar la batuta en aquella operaci&oacute;n: lo ha tomado por
+oficio. Pero me ofrec&iacute;, me ofrec&iacute;. Hay que estar en todo y quedar
+siempre en buen lugar. Y cr&eacute;ete que lo poco que hice tiene m&eacute;rito,
+porque en m&iacute; es un sacrificio cualquier ni&ntilde;er&iacute;a de este g&eacute;nero, mientras
+que en esa se&ntilde;ora no lo es, por estar muy acostumbrada a revolverse
+entre enfermos y difuntos, como las hermanas de la caridad. Hab&iacute;as de
+verla. Y siempre con su carita tan sonrosada, y aquel pasito ligero y
+vivaracho. Cuando concluy&oacute;, echamos las dos un largo p&aacute;rrafo en la
+salita; hablamos de Mauricia, de la mucha miseria que hay en este
+Madrid, y de que gracias a las buenas almas 'como usted' me dijo, se
+remediaban muchos males. &laquo;&iquest;Y la sobrinita, no ha venido?&mdash;me pregunt&oacute;&mdash;.
+El otro d&iacute;a me prometi&oacute; unos pantalones de su marido&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, s&iacute;&mdash;record&oacute; Fortunata&mdash;. No crea usted que lo he olvidado. Ya
+los apart&eacute;. Son para un hombre que toca la corneta, el tromb&oacute;n o qu&eacute; s&eacute;
+yo qu&eacute;. Se los mandaremos a Severiana.</p>
+
+<p>&mdash;Yo me encargo de eso&mdash;replic&oacute; do&ntilde;a Lupe, dando a entender que pensaba
+volver all&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No, los llevar&eacute; yo, bien envueltitos en un pa&ntilde;uelo&mdash;dijo la sobrina, a
+quien de s&uacute;bito entraron ganas de ir a la casa mortuoria&mdash;. Llevaremos
+cada una nuestro duro, por si piden para el entierro.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no est&aacute; mal pensado. Pero a quien hay que darlos es a Guillermina
+que es la que sabe agradecer. &iexcl;Ah! Se me olvidaba decirte otra cosa. Me
+invit&oacute; a ir a visitar su asilo, mejor dicho, nos invit&oacute; a las dos.
+Iremos. Ese d&iacute;a estrenar&eacute; mi abrigo nuevo y t&uacute; la falda que te piensas
+hacer. Habr&aacute; que echarle algo en el cepillo; pero no importa. Otros
+petitorios me enfadan a m&iacute;; que a los cepillos no les temo.</p>
+
+<p>Papitos entr&oacute;, y su ama le dijo que hiciera una taza de t&eacute;, porque ten&iacute;a
+el est&oacute;mago revuelto. La se&ntilde;ora no se hab&iacute;a quitado el manto ni los
+guantes; pero cuando se aligeraba, charlando, de la carga que en su
+esp&iacute;ritu ten&iacute;a, pens&oacute; en mudarse de ropa. En la mano tra&iacute;a un l&iacute;o. Eran
+varias cosillas que de paso compr&oacute; para engolosinar a Maxi. Ballester
+hab&iacute;a recomendado que se le diera carne cruda; pero como &eacute;l se negaba a
+comerla, do&ntilde;a Lupe discurri&oacute; el darle menudillos, corazones de aves, y
+suprimir para &eacute;l el cocido y los feculentos. Para postre le trajo
+<i>bru&ntilde;os</i> de Portugal.</p>
+
+<p>A nada de esto atend&iacute;a Fortunata, por tener el pensamiento enteramente
+ocupado con aquella idea de visitar el asilo de do&ntilde;a Guillermina. De
+all&iacute; sacar&iacute;a el huerfanito que quer&iacute;a prohijar. Pues digo... si estaba
+todav&iacute;a en el establecimiento aquel mismo nene que su t&iacute;o Pepe Izquierdo
+quiso venderle a Jacinta, &iexcl;qu&eacute; ocasi&oacute;n, Cristo!, &iexcl;qu&eacute; golpe! Que vieran,
+s&iacute;, que vieran c&oacute;mo tambi&eacute;n ella...</p>
+
+<p>Pero pronto hab&iacute;a de ocurrir algo que desconcert&oacute; por completo el plan
+de adoptar un huerfanito. Al d&iacute;a siguiente, resistiendo al empe&ntilde;o de
+Maxi que quer&iacute;a llevarlas a San Isidro, fueron, como estaba concertado,
+a la calle de Mira el R&iacute;o. Tem&iacute;a Fortunata aquella visita por diferentes
+motivos, no siendo el menor la pena que le causar&iacute;a, ver los restos de
+Mauricia. Temerosa y sobresaltada, quedose en la salita, donde estaba
+do&ntilde;a Fuensanta con un pa&ntilde;uelo negro por los hombros. Severiana entraba y
+sal&iacute;a. Sus ojos revelaban que hab&iacute;a llorado, y tambi&eacute;n ten&iacute;a un mant&oacute;n
+negro por los hombros. Por un resquicio de la puerta que comunicaba la
+sala primera con la c&aacute;mara mortuoria, vio Fortunata los pies de la Dura
+en el ata&uacute;d, y no tuvo &aacute;nimo para acercarse a ver m&aacute;s. D&aacute;bale pena y
+terror, y no pod&iacute;a olvidar las &uacute;ltimas palabras que le dijo su infeliz
+amiga: &laquo;Lo primerito que le he de pedir al Se&ntilde;or es que te mueras t&uacute;
+tambi&eacute;n, y estaremos juntas en el Cielo&raquo;. Aunque se ten&iacute;a por
+desgraciada, la de Rub&iacute;n se agarraba con el pensamiento a la vida. Lo
+que dijo Mauricia era un disparate. Cada uno se muere cuando le toca, y
+nada m&aacute;s. Do&ntilde;a Lupe, que pas&oacute; a ver a la difunta, se afect&oacute; tanto, que
+no pudo permanecer all&iacute;. &laquo;Hija m&iacute;a&mdash;dijo a su sobrina secrete&aacute;ndose&mdash;,
+yo no puedo ver estas cosas f&uacute;nebres. Creo que me va a dar algo. La
+muerte me aterra, y no es que yo sea aprensiva. No me causa espanto
+ninguna enfermedad, como no sea el mal de miserere. Es lo que temo... En
+fin, que yo me voy de aqu&iacute; al Monte. Necesito que me d&eacute; el aire. Qu&eacute;date
+t&uacute; por el buen parecer; ah&iacute; dentro est&aacute; la santa. Toma mi duro, por si
+hay la consabida suscricioncita. En cuanto se lleven el cuerpo te vas a
+casa. Abur&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando se fue la de J&aacute;uregui, dejando sola a su sobrina, esta mud&oacute; de
+sitio por no ver los pies de Mauricia, calzados con bonitas botas de
+ca&ntilde;a clara; pies precios&iacute;simos que no dar&iacute;an ya un solo paso, Do&ntilde;a
+Fuensanta sali&oacute; y le dijo algunas palabras. Un ratito despu&eacute;s, abriose
+la puerta de la estancia mortuoria, y Fortunata tuvo un estremecimiento
+nervioso, creyendo al pronto que era la propia Mauricia que aparec&iacute;a...
+Pero no, era Guillermina. Desde que dio esta el primer paso en la sala,
+fij&aacute;ronse sus ojos en la joven, quien otra vez tuvo miedo. La santa iba
+derecha a ella, mir&aacute;ndola como no la hab&iacute;a mirado nunca.</p>
+
+<p>Toc&aacute;ndole suavemente un brazo, le dijo: &laquo;Tengo que hablar con usted&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Conmigo!...&raquo;.&mdash;S&iacute;, con usted&mdash;y al decir esto le volvi&oacute; a tocar. La
+impresi&oacute;n de este contacto corr&iacute;ale por el brazo arriba hasta llegar al
+coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Dos palabritas&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la santa; y luego se corrigi&oacute; as&iacute;&mdash;: Algunas m&aacute;s
+ser&aacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Advert&iacute;a Fortunata en aquella cara cierta severidad: iba a decir algo;
+pero la otra no le dio tiempo, y tom&aacute;ndole el brazo, como se toma el de
+los hombres, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Venga usted por aqu&iacute;. &iquest;Tiene prisa?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;ora...&mdash;Yo no me hab&iacute;a marchado por esperar a ver si usted
+ven&iacute;a. Anoche tambi&eacute;n la esper&eacute; a usted, y no quiso venir.</p>
+
+<p>Cond&uacute;jola a la casa pr&oacute;xima, donde do&ntilde;a Fuensanta viv&iacute;a, y entraron en
+una salita bastante desordenada, en la cual hab&iacute;a m&aacute;s ba&uacute;les que sillas,
+y dos c&oacute;modas. Guillermina cerr&oacute; la puerta, e invitando a Fortunata a
+ocupar una silla, sentose ella en un cofre.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">x</span>-</h2>
+
+
+<p>Fortunata no sab&iacute;a qu&eacute; decir, ni qu&eacute; cara poner, ni para d&oacute;nde
+mirar; tanto la asustaba y sobrecog&iacute;a la presencia de la respetable dama
+y la presunci&oacute;n del grave negocio que en aquella conferencia se iba a
+tratar. Guillermina, que no gustaba de perder el tiempo, abord&oacute; al
+instante la cuesti&oacute;n de esta manera: &laquo;Yo tengo una amiga a quien quiero
+mucho... la quiero tanto que dar&iacute;a mi vida por ella; y esta amiga tiene
+un marido que... En una palabra, mi amiga ha padecido horriblemente con
+ciertas... tonter&iacute;as de su esposo... el cual es una excelente persona
+tambi&eacute;n... entend&aacute;monos, y yo le quiero mucho... Pero en fin, los
+hombres...&raquo;.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Rub&iacute;n miraba los trastos que obstru&iacute;an el cuarto. Sin duda
+buscaba alg&uacute;n mueble debajo del cual se pudiera meter.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos al caso&mdash;prosigui&oacute; la otra, dando un casta&ntilde;etazo con los
+labios&mdash;. Yo soy muy clara en todas mis cosas; no me gustan comedias. Me
+he comprometido a hablar con usted.</p>
+
+<p>Primero se convino en acudir a la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui; pero luego cre&iacute;
+mejor embestirla a usted directamente, y apelar a su conciencia, porque
+me parec&iacute;a a m&iacute; que llamando a esa puerta, alguien me responder&iacute;a desde
+dentro. Yo no creo que haya nadie malo, malo de todas veras. &iexcl;Me he
+llevado tantos chascos!... tantas veces me ha pasado ver que una persona
+con fama de perversa sal&iacute;a de buenas a primeras con un acto de los m&aacute;s
+cristianos, que ya no me sorprendo de ver saltar el bien en donde menos
+se piensa. Que usted ha tenido sus extrav&iacute;os, todo el mundo lo sabe.
+&iquest;Para qu&eacute; hemos de decir otra cosa?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Claro!...&mdash;murmur&oacute; Fortunata sin enterarse del verdadero sentido de
+las palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no ten&iacute;a el gusto de conocer a usted... Le confieso que me qued&eacute;
+pasmada cuando mi amiguita me dijo ayer qui&eacute;n era usted. Ni remota
+sospecha ten&iacute;a yo... &iexcl;Si esto parece comedia! &iexcl;Encontrarse aqu&iacute;, en un
+acto de caridad dos personas tan... no se me ofenda si digo tan opuestas
+por sus antecedentes, por su manera de ser...! Y no quiero rebajar a
+nadie. Todo lo contrario: se me figura, no s&eacute; por qu&eacute;... esto es cosa de
+presentimiento, de adivinaci&oacute;n, de corazonada... se me figura que usted,
+si la sacuden bien, as&iacute; como otros cuando los apalean sueltan bellotas,
+si la sacuden bien, digo, ha de dejar caer alguna flor.</p>
+
+<p>Fortunata dijo que s&iacute; con la cabeza, y el dogal que en el cuello sent&iacute;a
+empez&oacute; a aflojarse.</p>
+
+<p>&laquo;Por esto apelo a su conciencia, y le pido que me declare, la mano
+puesta en el coraz&oacute;n, si esta temporada, en estos d&iacute;as, tiene alg&uacute;n
+trato con el esposo de mi amiga... Porque esta es la idea que se le ha
+metido ahora en la cabeza. Con que a ver, d&iacute;game usted si...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo!&mdash;exclam&oacute; Fortunata, que casi perdi&oacute; el miedo con el empuje de la
+verdad que quer&iacute;a salir&mdash;. Yo... &iquest;ahora? &iquest;Est&aacute; usted so&ntilde;ando? &iexcl;Si hace
+un siglo que ni siquiera le he visto...!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras?&mdash;pregunt&oacute; la santa, gui&ntilde;ando los ojos. Aquel modo de mirar
+extra&iacute;a la verdad como con tenazas; y ciertamente, la pecadora sent&iacute;a
+que la mirada aquella la penetraba hasta lo m&aacute;s profundo, trincando todo
+lo que encontraba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no lo cree?... &iquest;Pero lo duda?&mdash;a&ntilde;adi&oacute;; y olvid&aacute;ndose de los
+buenos modales, iba a hacer la cruz con los dedos y a bes&aacute;rselos jurando
+<i>por esta</i>.</p>
+
+<p>El deseo de ser cre&iacute;da resplandec&iacute;a de tal modo en sus ojos, que
+Guillermina no pudo menos de ver asomada en ellos la conciencia. Pero
+como disimulaba esto, permaneciendo fr&iacute;a y observadora, la otra se
+impacientaba y enardec&iacute;a, no sabiendo ya qu&eacute; decir para convencerla.
+&laquo;&iquest;Por qu&eacute; quiere usted que se lo jure?...</p>
+
+<p>&iexcl;Vamos, que dudar esto!... Ni verle, ni saber de &eacute;l tan siquiera...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No diga usted m&aacute;s&mdash;manifest&oacute; Guillermina con cierta solemnidad&mdash;. Me
+basta. Lo creo. Si usted me hubiera dicho lo contrario, yo le habr&iacute;a
+pedido que hiciese todo lo posible por devolver a esa pobrecilla la
+tranquilidad, eso es. Pero si no hay nada, me guardo mi s&uacute;plica por
+ahora; &uacute;nicamente me permito hacerla de un modo condicional, &iquest;qu&eacute; le
+parece a usted?, mirando a lo futuro, y para el caso de que lo que ahora
+no sucede, sucediera ma&ntilde;ana o pasado.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Rub&iacute;n miraba al suelo. Ten&iacute;a el pa&ntilde;uelo metido en el pu&ntilde;o y
+este en la barba.</p>
+
+<p>&laquo;Pero ahora&mdash;agreg&oacute; la santa mujer&mdash;, se me ocurre hacer otra
+preguntita... Usted tenga mucha paciencia; buena jaqueca le ha ca&iacute;do
+encima. Vamos a ver: si ya no hay nada absolutamente entre usted y el
+marido de mi amiga, si todo pas&oacute;, &iquest;por qu&eacute; guardamos ese rencor a una
+persona que no nos hace ning&uacute;n da&ntilde;o?... &iquest;Por qu&eacute; el otro d&iacute;a, ah&iacute; en ese
+pasillo, la trat&oacute; usted de una manera tan descompuesta y le dijo... no
+s&eacute; qu&eacute;? Francamente, hija, esto nos ha parecido muy extra&ntilde;o, porque
+usted es casada, y vive en paz con su marido, al menos as&iacute; lo parece. Si
+aquellas diabluras se acabaron, &iquest;a qu&eacute; ven&iacute;a maltratar de palabra y
+hasta de obra a la pobre Jacinta, cuando lo que proced&iacute;a era pedirle
+perd&oacute;n?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Eso fue que...&mdash;murmur&oacute; Fortunata, haciendo del pa&ntilde;uelo una perfecta
+pelota&mdash;, eso fue... pues fue que...</p>
+
+<p>Y no hab&iacute;a medio de pasar de aqu&iacute;. Las l&aacute;grimas sal&iacute;an a sus ojos, y el
+nudo de la garganta volvi&oacute; a apret&aacute;rsele de un modo horrible. En toda su
+vida, en tiempo alguno, hab&iacute;ase visto la infeliz en trance semejante. La
+persona que familiar y cari&ntilde;osamente llamaban algunos la <i>rata
+eclesi&aacute;stica</i>, infund&iacute;ale m&aacute;s respeto que un confesor, m&aacute;s que un
+obispo, m&aacute;s que el Papa. Y la <i>rata</i> gui&ntilde;aba m&aacute;s los ojos, y en su
+bondad quiso abrir camino a la confesi&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Es que usted, como si lo viera, conserva resentimientos y quiz&aacute;
+pretensiones que son un gran pecado; es que usted no est&aacute; curada de su
+enfermedad del &aacute;nimo; es que usted, si no tiene ahora trato con aquel
+sujeto, se halla dispuesta a volverlo a tener. Las cosas claritas&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no contest&oacute;. &laquo;&iquest;He acertado? &iquest;He puesto el dedo en la parte m&aacute;s
+sensible de la llaga? Franqueza, se&ntilde;ora m&iacute;a; que esto no ha de salir de
+aqu&iacute;. Yo me tomo estas libertades, porque s&eacute; que usted no se ha de
+enfadar. Bien s&eacute; que abuso y que me pongo insoportable y machacona; pero
+agu&aacute;nteme usted por un momento; no hay m&aacute;s remedio... Con que a ver...&raquo;.</p>
+
+<p>Tampoco dijo nada. Por fin, desliando el pa&ntilde;uelo y expres&aacute;ndose a
+tropezones, quiso escapar por la tangente en esta forma: &laquo;Aquel d&iacute;a...
+cuando le dije a esa se&ntilde;ora... aquello... despu&eacute;s me pes&oacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no le pidi&oacute; usted perd&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Digo que me pes&oacute; mucho.&mdash;Estamos en ello... corriente... pero conteste
+claro, &iquest;por qu&eacute; no le dio excusas?</p>
+
+<p>&mdash;Porque me march&eacute; a mi casa.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno. &iquest;Y si ahora la viera usted?</p>
+
+<p>Silencio completo. Guillermina no tuvo paciencia para esperar m&aacute;s la
+respuesta, y acalor&aacute;ndose expres&oacute; lo que sigue: &laquo;&iquest;Pero usted no sabe que
+esa se&ntilde;ora es mujer leg&iacute;tima... mujer leg&iacute;tima de aquel caballero?
+&iquest;Usted no sabe que Dios les cas&oacute; y su uni&oacute;n es sagrada? &iquest;No sabe que es
+pecado, y pecado horrible, desear el hombre ajeno, y que la esposa
+ofendida tiene derecho a ponerle a usted las peras al cuarto, mientras
+que usted, con dos adulterios nada menos sobre su conciencia, la ofende
+con s&oacute;lo mirarla? Pero vamos a ver, &iquest;usted qu&eacute; se ha llegado a figurar,
+que estamos aqu&iacute; entre salvajes y que cada cual puede hacer lo que le da
+la gana, y que no hay ley, ni religi&oacute;n, ni nada? Pues estar&iacute;amos lucidos
+con esas ide&iacute;tas, s&iacute; se&ntilde;or... No extra&ntilde;e usted que me enfade un poco, y
+dispense&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata estaba como si le hubieran vaciado sobre el cr&aacute;neo una cesta
+de piedras. Cada palabra de Guillermina fue como un guijarro.</p>
+
+<p>En aquel momento, cogido el pa&ntilde;uelo por las dos puntas hac&iacute;a con &eacute;l una
+soga. No se puede saber si fueron espontaneidad aturdida o bien
+reflexi&oacute;n deliberada estas palabras suyas:</p>
+
+<p>&laquo;Es que yo soy muy mala; no sabe usted lo mala que soy&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;; ya voy viendo que no somos una perfecci&oacute;n&mdash;indic&oacute; la santa
+irgui&eacute;ndose en el asiento como para mirarla m&aacute;s de lejos&mdash;. Cuando hay
+arrepentimiento el Se&ntilde;or perdona. &iexcl;Pero usted, por lo visto, tiene una
+frescura para mirar estas cosas de la moral...!, frescura que no le
+envidio. Usted est&aacute; casada: ya que la conciencia no le remuerde por un
+lado, &iquest;c&oacute;mo no le escuece por el otro?</p>
+
+<p>&mdash;Me cas&eacute; sin saber lo que hac&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; angelito!... &iexcl;sin saber lo que hac&iacute;a! Pues qu&eacute;, &iquest;casarse es un
+acto insignificante y maquinal como beber un buche de agua? &iquest;Puede
+alguien casarse sin saber que se casa?... Hija m&iacute;a, ese argumento
+gu&aacute;rdelo usted para cuando hable con tontas, que conmigo no vale.</p>
+
+<p>&mdash;Me casaron&mdash;agreg&oacute; Fortunata, volviendo a hacer una pelota con el
+pa&ntilde;uelo&mdash;me casaron sin que pueda decir c&oacute;mo. Cre&iacute; que me conven&iacute;a y que
+podr&iacute;a querer a mi marido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; gracioso!... &iexcl;Qu&eacute; mon&iacute;sima es la criatura!&mdash;exclam&oacute; la
+fundadora con amable iron&iacute;a y gracejo&mdash;. Estas... hartas de pecados son
+muy saladas cuando se hacen las inocentes. &iexcl;Crey&oacute; que le podr&iacute;a querer!
+&iquest;Y qu&eacute; hizo usted para conseguirlo?... &iexcl;Ah! Lo que usted quer&iacute;a, digamos
+las cosas claras, lo que usted quer&iacute;a era casarse para tener un nombre,
+independencia y poder corretear libremente. &iquest;M&aacute;s clarito todav&iacute;a? Pues
+lo que usted deseaba era una bandera para poder ejercer la pirater&iacute;a con
+apariencias de legalidad. &iexcl;Desdichado hombre el que carg&oacute; con usted! De
+veras que le cay&oacute; la loter&iacute;a. Y d&iacute;game, &iquest;al fin no salt&oacute; por alguna
+parte ese cari&ntilde;o que usted quer&iacute;a tener?</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;ora&mdash;replic&oacute; Fortunata, rompiendo a llorar&mdash;. Pero si me habla
+usted de esa manera, no podr&eacute; seguir; tendr&eacute; que retirarme.</p>
+
+<p>La santa se corri&oacute; en el cofre que le serv&iacute;a de asiento para aproximarse
+a la silla en que estaba la otra.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos, no llore usted&mdash;le dijo con bondad, poni&eacute;ndole la mano en el
+hombro&mdash;. No se ofenda por lo que he dicho. Ya le recomend&eacute; a usted que
+me llevara con paciencia. Hay que tomarme o dejarme. Cuando me pongo a
+sacar pecados no se me puede aguantar... Pues es claro, les duele; pero
+luego sienten alivio. Y hasta ahora, nada me ha dicho usted en su
+descargo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; culpa tengo yo de no querer a mi marido?&mdash;manifest&oacute; la
+pecadora de la manera sofocada e intermitente que el llanto le
+permit&iacute;a&mdash;. Yo no lo puedo remediar. Yo no me cas&eacute; por lo que la se&ntilde;ora
+dice, sino porque estaba equivocada, porque ve&iacute;a las cosas de otro modo
+que como son. A mi marido no le quiero, ni le querr&eacute; nunca, aunque me lo
+manden todos los santos de la Corte celestial. Por eso digo que soy muy
+mala, muy mala.</p>
+
+<p>Guillermina dio un gran suspiro. En presencia de aquel terrible
+antagonismo entre el coraz&oacute;n y las leyes divinas y humanas, problema
+insoluble, su gran piedad inspirole una idea sublime. &laquo;Bien s&eacute; que es
+dif&iacute;cil mandar al coraz&oacute;n. Pero eso mismo le da a usted motivo para
+dejar de ser mala, como dice, y adquirir m&eacute;ritos inmensos. Pero, hija,
+&iquest;en qu&eacute; ha estado pensando que no se le ha ocurrido esto? Cumplir
+ciertos deberes, cuando el amor no facilita el cumplimiento, es la mayor
+hermosura del alma. Hacer esto bastar&iacute;a para que todas las culpas de
+usted fueran lavadas. &iquest;Cu&aacute;l es la mayor de las virtudes? La abnegaci&oacute;n,
+la renuncia de la felicidad. &iquest;Qu&eacute; es lo que m&aacute;s purifica a la criatura?,
+el sacrificio. Pues no le digo a usted m&aacute;s. Abra esos ojos, por amor de
+Dios; abra ese coraz&oacute;n de par en par. Ll&eacute;nese usted de paciencia, cumpla
+todos sus deberes, conf&oacute;rmese, sacrif&iacute;quese, y Dios la tendr&aacute; por suya,
+pero por muy suya. Haga usted eso, pero claro, que se vea, que se palpe,
+y el d&iacute;a en que usted sea como le propongo, yo... yo...&raquo;.</p>
+
+<p>Al decir <i>yo</i>, Guillermina se pon&iacute;a la mano en el pecho y daba a sus
+ojos la expresi&oacute;n m&aacute;s hermosa.</p>
+
+<p>&laquo;Yo, yo... ese d&iacute;a, ir&eacute; a confesarme con usted como usted se confiesa
+ahora conmigo&raquo;.</p>
+
+<p>Esto dej&oacute; a Fortunata tan desconcertada, que sus l&aacute;grimas se secaron de
+improviso. Miraba con verdadero espanto a la <i>rata eclesi&aacute;stica</i>.</p>
+
+<p>&laquo;No se asombre usted ni ponga esos ojazos&mdash;prosigui&oacute; esta&mdash;. Yo no he
+tenido ocasi&oacute;n de tirar por el balc&oacute;n a la calle una felicidad, ni una
+ilusi&oacute;n, ni nada. Yo no he tenido lucha. Entr&eacute; en este terreno en que
+estoy como se pasa de una habitaci&oacute;n a otra. No ha habido sacrificio, o
+es tan insignificante, que no merece se hable de &eacute;l. R&iacute;ase usted de m&iacute;,
+si quiere; pero sepa que cuando veo a alguna persona que tiene la
+posibilidad de sacrificar algo, de arrancarse algo que duele, le tengo
+envidia... S&iacute;; yo envidio a los malos, porque envidio la ocasi&oacute;n, que me
+falta, de romper y tirar un mundo, y les miro y les digo: 'Necios,
+ten&eacute;is en la mano la facultad del sacrificio y no la aprovech&aacute;is...'&raquo;.</p>
+
+<p>Esta idea, a pesar de ser tan alta, fue muy inteligible para Fortunata,
+a quien se acerc&oacute; Guillermina, y ech&aacute;ndole el brazo por los hombros, la
+apret&oacute; suavemente contra s&iacute;. Nunca, en tiempo alguno, ni en el
+confesionario, hab&iacute;a sentido la pr&oacute;jima su coraz&oacute;n con tantas ganas de
+desbordarse, arrojando fuera cuanto en &eacute;l exist&iacute;a. La mirada sola de la
+virgen y fundadora parec&iacute;a extraerle la representaci&oacute;n ideal que de sus
+propias acciones y sentimientos ten&iacute;a aquella infeliz en su esp&iacute;ritu,
+como la tenemos todos, representaci&oacute;n que se aclara o se oscurece, seg&uacute;n
+los casos, y que en aquel resplandec&iacute;a como un foco de luz.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xi</span>-</h2>
+
+
+<p>Abriose la puerta y entr&oacute; Severiana llorando a gritos. Hab&iacute;a
+llegado el momento de que se llevaran el cuerpo de Mauricia, y este acto
+trist&iacute;simo se conoci&oacute; en los gemidos y sollozos de todas las mujeres que
+en la casa mortuoria estaban. Cuando Guillermina y Fortunata salieron,
+ya el ata&uacute;d era bajado en hombros de dos jayanes para ponerlo en el
+carro humilde que esperaba en la calle. La curiosidad y el deseo de dar
+el &uacute;ltimo adi&oacute;s a su amiga empujaron a Fortunata hacia la escalera...
+Alcanz&oacute; a ver las cintas amarillas sobre la tela negra, en la revuelta
+de la escalera; pero fue un segundo no m&aacute;s. Despu&eacute;s se asom&oacute; al balc&oacute;n,
+y vio c&oacute;mo pusieron la caja en el carro, y c&oacute;mo se puso en marcha este
+sin m&aacute;s acompa&ntilde;amiento que el de un triste sim&oacute;n en que iban Juan
+Antonio y dos vecinos. Se vio tan vivamente acometida de ganas de
+llorar, que no recordaba haber llorado nunca tanto, en tan poco tiempo.</p>
+
+<p>Y no era s&oacute;lo la pena de ver desaparecer para siempre a una persona
+hacia la cual sent&iacute;a amor, afici&oacute;n, querencia incre&iacute;ble; era adem&aacute;s una
+necesidad de desahogar su coraz&oacute;n por penas atrasadas y que sin duda no
+estaban bien lloradas todav&iacute;a.</p>
+
+<p>Pronto desapareci&oacute; el carro, y de Mauricia no qued&oacute; m&aacute;s que un recuerdo,
+todav&iacute;a fresco; pero que se hab&iacute;a de secar r&aacute;pidamente. A los diez
+minutos de haber salido el cuerpo, entr&oacute; Severiana con los ojos
+hinchados, y abri&oacute; todas las puertas, ventanas y balcones para que se
+ventilara la casa. La comandanta empezaba a disponer el tren de
+limpieza, y a sacar los trastos para barrer con desahogo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre Mauricia!&mdash;dijo Fortunata a Guillermina, sec&aacute;ndose el llanto a
+toda prisa, pues no le parec&iacute;a bien ser ella la que m&aacute;s llorase&mdash;. Mire
+usted, se&ntilde;ora, a m&iacute; me pasaba con esa mujer una cosa rara. Sabiendo que
+era muy mala, yo la quer&iacute;a... me era simp&aacute;tica, no lo pod&iacute;a remediar. Y
+cuando me contaba las barbaridades que hizo en su vida, yo no s&eacute;... me
+alegraba de o&iacute;rla... y cuando me aconsejaba cosas malas, me parec&iacute;a, ac&aacute;
+para entre m&iacute;, que no eran tan malas y que ten&iacute;a raz&oacute;n en
+aconsej&aacute;rmelas. &iquest;C&oacute;mo me explica usted esto?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... &iquest;que le explique yo?...&mdash;repuso la fundadora con cierto
+aturdimiento&mdash;. Hay en el coraz&oacute;n misterios muy grandes, y en lo que
+toca a la simpat&iacute;a, misterios de misterios... &iexcl;Pobre mujer! Y si viera
+usted qu&eacute; guapa era cuando polla. Se cri&oacute; en casa de mis padres.
+&iexcl;L&aacute;stima de chica! Su perfil elegante, la mirada, la expresi&oacute;n, eran de
+lo poco que se ve. Despu&eacute;s se ech&oacute; a perder, y se le puso la cara dura y
+hombruna, la voz ronca. Dicen que era el retrato vivo de Bonaparte, y
+efectivamente...</p>
+
+<p>Guillermina mir&oacute; las l&aacute;minas napole&oacute;nicas, y Fortunata tambi&eacute;n,
+reconociendo el parecido. Despu&eacute;s la santa se despidi&oacute; de Severiana,
+dici&eacute;ndole que volver&iacute;a al d&iacute;a siguiente. Le recomend&oacute; la paciencia, y
+tomando el brazo de la de Rub&iacute;n, se fue con ella. Severiana y la
+comandanta las escoltaron hasta el portal.</p>
+
+<p>&laquo;Tenemos mucho que hablar&mdash;le dijo Guillermina en la calle&mdash;; pero
+mucho. Lo de hoy no ha sido m&aacute;s que desflorar el asunto. Me ha sabido a
+nada. Y usted, &iquest;tendr&aacute; un poco m&aacute;s de paciencia para aguantarme? Porque
+si no ha quedado harta de m&iacute;, le he de rogar que me d&eacute; otra audiencia.
+&iquest;Ser&aacute; usted tan buena que quiera tener conmigo otro rato de palique?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Todos los que usted quiera&mdash;replic&oacute; la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n, encantada con
+la indulgencia y cortes&iacute;a de la ilustre dama.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; ya fijaremos cu&aacute;ndo y c&oacute;mo. &iquest;Va usted hacia su casa? Pues
+iremos juntas, porque yo tengo que ir a la calle de Zurita a echarle un
+r&eacute;spice a mi herrero, y no har&aacute; usted nada dem&aacute;s si me acompa&ntilde;a un poco.
+Pronto despacho, y la dejar&eacute; a usted en la puerta de su casa.</p>
+
+<p>Aceptada con sumo agrado la proposici&oacute;n, anduvieron juntas el torcido y
+desigual camino que separa la vertiente de la Arganzuela del barranco de
+Lavapi&eacute;s. Hablaban de cosas que nada ten&iacute;an de espirituales, de lo caro
+que se estaba poniendo todo... La carne sin hueso, &iexcl;qui&eacute;n lo hab&iacute;a de
+decir!, a peseta; la leche a diez cuartos; el pan de picos a diez y
+seis, y de las casas no dij&eacute;ramos; un cuarto que antes costaba ocho
+reales, ya no se encontraba por catorce. Llegaron por fin a la calle de
+Zurita y se metieron en una herrer&iacute;a, grande, negra, el piso cubierto de
+carb&oacute;n, toda llena de humo y de ruido. El due&ntilde;o del establecimiento
+avanz&oacute; a recibir a la se&ntilde;ora, con su mandil de cuero ennegrecido, la
+cara sudorosa y tiznada, y quit&aacute;ndose la porra, le dio sus excusas por
+no haber entregado los clavos <i>bellotes</i>.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero y los gatillos, que es lo que hace m&aacute;s falta?&mdash;dijo la dama
+amosc&aacute;ndose&mdash;. Hombre de Dios, usted se va a condenar por tantos
+embustes como dice. &iquest;No me prometi&oacute; que estar&iacute;an por ayer? &iquest;Qu&eacute; palabras
+son esas? Vaya, que ni Job tendr&iacute;a paciencia para aguantarle a usted.
+Est&aacute;n parados los carpinteros de armar, por causa de esa santa pachorra.
+No me extra&ntilde;a que est&eacute; usted tan gordo, Sr. Pepe... Y p&oacute;ngase la gorra,
+que est&aacute; sudando y se puede constipar&raquo;.</p>
+
+<p>El herrero se excusaba con voz balbuciente, y por fin hizo juramento de
+dar los gatillos para el jueves, s&iacute;, para el jueves, con toda
+seguridad... Hab&iacute;a tenido un encargo con muchas prisas... pero en
+seguida se pondr&iacute;a con los gatillos de la se&ntilde;ora, y los tendr&iacute;a, los
+tendr&iacute;a <i>por encima de la cabeza de Cristo</i> para el d&iacute;a se&ntilde;alado. Volvi&oacute;
+la fundadora a sermonearle, pues no se contentaba con promesas, y se
+despidi&oacute; diciendo que si no estaban el jueves, se pod&iacute;a quedar con
+ellos. Sali&oacute; el Sr. Pepe, haciendo cortes&iacute;as, hasta media calle, y las
+dos se&ntilde;oras subieron despacio hacia la del Ave-Mar&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Bueno&mdash;dijo Guillermina&mdash;; antes de separarnos, quedaremos en algo.
+&iquest;Quiere usted ir a mi casa? &iquest;Sabe usted d&oacute;nde vivo?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata dijo que s&iacute;. Santa Cruz le hab&iacute;a dicho varias veces que la
+<i>rata eclesi&aacute;stica</i> viv&iacute;a en la casa inmediata a la suya, y que ella y
+Barbarita se comunicaban por los miradores. Para fijar el d&iacute;a, tuvo que
+pensarlo porque no quer&iacute;a dar cuenta a do&ntilde;a Lupe de tal visita, temerosa
+de que metiera en ella su cucharada, y discurri&oacute; que era preciso escoger
+un d&iacute;a en que <i>la de los pavos</i> fuera al Monte de Piedad.</p>
+
+<p>&laquo;El viernes... &iquest;le parece a usted bien?, de diez a once de la ma&ntilde;ana&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente... Adi&oacute;s, hija, conservarse.</p>
+
+<p>(Ya estaban en la puerta de la casa). Que la espero a usted. Que no me
+d&eacute; un plant&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quia!... No faltaba m&aacute;s.</p>
+
+<p>Quedose un rato Fortunata en la puerta mir&aacute;ndola subir, calle arriba, y
+despu&eacute;s entr&oacute; despacio, meditabunda. En todo el resto del d&iacute;a no la pudo
+apartar de su mente. &iexcl;Qu&eacute; extraordinaria mujer aquella! Sent&iacute;ala dentro
+de s&iacute;, como si se la hubiera tragado, cual si la hubiera tomado en
+comuni&oacute;n. Las miradas y la voz de la santa se le agarraban a su interior
+como sustancias perfectamente asimiladas. Y por la noche, cuando Maxi se
+durmi&oacute;, y estaba ella dando vueltas en la cama sin poder coger el sue&ntilde;o,
+v&iacute;nole a la imaginaci&oacute;n una idea que la hizo estremecer. Con tal
+claridad ve&iacute;a a Guillermina como si la tuviera delante; pero lo raro no
+era esto, sino que se le parec&iacute;a tambi&eacute;n a Napole&oacute;n, como Mauricia la
+Dura. &iquest;Y la voz?... La voz era enteramente igual a la de su difunta
+amiga. &iquest;C&oacute;mo as&iacute;, siendo una y otra personas tan distintas? Fuera lo que
+fuese, la simpat&iacute;a misteriosa que le hab&iacute;a inspirado Mauricia, se pasaba
+a Guillermina. &iquest;C&oacute;mo, pues, se pod&iacute;an confundir la que se se&ntilde;al&oacute; por sus
+vergonzosas maldades y la santa se&ntilde;ora que era la admiraci&oacute;n del mundo?
+&laquo;Yo no s&eacute; c&oacute;mo es esto&mdash;discurr&iacute;a Fortunata&mdash;; pero que se parecen no
+tiene duda. Y el habla de las dos me suena lo mismo... Se&ntilde;or, &iexcl;qu&eacute; ser&aacute;
+esto!&raquo;.</p>
+
+<p>Se devanaba los sesos en el torniquete de su desvelo para averiguar el
+sentido de tal fen&oacute;meno, y lleg&oacute; a figurarse que de los restos fr&iacute;os de
+Mauricia sal&iacute;a volando una mariposita, la cual mariposita se met&iacute;a
+dentro de la <i>rata eclesi&aacute;stica</i> y la transformaba... &iexcl;Cosa m&aacute;s rara!
+&iexcl;El mal extremado refundi&eacute;ndose as&iacute; y reviviendo en el bien m&aacute;s puro!...
+&iquest;Pero no podr&iacute;a ser que Mauricia, arrepentida y bien confesada y
+absuelta, se hubiera trocado, al morir, en criatura sana y pura, tan
+pura como la misma santa fundadora... o m&aacute;s, o m&aacute;s? &laquo;&iexcl;Qu&eacute; confusi&oacute;n,
+Dios m&iacute;o! Y que no haya nadie que le explique a una estas cosas...&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s le causaba pavor la visi&oacute;n figurada de los pies de Mauricia...
+En la oscuridad, que surcaban rayas luminosas, ve&iacute;a las botas elegantes
+y peque&ntilde;as de la difunta... Los pies se mov&iacute;an, el cuerpo se levantaba,
+daba algunos pasos, iba hacia ella y le dec&iacute;a: &laquo;Fortunata, querida amiga
+de mi alma, &iquest;no me conoces? &iexcl;Re...! Si no me he muerto, chica, si estoy
+en el mundo, cr&eacute;etelo porque yo te lo digo. Soy Guillermina, do&ntilde;a
+Guillermina, la <i>rata eclesi&aacute;stica</i>. M&iacute;rame bien, m&iacute;rame la cara, los
+pies... las manos, el mant&oacute;n negro... Estoy loca con este asilo
+pastelero, y no hago m&aacute;s que pedir, pedir, pedir al Verbo y a la Verba.
+Sr. Pepe, &iquest;me hace usted esos gatillos o no?... &iexcl;peinetas se deb&iacute;an
+volver!&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="viic" id="viic"></a>-VII-</h2>
+
+<h2>La idea... la p&iacute;cara idea</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Guillermina viv&iacute;a, como antes se ha dicho, en la calle de Pontejos,
+pared por medio con los de Santa Cruz. Era aquella la antigua casa de
+los Morenos; all&iacute; estuvo la banca de este nombre desde tiempos remotos,
+y all&iacute; est&aacute; todav&iacute;a con la raz&oacute;n social de <i>Ruiz Ochoa</i> y <i>Compa&ntilde;&iacute;a</i>. El
+edificio, por lo angosto y alto, parec&iacute;a una torre. El jefe actual de la
+banca no viv&iacute;a all&iacute;; pero ten&iacute;a su escritorio en el entresuelo; en el
+principal moraba D. Manuel Moreno-Isla, cuando ven&iacute;a a Madrid, su
+hermana do&ntilde;a Patrocinio, viuda, y su t&iacute;a Guillermina Pacheco; en el
+segundo viv&iacute;a Zalamero, casado con la hija de Ruiz Ochoa, y en el
+tercero, dos se&ntilde;oras ancianas, tambi&eacute;n de la familia, hermanas del
+obispo de Plasencia, Fray Luis Moreno-Isla y Bonilla.</p>
+
+<p>Entr&oacute; Guillermina en su casa a las nueve y media de aquel d&iacute;a que deb&iacute;a
+de ser memorable. Tan temprano, y ya hab&iacute;a andado aquella mujer medio
+mundo, o&iacute;do tres misas y visitado el asilo viejo y el que estaba en
+construcci&oacute;n, despachando de paso algunas diligencias. Llegose un
+instante a su gabinete, pensando en la visita que aquel d&iacute;a esperaba,
+pero el inter&eacute;s de este asunto no le hizo olvidar los suyos propios, y
+sin quitarse el manto, volvi&oacute; a salir y fue al despacho de su sobrino.
+&laquo;&iquest;Se puede?&raquo; pregunt&oacute; abriendo suavemente la puerta.</p>
+
+<p>&laquo;Pasa, <i>rata</i>&raquo; replic&oacute; Moreno, que se acababa de dar un ba&ntilde;o y estaba
+sentado, escribiendo en su pupitre, con bata y gorro, clavados los
+lentes de oro en el caballete de la nariz.</p>
+
+<p>&mdash;Buenos d&iacute;as&mdash;dijo la santa entrando; &eacute;l la miraba por encima de los
+quevedos&mdash;. No vengo a molestarte... Pero ante todo. &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s hoy?
+&iquest;No se ha repetido el ahoguillo?</p>
+
+<p>&mdash;Estoy bien. Anoche he dormido. Me parece mentira que haya descansado
+una noche. Todo lo llevo con paciencia; pero esos desvelos horribles me
+matan. Hoy, ya lo ves, hablo un rato seguido y no me canso.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya... cosas de los nervios... y resultado tambi&eacute;n de la vida ociosa
+que llevas... Pero vamos a mi pleito. S&oacute;lo te quer&iacute;a decir que ya que no
+me acabes el piso, me des siquiera unas vigas viejas que tienes en tu
+solar de la calle de Relatores... Ayer fui a verlas. Si me las das, yo
+las mandar&eacute; aserrar...</p>
+
+<p>&mdash;Vaya por las vigas, que no son viejas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si est&aacute;n medio podridas!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; han de estar! Pero en fin, tarasca, tuyas son&mdash;replic&oacute; Moreno
+volviendo a escribir&mdash;. &iexcl;Cu&aacute;ndo querr&aacute; Dios que acabes tu dichoso asilo,
+a ver si descansa el g&eacute;nero humano! Mira, no sabes lo antip&aacute;tica que te
+haces con tus petitorios. Eres la pesadilla de todas las familias y
+cuando te ven entrar, no lo dudes, aunque te pongan buena cara, &iexcl;te
+echan de dientes adentro cada maldici&oacute;n...!</p>
+
+<p>A estas palabras, dichas con seriedad que m&aacute;s bien parec&iacute;a broma,
+contestole Guillermina sent&aacute;ndose junto al pupitre, apoyando un codo en
+&eacute;l, y mirando frente a frente al sobrino, cuya barba acarici&oacute; con sus
+dedos, entre los cuales ten&iacute;a enredado a&uacute;n el rosario.</p>
+
+<p>&laquo;Todo eso lo dices por buscarme la lengua. Eres muy pillincito. Por de
+pronto vengan esos maderos que no te sirven para nada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Carga con ellos y as&iacute; te perniquiebres&mdash;repuso D. Manuel sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no basta eso. Es preciso que pongas una orden a tu administrador
+para que me los entregue. Aqu&iacute;, en este papelito... Ya que tienes la
+pluma en la mano no me voy sin la orden. Luego acabar&aacute;s tu carta.</p>
+
+<p>Diciendo esto, cog&iacute;a de la papelera un pliego timbrado y se lo pon&iacute;a
+delante, apartando con su propia mano la carta que estaba a medio
+escribir.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios tenga compasi&oacute;n de m&iacute;! Y el diablo cargue con estas santas
+cursis, con estas fundadoras de establecimientos que no sirven para
+nada.</p>
+
+<p>&mdash;Escribe, tontito. Si todo eso que hablas es bulla. &iexcl;Si eres lo m&aacute;s
+bueno... y lo m&aacute;s cristiano...!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cristiano yo!&mdash;exclam&oacute; el caballero enmascarando su benevolencia con
+una fiereza histri&oacute;nica&mdash;. &iexcl;Cristiano yo! &iexcl;Mal pecado! Para que no te
+vuelvas a acercar m&aacute;s a m&iacute;, me voy a hacer protestante, jud&iacute;o, morm&oacute;n...
+Quiero que huyas de m&iacute; como de la peste.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, no tontees. Te advierto que de ninguna manera te has de librar
+de m&iacute;, pues aunque te vuelvas el mismo Demonio, te he de pedir dinero y
+te lo he de sacar. Vamos; ponme eso.</p>
+
+<p>&mdash;No me da la gana. Y dici&eacute;ndolo empezaba a redactar la orden.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute;, as&iacute;...&mdash;dec&iacute;a Guillermina dictando&mdash;. &laquo;Sr. D... haga usted el
+favor de dar los palos...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Por ah&iacute;... los palos... Le&ntilde;a, que te den le&ntilde;a es lo que a ti te viene
+bien.</p>
+
+<p>Durante el silencio de la escritura, oyose en el pasillo pr&oacute;ximo rumor
+de faldas, voces de mujeres y estallido de besos. Moreno levant&oacute; la
+pluma diciendo: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n es?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No te interrumpas... &iquest;Qu&eacute; te importa a ti? Debe de ser Jacinta. Sigue.</p>
+
+<p>&mdash;Pues que pase aqu&iacute;. &iquest;Por qu&eacute; no pasa?</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; hablando con tu hermana. &iexcl;Jacinta, Jacintilla!, entra: el
+monstruo quiere verte.</p>
+
+<p>Abriose la puerta y aparecieron Jacinta y Patrocinio, la hermana de
+Moreno. Esta se re&iacute;a de ver a su hermano enzarzado con la santa, y
+ri&eacute;ndose se retir&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Venga usted... Jacinta por Dios&mdash;dijo Moreno echando la firma al
+documento&mdash;, y s&aacute;queme de este Calvario. Crea usted que su amiguita me
+est&aacute; crucificando.</p>
+
+<p>&laquo;Calle usted, cicatero&mdash;le contest&oacute; la joven avanzando hacia la mesa&mdash;.
+Usted es el que la crucifica a ella, porque pudiendo darle todo lo que
+le pide, que bien de sobra lo tiene, no se lo da: y hace muy mal en
+atormentarla si piensa d&aacute;rselo al fin&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, usted se me ha pasado al enemigo. Ya no hay salvaci&oacute;n&mdash;afirm&oacute;
+&eacute;l quit&aacute;ndose los lentes y frot&aacute;ndose los ojos, cansados de tanto
+escribir&mdash;. Estamos perdidos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eh?, &iquest;qu&eacute; tal? &iquest;Tengo buenos abogados?&mdash;dijo Guillermina recogiendo
+su papel.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cicatero!&mdash;repiti&oacute; Jacinta&mdash;. &iexcl;Negarle tres o cuatro mil tristes
+duros para acabar el piso...!, &iexcl;un hombre que no tiene hijos, que est&aacute;
+nadando en dinero! &iexcl;Usted que antes era tan bueno, tan caritativo...!</p>
+
+<p>&mdash;Es que me he vuelto protestante, hereje, y me voy a volver jud&iacute;o, a
+ver si esta calamidad me deja en paz.</p>
+
+<p>&mdash;No, no le dejaremos, &iquest;verdad?&mdash;insisti&oacute; la santa&mdash;. Mira, Manolo:
+Jacinta y yo pedimos ahora juntas. Aunque te vuelvas turco, ya te cay&oacute;
+que hacer.</p>
+
+<p>&mdash;No, Jacinta no se mete en esos enredos&mdash;dijo Moreno mir&aacute;ndola
+fijamente en los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya que s&iacute; me meto. El asilo es m&iacute;o; lo he comprado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;S&iacute;?, pues si ha dado usted dos pesetas por &eacute;l ha hecho un mal
+negocio. Todav&iacute;a est&aacute; a la mitad y ya se est&aacute; cayendo.</p>
+
+<p>&mdash;Primero te caer&aacute;s t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Es m&iacute;o&mdash;afirm&oacute; la se&ntilde;ora de Santa Cruz avanzando m&aacute;s y poniendo la
+palma de la mano sobre el pupitre&mdash;. A ver, rico avariento, d&eacute; usted
+para la obra de Dios.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Otra! Ya he dado unas vigas que valen cualquier cosa&mdash;replic&oacute; Manolo,
+mirando embelesado, tan pronto la cara de la mendicante como su mano de
+&aacute;ngel, sonrosada y gordita.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no basta. Necesitamos acabar el piso principal, y...</p>
+
+<p>&mdash;Eso... eso...&mdash;interrumpi&oacute; Guillermina&mdash;. Pero no te dar&aacute; ni una mota.
+&iquest;Sabes? Se va a hacer morm&oacute;n, y necesita el dinero para tant&iacute;simas
+mujeres como tendr&aacute; que mantener.</p>
+
+<p>&mdash;Poco a poco, se&ntilde;oras m&iacute;as&mdash;observ&oacute; el rico avariento, ech&aacute;ndose sobre
+el respaldo del sill&oacute;n&mdash;. La cosa var&iacute;a de aspecto. &iexcl;Jacinta metida a
+santa fundadora! &iexcl;Qu&eacute; compromiso! Ahora s&iacute; que no s&eacute; c&oacute;mo salir del
+paso, porque ahora s&iacute; que me condeno de veras, si me obstino en la
+negativa. Porque no hay duda de que esta mano que pide, mano del Cielo
+es...</p>
+
+<p>&mdash;Y tan del Cielo&mdash;indic&oacute; la propia Delfina sacudiendo la mano&mdash;.
+Decidirse pronto, caballero. Es la primera vez que ejerzo de santa. Si
+me echa la limosnita, usted me estrena.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;S&iacute;?...&mdash;dijo &eacute;l movi&eacute;ndose en el sill&oacute;n con gran desasosiego&mdash;. Pues
+doy, pues doy.</p>
+
+<p>Guillermina empez&oacute; a dar palmadas, gritando: &laquo;Hosanna... ya le tenemos
+cogido&raquo;. Y con vivacidad, semejante a la de una jovenzuela, ech&oacute; mano a
+la llave que estaba puesta en uno de los cajones de la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;Eh... &iquest;qu&eacute; libertades son estas?&mdash;grit&oacute; su sobrino sujet&aacute;ndole la
+mano.</p>
+
+<p>&mdash;El talonario del Banco...&mdash;dec&iacute;a la <i>rata eclesi&aacute;stica</i>, luchando por
+desasirse y por sofocar la risa&mdash;. Aqu&iacute;, aqu&iacute; lo tienes, perro hereje...
+s&aacute;calo pronto y pon cuatro n&uacute;meros, cuatro letras y el garabato de tu
+firma. Jacinta, abre... s&aacute;calo... no tengas miedo.</p>
+
+<p>&mdash;Orden, orden, se&ntilde;oras&mdash;arguy&oacute; Moreno a quien la risa cortaba la
+respiraci&oacute;n&mdash;. Esto ya es un allanamiento, un escalo. Tengan calma,
+porque si no me ver&eacute; en el caso de llamar a una pareja.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El talonario, el talonario!&mdash;chillaba Jacinta, dando tambi&eacute;n
+palmadas.</p>
+
+<p>&mdash;Paciencia, paciencia. No tengo aqu&iacute; el talonario. Est&aacute; abajo, en el
+escritorio. Luego...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!... &iexcl;se est&aacute; burlando de nosotras!...</p>
+
+<p>&mdash;No, no&mdash;dijo Guillermina con ardor&mdash;, ya no puede volverse atr&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no me voy ya sin la firma.&mdash;M&aacute;s que la firma&mdash;manifest&oacute; Moreno muy
+serio, poni&eacute;ndose la mano sobre aquel coraz&oacute;n que no val&iacute;a ya dos
+cuartos&mdash;, vale mi palabra.</p>
+
+<p>Estaba p&aacute;lido, casi blanco, del color del papel en que escrib&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;De veras?&raquo;.&mdash;No hay m&aacute;s que hablar.&mdash;Eso s&iacute;&mdash;dijo la santa&mdash;, &eacute;l es un
+pillo, un hereje; pero lo que es palabra, la tiene...</p>
+
+<p>Dichas otras cuantas bromas, retir&aacute;ronse las dos santas fundadoras,
+dejando al hereje con su m&eacute;dico. Iban tan contentas, que cuando entraron
+en el cuarto de Guillermina, a esta le faltaba poco para ponerse a
+bailar.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero de veras nos mandar&aacute; el tal&oacute;n?&raquo; pregunt&oacute; Jacinta, incr&eacute;dula.</p>
+
+<p>&mdash;Como tenerlo en la mano... Has estado muy h&aacute;bil... Como tiene conmigo
+tanta confianza, se pone muy pesado. Pero a ti no te hab&iacute;a de negar...
+&iexcl;Qu&eacute; alegr&iacute;a!... &iexcl;Ya tenemos piso principal! &iexcl;Viva San Jos&eacute; bendito!
+&iexcl;Vivaaaa!... &iexcl;Viva la Virgen del Carmen!... &iexcl;Vivaaaa! Porque a ellos se
+le debe todo. Tarde o temprano, Manolo me habr&iacute;a dado esos cuartos.
+&iexcl;Ah!, yo le conozco bien. &iexcl;Si es un angelote, un bendito, un alma de
+Dios...!</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>No les dur&oacute; mucho el regocijo, porque oyeron el reloj de la Puerta
+del Sol dando las diez, y ambas mudaron s&uacute;bitamente la expresi&oacute;n de su
+rostro. &laquo;Las diez, ya veremos si viene&mdash;dijo Guillermina, que a&uacute;n
+conservaba resplandores de alegr&iacute;a en su cara&mdash;. Prometi&oacute; venir; pero
+esa palabra no debe de ser tan de fiar como la de Manolo&raquo;.</p>
+
+<p>Y permaneciendo ambas en pie, la fundadora dijo a su amiguita:</p>
+
+<p>&laquo;Esto no lo hago yo m&aacute;s que por ti... &iexcl;meterme en vidas ajenas! La
+impresi&oacute;n que saqu&eacute; el otro d&iacute;a es que por el momento no es ella quien
+te le distrae. Ser&iacute;a una actriz consumada si as&iacute; no fuese. Como venga
+hoy, le echaremos la sonda m&aacute;s abajo a ver si sale algo. De todas
+suertes, ya la sermonear&eacute; bien para que le reciba a cajas destempladas,
+si &eacute;l intentara... &iquest;Creer&aacute;s una cosa? &iquest;Que esa mujer no me parece
+enteramente mala?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Podr&aacute; ser... Pero si usted hubiera visto la cara que me puso el otro
+d&iacute;a, una cara de rencor como usted no puede figurarse...</p>
+
+<p>&mdash;Dice que despu&eacute;s le pes&oacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bribona!&mdash;exclam&oacute; Jacinta, frunciendo los labios y apretando los
+pu&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, en fin, hoy la tantearemos otra vez.</p>
+
+<p>Como quiera que sea, su sermoncito no hay quien se lo quite. Y por si
+viene pronto... quedamos en que de diez a once... debes marcharte ya, no
+sea que te pille aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de un rato de silencio, la Delfina dijo con resoluci&oacute;n: &laquo;Yo no
+me voy&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hija, qu&eacute; me dices!... &iquest;Est&aacute;s loca?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no me voy. Me esconder&eacute; en la alcoba. Quiero o&iacute;r lo que diga...</p>
+
+<p>&mdash;Eso s&iacute; que no te lo consiento. &iquest;En mi casa escenas de comedia? No, no
+lo esperes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero qu&eacute; tonta, y qu&eacute; exagerada, y qu&eacute; puntillosa es usted, hija!
+&iquest;Qu&eacute; mal hay en eso?, a ver... Le digo a usted que no me voy.</p>
+
+<p>&mdash;Pues te quedas aqu&iacute;... &iexcl;Ah!, no, eso tampoco. M&aacute;rchate, ni&ntilde;a de mi
+alma, y no me pongas en tan mal paso. No es de mi car&aacute;cter eso.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jeme... &iexcl;por Dios! &iquest;Pero qu&eacute; le importa a usted?... vaya... Yo me
+meto en la alcoba y me estoy all&iacute; como en misa.</p>
+
+<p>&mdash;Hija, ni en los teatros resulta eso con sentido com&uacute;n... Para salir
+diciendo luego con voz hueca: &laquo;&iexcl;lo he o&iacute;do todo!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no chistar&eacute;. No har&eacute; m&aacute;s que o&iacute;r... Vamos, remilgada, d&eacute;jeme usted.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me figuraba yo que hab&iacute;as de salir con alguna tonter&iacute;a. Eres una
+voluntariosa. De esa manera me agradeces lo que hago por ti...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; mal hay?... Vaya, que es usted terca. Pues que no me voy,
+que no me voy.</p>
+
+<p>Son&oacute; la campanilla. &laquo;&iquest;Apostamos a que es ella?... Lo siento&raquo; dijo
+Guillermina, asom&aacute;ndose a la puerta.</p>
+
+<p>Jacinta no crey&oacute; prudente discutir m&aacute;s, y sin decir nada metiose en la
+alcoba, cerrando cuidadosamente las vidrieras. Guillermina, no
+conform&aacute;ndose con el escondite, quiso salir con &aacute;nimo de recibir la
+visita en otra habitaci&oacute;n; mas dispuso la fatalidad que su prima
+Patrocinio, al ver entrar a Fortunata, la tomara por una de las muchas
+personas que iban all&iacute; a pedir socorros, y la introdujese, como si
+dij&eacute;ramos, a boca de jarro, en el gabinete de la santa. Esta se vio algo
+confusa, sin saber c&oacute;mo salir de aquel atolladero. &laquo;&iexcl;Ah!, &iquest;era usted?...
+No la esperaba... Pase y tome asiento&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata, que iba vestida con mucha sencillez, entr&oacute; como entrar&iacute;a una
+planchadora que va a entregar la ropa. Avanzaba t&iacute;midamente,
+deteni&eacute;ndose a cada palabra del saludo, y fue preciso que Guillermina la
+mandase dos o tres veces sentarse para que lo hiciera. Su aire de
+modestia, su encogimiento, que era el mejor signo de la conciencia de su
+inferioridad, hac&iacute;anla en aquel instante verdadero tipo de mujer del
+pueblo, que por incidencia se encuentra mano a mano con las personas de
+clase superior. Mucho la cohib&iacute;a el temor de no saber usar t&eacute;rminos en
+consonancia con los que emplear&iacute;a la confesora, pues en todas las
+ocasiones dif&iacute;ciles recobraba su popular rudeza, y se le iban de la
+memoria las pocas ense&ntilde;anzas de lenguaje y modales que hab&iacute;a recibido en
+su corta y accidentada vida de se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Pero lo verdaderamente singular era que Guillermina, tan due&ntilde;a de su
+palabra normalmente, estaba tambi&eacute;n azorada aquel d&iacute;a, y no sab&iacute;a c&oacute;mo
+desenvolverse. El escondite de su amiga la llenaba de confusi&oacute;n, porque
+era un enga&ntilde;o, un fraude, una supercher&iacute;a indigna de personas formales.
+Lo primero que a la santa se le ocurri&oacute;, para empezar, fue una
+ampliaci&oacute;n de lo que hab&iacute;a dicho en la casa de Severiana. &laquo;Si quiere
+usted que seamos amigas y que le d&eacute; buenos consejos, es preciso que
+tenga conmigo mucha confianza y no me oculte nada, por feo y malo que
+sea. Hay en su vida de usted un punto muy oscuro. Usted est&aacute; casada y no
+quiere a su marido; as&iacute; me lo confes&oacute; el otro d&iacute;a. Crea que esto me ha
+dado qu&eacute; pensar. Dice usted que se cas&oacute; sin saber lo que hac&iacute;a...
+Explicaci&oacute;n escurridiza. Tengamos sinceridad, y hablemos claro. La
+sinceridad es dif&iacute;cil; pero as&iacute; como los ni&ntilde;os, que confiesan por
+primera vez, no confesar&iacute;an si el cura no les sacara los pecadillos con
+cuchara, as&iacute; yo voy a ayudarle a usted preguntando y ech&aacute;ndole el
+anzuelo de la respuesta. Veremos si pica... Cuando usted se determin&oacute; a
+casarse, &iquest;no hizo all&aacute; en el fondo de su pensamiento, la reserva de que
+el matrimonio le permitiera pecar libremente, no digo que con este y con
+el otro, sino con el que usted quer&iacute;a?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata miraba al techo, recordando.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No hab&iacute;a esa reserva? A ver... busque usted bien; busque m&aacute;s adentro,
+m&aacute;s abajo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Puede que s&iacute; la hubiera&mdash;dijo la otra al fin, con voz muy apagada y
+tr&eacute;mula&mdash;. Puede que s&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ve usted c&oacute;mo salen las heces cuando se las quiere sacar?</p>
+
+<p>&mdash;Pero tambi&eacute;n le dir&eacute; a usted que yo no contaba con volverle a ver...
+Pens&eacute; que no se acordaba de m&iacute;. Yo me llegu&eacute; a creer que podr&iacute;a ser
+buena y honrada... me lo tragu&eacute;. &iquest;Pero c&oacute;mo fue ello?, que &eacute;l me
+busc&oacute;... s&iacute; se&ntilde;ora, me busc&oacute; y me encontr&oacute;. Sin saber c&oacute;mo, de repente,
+el casamiento y mi marido se me pusieron a cien mil leguas de distancia.
+Yo no s&eacute; explicarlo, no s&eacute; explicarlo.</p>
+
+<p>En cuanto la conversaci&oacute;n se corr&iacute;a del lado de Juanito Santa Cruz,
+Guillermina se aterraba. Quer&iacute;a apartarla de aquel extremo peligroso, y
+no sab&iacute;a c&oacute;mo llevar a su penitente a un terreno puramente ideal.</p>
+
+<p>&laquo;Pero su conciencia... eso es lo que quiero saber&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi conciencia!... esto s&iacute; que es raro... se lo cuento a usted como
+pas&oacute;... no se me alborotaba cuando comet&iacute;a yo aquellos pecados tan
+refeos... Le dir&eacute; a usted m&aacute;s, aunque se horrorice... mi conciencia me
+aprobaba... vamos al caso, me dec&iacute;a una cosa muy atroz, me dec&iacute;a que mi
+verdadero marido...</p>
+
+<p>&mdash;No siga usted&mdash;interrumpi&oacute; la santa alarmad&iacute;sima, creyendo sentir
+ruido en la alcoba. Es horrible. No siga usted. &iexcl;Virgen del Carmen! Est&aacute;
+usted muy da&ntilde;ada.</p>
+
+<p>&mdash;Parec&iacute;ame a m&iacute;&mdash;prosigui&oacute; la penitente sin poder contener la efusi&oacute;n
+de su sinceridad&mdash;, que aquel hombre me pertenec&iacute;a a m&iacute; y que yo no
+pertenec&iacute;a al otro... que mi boda era un enga&ntilde;o, una ilusi&oacute;n, como lo
+que sacan en los teatros.</p>
+
+<p>&mdash;Calle, c&aacute;llese por Dios...</p>
+
+<p>&mdash;Pero agu&aacute;rdese usted... A m&iacute; me hab&iacute;a dado palabra de casamiento...
+como esta es luz... Y me la hab&iacute;a dado antes de casarse... Y yo hab&iacute;a
+tenido un ni&ntilde;o... Y a m&iacute; me parec&iacute;a que est&aacute;bamos los dos atados para
+siempre, y que lo dem&aacute;s que vino despu&eacute;s no vale... eso es.</p>
+
+<p>Guillermina se llev&oacute; las manos a la cabeza... Discurri&oacute; que lo mejor era
+diferir la conferencia para otro d&iacute;a, pretextando que ten&iacute;a que salir.
+&laquo;Eso es muy grave. Hay que tratarlo despacio. Cierto que una promesa
+liga algo... No sostendr&eacute; yo que ese joven se port&oacute; bien con usted. Pero
+el tiempo, la sociedad... Y sobre todo, los derechos que usted podr&iacute;a
+tener, los ha perdido con su mala conducta&raquo;.&mdash;Yo no habr&iacute;a sido
+mala&mdash;dijo la de Rub&iacute;n envalenton&aacute;ndose, al ver en su confesora un
+inexplicable aturdimiento&mdash;, si &eacute;l no me hubiera plantado en medio del
+arroyo con un hijo dentro de m&iacute;&mdash;la santa vacilaba; no sab&iacute;a por d&oacute;nde
+romper. &iexcl;Ah!, sin aquel peligroso testigo de Jacinta ya se habr&iacute;a
+explicado ella bien, ense&ntilde;ando a la atrevida cu&aacute;ntas son cinco.</p>
+
+<p>&mdash;Usted, hija m&iacute;a, est&aacute; como trastornada&mdash;le dijo, buscando modos de
+hacer insignificante la conversaci&oacute;n&mdash;. El otro d&iacute;a me pareci&oacute; usted m&aacute;s
+razonable... &iquest;qu&eacute; mosca la ha picado...?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; mosca?&mdash;dijo Fortunata con cierto extrav&iacute;o en la mirada&mdash;. &iquest;Qu&eacute;
+mosca?, pues una.</p>
+
+<p>&mdash;Porque usted no se hace cargo de que ha pasado tiempo, de que ese
+hombre est&aacute; casado con una mujer angelical, y que...</p>
+
+<p>En la fisonom&iacute;a de la pr&oacute;jima se encendi&oacute; de improviso una luz viv&iacute;sima.
+Fue como una aureola de inspiraci&oacute;n que le envolv&iacute;a toda la cara. M&aacute;s
+hermosa que nunca, sac&oacute; de su cabeza un gallard&iacute;simo argumento, y se lo
+solt&oacute; a la otra como se suelta una bomba explosiva.</p>
+
+<p>&iexcl;Pruuun! Guillermina se qued&oacute; atontada cuando oy&oacute; esta atrocidad:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Angelical!... s&iacute;, todo lo angelical que usted quiera; pero <i>no tiene
+hijos</i>. Esposa que no tiene hijos, no es tal esposa&raquo;.</p>
+
+<p>Guillermina se qued&oacute; tan pasmada, que no pudo responder.</p>
+
+<p>&laquo;Es idea m&iacute;a&mdash;prosigui&oacute; la otra con la inspiraci&oacute;n de un ap&oacute;stol y la
+audacia criminal de un anarquista&mdash;. Dir&aacute; usted lo que guste; pero es
+idea m&iacute;a, y no hay quien me la quite de la cabeza... Virtuosa, s&iacute;;
+estamos en ello; pero no le puede dar un heredero... Yo, yo, yo se lo he
+dado, y se lo puedo volver a dar...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios... c&aacute;llese usted... no he visto otro caso... &iexcl;Qu&eacute; idea!...
+&iexcl;qu&eacute; atrevimiento! Est&aacute; usted condenada.</p>
+
+<p>Y la virgen y confesora lleg&oacute; a tal grado de confusi&oacute;n, que no daba ya
+pie con bola.</p>
+
+<p>&laquo;Yo estar&eacute; todo lo condenada que usted quiera... pero es mi idea; con
+esta idea me ir&eacute; al Infierno, al Cielo o a donde Dios disponga que me
+vaya... Porque eso de que yo sea mala, muy mala, todav&iacute;a est&aacute; por ver&raquo;.</p>
+
+<p>La santa la miraba con verdadero espanto. Fortunata parec&iacute;a estar fuera
+de s&iacute; y como el exaltado artista que no tiene conciencia de lo que dice
+o canta.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Por qu&eacute; he de ser yo tan mala como parece?... &iquest;porque tengo una idea?
+&iquest;No puede una tener una idea?... &iquest;Dice usted que la otra es un &aacute;ngel? Yo
+no lo niego, yo no pretendo quitarle su m&eacute;rito... Si a m&iacute; me gusta, si
+quisiera parecerme a ella en algunas cosas, en otras no, porque ella
+ser&aacute; para usted todo lo santa que se quiera, pero est&aacute; por debajo de m&iacute;
+en una cosa: <i>no tiene hijos</i>, y cuando tocan a tener hijos, no me
+rebajo a ella, y levanto mi cabeza, s&iacute; se&ntilde;ora... Y no los tendr&aacute; ya,
+porque est&aacute; probado, y por lo que hace a que yo los puedo tener, tambi&eacute;n
+muy probado est&aacute;. Es mi idea, es una idea m&iacute;a. Y otra vez lo digo: la
+esposa que no da hijos, no vale... Sin nosotras las que los damos, se
+acabar&iacute;a el mundo... Luego nosotras...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Nada, nada, esta mujer est&aacute; loca y no tendr&eacute; m&aacute;s remedio que ponerla en
+la calle&mdash;pens&oacute; Guillermina&mdash;. &iexcl;Y qu&eacute; trago estar&aacute; pasando la otra
+pobre, oyendo tales lindezas!&raquo;.</p>
+
+<p>Notaba en ella cierta exaltaci&oacute;n insana. No era la misma mujer con quien
+hab&iacute;a hablado dos d&iacute;as antes. Ya ten&iacute;a la palabra en la boca para
+despedirla con buen modo, cuando se sinti&oacute; ruido como de mano golpeando
+en los cristales de un mirador, y luego una voz que llamaba a
+Guillermina. Asomose esta. Fortunata oy&oacute; claramente la voz de do&ntilde;a
+B&aacute;rbara preguntando: &laquo;&iquest;Est&aacute; ah&iacute; Jacinta?&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>La santa vacil&oacute; antes de dar respuesta. Por fin la dio:
+&laquo;&iquest;Jacinta?... No, aqu&iacute; no est&aacute;&raquo;. Poco m&aacute;s hablaron las dos damas, y
+Guillermina volvi&oacute; al lado de la visita; pero la falsedad que se hab&iacute;a
+visto obligada a decir trastornaba de tal modo su esp&iacute;ritu, que no
+parec&iacute;a la misma mujer de siempre, segura, imp&aacute;vida y tan due&ntilde;a de su
+palabra como de sus actos. La mentira y el escondite esc&eacute;nico de su
+amiga pusi&eacute;ronla en la situaci&oacute;n m&aacute;s cr&iacute;tica del mundo, porque se hab&iacute;a
+hecho a la verdad, y viv&iacute;a en ella como los peces en el agua. Estaba la
+pobre se&ntilde;ora, con aquellos escr&uacute;pulos, como pez a quien sacan de su
+elemento, y a&uacute;n le pas&oacute; por el mag&iacute;n la pavorosa idea: <i>&iexcl;pecado mortal!</i>
+En fin que aquello se ten&iacute;a que concluir.</p>
+
+<p>&laquo;Hija m&iacute;a, usted est&aacute; hoy un poco alucinada. Bien quisiera poderla o&iacute;r,
+consolarla... pero tiene que dispensarme por hoy... Otro d&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tiene usted que salir?&mdash;dijo la anarquista con pena&mdash;. Bueno,
+volver&eacute;; yo tengo que contarle a usted una cosa... Si no se la cuento a
+usted, lo sentir&eacute;... &iexcl;Ay!, una cosa que me ha pasado ayer... &iexcl;tremenda,
+muy tremenda!</p>
+
+<p>Guillermina permaneci&oacute; en pie, diciendo para s&iacute;: &laquo;&iquest;qu&eacute; ser&aacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Si persiste usted&mdash;agreg&oacute; en voz alta&mdash;, en tener esas ideas
+estramb&oacute;ticas, es dif&iacute;cil que yo la consuele. No nos entenderemos
+nunca&raquo;.</p>
+
+<p>En aquel momento la pecadora clavaba sus ojos en la santa. Se le estaba
+pareciendo a Mauricia. La cara no era la misma; pero la expresi&oacute;n s&iacute;...
+y la voz, se le hab&iacute;a enronquecido como la de las personas que beben
+aguardiente.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;En qu&eacute; piensa usted? &iquest;Por qu&eacute; me mira tanto?&raquo; le pregunt&oacute; Guillermina,
+que ya estaba impaciente por terminar.&mdash;La miro a usted porque me gusta
+mirarla... Anoche y anteanoche, y todos los d&iacute;as desde aquel en que
+hablamos, la tengo a usted metidita dentro de mis ojos, la veo cuando
+duermo y cuando no duermo. Ayer, cuando me pas&oacute; lo que me pas&oacute;, dije:
+&laquo;No tengo sosiego hasta que no se lo cuente a la se&ntilde;ora&raquo;.</p>
+
+<p>Guillermina, movida de gran curiosidad, se sent&oacute;, y tom&aacute;ndole una mano,
+le dijo en voz queda: &laquo;Cuente usted... Ya oigo&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pues ayer&mdash;refiri&oacute; la joven con los ojos bajos, alz&aacute;ndolos al final de
+cada frase, como si pusiera con ellos las comas, m&aacute;s que con el
+acento&mdash;, pues ayer... iba yo tan tranquila por la calle de la
+Magdalena, pensando en usted... porque siempre estoy pensando en usted
+y... me par&eacute; a ver el escaparate de una tienda donde hay tubos y llaves
+de agua... Ni s&eacute; por qu&eacute; me par&eacute; all&iacute;, pues &iquest;qu&eacute; me importan a m&iacute; los
+tubos?... cuando sent&iacute; a mi espalda... mejor dicho aqu&iacute; en el cuello,
+una voz... &iexcl;Ay, se&ntilde;ora!, la voz me son&oacute; aqu&iacute; detr&aacute;s junto a estos
+pelitos que tenemos donde nace la cabellera, y fue como si me entraran
+una aguja muy fina y muy fr&iacute;a... Me qued&eacute; helada... volvime... le vi...
+se sonre&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Guillermina extendi&oacute; la mano para taparle la boca; pero sin resultado.</p>
+
+<p>&laquo;Yo no pod&iacute;a hablar... Me qued&eacute; como una estatua; me dieron ganas de
+llorar, de echar a correr o de no s&eacute; qu&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No le dir&iacute;a a usted nada de particular&mdash;indic&oacute; la santa muy asustada,
+quitando gravedad al asunto&mdash;. Nada m&aacute;s que un saludo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; saludo?... Ver&aacute; usted. Me dijo: &laquo;&iquest;Chiquilla, qu&eacute; es de tu
+vida?...&raquo;. Yo no le pude contestar... Di media vuelta, y &eacute;l me cogi&oacute; una
+mano.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, vamos, esto ya es demasiado&mdash;declar&oacute; Guillermina, levant&aacute;ndose
+turbad&iacute;sima&mdash;. Otro d&iacute;a me contar&aacute; usted eso...</p>
+
+<p>&mdash;No, si no hay m&aacute;s... Yo retir&eacute; mi mano, y me fui sin decirle nada...
+No tuve alma para seguir adelante sin mirar para atr&aacute;s, y mir&eacute; y le
+vi... Me segu&iacute;a, distante. Apresur&eacute; el paso y me met&iacute; en mi casa...</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien hecho, muy bien hecho...</p>
+
+<p>&mdash;Pero agu&aacute;rdese usted&mdash;dijo Fortunata que ya no estaba exaltada, sino
+en un grado de humildad lastimosa, y su tono era el de los penitentes
+muy afligidos, que no pueden con el peso de sus culpas&mdash;. A&uacute;n falta lo
+mejor. Despu&eacute;s que le vi, se me ha clavado de tal manera en el
+pensamiento la idea de... Es una idea m&iacute;a, idea mala, se&ntilde;ora... pero
+usted es una santa, y me la quitar&aacute; de la cabeza... Por eso no tengo
+sosiego hasta no dec&iacute;rsela...</p>
+
+<p>&mdash;Basta, basta; no quiero, no quiero.</p>
+
+<p>&mdash;Que s&iacute; quiere&mdash;insisti&oacute; la joven reteni&eacute;ndola por ambas manos, pues la
+confesora hizo adem&aacute;n de apartarse de ella.</p>
+
+<p>&mdash;Una idea infame... la idea de pecar otra vez...&mdash;dijo Guillermina,
+balbuciente&mdash;. &iquest;Es eso?...</p>
+
+<p>&mdash;Eso es... pero ver&aacute; la se&ntilde;ora. Yo quiero echarla de m&iacute;; pero a veces
+se me ocurre que no debo echarla, que no peco...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s!&mdash;Que as&iacute; debe ser, que as&iacute; est&aacute; dispuesto&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la se&ntilde;ora de
+Rub&iacute;n, volviendo a exaltarse y a tomar la expresi&oacute;n del anarquista que
+arroja la bomba explosiva para hacer saltar a los poderes de la tierra.
+Es una idea m&iacute;a, una idea muy perra, una idea negra como las ni&ntilde;as de
+los ojos de Satan&aacute;s... y no me la puedo arrancar.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llese usted... Guillermina puso cara de consternaci&oacute;n y dio algunos
+pasos, vacilando como una persona que se va a caer. Tiempo hac&iacute;a, mucho
+tiempo, que la insigne fundadora no se hab&iacute;a encontrado en compromiso
+semejante. Sent&iacute;ase atada y sin libertad, y esto la pon&iacute;a fuera de s&iacute;,
+destruyendo aquella serenidad soberana que normalmente ten&iacute;a. A&uacute;n
+intent&oacute; un esfuerzo para dominar situaci&oacute;n tan penosa, y echando miradas
+de alarma a la vidriera de su alcoba, dijo: &laquo;Pero usted... no
+reflexiona... que...&raquo;.</p>
+
+<p>No pudo concluir esta frase trivial. La otra, que siendo cifra de todas
+las debilidades humanas, parec&iacute;a m&aacute;s fuerte que la gran doctora y santa,
+se permiti&oacute; sonre&iacute;r oy&eacute;ndola. &laquo;&iquest;Y qu&eacute; saco de reflexionar? Mientras m&aacute;s
+reflexiono peor&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que usted no tiene atadero... Con esas ideas, pronto volver&iacute;amos
+al estado salvaje.</p>
+
+<p>Con sonrisa sarc&aacute;stica y un expresivo alzar de hombros, dio a entender
+Fortunata que por ella no hab&iacute;a inconveniente en que la sociedad
+volviera al estado salvaje...</p>
+
+<p>&laquo;Usted no tiene sentido moral; usted no puede tener nunca principios,
+porque es anterior a la civilizaci&oacute;n; usted es una salvaje y pertenece
+de lleno a los pueblos primitivos&raquo;. Esto o cosa parecida le habr&iacute;a dicho
+Guillermina si su esp&iacute;ritu hubiera estado en otra disposici&oacute;n.
+&Uacute;nicamente expres&oacute; algo que se relacionaba vagamente con aquellas ideas:
+&laquo;Tiene usted las pasiones del pueblo, brutales y como un canto sin
+labrar&raquo;.</p>
+
+<p>As&iacute; era la verdad, porque el pueblo, en nuestras sociedades, conserva
+las ideas y los sentimientos elementales en su tosca plenitud, como la
+cantera contiene el m&aacute;rmol, materia de la forma. El pueblo posee las
+verdades grandes y en bloque, y a &eacute;l acude la civilizaci&oacute;n conforme se
+le van gastando las menudas, de que vive.</p>
+
+<p>De repente Fortunata vacil&oacute; en su &aacute;nimo. Parec&iacute;a una fuerza nerviosa que
+ca&iacute;a en brusca sedaci&oacute;n. La otra, en cambio, se creci&oacute; de repente por
+una sacudida de su conciencia. &laquo;Ya no m&aacute;s, no m&aacute;s mentira. No puedo, no
+puedo...&raquo;.</p>
+
+<p>Alz&oacute; los ojos al techo, cruz&oacute; las manos, su cara se puso muy encendida y
+sus ojos iluminados. Quedose at&oacute;nita la anarquista oy&eacute;ndole decir estas
+palabras con un acento que parec&iacute;a ser de otro mundo:</p>
+
+<p>&laquo;Salva, Jes&uacute;s m&iacute;o, esta alma que se quiere perder, y ap&aacute;rtame a m&iacute; de la
+mentira&raquo;. Despu&eacute;s se lleg&oacute; a ella y le cogi&oacute; una mano, dici&eacute;ndole con
+profunda l&aacute;stima: &laquo;&iexcl;Pobre mujer!, yo tengo la culpa de las atrocidades
+que ha dicho usted, yo, yo, Dios me lo perdone, y la causa ha sido una
+farsa, una mentira... La verdad ante todo. La verdad me ha salvado
+siempre y me salvar&aacute; ahora. Usted ha dicho cosas infernales que
+desgarran el coraz&oacute;n de mi amiga, y las ha dicho porque cre&iacute;a que
+hablaba s&oacute;lo conmigo. Pues la he enga&ntilde;ado a usted, porque Jacinta est&aacute;
+escondida en aquella alcoba&raquo;.</p>
+
+<p>Dici&eacute;ndolo, corri&oacute; hacia la puerta vidriera y la empuj&oacute;. Fortunata, que
+estaba sentada frente a la puerta aquella, levantose de golpe,
+qued&aacute;ndose yerta y muda. Jacinta no aparec&iacute;a. Se oyeron tan s&oacute;lo sus
+sollozos. Estaba sentada en una silla, apoyando la cabeza en la cama de
+la santa. Esta se fue a ella y le dijo: &laquo;Perd&oacute;nala, querida m&iacute;a, que no
+sabe lo que se dice&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Y usted...&mdash;a&ntilde;adi&oacute;, saliendo a la puerta&mdash;, bien comprender&aacute; que debe
+retirarse. H&aacute;game el favor... Quiz&aacute;s todo habr&iacute;a concluido de un modo
+pac&iacute;fico; pero la Delfina se levant&oacute; de repente, pose&iacute;da de la rabia de
+paloma que en ocasiones le entraba. &iexcl;&Aacute;nimas benditas! De un salto sali&oacute;
+al gabinete. Estaba amoratada de tanto llorar y de tant&iacute;sima c&oacute;lera como
+sent&iacute;a... No pod&iacute;a hablar... se ahogaba. Tuvo que hacer como que escup&iacute;a
+las palabras para poder decir con gritos intermitentes: &laquo;&iexcl;Bribona...
+infame, tiene el valor de creerse!... no comprende que no se la ha
+mandado... a la galera, porque la justicia... porque no hay justicia...
+Y usted... (por Guillermina) no s&eacute; c&oacute;mo consiente, no s&eacute; c&oacute;mo ha podido
+creer... &iexcl;Qu&eacute; ignominia!... Esta mujerzuela aqu&iacute;, en esta casa... &iexcl;qu&eacute;
+afrenta!... &iexcl;Ladrona...!&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata, en el primer movimiento de sorpresa y temor, hab&iacute;a dado una
+vuelta y pu&eacute;stose tras el sill&oacute;n en que poco antes estaba sentada.
+Apoyando las manos en el respaldo, agach&oacute; el cuerpo y mene&oacute; las caderas
+como los tigres que van a dar el salto. Mirola Guillermina, sintiendo el
+espanto m&aacute;s grande que en su vida hab&iacute;a sentido... Fortunata agach&oacute; m&aacute;s
+la cabeza... Sus ojos negros, situados contra la claridad del balc&oacute;n,
+parec&iacute;a que se le volv&iacute;an verdes, arrojando un resplandor de luz
+el&eacute;ctrica. Al propio tiempo dej&oacute; o&iacute;r una voz ronca y terrible que dec&iacute;a:
+&laquo;&iexcl;La ladrona eres t&uacute;... t&uacute;! Y ahora mismo...&raquo;.</p>
+
+<p>La ira, la pasi&oacute;n y la groser&iacute;a del pueblo se manifestaron en ella de
+golpe, con explosi&oacute;n formidable. Volvi&oacute; a la ni&ntilde;ez, a aquella &eacute;poca en
+que trab&aacute;ndose de palabras con alguna otra zagalona de la plazuela, se
+agarraban por el mo&ntilde;o y se sacud&iacute;an de firme, hasta que los mayores las
+separaban. No parec&iacute;a ser quien era, ni deb&iacute;a de tener conciencia de lo
+que hac&iacute;a. Jacinta y Guillermina se acobardaron un momento; pero luego
+la primera lanz&oacute; un grito de angustia, y la santa sali&oacute; a pedir socorro.
+No tuvo tiempo Fortunata de prolongar su altercado ni de volver en s&iacute;,
+porque apareci&oacute; en la puerta el criado de Moreno, que era un inglesote
+como un castillo, y a poco vino tambi&eacute;n do&ntilde;a Patrocinio, y despu&eacute;s el
+mismo Moreno.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Rub&iacute;n no se dio cuenta de lo dem&aacute;s... Ten&iacute;a despu&eacute;s una
+idea incierta de que la mano dura del ingl&eacute;s la hab&iacute;a cogido por un
+brazo, apret&aacute;ndoselo tanto que a&uacute;n le dol&iacute;a al d&iacute;a siguiente; de que la
+sacaron del gabinete, de que le abrieron la puerta y de que se vio
+bajando la escalera.</p>
+
+<p>Todos acudieron a la se&ntilde;ora de Santa Cruz que hab&iacute;a perdido el
+conocimiento, y Moreno, poniendo una cara entre burlesca y consternada,
+se dej&oacute; decir: &laquo;Estas cosas le pasan a mi querida t&iacute;a por meterse a
+redentora&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Baj&oacute; Fortunata los pelda&ntilde;os riendo... Era una risa est&uacute;pida
+salpicada de interjecciones. &laquo;&iexcl;A m&iacute;, decirme...! Si no me echan, la
+cojo... le levanto... pero no s&eacute;, no recuerdo bien si le ara&ntilde;&eacute; la cara.
+&iexcl;A m&iacute; decirme! Si le pego un bocado no la suelto... Ja, ja, ja...&raquo;. Le
+temblaban tanto las piernas, que al llegar a la calle apenas pod&iacute;a
+andar. La luz y el aire parec&iacute;a que le despejaban algo la cabeza, y
+empez&oacute; a darse cuenta de la situaci&oacute;n. &iquest;Pero era verdad lo que hab&iacute;a
+dicho y hecho? No estaba segura de haberle pegado; pero s&iacute; de que le
+dijo algo. &iquest;Y para qu&eacute; la otra la hab&iacute;a llamado a ella <i>ladrona</i>?...
+Subi&oacute; por la calle de la Paz, pasando a cada instante de una acera a
+otra sin saber lo que hac&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero yo qu&eacute; he hecho?... &iexcl;Oh!, bien hecho est&aacute;... &iexcl;Llamarme a m&iacute;
+<i>ladrona</i>, ella que me ha robado lo m&iacute;o!&raquo;. Se volvi&oacute; para atr&aacute;s, y como
+quien echa una maldici&oacute;n, dijo entre dientes: &laquo;T&uacute; me llamar&aacute;s lo que
+quieras... Ll&aacute;mame tal o cual y tendr&aacute;s raz&oacute;n... T&uacute; ser&aacute;s un &aacute;ngel...
+pero t&uacute; no has tenido hijos. Los &aacute;ngeles no los tienen. Y yo s&iacute;... Es mi
+idea, una idea m&iacute;a. Rabia, rabia, rabia... Y no los tendr&aacute;s, no los
+tendr&aacute;s nunca, y yo s&iacute;... Rabia, rabia, rabia...&raquo;.</p>
+
+<p>M&aacute;s all&aacute; del Banco volvi&oacute; a re&iacute;rse. Su mon&oacute;logo era as&iacute;: &laquo;&iexcl;Lo mismo que
+la otra, la <i>se&ntilde;ora</i> del Esp&iacute;ritu Santo...! Do&ntilde;a Mauricia, digo,
+Guillermina la Dura... Quiere hacernos creer que es santa... &iexcl;buen peine
+est&aacute;! Harta de retozar con los curas, se quiere hacer la obispa
+catoliqu&iacute;sima y meterse en el confesonario... &iexcl;Perdida, borrachona,
+hipocritona!... p&uacute;a de sacrist&iacute;a, amancebada con todos los cl&eacute;rigos...
+con el Nuncio y con San Jos&eacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>De pronto sus ideas variaron, y sintiendo dolorosa angustia en su alma,
+como impresi&oacute;n de horrible vac&iacute;o, pensaba as&iacute;: &laquo;&iquest;Pero a qui&eacute;n me volver&eacute;
+ahora? &iexcl;Dios m&iacute;o, qu&eacute; sola estoy! &iexcl;Por qu&eacute; te me has muerto, amiga de mi
+alma, Mauricia!... Por m&aacute;s que digan, t&uacute; eras un &aacute;ngel en la tierra, y
+ahora est&aacute;s divirti&eacute;ndote con los del Cielo; &iexcl;y yo aqu&iacute; tan solita! &iquest;Por
+qu&eacute; te has muerto? Vu&eacute;lvete ac&aacute;... &iquest;Qu&eacute; es de m&iacute;? &iquest;Qu&eacute; me aconsejas?
+&iquest;Qu&eacute; me dices?... &iexcl;Qu&eacute; ganas siento de llorar! Sola, sin nadie que me
+diga una palabra de consuelo... &iexcl;Oh!, &iexcl;qu&eacute; amiga me he perdido!...
+Mauricia, no est&eacute;s m&aacute;s entre las &aacute;nimas benditas, y vuelve a vivir...
+Mira que estoy hu&eacute;rfana, y yo y los huerfanitos de tu asilo estamos
+llorando por ti... Los pobres que t&uacute; socorr&iacute;as te llaman. Ven, ven...
+Se&ntilde;or Pepe te ha hecho los gatillos... le vi esta ma&ntilde;ana en la fragua,
+machacando, tin, tan... Mauricia, amiga de mi alma, ven y las dos juntas
+nos contaremos nuestras penas, hablaremos de cuando nos quer&iacute;an nuestros
+hombres, y de lo que nos dec&iacute;an cuando nos arrullaban, y luego beberemos
+aguardiente las dos, porque yo tambi&eacute;n quiero el aguardientito, como t&uacute;,
+que est&aacute;s en la gloria, y lo beber&eacute; contigo para que se me duerman mis
+penas, s&iacute;, para que se me emborrachen mis penas&raquo;.</p>
+
+<p>Entr&oacute; por fin en casa. Enteramente trastornada, andaba como una m&aacute;quina.
+No hab&iacute;a nadie m&aacute;s que Papitos, a quien vio, mas no le dijo nada.
+Encerrose en su alcoba, tir&oacute; el manto y se ech&oacute; en el sof&aacute;, dando un
+rugido. Despu&eacute;s de revolcarse como las fieras heridas, se puso boca
+abajo, oprimiendo el vientre contra los muelles del sof&aacute;, y clavando los
+dedos en un coj&iacute;n. No tard&oacute; en caer en penoso letargo, lleno de visiones
+disparatadas y horribles, sin darse cuenta del tiempo que estuvo en tal
+disposici&oacute;n. Cuando volvi&oacute; en s&iacute;, hab&iacute;a poca luz en el cuarto. Fij&aacute;ndose
+bien, pudo distinguir la cara escrutadora de do&ntilde;a Lupe que la
+observaba... &laquo;&iquest;Qu&eacute; tienes?... Me has asustado. &iexcl;Dabas unos mugidos...!,
+y de pronto te echabas a re&iacute;r, &iexcl;y se te escapaban unas palabritas...!&raquo;.
+A las reiteradas y capciosas preguntas de su t&iacute;a, contestaba
+evasivamente y con mucha torpeza. &laquo;&iquest;En d&oacute;nde has estado hoy? T&uacute; has
+salido&raquo;.&mdash;&laquo;Fui a comprar aquella tela...&raquo;.&mdash;&laquo;&iquest;Y d&oacute;nde est&aacute;?&raquo;.&mdash;&laquo;&iquest;Que
+d&oacute;nde est&aacute; la tela?... Pues no s&eacute;...&raquo;.&mdash;&laquo;Parece que est&aacute;s en Babia. A ti
+te pasa algo. Lev&aacute;ntate de ese sof&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Pero no se levantaba. Empez&oacute; a sospechar la viuda que aquel esp&iacute;ritu
+estaba perturbado, y tembl&oacute;. Vinieron a su pensamiento pasadas
+verg&uuml;enzas y desdichas, y se prometi&oacute; vigilar mucho. Estuvo la se&ntilde;ora de
+morros toda la noche, y Fortunata de m&aacute;s morros todav&iacute;a, sintiendo que
+se apoderaba de su alma la aversi&oacute;n a toda aquella familia. No les pod&iacute;a
+ver. Eran sus carceleros, sus enemigos, sus esp&iacute;as. A cualquier parte de
+la casa que fuese, segu&iacute;ala do&ntilde;a Lupe. Se sent&iacute;a vigilada, y el rechinar
+de las zapatillas de su t&iacute;a le causaba violent&iacute;sima ira. Al d&iacute;a
+siguiente, despu&eacute;s de almorzar, y cuando Maxi se hab&iacute;a marchado a la
+botica, tuvo tanto miedo Fortunata a que la ira estallase, que para
+evitarlo se at&oacute; una venda a la cabeza, fingiendo jaqueca, y encerr&aacute;ndose
+en su alcoba, acostose en su cama. A la media hora le entr&oacute;, como el d&iacute;a
+anterior, la embriaguez aquella, el desvanecimiento de las ideas, que se
+emborrachaban con tragos de dolor y se dorm&iacute;an.</p>
+
+<p>En tal situaci&oacute;n siente vivos impulsos de salir a la calle; se levanta,
+se viste, pero no est&aacute; segura de haberse quitado la venda. Sale, se
+dirige a la calle de la Magdalena, y se para ante el escaparate de la
+tienda de tubos, obedeciendo a esa rutina del instinto por la cual,
+cuando tenemos un encuentro feliz en determinado sitio, volvemos al
+propio sitio creyendo que lo tendremos por segunda vez. &iexcl;Cu&aacute;nto tubo!,
+llaves de bronce, grifos, y multitud de cosas para llevar y traer el
+agua... Deti&eacute;nese all&iacute; mediano rato viendo y esperando. Despu&eacute;s sigue
+hacia la plaza del Progreso. En la calle de Barrionuevo, se detiene en
+la puerta de una tienda donde hay piezas de tela desenvueltas y colgadas
+haciendo ondas. Fortunata las examina, y coge algunas telas entre los
+dedos para apreciarlas por el tacto. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; bonita es esta cretona!&raquo;.
+Dentro hay un enano, un monstruo, vestido con balandr&aacute;n rojo y turbante,
+alima&ntilde;a de transici&oacute;n que se ha quedado a la mitad del camino darwinista
+por donde los orangutanes vinieron a ser hombres. Aquel adefesio hace
+all&iacute; mil extravagancias para atraer a la gente, y en la calle se
+apelmazaban los chiquillos para verle y re&iacute;rse de &eacute;l. Fortunata sigue y
+pasa junto a la taberna en cuya puerta est&aacute; la gran parrilla de asar
+chuletas, y debajo el enorme hogar lleno de fuego. La tal taberna tiene
+para ella recuerdos que le sacan tiras del coraz&oacute;n... Entra por la
+Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima; sube despu&eacute;s por el callej&oacute;n del Verdugo a la plaza
+de Provincia; ve los puestos de flores, y all&iacute; duda si tirar hacia
+Pontejos, a donde la empuja su p&iacute;cara idea, o correrse hacia la calle de
+Toledo. Opta por esta &uacute;ltima direcci&oacute;n, sin saber por qu&eacute;. D&eacute;jase ir por
+la calle Imperial, y se detiene frente al portal del Fiel Contraste a
+o&iacute;r un pianito que est&aacute; tocando una m&uacute;sica muy preciosa. &Eacute;ntranle ganas
+de bailar, y quiz&aacute;s baila algo: no est&aacute; segura de ello. Ocurre entonces
+una de estas obstrucciones que tan frecuentes son en las calles de
+Madrid. Sube un carromato de siete mulas ensartadas formando rosario. La
+delantera se insubordina meti&eacute;ndose en la acera, y las otras toman
+aquello por pretexto para no tirar m&aacute;s. El veh&iacute;culo, cargado de pellejos
+de aceite, con un perro atado al eje, la sart&eacute;n de las migas colgando
+por detr&aacute;s, se planta, a punto que llega por detr&aacute;s el carro de la carne
+con los cuartos de vaca chorreando sangre, y ambos carreteros empiezan a
+echar por aquellas bocas las finuras de costumbre. No hay medio de abrir
+paso, porque el rosario de mulas hace una curva, y dentro de ella es
+cogido un sim&oacute;n que baja con dos se&ntilde;oras. &Eacute;ramos pocos... A poco llega
+un coche de lujo con un caballero muy gordo. Que si pasas t&uacute;, que si te
+apartas, que s&iacute; y que no. El carretero de la carne pone a Dios de vuelta
+y media. Palo a las mulas, que empiezan a respingar, y una de estas
+coces coge la portezuela del sim&oacute;n y la deshace... Gritos, le&ntilde;a, y el
+carromatero empe&ntilde;ado en que la cosa se arregla poniendo a Dios, a la
+Virgen, a la hostia y al Esp&iacute;ritu Santo que no hay por d&oacute;nde cogerlos.</p>
+
+<p>Y el pianito sigue tocando aires populares, que parecen encender con sus
+acentos de pelea la sangre de toda aquella chusma. Varias mujeres que
+tienen en la cuneta puestos ambulantes de pa&ntilde;uelos, recogen a escape su
+comercio, y lo mismo hacen los de la <i>gran liquidaci&oacute;n por saldo, a real
+y medio la pieza</i>. Un individuo que sobre una mesilla de tijera exhibe
+el gran invento para cortar cristal, tiene que salir a espeta perros;
+otro que vende los l&aacute;pices m&aacute;s fuertes del mundo (como que da con ellos
+tremendos picotazos en la madera sin que se les rompa la punta), tambi&eacute;n
+recoge los b&aacute;rtulos, porque la mula delantera se le va encima. Fortunata
+mira todo esto y se r&iacute;e. El piso est&aacute; h&uacute;medo y los pies se resbalan. De
+repente, &iexcl;ay!, cree que le clavan un dardo. Bajando por la calle
+Imperial, en direcci&oacute;n al gran pelmazo de gente que se ha formado, viene
+Juanito Santa Cruz. Ella se empina sobre las puntas de los pies para
+verle y ser vista. Milagro fuera que no la viese. La ve al instante y se
+va derecho a ella. Tiembla Fortunata, y &eacute;l le coge una mano
+pregunt&aacute;ndole por su salud. Como el pianito sigue blasfemando y los
+carreteros tocando, ambos tienen que alzar la voz para hacerse o&iacute;r. Al
+mismo tiempo Juan pone una cara muy afligida, y llev&aacute;ndola dentro del
+portal del Fiel Contraste, le dice: &laquo;Me he arruinado, chica, y para
+mantener a mis padres y a mi mujer, estoy trabajando de escribiente en
+una oficina... Pretendo una plaza de cobrador del tranv&iacute;a. &iquest;No ves lo
+mal trajeado que estoy?&raquo; Fortunata le mira, y siente un dolor tan vivo
+como si le dieran una pu&ntilde;alada. En efecto; la capa del se&ntilde;orito de Santa
+Cruz tiene un siete tremendo, y debajo de ella asoma la americana con
+los ribetes deshilachados, corbata mugrienta, y el cuello de la camisa
+de dos semanas... Entonces ella se deja caer sobre &eacute;l, y le dice con
+efusi&oacute;n cari&ntilde;osa: &laquo;Alma m&iacute;a, yo trabajar&eacute; para ti; yo tengo costumbre,
+t&uacute; no; s&eacute; planchar, s&eacute; repasar, s&eacute; servir... t&uacute; no tienes que
+trabajar... yo para ti... Con que me sirvas para ir a entregar, basta...
+no m&aacute;s. Viviremos en un sotabanco, solos y tan contentos&raquo;.</p>
+
+<p>Entonces empieza a ver que las casas y el cielo se desvanecen, y Juan no
+est&aacute; ya de capa sino con un gab&aacute;n muy majo. Edificios y carros se van, y
+en su lugar ve Fortunata algo que conoce muy bien, la ropa de Maxi,
+colgada de una percha, la ropa suya en otra, con una cortina de percal
+por encima; luego ve la cama, va reconociendo pedazo a pedazo su alcoba;
+y la voz de do&ntilde;a Lupe ensordece la casa ri&ntilde;endo a Papitos porque, al
+aviar las l&aacute;mparas, ha vertido casi todo el mineral... y gracias que es
+de d&iacute;a, que si es de noche y hay luz, incendio seguro.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>Lo que hab&iacute;a so&ntilde;ado se le qued&oacute; a la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n tan impreso en
+la mente cual si hubiera sido realidad. Le hab&iacute;a visto, le hab&iacute;a
+hablado. Complet&oacute; su pensamiento, amenazando con el pu&ntilde;o cerrado a un
+ser invisible: &laquo;Tiene que volver... &iquest;Pues t&uacute; qu&eacute; cre&iacute;as? Y si &eacute;l no me
+busca, le buscar&eacute; yo... Yo tengo mi idea, y no hay quien me la quite&raquo;.
+Incorporose despu&eacute;s, qued&aacute;ndose apoyada en un codo y mirando a los
+ladrillos. Sus ojos se fijaron en un punto del suelo. Con r&aacute;pido impulso
+salt&oacute; hacia aquel punto y recogi&oacute; un objeto. Era un bot&oacute;n... Mirolo
+tristemente, y despu&eacute;s lo arroj&oacute; con fuerza lejos de s&iacute;, diciendo: &laquo;es
+negro y de tres <i>aujeritos</i>. Mala sombra&raquo;. Vuelta otra vez a la
+cavilaci&oacute;n: &laquo;Porque si le encuentro y no quiere venir, me mato, juro que
+me mato. No vivo m&aacute;s as&iacute;, Se&ntilde;or; te digo que no me da la gana de vivir
+m&aacute;s as&iacute;. Yo ver&eacute; el modo de buscar en la botica un veneno cualquiera que
+acabe pronto... Me lo trago, y me voy con Mauricia&raquo;. Esta idea parec&iacute;a
+darle cierto aplomo, y sali&oacute; del cuarto. En pocas palabras la puso do&ntilde;a
+Lupe al tanto de la gran burrada que hab&iacute;a hecho Papitos. &laquo;Nada, hija,
+que si es de noche y se vierte el mineral con la luz encendida, aqu&iacute;
+perecemos todos achicharrados... Es muy perra esta chica, y me va a
+consumir la vida&raquo;.</p>
+
+<p>Pasado el berrinche, se fij&oacute; en la cara de su sobrina, encontrando en
+ella un oscur&iacute;simo jerogl&iacute;fico que no pod&iacute;a descifrar: &laquo;Pero estate sin
+cuidado que ya te lo acertar&eacute; yo... Conmigo no juegas t&uacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Aquella noche hizo Maxi mil extravagancias, y a la ma&ntilde;ana siguiente se
+puso tan encalabrinado y vidrioso, que no se le pod&iacute;a aguantar. &laquo;Hay que
+tener mucha paciencia&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe a Fortunata&mdash;. &iquest;Sabes lo que te
+aconsejo? Que no le lleves la contraria en nada. Hay que decirle a todo
+que s&iacute;, sin perjuicio de hacer lo que se deba. El pobrecito est&aacute; mal. Me
+ha dicho esta ma&ntilde;ana Ballester que tiene algo de reblandecimiento
+cerebral. Dios nos tenga de su mano&raquo;. Sent&iacute;a Fortunata vivos deseos de
+salir a la calle, y no sab&iacute;a qu&eacute; pretexto inventar para procurarse
+escapatorias. Ofrec&iacute;ase a hacer compras de que do&ntilde;a Lupe ten&iacute;a
+necesidad, e inventaba menesteres que motivaran una salidita. La taimada
+viuda de J&aacute;uregui comprendi&oacute; que una sujeci&oacute;n absoluta ser&iacute;a
+perjudicial, y empez&oacute; a darle libertad. Un d&iacute;a le ley&oacute; la cartilla en
+estos t&eacute;rminos: &laquo;Puedes salir; no eres una chiquilla y ya sabes lo que
+haces. Yo creo que no nos dar&aacute;s ning&uacute;n disgusto, y que has de mirar por
+el decoro de la familia lo mismo que miro yo. La dignidad, hija, la
+dignidad es lo primero&raquo;. Pero do&ntilde;a Lupe empezaba a hac&eacute;rsele
+horriblemente antip&aacute;tica, y por nada del mundo le habr&iacute;a hecho una
+confidencia. Hablando con verdad, lo que m&aacute;s disgustada ten&iacute;a a do&ntilde;a
+Lupe era, no que Fortunata saliese, sino que no le comunicase nada de lo
+que pensaba o sent&iacute;a. El pensar que tal vez estar&iacute;a a la saz&oacute;n la se&ntilde;ora
+de Rub&iacute;n jugando una gran trastada al decoro de la familia, la
+mortificaba, s&iacute;, pero no tanto como el ver que no la consultaba ni le
+ped&iacute;a consejo sobre aquello desconocido y oscuro que sin duda le
+ocurr&iacute;a. &laquo;El tapujito es lo que me revienta. Como yo lo descubra va a
+ser sonada. En hora maldita entr&oacute; aqu&iacute; esta loquinaria. No, yo nunca la
+tragu&eacute;, el Se&ntilde;or es testigo... siempre me dio la cara. El ganso de
+Nicol&aacute;s fue quien lo ech&oacute; a perder tom&aacute;ndolo por lo religioso... Si al
+menos se llegara a m&iacute; y me dijera: &laquo;t&iacute;a, yo me veo en este conflicto, yo
+he faltado o voy a faltar, o puede que falte si no me atajan...&raquo;.
+Demasiado sabe ella que con este mundo que yo tengo y con lo bien que
+discurro, gracias a Dios, le abrir&iacute;a camino para poner a salvo el honor
+de la familia. Pero no... la muy bestia se empe&ntilde;a en gobernarse sola, &iquest;y
+qu&eacute; har&aacute;?... Alguna barbaridad, pero gorda. Si no, all&aacute; lo veremos&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se ech&oacute; a la calle, y en la Plaza del Progreso vio muchos
+coches; pero muchos. Era un entierro, que iba por la calle del Duque de
+Alba hacia la de Toledo. Por las caras conocidas que fue viendo mientras
+el f&uacute;nebre s&eacute;quito pasaba, vino a comprender que el entierro era el de
+Arnaiz el Gordo, que se hab&iacute;a muerto el d&iacute;a antes. Pasaron los
+Villuendas, los Trujillos, los Samaniegos, Moreno-Isla... Pues ir&iacute;an
+tambi&eacute;n D. Baldomero y su hijo... quiz&aacute;s en los coches de delante,
+haciendo cabecera... &laquo;Toma; tambi&eacute;n Estupi&ntilde;&aacute;&raquo;. Desde el sim&oacute;n en que iba
+con uno de los <i>chicos</i>, el gran Pl&aacute;cido le ech&oacute; una mirada de
+indignaci&oacute;n y desd&eacute;n. Sigui&oacute; ella tras el entierro, y al llegar a la
+parte baja de la calle de Toledo, tom&oacute; a la derecha por la calle de la
+Ventosa y se fue a la explanada del Portillo de Gilim&oacute;n, desde donde se
+descubre toda la vega del Manzanares. Harto conoc&iacute;a aquel sitio, porque
+cuando viv&iacute;a en la calle de Tabernillas, &iacute;base muchas tardes de paseo a
+Gilim&oacute;n, y sent&aacute;ndose en un sillar de los que all&iacute; hay, y que no se sabe
+si son restos o preparativos de obras municipales, est&aacute;base largo rato
+contemplando las bonitas vistas del r&iacute;o. Pues lo mismo hizo aquel d&iacute;a.
+El cielo, el horizonte, las fant&aacute;sticas formas de la sierra azul,
+revueltas con las masas de nubes, le suger&iacute;an vagas ideas de un mundo
+desconocido, quiz&aacute;s mejor que este en que estamos; pero seguramente
+distinto. El paisaje es ancho y hermoso, limitado al Sur por la fila de
+cementerios, cuyos mausoleos blanquean entre el verde oscuro de los
+cipreses. Fortunata vio largo rosario de coches como culebra que
+avanzaba ondeando; y al mismo tiempo otro entierro sub&iacute;a por la rampa de
+San Isidro, y otro por la de San Justo. Como el viento ven&iacute;a de aquella
+parte, oy&oacute; claramente la campana de San Justo que anunciaba cad&aacute;ver.</p>
+
+<p>&laquo;Estar&aacute; con su pap&aacute;&mdash;pens&oacute; ella&mdash;, y aunque al volver me vea, no ha de
+decirme nada&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de permanecer all&iacute; largo rato, fue a la Virgen de la Paloma, a
+quien dijo cuatro cosas, y estaba rez&aacute;ndole, cuando sus ojos, al
+resbalar por el suelo, tropezaron con un objeto que brillaba en medio de
+los baldosines de m&aacute;rmol. P&uacute;sose un momento a gatas para cogerlo. Era un
+bot&oacute;n. &laquo;&iexcl;Es blanco y de cuatro <i>aujeritos</i>! Buena sombra&raquo; dijo
+guard&aacute;ndolo.</p>
+
+<p>Se fue a su casa, y al d&iacute;a siguiente sali&oacute; a comprar tela para un
+vestido. Estuvo en dos tiendas de la Plaza Mayor, tom&oacute; despu&eacute;s por la
+calle de Toledo, con su paquete en la mano, y al volver la esquina de la
+calle de la Colegiata para tomar la direcci&oacute;n de su casa, recibi&oacute; como
+un pistoletazo esta voz que son&oacute; a su lado: &laquo;&iexcl;Negra!&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Ay Dios m&iacute;o!, encontr&aacute;rsele as&iacute; tan de sopet&oacute;n, &iexcl;precisamente en uno de
+los pocos instantes en que no estaba pensando en &eacute;l! Como que iba
+discurriendo la combinaci&oacute;n que le pondr&iacute;a al vestido. &iquest;Azul o plata
+vieja? Le mir&oacute; y se puso del color de la cera blanca. &Eacute;l entonces detuvo
+un sim&oacute;n que pasaba. Abri&oacute; la portezuela, y mir&oacute; a su antigua amiga,
+sonriendo; sonrisa que quer&iacute;a decir: &iquest;Vienes o no? Si est&aacute;s rabiando por
+venir... &iquest;a qu&eacute; esa vacilaci&oacute;n?</p>
+
+<p>La vacilaci&oacute;n durar&iacute;a como un par de segundos. Y despu&eacute;s Fortunata se
+meti&oacute; en el coche, de cabeza, como quien se tira en un pozo. &Eacute;l entr&oacute;
+detr&aacute;s, diciendo al cochero: &laquo;Mira, te vas hacia las Rondas... paseo de
+los Olmos... el Canal&raquo;.</p>
+
+<p>Durante un rato se miraban, sonre&iacute;an y no dec&iacute;an nada. A ratos Fortunata
+se inclinaba hacia atr&aacute;s, como deseando no ser vista de los transe&uacute;ntes;
+a ratos parec&iacute;a tan tranquila, como si fuera en compa&ntilde;&iacute;a de su marido.</p>
+
+<p>&laquo;Ayer te vi... digo, no te vi... Vi el entierro y me figur&eacute; que ir&iacute;as en
+los coches de delante&raquo;.</p>
+
+<p>Los ojos de ella le envolv&iacute;an en una mirada suave y cari&ntilde;osa.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah!, s&iacute;, el entierro del pobre Arnaiz... Dime una cosa, &iquest;me guardas
+rencor?&raquo;.</p>
+
+<p>La mirada se volvi&oacute; h&uacute;meda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... ninguno.&mdash;&iquest;A pesar de lo mal que me port&eacute; contigo?...</p>
+
+<p>&mdash;Ya te lo perdon&eacute;.&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo?&mdash;&iexcl;Cu&aacute;ndo! &iexcl;Qu&eacute; gracia! Pues el mismo d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Hace tiempo, <i>nena negra</i>, que me estoy acordando mucho de ti&mdash;dijo
+Santa Cruz con cari&ntilde;o que no parec&iacute;a fingido, clav&aacute;ndole una mano en un
+muslo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y yo!... Te vi en la calle Imperial... no, digo, so&ntilde;&eacute; que te vi.</p>
+
+<p>&mdash;Yo te vi en la calle de la Magdalena.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, s&iacute;... la tienda de tubos; muchos tubos.</p>
+
+<p>Aun con este lenguaje amistoso, no se rompi&oacute; la reserva hasta que no
+salieron a la Ronda. All&iacute; el aislamiento les invad&iacute;a. El coche penetraba
+en el silencio y en la soledad, como un buque que avanza en alta mar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tanto tiempo sin vernos!&mdash;exclam&oacute; Juan pas&aacute;ndole el brazo por la
+espalda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ten&iacute;a que ser, ten&iacute;a que ser!&mdash;dijo ella inclinando su cabeza sobre
+el hombre de &eacute;l&mdash;. Es mi destino.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; guapa est&aacute;s! &iexcl;Cada d&iacute;a m&aacute;s hermosa!</p>
+
+<p>&mdash;Para ti toda&mdash;afirm&oacute; ella, poniendo toda su alma en una frase.</p>
+
+<p>&mdash;Para m&iacute; toda&mdash;dijo &eacute;l, y las dos caras se estrujaron una contra
+otra&mdash;. Y no me la merezco, no me la merezco. Francamente, chica, no s&eacute;
+c&oacute;mo me miras.</p>
+
+<p>&mdash;Mi destino, hijo, mi destino. Y no me pesa, porque yo tengo ac&aacute; mi
+idea, &iquest;sabes?</p>
+
+<p>Santa Cruz no pens&oacute; en rogarle que explicara su idea. La suya era esta:
+&laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; hermosa est&aacute;s! &iquest;Has hecho alguna picard&iacute;a en el tiempo que ha
+pasado sin que nos veamos?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Picard&iacute;as yo?... (extra&ntilde;ando mucho la pregunta).</p>
+
+<p>&mdash;Quiero decir: despu&eacute;s que volviste con tu marido, &iquest;no has tenido por
+ah&iacute; alg&uacute;n devaneo...?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo!&mdash;exclam&oacute; ella con el acento de la dignidad ofendida&mdash;; &iexcl;pero
+est&aacute;s loco! Yo no tengo devaneos m&aacute;s que contigo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De cu&aacute;nto tiempo puedes disponer?</p>
+
+<p>&mdash;De todo el que t&uacute; quieras.</p>
+
+<p>&mdash;Podr&iacute;as tener un disgusto en tu casa.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad... pero &iquest;y qu&eacute;?</p>
+
+<p>Y en el acto se acord&oacute; de las amonestaciones de Feijoo. Claro; no hab&iacute;a
+necesidad de descomponerse, ni de faltar a la religi&oacute;n de las
+apariencias.</p>
+
+<p>&mdash;Pues dispongo de una hora.&mdash;&iquest;Y ma&ntilde;ana?&mdash;&iquest;Nos veremos ma&ntilde;ana? No me
+enga&ntilde;es, pero no me enga&ntilde;es&mdash;dijo ella suplicante&mdash;. Estoy acostumbrada
+a tus papas...</p>
+
+<p>&mdash;No, ahora no... &iquest;Me quieres?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pregunta!... Bien lo sabes t&uacute;, y por eso abusas. Yo soy muy tonta
+contigo; pero no lo puedo remediar. Aunque me pegaras, te querr&iacute;a
+siempre. &iexcl;Qu&eacute; burrada! Pero Dios me ha hecho as&iacute;, &iquest;qu&eacute; culpa tengo?</p>
+
+<p>Tanta ingenuidad, ya conocida del incr&eacute;dulo Delf&iacute;n, era una de las cosas
+que m&aacute;s le encantaban en ella. Tiempo hac&iacute;a que &eacute;l notaba cierta
+sequedad en su alma, y ansiaba sumergirla en la frescura de aquel afecto
+primitivo y salvaje, pura esencia de los sentimientos del pueblo rudo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me enga&ntilde;ar&aacute;s otra vez, farsantuelo? (clav&aacute;ndole a su vez los dedos en
+la rodilla).</p>
+
+<p>&mdash;No claves tanto, hija, que duele. Y ahora gocemos del momento
+presente, sin pensar en lo que se har&aacute; o no se har&aacute; despu&eacute;s. Eso depende
+de las circunstancias.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, esas se&ntilde;oras circunstancias son las que me cargan a m&iacute;. Y yo
+digo: &laquo;&iquest;Pero, Se&ntilde;or, para qu&eacute; hay en el mundo circunstancias?&raquo;. No debe
+haber m&aacute;s que <i>quererse</i> y a vivir.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n (abraz&aacute;ndola con nervioso frenes&iacute; y d&aacute;ndole la mar de
+besos). <i>Quererse</i> y a vivir. Eres el coraz&oacute;n m&aacute;s grande que existe.</p>
+
+<p>Fortunata se acord&oacute; otra vez de su amigo y maestro Feijoo. El coraz&oacute;n
+grande era un mal y hab&iacute;a que recortarlo.</p>
+
+<p>&mdash;Reconozco&mdash;prosigui&oacute; el Delf&iacute;n&mdash;, que vales mucho m&aacute;s que yo, como
+coraz&oacute;n; pero mucho m&aacute;s. Soy al lado tuyo muy poca cosa, <i>nena negra</i>.
+No s&eacute; qu&eacute; tienes en esos condenados ojos. Te andan dentro de ellos todas
+las auroras de la gloria celestial y todas las llamas del Infierno...
+Qui&eacute;reme, aunque no me lo merezco.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me muero por ti! (tir&aacute;ndole suavemente de las barbas). Si no me
+quieres, te ir&aacute;s al Infierno... para que lo sepas; te ir&aacute;s conmigo... te
+llevar&eacute; yo, arrastr&aacute;ndote por estas barbas.</p>
+
+<p>Risas. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; feliz soy, pero qu&eacute; feliz soy hoy, Dios m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute; la
+joven, con semblante y ojos iluminados&mdash;. No me cambiar&iacute;a por todos los
+&aacute;ngeles y serafines que est&aacute;n brincando delante de su Divina Majestad en
+el Cielo; no me cambiar&iacute;a, no me cambiar&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo... hace tiempo que yo necesitaba una alegr&iacute;a. Estaba triste, y
+dec&iacute;a: &laquo;A m&iacute; me falta algo; &iquest;pero qu&eacute; es lo que me falta a m&iacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n estaba triste. Pero el coraz&oacute;n me est&aacute; diciendo hace
+tiempo: &laquo;T&uacute; volver&aacute;s, t&uacute; volver&aacute;s...&raquo;. Y si una no volviera, &iquest;para qu&eacute;
+es vivir? Vivir para que llegue un d&iacute;a as&iacute;; lo dem&aacute;s es estarse muriendo
+siempre.</p>
+
+<p>&mdash;Es tarde, y no quiero que te comprometas. Precauci&oacute;n, chica. No
+hagamos tonter&iacute;as.</p>
+
+<p>Volviendo a acordarse de Feijoo, repiti&oacute; ella: &laquo;Lo principal es no hacer
+tonter&iacute;as&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Quedamos en que...&mdash;Ma&ntilde;ana, a la hora que te venga mejor.</p>
+
+<p>&mdash;Cochero, vuelva usted.&mdash;D&eacute;jame a la entrada de la calle de Valencia.</p>
+
+<p>&mdash;Donde t&uacute; quieras.&mdash;Y pasado ma&ntilde;ana tambi&eacute;n&mdash;dijo tras una pausa y con
+ansiedad la insensata mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Y al otro, y al otro... Pero no muerdas...</p>
+
+<p>Miraba ella al porvenir, y su radiante felicidad se nublaba con la idea
+de que los d&iacute;as venideros desmintieran aquel en que estaba.</p>
+
+<p>&mdash;Porque ahora no ser&aacute;s tan malito como antes. &iquest;Verdad, pill&iacute;n m&iacute;o?...
+&iquest;No ser&aacute;s, no, verdad, rico m&iacute;o?</p>
+
+<p>&mdash;Que no, que no... Vas a ver... T&uacute; te convencer&aacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;J&uacute;ramelo... &iexcl;Ah!, &iexcl;qu&eacute; tonta!, &iexcl;como si los juramentos valieran! En
+fin, que ahora tomar&eacute; mis precauciones... Si mi idea se cumple...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;l es tu idea?, &iquest;qu&eacute; idea es esa?</p>
+
+<p>&mdash;No te lo quiero decir... Es una idea m&iacute;a: si te la dijera, te
+parecer&iacute;a una barbaridad. No lo entender&iacute;as... &iquest;Pero qu&eacute; te crees t&uacute;,
+que yo no tengo tambi&eacute;n mi talento?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que t&uacute; tienes, <i>nena negra</i>, es toda la sal de Dios (bes&aacute;ndola con
+romanticismo).</p>
+
+<p>&mdash;Pues eso... junto con la sal est&aacute; la idea... Si mi idea se cumple...
+No te quiero decir m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana me lo dir&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;No, ma&ntilde;ana tampoco... El a&ntilde;o que viene.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ya lleg&oacute; el instante fiero</i>...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Silvia de la despedida</i>. D&eacute;jame aqu&iacute;. Adi&oacute;s, hijo de mi vida.
+Acu&eacute;rdate de m&iacute;. &iexcl;Que no fueran los minutos horas! Adi&oacute;s... me muero por
+ti.</p>
+
+<p>&mdash;Que no faltes. Y no te olvides del n&uacute;mero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me he de olvidar, hombre? Primero me olvidar&eacute; de mi nombre.</p>
+
+<p>&mdash;A la una en punto. Adi&oacute;s, negra salada.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta ma&ntilde;ana.&mdash;Hasta ma&ntilde;ana.</p>
+
+
+<h3>Madrid.&mdash;Diciembre de 1886.</h3>
+
+
+<h3>FIN DE LA PARTE TERCERA</h3>
+
+<hr style="margin-bottom:15%;" />
+
+<p><a name="parte_cuarta" id="parte_cuarta"></a></p>
+
+<h1>Fortunata y Jacinta: (dos historias de casadas)</h1>
+
+<h2>por<br /> B. P&eacute;rez Gald&oacute;s</h2>
+
+<hr />
+<h2>PARTE CUARTA</h2>
+<div class="center">
+<a href="#id"><b>-I-</b></a>
+<a href="#iid"><b>-II-</b></a>
+<a href="#iiid"><b>-III-</b></a>
+<a href="#ivd"><b>-IV-</b></a>
+<a href="#vd"><b>-V-</b></a>
+<a href="#vid"><b>-VI-</b></a><br />
+</div>
+
+<hr />
+<h2><a name="id" id="id"></a>-I-</h2>
+
+<h2>En la calle del Ave-Mar&iacute;a</h2>
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Segismundo Ballester (el licenciado en Farmacia que estaba al
+frente de la botica de Samaniego) ten&iacute;a frecuentes altercados con Maxi
+por los garrafales errores en que este incurr&iacute;a. Lleg&oacute; el caso de
+prohibirle que hiciese por s&iacute; solo ning&uacute;n medicamento de cuidado.
+&laquo;&iexcl;Carambita!, hijo, si da usted en confundirme los <i>alcoholatos</i> con las
+<i>tinturas alcoh&oacute;licas</i>, apaga y v&aacute;monos. Este frasco es el <i>alcohol de
+coclearia</i>, y este otro la <i>tintura de ac&oacute;nito</i>... Vea usted la receta y
+f&iacute;jese bien... Si seguimos as&iacute;, lo mejor ser&iacute;a que do&ntilde;a Casta cerrase el
+establecimiento&raquo;.</p>
+
+<p>Y expres&aacute;ndose as&iacute;, con &iacute;nfulas y asperezas de d&oacute;mine, Ballester le
+quit&oacute; de las manos a su subalterno lo que entre ellas ten&iacute;a. &laquo;Pero &iquest;qu&eacute;
+demonios ha echado usted aqu&iacute;?&mdash;dijo luego con enojo, llev&aacute;ndose el
+potingue a la nariz&mdash;. O esto es <i>valeriana</i> o no s&eacute; lo que me pesco.</p>
+
+<p>&iexcl;Cuando digo...! Hoy est&aacute; usted muy malo. M&aacute;s vale que se retire a su
+casa. Yo me las arreglo mejor solo. Cuidarse; ll&eacute;vese usted un
+derivativo... Mire, mire, ll&eacute;vese tambi&eacute;n un preparado de hierro. El
+derivativo se lo zampa en ayunas... Luego en cada comida se atiza una
+p&iacute;ldora de <i>hierro reducido por el hidr&oacute;geno</i>, con <i>extracto de
+ajenjos</i>... por la noche al acostarse se atiza usted otra... Con estos
+calores, conviene no abusar mucho del hierro, &iquest;sabe?, y sobre todo,
+pas&eacute;ese usted y no lea tanto&raquo;.</p>
+
+<p>Relevado por su regente de la obligaci&oacute;n de trabajar, Rub&iacute;n se fue al
+laboratorio, y tomando de debajo de la silla un librote, se puso a leer.
+Profund&iacute;sima tristeza se revelaba en su rostro enjuto y granuloso. Ca&iacute;a
+en la lectura como en una cisterna; tan abstra&iacute;do estaba y tan apartado
+de todo lo que no fuera el torbellino de letras en que nadaban sus ojos
+y con sus ojos su esp&iacute;ritu. Tomaba extra&ntilde;as e incre&iacute;bles posturas. A
+veces las piernas en cruz sub&iacute;an por un tablero pr&oacute;ximo hasta mucho m&aacute;s
+arriba de donde estaba la cabeza; a veces una de ellas se met&iacute;a dentro
+de la estanter&iacute;a baja por entre dos garrafas de drogas. En los dobleces
+del cuerpo, las rodillas junt&aacute;banse a ratos con el pecho, y una de las
+manos serv&iacute;a de almohada a la nuca. Ya se apoyaba en la mesa sobre el
+codo izquierdo, ya el sobaco derecho montaba sobre el respaldo de la
+silla, como si esta fuera una muleta, ya en fin, las piernas se
+extend&iacute;an sobre la mesa cual si fueran brazos. La silla, sustentada en
+las patas de atr&aacute;s, anunciaba con lastimeros crujidos sus intenciones de
+deshacerse; y en tanto el libro cambiaba de disposici&oacute;n con aquellos
+extravagantes escorzos del cuerpo del lector. Tan pronto aparec&iacute;a por
+arriba, sostenido en una sola mano, como agarrado con las dos, m&aacute;s abajo
+de donde estaban las rodillas; ya se le ve&iacute;a abierto con las hojas al
+viento como si quisiera volar, ya doblado violentamente a riesgo de
+desencuadernarse. Lo que nunca variaba ni disminu&iacute;a era la atenci&oacute;n del
+lector, siempre intensa y fija al trav&eacute;s de todos los sacudimientos de
+la materia muscular, como el principio que sobrevive a las revoluciones.</p>
+
+<p>Ballester iba y ven&iacute;a, trabajando sin cesar, y cantaba entre dientes
+estribillos de zarzuelas populares. Era un hombre simp&aacute;tico, no muy
+limpio, de barba inculta, la nariz muy gruesa, personalidad negligente,
+terminada por arriba en una caballera de matorral, que deb&iacute;a de tener
+muy poco trato con los peines, y por abajo en anchas y muy usadas
+pantuflas de pana, que iba arrastrando por los ladrillos de la rebotica
+y laboratorio.</p>
+
+<p>&laquo;Pero, alma de Dios, ya que no trabaja usted... al menos despache
+menudencias&mdash;dijo, par&aacute;ndose ante Rub&iacute;n&mdash;. Mire, all&iacute; est&aacute; esa mujer
+esperando hace un cuarto de hora... Diez c&eacute;ntimos de diaquil&oacute;n. En
+aquella gaveta est&aacute;. Vamos, men&eacute;ese&raquo;.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n sal&iacute;a a la tienda y despachaba.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;En d&oacute;nde est&aacute;n los frascos de <i>Emulsi&oacute;n Scott</i>?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;M&iacute;relos, m&iacute;relos; si los tiene casi en la mano. D&iacute;gole que es preciso
+cuidar esa cabeza... &iexcl;Otra vez a leer! Bueno; usted se acordar&aacute; de m&iacute;...
+leer, leer, y el aparato cerebro-espinal que lo parta un rayo... Tarar&iacute;,
+tarar&iacute;...</p>
+
+<p>Segu&iacute;a cantando y el otro &iexcl;plum!, se chapuzaba otra vez en su lectura.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y qu&eacute; lee?... vamos a ver&mdash;dijo Ballester mirando el libro&mdash;. <i>La
+pluralidad de mundos habitados</i>... Bueno va... &iexcl;Cualquier d&iacute;a me iba yo
+a ocupar de si hab&iacute;a personas en J&uacute;piter! Cuando digo que usted, amigo
+Rub&iacute;n, va a acabar mal. Aqu&iacute; para entre los dos: &iquest;a usted qu&eacute; le va ni
+qu&eacute; le viene con que haya gente en Marte o deje de haberla? &iquest;Le van a
+dar a usted algo por el descubrimiento? Tarar&iacute;... tarar&iacute;. Yo doy de
+barato&mdash;a&ntilde;adi&oacute; luego, poni&eacute;ndose a machacar en el mortero&mdash;, yo doy de
+barato que haya familia en las estrellas; es m&aacute;s, declaro que la hay.
+Bueno, &iquest;y qu&eacute;? La consecuencia es que estar&iacute;an tan jorobados como
+nosotros&raquo;.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n no contestaba. A cierta hora, dej&oacute; el libro, meti&eacute;ndolo en un
+rinc&oacute;n de la anaqueler&iacute;a, que apestaba a f&eacute;nico, entre dos potes de
+este l&iacute;quido; despu&eacute;s se restregaba los ojos y estiraba los brazos y el
+cuerpo todo, tardando lo menos cinco minutos en aquel desperezo que
+activaba la circulaci&oacute;n de su poca sangre. Cog&iacute;a el hongo que de una
+percha colgaba, y a la calle. Poco ten&iacute;a que andar por ella para ir a su
+casa. Entr&oacute; en esta con la cabeza baja, las cejas fruncidas. Su t&iacute;a le
+dijo que Fortunata no hab&iacute;a venido a&uacute;n y que le esperar&iacute;an para comer.
+Maxi ocup&oacute; su sitio en la mesa, do&ntilde;a Lupe le recogi&oacute; el sombreo, y
+volviendo al poco rato, sentose en el sof&aacute; de paja; ambos esperaron un
+rato en silencio.</p>
+
+<p>&laquo;Cuidado que hoy tarda m&aacute;s que nunca&raquo; observ&oacute; do&ntilde;a Lupe; y como notase
+en el rostro de su sobrino se&ntilde;ales de desasosiego, se apresur&oacute; a
+entablar conversaci&oacute;n m&aacute;s amena.</p>
+
+<p>&laquo;Todo el d&iacute;a me he estado acordando de lo que hablamos anoche. &iexcl;Ah!, si
+t&uacute; fueras otro, si t&uacute; tuvieras ambici&oacute;n, pronto ser&iacute;amos todos ricos. El
+farmac&eacute;utico que no hace dinero en estos tiempos es porque tiene
+vocaci&oacute;n de pobre. T&uacute; sabes bastante, y con un poco de trastienda y otro
+poco de farsa y mucho anuncio, mucho anuncio, negocio hecho. Cr&eacute;eme, yo
+te ayudar&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No crea usted, t&iacute;a, yo tambi&eacute;n he pensado en eso. Ayer se me ocurr&iacute;a
+una aplicaci&oacute;n del <i>hierro dializado</i> a sin fin de medicamentos... Creo
+que encontrar&iacute;a una f&oacute;rmula nueva.</p>
+
+<p>&mdash;Estas cosas, hijo, o se hacen en gordo o no se hacen. Si inventas
+algo, que sea <i>panacea</i>, una cosa que lo cure todo, absolutamente todo,
+y que se pueda vender en l&iacute;quido, en p&iacute;ldoras, pastillas, c&aacute;psulas,
+jarabe, emplasto y en cigarros aspiradores. Pero hombre, en tant&iacute;sima
+droga como ten&eacute;is &iquest;no hay tres o cuatro que bien combinadas sirvan para
+todos los enfermos? Es un dolor que teniendo la fortuna tan a la mano,
+no se la coja. Mira el doctor Perpi&ntilde;&aacute;, de la calle de Ca&ntilde;izares. Ha
+hecho un capitalazo con ese jarabe... no recuerdo bien el nombre; es
+algo as&iacute; como <i>latro-faccioso</i>...</p>
+
+<p>&mdash;El <i>lacto-fosfato de cal perfeccionado</i>&mdash;dijo Maxi&mdash;. En cuanto a las
+<i>panaceas</i>, la moral farmac&eacute;utica no las admite.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; tonto!... &iquest;Y qu&eacute; tiene que ver la moral con esto? Lo que digo; no
+saldr&aacute;s de pobre en toda tu vida... Lo mismo que el tontaina de
+Ballester: tambi&eacute;n me sali&oacute; el otro d&iacute;a con esa m&uacute;sica. &iquest;Nada os dice la
+experiencia? Ya veis: el pobre Samaniego no dej&oacute; capital a su familia,
+porque tambi&eacute;n tocaba la misma tecla. Como que en su tiempo no se
+vend&iacute;an en su farmacia sino muy contados espec&iacute;ficos. Casta bufaba con
+esto. Tambi&eacute;n ella desea que entre t&uacute; y Ballester le invent&eacute;is algo, y
+deis nombre a la casa, y llen&eacute;is bien el caj&oacute;n del dinero... Pero buen
+par de sosos tiene en su establecimiento...</p>
+
+<p>Charla que te charla, do&ntilde;a Lupe miraba al reloj del comedor, mas no
+expresaba su impaciencia con palabras. Por fin son&oacute; la campanilla
+d&eacute;bilmente. Era Fortunata que, cuando iba tarde, llamaba con timidez y
+cautela, como si quisiera que hasta la campanilla comentase lo menos
+posible su tard&iacute;o regreso al hogar dom&eacute;stico. Papitos corri&oacute; a abrir, y
+do&ntilde;a Lupe fue a la cocina. Maxi habl&oacute; con su mujer en un tono que
+indicaba la complacencia de verla, y se quej&oacute; suavemente de que no
+hubiese entrado antes. Ten&iacute;a ella los ojos encendidos como de haber
+llorado, y no era dif&iacute;cil conocer que disimulaba una gran pena. Pero
+Rub&iacute;n no reparaba en lo cabizbaja y suspirona que estaba su mujer
+aquella noche. Hac&iacute;a alg&uacute;n tiempo que la facultad de observaci&oacute;n se
+eclipsaba en &eacute;l; viv&iacute;a de s&iacute; mismo, y todas sus ideas y sentimientos
+proced&iacute;an de la elaboraci&oacute;n interior. La impulsi&oacute;n objetiva era casi
+nula, resultando de esto una existencia enteramente so&ntilde;adora.</p>
+
+<p>A do&ntilde;a Lupe s&iacute; que no se le escapaba nada, y de todo iba tomando notas.
+Hablose en la mesa del tiempo, del gran calor que se hab&iacute;a metido,
+<i>impropio de la estaci&oacute;n</i>, porque todav&iacute;a no hab&iacute;a entrado Julio, aunque
+faltaban pocos d&iacute;as; de los trenes de ida y vuelta, y de la mucha gente
+que sal&iacute;a para las provincias del Norte. Con cierta timidez, se aventur&oacute;
+Fortunata a decir que su marido deb&iacute;a dejarse de p&iacute;ldoras, y decidirse
+a ir a San Sebasti&aacute;n a tomar ba&ntilde;os de mar. Mostr&aacute;ndose muy ap&aacute;tico, dijo
+el pobre chico que lo mismo era tomarlos en Madrid con las <i>algas
+marinas del Cant&aacute;brico</i>, a lo que respondi&oacute; su mujer con energ&iacute;a: &laquo;Eso
+de las algas es conversaci&oacute;n, y aunque no lo fuera, lo que m&aacute;s importa
+es tomar las <i>brisas</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Picando con el tenedor en el plato, para coger los garbanzos uno a uno,
+la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui se dec&iacute;a lo siguiente: &laquo;Te veo venir... buena
+pieza. Ya s&eacute; yo las <i>brisas</i> que t&uacute; quieres. Despu&eacute;s de zarandearte
+aqu&iacute;, quieres zarandearte all&aacute;, porque se te va el amigo... S&iacute;, lo s&eacute;
+por Casta. Los se&ntilde;ores de la Plazuela de Pontejos se marchan ma&ntilde;ana.
+Pero yo te respondo, picaronaza, de que con esa no te sales... &iexcl;A San
+Sebasti&aacute;n nada menos! Est&aacute;s fresca... Ya te dar&eacute; yo <i>brisas</i>...&raquo;.</p>
+
+<p>Vino luego do&ntilde;a Casta con Olimpia a proponerles dar un paseo al Prado.
+Rub&iacute;n vacilaba; pero su mujer se neg&oacute; resueltamente a salir. Fuese do&ntilde;a
+Lupe con sus amigas, y Fortunata y Maxi estuvieron solos hasta media
+noche en la sala, a oscuras, con los balcones abiertos, a causa del
+calor que reinaba, hablando de cosas enteramente apartadas de la
+realidad. &Eacute;l propon&iacute;a los temas m&aacute;s extravagantes, por ejemplo: &laquo;&iquest;Cu&aacute;l
+de nosotros dos se morir&aacute; primero? Porque yo estoy muy delicado; pero
+con estos achaques, quiz&aacute;s tenga tela para muchos a&ntilde;os. Los
+temperamentos delicados son los que m&aacute;s viven, y los robustos est&aacute;n m&aacute;s
+expuestos a dar un estallido&raquo;. Hac&iacute;a ella esfuerzos por sostener pl&aacute;tica
+tan sopor&iacute;fera y desagradable. Otra proposici&oacute;n de Maxi: &laquo;Mira una cosa;
+si yo no estuviera casado contigo, me consagrar&iacute;a por entero a la vida
+religiosa. No sabes t&uacute; c&oacute;mo me seduce, c&oacute;mo me llama... Abstraerse,
+renunciar a todo, anular por completo la vida exterior, y vivir s&oacute;lo
+para adentro... este es el &uacute;nico bien positivo; lo dem&aacute;s es darle
+vueltas a una noria de la cual no sale nunca una gota de agua&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata dec&iacute;a a todo que s&iacute;, y aparentando ocuparse de aquello,
+pensaba en lo suyo, meci&eacute;ndose en la dulce oscuridad y la tibia
+atm&oacute;sfera de la sala. Por los balcones entraba muy debilitada la luz de
+los faroles de la calle. Dicha luz reproduc&iacute;a en el techo de la
+habitaci&oacute;n el foco de los candelabros, con las sombras de su armadura, y
+esta imagen fant&aacute;stica, temblando sobre la superficie blanca del cielo
+raso, atra&iacute;a las miradas de la triste joven, que estaba tendida en una
+butaca con la cabeza echada hacia atr&aacute;s. Maxi volvi&oacute; a machacar: &laquo;Si no
+fuera por ti, no se me importar&iacute;a nada morirme, Es m&aacute;s, la idea de la
+muerte es grata en mi alma. La muerte es la esperanza de realizar en
+otra parte lo que aqu&iacute; no ha sido m&aacute;s que una tentativa. Si nos
+aseguraran que no nos morir&iacute;amos nunca, pronto se convertir&iacute;a uno en
+bestia, &iquest;no te parece a ti?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; duda tiene?&mdash;respond&iacute;a la otra maquinalmente, dejando a su
+idea revolotear por el techo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo pienso mucho en esto, y me entregar&iacute;a desde luego a la vida
+interior, si no fuera porque est&aacute; uno atado a un carro de afectos, del
+cual hay que tirar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Dios m&iacute;o, la que me espera ma&ntilde;ana!&mdash;pens&oacute; la esposa. Era probado:
+Siempre que su marido estaba por las noches muy dado a la somnolencia
+espiritual, al d&iacute;a siguiente le entraba la desconfianza furibunda y la
+man&iacute;a de que todos se conjuraban contra &eacute;l.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s de esto, dijo Maxi que se quer&iacute;a acostar. Fortunata
+encendi&oacute; luz, y &eacute;l fue hacia la alcoba, arrastrando los pies como un
+viejo. Mientras su mujer le desnudaba, el pobre chico la sorprendi&oacute; con
+estas palabras, que a ella le parecieron infernal inspiraci&oacute;n de un
+cerebro dado a los demonios: &laquo;Veremos si esta noche sue&ntilde;o lo mismo que
+so&ntilde;&eacute; anoche. &iquest;No te lo he contado? Ver&aacute;s. Pues so&ntilde;&eacute; que estaba yo en el
+laboratorio, y que me entreten&iacute;a en distribuir bromuro pot&aacute;sico en
+papeletas de un gramo... a ojo. Estaba afligido, y me acordaba de ti.
+Puse lo menos cien papeletas, y despu&eacute;s sent&iacute; en m&iacute; una sed muy rara,
+sed espiritual que no se aplaca en fuentes de agua. Me fui hacia el
+frasco del clorhidrato de morfina y me lo beb&iacute; todo. Ca&iacute; al suelo, y en
+aquel sopor... T&uacute; vete haciendo cargo... en aquel sopor se me apareci&oacute;
+un &aacute;ngel y me dijo, dice: 'Jos&eacute;, no tengas celos, que si tu mujer est&aacute;
+encinta, es por obra del <i>Pensamiento puro</i>...'. &iquest;Ves qu&eacute; disparates? Es
+que ayer tarde trinqu&eacute; la Biblia y le&iacute; el pasaje aquel de...&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi se estir&oacute; en la cama, y cerrando los ojos, cay&oacute; al instante en
+profundo sue&ntilde;o, cual si se hubiera bebido todo el l&aacute;udano de la
+farmacia.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Fortunata no se acost&oacute; en la cama, porque hac&iacute;a mucho calor.
+Echose medio vestida en el sof&aacute;, y a la madrugada, despu&eacute;s de haber
+dormido algunos ratos, sinti&oacute; que su marido estaba despierto. O&iacute;ale dar
+suspiros y gru&ntilde;ir como una persona sofocada por la c&oacute;lera. Sintiole
+palpar en la mesa de noche buscando la caja de cerillas. Esta se cay&oacute; al
+suelo, y en el suelo vio Fortunata la claridad l&iacute;vida que los f&oacute;sforos
+despiden en la oscuridad. La mano de Maxi descendi&oacute; buscando la caja, y
+al fin pudo apoderarse de ella. Fortunata vio subir el azulado
+resplandor, como difusa humareda. Este fen&oacute;meno desapareci&oacute; con el
+restallido del f&oacute;sforo y la instant&aacute;nea presencia de la luz alumbrando
+la estancia. Los ojos del joven se esparcieron ansiosos por ella, y
+viendo a su mujer acostada, dijo: &laquo;&iexcl;Ah!... est&aacute;s ah&iacute;... &iexcl;qu&eacute; bien haces
+el papel!&raquo;.</p>
+
+<p>Para evitar cuestiones tan a deshora, la esposa fingi&oacute; que dorm&iacute;a. Pero
+entreabriendo los ojos le vio encender la vela. P&uacute;sose Maxi la ropa
+necesaria para no levantarse desnudo, y se baj&oacute; de la cama
+cautelosamente. Cogiendo la vela, sali&oacute; al pasillo. Fortunata le sinti&oacute;
+reconociendo el cerrojo de la puerta, registrando el cuarto en que ella
+ten&iacute;a su ropa, y despu&eacute;s el comedor y la cocina. Tantas veces hab&iacute;a
+hecho Maxi aquello mismo, que su mujer se hab&iacute;a acostumbrado a tal
+extravagancia. Era que le acomet&iacute;a la p&iacute;cara idea de que alguien entraba
+o quer&iacute;a entrar en la casa con intenciones de robarle su honor.</p>
+
+<p>Cuando Maxi volvi&oacute; a la alcoba, ya principiaba a apuntar el d&iacute;a. &laquo;Si no
+te cojo hoy, te cojo ma&ntilde;ana&mdash;rezongaba&mdash;. No hay nada; pero yo sent&iacute;
+pasos, yo sent&iacute; cuchicheos; t&uacute; saliste de aqu&iacute;... Has vuelto a entrar y
+est&aacute;s ah&iacute; haci&eacute;ndote la dormida para enga&ntilde;arme... D&eacute;jate estar... Yo
+estoy con mucho ojo, y aunque parezca que no veo nada, lo veo todo... A
+buena parte vienes... Que andaba un hombre por los pasillos, no tiene
+duda. No vale el jurarme que no hab&iacute;a nadie. Pues qu&eacute;, &iquest;no tengo yo
+o&iacute;dos?... &iquest;Estoy yo tonto?&raquo;.</p>
+
+<p>Dec&iacute;a esto sentado al borde del lecho, la vela en la mano, mirando a su
+mujer, que continuaba fingi&eacute;ndose dormida, con la esperanza de que se
+aplacara. Pero esto no era f&aacute;cil, y una vez desatada la insana man&iacute;a, ya
+hab&iacute;a jaqueca para un rato. Acabando de vestirse, empez&oacute; a dar trancos
+por la habitaci&oacute;n, manoteando y hablando solo.</p>
+
+<p>&laquo;No, no, no... Si creen que me la dan, se equivocan. Lo m&aacute;s horrible es
+que mi t&iacute;a es encubridora... Pues qu&eacute;, &iquest;entrar&iacute;a nadie en la casa si
+ella no lo consintiera? Y Papitos tambi&eacute;n es encubridora. Buenas
+propinas se calzar&aacute;. Pero ya te arreglar&eacute; yo, <i>celestina</i> menuda. Que no
+me vengan con tonter&iacute;as. Ayer not&eacute; yo bien marcadas en el felpudo de la
+entrada las suelas de unas botas de persona fina. Dicen que el
+aguador... &iexcl;Qu&eacute; aguador ni que ni&ntilde;o muerto!... Y anteayer hab&iacute;a en esa
+misma alcoba la impresi&oacute;n, s&iacute;, la impresi&oacute;n de una persona que aqu&iacute;
+estuvo. No lo puedo explicar; era como huellas dejadas en el aire, como
+un olor, como el molde de un cuerpo en el ambiente. No me equivoco; aqu&iacute;
+entr&oacute; alguien. Lucido, lucido papel estoy haciendo. &iexcl;Dios m&iacute;o! &iquest;De qu&eacute;
+le vale a uno el poner su honor por encima de todas las cosas? Viene un
+cualquiera y lo pisotea, y lo llena de inmundicia. Y no le basta a uno
+vigilar, vigilar, vigilar. Yo no duermo nada, y sin embargo... Pero es
+preciso vigilar m&aacute;s todav&iacute;a y no perder de vista ni un momento a mi
+mujer, a mi t&iacute;a, a Papitos... Esta condenada Papitos es la que abre la
+puerta, y yo la voy a reventar&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata crey&oacute; al fin que conven&iacute;a hacer que despertaba. Lo particular
+era que en aquella crisis el desventurado joven no pasaba de las
+extravagancias de lenguaje a las violencias de obra; todo era quejas
+acerb&iacute;simas, af&aacute;n angustioso por su honor y amenazas de que iba a hacer
+y acontecer.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; disparates est&aacute;s hablando ah&iacute;?&mdash;le dijo su mujer&mdash;. &iquest;Por qu&eacute; no te
+acuestas? Ya que t&uacute; no duermes, d&eacute;jame dormir a m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te parece que despu&eacute;s de lo que has hecho, se puede dormir? &iexcl;Qu&eacute;
+conciencias, v&aacute;lgame Dios, qu&eacute; conciencias estas!... T&uacute; lo negar&aacute;s
+ahora... &iquest;Qui&eacute;n andaba por los pasillos? Claro, el gato. El pobre minino
+paga todas las culpas. &iquest;Y t&uacute; a qu&eacute; saliste?, a jugar con el gato,
+&iquest;verdad?, justo. &iexcl;Y eso me lo he de tragar yo! Lo que me anonada es que
+mi t&iacute;a consienta esto, mi t&iacute;a que me quiere tanto. &iexcl;T&uacute;, ya s&eacute; que no me
+quieres; pero mi t&iacute;a...! Vamos que... Pues esa v&iacute;bora de Papitos, con su
+cara de mona... &iexcl;Qu&eacute; humanidad, Dios m&iacute;o! El hombre honrado no tiene
+defensa contra tanto enemigo; la traici&oacute;n le rodea; la deslealtad le
+acecha. Aquellos en quienes m&aacute;s conf&iacute;a le venden. Donde menos lo piensa,
+en el seno de la familia, salta un Judas. En la tierra no hay ni puede
+haber honor. En el Cielo &uacute;nicamente, porque Dios es el &uacute;nico que no nos
+enga&ntilde;a, el &uacute;nico que no se pone careta de amor para darnos la pu&ntilde;alada.</p>
+
+<p>Fortunata se visti&oacute; a toda prisa. Sab&iacute;a por experiencia que mientras m&aacute;s
+le contradec&iacute;a era peor. Un rato estuvo sentada en el sof&aacute;, oy&eacute;ndole
+disparatar y aguardando a que avanzara un poco la ma&ntilde;ana par avisar a
+do&ntilde;a Lupe. Antes de ir a lavarse, pas&oacute; por la alcoba de su t&iacute;a, que ya
+estaba vistiendo, y le dijo: &laquo;Hoy est&aacute; atroz... &iexcl;pobrecito!... A ver si
+usted le puede calmar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Voy, voy all&aacute;... Veo que sin m&iacute; no os pod&eacute;is gobernar. Si yo
+faltara... no quiero pensarlo. Mira, pon en planta a Papitos, y que
+encienda lumbre... Le haremos chocolate en seguida; porque la debilidad
+es lo que le pone as&iacute;, y hay que meterle lastre en aquel pobre cuerpo.
+Toma las llaves, saca de aquel chocolate que nos dio Ballester,
+<i>chocolate con hierro dializado</i>... &iexcl;Qu&eacute; chico, vaya por d&oacute;nde le da...!
+Salgo al momento.</p>
+
+<p>Cuando su t&iacute;a entr&oacute; con el chocolate, Maxi segu&iacute;a tan disparado como
+antes. &laquo;Lo que yo extra&ntilde;o, t&iacute;a, lo que yo no puedo explicarme&mdash;dijo
+clavando en ella sus ojos que relampagueaban&mdash;, es que usted consienta
+esto y lo encubra y me quiera matar, porque s&eacute;palo usted, para m&iacute; el
+honor es primero que la vida&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hijo de mi alma&mdash;le contest&oacute; do&ntilde;a Lupe poniendo el chocolate sobre la
+mesa&mdash;, despu&eacute;s hablaremos de eso... Yo te explicar&eacute; lo que hay, y te
+convencer&aacute;s de que todo es una figuraci&oacute;n tuya. Toma primero el
+chocolate, que est&aacute;s muy d&eacute;bil...</p>
+
+<p>El joven se dej&oacute; caer en el sof&aacute;, inclin&aacute;ndose hacia la mesa pr&oacute;xima, en
+que el desayuno estaba, y tomando un bizcocho lo moj&oacute; en el l&iacute;quido
+espeso. Antes de probarlo, se le fue la lengua otra vez acerca de lo
+mismo, si bien en tono m&aacute;s tranquilo. &laquo;No s&eacute; c&oacute;mo me va usted a
+convencer, cuando yo tengo o&iacute;dos, yo tengo ojos, y ante la evidencia, no
+valen...&raquo;.</p>
+
+<p>Hizo un gesto de repugnancia y horror al probar el bizcocho mojado.</p>
+
+<p>&laquo;T&iacute;a... &iexcl;Fortunata!... &iquest;qu&eacute; es esto?, &iquest;qu&eacute; me dan?... Este chocolate
+tiene ars&eacute;nico&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hijo, por Mar&iacute;a Sant&iacute;sima!&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a Lupe consternada, a punto
+que entraba su sobrina.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero ustedes creen que a m&iacute; se me puede ocultar el gusto del
+ars&eacute;nico?...&mdash;dijo enteramente descompuesto, los ojos extraviados&mdash;. Y
+no son tontas; ponen poca dosis... un centigramo, para irme matando
+lentamente... Y apuesto a que ha sido Ballester el que les ha dado el
+&aacute;cido arsenioso... porque tambi&eacute;n &eacute;l est&aacute; contra m&iacute;... &iquest;Qu&eacute; infierno es
+este, Dios m&iacute;o?...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, esto no se puede sufrir. &iexcl;Decir que le hemos envenenado el
+chocolate...!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gusto a ars&eacute;nico!... clavado... &iexcl;pero tan clavado...!</p>
+
+<p>Levantose en actitud de desesperaci&oacute;n y volvi&oacute; a la inquietud delirante
+de sus paseos...</p>
+
+<p>&laquo;Tendr&eacute; que dejarme morir de hambre... es horrible... Mi casa llena de
+enemigos. Las personas que m&aacute;s me quer&iacute;an antes, ahora desean mi
+muerte&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Conque ars&eacute;nico...!&mdash;dijo Fortunata tom&aacute;ndolo a broma, con esperanza
+de obtener as&iacute; mejor efecto&mdash;. Para que veas que eres un simple y un
+majadero, voy a tomarme yo el chocolate.</p>
+
+<p>Y en el acto empez&oacute; a tomarlo. Su marido la miraba at&oacute;nito.</p>
+
+<p>&laquo;A ver si espichamos de una vez... &Eacute;l podr&aacute; tener veneno, pero bien rico
+est&aacute;... &iquest;Te convences ahora?... Me tomar&iacute;a otra j&iacute;cara. No creas, me
+vendr&iacute;a bien que esto matara, porque as&iacute; me iba pronto de este mundo,
+que maldita la gracia que tiene, con las jaquecas que me das y lo mucho
+que nos haces sufrir&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe, en tanto, trajo la cocinilla econ&oacute;mica para hacer en
+presencia de Maxi otro chocolate. Aun as&iacute;, fue preciso sostener una
+lucha penosa para que se decidiera a probarlo, pues insist&iacute;a en que
+tambi&eacute;n aquel ten&iacute;a gusto a ars&eacute;nico... &laquo;Aunque no tanto, convengo en
+que no es tanto&raquo;. Despu&eacute;s, tomando tonos de transacci&oacute;n, les dijo: &laquo;Yo
+creo que todo ello es cosa de Papitos... porque ustedes no saben lo
+mala que es y la inquina que me tiene&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, que es para pegarte&mdash;le contest&oacute; do&ntilde;a Lupe&mdash;. &iexcl;Tomarla as&iacute; con
+la pobre Papitos!... Mira, cuando te den man&iacute;as, &eacute;chame a m&iacute; toda la
+culpa. Yo s&eacute; desenvolverme y probar mi inocencia. Y ahora, &iquest;por qu&eacute; no
+os vais los dos a dar un pase&iacute;to por el Retiro? Hasta las nueve no hace
+calor; la ma&ntilde;ana est&aacute; deliciosa.</p>
+
+<p>Fortunata apoy&oacute; esta proposici&oacute;n, pero &eacute;l no ten&iacute;a ganas de salir.
+Continuaba en el sof&aacute;, apoyado el codo en la mesilla y la cabeza en la
+mano, mirando al suelo como si quisiera contar los juncos de la esterita
+que hab&iacute;a junto al sof&aacute;. Las dos mujeres se miraban, comunic&aacute;ndose con
+los ojos malas impresiones.</p>
+
+<p>&laquo;Eso&mdash;murmur&oacute; &eacute;l de una manera torva y recelosa&mdash;. Quieren echarme a la
+calle, para...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero alma de Dios, si va ella contigo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y a d&oacute;nde me quiere llevar? Sabe Dios... Alguna trampa que me quieren
+armar. Si s&oacute;lo fuera para asesinarme, pase; &iexcl;pero si es para atentar al
+sagrado de mi honor...!</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios.&mdash;&iquest;No sabe usted, t&iacute;a, que hace tres meses...? la
+<i>Correspondencia</i> lo trajo... una mujer llev&oacute; a su marido al Retiro, y
+cuando iban por un paseo solitario sali&oacute; el c&oacute;mplice... s&iacute;, el c&oacute;mplice,
+que estaba escondido tras unas matas, y entre ella y aquel tuno cogieron
+al pobre marido, le ataron de pies y manos y le arrojaron al
+estanque...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; barbaridad! &iquest;De d&oacute;nde has sacado esos desatinos?</p>
+
+<p>&mdash;La <i>Correspondencia</i> no ha tra&iacute;do tal cosa&mdash;dijo Fortunata.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, lo habr&aacute;s so&ntilde;ado t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no lo he so&ntilde;ado&mdash;grit&oacute; &eacute;l levant&aacute;ndose con golpe de resorte&mdash;. Es
+verdad; lo he le&iacute;do en la <i>Correspondencia</i>... y... &iexcl;Tambi&eacute;n me llaman
+embustero! Yo no digo m&aacute;s que la verdad. Las embusteras son ustedes...
+ustedes, con esas conciencias cargadas de cr&iacute;menes...</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe cruzaba las manos y miraba al Cielo, invocando la justicia
+divina. Fortunata expresaba un gran abatimiento, cual si su paciencia
+tocase ya al punto en que agotarse deb&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Mira&mdash;dijo la viuda&mdash;, vete a la botica, ponte a trabajar, y con la
+distracci&oacute;n se te despejar&aacute; la cabeza&raquo;.</p>
+
+<p>Sab&iacute;a por experiencia la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui que en los ataques fuertes
+de su sobrino, Ballester era la &uacute;nica persona que le hac&iacute;a entrar en
+raz&oacute;n, desplegando ante &eacute;l, ya la burla descarada, ya la autoridad seca
+y hasta cruel. Las personas de la familia, a quienes &eacute;l quer&iacute;a, eran las
+m&aacute;s ineptas para dominarle, pues contra ellas iba la descarga de su
+recelo furibundo. &laquo;Bueno, bajar&eacute;&mdash;dijo Maxi tomando su sombrero&mdash;.
+Tengo que ajustarle las cuentas al se&ntilde;or de Ballester. De m&iacute; no se r&iacute;e
+m&aacute;s... Y en &uacute;ltimo caso, que me lo diga cara a cara. &iquest;A que no se
+atreve? Es un cobarde y un traidor, que vendiendo amistad, hiere por la
+espalda&raquo;.</p>
+
+<p>T&iacute;a y esposa no le dijeron nada, y fueron tras &eacute;l. Cogiendo de la percha
+del recibimiento la ca&ntilde;a que usaba, sali&oacute; dando un fuerte portazo. Baj&oacute;
+r&aacute;pidamente y estuvo hablando un rato con la portera. Desde el balc&oacute;n le
+vieron las dos se&ntilde;oras salir a la calle, pasar la acera de enfrente,
+mirar hacia la casa... Ocult&aacute;ronse ellas entonces, y asom&aacute;ndose con
+cautela por entre los hierros, vi&eacute;ronle seguir, gesticulando y haciendo
+molinete con el bast&oacute;n. A cada instante se paraba y volv&iacute;a hacia atr&aacute;s.
+Daba unos cuantos pasos y otra vez por la calle arriba. En una de estas
+vueltas, sali&oacute; Ballester a la puerta de la botica y le llam&oacute; con gesto
+imperativo: &laquo;Aqu&iacute; pronto... &iexcl;Me gusta...! Venga usted aqu&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>En actitud semejante a la de un perro que ante el palo de su amo agacha
+las orejas y arrastra el rabo por el suelo, entr&oacute; Rub&iacute;n en la botica
+diciendo a su regente: &laquo;Buenos d&iacute;as, amigo Ballester. No le hab&iacute;a visto.
+Iba a tomar un poco el aire. Y usted, &iquest;qu&eacute; tal?&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;Yo, bueno... conque a tomar el aire...&mdash;contest&oacute; Segismundo con
+cara de muy mal genio&mdash;.</p>
+
+<p>El aire que me va usted a tomar ahora es ponerle las etiquetas a estos
+frascos de jarabes... Y cuidado con equivocarse. Las etiquetas rojas son
+las del <i>jarabe de corteza de naranja amarga con yoduro pot&aacute;sico</i>; las
+verdes el mismo con <i>hierro dializado</i>. Como usted me trueque las
+papeletas, le trituro&raquo;.</p>
+
+<p>Pon&iacute;ase a trabajar, y, cosa por dem&aacute;s extra&ntilde;a, a pesar del desorden de
+su cabeza, no comet&iacute;a una sola equivocaci&oacute;n, ni aun cuando le dieron
+seis clases m&aacute;s de jarabes con sus correspondientes letreros de
+diferentes colores. Ballester, que ya ten&iacute;a noticia, por una esquelita
+de do&ntilde;a Lupe, del rudo acceso de aquella ma&ntilde;ana, le vigilaba
+disimuladamente, mir&aacute;ndole por el rabillo del ojo, pero en una de las
+vueltas que dio al laboratorio, Maxi dej&oacute; bruscamente el trabajo y se
+fue a la calle sin sombrero. Al volver a la tienda y notar la ausencia
+del joven, el regente se qued&oacute; muy tranquilo y no dijo m&aacute;s que: &laquo;Ya
+vol&oacute;... buena va&raquo;. Tomaba con calma las extravagancias de su colega, y
+su deseo era que una de aquellas escapatorias fuera la del humo. &laquo;Pero
+no tendr&eacute; yo esa suerte&mdash;dec&iacute;a&mdash;, y ya me lo volver&aacute;n a traer para que
+le amanse&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi subi&oacute; a su casa. Al abrirle la puerta, no se admir&oacute; Fortunata de lo
+descompuesto que ven&iacute;a, porque ya no eran nuevas aquellas inesperadas
+apariciones. &laquo;Supongo&mdash;dijo &eacute;l con tr&eacute;mulo labio&mdash;, que no me lo
+negar&aacute;s ahora... Puede que mi t&iacute;a lo niegue... &iexcl;es tan hip&oacute;crita...!
+Pero t&uacute; no, t&uacute; eres mala y sincera. Cuando das el golpe mortal lo dices,
+&iquest;verdad? Y ahora ante los hechos palpables, evidentes, &iquest;qu&eacute; ten&eacute;is que
+decir?&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Otra vez... pero hijo...&raquo; chill&oacute; do&ntilde;a Lupe, saliendo al recibimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Usted, t&iacute;a, se empe&ntilde;ar&aacute; en negarlo ahora... pero esta no lo niega.
+Cierto que no le coger&eacute;; porque habr&aacute; saltado por el balc&oacute;n; pero no me
+negar&aacute;n que entr&oacute;... Le he visto yo, le he visto pasar por delante de la
+botica... En la escalera ha dejado su huella, su rastro, rastro y
+huella, se&ntilde;ores, que no se pueden confundir con nada... pero con nada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues estamos divertidas!&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe a Fortunata, que daba
+suspiros mirando a su marido con l&aacute;stima intens&iacute;sima.</p>
+
+<p>&mdash;La que me las va a pagar todas juntas es esa indecente de
+Papitos&mdash;grit&oacute; &eacute;l, dando algunos pasos hacia la cocina.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Papitos!, est&aacute; en la compra. &iexcl;Pobre chica!... Ea, ya estamos hartas.
+A ver si nos dejas en paz. Le encargaremos a Ballester que te amarre...
+Ni&ntilde;o, ni&ntilde;o, se acabaron las tonter&iacute;as.</p>
+
+<p>Diciendo esto le cog&iacute;a por un brazo y le sacud&iacute;a con ira materna y
+correccional. &laquo;Mira que no te podemos sufrir... Lo que t&uacute; tienes es
+mucho mimo&raquo;.</p>
+
+<p>El desgraciado joven se dej&oacute; caer en un banco que en el recibimiento
+hab&iacute;a, el cual semejaba banco de iglesia, y all&iacute; se transform&oacute; la
+m&aacute;scara insana de su rostro, pasando de la furia a la consternaci&oacute;n.
+&laquo;Garant&iacute;ceme usted... pues... que mi honor est&aacute;... lo que llaman
+intacto... y yo me tranquilizar&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Tu honor! &iquest;Pero qui&eacute;n diablos se ha metido con &eacute;l? Si todo es humo,
+humo que hay dentro de esta cabeza&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Humo!... &iexcl;ah!...&mdash;S&iacute;, todo humo&mdash;dijo Fortunata, poni&eacute;ndole
+cari&ntilde;osamente la mano en el hombro&mdash;. No pienses y no temer&aacute;s nada. Es
+la imaginaci&oacute;n, nada m&aacute;s que la imaginaci&oacute;n... la loca de la casa, como
+dec&iacute;a tu hermano Nicol&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes lo que vamos a hacer?&mdash;indic&oacute; do&ntilde;a Lupe, alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s,
+aprovechando la relativa calma que en su sobrino se notaba&mdash;. Pues vamos
+a darle de almorzar.</p>
+
+<p>Su mujer le agarr&oacute; por un brazo para llevarle a la mesa, y &eacute;l no hizo
+ninguna resistencia. Tem&iacute;an una y otra que no quisiese tomar nada,
+fund&aacute;ndose en que la comida estaba envenenada; pero con gran sorpresa de
+ambas, Maxi no manifest&oacute; recelo alguno sobre este particular. Ten&iacute;a poco
+apetito, y para que pasara algo, las dos hubieron de hacer a competencia
+considerable gasto de palabras tiernas. Tan cari&ntilde;osas se mostraron, que
+Maxi comi&oacute; m&aacute;s que otros d&iacute;as, sin hacer observaci&oacute;n alguna ni quejarse
+de lo mal condimentado que estaba todo. Hici&eacute;ronle caf&eacute; y esto fue lo
+&uacute;nico que tom&oacute; con gana. De sobremesa, trat&oacute; do&ntilde;a Lupe de alegrarse los
+esp&iacute;ritus, charlando de cosas enteramente contrarias a aquella monserga
+del honor; mas &eacute;l daba a conocer con suspiros profundos que la tormenta
+de su alma no estaba del todo extinguida. Pero la fuerza del ataque
+hab&iacute;a pasado, y pronto vendr&iacute;a la completa serenidad. Al despedirse para
+volver a la botica, llev&oacute; a su mujer aparte y le dijo: &laquo;Prom&eacute;teme no
+salir esta tarde... prom&eacute;teme no salir nunca sino conmigo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Salir yo!, &iexcl;qu&eacute; disparates se te ocurren! No pienso en tal
+cosa&mdash;replic&oacute; ella sonriendo&mdash;. Aqu&iacute; me estar&eacute; esper&aacute;ndote. A la noche
+iremos a casa de do&ntilde;a Casta. &iquest;Quieres? O a paseo.</p>
+
+<p>Mientras esto dec&iacute;a, do&ntilde;a Lupe, acech&aacute;ndola desde un rinc&oacute;n del pasillo,
+fijaba en ella una mirada astuta.</p>
+
+<p>Aquella tarde estuvo Maxi en la botica bastante m&aacute;s calmado. En un rato
+que tuvo libre, se fue al rinc&oacute;n del laboratorio en que guardaba sus
+libros, y cogi&oacute; uno disponi&eacute;ndose a sumergirse en la lectura. Pero
+Ballester tom&oacute; una vara; se fue derecho a &eacute;l, y arrebat&aacute;ndole el libro,
+le amenaz&oacute; con castigarle. &laquo;Ea, dej&eacute;monos de sabidur&iacute;as, que eso es lo
+que nos trastorna. &iquest;A ver qu&eacute; es esto?... &iexcl;Hombre, qu&eacute; bonito!</p>
+
+<p><i>Errores de la teogon&iacute;a egipcia y persa</i>... Esto reza el ep&iacute;grafe del
+cap&iacute;tulo... Pero, criatura, &iquest;que siempre ha de estar usted meti&eacute;ndose en
+lo que no le importa? &iquest;Qu&eacute; le va a usted ni qu&eacute; le viene con que
+aquellos b&aacute;rbaros, que ya se murieron hace miles de a&ntilde;os, adoraran
+muchos dioses?... Es gana de meterse en vidas ajenas. &iexcl;Que ten&iacute;an los
+dioses por gruesas! Bueno, &iquest;y qu&eacute;? &iquest;Acaso los tiene usted que mantener?
+Lo que yo digo: es gana de entrometerse. No puedo ver tanta tonter&iacute;a
+(exalt&aacute;ndose m&aacute;s a cada frase y llegando hasta la c&oacute;lera); no puedo ver
+que un cristiano se queme las cejas por averiguar cosas de las cuales ha
+de sacar lo que el negro del serm&oacute;n... Que le escondo los libros, que se
+los quemo... Voy al momento&raquo;.</p>
+
+<p>Esto &uacute;ltimo se lo dec&iacute;a a un parroquiano que mostraba una receta.</p>
+
+<p>&laquo;A ver, marmolillo (por Maxi) men&eacute;ese usted. Alc&aacute;nceme el alcanfor, el
+nitro dulce, el polvo de regaliz...&raquo;.</p>
+
+<p>Confeccionada la medicina en un dos por tres, volvi&oacute; Ballester a coger
+la vara, y continu&oacute; la fil&iacute;pica de este modo:</p>
+
+<p>&laquo;Lo mismo que la tonter&iacute;a en que ahora ha dado... que le van a quitar su
+honor; que entran hombres en la casa... que por todas partes se le
+tienden asechanzas a su honor... &iexcl;Qu&eacute; melodram&aacute;ticos estamos y qu&eacute;
+simples <i>semos</i>! Parece mentira que tales absurdos se le ocurran a
+quien est&aacute; casado con una mujer, que es <i>la casta Susana</i>, s&iacute; se&ntilde;or, me
+ratifico, <i>la casta Susana</i>, mujer que antes se dejar&iacute;a descuartizar que
+mirarle a la cara a un hombre. &iquest;Y si lo sabe usted, para qu&eacute; arma esas
+tragedias? &iexcl;Ah!, si yo tuviera una hembra as&iacute;, tan hermosa, tan
+virtuosa; si yo tuviera a mi lado una virgen como esa, la adorar&iacute;a de
+rodillas y primero me apaleaban que darle un disgusto. &iexcl;Su honor! Si
+tiene usted m&aacute;s honor que... vamos, no s&eacute; con qu&eacute; compararlo. Tiene
+usted un honor m&aacute;s limpio que el sol... &iquest;qu&eacute; digo sol, si el sol tiene
+manchas? M&aacute;s limpio que la limpieza. Y todav&iacute;a se queja... Nada, yo le
+voy a curar a usted con esta vara. En cuanto hable del honor, &iexcl;zas!...
+No hay otra manera. Lo que yo digo: esas cosas las hace usted por lo muy
+mimadito que est&aacute;. T&iacute;a que le cuida, mujer guapa que le mima tambi&eacute;n y
+que se mira en las ni&ntilde;as de sus ojos... Como que es la verdad...
+Carambita, pues si yo tuviera una mujer as&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar a esta parte de la reprimenda que Segismundo le espetaba m&aacute;s
+en serio que un ladrillo, Rub&iacute;n se hab&iacute;a tranquilizado tanto, que casi
+estaba dispuesto a o&iacute;rle con benevolencia y hasta con jovialidad. Y
+concluy&oacute; por sonre&iacute;r, y al cabo de un gran rato le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Amigo Ballester, le convido a usted a Variedades esta noche. &iquest;Quiere?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no he de querer? Bueno va. Pedradas de esas vengan todos los
+d&iacute;as, ilustre amigo m&iacute;o. Iremos... en el bien entendido de que venga
+Padilla esta noche a quedarse de guardia. Vamos ahora, mi querid&iacute;simo
+colega, a hacer estas p&iacute;ldoras de <i>protoioduro de mercurio</i>. Prepare
+usted el regaliz y el muc&iacute;lago de goma ar&aacute;biga. Receta de cuidado. Mucho
+ojo... Le digo a usted que no hay ciencia m&aacute;s sublime que la Farmacia.
+&iexcl;Cu&aacute;nto m&aacute;s bonita que averiguar si hubo o no tantas o cu&aacute;ntas docenas
+de dioses! Vamos all&aacute;; mucho cuidado con este precioso mercurial. Aviado
+estar&aacute; el enfermo para quien sea. No, no le arriendo la ganancia. Pero a
+fe que se habr&aacute; divertido bastante en este mundo con las mozas guapas, y
+si buenos azotes le cuesta ahora, buenas &iacute;nsulas se habr&aacute; calzado.
+&iexcl;Eh!... cuidado con las dosis. No sea usted tan vivo de genio. Mire que
+va a jorobar al paciente, y la saliva que eche va a llegar hasta aqu&iacute;...
+&iexcl;Qu&eacute; hermosa es la Farmacia! Para m&iacute; hay dos artes, la Farmacia y la
+M&uacute;sica. Ambas curan a la humanidad. La M&uacute;sica es la Farmacia del alma, y
+la... viceversa, ya usted me entiende. Nosotros, &iquest;qu&eacute; somos si no los
+compositores del cuerpo? Usted es un Rossini, por ejemplo, yo un
+Beethoven. En uno y otro arte todo es combinar, combinar. Ll&aacute;manse notas
+all&aacute;, aqu&iacute; las llamamos drogas, sustancias; all&aacute; sonatas, oratorios y
+cuartetos... aqu&iacute; vomitivos, diur&eacute;ticos, t&oacute;nicos, etc... El <i>quid</i> est&aacute;
+en saber herir con la composici&oacute;n la parte sensible... &iquest;Qu&eacute; le parecen
+a usted estas teor&iacute;as?... Cuando desafinamos, el enfermo se muere.</p>
+
+<p>A poco lleg&oacute; el practicante que s&oacute;lo hac&iacute;a servicio en la botica por las
+noches, y llev&aacute;ndole aparte, le dijo Segismundo: &laquo;Amigo Padilla, hoy
+mismo le voy a proponer a do&ntilde;a Casta que vengas de d&iacute;a, porque esta
+calamidad de Rub&iacute;n tiene la cabeza como un cesto, y me temo que si se
+queda solo envenene a toda la parroquia&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Aquella noche, despu&eacute;s de comer, fueron todos a casa de do&ntilde;a
+Casta, donde deb&iacute;an reunirse para ir a paseo. Pero a poco de estar all&iacute;,
+entr&oacute; Ballester diciendo que se hab&iacute;a levantado un airote muy fuerte y
+amenazaba tormenta, por lo que un&aacute;nimemente se acord&oacute; no salir; se
+encendi&oacute; luz en la sala, y do&ntilde;a Casta dijo a Olimpia que tocara la pieza
+para que la oyeran Maximiliano y Ballester.</p>
+
+<p>Olimpia era la menor de las hijas de Samaniego, y hubiera causado gran
+admiraci&oacute;n en la &eacute;poca en que era de moda ser t&iacute;sico, o al menos
+parecerlo. Delgada, espiritual, ojerosa, con un corte de cara fino y de
+expresi&oacute;n rom&aacute;ntica, la ni&ntilde;a aquella habr&iacute;a sido perfecta beldad
+cincuenta a&ntilde;os ha, en tiempo de los tirabuzones y de los talles de
+s&iacute;lfide. Quer&iacute;a do&ntilde;a Casta que sus ni&ntilde;as tuvieran un medio de ganarse la
+vida para el d&iacute;a en que por cualquier contingencia empobreciesen, y
+Olimpia fue llevada al Conservatorio desde edad temprana. Siete a&ntilde;os
+estuvo tecleando, y despu&eacute;s tecleaba en casa bajo la direcci&oacute;n de un
+reputado maestro que iba dos veces por semana. Trat&aacute;base de que ganara
+premio en los ex&aacute;menes, y para esto la ni&ntilde;a estuvo por espacio de tres
+a&ntilde;os estudiando una dichosa pieza, que no acababa de dominar nunca.
+Pieza por la ma&ntilde;ana, pieza por tarde y noche. Ballester se la sab&iacute;a ya
+de memoria sin perder nota. No hab&iacute;a logrado Olimpia <i>decir</i> toda, toda
+la pieza, desde el <i>adagio pat&eacute;tico</i> hasta el <i>presto con fuoco</i>, sin
+equivocarse alguna vez, y siempre que tocaba delante de gente, se
+embarullaba y hac&iacute;a un pisto de notas que ni Cristo lo entend&iacute;a. Por eso
+do&ntilde;a Casta la mandaba tocar cuando hab&iacute;a personas extra&ntilde;as, para que
+fuese perdiendo el miedo al <i>p&uacute;blico</i>.</p>
+
+<p>La determinaci&oacute;n de no salir a paseo puso a la se&ntilde;orita de mal talante,
+porque no pod&iacute;a hablar con su novio, que a aquella hora estaba clavado
+en la esquina de la calle de los Tres Peces, esperando a que saliese la
+familia para incorporarse. Era un chico de m&eacute;rito, que estudiaba el
+&uacute;ltimo a&ntilde;o de no s&eacute; qu&eacute; carrera, y escrib&iacute;a art&iacute;culos de cr&iacute;tica
+(gratis) en diferentes peri&oacute;dicos. A pesar de sus notables prendas,
+do&ntilde;a Casta no le ve&iacute;a con buenos ojos, porque la cr&iacute;tica, francamente,
+como oficio para mantener una familia, no le parec&iacute;a de lo m&aacute;s
+lucrativo. Pero Olimpia estaba muy apasionada; le&iacute;a todos los art&iacute;culos
+de su novio, que este le llevaba recortados de los peri&oacute;dicos y pegados
+en cuartillas, y con esta lectura se iba ilustrando considerablemente.
+Todo aquel f&aacute;rrago de sentencias est&eacute;ticas lo guardaba con las cartas y
+los mechones de pelo. Do&ntilde;a Casta no permit&iacute;a a&uacute;n al apreciable joven
+entrar en la casa.</p>
+
+<p>Toc&oacute; la ni&ntilde;a su pieza con no poca fatiga, a ratos aporreando las teclas
+como si las quisiera castigar por alguna falta que hab&iacute;an cometido, a
+ratos acarici&aacute;ndolas para que sonaran suavemente con ayuda de pedal,
+arqueando el cuerpo, ya de un lado, ya de otro, y poniendo cara afligida
+o de mal genio, seg&uacute;n el pasaje. Parec&iacute;a que los dedos eran bocas, y que
+estas bocas ten&iacute;an hambre atrasada por las muchas notas que se com&iacute;an.
+En ciertas escalas dif&iacute;ciles algunas notas se anticipaban a sus
+predecesoras y otras se quedaban rezagadas; pero cuando llegaba un
+efecto f&aacute;cil, la pianista dec&iacute;a &laquo;aqu&iacute; que no peco&raquo;, y se indemnizaba de
+las pifias que cometiera antes. Durante el largo martirio de las teclas,
+las exclamaciones de admiraci&oacute;n no cesaban. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; dedos los de esta
+chica!... Me r&iacute;o yo de Guelbenzu... &iexcl;Y qu&eacute; talento art&iacute;stico, qu&eacute;
+expresi&oacute;n!&raquo; dec&iacute;a el gran tuno de Ballester.</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Casta: &laquo;Ahora viene el paso dif&iacute;cil, ahora... En este trozo no
+tiene pero... &iexcl;Qu&eacute; limpieza... qu&eacute; manera de frasear!...&raquo;. Do&ntilde;a Lupe
+tambi&eacute;n hac&iacute;a aspavientos, y Fortunata se ve&iacute;a obligada a expresar su
+entusiasmo, aunque no entend&iacute;a una palabra de tal cencerrada, y en su
+interior se pasmaba de que aquello se llamase <i>arte sublime</i>, y de que
+las personas formales aplaudiesen m&uacute;sica semejante a la de un taller de
+calderer&iacute;a. Cualquier tonadilla de los pianitos de ruedas que van por la
+calle le gustaba y la conmov&iacute;a m&aacute;s.</p>
+
+<p>Olimpia tocaba con fe y emoci&oacute;n, presumiendo que el espejo de los
+cr&iacute;ticos la o&iacute;a desde la calle. Cuando concluy&oacute;, estaba rendida,
+sudorosa, le dol&iacute;an todos los huesos y apenas pod&iacute;a respirar. Ni
+siquiera ten&iacute;a aliento para dar las gracias por las flores que todos le
+echaban. La tos que le entr&oacute; parec&iacute;a anunciar un ataque de hemoptisis.
+&laquo;Hija m&iacute;a&mdash;le dijo su mam&aacute;, vi&eacute;ndola ir hacia el balc&oacute;n&mdash;, no te asomes,
+que est&aacute;s sudando. Toma, ponte esta toquilla&raquo;.</p>
+
+<p>Y se la pon&iacute;a, y no pudiendo refrenar las ganas de salir al balc&oacute;n,
+sali&oacute; con Fortunata, y ambas estuvieron contemplando el alma en pena que
+se paseaba en la acera de enfrente.</p>
+
+<p>Al poco rato entr&oacute; Aurora, la mayor de <i>las Samaniegas</i>, que era muy
+distinta de su hermana, pelinegra, bien parecida sin ser una hermosura,
+de esas que a un color an&eacute;mico unen cierta robustez fofa y lozan&iacute;a de
+carnes incoloras. Su pecho era desproporcionadamente abultado, su cuello
+corto, las caderas y el talle bien torneados, y las costuras de las
+mangas parec&iacute;an pr&oacute;ximas a reventar por causa de la gordura creciente de
+los brazos. La cabeza era bonita, de poco pelo y muy bien arreglada.
+Ten&iacute;a m&aacute;s entendimiento que su hermana; vest&iacute;a con esa sencillez airosa
+de las mujeres extranjeras que se ganan la vida en un mostrador de
+tienda elegante, o llevando la contabilidad de un restaurant. Su traje
+era siempre de un solo color, sin combinaciones, de un corte severo y
+como expeditivo, traje de mujer joven que sale sola a la calle y trabaja
+honradamente.</p>
+
+<p>Expliquemos esto. Aurora Samaniego ten&iacute;a treinta a&ntilde;os y era viuda de un
+franc&eacute;s, que vino a Espa&ntilde;a representando casas extranjeras de droguer&iacute;a.
+A poco de casarse, all&aacute; por el 65, el franc&eacute;s se fue con su mujer a
+Burdeos y all&iacute; hered&oacute; de sus padres un establecimiento de ropa blanca,
+que mejor&oacute; a fuerza de trabajo, poniendo en &eacute;l las bases de una fortuna.
+Pero entre Bismark y Napole&oacute;n III lo echaron todo a perder, pues por
+causa de estos dos personajes sobrevino la guerra de 1870, que tantas
+esperanzas hab&iacute;a de segar en flor. Fenel&oacute;n, que era hombre bon&iacute;simo y de
+inteligencia mercantil, ten&iacute;a el defecto del <i>chauvinisme</i>. Empu&ntilde;&oacute; las
+armas, se agreg&oacute; a un cuerpo de ej&eacute;rcito, y a los primeros disparos, los
+prusianos le dejaron seco.</p>
+
+<p>Viuda y con poco dinero, aunque tambi&eacute;n sin hijos, Aurora volvi&oacute; a
+Madrid, donde las disposiciones y h&aacute;bitos de trabajo que hab&iacute;a adquirido
+no pudieron tener empleo por no existir aqu&iacute; <i>grandes almacenes</i>, y los
+que hay, est&aacute;n servidos por esos gandulones de horteras, que usurpan a
+las muchachas el &uacute;nico medio decoroso de ganarse la vida. Hab&iacute;a
+aprendido la viuda de Fenel&oacute;n cuanto hay que saber en lo concerniente al
+ramo de ropa blanca; estaba fuerte en contabilidad; ten&iacute;a nociones
+claras del orden econ&oacute;mico y del r&eacute;gimen a que debe sujetarse un negocio
+bien montado, y hablaba el franc&eacute;s a la perfecci&oacute;n. Pero todos estos
+m&eacute;ritos habr&iacute;an sido in&uacute;tiles hasta el fin del mundo, si no se le
+ocurriera a Pepe Samaniego establecer el comercio de ropa blanca <i>con
+arreglo a los &uacute;ltimos adelantos del extranjero</i>, y llevar a &eacute;l a persona
+tan inteligente y para el caso como su prima. El plan era vast&iacute;simo.
+Aurora estar&iacute;a al frente del departamento de equipos de boda y
+canastillas de bautizo, ropa de ni&ntilde;os y de se&ntilde;ora. El capital para la
+instalaci&oacute;n de esta importante industria hab&iacute;alo facilitado D. Manuel
+Moreno-Isla, que ten&iacute;a confianza en la honradez y tino de Pepe
+Samaniego. La tienda estar&iacute;a en una casa nueva de la subida a Santa
+Cruz, frente por frente a la calle de Pontejos, y sus escaparates ser&iacute;an
+de seguro los m&aacute;s vistosos y elegantes de Madrid. Inauguraci&oacute;n, el 1&ordm; de
+Setiembre. Samaniego estaba en Par&iacute;s haciendo compras, y en la fecha a
+que esto se refiere, ya empezaban a venir algunas cajas. En la tienda
+provisional, que estaba pr&oacute;xima a la definitiva, hab&iacute;a ya mucho trabajo.
+Aurora, al frente de una graciosa pl&eacute;yade de oficiales habil&iacute;simas,
+estaba disponiendo las piezas-modelo que se hab&iacute;an de presentar en los
+primeros d&iacute;as, como muestras de las ricas confecciones de la casa. De
+sol a sol viv&iacute;a entre oleadas de batista con espuma de encajes
+riqu&iacute;simos, cortando y probando, puntada aqu&iacute;, tijeretazo all&aacute;,
+gobernando su hato de cosedoras con tanta inteligencia como autoridad.</p>
+
+<p>Por las noches, cuando llegaba a su casa, rendida, su madre gustaba de
+que estuvieran presentes do&ntilde;a Lupe, Fortunata o las dem&aacute;s amigas, para
+dar rienda suelta a su vanidad. En cuanto la ve&iacute;a entrar, se le
+iluminaba el rostro, y ya no se hablaba m&aacute;s que del establecimiento
+nuevo, y de las cosas no vistas que en &eacute;l admirar&iacute;a el Madrid elegante.
+Las cuatro mujeres no paraban el pico hasta las doce, y por eso
+Ballester, aquella noche, al ver que se armaba el nublado de ropa
+blanca, cogi&oacute; por un brazo a Maxi y le dijo: &laquo;Nosotros nos vamos a ver
+una piececita en Variedades&raquo;. Dicho se est&aacute; que Olimpia, no participando
+de la presunci&oacute;n ni del entusiasmo mercantil de su mam&aacute;, segu&iacute;a posada
+en el antepecho del balc&oacute;n del gabinete, viendo pasar la sombra
+melanc&oacute;lica del aburrido Aristarco, y arroj&aacute;ndole desde arriba alguna
+palabrilla, para que endulzara el plant&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Estar&aacute;s muy cansada, si&eacute;ntate&mdash;dec&iacute;a do&ntilde;a Casta a su hija, armando el
+corrillo&mdash;. &iquest;C&oacute;mo va eso?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy han estado probando el gas en la nueva tienda. Ser&aacute; una cosa
+espl&eacute;ndida. Ya est&aacute;n llegando cajas de novedades, cosas, &iexcl;ay!, <i>por
+ejemplo</i>, tan bonitas, que en Madrid no se ha visto nada igual. Aqu&iacute; no
+saben poner escaparates. Ver&aacute;n, ver&aacute;n el nuestro, con <i>todo lo que hay
+de m&aacute;s lindo</i>, para llamar la atenci&oacute;n, y hacer que la gente se pare y
+entre a comprar algo. Despu&eacute;s que entran, se les ense&ntilde;a m&aacute;s, se les
+<i>hace ver</i> esta y la otra cosa de precio, se les engatusa, y al fin
+caen. Los tenderos de aqu&iacute; apenas tienen el arte del <i>etalaje</i>, y en
+cuanto al arte de vender, pocos lo poseen. Hay muchos que pertenecen
+todav&iacute;a a la escuela de Estupi&ntilde;&aacute;, que re&ntilde;&iacute;a a los que iban a comprar.</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe con expresi&oacute;n avariciosa&mdash;, que Pepe Samaniego
+va a hacer un gran negocio. Madrid est&aacute; por explotar. Todo consiste en
+tener pesquis. &iexcl;Oh!, pues en el ramo de Farmacia, Dios m&iacute;o, hay una
+verdadera mina. Yo estoy bregando con Maxi para que invente, para que
+salga por ah&iacute; con su poco de <i>panacea</i>. Pero nos hemos vuelto todos muy
+morales y muy rigoristas. Vean por qu&eacute; esta naci&oacute;n no adelanta, y los
+extranjeros nos explotan llev&aacute;ndose todo el dinero.</p>
+
+<p>Esta &uacute;ltima frase llev&oacute; la conversaci&oacute;n al primitivo terreno, del cual
+se hab&iacute;a desviado un poco con aquello de la panacea.</p>
+
+<p>&laquo;Por eso&mdash;dijo do&ntilde;a Casta&mdash;, un establecimiento montado como los mejores
+del extranjero, no puede menos de hacerse de oro, pues habi&eacute;ndolo aqu&iacute;,
+las se&ntilde;oras de la grandeza no tendr&aacute;n que ir a Bayona y a Biarritz a
+comprar la &uacute;ltima novedad&raquo;.</p>
+
+<p>Aurora vest&iacute;a un traje de percal, azul claro, con cintur&oacute;n de cuero, y
+en este una gran hebilla. Su atav&iacute;o era todo frescura, sencillez de
+obrera elegante. Fue un rato para adentro a tomarse la colaci&oacute;n o
+golosina que su madre le guardaba siempre, y volvi&oacute; con un platito en
+una mano y una cucharilla en la otra. Era compota de ciruelas lo que
+tomaba, con un pedazo de rosca.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Ustedes gustan?... Pues dec&iacute;a que en las cajas que est&aacute;n ahora en la
+Aduana de Ir&uacute;n, vienen unos trajecitos de ni&ntilde;o, de punto, que han de
+hacer sensaci&oacute;n. El modelo lleg&oacute; ayer en gran velocidad, y tambi&eacute;n vino
+un fich&uacute; del cual estamos haciendo imitaciones de clase inferior, con
+puntilla ordinaria. Ver&aacute;n, ver&aacute;n ustedes... Pues el fald&oacute;n de bautizo,
+<i>por ejemplo</i>, que estamos arreglando con encaje <i>valenciennes</i>, no se
+podr&aacute; poner menos de quinientos francos. (Aurora ten&iacute;a la costumbre de
+contar siempre por francos). Es verdaderamente encantador. Lo traer&eacute;
+aqu&iacute; cuando est&eacute; acabado para que lo vean ustedes&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor ser&aacute; que vayamos nosotras all&aacute;&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe&mdash;, y as&iacute; veremos
+y hociquearemos todo antes de que se abra al p&uacute;blico.</p>
+
+<p>Fortunata dec&iacute;a tambi&eacute;n algo, aunque no mucho, porque lo de la tienda no
+despertaba en ella gran inter&eacute;s. Despu&eacute;s que apur&oacute; el platillo de la
+compota, volvi&oacute; Aurora para adentro, y trajo unas yemas en un papel.
+&iexcl;Qu&eacute; golosa era! Ofreci&oacute; una a Fortunata, que la tom&oacute;, y do&ntilde;a Casta se
+dispuso a obsequiar a sus amigos con vasos de agua. Pon&iacute;a esta se&ntilde;ora
+sus cinco sentidos en los botijos para enfriar el agua, y ten&iacute;a a gala
+el que en ninguna parte la hubiese tan fresca y rica como en su casa.
+Despu&eacute;s de traer un plato con azucarillos, fue a escanciar el precioso
+contenido de los botijos, pues eran varios, y en ellos graduaba la
+temperatura, poni&eacute;ndolos o no en el balc&oacute;n, Do&ntilde;a Lupe la ayudaba en la
+tra&iacute;da de aguas, y en tanto Aurora le pas&oacute; a Fortunata el brazo por la
+cintura y ambas salieron al balc&oacute;n de la sala.</p>
+
+<p>Cada cual se com&iacute;a una yema de chocolate, y despu&eacute;s tomaron otra de
+coco.</p>
+
+<p>Lejos del o&iacute;do impertinente de do&ntilde;a Lupe y do&ntilde;a Casta, Aurora se
+secrete&oacute; con Fortunata: &laquo;Se han ido todos esta tarde... El primo Manolo
+va tambi&eacute;n con ellos&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>Aqu&iacute; cuadra bien decir que Fortunata y la viuda de Fenel&oacute;n se
+hab&iacute;an hecho muy amigas. Esta mostraba a la de Rub&iacute;n una gran simpat&iacute;a,
+y con esta simpat&iacute;a, la dulce confianza que de ella emanaba, y por fin,
+con el verdadero derroche de indulgencia que en favor de sus faltas
+hac&iacute;a, apoderose poco a poco de todos sus secretos. Por de contado,
+estas intimidades s&oacute;lo ten&iacute;an lugar a espaldas de do&ntilde;a Lupe y muy lejos
+de do&ntilde;a Casta, pues ni una ni otra habr&iacute;an consentido que tales temas se
+trajesen a las honestas y decorosas conversaciones de aquella casa.</p>
+
+<p>Enlazadas por la cintura, brazo con brazo, estuvieron un rato las dos
+mujeres sin decirse nada, comi&eacute;ndose las yemas y mirando a la calle. De
+pronto se ech&oacute; a re&iacute;r Aurora.</p>
+
+<p>&laquo;Mira el tonto de Ponce, haci&eacute;ndole cucamonas a Olimpia. Yo creo que mi
+hermana es la &uacute;nica mujer que en el mundo existe capaz de querer a un
+cr&iacute;tico. Merecer&iacute;a en castigo casarse con &eacute;l. <i>Solamente</i>, que como es
+mi hermana, no le deseo esta cat&aacute;strofe&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya, que est&aacute; apurado el hombre&mdash;dec&iacute;a Fortunata, riendo tambi&eacute;n&mdash;. Le
+hace se&ntilde;as para que baje... S&iacute;, ahora va a bajar. Est&aacute;s t&uacute; fresco...
+Ser&aacute; que quiere darle uno de esos art&iacute;culos que escribe y en los cuales
+cuenta el argumento de los dramas para que nos enteremos. Vaya, hombre,
+no te apures, que ya le hablar&aacute;s otra noche. Ahora no puede ser... &iexcl;Qu&eacute;
+pesados son estos novios!, &iquest;verdad?&raquo;.</p>
+
+<p>Pasado otro rato, y cuando los brazos soltaron las cinturas y ambas
+estaban limpi&aacute;ndose los dedos en sus respectivos pa&ntilde;uelos, Aurora volvi&oacute;
+a decir: &laquo;Pues s&iacute;, todos partieron esta tarde y el primo Moreno con
+ellos. Creo que van a San Juan de Luz&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata volvi&oacute; la cara para el balc&oacute;n del gabinete, donde estaba
+Olimpia. Despu&eacute;s mir&oacute; a su amiga, dici&eacute;ndole en tono muy seco: &laquo;Van a
+San Sebasti&aacute;n y a Biarritz, y a principios de Setiembre ir&aacute;n todos a
+Par&iacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ni&ntilde;as&mdash;dijo do&ntilde;a Casta, toc&aacute;ndoles en los hombros&mdash;. &iquest;De qu&eacute; agua
+quieren ustedes?... &iquest;<i>Progreso</i> o Lozoya?</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo me da&mdash;replic&oacute; Fortunata.</p>
+
+<p>&mdash;Toma Lozoya, y cr&eacute;eme&mdash;insinu&oacute; do&ntilde;a Lupe, con su vaso en la mano&mdash;.
+Por m&aacute;s que diga esta, <i>Progreso</i> es un poquito salobre.</p>
+
+<p>&mdash;Eso va en gustos... Y tambi&eacute;n influye el h&aacute;bito&mdash;arguy&oacute; Casta con la
+suficiencia y formalidad de un catador de vinos&mdash;. Como yo me he criado
+bebiendo el agua de <i>Pontejos</i>, que es la misma que la de la Merced, que
+hoy llaman <i>Progreso</i>, toda otra agua me parece que sabe a fango.</p>
+
+<p>No insistir&eacute; en lo mucho que se dijo sobre este tratado de las aguas de
+Madrid. Mientras las dos se&ntilde;oras mayores cotorreaban dentro, Fortunata y
+Aurora lo hac&iacute;an en el balc&oacute;n. Las once y media ser&iacute;an cuando sintieron
+la voz de Ballester. Este y Maxi las miraban desde la acera de enfrente.
+&laquo;Si bajan ustedes&mdash;dijo Rub&iacute;n&mdash;, las espero aqu&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Olimpia&mdash;grit&oacute; Ballester&mdash;. Venimos de ver la obra que se estren&oacute;
+anteanoche. &iexcl;Qu&eacute; mala es! &iquest;Tiene usted ya noticias de ella?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... &iquest;Qu&eacute; est&aacute; usted diciendo?</p>
+
+<p>&mdash;Como usted se trata con autoridades...</p>
+
+<p>Al decir esto pasaba el cr&iacute;tico junto a &eacute;l.</p>
+
+<p>&laquo;Oiga usted, Olimpa... La obra es una ferocidad; pero ciertos amigos del
+autor la pondr&aacute;n en las nubes. Quisiera yo verles para que me dijeran a
+m&iacute; por qu&eacute; enga&ntilde;an de este modo al p&uacute;blico&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jeme usted en paz... &iexcl;Qu&eacute; tonto es usted!&mdash;replic&oacute; Olimpia, y se
+meti&oacute; para adentro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Baj&aacute;is o no?&mdash;dijo Maxi; y su mujer le contest&oacute; que esperase en la
+botica, que ellas bajar&iacute;an. Aurora y Fortunata se re&iacute;an mirando a
+Ponce, que iba escapado por la calle arriba, como alma que lleva el
+diablo.</p>
+
+<p>Retir&aacute;ronse las de Rub&iacute;n a su domicilio, teniendo ambas se&ntilde;oras la
+satisfacci&oacute;n de ver a Maxi tan mejorado de los des&oacute;rdenes cerebrales de
+aquella ma&ntilde;ana, que no parec&iacute;a el mismo hombre. S&iacute;ntomas favorables eran
+la obediencia a cuanto se le mandaba, y lo juicioso y sosegado de sus
+respuestas. Aquella noche durmi&oacute; con tranquilidad, y nada ocurri&oacute; que
+saliera del canon ordinario. A la tarde siguiente convinieron marido y
+mujer en dar un paseo a prima noche. Fue ella a buscarle a la botica a
+la hora concertada, y no le encontr&oacute;. &laquo;Ha ido a cortarse el pelo&mdash;le
+dijo Ballester, ofreci&eacute;ndole una silla&mdash;. Con las murrias de estos
+&uacute;ltimos tiempos, el pobre chico no ca&iacute;a en la cuenta de que se iba
+pareciendo a los poetas melenudos... Le he mandado que se trasquilase
+esta misma tarde. Tenga usted presente una cosa: hay que impon&eacute;rsele,
+combatirle el abandono, las lecturas y no consentir que se ensimisme.
+Antes que dejarle caer en las melancol&iacute;as, vale m&aacute;s darle un disgusto.
+Yo siempre le hablo gordo, y crea usted... me ha cogido miedo. Es lo que
+hace falta&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobrecito!...&mdash;exclam&oacute; Fortunata&mdash;. &iquest;Pero ve usted por d&oacute;nde le ha
+dado?... Yo no he visto un desatinar semejante.</p>
+
+<p>Segismundo, que en aquel momento ten&iacute;a poco que hacer, dejolo todo por
+atender cort&eacute;smente a la se&ntilde;ora de su amigo y serle grato en lo que de
+&eacute;l dependiera. Era hombre que ten&iacute;a que contenerse mucho para no ser
+galante y aun atrevido con cualquier mujer en cuya presencia estuviese.
+Con Fortunata se hab&iacute;a permitido alguna vez tal cual broma; aquel d&iacute;a se
+corri&oacute; m&aacute;s. Llev&aacute;ndose los dedos a su rebelde cabellera para hacer con
+ellos p&uacute;as de peine, se la atus&oacute;, y arqueando el cuerpo, inclinose hacia
+la se&ntilde;ora para decirle con retint&iacute;n:</p>
+
+<p>&laquo;Muy triste est&aacute; usted desde ayer... No, no me lo niegue... &iquest;Pues yo no
+veo lo que pasa? Leo en las caras&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en la m&iacute;a poco habr&aacute; le&iacute;do usted.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s de lo que se piensa... Leo pasajes tiern&iacute;simos... estrofas de
+despedida... ayes de soledad...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; majadero!&mdash;&iexcl;Oh!, a m&iacute; no se me escapa nada. Convengo en que
+no hay motivos para que usted est&eacute; tan pat&eacute;tica... Pero hay otra cosa...
+a m&iacute; me gusta remontarme a los or&iacute;genes, me gusta buscar el por qu&eacute;, y
+francamente, cuando miro ese por qu&eacute;, no puedo menos que lamentar la
+equivocaci&oacute;n de que usted viene padeciendo desde tiempos remotos.</p>
+
+<p>Fortunata le miraba sonriendo, pues no cre&iacute;a que deb&iacute;a enojarse.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, no puedo menos de deplorar&mdash;prosigui&oacute; el regente infl&aacute;ndose&mdash;, que
+usted sea tan consecuente con personas que no lo merecen... Habiendo en
+el mundo tanto coraz&oacute;n leal, ir a buscar precisamente el m&aacute;s inconstante
+y...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; disparates est&aacute; usted diciendo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, no son disparates&mdash;replic&oacute; el farmac&eacute;utico, dando algunos pasos
+delante de ella y procurando que dichos pasos fueran todo lo airosos
+posible&mdash;. Perd&oacute;neme usted mi atrevimiento. Yo las gasto as&iacute;; siempre he
+sido Juan Claridades, y cuando una idea quiere salir de m&iacute;, le abro la
+puerta para que salga, porque si la dejo dentro, estallo... Pues
+dec&iacute;a... &iquest;Se va usted a enfadar?</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre, &iquest;qu&eacute; me voy a enfadar yo? Su&eacute;ltela, su&eacute;ltela.</p>
+
+<p>&mdash;Pues dec&iacute;a... (Ballester tomaba una actitud que a &eacute;l le parec&iacute;a
+aristocr&aacute;tica), dec&iacute;a que a quien debiera usted querer es a m&iacute;... Ya ve
+usted que no me muerdo la lengua.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; gracia! Me gusta usted por lo corto de genio.</p>
+
+<p>&mdash;Al pan pan y al vino vino. Queri&eacute;ndome a m&iacute;, ver&aacute; lo que es coraz&oacute;n
+amante, consecuente y tropical. Pero le advierto una cosa...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;Que si se decide a quererme... usted no se decidir&aacute;, pero si se
+decide, tenga cuidado de no dec&iacute;rmelo de sopet&oacute;n... porque me morir&eacute; de
+gusto... Ser&iacute;a como una descarga el&eacute;ctrica.</p>
+
+<p>&mdash;Estese tranquilo... S&iacute;, se lo ir&eacute; diciendo poco a poco...
+prepar&aacute;ndole, como cuando se dan malas noticias...</p>
+
+<p>&mdash;No tanto, no tanto...&mdash;Vaya que es usted malo... Aqu&iacute;, entre tanta
+medicina, &iquest;no hay nada que le cure la cabeza?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues si lo hubiera, amiga m&iacute;a, si lo hubiera...! Y creen muchos que
+la peor cabeza de esta casa es la del pobre Maxi, cuando la m&iacute;a es una
+pajarera. Verdad que dos palabras de quien yo me s&eacute; me har&iacute;an la persona
+m&aacute;s cuerda y m&aacute;s feliz de la tierra...</p>
+
+<p>Viendo en esto que entraba Rub&iacute;n, dio otro giro a su charla. &laquo;Aqu&iacute; le
+estaba diciendo a su cara mitad, que le voy a dar unas p&iacute;ldoras...
+&iexcl;Dios, qu&eacute; p&iacute;ldoras!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para ella?&mdash;No hombre, para usted.&mdash;&iquest;Y de qu&eacute; son?&mdash;Bueno va; ya
+quiere saber de qu&eacute; son. Carambita, cuando uno discurre algo nuevo, debe
+reservarse el secreto. Es un espec&iacute;fico.</p>
+
+<p>&mdash;Este Segismundo est&aacute; ido&mdash;dijo Fortunata&mdash;. V&aacute;monos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no tomo p&iacute;ldoras sin saber la composici&oacute;n&mdash;indic&oacute; Maxi con la mayor
+buena fe.</p>
+
+<p>&mdash;Estos hombres felices son muy impertinentes. Todo lo quieren
+averiguar... &iexcl;Y ahora se va de pase&iacute;to con su t&oacute;rtola! &iexcl;Qu&eacute; babosos...
+<i>semos</i>! &iexcl;Luego se queja el nene!... (tir&aacute;ndole de una oreja), se queja
+de vicio... el ni&ntilde;o mimado de la Providencia... Abur, divertirse.</p>
+
+<p>Sali&oacute; a despedirles a la puerta de la botica, se puso muy tieso, y
+estir&aacute;ndose todo lo posible sobre la base de sus zapatillas, les sigui&oacute;
+con la vista hasta que desaparecieron en lo alto de la calle.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>Iban pasando los cansados d&iacute;as del verano, que es en Madrid la
+estaci&oacute;n de las tristezas, porque el sue&ntilde;o y el apetito escasean, la
+sociedad disminuye, y los que aqu&iacute; se quedan parece que comen el pan de
+la emigraci&oacute;n. En la familia de Rub&iacute;n nada ocurr&iacute;a de particular, pues
+Maxi no empeoraba, aunque todas las ma&ntilde;anas ten&iacute;a su excitaci&oacute;n
+correspondiente, m&aacute;s o menos aparatosa; pero mientras no llegase a un
+grado de furor como el de la c&eacute;lebre ma&ntilde;anita del ars&eacute;nico, las dos
+mujeres pod&iacute;an llevarlo con paciencia. De noche, las depresiones se
+manifestaban levemente, y a veces no se conoc&iacute;an. Ballester hab&iacute;a
+conseguido, combinando la persuasi&oacute;n con la severidad, apartarle en
+absoluto de toda lectura favorable a la concentraci&oacute;n del &aacute;nimo.</p>
+
+<p>Entre Fortunata y do&ntilde;a Lupe no era todo concordia, como se puede haber
+comprendido, pues la se&ntilde;ora de J&aacute;uregui, observadora sagaz, hab&iacute;a
+comprendido que desde principios de Junio su sobrina andaba en malos
+pasos. Todas las personas relacionadas con la familia de Rub&iacute;n sab&iacute;an la
+historia de la mujer de Maxi, y el dram&aacute;tico papel que desempe&ntilde;aba en
+ella el se&ntilde;orito de Santa Cruz. Algunas, quiz&aacute;s, ten&iacute;an conocimiento de
+aquella tercera salida de la aventurera al campo de su loca ilusi&oacute;n;
+pero nadie se atrevi&oacute; a llevar el cuento a <i>la de los Pavos</i>. Esta, no
+obstante, lo sab&iacute;a por obra del puro c&aacute;lculo y de sus facultades
+olfatorias. Arrancose una vez a <i>armar la gorda</i> &laquo;para que no
+crea&mdash;pensaba&mdash;que me trago sus mentiras y que estoy aqu&iacute; haciendo el
+papamoscas&raquo;. Pero Fortunata, recordando al instante las lecciones de su
+amigo Feijoo, traz&oacute; la raya divisoria que este le recomendara, y vino a
+decir en sustancia: &laquo;de aqu&iacute; para all&aacute;, se&ntilde;ora, gobierna usted; de aqu&iacute;
+para ac&aacute;, est&aacute;n <i>mis cosas</i> y en ellas no tiene usted que meterse&raquo;.</p>
+
+<p>No se dio por vencida la orgullosa viuda del alabardero, y volvi&oacute; a la
+carga dos o tres veces en esta forma: &laquo;Si el pobre Maxi estuviera bueno,
+&eacute;l te arreglara como cumple a todo hombre que se estima; pero no lo
+est&aacute;, y tengo que tomar yo a mi cargo el decoro de la familia. Me he
+dicho mil veces: '&iquest;dar&eacute; el estallido o no dar&eacute; el estallido?'. En la
+situaci&oacute;n de ese pobrecito, mi estallido ser&iacute;a su muerte. Por eso me
+contengo y me trago todo el veneno. &iquest;Ves?, mi cabeza se est&aacute; llenando
+de canas desde que veo estas ignominias sin poderlas remediar...&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata volvi&oacute; el rostro para ocultar sus l&aacute;grimas. Esta escena
+ocurr&iacute;a en el gabinete, hall&aacute;ndose las dos cosiendo sus trajes de
+verano.</p>
+
+<p>&laquo;Despu&eacute;s de lo que pas&oacute; en Noviembre del a&ntilde;o pasado&mdash;prosigui&oacute; la viuda
+con serenidad que espantaba&mdash;, despu&eacute;s de tu enmienda verdadera o falsa;
+despu&eacute;s que se te perdon&oacute; (y por mi voto no se te habr&iacute;a perdonado);
+despu&eacute;s que echamos tierra al horrible crimen, me parece que estabas
+obligada a portarte de otra manera. No vengas ahora con lagrimitas que
+han de parecer de hipocres&iacute;a. Porque yo digo una cosa. &Oacute;yeme
+atentamente&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe dej&oacute; la costura y se prepar&oacute; a hablar, como los oradores de
+profesi&oacute;n. &laquo;Yo me pongo en el caso de una mujer que siente una pasi&oacute;n
+antigua, con raigones muy hondos y que no se pueden arrancar. Hay casos,
+y verdaderamente, esto es para mirarlo despacio. Pues si t&uacute; hubieras
+venido a m&iacute; y me hubieras dicho: 'T&iacute;a, esto me pasa. Me persiguen; yo no
+s&eacute; si podr&eacute; defenderme; soy d&eacute;bil; ay&uacute;deme usted...'. &iexcl;Oh!, la cosa
+variaba mucho. Porque yo te habr&iacute;a dirigido, yo te habr&iacute;a dado
+fortaleza, consuelo... Pero no; se te antoja campar por tus respetos, y
+hacer y acontecer, como una mozuela sin juicio... Eso es un disparate:
+ah&iacute; tienes, ah&iacute; tienes el motivo de todas tus desgracias al no contar
+para nada con las personas que deben guiarte. Total; que cuando acudas
+pidiendo socorro ya ser&aacute; tarde, y esas personas te dir&aacute;n: 'Enti&eacute;ndete
+ahora, h&uacute;ndete, y c&uacute;brete de verg&uuml;enza y date a los demonios'&raquo;.</p>
+
+<p>Pronunciada esta elocuente fil&iacute;pica, continu&oacute; la se&ntilde;ora un buen espacio
+de tiempo dando resoplidos, y Fortunata no levantaba los ojos de su
+costura. Discurr&iacute;a sobre la extra&ntilde;eza de aquellos conceptos de la viuda,
+que parec&iacute;a dispuesta a ciertos temperamentos indulgentes en caso de que
+se la consultara, y de que se la tuviera por dispensadora infalible de
+protecci&oacute;n y por sancionadora de las acciones. &laquo;Esta mujer quiere ser el
+Papa&mdash;pensaba&mdash;, y con tal que la hagan Papa, se aviene a todo. Pero lo
+que es por m&iacute;...&raquo;. A Fortunata le repugnaba la moral desp&oacute;tica de do&ntilde;a
+Lupe, en la cual entrev&iacute;a m&aacute;s soberbia que rectitud, o una rectitud
+adaptada jesu&iacute;ticamente a la soberbia. No se conformaba esto con las
+ideas absolutas de la joven criminal. Ella quer&iacute;a para sus actos la
+absoluci&oacute;n completa o la completa condenaci&oacute;n. Infierno o Cielo, y nada
+m&aacute;s. Ten&iacute;a <i>su idea</i> y para nada necesitaba de consejos ni de la
+protecci&oacute;n de nadie. Se las compon&iacute;a sola mucho mejor, y cualquiera que
+fuese su cruz, no le hac&iacute;a falta Cirineo. Sus acciones eran decisivas,
+rectil&iacute;neas, iba a ellas disparada como proyectil que sale del ca&ntilde;&oacute;n.</p>
+
+<p>Enterada do&ntilde;a Lupe, en aquellos secreteos que con su amiga Casta ten&iacute;a,
+de que los de Santa Cruz se hab&iacute;an marchado a veranear, tom&oacute; pie de esta
+circunstancia para endilgarle a su sobrina otro discurso, aunque en tono
+menos catilinario que los anteriores.</p>
+
+<p>Era aquella se&ntilde;ora esencialmente gubernamental y edificaba siempre sobre
+la base s&oacute;lida de los hechos consumados todos sus planes y raciocinios.
+&laquo;Mira t&uacute; por d&oacute;nde podr&iacute;amos llegar a entendernos&mdash;le dijo una tarde que
+la volvi&oacute; a coger a mano para el caso&mdash;. He sabido que la persona que te
+trae dislocada no est&aacute; ya en Madrid. &iquest;Qu&eacute; mejor ocasi&oacute;n quieres para
+emprender la reforma de tu estado interior, que est&aacute; como una casa en
+ruinas? Yo estoy dispuesta a ayudarte todo lo que pueda. No debiera
+hacerlo; pero tengo caridad y me hago cargo de las flaquezas humanas.
+Otra tomar&iacute;a por la calle de en medio; yo creo que en cosas tan
+delicadas se debe proceder con cierto ten con ten. Habr&iacute;as de empezar
+por ponerme en antecedentes, por confiarme hasta los menores detalles,
+enti&eacute;ndelo bien, hasta los menores detalles; por ponerme al tanto de lo
+que piensas, de lo que sientes, de las tentaciones que te dan por la
+ma&ntilde;ana, por la tarde y por la noche; en fin, hab&iacute;as de declarar todos,
+toditos los s&iacute;ntomas de esa maldita enfermedad, y darme palabra de hacer
+cuanto yo te mandare&raquo;. Hablaba, pues, la viuda como si tuviera en el
+bolsillo las recetas para todos los casos patol&oacute;gicos del alma.</p>
+
+<p>Por cumplir, m&aacute;s que por gusto, Fortunata tuvo la condescendencia de
+decir algo, reservando, como es natural lo m&aacute;s delicado. Do&ntilde;a Lupe se
+entusiasm&oacute; tanto con aquella muestra de sumisi&oacute;n, que hizo gala de sus
+facultades profesionales, y termin&oacute; as&iacute;: &laquo;Te aseguro que si me obedeces,
+te quitar&eacute; eso de la cabeza y ser&aacute;s lo que no eres, un modelo de mujeres
+casadas. Por de pronto, me comprometo a que no vuelvas a caer, aun en el
+caso de que se te tendiera el lazo otra vez. &iexcl;Vaya, con el caballerito!
+Es cosa de dar parte a la polic&iacute;a. T&uacute; d&eacute;jate llevar; pon el pleito en
+mis manos, d&eacute;jame a m&iacute;... y ver&aacute;s. &iquest;Apuestas a que me planto un d&iacute;a en
+casa de do&ntilde;a B&aacute;rbara y le canto clarito? T&uacute; no sabes qui&eacute;n soy, t&uacute; no me
+conoces. &iexcl;Y has sido tan tonta que no has querido valerte de m&iacute;...! Bien
+merecido tienes lo que te pasa. Pues lo que es ahora, que quieras que
+no, tomo cartas en el asunto... Has de concluir por adorarme como se
+adora a una madre&raquo;.</p>
+
+<p>Y al finalizar estaba do&ntilde;a Lupe radiante. Casi casi se aventur&oacute; a hacer
+a su sobrina una maternal caricia; tales eran su gozo y satisfacci&oacute;n. Un
+pensamiento se le sal&iacute;a del mag&iacute;n a cada instante; pero lo reservaba en
+la hoja m&aacute;s escondida de su gram&aacute;tica parda. Ni la sombra de este
+pensamiento dejaba entrever a Fortunata.</p>
+
+<p>Guard&aacute;balo para s&iacute; y se recreaba con &eacute;l a solas. &laquo;&iquest;Le habr&aacute; dado
+dinero?&raquo;. Siempre que se hac&iacute;a esta pregunta, se contestaba
+afirmativamente. &laquo;Tiene que haberle dado algo, quiz&aacute;s grandes
+cantidades. &iquest;Pero d&oacute;nde demonios las tiene? &iquest;Qu&eacute; hace que no me las da
+para que se las coloque?... Como si lo viera: es que tiene verg&uuml;enza de
+poner en mis manos dinero adquirido por tales medios. Esta delicadeza la
+honra... Y no es otra cosa; le da verg&uuml;enza de dec&iacute;rmelo. Pero al fin
+ello saldr&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y una tarde que el matrimonio hab&iacute;a ido a paseo, la gran capitalista, no
+pudiendo enfrenar por m&aacute;s tiempo su curiosidad, mand&oacute; a Papitos a un
+recado, por quedarse sola, y con determinaci&oacute;n admirable hizo un
+registro en la c&oacute;moda y ba&uacute;l de Fortunata. Vali&eacute;ndose del sin fin de
+llaves que ten&iacute;a, abri&oacute; todos los cajones y revolvi&oacute; en ellos
+cuidadosamente, esmer&aacute;ndose en dejar las cosas, despu&eacute;s de bien
+examinadas, en la misma disposici&oacute;n que antes ten&iacute;an. Este proceder
+jesu&iacute;tico lo practicaba siempre que met&iacute;a sus manos escudri&ntilde;adoras en
+donde no deb&iacute;an estar. Busca por all&iacute;, busca por all&aacute;, y nada. Los
+billetes se esconden tan f&aacute;cilmente, que no hay manera de encontrarlos.
+Pero ten&iacute;a do&ntilde;a Lupe tan fino olfato para descubrir dinero, que estaba
+segura de dar con los billetes si los hab&iacute;a. &laquo;&iquest;Tendralos cosidos en la
+ropa?&mdash;pens&oacute;&mdash;. Puede ser. Esa socarrona parece que no sabe jota, &iexcl;y
+sabe m&aacute;s...!&raquo;. En la c&oacute;moda no hab&iacute;a nada que a dinero se pareciese, ni
+tampoco cartas. Algunas joyas y chucher&iacute;as vio, que le parecieron
+recuerdo o prenda de amores; pero lo que es <i>guano</i>, ni el olor.</p>
+
+<p>&laquo;Es muy particular&mdash;gru&ntilde;&iacute;a la viuda, registrando el ba&uacute;l, despu&eacute;s del
+reconocimiento minucioso que en la c&oacute;moda hizo&mdash;. &iexcl;Y no se comprende que
+siendo &eacute;l tan rico y ella una pobre...!&raquo;. El ba&uacute;l, que s&oacute;lo conten&iacute;a
+ropas viejas, no dio tampoco nada de s&iacute;. &laquo;Pues tiene que haber
+algo...&mdash;rezong&oacute; la se&ntilde;ora&mdash;, tiene que haber algo. En alguna parte est&aacute;
+el escondrijo. Dinero hay, o no hay dinero en el mundo&raquo;.</p>
+
+<p>Cansada de su in&uacute;til escrutinio y guardando las llaves, que formaban
+apretado racimo, digno del arsenal de una compa&ntilde;&iacute;a de ladrones, do&ntilde;a
+Lupe se sent&oacute; a meditar, y poni&eacute;ndose una mano sobre el pecho de algod&oacute;n
+y acarici&aacute;ndoselo, se rasc&oacute; con los dedos de la otra la frente, all&iacute;
+donde principia el cabello, como quien estimula la generaci&oacute;n de una
+idea, y dijo: &laquo;Pues si efectivamente no le ha dado nada, hay que
+reconocer que ese hombre es el mayor de los indecentes&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>Apretaba el calor, y las escenas que he descrito se repet&iacute;an,
+reproduci&eacute;ndose con ese amaneramiento que suele tomar la vida humana en
+ciertos periodos, cual fatigado artista que descuida la renovaci&oacute;n de la
+forma. Los pase&iacute;tos por la noche para tomar el tranv&iacute;a del <i>barrio</i>; las
+excursiones a alg&uacute;n teatro de verano; las tertulias en casa de Samaniego
+o de Rub&iacute;n; las garatusas del cr&iacute;tico en la calle; la rom&aacute;ntica figura
+de Olimpia colgada en el balc&oacute;n como una muestra o insignia que dijera:
+&laquo;aqu&iacute; se ama por lo fino&raquo;; las extravagancias de Ballester; los espasmos
+de Maxi, todo continuaba repiti&eacute;ndose de d&iacute;a en d&iacute;a con regularidad de
+programa.</p>
+
+<p>En Agosto ocurri&oacute; algo que no estaba en los papeles, y fue del modo
+siguiente. Una ma&ntilde;ana fue Torquemada a ver a do&ntilde;a Lupe para tratar de
+negocios. Con su traje de verano, ten&iacute;a el buen D. Francisco aspecto
+semejante al de los militares que vienen de Cuba, pues a m&aacute;s del
+trajecito azul, se hab&iacute;a encasquetado un sombrero de paja de ala ancha.
+Su camisa, de rayas coloradas, parec&iacute;a la bandera de los Estados Unidos;
+y para recalcar m&aacute;s su facha americana, llevaba una joya en la corbata y
+una cadena de reloj interminable, que le daba muchas vueltas de una
+parte a otra del pecho. Los pantalones eran tan cortos, que al sentarse
+se le ve&iacute;a media pierna. All&iacute; ven&iacute;a bien decir que el <i>difunto era m&aacute;s
+chico</i>. Todo ello parec&iacute;a prendas heredadas, o venidas a su poder por
+embargo judicial, o cogidas a alg&uacute;n filibustero. Serv&iacute;ale el sombrero
+de abanico, cuando estaba en visita, con la ventaja de que las personas
+circunstantes participaban de la ventilaci&oacute;n que daba aquella prenda
+tropical tan bien manejada.</p>
+
+<p>Un rato llevaban de interesante conferencia, cuando son&oacute; la campanilla,
+y a poco entr&oacute; Maxi en el gabinete, que era donde su t&iacute;a y don Francisco
+estaban. Fortunata estaba planchando. En cuanto vio llegar a su marido,
+fue a ver qu&eacute; se le ofrec&iacute;a, pues algo desusado deb&iacute;a de ser. A tal
+hora, las diez de la ma&ntilde;ana, no ven&iacute;a jam&aacute;s a casa el pobre chico.
+Ech&aacute;ndose un pa&ntilde;uelo por los hombros, porque el calor de la plancha la
+obligaba a estar al fresco, pas&oacute; al gabinete. Lo mismo ella que su t&iacute;a
+se pasmaron de ver en el semblante del joven una alegr&iacute;a inusitada, Los
+ojos le brillaban, y hasta en la manera de saludar a D. Francisco
+advirtieron algo extra&ntilde;o, que las llen&oacute; de alarma. &laquo;Hola, D. Paco; yo
+bien, &iquest;y usted?... Y do&ntilde;a Silvia y Rufinita, &iquest;siguen tomando los ba&ntilde;os
+del Manzanares?&raquo;. Este lenguaje tan confianzudo, era lo m&aacute;s contrario al
+temperamento y a la timidez de Maxi.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; traes por aqu&iacute; a esta hora?&raquo; le pregunt&oacute; su t&iacute;a, disimulando su
+sorpresa.</p>
+
+<p>Fortunata le examinaba atentamente, sentada lejos del grupo principal,
+en una silla pr&oacute;xima a la puerta de la alcoba de do&ntilde;a Lupe. &Eacute;l no se
+sent&oacute;, y despu&eacute;s de aquel saludo tan campechano que le ech&oacute; al usurero,
+se puso de espaldas al balc&oacute;n con las manos en los bolsillos, mirando a
+todos como quien espera recibir felicitaciones. &laquo;Pues nada&mdash;dijo&mdash;, que
+estoy de enhorabuena&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute;, &iquest;te ha ca&iacute;do la loter&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;No es eso... &iquest;Para qu&eacute; quiero yo loter&iacute;as? Ni falta... Es mucho m&aacute;s
+que eso, porque he encontrado lo que buscaba. Ya le dije a usted que
+estaba pensando, que s&oacute;lo me faltaba una f&oacute;rmula para completar...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La combinaci&oacute;n!... Pues qu&eacute;, &iquest;has encontrado la <i>panacea</i>?&mdash;expres&oacute;
+la t&iacute;a con incredulidad.</p>
+
+<p>&mdash;No es mal nombre si usted se lo quiere dar&mdash;dijo el pobre chico,
+exalt&aacute;ndose m&aacute;s a cada palabra&mdash;. De <i>pan</i>, que significa todo... y
+<i>akos</i> que es lo mismo que decir <i>remedio</i>. Que lo sana y purifica todo,
+vamos...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias a Dios que haces algo de provecho!&mdash;declar&oacute; do&ntilde;a Lupe,
+recelosa, observando las miradas de Maxi, cuyo resplandor de j&uacute;bilo era
+enteramente febril.</p>
+
+<p>&mdash;Anoche estuve toda la noche discurriendo muy intranquilo, los sesos
+como ascuas, porque al plan, mejor dicho, al sistema no le faltaba m&aacute;s
+que una f&oacute;rmula para estar completo... &iexcl;La maldita f&oacute;rmula...! Por fin,
+ahora, hace un ratito, se me ocurri&oacute;; di un brinco de alegr&iacute;a.
+Ballester, que no comprende esto, ni lo comprender&aacute; nunca, se enfad&oacute;
+conmigo y no me quer&iacute;a dar papel y tinta para escribir la f&oacute;rmula y
+dejarla consignada... Temo que se me escape, que se me vaya de la
+cabeza... Mi memoria es una jaula abierta, y los p&aacute;jaros... pif...</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe y Fortunata se miraron con tristeza. &laquo;Bueno&mdash;dijo la t&iacute;a,
+viendo que le ven&iacute;a encima una nube&mdash;. Tranquil&iacute;zate, escribir&aacute;s la
+f&oacute;rmula, har&aacute;s tu <i>panacea</i>, tendr&aacute; un gran &eacute;xito y ganaremos mucho
+dinero&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!...&mdash;exclam&oacute; &eacute;l con la expresi&oacute;n que se da a toda idea de un
+trabajo abrumador&mdash;. No crea usted... para exponer el sistema completo
+con claridad bastante para que todos lo comprendan, se necesita quemarse
+las cejas... &iexcl;digo! Tendr&eacute; que pasar las noches de claro en claro. No
+importa; cuando esto empiece a correr, ver&aacute;n ustedes; adquirir&eacute; una
+reputaci&oacute;n y una gloria tan grandes, pero tan grandes que...</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s mi dinero&mdash;murmur&oacute; do&ntilde;a Lupe, y Fortunata dijo para s&iacute; algo
+parecido.</p>
+
+<p>&mdash;El problema que quedaba por resolver&mdash;dijo Maxi acerc&aacute;ndose a su t&iacute;a y
+dando casta&ntilde;etazos con los dedos&mdash;, era el de la emanaci&oacute;n de las almas.
+&iquest;De d&oacute;nde emana el alma? &iquest;Es parte de la sustancia divina, que se
+encarna con la vida y se desencarna con la muerte para volver a su
+origen?... &iquest;o es una creaci&oacute;n accidental hecha por Dios, subsistiendo
+siempre impersonal? Aqu&iacute; estaba el intr&iacute;ngulis.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe dio un gran suspiro, mirando a D. Francisco que gui&ntilde;aba los
+ojos de una manera entre burlesca y compasiva.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Hijo, por Dios!&mdash;dijo Fortunata acerc&aacute;ndose&mdash;, no discurras esas cosas
+que dan dolor de cabeza... S&iacute;, est&aacute; muy bien; pero todo lo que hay que
+averiguar sobre esto, est&aacute; ya averiguado... No te calientes la cabeza&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Querida m&iacute;a (rechaz&aacute;ndola con dulzura y tomando un tonillo enf&aacute;tico),
+si en este <i>via crucis </i> de trabajos y persecuciones que me espera; si
+en el camino doloroso y glorioso de este apostolado, no me quieres
+acompa&ntilde;ar t&uacute;, lo sentir&eacute; por ti m&aacute;s que por m&iacute;; pero t&uacute; al fin vendr&aacute;s.
+&iquest;C&oacute;mo no, si eres pecadora, y para los pecadores, para su redenci&oacute;n y
+para su salvaci&oacute;n es para lo que yo pienso lo que pienso y propongo lo
+que propongo?</p>
+
+<p>Fortunata volvi&oacute; a la apartada silla en que antes estuvo, y do&ntilde;a Lupe,
+despu&eacute;s de llevarse las manos a la cabeza, hizo un gesto de conformidad
+cristiana. Le faltaba poco para echarse a llorar. En este punto crey&oacute;
+oportuno Torquemada intervenir, con esperanza de que sus discretas
+razones enderezaran el torcido <i>intellectus</i> del desdichado joven. &laquo;Mire
+usted, amigo Maximiliano, yo creo que todo lo que debemos saber sobre
+eso, ya nos lo han ense&ntilde;ado. Y lo que no, m&aacute;s vale que no lo sepamos...
+porque el mucho apurar las cosas le quita a uno la fe. Esta vida no es
+m&aacute;s que un mediano pasar: as&iacute; lo encontramos y as&iacute; lo hemos de dejar; y
+por mucho que miremos para el Cielo no ha de caer el man&aacute;... &laquo;Ganar&aacute;s el
+pan con el sudor de tu frente&raquo;, dijo quien dijo, y no hay m&aacute;s. &iquest;Qu&eacute; saca
+usted de ponerse a cavilar sobre si el alma es esto o aquello? Si al fin
+nos hemos de morir... Tengamos la conciencia tranquila; no hagamos cosas
+malas, y ruede la bola... y no temamos el materialismo de la muerte; que
+al fin polvo somos, y...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Basta, no siga usted&mdash;dijo Maxi, ce&ntilde;udo, cort&aacute;ndole el discurso&mdash;. Si
+usted es materialista, nunca nos entenderemos.</p>
+
+<p>&mdash;No, si lo que yo digo es que el alma tiene el pago que merece, y como
+el cuerpo no es m&aacute;s que a la manera de un cascar&oacute;n, cuando este se
+pudre, a m&iacute; no me asusta el materialismo de hacerse uno polvo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya... comprendido&mdash;dijo el otro con mayor exaltaci&oacute;n, y acentuando la
+contrariedad que experimentaba&mdash;. Usted es de la escuela de mi hermano
+Juan Pablo: <i>fuerza y materia</i>. Ya discutiremos eso. Yo expondr&eacute; mi
+doctrina; que exponga Juan Pablo la suya, y veremos qui&eacute;n se lleva tras
+s&iacute; a la se&ntilde;ora humanidad.</p>
+
+<p>Diciendo esto gir&oacute; sobre un tac&oacute;n, y r&aacute;pidamente sali&oacute;, march&aacute;ndose a su
+cuarto. Su mujer fue tras &eacute;l muy afligida. Maxi se sent&oacute; en la mesilla
+en que ten&iacute;a algunos libros y recado de escribir. Apoyando la mano en el
+hombro de &eacute;l, su mujer mir&oacute; los garrapatos que trazaba con febril mano
+sobre un papel.</p>
+
+<p>&laquo;Ved aqu&iacute; fijados los puntos capitales&mdash;balbuc&iacute;a &eacute;l, escribiendo&mdash;.
+Solidaridad de sustancia espiritual. La encarnaci&oacute;n es un estado
+penitenciario o de prueba. La muerte es la liberaci&oacute;n, el indulto o sea
+la vida verdadera. Procuremos obtenerla pronto...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Chico, descansa ahora un ratito&mdash;d&iacute;jole su esposa, tratando de
+quitarle la pluma de la mano&mdash;. Bastante has trabajado hoy con esos
+c&aacute;lculos tan dif&iacute;ciles... Ma&ntilde;ana seguir&aacute;s... No, no creas que me parece
+mal; yo te ayudar&eacute; a pensar... hablaremos de esto. Yo tambi&eacute;n discurro.</p>
+
+<p>Contra lo que esperaba, Maxi no se irrit&oacute;. Ten&iacute;a su semblante expresi&oacute;n
+ser&aacute;fica; sus modales eran suaves y m&aacute;s parec&iacute;a un iluminado antiguo,
+cuya demencia se elaboraba en la soledad claustral, que el insensato de
+estos tiempos, educado para el manicomio en los febriles apetitos de la
+sociedad presente.</p>
+
+<p>&laquo;T&uacute; tambi&eacute;n discurres&mdash;le dijo con dulzura&mdash;. Lo s&eacute;, t&uacute; piensas, porque
+sientes; t&uacute; me comprendes, porque amas. Has pecado, has padecido; pecar
+y padecer son dos aspectos de una misma cosa; por consiguiente, tienes
+el sentimiento de la liberaci&oacute;n... Usando una par&aacute;bola, te escuece en
+las mu&ntilde;ecas el grillete de la vida&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se qued&oacute; en ayunas de toda esta cantinela, pero por no
+contrariarle, respond&iacute;a que s&iacute;. &laquo;Lo que es por padecer no ha de quedar,
+porque toda mi vida ha sido un puro suplicio... Pero ahora no te ocupes
+m&aacute;s de eso&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe miraba por el hueco de la puerta entornada.</p>
+
+<p>&laquo;T&uacute; me ayudar&aacute;s&mdash;prosigui&oacute; Maxi con r&aacute;fagas de inspiraci&oacute;n religiosa en
+sus ojos encandilados&mdash;, t&uacute; me ayudar&aacute;s a propagar esta gran doctrina,
+resultado de tantas cavilaciones, y que no habr&iacute;a llegado a ser
+completamente m&iacute;a sin el auxilio del Cielo. El gran misterio de la
+revelaci&oacute;n se ha renovado en m&iacute;. Lo que s&eacute;, lo s&eacute; porque me lo ha dicho
+quien todo se lo sabe&raquo;.</p>
+
+<p>Observando entonces que su t&iacute;a le miraba, extendi&oacute; la mano para
+llamarla, y le dijo: &laquo;T&iacute;a, pase usted... Aqu&iacute; no hablamos en secreto.
+Tambi&eacute;n usted ser&aacute; conmigo en la inmensa... en la inmensa y dolorosa
+propaganda... Por cierto que no me explico, que no s&eacute; c&oacute;mo ustedes dejan
+entrar aqu&iacute; a ese materialista...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Don Francisco...!, hijo, &iquest;pues qu&eacute; mal puede hacerte?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho, t&iacute;a, mucho, porque todos los de esa infame secta no me pueden
+ver ni pintado, y si ese hombre sigue entrando en esta casa con tanta
+confianza, podr&iacute;a intentar el descr&eacute;dito de mi sistema, rob&aacute;ndome antes
+mi honor.</p>
+
+<p>Y miraba a Fortunata como para buscar en su rostro la aseveraci&oacute;n o
+apoyo de lo que dec&iacute;a. Ella lo comprendi&oacute;. &laquo;Tiene raz&oacute;n, t&iacute;a... ese
+materialista que no entre m&aacute;s aqu&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no entrar&aacute;, hijo, no entrar&aacute;... Vaya. Yo le dir&eacute; que se largue
+con su materialismo a los infiernos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te sientes bien? &iquest;Quieres tomar algo?&mdash;le dijo su mujer con cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Me siento tan bien como nunca me he sentido, cr&eacute;anmelo (demostrando en
+su tono y semblante la placidez de su alma). Desde que di con la tan
+rebuscada f&oacute;rmula, par&eacute;ceme que soy otro... Antes mi vida era un
+martirio, ahora no me cambio por nadie. No me duele nada, me siento
+bien, y para colmo de felicidad no tengo ganas de comer ni de dormir...</p>
+
+<p>&mdash;Pues es preciso que tomes algo.&mdash;No lo necesito... cr&eacute;anmelo. Ver&aacute;n
+c&oacute;mo no lo necesito. Si soy otro, si no tengo ya carne ni para nada la
+quiero. No tengo m&aacute;s que el esqueleto, y &eacute;l se basta para llevar el
+alma.</p>
+
+<p>A Fortunata se le humedecieron los ojos. Poco despu&eacute;s, cuando sali&oacute; un
+instante, encontr&oacute; a do&ntilde;a Lupe lloriqueando. &laquo;Est&aacute; perdido&mdash;le dijo la
+se&ntilde;ora de J&aacute;uregui&mdash;, enteramente perdido... Ya esto no tiene
+soldadura&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>Aquella tarde pasaron las dos pobres mujeres ratos muy malos.
+Quedose &eacute;l como aletargado en el sof&aacute; de la alcoba, m&aacute;s propiamente en
+&eacute;xtasis, porque ten&iacute;a los ojos abiertos, y no parec&iacute;a enterarse de nada
+de lo que a su alrededor pasaba. Fortunata tom&oacute; su costura y se le sent&oacute;
+al lado, esperando a ver en qu&eacute; paraba aquello. Do&ntilde;a Lupe entraba y
+sal&iacute;a, dando suspiros y haciendo alg&uacute;n puchero. Al llegar la hora de
+comer, Maxi se despabil&oacute; un poco, resisti&eacute;ndose a tomar alimento. Ellas
+no ten&iacute;an ganas de probar bocado, y le instaban a &eacute;l a que lo hiciese,
+empleando los m&aacute;s extra&ntilde;os medios de persuasi&oacute;n. Por fin, do&ntilde;a Lupe
+obtuvo resultado con este argumento: &laquo;No s&eacute; yo c&oacute;mo vas a resistir esa
+vida de trabajos sin comer algo. Se dice de Cristo que ayunaba; pero no
+que estuviera d&iacute;as y d&iacute;as sin probar bocado. Al contrario, su
+instituci&oacute;n fundamental, la Eucarist&iacute;a, la hizo cenando...&raquo;.</p>
+
+<p>Con esto, Maxi se avino a tomar un plato de sopa y un poco de vino; pero
+de aqu&iacute; no le hicieron pasar. Despu&eacute;s parec&iacute;a m&aacute;s exaltado. Tom&aacute;ndole
+las manos a su mujer, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Yo no soy m&aacute;s que el precursor de esta doctrina; el verdadero Mes&iacute;as de
+ella vendr&aacute; despu&eacute;s, vendr&aacute; pronto; ya est&aacute; en camino. Quien todo se lo
+sabe me lo ha dicho a m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no entend&iacute;a palotada.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe mand&oacute; recado a Ballester, que fue a verle despu&eacute;s de
+anochecido. No sab&iacute;a vencer el farmac&eacute;utico su genio vivo y zumb&oacute;n, ni
+mostrarse tan habilidoso como el caso exig&iacute;a, y aunque Fortunata le
+tiraba de los faldones de la levita para que tomase un tono m&aacute;s
+contemporizador, el maldito no se pod&iacute;a contener: &laquo;Vaya con la que saca
+ahora... Pero, hombre de Dios, &iquest;a usted qu&eacute; le importa que el alma venga
+de ac&aacute; o venga de all&aacute;? &iquest;Qu&eacute; se mete usted en el bolsillo con esto?
+&iquest;Cree que le van a dar algo por el descubrimiento? Anteayer me dio usted
+la gran jaqueca con aquello de <i>la cosa en s&iacute;</i>... Pues pongamos que sea
+<i>la cosa en no</i>. Yo digo que esto es m&uacute;sica pura; <i>la cosa en s&iacute; bemol</i>.
+&iexcl;Ah, qu&eacute; tontita es la criatura y qu&eacute; refistolera! Porque esto de meter
+las narices en la eternidad, es una cosa que a Dios le debe cargar
+mucho. A nadie le gusta que le est&eacute;n atisbando de cerca y viendo lo que
+hace o deja de hacer. Por esto Dios, a todos los sobones y entrometidos
+que le siguen los pasos y le cuentan las arrugas, les castiga
+volvi&eacute;ndolos tontos. Conque, saque usted la consecuencia. Parece mentira
+que un hombre que podr&iacute;a ser el m&aacute;s feliz del mundo, casado con esta
+perla de Oriente y sobrino de esta t&iacute;a, que es otra perla, se devane
+los sesos por cosas que no le importan. &iexcl;Si nadie se lo ha de
+agradecer!... En fin, que si estas se&ntilde;oras me autorizan, yo le curo a
+usted con el extracto de fresno administrado en v&iacute;rgulas, uso externo,
+por la ma&ntilde;ana y por la tarde&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi le miraba con desd&eacute;n, y el otro, viendo que sus cuchufletas no
+hac&iacute;an el efecto de costumbre, p&uacute;sose m&aacute;s serio y tom&oacute; por otros rumbos.
+Al salir, acompa&ntilde;ado hasta la puerta por las dos se&ntilde;oras, les dijo: &laquo;Le
+voy a dar la <i>hatchisschina</i>, o <i>extracto de c&aacute;&ntilde;amo indiano</i>, que es
+maravilloso para combatir el abatimiento del &aacute;nimo, causante de las
+ideas l&uacute;gubres y de la man&iacute;a religiosa. Efecto inmediato. Ver&aacute;n
+ustedes... Si se le da a un anacoreta, en seguida se pone a bailar&raquo;.</p>
+
+<p>Como la nueva fase del trastorno de Maxi era pac&iacute;fica, t&iacute;a y esposa
+estaban en expectativa. Por las noches no se mov&iacute;a de la cama, y si bien
+es verdad que hablaba solo, hac&iacute;alo en voz baja, en el tono de los
+chicos que se aprenden la lecci&oacute;n. A pesar de esto, Fortunata se pon&iacute;a
+tan nerviosa que no pod&iacute;a pegar los ojos en toda la noche, durmiendo
+algunos ratos de d&iacute;a. El enfermo no iba ya a la botica, ni mostraba
+deseos de ir a parte alguna, pareciendo caer en profunda apat&iacute;a y
+reconcentrar toda su existencia en el hervidero callado y rec&oacute;ndito de
+sus propias ideas. Fuera de los paseos que daba en el comedor o en la
+alcoba, no hac&iacute;a ejercicio alguno, y despu&eacute;s de la inapetencia de los
+primeros d&iacute;as, le entr&oacute; un apetito voraz, que las dos mujeres tuvieron
+por buen s&iacute;ntoma. A la semana, manifest&oacute; deseos de salir; pero una y
+otra trataron de disuadirle. Estaba tranquilo, y como hablara de algo
+distinto de aquellas man&iacute;as de la emanaci&oacute;n del alma y de la doctrina
+que iba a predicar, se expresaba con seso y hasta con donaire. Poco a
+poco iban siendo menos los ratos de extrav&iacute;o, y se pasaba largas horas
+completamente despejado y tratando de cualquier asunto con discreta
+naturalidad. Fortunata hac&iacute;a que le ayudase a estirar la ropa o a
+devanar madejas, y &eacute;l se prestaba a todo con sumisi&oacute;n; do&ntilde;a Lupe sol&iacute;a
+encargarle que le arreglase alguna cuenta, y con esto se entreten&iacute;a, y
+nadie le tuviera por da&ntilde;ado en la parte m&aacute;s fina de la m&aacute;quina humana. A
+principios de Setiembre, habiendo llegado a estar tres d&iacute;as sin mentar
+para nada aquel galimat&iacute;as del alma, las dos se&ntilde;oras estaban muy alegres
+confiando en que pasar&iacute;a pronto el ramalazo. Volvieron los paseos de
+noche, y por fin le permitieron salir solo, y reanud&oacute; sus trabajos en la
+botica, cuidadosamente vigilado por Ballester.</p>
+
+<p>Fortunata ten&iacute;a adem&aacute;s otros motivos de hond&iacute;sima pena. <i>Aqu&eacute;l </i> no le
+hab&iacute;a escrito ni una sola carta, faltando a su solemne promesa.
+&iexcl;Ingrato! &iquest;Qu&eacute; le costaba poner dos letras diciendo, por ejemplo: <i>Estoy
+bueno y te quiero siempre</i>? Pero nada, ni siquiera esto... Revelaba
+estas tristezas a su &uacute;nica confidente, Aurora, en aquellos ratos de
+charla sabrosa que las se&ntilde;oras mayores les permit&iacute;an. La inauguraci&oacute;n de
+la tienda de Samaniego, que se verific&oacute; hacia el 15 de Setiembre, tuvo a
+la viuda de Fenel&oacute;n muy atareada en aquellos d&iacute;as. Pocas veces se vio en
+un comercio de Madrid tanto movimiento ni m&aacute;s claras se&ntilde;ales de que
+hab&iacute;a ca&iacute;do bien en la gracia y atenci&oacute;n del p&uacute;blico. Las novedades de
+exquisito gusto, tra&iacute;das de Par&iacute;s por Pepe Samaniego, atra&iacute;an mucha
+gente, y las se&ntilde;oras se enracimaban y ca&iacute;an como las moscas en la miel.
+Los dependientes no ten&iacute;an manos para ense&ntilde;ar, y Aurora estaba rendida
+de trabajo, porque los encargos de <i>trousseaux</i> y <i>ajuares </i> se suced&iacute;an
+sin interrupci&oacute;n. Do&ntilde;a Casta no estaba tranquila el d&iacute;a en que no iba a
+meter las narices en la tienda y taller, para traerle luego el cuento a
+do&ntilde;a Lupe de los encargos que hab&iacute;a, y de lo que se estaba haciendo para
+la Casa Real y otras que sin ser reales tienen mucho dinero. Fortunata
+iba poco, por propia inspiraci&oacute;n y tambi&eacute;n por consejo de Aurora, pues
+no conven&iacute;a que la viesen all&iacute; las de Santa Cruz, que frecuentaban mucho
+el taller y tienda.</p>
+
+<p>Los domingos pasaban juntas las dos amigas toda la tarde en la casa de
+una o de otra, y all&iacute; era el comer dulces y el contarse cositas,
+sentadas al balc&oacute;n, viendo las idas y venidas del cr&iacute;tico desde la calle
+de los Tres Peces a la de la Magdalena. &Eacute;l no tendr&iacute;a criterio, pero lo
+que es piernas...</p>
+
+<p>Un domingo de los &uacute;ltimos de Setiembre, la Fenel&oacute;n llev&oacute; a la otra una
+noticia importante: &laquo;Ma&ntilde;ana vienen. Hoy ha estado Candelaria limpiando
+toda la casa&raquo;.</p>
+
+<p>Lo que Fortunata sinti&oacute; era una combinaci&oacute;n de pena y alegr&iacute;a que no la
+dejaba hablar. Porque deseando que volviese, al mismo tiempo ten&iacute;a
+presentimientos de una nueva desgracia. &iexcl;Cuidado que no haberle escrito
+ni una sola letra, pero ni una...! Aurora conven&iacute;a en que era una gran
+bribonada. Despu&eacute;s que pusieron a esto los comentarios propios del caso,
+la de Fenel&oacute;n dijo a su compinche algo m&aacute;s que fue o&iacute;do con
+extraordinaria curiosidad y atenci&oacute;n: &laquo;&iquest;Creer&aacute;s que se me ha metido una
+cosa en la cabeza?... Ello no ser&aacute;; pero bien podr&iacute;a ser. Ayer estuvo
+do&ntilde;a Guillermina en la tienda. Pepe le hab&iacute;a ofrecido una cantidad para
+su obra, si sal&iacute;a bien la inauguraci&oacute;n, y nada... que se plant&oacute; all&iacute; a
+cobrar... Pues hablando de la familia, dijo que el primo Moreno viene
+tambi&eacute;n ma&ntilde;ana con ellos. Se fue con ellos y con ellos vuelve. Yo s&eacute; que
+han pasado el verano en Biarritz, y despu&eacute;s han ido todos a Par&iacute;s...
+&iquest;Qu&eacute; te parece a ti? El primo Manolo no viene a Espa&ntilde;a m&aacute;s que, <i>por
+ejemplo, </i> en invierno; nunca ha venido en Setiembre. Y eso de pegarse a
+la familia de Santa Cruz, &iexcl;&eacute;l, que gusta de andar siempre solo! Ello no
+ser&aacute;; &iexcl;pero hay tantas cosas que parece que no pueden ser y luego son!
+Antes de que partieran, me pareci&oacute; a m&iacute;, por ciertas cosas que vi y o&iacute;,
+que al <i>buen hombre</i> le gustaba demasiado Jacinta. &iexcl;Si habr&aacute; algo...! &iquest;A
+ti qu&eacute; te parece?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata estaba absorta y como lela. Le parec&iacute;a incre&iacute;ble lo que su
+amiga contaba.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Porque es muy rara esa persecuci&oacute;n! &iexcl;Siempre con ellos... un hombre
+que no hace su nido en ninguna parte...! Yo no s&eacute;, no s&eacute;. &iquest;Habr&aacute;
+algo?... &iquest;Qu&eacute; te parece a ti?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues...&mdash;dijo la de Rub&iacute;n pens&aacute;ndolo mucho&mdash;, a m&iacute; me parece que no.</p>
+
+<p>&mdash;Pues como haya algo, no se me ha de escapar, porque estoy all&iacute;, como
+quien dice, en mi garita de vigilancia. Desde la ventana de mi
+entresuelo, veo los miradores de la casa de Santa Cruz y los de Moreno.
+Como haya tel&eacute;grafos, cuenta que les atrapo el <i>juego</i>... A ti qu&eacute; te
+parece... &iquest;Habr&aacute;...?</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que no&mdash;volvi&oacute; a decir Fortunata, pens&aacute;ndolo cada vez m&aacute;s.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ix</span>-</h2>
+
+
+<p>La noticia del regreso de los de Santa Cruz, que le fue comunicada
+por Casta, aviv&oacute; en la viuda de J&aacute;uregui los deseos de emprender su
+campa&ntilde;a reparadora en favor de su sobrina. Cogiola muy a mano aquel d&iacute;a
+y le endilg&oacute; otra perorata: &laquo;Ahora o nunca. El enemigo en puerta. Estoy
+a tus &oacute;rdenes, por si quieres consejos o un plan de defensa en toda
+regla&raquo;. Dicho esto, trat&oacute; de meterle los dedos en la boca para salir de
+dudas respecto a si hab&iacute;a recibido o no alguna cantidad gruesa de manos
+de su amante.</p>
+
+<p>Fortunata no apartaba los ojos de la ropa que estaba repasando.
+&laquo;Comprendo&mdash;expuso la se&ntilde;ora con acento parlamentario&mdash;, que tengas
+cortedad para confesarme ciertas cosas, y por mi parte, te soy franca:
+no te tengo yo por peor de lo que eres; no creo, como podr&iacute;an creerlo
+otras personas, que tu debilidad es interesada, y que quieres a ese
+hombre porque es rico, y que no lo querr&iacute;as si fuese pobre. No, yo no te
+hago ese disfavor... para que veas. Tengo la seguridad de que arrastrada
+y todo como eres, loca y sin pizca de juicio, tus faltas nacen del amor
+y no del inter&eacute;s; y los mismos disparates que haces por un hombre
+poderoso, que te da grandes cantidades, lo har&iacute;as si fuera un pobre
+pelagatos y tuvieras que comprarle t&uacute; a &eacute;l una cajetilla&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; est&aacute; usted ah&iacute; hablando de grandes cantidades?&mdash;pregunt&oacute;
+Fortunata mir&aacute;ndola con sorpresa, y casi casi ech&aacute;ndose a re&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;No, si esto no es para que me digas la cifra exacta. C&aacute;llatela... haz
+el favor... que ciertas cosas vale m&aacute;s que se queden dentro. No vayas a
+creerte que pretendo me entregues a m&iacute; esos capitales para
+coloc&aacute;rtelos... No, ya sabr&aacute;s t&uacute; manejarte bien...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; est&aacute; usted diciendo... se&ntilde;ora?...</p>
+
+<p>&mdash;No, yo no digo nada. Me repugnar&iacute;a, puedes creerlo, manejar esos
+fondos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; fondos, ni qu&eacute;...? Usted est&aacute; so&ntilde;ando.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya... si pretender&aacute;s que me trague yo esa rueda de molino m&aacute;s grande
+que esta casa. &iexcl;Si me querr&aacute;s hacer creer que no te da...!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute;!&mdash;No me hagas tan tonta...&mdash;No s&eacute; de d&oacute;nde ha sacado usted...
+Para que lo sepa de una vez: No tengo nada. Me dar&iacute;a si me viera en una
+necesidad. Me ha ofrecido... pero yo no he querido tomarlo.</p>
+
+<p>Iba do&ntilde;a Lupe a soltarle otra andanada. &laquo;Valiente turr&oacute;n te ha ca&iacute;do,
+grand&iacute;sima idiota. Por no saber, no sabes ni siquiera perderte&raquo;. Pero se
+contuvo y se trag&oacute; su ira, desahog&aacute;ndola despu&eacute;s en agitado soliloquio:
+&laquo;No he visto otra. No tiene verg&uuml;enza, ni tampoco sentido com&uacute;n. &iexcl;Qu&eacute;
+canalla y al mismo tiempo qu&eacute; bestia! Si hubiera un Infierno para los
+tontos, ah&iacute; debieras ir t&uacute; de cabeza&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano volv&iacute;a lentamente a la vida regular, sin que esto quiera
+decir que se le quitara de la cabeza la idea aquella. Hab&iacute;ase
+transformado, y as&iacute; como en las crisis hep&aacute;ticas hay derrames de bilis,
+en aquella crisis mental parec&iacute;a haberse verificado un derrame de
+sentimientos. No s&oacute;lo era ya pac&iacute;fico, sino tiern&iacute;simo, y sus afectos se
+hab&iacute;an sutilizado, como el licor que pasa por el alambique. Las f&oacute;rmulas
+de cari&ntilde;o que con su t&iacute;a y su mujer usaba eran extraordinariamente
+suaves y hasta empalagosas; se aflig&iacute;a cuando causaba alguna molestia, y
+agradeciendo mucho los cuidados que se le prodigaban, los rehu&iacute;a como
+pudiera. Inici&aacute;base en &eacute;l cierta tendencia a imponerse privaciones y
+sufrimientos, y la mortificaci&oacute;n, que antes le sublevaba, por liviana
+que fuese, ya le complac&iacute;a. Si en la conversaci&oacute;n, o en aquellas
+pol&eacute;micas que con su familia ten&iacute;a a las horas de comer, se le escapaba
+una palabra m&aacute;s alta que otra, luego sent&iacute;a remordimientos de haberla
+pronunciado, y si no la recog&iacute;a, pidiendo perd&oacute;n de ella, era porque la
+timidez le pon&iacute;a un freno.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a hubo de decirle a Papitos, porque no le hab&iacute;a limpiado las botas:
+&laquo;Vaya con la chiquilla esta... &iexcl;Ver&aacute;s t&uacute;!&raquo;. Y al salir de la casa
+sinti&oacute; tal pena de haberse expresado con displicencia y ardor, que le
+faltaba poco para derramar una l&aacute;grima. &laquo;&iexcl;Cu&aacute;ndo se me quitar&aacute; esta
+costumbre viciosa de ultrajar a los humildes!... &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s da que est&eacute;n
+las botas con o sin bet&uacute;n? La que debe tener lustre es el alma, no el
+calzado. Parece mentira que los humanos demos tal valor a estas
+ni&ntilde;er&iacute;as. &iexcl;Injusto estuve con la pobre chiquilla! &iexcl;Inocente y angelical
+criatura! Soy un animal... &iquest;Pero qui&eacute;n es el guapo que de estrellas
+abajo entiende y practica la justicia? El tenido por justo hace setenta
+y dos barbaridades cada d&iacute;a. Trabajillo cuesta el desprenderse de esta
+sarna moral, heredada, con la cual nace uno y con la cual vive hasta que
+llega la hora de la liberaci&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; trae usted ah&iacute; entre ceja y ceja? &iquest;Saco la vara?&mdash;le dijo
+Ballester con aquella dureza que era, seg&uacute;n &eacute;l, el m&aacute;s eficaz
+tratamiento&mdash;. Porque hoy me parece que venimos muy <i>evangel&iacute;sticos</i>.
+Cuidadito. Ya sabe usted c&oacute;mo las gasto&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;P&eacute;gueme usted. No me importa&mdash;le contest&oacute; Maxi, dejando el sombrero en
+la percha&mdash;. Lo merezco, como lo merece toda persona que se enfada
+porque no le han limpiado las botas. &iexcl;Qu&eacute; humanidad tan imb&eacute;cil! Amigo
+Segismundo, &iexcl;qu&eacute; hermosa es la muerte!</p>
+
+<p>&mdash;Si me vuelve usted a decir que es hermosa la muerte&mdash;replic&oacute; el otro
+cogiendo la vara y esgrimi&eacute;ndola c&oacute;micamente&mdash;, le lleno el cuerpo de
+chichones. &iexcl;Decir que es guapa esa tarasca, mamarracho, m&aacute;s fea que el
+no comer! M&iacute;rela usted all&iacute;, m&iacute;rela all&iacute; con esa cara que da asco...
+m&iacute;rela, y como diga que es guapa, le pulverizo.</p>
+
+<p>Se&ntilde;alaba a un emblema pintado en el techo de la botica, en el cual
+estaban, decorativamente combinados, la serpiente de Esculapio, el reloj
+de arena del Tiempo, un alambique, una retorta, el busto de Hip&oacute;crates y
+una calavera.</p>
+
+<p>&laquo;Si quiere usted contemplar toda la gracia del mundo, m&iacute;reme a m&iacute;&mdash;dijo
+Ballester, que dejando la vara, dio una vuelta, cogi&eacute;ndose los faldones
+de la levita&mdash;. Estoy guapo, &iquest;s&iacute; o no?&raquo;.</p>
+
+<p>Ballester ostentaba aquel d&iacute;a zapatillas nuevas, estrenaba traje de
+lanilla de los m&aacute;s baratos, y se hab&iacute;a ido a la peluquer&iacute;a, donde
+despu&eacute;s de cardarle la caballera, se la hab&iacute;an rizado con tenacillas.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya, que est&aacute; usted elegante&raquo; dijo Maxi, poni&eacute;ndose a pesar unas dosis
+para p&iacute;ldoras.</p>
+
+<p>&mdash;Pues m&aacute;s he de estarlo ma&ntilde;ana. Ma&ntilde;ana se casa mi hermanita con
+Federico Ruiz, un chico de mucho talento. &iquest;Le conoce usted? Los
+peri&oacute;dicos, que hablan constantemente de &eacute;l, anteponen siempre a su
+nombre alg&uacute;n mote muy salado. Ahora le llaman <i>el distinguido pensador</i>.
+&iquest;A que no le llaman a usted as&iacute;, a pesar de lo mucho que piensa? Porque
+usted no piensa con juicio y &eacute;l s&iacute;.</p>
+
+<p>Por la noche estaban en la botica, adem&aacute;s de Ballester, los dos
+practicantes Padilla y Rub&iacute;n. Como apareciese en la acera de enfrente el
+c&eacute;lebre cr&iacute;tico, Segismundo se vio acometido a la ira c&oacute;mica que le
+produc&iacute;a la presencia de aquel personaje de tan indudable importancia en
+la rep&uacute;blica de las letras. &laquo;Tengo a ese caballerito&mdash;dec&iacute;a&mdash;, sentado
+en la boca del est&oacute;mago... sobre todo, desde que elogi&oacute; aquella obra tan
+mala, estrenada este invierno, diciendo que en ella se <i>planteaba el
+problema</i>, y qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;. Ver&eacute;is: Es aquel dramita moral en que se
+recomienda el matrimonio y las buenas costumbres; como que all&iacute; resulta
+que todos los solteros somos unos pillos; y porque un joven se retira
+tarde y se gasta alg&uacute;n durete en picos pardos, me le llaman monstruo y
+el pap&aacute; le maldice... Hay una escena en que todos se desmayan, porque
+sale uno muy malo, que resulta ser un hombre dedicado a la ciencia, el
+cual dice con la mayor frescura que &eacute;l no cree en Dios aunque le
+fusilen. Total, que cuando la vi representar, pens&eacute; que me tragaba todos
+los em&eacute;ticos que hay en mi farmacia. La moraleja de la obra es que sin
+religi&oacute;n no hay felicidad, y por eso la pone en las nubes este &aacute;ngel de
+Dios, que es el alcaloide de la cursiler&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Cerr&oacute; la noche y Ponce se acerc&oacute; para telegrafiarse con su amada. Del
+balc&oacute;n descend&iacute;a una cuerda, a la que el joven ataba un papel.</p>
+
+<p>&laquo;Le manda su &uacute;ltimo art&iacute;culo&mdash;dijo el regente a sus amigos, acechando en
+la puerta de la farmacia&mdash;. Ahora baja la cuerda con un dulce... Como
+anoche, lo mismo que anoche. Ver&eacute;is, ver&eacute;is la broma que le tengo
+preparada&raquo;.</p>
+
+<p>Con nerviosa presteza fue a la rebotica y sac&oacute; del caj&oacute;n un objeto del
+tama&ntilde;o de una yema, blanco y de apariencia azucarada. Padilla se
+desternillaba de risa, y Maxi observaba con atenci&oacute;n simp&aacute;tica.</p>
+
+<p>&laquo;Pero es preciso que me ayud&eacute;is. T&uacute;, Padilla, que le conoces, sales, te
+haces el encontradizo, le hablas de literatura dram&aacute;tica, le entretienes
+un rato volvi&eacute;ndole la cara para all&aacute;; y entretanto, yo, con much&iacute;simo
+disimulo, me escurro pegado a la pared, en el momento en que baja el
+bramante con el dulce. Quito la yema, &iquest;sabes?... y pongo esta. La hice
+anoche. Es estricnina, a la dosis que se echa a los perros, bien
+neutralizado el sabor con regaliz, y forrada de az&uacute;car. Se la come y
+revienta como un triquitraque&raquo;.</p>
+
+<p>Padilla se part&iacute;a de risa, y Maxi lo tomaba a broma.</p>
+
+<p>&laquo;Hombre, matarle no&mdash;dijo Padilla&mdash;. Si la hubieras hecho de jalapa,
+escamonea o cosa as&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, chico; si yo lo que quiero es que reviente... Ir&eacute; a presidio... me
+pierdo. &iquest;Y qu&eacute;? No se la perdono... &iexcl;Ultrajar a los hombres de ciencia
+y a los solteros!</p>
+
+<p>Llevando su broma hasta el fin, Ballester porfiaba que la yema era
+venenosa; mas como el otro rechazara la complicidad en aquel homicidio,
+diose a partido el exaltado boticario, diciendo que la pelotilla era de
+az&uacute;car con aceite de croto, que es el derivativo dr&aacute;stico por
+excelencia. Maxi, que le hab&iacute;a ayudado a hacerla, se sonre&iacute;a. Como en
+estos dimes y diretes se pas&oacute; bastante tiempo, cuando Ballester quiso
+poner en ejecuci&oacute;n la chuscada, ya hab&iacute;a bajado el hilo con una yema de
+coco, y el cr&iacute;tico se la estaba comiendo. El otro se consol&oacute; pensando
+que otra noche consumar&iacute;a su tr&aacute;gica venganza. &laquo;&Eacute;l se la tiene que
+comer...&mdash;dijo guardando la bola&mdash;. Como me llamo Segismundo, se la
+tiene que tragar, y entonces dir&eacute; como mi tocayo: '&iexcl;Vive Dios que pudo
+ser!'&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">x</span>-</h2>
+
+
+<p>Aquella noche, cuando Maxi subi&oacute; a comer, encontr&oacute; a su mujer un
+poco enferma. Le dol&iacute;a la cabeza y ten&iacute;a n&aacute;useas. Do&ntilde;a Lupe, que la
+estaba observando siempre, ve&iacute;a en su mal un pretexto para esconder de
+la familia los pesares que la consum&iacute;an. &laquo;Lo que t&uacute; tienes&mdash;pensaba&mdash;,
+es el af&aacute;n de volver al reclamo. Est&aacute;s luchando contigo misma. Quieres
+ir y no te determinas&raquo;. Algo de esto deb&iacute;a de ser, pues Fortunata se
+meti&oacute; en su alcoba, resisti&eacute;ndose a tomar alimento. Maximiliano no le
+instaba a que comiera, pues aquella actitud de su mujer tom&aacute;bala &eacute;l por
+querencia de privaciones, por iniciaci&oacute;n del aniquilamiento, o apetito
+de muerte y liberaci&oacute;n. Do&ntilde;a Lupe, fatigada de lidiar con tanta
+insensatez de una y otra parte, se retir&oacute;, dej&aacute;ndoles solos y diciendo:
+&laquo;Haced lo que quer&aacute;is. All&aacute; os arregl&eacute;is a vuestro gusto. Yo estoy
+rendida&raquo;. Comi&oacute; sola, y con Papitos les mandaba de alg&uacute;n plato, que
+volv&iacute;a casi intacto. Despu&eacute;s entr&oacute; un instante en la alcoba para
+preguntarles qu&eacute; tal estaban, y se fue a descansar. &laquo;No puedo resistir
+m&aacute;s esta vida de perros&mdash;dec&iacute;a&mdash;. Dios tenga compasi&oacute;n de m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata habr&iacute;a deseado que su marido se durmiese y la dejase en paz.
+Pero no parec&iacute;a &eacute;l dispuesto a hacerle el gusto en esto. Present&aacute;base
+aquella noche bastante locuaz, lo que la disgust&oacute; mucho, pues pocas
+veces se hab&iacute;a sentido con menos ganas de conversaci&oacute;n. A poco de
+acostarse, observ&oacute; que su marido, sentado frente a la mesa donde estaba
+la luz, sacaba del bolsillo un paquete, despu&eacute;s otro, objetos envueltos
+en papeles, y los pon&iacute;a frente a s&iacute;, como un hombre que se prepara a
+trabajar. El ligero ruido estridente que hace el papel al ser
+desdoblado, ruido que se acrec&iacute;a con el silencio de la noche, molestaba
+a Fortunata atrayendo su atenci&oacute;n. Lo primero que hizo Maxi fue sacar de
+un envoltorio de regular tama&ntilde;o multitud de paquetes chicos muy bien
+doblados, como los que en Farmacia se llaman <i>papeletas</i>, forma en que
+se dividen y expenden las dosis de las medicinas en polvo. Pero despu&eacute;s
+vio la joven que desliaba otro paquete de forma larga y... &iexcl;Ay, Dios
+m&iacute;o, era un cuchillo!... Lo estuvo &eacute;l contemplando un rato por un lado y
+por otro, y acercaba la yema del dedo a la punta como para probar si era
+bien aguda. La esposa sinti&oacute; sudor fr&iacute;o en todo su cuerpo... No pudo
+contenerse, y como si despertase a un durmiente para librarle de los
+fingidos horrores de angustiosa pesadilla, le dijo... &laquo;Maxi, hijo, &iquest;qu&eacute;
+haces?&raquo;. &Eacute;l la mir&oacute; con gran tranquilidad.</p>
+
+<p>&laquo;Yo cre&iacute; que dorm&iacute;as. &iquest;No tienes sue&ntilde;o? Pues charlaremos de cosas
+agradables&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Como quieras. Pero m&aacute;s vale que te acuestes, y dejes las cosas
+agradables para ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;No... de seguro que te gustar&aacute; lo que voy a decirte. Espera un poco.</p>
+
+<p>Recogi&oacute; todos sus paquetes y el cuchillo, y traslad&aacute;ndose a la silla que
+estaba junto a la cama, lo puso todo sobre la mesa de noche.</p>
+
+<p>&laquo;Ajaj&aacute;... Ahora ver&aacute;s&mdash;dijo sonriendo cari&ntilde;osamente, como el que se
+dispone a dar a la persona amada la sorpresa de un regalito&mdash;. Esto, ya
+lo ves: es un pu&ntilde;al&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se estremeci&oacute; como si la hoja fr&iacute;a le tocara las carnes, y se
+puso a dar diente con diente.</p>
+
+<p>&laquo;Lo compr&eacute; hoy en la tienda de espadas de la calle de Ca&ntilde;izares. Aqu&iacute;
+dice: <i>Toledo, 1873</i>. Es bonito, &iquest;verdad? Hace d&iacute;as que vengo pensando
+en cu&aacute;l es la mejor manera de hacerle al alma el gran favor de mandarla
+para el otro barrio. &iquest;A ti que te parece? No decido nada sin tu consejo;
+y lo que t&uacute; prefieras, eso preferir&eacute; yo&raquo;.</p>
+
+<p>La infeliz mujer estaba tan medrosa, que apenas pod&iacute;a hablar.</p>
+
+<p>&laquo;Guarda eso, por Dios... Mira que me da mucho miedo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Miedo!&mdash;exclam&oacute; &eacute;l con asombro y desconsuelo&mdash;. Pues yo cre&iacute; que
+habr&iacute;a conseguido infundirte mi idea y que ya mi idea te era familiar.
+&iexcl;Miedo a la muerte!, es decir, &iexcl;miedo a la libertad y amor al calabozo!
+&iquest;Ahora salimos con eso? Si lo primero, mil veces te lo he dicho, es
+mirar a la muerte como el fin de los padecimientos, como miran a la
+playa los infelices que luchan con las olas, agarrados a un madero.</p>
+
+<p>&mdash;No, si no tengo miedo&mdash;dijo ella con deseos de tranquilizarle, porque
+observ&oacute; que se exaltaba&mdash;. Pero es que... esas cosas, m&aacute;s vale dejarlas
+para de d&iacute;a. Ahora, a dormir.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dormir!... Ah&iacute; tienes otra tonter&iacute;a. Dormir, &iquest;y qu&eacute; saca uno de
+dormir? Pues embrutecerse, olvidarse de lo principal, que es el
+desprendimiento y la evasi&oacute;n. Querida m&iacute;a, o est&aacute;s conmigo o est&aacute;s
+contra m&iacute;; dec&iacute;dete pronto. &iquest;Est&aacute;s dispuesta a tomar la llave de la
+puerta y escaparte conmigo? &iquest;S&iacute;? Pues lo primero es no tener horror a la
+muerte, que es la puerta, estar siempre mir&aacute;ndola, y prepararse para
+salir por ella cuando llegue la hora feliz de la liberaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Fortunata se arrop&oacute; bien, porque le hab&iacute;a entrado m&aacute;s fr&iacute;o. &iexcl;Ay qu&eacute;
+miedo tan grande!</p>
+
+<p>&laquo;El momento de la liberaci&oacute;n es aquel en que uno se considera
+suficientemente purificado para apechugar con el paso de un mundo a
+otro, y dar ese paso por s&iacute; mismo. Las religiones dominantes proh&iacute;ben el
+suicidio. &iexcl;Qu&eacute; tontas son! La m&iacute;a lo ordena. Es el sacramento, es la
+suprema alianza con la divinidad... Bueno; pues las personas que por
+medio de la anulaci&oacute;n social, y cultivando la vida interior, llegan a
+purificarse, comprenden por su propio sentido cu&aacute;ndo llega el momento de
+tomar el portante. La liberaci&oacute;n no debiera llamarse suicidio. La
+expresi&oacute;n mejor es esta: matar a la bestia carcelera. Llega un momento
+en que el alma no puede ya aguantar la esclavitud, y es preciso
+soltarse. &iquest;C&oacute;mo? Mira&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata tiritaba, discurriendo si se levantar&iacute;a para llamar a do&ntilde;a
+Lupe.</p>
+
+<p>&laquo;Esto es un pu&ntilde;al... bien afilado... Hay que tener en cuenta que la
+bestia se defiende, por muy deca&iacute;da que est&eacute;. La carne es carne, y
+mientras tenga vida hace la gracia de doler. Por eso conviene que la
+liberaci&oacute;n sea con el menor dolor posible, porque la misma alma, con
+toda su fortaleza, se amilana, siente l&aacute;stima de la bestia carcelera e
+intercede por ella. T&uacute; f&iacute;jate bien, y si el arma blanca no te gusta, me
+lo dices con franqueza. &iquest;Prefieres el arma de fuego? Pueden fallar los
+tiros, y entonces el alma se impacienta; suele suceder que la bala no
+toma la direcci&oacute;n conveniente y queda la bestia a medio matar con medio
+cuerpo muerto y medio cuerpo vivo. Por eso yo te traigo aqu&iacute; los medios
+t&oacute;xicos, que son callados y seguros&raquo;.</p>
+
+<p>Empez&oacute; a mostrar aquellas papeletas tan bien hechas y bien dobladas,
+sobre las cuales hab&iacute;a escrito con clar&iacute;sima letra el nombre de cada
+droga. Mir&aacute;balas Fortunata con indecible terror, y se tapaba la nariz y
+la boca, temerosa de que, respirando tales ingredientes, pudiera
+envenenarse.</p>
+
+<p>&laquo;Vete enterando. Esta sustancia que ves aqu&iacute;, blanca y en cristalitos,
+es la <i>estricnina</i>... Muerte segura y tet&aacute;nica, y que produce muchas
+angustias, por lo cual no te la recomiendo. La <i>atropina</i> es esta, y
+esta la <i>cicutina</i>. &iquest;Ves?, polvos blancos. La <i>citutina</i> tiene una
+ventaja, y es que con ella se liber&oacute; el se&ntilde;or de S&oacute;crates, lo que la
+hace venerable. Ambos son venenos virosos, es a saber, que se queda uno
+dormido y en sue&ntilde;os se acaba. Pero yo me pregunto: En las tinieblas del
+sue&ntilde;o, &iquest;no producir&aacute;n los pataleos de la bestia horribles martirios?
+&iquest;Qu&eacute; te parece a ti? &iquest;Preferiremos la <i>digitalina</i>, que mata por
+asfixia? &iquest;O nos fijaremos en los mercuriales? M&iacute;ralos aqu&iacute;: El <i>ioduro
+de Mercurio</i>, rojo; el <i>cianuro de Mercurio</i>, blanco. Tambi&eacute;n tengo un
+preparado de f&oacute;sforo, que mata por envenenamiento de la sangre. Pero lo
+bueno est&aacute; aqu&iacute;, m&iacute;ralo; el verdadero <i>ojo de boticario</i>, la bendici&oacute;n
+de Dios. Esto s&iacute; que mata, y pronto. &iquest;Ves este polvo gris? Es la
+<i>gelsemina</i>, la maravilla de la toxicaci&oacute;n. La bestia se estremece s&oacute;lo
+de verla; porque sabe que con esto no hay bromas. Muerte instant&aacute;nea&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Basta, basta&mdash;dijo Fortunata, que ya no pod&iacute;a resistir m&aacute;s&mdash;. Si no
+guardas todo eso, me levanto y me voy.</p>
+
+<p>&Eacute;l la mir&oacute; con semblante en que se pintaban un desconsuelo siniestro y
+un asombro compasivo. Esta mirada le aument&oacute; a ella el miedo, y
+comprendiendo que era forzoso disimularlo, acarici&aacute;ndole la man&iacute;a para
+evitar cualquier barbaridad, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Todo est&aacute; muy bien... yo comprendo... Claro, la bestia hay que matarla.
+Pero si quieres que yo te quiera, ha de ser con condici&oacute;n de que no me
+traigas ac&aacute; venenos...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, corriente... Si prefieres las armas de fuego... Pero en este
+caso hay que ejercitarse. Preciso es que mueras primero t&uacute;, despu&eacute;s
+yo... &iquest;Y si me falla el tiro y me quedo vivo y viene gente y me
+sujetan...?</p>
+
+<p>&mdash;No, hijo no; cada cual coge una pistola, y apunta uno para el otro
+como en los desaf&iacute;os... Se da la se&ntilde;al, &iexcl;pum!, y ya ver&aacute;s c&oacute;mo quedan
+las dos bestias.</p>
+
+<p>Maximiliano meditaba. &laquo;No me parece muy practicable tu soluci&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, chico, s&iacute;, te digo que s&iacute;. Hazme el favor de coger todos esos
+polvos y tirarlos por la ventana al patio. No, mejor ser&aacute; que los
+envuelvas en un paquete y me los des; yo los guardar&eacute;. Te prometo
+guardarlos. Pero qu&eacute;, &iquest;desconf&iacute;as de m&iacute;?... Gracias, hombre.</p>
+
+<p>De veras que desconfiaba, porque cuando ella extendi&oacute; sus manos para
+coger las papeletas, acudi&oacute; &eacute;l a defenderlas como se defiende una
+propiedad sagrada. &laquo;Tate, tate; d&eacute;jame esto aqu&iacute;. Yo lo guardar&eacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, m&eacute;telo en el caj&oacute;n de la mesa de noche, y tambi&eacute;n el
+cuchillito. Yo te prometo no tocarlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me lo juras?&mdash;Te lo juro... No parece sino que yo te he enga&ntilde;ado
+alguna vez. &iexcl;Qu&eacute; cosas tienes!... Pero te has de acostar...</p>
+
+<p>&mdash;Si no tengo sue&ntilde;o, a Dios gracias. Cuando duermo algo, sue&ntilde;o que soy
+hombre, es decir, que la bestia me amarra, me azota y hace de m&iacute; lo que
+le da la gana... &iexcl;Infame carcelero!</p>
+
+<p>Impaciente, Fortunata se lanz&oacute; a las determinaciones que exigen los
+casos graves. Echose de la cama tal como estaba, y casi a la fuerza,
+mezclando los cari&ntilde;os con la autoridad, como se hace con los ni&ntilde;os, le
+hizo acostar. Quitole la ropa, le cogi&oacute; en brazos, y despu&eacute;s de meterle
+en la cama, se abraz&oacute; a &eacute;l sujet&aacute;ndole y arrull&aacute;ndole hasta que se
+adormeciera. Dec&iacute;ale mil disparates referentes a aquello de la
+liberaci&oacute;n, de la hermosura de la muerte y de lo buena que es la matanza
+de la bestia carcelera. &laquo;A cada bestia le llega su San Mart&iacute;n&raquo; repet&iacute;a,
+con otras frases que habr&iacute;an sido humor&iacute;sticas, si las circunstancias no
+las hicieran l&uacute;gubres.</p>
+
+<p>Ella durmi&oacute; muy poco. Al amanecer, vi&eacute;ndole en profundo letargo,
+levantose cautelosamente y ech&oacute; mano al pu&ntilde;al y las papeletas. Escondido
+el primero, vaci&oacute; todo el contenido de las segundas en un peri&oacute;dico,
+meti&eacute;ndolo todo revuelto en un cucurucho para llev&aacute;rselo a Ballester.
+Con ayuda de do&ntilde;a Lupe, que se horripilaba oyendo contar el paso de la
+noche anterior, pusieron en cada papelillo cantidad proporcionada de sal
+o az&uacute;car molida, y bien dobladitos como estaban, volvieron a meterlos en
+la mesa de noche. Lo primero que &eacute;l hizo al despertar fue ver si le
+hab&iacute;an quitado su tesoro, y como extra&ntilde;ase no hallar el pu&ntilde;al, d&iacute;jole su
+mujer: &laquo;El pu&ntilde;al lo he guardado yo... Es mon&iacute;simo. Descuida, que no lo
+perder&eacute;. &iquest;Tienes o no confianza en m&iacute;? Tocante a esos polvos, enc&aacute;rgate
+t&uacute; de guardarlos, y si el caso llega, chico, no ser&eacute; yo quien les haga
+ascos, porque, bien mirado, para lo que sirve esta vida... Lucidas
+estamos; &iexcl;siempre penando, siempre penando! Espera que te espera, y cada
+d&iacute;a un desenga&ntilde;o... Te aseguro que el vivir es una broma pesada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Dame un abrazo&mdash;le dijo Maxi arroj&aacute;ndose a ella medio vestido&mdash;. As&iacute;
+te quiero. T&uacute; has padecido, t&uacute; has pecado... luego eres m&iacute;a.</p>
+
+<p>Y como en aquel momento entrara su t&iacute;a tray&eacute;ndole el chocolate, se fue
+hacia ella, en pernetas, con intento de abrazarla, dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n usted ha padecido, tambi&eacute;n usted ha pecado, querida t&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pecar yo!...&mdash;Y es usted de mi tanda.&mdash;Todo lo que quieras, con tal
+que te tomes ahora este chocolatito.</p>
+
+<p>&mdash;Lo tomar&eacute;, lo tomar&eacute;, aunque no tengo apetito. Venga... Por aquello de
+cumplir.</p>
+
+<p>&mdash;Dices bien; una cosa es enamorarse de la muerte, y otra cumplir
+nuestras obligaciones mientras no llega el momento&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe con
+naturalidad&mdash;. De m&iacute; te s&eacute; decir que estoy harta de la vida, pero harta,
+y si no he tomado ya una determinaci&oacute;n es porque como tiene una tanto
+que hacer, no le queda tiempo ni para pensar en lo que le conviene. Pero
+ya lo arreglaremos, hijo, y a m&iacute; me tienes dispuesta a darle la morrada
+a la bestia cuando menos ella se lo piense. Ya no la puedo sufrir.</p>
+
+<p>T&iacute;a y esposa, disimulando su tristeza, le contemplaban mientras tom&oacute; el
+chocolate, admiradas de que lo tomase con ganas. Las ganas ten&iacute;alas la
+bestia, &eacute;l no.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xi</span>-</h2>
+
+
+<p>A eso de las diez sali&oacute; Fortunata para llevar a Ballester el
+paquete de sustancias venenosas. &laquo;Ah&iacute; tiene usted la que nos preparaba
+su amigo&mdash;le dijo con desabrimiento&mdash;. &iexcl;Vaya un cuidado que tiene usted!
+Vea lo que llev&oacute; a casa...&raquo;.</p>
+
+<p>Ballester examinaba las terribles drogas... Despu&eacute;s se puso muy serio:
+&laquo;Ese tonto de Padillita tiene la culpa. No s&eacute; c&oacute;mo le permiti&oacute; andar en
+esto. Descuide usted, que le echar&eacute; hoy una buena peluca. Lo mejor ser&aacute;
+que no trabaje m&aacute;s aqu&iacute;; cualquier d&iacute;a nos mete en un conflicto... Pero
+si&eacute;ntese usted...&raquo;.</p>
+
+<p>Al ofrecerle una silla, Ballester parec&iacute;a poner especial cuidado en dar
+a conocer sus botas nuevas, resplandecientes; en que Fortunata admirase
+su levita y su cabellera rizada a fuego, la cual desped&iacute;a fuerte olor a
+heliotropo. En todo repar&oacute; ella, demostr&aacute;ndolo con una sonrisa
+picaresca.</p>
+
+<p>&laquo;Se r&iacute;e usted de lo reguapo que me he puesto hoy, &iquest;verdad? Acostumbrada
+a verme hecho un cavador... Pues le dir&eacute;: hoy se casa mi hermana con ese
+a quien llaman el <i>distinguido pensador</i>, Federico Ruiz. Voy a la boda,
+y esta noche le traer&eacute; a usted los dulces&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata volvi&oacute; a su tema: &laquo;Es preciso tomar una determinaci&oacute;n. Las
+medicinas que usted le da, no le hacen ning&uacute;n efecto. Hoy hemos hablado
+mi t&iacute;a y yo. Antes de llevarle a un manicomio, es preciso probar alg&uacute;n
+otro medicamento. &iquest;No se decide usted a darle eso que dec&iacute;a?... no me
+acuerdo c&oacute;mo se llama... eso que suena as&iacute; como un estornudo...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, el <i>hatchiss</i>... lo prepararemos. Usted manda en esta casa... es
+usted el ama, y me manda a m&iacute;, y si me pide una cataplasma hecha con
+picadillo de mi coraz&oacute;n, al momento se la hago.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ya est&aacute; usted con sus guasas?</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora me toca a m&iacute; pedirle un favor...</p>
+
+<p>&mdash;Usted dir&aacute;.&mdash;Esta noche traigo los dulces de la boda. Mando al segundo
+una parte, otra la dejo aqu&iacute; para los amigos que vengan. &iquest;Ir&aacute; usted
+arriba a casa de do&ntilde;a Casta, o vendr&aacute; aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Iremos arriba... Si paseamos, puede que entremos aqu&iacute;. Seg&uacute;n est&eacute; ese.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; esta noche ha de venir mi amigo el cr&iacute;tico. Padilla le invitar&aacute;
+a entrar y le ofrecer&aacute; dulces. Quiero que se coma uno que tengo yo aqu&iacute;
+preparado para &eacute;l... No sabe usted cu&aacute;nto le odio.</p>
+
+<p>Fortunata, que ten&iacute;a la cabeza caldeada con ideas de envenenamiento, se
+asust&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero qu&eacute; demonios le va usted a dar a ese infeliz? Si es un buen
+chico&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, no se asuste usted... No es m&aacute;s que un derivativo... La fiesta
+consiste en que luego le invite do&ntilde;a Casta a subir, y que suba...</p>
+
+<p>&mdash;No sea usted bruto. &iexcl;Si es un chico muy bueno! Me han dicho que
+mantiene a su madre...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que mantiene a su madre! Pues estar&aacute; lucida. &iquest;Y con qu&eacute; la mantiene?
+&iquest;Con los art&iacute;culos?</p>
+
+<p>&mdash;Le dan dos duros por cada uno. Ya ve usted. Y hace cuatro todas las
+semanas.</p>
+
+<p>&mdash;Buen pelo, buen pelo... Pero en fin, aunque mantenga a su madre y a su
+abuela y a toda su familia, y sea un excelente chico, yo le quiero dar
+esta broma inocente. &iquest;Me har&aacute; usted el favor que le pido?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l?&mdash;No le pido a usted que me d&eacute; un beso, porque si le pidiera ese
+pedazo de la gloria, usted no me lo dar&iacute;a, y si me lo diera, al instante
+me tendr&iacute;an que poner en manos del amigo Ezquerdo... Pues mis
+aspiraciones se concretan hoy, querida amiga, a que usted, si est&aacute; aqu&iacute;
+cuando entre ese ni&ntilde;o ilustrado, le ofrezca la yema que yo tengo
+dispuesta. D&aacute;ndosela usted no sospechar&aacute;... Adem&aacute;s, usted le dir&aacute; a do&ntilde;a
+Casta o a Aurora que le inviten a subir para que oiga tocar la pieza...</p>
+
+<p>&mdash;Qu&iacute;tese usted de ah&iacute;... Yo no me meto en esas intrigas. &iexcl;Pobre
+muchacho! Me pongo de su parte. &iexcl;Qu&eacute; malo es usted!</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s mala es usted... En pago de su infamia le voy a dar una buena
+noticia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A m&iacute; noticias?...&mdash;Y tan buena que le ha de saber a usted mejor que
+los dulces que le enviar&eacute; esta noche... &iexcl;Ay!, me consuela una cosa,
+amiga m&iacute;a; y es que si conmigo es usted ingrata, lo es tambi&eacute;n con
+otros. &iexcl;Mal de muchos...!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; est&aacute; diciendo?</p>
+
+<p>&mdash;Pues que bien le pasean a usted la calle... Y la ni&ntilde;a sin parecer por
+ninguna parte. El ni&ntilde;o romp&iacute;a el pescuezo mirando para los balcones, y
+usted atorment&aacute;ndole con su ausencia. &iexcl;Pobre se&ntilde;or!... toda la tarde
+calle arriba calle abajo...</p>
+
+<p>Fortunata palideci&oacute;, y con la mayor seriedad del mundo se dej&oacute; decir:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n... y cu&aacute;ndo?...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No se haga usted la tonta... Pues ayer tarde, cuando se retir&oacute;, &iexcl;iba
+con una cara de mal humor...! Plant&oacute;n como aquel no se ha llevado nunca.
+Yo le miraba y me dec&iacute;a: &laquo;bien merecido te est&aacute;... Agu&aacute;ntate, cachete...
+Todos somos iguales&raquo;. &iquest;Quiere usted que le d&eacute; un consejo? Pues tr&aacute;tele a
+la baqueta. Que suspire, que pasee, que le tome la medida a la calle.
+Toda la hiel no ha de ser para m&iacute;... &iquest;Quiere que le d&eacute; otro consejo?
+Pues a usted le conviene un coraz&oacute;n como este que yo tengo aqu&iacute;
+guardadito, virgen, cr&eacute;alo usted, virgen. Ac&eacute;ptelo, y d&eacute;jese de querer a
+ingratos...</p>
+
+<p>Fortunata se hab&iacute;a puesto tan desasosegada, que no o&iacute;a las amorosas
+confianzas del farmac&eacute;utico. &laquo;Abur, abur&mdash;dijo levant&aacute;ndose&mdash;. Tengo que
+volverme a mi casa&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver... Y si vuelve esta tarde, &iquest;qu&eacute; le digo?</p>
+
+<p>&mdash;Qu&iacute;tese usted all&aacute;...&mdash;indic&oacute; ella corriendo hacia la puerta, y el
+otro detr&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le digo?... Porque aunque no le he hablado nunca, le hablar&eacute;, si
+usted me lo manda. &iquest;D&iacute;gole que no parezca m&aacute;s por aqu&iacute;?... &iexcl;Ay, qu&eacute;
+mujer! All&aacute; va como una exhalaci&oacute;n. Est&aacute; tocada, tan tocada como su
+marido... Todo por no enamorarse de un hombre digno, como por ejemplo...
+un servidor. &iexcl;Ah! Segismundo, paciencia. Imita a los pescadores de ca&ntilde;a;
+espera, espera, que al fin ella picar&aacute;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe, cuando entr&oacute; su sobrina bastante sofocada por haber subido
+muy aprisa la escalera, admirose de verla tan alegre. &laquo;Sabe Dios&mdash;dijo
+para s&iacute;&mdash;; sabe Dios por qu&eacute; estar&aacute;n los tiempos tan divertidos...
+Probablemente esta salidita, con pretexto de llevarle a Ballester los
+polvos, ser&iacute;a para verle... &Eacute;l le dir&iacute;a que pasaba a tal hora... &iexcl;Y qu&eacute;
+colorada viene! Sin duda ha habido hocicadas en el portal&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi continuaba tranquilo. M&aacute;s bien parec&iacute;a un convaleciente que un
+enfermo. Estaba muy d&eacute;bil y no apetec&iacute;a m&aacute;s que sentarse junto a los
+cristales del balc&oacute;n del gabinete, contemplando con incierta mirada a
+los transe&uacute;ntes. Esto no le hac&iacute;a maldita gracia a Fortunata, porque...
+&laquo;si <i>al otro</i> le da la gana de pasar tambi&eacute;n esta tarde y Maxi le ve, se
+va a excitar mucho&raquo;. Por tal motivo estuvo muy inquieta, y a cada
+instante se asomaba y volv&iacute;a para adentro, tratando de que su marido se
+pusiese en otra parte. Pero al otro no le dio la gana de pasar aquella
+tarde. Lo que hizo fue mandar un recadito a su amiga, sac&aacute;ndola del
+purgatorio de incertidumbre y tristeza en que estaba. Serv&iacute;a de
+Celestina para estas comunicaciones la t&iacute;a de Fortunata, Segunda
+Izquierdo, que en Mayo &uacute;ltimo se le hab&iacute;a presentado, miserable y
+llorosa, a que le diera una limosna. Desde entonces iba todas las
+semanas, y su sobrina la socorr&iacute;a, unas veces con dinero, otras con
+comida sobrante o alguna prenda de vestir.</p>
+
+<p>Santa Cruz la amparaba tambi&eacute;n, y ella se serv&iacute;a de su mendicidad para
+introducir en la morada de Rub&iacute;n los mensajes de amor; y tan ladinamente
+lo hac&iacute;a, que la sagaz do&ntilde;a Lupe no sospechaba nada. Pues aquella tarde,
+despu&eacute;s de mucho tiempo de entrar all&iacute; <i>con las manos vac&iacute;as</i>, puso en
+las de Fortunata una esquelita. Al fin, &iexcl;oh, dicha incre&iacute;ble!... Cuando
+pudo, ley&oacute; la feliz mujer el papelito, en el cual se le citaba a tal
+hora y a tal sitio para el d&iacute;a siguiente.</p>
+
+<p>Por la noche fueron todos a casa de do&ntilde;a Casta, quien tom&oacute; por su cuenta
+a Maxi, prodig&aacute;ndole mil cuidados, ofreci&eacute;ndole golosinas, y tratando de
+refrescarle el cerebro con una pl&aacute;cida disertaci&oacute;n sobre las aguas de
+Madrid, y sobre las propiedades por que se distinguen las de la
+Acubilla, Abro&ntilde;igal, y fuente de la Reina, de las de Lozoya.</p>
+
+<p>La viuda de Fenel&oacute;n lleg&oacute; a la hora de costumbre, y a poco subi&oacute; el mozo
+de la botica con la bandeja de dulces que mandaba Ballester. No tardaron
+en presentarse el se&ntilde;or y la se&ntilde;ora del tercero de la derecha. &Eacute;l, por
+una de esas iron&iacute;as tan comunes en la vida, era el hombre m&aacute;s grave,
+seco y desapacible del mundo, comadr&oacute;n de oficio, y se llamaba <i>D.
+Francisco de Quevedo</i> (hermano del cura castrense, Quevedo, a quien
+conocimos en la tertulia del caf&eacute;, junto con el <i>Pater</i> y Pedernero). Su
+mujer compet&iacute;a en elegancia con una boya de las que est&aacute;n ancladas en
+el mar para amarrar de ellas los barcos. Su paso era dif&iacute;cil, lento y
+pesado, y cuando se sentaba, no hab&iacute;a medio de que se levantara sin
+ayuda. Su cara redonda semejaba farol de alcald&iacute;a o Casa de Socorro,
+porque era roja y parec&iacute;a tener una luz por dentro; de tal modo
+brillaba. Pues a esta monstruosidad la llamaba Ballester <i>do&ntilde;a
+Desd&eacute;mona</i>, por ser o haber sido Quevedo muy celoso, y con este mote la
+designar&eacute;, aunque su verdadero nombre era do&ntilde;a Petra. No ten&iacute;a ni&ntilde;os
+este matrimonio, y mientras D. Francisco se pasaba la vida sacando a luz
+los hijos del hombre, su esposa sacaba y criaba p&aacute;jaros, para lo cual
+ten&iacute;a muy buena mano. Estaba la casa llena de jaulas, y en ellas se
+reproduc&iacute;an diversas familias y especies de aves cantoras. Y para colmo
+de contrastes, era la se&ntilde;ora del comadr&oacute;n una mujer chistos&iacute;sima, que
+contaba las cosas con mucha sal. En cambio, D. Francisco de Quevedo no
+ten&iacute;a m&aacute;s chiste que el que podr&iacute;a tener un caim&aacute;n.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xii</span>-</h2>
+
+
+<p>Aurora y Fortunata, despu&eacute;s de cumplir un rato con la visita,
+ri&eacute;ndole las gracias a <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i>, se fueron al balc&oacute;n. La viuda
+ten&iacute;a que contar a su amiga cosa de mucha importancia, y al instante
+empez&oacute; el secreto. &laquo;Ya no me queda duda. Ciertos son los toros. &iquest;Sabes
+que el primo Moreno no sale de la tienda? All&iacute; se va por las ma&ntilde;anas, y
+no quita los ojos del portal de Santa Cruz, acechando si entran o salen.
+El muy tonto, &iexcl;qu&eacute; mal lo disimula! Parece mentira que se chifle as&iacute; un
+hombre de su edad... porque anda ya cerca de los cincuenta; un hombre
+enfermo... porque los m&eacute;dicos dir&aacute;n lo que quieran, pero el mejor d&iacute;a
+hace el <i>crac</i>... &iquest;Y qu&eacute; m&aacute;s prueba de su embrutecimiento que estar
+aqu&iacute;?... &iquest;Por qu&eacute; no se va al extranjero como otros a&ntilde;os? Buen pajarraco
+est&aacute;. Ya ves; un hombre, <i>por ejemplo</i>, que podr&iacute;a haber hecho la
+felicidad de cualquier muchacha honrada, se ve ahora sin amor, sin
+familia propia, solo, triste... &iexcl;Ah!, le conozco bien: es un disoluto,
+un inmoral, un corrompido. No le gustan m&aacute;s que las casadas. Me lo ha
+dicho a m&iacute; misma... a m&iacute; me lo ha dicho&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero t&uacute;...?&mdash;Espera, te contar&eacute;&mdash;dijo Aurora con cautela,
+asegur&aacute;ndose de que ning&uacute;n curioso se destacaba de la tertulia para
+acecharlas&mdash;. Pues este primo Moreno, aunque pariente lejano, y m&aacute;s
+lejano por ser rico y nosotras pobres, nos visitaba alguna vez... har&aacute;
+de esto trece o catorce a&ntilde;os. Mam&aacute; le consideraba mucho, y cuando ven&iacute;a
+a casa le recib&iacute;a poco menos que en palio. Tuvo mam&aacute; en un tiempo la
+ilusi&oacute;n &iexcl;qu&eacute; tonter&iacute;a!, de casarme con &eacute;l. Yo ten&iacute;a dieciocho a&ntilde;os, &eacute;l
+treinta y pico. &iquest;Te vas enterando?</p>
+
+<p>Fortunata atend&iacute;a con toda su alma.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Quieres que te hable con franqueza? Pues a m&iacute; no me disgustaba; pero
+nunca me dijo nada... Ten&iacute;a buena figura y unos aires de caballero como
+los tienen pocos... Mam&aacute; y pap&aacute; hechos unos tontos con aquella
+esperanza... &iexcl;qu&eacute; inocentes! Es muy lagarto ese hombre. &iexcl;Casarse
+conmigo! S&iacute;, para m&iacute; estaba. A lo mejor, meses y meses sin parecer por
+aqu&iacute;. Yo me acordaba de &eacute;l y de cuando ven&iacute;a a casa; como que al verle
+entrar nos qued&aacute;bamos todos turulatos y nos parec&iacute;a que entraba por esa
+puerta la Divina Majestad... Pues como te digo, dej&oacute; de venir. En aquel
+tiempo conoc&iacute; a Fenel&oacute;n; fue mi novio y me pidi&oacute;. Mam&aacute; ten&iacute;a todav&iacute;a
+ilusiones; pap&aacute; se hab&iacute;a curado de ellas. Nos casamos... &iquest;Pues creer&aacute;s
+que al mes de casados, viene el primo a Madrid y empieza a hacerme la
+corte por lo fino?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata parec&iacute;a que estaba oyendo leer el relato m&aacute;s novelesco, seg&uacute;n
+el inter&eacute;s y asombro que mostraba.</p>
+
+<p>&laquo;Pues ver&aacute;s. Fenel&oacute;n era un bendito; de estos que juzgan a todo el mundo
+por s&iacute; mismos, y que no ven el mal aunque se lo cuelguen de la nariz. No
+se enteraba de la persecuci&oacute;n, y yo pasando la pena negra. &iexcl;Ay hija, qu&eacute;
+peligro tan grande! Siempre que sal&iacute;a, &iexcl;pin!, me le encontraba. Yo no
+s&eacute;... parec&iacute;a que me ol&iacute;a como los perros huelen la caza. Una tarde que
+llov&iacute;a, me cogi&oacute; y casi a la fuerza me meti&oacute; en su coche. Estuve a dos
+dedos del abismo, casi a dedo y medio; pero no, no ca&iacute;. &iexcl;Dios m&iacute;o, qu&eacute;
+hombre!, es absurdo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero t&uacute; le quer&iacute;as?&mdash;pregunt&oacute; la de Rub&iacute;n, que con la idea del querer
+resolv&iacute;a todos los problemas.</p>
+
+<p>&mdash;Yo... te dir&eacute;... me pasaba una cosa particular. Temblaba siempre que
+nos encontr&aacute;bamos... le ten&iacute;a miedo, y... de ti para m&iacute;, me gustaba.
+Pero, lo que yo digo, &iquest;por qu&eacute; no se cas&oacute; conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;Claro.&mdash;Yo le hubiera querido mucho, y no le habr&iacute;a faltado por nada
+de este mundo. Pero estos hombres, &iexcl;qu&eacute; malos son, pero qu&eacute; malos! Pues
+ver&aacute;s. Me voy a Burdeos con mi marido, pasan meses y meses, llega el
+verano y nos vamos a pasar una corta temporada en Royan, un pueblo de
+ba&ntilde;os de mar. Pues, hija, estaba yo una tarde en el muelle viendo
+desembarcar a los pasajeros que ven&iacute;an en el vaporcito de Burdeos,
+cuando me veo al primo Moreno. Me qued&eacute;... &iexcl;ay!, no te quiero decir
+nada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y tu marido estaba contigo?</p>
+
+<p>&mdash;No; ese es el caso. Fenel&oacute;n hab&iacute;a ido a Par&iacute;s a hacer compras. En
+Par&iacute;s estaba Moreno, le vio... y chitito callando se fue a Royan,
+sabiendo que me cog&iacute;a sola y descuidada. Descuido fue, que aquella vez,
+hija, no pude zafarme como cuando la del coche... &iexcl;Ay!, estas cosas te
+las cuento a ti, porque s&eacute; que eres callada y no me has de hacer
+traici&oacute;n. &iexcl;Si mam&aacute; lo supiera...! En fin, que el muy tunante se divirti&oacute;
+todo lo que quiso, y despu&eacute;s la del humo. Lleg&oacute; el 70, y al pobrecito
+Fenel&oacute;n le mataron esos infames prusianos. Fue un dolor... &iexcl;ah! por ser
+valiente, &iexcl;por empe&ntilde;arse en salir en una descubierta! Era un hombre tan
+patriota, que por salvar a su querida Francia, habr&iacute;a dado &eacute;l cien vidas
+que tuviera... Pero vamos al otro, a ese solter&oacute;n estragado... Cuando
+enviud&eacute;, dije: &laquo;Pues ahora, si de veras le gusto...&raquo;. &iexcl;Quia! Me le
+encontr&eacute; en Madrid al a&ntilde;o siguiente, y como si tal cosa. &iquest;Creer&aacute;s que me
+dijo algo de amor? &iquest;Creer&aacute;s que se acordaba de cumplir las promesas que
+me hab&iacute;a hecho? Buen cumplimiento nos d&eacute; Dios. Hija, frialdad igual no
+he visto. Te aseguro, que me dan ganas, <i>por ejemplo</i>, de clavarle un
+pu&ntilde;al... Cierto que me ofreci&oacute; lo que yo quisiera para establecerme...
+pero no quise tomar nada de aquellas manos. &iexcl;Monstruo! Cuando le dio al
+primo Pepe el dinero para la gran tienda, puso por condici&oacute;n que me
+hab&iacute;a de colocar al frente de las labores... Pero no se lo agradezco,
+palabra de honor, no se lo agradezco...</p>
+
+<p>&mdash;A tu primo no le gustan m&aacute;s que las casadas.</p>
+
+<p>&iexcl;Valiente tuno!&mdash;dijo Fortunata moviendo la cabeza, como quien comprende
+tarde lo que debi&oacute; de comprender antes.</p>
+
+<p>&mdash;Estos solterones vagabundos y ricos son as&iacute;... Est&aacute;n viciosos,
+estragados, mimosos; y como se han acostumbrado a hacer su gusto, piden
+<i>mediod&iacute;a a catorce horas</i>. Ah&iacute; le tienes ya, aburrido, enfermo; no sabe
+qu&eacute; hacerse; quiere calor de familia y no le encuentra en ninguna parte.
+Bien merecido le est&aacute;; me alegro. Que lo pague. Y para mayor desgracia,
+se engolosina ahora con Jacinta. Lo que a &eacute;l le enciende el amor es la
+resistencia; y las que tienen fama de honradas, le entusiasman, y las
+que sobre tener fama, lo son, le vuelven loco. Con Jacinta debe de haber
+sostenido una guerra tremenda, s&iacute;, tremenda; pero al fin, ella se ha
+rendido, no te quepa duda. Yo fui Metz, que cay&oacute; demasiado pronto; y
+ella es Belfort, que se defiende; pero al fin cae tambi&eacute;n... &iexcl;Ah!, las
+se&ntilde;as son mortales. El primo va a la casa todos los d&iacute;as, y la acecha
+cuando sale, para hacerse el encontradizo... Algunas tardes no parece
+por la tienda. &iquest;Tendr&aacute;n citas? He aqu&iacute; mi idea. Te juro que lo he de
+averiguar. Imposible que yo no lo averig&uuml;e. Aunque tuviera que perder mi
+colocaci&oacute;n, aunque me quedara sin camisa que ponerme... &iexcl;Qu&eacute; infamia! Y
+miren la otra, la mosquita muerta, con su cara de Ni&ntilde;o Jes&uacute;s y su fama
+de virtud. S&iacute;; santidades a cuarto; v&eacute;ase la clase. Te aseguro que el
+d&iacute;a en que esto estalle y haya la gran tragedia, ser&aacute; el d&iacute;a m&aacute;s feliz
+de mi vida. &iquest;Pues qu&eacute; cree ese? &iquest;Que se puede enga&ntilde;ar, y enga&ntilde;ar, y
+enga&ntilde;ar siempre, y burlarse de los pobres maridos? Pues ya cay&oacute; otro;
+<i>solamente</i> que ahora no da con mi Fenel&oacute;n, que era un santo y no
+sospechaba de nadie m&aacute;s que de los prusianos. Ahora da con un hombre
+templado, tu amigo, que no se conformar&aacute; con esta deshonra, &iquest;verdad? Te
+aseguro que le va a arder el pelo al tal primito con todo su mal de
+coraz&oacute;n y su extranjerismo.</p>
+
+<p>Fortunata no chist&oacute;. Aquella revelaci&oacute;n le hab&iacute;a dejado tan atontada,
+cual si le descargasen un fuerte golpe en la cabeza.</p>
+
+<p>Jacinta... &iexcl;Jes&uacute;s!.. el modelito, el &aacute;ngel, la mona de Dios... &iquest;Qu&eacute;
+dir&iacute;a Guillermina, la <i>obispa</i>, empe&ntilde;ada en convertir a la gente y en
+ver la que peca y la que no peca?... &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a?... ja, ja, ja... &iexcl;Ya no
+hab&iacute;a virtud! &iexcl;Ya no hab&iacute;a m&aacute;s ley que el amor!... &iexcl;Ya pod&iacute;a ella alzar
+su frente! Ya no le sacar&iacute;an ning&uacute;n ejemplo que la confundiera y
+abrumara. Ya Dios las hab&iacute;a hecho a todas iguales... para poderlas
+perdonar a todas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="iid" id="iid"></a>-II-</h2>
+
+<h2>Insomnio</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2><span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>A las doce de un hermoso d&iacute;a de Octubre, D. Manuel Moreno-Isla
+regresaba a su casa, de vuelta de un pase&iacute;to por <i>Hide Park</i> ... digo,
+por el Retiro. Responde la equivocaci&oacute;n del narrador al <i>quid pro quo</i>
+del personaje, porque Moreno, en las perturbaciones superficiales que
+por aquel entonces ten&iacute;a su esp&iacute;ritu, sol&iacute;a confundir las impresiones
+positivas con los recuerdos. Aquel d&iacute;a, no obstante, el cansancio que
+experimentaba, determinando en &eacute;l un trabajo mental comparativo,
+permit&iacute;ale apreciar bien la situaci&oacute;n efectiva y el escenario en que
+estaba. &laquo;Muy mal debe andar la m&aacute;quina, cuando a mitad de la calle de
+Alcal&aacute; ya estoy rendido. Y no he hecho m&aacute;s que dar la vuelta al
+estanque. &iexcl;Demonio de neurosis o lo que sea! Yo, que despu&eacute;s de darle la
+vuelta a la <i>Serpentine</i> me iba del tir&oacute;n a <i>Cromwell road</i>... friolera;
+como diez veces el paseo de hoy... yo que llegaba a mi casa dispuesto a
+andar otro tanto, ahora me siento fatigado a la mitad de esta condenada
+calle de Alcal&aacute;... &iexcl;Tal vez consista en estos endiablados pisos, en
+este repecho insoportable!... Esta es la capital de las setecientas
+colinas. &iexcl;Ah!, ya est&aacute;n regando esos brutos, y tengo que pasarme a la
+otra acera para que no me atice una ducha este salvaje con su manga de
+riego. 'Eso es, bestias, encharcad bien para que haya fango y
+paludismo...'. Pues por aqu&iacute;, los barrenderos me echan encima una nube
+de polvo... 'Animales, respetad a la gente...'. Prefiero las duchas...
+En fin, que este salvajismo es lo que me tiene a m&iacute; enfermo. No se puede
+vivir aqu&iacute;... Pues digo; otro pobre. No se puede dar un paso sin que le
+acosen a uno estas hordas de mendigos. &iexcl;Y algunos son tan insolentes!...
+'Toma, toma t&uacute; tambi&eacute;n'. Como me olvide alg&uacute;n d&iacute;a de traer un bolsillo
+lleno de cobre, me divierto. &iexcl;Aqu&iacute; no hay polic&iacute;a, ni beneficencia, ni
+formas, ni civilizaci&oacute;n!... Gracias a Dios que he subido el repecho.
+Parece la subida al Calvario, y con esta cruz que llevo a cuestas,
+m&aacute;s... &iexcl;Qu&eacute; hermosos nardos vende esta mujer! Le comprar&eacute; uno... 'Deme
+usted un nardo. Una varita sola... Vaya, deme usted tres varitas.
+&iquest;Cu&aacute;nto? Tome usted... Abur'. Me ha robado. Aqu&iacute; todos roban... Debo de
+parecer un San Jos&eacute;; pero no importa... 'Yo no juego a la loter&iacute;a;
+d&eacute;jeme usted en paz'. &iquest;Qu&eacute; me importar&aacute; a m&iacute; que sea ma&ntilde;ana &uacute;ltimo d&iacute;a
+de billetes, ni que el n&uacute;mero sea bonito o feo...? Se me ocurre comprar
+un billete, y d&aacute;rselo a Guillermina. De seguro que le toca. &iexcl;Es la
+mujer de m&aacute;s suerte!... 'Venga ese d&eacute;cimo, ni&ntilde;a... S&iacute;, es bonito n&uacute;mero.
+&iquest;Y t&uacute; por qu&eacute; andas tan sucia?'. &iexcl;Qu&eacute; pueblo, v&aacute;lgame Dios, qu&eacute; raza! Lo
+que yo le dec&iacute;a anteayer a D. Alfonso: 'Deseng&aacute;&ntilde;ese Vuestra Majestad,
+han de pasar siglos antes de que esta naci&oacute;n sea presentable. A no ser
+que venga el cruzamiento con alguna casta del Norte, trayendo aqu&iacute;
+madres sajonas'. Ya poco me falta. Francamente, es cosa de tomar un
+coche; pero no, agu&aacute;ntate, que pronto llegar&aacute;s... Un entierro por la
+Puerta del Sol. No, lo que es aqu&iacute; no me he de morir yo, para que no me
+lleven en esas horribles carrozas... Dan las doce. All&aacute; est&aacute;n los
+cesantes mirando caer la bola. Buena bola os dar&iacute;a yo. Ah&iacute; viene
+Casa-Mu&ntilde;oz. &iquest;Pero qu&eacute; veo? &iquest;Es &eacute;l? Ya no se ti&ntilde;e. Ha comprendido que es
+absurdo llevar el pelo blanco y las patillas negras. No me mira, no
+quiere que le salude. Realmente es muy rid&iacute;cula la situaci&oacute;n de un
+hombre que se ti&ntilde;e, el d&iacute;a en que se decide a renunciar a la pintura,
+porque la edad lo exige o porque se convence de que nadie cree en el
+enga&ntilde;o... All&iacute; va en un coche la duquesa de Gravelinas... No me ha
+visto... 'Abur Feijoo...'. &iexcl;Qu&eacute; baj&oacute;n ha dado ese hombre!... Vamos, ya
+entro por mi calle de Correos. Si habr&aacute; venido a almorzar mi primo... Lo
+que es hoy me tiene que hacer un reconocimiento en toda regla, porque me
+siento muy mal... Que me ausculte bien, porque este coraz&oacute;n parece un
+fuelle roto. &iquest;Ser&aacute; esto un fen&oacute;meno puramente moral? Puede ser. Ya veo
+yo el remedio... &iexcl;Pero qu&eacute; verdes est&aacute;n las uvas, qu&eacute; verdes! Los
+balcones tan tristes como siempre. &iexcl;Ah!... sale al mirador Barbarita
+para hablar con la <i>rata eclesi&aacute;stica</i>... 'Adi&oacute;s, adi&oacute;s... vengo de dar
+mi pase&iacute;to... Estoy muy bien, hoy no me he cansado nada...'. &iexcl;Qu&eacute;
+mentira tan grande he dicho! Me canso como nunca. Ahora, escalera de mi
+casa, s&eacute; ben&eacute;vola conmigo. Subamos... &iexcl;Ay, qu&eacute; coraz&oacute;n, maldito fuelle!
+Despacito, tiempo hay de llegar arriba. Si no llego hoy, llegar&eacute; ma&ntilde;ana.
+Seis escalones a la espalda. &iexcl;Dios m&iacute;o, lo que falta todav&iacute;a!&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando lleg&oacute; al principal, su hermana le esperaba en la puerta. &laquo;&iquest;Te has
+cansado mucho?&raquo;.&mdash;As&iacute;, as&iacute;. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; Tom? Que venga.</p>
+
+<p>Moreno entr&oacute; en su habitaci&oacute;n, seguido del criado. Este era ingl&eacute;s y le
+acompa&ntilde;aba en todos su viajes. Dec&iacute;a el anti-patriota que los sirvientes
+espa&ntilde;oles son tan torpes que no saben ni cerrar una puerta. El suyo era
+de esos que hacen de la servidumbre una profesi&oacute;n inteligente, y se
+adelantan a los m&aacute;s insignificantes deseos de sus amos para
+satisfacerlos. En ingl&eacute;s le dijo Moreno que echase agua en uno de los
+b&uacute;caros que en la estancia hab&iacute;a, para poner los nardos; y sin soltar
+estos de la mano se dej&oacute; caer en el sof&aacute;. Vest&iacute;a el caballero americana
+oscura y pantal&oacute;n de cuadros, sombrero de copa, y los indispensables
+botines blancos cubriendo las botas holgad&iacute;simas, con suelas de un dedo
+de grueso. &laquo;&iquest;Ha venido mi primo?&raquo; pregunt&oacute; a Tom d&aacute;ndole las flores.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or doctor est&aacute; en la habitaci&oacute;n de <i>miss</i> Guillermina.</p>
+
+<p>&mdash;<i>D&iacute;gale usted</i> que estoy aqu&iacute;.</p>
+
+<p>La fatiga del paseo y de la escalera le duraba a&uacute;n cuando vio entrar al
+m&aacute;s simp&aacute;tico de los doctores, Moreno Rubio, despidiendo tufo de
+alegr&iacute;a, como un preservativo contra las tristezas de la medicina.
+M&eacute;dico de gran saber y aplicaci&oacute;n, hab&iacute;a alcanzado mucha fama y ten&iacute;a
+una clientela brillant&iacute;sima.</p>
+
+<p>&laquo;Hoy me vas a examinar bien...&mdash;le dijo su primo&mdash;. Fig&uacute;rate que soy un
+desconocido que se te presenta en tu consulta. D&eacute;jate de bromas conmigo,
+y no me ocultes la verdad. Mira que te desacredito, si no lo haces as&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, hombre, descuida; te registraremos en toda regla&mdash;replic&oacute; el
+m&eacute;dico sonriendo y sent&aacute;ndose junto a &eacute;l&mdash;. &iquest;Te has cansado mucho?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No me ves? Tambi&eacute;n es gana de hacer preguntas. En cuanto almorcemos,
+me entrego a ti, como un cad&aacute;ver de la sala de disecci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mejor es antes (sacando la trompetilla y tornill&aacute;ndola).</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues ya puedes empezar. (Quit&aacute;ndose la americana). &iquest;Me echo en
+la cama? Es mejor, s&iacute;; aqu&iacute; me tienes como un muerto, con las manos
+cruzadas.</p>
+
+<p>&mdash;No, extiende los brazos. As&iacute;...</p>
+
+<p>El doctor abri&oacute; la camisa y aplic&oacute; un extremo de la trompeta,
+inclin&aacute;ndose para poner su o&iacute;do en el otro. &laquo;No te muevas... Ahora,
+respira fuerte... da un suspiro, pero un suspiro grande, como los de los
+enamorados&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que t&uacute; est&aacute;s de guasa. Pepe, por Dios, mira que esto es
+serio, muy serio. Llevo m&aacute;s de diez noches sin pegar los ojos, y tu
+dichoso digital no me alivia nada.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate, y d&eacute;jame o&iacute;r...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; notas?... &iquest;qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Pero ten paciencia. Aguarda... Pues esto est&aacute; muy malo. Hay aqu&iacute;
+dentro un zipizape de mil demonios.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; clase de ruido sientes? La s&iacute;stole es demasiado fuerte y...</p>
+
+<p>&mdash;Algo de eso.&mdash;El empuje de la corriente sangu&iacute;nea...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero prevalece un s&iacute;ntoma muy perro, un s&iacute;ntoma...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l es?, d&iacute;melo. &iquest;C&oacute;mo se llama?</p>
+
+<p>&mdash;Amor.&mdash;&iexcl;Vaya! Llamar&eacute; otro m&eacute;dico. T&uacute; no me sirves... con tus guasitas
+de mal gusto. &iexcl;Ni qu&eacute; tendr&aacute; que ver...!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues no ha de tener que ver!&mdash;dijo Moreno Rubio poni&eacute;ndose serio y
+guardando su instrumento&mdash;.</p>
+
+<p>No s&eacute; qu&eacute; te figuras t&uacute;. &iquest;Quieres romper de un golpe la armon&iacute;a del
+mundo espiritual con el mundo f&iacute;sico? Ya lo sabes; te lo he dicho mil
+veces. No necesito auscultarle m&aacute;s. Tienes des&oacute;rdenes en la circulaci&oacute;n,
+los cuales podr&aacute;n ser muy graves si no cambias de vida.</p>
+
+<p>&mdash;No parece sino que hago yo la vida del perdido (levant&aacute;ndose y
+volvi&eacute;ndose a poner su ropa).</p>
+
+<p>&mdash;Haces la vida del caprichoso, que es peor. Te conviene una
+tranquilidad absoluta, renunciar a los deseos vehementes, a las
+cavilaciones que la no satisfacci&oacute;n de ellos te produce; viajar menos,
+ahogar todo apetito loco de los sentidos, renunciar a todos los
+excitantes malsanos; no me refiero solamente al caf&eacute; y al t&eacute;, sino m&aacute;s
+principalmente a los excitantes imaginativos e ideales; huir de las
+emociones, y cortarte la coleta de banderillero, con intenci&oacute;n de no
+dej&aacute;rtela crecer m&aacute;s; trazar una raya en tu vida y decir: &laquo;ni Cristo
+pas&oacute; de la Cruz, ni yo paso de aqu&iacute;&raquo;. Si tuvieras treinta o treinta y
+cinco a&ntilde;os, te aconsejar&iacute;a que te casaras; pero m&aacute;s vale que te hagas la
+cuenta de que por reciente providencia judicial... o divina, han
+desaparecido todas las mujeres que hay en el mundo, casadas, solteras y
+viudas...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!, &iexcl;bah! Siempre la misma historia&mdash;dijo Moreno-Isla, tom&aacute;ndolo a
+broma&mdash;. &iquest;Pero t&uacute; eres un m&eacute;dico o un confesor?</p>
+
+<p>&mdash;Las dos cosas&mdash;afirm&oacute; el otro con serenidad y energ&iacute;a&mdash;. Si no haces
+lo que te he dicho, Manolo, si no lo haces, te mueres, y pronto. De modo
+que ya sabes mi opini&oacute;n. No vuelvas a consultarme. No s&eacute; m&aacute;s. He agotado
+mi ciencia contigo. Si hay alg&uacute;n colega que encuentre el medio de poner
+de acuerdo tus costumbres y tus pasiones con una ordenada y sana funci&oacute;n
+vascular, ll&aacute;malo, y enti&eacute;ndete con &eacute;l.</p>
+
+<p>El criado anunci&oacute; que el almuerzo estaba servido. &laquo;Vamos en
+seguida&mdash;dijo el enfermo, cogiendo a su primo por el brazo&mdash;. Esp&eacute;rate
+un poco, que te quiero consultar otra cosa&raquo;.</p>
+
+<p>Detuvi&eacute;ronse un instante en la habitaci&oacute;n, y D. Manuel, poni&eacute;ndole una
+cara muy seria, hizo a su primo esta pregunta: &laquo;Vamos a ver, sin guasa.
+En mi estado, sea bueno, sea malo, en mi estado presente, f&iacute;jate bien,
+tal como ahora estoy, &iquest;podr&iacute;a yo tener hijos?&raquo;.</p>
+
+<p>Moreno Rubio solt&oacute; la carcajada.</p>
+
+<p>&laquo;Hombre, no digo que no. Podr&iacute;as tener una escuela de p&aacute;rvulos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero decir... pero resp&oacute;ndeme en serio... quiero decir, si tal como
+estoy, con la tuber&iacute;a descompuesta...</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo, por poder...&mdash;Eso te lo digo, porque despu&eacute;s de eso, me
+decidir&iacute;a a aceptar lo que propones, el retraimiento, cortar la coleta,
+etc...</p>
+
+<p>&mdash;Mira, inocente, no te cuides de aumentar la especie. Mientras menos
+seres humanos nazcan, mejor. Para lo que vale esta vida...</p>
+
+<p>&mdash;Creo lo mismo... pero a m&iacute; me gustar&iacute;a tener la seguridad de que... Es
+un ejemplo, un por si acaso nada m&aacute;s. No creas que me parece mal tu plan
+de vida vegetativa. Yo lo adoptar&iacute;a, s&iacute; se&ntilde;or; pero a su tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Primo&mdash;le dijo el otro mir&aacute;ndole con socarroner&iacute;a&mdash;; si quieres hijos,
+haberlo pensado antes.</p>
+
+<p>&mdash;No, tonto, si no es que yo los quiera; ni maldita la falta que me
+hacen a m&iacute; chiquillos. Si esto te lo pregunto hipot&eacute;ticamente. Me basta
+con tener conciencia de mi aptitud... Curiosidades de enfermo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que no vienen?&mdash;dijo, present&aacute;ndose en la puerta, la hermana de
+Moreno-Isla.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya unas prisas. Ya vamos. &iexcl;Para la gana que uno tiene...!</p>
+
+<p>&mdash;Pero la tengo yo, canastos&mdash;dijo el m&eacute;dico.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Por la tarde pidi&oacute; Moreno su coche y estuvo haciendo visitas hasta
+las siete. Comi&oacute; en casa de los de Santa Cruz, y estos lo notaron
+sombr&iacute;o, padeciendo chocantes distracciones, y tan indiferente a todo,
+que ni siquiera tomaba con calor la defensa de sus principios y gustos
+extranjeros, cuando Barbarita, por combatirle la murria, sacaba a
+relucir alg&uacute;n tema de entretenida pol&eacute;mica sobre este punto. Algo dijo,
+sin embargo, que anim&oacute; la desmayada conversaci&oacute;n de aquella noche.
+&laquo;&iquest;Saben ustedes cu&aacute;l es una de las cosas que me cargan m&aacute;s en Espa&ntilde;a? La
+costumbre que tienen las criadas de ponerse a cantar cuando trabajan.
+Parec&iacute;a natural que en mi casa me viera yo libre de este tormento. Pues
+no se&ntilde;or. Tiene mi t&iacute;a Guillermina una criadita cuya boca vale por dos
+murgas. No vale mandarla callar. Obedece durante diez minutos, y de
+repente vuelve otra vez con <i>el se&ntilde;or alcalde mayor</i>. Dice que se
+olvida, Cre&aacute;nmelo ustedes. Le romper&iacute;a la cabeza&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y me quieres hacer creer que en el extranjero...! Pero Manolo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, no, se&ntilde;ora... est&eacute; usted segura de que si en Londres una criada
+se permitiera cantar, pronto la pondr&iacute;an de patitas en la calle. Es que
+ni se les ocurre tal disparate.</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo; tan sosas son.&mdash;Es que esta p&iacute;cara raza, que no conoce el
+valor del tiempo, tampoco conoce el del silencio. No podr&aacute; usted meterle
+en la cabeza a esta gente la idea de que la persona que se pone a pegar
+gritos cuando yo escribo, o cuando pienso, o cuando duermo, me roba. Es
+una falta de civilizaci&oacute;n como otra cualquiera. Apoderarse del silencio
+ajeno es como quitarle a uno una moneda del bolsillo.</p>
+
+<p>Estas cosas hac&iacute;an gracia, y aquella noche las rieron m&aacute;s, para
+animarle. Invitado por Juan a ir al Teatro Real, lo rehus&oacute;. Hab&iacute;a en la
+casa muy poca gente, Guillermina en su rinc&oacute;n, D. Valeriano Ruiz Ochoa y
+Barbarita II. Barbarita I hab&iacute;a concebido el loco proyecto de casar a
+Moreno con esta sobrina suya, que era muy mona, y comunicado el
+pensamiento a Jacinta, esta lo encontr&oacute; de lo m&aacute;s insensato que se le
+podr&iacute;a ocurrir a nadie. &laquo;&iexcl;Pero mam&aacute;, si mi hermana no tiene m&aacute;s que
+dieciocho a&ntilde;os, y Moreno anda ya cerca de los cincuenta, y adem&aacute;s est&aacute;
+enfermo!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto que hay diferencia de edades&mdash;dec&iacute;a la se&ntilde;ora riendo&mdash;, pero es
+un gran partido. &Aacute;ndate con repulgos y ver&aacute;s c&oacute;mo le cae a tu hermana un
+subteniente, un oficial de la clase de quintos u otra loter&iacute;a semejante.
+Este hombre es un buenazo muy rico, y eso que padece no es sino
+aburrimiento, mal de solter&iacute;a, lo que los ingleses llaman <i>espl&iacute;n</i>.
+C&aacute;sale, y se le quitan diez a&ntilde;os de encima.</p>
+
+<p>Jacinta no se convenc&iacute;a, y en cuanto a la enfermedad, su opini&oacute;n era muy
+distinta de la de su suegra. Aquella noche le cogi&oacute; por su cuenta para
+echarle un buen r&eacute;spice. Estaban en el despacho apartados de los dos
+grupos de tresillistas (D. Baldomero, Ruiz Ochoa, su se&ntilde;ora, Pepe
+Samaniego y otros). Barbarita II y su hermana ten&iacute;an delante a Moreno,
+que en los primeros momentos de aquella situaci&oacute;n, dec&iacute;a de dientes
+para adentro: &laquo;Creo que si no estuviera presente la polla, le dir&iacute;a
+algo. Me enfada esta ni&ntilde;a con su inocencia y su cara bonita. Parece que
+se la pone al lado como un escudo contra m&iacute;... Es fatalidad esta; las
+pocas veces que la cojo sola, no adelanto nada. Si le digo cualquier
+reticencia delicada, se hace la tonta. Evita el encontrarse sola
+conmigo, y ahora trae siempre a rastras al espantajo angelical de su
+hermana para asustarme&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero qu&eacute; callado est&aacute; usted...&mdash;observ&oacute; Jacinta sonriendo&mdash;. &iquest;Qu&eacute;?,
+&iquest;se siente usted peor? Dice mam&aacute;, que si usted se casa se le quitar&aacute;n
+diez a&ntilde;os de encima. Conque, decidirse...</p>
+
+<p>La fisonom&iacute;a del mis&aacute;ntropo se ilumin&oacute; al o&iacute;r esta peregrina receta.</p>
+
+<p>&laquo;Tambi&eacute;n yo lo creo&mdash;dijo&mdash;. Vea usted; un remedio que parece tan f&aacute;cil,
+es imposible&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Justo; como se ha concluido el g&eacute;nero femenino... Tiene usted raz&oacute;n,
+ya no hay mujeres.</p>
+
+<p>&mdash;Para m&iacute; como si no las hubiera... &iquest;Qu&eacute; le dije a usted ayer? Ya no se
+acuerda. Si ya se sabe: cosa que yo le diga a usted es como si la
+escribiera en el agua.</p>
+
+<p>&mdash;De veras que se me ha olvidado. &iquest;Te acuerdas t&uacute;, B&aacute;rbara?</p>
+
+<p>&mdash;No, si B&aacute;rbara no estaba presente.</p>
+
+<p>&mdash;No importa. Todo lo que usted me dice a m&iacute;, al instante voy a
+cont&aacute;rselo a mi hermana.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, es usted muy cuentera. &iquest;Y por qu&eacute; se lo cuenta usted a su hermana?</p>
+
+<p>&mdash;Porque le hace gracia. Moreno no pudo disimular la profunda tristeza
+que se apoderaba de &eacute;l.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero qu&eacute; tiene usted?... Esta noche le encuentro m&aacute;s <i>esplinado</i> que
+nunca&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No nos contaba ayer que dej&oacute; tres novias en Londres?&mdash;apunt&oacute;
+Barbarita, que gustaba de buscarle la lengua.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero a esas no las quiero&mdash;replic&oacute; Moreno con la ingenuidad de un
+ni&ntilde;o. Y luego, revolc&aacute;ndose en aquella tristeza contra la cual nada
+pod&iacute;a su dominio de hombre de sociedad, se espet&oacute; otro mon&oacute;logo&mdash;: Ya
+estoy entrando en el periodo pueril... La tonter&iacute;a y la incapacidad me
+invaden... Esta mujer con su frialdad y su iron&iacute;a me ha puesto el pie
+sobre la cabeza y me la ha aplastado, como la Virgen la de la
+serpiente... Ya empiezo a estar rid&iacute;culo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no le repite usted esta noche a mi hermana lo que le dijo la
+semana pasada?&mdash;dijo Barbarita II al melanc&oacute;lico caballero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo... que...? (asustado, como quien despierta de un sue&ntilde;o). Yo... no
+le he dicho nada.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, la semana pasada, cuando fuimos a la Casa de Campo, y se puso
+usted a contar el cuento de aquella inglesona que le quiso pegar un tiro
+porque le dijo no s&eacute; qu&eacute;, en un tren.</p>
+
+<p>&mdash;No me acuerdo&mdash;dijo el mis&aacute;ntropo con todas las apariencias de un
+est&uacute;pido.</p>
+
+<p>&mdash;Este hombre&mdash;indic&oacute; Jacinta&mdash;, cuando tocan a olvidarse, no hay quien
+le gane. Me dijo usted que se casaba si yo me compromet&iacute;a a buscarle la
+novia...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... Pues no; me desdigo, recojo la proposici&oacute;n. Si ha empezado
+usted sus trabajos, delos por in&uacute;tiles. Pagar&eacute; indemnizaci&oacute;n, si es
+preciso.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo que es preciso... Poquito que hab&iacute;a yo hecho ya. &iexcl;Vaya que
+la formalidad de usted...!</p>
+
+<p>Ambas se pusieron muy serias. Notaban en Moreno palidez mortal, gran
+abatimiento, y un cierto olvido, extra&ntilde;o en &eacute;l, de la atenci&oacute;n constante
+que se debe prestar a las se&ntilde;oras cuando se platica con ellas. Jacinta
+se inclin&oacute; un poco hacia &eacute;l, abriendo su abanico sobre las rodillas, y
+le dijo en tono muy cari&ntilde;oso: &laquo;Amigo m&iacute;o, es preciso que usted se cuide,
+y mire m&aacute;s por su salud. Esta tarde nos encontramos a Moreno Rubio en
+casa de Amalia, y me dijo que lo que usted padece no es nada; pero que
+si se descuida y no hace lo que &eacute;l le manda, lo va a pasar mal. Usted no
+es un ni&ntilde;o, y debe comprenderlo. &iquest;Por qu&eacute; no hace caso de lo que le
+dicen las personas que le quieren bien y que se interesan por usted?&raquo;.</p>
+
+<p>Moreno la miraba est&aacute;tico. Algunos monos&iacute;labos salieron de su boca;
+pero aquellos pedazos rotos de su pensamiento m&aacute;s bien parec&iacute;an de
+aquiescencia que de protesta. Jacinta sigui&oacute; habl&aacute;ndole en un tono
+dulce, tiern&iacute;simo, y m&aacute;s bien parec&iacute;a una madre que una amiga.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Cu&aacute;nto nos alegrar&iacute;amos de verle a usted bueno y sano, y qu&eacute; f&aacute;cil
+ser&iacute;a con buena voluntad!... Porque lo que usted tiene no es m&aacute;s que
+malas ideas. As&iacute; me lo dijo su primo, y viene bien esta opini&oacute;n con lo
+que yo cre&iacute;a. Es l&aacute;stima que teniendo todos los medios de ser feliz no
+lo sea. &iquest;Qu&eacute; le falta a usted?...&raquo;.</p>
+
+<p>Moreno sent&iacute;a que el coraz&oacute;n se le hac&iacute;a pedazos. &laquo;&iquest;Pues no dice que qu&eacute;
+me falta?... Si me falta todo, absolutamente todo. &iexcl;Ay, qu&eacute; mujer!, si
+sigue en esta cuerda, creo que me pongo m&aacute;s en rid&iacute;culo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le falta a usted? Nada. Si no se le pusieran en la cabeza cosas
+imposibles, estar&iacute;a tan campante. Lo que tiene usted es mucho mimo. Es
+como los chiquillos.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ya lo creo; soy como los chiquillos!&raquo; pensaba el infeliz caballero.</p>
+
+<p>&mdash;Moreno Rubio lo ha dicho y tiene raz&oacute;n: usted tiene en su mano su
+salud y su vida. Si las pierde es porque quiere. Parece mentira que un
+hombre de su edad no sepa ponerse a las &oacute;rdenes de la raz&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;La raz&oacute;n! Buena t&iacute;a indecente est&aacute;&raquo; observ&oacute; D. Manuel dentro de su
+pensamiento.</p>
+
+<p>&mdash;Y sacudir las malas ideas y atemperar el esp&iacute;ritu; no desear lo que no
+se puede tener, y hacer vida ramplona, sin empe&ntilde;arse en que todas las
+cosas se desquicien para acomodarse a su gusto y satisfacci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; es
+el <i>espl&iacute;n</i> m&aacute;s que soberbia? S&iacute;, lo que usted tiene es soberbia, el
+<i>usted</i> sat&aacute;nico. Estos inglesotes se figuran que el mundo se ha hecho
+para ellos... No, se&ntilde;or m&iacute;o, hay que ponerse en fila y ser como los
+dem&aacute;s... &iquest;Conque se cuidar&aacute; usted, har&aacute; lo que le manda su primo y lo
+que le mande yo?... porque yo tambi&eacute;n soy m&eacute;dica... Otra cosa; aqu&iacute; en
+Espa&ntilde;a est&aacute; usted siempre renegando y echando pestes. Esto no le gusta,
+&iquest;pues para qu&eacute; vive aqu&iacute;? &iquest;Por qu&eacute; no se va a Inglaterra?</p>
+
+<p>&mdash;Ya me quiere echar... &iquest;ve usted...?&mdash;dijo Moreno mirando a Barbarita y
+esforz&aacute;ndose en sonre&iacute;r para ocultar su turbaci&oacute;n&mdash;. Y luego quieren que
+no viaje.</p>
+
+<p>&mdash;No, no le conviene andar siempre de ceca en meca, como un viajante de
+comercio que va ense&ntilde;ando muestras. M&aacute;rchese a su Londres, estese all&iacute;
+quietecito, muy quietecito, y si se le presenta una inglesa fresca y de
+buen genio, c&aacute;sese, apechugue con ella, aunque sea protestante... &iexcl;Ay,
+Dios!, que no me oiga Guillermina; s&iacute;, c&aacute;sese, y ver&aacute; c&oacute;mo se le pasan
+todas las murrias, tendr&aacute; ni&ntilde;os... Me comprometo a ser madrina del
+primero... digo, si es que le bautizan. Y hasta madre me comprometo a
+ser si me le dan... le tomo, aunque est&eacute; sin cristianar. Yo le
+bautizar&eacute;. Pero no hay que hablar de esto. Me contento con ser madrina
+del primer Morenito que nazca, y le dir&eacute; a mi marido que me lleve a
+Londres para el bautizo...</p>
+
+<p>Moreno se levant&oacute;. Se sent&iacute;a muy mal, y las palabras de la Delfina le
+excitaban extraordinariamente.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero se va usted...? &iquest;Se ha puesto malo? &iquest;Es que no le gustan mis
+sermones?&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Si no me voy, la entrego&mdash;pensaba el mis&aacute;ntropo, apretando los
+labios...&mdash;. Esta p&iacute;cara me est&aacute; asesinando&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te vas, Manolo?&mdash;le pregunt&oacute; D. Baldomero desde el otro extremo de la
+habitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si me echan, padrino...! Su hijita de usted me quiere desterrar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; pillo!... Si es todo lo contrario.</p>
+
+<p>Barbarita I se adelant&oacute;, diciendo: &laquo;Extravagante, coge del brazo a la
+polla, y pas&eacute;ate un momento de aqu&iacute; a mi gabinete, y de mi gabinete
+aqu&iacute;. &iquest;Te sientes mal? Eso no es m&aacute;s que nervios. Distr&aacute;ete un poquito.
+B&aacute;rbara, anda&raquo;.</p>
+
+<p>Moreno le dio el brazo a Barbarita II, y empezaron los paseos. De su
+conversaci&oacute;n insustancial cogi&oacute; al vuelo Jacinta algunas cl&aacute;usulas,
+cuando la pareja, en aquel ir y venir de su estancia a otra, pasaba
+junto a ella. &laquo;&iquest;Yo?, no... me lo puedo creer...&raquo;. &laquo;&iexcl;Ay, qu&eacute; cosas se le
+ocurren!... &iexcl;Pero qu&eacute; malo es usted...!&raquo;. &laquo;En cuanto vaya all&aacute; me voy a
+convertir al juda&iacute;smo&raquo;. &laquo;&iexcl;Jes&uacute;s!...&raquo;. &laquo;&iquest;Que yo tengo novio? &iquest;De d&oacute;nde ha
+sacado eso?...&raquo;. &laquo;Lo apuntar&eacute; para que no se me olvide...&raquo;. &laquo;No, si a m&iacute;
+no me gustan los pollos...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Si &eacute;sta fuera m&aacute;s lista&mdash;dijo la se&ntilde;ora de Santa Cruz a su nuera&mdash;,
+creo que le cazaba&raquo;.</p>
+
+<p>Pero Jacinta era muy incr&eacute;dula en este particular, y miraba tristemente
+a la pareja cuando pasaba. Al retirase, Moreno pudo hablarle un instante
+sin testigos.</p>
+
+<p>&laquo;Se har&aacute; lo que usted desea... Se ha de cumplir todo el programa...
+todo, hasta en lo que se refiere el <i>nene</i>. Tendr&aacute; usted su <i>Morenito</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Jacinta observ&oacute; en su mirada una expresi&oacute;n tan t&eacute;trica, que no pudo
+menos de decirse: &laquo;Est&aacute; ya completamente trastornado&raquo;.</p>
+
+<p>Moreno sali&oacute; con paso inseguro... La cabeza se le desvanec&iacute;a, y al bajar
+la escalera tuvo que agarrarse al barandal para no caerse... &laquo;Cuando
+digo que me he vuelto tonto, pero tonto de remate... Ya no s&eacute; pensar. No
+s&eacute; ad&oacute;nde diablos se me ha ido la raz&oacute;n... Esta mujer me ha embrujado...
+Nada, enteramente imb&eacute;cil&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>En la soledad de su alcoba, encontrose mi hombre m&aacute;s due&ntilde;o de s&iacute;
+mismo, habiendo vencido aquella turbaci&oacute;n inexplicable con que saliera
+de la casa de Santa Cruz. Despidi&oacute; a su criado, despu&eacute;s de quitarse la
+ropa, y envuelto en su bata se tendi&oacute; en el sof&aacute;. En aquellas tristes
+horas enga&ntilde;aba el insomnio pase&aacute;ndose a ratos por la habitaci&oacute;n, a ratos
+echado y descabezando un ligero intranquilo sue&ntilde;o. Acud&iacute;an entonces a su
+memoria las acciones e im&aacute;genes de aquel d&iacute;a o de los anteriores, a
+veces las de fechas muy remotas y que no ten&iacute;an relaci&oacute;n alguna con su
+situaci&oacute;n presente. Aquella noche, cosa rara, apenas sali&oacute; el ayuda de
+c&aacute;mara, Moreno se qued&oacute; profundamente dormido en el sof&aacute;, sin so&ntilde;ar
+nada; pero despert&oacute; a la media hora, no pudiendo apreciar el tiempo que
+su letargo durara. Al despertar huy&oacute; de tal modo el sue&ntilde;o de su cerebro
+y hall&aacute;base tan inquieto, que ni siquiera admit&iacute;a como probable la idea
+de dormir. A la manera que el jugador saca las piezas del ajedrez y las
+va poniendo sobre el tablero de casillas blancas y negras, as&iacute; fue
+sacando sus ideas. Ten&iacute;a por pareja a s&iacute; mismo en aquel juego...
+&laquo;Adelante un pe&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Te has lucido! &iexcl;Campa&ntilde;a como esta...! &iquest;Cu&aacute;nto tiempo hace que est&aacute;s en
+Espa&ntilde;a? A poco m&aacute;s, a&ntilde;o completo. &iquest;Y para qu&eacute;? Para nada. &iexcl;Pobre hombre!
+Lo que me pareci&oacute; f&aacute;cil, resulta no ya dif&iacute;cil, sino imposible... Para
+m&aacute;s contrariedad, delante de esa bendita y maldita mujer, me convierto
+en el m&aacute;s ins&iacute;pido de los colegiales. &iquest;Por qu&eacute; es esto? Y dime otra
+cosa, idiota, &iquest;qu&eacute; tiene esa mona para que de este modo te hayas
+embrutecido por ella? Otras son m&aacute;s guapas, otras tienen m&aacute;s ingenio,
+otras hay m&aacute;s elegantes; y sin embargo, es el n&uacute;mero uno, el n&uacute;mero
+&uacute;nico. De gustarme pasa a enloquecerme, y noto en m&iacute; lo que no hab&iacute;a
+notado nunca, una alegr&iacute;a, una tristeza... ganas de llorar, de re&iacute;r, y
+aun de hacer el tonto delante de ella. Nada, que a los cuarenta y ocho
+a&ntilde;os me sale el sarampi&oacute;n y la edad del pavo. Tampoco me hab&iacute;a pasado
+nunca lo que me pasa ahora, cortarme, sentir que quiero ser atrevido y
+no puedo. Le voy a decir una galanter&iacute;a intencionada, y me sale una
+simpleza. Me infunde un respeto que jam&aacute;s conoc&iacute;. La sigo a Biarritz, la
+acompa&ntilde;o a Par&iacute;s; y cuanto m&aacute;s la trato, m&aacute;s atado me veo por este
+maldecido respeto... Me cortar&iacute;a yo este respeto como se corta una mano
+gangrenada. &iquest;A qu&eacute; viene tal respeto? &iquest;Qu&eacute; quiere decir esto? Sea lo que
+quiera, de esa mujer digo yo lo que hasta ahora no he dicho de ninguna,
+y es que si fuera soltera, me casar&iacute;a con ella...&raquo;.</p>
+
+<p>Se agit&oacute; tanto, que tuvo que levantarse y ponerse a pasear. &laquo;Vaya que
+este mundo es una cosa divertida. Yo desgraciado; ella desgraciada,
+porque su marido es un ciego y desconoce la joya que posee. De estas dos
+desgracias podr&iacute;amos hacer una felicidad, si el mundo no fuera lo que
+es, esclavitud de esclavitudes y toda esclavitud... Me parece que la
+estoy viendo cuando le dije aquello... &iexcl;Qu&eacute; risita, qu&eacute; serenidad, y qu&eacute;
+contestaci&oacute;n tan admirable! Me dej&oacute; pegado a la pared. Tan pegado estoy,
+que no he vuelto por otra, y cuando preparo algo para dec&iacute;rselo, &iexcl;anda
+valiente!... le digo todo lo contrario. Que se vuelva uno tan est&uacute;pido,
+es cosa que no me cab&iacute;a en la cabeza. &iexcl;Ay! Dios, si me muero, y el
+pensamiento vive m&aacute;s all&aacute; de la muerte, estar&eacute; viendo toda la eternidad
+esta carita graciosa, con su expresi&oacute;n celestial, estos ojos serenos y
+risue&ntilde;os, esta cabellera oscura con r&aacute;fagas blancas que le hacen tanta
+gracia... esta boca, que no habla sin que me duela el alma. &iexcl;Pobre
+&aacute;ngel!, su &uacute;nica pasi&oacute;n es la maternidad, sed no satisfecha, desconsuelo
+inmenso. Su pasi&oacute;n se me comunica y me abrasa; yo tambi&eacute;n quiero tener
+un hijo, yo tambi&eacute;n. &iexcl;Si me parece que le estoy viendo!, si est&aacute; aqu&iacute;,
+en los linderos de la vida, mir&aacute;ndome, dici&eacute;ndome que le traiga, y no
+falta m&aacute;s que traerlo. Vendr&iacute;a si ella quisiera. Tengo la seguridad de
+que vendr&iacute;a; es una idea que se me ha clavado aqu&iacute;. Y yo le digo: 'Por
+un ni&ntilde;o, bien se podr&iacute;a dar la virtud...'. &iexcl;Ah!, no tener valor para
+decirle esto... &iquest;Pero c&oacute;mo?, &iexcl;si no hay palabra que se preste a
+decirlo!...&raquo;.</p>
+
+<p>La palpitaci&oacute;n que sent&iacute;a era tan fuerte que tuvo que sentarse. Se
+ahogaba. En la regi&oacute;n cardiaca, o cerca de ella, m&aacute;s al centro, sent&iacute;a
+el golpe de sangre, con duro y contundente comp&aacute;s. Era como si un
+herrero martillase junto al mismo coraz&oacute;n, remachando a fuego una pieza
+nueva que se acababa de echar.</p>
+
+<p>&laquo;Esto es horrible. Si rompe, que rompa de una vez. &iexcl;Ay de m&iacute;!... Si me
+quisiera, el coraz&oacute;n se me curar&iacute;a; como que no es enfermedad lo que
+tiene, sino impaciencia... hormiguilla... &iquest;Qu&eacute; habr&eacute; hecho yo para ser
+tan desgraciado? Ahora caigo en la cuenta de que no me he divertido
+nunca. Todas mis aventuras han sido el deseo corriendo detr&aacute;s del
+fastidio. &iexcl;Y cree la gente que yo he sido un hombre feliz, que yo estoy
+enfermo de congesti&oacute;n de goces! &iexcl;Est&uacute;pidos!&raquo;.</p>
+
+<p>Sin saber c&oacute;mo ni por qu&eacute;, ciertas impresiones de aquel d&iacute;a se
+reprodujeron en su mente. Entre ellas la menos fugaz fue esta: Por la
+ma&ntilde;ana, entrando en el Retiro, se le puso delante uno de esos pobres
+asquerosos que suelen pedir en los extremos de la poblaci&oacute;n, y que a
+veces se corren hasta el centro. Era un hombre cubierto de andrajos, y
+que andaba con un pie y una muleta; la otra pierna era un miembro
+repugnante, el muslo hinchado y cubierto de costras, el pie colgando,
+seco, informe y sanguinolento. Mostraba aquello para excitar la
+compasi&oacute;n. Era la pierna para &eacute;l su modo de vivir, su finca, su oficio,
+lo que para los mendigos m&uacute;sicos es la guitarra o el viol&iacute;n. Tales
+espect&aacute;culos indignaban a Moreno, que al verse acosado por estos
+industriales de la miseria humana, trinaba de ira. Pues cuando se volv&iacute;a
+para no verle, el maldito, haciendo un quiebro con su &aacute;gil muleta, se le
+pon&iacute;a otra vez delante, mostr&aacute;ndole la pierna. Al aburrido caballero se
+le quitaban las ganas de dar limosna, y por fin la dio para librarse de
+persecuci&oacute;n tan terror&iacute;fica. Alejose del pordiosero, renegando. &laquo;&iexcl;Ni
+esto es pa&iacute;s, ni esto es capital, ni aqu&iacute; hay civilizaci&oacute;n!... &iexcl;Qu&eacute;
+ganas tengo de pasar el Pirineo!&raquo;.</p>
+
+<p>Pues bien, aquella noche, se le represent&oacute; el pobre paral&iacute;tico con tanta
+viveza, que casi casi cre&iacute;a verle en su alcoba. Hubo un instante en que
+la alucinaci&oacute;n de Moreno lleg&oacute; a ser tan efectiva, que se incorpor&oacute;, y
+cogiendo un libro que en la pr&oacute;xima silla estaba... &laquo;Mira, si no te
+marchas con tu pierna podrida...&raquo;. Despu&eacute;s cay&oacute; otra vez su cabeza en el
+sof&aacute; y se puso la mano sobre los ojos. &laquo;El infeliz se ha de buscar la
+vida de alguna manera. No tiene &eacute;l la culpa de que no haya en esta
+tierra maldita establecimientos de beneficencia. Si le veo ma&ntilde;ana, le
+doy un duro... Vaya si se lo doy... &iexcl;Qu&eacute; envidia le va a tener mi t&iacute;a
+Guillermina! Volv&aacute;monos ahora para la pared, a ver si me duermo un poco.
+As&iacute;; cerrar&eacute; los ojos. No, mejor ser&aacute; que los abra, y que me figure que
+quiero despabilarme.</p>
+
+<p>Lo que se desea no se tiene nunca. Ea, figur&eacute;monos que hago esfuerzos
+para no dormirme. &iquest;Y para qu&eacute; quiero yo dormir? Mejor es estar as&iacute;,
+pensando uno en sus cosas. Estas rayas de papel, azules y verdes, se
+quiebran a distancia de veinticinco cent&iacute;metros; no, de veinte. La flor
+gris alterna con la flor azul. Bonito dibujo. &iexcl;C&oacute;mo se le quedar&iacute;a la
+cabeza al que lo invent&oacute;!... Y aqu&iacute; hay una peque&ntilde;a mancha... Creo que
+si me pusiera a mirar la luz, me dormir&iacute;a m&aacute;s pronto, Vuelta otra vez&raquo;.</p>
+
+<p>Mir&oacute; la luz puesta sobre la mesa central, grande, redonda y cubierta con
+rico tapete. La l&aacute;mpara era de aceite, compuesta de dos candilones de
+bronce unidos por un v&aacute;stago. Ambas luces ten&iacute;an pantallas verdes, con
+a&ntilde;adidura de raso del mismo color, al modo de faldones que ca&iacute;an por una
+sola parte de las dos circunferencias. La claridad se esparc&iacute;a por la
+mesa, y el resto de la habitaci&oacute;n estaba en penumbra manchada, con
+verdosa p&aacute;tina de tapiz viejo. Sobre la mesa hab&iacute;a unos guantes, varios
+libros, dos retratos en bonitos marcos, uno de ellos del gordo Arnaiz,
+una papelera, juego de t&eacute; de fin&iacute;sima porcelana, una cajita de marfil y
+otros objetos muy lindos. &laquo;Aquel guante&mdash;dijo Moreno&mdash;, que monta sobre
+la papelera, parece exactamente un lebrel que corre tras la caza... &iexcl;Qu&eacute;
+silencio tan solemne hay ahora! El chorrear de la fuente de Pontejos, es
+lo que se siente siempre, y alguno que otro coche que pasa por la
+Puerta del Sol... Son los trasnochadores, que se retiran. As&iacute; iba yo en
+mi <i>cab</i> al salir del club de Picadilly... s&oacute;lo que mi <i>cab</i> corr&iacute;a como
+una exhalaci&oacute;n y estos carruajes andan poco y parece que se deshacen
+sobre los adoquines. &iexcl;Y c&oacute;mo se me refrescan las memorias...! Parece que
+estoy mirando a aquella pr&oacute;jima que se me apareci&oacute; una noche en
+Haymarket, al salir de aquel Bar... &iexcl;No me ha ocurrido otra...! &iexcl;Y c&oacute;mo
+se parec&iacute;a a esta tonta de Aurora Fenel&oacute;n! Todo pas&oacute;, todo va cayendo
+atr&aacute;s revolvi&eacute;ndose en la estela que deja el barco...&raquo;.</p>
+
+<p>De repente dio un salto, y levant&aacute;ndose se puso a dar paseos.</p>
+
+<p>&laquo;Ma&ntilde;ana mismo me voy&mdash;dijo&mdash;, s&iacute;, me voy para siempre. &iexcl;Morirme yo aqu&iacute;,
+para que me lleven en esos carros tan cursis! No; gracias a Dios que
+tomo una resoluci&oacute;n; y lo que es esta viene fuertecilla. Me ha entrado
+de repente y con un empuje... No veo la hora de que amanezca para
+mandarle a Tom que haga el equipaje. Ma&ntilde;ana har&eacute; mis compras. No puede
+uno ir de Espa&ntilde;a sin llevar los regalitos de abanicos y panderetas...
+&iexcl;Ay, qu&eacute; feliz me siento con esta idea que me ha dado! &iexcl;Irme!... &iexcl;Si
+esto debiste resolverlo hace tiempo! &iquest;Para qu&eacute; est&aacute;s aqu&iacute;, para
+consumirte m&aacute;s? Vamos, no dir&aacute; ella que no la obedezco; sus deseos son
+&oacute;rdenes. Me ha dicho: 'Amigo m&iacute;o, vete', y me voy.</p>
+
+<p>&iquest;Me querr&aacute; cuando me vaya? &iquest;Pensar&aacute; en m&iacute;...? Bien podr&iacute;a ser... &iexcl;Si se
+convenciera de que el amor que tiene a su marido es como echar rosas a
+un burro para que se las coma, si se convenciera de esto...! Pero vaya
+usted a esperar que se convenza. No puede ser. Quiere locamente a ese
+mico, y se morir&aacute; queri&eacute;ndole. A m&iacute; se me figura que le desprecia y le
+ama: hay estos dualismos en el coraz&oacute;n humano. Pero yo digo: &iquest;no pasar&aacute;
+por su mente alguna vez la idea de quererme a m&iacute;? Me contentar&iacute;a con
+esto, con que la idea hubiera pasado una vez; vamos, dos veces. Bien
+puede haber dicho: '&iexcl;qu&eacute; bueno es este Moreno!, si yo fuera su mujer, no
+me dar&iacute;a disgustos, y habr&iacute;amos tenido un chiquillo, dos o m&aacute;s'. Qui&eacute;n
+sabe... &iquest;Habr&aacute; dicho esto alguna vez? No s&eacute; por qu&eacute; me figuro que s&iacute; lo
+ha dicho. Qu&eacute; s&eacute; yo... dentro de m&iacute; anida este convencimiento como un
+germen de esperanza, como una semilla que est&aacute; dentro de la tierra y que
+no ha brotado pero que vive... Si me constara que ella se ha dicho esto,
+yo al verla tan religiosa, me volver&iacute;a el hombre m&aacute;s cat&oacute;lico del
+mundo... Por agradarle, &iexcl;cu&aacute;ntas funciones y misas hab&iacute;a de costear yo!
+Y no har&iacute;a esto con hipocres&iacute;a, porque am&aacute;ndola, vendr&iacute;a la fe, la fe,
+s&iacute;, que se ha ido yo no s&eacute; ad&oacute;nde... Creo que ya amanece. No tengo
+sue&ntilde;o, ni lo tendr&eacute; m&aacute;s. Ma&ntilde;ana me voy, y me ir&iacute;a esta tarde, si tuviera
+tiempo de arreglar el viaje... Y otra cosa.</p>
+
+<p>&iquest;Ir&eacute; a despedirme de ella? No s&eacute; qu&eacute; determinar. Si la veo no me voy.
+&iquest;Pues por qu&eacute; no? Me ir&eacute;. Ella me ha dicho que me vaya, desea que me
+vaya. De lejos la querr&eacute; lo mismo que de cerca, y ella me querr&aacute; tal
+vez. Ser&eacute; para ella como un sue&ntilde;o, y los sue&ntilde;os suelen herir el coraz&oacute;n
+m&aacute;s que la realidad&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a echarse, y se entretuvo contemplando con errante mirada las
+paredes de la habitaci&oacute;n. Hab&iacute;a all&iacute; un San Jos&eacute;, cuadro grande, de
+familia, que como pintura val&iacute;a poco, pero Moreno lo ten&iacute;a en gran
+estima, porque estuvo muchos a&ntilde;os en la alcoba donde &eacute;l naci&oacute;. Se
+asociaba a las impresiones de su ni&ntilde;ez aquel santo tan guapote,
+reclinado sobre nubes, con su vara, su ni&ntilde;o, y aquella capa amarilla
+cuyos pliegues hac&iacute;an competencia al celaje. Se le refresc&oacute; de tal modo
+al buen caballero en aquel momento la memoria de su padre, que parec&iacute;a
+que le estaba viendo, y oy&eacute;ndole el metal de voz. A su madre no la hab&iacute;a
+conocido, porque muri&oacute; siendo &eacute;l muy ni&ntilde;o. Tambi&eacute;n se acord&oacute; de cuando
+su hermana y &eacute;l (aquella misma hermana viuda que all&iacute; viv&iacute;a), iban a la
+casa del abuelito, en la Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima, cogidos de la mano. Y una
+tarde, al revolver la calle Imperial, se perdieron, es decir, se perdi&oacute;
+ella, y &eacute;l por poco se muere del susto. Pues un d&iacute;a que iba por la Plaza
+de Provincia, vio el burro de un aguador, suelto: el due&ntilde;o estaba en la
+taberna pr&oacute;xima. Entr&aacute;ronle ganas a Manolito de montarse en el pollino,
+y como lo pens&oacute; lo hizo. Pero el condenado animal, en cuanto sinti&oacute; el
+jinete sali&oacute; escapado, y aunque el chico hac&iacute;a esfuerzos por detenerlo,
+no pod&iacute;a... Total, que lleg&oacute; hasta la calle de Segovia, muy cerca del
+puente. Y no fue que el burro se parara, sino que el jinete se cay&oacute;,
+abri&eacute;ndose la cabeza. Todav&iacute;a ten&iacute;a la se&ntilde;al. Por suerte, los hermanos
+Garc&iacute;a, boteros, que ten&iacute;an su taller de corambres debajo del
+Sacramento, y le vieron caer, le conoc&iacute;an, y recogi&eacute;ndole, le llevaron a
+casa de su abuelito. &iexcl;La que se arm&oacute; all&iacute;! Acord&aacute;base D. Manuel de aquel
+lance como si hubiera ocurrido el d&iacute;a anterior; ve&iacute;a a su abuelito, D.
+Antonio Moreno, que todav&iacute;a usaba chorreras, corbat&iacute;n de suela y casaca
+a todas las horas del d&iacute;a. Hasta en el almac&eacute;n (droguer&iacute;a al por mayor),
+estaba de frac. Pues luego vino el pap&aacute; y estuvo dudando si pegarle o
+no... Lo peor de todo, fue que al asno no se le vio m&aacute;s el pelo, y la
+familia tuvo que pagar por &eacute;l una fuerte indemnizaci&oacute;n. &laquo;Si parece que
+fue ayer&raquo; dec&iacute;a Moreno, toc&aacute;ndose la frente, en el sitio donde estaba la
+cicatriz.</p>
+
+<p>Cuando ya clareaba el d&iacute;a, sinti&oacute; ruido en la casa; mas al punto
+comprendi&oacute; lo que era. &laquo;Ya est&aacute; en pie la <i>rata eclesi&aacute;stica</i>. Ahora se
+va a o&iacute;r siete misas lo menos... y a tratar de t&uacute; a la Sant&iacute;sima
+Trinidad. &iexcl;Pobrecilla, qu&eacute; sacar&aacute; de eso!... Pero en fin, saque o no
+saque, es una felicidad ser as&iacute;...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>Guillermina dio dos golpecitos en la puerta, y abri&eacute;ndola un poco,
+asom&oacute; por ella su cara sonrosada y sus ojos vivos. &laquo;Hijo, al ver la luz
+en tu alcoba, dije: ese pobrecillo estar&aacute; en vela todav&iacute;a. Veo que
+acert&eacute;. &iquest;Qu&eacute; es eso?, &iquest;has pasado otra mala noche?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ves. Pasa. No he dormido nada. &iquest;Y t&uacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?, del lado que me acuesto, amanezco. No duermo m&aacute;s que cuatro
+horas; pero van de un tir&oacute;n. &iquest;No ves que llego a casa rendida? Y lo que
+tengo que cavilar lo cavilo por el d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; felicidad! &iquest;Te vas ahora a misa?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, para lo que gustes mandar&mdash;replic&oacute; la santa; y su semblante reci&eacute;n
+lavado desped&iacute;a tanta frescura como regocijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y tan tranquila...!, porque t&uacute; est&aacute;s muy tranquila... con tus misas
+por la ma&ntilde;ana, y el resto del d&iacute;a dando cada sablazo que tiembla el
+misterio. &iquest;Sabes una cosa?, te tengo envidia... me cambiar&iacute;a por ti...</p>
+
+<p>&mdash;Pues tonto (avanzando hacia &eacute;l), lo que yo hago es lo f&aacute;cil, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s
+tienes que... hacerlo?</p>
+
+<p>&mdash;Si&eacute;ntate un ratito&mdash;dijo Moreno, haci&eacute;ndolo en el sof&aacute; y dando una
+palmada en el asiento&mdash;. M&aacute;s santidad que en o&iacute;r siete misas, hay en
+practicar las obras de misericordia, acompa&ntilde;ando a los enfermos y dando
+un ratito de conversaci&oacute;n a quien se ha pasado toda la noche en vela.
+Dime una cosa. &iquest;C&oacute;mo llevas las obras de tu asilo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no lo sabes? (sent&aacute;ndose). Bien. Gracias a las almas
+caritativas, la construcci&oacute;n va echado chispas. Jacinta lo ha tomado con
+tanto calor, que hoy trabaja m&aacute;s que yo, y maneja el sable con un garbo
+que me deja tama&ntilde;ita.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes unas amigas que valen cualquier cosa. Esta noche he pensado en
+ti y en tus devociones. Te asombrar&aacute;s si te digo que desde la madrugada
+se me ha metido aqu&iacute; un sentimiento desconocido, algo como ganas de
+hacerme religioso, de pensar en Dios, de dedicarme a obras de piedad...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Manolo!... (poni&eacute;ndose muy seria). Si empiezas con tus bromitas, me
+voy.</p>
+
+<p>&mdash;No, no es broma&mdash;replic&oacute; &eacute;l; y ten&iacute;a en su cara tal expresi&oacute;n de
+abatimiento, que la santa se qued&oacute; como lela mir&aacute;ndole...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero est&aacute;s de chanza o...? Manolo, &iquest;en qu&eacute; piensas?... &iquest;Qu&eacute; te pasa?</p>
+
+<p>&mdash;Hay horas en la vida, que parecen siglos por las mudanzas que traen.
+Hace un rato, ver&aacute;s &iexcl;qu&eacute; cosa tan extra&ntilde;a! Me acord&eacute; de un pobre que me
+pidi&oacute; limosna esta ma&ntilde;ana... Era un infeliz que tiene una pierna
+deforme y repugnante, llena de &uacute;lceras... Me pidi&oacute; limosna y le arroj&eacute;
+una moneda de cobre, dici&eacute;ndole con horror: &laquo;Qu&iacute;tese usted de delante de
+m&iacute;, so pillete&raquo;. Pues esta noche he tenido aqu&iacute; la visita de aquel
+hombre... Le he visto, como te estoy viendo a ti, y primero me inspiraba
+repugnancia, despu&eacute;s compasi&oacute;n, y acab&eacute; por decirle: &laquo;&iquest;Quieres cambiarte
+conmigo?&raquo;. Porque con su pierna podrida, su muleta y su libertad,
+disfruta &eacute;l de una tranquilidad que yo no tengo. Su conciencia est&aacute; como
+un charco empozado en el cual no cae jam&aacute;s la piedra m&aacute;s peque&ntilde;a. &iexcl;Pobre
+de m&iacute;!, cambiar&iacute;a con &eacute;l; cambiar&iacute;a mi riqueza por su mendicidad, mi
+coraz&oacute;n enfermo por su pierna inerte, y mi desasosiego por su paz. &iquest;Qu&eacute;
+crees t&uacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Creo que Dios te toca en el coraz&oacute;n&mdash;dijo la dama gui&ntilde;ando los ojos, y
+poniendo sobre la cabeza del triste caballero su mano derecha, en la
+cual ten&iacute;a el libro de misa y el rosario&mdash;. No tienes t&uacute; cara de bromas.
+Alguna procesi&oacute;n muy grande te anda por dentro. Y si otras veces te da
+la vena por decirme herej&iacute;as y hacerme rabiar, no creas que te he tenido
+por malo. Eres un bendito; y si vivieras siempre con nosotras y no te
+pasaras la vida entre protestantes y ateos, t&uacute; ser&iacute;as otro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no sabes que me voy ma&ntilde;ana?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te vas?, &iquest;de veras?&mdash;con vivo desconsuelo&mdash;.</p>
+
+<p>Mal negocio. Buscando siempre la frialdad; huyendo siempre del calor de
+la familia.</p>
+
+<p>&mdash;No, si aqu&iacute; es donde no me quieren&mdash;manifest&oacute; Moreno con aire sombr&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que no te queremos? Vaya con lo que sales... Tont&iacute;n, no digas
+disparates.</p>
+
+<p>&mdash;Mi vida est&aacute; completamente truncada y rota. No hay manera de soldarla
+ya... Cree que si me quisieran yo me quedar&iacute;a aqu&iacute;, yo ser&iacute;a bueno, y
+por darte gusto a ti y a tus amigas, me har&iacute;a muy religioso, muy amigo
+de Dios y de la Virgen; emplear&iacute;a todo mi dinero en obras de caridad,
+proteger&iacute;a la devoci&oacute;n...</p>
+
+<p>El asombro de la santa era tan grande, que no lo pod&iacute;a expresar. Abr&iacute;a
+la boca, maravillada, cual si presenciara un milagro.</p>
+
+<p>&laquo;Pero de veras que t&uacute;... Mira, hijo, si quieres que yo crea en ese
+estado de tu esp&iacute;ritu, es preciso que me lo pruebes...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo he de prob&aacute;rtelo?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver&mdash;dijo la virgen y fundadora, con resoluci&oacute;n&mdash;. &iquest;A que no
+haces una cosa?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que s&iacute; la hago?&mdash;&iquest;A que no te vienes conmigo a San Gin&eacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;A que s&iacute;. Levantose para tirar de la campanilla.</p>
+
+<p>&laquo;Necesito verlo para creerlo&mdash;dijo Guillermina, echando de sus ojos
+chispazos de alegr&iacute;a&mdash;. Deja, yo llamar&eacute; a Tom&aacute;s. El pobre chico no se
+habr&aacute; levantado todav&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que s&iacute;... &iexcl;Tom!...</p>
+
+<p>&mdash;Yo te har&eacute; el t&eacute;... Vamos, vete vistiendo.</p>
+
+<p>Aquella salida matinal le agradaba, porque romp&iacute;a las tediosas rutinas
+de su existencia.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya que si voy a la iglesia... (disponi&eacute;ndose con actividad febril). Y
+oir&eacute; todas las misas que quieras, y rezar&eacute; contigo... Dime, &iquest;no va
+Jacinta a esta hora a San Gin&eacute;s?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, tan temprano no. Un poco m&aacute;s tarde que yo, suele ir B&aacute;rbara.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me alegro de que seamos nosotros los primeros, los m&aacute;s
+madrugadores, los m&aacute;s impacientes por cumplir y santificarnos... &iexcl;Tom!</p>
+
+<p>El ingl&eacute;s entr&oacute;, y a poco, cuando ya su amo estaba vestido, le trajo el
+t&eacute;. Guillermina, sirvi&eacute;ndole el desayuno, le dec&iacute;a: &laquo;Abr&iacute;gate bien, que
+las ma&ntilde;anas est&aacute;n frescas. No sea cosa que por empezar tu vida nueva,
+vayas a coger una pulmon&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor... me he convencido de que vivir es la mayor de las sandeces&mdash;le
+dijo &eacute;l, bajando la escalera&mdash;. &iquest;Para qu&eacute; vive uno? Para padecer. El
+pobre de la pierna es el que lo pasa regularmente. Porque aquello no
+duele. Lleva su pierna por delante como si fuera una cosa bonita que el
+p&uacute;blico desea conocer.</p>
+
+<p>&mdash;Hay mucha miseria&mdash;observ&oacute; la dama, tomando el tema por otro lado&mdash;, y
+los que tenemos qu&eacute; comer nos quejamos de vicio. Mientras m&aacute;s padezcamos
+aqu&iacute;, m&aacute;s gozaremos all&aacute;.</p>
+
+<p>(El mis&aacute;ntropo no dijo nada a esto. Segu&iacute;a tan pensativo.)</p>
+
+<p>&laquo;El mendigo de la pierna se ir&aacute; al Cielo derechito, con su muleta, y
+muchos de los ricos que andan por ah&iacute; en carretela, ir&aacute;n tan muellemente
+en ella a pasearse por los infiernos. Yo le pido a Dios que me d&eacute; la m&aacute;s
+asquerosa de las enfermedades, y... no me quiere hacer caso; siempre tan
+sana. Paciencia; &Eacute;l nos da siempre lo que nos conviene&raquo;.</p>
+
+<p>Tampoco a esto dijo nada Moreno. Entraron en San Gin&eacute;s, y Guillermina se
+fue derecha a la capilla de la Soledad, a punto que empezaba la primera
+misa. Mientras esta dur&oacute;, la ilustre dama, aunque no apartaba su
+atenci&oacute;n del Oficio, pudo advertir que su sobrino estaba tras ella,
+cumpliendo con todo el ritual como cualquier devoto, arrodill&aacute;ndose y
+levant&aacute;ndose en las ocasiones convenientes. Pero a la segunda misa
+observole distra&iacute;do e inquieto. Iba de un lado para otro, examinaba los
+altares y las im&aacute;genes como si estuviera en un museo. Esto la disgust&oacute;,
+y tal fue su incomodidad, que no se atrevi&oacute; a comulgar aquel d&iacute;a, porque
+no se encontraba con el esp&iacute;ritu absolutamente sereno y limpio. Ya en la
+cuarta misa, el caballero aquel, no s&oacute;lo se distra&iacute;a sino que perturbaba
+la devoci&oacute;n de los fieles, pasando delante de los altares, donde se
+dec&iacute;a misa, sin hacer la m&aacute;s ligera genuflexi&oacute;n ni reverencia. &laquo;Tendr&eacute;
+que decirle que se vaya&mdash;pensaba la santa&mdash;. Esa no es manera de estar
+en la iglesia&raquo;.</p>
+
+<p>Hall&aacute;base Moreno contemplando una imagen yacente, encerrada en lujosa
+urna de cristal, cuando sinti&oacute; a su lado este susurro:</p>
+
+<p>&laquo;Bonita efigie &iquest;verdad? Es el Cristo que sacamos en la procesi&oacute;n del
+Santo Entierro&raquo;.</p>
+
+<p>Volviose y vio a su lado a Estupi&ntilde;&aacute;, calado hasta las orejas el gorro
+negro de punto, se&ntilde;alando la imagen con gesto de cicerone.</p>
+
+<p>&laquo;La mortaja de fina holanda la bordaron las se&ntilde;oras Micaelas, y es
+regalo de do&ntilde;a B&aacute;rbara. Escultura soberbia... y es de movimiento, porque
+le clavamos en la cruz o le <i>descendemos</i> seg&uacute;n conviene&raquo;.</p>
+
+<p>Y como el caballero no le dijese nada, Pl&aacute;cido se alej&oacute; rezando entre
+dientes. Sentose en un banco, y desde entonces, sin dejar de atender a
+sus devociones, no le quitaba ojo al se&ntilde;or de Moreno, sin poder
+explicarse su presencia en la parroquia. &laquo;Es lo que me quedaba que
+ver&mdash;dec&iacute;a&mdash;, D. Manolo aqu&iacute;... &iexcl;&eacute;l, que no tiene religi&oacute;n! Es que gusta
+de ver las buenas im&aacute;genes... Por ah&iacute; empec&eacute; yo&raquo;.</p>
+
+<p>Menudo r&eacute;spice le ech&oacute; la fundadora a su sobrino cuando salieron. &laquo;Pero,
+hijo, me has quitado la devoci&oacute;n con tus paseos por la iglesia. Ya dec&iacute;a
+yo que te hab&iacute;as de cansar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues t&iacute;a, para primer d&iacute;a de curso, no puedes quejarte. Todo es
+empezar. Ya ves que o&iacute; una misita. &iquest;Qu&eacute; quer&iacute;as? &iquest;Que fuera como t&uacute;? Te
+aseguro que me satisfizo el ensayo. Pas&eacute; un rato muy agradable, en un
+estado de tranquilidad que me ha hecho mucho bien. &iquest;Te quejas de que me
+paseaba por la iglesia?... Es que cuando uno va a hacer vida nueva, le
+gusta enterarse... Quer&iacute;a yo mirar bien las im&aacute;genes. Cr&eacute;elo; si
+siguiera en Madrid, me har&iacute;a amigo de todas ellas. Me gusta verlas tan
+hermosas, con sus ropas de lujo y sus miradas fijas en un punto. Parece
+que est&aacute;n viendo venir algo que no acaba de venir. Las que nos miran
+parece que nos dicen algo cuando las miramos, y que efectivamente nos
+han de consolar si les pedimos algo. Comprendo el misticismo; lo veo
+claro... &iexcl;Ay!, si yo me quedara aqu&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no te quedas?... &iexcl;Qu&eacute; tonto!&mdash;le dijo la santa con
+desconsuelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Imposible!... me tengo que marchar... Y all&aacute; voy a estar muy triste;
+como si lo viera...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces... qu&eacute;date. &iquest;Quieres que te d&eacute; una ocupaci&oacute;n? Buena falta te
+hace. Te nombro sobrestante de mis obras, administrador de mis colectas
+y sacrist&aacute;n mayor de mi capilla nueva, cuando est&eacute; concluida.</p>
+
+<p>Moreno se ech&oacute; a re&iacute;r con gana.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Monaguillo mayor...! Lo aceptar&iacute;a. Te juro que lo aceptar&iacute;a... Me
+estoy volviendo enteramente infantil. &iexcl;Monaguillo en jefe! Y yo
+encender&iacute;a las velas, yo quitar&iacute;a el polvo a las im&aacute;genes y las pondr&iacute;a
+tan guapas; &iexcl;yo charlar&iacute;a con las beatas...! No lo creer&aacute;s; pero dentro
+de m&iacute; est&aacute; naciendo algo que se compagina muy bien con ese oficio
+humilde&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Si eres t&uacute; un buenazo. La ociosidad, lo mucho que te has divertido y
+el <i>espl&iacute;n</i> ingl&eacute;s te ponen as&iacute;. Y yo te juro que te aburrir&aacute;s m&aacute;s si no
+vuelves a Dios tus miradas. Haz lo que yo, Manolo; dale un puntapi&eacute; al
+mundo; hazte chiquito para ser grande; b&aacute;jate para subir. T&uacute; ya no eres
+pollo; t&uacute; no te has de casar ya. Ni te conviene el andar siempre de
+viaje, como una carta con el sobre mal puesto, que recorre todas las
+estafetas del mundo. Mujeres, &iquest;para qu&eacute; sirven sino de perdici&oacute;n? Ten un
+cuarto de hora de arrojo, y ofr&eacute;cele a Dios lo que te queda de vida. No
+es esto decir que te metas fraile: hay mil maneras de ganarse la dicha
+eterna. Oye lo que se me ocurre. &iquest;Por qu&eacute; no dedicas tu dinero, tu
+actividad y todo tu esp&iacute;ritu a una obra grande y santa, no a una obra
+pasajera, sino a esas que quedan, para bien de la humanidad y gloria de
+Dios? Levanta de nueva planta un buen edificio, un asilo para este o el
+otro fin, por ejemplo, un gran manicomio en que se recoja y cuide a los
+pobrecitos que han perdido la raz&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; tienes la man&iacute;a de los edificios, y quieres peg&aacute;rmela a m&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Es lo primero que se me ha ocurrido. &iquest;Te parece mala idea? Un
+manicomio modelo, como los que habr&aacute;s visto en el extranjero. Aqu&iacute;
+estamos en eso muy atrasados. Har&iacute;as una inmensa obra de caridad, y
+Madrid y Espa&ntilde;a te bendecir&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un manicomio!&mdash;dijo Moreno, sonriendo de un modo que le hel&oacute; la
+sangre a su generosa t&iacute;a&mdash;. S&iacute;, no me parece mal. Y lo estrenar&iacute;amos t&uacute;
+y yo...</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>Despidiose Guillermina a la puerta de la casa, para ir al asilo, y
+&eacute;l subi&oacute;. &iexcl;Cosa m&aacute;s rara! Apenas se cansaba al acometer la escalera.
+Sent&iacute;ase muy bien aquella ma&ntilde;ana, el esp&iacute;ritu confortado, la palpitaci&oacute;n
+muy adormecida, el apetito despierto. Al entrar en su casa, pidi&oacute; m&aacute;s
+t&eacute;, y mientras Tom se lo serv&iacute;a, le dijo en espa&ntilde;ol:</p>
+
+<p>&laquo;Ma&ntilde;ana nos vamos. Haz el equipaje. Avisar&aacute;s a Estupi&ntilde;&aacute;... Que me haga
+el favor de venir, para que me traiga de las tiendas algunas cosillas.
+No puede uno ir de Espa&ntilde;a a Inglaterra sin llevar a los amigos alguna
+chucher&iacute;a que tenga color local&raquo;.</p>
+
+<p>Luego sigui&oacute; hablando consigo mismo: &laquo;Es un mareo. Si no lleva usted
+panderetas con figuras de toros, chulos u otras porquer&iacute;as as&iacute;, se lo
+comen vivo. Veremos si encuentro algunas acuarelas. Tambi&eacute;n necesito
+mantas, mo&ntilde;as de toros, y tratar&eacute; de encontrar alg&uacute;n cacharro de
+car&aacute;cter. No hay peor calamidad que ser amigo de coleccionistas&raquo;.
+Estupi&ntilde;&aacute;, que en aquella temporada frecuentaba el trato de Moreno, por
+haberle este confiado la administraci&oacute;n de su casa de la Cava, se
+present&oacute; dispuesto a llevarle todo el contenido de las tiendas de Madrid
+para que escogiese. Panderetas de las m&aacute;s abigarradas, abanicos y
+algunos cuadritos fueron llegando sucesivamente en todo el transcurso
+del d&iacute;a, y D. Manuel escog&iacute;a y pagaba. Aquello le entretuvo
+agradablemente, y se re&iacute;a pensando en la felicidad que iba a repartir
+entre sus amistades londonenses. &laquo;Esta suerte de picas con el caballo
+pis&aacute;ndose las tripas est&aacute; pintiparada para las de Simpson, que son tan
+marimachos. Esta pandereta, con la chula tocando la guitarra, para
+<i>miss</i> Newton. Si ella viera los originales, &iexcl;qu&eacute; desilusi&oacute;n! Esta
+pareja del andaluz a caballo y la maja en la reja pelando la pava, para
+la sentimental y romancesca <i>mistress</i> Mitchell, que pone los ojos en
+blanco al hablar de Espa&ntilde;a, el pa&iacute;s del amor, del naranjo y de las
+aventuras incre&iacute;bles... &iexcl;Ah!, este D. Quijote reventando a cuchilladas
+los cueros de vino, para el amigo Davidson, que llama a D. Quijote <i>don
+Cuiste</i>, y se las tira de hispan&oacute;filo... Bien, bien. De cacharros
+estamos tal cual. Estos botijos son horribles. Toda la cer&aacute;mica moderna
+espa&ntilde;ola no vale dos cuartos. A ver, Pl&aacute;cido, &iquest;ser&iacute;as t&uacute; capaz de
+buscarme un vestido de torero completo?... Lo quiero para un amigo que
+sue&ntilde;a con pon&eacute;rselo en un baile de trajes... Estar&aacute; hecho un mamarracho.
+Pero a nosotros no nos importa. &iquest;Podr&aacute;s busc&aacute;rmelo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya lo creo&mdash;dijo Pl&aacute;cido, para quien no hab&iacute;a nunca dificultades
+trat&aacute;ndose de compras&mdash;. &iquest;Usado o sin usar?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, sin usar... En fin, como le encuentres...</p>
+
+<p>Sali&oacute; Estupi&ntilde;&aacute; como si Mercurio le hubiera prestado sus alados
+borcegu&iacute;es, y a poco entr&oacute; el dom&eacute;stico, a quien su amo ten&iacute;a tambi&eacute;n
+ocupado en la busca de ciertos encargos. Tom se hab&iacute;a aficionado mucho a
+los toros; no perd&iacute;a corrida, y entre sus amigos contaba a varias
+eminencias del arte del cuerno. Por esto le dio Moreno el encargo de
+buscarle alguna mo&ntilde;a, de las que guardan los aficionados como veneradas
+reliquias, y conven&iacute;a que tuviesen manchas de sangre y muchos pisotones,
+con se&ntilde;ales de la tr&aacute;gica brega. Muy desconsolado entr&oacute; el ingl&eacute;s,
+diciendo que no encontraba mo&ntilde;as ni aun ofreciendo por ellas un ojo de
+la cara.</p>
+
+<p>&laquo;Mira, chico&mdash;le dijo su amo&mdash;, no te apures. Puesto que no se
+encuentran mo&ntilde;as, llevaremos otra cosa. &iquest;Has visto por ah&iacute;, en el Prado
+y Recoletos, a un t&iacute;o muy feo que lleva una cesta y en ella, puestos en
+ca&ntilde;as, formando como un gran &aacute;rbol, multitud de molinillos de papel
+dorado y plateado y de todos los colores...? &iquest;sabes?, &iquest;molinillos que
+dan vueltas con el viento, y que los ni&ntilde;os compran por dos o tres
+peniques? Pues tr&aacute;ete una docena, los llevamos y decimos que esas son
+las mo&ntilde;as que se les ponen a los toros cuando salen a la plaza, brrrr...
+reventando al mundo entero con aquellos cuernos tan afilados... Y se lo
+creen... Si conocer&eacute; yo a mi gente&raquo;.</p>
+
+<p>Tom se re&iacute;a; pero en su interior rechazaba aquella supercher&iacute;a por dos
+m&oacute;viles de conciencia, el m&oacute;vil de la rectitud inglesa y el de la
+formalidad del aficionado a toros. Con el fraude propuesto por su amo se
+comet&iacute;an dos graves faltas, enga&ntilde;ar a una naci&oacute;n y ultrajar el
+respetable arte de la Tauromaquia, el verdadero <i>sport</i> tr&aacute;gico. No s&eacute;
+qu&eacute; se decidi&oacute; de esto. En tanto Rossini llenaba la casa de abanicos y
+panderetas, y Moreno escog&iacute;a y pagaba, entreteni&eacute;ndose luego en
+envolverlos en papeles y en ponerles r&oacute;tulos con el nombre del
+destinatario.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a resuelto hacer muy pocas visitas de despedida, pretextando el mal
+estado de su salud. Despu&eacute;s de almorzar, baj&oacute; al escritorio, y se ocup&oacute;
+de liquidar y poner en claro su cuenta personal. No interven&iacute;a en ning&uacute;n
+negocio; y el trabajo de banca, que en otro tiempo le hab&iacute;a gustado
+tanto, aburr&iacute;ale ya. Pero aquel d&iacute;a pareci&oacute; que se le despertaban las
+aficiones, porque habl&oacute; largamente de negocios con Ruiz Ochoa,
+recomend&aacute;ndole no dejase de interesarse en alguna subasta de pastas de
+oro para el Banco. &laquo;Me parece que este a&ntilde;o he de comprar alg&uacute;n oro...
+Bien pod&eacute;is andar aqu&iacute; con mucho pulso en eso de acu&ntilde;ar tanta plata,
+porque este metal va para abajo y ha de ir mucho m&aacute;s. Al precio que
+tienen aqu&iacute; las libras, vale m&aacute;s expedir oro, y por mi parte, me he de
+llevar todo el que pueda&raquo;. En esto entr&oacute; Ram&oacute;n Villuendas, preguntando a
+c&oacute;mo tomaban las libras, y la conversaci&oacute;n vino a recaer sobre el mismo
+tema. &Eacute;l estaba mandando oro y m&aacute;s oro...</p>
+
+<p>&laquo;Este pico, d&aacute;dselo a Guillermina&raquo; dijo Moreno al ver, en la cuenta de
+alquileres de sus casas, un sobrante con que no contaba.</p>
+
+<p>Entraron otras personas y se habl&oacute; de muy diferentes cosas. Mientras
+dur&oacute; aquella conversaci&oacute;n, pensaba Moreno si ir&iacute;a o no a despedirse de
+los de Santa Cruz. Si no iba, se ofender&iacute;a quiz&aacute;s su padrino, y yendo,
+pod&iacute;an sobrevenirle contrariedades mayores, incluso la de arrepentirse
+del viaje y aplazarlo... No hab&iacute;a m&aacute;s remedio que ir. &iquest;Pero a qu&eacute; hora?
+&iquest;A la de comer? Titubeaba, y de vuelta a su casa, estuvo discurriendo un
+largo rato sobre aquel problema de la hora. &laquo;Adoptado un partido&mdash;se
+dijo&mdash;, lo mejor ser&aacute; que no la vea m&aacute;s en carne y hueso, porque lo que
+es en idea, vi&eacute;ndola estoy a todas horas. &iexcl;Qu&eacute; chiquillo me he
+vuelto!... En fin, tengo tiempo de pensarlo de aqu&iacute; a ma&ntilde;ana, porque lo
+que es hoy, no ir&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>A eso de las cinco fue el mis&aacute;ntropo a una tienda de la Plaza Mayor a
+ver las mantas granadinas con que quer&iacute;a obsequiar a sus amigos
+ingleses. All&iacute; estuvo un cuarto de hora, y el tendero le propuso
+mandarle con Pl&aacute;cido lo mejor que ten&iacute;a, para que escogiese. Ya era casi
+de noche, y val&iacute;a m&aacute;s que el se&ntilde;or examinase de d&iacute;a el g&eacute;nero. As&iacute; se
+convino y volviose a su casa. Al entrar en el portal sinti&oacute; un golpecito
+en el hombro. Era Jacinta que le pegaba un paraguazo. Quedose el buen
+se&ntilde;or como si le hubieran dado un tiro. Quiso hablar y no pudo. Jacinta
+le cogi&oacute; del brazo, y rebasados los primeros escalones, empez&oacute; el
+di&aacute;logo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Con que al fin se va usted?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Al fin me arranco. Ya era tiempo...</p>
+
+<p>&mdash;Pero qu&eacute;, &iquest;se cansa usted mucho hoy...? Pues vamos despacio, m&aacute;s
+despacio si usted quiere... &iexcl;Ah!, ya me ha contado Guillermina que hoy
+estuvo usted muy santito... As&iacute; me gusta a m&iacute; la gente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no fue usted a verme?... &iexcl;Estaba yo m&aacute;s salado...!</p>
+
+<p>&mdash;Si no lo sab&iacute;a. &iquest;Vuelve usted ma&ntilde;ana?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras que va usted a ir a verme?... &iexcl;C&oacute;mo se reir&aacute; de m&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Re&iacute;rme! &iexcl;Qu&eacute; cosas se le ocurren! Ir&eacute; a tomar ejemplo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que no va?&mdash;&iquest;A que s&iacute;?&mdash;Pues all&iacute; me tendr&aacute;, haci&eacute;ndole la
+competencia a Estupi&ntilde;&aacute;... Ver&aacute; usted, ver&aacute; usted... cada d&iacute;a m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cada d&iacute;a! &iquest;Pero no se va usted ma&ntilde;ana?</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad, no me acordaba... Bueno, pues no me ir&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no; le conviene a usted marcharse, y all&iacute; seguir&aacute; haciendo su
+noviciado.</p>
+
+<p>&mdash;All&aacute; no vale.&mdash;&iquest;C&oacute;mo que no vale?&mdash;Porque all&aacute; me cogen por su cuenta
+unas amigas protestantes que tengo, y que quiera que no, me hacen
+renegar... Usted tendr&aacute; la culpa; sobre su conciencia va. &iquest;Conque me
+quedo o me voy?</p>
+
+<p>&mdash;Pues con esa responsabilidad tan grande no me atrevo a aconsejarle.
+Haga usted lo que le parezca mejor... Vaya, por fin llegamos. &iquest;Se ha
+cansado usted mucho?</p>
+
+<p>&mdash;Un poquitito... pero con usted siempre contento. &iquest;Quiere usted volver
+a bajar?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Otra vez?&mdash;S&iacute;, para volver a subir... Como si quisiera usted ir al
+cuarto piso.</p>
+
+<p>&mdash;No me lo perdonar&iacute;a, si usted me acompa&ntilde;aba, fatig&aacute;ndose tanto.</p>
+
+<p>Entraron, y Jacinta se meti&oacute; en el cuarto de la santa. Moreno fuese al
+suyo y se dej&oacute; caer en el sof&aacute;, ech&aacute;ndose el sombrero para atr&aacute;s.
+Pensaba descansar un ratito y pasar luego a la habitaci&oacute;n de
+Guillermina. &laquo;No, no paso; no quiero verla m&aacute;s. &iquest;Para qu&eacute; atormentarme?
+Se acab&oacute;. Pong&aacute;mosle encima una losa&raquo;. Al poco rato, sintiendo que
+Jacinta sal&iacute;a, acercose a la puerta con &aacute;nimo de verla. Pero no puedo
+ver nada. Como a&uacute;n no hab&iacute;an encendido la luz del recibimiento, s&oacute;lo
+columbr&oacute; un bulto, una sobra y pudo o&iacute;r dos o tres palabras que se
+dijeron, al despedirse, Jacinta y la <i>rata eclesi&aacute;stica</i>. Esta fue
+entonces al cuarto de su sobrino, y hallole dando vueltas en &eacute;l. &laquo;&iquest;Qu&eacute;
+tal te encuentras, catec&uacute;meno?&raquo; le dijo con mucho cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Regular, casi bien... Espero dormir esta noche.</p>
+
+<p>&mdash;Rec&oacute;gete temprano.&mdash;Eso pienso hacer... y ma&ntilde;ana... Oye una cosa: &iquest;no
+te ha dicho Jacinta que ma&ntilde;ana pienso volver a San Gin&eacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;No, no me lo ha dicho.&mdash;&iquest;No te ha dicho que ella ir&iacute;a a verme tan
+devoto?</p>
+
+<p>&mdash;No... no hemos hablado una palabra de ti.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ni dijo que hab&iacute;a subido conmigo y que...?</p>
+
+<p>&mdash;No... nada. Moreno sinti&oacute; que la horrible pulsaci&oacute;n de su pecho era
+anegada por una onda glacial. En aquel punto tuvo que sentarse, porque
+le flaqueaban las piernas, y se le desvanec&iacute;a la cabeza.</p>
+
+<p>&laquo;Pues si quieres volver ma&ntilde;ana, yo vendr&eacute; a llamarte. Se entiende, si
+pasas buena noche&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Iremos a pasar un rato&mdash;dijo Moreno de una manera l&uacute;gubre&mdash;, y a
+echarle a mi desesperaci&oacute;n una hora de esparcimiento, como se le echa
+carne a una fiera para que no muerda.</p>
+
+<p>&mdash;Si t&uacute; le pidieras al Se&ntilde;or... pero bien pedido... que te curara esos
+<i>esplines</i>, te los curar&iacute;a... P&iacute;deselo, hijo; &iexcl;pero si sabr&eacute; yo lo que
+me digo!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; has de saber t&uacute;?... &iquest;Qu&eacute; has de saber lo que hay del lado de all&aacute;
+de la puerta negra?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ahora sales con eso?... T&uacute; podr&aacute;s haber perdido parte de la fe; pero
+toda no se pierde nunca. Esas cosas se dicen sin creer en ellas, por
+fatuidad. Con todas sus bromas, si te rascan, aparece el creyente...</p>
+
+<p>&mdash;No, tonta, yo no creo en nada, en nada, en nada&mdash;le dijo Moreno con
+&eacute;nfasis, complaci&eacute;ndose en mortificarla.</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios... Entonces, &iquest;para qu&eacute; vienes conmigo a la iglesia?</p>
+
+<p>&mdash;Toma, por distraerme un rato, por verte a ti, por ver a Estupi&ntilde;&aacute;,
+figuras raras de la humanidad, excentricidades, tipos, como todo esto
+que yo llevo a Londres para los aficionados a lo caracter&iacute;stico y al
+color local.</p>
+
+<p>Guillermina daba suspiros. No quer&iacute;a incomodarse.</p>
+
+<p>&laquo;Para rarezas t&uacute;...&mdash;dijo al fin ech&aacute;ndose a re&iacute;r&mdash;. A ti s&iacute; que te
+deb&iacute;an ense&ntilde;ar por las ferias... <i>a dos reales, un real los ni&ntilde;os y
+soldados</i>. Cree que ganaba dinero el que te expusiera&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Con un cartel&oacute;n que dijese: &laquo;se ense&ntilde;a aqu&iacute; el hombre m&aacute;s desgraciado
+del mundo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Por su culpa, por su culpa; hay que a&ntilde;adir eso. Ser desgraciado y no
+volver los ojos a Dios es lo &uacute;ltimo que me quedaba que ver. Eso es,
+bruto, encen&aacute;gate m&aacute;s; hazte m&aacute;s materialista y m&aacute;s goz&oacute;n, a ver si te
+sale la felicidad... Eres un soberbio, un tonto... Mira, sobrino, me
+voy, porque si no me voy te pego con tu propio bast&oacute;n.</p>
+
+<p>Y &eacute;l estaba tan abstra&iacute;do que ni siquiera la sinti&oacute; salir.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>Comi&oacute; con regular apetito en compa&ntilde;&iacute;a de su hermana y de
+Guillermina. Cuando concluyeron, dijo a esta que hab&iacute;a dado orden en el
+escritorio de que le entregaran el sobrante de su cuenta personal, con
+cuya noticia su puso la fundadora como unas casta&ntilde;uelas, y no pudiendo
+contener su alegr&iacute;a, se fue derecha a &eacute;l, y le dijo: &laquo;&iexcl;Cu&aacute;nto tengo que
+agradecer a mi querido ateo de mi alma! Sigue, sigue d&aacute;ndome esas
+pruebas de tu ate&iacute;smo, y los pobres te bendecir&aacute;n... &iquest;Ateo t&uacute;? &iexcl;Ni
+aunque me lo jures lo he de creer!&raquo;. Moreno se sonre&iacute;a tristemente. Tal
+entusiasmo le entr&oacute; a la santa, que le dio un beso... &laquo;Toma, perdido,
+mas&oacute;n, luterano y anabaptista; ah&iacute; tienes el pago de tu limosna&raquo;.</p>
+
+<p>Sent&iacute;ase &eacute;l tan propenso a la emoci&oacute;n, que cuando los labios de la santa
+tocaron su frente, le entr&oacute; una leve congoja y a punto estuvo de darlo a
+conocer. Estrech&oacute; suavemente a la santa contra su pecho, dici&eacute;ndole: &laquo;Es
+que lo uno no quita lo otro, y aunque yo sea incr&eacute;dulo, quiero tener
+contenta a mi <i>rata eclesi&aacute;stica</i>, por lo que pudiera tronar. Supongamos
+que hay lo que yo creo que no hay... Podr&iacute;a ser... Entonces mi querida
+<i>rata</i> se pondr&iacute;a a roer en un rinc&oacute;n del cielo para hacer un agujerito,
+por el cual me colar&iacute;a yo...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Y nos colar&iacute;amos todos&mdash;indic&oacute; la hermana de Moreno, gozosa, pues le
+hac&iacute;an mucha gracia aquellas bromas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya si le har&eacute; el agujerito!&mdash;dijo Guillermina&mdash;. Roe que te roe me
+estar&eacute; yo un rato de eternidad, y si Dios me descubre y me echa una
+peluca, le dir&eacute;: &laquo;Se&ntilde;or, es para que entre mi sobrino, que era muy
+ateo... de jarabe de pico, se entiende; y me daba para los pobres&raquo;. El
+Se&ntilde;or se quedar&aacute; pensando un rato, y dir&aacute;: &laquo;Vaya, pues que entre sin
+decir nada a nadie&raquo;.</p>
+
+<p>A las diez estaba el mis&aacute;ntropo en su habitaci&oacute;n, disponi&eacute;ndose para
+acostarse. &laquo;&iquest;Se te ofrece algo?&raquo; le dijo su hermana.</p>
+
+<p>&mdash;No. Tratar&eacute; de dormir... Ma&ntilde;ana a estas horas estar&eacute; oyendo cantar el
+<i>botijo e leche</i>. &iexcl;Qu&eacute; aburrimiento!</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hombre, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s te da? Con no compr&aacute;rselo si no te gusta... Si
+esa gente vive de eso, d&eacute;jales vivir.</p>
+
+<p>&mdash;No, si yo no me opongo a que vivan todo lo que quieran&mdash;replic&oacute; Moreno
+con energ&iacute;a&mdash;. Lo que no quita que me cargue mucho, pero mucho, o&iacute;r el
+tal preg&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Vaya por Dios... Otras cosas hay peores y se llevan con paciencia.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s lleg&oacute; Tom, y la hermana de Moreno se retir&oacute; a punto que entraba
+Guillermina con la misma cantinela: &laquo;&iquest;Quieres algo?... A ver si te
+duermes, que no es mal ajetreo el que vas a llevar ma&ntilde;ana. Mira; de
+Par&iacute;s telegraf&iacute;as, para que sepamos si vas bien...&raquo;.</p>
+
+<p>Daba algunos pasos hacia fuera y volv&iacute;a: &laquo;Lo que es ma&ntilde;ana no te llamo.
+Necesitas descanso. Tiempo tienes, hijo, tiempo tienes de darte golpes
+de pecho. Lo primero es la salud&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Esta noche s&iacute; que voy a dormir bien&mdash;anunci&oacute; D. Manuel con esa
+esperanza de enfermo que es gozo empapado en melancol&iacute;a&mdash;. No tengo
+sue&ntilde;o a&uacute;n; pero siento dentro de m&iacute; un cierto presagio de que voy a
+dormir.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo voy a rezar porque descanses. Ver&aacute;s, ver&aacute;s t&uacute;. Mientras est&eacute;s
+all&aacute;, rezar&eacute; tanto por ti, que te has de curar, sin saber de d&oacute;nde te
+viene el remedio. Lo que menos pensar&aacute;s t&uacute;, tont&iacute;n, es que la <i>rata
+eclesi&aacute;stica</i> te ha tomado por su cuenta y te est&aacute; salvando sin que lo
+adviertas. Y cuando te sientas con alguna novedad en tu alma, y te
+encuentres de la noche a la ma&ntilde;ana con todas esas m&aacute;culas ateas bien
+curadas, dir&aacute;s &laquo;&iexcl;milagro, milagro!&raquo; y no hay tal milagro, sino que
+tienes el padre alcalde, como se suele decir. En fin, no te quiero
+marear, que es tarde... Acu&eacute;state prontito, y du&eacute;rmete de un tir&oacute;n siete
+horas.</p>
+
+<p>Le dio varios palmetazos en los hombros, y &eacute;l la vio salir con
+desconsuelo. Habr&iacute;a deseado que le acompa&ntilde;ase alg&uacute;n tiempo m&aacute;s, pues sus
+palabras le produc&iacute;an mucho bien.</p>
+
+<p>&laquo;Oye una cosa... Si quieres llamarme temprano, hazlo... Yo te prometo
+que ma&ntilde;ana estar&eacute; m&aacute;s formal que hoy&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Si est&aacute;s despierto, entrar&eacute;. Si no, no&mdash;dijo Guillermina volviendo&mdash;.
+M&aacute;s te conviene dormir que rezar. &iquest;Necesitas algo? &iquest;Quieres agua con
+az&uacute;car?</p>
+
+<p>&mdash;Ya est&aacute; aqu&iacute;. Ret&iacute;rate, que t&uacute; tambi&eacute;n has de dormir. Pobrecilla, no
+s&eacute; c&oacute;mo resistes... &iexcl;Vaya un trabajo que te tomas!...</p>
+
+<p>Iba a decir &laquo;&iquest;y todo para qu&eacute;?&raquo; pero se contuvo. Nunca le hab&iacute;a sido tan
+grata la persona de su t&iacute;a como aquella noche, y se sinti&oacute; atra&iacute;do hacia
+ella por fuerza irresistible. Por fin se fue la santa, y a poco, Moreno
+orden&oacute; a su criado que se retirara. &laquo;Me acostar&eacute; dentro de un
+ratito&mdash;dijo el caballero&mdash;; pues aunque creo que he de dormir, todav&iacute;a
+no tengo ni pizca de sue&ntilde;o. Me sentar&eacute; aqu&iacute; y revisar&eacute; la lista de
+regalos, a ver si se me queda alguno. &iexcl;Ah!, conviene no olvidar las
+mantas. La hermana de Morris se enfadar&aacute; si no le llevo algo de mucho
+car&aacute;cter...&raquo;. La idea de las mantas llev&oacute; a su mente, por
+encadenamiento, el recuerdo de algo que hab&iacute;a visto aquella tarde. Al ir
+a la tienda de la Plaza Mayor en busca de aquel original art&iacute;culo,
+tropez&oacute; con una ciega que ped&iacute;a limosna. Era una muchacha, acompa&ntilde;ada
+por un viejo guitarrista, y cantaba jotas con tal gracia y maestr&iacute;a, que
+Moreno no pudo menos de detenerse un rato ante ella. Era horriblemente
+fea, andrajosa, f&eacute;tida, y al cantar parec&iacute;a que se le sal&iacute;an del casco
+los ojos cuajados y reventones, como los de un pez muerto. Ten&iacute;a la cara
+llena de cicatrices de viruelas. S&oacute;lo dos cosas bonitas hab&iacute;a en ella:
+los dientes, que eran blanqu&iacute;simos, y la voz pujante, argentina, con
+vibraciones de sentimiento y un dejo triste que llenaba el alma de
+punzadora nostalgia. &laquo;Esto s&iacute; que tiene car&aacute;cter&raquo; pensaba Moreno
+oy&eacute;ndola, y durante un rato tuvi&eacute;ronle encantado las cadencias
+graciosas, aquel amoroso gorjeo que no saben imitar las celebridades del
+teatro. La letra era tan po&eacute;tica como la m&uacute;sica.</p>
+
+<p>Moreno hab&iacute;a echado mano al bolsillo para sacar una peseta. Pero le
+pareci&oacute; mucho, y sac&oacute; dos peniques (digo, dos piezas del perro), y se
+fue.</p>
+
+<p>Pues aquella noche se le representaron tan al vivo la muchacha ciega, su
+fealdad y su canto bonito, que cre&iacute;a estarla viendo y oyendo. La popular
+m&uacute;sica revivi&oacute; en su cerebro de tal modo, que la ilusi&oacute;n mejoraba la
+realidad. Y la jota esparc&iacute;a por todo su ser tristeza infinita, pero que
+al propio tiempo era tristeza consoladora, b&aacute;lsamo que se extend&iacute;a
+suavemente untado por una mano celestial. &laquo;Deb&iacute; darle la peseta&raquo; pens&oacute;,
+y esta idea le produjo un remordimiento indecible. Era tan grande su
+susceptibilidad nerviosa, que todas las impresiones que recib&iacute;a eran
+intens&iacute;simas, y el gusto o pena que de ellas emanaban, le revolv&iacute;an lo
+m&aacute;s hondo de sus entra&ntilde;as. Sinti&oacute; como deseos de llorar... Aquella
+m&uacute;sica vibraba en su alma, como si esta se compusiera totalmente de
+cuerdas armoniosas. Despu&eacute;s alz&oacute; la cabeza y se dijo: &laquo;&iquest;Pero estoy
+dormido o despierto? De veras que deb&iacute; darle la peseta... &iexcl;Pobrecilla!
+Si ma&ntilde;ana tuviera tiempo, la buscar&iacute;a para d&aacute;rsela&raquo;.</p>
+
+<p>El reloj de la Puerta del Sol dio la hora. Despu&eacute;s Moreno advirti&oacute; el
+profund&iacute;simo silencio que le envolv&iacute;a, y la idea de la soledad sucedi&oacute;
+en su mente a las impresiones musicales. Figur&aacute;base que no exist&iacute;a nadie
+a su lado, que la casa estaba desierta, el barrio desierto, Madrid
+desierto. Mir&oacute; un rato la luz, y bebi&eacute;ndola con los ojos, otras ideas le
+asaltaron. Eran las ideas principales, como si dij&eacute;ramos las ideas
+inquilinas, palomas que regresaban al palomar despu&eacute;s de pasearse un
+poco por los aires. &laquo;Ella se lo pierde...&mdash;se dijo con cierta convicci&oacute;n
+enf&aacute;tica&mdash;. Y en el desd&eacute;n se lleva la penitencia, porque no tendr&aacute;
+nunca el consuelo que desea... Yo me consolar&eacute; con mi soledad, que es el
+mejor de los amigos. &iquest;Y qui&eacute;n me asegura que el a&ntilde;o que viene, cuando
+vuelva, no la encontrar&eacute; en otra disposici&oacute;n? Vamos a ver... &iquest;por qu&eacute; no
+hab&iacute;a de ser as&iacute;? Se habr&aacute; convencido de que amar a un marido como el
+que tiene es contrario a la naturaleza; y su Dios, aquel buen Se&ntilde;or que
+est&aacute; acostado en la urna de cristal, con su s&aacute;bana de holanda fin&iacute;sima,
+aquel mismo Dios, amigo de Estupi&ntilde;&aacute;, le ha de aconsejar que me quiera.
+&iexcl;Oh!, s&iacute;, el a&ntilde;o que viene vuelvo... en Abril ya estoy andando para ac&aacute;.
+Ya ver&aacute; mi t&iacute;a si me hago yo m&iacute;stico, y tan m&iacute;stico, que dejar&eacute;
+tama&ntilde;itos a los de aqu&iacute;... &iexcl;Oh!... mi ni&ntilde;a adorada bien vale una misa. Y
+entonces gastar&eacute; un mill&oacute;n, dos millones, seis millones, en construir un
+asilo ben&eacute;fico. &iquest;Para qu&eacute; dijo Guillermina? &iexcl;Ah!, para locos; s&iacute;, es lo
+que hace m&aacute;s falta... y me llamar&aacute;n la <i>Providencia de los
+desgraciados</i>, y pasmar&eacute; al mundo con mi devoci&oacute;n... Tendremos uno, dos,
+muchos hijos, y ser&eacute; el m&aacute;s feliz de los hombres... Le comprar&eacute; al
+Cristo aquel tan lleno de cardenales una urna de plata... y...&raquo;.</p>
+
+<p>Se levant&oacute;, y despu&eacute;s de dar dos o tres paseos, volvi&oacute; a sentarse junto
+a la mesa donde estaba la luz, porque hab&iacute;a sentido una opresi&oacute;n
+molest&iacute;sima. Las pulsaciones, que un instante cesaron, volvieron con
+fuerza abrumadora, acompa&ntilde;adas de un sentimiento de plenitud tor&aacute;cica.
+&laquo;&iexcl;Qu&eacute; mal estoy ahora!... pero esto pasar&aacute;, y me dormir&eacute;. Esta noche voy
+a dormir muy bien... Ya va pasando la opresi&oacute;n. Pues s&iacute;, en Abril
+vuelvo, y para entonces tengo la seguridad de que...&raquo;.</p>
+
+<p>Tuvo que ponerse r&iacute;gido, porque desde el centro del cuerpo le sub&iacute;a por
+el pecho un bulto inmenso, una ola, algo que le cortaba la respiraci&oacute;n.
+Alarg&oacute; el brazo como quien acompa&ntilde;a del gesto un vocablo; pero el
+vocablo, expresi&oacute;n de angustia tal vez, o demanda de socorro, no pudo
+salir de sus labios. La onda crec&iacute;a, la sinti&oacute; pasar por la garganta y
+subir, subir siempre. Dej&oacute; de ver la luz. Puso ambas manos sobre el
+borde de la mesa, e inclinando la cabeza, apoy&oacute; la frente en ellas
+exhalando un sordo gemido. Dejose estar as&iacute;, inm&oacute;vil, mudo. Y en aquella
+actitud de recogimiento y tristeza, expir&oacute; aquel infeliz hombre.</p>
+
+<p>La vida ces&oacute; en &eacute;l, a consecuencia del estallido y desbordamiento
+vascular, produci&eacute;ndole conmoci&oacute;n instant&aacute;nea, tan pronto iniciada como
+extinguida. Se desprendi&oacute; de la humanidad, cay&oacute; del gran &aacute;rbol la hoja
+completamente seca, s&oacute;lo sostenida por fibra imperceptible. El &aacute;rbol no
+sinti&oacute; nada en sus inmensas ramas. Por aqu&iacute; y por all&iacute; ca&iacute;an en el mismo
+instante hojas y m&aacute;s hojas in&uacute;tiles; pero la ma&ntilde;ana pr&oacute;xima hab&iacute;a de
+alumbrar innumerables pimpollos, frescos y nuevos.</p>
+
+<p>Ya de d&iacute;a, Guillermina se acerc&oacute; a la puerta y aplic&oacute; su o&iacute;do. No sent&iacute;a
+ning&uacute;n rumor. No hab&iacute;a luz. &laquo;Duerme como un bendito... Buen disparate
+har&iacute;a si le despertara&raquo;. Y se alej&oacute; de puntillas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="iiid" id="iiid"></a>-III-</h2>
+
+<h2>Disoluci&oacute;n</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>A mediados de Noviembre, Fortunata estaba algo desmejorada.
+Observ&aacute;ndola, Ballester se dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Cuando yo digo que me deb&iacute;a querer a
+m&iacute; en vez de consumir su vida por ese botarate! &iexcl;Qu&eacute; mujeres estas! Son
+como los burros, que cuando se empe&ntilde;an en andar por el borde del
+precipicio, primero lo matan a palos que tomar otro camino&raquo;.</p>
+
+<p>Desde la rebotica, donde estaba trabajando, la vio pasar por la calle:
+&laquo;All&aacute; va la nave. Siempre tan puntual a la citita. Do&ntilde;a Lupe furiosa, el
+pobre Rub&iacute;n ido, y esta paloma volando al tejado del vecino. &iexcl;Qu&eacute; lejos
+est&aacute; ella de que le he descubierto el escondrijo! Trabajillo me cost&oacute;;
+pero me sal&iacute; con la m&iacute;a. Y no es que me proponga delatarla... cosa
+impropia de un caballero como yo. H&aacute;golo para mi gobierno. Yo soy as&iacute;;
+me gusta seguir los pasos de la persona que me interesa... De seguro que
+al volver del tortoleo entra por aqu&iacute;... &iexcl;Ah!, qu&eacute; memoria la tuya,
+Segismundo; ya no te acordabas de que para hoy le prometiste tener
+hechas las p&iacute;ldoras de <i>hatchisschina</i>, que le quieren dar al pobre
+Maxi, a ver si le levantan y aclaran un poco aquellos esp&iacute;ritus tan
+entenebrecidos. Vamos a ello, y que la alegr&iacute;a m&aacute;s expansiva y la m&aacute;s
+placentera ilusi&oacute;n de vida <i>(sacando de un armario el frasco del
+extracto indiano)</i>, iluminen el cacumen de mi infeliz amigo, a la acci&oacute;n
+de este precioso excitante&raquo;.</p>
+
+<p>Dos o tres horas despu&eacute;s de esto, Fortunata entraba en la botica. El
+farmac&eacute;utico observ&oacute; pintada en su semblante la consternaci&oacute;n. Sin duda
+ten&iacute;a una pena grande, grande, horrible, de esas que no pueden
+expresarse sino con la imagen ret&oacute;rica de una espada traspasando el
+pecho. &laquo;Amiga m&iacute;a&mdash;le dijo Ballester&mdash;, no tema usted que la mortifique
+con consuelos vulgares. Usted padece hoy, y no es cosa de poco m&aacute;s o
+menos, sino alguna tribulaci&oacute;n muy gorda lo que usted tiene dentro. No,
+ni me lo niegue. Su cara de usted es para m&iacute; un libro, el m&aacute;s hermoso de
+los libros. Leo en &eacute;l todo lo que a usted le pasa. No valen evasivas. Ni
+pretendo que me conf&iacute;e sus penitas, hasta que no se convenza de que el
+m&eacute;dico llamado a cur&aacute;rselas soy yo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya Ballester&mdash;dijo Fortunata con mal&iacute;simo humor&mdash;. No estoy ahora
+para bromas.</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo... Tiene usted el coraz&oacute;n como si se lo estuvieran apretando
+con una soga...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!, s&iacute;...&mdash;exclam&oacute; con arranque la joven a quien faltaba poco para
+echarse a llorar.</p>
+
+<p>&mdash;Y usted ha llorado, porque los ojos tambi&eacute;n lo est&aacute;n diciendo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... pero d&eacute;jese de tonter&iacute;as y no se meta en lo que no le
+importa. Est&aacute; usted hoy muy agudo.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Siempre lo fue don Garc&iacute;a</i>. Para otras personas tendr&aacute; usted
+secretos, para m&iacute; no. S&eacute; de d&oacute;nde viene usted. S&eacute; la calle, n&uacute;mero de la
+casa y piso... Y si me apura, s&eacute; lo que ha ocurrido. Desaz&oacute;n; que si t&uacute;,
+que si yo; que no me quieres, que s&iacute;, que tira, que afloja, que vira,
+que vuelta; que me enga&ntilde;as, que no, que t&uacute; m&aacute;s, y hemos concluido, y
+adi&oacute;s, y all&aacute; va la lagrimita.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Rub&iacute;n dej&oacute; caer la cabeza sobre el pecho, dando un chapuz&oacute;n
+en el lago negro de su tristeza. Ballester la miraba sin osar decirle
+nada, respetando aquel dolor que por lo muy verdadero no pod&iacute;a
+disimularse. Por fin, Fortunata, como quien vuelve en s&iacute;, se levant&oacute; de
+la silla, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Esas p&iacute;ldoras, &iquest;las ha hecho usted?</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; est&aacute;n (entreg&aacute;ndole la cajita). Y a prop&oacute;sito, a usted no le
+vendr&aacute; mal tomarse una.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... Lo m&iacute;o no va con p&iacute;ldoras... Qu&eacute;dese con Dios; me voy a mi
+casa.</p>
+
+<p>&mdash;Consolarse&mdash;le dijo Segismundo en la puerta&mdash;. La vida es as&iacute;; hoy
+pena, ma&ntilde;ana una alegr&iacute;a. Hay que tener calma, y tomar las cosas como
+vienen, y no ligar todo nuestro ser a una sola persona. Cuando una vela
+se acaba, debe encenderse otra... Conque tengamos valor, y aprendamos a
+despreciar... Quien no sabe despreciar, no es digno de los goces del
+amor... Y por &uacute;ltimo, simp&aacute;tica amiga m&iacute;a, ya sabe que estoy a sus
+&oacute;rdenes, que tiene en m&iacute; el m&aacute;s rendido de los servidores para cuanto se
+le ocurra, amigo diligente, reservad&iacute;simo, buena persona... Abur.</p>
+
+<p>Subi&oacute; la joven a su casa. Do&ntilde;a Lupe no estaba, porque en aquellos d&iacute;as
+iba infaliblemente a las subastas del Monte de Piedad. Maximiliano
+permanec&iacute;a largas horas en su despacho o en la alcoba, sin salir ni
+siquiera a los pasillos, sumergido en una meditaci&oacute;n que m&aacute;s bien
+parec&iacute;a somnolencia, por lo com&uacute;n echado en el sof&aacute;, la vista fija en un
+punto del techo, al modo de penitente visionario. No molestaba a nadie;
+no se resist&iacute;a a tomar el alimento ni las medicinas, someti&eacute;ndose
+silenciosamente a cuanto se le mandaba, como si lo dominante, en aquella
+fase del proceso encef&aacute;lico, fuera la anulaci&oacute;n de la voluntad, el no
+ser nada para llegar a serlo todo. Consider&aacute;ndose sola en la casa,
+Fortunata anduvo de una parte a otra, buscando una ocupaci&oacute;n que la
+distrajera y consolara. Imposible. Mientras m&aacute;s trabajaba, con m&aacute;s
+energ&iacute;a y claridad repet&iacute;a su mente lo que le hab&iacute;a pasado aquella
+ma&ntilde;ana. &laquo;Yo me voy a volver loca&mdash;se dijo poni&eacute;ndose a mojar la ropa&mdash;.
+M&aacute;s loca estoy que el pobre Maxi, y esto me acaba de rematar&raquo;.</p>
+
+<p>Sin que se interrumpiera la acci&oacute;n mec&aacute;nica, el esp&iacute;ritu de la pobre
+mujer reproduc&iacute;a fielmente la escena aquella, con las palabras, los
+gestos y las inflexiones m&aacute;s insignificantes del di&aacute;logo. En medio de la
+reproducci&oacute;n iban coloc&aacute;ndose, como anotaciones puestas al acaso, los
+comentarios que se le ocurr&iacute;an. El trabajo de su cerebro era una
+calenturienta y dolorosa mezcla de las funciones del juicio y de la
+memoria, revolvi&eacute;ndose con desorden y alumbr&aacute;ndose unas a otras con
+aquella claridad de rel&aacute;mpago que a cada instante desped&iacute;an.</p>
+
+<p>&laquo;Tonter&iacute;a grande fue dec&iacute;rselo... &Eacute;l est&aacute; hace tiempo muy fr&iacute;o, y como
+con ganas de romper. &iexcl;Cansado otra vez!, cansado; y all&aacute; por Junio, s&iacute;,
+bien me acuerdo de que era en Junio, porque estaban poniendo los palos
+para el toldo de la procesi&oacute;n del Corpus, me dijo que nunca m&aacute;s me
+dejar&iacute;a, que se avergonzaba de haberme abandonado dos veces, &iexcl;y qu&eacute; s&eacute;
+yo cu&aacute;ntas mentiras m&aacute;s!... Lo que hace ahora es buscar un pretexto para
+llamarse andana... &iexcl;Cristo!, &iexcl;qu&eacute; cara me puso cuando le dije
+aquello...! 'No seas bobito, ni f&iacute;es tanto en la virtud de tu mujer.
+&iquest;Pues qu&eacute; te crees? &iquest;Que no es ella como las dem&aacute;s? Para que lo sepas;
+tu mujer te ha faltado con aquel se&ntilde;or de Moreno, que se muri&oacute; de
+repente, una noche. La suerte tuya fue que dio el estallido; y es que
+los corazones revientan, de la fuerza del querer... Cr&eacute;ete, como Dios es
+mi padre, que la <i>mona del Cielo</i> le quer&iacute;a tambi&eacute;n, y ten&iacute;an sus
+citas... no s&eacute; d&oacute;nde... pero las ten&iacute;an. Tan listo como eres, y a ti
+tambi&eacute;n te la dan...'. &iexcl;Bendito Dios, qu&eacute; cara me puso! &iexcl;Ah!, el amor
+propio y la soberbia le sal&iacute;an a borbotones por la boca...&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s sent&iacute;a claramente en su o&iacute;do la vibraci&oacute;n de aquella r&eacute;plica que
+la hab&iacute;a hecho estremecer, que a&uacute;n la alumbraba, porque las palabras se
+repet&iacute;an sin cesar como la pieza de una caja de m&uacute;sica, cuyo cilindro,
+sonada la &uacute;ltima nota, da la primera. &laquo;&iquest;Pero qu&eacute; te has figurado, que mi
+mujer es como t&uacute;? &iquest;De d&oacute;nde has sacado esa historia infame? &iquest;Qui&eacute;n te ha
+metido en la cabeza esas ideas? Mi mujer es sagrada. Mi mujer no tiene
+mancilla. Yo no la merezco a ella, y por lo mismo la respeto y la admiro
+m&aacute;s. Mi mujer, enti&eacute;ndelo bien, est&aacute; muy por encima de todas las
+calumnias. Tengo en ella una fe absoluta, ciega, y ni la m&aacute;s ligera duda
+puede molestarme. Es tan buena, que sobre serme fiel, tiene la costumbre
+de entregarme todos sus pensamientos para que yo los examine. &iexcl;Ojal&aacute;
+pudiera yo entregarle los m&iacute;os! Y ahora, cuando t&uacute; me traes esos
+absurdos cuentos, me veo tan por bajo de ella, que no puede ser m&aacute;s. T&uacute;
+misma me est&aacute;s castigando con eso de decirme que mi mujer es como t&uacute;, o
+que en algo puede parecerse a ti. Me castigas porque me demuestras la
+diferencia; te comparo con ella, y si pierdes en la comparaci&oacute;n, &eacute;chate
+a ti la culpa... Para concluir, si vuelves a pronunciar delante de m&iacute;
+una palabra sola referente a mi mujer, cojo mi sombrero... y no vuelves
+a verme m&aacute;s en todos los d&iacute;as de tu vida&raquo;.</p>
+
+<p>Comentario: &laquo;&iexcl;Y yo que me hab&iacute;a hecho la ilusi&oacute;n de que no era honrada,
+para salir ahora con que no tengo m&aacute;s remedio que confesar que lo es!
+&iquest;Habr&aacute; visto visiones Aurora? Lo asegura de un modo, que no s&eacute;... Puede
+que se equivoque... Puede que el caballero ese estuviera prendado de
+ella; eso no quiere decir que ella pecase ni mucho menos...&raquo;.</p>
+
+<p>Otra vez sent&iacute;a retumbar en su o&iacute;do las tremendas palabras de <i>aquel</i>:
+&laquo;Si vuelves a pronunciar delante de m&iacute;, <i>etc</i>...&raquo;. Y el comentario
+parec&iacute;a producirse en el cerebro paralelamente a la repetici&oacute;n de la
+fil&iacute;pica: &laquo;&iexcl;Ah!, tuno, no hablabas antes de ese modo. En Junio, s&iacute;, bien
+me acuerdo, todo era <i>te quiero y te adoro</i>, y bastante que nos re&iacute;amos
+de la <i>mona del Cielo</i>, aunque siempre la ten&iacute;amos por virtuosa. &iquest;Que es
+sagrada, dices?... &iquest;Entonces, para qu&eacute; la enga&ntilde;as? &iexcl;Sagrada! Ahora sales
+con eso. <i>Cojo mi sombrero y no me vuelves a ver</i>... Eso es que t&uacute; lo
+quieres hace tiempo. Est&aacute;s buscando un motivo, y te agarras a lo que
+dije. <i>Te comparo con ella, y si pierdes en la comparaci&oacute;n, &eacute;chate a ti
+misma la culpa</i>. Eso es decirme que soy un trasto, que yo no puedo ser
+honrada aunque quiera... &iexcl;C&oacute;mo me requemaba oyendo esto y c&oacute;mo me
+requemo ahora mismo! Se me aprieta la garganta, y los ojos se me llenan
+de l&aacute;grimas. &iexcl;Decirme a m&iacute; esto, a m&iacute;, que me estoy condenando por
+&eacute;l...! Pero, Se&ntilde;or, &iexcl;qu&eacute; culpa tendr&eacute; yo de que esa ni&ntilde;a bonita sea
+&aacute;ngel! Hasta la virtud sirve para darme a m&iacute; en la cabeza. &iexcl;Ingrato!&raquo;.</p>
+
+<p>Reproducci&oacute;n de algo que ella le hab&iacute;a contestado: &laquo;Mira; no lo tomes
+tan a pechos. Podr&aacute; ser mentira. &iquest;Yo qu&eacute; s&eacute;? No creer&aacute;s que lo he
+inventado yo. Para que veas que no me gustan farsas contigo; eso que te
+incomoda tanto, es cosa de Aurora...&raquo;.</p>
+
+<p>Y &eacute;l: &laquo;Como la coja, le arranco la lengua. Es una v&iacute;bora esa mujer, una
+envidiosa, una intrigante. &Aacute;ndate con cuidado con ella&raquo;.</p>
+
+<p>Comentario: &laquo;De veras que estuve muy prudente. No se debe hablar mal de
+nadie sin tener seguridad de lo que se dice. Desde aquel momento no me
+volvi&oacute; a mirar como me mira siempre. Le chaf&eacute; su amor propio. Es como
+cuando se sienta una, sin pensarlo, sobre un sombrero de copa, que no
+hay manera, por m&aacute;s que se le planche despu&eacute;s, de volverlo a poner como
+estaba. Esta s&iacute; que no me la perdona.</p>
+
+<p>Perdona &eacute;l todo; pero que le toquen a su soberbia no lo perdona. &laquo;&iquest;Est&aacute;s
+enfadado?&raquo;.&mdash;&laquo;&iexcl;Si te parece que no debo estarlo...!&raquo;.&mdash;&laquo;Hazte el cargo
+de que no he dicho nada&raquo;.&mdash;&laquo;No puedo; me has ofendido; te has rebajado a
+mis ojos. Como t&uacute; no tienes sentido moral, no comprendes esto. No
+calculas el valor que se quitan a s&iacute; mismas las personas cuando hablan
+m&aacute;s de la cuenta&raquo;.&mdash;&laquo;No me digas esas cosas&raquo;.&mdash;&laquo;Se me salen de la boca.
+Desde que calumniaste a mi mujer, la veneraci&oacute;n y el cari&ntilde;o que le tengo
+se aumentan, y veo otra cosa; veo lo miserable que soy al lado suyo; t&uacute;
+eres el espejo en que miro mi conciencia y te aseguro que me veo
+horrible&raquo;.</p>
+
+<p>Comentario: &laquo;Cuando toma este tonito, le pegar&iacute;a... Eso es decirme que
+soy una indecente. Y siempre que saca estas <i>tiolog&iacute;as</i>, es porque me
+quiere dejar. Y yo no puedo vivir as&iacute;, Dios m&iacute;o; esto es peor que la
+muerte&raquo;.</p>
+
+<p>Reproducci&oacute;n: &laquo;&iquest;Te vas ya?&raquo;.&mdash;&laquo;&iquest;Te parece que es temprano
+todav&iacute;a?&raquo;.&mdash;&laquo;&iquest;Vienes el lunes?&raquo;.&mdash;&laquo;No puedo asegur&aacute;rtelo&raquo;.&mdash;&laquo;Ya empiezas
+con tus ma&ntilde;as&raquo;.&mdash;&laquo;T&uacute; s&iacute; que te pones pesada&raquo;.&mdash;&laquo;No quiero disputar. Dime
+lo que quieras&raquo;.&mdash;&laquo;Si rompemos, no me eches a m&iacute; la culpa, porque eres
+t&uacute; quien la tiene&raquo;.&mdash;&laquo;&iquest;Yo?&raquo;.&mdash;&laquo;S&iacute;, t&uacute;, por salir con alguna patochada
+ordinaria&raquo;.&mdash;&laquo;Bueno, lo que quieras... T&uacute; siempre has de tener raz&oacute;n...
+Adi&oacute;s&raquo;.&mdash;&laquo;Hasta la vista&raquo;.</p>
+
+<p>Y al cabo de un rato, su mente salt&oacute; de improviso con una idea nueva,
+expresada en medio de los ahogos de la desesperaci&oacute;n, como un rayo que
+atraviesa las nubes y moment&aacute;neamente las horada, las ilumina con sus
+refulgentes dobleces. &laquo;&iquest;Pero qu&eacute; demonios es esto de la virtud, que por
+m&aacute;s vueltas que le doy no puedo hacerme con ella y meterla en m&iacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>Entonces advirti&oacute; que no hab&iacute;a mojado la ropa. Su tarea estaba por
+empezar, y los rollos de camisas, chambras y dem&aacute;s prendas continuaban
+delante de ella, muertos de risa, lo mismo que el barre&ntilde;o de agua.
+Papitos, que entr&oacute; en el comedor con los cuchillos ya limpios, fue el
+choque que la hizo salir de su abstracci&oacute;n.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>El d&iacute;a de San Eugenio propuso do&ntilde;a Casta ir de merienda al Pardo;
+pero las de Rub&iacute;n no quer&iacute;an ni o&iacute;r hablar de nada que a diversi&oacute;n se
+pareciese. Bueno ten&iacute;an ellas el esp&iacute;ritu para meriendas. Fueron <i>las
+Samaniegas</i> con <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i>, Quevedo y otros amigos. Por la noche,
+do&ntilde;a Casta se empe&ntilde;aba en que todas hab&iacute;an de comer bellota, de la
+provisi&oacute;n que trajo. Estaban de tertulia en casa de Rub&iacute;n. S&oacute;lo faltaba
+Aurora, a quien Fortunata esperaba con ansia, y siempre que sent&iacute;a pasos
+en la escalera, iba a la puerta para abrirle antes de que llamase. Por
+fin lleg&oacute; la viuda de Fenel&oacute;n, fatigad&iacute;sima. Los encargos en aquel mes
+eran considerables; las bodas aristocr&aacute;ticas menudeaban, y la pobre
+Aurora no pod&iacute;a desenvolverse. Como que por cumplir y hacer las entregas
+a tiempo se hab&iacute;a tra&iacute;do alguna labor para trabajar en su casa. Velar&iacute;a
+hasta las doce o la una. Brindose la de Rub&iacute;n a ayudarla, y con la venia
+de las dos se&ntilde;oras mayores se fueron a la casa pr&oacute;xima. Fortunata
+deseaba estar sola con su amiga para hablar largo y tendido sobre
+diferentes cosas.</p>
+
+<p>Encendieron luz en el gabinete, y sobre una gran mesa que all&iacute; hab&iacute;a,
+por el estilo de las mesas de los sastres, Aurora, sacando sus av&iacute;os, se
+puso a cortar y a preparar. Fortunata la ayudaba a desenvolver los
+patrones y a hilvanarlos sobre la tela. A cada momento se arrancaba
+Aurora del pecho una aguja enhebrada o se la clavaba en &eacute;l, pues el
+pecho era su acerico, y all&iacute; ten&iacute;a tambi&eacute;n una bater&iacute;a de alfileres.
+Extendiendo sus miradas sobre los patrones, con atenci&oacute;n de artista,
+cogiendo ora la aguja, ora las tijeras, ya inclinada sobre la mesa, ya
+derecha y mirando desde lejos el efecto del corte; moviendo la cabeza
+para obtener la oblicuidad de la mirada en ciertas ocasiones, empez&oacute; a
+charlar, arrojando las palabras como un sobrante de la potencia
+espiritual que aplicaba a su obra mec&aacute;nica.</p>
+
+<p>&laquo;Hoy ha sido el funeral. &iexcl;Cosa estupenda, seg&uacute;n me ha dicho Candelaria!
+El catafalco llegaba hasta el techo, y la orquesta era magn&iacute;fica; muchas
+luces... Ah&iacute; tienes para qu&eacute; les sirve el dinero a esos <i>celibatarios</i>
+ego&iacute;stas. Estaban las de Santa Cruz y Ruiz Ochoa, <i>las Trujillas</i>, y qu&eacute;
+s&eacute; yo qui&eacute;n m&aacute;s... Como no nos vemos desde hace muchos d&iacute;as, no te he
+podido contar la impresi&oacute;n que recib&iacute; aquella ma&ntilde;ana. Ver&aacute;s: pasaba yo a
+eso de las ocho y media por la plaza de Pontejos para ir a mi obrador,
+cuando vi que del portal sal&iacute;a despavorido el criado ingl&eacute;s... Seg&uacute;n
+despu&eacute;s supe, iba en busca de mi primo Moreno Rubio, que vive en la
+calle de Bordadores. Yo dije: '&iquest;qu&eacute; pasar&aacute;?' y Samaniego sali&oacute; de la
+tienda preguntando: '&iquest;qu&eacute; hay?'&mdash;'&iquest;C&oacute;mo que qu&eacute; hay?'. El ingl&eacute;s
+entonces, con un terror que no puedo pintarte, nos dijo: 'Se&ntilde;or muerto;
+se&ntilde;or como muerto'. Corri&oacute; all&aacute; Pepe y yo detr&aacute;s. En el portal hab&iacute;a un
+corrillo de gente; unos sal&iacute;an, otros entraban, y todos se lamentaban
+del suceso. Sub&iacute; con Pepe... la puerta estaba abierta. Los gritos de
+Patrocinio Moreno se o&iacute;an desde la escalera. &iexcl;Ay, qu&eacute; paso, hija! Yo
+ten&iacute;a un miedo que no te puedo ponderar. Acerqueme poco a poco a la
+habitaci&oacute;n. All&iacute; estaba la santa, todav&iacute;a con el manto puesto y el libro
+de misa en la mano... Parec&iacute;a una imagen. Y Moreno... no me quiero
+acordar, sentado en una silla junto a la mesa...</p>
+
+<p>Dicen que le encontraron con la cabeza apoyada en las manos, seco,
+r&iacute;gido y sin sangre. No puedo pintarte el horror que me caus&oacute; lo que vi.
+Le hab&iacute;an incorporado en el asiento. Toda la pechera de la camisa estaba
+manchada de sangre, la barba llena de cuajarones... los ojos abiertos.
+(Aqu&iacute; suspendi&oacute; Aurora su trabajo, poniendo todo su esp&iacute;ritu en lo que
+relataba...) No quise entrar. De la puerta me volv&iacute;, y no s&eacute; c&oacute;mo llegu&eacute;
+al taller, porque me iba cayendo por el camino; tal impresi&oacute;n me hizo.
+Hay que reconocer que ese hombre ten&iacute;a que concluir de mala manera; pero
+eso no quita que una le tenga l&aacute;stima. (Volvi&oacute; a poner toda la atenci&oacute;n
+en su trabajo). Estuve muy mala aquel d&iacute;a, y a ratos me entraban ganas
+de llorar. Mal se port&oacute; conmigo, muy mal... &iexcl;Ah!, ya veo yo que todo se
+paga en este mundo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre se&ntilde;or!&mdash;exclam&oacute; Fortunata&mdash;. A m&iacute; tambi&eacute;n me dio l&aacute;stima cuando
+lo supe. Pero, &iquest;no sabes una cosa?, que hoy hemos tenido la gran bronca
+<i>ese</i> y yo, porque le dije aquello...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo de...?&mdash;apunt&oacute; Aurora, suspendiendo otra vez el trabajo, y mirando
+a su amiga con intenci&oacute;n picaresca.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... Se enfad&oacute; tanto, que concluimos mal. &iexcl;Ay, qu&eacute; pena tengo! Porque
+si es calumnia, fig&uacute;rate, &iexcl;qu&eacute; barbaridad ir con esa historia!</p>
+
+<p>&mdash;Calumnia no&mdash;dijo la de Fenel&oacute;n, atendiendo m&aacute;s a su corte&mdash;. Podr&aacute;
+ser equivocaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&iquest;Qui&eacute;n demonios sabe lo que pasa en el interior de la <i>mona</i>? Que el
+difunto Moreno andaba loco por ella, no tiene duda. Falta saber, <i>por
+ejemplo</i>, si ella le correspond&iacute;a o no.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; me dijiste que s&iacute;, y que ten&iacute;an citas...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero te lo dije como una suposici&oacute;n nada m&aacute;s&mdash;replic&oacute; la astuta
+mujer con cierto despego, como si deseara mudar de conversaci&oacute;n&mdash;. T&uacute; te
+precipitaste al llevarle ese cuento. Se habr&aacute; volado. Hay que tener
+tacto, amiga m&iacute;a, y no herir el amor propio de los hombres. Ya deb&iacute;as
+suponer que le sabr&iacute;a mal.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute; qu&eacute; crees?, hablando ahora como si estuvi&eacute;ramos delante de un
+confesor. &iquest;T&uacute; qu&eacute; crees?, &iquest;es, como quien dice, &aacute;ngel o qu&eacute;?</p>
+
+<p>Aurora dej&oacute; las tijeras, y se clav&oacute; en el pecho la aguja enhebrada.
+Despu&eacute;s de calcular su respuesta, la solt&oacute; en esta forma:</p>
+
+<p>&laquo;Pues hablando con verdad, y sin asegurar nada terminantemente, te dir&eacute;
+que la tengo por virtuosa. Si mi primo hubiera vivido, no s&eacute; a d&oacute;nde
+habr&iacute;an llegado las cosas. &Eacute;l hac&iacute;a el trovador de la manera m&aacute;s
+infantil del mundo. &iexcl;Qui&eacute;n lo dir&iacute;a...!, &iexcl;un hombre tan corrido!...
+Ella... no s&eacute;... creo que se re&iacute;a de &eacute;l... Y bien merecido le estaba,
+por pillo. Quiz&aacute;s le miraba con alguna simpat&iacute;a... pero lo que es citas,
+amiga m&iacute;a, me parece que no las hubo, digo, me parece; y si algo de esto
+dije, fue como un <i>tal vez</i>, y me vuelvo atr&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Torn&oacute; a su faena dejando a la otra en la mayor confusi&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Y en &uacute;ltimo resultado&mdash;le dijo despu&eacute;s&mdash;, &iquest;a ti qu&eacute; m&aacute;s te da que sea
+honrada o deje de serlo? Lo que te importa es que &eacute;l te quiera a ti m&aacute;s
+que a ella&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, no...&mdash;exclam&oacute; Fortunata con toda su alma&mdash;, es que si no fuera
+honrada esa mujer, a m&iacute; me parecer&iacute;a que no hay honradez en el mundo y
+que cada cual puede hacer lo que le da la gana... Par&eacute;ceme que se rompe
+todo lo que la ata a una; no s&eacute; si me explico; y que ya lo mismo da
+blanco que negro. Cr&eacute;etelo; esa duda no se me va de la cabeza a ninguna
+hora; siempre estoy pensando en lo mismo, y tan pronto me alegro de que
+sea mala como de que no lo sea. &iexcl;Ah!, no sabes t&uacute; lo que yo cavilo al
+cabo del d&iacute;a. Las cosas que me pasan a m&iacute; no tienen nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Pues para que te tranquilices de una vez&mdash;dijo la otra sin mirarla&mdash;.
+Tenla por honrada, y cuando hables de esto con <i>&eacute;l</i>, hazle entender que
+lo crees as&iacute;, y no aspires a que <i>&eacute;l</i> te d&eacute; su respeto; cont&eacute;ntate con
+el amor.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&iacute;tate de ah&iacute;, mujer&mdash;salt&oacute; Fortunata muy nerviosa&mdash;. Si esto se
+acaba... &iexcl;Si me est&aacute; faltando ese perro! Si en quince d&iacute;as no le he
+visto m&aacute;s que dos veces. Siempre llega tarde, y como de mala gana. &iexcl;Oh!,
+yo le conozco bien las ma&ntilde;as: me le s&eacute; de memoria. Nada, que quiere
+echarme al agua otra vez, lo veo, lo estoy viendo. Hoy se lo dije
+claro, y no me contest&oacute; nada.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces tenemos a <i>la mona del Cielo</i> de enhorabuena.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, no... Me parece que ahora la veleta marca para otro lado. Me
+est&aacute; faltando con alguna que ni su mujer ni yo conocemos. M&aacute;s claro, a
+las dos nos est&aacute; dando el plant&oacute;n <i>hache</i>, y yo estoy que no s&eacute; lo que
+me pasa, m&aacute;s muerta que viva... llena de rabia, llena de celos. No he de
+parar hasta cogerle, y de veras te digo que si le cojo, y si cojo a la
+otra, me pierdo. Yo vengar&eacute; a <i>la mona del Cielo</i>, y me vengar&eacute; a m&iacute;. No
+quisiera morirme sin este gusto.</p>
+
+<p>&mdash;Dime una cosa... &iquest;Te has fijado en determinada mujer?&mdash;le pregunt&oacute; su
+amiga mir&aacute;ndola de hito en hito.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;; esta noche se me ocurri&oacute; si ser&aacute; Sof&iacute;a la Ferrolana, o la Peri,
+o Antonia, esa que estaba con Villalonga.</p>
+
+<p>&mdash;Es natural, piensas en las que conoces. &iquest;Qu&eacute; me das, querida m&iacute;a, si
+te lo averiguo? Al decir esto, Aurora abandon&oacute; todo trabajo y se puso
+delante de su amiga en la actitud m&aacute;s complaciente.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Que qu&eacute; te doy? Lo que t&uacute; quieras. Todo lo que tengo... Te lo
+agradecer&eacute; eternamente&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; pues d&eacute;jame a m&iacute;, que como yo coja el cabo del hilo, hemos de
+llegar a la otra punta. Ver&aacute;s por qu&eacute; lo digo; en mi taller hay una
+chiquilla, muy graciosa por cierto, que me parece, me parece...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En tu taller...!&mdash;S&iacute;; pero no te precipites... No es ella tal vez...
+Quiero decir, que por ella he de coger el cabo del hilo, y ver&aacute;s... ir&eacute;
+tirando, tirando hasta dar con lo que queremos saber. T&uacute; conf&iacute;ate en m&iacute;,
+y no hagas nada por tu parte. Prom&eacute;teme que no te has de meter en nada.
+Sin esa condici&oacute;n, no cuentes conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, yo te lo prometo. Pero me has de decir todo lo que vayas
+averiguando. Te digo que si la cojo... No me importa ir al Modelo; te
+juro que no me importa. Si ya me parece que la tengo entre mis u&ntilde;as...</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Casta entr&oacute;, abriendo la puerta con su llav&iacute;n. Era tarde, y
+Fortunata tuvo que retirarse. Aurora se qued&oacute; trabajando un momento m&aacute;s,
+y dec&iacute;a para s&iacute;: &laquo;Estas tontas son terribles, cuando les entra la rabia.
+Pero ya se aplacar&aacute;. Pues no faltar&iacute;a m&aacute;s... Estar&iacute;a bueno...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Una tarde, do&ntilde;a Lupe vio entrar a su sobrina tan desolada, que no
+pudo menos de &iacute;rsele encima, llena de irascibilidad, no pudiendo sufrir
+ya que no le confiase sus penas, cualquiera que fuese la causa de ellas.
+&laquo;&iquest;Te parece que estas son horas de venir? Y haz el favor, para otra
+vez, de dejarte en la calle tus agon&iacute;as y no pon&eacute;rteme delante con esa
+cara de viernes, pues bastantes espect&aacute;culos tristes tenemos en casa&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata ten&iacute;a su interior tan tempestuoso que no pudo contenerse, y
+estall&oacute; con esa ira pueril que ocasiona las reyertas de mujeres en las
+casas de vecindad. &laquo;Se&ntilde;ora, d&eacute;jeme usted en paz, que yo no me meto con
+usted, ni me importa la cara que usted tenga o deje de tener. Pues
+estamos bien... Que no pueda una ni siquiera estar triste, porque a la
+se&ntilde;ora esta le incomodan las caras afligidas... Me pondr&eacute; a bailar, si
+le parece&raquo;.</p>
+
+<p>No estaba acostumbrada do&ntilde;a Lupe a contestaciones de este temple, y al
+pronto se desconcert&oacute;. Por fin hubo de salir por este registro: &laquo;Eso de
+que me ocupe o no me ocupe, no eres t&uacute; quien lo ha de decidir. &iquest;Pues
+qu&eacute;? &iquest;Han tocado ya a emanciparse? Est&aacute;s fresca. &iquest;Crees que se te va a
+tolerar ese cantonalismo en que vives? &iexcl;Me gustan los humos de la loca
+esta!... Ya te arreglar&eacute;, ya te arreglar&eacute; yo&raquo;.</p>
+
+<p>Estaba la otra tan violenta y ten&iacute;a los nervios tan tirantes, que al
+apartar una silla la tir&oacute; al suelo, y al poner su manguito sobre la
+c&oacute;moda, dio contra un vaso de agua que en ella hab&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Eso es, r&oacute;mpeme la sillita... Mira c&oacute;mo has derramado el agua&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor.&mdash;&iquest;S&iacute;?... Ya te mejorar&eacute; yo, ya te arreglar&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Usted, se&ntilde;ora, se arreglar&aacute; sus narices, que a m&iacute; no me arregla
+nadie...</p>
+
+<p>&laquo;No quiero incomodarme, no quiero alzar tampoco la voz&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe
+levant&aacute;ndose de su asiento&mdash;, porque no se entere ese desventurado&raquo;.
+Sali&oacute; un momento con objeto de cerrar puertas para que no se oyera la
+gresca, y a poco volvi&oacute; al gabinete, diciendo: &laquo;Se ha quedado dormido.
+Si te parece, haz bulla para que no descanse el pobrecito. Te est&aacute;s
+portando... &iexcl;Silencio!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Si es usted la que chilla... Yo bien callada entr&eacute;. Pero se empe&ntilde;a en
+buscarme el genio.</p>
+
+<p>&mdash;Mete ruido, mete ruido. Ni siquiera has de dejar dormir al pobre
+chico.</p>
+
+<p>&mdash;Por mi parte, que duerma todo lo que quiera.</p>
+
+<p>&mdash;Y lo que m&aacute;s me subleva es tu terquedad&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe bajando la
+voz&mdash;, y ese empe&ntilde;o de gobernarte sola, s&iacute;, esa independencia
+est&uacute;pida... T&uacute; te lo guisas y t&uacute; te lo comes. As&iacute; te sabe a demonios.
+Bien empleado te est&aacute; todo lo que te pasa, muy bien empleado.</p>
+
+<p>Tanta turbaci&oacute;n hab&iacute;a en el alma de la esposa de Rub&iacute;n, que la ira
+estaba en ella como prendida con alfileres, y el menor accidente, una
+nada, determinaba la transici&oacute;n de la rabia al dolor, y de la energ&iacute;a
+convulsiva a la pasividad m&aacute;s desconsoladora. Algo se derrumbaba dentro
+de ella, y perdiendo toda entereza, rompi&oacute; a llorar como un ni&ntilde;o a quien
+le descubren una travesura gorda. Do&ntilde;a Lupe se vanaglori&oacute; mucho de aquel
+cambio de tono, que consideraba obra de sus facultades persuasivas.
+Fortunata se dej&oacute; caer en una silla, y m&aacute;s de un cuarto de hora estuvo
+sin articular palabra, oprimiendo el pa&ntilde;uelo contra su cara.</p>
+
+<p>&laquo;Pues s&iacute;, t&iacute;a... es verdad que debiera yo... contarle a usted... No lo
+hice porque me parec&iacute;a impropio. &iexcl;Qu&eacute; barbaridad! Traer a esta casa
+cuentos de... Soy una miserable; yo no debo estar aqu&iacute;... Hasta llorar
+aqu&iacute; por lo que lloro es una canallada. Pero no lo puedo remediar. El
+alma se me deshace. Yo tengo que decirle a alguien que me muero de pena,
+que no puedo vivir. Si no lo digo, reviento... Usted crea lo que
+quiera... pero soy muy desgraciada. Yo s&eacute; que me lo merezco, que soy
+mala, mala de encargo... pero soy muy desgraciada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute; tienes&mdash;le dijo do&ntilde;a Lupe moviendo la mano derecha, con dos dedos
+de ella muy tiesos, en adem&aacute;n enteramente episcopal&mdash;; ah&iacute; tienes lo que
+pasa por no hacer lo que yo te digo... Si hubieras seguido los consejos
+que te di este verano, no te ver&iacute;as como te ves.</p>
+
+<p>La otra estaba tan sofocada, que su t&iacute;a tuvo que traerle un vaso de
+agua.</p>
+
+<p>&mdash;Ser&eacute;nate&mdash;le dec&iacute;a&mdash;, que ahora no te he de re&ntilde;ir, aunque bien lo
+mereces. No, no necesitas explicarme lo que te pasa; justo castigo de
+Dios. &iquest;Crees que no tengo yo pesquis? Me basta verte la cara. Ello ten&iacute;a
+que suceder, porque los malos pasos conducen siempre a malos fines... El
+resultado es que sale todo lo que yo digo. El pecado trae la penitencia.
+Otra vez te da carpetazo ese hombre, &iquest;acert&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... &iexcl;Pero qu&eacute; infame!...</p>
+
+<p>&mdash;Anda, que los dos est&aacute;is buenos. Tal para cual. Las relaciones
+criminales siempre acaban as&iacute;. Uno se encarga de castigar al otro, y el
+que castiga ya encontrar&aacute; tambi&eacute;n su trancazo en alguna parte. Pues
+est&aacute;s lucida... Tras de cornuda, aporreada, y despu&eacute;s sacada a bailar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero qu&eacute; infame!&mdash;volvi&oacute; a decir Fortunata, mirando a su t&iacute;a con los
+ojos llenos de l&aacute;grimas&mdash;. &iquest;Pues no ha tenido el atrevimiento de
+decirme, entre bromas y veras, que yo estaba enredada con Ballester?
+Pretextos, <i>tiolog&iacute;as</i> y nada m&aacute;s. De seguro que no lo cree.</p>
+
+<p>&mdash;Aguanta, que todo te lo tienes bien merecido. Ni vengas a que yo te
+consuele... Acudiendo con tiempo, no digo que no. Abres ahora los ojos y
+te encuentras horriblemente sola, sin familia, sin marido, sin m&iacute;.</p>
+
+<p>Fortunata, con un p&aacute;nico semejante al de quien se est&aacute; ahogando,
+agarrose a la falda de do&ntilde;a Lupe, y vuelta a soltar un raudal de
+l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&laquo;No, no, no... yo no quiero estar sola, triste de m&iacute;. D&iacute;game usted algo,
+siquiera que tenga paciencia, siquiera que me porte ahora bien... S&iacute;, me
+portar&eacute; bien; ahora s&iacute;, ahora s&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora s&iacute;. Vaya, hija, no madrugues tanto. T&uacute; no te acuerdas de Santa
+B&aacute;rbara sino cuando truena. &iquest;Qu&eacute; sacar&iacute;a yo de consolarte ahora y
+corregirte, si el mejor d&iacute;a volv&iacute;as a las andadas?</p>
+
+<p>&mdash;Ahora no... ahora no...&mdash;Quien no te conoce que te compre... Al
+extremo a que han llegado las cosas, me parece que no debo intervenir
+ya, ni tomar vela en ese entierro. Ser&iacute;a hasta indecoroso para m&iacute;.
+Resultar&iacute;a... as&iacute; como cierta complicidad en tus cr&iacute;menes. No, hija, has
+acudido tarde... &iexcl;Te he estado metiendo la indulgencia por los ojos, sin
+que t&uacute; la quisieras ver, y ahora que te ahogas, vienes a m&iacute;...! &iexcl;Ay!, no
+puedo, no puedo.</p>
+
+<p>Y sin decir m&aacute;s, se fue a la cocina, pensando que toda severidad era
+poco contra aquella mujer, y que conven&iacute;a aterrorizarla, a ver si se
+somet&iacute;a al fin de una manera absoluta.</p>
+
+<p>Pronto se hizo de noche. Los d&iacute;as menguaban, entristeciendo el &aacute;nimo de
+los que ya, por otros motivos, estaban tristes. A las seis y media la
+casa estaba a oscuras, y do&ntilde;a Lupe retardaba el encender luces todo lo
+posible. Fortunata, en el cuarto de su marido, y casi a tientas, lleg&oacute;
+al sof&aacute; donde &eacute;l estaba echado, y le pregunt&oacute; si ten&iacute;a ganas de comer,
+sin obtener respuesta. O&iacute;a los suspiros que daba el infeliz, y en una de
+aquellas aproximaciones, Maxi cogi&eacute;ndole las manos, se las apret&oacute; con
+afecto. Algo hab&iacute;a en el alma de Fortunata que respond&iacute;a a tal
+demostraci&oacute;n de ternura. Sent&iacute;a hacia &eacute;l cari&ntilde;o semejante al que inspira
+un ni&ntilde;o enfermo, efusi&oacute;n de l&aacute;stima que protege y que no pide nada.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe trajo luz, y mirando a los esposos con sus ojos encandilados
+por el vivo resplandor de la llama de petr&oacute;leo, dijo, sin duda por
+animar a Maxi con una broma: &laquo;&iquest;Ya est&aacute;is haciendo los tortolitos?... M&aacute;s
+cuenta te tiene comer. &iquest;Quieres que esta coma aqu&iacute; contigo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, yo comer&eacute; aqu&iacute;&mdash;dijo la esposa prontamente&mdash;. Y &eacute;l comer&aacute;
+tambi&eacute;n, &iquest;verdad, hijo? &iquest;Verdad que comer&aacute;s con tu mujer? Ella te
+cortar&aacute; los pedacitos de carne y te los ir&aacute; dando.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo os mandar&eacute; la comida&mdash;indic&oacute; do&ntilde;a Lupe, poniendo la pantalla
+al quinqu&eacute; y acortando la llama&mdash;. Tengo hoy un arroz con menudillos que
+es lo que hay que comer.</p>
+
+<p>En el rato que estuvieron solos, antes de que entrara Papitos con el
+servicio y la sopa, Maxi endilg&oacute; a su mujer algunas frases enteramente
+ce&ntilde;idas al endiablado asunto que constitu&iacute;a su demencia. Fortunata le
+apoy&oacute; en todo, mostr&aacute;ndose muy penetrada de la urgencia de establecer,
+como realidad social, el principio de solidaridad de la sustancia
+divina. A todo dec&iacute;a que s&iacute;, y mientras com&iacute;an, not&oacute; que el enfermo se
+animaba extraordinariamente, llegando hasta mostrarse alegre, locuaz y
+poniendo un singular calor en sus proyectos de apostolado. En un momento
+que sali&oacute; afuera, preguntole Fortunata a su t&iacute;a: &laquo;&iquest;Y le dio usted al fin
+esas p&iacute;ldoras?&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute; por cierto. Esta ma&ntilde;ana en ayunas se tom&oacute; una, y a las cuatro le di
+otra. &iquest;No lo dispuso as&iacute; Ballester...?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... Vea usted por qu&eacute; est&aacute; tan avispado. &iexcl;Vaya con el c&aacute;&ntilde;amo ese!
+Pero los disparates son los mismos; s&oacute;lo que ahora no ve las cosas de un
+modo tan negro sino que las toma por lo risue&ntilde;o.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; al lado de &eacute;l, y le fue dando los menudillos con el tenedor, y &eacute;l
+se los com&iacute;a con gana, sin cesar de hablar y aun de re&iacute;r. Su risa
+pl&aacute;cida no parec&iacute;a la de un demente.</p>
+
+<p>Fortunata sent&iacute;a leve consuelo en su alma, y se dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Si Dios
+quisiera que se pusiera bueno...! Pero c&oacute;mo va Dios a hacer nada que yo
+le pida... &iexcl;Si soy lo m&aacute;s malo que &Eacute;l ha echado al mundo! Para m&iacute; esta
+casa se tiene que acabar. &iquest;A d&oacute;nde me retirar&eacute;? &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de m&iacute;? Pero a
+donde quiera que vaya, me gustar&aacute; saber de este pobrecito, el &uacute;nico que
+me ha querido de verdad, el que me ha perdonado dos veces y me
+perdonar&iacute;a la tercera... y la cuarta... Yo creo que me perdonar&iacute;a
+tambi&eacute;n la quinta, si no tuviera esa cabeza como un campanario. Y esto
+es por culpa m&iacute;a. &iexcl;Ay, Cristo, qu&eacute; remordimiento tan grande! Ir&eacute; con
+este peso a todas partes, y no podr&eacute; ni respirar&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de comer, estaba &eacute;l animad&iacute;simo, cual no lo hab&iacute;a estado en
+mucho tiempo, pero sus conceptos eran de lo m&aacute;s estrafalario que
+imaginarse puede. Como entraran do&ntilde;a Silvia y Rufinita, de visita, do&ntilde;a
+Lupe se fue con ellas a la sala, y los esposos se quedaron solos. Maxi
+se levant&oacute;, y estir&oacute; todo el cuerpo, elevando los brazos. Los huesos
+crujieron, hizo diferentes contorsiones que parec&iacute;an un trabajo de
+gimnasia, y luego volvi&oacute; a sentarse, abrazando a su mujer y qued&aacute;ndose
+ante ella (pues estaba sentado en una banqueta junto al sof&aacute;) en actitud
+semejante a la que toman los amantes de teatro cuando van a decirse algo
+muy bonito en d&eacute;cimas o quintillas.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;Vida m&iacute;a&mdash;le dijo en el tono m&aacute;s dulce del mundo&mdash;, gracias mil
+por el consuelo que me has dado con tus palabras&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no sab&iacute;a qu&eacute; palabras eran aquellas que le hab&iacute;an consolado;
+pero lo mismo daba. Hizo un signo afirmativo, y adelante.</p>
+
+<p>&laquo;Porque estando t&uacute; conforme conmigo, no deseo m&aacute;s. Mis aspiraciones
+est&aacute;n cumplidas. &iexcl;Viva el gran principio de la liberaci&oacute;n por el
+desprendimiento, por la anulaci&oacute;n!...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vivaaa...!&mdash;As&iacute; lo dir&aacute;n las multitudes, cuando esta doctrina se
+propague; pero esto no nos toca a nosotros, sino al que vendr&aacute; despu&eacute;s.
+Cumplamos t&uacute; y yo la ley de morir cuando nos creamos llegados al punto
+de caramelo de la pureza. Matemos a la bestia cuando de ella est&eacute;
+completamente desligada su prisionera, la sustancia espiritual, como del
+erizo se desprende la casta&ntilde;a bien madura.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, hijo, que la mataremos.&mdash;Me gusta verte as&iacute;. &iquest;Hay nada m&aacute;s
+hermoso que la muerte? &iexcl;Morir, acabar de penar, desprenderse de todas
+estas miserias, de tantos dolores y de toda la inmundicia terrenal! &iquest;Hay
+nada que pueda compararse a este bien supremo?... &iquest;Concibe el alma nada
+m&aacute;s sublime?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y despu&eacute;s?&mdash;dijo Fortunata, que aun sabiendo con qui&eacute;n hablaba, o&iacute;a
+con mucho gusto aquella manera de considerar la muerte.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, despu&eacute;s, sentirse uno absolutamente puro, perteneciente a la
+sustancia divina; reconocerse uno parte de ella, y todito con aquel gran
+todo... &iexcl;Qu&eacute; dicha tan grande!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No padecer...!&mdash;murmur&oacute; la pr&oacute;jima inclinando su cabeza sobre el
+pecho de &eacute;l&mdash;. &iexcl;No temer si le hacen a uno esta o la otra perrer&iacute;a...!,
+no verse en agon&iacute;as nunca y gozar, gozar, gozar...</p>
+
+<p>Su mente se dej&oacute; ir en alas de aquella sublime idea, perdi&eacute;ndose en los
+espacios invisibles y sin confines.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Sentir luego la irradiaci&oacute;n del bien en s&iacute;, y contemplarse uno en
+aquel todo et&eacute;reo y sustancial, infinitamente perfecto y sano, hermoso,
+transparente y placentero...!&raquo;.</p>
+
+<p>Esto era ya un poco metaf&iacute;sico, y Fortunata no lo comprend&iacute;a bien. Lo
+accesible para ella era la idea primera: morirse, desprenderse de las
+lacerias de este mundo, y sentirse luego persona id&eacute;ntica a la persona
+viva, gozando todo lo que hay que gozar y amando y siendo amada con
+arrobamientos que no se acaban nunca.</p>
+
+<p>&laquo;Querida m&iacute;a&mdash;le dijo Maxi moviendo mucho la cabeza y los m&uacute;sculos de la
+cara, se&ntilde;al de una fuerte excitaci&oacute;n nerviosa&mdash;; los dos moriremos
+despu&eacute;s que hayamos cumplido nuestra misi&oacute;n. Y para que te penetres bien
+de la tuya, te voy a decir lo que he sabido por revelaci&oacute;n celestial&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se prepar&oacute; a o&iacute;r el gran disparate que su marido anunciaba, y
+puso una carita muy gravemente atenta.</p>
+
+<p>&laquo;Pues yo s&eacute; una cosa que t&uacute; no sabes, aunque quiz&aacute;s lo presientes, y que
+seguramente sabr&aacute;s muy pronto. Quiz&aacute;s hayas empezado a notar alg&uacute;n
+s&iacute;ntoma; pero a&uacute;n tu esp&iacute;ritu no tendr&aacute; m&aacute;s presentimientos de este
+gran suceso&raquo;.</p>
+
+<p>La miraba de tal modo, que ella empez&oacute; a asustarse. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a, Dios,
+qu&eacute; ser&iacute;a? Maxi estuvo un rato en silencio, clavados en ella sus ojos
+como saetas, y por fin le dijo estas palabras que la hicieron
+estremecer: &laquo;T&uacute; est&aacute;s en cinta&raquo;.</p>
+
+<p>Quedose un rato la infeliz mujer como petrificada. Trataba de tomarlo a
+broma, trataba de negarlo; pero para ninguna de estas determinaciones
+ten&iacute;a valor. Terror inmenso llenaba su alma al ver que Maxi dec&iacute;a lo que
+dec&iacute;a con expresi&oacute;n de la m&aacute;s grande seguridad. Pero lo &uacute;ltimo que a
+Fortunata le quedaba que o&iacute;r fue esto, dicho con exaltaci&oacute;n de
+iluminado, y con atroz recrudecimiento de las sacudidas nerviosas de la
+cabeza: &laquo;Ha sido una revelaci&oacute;n. El esp&iacute;ritu que me instruye me ha
+tra&iacute;do anoche esta idea... Misterio bonit&iacute;simo, &iquest;verdad? T&uacute; est&aacute;s
+embarazada... Y t&uacute; lo presumes; mejor dicho, lo sabes, te lo estoy
+conociendo en la cara; lo ocultas porque ignoras que esto no ha de
+arrojar ninguna deshonra sobre ti. El hijo que llevas en tus entra&ntilde;as es
+el hijo del Pensamiento Puro, que ha querido encarnarse para traer al
+mundo su salvaci&oacute;n. Fuiste escogida para este prodigio, porque has
+padecido mucho, porque has amado mucho, porque has pecado mucho.
+Padecer, amar y pecar... ve ah&iacute; los tres infinitivos del verbo de la
+existencia. Nacer&aacute; de ti el verdadero Mes&iacute;as. Nosotros somos nada m&aacute;s
+que precursores, &iquest;te vas enterando?, nada m&aacute;s que precursores, y cuanto
+des a luz, t&uacute; y yo habremos cumplido nuestra misi&oacute;n, y nos liberaremos
+matando nuestras bestias&raquo;.</p>
+
+<p>Del salto se puso Fortunata al otro extremo de la habitaci&oacute;n. Hab&iacute;ale
+entrado tal p&aacute;nico, que por poco sale al pasillo pidiendo socorro. Maxi
+ten&iacute;a la cara descompuesta y transfigurada, y sus ojos parec&iacute;an carbones
+encendidos. Ni siquiera repar&oacute; que su mujer se hab&iacute;a alejado de &eacute;l, y
+continu&oacute; hablando como si a&uacute;n la tuviera al lado. La infeliz, turbada y
+muerta de miedo, se acurruc&oacute; en el rinc&oacute;n opuesto, y cruzadas las manos,
+miraba al desgraciado demente, diciendo para s&iacute;: &laquo;&iquest;En qu&eacute; lo habr&aacute;
+conocido?... Dios, &iexcl;qu&eacute; hombre! &iquest;Ser&aacute; farsa todo esto de la locura?
+&iquest;Ser&aacute; que se finge as&iacute; para poder matarme, sin que la justicia le
+persiga...? &iexcl;Pero c&oacute;mo habr&aacute; descubierto...! &iexcl;Si no lo he dicho a nadie!
+&iexcl;Si no se me conoce nada todav&iacute;a...! &iexcl;Ah!, lo que este hombre tiene es
+mucha picard&iacute;a. Eso de la revelaci&oacute;n lo dice para enga&ntilde;ar a la gente...
+Sin duda se lo figura, se lo teme, o me lo ha conocido no s&eacute; en qu&eacute;...
+&iquest;Lo habr&eacute; dicho yo en sue&ntilde;os?... Aunque no; podr&aacute; haberlo adivinado por
+su propia locura. &iquest;No dicen que las grandes verdades las saben los ni&ntilde;os
+y los locos...? &iexcl;Ay, qu&eacute; miedo me ha entrado! Dios m&iacute;o, l&iacute;brame de esta
+tribulaci&oacute;n. Este hombre me quiere matar y hace todas estas comedias
+para vengarse en m&iacute; y asesinarme a lo b&oacute;bilis b&oacute;bilis...&raquo;.</p>
+
+<p>El iluminado fue hacia su mujer, cogi&eacute;ndola por un brazo. Tal temor
+sent&iacute;a ella, que hasta se encontr&oacute; con fuerzas inferiores a las de su
+marido, que era tan d&eacute;bil. &laquo;Mo&ntilde;uca m&iacute;a&mdash;le dijo apret&aacute;ndole el brazo con
+nerviosa energ&iacute;a, y mir&aacute;ndola con una expresi&oacute;n en que la desdichada
+ve&iacute;a confundidos al amante y al asesino&mdash;. Nos liberaremos, por medio de
+una sangr&iacute;a suelta, desde que hayas cumplido tu misi&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;ndo ser&aacute;?
+All&aacute; por Febrero o Marzo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Debe ser por Marzo&mdash;pens&oacute; Fortunata&mdash;; pero para ti estaba... Ya me
+pondr&eacute; yo en salvo. M&aacute;tate t&uacute;, si quieres, que yo tengo que vivir para
+criarlo, &iexcl;y voy a ser tan feliz con &eacute;l...! Va a ser el consuelo de mi
+vida. Para eso lo tengo, y para eso me lo ha dado Dios... &iquest;Ves c&oacute;mo me
+sal&iacute; con mi idea?... Mi hijo es una nueva vida para m&iacute;. Y entonces no
+habr&aacute; quien me tosa... &iexcl;Oh!, si no lo sintiera aqu&iacute; dentro, yo y t&uacute;
+ser&iacute;amos iguales, tan loco el uno como el otro, y entonces s&iacute; que
+deb&iacute;amos matarnos.</p>
+
+<p>O&iacute;ase el run run de las despedidas de do&ntilde;a Silvia y Rufinita en el
+pasillo. A poco entr&oacute; la de J&aacute;uregui, y vi&eacute;ndola su sobrino, se volvi&oacute;
+al sof&aacute;, dejando a su mujer en pie en medio del cuarto.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; tal?&mdash;dijo do&ntilde;a Lupe&mdash;. &iquest;Hay sue&ntilde;o? Son las once&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ha venido usted a turbar nuestra felicidad&mdash;replic&oacute; Maxi sentado, y
+moviendo las piernas en el aire&mdash;. Mi elegida y yo deseamos estar solos,
+enteramente solos. Los misterios inefables que a ella y a m&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; volteretas son esas que das? (no sabiendo si re&iacute;r o ponerse
+seria). Pareces un saltimbanquis.</p>
+
+<p>&mdash;Que a ella y a m&iacute; se nos han revelado... los misterios inefables,
+digo... nos llevan a un &eacute;xtasis delicioso, de que no pueden participar
+las personas vulgares.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Llamarme a m&iacute; persona vulgar!...</p>
+
+<p>&mdash;La vulgaridad consiste en estar muy apegada a los bienes terrenos...
+es decir, en hacerle mimos a la bestia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute;?, &iquest;tambi&eacute;n vas a dar vueltas de carnero?&mdash;dijo asustada do&ntilde;a
+Lupe, vi&eacute;ndole apoyar las manos en el sof&aacute; y doblar luego la cabeza
+hasta tocar con ella la gutapercha.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo d&eacute;, a usted no le importa, mujer de poca fe... La noche est&aacute;
+fr&iacute;a y necesito que las extremidades entren en calor. Dentro del cr&aacute;neo
+me han encendido un hornillo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ve usted... ve usted...?&mdash;indic&oacute; Fortunata, no recat&aacute;ndose de decirlo
+en alta voz&mdash;. El efecto de esas condenadas p&iacute;ldoras. Creo que no deben
+d&aacute;rsele m&aacute;s. Ya ve usted c&oacute;mo se pone: se le trastorna m&aacute;s el cerebro y
+adivina los secretos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo que adivina los secretos...? Pero, ni&ntilde;o, &iquest;qu&eacute; haces?</p>
+
+<p>Rub&iacute;n se sentaba y se levantaba, dando botes en el asiento, como un
+jinete que monta a la inglesa.</p>
+
+<p>&laquo;All&aacute; por Marzo ser&aacute; el gran suceso, la admiraci&oacute;n del mundo&mdash;gru&ntilde;&iacute;a el
+infeliz, dando vueltas sobre s&iacute; mismo&mdash;. Lo anunciar&aacute; una estrella que
+ha de aparecer por Occidente, y los Cielos y la tierra resonar&aacute;n con
+himnos de alegr&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; est&aacute;s diciendo? Vamos, hijo de mi alma, estate tranquilo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo quisiera saber ahora es d&oacute;nde est&aacute; mi sombrero&mdash;dijo &eacute;l,
+mirando debajo de la mesa y del sof&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y para qu&eacute; quieres el sombrero?</p>
+
+<p>&mdash;Quiero salir, tengo que ir a la calle. Pero lo mismo da salir con la
+cabeza descubierta. Hace un calor horrible.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, v&aacute;monos al Retiro. Fortunata, coge la vela; y t&uacute; por delante.</p>
+
+<p>Y agarr&aacute;ndose al brazo del joven sin ventura, le llevaron a la alcoba.
+Del salto se plant&oacute; Maxi en la cama, qued&aacute;ndose un instante con los
+brazos y las piernas en alto. Despu&eacute;s dejaba caer pesadamente las
+extremidades para volver a levantarlas.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Bonita noche nos va a hacer pasar!&raquo; exclam&oacute; do&ntilde;a Lupe cruzando las
+manos. Fortunata, desalentada y meditabunda, se dej&oacute; caer en el sof&aacute;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;A que no me aciertan ustedes en d&oacute;nde estoy?&mdash;dijo el pobre demente&mdash;.
+Me he ca&iacute;do del Cielo sobre un tejado. &iquest;Qu&eacute; hace mi mujer ah&iacute; que no
+viene en mi socorro?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&iacute; se&ntilde;or, &iexcl;bonita noche!&mdash;repet&iacute;a do&ntilde;a Lupe, echando un suspiro
+por cada palabra.</p>
+
+<p>Intentaron acostarle. Pero no fue posible. Se les escapaba de las manos,
+con viveza de ni&ntilde;o, que a veces parec&iacute;a agilidad de mono. Su risa
+causaba espanto a las dos se&ntilde;oras, y &uacute;ltimamente no se le entend&iacute;a una
+palabra de las muchas que de su boca soltaba atropelladamente,
+pronunci&aacute;ndolas de un modo primitivo, como los chiquillos que empiezan a
+hablar. Por fin el desgaste nervioso hubo de rendirle, y se qued&oacute; quieto
+en el sof&aacute;, con una pierna sobre la mesa, la otra en una silla, la
+cabeza debajo de un coj&iacute;n, y los brazos extendidos en cruz. Una mano
+daba contra el suelo, y ten&iacute;a la otra metida debajo del cuerpo, dando al
+brazo una vuelta que parec&iacute;a inveros&iacute;mil. No quisieron ellas variarle la
+dif&iacute;cil postura, temiendo que si le tocaban, se alborotar&iacute;a de nuevo y
+les dar&iacute;a otra jaqueca. Do&ntilde;a Lupe dormitaba, sentada en una silla junto
+a la cama del matrimonio; pero Fortunata no peg&oacute; los ojos en toda la
+noche.</p>
+
+<p>Ya amanec&iacute;a cuando le acostaron. Apenas daba acuerdo de s&iacute;, y gem&iacute;a, al
+moverse, como si tuviera molido a palos su ruin y desdichado cuerpo.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>Creo que fue el d&iacute;a de la Concepci&oacute;n cuando Rub&iacute;n sali&oacute; de su
+cuarto con un cuchillo en la mano detr&aacute;s de Papitos, diciendo que la
+hab&iacute;a de matar. El susto de la t&iacute;a y de Fortunata fue muy grande, y les
+cost&oacute; trabajo quitarle el arma homicida, que era un cuchillo de la mesa,
+con el cual no era f&aacute;cil quitar la vida a nadie. Pero el paso fue
+terrible, y los chillidos de Papitos se oyeron en toda la vecindad.
+Sali&oacute; despavorida del cuarto del se&ntilde;orito, y &eacute;l detr&aacute;s, fr&iacute;o y resuelto,
+como si fuera a hacer la cosa m&aacute;s natural del mundo. La mona se refugi&oacute;
+entre las faldas de su ama, gritando: &laquo;&iexcl;Que me mata, que me quiere
+matar!&raquo; y Fortunata corri&oacute; a sujetarle, lo que no hubiera conseguido a
+pesar de su superioridad muscular, sin la ayuda de do&ntilde;a Lupe. La
+resistencia de &eacute;l era puramente espasm&oacute;dica, y mientras se defend&iacute;a de
+los cuatro brazos que quer&iacute;an contenerle y arrancarle el cuchillo, dec&iacute;a
+con voz ronca: &laquo;Le siego el pescuezo y la...&raquo;. Despu&eacute;s se supo que
+Papitos ten&iacute;a la culpa, porque le hab&iacute;a irritado, contradici&eacute;ndole
+est&uacute;pidamente. Do&ntilde;a Lupe lo sospech&oacute; as&iacute;, y mientras Fortunata se le
+llevaba otra vez a su cuarto, procurando calmarle, la se&ntilde;ora cogi&oacute; a la
+chiquilla por su cuenta, y con la persuasi&oacute;n de tres o cuatro pellizcos,
+h&iacute;zole confesar que ella era culpable de lo ocurrido. &laquo;Mire,
+se&ntilde;ora&mdash;replicaba ella bebi&eacute;ndose las l&aacute;grimas&mdash;; &eacute;l fue quien empez&oacute;,
+porque yo no chist&eacute;. Estaba recogiendo el servicio, y &eacute;l salt&oacute; contra
+m&iacute;, dici&eacute;ndome que para arriba y que para abajo... Yo no lo entend&iacute;a y
+me ech&eacute; a re&iacute;r... Pero <i>dimpu&eacute;s</i> sali&oacute; con unos disparates muy gordos.
+&iquest;Sabe, se&ntilde;ora, lo que dijo? Que la se&ntilde;orita Fortunata iba a tener un
+ni&ntilde;o, y qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute; m&aacute;s. No pude <i>por menos</i> de soltar la carcajada, y
+entonces fue cuando <i>garr&oacute;</i> el cuchillo y sali&oacute; tras de m&iacute;. Si no doy un
+<i>blinco</i>, me divide&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; vete a la cocina, y aprende para otra vez. A todo lo que &eacute;l
+diga, por disparatado que sea, dices t&uacute; <i>am&eacute;n</i>, y siempre <i>am&eacute;n</i>.</p>
+
+<p>Aquel hecho era quiz&aacute;s s&iacute;ntoma de un nuevo aspecto de locura, y las dos
+se&ntilde;oras no cab&iacute;an ya en su pellejo, de temor y zozobra. No pasaron ocho
+d&iacute;as sin que el caso se repitiera. Maxi pudo apoderarse de un cuchillo,
+y fue hacia su t&iacute;a, diciendo que la quer&iacute;a <i>liberar</i>. Gracias a que
+estaba all&iacute; el Sr. Torquemada, no fue dif&iacute;cil desarmarle; pero el susto
+no hab&iacute;a quien se lo quitara a do&ntilde;a Lupe, que tuvo que tomarse una taza
+de tila. Por cierto que la se&ntilde;ora se conceptuaba infeliz entre todas
+las se&ntilde;oras y damas de la tierra, por las muchas pesadumbres que sobre
+su alma ten&iacute;a. No era s&oacute;lo el estado lastimos&iacute;simo del m&aacute;s querido de
+sus sobrinos; otras cosas la mortificaban atrozmente, abatiendo su
+grande esp&iacute;ritu. Entre Fortunata y ella mediaron ciertas palabras que
+imposibilitaban absolutamente toda concordia.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Vaya&mdash;le dijo do&ntilde;a Lupe una noche&mdash;, que te est&aacute;s luciendo! &iquest;A qu&eacute;
+esas reservas, cuando m&aacute;s indicada estaba la confianza? &iquest;C&oacute;mo es que lo
+ha sabido Maximiliano, que est&aacute; demente, antes que yo, que estoy en mi
+sano juicio? &iquest;A qu&eacute; esos escondites conmigo?&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de una larga pausa, Fortunata, con much&iacute;simo trabajo, se
+determin&oacute; a responder esto: &laquo;Yo no se lo he dicho. &Eacute;l lo adivin&oacute;. Esto
+no pod&iacute;a yo decirlo a nadie de esta casa, y a &eacute;l menos...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y a &eacute;l menos!&mdash;repiti&oacute; do&ntilde;a Lupe, clavando en la delincuente sus
+miradas como flechas.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, porque &eacute;l no deb&iacute;a saberlo nunca&mdash;prosigui&oacute; la otra haciendo el
+&uacute;ltimo esfuerzo&mdash;. A usted pensaba yo dec&iacute;rselo, pero no me determin&eacute;
+por la verg&uuml;enza que me daba. Ahora que lo sabe, lo que tengo que hacer
+es pedirle que tenga compasi&oacute;n de m&iacute;, recoger mi ropa y marcharme de
+esta casa. Ahora s&iacute; que ser&aacute; para siempre.</p>
+
+<p>La viuda de J&aacute;uregui se tom&oacute; tiempo para dar contestaci&oacute;n a estas
+grav&iacute;simas palabras. Un sin fin de ideas se le meti&oacute; en la cabeza, y
+estuvo aturdida largo rato, sin saber con cu&aacute;l de ellas quedarse. El
+rompimiento definitivo le arrancaba una tira de su coraz&oacute;n, con dolor
+agud&iacute;simo, por no serle posible retener las cantidades que Fortunata
+hab&iacute;a puesto en sus manos. La elasticidad de su conciencia no llegaba
+nunca a sus estirones a la apropiaci&oacute;n de lo ajeno, ni directa ni
+indirectamente. Lo ajeno era sagrado para ella, y aunque aumentase lo
+suyo cuanto pudiera a costa del pr&oacute;jimo, jam&aacute;s llegaba a la absorci&oacute;n de
+lo que se le confiaba. Devolver&iacute;a, pues, lo que se le hab&iacute;a entregado,
+con los aumentos que a su buena administraci&oacute;n se deb&iacute;an. Cierto que
+esta devoluci&oacute;n era para ella un trance doloroso, algo como la
+separaci&oacute;n de un hijo que se va a la guerra a que le maten, pues aquel
+<i>guano</i>, entregado a su due&ntilde;o, pronto se perder&iacute;a en el desorden y los
+vicios.</p>
+
+<p>Pero si esta pena la estimulaba a transigir una vez m&aacute;s, su decoro y m&aacute;s
+a&uacute;n su amor propio se sublevaban airados contra aquella infame, que
+tra&iacute;a al hogar dom&eacute;stico hijos que no eran de su marido. Esto no se
+pod&iacute;a sufrir sin cubrirse de bald&oacute;n; esto no lo tolerar&iacute;a do&ntilde;a Lupe,
+aunque tuviera que dar, no s&oacute;lo el dinero ajeno, sino el propio... Tanto
+como el propio, no, vamos; pero en fin, as&iacute; lo pensaba para poder
+expresar de una manera enf&aacute;tica su grand&iacute;simo enojo.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; dir&iacute;a la gente!... &iexcl;qu&eacute; las amigas, ante quienes do&ntilde;a Lupe oficiaba
+como guardadora de la moralidad y de los buenos principios! Cierto que
+para el mundo la situaci&oacute;n que crear&iacute;a la maternidad de la de Rub&iacute;n
+ser&iacute;a una situaci&oacute;n legal, toda vez que Maxi, enfermo y encerrado quiz&aacute;
+para entonces en un manicomio, no hab&iacute;a de llamarse a enga&ntilde;o; pero en
+este caso, la afrenta ser&iacute;a mayor por a&ntilde;adirse a ella la mentira. Y
+todos tendr&iacute;an a do&ntilde;a Lupe por encubridora, y le cortar&iacute;an lindos sayos.
+Si ya le parec&iacute;a a ella o&iacute;rlo: &laquo;Miren esa, tan orgullosa y r&iacute;gida,
+tapando el matute que la otra bribona ha introducido en su casa. Lo har&aacute;
+por la cuenta que le tiene. El padre de la criatura es hombre rico y
+habr&aacute; pagado bien el alijo&raquo;. La idea de que pudieran decir esto hac&iacute;a
+brotar de la frente augusta de la viuda gotas de sudor del tama&ntilde;o de
+garbanzos.</p>
+
+<p>&laquo;Ella misma&mdash;pens&oacute;&mdash;, no se ha recatado para decirme que el pobre Maxi
+est&aacute; tan inocente de esto como yo. Lo cantar&aacute; lo mismo a todo el mundo,
+porque ella es as&iacute;, muy bocona... Pero entre dos afrentas, prefiero que
+le haya dado por pregonar la verdad, pues as&iacute; no har&aacute; cat&aacute;logos la
+gente, ni tendr&aacute; nadie que decir si el chico es o no es...&raquo;.</p>
+
+<p>De todo esto se deduc&iacute;a que aquella p&iacute;cara hab&iacute;a tra&iacute;do una maldici&oacute;n a
+la casa; ella ten&iacute;a la culpa de la demencia de Maxi. Bien lo vaticin&oacute;
+do&ntilde;a Lupe: mucha mujer para tan poco hombre. Naturalmente, el pobre
+chico ten&iacute;a que morirse o perder la cabeza. Lo que hab&iacute;a que desear ya
+era que la pr&oacute;jima se perdiese completamente de vista; que entre la
+familia y ella mediasen abismos infranqueables; que pudiera decir do&ntilde;a
+Lupe a los amigos: &laquo;esa mujer se ha muerto para m&iacute;&raquo;. La sombra de
+J&aacute;uregui parec&iacute;a venir en ayuda de las determinaciones de su ilustre
+viuda, porque a esta le faltaba poco para ver a su marido salirse de
+aquel cuadro en que retratado estaba, tomar vida y voz para decirle: &laquo;Si
+no arrojas de tu casa a esa p&aacute;jara, me voy yo, me borro de este lienzo
+en que estoy, y no me vuelves a ver m&aacute;s. O ella o yo&raquo;. Y cuando la
+p&aacute;jara repiti&oacute; que se marchaba, do&ntilde;a Lupe no pudo menos de decirle con
+acritud: &laquo;&iquest;Pero qu&eacute; haces que no has echado ya a correr?... Francamente,
+me pasma que tengas pachorra para estar aqu&iacute; todav&iacute;a. Otra de m&aacute;s
+frescura no habr&aacute;&raquo;. Llev&aacute;ndola a su gabinete le habl&oacute; de la entrega de
+las cantidades que en su poder ten&iacute;a. Fortunata dijo con mucha calma y
+frialdad que no se llevaba el dinero y que s&oacute;lo tomar&iacute;a los r&eacute;ditos.
+&laquo;&iquest;C&oacute;mo voy a colocarlo yo? T&eacute;ngalo usted; yo guardo el recibo y vendr&eacute;
+todos los trimestres a recoger el premio&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe abri&oacute; tanta boca, que por poco se le entra una mosca en ella.
+Su primer impulso fue negarse a ser administradora y apoderada de
+semejante persona; pero tal prueba de confianza la anonadaba. Insisti&oacute;
+en dar el dinero; insisti&oacute; m&aacute;s la otra en dejarlo en manos que tan bien
+lo sab&iacute;an aumentar, y as&iacute; qued&oacute; el asunto. <i>La de los Pavos</i> tem&iacute;a que
+entre ella y su sobrina quedase aquella relaci&oacute;n, aquel cable
+telegr&aacute;fico, por donde vinieran a comunicarse la honradez m&aacute;s pura y la
+inmoralidad. Conservar el dinero era sostener una especie de
+parentesco... &iexcl;Oh!, no, esto parec&iacute;a como transacci&oacute;n con la afrenta.
+Pero al propio tiempo, entregar los santos cuartos a su due&ntilde;a era lo
+mismo que tirarlos a la calle. Sus amantes se los gastar&iacute;an en un decir
+Jes&uacute;s... y era l&aacute;stima que tan bonito capital se destruyese.</p>
+
+<p>Mucho se disput&oacute; sobre esto, haciendo ambas alardes de delicadeza; pero,
+al fin, el dinero qued&oacute; en poder de do&ntilde;a Lupe. Ascend&iacute;a la suma a
+treinta mil reales, los veinte mil dados por Feijoo, y diez mil y pico
+que hab&iacute;an producido desde aquella fecha, colocados por Torquemada en
+pr&eacute;stamos a militares. Precisamente en los d&iacute;as &uacute;ltimos del a&ntilde;o, cuando
+ocurri&oacute; lo que ahora se cuenta, casi toda la suma estaba sin colocar, y
+la ten&iacute;a la se&ntilde;ora en su c&oacute;moda, esperando una <i>proporci&oacute;n</i>, que D.
+Francisco ten&iacute;a en tratos con un se&ntilde;or comandante. La suma que pose&iacute;a
+Fortunata en acciones del Banco, se conservaba en esta misma forma,
+porque as&iacute; lo hab&iacute;a dispuesto D. Evaristo. Guardaba la t&iacute;a de Maxi el
+extracto de la inscripci&oacute;n en un hueco de su vargue&ntilde;o, y no se sacaba
+sino al fin de los semestres, para ir al Banco a cobrar el dividendo.
+Sobre esta clase de valores no hubo disputa entre las dos mujeres,
+porque desde luego pens&oacute; Fortunata llev&aacute;rselos, y la otra no gustaba de
+conservar fondos de que no pod&iacute;a disponer para sus ingeniosas
+combinaciones financieras. La custodia de la inscripci&oacute;n le molestaba y
+la pon&iacute;a tan en cuidado sin ning&uacute;n beneficio, que no sinti&oacute; verla salir
+de su casa. Los treinta mil reales quedaron bien agasajaditos en un
+rinc&oacute;n de la c&oacute;moda. Eran para do&ntilde;a Lupe como un hijo adoptivo a quien
+quer&iacute;a como a los hijos propios.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>La evasi&oacute;n (pues as&iacute; debe llam&aacute;rsela) de su mujer, no fue notada
+por Maxi en los primeros d&iacute;as. Pero cuando se hizo cargo de ella,
+manifest&oacute; una inquietud que puso a la pobre do&ntilde;a Lupe en mayor
+aburrimiento del que ten&iacute;a. Pens&oacute; seriamente en llevar a su infeliz
+sobrino a un manicomio. Mucha pena le daba separarse de &eacute;l, entreg&aacute;ndole
+a la asistencia de gentes mercenarias; pero no hab&iacute;a otro remedio. Para
+tratar de esto y acordar lo m&aacute;s conveniente, llam&oacute; a Juan Pablo, que a
+la saz&oacute;n hab&iacute;a pasado de Penales a Sanidad, y podr&iacute;a tal vez poner a su
+hermano en Legan&eacute;s, en un departamento de distinguidos, con pago de
+media pensi&oacute;n o quiz&aacute;s sin pagar un cuarto.</p>
+
+<p>Entre tanto, Fortunata, al salir de la casa de su marido, y antes de
+dirigirse a su nueva morada, encamin&oacute; sus pasos a la de D. Evaristo. Era
+este la primera persona a quien ten&iacute;a que consultar sobre la cr&iacute;tica
+situaci&oacute;n en que se encontraba. Referirle lo ocurrido era ya para ella
+un verdadero castigo de su perversidad, porque de s&oacute;lo pensar que lo
+refer&iacute;a, le entraba espanto. &iexcl;Bueno se iba a poner Feijoo, al saber que
+la chulita hab&iacute;a hecho mangas y capirotes de la doctrina pr&aacute;ctica
+expuesta con tanto ardor y cari&ntilde;o por el simp&aacute;tico anciano, cuando
+dispuso la separaci&oacute;n! &iexcl;Cu&aacute;nto mejor no haberse separado de aquel hombre
+sin igual! &iexcl;Ella le habr&iacute;a soportado en su vejez caduca, y habr&iacute;a sido
+feliz cuid&aacute;ndole como se cuida a un ni&ntilde;o inocente! Al llegar a la Plaza
+de los Carros, y al ver la calle de Don Pedro, pens&oacute; que no tendr&iacute;a
+valor para contarle a su amigo sus &uacute;ltimas calaveradas. Subi&oacute; temblando
+por la ancha escalera, que estaba aquel d&iacute;a alfombrada y con muchos
+tiestos, porque la noche antes se hab&iacute;a celebrado en la legaci&oacute;n, con
+gran comistraje y mucha fiesta, el aniversario del Emperador.</p>
+
+<p>As&iacute; se lo dijo do&ntilde;a Paca a Fortunata, cuando esta le pregunt&oacute; por su
+amo. &laquo;Anoche ha estado muy inquieto, porque hemos tenido convite y
+recepci&oacute;n en el principal y los coches no cesaron de alborotar en la
+calle hasta la madrugada. Esta casa es ordinariamente muy silenciosa;
+pero cuando hay ruido, parece que se hunde el mundo. &iexcl;Fig&uacute;rese usted qu&eacute;
+nos importar&aacute; a nosotros que cumpla no s&eacute; cu&aacute;ntos a&ntilde;os ese se&ntilde;or
+Emperador, a quien parta un rayo! &iexcl;Valiente jaqueca nos dio anoche!...
+Pase usted. Hoy le encontrar&aacute; un poco aturdido a consecuencia de la mala
+noche&raquo;.</p>
+
+<p>Don Evaristo se hallaba ya en lastimoso estado. Las piernas las ten&iacute;a
+casi completamente paralizadas, y sal&iacute;a a paseo en un cochecillo o
+sill&oacute;n de ruedas, que empujaba su criado. Iba a las Vistillas a tomar el
+sol, y a veces se extend&iacute;a hasta la Plaza de Oriente por el Viaducto. Al
+centro de la Villa no ven&iacute;a nunca, y para las relaciones y amistades que
+en las partes m&aacute;s animadas de Madrid ten&iacute;a, aquella existencia
+paral&iacute;tica y con tantos achaques, aquella vida circunscrita al barrio
+extremo, eran como una muerte anticipada, pues del verdadero Feijoo, tal
+como le conocimos, no quedaba ya m&aacute;s que una sombra. Estaba
+completamente sordo, teniendo que auxiliarse de una trompetilla para
+recoger algunos sonidos; su inteligencia sufr&iacute;a eclipses, y la memoria
+se le perd&iacute;a en ocasiones casi por completo, qued&aacute;ndose en la tristeza
+del instante presente, sin ayer, sin historia, como si cayera de una
+nube en mitad de la vida, a la manera de un b&oacute;lido. Sus distracciones
+eran ya puramente pueriles. Se pasaba las horas muertas haciendo el
+juego del <i>bilboquet</i>, o bien entretenido en enredar con los muchos
+gatos que hab&iacute;a en la casa. Todas las cr&iacute;as de la hermosa <i>menina</i> de
+do&ntilde;a Paca se conservaban, al menos mientras les duraba el donaire de la
+infancia gatesca. Sentado al sol junto al balc&oacute;n en su sill&oacute;n muy
+c&oacute;modo, Feijoo arrojaba a sus graciosos amigos una pelota atada con un
+hilo, y se divert&iacute;a con las mon&iacute;simas cabriolas y morisquetas que hac&iacute;an
+los peque&ntilde;uelos. Otras veces les tiraba la pelota a lo largo de la
+enorme estancia, o ataba al hilo un pedazo de trapo, recogi&eacute;ndolo como
+recoge el pescador su aparejo, para verlos correr tras &eacute;l. Cuando entr&oacute;
+Fortunata, el juego del hilo y de la pelota estaba suspendido, por ley
+de variedad, y D. Evaristo ten&iacute;a en la mano su <i>bilboquet</i>, saltando la
+bola, y acertando muy raras veces a clavarla en el palo. Dos o tres
+gatitos blancos con manchas grises enredaban sobre el buen se&ntilde;or. Uno se
+le sub&iacute;a por la manta que le envolv&iacute;a las piernas; otro estaba en su
+regazo sentado sobre los cuartos traseros, refreg&aacute;ndose las patas con la
+lengua y el hocico con la pata; y un tercero se le hab&iacute;a subido a un
+hombro y all&iacute; segu&iacute;a con vivaracha atenci&oacute;n los brincos de la bola del
+<i>bilboquet</i>, marc&aacute;ndolos con la pata en el aire. Lo que &eacute;l quer&iacute;a era
+meterte mano a la bola aquella tan bonita.</p>
+
+<p>Al ver entrar a su amiga, el inv&aacute;lido puso una cara muy risue&ntilde;a. Todos
+los sentimientos los expresaba ya riendo. La mand&oacute; sentar a su lado, y
+aun quiso seguir en su solaz inocente; pero tuvo que suspenderlo para
+coger la trompetilla. Fortunata cogi&oacute; en sus manos uno de los gatitos
+para acariciarlo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; hay?&mdash;dijo D. Evaristo mir&aacute;ndola de un modo que parec&iacute;a indicar
+agradecimiento de las caricias que al micho hac&iacute;a&mdash;. &iexcl;Ah!, ese es el m&aacute;s
+tunante de todos... &iexcl;Sabe m&aacute;s...!, &iexcl;y tiene m&aacute;s picard&iacute;as! Conque a ver,
+chulita, &iquest;qu&eacute; hay?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no sab&iacute;a c&oacute;mo empezar. Contrari&aacute;bala mucho tener que decir las
+cosas a gritos, y tem&iacute;a que se enterasen los criados, la vecindad y
+hasta el embajador con toda su gente extranjera. &iquest;Y c&oacute;mo se pod&iacute;a contar
+una cosa tan delicada dando berridos, al modo que cantan los serenos las
+horas, o como los pregones de las calles? Algo dijo que llev&oacute; al &aacute;nimo
+de don Evaristo el convencimiento de que su chulita se ve&iacute;a en un mal
+paso. De repente solt&oacute; mi hombre la risa infantil y babosa, diciendo:
+&laquo;&iquest;Apostamos a que ha habido alg&uacute;n <i>rasgo</i>? Precisamente lo que m&aacute;s
+prohib&iacute;, los dichosos <i>rasgos</i>, que siempre traen alguna desgracia&raquo;.</p>
+
+<p>La consternada joven no pod&iacute;a asegurar que sus &uacute;ltimas diabluras
+mereciesen la denominaci&oacute;n y categor&iacute;a de <i>rasgos</i>; pero indudablemente
+eran una cosa muy mala. Sobre todo no hab&iacute;a hecho maldito caso de las
+sabias recetas de vida social que le diera su amigo. Para hacerle
+comprender mejor que con largas explicaciones algo de lo que ocurr&iacute;a,
+sac&oacute; la inscripci&oacute;n, que llevaba dentro de un sobre y este envuelto en
+un papel.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; es eso, la inscripci&oacute;n?&mdash;dijo el anciano ri&eacute;ndose m&aacute;s&mdash;&iquest;Pues
+qu&eacute;... ji ji ji... ha habido rompimiento con ese bendito?...&raquo;.</p>
+
+<p>Y se puso la trompetilla en la oreja para coger con ella la respuesta.</p>
+
+<p>&mdash;Completamente ido de la cabeza... manicomio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que no come!&mdash;Al manicomio... que le van a poner en Legan&eacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iquest;Y do&ntilde;a Lupe?</p>
+
+<p>&mdash;Ella y yo... Fortunata hizo con sus dos dedos &iacute;ndices un signo muy
+expresivo, poni&eacute;ndolos punta con punta.</p>
+
+<p>&mdash;Hab&eacute;is re&ntilde;ido... ji ji ji... &iexcl;Qu&eacute; cosas! Do&ntilde;a Lupe muy lagarta...</p>
+
+<p>El gatito que se hab&iacute;a subido en el hombro del se&ntilde;or, estaba muy
+preocupado con la trompetilla. Ignoraba sin duda lo que era aquello, y
+quer&iacute;a saberlo a todo trance, porque alargaba la pata como para hacer
+un reconocimiento de tan misterioso objeto. La curiosidad del animalito
+interrump&iacute;a la audici&oacute;n, que era ya bastante penosa. Feijoo tom&oacute; la
+inscripci&oacute;n diciendo: &iquest;Pero qu&eacute; ocurre?... &iquest;do&ntilde;a Lupe...?, ji ji ji...
+Todav&iacute;a sostendr&aacute; que yo le hice el amor. No hay quien se lo quite de la
+cabeza. Y todo porque me sol&iacute;a parar en la esquina de la calle de
+Tintoreros, esperando a la mujer de Inza, ji ji ji... el de la tienda de
+mantas.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de esta brillante r&aacute;faga de memoria, la preciosa facultad se
+eclips&oacute; por completo, y el ayer se borr&oacute; absolutamente del esp&iacute;ritu del
+buen caballero. Miraba a su chulita con estupidez y cierta expresi&oacute;n de
+duda o sorpresa. Fortunata segu&iacute;a pegando gritos; pero &eacute;l no se
+enteraba; lo poco que o&iacute;a era como si oyese el ruido del viento: no le
+sacaba sentido. Cansada de in&uacute;tiles esfuerzos, la joven se call&oacute;,
+mirando a su amigo con hond&iacute;sima pena. Y mir&aacute;ndola &eacute;l tambi&eacute;n, de
+repente volvi&oacute; a su risa pueril, motivada por las cosquillas que en el
+cuello le hac&iacute;a el gatito... &laquo;Si es un granuja este... si no me deja
+vivir&raquo;. Fortunata daba suspiros, sin que el anciano se enterase de esta
+expresiva manifestaci&oacute;n de disgusto, y al fin, ella, comprendiendo que
+era in&uacute;til esperar de aquella ruina apuntalada un consuelo y un consejo,
+decidi&oacute; retirarse. Al darle un cari&ntilde;oso abrazo, el anciano pareci&oacute;
+volver en s&iacute;, recobrando su acuerdo, y se le refresc&oacute; la memoria.
+&laquo;Chulita, no te vayas&mdash;le dijo, d&aacute;ndole un palmetazo en el muslo&mdash;.
+&iexcl;Ah... qu&eacute; tiempos aquellos! &iquest;Te acuerdas? &iexcl;Qu&eacute; d&iacute;as tan felices!
+L&aacute;stima que yo no hubiera tenido veinte a&ntilde;os menos. Entonces s&iacute; que
+habr&iacute;amos sido dichosos&raquo;. Ella dec&iacute;a que s&iacute; con la cabeza. Luego D.
+Evaristo pareci&oacute; instant&aacute;neamente asaltado por una idea que le
+inquietaba. Despu&eacute;s de meditar un instante, aprovechando aquella r&aacute;faga
+de inteligencia que cruzaba por su cerebro, cogi&oacute; el sobre que conten&iacute;a
+la inscripci&oacute;n, y devolvi&eacute;ndoselo, le dijo: &laquo;No dejes esto aqu&iacute;. Puedo
+morirme de un momento a otro, y tu dinero corre peligro de extraviarse.
+Es mejor que lo guardes t&uacute;. No tengas cuidado. Las acciones son
+nominativas, y nadie m&aacute;s que t&uacute; puede disponer de su importe&raquo;. Y como si
+el despejo de su inteligencia no hubiera tenido m&aacute;s objeto que
+permitirle aquella importante advertencia, en cuanto la hizo, la nube
+invadi&oacute; otra vez toda la caja del cerebro, volvi&oacute; a la risa infantil, y
+a preocuparse m&aacute;s de que la bola del <i>bilboquet</i> se pinchase en el
+palito que de todo lo que a su desgraciada amiga pudiera referirse.</p>
+
+<p>Sali&oacute;, pues, Fortunata de la triste visita con la impresi&oacute;n de haber
+perdido para siempre aquel grande y &uacute;til amigo, el hombre mejor que ella
+tratara en su vida y seguramente tambi&eacute;n el m&aacute;s pr&aacute;ctico, el m&aacute;s sabio
+y el que mejores consejos daba. Verdad que ella hizo tanto caso de estos
+consejos como de las coplas de Cala&iacute;nos; pero no dejaba de conocer que
+eran excelentes, y que debi&oacute; al pie de la letra seguirlos.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>De aquel anciano chocho y que m&aacute;s bien parec&iacute;a un ni&ntilde;o, no pod&iacute;a
+la esposa de Rub&iacute;n esperar ya ninguna protecci&oacute;n ni amparo moral. S&oacute;lo
+en muy contados momentos l&uacute;cidos se revelaba en &eacute;l un recuerdo vago de
+lo que hab&iacute;a sido. Le llor&oacute; por muerto con verdadera efusi&oacute;n de hija
+desconsolada, y se aterraba de la orfandad en que iba a quedar cuando
+m&aacute;s necesitaba de una persona sesuda y discreta que la dirigiera. La
+impresi&oacute;n de vac&iacute;o y soledad que sac&oacute; de la casa, pon&iacute;ala en grand&iacute;sima
+tristeza. En la Cava Baja pas&oacute; por junto a un pianito que tocaba aires
+de &oacute;pera con ritmo picante y amoroso. Esta m&uacute;sica le llegaba al alma.
+Parose un rato a o&iacute;rla, y se le saltaron las l&aacute;grimas. Lo que sent&iacute;a era
+como si su esp&iacute;ritu se asomara al brocal de la cisterna en que estaba
+encerrado, y desde all&iacute; divisara regiones desconocidas. La m&uacute;sica
+aquella le retozaba en la epidermis, haci&eacute;ndola estremecer con un
+sentimiento indefinible que no pod&iacute;a expresarse sino llorando. &laquo;Yo debo
+de ser muy bruta&mdash;pens&oacute;, alej&aacute;ndose&mdash;, porque me gusta m&aacute;s esta m&uacute;sica
+de los pianitos de la calle que la pieza que toca Olimpia, y que dicen
+que es cosa tan buena. A m&iacute; me parece que, cuando la oigo, me aporrean
+los o&iacute;dos con la mano del almirez&raquo;.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a resuelto Fortunata, de acuerdo con su t&iacute;a Segunda, albergarse en
+la casa de esta, que viv&iacute;a otra vez en la Cava. All&aacute; se encamin&oacute; desde
+la calle de Don Pedro, y antes de entrar en el portal de la poller&iacute;a, el
+mismo portal y el mismo edificio donde tuvo principio la historia de sus
+desdichas, una vecina le dijo que Segunda estaba en el puesto de la
+plazuela, comiendo con unas amigas. Fuese all&aacute;, y vio a su t&iacute;a con otras
+dos tarascas junto a una mesilla, comiendo un guiso de cordero en platos
+de Talavera. Jarro de vino y botijo de agua completaban el servicio. Las
+tres damas estaban con los mo&ntilde;os al aire, hablando a un tiempo en alta
+voz, con ese desparpajo y esa independencia de modales que caracterizan
+a los vendedores ambulantes que viven siempre al aire libre, y tienen la
+voz hecha a la griter&iacute;a de los pregones. Segunda Izquierdo era una mujer
+corpulenta y con la cara arrebatada, el pelo entrecano. Se parec&iacute;a
+bastante a su hermano Jos&eacute;; pero no conservaba tan bien como este la
+hermosura de aquella <i>raza de gente guapa</i>, porque las miserias, las
+enfermedades y la vida aperreada de los &uacute;ltimos a&ntilde;os hab&iacute;an hecho
+efectos devastadores en su cara y cuerpo. Los que trataron a Segunda en
+su edad de oro, apenas la conoc&iacute;an ya, porque su cara estaba toda llena
+de costurones, y en el cuello y quijada inferior llevaba unas r&uacute;bricas
+que daban fe de otros tantos abcesos tratados quir&uacute;rgicamente. El ojo
+derecho no estaba ya todo lo abierto que deb&iacute;a, a causa de una rija, y
+el p&aacute;rpado inferior del mismo hab&iacute;a adquirido notoria semejanza con un
+tomate, a consecuencia de la aplicaci&oacute;n de un pu&ntilde;o cerrado, de lo que
+result&oacute; una inflamaci&oacute;n que vino a parar en endurecimiento. Ni aun su
+hermosa dentadura conservaba Segunda, pues un a&ntilde;o hac&iacute;a que empezaban a
+emigrar las piezas unas tras otras. El cuerpo se iba pareciendo al de
+una vaca que se pusiera en dos pies.</p>
+
+<p>En cuanto vio venir a su sobrina, cogi&oacute; de encima de la mesilla una
+llave enorme, que parec&iacute;a la llave de un castillo, y alarg&aacute;ndosela le
+dijo que subiera a la casa si quer&iacute;a. Las otras dos tiorras miraron a la
+joven con descarada curiosidad. A una de ellas la conoc&iacute;a Fortunata, a
+la otra no. Sentose un momento en una banqueta que le ofrecieron, porque
+estaba cansada; pero sinti&eacute;ndose molesta por las preguntas impertinentes
+de las amigas de su t&iacute;a, subi&oacute; al cuarto que deb&iacute;a de ser su albergue...
+hasta sabe Dios cu&aacute;ndo. Aquel barrio y los sitios aquellos &eacute;ranle tan
+familiares, que a ojos cerrados andar&iacute;a por entre los cajones sin
+tropezar. &iquest;Pues y la casa? En ella, desde el portal hasta lo m&aacute;s alto de
+la escalera de piedra, ve&iacute;a pintada su infancia, con todos sus episodios
+y accidentes, como se ven pintados en la iglesia los Pasos de la Pasi&oacute;n
+y Muerte de Cristo. Cada pelda&ntilde;o ten&iacute;a su historia, y la poller&iacute;a y el
+cuarto entresuelo y despu&eacute;s el segundo ten&iacute;an ese <i>revestimiento de una
+capa espiritual</i> que es propio de los lugares consagrados por la
+religi&oacute;n o por la vida. &laquo;&iexcl;Las vueltas del mundo!&mdash;dec&iacute;a dando las de la
+escalera y venciendo con fatiga los pelda&ntilde;os&mdash;. &iexcl;Qui&eacute;n me hab&iacute;a de decir
+que parar&iacute;a aqu&iacute; otra vez!... Ahora es cuando conozco que, aunque poco,
+algo se me ha pegado el se&ntilde;or&iacute;o. Miro todo esto con cari&ntilde;o; &iexcl;pero me
+parece tan ordinario...! Aquellas dos tiburonas... &iexcl;qu&eacute; tipos!, pues &iquest;y
+mi t&iacute;a?...&raquo;.</p>
+
+<p>El cuarto que entonces ten&iacute;a Segunda en aquella casa era uno de los m&aacute;s
+altos. Estaba sobre el de Estupi&ntilde;&aacute;. No hab&iacute;a llegado Fortunata al
+segundo, cuando vio bajar a este, y le entraron ganas de saludarle. Puso
+&eacute;l una car&aacute;tula dur&iacute;sima al verla; pero a pesar de esto, la joven sent&iacute;a
+ganas de decirle algo. &Eacute;rale simp&aacute;tico; conoc&iacute;a sus apetitos
+<i>parlamentarios</i>, y aunque por sus amistades con los de Santa Cruz pod&iacute;a
+contarle ella en el n&uacute;mero de sus enemigos, le miraba ella con buenos
+ojos, teni&eacute;ndole por hombre inofensivo y bondadoso. &laquo;Aunque usted no
+quiera, D. Pl&aacute;cido, buenos d&iacute;as&raquo;. El gran Rossini no se dign&oacute; volver
+hacia ella su perfil de cotorra, y refunfu&ntilde;ando algo que la nueva
+inquilina no pudo entender, sigui&oacute; por la escalera abajo, haciendo sonar
+con desusado estr&eacute;pito los pelda&ntilde;os de piedra.</p>
+
+<p>Fortunata vio el cuarto. &iexcl;Ay, Dios, qu&eacute; malo era, y qu&eacute; sucio y qu&eacute; feo!
+Las puertas parec&iacute;a qu&eacute; ten&iacute;an un dedo de mugre, el papel era todo
+manchas, los pisos desiguales. La cocina causaba horror. Indudablemente
+la joven se hab&iacute;a adecentado mucho y adquirido h&aacute;bitos de se&ntilde;ora, porque
+la vivienda aquella se le presentaba inferior a su categor&iacute;a, a sus
+h&aacute;bitos y a sus gustos. Hizo prop&oacute;sito de lavar las puertas y aun de
+pintarlas, y de adecentar aquel basurero lo m&aacute;s posible, sin perjuicio
+de buscar casa m&aacute;s a la moderna, quisiera o no Segunda vivir en su
+compa&ntilde;&iacute;a. El gabinetito que ella hab&iacute;a de ocupar ten&iacute;a, como la sala,
+una gran reja para la Plaza Mayor. Estuvo un rato ocupada en hacer
+mentalmente la colocaci&oacute;n de sus muebles, la cama, la c&oacute;moda, una mesa y
+dos sillas. Por cierto que todo esto ten&iacute;a que comprarlo, pues de la
+casa matrimonial no hab&iacute;a de sacar nada. Recorriendo el cuarto, pens&oacute;
+que si el casero se conformaba a hacer algunas reparaciones, no quedar&iacute;a
+mal. Era menester blanquear la cocina, tapar con yeso algunos agujeros
+y enormes grietas que por todas partes hab&iacute;a, empapelar el gabinete, que
+iba a ser su alcoba, y pintar las puertas. Ya pensaba en la jaqueca que
+le iba a dar al administrador, cuando se acord&oacute; (su gozo en un pozo) de
+que el administrador era Estupi&ntilde;&aacute;. &laquo;De seguro que en cuanto le hable de
+obras en la casa, se va a poner hecho un tigre. Claro, me tiene tirria;
+&iquest;pues qu&eacute; es &eacute;l m&aacute;s que un servil&oacute;n de los de Santa Cruz? Con todo,
+pienso decirle algo, porque en &uacute;ltimo caso, con dejarle el cuarto hemos
+concluido. Y ahora que recuerdo, esta casa era de D. Manuel
+Moreno-Isla, que el a&ntilde;o pasado le dio la administraci&oacute;n a D. Pl&aacute;cido.
+Me lo cont&oacute; mi t&iacute;a, y D. Pl&aacute;cido es tan tirano, que no da una paletada
+de yeso aunque le fusilen. Falta saber de qui&eacute;n es ahora la casa... &iquest;La
+habr&aacute; heredado do&ntilde;a Guillermina?...&raquo;. Quedose meditando en que su
+destino no le permit&iacute;a salir de aquel c&iacute;rculo de personas que en los
+&uacute;ltimos tiempos la hab&iacute;a rodeado. Era como una red que la envolv&iacute;a, y
+como pensara escabullirse por alg&uacute;n lado, se encontraba otra vez cogida.
+&laquo;No; habr&aacute;n heredado la casa los se&ntilde;ores de Ruiz Ochoa, o la mujer de
+Zalamero... Y despu&eacute;s de todo, &iquest;a m&iacute; qu&eacute; me importa que herede la finca
+Juan o Pedro? Yo no la he de heredar&raquo;.</p>
+
+<p>Si tuviera agua en abundancia, se pondr&iacute;a al instante a lavar toda la
+casa; pero desde el siguiente empezar&iacute;a. Vio que la reja daba a un
+balconcillo o terraza, y al punto determin&oacute; poner all&iacute; todos los tiestos
+de flores que cupiesen. La vista del cuadril&aacute;tero de la plaza era
+bonita, despejada y alegre. El jard&iacute;n luc&iacute;a muy bien desde arriba, con
+sus dos fuentecillas y el caballo panzudo, del que Fortunata ve&iacute;a los
+cuartos traseros, como los de un ceb&oacute;n, y el Rey aquel encima, con su
+canuto en la mano. Acerc&aacute;base Navidad, y ya estaban preparando los
+puestos de Noche&mdash;Buena. Distingui&oacute; tambi&eacute;n a su t&iacute;a y a las otras dos
+matronas que, ayudadas de un jay&aacute;n, estaban claveteando tablas y armando
+un toldo. Poco despu&eacute;s, mirando para la acera de la Casa-Panader&iacute;a,
+alcanz&oacute; a ver a Juan Pablo, sentado en uno de los puestos de
+limpia-botas, y leyendo un peri&oacute;dico mientras le daba lustre al calzado.
+Despu&eacute;s le vio pasar a la acera de enfrente y seguir hasta el rinc&oacute;n de
+la escalerilla, como si fuese al caf&eacute; de Gallo.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>Como antes se ha dicho, a los pocos d&iacute;as de la desaparici&oacute;n de
+su mujer, Maxi empez&oacute; a echarla de menos, mostr&aacute;ndose receloso, y
+apeteciendo su compa&ntilde;&iacute;a con cierta mimosidad impertinente que pon&iacute;a
+furiosa a do&ntilde;a Lupe. Juan Pablo y ella disertaron largamente sobre lo
+que se deb&iacute;a hacer, y por fin el primog&eacute;nito dijo que intentar&iacute;a
+aplicar a su hermano un buen sistema terap&eacute;utico, antes de recurrir al
+extremo de encerrarle en un manicomio. No se hab&iacute;an probado las duchas,
+ni el sacarle de paseo al campo, ni el bromuro de sodio, que estaba
+dando tan buen resultado contra la peri-encefalitis difusa y contra la
+meningo-encefalitis, etc... y sigui&oacute; echando t&eacute;rminos de medicina por
+aquella boca, pues entonces le daba por leer libros de esta ciencia, y
+con una idea tomada de aqu&iacute; y otra de all&aacute; hac&iacute;a unos pistos que eran lo
+que hab&iacute;a que ver.</p>
+
+<p>Dicho y hecho. Todas las ma&ntilde;anas iba Juan Pablo a buscar a su hermano, y
+unas veces enga&ntilde;ado, otras casi a la fuerza, le llevaba a San Felipe
+Neri, y all&iacute; le arreaba una ducha escocesa capaz de resucitar a un
+muerto. Algunas tardes sac&aacute;bale a paseo por las afueras, procurando
+entretener su imaginaci&oacute;n con ideas y relatos placenteros, absolutamente
+contrarios al f&aacute;rrago de disparates que el infeliz chico hab&iacute;a tenido
+&uacute;ltimamente en su cerebro. A los quince d&iacute;as de este en&eacute;rgico
+tratamiento, mejor&oacute; visiblemente, y su hermano y m&eacute;dico estaba muy
+satisfecho. M&aacute;s de una vez se expres&oacute; Maxi durante el paseo como la
+persona m&aacute;s razonable. De su mujer no hablaba nunca; pero como saltase
+en la conversaci&oacute;n algo que de cerca o de lejos se relacionara con ella,
+se le ve&iacute;a caer en sombr&iacute;as meditaciones y en un mutismo t&eacute;trico del
+cual Juan Pablo, con todas su ret&oacute;ricas, no le pod&iacute;a sacar. Una ma&ntilde;ana,
+al salir de la ducha, y cuando el enfermo parec&iacute;a entonado por la
+reacci&oacute;n, &aacute;gil y con la cabeza muy despejada, se par&oacute; en la calle, y
+cogiendo suavemente las solapas del gab&aacute;n de su hermano, le dijo: &laquo;Pero
+vamos a una cosa. &iquest;Por qu&eacute; ni t&uacute;, ni mi t&iacute;a, ni nadie quer&eacute;is decirme
+d&oacute;nde est&aacute; mi mujer? &iquest;Qu&eacute; ha sido de ella? Tened franqueza, y no hag&aacute;is
+m&aacute;s misterios conmigo... &iquest;Es que se ha muerto, y no me lo quer&eacute;is decir?
+&iquest;Tem&eacute;is que la noticia me altere?&raquo;.</p>
+
+<p>Juan Pablo no supo qu&eacute; contestarle. Viendo en la cara y en los ojos de
+su hermano se&ntilde;ales de nerviosa inquietud, trat&oacute; de desviar la
+conversaci&oacute;n. Pero el otro se aferraba a ella repitiendo sus preguntas y
+par&aacute;ndose a cada instante. &laquo;Pues mira&mdash;le respondi&oacute; al fin haciendo un
+gesto campechano&mdash;. Hazte cuenta que se ha muerto... porque lo que yo te
+digo... &iquest;A ti qu&eacute; m&aacute;s te da que viva o muera? &iquest;Para qu&eacute; quieres t&uacute;
+mujer? Las mujeres no sirven m&aacute;s que para dar disgustos, chico. Ve aqu&iacute;
+por lo que yo no he querido casarme nunca&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muerta!&mdash;dijo Maxi sin alzar la voz, pero con extraordinaria luz en
+los ojos&mdash;. &iexcl;Muerta!... De modo que yo me puedo volver a casar.</p>
+
+<p>Al decir esto, se insubordinaba; no quer&iacute;a ir por la acera, sino por el
+empedrado, dando manotadas y tropezando con algunos transe&uacute;ntes.</p>
+
+<p>Juan Pablo le meti&oacute; en un coche para llevarle a su casa. Enterada la
+t&iacute;a, apoy&oacute; la misma idea respecto a Fortunata, dici&eacute;ndole: &laquo;Hijo, todos
+nos tenemos que morir. No te asombres de que le haya tocado a ella la
+china antes que a ti. Si Dios se la ha querido llevar, &iquest;qu&eacute; quieres que
+hagamos?, conformarnos, mandar decirle sus misas correspondientes... y
+yo te aseguro que ya lleva dichas m&aacute;s de cuatro, y consolarnos poco a
+poco, como podamos&raquo;.</p>
+
+<p>Desde que ocurri&oacute; esto, la mejor&iacute;a iniciada con el nuevo tratamiento
+pareci&oacute; desmentirse. El enfermo no alborotaba; pero volvi&oacute; a chapuzarse
+en hond&iacute;simas abstracciones. Sin duda en su cerebro hab&iacute;a aparecido una
+nueva idea, o reproduc&iacute;dose alguna de las antiguas, que ya se ten&iacute;an por
+abandonadas o dispersas. Durante muchos d&iacute;as no nombr&oacute; a su mujer, hasta
+que una noche, yendo de paseo con Juan Pablo por las calles, se par&oacute; y
+le dijo: &laquo;&iquest;Me quieres hacer creer que se ha muerto?... &iexcl;Qu&eacute; tonter&iacute;a! En
+ese caso, &iquest;por qu&eacute; no nos vestimos de luto?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; atrasado de noticias est&aacute;s! &iquest;No sabes que hay ahora una ley
+prohibiendo el luto?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una ley prohibiendo el luto! Si creer&aacute;s que a m&iacute; me comulgas con
+ruedas de molino. Mira, chico, aunque parece que estoy trastornado, veo
+m&aacute;s claro que todos vosotros.</p>
+
+<p>Y no se habl&oacute; m&aacute;s del asunto. Conviene apuntar, antes de pasar adelante,
+que aquella abnegaci&oacute;n de Juan Pablo y el asiduo inter&eacute;s que por la
+salud de su hermano mostraba, ser&iacute;an absolutamente inexplicables, dado
+el ego&iacute;smo del se&ntilde;or de Rub&iacute;n, si no se acudiera, para encontrar la
+causa, a ciertas ideas relacionadas con la econom&iacute;a pol&iacute;tica o la
+ciencia que llaman financiera. Tiempo hac&iacute;a que Juan Pablo ten&iacute;a un
+proyecto de conversi&oacute;n de su deuda flotante, proyecto vasto, para cuyo
+&eacute;xito necesitaba el concurso de la casa Rostchild, por otro nombre, su
+t&iacute;a. Respecto a la necesidad del empr&eacute;stito, no cab&iacute;a la menor duda; era
+cuesti&oacute;n de vida o muerte. Lo que restaba era que do&ntilde;a Lupe se prestase
+a hacerlo, pues la garant&iacute;a moral de una de las entidades contratantes
+no era ni con mucho tan s&oacute;lida como la de Inglaterra o Francia. Empez&oacute;,
+pues, el primog&eacute;nito de Rub&iacute;n por prestarle en aquel delicado asunto de
+la enfermedad de Maxi la oficiosa ayuda que se ha visto. Iba de continuo
+a la casa, y en todo cuanto hablaba con su t&iacute;a, era de la opini&oacute;n de
+esta, ya fuese de Pol&iacute;tica, ya de Hacienda lo que se tratara. Hizo
+entusiastas elogios del Sr. de Torquemada; explan&oacute; acaloradamente la
+necesidad de arreglar sus propios asuntos, con aquello de <i>a&ntilde;o nuevo
+vida nueva</i>, estableciendo en sus gastos un orden tan escrupuloso, que
+no har&iacute;a m&aacute;s el primer lord de la Tesorer&iacute;a inglesa. Cuando hallaba
+ocasi&oacute;n, echaba una puntadita; pero do&ntilde;a Lupe ten&iacute;a m&aacute;s conchas que un
+gal&aacute;pago, y se hac&iacute;a la tonta... pero tan tonta que habr&iacute;a que pegarle.</p>
+
+<p>Apretado por el crecimiento aterrador de su deuda flotante, el fil&oacute;sofo
+desplegaba un tes&oacute;n y constancia m&aacute;s que fraternales en el cuidado de
+Maxi. En Enero del 76, hab&iacute;a conseguido domarle hasta el punto de que le
+llevaba consigo a la oficina, ten&iacute;ale all&iacute; ocupado en ordenar papeles o
+en tomar alg&uacute;n apunte, y por las noches sol&iacute;a llevarle a la tertulia del
+caf&eacute;, donde estaba el pobre chico como en misa, oyendo atentamente lo
+que se dec&iacute;a, y sin desplegar sus labios. Rara vez sacaba de su cabeza
+aquel viejo y maldecido tema de la <i>liberaci&oacute;n voluntaria</i> y de <i>la
+muerte de la bestia carcelera</i>; pero una noche que estaban solos en el
+caf&eacute;, lo sac&oacute;, como se trae del desv&aacute;n un trasto viejo y se le limpia el
+polvo, a ver si lo ha deteriorado el tiempo o lo han ro&iacute;do los ratones.
+Con gran serenidad, Juan Pablo, oficiando de maestro de filosof&iacute;a, dijo
+lo siguiente: &laquo;Mira, el dogma de la <i>solidaridad de sustancia</i> ha sido
+declarado cursi por todos los sabios de la &eacute;poca, congregados en un
+concilio ecum&eacute;nico, que acaba de celebrarse en... Basilea. Las
+conclusiones son tremendas. Como no lees la prensa, no te enteras. Pues
+se ha decretado que son mamarrachos netos todos los individuos que creen
+en la <i>liberaci&oacute;n por el desprendimiento</i>, y en que se debe dar <i>la
+morcilla a la bestia</i>. A los que sostienen la herej&iacute;a filos&oacute;fica de que
+va a venir un nuevo Mes&iacute;as, encarn&aacute;ndose en una buena moza, etc.,
+etc..., se les declara memos de capirote y se les condena a comer
+virutas&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, t&uacute;&mdash;dijo Maximiliano con el acento m&aacute;s grave del mundo y como
+quien hace una confidencia importante&mdash;. Eso del Mes&iacute;as, ac&aacute; para entre
+los dos, no lo he cre&iacute;do yo nunca, ni era dogma ni cosa que lo valga. Lo
+dije porque tuve un sue&ntilde;o, y al despertar se me qued&oacute; parte de &eacute;l en la
+cabeza, y me andaba aqu&iacute; dentro como un cascabel. Lo que hay es que me
+hab&iacute;a entrado en aquellos d&iacute;as una idea de lo m&aacute;s estrafalario que te
+puedas imaginar, una idea que deb&iacute;a de ser criada aqu&iacute; en el seno
+cerebral donde fermenta eso que llaman celos. &iquest;Qu&eacute; creer&aacute;s que era? Pues
+que mi mujer me faltaba y estaba en cinta. &iquest;Ves qu&eacute; disparate?</p>
+
+<p>&mdash;Ave Mar&iacute;a Pur&iacute;sima, &iexcl;qu&eacute; barbaridad!</p>
+
+<p>&mdash;Sent&iacute;a en m&iacute;, detr&aacute;s de aquella idea, una calentura de celos que me
+abrasaba. Para averiguar si era fundada aquella p&iacute;cara idea, fui &iquest;y qu&eacute;
+hice? Pues saqu&eacute; la cancamurria del Mes&iacute;as que iba a venir, dici&eacute;ndole
+que ella lo ten&iacute;a en su seno y que el pap&aacute; era el <i>Pensamiento Puro</i>...
+En fin, que con esta farsa pensaba yo arrancarle la confesi&oacute;n de lo que
+se me hab&iacute;a metido entre ceja y ceja. &iquest;Qu&eacute; result&oacute;? Nada, porque aquella
+noche me puse muy enfermo; pero despu&eacute;s he comprendido mi desatino, he
+visto claro, muy claro, y... Dios la perdone.</p>
+
+<p>Empez&oacute; a tomar su caf&eacute;, y en tanto Juan Pablo se dec&iacute;a con tristeza:
+&laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; malo est&aacute; esta noche! &iexcl;Dios, qu&eacute; malo!&raquo;. Maxi repiti&oacute; hasta
+seis veces el <i>Dios la perdone</i>, y cuando entraron Leopoldo Montes y
+otro amigo, se call&oacute;. A la hora y media de tertulia, dio en celebrar con
+extrema hilaridad los donaires que Montes contaba. Despu&eacute;s tom&oacute; parte en
+la conversaci&oacute;n, expres&aacute;ndose con tanta serenidad y con juicios tan
+acertados, que se maravillaban de o&iacute;rle todos los presentes. Juan Pablo
+discurr&iacute;a as&iacute;: &laquo;Pues no est&aacute; tan <i>guillati</i> como pens&eacute;, y lo que dijo
+antes revela m&aacute;s bien talento agud&iacute;simo. &iexcl;Por vida de la sant&iacute;sima u&ntilde;a
+del diablo! Si consigo yo ponerte bueno, mi querida t&iacute;a, <i>alias</i> la
+baronesa de Rothschild, no tendr&aacute; m&aacute;s remedio que hincar la jeta y darme
+lo que necesito&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="ivd" id="ivd"></a>-IV-</h2>
+
+<h2>Vida nueva</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>El 4 del mes de Enero, Fortunata sinti&oacute; un campanillazo y sali&oacute; a
+abrir, mirando antes por el ventanillo, cubierto de una chapa de hierro
+con agujeros (estilo primitivo). Era Estupi&ntilde;&aacute;, que miraba a los tales
+agujeritos del modo m&aacute;s autoritario. Abri&oacute; la joven, y el gran Pl&aacute;cido,
+con gesto displicente, las cejas algo fruncidas, mostrando en una mano
+el bast&oacute;n cuyo pu&ntilde;o era una cabeza de cotorra (regalo que le trajeron de
+Sevilla los se&ntilde;oritos de Santa Cruz), alarg&oacute; con la otra un papel que
+ten&iacute;a un sello. &laquo;El recibo del mes&raquo; dijo en tono de d&eacute;spota asi&aacute;tico que
+dicta una orden de pena de muerte.</p>
+
+<p>&mdash;Pase, D. Pl&aacute;cido (sonriendo con gracia). Tengo que hablarle.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no paso. Vengan los cuartos. No tengo ganas de conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&iexcl;Decir aquel hombre que no ten&iacute;a ganas de conversaci&oacute;n era como si el
+mar dijese que no tiene agua! Pero el tes&oacute;n pod&iacute;a en &eacute;l m&aacute;s que el
+liviano apetito.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; mal genio ha echado este hombre!</p>
+
+<p>Si le voy a dar la <i>guita</i>. No tendr&aacute; usted mejores inquilinas que
+nosotras&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... Buenas jaquecas me ha dado la Segunda. No... Yo no paso; no sea
+majadera.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero que vea usted c&oacute;mo est&aacute; la casa, para que se convenza de que
+aqu&iacute; no pueden vivir cristianos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mudarse.&mdash;Pero, hijo, &iexcl;qu&eacute; <i>tiran&iacute;stico</i> se ha vuelto! No he
+visto casero m&aacute;s malo... &iquest;Pero ni siquiera me blanquear&aacute; la cocina, que
+parece una carboner&iacute;a? &iexcl;Y hay cada agujero!... Yo no puedo vivir entre
+tanta suciedad. &iquest;Sabe lo que le digo? Que si no quiere usted hacer las
+obras, las har&eacute; yo por mi cuenta... &iexcl;vaya!</p>
+
+<p>&mdash;Eso es otra cosa. Siempre que sea bajo mi vigilancia y...</p>
+
+<p>&mdash;Pase, pase y ver&aacute;... Al fin Pl&aacute;cido se dign&oacute; entrar por el pasillo
+adelante. Fue a la cocina, ech&oacute; un vistazo a la alcoba interior que
+estaba llena de grietas...</p>
+
+<p>&laquo;No se pueden hacer obras cada vez que lo pide un inquilino, porque
+ser&iacute;a el cuento de nunca acabar. Ma&ntilde;ana, si a mano viene, se mudan
+ustedes, y el que tome el cuarto, como vea la cal fresca, pide m&aacute;s
+obras. No podemos. El mes pasado me gast&eacute; m&aacute;s de veinte mil reales en
+reparaciones. Conque, desp&aacute;cheme, que tengo prisa&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero se ha vuelto usted cohete? Si&eacute;ntese un momento. D&iacute;game una
+cosa...</p>
+
+<p>&mdash;No tengo que decir cosas. Que me voy...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay qu&eacute; p&oacute;lvora de hombre! Mire que as&iacute; va a vivir poco.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor. Bastante he vivido ya.&mdash;Si&eacute;ntese. En seguidita le doy el
+dinero. Pero d&iacute;game una cosa que quiero saber. &iquest;De qui&eacute;n es ahora esta
+casa?</p>
+
+<p>&mdash;Eso a usted no le importa. &iquest;Cree que estoy yo para perder el tiempo?
+La casa es de su amo. Le repito que no tengo ganas de conversaci&oacute;n. &iquest;Es
+que quiere usted comprar la finca? Vamos; al av&iacute;o... Ya sabe que soy
+hombre de pocas palabras.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De pocas?, &iexcl;digo... pues si lo fuera de muchas...! Si usted el d&iacute;a
+que naci&oacute; estaba charlando por siete. D&iacute;game... &iquest;de qui&eacute;n es la casa?</p>
+
+<p>&mdash;De su amo. Conque... Bastante hemos hablado... y finalmente: la finca
+es magn&iacute;fica; est&aacute; tasada en treinta y cinco mil duros. S&oacute;lo el pedernal
+de los cimientos y la berroque&ntilde;a de la escalera valen un dineral. &iquest;Pues
+y las paredes? El otro d&iacute;a, al abrir un hueco, los alba&ntilde;iles no le
+pod&iacute;an meter el pico, Nada, que <i>talmente</i> se rompen las herramientas en
+este ladrillo recocho que parece un diamante... Pues para concluir... no
+tengo ganas de conversaci&oacute;n. Cuando se abri&oacute; el testamento del se&ntilde;or D.
+Manuel Moreno-Isla, que en gloria est&eacute;, testamento hecho tres a&ntilde;os ha,
+se encontr&oacute; que dejaba esta casa y el solar de la calle de Relatores a
+do&ntilde;a Guillermina Pacheco, su t&iacute;a... La se&ntilde;ora ha hipotecado ambas fincas
+para acabar el asilo, y por eso ver&aacute; usted que este va echando chispas.
+Lo acabar&aacute;n este a&ntilde;o... Conque...</p>
+
+<p>Extendi&oacute; la mano, y con la otra mostraba el bast&oacute;n, como si fuera un
+bast&oacute;n de autoridad.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Do&ntilde;a Guillermina mi casera!&mdash;dijo Fortunata, pensativa, entregando el
+dinero&mdash;. Pues a ella le voy a pedir que me haga las obras. Es amiga
+m&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; ha de ser amiga de usted... qu&eacute; ha de ser!&mdash;replic&oacute; Estupi&ntilde;&aacute; con
+sarcasmo&mdash;. Y si quiere usted verla furiosa, h&aacute;blele de obras que no
+sean las del asilo. Adi&oacute;s; que haya salud... &iexcl;Ah!, me olvidaba: cuidado
+con los tiestos de la ventana. Como yo vea rezumos de agua, la echo a
+usted; cuente que la echo... &iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, y cu&aacute;nta planta tiene
+usted aqu&iacute;! Es un jard&iacute;n... Me parece mucho peso... &iexcl;Qu&eacute; vistas tan
+hermosas! Mal a&ntilde;o ha sido este para los puestos de Navidad. Est&aacute;n los
+pobres vendedores que trinan. Ya se ve... con tanta agua... Y hoy me
+parece que tenemos nieve. En toda mi vida no he visto un invierno tan
+fr&iacute;o como este. &iquest;Sabe usted que se muri&oacute; el sordo, el del puesto de
+carne? Anoche... de repente. Yo le vi tan bueno y tan sano anteayer,
+y... &iexcl;qu&eacute; vida esta!... En fin, voy a ver si les saco algo a los del
+segundo de la izquierda. Me deben cinco meses. &iexcl;Ay qu&eacute; gente! Si la
+se&ntilde;ora me dejara, ya les habr&iacute;a puesto los trastos en la calle; pero mi
+ama es as&iacute;, no quiere desahucios.&mdash;&laquo;Por Dios Pl&aacute;cido, no les eches...
+los pobrecitos ya pagar&aacute;n; es que no pueden&raquo;.&mdash;&laquo;Pero se&ntilde;ora, con que me
+dieran lo que gastan en aguardiente y lo que se dejan en la pasteler&iacute;a
+de Bot&iacute;n...&raquo;. Total, que con caseras como la m&iacute;a, estos bribones de
+inquilinos est&aacute;n como quieren.</p>
+
+<p>Tanto charl&oacute; aquel hombre, que Fortunata, despu&eacute;s de haberle rogado para
+que entrara, le tuvo que echar con buen modo: &laquo;Pero don Pl&aacute;cido, mire
+que se le va a hacer tarde...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, s&iacute;... &iexcl;la culpa la tiene usted que es lo m&aacute;s habladora...! Abur,
+abur...</p>
+
+<p>Fortunata no sal&iacute;a nunca a la calle. Ella misma se arreglaba su comida,
+y Segunda, que ten&iacute;a puesto en la plazuela, le tra&iacute;a la compra.</p>
+
+<p>En los d&iacute;as que siguieron a la primera visita del administrador de la
+casa, no pudo la pr&oacute;jima apartar de su pensamiento a la que por tan
+breve espacio de tiempo fue su amiga. &laquo;&iexcl;Qui&eacute;n le hab&iacute;a de decir a ella y
+qui&eacute;n me hab&iacute;a de decir que vivir&iacute;a en su casa! &iexcl;Qu&eacute; vueltas da el
+mundo! En aquellos d&iacute;as, ni a m&iacute; se me pasaba por la cabeza venirme
+aqu&iacute;, ni esta casa era tampoco de ella. Y cuando don Pl&aacute;cido le cuente
+que soy su inquilina, &iquest;qu&eacute; dir&aacute;? &iquest;Se pondr&aacute; furiosa y querr&aacute; echarme a
+la calle? Tal vez no, tal vez no...&raquo;. Cuando esta idea u otra semejante
+le refrescaba el recuerdo de la inaudita escena y altercado en el
+gabinete de la santa, sent&iacute;a la pobre mujer que la conciencia se le
+alborotaba, y no pod&iacute;a aplacarla ni aun arguy&eacute;ndose que <i>la otra la
+hab&iacute;a provocado</i>. &laquo;Me cegu&eacute;, no supe lo que hice. De veras digo que si
+tuviera ocasi&oacute;n, le habr&iacute;a de decir a do&ntilde;a Guillermina que me
+perdonara&raquo;.</p>
+
+<p>La soledad en que viv&iacute;a, favoreciendo en ella esta resurrecci&oacute;n mental
+de lo pasado, inspir&aacute;bale juicios muy claros de sus acciones y
+sentimientos. Todo lo ve&iacute;a entonces transparentado por la luz de la
+raz&oacute;n, a la distancia que permite apreciar bien el tama&ntilde;o y forma de los
+objetos, as&iacute; como la paz del claustro permite a los fugitivos del mundo
+ver los errores y maldades que cometieron en &eacute;l. &laquo;&iquest;Y a Jacinta, le
+pedir&iacute;a yo perd&oacute;n?&raquo; se preguntaba sin acertar con la respuesta. Tan
+pronto se le ocurr&iacute;a que s&iacute; como que no. La Delfina la hab&iacute;a ofendido y
+ultrajado, cuando ella no hac&iacute;a m&aacute;s que contarle a la santa sus penas y
+el conflicto en que estaba. Por fin, a fuerza de meditar en ello,
+amasando sus ideas con la tristeza que destilaba su alma, empez&oacute; a
+prevalecer la afirmativa. Cierto que deb&iacute;a pedirle perd&oacute;n por el intento
+que tuvo de ara&ntilde;arle la cara, &iexcl;qu&eacute; barbaridad!, y por las palabras que
+se dej&oacute; decir. Mas para que esta idea triunfase por completo, faltaba
+aclarar el siguiente punto:</p>
+
+<p>&iquest;Hab&iacute;a faltado Jacinta con el se&ntilde;or de Moreno?</p>
+
+<p>Porque si hab&iacute;a faltado, all&aacute; se iba la una con la otra, y tan buena era
+Juana como Petra. Nunca pudo la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n llegar en sus
+cavilaciones a una soluci&oacute;n terminante en este punto oscur&iacute;simo. Ya
+afirmaba la culpabilidad de <i>la mona del Padre Eterno</i>, ya la negaba.
+&laquo;Dar&iacute;a yo cualquier cosa&mdash;exclamaba invocando al Cielo&mdash;, por saber esa
+verdad que ahora no saben m&aacute;s que Dios y ella, pues el tercero que la
+sab&iacute;a se ha muerto. Lo sabr&aacute; tambi&eacute;n el confesor de Jacinta, si es que
+lo ha confesado. Pero nadie m&aacute;s, nadie m&aacute;s. Pues no s&eacute; qu&eacute; dar&iacute;a yo por
+salir de la duda. Esta curiosidad me quema la sangre... Flojilla
+diferencia va de una cosa a otra... Si pec&oacute;, todo var&iacute;a en m&iacute;, y no me
+rebajo yo a pedirle perd&oacute;n; pero si no falt&oacute;... &iexcl;ay!, la dichosa <i>mona</i>
+me tiene debajo de su pie como tiene San Miguel al diablo&raquo;.</p>
+
+<p>De aqu&iacute; pasaba a otro eslab&oacute;n de ideas: &laquo;Y ahora estamos las dos de un
+color. A ninguna de las dos nos quiere. Estamos lucidas... Ambas nos
+podr&iacute;amos consolar... porque en mi terreno, yo soy tambi&eacute;n virtuosa,
+quiere decirse que yo no le he faltado con nadie; y si ella se hace
+cargo de esto, bien podr&iacute;a venir a m&iacute;, y entre las dos buscar&iacute;amos a la
+pindongona que nos le entretiene ahora, y la pondr&iacute;amos que no habr&iacute;a
+por donde cogerla... Vamos a ver, &iquest;por qu&eacute; Jacinta y yo, ahora que
+estamos iguales, no hab&iacute;amos de tratarnos? Por m&aacute;s que digan, yo me he
+afinado algo. Cuando pongo cuidado digo muy pocos disparates. Como no se
+me suba la mostaza a la nariz, no suelto ninguna palabra fea. Las
+se&ntilde;oras Micaelas me desbastaron, y mi marido y do&ntilde;a Lupe me pasaron la
+piedra p&oacute;mez, sac&aacute;ndome un poco de lustre. &iquest;Por qu&eacute; no nos hab&iacute;amos de
+tratar, olvidando aquellas bromas que nos dijimos?... Esto en el caso de
+que sea honrada, porque si no, no me rebajo. Cada una tiene su aquel de
+honradez&raquo;.</p>
+
+<p>Pasaba sin pensarlo a otro eslab&oacute;n. &laquo;Pero ella no querr&aacute;... Tiene mucho
+orgullo y mucho tup&eacute;, mayormente ahora que se la comer&aacute; la envidia.
+&iexcl;Ah!, que no me venga ahora hablando de sus derechos... &iquest;Qu&eacute; derechos ni
+qu&eacute; pamplinas? Esto que yo tengo aqu&iacute; <i>entre m&iacute;</i>, no es humo, no. &iexcl;Qu&eacute;
+contenta estoy!... El d&iacute;a en que <i>esa</i> lo sepa, va a rabiar tanto, que
+se va a morir del berrinch&iacute;n. Dir&aacute; que es mujer leg&iacute;tima... &iexcl;Humo! Todo
+queda reducido a unos cuantos latines que le ech&oacute; el cura, y a la
+ceremonia, que no vale nada... Esto que yo tengo, se&ntilde;ora m&iacute;a, es algo
+m&aacute;s que latines; fast&iacute;diese usted... Los curas y los abogados, &iexcl;mala
+peste cargue con ellos!, dir&aacute;n que esto no vale... Yo digo que s&iacute; vale;
+es mi idea. Cuando lo natural habla, los hombres se tienen que callar la
+boca&raquo;.</p>
+
+<p>Y su convicci&oacute;n era tan profunda, que de ella tomaba fuerza para
+soportar aquella vida solitaria y trist&iacute;sima.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, al levantarse, vio que hab&iacute;a ca&iacute;do durante la noche
+una gran nevada. El espect&aacute;culo que ofrec&iacute;a la plaza era precioso; los
+techos enteramente blancos; todas las l&iacute;neas horizontales de la
+arquitectura y el herraje de los balcones perfilados con pur&iacute;simas
+l&iacute;neas de nieve; los &aacute;rboles ostentando cuajarones que parec&iacute;an de
+algod&oacute;n, y el Rey Felipe III con pelliza de armi&ntilde;o y gorro de dormir.
+Despu&eacute;s de arreglarse volvi&oacute; a mirar la plaza, entretenida en ver c&oacute;mo
+se deshac&iacute;a el m&aacute;gico encanto de la nieve; c&oacute;mo se abr&iacute;an surcos en la
+blancura de los techos; c&oacute;mo se sacud&iacute;an los pinos su desusada
+vestimenta; c&oacute;mo, en fin, en el cuerpo del Rey y en el del caballo, se
+desle&iacute;an los copos y chorreaba la humedad por el bronce abajo. El suelo,
+a la ma&ntilde;ana tan puro y albo, era ya al mediod&iacute;a charca cenagosa, en la
+cual chapoteaban los barrenderos y mangueros municipales, disolviendo la
+nieve con los chorros de agua y revolvi&eacute;ndola con el fango para echarlo
+todo a la alcantarilla. Divertido era este espect&aacute;culo, sobre todo
+cuando restallaban los airosos surtidores de las mangas de riego, y los
+chicos se lanzaban a la faena, armados con tremendas escobas. Miraba
+esto Fortunata, cuando de repente... &iexcl;ay, Dios m&iacute;o!, vio a su marido;
+era &eacute;l, Maximiliano, que entraba en la plaza por el arco del 7 de
+Julio, y tuvo que retroceder saltando m&aacute;s que de prisa, porque el chorro
+de agua le cort&oacute; el paso. Instintivamente se quit&oacute; la joven de su
+ventana; pero despu&eacute;s se volvi&oacute; a asomar, dici&eacute;ndose: &laquo;Si aqu&iacute; no puede
+verme... Lo que menos piensa &eacute;l es que est&aacute; tan cerca de m&iacute;... Vamos; da
+la vuelta... Se ha metido por los soportales. Sin duda va al caf&eacute; de
+Gallo a reunirse con su hermano, la otra cabeza de campanario. &iquest;Pero
+c&oacute;mo es que le dejan salir solo? &iquest;Se habr&aacute; puesto bueno? &iquest;Estar&aacute; mejor?
+&iexcl;Pobre chico!...&raquo;.</p>
+
+<p>Y no se volvi&oacute; a acordar m&aacute;s de &eacute;l hasta la noche, cuando estaba
+acostada, sola en la casa, pues su t&iacute;a no hab&iacute;a entrado a&uacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Es una barbaridad que le dejen salir solo a la calle. El mejor d&iacute;a hace
+cualquier desav&iacute;o y da un disgusto... Pues ahora que le he visto suelto,
+voy a tener miedo, y me pondr&eacute; a discurrir si se meter&aacute; aqu&iacute; el mejor
+d&iacute;a... La suerte es que no sabr&aacute; d&oacute;nde estoy; buen cuidado tengo yo de
+que no lo sepa. &iquest;Pero qui&eacute;n est&aacute; segura de ning&uacute;n secreto en estos
+tiempos? A lo mejor, cualquier chusco se lo canta y ya tenemos jaqueca
+para rato... &iexcl;Como no le d&eacute; por venir a matarme!... Eso tendr&aacute; que ver.
+Pero muy descuidada habr&iacute;a de cogerme, porque le deshago yo de un par de
+porrazos... Pero, &iquest;y si entra, se esconde, me acecha, y &iexcl;pim!, me pega
+un tiro?... No; yo tengo que estar con mucho cuidado. Ni a Cristo le
+abro yo la puerta. Y voy a decirle a mi t&iacute;a que necesito tomar una
+criada. Una chiquilla modosa y dispuestilla, as&iacute; como Papitos, me
+vendr&iacute;a muy bien. &iexcl;Sola todo el d&iacute;a en esta jaula!... &iexcl;Ah!, gracias a
+Dios; ya siento el llav&iacute;n de mi t&iacute;a, que entra. &iquest;Ser&aacute; ella o ser&aacute; alguno
+que le ha quitado el llav&iacute;n y viene a matarme?... T&iacute;a, t&iacute;a, &iquest;es usted?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy, &iquest;qu&eacute; se te ocurre?...</p>
+
+<p>&mdash;Nada; ya estoy tranquila. Es que me da mucho miedo de estar sola, y me
+parece que entran ladrones, asesinos y qu&eacute; s&eacute; yo...</p>
+
+<p>Ninguna noche conciliaba el sue&ntilde;o antes de que diera las doce el reloj
+de la Casa-Panader&iacute;a. O&iacute;a claramente algunas campanadas; despu&eacute;s el
+sonido se apagaba alej&aacute;ndose, como si se balanceara en la atm&oacute;sfera,
+para volver luego y estrellarse en los cristales de la ventana. En el
+estado incierto del crep&uacute;sculo cerebral, imaginaba Fortunata que el
+viento ven&iacute;a a la plaza a jugar con la hora. Cuando el reloj empezaba a
+darla, el viento la cog&iacute;a en sus brazos y se la llevaba lejos, muy
+lejos... Despu&eacute;s volv&iacute;a para ac&aacute;, describiendo una onda grand&iacute;sima, y
+retumbaba &iexcl;plam!, tan fuerte como si el sonoro metal estuviera dentro de
+la casa. El viento pasaba con la hora en brazos por encima de la Plaza
+Mayor y se iba hasta Palacio, y a&uacute;n m&aacute;s all&aacute;, cual si fuera mostrando la
+hora por toda la Villa y diciendo a sus habitantes: &laquo;Aqu&iacute; ten&eacute;is las
+doce, tan guapas&raquo;. Y luego tornaba para ac&aacute;, &iexcl;plam!... &iexcl;ay!, era la
+&uacute;ltima. El viento entonces se largaba refunfu&ntilde;ando. Otras noches se
+entreten&iacute;a la joven discurriendo que la hora de la Puerta del Sol y la
+hora de la Panader&iacute;a se enzarzaban. Empezaba esta, y le respond&iacute;a la
+otra. De tal modo se confund&iacute;an los toques, que no conociera aquella
+hora ni la misma noche que la invent&oacute;. Las doce de ac&aacute; y las doce de
+all&aacute; eran una disputa o guirigay de campanadas. &laquo;Vamos, que tambi&eacute;n se
+oye la Merced... Tant&iacute;sima hora, tant&iacute;sima hora, y no sabe una si son
+las doce o qu&eacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Para tener compa&ntilde;&iacute;a y servicio, tom&oacute; por criada a una ni&ntilde;a, hija de una
+de las placeras amigas de Segunda. Llam&aacute;base Encarnaci&oacute;n y parec&iacute;a muy
+formalita. Su ama le ley&oacute; la cartilla el primer d&iacute;a, dici&eacute;ndole: &laquo;Mira,
+si alg&uacute;n sujeto que t&uacute; no conoces, por ejemplo, un se&ntilde;orito flaco, de
+mal color, as&iacute; un poco alborotado, te pregunta en la calle si vivo yo
+aqu&iacute;, dices que no. No abras nunca la puerta a ninguna persona que no
+sea de casa. Llaman, miras, y vienes y me dices: 'Se&ntilde;orita, es un hombre
+o una mujer de estas y estas se&ntilde;as'. Conque f&iacute;jate bien en lo que te
+mando. Tu t&iacute;a te habr&aacute; hecho la misma recomendaci&oacute;n. Si no nos obedeces,
+&iquest;sabes lo que hacemos? Pues cogerte y mandarte a la c&aacute;rcel. Y no creas
+que te van a sacar: all&iacute; te estar&aacute;s lo menos, lo menos, tres a&ntilde;os y
+medio&raquo;.</p>
+
+<p>La chica cumpl&iacute;a estas &oacute;rdenes al pie de la letra. Un domingo llamaron.
+&laquo;Se&ntilde;orita, ah&iacute; est&aacute; un hombre con barbas largas, muy ase&ntilde;orado... y
+tiene la voz as&iacute;, como <i>respetosa</i>&raquo;. Mir&oacute; Fortunata por los agujeros de
+la chapa. Era Ballester. &laquo;Dile que pase&raquo;. Se alegraba de verle para
+saber lo que ocurr&iacute;a en la familia, y para que le contara por qu&eacute;
+demonios andaba suelto Maxi por esas calles.</p>
+
+<p>De tan gozoso, estaba turbado el bueno del farmac&eacute;utico. Ven&iacute;a vestido
+con los trapitos de cristianar, peinado en la peluquer&iacute;a, con una raya
+muy bien sacada desde la frente a la nuca, y las mechas negras
+chorreando olorosa grasa, las botas nuevas y sombrero de copa muy
+lustroso. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; deseos ten&iacute;a de verla a usted...! No me atrev&iacute;a a
+venir... Pero do&ntilde;a Lupe me ha instado tanto para que venga, que al
+fin... No, no, no tema que Maximiliano descubra d&oacute;nde usted est&aacute;. Hay
+mucho cuidado para que no se entere de nada. Y eso que ahora, si viera
+usted, ha recobrado la raz&oacute;n; parece que est&aacute; juicios&iacute;simo; habla de
+todo con tino, y no hace ning&uacute;n disparate&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata estaba algo cohibida, pues a pesar de la convicci&oacute;n de que
+hac&iacute;a gala con respecto a ciertas legitimidades, le daba verg&uuml;enza de no
+poder disimular ya su estado ante un amigo de la familia de Rub&iacute;n. Se
+puso muy colorada cuando Segismundo le dijo esto: &laquo;Do&ntilde;a Lupe me ha dado
+un recadito para usted. Me ha encargado decirle si quiere que le avise a
+D. Francisco de Quevedo... Es hombre que sabe su obligaci&oacute;n; muy
+cuidadoso y muy h&aacute;bil...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;, veremos... lo pensar&eacute;... todav&iacute;a...&mdash;balbuci&oacute; ella cortad&iacute;sima,
+bajando los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo todav&iacute;a? Me ha dicho do&ntilde;a Lupe que ser&aacute; en Marzo. Estamos a 20
+de Febrero. No, no se descuide usted... que a lo mejor podr&iacute;a verse
+sorprendida... Estas cosas deben prepararse con tiempo.</p>
+
+<p>Tomando una actitud galante, a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;Porque yo me intereso vivamente
+por usted en todas las circunstancias, en todas absolutamente. Soy el
+mismo Segismundo de siempre y cuando usted necesite de un amigo leal y
+callado, acu&eacute;rdese de m&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Y elevando el tono casi hasta lo pat&eacute;tico, salt&oacute; de repente con esto:
+&laquo;No me vuelvo atr&aacute;s de nada de lo que he dicho a usted en otras
+ocasiones&raquo;. Como ella aparentase no interesarse en este giro de la
+conversaci&oacute;n, volvi&oacute; Ballester a tomar el tono fraternal de esta manera.
+&laquo;Me voy a permitir hablar a Quevedo. Debemos estar prevenidos... Le dir&eacute;
+que venga a ver a usted... Es persona de confianza, y ya sabe &eacute;l que no
+tiene que decir nada al amigo Rub&iacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Lo que ten&iacute;a a Fortunata muy sorprendida y maravillada era el inter&eacute;s
+que mostraba hacia ella, seg&uacute;n le dijo el regente, la viuda de J&aacute;uregui.</p>
+
+<p>&laquo;Yo no s&eacute; lo que es, amiga m&iacute;a; pero <i>la ministra</i>, de unos d&iacute;as a esta
+parte me ha preguntado como unas seis veces si la hab&iacute;a visto a usted...
+'Yo no voy&mdash;me dijo&mdash;; pero hay que mirar algo por ella, y no
+abandonarla como a un perro'. Por esto me decid&iacute; a venir, y ahora me
+alegro, porque veo que usted me ha recibido, y que continuaremos siendo
+buenos amigos. Quedamos en que vendr&aacute; Quevedo. S&iacute;; prepar&eacute;monos, porque
+estas cosas unas veces se presentan bien y otras mal. No le faltar&aacute; a
+usted nada. &iexcl;Qu&eacute; caramba! Hay que afrontar las situaciones, y... &iexcl;Oh!,
+&iexcl;qu&eacute; cabeza &eacute;sta! &iquest;Pues no se me olvidaba lo mejor? (meti&eacute;ndose la mano
+en el bolsillo). <i>La ministra</i> me ha dado para usted este paquetito de
+dinero. Por fuera est&aacute; escrita la cantidad: mil doscientos cincuenta y
+dos reales. Debe de ser lo que le corresponde a usted por r&eacute;ditos de
+alg&uacute;n dinero. Para concluir: siempre que se le ofrezca a usted alguna
+cosa, sea del orden que fuese, piensa usted un rato, y dice: '&iquest;A qui&eacute;n
+acudir&eacute; yo?, pues a ese tarambana de Segismundo'. Con mandarme un
+recadito... Aunque yo cuidar&eacute; de venir alg&uacute;n domingo o los ratos que
+tenga libres, porque ahora, como estoy solo con Padilla, dispongo de
+muy poquito tiempo. Si pudiera, vendr&iacute;a ma&ntilde;ana y tarde todos los d&iacute;as,
+contando con su permiso. Pero en este p&iacute;caro mundo, se llega hasta donde
+se puede, y el que, impulsado por el querer, va m&aacute;s all&aacute; del poder, cae
+y se estrella&raquo;.</p>
+
+<p>Repiti&oacute; sus ofrecimientos y se fue, dejando a Fortunata la impresi&oacute;n de
+que no estaba tan sola como cre&iacute;a, y de que el tal Segismundo era, en
+medio de sus tonter&iacute;as y extravagancias, un coraz&oacute;n generoso y leal.
+Mucho le extra&ntilde;aba a la infeliz joven que Aurora no hubiese ido a verla,
+y sinti&oacute; que se le olvidara, durante la visita del regente, preguntar a
+este por <i>las Samaniegas</i>. Pero ya se lo preguntar&iacute;a cuando volviese.</p>
+
+<p>Con el cambio de vida y domicilio, reanud&oacute; la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n algunas
+relaciones de familia que estaban absolutamente quebrantadas, siendo de
+notar entre ellas la de Jos&eacute; Izquierdo, que, empezando por ir a cenar
+con su hermana y sobrina algunas noches, acab&oacute;, conforme a su genial
+parasitario, por estar all&iacute; todo el tiempo que ten&iacute;a libre. Fortunata
+encontr&oacute; a su t&iacute;o transfigurado moralmente, con un reposo espiritual que
+nunca viera en &eacute;l, suelto de palabra, curado de su loca ambici&oacute;n y de
+aquel negro pesimismo que le hac&iacute;a renegar de su suerte a cada instante.
+El bueno de <i>Plat&oacute;n</i>, encontrando al fin el descanso de su vida
+vagabunda, se hab&iacute;a sentado en una piedra del camino, a la sombra de
+frondoso &aacute;rbol cargado de fruto (valga la figura) sin que nadie le
+disputase el hartarse de ella. No exist&iacute;a por aquel entonces en Madrid
+un <i>modelo</i> mejor, y los pintores se lo disputaban. Ve&iacute;ase Izquierdo
+acosado, requerido; recib&iacute;a esquelas y recados a toda hora, y le
+desconsolaba el no tener tres o cuatro cuerpos para servir con ellos al
+arte. Ni hab&iacute;a oficio en el mundo que m&aacute;s le cuadrase, porque aquello no
+era trabajar &iexcl;qu&eacute; demonio!, era <i>retratarse</i>, y el que trabajaba era el
+pintor, poniendo en &eacute;l sus cinco sentidos y mir&aacute;ndole como se mira a una
+novia. En aquellos d&iacute;as de Febrero del 76, como se pusiera a hablar con
+su hermana y sobrina de las muchas obras que tra&iacute;a entre manos, no
+acababa. En tal estudio hac&iacute;a de <i>Pae Eterno</i>, en el momento de estar
+fabricando la luz; en otro de Rey D. Jaime, a caballo, entrando en
+Valencia. All&iacute; de Nabucodonosor andando a cuatro patas; aqu&iacute; de un <i>t&iacute;o
+en pelota que le llaman</i> Eneas, con su padre a <i>la pela</i>. &laquo;Pero lo mejor
+que estamos pintando ahora... y que lo vamos sacando <i>de lo fino</i>..., es
+aquel paso de Hern&aacute;n-Cort&eacute;s cuando manda dar fuego a las jud&iacute;as
+naves...&raquo;. Ganaba mi hombre todo lo que necesitaba, y era venturoso, y
+la sujeci&oacute;n del d&iacute;a la compensaba con las largas expansiones de charla y
+copas que se daba de noche en alg&uacute;n caf&eacute;, convidando a los amigos. A su
+sobrina le prestaba servicios, haci&eacute;ndole cuantos encargos eran
+compatibles con sus tareas art&iacute;sticas. Sol&iacute;a ella enviarle con alg&uacute;n
+mensaje a casa de su costurera, o se val&iacute;a de &eacute;l para recados y compras.
+M&aacute;s de una vez le mand&oacute; a la gran tienda de Samaniego por tela o encajes
+para el ajuar que estaba haciendo; pero siempre le encargaba que no la
+descubriese all&iacute;, pues ya que Aurora no hab&iacute;a ido a verla, lo que
+propiamente era una falta de educaci&oacute;n, y hablando mal y pronto, una
+cochinada, no quer&iacute;a ella tampoco aparentar que solicitaba su amistad; y
+si razones ten&iacute;a <i>la Samaniega</i> para retraerse, tambi&eacute;n ella las ten&iacute;a
+para no rebajarse. &laquo;A fina me ganar&aacute;; pero a orgullosa no&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="vd" id="vd"></a>-V-</h2>
+
+<h2>La raz&oacute;n de la sinraz&oacute;n</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>La mejor&iacute;a de Maximiliano continuaba, de lo cual coligieron su t&iacute;a
+y su hermano que la separaci&oacute;n matrimonial hab&iacute;a sido un gran bien, pues
+sin duda la presencia y compa&ntilde;&iacute;a de su mujer era lo que le sacaba de
+quicio. Todo aquel invierno continu&oacute; el tratamiento de las duchas
+circular y escocesa y el bromuro de sodio. Al principio, cuando no le
+sacaba a paseo Juan Pablo, sac&aacute;bale su misma t&iacute;a, teniendo ocasi&oacute;n de
+notar lo bien concertados que eran sus juicios. Observaron, no obstante,
+que en el caletre del joven se escond&iacute;a un pensamiento relativo al
+paradero de su consorte, y tem&iacute;an que este pensamiento, aunque contenido
+en proporciones menudas por el renacimiento arm&oacute;nico de la vida
+cerebral, tuviera el mejor d&iacute;a fuerza expansiva bastante para volver a
+trastornar toda la m&aacute;quina. Pero estos temores no se confirmaron. En
+Diciembre y Enero la mejor&iacute;a fue tan notoria, que do&ntilde;a Lupe estaba
+pasmada y content&iacute;sima. En Febrero ya le permitieron salir solo, pues
+no se met&iacute;a con nadie y se le hab&iacute;an acentuado considerablemente la
+timidez y la docilidad. Era como un retroceso a la edad en que estudi&oacute;
+los primeros a&ntilde;os de su carrera, y aun parec&iacute;a que se renovaban en &eacute;l
+las ideas de aquellos lejanos d&iacute;as, y con las ideas el encogimiento en
+el trato, la sobriedad de palabras y la falta de iniciativa.</p>
+
+<p>Su vida era muy met&oacute;dica; no se le permit&iacute;a leer nada, ni &eacute;l lo
+intentaba tampoco, y siempre que iba a la calle, do&ntilde;a Lupe le fijaba la
+hora a que hab&iacute;a de volver. Ni una sola vez dej&oacute; de entrar a la hora que
+se le mandaba. Para que tales d&iacute;as se pareciesen m&aacute;s a los de marras, el
+&uacute;nico gusto del joven era pasear por las calles sin rumbo fijo, a la
+ventura, observando y pensando. Una diferencia hab&iacute;a entre la
+deambulaci&oacute;n pasada y la presente. Aquella era nocturna y ten&iacute;a algo de
+sonambulismo o de ideaci&oacute;n enfermiza; esta era diurna, y a causa de las
+buenas condiciones del ambiente solar en que se produc&iacute;a, resultaba m&aacute;s
+sana y m&aacute;s conforme con la higiene cerebro-espinal. En aquella, la mente
+trabajaba en la ilusi&oacute;n, fabricando mundos vanos con la espuma que echan
+de s&iacute; las ideas bien batidas; en esta trabajaba en la raz&oacute;n,
+entreteni&eacute;ndose en ejercicios de l&oacute;gica, sentando principios y
+obteniendo consecuencias con admirable facilidad. En fin, que en la
+marcha que llevaba el proceso cerebral, le sobrevino el <i>furor de la
+l&oacute;gica</i>, y se dice esto as&iacute;, porque cuando pensaba algo, pon&iacute;a un
+verdadero empe&ntilde;o mani&aacute;tico en que fuera pensado en los t&eacute;rminos usuales
+de la m&aacute;s rigurosa dial&eacute;ctica. Rechazaba de su mente con tenaz
+repugnancia todo lo que no fuera obra de la raz&oacute;n y del c&aacute;lculo, no
+desmintiendo esto ni en las cosas m&aacute;s insignificantes.</p>
+
+<p>Que al poco tiempo de sentir en s&iacute; este tic del razonamiento lo aplic&oacute;
+al oscuro problema l&oacute;gico de la ausencia de su mujer, no hay para qu&eacute;
+decirlo. &laquo;Que vive, no tiene duda; este es un principio inconcuso que ni
+siquiera se discute. Ahora dilucidemos si est&aacute; en Madrid o fuera de
+Madrid. Si se hubiera ido a otra parte, alguna vez recibir&iacute;a mi t&iacute;a
+cartas suyas. Es as&iacute; que jam&aacute;s llega a casa el cartero del exterior, y
+cuando va es para traer alguna carta de las hermanas de mi t&iacute;o J&aacute;uregui;
+luego... Pero propongamos la hip&oacute;tesis de que dirige las cartas a otra
+persona para que yo no me entere. Es inveros&iacute;mil; pero propong&aacute;mosla. En
+tal caso, &iquest;qu&eacute; persona ser&iacute;a esta? En todo rigor de l&oacute;gica no puede ser
+do&ntilde;a Casta, porque la se&ntilde;ora de Samaniego no gusta de tales papeles. En
+todo rigor de l&oacute;gica tiene que ser Torquemada. Pero Torquemada,
+anteayer, entr&oacute; en el gabinete de mi t&iacute;a, y yo, desde el pasillo, le o&iacute;
+preguntarle claramente si hab&iacute;a sabido de la se&ntilde;orita... Luego,
+Torquemada no es. Luego, no siendo Torquemada, no hay intermediario de
+cartas; y no habiendo intermediario de cartas, no puede haber
+correspondencia; luego est&aacute; en Madrid&raquo;.</p>
+
+<p>Quedose muy satisfecho, y despu&eacute;s de detenerse un rato a ver un
+escaparate de estampas, volvi&oacute; a pegar la hebra: &laquo;Podr&iacute;a ponerse en duda
+que entre ella y mi t&iacute;a haya comunicaci&oacute;n, y en caso de que no la
+hubiera, el problema de su residencia seguir&iacute;a como boca de lobo; pero
+yo sostengo que hay comunicaci&oacute;n. Si no, &iquest;qu&eacute; significa el papelito de
+apuntes que sorprend&iacute; el otro d&iacute;a sobre la c&oacute;moda de mi t&iacute;a, y en el
+cual, pasando al descuido la vista, distingu&iacute; este rengl&oacute;n que dec&iacute;a:
+<i>Corresponden a F. 1.252 reales</i>? <i>F.</i> quiere decir <i>ella</i>. Luego hay
+comunicaci&oacute;n entre mi t&iacute;a y ella, y como esta comunicaci&oacute;n no es postal,
+resulta claro, como la luz del d&iacute;a, que reside en Madrid&raquo;.</p>
+
+<p>Largos ratos se pasaba en este ejercicio de la raz&oacute;n. A veces se dec&iacute;a:
+&laquo;Rechacemos todo lo fant&aacute;stico. No admitamos nada que no se apoye en la
+l&oacute;gica. &iquest;De qu&eacute; vive? &iquest;Vivir&aacute; honradamente? No aventuremos ning&uacute;n juicio
+temerario. Podr&aacute; vivir honradamente y podr&aacute; vivir de mala manera. Yo
+llegar&eacute; a descubrir la verdad enterita, sin preguntar una palabra a
+nadie. Pues todos callan ante m&iacute;, yo callo ante todos. Veo, oigo y
+pienso. As&iacute; sabr&eacute; todo lo que quiero. &iexcl;Qu&eacute; hermosa es la verdad, mejor
+dicho, estos bordes del manto de la verdad que alcanzamos a ver en la
+tierra, porque el cuerpo del manto y el de la verdad misma no se ven
+desde estos barrios!... Dios m&iacute;o, me asombro de lo cuerdo que estoy. La
+gente me mira con l&aacute;stima, como a un enfermo; pero yo, en m&iacute;, me recreo
+en lo sano de mis juicios. Dichoso el que piensa bien, porque &eacute;l est&aacute; en
+grande&raquo;.</p>
+
+<p>Entr&oacute; en el caf&eacute; del Siglo, donde cre&iacute;a encontrar a su hermano; pero
+Leopoldo Montes le dijo que habiendo aceptado Villalonga la Direcci&oacute;n de
+Beneficencia y Sanidad, hab&iacute;a encargado a Juan Pablo un trabajo
+delicad&iacute;simo y muy enojoso... cosa de poner en claro unas cuentas de
+lazaretos; y me le ten&iacute;a en la oficina de sol a sol. All&iacute; le llevaban el
+caf&eacute;. No le ven&iacute;a mal a Juan Pablo que el director le encargase trabajos
+extraordinarios, pues esto significaba confianza, y tras la confianza
+vendr&iacute;a un ascenso. Hablaron de empleos y de pol&iacute;tica, diciendo
+Maximiliano cosas muy buenas.</p>
+
+<p>Refugio, la querida de Juan Pablo, estaba aquel invierno muy mal de
+ropa, y no iba al caf&eacute; del Siglo, sino al de Gallo, porque le cog&iacute;a
+cerca (la pareja moraba en la Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima), y adem&aacute;s porque la
+sociedad modesta que frecuentaba aquel establecimiento, permit&iacute;a
+presentarse en &eacute;l de trapillo o con mant&oacute;n y pa&ntilde;uelo a la cabeza.
+Agreg&aacute;bansele a Refugio algunas personas con quienes ten&iacute;a amistad f&aacute;cil
+y adventicia, de esas que se contraen por vecindad de casa o de mesa de
+caf&eacute;. Eran un portero de la Academia de la Historia con su esposa, y un
+cobrador municipal de puestos del mercado, con la suya o lo que fuese.
+Este matrimonio sol&iacute;a ir los domingos acompa&ntilde;ado de toda la familia, a
+saber: una abuela que hab&iacute;a sido <i>v&iacute;ctima</i> del 2 de Mayo, y siete
+menores. El caf&eacute; se compone de dos cruj&iacute;as, separadas por gruesa pared y
+comunicadas por un arco de f&aacute;brica; mas a pesar de esta rareza de
+construcci&oacute;n, que le asemeja algo a una logia mas&oacute;nica, el local no
+tiene aspecto l&uacute;gubre. En la segunda sala, donde se instalaba Refugio,
+hab&iacute;a siempre animaci&oacute;n campechana y confianzuda, y como el espacio es
+all&iacute; tan reducido, toda la parroquia ven&iacute;a a formar una sola tertulia.
+En ella imperaba Refugio como en un sal&oacute;n elegante en el cual fuera
+estrella de la moda, D&aacute;base mucho lustre, tomando aires de se&ntilde;ora,
+alardeando de expresarse con agudeza y de decir gracias que los dem&aacute;s
+estaban en la obligaci&oacute;n de re&iacute;r. Pon&iacute;ase siempre en un &aacute;ngulo, que
+ten&iacute;a, por la disposici&oacute;n del local, honores de presidencia. Cuando Maxi
+iba, su cu&ntilde;ada le hac&iacute;a sentar a su lado, y le mimaba y atend&iacute;a mucho,
+con sentimientos compasivos y de protecci&oacute;n familiar, permiti&eacute;ndose
+tambi&eacute;n tutearle y darle consejos higi&eacute;nicos. &Eacute;l se dejaba querer, y
+apenas tomaba parte en la tertulia, como no fuera con los silogismos que
+mentalmente hac&iacute;a sobre todo lo que all&iacute; se charlaba. Una noche estaba
+el pobre chico tom&aacute;ndose su caf&eacute;, muy callado, en la misma mesa de
+Refugio, cuando se fij&oacute; en dos hombres que en la pr&oacute;xima estaban, uno de
+los cuales no le era desconocido. Pensando, pensando, acert&oacute; al fin. Era
+Pepe Izquierdo, t&iacute;o de su mujer, a quien s&oacute;lo hab&iacute;a visto una vez, yendo
+de paseo con Fortunata por las Rondas, y ella se lo present&oacute;. Como en
+Gallo hab&iacute;a tanta confianza, pronto se comunicaron los de una y otra
+mesa. Primero se hablaba de pol&iacute;tica, despu&eacute;s de que la guerra se
+acabar&iacute;a a fuerza de dinero, y como la pol&iacute;tica y las guerras vienen a
+ser las fibras con que se teje la Historia, hablose de la Revoluci&oacute;n
+francesa, &eacute;poca funesta en que, seg&uacute;n el cobrador municipal, hab&iacute;an sido
+guillotinadas <i>muchas almas</i>. O&iacute;r que se hablaba de Historia y no meter
+baza, era imposible para Izquierdo; pues desde que se puso a <i>modelo</i>
+sab&iacute;a que Nabucodonosor era un Rey que com&iacute;a hierba; que D. Jaime entr&oacute;
+en Valencia a caballo, y que Hern&aacute;n-Cort&eacute;s era un <i>endivido</i> muy
+templado que se entreten&iacute;a en quemar barcos. Los disparates que aquel
+hombre dijo acerca del <i>Pronunciamiento</i> de Francia, hicieron re&iacute;r mucho
+a todos, particularmente al portero de la Academia de la Historia, que
+echaba al concurso miradas desde&ntilde;osas, no queriendo aventurar una
+opini&oacute;n, que habr&iacute;a sido lo mismo que arrojar margaritas a cerdos. Mas
+el compa&ntilde;ero de <i>Plat&oacute;n</i>, persona enteramente desconocida para Maxi,
+deb&iacute;a de ser uno de los sujetos m&aacute;s eruditos que en aquel local se
+hab&iacute;an visto nunca, y cuando rompi&oacute; a hablar, se gan&oacute; la atenci&oacute;n del
+auditorio. Ten&iacute;a la cara granulosa y el pescuezo como el de un pavo, con
+una nuez muy grande, el pelo escobill&oacute;n, y se expresaba en t&eacute;rminos muy
+distintos del g&aacute;rrulo lenguaje de su amigo: &laquo;Al Rey Luis XVI&mdash;dijo&mdash;, y
+a la Reina Do&ntilde;a Mar&iacute;a Antonieta les cortaron la cabeza, naturalmente,
+porque no quer&iacute;an darle libertad al pueblo. Por eso hubo, naturalmente,
+aquel gran pronunciamiento, y todo lo variaron, hasta los nombres de los
+meses, se&ntilde;ores, y hasta abolieron la vara de medir y pusieron el metro,
+y la religi&oacute;n tambi&eacute;n fue abolida, celebr&aacute;ndose las misas, naturalmente,
+a la diosa Raz&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Tanta sabidur&iacute;a impresion&oacute; a Maxi, que al punto se desat&oacute; a charlar con
+Ido del Sagrario, pues no era otro el docto amigo de Izquierdo, y
+estuvieron poniendo comentarios a los tr&aacute;gicos sucesos del 93. &laquo;Porque
+mire usted, cuando el pueblo se desmanda, los ciudadanos se ven
+indefensos, y francamente, naturalmente, buena es la libertad; pero
+primero es vivir. &iquest;Qu&eacute; sucede? Que todos piden orden. Por consiguiente,
+salta el dictador, un hombre que trae una macana muy grande, y cuando
+empieza a funcionar la macana, todos la bendicen. O hay l&oacute;gica o no hay
+l&oacute;gica. Vino, pues, Napole&oacute;n Bonaparte, y empez&oacute; a meter en cintura a
+aquella gente. Y que lo hizo muy bien, y yo le aplaudo, s&iacute; se&ntilde;or, yo le
+aplaudo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo tambi&eacute;n&mdash;dijo Maxi, con la mayor buena fe, observando que aquel
+hombre razonaba discretamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere esto decir que yo sea partidario de la tiran&iacute;a?...&mdash;prosigui&oacute;
+Ido&mdash;. No se&ntilde;or. Me gusta la libertad; pero respetando... respetando a
+Juan, Pedro y Diego... y que cada uno piense como quiera, pero sin
+desmandarse, sin desmandarse, mirando siempre para la ley. Muchos creen
+que el ser liberal consiste en pegar gritos, insultar a los curas, no
+trabajar, pedir aboliciones y decir que mueran las autoridades. No
+se&ntilde;or. &iquest;Qu&eacute; se desprende de esto? Que cuando hay libertad mal entendida
+y muchas aboliciones, los ricos se asustan, se van al extranjero, y no
+se ve una peseta por ninguna parte. No corriendo el dinero, la plaza
+est&aacute; mal, no se vende nada, y el bracero que tanto chillaba dando vivas
+a la Constituci&oacute;n, no tiene qu&eacute; comer. Total, que yo digo siempre:
+&laquo;L&oacute;gica, liberales&raquo; y de aqu&iacute; no me saca nadie.</p>
+
+<p>&laquo;Este hombre tiene mucho talento&raquo; pensaba Rub&iacute;n, apoyando con
+movimientos de cabeza la aseveraci&oacute;n de aquel sujeto.</p>
+
+<p>Y cuando, al despedirse, Ido le dio su nombre, agregando que era
+profesor de primeras letras en las escuelas cat&oacute;licas, Maximiliano
+discurri&oacute; que no estaba en armon&iacute;a la humildad del empleo con el saber y
+la destreza dial&eacute;ctica que aquel individuo mostraba.</p>
+
+<p>Al siguiente d&iacute;a por la tarde, Maxi fue a Gallo y no estaban, de las
+personas conocidas, m&aacute;s que el cobrador municipal y Jos&eacute; Izquierdo. Este
+hab&iacute;a dejado en la silla pr&oacute;xima un envoltorio. Mirolo el joven con
+disimulo y vio que era algo como ropa o calzado, cubierto con un
+pa&ntilde;uelo. Tan mal hecho estaba el atadijo, que al mover la silla se
+descubri&oacute; una bota elegante con ca&ntilde;a color de caf&eacute;. Al verla Rub&iacute;n,
+sinti&oacute; como si le cayera una gota fr&iacute;a en el coraz&oacute;n. &laquo;Esa bota es de
+ella... &iexcl;ay, de ella es!... La conozco, como conozco las m&iacute;as. No la
+lleva a componer porque est&aacute; casi nueva. La lleva de muestra para que le
+hagan otro par. Es muy presumida en cuestiones de calzado. Le gusta
+tener siempre tres o cuatro pares en buen uso. &iquest;Y por qu&eacute; no las lleva
+ella? Porque no sale. Luego est&aacute; enferma... Enferma, &iquest;de qu&eacute;?&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p><i>Plat&oacute;n</i> se despidi&oacute; de su amigo, y cogi&oacute; el l&iacute;o diciendo que
+ten&iacute;a que ir a la calle del Arenal.</p>
+
+<p>&laquo;Justo&mdash;discurri&oacute; Maxi sin decir una palabra&mdash;.</p>
+
+<p>All&iacute; est&aacute; su zapatero. Arenal, 22... Lo que me falta saber, podr&iacute;a
+averiguarlo siguiendo a ese b&aacute;rbaro. Pero no... Con la l&oacute;gica y s&oacute;lo con
+la l&oacute;gica lo averiguar&eacute;. &iquest;Para qu&eacute; quiero esta gran cordura que ahora
+tengo? Con mi cabeza me gobierno yo solo&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, cuando entraron Ido, Refugio y otras personas, estuvo muy
+comunicativo, discurriendo admirablemente sobre todo lo que se trat&oacute;,
+que fue la insurrecci&oacute;n de Cuba, el alza de la carne, lo que se debe
+hacer para escoger un bonito n&uacute;mero en la loter&iacute;a, la frecuencia con que
+se tiraba gente por el Viaducto de la calle de Segovia, el tranv&iacute;a nuevo
+que se iba a poner y otras menudencias.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a de los primeros de Marzo, Maxi, al dirigirse al caf&eacute;, vio a
+Izquierdo en los soportales de la Casa-Panader&iacute;a, y a punto que le
+saludaba, pas&oacute; y se detuvo el cobrador municipal. Este y Jos&eacute; cambiaron
+unas palabras.</p>
+
+<p>&laquo;En seguida voy al caf&eacute;&mdash;dijo el <i>modelo</i>, mostrando varios paquetes a
+su amigo, que los miraba con curiosidad&mdash;. Subo a largar esto: Varas de
+cinta... jab&oacute;n... demonios, d&aacute;tiles. Voy cargado como un sant&iacute;simo
+burro&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano sigui&oacute; hacia el caf&eacute;, y observando que Plat&oacute;n tomaba hacia
+la calle de Ciudad Rodrigo, mir&oacute; su reloj.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;D&aacute;tiles!... &iexcl;Cu&aacute;ntos le he comprado yo! Las golosinas la venden. Se
+despepita por ellas...&mdash;pens&oacute; el razonador, penetrando en el establecimiento,
+sin ver nada de lo que en &eacute;l hab&iacute;a&mdash;. Come d&aacute;tiles... luego no est&aacute; mala;
+los d&aacute;tiles son muy indigestos. Y puesto que ella los come, la causa del no
+salir, no es enfermedad... Luego, es otra cosa...</p>
+
+<p>Y viendo entrar a Izquierdo, volvi&oacute; a mirar su reloj. &laquo;Ha tardado doce
+minutos. Luego la casa est&aacute; cerca... Doce minutos: pongamos cuatro para
+subir la escalera, dos para bajarla... Y est&aacute; cansado el hombre; debe de
+ser alta la escalera... La casa est&aacute; cerca. La descubriremos por la
+l&oacute;gica. Nada de preguntas, porque no me lo dir&iacute;an; ni seguir a este
+animal, porque eso no tendr&iacute;a m&eacute;rito. C&aacute;lculo, puro c&aacute;lculo...&raquo;.</p>
+
+<p>Izquierdo y el cobrador municipal le convidaron a unas copas; pero &eacute;l no
+quiso aceptar, porque le repugnaba el aguardiente. Oyoles la
+conversaci&oacute;n sin aparentar o&iacute;rla, aunque nada interesante ten&iacute;a para &eacute;l,
+pues vers&oacute; sobre si la Villa iba a suprimir tantas y tantas mulas del
+ramo de jardines y paseos para repartirse la cebada entre los
+concejales. Despu&eacute;s el recaudador sac&oacute; a relucir no s&eacute; qu&eacute; asunto de
+familia, quej&aacute;ndose de las continuas enfermedades de su esposa, de lo
+que Izquierdo tom&oacute; pie para decir unas cuantas barbaridades sobre las
+ventajas de no tener familia que mantener. &laquo;Musotros los viudos estamos
+como queremos&raquo; dijo volvi&eacute;ndose a Maxi y d&aacute;ndole un palmetazo en el
+hombro. El pobre muchacho hizo como que aprobaba la idea, sonriendo, y
+para s&iacute; dio unas cuantas vueltas al manubrio de la l&oacute;gica: &laquo;Se te ha
+encargado que no descubras nada; se te ha dicho que tengas cuidado con
+lo que hablas delante de m&iacute;, dromedario, y t&uacute;, como todos, te empe&ntilde;as en
+meterme en la cabeza la idea de que estoy viudo. No cuentas con que mi
+cabeza es un prodigio de claridad y raciocinio. A buena parte vienes.
+Ver&aacute;s c&oacute;mo destruyo tus sofismas y mentiras. Ver&aacute;s lo que puede el
+c&aacute;lculo de un cerebro lleno de luz... &iexcl;Con que yo viudo! Lo mismo que mi
+t&iacute;a, que me dijo ayer: &laquo;desde que <i>enviudaste</i>, pareces otro...&raquo;. Me
+conviene hacerles creer que me lo trago. Con mi l&oacute;gica me las arreglo
+admirablemente y me r&iacute;o del mundo. &iexcl;Qu&eacute; bonita es la l&oacute;gica; pero qu&eacute;
+bonita! &iexcl;Y qu&eacute; hermosura tener la cabeza como la tengo ahora, libre de
+toda apreciaci&oacute;n fantasmag&oacute;rica, atenta a los hechos, nada m&aacute;s que a los
+hechos, para fundar en ellos un raciocinio s&oacute;lido!... Pero v&aacute;monos a mi
+casa, que mi t&iacute;a me espera&raquo;.</p>
+
+<p>Tres d&iacute;as despu&eacute;s de esto, al entrar en la botica, not&oacute; que Ballester y
+Quevedo hablaban, y que al verle llegar a &eacute;l, se callaron s&uacute;bitamente.
+Como hab&iacute;a adquirido facilidad para la apreciaci&oacute;n de los hechos, aquel
+se le revel&oacute; claramente. Segismundo y el comadr&oacute;n trataban de algo que
+no quer&iacute;an oyese Maximiliano.</p>
+
+<p>Para disimular le preguntaron a &eacute;l por su salud, y a poco dijo Quevedo
+al farmac&eacute;utico en tono muy misterioso: &laquo;&iquest;Ha preparado usted el
+cornezuelo de centeno? Basta con eso por ahora&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Qu&eacute; tal, &iquest;paseamos mucho, joven?&mdash;agreg&oacute; en alta voz, volviendo hacia
+Maxi su cara de caim&aacute;n, en la cual la sonrisa ven&iacute;a a ser como una
+expresi&oacute;n de ferocidad&mdash;. Vamos bien, vamos bien. Al fin podr&aacute; usted
+volver a sus ocupaciones ordinarias. Ya dec&iacute;a yo que en cuanto estuviera
+usted libre... por aquello de <i>muerto el perro se acab&oacute; la rabia</i>&raquo;.
+Rub&iacute;n contest&oacute; afirmativamente y con amabilidad. Despu&eacute;s observ&oacute; que
+Ballester sacaba de un caj&oacute;n un paquetito de medicamento y se lo daba al
+Sr. de Quevedo, dici&eacute;ndole: &laquo;Ll&eacute;veselo usted; lo he pulverizado yo mismo
+con el mayor esmero. La antiespasm&oacute;dica la llevar&eacute; yo&raquo;. El comadr&oacute;n tom&oacute;
+el paquete y se fue.</p>
+
+<p>A poco entr&oacute; <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i> preguntando por su marido, y pudo observar
+el joven que Ballester le hizo se&ntilde;as, llam&aacute;ndole la atenci&oacute;n sobre la
+presencia de Maxi, pues la se&ntilde;ora empez&oacute; diciendo: &laquo;&iquest;Ha ido otra vez a
+la Cava?&raquo;. Aquello se arregl&oacute; y <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i> invitole a que la
+acompa&ntilde;ase a su casa, lo que &eacute;l hizo de bon&iacute;sima gana, remolc&aacute;ndola del
+brazo por la escalera arriba. Conversando estuvieron largo rato, y la
+se&ntilde;ora de Quevedo le ense&ntilde;aba sus jaulas de p&aacute;jaros, canarias en cr&iacute;a,
+un jilguero que sacaba agua del pozo, y com&iacute;a extrayendo el alpiste de
+una caja, con otras curiosidades ornitol&oacute;gicas de que ten&iacute;a llena la
+casa. A la hora de comer entr&oacute; Quevedo muy fatigado, diciendo: &laquo;No hay
+nada todav&iacute;a...&raquo;. Y como vio all&iacute; al sobrino de do&ntilde;a Lupe, no dijo m&aacute;s.</p>
+
+<p>Cuando Maximiliano se retir&oacute;, iba desarrollando en su mente la m&aacute;s
+prodigiosa cadena de razonamientos que en aquellas cavilaciones se hab&iacute;a
+visto. &laquo;&iquest;Ves como sali&oacute;? Lo que fulmin&oacute; en mi cabeza como un resplandor
+siniestro del delirio, ahora clarea como luz cenital que ilumina todas
+las cosas. Vaya, hasta poeta me estoy volviendo. Pero dej&eacute;monos de
+poes&iacute;as; la inspiraci&oacute;n po&eacute;tica es un estado insano. L&oacute;gica, l&oacute;gica, y
+nada m&aacute;s que l&oacute;gica. &iquest;C&oacute;mo es que lo averiguado hoy por procedimientos
+l&oacute;gicos, fundados en datos e indicios reales, existi&oacute; antes en mi mente
+como los rastros que deja el sue&ntilde;o o como las ideas extravagantes de un
+delirio alcoh&oacute;lico? Porque esto no es nuevo para m&iacute;. Yo lo pens&eacute;, yo lo
+conceb&iacute; envuelto en impresiones disparatadas y confundido con ideas
+enteramente absurdas. &iexcl;Misterios del cerebro, des&oacute;rdenes de la ideaci&oacute;n!
+Es que la inspiraci&oacute;n po&eacute;tica precede siempre a la verdad, y antes de
+que la verdad aparezca, tra&iacute;da por la sana l&oacute;gica, es revelada por la
+poes&iacute;a, estado morboso... En fin, que yo lo adivin&eacute;, y ahora lo s&eacute;. El
+calor se transforma en fuerza. La poes&iacute;a se convierte en raz&oacute;n. &iexcl;Qu&eacute;
+claro lo veo ahora! Vive en la Cava, en la Cava, en la misma casa tal
+vez donde vivi&oacute; antes. Se esconde para que no la vea nadie. El suceso se
+aproxima. La asiste Quevedo. Para ella son el cornezuelo de centeno y la
+antiespasm&oacute;dica. &iexcl;Ah!, &iexcl;c&oacute;mo me r&iacute;o yo de estos imb&eacute;ciles que creen que
+me enga&ntilde;an!... &iexcl;Enga&ntilde;arme a m&iacute;, que estoy ahora m&aacute;s cuerdo que la misma
+cordura! &iexcl;Dios m&iacute;o, qu&eacute; talento tengo! &iexcl;Qu&eacute; manera de discurrir!...
+&iexcl;Estoy asombrado de m&iacute; mismo, y compadezco a mi t&iacute;a, a Ballester, a
+todos los que hacen delante de m&iacute; esta comedia! 'Todav&iacute;a no hay nada',
+fue lo que dijo Quevedo al volver a la Cava. Presunci&oacute;n equivocada,
+falsos s&iacute;ntomas. Luego la cosa est&aacute; pr&oacute;xima. Estamos en Marzo. Bien, no
+me falta m&aacute;s que averiguar la casa. Si me dejara llevar de la
+inspiraci&oacute;n, asegurar&iacute;a que es la misma casa aquella, la de los
+escalones de piedra. Pero no; procedamos con estricta l&oacute;gica, y no
+aseguremos nada que no est&eacute; fundado en un dato real&raquo;.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente estuvo con su hermano en el caf&eacute; del Siglo, y despu&eacute;s
+en el de Gallo con Refugio. Era el 19 de Marzo, y los que se llamaban
+Jos&eacute; convidaban a toda la tertulia. Ido del Sagrario se negaba a tomar
+copas y su amigo Izquierdo, que beb&iacute;a aguardiente como si fuera agua, se
+burlaba de la sobriedad del profesor de instrucci&oacute;n primaria, el cual
+asegur&oacute; haber comido <i>fuerte</i> y no hallarse muy bien del est&oacute;mago. Poco
+a poco se iba desprendiendo el buen Ido de la masa de gente que formaba
+la tertulia, retir&aacute;ndose de silla en silla, hasta que Maxi le vio en la
+mesa m&aacute;s lejana, ensimismado, los codos sobre el m&aacute;rmol y la cabeza en
+las palmas de las manos. Fuese hacia &eacute;l, movido de l&aacute;stima, y le
+pregunt&oacute; lo que ten&iacute;a. &laquo;Amigo&mdash;le dijo Ido con voz cavernosa, mostrando
+su cara descompuesta&mdash;, &iquest;ve usted c&oacute;mo me tiembla el p&aacute;rpado derecho?
+Pues es se&ntilde;al de que me estoy poniendo malo... pero no tiene usted idea
+de lo malo que me pongo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, D. Jos&eacute;, eso no es m&aacute;s que aprensi&oacute;n (tratando de llevarle al
+grupo principal).</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jeme usted... Se r&iacute;en de m&iacute;, porque desbarro mucho... Tiempo hac&iacute;a
+que no me daba esto; pero lo veo venir, lo veo venir... Ya, ya me entra,
+y no lo puedo remediar. Tendr&eacute; que ausentarme, para que no se burlen de
+m&iacute;. Porque me pongo perdido... Me pongo como si bebiera mucho
+aguardiente, y ya ve usted que no lo cato... no lo cato, cr&eacute;amelo usted,
+caballero. Usted es el &uacute;nico que no se reir&aacute; de m&iacute;; usted comprende mi
+desgracia y me compadece.</p>
+
+<p>&mdash;D. Jos&eacute;... que se le quiten esas cosas de la cabeza&mdash;le dijo el otro,
+oficiando de hombre sesudo y razonable.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... pues qu&iacute;teme del campo de mi vida los hechos... (toc&aacute;ndole
+amigablemente el brazo). Porque somos esclavos de las acciones ajenas, y
+las nuestras no son la norma de nuestra vida. As&iacute; es el mundo. De nada
+le vale a usted ser honrado, si la maldad de los dem&aacute;s le obliga a hacer
+una barbaridad.</p>
+
+<p>&mdash;Eso est&aacute; muy bien discurrido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, la desgracia vuelve sabios a los tontos... No, no somos due&ntilde;os
+de nuestra vida. Estamos engranados en una maquinaria, y andamos
+conforme nos lleva la rueda de al lado. El hombre que hace el disparate
+de casarse, se engrana, se engrana, &iquest;me entiende usted?, y ya no es
+due&ntilde;o de su movimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Entiendo, s&iacute;...&mdash;Pues no me acuse usted si oye que he cometido un
+crimen (habl&aacute;ndole al o&iacute;do), porque los que tenemos la desgracia de ser
+esposos de una ad&uacute;ltera... Los que tenemos esa desgracia, no podemos
+responder de aquel mandamiento que dice: <i>no matar</i>. Creo que es el
+quinto.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, el quinto es&mdash;dijo Maxi, que sent&iacute;a una corriente fr&iacute;a pas&aacute;ndole
+por el espinazo.</p>
+
+<p>&mdash;Y aqu&iacute; donde usted me ve... (ech&aacute;ndose para atr&aacute;s y expres&aacute;ndose
+siempre en voz muy baja), hoy mato yo...</p>
+
+<p>Esto, aunque dicho muy quedamente, fue o&iacute;do de Izquierdo, que rompiendo
+a re&iacute;r, solt&oacute; esta andanada: &laquo;&iexcl;Pues no dice este jud&iacute;o <i>Dio</i> que hoy
+mata &eacute;l!... &iquest;En qu&eacute; plaza, camara&iacute;ta?&raquo;.</p>
+
+<p>Las carcajadas atronaban el caf&eacute;, y Rub&iacute;n se acerc&oacute; al grupo principal,
+diciendo con la mayor serenidad del mundo y en tono de benevolencia y
+compasi&oacute;n: &laquo;Se&ntilde;ores, no burlarse de este pobre se&ntilde;or que no tiene la
+cabeza buena. Un trastorno mental es el mayor de los males, y no es
+cristiano tomar estas cosas a broma. Denle un poco de agua con
+aguardiente&raquo;.</p>
+
+<p>Se la ofrecieron; pero Ido no la quiso tomar. Amorraba la cabeza entre
+los brazos cruzados sobre el m&aacute;rmol, y el due&ntilde;o del establecimiento,
+mir&aacute;ndole con sorna, le dec&iacute;a: &laquo;Aqu&iacute; no se duermen monas. A dormirlas a
+la calle&raquo;. Maxi trat&oacute; de hacerle levantar la cabeza. &laquo;D. Jos&eacute;, a usted
+le convendr&iacute;a tomar duchas y tambi&eacute;n unas pildoritas de bromuro de
+sodio. &iquest;Quiere que se las prepare? Es el tratamiento m&aacute;s eficaz para
+combatir eso... D&iacute;gamelo usted a m&iacute;, que durante una temporada he estado
+como usted... much&iacute;simo peor. Yo inventaba religiones; yo quer&iacute;a que
+todo el g&eacute;nero humano se matara; yo esperaba el Mes&iacute;as... Pues aqu&iacute; me
+tiene tan sano y tan bueno&raquo;.</p>
+
+<p>Y volviendo al grupo principal: &laquo;Nada, hay que dejarle. Eso le pasar&aacute;.
+&iexcl;Pobrecito!, me da mucha l&aacute;stima&raquo;.</p>
+
+<p>De repente, D. Jos&eacute; se levant&oacute; de su asiento y sali&oacute; de estamp&iacute;a, entre
+la risa y chacota de toda la partida. Maxi quiso salir detr&aacute;s; pero
+Refugio le tir&oacute; de los faldones y le hizo sentar a su lado: &laquo;D&eacute;jalo t&uacute;,
+&iquest;qu&eacute; te importa?&raquo;. Y apareci&oacute; el tumulto, por la entrada de otros Pepes;
+y el amo del caf&eacute;, que tambi&eacute;n era algo Jos&eacute;, reparti&oacute; puros y ron con
+marrasquino. Algunos se empe&ntilde;aron en que Maximiliano bebiese; pero ni &eacute;l
+quer&iacute;a, ni Refugio se lo hubiera permitido, atenta siempre a cuidar de
+su preciosa salud. Lo que hac&iacute;a el excelente muchacho era re&iacute;r con la
+mayor buena fe todas las gracias que all&iacute; se dec&iacute;an, hasta las m&aacute;s
+zafias y groseras, aunque sin participar mucho de la estrepitosa alegr&iacute;a
+de aquella gente.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>Comi&oacute; Rub&iacute;n aquella noche sosegadamente con su t&iacute;a, cont&aacute;ndole
+algo de lo que hab&iacute;a visto y o&iacute;do en el caf&eacute;, a lo que respondi&oacute; la gran
+se&ntilde;ora expres&aacute;ndole su deseo de que no fuese m&aacute;s a aquel
+establecimiento, por estar muy lejos, y porque en &eacute;l siempre encontrar&iacute;a
+una sociedad inculta y ordinaria. El joven parec&iacute;a conformarse con esta
+idea, y asegur&oacute; que no volver&iacute;a m&aacute;s. Despu&eacute;s fue con su t&iacute;a a casa de
+Samaniego, y mientras dur&oacute; la tertulia, permaneci&oacute; apartado de ella,
+labrando y puliendo su idea. &laquo;Es en la casa de los escalones de
+piedra... Despu&eacute;s que ech&oacute; aquel brindis est&uacute;pido, Izquierdo habl&oacute; de
+subir a gatas a casa de su hermana, y de bajar rodando por los
+escalones de piedra... Ya s&eacute;, pues, d&oacute;nde est&aacute;. Ahora, hay que proceder
+con sigilo y decisi&oacute;n. Lleg&oacute; la hora de castigar. El honor me lo pide.
+No soy un asesino, soy un juez. Aquel desgraciado hombre lo dec&iacute;a:
+'Estamos engranados en la m&aacute;quina, y la rueda pr&oacute;xima es la que nos hace
+mover. Sus dientes empujan mis dientes, y ando'&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; suspiras, hijo?&mdash;le pregunt&oacute; su t&iacute;a, observ&aacute;ndole caviloso y
+suspirante.</p>
+
+<p>Contest&oacute; evasivamente, y a poco se retiraron, no sin que <i>do&ntilde;a
+Desd&eacute;mona</i> invitase al joven a pasar en su casa la ma&ntilde;ana siguiente. Le
+ense&ntilde;ar&iacute;a todos sus p&aacute;jaros y le dar&iacute;a de almorzar. Aceptada esta
+fineza, Maxi se person&oacute; en casa de Quevedo desde las nueve, hora en que
+la se&ntilde;ora aquella se hallaba en la plenitud de sus funciones, limpiando
+jaulas, revisando nidos, examinando huevos, y sosteniendo con este y el
+otro vol&aacute;til pl&aacute;ticas muy cari&ntilde;osas. Su obesidad no le imped&iacute;a ser &aacute;gil
+y diligent&iacute;sima en aquella faena. Gastaba una bata de color de almagre,
+y como su figura era casi esf&eacute;rica, no parec&iacute;a persona que anda, sino un
+enorme queso de bola que iba rodando por las habitaciones y pasillos. No
+tard&oacute; en asociar al chico a sus operaciones, ense&ntilde;&aacute;ndole a distribuir el
+alpiste a toda la familia. Con algunos sosten&iacute;a <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i>
+conversaciones maternales.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; dices t&uacute;, chiquit&iacute;n de la casa?... gloria m&iacute;a... A ver, &iquest;tiene el
+ni&ntilde;o mucha hambre...? &iexcl;Ay qu&eacute; pico me abre este hijo!&raquo;. Y los trinos
+ensordec&iacute;an la casa. Con verdadero ah&iacute;nco, Maximiliano segu&iacute;a torneando
+en su cabeza las ideas de la noche anterior. &laquo;La matar&eacute; a ella y me
+matar&eacute; despu&eacute;s, porque en estos casos hay que poner el pleito en manos
+de Dios. La justicia humana no lo sabe fallar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; mala es esta p&aacute;jara!&mdash;dec&iacute;a <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i>&mdash;, no sabe usted lo
+mala que es. Ha matado ya tres maridos... y de los hijos no hace caso.
+Si no fuera por el macho, que es, ah&iacute; donde usted lo ve, toda una
+persona decente, los pobrecitos se morir&iacute;an de hambre.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que perdonarla&mdash;replic&oacute; Maxi con humorismo&mdash;, porque no sabe lo
+que se hace... Y si la fu&eacute;ramos a condenar, &iquest;qui&eacute;n le tirar&iacute;a la primera
+piedra?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos ahora a los pericos, que ya est&aacute;n alborotados.</p>
+
+<p>&laquo;La l&oacute;gica exige su muerte&mdash;pensaba Rub&iacute;n colgando cuidadosamente una
+jaula en que hab&iacute;a muchos nidos&mdash;. Si siguiera viviendo, no se cumplir&iacute;a
+la ley de la raz&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>La renovaci&oacute;n del alpiste y del agua daba a aquellos infelices y
+graciosos seres aprisionados una alegr&iacute;a insensata; y poni&eacute;ndose todos a
+piar y a cantar a un tiempo, no era posible que se entendieran las
+personas que entre ellos estaban. <i>Do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i> hablaba por se&ntilde;as.
+Maxi parec&iacute;a contento, y hubiera vuelto a empezar todas las operaciones
+por puro entretenimiento. Cuando lleg&oacute; la hora de almorzar, ten&iacute;a ya muy
+buen apetito, y el comadr&oacute;n y su esposa estuvieron muy amables con &eacute;l,
+dici&eacute;ndole que le agradecer&iacute;an fuese todos los d&iacute;as, si ten&iacute;a gusto en
+ello. Ya Quevedo no era celoso, y desde que su esposa se hab&iacute;a
+redondeado hasta hacer la competencia a los quesos de Flandes, se cur&oacute;
+el buen se&ntilde;or de sus murrias y no volvi&oacute; a hacer el Otelo. Sin embargo,
+a ninguno que no fuera el pobre Rub&iacute;n, le habr&iacute;a permitido entrar
+libremente en la casa, porque en verdad, no le consideraba a &eacute;ste capaz
+de comprometer la honra de ning&uacute;n hogar donde penetrase.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe entr&oacute; muy gozosa, diciendo: &laquo;&iquest;Qu&eacute; tal se ha portado el
+gal&aacute;n?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Admirablemente, se&ntilde;ora. Es lo m&aacute;s amable...&mdash;replic&oacute; <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i>,
+y llev&aacute;ndola aparte, a&ntilde;adi&oacute;&mdash;: Si est&aacute; bueno y sano... &iexcl;Si viera usted
+qu&eacute; contento y qu&eacute; tranquilo...! Nada, como la persona de m&aacute;s juicio.</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo&mdash;dijo la de J&aacute;uregui&mdash;, que si no est&aacute; curado, le falta poco.
+&iquest;Y qu&eacute; hay de eso?</p>
+
+<p>&mdash;Esta ma&ntilde;ana volvi&oacute; Quevedo. Todav&iacute;a nada... Esperando por momentos...
+Ella, con mucho miedo.</p>
+
+<p>Algo m&aacute;s cotorrearon, pero no hace al caso. Do&ntilde;a Lupe se llev&oacute; a su
+sobrino al Monte de Piedad, y como aquel d&iacute;a las ventas fueron de muy
+poco inter&eacute;s, tornaron pronto a casa, despu&eacute;s de comprar fresa y
+esp&aacute;rragos en un puesto de la calle de Atocha. Por la tarde, la se&ntilde;ora
+encarg&oacute; a su sobrino que le hiciera unas cuentas algo complicadas, y &eacute;l
+las despach&oacute; con presteza y exactitud, sin equivocarse ni en un c&eacute;ntimo;
+y como su t&iacute;a se maravillase de aquel tino aritm&eacute;tico, el joven se ech&oacute;
+a re&iacute;r, dici&eacute;ndole: &laquo;&iquest;Pero usted qu&eacute; se ha figurado? Si tengo yo la
+cabeza como no la he tenido nunca. Si estoy tan cuerdo, que me sobra
+cordura para darla a muchos que por cuerdos pasan&raquo;.</p>
+
+<p>Hac&iacute;a much&iacute;simo tiempo que do&ntilde;a Lupe no hab&iacute;a visto al chico tan
+despejado, con tanto reposo en el esp&iacute;ritu y el &aacute;nimo tan dispuesto a la
+alegr&iacute;a, se&ntilde;ales todas de reparaci&oacute;n indudable. &laquo;Si no dudo que est&eacute;s
+bien... Cierto que ya quisieran muchos... Yo me alegro infinito de verte
+as&iacute;, y le pido a Dios que te conserve&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Crea usted que seguir&eacute; lo mismo. Yo reconozco en mi cabeza una fuerza
+que nunca he tenido. Discurro admirablemente, y se lo voy a probar a
+usted ahora mismo. Se pasmar&aacute; usted al ver que si buena comedia han
+hecho ustedes conmigo, mejor la he hecho yo con ustedes. Los enga&ntilde;adores
+son los enga&ntilde;ados.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe empez&oacute; a alarmarse.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ver&aacute; usted (continuando en la mesa en que hab&iacute;a hecho las cuentas
+y con el papel de ellas entre las manos). Mi familia, Ballester y todas
+las personas a quienes conozco fuera de casa, <i>bordaban</i> admirablemente
+su papel; y yo callado... haci&eacute;ndome el tonto, mientras con la sola
+fuerza del c&aacute;lculo, descubr&iacute;a la verdad.</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Lupe tan parada, que no sab&iacute;a qu&eacute; decirle.</p>
+
+<p>&laquo;Y vea usted c&oacute;mo le pruebo que mi cabeza da quince y raya hoy a las
+cabezas mejor organizadas, incluso la de usted. Sin decir una palabra a
+nadie, sin preguntar a bicho viviente, y fund&aacute;ndome s&oacute;lo en alg&uacute;n
+indicio que pescaba aqu&iacute; y all&iacute;, sentando hechos y deduciendo
+consecuencias, he descubierto la verdad... todo con la pura l&oacute;gica, t&iacute;a,
+con la l&oacute;gica seca. Atienda usted y as&oacute;mbrese&raquo;.</p>
+
+<p>Estaba, en efecto, la viuda ilustre tan asombrada como quien ve volar un
+buey.</p>
+
+<p>&laquo;Pues por el orden siguiente, he ido descubriendo estos hechos: Que
+Fortunata no se ha muerto, que est&aacute; en Madrid, que vive cerca de la
+Plaza Mayor, que vive en la Cava de San Miguel, en la casa de los
+escalones de piedra, que est&aacute; fuera de cuenta desde hace un mes, y que
+D. Francisco de Quevedo la asiste&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe no se atrevi&oacute; a negar; tan abrumadoras eran las verdades que
+su sobrino manifestaba. &laquo;Ver&aacute;s... T&uacute; no debes ocuparte de eso... Te
+concedo que vive, pero no s&eacute; d&oacute;nde. Y en cuanto al embarazo, es error
+tuyo y de tu maldita l&oacute;gica. &iexcl;Vaya con la salida! El diablo cargue con
+tu l&oacute;gica&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Si insiste usted, querida t&iacute;a, en hacer comedias, creer&eacute; que quien ha
+perdido el juicio es usted. Yo afirmo lo que he dicho, y tengo la
+evidencia de que es verdad. M&iacute; l&oacute;gica no me enga&ntilde;a ni puede enga&ntilde;arme.
+Con franqueza: &iquest;nota usted en m&iacute; algo que remotamente se parezca a falta
+de juicio?</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe no supo qu&eacute; responder.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;He dicho alg&uacute;n disparate?... &iquest;Se atreve usted a sostener que lo he
+dicho? Pues tomemos un coche y vamos a la Cava... &iexcl;Ah!, no quiere usted.
+Luego, yo he dicho la verdad, y la que falta ahora a ella, sin duda con
+muy buen fin, es mi se&ntilde;ora t&iacute;a. &iquest;Qui&eacute;n es aqu&iacute; el cuerdo y qui&eacute;n no lo
+es?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues repito que eso del estado interesante es una papa&mdash;dijo la viuda
+llena de confusi&oacute;n&mdash;. Alguien ha querido darte un bromazo, que por
+cierto es de muy mal gusto.</p>
+
+<p>&mdash;Yo le juro a usted que con nadie he hablado de este asunto,
+absolutamente con nadie. El conocimiento adquirido es obra del c&aacute;lculo
+puro. Y ahora, por si alguien duda todav&iacute;a de que yo sea la cordura
+andando, voy a dar a todos la &uacute;ltima prueba de ella. &iquest;C&oacute;mo? Pues no
+volviendo a hablar de semejante asunto. Se acab&oacute;. Sigamos la vida
+ordinaria... Aqu&iacute; no ha pasado nada, t&iacute;a; h&aacute;gase usted cuenta de que no
+hemos hablado nada. &iquest;No me dijo usted que ten&iacute;a otra cuenta que
+arreglar? Venga; estoy pronto, con una cabeza que es un acero para los
+n&uacute;meros, pues estos son la pura esencia de la l&oacute;gica.</p>
+
+<p>Y se puso a trabajar en las operaciones aritm&eacute;ticas con tanta serenidad,
+y un temple tan equilibrado, que do&ntilde;a Lupe sali&oacute; de la estancia
+haci&eacute;ndose cruces y diciendo que si lo que acababa de o&iacute;r se lo hubieran
+contado los cuatro Evangelistas, no les habr&iacute;a dado cr&eacute;dito. Pero siendo
+lo que refiri&oacute; el sobrino un prodigio de capacidad intelectual, la
+se&ntilde;ora no las ten&iacute;a todas consigo respecto al estado de aquella cabeza.
+Entr&aacute;ronle alarmas, como las de los peores d&iacute;as pasados, y se puso de un
+humor vidrioso no acertando a determinar si aquello de la l&oacute;gica era una
+crisis favorable, o por el contrario, traer&iacute;a nuevas complicaciones.</p>
+
+<p>Y no estuvo muy feliz Juan Pablo, en la elecci&oacute;n de aquel d&iacute;a para hacer
+a do&ntilde;a Lupe la proposici&oacute;n de empr&eacute;stito, pues encontr&oacute; a la capitalista
+dada a todos los demonios. Era el hombre de menos suerte que exist&iacute;a,
+pues nunca daba en el quid de la buena ocasi&oacute;n; l&aacute;stima grande, porque
+el discurso que llevaba preparado para convencer a la se&ntilde;ora era
+admirable, y una roca se ablandar&iacute;a oy&eacute;ndolo. Su t&iacute;a no le dej&oacute; pasar
+del exordio, neg&aacute;ndose absolutamente a contratar ninguna clase de
+pr&eacute;stamo ni en las condiciones m&aacute;s usurarias. Total: que sali&oacute; Juan
+Pablo de la casa renegando de su estrella, de su t&iacute;a y de todo el g&eacute;nero
+humano, revolviendo en su mente prop&oacute;sitos de venganza con proyectos de
+suicidio, pues estaba el infeliz como el n&aacute;ufrago que patalea en medio
+de las olas, y ya no pod&iacute;a m&aacute;s, ya no pod&iacute;a m&aacute;s. Se ahogaba.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>En la noche de aquel aciago d&iacute;a, que crey&oacute; deber marcar con la
+piedra m&aacute;s negra que en su triste camino hubiera, Juan Pablo sostuvo en
+el caf&eacute; del Siglo las teor&iacute;as m&aacute;s disolventes. Con gran estupefacci&oacute;n de
+D. Basilio Andr&eacute;s de la Ca&ntilde;a, que volvi&oacute; a la tertulia, embisti&oacute; contra
+la propiedad individual, haciendo creer al propio sujeto y a otros tales
+que se hab&iacute;a dado un atrac&oacute;n de lecturas prudhonianas. No hab&iacute;a visto un
+solo libro, ni por el forro, y toda su argumentaci&oacute;n ingeniosa sac&aacute;bala
+de la rabia que contra do&ntilde;a Lupe sent&iacute;a, rencor sat&aacute;nico que habr&iacute;a
+bastado para inspirar epopeyas.</p>
+
+<p>Como el gran principio de la propiedad individual no ten&iacute;a en aquella
+desigual contienda m&aacute;s defensor que D. Basilio, qued&oacute; maltrecho. La mesa
+de m&aacute;rmol, en torno de la cual formaban animado c&iacute;rculo las caras de los
+combatientes, estaba a &uacute;ltima hora llena de cad&aacute;veres, revueltos con
+las cucharillas, con los vasos que a&uacute;n ten&iacute;an heces de caf&eacute; y leche, con
+la ceniza de cigarro, los peri&oacute;dicos y los platillos de metal blanco, en
+los cuales la mano afanadora de D. Basilio no hab&iacute;a dejado m&aacute;s que polvo
+de az&uacute;car. Dichos cad&aacute;veres, horriblemente destrozados, eran la
+propiedad, todas las clases de propiedad posibles, el Estado, la Iglesia
+y cuantas instituciones se derivan de estos dos principios, Matrimonio,
+Ej&eacute;rcito, Cr&eacute;dito p&uacute;blico, etc... Con admiraci&oacute;n de todos, Juan Pablo se
+lanz&oacute; a la defensa del amor libre, de las relaciones absolutamente
+espont&aacute;neas entre los sexos, y puso la patria potestad sobre la cabeza
+de la madre. Al Papa le deshizo, y la tiara qued&oacute; pateada bajo la mesa,
+con los pedazos de peri&oacute;dico, los salivazos y el palillo deshilachado de
+D. Basilio, quien al fin, en el barullo de la derrota, arroj&oacute; lejos de
+s&iacute; aquel marcador de sus argumentos. Tambi&eacute;n andaba por el suelo la
+corona real, triturada por las suelas de las botas, y el cetro de toda
+autoridad corr&iacute;a la misma suerte. Las conteras de los bastones,
+golpeando con furia el sucio entarimado, remataban las v&iacute;ctimas que iban
+cayendo de la mesa, expirantes. Creer&iacute;ase que Juan Pablo las estrujaba
+con los codos, despu&eacute;s de acribillarlas con su dial&eacute;ctica, y cuando
+cog&iacute;a un l&aacute;piz y trazaba n&uacute;meros con febril mano sobre el m&aacute;rmol, para
+probar que no debe haber presupuesto, parec&iacute;a un Fouquier de Thinville
+firmando sentencias de muerte y mandando carne a la guillotina.</p>
+
+<p>&iquest;Y qu&eacute; menos pod&iacute;a hacer el desgraciado Rub&iacute;n que descargar contra el
+orden social y los poderes hist&oacute;ricos la horrible angustia que llenaba
+su alma? Porque estaba perdido, y la cruel negativa de su t&iacute;a le puso en
+el caso de escoger entre la deshonra y el suicidio. Antes de ir al caf&eacute;
+hab&iacute;a tenido un vivo altercado con Refugio, por pretender &eacute;sta que fuese
+con ella a Gallo, y el disgusto con su querida, a quien ten&iacute;a cari&ntilde;o, le
+revolvi&oacute; m&aacute;s la bilis. Sus amigos no pod&iacute;an con &eacute;l; estaba furioso; poco
+faltaba para que insultase a los que le contradec&iacute;an, y su numen
+parad&oacute;jico se excitaba hasta un grado de inspiraci&oacute;n que le hac&iacute;a
+parecer un propagandista de la secta de los <i>tembladores</i>. El que mejor
+replicaba &iexcl;parece incre&iacute;ble!, era Maxi, que se qued&oacute; en el caf&eacute; m&aacute;s
+tiempo del acostumbrado, retenido por el inter&eacute;s de la pol&eacute;mica.
+Defend&iacute;a el joven Rub&iacute;n los principios fundamentales de toda sociedad
+con un ardor y una serena convicci&oacute;n que eran el asombro de cuantos le
+o&iacute;an. No se alteraba como el otro; argumentaba con frialdad, y sus
+nervios, absolutamente pac&iacute;ficos, dejaban a la raz&oacute;n desenvolverse con
+libertad y holgura. La suerte de Rub&iacute;n mayor fue que Rub&iacute;n menor se
+march&oacute; a las diez, pues do&ntilde;a Lupe le ten&iacute;a prescrito que no entrase en
+casa tarde, y por nada del mundo desobedecer&iacute;a &eacute;l esta pragm&aacute;tica. Hab&iacute;a
+vuelto a la docilidad de los tiempos que se podr&iacute;an llamar
+<i>antediluvianos</i> o que precedieron a la cat&aacute;strofe de su casamiento.
+Dejando que su hermano se arreglara como pudiese con los dem&aacute;s
+tratadistas de derecho p&uacute;blico, abandon&oacute; el caf&eacute; con &aacute;nimo de irse
+derechito a su casa. Atraves&oacute; la Plaza Mayor, desde la calle de Felipe
+III a la de la Sal, y en aquel &aacute;ngulo no pudo menos que pararse un rato,
+mirando hacia las fachadas del lado occidental del cuadril&aacute;tero. Pero
+esta suspensi&oacute;n de su movimiento fue pronto vencida del prurito de
+l&oacute;gica que le dominaba, y se dijo: &laquo;No; voy a casa, y han dado ya las
+diez... Luego, no debo detenerme&raquo;. Sigui&oacute; por la calle de Postas y
+Vicario Viejo, y antes de desembocar en la subida a Santa Cruz, vio
+pasar a Aurora, que sal&iacute;a de la tienda de Samaniego para ir a su casa.
+&laquo;&iexcl;Qu&eacute; tarde va hoy!&raquo; pens&oacute;, siguiendo tras ella por la calle arriba,
+hacia la plazuela de Santa Cruz, no por seguirla, sino porque ella iba
+delante de &eacute;l, sin verle. Andaba la viuda de Fenel&oacute;n a buen paso, sin
+mirar para ninguna parte, y llevaba en la mano un paquete, alguna obra
+tal vez para trabajar en su casa el d&iacute;a siguiente, que era domingo, y
+domingo de Ramos por m&aacute;s se&ntilde;as.</p>
+
+<p>Como iba m&aacute;s aprisa que &eacute;l, pronto se aument&oacute; la distancia que les
+separaba. En vez de seguir por la calle de Atocha para tomar por la de
+Ca&ntilde;izares, como parec&iacute;a natural (este era el itinerario que usaba Maxi),
+la joven se meti&oacute; por el oscuro callej&oacute;n del Salvador. En la sombra del
+Ministerio de Ultramar la esperaba un hombre que la detuvo un instante:
+di&eacute;ronse las manos y siguieron juntos. &laquo;Hola, hola&mdash;se dijo Maxi
+acechando&mdash;, &iquest;belenes tenemos?&raquo;. Y vi&eacute;ndoles ir por el callej&oacute;n
+adelante, una idea o m&aacute;s bien sospecha encendi&oacute; en &eacute;l viv&iacute;sima
+curiosidad. Sigui&eacute;ndoles a cierta distancia, se cercior&oacute; al punto de lo
+que antes fuera presunci&oacute;n, y la certidumbre produjo en su alma
+violent&iacute;sima sacudida. &laquo;Es &eacute;l, ese infame... La espera; van juntos... y
+toman la v&iacute;a m&aacute;s solitaria... Luego, son amantes... &iexcl;Enga&ntilde;ar a una pobre
+mujer... un hombre casado!...&raquo;. Determinose en &eacute;l con poderosa fuerza el
+rencor de otros tiempos, aquel rencor concentrado y sutil que era como
+un virus ponzo&ntilde;oso, tan pronto manifiesto como latente, y que al
+derramarse por todo su ser, produc&iacute;a tantos y tan distintos fen&oacute;menos
+cerebrales. Al propio tiempo se desbordaba en el alma del desdichado
+joven un sentimiento quijotesco de la justicia, no tal como la estiman
+las leyes y los hombres, sino como se ofrece a nuestro esp&iacute;ritu,
+directamente emanada de la esencia divina. &laquo;Esto lo tolera y aun lo
+aplaude la sociedad... Luego, es una sociedad que no tiene verg&uuml;enza.
+&iquest;Y qu&eacute; defensa hay contra esto? En las leyes ninguna. &iexcl;Ay, Dios m&iacute;o, si
+tuviera aqu&iacute; un rev&oacute;lver, ahora mismo, ahora mismo, sin titubear un
+instante, le pegaba un tiro por la espalda y le part&iacute;a el coraz&oacute;n! No
+merece que se le mate por delante. &iexcl;Traidor, miserable, ladr&oacute;n de
+honras! &iexcl;Y esa tonta que se deja enga&ntilde;ar!... Pero ella no merece la
+muerte, sino la galera, s&iacute; se&ntilde;or, la galera...&raquo;.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente del lastimoso lance ocurrido cerca de Cuatro Caminos,
+no estaba Maxi m&aacute;s excitado y rencoroso que aquella noche lo estuvo. En
+el tiempo transcurrido desde la noche aciaga de Noviembre, no hab&iacute;a
+visto a su ofensor sino muy contadas veces, y siempre de lejos; nunca le
+hab&iacute;a tenido as&iacute;, tan a tiro... &laquo;&iexcl;Ay!, &iquest;por qu&eacute; no traigo un
+rev&oacute;lver?... Ahora mismo le dejaba seco. Si pasara por una armer&iacute;a, lo
+compraba... Pero si no tengo dinero. La t&iacute;a no me da m&aacute;s que los dos
+reales para el caf&eacute;. Dios, &iexcl;qu&eacute; desesperaci&oacute;n! Si me infundes la idea de
+la justicia, idea l&oacute;gica, perfectamente l&oacute;gica, &iquest;por qu&eacute; no me das los
+medios para hacerla efectiva?... Verle expirar revolc&aacute;ndose en su
+sangre; no tenerle ninguna l&aacute;stima... &iexcl;Que no vea yo esto, Dios!... &iexcl;Que
+no lo vea el mundo entero... porque el mundo entero se hab&iacute;a de
+regocijar...!&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de recorrer la calle de Barrionuevo y la Plaza del Progreso, la
+pareja tom&oacute; por la calle de San Pedro M&aacute;rtir, buscando la v&iacute;a menos
+concurrida. &laquo;Van a tomar por la calle de la Cabeza&mdash;dijo Maxi&mdash;, por
+donde no pasa un alma a estas horas. &iexcl;Ah!, trasto, ladr&oacute;n de honras,
+asesino... La justicia caer&aacute; sobre ti alg&uacute;n d&iacute;a, si no hoy, ma&ntilde;ana. Lo
+que siento es que no sea por mi mano&raquo;. Segu&iacute;ales sin perderles de vista,
+a bastante distancia... &laquo;Me duelen las contusiones que recib&iacute; aquella
+noche, como si las acabara de recibir... Perdulario, cobarde, que te
+ensa&ntilde;as con los d&eacute;biles de cuerpo, con los enfermos que no se pueden
+tener... A ti se te contesta con una bala... &iexcl;plaf! Y se te deja seco...
+Y yo me quedar&iacute;a tan fresco si te pudiera dar lo que mereces... pero tan
+fresco y tan satisfecho como se queda todo el que ha hecho un bien muy
+grande, pero muy grande...&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar a la calle del Ave Mar&iacute;a, Rub&iacute;n se pas&oacute; a la acera de los
+impares y se puso en acecho en la esquina de la calle de San Sim&oacute;n, en
+la sombra. Detuvi&eacute;ronse: Aurora parec&iacute;a decir a su gal&aacute;n que no siguiese
+m&aacute;s. Era prudente esta indicaci&oacute;n, y el gal&aacute;n se despidi&oacute; apret&aacute;ndole la
+mano. Maxi le mir&oacute; subir hacia la calle de la Magdalena, y sent&iacute;a deseos
+de gritar e &iacute;rsele encima: &laquo;Ratero de mi honor y de todos los honores...
+ahora las vas a pagar todas juntas&raquo;. Cre&iacute;a que se le afilaban las u&ntilde;as
+haci&eacute;ndosele como garras de tigre. En un tris estuvo que Maxi diese el
+salto y cayese sobre la presa. La l&oacute;gica le salv&oacute;. &laquo;Soy mucho m&aacute;s d&eacute;bil,
+y me destrozar&aacute;... Un rev&oacute;lver, un rifle es lo que yo necesito&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando los amantes desaparecieron de su vista, Rub&iacute;n penetr&oacute; en su casa.
+Lo m&aacute;s particular fue que la idea de su mujer se borr&oacute; de su mente
+durante aquel suceso, o quiz&aacute;s personificaba en Aurora la totalidad de
+las deslealtades y traiciones femeninas. A solas en su cuarto, fue
+acometido de una duda horrible. &laquo;Pero esto que me desvela ahora&mdash;se
+dec&iacute;a revolvi&eacute;ndose en el lecho&mdash;, &iquest;es verdad, o lo he so&ntilde;ado yo? S&eacute; que
+entr&eacute;, s&eacute; que ca&iacute; en la cama, s&eacute; que dorm&iacute;, y ahora me encuentro con
+esta impresi&oacute;n espantosa en mi cerebro. &iquest;Es verdad que les he visto, al
+infame y a ella, o lo he so&ntilde;ado? Que yo he tenido un sopor breve y
+profundo, es indudable... Pues ya voy creyendo que ha sido sue&ntilde;o... S&iacute;;
+sue&ntilde;o ha sido... Aurora es honrada. Vaya con las cosas que sue&ntilde;a uno...
+&iexcl;Pero no, Dios, si lo vi, si lo estoy viendo todav&iacute;a, y si tengo
+estampadas aqu&iacute; las dos figuras...! Esto es para volverse loco... &iexcl;y
+ser&iacute;a l&aacute;stima, ahora que estoy tan cuerdo...!&raquo;.</p>
+
+<p>Todo el d&iacute;a siguiente estuvo con la misma confusi&oacute;n en su mente. &iquest;Lo
+hab&iacute;a visto, o lo hab&iacute;a so&ntilde;ado? El Mi&eacute;rcoles Santo enviole su t&iacute;a con un
+recado a casa de Samaniego, y despu&eacute;s de estarse all&iacute; gran rato, oyendo
+tocar la pieza, not&oacute; que do&ntilde;a Casta hablaba muy vivamente con
+Aurora.&mdash;&laquo;Vaya, hija, que hoy nos has dado un buen plant&oacute;n. &iexcl;Tres horas
+esper&aacute;ndote!... &iquest;A qu&eacute; tienes t&uacute; que ir hoy al obrador, si hoy no se
+trabaja?... Lo mismo que el Domingo de Ramos... Toda la tarde en el
+obrador, y luego viene Pepe y me dice que ni has aparecido por all&iacute; ni
+ese es el camino. &iquest;En d&oacute;nde estuviste? &iexcl;En casa de las de Reoyos! &iquest;Y qu&eacute;
+hac&iacute;as t&uacute; tantas horas en casa de las de Reoyos? Tengo yo que
+averiguarlo...&raquo;.</p>
+
+<p>Aurora se defend&iacute;a con ingenio y tes&oacute;n, como quien sabe que es mayor de
+edad y puede, cuando quiera, echar a rodar la autoridad materna; pero no
+lleg&oacute; el caso de hacerlo as&iacute;. Maxi, aparentando poner sus cinco sentidos
+en la pieza que tocaba Olimpia, no perd&iacute;a s&iacute;laba de aquel dom&eacute;stico
+altercado. Gracias que la cuesti&oacute;n ocurri&oacute; cuando la ni&ntilde;a ten&iacute;a entre
+sus dedos el <i>andante cantabile molto expresivo</i>, que si llega a
+coincidir con el <i>allegro agitato</i>, ni Dios pesca una letra de lo que
+hija y madre hablaron. Durante el <i>presto con fuoco</i>, Maxi se dec&iacute;a:
+&laquo;Parece mentira que dudara yo un instante de que aquello era la pura
+realidad... &iexcl;Y lo cre&iacute; sue&ntilde;o...!, &iexcl;qu&eacute; imb&eacute;cil!... Un dato tomado de la
+existencia positiva me ha quitado todas las dudas. Ahora no me basta con
+la l&oacute;gica, necesito ver algo m&aacute;s... y ver&eacute;. &iexcl;Qu&eacute; lecci&oacute;n para mi mujer!
+&iexcl;Oh! Dios m&iacute;o, ahora me asalta otra duda horrible. Si la mato no hay
+lecci&oacute;n. La ense&ntilde;anza es m&aacute;s cristiana que la muerte, quiz&aacute; m&aacute;s cruel, y
+de seguro m&aacute;s l&oacute;gica... Que viva para que padezca y padeciendo
+aprenda... Pero a &eacute;l debo matarle... &iexcl;a &eacute;l s&iacute;!&raquo;.</p>
+
+<p>Oyendo el estrepitoso fin de la pieza, tuvo como un sopor de medio
+minuto, y volvi&oacute; de &eacute;l asaltado por esta idea que le sacud&iacute;a: &laquo;No, matar
+no. Su maldad es necesaria para este gran escarmiento. La vida es lo que
+duele y lo que ense&ntilde;a... La muerte para los buenos... para los
+perversos, l&oacute;gica, l&oacute;gica&raquo;.</p>
+
+<p>Apenas se hab&iacute;a acabado la tocata, entr&oacute; do&ntilde;a Casta a decirle: &laquo;Maxi, la
+se&ntilde;ora de Quevedo me ha llamado por la ventana del patio para decirme
+que le mande a usted subir un momento. Tiene que enviar un recado a
+Lupe&raquo;. Subi&oacute; el pobre chico, y <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i> le hizo esperar un
+ratito, pues estaba ayudando a su marido a desnudarse. Acababa de
+entrar, muy fatigado; le llamaron a las doce y hasta aquella hora no
+hab&iacute;a podido volver a casa.</p>
+
+<p>&laquo;Querido&mdash;dijo a Rub&iacute;n la dama esf&eacute;rica, toc&aacute;ndole amistosamente en el
+hombro&mdash;. H&aacute;game el favor de decirle a Lupe que la p&aacute;jara mala sac&oacute;
+pollo esta ma&ntilde;ana... un polluelo hermos&iacute;simo... con toda felicidad...&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi se rasc&oacute; una oreja, y sacando de su alma a los labios una sonrisa
+extra&ntilde;a, cuya significaci&oacute;n no pudo entender la se&ntilde;ora de Quevedo, &laquo;la
+p&aacute;jara mala&mdash;dijo con acento de ni&ntilde;o mimoso&mdash;, ens&eacute;&ntilde;emela usted... y el
+pollo... ens&eacute;&ntilde;emelo tambi&eacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, ahora no&mdash;replic&oacute; <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i> empuj&aacute;ndole hacia la
+puerta&mdash;. Ma&ntilde;ana los ver&aacute;... Vaya ahora a decirle esto a su t&iacute;a.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>El inter&eacute;s con que do&ntilde;a Lupe esperaba noticias de la p&aacute;jara mala y
+de si sacaba bien o mal el pollo, no podr&aacute; ser comprendido sin tener en
+cuenta las grandes ideas que en aquellos d&iacute;as despuntaban en el caletre
+de la insigne se&ntilde;ora. Su entendimiento excelso suger&iacute;ale determinaciones
+para todos los casos, y medios de armonizar los hechos con los
+principios en la medida de lo posible. Era su lema que debemos partir
+siempre de la realidad de las cosas, y sacrificar lo mejor a lo bueno, y
+lo bueno a lo posible. Esto lo hab&iacute;a aprendido en la experiencia de los
+negocios, la cual se aplica con &eacute;xito a los asuntos morales, del mismo
+modo que el ejercicio de las matem&aacute;ticas y la agilidad gimn&aacute;stica que
+dan al entendimiento, facilitan el estudio de la filosof&iacute;a.</p>
+
+<p>Pues pensando en su sobrina, vino a sentar ciertas bases que discuti&oacute;
+consigo misma, d&aacute;ndolas al fin por indestructibles, a saber: que aquello
+no ten&iacute;a remedio, que la deshonra era inevitable, si bien no reca&iacute;a
+sobre do&ntilde;a Lupe, pues a todo el mundo constaba que ella no alent&oacute; ni
+favoreci&oacute; jam&aacute;s los desvar&iacute;os de Fortunata. Esto lo sab&iacute;an hasta los
+perros de la calle. Por consiguiente, bien pod&iacute;a la se&ntilde;ora estar
+tranquila sobre este particular. Segundo punto: Fortunata ser&iacute;a todo lo
+mala que se quisiera suponer; pero hab&iacute;a pertenecido a la familia, y la
+persona m&aacute;s importante de esta no pod&iacute;a menos de echar una mirada a la
+descarriada joven para enterarse de sus pasos, y tratar de impedir que
+arrojase sobre el claro apellido de Rub&iacute;n ignominias mayores.
+Present&aacute;base un problema grave, cuya soluci&oacute;n no estaba al alcance de
+los entendimientos vulgares. Aquel peque&ntilde;uelo que iba a presentarse en
+el mundo era, por ley de la naturaleza, sucesor de los Santa Cruz, &uacute;nico
+heredero directo de poderosa y acaudalada familia. Verdad que por la ley
+escrita, el tal nene era un Rub&iacute;n; pero la fuerza de la sangre y las
+circunstancias hab&iacute;an de sobreponerse a las ficciones de la ley, y si el
+se&ntilde;orito de Santa Cruz no se apresuraba a portarse como padre efectivo,
+buscando medio de transmitir a su heredero parte del bienestar opulento
+de que &eacute;l disfrutaba, era preciso darle el t&iacute;tulo de monstruo.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Oh!, si a m&iacute; me hubiera pasado lo que le pasa a esa panfilona&mdash;se
+dec&iacute;a&mdash;, &iquest;c&oacute;mo no me hab&iacute;a de se&ntilde;alar el otro una pensi&oacute;n de alimentos?</p>
+
+<p>Bonito genio tengo yo para estas cosas... &iexcl;Ah! &iexcl;Pues si esa hiciera caso
+de m&iacute;, y se dejara llevar...! Lo que es ahora, yo le aseguro que sus dos
+o tres mil duros de pensi&oacute;n no se los quitaba nadie... Lo primerito que
+yo har&iacute;a era plantarme en casa de do&ntilde;a B&aacute;rbara y leerle la cartilla bien
+le&iacute;da... Y lo har&eacute;, lo har&eacute;, aunque esa simple no me autorice. No lo
+puedo remediar, la iniciativa me alborota todo el esp&iacute;ritu, y reviento
+si no le doy salida... Y me inspira l&aacute;stima lo que va a nacer, porque es
+un dolor que viva pobre viniendo de quien viene. Pues el d&iacute;a de ma&ntilde;ana
+(pongo que sea var&oacute;n), cuando crezca y sea preciso librarle de quintas,
+&iquest;qu&eacute; va a hacer esa infeliz? No, esto no puede quedar as&iacute;... &iexcl;pobre
+criaturita! Hay que hacer algo, y v&eacute;ase aqu&iacute; c&oacute;mo es una caritativa
+cuando menos lo piensa... No, lo que es yo no me callo, yo me voy a ver
+a do&ntilde;a B&aacute;rbara, y con esta labia que tengo y lo bien que pongo los
+puntos, le har&eacute; ver el disparate de que su nieto est&eacute; peor que un
+inclusero... porque &iquest;de qu&eacute; va a vivir? Las acciones del Banco se las
+comer&aacute;n hijo y madre en un par de a&ntilde;os, y con el r&eacute;dito de los treinta
+mil reales no tienen ni para sopas. Lo que es dinero de Maxi no lo han
+de ver, de eso respondo, porque ser&iacute;a el colmo de la afrenta y de la
+tonter&iacute;a... Nada, nada; que yo doy la campanada gorda, siempre y cuando
+el se&ntilde;orito ese no le se&ntilde;ale el estipendio en el t&eacute;rmino de un mes.
+Vaya si la doy... Me pongo mi abrigo de terciopelo, mi capota, mis
+guantes y &iexcl;hala!... Ahora se me ocurre que debo empezar por darle una
+embestida a mi amiga Guillermina, que se har&aacute; cargo de la justicia del
+caso... S&iacute;, &iexcl;magn&iacute;fica idea! Guillermina hablar&aacute; con la otra y... Ahora,
+ahora comprender&aacute; esa loquinaria la diferencia que hay entre obrar ella
+por cuenta propia y tenerme a m&iacute; por consejera y directora. &iquest;Apostamos a
+que ella, si el otro no le da un cuarto, se deja estar con su santa
+pachorra, sin atreverse a nada, tragando hiel y muri&eacute;ndose de hambre?
+Pero yo, cuando hago el bien, lo hago contra viento y marea, y se lo
+meto en los hocicos a las personas tercas e in&uacute;tiles que no saben hacer
+nada por s&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Estas ideas, que fermentaron en el cerebro de aquella gran diplom&aacute;tica y
+ministra durante todo el mes de Marzo, determinaron los recaditos que
+mand&oacute; a Fortunata con Ballester, el encargo que hizo a Quevedo de
+asistirla cuando el caso llegara, no vacilando en decir al feo y h&aacute;bil
+profesor de obstetricia que sus honorarios no ser&iacute;an perdidos. Algo la
+desconcert&oacute; Maxi el d&iacute;a en que se mostr&oacute; sabedor del secreto, pues la
+se&ntilde;ora, para hacer todos aquellos proyectos ben&eacute;ficos en inter&eacute;s del
+v&aacute;stago de Santa Cruz, <i>part&iacute;a del principio</i> de que su sobrino
+desconoc&iacute;a en absoluto la verdad. Much&iacute;simo se alegraba de verle tan
+sereno; pero la sacaba de quicio el pensar que se volver&iacute;a razonable
+hasta el punto de compadecerse de su mujer, y asignarle alguna peque&ntilde;a
+renta para que no pidiera limosna o se prostituyese. No, el otro, el que
+hab&iacute;a roto los vidrios, era el que los ten&iacute;a que pagar.</p>
+
+<p>A esta altura estaban sus cavilaciones, cuando Maxi le llev&oacute; la noticia
+que le diera <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i>. Lo primero en que do&ntilde;a Lupe puso su
+atenci&oacute;n inteligente fue en la cara del joven al dar el recado, y se
+pasm&oacute; de su impavidez, a pesar de que demostraba penetrar el sentido
+recto de la alegor&iacute;a empleada por la se&ntilde;ora de Quevedo. Despu&eacute;s de
+repetir textualmente el recado, a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;Ha sido esta ma&ntilde;ana. D.
+Francisco acababa de llegar y se estaba acostando&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe no volv&iacute;a de su asombro. &laquo;Vaya, que lo toma con calma. M&aacute;s
+vale as&iacute;. &iquest;Y esto es cordura o qu&eacute; es? Ser&aacute; lo que llaman filosof&iacute;a...
+Dios nos tenga de su mano, si despu&eacute;s le da por la filosof&iacute;a contraria&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Piensa usted ir a verla?&mdash;le pregunt&oacute; despu&eacute;s el chico con la mayor
+naturalidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... pero qu&eacute; cosas tienes... Veo que es in&uacute;til hacer comedias
+contigo. Con ese talentazo que est&aacute;s echando, nada se te escapa...
+&iexcl;Verla yo! S&oacute;lo por curiosidad he querido saber lo que s&eacute;... De aqu&iacute; en
+adelante, como si no existiera. &iquest;No piensas t&uacute; lo mismo?</p>
+
+<p>&mdash;Exactamente lo mismo... &iquest;Ve usted lo fr&iacute;o y sereno que estoy?</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; me gusta. Esto se llama ser fil&oacute;sofo en toda la extensi&oacute;n de la
+palabra, y elevarse sobre las miserias humanas&mdash;dijo la viuda con
+emoci&oacute;n verdadera o falsa&mdash;. No vuelvas a acordarte m&aacute;s del santo de su
+nombre...</p>
+
+<p>&mdash;Y aunque me acordara, t&iacute;a, aunque me acordara...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute;?... T&uacute; no has de verla.</p>
+
+<p>&mdash;Y aunque la viera, t&iacute;a, aunque la viera...</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe se inquiet&oacute; un poco oyendo esta frase, dicha con cierto
+sentido de tenacidad mani&aacute;tica. Pero Maximiliano se apresur&oacute; a
+tranquilizarla con otro argumento: &laquo;&iquest;Pero no observa usted lo cuerdo que
+estoy? Si no me he visto nunca as&iacute;, ni en mis mejores tiempos... Ya
+quisieran todos...&raquo;.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora tom&oacute; pie de esto &uacute;ltimo para variar la conversaci&oacute;n: &laquo;Dices
+bien. &iquest;Sabes que tu hermano Juan Pablo me parece a m&iacute; que no est&aacute; bueno
+de la cabeza? Hoy estuvo otra vez a darme la jaqueca... Pues que le he
+de hacer el pr&eacute;stamo o se pega un tirito. &iexcl;Como no se mate &eacute;l! Es el
+ego&iacute;smo andando. Se necesita atrevimiento. &iexcl;Pedirme dinero un hombre
+que, cuando debe, no hay medio de sacarle un real, y se enfada si una
+reclama lo suyo! Dice que le van a hacer secretario de un gobierno de
+provincia y qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;... &iquest;T&uacute; lo crees? Muy rebajada est&aacute; la talla
+de los empleados; pero no tanto...&raquo;.</p>
+
+<p>En aquel segundo ataque desesperado que dio Juan Pablo a su t&iacute;a, sali&oacute;
+de la casa el pobre hombre m&aacute;s muerto que vivo. Su t&iacute;a no era ya
+simplemente una mujer mala; era un monstruo, una furia, un drag&oacute;n
+mitol&oacute;gico. Aquel tiro con que &eacute;l se amenazaba a s&iacute; mismo, &iexcl;cu&aacute;nto mejor
+estar&iacute;a empleado en ella! &laquo;Pero ese tiro, &iquest;me lo doy o no me lo doy?...
+No tengo m&aacute;s remedio que d&aacute;rmelo&mdash;discurr&iacute;a entrando por la calle de la
+Magdalena&mdash;. Por ninguna parte veo la soluci&oacute;n. S&iacute;, lo que es el tiro me
+lo pego; vaya si me lo pego... Lo malo es que no tengo rev&oacute;lver... Se me
+est&aacute; figurando que al fin y al cabo no me pegar&eacute; tiro ninguno. Es uno
+as&iacute;, tan dejado, que no se arranca... Ya voy viendo yo que una cosa es
+decir uno de buena fe que se mata, y otra cosa es hacerlo... Pero en
+fin, yo sigo en mis trece, y al fin, me lo tendr&eacute; que pegar, no habr&aacute;
+m&aacute;s remedio&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>Estuvo con un humor de mil diablos todo el Jueves y Viernes Santo.
+El S&aacute;bado, a poco de entrar en la oficina, le llam&oacute; Villalonga a su
+despacho. Rub&iacute;n se dirigi&oacute; all&aacute; palpitante de emoci&oacute;n. &laquo;&iexcl;Dios!&mdash;se
+dec&iacute;a&mdash;; &iquest;ser&aacute; para darme la secretar&iacute;a? &iexcl;Qu&eacute; cu&ntilde;a, si no es para esto,
+qu&eacute; cu&ntilde;a, ya no aguanto m&aacute;s! En cuanto salga del despacho del jefe, me
+levanto la tapa de los sesos, como hay Dios. La contra es que no tengo
+rev&oacute;lver... Me tirar&eacute; por el balc&oacute;n... No, eso no; &iexcl;me har&iacute;a una
+tortilla!... Vamos, que el corazoncito me anuncia secretar&iacute;a... &Aacute;nimo,
+chico, que hoy te va a sonre&iacute;r la suerte&raquo;.</p>
+
+<p>El director era hombre muy expeditivo, y sin hacerle sentar le dijo:
+&laquo;Amigo Rub&iacute;n, usted es listo y me conviene usted...&raquo;.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n vio la cara del director como la del Padre Eterno que los pintores
+ponen entre nubes, esmaltadas de angelitos.</p>
+
+<p>&laquo;Me conviene usted, y yo le voy a meter en carrera&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias, Sr. D. Jacinto. Ya sabe que estoy a sus &oacute;rdenes.</p>
+
+<p>&mdash;Pues le voy a dar a usted la gran sorpresa. Yo necesito un hombre; y
+como entiendo que usted sabr&aacute; desenvolverse en el destino delicad&iacute;simo
+que le pienso dar...</p>
+
+<p>&mdash;La secretar&iacute;a de...&mdash;No, amigo; es m&aacute;s. Yo, cuando encuentro una
+persona que me entra por el ojo derecho, y que sirve, digo <i>copo</i>, y la
+tomo para que me sirva a m&iacute;. Le juro a usted que me conviene, <i>camar&aacute;</i>.
+All&aacute; va la bomba. Va usted a ser gobernador de una provincia de tercera
+clase.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n no pudo decir nada. Crey&oacute; que se le ca&iacute;a encima el techo del
+despacho y todo el Ministerio de la Gobernaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Pues s&iacute;, gobernador de <i>mi</i> provincia. Quiero ver c&oacute;mo arreglo aquello.
+Usted no tiene que entenderse m&aacute;s que conmigo. El Ministro me da vara
+alta&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or director&mdash;balbuci&oacute; Rub&iacute;n&mdash;, disponga usted de m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ser&aacute; usted incluido en la combinaci&oacute;n que va ma&ntilde;ana a la firma
+del Rey. Ya hablaremos, y le contar&eacute; a usted de c&oacute;mo est&aacute; aquello. Creo
+que iremos bien.</p>
+
+<p>Luego echaron un cigarro, y hablaron algo del estado de la provincia,
+desflorando el asunto. Empez&oacute; a entrar gente en el despacho, y Rub&iacute;n se
+retir&oacute; para comenzar sus preparativos. Estaba el hombre que no sab&iacute;a lo
+que le pasaba; cre&iacute;a so&ntilde;ar... se daba pellizcos a ver si estaba
+despierto, anduvo alg&uacute;n tiempo por la calle como un insensato... se re&iacute;a
+solo... le dieron ganas de comprar un rev&oacute;lver para ponerse a disparar
+tiros al aire... &iexcl;Ah!, lo que deb&iacute;a hacer era meterle un par de balas en
+el cuerpo a do&ntilde;a Lupe... s&iacute;, por mala, por taca&ntilde;a... Pero no, no;
+perdonar a todo el mundo... La vida es hermosa, y gobernar un pedazo de
+pa&iacute;s es el mayor de los deleites. A los individuos de Orden P&uacute;blico o de
+la Guardia Civil que iba encontrando, les miraba ya como subalternos, y
+por poco les manda prender a su t&iacute;a y a Torquemada.</p>
+
+<p>En el caf&eacute;, aquella noche, hubo la gran escena.</p>
+
+<p>Al principio no dijo nada, esperando dar la sorpresa de sopet&oacute;n; pero
+sus amigos conocieron que no era el mismo hombre. Daba un sonsonete de
+autoridad a sus palabras, med&iacute;alas mucho, tomaba el caf&eacute; con m&aacute;s pausa
+que de costumbre, y a cada momento echaba una frasecilla de protecci&oacute;n.
+&laquo;Pero amigo Montes, no hay que apurarse... ya veremos, ya veremos si se
+te puede meter en alg&uacute;n hueco... D. Basilio me tiene que dar unos datos
+que necesito sobre la recaudaci&oacute;n de la provincia de X... Oiga usted,
+Relimpio, no se d&eacute; prisa a presentar la memoria, porque esta situaci&oacute;n
+dura. C&aacute;novas tiene para un rato. Es hombre que entiende la aguja de
+marear&raquo;. Y como se suscitara un debate pol&iacute;tico de los m&aacute;s graves, Rub&iacute;n
+se puso de parte de los que defend&iacute;an la tesis m&aacute;s razonable,
+conciliadora y templada. &laquo;Pero ustedes, &iquest;qu&eacute; creen, que una sociedad
+puede vivir siempre so&ntilde;ando con trastornos? Seamos pr&aacute;cticos, se&ntilde;ores,
+seamos pr&aacute;cticos, y no confundamos las pandillas de politicastros con el
+verdadero pa&iacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>En esto lleg&oacute; <i>La Correspondencia</i>, y a las primeras ojeadas conspicuas
+que arroj&oacute; sobre las columnas de ella el buen D. Basilio, tropez&oacute; con la
+combinaci&oacute;n de gobernadores, y lanzando un berrido de sorpresa, se
+restreg&oacute; los ojos creyendo que le&iacute;a mal. Mas convencido de que no era
+error, lanz&oacute; otra exclamaci&oacute;n m&aacute;s fuerte y al instante se enteraron
+todos, y Juan Pablo fue objeto de aclamaciones y pl&aacute;cemes, unos
+sinceros, otros con su poco de bien disimulada envidia.</p>
+
+<p>&laquo;Hace tiempo que el amigo Villalonga ten&iacute;a empe&ntilde;o en eso. Hoy ha
+machacado tanto que no he podido decirle que no&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero qu&eacute; callado se lo ten&iacute;a!</p>
+
+<p>De todos lados de la c&aacute;mara... digo del caf&eacute;, vino gente a felicitar al
+gobernador, y el mozo, a quien Juan Pablo deb&iacute;a el consumo de cinco
+meses, y algunos picos, se puso m&aacute;s contento que si le hubiera ca&iacute;do la
+loter&iacute;a; y hasta el amo del establecimiento fue a dar un apret&oacute;n de
+manos a su parroquiano, dici&eacute;ndole si pod&iacute;a colocar en las oficinas de
+la provincia a un sobrinito suyo que ten&iacute;a muy buena letra.</p>
+
+<p>&laquo;No le digo que s&iacute; ni que no, D. Jos&eacute;. Veremos. Tengo la mar de
+compromisos... Pero ya sabe usted que har&eacute; los imposibles por
+servirle... Usted me manda&raquo;.</p>
+
+<p>El hombre compens&oacute; con los goces de aquella noche los sufrimientos y
+tristezas de tant&iacute;simos meses. Toda la gente que pr&oacute;xima estaba,
+mir&aacute;bale con cierta expresi&oacute;n de asombro y respeto, como se mira a quien
+es, ha sido o va a ser algo en el mundo. En cuantos asuntos se trataron
+aquella noche en el c&iacute;rculo, Rub&iacute;n hizo gala de las ideas m&aacute;s sensatas.
+Era preciso moralizar la administraci&oacute;n provincial, desterrar abusos;
+sobre todo, en el destierro de los abusos insisti&oacute; mucho. Su plan de
+conducta era muy pol&iacute;tico... contemporizar, contemporizar mientras se
+pudiera, apurar hasta lo &uacute;ltimo el esp&iacute;ritu conciliador; y cuando se
+cargara de raz&oacute;n, levantar el palo y deslomar a todo el que se
+desmandase... Mucho respeto a las instituciones sobre que descansa el
+orden social. Cuando va cundiendo el corruptor materialismo, es preciso
+alentar la fe y dar apoyo a las conciencias honradas. Lo que es en su
+provincia, ya se tentar&iacute;an la ropa los <i>revolucionarios de oficio</i> que
+fueran a predicar ciertas ideas. &iexcl;Bonito genio ten&iacute;a &eacute;l...! En fin, que
+el pueblo espa&ntilde;ol est&aacute; ineducado y hay que impedir que cuatro pillastres
+enga&ntilde;en a los inocentes... La mayor&iacute;a es buena; pero hay mucho tonto,
+mucho inocente, y el Gobierno debe velar por los tontos para que no sean
+enga&ntilde;ados... En cuanto a moralidad administrativa, no hab&iacute;a que hablar.
+&Eacute;l no pasaba ni pasar&iacute;a por ciertas cosas. Ya le hab&iacute;a dicho a
+Villalonga que aceptaba con la condici&oacute;n de que no le pondr&iacute;a veto a la
+persecuci&oacute;n y exterminio de los pillos... &laquo;A muchos que mangonean ahora,
+les he de llevar <i>codo con codo</i> a la c&aacute;rcel de partido... Yo soy as&iacute;;
+hay que tomarme o dejarme&raquo;.</p>
+
+<p>Don Basilio era de los que sinceramente se alegraban del <i>golpe de
+suerte</i> que hab&iacute;a tenido Juan Pablo. Aquel destino no era <i>de su ramo</i>,
+y por tanto, no lo envidiaba. Si se hubiera tratado de la direcci&oacute;n
+econ&oacute;mica de una provincia, D. Basilio habr&iacute;a sentido tristeza del bien
+ajeno. Pero no le sacaran a &eacute;l de sus n&uacute;meros... Por cierto que el
+Ministro le hab&iacute;a encargado un trabajo que le tra&iacute;a marcado... <i>proyecto
+de reglamento para la cobranza del subsidio industrial</i>... &laquo;Siempre me
+caen a m&iacute; estos turrones. Ocurre en secretar&iacute;a que no se conocen los
+antecedentes de tal o cual cosa... '&iexcl;Ah!, la Ca&ntilde;a lo sabr&aacute;'. Piden en el
+Congreso una nota del estado en que se halla la codificaci&oacute;n de
+Hacienda. &iexcl;Qu&eacute; l&iacute;o! Nadie sabe una palabra... '&iexcl;Ah!... a ver... la
+Ca&ntilde;a'. Y la Ca&ntilde;a les saca del apuro. Que el Ministro quiere enterarse de
+los trabajos hechos para el establecimiento del Registro fiscal, que es
+el gran medio para descubrir la riqueza oculta... Pues toda la casa
+revuelta; busca por aqu&iacute;, busca por all&aacute;. Hasta que a uno se le ocurre
+decir... 'Eso la Ca&ntilde;a...' y efectivamente; como que la Ca&ntilde;a es el que
+hizo los primeros estudios del Registro fiscal&raquo;. Total, que si por
+desgracia llegaba a faltar D. Basilio del Ministerio de Hacienda, este
+se ven&iacute;a abajo de golpe como un edificio al cual falta el cimiento.</p>
+
+<p>Leopoldo Montes aspiraba a que Rub&iacute;n le llevase de secretario; pero esto
+no era f&aacute;cil. &laquo;Chico, yo se lo dir&eacute; a Villalonga. Creo que me dan el
+secretario hecho... Veremos si te meto de inspector de polic&iacute;a&raquo;. Otros
+tertuliantes sent&iacute;an envidia, y aunque felicitaban y adulaban al
+favorecido, al propio tiempo hac&iacute;an pron&oacute;sticos de las dificultades que
+hab&iacute;a de tener en el gobierno de su &iacute;nsula. Pero ello es que la lisonja
+y la envidia, la codicia ambiciosa, la curiosidad y la noveler&iacute;a
+aumentaban considerablemente el personal de la tertulia en el tiempo que
+medi&oacute; entre el nombramiento y la salida de Rub&iacute;n para su destino. Mucho
+ajetreo tuvo aquellos d&iacute;as para arreglar sus asuntos y proveerse de
+ropa. Y no dejaron de molestarle tambi&eacute;n y entorpecerle ciertas
+disensiones dom&eacute;sticas, pues Refugio, que ya se estaba dando pisto de
+gobernadora, y se hab&iacute;a despedido de sus amigas con ofrecimientos de
+protecci&oacute;n a todo el g&eacute;nero humano, se qued&oacute; helada cuando su se&ntilde;or le
+dijo que no la pod&iacute;a llevar... Pucheros, lloros, ap&oacute;strofes, quejas,
+gritos... &laquo;Pero, hija de mi alma, hazte cargo de las cosas; no seas as&iacute;.
+&iquest;No comprendes que no me puedo presentar en mi capital de provincia con
+una mujer que no es mi mujer? &iexcl;Qu&eacute; dir&iacute;a la alta sociedad, y la peque&ntilde;a
+sociedad tambi&eacute;n, y la burgues&iacute;a!... Me desprestigiar&iacute;a, chica, y no
+podr&iacute;amos seguir all&iacute;. Esto no puede ser. Pues estar&iacute;a bueno que un
+gobernador, cuya misi&oacute;n es velar por la moral p&uacute;blica, diera tal
+ejemplo. &iexcl;El encargado de hacer respetar todas las leyes, faltando a las
+m&aacute;s elementales!... &iexcl;Bonita andar&iacute;a la sociedad, si el representante del
+Estado predicara pr&aacute;cticamente el concubinato! Ni que estuvi&eacute;ramos
+entre salvajes... Conv&eacute;ncete de que no puede ser. T&uacute; te quedas aqu&iacute; y yo
+te mandar&eacute; lo que vayas necesitando... Pero lo que es all&aacute; no me pongas
+los pies... porque si lo hicieras, tu <i>chachito</i> se ver&iacute;a en el caso de
+cogerte... ya sabes que tengo mucho car&aacute;cter... de cogerte y mandarte
+para ac&aacute; por tr&aacute;nsitos de la Guardia civil&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="vid" id="vid"></a>-VI-</h2>
+
+<h2>Final</h2>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">i</span>-</h2>
+
+
+<p>Fortunata sinti&oacute; ruido en la puerta y esta voz: &laquo;&iquest;Se
+puede?&raquo;.&mdash;&laquo;Pase usted, D. Segismundo&raquo; dijo reconociendo al regente de la
+botica. Y entr&oacute; el tal con cara risue&ntilde;a y actitud oficiosa, como de
+persona que cree ser &uacute;til. Estaba la joven incorporada en su lecho, con
+chambra y pa&ntilde;uelo a la cabeza. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; reguapa est&aacute;!&mdash;pensaba Ballester al
+saludarla, apret&aacute;ndole mucho la mano&mdash;. &iexcl;L&aacute;stima de mujer!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Ayer no pas&oacute; usted&mdash;le dijo ella con amabilidad&mdash;, porque yo no sab&iacute;a
+qui&eacute;n era, y no quiero recibir visitas. Estoy muerta de miedo, y por las
+noches sue&ntilde;o que alguien viene a rob&aacute;rmelo. &iquest;Quiere usted verle?...&raquo;.</p>
+
+<p>A su lado estaba, durmiendo con pl&aacute;cido sue&ntilde;o, el reci&eacute;n venido
+personaje, cuyas precoces gracias quer&iacute;a mostrar a su amigo. As&iacute; lo hizo
+con m&aacute;s orgullo que verg&uuml;enza, y apart&oacute; las s&aacute;banas, dejando ver la
+carita sonrosada y los pu&ntilde;os cerrados del tierno ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Cuidado que es bonito!&raquo; dijo Ballester inclin&aacute;ndose&mdash;.</p>
+
+<p>Tiene a quien salir por una y otra banda.</p>
+
+<p>&mdash;Dos horas hace que est&aacute; tan dormidito. &iexcl;Qu&eacute; &aacute;ngel! &iexcl;Y si viera usted
+qu&eacute; pillo es, y qu&eacute; trag&oacute;n! Viene determinado a darse buena vida. Si lo
+viera usted cuando se pone a mirarme... &iexcl;Pobrecito! Me quiere mucho.
+Sabe que le quiero m&aacute;s que a mi vida, y que es para m&iacute; el mundo entero.</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabe usted lo convenido. Ser&eacute; padrino de Su Excelencia. Usted me lo
+prometi&oacute; la &uacute;ltima vez que nos vimos.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, y no me vuelvo atr&aacute;s. Usted ser&aacute; padrino.</p>
+
+<p>&mdash;Y despu&eacute;s del primer nombre, que usted designar&aacute; (poni&eacute;ndose muy
+inflado), llevar&aacute; el m&iacute;o, Segismundo. &iquest;Qu&eacute; le parece a usted?</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien. Se llamar&aacute; Juan, despu&eacute;s Evaristo, y despu&eacute;s Segismundo.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; transijo con el tercer lugar en el escalaf&oacute;n, pero de ah&iacute; no
+paso; como usted me quiera echar al cuarto, me sublevo.</p>
+
+<p>Ambos se rieron. Ballester se hab&iacute;a sentado en una silla junto al lecho,
+y no quitaba los ojos de aquella mujer, que le parec&iacute;a entonces m&aacute;s
+hermosa que nunca. &laquo;Le dar&iacute;a cuatro besos&mdash;pensaba&mdash;; pero de amistad,
+de pura amistad, porque me interesa esta infeliz... y digan lo que
+quieran, no es tan mala como se cree por ah&iacute;&raquo;. Despu&eacute;s empez&oacute; a dar
+noticias de la familia y amigos, las cuales o&iacute;a Fortunata con gran
+curiosidad. &laquo;Do&ntilde;a Lupe, con toda su fiereza, no la olvida a usted. Todos
+los d&iacute;as nos pide noticias a m&iacute; o a Quevedo, y pregunta tambi&eacute;n por el
+muchacho, si es robusto, si mama bien, si tiene alg&uacute;n defecto
+f&iacute;sico...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Defecto!...&mdash;exclam&oacute; la madre indignada&mdash;. Si es una preciosidad. M&aacute;s
+perfecto es que las perfecciones. Se lo ense&ntilde;ar&eacute; a usted desnudo, para
+que vea qu&eacute; hermosura de hijo. Estoy loca con &eacute;l. Me parece que han de
+venir a quit&aacute;rmelo. Y no crea usted; &iexcl;hay tanta envidiosona...!</p>
+
+<p>Dejando que pasara la racha de entusiasmo maternal, Ballester continu&oacute;
+as&iacute;: &laquo;Pero lo que la pasmar&aacute; a usted es saber que el amigo Maxi est&aacute; tan
+mejorado, pero tan mejorado, que si le ve usted no le conoce&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero es de verdad?... Quia: guasas de usted.</p>
+
+<p>&mdash;No hija. Siempre que ocurre en la casa o en la vecindad algo dif&iacute;cil
+de resolver, se le consulta a &eacute;l. Est&aacute; hecho un Salom&oacute;n. <i>Do&ntilde;a
+Desd&eacute;mona</i>, cuando surge alguna dificultad en su rep&uacute;blica de p&aacute;jaros,
+le llama, y lo que &eacute;l dice, se hace.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, que hoy estamos de vena. Ojal&aacute; fuera verdad lo que usted dice.
+Yo me alegrar&iacute;a mucho, con tal que no se acordara de m&iacute; para nada, ni
+supiera que estoy viva.</p>
+
+<p>&mdash;Pues eso s&iacute; que no lo logra usted... Todo lo sabe.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, no me lo diga, por Dios! (asustad&iacute;sima y palideciendo). No sabe
+usted el miedo que me ha entrado. Ya no voy a tener un minuto de
+tranquilidad. &iquest;Pero es eso verdad? No se divierta conmigo, Ballester;
+mire que estoy temblando de miedo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Miedo a qu&eacute;? Si est&aacute; muy razonable, y m&aacute;s tranquilo que nunca. Todas
+sus ideas son ideas de benevolencia y tolerancia. Habla poco, y a lo
+mejor se descuelga diciendo cosas muy buenas. No le suelta a usted un
+disparate ni aunque se lo pida por favor. Respecto de usted, creo que el
+sentimiento que tiene es la indiferencia, si es que la indiferencia se
+puede llamar sentimiento.</p>
+
+<p>&mdash;No me f&iacute;o, no me f&iacute;o (meditaba, demostrando en el tono que no las
+ten&iacute;a todas consigo). Ver&aacute; usted c&oacute;mo el mejor d&iacute;a...</p>
+
+<p>La conversaci&oacute;n pas&oacute; de Maximiliano a <i>las Samaniegas</i>, mostrando
+Fortunata gran extra&ntilde;eza de que Aurora no se acordase de ella. &laquo;Es una
+mala crianza, porque bien sabe d&oacute;nde estoy, y desde su obrador aqu&iacute; se
+viene en tres minutos. Y si no quer&iacute;a ella venir, &iquest;qu&eacute; le costaba mandar
+una oficiala a preguntar si vivo o si muero?... Crea usted que esto me
+duele; porque yo, a quien me quiere como dos le quiero como catorce&raquo;.</p>
+
+<p>Ballester contest&oacute; con un gran suspiro, al cual no dio su interlocutora
+la interpretaci&oacute;n conveniente. De pronto el farmac&eacute;utico mud&oacute; el tema:
+&laquo;&iexcl;Ah!, me olvidaba de lo mejor. &iquest;Sabe usted que el cr&iacute;tico y yo nos
+hemos hecho amigos? &iexcl;Qui&eacute;n lo creer&iacute;a! &iexcl;Tanto como yo le odiaba! Pues
+ver&aacute; usted. Padillita le meti&oacute; un d&iacute;a en la botica, y yo empec&eacute; a darle
+guasa con sus cr&iacute;ticas, dici&eacute;ndole que me gustaban mucho. Pues resulta
+que es muy modesto y que se asusta cuando le elogian lo que escribe.
+Poco a poco hemos ido intimando, y toda la inquina que le ten&iacute;a se ha
+evaporado. Es tan honradito el pobre Ponce, que todo lo que escribe es
+de conciencia, y hasta cuando elogi&oacute; el dram&oacute;n aquel que a m&iacute; me sacaba
+de quicio, lo hizo porque le sal&iacute;a de dentro. Y aunque le paguen tarde,
+mal y nunca, &eacute;l tan conforme en su <i>sacerdocio</i>; lo toma en serio, y le
+parece que nadie ha de tener opini&oacute;n sobre las obras si &eacute;l no la da. Ha
+hecho oposici&oacute;n a una placita en el Tribunal de Cuentas y la ha ganado.
+&iquest;Pues qu&eacute; cree usted? El infeliz tiene que mantener a su madre, que est&aacute;
+enferma; y yo, desde que me cont&oacute; su historia, no le cobro nada por las
+medicinas. Le damos bromas con Olimpia y la pieza que toca, dici&eacute;ndole
+que su adorada es muy rom&aacute;ntica y que no tenga miedo de casarse, porque
+no come. Ni necesitan cocinera, ni cocina, ni siquiera cesto para la
+compra. Yo le digo que abandone el <i>sacerdocio</i> y que deje a los
+autores y al p&uacute;blico que se arreglen como quieran. Est&aacute; conforme
+conmigo, y por fin me ha revelado un secreto: ha escrito un drama y lo
+tiene en el Espa&ntilde;ol; y como se represente, el exitazo es seguro. La
+noche del estreno pienso ir con todos mis amigos para armar un alboroto
+y llamar al autor a la escena lo menos cuarenta veces. Me quiere leer la
+obra y yo le he dicho que me la deje all&iacute;. Sin leerla, le dir&eacute; que es
+magn&iacute;fica, y un amigo m&iacute;o periodista pondr&aacute; un sueltecito con aquello de
+que <i>en los c&iacute;rculos literarios se habla mucho, etc</i>... Le digo a usted que
+me interesa mucho ese infeliz, y que har&iacute;a yo algo por &eacute;l si pudiera. En
+<i>b&aacute;lsamo tranquilo</i> le tengo dado ya m&aacute;s de medio cuartillo, y el
+extracto de belladona se lo lleva de calle, porque lo que padece la mam&aacute;
+es reuma. Tambi&eacute;n le he hecho una bizma para la cintura que vale
+cualquier dinero. Yo soy as&iacute;; al que me entra por el ojo derecho, le doy
+hasta la camisa. &iexcl;Y si viera usted qu&eacute; cari&ntilde;o me ha tomado Ponce!
+Echamos largos p&aacute;rrafos sobre el arte realista, y el ideal, y la emoci&oacute;n
+est&eacute;tica, y cuanto yo digo, aunque sea un gran desatino, porque en mi
+vida las he visto m&aacute;s gordas, lo escucha como el Evangelio, y yo me doy
+con &eacute;l un lustre que no hay m&aacute;s que ver. Fuera de estas tonter&iacute;as de la
+cr&iacute;tica, es un alma de Dios, muy agradecido, muy delicado, sin m&aacute;s
+debilidad que la de querer a Olimpia y figurarse que un hombre de sesos
+se puede casar con semejante inutilidad. Yo me he propuesto quit&aacute;rselo
+de la cabeza, y creo que lo voy consiguiendo. Porque yo le digo: &laquo;&iquest;Con
+qu&eacute; se van a mantener? &iquest;Con la pieza?&raquo;. Si se casa, van a ser cuatro de
+familia; el matrimonio y la mam&aacute; de &eacute;l, enferma, y una hermanita que,
+seg&uacute;n me ha contado Ponce, debe de tener hambre canina. De esto hablamos
+largamente en la botica, que llamamos el <i>c&iacute;rculo literario</i>, y le voy
+engatusando. Olimpia me sacar&iacute;a los ojos si supiera las cosas que le
+digo a su novio; pero que se fastidie. Ya le he conocido siete <i>osos</i>, y
+lo que es a este no le pesca tampoco. Yo le he tomado bajo mi
+protecci&oacute;n, y le he de salvar. &iexcl;Buen turr&oacute;n le ca&iacute;a si se casara...!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; risa con usted! &iexcl;Pobre Ponce! Ya le dec&iacute;a yo que era un buen
+chico, y usted empe&ntilde;ado en darle la morcilla.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, de buena escap&oacute;. Guardo la fat&iacute;dica yema para otro, s&iacute;, para
+otro, en quien ahora recaen todos mis odios. No me pregunte usted qui&eacute;n
+es, porque no se lo he de decir... Se lo dir&eacute; despu&eacute;s que se la haya
+zampado, porque se la tiene que comer, como este es d&iacute;a.</p>
+
+<p>En esto, el ruido de voces, que sonaba en la salita pr&oacute;xima aument&oacute;
+considerablemente, y a los o&iacute;dos de Ballester llegaban estas palabras:
+<i>envido a la chica, &oacute;rdago a los pares</i>.</p>
+
+<p>&laquo;Es mi t&iacute;o Jos&eacute;&mdash;dijo Fortunata&mdash;, que est&aacute; jugando al mus con su amigo.
+Le mando que venga aqu&iacute; para que me acompa&ntilde;e mientras estoy en la cama,
+porque tengo mucho miedo, y para que no se aburra, hago que le traigan
+una botella de cerveza y le permito que venga su amigo a hacerle
+compa&ntilde;&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Ballester se asom&oacute; a la puerta entornada para ver a la pareja. No
+conoc&iacute;a a ninguno de los dos; pero la cara de Ido del Sagrario no era
+nueva para &eacute;l, y cre&iacute;a haberla visto en alguna parte, aunque no
+recordaba d&oacute;nde ni cu&aacute;ndo.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ii</span>-</h2>
+
+
+<p>La primera vez que Ballester vio a Izquierdo y a su docto amigo,
+no les dijo m&aacute;s que algunas palabras dictadas por la buena crianza; pero
+a la segunda se cruz&oacute; entre ellos tal tiroteo de cumplidos,
+ofrecimientos y franquezas, que no hab&iacute;a de tardar la amistad en unirles
+a los tres con apretado lazo.</p>
+
+<p>Desde su alcoba, donde continuaba encamada, Fortunata se re&iacute;a de las
+ocurrencias de Segismundo busc&aacute;ndole la lengua a <i>Plat&oacute;n</i> y a Ido del
+Sagrario, a quien sol&iacute;a llamar <i>maestro</i>. Siempre que iba por las noches
+el farmac&eacute;utico, les encontraba infaliblemente y se divert&iacute;a con ellos
+lo indecible.</p>
+
+<p>Mucho agradec&iacute;a la desdichada joven aquellas visitas. Ballester era el
+coraz&oacute;n m&aacute;s honrado y generoso del mundo, y ten&iacute;a cierta vanidad en
+tomar sobre s&iacute; el cumplimiento de los deberes que correspond&iacute;an a otros
+y que estos otros olvidaban. Y aunque alentara, con respecto a la se&ntilde;ora
+de Rub&iacute;n, pretensiones amorosas a plazo largo, no dejaban por eso de ser
+puros y desinteresados sus actos de caridad, y habr&iacute;an sido lo mismo aun
+en el caso de que su amiga espantara de fea y careciese de todo
+atractivo personal.</p>
+
+<p>Fortunata iba adquiriendo confianza con &eacute;l, y le revelaba sus
+pensamientos sobre diferentes cosas. No obstante, algo hab&iacute;a que no se
+atrev&iacute;a a manifestar, por no tener la seguridad de ser bien comprendida.
+Ni Segunda ni Jos&eacute; Izquierdo lo comprender&iacute;an tampoco. Y como le era
+forzoso echar fuera aquellas ideas, porque no le cab&iacute;an en la mente y se
+le rebosaban, ten&iacute;a que dec&iacute;rselas a s&iacute; misma para no ahogarse. &laquo;Ahora
+s&iacute; que no temo las comparaciones. Entre ella y yo, &iexcl;qu&eacute; diferencia! Yo
+soy madre del &uacute;nico <i>hijo de la casa</i>, madre soy, bien claro est&aacute;, y no
+hay m&aacute;s nieto de don Baldomero que este rey del mundo que yo tengo
+aqu&iacute;... &iquest;Habr&aacute; quien me lo niegue? Yo no tengo la culpa de que la ley
+ponga esto o ponga lo otro. Si las leyes son unos disparates muy gordos,
+yo no tengo nada que ver con ellas. &iquest;Para qu&eacute; las han hecho as&iacute;? La
+verdadera ley es la de la sangre, o como dice Juan Pablo, la
+Naturaleza, y yo por la Naturaleza le he quitado a la <i>mona del Cielo</i>
+el puesto que ella me hab&iacute;a quitado a m&iacute;... Ahora la quisiera yo ver
+delante para decirle cuatro cosas y ense&ntilde;arle este hijo... &iexcl;Ah!, &iexcl;qu&eacute;
+envidia me va a tener cuando lo sepa!... &iexcl;Qu&eacute; rabiosilla se va a
+poner!... Que se me venga ahora con leyes, y ver&aacute; lo que le contesto...
+Pero no, no le guardo rencor; ahora que he ganado el pleito y est&aacute; ella
+debajo, la perdono; yo soy as&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pues &eacute;l, &iexcl;digo!, cuando lo sepa, &iquest;qu&eacute; har&aacute;?, &iquest;qu&eacute; pensar&aacute;? &iexcl;No acabo de
+cavilar en esto, Dios m&iacute;o! &Eacute;l ser&aacute; un pillo, y un ingrato; pero lo que
+es a su nene le tiene que querer. Como que se volver&aacute; loco con &eacute;l. Y
+cuando vea que es su retrato vivo &iexcl;Cristo! &iexcl;Pues digo, si do&ntilde;a B&aacute;rbara
+le viera...! Y le ver&aacute;, toma, le ver&aacute;... Como hay Dios, que se vuelve
+loca. &iexcl;Qu&eacute; contenta estoy, Se&ntilde;or, qu&eacute; contenta! Yo bien s&eacute; que nunca
+podr&eacute; alternar con esa familia, porque soy muy ordinaria, y ellos muy
+requetefinos; yo lo que quiero es que conste, que conste, s&iacute;, que una
+servidora es la madre del heredero, y que sin una servidora no tendr&iacute;an
+nieto. Esta es mi idea, la idea que vengo criando aqu&iacute;, desde hace
+tant&iacute;simo tiempo, empoll&aacute;ndola hasta que ha salido, como sale el
+pajarito del cascar&oacute;n... Bien sabe Dios que esto que pienso, no es
+porque yo sea interesada.</p>
+
+<p>Para nada quiero el dinero de esa gente, ni me hace maldita falta: lo
+que yo quiero es que conste... S&iacute;, se&ntilde;ora do&ntilde;a B&aacute;rbara, es usted mi
+suegra por encima de la cabeza de Cristo Nuestro Padre, y usted salte
+por donde quiera, pero soy la mam&aacute; de su nieto, de su &uacute;nico nieto&raquo;.</p>
+
+<p>Qued&aacute;base muy convencida despu&eacute;s de sentar estas arrogantes
+afirmaciones, y la satisfacci&oacute;n le produc&iacute;a tal contento, que se pon&iacute;a a
+cantar en voz baja, arrullando a su hijo; y cuando este se dorm&iacute;a,
+continuaba rezongando como la p&aacute;jara en el nido. El gozo, algunas
+noches, no la dejaba dormir, y se pasaba largas horas jugando con su
+idea ya realizada, salt&aacute;ndola como Feijoo saltaba el <i>bilboquet</i>.</p>
+
+<p>Quevedo iba a verla todos los d&iacute;as, y aunque la encontraba muy bien,
+ordenaba que no se levantase. &iexcl;Qu&eacute; aburrimiento estar tanto tiempo
+prisionera! Gracias que con su chiquit&iacute;n se entreten&iacute;a. De noche le
+ayudaba Segunda a fajarlo y limpiarlo; por el d&iacute;a Encarnaci&oacute;n, que era
+muy lista y se volv&iacute;a loca de gusto cuando su ama le dejaba tener el
+peque&ntilde;uelo en brazos durante algunos minutos. En sus ratos de alegr&iacute;a
+delirante, Fortunata se acordaba mucho de Estupi&ntilde;&aacute;. &laquo;Pero, t&iacute;a, &iquest;no se
+ha tropezado usted en la escalera con Pl&aacute;cido? D&iacute;gale que pase, que le
+tengo que hablar&raquo;. Respond&iacute;a Segunda que no una ni dos veces, sino m&aacute;s
+de veinte hab&iacute;a encontrado al tal; pero que todas las chinitas que le
+echaba para que subiese hab&iacute;an sido como si no. &laquo;Me puso una cara,
+chica, cuando le cont&eacute; la novedad, que parec&iacute;a un juez de primera
+<i>estancia</i>. Y ayer me dijo: '&iexcl;Quite usted all&aacute;, so chubasca,
+encubridora; a usted y a la otra farfantona, las voy a poner en la
+calle!'&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ya se amansar&aacute;. &iquest;Qu&eacute; apostamos a que se amansa?&mdash;dec&iacute;a la joven
+sonriendo&mdash;. Yo quiero que entre y vea esta estrella que se ha ca&iacute;do del
+Cielo.</p>
+
+<p>Tanto hizo Segunda y tales enredos arm&oacute;, que Estupi&ntilde;&aacute; entr&oacute; una ma&ntilde;ana,
+gru&ntilde;endo y ech&aacute;ndoselas de hombre de mal genio que tiene que contraer
+todos los m&uacute;sculos de su cara para enfrenar su indignaci&oacute;n. A cuanto le
+dec&iacute;an Segunda y su hermano, respond&iacute;a con bufidos; y si la se&ntilde;ora de
+Izquierdo no me le sujeta por un brazo, de fijo que echa a correr por
+las escaleras abajo. &laquo;No se puede tratar con estas t&iacute;as farfantonas...
+Vaya usted al r&aacute;bano. Vaya usted muy enhoramala&raquo;. Pero dando estos
+respiros a su ira verdadera o falsa, ello es que no se marchaba, y
+Segunda le meti&oacute; casi a la fuerza en la alcoba. Obedeciendo a un impulso
+instintivo, Estupi&ntilde;&aacute; se quit&oacute; el sombrero en el momento en que sent&iacute;a
+los chillidos del heredero de Santa Cruz que estaba pidiendo la teta con
+mucha necesidad. Al ver que el hablador descubr&iacute;a su venerable cabeza,
+Fortunata sinti&oacute; en su alma inundaci&oacute;n de alegr&iacute;a, y se dijo: &laquo;Eso es,
+saluda a tu amito. &Eacute;l te proteger&aacute; como te han protegido sus abuelos y
+su padre&raquo;. Pl&aacute;cido se inclin&oacute; para verle, y aunque se quer&iacute;a hacer el
+hombre terrible, se le escap&oacute; esta frase: &laquo;Clavado, <i>talmente</i>
+clavado...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; feo es!... &iquest;verdad, D. Pl&aacute;cido?&mdash;dijo la madre, radiante de
+gozo&mdash;. &iquest;Qu&eacute;, no le da un beso?... &iquest;Cree que le va a pegar algo?
+Descuide, que lo bonito no se pega... &iquest;Sabe una cosa don Pl&aacute;cido? Me
+parece que le va usted a querer... y &eacute;l a usted tambi&eacute;n. &iquest;A que s&iacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>El hablador murmuraba algo que no se o&iacute;a bien. Estuvo un momento como
+indeciso entre el furor y la suavidad. Despu&eacute;s rompi&oacute; a hablar con
+Segunda sobre si esta pon&iacute;a o no pon&iacute;a aquel a&ntilde;o caj&oacute;n en San Isidro, y
+se retir&oacute; al fin, despidi&eacute;ndose de una manera que bien pod&iacute;a pasar por
+conciliadora. Fortunata estaba content&iacute;sima, y se dec&iacute;a: &laquo;De seguro que
+ahora mismo va con el cuento. Es lo que yo quiero, que lleve el chisme&raquo;.
+Encadenando ideas, se daba a pensar en el gusto que tendr&iacute;a de ver a
+do&ntilde;a Guillermina, presumiendo al mismo tiempo que si la viera hab&iacute;a de
+sentir mucha verg&uuml;enza. &laquo;Le pedir&eacute; perd&oacute;n por lo mal que me port&eacute; aquel
+d&iacute;a, y me perdonar&aacute;... como esta es luz. De fijo que me calienta las
+orejas; pero paso por todo con tal de ver la cara que pone delante de
+este hijo. A ver qu&eacute; tiene que decir de mi idea. &iquest;Qu&eacute; se le ocurrir&aacute;?
+Alguna cosa que yo no entender&eacute; ni la entender&aacute; nadie... Diga lo que
+quiera y t&oacute;melo por donde lo tome, Dios no puede volverse atr&aacute;s de lo
+que ha hecho; y aunque se hunda el mundo, este hijo es el <i>ver&iacute;dico
+nieto natural</i> de esos se&ntilde;ores, D. Baldomero y do&ntilde;a B&aacute;rbara... y la
+otra, con todo su &aacute;ngel, no toca pito, no toca pito... eso es lo que yo
+digo. Que me presente uno como este... No lo presentar&aacute;, no. Porque Dios
+me dijo a m&iacute;: <i>t&uacute; pitar&aacute;s</i>; y a ella no le ha dicho tal cosa. Y si do&ntilde;a
+B&aacute;rbara se chifl&oacute; por el <i>Pituso</i> falso, &iexcl;c&oacute;mo no se dislocar&aacute; por el de
+oro de ley! De lo contenta que estoy, creo que me voy a poner mala... Y
+de fijo que Estupi&ntilde;&aacute; lleva el cuento. La que yo quiero que lo sepa
+primero de todos es mi amiga <i>la obispa</i>. &iquest;Apostamos a que viene a
+verme? Ya... no se le queda a ella en el cuerpo el serm&oacute;n que me tiene
+preparado. &iexcl;Vengan sermones! No me importa; mejor. Yo le dir&eacute; que tiene
+raz&oacute;n; pero que yo tengo el hijo, y all&aacute; se van hijos con razones&raquo;.</p>
+
+<p>Esta visita ten&iacute;ala por infalible, pues la santa era muy amiga de echar
+r&eacute;spices y de enderezar a las que comet&iacute;an pecados gordos. Tan segura
+estaba de verla, que siempre que sonaba la campanilla cre&iacute;a que era
+ella, y se preparaba a recibirla, arreglando la cama y poni&eacute;ndose con la
+mayor decencia posible, tr&eacute;mula de emoci&oacute;n y esperanza.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iii</span>-</h2>
+
+
+<p>El bautizo se celebr&oacute; con modestia suma en San Gin&eacute;s, una ma&ntilde;ana
+de Abril, y le pusieron al chico los nombres de Juan Evaristo Segismundo
+y algunos m&aacute;s. Ballester se corri&oacute; gallardamente aquel d&iacute;a a convidar a
+Izquierdo y a Ido del Sagrario en el pr&oacute;ximo caf&eacute; de Levante. Inst&oacute;
+mucho al <i>maestro</i> a que tomara un <i>biftec</i>; pero D. Jos&eacute; lo rehus&oacute;,
+aunque buenas ganas ten&iacute;a de aceptarlo. De solo oler la carne y ver la
+sangre de ella y la grasa en el plato de sus amigos, le parec&iacute;a que se
+trastornaba. Su almuerzo fue un caf&eacute; con media tostada de abajo... y
+otra media de arriba. Tras el caf&eacute; vinieron las incitantes copas, y
+tambi&eacute;n les hizo escr&uacute;pulos el profesor; no as&iacute; <i>el modelo</i>, que se
+llen&oacute; el cuerpo de ron hasta que ya no pod&iacute;a m&aacute;s, sin que por eso se
+perturbase su s&oacute;lida cabeza, que deb&iacute;a de ser un alambique. Mientras
+com&iacute;an, vieron pasar a Maximiliano Rub&iacute;n, que sal&iacute;a del caf&eacute;; pero como
+&eacute;l no aparent&oacute; verlos, no le dijeron nada. A eso de la una, Ballester se
+fue a su botica y los dos Jos&eacute;s a la casa de la Cava. Era domingo y
+ninguno de los dos ten&iacute;a ocupaciones. Izquierdo mand&oacute; a Encarnaci&oacute;n por
+una <i>grande</i> de cerveza, y sacando de una caja muy sucia el juego de
+domin&oacute;, extendi&oacute; y mezcl&oacute; las fichas para empezar una partidita. Y
+cuentan las cr&oacute;nicas <i>plat&oacute;nicas</i>, que antes de llegar a la mitad del
+segundo juego, las pobres fichas se quedaron solas. Ido se hab&iacute;a
+levantado y daba paseos por la sala. Izquierdo se dej&oacute; caer sobre el
+sof&aacute; de Vitoria y dorm&iacute;a como un <i>ver&iacute;dico</i> bruto, el sombrero sobre los
+ojos, la boca abierta y las cuatro patas estiradas. La se&ntilde;&aacute; Segunda se
+llev&oacute; a Encarnaci&oacute;n a la plazuela, porque la noche antes hab&iacute;a habido
+fuego en dos o tres puestos inmediatos al de ella, y se pas&oacute; la ma&ntilde;ana
+ayudando a sus compa&ntilde;eras a meter los trastos que se sacaron, y a
+reparar lo que de reparaci&oacute;n era susceptible.</p>
+
+<p>Fortunata estuvo aquel d&iacute;a aburrid&iacute;sima, con muchas ganas de levantarse.
+Por respeto a las ordenanzas del se&ntilde;or de Quevedo, segu&iacute;a en la cama,
+pero ya no aguantar&iacute;a aquella c&aacute;rcel enojosa dos d&iacute;as m&aacute;s. Juan Evaristo
+Segismundo, despu&eacute;s que le trajeron de San Gin&eacute;s, estaba tan guapote y
+satisfecho, cual si tuviera conciencia de su dichoso ingreso en la
+familia cristiana; y para celebrarlo, en cuantito lleg&oacute; al lado de su
+madre, busc&oacute; la despensa y se puso el cuerpo que no le cab&iacute;a una gota
+m&aacute;s de leche. O&iacute;a Fortunata los ronquidos del venerable <i>Plat&oacute;n</i>, cual
+mon&oacute;logo de un cerdo, y sent&iacute;a tambi&eacute;n los paseos de Ido, y alg&uacute;n
+monos&iacute;labo ininteligible, suspiros que parec&iacute;an ayes de pena o
+invocaciones po&eacute;ticas; y cuando el profesor llegaba en su deambulaci&oacute;n
+febril a la puerta de la alcoba, cre&iacute;a distinguir sus manos o parte de
+un brazo que sub&iacute;an hasta cerca del techo. Luego son&oacute; la campanilla y D.
+Jos&eacute; fue a abrir. Fortunata crey&oacute; que era Encarnaci&oacute;n que volv&iacute;a de la
+plazuela; pero se equivocaba. No tard&oacute; en o&iacute;r cuchicheos en la puerta.
+&iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a? Despu&eacute;s sinti&oacute; pasos y un chillar de botas que la hicieron
+estremecer, y se qued&oacute; muda de terror al ver en la puerta a Maximiliano.
+Era &eacute;l; as&iacute; lo afirm&oacute; despu&eacute;s de dudarlo un momento. La estupefacci&oacute;n
+que sent&iacute;a apenas le permiti&oacute; dar un grito, y su primer movimiento fue
+echarle los brazos al nene, decidida a <i>comerse a bocados</i> a quien
+intentase hacerle da&ntilde;o o quit&aacute;rselo. Rub&iacute;n estuvo m&aacute;s de un minuto sin
+dar un paso, clavado en la puerta y destac&aacute;ndose dentro del marco de
+ella como la figura de un cuadro. &iexcl;Cosa rara! Ning&uacute;n signo de hostilidad
+se ve&iacute;a en su cara ni en su adem&aacute;n. Miraba a su mujer con seriedad, pero
+sin dureza, y cuando dio los primeros pasos para acercarse a la cama, su
+expresi&oacute;n era casi indulgente. Pero ella no las ten&iacute;a todas consigo, y
+le mir&oacute; como quien se dispone a una defensa en&eacute;rgica. &laquo;T&iacute;o, t&iacute;o&mdash;dijo
+alzando la voz&mdash;. Encarnaci&oacute;n...&raquo;. Como ni Izquierdo ni la criada
+respondieran, quiso llamar al esperpento aquel que en el cuarto se
+paseaba. Mas al ir a pronunciar su nombre se le borr&oacute; de la memoria.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;C&oacute;mo diablos se llama este hombre?... Usted, venga ac&aacute;... &iexcl;Ah!, ya me
+acuerdo. Se&ntilde;or Sagrario, haga el favor de despertar a mi t&iacute;o&raquo;. Pero ni
+el t&iacute;o despertaba, ni D. Jos&eacute; se hac&iacute;a cargo de que le llamaban.</p>
+
+<p>&laquo;Parece que me tienes miedo, y que pides socorro&mdash;le dijo Maxi con fr&iacute;a
+bondad&mdash;. No te voy a comer. Est&aacute;s equivocada si piensas que vengo de
+malas. Si no se trata ya de matarte ni de matar a nadie... Esa idea
+est&uacute;pida vol&oacute;... por fortuna de todos&raquo;.</p>
+
+<p>Diciendo esto se sent&oacute; en la silla, y quit&aacute;ndose el sombrero lo puso
+sobre la cama. Fortunata le encontr&oacute; m&aacute;s delgado; la calva parec&iacute;a
+mayor, y sus miradas ten&iacute;an cierto reposo que la tranquiliz&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Aunque nadie me ha dicho una palabra&mdash;prosigui&oacute; Rub&iacute;n&mdash;, s&eacute; todo lo que
+te ha pasado; lo he sabido por mi propia raz&oacute;n, y vengo a compadecerte y
+a hacerte un gran bien... Porque yo perd&iacute; la raz&oacute;n, bien lo sabes; pero
+luego la volv&iacute; a adquirir. Dios me la quit&oacute; y me la volvi&oacute; a dar tan
+completa, que en este momento estoy m&aacute;s cuerdo que t&uacute; y que toda la
+familia. No te asombres, hija, que bien conocer&aacute;s por lo que voy a
+decirte que mi cabeza est&aacute; buena, tan buena como nunca lo estuvo. Qu&eacute;,
+&iquest;no lo crees?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no sab&iacute;a si creerlo o no. Su miedo no se hab&iacute;a extinguido, y
+esperaba que tras aquellas palabras tranquilas, vinieran otras airadas
+y sin pies ni cabeza. No dijo nada, y sigui&oacute; protegiendo a su hijo, en
+actitud de defenderle al primer ataque. Maxi no parec&iacute;a reparar en el
+ni&ntilde;o. Con gran serenidad habl&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Tan sano estoy de la cabeza, que me hago cargo de tu situaci&oacute;n y de la
+m&iacute;a. Ya entre t&uacute; y yo no puede haber nada. Nos casamos por debilidad
+tuya y equivocaci&oacute;n m&iacute;a. Yo te adoraba; t&uacute; a m&iacute; no. Matrimonio
+imposible. Ten&iacute;a que venir el divorcio, y el divorcio ha venido. Yo me
+volv&iacute; loco, y t&uacute; te emancipaste. Los disparates que hab&iacute;amos hecho los
+enmend&oacute; la Naturaleza. Contra la Naturaleza no se puede protestar&raquo;.</p>
+
+<p>Miraba el bulto que en la cama hac&iacute;a Juan Evaristo; pero como su adem&aacute;n
+no ten&iacute;a nada de hostil, Fortunata se iba sosegando.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ya s&eacute; lo que hay aqu&iacute;! &iexcl;Pobre ni&ntilde;o! Dios no ha querido que sea m&iacute;o. Si
+lo fuera, me querr&iacute;as algo. Pero no lo es, todo el mundo lo sabe, y lo
+s&eacute; yo tambi&eacute;n... Divorcio consumado. M&aacute;s vale as&iacute;. Yo no deb&iacute; casarme
+contigo. Bien lo pagu&eacute; perdiendo la raz&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; debo hacer ahora que la
+he recobrado? Pues ver las cosas de muy alto, y acatar los hechos, y
+observar las lecciones tremendas que da Dios a las criaturas... Antes me
+las dio a m&iacute;... ahora a ti. Prep&aacute;rate. No vengo a hacerte da&ntilde;o, sino a
+anunciarte la buena nueva de la lecci&oacute;n, porque estas pedradas que
+vienen de arriba sanan, curan y fortalecen&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero este hombre&mdash;se dec&iacute;a Fortunata&mdash;, &iquest;est&aacute; cuerdo o est&aacute; m&aacute;s loco
+que antes? Buena jaqueca me est&aacute; dando; pero como no pase de ah&iacute;, se le
+puede aguantar.</p>
+
+<p>Algo quiso decir en alta voz; pero &eacute;l no la dejaba meter baza, y como si
+trajera un discurso preparado y no quisiera dejar de pronunciar ninguna
+de sus partes, peg&oacute; en seguida la hebra: &laquo;&iquest;Te acuerdas de cuando yo
+estaba loco? Los ratos que te di te los ten&iacute;as bien merecidos; porque en
+realidad te portabas muy mal conmigo. Tu infidelidad se me hab&iacute;a metido
+a m&iacute; en la cabeza; no ten&iacute;a ning&uacute;n dato en qu&eacute; fundarme; pero el
+convencimiento de ella no lo pod&iacute;a echar de m&iacute;. No s&eacute; decir bien si so&ntilde;&eacute;
+que ibas a ser madre, o si me inspiraron esta idea los celos que ten&iacute;a.
+Porque yo ten&iacute;a unos celos &iexcl;ay!, que no me dejaban vivir. 'Mi mujer me
+falta&mdash;dec&iacute;a yo&mdash;, no tiene m&aacute;s remedio que faltarme; no puede ser de
+otra manera'. Y como por lo mucho que te quer&iacute;a, yo no encontraba a tu
+pecado m&aacute;s soluci&oacute;n que la muerte, ah&iacute; tienes por qu&eacute; me naci&oacute; en la
+cabeza, lo mismo que nace el musgo en los troncos, aquella idea de la
+liberaci&oacute;n, pretextos y triqui&ntilde;uelas de la mente para justificar el
+asesinato y el suicidio. Era aquello un reflejo de las ideas comunes, el
+pensar general modificado y adulterado por mi cerebro enfermo. &iexcl;Ay, qu&eacute;
+malo me puse! Te digo que cuando invent&eacute; aquel sistema filos&oacute;fico tan
+rid&iacute;culo, estaba en el periodo peorcito. No me quiero acordar. Los
+disparates que yo dec&iacute;a los recuerdo como se recuerdan los de las
+novelas que uno ha le&iacute;do de ni&ntilde;o; y ahora me r&iacute;o de ellos, y calculo
+cu&aacute;nto se reir&iacute;an los dem&aacute;s. &iquest;Te acuerdas t&uacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata respondi&oacute; que s&iacute; con la cabeza. No le quitaba los ojos,
+siguiendo atentamente sus movimientos por ver si se descompon&iacute;a, y estar
+preparada a cualquier agresi&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Despu&eacute;s me atac&oacute; lo que yo llamo la <i>Mesianitis</i>... Era tambi&eacute;n una
+modificaci&oacute;n cerebral de los celos. &iexcl;El Mes&iacute;as... tu hijo, el hijo de un
+padre que no era tu marido! Empez&oacute; por ocurr&iacute;rseme que yo deb&iacute;a matarte
+a ti y a tu descendencia, y luego esta idea herv&iacute;a y se descompon&iacute;a como
+una sustancia puesta al fuego, y entre las espumas burbujeaba aquel
+absurdo del Mes&iacute;as. Exam&iacute;nalo bien, y ver&aacute;s que todo era celos, celos
+fermentados y en putrefacci&oacute;n. &iexcl;Ay, hija, qu&eacute; malo es estar loco! Cu&aacute;nto
+mejor es estar cuerdo, aunque uno, al recobrar el juicio, se encuentre
+apagado el hornillo de los afectos, toda la vida del coraz&oacute;n muerta, y
+limitado a hacer una vida de l&oacute;gica, fr&iacute;a y algo triste&raquo;.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r esto, que Maxi expres&oacute; con cierta elocuencia, Fortunata volvi&oacute; a
+inquietarse, y llam&oacute; de nuevo a su t&iacute;o, que segu&iacute;a dando los ronquidos
+por respuesta. El mismo resultado tuvieron las voces de &laquo;Se&ntilde;or Sagrario,
+se&ntilde;or Sagrario... haga el favor de venir&raquo;. D. Jos&eacute; se asom&oacute; a la puerta,
+echando a la pareja una mirada de maestro de escuela que inspecciona el
+aula en que estudian sus alumnos, y vuelta a pasearse sin hacer caso de
+nada.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n acerc&oacute; m&aacute;s la silla, y Fortunata tuvo m&aacute;s miedo: &laquo;Pero todo
+aquello de la liberaci&oacute;n y del Mes&iacute;as vol&oacute;. Los hechos reales
+sustituyeron a las figuraciones de mi cerebro... Dios me devolvi&oacute; mi
+raz&oacute;n, y me la devolvi&oacute; corregida y aumentada. Con ella vi los hechos;
+con ella descubr&iacute; lo que mi familia me ocultaba; con ella reconstru&iacute; mi
+ser, que hab&iacute;a pasado por tantos cataclismos; con ella me penetr&eacute; bien
+de nuestro divorcio y desech&eacute; dos y hasta tres veces la idea de
+homicidio; con ella pude llegar a considerarte mujer extra&ntilde;a, madre de
+hijos que yo no pod&iacute;a tener, y con ella me he revestido de serenidad y
+conformidad. &iquest;No te admiras de verme como me ves? M&aacute;s te asombrar&iacute;as si
+pudieras leer en mi pensamiento, y comprender esta elevaci&oacute;n con que yo
+miro todas las cosas, la calma con que te veo a ti, la indiferencia con
+que veo a tu hijo... &iexcl;Un ser m&aacute;s en el mundo! Cuando &eacute;l ha venido sus
+razones tendr&aacute;. &iquest;Qu&eacute; derecho tengo yo a estorbarle la vida? &iquest;Qu&eacute; derecho
+a matarte a ti porque se la hayas dado? F&iacute;jate bien: es muy grave eso
+de decir: 'tal o cual persona no debi&oacute; de nacer'&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute; para s&iacute; Fortunata&mdash;. &iquest;Pero este hombre est&aacute; cuerdo
+o c&oacute;mo est&aacute;? &iquest;Eso que dice es raz&oacute;n, o los mayores disparates que en mi
+vida le he o&iacute;do...?</p>
+
+<p>&mdash;Yo pregunto&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Maxi acerc&aacute;ndose m&aacute;s&mdash;. El derecho a nacer, &iquest;no es
+el m&aacute;s sagrado de todos los derechos? &iquest;Qui&eacute;n me mete a m&iacute; a poner
+estorbo a ning&uacute;n nacimiento? Estar&iacute;a gracioso... Nazcan y vivan, que
+viviendo aprender&aacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Nada, para m&iacute; est&aacute; peor que antes&mdash;pensaba la esposa&mdash;, y esto que dice
+podr&aacute; ser cuerdo, pero yo no entiendo palotada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Parece que me tienes miedo&mdash;le dijo &eacute;l siempre serio y tranquilo&mdash;. No
+s&eacute; por qu&eacute;. Ya habr&aacute;s visto que a razonable no me gana nadie.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, es verdad; pero...&mdash;&iquest;Pero qu&eacute;...?&mdash;T&uacute; dir&aacute;s que gato escaldado del
+agua fr&iacute;a huye (sonri&eacute;ndose ligeramente, por primera vez en aquella
+conferencia). Otra cosa: ens&eacute;&ntilde;ame a tu hijo.</p>
+
+<p>Fortunata volvi&oacute; a sentir terror, y al ver que Maxi alargaba las manos
+hacia donde estaba el peque&ntilde;uelo, las apart&oacute; con las suyas, diciendo:
+&laquo;Otro d&iacute;a le ver&aacute;s... D&eacute;jale... est&aacute; dormido y me le vas a despertar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero qu&eacute; mani&aacute;tica eres!... Yo cre&iacute; que despu&eacute;s de haberme o&iacute;do, te
+convencer&iacute;as de que mi raz&oacute;n est&aacute; como un reloj y de que adem&aacute;s me ha
+entrado un gran talento. &iquest;Qu&eacute; has visto en m&iacute; que te parezca sospechoso?
+Nada absolutamente. Mis sentimientos son de paz; la &uacute;ltima idea mala la
+tuve hace d&iacute;as; pero la arranqu&eacute; y estoy limpio de ira y de odio. Y para
+dec&iacute;rtelo todo en una palabra: Fortunata, soy un santo. No es esto
+jactancia, es la verdad... &iquest;Crees que voy a hacer da&ntilde;o a tu hijo? &iexcl;Hacer
+da&ntilde;o a una criatura! Eso no cabe en lo humano. D&eacute;jamele ver, y te dir&eacute;
+algo que te aprovechar&aacute;.</p>
+
+<p>Fortunata, al fin, sospechando que la contrariedad pod&iacute;a irritarle,
+permitiole ver al nene, sin acercarse mucho, y protegi&eacute;ndole con sus
+manos. No dijo nada mientras le miraba. Despu&eacute;s volvi&oacute; a su asiento y
+estuvo un rato con la mirada perdida entre los ramos de la colcha,
+ligeramente fruncido el ce&ntilde;o.</p>
+
+<p>&laquo;Se parece a tu verdugo. Lo malo no perece nunca. La maldad engendra y
+los buenos se aniquilan en la esterilidad&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">iv</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;T&iacute;o, por Dios, t&iacute;o, despierte usted&raquo; volvi&oacute; a decir Fortunata
+gritando; y como asomase a la puerta la fl&aacute;cida y carunculosa efigie de
+Ido del Sagrario, la joven le dijo: &laquo;&iquest;Pero qu&eacute; hace usted que no
+despierta a mi t&iacute;o?... &iexcl;Qu&eacute; sola me tienen aqu&iacute;! &iexcl;Y esa chiquilla que no
+viene!&raquo;.</p>
+
+<p>Ido refunfu&ntilde;&oacute; algo que Fortunata no pudo entender. Mirando al profesor
+con l&aacute;stima, Maxi dijo a su esposa: &laquo;Este buen se&ntilde;or est&aacute; tocado. Me da
+mucha l&aacute;stima, porque s&eacute; lo que es andar mal de la cabeza. Si &eacute;l
+quisiera seguir mi plan, yo me compromet&iacute;a a ponerle como nuevo&raquo;.</p>
+
+<p>Y en alta voz, viendo al desgraciado Ido llegar otra vez hasta la puerta
+de la alcoba y mirar hacia dentro con los ojos de est&uacute;pido: &laquo;Se&ntilde;or D.
+Jos&eacute;, ser&eacute;nese, y aprenda a ver la vida como es... Es tonter&iacute;a creer que
+las cosas son como nos las imaginamos y no como a ellas les da la gana
+de ser. Al amor no se le dictan leyes. Si la mujer falta, divorcio al
+canto, y dejar que obre la l&oacute;gica, pues ella castiga sin palo ni
+piedra&raquo;.</p>
+
+<p>Y Fortunata se persignaba, llena de admiraci&oacute;n, dici&eacute;ndose: &laquo;&iquest;Pero ser&aacute;
+verdad, Dios m&iacute;o, que a mi marido le ha entrado un gran talento, o estas
+cosas que dice son farsa para tapar una mala idea? &iquest;Qu&eacute; har&eacute; yo para que
+se marche pronto? Porque a lo mejor me sale por malague&ntilde;as, y me da el
+gran susto&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Se parece a tu enemigo!&mdash;repiti&oacute; Maxi, volviendo a la idea que le
+hab&iacute;a excitado ligeramente&mdash;. Es una desgracia para &eacute;l. Y si en lo moral
+saca la casta, peor que peor. El ni&ntilde;o inocente no es responsable de las
+culpas del padre; pero hereda las malas ma&ntilde;as. &iexcl;Pobre ni&ntilde;o!, tengo
+l&aacute;stima de &eacute;l. Si se te muere debes alegrarte, porque si vive te dar&aacute;
+muchos disgustos&raquo;.</p>
+
+<p>A Fortunata le indign&oacute; esta idea; pero no se atrevi&oacute; a contradecirla.
+Que dijera todo lo que quisiese. Su plan era no contestarle nada, a ver
+si se aburr&iacute;a y se marchaba pronto.</p>
+
+<p>&laquo;Tiene a quien salir&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Maxi con l&uacute;gubre iron&iacute;a&mdash;. Su pap&aacute; es de
+oro... No necesitas decirme que no te hace caso... Harto lo s&eacute;. Ni
+siquiera habr&aacute; venido a verle... Tambi&eacute;n me lo figuro. No vendr&aacute;; ten
+por cierto que no vendr&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qui&eacute;n sabe!...&mdash;se dej&oacute; decir la joven, sintiendo que se le apretaba
+la garganta.</p>
+
+<p>&mdash;Te repito que no vendr&aacute;... Tengo mis razones para asegurarlo.</p>
+
+<p>&mdash;Claro... &iexcl;qu&eacute; ha de venir...! Ni falta.</p>
+
+<p>&mdash;Dices bien; ni falta. Gracias que te oigo una expresi&oacute;n filos&oacute;fica.
+Ese hombre tiene ahora otros entretenimientos.</p>
+
+<p>Fortunata sinti&oacute; que toda la sangre se le sub&iacute;a al rostro, y se puso muy
+sofocada. Rub&iacute;n estir&oacute; el codo sobre el lecho, apoy&aacute;ndose en &eacute;l con
+actitud perezosa, semejante a la que tomaba en la botica cuando le&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Es preciso que lo sepas pronto. Todo lo que tardes en saberlo, tardas
+en regenerarte&raquo;.</p>
+
+<p>La <i>Pitusa</i> ten&iacute;a mucho calor, y cogiendo un abanico que junto a la
+almohada ten&iacute;a, empez&oacute; a abanicarse.</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso que lo sepas&mdash;volvi&oacute; a decir Maxi con cierta frialdad
+implacable, propia del hombre acostumbrado al asesinato&mdash;. Tu verdugo no
+se acuerda ya de ti para nada, y ahora tiene amores con otra mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Con otra mujer!&mdash;dijo ella, repitiendo la frase como una muletilla, a
+la cual no se saca sentido. Sus miradas vagaban por los dibujos de la
+colcha.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, con otra mujer a quien t&uacute; conoces.</p>
+
+<p>El asesino le iba soltando a la v&iacute;ctima las palabras en dosis peque&ntilde;as,
+y la miraba observando el efecto que le causaban. Fortunata quiso
+sobreponerse a aquel suplicio, y sacudiendo la despeinada cabeza, como
+para alejar y espantar una convicci&oacute;n que quer&iacute;a penetrar en ella, le
+dijo: &laquo;&iquest;Qu&eacute; historias me vienes a contar ah&iacute;?... D&eacute;jame en paz&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Esto que te cuento no es un enredo; es verdad. Ese hombre est&aacute;
+enamorado de otra mujer, y t&uacute; la conoces. Aprende, pues. Ah&iacute; tienes la
+maravillosa arma de la l&oacute;gica humana, con la cual te hiero para sanarte.
+M&aacute;s vale morir aprendiendo, que vivir ignorando. Esta lecci&oacute;n terrible
+puede llevarte hasta la santidad, que es el estado en que yo me
+encuentro. &iquest;Y qui&eacute;n me ha tra&iacute;do a m&iacute; a este bendito estado? Pues una
+lecci&oacute;n, una simple lecci&oacute;n.</p>
+
+<p>Mira, Fortunata, bendito sea el cuchillo que sana.</p>
+
+<p>&mdash;Falta que sea verdad lo que cuentas&mdash;dijo la v&iacute;ctima defendi&eacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; podr&aacute;s creerlo o no creerlo, como un enfermo puede tomar o no la
+medicina que el m&eacute;dico le da. Porque esto es la medicina de tu
+conciencia. &iquest;Quieres otra? &iquest;Quieres el nombre de la que te ha robado lo
+que t&uacute; robaste? Pues te lo voy a decir.</p>
+
+<p>Fortunata sinti&oacute; como un desvanecimiento, y al incorporarse se le iba la
+cabeza, y la habitaci&oacute;n daba vueltas en torno suyo. Llev&aacute;ndose la mano a
+los ojos, dijo a su marido:</p>
+
+<p>&laquo;Me lo tienes que decir&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Es una amiga tuya.&mdash;&iexcl;Amiga m&iacute;a!&mdash;S&iacute;, y su nombre empieza con A.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Aurora, Aurora es!&mdash;exclam&oacute; la joven dando un salto en su lecho, y
+mirando a su marido como miran las personas de honor que han recibido
+una bofetada.</p>
+
+<p>&mdash;Ella es.&mdash;Hace tiempo que el coraz&oacute;n me dec&iacute;a algo de esto, pero muy
+bajito, y yo no lo quer&iacute;a creer.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy tan seguro de lo que afirmo, que no puede ser m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; me enga&ntilde;as, t&uacute; me enga&ntilde;as&mdash;replic&oacute; la joven en actitud de
+Dolorosa&mdash;. T&uacute; me quieres matar, y en vez de pegarme un tiro, me vienes
+con esta historia.</p>
+
+<p>&mdash;Si lo tomas como golpe de muerte, t&oacute;malo&mdash;manifest&oacute; Rub&iacute;n con
+implacable frialdad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Aurora... Aurora!... &iexcl;Dios m&iacute;o!, &iexcl;qu&eacute; idea tan perra...! (agit&aacute;ndose
+extraordinariamente). Pero no puede ser. Este hombre est&aacute; loco y no sabe
+lo que se dice.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que estoy loco?... (imperturbable). Bueno, defi&eacute;ndete con eso. Pero
+t&uacute; caer&aacute;s, t&uacute; te convencer&aacute;s. No tienes escape. La verdad se impone. Ah&iacute;
+tienes un tiro que no yerra nunca. &iquest;Quieres m&aacute;s se&ntilde;as? Cuando Aurora
+sale de su obrador, &eacute;l la espera en la calle de Santo Tom&aacute;s y van juntos
+hacia el Ave-Mar&iacute;a. Los domingos, Aurora dice en su casa que va al
+obrador, y a donde va es a...</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate; te digo que te calles&mdash;grit&oacute; Fortunata retorci&eacute;ndose los
+brazos&mdash;. Eres un mentiroso, un calumniador.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; quer&iacute;as t&uacute;...? (con sonrisa glacial). Hija, es preciso estar
+a las agrias y a las maduras. &iquest;Qu&eacute; quer&iacute;as? &iquest;Herir y que no te hirieran?
+&iquest;Matar y que no te mataran? El mundo es as&iacute;. Hoy tiras t&uacute; la estocada, y
+ma&ntilde;ana eres t&uacute; quien la recibe... &iquest;Dudas todav&iacute;a?</p>
+
+<p>La v&iacute;ctima no dijo nada. No dudaba, no; lo denunciado por aquel hombre,
+que a veces parec&iacute;a demente, a veces no, revest&iacute;a las apariencias de un
+hecho cierto. Algo ten&iacute;a la infeliz joven en su cabeza que se lo
+confirmaba, inund&aacute;ndola de luz. Record&oacute; frases y actos, at&oacute; cabos, y...
+nada, que era verdad, como hay Dios. El infeliz chico estar&iacute;a todo lo
+enfermo que se quisiera suponer; pero lo que dec&iacute;a, verdad era.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Lo dudas todav&iacute;a?&raquo; volvi&oacute; a preguntar &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;, no s&eacute;... &iquest;Y si te has equivocado?... (con extremada inquietud y
+r&aacute;fagas de ira). No s&eacute; qu&eacute; pensar... Maxi, Maxi, si me hubieras dado un
+tiro, me habr&iacute;as matado menos. Te juro que si es verdad, esa mujer, esa
+hip&oacute;crita, esa sinverg&uuml;enza que me vend&iacute;a amistad, no se ha de re&iacute;r de
+m&iacute;. Te juro que le pateo el alma m&aacute;s pronto que lo digo (revolc&aacute;ndose en
+el lecho). Esto no puede quedar as&iacute;. La mato, le saco los ojos, le
+arranco el coraz&oacute;n... Que me traigan mi ropa. T&iacute;o, chiquilla; quiero
+levantarme. &iexcl;Pero qu&eacute; abandonada me tienen!</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo que te d&eacute; tan fuerte. As&iacute; me dio a m&iacute;; pero luego me he
+vuelto estoico. Aprende de m&iacute;. &iquest;No ves qu&eacute; sereno estoy? He pasado por
+todas las crisis de la ira, de la rabia y de la locura...</p>
+
+<p>&mdash;Porque t&uacute; no eres un hombre (interrumpi&eacute;ndole).</p>
+
+<p>&mdash;Es que las lecciones me han valido.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; porque eres un santo... Yo no soy santa, ni quiero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no hab&iacute;as de serlo t&uacute; tambi&eacute;n? (tom&aacute;ndole las manos y
+tratando de contener con suavidad sus movimientos de ira). &iquest;Por qu&eacute; no
+hab&iacute;as de aspirar al estado en que yo me encuentro? A &eacute;l he llegado
+pasando por la rabia, por la locura... Ahora mismo, no hace mucho,
+cuando vi a ese diablo de hombre cometiendo una nueva infamia, sent&iacute;
+otra vez la debilidad de esp&iacute;ritu que cre&iacute;a vencida... me entraron ganas
+de pegarle un tiro, por librar a la humanidad de semejante monstruo...
+Pero despu&eacute;s he sabido vencerme y he dicho: Mejor castiga una
+consecuencia l&oacute;gica que un pu&ntilde;al.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quiere decirse que le viste con ella y te quedaste tan fresco!&mdash;grit&oacute;
+la joven, furibunda, echando llamaradas de los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;No me qued&eacute; fresco... Me alborot&eacute; mucho; pero despu&eacute;s vino la
+reflexi&oacute;n. Lo que importa, me dije, no es que &eacute;l muera, sino que ella
+aprenda. Y t&uacute; has aprendido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues si yo les llego a ver...!</p>
+
+<p>&mdash;Si les llegas a ver, acu&eacute;rdate de m&iacute;. Hazte santa como yo... Les miras
+y pasas...</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; no eres hombre... T&uacute; no eres nada&mdash;exclam&oacute; la joven con
+desprecio&mdash;. A ella, a esa bribona es a quien yo quisiera arreglar. Si
+la cojo, no lo cuenta. &iexcl;Infame, arrastrada, indecente, enga&ntilde;arme as&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute;, mira bien si tienes derecho a tratarla de ese modo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues no he de tener! (ofusc&aacute;ndose por completo y sin reparar en lo
+que dec&iacute;a). Me ha quitado lo m&iacute;o. Yo ser&eacute; mala; pero ella lo es m&aacute;s,
+mucho m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo tu exaltaci&oacute;n. Yo, que no ten&iacute;a otro m&oacute;vil que la justicia,
+cuando les vi, cuando me persuad&iacute; de que pecaban, creo que si tengo un
+rev&oacute;lver, les suelto los seis tiros por la espalda.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, bien&mdash;dijo la esposa con ferocidad&mdash;. &iquest;Por qu&eacute; no lo hiciste?
+Eres un tonto... Aunque despu&eacute;s me hubieras matado a m&iacute; tambi&eacute;n. Tienes
+derecho a hacerlo.</p>
+
+<p>&mdash;Les vi entrar en aquella casa... Fortunata abr&iacute;a los ojos con espanto.</p>
+
+<p>&laquo;Les esper&eacute; para verles salir. Calle tal, n&uacute;mero tantos. Me escond&iacute; en
+un portal. &iexcl;Oh!, la suerte de ellos fue que no llevaba rev&oacute;lver...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo te lo comprar&eacute;... Hoy mismo, ahora mismo (agit&aacute;ndose en el lecho,
+cogiendo a su hijo, volvi&eacute;ndolo a dejar, descubri&eacute;ndose el pecho,
+tap&aacute;ndoselo y sin saber qu&eacute; hacer).</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Matar!... &iquest;Lecci&oacute;n a ella? &iquest;Y la tuya?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La m&iacute;a, la m&iacute;a? Ya la tengo, majadero. &iquest;Todav&iacute;a quieres m&aacute;s lecci&oacute;n?
+A esa traicionera s&iacute; que se la voy a dar, y gorda.</p>
+
+<p>&mdash;Ir&aacute;s a presidio si matas.&mdash;Pues ir&eacute; contenta.&mdash;&iquest;Y tu hijito? Al o&iacute;r
+esto, Fortunata tuvo un retroceso en su salvaje idea, y cogiendo al
+chiquillo, que empezaba a rezongar, se lo llev&oacute; al seno.</p>
+
+<p>La madre lloraba, el chico tambi&eacute;n, y el gran Ido apareci&oacute; otra vez en
+la puerta sin decir nada, contemplando a marido y mujer con miradas
+semejantes a las de las estatuas de yeso o m&aacute;rmol, pues parec&iacute;a no tener
+ni&ntilde;as en los ojos. Gracias que la entrada de Segunda puso t&eacute;rmino a la
+situaci&oacute;n; y lo mismo fue ver a Rub&iacute;n que volarse, soltando por aquella
+boca sapos y culebras y echando la culpa de todo a su hermano y al
+tagarote in&uacute;til de don Jos&eacute; Ido, el cual, vi&eacute;ndose insultado, a su
+parecer tan sin motivo, hac&iacute;a contracciones casi inveros&iacute;miles con los
+m&uacute;sculos de la cara, juntando un ojo con la boca y encaramando el otro
+hasta la ra&iacute;z del pelo. &laquo;Yo no s&eacute; lo que es&mdash;dec&iacute;a&mdash;, yo no s&eacute; lo que
+es; pero hoy no tengo la cabeza buena... Y conste que si entr&oacute; fue
+porque quiso; que yo no le mand&eacute; entrar... y si la mata, sus razones
+tendr&aacute;, naturalmente... &iexcl;Vaya con la se&ntilde;ora esta qu&eacute; genio gasta!, &iexcl;y
+c&oacute;mo me trata! &iquest;No sabe qui&eacute;n soy? Pues soy Josef... el Idumeo...
+profesor en partos... intelectuales&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">v</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;C&aacute;llese usted, so <i>guillati</i>&mdash;chillaba Segunda, que por los
+movimientos amenazadores que hizo, parec&iacute;a dispuesta a desbaratar con
+un par de bofetadas la fr&aacute;gil persona del <i>profesor idumeo</i>&mdash;. La culpa
+la tiene este morral que est&aacute; aqu&iacute; durmi&eacute;ndola&raquo;.</p>
+
+<p>Obra de romanos fue el despertar a <i>Plat&oacute;n</i>; por fin, su hermana le tir&oacute;
+de una pata, mientras Encarnaci&oacute;n tiraba de la otra, y el corpach&oacute;n del
+<i>modelo</i>, resbalando sobre el sof&aacute;, se desplom&oacute; con estruendo sobre el
+piso. Un rato estuvo estir&aacute;ndose, refreg&aacute;ndose los ojos con las manazas,
+y escupiendo m&aacute;s <i>hostias</i> que palabras. &laquo;&iquest;Onde est&aacute; el jud&iacute;o ladr&oacute;n que
+ha entrado sin mi premiso?, &iexcl;hostia!, que le parto por la met&aacute;&raquo;. El
+lenguaje de Segunda no desmerec&iacute;a del de su hermano por la finura ni por
+lo escogido de las voces, lo que desagradaba extraordinariamente a Ido.
+Maxi sali&oacute; a la salita, y Jos&eacute; Izquierdo se le cuadr&oacute; ladr&aacute;ndole as&iacute;:
+&laquo;&iexcl;Ah!, era ust&eacute;. Ora mismo a la calle... brrr... &iexcl;Y que tengo yo un
+genio mu blando...! Pues si le llego a ver antes &iexcl;hostia!, me caso con
+la sant&iacute;sima... si le llego a ver antes, por el jud&iacute;o balc&oacute;n, &iexcl;hostia!,
+va solutamente a la calle&raquo;.</p>
+
+<p>Sin demostrar temor alguno, Maximiliano sonre&iacute;a. Se arm&oacute; tal zaragata,
+que tuvo que intervenir Ido con frases de concordia, y Segunda
+manoteaba, echando la culpa al calzonazos de su hermano, y este
+increpaba a Encarnaci&oacute;n, y la chiquilla daba de rechazo contra Maxi; y
+fue tal el vocer&iacute;o que hubo de presentarse en la puerta, que estaba
+abierta, Estupi&ntilde;&aacute;, y penetr&oacute; en la casa con ademanes policiacos,
+mandando callar a todo el mundo y amenazando con traer una pareja. &laquo;Ya
+dec&iacute;a yo que en este cuarto no habr&iacute;a paz, y como sigan as&iacute;, pronto los
+planto a todos en la calle&raquo;. Se fue refunfu&ntilde;ando, y al anochecer, cuando
+ya Ido y Maxi se hab&iacute;an marchado, y los hermanos Izquierdo estaban
+comiendo, volvi&oacute; a subir, con bast&oacute;n de mando, y dijo desp&oacute;ticamente:
+&laquo;Orden, orden y el primero que meta ruido, va a la c&aacute;rcel&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues qu&eacute;, D. Pl&aacute;cido, &iquest;va a venir el Vi&aacute;tico?</p>
+
+<p>&mdash;Poco menos&mdash;replic&oacute; el hablador entrando sin pedir permiso y
+dirigi&eacute;ndose a la alcoba&mdash;. Que va a venir el ama, la se&ntilde;ora casera.
+Mucho orden, se&ntilde;ores, mucha formalidad.</p>
+
+<p>Lo mismo fue o&iacute;r <i>Plat&oacute;n</i> que la se&ntilde;ora de Pacheco ven&iacute;a, que el temor
+de verla le intranquiliz&oacute; y no tuvo ya sosiego. A trangullones despach&oacute;
+la comida, apresur&aacute;ndose a largarse a la calle. Tal era su miedo de que
+la se&ntilde;ora le viese, que baj&oacute; la escalera a escape, y se le erizaba el
+cabello pensando en que si Guillermina sub&iacute;a cuando &eacute;l bajaba, no
+tendr&iacute;a d&oacute;nde meterse para evitar su encuentro.</p>
+
+<p>Desde la entrevista con su marido, Fortunata se puso tan inquieta, que
+Segunda tuvo que enfadarse para impedir que se levantara, pues quer&iacute;a
+hacerlo a todo trance. El chiquit&iacute;n deb&iacute;a de encontrar novedad en lo
+tocante a provisiones de boca, porque estaba mal humorado, como si
+quisiera tambi&eacute;n echarse a la calle, en son de pronunciamiento. El aviso
+de la visita de la santa calm&oacute; bastante a la madre; pero no al hijo, que
+no entend&iacute;a a&uacute;n ni jota de santidades. Presentose la dama a las nueve,
+acompa&ntilde;ada de Estupi&ntilde;&aacute;; y despu&eacute;s de saludar a Segunda como si fuera
+esta la se&ntilde;ora m&aacute;s encopetada, pas&oacute;, y antes de decir nada a la que fue
+su amiga, examin&oacute; bien a Juan Evaristo Segismundo. Segunda acercaba una
+vela para que la dama pudiera ver bien las facciones del ni&ntilde;o, quien no
+parec&iacute;a entusiasmado, ni mucho menos, con inspecci&oacute;n tan impertinente ni
+con la viveza de la luz, tan pr&oacute;xima a sus ojitos.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; mal genio tiene!&raquo; dijo la santa sent&aacute;ndose junto al lecho,
+mientras Fortunata agasajaba a su hijo, y meti&eacute;ndole el pecho en la
+boca, trataba de aplacarle. Fue Guillermina muy parca en saludos y
+demostraciones de afecto, y luego, cuando se quedaron solas la se&ntilde;ora de
+Rub&iacute;n y la santa, esta no dijo nada de religi&oacute;n, ni ment&oacute; la virtud, ni
+el pecado, ni cosa alguna concerniente al orden moral. Habl&oacute; de si la
+joven madre ten&iacute;a o no mucha leche, y de si sent&iacute;a esta o la otra
+molestia, con otras cosas pertinentes al estado en que se hallaba.
+Fortunata not&oacute; en la cara apacible de la fundadora cierta severidad
+estudiada, y para romper aquel hielo, dijo lo siguiente, cuya
+oportunidad podr&iacute;a dudarse: &laquo;Este s&iacute; que es el <i>Pituso</i> leg&iacute;timo, el de
+la propia t&iacute;a Javiera, &iquest;verdad, se&ntilde;ora? &iexcl;Ah!, &iquest;no sabe? En cuanto mi t&iacute;o
+Jos&eacute; oy&oacute; decir que usted ven&iacute;a, sali&oacute; de carrera, como alma que lleva el
+diablo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Por el miedo que me tiene. Buena nos la dio... D&eacute;jele usted estar, que
+como yo le coja a mano, le he de decir cuatro cosas.</p>
+
+<p>Y cuando la madre puso al ni&ntilde;o a su lado, ya harto y dormido,
+Guillermina le volvi&oacute; a mirar atentamente, observando sus facciones como
+el numism&aacute;tico observa el borroso perfil y las inscripciones de una
+moneda antigua para averiguar si es aut&eacute;ntica o falsificada. Despu&eacute;s dio
+un suspiro, y gui&ntilde;ando los ojos para mirar a Fortunata, se expres&oacute; as&iacute;:
+&laquo;&iexcl;Buena la hemos hecho, buena!...&raquo;.</p>
+
+<p>Y ambas estuvieron calladas un rato, mir&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;dijo de improviso la parida, como queriendo romper un secreto
+que abruma&mdash;. Yo tengo que pedir a usted perd&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute;!, perd&oacute;n... &iquest;de qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;De las burradas que hice, de las atrocidades que dije aquella ma&ntilde;ana
+en su casa de usted. Tambi&eacute;n a ella le pedir&iacute;a perd&oacute;n si la viera... Me
+port&eacute; mal, lo conozco. Yo no guardo rencor a nadie... digo, no se lo
+guardo a ella, porque...</p>
+
+<p>&iexcl;Ay, se&ntilde;ora, usted no sabe lo que pasa, usted no sabe que a las dos nos
+est&aacute; enga&ntilde;ando... y s&eacute; qui&eacute;n es la que nos le entretiene, una culebra,
+una hipocritona, que me vend&iacute;a amistad...! Esto no quedar&aacute; as&iacute;, se&ntilde;ora,
+no quedar&aacute; as&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;No me traiga usted a m&iacute; cuentos, que no me dan fr&iacute;o ni calor (con
+reprensi&oacute;n graciosa). Ahora lo que le conviene es tranquilidad; que
+tiempo hay de ajustar cuentas atrasadas...</p>
+
+<p>Y volvi&oacute; a mirar al chico, recre&aacute;ndose silenciosamente en su hermosura y
+lozan&iacute;a. Fortunata le beb&iacute;a a ella las miradas, jact&aacute;ndose de adivinarle
+el pensamiento, el cual bien pod&iacute;a ser este: &laquo;&iexcl;Si Jacinta le viera...!&raquo;.
+&iquest;Pero c&oacute;mo le hab&iacute;a de ver? Esto s&iacute; que era imposible. &laquo;Por m&iacute;&mdash;pensaba
+la <i>Pitusa</i>&mdash;, no habr&iacute;a inconveniente... &iexcl;Pero cu&aacute;nto sufrir&aacute; la
+pobrecilla, si le ve! Y puede que se le antoje... S&iacute;, para ella
+estaba... Amiga m&iacute;a, tenerlos, tenerlos... Esta le ir&aacute; contando c&oacute;mo es;
+le dir&aacute;: 'tiene la boca as&iacute;, los ojos asado, y en esto se parece a su
+padre y en lo otro a su madre. Criatura m&aacute;s perfecta no ha echado Dios
+al mundo'&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Cuando usted est&eacute; buena, hablaremos&mdash;indic&oacute; la santa con &aacute;nimo ya de
+retirarse&mdash;. Yo tengo una idea... No es usted sola quien tiene ideas;
+s&oacute;lo que las m&iacute;as no son malas, al menos no las tengo por tales. Y para
+concluir por hoy, &iquest;necesita usted algo? Si no puede criar, no se apure,
+le pondremos un ama a este caballerito, que me parece no habr&iacute;a de
+hacerle ascos. Es preciso criarle bien&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo puedo, yo puedo... &iexcl;vaya!&mdash;replic&oacute; la otra contrariada&mdash;. &iquest;Qu&eacute; cree
+usted? Soy muy fuerte. Mi hijo no lo cr&iacute;a nadie m&aacute;s que yo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues alimentarse bien (recobrando su tono dulcemente autoritario). Y
+cuidado con hacerme disparates. Obedecer al m&eacute;dico... Nada de arrebatos
+de ira, ni devaneos. &iexcl;Ah!, yo dudo mucho que usted sirva...</p>
+
+<p>Y sintiendo uno de aquellos arranques de inspiraci&oacute;n que la embellec&iacute;an
+y sublimaban, le dijo esto, ya en pie para marcharse:</p>
+
+<p>&laquo;Porque ha de saber usted que Dios me ha hecho tutora de este hijo...
+S&iacute;, buena moza, no se espante ni me ponga esos ojazos. Su madre es
+usted, pero yo tengo sobre &eacute;l una parte de autoridad. Dios me la ha
+dado. Si su madre le faltara, yo me encargo de darle otra, y tambi&eacute;n
+abuela. Hijo m&iacute;o, has venido al mundo con bendici&oacute;n, porque suceda lo
+que suceda, no estar&aacute;s nunca solo. D&eacute;jeme usted que le vea otra vez. No
+me harto de mirarle. Quiero llev&aacute;rmele metido dentro de mis ojos.
+&iexcl;Virgen del Carmen!, &iexcl;qu&eacute; lind&iacute;simo es...! Tiene a quien salir. Adi&oacute;s,
+adi&oacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Sali&oacute; acompa&ntilde;ada de Estupi&ntilde;&aacute;, diciendo al modo de rezo: &laquo;Acatemos la
+voluntad de Dios... &Eacute;l sabr&aacute; por qu&eacute; ha mandado ac&aacute; este angelote.
+Jacinta, furiosa, dice que Dios est&aacute; chocho y que no hace m&aacute;s que
+disparates... Pobrecilla... &iexcl;Qu&eacute; limitada inteligencia la nuestra! No
+comprendemos nada, pero nada, de lo que &Eacute;l hace, y nos devanamos los
+sesos por adivinar el sentido de ciertas cosas que pasan, y mientras m&aacute;s
+vueltas les damos menos las entendemos. Por eso yo corto por lo sano, y
+todas mis <i>matem&aacute;ticas</i> se reducen a decir: &laquo;C&uacute;mplase la voluntad del
+Se&ntilde;or&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata so&ntilde;&oacute; aquella noche que entraban Aurora, Guillermina y Jacinta,
+armadas de pu&ntilde;ales y con caretas negras, y amenaz&aacute;ndola con darle
+muerte, le quitaban a su hijo. Despu&eacute;s era Aurora sola la que comet&iacute;a el
+nefando crimen, penetrando de puntillas en la alcoba, d&aacute;ndole a oler un
+maldecido pa&ntilde;uelo empapado en menjurje de la botica, y dej&aacute;ndola como
+dormida, sin movimiento, pero con aptitud de apreciar lo que pasaba.
+Aurora cog&iacute;a al chiquillo y se lo llevaba, sin que su madre pudiera
+impedirlo, ni siquiera gritar. Despert&oacute; acongojad&iacute;sima. Se sent&iacute;a mal,
+propensa a desvar&iacute;os de la mente en cuanto se aletargaba, y con
+much&iacute;sima sed. Esta lleg&oacute; a ser tan fuerte, que no pudiendo despertar a
+su t&iacute;a dando con los nudillos en el tabique, tuvo al fin que levantarse
+en busca de agua. Al volverse a acostar sinti&oacute; bastante fr&iacute;o, y con
+estas alternativas de fr&iacute;o y calor estuvo hasta la ma&ntilde;ana.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vi</span>-</h2>
+
+
+<p>Ballester fue temprano, y a ella le falt&oacute; tiempo para hablarle de
+la visita de Maxi y de la historia que este le hab&iacute;a llevado. Mucho se
+incomod&oacute; el regente al enterarse de esto, y con desusada seriedad y
+calor hubo de negar lo que su amigo contara de <i>la Samaniega</i>.</p>
+
+<p>&laquo;Mire, compa&ntilde;ero&mdash;dijo ella&mdash;, mientras m&aacute;s se amontone usted para
+negarlo, m&aacute;s creo yo en ello. Usted no habla nunca as&iacute;; y cuando se pone
+serio, no dice m&aacute;s que mentiras. Lo que quiere es que yo me serene. Se
+lo agradezco; pero no puede ser. Y lo que es esa francesilla asquerosa
+no se r&iacute;e de m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Agot&oacute; el buen amigo toda su l&oacute;gica para arrancarle aquella idea, sin
+adelantar nada. &laquo;Y por fin&mdash;dijo tomando el tono festivo y maleante que
+empleara con Maxi en otra ocasi&oacute;n&mdash;, &iquest;para qu&eacute; hacemos caso de lo que
+diga ese desventurado?... &iexcl;Ay qu&eacute; rom&aacute;nticas y qu&eacute; s&uacute;pitas... <i>semos</i>!
+Mi amigo Rub&iacute;n, con esas apariencias que ahora tiene de hombre de seso,
+est&aacute; m&aacute;s <i>tocati</i> que nunca. Todo lo dice al rev&eacute;s, y el otro d&iacute;a me
+sosten&iacute;a que <i>do&ntilde;a Desd&eacute;mona</i> es una mujer hermosa. Me parece que si
+seguimos por ese camino, tendr&eacute; que traerme ac&aacute; la vara...&raquo;.</p>
+
+<p>No afectaron a Fortunata estas bromas.</p>
+
+<p>Observ&aacute;bala &eacute;l con atenci&oacute;n seria, notando que una idea muy siniestra y
+tenaz la dominaba, y que no era f&aacute;cil quit&aacute;rsela de la cabeza. Temi&oacute; que
+aquel estado de &aacute;nimo influyese desfavorablemente en su salud, y para
+prevenirlo metiole miedo. &laquo;Me ha dicho Quevedo que en estos d&iacute;as hay que
+tener mucho cuidado con usted, y que no le permitir&aacute; levantarse hasta la
+semana que viene. Cualquier disparate que usted hiciera podr&iacute;a sernos
+fatal. Conque, hija m&iacute;a (tom&aacute;ndole las manos), much&iacute;simo cuidado. No le
+digo que lo haga por m&iacute;. &iquest;Qu&eacute; caso hace usted de este pobre boticar&iacute;n?
+Ninguno, y con raz&oacute;n, porque yo para usted no soy nadie... h&aacute;galo por mi
+amigo Juan Evaristo, a quien quiero ya como si fuera hijo m&iacute;o, s&iacute;,
+s&eacute;palo usted, y me constituyo en su tutor; h&aacute;galo por &eacute;l, y <i>tutti
+contenti</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Parec&iacute;a convencida, y Ballester se fue con la impresi&oacute;n de haber
+triunfado. Tranquila estuvo toda la ma&ntilde;ana; pero a eso del mediod&iacute;a, al
+despertar de un sue&ntilde;o breve, se sinti&oacute; tan vivamente acometida de ganas
+de salir a la calle, que no pudo sobreponerse a este ciego impulso.
+Levantose, con gran sorpresa de Encarnaci&oacute;n, &uacute;nica persona que en la
+sala estaba, se pein&oacute; a la ligera y se puso su falda de merino oscuro,
+pa&ntilde;uelo de cresp&oacute;n negro, otro de color a la cabeza, mitones colorados,
+sus botas de ca&ntilde;a clara, y... Pero antes de salir dedic&oacute; un gran rato a
+su hijo, que habiendo despertado cuando la mam&aacute; se vest&iacute;a, parec&iacute;a
+declarar con sus chillidos que le cargaba la salidita. Le convenci&oacute; ella
+d&aacute;ndole todo lo que quiso o lo que hab&iacute;a, y el angelito se qued&oacute; dormido
+en su cuna de mimbres. &laquo;Mira&mdash;dijo a Encarnaci&oacute;n su ama&mdash;; yo voy a
+salir. No estar&eacute; fuera sino poco tiempo, porque tomar&eacute; un coche, y har&eacute;
+la diligencia en media hora. T&uacute; no te separas de aqu&iacute;, y si despierta el
+ni&ntilde;o, le arrullas y le meces, dici&eacute;ndole que yo vendr&eacute; en seguidita...
+Cuidado c&oacute;mo te separas de &eacute;l. Oye; mientras yo est&eacute; fuera, no abres a
+nadie... Mejor ser&aacute; otra cosa; yo cierro dando las dos vueltas y me
+llevo la llave. Si viene Segunda, que espere en la escalera&raquo;. Dio muchos
+besos a su hijo, de quien por primera vez en aquella ocasi&oacute;n se
+separaba, y sali&oacute;, cerrando la puerta y llev&aacute;ndose la llave. &laquo;No sea
+cosa que alguien venga y... No, no me le quitar&aacute;n; pero se han dado
+casos. Este &aacute;ngel m&iacute;o, veo que tiene muchos golosos. Y sobre todo esa
+envidiosona de Jacinta es la que m&aacute;s miedo me da. De la pelusa que tiene
+le van a salir m&aacute;s canas, y se va a poner como un alambre de flaca.
+&iquest;Pero qu&eacute; remedio tiene sino conformarse...? Bastante he penado yo...
+que pene ahora ella. &iexcl;Ah!, siento pasos. Francamente, no quisiera que me
+viera nadie, porque empezar&aacute;n a decir que si salgo o no salgo, y no me
+gustan <i>refirencias</i>.</p>
+
+<p>Me parece que es D. Pl&aacute;cido el que sube. Me guardar&eacute; un poquito hasta
+que entre en su casa... Ya llega, abre su puerta. Ahora me escabullo, y
+Dios me acompa&ntilde;e. Debiera llevar algo que duela... &iexcl;Ah!, la llave. Es
+mejor que la mano del almirez. Con esto y las u&ntilde;as... yo le juro
+que...&raquo;.</p>
+
+<p>Tom&oacute; un coche y apenas entr&oacute; en &eacute;l se sinti&oacute; tan mareada, a causa del
+movimiento y de su propia debilidad, que hubo de cerrar los ojos e
+inclinar la cabeza para no ver las casas volteando en torno suyo. &laquo;Deb&iacute;
+haber tomado un caldito antes de salir... Pero a buena hora me acuerdo.
+En fin, esto pasar&aacute;&raquo;. Pas&oacute; ciertamente, y lo primero que hizo al
+reponerse fue variar la orden que hab&iacute;a dado al sim&oacute;n. Hab&iacute;ale dicho
+<i>Ave Mar&iacute;a, 18</i>; pero tuvo una idea, y dijo <i>Cabeza, 10</i>, sacando la
+suya por la ventanilla, alargando el brazo y tocando con la llave que en
+la mano llevaba, al modo de un arma, el brazo del cochero. En la casa
+&uacute;ltimamente designada estuvo como una media hora, y cuando baj&oacute; a tomar
+de nuevo el carruaje, su cara p&aacute;lida ten&iacute;a transparencias de cera, los
+labios no ten&iacute;an color... &laquo;&iquest;A d&oacute;nde vamos, se&ntilde;ora?&raquo; le pregunt&oacute; el
+cochero, viendo que pasaba tiempo sin que diera ninguna orden. &laquo;Subida a
+Santa Cruz, esquina a la calle de Vicario Viejo&raquo;. Y dicho esto, y al
+rodar de la berlina, daba vueltas a este pensamiento: &laquo;Claro; lo que yo
+dije. La Visitaci&oacute;n a m&iacute; no me lo hab&iacute;a de ocultar. &iexcl;Y luego dice el
+tonto de Ballester que mi marido est&aacute; loco! M&aacute;s raz&oacute;n tiene y m&aacute;s
+talento que todos los cuerdos juntos... No se ha equivocado ni en tanto
+as&iacute;. Veinte duros le he dado a la Visitaci&oacute;n por la cantinela... Claro;
+a m&iacute; no me lo hab&iacute;a de negar...&raquo;. Y partiendo de esta idea, volv&iacute;a a la
+misma cien y cien veces, describiendo el doloroso c&iacute;rculo.</p>
+
+<p>Apeose en la subida a Santa Cruz, y subi&oacute; al obrador de Samaniego,
+entrando por el portal, que estaba en la calle de Vicario Viejo. Iba tan
+decidida, que no tuvo ni la m&aacute;s ligera vacilaci&oacute;n. La puerta del
+entresuelo ten&iacute;a mampara de hule, que al abrirse hac&iacute;a sonar un timbre.
+Fortunata hab&iacute;a estado all&iacute; en los d&iacute;as que precedieron a la
+inauguraci&oacute;n de la tienda, y recordaba perfectamente todo. No hab&iacute;a que
+llamar, sino que se empujaba la mampara, sonaba un <i>plin</i> muy fuerte, y
+ya estaba uno dentro. As&iacute; lo hizo aquel d&iacute;a, y apenas recorri&oacute; el corto
+pasillo que a la estancia principal conduc&iacute;a, encarose con Aurora que en
+aquel momento iba desde el centro, donde estaba la mesa, hacia una de
+las ventanas, llevando telas en la mano. Alrededor de la mesa vio
+Fortunata como unas seis o siete oficialas, cosiendo, y en un sof&aacute;,
+junto a la ventana apaisada que daba a la calle, estaban dos se&ntilde;oras,
+examinando a la luz encajes y telas.</p>
+
+<p>&laquo;Buenos d&iacute;as&raquo; dijo la Rub&iacute;n, deteni&eacute;ndose un instante y recorriendo con
+mirada fugaz todas las caras que delante ten&iacute;a. Aurora, al verla, se
+qued&oacute; tan inmutada, que no supo ni qu&eacute; decir ni qu&eacute; cara poner. &laquo;&iexcl;Ah!...
+t&uacute;, Fortunata... &iexcl;Cu&aacute;nto tiempo...!&raquo;. De improviso tom&oacute; un tonillo de
+sequedad. &laquo;Dispensa... Estoy ocupada. Si quisieras volver a otra
+hora...&raquo;. Pero al instante cambi&oacute; de registro. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; cara te vendes!
+&iquest;Has estado mala?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute;, &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s?... siempre tan famosa...&mdash;le dijo Fortunata
+acerc&aacute;ndose y poniendo una cara fingidamente amable; pero en la cual no
+era dif&iacute;cil ver la cruel suavidad con que algunas fieras lamen a la
+v&iacute;ctima antes de devorarla.</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute;, &iquest;d&oacute;nde te metes?&mdash;balbuci&oacute; Aurora muy cortada, sin saber para
+d&oacute;nde volverse.</p>
+
+<p>Por fin se dirigi&oacute; a las se&ntilde;oras que all&iacute; estaban; pero no supo qu&eacute;
+decirles. Fortunata se le puso delante cuando volv&iacute;a hacia la mesa
+central. &laquo;Ten&iacute;a que hablar contigo... Como no se te ve... &iexcl;Ay, qu&eacute;
+amigas estas, se muere una sin que le digan nada!&raquo;.</p>
+
+<p>Algo se tranquilizaba Aurora con este lenguaje, y sonriendo contest&oacute;:
+&laquo;Hija, con tantas ocupaciones, no tiene una tiempo para visitas. Pens&eacute;
+ir a verte... Pero si&eacute;ntate&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy bien as&iacute;... Pronto despacho.</p>
+
+<p>Aurora se acerc&oacute; otra vez a las se&ntilde;oras, y al volverse, su amiga le
+toc&oacute; un brazo. &laquo;Ten&iacute;a que hablarte dos palabras... una cosita que te
+quer&iacute;a decir. Me estaba muriendo por verte. &iexcl;Ingrata! &iexcl;Sabiendo el gusto
+que me da tu compa&ntilde;&iacute;a...!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n&mdash;dijo la otra volviendo a inquietarse, porque en la cara
+de su amiga advirti&oacute; algo que la puso en cuidado&mdash;. Todos los d&iacute;as
+pensaba ir...</p>
+
+<p>&mdash;Sabiendo que te quiero tanto...&mdash;Y yo a ti... &iquest;Pero por qu&eacute; no te
+sientas?</p>
+
+<p>&mdash;No... Me voy en seguida. No he venido m&aacute;s que a traerte una cosa...</p>
+
+<p>&mdash;A traerme una cosa... &iexcl;a m&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ver&aacute;s. Y diciendo <i>ver&aacute;s</i>, hizo con el brazo derecho un raudo y
+en&eacute;rgico movimiento, y le descarg&oacute; tan de lleno la mano sobre la cara,
+que la otra no pudo resistir el impulso, y dando un grito, se cay&oacute; al
+suelo. Fortunata dijo: &laquo;&iexcl;Toma, indecente, p&uacute;a, ladrona!&raquo;.</p>
+
+<p>Bofetada m&aacute;s sonora y tremenda no se ha dado nunca. Todas las of&iacute;cialas
+corrieron espantadas al auxilio de su jefe; pero por pronto que
+acudieron, no fue posible impedir que Fortunata, empu&ntilde;ando su llave con
+la mano derecha, le descargase a la otra un martillazo en la frente; y
+despu&eacute;s, con indecible rapidez y coraje, le ech&oacute; ambas manos al mo&ntilde;o y
+tir&oacute; con toda su fuerza. Los chillidos de Aurora se o&iacute;an desde la
+calle. Las dos se&ntilde;oras aquellas salieron a la escalera pidiendo socorro.
+Gracias que las oficialas sujetaron a la fiera en el momento en que
+clavaba sus garras en el pelo de la v&iacute;ctima, que si no, all&iacute; da cuenta
+de ella. Sujetada por tantas manos, Fortunata hizo esfuerzos por
+desasirse y seguir la gresca; pero al fin el n&uacute;mero, que no el valor,
+venci&oacute; su incre&iacute;ble pujanza. A una de las modistillas la tir&oacute; patas
+arriba de una manotada; a otra le puso un ojo como un tomate. Dando
+resoplidos, l&iacute;vida y sudorosa, los ojos despidiendo llamas, Fortunata
+continuaba con su lengua la tr&aacute;gica obra que sus manos no pod&iacute;an
+realizar. &laquo;Eso para que vuelvas, so tunanta, a meter tus dedos en el
+plato ajeno... Embustera, timadora, comedianta, que eres capaz de
+enga&ntilde;ar al Verbo Divino. &iexcl;L&aacute;stima de agua del bautismo la que te
+echaron! Tramposa, chalana... Te pateo la cara aunque me deshonre las
+suelas de las botas&raquo;.</p>
+
+<p>Y tal esfuerzo hizo por desasirse, que a punto estuvo de lograrlo. Dos
+de ellas hab&iacute;an acudido a levantar a Aurora, que continuaba dando gritos
+de dolor. Si no se presentan Pepe Samaniego y un dependiente, sabe Dios
+la que se arma all&iacute;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; es esto? &iquest;Qu&eacute; ha pasado aqu&iacute;? &iquest;Qui&eacute;n es usted? &iquest;Qu&eacute; busca usted?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qui&eacute;n soy!...&mdash;grit&oacute; Fortunata con desesperaci&oacute;n&mdash;. Una persona
+decente...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ya se conoce... Aurora, &iexcl;por Dios!... &iquest;Qu&eacute; es esto?</p>
+
+<p>&mdash;Una persona decente, que he venido a ajustarle la cuenta a este
+serpent&oacute;n que tiene usted en su casa. Y tambi&eacute;n es calumniadora.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llese usted y v&aacute;yase muy enhoramala... &iquest;Pero qu&eacute; es esto, Aurora?...
+&iexcl;Jes&uacute;s!, sangre en la cabeza. Una herida... Oiga usted, mujerzuela,
+ahora mismo va usted a la c&aacute;rcel... &iexcl;Eh!, llamar a una pareja.</p>
+
+<p>La Fenel&oacute;n estaba como desmayada, y sus alumnas le desabrocharon el
+vestido para aflojarle el cors&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Quien va a ir a la c&aacute;rcel es esa&mdash;chill&oacute; la agresora, fren&eacute;tica,
+revertida otra vez bruscamente a las condiciones de su origen, mujer del
+pueblo, con toda la pasi&oacute;n y la groser&iacute;a que el trato social hab&iacute;a
+disimulado en ella&mdash;. Yo no he faltado... A m&iacute; s&iacute; que me han faltado...
+Esa bribona me ha enga&ntilde;ado, nos ha enga&ntilde;ado a las dos, porque somos dos
+las agraviadas, dos, y usted debe saberlo... <i>Aquella</i> es un &aacute;ngel, yo
+otro &aacute;ngel, digo, yo no... Pero hemos tenido un hijo; <i>el hijo de la
+casa</i>, y esta es una entrometida, fea, ti&ntilde;osa y sin verg&uuml;enza que me la
+tiene que pagar, me la tiene que pagar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si no se calla usted...!&mdash;dijo Samaniego, lleg&aacute;ndose a ella con
+adem&aacute;n amenazador&mdash;. Vamos, que por ser usted mujer, no le sacudo el
+polvo ahora mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted a m&iacute;?... falta que pueda. M&aacute;s le valdr&aacute; a usted no permitir las
+indecencias que hace esta...</p>
+
+<p>&mdash;Le digo a usted que si no se calla... No me puedo contener... &iexcl;Eh!,
+llamar a una pareja.</p>
+
+<p>La escena tom&oacute; a&uacute;n peor car&aacute;cter con la aparici&oacute;n de do&ntilde;a Casta, que
+hubo de llegar a la tienda en aquel instante, y enterada de la zaragata,
+subi&oacute; renqueando, y entr&oacute; en el teatro del dram&aacute;tico suceso, dando
+gritos. &laquo;&iexcl;Hija de mi alma!... &iexcl;Pero qu&eacute;!... &iexcl;la han matado!...
+&iexcl;Sangre!... &iexcl;Ay, Dios m&iacute;o! &iexcl;Aurora... Aurora...! &iquest;Pero qui&eacute;n ha sido?...
+&iexcl;Ah!, esa mujer...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, yo, yo he sido&mdash;le dijo Fortunata desde el rinc&oacute;n donde la ten&iacute;an
+acorralada&mdash;. Mejor cuenta le tendr&iacute;a a usted, so bruja, no ser tapadera
+de las tunanter&iacute;as de su ni&ntilde;a...</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Casta, acudiendo a su hija, no se hac&iacute;a cargo de las flores que la
+otra le echaba. Aurora volvi&oacute; en s&iacute; exhalando gemidos. &laquo;No es nada, t&iacute;a
+&mdash;dijo Samaniego&mdash;. No se asuste usted... Una leve contusi&oacute;n, y el susto
+correspondiente... &iquest;Pero no se calla esa salvaje?... A la prevenci&oacute;n, a
+la prevenci&oacute;n...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Dejarla; que se vaya...&mdash;murmur&oacute; Aurora con los ojos cerrados.</p>
+
+<p>&mdash;A la c&aacute;rcel&mdash;gritaba ronca do&ntilde;a Casta.</p>
+
+<p>&mdash;No, a la c&aacute;rcel no&mdash;dijo la v&iacute;ctima, haciendo gala de
+generosidad...&mdash;dejarla, dejarla... Pepe, no le hagas nada.</p>
+
+<p>&mdash;No; si yo no le pego... All&aacute; se entender&aacute; con el juez.</p>
+
+<p>&mdash;No, juez no, juez no&mdash;dec&iacute;a la de Fenel&oacute;n muy apurada&mdash;. La perdono.
+Dejarla; que se vaya, que se vaya pronto; que yo no la vea.</p>
+
+<p>Fortunata, implacable, no se quer&iacute;a callar, y entre los que rodeaban a
+la v&iacute;ctima se dividieron los pareceres respecto a lo que se deb&iacute;a hacer
+con la agresora. Subi&oacute; m&aacute;s gente, y el obrador, con tanto vocear y las
+pisadas de los que entraban y sal&iacute;an, parec&iacute;a un infierno.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">vii</span>-</h2>
+
+
+<p>La primera que lleg&oacute; a la casa de la Cava, durante la ausencia de
+la <i>Pitusa</i>, fue Guillermina. Despu&eacute;s de llamar dos veces, la voz de
+Encarnaci&oacute;n le respondi&oacute; al trav&eacute;s de los agujeros de la chapa: &laquo;La
+se&ntilde;orita ha salido. Me ha dejado encerrada&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ha salido!... &iexcl;Dios nos asista!... &iquest;Pero es eso verdad, o es que no
+quiere recibirme?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora, no est&aacute;. Dijo que volver&iacute;a pronto. Ech&oacute; la llave con dos
+vueltas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el ni&ntilde;o?&mdash;Sigue tan dormidito.&mdash;Esperar&eacute; un rato&mdash;dijo la santa
+dando un suspiro; y cansada de estar en pie, se sent&oacute; en el m&aacute;s alto
+escal&oacute;n del tramo. Parec&iacute;a una pobre que espera se abra la puerta para
+pedir limosna&mdash;&iquest;Pero d&oacute;nde habr&aacute; ido esa loca?... Lo que yo digo: a
+esta no la sujeta nadie. No va a poder criar a su hijo. Tiene a lo mejor
+algunas corazonadas felices; pero cuando menos se piensa la pega... El
+mejor d&iacute;a abandona a su ni&ntilde;o o lo mete en la Inclusa... No, eso s&iacute; que
+no se lo consentimos. Si el pobrecito tiene una madre descastada, no le
+faltar&aacute; quien mire por &eacute;l.</p>
+
+<p>Cuando esto pensaba, sinti&oacute; subir a otra persona. Era Ballester, quien
+al verla, se qued&oacute; algo cortado. &laquo;&iquest;Viene usted a esta casa?&mdash;le dijo la
+dama&mdash;. Pues t&oacute;melo con paciencia, que el p&aacute;jaro vol&oacute;. La se&ntilde;ora esa se
+ha ido a la calle. Dentro est&aacute;n el chico y la criada; pero como se llev&oacute;
+la llave, no podemos entrar. Aguante usted el plant&oacute;n, como yo, si no
+tiene prisa, que ya no puede tardar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si le hab&iacute;amos prohibido que saliera! (asustad&iacute;simo y
+disgustado). Anoche, seg&uacute;n me dijo D. Francisco de Quevedo, estaba algo
+excitada. Por eso yo ven&iacute;a a ver... &iexcl;Qu&eacute; disparates hace!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo que es disparate! &iquest;Y usted no sospecha d&oacute;nde podr&aacute; estar?</p>
+
+<p>&mdash;Yo... nada. En fin, esperaremos. Sentose el regente dos escalones m&aacute;s
+abajo, y la santa gui&ntilde;&oacute; los ojos para mirarle. Como no se paraba en
+barras cuando cre&iacute;a necesario interrogar a alguna persona, de buenas a
+primeras acometi&oacute; a Ballester en esta forma: &laquo;D&iacute;game usted, caballero,
+y dispense la confianza. &iquest;Es usted la persona que ahora... tiene m&aacute;s
+ascendiente con esta mujer?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, se&ntilde;ora... ascendiente no creo tenerlo... La conozco hace poco
+tiempo. Soy su amigo; me intereso algo por ella.</p>
+
+<p>&mdash;No trato yo de que usted me diga qu&eacute; clase de amistad es esa...</p>
+
+<p>&mdash;Las relaciones m&aacute;s puras... &iquest;Qu&eacute;, no lo cree usted?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, yo creo todo. Precisamente, tengo mucha fe (riendo con gracia);
+pero no se trata ahora de esto. &iquest;A m&iacute; qu&eacute; me importa? Lo que quiero
+decir es que si usted tiene alg&uacute;n influjo sobre ella, debe aconsejarle
+que... Porque el d&iacute;a mejor pensado, esta mujer vuelve a las andadas, y
+se cansar&aacute; de criar a su ni&ntilde;ito. Lo mejor ser&iacute;a que le pusiera un ama,
+entreg&aacute;ndoselo a personas que le habr&iacute;an de cuidar mejor que ella.
+Acons&eacute;jele usted esto.</p>
+
+<p>&mdash;Yo... que quiere usted que le diga... creo que no le abandonar&aacute;. Est&aacute;
+muy entusiasmada con &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; buen entusiasmo nos d&eacute; Dios. &iexcl;Mire usted que esta...! &iexcl;Marcharse a
+paseo!, qu&eacute; ganas de calle ten&iacute;a. Ni s&eacute; c&oacute;mo el angelito aguanta tanto
+tiempo sin mamar...</p>
+
+<p>No hab&iacute;a acabado de decirlo, cuando oyeron los chillidos del pobre ni&ntilde;o.
+No pudiendo contenerse, Guillermina se levant&oacute; y fue hacia la chapa
+agujereada, y por all&iacute; ech&oacute; estas vehementes expresiones: &laquo;&iexcl;Hijo m&iacute;o,
+esa loca que no viene!... tienes raz&oacute;n... &iexcl;bribona! Agu&aacute;rdate un
+poquit&iacute;n, un poquit&iacute;n&raquo;. Llam&oacute; para que viniese a la puerta la chiquilla,
+y le dijo: &laquo;Oye, ni&ntilde;a, a ver c&oacute;mo le entretienes un momentito, que tu
+ama no puede tardar. M&eacute;cele en su cunita, c&aacute;ntale algo, sosona&raquo;.</p>
+
+<p>Y volviendo al pelda&ntilde;o, charl&oacute; con su compa&ntilde;ero de plant&oacute;n: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; alma
+de mujer...! &iexcl;Ay!, tengo el genio tan vivo, que romper&iacute;a la puerta,
+coger&iacute;a al ni&ntilde;o y le llevar&iacute;a a que le dieran de mamar... &iquest;Es usted
+m&eacute;dico?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora; soy farmac&eacute;utico.</p>
+
+<p>Se call&oacute; porque sintieron pasos, ya muy cerca, como de una persona que
+sub&iacute;a con cautela, y miraron a la meseta intermedia, esperando a que el
+que sub&iacute;a diese la vuelta. La aparici&oacute;n de aquella persona les dej&oacute; a
+ambos muy sorprendidos. Era Maximiliano, quien al ver a do&ntilde;a Guillermina
+y a Segismundo sentados en la escalera, hizo el siguiente razonamiento:
+&laquo;Dos personas que esperan y que se sientan cansadas. Luego, hace tiempo
+que esperan, y la casa est&aacute; cerrada&raquo;.</p>
+
+<p>Un rato estuvo inm&oacute;vil sin saber si seguir subiendo o volverse para
+abajo. El regente se re&iacute;a y Guillermina le miraba con gracejo.</p>
+
+<p>&laquo;Nada&mdash;le dijo esta&mdash;, que tiene usted que esperar tambi&eacute;n. &iquest;Tiene usted
+llave?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Llave yo?&mdash;La del campo&mdash;indic&oacute; Ballester con mal humor, discurriendo
+que maldita la falta que hac&iacute;a Maxi all&iacute;&mdash;. M&aacute;s vale que se vaya usted,
+amigo Rub&iacute;n, y vuelva, porque esto va largo.</p>
+
+<p>&mdash;Esperar&eacute; yo tambi&eacute;n&mdash;contest&oacute; el otro sent&aacute;ndose debajo de Ballester.</p>
+
+<p>Y volvieron a o&iacute;rse los desesperados gritos del <i>Pituso</i>, y Guillermina
+no disimulaba su impaciencia y zozobra. &laquo;Ya se ve, la pobre criatura
+tiene ganita... &iexcl;Cuidado que levantarse antes de tiempo y plantarse en
+la calle...! Le digo a usted que le pegar&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano callaba, no quit&aacute;ndole los ojos a la santa, a quien nunca
+hab&iacute;a visto tan de cerca.</p>
+
+<p>&mdash;Pues estamos lucidos&mdash;a&ntilde;adi&oacute; ella&mdash;. Ya somos tres. Y esto va picando
+en historia. Siento pasos. Si ser&aacute; al fin esa veleta...</p>
+
+<p>Los pasos no parec&iacute;an de mujer. &iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a? Miraron los tres, y
+apareci&oacute; Jos&eacute; Izquierdo, quien al ver a do&ntilde;a Guillermina, se sobresalt&oacute;
+extraordinariamente y mir&oacute; para abajo, como si se quisiera tirar de
+cabeza. Habr&iacute;a &eacute;l dado cualquier cosa por tener d&oacute;nde meterse. La santa
+se re&iacute;a en sus barbas, y por fin le dijo: &laquo;No me tenga usted miedo,
+se&ntilde;or de <i>Plat&oacute;n</i>... &iquest;Por qu&eacute; est&aacute; usted tan asustado? No me como la
+gente. Si somos amigos usted y yo...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;dijo el <i>modelo</i> con un gru&ntilde;ido&mdash;, cuando el endivido tiene
+necesidad, no pue ser caballero y hace cualquiera cosa.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hombre, ya lo s&eacute;; y aquel gran timo que usted nos dio est&aacute;
+olvidado... &iexcl;Pues si viera usted qu&eacute; guapo est&aacute; el <i>Pituso</i>!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras? &iexcl;Ay!, &iexcl;probe pioj&iacute;n de mis entra&ntilde;as!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; se cr&iacute;a perfectamente. Y es tan listo y tan travieso que tiene
+alborotado todo el asilo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!, c&oacute;mo se le conoce la sant&iacute;sima sangre de su madre, que revolv&iacute;a
+medio mundo. Si ten&iacute;a aquel chico un talento macho... vamos que...</p>
+
+<p>&mdash;Ahora est&aacute; usted como quiere, Sr. de <i>Plat&oacute;n</i>, seg&uacute;n he o&iacute;do, ganando
+unos grandes dinerales con la pintura.</p>
+
+<p>&mdash;Defendemos el santo garbanzo, se&ntilde;ora...</p>
+
+<p>&mdash;Yo me alegro por diferentes motivos, pues estando usted tan en grande
+no se le ocurrir&aacute; enga&ntilde;ar a la gente.</p>
+
+<p>Izquierdo se rascaba una oreja, y la habr&iacute;a dado porque la santa mudara
+de conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Si la se&ntilde;ora quiere, no miremos pa tras.</p>
+
+<p>&mdash;Si esto no es mirar <i>pa tras</i>... Vamos, que ahora, si usted estuviera
+mal de fondos, bien podr&iacute;a intentar otro negocio como aquel... y no con
+moneda falsa, sino con leg&iacute;tima.</p>
+
+<p>Ballester se re&iacute;a y Maximiliano estaba muy serio, lo que repar&oacute; la
+fundadora, apresur&aacute;ndose a decir: &laquo;Si no fuera por estas bromas, &iquest;c&oacute;mo
+pasar&iacute;amos el horrible plant&oacute;n? Yo me consumo cuando tengo que esperar,
+y cuando espero est&uacute;pidamente por la tonter&iacute;a de una persona, pierdo la
+paciencia en absoluto...&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a o&iacute;rse la quejumbrosa cantinela de Juan Evaristo, y Guillermina
+tir&oacute; de la campanilla para decir a la criada: &laquo;Mujer, entretenle; dile
+cositas. Pareces tonta... &iexcl;Hijo m&iacute;o, ya viene, ya viene!... Ver&aacute;s qu&eacute;
+soba le doy cuando entre, por tenerte as&iacute; tan solito, muertecito de
+hambre... Se&ntilde;ores (volviendo al escal&oacute;n), ustedes me han de dispensar, y
+si alguno se cansa, no est&eacute; aqu&iacute; por hacerme compa&ntilde;&iacute;a. Algo debe de
+haberle pasado a esa mujer, cuando tarda tanto. Propongo que se nombre
+una comisi&oacute;n, que vaya a hacer un reconocimiento a la calle y averig&uuml;e
+d&oacute;nde puede estar&raquo;. Al decir esto, miraba a Maxi, dando a entender que
+fuera &eacute;l de la citada comisi&oacute;n. El joven no hizo adem&aacute;n alguno que
+indicara intenci&oacute;n de moverse, y en la misma actitud perezosa en que
+estaba, mirando de soslayo a sus compa&ntilde;eros de plant&oacute;n, dijo as&iacute;: &laquo;Hace
+como unos cinco cuartos de hora iba en un coche por la calle de
+Atocha... Entr&oacute; por la calle de Ca&ntilde;izares... Hace como unos tres cuartos
+de hora, vi el mismo coche atravesar la plaza de Santa Cruz hacia la
+calle de Esparteros...&raquo;.</p>
+
+<p>Ballester y Guillermina se miraron alarmados. &laquo;Pues propongo&mdash;repiti&oacute;
+ella&mdash;, que vaya una comisi&oacute;n a la calle de Esparteros...</p>
+
+<p>&iquest;Y no vio usted si el coche se detuvo en alguna parte?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora... Yo cre&iacute; que el coche ven&iacute;a hacia ac&aacute;, pues aunque el
+camino m&aacute;s directo desde la calle de Atocha es Plaza Mayor, Ciudad
+Rodrigo y Cava, como en la entrada de la Plaza, por Atocha, est&aacute;n
+adoquinando y no se puede pasar, dije yo: &laquo;Es que el cochero va a tomar
+la calle Mayor&raquo;. Pero por lo visto no ha venido aqu&iacute;. Luego, ha ido a
+otra parte. Quiz&aacute;s haya ido a visitar a alguna amiga: Aurora, por
+ejemplo...</p>
+
+<p>Ballester y la santa volvieron a mirarse con inquietud. &laquo;Lo que este
+chico dice&mdash;indic&oacute; el farmac&eacute;utico, comunicando a la dama sus temores&mdash;,
+me parece tan l&oacute;gico, que casi casi me inclino a tenerlo por cierto&raquo;.</p>
+
+<p>Oy&eacute;ronse pasos otra vez; pero eran muy pesados y los acompa&ntilde;aba un
+carraspeo y resoplido de persona madura, por lo que nadie crey&oacute; fuera
+Fortunata la que llegaba. &laquo;Es Sigunda&raquo;, dijo izquierdo antes de verla, y
+no se equivoc&oacute;. La placera se puso en jarras al ver la escalonada
+tertulia que all&iacute; hab&iacute;a, y cuando apreci&oacute; qui&eacute;n estaba sentada en el
+lugar m&aacute;s alto, abri&oacute; medio palmo de boca, expresando su admiraci&oacute;n de
+esta manera: &laquo;&iexcl;Bendito Dios! &iexcl;El ama de la casa sentadita en la
+escalera, como una pobre que est&aacute; esperando las sobras de la comida!
+Pero qu&eacute;, &iquest;no est&aacute; esa diabla?</p>
+
+<p>&iexcl;Se ha escapado a la calle! Me lo tem&iacute;a. &iexcl;Qu&eacute; cabeza! &iexcl;Si estaba ella
+anoche muy encalabrinada...! Pero se&ntilde;ora, &iquest;por qu&eacute; no pasa a casa de D.
+Pl&aacute;cido? All&iacute; habr&aacute; sillas, al menos, y podr&aacute;n la se&ntilde;ora y los se&ntilde;ores
+sentarse a gusto...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;H&aacute;game el favor de llamar en el tercero y ver si est&aacute; Pl&aacute;cido. Tengo
+la seguridad de que &eacute;l la encuentra.</p>
+
+<p>Segunda llam&oacute;, y Pl&aacute;cido no estaba.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Quiere la se&ntilde;ora que vaya a buscarla?... &iquest;Pero ad&oacute;nde?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo ir&eacute;&mdash;dijo Ballester, que no pod&iacute;a desechar la idea de que en el
+obrador de Samaniego dar&iacute;an raz&oacute;n de la fugitiva. Pero a&uacute;n hablaba con
+Guillermina en secreto, cuando Segunda, que hab&iacute;a bajado en busca de una
+llave o ganz&uacute;a con que abrir la puerta, grit&oacute; desde el principal: &laquo;Ya
+est&aacute; aqu&iacute;, ya est&aacute; aqu&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, &iexcl;gracias a Dios...!&mdash;exclam&oacute; Guillermina sin intenci&oacute;n de doble
+sentido&mdash;. Ya pareci&oacute; la perdida. Veremos lo que trae.</p>
+
+<p>&mdash;Una de dos&mdash;dijo Ballester suspirando&mdash;: o trae la cara ara&ntilde;ada, o
+trae sangre o quiz&aacute;s piel humana en las u&ntilde;as.</p>
+
+<p>&mdash;Es mucha mujer esta... Todos se levantaron menos Maximiliano, que
+continu&oacute; echado ap&aacute;ticamente hasta que vio a su mujer. Esta sub&iacute;a
+jadeante, sofocad&iacute;sima, limpi&aacute;ndose con un pa&ntilde;uelo el sudor de la cara,
+y levant&aacute;ndose las faldas para no pis&aacute;rselas. En la mano tra&iacute;a la llave
+de la casa. &laquo;&iquest;Qu&eacute;, he tardado?... Si no he tardado nada. Despach&eacute; en
+seguida... &iexcl;Ah!, do&ntilde;a Guillermina tambi&eacute;n aqu&iacute;. Hija, yo cre&iacute;
+desocuparme m&aacute;s pronto... Y mi rey tiene hambre... ya le oigo llorar...
+Voy, voy, hijo de mis entra&ntilde;as... &iexcl;Ay!, cre&iacute; que no me dejaban venir. Si
+me llevan a la c&aacute;rcel, no s&eacute;... pobrecito m&iacute;o&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Abra usted, abra pronto...&mdash;le dijo Guillermina empuj&aacute;ndola&mdash;,
+callejera, cabra mont&eacute;s. Est&aacute; visto; no sirve usted para madre... &iexcl;&Aacute;ngel
+de Dios!, hace dos horas que est&aacute; rabiando... Si usted no se enmienda,
+tendremos que mirar por &eacute;l.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">viii</span>-</h2>
+
+
+<p>Abri&oacute; y entraron todos atropelladamente; Fortunata delante,
+Guillermina agarrada a ella, y detr&aacute;s Ballester, Maxi, Izquierdo y
+Segunda. La madre corri&oacute; derecha a la alcoba, donde estaba el peque&ntilde;o en
+su cuna, dando unos gritos que enternecer&iacute;an al caballo de bronce de
+Felipe III. &laquo;Aqu&iacute; estoy, rico m&iacute;o, aqu&iacute; est&aacute; tu esclava... Ven, ven,
+cielo de mi vida; toma la tetita, toma... &iexcl;Ay qu&eacute; hambre tan grande!...
+&iexcl;Cu&aacute;nto ha llorado mi &aacute;ngel!... Yo desatinada por venir. &iexcl;Qu&eacute; contento
+se pone mi ni&ntilde;o!... Ya no llora m&aacute;s, &iquest;verdad? Ya no m&aacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>Sin quitarse el mant&oacute;n, hab&iacute;a cogido al chiquillo, disponi&eacute;ndose a
+aplacar su gran necesidad. Se sent&oacute; en la cama, para dejar a Guillermina
+la &uacute;nica silla que en la alcoba hab&iacute;a. La santa no atend&iacute;a m&aacute;s que al
+peque&ntilde;uelo, observando si la ansiedad con que mamaba iba acompa&ntilde;ada de
+satisfacci&oacute;n: &laquo;Me temo que con esos arrebatos se quede usted sin leche&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quia!, no se&ntilde;ora... Vea usted, la tengo de sobra. Al contrario, creo
+que si no me desahogo, me quedo seca. Estaba yo anoche, que no cab&iacute;a en
+m&iacute;. Me era tan preciso vengarme como el respirar y el comer. Pues ver&aacute;
+usted... despu&eacute;s de darle una bofetada que debi&oacute; de o&iacute;rse en Tetu&aacute;n, le
+pegu&eacute; un achuch&oacute;n con la llave, y la descalabr&eacute;... despu&eacute;s met&iacute; mano a
+las gre&ntilde;as...</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llese usted por Dios, que me da horror de o&iacute;rla.</p>
+
+<p>&mdash;Me quer&iacute;an llevar a la c&aacute;rcel, y estuvieron cerca de una hora si me
+llevan o no me llevan. Fueron los polic&iacute;as, y yo dije que estaba
+criando. Total, que por fin me soltaron, y aqu&iacute; me vine corriendo. &iexcl;Si
+no hay como ser as&iacute; para que la respeten a una! Si no est&aacute;n all&iacute; las
+condenadas modistas, me paseo por encima de su corpacho como por esa
+sala. Porque mire usted que es remala; &iexcl;enga&ntilde;ar a dos, a dos, se&ntilde;ora, a
+m&iacute; y a la otra, que es un &aacute;ngel, seg&uacute;n dice todo el mundo! D&iacute;gale usted
+que su cuenta con <i>la Samaniega</i> est&aacute; ajustada.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que est&aacute; usted muy trastornada... C&aacute;llese, c&aacute;llese y atienda
+a su hijo...</p>
+
+<p>&mdash;Ya atiendo, se&ntilde;ora, ya atiendo. &iquest;Pues no me ve?... Hijo, gloria de tu
+madre, emperador del mundo... &iexcl;Ay!, crea usted que si aquellos perros
+guindillas no me dejan venir a dar de mamar a mi hijo, no s&eacute; lo que me
+pasa... El mismo Samaniego fue quien me solt&oacute;, diciendo: &laquo;Que se vaya
+noramala&raquo;. Pues s&iacute;, se&ntilde;ora, estoy contenta. Y crea usted que no me
+alegro por inter&eacute;s... &iquest;Para qu&eacute; quiero yo el dinero? Para nada. Me
+alegro por tener <i>el hijo de la casa</i>, y esto no me lo quita nadie. Ni
+con latines ni sin latines me lo quitan. &iquest;Verdad, se&ntilde;ora? Usted est&aacute;
+ahora de mi parte. Y <i>ella</i> tambi&eacute;n est&aacute; ahora de mi parte, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Cuando digo que usted no tiene la cabeza buena (bastante alarmada).
+C&aacute;llese la boca. Tengamos formalidad (d&aacute;ndole palmadas en el hombro),
+porque si no le cr&iacute;a bien, le pondremos ama; y en &uacute;ltimo caso, hasta le
+recogeremos para tenerlo con nosotras.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quia!... no se&ntilde;ora... Yo no lo suelto (con gran excitaci&oacute;n y
+desbordamientos de alegr&iacute;a). &iexcl;Estoy tan contenta!... Usted me va a
+querer, se&ntilde;ora &iquest;verdad? &iquest;Me querr&aacute; usted? Porque yo necesito que alguien
+me quiera de firme. Ver&aacute; usted qu&eacute; bien me voy a portar ahora.
+&iquest;Hombres?, ni mirarlos. No quiero cuentas con ninguno. Mi hijito y nada
+m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... quien te conozca que te compre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, usted no me conoce, se&ntilde;ora... &iquest;Cree que...? Ja, ja, ja... Mi
+hijito, y aqu&iacute; paz... Ver&aacute; usted; nos haremos cargo de que es hijo de
+las tres, y tendr&aacute; tres madres en vez de una...</p>
+
+<p>A la santa le hizo gracia aquella extra&ntilde;a idea.</p>
+
+<p>&laquo;Mire usted; despu&eacute;s que Dios me ha dado al <i>hijo de la casa</i>, no le
+guardo rencor a la otra... Porque yo soy tanto como ella por lo menos...
+Como no sea m&aacute;s. Pero pongamos que soy lo mismo. No le guardo rencor, y
+como me apuren mucho, hasta le tomar&eacute; cari&ntilde;o... Tres mam&aacute;s va a tener
+este rico, esta gloria: yo, que soy la mam&aacute; primera; ella la mam&aacute;
+segunda, y usted la mam&aacute; tercera&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pero, hija, qu&eacute; alborotada est&aacute; usted, y qu&eacute; disparates dice!
+(tom&aacute;ndole el pulso y examinando con alarma el brillo de sus ojos).
+Extra&ntilde;o mucho que el pobre Juan&iacute;n encuentre qu&eacute; sacar de ese pecho...&raquo;.</p>
+
+<p>Las dem&aacute;s personas que en la casa entraron estaban en la sala, sin
+atreverse a pasar mientras durase aquel animado coloquio de la diabla y
+la santa, cuyo lejano run run o&iacute;an. Guillermina pas&oacute; a la salita en
+busca de Ballester, que estaba muy cariacontecido junto a los cristales
+de la ventana, mirando a la plaza, y le dijo: &laquo;Est&aacute; esa mujer
+excitad&iacute;sima, y me temo que se seque... &iquest;Hay aqu&iacute; antiespasm&oacute;dica?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, la prepar&eacute; yo con much&iacute;simo esmero; pero traer&eacute; m&aacute;s esta
+noche. &iquest;Dice usted que est&aacute; excitad&iacute;sima?</p>
+
+<p>&mdash;Pero atroz... Cabeza trastornada; dice mil desprop&oacute;sitos. Entre usted.</p>
+
+<p>Cuando Ballester le propuso que tomara la medicina, replic&oacute; la joven:
+&laquo;Lo que quiero es agua. Tengo una sed horrible... la boca seca&raquo;. Bebi&oacute;
+con ansia, y entre tanto, la fundadora llevaba aparte a Ballester y le
+dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted. Y su marido, ese pobre hombre, &iquest;qu&eacute; viene a buscar aqu&iacute;?
+&iquest;Qu&eacute; hace, qu&eacute; dice, c&oacute;mo ha tomado esto?</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;replic&oacute; el regente fluctuando entre la seriedad y la risa&mdash;.
+&iquest;Usted no lo entiende?... pues yo tampoco. Su natural es t&iacute;mido. Por
+eso, cuando veo que rompe a hablar con personas que no son de confianza,
+me escamo mucho. De alg&uacute;n tiempo ac&aacute; todo cuanto ese chico habla es tan
+atinado, que podr&iacute;an tenerlo por suyo los siete sabios de Grecia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no est&aacute;...?&mdash;pregunt&oacute; la dama llev&aacute;ndose a la sien su dedo
+&iacute;ndice.</p>
+
+<p>&mdash;A saber... &Eacute;l fue quien le trajo el cuento de lo del tal con la cual,
+quiero decir, con la <i>Fenelona</i>. Yo no me f&iacute;o de la cordura de este
+caballerito, y siempre que le cojo a mano le registro, a ver si trae
+alg&uacute;n arma. No me gusta nada verle aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Rub&iacute;n e Izquierdo estaban sentados en el sof&aacute; de la sala, ambos
+silenciosos, Fortunata llam&oacute; a Ballester y a <i>Plat&oacute;n</i> para contarles lo
+que hab&iacute;a hecho, y en tanto Guillermina se fue a sentar junto a
+Maximiliano, insinu&aacute;ndose con &eacute;l por medio de una sonrisa de benignidad.
+Quiso la dama hablarle, y no pudo decir una palabra, pues con todo su
+talento y pr&aacute;ctica del mundo no acertaba con la clave de las ideas que
+ante aquel hombre, dada la situaci&oacute;n de &eacute;l, deb&iacute;a desarrollar. &iquest;Qu&eacute; le
+dir&iacute;a? &iexcl;Este s&iacute; que era problema! &iquest;Qu&eacute; tono tomar&iacute;a? &iquest;Era cuerdo el tal
+o no? Porque si hab&iacute;a dificultades consider&aacute;ndole demente, trat&aacute;ndole
+como sano las dificultades eran tales que rayaban en lo imposible. &iquest;Le
+hablar&iacute;a del ni&ntilde;o?... Jes&uacute;s qu&eacute; disparate. &iquest;Le dir&iacute;a que su mujer era
+una joya? &iexcl;Qu&eacute; barbaridad! &iquest;Acometer&iacute;a el estado real de las cosas? Ni
+pensarlo. &iquest;Lo tomar&iacute;a por el lado religioso y de la resignaci&oacute;n?
+Tampoco. &iquest;Por el lado mundano? Quia... Nunca se hab&iacute;a visto la buena
+se&ntilde;ora enfrente de un problema de ciencia social tan enrevesado y
+temeroso. Aquel enigma superaba a cuantos enigmas hab&iacute;a visto ella en su
+vida infatigable.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos&mdash;pens&oacute; la fundadora&mdash;, &iquest;a que tirando por la calle de en medio
+salgo bien? Es lo mejor, y este sistema siempre me ha dado resultados.
+Oiga usted, caballerito...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora... Y aqu&iacute; se atasc&oacute; el di&aacute;logo, porque la santa no se atrev&iacute;a
+a pasar adelante. Pero quiso Dios que la misma esfinge le abriese camino
+dici&eacute;ndole: &laquo;Yo conoc&iacute;a a usted de vista y de fama; pero nunca hab&iacute;a
+tenido el gusto de hablarle... Es usted una santa, y cuando se muera, la
+canonizaremos y la pondremos en los altares&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias; es favor&mdash;replic&oacute; ella con gracejo&mdash;. Y a m&iacute; me parece que el
+santo es usted.</p>
+
+<p>&mdash;Yo... (sin maravillarse mucho de la lisonja). Pero de m&iacute; a usted hay
+una gran diferencia. Cierto que yo he ganado algunas batallitas contra
+mis pasiones; pero no he llegado, ni con mucho, al grado de perfecci&oacute;n
+que usted. Disto bastante todav&iacute;a. Si con padecer se llegara, ya
+estar&iacute;amos en el pin&aacute;culo, porque yo he padecido mucho, se&ntilde;ora. Usted se
+pasmar&aacute; de la serenidad que nota en m&iacute;. Todos se pasman, y no es para
+menos. Porque aqu&iacute; donde usted me ve, he estado loco, loco perdido...</p>
+
+<p>&mdash;Lo s&eacute;, lo s&eacute;... &iexcl;Ay, qu&eacute; dolor!</p>
+
+<p>&mdash;Y he ido pasando por este y el otro grado. Primero tuve el delirio
+persecutorio, despu&eacute;s el delirio de grandezas... Invent&eacute; religiones; me
+cre&iacute; jefe de una secta que hab&iacute;a de transformar el mundo. Padec&iacute; tambi&eacute;n
+furor de homicidio, y por poco mato a mi t&iacute;a y a Papitos. Siguieron
+luego depresiones horribles, ganas de morirme, man&iacute;a religiosa, ansias
+de anacoreta, y el delirio de la abnegaci&oacute;n y el desprendimiento...</p>
+
+<p>Pero Dios quiso curarme, y poco a poco aquellos estados fueron pasando,
+y la raz&oacute;n, que estaba muerta, empez&oacute; a nacer, primero chiquitita, y
+despu&eacute;s creci&oacute; tanto, tanto, que se me hizo un cerebro nuevo, y fui otro
+hombre, se&ntilde;ora. Y me encontr&eacute; entonces con la novedad de un gran
+talento, perd&oacute;neme usted la inmodestia, con una gran aptitud para juzgar
+de todas las cosas...</p>
+
+<p>Guillermina estaba pasmada y no se le ocurr&iacute;a nada que oponer a aquellas
+razones. Expres&aacute;base &eacute;l con admirable serenidad y con f&aacute;cil y aun
+ingeniosa palabra, sin atropellarse ni vacilar un instante, las
+facciones reposadas, todo cortes&iacute;a y aplomo.</p>
+
+<p>&laquo;Y cuando volv&iacute; a la vida, porque volver a la vida fue aquello,
+encontreme como el que sube a un monte muy alto, muy alto, y ve todas
+las cosas de golpe, reducidas a m&iacute;nimo tama&ntilde;o. 'Aquello&mdash;dec&iacute;a yo&mdash;que
+me pareci&oacute; tan grande, vedlo all&aacute; tan chiquit&iacute;n'. H&iacute;ceme cargo de todo
+lo que hab&iacute;a pasado durante mi enfermedad, que m&aacute;s bien me parec&iacute;a
+sue&ntilde;o, y vi la infidelidad de esa desgraciada, vi tambi&eacute;n que ten&iacute;a una
+cr&iacute;a, y la claridad de aquella raz&oacute;n nueva y robusta que yo hab&iacute;a
+echado, me hizo ver un caso de aplicaci&oacute;n de la justicia, y consider&eacute;
+que era de mi deber contribuir a la extirpaci&oacute;n del mal en la humanidad,
+matando a esa infeliz, con lo cual la redim&iacute;a, porque yo he dicho
+siempre: 'Bienaventurados los que van al pat&iacute;bulo, porque ellos en su
+suplicio se arrepienten, y arrepinti&eacute;ndose se salvan'&raquo;.</p>
+
+<p>Guillermina iba a contestar algo a esto; pero el otro no la dejaba meter
+baza.</p>
+
+<p>&laquo;Agu&aacute;rdese usted un poquito, que falta la segunda parte. Pensaba yo c&oacute;mo
+realizar&iacute;a aquel acto de justicia, cuando la casualidad, mejor ser&aacute;
+decir la Providencia, me depar&oacute; una soluci&oacute;n mejor y m&aacute;s cristiana que
+la muerte. Esta pobre mujer no necesitaba de mi justicia. Dios mismo
+hab&iacute;a dispuesto su castigo y una lecci&oacute;n tremenda. &iquest;Qu&eacute; deb&iacute;a yo hacer?
+Dejar que hiriera la lecci&oacute;n. La infidelidad castiga la infidelidad.
+&iquest;Hay nada m&aacute;s l&oacute;gico que esto? Yo deb&iacute;a, pues, dejar que obrase la
+l&oacute;gica. Di gracias a Dios por aquella luz que hizo venir a m&iacute;. Dios es
+el &uacute;nico que castiga, &iquest;verdad, se&ntilde;ora? &iexcl;Y qu&eacute; bien que lo sabe hacer! &iquest;A
+qu&eacute; usurparle sus funciones? Dios, realizando la justicia por medio de
+los sucesos, l&oacute;gicamente, es el espect&aacute;culo m&aacute;s admirable que pueden
+ofrecer el mundo y la historia. As&iacute; es que yo me lavo las manos, y dejo
+que la lecci&oacute;n natural se produzca y la justicia se cumpla. &iquest;Es esto ser
+razonable? &iquest;Es esto ser cuerdo...?&raquo;.</p>
+
+<p>Hizo la pregunta cruz&aacute;ndose de brazos, y Guillermina despu&eacute;s de vacilar,
+le dijo: &laquo;Vaya si lo es. Y Cristo nos ense&ntilde;a que no debemos tomarnos la
+justicia por nuestra mano, pues Dios castiga sin palo ni piedra, y &Eacute;l
+da a cada criatura lo que le conviene. Cuando alguna injusticia nos
+envuelve, por picard&iacute;as de los hombres, lo que debemos hacer es
+aguantar, y cruzarnos de brazos y decir: 'Vengan palos. Mientras m&aacute;s me
+humillen, m&aacute;s me levantar&eacute; despu&eacute;s. Mientras m&aacute;s me azoten aqu&iacute;, m&aacute;s
+salud tendr&eacute; all&aacute;'&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Eso mismo pienso yo. Los resentimientos que hab&iacute;a en mi coraz&oacute;n, los
+he ido desechando... La idea de matar la considero yo ineficaz y
+absurda, como un medicamento equivocado. S&oacute;lo Dios mata, y &Eacute;l es quien
+siempre ense&ntilde;a. Yo he tenido celos horribles, yo he tenido rencores
+ardientes; sin embargo, toda esta maleza va cayendo bajo el hacha de la
+raz&oacute;n... Raz&oacute;n y nada m&aacute;s que raz&oacute;n. Ya no pienso en matar a nadie, ni
+aun a los que tanto odi&eacute;. Veo las admirables ense&ntilde;anzas de Dios, veo a
+los malos recibir su castigo, y procuro no merecerlo yo... Este es mi
+sistema, esta es mi vida.</p>
+
+<p>Segismundo hab&iacute;a llamado a Guillermina desde la puerta de la alcoba.
+All&iacute; cuchichearon algo referente a Fortunata, y habi&eacute;ndole preguntado a
+la santa su parecer respecto al joven Rub&iacute;n, la fundadora se expres&oacute; de
+este modo: &laquo;Lo &uacute;ltimo que me ha dicho es el colmo de la sabidur&iacute;a y de
+la cordura; pero...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No las tiene usted todas consigo... Ni yo tampoco.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">ix</span>-</h2>
+
+
+<p>Izquierdo entr&oacute; con una botella de cerveza y detr&aacute;s el mozo del
+caf&eacute; de Gallo con un <i>grande</i> de lim&oacute;n, ponchera y copas. &laquo;La
+se&ntilde;ora&mdash;dijo &eacute;l queriendo ser amable&mdash;, va a tomar un vasito de cerveza
+con lim&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quite usted all&aacute;!&mdash;replic&oacute; la dama&mdash;. Yo no bebo esas porquer&iacute;as. Se
+lo agradezco...</p>
+
+<p>A Fortunata la invitaron tambi&eacute;n; pero ella no quiso tampoco tomarlo, y
+pidi&oacute; leche. Ballester, atento a serle agradable, mand&oacute; a Encarnaci&oacute;n
+por la leche, y Guillermina se despidi&oacute; para retirarse en el momento en
+que entraba Pl&aacute;cido, que hab&iacute;a subido presuroso y lleno de oficiosidad a
+ponerse a sus &oacute;rdenes.</p>
+
+<p>Segismundo observaba a su amiga, y a la verdad, no le parec&iacute;a su estado
+muy cat&oacute;lico. El falso gozo que la hac&iacute;a re&iacute;r a cada instante no era
+buena se&ntilde;al, y hubiera &eacute;l deseado que hablase menos. Pero todo se volv&iacute;a
+contar el lance con Aurora, d&aacute;ndole proporciones tr&aacute;gicas, y una vez
+concluido, lo empezaba de nuevo, revelando contra la que fue su amiga
+una sa&ntilde;a implacable. Ballester la contradec&iacute;a suavemente, recomend&aacute;ndole
+la prudencia, la tolerancia y el perd&oacute;n de las injurias. No sabiendo ya
+qu&eacute; decirle, lleg&oacute; hasta sacarle el ejemplo de Maximiliano, que llevaba
+con tan cristiana mansedumbre el cargamento de sus agravios. La diabla,
+al o&iacute;r esto, se re&iacute;a m&aacute;s, diciendo que su marido era un santo, un
+verdadero santo, y que si le canonizaban y le pon&iacute;an en los altares,
+ella le rezar&iacute;a y le escupir&iacute;a. Esto no lo oy&oacute; Rub&iacute;n, que a la saz&oacute;n
+estaba jugando a las damas con Izquierdo.</p>
+
+<p>Trajeron la leche, y cuando Encarnaci&oacute;n se la serv&iacute;a a su ama, esta vio
+que hab&iacute;an ca&iacute;do dos moscas; le entr&oacute; mucho asco y puso a la chiquilla
+como hoja de perejil, llam&aacute;ndola puerca y descuidada. El regente mand&oacute;
+traer m&aacute;s leche, y dijo que la de las moscas se la beber&iacute;a &eacute;l, pues no
+ten&iacute;a asco de nada. Sac&oacute; los insectos con el dedo me&ntilde;ique, y su amiga le
+critic&oacute; esta acci&oacute;n, llam&aacute;ndole sucio y trat&aacute;ndole con cierta sequedad.
+Trajeron la leche bien tapada para que no cayeran moscas, y mientras
+Fortunata se la beb&iacute;a, Ballester se tom&oacute; la otra, diciendo bromas y
+chuscadas, con las cuales no lograba disipar la negra tristeza en que la
+joven hab&iacute;a ca&iacute;do tras la ruidosa alegr&iacute;a. Mandola acostar, y
+entretanto, pas&oacute; el farmac&eacute;utico a la sala, haciendo que atend&iacute;a al
+juego de las damas. No pod&iacute;a tener tranquilidad mientras Maxi estuviera
+all&iacute;, ni se fiaba de sus apariencias resignadas y filos&oacute;ficas. Con
+disimulo, y fingiendo que le hac&iacute;a cosquillas, por jugar, le toc&oacute; los
+bolsillos, temeroso de que llevara alg&uacute;n arma. Pero nada encontr&oacute; en su
+disimulado reconocimiento. A pesar de todo, no quer&iacute;a Ballester irse
+sin llevarle por delante, y tanto breg&oacute; con &eacute;l, que hubo de conseguirlo.
+Sali&oacute;, pues, el regente haciendo prop&oacute;sito de volver, pues su amiga le
+hab&iacute;a puesto en cuidado.</p>
+
+<p><i>Plat&oacute;n</i> se fue tambi&eacute;n al anochecer, pero a las nueve regres&oacute;
+encendiendo luz en la sala. No eran las nueve y cuarto, cuando
+Fortunata, que hab&iacute;a empezado a dormitar, sinti&oacute; pasos, y vio que un
+hombre entraba en la alcoba. &laquo;&iquest;Qui&eacute;n es?&mdash;pregunt&oacute; alarmada, echando los
+brazos a su hijo&mdash;. &iexcl;Ah!, eres t&uacute;, Maxi; no te hab&iacute;a conocido. Est&aacute; esto
+tan oscuro...&raquo;.</p>
+
+<p>La tos perruna de su t&iacute;o la tranquiliz&oacute;, dici&eacute;ndole que no estaba sola.
+Mand&oacute; a la chica que trajese luz, pues se le hab&iacute;a despabilado el sue&ntilde;o,
+y Jos&eacute;, atento a custodiarla, se asomaba a cada instante a la alcoba.
+Sentose Maximiliano junto a la cama como el d&iacute;a anterior, y
+bondadosamente le dijo: &laquo;Esta tarde hab&iacute;a aqu&iacute; mucha gente y no pude
+hablarte. Por eso he vuelto. Ya s&eacute; que t&uacute; y Aurora os pegasteis. Do&ntilde;a
+Casta est&aacute; furiosa, y mi t&iacute;a, no puedes figurarte lo alborotada que est&aacute;
+contra ti. Sobre este suceso de hoy se me ocurre a m&iacute; una cosa que te
+quiero comunicar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;melo, d&iacute;melo prontito&mdash;indic&oacute; ella, que sin saber por qu&eacute;, esperaba
+de aquel hombre, a quien ten&iacute;a en tan poco ideas extra&ntilde;as y quiz&aacute;s
+consoladoras.</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo que has hecho esta tarde favorece a tu enemiga&mdash;afirm&oacute; Rub&iacute;n
+con severidad de m&eacute;dico, aguardando el efecto que tales palabras hab&iacute;an
+de hacer en ella&mdash;. S&iacute;; favorece a tu enemiga. T&uacute; eres tonta y no
+conoces la naturaleza humana. Yo, desde que entr&eacute; en esta gran crisis de
+la raz&oacute;n, todo lo veo claro, y la naturaleza humana no tiene secretos
+para m&iacute;.</p>
+
+<p>Fortunata no comprend&iacute;a. &laquo;Me explicar&eacute; mejor. Quiero decir que al
+maltratar a tu rival le has dado la victoria sobre ti. El hombre a quien
+quer&eacute;is las dos pudo haber vacilado antes de elegir la que
+definitivamente hab&iacute;a de merecer su amor. Ahora no vacilar&aacute;. Entre una
+que se descompone y hace las brutalidades que t&uacute; hiciste y otra que
+padece y es maltratada, el amor tiene que preferir a la v&iacute;ctima. Toda
+v&iacute;ctima es por s&iacute; interesante. Todo verdugo es por s&iacute; odioso. En un
+pleito de amor, la v&iacute;ctima gana siempre. &Eacute;sta es una verdad que est&aacute;
+escrita en el coraz&oacute;n humano como en un libro, y yo leo en &eacute;l tan claro
+como leemos una noticia en <i>El Imparcial</i>. Yo lo s&eacute; todo; nada se me
+oculta. Demasiadas pruebas tienes de ello&raquo;.</p>
+
+<p>A Fortunata le hizo esto tan mal efecto, que sinti&oacute; ganas de coger la
+palmatoria y tir&aacute;rsela a la cabeza. Respondi&oacute; con despecho: &laquo;Pues si
+gana ella, mejor. A m&iacute; no me importa nada que &eacute;l la quiera ni que la
+deje de querer...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora la va a querer tanto&mdash;agreg&oacute; Maxi impasible y fr&iacute;o&mdash;, la va a
+querer tanto, que los amantes de Teruel van a ser paja al lado de ellos.
+La querr&aacute; porque ha sido atropellada, y las v&iacute;ctimas siempre inspiran
+amor. Cr&eacute;etelo porque te lo digo yo, que todo lo s&eacute;. La querr&aacute; con
+locura, m&aacute;s que a ti, m&aacute;s que a su mujer; y har&aacute; con ella lo que no hizo
+con ninguna. Abandonar&aacute; a su mujer y a sus padres para vivir a sus
+anchas con ella... Y ser&aacute;n felices y tendr&aacute;n muchos hijitos.</p>
+
+<p>Lo que la de Rub&iacute;n dijo no fue m&aacute;s que un mugido. Hizo adem&aacute;n de coger
+la palmatoria. Despu&eacute;s se tap&oacute; la cara con la mano.</p>
+
+<p>&laquo;Yo te digo estas cosas porque son la verdad, y te pego con la verdad
+para que la lecci&oacute;n escueza. As&iacute;, as&iacute; es como aprendes. Bonita
+ense&ntilde;anza, &iquest;verdad? Cierto que duele y hace sangre; pero padecer y
+aprender son sin&oacute;nimos. Por tu bien es. Tu conciencia se purificar&aacute;, y
+ojal&aacute; te murieras con esta pena, porque te ir&iacute;as derecha al Cielo&raquo;.</p>
+
+<p>La joven lloraba con angustia, y &eacute;l no parec&iacute;a tenerle compasi&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Veo que me crees y haces bien. Lo que te he dicho ha salido siempre
+verdad. Yo lo s&eacute; todo, y mi raz&oacute;n me presenta la vida como un panorama
+ante los ojos. Es un don que recib&iacute; de Dios. Cuando estaba loco,
+adivinaba por inspiraci&oacute;n; bien lo sabes, y recordar&aacute;s que te anunci&eacute;
+todo lo que iba a pasar... La verdad ven&iacute;a entonces a m&iacute; envuelta en
+una especie de simbolismo, como las verdades reveladas a los pueblos de
+Oriente. Pero luego entr&eacute; en la &eacute;poca de la raz&oacute;n, y la verdad se me
+ofrece clara y desnuda, y desnuda y clara te la digo. &iquest;Acert&eacute; a
+encontrarte cuando todos me dec&iacute;an que te hab&iacute;as muerto? &iquest;Acert&eacute; a
+descubrir lo de Aurora con los detalles de casa, hora a que se reun&iacute;an,
+etc&eacute;tera? Pues ya ves. Nada se me esconde, y lo que acabo de decirte es
+el Evangelio. Has dado la victoria a tu enemiga... aguanta el golpe. Tu
+v&iacute;ctima y tu verdugo ser&aacute;n felices y tendr&aacute;n muchos hijos&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate, c&aacute;llate o ver&aacute;s...&mdash;dijo Fortunata amenaz&aacute;ndole con el pu&ntilde;o,
+y tratando de vencer el terror sugestivo y supersticioso que su marido
+le inspiraba&mdash;. Yo tambi&eacute;n s&eacute; verdades y te voy a decir una.</p>
+
+<p>&mdash;Pues d&iacute;mela pronto.&mdash;Digo que eres un hombre sin honor...</p>
+
+<p>Maximiliano se estremeci&oacute; ligeramente, pero nada m&aacute;s. Segu&iacute;a oyendo. &laquo;&iquest;Y
+qu&eacute; m&aacute;s?&raquo; dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te parece poco?&mdash;prosigui&oacute; la diabla, que de rabiosa que estaba,
+ten&iacute;a espuma de saliva en los labios&mdash;. Pues Ballester y do&ntilde;a
+Guillermina lo dec&iacute;an hace poco: &laquo;Es un santo; pero no tiene el
+sentimiento del honor&raquo;. Conque ya sabes. D&eacute;jame en paz. No quiero verte
+m&aacute;s. Unos dicen que est&aacute;s cuerdo, y otros que est&aacute;s loco. Yo creo que
+est&aacute;s cuerdo, pero que no eres hombre; has perdido la condici&oacute;n de
+hombre, y no tienes... vamos al decir, amor propio ni dignidad... Conque
+ah&iacute; tienes tu lecci&oacute;n. Aguanta y vuelve por otra. &iquest;Qu&eacute; cre&iacute;as?, &iquest;que yo
+iba a sufrirte tus lecciones, y no te iba yo a dar las m&iacute;as?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que dices (con glacial estoicismo) es propio de una criatura llena
+de debilidades y de impurezas, en quien la raz&oacute;n se halla en estado
+embrionario, y que habla y obra siempre al impulso de las pasiones y del
+vicio.</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Tiolog&iacute;as!</i>&mdash;grit&oacute; Fortunata exalt&aacute;ndose y moviendo los brazos como
+una actriz en pasaje de empe&ntilde;o&mdash;. Si t&uacute; hubieras tenido tanto as&iacute; de
+dignidad, me habr&iacute;as pegado un tiro... No lo has hecho. Mejor para m&iacute;. Y
+otra cosa te digo. Si hubieras tenido un adarme de sangre de hombre,
+cuando viste a ese y a esa, les habr&iacute;as pegado seis tiros, dej&aacute;ndoles
+secos a los dos. Pero t&uacute; no tienes sangre. Esa santidad y esa
+cristiandad y esa pastelera raz&oacute;n son la horchata que tienes en las
+venas...</p>
+
+<p>Izquierdo, que o&iacute;a desde la puerta, se alarm&oacute;, creyendo oportuno evitar
+aquel coloquio que tan mal giro tomaba: &laquo;Ea&mdash;dijo entrando&mdash;, bastante
+hemos hablado. Y usted, se&ntilde;or de Maxi, haga el favor de tomar
+soleta...&raquo;.</p>
+
+<p>Le cog&iacute;a por un brazo, sin que &eacute;l hiciese resistencia. Rub&iacute;n estaba algo
+aturdido, como si analizara y descompusiera en su mente las acusaciones
+de su mujer antes de darles la r&eacute;plica que merec&iacute;an. De repente, cual
+movida de un impulso epil&eacute;ptico, Fortunata se incorpor&oacute; en el lecho,
+ech&oacute; los brazos hacia adelante, clav&oacute; los dedos de una mano en el hombro
+de su marido con tanta fuerza que le tuvo atenazado, y comi&eacute;ndoselo con
+los ojos, le grit&oacute; de este modo: &laquo;Marido m&iacute;o, &iquest;quieres que te quiera
+yo?, &iquest;quieres que te quiera con el alma y la vida?... Di si quieres...
+Yo me he portado mal contigo; pero ahora, si haces lo que te pido, me
+portar&eacute; bien. Ser&eacute; una santa como t&uacute;... Di si quieres...&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi la interrogaba con su mirada luminosa.</p>
+
+<p>&laquo;Di si quieres. Ver&aacute;s c&oacute;mo lo cumplo. Ser&eacute; una mujer modelo, y tendremos
+hijos t&uacute; y yo... Pero has de hacer lo que te digo. Yo te juro que no me
+volver&eacute; atr&aacute;s, y te querr&eacute;. T&uacute; no sabes lo que es una mujer que se muere
+por un hombre. &iexcl;Pobret&iacute;n, esa miel no la has catado nunca!... &iquest;No dar&iacute;as
+t&uacute; algo porque yo te quisiera como t&uacute; me quer&iacute;as a m&iacute;?... &iquest;Te acuerdas
+de cuando me adorabas, te acuerdas?... Pues fig&uacute;rate que yo te adoro a
+ti lo mismo y que te llevo estampado en mi coraz&oacute;n, como t&uacute; me llevabas
+a m&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano empez&oacute; a inmutarse... La m&aacute;scara fr&iacute;a y estoica parec&iacute;a
+deshacerse como la cera al calor, y sus ojos revelaban emoci&oacute;n que por
+instantes crec&iacute;a, como una ola que avanza engrosando.</p>
+
+<p>&laquo;Di si quieres...&mdash;repet&iacute;a la diabla con exaltaci&oacute;n delirante&mdash;. D&eacute;jate
+de santidades y reconcili&eacute;monos y quer&aacute;monos... T&uacute; no lo has catado
+nunca. No sabes lo que es ser querido... Ver&aacute;s... Pero ha de ser con una
+condici&oacute;n... Que hagas lo que debiste hacer, matar a esa indina,
+matarla... porque lo merece... Yo te compro el rev&oacute;lver... ahora
+mismo...&raquo;.</p>
+
+<p>Sus manos revolvieron temblorosas bajo las almohadas buscando el
+portamonedas. De &eacute;l sac&oacute; un billete de Banco. &laquo;Toma, &iquest;quieres m&aacute;s?
+Compras un rev&oacute;lver... bien seguro... pero bien seguro... la acechas, y
+plim... la dejas seca... Oye otra cosa: Para que se te quiten los
+celitos, y cumplas con tu honor como un caballero, les matas a los dos,
+&iquest;sabes?, a ella y a &eacute;l, que tambi&eacute;n lo merece, y despu&eacute;s de muertos (con
+salvaje sarcasmo), despu&eacute;s de muertos, &iexcl;que tengan los hijos en el otro
+mundo!... &iquest;Con que lo har&aacute;s? Hazlo por m&iacute;, y por su pobrecita mujer, que
+es un &aacute;ngel... las dos somos &aacute;ngeles, cada una a su manera... Dime que
+lo har&aacute;s... &iexcl;Y luego te querr&eacute; tanto...! No vivir&eacute; m&aacute;s que para ti...
+&iexcl;Qu&eacute; felices vamos a ser!... tendremos ni&ntilde;os... hijos tuyos, &iquest;qu&eacute; te
+crees?...&raquo;.</p>
+
+<p>Maxi, lelo y mudo, la miraba, y al fin sus ojos se humedecieron... Se
+deshelaba. Quiso hablar y no pudo... La voz le hac&iacute;a gargarismos.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;... quererte a ti&mdash;a&ntilde;adi&oacute; ella&mdash;. No s&eacute; por qu&eacute; lo dudas. &iexcl;Ah!, no me
+conoces... no sabes de lo que soy capaz... d&eacute;jate de <i>tiolog&iacute;as</i>... &iexcl;El
+amor! Yo te ense&ntilde;ar&eacute; lo que es... No lo sabes, tont&iacute;n... &iexcl;la cosa m&aacute;s
+rica...!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, &iquest;qu&eacute; <i>yeciones</i> son estas?&mdash;clam&oacute; Izquierdo, tirando a Rub&iacute;n de
+un brazo&mdash;. Basta de m&uacute;sica... A la calle, que esta chica est&aacute; mu mala.</p>
+
+<p>&mdash;T&iacute;o, d&eacute;jele usted, d&eacute;jele usted... Es mi marido, y queremos estar
+juntos... &iexcl;Vaya!...</p>
+
+<p>Maxi se dejaba levantar del asiento como un saco. Se hab&iacute;a quedado
+inerte. De pronto, hubo algo en su esp&iacute;ritu que podr&iacute;a compararse a un
+vuelco s&uacute;bito, o movimiento de cosas que, girando sobre un pivote,
+estaban abajo y se hab&iacute;an puesto arriba. Las manos le temblaban, sus
+ojos echaron chispas, y cuando dijo <i>matarles, matarles</i>, su voz son&oacute; en
+falsete como en la noche aquella funesta, despu&eacute;s del atropello de que
+fue v&iacute;ctima en Cuatro Caminos.</p>
+
+<p>&laquo;M&aacute;tameles, s&iacute;...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la diabla, retorci&eacute;ndose las manos&mdash;. &iexcl;Hijos
+ella!... En el infierno los tendr&aacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Cay&oacute; desplomada sobre las almohadas, chocando la cabeza contra los
+hierros de la cama.</p>
+
+<p>Maxi alarg&oacute; la mano y recogi&oacute; el billete, que estaba a&uacute;n sobre la
+colcha. Y a punto que Izquierdo le sacaba, reson&oacute; la voz de Juan
+Evaristo con agud&iacute;simo timbre, y entraba Segismundo, asombr&aacute;ndose mucho
+de ver al fil&oacute;sofo otra vez all&iacute;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">x</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;&iexcl;Demonio de chico!&mdash;dijo a Izquierdo cuando volv&iacute;a de acompa&ntilde;ar
+hasta la puerta al se&ntilde;or de Rub&iacute;n&mdash;. Hay que tener mucho cuidado con &eacute;l
+y no perderle de vista cuando entra aqu&iacute;. Y ella, &iquest;qu&eacute; tal est&aacute;?...
+Buena moza, &iquest;c&oacute;mo va ese valor?&raquo;.</p>
+
+<p>La joven no respond&iacute;a. Estaba como aletargada. Pero el chico sigui&oacute;
+chillando, y al reclamo de &eacute;l, la madre abri&oacute; los ojos, y tom&aacute;ndole en
+brazos, le acerc&oacute; a su seno. Ballester mand&oacute; a la criada que quitara la
+luz, que acaloraba mucho la alcoba, y se sent&oacute; donde antes hab&iacute;a estado
+Maxi. Luego sac&oacute; una cajita de medicinas y una botellita con poci&oacute;n.
+&laquo;Aqu&iacute; traigo otra antiespasm&oacute;dica. La he hecho yo mismo, y traigo
+tambi&eacute;n el <i>percloruro de hierro</i> y la <i>ergotina</i>, por si acaso... Mucho
+cuidado, hija m&iacute;a, mucho reposo; que las emociones y los disparates de
+hoy nos pueden traer un trastorno. Apuesto a que Maxi ha venido a
+contarle a usted alguna otra tonter&iacute;a. Es preciso prohibirle la
+entrada&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata hab&iacute;a vuelto a cerrar los ojos. El ni&ntilde;o callaba y se o&iacute;an sus
+leng&uuml;etazos.</p>
+
+<p>&laquo;Buenas tragaderas tiene el amigo&mdash;dijo Ballester; y para s&iacute;,
+contemplando a la diabla, que dorm&iacute;a o fing&iacute;a dormir&mdash;: &iexcl;Qu&eacute; hermosa
+est&aacute;!... Le dar&iacute;a yo un par de besos... con la intenci&oacute;n m&aacute;s pura del
+mundo... He aqu&iacute; una mujer que hoy no vale nada moralmente, y que
+valdr&iacute;a mucho, si reventara ese maldito Santa Cruz, que la tiene
+<i>sugestionada</i>... &iexcl;L&aacute;stima de coraz&oacute;n echado a los perros...!&raquo;.</p>
+
+<p>El chico rompi&oacute; a llorar otra vez, y la madre parec&iacute;a tan inquieta como
+&eacute;l.</p>
+
+<p>&laquo;Amigo Ballester... &iquest;sabe usted que me parece que me quedo sin leche?...
+Mi hijo chupa, chupa y no saca...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;No asustarse. Es accidental. Procure usted dormir... A ver: &iquest;Maxi le
+ha dicho a usted alguna tonter&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Tonter&iacute;a no... verdades...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Verdades!... (rompiendo a re&iacute;r). &iquest;Y c&oacute;mo sabe usted que son verdades?</p>
+
+<p>&mdash;Porque las grandes verdades las dicen los ni&ntilde;os y los locos.</p>
+
+<p>&mdash;Es un refr&aacute;n sin sentido com&uacute;n. Los locos no dicen m&aacute;s que disparates.</p>
+
+<p>&mdash;Es que mi marido no est&aacute; loco... Tiene ahora mucho talento. Tal creo
+yo.</p>
+
+<p>Juan Evaristo volvi&oacute; a callar, peg&aacute;ndose al pez&oacute;n con salvaje ah&iacute;nco.</p>
+
+<p>&laquo;Tome usted un poco de esta bebida. La he preparado como para usted...
+Est&aacute; riqu&iacute;sima. Es preciso calmar los nervios&raquo;.</p>
+
+<p>La chica trajo un vaso con cucharilla, y Fortunata tom&oacute; la
+antiespasm&oacute;dica.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; bueno es usted, Segismundo! &iexcl;Qu&eacute; agradecida estoy a lo que hace
+por m&iacute;!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Todo y mucho m&aacute;s se lo merece usted, carambita&mdash;replic&oacute; el
+farmac&eacute;utico con efusi&oacute;n de cari&ntilde;o&mdash;. Hemos de ser muy amigos.</p>
+
+<p>&mdash;Amigos s&iacute;, porque lo que es querer... No vuelvo yo a querer a ning&uacute;n
+hombre, como no sea a mi marido, siempre y cuando haga lo que le mando.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A su marido! (tom&aacute;ndolo a broma). No me parece mal. Y ahora que est&aacute;
+hecho un santo...</p>
+
+<p>&mdash;Santo, no... &iexcl;qu&eacute; simplezas dice usted!</p>
+
+<p>&mdash;Santo; as&iacute; como suena. De modo que ser&aacute; usted tambi&eacute;n santa... Pues yo
+ser&eacute; su disc&iacute;pulo. Nos iremos los tres a un desierto a hacer penitencia
+y comer yerba.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llese usted.&mdash;Usted es la que se va a callar... a ver si se duerme y
+se le calman los nervios. La salida de hoy no tendr&aacute; consecuencias.
+&iquest;Sabe usted lo que ven&iacute;a pensando?, que si encontraba mal a la buena
+moza, me quedar&iacute;a aqu&iacute; esta noche. Y al salir de casa, le dije a mi
+madre que quiz&aacute;s no volver&iacute;a. Nada, que estoy decidido a cuidarla como
+si fuera mi cara mitad.</p>
+
+<p>&mdash;No; si no es preciso que usted se moleste. Crea que me siento regular
+esta noche, casi bien. Anoche &iquest;sabe?, estaba peor.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me estar&eacute; hasta las doce o la una. Me pondr&eacute; a leer <i>La
+Correspondencia</i> o a jugar al tute con el se&ntilde;or de Izquierdo. Y si la
+veo a usted tranquila y dormida, me retirar&eacute;. Si no, aqu&iacute; me estoy de
+centinela.</p>
+
+<p>As&iacute; lo hizo, y no habiendo observado hasta m&aacute;s de media noche nada de
+particular, sali&oacute; de puntillas, dando a la placera instrucciones por si
+la mam&aacute; o el ni&ntilde;o ten&iacute;an alguna novedad durante la noche. El <i>modelo</i> se
+fue tambi&eacute;n, y Segunda se meti&oacute; en su cuchitril; mas apenas hab&iacute;a
+descabezado el primer sue&ntilde;o, la llam&oacute; Encarnaci&oacute;n de parte de la
+se&ntilde;orita, que se sent&iacute;a mal. El chiquillo soltaba todos los registros de
+su voz y no hab&iacute;a manera de acallarle. Agot&oacute; la madre todos sus medios y
+Encarnaci&oacute;n los suyos, que eran cogerle en brazos y dar un paso adelante
+y otro atr&aacute;s, como si bailara, tratando de persuadirle con amorosas
+palabras de que los ni&ntilde;os deben estarse calladitos.</p>
+
+<p>&laquo;Par&eacute;ceme&mdash;dijo Fortunata con terror&mdash;, que me estoy secando&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si te secas&mdash;le contest&oacute; su t&iacute;a, que hasta para consolar era
+rega&ntilde;ona y desapacible&mdash;, pues si te secas, &iexcl;demonche!, mejor, ponemos
+un ama, y a vivir...</p>
+
+<p>&mdash;Diga usted, t&iacute;a, &iquest;ha venido mi marido?</p>
+
+<p>Segunda la mir&oacute; asombrada. &laquo;&iexcl;Tu marido!... &iquest;sabes la hora que es? &iquest;Y
+para qu&eacute; quieres que venga ac&aacute; ese tipo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ten&iacute;a que hablarle...&mdash;&iexcl;Santo Cristo de Burgos, cortinas verdes!... A
+buenas horas nos entra la fineza... El demonio que te entienda, chica,
+&iexcl;ahora clamas por tu marido! Para lo que ha de servirte, m&aacute;s vale que no
+parezca por ac&aacute; en mil a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;Es que le ten&iacute;a que hablar. No ha estado aqu&iacute; desde anoche.</p>
+
+<p>Segunda la volvi&oacute; a mirar, ech&aacute;ndose a re&iacute;r con descarada groser&iacute;a.
+&laquo;Pero, chica, si ha estado aqu&iacute; esta noche, y se fue a las diez...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, &iquest;esta noche ha sido? Es que confundo yo las noches... Cre&iacute; que
+hab&iacute;a habido un d&iacute;a entre medio. Cuando una est&aacute; en la cama, se le va la
+idea del tiempo...</p>
+
+<p>La criatura segu&iacute;a alborotando, y su madre se quejaba de un desasosiego
+que no pod&iacute;a explicar. &laquo;&iexcl;Cu&aacute;nto siento que se haya ido Segismundo! &Eacute;l me
+recetar&iacute;a alguna cosa, o al menos, dici&eacute;ndome que esto no es nada, yo me
+lo creer&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Segunda propuso ir a llamarle; pero Fortunata no consinti&oacute; en ello,
+porque una noche, dijo, se pasaba de cualquier manera. As&iacute; fue, y la
+verdad es que la pasaron todos muy mal, incluso Encarnaci&oacute;n, que se
+dorm&iacute;a en pie.</p>
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, subi&oacute; Estupi&ntilde;&aacute; a preguntar por toda la familia
+con un inter&eacute;s del cual Segunda sab&iacute;a sacar partido. &laquo;&iquest;C&oacute;mo ha pasado la
+noche la mam&aacute;? Y el ni&ntilde;o, &iquest;qu&eacute; tal? Ya me he enterado del <i>art&iacute;culo</i> de
+amas, y tengo noticias de tres muy buenas, la una pasiega, otra de Santa
+Mar&iacute;a de Nieva y la tercera de la parte de Asturias, con cada ubre como
+el de una vaca suiza. &iexcl;G&eacute;nero excelente!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pues no est&aacute; dem&aacute;s que usted haya dado estos pasos, D. Pl&aacute;cido, porque
+estoy en que se nos seca&mdash;dijo la placera, gozosa de meter su cucharada
+en aquel asunto&mdash;; y si la se&ntilde;ora (aludiendo a Guillermina), quiere que
+se le ponga ama, yo soy de la misma conformidad&raquo;.</p>
+
+<p>Pl&aacute;cido, despu&eacute;s de cotorrear un poco con Segunda en la puerta de la
+casa de esta, baj&oacute; a la suya, y en la salita, tapizada de carteles de
+novenas y otras funciones eclesi&aacute;sticas, estaba Guillermina, en pie, el
+rosario y el libro de rezos en la mano. La casera y el administrador
+cotorrearon otro poco, y el resultado de esta nueva conferencia fue que
+Rossini volvi&oacute; a subir presuroso y a tener otra hocicada con Segunda en
+la puerta. &laquo;D&iacute;game usted, &iquest;est&aacute; durmiendo ahora? &iquest;Y el ni&ntilde;o mama o no
+mama?&raquo;&mdash;&laquo;Pues ahora est&aacute;n los dos callados... <i>Paice</i> que
+duermen&raquo;.&mdash;&laquo;Pues silencio. Cuide usted de que no haya ruido en la
+casa... Yo, ver&aacute; usted, como salgan los chicos del latonero a alborotar
+en la escalera, les deslomo&raquo;.</p>
+
+<p>Y vuelta a bajar y a subir nuevamente con un mensaje. &laquo;Se&ntilde;&aacute; Segunda,
+oiga. Que no deje usted de mandar recado hoy a ese se&ntilde;or de Quevedo,
+para que la vea y nos diga si traemos el ama o no traemos el
+ama&raquo;.&mdash;&laquo;Bien est&aacute;, bien&raquo;.&mdash;&laquo;Yo estar&eacute; a la mira; ya las tengo
+apalabradas, y las reconoceremos en mi casa. Buenas mujeres, y no tienen
+pretensiones de cobrar un sentido. Como leche, se&ntilde;&aacute; Segunda, como leche,
+creo que la asturiana nos ha de dar mejor resultado que ninguna. Tengo
+yo un ojo... En fin, mucho cuidado&raquo;.</p>
+
+<p>Y torn&oacute; a bajar con toda su oficiosidad y diligencia, dispuesto a subir
+cien veces si fuese menester. Guillermina estuvo a&uacute;n un ratito en casa
+de su amigo, el cual no sab&iacute;a qu&eacute; hacerse al ver su pobre vivienda
+honrada con persona tan excelsa. Habr&iacute;a tra&iacute;do de San Gin&eacute;s, si pudiera,
+el trono de la Virgen del Rosario, para que se sentara. Pues, digo,
+cuando llamaron a la puerta y fue a abrir, y vio ante s&iacute; la simp&aacute;tica
+figura de Jacinta, crey&oacute; el pobre hombre que toda la corte celestial
+penetraba en su casa. No dijo nada la se&ntilde;orita; no hizo m&aacute;s que sonre&iacute;r
+de un modo que significaba: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; raro verme aqu&iacute;!&raquo;. Guillermina alz&oacute; la
+voz desde la sala diciendo: &laquo;Pasa, aqu&iacute; estoy...&raquo;. Estupi&ntilde;&aacute;, siempre
+delicado, se apart&oacute; para dejarlas hablar a solas. Parec&iacute;a que la santa
+reprend&iacute;a paternalmente a la otra: &laquo;Si ya te he dicho que lo dejes de mi
+cuenta. Yo me entiendo. Si te empe&ntilde;as en meter la cuchara, creo que lo
+vas a echar a perder... No, no te dejo subir... &iquest;te parece f&aacute;cil entrar
+a verle sin que se entere su madre? Atrevidilla te has vuelto... &iquest;Que le
+bajen aqu&iacute;? &iexcl;Vamos; las cosas que se te ocurren...! Tiempo tienes de
+verle. Si empezamos a hacer disparates y a portarnos como dos
+intrigantas que se meten donde no las llaman, merecemos que nos tome Ido
+por tipos de sus novelas. V&aacute;monos ahora a San Gin&eacute;s, y luego sabremos la
+opini&oacute;n del se&ntilde;or de Quevedo. Descuida, que no se nos morir&aacute; de hambre&raquo;.</p>
+
+<p>Salieron, y Pl&aacute;cido se fue con ellas a la iglesia, pues aunque ya hab&iacute;a
+estado en ella, &eacute;rale muy grato acompa&ntilde;ar a las se&ntilde;oras a misa. Oyeron
+dos, y antes de salir, sentadas en un banco, la Delfina dijo a su amiga:
+&laquo;&iquest;Sabe usted que no he podido o&iacute;r las misas con devoci&oacute;n, acord&aacute;ndome de
+esa mujer? No la puedo apartar de mi pensamiento. Y lo peor es que lo
+que hizo ayer me parece muy bien hecho. Dios me perdone esta barbaridad
+que voy a decir: creo que con la justiciada de ayer, esa picarona ha
+redimido parte de sus culpas. Ella ser&aacute; todo lo mala que se quiera; pero
+valiente lo es. Todas deber&iacute;amos hacer lo mismo&raquo;.</p>
+
+<p>La santa no respondi&oacute;, porque dentro de la iglesia no gustaba de tratar
+ciertos asuntos de reconocida profanidad; pero cuando sal&iacute;an por el
+patio que da a la calle del Arenal, tom&oacute; el brazo de su amiguita,
+dici&eacute;ndole: &laquo;Bueno estuvo el lance, bueno. &iexcl;Qu&eacute; par de alhajas!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Crea usted que a m&iacute; me daba una alegr&iacute;a cuando lo o&iacute; contar!...
+Habr&iacute;a yo dado cualquier cosa por estar presente en aquella tragedia...</p>
+
+<p>&mdash;Quite all&aacute;... es repugnante... Dos mujeres peg&aacute;ndose...</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; lo que usted quiera; pero desde que me lo contaron, la bribona
+antigua se ha crecido a mis ojos y me parece menos arrastrada que la
+moderna.</p>
+
+<p>&mdash;Este mundo, hija m&iacute;a, est&aacute; lleno de maldades. A donde quiera que mira
+una, no ve m&aacute;s que pecados, y pecados cada vez m&aacute;s gordos, porque la
+humanidad parece que se vuelve de d&iacute;a en d&iacute;a m&aacute;s descarada y menos
+temerosa de Dios... &iexcl;Qui&eacute;n hab&iacute;a de decir que esa muchacha, esa
+Aurorita, que parec&iacute;a tan buena, tan lista...! No, como lista, ya lo es;
+aunque la otra lo ha sido m&aacute;s... &iquest;Y qu&eacute; dice B&aacute;rbara?, estaba encantada
+con ella, y todos los d&iacute;as iba al obrador a verla trabajar... Pero
+c&aacute;llate, que aqu&iacute; viene tu se&ntilde;ora suegra...</p>
+
+<p>Barbarita y la pareja se encontraron.</p>
+
+<p>&laquo;Ya no alcanzas la del se&ntilde;or cura... &iexcl;Qu&eacute; horas de ir a misa!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si no me han dejado salir en toda la ma&ntilde;ana... Mira, Jacinta,
+all&iacute; tienes a tu marido llama que te llama... Entr&eacute; y... &laquo;Que d&oacute;nde
+estabas t&uacute;. Que qu&eacute; ten&iacute;as t&uacute; que hacer en la calle tan temprano&raquo;.
+Conque bien puedes darte prisa.</p>
+
+<p>&mdash;Que espere... Pues no faltaba m&aacute;s...&mdash;replic&oacute; Jacinta con tedio&mdash;. Que
+tenga paciencia, que tambi&eacute;n la tienen los dem&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Y vosotras, &iquest;de d&oacute;nde ven&iacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Nosotras? De ver amas de cr&iacute;a&mdash;dijo la santa sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Amas de cr&iacute;a!...&mdash;S&iacute;, no es broma... amas, amas, amas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; graciosa est&aacute;s hoy!...</p>
+
+<p>&mdash;Pues qu&eacute;, &iquest;no te ha dicho esta tonta que hemos encontrado otro
+<i>Pituso</i>?</p>
+
+<p>Barbarita se ech&oacute; a re&iacute;r con donaire. &laquo;Pero qu&eacute;, &iquest;os han dado otro
+timo?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Quia; ahora no. Este es aut&eacute;ntico... este es de ley; <i>no tiene hoja</i>,
+como el otro, por quien perdiste la chaveta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!, no quiero o&iacute;rte...&mdash;repuso Barbarita con humor festivo, y se
+separ&oacute; de ellas para ir presurosa a la iglesia.</p>
+
+<p>&mdash;Oye... mira&mdash;dijo Guillermina llam&aacute;ndola...&mdash;Cuando salgas, date una
+vuelta por las tiendas. All&iacute; tienes a tu corredor, Estupi&ntilde;&aacute; el Grande.
+Aguarda, oye; te compras una buena cuna...</p>
+
+<p>La dama se re&iacute;a; todas se re&iacute;an.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xi</span>-</h2>
+
+
+<p>El dictamen de Quevedo no fue alarmante con respecto a la madre;
+pero al chico le dio el comadr&oacute;n malas noticias, anunci&aacute;ndole que se
+quedaba sin provisiones. Por la tarde, Pl&aacute;cido comunic&oacute; a la se&ntilde;ora que
+la mujer aquella se negaba a poner a su hijo en pechos de nodriza,
+aunque esta fuese bajada del Cielo; insist&iacute;a en que ten&iacute;a leche; el ni&ntilde;o
+berreaba, dando a entender que su mam&aacute; faltaba descaradamente a la
+verdad... &laquo;En fin, se&ntilde;ora&mdash;agreg&oacute; Estupi&ntilde;&aacute; con oficiosidad sa&ntilde;uda&mdash;; que
+a esa mujer hay que matarla. Es m&aacute;s mala que arrancada, y lo que ella
+quiere es que la criaturita perezca...&raquo;.</p>
+
+<p>Fue all&aacute; la fundadora, y se alegr&oacute; de encontrar a Ballester en la sala.
+&laquo;A ver si la convence usted de que no puede criar. La pobre, como tiene
+la cabeza un tanto d&eacute;bil y trastornada, se figura que le van a quitar a
+su hijo... Y no es eso, no es eso... Hay inter&eacute;s en que le cr&iacute;e bien&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ya se lo he dicho... Casi he empleado las mismas palabras, se&ntilde;ora...
+Pero si viera usted... H&aacute;llase hoy en un estado de apat&iacute;a y tristeza que
+no me hace maldita gracia. No hay medio de sacarle una respuesta a nada
+de lo que se le dice. Tiene el chico en brazos, y cuando le hablan de
+amas o de que ella se est&aacute; secando, le aprieta, le aprieta tanto contra
+s&iacute;, que me temo que en una de estas le ahogue.</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios... Entrar&eacute; a ver a la fiera, y trataremos de
+amansarla.</p>
+
+<p>Sin abandonar aquella actitud de desconfianza y miedo, Fortunata pareci&oacute;
+alegrarse de ver a Guillermina, que la salud&oacute; con extremada amabilidad,
+demostrando un gran inter&eacute;s por ella y por su ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; gusto verla a usted!&mdash;exclam&oacute; la pecadora sin moverse&mdash;. Ten&iacute;a yo
+ganas de que viniera para decirle una cosa...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya me la est&aacute; usted diciendo, porque me voy a escape.</p>
+
+<p>La infeliz joven puso el nene a su lado, mostrando menos desconfianza;
+pero le rode&oacute; con su brazo en adem&aacute;n de protecci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero me le quitar&aacute;?... Diga si me le quer&iacute;a quitar... Fuera bromas. Lo
+que usted me diga lo creer&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias, amiga m&iacute;a... Me toma por ladrona de chiquillos. No
+sab&iacute;a yo que soy bruja...</p>
+
+<p>&mdash;No; es que... ver&aacute;. Yo pensaba que me lo iban a quitar, por lo mala
+que he sido. Pero eso no tiene que ver, &iquest;verdad? Pues ahora soy mucho
+m&aacute;s mala. &iexcl;Ay!, se&ntilde;ora, he cometido un pecado tan grande, tan regrande,
+que no creo que me lo perdone Dios.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Apostamos a que es cualquier tonter&iacute;a? (inclin&aacute;ndose hacia ella y
+acarici&aacute;ndole la barba).</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, se&ntilde;ora, ojal&aacute; fuera tonter&iacute;a!... Voy a dec&iacute;rselo... Pero no me
+ri&ntilde;a mucho... Pues anoche estuvo aqu&iacute; mi marido, hablamos, y le di
+veinte duros para que comprara un rev&oacute;lver. El rev&oacute;lver es para matar a
+<i>ese</i> y a <i>esa</i>... sobre todo a la francesota, infame, traicionera...</p>
+
+<p>Guillermina recibi&oacute; impresi&oacute;n muy fuerte con estas palabras; pero hizo
+un esfuerzo por aparentar que no perd&iacute;a su serenidad. &laquo;Fuertecillo es,
+s&iacute;, se&ntilde;ora... Pero su marido de usted no har&aacute; nada. He hablado con &eacute;l y
+me ha parecido muy razonable&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;La raz&oacute;n es su tema... pero no hay que fiar... Lo que es los tiros,
+crea usted que no se le escapan. Yo le calent&eacute; bien la cabeza... Toda
+aquella sabidur&iacute;a que ahora tiene se la quit&eacute; con las cosas que le
+dije... Se volvi&oacute; loco otra vez, se&ntilde;ora; le promet&iacute; quererle como &eacute;l me
+quiso a m&iacute;, y crea usted que hice la promesa con voluntad.</p>
+
+<p>&mdash;Me hace usted temblar (alarm&aacute;ndose). Vamos; el pecado ese es de lo m&aacute;s
+atroz que puede haber. &Eacute;l, si los mata, peca menos que usted, por
+haberle mandado que lo hiciera, acalor&aacute;ndole con promesas.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo me parece a m&iacute;, y por eso he estado con miedo toda la noche.</p>
+
+<p>&mdash;Si usted reconoce que ha hecho mal, y le pide perd&oacute;n a Dios de su mala
+intenci&oacute;n y procura limpiarse de ella, Dios tendr&aacute; piedad de la
+pecadora.</p>
+
+<p>&mdash;Es que... ver&aacute; usted... estoy arrepentida por mitad. &iexcl;Matarle a &eacute;l!,
+&iquest;sabe usted que me da l&aacute;stima? No, no, que no le mate... Pero lo que es
+a esa bribona, tramposa, embustera... &iquest;Pues no tiene la poca verg&uuml;enza
+de creer que tendr&aacute; hijos?... &iexcl;Hijos ella...! D&iacute;game usted, &iquest;qu&eacute; se
+pierde con que se vaya para el otro mundo un trasto semejante?</p>
+
+<p>Esto lo dec&iacute;a con tanta naturalidad, que Guillermina, por un instante,
+no supo si indignarse o tomarlo a risa. &laquo;Vaya, que las ideas de usted me
+gustan... Se me figura que marido y mujer all&aacute; se van... en sabidur&iacute;a.
+Si usted no se desdice al momento en todos esos disparates me voy y no
+vuelve a verme en su vida m&aacute;s. No se puede tolerar esto...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De modo que a esta t&iacute;a <i>monstrua</i> no se le da un castigo?... Eso s&iacute;
+que est&aacute; bueno. Y seguir&aacute; ri&eacute;ndose de nosotras... No lo entiendo.</p>
+
+<p>&mdash;Dios es el que castiga; nosotros aprendemos.</p>
+
+<p>Ambas callaron, mir&aacute;ndose. &laquo;Tengo que traerle a usted un confesor. Usted
+no est&aacute; buena ni del cuerpo ni del alma. Pues digo, si lo que Dios no
+quiera, sobreviene la muerte a la hora menos pensada, y la coge as&iacute;, le
+cay&oacute; la loter&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Si me muero, me llevo a mi hijo conmigo&mdash;dijo la diabla, volvi&eacute;ndole a
+coger y estrech&aacute;ndole contra s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Otra barbaridad. Hoy estamos de vena.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no es m&iacute;o?, &iquest;no le he dado yo la vida? (con febril impaciencia y
+ardor).</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo!... &iquest;darle vida usted? Hija, no tiene usted pocas pretensiones.
+Tambi&eacute;n quiere ponerse en competencia con el Creador del mundo y de
+todas las cosas... Vamos, lo mejor es que me eche a re&iacute;r... En fin,
+estamos aqu&iacute; como dos tontas, y hay que poner las cosas en su lugar.
+Tiene usted que llamar a su marido y decirle que para quererle como Dios
+manda, es preciso que no mate a nadie, absolutamente a nadie. &iquest;Lo har&aacute;
+usted?</p>
+
+<p>&mdash;Si usted me lo manda, s&iacute;... &iexcl;Ay!, yo cre&iacute; que matar al que nos enga&ntilde;a,
+al que nos vende, no es pecado... vamos, que no era pecado muy gordo, se
+me subi&oacute; la hiel a la cabeza. &iexcl;Le tengo tanta rabia a &eacute;sa...! Digo yo
+que se puede tener rabia a otra persona, desear que la maten, y sin
+embargo no ser una mala.</p>
+
+<p>Incorporose para expresar con m&iacute;mica m&aacute;s persuasiva un argumento que se
+le hab&iacute;a ocurrido y que cre&iacute;a de gran fuerza: &laquo;Vamos a ver, se&ntilde;ora. &iquest;A
+que la dejo callada ahora?, &iquest;a que, sabiendo usted tanto como sabe, no
+me devuelve esta?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;Esta raz&oacute;n. Vamos a ver. La se&ntilde;orita Jacinta es, como quien
+dice, un &aacute;ngel... Todos la llaman as&iacute;... Bueno; pues con todo su m&eacute;rito
+y su <i>santificaci&oacute;n</i>, &iquest;no se alegrarla ella de que me quitaran a m&iacute; de
+en medio?</p>
+
+<p>Se volvi&oacute; a reclinar en las almohadas, satisfecha, esperando la
+respuesta, con la seguridad de que la santa no ten&iacute;a m&aacute;s remedio que
+mentir para no darle la raz&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; est&aacute; usted diciendo?&mdash;replic&oacute; Guillermina indignada&mdash;. &iexcl;Jacinta
+desear que maten a nadie!... &iexcl;O usted es tonta o ha perdido el juicio!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos... Pues bueno, dir&eacute; otra cosa (retir&aacute;ndose a la segunda paralela
+despu&eacute;s de rechazada en la primera). &iquest;No se alegrar&aacute; la se&ntilde;orita de que
+yo me muera?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Alegrarse... de que usted se muera... de que se la lleve Dios...?
+(titubeando). Tampoco... tampoco... Jacinta no desea el mal del pr&oacute;jimo,
+y sabe que debemos amar a nuestros enemigos y hacer bien a los que nos
+aborrecen.</p>
+
+<p>Con un <i>ju ju</i> melanc&oacute;lico expresaba Fortunata su incredulidad.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ay!, &iquest;no lo cree?...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que me desea bien a m&iacute;!</p>
+
+<p><i>Tie</i> gracia.</p>
+
+<p>&mdash;Jacinta no sabe tener rencor... ni se acuerda de usted para nada...</p>
+
+<p>&mdash;Pero de eso a que me mire con buenos ojos...</p>
+
+<p>&mdash;Pues no faltaba m&aacute;s sino que la quisiera a usted como me quiere a
+m&iacute;... Por cierto que ha hecho la ni&ntilde;a merecimientos para ello. Con que
+la perdone debe darse por satisfecha...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y me perdona de verdad?... &iquest;pero es de verdad?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; duda tiene? Usted, como no sabe lo que es fe, ni temor de
+Dios, ni nada, no comprende esto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y podr&iacute;a ser mi amiga?...</p>
+
+<p>&mdash;Hija, tanto como amiga... Eso ya es un poco fuerte (no pudiendo
+contener la risa). Vamos, que no pide usted poco... Ahora quiere que
+despu&eacute;s de lo que ha pasado partan un pi&ntilde;&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Amigas!...&mdash;repiti&oacute; la diabla frunciendo las cejas&mdash;. Por m&aacute;s que
+usted diga, no me puede ver, mayormente ahora que he tenido un hijo y
+ella no... Y lo que es ahora, ya no lo tiene, est&aacute; visto... Que no le d&eacute;
+vueltas.</p>
+
+<p>Como Ballester se acercara a la puerta de la alcoba cuando o&iacute;a re&iacute;r a la
+santa, esta le dijo: &laquo;Entre usted si quiere divertirse, pues esto es una
+comedia. Su amiga de usted est&aacute; por conquistar. &iexcl;Qu&eacute; ideas tiene! Por
+cierto que yo le voy a traer al Padre Nones. Tenemos que darle una
+limpia buena. En fin, me retiro, que con estas tonter&iacute;as se me va la
+ma&ntilde;ana&raquo;.</p>
+
+<p>Se levant&oacute;, y Fortunata le tir&oacute; del vestido para hacerla sentar otra
+vez. &laquo;Una duda me queda, se&ntilde;ora. S&aacute;queme de ella&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos esa duda... otro desprop&oacute;sito. &iexcl;Ay, qu&eacute; cabeza!</p>
+
+<p>&mdash;Si&eacute;ntese usted un momento, que le voy a hacer otra pregunta. D&iacute;game
+(bajando la voz), &iquest;Jacinta falt&oacute; o no falt&oacute; con aquel caballero?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ave Mar&iacute;a Pur&iacute;sima!... &iquest;con qu&eacute; caballero?</p>
+
+<p>&mdash;Con aquel que se muri&oacute; de repente...</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llese, c&aacute;llese o le pego...</p>
+
+<p>&mdash;No, si yo no lo creo ya. Lo cre&iacute;a; pero como fue la indecente de
+Aurora quien me lo dijo, ya dej&eacute; de creerlo... s&oacute;lo que ten&iacute;a un poquito
+de duda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Esa...? (con soberano desprecio). &iexcl;Y se atrev&iacute;a a decir...!</p>
+
+<p>&mdash;Si es lo m&aacute;s mala... Usted no puede figurarse lo mala que es (con la
+mayor buena fe). Aqu&iacute; donde usted me ve, yo, al lado de ella, soy un
+&aacute;ngel.</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo (sonriendo). No nos ocupemos de esas miserias. &iexcl;Jacinta
+faltar! Estas pecadoras empedernidas creen que todas son como ellas...</p>
+
+<p>&mdash;No, si yo no lo creo, se&ntilde;ora, si no lo cre&iacute; (muy apurada). Ella fue la
+que lo dijo y lo cre&iacute;a... &iquest;Sabe una cosa? (Atray&eacute;ndola a s&iacute; y habl&aacute;ndole
+en secreto). Cr&eacute;ame esto que le voy a decir... Uno de los motivos porque
+le pegu&eacute; fue el haber dicho eso, el haberme encajado la bola de que
+Jacinta era como nosotras... Y d&iacute;game, &iquest;no merec&iacute;a el morrazo que le di
+con la llave por afrentar a nuestra amiguita?... &iquest;No lo merec&iacute;a? Claro
+que s&iacute;...</p>
+
+<p>Guillermina estaba confusa; no sab&iacute;a si aprobar o desaprobar...</p>
+
+<p>&laquo;Quedamos en una cosa&mdash;dijo levant&aacute;ndose&mdash;; ma&ntilde;ana vendr&aacute; el Padre Nones
+para usted, y para este ternerito un ama asturiana que, seg&uacute;n dice
+Estupi&ntilde;&aacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ama, no... &iquest;para qu&eacute;? Si puedo... &iquest;No ha visto lo satisfecho que est&aacute;
+el rey de la casa? &iquest;No es verdad, rico, que para nada te hacen falta
+amas? Su mam&aacute;, su mam&aacute; le da al ni&ntilde;o todo lo que quiere.</p>
+
+<p>&mdash;El Sr. de Quevedo sabe m&aacute;s que usted... Aqu&iacute; no se hace m&aacute;s que lo que
+yo mando&mdash;declar&oacute; la santa con aquel adem&aacute;n y tono autoritarios a los
+cuales nadie se pod&iacute;a oponer&mdash;. Si de aqu&iacute; a ma&ntilde;ana Quevedo no var&iacute;a de
+opini&oacute;n, vendr&aacute; la nodriza. Usted se calla y obedece... Yo pago y
+dispongo. Conque a cuidarse, y ya hablaremos. El <i>excelent&iacute;simo</i> se&ntilde;or
+de Ballester queda encargado de la ejecuci&oacute;n del presente decreto.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xii</span>-</h2>
+
+
+<p>Por la tarde lleg&oacute; do&ntilde;a Lupe muy alarmada buscando a Maximiliano,
+a quien supon&iacute;a all&iacute;. No pas&oacute; de la sala, ni quiso ver a Fortunata, de
+quien dijo que la compadec&iacute;a, pero que no pod&iacute;a tener ninguna clase de
+relaciones con ella. En la sala cuchiche&oacute; la <i>ministra</i> con Segismundo
+cont&aacute;ndole lo ocurrido. Pues ah&iacute; era nada: Maximiliano hab&iacute;a comprado un
+rev&oacute;lver... &iquest;pero qui&eacute;n diablos le dio el dinero? Descubriolo la se&ntilde;ora por una
+casualidad... Le dio el olor, al verle entrar con un bulto entre
+papeles. Lo peor del caso fue que no pudo quit&aacute;rselo. Sali&oacute; escapado de
+la casa, y al poco rato los del herrero del bajo vinieron diciendo que
+le hab&iacute;an visto en la Ronda, pegando tiros contra la tapia de la f&aacute;brica
+del Gas, como para ejercitarse... &iexcl;Ay!, <i>la de los Pavos</i> estaba
+aterrada. Toda aquella sabidur&iacute;a l&oacute;gica, que el pobre chico ten&iacute;a en la
+cabeza, se le hab&iacute;a convertido en humo sin duda. Y lo peor era que no
+hab&iacute;a ido a almorzar, ni se sab&iacute;a su paradero... &laquo;Tenemos que dar parte
+a la polic&iacute;a, para evitar que haga cualquier barbaridad. Yo pens&eacute; que
+habr&iacute;a venido aqu&iacute;, y corr&iacute; desolada... &iquest;D&oacute;nde demonios estar&aacute;?
+Ballester, por Dios, aver&iacute;g&uuml;elo usted y s&aacute;queme de este conflicto. Usted
+es la &uacute;nica persona que le domina cuando se pone as&iacute;... Salga a ver si
+le encuentra; yo se lo ruego&raquo;. A esto replic&oacute; el buen farmac&eacute;utico que
+no pod&iacute;a repicar y andar en la procesi&oacute;n. Fuese la de J&aacute;uregui
+desconsolad&iacute;sima, con intento de ver al Sr. de Torquemada, faro luminoso
+que le marcaba el puerto en todas las borrascas de la vida.</p>
+
+<p>Fortunata hab&iacute;a o&iacute;do la voz de do&ntilde;a Lupe, y cuando esta se retir&oacute;, quiso
+que Ballester le explicase qu&eacute; tra&iacute;a por all&iacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Pues nada, que <i>la ministra</i> esa quiere meter las narices, y ver a
+usted, y hablarle y decirle cosas que sin duda la marear&aacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, que no entre... no la puedo ver. Creo que me pondr&eacute; mala si la
+veo. Y de mi marido, &iquest;qu&eacute; dijo?</p>
+
+<p>&mdash;No le nombr&oacute;.&mdash;Pues tampoco a Maxi le quiero ver... No sabe usted lo
+mal que me sienta verle y hablar con &eacute;l... Me trastorna. No les deje
+usted pasar. Que se vayan a los infiernos. &iexcl;Estoy tan tranquila aqu&iacute;
+solita con mi hijo, y los amigos que me protegen...! &iexcl;Que no venga, por
+Dios! &iquest;Usted me promete que no vendr&aacute;n?</p>
+
+<p>Lo ped&iacute;a con terror suplicante. Ballester, deshaci&eacute;ndose en
+demostraciones de caballerosidad protectora y de fraternal hidalgu&iacute;a, le
+dijo que los Rub&iacute;n grandes y chicos, as&iacute; los de carne y hueso como los
+que ten&iacute;an pechos de algod&oacute;n, no entrar&iacute;an en aquella alcoba sino
+pasando sobre su cad&aacute;ver.</p>
+
+<p>Toda aquella tarde estuvo la joven con la idea fija de lo antip&aacute;ticos
+que eran los Rub&iacute;n, y de lo que ella har&iacute;a para no recibirlos si a verla
+iban. El buen Segismundo se esforzaba en tranquilizarla sobre este
+particular, y habiendo observado que el recuerdo de otras personas
+excitaba y encend&iacute;a su &aacute;nimo favorablemente, le habl&oacute; de do&ntilde;a
+Guillermina y de su hermosa vida. &laquo;&iquest;Sabe lo que me dijo al salir? Pues
+que si se le ofrece a usted algo no estando yo aqu&iacute;, avise a D.
+Pl&aacute;cido, al cual se ha encargado que se ponga a las &oacute;rdenes de usted si
+lo necesitara&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Claro&mdash;dijo Fortunata rebosando de orgullo inocente&mdash;; como que
+Pl&aacute;cido es todo <i>de la casa</i>, y desde chiquito no hace m&aacute;s que llevar
+recados de los se&ntilde;ores, y servirles en mil menudencias. Es un buen
+hombre, y yo le quiero mucho... Y a do&ntilde;a B&aacute;rbara, &iquest;la conoce usted? Yo
+tampoco... Pero cuando Jacinta y yo seamos amigas, tambi&eacute;n lo ser&eacute; de
+do&ntilde;a B&aacute;rbara... Francamente, estoy admirada del cari&ntilde;o que le tengo
+ahora a <i>la mona del Cielo</i>, cuando en otro tiempo, s&oacute;lo de pensar en
+ella me pon&iacute;a mala. Verdad que no acababa de aborrecerla, quiere
+decirse, que la aborrec&iacute;a y me gustaba... cosa rara, &iquest;verdad? Ahora
+seremos amigas, crea usted que seremos amigas... &iquest;Lo duda usted?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo he de dudar eso, criatura?</p>
+
+<p>&mdash;Es que usted parece como que se sonr&iacute;e un poquit&iacute;n, cuando me lo oye
+decir.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; usted viendo visiones. Bueno va...</p>
+
+<p>&mdash;Pues, aunque usted se guasee, seremos amigas... y nadie tendr&aacute; que
+decir de m&iacute; ni esto, para que usted lo sepa... Porque voy a portarme...
+&iexcl;Cristo, c&oacute;mo me voy a portar ahora! Mi hijo, mi hijo, y nada m&aacute;s...
+Vaya, &iquest;me sostendr&aacute; usted que no se sonr&iacute;e ahora?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero es de satisfacci&oacute;n, por verla a usted tan regenerada...
+&iexcl;Qui&eacute;n le tose a usted ahora, hall&aacute;ndose en relaciones con personas de
+la corte celestial...!</p>
+
+<p>&mdash;Y nada m&aacute;s... &iquest;Pues qu&eacute; se cre&iacute;a usted?</p>
+
+<p>Se sofocaba tanto, que el farmac&eacute;utico crey&oacute; prudente llevar la
+conversaci&oacute;n a un terreno insignificante; pero Fortunata se las compon&iacute;a
+para volver a lo mismo, a que ella y la <i>Delfina</i> iban a ser u&ntilde;a y
+carne, y a que su conducta en lo sucesivo hab&iacute;a de ser como de quien
+est&aacute; en escuela de serafines. &laquo;Aqu&iacute; donde usted me ve, amigo Ballester,
+yo tambi&eacute;n puedo ser &aacute;ngel, poni&eacute;ndome a ello. Todo est&aacute; en ponerse... Y
+es cosa muy sencilla. Al menos a m&iacute; me parece que no me ha de costar
+ning&uacute;n trabajo. Lo siento yo aqu&iacute; <i>entre m&iacute;</i>&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Depende tambi&eacute;n de las personas con quien uno se junta&mdash;le dijo su
+amigo muy serio&mdash;. Hablemos ahora de otra cosa. De ciertos atrevimientos
+que yo ten&iacute;a y tengo respecto a usted, no quiero decirle nada, porque se
+nos va a hacer santa... Aunque todo pod&iacute;a conciliarse, me parece a m&iacute;,
+ser santa y querer a este hijo de Dios... Pero en fin, vuelvo la hoja.
+&iquest;Sabe usted que si me descuido pierdo mi colocaci&oacute;n en la botica de
+Samaniego? Si do&ntilde;a Casta sabe que estas ausencias m&iacute;as son para venir a
+visitar a la que le tom&oacute; las medidas a su ni&ntilde;a, al instante me limpia el
+comedero. Por eso no puedo tirar mucho de la cuerda, y esta noche no
+vendr&eacute;. Tengo que quedarme de guardia. Yo romper&iacute;a con todo, si no fuera
+porque me ser&aacute; dif&iacute;cil encontrar colocaci&oacute;n inmediatamente, y crea usted
+que un periodo de vacaciones me balda... Por m&iacute; no me importar&iacute;a; pero a
+mi madre y a mi hermana no quiero hacerlas ayunar. El pobre <i>pensador</i>,
+mi ilustre cu&ntilde;ado, est&aacute; mal de intereses, y si yo no tiro del carro, los
+ayes y lamentos pidiendo pan se han de o&iacute;r en Algeciras.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no sea usted tonto&mdash;dijo Fortunata con aquel arranque de
+generosidad, que en ella era tan com&uacute;n&mdash;. Yo tengo <i>guita</i>. Si quiere
+mandar a paseo a <i>las Samaniegas</i>, m&aacute;ndelas. Que se fastidien, que se
+arruinen, que coman piedras... Yo le doy a usted lo que necesite para su
+madre y para el <i>pensador</i>, hasta que encuentre otra botica. Tenga
+confianza conmigo... O <i>semos</i> o no <i>semos</i>.</p>
+
+<p>Ballester era tan delicado, que de s&oacute;lo o&iacute;r tal proposici&oacute;n, le salieron
+los colores a la cara, y se excus&oacute; con expresiones de gratitud. Poco
+despu&eacute;s de anochecer se retir&oacute; dando las &oacute;rdenes m&aacute;s rigurosas a los
+hermanos Izquierdo con respecto a visitas. Si alg&uacute;n Rub&iacute;n, fuese quien
+fuese, se presentaba, no abrir. Dej&oacute; sobre la mesa de la sala un arsenal
+de medicamentos, y a Fortunata le recomend&oacute; la quietud, y que <i>diese con
+la puerta del cerebro en los hocicos</i> a toda idea triste que se
+presentara.</p>
+
+<p>Izquierdo se plant&oacute; de centinela en la sala, acompa&ntilde;ado de una grande de
+cerveza, y por si la grande no era bastante para pasar la noche, llev&oacute;
+tambi&eacute;n una chica de a&ntilde;adidura. Segunda regres&oacute; a las diez, despu&eacute;s de
+la horita de tertulia que sol&iacute;a pasar en el puesto de carne, y viendo a
+su sobrina muy despabilada, le dio un poco de palique: &laquo;&iquest;Sabes a qui&eacute;n
+he visto?, a la t&iacute;a esa, <i>la de los Pavos</i>. Fue a buscarme al caj&oacute;n, muy
+ofendida porque el se&ntilde;or Ballester no la dej&oacute; entrar a verte. Anda a
+caza del sobrino que se les escap&oacute; esta ma&ntilde;ana, y todav&iacute;a no ha
+aparecido. &iquest;Sabes lo que me dijo? Te lo cuento para que te r&iacute;as. Dice
+que <i>las Samaniegas</i> est&aacute;n trinando contigo, y que la viejona aquella,
+do&ntilde;a Casta, no parar&aacute; hasta no verte en el <i>modelo</i>. &iexcl;Qu&eacute; comedia!
+R&iacute;ete, que eso es envidia. Pues ver&aacute;s, La t&iacute;a esa indecente, <i>la
+Fenelona</i>, francesota, m&aacute;s mala que el no comer, dice que este hijo que
+tienes no es hijo de quien es, sino de D. Segismundo. T&uacute; r&iacute;ete, tonta,
+que eso no es m&aacute;s que envidia&raquo;.</p>
+
+<p>La pr&oacute;jima no chist&oacute;; pero bien se conoc&iacute;a que aquellas palabras hab&iacute;an
+hecho en su esp&iacute;ritu un efecto desastroso. Cuando se qued&oacute; sola, no le
+fue posible contener los impulsos de levantarse. La rabia surgi&oacute;
+terrible en su alma, y sin reparar en lo que hac&iacute;a, incorporose en el
+lecho, alargando las manos a la percha para coger su ropa... &laquo;Ahora
+mismo, ahora mismo voy, y con esta zapatilla le aporreo la cara hasta
+chafarle la nariz... trasto, indecente. &iexcl;Decir eso...!, &iexcl;una mentira tan
+grande! &iquest;Pero qu&eacute; hora es? &iexcl;Si est&aacute;n dando las doce! Sea la hora que
+quiera, saldr&eacute;, no me puedo contener... Voy, entro en la casa, la saco a
+rastras de la cama, me paseo por encima de su alma... &iexcl;Decir eso, decir
+eso...!, sin creerlo, porque ella no lo cree. &iexcl;Lo dice por deshonrarme!
+Antes calumni&oacute; a Jacinta, y ahora me calumnia a m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Se sent&oacute; en la cama, entreviendo, a pesar de lo ofuscado que su esp&iacute;ritu
+estaba, las dificultades de la empresa. &laquo;Si lo dejo para ma&ntilde;ana, ya no
+ir&eacute;, porque me lo quitar&aacute;n de la cabeza... Y yo le he de refregar la
+jeta con la suela de mis botas. Si no lo hago, Dios m&iacute;o, me va a ser
+imposible ser &aacute;ngel, y no podr&eacute; tener santidad. Como no haga esto,
+tendr&eacute; que volver a ser mala; lo conozco en m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y tan pronto se pon&iacute;a una pieza de ropa como se la quitaba, con
+vacilaci&oacute;n horrible, fluctuando entre los &iacute;mpetus formidables de su
+deseo y el sentimiento de la imposibilidad. Por fin se visti&oacute;, y
+saliendo a la sala, vio a su t&iacute;o dormido, de bruces sobre la mesa, junto
+a la luz, la botella grande a su lado, medio vac&iacute;a. &laquo;Podr&iacute;a salir sin
+que me sintiera nadie... &iquest;Y si despertara a mi t&iacute;o y le dijera que
+viniese conmigo...?&raquo;. La idea de asociar a <i>Plat&oacute;n</i> a su temeraria
+empresa, h&iacute;zole ver la realidad, y lo disparatado de aquella idea.
+&laquo;Pues lo que es ma&ntilde;ana temprano&mdash;se dijo volviendo a la alcoba&mdash;, ma&ntilde;ana
+tempranito, antes de que salga para el obrador, voy y la acogoto...&raquo;.</p>
+
+<p>Al mirar a su hijo, la llama de su ira se aviv&oacute; m&aacute;s. &laquo;&iexcl;Decir que no es
+hijo de su padre...! &iexcl;Qu&eacute; infamia! La despedazar&iacute;a sin compasi&oacute;n
+ninguna. &iexcl;Inocente!, &iexcl;tan chiquito y ya le quieren deshonrar! Pero no le
+deshonrar&aacute;n, no, porque aqu&iacute; est&aacute; su madre para defenderle; y al que me
+diga que este no es el <i>hijo de la casa</i>, le saco los ojos. <i>&Eacute;l</i> no
+puede haberlo dicho... A m&iacute; me la solt&oacute;, pero fue as&iacute; como en broma.
+<i>&Eacute;l</i> no puede haberlo dicho, y si yo supiera que lo hab&iacute;a dicho, juro
+por esta cruz (haci&eacute;ndola con los dedos y bes&aacute;ndola), por esta cruz en
+que te mataron, Cristo m&iacute;o, juro que le he de aborrecer... pero
+aborrecerle de cuajo, no de mentirijillas... &iexcl;Ay, Dios m&iacute;o! (ech&aacute;ndose
+en la cama, acongojad&iacute;sima); si le dicen esta mentira tan gorda a
+Guillermina y a Jacinta, &iquest;la creer&aacute;n?... Puede que s&iacute;... Todo lo malo se
+cree, y lo malo que de m&iacute; se diga, se cree m&aacute;s... Pero no, puede que no
+lo crean... Es muy atroz el embuste. Esto no lo puede creer nadie, no
+puede ser, no puede ser, y primero creer&aacute;n que el mundo se vuelve del
+rev&eacute;s, y que el d&iacute;a se hace noche, y el sol luna, y el agua fuego. Y si
+alguien lo creyera, &eacute;l lo desmentir&iacute;a; estoy segura de que lo
+desmentir&iacute;a. Yo no he faltado, yo no he faltado (alzando la voz), y
+quien diga que yo he faltado, miente, y merece que se le arranque la
+lengua con unas tenazas de hierro echando fuego. Quieren que yo me
+pierda; pero por m&aacute;s que hagan esos perros, no me quitar&aacute;n, Dios m&iacute;o,
+que yo sea tan &aacute;ngel como otra cualquiera. Que rabien, que rabien,
+porque lo ser&eacute;, lo ser&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Estaba inquiet&iacute;sima, dando vueltas en la cama. El hijito pidi&oacute; y tom&oacute; el
+pecho; pero no deb&iacute;a de encontrar muy abundante el repuesto, cuando a
+cada instante apartaba su boca, chillando desesperadamente. A sus gritos
+de necesidad y desconsuelo, un&iacute;anse los de su madre, que dec&iacute;a: &laquo;Hijo de
+mi alma... qu&eacute;, &iquest;no hay?... Esa, esa bruja ratera tiene la culpa; ella
+te lo ha quitado. Ya ver&aacute;s c&oacute;mo la arregla tu mam&aacute;... Pobret&iacute;n, tan
+chiquitito y ya le quieren deshonrar... Y mi ni&ntilde;o es el rey de Espa&ntilde;a, y
+nada tiene que ver con Ballester, que es su amiguito y nada m&aacute;s... Y mi
+ni&ntilde;o es de quien es, y no hay otro en <i>la casa</i>, ni le habr&aacute;,
+&iquest;verdad?... &iquest;verdad, gloria, cielo, alegr&iacute;a del mundo?&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xiii</span>-</h2>
+
+
+<p>Todo esto era muy bonito y muy tierno; pero la leche no parec&iacute;a,
+por lo cual Juan Evaristo no se daba por satisfecho con aquellas
+expresiones de tan poco valor en la pr&aacute;ctica. Los alaridos que la madre
+y el hijo daban, cada uno en su registro, no despertaron a Jos&eacute;
+Izquierdo, pues este era hombre que en cogiendo la mona, no le
+enderezaba un ca&ntilde;&oacute;n; pero s&iacute; sacaron de su letargo a Segunda, que fue a
+ver lo que ocurr&iacute;a, y hallando a su sobrina medio vestida, se puso hecha
+una furia y por poco le pega. &laquo;Mira que te estrello, si das en hacer
+funciones de comedia&mdash;le dijo con aquellas formas exquisitas que
+usaba&mdash;. &iquest;Pero no ves, burra, no ves que se te ha retirado la leche, y
+el pobrecito no tiene qu&eacute; mamar?&raquo;.</p>
+
+<p>Por fortuna, entre las cosas que dej&oacute; Ballester en previsi&oacute;n de todos
+los contratiempos posibles, hab&iacute;a un biber&oacute;n muy majo. Segunda, con
+determinaci&oacute;n r&aacute;pida, lo llen&oacute; de leche (de la cual ten&iacute;a por casualidad
+un par de copas) y prob&oacute; a d&aacute;rselo al chico. Este al principio extra&ntilde;aba
+la dureza y frialdad de aquel pez&oacute;n que en su boquita le met&iacute;an. Hizo
+algunos ascos, pero al fin pudo m&aacute;s el hambre que los remilgos, y apenc&oacute;
+con la teta artificial. &laquo;Mira, mira, qu&eacute; pronto se hace a todo el
+angelito. &iexcl;Si es lo m&aacute;s noble...! Rico... &iexcl;qu&eacute; carpanta est&aacute;bamos
+pasando!&raquo;. La madre le miraba con desconsuelo, aunque contenta de que se
+hubiera encontrado forma y manera de vencer la dificultad. &laquo;&iquest;Sabes una
+cosa?&mdash;le dijo su t&iacute;a, poni&eacute;ndole las manos en la cara&mdash;. Tienes
+calentura... Eso es por ponerte a pensar lo que no debes. &iexcl;Si hicieras
+caso de m&iacute;, ahora que vas a ser la reina del mundo...! Porque lo que es
+tu tanto mensual te lo tienen que dar. De eso hablamos <i>la de los Pavos</i>
+y yo... &iexcl;Vaya, pues no vas t&uacute; a ser ahora poco se&ntilde;ora...! Chica, chica,
+no te hagas de miel; levanta tu cabeza. &iexcl;Aire!... &iquest;Pues no ves que las
+se&ntilde;oronas esas te hacen la rueda? Como que ser&aacute; una potentada, y yo que
+t&uacute;, no paraba hasta que la Jacinta viniera a besarme la zapatilla. Pues
+qu&eacute;... &iquest;crees que &eacute;l no ha de venir tambi&eacute;n? Ya le llamar&aacute; la sangre, y
+en cuantito que vea a este retrato suyo, se le caer&aacute; la baba... y...
+chica, cr&eacute;emelo, hasta coche vamos a tener... &iexcl;qu&eacute; comedia! &iexcl;Cuando digo
+que estaremos en grande! Vendr&aacute;, vendr&aacute; &eacute;l, y te aseguro que si tarda
+cuatro d&iacute;as es mucho tardar. &iquest;No ves que esa familia no tiene un nene
+que la alegre?... &iexcl;si se est&aacute;n todos muriendo de ganas de chiquillo...!
+T&uacute;, trab&aacute;jalo bien, que nos ha venido Dios a ver con este hijo de
+nuestras entra&ntilde;as... Yo estoy muy orgullosa, porque &eacute;l Santa Cruz es
+como hay Dios; pero su poco de Izquierdo no se lo quita nadie: las dos
+familias est&aacute;n de enhorabuena... Ya he empezado yo a sacudirme las
+pulgas, y esta tarde le ech&eacute; su puntadita a Pl&aacute;cido para que nos diera
+la casa gratis... &iquest;Qu&eacute; te crees?... Si est&aacute;n los Santa Cruz con tu hijo
+como chiquillos con zapatos nuevos... Te dir&eacute; una cosa que no sabes.
+Ayer estuvo la Jacinta en casa de D. Pl&aacute;cido... Quer&iacute;a subir a verle;
+pero esa otra, la santona, le dijo que otro d&iacute;a, por si t&uacute; te
+remontabas... Conque vete enterando... &iexcl;Ah! &iexcl;Qui&eacute;n me lo hab&iacute;a de
+decir!... Todav&iacute;a me he de ver yo cogida al brazo de don Baldomero,
+dando vueltas en la Castellana... &iexcl;y poco charol que me voy a dar...! Si
+es una comedia... T&uacute; date tono, no seas boba... que si sabemos
+aprovecharnos, de esta hecha vamos para marquesas&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata, desde que su t&iacute;a empez&oacute; a hablar, lloraba a l&aacute;grima suelta;
+pero al o&iacute;r lo de que iban a ser marquesas, una r&aacute;faga de jovialidad
+pas&oacute; por encima de la onda de tristeza, y la joven se ech&oacute; a re&iacute;r con la
+cara anegada en llanto.</p>
+
+<p>&laquo;No, no te r&iacute;as; tanto como marquesas no; ni para qu&eacute; queremos nosotras
+ser <i>t&iacute;tulas</i>; pero lo que es nuestro coche no nos lo quita nadie... Yo
+te aseguro que si hoy viene la Jacinta, tiene que subir... Ver&aacute;s qu&eacute;
+prontito viene el otro... Claro, cuando no est&eacute; aqu&iacute; su mujer... Me
+<i>paice</i> a m&iacute; que su mujer, de esta hecha se tendr&aacute; que ir a plantar
+cebollino. T&uacute;, t&uacute; eres la que va a subir al trono ahora, o no hay
+equidad en la tierra... Y no digan que eres casada y que tu hijo se
+tiene que llamar Rub&iacute;n... &iexcl;Qu&eacute; comedia! T&uacute; eres mayormente viuda y
+libre, porque a tu marido cu&eacute;ntale como que est&aacute; en gloria... Y bien
+saben todos que a la vuelta lo venden tinto, y el chico en la cara trae
+la casta, y lo que es la pensi&oacute;n ver&aacute;s c&oacute;mo te la dan&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata no se ri&oacute; m&aacute;s, ni Segunda dijo nada que excitase su hilaridad.
+Hasta la madrugada estuvo la t&iacute;a acompa&ntilde;&aacute;ndola, y vi&eacute;ndola relativamente
+sosegada, se fue a descabezar un sue&ntilde;o antes de bajar al mercado. A poco
+de quedarse sola, la joven sinti&oacute; dentro de s&iacute; una cosa extra&ntilde;a. Se le
+nublaron los ojos, y se le desprend&iacute;a algo en su interior, como cuando
+vino al mundo Juan Evaristo; s&oacute;lo que era sin dolor ninguno. No pudo
+apreciar bien aquel fen&oacute;meno, porque se qued&oacute; desvanecida. Al volver en
+s&iacute; advirti&oacute; que era ya d&iacute;a claro, y oy&oacute; el piar de los pajarillos que
+ten&iacute;an su cuartel general en los &aacute;rboles de la Plaza Mayor y en las
+crines de bronce del caballo de Felipe III. Fue a coger a su hijo en
+brazos, y apenas pod&iacute;a con &eacute;l. Le faltaban las fuerzas; &iexcl;pero de qu&eacute;
+manera!, y hasta la vista parec&iacute;a amengu&aacute;rsele y pervert&iacute;rsele, porque
+ve&iacute;a los objetos desfigurados y se equivocaba a cada momento, creyendo
+ver lo que no exist&iacute;a. Se asust&oacute; mucho y llam&oacute;; pero nadie vino en su
+auxilio. Despu&eacute;s de llamar como unas tres veces, fue a llamar la cuarta,
+y... aquello s&iacute; era grave; no ten&iacute;a voz, no le sonaba la voz, se le
+quedaba la intenci&oacute;n de la palabra en la garganta sin poderla
+pronunciar. Dio algunos toques con los nudillos en el tabique; pero al
+fin su mano se qued&oacute; como si fuera de algod&oacute;n; daba golpes con ella, y
+los golpes no sonaban. Tambi&eacute;n pod&iacute;a ser que sonaran y ella no los
+oyera. Pero &iquest;c&oacute;mo no los o&iacute;a Segunda, que estaba al otro lado del
+tabique? Luego, el brazo se puso tambi&eacute;n como carne muerta,
+resisti&eacute;ndose a moverse. &laquo;&iquest;Ser&aacute; que me estoy muriendo?&raquo; pens&oacute; la joven,
+echando miradas a su interior. Pero poco pudo ver all&iacute;, por estar el
+interior a oscuras o fant&aacute;sticamente iluminado. Todas sus ideas
+sufrieron trastornos m&aacute;s o menos febriles, las im&aacute;genes se disfrazaron,
+cual si fuesen a las m&aacute;scaras, tomando cara y apariencia de lo que no
+eran, y la &uacute;nica sensaci&oacute;n dominante con alguna claridad en aquel
+desorden fue la de estar inm&oacute;vil y r&iacute;gida, con los movimientos
+involuntarios suspendidos y los voluntarios desobedientes al deseo. A su
+parecer no respiraba; el o&iacute;do y la vista daban de rato en rato alguna
+impresi&oacute;n fugaz de la vida exterior; pero estas impresiones eran como
+algo que pasaba, siempre de izquierda a derecha. Crey&oacute; ver a Segunda y
+o&iacute;rla hablar con Encarnaci&oacute;n; pero hablaban a la carrera, como seres
+endemoniados, pasando y perdi&eacute;ndose en un t&eacute;rmino vago que ca&iacute;a hacia la
+mano derecha. El piar de p&aacute;jaros tambi&eacute;n se precipitaba en aquel sombr&iacute;o
+conf&iacute;n, y los chillidos con que Juan Evaristo ped&iacute;a su biber&oacute;n.</p>
+
+<p>Pasado cierto tiempo, indeterminado para ella, recobr&oacute; sus sentidos y
+pudo moverse, apreciando f&aacute;cilmente la realidad. &laquo;&iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;?
+&mdash;pregunt&oacute; a Encarnaci&oacute;n, &uacute;nica persona que estaba a su lado&mdash;. &iexcl;Ah!, ya
+te conozco... &iexcl;Qu&eacute; tonta soy! &iquest;No est&aacute; mi t&iacute;a?&raquo;. D&iacute;jole la chiquilla que
+la se&ntilde;&aacute; Segunda hab&iacute;a bajado al mercado, y que subi&oacute; con la leche para
+el ni&ntilde;o, y despu&eacute;s se volvi&oacute; a marchar. Sac&oacute; Fortunata de aquel
+desvanecimiento una convicci&oacute;n que se afianzaba en su alma como las
+ideas primarias, la convicci&oacute;n de que se iba a morir aquella ma&ntilde;ana.
+Sent&iacute;a la herida all&aacute; dentro, sin saber d&oacute;nde, herida o descomposici&oacute;n
+irremediables, que la conciencia fisiol&oacute;gica revelaba con diagn&oacute;stico
+infalible, semejante a inspiraci&oacute;n o numen prof&eacute;tico. La cabeza se le
+hab&iacute;a serenado; la respiraci&oacute;n era f&aacute;cil aunque corta; la debilidad
+crec&iacute;a atrozmente en las extremidades. Pero mientras la personalidad
+f&iacute;sica se extingu&iacute;a, la moral, concentr&aacute;ndose en una sola idea, se
+determinaba con desusado vigor y fortaleza. En aquella idea vaciaba,
+como en un molde, todo lo bueno que ella pod&iacute;a pensar y sentir; en
+aquella idea estampaba con sencilla f&oacute;rmula el perfil m&aacute;s hermoso y
+quiz&aacute;s menos humano de su car&aacute;cter, para dejar tras s&iacute; una impresi&oacute;n
+clara y en&eacute;rgica de &eacute;l. &laquo;Si me descuido&mdash;pens&oacute; con gran ansiedad&mdash;, me
+coger&aacute; la muerte, y no podr&eacute; hacer esto... &iexcl;qu&eacute; gran idea!...
+Ocurr&iacute;rseme tal cosa es se&ntilde;al de que voy a ir derecha al Cielo...
+Pronto, pronto, que la vida se me va...&raquo;. Llamando a Encarnaci&oacute;n, le
+dijo: &laquo;Chiquilla, vete corriendito al cuarto de abajo, y le dices a D.
+Pl&aacute;cido que le necesito... &iquest;entiendes?, que le necesito, que suba...
+Anda, no te detengas. Ya debe de estar ah&iacute;, de vuelta de la iglesia,
+tom&aacute;ndose su chocolate... Anda prontito, hija, y te lo agradecer&eacute;
+mucho&raquo;.</p>
+
+<p>En el tiempo que estuvo fuera Encarnaci&oacute;n, la diabla no hizo m&aacute;s que dar
+a su hijo muchos besos, dici&eacute;ndole mil ternezas. El chico estaba
+despierto, y callado la miraba, y aunque nada dec&iacute;a, a ella se le figur&oacute;
+que hablaba... &laquo;Estar&aacute;s tan ricamente... hijo m&iacute;o. No te querr&aacute;n tanto
+como yo, pero s&iacute; un poquito menos... Me estoy muriendo... qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;
+tengo... La medicina esa... yo la tomar&iacute;a... &iquest;d&oacute;nde est&aacute;?...
+&iexcl;Encarnaci&oacute;n!... Pero si ha ido abajo... Parece que me voy en sangre...
+Hijo m&iacute;o, Dios me quiere separar de ti; y ello ser&aacute; por tu bien... Me
+muero; la vida se me corre fuera, como el r&iacute;o que va a la mar. Viva
+estoy todav&iacute;a por causa de esta bendita idea que tengo... &iexcl;Ah!, qu&eacute; idea
+tan repreciosa... Con ella no necesito Sacramentos; claro, como que me
+lo han dicho de arriba. Siento yo aqu&iacute; en mi coraz&oacute;n la voz del &aacute;ngel
+que me lo dice. Tuve esta idea cuando estaba aqu&iacute; sin habla, y al
+despertar me agarr&eacute; a ella... Es la llave de la puerta del Cielo... Hijo
+m&iacute;o, estate calladito, y no chistes, que si tu mam&aacute; se va es porque
+Dios se lo manda... &iexcl;Ah!, don Pl&aacute;cido, &iquest;est&aacute; usted ah&iacute;?...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora&mdash;dijo el hablador entrando en la alcoba con los ademanes
+m&aacute;s oficiosos del mundo&mdash;. &iquest;Qu&eacute; se le ofrece a usted? La se&ntilde;ora me ha
+encargado...</p>
+
+<p>&mdash;Amigo, h&aacute;game el favor de traer pluma y papel... Espere; deme la
+medicina, esos polvos amarillos... &iquest;cu&aacute;les?, no s&eacute;... Pero deje, deje,
+que me tiene que escribir una carta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una carta!... Pero antes... (revolviendo en la mesa de noche). &iquest;Qu&eacute;
+medicamento quiere?</p>
+
+<p>&mdash;Ninguno, &iquest;ya para qu&eacute;?... &Aacute;ndese pronto, que me voy... que me muero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que se muere! Vamos... no bromee usted.</p>
+
+<p>&mdash;Don Pl&aacute;cido, si no me sirve para esto, llamar&eacute; a otra persona. Si
+pudiera esperar a Ballester; pero no, no me da tiempo...</p>
+
+<p>&mdash;No, hija, no hay que apurarse. Voy por el tintero&mdash;y no tard&oacute; cinco
+minutos en volver, y al entrar de nuevo en la alcoba, vio que Fortunata
+se hab&iacute;a incorporado en su cama con el chiquillo en brazos, y que
+despu&eacute;s, entre ella y Encarnaci&oacute;n, le pon&iacute;an bien abrigadito en su cuna
+de mimbres, la cual ven&iacute;a a ser como un canasto. Le pusieron entre las
+manos su biber&oacute;n para que no alborotase, y cubri&eacute;ronle con un pa&ntilde;uelo
+fin&iacute;simo de seda. Estupi&ntilde;&aacute; no entend&iacute;a una palabra, ni ve&iacute;a la relaci&oacute;n
+que la pluma y papel pudieran tener con lo que ve&iacute;a. &laquo;Don Pl&aacute;cido&mdash;dijo
+Fortunata con mucha animaci&oacute;n&mdash;; h&aacute;game el favor de escribir... Aqu&iacute; no
+hay mesa. Chiquilla, tr&aacute;ele el tablero de las damas. D&eacute;jate de
+medicinas... &iquest;Para qu&eacute; ya?... Vaya, D. Pl&aacute;cido, prep&aacute;rese; ver&aacute; qu&eacute;
+golpe... Se me ocurri&oacute; una idea, hace poco, cuando estaba sin habla, al
+punto que me entraba tambi&eacute;n la idea de mi muerte... Ponga ah&iacute; lo que yo
+le diga: &laquo;Se&ntilde;ora do&ntilde;a Jacinta. Yo...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo...&mdash;repiti&oacute; Pl&aacute;cido.</p>
+
+<p>&mdash;No; hay que empezar de otra manera... No se me ocurre. &iexcl;Qu&eacute; torpe soy!
+&iexcl;Ah!, s&iacute;, ponga usted. &laquo;Como el Se&ntilde;or se ha servido llevarme con &Eacute;l, y
+ahora se me alcanza lo mala que he sido...&raquo;. &iquest;Qu&eacute; tal?, &iquest;va bien as&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Lo mala que he sido...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;En fin, siga usted poniendo lo que le digo... &laquo;No quiero morirme sin
+hacerle a usted una fineza, y le mando a usted, por mano del amigo D.
+Pl&aacute;cido, ese <i>mono del Cielo</i> que su esposo de usted me dio a m&iacute;,
+equivocadamente...&raquo;. No, no, borre el <i>equivocadamente</i>; ponga: &laquo;que me
+lo dio a m&iacute; rob&aacute;ndoselo a usted...&raquo;. No, D. Pl&aacute;cido, as&iacute; no, eso est&aacute;
+muy mal... porque yo lo tuve... yo, y a ella no se le ha quitado nada.
+Lo que hay es que yo se lo quiero dar, porque s&eacute; que ha de quererle, y
+porque es mi amiga... Escriba usted. &laquo;Para que se consuele de los tragos
+amargos que le hace pasar su maridillo, ah&iacute; le mando al verdadero
+<i>Pituso</i>. Este no es falso, es leg&iacute;timo y <i>natural</i>, como usted ver&aacute; en
+su cara. Le suplico...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Le suplico...&raquo;.&mdash;Usted p&oacute;ngalo todo muy clarito, D. Pl&aacute;cido; yo le
+doy la idea. Pues &laquo;le suplico que le mire como hijo y que le tenga por
+<i>natural</i> suyo y del padre... Y mande a su segura servidora y amiga, que
+besa su mano...&raquo;. &iquest;Qu&eacute; tal? &iquest;Est&aacute; con finura?... Ahora, veremos si puedo
+echar mi nombre... Me tiembla mucho el pulso... Tr&aacute;igame la pluma...</p>
+
+<p>Puso un garabato, y luego mand&oacute; a Estupi&ntilde;&aacute; abriese la c&oacute;moda y sacara la
+inscripci&oacute;n de las acciones del Banco. Despu&eacute;s de revolver mucho, fue
+encontrado el documento. &laquo;Eso&mdash;dijo Fortunata&mdash;, se lo da usted a mi
+amiga do&ntilde;a Guillermina&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no vale sin transferencia&mdash;replic&oacute; el hablador examinando el
+papel.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sin qu&eacute;?&mdash;Sin transferencia en toda regla.&mdash;Pamplinas. Es m&iacute;o, y yo
+lo puedo dar a quien quiera. Coja usted la pluma, y ponga que es mi
+voluntad que esas acciones sean para do&ntilde;a Guillermina Pacheco. Le echar&eacute;
+muchas firmas debajo, y ver&aacute; si vale.</p>
+
+<p>Aunque Estupi&ntilde;&aacute; no cre&iacute;a v&aacute;lida aquella manera de testar, hizo lo que se
+le mandaba.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora, amigo&mdash;dijo ella, perdiendo gradualmente el uso de la
+palabra&mdash;, coja usted a mi hijo y ll&eacute;veselo... &iexcl;ay!, d&eacute;jemelo besar otra
+vez... Aguarde a que me muera... No; ll&eacute;veselo antes de que venga mi
+t&iacute;a, o mi marido, o do&ntilde;a Lupe... gente mala. Pueden venir, y ya ve
+usted... qu&eacute; compromiso. No me dejar&aacute;n hacer mi gusto, me enfadar&eacute;, y no
+me morir&eacute; tan santamente... como quiero morirme.</p>
+
+<p>No dijo m&aacute;s. Pl&aacute;cido, acerc&aacute;ndose a contemplarla, se asust&oacute;
+extraordinariamente. Crey&oacute; que estaba muerta o que le faltaba poco para
+morirse; mand&oacute; a Encarnaci&oacute;n en busca de Segunda y de Jos&eacute; Izquierdo, y
+cogiendo la cesta en que Juan Evaristo dorm&iacute;a, la puso en la sala. &laquo;No
+me determino a llev&aacute;rmelo&mdash;pens&oacute; el buen viejo&mdash;. Pero al mismo tiempo,
+si esos brutos se empe&ntilde;an en impedirme que me lo lleve... &iexcl;Ah!, no; yo
+cargo con &eacute;l, y que tiren por donde quieran&raquo;. Cogi&oacute; la cesta, y
+baj&aacute;ndola a su casa con toda la rapidez que le permit&iacute;an sus piernas no
+muy fuertes, azorado como ladr&oacute;n o contrabandista, volvi&oacute; a subir y se
+aproxim&oacute; a la enferma, mir&aacute;ndola tan de cerca, que casi se tocaban cara
+con cara. &laquo;Fortunata... <i>Pitusa</i>&raquo; murmur&oacute; echando <i>talmente</i> la voz en
+el o&iacute;do de la joven. A la tercera o cuarta llamada, Fortunata movi&oacute;
+ligeramente los p&aacute;rpados, y desplegando los labios, apenas dijo:
+&laquo;<i>Nene</i>...&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xiv</span>-</h2>
+
+
+<p>&laquo;&iexcl;Caracoles!, esta mujer se va... &iexcl;Y yo solo aqu&iacute; con ella!, y el
+cr&iacute;o all&aacute; abajo. &iexcl;Van a decir que le he robado! Anda, los ladrones ser&aacute;n
+ellos. Que digan lo que quieran. &iquest;A m&iacute;, qu&eacute;? Les presento el papelito
+firmado por ella, y en paz. &iexcl;Pobre mujer! (contempl&aacute;ndola horrorizado).
+&iexcl;Virgen del Carmen, si se va en sangre!... Pero esta gentuza, &iquest;c&oacute;mo es
+que la abandona as&iacute;? &iquest;No vieron el peligro? Y ese m&eacute;dico, &iquest;en qu&eacute; est&aacute;
+pensando?... &iexcl;Qu&eacute; compromiso! &iquest;Y qu&eacute; le dir&iacute;a yo?... Aqu&iacute; hay medicinas;
+se las dar&eacute;. Pero &iquest;y si me equivoco? Cuidado con las drogas, Pl&aacute;cido, y
+no hagas una barbaridad. Esperaremos. Pero qu&eacute;... si cuando vengan ya
+estar&aacute; ella en el otro barrio. Dios la perdone y le d&eacute; lo que m&aacute;s le
+convenga... Es preciso tratar de animarla... (habl&aacute;ndole al o&iacute;do).
+Fortunata, Fortunatita, abra usted los ojos, y no se nos muera as&iacute; tan
+tontamente... Le traer&eacute; el Vi&aacute;tico, si quiera la Santa Unci&oacute;n... &iexcl;Eh!,
+hija, chica... Quia, no se entera... Esto est&aacute; perdido. Hija m&iacute;a, piense
+usted en Dios y en la Sant&iacute;sima Virgen; inv&oacute;queles en esta hora tremenda
+y la amparar&aacute;n... Nada, como si le hablaran en griego; no oye, o es que
+est&aacute; tan aferrada a la maldad que no quiere que se le hable de religi&oacute;n.
+Voy a tocar otro registro (con malicia).</p>
+
+<p>Fortunata, buena moza, mire usted qui&eacute;n est&aacute; aqu&iacute;... despierte y ver&aacute;...
+&iquest;No le conoce? Es aquel sujeto, el Sr. D. Juanito que viene a ver a
+su... dama... M&iacute;rele, m&iacute;rele tan afligido de verla a usted malita.
+(Hablando para s&iacute;). &iexcl;C&oacute;mo se sonr&iacute;e la picarona! &iexcl;Ah!, est&aacute; da&ntilde;ada hasta
+el tu&eacute;tano. Abre los ojos y le busca con las miradas. Es como los
+borrachos, que aunque est&eacute;n expirando, si les nombran vino, parece que
+resucitan... &iexcl;Como no se salve esta! Al infierno se va de cabeza... Vean
+qu&eacute; manera de arrepentirse. Le nombro a Nuestro Divino Redentor y a
+Mar&iacute;a Sant&iacute;sima del Carmen, y como si tal cosa... Sorda como una tapia.
+Pero le nombro al se&ntilde;orete, y ya la tiene usted tan avispada, queriendo
+vivir, y sin duda con intenciones de pecar. &iexcl;Ah!, cualquier d&iacute;a se salva
+esta... Me parece que sube ya la t&iacute;a. Oigo sus resoplidos como los de
+una loba marina... S&iacute;, aqu&iacute; vienen (saliendo al pasillo y hablando con
+Segunda, que sub&iacute;a sofocad&iacute;sima precedida de Encarnaci&oacute;n). &iexcl;Vaya una
+calma que tiene usted! Se ha puesto muy mala, pero muy mala&raquo;.</p>
+
+<p>Apenas entr&oacute; en la alcoba, Segunda empez&oacute; a dar gritos. &laquo;&iexcl;Hija de mi
+alma, me la han matado, me la han matado, me la han asesinado! &iexcl;Ay, qu&eacute;
+carnicer&iacute;a!, &iexcl;c&oacute;mo est&aacute;!... Me la han matado... &iquest;Y el ni&ntilde;o? Nos le han
+robado, nos le han robado...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Atienda a su sobrina, y vea si la puede salvar&mdash;dijo Estupi&ntilde;&aacute;
+cogi&eacute;ndola por un brazo&mdash;, y d&eacute;jese de asesinatos, y de robos de hijos,
+y no sea usted mamarracho.</p>
+
+<p>&mdash;Ni&ntilde;a de mi alma... &iquest;pero qu&eacute;? Fortunata... &iquest;te han matado, o qu&eacute; es
+esto? A ver, cordera, &iquest;tienes heridas? <i>Paice</i> que te han dado cien
+pu&ntilde;aladas... Pero est&aacute;s viva. Cu&eacute;ntame qu&eacute; ha sido, &iquest;qui&eacute;n ha sido? &iquest;Y
+tu ni&ntilde;o, nuestro ni&ntilde;o, d&oacute;nde est&aacute;? &iquest;Te lo quitaron?...</p>
+
+<p>&mdash;Llame usted al m&eacute;dico&mdash;indic&oacute; Pl&aacute;cido con ira&mdash;. &iquest;D&oacute;nde vive? Yo le
+avisar&eacute;... Y no se cuide del ni&ntilde;o, que est&aacute; mejor que quiere, y nada le
+falta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero d&oacute;nde est&aacute;?... D. Pl&aacute;cido, D. Pl&aacute;cido&mdash;exclam&oacute; Segunda,
+descompuesta y furiosa&mdash;; me parece que va usted a ir al palo... Voy a
+dar parte a la justicia. Usted es un forajido, s&iacute; se&ntilde;or, no me vuelvo
+atr&aacute;s... Usted nos ha birlado a la criatura.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Atiza!... Pero mujer de Barrab&aacute;s (retir&aacute;ndose por miedo a que Segunda
+le sacara los ojos). &iquest;Quiere usted callarse? &iquest;No ve que su sobrina se
+muere?</p>
+
+<p>&mdash;Porque usted me la ha matado, so verdugo, caribe, usted, usted.</p>
+
+<p>&mdash;Dale con gracia... Habr&aacute; que ponerle un bozal. Voy a avisar a la Casa
+de Socorro.</p>
+
+<p>&mdash;A la c&aacute;rcel... es donde tiene que ir usted.</p>
+
+<p>Y en aquel momento entr&oacute; Jos&eacute; Izquierdo, a quien su hermana quiso
+incitar para que acometiese al bueno de Estupi&ntilde;&aacute;. <i>Plat&oacute;n</i> vacilaba, no
+dando a Segunda todo el cr&eacute;dito que esta cre&iacute;a merecer.</p>
+
+<p>&laquo;Ea, que me voy cargando... y quien va a traer el juez soy yo&mdash;afirm&oacute; el
+anciano, dando una patada&mdash;. El chico est&aacute; donde debe estar, y bien
+saben que yo no miento. Y si no, preg&uacute;ntenle a su madre&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hija de mi vida&mdash;chillaba Segunda, abrazando y besando a su sobrina,
+que si no era ya cad&aacute;ver, lo parec&iacute;a&mdash;. Dinos lo que te han hecho,
+d&iacute;melo, coraz&oacute;n. &iexcl;Ay, qu&eacute; dolor de hija!...</p>
+
+<p>&mdash;Usted&mdash;dijo Pl&aacute;cido a Izquierdo autoritariamente&mdash;, corra a llamar a
+ese se&ntilde;or boticario que suele venir, el que ahora la protege. Yo avisar&eacute;
+a otra persona, y vamos a escape, que la muerte nos coge la delantera.</p>
+
+<p>Se escabull&oacute; sin esperar la opini&oacute;n de Segunda. <i>Plat&oacute;n</i>, comprendiendo
+por instinto antes que por criterio, que las &oacute;rdenes de Estupi&ntilde;&aacute; eran
+m&aacute;s pr&aacute;cticas que las de la placera, sali&oacute; y fue presuroso a la calle
+del Ave Mar&iacute;a.</p>
+
+<p>La primera persona que lleg&oacute; a la casa fue Guillermina, a quien Pl&aacute;cido
+enter&oacute; por el camino de cuanto hab&iacute;a ocurrido. Subiendo la escalera, la
+santa dijo a su sacrist&aacute;n: &laquo;Entre usted en su casa a esperar a Jacinta
+que vendr&aacute; en seguida. Advi&eacute;rtale que no quiero que suba. En cuanto
+pueda, bajar&eacute; yo. A Jacinta que no se mueva de aqu&iacute; y me aguarde&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando la fundadora entr&oacute;, la enferma continuaba en el mismo estado.
+Segunda, llena de consternaci&oacute;n, no hablaba ya de asesinato, y aunque no
+acababa de comprender el <i>robo del chiquillo</i>, no se atrevi&oacute; a mentarlo
+ante la se&ntilde;ora casera. Hab&iacute;a intentado hacerle tomar a Fortunata fuertes
+dosis de <i>ergotina</i>; pero no pudo conseguirlo. Apretaba los dientes, y
+no hab&iacute;a medio de traerla a la raz&oacute;n. Guillermina tuvo m&aacute;s suerte o puso
+en ejecuci&oacute;n mejores medios, porque logr&oacute; hacerle beber algo de aquel
+eficaz medicamento. Hubo gran barullo, aplicaci&oacute;n precipitada de
+remedios diferentes, externos e internos. La santa y la placera, ambas
+con igual ardor, trabajaron por atajar la vida que se iba; pero la vida
+no quer&iacute;a detenerse, y ante la ineficacia de sus esfuerzos, las dos
+mujeres se pararon rendidas y desconsoladas. Fortunata miraba con
+expresi&oacute;n de gratitud a su amiga, y cuando esta le cog&iacute;a la mano,
+trataba de hablarle; pero apenas pod&iacute;a articular alg&uacute;n monos&iacute;labo.
+Calladas, se hablaron mir&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&laquo;El Padre Nones va a venir&mdash;dijo la santa&mdash;; le mand&eacute; recado al salir de
+casa. Prep&aacute;rese usted, hija m&iacute;a, poniendo el pensamiento en Nuestro
+Se&ntilde;or Jesucristo; y como le pida perd&oacute;n de sus pecados con verdadera
+contrici&oacute;n, se lo dar&aacute;. &iquest;Se lo ha pedido usted?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata dijo que s&iacute; con la cabeza.</p>
+
+<p>&laquo;Mi amiguita se ha enterado del regalo que usted le ha hecho, y est&aacute; tan
+agradecida. Ha sido un rasgo feliz y cristiano&raquo;.</p>
+
+<p>En las nieblas que envolv&iacute;an su pensamiento, la infeliz joven, al o&iacute;r
+aquello del <i>rasgo</i>, se acord&oacute; de Feijoo y de sus prohibiciones; pero
+este recuerdo no la hizo arrepentirse de su acci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Jacinta me encarga que d&eacute; a usted las gracias. No le guarda ning&uacute;n
+rencor. Al contrario; usted ha sabido arreglarse para dejar buena
+memoria de s&iacute;. Adem&aacute;s, ella es de las pocas personas que saben perdonar.
+Im&iacute;tela usted ahora, que no le vendr&iacute;a mal en este instante sofocar sus
+pasiones, amar a sus enemigos y hacer bien a los que la aborrecen. Hija
+m&iacute;a (abraz&aacute;ndola), &iquest;ha perdonado usted al hombre que tiene la culpa de
+todos sus males y que la ha arrastrado tantas veces al pecado?&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata dijo que s&iacute; con la cabeza, y sus miradas daban a entender que
+aquel perd&oacute;n era de los f&aacute;ciles, porque el amor andaba de por medio.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Perdona usted tambi&eacute;n a esa mujer de quien se supon&iacute;a ofendida, y a
+quien usted ofendi&oacute; de palabra y de obra, con o sin motivo?&raquo;.</p>
+
+<p>Este perd&oacute;n s&iacute; que era de los duros. Callose la santa observando a la
+diabla intranquila. Esta ten&iacute;a la cabeza echada hacia atr&aacute;s, movi&eacute;ndola
+sobre la almohada con cierta inquietud, y sus miradas vagaban por el
+techo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute;?, &iquest;duda usted?... Pues Dios, para perdonarnos, necesita saber si
+perdonamos nosotros antes. &iquest;Para qu&eacute; quiere usted ahora ese odio
+mezquino? &iquest;De qu&eacute; le sirve? De peso para impedirle subir al Cielo. Hay
+que arrojar ese plomo (abraz&aacute;ndola con m&aacute;s cari&ntilde;o). Amiguita, h&aacute;galo por
+m&iacute;, por <i>el mono del Cielo</i>, que debe quedar aqu&iacute; rodeado de
+bendiciones, no de maldiciones&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata se estremeci&oacute; desde el cabello hasta los pies... Su
+respiraci&oacute;n fatigosa indicaba el af&aacute;n de vencer las resistencias f&iacute;sicas
+que entorpec&iacute;an la voz. &laquo;No necesita usted hablar&mdash;le dijo la santa&mdash;;
+basta que manifieste su intenci&oacute;n respondi&eacute;ndome con la cabeza. &iquest;Perdona
+usted a Aurora...?&raquo;. La moribunda movi&oacute; la cabeza de un modo que podr&iacute;a
+pasar por afirmativo, pero con poco acento, como si no toda el alma,
+sino una parte de ella afirmase.</p>
+
+<p>&laquo;M&aacute;s, m&aacute;s claro&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata acentu&oacute; un poquitito m&aacute;s, y sus ojos se humedecieron.</p>
+
+<p>&laquo;As&iacute; me gusta&raquo;.</p>
+
+<p>Entonces resplandeci&oacute; en la cara de la infeliz se&ntilde;ora de Rub&iacute;n algo que
+parec&iacute;a inspiraci&oacute;n po&eacute;tica o religioso &eacute;xtasis, y vencida
+maravillosamente la postraci&oacute;n en que estaba, tuvo arranque y palabras
+para decir esto: &laquo;Yo tambi&eacute;n... &iquest;no lo sabe usted...?, soy &aacute;ngel...&raquo;.</p>
+
+<p>Y algo m&aacute;s expres&oacute;; pero las palabras volvieron a ser ininteligibles, y
+en la cara le qued&oacute; una expresi&oacute;n de dicha inefable y reposada. La santa
+estuvo un instante sin saber qu&eacute; actitud tomar.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;&Aacute;ngel!... s&iacute;&mdash;dijo al fin&mdash;; lo ser&aacute;, si se purifica bien. Amiga
+querida, es preciso prepararse con formalidad. El Padre Nones va a
+venir, y &eacute;l le dar&aacute; a usted consuelos que yo no puedo darle... Ahora
+recuerdo que usted ten&iacute;a una idea maligna, origen de muchos pecados. Es
+preciso arrojarla y pisotearla... Busque, rebusque bien en su esp&iacute;ritu y
+ver&aacute; c&oacute;mo la encuentra; es aquel disparate de que el matrimonio, cuando
+no hay hijos, no vale... y de que usted, por tenerlos, era la verdadera
+esposa de... Vamos (con extraordinaria ternura), reconozca usted que
+semejante idea era un error diab&oacute;lico a fuerza de ser tonto, y prom&eacute;tame
+que ha de renegar de ella y que no la olvidar&aacute; cuando el amigo Nones la
+confiese. Mire usted que si se la lleva consigo le ha de estorbar mucho
+por all&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>La <i>Pitusa</i> no expresaba nada, por lo cual su fervorosa amiga volv&iacute;a al
+ataque con m&aacute;s br&iacute;o y pasi&oacute;n. &laquo;Fortunata, hija m&iacute;a, por el cari&ntilde;o que me
+tiene, y que yo no me merezco, por el que yo le he tomado y que le
+conservar&eacute; toda mi vida, le pido que se arranque esa idea, y la arroje
+aqu&iacute;, como si fuera un adorno de los que se ponen las pecadoras, un
+lunar postizo, un colorete. Eso no sirve all&aacute;, como no le sirva al
+demonio para hacer de las suyas... Se la arranca usted, &iquest;s&iacute; o no? H&aacute;galo
+por m&iacute;, para que yo me quede tranquila&raquo;.</p>
+
+<p>Fortunata volvi&oacute; a tener la llamarada en sus ojos, al modo de un reflejo
+de iluminaci&oacute;n cerebral, y en su cuerpo vibraciones de gozo, como si
+entrara alborotadamente en ella un esp&iacute;ritu benigno. La voluntad y la
+palabra reaparecieron; pero s&oacute;lo fue para decir: &laquo;Soy &aacute;ngel... &iquest;no lo
+ve?...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&Aacute;ngel, s&iacute;; bueno, esa convicci&oacute;n me gusta (con inquietud). Pero yo
+quisiera...</p>
+
+<p>Interrumpi&oacute; a la se&ntilde;ora la aparici&oacute;n del Padre Nones, que no cab&iacute;a por
+la puerta, y tuvo que inclinarse para poder entrar. Toda la estancia se
+llen&oacute; de una negrura triste y severa. &laquo;Aqu&iacute; estoy, <i>maestra</i>&raquo; dijo el
+anciano, y la dama se levant&oacute; para dejarle el asiento. Algo susurraron
+los dos antes de que ella se retirara. Nones habl&oacute; cari&ntilde;osamente a la
+enferma, que le miraba con empa&ntilde;ados ojos, sin dar ninguna respuesta a
+sus palabras... Por fin, ech&oacute; una voz que parec&iacute;a infantil, voz
+quejumbrosa y dolorida, como de una tierna criatura lastimada. Lo que
+Nones crey&oacute; entender entre aquellas articulaciones de indefinible
+sentimiento fue esto: &laquo;&iquest;No lo sabe?... soy &aacute;ngel... yo tambi&eacute;n... <i>mona
+del Cielo</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Y sigui&oacute; su exhortaci&oacute;n el cura, diciendo para s&iacute;: &laquo;Trabajo perdido...
+cabeza trastornada&raquo;.</p>
+
+<p>Y en alta voz: &laquo;&Aacute;ngel, s&iacute;; pero es preciso, hija m&iacute;a, confesar la fe de
+Cristo, consagrar a ella nuestros &uacute;ltimos pensamientos y pedirle con el
+coraz&oacute;n que nos perdone. Es tan bueno, tan bueno, que no niega su amparo
+a ning&uacute;n pecador que se llegue a &Eacute;l por empedernido que sea... Lo
+principal es tener un interior puro, un...&raquo;.</p>
+
+<p>La mir&oacute; alarmado. &iquest;Hab&iacute;a dicho algo? S&iacute;; pero Nones no pudo enterarse.
+Fue sin duda aquello de <i>soy &aacute;ngel</i>, y luego inclin&oacute; la cabeza como
+quien se va a dormir. El sacerdote la mir&oacute; m&aacute;s de cerca, y en alta voz
+dijo: &laquo;Maestra, maestra, venga usted&raquo;.</p>
+
+<p>Entr&oacute; Guillermina y ambos la observaron.</p>
+
+<p>&laquo;Creo&mdash;dijo Nones&mdash;que ha concluido. No ha podido confesar... Cabeza
+trastornada... &iexcl;Pobrecita! Dice que es &aacute;ngel... Dios lo ver&aacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>La maestra y el cura se pusieron a rezar en voz alta. Segunda empez&oacute; a
+escandalizar, y en aquel momento llegaba Segismundo, quien sabedor en la
+escalera de lo que ocurr&iacute;a, entr&oacute; en la casa y en la alcoba m&aacute;s muerto
+que vivo.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xv</span>-</h2>
+
+
+<p>Mientras estuvo all&iacute; el Padre Nones, Ballester se mantuvo en una
+actitud consternada, contemplando el lastimoso cuadro con el respeto que
+infunden los muertos, y encerrando su dolor en una compostura que ten&iacute;a
+cierta correcci&oacute;n. Pero cuando no quedaron all&iacute; m&aacute;s testigos que la
+santa y Segunda, el buen farmac&eacute;utico crey&oacute; que no ten&iacute;a para qu&eacute;
+sujetar la onda impetuosa que del coraz&oacute;n le sal&iacute;a, y lleg&aacute;ndose al
+cuerpo todav&iacute;a caliente de su infeliz amiga, la abraz&oacute;, y estamp&oacute;
+multitud de besos en su frente y mejillas.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah!, se&ntilde;ora&mdash;dijo a la fundadora, sec&aacute;ndose las l&aacute;grimas&mdash;; veo que se
+asombra usted de... de verme llorar as&iacute;, y de estas demostraciones... Es
+que yo la quer&iacute;a mucho... era mi amiga... iba a ser mi querida...
+digo... no, dispense usted, &eacute;ramos amigos... Usted no la conoc&iacute;a bien;
+yo s&iacute;... Era un &aacute;ngel... digo, deb&iacute;a serlo, podr&iacute;a serlo; dispense
+usted, se&ntilde;ora, no s&eacute; lo que me digo; porque me ha llegado al alma esta
+desgracia. No la esperaba... Ha sido un descuido. Ella misma, con los
+disparates que hac&iacute;a... porque era de estos &aacute;ngeles que hacen muchos
+disparates... &iquest;me entiende usted?... &iexcl;Pobre mujer... tan hermosa y tan
+buena!... La hemorragia ha provenido sin duda de no haberse verificado
+la involuci&oacute;n... Me lo tem&iacute;a... La salida antes de tiempo, la agitaci&oacute;n
+moral... A&ntilde;ada usted descuidos, falta de asistencia, de vigilancia, y de
+una autoridad que se le hubiera impuesto. &iexcl;Ah!, si yo hubiera estado
+aqu&iacute;. Pero no pod&iacute;a, no pod&iacute;a. Mis obligaciones... &iexcl;Ah!, se&ntilde;ora, crea
+usted que tengo el coraz&oacute;n destrozado, y que tardar&eacute; en consolarme de
+esta pesadumbre... La hab&iacute;a tomado yo tanto cari&ntilde;o, que a todas horas la
+ten&iacute;a en el pensamiento. Mi destino me ligaba a ella, y hubi&eacute;ramos sido
+felices, s&iacute;, felices, cr&eacute;alo usted... Nos habr&iacute;amos ido a otro pa&iacute;s, a
+un pa&iacute;s lejano, muy lejano. Con permiso de usted, la voy a besar otra
+vez. No la hab&iacute;a besado nunca. No me atrev&iacute;a, ni ella lo habr&iacute;a
+consentido, porque era la persona m&aacute;s honrada y honesta que usted puede
+imaginar&raquo;.</p>
+
+<p>Guillermina sent&iacute;a tanto asombro como l&aacute;stima ante las demostraciones de
+aquel buen hombre que con tanta franqueza se expresaba. Poco a poco fue
+tomando el dolor de Segismundo acentos m&aacute;s tranquilos, y sentado a la
+cabecera del lecho mortuorio, habl&oacute; con la santa de un asunto que
+necesariamente y por la fuerza de la realidad se impon&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah!, no se&ntilde;ora; dispense usted. Los gastos del entierro los pago yo.
+Quiero tener esa satisfacci&oacute;n. No me la quite usted, por Dios...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hijo&mdash;replic&oacute; la fundadora&mdash;, si usted es un pobre. &iquest;Qu&eacute;
+necesidad tiene de ese gasto? Si no hubiera m&aacute;s remedio, muy santo y muy
+bueno. Pero no sea usted tonto y guarde su dinero, que bastante falta le
+hace. Esta obligaci&oacute;n la pagar&aacute; quien debe pagarla, y no digo m&aacute;s: al
+buen entendedor...</p>
+
+<p>No d&aacute;ndose por vencido, Ballester persisti&oacute; en su idea: pero Guillermina
+hubo de machacar tanto, que al fin se la quit&oacute; de la cabeza. Segunda y
+sus dos compa&ntilde;eras de plazuela amortajaron a la infeliz se&ntilde;ora de Rub&iacute;n,
+y en tanto el farmac&eacute;utico se ocupaba con incansable actividad en los
+preparativos del entierro, que deb&iacute;a de ser a la ma&ntilde;ana siguiente. En
+todo aquel d&iacute;a no abandon&oacute; la casa mortuoria. Al mediod&iacute;a estaba solo en
+ella, y el cuerpo de Fortunata, ya vestido con su h&aacute;bito negro de los
+Dolores, yac&iacute;a en el lecho. Ballester no se saciaba de contemplarla,
+observando la serenidad de aquellas facciones que la muerte ten&iacute;a ya por
+suyas, pero que no hab&iacute;a devorado a&uacute;n. Era el rostro como de marfil,
+tocado de manchas vinosas en el hueco de los ojos y en los labios, y las
+cejas parec&iacute;an a&uacute;n m&aacute;s finas, rasgueadas y negras de lo que eran en
+vida. Dos o tres moscas se hab&iacute;an posado sobre aquellas marchitas
+facciones. Segismundo sinti&oacute; nuevamente deseos de besar a su amiga. &iquest;Qu&eacute;
+le importaban a &eacute;l las moscas? Era como cuando ca&iacute;an en la leche. Las
+sacaba, y despu&eacute;s beb&iacute;a como si tal cosa. Las moscas huyeron cuando la
+cara viva se inclin&oacute; sobre la muerta, y al retirarse tornaron a posarse.
+Entonces Ballester cubri&oacute; la faz de su amiga con un pa&ntilde;uelo fin&iacute;simo.</p>
+
+<p>Guillermina volvi&oacute; m&aacute;s tarde. Sub&iacute;a del cuarto de Pl&aacute;cido a decir a
+Ballester algo referente al entierro. Un rato hablaron, y como ella se
+mostrase recelosa de que el marido de la difunta fuese por all&aacute; y armara
+un esc&aacute;ndalo, el farmac&eacute;utico la tranquiliz&oacute; dici&eacute;ndole: &laquo;No tema usted
+nada. Esta ma&ntilde;ana hemos conseguido encerrarle. Est&aacute; furioso el infeliz,
+y cost&oacute; Dios y ayuda quitarle un maldito rev&oacute;lver que ha comprado y con
+el cual quiere fusilar a las pobres <i>Samaniegas</i> y a otra persona que
+suele pasear por el barrio. La c&eacute;lebre do&ntilde;a Lupe estaba con el alma en
+un hilo. Acudimos Padilla y yo, y con gran trabajo pudimos desarmar al
+fil&oacute;sofo y encerrarle en su cuarto, donde qued&oacute; dando cabezadas contra
+las paredes y pegando unos gritos que se o&iacute;an desde la calle&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo dije yo. Tanta y tanta l&oacute;gica ten&iacute;a que parar en eso... Conque
+ya sabe usted. A las diez habr&aacute; misa y responso en el cementerio. Y se
+ha dispuesto, por quien debe hacerlo, que el entierro sea de primera,
+coche de lujo con seis caballos; ir&aacute;n los ni&ntilde;os del Hospicio... Usted
+dir&aacute; que esta ostentaci&oacute;n no viene al caso.</p>
+
+<p>&mdash;No, yo no digo nada.</p>
+
+<p>&mdash;No tendr&iacute;a nada de particular que lo dijera, porque a primera vista es
+absurdo. Pero la complicaci&oacute;n de causas trae la complicaci&oacute;n de efectos,
+y por eso vemos en el mundo tantas cosas que nos parecen desprop&oacute;sitos y
+que nos hacen re&iacute;r. Vea usted por qu&eacute; yo profeso el principio de que no
+debemos re&iacute;rnos de nada, y que todo lo que pasa, por el hecho de pasar,
+ya merece algo de respeto. &iquest;Se va usted enterando?</p>
+
+<p>Algo m&aacute;s iba a decir; pero entr&oacute; Pl&aacute;cido, sombrero en mano, y con
+ciertos aires de ayudante de campo anunci&oacute; a su generala que hab&iacute;a
+llegado do&ntilde;a B&aacute;rbara.</p>
+
+<p>Baj&oacute;, pues, la santa, y encontr&oacute; a su amiga un poco adusta, observando
+los cari&ntilde;osos extremos de Jacinta con aquel canario de alcoba que estaba
+en su poder, como si se lo hubiera encontrado en la calle o se lo
+hubieran puesto en una cesta a la puerta de su casa. Algo le dec&iacute;an
+tambi&eacute;n a la se&ntilde;ora de Santa Cruz las facciones del chiquit&iacute;n; pero
+escarmentada y previsora, se conten&iacute;a por no incurrir en la ridiculez de
+un chasco semejante al de marras. Estaba, pues, la se&ntilde;ora, indecisa, sin
+resolverse a entusiasmarse; y las razones que Guillermina le dio para
+convencerla no la sacaron de aquella actitud reservada y suspicaz. Los
+afectos que se desbordaban del coraz&oacute;n de la Delfina eran combinaci&oacute;n
+armoniosa de alegr&iacute;a y de pena, por las circunstancias en que aquella
+tierna criatura hab&iacute;a ido a sus manos. No pod&iacute;a apartar su pensamiento
+de la persona que un poco m&aacute;s arriba, en la misma casa, hab&iacute;a dejado de
+existir aquella ma&ntilde;ana, y se maravillaba de notar en su coraz&oacute;n
+sentimientos que eran algo m&aacute;s que l&aacute;stima de la mujer sin ventura, pues
+entra&ntilde;aban tal vez algo de compa&ntilde;erismo, fraternidad fundada en
+desgracias comunes. Recordaba, s&iacute;, que la muerta hab&iacute;a sido su mayor
+enemiga; pero las &uacute;ltimas etapas de la enemistad y el caso incre&iacute;ble de
+la herencia del <i>Pituso</i>, envolv&iacute;an, sin que la inteligencia pudiera
+desentra&ntilde;ar este enigma, una reconciliaci&oacute;n. Con la muerte de por medio,
+la una en la vida visible y la otra en la invisible, bien podr&iacute;a ser que
+las dos mujeres se miraran de orilla a orilla, con intenci&oacute;n y deseos de
+darse un abrazo.</p>
+
+<p>Las tres se&ntilde;oras dijeron a un tiempo: &laquo;&iquest;y qu&eacute; hacemos ahora?&raquo;. Entablose
+discusi&oacute;n breve sobre el punto a que llevar&iacute;an aquella adquisici&oacute;n
+preciosa. Guillermina cort&oacute; las dificultades, proponiendo que le
+llevaran a su casa. Se dieron &oacute;rdenes a Estupi&ntilde;&aacute; para que fuesen
+conducidas tambi&eacute;n al domicilio de la santa las tres mujeronas entre las
+cuales ser&iacute;a elegida, a toda conciencia, la que hab&iacute;a de criar al <i>mono
+del Cielo</i>.</p>
+
+<p>Por la noche de aquel c&eacute;lebre d&iacute;a, hubo en la casa de Santa Cruz una
+escena memorable.</p>
+
+<p>Jacinta y su suegra cogieron por su cuenta al Delf&iacute;n, y le pusieron en
+duro compromiso, refiri&eacute;ndole lo ocurrido, mostr&aacute;ndole la carta
+redactada por Estupi&ntilde;&aacute; y oblig&aacute;ndole (con lastimoso desdoro de su
+dignidad) a manifestarse sinceramente consternado, pues el caso no era
+para puesto en solfa, ni para rehuido con cuatro frases y un pensamiento
+ingenioso. Hab&iacute;a faltado gravemente, ofendiendo a su mujer leg&iacute;tima,
+abandonando despu&eacute;s a su c&oacute;mplice, y haciendo a esta digna de compasi&oacute;n
+y aun de simpat&iacute;a, por una serie de hechos de que &eacute;l era exclusivamente
+responsable. Por fin, Santa Cruz, tratando de rehacer su destrozado amor
+propio, neg&oacute; unas cosas, y otras, las m&aacute;s amargas, las endulz&oacute; y confit&oacute;
+admirablemente, para que pasaran, terminando por afirmar que el chico
+era suyo y muy suyo, y que por tal lo reconoc&iacute;a y aceptaba, con
+prop&oacute;sitos de quererle como si le hubiera tenido de su adorada y
+leg&iacute;tima esposa.</p>
+
+<p>Cuando se quedaron solos los Delfines, Jacinta se despach&oacute; a su gusto
+con su marido, y tan cargada de raz&oacute;n estaba y tan firme y valerosa, que
+apenas pudo &eacute;l contestarle, y sus triqui&ntilde;uelas fueron armas impotentes y
+risibles contra la verdad que aflu&iacute;a de los labios de la ofendida
+consorte. Esta le hac&iacute;a temblar con sus acerados juicios, y ya no era
+f&aacute;cil que el habilidoso caballero triunfara de aquella alma tierna,
+cuya dial&eacute;ctica sol&iacute;a debilitarse con la fuerza del cari&ntilde;o. Entonces se
+vio que la continuidad de los sufrimientos hab&iacute;a destruido en Jacinta la
+estimaci&oacute;n a su marido, y la ruina de la estimaci&oacute;n arrastr&oacute; consigo
+parte del amor, hall&aacute;ndose por fin este reducido a tan m&iacute;seras
+proporciones, que casi no se le echaba de ver. La situaci&oacute;n desairada en
+que esto le pon&iacute;a, inflamaba m&aacute;s y m&aacute;s el orgullo de Santa Cruz, y ante
+el desd&eacute;n no simulado, sino real y efectivo, que su mujer le mostraba,
+el pobre hombre padec&iacute;a horriblemente, porque era para &eacute;l muy triste,
+que a la v&iacute;ctima no le doliesen ya los golpes que recib&iacute;a. No ser nadie
+en presencia de su mujer, no encontrar all&iacute; aquel refugio a que
+peri&oacute;dicamente estaba acostumbrado, le pon&iacute;a de mal&iacute;simo talante. Y era
+tal su confianza en la seguridad de aquel refugio, que al perderlo,
+experiment&oacute; por vez primera esa sensaci&oacute;n trist&iacute;sima de las irreparables
+p&eacute;rdidas y del vac&iacute;o de la vida, sensaci&oacute;n que en plena juventud
+equivale al envejecer, en plena familia equivale al quedarse solo, y
+marca la hora en que lo mejor de la existencia se corre hacia atr&aacute;s,
+quedando a la espalda los horizontes que antes estaban por delante.
+Claramente se lo dijo ella, con expresiva sinceridad en sus ojos, que
+nunca enga&ntilde;aban. &laquo;Haz lo que quieras. Eres libre como el aire. Tus
+trapisondas no me afectan nada&raquo;. Esto no era palabrer&iacute;a, y en las
+pruebas de la vida real, vio el Delf&iacute;n que aquella vez iba de veras.</p>
+
+<p>Durante alg&uacute;n tiempo, el <i>Delfinito</i> sigui&oacute; en casa de Guillermina,
+donde estaba la nodriza, hasta que enteraron de todo a D. Baldomero, y
+se le pudo llevar a la casa patrimonial. Jacinta viv&iacute;a consagrada a &eacute;l
+en cuerpo y alma, y ten&iacute;a la satisfacci&oacute;n de que todos en la casa le
+quer&iacute;an, incluso su padre. A solas con &eacute;l, la dama se entreten&iacute;a
+fabricando en su atrevido pensamiento edificios de humo con torres de
+aire y c&uacute;pulas m&aacute;s fr&aacute;giles a&uacute;n, por ser de pura idea. Las facciones del
+heredado ni&ntilde;o no eran las de la otra, eran las suyas. Y tanto pod&iacute;a la
+imaginaci&oacute;n, que la madre putativa llegaba a embelesarse con el
+artificioso recuerdo de haber llevado en sus entra&ntilde;as aquel precioso
+hijo, y a estremecerse con la suposici&oacute;n de los dolores sufridos al
+echarle al mundo. Y tras estos juegos de la fantas&iacute;a traviesa, ven&iacute;a el
+discurrir sobre lo desarregladas que andan las cosas del mundo. Tambi&eacute;n
+ella ten&iacute;a su idea respecto a los v&iacute;nculos establecidos por la ley, y
+los romp&iacute;a con el pensamiento, realizando la imposible obra de volver el
+tiempo atr&aacute;s, de mudar y trastocar las calidades de las personas,
+poniendo a este el coraz&oacute;n de aquel, y a tal otro la cabeza del de m&aacute;s
+all&aacute;, haciendo, en fin, unas correcciones tan extravagantes a la obra
+total del mundo, que se reir&iacute;a de ellas Dios, si las supiera, y su
+vicario con faldas, Guillermina Pacheco. Jacinta hac&iacute;a girar todo este
+cicl&oacute;n de pensamientos y correcciones alrededor de la cabeza ang&eacute;lica de
+Juan Evaristo; recompon&iacute;a las facciones de este, atribuy&eacute;ndole las suyas
+propias, mezcladas y confundidas con las de un ser ideal, que bien
+podr&iacute;a tener la cara de Santa Cruz, pero cuyo coraz&oacute;n era seguramente el
+de Moreno... aquel coraz&oacute;n que la adoraba y que se mor&iacute;a por ella...
+Porque bien podr&iacute;a Moreno haber sido su marido... vivir todav&iacute;a, no
+estar gastado ni enfermo, y tener la misma cara que ten&iacute;a el Delf&iacute;n, ese
+falso, mala persona... &laquo;Y aunque no la tuviera, vamos, aunque no la
+tuviera... &iexcl;Ah!, el mundo entonces ser&iacute;a como deb&iacute;a ser, y no pasar&iacute;an
+las muchas cosas malas que pasan...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2>-<span class="smcap">xvi</span>-</h2>
+
+
+<p>En el entierro de la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n contrastaba el lujo del
+carro f&uacute;nebre con lo corto del acompa&ntilde;amiento de coches, pues s&oacute;lo
+constaba de dos o tres. En el de cabecera iba Ballester, que por no ir
+solo se hab&iacute;a hecho acompa&ntilde;ar de su amigo el cr&iacute;tico. En el largo
+trayecto de la Cava al cementerio, que era uno de los del Sur,
+Segismundo cont&oacute; al buen Ponce todo lo que sab&iacute;a de la historia de
+Fortunata, que no era poco, sin omitir lo &uacute;ltimo, que era sin duda lo
+mejor; a lo que dijo el eximio sentenciador de obras literarias, que
+hab&iacute;a all&iacute; elementos para un drama o novela, aunque a su parecer, el
+tejido art&iacute;stico no resultar&iacute;a vistoso sino introduciendo ciertas
+urdimbres de todo punto necesarias para que la vulgaridad de la vida
+pudiese convertirse en materia est&eacute;tica. No toleraba &eacute;l que la vida se
+llevase al arte tal como es, sino aderezada, sazonada con olorosas
+especias y despu&eacute;s puesta al fuego hasta que cueza bien. Segismundo no
+participaba de tal opini&oacute;n, y estuvieron discutiendo sobre esto con
+selectas razones de una y otra parte, qued&aacute;ndose cada cual con sus ideas
+y su convicci&oacute;n, y resultando al fin que la fruta cruda bien madura es
+cosa muy buena, y que tambi&eacute;n lo son las compotas, si el repostero sabe
+lo que trae entre manos.</p>
+
+<p>En esto llegaron y se dio tierra al cuerpo de la se&ntilde;ora de Rub&iacute;n,
+delante de las cuatro o cinco personas acompa&ntilde;antes, las cuales eran
+Segismundo y el cr&iacute;tico, Estupi&ntilde;&aacute;, Jos&eacute; Izquierdo y el marido de una de
+las placeras, amiga de Segunda. Ballester, afectad&iacute;simo, hac&iacute;a de tripas
+coraz&oacute;n, y se retir&oacute; el &uacute;ltimo. De regreso a Madrid en el coche, llevaba
+fresca en su mente la imagen de la que ya no era nada. &laquo;Esta
+imagen&mdash;dijo a su amigo&mdash;, vivir&aacute; en m&iacute; alg&uacute;n tiempo; pero se ir&aacute;
+borrando, borrando, hasta que enteramente desaparezca. Esta presunci&oacute;n
+de un olvido posible, aun suponi&eacute;ndolo lejano, me da m&aacute;s tristeza que
+lo que acabo de ver... Pero tiene que haber olvido, como tiene que haber
+muerte. Sin olvido, no habr&iacute;a hueco para las ideas y los sentimientos
+nuevos. Si no olvid&aacute;ramos no podr&iacute;amos vivir, porque en el trabajo
+digestivo del esp&iacute;ritu no puede haber ingesti&oacute;n sin que haya tambi&eacute;n
+eliminaci&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Y m&aacute;s adelante: &laquo;Mire usted, amigo Ponce, yo estoy inconsolable; pero no
+desconozco que, atendiendo al ego&iacute;smo social, la muerte de esa mujer es
+un bien para m&iacute; (bienes y males andan siempre aparejados en la vida);
+porque, cr&eacute;amelo usted, yo me preparaba a hacer grandes disparates por
+esa buena moza; ya los estaba haciendo, y habr&iacute;a llegado sabe Dios a
+d&oacute;nde... &iexcl;calcule usted qu&eacute; atracci&oacute;n ejerc&iacute;a sobre m&iacute;! Me tengo por
+hombre de seso, y sin embargo, yo me iba derecho al abismo. Ten&iacute;a para
+m&iacute; esa mujer un poder sugestivo que no puedo explicarle; se me meti&oacute; en
+la cabeza la idea de que era un &aacute;ngel, s&iacute;, &aacute;ngel disfrazado, como si
+dij&eacute;ramos, vestido de m&aacute;scara para estampar a los tontos, y no me
+habr&iacute;an arrancado esta idea todos los sabios del mundo. Y aun ahora, la
+tengo aqu&iacute; fija y clara... Ser&aacute; un delirio, una aberraci&oacute;n; pero aqu&iacute;
+dentro est&aacute; la idea, y mi mayor desconsuelo es que no puedo ya, por
+causa de la muerte, probarme que es verdadera...</p>
+
+<p>Porque yo me lo quer&iacute;a probar... y cr&eacute;alo usted, me hubiera salido con
+la m&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>A la semana siguiente, Ballester sali&oacute; de la botica de Samaniego, porque
+do&ntilde;a Casta se enter&oacute; de sus relaciones (que a ella se le antojaron
+inmorales) con la infame que tan groseramente hab&iacute;a atropellado a
+Aurora, y no quiso m&aacute;s cuentas con &eacute;l. Do&ntilde;a Lupe le rog&oacute; varias veces
+que fuese a ver a Maximiliano, que continuaba encerrado en su cuarto, y
+le daban la comida por un tragaluz, no atrevi&eacute;ndose a entrar ni la
+se&ntilde;ora ni Papitos, porque los aullidos que daba el infeliz eran se&ntilde;al de
+agitaci&oacute;n insana y peligrosa. Segismundo fue el primero que penetr&oacute; en
+la estancia, sin miedo alguno, y vio a Maxi en un rinc&oacute;n, hecho un
+ovillo, con m&aacute;s apariencias de imbecilidad que de furia, demudado el
+rostro y las ropas en desorden.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;le dijo el farmac&eacute;utico inclin&aacute;ndose y tratando de levantarle&mdash;.
+&iquest;Se va pasando eso?... Como hace d&iacute;as nos quiso usted morder, cuando le
+quitamos el rev&oacute;lver, y daba mordiscos y patadas, y quer&iacute;a matar a todo
+el g&eacute;nero humano, tuvimos que encerrarle. Justo castigo de la
+tonter&iacute;a... &iquest;Qu&eacute;? &iquest;Ha perdido el uso de la palabra? M&iacute;reme de frente y
+no hagamos visajes, que se pone muy fe&iacute;to. &iquest;No me conoce? Soy Ballester,
+y ah&iacute; tengo la vara aquella para enderezar a los ni&ntilde;os mal criados&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Ballester&mdash;dijo Maxi mir&aacute;ndole fijamente y como quien vuelve de un
+letargo.</p>
+
+<p>&mdash;El mismo, &iquest;y qu&eacute;?... &iquest;Quiere que le d&eacute; noticias del mundo? Pues
+prom&eacute;tame tener juicio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Juicio...? Ya lo tengo, ya lo tengo. &iquest;Pues acaso he perdido yo alguna
+vez ni tanto as&iacute; del juicio?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quia! Nada en gracia de Dios. &iexcl;Usted perder el juicio! Bueno va...</p>
+
+<p>&mdash;Ello es que yo he dormido, amigo Ballester&mdash;dijo Rub&iacute;n con relativa
+serenidad levant&aacute;ndose&mdash;. Lo que recuerdo ahora es que yo estaba cuerdo,
+m&aacute;s cuerdo que nadie, y de repente me entr&oacute; el frenes&iacute; de matar. &iquest;Por
+qu&eacute;, por qu&eacute; fue?</p>
+
+<p>&mdash;Eso, r&aacute;squese la cabecita a ver si hace memoria... fue porque <i>semos</i>
+muy tontos. Era usted el espejo de los fil&oacute;sofos, y ya iba para santo,
+cuando de repente le dio por comprar un rev&oacute;lver...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... s&iacute; (abriendo espantado lo ojos), fue porque mi mujer me dio
+palabra de quererme con verdadero amor, de quererme con delirio, &iquest;oye
+usted?, como ella sabe querer.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno va. Y ahora le quiere echar la culpa a la otra pobre.</p>
+
+<p>&mdash;Ella, s&iacute;, ella fue. Me arrebat&oacute;... y arrebatado estoy. Tengo dentro de
+m&iacute; el esp&iacute;ritu del mal... y apenas me queda un recuerdo vago de aquel
+estado de virtud en que me hallaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima, hijo, qu&eacute; l&aacute;stima! Tenemos que volver a las duchas y al
+bromuro de sodio. Es lo mejor para echar virtud y filosof&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Volver&eacute;&mdash;dijo Maxi con gravedad suma&mdash;, cuando haya cumplido la
+promesa que a mi mujer hice. Matar&eacute;, gozar&eacute; despu&eacute;s de aquel amor
+inefable, infinito, que no he catado nunca y que ella me ofreci&oacute; en
+cambio del sacrificio que le hice de mi raz&oacute;n, y luego nos consagraremos
+ella y yo a hacer penitencia y a pedir a Dios perd&oacute;n de nuestra culpa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bonito programa, s&iacute;, se&ntilde;or, bonito contrato! S&oacute;lo que ya no puede
+realizarse, porque falta una de las partes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; parte?&mdash;La que pon&iacute;a el amor, ese amor tan sublime y...
+delirante.</p>
+
+<p>Maxi no comprend&iacute;a, y Ballester, decidido a darle la noticia sin rodeos
+ni atenuaciones, concluy&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, su mujer de usted ya no existe. La pobrecita se nos ha muerto hace
+hoy ocho d&iacute;as.</p>
+
+<p>Y al decirlo, se conmovi&oacute; extraordinariamente, vel&aacute;ndosele la voz. Maxi
+prorrumpi&oacute; en una risa desentonada. &laquo;Otra vez la misma comedia, otra
+vez... Pero ahora, como entonces, no cuela, Sr. Ballester... &iquest;Apostamos
+a que con mi l&oacute;gica vuelvo a descubrir d&oacute;nde est&aacute;? &iexcl;Ay, Dios m&iacute;o!, ya
+siento la l&oacute;gica invadiendo mi cabeza con fuerza admirable, y el talento
+vuelve... s&iacute;, me vuelve, aqu&iacute; est&aacute;, le siento entrar. &iexcl;Bendito sea
+Dios, bendito sea!&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Lupe, que escuchaba este coloquio desde el pasillo, aplicando su
+o&iacute;do a la puerta entornada, fue perdiendo el miedo al o&iacute;r la voz serena
+de su sobrino, y abri&oacute; un poquito, dejando ver su cara inteligente y
+atisbadora.</p>
+
+<p>&laquo;Entre usted, do&ntilde;a Lupe&mdash;le dijo Segismundo&mdash;. Ya est&aacute; bien. Pas&oacute; el
+arrebato. Pero no quiere creer que hemos perdido a su esposa. Ya; como
+la otra vez le enga&ntilde;amos... Pero &eacute;l tuvo m&aacute;s talento que nosotros&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora tambi&eacute;n, y ahora tambi&eacute;n&mdash;afirm&oacute; Rub&iacute;n con mani&aacute;tica
+insistencia&mdash;. Empezar&eacute; al instante mis trabajos de observaci&oacute;n y de
+c&aacute;lculo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no necesitar&aacute; calentarse la cabeza, porque yo se lo probar&eacute;... yo
+demostrar&eacute; lo que he dicho. Do&ntilde;a Lupe, h&aacute;game el favor de traerle la
+ropita, porque no est&aacute; bien que salga a la calle con esa facha.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero a d&oacute;nde le va usted a llevar? (alarmada).</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jeme usted a m&iacute;, se&ntilde;&aacute; ministra. Yo me entiendo. &iquest;Teme que le robe
+esta alhaja?</p>
+
+<p>&mdash;Mi ropa, t&iacute;a, mi ropa&mdash;dijo Maxi tan animado como en sus mejores
+tiempos, y sin ninguna apariencia de trastorno mental.</p>
+
+<p>Por fin, se hizo lo que Ballester deseaba; Maxi se visti&oacute; y salieron. En
+el pasillo, Segismundo comunic&oacute; su pensamiento a do&ntilde;a Lupe: &laquo;Mire
+usted, se&ntilde;ora, yo tengo que ir al cementerio a ver la l&aacute;pida que he
+hecho poner en la sepultura de esa pobrecita. La costeo yo; he querido
+darme esa satisfacci&oacute;n... una l&aacute;pida preciosa, con el nombre de la
+difunta y una corona de rosas...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Corona de rosas!&mdash;exclam&oacute; <i>la de los Pavos</i>, que con toda su
+diplomacia no supo disimular un ligero acento de iron&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;De rosas... &iquest;y qu&eacute; m&aacute;s le da a usted...? (quem&aacute;ndose). &iquest;Acaso tiene
+usted que pagarla?... Yo hubiera querido hacerla de m&aacute;rmol; pero no hay
+posibles... y es de piedra de Novelda; tributo modesto y afectuoso de
+una amistad pura... Era un &aacute;ngel... S&iacute;; no me vuelvo atr&aacute;s, aunque usted
+se r&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No, si no me he re&iacute;do. Pues no faltaba m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Un &aacute;ngel a su manera. En fin, dejemos esto y vamos a lo otro. Como ha
+de influir mucho en el estado mental de este pobre chico el convencerse
+de que su mujer no vive, le pienso llevar... para que lo vea, se&ntilde;ora,
+para que lo vea.</p>
+
+<p>Aprob&oacute; do&ntilde;a Lupe, y los dos farmac&eacute;uticos salieron y tomaron un sim&oacute;n.
+Por el camino iba Maxi cabizbajo, y la aproximaci&oacute;n al cementerio le
+impon&iacute;a, subyugando su &aacute;nimo con la gravedad que lleva en s&iacute; la idea del
+morir. &laquo;Adelante, ni&ntilde;o&raquo; le dijo su amigo cogi&eacute;ndole por un brazo, y
+llev&aacute;ndole dentro del camposanto. Atravesaron un gran patio lleno de
+mausoleos de m&aacute;s o menos lujo, despu&eacute;s otro patio que era todo nichos;
+pasaron a un tercero en el cual hab&iacute;a sepulturas abiertas, reci&eacute;n
+ocupadas, y par&aacute;ronse delante de una en la cual estaban a&uacute;n los
+alba&ntilde;iles, que acababan de poner una l&aacute;pida y recog&iacute;an las herramientas.</p>
+
+<p>&laquo;Aqu&iacute; es&mdash;dijo Ballester, se&ntilde;alando la gran losa de canter&iacute;a de Novelda,
+en cuyo extremo superior hab&iacute;a una corona de rosas, bastante bien
+tallada, debajo del R.I.P. y luego un nombre y la fecha del
+fallecimiento&mdash;&iquest;Qu&eacute; dice ah&iacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>Maximiliano se qued&oacute; inm&oacute;vil, clavados los ojos en la l&aacute;pida... &iexcl;Bien
+claro lo rezaba el letrero! Y al nombre y apellido de su mujer se a&ntilde;ad&iacute;a
+<i>de Rub&iacute;n</i>. Ambos callaban; pero la emoci&oacute;n de Maxi era m&aacute;s viva y
+dif&iacute;cil de dominar que la de su amigo. Y al poco rato, un llanto
+tranquilo, expresi&oacute;n de dolor verdadero y sin esperanza de remedio,
+brotaba de sus ojos en raudal que parec&iacute;a inagotable. &laquo;Son las l&aacute;grimas
+de toda mi vida&mdash;pudo decir a su amigo&mdash;, las que derramo ahora... Todas
+mis penas me est&aacute;n saliendo por los ojos&raquo;.</p>
+
+<p>Ballester se le llev&oacute; no sin trabajo, porque a&uacute;n quer&iacute;a permanecer all&iacute;
+m&aacute;s tiempo y llorar sin tregua. Cuando sal&iacute;an del cementerio, entraba un
+entierro con bastante acompa&ntilde;amiento.</p>
+
+<p>Era el de D. Evaristo Feijoo. Pero los dos farmac&eacute;uticos no fijaron su
+atenci&oacute;n en &eacute;l. En el coche, Maximiliano, con voz sosegada y dolorida,
+expres&oacute; a su amigo estas ideas:</p>
+
+<p>&laquo;La quise con toda mi alma. Hice de ella el objeto capital de mi vida, y
+ella no respondi&oacute; a mis deseos. No me quer&iacute;a... Miremos las cosas desde
+lo alto: no me pod&iacute;a querer. Yo me equivoqu&eacute;, y ella tambi&eacute;n se
+equivoc&oacute;. No fui yo solo el enga&ntilde;ado, ella tambi&eacute;n lo fue. Los dos nos
+estafamos rec&iacute;procamente. No contamos con la Naturaleza, que es la gran
+madre y maestra que rectifica los errores de sus hijos extraviados.
+Nosotros hacemos mil disparates, y la Naturaleza nos los corrige.
+Protestamos contra sus lecciones admirables que no entendemos, y cuando
+queremos que nos obedezca, nos coge y nos estrella, como el mar estrella
+a los que pretenden gobernarlo. Esto me lo dice mi raz&oacute;n, amigo
+Ballester, mi raz&oacute;n, que hoy, gracias a Dios, vuelve a iluminarme como
+un faro espl&eacute;ndido. &iquest;No lo ve usted?... &iquest;pero no lo ve?... Porque el que
+sostenga ahora que estoy loco es el que lo est&aacute; verdaderamente, y si
+alguien me lo dice en mi cara, &iexcl;vive Cristo, por la sant&iacute;sima u&ntilde;a de
+Dios!, que me la ha de pagar&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Calma, calma, amigo m&iacute;o (con bondad). Nadie le contradice a usted.</p>
+
+<p>&mdash;Porque yo veo ahora todos los conflictos, todos los problemas de mi
+vida con una claridad que no puede provenir m&aacute;s que de la raz&oacute;n... Y
+para que conste, yo juro ante Dios y los hombres que perdono con todo mi
+coraz&oacute;n a esa desventurada a quien quise m&aacute;s que a mi vida, y que me
+hizo tanto da&ntilde;o; yo la perdono, y aparto de m&iacute; toda idea rencorosa, y
+limpio mi esp&iacute;ritu de toda maleza, y no quiero tener ning&uacute;n pensamiento
+que no sea encaminado al bien y a la virtud... El mundo acab&oacute; para m&iacute;.
+He sido un m&aacute;rtir y un loco. Que mi locura, de la que con la ayuda de
+Dios he sanado, se me cuente como martirio, pues mis extrav&iacute;os, &iquest;qu&eacute; han
+sido m&aacute;s que la expresi&oacute;n exterior de las horribles agon&iacute;as de mi alma?
+Y para que no quede a nadie ni el menor escr&uacute;pulo respecto a mi estado
+de perfecta cordura, declaro que quiero a mi mujer lo mismo que el d&iacute;a
+en que la conoc&iacute;; adoro en ella lo ideal, lo eterno, y la veo, no como
+era, sino tal y como yo la so&ntilde;aba y la ve&iacute;a en mi alma; la veo adornada
+de los atributos m&aacute;s hermosos de la divinidad, reflej&aacute;ndose en ella como
+en un espejo; la adoro, porque no tendr&iacute;amos medio de sentir el amor de
+Dios, si Dios no nos lo diera a conocer figurando que sus atributos se
+transmiten a un ser de nuestra raza. Ahora que no vive, la contemplo
+libre de las transformaciones que el mundo y el contacto del mal le
+imprim&iacute;an; ahora no temo la infidelidad, que es un rozamiento con las
+fuerzas de la Naturaleza que pasan junto a nosotros; ahora no temo las
+traiciones, que son proyecci&oacute;n de sombra por cuerpos opacos que se
+acercan; ahora todo es libertad, luz; desaparecieron las asquerosidades
+de la realidad, y vivo con mi &iacute;dolo en mi idea, y nos adoramos con
+pureza y santidad sublimes en el t&aacute;lamo incorruptible de mi pensamiento.</p>
+
+<p>&mdash;Era un &aacute;ngel&mdash;murmur&oacute; Ballester, a quien, sin saber c&oacute;mo, se le
+comunicaba algo de aquella exaltaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Era un &aacute;ngel&mdash;grit&oacute; Maxi d&aacute;ndose un fuerte pu&ntilde;etazo en la rodilla&mdash;.
+&iexcl;Y el miserable que me lo niegue o lo ponga en duda se ver&aacute; conmigo...!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y conmigo!&mdash;repiti&oacute; Segismundo, con igual calor&mdash;. L&aacute;stima de
+mujer... &iexcl;Si viviera!</p>
+
+
+<p>&mdash;No, amigo, vivir no. La vida es una pesadilla... M&aacute;s la quiero
+muerta...</p>
+
+<p>&mdash;Y yo tambi&eacute;n&mdash;dijo Ballester, cayendo en la cuenta de que no deb&iacute;a
+contrariarle&mdash;. La amaremos los dos como se ama a los &aacute;ngeles. &iexcl;Dichosos
+los que se consuelan as&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dichosos mil veces, amigo m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute; Rub&iacute;n con entusiasmo&mdash;, los
+que han llegado, como yo, a este grado de serenidad en el pensamiento.
+Usted est&aacute; a&uacute;n atado a las sinrazones de la vida; yo me libert&eacute;, y vivo
+en la pura idea. Felic&iacute;teme usted, amigo de mi alma, y deme un gran
+abrazo, as&iacute;, as&iacute;, m&aacute;s apretado; m&aacute;s, m&aacute;s, porque me siento muy feliz,
+muy feliz.</p>
+
+<p>Al entrar en su casa lo primero que dijo a do&ntilde;a Lupe fue esto: &laquo;T&iacute;a de
+mi alma, yo me quiero retirar del mundo, y entrar en un convento donde
+pueda vivir a solas con mis ideas&raquo;. Vio el cielo abierto la de J&aacute;uregui
+al o&iacute;rle expresarse de este modo, y respondi&oacute;: &laquo;&iexcl;Ay, hijo m&iacute;o, si ya te
+ten&iacute;a yo dispuesta tu entrada en un monasterio muy retirado y hermoso
+que hay aqu&iacute;, cerca de Madrid! Ver&aacute;s qu&eacute; ricamente vas a estar. Hay en
+&eacute;l unos se&ntilde;ores monjes muy simp&aacute;ticos que no hacen m&aacute;s que pensar en
+Dios y en las cosas divinas. &iexcl;Cu&aacute;nto me alegro de que hayas tomado esa
+determinaci&oacute;n! Anticip&aacute;ndome a tu deseo, te estaba yo preparando la ropa
+que has de llevar&raquo;. Apoy&oacute; Ballester la idea que a su amigo le hab&iacute;a
+entrado, y todo el d&iacute;a estuvo habl&aacute;ndole de lo mismo, temeroso de que se
+desdijera; y para aprovechar aquella buena disposici&oacute;n, al d&iacute;a siguiente
+tempranito, &eacute;l mismo le llev&oacute; en un coche al sosegado retiro que le
+preparaban. Maxi iba content&iacute;simo y no hizo ninguna resistencia. Pero al
+llegar, dec&iacute;a en alta voz como si hablara con un ser invisible: &laquo;&iexcl;Si
+creer&aacute;n estos tontos que me enga&ntilde;an! Esto es Legan&eacute;s. Lo acepto, lo
+acepto y me callo, en prueba de la sumisi&oacute;n absoluta de mi voluntad a
+lo que el mundo quiera hacer de mi persona. No encerrar&aacute;n entre murallas
+mi pensamiento. Resido en las estrellas. Pongan al llamado Maximiliano
+Rub&iacute;n en un palacio o en un muladar... lo mismo da&raquo;.</p>
+
+
+<h3>Madrid.&mdash;Junio de 1887.</h3>
+
+<h3>FIN DE LA NOVELA</h3>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
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+
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+works. See paragraph 1.E below.
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+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
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+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
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+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
+metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be
+in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES.
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+Procedures for determining public domain status are described in
+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
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+Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for
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