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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 16961 ***
+
+
+
+
+TRAFALGAR
+
+BENITO PÉREZ GALDÓS
+
+Edición ilustrada por Enrique y Arturo Mélida
+
+Administración de La Guirnalda y Episodios Nacionales
+
+1882
+
+
+
+
+-I-
+
+Se me permitirá que antes de referir el gran suceso de que fui testigo,
+diga algunas palabras sobre mi infancia, explicando por qué extraña
+manera me llevaron los azares de la vida a presenciar la terrible
+catástrofe de nuestra marina.
+
+Al hablar de mi nacimiento, no imitaré a la mayor parte de los que
+cuentan hechos de su propia vida, quienes empiezan nombrando su
+parentela, las más veces noble, siempre hidalga por lo menos, si no se
+dicen descendientes del mismo Emperador de Trapisonda. Yo, en esta
+parte, no puedo adornar mi libro con sonoros apellidos; y fuera de mi
+madre, a quien conocí por poco tiempo, no tengo noticia de ninguno de
+mis ascendientes, si no es de Adán, cuyo parentesco me parece
+indiscutible. Doy principio, pues, a mi historia como Pablos, el buscón
+de Segovia: afortunadamente Dios ha querido que en esto sólo nos
+parezcamos.
+
+Yo nací en Cádiz, y en el famoso barrio de la Viña, que no es hoy, ni
+menos era entonces, academia de buenas costumbres. La memoria no me da
+luz alguna sobre mi persona y mis acciones en la niñez, sino desde la
+edad de seis años; y si recuerdo esta fecha, es porque la asocio a un
+suceso naval de que oí hablar entonces: el combate del cabo de San
+Vicente, acaecido en 1797.
+
+Dirigiendo una mirada hacia lo que fue, con la curiosidad y el interés
+propios de quien se observa, imagen confusa y borrosa, en el cuadro de
+las cosas pasadas, me veo jugando en la Caleta con otros chicos de mi
+edad poco más o menos. Aquello era para mí la vida entera; más aún, la
+vida normal de nuestra privilegiada especie; y los que no vivían como
+yo, me parecían seres excepcionales del humano linaje, pues en mi
+infantil inocencia y desconocimiento del mundo yo tenía la creencia de
+que el hombre había sido criado para la mar, habiéndole asignado la
+Providencia, como supremo ejercicio de su cuerpo, la natación, y como
+constante empleo de su espíritu el buscar y coger, ya para arrancarles y
+vender sus estimadas bocas, que llaman de la Isla, ya para propia
+satisfacción y regalo, mezclando así lo agradable con lo útil.
+
+La sociedad en que yo me crié era, pues, de lo más rudo, incipiente y
+soez que puede imaginarse, hasta tal punto, que los chicos de la Caleta
+éramos considerados como más canallas que los que ejercían igual
+industria y desafiaban con igual brío los elementos en Puntales; y por
+esta diferencia, uno y otro bando nos considerábamos rivales, y a veces
+medíamos nuestras fuerzas en la Puerta de Tierra con grandes y ruidosas
+pedreas, que manchaban el suelo de heroica sangre.
+
+Cuando tuve edad para meterme de cabeza en los negocios por cuenta
+propia, con objeto de ganar honradamente algunos cuartos, recuerdo que
+lucí mi travesura en el muelle, sirviendo de a los muchos ingleses que
+entonces como ahora nos visitaban. El muelle era una escuela ateniense
+para despabilarse en pocos años, y yo no fui de los alumnos menos
+aprovechados en aquel vasto ramo del saber humano, así como tampoco dejé
+de sobresalir en el merodeo de la fruta, para lo cual ofrecía ancho
+campo a nuestra iniciativa y altas especulaciones la plaza de San Juan
+de Dios. Pero quiero poner punto en esta parte de mi historia, pues hoy
+recuerdo con vergüenza tan grande envilecimiento, y doy gracias a Dios
+de que me librara pronto de él llevándome por más noble camino.
+
+Entre las impresiones que conservo, está muy fijo en mi memoria el
+placer entusiasta que me causaba la vista de los barcos de guerra,
+cuando se fondeaban frente a Cádiz o en San Fernando. Como nunca pude
+satisfacer mi curiosidad, viendo de cerca aquellas formidables máquinas,
+yo me las representaba de un modo fantástico y absurdo, suponiéndolas
+llenas de misterios.
+
+Afanosos para imitar las grandes cosas de los hombres, los chicos
+hacíamos también nuestras escuadras, con, rudamente talladas, a que
+poníamos velas de papel o trapo, marinándolas con mucha decisión y
+seriedad en cualquier charco de Puntales o la Caleta. Para que todo
+fuera completo, cuando venía algún cuarto a nuestras manos por
+cualquiera de las vías industriales que nos eran propias, comprábamos
+pólvora en casa de la tía Coscoja de la calle del Torno de Santa María,
+y con este ingrediente hacíamos una completa fiesta naval. Nuestras
+flotas se lanzaban a tomar viento en océanos de tres varas de ancho;
+disparaban sus piezas de caña; se chocaban remedando sangrientos
+abordajes, en que se batía con gloria su imaginaria tripulación;
+cubríalas el humo, dejando ver las banderas, hechas con el primer trapo
+de color encontrado en los basureros; y en tanto nosotros bailábamos de
+regocijo en la costa, al estruendo de la artillería, figurándonos ser
+las naciones a que correspondían aquellos barcos, y creyendo que en el
+mundo de los hombres y de las cosas grandes, las naciones bailarían lo
+mismo presenciando la victoria de sus queridas escuadras. Los chicos ven
+todo de un modo singular.
+
+Aquélla era época de grandes combates navales, pues había uno cada año,
+y alguna escaramuza cada mes. Yo me figuraba que las escuadras se batían
+unas con otras pura y simplemente porque les daba la gana, o con objeto
+de probar su valor, como dos guapos que se citan fuera de puertas para
+darse de navajazos. Me río recordando mis extravagantes ideas respecto a
+las cosas de aquel tiempo. Oía hablar mucho de Napoleón, ¿y cómo creen
+ustedes que yo me lo figuraba? Pues nada menos que igual en todo a los
+contrabandistas que, procedentes del campo de Gibraltar, se veían en el
+barrio de la Viña con harta frecuencia; me lo figuraba caballero en un
+potro jerezano, con su manta, polainas, sombrero de fieltro y el
+correspondiente trabuco. Según mis ideas, con este pergenio, y seguido
+de otros aventureros del mismo empaque, aquel hombre, que todos pintaban
+como extraordinario, conquistaba la Europa, es decir, una gran isla,
+dentro de la cual estaban otras islas, que eran las naciones, a saber:
+Inglaterra, Génova, Londres, Francia, Malta, la tierra del Moro,
+América, Gibraltar, Mahón, Rusia, Tolón, etc. Yo había formado esta
+geografía a mi antojo, según las procedencias más frecuentes de los
+barcos, con cuyos pasajeros hacía algún trato; y no necesito decir que
+entre todas estas naciones o islas España era la mejorcita, por lo cual
+los ingleses, unos a modo de salteadores de caminos, querían cogérsela
+para sí. Hablando de esto y otros asuntos diplomáticos, yo y mis colegas
+de la Caleta decíamos mil frases inspiradas en el más ardiente
+patriotismo.
+
+Pero no quiero cansar al lector con pormenores que sólo se refieren a
+mis particulares impresiones, y voy a concluir de hablar de mí. El único
+ser que compensaba la miseria de mi existencia con un desinteresado
+afecto, era mi madre. Sólo recuerdo de ella que era muy hermosa, o al
+menos a mí me lo parecía. Desde que quedó viuda, se mantenía y me
+mantenía lavando y componiendo la ropa de algunos marineros. Su amor por
+mí debía de ser muy grande. Caí gravemente enfermo de la fiebre
+amarilla, que entonces asolaba a Andalucía, y cuando me puse bueno me
+llevó como en procesión a oír misa a la Catedral vieja, por cuyo
+pavimento me hizo andar de rodillas más de una hora, y en el mismo
+retablo en que la oímos puso, en calidad de ex-voto, un niño de cera que
+yo creí mi perfecto retrato.
+
+Mi madre tenía un hermano, y si aquélla era buena, éste era malo y muy
+cruel por añadidura. No puedo recordar a sin espanto, y por algunos
+incidentes sueltos que conservo en la memoria, colijo que aquel hombre
+debió de haber cometido un crimen en la época a que me refiero. Era
+marinero, y cuando estaba en Cádiz y en tierra, venía a casa borracho
+como una cuba y nos trataba fieramente, a su hermana de palabra,
+diciéndole los más horrendos vocablos, y a mí de obra, castigándome sin
+motivo.
+
+Mi madre debió padecer mucho con las atrocidades de su hermano, y esto,
+unido al trabajo tan penoso como mezquinamente retribuido, aceleró su
+fin, el cual dejó indeleble impresión en mi espíritu, aunque mi memoria
+puede hoy apreciarlo sólo de un modo vago.
+
+En aquella edad de miseria y vagancia, yo no me ocupaba más que en jugar
+junto a la mar o en correr por las calles. Mis únicas contrariedades
+eran las que pudieran ocasionarme un bofetón de mi tío, un regaño de mi
+madre o cualquier contratiempo en la organización de mis escuadras. Mi
+espíritu no había conocido aún ninguna emoción fuerte y verdaderamente
+honda, hasta que la pérdida de mi madre me presentó a la vida humana
+bajo un aspecto muy distinto del que hasta entonces había tenido para
+mí. Por eso la impresión sentida no se ha borrado nunca de mi alma.
+Transcurridos tantos años, recuerdo aún, como se recuerdan las medrosas
+imágenes de un mal sueño, que mi madre yacía postrada con no sé qué
+padecimiento; recuerdo haber visto entrar en casa unas mujeres, cuyos
+nombres y condición no puedo decir; recuerdo oír lamentos de dolor, y
+sentirme yo mismo en los brazos de mi madre; recuerdo también,
+refiriéndolo a todo mi cuerpo, el contacto de unas manos muy frías, pero
+muy frías. Creo que después me sacaron de allí, y con estas indecisas
+memorias se asocia la vista de unas que daban pavorosa claridad en medio
+del día, el rumor de unos rezos, el cuchicheo de unas viejas
+charlatanas, las carcajadas de marineros ebrios, y después de esto la
+triste noción de la orfandad, la idea de hallarme solo y abandonado en
+el mundo, idea que embargó mi pobre espíritu por algún tiempo.
+
+No tengo presente lo que hizo mi tío en aquellos días. Sólo sé que sus
+crueldades conmigo se redoblaron hasta tal punto, que cansándome de sus
+malos tratos, me evadí de la casa deseoso de buscar fortuna. Me fui a
+San Fernando; de allí a Puerto Real. Junteme con la gente más perdida de
+aquellas playas, fecundas en héroes de encrucijada, y no sé cómo ni por
+qué motivo fui a parar con ellos a Medinasidonia, donde hallándonos
+cierto día en una taberna se presentaron algunos soldados de Marina que
+hacían la leva, y nos desbandamos, refugiándose cada cual donde pudo. Mi
+buena estrella me llevó a cierta casa, cuyos dueños se apiadaron de mí,
+mostrándome gran interés, sin duda por el relato que de rodillas, bañado
+en lágrimas y con ademán suplicante, hice de mi triste estado, de mi
+vida, y sobre todo de mis desgracias.
+
+Aquellos señores me tomaron bajo su protección, librándome de la leva, y
+desde entonces quedé a su servicio. Con ellos me trasladé a Vejer de la
+Frontera, lugar de su residencia, pues sólo estaban de paso en
+Medinasidonia.
+
+Mis ángeles tutelares fueron D. Alonso Gutiérrez de Cisniega, capitán de
+navío, retirado del servicio, y su mujer, ambos de avanzada edad.
+Enseñáronme muchas cosas que no sabía, y como me tomaran cariño, al poco
+tiempo adquirí la plaza de paje del Sr. Don Alonso, al cual acompañaba
+en su paseo diario, pues el buen inválido no movía el brazo derecho y
+con mucho trabajo la pierna correspondiente. No sé qué hallaron en mí
+para despertar su interés. Sin duda mis pocos años, mi orfandad y
+también la docilidad con que les obedecía, fueron parte a merecer una
+benevolencia a que he vivido siempre profundamente agradecido. Hay que
+añadir a las causas de aquel cariño, aunque me esté mal el decirlo, que
+yo, no obstante haber vivido hasta entonces en contacto con la más
+desarrapada canalla, tenía cierta cultura o delicadeza ingénita que en
+poco tiempo me hizo cambiar de modales, hasta el punto de que algunos
+años después, a pesar de la falta de todo estudio, hallábame en
+disposición de poder pasar por persona bien nacida.
+
+Cuatro años hacía que estaba en la casa cuando ocurrió lo que voy a
+referir. No me exija el lector una exactitud que tengo por imposible,
+tratándose de sucesos ocurridos en la primera edad y narrados en el
+ocaso de la existencia, cuando cercano a mi fin, después de una larga
+vida, siento que el hielo de la senectud entorpece mi mano al manejar la
+pluma, mientras el entendimiento aterido intenta engañarse, buscando en
+el regalo de dulces o ardientes memorias un pasajero rejuvenecimiento.
+Como aquellos viejos verdes que creen despertar su voluptuosidad dormida
+engañando los sentidos con la contemplación de hermosuras pintadas, así
+intentaré dar interés y lozanía a los mustios pensamientos de mi
+ancianidad, recalentándolos con la representación de antiguas grandezas.
+
+Y el efecto es inmediato. ¡Maravillosa superchería de la imaginación!
+Como quien repasa hojas hace tiempo dobladas de un libro que se leyó,
+así miro con curiosidad y asombro los años que fueron; y mientras dura
+el embeleso de esta contemplación, parece que un genio amigo viene y me
+quita de encima la pesadumbre de los años, aligerando la carga de mi
+ancianidad, que tanto agobia el cuerpo como el alma. Esta sangre, tibio
+y perezoso humor que hoy apenas presta escasa animación a mi caduco
+organismo, se enardece, se agita, circula, bulle, corre y palpita en mis
+venas con acelerada pulsación. Parece que en mi cerebro entra de
+improviso una gran luz que ilumina y da forma a mil ignorados prodigios,
+como la antorcha del viajero que, esclareciendo la obscura cueva, da a
+conocer las maravillas de la geología tan de repente, que parece que las
+crea. Y al mismo tiempo mi corazón, muerto para las grandes sensaciones,
+se levanta, Lázaro llamado por voz divina, y se me sacude en el pecho,
+causándome a la vez dolor y alegría.
+
+Soy joven; el tiempo no ha pasado; tengo frente a mí los principales
+hechos de mi mocedad; estrecho la mano de antiguos amigos; en mi ánimo
+se reproducen las emociones dulces o terribles de la juventud, el ardor
+del triunfo, el pesar de la derrota, las grandes alegrías, así como las
+grandes penas, asociadas en los recuerdos como lo están en la vida.
+Sobre todos mis sentimientos domina uno, el que dirigió siempre mis
+acciones durante aquel azaroso periodo comprendido entre 1805 y 1834.
+Cercano al sepulcro, y considerándome el más inútil de los hombres,
+¡aún haces brotar lágrimas de mis ojos, amor santo de la patria! En
+cambio yo aún puedo consagrarte una palabra, maldiciendo al ruin
+escéptico que te niega, y al filósofo corrompido que te confunde con los
+intereses de un día.
+
+A este sentimiento consagré mi edad viril y a él consagro esta faena de
+mis últimos años, poniéndole por genio tutelar o ángel custodio de mi
+existencia escrita, ya que lo fue de mi existencia real. Muchas cosas
+voy a contar. ¡Trafalgar, Bailén, Madrid, Zaragoza, Gerona, Arapiles!...
+De todo esto diré alguna cosa, si no os falta la paciencia. Mi relato no
+será tan bello como debiera, pero haré todo lo posible para que sea
+verdadero.
+
+
+
+
+-II-
+
+
+En uno de los primeros días de Octubre de aquel año funesto (1805), mi
+noble amo me llamó a su cuarto, y mirándome con su habitual severidad
+(cualidad tan sólo aparente, pues su carácter era sumamente blando), me
+dijo:
+
+«Gabriel, ¿eres tú hombre de valor?»
+
+No supe al principio qué contestar, porque, a decir verdad, en mis
+catorce años de vida no se me había presentado aún ocasión de asombrar
+al[1] mundo con ningún hecho heroico; pero el[2] oírme llamar
+_hombre_ me llenó de orgullo, y pareciéndome al mismo tiempo
+indecoroso negar mi valor ante persona que lo tenía en tan alto grado,
+contesté con pueril arrogancia:
+
+«Sí, mi amo: soy hombre de valor».
+
+[Nota 1: «el» en el original (N. del E.)]
+
+[Nota 2: «al» en el original (N. del E.)]
+
+Entonces aquel insigne varón, que había derramado su sangre en cien
+combates gloriosos, sin que por esto se desdeñara de tratar
+confiadamente a su leal criado, sonrió ante mí, hízome seña de que me
+sentara, y ya iba a poner en mi conocimiento alguna importante
+resolución, cuando su esposa y mi ama Doña Francisca entró de súbito en
+el despacho para dar mayor interés a la conferencia, y comenzó a hablar
+destempladamente en estos términos:
+
+--No, no irás... te aseguro que no irás a la escuadra. ¡Pues no faltaba
+más!... ¡A tus años y cuando te has retirado del servicio por viejo!...
+¡Ay, Alonsito, has llegado a los setenta y ya no estás para fiestas!
+
+Me parece que aún estoy viendo a aquella respetable cuanto iracunda
+señora con su gran papalina, su saya de organdí, sus rizos blancos y su
+lunar peludo a un lado de la barba. Cito estos cuatro detalles
+heterogéneos, porque sin ellos no puede representársela mi memoria. Era
+una mujer hermosa en la vejez, como la Santa Ana de Murillo; y su
+belleza respetable habría sido perfecta, y la comparación con la madre
+de la Virgen exacta, si mi ama hubiera sido muda como una pintura.
+
+D. Alonso, algo acobardado, como de costumbre, siempre que la oía, le
+contestó:
+
+«Necesito ir, Paquita. Según la carta que acabo de recibir de ese buen
+Churruca, la escuadra combinada debe, o salir de Cádiz provocando el
+combate con los ingleses, o esperarles en la bahía, si se atreven a
+entrar. De todos modos, la cosa va a ser sonada».
+
+--Bueno, me alegro-repuso Doña Francisca--. Ahí están Gravina, Valdés,
+Cisneros, Churruca, Alcalá Galiano y Álava. Que machaquen duro sobre
+esos perros ingleses. Pero tú estás hecho un trasto viejo, que no sirves
+para maldita de Dios la cosa. Todavía no puedes mover el brazo izquierdo
+que te dislocaron en el cabo de San Vicente.
+
+Mi amo movió el brazo izquierdo con un gesto académico y guerrero, para
+probar que lo tenía expedito. Pero Doña Francisca, no convencida con tan
+endeble argumento, continuó chillando en estos términos:
+
+«No, no irás a la escuadra, porque allí no hacen falta estantiguas como
+tú. Si tuvieras cuarenta años, como cuando fuiste a la tierra del Fuego
+y me trajiste aquellos collares verdes de los indios... Pero ahora... Ya
+sé yo que ese calzonazos de Marcial te ha calentado los cascos anoche y
+esta mañana, hablándote de batallas. Me parece que el Sr. Marcial y yo
+tenemos que reñir... Vuélvase él a los barcos si quiere, para que le
+quiten la pierna que le queda... ¡Oh, San José bendito! Si en mis quince
+hubiera sabido yo lo que era la gente de mar... ¡Qué tormento! ¡Ni un
+día de reposo!
+
+Se casa una para vivir con su marido, y a lo mejor viene un despacho de
+Madrid que en dos palotadas me lo manda qué sé yo a dónde, a la
+Patagonia, al Japón o al mismo infierno. Está una diez o doce meses sin
+verle, y al fin, si no se le comen los señores salvajes, vuelve hecho
+una miseria, tan enfermo y amarillo que no sabe una qué hacer para
+volverle a su color natural... Pero pájaro viejo no entra en jaula, y de
+repente viene otro despachito de Madrid... Vaya usted a Tolón, a Brest,
+a Nápoles, acá o acullá, donde le da la gana al bribonazo del Primer
+Cónsul... ¡Ah!, si todos hicieran lo que yo digo, ¡qué pronto las
+pagaría todas juntas ese caballerito que trae tan revuelto al mundo!»
+
+Mi amo miró sonriendo una mala estampa clavada en la pared, y que,
+torpemente iluminada por ignoto artista, representaba al Emperador
+Napoleón, caballero en un corcel verde, con el célebre redingote
+embadurnado de bermellón. Sin duda la impresión que dejó en mí aquella
+obra de arte, que contemplé durante cuatro años, fue causa de que
+modificara mis ideas respecto al traje de contrabandista del grande
+hombre, y en lo sucesivo me lo representé vestido de cardenal y montado
+en un caballo verde.
+
+«Esto no es vivir--continuó Doña Francisca agitando los brazos--. Dios
+me perdone; pero aborrezco el mar, aunque dicen que es una de sus
+mejores obras. ¡No sé para qué sirve la Santa Inquisición si no
+convierte en cenizas esos endiablados barcos de guerra! Pero vengan acá
+y díganme: ¿Para qué es eso de estarse arrojando balas y más balas, sin
+más ni más, puestos sobre cuatro tablas que, si se quiebran, arrojan al
+mar centenares de infelices? ¿No es esto tentar a Dios? ¡Y estos hombres
+se vuelven locos cuando oyen un cañonazo! ¡Bonita gracia! A mí se me
+estremecen las carnes cuando los oigo, y si todos pensaran como yo, no
+habría más guerras en el mar... y todos los cañones se convertirían en
+campanas. Mira, Alonso--añadió deteniéndose ante su marido--, me parece
+que ya os han derrotado bastantes veces. ¿Queréis otra? Tú y esos otros
+tan locos como tú, ¿no estáis satisfechos después de la del 14?[3]
+
+[Nota 3: Así se llamaba al combate del cabo de San Vicente. (N. del A.)]
+
+D. Alonso apretó los puños al oír aquel triste recuerdo, y no profirió
+un juramento de marino por respeto a su esposa.
+
+«La culpa de tu obstinación en ir a la escuadra--añadió la dama cada
+vez más furiosa--, la tiene el picarón de Marcial, ese endiablado
+marinero, que debió ahogarse cien veces, y cien veces se ha salvado para
+tormento mío. Si él quiere volver a embarcarse con su pierna de palo, su
+brazo roto, su ojo de menos y sus cincuenta heridas, que vaya en buen
+hora, y Dios quiera que no vuelva a parecer por aquí...; pero tú no
+irás, Alonso, tú no irás, porque estás enfermo y porque has servido
+bastante al Rey, quien por cierto te ha recompensado muy mal; y yo que
+tú, le tiraría a la cara al señor Generalísimo de mar y tierra los
+galones de capitán de navío que tienes desde hace diez años... A fe que
+debían haberte hecho almirante cuando menos, que harto lo merecías
+cuando fuiste a la expedición de África y me trajiste aquellas cuentas
+azules que, con los collares de los indios, me sirvieron para adornar
+la.
+
+--Sea o no almirante, yo debo ir a la escuadra, Paquita--dijo mi amo--.
+Yo no puedo faltar a ese combate. Tengo que cobrar a los ingleses cierta
+cuenta atrasada.
+
+--Bueno estás tú para cobrar estas cuentas--contestó mi ama--: un hombre
+enfermo y medio baldado...
+
+--Gabriel irá conmigo--añadió D. Alonso, mirándome de un modo que
+infundía valor.
+
+Yo hice un gesto que indicaba mi conformidad con tan heroico proyecto;
+pero cuidé de que no me viera Doña Francisca, la cual me habría hecho
+notar el irresistible peso de su mano si observara mis disposiciones
+belicosas.
+
+Ésta, al ver que su esposo parecía resuelto, se enfureció más; juró que
+si volviera a nacer, no se casaría con ningún marino; dijo mil pestes
+del Emperador, de nuestro amado Rey, del Príncipe de la Paz, de todos
+los signatarios del tratado de subsidios, y terminó asegurando al
+valiente marino que Dios le castigaría por su insensata temeridad.
+
+Durante el diálogo que he referido, sin responder de su exactitud, pues
+sólo me fundo en vagos recuerdos, una tos recia y perruna, resonando en
+la habitación inmediata, anunciaba que Marcial, el mareante viejo, oía
+desde muy cerca la ardiente declamación de mi ama, que le había citado
+bastantes veces con comentarios poco benévolos. Deseoso de tomar parte
+en la conversación, para lo cual le autorizaba la confianza que tenía en
+la casa, abrió la puerta y se presentó en el cuarto de mi amo.
+
+Antes de pasar adelante, quiero dar de éste algunas noticias, así como
+de su hidalga consorte, para mejor conocimiento de lo que va a pasar.
+
+
+
+
+-III-
+
+
+D. Alonso Gutiérrez de Cisniega pertenecía a una antigua familia del
+mismo Vejer. Consagráronle a la carrera naval, y desde su juventud,
+siendo guardia marina, se distinguió honrosamente en el ataque que los
+ingleses dirigieron contra la Habana en 1748. Formó parte de la
+expedición que salió de Cartagena contra Argel en 1775, y también se
+halló en el ataque de Gibraltar por el Duque de Crillon en 1782.
+Embarcose más tarde para la expedición al estrecho de Magallanes en la
+corbeta _Santa María de la Cabeza_, que mandaba Don Antonio de
+Córdova; también se halló en los gloriosos combates que sostuvo la
+escuadra anglo-española contra la francesa delante de Tolón en 1793, y,
+por último, terminó su gloriosa carrera en el desastroso encuentro del
+cabo de San Vicente, mandando el navío _Mejicano_, uno de los
+que tuvieron que rendirse.
+
+Desde entonces, mi amo, que no había ascendido conforme a su trabajosa y
+dilatada carrera, se retiró del servicio. De resultas de las heridas
+recibidas en aquella triste jornada, cayó enfermo del cuerpo, y más
+gravemente del alma, a consecuencia del pesar de la derrota. Curábale su
+esposa con amor, aunque no sin gritos, pues el maldecir a la marina y a
+los navegantes era en su boca tan habitual como los dulces nombres de
+Jesús y María en boca de un devoto.
+
+Era Doña Francisca una señora excelente, ejemplar, de noble origen,
+devota y temerosa de Dios, como todas las hembras de aquel tiempo;
+caritativa y discreta, pero con el más arisco y endemoniado genio que he
+conocido en mi vida. Francamente, yo no considero como ingénito aquel
+iracundo temperamento, sino, antes bien, creado por los disgustos que la
+ocasionó la desabrida profesión de su esposo; y es preciso confesar que
+no se quejaba sin razón, pues aquel matrimonio, que durante cincuenta
+años habría podido dar veinte hijos al mundo y a Dios, tuvo que
+contentarse con uno solo: la encantadora y sin par Rosita, de quien
+hablaré después. Por éstas y otras razones, Doña Francisca pedía al
+cielo en sus diarias oraciones el aniquilamiento de todas las escuadras
+europeas.
+
+En tanto, el héroe se consumía tristemente en Vejer viendo sus laureles
+apolillados y roídos de, y meditaba y discurría a todas horas sobre un
+tema importante, es decir: que si Córdova, comandante de nuestra
+escuadra, hubiera mandado orzar a babor en vez de ordenar la maniobra a
+estribor, los navíos _Mejicano_, _San José_,
+_San Nicolás_ y _San Isidro_ no habrían caído en
+poder de los ingleses, y el almirante inglés Jerwis habría sido
+derrotado. Su mujer, Marcial, hasta yo mismo, extralimitándome en mis
+atribuciones, le decíamos que la cosa no tenía duda, a ver si dándonos
+por convencidos se templaba el vivo ardor de su manía; pero ni por ésas:
+su manía le acompañó al sepulcro.
+
+Pasaron ocho años después de aquel desastre, y la noticia de que la
+escuadra combinada iba a tener un encuentro decisivo con los ingleses,
+produjo en él cierta excitación que parecía rejuvenecerle. Dio, pues, en
+la flor de que había de ir a la escuadra para presenciar la indudable
+derrota de sus mortales enemigos; y aunque su esposa trataba de
+disuadirle, como he dicho, era imposible desviarle de tan estrafalario
+propósito. Para dar a comprender cuán vehemente era su deseo, basta
+decir que osaba contrariar, aunque evitando toda disputa, la firme
+voluntad de; y debo advertir, para que se tenga idea de la obstinación
+de mi amo, que éste no tenía miedo a los ingleses, ni a los franceses,
+ni a los argelinos, ni a los salvajes del estrecho de Magallanes, ni al
+mar irritado, ni a los monstruos acuáticos, ni a la ruidosa tempestad,
+ni al cielo, ni a la tierra: no tenía miedo a cosa alguna creada por
+Dios, más que a su bendita mujer.
+
+Réstame hablar ahora del marinero, objeto del odio más vivo por parte de
+Doña Francisca; pero cariñosa y fraternalmente amado por mi amo D.
+Alonso, con quien había servido.
+
+Marcial (nunca supe su apellido), llamado entre los marineros
+Medio-hombre, había sido contramaestre en barcos de guerra durante
+cuarenta años. En la época de mi narración, la facha de este héroe de
+los mares era de lo más singular que puede imaginarse. Figúrense
+ustedes, señores míos, un hombre viejo, más bien alto que bajo, con una
+pierna de palo, el brazo izquierdo cortado a cercén más abajo del codo,
+un ojo menos, la cara garabateada por multitud de chirlos en todas
+direcciones y con desorden trazados por armas enemigas de diferentes
+clases, con la tez morena y curtida como la de todos los marinos viejos,
+con una voz ronca, hueca y perezosa que no se parecía a la de ningún
+habitante racional de tierra firme, y podrán formarse idea de este
+personaje, cuyo recuerdo me hace deplorar la sequedad de mi paleta, pues
+a fe que merece ser pintado por un diestro retratista. No puedo decir si
+su aspecto hacía reír o imponía respeto: creo que ambas cosas a la vez,
+y según como se le mirase.
+
+Puede decirse que su vida era la historia de la marina española en la
+última parte del siglo pasado y principios del presente; historia en
+cuyas páginas las gloriosas acciones alternan con lamentables desdichas.
+Marcial había navegado en el _Conde de Regla_, en el _San
+Joaquín_, en el _Real Carlos_, en el
+_Trinidad_, y en otros heroicos y desgraciados barcos que, al
+parecer derrotados con honra o destruidos con alevosía, sumergieron con
+sus viejas tablas el poderío naval de España.
+
+Además de las campañas en que tomó parte con mi amo, Medio-hombre había
+asistido a otras muchas, tales como la expedición a la Martinica, la
+acción de Finisterre y antes el terrible episodio del Estrecho, en la
+noche del 12 de julio de 1801, y al combate del cabo de Santa María, en
+5 de octubre de 1804.
+
+A la edad de sesenta y seis años se retiró del servicio, mas no por
+falta de bríos, sino porque ya se hallaba completamente desarbolado y
+fuera de combate. Él y mi amo eran en tierra dos buenos amigos; y como
+la hija única del contramaestre se hallase casada con un antiguo criado
+de la casa, resultando de esta unión un nieto, Medio-hombre se decidió a
+echar para siempre el ancla, como un viejo pontón inútil para la guerra,
+y hasta llegó a hacerse la ilusión de que le gustaba la paz. Bastaba
+verle para comprender que el empleo más difícil que podía darse a aquel
+resto glorioso de un héroe era el de cuidar chiquillos; y en efecto,
+Marcial no hacía otra cosa que cargar, distraer y dormir a su nieto,
+para cuya faena le bastaban sus canciones marineras sazonadas con algún
+juramento, propio del oficio.
+
+Mas al saber que la escuadra combinada se apercibía para un gran
+combate, sintió renacer en su pecho el amortiguado entusiasmo, y soñó
+que se hallaba mandando la marinería en el alcázar de proa del
+_Santísima Trinidad_. Como notase en D. Alonso iguales
+síntomas de recrudecimiento, se franqueó con él, y desde entonces
+pasaban gran parte del día y de la noche comunicándose, así las noticias
+recibidas como las propias sensaciones, refiriendo hechos pasados,
+haciendo conjeturas sobre los venideros y soñando despiertos, como dos
+grumetes que en íntima confidencia calculan el modo de llegar a
+almirantes.
+
+En estas encerronas, que traían a Doña Francisca muy alarmada, nació el
+proyecto de embarcarse en la escuadra para presenciar el próximo
+combate. Ya saben ustedes la opinión de mi ama y las mil picardías que
+dijo del marinero embaucador; ya saben que D. Alonso insistía en poner
+en ejecución tan atrevido pensamiento, acompañado de su paje, y ahora me
+resta referir lo que todos dijeron cuando Marcial se presentó a defender
+la guerra contra el vergonzoso _statu quo_ de Doña Francisca.
+
+
+
+
+-IV-
+
+
+«Señor Marcial--dijo ésta con redoblado furor:--si quiere usted ir a la
+escuadra a que le den la última mano, puede embarcar cuando quiera; pero
+lo que es este no irá.
+
+--Bueno--contestó el marinero, que se había sentado en el borde de una
+silla, ocupando sólo el espacio necesario para sostenerse--: iré yo
+solo. El demonio me lleve, si me quedo sin echar el catalejo a la
+fiesta.»
+
+Después añadió con expresión de júbilo:
+
+«Tenemos quince navíos, y los francesitos veinticinco barcos. Si todos
+fueran nuestros, no era preciso tanto... ¡Cuarenta buques y mucho
+corazón embarcado!»
+
+Como se comunica el fuego de una mecha a otra que está cercana, así el
+entusiasmo que irradió del ojo de Marcial encendió los dos, ya por la
+edad amortiguados, de mi buen amo.
+
+«Pero el _Señorito_--continuó Medio-hombre--, traerá muchos
+también. Así me gustan a mí las funciones: mucha madera donde mandar
+balas, y mucho _jumo_ de pólvora que caliente el aire cuando
+hace frío.»
+
+Se me había olvidado decir que Marcial, como casi todos los marinos,
+usaba un vocabulario formado por los más peregrinos terminachos, pues es
+costumbre en la gente de mar de todos los países desfigurar la lengua
+patria hasta convertirla en caricatura. Observando la mayor parte de las
+voces usadas por los navegantes, se ve que son simplemente corruptelas
+de las palabras más comunes, adaptadas a su temperamento arrebatado y
+enérgico, siempre propenso a abreviar todas las funciones de la vida, y
+especialmente el lenguaje. Oyéndoles hablar, me ha parecido a veces que
+la lengua es un órgano que les estorba.
+
+Marcial, como digo, convertía los nombres en verbos, y éstos en nombres,
+sin consultar con la Academia. Asimismo aplicaba el vocabulario de la
+navegación a todos los actos de la vida, asimilando el navío con el
+hombre, en virtud de una forzada analogía entre las partes de aquél y
+los miembros de éste. Por ejemplo, hablando de la pérdida de su ojo,
+decía que había cerrado el _portalón de estribor_; y para
+expresar la rotura del brazo, decía que se había quedado sin la
+_serviola de babor_. Para él el corazón, residencia del valor
+y del heroísmo, era el _pañol de la pólvora_, así como el
+estómago el _pañol del viscocho_. Al menos estas frases las
+entendían los marineros; pero había otras, hijas de su propia inventiva
+filológica, de él sólo conocidas y en todo su valor apreciadas. ¿Quién
+podría comprender lo que significaban _patigurbiar,
+chingurria_ y otros feroces nombres del mismo jaez? Yo creo, aunque
+no lo aseguro, que con el primero significaba dudar, y con el segundo
+tristeza. La acción de embriagarse la denominaba de mil maneras
+distintas, y entre éstas la más común era _ponerse la casaca_,
+idiotismo cuyo sentido no hallarán mis lectores, si no les explico que,
+habiéndole merecido los marinos ingleses el dictado de
+_casacones_, sin duda a causa de su uniforme, al decir
+_ponerse la casaca_ por emborracharse, quería significar
+Marcial una acción común y corriente entre sus enemigos. A los
+almirantes extranjeros los llamaba con estrafalarios nombres, ya creados
+por él, ya traducidos a su manera, fijándose en semejanzas de sonido. A
+Nelson le llamaba el _Señorito_, voz que indicaba cierta
+consideración o respeto; a Collingwood el _tío Calambre_,
+frase que a él le parecía exacta traducción del inglés; a Jerwis le
+nombraba como los mismos ingleses, esto es, _viejo zorro_; a
+Calder el _tío Perol_, porque encontraba mucha relación entre
+las dos voces; y siguiendo un sistema lingüístico enteramente opuesto,
+designaba a Villeneuve, jefe de la escuadra combinada, con el apodo de
+_Monsieur Corneta_, nombre tomado de un sainete a cuya
+representación asistió Marcial en Cádiz. En fin, tales eran los
+disparates que salían de su boca, que me veré obligado, para evitar
+explicaciones enojosas, a sustituir sus frases con las usuales, cuando
+refiera las conversaciones que de él recuerdo.
+
+Sigamos ahora. Doña Francisca, haciéndose cruces, dijo así:
+
+«¡Cuarenta navíos! Eso es tentar a la Divina Providencia. ¡Jesús!, y lo
+menos tendrán cuarenta mil cañones, para que estos enemigos se maten
+unos a otros.
+
+--Lo que es como Mr. Corneta tenga bien provistos los pañoles de la
+pólvora--contestó Marcial señalando al corazón--, ya se van a reír esos
+señores casacones. No será ésta como la del cabo de San Vicente.
+
+--Hay que tener en cuenta--dijo mi amo con placer, viendo mencionado su
+tema favorito--, que si el almirante Córdova hubiera mandado virar a
+babor a los navíos _San José_ y _Mejicano_, el Sr.
+de Jerwis no se habría llamado _Lord Conde de San Vicente_. De
+eso estoy bien seguro, y tengo datos para asegurar que con la maniobra
+a babor, hubiéramos salido victoriosos.
+
+--¡Victoriosos!--exclamó con desdén Doña Francisca--. Si pueden ellos
+más... Estos bravucones parece que se quieren comer el mundo, y en
+cuanto salen al mar parece que no tienen bastantes costillas para
+recibir los porrazos de los ingleses.
+
+--¡No!--dijo Medio-hombre enérgicamente y cerrando el con gesto
+amenazador--. ¡Si no fuera por sus muchas astucias y picardías!...
+Nosotros vamos siempre contra ellos con el alma a un largo, pues, con
+nobleza, bandera izada y manos limpias. El inglés no se
+_larguea_, y siempre ataca por sorpresa, buscando las aguas
+malas y las horas de cerrazón. Así fue la del Estrecho, que nos tienen
+que pagar. Nosotros navegábamos confiados, porque ni de perros herejes
+moros se teme la traición, _cuantimás_ de un inglés que es
+_civil_ y al modo de cristiano. Pero no: el que ataca a
+traición no es cristiano, sino un salteador de caminos. Figúrese usted,
+señora--añadió dirigiéndose a Doña Francisca para obtener su
+benevolencia--, que salimos de Cádiz para auxiliar a la escuadra
+francesa que se había refugiado en Algeciras, perseguida por los
+ingleses.
+
+Hace de esto cuatro años, y _entavía_ tengo tal coraje que la
+sangre se me emborbota cuando lo recuerdo. Yo iba en el _Real
+Carlos_, de 112 cañones, que mandaba Ezguerra, y además llevábamos
+el _San Hermenegildo_, de 112 también; el _San
+Fernando_, el _Argonauta_, el _San Agustín_ y
+la fragata _Sabina_. Unidos con la escuadra francesa, que
+tenía cuatro navíos, tres fragatas y un bergantín, salimos de Algeciras
+para Cádiz a las doce del día, y como el tiempo era flojo, nos anocheció
+más acá de punta Carnero. La noche estaba más negra que un barril de
+chapapote; pero como el tiempo era bueno, no nos importaba navegar a
+obscuras. Casi toda la tripulación dormía: me acuerdo que estaba yo en
+el castillo de proa hablando con mi primo Pepe Débora, que me contaba
+las perradas de su suegra, y desde allí vi las luces del _San
+Hermenegildo_, que navegaba a estribor como a tiro de cañón. Los
+demás barcos iban delante. _Pusque_ lo que menos creíamos era
+que los casacones habían salido de Gibraltar tras de nosotros y nos
+daban caza.
+
+¿Ni cómo los habíamos de ver, si tenían apagadas las luces y se nos
+acercaban sin que nos percatáramos de ello? De repente, y
+_anque_ la noche estaba muy obscura, me pareció ver... yo
+siempre he tenido un _farol_ como un lince... me pareció que
+un barco pasaba entre nosotros y el _San Hermenegildo_. «José
+Débora--dije a mi compañero--; o yo estoy viendo _pantasmas_,
+o tenemos un barco inglés por estribor».
+
+José Débora miró y me dijo:
+
+«Que el palo mayor se caiga por la fogonadura y me parta, si hay por
+estribor más barco que el _San Hermenegildo_.
+
+--Pues por sí o por no--dije--, voy a avisarle al oficial que está de
+cuarto».
+
+No había acabado de decirlo, cuando pataplús... sentimos el
+_musiqueo_ de toda una andanada que nos soplaron por el
+costado. En un minuto la tripulación se levantó... cada uno a su
+puesto... ¡Qué batahola, señora Doña Francisca! Me alegrara de que usted
+lo hubiera visto para que supiera cómo son estas cosas. Todos jurábamos
+como demonios y pedíamos a Dios que nos pusiera un cañón en cada dedo
+para contestar al ataque. Ezguerra subió al alcázar y mandó disparar la
+andanada de estribor... ¡_zapataplús_! La andanada de estribor
+disparó en seguida, y al poco rato nos contestaron... Pero en aquella
+trapisonda no vimos que con el primer disparo nos habían soplado a bordo
+unas endiabladas materias _comestibles_ (combustibles quería
+decir), que cayeron sobre el buque como si estuviera lloviendo fuego. Al
+ver que ardía nuestro navío, se nos redobló la rabia y cargamos de nuevo
+la andanada, y otra, y otra. ¡Ah, señora Doña Francisca! ¡Bonito se puso
+aquello!... Nuestro comandante mandó meter sobre estribor para atacar al
+abordaje al buque enemigo. Aquí te quiero ver... Yo estaba en mis
+glorias... En un guiñar del ojo preparamos las hachas y picas para el
+abordaje... el barco enemigo se nos venía encima, lo cual me
+_encabrilló_ (me alegró) el alma, porque así nos enredaríamos
+más pronto... Mete, mete a estribor... ¡qué julepe! Principiaba a
+amanecer: ya los penoles se besaban; ya estaban dispuestos los grupos,
+cuando oímos juramentos españoles a bordo del buque enemigo. Entonces
+nos quedamos todos tiesos de espanto, porque vimos que el barco con que
+nos batíamos era el mismo _San Hermenegildo_.
+
+--Eso sí que estuvo bueno--dijo Doña Francisca mostrando algún interés
+en la narración--. ¿Y cómo fueron tan burros que uno y otro...?
+
+--Diré a usted: no tuvimos tiempo de andar con palabreo. El fuego del
+_Real Carlos_ se pasó al _San Hermenegildo_, y
+entonces... ¡Virgen del Carmen, la que se armó! ¡A las lanchas!,
+gritaron muchos. El fuego estaba ya ras con ras con la _Santa
+Bárbara_, y esta señora no se anda con bromas... Nosotros
+jurábamos, gritábamos insultando a Dios, a la Virgen y a todos los
+santos, porque así parece que se desahoga uno cuando está lleno de
+coraje hasta la escotilla.
+
+--¡Jesús, María y José!, ¡qué horror!--exclamó mi ama--. ¿Y se
+salvaron?
+
+--Nos salvamos cuarenta en la falúa y seis o siete en el chinchorro:
+éstos recogieron al segundo del _San Hermenegildo_. José
+Débora se aferró a un pedazo de palo y arribó más muerto que vivo a las
+playas de Marruecos.
+
+--Los demás... y en ella cabe mucha gente. Dos mil hombres
+_apagaron fuegos_ aquel día, entre ellos nuestro comandante
+Ezguerra, y Emparán el del otro barco.
+
+--Válgame Dios--dijo Doña Francisca--. Aunque bien empleado les está,
+por andarse en esos juegos. Si se estuvieran quietecitos en sus casas
+como Dios manda...
+
+--Pues la causa de este desastre--dijo Don Alonso, que gustaba de
+interesar a su mujer en tan dramáticos sucesos--, fue la siguiente. Los
+ingleses, validos de la obscuridad de la noche, dispusieron que el navío
+_Soberbio_, el más ligero de los que traían, apagara sus luces
+y se colocara entre nuestros dos hermosos barcos. Así lo hizo: disparó
+sus dos andanadas, puso su aparejo en facha con mucha presteza, orzando
+al mismo tiempo para librarse de la contestación. El _Real
+Carlos_ y el _San Hermenegildo_, viéndose atacados
+inesperadamente, hicieron fuego; pero se estuvieron batiendo el uno
+contra el otro, hasta que cerca del amanecer y estando a punto de
+abordarse, se reconocieron y ocurrió lo que tan detalladamente te ha
+contado Marcial.
+
+--¡Oh!, ¡y qué bien os la jugaron!--dijo la dama--. Estuvo bueno,
+aunque eso no es de gente noble.
+
+--Qué ha de ser--añadió Medio-hombre--. Entonces yo no los quería bien;
+pero _dende_ esa noche... Si están ellos en el Cielo, no
+quiero ir al Cielo, _manque_ me condene para toda la
+_enternidad_...
+
+--¿Pues y la captura de las cuatro fragatas que venían del Río de la
+Plata?--dijo D. Alonso animando a Marcial para que continuara sus
+narraciones.
+
+--También en esa me encontré--contestó el marino--, y allí me dejaron
+sin pierna. También entonces nos cogieron desprevenidos, y como
+estábamos en tiempo de paz, navegábamos muy tranquilos, contando ya las
+horas que nos faltaban para llegar, cuando de pronto...
+
+Le diré a usted cómo fue, señora Doña Francisca, para que vea las mañas
+de esa gente. Después de lo del Estrecho, me embarqué en la
+_Fama_ para Montevideo, y ya hacía mucho tiempo que estábamos
+allí, cuando el jefe de la escuadra recibió orden de traer a España los
+caudales de Lima y Buenos Aires. El viaje fue muy bueno, y no tuvimos
+más percance que unas calenturillas, que no mataron ni tanto así de
+hombre... Traíamos mucho dinero del Rey y de particulares, y también lo
+que llamamos la _caja de soldadas_, que son los ahorrillos de
+la tropa que sirve en las Américas. Por junto, si no me engaño, eran
+cosa de cinco millones de pesos, como quien no dice nada, y además
+traíamos pieles de lobo, lana de vicuña, cascarilla, barras de estaño y
+cobre y maderas finas... Pues, señor, después de cincuenta días de
+navegación, el 5 de Octubre, vimos tierra, y ya contábamos entrar en
+Cádiz al día siguiente, cuando cátate que hacia el Nordeste se nos
+presentan cuatro señoras fragatas.
+
+_Anque_ era tiempo de paz, y nuestro capitán, D. Miguel de
+Zapiaín, parecía no tener maldito recelo, yo, que soy perro viejo en la
+mar, llamé a Débora y le dije que el tiempo me olía a pólvora... Bueno:
+cuando las fragatas inglesas estuvieron cerca, el general mandó hacer
+zafarrancho; la _Fama_ iba delante, y al poco rato nos
+encontramos a tiro de pistola de una de las inglesas por barlovento.
+
+Entonces el capitán inglés nos habló con su bocina y nos dijo... ¡pues
+mire usted que me gustó la franqueza!... nos dijo que nos pusiéramos en
+facha porque nos iba a atacar. Hizo mil preguntas; pero le dijimos que
+no nos daba la gana de contestar. A todo esto, las otras tres fragatas
+enemigas se habían acercado a las nuestras, de tal manera que cada una
+de las inglesas tenía otra española por el costado de sotavento.
+
+--Su posición no podía ser mejor--apuntó mi amo.
+
+--Eso digo yo--continuó Marcial--. El jefe de nuestra escuadra, D. José
+Bustamante, anduvo poco listo, que si hubiera sido yo... Pues, señor, el
+_comodón_ (quería decir el comodoro) inglés envió a bordo de
+la _Medea_ un oficialillo de estos de cola de abadejo, el
+cual, sin andarse en chiquitas, dijo que _anque_ no estaba
+declarada la guerra, el _comodón_ tenía orden de apresarnos.
+Esto sí que se llama ser inglés. El combate empezó al poco rato; nuestra
+fragata recibió la primera andanada por babor; se le contestó al saludo,
+y cañonazo va, cañonazo viene... lo cierto del caso es que no metimos
+en un puño a aquellos herejes _por mor_ de que el demonio fue
+y pegó fuego a la Santa Bárbara de la _Mercedes_, que se voló
+en un suspiro, ¡y todos con este suceso, nos afligimos tanto,
+sintiéndonos tan apocados...!, no por falta de valor, sino por aquello
+que dicen... en _la moral_... pues... _denque_ el
+mismo momento nos vimos perdidos. Nuestra fragata tenía las velas con
+más agujeros que capa vieja, los cabos rotos, cinco pies de agua en
+bodega, el palo de mesana tendido, tres balazos a flor de agua y
+bastantes muertos y heridos. A pesar de esto, seguíamos la
+_cuchipanda_ con el inglés; pero cuando vimos que la
+_Medea_ y la _Clara_, no pudiendo resistir la
+chamusquina, arriaban bandera, forzamos de vela y nos retiramos
+defendiéndonos como podíamos. La maldita fragata inglesa nos daba caza,
+y como era más velera que la nuestra, no pudimos zafarnos y tuvimos
+también que arriar el trapo a las tres de la tarde, cuando ya nos habían
+matado mucha gente, y yo estaba medio muerto sobre el sollao porque a
+una bala le dio la gana de quitarme la pierna. Aquellos condenados nos
+llevaron a Inglaterra, no como presos, sino como detenidos; pero carta
+va, carta viene entre Londres y Madrid, lo cierto es que se quedaron
+con el dinero, y me parece que cuando a mí me nazca otra pierna,
+entonces el Rey de España les verá la punta del pelo a los cinco
+millones de pesos.
+
+--¡Pobre hombre!... ¿y entonces perdiste la pata?--le dijo
+compasivamente Doña Francisca.
+
+--Sí señora: los ingleses, sabiendo que yo no era bailarín, creyeron que
+tenía bastante con una. En la travesía me curaron bien: en un pueblo que
+llaman _Plinmuf_ (Plymouth) estuve seis meses en el pontón,
+con el petate liado y la patente para el otro mundo en el bolsillo...
+Pero Dios quiso que no me fuera a pique tan pronto: un físico inglés me
+puso esta pierna de palo, que es mejor que la otra, porque aquélla me
+dolía de la condenada reúma, y ésta, a Dios gracias, no duele aunque la
+echen una descarga de metralla. En cuanto a dureza, creo que la tiene,
+_aunque entavía_ no se me ha puesto delante la popa de ningún
+inglés para probarla.
+
+--Muy bravo estás--dijo mi ama--; quiera Dios no pierdas también la
+otra. «El que busca el peligro...»
+
+Concluida la relación de Marcial, se trabó de nuevo la disputa sobre si
+mi amo iría o no a la escuadra. Persistía Doña Francisca en la
+negativa, y D. Alonso, que en presencia de su digna esposa era manso
+como un cordero, buscaba pretextos y alegaba toda clase de razones para
+convencerla.
+
+«Iremos sólo a ver, mujer; nada más que a ver--decía el héroe con mirada
+suplicante.
+
+--Dejémonos de fiestas--le contestaba su esposa--. Buen par de
+esperpentos estáis los dos.
+
+--La escuadra combinada--dijo Marcial--, se quedará en Cádiz, y ellos
+tratarán de forzar la entrada.
+
+--Pues entonces--añadió mi ama--, pueden ver la función desde la
+muralla de Cádiz; pero lo que es en los barquitos... Digo que no y que
+no, Alonso. En cuarenta años de casados no me has visto enojada (la veía
+todos los días); pero ahora te juro que si vas a bordo... haz cuenta de
+que Paquita no existe para ti.
+
+--¡Mujer!--exclamó con aflicción mi amo--. ¡Y he de morirme sin tener
+ese gusto!
+
+--¡Bonito gusto, hombre de Dios! ¡Ver cómo se matan esos locos! Si el
+Rey de las Españas me hiciera caso, mandaría a paseo a los ingleses y
+les diría: «Mis vasallos queridos no están aquí para que ustedes se
+diviertan con ellos. Métanse ustedes en faena unos con otros si quieren
+juego». ¿Qué creen? Yo, aunque tonta, bien sé lo que hay aquí, y es que
+el Primer Cónsul, Emperador, Sultán, o lo que sea, quiere acometer a
+los ingleses, y como no tiene hombres de alma para el caso, ha embaucado
+a nuestro buen Rey para que le preste los suyos, y la verdad es que nos
+está fastidiando con sus guerras marítimas. Díganme ustedes: ¿a España
+qué le va ni le viene en esto? ¿Por qué ha de estar todos los días
+cañonazo y más cañonazo por una simpleza? Antes de esas picardías que
+Marcial ha contado, ¿qué daño nos habían hecho los ingleses? ¡Ah, si
+hicieran caso de lo que yo digo, el señor de Bonaparte armaría la guerra
+solo, o si no que no la armara!
+
+--Es verdad--dijo mi amo--, que la alianza con Francia nos está
+haciendo mucho daño, pues si algún provecho resulta es para nuestra
+aliada, mientras todos los desastres son para nosotros.
+
+--Entonces, tontos rematados, ¿para qué se os calientan las pajarillas
+con esta guerra?
+
+--El honor de nuestra nación está empeñado--contestó D. Alonso--, y una
+vez metidos en la danza, sería una mengua volver atrás. Cuando estuve el
+mes pasado en Cádiz en el bautizo de la hija de mi primo, me decía
+Churruca: «Esta alianza con Francia, y el maldito tratado de San
+Ildefonso, que por la astucia de Bonaparte y la debilidad de Godoy se
+ha convertido en tratado de subsidios, serán nuestra ruina, serán la
+ruina de nuestra escuadra, si Dios no lo remedia, y, por tanto, la ruina
+de nuestras colonias y del comercio español en América. Pero, a pesar de
+todo, es preciso seguir adelante».
+
+--Bien digo yo--añadió doña Francisca--, que ese Príncipe de la Paz se
+está metiendo en cosas que no entiende. Ya se ve, ¡un hombre sin
+estudios! Mi hermano el arcediano, que es partidario del príncipe
+Fernando, dice que ese señor Godoy es un alma de cántaro, y que no ha
+estudiado latín ni teología, pues todo su saber se reduce a tocar la y a
+conocer los veintidós modos de bailar la gavota. Parece que por su linda
+cara le han hecho, primer ministro. Así andan las cosas de España;
+luego, hambre y más hambre... todo tan caro... la fiebre amarilla
+asolando a Andalucía... Está esto bonito, sí, señor... Y de ello tienen
+ustedes la culpa--continuó engrosando la voz y poniéndose muy
+encarnada--, sí señor, ustedes que ofenden a Dios matando tanta gente;
+ustedes, que si en vez de meterse en esos endiablados barcos, se fueran
+a la iglesia a rezar el rosario, no andaría Patillas tan suelto por
+España haciendo diabluras.
+
+--Tú irás a Cádiz también--dijo D. Alonso ansioso de despertar el
+entusiasmo en el pecho de su mujer--; irás a casa de Flora, y desde el
+mirador podrás ver cómodamente el combate, el humo, los fogonazos, las
+banderas... Es cosa muy bonita.
+
+--¡Gracias, gracias! Me caería muerta de miedo. Aquí nos estaremos
+quietos, que el que busca el peligro en él perece.
+
+Así terminó aquel diálogo, cuyos pormenores he conservado en mi memoria,
+a pesar del tiempo transcurrido. Mas acontece con frecuencia que los
+hechos muy remotos, correspondientes a nuestra infancia, permanecen
+grabados en la imaginación con mayor fijeza que los presenciados en edad
+madura, y cuando predomina sobre todas las facultades la razón.
+
+Aquella noche D. Alonso y Marcial siguieron conferenciando en los pocos
+ratos que la recelosa Doña Francisca los dejaba solos. Cuando ésta fue a
+la parroquia para asistir a la novena, según su piadosa costumbre, los
+dos marinos respiraron con libertad como escolares bulliciosos que
+pierden de vista al maestro. Encerráronse en el despacho, sacaron unos
+mapas y estuvieron examinándolos con gran atención; luego leyeron
+ciertos papeles en que había apuntados los nombres de muchos barcos
+ingleses con la cifra de sus cañones y tripulantes, y durante su
+calurosa conferencia, en que alternaba la lectura con los más enérgicos
+comentarios, noté que ideaban el plan de un combate naval.
+
+Marcial imitaba con los gestos de su brazo y medio la marcha de las
+escuadras, la explosión de las andanadas; con su cabeza, el balance de
+los barcos combatientes; con su cuerpo, la caída de costado del buque
+que se va a pique; con su mano, el subir y bajar de las banderas de
+señal; con un ligero silbido, el mando del contramaestre; con los
+porrazos de su pie de palo contra el suelo, el estruendo del cañón; con
+su lengua estropajosa, los juramentos y singulares voces del combate; y
+como mi amo le secundase en esta tarea con la mayor gravedad, quise yo
+también echar mi cuarto a espadas, alentado por el ejemplo, y dando
+natural desahogo a esa necesidad devoradora de meter ruido que domina el
+temperamento de los chicos con absoluto imperio. Sin poderme contener,
+viendo el entusiasmo de los dos marinos, comencé a dar vueltas por la
+habitación, pues la confianza con que por mi amo era tratado me
+autorizaba a ello; remedé con la cabeza y los brazos la disposición de
+una nave que ciñe el viento, y al mismo tiempo profería, ahuecando la
+voz, los retumbantes monosílabos que más se parecen al ruido de un
+cañonazo, tales como ¡bum, bum, bum!... Mi respetable amo, el mutilado
+marinero, tan niños como yo en aquella ocasión, no pararon mientes en lo
+que yo hacía, pues harto les embargaban sus propios pensamientos.
+
+¡Cuánto me he reído después recordando aquella escena, y cuán cierto es,
+por lo que respecta a mis compañeros en aquel juego, que el entusiasmo
+de la ancianidad convierte a los viejos en niños, renovando las
+travesuras de la cuna al borde mismo del sepulcro!
+
+Muy enfrascados estaban ellos en su conferencia, cuando sintieron los
+pasos de Doña Francisca que volvía de la novena.
+
+«¡Qué viene!--exclamó Marcial con terror.
+
+Y al punto guardaron los planos, disimulando su excitación, y pusiéronse
+a hablar de cosas indiferentes. Pero yo, bien porque la sangre juvenil
+no podía aplacarse fácilmente, bien porque no observé a tiempo la
+entrada de mi ama, seguí en medio del cuarto demostrando mi enajenación
+con frases como éstas, pronunciadas con el mayor desparpajo: ¡la mura a
+estribor!... ¡orza!... ¡la andanada de sotavento!... ¡fuego!... ¡bum,
+bum!... Ella se llegó a mí furiosa, y sin previo aviso me descargó en
+la popa la andanada de su mano derecha con tan buena puntería, que me
+hizo ver las estrellas.
+
+«¡También tú!--gritó vapuleándome sin compasión--. Ya ves--añadió
+mirando a su marido con centelleantes ojos--: tú le enseñas a que pierda
+el respeto... ¿Te has creído que estás todavía en la Caleta, pedazo de
+zascandil?
+
+La zurra continuó en la forma siguiente: yo caminando a la cocina,
+lloroso y avergonzado, después de arriada la bandera de mi dignidad, y
+sin pensar en defenderme contra tan superior enemigo; Doña Francisca
+detrás dándome caza y poniendo a prueba mi pescuezo con los repetidos
+golpes de su mano. En la cocina eché el ancla, lloroso, considerando
+cuán mal había concluido mi combate naval.
+
+
+
+
+-V-
+
+
+Para oponerse a la insensata determinación de su marido, Doña Francisca
+no se fundaba sólo en las razones anteriormente expuestas; tenía, además
+de aquéllas, otra poderosísima, que no indicó en el diálogo anterior,
+quizá por demasiado sabida.
+
+Pero el lector no la sabe y voy a decírsela. Creo haber escrito que mis
+amos tenían una hija. Pues bien: esta hija se llamaba Rosita, de edad
+poco mayor que la mía, pues apenas pasaba de los quince años, y ya
+estaba concertado su matrimonio con un joven oficial de Artillería
+llamado Malespina, de una familia de Medinasidonia, lejanamente
+emparentada con la de mi ama. Habíase fijado la boda para fin de
+Octubre, y ya se comprende que la ausencia del padre de la novia habría
+sido inconveniente en tan solemnes días.
+
+Voy a decir algo de mi señorita, de su novio, de sus amores, de su
+proyectado enlace y... ¡ay!, aquí mis recuerdos toman un tinte
+melancólico, evocando en mi fantasía imágenes importunas y exóticas
+como si vinieran de otro mundo, despertando en mi cansado pecho
+sensaciones que, a decir verdad, ignoro si traen a mi espíritu alegría o
+tristeza. Estas ardientes memorias, que parecen agostarse hoy en mi
+cerebro, como flores tropicales trasplantadas al Norte helado, me hacen
+a veces reír, y a veces me hacen pensar... Pero contemos, que el lector
+se cansa de reflexiones enojosas sobre lo que a un solo mortal interesa.
+
+Rosita era lindísima. Recuerdo perfectamente su hermosura, aunque me
+sería muy difícil describir sus facciones. Parece que la veo sonreír
+delante de mí. La singular expresión de su rostro, a la de ningún otro
+parecida, es para mí, por la claridad con que se ofrece a mi
+entendimiento, como una de esas nociones primitivas, que parece hemos
+traído de otro mundo, o nos han sido infundidas por misterioso poder
+desde la cuna. Y sin embargo, no respondo de poderlo pintar, porque lo
+que fue real ha quedado como una idea indeterminada en mi cabeza, y nada
+nos fascina tanto, así como nada se escapa tan sutilmente a toda
+apreciación descriptiva, como un ideal querido.
+
+Al entrar en la casa, creí que Rosita pertenecía a un orden de criaturas
+superior. Explicaré mis pensamientos para que se admiren ustedes de mi
+simpleza. Cuando somos niños, y un nuevo ser viene al mundo en nuestra
+casa, las personas mayores nos dicen que le han traído de Francia, de
+París o de Inglaterra. Engañado yo como todos acerca de tan singular
+modo de perpetuar la especie, creía que los niños venían por encargo,
+empaquetados en un cajoncito, como un fardo de quincalla. Pues bien:
+contemplando por primera vez a la hija de mis amos, discurrí que tan
+bella persona no podía haber venido de la fábrica de donde venimos
+todos, es decir, de París o de Inglaterra, y me persuadí de la
+existencia de alguna región encantadora, donde artífices divinos sabían
+labrar tan hermosos ejemplares de la persona humana.
+
+Como niños ambos, aunque de distinta condición, pronto nos tratamos con
+la confianza propia de la edad, y mi mayor dicha consistía en jugar con
+ella, sufriendo todas sus impertinencias, que eran muchas, pues en
+nuestros juegos nunca se confundían las clases: ella era siempre
+señorita, y yo siempre criado; así es que yo llevaba la peor parte, y si
+había golpes, no es preciso indicar aquí quién los recibía.
+
+Ir a buscarla al salir de la escuela para acompañarla a casa, era mi
+sueño de oro; y cuando por alguna ocupación imprevista se encargaba a
+otra persona tan dulce comisión, mi pena era tan profunda, que yo la
+equiparaba a las mayores penas que pueden pasarse en la vida, siendo
+hombre, y decía: «Es imposible que cuando yo sea grande experimente
+desgracia mayor». Subir por orden suya al naranjo del patio para coger
+los azahares de las más altas ramas, era para mí la mayor de las
+delicias, posición o preeminencia superior a la del mejor rey de la
+tierra subido en su trono de oro; y no recuerdo alborozo comparable al
+que me causaba obligándome a correr tras ella en ese divino e inmortal
+juego que llaman.
+
+Si ella corría como una gacela, yo volaba como un pájaro para cogerla
+más pronto, asiéndola por la parte de su cuerpo que encontraba más a
+mano. Cuando se trocaban los papeles, cuando ella era la perseguidora y
+a mí me correspondía el ser cogido, se duplicaban las inocentes y puras
+delicias de aquel juego sublime, y el paraje más obscuro y feo, donde
+yo, encogido y palpitante, esperaba la impresión de sus brazos ansiosos
+de estrecharme, era para mí un verdadero paraíso. Añadiré que jamás,
+durante aquellas escenas, tuve un pensamiento, una sensación, que no
+emanara del más refinado idealismo.
+
+¿Y qué diré de su canto? Desde muy niña acostumbraba a cantar el
+_olé_ y las _cañas_, con la maestría de los
+ruiseñores, que lo saben todo en materia de música sin haber aprendido
+nada. Todos le alababan aquella habilidad, y formaban corro para oírla;
+pero a mí me ofendían los aplausos de sus admiradores, y hubiera deseado
+que enmudeciera para los demás. Era aquel canto un gorjeo melancólico,
+aun modulado por su voz infantil. La nota, que repercutía sobre sí
+misma, enredándose y desenredándose, como un hilo sonoro, se perdía
+subiendo y se desvanecía alejándose para volver descendiendo con timbre
+grave. Parecía emitida por un avecilla, que se remontara primero al
+Cielo, y que después cantara en nuestro propio oído. El alma, si se me
+permite emplear un símil vulgar, parecía que se alargaba siguiendo el
+sonido, y se contraía después retrocediendo ante él, pero siempre
+pendiente de la melodía y asociando la música a la hermosa cantora. Tan
+singular era el efecto, que para mí el oírla cantar, sobre todo en
+presencia de otras personas, era casi una mortificación.
+
+Teníamos la misma edad, poco más o menos, como he dicho, pues sólo
+excedía la suya a la mía en unos ocho o nueve meses. Pero yo era
+pequeñuelo y raquítico, mientras ella se desarrollaba con mucha lozanía,
+y así, al cumplirse los tres años de mi residencia en la casa, ella
+parecía de mucha más edad que yo. Estos tres años se pasaron sin
+sospechar nosotros que íbamos creciendo, y nuestros juegos no se
+interrumpían, pues ella era más traviesa que yo, y su madre la reñía,
+procurando sujetarla y hacerla trabajar.
+
+Al cabo de lo tres años advertí que las formas de mi idolatrada señorita
+se ensanchaban y redondeaban, completando la hermosura de su cuerpo: su
+rostro se puso más encendido, más lleno, más tibio; sus grandes ojos más
+vivos, si bien con la mirada menos errátil y voluble; su andar más
+reposado; sus movimientos no sé si más o menos ligeros, pero ciertamente
+distintos, aunque no podía entonces ni puedo ahora apreciar en qué
+consistía la diferencia. Pero ninguno de estos accidentes me confundió
+tanto como la transformación de su voz, que adquirió cierta sonora
+gravedad bien distinta de aquel travieso y alegre chillido con que me
+llamaba antes, trastornándome el juicio, y obligándome a olvidar mis
+quehaceres, para acudir al juego. El capullo se convertía en rosa y la
+crisálida en.
+
+Un día mil veces funesto, mil veces lúgubre, mi amita se presentó ante
+mí con traje bajo. Aquella transfiguración produjo en mí tal impresión,
+que en todo el día no hablé una palabra. Estaba serio como un hombre que
+ha sido vilmente engañado, y mi enojo contra ella era tan grande, que en
+mis soliloquios probaba con fuertes razones que el rápido crecimiento de
+mi amita era una felonía. Se despertó en mí la fiebre del raciocinar, y
+sobre aquel tema controvertía apasionadamente conmigo mismo en el
+silencio de mis insomnios. Lo que más me aturdía era ver que con unas
+cuantas varas de tela había variado por completo su carácter. Aquel día,
+mil veces desgraciado, me habló en tono ceremonioso, ordenándome con
+gravedad y hasta con displicencia las faenas que menos me gustaban; y
+ella, que tantas veces fue cómplice y encubridora de mi holgazanería, me
+reprendía entonces por perezoso. ¡Y a todas éstas, ni una sonrisa, ni un
+salto, ni una monada, ni una veloz carrera, ni un poco de
+_olé_, ni esconderse de mí para que la buscara, ni fingirse
+enfadada para reírse después, ni una disputilla, ni siquiera un pescozón
+con su blanda manecita!
+
+¡Terribles crisis de la existencia! ¡Ella se había convertido en mujer,
+y yo continuaba siendo niño!
+
+No necesito decir que se acabaron los retozos y los juegos; ya no volví
+a subir al naranjo, cuyos azahares crecieron tranquilos, libres de mi
+enamorada rapacidad, desarrollando con lozanía sus hojas y con todo lujo
+su provocativa fragancia; ya no corrimos más por el patio, ni hice más
+viajes a la escuela, para traerla a casa, tan orgulloso de mi comisión
+que la hubiera defendido contra un ejército, si éste hubiera intentado
+quitármela. Desde entonces Rosita andaba con la mayor circunspección y
+gravedad; varias veces noté que al subir una escalera delante de mí,
+cuidaba de no mostrar ni una línea ni una pulgada más arriba de su
+hermoso tobillo, y este sistema de fraudulenta ocultación era una ofensa
+a la dignidad de aquel cuyos ojos habían visto algo más arriba. Ahora me
+río considerando cómo se me partía el corazón con aquellas cosas.
+
+Pero aún habían de ocurrir más terribles desventuras. Al año de su
+transformación, la tía Martina, Rosario la cocinera, Marcial y otros
+personajes de la servidumbre, se ocupaban un día de cierto grave asunto.
+Aplicando mi diligente oído, luego me enteré de que corrían rumores
+alarmantes: la señorita se iba a casar. La cosa era inaudita, porque yo
+no le conocía ningún novio. Pero entonces lo arreglaban todo los
+padres, y lo raro es que a veces no salía del todo mal.
+
+Pues un joven de gran familia pidió su mano, y mis amos se la
+concedieron. Este joven vino a casa acompañado de sus padres, que eran
+una especie de condes o marqueses, con un título retumbante. El
+pretendiente traía su uniforme de Marina, en cuyo honroso Cuerpo servía;
+pero a pesar de tan elegante jaez, su facha era muy poco agradable. Así
+debió parecerle a mi amita, pues desde un principio mostró repugnancia
+hacia aquella boda. Su madre trataba de convencerla, pero inútilmente, y
+le hacía la más acabada pintura de las buenas prendas del novio, de su
+alto linaje y grandes riquezas. La niña no se convencía, y a estas
+razones oponía otras muy cuerdas.
+
+Pero la pícara se callaba lo principal, y lo principal era que tenía
+otro novio, a quien de veras amaba. Este otro era un oficial de
+Artillería, llamado, de muy buena presencia y gentil figura. Mi amita le
+había conocido en la iglesia, y el pérfido amor se apoderó de ella,
+mientras rezaba; pues siempre fue el templo lugar muy a propósito, por
+su poético y misterioso recinto, para abrir de par en par al amor las
+puertas del alma. Malespina rondaba la casa, lo cual observé yo varias
+veces; y tanto se habló en Vejer de estos amores, que el otro lo supo, y
+se desafiaron. Mis amos supieron todo cuando llegó a casa la noticia de
+que Malespina había herido mortalmente a su rival.
+
+El escándalo fue grande. La religiosidad de mis amos se escandalizó
+tanto con aquel hecho, que no pudieron disimular su enojo, y Rosita fue
+la víctima principal. Pero pasaron meses y más meses; el herido curó, y
+como Malespina fuese también persona bien nacida y rica, se notaron en
+la atmósfera política de la casa barruntos de que el joven D. Rafael iba
+a entrar en ella. Renunciaron al enlace los padres del herido, y en
+cambio el del vencedor se presentó en casa a pedir para su hijo la mano
+de mi querida amita. Después de algunas dilaciones, se la concedieron.
+
+Me acuerdo de cuando fue allí. Era un señor muy seco y estirado, con
+chupa de treinta colores, muchos colgajos en el reloj, gran coleto, y
+una nariz muy larga y afilada, con la cual parecía olfatear a las
+personas que le sostenían la conversación. Hablaba por los codos y no
+dejaba meter baza a los demás: él se lo decía todo, y no se podía
+elogiar cosa alguna, porque al punto salía diciendo que tenía otra
+mejor. Desde entonces le taché por hombre vanidoso y mentirosísimo, como
+tuve ocasión de ver claramente más tarde. Mis amos le recibieron con
+agasajo, lo mismo que a su hijo, que con él venía. Desde entonces, el
+novio siguió yendo a casa todos los días, sólo o en compañía de su
+padre.
+
+Nueva transformación de mi amita. Su indiferencia hacia mí era tan
+marcada, que tocaba los límites del menosprecio. Entonces eché de ver
+claramente por primera vez, maldiciéndola, la humildad de mi condición;
+trataba de explicarme el derecho que tenían a la superioridad los que
+realmente eran superiores, y me preguntaba, lleno de angustia, si era
+justo que otros fueran nobles y ricos y sabios, mientras yo tenía por
+abolengo la Caleta, por única fortuna mi persona, y apenas sabía leer.
+Viendo la recompensa que tenía mi ardiente cariño, comprendí que a nada
+podría aspirar en el mundo, y sólo más tarde adquirí la firme convicción
+de que un grande y constante esfuerzo mío me daría quizás todo aquello
+que no poseía.
+
+En vista del despego con que ella me trataba, perdí la confianza; no me
+atrevía a desplegar los labios en su presencia, y me infundía mucho más
+respeto que sus padres. Entre tanto, yo observaba con atención los
+indicios del amor que la dominaba. Cuando él tardaba, yo la veía
+impaciente y triste; al menor rumor que indicase la aproximación de
+alguno, se encendía su hermoso semblante, y sus negros ojos brillaban
+con ansiedad y esperanza. Si él entraba al fin, le era imposible a ella
+disimular su alegría, y luego se estaban charlando horas y más horas,
+siempre en presencia de Doña Francisca, pues a mi señorita no se le
+consentían coloquios a solas ni por las rejas.
+
+También había correspondencia larga, y lo peor del caso es que yo era el
+correo de los dos amantes. ¡Aquello me daba una rabia...! Según la
+consigna, yo salía a la plaza, y allí encontraba, más puntual que un
+reloj, al señorito Malespina, el cual me daba una esquela para
+entregarla a mi señorita. Cumplía mi encargo, y ella me daba otra para
+llevarla a él. ¡Cuántas veces sentía tentaciones de quemar aquellas
+cartas, no llevándolas a su destino! Pero por mi suerte, tuve serenidad
+para dominar tan feo propósito.
+
+No necesito decir que yo odiaba a Malespina. Desde que le veía entrar
+sentía mi sangre enardecida, y siempre que me ordenaba algo, hacíalo con
+los peores modos posibles, deseoso de significarle mi alto enojo. Este
+despego que a ellos les parecía mala crianza y a mí un arranque de
+entereza, propio de elevados corazones, me proporcionó algunas
+reprimendas y, sobre todo, dio origen a una frase de mi señorita, que se
+me clavó en el corazón como una dolorosa espina. En cierta ocasión le oí
+decir:
+
+«Este chico está tan echado a perder, que será preciso mandarle fuera de
+casa».
+
+Al fin se fijó el día para la boda, y unos cuantos antes del señalado
+ocurrió lo que ya conté y el proyecto de mi amo. Por esto se comprenderá
+que Doña Francisca tenía razones poderosas, además de la poca salud de
+su marido, para impedirle ir a la escuadra.
+
+
+
+
+-VI-
+
+
+Recuerdo muy bien que al día siguiente de los pescozones que me aplicó
+D. Francisca, movida del espectáculo de mi irreverencia y de su profundo
+odio a las guerras marítimas, salí acompañando a mi amo en su paseo de
+mediodía. Él me daba el brazo, y a su lado iba Marcial: los tres
+caminábamos lentamente, conforme al flojo andar de D. Alonso y a la poca
+destreza de la pierna postiza del marinero. Parecía aquello una de esas
+procesiones en que marcha, sobre vacilante palanquín, un grupo de santos
+viejos y apolillados, que amenazan venirse al suelo en cuanto se acelere
+un poco el paso de los que les llevan. Los dos viejos no tenían expedito
+y vividor más que el corazón, que funcionaba como una máquina recién
+salida del taller. Era una aguja imantada, que a pesar de su fuerte
+potencia y exacto movimiento, no podía hacer navegar bien el casco viejo
+y averiado en que iba embarcada.
+
+Durante el paseo, mi amo, después de haber asegurado con su habitual
+aplomo que si el almirante Córdova, en vez de mandar virar a estribor
+hubiera mandado virar a babor, la batalla del 14 no se habría perdido,
+entabló la conversación sobre el famoso proyecto, y aunque no dijeron
+claramente su propósito, sin duda por estar yo delante, comprendí por
+algunas palabras sueltas que trataban de ponerlo en ejecución a
+cencerros tapados, marchándose de la casa lindamente una mañana, sin que
+mi ama lo advirtiese.
+
+Regresamos a la casa y allí se habló de cosas muy distintas. Mi amo, que
+siempre era complaciente con su mujer, lo fue aquel día más que nunca.
+No decía Doña Francisca cosa alguna, aunque fuera insignificante, sin
+que él lo celebrara con risas inoportunas. Hasta me parece que la regaló
+algunas fruslerías, demostrando en todos sus actos el deseo de tenerla
+contenta; sin duda por esta misma complacencia oficiosa mi ama estaba
+díscola y regañona cual nunca la había yo visto. No era posible
+transacción honrosa. Por no sé qué fútil motivo, riñó con Marcial,
+intimándole la inmediata salida de la casa; también dijo terribles cosas
+a su marido; y durante la comida, aunque éste celebraba todos los platos
+con desusado calor, la implacable dama no cesaba de gruñir.
+
+Llegada la hora de rezar el rosario, acto solemne que se verificaba en
+el comedor con asistencia de todos los de la casa, mi amo, que otras
+veces solía dormirse, murmurando perezosamente los
+_Pater-noster_, lo cual le valía algunas reprimendas, estuvo
+aquella noche muy despabilado y rezó con verdadero empeño, haciendo que
+su voz se oyera entre todas las demás.
+
+Otra cosa pasó que se me ha quedado muy presente. Las paredes de la casa
+hallábanse adornadas con dos clases de objetos: estampas de santos y
+mapas; la Corte celestial por un lado, y todos los derroteros de Europa
+y América por otro. Después de comer, mi amo estaba en la galería
+contemplando una carta de navegación, y recorría con su vacilante dedo
+las líneas, cuando Doña Francisca, que algo sospechaba del proyecto de
+escapatoria, y además ponía el grito en el Cielo siempre que sorprendía
+a su marido en flagrante delito de entusiasmo náutico, llegó por detrás,
+y abriendo los brazos exclamó:
+
+«¡Hombre de Dios! Cuando digo que tú me andas buscando... Pues te juro
+que si me buscas, me encontrarás.
+
+--Pero, mujer--repuso temblando mi amo--, estaba aquí mirando el
+derrotero de Alcalá Galiano y de Valdés en las goletas
+_Sutil_ y _Mejicana_, cuando fueron a reconocer el
+estrecho de Fuca. Es un viaje muy bonito: me parece que te lo he
+contado.
+
+--Cuando digo que voy a quemar todos esos papelotes--añadió Doña
+Francisca--. Mal hayan los viajes y el perro judío que los inventó.
+Mejor pensaras en las cosas de Dios, que al fin y al cabo no eres ningún
+niño. ¡Qué hombre, Santo Dios, qué hombre!»
+
+No pasó de esto. Yo andaba también por allí cerca; pero no recuerdo bien
+si mi ama desahogó su furor en mi humilde persona, demostrándome una vez
+más la elasticidad de mis orejas y la ligereza de sus manos. Ello es que
+estas caricias menudeaban tanto, que no hago memoria de si recibí alguna
+en aquella ocasión: lo que sí recuerdo es que mi señor, a pesar de haber
+redoblado sus amabilidades, no consiguió ablandar a su consorte.
+
+No he dicho nada de mi amita. Pues sépase que estaba muy triste, porque
+el señor de Malespina no había parecido aquel día, ni escrito carta
+alguna, siendo inútiles todas mis pesquisas para hallarle en la plaza.
+Llegó la noche, y con ella la tristeza al alma de Rosita, pues ya no
+había esperanza de verle hasta el día siguiente. Mas de pronto, y cuando
+se había dado orden para la cena, sonaron fuertes aldabonazos en la
+puerta; fui a abrir corriendo, y era él. Antes de abrirle, mi odio le
+había conocido.
+
+Aún me parece que le estoy viendo, cuando se presentó delante de mí,
+sacudiendo su capa, mojada por la lluvia. Siempre que le traigo a la
+memoria, se me representa como le vi en aquella ocasión. Hablando con
+imparcialidad, diré que era un joven realmente hermoso, de presencia
+noble, modales airosos, mirada afable, algo frío y reservado en
+apariencia, poco risueño y sumamente cortés, con aquella cortesía grave
+y un poco finchada de los nobles de antaño. Traía aquella noche la
+chaqueta faldonada, el calzón corto con botas, el sombrero portugués y
+riquísima capa de grana con forros de seda, que era la prenda más
+elegante entre los señoritos de la época.
+
+Desde que entró, conocí que algo grave ocurría. Pasó al comedor, y todos
+se maravillaron de verle a tal hora, pues jamás había venido de noche.
+Mi amita no tuvo de alegría más que el tiempo necesario para comprender
+que el motivo de visita tan inesperada no podía ser lisonjero.
+
+«Vengo a despedirme», dijo Malespina.
+
+Todos se quedaron como lelos, y Rosita más blanca que el papel en que
+escribo; después encendida como la grana, y luego pálida otra vez como
+una muerta.
+
+«¿Pues qué pasa? ¿A dónde va usted, señor D. Rafael?», le preguntó mi
+ama.
+
+Debo de haber dicho que Malespina era oficial de Artillería, pero no que
+estaba de guarnición en Cádiz y con licencia en Vejer.
+
+«Como la escuadra carece de personal--añadió--, han dado orden para que
+nos embarquemos con objeto de hacer allí el servicio. Se cree que el
+combate es inevitable, y la mayor parte de los navíos tienen falta de
+artilleros.
+
+--¡Jesús, María y José!--exclamó Doña Francisca más muerta que viva--.
+¿También a usted se le llevan? Pues me gusta. Pero usted es de tierra,
+amiguito. Dígales usted que se entiendan ellos; que si no tienen gente,
+que la busquen. Pues a fe que es bonita la broma.
+
+--¿Pero, mujer--dijo tímidamente D. Alonso--, no ves que es
+preciso?...».
+
+No pudo seguir, porque Doña Francisca, que sentía desbordarse el vaso de
+su enojo, apostrofó a todas las Potencias terrestres.
+
+«A ti todo te parece bien con tal que sea para los dichosos barcos de
+guerra. ¿Pero quién, pero quién es el demonio del Infierno que ha
+mandado vayan a bordo los oficiales de tierra? A mí que no me digan:
+eso es cosa del señor de Bonaparte. Ninguno de acá puede haber inventado
+tal diablura. Pero vaya usted y diga que se va a casar. A ver--añadió
+dirigiéndose a su marido--, escribe a Gravina diciéndole que este joven
+no puede ir a la escuadra».
+
+Y como viera que su marido se encogía de hombros indicando que la cosa
+era sumamente grave, exclamó:
+
+«No sirves para nada. ¡Jesús! Si yo gastara calzones, me plantaba en
+Cádiz y le sacaba a usted del apuro».
+
+Rosita no decía palabra. Yo, que la observaba atentamente, conocí la
+gran turbación de su espíritu. No quitaba los ojos de su novio, y a no
+impedírselo la etiqueta y el buen parecer, habría llorado ruidosamente,
+desahogando la pena de su corazón oprimido.
+
+«Los militares--dijo D. Alonso--, son esclavos de su deber, y la patria
+exige a este joven que se embarque para defenderla. En el próximo
+combate alcanzará usted mucha gloria e ilustrará su nombre con alguna
+hazaña que quede en la historia para ejemplo de las generaciones
+futuras.
+
+--Sí, eso, eso--dijo Doña Francisca remedando el tono grandilocuente
+con que mi amo había pronunciado las anteriores palabras--. Sí: ¿y todo
+por qué? Porque se les antoja a esos zánganos de Madrid. Que vengan
+ellos a disparar los cañones y a hacer la guerra... ¿Y cuándo marcha
+usted?
+
+--Mañana mismo. Me han retirado la licencia, ordenándome que me presente
+al instante en Cádiz».
+
+Imposible pintar con palabras ni por escrito lo que vi en el semblante
+de mi señorita cuando aquellas frases oyó. Los dos novios se miraron, y
+un largo y triste silencio siguió al anuncio de la próxima partida.
+
+«Esto no se puede sufrir--dijo Doña Francisca--. Por último, llevarán a
+los paisanos, y si se les antoja, también a las mujeres... Señor
+--prosiguió mirando al Cielo con ademán de pitonisa--, no creo ofenderte
+si digo que maldito sea el que inventó los barcos, maldito el mar en que
+navegan, y más maldito el que hizo el primer cañón para dar esos
+estampidos que la vuelven a una loca, y para matar a tantos pobrecitos
+que no han hecho ningún daño».
+
+D. Alonso miró a Malespina, buscando en su semblante una expresión de
+protesta contra los insultos dirigidos a la noble artillería. Después
+dijo:
+
+«Lo malo será que los navíos carezcan también de buen material; y sería
+lamentable...»
+
+Marcial, que oía la conversación desde la puerta, no pudo contenerse y
+entró diciendo:
+
+«¿Qué ha de faltar? El
+
+_Trinidad_ 140 cañones: 32 de a 36, 34 de a 24, 36 de a 12, 18
+de a 30, y 10 obuses de a 24. El _Príncipe de Asturias_ 118,
+el _Santa Ana_ 120, el _Rayo_ 100, el
+_Nepomuceno_, el _San_...
+
+--¿Quién le mete a usted aquí, Sr. Marcial--chilló Doña Francisca--, ni
+qué nos importa si tienen cincuenta u ochenta?»
+
+Marcial continuó, a pesar de esto, su guerrera estadística, pero en voz
+baja, dirigiéndose sólo a mi amo, el cual no se atrevía a expresar su
+aprobación.
+
+Ella siguió hablando así:
+
+«Pero, D. Rafael, no vaya usted, por Dios. Diga usted que es de tierra;
+que se va a casar. Si Napoleón quiere guerra, que la haga él solo; que
+venga y diga: «Aquí estoy yo: mátenme ustedes, señores ingleses, o
+déjense matar por mí». ¿Por qué ha de estar España sujeta a los antojos
+de ese caballero?
+
+--Verdaderamente--dijo Malespina--, nuestra unión con Francia ha sido
+hasta ahora desastrosa.
+
+--¿Pues para qué la han hecho? Bien dicen que ese Godoy es hombre sin
+estudios. ¡Si creerá él que se gobierna una nación tocando la guitarra!
+
+--Después de la paz de Basilea--continuó el joven--, nos vimos
+obligados a enemistarnos con los ingleses, que batieron nuestra escuadra
+en el cabo de San Vicente.
+
+--Alto allá--declaró D. Alonso, dando un fuerte puñetazo en la mesa--.
+Si el almirante Córdova hubiera mandado orzar sobre babor a los navíos
+de la vanguardia, según lo que pedían las más vulgares leyes de la
+estrategia, la victoria hubiera sido nuestra. Eso lo tengo probado hasta
+la saciedad, y en el momento del combate hice constar mi opinión. Quede,
+pues, cada cual en su lugar.
+
+--Lo cierto es que se perdió la batalla--prosiguió Malespina--. Este
+desastre no habría sido de grandes consecuencias, si después la Corte de
+España no hubiera celebrado con la República francesa el tratado de San
+Ildefonso, que nos puso a merced del Primer Cónsul, obligándonos a
+prestarle ayuda en guerras que a él solo y a su grande ambición
+interesaban. La paz de Amiens no fue más que una tregua. Inglaterra y
+Francia volvieron a declararse la guerra, y entonces Napoleón exigió
+nuestra ayuda. Quisimos ser neutrales, pues aquel convenio a nada
+obligaba en la segunda guerra; pero él con tanta energía solicitó
+nuestra cooperación, que para aplacarle, tuvo el Rey que convenir en dar
+a Francia un subsidio de cien millones de reales, lo que equivalía a
+comprar a peso de oro la neutralidad. Pero ni aun así la compramos. A
+pesar de tan gran sacrificio, fuimos arrastrados a la guerra. Inglaterra
+nos obligó a ello, apresando inoportunamente cuatro fragatas que venían
+de América cargadas de caudales. Después de aquel acto de piratería, la
+Corte de Madrid no tuvo más remedio que echarse en brazos de Napoleón,
+el cual no deseaba otra cosa. Nuestra marina quedó al arbitrio del
+Primer Cónsul, ya Emperador, quien, aspirando a vencer por el engaño a
+los ingleses, dispuso que la escuadra combinada partiese a la Martinica,
+con objeto de alejar de Europa a los marinos de la Gran Bretaña. Con
+esta estratagema pensaba realizar su anhelado desembarco en esta isla;
+mas tan hábil plan no sirvió sino para demostrar la impericia y cobardía
+del almirante francés, el cual, de regreso a Europa, no quiso compartir
+con nuestros navíos la gloria del combate de Finisterre. Ahora, según
+las órdenes del Emperador, la escuadra combinada debía hallarse en
+Brest.
+
+Dícese que Napoleón está furioso con su almirante, y que piensa
+relevarle inmediatamente.
+
+--Pero, según dicen--indicó Marcial--, Mr. Corneta quiere pintarla y
+busca una acción de guerra que haga olvidar sus faltas. Yo me alegro,
+pues de ese modo se verá quién puede y quién no puede.
+
+--Lo indudable--prosiguió Malespina--, es que la escuadra inglesa anda
+cerca y con intento de bloquear a Cádiz. Los marinos españoles opinan
+que nuestra escuadra no debe salir de la bahía, donde hay probabilidades
+de que venza. Mas el francés parece que se obstina en salir.
+
+--Veremos--dijo mi amo--. De todos modos, el combate será glorioso.
+
+--Glorioso, sí--contestó Malespina--. ¿Pero quién asegura que sea
+afortunado? Los marinos se forjan ilusiones, y quizás por estar
+demasiado cerca, no conocen la inferioridad de nuestro armamento frente
+al de los ingleses. Estos, además de una soberbia artillería, tienen
+todo lo necesario para reponer prontamente sus averías. No digamos nada
+en cuanto al personal: el de nuestros enemigos es inmejorable, compuesto
+todo de viejos y muy expertos marinos, mientras que muchos de los navíos
+españoles están tripulados en gran parte por gente de leva, siempre
+holgazana y que apenas sabe el oficio; el cuerpo de infantería tampoco
+es un modelo, pues las plazas vacantes se han llenado con tropa de
+tierra muy valerosa, sin duda, pero que se marea.
+
+--En fin--dijo mi amo--, dentro de algunos días sabremos lo que ha de
+resultar de esto.
+
+--Lo que ha de resultar ya lo sé yo--observó Doña Francisca--. Que esos
+caballeros, sin dejar de decir que han alcanzado mucha gloria, volverán
+a casa con la cabeza rota.
+
+--Mujer, ¿tú qué entiendes de eso?--dijo D. Alonso sin poder contener
+un arrebato de enojo, que sólo duró un instante.
+
+--¡Más que tú!--contestó vivamente ella--. Pero Dios querrá preservarle
+a usted, señor D. Rafael, para que vuelva sano y salvo».
+
+Esta conversación ocurría durante la cena, la cual fue muy triste; y
+después de lo referido, los cuatro personajes no dijeron una palabra.
+Concluida aquélla, se verificó la despedida, que fue tiernísima, y por
+un favor especial, propio de aquella ocasión solemne, los bondadosos
+padres dejaron solos a los novios, permitiéndoles despedirse a sus
+anchas y sin testigos para que el disimulo no les obligara a omitir
+algún accidente que fuera desahogo a su profunda pena. Por más que hice
+no pude asistir al acto, y me es, por tanto desconocido lo que en él
+pasó; pero es fácil presumir que habría todas las ternezas imaginables
+por una y otra parte.
+
+Cuando Malespina salió del cuarto, estaba más pálido que un difunto.
+Despidiose a toda prisa de mis amos, que le abrazaron con el mayor
+cariño, y se fue. Cuando acudimos a donde estaba mi amita, la
+encontramos: tan grande era su dolor, que los cariñosos padres no
+pudieron calmar su espíritu con ingeniosas razones, ni atemperar su
+cuerpo con los cordiales que traje a toda prisa de la botica. Confieso
+que, profundamente apenado, yo también, al ver la desgracia de los
+pobres amantes, se amortiguó en mi pecho el rencorcillo que me inspiraba
+Malespina. El corazón de un niño perdona fácilmente, y el mío no era el
+menos dispuesto a los sentimientos dulces y expansivos.
+
+
+
+
+-VII-
+
+
+A la mañana siguiente se me preparaba una gran sorpresa, y a mi ama el
+más fuerte berrinche que creo tuvo en su vida. Cuando me levanté vi que
+D. Alonso estaba amabilísimo, y su esposa más irritada que de costumbre.
+Cuando ésta se fue a misa con Rosita, advertí que el señor se daba gran
+prisa por meter en una maleta algunas camisas y otras prendas de vestir,
+entre las cuales iba su uniforme. Yo le ayudé y aquello me olió a
+escapatoria, aunque me sorprendía no ver a Marcial por ninguna parte. No
+tardé, sin embargo, en explicarme su ausencia, pues D. Alonso, una vez
+arreglado su breve equipaje, se mostró muy impaciente, hasta que al fin
+apareció el marinero diciendo: «Ahí está el coche. Vámonos antes que
+ella venga.»
+
+Cargué la maleta, y en un santiamén Don Alonso, Marcial y yo salimos por
+la puerta del corral para no ser vistos; nos subimos a la, y esta partió
+tan a escape como lo permitía la escualidez del rocín que la arrastraba,
+y la procelosa configuración del camino. Este, si para caballerías era
+malo, para coches perverso; pero a pesar de los fuertes tumbos y
+arcadas, apretamos el paso, y hasta que no perdimos de vista el pueblo,
+no se alivió algún tanto el martirio de nuestros cuerpos.
+
+Aquel viaje me gustaba extraordinariamente, porque a los chicos toda
+novedad les trastorna el juicio. Marcial no cabía en sí de gozo, y mi
+amo, que al principio manifestó su alborozo casi con menos gravedad que
+yo, se entristeció bastante cuando dejó de ver el pueblo. De cuando en
+cuando decía:
+
+«¡Y ella tan ajena a esto! ¡Qué dirá cuando llegue a casa y no nos
+encuentre!
+
+A mí se me ensanchaba el pecho con la vista del paisaje, con la alegría
+y frescura de la mañana y, sobre todo, con la idea de ver pronto a Cádiz
+y su incomparable bahía poblada de naves; sus calles bulliciosas y
+alegres; su Caleta, que simbolizaba para mí en un tiempo lo más hermoso
+de la vida, la libertad; su plaza, su muelle y demás sitios para mí muy
+amados. No habíamos andado tres leguas cuando alcanzamos a ver dos
+caballeros montados en soberbios alazanes, que viniendo tras nosotros se
+nos juntaron en poco tiempo. Al punto reconocimos a Malespina y a su
+padre, aquel señor alto, estirado y muy charlatán, de quien antes
+hablé. Ambos se asombraron de ver a D. Alonso, y mucho más cuando este
+les dijo que iba a Cádiz para embarcarse. Recibió la noticia con
+pesadumbre el hijo; mas el padre, que, según entonces comprendí, era un
+rematado fanfarrón, felicitó a mi amo muy campanudamente, llamándole
+flor de los navegantes, espejo de los marinos y honra de la patria.
+
+Nos detuvimos para comer en el parador de Conil. A los señores les
+dieron lo que había, y a Marcial y a mí lo que sobraba, que no era
+mucho. Como yo servía la mesa, pude oír la conversación, y entonces
+conocí mejor el carácter del viejo Malespina, quien si primero pasó a
+mis ojos como un embustero lleno de vanidad, después me pareció el más
+gracioso charlatán que he oído en mi vida.
+
+El futuro suegro de mi amita, D. José María Malespina, que no tenía
+parentesco con el célebre marino del mismo apellido, era coronel de
+Artillería retirado, y cifraba todo su orgullo en conocer a fondo
+aquella terrible arma y manejarla como nadie. Tratando de este asunto
+era como más lucía su imaginación y gran desparpajo para mentir.
+
+«Los artilleros--decía sin suspender por un momento la acción de
+engullir--, hacen mucha falta a bordo. ¿Qué es de un barco sin
+artillería? Pero donde hay que ver los efectos de esta invención
+admirable de la humana inteligencia es en tierra, Sr. D. Alonso. Cuando
+la guerra del Rosellón... ya sabe usted que tomé parte en aquella
+campaña y que todos los triunfos se debieron a mi acierto en el manejo
+de la Artillería... La batalla de Masdeu, ¿por qué cree usted que se
+ganó? El general Ricardos me situó en una colina con cuatro piezas,
+mandándome que no hiciera fuego sino cuando él me lo ordenara. Pero yo,
+que veía las cosas de otra manera, me estuve callandito hasta que una
+columna francesa vino a colocarse delante de mí en tal disposición, que
+mis disparos podían enfilarla de un extremo a otro. Los franceses forman
+la línea con gran perfección. Tomé bien la puntería con una de las
+piezas, dirigiendo la mira a la cabeza del primer soldado... ¿Comprende
+usted?... Como la línea era tan perfecta, disparé, y ¡zas!, la bala se
+llevó ciento cuarenta y dos cabezas, y no cayeron más porque el extremo
+de la línea se movió un poco. Aquello produjo gran consternación en los
+enemigos; pero como éstos no comprendían mi estrategia ni podían verme
+en el sitio donde estaba, enviaron otra columna a atacar las tropas que
+estaban a mi derecha, y aquella columna tuvo la misma suerte, y otra, y
+otra, hasta que se ganó la batalla.
+
+--Es maravilloso--dijo mi amo, quien, conociendo la magnitud de la
+bola, no quiso, sin embargo, desmentir a su amigo.
+
+--Pues en la segunda campaña, al mando del Conde de la Unión, también
+escarmenté de lo lindo a los republicanos. La defensa de Boulou, no nos
+salió bien, porque se nos acabaron las municiones: yo, con todo hice un
+gran destrozo cargando una pieza con las llaves de la iglesia; pero
+éstas no eran muchas, y al fin, como un recurso de desesperación, metí
+en el ánima del cañón mis llaves, mi reloj, mi dinero, cuantas baratijas
+encontré en los bolsillos, y, por último, hasta mis cruces. Lo
+particular es que una de estas fue a estamparse en el pecho de un
+general francés, donde se le quedó como pegada y sin hacerle daño. Él la
+conservó, y cuando fue a París, la Convención le condenó no sé si a
+muerte o a destierro por haber admitido condecoraciones de un Gobierno
+enemigo.
+
+--¡Qué diablura!--murmuró mi amo recreándose con tan chuscas
+invenciones.
+
+--Cuando estuve en Inglaterra...--continuó el viejo Malespina--, ya
+sabe usted que el Gobierno inglés me mandó llamar para perfeccionar la
+Artillería de aquel país... Todos los días comía con Pitt, con Burke,
+con Lord North, con el general Conwallis y otros personajes importantes
+que me llamaban _el chistoso español_. Recuerdo que una vez,
+estando en Palacio, me suplicaron que les mostrase cómo era una, y tuve
+que capear, picar y matar una silla, lo cual divirtió mucho a toda la
+Corte, especialmente al Rey Jorge III, quien era muy amigote mío y
+siempre me decía que le mandase a buscar a mi tierra aceitunas buenas.
+¡Oh!, tenía mucha confianza conmigo. Todo su empeño era que le enseñase
+palabras de español y, sobre todo algunas de ésta nuestra graciosa
+Andalucía; pero nunca pudo aprender más que _otro toro_ y
+_vengan esos cinco_, frase con que me saludaba todos los días
+cuando iba a almorzar con él pescadillas y unas cañitas de Jerez.
+
+--Era lo que le gustaba más. Yo hacía llevar de Cádiz embotellada la
+pescadilla: conservábase muy bien con un específico que inventé, cuya
+receta tengo en casa.
+
+--Maravilloso. ¿Y reformó usted la Artillería inglesa?--preguntó mi
+amo, alentándole a seguir, porque le divertía mucho.--Completamente.
+Allí inventé un cañón que no llegó a dispararse, porque todo Londres,
+incluso la Corte y los Ministros, vinieron a suplicarme que no hiciera
+la prueba por temor a que del estremecimiento cayeran al suelo muchas
+casas.
+
+--¿De modo que tan gran pieza ha quedado relegada al olvido?
+
+--Quiso comprarla el Emperador de Rusia; pero no fue posible moverla del
+sitio en que estaba.
+
+--Pues bien podía usted sacarnos del apuro inventando un cañón que
+destruyera de un disparo la escuadra inglesa.
+
+--¡Oh!--contestó Malespina--. En eso estoy pensando, y creo que podré
+realizar mi pensamiento. Ya le mostraré a usted los cálculos que tengo
+hechos, no sólo para aumentar hasta un extremo fabuloso el calibre de
+las piezas de Artillería, sino para construir placas de resistencia que
+defiendan los barcos y los castillos. Es el pensamiento de toda mi
+vida».
+
+A todas éstas habían concluido de comer. Nos zampamos en un santiamén
+Marcial y yo las sobras, y seguimos el viaje, ellos a caballo, marchando
+al estribo, y nosotros como antes, en nuestra derrengada calesa. La
+comida y los frecuentes tragos con que la roció excitaron más aún la
+vena inventora del viejo Malespina, quien por todo el camino siguió
+espetándonos sus grandes paparruchas. La conversación volvió al tema por
+donde había empezado: a la guerra del Rosellón; y como D. José se
+apresurara a referir nuevas proezas, mi amo, cansado ya de tanto mentir,
+quiso desviarle de aquella materia, y dijo:
+
+«Guerra desastrosa e impolítica. ¡Más nos hubiera valido no haberla
+emprendido!
+
+--¡Oh!--exclamó Malespina--. El Conde de Aranda, como usted sabe,
+condenó desde el principio esta funesta guerra con la República. ¡Cuánto
+hemos hablado de esta cuestión!... porque somos amigos desde la
+infancia. Cuando yo estuve en Aragón, pasamos siete meses juntos cazando
+en el Moncayo. Precisamente hice construir para él una escopeta
+singular...
+
+--Sí: Aranda se opuso siempre--dijo mi amo, atajándole en el peligroso
+camino de la balística.
+
+--En efecto--continuó el mentiroso--, y si aquel hombre eminente
+defendió con tanto calor la paz con los republicanos, fue porque yo se
+lo aconsejé, convenciéndole antes de la inoportunidad de la guerra. Mas
+Godoy, que ya entonces era Valido, se obstinó en proseguirla, sólo por
+llevarme la contraria, según he entendido después. Lo más gracioso es
+que el mismo Godoy se vio obligado a concluir la guerra en el verano del
+95, cuando comprendió su ineficacia, y entonces se adjudicó a sí mismo
+el retumbante título de _Príncipe de la Paz_.
+
+--¡Qué faltos estamos, amigo D. José María--dijo mi amo--, de un buen
+hombre de Estado a la altura de las circunstancias, un hombre que no nos
+entrometa en guerras inútiles y mantenga incólume la dignidad de la
+Corona!
+
+--Pues cuando yo estuve en Madrid el año último--prosiguió el
+embustero--, me hicieron proposiciones para desempeñar la Secretaría de
+Estado. La Reina tenía gran empeño en ello, y el Rey no dijo nada...
+Todos los días le acompañaba al Pardo para tirar un par de tiros...
+Hasta el mismo Godoy se hubiera conformado, conociendo mi superioridad;
+y si no, no me habría faltado un castillito donde encerrarle para que no
+me diera que hacer. Pero yo rehusé, prefiriendo vivir tranquilo en mi
+pueblo, y dejé los negocios públicos en manos de Godoy. Ahí tiene usted
+un hombre cuyo padre fue mozo de mulas en la dehesa que mi suegro tenía
+en Extremadura.
+
+--No sabía...--dijo D. Alonso--. Aunque hombre obscuro, yo creí que el
+Príncipe de la Paz pertenecía a una familia de hidalgos, de escasa
+fortuna, pero de buenos principios».
+
+Así continuó el diálogo, el Sr. Malespina soltando unas bolas como
+templos, y mi amo oyéndolas con santa calma, pareciendo unas veces
+enfadado y otras complacido de escuchar tanto disparate. Si mal no
+recuerdo, también dijo D. José María que había aconsejado a Napoleón el
+atrevido hecho del 18 brumario.
+
+Con éstas y otras cosas nos anocheció en Chiclana, y mi amo, atrozmente
+quebrantado y molido a causa del movimiento del fementido calesín, se
+quedó en dicho pueblo, mientras los demás siguieron, deseosos de llegar
+a Cádiz en la misma noche. Mientras cenaron, endilgó Malespina nuevas
+mentiras, y pude observar que su hijo las oía con pena, como abochornado
+de tener por padre el más grande embustero que crió la tierra.
+Despidiéronse ellos; nosotros descansamos hasta el día siguiente por la
+madrugada, hora en que proseguimos nuestro camino; y como éste era mucho
+más cómodo y expedito desde Chiclana a Cádiz que en el tramo recorrido,
+llegamos al término de nuestro viaje a eso de las once del día, sin
+novedad en la salud y con el alma alegre.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+
+No puedo describir el entusiasmo que despertó en mi alma la vuelta a. En
+cuanto pude disponer de un rato de libertad, después que mi amo quedó
+instalado en casa de su prima, salí a las calles y corrí por ellas sin
+dirección fija, embriagado con la atmósfera de mi ciudad querida.
+
+Después de ausencia tan larga, lo que había visto tantas veces
+embelesaba mi atención como cosa nueva y extremadamente hermosa. En
+cuantas personas encontraba al paso veía un rostro amigo, y todo era
+para mí simpático y risueño: los hombres, las mujeres, los viejos, los
+niños, los perros, hasta las casas, pues mi imaginación juvenil
+observaba en ello no sé qué de personal y animado, se me representaban
+como seres sensibles; parecíame que participaban del general contento
+por mi llegada, remedando en sus balcones y ventanas las facciones de un
+semblante alborozado. Mi espíritu veía reflejar en todo lo exterior su
+propia alegría.
+
+Corría por las calles con gran ansiedad, como si en un minuto quisiera
+verlas todas. En la plaza de San Juan de Dios compré algunas golosinas,
+más que por el gusto de comerlas, por la satisfacción de presentarme
+regenerado ante las vendedoras, a quienes me dirigí como antiguo amigo,
+reconociendo a algunas como favorecedoras en mi anterior miseria, y a
+otras como víctimas, aún no aplacadas, de mi inocente afición al
+merodeo. Las más no se acordaban de mí; pero algunas me recibieron con
+injurias, recordando las proezas de mi niñez y haciendo comentarios tan
+chistosos sobre mi nuevo empaque y la gravedad de mi persona, que tuve
+que alejarme a toda prisa, no sin que lastimaran mi decoro algunas
+cáscaras de frutas lanzadas por experta mano contra mi traje nuevo. Como
+tenía la conciencia de mi formalidad, estas burlas más bien me causaron
+orgullo que pena.
+
+Recorrí luego la muralla y conté todos los barcos fondeados a la vista.
+Hablé con cuantos marineros hallé al paso, diciéndoles que yo también
+iba a la escuadra, y preguntándoles con tono muy enfático si había
+recalado la escuadra de Nelson. Después les dije que _Mr.
+Corneta_ era un cobarde, y que la próxima función sería buena.
+
+Llegué por fin a la Caleta, y allí mi alegría no tuvo límites. Bajé a
+la, y quitándome los zapatos, salté de peñasco en peñasco; busqué a mis
+antiguos amigos de ambos sexos, mas no encontré sino muy pocos: unos
+eran ya hombres y habían abrazado mejor carrera; otros habían sido
+embarcados por la leva, y los que quedaban apenas me reconocieron. La
+movible superficie del agua despertaba en mi pecho sensaciones
+voluptuosas. Sin poder resistir la tentación, y compelido por la
+misteriosa atracción del mar, cuyo elocuente rumor me ha parecido
+siempre, no sé por qué, una voz que solicita dulcemente en la bonanza, o
+llama con imperiosa cólera en la tempestad, me desnudé a toda prisa y me
+lancé en él como quien se arroja en los brazos de una persona querida.
+
+Nadé más de una hora, experimentando un placer indecible, y vistiéndome
+luego, seguí mi paseo hacia el barrio de la Viña, en cuyas edificantes
+tabernas encontré algunos de los más célebres perdidos de mi glorioso
+tiempo. Hablando con ellos, yo me las echaba de hombre de pro, y como
+tal gasté en obsequiarles los pocos cuartos que tenía. Preguntéles por
+mi tío, mas no me dieron noticia alguna de su señoría; y luego que
+hubimos charlado un poco, me hicieron beber una copa de aguardiente que
+al punto dio con mi pobre cuerpo en tierra.
+
+Durante el periodo más fuerte de mi embriaguez, creo que aquellos
+tunantes se rieron de mí cuanto les dio la gana; pero una vez que me
+serené un poco, salí avergonzadísimo de la taberna. Aunque andaba muy
+difícilmente, quise pasar por mi antigua casa, y vi en la puerta a una
+mujer andrajosa que freía sangre y tripas. Conmovido en presencia de mi
+morada natal, no pude contener el llanto, lo cual, visto por aquella
+mujer sin entrañas, se le figuró burla o estratagema para robarle sus
+frituras. Tuve, por tanto, que librarme de sus manos con la ligereza de
+mis pies, dejando para mejor ocasión el desahogo de mis sentimientos.
+
+Quise ver después la catedral vieja, a la cual se refería uno de los más
+tiernos recuerdos de mi niñez, y entré en ella: su recinto me pareció
+encantador, y jamás he recorrido las naves de templo alguno con tan
+religiosa veneración. Creo que me dieron fuertes ganas de rezar, y que
+lo hice en efecto, arrodillándome en el altar donde mi madre había
+puesto un ex-voto por mi salvación. El personaje de cera que yo creía mi
+perfecto retrato estaba allí colgado, y ocupaba su puesto con la
+gravedad de las cosas santas; pero se me parecía como un huevo a una
+castaña. Aquel muñequito, que simbolizaba la piedad y el amor materno,
+me infundía, sin embargo, el respeto más vivo. Recé un rato de rodillas
+acordándome de los padecimientos y de la muerte de mi buena madre, que
+ya gozaba de Dios en el Cielo; pero como mi cabeza no estaba buena, a
+causa de los vapores del maldito aguardiente, al levantarme me caí, y un
+sacristán empedernido me puso bonitamente en la calle. En pocas zancadas
+me trasladé a la del Fideo, donde residíamos, y mi amo, al verme entrar,
+me reprendió por mi larga ausencia. Si aquella falta hubiera sido
+cometida ante Doña Francisca, no me habría librado de una fuerte paliza;
+pero mi amo era tolerante, y no me castigaba nunca, quizás porque tenía
+la conciencia de ser tan niño como yo.
+
+Habíamos ido a residir en casa de la prima de mi amo, la cual era una
+señora, a quien el lector me permitirá describir con alguna prolijidad,
+por ser tipo que lo merece. Doña Flora de Cisniega era una vieja que se
+empeñaba en permanecer joven: tenía más de cincuenta años; pero ponía en
+práctica todos los artificios imaginables para engañar al mundo,
+aparentando la mitad de aquella cifra aterradora. Decir cuánto
+inventaba la ciencia y el arte en armónico consorcio para conseguir tal
+objeto, no es empresa que corresponde a mis escasas fuerzas. Enumerar
+los rizos, moñas, lazos, trapos, adobos, bermellones, aguas y demás
+extraños cuerpos que concurrían a la grande obra de su monumental
+restauración, fatigaría la más diestra fantasía: quédese esto, pues,
+para las plumas de los novelistas, si es que la historia, buscadora de
+las grandes cosas, no se apropia tan hermoso asunto. Respecto a su
+físico, lo más presente que tengo es el conjunto de su rostro, en que
+parecían haber puesto su rosicler todos los Princeles de las Academias
+presentes y pretéritas. También recuerdo que al hablar hacía con los
+labios un mohín, un repliegue, un mimo, cuyo objeto era, o achicar con
+gracia la descomunal boca, o tapar el estrago de la dentadura, de cuyas
+filas desertaban todos los años un par de dientes; pero aquella supina
+estratagema de la presunción era tan poco afortunada, que antes la
+afeaba que la embellecía.
+
+Vestía con lujo, y en su peinado se gastaban los polvos por almudes, y
+como no tenía malas carnes, a juzgar por lo que pregonaba el ancho
+escote y por lo que dejaban transparentar las gasas, todo su empeño
+consistía en lucir aquellas partes menos sensibles a la injuriosa acción
+del tiempo, para cuyo objeto tenía un arte maravilloso.
+
+Era Doña Flora persona muy prendada de las cosas antiguas; muy devota,
+aunque no con la santa piedad de mi Doña Francisca, y grandemente se
+diferenciaba de mi ama, pues así como ésta aborrecía las glorias
+navales, aquélla era entusiasta por todos los hombres de guerra en
+general y por los marinos en particular. Inflamada en amor patriótico,
+ya que en la madurez de su existencia no podía aspirar al calorcillo de
+otro amor, y orgullosa en extremo como mujer y como dama española, el
+sentimiento nacional se asociaba en su espíritu al estampido de los
+cañones, y creía que la grandeza de los pueblos se medía por libras de
+pólvora. Como no tenía hijos, ocupaban su vida los chismes de vecinos,
+traídos y llevados en pequeño círculo por dos o tres cotorrones como
+ella, y se distraía también con su sistemática afición a hablar de las
+cosas públicas. Entonces no había periódicos, y las ideas políticas, así
+como las noticias, circulaban de viva voz, desfigurándose entonces más
+que ahora, porque siempre fue la palabra más mentirosa que la imprenta.
+
+En todas las ciudades populosas, y especialmente en Cádiz, que era
+entonces la más culta, había muchas personas desocupadas que eran
+depositarias de las noticias de Madrid y París, y las llevaban y traían
+diligentes vehículos, enorgulleciéndose con una misión que les daba gran
+importancia. Algunos de éstos, a modo de vivientes periódicos,
+concurrían a casa de aquella señora por las tardes, y esto, además del
+buen chocolate y mejores bollos, atraía a otros ansiosos de saber lo que
+pasaba. Doña Flora, ya que no podía inspirar una pasión formal, ni
+quitarse de encima la gravosa pesadumbre de sus cincuenta años, no
+hubiera trocado aquel papel por otro alguno, pues el centro general de
+las noticias casi equivalía en aquel tiempo a la majestad de un trono.
+
+Doña Flora y Doña Francisca se aborrecían cordialmente, como comprenderá
+quien considere el exaltado militarismo de la una y el pacífico
+apocamiento de la otra. Por esto, hablando con su primo en el día de
+nuestra llegada, le decía la vieja:
+
+«Si tú hubieras hecho caso siempre de tu mujer, todavía serías guardia
+marina. ¡Qué carácter! Si yo fuera hombre y casado con mujer semejante,
+reventaría como una bomba. Has hecho bien en no seguir su consejo y en
+venir a la escuadra. Todavía eres joven, Alonsito; todavía puedes
+alcanzar el grado de brigadier, que tendrías ya de seguro si Paca no te
+hubiese echado una calza como a los pollos para que no salgan del
+corral».
+
+Después, como mi amo, impulsado por su gran curiosidad, le pidiese
+noticias, ella le dijo:
+
+«Lo principal es que todos los marinos de aquí están muy descontentos
+del almirante francés, que ha probado su ineptitud en el viaje a la
+Martinica y en el combate de Finisterre. Tal es su timidez, y el miedo
+que tiene a los ingleses, que al entrar aquí la escuadra combinada en
+Agosto último no se atrevió a apresar el crucero inglés mandado por
+Collingwood, y que sólo constaba de tres navíos. Toda nuestra
+oficialidad está muy mal por verse obligada a servir a las órdenes de
+semejante hombre. Fue Gravina a Madrid a decírselo a Godoy, previendo
+grandes desaires si no ponía al frente de la escuadra un hombre más
+apto; pero el Ministro le contestó cualquier cosa, porque no se atreve a
+resolver nada; y como Bonaparte anda metido con los austriacos, mientras
+él no decida... Dicen que éste también está muy descontento de
+Villeneuve y que ha determinado destituirle; pero entre tanto... ¡Ah!
+Napoleón debiera confiar el mando de la escuadra a algún español, a ti
+por ejemplo, Alonsito, dándote tres o cuatro grados de mogollón, que a
+fe bien merecidos los tienes...
+
+--¡Oh!, yo no soy para eso--dijo mi amo con su habitual modestia.
+
+--O a Gravina o a, que dicen que es tan buen marino. Si no, me temo que
+esto acabará mal. Aquí no pueden ver a los franceses. Figúrate que
+cuando llegaron los barcos de Villeneuve carecían de víveres y
+municiones, y en el arsenal no se las quisieron dar. Acudieron en queja
+a Madrid; y como Godoy no hace más que lo que quiere el embajador
+francés, Mr. de Bernouville, dio orden para que se entregara a nuestros
+aliados cuanto necesitasen. Mas ni por esas. El intendente de marina y
+el comandante de artillería dicen que no darán nada mientras Villeneuve
+no lo pague en moneda contante y sonante. Así, así: me parece que está
+muy bien parlado. ¡Pues no falta más sino que esos señores con sus manos
+lavadas se fueran a llevar lo poco que tenemos! ¡Bonitos están los
+tiempos! Ahora cuesta todo un ojo de la cara; la fiebre amarilla por un
+lado y los malos tiempos por otro han puesto a Andalucía en tal estado,
+que toda ella no vale una aljofifa; y luego añada usted a esto los
+desastres de la guerra. Verdad es que el honor nacional es lo primero, y
+es preciso seguir adelante para vengar los agravios recibidos. No me
+quiero acordar de lo del cabo de Finisterre, donde por la cobardía de
+nuestros aliados perdimos el _Firme_ y el _Rafael_,
+dos navíos como dos soles, ni de la voladura del _Real
+Carlos_, que fue una traición tal, que ni entre moros berberiscos
+pasaría igual, ni del robo de las cuatro fragatas, ni del combate del
+cabo de...
+
+--Lo que es eso--dijo mi amo interrumpiéndola vivamente...--. Es
+preciso que cada cual quede en su lugar. Si el almirante Córdova hubiera
+mandado virar por...
+
+--Sí, sí, ya sé--dijo Doña Flora, que había oído muchas veces lo mismo
+en boca de mi amo--. Habrá que darles la gran paliza, y se la daréis. Me
+parece que vas a cubrirte de gloria. Así haremos rabiar a Paca.
+
+--Yo no sirvo para el combate--dijo mi amo con tristeza--. Vengo tan
+sólo a presenciarlo, por pura afición y por el entusiasmo que me
+inspiran nuestras queridas banderas».
+
+Al día siguiente de nuestra llegada recibió mi amo la visita de un
+brigadier de marina, amigo antiguo, cuya fisonomía no olvidaré jamás, a
+pesar de no haberle visto más que en aquella ocasión. Era un hombre
+como de cuarenta y cinco años, de semblante hermoso y afable, con tal
+expresión de tristeza, que era imposible verle sin sentir irresistible
+inclinación a amarle. No usaba peluca, y sus abundantes cabellos rubios,
+no martirizados por las tenazas del peluquero para tomar la forma de ala
+de pichón, se recogían con cierto abandono en una gran coleta, y estaban
+inundados de polvos con menos arte del que la presunción propia de la
+época exigía. Eran grandes y azules sus ojos; su nariz muy fina, de
+perfecta forma y un poco larga, sin que esto le afeara, antes bien,
+parecía ennoblecer su expresivo semblante. Su barba, afeitada con
+esmero, era algo puntiaguda, aumentando así el conjunto melancólico de
+su rostro oval, que indicaba más bien delicadeza que energía. Este noble
+continente era realzado por una urbanidad en los modales, por una grave
+cortesanía de que ustedes no pueden formar idea por la estirada fatuidad
+de los señores del día, ni por la movible elegancia de nuestra dorada
+juventud. Tenía el cuerpo pequeño, delgado y como enfermizo. Más que
+guerrero, aparentaba ser hombre de estudio, y su frente, que sin duda
+encerraba altos y delicados pensamientos, no parecía la más propia para
+arrostrar los horrores de una batalla. Su endeble constitución, que sin
+duda contenía un espíritu privilegiado, parecía destinada a sucumbir
+conmovida al primer choque. Y, sin embargo, según después supe, aquel
+hombre tenía tanto corazón como inteligencia. Era Churruca.
+
+El uniforme del héroe demostraba, sin ser viejo ni raído, algunos años
+de honroso servicio. Después, cuando le oí decir, por cierto sin tono de
+queja, que el Gobierno le debía nueve pagas, me expliqué aquel
+deterioro. Mi amo le preguntó por su mujer, y de su contestación deduje
+que se había casado poco antes, por cuya razón le compadecí,
+pareciéndome muy atroz que se le mandara al combate en tan felices días.
+Habló luego de su barco, el _San Juan Nepomuceno_, al que
+mostró igual cariño que a su joven esposa, pues según dijo, él lo había
+compuesto y arreglado a su gusto, por privilegio especial, haciendo de
+él uno de los primeros barcos de la armada española.
+
+Hablaron luego del tema ordinario en aquellos días, de si salía o no
+salía la escuadra, y el marino se expresó largamente con estas palabras,
+cuya substancia guardo en la memoria, y que después con datos y noticias
+históricas he podido restablecer con la posible exactitud:
+
+«El almirante francés--dijo Churruca--, no sabiendo qué resolución
+tomar, y deseando hacer algo que ponga en olvido sus errores, se ha
+mostrado, desde que estamos aquí, partidario de salir en busca de los
+ingleses. El 8 de octubre escribió a Gravina, diciéndole que deseaba
+celebrar a bordo del _Bucentauro_ un consejo de guerra para
+acordar lo que fuera más conveniente. En efecto, Gravina acudió al
+consejo, llevando al teniente general Álava, a los jefes de escuadra
+Escaño y Cisneros, al brigadier Galiano y a mí. De la escuadra francesa
+estaban los almirantes Dumanoir y Magon, y los capitanes de navío
+Cosmao, Maistral, Villiegris y Prigny.
+
+»Habiendo mostrado Villeneuve el deseo de salir, nos opusimos todos los
+españoles. La discusión fue muy viva y acalorada, y Alcalá Galiano cruzó
+con el almirante Magon palabras bastante duras, que ocasionarán un lance
+de honor si antes no les ponemos en paz. Mucho disgustó a Villeneuve
+nuestra oposición, y también en el calor de la discusión dijo frases
+descompuestas, a que contestó Gravina del modo más enérgico... Es
+curioso el empeño de esos señores de hacerse a la mar en busca de un
+enemigo poderoso, cuando en el combate de Finisterre nos abandonaron,
+quitándonos la ocasión de vencer si nos auxiliaran a tiempo. Además hay
+otras razones, que yo expuse en el consejo, y son que la estación
+avanza; que la posición más ventajosa para nosotros es permanecer en la
+bahía, obligándoles a un bloqueo que no podrán resistir, mayormente si
+bloquean también a Tolón y a Cartagena. Es preciso que confesemos con
+dolor la superioridad de la marina inglesa, por la perfección del
+armamento, por la excelente dotación de sus buques y, sobre todo, por la
+unidad con que operan sus escuadras. Nosotros, con gente en gran parte
+menos diestra, con armamento imperfecto y mandados por un jefe que
+descontenta a todos, podríamos, sin embargo, hacer la guerra a la
+defensiva dentro de la bahía. Pero será preciso obedecer, conforme a la
+ciega sumisión de la Corte de Madrid, y poner barcos y marinos a merced
+de los planes de Bonaparte, que no nos ha dado en cambio de esta
+esclavitud un jefe digno de tantos sacrificios. Saldremos, si se empeña
+Villeneuve; pero si los resultados son desastrosos, quedará consignada
+para descargo nuestro la oposición que hemos hecho al insensato proyecto
+del jefe de la escuadra combinada. Villeneuve se ha entregado a la
+desesperación; su amo le ha dicho cosas muy duras, y la noticia de que
+va a ser relevado le induce a cometer las mayores locuras, esperando
+reconquistar en un día su perdida reputación por la victoria o por la
+muerte».
+
+Así se expresó el amigo de mi amo. Sus palabras hicieron en mí grande
+impresión, pues con ser niño, yo prestaba gran interés a aquellos
+sucesos, y después, leyendo en la historia lo mismo de que fui testigo,
+he auxiliado mi memoria con datos auténticos, y puedo narrar con
+bastante exactitud.
+
+Cuando Churruca se marchó, Doña Flora y mi amo hicieron de él grandes
+elogios, encomiando sobre todo su expedición a la América Meridional,
+para hacer el mapa de aquellos mares. Según les oí decir, los méritos de
+Churruca como sabio y como marino eran tantos, que el mismo Napoleón le
+hizo un precioso regalo y le colmó de atenciones. Pero dejemos al marino
+y volvamos a Doña Flora.
+
+A los dos días de estar allí noté un fenómeno que me disgustó
+sobremanera, y fue que la prima de mi amo comenzó a prendarse de mí, es
+decir, que me encontró pintiparado para ser su paje. No cesaba de
+hacerme toda clase de caricias, y al saber que yo también iba a la
+escuadra, se lamentó de ello, jurando que sería una lástima que
+perdiese un brazo, pierna o alguna otra parte no menos importante de mi
+persona, si no perdía la vida. Aquella antipatriótica compasión me
+indignó, y aun creo que dije algunas palabras para expresar que estaba
+inflamado en guerrero ardor. Mis baladronadas hicieron gracia a la
+vieja, y me dio mil golosinas para quitarme el mal humor.
+
+Al día siguiente me obligó a limpiar la; discreto animal, que hablaba
+como un teólogo y nos despertaba a todos por la mañana, gritando:
+_perro inglés, perro inglés_. Luego me llevó consigo a misa,
+haciéndome cargar la banqueta, y en la iglesia no cesaba de volver la
+cabeza para ver si estaba por allí. Después me hizo asistir a su
+tocador, ante cuya operación me quedé espantado, viendo el catafalco de
+rizos y moños que el peluquero armó en su cabeza. Advirtiendo el
+indiscreto estupor con que yo contemplaba la habilidad del maestro,
+verdadero arquitecto de las cabezas, Doña Flora se rió mucho, y me dijo
+que en vez de pensar en ir a la escuadra, debía quedarme con ella para
+ser su paje; añadió que debía aprender a peinarla, y que con el oficio
+de maestro peluquero podía ganarme la vida y ser un verdadero
+personaje.
+
+No me sedujeron tales proposiciones, y le dije con cierta rudeza que más
+quería ser soldado que peluquero. Esto le agradó; y como le daba el
+peine por las cosas patrióticas y militares, redobló su afecto hacia mí.
+A pesar de que allí se me trataba con mimo, confieso que me cargaba a
+más no poder la tal Doña Flora, y que a sus almibaradas finezas prefería
+los rudos pescozones de mi iracunda Doña Francisca.
+
+Era natural: su intempestivo cariño, sus dengues, la insistencia con que
+solicitaba mi compañía, diciendo que le encantaba mi conversación y
+persona, me impedían seguir a mi amo en sus visitas a bordo. Le
+acompañaba en tan dulce ocupación un criado de su prima, y en tanto yo,
+sin libertad para correr por Cádiz, como hubiera deseado, me aburría en
+la casa, en compañía del loro de Doña Flora y de los señores que iban
+allá por las tardes a decir si saldría o no la escuadra, y otras cosas
+menos manoseadas, si bien más frívolas.
+
+Mi disgusto llegó a la desesperación cuando vi que Marcial venía a casa
+y que con él iba mi amo a bordo, aunque no para embarcarse
+definitivamente; y cuando esto ocurría, y cuando mi alma atribulada
+acariciaba aún la débil esperanza de formar parte de aquella
+expedición, Doña Flora se empeñó en llevarme a pasear a la alameda, y
+también al Carmen a rezar vísperas.
+
+Esto me era insoportable, tanto más cuanto que yo soñaba con poner en
+ejecución cierto atrevido proyectillo, que consistía en ir a visitar por
+cuenta propia uno de los navíos, llevado por algún marinero conocido,
+que esperaba encontrar en el muelle. Salí con la vieja, y al pasar por
+la muralla deteníame para ver los barcos; mas no me era posible
+entregarme a las delicias de aquel espectáculo, por tener que contestar
+a las mil preguntas de Doña Flora, que ya me tenía mareado. Durante el
+paseo se le unieron algunos jóvenes y señores mayores. Parecían muy
+encopetados, y eran las personas a la moda en Cádiz, todos muy discretos
+y elegantes. Alguno de ellos era poeta, o, mejor dicho, todos hacían
+versos, aunque malos, y me parece que les oí hablar de cierta Academia
+en que se reunían para tirotearse con sus estrofas, entretenimiento que
+no hacía daño a nadie.
+
+Como yo observaba todo, me fijé en la extraña figura de aquellos
+hombres, en sus afeminados gestos y, sobre todo, en sus trajes, que me
+parecieron extravagantísimos. No eran muchas las personas que vestían
+de aquella manera en Cádiz, y pensando después en la diferencia que
+había entre aquellos arreos y los ordinarios de la gente que yo había
+visto siempre, comprendí que consistía en que éstos vestían a la
+española, y los amigos de Doña Flora conforme a la moda de Madrid y de
+París. Lo que primero atrajo mis miradas fue la extrañeza de sus
+bastones, que eran unos garrotes retorcidos y con gruesísimos nudos. No
+se les veía la barba, porque la tapaba la corbata, especie de chal, que
+dando varias vueltas alrededor del cuello y prolongándose ante los
+labios, formaba una especie de cesta, una bandeja, o más bien bacía en
+que descansaba la cara. El peinado consistía en un artificioso desorden,
+y más que con peine, parecía que se lo habían aderezado con una escoba;
+las puntas del sombrero les tocaban los hombros; las casacas, altísimas
+de talle, casi barrían el suelo con sus faldones; las botas terminaban
+en punta; de los bolsillos de su chaleco pendían multitud de dijes y
+sellos; sus calzones listados se atacaban a la rodilla con un enorme
+lazo, y para que tales figuras fueran completos mamarrachos, todos
+llevaban un lente, que durante la conversación acercaban repetidas veces
+al ojo derecho, cerrando el siniestro, aunque en entrambos tuvieran muy
+buena vista.
+
+La conversación de aquellos personajes versó sobre la salida de la
+escuadra, alternando con este asunto la relación de no sé qué baile o
+fiesta que ponderaron mucho, siendo uno de ellos objeto de grandes
+alabanzas por lo bien que hacía trenzas con sus ligeras piernas bailando
+la gavota.
+
+Después de haber charlado mucho, entraron con Doña Flora en la iglesia
+del Carmen, y allí, sacando cada cual su rosario, rezaron que se las
+pelaban un buen espacio de tiempo, y alguno de ellos me aplicó
+lindamente un coscorrón en la coronilla, porque en vez de orar tan
+devotamente como ellos, prestaba demasiada atención a dos moscas que
+revoloteaban alrededor del rizo culminante del peinado de Doña Flora.
+Salimos, después de haber oído un enojoso sermón, que ellos celebraron
+como obra maestra; paseamos de nuevo; continuó la charla más vivamente,
+porque se nos unieron unas damas vestidas por el mismo estilo, y entre
+todos se armó tan ruidosa algazara de galanterías, frases y sutilezas,
+mezcladas con algún verso insulso, que no puedo recordarlas.
+
+¡Y en tanto Marcial y mi querido amo trataban de fijar día y hora para
+trasladarse definitivamente a bordo! ¡Y yo estaba expuesto a quedarme
+en tierra, sujeto a los antojos de aquella vieja que me empalagaba con
+su insulso cariño! ¿Creerán ustedes que aquella noche insistió en que
+debía quedarme para siempre a su servicio? ¿Creerán ustedes que aseguró
+que me quería mucho, y me dio como prueba algunos afectuosos abrazos y
+besos, ordenándome que no lo dijera a nadie? ¡Horribles contradicciones
+de la vida!, pensaba yo al considerar cuán feliz habría sido si mi amita
+me hubiera tratado de aquella manera. Yo, turbado hasta lo sumo, le dije
+que quería ir a la escuadra, y que cuando volviese me podría querer a su
+antojo; pero que si no me dejaba realizar mi deseo, la aborrecería tanto
+así, y extendí los brazos para expresar una cantidad muy grande de
+aborrecimiento.
+
+Luego, como entrase inesperadamente mi amo, yo, juzgando llegada la
+ocasión de lograr mi objeto por medio de un arranque oratorio, que había
+cuidado de preparar, me arrodillé delante de él, diciéndole en el tono
+más patético que si no me llevaba a bordo, me arrojaría desesperado al
+mar.
+
+Mi amo se rió de la ocurrencia; su prima, haciendo mimos con la boca,
+fingió cierta hilaridad que le afeaba el rostro amojamado, y consintió
+al fin. Diome mil golosinas para que comiese a bordo; me encargó que
+huyese de los sitios de peligro, y no dijo una palabra más contraria a
+mi embarque, que se verificó a la mañana siguiente muy temprano.
+
+
+
+
+-IX-
+
+
+Octubre era el mes, y 18 el día. De esta fecha no me queda duda, porque
+al día siguiente salió la escuadra. Nos levantamos muy temprano y fuimos
+al muelle, donde esperaba un bote que nos condujo a bordo.
+
+Figúrense ustedes cuál sería mi estupor, ¡qué digo estupor!, mi
+entusiasmo, mi enajenación, cuando me vi cerca del _Santísima
+Trinidad_, el mayor barco del mundo, aquel alcázar de madera, que
+visto de lejos se representaba en mi imaginación como una fábrica
+portentosa, sobrenatural, único monstruo digno de la majestad de los
+mares. Cuando nuestro bote pasaba junto a un navío, yo le examinaba con
+cierto religioso asombro, admirado de ver tan grandes los cascos que me
+parecían tan pequeñitos desde la muralla; en otras ocasiones me parecían
+más chicos de lo que mi fantasía los había forjado. El inquieto
+entusiasmo de que estaba poseído me expuso a caer al agua cuando
+contemplaba con arrobamiento un figurón de proa, objeto que más que
+otro alguno fascinaba mi atención.
+
+Por fin llegamos al _Trinidad_. A medida que nos acercábamos,
+las formas de aquel coloso iban aumentando, y cuando la lancha se puso
+al costado, confundida en el espacio de mar donde se proyectaba, cual en
+negro y horrible cristal, la sombra del navío; cuando vi cómo se
+sumergía el inmóvil casco en el agua sombría que azotaba suavemente los
+costados; cuando alcé la vista y vi las tres filas de cañones asomando
+sus bocas amenazadoras por las portas, mi entusiasmo se trocó en miedo,
+púseme pálido, y quedé sin movimiento asido al brazo de mi amo.
+
+Pero en cuanto subimos y me hallé sobre cubierta, se me ensanchó el
+corazón. La airosa y altísima arboladura, la animación del alcázar, la
+vista del cielo y la bahía, el admirable orden de cuantos objetos
+ocupaban la cubierta, desde los coys[4] puestos en fila sobre la obra
+muerta, hasta los cabrestantes, bombas, mangas, escotillas; la variedad
+de uniformes; todo, en fin, me suspendió de tal modo, que por un buen
+rato estuve absorto en la contemplación de tan hermosa máquina, sin
+acordarme de nada más.
+
+[Nota 4: «cois» en el original (N. del E.)]
+
+Los presentes no pueden hacerse cargo de aquellos magníficos barcos, ni
+menos del _Santísima Trinidad_, por las malas estampas en que
+los han visto representados. Tampoco se parecen nada a los buques
+guerreros de hoy, cubiertos con su pesado arnés de hierro, largos,
+monótonos, negros, y sin accidentes muy visibles en su vasta extensión,
+por lo cual me han parecido a veces inmensos ataúdes flotantes. Creados
+por una época positivista, y adecuados a la ciencia náutico-militar de
+estos tiempos, que mediante el vapor ha anulado las maniobras, fiando el
+éxito del combate al poder y empuje de los navíos, los barcos de hoy son
+simples máquinas de guerra, mientras los de aquel tiempo eran el
+guerrero mismo, armado de todas armas de ataque y defensa, pero
+confiando principalmente en su destreza y valor.
+
+Yo, que observo cuanto veo, he tenido siempre la costumbre de asociar,
+hasta un extremo exagerado, ideas con imágenes, cosas con personas,
+aunque pertenezcan a las más inasociables categorías. Viendo más tarde
+las catedrales llamadas góticas de nuestra Castilla, y las de Flandes, y
+observando con qué imponente majestad se destaca su compleja y sutil
+fábrica entre las construcciones del gusto moderno, levantadas por la
+utilidad, tales como bancos, hospitales y cuarteles, no he podido menos
+de traer a la memoria las distintas clases de naves que he visto en mi
+larga vida, y he comparado las antiguas con las catedrales góticas. Sus
+formas, que se prolongan hacia arriba; el predominio de las líneas
+verticales sobre las horizontales; cierto inexplicable idealismo, algo
+de histórico y religioso a la vez, mezclado con la complicación de
+líneas y el juego de colores que combina a su capricho el sol, han
+determinado esta asociación extravagante, que yo me explico por la
+huella de romanticismo que dejan en el espíritu las impresiones de la
+niñez.
+
+El _Santísima Trinidad_ era un navío de cuatro puentes. Los
+mayores del mundo eran de tres. Aquel coloso, construido en La Habana,
+con las más ricas maderas de Cuba en 1769, contaba treinta y seis años
+de honrosos servicios. Tenía 220 pies (61 metros) de eslora, es decir,
+de popa a proa; 58 pies de manga (ancho), y 28 de puntal (altura desde
+la quilla a la cubierta), dimensiones extraordinarias que entonces no
+tenía ningún buque del mundo. Sus poderosas cuadernas, que eran un
+verdadero bosque, sustentaban cuatro pisos. En sus costados, que eran
+fortísimas murallas de madera, se habían abierto al construirlo 116
+troneras: cuando se le reformó, agradándolo en 1796, se le abrieron
+130, y artillado de nuevo en 1805, tenía sobre sus costados, cuando yo
+le vi, 140 bocas de fuego, entre cañones y carronadas. El interior era
+maravilloso por la distribución de los diversos compartimientos, ya
+fuesen puentes para la artillería, sollados para la tripulación, pañoles
+para depósitos de víveres, cámaras para los jefes, cocinas, enfermería y
+demás servicios. Me quedé absorto recorriendo las galerías y demás
+escondrijos de aquel Escorial de los mares. Las cámaras situadas a popa
+eran un pequeño palacio por dentro, y por fuera una especie de
+fantástico alcázar; los balconajes, los pabellones de las esquinas de
+popa, semejantes a las linternas de un castillo ojival, eran como
+grandes jaulas abiertas al mar, y desde donde la vista podía recorrer
+las tres cuartas partes del horizonte.
+
+Nada más grandioso que la arboladura, aquellos mástiles gigantescos,
+lanzados hacia el cielo, como un reto a la tempestad. Parecía que el
+viento no había de tener fuerza para impulsar sus enormes gavias. La
+vista se mareaba y se perdía contemplando la inmensa madeja que formaban
+en la arboladura los obenques, estáis, brazas, burdas, amantillos y
+drizas que servían para sostener y mover el velamen.
+
+Yo estaba absorto en la contemplación de tanta maravilla, cuando sentí
+un fuerte golpe en la nuca. Creí que el palo mayor se me había caído
+encima. Volví la vista atontado y lancé una exclamación de horror al ver
+a un hombre que me tiraba de las orejas como si quisiera levantarme en
+el aire. Era mi tío.
+
+«¿Qué buscas tú aquí, lombriz?--me dijo en el suave tono que le era
+habitual--. ¿Quieres aprender el oficio? Oye, Juan--añadió dirigiéndose
+a un marinero de feroz aspecto--, súbeme a este galápago a la verga
+mayor para que se pasee por ella».
+
+Yo eludí como pude el compromiso de pasear por la verga, y le expliqué
+con la mayor cortesía que hallándome al servicio de D. Alonso Gutiérrez
+de Cisniega, había venido a bordo en su compañía. Tres o cuatro
+marineros, amigos de mi simpático tío, quisieron maltratarme, por lo que
+resolví alejarme de tan distinguida sociedad, y me marché a la cámara en
+busca de mi amo. Los oficiales hacían su tocado, no menos difícil a
+bordo que en tierra, y cuando yo veía a los pajes ocupados en empolvar
+las cabezas de los héroes a quienes servían, me pregunté si aquella
+operación no era la menos a propósito dentro de un buque, donde todos
+los instantes son preciosos y donde estorba siempre todo lo que no sea
+de inmediata necesidad para el servicio.
+
+Pero la moda era entonces tan tirana como ahora, y aun en aquel tiempo
+imponía de un modo apremiante sus enfadosas ridiculeces. Hasta el
+soldado tenía que emplear un tiempo precioso en hacerse el coleto.
+¡Pobres hombres! Yo les vi puestos en fila unos tras otros, arreglando
+cada cual el coleto del que tenía delante, medio ingenioso que remataba
+la operación en poco tiempo. Después se encasquetaban el sombrero de
+pieles, pesada mole, cuyo objeto nunca me pude explicar, y luego iban a
+sus puestos si tenían que hacer guardia, o a pasearse por el combés si
+estaban libres de servicio. Los marineros no usaban aquel ridículo
+apéndice capilar, y su sencillo traje me parece que no se ha modificado
+mucho desde aquella fecha.
+
+En la cámara, mi amo hablaba acaloradamente con el comandante del buque,
+Don Francisco Javier de Uriarte, y con el jefe de escuadra, Don Baltasar
+Hidalgo de Cisneros. Según lo poco que oí, no me quedó duda de que el
+General francés había dado orden de salida para la mañana siguiente.
+
+Esto alegró mucho a Marcial, que junto con otros viejos marineros en el
+castillo de proa, disertaba ampulosamente sobre el próximo combate. Tal
+sociedad me agradaba más que la de mi interesante tío, porque los
+colegas de Medio-hombre no se permitían bromas pesadas con mi persona.
+Esta sola diferencia hacía comprender la diversa procedencia de los
+tripulantes, pues mientras unos eran marineros de pura raza, llevados
+allí por la matrícula o enganche voluntario, los otros eran gente de
+leva, casi siempre holgazana, díscola, de perversas costumbres, y mal
+conocedora del oficio.
+
+Con los primeros hacía yo mejores migas que con los segundos, y asistía
+a todas las conferencias de Marcial. Si no temiera cansar al lector, le
+referiría la explicación que éste dio de las causas diplomáticas y
+políticas de la guerra, parafraseando del modo más cómico posible lo que
+había oído algunas noches antes de boca de Malespina en casa de mis
+amos. Por él supe que el novio de mi amita se había embarcado en el.
+
+Todas las conferencias terminaban en un solo punto, el próximo combate.
+La escuadra debía salir al día siguiente, ¡qué placer! Navegar en aquel
+gigantesco barco, el mayor del mundo; presenciar una batalla en medio de
+los mares; ver cómo era la batalla, cómo se disparaban los cañones, cómo
+se apresaban los buques enemigos... ¡qué hermosa fiesta!, y luego
+volver a Cádiz cubiertos de gloria... Decir a cuantos quisieran oírme:
+«yo estuve en la escuadra, lo vi todo...», decírselo también a mi amita,
+contándole la grandiosa escena, y excitando su atención, su curiosidad,
+su interés... decirle también: «yo me hallé en los sitios de mayor
+peligro, y no temblaba por eso»; ver cómo se altera, cómo palidece y se
+asusta oyendo referir los horrores del combate, y luego mirar con desdén
+a todos los que digan: «¡contad, Gabrielito, esa cosa tan tremenda!...»
+¡Oh!, esto era más de lo que necesitaba mi imaginación para
+enloquecer... Digo francamente que en aquel día no me hubiera cambiado
+por Nelson.
+
+Amaneció el 19, que fue para mí felicísimo, y no había aún amanecido,
+cuando yo estaba en el alcázar de popa con mi amo, que quiso presenciar
+la maniobra. Después del baldeo comenzó la operación de. Se izaron las
+grandes gavias, y el pesado molinete, girando con su agudo chirrido,
+arrancaba la poderosa áncora del fondo de la bahía. Corrían los
+marineros por las vergas; manejaban otros las brazas, prontos a la voz
+del contramaestre, y todas las voces del navío, antes mudas, llenaban el
+aire con espantosa algarabía. Los pitos, la campana de proa, el
+discorde concierto de mil voces humanas, mezcladas con el rechinar de
+los motones; el crujido de los cabos, el trapeo de las velas azotando
+los palos antes de henchirse impelidas por el viento, todos estos
+variados sones acompañaron los primeros pasos del colosal navío.
+
+Pequeñas olas acariciaban sus costados, y la mole majestuosa comenzó a
+deslizarse por la bahía sin dar la menor cabezada, sin ningún vaivén de
+costado, con marcha grave y solemne, que sólo podía apreciarse
+comparativamente, observando la traslación imaginaria de los buques
+mercantes anclados y del paisaje.
+
+Al mismo tiempo se dirigía la vista en derredor, y ¡qué espectáculo,
+Dios mío!, treinta y dos navíos, cinco fragatas y dos bergantines, entre
+españoles y franceses, colocados delante, detrás y a nuestro costado, se
+cubrían de velas y marchaban también impelidos por el escaso viento. No
+he visto mañana más hermosa. El sol inundaba de luz la magnífica rada;
+un ligero matiz de púrpura teñía la superficie de las aguas hacia
+Oriente, y la cadena de colinas y lejanos montes que limitan el
+horizonte hacia la parte del Puerto permanecían aún encendidos por el
+fuego de la pasada aurora; el cielo limpio apenas tenía algunas nubes
+rojas y doradas por Levante; el mar azul estaba tranquilo, y sobre este
+mar y bajo aquel cielo las cuarenta velas, con sus blancos velámenes,
+emprendían la marcha, formando el más vistoso escuadrón que puede
+presentarse ante humanos ojos.
+
+No andaban todos los bajeles con igual paso. Unos se adelantaban, otros
+tardaron mucho en moverse; pasaban algunos junto a nosotros, mientras
+los había que se quedaban detrás. La lentitud de su marcha; la altura de
+su aparejo, cubierto de lona; cierta misteriosa armonía que mis oídos de
+niño percibían como saliendo de los gloriosos cascos, especie de himno
+que sin duda resonaba dentro de mí mismo; la claridad del día, la
+frescura del ambiente, la belleza del mar, que fuera de la bahía parecía
+agitarse con gentil alborozo a la aproximación de la flota, formaban el
+más imponente cuadro que puede imaginarse.
+
+Cádiz, en tanto, como un panorama giratorio, se escorzaba a nuestra
+vista presentándonos sucesivamente las distintas facetas de su vasto
+circuito. El sol, encendiendo los vidrios de sus mil miradores,
+salpicaba la ciudad con polvos de oro, y su blanca mole se destacaba
+tan limpia y pura sobre las aguas, que parecía haber sido creada en
+aquel momento, o sacada del mar como la fantástica ciudad de San Genaro.
+Vi el desarrollo de la muralla desde el muelle hasta el castillo de
+Santa Catalina; reconocí el baluarte del Bonete, el baluarte del Orejón,
+la Caleta, y me llené de orgullo considerando de dónde había salido y
+dónde estaba.
+
+Al mismo tiempo llegaba a mis oídos como música misteriosa el son de las
+campanas de la ciudad medio despierta, tocando a misa, con esa algazara
+charlatana de las campanas de un gran pueblo. Ya expresaban alegría,
+como un saludo de buen viaje, y yo escuchaba el rumor cual si fuese de
+humanas voces que nos daban la despedida; ya me parecían sonar tristes y
+acongojadas anunciándonos una desgracia, y a medida que nos alejábamos,
+aquella música se iba apagando hasta que se extinguió difundida en el
+inmenso espacio.
+
+La escuadra salía lentamente: algunos barcos emplearon muchas horas para
+hallarse fuera. Marcial, durante la salida, iba haciendo comentarios
+sobre cada buque, observando su marcha, motejándoles si eran pesados,
+animándoles con paternales consejos si eran ligeros y zarpaban pronto.
+«¡Qué pesado está D. Federico!--decía observando el _Príncipe de
+Asturias_, mandado por Gravina--. Allá va _Mr.
+Corneta_--exclamaba mirando al _Bucentauro_, navío
+general--. Bien _haiga_ quien te puso _Rayo_--decía
+irónicamente mirando al navío de este nombre, que era el más pesado de
+toda la escuadra...--Bien por _papá Ignacio_--añadía
+dirigiéndose al _Santa Ana_, que montaba Álava--. Echa toda la
+gavia, pedazo de tonina--decía contemplando el navío de Dumanoir--;
+este gabacho tiene un peluquero para rizar la gavia, y carga las velas
+con tenacillas».
+
+El cielo se enturbió por la tarde, y al anochecer, hallándonos ya a gran
+distancia, vimos a Cádiz perderse poco a poco entre la bruma, hasta que
+se confundieron con las tintas de la noche sus últimos contornos. La
+escuadra tomó rumbo al Sur.
+
+Por la noche no me separé de él, una vez que dejé a mi amo muy bien
+arrellanado en su camarote. Rodeado de dos colegas y admiradores, les
+explicaba el plan de Villeneuve del modo siguiente:
+
+«Mr. Corneta ha dividido la escuadra en cuatro cuerpos. La vanguardia,
+que es mandada por Álava, tiene siete navíos; el centro, que lleva siete
+y lo manda Mr. Corneta en persona; la retaguardia, también de siete,
+que va mandada por Dumanoir, y el cuerpo de reserva, compuesto de doce
+navíos, que manda Don Federico. No me parece que está esto mal pensado.
+Por supuesto que van los barcos españoles mezclados con los gabachos,
+para que no nos dejen en las astas del toro, como sucedió en Finisterre.
+
+»Según me ha referido D. Alonso, el francés ha dicho que si el enemigo
+se nos presenta a sotavento, formaremos la línea de batalla y caeremos
+sobre él... Esto está muy guapo, dicho en el camarote; pero ya... ¿El
+_Señorito_ va a ser tan buey que se nos presente a
+sotavento?... Sí, porque tiene poco _farol_ (inteligencia) su
+señoría para dejarse pescar así... _Veremos a ver si vemos_ lo
+que espera el francés... Si el enemigo se presenta a barlovento y nos
+ataca, debemos esperarle en línea de batalla; y como tendrá que
+dividirse para atacarnos, si no consigue romper nuestra línea, nos será
+muy fácil vencerle. A ese señor todo le parece fácil. (Rumores.) Dice
+también que no hará señales y que todo lo espera de cada capitán. ¡Si
+iremos a ver lo que yo vengo predicando desde que se hicieron esos
+malditos tratados de _sursillos_, y es que... más vale
+callar... quiera Dios...! Ya les he dicho a ustedes que Mr. Corneta no
+sabe lo que tiene entre manos, y que no le caben cincuenta barcos en la
+cabeza. Cuidado con un almirante que llama a sus capitanes el día antes
+de una batalla, y les dice que haga cada uno lo que le diere la gana...
+_Pos pá eso_... (Grandes muestras de asentimiento.) En fin,
+allá veremos... Pero vengan acá ustedes y díganme: si nosotros los
+españoles queremos defondar a unos cuantos barcos ingleses, ¿no nos
+bastamos y nos sobramos para ello? ¿Pues a _cuenta qué_ hemos
+de juntarnos con franceses que no nos dejan hacer lo que nos _sale
+de dentro_, sino que hemos de ir al remolque de sus señorías?
+_Siempre di cuando_ fuimos con ellos, _siempre di
+cuando_ salimos _destaponados_... En fin... Dios y la
+Virgen del Carmen vayan con nosotros, y nos libren de amigos franceses
+por siempre jamás amén». (Grandes aplausos.)
+
+Todos asintieron a su opinión. Su conferencia duró hasta hora avanzada,
+elevándose desde la profesión naval hasta la ciencia diplomática. La
+noche fue serena y navegábamos con viento fresco. Se me permitirá que al
+hablar de la escuadra diga _nosotros_. Yo estaba tan orgulloso
+de encontrarme a bordo del _Santísima Trinidad_, que me llegué
+a figurar que iba a desempeñar algún papel importante en tan alta
+ocasión, y por eso no dejaba de gallardearme con los marineros,
+haciéndoles ver que yo estaba allí para alguna cosa útil.
+
+
+
+
+-X-
+
+
+Al amanecer del día 20, el viento soplaba con mucha fuerza, y por esta
+causa los navíos estaban muy distantes unos de otros. Mas habiéndose
+calmado el viento poco después de mediodía, el buque almirante hizo
+señales de que se formasen las: vanguardia, centro, retaguardia y los
+dos cuerpos que componían la reserva.
+
+Yo me deleitaba viendo cómo acudían dócilmente a la formación aquellas
+moles, y aunque, a causa de la diversidad de sus condiciones marineras,
+las maniobras no eran muy rápidas y las líneas formadas poco perfectas,
+siempre causaba admiración contemplar aquel ejercicio. El viento soplaba
+del SO., según dijo Marcial, que lo había profetizado desde por la
+mañana, y la escuadra, recibiéndole por estribor, marchó en dirección
+del Estrecho. Por la noche se vieron algunas luces, y al amanecer del 21
+vimos veintisiete navíos por barlovento, entre los cuales Marcial
+designó siete de tres puentes. A eso de las ocho, los treinta y tres
+barcos de la flota enemiga estaban a la vista formados en dos columnas.
+Nuestra escuadra formaba una larguísima línea, y según las apariencias,
+las dos columnas de, dispuestas en forma de cuña, avanzaban como si
+quisieran cortar nuestra línea por el centro y retaguardia.
+
+Tal era la situación de ambos contendientes, cuando el
+_Bucentauro_ hizo señal de virar en redondo. Ustedes quizá no
+entiendan esto; pero les diré que consistía en variar diametralmente de
+rumbo, es decir, que si antes el viento impulsaba nuestros navíos por
+estribor, después de aquel movimiento nos daba por babor, de modo que
+marchábamos en dirección casi opuesta a la que antes teníamos. Las proas
+se dirigían al Norte, y este movimiento, cuyo objeto era tener a Cádiz
+bajo el viento, para arribar a él en caso de desgracia, fue muy
+criticado a bordo del _Trinidad_, y especialmente por Marcial,
+que decía:
+
+«Ya se _esparrancló_ la línea de batalla, que antes era mala y
+ahora es peor».
+
+Efectivamente, la vanguardia se convirtió en retaguardia, y la escuadra
+de reserva, que era la mejor, según oí decir, quedó a la cola. Como el
+viento era flojo, los barcos de diversa andadura y la tripulación poco
+diestra, la nueva línea no pudo formarse ni con rapidez ni con
+precisión: unos navíos andaban muy a prisa y se precipitaban sobre el
+delantero; otros marchaban poco, rezagándose, o se desviaban, dejando un
+gran claro que rompía la línea, antes de que el enemigo se tomase el
+trabajo de hacerlo.
+
+Se mandó restablecer el orden; pero por obediente que sea un buque, no
+es tan fácil de manejar como un caballo. Con este motivo, y observando
+las maniobras de los barcos más cercanos, Medio-hombre decía:
+
+«La línea es más larga que el camino de Santiago. Si el
+_Señorito_ la corta, adiós mi bandera: perderíamos hasta el
+modo de andar, _manque_ los pelos se nos hicieran cañones.
+Señores, nos van a dar julepe por el centro. ¿Cómo pueden venir a
+ayudarnos el _San Juan_ y el _Bahama_, que están a
+la cola, ni el _Neptuno_ ni el _Rayo_, que están a
+la cabeza? (Rumores de aprobación.) Además, estamos a sotavento, y los
+casacones pueden elegir el punto que quieran para atacarnos. Bastante
+haremos nosotros con defendernos como podamos. Lo que digo es que Dios
+nos saque bien, y nos libre de franceses por siempre jamás amén Jesús».
+
+El sol avanzaba hacia el zenit, y el enemigo estaba ya encima.
+
+«¿Les parece a ustedes que ésta es hora de empezar un combate? ¡Las doce
+del día!» exclamaba con ira el marinero aunque no se atrevía a hacer
+demasiado pública su demostración, ni estas conferencias pasaban de un
+pequeño círculo, dentro del cual yo, llevado de mi sempiterna insaciable
+curiosidad, me había injerido.
+
+No sé por qué me pareció advertir en todos los semblantes cierta
+expresión de disgusto. Los oficiales en el alcázar de popa y los
+marineros y contramaestres en el de proa, observaban los navíos
+sotaventados y fuera de línea, entre los cuales había cuatro
+pertenecientes al centro.
+
+Se me había olvidado mencionar una operación preliminar del combate, en
+la cual tomé parte. Hecho por la mañana el zafarrancho, preparado ya
+todo lo concerniente al servicio de piezas y lo relativo a maniobras, oí
+que dijeron:
+
+«La arena, extender la arena».
+
+Marcial me tiró de la oreja, y llevándome a una escotilla, me hizo
+colocar en línea con algunos marinerillos de leva, grumetes y gente de
+poco más o menos. Desde la escotilla hasta el fondo de la bodega se
+habían colocado, escalonados en los entrepuentes, algunos marineros, y
+de este modo iban sacando los sacos de arena. Uno se lo daba al que
+tenía al lado, éste al siguiente, y de este modo se sacaba rápidamente y
+sin trabajo cuanto se quisiera. Pasando de mano en mano, subieron de la
+bodega multitud de sacos, y mi sorpresa fue grande cuando vi que los
+vaciaban sobre la cubierta, sobre el alcázar y castillos, extendiendo la
+arena hasta cubrir toda la superficie de los tablones. Lo mismo hicieron
+en los entrepuentes. Por satisfacer mi curiosidad, pregunté al grumete
+que tenía al lado.
+
+«Es para la sangre--me contestó con indiferencia.
+
+--¡Para la sangre!» repetí yo sin poder reprimir un estremecimiento de
+terror.
+
+Miré la arena; miré a los marineros, que con gran algazara se ocupaban
+en aquella faena, y por un instante me sentí cobarde. Sin embargo, la
+imaginación, que entonces predominaba en mí, alejó de mi espíritu todo
+temor, y no pensé más que en triunfos y agradables sorpresas.
+
+El servicio de los cañones estaba listo, y advertí también que las
+municiones pasaban de los pañoles al entrepuente por medio de una cadena
+humana semejante a la que había sacado la arena del fondo del buque.
+Los ingleses avanzaban para atacarnos en dos grupos. Uno se dirigía
+hacia nosotros, y traía en su cabeza, o en el vértice de la cuña, un
+gran navío con insignia de almirante. Después supe que era el
+_Victory_ y que lo mandaba Nelson. El otro traía a su frente
+el _Royal Sovereign_, mandado por Collingwood.
+
+Todos estos hombres, así como las particularidades estratégicas del
+combate, han sido estudiados por mí más tarde.
+
+Mis recuerdos, que son clarísimos en todo lo pintoresco y material,
+apenas me sirven en lo relativo a operaciones que entonces no
+comprendía. Lo que oí con frecuencia de boca de Marcial, unido a lo que
+después he sabido, pudo darme a conocer la formación de nuestra
+escuadra; y para que ustedes lo comprendan bien, les pongo aquí una
+lista de nuestros navíos, indicando los desviados, que dejaban un claro,
+la nacionalidad y la forma en que fuimos atacados. Poco más o menos, era
+así:
+
+
+ +----------------------+
+ | V |
+ |Neptuno. E. A |
+ |Scipión. F. G |
+ |Rayo. E. U |
+ |Formidable. F. A |
+ |--Duguay. F. R |
+ |Mont-Blanc. E D |
+ |Asís. E. I |
+ | A |
+ |----------------------|
+ | |
+ |----------------------|
+ |Agustín. F. |
+ |Héros. F. C |
+PRIMER CUERPO |Trinidad. E. E |
+MANDADO POR NELSON |Bucentauro. F. N |
+Victory====================> |--Neptune. F. T |
+ |Redoutable.F. R |
+ |Intrépide. F. O |
+ |--Leandro. E. |
+ |----------------------|
+ | |
+ |----------------------|
+ | R |
+SEGUNDO CUERPO |--Justo. E. E |
+MANDADO POR COLLINGWOOD |--Indomptable. F. T |
+Royal Sovereign=============> |Santa Ana. E. A |
+ |Fougueux. F. G |
+ |Monarca. E. U |
+ |Pluton. F. A |
+ | R |
+ | D |
+ | I |
+ | A |
+ |----------------------|
+ | |
+ |----------------------|
+ |Bahama. E. R |
+ |--Aigle. F. E |
+ |Montañés. E. S |
+ |Algeciras. E. E |
+ |Argonauta. E. R |
+ |Swift-Sure. F. V |
+ |--Argonaute. F. A |
+ |Ildefonso. E. |
+ |--Achilles. F. |
+ |Príncipe de Asturias.E|
+ |Berwick. F. |
+ |Nepomuceno. E. |
+ +----------------------+
+
+
+
+Eran las doce menos cuarto. El terrible instante se aproximaba. La
+ansiedad era general, y no digo esto juzgando por lo que pasaba en mi
+espíritu, pues atento a los movimientos del navío en que se decía estaba
+Nelson, no pude por un buen rato darme cuenta de lo que pasaba a mi
+alrededor.
+
+De repente nuestro comandante dio una orden terrible. La repitieron los
+contramaestres. Los marineros corrieron hacia los cabos, chillaron los
+motones, trapearon las gavias.
+
+«¡En facha, en facha!--exclamó Marcial, lanzando con energía un
+juramento--. Ese condenado se nos quiere meter por la popa».
+
+Al punto comprendí que se había mandado detener la marcha del
+_Trinidad_ para estrecharle contra el _Bucentauro_,
+que venía detrás, porque el _Victory_ parecía venir dispuesto
+a cortar la línea por entre los dos navíos.
+
+Al ver la maniobra de nuestro buque, pude observar que gran parte de la
+tripulación no tenía toda aquella desenvoltura propia de los marineros,
+familiarizados como Marcial con la guerra y con la tempestad. Entre los
+soldados vi algunos que sentían el malestar del mareo, y se agarraban a
+los obenques para no caer. Verdad es que había gente muy decidida,
+especialmente en la clase de voluntarios; pero por lo común todos eran
+de leva, obedecían las órdenes como de mala gana, y estoy seguro de que
+no tenían ni el más leve sentimiento de patriotismo. No les hizo dignos
+del combate más que el combate mismo, como advertí después. A pesar del
+distinto temple moral de aquellos hombres, creo que en los solemnes
+momentos que precedieron al primer cañonazo, la idea de Dios estaba en
+todas las cabezas.
+
+Por lo que a mí toca, en toda la vida ha experimentado mi alma
+sensaciones iguales a las de aquel momento. A pesar de mis pocos años,
+me hallaba en disposición de comprender la gravedad del suceso, y por
+primera vez, después que existía, altas concepciones, elevadas imágenes
+y generosos pensamientos ocuparon mi mente. La persuasión de la victoria
+estaba tan arraigada en mi ánimo, que me inspiraban cierta lástima los
+ingleses, y les admiraba al verles buscar con tanto afán una muerte
+segura.
+
+Por primera vez entonces percibí con completa claridad la idea de la
+patria, y mi corazón respondió a ella con espontáneos sentimientos,
+nuevos hasta aquel momento en mi alma. Hasta entonces la patria se me
+representaba en las personas que gobernaban la nación, tales como el Rey
+y su célebre Ministro, a quienes no consideraba con igual respeto. Como
+yo no sabía más historia que la que aprendí en la Caleta, para mí era de
+ley que debía uno entusiasmarse al oír que los españoles habían matado
+muchos moros primero, y gran pacotilla de ingleses y franceses después.
+Me representaba, pues, a mi país como muy valiente; pero el valor que yo
+concebía era tan parecido a la barbarie como un huevo a otro huevo. Con
+tales pensamientos, el patriotismo no era para mí más que el orgullo de
+pertenecer a aquella casta de matadores de moros.
+
+Pero en el momento que precedió al combate, comprendí todo lo que
+aquella divina palabra significaba, y la idea de nacionalidad se abrió
+paso en mi espíritu, iluminándolo y descubriendo infinitas maravillas,
+como el sol que disipa la noche, y saca de la obscuridad un hermoso
+paisaje. Me representé a mi país como una inmensa tierra poblada de
+gentes, todos fraternalmente unidos; me representé la sociedad dividida
+en familias, en las cuales había esposas que mantener, hijos que educar,
+hacienda que conservar, honra que defender; me hice cargo de un pacto
+establecido entre tantos seres para ayudarse y sostenerse contra un
+ataque de fuera, y comprendí que por todos habían sido hechos aquellos
+barcos para defender la patria, es decir, el terreno en que ponían sus
+plantas, el surco regado con su sudor, la casa donde vivían sus ancianos
+padres, el huerto donde jugaban sus hijos, la colonia descubierta y
+conquistada por sus ascendientes, el puerto donde amarraban su
+embarcación fatigada del largo viaje; el almacén donde depositaban sus
+riquezas; la iglesia, sarcófago de sus mayores, habitáculo de sus santos
+y arca de sus creencias; la plaza, recinto de sus alegres pasatiempos;
+el hogar doméstico, cuyos antiguos muebles, transmitidos de generación
+en generación, parecen el símbolo de la perpetuidad de las naciones; la
+cocina, en cuyas paredes ahumadas parece que no se extingue nunca el eco
+de los cuentos con que las abuelas amansan la travesura e inquietud de
+los nietos; la calle, donde se ven desfilar caras amigas; el campo, el
+mar, el cielo; todo cuanto desde el nacer se asocia a nuestra
+existencia, desde el pesebre de un animal querido hasta el trono de
+reyes patriarcales; todos los objetos en que vive prolongándose nuestra
+alma, como si el propio cuerpo no le bastara.
+
+Yo creía también que las cuestiones que España tenía con Francia o con
+Inglaterra eran siempre porque alguna de estas naciones quería quitarnos
+algo, en lo cual no iba del todo descaminado. Parecíame, por tanto, tan
+legítima la defensa como brutal la agresión; y como había oído decir que
+la justicia triunfaba siempre, no dudaba de la victoria. Mirando
+nuestras banderas rojas y amarillas, los colores combinados que mejor
+representan al fuego, sentí que mi pecho se ensanchaba; no pude contener
+algunas lágrimas de entusiasmo; me acordé de Cádiz, de Vejer; me acordé
+de todos los españoles, a quienes consideraba asomados a una gran
+azotea, contemplándonos con ansiedad; y todas estas ideas y sensaciones
+llevaron finalmente mi espíritu hasta Dios, a quien dirigí una oración
+que no era Padre-nuestro ni Ave-María, sino algo nuevo que a mí se me
+ocurrió entonces. Un repentino estruendo me sacó de mi arrobamiento,
+haciéndome estremecer con violentísima sacudida. Había sonado el primer
+cañonazo.
+
+
+
+
+-XI-
+
+
+Un navío de la retaguardia disparó el primer tiro contra el _Royal
+Sovereign_, que mandaba Collingwood. Mientras trababa combate con
+este el _Santa Ana_, el _Victory_ se dirigía contra
+nosotros. En el _Trinidad_ todos demostraban gran ansiedad por
+comenzar el fuego; pero nuestro comandante esperaba el momento más
+favorable. Como si unos navíos se lo comunicaran a los otros, cual
+piezas pirotécnicas enlazadas por una mecha común, el fuego se corrió
+desde el _Santa Ana_ hasta los dos extremos de la línea.
+
+El _Victory_ atacó primero al _Redoutable_ francés,
+y rechazado por este, vino a quedar frente a nuestro costado por
+barlovento. El momento terrible había llegado: cien voces dijeron
+¡_fuego_!, repitiendo como un eco infernal la del comandante,
+y la andanada lanzó cincuenta proyectiles sobre el navío inglés. Por un
+instante el humo me quitó la vista del enemigo. Pero éste, ciego de
+coraje, se venía sobre nosotros viento en popa. Al llegar a tiro de
+fusil, orzó y nos descargó su andanada. En el tiempo que medió de uno a
+otro disparo, la tripulación, que había podido observar el daño hecho al
+enemigo, redobló su entusiasmo. Los cañones se servían con presteza,
+aunque no sin cierto entorpecimiento, hijo de la poca práctica de
+algunos cabos de cañón. Marcial hubiera tomado por su cuenta de buena
+gana la empresa de servir una de las piezas de cubierta; pero su cuerpo
+mutilado no era capaz de responder al heroísmo de su alma. Se contentaba
+con vigilar el servicio de la cartuchería, y con su voz y con su gesto
+alentaba a los que servían las piezas.
+
+El _Bucentauro_, que estaba a nuestra popa, hacía fuego
+igualmente sobre el _Victory_ y el _Temerary_, otro
+poderoso navío inglés. Parecía que el navío de Nelson iba a caer en
+nuestro poder, porque la artillería del _Trinidad_ le había
+destrozado el aparejo, y vimos con orgullo que perdía su palo de mesana.
+
+En el ardor de aquel primer encuentro, apenas advertí que algunos de
+nuestros marineros caían heridos o muertos. Yo, puesto en el lugar donde
+creía estorbar menos, no cesaba de contemplar al comandante, que mandaba
+desde el alcázar con serenidad heroica, y me admiraba de ver a mi amo
+con menos calma, pero con más entusiasmo, alentando a oficiales y
+marineros con su ronca vocecilla.
+
+«¡Ah!--dije yo para mí--. ¡Si te viera ahora Doña Francisca!»
+
+Confesaré que yo tenía momentos de un miedo terrible, en que me hubiera
+escondido nada menos que en el mismo fondo de la bodega, y otros de
+cierto delirante arrojo en que me arriesgaba a ver desde los sitios de
+mayor peligro aquel gran espectáculo. Pero, dejando a un lado mi humilde
+persona, voy a narrar el momento más terrible de nuestra lucha con el
+_Victory_. El _Trinidad_ le destrozaba con mucha
+fortuna, cuando el _Temerary_, ejecutando una habilísima
+maniobra, se interpuso entre los dos combatientes, salvando a su
+compañero de nuestras balas. En seguida se dirigió a cortar la línea por
+la popa del _Trinidad_, y como el _Bucentauro_,
+durante el fuego, se había estrechado contra este hasta el punto de
+tocarse los penoles, resultó un gran claro, por donde se precipitó el
+_Temerary_, que viró prontamente, y colocándose a nuestra
+aleta de babor, nos disparó por aquel costado, hasta entonces ileso. Al
+mismo tiempo, el _Neptune_, otro poderoso navío inglés,
+colocose donde antes estaba el _Victory_; éste se sotaventó,
+de modo que en un momento el _Trinidad_ se encontró rodeado
+de enemigos que le acribillaban por todos lados.
+
+En el semblante de mi amo, en la sublime cólera de Uriarte, en los
+juramentos de los marineros amigos de Marcial, conocí que estábamos
+perdidos, y la idea de la derrota angustió mi alma. La línea de la
+escuadra combinada se hallaba rota por varios puntos, y al orden
+imperfecto con que se había formado después de la vira en redondo
+sucedió el más terrible desorden. Estábamos envueltos por el enemigo,
+cuya artillería lanzaba una espantosa lluvia de balas y de metralla
+sobre nuestro navío, lo mismo que sobre el _Bucentauro_. El
+_Agustín_, el _Herós_ y el _Leandro_ se
+batían lejos de nosotros, en posición algo desahogada, mientras el
+_Trinidad_, lo mismo que el navío almirante, sin poder
+disponer de sus movimientos, cogidos en terrible escaramuza por el genio
+del gran Nelson, luchaban heroicamente, no ya buscando una victoria
+imposible, sino movidos por el afán de perecer con honra.
+
+Los cabellos blancos que hoy cubren mi cabeza se erizan todavía al
+recordar aquellas tremendas horas, principalmente desde las dos a las
+cuatro de la tarde. Se me representan los barcos, no como ciegas
+máquinas de guerra, obedientes al hombre, sino como verdaderos
+gigantes, seres vivos y monstruosos que luchaban por sí, poniendo en
+acción, como ágiles miembros, su velamen, y cual terribles armas, la
+poderosa artillería de sus costados. Mirándolos, mi imaginación no podía
+menos de personalizarlos, y aun ahora me parece que los veo acercarse,
+desafiarse, orzar con ímpetu para descargar su andanada, lanzarse al
+abordaje con ademán provocativo, retroceder con ardiente coraje para
+tomar más fuerza, mofarse del enemigo, increparle; me parece que les veo
+expresar el dolor de la herida, o exhalar noblemente el gemido de la
+muerte, como el gladiador que no olvida el decoro de la agonía; me
+parece oír el rumor de las tripulaciones, como la voz que sale de un
+pecho irritado, a veces alarido de entusiasmo, a veces sordo mugido de
+desesperación, precursor de exterminio; ahora himno de júbilo que indica
+la victoria; después algazara rabiosa que se pierde en el espacio,
+haciendo lugar a un terrible silencio que anuncia la vergüenza de la
+derrota.
+
+El espectáculo que ofrecía el interior del _Santísima
+Trinidad_ era el de un infierno. Las maniobras habían sido
+abandonadas, porque el barco no se movía ni podía moverse. Todo el
+empeño consistía en servir las piezas con la mayor presteza posible,
+correspondiendo así al estrago que hacían los proyectiles enemigos. La
+metralla inglesa rasgaba el velamen como si grandes e invisibles uñas le
+hicieran trizas. Los pedazos de obra muerta, los trozos de madera, los
+gruesos obenques segados cual haces de espigas, los motones que caían,
+los trozos de velamen, los hierros, cabos y demás despojos arrancados de
+su sitio por el cañón enemigo, llenaban la cubierta, donde apenas había
+espacio para moverse. De minuto en minuto caían al suelo o al mar
+multitud de hombres llenos de vida; las blasfemias de los combatientes
+se mezclaban a los lamentos de los heridos, de tal modo que no era
+posible distinguir si insultaban a Dios los que morían, o le llamaban
+con angustia los que luchaban.
+
+Yo tuve que prestar auxilio en una faena tristísima, cual era la de
+transportar heridos a la bodega, donde estaba la enfermería. Algunos
+morían antes de llegar a ella, y otros tenían que sufrir dolorosas
+operaciones antes de poder reposar un momento su cuerpo fatigado.
+También tuve la indecible satisfacción de ayudar a los carpinteros, que
+a toda prisa procuraban aplicar tapones a los agujeros hechos en el
+casco; pero por causa de mi poca fuerza, no eran aquellos auxilios tan
+eficaces como yo habría deseado.
+
+La sangre corría en abundancia por la cubierta y los puentes, y a pesar
+de la arena, el movimiento del buque la llevaba de aquí para allí,
+formando fatídicos dibujos. Las balas de cañón, de tan cerca disparadas,
+mutilaban horriblemente los cuerpos, y era frecuente ver rodar a alguno,
+arrancada a cercén la cabeza, cuando la violencia del proyectil no
+arrojaba la víctima al mar, entre cuyas ondas debía perderse casi sin
+dolor la última noción de la vida. Otras balas rebotaban contra un palo
+o contra la obra muerta, levantando granizada de astillas que herían
+como flechas. La fusilería de las cofas y la metralla de las carronadas
+esparcían otra muerte menos rápida y más dolorosa, y fue raro el que no
+salió marcado más o menos gravemente por el plomo y el hierro de
+nuestros enemigos.
+
+De tal suerte combatida y sin poder de ningún modo devolver iguales
+destrozos, la tripulación, aquella alma del buque, se sentía perecer,
+agonizaba con desesperado coraje, y el navío mismo, aquel cuerpo
+glorioso, retemblaba al golpe de las balas. Yo le sentía estremecerse en
+la terrible lucha: crujían sus cuadernas, estallaban sus baos,
+rechinaban sus puntales a manera de miembros que retuerce el dolor, y la
+cubierta trepidaba bajo mis pies con ruidosa palpitación, como si a todo
+el inmenso cuerpo del buque se comunicara la indignación y los dolores
+de sus tripulantes. En tanto, el agua penetraba por los mil agujeros y
+grietas del casco acribillado, y comenzaba a inundar la bodega.
+
+El _Bucentauro_, navío general, se rindió a nuestra vista.
+Villeneuve había arriado bandera. Una vez entregado el jefe de la
+escuadra, ¿qué esperanza quedaba a los buques? El pabellón francés
+desapareció de la popa de aquel gallardo navío, y cesaron sus fuegos. El
+_San Agustín_ y el _Herós_ se sostenían todavía, y
+el _Rayo_ y el _Neptuno_, pertenecientes a la
+vanguardia, que habían venido a auxiliarnos, intentaron en vano
+salvarnos de los navíos enemigos que nos asediaban. Yo pude observar la
+parte del combate más inmediata al _Santísima Trinidad_,
+porque del resto de la línea no era posible ver nada. El viento parecía
+haberse detenido, y el humo se quedaba sobre nuestras cabezas,
+envolviéndonos en su espesa blancura, que las miradas no podían
+penetrar. Distinguíamos tan sólo el aparejo de algunos buques lejanos,
+aumentados de un modo inexplicable por no sé qué efecto óptico o porque
+el pavor de aquel sublime momento agrandaba todos los objetos.
+
+Disipose por un momento la densa penumbra, ¡pero de qué manera tan
+terrible! Detonación espantosa, más fuerte que la de los mil cañones de
+la escuadra disparando a un tiempo, paralizó a todos, produciendo
+general terror. Cuando el oído recibió tan fuerte impresión, claridad
+vivísima había iluminado el ancho espacio ocupado por las dos flotas,
+rasgando el velo de humo, y presentose a nuestros ojos todo el panorama
+del combate. La terrible explosión había ocurrido hacia el Sur, en el
+sitio ocupado antes por la retaguardia.
+
+«Se ha volado un navío», dijeron todos.
+
+Las opiniones fueron diversas, y se dudaba si el buque volado era el
+_Santa Ana_, el _Argonauta_, el
+_Ildefonso_ o el _Bahama_. Después se supo que había
+sido el francés nombrado _Achilles_. La expansión de los gases
+desparramó por mar y cielo en pedazos mil cuanto momentos antes
+constituía un hermoso navío con 74 cañones y 600 hombres de tripulación.
+
+Algunos segundos después de la explosión, ya no pensábamos más que en
+nosotros mismos. Rendido el _Bucentauro_, todo el fuego
+enemigo se dirigió contra nuestro navío, cuya pérdida era ya segura. El
+entusiasmo de los primeros momentos se había apagado en mí, y mi corazón
+se llenó de un terror que me paralizaba, ahogando todas las funciones de
+mi espíritu, excepto la curiosidad. Esta era tan irresistible, que me
+obligó a salir a los sitios de mayor peligro. De poco servía ya mi
+escaso auxilio, pues ni aun se trasladaban los heridos a la bodega, por
+ser muchos, y las piezas exigían el servicio de cuantos conservaban un
+poco de fuerza. Entre éstos vi a Marcial, que se multiplicaba gritando y
+moviéndose conforme a su poca agilidad, y era a la vez contramaestre,
+marinero, artillero, carpintero y cuanto había que ser en tan terribles
+instantes. Nunca creí que desempeñara funciones correspondientes a
+tantos hombres el que no podía considerarse sino como la mitad de un
+cuerpo humano. Un astillazo le había herido en la cabeza, y la sangre,
+tiñéndole la cara, le daba horrible aspecto. Yo le vi agitar sus labios,
+bebiendo aquel líquido, y luego lo escupía con furia fuera del portalón,
+como si también quisiera herir a salivazos a nuestros enemigos.
+
+Lo que más me asombraba, causándome cierto espanto, era que Marcial,
+aun en aquella escena de desolación, profería frases de buen humor, no
+sé si por alentar a sus decaídos compañeros o porque de este modo
+acostumbraba alentarse a sí mismo.
+
+Cayó con estruendo el palo de trinquete, ocupando el castillo de proa
+con la balumba de su aparejo, y Marcial dijo:
+
+«Muchachos, vengan las hachas. Metamos este mueble en la alcoba».
+
+Al punto se cortaron los cabos, y el mástil cayó al mar.
+
+Y viendo que arreciaba el fuego, gritó dirigiéndose a un pañolero que se
+había convertido en cabo de cañón:
+
+«Pero Abad, mándales el vino a esos casacones para que nos dejen en
+paz».
+
+Y a un soldado que yacía como muerto, por el dolor de sus heridas y la
+angustia del mareo, le dijo aplicándole el botafuego a la nariz:
+
+«Huele una hojita de azahar, camarada, para que se te pase el desmayo.
+¿Quieres dar un paseo en bote? Anda: Nelson nos convida a echar unas
+cañas».
+
+Esto pasaba en el combés. Alcé la vista al alcázar de popa, y vi que el
+general Cisneros había caído. Precipitadamente le bajaron dos marineros
+a la cámara. Mi amo continuaba inmóvil en su puesto; pero de su brazo
+izquierdo manaba mucha sangre. Corrí hacia él para auxiliarle, y antes
+que yo llegase, un oficial se le acercó, intentando convencerle de que
+debía bajar a la cámara. No había éste pronunciado dos palabras, cuando
+una bala le llevó la mitad de la cabeza, y su sangre salpicó mi rostro.
+Entonces, D. Alonso se retiró, tan pálido como el cadáver de su amigo,
+que yacía mutilado en el piso del alcázar.
+
+Cuando bajó mi amo, el comandante quedó solo arriba, con tal presencia
+de ánimo que no pude menos de contemplarle un rato, asombrado de tanto
+valor. Con la cabeza descubierta, el rostro pálido, la mirada ardiente,
+la acción enérgica, permanecía en su puesto dirigiendo aquella acción
+desesperada que no podía ganarse ya. Tan horroroso desastre había de
+verificarse con orden, y el comandante era la autoridad que reglamentaba
+el heroísmo. Su voz dirigía a la tripulación en aquella contienda del
+honor y la muerte.
+
+Un oficial que mandaba en la primera batería subió a tomar órdenes, y
+antes de hablar cayó muerto a los pies de su jefe; otro guardia marina
+que estaba a su lado cayó también mal herido, y Uriarte quedó al fin
+enteramente solo en el alcázar, cubierto de muertos y heridos.
+
+Ni aun entonces se apartó su vista de los barcos ingleses ni de los
+movimientos de nuestra artillería; y el imponente aspecto del alcázar y
+toldilla, donde agonizaban sus amigos y subalternos, no conmovió su
+pecho varonil ni quebrantó su enérgica resolución de sostener el fuego
+hasta perecer. ¡Ah!, recordando yo después la serenidad y estoicismo de
+D. Francisco Javier Uriarte, he podido comprender todo lo que nos
+cuentan de los heroicos capitanes de la antigüedad. Entonces no conocía
+yo la palabra _sublimidad_; pero viendo a nuestro comandante
+comprendí que todos los idiomas deben tener un hermoso vocablo para
+expresar aquella grandeza de alma que me parecía favor rara vez otorgado
+por Dios al hombre miserable.
+
+Entre tanto, gran parte de los cañones había cesado de hacer fuego,
+porque la mitad de la gente estaba fuera de combate. Tal vez no me
+hubiera fijado en esta circunstancia, si habiendo salido de la cámara,
+impulsado por mi curiosidad, no sintiera una voz que con acento terrible
+me dijo: «¡Gabrielillo, aquí!»
+
+Marcial me llamaba: acudí prontamente, y le hallé empeñado en servir uno
+de los cañones que habían quedado sin gente. Una bala había llevado a
+Medio-hombre la punta de su pierna de palo, lo cual le hacía decir:
+
+«Si llego a traer la de carne y hueso...»
+
+Dos marinos muertos yacían a su lado; un tercero, gravemente herido, se
+esforzaba en seguir sirviendo la pieza.
+
+«Compadre--le dijo Marcial--, ya tú no puedes ni encender una colilla».
+
+Arrancó el botafuego de manos del herido y me lo entregó diciendo:
+
+«Toma, Gabrielillo; si tienes miedo, vas al agua».
+
+Esto diciendo, cargó el cañón con toda la prisa que le fue posible,
+ayudado de un grumete que estaba casi ileso; lo cebaron y apuntaron;
+ambos exclamaron «fuego»; acerqué la mecha, y el cañón disparó.
+
+Se repitió la operación por segunda y tercera vez, y el ruido del cañón,
+disparado por mí, retumbó de un modo extraordinario en mi alma. El
+considerarme, no ya espectador, sino actor decidido en tan grandiosa
+tragedia, disipó por un instante el miedo, y me sentí con grandes bríos,
+al menos con la firme resolución de aparentarlos. Desde entonces conocí
+que el heroísmo es casi siempre una forma del pundonor. Marcial y otros
+me miraban: era preciso que me hiciera digno de fijar su atención.
+
+«¡Ah!--decía yo para mí con orgullo--. Si mi amita pudiera verme
+ahora... ¡Qué valiente estoy disparando cañonazos como un hombre!... Lo
+menos habré mandado al otro mundo dos docenas de ingleses».
+
+Pero estos nobles pensamientos me ocuparon muy poco tiempo, porque
+Marcial, cuya fatigada naturaleza comenzaba a rendirse después de su
+esfuerzo, respiro con ansia, se secó la sangre que afluía en abundancia
+de su cabeza, cerró los ojos, sus brazos se extendieron con desmayo, y
+dijo:
+
+«No puedo más: se me sube la pólvora a la toldilla (la cabeza). Gabriel,
+tráeme agua».
+
+Corrí a buscar el agua, y cuando se la traje, bebió con ansia. Pareció
+tomar con esto nuevas fuerzas: íbamos a seguir, cuando un gran estrépito
+nos dejó sin movimiento. El palo mayor, tronchado por la fogonadura,
+cayo sobre el combés, y tras él el de mesana. El navío quedó lleno de
+escombros y el desorden fue espantoso.
+
+Felizmente quedé en hueco y sin recibir más que una ligera herida en la
+cabeza, la cual, aunque me aturdió al principio, no me impidió apartar
+los trozos de vela y cabos que habían caído sobre mí. Los marineros y
+soldados de cubierta pugnaban por desalojar tan enorme masa de cuerpos
+inútiles, y desde entonces sólo la artillería de las baterías bajas
+sostuvo el fuego. Salí como pude, busqué a Marcial, no le hallé, y
+habiendo fijado mis ojos en el alcázar, noté que el comandante ya no
+estaba allí. Gravemente herido de un astillazo en la cabeza, había caído
+exánime, y al punto dos marineros subieron para trasladarle a la cámara.
+Corrí también allá, y entonces un casco de metralla me hirió en el
+hombro, lo que me asustó en extremo, creyendo que mi herida era mortal y
+que iba a exhalar el último suspiro. Mi turbación no me impidió entrar
+en la cámara, donde por la mucha sangre que brotaba de mi herida me
+debilité, quedando por un momento desvanecido.
+
+En aquel pasajero letargo, seguí oyendo el estrépito de los cañones de
+la segunda y tercera batería, y después una voz que decía con furia:
+
+«¡Abordaje!... ¡las picas!... ¡las hachas!»
+
+Después la confusión fue tan grande, que no pude distinguir lo que
+pertenecía a las voces humanas en tal descomunal concierto. Pero no sé
+cómo, sin salir de aquel estado de somnolencia, me hice cargo de que se
+creía todo perdido, y de que los oficiales se hallaban reunidos en la
+cámara para acordar la rendición; y también puedo asegurar que si no fue
+invento de mi fantasía, entonces trastornada, resonó en el combés una
+voz que decía: «¡El _Trinidad_ no se rinde!». De fijo fue la
+voz de Marcial, si es que realmente dijo alguien tal cosa.
+
+Me sentí despertar, y vi a mi amo arrojado sobre uno de los sofás de la
+cámara, con la cabeza oculta entre las manos en ademán de desesperación
+y sin cuidarse de su herida.
+
+Acerqueme a él, y el infeliz anciano no halló mejor modo de expresar su
+desconsuelo que abrazándome paternalmente, como si ambos estuviéramos
+cercanos a la muerte. Él, por lo menos, creo que se consideraba próximo
+a morir de puro dolor, porque su herida no tenía la menor gravedad. Yo
+le consolé como pude, diciendo que si la acción no se había ganado, no
+fue porque yo dejara de matar bastante ingleses con mi cañoncito, y
+añadí que para otra vez seríamos más afortunados; pueriles razones que
+no calmaron su agitación.
+
+Saliendo afuera en busca de agua para mi amo, presencié el acto de
+arriar la bandera, que aún flotaba en la cangreja, uno de los pocos
+restos de arboladura que con el tronco de mesana quedaban en pie. Aquel
+lienzo glorioso, ya agujereado por mil partes, señal de nuestra honra,
+que congregaba bajo sus pliegues a todos los combatientes, descendió
+del mástil para no izarse más. La idea de un orgullo abatido, de un
+ánimo esforzado que sucumbe ante fuerzas superiores, no puede encontrar
+imagen más perfecta para representarse a los ojos humanos que la de
+aquel oriflama que se abate y desaparece como un sol que se pone. El de
+aquella tarde tristísima, tocando al término de su carrera en el momento
+de nuestra rendición, iluminó nuestra bandera con su último rayo.
+
+El fuego cesó y los ingleses penetraron en el barco vencido.
+
+
+
+
+-XII-
+
+
+Cuando el
+espíritu, reposando de la agitación del combate, tuvo tiempo de dar paso
+a la compasión, al frío terror producido por la vista de tan grande
+estrago, se presentó a los ojos de cuantos quedamos vivos la escena del
+navío en toda su horrenda majestad. Hasta entonces los ánimos no se
+habían ocupado más que de la defensa; mas cuando el fuego cesó, se pudo
+advertir el gran destrozo del casco, que, dando entrada al agua por sus
+mil averías, se hundía, amenazando sepultarnos a todos, vivos y muertos,
+en el fondo del mar. Apenas entraron en él los ingleses, un grito resonó
+unánime, proferido por nuestros marinos:
+
+«¡A las bombas!» Todos los que podíamos acudimos a ellas y trabajamos
+con ardor; pero aquellas máquinas imperfectas desalojaban una cantidad
+de agua bastante menor que la que entraba. De repente un grito, aún más
+terrible que el anterior, nos llenó de espanto. Ya dije que los heridos
+se habían transportado al último sollado, lugar que, por hallarse bajo
+la línea de flotación, está libre de la acción de las balas. El agua
+invadía rápidamente aquel recinto, y algunos marinos asomaron por la
+escotilla gritando:
+
+«¡Que se ahogan los heridos!»
+
+La mayor parte de la tripulación vaciló entre seguir desalojando el agua
+y acudir en socorro de aquellos desgraciados; y no sé qué habría sido de
+ellos, si la gente de un navío inglés no hubiera acudido en nuestro
+auxilio. Estos no sólo transportaron los heridos a la tercera y a la
+segunda batería, sino que también pusieron mano a las bombas, mientras
+sus carpinteros trataban de reparar algunas de las averías del casco.
+
+Rendido de cansancio, y juzgando que Don Alonso podía necesitar de mí,
+fui a la cámara. Entonces vi a algunos ingleses ocupados en poner el
+pabellón británico en la popa del _Santísima Trinidad_. Como
+cuento con que el lector benévolo me ha de perdonar que apunte aquí mis
+impresiones, diré que aquello me hizo pensar un poco. Siempre se me
+habían representado los ingleses como verdaderos piratas o salteadores
+de los mares, gentezuela aventurera que no constituía nación y que vivía
+del merodeo.
+
+Cuando vi el orgullo con que enarbolaron su pabellón, saludándole con
+vivas aclamaciones; cuando advertí el gozo y la satisfacción que les
+causaba haber apresado el más grande y glorioso barco que hasta entonces
+surcó los mares, pensé que también ellos tendrían su patria querida, que
+ésta les habría confiado la defensa de su honor; me pareció que en
+aquella tierra, para mí misteriosa, que se llamaba Inglaterra, habían de
+existir, como en España, muchas gentes honradas, un rey paternal, y las
+madres, las hijas, las esposas, las hermanas de tan valientes marinos,
+los cuales, esperando con ansiedad su vuelta, rogarían a Dios que les
+concediera la victoria.
+
+En la cámara encontré a mi señor más tranquilo. Los oficiales ingleses
+que habían entrado allí trataban a los nuestros con delicada cortesía, y
+según entendí, querían trasbordar los heridos a algún barco enemigo. Uno
+de aquellos oficiales se acercó a mi amo como queriendo reconocerle, y
+le saludó en español medianamente correcto, recordándole una amistad
+antigua. Contestó D. Alonso a sus finuras con gravedad, y después quiso
+enterarse por él de los pormenores del combate.
+
+«¿Pero qué ha sido de la reserva? ¿Qué ha hecho Gravina?--preguntó mi
+amo.--Gravina se ha retirado con algunos navíos--contestó el inglés.
+
+--De la vanguardia sólo han venido a auxiliarnos el _Rayo_ y
+el _Neptuno_.
+
+--Los cuatro franceses, _Duguay-Trouin_,
+_Mont-Blanc_, _Scipion_ y _Formidable_,
+son los únicos que no han entrado en acción.
+
+--Pero Gravina, Gravina, ¿qué es de Gravina?--insistió mi amo.
+
+--Se ha retirado en el _Príncipe de Asturias_; mas como se le
+ha dado caza, ignoro si habrá llegado a Cádiz.
+
+--¿Y el _San Ildefonso_?
+
+--Ha sido apresado.--¿Y el _Santa Ana_?
+
+--También ha sido apresado.--¡Vive Dios!--exclamó D. Alonso sin poder
+disimular su enojo--. Apuesto a que no ha sido apresado el
+_Nepomuceno_.
+
+--También lo ha sido.--¡Oh!, ¿está usted seguro de ello? ¿Y Churruca?
+
+--Ha muerto--contestó el inglés con tristeza.
+
+--¡Oh! ¡Ha muerto! ¡Ha muerto Churruca!--exclamó mi amo con angustiosa
+perplejidad--. Pero el _Bahama_ se habrá salvado, el
+_Bahama_ habrá vuelto ileso a Cádiz.
+
+--También ha sido apresado.--¡También! ¿Y Galiano? Galiano es un héroe
+y un sabio.
+
+--Sí--repuso sombríamente el inglés--; pero ha muerto también.
+
+--¿Y qué es del _Montañés_? ¿Qué ha sido de Alcedo?
+
+--Alcedo... también ha muerto».
+
+Mi amo no pudo reprimir la expresión de su profunda pena; y como la
+avanzada edad amenguaba en él la presencia de ánimo propia de tan
+terribles momentos, hubo de pasar por la pequeña mengua de derramar
+algunas lágrimas, triste obsequio a sus compañeros. No es impropio el
+llanto en las grandes almas; antes bien, indica el consorcio fecundo de
+la delicadeza de sentimientos con la energía de carácter. Mi amo lloró
+como hombre, después de haber cumplido con su deber como marino; mas
+reponiéndose de aquel abatimiento, y buscando alguna razón con que
+devolver al inglés la pesadumbre que este le causara, dijo:
+
+«Pero ustedes no habrán sufrido menos que nosotros. Nuestros enemigos
+habrán tenido pérdidas de consideración.
+
+--Una sobre todo irreparable--contestó el inglés con tanta congoja como
+la de D. Alonso--. Hemos perdido al primero de nuestros marinos, al
+valiente entre los valientes, al heroico, al divino, al sublime
+almirante Nelson».
+
+Y con tan poca entereza como mi amo, el oficial inglés no se cuidó de
+disimular su inmensa pena: cubriose la cara con las manos y lloró, con
+toda la expresiva franqueza del verdadero dolor, al jefe, al protector y
+al amigo.
+
+Nelson, herido mortalmente en mitad del combate, según después supe, por
+una bala de fusil que le atravesó el pecho y se fijó en la espina
+dorsal, dijo al capitán Hardy: «Se acabó; al fin lo han conseguido». Su
+agonía se prolongó hasta el caer de la tarde; no perdió ninguno de los
+pormenores del combate, ni se extinguió su genio de militar y de marino
+sino cuando la última fugitiva palpitación de la vida se disipó en su
+cuerpo herido. Atormentado por horribles dolores, no dejó de dictar
+órdenes, enterándose de los movimientos de ambas escuadras, y cuando se
+le hizo saber el triunfo de la suya, exclamó: «Bendito sea Dios; he
+cumplido con mi deber».
+
+Un cuarto de hora después expiraba el primer marino de nuestro siglo.
+
+Perdóneseme la digresión. El lector extrañará que no conociéramos la
+suerte de muchos buques de la escuadra combinada. Nada más natural que
+nuestra ignorancia, por causa de la desmesurada longitud de la línea de
+combate, y además el sistema de luchas parciales adoptado por los
+ingleses. Sus navíos se habían mezclado con los nuestros, y como la
+contienda era a tiro de fusil, el buque enemigo que nos batía ocultaba
+la vista del resto de la escuadra, además de que el humo espesísimo nos
+impedía ver cuanto no se hallara en paraje cercano.
+
+Al anochecer, y cuando aún el cañoneo no había cesado, distinguíamos
+algunos navíos, que pasaban a un largo como fantasmas, unos con media
+arboladura, otros completamente desarbolados. La bruma, el humo, el
+mismo aturdimiento de nuestras cabezas, nos impedía distinguir si eran
+españoles o enemigos; y cuando la luz de un fogonazo lejano iluminaba a
+trechos aquel panorama temeroso, notábamos que aún seguía la lucha con
+encarnizamiento entre grupos de navíos aislados; que otros corrían sin
+concierto ni rumbo, llevados por el temporal, y que alguno de los
+nuestros era remolcado por otro inglés en dirección al Sur.
+
+Vino la noche, y con ella aumentó la gravedad y el horror de nuestra
+situación. Parecía que la Naturaleza había de sernos propicia después
+de tantas desgracias; pero, por el contrario, desencadenáronse con furia
+los elementos, como si el Cielo creyera que aún no era bastante grande
+el número de nuestras desdichas. Desatose un recio temporal, y viento y
+agua, hondamente agitados, azotaron el buque, que, incapaz de maniobra,
+fluctuaba a merced de las olas. Los vaivenes eran tan fuertes que se
+hacía difícil el trabajo, lo cual, unido al cansancio de la tripulación,
+empeoraba nuestro estado de hora en hora. Un navío inglés, que después
+supe se llamaba _Prince_, trató de remolcar al
+_Trinidad_; pero sus esfuerzos fueron inútiles, y tuvo que
+alejarse por temor a un choque, que habría sido funesto para ambos
+buques.
+
+Entre tanto no era posible tomar alimento alguno, y yo me moría de
+hambre, porque los demás, indiferentes a todo lo que no fuera el
+peligro, apenas se cuidaban de cosa tan importante. No me atrevía a
+pedir un pedazo de pan por temor de parecer importuno, y al mismo
+tiempo, sin vergüenza lo confieso, dirigía mi escrutadora observación a
+todos los sitios donde colegía que podían existir provisiones de boca.
+Apretado por la necesidad, me arriesgué a hacer una visita a los pañoles
+del bizcocho, y ¿cuál sería mi asombro cuando vi que Marcial estaba
+allí, trasegando a su estómago lo primero que encontró a mano? El
+anciano estaba herido de poca gravedad, y aunque una bala le había
+llevado el pie derecho, como este no era otra cosa que la extremidad de
+la pierna de palo, el cuerpo de Marcial sólo estaba con tal percance un
+poco más cojo.
+
+«Toma, Gabrielillo--me dijo, llenándome el seno de galletas--: barco
+sin lastre no navega».
+
+En seguida empinó una botella y bebió con delicia.
+
+Salimos del pañol, y vi que no éramos nosotros solos los que visitaban
+aquel lugar, pues todo indicaba que un desordenado pillaje había
+ocurrido allí momentos antes.
+
+Reparadas mis fuerzas, pude pensar en servir de algo, poniendo mano a
+las bombas o ayudando a los carpinteros. Trabajosamente se enmendaron
+algunas averías con auxilio de los ingleses, que vigilaban todo, y según
+después comprendí, no perdían de vista a algunos de nuestros marineros,
+porque temían que se sublevasen, represando el navío, en lo cual los
+enemigos demostraban más suspicacia que buen sentido, pues menester era
+haber perdido el juicio para intentar represar un buque en tal estado.
+Ello es que los _casacones_ acudían a todas partes y no
+perdían movimiento alguno.
+
+Entrada la noche, y hallándome transido de frío, abandoné la cubierta,
+donde apenas podía tenerme, y corría además el peligro de ser arrebatado
+por un golpe de mar, y me retiré a la cámara. Mi primera intención fue
+dormir un poco; pero ¿quién dormía en aquella noche?
+
+En la cámara todo era confusión, lo mismo que en el combés. Los sanos
+asistían a los heridos, y éstos, molestados a la vez por sus dolores y
+por el movimiento del buque, que les impedía todo reposo, ofrecían tan
+triste aspecto, que a su vista era imposible entregarse al descanso. En
+un lado de la cámara yacían, cubiertos con el pabellón nacional, los
+oficiales muertos. Entre tanta desolación, ante el espectáculo de tantos
+dolores, había en aquellos cadáveres no sé qué de envidiable: ellos
+solos descansaban a bordo del _Trinidad_, y todo les era
+ajeno, fatigas y penas, la vergüenza de la derrota y los padecimientos
+físicos. La bandera que les servía de ilustre mortaja parecía ponerles
+fuera de aquella esfera de responsabilidad, de mengua y desesperación en
+que todos nos encontrábamos. Nada les afectaba el peligro que corría la
+nave, porque ésta no era ya más que su ataúd.
+
+Los oficiales muertos eran: D. Juan Cisniega, teniente de navío, el cual
+no tenía parentesco con mi amo a pesar de la identidad de apellido; D.
+Joaquín de Salas y D. Juan Matute, también tenientes de navío; el
+teniente coronel de ejército D. José Graullé, el teniente de fragata
+Urías y el guardia marina Don Antonio de Bobadilla. Los marineros y
+soldados muertos, cuyos cadáveres yacían sin orden en las baterías y
+sobre cubierta, ascendían a la terrible suma de cuatrocientos.
+
+No olvidaré jamás el momento en que aquellos cuerpos fueron arrojados al
+mar por orden del oficial inglés que custodiaba el navío. Verificose la
+triste ceremonia al amanecer del día 22, hora en que el temporal parece
+que arreció exprofeso, para aumentar la pavura de semejante escena.
+Sacados sobre cubierta los cuerpos de los oficiales, el cura rezó un
+responso a toda prisa, porque no era ocasión de andarse en dibujos, e
+inmediatamente se procedió al acto solemne. Envueltos en su bandera, y
+con una bala atada a los pies, fueron arrojados al mar, sin que esto,
+que ordinariamente hubiera producido en todos tristeza y consternación,
+conmoviera entonces a los que lo presenciaron.
+
+¡Tan hechos estaban los ánimos a la desgracia, que el espectáculo de la
+muerte les era poco menos que indiferente! Las exequias del mar son más
+tristes que las de la tierra. Se da sepultura a un cadáver, y allí
+queda: las personas a quienes interesa saben que hay un rincón de tierra
+donde existen aquellos restos, y pueden marcarlos con una losa, con una
+cruz o con una piedra. Pero en el mar... se arrojan los cuerpos en la
+movible inmensidad, y parece que dejan de existir en el momento de caer;
+la imaginación no puede seguirlos en su viaje al profundo abismo, y es
+difícil suponer que estén en alguna parte estando en el fondo del
+Océano. Estas reflexiones hacía yo viendo cómo desaparecían los cuerpos
+de aquellos ilustres guerreros, un día antes llenos de vida, gloria de
+su patria y encanto de sus familias.
+
+Los marineros muertos eran arrojados con menos ceremonia: la Ordenanza
+manda que se les envuelva en el coy[5]; pero en aquella ocasión no había
+tiempo para entretenerse en cumplir la Ordenanza. A algunos se les
+amortajó como está mandado; pero la mayor parte fueron echados al mar
+sin ningún atavío y sin bala a los pies, por la sencilla razón de que no
+había para todos. Eran cuatrocientos, próximamente, y a fin de terminar
+pronto la operación de darles sepultura, fue preciso que pusieran mano
+a la obra todos los hombres útiles que a bordo había para despachar más
+pronto. Muy a disgusto mío tuve que ofrecer mi cooperación para tan
+triste servicio, y algunos cuerpos cayeron al mar soltados desde la
+borda por mi mano, puesta en ayuda de otras más vigorosas.
+
+[Nota 5: «ci» en el original (N. del E.)]
+Entonces ocurrió un hecho, una coincidencia que me causó mucho terror.
+Un cadáver horriblemente desfigurado, fue cogido entre dos marineros, y
+en el momento de levantarlo en alto, algunos de los circunstantes se
+permitieron groseras burlas, que en toda ocasión habrían sido
+importunas, y en aquel momento infames. No sé por qué el cuerpo de aquel
+desgraciado fue el único que les movió a perder con tal descaro el
+respeto a la muerte, y decían: «Ya las ha pagado todas juntas...; no
+volverá a hacer de las suyas», y otras groserías del mismo jaez. Aquello
+me indignó; pero mi indignación se trocó en asombro y en un sentimiento
+indefinible, mezcla de respeto, de pena y de miedo, cuando observando
+atentamente las facciones mutiladas de aquel cadáver, reconocí en él a
+mi tío... Cerré los ojos con espanto, y no los abrí hasta que el
+violento salpicar del agua me indicó que había desaparecido para
+siempre ante la vista humana.
+
+Aquel hombre había sido muy malo para mí, muy malo para su hermana; pero
+era mi pariente cercano, hermano de mi madre; la sangre que corría por
+mis venas era su sangre, y esa voz interna que nos incita a ser
+benévolos con las faltas de los nuestros, no podía permanecer callada
+después de la escena que pasó ante mis ojos. Al mismo tiempo, yo había
+podido reconocer en la cara ensangrentada de mi tío algunos rasgos
+fisonómicos de la cara de mi madre, y esto aumentó mi aflicción. En
+aquel momento no me acordé de que había sido un gran criminal, ni menos
+de las crueldades que usó conmigo durante mi infortunada niñez. Yo les
+aseguro a ustedes, y no dudo en decir esto, aunque sea en elogio mío,
+que le perdoné con toda mi alma y que elevé el pensamiento a Dios,
+pidiéndole que le perdonara todas sus culpas.
+
+Después supe que se había portado heroicamente en el combate, sin que
+por esto alcanzara las simpatías de sus compañeros, quienes, reputándole
+como el más bellaco de los hombres, no tuvieron para él una palabra de
+afecto o conmiseración, ni aun en el momento supremo en que toda falta
+se perdona, porque se supone al criminal dando cuenta de sus actos ante
+Dios.
+
+Avanzado el día, intentó de nuevo el navío _Prince_ remolcar al
+_Santísima Trinidad_; pero con tan poca fortuna como en la
+noche anterior. La situación no empeoraba, a pesar de que seguía el
+temporal con igual fuerza, pues se habían reparado muchas averías, y se
+creía que, una vez calmado el tiempo, podría salvarse el casco. Los
+ingleses tenían gran empeño en ello, porque querían llevar por trofeo a
+Gibraltar el más grande navío hasta entonces construido. Por esta razón
+trabajaban con tanto ahínco en las bombas noche y día, permitiéndonos
+descansar algún rato.
+
+Durante todo el día 22 la mar se revolvía con frenesí, llevando y
+trayendo el casco del navío cual si fuera endeble lancha de pescadores;
+y aquella montaña de madera probaba la fuerte trabazón de sus sólidas
+cuadernas, cuando no se rompía en mil pedazos al recibir el tremendo
+golpear de las olas. Había momentos en que, aplanándose el mar, parecía
+que el navío iba a hundirse para siempre; pero inflamándose la ola como
+al impulso de profundo torbellino, levantaba aquél su orgullosa proa,
+adornada con el león de Castilla, y entonces respirábamos con la
+esperanza de salvarnos.
+
+Por todos lados descubríamos navíos dispersos, la mayor parte ingleses,
+no sin grandes averías y procurando todos alcanzar la costa para
+refugiarse. También los vimos españoles y franceses, unos desarbolados,
+otros remolcados por algún barco enemigo. Marcial reconoció en uno de
+éstos al _San Ildefonso_. Vimos flotando en el agua multitud
+de restos y despojos, como masteleros, cofas, lanchas rotas, escotillas,
+trozos de balconaje, portas, y, por último, avistamos dos infelices
+marinos que, mal embarcados en un gran palo, eran llevados por las olas,
+y habrían perecido si los ingleses no corrieran al instante a darles
+auxilio. Traídos a bordo del _Trinidad_, volvieron a la vida,
+que, recobrada después de sentirse en los brazos de la muerte, equivale
+a nacer de nuevo.
+
+El día pasó entre agonías y esperanzas: ya nos parecía que era
+indispensable el trasbordo a un buque inglés para salvarnos, ya creíamos
+posible conservar el nuestro. De todos modos, la idea de ser llevados a
+Gibraltar como prisioneros era terrible, si no para mí, para los hombres
+pundonorosos y obstinados como mi amo, cuyos padecimientos morales
+debieron de ser inauditos aquel día. Pero estas dolorosas alternativas
+cesaron por la tarde, y a la hora en que fue unánime la idea de que si
+no trasbordábamos pereceríamos todos en el buque, que ya tenía quince
+pies de agua en la bodega. Iriartea y Cisneros recibieron aquella
+noticia con calma y serenidad, demostrando que no hallaban gran
+diferencia entre morir en la casa propia o ser prisioneros en la
+extraña. Acto continuo comenzó el trasbordo a la escasa luz del
+crepúsculo, lo cual no era cosa fácil, habiendo precisión de embarcar
+cerca de trescientos heridos. La tripulación sana constaba de unos
+quinientos hombres, cifra a que quedaron reducidos los mil ciento quince
+individuos de que se componía antes del combate.
+
+Comenzó precipitadamente el trasbordo con las lanchas del
+_Trinidad_, las del _Prince_ y las de otros tres
+buques de la escuadra inglesa. Dios la preferencia a los heridos; mas
+aunque se trató de evitarles toda molestia, fue imposible levantarles de
+donde estaban sin mortificarles, y algunos pedían con fuertes gritos que
+los dejasen tranquilos, prefiriendo la muerte a un viaje que recrudecía
+sus dolores. La premura no daba lugar a la compasión, y eran conducidos
+a las lanchas tan sin piedad como arrojados al mar fueron los fríos
+cadáveres de sus compañeros.
+
+El comandante Iriartea y el jefe de escuadra, Cisneros se embarcaron en
+los botes de la oficialidad inglesa; y habiendo instado a mi amo para
+que entrase también en ellos, éste se negó resueltamente, diciendo que
+deseaba ser el último en abandonar el _Trinidad_. Esto no dejó
+de contrariarme, porque desvanecidos en mí los efluvios de patriotismo,
+que al principio me dieron cierto arrojo, no pensaba ya más que en
+salvar mi vida, y no era lo más a propósito para este noble fin el
+permanecer a bordo de un buque que se hundía por momentos.
+
+Mis temores no fueron vanos, pues aún no estaba fuera la mitad de la
+tripulación cuando un sordo rumor de alarma y pavor resonó en nuestro
+navío.
+
+«¡Que nos vamos a pique!... ¡a las lanchas, a las lanchas!», exclamaron
+algunos, mientras dominados todos por el instinto de conservación,
+corrían hacia la borda, buscando con ávidos ojos las lanchas que
+volvían. Se abandonó todo trabajo; no se pensó más en los heridos, y
+muchos de éstos, sacados ya sobre cubierta, se arrastraban por ella con
+delirante extravío, buscando un portalón por donde arrojarse al mar. Por
+las escotillas salía un lastimero clamor, que aún parece resonar en mi
+cerebro, helando la sangre en mis venas y erizando mis cabellos. Eran
+los heridos que quedaban en la primera batería, los cuales, sintiéndose
+anegados por el agua, que ya invadía aquel sitio, clamaban pidiendo
+socorro no sé si a Dios o a los hombres.
+
+A éstos se lo pedían en vano, porque no pensaban sino en la propia
+salvación. Se arrojaron precipitadamente a las lanchas, y esta confusión
+en la lobreguez de la noche, entorpecía el trasbordo. Un solo hombre,
+impasible ante tan gran peligro, permanecía en el alcázar sin atender a
+lo que pasaba a su alrededor, y se paseaba preocupado y meditabundo,
+como si aquellas tablas donde ponía su pie no estuvieran solicitadas por
+el inmenso abismo. Era mi amo.
+
+Corrí hacia él despavorido, y le dije:
+
+«¡Señor, que nos ahogamos!»
+
+D. Alonso no me hizo caso, y aun creo, si la memoria no me es infiel,
+que sin abandonar su actitud pronunció palabras tan ajenas a la
+situación como éstas:
+
+«¡Oh! Cómo se va a reír Paca cuando yo vuelva a casa después de esta
+gran derrota.
+
+--¡Señor, que el barco se va a pique!» exclamé de nuevo, no ya pintando
+el peligro, sino suplicando con gestos y voces.
+
+Mi amo miró al mar, a las lanchas, a los hombres que, desesperados y
+ciegos, se lanzaban a ellas; y yo busqué con ansiosos ojos a Marcial, y
+le llamé con toda la fuerza de mis pulmones. Entonces paréceme que perdí
+la sensación de lo que ocurría, me aturdí, se nublaron mis ojos y no sé
+lo que pasó. Para contar cómo me salvé, no puedo fundarme sino en
+recuerdos muy vagos, semejantes a las imágenes de un sueño, pues sin
+duda el terror me quitó el conocimiento. Me parece que un marinero se
+acercó a D. Alonso cuando yo le hablaba, y le asió con sus vigorosos
+brazos. Yo mismo me sentí transportado, y cuando mi nublado espíritu se
+aclaró un poco, me vi en una lancha, recostado sobre las rodillas de mi
+amo, el cual tenía mi cabeza entre sus manos con paternal cariño.
+Marcial empuñaba la caña del timón; la lancha estaba llena de gente.
+
+Alcé la vista y vi como a cuatro o cinco varas de distancia, a mi
+derecha, el negro costado del navío, próximo a hundirse; por los
+portalones a que aún no había llegado el agua, salía una débil claridad,
+la de la lámpara encendida al anochecer, y que aún velaba, guardián
+incansable, sobre los restos del buque abandonado. También hirieron mis
+oídos algunos lamentos que salían por las troneras: eran los pobres
+heridos que no había sido posible salvar y se hallaban suspendidos sobre
+el abismo, mientras aquella triste luz les permitía mirarse,
+comunicándose con los ojos la angustia de los corazones.
+
+Mi imaginación se trasladó de nuevo al interior del buque: una pulgada
+de agua faltaba no más para romper el endeble equilibrio que aún le
+sostenía. ¡Cómo presenciarían aquellos infelices el crecimiento de la
+inundación! ¡Qué dirían en aquel momento terrible! Y si vieron a los que
+huían en las lanchas, si sintieron el chasquido de los remos, ¡con
+cuánta amargura gemirían sus almas atribuladas! Pero también es cierto
+que aquel atroz martirio las purificó de toda culpa, y que la
+misericordia de Dios llenó todo el ámbito del navío en el momento de
+sumergirse para siempre.
+
+La lancha se alejó: yo seguí viendo aquella gran masa informe, aunque
+sospecho que era mi fantasía, no mis ojos, la que miraba el
+_Trinidad_ en la obscuridad de la noche, y hasta creí
+distinguir en el negro cielo un gran brazo que descendía hasta la
+superficie de las aguas. Fue sin duda la imagen de mis pensamientos
+reproducida por los sentidos.
+
+
+
+
+-XIII-
+
+
+La lancha se dirigió... ¿a dónde? Ni el
+mismo Marcial sabía a dónde nos dirigíamos. La obscuridad era tan
+fuerte, que perdimos de vista las demás lanchas, y las luces del navío
+_Prince_ se desvanecieron tras la niebla, como si un soplo las
+hubiera extinguido. Las olas eran tan gruesas, y el vendaval tan recio,
+que la débil embarcación avanzaba muy poco, y gracias a una hábil
+dirección no zozobró más de una vez. Todos callábamos, y los más fijaban
+una triste mirada en el sitio donde se suponía que nuestros compañeros
+abandonados luchaban en aquel instante con la muerte en espantosa
+agonía.
+
+No acabó aquella travesía sin hacer, conforme a mi costumbre, algunas
+reflexiones, que bien puedo aventurarme a llamar filosóficas. Alguien se
+reirá de un filósofo de catorce años; pero yo no me turbaré ante las
+burlas, y tendré el atrevimiento de escribir aquí mis reflexiones de
+entonces. Los niños también suelen pensar grandes cosas; y en aquella
+ocasión, ante aquel espectáculo, ¿qué cerebro, como no fuera el de un
+idiota, podría permanecer en calma?
+
+Pues bien: en nuestras lanchas iban españoles e ingleses, aunque era
+mayor el número de los primeros, y era curioso observar cómo
+fraternizaban, amparándose unos a otros en el común peligro, sin
+recordar que el día anterior se mataban en horrenda lucha, más parecidos
+a fieras que a hombres. Yo miraba a los ingleses, remando con tanta
+decisión como los nuestros; yo observaba en sus semblantes las mismas
+señales de terror o de esperanza, y, sobre todo, la expresión propia del
+santo sentimiento de humanidad y caridad, que era el móvil de unos y
+otros. Con estos pensamientos, decía para mí: «¿Para qué son las
+guerras, Dios mío? ¿Por qué estos hombres no han de ser amigos en todas
+las ocasiones de la vida como lo son en las de peligro? Esto que veo,
+¿no prueba que todos los hombres son hermanos?».
+
+Pero venía de improviso a cortar estas consideraciones, la idea de
+nacionalidad, aquel sistema de islas que yo había forjado, y entonces
+decía: «Pero ya: esto de que las islas han de querer quitarse unas a
+otras algún pedazo de tierra, lo echa todo a perder, y sin duda en todas
+ellas debe de haber hombres muy malos, que son los que arman las
+guerras para su provecho particular, bien porque son ambiciosos y
+quieren mandar, bien porque son avaros y anhelan ser ricos. Estos
+hombres malos son los que engañan a los demás, a todos estos infelices
+que van a pelear; y para que el engaño sea completo, les impulsan a
+odiar a otras naciones; siembran la discordia, fomentan la envidia, y
+aquí tienen ustedes el resultado. Yo estoy seguro--añadí--, de que esto
+no puede durar: apuesto doble contra sencillo a que dentro de poco los
+hombres de unas y otras islas se han de convencer de que hacen un gran
+disparate armando tan terribles guerras, y llegará un día en que se
+abrazarán, conviniendo todos en no formar más que una sola familia».
+
+Así pensaba yo. Después de esto he vivido setenta años, y no he visto
+llegar ese día.
+
+La lancha avanzaba trabajosamente por el tempestuoso mar. Yo creo que
+Marcial, si mi amo se lo hubiera permitido, habría consumado la
+siguiente hazaña: echar al agua a los ingleses y poner la proa a Cádiz o
+a la costa, aun con la probabilidad casi ineludible de perecer ahogados
+en la travesía. Algo de esto me parece que indicó a mi amo, hablándole
+quedamente al oído, y D. Alonso debió de darle una lección de
+caballerosidad, porque le oí decir:
+
+«Somos prisioneros, Marcial; somos prisioneros».
+
+Lo peor del caso es que no divisábamos ningún barco.
+
+El _Prince_ se había apartado de donde estaba; ninguna luz nos
+indicaba la presencia de un buque enemigo. Por último, divisamos una, y
+un rato después la mole confusa de un navío que corría el temporal por
+barlovento, y aparecía en dirección contraria a la nuestra. Unos le
+creyeron francés, otros inglés, y Marcial sostuvo que era español.
+Forzaron los remeros, y no sin trabajo llegamos a ponernos al habla.
+
+«¡Ah del navío!», gritaron los nuestros.
+
+Al punto contestaron en español:
+
+«Es el _San Agustín_--dijo Marcial.
+
+--El _San Agustín_ se ha ido a pique--contestó D. Alonso--.
+Me parece que será el _Santa Ana_, que también está apresado».
+
+Efectivamente, al acercanos, todos reconocieron al _Santa
+Ana_, mandado en el combate por el teniente general Álava. Al punto
+los ingleses que lo custodiaban dispusieron prestarnos auxilio, y no
+tardamos en hallarnos todos sanos y salvos sobre cubierta.
+
+El _Santa Ana_, navío de 112 cañones, había sufrido también
+grandes averías, aunque no tan graves como las del _Santísima
+Trinidad_; y si bien estaba desarbolado de todos sus palos y sin
+timón, el casco no se conservaba mal. El _Santa Ana_ vivió
+once años más después de Trafalgar, y aún habría vivido más si por falta
+de carena no se hubiera ido a pique en la bahía de la Habana en 1816. Su
+acción en las jornadas que refiero fue gloriosísima. Mandábalo, como he
+dicho, el teniente general Álava, jefe de la vanguardia, que, trocado el
+orden de batalla, vino a quedar a retaguardia. Ya saben ustedes que la
+columna mandada por Collingwood se dirigió a combatir la retaguardia,
+mientras Nelson marchó contra el centro. El _Santa Ana_,
+amparado sólo por el _Fougueux_, francés, tuvo que batirse con
+el _Royal Sovereign_ y otros cuatro ingleses; y a pesar de la
+desigualdad de fuerzas, tanto padecieron los unos como los otros, siendo
+el navío de Collingwood el primero que quedó fuera de combate, por lo
+cual tuvo aquél que trasladarse a la fragata _Eurygalus_.
+Según allí refirieron, la lucha había sido horrorosa, y los dos
+poderosos navíos, cuyos penoles se tocaban, estuvieron destrozándose por
+espacio de seis horas, hasta que herido el general Álava, herido el
+comandante Gardoqui, muertos cinco oficiales y noventa y siete
+marineros, con más de ciento cincuenta heridos, tuvo que rendirse el
+_Santa Ana_. Apresado por los ingleses, era casi imposible
+manejarlo a causa del mal estado y del furioso vendaval que se
+desencadenó en la noche del 21; así es que cuando entramos en él se
+encontraba en situación bien crítica, aunque no desesperada, y flotaba a
+merced de las olas, sin poder tomar dirección alguna.
+
+Desde luego me sirvió de consuelo el ver que los semblantes de toda
+aquella gente revelaban el temor de una próxima muerte. Estaban tristes
+y tranquilos, soportando con gravedad la pena del vencimiento y el
+bochorno de hallarse prisioneros. Un detalle advertí también que llamó
+mi atención, y fue que los oficiales ingleses que custodiaban el buque
+no eran, ni con mucho, tan complacientes y bondadosos como los que
+desempeñaron igual cargo a bordo del _Trinidad_. Por el
+contrario, eran los del _Santa Ana_ unos caballeros muy foscos
+y antipáticos, y mortificaban con exceso a los nuestros, exagerando su
+propia autoridad y poniendo reparos a todo con suma impertinencia. Esto
+parecía disgustar mucho a la tripulación prisionera, especialmente a la
+marinería, y hasta me pareció advertir murmullos alarmantes, que no
+habrían sido muy tranquilizadores para los ingleses si éstos los
+hubieran oído.
+
+Por lo demás, no quiero referir incidentes de la navegación de aquella
+noche, si puede llamarse navegación el vagar a la ventura, a merced de
+las olas, sin velamen ni timón. No quiero, pues, fastidiar a mis
+lectores repitiendo hechos que ya presenciamos a bordo del
+_Trinidad_, y paso a contarles otros enteramente nuevos y que
+sorprenderán a ustedes tanto como me sorprendieron a mí.
+
+Yo había perdido mi afición a andar por el combés y alcázar de proa, y
+así, desde que me encontré a bordo del _Santa Ana_, me refugié
+con mi amo en la cámara, donde pude descansar un poco y alimentarme,
+pues de ambas cosas estaba muy necesitado. Había allí, sin embargo,
+muchos heridos a quienes era preciso curar, y esta ocupación, muy grata
+para mí, no me permitió todo el reposo que mi agobiado cuerpo exigía.
+Hallábame ocupado en poner a D. Alonso una venda en el brazo, cuando
+sentí que apoyaban una mano en mi hombro; me volví y encaré con un joven
+alto, embozado en luengo capote azul, y al pronto, como suele suceder,
+no le reconocí; mas contemplándole con atención por espacio de algunos
+segundos, lancé una exclamación de asombro: era el joven D. Rafael
+Malespina, novio de mi amita.
+
+Abrazole D. Alonso con mucho cariño, y él se sentó a nuestro lado.
+Estaba herido en una mano, y tan pálido por la fatiga y la pérdida de la
+sangre, que la demacración le desfiguraba completamente el rostro. Su
+presencia produjo en mi espíritu sensaciones muy raras, y he de
+confesarlas todas, aunque alguna de ellas me haga poco favor. Al punto
+experimenté cierta alegría viendo a una persona conocida que había
+salido ilesa del horroroso luchar; un instante después el odio antiguo
+que aquel sujeto me inspiraba se despertó en mi pecho como dolor
+adormecido que vuelve a mortificarnos tras un periodo de alivio. Con
+vergüenza lo confieso: sentí cierta pena de verle sano y salvo; pero
+diré también en descargo mío que aquella pena fue una sensación
+momentánea y fugaz como un relámpago, verdadero relámpago negro que
+obscureció mi alma, o mejor dicho, leve eclipse de la luz de mi
+conciencia, que no tardó en brillar con esplendorosa claridad.
+
+La parte perversa de mi individuo me dominó un instante; en un instante
+también supe acallarla, acorralándola en el fondo de mi ser. ¿Podrán
+todos decir lo mismo? Después de este combate moral vi a Malespina con
+gozo porque estaba vivo, y con lástima porque estaba herido; y aún
+recuerdo con orgullo que hice esfuerzos para demostrarle estos dos
+sentimientos. ¡Pobre amita mía! ¡Cuán grande había de ser su angustia en
+aquellos momentos! Mi corazón concluía siempre por llenarse de bondad;
+yo hubiera corrido a Vejer para decirle: «Señorita Doña Rosa, vuestro D.
+Rafael está bueno y sano».
+
+El pobre Malespina había sido transportado al _Santa Ana_
+desde el _Nepomuceno_, navío apresado también, donde era tal
+el número de heridos, que fue preciso, según dijo, repartirlos para que
+no perecieran todos de abandono. En cuanto suegro y yerno cambiaron los
+primeros saludos, consagrando algunas palabras a las familias ausentes,
+la conversación recayó sobre la batalla: mi amo contó lo ocurrido en el
+_Santísima Trinidad_, y después añadió:
+
+«Pero nadie me dice a punto fijo dónde está Gravina. ¿Ha caído
+prisionero, o se retiró a Cádiz?
+
+--El general--contestó Malespina--, sostuvo un horroroso fuego contra
+el _Defiance_ y el _Revenge_. Le auxiliaron el
+_Neptune_, francés, y el _San Ildefonso_ y el
+_San Justo_, nuestros; pero las fuerzas de los enemigos se
+duplicaron con la ayuda del _Dreadnought_, del
+_Thunderer_ y del _Poliphemus_, después de lo cual
+fue imposible toda resistencia. Hallándose el _Príncipe de
+Asturias_ con todas las jarcias cortadas, sin palos, acribillado a
+balazos, y habiendo caído herido el general Gravina y su mayor general
+Escaño, resolvieron abandonar la lucha, porque toda resistencia era
+insensata y la batalla estaba perdida. En un resto de arboladura puso
+Gravina la señal de retirada, y acompañado del _San Justo_, el
+_San Leandro_, el _Montañés_, el
+_Indomptable_, el _Neptune_ y el
+_Argonauta_, se dirigió a Cádiz, con la pena de no haber
+podido rescatar el _San Ildefonso_, que ha quedado en poder de
+los enemigos.
+
+--Cuénteme usted lo que ha pasado en el _Nepomuceno_--dijo mi
+amo con el mayor interés--. Aún me cuesta trabajo creer que ha muerto
+Churruca, y a pesar de que todos lo dan como cosa cierta, yo tengo la
+creencia de que aquel hombre divino ha de estar vivo en alguna parte».
+
+Malespina dijo que desgraciadamente él había presenciado la muerte de
+Churruca, y prometió contarlo puntualmente. Formaron corro en torno suyo
+algunos oficiales, y yo, más curioso que ellos, me volví todo oídos para
+no perder una sílaba.
+
+«Desde que salimos de Cádiz--dijo Malespina--, Churruca tenía el
+presentimiento de este gran desastre. Él había opinado contra la salida,
+porque conocía la inferioridad de nuestras fuerzas, y además confiaba
+poco en la inteligencia del jefe Villeneuve. Todos sus pronósticos han
+salido ciertos; todos, hasta el de su muerte, pues es indudable que la
+presentía, seguro como estaba de no alcanzar la victoria. El 19 dijo a
+su cuñado Apodaca: «Antes que rendir mi navío, lo he de volar o echar a
+pique. Este es el deber de los que sirven al Rey y a la patria». El
+mismo día escribió a un amigo suyo, diciéndole: «Si llegas a saber que
+mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto».
+
+»Ya se conocía en la grave tristeza de su semblante que preveía un
+desastroso resultado. Yo creo que esta certeza y la imposibilidad
+material de evitarlo, sintiéndose con fuerzas para ello, perturbaron
+profundamente su alma, capaz de las grandes acciones, así como de los
+grandes pensamientos.
+
+»Churruca era hombre religioso, porque era un hombre superior. El 21, a
+las once de la mañana, mandó subir toda la tropa y marinería; hizo que
+se pusieran de rodillas, y dijo al capellán con solemne acento: «Cumpla
+usted, padre, con su ministerio, y absuelva a esos valientes que
+ignoran lo que les espera en el combate». Concluida la ceremonia
+religiosa, les mandó poner en pie, y hablando en tono persuasivo y
+firme, exclamó: «¡Hijos míos: en nombre de Dios, prometo la
+bienaventuranza al que muera cumpliendo con sus deberes! Si alguno
+faltase a ellos, le haré fusilar inmediatamente, y si escapase a mis
+miradas o a las de los valientes oficiales que tengo el honor de mandar,
+sus remordimientos le seguirán mientras arrastre el resto de sus días
+miserable y desgraciado».
+
+»Esta arenga, tan elocuente como sencilla, que hermanaba el cumplimiento
+del deber militar con la idea religiosa, causó entusiasmo en toda la
+dotación del _Nepomuceno_. ¡Qué lástima de valor! Todo se
+perdió como un tesoro que cae al fondo del mar. Avistados los ingleses,
+Churruca vio con el mayor desagrado las primeras maniobras dispuestas
+por Villeneuve, y cuando éste hizo señales de que la escuadra virase en
+redondo, lo cual, como todos saben, desconcertó el orden de batalla,
+manifestó a su segundo que ya consideraba perdida la acción con tan
+torpe estrategia. Desde luego comprendió el aventurado plan de Nelson,
+que consistía en cortar nuestra línea por el centro y retaguardia,
+envolviendo la escuadra combinada y batiendo parcialmente sus buques, en
+tal disposición, que éstos no pudieran prestarse auxilio.
+
+»El _Nepomuceno_ vino a quedar al extremo de la línea.
+Rompiose el fuego entre el _Santa Ana_ y _Royal
+Sovereign_, y sucesivamente todos los navíos fueron entrando en el
+combate. Cinco navíos ingleses de la división de Collingwood se
+dirigieron contra el _San Juan_; pero dos de ellos siguieron
+adelante, y Churruca no tuvo que hacer frente más que a fuerzas triples.
+
+»Nos sostuvimos enérgicamente contra tan superiores enemigos hasta las
+dos de la tarde, sufriendo mucho; pero devolviendo doble estrago a
+nuestros contrarios. El grande espíritu de nuestro heroico jefe parecía
+haberse comunicado a soldados y marineros, y las maniobras, así como los
+disparos, se hacían con una prontitud pasmosa. La gente de leva se había
+educado en el heroísmo, sin más que dos horas de aprendizaje, y nuestro
+navío, por su defensa gloriosa, no sólo era el terror, sino el asombro
+de los ingleses.
+
+»Estos necesitaron nuevos refuerzos: necesitaron seis contra uno.
+Volvieron los dos navíos que nos habían atacado primero, y el
+_Dreadnought_ se puso al costado del _San Juan_,
+para batirnos a medio tiro de pistola. Figúrense ustedes el fuego de
+estos seis colosos, vomitando balas y metralla sobre un buque de 74
+cañones. Parecía que nuestro navío se agrandaba, creciendo en tamaño,
+conforme crecía el arrojo de sus defensores. Las proporciones
+gigantescas que tomaban las almas, parecía que las tomaban también los
+cuerpos; y al ver cómo infundíamos pavor a fuerzas seis veces
+superiores, nos creíamos algo más que hombres.
+
+»Entre tanto, Churruca, que era nuestro pensamiento, dirigía la acción
+con serenidad asombrosa. Comprendiendo que la destreza había de suplir a
+la fuerza, economizaba los tiros, y lo fiaba todo a la buena puntería,
+consiguiendo así que cada bala hiciera un estrago positivo en los
+enemigos. A todo atendía, todo lo disponía, y la metralla y las balas
+corrían sobre su cabeza, sin que ni una sola vez se inmutara. Aquel
+hombre, débil y enfermizo, cuyo hermoso y triste semblante no parecía
+nacido para arrostrar escenas tan espantosas, nos infundía a todos
+misterioso ardor, sólo con el rayo de su mirada.
+
+»Pero Dios no quiso que saliera vivo de la terrible porfía. Viendo que
+no era posible hostilizar a un navío que por la proa molestaba al
+_San Juan_ impunemente, fue él mismo a apuntar el cañón, y
+logró desarbolar al contrario. Volvía al alcázar de popa, cuando una
+bala de cañón le alcanzó en la pierna derecha, con tal acierto, que casi
+se la desprendió del modo más doloroso por la parte alta del muslo.
+Corrimos a sostenerlo, y el héroe cayó en mis brazos. ¡Qué terrible
+momento! Aún me parece que siento bajo mi mano el violento palpitar de
+un corazón, que hasta en aquel instante terrible no latía sino por la
+patria. Su decaimiento físico fue rapidísimo: le vi esforzándose por
+erguir la cabeza, que se le inclinaba sobre el pecho, le vi tratando de
+reanimar con una sonrisa su semblante, cubierto ya de mortal palidez,
+mientras con voz apenas alterada, exclamó: _Esto no es nada. Siga
+el fuego_.
+
+»Su espíritu se rebelaba contra la muerte, disimulando el fuerte dolor
+de un cuerpo mutilado, cuyas postreras palpitaciones se extinguían de
+segundo en segundo. Tratamos de bajarle a la cámara; pero no fue posible
+arrancarle del alcázar. Al fin, cediendo a nuestros ruegos, comprendió
+que era preciso abandonar el mando. Llamó a Moyna, su segundo, y le
+dijeron que había muerto; llamó al comandante de la primera batería, y
+éste, aunque gravemente herido, subió al alcázar y tomó posesión del
+mando.
+
+»Desde aquel momento la tripulación se achicó: de gigante se convirtió
+en enano; desapareció el valor, y comprendimos que era indispensable
+rendirse. La consternación de que yo estaba poseído desde que recibí en
+mis brazos al héroe del _San Juan_, no me impidió observar el
+terrible efecto causado en los ánimos de todos por aquella desgracia.
+Como si una repentina parálisis moral y física hubiera invadido la
+tripulación, así se quedaron todos helados y mudos, sin que el dolor
+ocasionado por la pérdida de hombre tan querido diera lugar al bochorno
+de la rendición.
+
+»La mitad de la gente estaba muerta o herida; la mayor parte de los
+cañones desmontados; la arboladura, excepto el palo de trinquete, había
+caído, y el timón no funcionaba. En tan lamentable estado, aún se quiso
+hacer un esfuerzo para seguir al _Príncipe de Asturias_, que
+había izado la señal de retirada; pero el _Nepomuceno_, herido
+de muerte, no pudo gobernar en dirección alguna. Y a pesar de la ruina y
+destrozo del buque; a pesar del desmayo de la tripulación; a pesar de
+concurrir en nuestro daño circunstancias tan desfavorables, ninguno de
+los seis navíos ingleses se atrevió a intentar un abordaje. Temían a
+nuestro navío, aun después de vencerlo.
+
+»Churruca, en el paroxismo de su agonía, mandaba clavar la bandera, y
+que no se rindiera el navío mientras él viviese. El plazo no podía menos
+de ser desgraciadamente muy corto, porque Churruca se moría a toda
+prisa, y cuantos le asistíamos nos asombrábamos de que alentara todavía
+un cuerpo en tal estado; y era que le conservaba así la fuerza del
+espíritu, apegado con irresistible empeño a la vida, porque para él en
+aquella ocasión vivir era un deber. No perdió el conocimiento hasta los
+últimos instantes; no se quejó de sus dolores, ni mostró pesar por su
+fin cercano; antes bien, todo su empeño consistía sobre todo en que la
+oficialidad no conociera la gravedad de su estado, y en que ninguno
+faltase a su deber. Dio las gracias a la tripulación por su heroico
+comportamiento; dirigió algunas palabras a su cuñado Ruiz de Apodaca, y
+después de consagrar un recuerdo a su joven esposa, y de elevar el
+pensamiento a Dios, cuyo nombre oímos pronunciado varias veces
+tenuemente por sus secos labios, expiró con la tranquilidad de los
+justos y la entereza de los héroes, sin la satisfacción de la victoria,
+pero también sin el resentimiento del vencido; asociando el deber a la
+dignidad, y haciendo de la disciplina una religión; firme como militar,
+sereno como hombre, sin pronunciar una queja, ni acusar a nadie, con
+tanta dignidad en la muerte como en la vida. Nosotros contemplábamos su
+cadáver aún caliente, y nos parecía mentira; creíamos que había de
+despertar para mandamos de nuevo, y tuvimos para llorarle menos entereza
+que él para morir, pues al expirar se llevó todo el valor, todo el
+entusiasmo que nos había infundido.
+
+»Rindiose el _San Juan_, y cuando subieron a bordo los
+oficiales de las seis naves que lo habían destrozado, cada uno pretendía
+para sí el honor de recibir la espada del brigadier muerto. Todos
+decían: «se ha rendido a mi navío», y por un instante disputaron
+reclamando el honor de la victoria para uno u otro de los buques a que
+pertenecían. Quisieron que el comandante accidental del _San
+Juan_ decidiera la cuestión, diciendo a cuál de los navíos ingleses
+se había rendido, y aquél respondió: «A todos, que a uno solo jamás se
+hubiera rendido el _San Juan_».
+
+»Ante el cadáver del malogrado Churruca, los ingleses, que le conocían
+por la fama de su valor y entendimiento, mostraron gran pena, y uno de
+ellos dijo esto o cosa parecida:
+
+«Varones ilustres como éste, no debían estar expuestos a los azares de
+un combate, y sí conservados para los progresos de la ciencia de la
+navegación». Luego dispusieron que las exequias se hicieran formando la
+tropa y marinería inglesa al lado de la española, y en todos sus actos
+se mostraron caballeros, magnánimos y generosos.
+
+»El número de heridos a bordo del _San Juan_ era tan
+considerable, que nos transportaron a otros barcos suyos o prisioneros.
+A mí me tocó pasar a éste, que ha sido de los más maltratados; pero
+ellos cuentan poderlo remolcar a Gibraltar antes que ningún otro, ya que
+no pueden llevarse al _Trinidad_, el mayor y el más apetecido
+de nuestros navíos».
+
+ * * * * *
+
+
+Aquí terminó Malespina, el cual fue oído con viva atención durante el
+relato de lo que había presenciado. Por lo que oí, pude comprender que a
+bordo de cada navío había ocurrido una tragedia tan espantosa como la
+que yo mismo había presenciado, y dije para mí:
+
+«¡Cuánto desastre, Santo Dios, causado por las torpezas de un solo
+hombre!». Y aunque yo era entonces un chiquillo, recuerdo que pensé lo
+siguiente: «Un hombre tonto no es capaz de hacer en ningún momento de
+su vida los disparates que hacen a veces las naciones, dirigidas por
+centenares de hombres de talento».
+
+
+
+
+-XIV-
+
+
+Buena parte de la noche se pasó con la relación de Malespina y de otros
+oficiales. El interés de aquellas narraciones me mantuvo despierto y tan
+excitado, que ni aun mucho después pude conciliar el sueño. No podía
+apartar de mi memoria la imagen de Churruca, tal y como le vi bueno y
+sano en casa de Doña Flora. Y en efecto, en aquella ocasión me había
+causado sorpresa la intensa tristeza que expresaba el semblante del
+ilustre marino, como si presagiara su doloroso y cercano fin. Aquella
+noble vida se había extinguido a los cuarenta y cuatro años de edad,
+después de veintinueve de honrosos servicios en la armada, como sabio,
+como militar y como navegante, pues todo lo era Churruca, además de
+perfecto caballero.
+
+En estas y otras cosas pensaba yo, cuando al fin mi cuerpo se rindió a
+la fatiga, y me quedé dormido al amanecer del 23, habiendo vencido mi
+naturaleza juvenil a mi curiosidad. Durante el sueño, que debió de ser
+largo y no tranquilo, antes bien agitado por las imágenes y pesadillas
+propias de la excitación de mi cerebro, sentía el estruendo de los
+cañonazos, las voces de la batalla, el ruido de las agitadas olas. Al
+mismo tiempo soñaba que yo disparaba las piezas, que subía a la
+arboladura, que recorría las baterías alentando a los artilleros, y
+hasta que mandaba la maniobra en el alcázar de popa como un almirante.
+Excuso decir que en aquel reñido combate forjado dentro de mi propio
+cerebro, derroté a todos los ingleses habidos y por haber, con más
+facilidad que si sus barcos fueran de cartón, y de miga de pan sus
+balas. Yo tenía bajo mi insignia como unos mil navíos, mayores todos que
+el _Trinidad_, y se movían a mi antojo con tanta precisión
+como los juguetes con que mis amigos y yo nos divertíamos en los charcos
+de la Caleta.
+
+Mas al fin, todas estas glorias se desvanecieron; lo cual, siendo como
+eran puramente soñadas, nada tiene de extraño, cuando vemos que también
+las reales se desvanecen. Todo se acabó, cuando abrí los ojos y advertí
+mi pequeñez, asociada con la magnitud de los desastres a que había
+asistido. Pero ¡cosa singular!, despierto, sentí también cañonazos;
+sentí el espantoso rumor de la refriega, y gritos que anunciaban una
+gran actividad en la tripulación. Creí soñar todavía; me incorporé en el
+canapé donde había dormido, atendí con todo cuidado, y, en efecto, un
+atronador grito de _viva el Rey_ hirió mis oídos, no dejándome
+duda de que el navío _Santa Ana_ se estaba batiendo de nuevo.
+
+Salí fuera, y pude hacerme cargo de la situación. El tiempo había
+calmado bastante: por barlovento se veían algunos navíos desmantelados,
+y dos de ellos, ingleses, hacían fuego sobre el _Santa Ana_,
+que se defendía al amparo de otros dos, un español y un francés. No me
+explicaba aquel cambio repentino en nuestra situación de prisioneros;
+miré a popa, y vi nuestra bandera flotando en lugar de la inglesa. ¿Qué
+había pasado?, o mejor, ¿qué pasaba?
+
+En el alcázar de popa estaba uno que comprendí era el general Álava, y,
+aunque herido en varias partes de su cuerpo, mostraba fuerzas bastantes
+para dirigir aquel segundo combate, destinado quizá a hacer olvidar
+respecto al _Santa Ana_ las desventuras del primero. Los
+oficiales alentaban a la marinería; ésta cargaba y disparaba las piezas
+que habían quedado servibles, mientras algunos se ocupaban en custodiar,
+teniéndoles a raya, a los ingleses, que habían sido desarmados y
+acorralados en el primer entrepuente. Los oficiales de esta nación, que
+antes eran nuestros guardianes, se habían convertido en prisioneros.
+
+Todo lo comprendí. El heroico comandante del _Santa Ana_, D.
+Ignacio M. de Álava, viendo que se aproximaban algunos navíos españoles,
+salidos de Cádiz, con objeto de represar los buques prisioneros y salvar
+la tripulación de los próximos a naufragar, se dirigió con lenguaje
+patriótico a su abatida tripulación. Esta respondió a la voz de su jefe
+con un supremo esfuerzo; obligaron a rendirse a los ingleses que
+custodiaban el barco; enarbolaron de nuevo la bandera española, y el
+_Santa Ana_ quedó libre, aunque comprometido en nueva lucha,
+más peligrosa quizás que la primera.
+
+Este singular atrevimiento, uno de los episodios más honrosos de la
+jornada de Trafalgar, se llevó a cabo en un buque desarbolado, sin
+timón, con la mitad de su gente muerta o herida, y el resto en una
+situación moral y física enteramente lamentable. Preciso fue, una vez
+consumado aquel acto, arrostrar sus consecuencias: dos navíos ingleses,
+también muy mal parados, hacían fuego sobre el _Santa Ana_;
+pero éste era socorrido oportunamente por el _Asís_, el
+_Montañés_ y el _Rayo_, tres de los que se retiraron
+con Gravina el día 21, y que habían vuelto a salir para rescatar a los
+apresados. Aquellos nobles inválidos trabaron nueva y desesperada lucha,
+quizás con más coraje que la primera, porque las heridas no restañadas
+avivan la furia en el alma de los combatientes, y éstos parece que riñen
+con más ardor, porque tienen menos vida que perder.
+
+Las peripecias todas del terrible día 21 se renovaron a mis ojos: el
+entusiasmo era grande; pero la gente escasa, por lo cual fue preciso
+duplicar el esfuerzo. Sensible es que hecho tan heroico no haya ocupado
+en nuestra historia más que una breve página, si bien es verdad que
+junto al gran suceso que hoy se conoce con el nombre de _Combate de
+Trafalgar_, estos episodios se achican, y casi desaparecen como
+débiles resplandores en una horrenda noche.
+
+Entonces presencié un hecho que me hizo derramar lágrimas. No
+encontrando a mi amo por ninguna parte, y temiendo que corriera algún
+peligro, bajé a la primera batería y le hallé ocupado en apuntar un
+cañón. Su mano trémula había recogido el botafuego de las de un marinero
+herido, y con la debilitada vista de su ojo derecho, buscaba el infeliz
+el punto a donde quería mandar la bala. Cuando la pieza se disparó, se
+volvió hacia mí, trémulo de gozo, y con voz que apenas pude entender, me
+dijo:
+
+«¡Ah!, ahora Paca no se reirá de mí. Entraremos triunfantes en Cádiz».
+
+En resumen, la lucha terminó felizmente, porque los ingleses
+comprendieron la imposibilidad de represar al _Santa Ana_, a
+quien favorecían, a más de los tres navíos indicados, otros dos
+franceses y una fragata, que llegaron en lo más recio de la pelea.
+
+Estábamos libres de la manera más gloriosa; pero en el punto en que
+concluyó aquella hazaña, comenzó a verse claro el peligro en que nos
+encontrábamos, pues el _Santa Ana_ debía ser remolcado hasta
+Cádiz, a causa del mal estado de su casco. La fragata francesa
+_Themis_ echó un cable y puso la proa al Norte; pero ¿qué
+fuerza podía tener aquel barco para remolcar otro tan pesado como el
+_Santa Ana_, y que sólo podía ayudarse con las velas
+desgarradas que quedaban en el palo del trinquete? Los navíos que nos
+habían rescatado, esto es, el _Rayo_, el _Montañés_
+y el _San Francisco de Asís_, quisieron llevar más adelante su
+proeza, y forzaron de vela para rescatar también al _San Juan_
+y al _Bahama_, que iban marinados por los ingleses. Nos
+quedamos, pues, solos, sin más amparo que el de la fragata que nos
+arrastraba, niño que conducía un gigante. ¿Qué sería de nosotros si los
+ingleses, como era de suponer, se reponían de su descalabro y volvían
+con nuevos refuerzos a perseguirnos? En tanto, parece que la Providencia
+nos favorecía, pues el viento, propicio a la marcha que llevábamos,
+impulsaba a nuestra fragata, y tras ella, conducido amorosamente, el
+navío se acercaba a Cádiz.
+
+Cinco leguas nos separaban del puerto.
+
+¡Qué indecible satisfacción! Pronto concluirían nuestras penas; pronto
+pondríamos el pie en suelo seguro, y si llevábamos la noticia de grandes
+desastres, también llevábamos la felicidad a muchos corazones que
+padecían mortal angustia creyendo perdidos para siempre a los que
+volvían con vida y con salud.
+
+La intrepidez de los navíos españoles no tuvo más éxito que el rescate
+del _Santa Ana_, pues les cargó el tiempo y tuvieron que
+retroceder sin poder dar caza a los navíos ingleses que custodiaban al
+_San Juan_, al _Bahama_ y al _San
+Ildefonso_. Aún distábamos cuatro leguas del término de nuestro
+viaje cuando los vimos retroceder. El vendaval había arreciado, y fue
+opinión general a bordo del _Santa Ana_ que, si tardábamos en
+llegar, pasaríamos muy mal rato. Nuevos y más terribles apuros. Otra
+vez la esperanza perdida a la vista del puerto, y cuando unos cuantos
+pasos más sobre el terrible elemento nos habrían puesto en completa
+seguridad dentro de la bahía.
+
+A todas éstas se venía la noche encima con malísimo aspecto: el cielo,
+cargado de nubes negras, parecía haberse aplanado sobre el mar, y las
+exhalaciones eléctricas, que lo inflamaban con breves intervalos, daban
+al crepúsculo un tinte pavoroso. La mar, cada vez más turbulenta, furia
+aún no aplacada con tanta víctima, bramaba con ira, y su insaciable
+voracidad pedía mayor número de presas. Los despojos de la más numerosa
+escuadra que por aquel tiempo había desafiado su furor juntamente con el
+de los enemigos, no se escapaban a la cólera del elemento, irritado como
+un dios antiguo, sin compasión hasta el último instante, tan cruel ante
+la fortuna como ante la desdicha.
+
+Yo observé señales de profunda tristeza lo mismo en el semblante de mi
+amo que en el del general Álava, quien, a pesar de sus heridas, estaba
+en todo, y mandaba hacer señales a la fragata _Themis_ para
+que acelerase su marcha si era posible. Lejos de corresponder a su justa
+impaciencia, nuestra remolcadora se preparaba a tomar rizos y a cargar
+muchas de sus velas, para aguantar mejor el furioso levante. Yo
+participé de la general tristeza, y en mis adentros consideraba cuán
+fácilmente se burla el destino de nuestras previsiones mejor fundadas, y
+con cuánta rapidez se pasa de la mayor suerte a la última desgracia.
+Pero allí estábamos sobre el mar, emblema majestuoso de la humana vida.
+Un poco de viento le transforma; la ola mansa que golpea el buque con
+blando azote, se trueca en montaña líquida que le quebranta y le sacude;
+el grato sonido que forman durante la bonanza las leves ondulaciones del
+agua, es luego una voz que se enronquece y grita, injuriando a la frágil
+embarcación; y ésta, despeñada, se sumerge sintiendo que le falta el
+sostén de su quilla, para levantarse luego lanzada hacia arriba por la
+ola que sube. Un día sereno trae espantosa noche, o por el contrario,
+una luna que hermosea el espacio y serena el espíritu suele preceder a
+un sol terrible, ante cuya claridad la Naturaleza se descompone con
+formidable trastorno.
+
+Nosotros experimentábamos la desdicha de estas alternativas, y además la
+que proviene de las propias obras del hombre. Tras un combate habíamos
+sufrido un naufragio; salvados de éste, nos vimos nuevamente empeñados
+en una lucha, que fue afortunada, y luego, cuando nos creímos al fin de
+tantas penas, cuando saludábamos a Cádiz llenos de alegría, nos vimos de
+nuevo en poder de la tempestad, que hacia fuera nos atraía, ansiosa de
+rematarnos. Esta serie de desventuras parecía absurda, ¿no es verdad?
+Era como la cruel aberración de una divinidad empeñada en causar todo el
+mal posible a seres extraviados... pero no: era la lógica del mar, unida
+a la lógica de la guerra. Asociados estos dos elementos terribles, ¿no
+es un imbécil el que se asombre de verles engendrar las mayores
+desventuras?
+
+Una nueva circunstancia aumentó para mí y para mi amo las tristezas de
+aquella tarde. Desde que se rescató el _Santa Ana_ no habíamos
+visto al joven Malespina. Por último, después de buscarle mucho, le
+encontré acurrucado en uno de los canapés de la cámara.
+
+Acerqueme a él y le vi muy demudado; le interrogué y no pudo
+contestarme. Quiso levantarse y volvió a caer sin aliento.
+
+«¡Está usted herido!--dije--: Llamaré para que le curen.
+
+--No es nada--contestó--. ¿Querrás traerme un poco de agua?»
+
+Al punto llamé a mi amo. «¿Qué es eso, la herida de la mano?--preguntó
+éste examinando al joven.
+
+--No, es algo más», repuso D. Rafael con tristeza, y señaló a su costado
+derecho cerca de la cintura.
+
+Luego, como si el esfuerzo empleado en mostrar su herida y en decir
+aquellas pocas palabras fuera excesivo para su naturaleza debilitada,
+cerró los ojos y quedó sin habla ni movimiento por algún tiempo.
+
+«¡Oh!, esto parece grave--dijo D. Alonso con desaliento.
+
+--¡Y más que grave!», añadió un cirujano que había acudido a examinarle.
+
+Malespina, poseído de profunda tristeza al verse en tal estado, y
+creyendo que no había remedio para él, ni siquiera dio cuenta de su
+herida y se retiró a aquel sitio, donde le detuvieron sus pensamientos y
+sus recuerdos. Creyéndose próximo a morir, se negaba a que se le hiciera
+la cura. El cirujano dijo que aunque grave, la herida no parecía mortal;
+pero añadió que si no llegábamos a Cádiz aquella noche para que fuese
+convenientemente asistido en tierra, la vida de aquél, así como la de
+otros heridos, corría gran peligro. El _Santa Ana_ había
+tenido en el combate del 21 noventa y siete muertos y ciento cuarenta
+heridos: se habían agotado los recursos de la enfermería, y algunos
+medicamentos indispensables faltaban por completo. La desgracia de
+Malespina no fue la única después del rescate, y Dios quiso que otra
+persona para mí muy querida sufriese igual suerte. Marcial cayó herido,
+si bien en los primeros instantes apenas sintió dolor y abatimiento,
+porque su vigoroso espíritu le sostenía. No tardó, sin embargo, en bajar
+al sollado, diciendo que se sentía muy mal. Mi amo envió al cirujano
+para que le asistiese, y éste se limitó a decir que la herida no habría
+tenido importancia alguna en un joven de veinticuatro años: Medio-hombre
+tenía más de sesenta.
+
+En tanto, el navío _Rayo_ pasaba por babor y al habla. Álava
+mandó que se le preguntase a la fragata _Themis_ si creía
+poder entrar en Cádiz, y habiendo contestado rotundamente que no, se
+hizo igual pregunta al _Rayo_, que hallándose casi ileso,
+contaba con arribar seguramente al puerto. Entonces, reunidos varios
+oficiales, acordaron trasladar a aquel navío al comandante Gardoqui,
+gravemente herido, y a otros muchos oficiales de mar y tierra, entre los
+cuales se contaba el novio de mi amita. D. Alonso consiguió que Marcial
+fuese también trasladado, en atención a que su mucha edad le agravaba
+considerablemente, y a mí me hizo el encargo de acompañarles como paje o
+enfermero, ordenándome que no me apartase ni un instante de su lado,
+hasta que no les dejase en Cádiz o en Vejer en poder de su familia. Me
+dispuse a obedecer, intenté persuadir a mi amo de que él también debía
+transbordarse al _Rayo_ por ser más seguro; pero ni siquiera
+quiso oír tal proposición.
+
+«La suerte--dijo--, me ha traído a este buque, y en él estaré hasta que
+Dios decida si nos salvamos o no. Álava está muy mal; la mayor parte de
+la oficialidad se halla herida, y aquí puedo prestar algunos servicios.
+No soy de los que abandonan el peligro: al contrario, le busco desde el
+21, y deseo encontrar ocasión de que mi presencia en la escuadra sea de
+provecho. Si llegas antes que yo, como espero, di a Paca que el buen
+marino es esclavo de su patria, y que yo he hecho muy bien en venir
+aquí, y que estoy muy contento de haber venido, y que no me pesa, no
+señor, no me pesa... al contrario... Dile que se alegrará cuando me vea,
+y que de seguro mis compañeros me habrían echado de menos si no hubiera
+venido... ¿Cómo había de faltar? ¿No te parece a ti que hice bien en
+venir?
+
+--Pues es claro: ¿eso qué duda tiene?--respondí procurando calmar su
+agitación, la cual era tan grande, que no le dejaba ver la
+inconveniencia de consultar con un mísero paje cuestión tan grave.
+
+--Veo que tú eres una persona razonable--añadió sintiéndose consolado
+con mi aprobación--; veo que tienes miras elevadas y patrióticas... Pero
+Paca no ve las cosas más que por el lado de su egoísmo; y como tiene un
+genio tan raro, y como se le ha metido en la cabeza que las escuadras y
+los cañones no sirven para nada, no puede comprender que yo... En fin...
+sé que se pondrá furiosa cuando vuelva, pues... como no hemos ganado,
+dirá esto y lo otro... me volverá loco... pero quiá... yo no le haré
+caso. ¿Qué te parece a ti? ¿No es verdad que no debo hacerla caso?
+
+--Ya lo creo--contesté--. Usía ha hecho muy bien en venir: eso prueba
+que es un valiente marino.
+
+--Pues vete con esas razones a Paca, y verás lo que te contesta
+--replicó él cada vez más agitado--. En fin, dile que estoy bueno y
+sano, y que mi presencia aquí ha sido muy necesaria. La verdad es que en
+el rescate del _Santa Ana_ he tomado parte muy principal. Si
+yo no hubiera apuntado tan bien aquellos cañones, quién sabe, quién
+sabe... ¿Y qué crees tú? Aún puede que haga algo más; aún puede ser que
+si el viento nos es favorable, rescatemos mañana un par de navíos... Sí,
+señor... Aquí estoy meditando cierto plan... Veremos, veremos... Con que
+adiós, Gabrielillo. Cuidado con lo que le dices a Paca.
+
+--No, no me olvidaré. Ya sabrá que si no es por usía no se represa el
+_Santa Ana_, y sabrá también que puede ser que a lo mejor nos
+traiga a Cádiz dos docenas de navíos.
+
+--Dos docenas, no, hombre--dijo--; eso es mucho. Dos navíos, o quizás
+tres. En fin, yo creo que he hecho muy bien en venir a la escuadra. Ella
+estará furiosa y me volverá loco cuando regrese; pero... yo creo, lo
+repito, que he hecho muy bien en embarcarme».
+
+Dicho esto se apartó de mí. Un instante después le vi sentado en un
+rincón de la cámara. Estaba rezando, y movía las cuentas del rosario con
+mucho disimulo, porque no quería que le vieran ocupado en tan devoto
+ejercicio. Yo presumí por sus últimas palabras que mi amo había perdido
+el seso, y viéndole rezar me hice cargo de la debilidad de su espíritu,
+que en vano se había esforzado por sobreponerse a la edad cansada, y no
+pudiendo sostener la lucha, se dirigía a Dios en busca de misericordia.
+Doña Francisca tenía razón.
+
+Mi amo, desde hace muchos años, no servía más que para rezar.
+
+Conforme a lo acordado nos trasbordamos. D. Rafael y Marcial, como los
+demás oficiales heridos, fueron bajados en brazos a una de las lanchas,
+con mucho trabajo, por robustos marineros. Las fuertes olas estorbaban
+mucho esta operación; pero al fin se hizo, y las dos embarcaciones se
+dirigieron al _Rayo_. La travesía de un navío a otro fue
+malísima; mas, al fin, aunque hubo momentos en que a mí me parecía que
+la embarcación iba a desaparecer para siempre, llegamos al costado del
+_Rayo_, y con muchísimo trabajo subimos la escala.
+
+
+
+
+-XV-
+
+
+«Hemos salido de Guatemala para entrar en Guatepeor--dijo Marcial
+cuando le pusieron sobre cubierta--. Pero donde manda capitán no manda
+marinero. A este condenado le pusieron _Rayo_ por mal nombre.
+Él dice que entrará en Cádiz antes de media noche, y yo digo que no
+entra. Veremos a ver.
+
+--¿Qué dice usted, Marcial, que no llegaremos?--pregunté con mucho
+afán.
+
+--Usted, Sr. Gabrielito, no entiende de esto.
+
+--Es que cuando mi señor D. Alonso y los oficiales del _Santa
+Ana_ creen que el _Rayo_ entrará esta noche, por fuerza
+tiene que entrar. Ellos que lo dicen, bien sabido se lo tendrán.
+
+--Y tú no sabes, _sardiniya_, que esos señores de popa se
+_candilean_ (se equivocan) más fácilmente que nosotros los
+marinos de combés. Si no, ahí tienes al jefe de toda la escuadra,
+_Mr. Corneta_, que cargue el diablo con él. Ya ves como no ha
+tenido ni tanto así _de idea_ para mandar la acción. ¿Piensas
+tú que si _Mr. Corneta_ hubiera hecho lo que yo decía se
+hubiera perdido la batalla?
+
+--¿Y usted cree que no llegaremos a Cádiz?
+
+--Digo que este navío es más pesado que el mismo plomo, y además
+traicionero. Tiene mala andadura, gobierna mal y parece que está cojo,
+tuerto y manco como yo, pues si le echan la caña para aquí, él va para
+allí».
+
+En efecto: el _Rayo_, según opinión general, era un barco de
+malísimas condiciones marineras. Pero a pesar de esto y de su avanzada
+edad, que frisaba en los cincuenta y seis años, como se hallaba en buen
+estado, no parecía correr peligro alguno, pues si el vendaval era cada
+vez mayor, también el puerto estaba cerca. De todos modos, ¿no era
+lógico suponer que mayor peligro corría el _Santa Ana_,
+desarbolado, sin timón, y obligado a marchar a remolque de una fragata?
+
+Marcial fue puesto en el sollado, y Malespina en la cámara. Cuando le
+dejamos allí con los demás oficiales heridos, escuché una voz que
+reconocí, aunque al punto no pude darme cuenta de la persona a quien
+pertenecía. Acerqueme al grupo de donde salía aquella charla retumbante,
+que dominaba las demás voces, y quedé asombrado, reconociendo al mismo
+D. José María Malespina en persona.
+
+Corrí a él para decirle que estaba su hijo, y el buen padre suspendió la
+sarta de mentiras que estaba contando para acudir al lado del joven
+herido. Grande fue su alegría encontrándole vivo, pues había salido de
+Cádiz porque la impaciencia le devoraba, y quería saber su paradero a
+todo trance.
+
+«Eso que tienes no es nada--dijo abrazando a su hijo--: un simple
+rasguño. Tú no estás acostumbrado a sentir heridas; eres una dama,
+Rafael. ¡Oh!, si cuando la guerra del Rosellón hubieras estado en edad
+de ir allá conmigo, habrías visto lo bueno. Aquéllas sí eran heridas. Ya
+sabes que una bala me entró por el antebrazo, subió hacia el hombro, dio
+la vuelta por toda la espalda, y vino a salir por la cintura. ¡Oh, qué
+herida tan singular!, pero a los tres días estaba sano, mandando la
+artillería en el ataque de Bellegarde».
+
+Después explicó el motivo de su presencia a bordo del _Rayo_,
+de este modo:
+
+«El 21 por la noche supimos en Cádiz el éxito del combate. Lo dicho,
+señores: no se quiso hacer caso de mí cuando hablé de las reformas de la
+artillería, y aquí tienen los resultados. Pues bien: en cuanto lo supe y
+me enteré de que había llegado en retirada Gravina con unos cuantos
+navíos, fui a ver si entre ellos venía el _San Juan_, donde
+estabas tú; pero me dijeron que había sido apresado. No puedo pintar a
+ustedes mi ansiedad: casi no me quedaba duda de tu muerte, mayormente
+desde que supe el gran número de bajas ocurridas en tu navío. Pero yo
+soy hombre que llevo las cosas hasta el fin, y sabiendo que se había
+dispuesto la salida de algunos navíos con objeto de recoger los
+desmantelados y rescatar los prisioneros, determiné salir pronto de
+dudas, embarcándome en uno de ellos. Expuse mi pretensión a Solano, y
+después al mayor general de la escuadra, mi antiguo amigo Escaño, y no
+sin escrúpulo me dejaron venir. A bordo del _Rayo_, donde me
+embarqué esta mañana, pregunté por ti, por el _San Juan_; mas
+nada consolador me dijeron, sino, por el contrario, que Churruca había
+muerto, y que su navío, después de batirse con gloria, había caído en
+poder de los enemigos. ¡Figúrate cuál sería mi ansiedad! ¡Qué lejos
+estaba hoy, cuando rescatamos al _Santa Ana_, de que tú te
+hallabas en él! A saberlo con certeza, hubiera redoblado mis esfuerzos
+en las disposiciones que di con permiso de estos señores, y el navío de
+Álava habría quedado libre en dos minutos».
+
+Los oficiales que le rodeaban mirábanle con sorna oyendo el último
+jactancioso concepto de D. José María. Por sus risas y cuchicheos
+comprendí que durante todo el día se habían divertido con los embustes
+de aquel buen señor, quien no ponía freno a su voluble lengua, ni aun en
+las circunstancias más críticas y dolorosas.
+
+El cirujano dijo que convenía dejar reposar al herido, y no sostener en
+su presencia conversación alguna, sobre todo si ésta se refería al
+pasado desastre. D. José María, que tal oyó, aseguró que, por el
+contrario, convenía reanimar el espíritu del enfermo con la
+conversación.
+
+«En la guerra del Rosellón, los heridos graves (y yo lo estuve varias
+veces) mandábamos a los soldados que bailasen y tocasen la guitarra en
+la enfermería, y seguro estoy de que este tratamiento nos curó más
+pronto que todos los emplastos y botiquines.
+
+--Pues en las guerras de la República francesa--dijo un oficial andaluz
+que quería confundir a D. José María--, se estableció que en las
+ambulancias de los heridos fuese un cuerpo de baile completo y una
+compañía de ópera, y con esto se ahorraron los médicos y boticarios,
+pues con un par de arias y dos docenas de trenzados en sexta se quedaban
+todos como nuevos.
+
+--¡Alto ahí!--exclamó Malespina--. Esa es grilla, caballerito. ¿Cómo
+puede ser que con música y baile se curen las heridas?
+
+--Usted lo ha dicho.--Sí; pero eso no ha pasado más que una vez, ni es
+fácil que vuelva a pasar. ¿Es acaso probable que vuelva a haber una
+guerra como la del Rosellón, la más sangrienta, la más hábil, la más
+estratégica que ha visto el mundo desde Epaminondas? Claro es que no;
+pues allí todo fue extraordinario, y puedo dar fe de ello, que la
+presencié desde el _Introito_ hasta el _Ite misa
+est_. A aquella guerra debo mi conocimiento de la artillería;
+¿usted no ha oído hablar de mí? Estoy seguro de que me conocerá de
+nombre. Pues sepa usted que aquí traigo en la cabeza un proyecto
+grandioso, y tal que si algún día llega a ser realidad, no volverán a
+ocurrir desastres como éste del 21. Sí, señores--añadió mirando con
+gravedad y suficiencia a los tres o cuatro oficiales que le oían--: es
+preciso hacer algo por la patria; urge inventar algo sorprendente, que
+en un periquete nos devuelva todo lo perdido y asegure a nuestra marina
+la victoria por siempre jamás amén.
+
+--A ver, Sr. D. José María--dijo un oficial--; explíquenos usted cuál
+es su invento.--Pues ahora me ocupo del modo de construir cañones de a
+300.
+
+--¡Hombre, de a 300!--exclamaron los oficiales con aspavientos de risa
+y burla--. Los mayores que tenemos a bordo son de 36.
+
+--Esos son juguetes de chicos. Figúrese usted el destrozo que harían
+esas piezas de 300 disparando sobre la escuadra enemiga--dijo
+Malespina--. Pero ¿qué demonios es esto?--añadió agarrándose para no
+rodar por el suelo, pues los balanceos del _Rayo_ eran tales
+que muy difícilmente podía uno tenerse derecho.
+
+--El vendaval arrecia y me parece que esta noche no entramos en Cádiz»,
+dijo un oficial retirándose.
+
+Quedaron sólo dos, y el mentiroso continuó su perorata en estos
+términos:
+
+«Lo primero que habría que hacer era construir barcos de 95 a 100 varas
+de largo.
+
+--¡Caracoles! ¿Sabe usted que la lanchita sería regular?--indicó un
+oficial--. ¡Cien varas! El _Trinidad_, que santa gloria haya,
+tenía setenta, y a todos parecía demasiado largo. Ya sabe usted que
+viraba mal, y que todas las maniobras se hacían en él muy difícilmente.
+
+--Veo que usted se asusta por poca cosa, caballerito--prosiguió
+Malespina--. ¿Qué son 100 varas? Aún podrían construirse barcos mucho
+mayores. Y he de advertir a ustedes que yo los construiría de hierro.
+
+--¡De hierro!--exclamaron los dos oyentes sin poder contener la risa.
+
+--De hierro, sí. ¿Por ventura no conoce usted la ciencia de la
+hidrostática? Con arreglo a ella, yo construiría un barco de hierro de
+7.000 toneladas.
+
+--¡Y el _Trinidad_ no tenía más que 4.000!--indicó un
+oficial--, lo cual parecía excesivo. ¿Pero no comprende usted que para
+mover esa mole sería preciso un aparejo tan colosal, que no habría
+fuerzas humanas capaces de maniobrar en él?
+
+--¡Bicoca!... ¡Oh!, señor marino, ¿y quién le dice a usted que yo sería
+tan torpe que moviera ese buque por medio del viento? Usted no me
+conoce. Si supiera usted que tengo aquí una idea... Pero no quiero
+explicársela a ustedes, porque no me entenderían».
+
+Al llegar a este punto de su charla, D. José María dio tal tumbo que se
+quedó en cuatro pies. Pero ni por esas cerró el pico. Marchóse otro de
+los oficiales, y quedó sólo uno, el cual tuvo que seguir sosteniendo la
+conversación.
+
+«¡Qué vaivenes!--continuó diciendo el viejo--. No parece sino que nos
+vamos a estrellar contra la costa... Pues bien: como dije, yo movería
+esa gran mole de mi invención por medio del... ¿A que no lo adivina
+usted?... Por medio del vapor de agua. Para esto se construiría una
+máquina singular, donde el vapor, comprimido y dilatado alternativamente
+dentro de dos cilindros, pusiera en movimiento unas ruedas... pues...».
+
+El oficial no quiso oír más; y aunque no tenía puesto en el buque, ni
+estaba de servicio, por ser de los recogidos, fue a ayudar a sus
+compañeros, bastante atareados con el creciente temporal. Malespina se
+quedó solo conmigo, y entonces creí que iba a callar por no juzgarme
+persona a propósito para sostener la conversación. Pero mi desgracia
+quiso que él me tuviera en más de lo que yo valía, y la emprendió
+conmigo en los siguientes términos:
+
+«¿Usted comprende bien lo que quiero decir? Siete mil toneladas, el
+vapor, dos ruedas... pues.
+
+--Sí, señor, comprendo perfectamente--contesté a ver si se callaba,
+pues ni tenía humor de oírle, ni los violentos balances del buque,
+anunciando un gran peligro, disponían el ánimo a disertar sobre el
+engrandecimiento de la marina.
+
+--Veo que usted me conoce y se hace cargo de mis invenciones--continuó
+él--. Ya comprenderá que el buque que imagino sería invencible, lo mismo
+atacando que defendiendo. Él solo habría derrotado con cuatro o cinco
+tiros los treinta navíos ingleses.
+
+--¿Pero los cañones de éstos no le harían daño también?--manifesté con
+timidez, arguyéndole más bien por cortesía que porque el asunto me
+interesase.
+
+--¡Oh! La observación de usted, caballerito, es atinadísima, y prueba
+que comprende y aprecia las grandes invenciones. Para evitar el efecto
+de la artillería enemiga, yo forraría mi barco con gruesas planchas de
+acero; es decir, le pondría una coraza, como las que usaban los antiguos
+guerreros. Con este medio, podría atacar, sin que los proyectiles
+enemigos hicieran en sus costados más efecto que el que haría una
+andanada de bolitas de pan, lanzadas por la mano de un niño. Es una idea
+maravillosa la que yo he tenido. Figúrese usted que nuestra nación
+tuviera dos o tres barcos de esos. ¿Dónde iría a parar la escuadra
+inglesa con todos sus Nelsones y Collingwoodes?
+
+--Pero en caso de que se pudieran hacer aquí esos barcos--dije yo con
+viveza, conociendo la fuerza de mi argumento--, los ingleses los harían
+también, y entonces las proporciones de la lucha serían las mismas».
+
+D. José María se quedó como alelado con esta razón, y por un instante
+estuvo perplejo, sin saber qué decir; mas su vena inagotable no tardó en
+sugerirle nuevas ideas, y contestó con mal humor:
+
+«¿Y quién le ha dicho a usted, mozalbete atrevido, que yo sería capaz de
+divulgar mi secreto? Los buques se fabricarían con el mayor sigilo y sin
+decir palotada a nadie. Supongamos que ocurría una nueva guerra. Nos
+provocaban los ingleses, y les decíamos: «Sí, señor, pronto estamos; nos
+batiremos». Salían al mar los navíos ordinarios, empezaba la pelea, y a
+lo mejor cátate que aparecen en las aguas del combate dos o tres de esos
+monstruos de hierro, vomitando humo y marchando acá o allá sin hacer
+caso del viento; se meten por donde quieren, hacen astillas con el
+empuje de su afilada proa a los barcos contrarios, y con un par de
+cañonazos... figúrese usted, todo se acababa en un cuarto de hora».
+
+No quise hacer más objeciones, porque la idea de que corríamos un gran
+peligro me impedía ocupar la mente con pensamientos contrarios a los
+propios de tan crítica situación. No volví a acordarme más del
+formidable buque imaginario, hasta que treinta años más tarde supe la
+aplicación del vapor a la navegación, y más aún, cuando al cabo de medio
+siglo vi en nuestra gloriosa fragata _Numancia_ la acabada
+realización de los estrafalarios proyectos del mentiroso de Trafalgar.
+
+Medio siglo después me acordé de D. José María Malespina, y dije:
+«Parece mentira que las extravagancias ideadas por un loco o un
+embustero lleguen a ser realidades maravillosas con el transcurso del
+tiempo».
+
+Desde que observé esta coincidencia, no condeno en absoluto ninguna
+utopía, y todos los mentirosos me parecen hombres de genio.
+
+Dejé a D. José María para ver lo que pasaba, y en cuanto puse los pies
+fuera de la cámara, me enteré de la comprometida situación en que se
+encontraba el _Rayo_. El vendaval, no sólo le impedía la
+entrada en Cádiz, sino que le impulsaba hacia la costa, donde encallaría
+de seguro, estrellándose contra las rocas. Por mala que fuera la suerte
+del _Santa Ana_, que habíamos abandonado, no podía ser peor
+que la nuestra. Yo observé con afán los rostros de oficiales y
+marineros, por ver si encontraba alguno que indicase esperanza; pero,
+por mi desgracia, en todos vi señales de gran desaliento. Consulté el
+cielo, y lo vi pavorosamente feo; consulté la mar, y la encontré muy
+sañuda: no era posible volverse más que a Dios, ¡y Éste estaba tan poco
+propicio con nosotros desde el 21!...
+
+El _Rayo_ corría hacia el Norte. Según las indicaciones que
+iban haciendo los marineros, junto a quienes estaba yo, pasábamos frente
+al banco de Marrajotes, de Hazte Afuera, de Juan Bola, frente al
+Torregorda, y, por último, frente al castillo de Cádiz. En vano se
+ejecutaron todas las maniobras necesarias para poner la proa hacia el
+interior de la bahía. El viejo navío, como un corcel espantado, se
+negaba a obedecer; el viento y el mar, que corrían con impetuosa furia
+de Sur a Norte, lo arrastraban, sin que la ciencia náutica pudiese nada
+para impedirlo.
+
+No tardamos en rebasar de la bahía. A nuestra derecha quedó bien pronto
+Rota, Punta Candor, Punta de Meca, Regla y Chipiona. No quedaba duda de
+que el _Rayo_ iba derecho a estrellarse inevitablemente en la
+costa cercana a la embocadura del Guadalquivir. No necesito decir que
+las velas habían sido cargadas, y que no bastando este recurso contra
+tan fuerte temporal, se bajaron también los masteleros. Por último,
+también se creyó necesario picar los palos, para evitar que el navío se
+precipitara bajo las olas. En las grandes tempestades el barco necesita
+achicarse, de alta encina quiere convertirse en humilde hierba, y como
+sus mástiles no pueden plegarse cual las ramas de un árbol, se ve en la
+dolorosa precisión de amputarlos, quedándose sin miembros por salvar la
+vida.
+
+La pérdida del buque era ya inevitable. Picados los palos mayor y de
+mesana, se le abandonó, y la única esperanza consistía en poderlo
+fondear cerca de la costa, para lo cual se prepararon las áncoras,
+reforzando las amarras. Disparó dos cañonazos para pedir auxilio a la
+playa ya cercana, y como se distinguieran claramente algunas hogueras en
+la costa, nos alegramos, creyendo que no faltaría quien nos diera
+auxilio. Muchos opinaron que algún navío español o inglés había
+encallado allí, y que las hogueras que veíamos eran encendidas por la
+tripulación náufraga. Nuestra ansiedad crecía por momentos; y respecto a
+mí, debo decir que me creí cercano a un fin desastroso. Ni ponía
+atención a lo que a bordo pasaba, ni en la turbación de mi espíritu
+podía ocuparme más que de la muerte, que juzgaba inevitable. Si el buque
+se estrellaba, ¿quién podía salvar el espacio de agua que le separaría
+de la tierra? El lugar más terrible de una tempestad es aquel en que las
+olas se revuelven contra la tierra, y parece que están cavando en ella
+para llevarse pedazos de playa al profundo abismo. El empuje de la ola
+al avanzar y la violencia con que se arrastra al retirarse son tales,
+que ninguna fuerza humana puede vencerlos.
+
+Por último, después de algunas horas de mortal angustia, la quilla del
+_Rayo_ tocó en un banco de arena y se paró. El casco todo y
+los restos de su arboladura retemblaron un instante: parecía que
+intentaban vencer el obstáculo interpuesto en su camino; pero éste fue
+mayor, y el buque, inclinándose sucesivamente de uno y otro costado,
+hundió su popa, y después de un espantoso crujido, quedó sin movimiento.
+
+Todo había concluido, y ya no era posible ocuparse más que de salvar la
+vida, atravesando el espacio de mar que de la costa nos separaba. Esto
+pareció casi imposible de realizar en las embarcaciones que a bordo
+teníamos; mas había esperanzas de que nos enviaran auxilio de tierra,
+pues era evidente que la tripulación de un buque recién naufragado
+vivaqueaba en ella, y no podía estar lejos alguna de las balandras de
+guerra cuya salida para tales casos debía haber dispuesto la autoridad
+naval de Cádiz... El _Rayo_ hizo nuevos disparos, y esperamos
+socorros con la mayor impaciencia, porque, de no venir pronto,
+pereceríamos todos con el navío. Este infeliz inválido, cuyo fondo se
+había abierto al encallar, amenazaba despedazarse por sus propias
+convulsiones, y no podía tardar el momento en que, desquiciada la
+clavazón de algunas de sus cuadernas, quedaríamos a merced de las olas,
+sin más apoyo que el que nos dieran los desordenados restos del buque.
+
+Los de tierra no podían darnos auxilio; pero Dios quiso que oyera los
+cañonazos de alarma una balandra que se había hecho a la mar desde
+Chipiona, y se nos acercó por la proa, manteniéndose a buena distancia.
+Desde que avistamos su gran vela mayor vimos segura nuestra salvación, y
+el comandante del _Rayo_ dio las órdenes para que el trasbordo
+se verificara sin atropello en tan peligrosos momentos.
+
+Mi primera intención, cuando vi que se trataba de trasbordar, fue correr
+al lado de las dos personas que allí me interesaban: el señorito
+Malespina y Marcial, ambos heridos, aunque el segundo no lo estaba de
+gravedad. Encontré al oficial de artillería en bastante mal estado, y
+decía a los que le rodeaban:
+
+«No me muevan; déjenme morir aquí».
+
+Marcial había sido llevado sobre cubierta, y yacía en el suelo con tal
+postración y abatimiento, que me inspiró verdadero miedo su semblante.
+Alzó la vista cuando me acerqué a él, y tomándome la mano, dijo con voz
+conmovida:
+
+«Gabrielillo, no me abandones.--¡A tierra! ¡Todos vamos a tierra!»,
+exclamé yo procurando reanimarle; pero él, moviendo la cabeza con triste
+ademán, parecía presagiar alguna desgracia.
+
+Traté de ayudarle para que se levantara; pero después del primer
+esfuerzo, su cuerpo volvió a caer exánime, y al fin dijo: «No puedo».
+
+Las vendas de su herida se habían caído, y en el desorden de aquella
+apurada situación no encontró quien se las aplicara de nuevo. Yo le curé
+como pude, consolándole con palabras de esperanza; y hasta procuré reír
+ridiculizando su facha, para ver si de este modo le reanimaba. Pero el
+pobre viejo no desplegó sus labios; antes bien inclinaba la cabeza con
+gesto sombrío, insensible a mis bromas lo mismo que a mis consuelos.
+
+Ocupado en esto, no advertí que había comenzado el embarque en las
+lanchas. Casi de los primeros que a ellas bajaron fueron D. José María
+Malespina y su hijo. Mi primer impulso fue ir tras ellos siguiendo las
+órdenes de mi amo; pero la imagen del marinero herido y abandonado me
+contuvo. Malespina no necesitaba de mí, mientras que Marcial, casi
+considerado como muerto, estrechaba con su helada mano la mía,
+diciéndome: «Gabriel, no me abandones».
+
+Las lanchas atracaban difícilmente; pero a pesar de esto, una vez
+trasbordados los heridos, el embarco fue fácil, porque los marineros se
+precipitaban en ellas deslizándose por una cuerda, o arrojándose de un
+salto. Muchos se echaban al agua para alcanzarlas a nado. Por mi
+imaginación cruzó como un problema terrible la idea de cuál de aquellos
+dos procedimientos emplearía para salvarme. No había tiempo que perder,
+porque el _Rayo_ se desbarataba: casi toda la popa estaba
+hundida, y los estallidos de los baos y de las cuadernas medio podridas
+anunciaban que bien pronto aquella mole iba a dejar de ser un barco.
+Todos corrían con presteza hacia las lanchas, y la balandra, que se
+mantenía a cierta distancia, maniobrando con habilidad para resistir la
+mar, les recogía. Las embarcaciones volvían vacías al poco tiempo, pero
+no tardaban en llenarse de nuevo.
+
+Yo observé el abandono en que estaba Medio-hombre, y me dirigí sofocado
+y llorando a algunos marineros, rogándoles que cargaran a Marcial para
+salvarle. Pero harto hacían ellos con salvarse a sí propios. En un
+momento de desesperación traté yo mismo de echármele a cuestas; pero mis
+escasas fuerzas apenas lograron alzar del suelo sus brazos desmayados.
+Corrí por toda la cubierta buscando un alma caritativa, y algunos
+estuvieron a punto de ceder a mis ruegos; mas el peligro les distrajo de
+tan buen pensamiento. Para comprender esta inhumana crueldad, es preciso
+haberse encontrado en trances tan terribles: el sentimiento y la caridad
+desaparecen ante el instinto de conservación que domina el ser por
+completo, asimilándole a veces a una fiera.
+
+«¡Oh, esos malvados no quieren salvarte, Marcial!--exclamé con vivo
+dolor.
+
+--Déjales--me contestó--. Lo mismo da a bordo que en tierra. Márchate
+tú; corre, chiquillo, que te dejan aquí».
+
+No sé qué idea mortificó más mi mente: si la de quedarme a bordo, donde
+perecería sin remedio, o la de salir dejando solo a aquel desgraciado.
+Por último, más pudo la voz de la naturaleza que otra fuerza alguna, y
+di unos cuantos pasos hacia la borda. Retrocedí para abrazar al pobre
+viejo, y corrí luego velozmente hacia el punto en que se embarcaban los
+últimos marineros. Eran cuatro: cuando llegué, vi que los cuatro se
+habían lanzado al mar y se acercaban nadando a la embarcación, que
+estaba como a unas diez o doce varas de distancia.
+
+«¿Y yo?--exclamé con angustia, viendo que me dejaban--. ¡Yo voy
+también, yo también!».
+
+Grité con todas mis fuerzas; pero no me oyeron o no quisieron hacerme
+caso. A pesar de la obscuridad, vi la lancha; les vi subir a ella,
+aunque esta operación apenas podía apreciarse por la vista. Me dispuse a
+arrojarme al agua para seguir la misma suerte; pero en el instante mismo
+en que se determinó en mi voluntad esta resolución, mis ojos dejaron de
+ver lancha y marineros, y ante mí no había más que la horrenda
+obscuridad del agua.
+
+Todo medio de salvación había desaparecido. Volví los ojos a todos
+lados, y no vi más que las olas que sacudían los restos del barco; en el
+cielo ni una estrella, en la costa ni una luz. La balandra había
+desaparecido también. Bajo mis pies, que pataleaban con ira, el casco
+del _Rayo_ se quebraba en pedazos, y sólo se conservaba unida
+y entera la parte de proa, con la cubierta llena de despojos. Me
+encontraba sobre una balsa informe que amenazaba desbaratarse por
+momentos.
+
+Al verme en tal situación, corrí hacia Marcial diciendo:
+
+«¡Me han dejado, nos han dejado!».
+
+El anciano se incorporó con muchísimo trabajo, apoyado en su mano;
+levantó la cabeza y recorrió con su turbada vista el lóbrego espacio que
+nos rodeaba.
+
+«¡Nada!--exclamó--; no se ve nada. Ni lanchas, ni tierra, ni luces, ni
+costa. No volverán».
+
+Al decir esto, un terrible chasquido sonó bajo nuestros pies en lo
+profundo del sollado de proa, ya enteramente anegado. El alcázar se
+inclinó violentamente de un lado, y fue preciso que nos agarráramos
+fuertemente a la base de un molinete para no caer al agua. El piso nos
+faltaba; el último resto del _Rayo_ iba a ser tragado por las
+olas. Mas como la esperanza no abandona nunca, yo aún creí posible que
+aquella situación se prolongase hasta el amanecer sin empeorarse, y me
+consoló ver que el palo del trinquete aún estaba en pie. Con el
+propósito firme de subirme a él cuando el casco acabara de hundirse,
+miré aquel árbol orgulloso en que flotaban trozos de cabos y harapos de
+velas, y que resistía, coloso desgreñado por la desesperación, pidiendo
+al cielo misericordia.
+
+Marcial se dejó caer en la cubierta, y luego dijo:
+
+«Ya no hay esperanza, Gabrielillo. Ni ellos querrán volver, ni la mar
+les dejaría si lo intentaran. Puesto que Dios lo quiere, aquí hemos de
+morir los dos. Por mí nada me importa: soy un viejo y no sirvo para
+maldita la cosa... Pero tú... tú eres un niño, y...»
+
+Al decir esto su voz se hizo ininteligible por la emoción y la ronquera.
+Poco después le oí claramente estas palabras:
+
+«Tú no tienes pecados, porque eres un niño. Pero yo... Bien que cuando
+uno se muere así... vamos al decir... así, al modo de perro o gato, no
+necesita de que un cura venga y le dé la _solución_, sino que
+basta y sobra con que uno mismo se entienda con Dios. ¿No has oído tú
+eso?».
+
+Yo no sé lo que contesté; creo que no dije nada, y me puse a llorar sin
+consuelo.
+
+«Ánimo, Gabrielillo--prosiguió--. El hombre debe ser hombre, y ahora es
+cuando se conoce quién tiene alma y quién no la tiene. Tú no tienes
+pecados; pero yo sí. Dicen que cuando uno se muere y no halla cura con
+quien confesarse, debe decir lo que tiene en la conciencia al primero
+que encuentre. Pues yo te digo, Gabrielillo, que me confieso contigo, y
+que te voy a decir mis pecados, y cuenta con que Dios me está oyendo
+detrás de ti, y que me va a perdonar».
+
+Mudo por el espanto y por las solemnes palabras que acababa de oír, me
+abracé al anciano, que continuó de este modo:
+
+«Pues digo que siempre he sido cristiano católico,
+_postólico_, romano, y que siempre he sido y soy devoto de la
+Virgen del Carmen, a quien llamo en mi ayuda en este momento; y digo
+también que, si hace veinte años que no he confesado ni comulgado, no
+fue por mí, sino por _mor_ del maldito servicio, y porque
+siempre lo va uno dejando para el domingo que viene. Pero ahora me pesa
+de no haberlo hecho, y digo, y declaro, y perjuro, que quiero a Dios y a
+la Virgen y a todos los santos; y que por todo lo que les haya ofendido
+me castiguen, pues si no me confesé y comulgué este año fue por
+_aquél_ de los malditos _casacones_, que me hicieron
+salir al mar cuando tenía el _proeto_ de cumplir con la
+Iglesia. Jamás he robado ni la punta de un alfiler, ni he dicho más
+mentiras que alguna que otra para bromear. De los palos que le daba a mi
+mujer hace treinta años, me arrepiento, aunque creo que bien dados
+estuvieron, porque era más mala que las _churras_, y con un
+genio más picón que un alacrán. No he faltado ni tanto así a lo que
+manda la Ordenanza; no aborrezco a nadie más que a los
+_casacones_, a quienes hubiera querido ver hechos picadillo;
+pero pues dicen que todos somos hijos de Dios, yo les perdono, y
+_así mismamente_ perdono a los franceses, que nos han traído
+esta guerra. Y no digo más, porque me parece que me voy a toda vela. Yo
+amo a Dios y estoy tranquilo. Gabrielillo, abrázate conmigo, y apriétate
+bien contra mí. Tú no tienes pecados, y vas a andar
+_finiqueleando_ con los ángeles divinos. Más vale morirse a tu
+edad que vivir en este _emperrado_ mundo... Con que ánimo,
+chiquillo, que esto se acaba. El agua sube, y el _Rayo_ se
+acabó para siempre. La muerte del que se ahoga es muy buena: no te
+asustes... abrázate conmigo. Dentro de un ratito estaremos libres de
+pesadumbres, yo dando cuenta a Dios de mis pecadillos, y tú contento
+como unas pascuas danzando por el Cielo, que está alfombrado con
+estrellas, y allí parece que la felicidad no se acaba nunca, porque es
+eterna, que es como dijo el otro, mañana y mañana y mañana, y al otro y
+siempre...»
+
+No pudo hablar más. Yo me agarré fuertemente al cuerpo de Medio-hombre.
+Un violento golpe de mar sacudió la proa del navío, y sentí el azote
+del agua sobre mi espalda. Cerré los ojos y pensé en Dios. En el mismo
+instante perdí toda sensación, y no supe lo que ocurrió.
+
+
+
+
+-XVI-
+
+
+Volvió, no sé cuándo, a iluminar turbiamente mi espíritu la noción de la
+vida; sentí un frío intensísimo, y sólo este accidente me dio a conocer
+la propia existencia, pues ningún recuerdo de lo pasado conservaba mi
+mente, ni podía hacerme cargo de mi nueva situación. Cuando mis ideas se
+fueron aclarando y se desvanecía el letargo de mis sentidos, me encontré
+tendido en la playa. Algunos hombres estaban en derredor mío,
+observándome con interés. Lo primero que oí, fue: «¡Pobrecito...!, ya
+vuelve en sí».
+
+Poco a poco fui volviendo a la vida, y con ella al recuerdo de lo
+pasado. Me acordé de Marcial, y creo que las primeras palabras
+articuladas por mis labios fueron para preguntar por él. Nadie supo
+contestarme. Entre los que me rodeaban reconocí a algunos marineros del
+_Rayo_, les pregunté por Medio-hombre, y todos convinieron en
+que había perecido. Después quise enterarme de cómo me habían salvado;
+pero tampoco me dieron razón.
+
+Diéronme a beber no sé qué; me llevaron a una casa cercana, y allí,
+junto al fuego, y cuidado por una vieja, recobré la salud, aunque no las
+fuerzas. Entonces me dijeron que habiendo salido otra balandra a
+reconocer los restos del _Rayo_, y los de un navío francés que
+corrió igual suerte, me encontraron junto a Marcial, y pudieron salvarme
+la vida. Mi compañero de agonía estaba muerto. También supe que en la
+travesía del barco naufragado a la costa habían perecido algunos
+infelices.
+
+Quise saber qué había sido de Malespina, y no hubo quien me diera razón
+del padre ni del hijo. Pregunté por el _Santa Ana_, y me
+dijeron que había llegado felizmente a Cádiz, por cuya noticia resolví
+ponerme inmediatamente en camino para reunirme con mi amo. Me encontraba
+a bastante distancia de Cádiz, en la costa que corresponde a la orilla
+derecha del Guadalquivir. Necesitaba, pues, emprender la marcha
+inmediatamente para recorrer lo más pronto posible tan largo proyecto.
+Esperé dos días más para reponerme, y al fin, acompañado de un marinero
+que llevaba el mismo camino, me puse en marcha hacia Sanlúcar. En la
+mañana del 27 recuerdo que atravesamos el río, y luego seguimos nuestro
+viaje a pie sin abandonar la costa. Como el marinero que me acompañaba
+era francote y alegre, el viaje fue todo lo agradable que yo podía
+esperar, dada la situación de mi espíritu, aún abatido por la muerte de
+Marcial y por las últimas escenas de que fui testigo a bordo. Por el
+camino íbamos departiendo sobre el combate y los naufragios que le
+sucedieron.
+
+«Buen marino era Medio-hombre--decía mi compañero de viaje--. ¿Pero
+quién le metió a salir a la mar con un cargamento de más de sesenta
+años? Bien empleado le está el fin que ha tenido.
+
+--Era un valiente marinero--dije yo--; y tan aficionado a la guerra,
+que ni sus achaques le arredraron cuando intentó venir a la escuadra.
+
+--Pues de ésta me despido--prosiguió el marinero--. No quiero más
+batallas en la mar. El Rey paga mal, y después, si queda uno cojo o
+baldado, le dan las buenas noches, y si te he visto no me acuerdo.
+Parece mentira que el Rey trate tan mal a los que le sirven. ¿Qué cree
+usted? La mayor parte de los comandantes de navío que se han batido el
+21, hace muchos meses que no cobran sus pagas. El año pasado estuvo en
+Cádiz un capitán de navío que, no sabiendo cómo mantenerse y mantener a
+sus hijos, se puso a servir en una posada.
+
+Sus amigos le descubrieron, aunque él trataba de disimular su miseria,
+y, por último, lograron sacarle de tan vil estado. Esto no pasa en
+ninguna nación del mundo; ¡y luego se espantan de que nos venzan los
+ingleses! Pues no digo nada del armamento. Los arsenales están vacíos, y
+por más que se pide dinero a Madrid, ni un cuarto. Verdad es que todos
+los tesoros del Rey se emplean en pagar sus sueldos a los señores de la
+Corte, y entre éstos el que más come es el Príncipe de la Paz, que reúne
+40.000 durazos como Consejero de Estado, como Secretario de Estado, como
+Capitán General y como Sargento mayor de guardias... Lo dicho, no quiero
+servir al Rey. A mi casa me voy con mi mujer y mis hijos, pues ya he
+cumplido, y dentro de unos días me han de dar la licencia.
+
+--Pues no podrá usted quejarse, amiguito, si le tocó ir en el
+_Rayo_, navío que apenas entró en acción.
+
+--Yo no estaba en el _Rayo_, sino en el _Bahama_,
+que sin duda fue de los barcos que mejor y por más tiempo pelearon.
+
+--Ha sido apresado, y su comandante murió, si no recuerdo mal.
+
+--Así fue--contestó--. Y todavía me dan ganas de llorar cuando me
+acuerdo de Don Dionisio Alcalá Galiano, el más valiente brigadier de la
+armada. Eso sí: tenía el genio fuerte y no consentía la más pequeña
+falta; pero su mucho rigor nos obligaba a quererle más, porque el
+capitán que se hace temer por severo, si a la severidad acompaña la
+justicia, infunde respeto, y, por último, se conquista el cariño de la
+gente. También puede decirse que otro más caballero y más generoso que
+D. Dionisio Alcalá Galiano no ha nacido en el mundo. Así es que cuando
+quería obsequiar a sus amigos, no se andaba por las ramas, y una vez en
+la Habana gastó diez mil duros en cierto convite que dio a bordo de su
+buque.
+
+--También oí que era hombre muy sabio en la náutica.
+
+--¿En la náutica? Sabía más que Merlín y que todos los doctores de la
+Iglesia. ¡Si había hecho un sinfín de mapas y había descubierto no sé
+qué tierras que están allá por el mismo infierno! ¡Y hombres así los
+mandan a una batalla para que perezcan como un grumete! Le contaré a
+usted lo que pasó en el _Bahama_. Desde que empezó la batalla,
+D. Dionisio Alcalá Galiano sabía que la habíamos de perder, porque
+aquella maldita virada en redondo... Nosotros estábamos en la reserva y
+nos quedamos a la cola. Nelson, que no era ningún rana, vio nuestra
+línea y dijo: «Pues si la corto por dos puntos distintos, y les cojo
+entre dos fuegos, no se me escapa ni tanto así de navío». Así lo hizo el
+maldito, y como nuestra línea era tan larga, _la cabeza no podía ir
+en auxilio de la cola_[6]. Nos derrotó por partes, atacándonos en dos
+fuertes columnas dispuestas al modo de cuña, que es, según dicen, el
+modo de combatir que usaba el capitán moro Alejandro Magno, y que hoy
+dicen usa también Napoleón. Lo cierto es que nos envolvió y nos dividió
+y nos fue rematando barco a barco de tal modo, que no podíamos ayudarnos
+unos a otros, y cada navío se veía obligado a combatir con tres o
+cuatro.
+
+[Nota 6: Palabras de Nelson. (N. del A.)]
+
+»Pues verá usted: el _Bahama_ fue de los que primero entraron
+en fuego. Alcalá Galiano revistó la tripulación al mediodía, examinó las
+baterías, y nos echó una arenga en que dijo, señalando la bandera:
+«Señores: estén ustedes todos en la inteligencia de que esa bandera está
+clavada». Ya sabíamos qué clase de hombre nos mandaba; y así, no nos
+asombró aquel lenguaje. Después le dijo al guardia marina D. Alonso
+Butrón, encargado de ella: «Cuida de defenderla. Ningún Galiano se
+rinde, y tampoco un Butrón debe hacerlo».
+
+--Lástima es--dije yo--, que estos hombres no hayan tenido un jefe
+digno de su valor, ya que no se les encargó del mando de la escuadra.
+
+--Sí que es lástima, y verá usted lo que pasó. Empezó la refriega, que
+ya sabrá usted fue cosa buena, si estuvo a bordo del
+_Trinidad_. Tres navíos nos acribillaron a balazos por babor y
+estribor. Desde los primeros momentos caían como moscas los heridos, y
+el mismo comandante recibió una fuerte contusión en la pierna, y después
+un astillazo en la cabeza, que le hizo mucho daño. ¿Pero usted cree que
+se acobardó, ni que anduvo con ungüentos ni parches? ¡Quiá! Seguía en el
+alcázar como si tal cosa, aunque personas muy queridas para él caían a
+su lado para no levantarse más. Alcalá Galiano mandaba la maniobra y la
+artillería como si hubiéramos estado haciendo el saludo frente a una
+plaza. Una balita de poca cosa le llevó el anteojo, y esto le hizo
+sonreír. Aún me parece que le estoy viendo. La sangre de las heridas le
+manchaba el uniforme y las manos; pero él no se cuidaba de esto más que
+si fueran gotas de agua salada salpicadas por el mar. Como su carácter
+era algo arrebatado y su genio vivo, daba las órdenes gritando y con
+tanto coraje, que si no las obedeciéramos porque era nuestro deber, las
+hubiéramos obedecido por miedo... Pero al fin todo se acabó de repente,
+cuando una bala de medio calibre le cogió la cabeza, dejándole muerto en
+el acto.
+
+»Con esto concluyó el entusiasmo, si no la lucha. Cuando cayó muerto
+nuestro querido comandante, le ocultaron para que no le viéramos; pero
+nadie dejó de comprender lo que había pasado, y después de una lucha
+desesperada sostenida por el honor de la bandera, el _Bahama_
+se rindió a los ingleses, que se lo llevarán a Gibraltar si antes no se
+les va a pique, como sospecho».
+
+Al concluir su relación, y después de contar cómo había pasado del
+_Bahama_ al _Santa Ana_, mi compañero dio un fuerte
+suspiro y calló por mucho tiempo. Pero como el camino se hacía largo y
+pesado, yo intenté trabar de nuevo la conversación, y principié
+contándole lo que había visto, y, por último, mi traslado a bordo del
+_Rayo_ con el joven Malespina.
+
+«¡Ah!--dijo--. ¿Es un joven oficial de artillería que fue transportado
+a la balandra y de la balandra a tierra en la noche del 23?
+
+--El mismo--conteste--, y por cierto que nadie me ha dado razón de su
+paradero.
+
+--Pues ese fue de los que perecieron en la segunda lancha, que no pudo
+tocar a tierra. De los sanos se salvaron algunos, entre ellos el padre
+de ese señor oficial de artillería; pero los heridos se ahogaron todos,
+como es fácil comprender, no pudiendo los infelices ganar a nado la
+costa».
+
+Me quedé absorto al saber la muerte del joven Malespina, y la idea del
+pesar que aguardaba a mi infeliz e idolatrada amita llenó mi alma,
+ahogando todo resentimiento.
+
+«¡Qué horrible desgracia!--exclamé--. ¿Y seré yo quien lleve tan triste
+noticia a su afligida familia? ¿Pero, señor, está usted seguro de lo que
+dice?
+
+--He visto con estos ojos al padre de ese joven, quejándose amargamente,
+y refiriendo los pormenores de la desgracia con tanta angustia que
+partía el corazón. Según decía, él había salvado a todos los de la
+lancha, y aseguraba que si hubiera querido salvar sólo a su hijo, lo
+habría logrado a costa de la vida de todos los demás. Prefirió con todo
+dar la vida al mayor número, aun sacrificando la de su hijo en beneficio
+de muchos, y así lo hizo. Parece que es hombre de mucha alma, y
+sumamente diestro y valeroso».
+
+Esto me entristeció tanto, que no hablé más del asunto. ¡Muerto Marcial,
+muerto Malespina! ¡Qué terribles nuevas llevaba yo a casa de mi amo!
+Casi estuve por un momento decidido a no volver a Cádiz, dejando que el
+azar o la voz pública llevaran tan penosa comisión al seno del hogar,
+donde tantos corazones palpitaban de inquietud. Sin embargo, era preciso
+que me presentase a D. Alonso para darle cuenta de mi conducta.
+
+Llegamos por fin a Rota, y allí nos embarcamos para Cádiz. No pueden
+ustedes figurarse qué alborotado estaba el vecindario con la noticia de
+los desastres de la escuadra. Poco a poco iban llegando las nuevas de lo
+sucedido, y ya se sabía la suerte de la mayor parte de los buques,
+aunque de muchos marineros y tripulantes se ignoraba todavía el
+paradero. En las calles ocurrían a cada momento escenas de desolación,
+cuando un recién llegado daba cuenta de los muertos que conocía, y
+nombraba las personas que no habían de volver. La multitud invadía el
+muelle para reconocer los heridos, esperando encontrar al padre, al
+hermano, al hijo o al marido. Presencié escenas de frenética alegría,
+mezcladas con lances dolorosos y terribles desconsuelos. Las esperanzas
+se desvanecían, las sospechas se confirmaban las más de las veces, y el
+número de los que ganaban en aquel agonioso juego de la suerte era bien
+pequeño, comparado con el de los que perdían. Los cadáveres que
+aparecieron en la costa de Santa María sacaban de dudas a muchas
+familias, y otras esperaban aún encontrar entre los prisioneros
+conducidos a Gibraltar a la persona amada.
+
+En honor del pueblo de Cádiz, debo decir que jamás vecindario alguno ha
+tomado con tanto empeño el auxilio de los heridos, no distinguiendo
+entre nacionales y enemigos, antes bien equiparando a todos bajo el
+amplio pabellón de la caridad. Collingwood consignó en sus memorias esta
+generosidad de mis paisanos. Quizás la magnitud del desastre apagó todos
+los resentimientos. ¿No es triste considerar que sólo la desgracia hace
+a los hombres hermanos?
+
+En Cádiz pude conocer en su conjunto la acción de guerra que yo, a pesar
+de haber asistido a ella, no conocía sino por casos particulares, pues
+lo largo de la línea, lo complicado de los movimientos y la diversa
+suerte de los navíos, no permitían otra cosa. Según allí me dijeron,
+además del _Trinidad_, se habían ido a pique el
+_Argonauta_, de 92, mandado por D. Antonio Pareja, y el
+_San Agustín_, de 80, mandado por D. Felipe Cajigal. Con
+Gravina, en el _Príncipe de Asturias_, habían vuelto a Cádiz
+el _Montañés_, de 80, comandante Alcedo, que murió en el
+combate en unión del segundo Castaños; el _San Justo_, de 76,
+mandado por D. Miguel Gastón; el _San Leandro_, de 74, mandado
+por D. José Quevedo; el _San Francisco_, de 74, mandado por D.
+Luis Flores; el _Rayo_, de 100, que mandaba Macdonell. De
+éstos, salieron el 23, para represar las naves que estaban a la vista,
+el _Montañés_, el _San Justo_, el _San
+Francisco_ y el _Rayo_; pero los dos últimos se perdieron
+en la costa, lo mismo que el _Monarca_, de 74, mandado por
+Argumosa, y el _Neptuno_, de 80, cuyo heroico comandante, D.
+Cayetano Valdés, ya célebre por la jornada del 14, estuvo a punto de
+perecer. Quedaron apresados el _Bahama_, que se deshizo antes
+de llegar a Gibraltar; el _San Ildefonso_, de 74, comandante
+Vargas, que fue conducido a Inglaterra, y el _Nepomuceno_, que
+por muchos años permaneció en Gibraltar, conservado como un objeto de
+veneración o sagrada reliquia. El _Santa Ana_ llegó felizmente
+a Cádiz en la misma noche en que le abandonamos. Los ingleses también
+perdieron algunos de sus fuertes navíos, y no pocos de sus oficiales
+generales compartieron el glorioso fin del almirante Nelson. En cuanto
+a los franceses, no es necesario decir que tuvieron tantas pérdidas como
+nosotros. A excepción de los cuatro navíos que se retiraron con Dumanoir
+sin entrar en fuego, mancha que en mucho tiempo no pudo quitarse de
+encima la marina imperial, nuestros aliados se condujeron heroicamente
+en la batalla. Villeneuve, deseando que se olvidaran en un día sus
+faltas, peleó hasta el fin denodadamente, y fue llevado prisionero a
+Gibraltar. Otros muchos comandantes cayeron en poder de los ingleses, y
+algunos murieron. Sus navíos corrieron igual suerte que los nuestros:
+unos se retiraron con Gravina; otros fueron apresados, y muchos se
+perdieron en las costas. El _Achilles_ se voló en medio del
+combate, como indiqué en mi relación.
+
+Pero a pesar de estos desastres, nuestra aliada, la orgullosa Francia,
+no pagó tan caro como España las consecuencias de aquella guerra. Si
+perdía lo más florido de su marina, en tierra alcanzaba en aquellos
+mismos días ruidosos triunfos. Napoleón había transportado en poco
+tiempo el gran ejército desde las orillas del Canal de la Mancha a la
+Europa central, y ponía en ejecución su colosal plan de campaña contra
+el Austria. El 20 de Octubre, un día antes de Trafalgar, Napoleón
+presenciaba en el campo de Ulm el desfile de las tropas austriacas,
+cuyos generales le entregaban su espada, y dos meses después, el 2 de
+Diciembre del mismo año, ganaba en los campos de Austerlitz la más
+brillante acción de su reinado.
+
+Estos triunfos atenuaron en Francia la pérdida de Trafalgar; el mismo
+Napoleón mandó a los periódicos que no se hablara del asunto, y cuando
+se le dio cuenta de la victoria de sus implacables enemigos los
+ingleses, se contentó con encogerse de hombros diciendo: «Yo no puedo
+estar en todas partes».
+
+
+
+
+-XVII-
+
+
+Traté de retardar el momento de presentarme a mi amo; pero, al fin, el
+hambre, la desnudez en que me hallaba y la falta de asilo, me obligaron
+a ir. Mi corazón, al aproximarme a la casa de Doña Flora, palpitaba con
+tanta fuerza, que a cada paso me detenía para tomar aliento. La inmensa
+pena que iba a causar anunciando la muerte del joven Malespina,
+gravitaba sobre mi alma con tan atroz pesadumbre, que si yo hubiera sido
+responsable de aquel desastre, no me habría sentido más angustiado.
+Llegué por fin, y entré en la casa. Mi presencia en el patio produjo
+gran sensación; sentí fuertes pasos en las galerías altas, y aún no
+había tenido tiempo de decir una palabra, cuando me abrazaron
+estrechamente. No tardé en reconocer el rostro de Doña Flora, más
+pintorreado aquel día que un retablo, y ferozmente desfigurado con la
+alegría que mi presencia causó en el espíritu de la excelente vieja. Los
+dulces nombres de _pimpollo_, _remono_,
+_angelito_, y otros que me prodigó con toda largueza, no me
+hicieron sonreír. Subí, y todos estaban en movimiento. Oí a mi amo que
+decía: «¡Ahí está! Gracias a Dios». Entré en la sala, y Doña Francisca
+se adelantó hacia mí preguntándome con mortal ansiedad:
+
+«¿Y D. Rafael? ¿Qué ha sido de D. Rafael?»
+
+Permanecí confuso por largo rato. La voz se ahogaba en mi garganta y no
+tenía valor para decir la fatal noticia. Repitieron la pregunta, y
+entonces vi a mi amita que salía de una pieza inmediata, con el rostro
+pálido, espantados los ojos y mostrando en su ademán la angustia que la
+poseía. Su vista me hizo prorrumpir en amargo llanto, y no necesité
+pronunciar una palabra. Rosita lanzó un grito terrible y cayó desmayada.
+D. Alonso y su esposa corrieron a auxiliarla, ocultando su pesar en el
+fondo del alma. Doña Flora se entristeció, y llamándome aparte para
+cerciorarse de que mi persona volvía completa, me dijo:
+
+«¿Con que ha muerto ese caballerito? Ya me lo figuraba yo, y así se lo
+he dicho a Paca; pero ella, reza que te reza, ha creído que lo podía
+salvar. Si cuando está de Dios una cosa... Y tú bueno y sano, ¡qué
+placer! ¿No has perdido nada?»
+
+La consternación que reinaba en la casa es imposible de pintar. Por
+espacio de un cuarto de hora no se oyeron más que llantos, gritos y
+sollozos, porque la familia de Malespina estaba allí también. ¡Pero qué
+singulares cosas permite Dios para sus fines! Había pasado, como he
+dicho, un cuarto de hora desde que di la noticia, cuando una ruidosa y
+chillona voz hirió mis oídos. Era la de D. José María Malespina, que
+vociferaba en el patio, llamando a su mujer, a D. Alonso y a mi amita.
+Lo que más me sorprendió fue que la voz del embustero parecía tan alegre
+como de costumbre, lo cual me parecía altamente indecoroso después de la
+desgracia ocurrida. Corrimos a su encuentro, y me maravillé viéndole
+gozoso como unas pascuas.
+
+«Pero D. Rafael...--le dijo mi amo con asombro.
+
+--Bueno y sano--contestó D. José María--. Es decir, sano, no; pero
+fuera de peligro sí, porque su herida ya no ofrece cuidado. El bruto del
+cirujano opinaba que se moría; pero bien sabía yo que no. ¡Cirujanitos a
+mí! Yo lo he curado, señores; yo, yo, por un procedimiento nuevo,
+inusitado, que yo solo conozco».
+
+Estas palabras, que repentinamente cambiaban de un modo tan radical la
+situación, dejaron atónitos a mis amos; después una viva alegría
+sucedió a la anterior tristeza, y, por último, cuando la fuerte emoción
+les permitió reflexionar sobre el engaño, me interpelaron con severidad,
+reprendiéndome por el gran susto que les había ocasionado. Yo me
+disculpé diciendo que me lo habían contado tal como lo referí, y D. José
+María se puso furioso, llamándome zascandil, embustero y enredador.
+
+Efectivamente, D. Rafael vivía y estaba fuera de peligro; mas se había
+quedado en Sanlúcar en casa de gente conocida, mientras su padre vino a
+Cádiz en busca de su familia para llevarla al lado del herido. El lector
+no comprenderá el origen de la equivocación que me hizo anunciar con tan
+buena fe la muerte del joven; pero apuesto a que cuantos lean esto
+sospechan que algún estupendo embuste del viejo Malespina hizo llegar a
+mis oídos la noticia de una desgracia supuesta. Así fue, ni más ni
+menos. Según lo que supe después al ir a Sanlúcar acompañando a la
+familia, D. José María había forjado una novela de heroísmo y habilidad
+por parte suya; en diversos corrillos refirió el extraño caso de la
+muerte de su hijo, suponiendo pormenores, circunstancias tan dramáticas,
+que por algunos días el fingido protagonista fue objeto de las
+alabanzas de todos por su abnegación y valentía. Contó que, habiendo
+zozobrado la lancha, él tuvo que optar entre la salvación de su hijo y
+la de todos los demás, decidiéndose por esto último, en razón de ser más
+generoso y humanitario. Adornó su leyenda con detalles tan peregrinos,
+tan interesantes y a la vez tan verosímiles, que muchos se lo creyeron.
+Pero la superchería se descubrió pronto y el engaño no duró mucho
+tiempo, aunque sí el necesario para que llegase a mis oídos, obligándome
+a transmitirlo a la familia. Aunque tenía muy mala idea de la veracidad
+del viejo Malespina, jamás pude creer que se permitiera mentir en
+asuntos tan serios.
+
+Pasadas aquellas fuertes emociones, mi amo cayó en profunda melancolía;
+apenas hablaba; diríase que su alma, perdida la última ilusión, había
+liquidado toda clase de cuentas con el mundo y se preparaba para el
+último viaje. La definitiva ausencia de Marcial le quitaba el único
+amigo de aquella su infantil senectud, y no teniendo con quién jugar a
+los barquitos, se consumía en honda tristeza. Ni aun viéndole tan
+abatido cejó Doña Francisca en su tarea de mortificación, y el día de mi
+llegada oí que le decía:
+
+«Bonita la habéis hecho... ¿Qué te parece?
+
+¿Aún no estás satisfecho? Anda, anda a la escuadra. ¿Tenía yo razón o no
+la tenía? ¡Oh!, si se hiciera caso de mí... ¿Aprenderás ahora? ¿Ves cómo
+te ha castigado Dios?
+
+--Mujer, déjame en paz--contestaba dolorido mi amo.
+
+--Y ahora nos hemos quedado sin escuadra, sin marinos, y nos quedaremos
+hasta sin modo de andar si seguimos unidos con los franceses... Quiera
+Dios que estos señores no nos den un mal pago. El que se ha lucido es el
+Sr. Villeneuve. Vamos, que también Gravina, si se hubiera opuesto a la
+salida de la escuadra, como opinaban Churruca y Alcalá Galiano, habría
+evitado este desastre que parte el corazón.
+
+--Mujer... ¿qué entiendes tú de eso? No me mortifiques--dijo mi amo muy
+contrariado.
+
+--¿Pues no he de entender? Más que tú. Sí, señor, lo repito. Gravina
+será muy caballero y muy valiente; pero lo que es ahora... buena la ha
+hecho.
+
+--Ha hecho lo que debía. ¿Te parece bien que hubiéramos pasado por
+cobardes?
+
+--Por cobardes no, pero sí por prudentes. Eso es. Lo digo y lo repito.
+La escuadra española no debía salir de Cádiz, cediendo a las
+genialidades y al egoísmo de M. Villeneuve. Aquí se ha contado que
+Gravina opinó, como sus compañeros, que no debían salir. Pero
+Villeneuve, que estaba decidido a ello, por hacer una hombrada que le
+reconciliase con su amo, trató de herir el amor propio de los nuestros.
+Parece que una de las razones que alegó Gravina fue el mal tiempo, y
+mirando el barómetro de la cámara, dijo: «¿No ven ustedes que el
+barómetro anuncia mal tiempo? ¿No ven ustedes cómo baja?». Entonces
+Villeneuve dijo secamente: «Lo que baja aquí es el valor». Al oír este
+insulto, Gravina se levantó ciego de ira y echó en cara al francés su
+cobarde comportamiento en el cabo de Finisterre. Se cruzaron palabritas
+un poco fuertes, y, por último, exclamó nuestro almirante: «¡A la mar
+mañana mismo!». Pero yo creo que Gravina no debía haber hecho caso de
+las baladronadas del francés, no, señor; que antes que nada es la
+prudencia, y más conociendo, como conocía, que la escuadra combinada no
+tenía condiciones para luchar con la de Inglaterra».
+
+Esta opinión, que entonces me pareció un desacato a la honra nacional,
+más tarde me pareció muy bien fundada. Doña Francisca tenía razón.
+Gravina no debió haber cedido a la exigencia de Villeneuve. Y digo
+esto, menoscabando quizás la aureola que el pueblo puso en las sienes
+del jefe de la escuadra española en aquella memorable ocasión.
+
+Sin negar el mérito de Gravina, yo creo hiperbólicas las alabanzas de
+que fue objeto después del combate y en los días de su muerte[7]. Todo
+indicaba que Gravina era un cumplido caballero y un valiente marino;
+pero quizás por demasiado cortesano carecía de aquella resolución que da
+el constante hábito de la guerra, y también de la superioridad que en
+carreras tan difíciles como la de la Marina se alcanza sólo en el
+cultivo asiduo de las ciencias que la constituyen. Gravina era un buen
+jefe de división; pero nada más. La previsión, la serenidad, la
+inquebrantable firmeza, caracteres propios de las organizaciones
+destinadas al mando de grandes ejércitos, no las tuvieron sino D. Cosme
+Damián Churruca y D. Dionisio Alcalá Galiano.
+
+[Nota 7:Murió en marzo de 1806, de resultas de sus heridas. (N. del A.) ]
+
+Mi señor D. Alonso contestó a las últimas palabras de su mujer; y cuando
+ésta salió, observé que el pobre anciano rezaba con tanta piedad como en
+la cámara del _Santa Ana_ la noche de nuestra separación.
+Desde aquel día, el Sr. de Cisniega no hizo más que rezar, y rezando se
+pasó el resto de su vida, hasta que se embarcó en la nave que no vuelve
+más.
+
+Murió mucho después de que su hija se casara con D. Rafael Malespina,
+acontecimiento que hubo de efectuarse dos meses después de la gran
+función naval que los españoles llamaron _la del_ 21 y los
+ingleses _Combate de Trafalgar_, por haber ocurrido cerca del
+cabo de este nombre. Mi amita se casó en Vejer al amanecer de un día
+hermoso, aunque de invierno, y al punto partieron para Medinasidonia,
+donde les tenían preparada la casa. Yo fui testigo de su felicidad
+durante los días que precedieron a la boda; mas ella no advirtió la
+profunda tristeza que me dominaba, ni advirtiéndola hubiera conocido la
+causa. Cada vez se crecía ella más ante mis ojos, y cada vez me
+encontraba yo más humillado ante la doble superioridad de su hermosura y
+de su clase. Acostumbrándome a la idea de que tan admirable conjunto de
+gracias no podía ni debía ser para mí, llegué a tranquilizarme, porque
+la resignación, renunciando a toda esperanza, es un consuelo parecido a
+la muerte, y por eso es un gran consuelo.
+
+Se casaron, y el mismo día en que partieron para Medinasidonia, Doña
+Francisca me ordenó que fuera yo también allá para ponerme al servicio
+de los desposados. Fui por la noche, y durante mi viaje solitario iba
+luchando con mis ideas y sensaciones, que oscilaban entre aceptar un
+puesto en la casa de los novios, o rechazarlo para siempre. Llegué a la
+mañana siguiente, me acerqué a la casa, entré en el jardín, puse el pie
+en el primer escalón de la puerta y allí me detuve, porque mis
+pensamientos absorbían todo mi ser y necesitaba estar inmóvil para
+meditar mejor. Creo que permanecí en aquella actitud más de media hora.
+
+Silencio profundo reinaba en la casa. Los dos esposos, casados el día
+antes, dormían sin duda el primer sueño de su tranquilo amor, no turbado
+aún por ninguna pena. No pude menos de traer a la memoria las escenas de
+aquellos lejanos días en que ella y yo jugábamos juntos. Para mí, era
+Rosita entonces lo primero del mundo. Para ella, era yo, si no lo
+primero, al menos algo que se ama y que se echa de menos durante
+ausencias de una hora. En tan poco tiempo, ¡cuánta mudanza!
+
+Todo lo que estaba viendo me parecía expresar la felicidad de los
+esposos y como un insulto a mi soledad. Aunque era invierno, se me
+figuraba que los árboles todos del jardín se cubrían de follaje, y que
+el emparrado que daba sombra a la puerta se llenaba inopinadamente de
+pámpanos para guarecerles cuando salieran de paseo. El sol era muy
+fuerte y el aire se entibiaba, oreando aquel nido cuyas primeras pajas
+había ayudado a reunir yo mismo cuando fui mensajero de sus amores. Los
+rosales ateridos se me representaban cubiertos de rosas, y los naranjos
+de azahares y frutas que mil pájaros venían a picotear, participando del
+festín de la boda. Mis meditaciones y mis visiones no se interrumpieron
+sino cuando el profundo silencio que reinaba en la casa se interrumpió
+por el sonido de una fresca voz, que retumbó en mi alma, haciéndome
+estremecer. Aquella voz alegre me produjo una sensación indefinible, una
+sensación no sé si de miedo o de vergüenza: lo que sí puedo asegurar es
+que una resolución súbita me arrancó de la puerta, y salí del jardín
+corriendo, como un ladrón que teme ser descubierto.
+
+Mi propósito era inquebrantable.
+
+Sin perder tiempo salí de Medinasidonia, decidido a no servir ni en
+aquella casa ni en la de Vejer. Después de reflexionar un poco,
+determiné ir a Cádiz para desde allí trasladarme a Madrid. Así lo hice,
+venciendo los halagos de Doña Flora, que trató de atarme con una cadena
+formada de las marchitas rosas de su amor; y desde aquel día, ¡cuántas
+cosas me han pasado dignas de ser referidas! Mi destino, que ya me había
+llevado a Trafalgar, llevome después a otros escenarios gloriosos o
+menguados, pero todos dignos de memoria. ¿Queréis saber mi vida entera?
+Pues aguardad un poco, y os diré algo más en otro libro.
+
+FIN DE TRAFALGAR
+
+Madrid, enero-febrero 1873.
+
+Benito Pérez Galdós; edición ilustrada por Enrique y Arturo Mélida
+
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 16961 ***