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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Juanita La Larga + +Author: Juan Valera + +Commentator: Paulino Garagorri, prologue + +Release Date: August 8, 2005 [EBook #16484] +[Date last updated: February 22, 2011] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK JUANITA LA LARGA *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + +JUAN VALERA + + + + +JUANITA LA LARGA + +PROLOGO DE PAULINO GARAGORRI + +SALVAT EDITORES, S.A. + +1982 Salvat Editores, S.A. +Impreso en: +Gráficas Estella, S.A. Estella (Navarra)-1983 +I.S.B.N. 84-345-8003-9 (obra completa) +I.S.B.N. 84-345-8011-X (tomo 8) +Depósito Legal: NA-40-1983 +Printed in Spain +Edición Integra especialmente autorizada +para BIBLIOTECA BÁSICA SALVAT + + + + +PROLOGO + + +Don Juan Valera no fue solamente novelista. Escribió mucho, Algo de +todo, según reza el título de uno de sus libros, y lo hizo a despecho de +vacilaciones y desengaños. «Varias veces me di ya por vencido, y hasta +por muerto; mas, apenas dejé de ser escritor, cuando reviví como tal +bajo diversa forma. Primero fui poeta; luego periodista; luego crítico; +luego aspiré a filósofo; luego tuve mis intenciones y conatos de +dramaturgo, y al cabo traté de figurar como novelista.... Bajo esta +última forma es como la gente me ha recibido menos mal; pero, aun así, +no las tengo todas conmigo.» Hoy, Valera es un autor clásico reconocido +en toda historia de nuestra literatura, pero la frase final de la cita +transcrita no es sólo fórmula de buena crianza para evitar la propia +ponderación, sino confidencia íntima de un hombre que ha corrido mucho +pero sin asiento ni rumbo seguro. Pues, además de tantear la carrera de +escritor, cultivando tan diversos géneros literarios, empeñó su tiempo +en otras profesiones. En su larga vida (muere cumplidos los ochenta y +uno) residió muchos años fuera de España--en Nápoles, Lisboa, Río, +Dresde, Moscú, Francfort, Washington, Bruselas, Viena--, con cargos +diplomáticos que le confería o retiraba el Gobierno según estuviese +regido por amigos o enemigos políticos. Y él quiso y logró intervenir +activamente en la política, como diputado en varias legislaturas, y aun +llegó a Subsecretario de Estado, pero por muy poco tiempo y al favor de +la Revolución de Septiembre de 1868, tan gloriosa como fugaz. Tenía, +además, algo de hacienda propia, heredada, en tierras de Córdoba, con lo +que a veces salía de apuros y otras se veía envuelto en obligaciones. +Casó ya cuarentón con una joven a la que doblaba en edad y cuyo +carácter resultó poco acordado a sus gustos. «Mi casa--escribe a un +amigo--es el rigor de las desdichas. No me ha valido la posición que +aquí tengo (de embajador, en Lisboa), los dineros, tal vez más de lo +conveniente, que gasto, ni nada, para que mi mujer esté alegre y +satisfecha y no me muela.... En suma, yo estoy archifastidiado. No se +case usted nunca. Razón tuvo la Iglesia católica en establecer el +celibato para los clérigos, y clérigos somos usted y yo» (Valera se +dirigía a Menéndez Pelayo). Su vida fue, pues, movediza, con paréntesis +y alternativas, y a los giros de la biografía personal hay que sumar los +grandes cambios que en la sociedad española le tocó presenciar y +compartir, desde el siniestro Fernando VII--nació en 1824--a las +frivolidades de don Alfonso XIII--muere en 1905--. Sufrió, además, +algunos pesares acerbos: la muerte de su hijo primogénito y predilecto, +cuando él estaba lejos y solo, en Washington; el caso de una distinguida +joven americana tan perdidamente enamorada, cuando él tenía cumplidos +los sesenta años, que se suicidó al abandonar Valera aquellas tierras. +Y, sin embargo, creo difícil hallar en toda la literatura castellana un +autor que pueda ofrecer tantas páginas risueñas, divertidas y penetradas +por un amor a la vida que anega las desventuras y limitaciones +inevitables en una comprensión optimista que, al cabo, valora más la +complacencia en lo realmente existente que en los defectos y ausencias +que se echan de menos. No es que don Juan Valera fuese hombre bondadoso +y contentadizo; por el contrario, sus dotes de crítico, su inteligencia +penetrante e irónica fueron superlativas, aunque embozadas, porque el +tiempo que le tocó vivir lo requería. Pero siempre el _panfilismo_--el +«amor a todo»--, como él decía, sobrenada en sus páginas. Y +principalmente en su labor, tardía, de novelista. + +Las novelas de Valera aparecen en dos etapas. En la primera, en los +cinco años que median entre 1874 y 1879, se publican _Pepita Jiménez_, +_Las ilusiones del doctor Faustino_, _El comendador Mendoza_, _Pasarse +de listo_ y _Doña Luz_, en una racha de excepcional intensidad; tenía +Valera por entonces entre cincuenta y cincuenta y cinco años, y en la +dedicatoria que antepuso a _El comendador Mendoza_ figuran las +confidencias que cité al comienzo. De haber continuado a ese aire, don +Juan Valera hubiese escrito tanto como Galdós--el más grande de los +novelistas españoles, y no sólo en cantidad--y su vida y su obra serían +otras. Mas, a pesar del esfuerzo del autor y de la benévola aceptación +del público, las cuentas domésticas no cuadraban, se acentuaba la +«escasez de metales preciosos» y, al amparo de otra oportunidad, Valera +volvió a la diplomacia. Son los años de Lisboa, Washington, Bruselas, +Viena. En Viena cumplirá los setenta años, pero al siguiente sale +Sagasta y entra Cánovas al Gobierno, y Valera se considero obligado a +dimitir del que sería su último cargo. Vuelto a Madrid, de nuevo se pone +seguidamente a escribir, o a dictar al amanuense cuando pierde la vista, +y continuará sin tregua hasta el fin de sus días. En esta última etapa, +su primer libro será, precisamente, Juanita la Larga (1895); luego +_Genio y figura_ (1897) y _Morsamor_ (1899), además de componer otros +varios libros, y aun otra novela, de edición póstuma e inacabada, _Elisa +la malagueña_. + +Las novelas fueron, pues, frutos tardíos en la vida de Valera y +resultado de dos etapas distantes y relativamente breves. Sin embargo, +su inspiración no procedía de factores azarosos ni circunstanciales. En +rigor, y salvando las excepciones que lo confirman, cabe decir que una y +otra vez Valera escribió y reescribió principalmente una sola novela, la +biografía de un determinado tipo de mujer, situada en un ambiente que no +procede de experiencias en tierras y con gentes extrañas, ni siquiera en +Madrid, sino el de su tierra natal, la ciudad de Cabra, y el municipio +próximo de Doña Mencía; en ambos lugares es donde sus padres tenían +alguna propiedad y él pasó en ellos su infancia y mocedad. Luego los +visitó poco, pero abrigó siempre el propósito de retirarse a Cabra solo +y con sus libros, a escribir y leer, y ocupar así sus postrimerías. Unas +estancias con ocasión de la vendimia, en torno al año 72, debieron +refrescarle emociones y sucesos vividos, y de ese renacimiento de +impresiones añejas salió precisamente la primera racha de sus novelas. +Para la segunda bastaron los recuerdos. Otro elemento se reitera +igualmente en sus novelas: el amor, difícil, entre el varón bastante +maduro y la mujer todavía en agraz. + +Entre las páginas más felices de Valera figuran las que título La +cordobesa, descripción y análisis precioso de la mujer de su tierra. +Pues bien, el héroe de sus novelas es precisamente una serie de +cordobesas a las que vemos vivir en el marco andaluz y lugareño que les +presta sus gracias y sus límites. Las novelas de Valera están llenas de +detalles, sin duda observados en la realidad, y no sólo detalles de +objetos y lugares, sino de gentes y aun personas reales. Sin embargo, +Valera, al explayarse en el plano teórico, solía insistir en los +ilimitados fueros de la fantasía y en la postura del arte por el arte. +Frente al naturalismo zolesco y frente a otros realismos más castizos, +estimaba que la novela no ha de recluirse en lo verosímil ni contener +una intención moralizante. Mediante esas afirmaciones amparaba, además, +a sus propias novelas, en las que presumía de libre invención y libres +de tesis. Pero, aludiendo en particular a Juanita la Larga, escribía: +«No sé si este libro es novela o no. Lo he escrito con poquísimo arte, +combinando recuerdos de mi primera mocedad y aun de mi niñez, pasada en +tal o cual lugar de la provincia de Córdoba. A fin de tener libre campo +en que fingir una acción, no determino el lugar en que la acción pasa e +invento uno, dándole nombre supuesto; pero yo creo que los usos y +costumbres, los caracteres, las pasiones y hasta los lances de mi relato +han podido suceder, naturalmente, y tal vez han sucedido, siendo yo, en +cierto modo, más bien historiador fiel y veraz que novelista rico de +imaginación y de inventiva. Si no fuese porque ahora está muy de moda +este género de novelas, copia exacta de la realidad y no creación del +espíritu poético, yo daría poquísimo valor a mi obra. No lo tiene +tampoco porque trate de demostrar una tesis metafísica, psicológica, +social, política o religiosa. Juanita la Larga no propende a demostrar +ni demuestra cosa alguna. Su mérito, si lo tuviese, ha de estar en que +divierta.» Y todavía agrega: «Mi libro puede considerarse como un espejo +o reproducción fotográfica de nombres y de cosas de la provincia en que +yo he nacido.» Es decir, que, al cabo, en esta obra de plena madurez, +reconoce el predominio de la vena realista, pero mantiene que en ella no +pretende demostrar nada oculto ni reservado. + +Y, sin embargo, la aventura reiteradamente encarnada en ese determinado +tipo de mujer que Valera, se complace en describir y animar constituye, +a mi entender, una tesis y su viviente demostración. Contra el pesimismo +y el determinismo propios del naturalismo, Valera nos mostrará un mundo +en el que la libre decisión y el optimismo alcanzan el triunfo. Todas +sus heroínas tienen algo grave--a los ojos de la sociedad de su +tiempo--que hacerse perdonar. Y lo que Valera nos muestra es, por así +decirlo, de lo que es capaz una mujer si tiene resolución y buenas +hechuras. Pobreza extrema y vileza de nacimiento cierran el horizonte +de Juanita, hija de Juana la Larga, y le prohíben, por ejemplo, vestirse +de seda, mas se trata de una criatura indómita y... el lector va a verla +actuar por sí mismo en las páginas que siguen, y no debo adelantarle las +sorpresas que le esperan. Pero Valera profesaba ciertamente la religión +del arte, y esa y otras tesis se hacen casi invisibles tras las +peripecias de los personajes y la prosa admirable que constituye su +sobrehaz y su atractivo. + +Es opinión compartida--a la que, en esta oportunidad, me sumo--que +_Juanita la Larga_ es la mejor entre las novelas que escribió Valera. La +multiplicidad de los personajes con relieve en la trama, sin mengua del +protagonismo de la heroína; las sucesivas transformaciones de la +situación, que sin interrupción reinician y amplían la historia; el +razonable reparto de bondad y malicia entre los que hacen el +papel--inevitable--de buenos y malos; la perfección que alcanzan algunos +de los clisés, ya ensayados por el autor en anteriores producciones, son +algunas de entre las razones que lo justifican, y a las que me cabe +aludir en las contadas líneas de este prólogo. + +_PAULINO GARAGORRI_ + + + + +I + + +Cierto amigo mío, diputado novel, cuyo nombre no pongo aquí porque no +viene al caso, estaba entusiasmadísimo con su distrito y singularmente +con el lugar donde tenía su mayor fuerza, lugar que nosotros +designaremos con el nombre de Villalegre. Esta rica, aunque pequeña +población de Andalucía, estaba muy floreciente entonces, porque sus +fértiles viñedos, que aún no había destruido la filoxera, producían +exquisitos vinos, que iban a venderse a Jerez para convenirse en +jerezanos. + +No era Villalegre la cabeza del partido judicial, ni oficialmente la +población más importante del distrito electoral de nuestro amigo; pero +cuantos allí tenían voto estaban tan subordinados a un grande elector, +que todos votaban unánimes y, según suele decirse, volcaban el _puchero_ +en favor de la persona que el gran elector designaba. Ya se comprende +que esta unanimidad daba a Villalegre, en todas las elecciones, la más +extraordinaria preponderancia. + +Agradecido nuestro amigo al cacique de Villalegre, que se llamaba don +Andrés Rubio, le ponía por las nubes y nos le citaba como prueba y +ejemplo de que la fortuna no es ciega y de que concede su favor a quien +es digno de él, pero con cierta limitación, o sea sin salir del círculo +en que vive y muestra su valer la persona afortunada. + +Sin duda, don Andrés Rubio, si hubiera vivido en Roma en los primeros +siglos de la era cristiana, hubiera sido un Marco Aurelio o un Trajano; +pero como vivía en Villalegre y en nuestra edad, se contentó y se +aquietó con ser el cacique, o más bien el César o el emperador de +Villalegre, donde ejercía mero y mixto imperio y donde le acataban todos +obedeciéndole gustosos. + +El diputado novel, no obstante, ensalzaba más a otro sujeto del +distrito, porque sin él no se mostraba la omnipotencia bienhechora de +don Andrés Rubio. Así como Felipe II, Luis XIV, el papa León X y casi +todos los grandes soberanos han tenido un ministro favorito y constante, +sin el cual tal vez no hubieran desplegado su maravillosa actitud ni +hubieran obtenido la hegemonía para su patria, don Andrés Rubio tenía +también su ministro que, dentro del pequeño círculo donde funcionaba, +era un Bismarck o un Cavour. Se llamaba este personaje don Francisco +López y era secretario del Ayuntamiento, pero nadie le llamaba sino don +Paco. + +Aunque había cumplido ya cincuenta y tres años, estaba tan bien +conservado que parecía mucho más joven. Era alto, enjuto de carnes, ágil +y recio, con poquísimas canas aún, atusados y negros los bigotes y la +barba, muy atildado y pulcro en toda su persona y traje, y con ojos +zarcos, expresivos y grandes. No le faltaba ni muela ni diente, que los +tenía sanos, firmes y muy blancos e iguales. + +Pasaba don Paco por hombre de amenísima y regocijada conversación, +salpicada de chistes con que hacía reír sin ofender mucho ni lastimar al +prójimo, y por hábil narrador de historias, porque conocía perfectamente +la vida y milagros, los lances de amor y fortuna y la riqueza y la +pobreza de cuantos seres humanos respiraban y vivían en Villalegre y en +veinte leguas a la redonda. + +Esto, en lo tocante al agrado. Para lo útil, don Paco valía más: era un +verdadero factótum. Como en el pueblo, si bien había dos licenciados y +tres doctores en Derecho, eran abogados _Peperris_, o sea, de secano, +todos acudían a don Paco, que rábula y jurisperito, sabía más de leyes +que el que las inventó, y los ayudaba a componer o componía cualquier +pedimento o alegato sobre negocio litigioso de algún empeño y cuantía. + +El escribano era un zoquete, que había heredado la escribanía de su +padre, y que sin las luces y la colaboración de don Paco apenas se +atrevía a redactar ni testamento, ni contrato matrimonial, de +arrendamiento o de compraventa, ni escritura de particiones. El alcalde +y los concejales, rústicos labradores, por lo común, a quienes don +Andrés Rubio hacía elegir o nombrar, le estaban sometidos y devotos, y +como no entendían de reglamentos ni de disposiciones legales sobre +administración y hacienda, don Paco era quien repartía las +contribuciones y lo disponía todo. Cuidaba al mismo tiempo de la +limpieza de la villa, de la conservación de las Casas Consistoriales y +demás edificios públicos y del buen orden y abastecimiento de la +carnicería y de los mercados de granos, legumbres y frutas; y era tan +campechano y dicharachero, que alcanzaba envidiable favor entre los +hortelanos y verduleras, quienes solían enviar a su casa, para su +regalo, según la estación, ya higos almibarados, ya tiernas lechugas, ya +exquisitas ciruelas claudias o ya los melones más aromáticos y dulces. + +El carnicero estaba con don Paco a partir un piñón, y de seguro que si +alguna becerrita se perniquebraba y había que matarla, lo que es los +sesos, la lengua y lo mejorcito del lomo no se presentaba en otra mesa +sino en la de don Paco, a no ser en la de su hija, de quien hablaremos +después. + +Asombrosa era la actividad de don Paco, pero distaba mucho de ser +estéril. Con tantos oficios florecía él y medraba que era una bendición +del Cielo, y aunque había empezado en su mocedad por no poseer más que +el día y la noche, había acabado por ser propietario de buenas fincas. +Poseía dos hazas en el ruedo, de tres fanegas la una. La otra sólo tenía +una fanega y cinco celemines; pero como allá en lo antiguo había estado +el cementerio en aquel sitio, la tierra era muy generosa y producía los +garbanzos más mantecosos y más gordos y tiernos que se comían en toda la +provincia, y en cuya comparación eran balines los celebrados garbanzos +de Alfarnate. Poseía también don Paco quince aranzadas de olivar, cuyos +olivos no eran ningunos cantacucos, sino muy frondosos y que llevaban +casi todos los años abundante cosecha de aceitunas, siendo famosas las +gordales, que él hacía aliñar muy bien, y que, según los peritos en esta +materia, sobrepujaban a las más sabrosas aceitunas de Córdoba, tan +celebradas ya en _La gatomaquia_ por el Fénix de los Ingenios, Lope de +Vega. + +Por último, poseía don Paco la casa en que vivía, donde no faltaban +bodega con diez tinajas de las mejores de Lucena, un pequeño lagar y una +candiotera con más de veinte pipas entre chicas y grandes. Para llenar +las pipas y las tinajas era don Paco dueño de un hermoso majuelo, que +casi tenía seis fanegas de extensión; y aunque su producto no bastaba, +solía él comprar mosto en tiempo de la vendimia, o más bien comprar uva, +que pisaba en el lagar de su casa. + +Era ésta de las buenas del pueblo, con corral donde había muchas +gallinas, y con patio enlosado y lleno de macetas de albahaca, brusco, +evónimo, miramelindos, dompedros y otras flores. + +Claro está que para las faenas rústicas del lagar, del trasiego del vino +y de la confección del aceite, hombres y bestias entraban por una +puertecilla falsa que había en el corral. En suma, la casa era tal y tan +cómoda y señoril, que si la hubiera alquilado don Paco, en vez de +vivirla, no hubiese faltado quien le diese por ella cuatrocientos reales +al año, limpios de polvo y paja, esto es, pagando la contribución el +inquilino. + +Menester es confesar que todo este florecimiento tenía una terrible +contra: la dependencia de don Andrés Rubio, dependencia de que era +imposible o por lo menos dificilísimo zafarse. + +Por útiles y habilidosos que los hombres sean, y por muy aptos para +todo, no se me negará que rara vez llegan a ser de todo punto +necesarios, singularmente cuando hay por cima de ellos un hombre de +voluntad enérgica y de incontrastable poderío a quien sirven y de cuyo +capricho y merced están como colgados. Don Andrés Rubio había, digámoslo +así, hecho a don Paco; y así como le había hecho, podía deshacerle. No +le faltarían para ello persona o personas que reemplazasen a don Paco, +repartiéndose sus empleos, si una sola no era bastante a desempeñarlos +todos con igual eficacia y tino. + +Don Paco tenía plena conciencia de lo que debía y de lo que podía +esperar y temer aún de don Andrés; de suerte que tanto por gratitud +cuanto por prudencia previsora, le servía con la mayor lealtad y celo y +procuraba complacerle siempre. Don Paco, sin embargo, no recelaba mucho +perder su elevada posición y su envidiable privanza. Además de contar +con su rarísimo mérito, estaba agarrado a muy buenas aldabas. + + + + +II + + +Viudo hacía ya más de veinte años, tenía una hija de veintiocho, que +había sido la más real moza de todo el lugar, y que era entonces la +señora más elegante, empingorotada y guapa que en él había, culminando y +resplandeciendo por su edad, por su belleza y por su aristocrática +posición, como el sol en el meridiano. Hacía ya diez años que ella había +logrado cautivar la voluntad del más ilustre caballero del pueblo, del +mayorazgo don Alvaro Roldán, con quien se había casado y de quien había +tenido la friolera de siete robustos y florecientes vástagos entre hijos +e hijas. + +El tal don Alvaro vivía aún con todo el aparato y la pompa que suelen +desplegar los nobles lugareños. Su casa era la mejor que había en +Villalegre, con una puerta principal adornada, a un lado y a otro, de +magníficas columnas de piedra berroqueña, estriadas y con capiteles +corintios. Sobre la puerta estaba el escudo de armas, de piedra también, +donde figuraban leones y perros, calderas, barcos y castillos y multitud +de monstruos y de otros objetos simbólicos que para los versados en la +utilísima ciencia del blasón daban claro testimonio de su antigüedad y +sublimidad de su prosapia. + +Decían las malas lenguas, y en los lugares nunca faltan, que don Alvaro +estaba atrasado, que tenía hipotecadas algunas de sus mejores fincas y +que debía bastante dinero; pero yo las supongo hablillas calumniosas, +porque él vivía como si nada debiese. Le servían muchos criados, +constantes unos y entrantes y salientes otros; y como era aficionadísimo +a la caza, no le faltaban una jauría de galgos, podencos y pachones, y +dos hábiles cazadores o escopetas negras, que solían acompañarle. + +En la casa había jardín, y además un desmesurado corralón, donde, para +mayor recreo y gala, no se encerraban sólo gallinas y pavos, sino, en +apartados recintos, venados y corzos traídos vivos de Sierra Morena, y +por último, amarrado a fuerte cadena de hierro, por temor a sus +travesuras y ferocidades, un enorme mono que había enviado de Marruecos +un capitán de Infantería, primo del señor. + +Doña Inés, que así se llamaba la hija de don Paco, venerada esposa de +don Alvaro Roldán, tenía también muchos costosos caprichos de varios +géneros. Se vestía con lujo y elegancia no comunes en los lugares; +sustentaba canarios, loros y cotorras; era golosísima y delicada de +paladar, y los mejores platos de carne y los almíbares más apetitosos se +comían en su mesa. El chocolate, que se elaboraba en su casa dos veces al +año, gozaba de nombradía en toda la comarca. + +Como don Alvaro Roldán estaba ausente más de la mitad del tiempo, ya +cazando conejos, perdices y liebres, ya en distantes monterías, ya en +las ferias más concurridas de los cuatro reinos andaluces, doña Inés se +quedaba sola, pero tenía para distraerse varios recursos, además de la +lectura de libros serios. + +Su criada favorita, llamada Serafina, era una verdadera joya, lo que se +llama un estuche. Sabía tocar la guitarra rasgueando y de punteo; +cantaba como una calandria, tanto las melancólicas playeras como el +regocijado fandango. Su memoria era rico arsenal o archivo de coplas, +tiernas o picantes, en que la casta musa popular no siempre merecía el +mencionado calificativo con que algunos la designaban. + +No se entienda por esto que doña Inés gustase de conversaciones libres y +escabrosas. Cuanto no era lícito y puro en el pensamiento y en la +palabra ofendía sus oídos de austera matrona; pero en un lugar hay que +sufrir tales libertades o hay que aparentar que no se oyen. El propio +don Alvaro no era nada mirado en el hablar, ni menos aún lo eran las +personas que le rodeaban. Valga para ejemplo cierto mozo, de unos quince +años de edad, hijo del aperador y favorito de don Alvaro, que este tenía +siempre en casa para que entretuviese a los niños. Como el aperador era +Calvo de apellido, al mozo le apellidaban Calvete. Y para que se vea lo +mucho que hubo de sufrir en ocasiones la pulcritud de doña Inés, he de +citar un caso que de Calvete me han referido. + +Antes que cumpliese dos años el primogénito de los Roldanes, logró +Calvete enseñarle a pronunciar con la mayor perfección cierto vocablo de +tres sílabas en que hay una aspiración muy fuerte. Encantado con su +triunfo pedagógico, corrió por toda la casa gritando como un loco: + +--¡Señor don Alvaro! ¡Ya lo dice claro! ¡El señorito lo dice claro! + +Doña Inés se disgustó y rabió, pero don Alvaro quedó más encantado que +Calvete y le dio en albricias un doblón de a cuatro duros, después que +el niño dijo delante de él la palabreja y él admiró el aprovechamiento y +la precocidad del discípulo y la virtud didáctica del maestro. + +Amigas tenía pocas doña Inés, porque casi todas las hidalguillas y +labradoras de la población estaban muy por bajo de ella en +entendimiento, ilustración, finura y riqueza. + +Quien más acompañaba, por consiguiente, en su soledad a la señora doña +Inés era el cacique don Andrés Rubio, embobado con el afable trato de +ella y cautivo de su discreción y de su hermosura. Daba esto ocasión a +que los maldicientes supusiesen y dijesen mil picardías. Pero ¿quién en +este mundo está libre de una mala lengua y de un testigo falso? ¿Cómo la +gente grosera de un lugar ha de comprender la amistad refinada y +platónica de dos espíritus selectos? El señor cura párroco era de los +pocos que verdaderamente la comprendían, y así encontraba muy bien +aquella amistad, y acaso daba gracias a Dios de que existiese, porque +redundaba en bien de los pobres y de la iglesia, a quien doña Inés y +don Andrés, puestos de acuerdo, hacían muchos presentes y limosnas. + +Era el cura párroco un fraile exclaustrado de Santo Domingo, muy severo +en su moral, muy religioso y muy amigo del orden, de la disciplina y del +respeto a la jerarquía social. Casi siempre en sus pláticas, en sus +conversaciones particulares y en los sermones, que predicaba con +frecuencia porque era excelente predicador, clamaba mucho contra la +falta de religión y contra la impiedad que va cundiendo por todas +partes, con lo cual los ricos pierden la caridad y los pobres la +resignación y la paciencia, y en unos y en otros germinan y fermentan +los vicios, las malas pasiones y las peores costumbres. + +El padre Anselmo, que así se llamaba el cura párroco, admiraba de buena +fe a la señora doña Inés como a un modelo de profunda fe religiosa y de +distinción aristocrática. Era el tipo ideal realizado de la gran señora, +tal como él se la imaginaba. Ni siquiera le faltaban a doña Inés +ocasiones en que ejercitar las raras virtudes del prudente disimulo para +no dar escándalos, de la santa conformidad con la voluntad de Dios y de +la longanimidad benigna para perdonar las ofensas. Bien sabía toda la +gente del lugar los malos pasos en que don Alvaro Roldán solía andar +metido. A menudo, sobre todo en las ferias, jugaba al monte y hasta al +cañé; y lo que es peor, era tan desgraciado o tan torpe, que casi +siempre perdía. Para consolarse apelaba a un lastimoso recurso: gustaba +de empinar el codo, y aunque tenía un vino regocijado y manso, siempre +era grandísimo tormento para una dama tan en sus puntos tener a su lado +y como compañero a un borracho. + +Por último, aquel empecatado de don Alvaro, aunque tenía tan egregia y +bella esposa, se dejaba llevar a menudo de las más villanas +inclinaciones, y en una o en otra de sus dos magníficas caserías alojaba +con mal disimulado recato a alguna daifa, por lo común forastera, que +había conocido y con quien había simpatizado, ya en esta feria, ya en la +otra. + +Como se ve, don Alvaro distaba mucho de ser un modelo de perfección. El +padre Anselmo no ignoraba sus extravíos, contribuyendo esto a hacer más +respetable a sus ojos a la prudente y sufrida señora. + +Era tal la distinción aristocrática de doña Inés, que, sin poder +remediarlo, hasta en su padre encontraba cierta vulgar ordinariez que la +afligía no poco; pero como doña Inés tenía muy presentes los +mandamientos de la Ley de Dios y los observaba con exactitud rigurosa, +nunca dejaba de honrar a su padre como debía, si bien procuraba honrarle +desde lejos y no verle con frecuencia, a fin de no perder las ilusiones. + +En suma, don Andrés el cacique era la única persona que por naturaleza +estaba a la altura de doña Inés y era capaz de comprenderla y admirarla. +Y digo por naturaleza, porque el padre Anselmo, aunque por naturaleza +era entendido, estaba, además, tan ayudado y tan ilustrado con la gracia +de Dios, que comprendía como nadie el valor y las excelencias de doña +Inés, y era muy digno de su trato familiar, teniendo con ella +piadosísimos coloquios, en los cuales se desataba contra la abominable +corrupción de nuestro siglo y contra la blasfema incredulidad que +prevalece en el día y que se va apoderando de todos los espíritus. + + + + +III + + +Sin el menor artificio he presentado ya a mis personajes, a varios de +los personajes principales que han de figurar en la presente historia; +pero me quedan dos todavía, de los cuales conviene dar previamente +alguna noticia. + +Don Paco, según hemos dicho, era un hombre enciclopédico, de varias +aptitudes y habilidades; la mano derecha del cacique y la subordinada +inteligencia que hacía que en el lugar la soberana voluntad del cacique +se respetase y cumpliese. + +Había, sin embargo, en Villalegre otra persona, que en más pequeña +esfera y en más reducidos términos, si no competía, se acercaba mucho al +mérito de don Paco por la multitud de sus conocimientos y habilidades y +por lo hacendosa y lista que era. + +Hablo aquí de la famosísima Juana la Larga. Imposible parece que esta +mujer atinase a hacer bien tantas cosas diversas. Ella trabajaba mucho, +pero no se ha de negar que con fruto. Tenía casa propia, sin lagar y sin +bodega, pero en lo restante casi tan buena como la de don Paco. Carecía +de olivares y de viñas, pero había hecho algunos ahorrillos, que, según +la voz pública, pasaban de doce mil reales, y que iban creciendo como la +espuma, porque los tenía dados a rédito a personas muy de fiar, y al +diez por ciento al año, porque como era mujer muy temerosa de Dios, de +muy estrecha conciencia y muy caritativa, no quería pasar por usurera. + +En sus diferentes oficios, Juana la Larga ganaba por término medio, y +según los cálculos más juiciosos, sobre ocho reales al día, o dígase +cerca de tres mil cada año. Y esto sin contar las adehalas, propinas, +regalos y obsequios que recibía a menudo. Bien es verdad que todo y más +se lo merecía ella. + +Nadie era más a propósito para dirigir una matanza de cerdos. Salaba los +jamones con singular habilidad. El adobo con que preparaba los lomos +antes de freírlos en manteca era sabroso y delicadísimo, y teñía la +manteca de un rojo dorado que hechizaba la vista, daba delicado perfume +y despertaba el apetito de la persona más desganada cuando entraba por +sus narices y por sus ojos. Sus longanizas, morcillas, morcones y +embuchados dejaban muy atrás a lo mejor que en este género se condimenta +en Extremadura. Y tenía tan hábil mano para todo que hasta cuando +derretía las mantecas sacaba los más saladitos y crujientes chicharrones +que se han comido nunca. Así es que los labradores ricos y otras +personas desahogadas y de buen gusto se disputaban a Juana la Larga para +que fuese a la casa de ellos a hacer la matanza. + +En lo tocante a repostería no era nada inferior; y casi todo el año, y +particularmente en tres solemnes épocas, no sabía ella cómo acudir a las +mil partes adonde la llamaban: antes de Pascua de Navidad, a fin de +confeccionar las chucherías y delicadezas que las personas pudientes y +sibaríticas suelen entonces mandar hacer para su regalo; por ejemplo, +los hojaldres y las célebres empanadas con boquerones y picadillo de +tomate y cebolla que se toman por allí con el chocolate. Hacía, también, +como nadie, tortillas de azúcar y polvorones que se dejaban muy atrás a +los tan encomiados de Morón; roscos de huevo y de vino, y mucha variedad +de bizcochos y de almíbares. + +Si Juana no hubiera sabido tanto de otras cosas, se hubiera podido +asegurar que era una especialidad maravillosa para las frutas de sartén; +de modo que en los días que preceden a la Semana Santa no daba paz a la +mano ni a la mente, acudiendo a las casas de los hermanos mayores de las +cofradías para hacer las esponjosas hojuelas, los gajorros y los +exquisitos pestiños, que se deshacían en la boca y con los cuales se +regalaban los apóstoles, los nazarenos, el santo rey David y todos los +demás profetas y personajes gloriosos del Antiguo y del Nuevo Testamento +que figuraban en las deliciosas procesiones que por allí se estilan. + +No estaba ociosa Juana ni carecía de conveniente habilidad para +emplearla en la estación de la vendimia. Sus arropes no tenían rival en +toda aquella provincia, y lo mismo puede decirse de sus excelentes +gachas de mosto. En otoño, por ser cuando se dan los mejores frutos, se +castran las colmenas y está fresca la miel, se empleaba Juana en hacer +carne de membrillo y de manzana, gran variedad de turrones y legítimo y +esponjado piñonate, cuyos gruesos y dorados granos quedaban ligados con +la olorosa miel bien batida. + +Fuera de esto, Juana se pintaba sola para disponer cualquier pipiripao o +banquete que debía o quería dar algún señor del pueblo, ya con ocasión +de boda o bautizo, ya para obsequiar al diputado, al señor gobernador o +al propio obispo si venía a visitar la villa. + +Y no se crea que Juana sabía sólo hacer los guisos locales, sino que +también había importado y añadido a la cocina indígena no pocos platos +forasteros de más o menos remotos países, entre las cuales platos o +manjares descollaban los celebérrimos bizcochos de yema, que sólo hacían +unas monjas de Ecija, de cuyo secreto tradicional no se comprende por +qué arte o maña prodigiosa ella había sabido apoderarse. Confeccionaba, +por último, varios platos de origen francés, cuyos nombres enrevesados +habían venido a modificarse poniéndose de acuerdo con la pronunciación +española. Así, por ejemplo, chuletas a la _balsamela_, lenguados +_inglatines_ y angulas fritas con salmorejo tártaro. + +No era todo esto lo más admirable. Lo más admirable era que Juana, sobre +ser la más sabia cocinera y repostera del lugar, era también su primera +modista. + +Casi siempre tenía una o dos oficialas que cosían para ella, y ella +cortaba vestidos con tanto arte y primor como Worth o la Doucet en la +capital de Francia. + +Las señoras y señoritas más pudientes y aficionadas al lujo acudían, +pues, a Juana para sus trajes de empeño, cuando había que lucirlos ya en +una boda, ya en una feria o ya en el baile que solía darse en las +Consistoriales el día del Santo Patrón. + +Juana, por último, no era sólo sabia y operosa en las artes del deleite, +sino que ejercía también, aunque no estaba examinada ni tenía título, un +menester o profesión de la más alta importancia social. + +Era peritísima y agilísima para ayudar a cualquier mujer en los más +duros trances de Lucina, y muchas se confiaban y se entregaban a ella, +porque jamás se le había desgraciado ninguna criatura, y porque la madre +como no fuese muy enclenque, a los seis o siete días de salir de su +cuidado estaba ya en pie, y a menudo iba a misa, y si se presentaba la +ocasión bailaba el bolero. + +Con todas estas habilidades y excelencias, Juana la Larga no podía menos +de ser querida y estimada en Villalegre, consiguiendo que su severa y +más alta sociedad o _high-life_ le hubiese perdonado un desliz o +tropiezo que tuvo en sus mocedades. + + + + +IV + + +En el momento en que va a empezar la acción de esta verdadera historia, +Juana tendría unos cuarenta años muy cumplidos, si bien conservaba aún +restos de su antigua belleza, que había sido notable cuando ella tenía +veinte años; pero como entonces era muy pobre y no había descubierto ni +mostrado sus grandes habilidades, no encontró, a pesar de su mérito, +novio que le acomodase, y tuvo que permanecer soltera. + +A lo que se cuenta, cierto oficial de Caballería que vino por aquellos +lugares a comprar caballos para la Remonta, y que era guapísimo y muy +gracioso y divertido, se enamoró de Juana y logró enamorarla. No se sabe +si le dio palabra de casamiento o no se la dio; pero lo cierto es que el +bueno del oficial tuvo que irse a la guerra civil, que ardía en las +Provincias Vascongadas, y allí le mató una bala carlista, que le +agujereó el cráneo y se le entró en los sesos. + +Juana quedó, pues, semiviuda. Póstuma o no póstuma, tuvo una niña +preciosa, a quien dieron en la pila bautismal el mismo nombre que a su +madre. El vulgo añadió después al nombre el mismo epíteto, por donde +esta niña, que será la principal heroína de nuestra historia, vino a ser +apellidada Juanita la Larga. + +Su madre la crió con gran cariño y esmero, sin recatarse y sin disimular +que ella era su hija, lo cual hubiera sido en aquel lugar, donde todo se +sabía, el más inútil de los disimulos. Juana crió, pues, a sus pechos a +Juanita; siempre la llamaba hija, y Juanita desde que empezó a hablar, +llamaba a Juana madre a boca llena. + +Esto era considerado como una gran desvergüenza entre las personas +severas del lugar, que clamaban contra el escándalo y mal ejemplo; pero +poco a poco todos se fueron acostumbrando, y al cabo de algunos años +nada parecía más natural ni más justo sino que Juanita fuese hija de +Juana, a la cual no faltaron tampoco defensores, ya razonables, ya +fervorosos, que alababan el cariño y la devoción maternal de la madre a +la hija, y que cuando eran algo maldicientes no dejaban de comparar a +Juana con otras que pasaban por honradísimas y que hasta tenían la +insolencia de presumir de casi santas. De ellas se murmuraba, con más o +menos fundamento, que habían tenido también fruto, y no de bendición, +del cual se habían desprendido o enviándole a la Inclusa o sabe Dios o +el diablo de qué otra manera. + +El epíteto de Larga dado a Juanita no era sólo por herencia; sino que +era también por conquista. + +Juanita, a los diecisiete años, había espigado tanto, que era la moza +más alta y más esbelta que había en el lugar. Algo de la sangre belicosa +del oficial de Caballería se había infundido en ella, y la crianza libre +y hombruna que había recibido había desarrollado su agilidad y sus +bríos. Cuando andaba tenía un aire marcial, al par que gracioso; corría +como un gamo; tiraba pedradas con tanto tino que mataba los gorriones, y +de un brinco se plantaba sobre el lomo del mulo más resabiado o del +potro más cerril. Y no a horcajadas, porque esto no lo consentía su +decoro y su estética natural e inconsciente, sino sentada, lo cual es +más difícil; hacía trotar y galopar a la bestia, espoleándola con los +talones o azotándola con el extremo del ronzal o de la jáquima, cuando +la tenía y no iba a pelo, sin brida ni rienda de ninguna clase. + +Los primeros años de la mocedad de Juanita habían sido dificultosos, +porque su madre no había alcanzado aún la extraordinaria reputación de +que después gozaba, no tenía el bienestar y la riqueza de que ya hemos +hablado. + +Juanita no fue nunca a la miga, pero su madre le enseñó a coser y a +bordar primorosamente; y el maestro de escuela, que le tomó mucho +cariño, la enseñó a leer y a escribir gratis en sus ratos de ocio. + +Desde que tuvo nueve años, Juanita fue de grande auxilio a su madre, que +hasta mucho más tarde no se dio el lujo de tener una sirvienta. + +Juanita barría y aljofifaba, fregaba los platos, enjalbegaba algunos +cuartos y la fachada de la casa, que era la más limpia de la población, +y hasta agarraba su cantarillo e iba por agua a la milagrosa fuente del +ejido, cuyo caño vertía un chorro tan grueso como el brazo de un hombre +robusto, siendo tal la abundancia del agua, que con ella se regaban +muchísimas huertas y se hacían frondosos, amenos y deleitables los +alrededores de Villalegre, contribuyendo no poco a que la villa +mereciese este nombre. + +El agua, además, era exquisita por su transparencia y pureza, como +filtrada por entre rocas de los cercanos cerros, y tenía muy grato sabor +y muy saludables condiciones. La gente del pueblo le atribuía, por +último, algunas prodigiosas cualidades, calificándola de muy _vinagreta_ +y de muy _triguera_. Quería significar con esto que el arriero que +compraba en Villalegre vinagre de yema, por lo común muy fuerte, llenaba +sólo dos tercios de la cavidad de la corambre, y la acababa de llenar +por la mañana temprano, antes de emprender su viaje, mitigando y +suavizando con el agua de la fuente la fortaleza y acritud del líquido, +y ganándose así, desde luego, un treinta y tres por ciento, aunque +vendiese el vinagre al mismo precio en que lo había comprado. + +Era también _triguera_ el agua de la fuente, porque sus raras cualidades +consentían, aunque era difícil operación y que debía hacerse con gran +sigilo, que valiéndose de una escoba de palma enana, se rociase con ella +el trigo que se iba a vender, dejándolo expuesto al sol para que se +secase. Así el trigo recibía mejor sabor, y aunque por fuera quedaba +seco, guardaba por dentro algo del líquido, y se esponjaba y crecía en +peso y en volumen. + +Todavía esta fuente tenía otro mérito y prestaba otro notable servicio, +porque, además de un gran pilar en que iban a beber y bebían todas las +bestias de carga y de labor y los toros, vacas y bueyes, y además de +otro pilar bajo, que solía ser abrevadero del ganado lanar y de cerda, +llenaba con sus cristalinas ondas un espacioso albercón cercado de muros +que lo ocultaban a la vista de los transeúntes, adonde iban las mujeres +a lavar la ropa, remangadas las enaguas hasta los muslos y metidas en el +agua hasta la rodilla, como por allí es uso, aun en el rigor del +invierno. Frondosos y gigantescos álamos negros y pinos y mimbreras +circundan la fuente y hacen aquel sitio umbrío y deleitoso. Al pie de +los mejores árboles hay poyos hechos de piedra y de barro y cubiertos de +losas, en los cuales suelen sentarse los caballeros y las señoras que +salen de paseo. Casi todas las tardes se arma allí tertulia y grata +conversación, siendo los más constantes el escribano, el boticario, +nuestro don Paco y el señor cura, quien al toque de oraciones recita el +_Angelus Domini_, al que responden todos quitándose el sombrero y +santiguándose y persignándose. + +En torno del pilar charlan las mozas que vienen por agua, cada cual con +su cantarillo, y suelen hacer el papel de Rebecas con cuantos arrieros +Eliezeres acuden allí para que beban, si no sus camellos, sus muías y +sus borricos. También al lado y dentro del albercón, y a poca distancia +de él, donde hay un vallado o seto vivo de zarzamoras, granados y +madreselvas, que limita y defiende las huertas, y sobre el cual seto se +pone a secar la ropa lavada, se extiende y dilata la tertulia +democrática y popular con mucha charla, risotadas, jaleos y retozos, +pues no faltan nunca zagalones y hasta hombres ya maduros que acuden por +allí atraídos por las muchachas, como acuden los gorriones al trigo. + + + + +V + + +Juana la Larga, según queda indicado, gracias a su constante actividad, +buen orden y economía, en todo lo cual su hija la ayudaba con +inteligencia y celo, había mejorado de posición y de fortuna. Tenía una +criada muy trabajadora, que barría y fregaba, y bajo la dirección de las +señoras guisaba también, dejando a estas el tiempo libre para ejercer +sus lucrativos oficios. El oficio principal de Juanita era coser y +bordar, para lo cual había desplegado aptitud superior a la de su madre. + +Juanita no tenía que emplearse en más bajas ocupaciones. Sin embargo, +ora fuese por candorosa coquetería, o sea por deseo de lucir la +gallardía de su persona, deseo de que no se daba cuenta, ora porque +Juanita necesitase del ejercicio corporal y de mostrar y desplegar la +energía de su sana naturaleza, Juanita, aun cumplidos ya los diecisiete +años, gustaba de ir por agua a la fuente del ejido, allanándose a veces, +a pesar de la desahogada posición de su madre y de ella, a ir al +albercón a lavar alguna ropa, cuando la ropa era fina y temía ella, o +aparentaba temer, que manos más rudas que las suyas la estropeasen. + +La verdad era que esto de ir al albercón y a la fuente, más que fatiga +era recreo y solaz para Juanita, la cual divertía a las otras muchachas +con sus agudos dichos y felices ocurrencias, las hacía reír a casquillo +quitado y gozaba de popularidad y favor entre ellas. + +Era ya Juanita una guapa moza en toda la extensión de la palabra. Las +faenas caseras no habían estropeado sus lindas y bien torneadas manos, y +ni el sol ni el aire habían bronceado su tez trigueña. Su pelo negro, +con reflejos azules, estaba bien cuidado y limpio. No ponía en él ni +aceite de almendras dulces ni blandurilla de ninguna clase, sino agua +sola con alguna infusión de hierbas olorosas para lavarlo mejor. Lo +llevaba recogido muy alto, sobre el colodrillo, en trenza, que, atada +luego, formaba un moño en figura de dos triángulos equiláteros, que se +tocaban en uno de los vértices. + +Como Juanita decía que «cabeza loca no quiere toca», casi siempre iba a +la fuente sin pañuelo en la cabeza, luciendo así el primor y la +pulcritud de su peinado y dejando ver lo bien plantada que estaba la +cabeza sobre su airoso cuello, sólo sombreado por algunos ricillos +menudos que se sustraían a la cautividad en que tenía el moño los más +largos cabellos. Por delante, recogido el pelo, dejaba ver la tersa +frente, recta y chiquita, y sobre las sienes tenía grandes rizos +sostenidos con horquillas que llaman por allí _caracoles_, por debajo de +los cuales había una suave patillita, que no fijaba contra la cara con +zaragatona o pepitas de membrillo, como hacen otras muchachas, sino que +dejaba flotar libremente en vagas sortijas o más bien alcayatas donde +colgar corazones. + +La misma libertad en que se había criado, y el constante ejercicio +corporal, ya en útiles faenas, ya en juegos más de muchacho que de niña, +habían hecho que Juanita, aunque no tenía la santa ignorancia ni había +vivido con el recogimiento que recomiendan y procuran otras madres +celosas, no hubiese pensado todavía en cosas de amor. Era buscada, +requebrada y solicitada por no pocos mozos; pero, brava y arisca, sabía +despedir huéspedes, imponer respeto y tener a raya a los más atrevidos. + +Sólo se le conocía una inclinación que desde la niñez persistía en ella +con constancia; pero esta inclinación, al menos por su parte, más que de +afecto amoroso tenía trazas de fraternal cariño. Quien lo inspiraba, +compartiéndolo sin duda por menos inocente estilo, era Antoñuelo, el +hijo del maestro herrador y sobrino del cacique, quien tenía en el lugar +muy humilde parentela. + +Antoñuelo era un mocetón gentil y robusto, muy simpático, aunque de +cortos alcances, y decidido para todo, y singularmente para admirar a +Juanita, a quien consideraba y respetaba, sometiendo a ella toda su +voluntad como por virtud de fascinación o de hechizos. + + + + +VI + + +Entregado don Paco a sus constantes y diversos quehaceres, no o no había +pensado en casarse por segunda vez, sino que nunca había tenido +amoríos, o, al menos, si alguno había tenido, había sido con tan +maravilloso recato, que nadie se había enterado de ello en Villalegre, +lo cual es una inverosimilitud extraordinaria, porque en aquel lugar +apenas había persona, y menos aún si era de tanta importancia y viso +como don Paco, que pudiera hacer o decir cosa alguna que no se supiese. +Hasta los mismos pensamientos se adivinaban allí, se divulgaban y se +comentaban, como el pensador no pensase con mucho disimulo y muy para +dentro. Debemos, pues, creer que don Paco no había tenido amoríos, a no +ser muy efímeros y livianos, y que ni siquiera, durante su larga viudez, +había pensado en semejante cosa. + +Tenía, sin embargo, notable aptitud y tino para conocer y admirar la +belleza femenina, y hacía ya meses que, casi sin reparar en ello y muy +involuntariamente, cuando estaba de tertulia con el escribano y el +boticario y con otros señores en los poyos que había junto a la fuente, +sus ojos se fijaban con amorosa delectación en Juanita la Larga, que aún +solía venir a llenar su cántaro y a estar allí de charla con las otras +muchachas mientras que le llegase su turno. + +Indudablemente, don Paco había empezado a sentir hacia Juanita viva +inclinación, que era difícil de dominar; pero se le pasó bastante tiempo +sin dar muestra exterior de que la sentía, anhelando acaso ocultársela a +sí mismo por razones que él se daba. + +Fundado en la propia modestia, que le hacía formar un pobre concepto de +su persona, hallaba que con sus cincuenta y tres años, treinta y seis +más que Juanita, no podía ya enamorar a la muchacha, la cual o +desdeñaría su cariño o sólo por interés se movería a correspondele. +Pensaba luego que Juanita, aunque en aparente libertad, estaba muy +vigilada por su madre, y como madre e hija vivían con cierto desahogo, +no era de presumir que, si él tuviese intenciones pecaminosas, ellas +cediesen, sino que en todo caso cederían _in facie Ecclesiae_ y llevando +al cura por delante. + +La idea de casamiento aterrorizaba a don Paco, y no porque en absoluto +le repugnase estar casado, sino porque su hija, la señora doña Inés, le +inspiraba un entrañable cariño, mezclado de terror, y porque ella era +tan imperiosa como brava, y sin duda se pondría hecha una furia del +Averno si su padre le diese madrastra, sobre todo de tan ruin posición, +y si a los siete nietos que ella le había dado, y a los que calculaba +que podrían venir todavía persistiendo ella en su actitud productora, +quitase él la esperanza de heredar el majuelo, el olivar y la casa, y de +gozar en vida suya de no poco de lo que él fuese granjeando con sus +varias artes. Temblaba don Paco de incurrir en el enojo de su hija, y +aunque temblaba principalmente por el mismo enojo, no dejaba de recelar +sus malas consecuencias. + +Bien conocía él que no había en el lugar una persona, ni varias juntas, +que pudieran reemplazarle con éxito en sus diferentes empleos; pero el +mundo no estaba yermo ni falto de hombres de Estado rústicos, los cuales +podrían buscarse y traerse de fuera del lugar para que a él le +reemplazaran. Y bien conocía también que su hija era punto menos que +omnipotente, porque tenía subyugadas ambas potestades, la temporal y la +espiritual. + +El padre Anselmo la tenía por una santa y por una doctora, y cuanto ella +decía era para él, sin poderlo remediar, un legítimo corolario de los +Evangelios y de las Epístolas. El padre Anselmo sería capaz de +excomulgar a quien ella le mandase. Y en lo tocante al brazo secular, +era evidentísimo que doña Inés le tenía sujeto a sus caprichos y que +aplastaría con todo su peso a quien ella quisiese. + +Don Paco, en esta disposición de ánimo, razonablemente motivada, aunque +no hemos de negar que él era dulce, pacífico y algo débil de carácter, +adelantaba en su imaginación los casos futuros, y presuponiéndose ya +prendado de Juanita, declarado y aceptado, veía un tropel de males que +salían del corazón enfurecido de doña Inés como de nueva caja de +Pandora. + +Pesaban tanto en su espíritu estas consideraciones, que, notando que su +afición oculta iba creciendo, procuraba, o más bien se proponía huir de +la vista de Juanita, no pasar por su calle para no verla en el portal o +asomada a la ventana; y no ir a la tertulia de los poyetes, bajo los +álamos, para no tener que admirarla cuando charlaba con las demás +zagalonas o con los mozos en la fuente del ejido, o cuando subía o +bajaba gallardamente, con el cántaro apoyado en la cadera, por la +cuestecilla que se extiende desde la fuente hasta el lugar. + +A pesar de sus prudentes propósitos de retraimiento, una fuerza, al +parecer superior a su voluntad, le llevaba a veces a pasar por delante +de la casa de Juanita más de lo que era necesario, a ir a la iglesia +cuando él sabía que iba a ella con su madre a misa o a sus devociones, y +a acudir a la tertulia de los poyetes casi todas las tardes. + +Para Juanita, que se había pasado todo el día cosiendo y bordando en +casa, era pretexto solaz o de paseo el ir casi al anochecer a la fuente +por agua. Su madre encontraba que en la posición algo señoril, +desahogada y decorosa en que ya imaginaba hallarse, y atendido el +desenvolvimiento físico de Juanita, que había llegado a transformarse de +muchachuela en una magnífica y real moza, no estaba bien y era darse +poquísimo tono el ir por agua a la fuente como la más plebeya y humilde +pelafustana. Pero a Juanita le divertía este ejercicio, y tenía una +voluntad indómita. A las observaciones que su madre le hacía daba oídos +de mercader; acariciaba a su madre para vencer su oposición y disipar su +disgusto, y seguía yendo a la fuente a pesar de todas las observaciones. + + + + +VII + + +Una tarde del mes de mayo, Juanita se entretuvo en la fuente en larga y +alegre conversación con otras muchachas. + +Ya anochecido subía con su cántaro lleno por la cuesta, que en aquel +momento estaba sola. + +La tertulia de los poyetes solía, en primavera y en verano, durar hasta +las ánimas, hora en que los tertulianos se retiraban para cenar y +acostarse. + +Aquel día don Paco había estado haciendo esfuerzos o, como si dijéramos, +gimnasia con su voluntad para no ir a la tertulia y ver a Juanita. La +lucha entre su voluntad razonable y su inclinación había durado +bastante. Al fin, la voluntad sometida llevó, aunque tarde, a la +tertulia de los poyetes a toda la persona de don Paco. + +La pícara casualidad hizo que al bajar don Paco subiese Juanita, según +hemos dicho. + +Era ya de noche. El cielo estaba despejado, pero sin luna. Las +estrellas, si resplandecían en el éter infinito, vertían muy débil luz +sobre la tierra. Acrecentaban la oscuridad, en el punto en que ambos se +encontraron, algunos frondosos árboles que allí había y el alto vallado +de zarzamoras y de otros arbustos que se extendía a un lado y a otro por +casi todo el camino. + +Juanita era muy distraída e iba además pensando en sus travesuras de +muchacha. Don Paco era también distraído. El mismo no sabía en qué +estaba pensando. Era, además, algo corto de vista. + +Lo cierto es que no repararon uno en otro al venir en opuestas +direcciones, ni oyeron el ruido de los pasos. Chocaron, pues, y se +dieron un buen empellón. + +--Caramba, hombre--dijo Juanita--, mire usted por dónde va y no camine a +ciegas; por poco me tira el cántaro. + +Don Paco, que conoció a Juanita por la voz, contestó con mucha dulzura: + +--¡Perdona, hija mía! ¿Te he hecho daño? Ella, que también conoció a don +Paco en seguida, replicó riendo: + +--¿Qué daño me ha de haber hecho usted? Pues qué, ¿soy yo acaso de +alfeñique? + +--No, hija. Bien sólida y firme me pareces. Si en algo eres de +alfeñique, no es por lo quebradiza, sino por lo dulce.--Entonces seré +turrón de Alicante: dulce, pero duro. + +--Y vaya si me ha parecido duro. + +--Si advirtió usted dureza, hablará sólo de su dulzura por adivinanza. + +--Pues qué, ¿no podría yo probarla? + +--Ya está usted viejo, don Paco, y no podría meterle el diente. + +--Pues te equivocas, que yo no estoy tan viejo, y tengo los dientes tan +cabales y fuertes, que si se tratase de mordiscos, hasta en una piedra +los daría. Pero yo no quiero emplear contigo sino más blandas y amorosas +demostraciones. + +--¡Ea, quite usted allá, señor don Paco! ¿Qué demostraciones ha de hacer +usted, si puede ser mi abuelo? + +Y como don Paco seguía plantado delante atajándole el camino, Juanita +continuó: + +--Vamos, déjeme usted pasar. Si parece usted un espantajo. ¿Qué diría la +gente si le ve y le oye hablar aquí y requebrar en la oscuridad a una +mocita? Capaz será de decir que ha perdido usted la chaveta y que no +sirve para secretario del Ayuntamiento y consejero de don Andrés. + +Don Paco se apartó entonces y dejó pasar a Juanita; pero en vez de +dirigirse hacia la fuente, se volvió, siguiéndola, hacia el lugar. + +--¿Qué hace usted, señor? ¿Por qué no va a su tertulia? Todavía están en +los poyetes el señor cura, el boticario y el escribano. Váyase usted a +hablar con ellos. + +--Ya es tarde, pronto se volverá y desisto de ir hasta allí. Prefiero +volver charlando contigo. + +--¿Y de qué hemos de charlar nosotros? Yo no sé decir sino tonterías. No +he leído los libros y papeles que usted lee, y como no le hable de los +guisos que mi madre hace o de mis bordados y costuras, no sé de qué +hablar a su merced. + +--Hablame de lo que hablas a Antoñuelo cuando estás con él de palique. + +--Yo no sé lo que es palique, ni sé si estoy o no estoy a veces de +palique con Antoñuelo. Lo que sé es que yo no puedo decir a su merced +las cosas que a él le digo. + +--¿Y qué le dices? + +--¡Pues no quiere usted saber poco! Ni el padre Anselmo, que es mi +confesor, pregunta tanto. + +--Algo de muy interesante y misterioso tendrá lo que dices a Antoñuelo, +cuando ni al padre Anselmo se lo confiesas. + +--No se lo confieso porque no es pecado, que si fuera pecado se lo +confesaría. Y no se lo cuento tampoco, porque a él no le importa nada, y +a usted debe importarle menos que a él. + +A todo esto, como iban a buen paso ambos interlocutores, habían ya +subido la cuesta y se hallaban en el altozano, a la entrada del lugar, +donde están la iglesia parroquial y las primeras casas. + +--Déjeme su merced ahora--dijo Juanita--y no venga, con perjuicio de su +autoridad, acompañando a una chicuela que lleva un cántaro. ¡Pues no se +enojaría poco la señora doña Inés, que tiene tantos humos, si viese a su +señor padre sirviendo de escolta, no a una princesa como ella, sino a +una pobrecita trabajadora! + +--¿Qué había de decir? Diría que yo te estaba encomendando algún +trabajo. + +--No es ésta hora ni ocasión para eso, y, por otra parte, no es a mí, +sino a mi madre, a quien los trabajos se encargan. Acuda usted a ella si +algo quiere encargar. + +Y diciendo esto, apresuró el paso, hizo a don Paco un gesto imperativo, +marcándole la calle por donde debía irse y ella se fue por otra que +formaba ángulo recto con la que don Paco debía seguir. + + + + +VIII + + +Mucho caviló don Paco sobre aquel diálogo, midiendo e interpretando la +palabras de Juanita. + +Le había llamado abuelo, pero con amable risa. Todos los hombres, +abuelos y nietos, solemos prometérnoslas felices y casi siempre nos +inclinamos a dar la más favorable interpretación a cuanto dicen las +mujeres que pretendemos. + +No se podía dudar, por ser cuestión de una ciencia tan exacta como la +aritmética, que él hubiera podido ser el abuelo de Juanita. Don Paco +hacía este cálculo: + +--Yo tengo cincuenta y tres años. De diecisiete a cincuenta y tres van +treinta y seis; a los diecinueve años bien pude yo haber tenido una +hija, y esta hija bien pudo haberse casado y tener a Juanita a los +diecisiete. + +Después sumaba don Paco: + +--Diecinueve más diecisiete, más otros diecisiete que tiene Juanita +ahora, son cincuenta y tres, que es mi edad; luego muy descansadamente +pudiera ser yo el abuelo de esa pícara muchacha. _Eppur_, _si +muove_--proseguía, pues era hombre erudito hasta cierto punto, sabía un +poco de italiano porque había oído cantar muchas óperas y conocía las +palabras que se atribuyen a Galileo, así como varias otras sentencias +expresadas en la lengua de Dante; verbigracia: _Chi va piano, va sano e +va lontano_. + +La primera sentencia, aplicada a su situación, quería significar que él, +a pesar de poder ser el abuelo de Juanita, quería y podía ser otra cosa +muy diferente; y la segunda sentencia, que también recordaba don Paco, +quería significar que él debía ir con tiento, con pies de plomo y sin +precipitarse, porque no se ganó Zamora en una hora y porque la muchacha +no era muy arisca en el fondo, ni, probablemente, tan firme y dura de +entrañas como, merced al encontrón que había tenido con ella, le +constaba que era de firme y dura en su juvenil superficie. Además, las +esperanzas, lejos de desvanecerse, crecían en su pecho, hallándose más +inverosímil abuelo que inverosímil amante. Para corroborar esta +lisonjera afirmación, se contemplaba don Paco en el espejo en que solía +afeitarse, el cual, aunque era pequeño, no lo era tanto que no reflejase +casi toda su persona. El exclamaba al verla, como el pastor Coridón de +Virgilio o como el Marramaquiz, de Lope: + + ¡Pues no soy tan feo! + +Y, verdaderamente, no era feo don Paco, ni parecía viejo tampoco. + +A las últimas palabras de Juanita les dio don Paco una interpretación +lisonjera, pero acaso más comprometida de lo que él deseaba. + +Al indicarle la muchacha que hablase con su madre y que le encargase la +obra de costura que ella debía hacer, ¿no estaba claro que Juanita se +mostraba propicia a entrar en cierto género de relaciones, aunque no a +hurto, sino a sabiendas y con beneplácito de la autoridad materna? + +Como quiera que fuese, don Paco, sintiéndose prendado de Juanita, se +allanaba a pasar por todo; pero se propuso, como hombre prudente, no +aventurarse más de lo necesario y no soltar prenda por lo pronto. + +A que él entrase en relaciones serias con Juanita y conducentes a la +_buena fin_ se oponían dos consideraciones: era la primera la excesiva, +sospechosa e íntima familiaridad que tenía Juanita con Antoñuelo, el +hijo del herrador, y era la segunda la casi seguridad del furioso enojo +de doña Inés cuando llegase a saber que él tenía un compromiso serio con +Juanita. Doña Inés inspiraba a su padre terror pánico, y siempre trataba +de huir de su enojo como de una espada desnuda. + +Su decidida afición a la muchacha saltaba, no obstante, por encima de +los obstáculos, como un corcel generoso salta la valla que se le ha +puesto para atajar su carrera. + +En resolución, combatido don Paco por harto contrarios sentimientos, +aunque se propuso no desistir de la empresa que había formado de manera +muy vaga, se propuso también proceder con la mayor cautela y ser lo más +ladino que pudiese, aunque en estos negocios no le sucedía como en los +negocios del Municipio, y el ser ladino no era su fuerte. + +Así discurriendo, pasó don Paco revista a su ropa blanca. Vio que sólo +tenía media docena de camisas bastante estropeadas y con muchos +zurcidos. Y como esto era muy poco para él, persona de extremado aseo, +que, ¡cosa rara en un pequeño lugar!, se ponía limpia tres veces a la +semana, decidió que estaba justificadísimo el mandar que le hiciesen +media docena de camisas nuevas, que le hacían muchísima falta, ¿Y quién +había de hacerlas mejor que Juanita, que era la costurera más hábil de +Villalegre? ¿Y quién había de cortarlas mejor que su madre, la cual, lo +mismo que con el mango de la sartén en la izquierda y la paleta en la +diestra, era una mujer inspirada con las tijeras en la mano y con +cualquier tela extendida sobre la mesa y marcada ya artísticamente con +lápiz o con jaboncillo de sastre? + +Al día siguiente, decidido ya don Paco, acudió muy de mañana a casa de +Juana la Larga, y le mandó hacer seis hermosas camisas de madapolán con +puños y pechera de hilo, ajustándolas a treinta reales cada una. Para +ganarse la voluntad y excitar el celo de ambas Juanas, les llevó don +Paco, envuelto en un pañuelo y sin que los profanos viesen lo que +llevaba, un cestillo lleno de fresas, fruta muy rara en el lugar, y para +mayor esplendidez sacó, además, del bolsillo del holgado chaquetón que +solía vestir a diario, nada menos que tres bollos del exquisito +chocolate que solía hacer doña Inés en su casa, y del cual había +regalado a su padre una docena de bollos de cuatro onzas cada uno. + +Juana la Larga, que era muy golosa y muy aficionada a que la +obsequiasen, aceptó el presente con gratitud y complacencia; pero como +no era larga solamente de cuerpo, sino que lo era también de previsión, +y, si vale decirlo así, de olfato mental, al punto olió y caló la +intenciones que don Paco traía y sobre las cuales había ya sospechado +algo. + + + + +IX + + +Reza el refrán, que honra y provecho no caben en un saco; pero Juana la +Larga, sobre ser honrada, rayando su honradez en austeridad para que se +borrase la mala impresión de sus deslices juveniles, era además, una +matrona llena de discreción y de juicio, y sabía que el mencionado +refrán se equivocaba a menudo. Para ella, en el caso que se le acababa +de presentar, en vez de no caber en un saco, el provecho no podía ser +sin la honra, y la honra tenía que producir naturalmente el provecho. + +Si Juanita se dejaba camelar a tontas y a locas, se exponía a dar al +traste con su reputación y a ser el blanco de las más feroces +murmuraciones y a perder siempre la esperanza de hallar un buen marido. +Y todo ello por unas cuantas chucherías y regalillos de mala muerte. +Mientras que si Juanita acertaba a ser rígida sin disgustar y ahuyentar +al pretendiente, pero sin otorgarle tampoco el menor favor de +importancia antes que el cura diese en la iglesia el pasaporte para los +favores, convirtiéndolos en actos de deber y cargas de justicia, harto +posible era que don Paco se emberrenchinase hasta tal punto que entrase +por el aro, rompiendo todo el tejido de dificultades que al aro pusiesen +doña Inés y otras personas, y elevando a Juanita a ser legítimamente la +señora del personaje más importante del lugar, después de don Andrés +Rubio, el cacique. + +Con tales pensamientos en la mente, a par que con notable destreza, y +desarrollando la cinta que estaba enrollada en una carretilla, tomó +Juana a don Paco las medidas convenientes. Estuvo con él más dulce que +una arropía, y aunque le dijo que no tenía que venir a su casa para +probarse la primera camisa, porque cuando estuviese medio hecha o +hilvanada se la enviaría para la prueba, le convidó a que algunas +noches, de nueve a once, cuando no tuviese nada mejor que hacer, +viniese, sí quería, un rato de tertulia a su casa, porque ni ella ni +Juanita gustaban de acostarse temprano, y aunque estaban casi siempre +solas, velaban hasta las doce. Juanita cosía o bordaba; pero como esto +se hace con las manos, su lengua quedaba expedita y charlaba más que una +cotorra. + +--Yo--añadía Juana la Larga--no coso ni bordo de noche, porque tengo la +vista perdida, y así estoy mano sobre mano o paso las cuentas de mí +rosario y rezo. Si alguna vez está usted de mal humor, podemos echar +juntos cuatro o cinco manos de tute, que yo sé que a usted le agrada. A +mí me agrada también, pero mi mala suerte y mis cortos medios no me +permiten jugarlo más que a real cada juego. Y aun así, si se le da a una +muy mal, bien puede perder veinte o treinta reales en una noche, como +quien no quiere la cosa. + +Ya se comprende que don Paco aceptó el convite y fue de tertulia a casa +de Juana; al principio, de cuando en cuando; al cabo de poco tiempo, +todas las noches. Casi siempre jugaba al tute y perdía. Sus pérdidas +podían evaluarse, una noche con otra, en una peseta diaria. Todo, no +obstante, lo daba don Paco por bien empleado. + +Las camisas estuvieron pronto concluidas y don Paco quedó muy +satisfecho. En la vida se había puesto otras que mejor le sentasen. + +No las hubiera hecho más lindas el camisero más acreditado de París. Las +lustrosas pecheras no hacían una arruga; los cuellos eran derechos, a la +diplomática, y los puños muy bonitos y para los botones que en el día se +estilan, Juana le regaló, en compensación de los muchos regalos que de +él recibía, un par de botones preciosos de plata sobredorada que mercó +en la tienda del _Murciano_, tienda bien abastecida, y donde, según +dicen por allí, había de cuanto Dios crió y de cuanto puede imaginar, +forjar, tejer y confeccionar la industria humana: naipes, fósforos, +telas de seda, lana y algodón, especiería, quesos, garbanzos y +habichuelas, ajonjolí, matalahúva y otras semillas. Casi eran los únicos +artículos que allí faltaban las carnes de vaca y de carnero y toda la +pasmosa variedad de sabrosos productos que resultan de la matanza y +sacrificio de los cerdos. + +Ya estuviesen hablando don Paco y Juana, ya estuviesen jugando al tute, +Juanita rara vez suspendía su costura o su bordado; pero, sin +suspenderlos, solía tomar parte en la conversación del modo más +agradable. Nadie venía a interrumpir esta tertulia de los tres, salvo +Antoñuelo, que escamaba mucho a don Paco y le llenaba de sobresalto y de +mal humor. + +Crecía este de punto porque mientras que don Paco estaba jugando al tute +y Juana le acusaba las cuarenta, Antoñuelo se sentaba muy cerca de +Juanita, en el otro extremo de la sala donde ella cosía, y ambos +cuchicheaban con mucha animación y en voz tan baja, que don Paco no +podía pescar ni palabra de lo que decían. Con esto se ponía como sobre +ascuas y muy alborotado y triste, sin que para ocultarlo le valiese el +disimulo. + +Entonces don Paco jugaba peor: solía tener rey y caballo del mismo palo +y se le olvidaba acusar veinte, o bien, si Juana le jugaba un oro y él +tenía el as o el tres, se lo guardaba y no lo echaba. Así es que las +noches en que venía Antoñuelo a la tertulia, sobre la desazón que daba a +don Paco, le hacía perder un par de pesetas y hasta tres a veces. + +Viniese o no viniese Antoñuelo a la tertulia, Juana la Larga estaba +siempre presente. Don Pablo no hallaba modo de hablar a solas con +Juanita, ni de abandonar a la madre e imitar a Antoñuelo enredándose en +cuchicheos con la hija. + +Alguna vez que lo intentó, hablando bajo a Juanita, esta le contestó +alto, haciendo la conversación general y despojándola de todo misterio. + +Bien hubiera querido don Paco, cuando Antoñuelo venía, rodear las cosas +de suerte que le obligase a entretener a la madre, hablando o jugando al +tute con ella; pero Antoñuelo aseguraba que no sabía jugar al tute y +daba a entender que nada tenía que decir a Juana. + +Con frecuencia salía don Paco tan cargado de esta tertulia, que se +proponía y casi resolvía no volver a ella o, al menos, ir poco a poco +retirándose. Pero ya había tomado la maldita costumbre de ir, y todas +las noches, si lo retardaba algo, empezaban al toque de ánimas a +hormiguearle y bullirle los pies, y ellos mismos, pronunciándose y +rebelándose contra su voluntad, le llevaban a escape y como por encanto +a casa de ambas Juanas. + + + + +X + + +Pronto notaron todos los vecinos, cundiendo la noticia por el resto de +la población, las constantes visitas nocturnas de don Paco; pero como +Antoñuelo solía ir también, y entre don Paco y Juanita había tan grande +desproporción de edad, la gente murmuradora lo explicó todo suponiendo +que Antoñuelo era novio de Juanita, y que don Paco tenía o trataba de +tener relaciones amorosas con la madre, la cual, a pesar de sus cuarenta +y cinco años y de los muchos trabajos y disgustos que había pasado en +esta vida, apenas tenía canas, y estaba ágil, esbelta, y aunque de +pocas, de bien puestas, frescas, apretadas y al parecer jugosas carnes. + +La austeridad esquiva de Juana la Larga durante muchos años, desde que +tuvo su juvenil tropiezo, no pudo en esta ocasión eximirla de la +maledicencia. La gente decía que al fin se había dejado tentar y lo daba +todo por hecho. Cuando veía la gente que Antoñuelo y don Paco iban a las +nueve a la casa y permanecían allí hasta cerca de las doce, no juzgaba +aquella tertulia tan inocente como era en realidad, y la calificaba de +amor por partida doble. + +Las bromas que sobre ello dieron a don Paco algunos de sus amigos le +soliviantaron bastante. + +Así es que, excitado, si bien no tenía derecho para pedir explicaciones, +con más o menos disimulados rodeos, y cuando Antoñuelo no estaba +presente, se atrevió a pedirlas y a indagar por qué venía Antoñuelo con +tanta frecuencia y de qué trataba con Juanita en sus largos apartes y +cuchicheos. + +Ambas Juanas, sin alterarse en manera alguna y como la cosa más natural +y sencilla, lo explicaban todo, afirmando que Juanita y Antoñuelo eran +exactamente de la misma edad, se habían criado juntos desde que estaban +en pañales y podían considerarse como hermanos. + +Añadían ambas que Antoñuelo era travieso y muy tronera, que daba a su +padre grandes desazones, que de él podían temerse mayores males aún y +que a Juanita ni remotamente le convenía para novio; pero ella no +acertaba a prescindir del cariño fraternal que le tenía, ni a prohibirle +que viniese a verla, ni a dejar de darle buenos consejos y +amonestaciones, los cuales eran el asunto de los cuchicheos. + +Don Paco aparentaba aquietarse al oír tal explicación; pero en realidad +no se aquietaba; y mostrando el verdadero interés que el buen nombre de +Juanita le inspiraba, insinuaba que, aunque todo fuese moral e +inocentísimo, convenía, a fin de evitar el qué dirán, no recibir a +Antoñuelo con tanta frecuencia. + +Los sermones que predicaba don Paco, más que morales conducentes a +observar el decoro de Juanita, no se puede decir que fueron predicados +en desierto. Poco a poco dejaron de menudear las visitas de Antoñuelo; +sus cuchicheos con Juanita se acortaron, y al fin, cuchicheos y visitas +vinieron a ser raros. + +Esto dio ánimo a don Paco. Creyó notar que se prestaba dócil oído a sus +cariñosas reprimendas, y se atrevió a predicar también sobre otro punto. + +En extremo gustaba él de ver a Juanita charlar en la fuente o subir la +cuesta con el cantarillo en la cadera o con la ropa ya lavada sobre la +gentil cabeza, más airosa y gallarda que una ninfa del verde bosque, y +más majestuosa que la propia princesa Nausicaa, que también lavaba la +ropa cuando, sin desconcharse ni echar las ínfulas por el suelo, solían +hacerlo las princesas, allá en los siglos de oro. + +Don Paco, que tenía, según hemos apuntado ya, entendimiento de amor de +hermosura, se quedaba extasiado contemplando el andar de la moza, que no +tenía el liviano, provocativo y sucio movimiento de caderas y los +pasitos menudos que suelen tener las chulas, sino que era un andar +sereno, a grandes pasos, noble y lleno de gracia, como sin duda debía de +andar Diana Cazadora, o la misma Venus al revelarse al hijo de Anquises +en las selvas que rodeaban a Cartago. + +En Villalegre se gastaban corsés, y hasta era Juana la Larga quien mejor +los hacía; pero la indómita Juanita nunca quiso meterse en semejante +apretura ni llevar aquel cilicio que para nada necesitaba ella y que +entendía que hubiera desfigurado su cuerpo. Sólo llevaba, entre el +ligero vestido de percal y sobre la camisa y enaguas blancas un justillo +o corpiño sin hierros ni ballenas, cosa que bastaba a ceñir la estrecha +y virginal cintura, dejando libre lo demás que, derecho y firme, no había +menester de sostén ni apoyo. + +En el espíritu de don Paco pudo, sin embargo, más que el deleite de ver +a Juanita en la fuente o volviendo del albercón, la idea de que, estando +ya muy remotos los siglos de oro, no era posible imitar a la princesa +Nausicaa, sin rebajarse o avillanarse demasiado; y así, aconsejó y +amonestó tantas veces y con tan discretas razones a Juanita para que no +fuese a la fuente, apoyándole siempre la madre de ella, que Juanita +cedió, al cabo, y dejó de ir a la fuente y al albercón, retrayéndose, +además, de otros varios ejercicios y faenas que no son propios de una +señorita. + + + + +XI + + +Doña Inés López de Roldán distaba mucho de ser una lugareña vulgar y +adocenada. Era, por el contrario, distinguidísima; y en su tanto de +méritos mirados, o sea guardando la debida proporción, pudiéramos +calificarla de una princesa de Lieveo o de una madame Récamier aldeana. +Su vida no pasaba ociosa, sino empleada en obras casi siempre buenas y +en fructuosos afanes. Su caridad para con los pobres era muy elogiada, +ayudándola en este ejercicio el señor don Andrés Rubio. No descuidaba +ella por eso el gobierno de su casa, que estaba saltando de limpia, y +todo muy en orden, a pesar de los siete chiquillos que tenía, el mayor +de ocho años; pero como la casa era muy grande, a los cinco mayores, +entregados a una mujer ya anciana y de toda confianza, los tenía en el +extremo opuesto de aquel en que estaba ella, a fin de que no turbasen +con sus chillidos y gritería, ya sus solitarias meditaciones, ya sus +lecturas, ya sus interesantes coloquios con el padre Anselmo, con el +cacique o con alguna persona de fuste que viniese a visitarla. + +A las nueve de la noche en verano, y a las ocho o antes en invierno, +mandaba acostar a los niños, y desde entonces, hasta las once, y a veces +hasta más tarde, tenía tertulia, en la cual se discreteaba, y a la cual +rara vez asistía el señor Roldán, que no presumía ni podía presumir de +discreto, y a quien las discreciones de su mujer pasmaban y +enorgullecían, pero al mismo tiempo le excitaban al sueño. + +En las horas que le dejaban libre los afanes y cuidados de la casa y aun +de la administración de la hacienda, de la que suavemente había +despojado a su marido por no considerarle capaz, doña Inés solía +ocuparse en lecturas que adornaban y levantaban su espíritu. Rara vez +perdía su tiempo en leer novelas, condenándolas por insípidas o +inmorales y libidinosas. De la poesía no era muy partidaria tampoco, y +sin plagiar a Platón, porque no sabía que Platón lo hubiese preceptuado, +desterraba de su casa y familia a casi todos los poetas como corruptores +de las buenas costumbres y enemigos de la verdadera religión y de la paz +que debe reinar en las bien concertadas repúblicas; pero en cambio, +doña Inés leía Historia de España y de otros países y, sobre todo, +muchos libros de devoción. El cura la admiraba tanto al oírle hablar de +teología que, mentalmente, adornaba sus espaldas con la muceta y su +cabeza con el bonete y la borla. + +Era tan grande la actividad de doña Inés, que a pesar de tan varias +ocupaciones, aún le quedaba tiempo para satisfacer su anhelo de +enterarse a fondo de la historia contemporánea y local, que tenía para +ella más atractivos que la Historia Universal o de épocas y países +remotos. + +Para conocer bien esta historia contemporánea y local y ejercer sobre +los hechos la más severa crítica, se valía doña Inés de diferentes +medios, siendo el más importante una criada antigua, que hacía recados, +que entraba y salía por todas partes y que se llamaba Crispina, émula en +su favor y privanza de Serafina, la doncella. + +Gracias a Crispina, doña Inés estaba al corriente de los noviazgos que +había en el pueblo, de las pendencias y de los amores, de las amistades +y enemistades, de lo que se gastaba en vestir en cada casa, de lo que +este debía y de lo que aquel había dado a premio, y hasta de lo que +comía o gastaba en comer cada familia. A los que comían bien, doña Inés +los censuraba por su glotonería y despilfarro, y a los que comían poco y +mal, los calificaba de miserables, de hambrones y de perecientes. + +No tardó, por consiguiente, doña Inés en tener noticia de las aficiones +de su padre y de sus visitas o tertulias en casa de ambas Juanas. +Muchísimo la molestó esta grosera bellaquería, que tan duramente la +apellidaba; pero disimuló y se reportó durante muchos días, sin decir +nada a su padre. Doña Inés estaba muy adelantada en sus concebidas +esperanzas de octavo vástago, y en tal delicada situación se cuidaba +mucho y procuraba no alterarse por ningún motivo, para que las dichas +esperanzas no se frustraran o se torcieran ruinmente, realizándose de un +modo prematuro, con deterioro y quebranto de su salud. Pero aunque doña +Inés no dijo por lo pronto nada a don Paco, se la tenía guardada y +seguía observando y averiguando por medio de Crispina, en la creencia de +que era a Juana y no a Juanita a quien su padre pretendía o cortejaba. + +Esta creencia mitigaba no poco el disgusto de doña Inés, porgue no podía +entrar en su cabeza que su padre intentase jamás contraer segundas +nupcias con Juana la Larga. Así es que lo que censuraba en este muy +ásperamente era la inmoralidad y el escándalo de unas relaciones +amorosas contraídas por hombre que tenía más de medio siglo y que iba a +ser pronto por octava vez abuelo. La enojaba también la condición harto +plebeya del objeto de los amores de su padre, los cuales, si no dignos +de aplauso, la hubieran parecido dignos de disculpa a haber sido con +alguna hidalga recatada y de su posición, como había dos o tres en el +lugar, que, según pensaba doña Inés, hubieran abierto a don Paco, si él +hubiera llamado a la puerta de ellas pidiendo entrada. No se cansaba, +pues, doña Inés de censurar las ruines inclinaciones de su padre. Le +dolía asimismo que su padre gustase tanto en obsequiar a Juana la Larga, +suponiendo, según las noticias que le trajo Crispina, que gastaba mucho +más de lo que ganaba. + +--¿Conque juega al tute con ella? + +--Sí, señora--contestó Crispina--. Y ya por echarla de fino, ya porque +está embobado y embelesado mirando a Juana con ojos de carnero a medio +morir y sin atender al juego, lo cierto es que Juana le pela, ganándole +diez o doce reales cada noche. Además, los regalos de don Paco llueven +sin descampar sobre aquella casa; ya envía un pavo, ya una docena de +morcillas, ya fruta, ya parte del chocolate que le regala su merced, +hecho por el hombre que viene expresamente desde Córdoba a hacerlo a +esta casa. + +Lo de que don Paco hubiese regalado también parte de su chocolate irritó +ferozmente a doña Inés; lo consideró una verdadera profanación y casi le +hizo perder los estribos; pero al fin pensó en la situación en que se +encontraba, ya fuera de cuenta, y logró reportarse. Su moderación y sus +cuidados no fueron inútiles. + +El 29 de junio, día de San Pedro Apóstol, sintió doña Inés desde muy de +mañana los primeros dolores, y con gran facilidad dio a luz en aquel +mismo día a un hermoso niño. La madre y el señor Roldán decidieron que +debía llamarse Pedro, en honor del Príncipe de los apóstoles en cuyo día +había nacido y del que eran muy devotos. El señor don Andrés Rubio +prometió tener al infante en sus brazos en la pila bautismal. Y como el +infante fue robustísimo y el médico asegurase que no corría peligro su +vida, retardaron su bautismo hasta mediados del mes de julio, así porque +ya estaría levantada la señora doña Inés y podría asistir a las fiestas +que se hiciesen, como porque para entonces se realizaría la anunciada +visita del señor obispo, el cual, a más de confirmar a todos los +muchachos que no lo estuviesen, les haría la honra de bautizar al futuro +Periquito. + +El obispo sería hospedado en casa de los señores de Roldán los tres o +cuatro días que estuviese en Villalegre. Doña Inés, por tanto, pensando +en los preparativos y en todos los medios que había de emplear para +hacer con lucimiento recepción tan honrosa, perseveró en refrenar su ira +contra Juana la Larga, a quien imaginaba seductora de su padre. Y +disimulando el odio que le había tomado, no quiso dejar de valerse de +ella en ocasión de tanto empeño. Ya la había llamado el día del +alumbramiento, porque bien sabía por experiencia que no había en el +mundo conocido más hábil comadre que Juana. + +Y como tampoco había por allí mujer tan dispuesta para preparar y +dirigir los festines, con tiempo comprometió a Juana a fin de que desde +dos días antes de la llegada del obispo se viniese a su casa, sin volver +a la casa propia sino para dormir, y lo preparase y dirigiese todo. +Juana prometió hacerlo así y lo cumplió muy gustosa. + + + + +XII + + +La víspera de la llegada del obispo, que fue el 15 de julio, víspera +también de la Virgen del Carmen, Juana había trabajado ya mucho, sudando +el quilo para condimentar los manjares y las golosinas, y hasta para +disponer el aparato y la magnificencia que habían de desplegarse en la +recepción y en el hospedaje de su señoría ilustrísima, y en el refresco +y ambigú que había de darse en aquella casa a todo lo más granado e +ilustre de la villa, después de terminadas las cristianas ceremonias de +la confirmación y del bautismo. En ella, doña Inés iba a dar al señor +obispo más trabajo que nadie, pues tenía siete chiquillos no confirmados +aún, y uno todavía _moro_, como apellidan en Andalucía a todo ser humano +antes de recibir el agua sacramental que le trae al gremio de la +Iglesia. + +La noche del 15 de julio hacía muchísimo calor. A eso de las nueve, don +Paco, según costumbre, se fue de tertulia a casa de Juana la Larga; pero +Juana seguía trabajando aún en la de los señores de Roldán, y Juanita +estaba sola con la criada, tomando el fresco en la reja de su sala baja. + +La vio don Paco, y llegó a hablarle antes de dirigirse a la puerta. +Juanita, después de los saludos de costumbre, dijo a don Paco, que +pretendía que le abriese: + +--Mi madre no ha vuelto aún. No sé cuándo volverá. Estando yo sola no +me atrevo a abrir a usted la puerta y a dejarle entrar. La gente murmura +ya contra nosotros, y murmurará mil veces más si yo tal cosa hiciera. +Váyase usted, pues, y perdóneme que no le reciba. + +Ninguna objeción acertó a poner don Paco, convencido de lo puesta en +razón que estaba Juanita. Solamente le dijo: + +--Ya que no me recibes, no te vayas de la reja y habla conmigo un rato. +Aunque la gente nos vea, ¿qué podrán decir? + +--Podrán decir que usted no viene a rezar el rosario conmigo; podrán +creer que yo interesadamente alboroto a usted y le levanto de cascos, y +podrán censurar que pudiendo ser yo nietecita de usted, tire a ser su +novia y tal vez su amiga. Con esta suposición me sacarán todos el +pellejo a túrdigas; y si llega a oídos de su hija de usted, mi señora +doña Inés López de Roldán y otras hierbas, que usted y yo estamos aquí +pelando la pava, será capaz de venir, aunque se halla delicada y +convaleciente, y nos pelará o nos desollará a ambos, ya que no envíe por +aquí al señor cura acompañado del monaguillo, con el caldero y el hisopo +del agua bendita, no para que nos case, sino para que nos rocíe y +refresque con ella, sacándonos los demonios del cuerpo. + +--Vamos, Juanita, no seas mala ni digas disparates. No es tan fiero el +león como lo pintan. Y si tú gustases un poquito de mí, y mi +conversación te divirtiese en vez de fastidiarte, no tendrías tanto +miedo de la maledicencia, ni de los furores de mi hija, ni de los +exorcismos del cura. + +--¿Y de dónde saca usted que yo no guste de tener con usted un rato de +palique? Pocas cosas encuentro yo más divertidas que la conversación de +usted, y además siempre aprendo algo y gano oyéndole hablar. Yo soy +ignorante, casi cerril; pero, si el amor propio no me engaña, me parece +que no soy tonta. Comprendo, pues, y aprecio el agrado y valor que +tienen sus palabras. + +--Entonces, ¿cómo es que no me quieres? + +--Entendámonos. ¿De qué suerte de quereres se trata? + +--De amor. + +--Ya esa es harina de otro costal. Si el amor es como el que tiene el +padre Anselmo a su breviario, como el que tiene doña Inés a sus libros +devotos o como el que tiene usted a las leyes o a los reglamentos que +estudia, mi amor es evidente y yo quiero a usted como ustedes quieren +esos libros. No menos que ustedes se deleitan en leerlos, me deleito yo +en oír a usted cuando habla. + +--Pero, traidora Juanita, tú me lisonjeas y me matas a la vez. Yo no +quiero instruirte, sino enamorarte. No aspiro a ser tu libro, sino tu +novio. + +--Jesús, María y José. ¿Está usted loco, don Paco? ¿En qué vendría a +parar, qué fin que no fuera desastroso podría tener ese noviazgo? ¿No le +tiemblan a usted las carnes al figurarse la estrepitosa cencerrada que +nos darían si nos casáramos? Y si el noviazgo no terminase en +casamiento, ¿adónde iría yo a ocultar mi vergüenza, arrojada de este +pueblo por seductora de señores ancianos? + +Lo de la ancianidad, tantas veces repetido, ofendió mucho a don Paco en +aquella ocasión, y muy picado, y con tono desabrido, exclamó haciendo +demostración de retirarse: + +--Veo que presientes graves peligros. No quiero que te expongas a ellos +por mi culpa. Adiós, Juanita. + +--Deténgase usted, don Paco; no se vaya usted enojado contra mí. ¿No +conoce usted muy a las claras que yo le quiero de corazón y que mi mayor +placer es verle y hablarle? Como soy franca y leal, procuro no retener a +usted con esperanzas vanas. Mucho me pesaría de que usted me acusase un +día de que yo le engañaba. Por esto digo a usted que de amor no le +quiero y me parece que no le querré nunca. Pero lo que es por amistad, +debe usted contar conmigo hasta la pared de enfrente. ¿Por qué no se +contenta usted con esa amistad? ¿Por qué me pide usted lo que no puedo +ni debo darle? No sería flojo el alboroto que se armaría en el pueblo si +usted y yo fuésemos novios y sí el noviazgo se supiese. + +Don Paco se atrevió a decir entonces, en mala hora y con poco acierto: + +--¿Pues qué necesidad hay de que nuestro noviazgo se sepa? + +--Y usted, ¿por quién me toma para insinuar ese sigilo, dado que sea +posible? Sólo se oculta lo poco decente, y, por tanto, yo no he de +ocultar nada aunque pueda. Si me decidiese yo a ser novia de usted, +sería por considerarlo bueno y honrado, y en vez de ocultarlo como fea +mancha, lo pregonaría y lo dejaría ver a todos con más orgullo que si +enseñase una joya, jactándome de ello, en vez de andar con tapujos. Ya +sabe usted mi modo de pensar. Nada más tenemos que decirnos. Ahora, lo +repito, váyase usted y déjeme tranquila. Malo es siempre dar que hablar; +pero dar que hablar sin motivo es malo y tonto. + +Don Paco depuso el enojo, no acertó a responder a Juanita con ninguna +frase concertada y se fue, despidiéndose de ella resignado y triste. + + + + +XIII + + +Pasaron días y vino el obispo, como se esperaba. + +Su señoría ilustrísima bautizó a los niños _moros_, que aguardaban su +venida, como los padres del Limbo el santo advenimiento, y confirmó a +los no confirmados, que se contaban a centenares, entre ellos no pocos +harto talludos. + +Doña Inés se lució dando hospedaje al señor obispo, y este se fue del +lugar muy maravillado y gozoso de la magnificencia y primor con que allí +se vivía. + +Libre ya doña Inés de tanta extraordinaria faena, se consagró con mayor +atención al estudio de la historia contemporánea, y al cabo, auxiliada +por los datos que le suministraba Crispina, y valiéndose de su rara +sagacidad, vino a comprender que no era a la madre, sino a la hija, a +quien cortejaba don Paco. Su furor fue entonces muy grande; pero por lo +mismo se calló y no atormentó a su padre con insinuaciones ni bromas. El +asunto no se prestaba a bromas ni a medios términos. La ira de doña Inés +había de estallar y manifestarse de una manera más seria cuando +estuviese completamente convencida de la locura de su padre, pues de tal +la calificaba. + +Don Paco, entre tanto, si bien daba ya menos pretexto a la murmuración, +se sentía más enamorado que nunca de Juanita. Pensaba en sus dulces +desdenes, recapacitaba sobre ellos, hacía doloroso examen de conciencia +y miraba y cataba la herida de su corazón, como un enfermo contempla con +amargo deleite la llaga o el cáncer que le lastima y en el que prevé la +causa de su muerte. + +Toda la vida había sido don Paco el hombre más positivo y menos +romántico que puede imaginarse. Aquel imprevisto sentimentalismo que se +le había metido en las entrañas y se las abrasaba, le parecía tan +ridículo que, a par que le afectaba dolorosamente, le hacía reír cuando +estaba a solas, con risa descompuesta y que solía terminar en algo a +modo de ataque de nervios. + +Don Paco dejó, pues, de ir todas las noches a casa de ambas Juanas; ya +no veía a Juanita en la fuente y sola, porque él mismo había predicado +para que no fuese, y, sin embargo, no acertaba a sustraerse a la +obsesión que Juanita le causaba de continuo, presente siempre a los +perspicaces ojos de su espíritu, así en la vigilia como en el sueño. + +Por dicha, no le atormentaban los celos. Juanita zapateaba, donosa o +duramente, a cuantos mozos la pretendían, y lo que es Antoñuelo iba ya +con menos frecuencia a casa de Juanita. Según en el lugar se sonaba, +andaba él muy extraviado, frecuentando las tabernas en harto malas +compañías y pasando muchas noches en francachelas y jaranas. Villalegre +no era el único teatro de sus proezas, sino que, a pesar de las +amonestaciones y reprensiones de su padre, a menudo muy duras, se solía +ir de parranda al campo o algunos lugares cercanos, y en dos o tres días +no aparecía por su casa. + +Don Paco no tenía, pues, rivales. Parecía completamente dueño del campo; +pero el campo estaba tan bien atrincherado, que don Paco no lograba +entrar en él y se quedaba fuera como los otros. No desistió por eso de +ir por las noches a casa de ambas Juanas, aunque no de diario. + +Como de costumbre, jugaba al tute con la madre; como de costumbre, +hablaba con Juanita en conversación general, y Juanita hablaba +igualmente y le oía muy atenta manifestándose finísima amiga suya y +hasta su admiradora; pero, como de costumbre también, las miradas +ardientes y los mal reprimidos suspiros de don Paco pasaban sin ser +notados y eran machacar en hierro frío, o hacían un efecto muy contrario +al que don Paco deseaba, poniendo a Juanita seria y de mal humor, +turbando su franca alegría y refrenando sus expansiones amistosas. + +De esta suerte, poco venturosa y triunfante para don Paco, se pasaron +algunos días y llegaron los últimos del mes de julio. + +Hacía un calor insufrible. Durante el día los pajaritos se asaban en el +aire cuando no hallaban sombra en que guarecerse. Durante la noche +refrescaba bastante. En el claro y sereno cielo resplandecían la luna y +multitud de estrellas, que, en vez de envolverlo en un manto negro, lo +teñían de azul con luminosos rasgos de plata y refulgentes bordados de +oro. + +Ambas Juanas no recibían a don Paco en la sala, sino en el patio, donde +se gozaba de mucha frescura y olía a los dompedros, que daban su más +rico olor por la noche, a la albahaca y a la hierba luisa, que había en +no pocos arriates y macetas, y a los jazmines y a las rosas de +enredadera, que en Andalucía llaman de _pitiminí_, y que trepan por las +rejas de las ventanas, en los cuartos del primer piso, donde dormían +Juanita y su madre. + +En aquel sitio, tan encantador como modesto, era recibido don Paco. +Todavía allí, a la luz de un bruñido velón de Lucena, de refulgente +azófar, se jugaba al tute en una mesilla portátil, pero no con la +persistencia que bajo techado. Otras distracciones, casi siempre +gastronómicas, suplían la falta del juego. Juana, que era tan +industriosa, solía hacer helado en una pequeña cantimplora que tenía; +pero con más frecuencia se entretenía comiendo ora piñones, ora +almendras y garbanzos tostados, ora flores de maíz, que Juanita tenía la +habilidad de hacer saltar muy bien en la sartén, y ora altramuces y, a +veces, hasta palmitos cuando los arrieros los traían de la provincia de +Málaga, porque en la de Córdoba no se crían. + +Estas rústicas semicenas, dignas de ser celebradas por don Francisco +Gregorio de Salas en su famoso _Observatorio_, deleitaban más a don Paco +que hubieran podido deleitarle las antiguas cenas de Trimalción o de +Apicio y las modernas de la Maison Dorée o del Café Inglés en París, +pareciéndole mejor aquellos groseros alimentos que la ambrosía que comen +las deidades del Olimpo, ya que Juanita, comiéndolos, les comunicaba +cierta celestial u olímpica naturaleza. Dichas chucherías, apéndices de +la verdadera cena que cada uno había tomado ya en su casa antes de +empezar la tertulia, probaban además, cuando las dos Juanas y don Paco +se las comían, sin el menor susto y sin ninguna mala resulta, que +nuestros tres héroes poseían tres estómagos de los más sanos, eficaces y +potentes que hay en el mundo. + +Una noche en que estaban aquellas señoras muy familiares, conversables y +benignas con don Paco, se atrevió este a ofrecer algo que pensaba en +ofrecer tiempo hacía, sin acabar de decidirse por temor de que no +aceptasen su obsequio. + +Desechado el temor, dijo al cabo: + +--De hoy en ocho días, el cuatro de agosto, habrá grandes fiestas en +este pueblo. Habrá procesión, feria, velada, función de iglesia y +sermón, que predicará el padre Anselmo, contando y celebrando la vida y +milagros del glorioso Santo Domingo de Guzmán, nuestro patrono y abogado +en el cielo. Tengo yo una pieza de tela de seda, flexible y rica, por el +estilo de la de estos mantones que llaman de espumilla o de Manila. +Carece de bordados y es de color verde oscuro. Me la envió meses ha de +regalo mi sobrino Jacinto, que está en Filipinas empleado en Hacienda. +Tiempo hay todavía de hacer con esta tela un precioso vestido de mujer. +¿Y quién lo llevaría con más garbo y lucimiento que Juanita, si aceptase +mi presente? La tela es pintiparada para hacer el traje, y si ustedes +quieren darse prisa, aún tienen tiempo de sobra. + +Madre e hija dieron mil gracias a don Paco por su buena intención, +mostrando repugnancia en aceptar por el qué dirán y sosteniendo que +cuando viesen a Juanita con traje tan lujoso todo el lugar se +alborotaría, adivinaría que la seda era regalo de don Paco y él y ellas +darían una estruendosa campanada. + +Nada contestó don Paco a tan juiciosos razonamientos; pero hizo algo más +elocuente y persuasivo. Tomó de una silla un paquete que había traído +recatadamente envuelto en un pañuelo, y desdoblándolo, mostró la tela a +la luz del velón. + +Ambas mujeres admiraron aquella hermosura; la calificaron de divina. Los +ojos y el alma se les iban en pos de la tela. En suma, no pudieron +resistir y aceptaron el obsequio. Juana quiso mostrarse más difícil y +Juanita tuvo que ceder y que aceptar antes que ella. + +No bien se fue don Paco, a eso de las doce, Juanita dijo a su madre. + +--Yo no he sabido resistir. La tela es encantadora. Lo que más me agrada +de ella es su flexibilidad, porque no tiene tiesura como otras sedas. Se +ceñirá muy bien al cuerpo y se podrá dar mucho vuelo a las faldas, que +formarán pliegues muy graciosos. Vamos..., he caído en la tentación. +¿Qué no van a murmurar y a morder las envidiosas cuando me vean tan +peripuesta y tan guapa ir a la función de iglesia el día de Santo +Domingo? Porque tú, mamá, irás con tu mantilla de tul bordado, y me +emprestarás o me regalarás la otra que tienes de madroños, que me está +como pintada. Varias veces la he sacado del fondo del arca y me la he +probado, mirándome al espejo. Mucho van a rabiar cuando me vean tan maja +las hijas del escribano, que gastan tanta fantasía como si fueran dos +marquesas, aunque son dos esperpentos y van siempre mal pergeñadas. + +--Sí, hija; pues la menor está tan escuchimizada que parece una lombriz +de caño sucio, y la otra es tan pequeñuela y tan gorda como una bolita. +Si llega a casarse, a tener hijos y a engordar más, perderá la forma de +mujer y se convertirá en cochinillo de San Antón. Pero, dejando esto a +un lado, yo no las tengo todas conmigo. Despertaremos la más tremenda +envidia y nos pondrán como un regalado trapo. + +--Pecho al agua y preparémonos para la lucha. ¿Qué podrán decir de mí? +¿Que don Paco me viste? Pues yo voy a vestir a don Paco..., y patas. +Mira: con mis ahorrillos iré mañana a la tienda del _Murciano_ y +compraré paño de Tarrasa o del mejor que tenga. Calcula tú cuántas +varas se necesitan. El tiene gabina, castora o como se llame; pero su +levita, aunque no se la pone más que diez o doce veces al año, está ya +desvergonzada de puro raída. Sin chistar, con mucho sigilo, vamos tú y +yo a hacerle una levita nueva, según el último figurín de _La Moda +Elegante e Ilustrada_ que recibiste de Madrid el otro día. Como tú +tienes las medidas de don Paco y eres muy hábil, la levita, sin +probársela ni nada, le caerá muy bien, y ya verás con qué majestad y con +qué chiste la luce en la procesión, cuando marche en ella entre los +demás señores del Ayuntamiento. Así no seré yo sola, sino él también, +quien estrene prenda en tan solemne día. + +--Pero, muchacha, eso que dices no es apagar el fuego, sino echarle leña +para que arda más. Si han de murmurar como uno al verte con el vestido +nuevo, murmurarán como dos al ver con levita nueva a don Paco. + +--Pues que murmuren. Lo que yo me propongo al regalar la levita, además +de la satisfacción que me cause el obsequiar a don Paco, es que nadie me +acuse, y sobre todo, que no me acuse yo misma de tener el vestido sin +dar en pago algo equivalente. + +Decididas así las cosas, al otro día se compró el paño. Juana cortó con +segura destreza la levita y el traje de mujer, y madre e hija y dos +oficialas trabajaron con tal ahínco, que el tres de agosto, víspera del +santo, levita y vestido de mujer estaban terminados. + + + + +XIV + + +Cuando aquella noche vino don Paco de tertulia, le dieron la sorpresa de +enseñarle la levita. + +El casi se enojó, y hasta se le saltaron las lágrimas de puro +agradecido. + +En el patio mismo se probó la levita; le hicieron dar con ella cuatro o +cinco paseos, y ambas mujeres encontraron que con la levita estaba don +Paco muy airoso; y eso que no se veía todo el efecto, porque no había +traído la gabina, sino el hongo, como de costumbre, y la levita y el +hongo no armonizan bien. + +Animados ya los tres y de buen humor, dijo don Paco: + +--No comprendo por qué gustan ustedes tanto de la soledad y están tan +retraídas. La plaza esta noche estará animadísima. Todo el mundo habrá +acudido a la verbena y a ver los fuegos, que dicen que serán +magníficos. Empezarán en punto de las once, y como habrá muchos cohetes +y dos o tres soles o ruedas, y a lo último un gran castillo, que +terminará con un espantoso trueno gordo, durará la fiesta hasta después +de medianoche. La gente quiere que el trueno gordo estalle en el momento +mismo que empiece el día del santo, y espera que el santo lo oiga desde +el cielo y se alegre de que sus patrocinados le saluden y feliciten. +¿Por qué no se animan ustedes y van a gozar de todo esto? Iremos juntos. +Yo las acompañaré. + +--Bien quisiera yo ir--contestó Juana--; pero temo que nos pongan como +chupa de dómine cuando nos vean reunidos. + +--Pues mira, mamá, deja que nos pongan como les de la gana; a mí me sale +de adentro el ir, y no quiero andar con repulgos. Vamos allá, y arda +Troya. Como estamos, vamos bien, sin nada en la cabeza; no tenemos más +que echar a andar. + +Sin hacer más reparos, los tres se fueron en seguida a la velada y feria +que había en la plaza, la cual, con los muchos farolillos y candilejas +que la iluminaban, parecía una ascua de oro; y por el bullicio y por la +muchedumbre de gente, que casi la llenaba, era un hormiguero de seres +humanos. + +En los balcones, en las ventanas y en las puertas de las casas, las +personas de más edad y fuste estaban sentadas en sillas. + +Las jóvenes se paseaban o se paraban a contemplar las tiendas de +mercaderes ambulantes que se extendían por la plaza y por dos o tres +calles de las que en la plaza desembocan. + +Las tiendas a las que se agolpaba más gente eran las de juguetes y +muñecos. Apenas había chicuelo que no fuese obsequiado por sus padres o +por los amigos de sus padres con un pito, con una trompeta o con un +tambor. Y como casi todos desplegaban en seguida su capacidad musical en +los instrumentos que les habían mercado, el aire resonaba con marcial y +alegre, aunque algo discordante armonía. Ni faltaban en las tiendas de +muñecos trompas marinas, siempretiesos, sables y fusiles de madera y de +latón, y especialmente Santos Domingos de diversos tamaños, todos de +barro cocido y pintados de vivísimos colores. Estas imágenes eran las +que más se vendían, porque el santo inspiraba en el pueblo devoción +fervorosa. + +El ambiente estaba embalsamado por el aroma del aceite frito de más de +quince buñolerías, donde gitanas viejas y mozas freían y despachaban de +continuo esponjados buñuelos, que unas personas se comían allí mismo con +aguardiente o con chocolate y otras se los llevaban a su casa, +ensartados todos en un largo, flexible y verde junco. + +Ni faltaban allí tampoco puestos de exquisitas frutas; pero los que más +atraían la atención de los chicuelos eran los de almecinas, ya que, +además del gusto de comérselas, proporcionaban la diversión de ejercitar +la puntería tirando al blanco. Cada muchacho que compraba almecinas +compraba también un canuto de caña, cerbatana por donde, después de +haberse comido la poca y negra carne de la fruta, disparaba soplando el +huesecillo redondo y duro. Estos proyectiles corrían silbando por el +aire como las balas en una reñida batalla, salvo que eran mucho más +inocentes, pues apenas hacían daño, si por una maldita y rara casualidad +no acertaban a darle a alguien en un ojo, pues entonces bien podían +dejarle tuerto. Caso tan lastimoso, sin embargo, rara vez ocurre, y, por +consiguiente, la muchedumbre se paseaba tranquila en medio de aquel +feroz tiroteo. Había, por último, en la feria nocturna siete u ocho +mesillas de turrón, y hasta tres confiterías, donde lo que con más +abundancia se despachaba eran las yemas, los roscos de huevo y las +batatas confitadas. + +Se cuenta que cuando algún campesino que presume de muy rumboso quiere +obsequiar a su novia o a la muchacha a quien va acompañando, se dirige +al confitero y le pide yemas o batatas. + +--¿Cuántas quiere usted?--dice el confitero poniendo en uno de los +platillos del peso la pesa de cuarterón. + +--Eche usted _jierro_--responde el galán. + +El confitero pone la pesa de media libra. + +--Eche usted más _jierro_--repite varias veces el galán, y el confitero +va echando casi todas las pesas. + +Pero siempre la muchacha, llena de exquisita delicadeza, y con los más +modestos remilgos, alega la dificultad que hay en trasladar a casa tanta +balumba y pesadumbre de confites, y asegura que no se los podrá comer en +una o dos semanas, y que se pondrán agrios, secos o rancios. En fin, +ella está tan elocuente, que el galán, aunque al principio se resiste +llamando a la muchacha dama de la media almendra, al cabo se deja +convencer, pero no de repente, sino poquito a poco; y según va entrando +el convencimiento en su ánimo y ella sigue hablando, él la interrumpe a +trechos diciendo al confitero: + +--Quite usted _jierro_. + +Y de esta suerte acaba por no quedar en el platillo de las pesas más que +la de cuarterón, y a veces la de dos onzas. + +Para que no careciere la velada de ningún atractivo, hubo en ella +también una banda de música militar, que se había conservado desde la +época en que hubo milicianos nacionales, gracias a los desvelos y +esfuerzos de don Andrés Rubio, que había sido comandante de la milicia. +Los ocho músicos de que constaba la banda vestían aún, cuando iban a +tocar de ceremonia, el antiguo uniforme de la extinguida institución +defensora de nuestras libertades. Eran los músicos menestrales o +jornaleros de los más listos; no tocaban mal, y siempre el Municipio les +pagaba un buen estipendio: seis y hasta ocho reales a cada uno. De este +modo se libertaba Villalegre del tributo a que estaba sometida en lo +antiguo, haciendo venir de la ciudad vecina, siempre que había función, +a los músicos, a quienes apellidaban en el lugar _tragalentejas_. + +Don Paco paseó a sus amigas por toda la feria, dando no poco que +murmurar, según habían previsto. + +Como ellas eran más finas que los jornaleros, ninguno se acercaba a +hablarles, y como estaban en más humilde posición que las ricas +labradoras, propietarias e hidalgas, la aristocracia las desdeñaba. El +nacimiento ilegítimo de Juanita hacía mayor este aislamiento. Juanita no +tenía ya una amiga. Entre los mozos, como había desdeñado a muchos, los +pobres no se le acercaban por ofendidos o tímidos, y los ricachos, que +si ella hubiera sido fácil hubieran porfiado por visitarla en su casa, +temían desconcharse o rebajarse acompañándola en público. Antoñuelo era +el único galán que aún se complacía en acompañar a Juanita; pero +Antoñuelo andaba entonces muy extraviado y se hallaba ausente en una de +sus correrías por los lugares cercanos. + +Las mozas que solían ir por agua a la fuente del ejido, y los arrieros, +pastores y porquerizos que acudían a dar agua al ganado, considerando +que desde que Juanita dejó de ir allí se daba tono de señora, no se +atrevían ya ni a saludarla. + +Toda la noche, o sea hasta que los fuegos terminaron, que fue ya cerca +de la una, madre e hija permanecieron en la plaza, y hubieran estado sin +otro acompañante que don Paco, si don Pascual, el maestro de escuela, no +se hubiera unido también a ellas. + +Era don Pascual un solterón de más de sesenta años, delicado de salud, +flaco y pequeño de cuerpo, pero inteligente y dulce de carácter. + +Desde que Juanita tuvo seis años don Pascual, prendado de su despejo y +de su viveza, se había esmerado en enseñarle a leer y escribir, algo de +cuentas y otros conocimientos elementales. + +Juanita había tenido en el maestro de escuela un admirador constante y +útil, porque había sido para ella, a falta de aya, ayo gratuito y +celosísimo. + +Ella, en cambio, hacía mucho honor a su maestro, pues tomando sus +lecciones en horas de asueto y cuando la escuela estaba desierta de +muchachos, salió discípula tan aventajada, que avergonzaba a casi todos +los que a la escuela asistían. + +Nadie sabía mejor que ella el Catecismo de Ripalda y el Epítome de la +gramática. Nadie conocía mejor las cuatro reglas. + +Había aprendido también Juanita algo de geografía y de historia; y ya, +cuando apenas tenía nueve años, recitaba con mucha gracia varios +antiguos romances y no pocas fábulas de Samaniego. + +Tiempo hacía que don Pascual no visitaba a Juanita ni a su madre. + +Primero, las frecuentes visitas de Antoñuelo le habían espantado. +Después le retrajo más de ir a casa de las dos Juanas el saber que tanto +las frecuentaba don Paco. Tal vez supuso el bueno del maestro que +Antoñuelo y don Paco bastaban en aquella casa, y que si él iba estaría +de non y sería un estorbo. + +Aquella noche pasó por acaso don Pascual cerca de Juanita, y esta se +dirigió a él diciéndole: + +--Buenas noches, maestro. ¿Qué le hemos hecho a usted, que tan caro se +vende y que nos tiene tan olvidadas? + +Fueron tantas las cordiales zalamerías de la muchacha, que la +preocupación de que él pudiera ser estorbo se le borró por completo del +magín y acompañó a ambas mujeres durante toda la velada, siendo el +cuarto personaje del grupo. + +Ya paseaban los cuatro, ya se sentaban en los bancos de piedra que hay +en la plaza. Siempre estaban o iban en medio las dos mujeres, y +alternando, a un lado y otro, ambos galanes. + +Ellos quisieron obsequiarlas con confites, pero ninguna de las dos +consintió tamaño despilfarro. Para que don Paco no lo tomase a desaire, +dejó Juana que le comprase un buen puñado de cacahuetes y cotufas, que +se echó en el bolsillo y que iba comiendo. Juanita, que gustaba mucho de +las castañas, como la Amarilis de Virgilio, se avino a que don Pascual +le comprase un cuarterón de pilongas, que también se iba comiendo sin el +menor melindre. + +A don Pascual le bastó con una que ella le dio con fineza, porque como +don Pascual no tenía dientes, no la podía roer ni mascar y la tuvo hora +y media en la boca, tratando en balde de ablandarla, y recordando que +sin duda por eso, así como por su baratura, se llaman las castañas +pilongas caramelos de cadete. Agradablemente pasaron, pues, la velada, y +fueron de los que más gozaron en ella, sin perdonar los fuegos con los +que la velada terminó, y que estuvieron espléndidos. + + +Los galanes, ya cerca de la una, acompañaron a ambas Juanas hasta la +puerta de su casa. + +Cada mochuelo a su olivo, como suele decirse. Todos en el lugar se +retiraron a dormir y trataron de dormir profundamente y de prisa, a fin +de estar listos y bien apercibidos, desde muy temprano, para las +magníficas fiestas que había de haber al día siguiente. + + + + +XV + + +Desde el amanecer empezó a solemnizarse el 4 de agosto de manera +estruendosa con repique general de campanas. + +Multitud de gente, tanto de la villa como de no pocos lugares cercanos, +circulaba por la vía pública, acudía a la plaza, donde seguía la feria +como en la noche antes, o se agolpaba en la carretera por donde había de +ir la procesión, saliendo de la iglesia de Santo Domingo, que era la +parroquia, y volviendo a entrar en ella después de haber dado gentil +paseo por las calles principales. Estas habían sido bien barridas y +alfombradas luego de juncia y gayomba. Aguardando ver pasar la procesión +se hallaban muchas personas en las puertas, ventanas y balcones, +pendientes de cuyas rejas y barandas lucían vistosas colgaduras de +damasco encarnado, verde y amarillo, o de colchas de algodón estampado +con enormes floripondios y orladas de rizados y cándidos faralaes. + +La población toda estaba de gala. Los hombres, bien afeitados, pues la +víspera quedaron abiertas las barberías y afeita que afeita hasta muy +dadas las doce. Los señores más importantes y ricos, cuantos recibían el +tratamiento de don, estaban de levita y castora, hasta con frac dos o +tres, el escribano entre ellos. Los jornaleros, de camisa limpia y con +sus mejores ropas; si eran jóvenes, iban en cuerpo, pero con chivata o +larga vara de membrillo, oliva o fresno; y si eran ya mayores de edad, +con capa, para el conveniente decoro, por ser por allí la capa el traje +de etiqueta, del que no se puede prescindir, aunque se achicharre o +derrita el humano linaje, como era entonces el caso, porque el sol +hacía chiribitas. + +Las mujeres de todas las clases sociales habían sacado sus trapitos de +cristianar para adornarse aquel día. Ninguna iba con la cabeza +descubierta. Todas, sí no tenían mantilla, llevaban mantones de lana +ligera, o bien pañuelos que denominaban allí _seáticos_, o sea percal +lustrosísimo, que imita la seda. Las damas pudientes, ya provectas, +vestían trajes negros u oscuros de tafetán, de sarga malagueña o de +alepín o de cúbica; y las señoritas, sus hijas, iban con trajes de +muselina o de otras telas aéreas y vaporosas, pero ninguna sin mantilla, +ora de tul bordado, ora de blonda catalana o manchega. Sobre la pulidez +y el aseo del peinado, y como matorral a pie de enhiesta torre, +relucían, junto a las peinetas de carey, las moñas de jazmines, la +albahaca y otras hierbas de olor, y las rosas y los claveles rojos, +amarillos, blancos y disciplinados. + +Las flores abundaban en Villalegre, gracias a la fuente del ejido, cuyas +milagrosas propiedades ya hemos elogiado, y gracias también a otros +caudalosos veneros, que brotan entre rocas al pie de la inmediata +sierra, y a varias norias y a no pocos pozos de agua dulce, con los +cuales se riegan huertos, macetas y arriates. + +Por entre los hierros de las cancelas que había en las mejores casas se +veían los floridos patios, en algunos de los cuales los naranjos y las +acacias prestaban grata sombra. Las plantas enredaderas trepaban por las +paredes y formaban tupido cortinaje en las ventanas del primer piso. + +En el centro del patio, o refrescaba el ambiente un surtidor que caía en +roja taza de bruñido jaspe, o se levantaba gran pirámide de tiestos, +formando compacta masa de flores y verdura. + +Las libélulas y las inquietas mariposas revoloteaban en torno, y las +avispas y las abejas zumbaban buscando miel. + +El territorio o término de Villalegre confina con la campiña, donde +todas son tierras de pan llevar o baldíos incultos, sin huertas, ni +olivares, ni viñedos. Si algo verdea por aquellos campos es tal cual +melonar en las hondonadas. Todo lo demás es en aquella estación pajizo, +ya sembrado, ya barbecho, ya rastrojos, los cuales arden como yesca y +suelen quemarse para fecundar el suelo. Las plantas que se elevan más +por allí y dan mayor sombra son las pitas. Son las más leñosas y +arborescentes los cardos y los girasoles. Así es que en los hogares se +guisa con cierto producto animal, que no sólo da calor, sino perfume, +salvando por el aire una o dos leguas de distancia, de suerte que las +poblaciones se huelen mucho antes de llegar a ellas, y aun de +columbrarse en el horizonte sus campanarios. + +Los gorriones, los jilgueros, las golondrinas y otras cien especies de +pintados y alegres pajarillos salen a la campiña con el alba, a coger +semillas, cigarrones y otros bichos con que alimentarse; pero todos +anidan en el término de Villalegre, y vuelven a él, después de sus +excursiones, para guarecerse en sus cotos y umbrías, para beber en sus +cristalinos arroyos y acequias, y para regocijar aquel oasis con sus +chirridos, trinos y gorjeos. + +Aquel día, que era en extremo caluroso, o no habían salido las aves a +merodear o habían vuelto tempranito, y trinando y piando, mientras que +arrullaban tórtolas y palomas, hacían salva y música al Santo Patrono, +así en los alrededores como dentro de la misma villa. + +Para mayor ornato y esplendor se habían erigido en ella seis triunfales +arcos de lozano y verde follaje. + +La procesión salió en buen orden de la iglesia a las ocho en punto de la +mañana. Rompían la marcha el sacristán y los monaguillos, que llevaban +el estandarte, la manga de la parroquia y dos cruces de plata, a uno y +otro lado de la manga. Después muchísima cera, esto es, multitud de +hombres con velas encendidas caminaban en dos hileras. A trechos +aparecían, conducidas en andas, hasta seis imágenes de santos, todas +policromas, de barro o de madera. La quinta imagen era la de Santo +Domingo. Su cara, severa y hermosa. Sobre su inspirada frente relucía +una estrella de plata sobredorada. Con su mano derecha echaba el santo +bendiciones. A sus pies había un perro, muy bien figurado, que llevaba +entre los dientes una antorcha, al parecer encendida, con la cual, según +el sueño de Santa Juana de Asas, abrasaba e ilustraba el mundo en amor y +en conocimiento de Dios. Caminaban luego las dos filas de hombres con +velas ardiendo, y por último venía una bella efigie de la Virgen, que +estaba sobre los cuernos de la luna, la cual luna era de plata, lo mismo +que la corona que llevaba la Santísima Celestial Señora. + +Era su manto de raso azul celeste, todo él bordado también de plata, y +que había costado un dineral. Tenía la Virgen en el brazo izquierdo, +apoyado contra el corazón, a un precioso Niño Jesús con la bola del +mundo, que ostentaba la cruz en lo más alto. En la mano derecha llevaba +la Virgen el escapulario del Carmen. + +Iban delante de la Virgen, con dalmáticas e incensarios, dos diáconos, +que por allí llaman _jumeones_. + +En mitad de los _jumeones_ descollaba el hermano mayor de la cofradía, +con túnica de seda azul sobre el frac, y empuñando larga pértiga de +plata. Este hermano mayor era nada menos que el marido de doña Inés y +yerno de don Paco, el ilustre don Alvaro Roldán, uno de cuyos +antepasados había costeado la imagen de la Virgen, así como la de Santo +Domingo, obras ambas de Montañés, según se jactaban de ello los +naturales de Villalegre. + +En pos de la Virgen, revestido de riquísima capa pluvial, aparecía el +padre Anselmo, y en torno de él varios capellanes, así indígenas como +forasteros, con roquetes y sobrepellices, sueltos algunos de ellos, y +otros seis sosteniendo los argentinos varales del magnífico palio, +debajo del cual se contoneaba con la debida prosopopeya el ya mencionado +cura párroco. + +Inmediatamente marchaban los individuos del Ayuntamiento, con el alcalde +a la cabeza, el cual llevaba bengala con puño y borlas de oro. El +secretario, don Paco, estaba al lado del alcalde, con su levita nueva, +elegantísimo, y excitando la envidia de otros señores cuyas levitas o +fraques eran viejos, fuera de moda, y algunos muy pelados, y ya que no +con remiendos y rasgones, con picaduras de polilla, zurcidos chapuceros +y tal cual lamparón o mancha de pringue o aceite, no menos conspicua que +las que notó y censuró el Cid en el hábito del monje don Bermudo. + +El cacique, don Andrés Rubio, brillaba en la procesión por su ausencia. + +Cercado de una caterva de muchachos, se mostraba luego el hombre más +forzudo del lugar, con la bandera del santo, cuya asta era larguísima. +La bandera estaba hecha de retazos cuadrados de tafetán de diversos y +vivísimos colores. Y era la gala que aquel jayán, cuando había para ello +espacio bastante, porque el paño de la bandera tenía lo menos cuatro +varas en cuadro, revolotease la bandera girándola en torno, paralela al +suelo, de modo que, agachándose los muchachos y hasta algunos hombres y +mujeres, eran por ella cobijados y benditos. Esta operación del +revoloteo y el cobijo iba siempre acompañada de un precipitado redoble +de tambor, tocado por un tamborilero hasta cierto punto eclesiástico y +consagrado a aquel menester. + +No cerraba la procesión ninguna tropa de veras, porque en el pueblo, +desde que se había extinguido la milicia nacional, no había soldados. +Sólo había dos guardias civiles. Sin embargo, en lugar de los +_tragalentejas_; que solían venir en lo antiguo de una ciudad cercana, +iban los músicos municipales casi siempre tocando y vistiendo aún el +uniforme de la extinguida milicia. + +No contentos con esto los del lugar y considerando y sabiendo, más o +menos confusamente, que el Santo Patrono había tenido algo de guerrero, +quisieron que aquella pompa fuese más militar, y tuvieron una felicísima +idea. A los soldados romanos que salen allí en las procesiones de Semana +Santa les pusieron en el pecho cruces de terciopelo carmesí y los +convirtieron de perseguidores de Cristo en perseguidores de herejes de +los que los amigos del santo habían metido en costura. Los soldados +romanos estaban vestidos con mucha propiedad, porque en el pueblo había +un santo nacido en él, el cual santo perteneció a la Legión Tebana; y +como en compañía de una de sus canillas, hallada en las catacumbas, vino +de Roma su imagen, el traje que llevaba sirvió de modelo para hacer los +de los soldados romanos. + +En cuanto al traje de los judíos, era tan fantástico, que podía valer +para cualquier época, si bien tenía el inconveniente de ser tan rico y +primoroso, que sólo los señoritos más acaudalados del pueblo lo podían +costear; así es que había pocos judíos, muchos menos que soldados +romanos; mas no por eso se sometían del todo, sino que de cuando en +cuando se enredaban a trancazos con los cruzados, armando muy graciosas +escaramuzas o simulacros de pelea, con los cuales el pueblo se reía y +era como el sainete o parte cómica de la procesión. + +Debemos advertir que estos judíos herejes, tan elegantes en el vestir, +gastaban ciertas espantosas carátulas, con enormes narices, a veces como +berenjenas amoratadas y llenas de verrugas, porque los judíos de los +tiempos antiguos eran más feos que los de ahora, si bien entonces tenían +la mar de dinero, cuando se vestían con tanto lujo. + +La devota muchedumbre no veía pasar la procesión en reverente y mustio +silencio, sino con alborozo y algazara, prorrumpiendo en nutridos y +sonoros vivas, entre los cuales se oían a veces proposiciones +candorosamente heterodoxas y aun un poco blasfemas de puro +entusiásticas, como, por ejemplo: «¡Viva nuestro glorioso Patriarca, que +joroba a todos los demonios!» «¡Viva nuestro Santo Patrono, que achica a +todos los otros santos!» + +Para colmo de la devoción y muestras de júbilo, varios mozos tenían +escopetas y trabucos, y disparaban tiros sin bala ni perdigones, pero +con mucha pólvora y muy apretada por el taco, a fin de que retumbase más +el tronido. En suma, la procesión no dejó nada que desear. El público +quedó muy satisfecho. + + + + +XVI + + +A las diez se cantó la misa mayor con órgano, que lo hay allí muy bueno, +y no sucede lo que en Tocina y en otros lugares de la Andalucía baja, +donde dicen que, a falta de órgano, tocan la guitarra en la iglesia. De +esto no respondemos. Puede que sea una calumnia. Lo contamos porque lo +hemos oído contar. + +La Virgen estaba ya de nuevo ocupando su camarín en el altar mayor, cuyo +retablo, todo de madera tallada y dorada, subía hasta la cumbre del +ábside, y era caprichoso y atrevido desate del estilo churrigueresco: +complicado laberinto de retorcidos tallos, colosal hojarasca, frutas, +armas, monstruos simbólicos y rosetones, por los cuales asomaban sus +infantiles y aladas cabezas los ángeles y los serafines. + +A la derecha, y sobre otro altar, estaba ya también en su nicho el Santo +Patrono. + +Ambos altares resplandecían con muchísimas velas y hachones ardiendo, y +ramilletes de flores y festones y guirnaldas de arrayán, laurel y +limonero los engalanaban. + +Las paredes del templo, si bien blanqueaban sin mácula por el reciente +enjalbiego, se veían en parte cubiertas de rojo damasco, aunque el +damasco era poco, y era más el filipichín que lo remeda. + +A ambos lados del altar de Santo Domingo admiraban los fieles multitud +de exvotos, claro testimonio de la potencia milagrosa de su celestial +abogado. Allí piernas, ojos, brazos y hasta niños completos, y bastantes +tablitas pintadas al óleo, donde el milagro se representaba, y por medio +de un largo letrero escrito al pie quedaba explicado. + +La multitud llenaba el templo. En el centro, las mujeres, de rodillas o +sentadas en el suelo, se abanicaban casi todas. El movimiento de los +abanicos de diversos colores alegraba la vista. Alrededor estaban los +hombres, en pie. Sólo ocupaban algunos escaños de nogal los señores del +Ayuntamiento y el cacique don Andrés, que vino a la iglesia, aunque no a +la procesión. + +Las miradas de los asistentes se fijaban con pasmo en el pecho del +cacique, donde aquel día brillaba por vez primera la placa de oro, +diamantes y rubíes y lustrosa banda de una gran cruz que el Gobierno +acababa de concederle en premio de sus eminentes servicios. + +Ambas Juanas, que tampoco habían estado en la procesión, porque la +habían visto pasar por delante de su casa, sita en la carrera, +aparecieron en la iglesia cuando ya empezaba la misa. Involuntario y +general murmullo de admiración se escapó entonces del pecho de los +hombres. La madre iba delante abriéndose paso con los codos. Detrás +venía la hija, hecha un sol, con su lindo vestido de seda chinesca, su +mantilla de madroños, su alta peineta de concha y un montón de claveles +junto a la peineta. Como el vestido era alto, Juanita no llevaba pañuelo +y mostraba toda la gallardía y esbeltez de su talle. Parecía la señora +principal, la reina de aquella función, y apenas podían comprender sus +compatriotas que fuese ella misma la moza que hacía poco iba con un +cántaro por agua a la fuente. Era marcial y decidido su paso, pero al +mismo tiempo majestuoso y modesto. + +En la mano, que, en vez de emplearse en humildes y rudos trabajos +domésticos, se diría que había estado conservada entre algodones, como +delicada joven, tenía un pericón que manejaba con mucha gracia. + +El asombro que causó su entrada en la iglesia bien se puede decir que +durante tres o cuatro minutos turbó el orden y la tranquilidad que allí +reinaba. El maestro de escuela, hombre leído y que sabía de memoria el +Romancero, recordó a este propósito, hablando a la oreja de un concejal, +el efecto que hizo entrada semejante en la ermita de San Simón de cierta +niña sevillana, alborotando hasta a los monagos y a los sacristanes, +quienes + + en vez de decir amén, + decían amor, amor. + +Tan disparatado triunfo no cogió de susto a doña Inés. Ya tenía ella +averiguada la transformación de Juanita de zagalona rústica en algo que +presumía de dama, y ya sabía, merced a las investigaciones de Cristina, +que Juanita iba a lucir aquel día un maravilloso traje de lo más a la +moda y señoril que se había visto nunca en aquel lugar y en muchas +leguas a la redonda. El éxito sobrepujó, no obstante, todos los +presentimientos y temores de doña Inés. Aunque todavía estaba guapa, a +pesar de los ocho vástagos que había tenido, se sintió en el fondo del +alma, inferior a Juanita en hermosura; no dejó de notar, con profunda +mortificación, que Juanita estaba vestida con mejor gusto que ella; +hasta en la distinción, aunque doña Inés se preciaba de muy distinguida, +tuvo recelos de que Juanita le llevaba ventaja. Apenas se daba cuenta la +señora de Roldán del arte o de la adivinación con que una chicuela que +se había criado entre pillería andrajosa y casi en medio de la calle, +como vaca sin cencerro, se había hecho sujeto capaz de tan repentina +elegancia. + +Como Juana la Larga iba tan engreída y tan ufana con el asombroso +esplendor y con la rara belleza de su niña, no buscó para ponerse con +ella de rodillas un sitio muy apartado, sino el mejor y más visible. +Ambas mujeres fueron a plantificarse en un pequeño claro, inmediato a +los escaños en que estaba el Ayuntamiento y don Paco y don Andrés; claro +que el respeto y la humildad de otras mujeres habían contribuido a +formar, y en cuyo límite, no distante, se hallaba doña Inés López de +Roldán, la cual tomó aquella intrusión por desaforado atrevimiento, y +ardió en sed de imponerle pronto y severo castigo. + +Al efecto había ya prevenido al padre Anselmo, y le tenía muy +sobreexcitado contra Juanita y contra su madre. + +El padre Anselmo distaba mucho de ser malo y de ser ignorante. Sabía no +poco de teología dogmática y de moral, y poseía notable despejo y +prodigiosa facundia; pero era terco, persistente en las opiniones que +una vez aceptaba, y desconocedor de los asuntos mundanos. Doña Inés, +además, le tenía sorbidos los sesos. Doña Inés le infundía una veneración +y un cariño alambicadamente espirituales, que la convertían para él en +oráculo. Era el devoto afecto que se filtra y se cuela a menudo en el +virtuoso corazón de los ancianos: amor sin deseo y sin vicio; lo que +hasta llamándose platonismo escandalizaría al mismo que lo siente; lo +que es tan sutil, tan etéreo y tan limpio como aquel semidivino sentir +que describe y pinta con rasgos luminosos el conde Baltasar Castiglione +en las últimas áureas páginas de su _Cortesano_. + +El padre Anselmo jamás había leído este libro y no había caído ni podía +caer en que sentía inclinación tan dulce; pero sin tener conciencia de +ello reverenciaba a doña Inés como si fuera ángel o santa. Estaba ciego +para todos los defectos y pecados de ella, y no veía o no creía ver en +ella sino virtudes: la prudencia, la caridad, el recogimiento y la +piedad religiosa. Para el padre Anselmo era doña Inés modelo de casadas +y de madres de familia y dechado ejemplar de señoras distinguidas y +doctas. En todo cuanto le dijo acerca de Juanita no advirtió otro +intento que el de evitar o reprimir el escándalo y el mal ejemplo que en +el lugar se estaba ya dando. + +Influido por estas ideas, había preparado el sermón que predicó aquel +día y que versaba, con aplicación a las circunstancias, sobre el mismo +tema que él gustaba de tratar siempre: sobre la corrupción de nuestro +siglo y sobre sus síntomas ominosos, que son alternativamente efectos y +causas. Porque la falta de religión hace que se hunda la moralidad, como +edificio cuyos cimientos se socavan, mientras que el excesivo regalo y +el esmerado atildamiento del cuerpo apartan a las almas de toda seria +meditación diabólicamente hacia lo temporal y caduco, y abrasándolas en +el infernal apetito de poseerlo y de gozarlo. De aquí la ambición, la +codicia y la lascivia, red que Satanás nos tiende, cebo con que nos +atrae y anzuelo con que nos pesca y nos lleva consigo para devorarnos. +La incredulidad y la herejía nacen de la molicie y del lujo, y por la +ambición y la codicia, cunden, se propagan y lo inficionan todo. + +El padre ilustró su doctrina con citas históricas. Los albigenses, a +quienes convirtió Santo Domingo con ayuda de Simón de Monfort, habían +caído en abominable herejía porque se entregaban a los festines, +elegancias y malas pasiones. Una pícara mujer que sedujo a Martín Lutero +tuvo la culpa de que se hiciese protestante media Europa. Y la perversa +Ana Bolena fue el medio de que se valió el diablo para apoderarse de los +ingleses, que eran antes fervorosos católicos. La codicia había sido, +sin embargo, peor que la lascivia, ya que, si bien toda revolución +herética o impía empezaba con deportes, amoríos y relajación de +costumbres, siempre era la codicia la que lograba que triunfase, +convirtiendo la revolución en cucaña, en cuyo extremo superior se ponían +los bienes de la Iglesia. + +--Tal vez--añadía el padre--las personas honradas y pacíficas andarán +ahora muy confiadas imaginando que ya acabó la era de las revoluciones, +porque la Iglesia es pobre y no tiene bienes que le quiten; pero ¡ay, +cuán lastimosamente se equivocan! A falta de bienes de la Iglesia se +pondrán, o se ponen ya en lo alto de la cucaña, los bienes de los +particulares ricos. Y aún habrá menos escrúpulos para incautarse de +ellos, como ahora dicen, porque la incautación (socorrida palabra para +no emplear otra muy dura que cuadraría mejor) no será sacrílega. + +Entonces el padre habló del socialismo, refutándolo y procurando +demostrar que cada una de sus utopías es sueño y delirio insano. Según +él, siempre habrá pobres y ricos, y figurándose ya la revolución social +triunfante, dio por ineludible resultado que los que ahora son ricos +queden pobres; que algunos de los pobres más listos y audaces se hagan +ricos y que la muchedumbre de los pobres se aumente en número y padezca +mayor miseria, porque gran porción de la riqueza se habrá consumido o +destruido con las huelgas, alborotos y guerras civiles. En cambio, si el +orden establecido se conserva y se cuida de que nadie se haga rico +burlando el Código Penal, todos trabajarán y se ingeniarán decentemente, +por donde crecerán la riqueza y el bienestar; y los ricos serán más +ricos y serán más, y los pobres serán menos pobres y menesterosos; y +llegará el día, allá en lo por venir, en que los pobres estén mejor +tratados que los ricos de ahora. Pero ahora y entonces habrá clases y +jerarquías sociales, y será justo que se respeten, porque las hay hasta +en el cielo. + +Aquí declamó mucho el padre contra el feroz empeño que muestran hoy +tantas personas por salir de su clase y elevarse sin mérito suficiente: +el tendero, sólo porque se enriquece, pretende ser marqués; el usurero, +duque; el sargento, general, sin ir a la guerra, y las mozuelas +desvergonzadas, damas y grandes señoras. Contra todos estos abusos +disertó con vehemencia, o más bien lanzó centellas y rayos, discurriendo +más por extenso sobre el lujo femenino y encareciendo los males que de +él proceden. + +Al cuerpecito de una niña presumida y muy ataviada lo llamó colmena de +Lucifer, cuya miel endulza el veneno, y de donde salen las abejas y los +zánganos de punzantes aguijones, o sea un maldito enjambre de vicios, +pecados y sandeces. + +Además de escandalizar con aquel lujo y de provocar a los hombres hasta +en los lugares sagrados, turbando el sosiego de los espíritus e +impidiendo su elevación, se gasta para sustentar dicho lujo más de lo +que honradamente se gana; se aceptan regalos de los pretendientes y se +les sonsaca el dinero. Dejándose ir, pues, por pendiente tan +resbaladiza, las muchachas pobres que se ponen muy majas dan con +facilidad en busconas. «Bien lo comprendió así--dijo el padre--la sabia +y gloriosa reina doña Isabel la Católica, cuando se indignó al ver en +unas fiestas que hubo en Segovia a ciertas aventureras vestidas de seda, +y prohibió el uso de la seda a las que no fuesen hidalgas y +ricashembras, lo cual fue providencia discretísima y moralizadora.» + +En suma, el padre Anselmo estuvo muy bien aquel día: censuró el vicio +sin censurar al vicio, y no designó ni aludió a nadie. + +De esto se encargó la maliciosa envidia de las mujeres, excitada con +disimulo por doña Inés. Todas hicieron a la emperejilada Juanita blanco +de sus insolentes miradas. La consideración del origen ilegítimo de la +muchacha vino a corroborar la creencia de que era pecadora. Cada cual +recordó allá en sus adentros alguna de las varias sentencias vulgares +que sostienen como verdad la transmisión de la culpa por medio de la +sangre: de tal palo, tal astilla; la cabra tira al monte; quien lo +hereda, no lo hurta; de casta le viene al galgo el ser rabilargo, y así +la madre, así la hija y así la manta que las cobija. + +No pecaban las dos Juanas por encogidas ni por medrosas; pero apenas +pudieron resistir la muda y formidable tempestad que descargó sobre +ellas. Aparentemente estaba más conmovida la madre. Juanita no mostró +perder la serenidad y el reposo. Su orgullo y el convencimiento de que +no había incurrido en grave falta la sostuvieron. El dolor, no obstante, +y la cólera por la inmerecida afrenta bañaron sus mejillas en más +encendido carmín. Y bajando ella la vista, veló con los párpados y las +rizadas y largas pestañas la luz de sus ojos, que dos mal reprimidas +lágrimas humedecieron. + +Al terminar la función acertaron madre e hija a escabullirse sin ser +notadas y a volver precipitadamente a su casa. + + + + +XVII + + +Juanita se dejó caer desmadejada en un sillón de brazos. Juana paseaba, +yendo y volviendo a largos pasos en su salita, como leona en su jaula. + +--¡Habráse visto--exclamaba--mayor descoco! ¡Vaya... las mantesonas, las +pu...ercas! Pues si durase aún la prohibición de seda, ¿cuál de ellas la +llevaría sin contrabando? Mejores hidalgas y ricashembras nos dé Dios. +De seda y muy de seda iban las dos hijas del escribano, pero «aunque la +mona se vista de seda, mona se queda». Son más feas que noche de +truenos. ¿Y de dónde han sacado su hidalguía? Quizá no sabremos que son +hijas de la Frasquita, a quien Dios haya perdonado. Era viuda del +cagarrache del molino de Don Andrés cuando la pretendió y la tomó por +mujer el escribano. ¿Y por qué la tomó por mujer? Para remediarse, +porque ella había allegado bastante dinero con un gran corral de +gallinas, y más aún con su habilidad para aviar pollos. Aunque iba a la +chita callando y no gastaba pito, la llamaban la _gabacha_. ¡Qué tacto +en aquellos dedos verdugos! A escape entrecogía ella como con alicates +lo que andaba buscando a tientas en los pobres animalitos, y los dejaba +aviados por docenas, sin que se le desgraciase ninguno en la operación. +Luego los cebada y ponía gordísimos y los vendía muy caros. Yo +preguntaría al padre Anselmo si oficio tan cruel es propio de +ricashembras. + +Juanita se recobró pronto de su momentáneo abatimiento, y dijo: + +--Mira, mamá, no me hables de las hijas del escribano. No las quiero +mal. Si me miraban con descaro y con susto, fue de puro tontas. + +--Pues, hija mía, no sé de qué habían de asustarse. En la menor no se +reparaba, porque es tan chiquituela y consumida, que parece un gusarapo; +pero la mayor bien llamativa estaba. Vestida de colorado y tan gorda, +parecía un tomate enorme con patas. Y luego, ¡qué desvergüenza! Durante +toda la misa estuvo su novio a la vera de ella, todavía de judío, como +había figurado en la procesión. ¡Buena hidalguía está la de Pepito, el +hijo del albardonero! En vez de mercarle traje tan costoso, su padre +debió hacerle una albarda, que no le vendría mal. Aunque ha vuelto de +Granada licenciado en leyes, sigue tan burro como se fue, salvo que +rebuzna en latín y larga las coces ajustadas a Derecho. Pero, en fin, tú +tienes razón. No debemos quejarnos de ellos. Debemos despreciarlos. El +arrastrado del padre Anselmo tiene la culpa de todo. + +--No maldigas del padre--replicó Juanita--. Es un bendito, espejo de +santidad. Mucho de lo que dijo en el sermón era juicioso. Y si incurrió +en exageraciones, bien sé yo por qué. La Reina Católica prohibiría sin +duda la seda porque en su tiempo se entenderían las cosas de muy otra +manera que en el día, y además porque la seda costaría entonces un ojo +de la cara y arruinaría al país. En fin, yo no sé por qué prohibió la +reina la seda. Acaso no sea verdad que la prohibiese. Pero si lo es o no +lo es, ¿a mí qué me importa? Yo no me quejo de la reina ni del cura. De +quien me quejo es de aquella embustera gazmoña de doña Inés, que es la +que ha armado contra mí todo este gatuperio. Ella me las pagará. ¡Voto a +Cristo que me las pagará! + +Y levantándose entonces de la silla se dirigió hacia su madre con los +ojos echando chispas, y haciendo la cruz como para persignarse, dijo +solemnemente: + +--Por esta cruz lo juro: yo me vengaré. Ella se acordará de mi durante +toda su asquerosa vida o me han de borrar el nombre que tengo. + +--Sí, hija mía--repuso Juana--, véngate, véngate. Nada más natural y +razonable, pero sin hacer ninguna barrabasada. Y, sobre todo, no jures, +que es pecado mortal. Véngate sin juramento; con cachaza y mala +intención. + +--Pierde cuidado. No me faltará cachaza. He de disimular más y he de ser +más hipocritona que esa indina. Mala intención es lo que no tengo; mi +intención siempre será buena. + +Al llegar a este punto de su interesante diálogo, ambas interlocutoras +oyeron en la calle terrible estruendo de voces, silbidos y carreras. Se +asomaron a la ventana y miraron por la celosía. Apenas tuvieron tiempo +de ver pasar atropellada muchedumbre de gente, y una vaca brava, atada a +una larga y recia soga, de la que tiraban catorce o quince mozos de los +más robustos y ágiles. Otros mozos aguijoneaban y enfurecían a la vaca, +apaleándola con las chivatas y punzándola por detrás con pitacos o +bohordos de pita. + +No siguieron mirando las Juanas lo que ocurría en la calle, porque más +conmovedor espectáculo se ofreció de repente a sus ojos dentro de la +sala misma. Apareció don Paco, a quien la criada había abierto la +puerta, con una gran pelota colorada entre los brazos. Pronto +reconocieron en aquella pelota a la hija mayor del escribano, que venía +desmayada y con acardenalado y gordo chichón en la frente. Las mejillas +y las narices las traía embadurnadas en una sustancia amarilla y +pegajosa a la que las moscas acudían. Al pronto dio no poco que +sospechar tal sustancia, pero luego se supo que eran yemas +despachurradas. + +En un cucurucho, que le había feriado el novio, las llevaba doña +Nicolasita, y no se rompió las narices porque al caer dio con ellas +sobre las yemas. + +Embelesada con la conversación de su novio, que iba a su lado, con la +carátula en la cabeza como montera y casi tan majo como ella, y seguida +de su padre y de su hermanita, habían estado todos en la plaza, donde +Pepito se había despilfarrado feriando los dulces. Allí se habían +olvidado por completo de que formaba parte del programa de los regocijos +y festejos con que se celebraba el día del Santo, un toro de cuerda, que +entonces fue vaca, como hemos dicho. + +Al pasar un grupo por la calle donde ambas Juanas vivían, oyeron de +repente el alboroto y vieron el tropel de los que huían de la vaca, y +hasta entonces no recordaron el peligro a que se habían expuesto. + +El escribano, sin pensar en sus hijas, con frac y todo, se subió por los +hierros de una reja y logró ponerse en salvo. La hermanita menor, que +era muy ligera, tal vez por ser tan ruin y enjuta de carnes, se subió +también a otra reja, donde parecía un mico. + +El novio estuvo muy caballeroso y quiso imitar a Edgardo, el héroe de la +novela de Walter Scott, _Lucía de Lammermoor_, que él había leído; pero +la vaca no entendía de heroicidades y le derribó al suelo, dándole un +empellón con el testuz. Por fortuna, la vaca no le hizo daño ni caso, +porque sólo llamaba su atención y la atraía poderosamente aquella masa +redonda y colorada que corría delante de ella agitando mucho las faldas. +Como la calle estaba cubierta de gayomba y de juncia y con muchas gotas +de cera que habían caído al pasar la procesión, el piso resbalaba +demasiado. No es, pues, de extrañar que resbalase doña Nicolasita y +diese en el suelo de hocicos. Gracias a las dos libras de yemas que se +interpusieron entre su cara y las piedras no se despampanó la pobre. +Sólo se hizo en la frente el chichón ya mencionado. Su terror fue +inmenso y causa de su desmayo. Allá, en su fantasía febricitante, creyó +sentir el cuerno que penetraba traidoramente en sus delicadísimas +carnes, ya por un lado, ya por otro; y como por el terror, y antes que +sobreviniese el soponcio, le dio la pataleta, agitaba la falda roja y +llamaba al toro, o digamos a la vaca, que se le venía encima. + +La fuerza de los mozos que la detuvieron tirando de la cuerda impidió +que hubiese aquel día un desastre y que la función acabase en tragedia. + +Don Paco, que venía por allí para visitar a sus amigas, al ver desmayada +a doña Nicolasita, la levantó en sus brazos y se refugió en casa de +ellas. + +Cuando ambas se enteraron de lo sucedido, olvidando el enojo, cumplieron +piadosamente con las leyes de la hospitalidad. Hicieron volver de su +desmayo a la víctima de la vaca, aplicando a sus narices vinagre muy +fuerte; con el mismo vinagre aguado le pusieron compresas en el chichón +y se lo vendaron con un pañuelo blanco, de suerte que doña Nicolasita +parecía un Cupido. Y, por último, le lavaron la cara y le quitaron la +costra y churretes de yemas. + +Don Paco auxilió en todo esto a las dos caritativas mujeres. + +El escribano, Pepito y la hermana menor recobrados ya del susto, +vinieron a la puerta a llamar a doña Nicolasita, la cual, restablecida +también, salió en busca de ellos, sin dar ocasión ni tiempo a que +entrasen. + +Tal vez pudo creerse que esta precipitación en la partida y el no entrar +en la casa los otros había sido de puro avergonzado; pero como doña +Nicolasita no dio las gracias sino de un modo muy seco, y Juana y +Juanita estaban escamadas, ambas lo atribuyeron a desdén y a estúpido +recelo de rebajarse y contaminarse en el trato de ellas. + +Más amostazada entonces que nunca Juana la Larga, aprovechándose de un +momento en que Juanita había subido a su cuarto, habló a don Paco de +esta manera: + +--Señor don Paco, de sobra habrá visto usted la afrenta que nos han +hecho. Su hija de usted, mi señora doña Inés, tiene la culpa de todo. Se +le figura que le tenemos a usted engatusado, y que le queremos chupar y +le chupamos los parneses. Harto sabe usted que eso no es verdad. Mi niña +aceptó el corte de vestido y algún que otro regalo; pero los hemos +pagado, si no con creces, en lo justo. La levita que lleva usted puesta +bien vale la seda que mi hija ha lucido hoy y que tanto jaleo ha +causado. Nosotras queremos mucho a usted, como buenas amigas; pero no le +queremos tanto para que por usted nos sacrifiquemos; si seguimos +recibiéndole nos tendrán por unas perdidas, y hasta serán capaces de +echarnos del lugar. A Juanita le divierte mucho la conversación de +usted; pero yo no quiero conversación que a nada conduce y que nos puede +salir muy cara. Conque, con pena lo digo, y sin pensamiento de +ofenderle, transponga usted, y no vuelva a parecer por esta casa, al +menos hasta que cambien las circunstancias, sí es que cambian algún día, +y sí no cambian, no parezca usted nunca. + +Don Paco se compungió y se aturdió al oír este discurso y no acertó a +dar contestación. Algo tartamudeaba; pero la resuelta Juana no le dejaba +decir palabra. Le empujó hacia la puerta y le echó a la calle antes que +volviese su hija. + + + + +XVIII + + +Atolondrado don Paco con los sucesos de aquel día, y más aún con la +expulsión de que acababa de ser objeto, no sabía qué camino tomar ni a +qué carta quedarse, y maquinalmente se fue a su casa a meditar y a hacer +examen de conciencia. Lo primero que notó fue que la tenía muy limpia. +No era ningún delito, aunque pudiese pasar por extravagancia, el que +estuviese enamorado de aquella muchacha que podía ser su nieta. El haber +ido a su casa todas las noches durante algunas semanas apenas le parecía +imprudente y digno de censura. De Juanita formaba, sucesiva y a veces +simultáneamente, distintos conceptos, como sí en el fondo del ser de +ella hubiese algo de misterioso e indescifrable. De sobra reconocía él +que Juanita, si no le había dado calabazas, era porque él no se había +declarado en regla; pero con sus bromas de llamarle abuelo y con la maña +que ella empleaba para que él no le hablase al oído y para esquivar el +estar a solas con él, harto claro se veía que no quería admitirle por +novio ni por amante. Sin embargo, ¿sería esto cálculo o ladino instinto +de mujer para cautivarle mejor o para entretenerle con esperanzas vagas? +También recordaba don Paco los cuchicheos de Juanita con Antoñuelo y se +ponía celoso. + +¿Si estaría ella prendada de Antoñuelo, y considerando que como novio no +le convenía, pensaría en plantarle y en decidirse al fin por don Paco, +como mejor partido y conveniencia? ¿Si titubearía ella entre su propio +gusto y lo que su madre, sin duda, le aconsejaba? Como quiera que fuese, +don Paco tenía estampada en las telas del juicio la imagen de Juanita, y +cada vez le parecía más hermosa y más deseable. Harto bien notaba que ni +su madre ni ella habían tratado jamás de medrar a su costa de un modo +pecaminoso e ilegítimo. La madre acaso le deseaba para yerno. Lo que es +la hija, hasta entonces no había mostrado desearle, ni menos buscarle +para amante ni para marido. El había hecho todos los avances. Culpa suya +era todo aquel furor suscitado contra las dos mujeres, del cual no le +cabía la menor duda de que doña Inés era promovedora. Consideraba luego +don Paco, y esto le lisonjeaba y le ponía muy orondo, que Juanita, ya +que no le amase, se deleitaba con su conversación, le reía los chistes, +le aplaudía las discreciones, y oyéndole hablar, se mostraba muy atenta +y como pendiente de sus labios. + +En aquella casa, de donde le habían echado, no había recibido sino +honestos y amistosos favores, en pago de los cuales, y fuese por lo que +fuese, acababan de recibir ambas mujeres un agravio sangriento, para el +cual se creía él obligado de hallar satisfacción. Exaltado por estas +cavilaciones, se decidió don Paco a ir a ver a su hija, a explicarle con +franqueza y lealtad lo que había pasado y a pedirle cuentas de su +maligna conducta. + +De mucho valor tenía que revestirse para atreverse a dar aquel paso. +Doña Inés, con su severidad y su tiesura, casi le infundía miedo; pero +le venció la vergüenza, hizo cuanto pudo para apartarlo de sí, y se +dirigió, con todos los bríos que pudo recoger y acumular en su ánimo, a +casa de la señora doña Inés López Roldán, a quien sabía él que hallaría +sola a la hora de la siesta. + +En casa de doña Inés se comía entonces a las dos de la tarde. Don +Alvaro, cuando no estaba en el campo, se acostaba en seguida, y como +comía bastante y bebía más del exquisito vino que se cría por allí, y +que es mejor que el de Jerez, con perdón sea dicho, se tendía en su cama +y estaba roncando hasta las cuatro o las cinco de la tarde. + +A los niños se los llevaban Serafina, el ama, y Calvete al otro extremo +de la casa, donde no molestaban con su ruido. Doña Inés se quedaba +entonces sola en su estrado o en su despacho, ya haciendo cuentas, ya +entregada a sus oraciones, ya leyendo algún libro de devoción o de +historia. + +El cacique don Andrés y otros personajes importantes del lugar no venían +de visita o de tertulia sino por la noche. Las malas lenguas pueden +decir cuanto se les antoja, los mal pensados pueden suponer las mayores +diabluras; pero lo cierto es que doña Inés era recatadísima y, o bien +tenía razón el padre Anselmo y era una Lucrecia cristiana, o bien sabía, +con prodigioso artificio, practicar aquel famoso precepto que dice: «Si +no eres casta, sé cauta.» De aquí que doña Inés pudiese erguir muy alta +la frente y calificar de brutal y grosera calumnia la más leve +insinuación que contra su honestidad se atreviese a hacer algún +deslenguado. + +Muy entretenida se hallaba entonces leyendo la vida de Santo Domingo, +porque a causa de la función de iglesia no había leído aquel día muy de +mañana el _Año cristiano_, como tenía de costumbre, cuando entró +Serafina a anunciar que don Paco llegaba a visitarla. Don Paco tenía +entrada franca en aquella casa; pero Serafina le anunció para tener +prevenida a su ama. Apenas transcurrió un minuto entre el anuncio y la +entrada de don Paco diciendo buenos días. + +--Buenos días dé Dios a usted, señor padre--dijo doña Inés, levantándose +de la silla, acudiendo respetuosamente a su padre para besarle la mano y +convidándole a sentarse, como se sentó, en un sillón, frente a ella. + +--Dichosos los ojos que ven a usted--prosiguió doña Inés--. Hace no sé +cuántas semanas que no pone usted los pies aquí. ¿Qué negocios le traen +a usted tan ocupado? ¿Qué le ha caído a usted que hacer que no le deja +siquiera una hora o dos libres por la noche para venir a mi tertulia, +verme y darme el gusto de que yo le vea, echar algunas manos de tresillo +o tener un rato de agradable conversación con el padre Anselmo y con los +demás señores que honran mi casa con su presencia? + +Estas cariñosas quejas parecían todas sin intención y como nacidas del +filial afecto; pero al mismo tiempo era un cruel interrogatorio, que +turbó a don Paco, y al que tuvo que hacer un esfuerzo para contestar. De +nada valía el disimulo. Era menester contestar con franqueza, y don +Paco, armándose de valor, contestó de esta suerte; + +--Tienes razón en quejarte, hija mía. Hace tiempo que no vengo a tu +tertulia, ¿qué quieres? Acaso han sido chocheces, extravagancias de +viejo; pero yo había tomado la maña de ir a otra tertulia más modesta y +menos elegante que la tuya, y que, sin embargo, lo confieso, tenía para +mí singular atractivo. + +--¡Válgame Dios, señor padre! Lo había oído decir, pero no lo había +querido creer hasta que lo oigo de su boca. Extraño me parece que una +persona de la posición, de la gravedad y de los conocimientos de usted +se deleite rebajándose y dando conversación, durante horas enteras, a +dos mujeres tan ordinarias y tan poco edificantes como las Juanas; pero +más extraño es todavía que no sea la conversación de usted y su tertulia +con ellas solas, sino que haya usted tenido casi siempre por contertulio +a Antoñuelo, el hijo del herrador, el más pillete y el más zafio de +todos los mozos de este lugar. ¡Singular tertulia! ¡Buen par de parejas +estaban ustedes! La verdad..., yo no sabía qué decir cuando me hablaban +de esto. Aseguraban unos que Antoñuelo es el novio, o sabe Dios qué, de +la Juanita, y le endosaban a usted a la Juana. Otros afirmaban que usted +pretendía a Juanita; pero entonces, ¿en qué se empleaba, qué papel hacía +el celebérrimo Antoñuelo? ¿Eran ustedes rivales? Confiese usted que ha +sido una locura, un disparate, lo que ha estado usted haciendo. No niego +yo que la Juanita es guapa, aunque más que de honrada mocita tiene +trazas de desaforada marimacho o de desenfrenada potranca. Pero aunque +fuese Juanita la propia diosa Venus, debía usted (perdóneme, señor +padre, si se lo digo, por el interés y el amor que me inspira), debía +usted no avillanarse yendo a diario a su casa. Pecado y vicio sería ir +allí solo y como favorecido vencedor; pero ir en competencia con +Antoñuelo, francamente, yo no acierto a calificarlo. Lo mejor que se +puede decir es que ha sido un delirio. Vuelva usted en su juicio; deje +de visitar a esas mujeres, y todos trataremos en el pueblo de hacer +olvidar que usted las ha visitado pretendiendo a una de ellas, hasta +ahora tal vez en balde. Si ha pecado sólo con la intención, no por eso +es menor el pecado. Al contrario, ya que no para las personas piadosas y +timoratas, para gente vulgar y profana es pecado más feo. No se ofenda +usted si me atrevo a declararlo, con harto dolor lo declaro: la +ridiculez le acompaña. + +Casi todo el valor de que se había armado don Paco a fin de hablar a su +hija y de quejarse de su conducta, cayó derribado a los pies de la +señora de Roldán. Sus contundentes razones abrumaban a su padre como una +lluvia de acicalados chuzos, cuyas puntas se le clavaban en el corazón. +Mirando todo por el lado poético, se explicaba satisfactoriamente: +Juanita era el recato, la virtud, el talento y la modestia en persona. +Era, además, hermosa como una ideal virgen espartana, como la propia +Diana Cazadora, rica en salud y gallardía; esbelta, fuerte y ágil; con +todos los atractivos de la más casta, limpia y juvenil hermosura. Si +Antoñuelo, que era un perdido, iba allí y trataba con la mayor +familiaridad a Juanita, esto consistía en que Antoñuelo se había criado +con ella desde la infancia; en que ella le miraba y candorosamente le +quería como a un hermano, y en que procuraba evitar que se extravíase y +cayese en el precipicio. + +La propia madre de Juanita, aunque había tenido en su mocedad lo que +llaman en aquellos lugares un tropiezo, estaba-ya purificada por la vida +ejemplar que había hecho después y por el honroso trabajo con que había +logrado sustentarse y criar y conservar el fruto de sus desventurados +amores. Todo esto y más podía valer como respuesta a las observaciones +de doña Inés. Pero lo cierto era que, despojado el caso de este tinte +poético, y tal como el prosaico vulgo podía entenderlo, doña Inés tenía +razón que le sobraba. Para la generalidad de los habitantes de +Villalegre, Juanita no era más que la mozuela del cántaro, la hija +ilegítima de Juana la Larga, la chica que había corrido y jugado con los +pilletes en medio de las calles hasta la edad de nueve o diez años, y la +que después había conservado una sospechosa e íntima amistad con +Antoñuelo, el cual pasaba entre todos por un tunante de la peor especie. + +De aquí el desairado y mal papel que una persona de los años, de la +seriedad y la importancia de don Paco no podía menos de hacer en +apariencia, o bien siendo rival de Antoñuelo, o bien de acuerdo con él +para cortejar a la madre uno y a la hija el otro. Reponiéndose, no +obstante, de la consternación que el tremendo discurso de doña Inés le +había causado, y por lo mismo que ella con su feroz acometida le +acorralaba y, como suele decirse, le ponía entre la espada y la pared, +don Paco habló, al fin, con energía, y dijo de esta suerte: + +--La gente podrá decir lo que le dé la gana. Yo me río de la gente, +porque lo que dice es injusto. Tal vez me acusen las apariencias. En +realidad, no hay culpa, ni falta, ni desdoro en lo que he hecho. Mi +yerno será un señor muy noble, pero yo no lo soy, y al tratarme con los +plebeyos, me trato con mis iguales. Sólo se puede exigir de mí que sean +decentes las personas que trato, y no hay el menor motivo para afirmar +que las Juanas no lo sean. La vista y la conversación de Juanita me +deleitaban, y por eso he estado yendo a casa de Juanita todas las +noches. Soy mayor que tú en edad, saber y gobierno. Sé lo que me hago. +No necesito de guía. No quiero ni debo aguantar tus sermones. Me basta +con aguantar el que nos ha echado hoy el padre Anselmo, inocente tal +vez, pero que tú y otras mujeres envidiosas habéis envenenado con +vuestra malicia. + +--¡Dios mío!--interrumpió doña Inés--. ¡Esto solo me faltaba: que llegue +la ceguedad de usted hasta suponer que yo envidio a esa hija... de su +madre! Lo ocurrido es muy natural; la desvergonzada mozuela se ha +encajado en la iglesia, no vestida humildemente, según su clase, sino +con el lujo escandaloso de las mujeres cortesanas que bullen en las +grandes ciudades y que son la perdición de los hombres. ¿De dónde ha +salido el traje que llevaba puesto? Aquí nadie lo ignora. Era regalo de +usted. + +--No he de negar yo que era regalo mío. Ella lo aceptó por no +desairarme; pero como me ha dado en cambio prenda de más valor, nadie +puede decir que se viste a mi costa. Juanita se viste bien o mal con lo +que gana trabajando de modo honrado y lícito, y no estando vigentes en +el día la pragmática contra la seda ni ningunas otras leyes suntuarias, +no sólo de seda, sino de oro y de perlas puede vestirse Juanita si tiene +dinero para comprar el vestido y si se le antoja engalanarse con él. + +--Si el respeto que a usted debo no anudase mí lengua--replicó doña +Inés--, me atrevería a decir que está usted loco de atar. ¿Cómo defender +el escándalo, la campanada que ha dado esa chica, transformada de +repente en princesa, como en los cuentos de hadas? Tiene chiste el que +le haya dado a usted la levita. Ya se la cobrará con usura. Las puntadas +de ella y las morcillas y longanizas que sabe hacer su madre no bastan +para costear levitas a los caballeros, y para seguir emperejilándose con +ricos trajes y mantillas de madroños, como dicen que en Madrid van a los +toros las damas de alto copete y las majas de rumbo. El día menos +pensado, no sólo para ir tan pomposas, sino para comer, faltará dinero a +las Juanas, y entonces acudirán a usted y a otros a fin de retenerle, y +como no podrán dar en cambio levitas, harto sabe el diablo lo que darán, +sí ya no lo han dado. + +--Ni han dado ni darán lo que no debe darse--exclamó don Paco, perdiendo +ya los estribos--. Lo que yo te aseguro es que si Juanita quiere darme +su mano, yo la aceptaré gustoso, y tú tendrás que respetarla como madre. + +--¡Jesús, María y José!, respetar yo a ese arrapiezo.... Se me caería la +cara de vergüenza si hiciera usted semejante disparate. + +--Pues sólo de Juanita depende que no lo haga. Y como no es posible, sin +que nos peleemos, continuar esta conversación, me voy y te dejo. Adiós, +hija. + +--Señor padre, vaya usted con Dios y El le ilumine para que no continúe +usted desatinando tan lastimosamente. + +Don Paco salió con precipitación y muy enojado de casa de su hija, y no +quedó ella menos furiosa. + + + + +XIX + + +El sermón del padre Anselmo se comentó y se interpretó por todo el lugar +en perjuicio de ambas Juanas. Nadie sacó la cara por ellas, salvo el +maestro de escuela, aquella noche, en la Casilla. + +La Casilla era y es todavía en algunos lugares el Casino y el Ateneo +primitivos y castizos. + +Por lo general, y así sucedía en Villalegre, la Casilla estaba en sala +relativamente cómoda y espaciosa, detrás de la botica. Allí se leían los +periódicos, se fumaba, se charlaba y se jugaba malilla, al tresillo, al +truquiflor y al tute, y tal vez al ajedrez, al una a la dominó y a las +damas. + +Don Policarpo, el boticario de Villalegre, hacía muy bien los honores +del establecimiento, donde concurrían casi todos los personajes del +lugar, a despecho de las mujeres, que eran devotas y que abominaban del +boticario, porque lejos de estar en olor de santidad, alcanzaba la poco +envidiable fama de descreído y materialista. Siempre había permanecido +soltero; tenía una lengua como un hacha, con la que destrozaba las +reputaciones; y en su maligno rostro, en sus ojos vivarachos y algo +bizcos, en su nariz aguileña y en su boca sumida y burlona se revelaba +cierta diabólica y punzante travesura. + +En el pueblo se referían estupendas singularidades sobre sus doctrinas y +facultades científicas, sosteniendo muchos que no todo lo que él hacía y +decía era natural, sino en gran parte por inspiración y con auxilio del +demonio; por lo cual, al hablar de sí propio, declaraba él que, si +hubiese Inquisición aún, ya no viviría, porque le hubieran quemado vivo. +Era dogma suyo que todas las cosas son lo mismo, y que la diferencia de +ellas es más aparente que real y más somera que profunda. Produce la +diferencia de las cosas una fuerza que vive y se agita en ellas, +ocultando la raíz de su ser, y que, según sus varios efectos y +operaciones ya se llama calor, ya luz, ya electricidad, ya magnetismo, +de donde transformaciones y mudanzas y vida y muerte. Esta fuerza era el +dios de don Policarpo. Por él se jactaba de estar poseído y de ser +energúmeno. + +Para hacer milagros por su medio y en su nombre no tenía don Policarpo +vara de virtudes; pero, en cambio, tenía una recia, puntiaguda y +larguísima uña en el dedo meñique de la mano derecha, la cual uña le +servía de ordinario como mondadientes. Las damas se llenaban de terror +cuando la veían, como si viesen la de Satanás en persona. Se decía que +el boticario ya magnetizaba, adormecía y sujetaba a su voluntad a las +gentes, despidiendo por dicha uña fluido magnético, ya se electrizaba +todo, restregando con rapidez sus pies contra una piel de lobo, y +lanzaba por dicha uña un chorro o penacho de chispas azuladas y +luminosas. Y no faltaba quien añadiese, jurando haberlo visto, que sólo +con acercar la uña, cuando estaba él bien cargado y saturado de +electricidad, encendía un candil o disparaba un cañoncito muy cuco que +se usaba para esta experiencia. + +Yo no respondo de que hubiese o no algo de exagerado en tales +afirmaciones; pero como quiera que fuese, el boticario, aunque +aborrecido de las damas, a lo que debía de contribuir su fealdad nada +común, era persona divertida y hospitalaria. + +Ninguna noche faltaban en la tertulia de su casa ocho o diez +tertulianos. No iba el cura por culpa de la impiedad con que allí se +hablaba; pero iban el médico, dos o tres concejales, el propio señor +alcalde, varios de los mayores contribuyentes y don Pascual, el maestro +de escuela. + +Don Policarpo comentó el sermón de aquel día con maliciosa agudeza, +sosteniendo irónicamente que el padre tenía razón. + +--Sí, señores--dijo--; ya no hay bienes de la Iglesia que repartir. El +reparto se ha hecho mal y entre pocas personas que se han enriquecido. +La futura revolución tendrá, pues, por objeto apoderarse de otros bienes +y repartirlos con mayor equidad entre todos los pobres. + +El maestro de escuela, que era liberal e individualista, respondió de +este modo: + +--No es exacto que la revolución haya despojado inicuamente de sus +bienes a la Iglesia. Si se los ha expropiado, bien la indemniza. El +Estado puede expropiar, indemnizando, para utilidad pública. Sin +embargo, aunque no hubiera tal indemnización, el caso no es idéntico. +Ninguna asociación tiene por sí los derechos radicales e +imprescriptibles de los individuos que la componen. El Estado es +asociación suprema, a la cual están sometidas las otras, sin que puedan +existir en contra suya. Y si el Estado es árbitro de la vida de ellas, +¿cómo no ha de serlo de lo que poseen? Lejos de caminar hacia el +socialismo, yo creo que la civilización propende a extender y afirmar +más cada día los derechos individuales. ¿Quién se atreverá a decir hoy, +si no está loco rematado, que el Gobierno o el rey, por respetado y +poderoso que sea, es señor de vidas y haciendas? + +--No nos venga usted con sofismas--interrumpió el boticario--. Si cada +uno de los individuos que se asocian tienen singularmente derechos +imprescriptibles, incluso el de asociarse, y si no hay rey ni roque que +pueda despojar a nadie a su antojo de la hacienda y de la vida, ¿cómo se +explica que no persista en la suma lo que preexistía aisladamente en +cada uno de los sumandos? + +Apuradillo se vio el maestro de escuela para impugnar el nuevo argumento +del boticario; pero lo impugnó al fin con razones, si no juiciosas, +agudas. + +Por dicha, los que estaban allí presentes eran propietarios más o menos +ricos, y varios de ellos habían comprado bienes de la Iglesia. Todos, +por consiguiente, hallaron que don Pascual discurría mejor que Solón y +que Licurgo; se pusieron de su lado, dejaron al boticario solo, y +trataron de sofocar su voz y de aturdirle a fuerza de gritos. + +Don Policarpo no se dejaba convencer ni intimidar fácilmente, pero todos +se cansaron de chillar y se pusieron roncos, terminando por cansancio +una disputa en que los extremos se habían tocado y en que la impiedad +atea había estado de acuerdo con el más fervoroso catolicismo. Hubo un +entreacto: un rato no corto de sosiego. Después recayó de nuevo la +conversación sobre el sermón de aquel día, sobre el desenfrenado lujo de +las mujeres y sobre las elegancias de Juanita la Larga. + +En este punto, el maestro de escuela impugnó igualmente el sermón y +defendió con más calor, ahínco y acierto a Juanita. + +--Es--decía--una muchacha discreta, honrada y trabajadora. Dios la ha +hecho hermosísima, y casi, casi estoy por decir que no sólo tiene +derecho, sino que tiene el deber de acicalarse y de realzar y mostrar la +hermosura que Dios le ha dado. Lo contrario sería ingratitud para con +Dios y desdeñar lo que enseña la parábola de los cinco talentos. Y +extraño mucho que ustedes, que han estado conmigo defendiendo la +propiedad individual, se vuelvan ahora contra mí y se pongan del lado de +don Policarpo para impugnar dicha propiedad. Pues qué, si Juanita tiene +dinero, ¿por qué no ha de gastarlo en cuanto se le antoje y vestirse +como una reina? ¿Y qué le falta a ella para ser reina o para ser +emperatriz? + +Movido el boticario por su espíritu malicioso, e impulsados los demás +por el odio y envidia de sus mujeres, respondían, si no con buen +discurso, con desvergüenzas y con burlas a cuanto don Pascual alegaba. + +Juana la Larga fue declarada una largartona de primera fuerza; Juanita, +una moza extraviada que estaba ya pervirtiendo y corrompiendo las buenas +costumbres, y don Paco, un viejo chinadísimo, a quien hija y madre +ponían en ridículo e iban a chupar cuanto poseía. + +En lo más recio de la disputa acertó a entrar en la botica el señor don +Paco, y antes de llegar a la trastienda tuvo el disgusto de oír y de +comprender los horrores que allí se propalaban. + +Todos se callaron, porque cara a cara no querían ofenderle. La herida, +con todo, estaba ya hecha. Se dio otro giro a la conversación. Se habló +de cosas distintas. Y don Paco halló lo más prudente no dar a entender +que había oído, y no traer de nuevo la conversación a tema para él tan +enojoso. + +A fin de disimular, trató de aparecer sereno y alegre; habló de las +novedades políticas; se congratuló de que don Andrés Rubio acabase de +obtener una gran cruz y fuese ya excelentísimo; y, por último, echó unas +cuantas manos de tute con el maestro de escuela. + +Embromó al boticario diciendo que no creía en la fuerza electrizadora de +su uña; y el boticario, a fin de convencerle, le prometió que el día +menos pensado, cuando estuviese él bien dispuesto, le llamaría y haría +delante de él la experiencia de encender el candil y de disparar el +cañonazo. + +Don Paco se había reportado, disimulando su pena y su enojo; pero no +bien volvió a su casa, la pena le arrancó lágrimas y el enojo le hizo +crispar los puños como sí estuviese delante algún enemigo a quien dar de +puñaladas. + +No podía, sin embargo, reñir con la población entera. Su hija era la más +culpada, y él la había sufrido. Por más que cavilaba, no veía otro modo +de vengarse, de castigar a su hija y de adquirir el derecho e imponerse +el deber de defender a Juanita contra todos que el de ofrecerle su mano +y casarse con ella. + +¡Ay de aquel que se atreviese entonces a decir nada ofensivo contra +Juanita, aunque ella estrenase cada día otro vestido de seda! + +Pensó bien en todo, interrogó a su corazón-, y su corazón le respondió +que estaba perdidamente enamorado de la muchacha. + +Entonces no se paró don Paco en más reflexiones; fue a su bufete y +escribió a la señora doña Juana Gutiérrez (suprimiendo el alias de la +_Larga_) una grave epístola pidiendo en forma la mano de su hija. + +Llamó en seguida al alguacil y pregonero, que le servía al mismo tiempo +de criado y ayuda de cámara, y le encargó que al día siguiente, y muy de +mañana, llevase aquel pliego cerrado a Juana la Larga y se lo entregase +en mano propia. + + +Hecho esto, se acostó y durmió con alguna tranquilidad, como quien ha +cumplido un deber, y con alguna satisfacción, como quien ha puesto una +pica en Flandes. + + + + +XX + + +Juana la Larga se llenó de júbilo cuando, a las siete de la mañana, +recibió la carta y la deletreó con no poca fatiga, porque, si bien sabía +leer, no leía de corrido y le estorbaba lo negro. + +No era Juana muy reflexiva ni previsora, y no pensó en las dificultades; +sólo pensó en el triunfo que ella y su hija, en su sentir, habían +alcanzado. Acudió, pues, a la sala baja, donde Juanita estaba cosiendo, +y con el mayor alborozo le dio parte de lo que ocurría. + +Como comentario, la madre no sabía sino exclamar: + +--¡Qué victoria! Todas esas perras, cochinas, van a reventar cuando lo +sepan. + +--Pues oye, mamá--contestó Juanita con el mayor reposo--: yo no quiero +que nadie reviente; lo mejor es que no lo sepa nadie. + +--¿Qué quieres decir con eso, muchacha? + +--Lo que quiero decir es que nosotros, tú, él y yo, seríamos los +reventados si hiciésemos tal desatino. No lo sufriría doña Inés; y el +cura y el cacique, la Iglesia y el Estado, lo temporal y lo eterno, +caerían sobre nosotros y nos aplastarían. Nos echarían del lugar a +patadas. Y quién sabe si en otro lugar lograríamos, y cuánto tiempo +tardaríamos en lograr, tú la reputación y clientela que aquí tienes, yo +tanta costura, y don Paco el poder que aquí alcanza y su mangoneo +provechoso, debido en mucha parte a su capacidad, pero no menos aún a la +sombra y al apoyo de don Andrés, con quien priva. + +--¿Y de dónde sacas tú esos agüeros tan angustiosos? + +--No es menester ser profeta ni adivino para sacarlos. Y además, ni yo +estoy enamorada de don Paco, ni él quizá esté enamorado de mí. ¿Para qué +el casorio? ¿Qué vamos ganando en ello? ¿No comprendes que si me pide es +por un extremo de delicadeza? Yo se lo agradezco; me lisonjea mucho la +prueba de aprecio que me da; pero no paso de agradecida y de lisonjeada. +Porque ha venido a casa de tertulia, y porque me ha regalado el traje, y +porque las malas lenguas murmuran, piensa él remediar el mal casándose +conmigo. Pues entonces la misma razón hay para que contigo se case, +porque también de él y de ti dijeron, o para que me case yo con el hijo +del herrador, ya que más y peor han hablado de mis relaciones con él que +de mi relaciones con don Paco. Nada, mamá: todo eso es una tontería, o +una prueba, si quieres, de que el bueno de don Paco es un caballero +cabal, aunque no tenga los leones, los pajarracos y los otros +chirimbolos que tiene su yerno en el escudo. + +--Y si tú, hija mía, reconoces y confiesas que don Paco es todo un +caballero, ¿por qué no le tomas por marido? + +--Porque no quiero casarme por cálculo; porque aunque quisiese casarme +por cálculo, este cálculo de ahora estaría muy mal hecho, y, sobre todo, +porque yo por nada del mundo he de aprovecharme de la caballerosidad +generosa de ese hombre para cogerle la palabra y satisfacer mi vanidad y +mi ambición, ya que amor no le tengo. Su trato me deleita; celebro su +discreción; le oigo hablar con gusto; pero de esto a desear ser suya y +casarme con él hay todavía mucha distancia. No quiero salvarla de un +brinco. Aquí, para entre nosotras, algunas veces he sentido inclinación +a ir por esa senda, a andar ese camino, y sabe Dios si lo hubiera andado +sin estos tropezones que ha habido; pero, en fin, aún no lo he andado. + +--¡Ay niña, con qué tiquis miquis y sutilezas te me descuelgas! ¡Cómo se +conoce el saber de que don Pascual te ha atiborrado la mollera! Si +parece cuanto dices tomado de esos libros que don Pascual te da a leer. +Pero, en fin, ¿qué contestamos a la carta de don Paco? Yo haré lo que tú +desees, porque el asunto más importa a ti que a mí y porque tú sabes más +que Lepe. + +--¿Pues qué hemos de contestar sino darle las gracias y decirle que +nones? + +--¿Y a quién le toca escribir eso? Creo que debo escribir yo... y dorar +la píldora. Yo no lograré poner el oro con mí pluma. Tú lo pondrás. Tú +irás diciendo y yo iré escribiendo, aunque hago letras que parecen +garrapatos. ¡Ay!, y más en el día, porque mi escribir ha caído en +desuso. Desde que murió tu padre en la guerra contra los carlistas, yo +no escribo sino las cuentas. + +--Con buena o con mala letra, es menester que tú escribas la carta; yo +te la iré dictando. + +--Hoy todavía no. ¿Es acaso puñalada de pícaro? ¿Quién nos corre? Antes +de dar un paso tan importante, conviene que lo medites y consultes con +la almohada. No es mucho veinticuatro horas de término. Hoy no escribo. +Mañana, si todavía te aterras a la opinión que ahora tienes, escribiré, +aunque me pese, lo que tú me digas. + +Juanita estaba segura de que no había de variar su resolución por mucho +que lo meditase. Tuvo, no obstante, que ceder a los ruegos de Juana y +aguardó hasta el día siguiente, en el cual, dividiéndose el trabajo, +según queda dicho, fabricaron entre ambas la carta, que, por su +trascendencia e influjo en los ulteriores sucesos de esta sencilla y +verdadera historia, hemos de consignar aquí. + +La carta decía como sigue: + + Señor don Paco: Muy ufanas estamos mi hija y yo de la honra que + usted nos hace en la carta que acabo de recibir. Se lo agradecemos + con toda el alma. La niña le quiere a usted mucho y le estima más; + pero declara que no puede ni debe aceptar lo que usted propone. + Cree ella que fue una imprudencia de su parte ir al sermón vestida + como una princesa, para azuzar más en contra suya a la gente, que + ya deseaba morderla. Todo el lugar está ahora sublevado. Mal + remedio sería la boda. Aumentarían la sublevación y el motín. Su + Hija de usted se pondría a la cabeza. Nosotros no podríamos + resistir. Los tres tendríamos que irnos con la música a otra parte. + En fin, don Paco, Juanita sostiene que sería la boda una locura. + Dice, por último, que ella no manda en su corazón, que la + diferencia de edad es grande entre ustedes y no quiere a usted de + amor, aunque le profesa la amistad más fina. Sería, pues, muy feo + de parte de ella abusar de la generosidad de usted para satisfacer + su ambición o su vanidad casándose por cálculo, y también sería muy + tonto, porque el cálculo estaría mal hecho. + + Lo mejor y lo más discreto es que ustedes no se casen y que nadie + sepa que ha dado usted este paso. Doña Inés nos odiaría si + aceptásemos la proposición de usted; pero también nos odiará y nos + declarará más la guerra si averigua que no aceptamos, pareciendo + como que desdeñamos a su padre con infundada soberbia. Importa, + pues, ocultar todo esto. + + Ahí devuelvo a usted su carta. Rásguela y rasgue la mía, a fin de + que no quede prueba escrita de lo ocurrido, y conserve usted en su + memoria grato recuerdo de nosotras. Crea en nuestra profunda + gratitud y mande a su afectísima amiga y constante servidora, + q.b.s.m., + + _Juana Gutiérrez_. + + + + +XXI + + +Don Paco se sintió lastimado y encantado a la vez con la lectura de la +carta, que calificó de muy discreta y que miró como dictada por Juanita. + +Sí ella le hubiera aceptado por marido, el contento de don Paco hubiera +sido grande, pero menor su estimación del valor de Juanita que el que +era entonces al recibir las calabazas. Acaso una vaga sospecha de que +Juanita aprovechaba la ocasión hubiera aguado el contento de ver que +ella le aceptaba. Si en extremo le dolía que ella declarase que no le +amaba, no podía menos de aplaudir la lealtad de la declaración. Don Paco +estaba conforme en lo tocante al aprecio de las circunstancias que se +oponían a la boda y que la hacían aparecer a toda juiciosa previsión +como fuente de disgustos y de males. + + +De aquí que sus sentimientos al leer la carta fuesen de dolor y de +mortificación de amor propio por el desamor de Juanita; de admiración y +aplauso por la prudente conducta de la muchacha, y de mayor cariño hacia +ella, así por la noble franqueza con que exponía las causas que +justificaban su desdén, como por las amistosas dulzuras con que +procuraba suavizarlo. + +Conoció también don Paco que importaba mucho que su petición y la +subsiguiente repulsa no llegaran a saberse, y aunque no tuvo valor para +rasgar o quemar lo que él escribió y la contestación de Juana, guardó +ambos documentos en el más secreto escondite de su escritorio. + +Trató, además, de hacerse superior a su pena y de ver si olvidaba a +Juanita, o al menos si seguía queriéndola con calma y con cierta +tibieza, a fin de esperar sin impacientarse que Dios mejorase las horas, +ya que la esperanza es lo último que se pierde en esta vida. + +Y por lo pronto, o bien para conseguir el olvido o bien para enfriar o +entibiar su fervorosa pasión, resolvió no volver a poner los pies en +casa de Juanita y evitar su encuentro en la iglesia, en las calles y en +la plaza. + +Juanita, entre tanto, como era poco amiga de la sociedad y gustaba mucho +de la conversación de don Paco, se afligía del aislamiento y deploraba +el sacrificio que había tenido que hacer. Allá, en el fondo de su alma, +cuando estaba a solas con su conciencia, y con el notabilísimo despejo y +la serenidad imparcial con que ella lo miraba todo, hacía repetidas +veces las sutiles reflexiones que trataremos de expresar aquí en el +siguiente soliloquio: + +«Me lo tengo bien merecido. He vivido hasta el día desgobernada y muy a +tontas y a locas. Mi madre, Dios me perdone si la ofendo, tiene poco +juicio, aunque bien puede ser que lo pierda por el entrañable amor que +me tiene. Lo cierto es que entre las dos hemos hecho una infinidad de +tonterías. Justo es que las paguemos. No debo quejarme. En primer lugar, +siendo yo mocita casadera, y si no ocupando cierta posición, aspirando a +ocuparla, debí dejar de ir por agua a la fuente y a lavar al albercón. +Debí darme más tono. Y ya que no me lo di, aún fue mayor disparate el +querer de repente transformarme en dama y eclipsar y aturdir y excitar +la envidia y la rabia del señorío mujeril de este lugar. Todavía mi +súbita transformación hubiera podido tener buen éxito si atino a ganarme +antes la buena voluntad de la muy poderosa e ilustre señora doña Inés +López de Roldán. Pero, lejos de eso, lo que hice fue provocar su enojo. +Si el trato de don Paco me agradaba y me divertía, jamás he pensado yo +en casarme con él, y aquí viene bien que yo lamente otra locura mía, +otra completísima falta de cautela en mi madre y en mí. ¿A qué fin +recibir de tertulia todas las noches a don Paco, sola a veces y a veces +en compañía de Antoñuelo, lo que casi es peor? Lo hacíamos porque nos +daba la real gana, sin atender a que somos pobres y a que la gana de los +pobres no es real, sino súbdita que necesita someterse y hasta morir sin +hallar satisfacción, a fin de no exponerse a muy crueles castigos. +Nuestra tertulia era muy inocente; bien puedo sostener que más inocente +que la de doña Inés. ¿Cómo evitar, no obstante, que doña Inés supiese y +hasta creyese de buena fe mil abominaciones, excitada por esa chismosa +de Crispina, que todo lo huele y cuando no lo huele lo inventa? Ella, +sin duda, le diría primero que Antoñuelo era mi amigo y don Paco el de +mamá, y después, que yo me había apoderado de los dos, de uno para el +gusto y del otro para el gasto, y que yo me estaba comiendo las mil +chucherías que él me traía de regalo y hasta el exquisito y sin par +chocolate que se fabrica en casa de ella. Comprendo lo furiosa que doña +Inés se pondría, y más aún al sospechar que don Paco pudiera casarse +conmigo, porque doña Inés quiere heredar o que hereden sus hijos los +ahorros y las finquillas que don Paco va reuniendo, para lo cual importa +que don Paco no se case, o bien que se case con una hidalga viuda que yo +me sé y que le daría cierto lustre aristocrático, y de seguro no le +daría hijos, porque está ya pasada y huera, y el caso de Abrahán y de +Sara no se repite.» + +Así, y si no en los términos de que me valgo, en términos muy parecidos, +discurría Juanita a sus solas. Luego continuaba: + +«Es indispensable que yo me enmiende y que ajuste mi conducta a la razón +y a la conveniencia. Debo tener doble juicio, por mi madre y por mí. Y +ya que (esto no puede negarse) soy cándida como la paloma, no está bien +que me olvide de la otra mitad de la sentencia evangélica que he oído +decir tantas veces al padre Anselmo en sus sermones. Por tanto, en lo +sucesivo me propongo ser astuta y prudente como la serpiente. La vida de +zagalona rústica no hay que pensar en hacerla de nuevo. Dios me libre +también de recaer en la mala tentación de presumir de princesa. Nada de +volver con la cabeza al aire y con el cántaro por esos andurriales; y +nada tampoco de ponerme el magnífico vestido de seda mientras no gane +posición, autoridad y título duradero, suficiente y legítimo, para +tamaña audacia. Ahora me conviene seguir por un justo término medio: +salir poco de casa, coser y bordar mucho e ir con frecuencia a la +iglesia, a misa y a mis devociones, muy humilde, con vestidito de +percal, y cobijada así, borrar la mala impresión que necia o +inocentemente he causado, y hasta llegar a adquirir reputación de +santa.» + +Aquí no podía menos de sonreírse Juanita, a pesar de lo fastidiada que +estaba, y luego proseguía: + +«Cierto que yo no soy mala y que amo a Dios sobre todas las cosas y que +me complazco en darle adoración y culto; pero también, ¡qué diantres!, +¿por qué no confesarlo?, también me amo y me doy culto a mí misma. Quizá +sea pecado. Lo que debo hacer es que este segundo culto, para no +escandalizar a nadie, no sea público, sino misterioso. En lo exterior he +de parecer como una beata pobre; mas ¿por qué he de privarme del placer +de cuidar, de asear y de pulir con el mayor esmero este cuerpecito que +Dios me ha dado? Sin que nadie lo sospeche, he de cuidarlo y he de +lavarlo como si fuera el de una infanta de España. ¡Qué horror, cielos +santos, sí llegase a saberlo, por ejemplo, Julián el arriero! Yo le oí +contar en la fuente mientras daba agua a sus mulos, y haciéndose cruces, +la indignación que le causó, cuando servía en Córdoba a una marquesa, el +averiguar, estando él en la cocina, que llevaban a dicha señora un +enorme lebrillo y dos grandes jarros de agua a su cuarto. "¿Qué harías +tú--le preguntó una chica--si tu mujer emplease también un lebrillo por +el estilo?" "Pues yo--contestó él--agarraría una vara y la pondría negra +a varazos, por indecente y por mantesona." Necesario es que yo haga un +misterio de mi limpieza, si no quiero que me excomulgue Julián y la +mayoría de mis compatricios que discurren como él. Mas no por eso he de +dejar de ser limpia. Además, quiero ser cuidadosa y muy regalada en mi +ropa blanca interior. En los ratos de ocio, con mis ahorrillos y cuando +no cosa para la calle, he de hacerme camisas finas y enaguas bordadas +como no las use mejores una archiduquesa de Austria. Tapado todo ello +con el mezquino traje exterior, me pareceré a la violeta, que, escondida +entre las verdes hojas y tal vez entre feos hierbajos, no deja conocer +que exista como no sea al que tenga la nariz muy fina y por su delicado +olor la descubra. Seré como aquel personaje de cierto romance que recita +don Pascual, el cual personaje vestía de peregrino y llevaba una +esclavina + + que no valían un reale; + debajo llevaba otra + que valía una ciudade.» + +Juanita, al citar estos versos y al aplicárselos, se olvidaba de sus +melancolías y soltaba una carcajada. + +--¿De qué te ríes, niña?--le dijo una vez su madre--. Pues no es cosa de +risa lo que nos está sucediendo. + +--Sí, mamá; es cosa de risa. Mejor es reír que rabiar. Cuando las cosas +se toman a risa, las penas que causan se mitigan o se consuelan. + +Juanita no se contentó con pensar y con proponerse cuanto queda dicho, +sino que lo cumplió todo con la mayor exactitud y perseverancia. + +Pasaron muchos meses. + +El cambio de Juanita empezó a notarse y a celebrarse entre las personas +más devotas del lugar. El padre Anselmo, singularmente, y sin poderlo +remediar, a despecho de su humildad cristiana y del menosprecio de sí +mismo, sintió un noble orgullo y se dio a entender que había hecho la +más repentina y milagrosa conversión, deteniendo a aquella joven y +simpática pecadora al borde del abismo en que iba ya a precipitarse. + + + + +XXII + + +Su rehabilitación costó a Juanita largo tiempo, y además no pocos +sacrificios, trabajos y esfuerzos de voluntad. + +Fue lo más duro para ella el tener que vivir, sobre todo al principio, +en soledad completa. + + +Se aburría, y a menudo recelaba que iba a enfermar de ictericia. No +podía ni quería retroceder y charlar de nuevo y reanudar amistades con +las mozuelas que antes había tratado, las cuales, ofendidas ya, le +darían acaso mil sofiones; ni menos podía intimar, aunque lo desease, +con las hidalgas y con las hijas de los labradores ricos, que se +preciaban de señoritas y que huirían de ella, así por la humilde +posición de su madre como por su ilegítimo nacimiento y por la mala fama +que le habían dado en el lugar, y que entre todos sus habitantes cundía. + +Juanita tuvo que perder hasta la amistad y el trato de Antoñuelo. Y esto +no sólo para no seguir dando pábulo a la maledicencia, sino también +porque Antoñuelo estuvo muy tonto y ella se vio en la precisión de +despedirle con cajas destempladas y para siempre. + +Dos días después de haber predicado el padre Anselmo su famoso sermón, +Antoñuelo volvió de sus correrías. Entonces no se hablaba en el lugar +sino del escándalo que Juanita había dado y de la severa y merecida +lección que del padre Anselmo había recibido. + +Ya en la plaza, ya a la sombra de algunos álamos que están en el +altozano, cerca de la iglesia, y donde se reúne y platica la gente moza, +varios amigos y conocidos embromaron pesadamente a Antoñuelo por el +papel desairado y ridículo que suponían que había hecho reverenciando, +sirviendo y adorando casi como una deidad a una mozuela que le desdeñaba +y que aceptaba, quién sabe hasta qué punto, los regalos y el amor de un +rival dichoso. + +Las relaciones entre Juanita y Antoñuelo tal vez parecerán inverosímiles +a quien piense someramente en ello; pero yo creo que son más naturales y +frecuentes de lo que se imagina. + +Desde la infancia habían vivido en la mayor intimidad Antoñuelo y +Juanita. + +Con cortísima diferencia, tenían la misma edad, y podía asegurarse que +se habían criado juntos. El era zafio, mal educado, travieso y atrevido; +tenía pocos alcances y una voluntad tan realenga, que ni a su padre se +sometía; peto en estos mismos defectos se fundaba la amistad de Juanita +hacia él. Juanita había adquirido y conservaba tai imperio sobre aquel +muchacho, que lograba que la respetase, temiese y obedeciese como un +perro a su amo. + +A ella no se le pasó jamás por la imaginación el querer a Antoñuelo como +una mujer quiere a un hombre. Y él, como por una parte la tenía por un +ser superior y por otra parte sus instintos amorosos eran vulgarísimos, +procuraba emplearlos y satisfacerlos en más fáciles objetos, y sin darse +cuenta de ello, e ignorando su esencia y su nombre, consagraba a Juanita +un afecto puro, ideal y platónico. Sentimientos tales, si bien se +recapacita, no son extraños al alma de los más vulgares sujetos. Todos o +casi todos los hombres tienen sed, tienen necesidad de venerar y de +adorar algo. El espiritual, el sabio, el discreto, comprende con +facilidad y adora a una entidad metafísica; a Dios, a la virtud o a la +ciencia. Pero el rudo, el que apenas sabe sino confusamente lo que es +ciencia, lo que es virtud y lo que es Dios, consagra sin reflexionar ese +afecto, en él casi instintivo, a un ídolo visible, corpóreo, de bulto. + +Juanita era este ídolo para Antoñuelo. Juanita era también su oráculo. +El oía con religioso respeto sus advertencias y amonestaciones, y de +buena fe se prometía y prometía al pronto tomarlas para pauta de su +conducta. Siempre que Antoñuelo se hallaba en la presencia de Juanita, +se sentía avasallado por su influjo, deslumbrado por su superior +inteligencia y ligado a la voluntad de ella. Por desgracia, no bien +Antoñuelo se hallaba ausente de Juanita, el influjo bienhechor +desaparecía, y los instintos brutales y las malas pasiones acudían en +tropel y desataban o rompían las ligaduras y arrojaban al olvido los +buenos consejos y preceptos que Juanita le había dado. Antoñuelo, lejos +de la fascinación y del encanto que casi milagrosamente le habían +conservado como ser racional, se convertía en un estúpido y en un +perdido. + +A pesar de la ineficacia, por falta de duración, de su poder purificante +sobre el alma de Antoñuelo, Juanita le quería, se interesaba por él y +sentía halagado su orgullo al dominarle, aunque fuera momentáneamente. + +Para dar una idea exacta de la inclinación de Juanita hacia aquel mozo, +diré que se parecía a la que yo he visto que tienen ciertas grandes +señoras ya por un alano, ya por un mastín corpulento y poderoso que hay +en casa de ellas, que inspira terror a las visitas, que parece capaz de +derribar a un hombre de un manotazo y de destrozarle de un mordisco, y +que, sin embargo, se echa con la mayor humildad a las plantas de su ama +y siente inexplicable placer si ella con su blanca mano le toca la +cabeza o con el pie le sacude o le pisa. + +En la ocasión de que vamos hablando, las feroces burlas de sus camaradas +habían transformado a Antoñuelo; su domesticidad y mansedumbre habían +desaparecido: ya no era perro, sino lobo. + +Traía muy estudiado el discurso, si puede llamarse discurso lo que iba a +decir; y a fin de que no se le borrara de la memoria o se le enmarañara +en el caletre, deseaba descargarse de él como quien suelta un peso y +decirlo sin preámbulos. La ocasión se presentó propicia a su deseo. + +Juana estaba en la cocina, y Antoñuelo halló sola a Juanita cosiendo en +la sala. Venía él con el entrecejo fruncido y con marcadas señales en +toda la cara de muy terrible enojo. Apenas se saludaron él y ella, +Antoñuelo dijo: + +--Vengo a quejarme de ti, a decirte que me has engañado. Por culpa tuya +he estado haciendo el tonto, y no quiero hacerlo más. + +--Pues, hijo mío--dijo ella riendo--, yo no sé cómo te las compondrás +para no seguir haciendo el tonto. Lo que yo sé es que no tengo la culpa +de que lo hayas sido hasta ahora, y menos sé aún en qué y cuándo te he +engañado. + +--Me has engañado fingiéndote santa, para que yo, embaucado, te adorase, +cuando no eres santa, sino una mala mujer. Por todo el lugar no se habla +de otra cosa sino de tus relaciones con don Paco, y de que te mantiene y +te viste. + +--¿Y has creído tú esas calumnias? ¿Y en vez de defenderme y de +enfurecerte contra los calumniadores te enfureces contra mí? Juanita +dejó escapar irreflexiblemente estas últimas frases. Luego se reprimió y +procuró enmendarlas. Creía bruto a Antoñuelo, pero no lo creía cobarde. + +Si dejó de defenderla fue, no por cobardía, sino por maliciosa necesidad +que acepta lo malo como cierto. De todos modos, más valía así. Mucho +hubiera contrariado a Juanita que por sacar la cara por ella hubiera +reñido Antoñuelo, resultando tal vez de la riña heridas o mayores +desgracias, que hubieran empeorado la situación. + +Juanita añadió entonces: + +--Bien pensado, hiciste bien en no defenderme. He sido imprudentísima. +Los que no me conocen tienen algún fundamento para acusarme. Las +apariencias me condenan. Yo me resigno y perdono a los que me acusan. +Perdónalos tú también, pero no los creas. Tú, que me conoces de toda la +vida; tú, que sabes con qué pureza de afecto, con qué ternura de hermana +te he querido y te quiero aún, no debes, no puedes creer esas infamias; +pues qué, ¿no comprendes que yo soy capaz de querer a don Paco por el +mismo estilo que a ti te quiero? + +--Esa es grilla, esa es grilla--replicó Antoñuelo--. Tú, con tus +sutilezas y mentiras, quieres volverme tarumba; pero no lo conseguirás. +Te burlas de mí porque me crees bobo. No quiero callar. Aunque me pongas +el dedo en la boca, te morderé y no callaré. En adelante no quiero ser +tu juguete. Quien te conozca, que te compre. Me han abierto los ojos. Ya +te conozco. Eres una tramoyana y una perdida. Y tu madre es peor que tú. + +La última frase la decía Antoñuelo para desafiar también la cólera de +Juana, que entraba en la sala de vuelta de la cocina. + +--¡Ay niña, niña!--dijo Juana--. ¡Qué paciencia la tuya! ¿Por qué +aguantas los insultos de este animal de bellota, las coces de este mulo +resabiado? + +--Señora--replicó Antoñuelo--, mire usted lo que dice y no se +desvergüence conmigo, si no quiere que me olvide yo de que es mujer y le +ponga las peras a cuarto o la emplume, como merece. + +Al oír esto Juana ya no contestó palabra, pero se precipitó sobre el que +tan atrozmente la ofendía Juanita se interpuso entre su madre y el mozo, +a fin de evitar la lucha. + +--Vete, vete al punto de esta casa y no vuelvas más en tu vida. Para mí +has muerto. Quiero olvidar hasta el santo de tu nombre. No tengo que +darte cuenta de mi conducta. Nada me importa ni me aflige el ruin +concepto que formes de mí. Vete. + +Y diciendo y haciendo, interpuesta siempre entre su madre y el mozo, +recelosa de que se empeñasen en un combate tragicómico, fue empujando +con suavidad a Antoñuelo hasta la puerta de la calle. Ella misma levantó +el picaporte, abrió la puerta y echó de su casa al amigo de toda la +vida. Al hacer esto, en el rostro de Juanita se mostraba más bien la +tristeza que la cólera; Antoñuelo, al mirarla tan digna, amainó en su +furor, no persistió en sus improperios, y se fue cabizbajo y silencioso. + + + + +XXIII + + +Al disgusto de vivir aisladas ambas Juanas se añadía otro no menor y más +positivo. + +Al principio se difundió tanto la idea de que Juana había llevado su +complacencia inmoral hasta ser tercera de su hija, que la llamaban menos +para trabajar en las casas principales por el temor de que fuese ella la +propia Celestina resucitada y tratara de pervertir a las Melibeas de +dichas casas. No obstante, y como ya he dicho, aquella malísima +situación se fue poco a poco suavizando. Además, eran tan notorios y tan +irreemplazables el arte y la inspiración de Juana para dirigir una +matanza, para hacer arrope, piñonate, empanadas y tortas, y para +preparar festines, que las personas de gusto y de medios desecharon los +recelosos escrúpulos, y, poniéndoles el correctivo de estar a la mira y +ojo avizor para que Juana no ejerciese sus presuntas artes +_proxenéticas_, siguieron llamándola a trabajar a sus casas; y los +ingresos y rentas de Juana, que habían disminuido, volvieron a su estado +normal, aunque no se aumentaron. + +El recogimiento y la austeridad de Juanita al fin surtieron efecto. La +idea que el padre Anselmo concibió de que había logrado convertir a +aquella pecadora incipiente y de atraer al aprisco a la ovejita +descarriada antes que cayese entre las uñas y la boca del lobo, fue +adquiriendo resonancia y eco entre el vulgo. Juanita fue, pues, mirada, +si no como paloma sin mancilla, como Magdalena arrepentida y penitente, +no de la culpa, sino del conato. + +Transcurrió más de un año antes que Juanita, a fuerza de ingenio y de +fatigas, lograse resultado tan brillante. + +La rígida doña Inés era la más difícil de ablandar. No quería creer en +la virtud de la muchacha, y sospechaba que era todo hipocresía. + +Cuando llegaban a oídos de Juanita noticias de la terca incredulidad de +doña Inés y de que la sospechaba de hipócrita, Juanita decía para sí: +«No es mal sastre el que conoce el paño»; y sin arredrarse seguía por el +camino que se había trazado. + +Llegó en esto el invierno, y doña Inés quiso vestir a todos sus niños +con buena ropa de abrigo; Juanita alcanzaba ya alta reputación de +costurera. Todo lo que pudiesen hacer Serafina y otras del lugar era una +chapucería cursi si se comparaba con las confecciones de nuestra +heroína, que estaba al corriente de las últimas modas de París, que +recibía los figurines y que, ajustándose a ellos, sin encadenar +servilmente su fantasía a una imitación minuciosa, ideaba, trazaba, +cortaba y hacía trajes para las mujeres, dignos de figurar en los +salones de la corte y de ser descritos por _Montecristo_ o por +_Asmodeo_, y para los niños y niñas no inferiores por su gracia y por su +chic a aquellos con que la prole de un milord opulento o de un banquero +inglés se engalana. + +Ruego al lector que me dé entero crédito y que no imagine que son +ponderaciones andaluzas, o que mis simpatías hacia Juanita me ciegan. Lo +que digo es la verdad exacta, pura y no exagerada. Yo he estado en +Villalegre, he visto algunos trajes hechos por Juanita y me he quedado +estupefacto. Y cuenta que yo tengo buen gusto. Todo el mundo lo sabe. + +En fin, doña Inés se dio a pensar y a repensar en lo muy preciosos que +estarían sus niños con los trajes que Juanita les hiciese; venció la +repugnancia que sentía contra ella, la llamó a su casa y le encomendó +trajes para todos, según la edad y el sexo de cada uno. + +Fue Juanita a casa de doña Inés tan pobre y modestamente vestida como si +saliese de un beaterio, y tan modosita en el hablar, en la voz y en los +modales, que parecía, sin visos ni asomos de afectación, una criatura +seráfica. + +Esto, sin duda, hubo ya de entreabrirle o de ponerle entornadas las +puertas del corazón de doña Inés, la cual sabía mucho y pensaría y diría +en su interior. + +--Si no lo finge, en verdad que es muy buena esta muchacha; y sí lo +finge, sabe más que Cardona: es admirable su fingimiento. + +Así, doña Inés se predispuso ya favorablemente. + +Su favor valía mucho, y doña Inés acertó a cobrárselo por instinto. +También hay su poco de gorronería en los grandes y poderosos de la +tierra. Viene o propósito esta sentencia, porque doña Inés pagó el +trabajo de Juanita en la tercera parte de lo que valía, aun en aquel +lugar donde se trabaja barato, y pagó las otras dos terceras partes en +el favor tan deseado y apetecido que empezó entonces a alcanzar la linda +costurera. + +Los niños, con los trajes hechos por Juanita, salieron tan bien vestidos +el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, que daba gloria verlos, y la +gente los miraba y los seguía en la calle. La vanidad maternal de doña +Inés quedó muy satisfecha. Ni la propia Cornelia se ufanó más cuando +enseñaba a sus Gracos. Pero doña Inés fue más allá de Cornelia: no se +contentó con lucir a sus hijos, sino que se propuso competir con ellos y +aun superarlos en indumentaria, y decidió que Juanita también la +vistiese. + +Juanita se prestó a todo con el mejor talante y prodigioso acierto e +hizo a doña Inés corsés y varios trajes. + +Nacieron de aquí la confianza y alguna familiaridad, hasta donde es +lícito y decoroso que la familiaridad se entable entre una dama +principal y una trabajadora plebeya; pero al fin, como doña Inés tenía +que mostrarse a Juanita en paños menores para probarse corsés y +vestidos, ¿qué mucho que la confianza naciese y creciese? + +Juanita supo después, con lentitud y por sus pasos contados, darse tal +maña, que doña Inés, que ya le había confiado su cuerpo para que lo +vistiese, empezó a confiarle también y a descubrirle su espíritu, aunque +sólo hasta cierto punto, porque el espíritu de doña Inés, según pensaba +Juanita, acaso con malicia sobrada, tenía más conchas que un galápago y +jamás se desnudaba y se descubría por completo. + +Juanita tenía una voz melodiosa y clara y sabía leer muy bien, lo cual +es bastante raro, dando a lo que leía entonación y sentido. Pronto atinó +a mostrar a doña Inés que ella poseía habilidad tan útil, y no tardó +doña Inés, que se fatigaba algo leyendo, en tomar a Juanita por +lectora. + +Claro está que doña Inés, que era mística muy elevada en sus +pensamientos y un tanto cuanto asceta, aunque más en lo especulativo que +en lo práctico, hacía que Juanita le leyese vidas de santos y libros +devotos y morales como _Monte Calvario_, _Gracias de la gracia_, _Gritos +del infierno_, _Espejo de religiosos_, _Casos raros de vicios y virtudes +y Estragos de la lujuria_. + +Era doña Inés aficionadísima a disertar y a convencer a sus oyentes y +contradictores cuando disertaba. Si por algo se dolía de haber nacido +mujer, era por no poder transformarse en predicador o en catedrático. + +Juanita supo con tanto pulso seguirle el humor, que no se callaba ni lo +aceptaba todo desde luego, sino que impugnaba algo sus tesis y discursos +para darle ocasión de que hablase más y desplegase su elocuencia, a la +cual acababa por ceder, reconociéndose vencida. De esta suerte se +alegraba y se exaltaba el ánimo de doña Inés, corroborando la creencia +que ella tenía en su virtud persuasiva y en su saber y talento, y +haciéndole creer, además, que después de ella, aunque a muy razonable +distancia, no había en todo Villalegre, salvo quizá el padre Anselmo, +persona más talentosa y más sabia que Juanita. + +La privanza de esta con doña Inés llegó al fin a su colmo. + +En presencia de cualquier persona, Juanita seguía atendiéndola con el +mayor respeto y dándole el tratamiento de _su merced_; pero en momentos +de expansión, una vez que Juanita la oyó atentísimamente, impugnó sus +razones y terminó por ceder a ellas, doña Inés, entusiasmada, se allanó +hasta el extremo de mandarle que cuando estuviesen las dos solitas la +tutease. + +Estas prodigiosas conquistas de la paciente y despejada muchacha le +prestaron desde luego confianza en sí misma, y pudieron darle mucha +honra, sí ella entendiese que la necesitaba; mas apenas le dieron +material provechoso, que era de lo que más necesidad tenía. + +Pensaba doña Inés que no había mejor ni más espléndida paga que su +afecto. Suponía tal la elevación de alma de Juanita, que hubiera sido +injuriarla ofrecerle dinero. Un ochavo más que doña Inés le hubiese dado +sobre el jornal que de ordinario ganaba, hubiera parecido una limosna. +No era delicado socorrer a Juanita como a una pordiosera. + +Y después de estos razonamientos tan juiciosos, como doña Inés no pagaba +a Juanita sino lo que cosía, y no le pagaba, para no humillarla, ni las +horas que empleaba leyéndole libros ni el tiempo que perdía escuchando +sus disertaciones, resultaba doña Inés, por obra y gracia de lo mirada +que era, tenía lectora y auditorio y acompañante de balde. + + + + +XXIV + + +La gloriosa servidumbre en que Juanita había llegado a ponerse, si no +era útil, era molesta en extremo, porque la amistad de doña Inés no +podía ser más exigente ni más imperativa. Y mientras más rebosaba +entusiasmo y ternura, más se recrudecía también en exigencia y en +imperio. + +Había días en que no le quedaba a Juanita ni hora libre ni momento de +sosiego. Doña Inés la llamaba y se valía de ella para todo. + +En los lugares, al menos hace algunos años, pues no sé si habrán variado +las costumbres, nunca salía una señora principal de visita o de paseo +sin llevar a una acompañante. Juanita tuvo, por consiguiente, a más de +leer y de escuchar disertaciones, que acompañar a doña Inés en sus +visitas y en sus paseos. Y cuando a esta se le antojaba de súbito +visitar o pasear y no tenía a Juanita en casa, iba a buscarla a la suya, +haciéndose acompañar hasta allí por Serafina. + +En los paseos rara vez leía o hacía leer doña Inés; pero, convertida en +filósofa peripatética, disertaba de lo lindo, siempre sobre religión, +moral, menosprecio del mundo, alabanza del recogimiento y de la +conversión interior y aspiraciones a lo sobrenatural y divino. + +Conviene que se sepa que doña Inés tenía un carácter tan dominante, que +no se aquietaba ni se satisfacía como no decidiese y gobernase cuanto +hay que decidir y gobernar. + +Ella designaba el nombre que había de recibir en la pila bautismal cada +villalegrino que naciese; ella decretaba, después de estudiar aptitudes, +capacidades y recursos, el oficio que cada cual había de aprender y +ejercer, y ella escogía marido para cuantas niñas casaderas vivían en el +pueblo y pertenecían a familias merecedoras por algún título de su +atención y cuidado. + +El concepto que formaba doña Inés del universo visible y de cuantas +cosas hay en él y en él se sustentan, era concepto más pesimista que el +del propio Schopenhauer; pero el de doña Inés estaba dulcificado por dos +potencias benéficas y fecundas que había en su alma. Ella podría ser, o +era, más o menos pecadora. Yo no he llegado a ponerlo bien en claro, de +suerte que, al ir escribiendo esta historia, lo probable es que lo deje +turbio o nebuloso. De cualquier modo que fuese, y sin escudriñar los +secretos de doña Inés en lo tocante a la conducta, aseguro con evidencia +que ella, en lo teórico, sin afectación ni mentira, tenía la más +acendrada fe religiosa. Con esta fe, y con las otras dos consoladoras y +divinas virtudes que de ella nacen, doña Inés iluminaba el mundo, +hermoseándolo con celestiales resplandores. + +Toda deformidad moral, todo vicio, toda dolencia, la fealdad física, las +enfermedades, la miseria, el dolor y la muerte se despojaban en su +pensamiento de horror y de amargura al considerar que deben sufrirse por +el amor de Dios, y desvanecerse y disiparse, como la oscuridad de la +noche cuando aparece la aurora, ante la esperanza de lo trascendente y +de lo ultramontano. Para doña Inés, este mundo en que vivimos era un +valle de lágrimas y un transitorio lugar de prueba, indispensable camino +para otra vida mejor. La presente, pues, aunque fuese muy mala, no era +nunca mala, ya que en ella, si se padecía con resignación, mientras más +se padeciese, mejor y más abundante cosecha se recogía y se atesoraba de +frutos que no se corrompen y de riquezas que nadie roba. Y como doña +Inés no gustaba de quedarse atrás en nada, sino de adelantarse en todo, +y ser también importante cosechera de los mencionados frutos y riquezas, +muy candorosamente estaba persuadida de que padecía o había padecido +mucho ejerciendo y luciendo su paciencia, compitiendo un poquito con Job +y granjeándose los medios de ir al cielo derechita, sin tropezar en +rama, ya se entiende que contando con la misericordia de Dios, que le +perdonaría sus pecados, si los tenía, pues, según ya he dicho, no lo +sabemos. + +La otra potencia de que se valía doña Inés, sin estudio, espontánea y +sencillamente para blanquear y hasta para dorar la tenebrosa negrura de +su concepto _schopenhaueriano_ del mundo, era el sentimiento vivísimo y +atinado, fuente inexhausta de puros deleites, con que percibía su alma +toda belleza, tanto espiritual cuanto corpórea. Llamar a esto buen gusto +me parece poco. El buen gusto, por lo general, es pasivo y estéril. En +doña Inés alcanzaba actividad creadora. La visión de la belleza +concebida por doña Inés relucía en las profundidades de su alma y creaba +allí otro universo ideal, semejante al exterior universo, salvo que de +él todo mal y toda mengua habían sido expulsados. + +Como se ve, no era doña Inés mujer adocenada, sino persona memorable, o +dígase digna de la historia, por lo cual me complazco yo en ponerla en +la mía. + +Doña Inés, y perdone el pío lector si me repito, a pesar de sus ocho +vástagos, estaba aún muy guapa; en lo mejor de su edad, bien cuidada, +alimentada y vestida. + +El asomo de rivalidad que brotó en su alma, el día de la intempestiva y +pomposa aparición de Juanita en la iglesia, había desaparecido +enteramente, merced a la humildad de la muchacha y a la sumisión con que +la acataba y servía. Desechados así los celos, la mente y el corazón de +doña Inés dieron entrada franca al afecto y a la admiración de la +bondad, del talento y de la hermosura de que Juanita estaba dotada. + +No había primor en Juanita que doña Inés no advirtiese, celebrase y +ponderase. Llegó a notar, a pesar del pobre pañolito con que se cubría +la chica espalda y pecho, la admirable perfección de toda aquella sana y +virginal estructura. De su rostro no quiero ni puedo decir más sino que +le parecía el de un ángel. Y, por último, ponía en Juanita casi, casi +tanta discreción, ingenio y bondad como en ella misma. En suma, doña +Inés miraba y estudiaba a Juanita como el sabio crítico, buen gramático +y mejor estético mira y estudia un bello poema, o como el gran conocedor +y perito en las artes plásticas mira y estudia una obra maestra de +escultura. + +Cualquiera imaginará que, llegadas las cosas a este punto, Juanita +podría apoderarse de la voluntad de doña Inés y hacer de ella lo que le +diese la gana; pero sucedió lo contrarío. Frecuentemente recelaba +Juanita que se le iba a acabar la paciencia, y allá en sus adentros +decía: «Peor está que estaba.» A fin de que se comprenda el fundamento +que tenía Juanita para decir «que estaba peor», pondré aquí uno de los +discursos que doña Inés, con frecuencia, le dirigía: + +--Hija mía--exclamaba--, hay en las condiciones y circunstancias que han +de influir en tu destino cierta contradicción que puede ser causa de mil +desventuras. Por tu belleza, por tu talento y por la elevación moral de +tu alma mereces casarte con un príncipe, dechado de todas las +perfecciones. Por tu desventurado nacimiento, por la clase humilde a que +perteneces y por la pobreza que te obliga a residir en este lugar, +tendrás que quedarte soltera o tendrás que casarte con un labrador rudo +y zafio. Si te quedas soltera, de continuo te verás expuesta a los tiros +de la envidia y a las emponzoñadas mordeduras de la calumnia, y te +rodearán, además, groseras seducciones, a alguna de las cuales quién +sabe si cederás en un momento de flaqueza, porque todas somos débiles y +ninguna puede estar segura de no tropezar y de no caer si en un solo +momento la deja Dios de su mano y no la sostiene con su gracia. Pues no +digo nada si, movida por la vanidad o por pasiones más tiernas y propias +de tus verdes años, y cegada por ellas hasta desconocer la ruindad del +sujeto que te enamora, te casas al fin con un hombre de tu clase, con +algún palurdo de esta tierra. ¡Qué desgracia la tuya entonces! ¡Pronto +llegaría el desengaño! Vaya..., me horrorizo de pensar en ello. Sería +una profanación. Sería un sacrilegio nefando. ¿Cómo entregar tanto +tesoro a quien sería incapaz de comprenderlo y de saber lo que vale? En +mi sentir, sería locura semejante a la de echar ramilletes de flores, en +vez de paja y cebada, en el pesebre del mulo, o la de derramar perlas en +la pocilga del marrano en vez de un celemín de bellotas. Por otra parte, +hija mía, ¿cuántos disgustos, desvelos y cuidados no vendrán sobre ti +con el matrimonio? Quiero prescindir de que tu marido acaso sería pobre; +y si era también torpe y holgazán, tendrías que matarte trabajando para +mantenerle; y quiero prescindir de los sobresaltos y penas que te darían +tus hijos, si los tenías. Lo más espantoso..., aunque no lo sé por +experiencia, me horripilo de imaginarlo..., es si descubrías en tu +consorte vicios y miserias que le hiciesen aborrecido y que hasta asco +te causasen. Acudiría entonces a tu espíritu, ¡obsesión diabólica!, un +pensamiento pertinaz que puede conducir a los mayores pecados. Figúrate +tú que pensase y discurriese como ser racional y filantrópico la +turquesa en que se forman las balas: ¡qué desesperación no tendría de +que la empleasen tan en perjuicio de la Humanidad! Pues no es menor la +rabia de la esposa que, cuando va a ser madre, recela que ha de dar al +mundo como copias exactas de la ruindad o de la perversidad de su +marido. Tan horrible pensamiento la inclinará a ser infiel o la +arrastrará a la locura. + +Esto, con adornos y variantes, era lo que decía doña Inés casi de diario +a su amiga y acompañante, sentando premisas, pero sin sacar por lo +pronto consecuencia alguna. + +Otras veces le describía con viveza y con sombríos colores la corrupción +de nuestro siglo, el bajo nivel en que estaban las almas, las +mezquindades y maldades del mundo y lo agradable y lo conveniente que +sería retirarse de él, en vista de que no puede satisfacer ninguna de +nuestras nobles aspiraciones. + +Afirmaba doña Inés que ella había deseado y deseaba siempre buscar un +santo retiro; pero ya que no podía ser por las mil obligaciones que +había contraído y que le era indispensable cumplir por enojosas que +fuesen; porque tenía hijos que criar y educar, marido de que cuidar y +hacienda que ir conservando y mejorando, a fin de transmitirla a los que +habían de heredar un nombre ilustre, que deslustrarían al quedar +huérfanos y abatidos por la villana pobreza. + +En resolución, doña Inés quiso persuadir a Juanita, y me parece que +hasta logró persuadirse ella misma, de que deseaba ser monja, de que por +imposibilidad no lo era y de que hacía un sacrificio en no serlo. + +De todo ello acabó por deducir y por declarar, como lógica solución, que +Juanita debía huir de los peligros, miserias y adversidades de esta +sociedad corrompida, la cual no merecía gozar de su presencia, y que +debía refugiarse en el claustro mientras permaneciese en la tierra, ya +que la tierra no la merecía y ya que por su valer, para el cielo, sin +duda, estaba predestinada. + +A pesar de las vehementes y sabias exhortaciones de doña Inés, Juanita +distaba más cada día de hallar peligroso el mundo (maldito el miedo que +le tenía ella), no lograba persuadirse de que la sociedad fuese tan +viciosa y tan mala, ni de que el enamorarse y el casarse pudieran +acarrear tamañas desventuras. De aquí que no tuviese la menor +inclinación ni vocación a la vida monástica. Pero como a doña Inés se le +había puesto en la cabeza que ella fuese monja, y cuando formaba un plan +era punto menos que imposible hacerla desistir, la pobre Juanita se veía +muy apurada. + +A cada momento sentía el conato de echarlo todo a rodar y de declarar a +doña Inés que Dios no la llamaba por el camino por donde ella quería que +fuese. Se contenía, no obstante, a fin de no armar la de Dios es Cristo, +de no perder en un minuto cuanto había conseguido trabajando más de un +año y de no verse de nuevo en guerra con los poderes constituidos y con +toda la población que respetaba y obedecía a dichos poderes. + +Juanita no dijo que sí; no aceptó lo del monjío, pero no dijo que no; +pronunció frases vagas o se calló y bajó la cabeza. + +Tomando doña Inés para regla de interpretación el refrán de «quien calla +otorga», dio por sentado que Juanita estaba decidida a entrar en un +convento, y ya, en su fantasía entusiástica, se la representaba santa, +cuya vida se intercalaría en las ediciones futuras del _Año Cristiano_. +Doña Inés dio parte de este triunfo al padre Anselmo, quien se llenó de +piadoso júbilo, y aun se sintió lisonjeado al prever que él figuraría en +la vida de la nueva santa como el instrumento de que se valía el Cielo +para convertirla y glorificarla. + + + + +XXV + + +Por dicha no se apresuraba doña Inés para que el plan del monjío de +Juanita se realizase, y así le daba tiempo de apercibirse a la rebelión +con fuerza bastante para sacudir el yugo sin menoscabo de sus intereses +y proyectos. + +Si bien doña Inés sentía y confesaba que iba a hacer un inmenso +sacrificio al desprenderse de Juanita, única mujer que la comprendía en +el mundo y que podía ser su compañera, en manera alguna quería +prescindir de este sacrificio, que le daría honra entre los mortales y +que Dios lo tendría en cuenta para pagárselo en el cielo. Persistía, +pues, con firmeza en su plan, pero lo retardaba, y mientras lo retardaba +lo iba completando en sus pormenores, consultándolo todo con el padre +Anselmo. + +Decidió doña Inés pagar ella el dote de Juanita. Sobre lo que vacilaba +aún era sobre el convento en que debía ponerla. Después de haber +desechado muchos, pensó en uno que hay en Ecija, con cuya abadesa se +carteaba, porque era allí donde se hacían los célebres bizcochos de yema +imitados por Juana la Larga. Afirmaba doña Inés que toda persona que +tenía buen paladar reconocía al punto la imitación de Juana, porque +carecía del _quid divinum_ que hay en los legítimos, prestándoles tan +soberano sabor, que si con grosero y material supuesto pudiésemos +imaginar que los querubines, cuando bajan a la tierra con algún mensaje +de arriba, tienen el capricho o se allanan a comer algo, sin duda que no +comerían otra cosa que los tales bizcochos de yema hechos por las +mencionadas monjas. + +A despecho de tan importantes motivos, no sabemos por qué doña Inés +desistió de que Juanita fuera al convento de Ecija, y hubo de fijarse al +fin en las Comendadoras de Santiago, en Granada, donde, si no se hacen +aquellos peregrinos e inimitables bizcochos, se hacen los mejores +almíbares de toda Andalucía. Mientras trazaba y preparaba doña Inés todo +esto en favor de Juanita, de quien se había declarado protectora y +directora, su cariño hacia la protegida y la discípula iba creciendo más +y más, dando de sí raras muestras y combinándose en él lo sagrado y lo +profano. + +Un día estuvo doña Inés tan sentimental, que deshizo el peinado de +Juanita, admiró su abundante, undosa y suave mata de pelo, la besó +varias veces, calificó de horrible desacato el que las manos rudas e +impuras de un campesino lograsen tocarla y enredar los dedos en ella, y +se la figuró ya como cortada al pie del altar el día en que Juanita +profesase, rogándole que para entonces se la legase a ella, porque ella +la conservaría como reliquia del más subido precio. + +Juanita agradeció mucho esta lisonjera petición de doña Inés, y, casi +con lágrimas de gratitud en los ojos, prometió a doña Inés que la mata +de pelo sería suya cuando se la cortase. + +Merced a tantas entrevistas y confidencias de las dos amigas, Juanita +estaba casi todas las tardes en casa de doña Inés, no yéndose de su lado +o de su casa hasta pasada la hora en que solían venir los señores de la +tertulia. + +Algunos de estos veían a Juanita en la antesala, y como allí estaba sin +cubrirse la cabeza y sin ocultar y dar sombra a la cara, con el mantón +muy echado hacia adelante, según el recato y el beaterio lo exigen, +Juanita, sin poderlo evitar, no les parecía saco de paja, y a menudo la +miraban por estilo pecaminoso. + +Quien más se adelantó en esto fue el propio amo de la casa, el señor don +Alvaro Roldán, que era muy tentado de la risa. En varias ocasiones, +hallando a Juanita sola, la requebró con más fervor que chiste y finura, +y Juanita, que veía en aquel caballero sujeto a propósito para descargar +su mal humor, le respondía siempre con feroz desabrimiento o con +sangrienta burla. Y como don Alvaro ni por esas se desengañase y se +atreviese un día a dar a la muchacha una palmadita en la cara, ella le +dijo mirándole de arriba abajo con desprecio y enojo: + +--Las manos quietas, señor don Alvaro. Conténtese usted con tocar el +violón, y a mí no me toque. ¡Pues no faltaría más! ¿Será menester que me +queje yo a doña Inés de la insolencia de usted? Para que una mocita +decente esté tranquila en esta casa, ¿necesitará la señora atar a usted +con una cadena al lado del mono? + +Don Alvaro, que era tímido, blandengue y avezado a la servidumbre, +receló que Juanita armase un alboroto, le cobró miedo y desistió de su +amorosa empresa. + +Había al mismo tiempo, ya se entiende que en otras ocasiones y apartes, +otro personaje más emprendedor y menos asustadizo. Fue este el propio y +respetado cacique de Villalegre: el excelentísimo señor don Andrés +Rubio. + +También don Andrés, que no faltaba nunca a la tertulia, encontró no +pocas veces a Juanita, ya en la antesala, ya en los corredores, ya en la +escalera, ya en el zaguán cuando ella se iba. + +Don Andrés había admirado mucho a Juanita el día en que ella se mostró +imprudentemente tan engalanada en la iglesia, y había conservado de ella +muy buena impresión. No la defendió en la tertulia por no contradecir a +doña Inés y por no censurar indirectamente la excesiva severidad del +padre Anselmo contra el lujo de las mujeres; pero allá en su interior no +vio nunca malicia en lo que Juanita había hecho, y se limitó a +calificarlo de inoportuna ligereza, de que la madre era más culpable que +la hija. De suerte que don Andrés no creyó en su arrepentimiento y en su +deseo de ser monja. + +Don Andrés conocía el carácter de doña Inés y daba por evidente que doña +Inés, así como en un principio había hecho víctima a Juanita de su +enojo, imaginándosela, aunque en cierne, una desaforada pecadora, +después, trocado el enojo en estimación, admiración y cariño, se +proponía, con el mejor intento y por su manía de gobernarlo y de +arreglarlo todo, hacer víctima a Juanita empujándola a la santidad por +un camino que ella no tenía ganas de seguir. + +Así predispuesto, don Andrés empezó por mirar a Juanita con cierta +benigna curiosidad cuando casualmente pasaba cerca de ella y la hallaba +sola. Después, sin reflexionar en lo que hacía, don Andrés y quién sabe +si la muchacha misma, ya que hasta la más inocente suele dejarse guiar +por endiablados instintos, prestaron auxilio a la casualidad y la +convirtieron en providencia, hallándose casi todos los días y pasando +tan cerca de ella, que casi tropezaban o se tocaban. + +Es natural que Juanita no se escondiese ni huyese, porque ni ella era +medrosa ni don Andrés era el bu ni una fiera. + +Don Andrés era un caballero muy bien educado, pulcro y finísimo, +soltero, que no había cumplido aún cuarenta años, y verdadero amo y +señor de Villalegre, donde hacía ya ocho años que reinaba con lo que +podemos calificar de despotismo ilustrado. + +No me incumbe aprobar ni reprobar aquí el despotismo, aunque sea con +ilustración, ni mostrame partidario o adversario del cacicazgo. Yo tomo +y empleo el vocablo en cierta acepción, como generalmente se emplea, +aunque siento que contenga implícita una injuria para las poblaciones en +que hay cacique, porque es suponerlas salvajes, y no quiero calificar de +tales a los de Villalegre. Desecho, pues, la suposición implícita y +acepto y empleo los vocablos de «cacique» y «cacicazgo» como los más +usados y adecuados para expresar la condición de don Andrés y el poder +que en Villalegre ejercía. El había heredado este poder de su padre y +luego le había mejorado y engrandecido mucho, ayudado por la actividad y +variadas aptitudes de don Paco, y aun por los consejos e inspiraciones +de doña Inés, quien, según se decía, ya con malicia, ya con sencillo +aplauso, era la ninfa Egeria de aquel Numa. + +El, antes de retirarse al lugar después de la muerte de su padre para +cuidar de la hacienda y hacer vida de labriego, desengañado y harto del +estruendo de las grandes ciudades y de sus pompas vanas, había pasado +mucho tiempo en Madrid, en cuya Universidad había hecho sus estudios, y +hasta había viajado algo por Francia, Italia e Inglaterra. + +Era, por tanto, don Andrés un cacique archiculto y como hay pocos. Y +conviniendo yo en esto con mi entusiástico amigo el diputado novel, +afirmo que si todos los caciques fueran como don Andrés, sería gran +ventura que cada pueblo tuviese su cacique; todo en cada pueblo estaría +bien aseado y mejor cuidado; daría gusto andar por sus paseos y por sus +caminos; el maestro de escuela no se moriría de hambre, y se gozaría de +tan ordenada libertad, que el boticario podría ser impunemente, como don +Policarpo, brujo y ateo, sin que por esto se suprimiesen ni dejasen de +celebrarse con devoción, entusiasmo y regocijo hasta las más candorosas +procesiones, aunque hubiese en ellas judíos, soldados romanos, Longinos +con lanza y lazarillo después de quedarse ciego, paso de Abrahán y +apóstoles y profetas. + +Todas estas tradicionales, artísticas y pintorescas manifestaciones de +la piedad religiosa encantaban más a don Andrés que al más sencillo +devoto de todos los habitantes de Villalegre, y por su gusto no se +suprimía nada, sino que se aumentaba y se mejoraba bastante. + +Tal era el cacique don Andrés Rubio, inclinado a admirar todo lo bello y +candoroso. ¿Cómo, pues, no había de admirar también a Juanita, dejándose +llevar de su irreflexiva admiración a modo de quien se desliza y cae sin +sentir por un suave declive? + + + + +XXVI + + +Era ya a mediados del mes de enero, y hacía todo el frío que puede hacer +en aquel clima tan benigno. + +La tertulia de doña Inés estaba más animada y concurrida que nunca, +sobre todo los jueves, día de gran recepción. En la sala había una +hermosa chimenea de campana, sobre la cual, así como en la puerta de la +casa, relucía el escudo de armas de la familia. En el hogar, saliente y +no empotrado en la pared, alegraban la vista con sus llamas y daban +grato calor la pasta de orujo, los secos sarmientos y la leña de encina +y de olivo. + +Abundaban allí los muebles cómodos, y nunca faltaba, por lo menos, una +mesa de tresillo. + +De diario eran tertulianos constantes el padre Anselmo y don Andrés. Y +lo era, así mismo, el médico, ya bastante viejo y chapado a la antigua, +hombre de pocas palabras, pero sapientísimo tresillista, que solía hacer +el cuarto en la mesa cuando doña Inés jugaba. A fin de tener esta +satisfacción honrosa, y tal vez para ganar algunos reales, porque se +jugaba a diez por cada cien tantos, y él ganaba casi siempre, se +violentaba el médico hasta el extremo de afeitarse un día sí y otro no, +y dejar en la antesala la capa y el sombrero, sin entrar con la capa +sobre los hombros, cuando no embozado y con el sombrero encasquetado +hasta las cejas, según solía entrar en las demás casas donde iba de +visita. ¡Tan profundo era el respeto que doña Inés le inspiraba! + +Los jueves la concurrencia era mucho mayor y solía haber dos y aun tres +mesas de tresillo. Venían el alcalde, cuatro o cinco de los mayores +contribuyentes y el tendero murciano don Ramón, que era la persona más +acaudalada del lugar después de don Andrés. Venían, por último, don +Pascual, el maestro de escuela, y don Policarpo, el boticario. + +Doña Inés había mostrado cierta repugnancia a que el boticario viniese; +pero don Andrés había conseguido vencerla, no sin prometer antes leer al +boticario la cartilla para que no se desmandase ni dejase escapar alguna +barbaridad impía o librepensadora. Don Andrés le dijo que él respetaba +como nadie la libertad de conciencia y de enseñanza; pero que si quería +gozar de la tertulia de los señores de Roldán, debía ser como los +catedráticos pagados por el Gobierno, que si son prudentes y juiciosos, +se guardan sus impiedades para mejor ocasión, y en la cátedra, que es su +tertulia de doña Inés, son muy comedidos y procuran no decir nada que +ofenda las creencias de quien los paga o de quien los recibe. + +El boticario, que tenía mucha gana de ir a la tertulia, aceptó las +condiciones, y siempre que fue se dejó el libre pensamiento en su casa, +aunque no pudo dejarse ni quiso cortarse su endiablada y taumatúrgica +uña. + +Durante mucho tiempo fue doña Inés la única señora que en la tertulia +había. Parecía aquello un club de caballeros con una señora presidenta. + +Hacía poco tiempo, no obstante, que se había introducido una +sorprendente novedad. + +A la tertulia de los jueves primero, y más tarde a las de diario, +asistía otra señora. Era esta la noble viuda doña Agustina Solís y +Montes de Allende el Agua, matrona de treinta y pico de años, aunque +lozana, fresca, graciosa, de buenas carnes y mejor parecer, y con +veintiocho o treinta mil reales de renta sobre poco o más o menos. + +No era menester ser un lince para comprender que doña Inés, cuando +consentía que hubiese otra dama en su tertulia, y aun gustaba de ello, +era porque había decidido y decretado casarla con su padre, don Paco. + +Doña Agustina estaba tan satisfecha de aquella inusitada distinción y +tan agradecida y sumisa a doña Inés, que sin dificultad recibiera en su +corazón, como la blanda cera recibe el sello, el nombre, la imagen y el +afecto de la persona que doña Inés quisiese grabar en él. Y era tanto +más fácil este grabado cuanto que don Paco no sólo estaba muy de recibo, +sino que tenía hermosa presencia y la merecida reputación de ser el +hombre más entendido y discreto de Villalegre. Además, doña Agustina--y +doña Inés lo sabía de buena tinta--estaba harta de viudez y de tener el +corazón vacío o como tabla rasa y lisa, y deseaba hallar algo digno de +que en él se grabase. + +Tal vez para buscarlo se componía y se atildaba con esmero, y hasta +había ido a varias ferias y romerías en otras poblaciones; pero todo +había sido en balde y no había hallado hasta entonces sujeto que le +petara. + +Doña Inés esperaba con fundamento que le petaría don Paco. Y como +necesitaba para esto que don Paco la viese, hablase con ella y estuviese +muy fino, doña Inés, que antes de concebir este proyecto de boda no se +empeñaba mucho en que viniese su padre a la tertulia, le excitaba ahora +y casi le mandaba, con el desenfado imperatorio tan propio de ella, que +no dejase de venir ninguna noche. + +Don Paco obedecía y venía, de suerte que de diario Juanita le veía +entrar, cuando ella estaba en la antesala, si bien don Paco, desdeñado +y despedido, no se detenía a hablar con ella y pasaba de largo, +limitándose a decir buenas noches. + +Juanita contestaba al saludo con fingida indiferencia; pero a +hurtadillas miraba a su antiguo pretendiente, y cada vez que le miraba +le encontraba mejor. El tinte de melancolía que se mostraba en su +semblante le hacía parecer más digno y más hermoso. Juanita imaginaba, +ufanándose, que el amor de él, aunque mal pagado, había ennoblecido y +hermoseado su alma y sus facciones, desterrando de ellas aquella vulgar +expresión que solía tener antes, cuando él, exento de amor sublime y +poco venturoso, lucía su ingenio diciendo chuscadas a menudo +chocarreras. + +Así, y no muy poco a poco, sino de prisa, reconoció Juanita que el +aprecio y la amistad que siempre le había inspirado don Paco se +convertían en amor, y que el amor aumentaba a pesar de tener más de +medio siglo su objeto. + +Influía muchísimo en este aumento el recelo que Juanita tenía de perder +a su desdeñado adorador, de que este acabase por sanar de su pasión +desgraciada y de que al fin cediese a las insinuaciones o casi mandatos +de su hija. + +Dice un precepto vulgar: «Lo que no quieras comer déjalo cocer.» Pero +apenas hay hembra que cumpla con tal precepto cuando se aplica a cosa de +amores. Juanita no lo hubiera cumplido aunque no hubiera amado ya a don +Paco. La consolaba y la hechizaba tener aquella víctima constante y ver +arder aquel corazón, cual perpetuo holocausto, en aras de su hermosura. +Aun cuando ella no hubiese aceptado el sacrificio, se hubiese afligido +mucho de que viniese doña Agustina y le robase el corazón sacrificado. +Mayor era aún la aflicción de Juanita al notar que el sacrificio de don +Paco le era cada día más agradable. Tentaciones tenía a menudo de +detener a don Paco cuando pasaba por la antesala, de decirle que se +arrepentía de haberle escrito la carta despidiéndole y de encomendarle +que no entregase a doña Agustina el corazón, porque ella le quería para +sí y le cuidaría con más regalo y mimo que ninguna otra mujer de la +tierra. + +Cuando Juanita veía pasar por la antesala a doña Agustina, que iba muy +pomposa a la tertulia, la sangre del valiente oficial de Caballería que +circulaba en sus venas se alborotaba toda, y necesitaba ella del dominio +que tenía sobre sí para contener sus ímpetus y no arañar a doña +Agustina. Otras veces, recordando ciertas mañas, usos y costumbres que +había tenido en su venturosa y libre niñez, sentía el prurito de agarrar +a aquella señora y, según solía hacer _in tilo tempore_ con otras niñas +de su edad y aun mayores, alzarle las faldas y darle una buena mano de +azotes. + +Pero si Juanita era brava, también era discretísima; y firme en sus +propósitos de ser prudente, se refrenaba y se vencía. Por coincidencia, +y aunque ella no hubiese leído el soneto de Lope, concebía imágenes +pastoriles y acaso se figuraba a doña Agustina como a una _mayorala_ o +_rabadana_ que llevaba en pos de sí, atado con un cordón, el manso que +ella, la zagala Juanita, había cuidado con esmero, dándole de su sal a +puñados. Y entonces se le antojaba decir a doña Agustina: «Suelta el +manso, que es mío; déjalo en libertad, y verás cómo viene a mí. + + Que aún tienen sal las manos de su dueño.» + +Sin embargo, Juanita se limitaba a cavilar y a recelar, permaneciendo +inactiva. Todo lo que entonces hubiese hecho en contradicción con los +dos proyectos de doña Inés del casamiento de su padre y del monjío de +ella, hubiera sido la más audaz rebelión contra la tiranía de la reina +absoluta de Villalegre, y a don Paco y a ella los hubiera puesto en +peligro de tener que emigrar, como Adán y Eva, expulsados del Paraíso. + +Por otra parte, Juanita era tan orgullosa, que por más que le doliese el +recelo de que doña Agustina le quitase a don Paco, no quería, llamándole +a sí, acudir al punto a evitarlo y quedarse con la duda de que él, no +llamado, hubiese podido ceder y entregarse a otro dueño. + + + + +XXVII + + +Como en el lugar entendía todo el mundo que cualquier decreto de doña +Inés infaliblemente había de cumplirse, y como se divulgó que estaba +decretado el casamiento de don Paco y de doña Agustina, apenas quedó +persona que no lo diese ya por cosa hecha. No sé encarecer cuan +fieramente soliviantaba esto y enojaba a Juanita. + +Todavía, sin embargo, disculpaba a don Paco recordando que ella le había +despedido y que él no tenía que guardarle fidelidad. Pensaba en que él +observaba quizá un prudente disimulo parecido al que ella observaba; y +de esta suerte se avenía a perdonarle que no se rebelase contra doña +Inés; que fuese tan obediente que de diario viniese a la tertulia; que +no pocas noches, según Juanita averiguó, cumpliendo don Paco con el +mandato de su hija, acompañase a doña Agustina hasta su domicilio, para +que no fuese sola con la criada que venía en su busca, y que tal vez se +mostrase cortés y galante con doña Agustina para que doña Inés no +rabiara. + +Con tal moderación discurría a veces Juanita, pero con más frecuencia +perdía la moderación y se ponía hecha un veneno. + +Entonces calificaba a don Paco de inconsecuente, de voluble y de +interesado; procuraba aborrecerle o despreciarle, y se sentía +predispuesta, tentada y ansiosa de tomar represalias. + +Don Andrés Rubio, entre tanto, seguía viniendo todas las noches en casa +de doña Inés, y Juanita, con no aprendida coquetería, le echaba miradas +extrañas, miradas de aquellas que parecen escritura misteriosa, donde la +misma persona que ha escrito ignora o tiene idea confusa de la +revelación que hace y donde el que lee cree leer la revelación y concibe +dulces esperanzas. + +De las miradas se pasa a las palabras con suma facilidad, y don Andrés, +procurando hallar siempre sola a Juanita, se acercaba a ella al ir a +entrar en la tertulia y le disparaba a boca de jarro, como si fuera su +boca la ametralladora del dios Cupido, un diluvio de flores y una +descarga cerrada de piropos ardientes. + +Ella, más cauta en el hablar que en el mirar, ya bajaba los ojos y se +esquivaba sin responder, ya respondía con desvío, si bien templado y +dulcificado por el respeto y por la afectuosa consideración que +personaje de tantas campanillas no podía menos de inspirarle. Tampoco +atinaba Juanita a disimular el contento consolador que tamaña lisonja y +tales halagos ponían en su pecho. + +--Repórtese vuecencia--decía--, y no se burle de una pobrecita muchacha. +¿Cómo he de creer yo que guste vuecencia de mi ordinariez cuando +vuecencia está acostumbrado a tantas delicadezas y a tantas finuras? +Vuecencia ha dado prueba de tan buen gusto, que... vamos, yo no quiero +creer que tenga ahora estragado el paladar. Déjeme, señor, sosegada; no +trate de sacarme de mis casillas. ¡Jesús!, bonita se pondría doña Inés +sí llegase a entender que vuecencia andaba requebrándome y que yo le oía +faltando al decoro que se debe a esta casa tan respetable. + +Y con estas palabras o con otras por el estilo se apartaba Juanita de +don Andrés y se iba a otro extremo de la antesala. + +Cuando don Andrés la perseguía, Juanita se fugaba por los corredores. + +Don Andrés cesaba en su persecución para evitar que le viesen. + +Deplorando lo poco o nada que adelantaba en la campaña en que se había +empeñado, y no queriendo ser otro Fabio Cunctator, apeló a más eficaz +estrategia y se apercibió para emboscadas y asaltos. En vez de buscar a +Juanita en la antesala, la aguardó en el zaguán, sin entrar en la casa +hasta que saliese Juanita para irse a dormir a la suya. + +Juanita no temía a nadie ni nadie se le atrevía, y se iba sola, aunque +las calles estuviesen oscuras. Su casa, además, no estaba lejos. + +Don Andrés no quiso hacerse el encontradizo; confesó con franqueza que +la estaba aguardando y la acompañó varias noches seguidas, aunque ella +siempre lo repugnaba. + +Pasmosos fueron el arte que empleó Juanita y el ingenio y la energía de +voluntad que supo desplegar para tener a raya a don Andrés y conseguir, +sin romper con él por completo, que no se viniese a las manos. El genio +de ella, de ordinario alegre y burlón, y la facilidad que tenía para +echarlo todo a broma le valieron de mucho en aquellas circunstancias +difíciles. Porque, a la verdad, ella no quería que don Andrés se +extralimitase, pero no quería tampoco que se le fuese, y era arduo +problema y cuestión de milagroso equilibrio el mantenerse sin caer ni a +un lado ni a otro, yendo sin balancín como por una maroma de cuerda +tirante. + +A cada requiebro, a cada proposición que don Andrés le hacía, Juanita +contestaba con un chiste o con un tan incoherente disparate, que don +Andrés, aunque mortificado y chafado, no podía tomarlo a mal y tenía que +reírse. + +Juanita, al verse acompañada por don Andrés, apresuraba el paso, y en +cuatro brincos se plantaba en la puerta de su casa. Don Andrés pugnaba +entonces por entrar. + +--¡Huy! ¡Huy!--exclamaba Juanita--. ¿Está dejado vuecencia de la mano de +Dios? Pues sería curioso que entrase a jugar al tute con mi mamá, que +aún está despierta con ansia. ¿Cómo puede querer vuecencia, en lugar de +hacer con doña Inés una partida de tresillo, hacerle conmigo una partida +serrana? ¡Válgame Santo Domingo, nuestro patrono! Yo no me lo +perdonaría. + +--Por Dios, no seas retrechera; déjame entrar, déjame entrar, encanto de +mis ojos. + +--¡Cielo santo y qué cosas dice vuecencia! ¡Qué lenguaje emplea! Ese +debe de ser «el mal lenguaje del demonio», del que tanto habla el +venerable padre maestro fray Juan de Avila en un libro que me hace leer +mi señora doña Inés para prepararme a monja. + +--¿Y tú quieres serlo? + +--Allá lo veremos. A menudo se me antoja que la vocación me acude, sobre +todo al ver los peligros que rodean a una infeliz criatura desvalida y +tonta como yo. Pero, en fin, aunque tonta, yo no quiero ser ingrata con +doña Inés, que me guía por el mejor camino y que me va a pagar el dote +para entrar en el claustro. + +--¿Y qué ingratitud sería la tuya? ¿En qué ofenderías a doña Inés si me +quisieses? + +--¿Le parece a vuecencia que sería la ofensa chica si yo desconcertase +su plan de hacer de mí una santa y si me transformase?... Vamos, váyase +vuecencia a la tertulia de doña Inés y no sea pesado. + +Juanita repiqueteaba entonces estrepitosamente el aldabón de su puerta, +y no bien la entreabría o su madre o la criada, se colaba ella, cerraba +de golpe y casi daba a don Andrés con la puerta en los hocicos. + +Con estos lances, tratos y conversaciones, don Andrés se emberrenchinaba +más cada día, y su circunspección iba desapareciendo. Fuerza es +confesar, aunque no redunde en alabanza de Juanita, que esta no +desengañaba ni zapeaba a don Andrés por completo y que se deleitaba en +retenerle y en provocarle con sus retrecherías. + +Es cierto que reconociendo Juanita que era peligroso dejarse acompañar +por don Andrés todas las noches, espió con maña el momento en que don +Andrés no la aguardaba en el zaguán, y en lo sucesivo logró escaparse +siempre a su casa sin ser por don Andrés acompañada. + +Cuando pasaron muchas noches escapándose siempre ella, apesadumbrado don +Andrés, exaltado y como fuera de sí, le dio las más sentidas quejas, +hallándola sola en la antesala. La vehemencia de los sentimientos del +cacique se revelaba en su precipitado discurso, en su gesto, en su +ademán y en su acento conmovido. Sin reparar en nada levantó la voz. + +--¡Por las ánimas benditas!--dijo la moza--; témplese vuecencia y mire +por sí, ya que no mire por mí, y no promueva aquí un alboroto ridículo y +se convierta en la fábula del lugar y sea la comidilla de todos los +maldicientes. + +--Nada me importan los maldicientes si tú me bendices como yo te +bendigo. Bendita seas mil y mil veces, y bendita sea la madre que te +parió. + +Y diciendo esto, sin atender a más razones, se echó como loco sobre +ella, y tan de repente, que ella no pudo sustraerse a sus abrazos y a +sus besos. Cinco o seis, que en el número no están de acuerdo los +historiadores, le plantó en las frescas mejillas, que se pusieron rojas +como la grana. Y no contento, le buscó la boca para besársela, y se la +halló y se la besó. + +No estuvieron sus labios junto a los de ella el tiempo que los de don +Tristán de Leonís y la reina Iseo, de los que dice el antiguo romance: + + + Tanto estuvieron unidos + cuanto una misa rezada. + + +Al contrario, no bien se recobró Juanita del susto y de la sorpresa, +puso una cara tan feroz que daba miedo, a pesar de ser tan hermosa, y +agarrando con ambas manos por los hombros a don Andrés, le sacudió lejos +de sí con tal fuerza, que vaciló como ebrio y faltó poco para que cayese +por tierra. Poco antes había entrado don Paco en la antesala; de suerte +que si vio el empujón, vio también los besos que lo habían motivado. + +¿Qué había de hacer don Paco? Hizo como sí nada hubiese visto. Y él y +don Andrés entraron en la tertulia según costumbre. + + + + +XXVIII + + +Al día siguiente ocurrió en Villalegre un caso que sorprendió y dio +mucho que hablar. + +Ni por el Ayuntamiento, ni por casa del alcalde, ni por la escribanía, +ni por parte alguna pareció don Paco, que de diario acudía a todas para +desempeñar sus varias funciones. Fueron a casa de él, y tampoco le +hallaron allí. El alguacil y su mujer, que le servían y cuidaban, no +sabían cómo ni cuándo se había ido y no daban razón de su paradero. + +Pasó todo el día sin que don Paco volviese y sin que se averiguase dónde +estaba, y creció el asombro. Nadie acertaba a explicar la causa de +aquella desaparición. Mucho tiempo hacía que por aquella comarca, merced +al bienestar y prosperidad que reinaban y a la benemérita Guardia Civil, +no se hablaba de bandidos y secuestradores. + +¿Dónde, pues, estaba metido don Paco? + +La gente se lo preguntaba y no se daba contestación satisfactoria. + +Los amigos, y simultáneamente don Andrés Rubio, se mostraban inquietos. +Sólo no se alteraba doña Inés. Su carácter estoico y su resignada y +cristiana conformidad con la voluntad del Altísimo conservaban casi +siempre inalterable la tranquilidad de su alma. Doña Inés, además, no +veía nada alarmante en el suceso, y a ella misma y a sus amigos don +Andrés y el padre Anselmo se lo explicaba del modo más natural. Suponía +y decía con sigilo que su señor padre, aunque estaba sano y bueno y +tenía más facha de mozo que de anciano, había empezado a envejecer, +claudicar y flaquear por el meollo; culpa quizá de lo mucho que con él +trabajaba y estudiaba. Ello era que, según doña Inés, su padre, desde +hacía tiempo, daba frecuentes aunque ligeros indicios de extravagancia y +de chochez prematura. Tal era la causa que hallaba doña Inés para la +desaparición de don Paco. Y afirmando que sin más razón que su capricho +se había ido paseando y tal vez vagaba por los desiertos y cercanos +cerros, pronosticaba que cuando se cansase de vagar volvería a la +población como tal cosa. + +Ni en toda aquella noche ni durante el día inmediato se cumplió, sin +embargo, el pronóstico de doña Inés. + +Cuando volvió Juanita a su casa, entre nueve y diez de la noche, don +Paco aún no había parecido. + +Juanita, que no era estoica ni tan buena cristiana como doña Inés, +estaba angustiadísima y llena de inquietud y de zozobra, por más que +hasta entonces lo había disimulado. + +Cuando se vio a solas con su madre, no pudo contenerse más y le abrió el +corazón buscando consuelo. + +--Don Paco no ha parecido--le dijo--. Mi corazón presiente mil +desventuras. + +--No te atormentes--contestó la madre--; don Paco parecerá. ¿Qué puede +haberle sucedido? + +--¿Que sé yo? Nada te he dicho, mamá; hasta hoy me lo he callado todo. +Ahora necesito desahogarme y voy a confesártelo. Soy una mujer +miserable, indigna, necia. Pude tenerlo por mío y le desdeñé. Ya que le +pierdo, y quizá para siempre, conozco cuánto vale, y le amo; +perdidamente le amo. Y para que veas mi indignidad y mi vileza, amándole +le he faltado: he atravesado su corazón con el puñal venenoso de los +celos. Yo tengo la culpa, y don Andrés está disculpado. Yo le atraje, yo +le provoqué, yo le trastorné el juicio, y sí me faltó al respeto, hizo +lo que yo merecía. + +--Niña, no comprendo bien lo que dices. O es que no estoy en autos, o es +que tú disparatas. + +--No disparato ahora, pero he disparatado antes. Repito que he provocado +a don Andrés para vengarme de doña Inés y para dar picón a don Paco. Yo +estaba celosa. Temí que él se rindiese a doña Agustina. No comprendí +cuánto me quería él. Ahora lo comprendo. Y ve tú ahí lo que son las +mujeres: me halaga, me lisonjea creer que me ama tanto, y esta creencia +es al mismo tiempo causa de mi pena y del remordimiento que me destroza +el alma. Nada sé de fijo; pero en mi cabeza me lo imagino todo. Sin duda +él me espiaba, y en la oscuridad de las calles me vio y me reconoció, o +me oyó charlar y reír con don Andrés, que me acompañó varias noches. Y +él, lleno de sospechas y apesadumbrado de creerme liviana, siguió +espiándome, y anteanoche, en la misma antesala de doña Inés, me +sorprendió cuando don Andrés me abrazaba y me cubría de besos la cara y +hasta la boca. Yo le rechacé con furia; pero don Paco pudo suponer, y de +seguro supuso, que mi furia era fingida porque él había entrado y porque +yo le había visto y trataba de aparentar inocencia. ¿Sabes tú lo que yo +temo? Pues temo que don Paco, juzgando una perdida a la mujer que era +objeto de su adoración, se ha ido desesperado sabe Dios dónde. + +--De todo eso tiene la culpa--interpuso Juana--esa perra doña Inés; esa +degollante, que no pagaría sino quemada viva o frita en aceite. + +--Te aseguro, mamá, que no sé cómo la aguanto aún; pero si esto no para +en bien y ocurre algún estropicio, quien la va a quemar y a freír soy yo +con estas manos. No; no soy manca todavía. La desollaré, la mataré, la +descuartizaré. No creas tú que va a quedarse riendo. + +Juana, al ver tan exaltada a su hija, temió la posibilidad de un delito, +y exclamó como persona precavida y juiciosa: + +--Prudencia, niña, prudencia; no te aconsejaré yo que la perdones. Bueno +es ganar el cielo, pero gánalo por otro medio y no con el perdón de +quien te injuria. Dios es tan misericordioso que nos abre mil caminos +para llegar a él. Toma, pues, otro y no sigas el de la mansedumbre. +Conviene hacerse respetar y temer. Conviene que sepan quién eres. Lo que +yo te aconsejo es que tengas mucho cuidado con lo que haces, porque si +tú castigas a doña Inés sin precaución, la justicia te empapelaría como +un ochavo de especias, y hasta te podría meter en la cárcel o enviarte a +presidio. + +--No pretendas asustarme. Si ocurre una desgracia, yo no me paro en +pelillos; la pincho como a una rata, la araño y le retuerzo el +pescuezo. Lo haría yo en un arrebato de locura y no sería responsable. + +--No serías--replicó Juana--; pero te tendrían por loca y te encerrarían +en el _manoscomio_, _monomomio_ o como se llame; yo me moriría de pena +de verte allí. + +--¿Pues qué he de hacer, mamá, para castigar bien a doña Inés sin que tú +te mueras de pena? + +--Lo que debes hacer, ya que tienes con ella tanta satisfacción y trato +íntimo, es cogerla sin testigos y entre cuatro paredes, darle allí tus +quejas, leerle la sentencia y ejecutarla en seguida. + +--¿Y qué quieres que ejecute? + +--Acuérdate de tu destreza de cuando niña, de cuando con la cólera +hervía ya en tus venas la sangre belicosa de tu heroico padre: agarra a +doña Inés, descorre el telón y ármale tal solfeo en el _nobilísimo +transportín_, que se lo pongas como un nobilísimo tomate. Ya verás cómo +lo sufre, se calla y no acude a los tribunales. Una señorona de tantos +dengues y de tantos pelendengues no ha de tener la sinvergüencería de +enseñar el cuerpo del delito al Jurado ni a los oidores. + +Al oír los sabios consejos de su mamá, Juanita mitigó su cólera, y a +pesar del dolor que tenía no pudo menos de reírse, figurándose a doña +Inés, con toda su majestad y entono, azotada e inulta. Luego dijo: + +--Aun sin propasarme hasta el extremo de la azotaina, y aun sin cometer +ningún crimen, he de castigarla valiéndome de la lengua, que ha de +lanzar contra ella palabras que le abrasen el pecho. Ha de lanzar mi +lengua más rayos de fuego que la uña del boticario. Cada una de las +palabras que yo le diga ha de ser como uña ponzoñosa de alacrán que le +desgarre y envenene las entrañas. + +La iracunda exaltación de Juanita no podía sostenerse y se trocó pronto +en abatimiento y desconsuelo. + +--¡Ay Dios mío!--exclamó--. ¡Ay María Santísima de mi alma! ¿Qué va a +ser de mí si hace él alguna tontería muy gorda, se tira por un tajo o se +mete fraile? Entonces sí que tendré yo que meterme monja. Pero yo no +quiero meterme monja. Yo no quiero cortarme el pelo y regalárselo a doña +Inés. Un esportón de basura será lo que yo le regale. + +Y diciendo esto, rompió Juanita en el más desesperado llanto. Abundantes +lágrimas brotaron de sus ojos y corrían por su hermosa cara; parecía que +iban a ahogarla los sollozos y se echó por el suelo, cubriéndose el +rostro con ambas manos y exhalando profundos gemidos. + +La madre, que estaba acostumbrada a los furores de Juanita, no había +tenido muy dolorosa inquietud al verla furiosa; pero como Juanita era +muy dura para llorar, y como su madre no le había visto verter una sola +lágrima desde que ella tomaba, cuando niña, alguna que otra perrera, su +llanto de entonces conmovió y afligió sobre manera a Juana. + +--No llores--le dijo--. Dios hará que parezca don Paco, y ni él será +fraile ni tú serás monja, como no entréis en el mismo convento y celda. + +En suma, Juana, llorando ella también, a pesar suyo, hizo prodigiosos +esfuerzos para calmar a su hija, levantarla del suelo y llevarla a que +se acostase en su cama. Al fin lo consiguió, la besó con mucho cariño en +la frente, y dejándola bien arropada y acurrucada, se salió de la alcoba +diciendo: + +--Amanecerá Dios y medraremos. + + + + +XXIX + + +No quiero tener por más tiempo suspenso y sobresaltado al lector y en +incertidumbre sobre la suerte de don Paco. + +Nuestro héroe, en efecto, había tenido el más cruel desengaño al ver +primero a Juanita, acompañada por don Andrés, atravesar a oscuras las +calles, charlando y riendo, y después al presenciar la última parte del +coloquio de la antesala y el animadísimo fin que tuvo en los abrazos y +en los besos. + +No quería conceder en su espíritu que Juanita fuese una pirujilla, y, no +obstante, tenía que dar crédito a sus ojos. + +Muy triste y muy callado y taciturno estuvo toda aquella noche en la +tertulia de su hija. Jugó al tresillo para no tener que hablar; hizo +malas jugadas y hasta renuncios, por lo embargado que le traían sus +melancólicas cavilaciones; apenas jugó una vez sin hacer puesta o +recibir codillo, y perdió quinientos tantos, equivalentes a cincuenta +reales. + +De mal humor se volvió a su casa antes que nadie se fuese. + +En balde procuró dormir. No pudo en toda la noche pegar los ojos. Los +más negros pensamientos caían sobre su alma, como se abate sobre un +cadáver famélica bandada de grajos y a picotazos le destrozan y le +comen. + +Por lo mismo que él, durante toda la vida, había sido tan formal, tan +sereno y tan poco apasionado, extrañaba y deploraba ahora el verse presa +de una pasión vehemente y sin ventura. Se enfurecía, y discurriéndolo +bien, no hallaba a nadie contra quien descargar su furor con algún +fundamento. Juanita le había despedido; no era ni su mujer, ni su +querida, ni su novia. Bien podía hacer de su capa un sayo sin ofenderle. +Y menos le ofendía aún don Andrés, el cual sospecharía acaso que él +había tenido, hacía más de un año, relaciones con la muchacha; pero en +aquel momento le creía, según los informes que le daba doña Inés, +decidido pretendiente y casi futuro esposo de la fresca viuda doña +Agustina Solís y Montes de Allende el Agua. + +Don Paco se consideraba obligado a echar la absolución a Juanita y a don +Andrés. Y, sin embargo, contra toda razón y contra toda justicia, sentía +el prurito de buscar a Juanita, ponerla como hoja de perejil y darle una +soba, o bien de armar disputa a su valedor y protector el cacique y, con +un pretexto cualquiera, romperle la crisma. + +Todo esto, según la pasión se lo iba sugiriendo y según iba pasando y +volviendo a pasar por su cerebro como un tropel de diablos que giran en +danza frenética, no consentía que lograse un instante su reposo. En vez +de dormir se revolcaba en la cama, y sus nervios excitados le hacían dar +brincos. + +A pesar de todo, se encontraba más cómico que trágico, y se echaba a +reír, aunque con la risa que apellidan sardónica, no por una hierba, +sino porque--según había oído contar--entre los antiguos sardos se reían +así los que eran atormentados y quemados de feroz y sardesca manera en +honor de los ídolos. + +Juanita era el ídolo ante el cual el amor y los celos, sacerdotes y +ministros del altar de ella, atormentaban y quemaban a don Paco. Como no +podía sufrirse, pensó con insistencia en matarse, y luego sus doctrinas +y sus sentimientos religiosos y morales acudían a impedirlo. Y no bien +lo impedían, don Paco se burlaba de sí mismo y se despreciaba, +presumiendo que lo que llamaba él religión y moral fuese cobardía acaso. + +Después de aquel tempestuoso insomnio, que convirtió en siglos las +horas, don Paco se levantó del lecho y se vistió antes que llegase la +del alba. + +Abrió la ventana de su cuarto y vio amanecer. + +La frescura del aire matutino entibió, a su parecer, aquella a modo de +fiebre que en sus venas ardía. Y como no se hallaba bien en tan +estrecho recinto y anhelaba ancho espacio por donde tender la mirada, y +para techumbre toda la bóveda del cielo, determinó salir, no sólo de la +casa, sino también de la población, e irse sin rumbo ni propósito, a la +ventura, pero lejos de los hombres y por los sitios más esquivos y +solitarios. + +Se fue sin que despertasen ni le viesen el alguacil y su mujer. Tuvo, no +obstante, serenidad y calma relativa. No huyó como un loco, y tomó su +sombrero y su bastón, o más bien el garrote que de bastón le servía. + +Además, como se preparaba para larga peregrinación, aunque sin saber +adonde, y como a pesar de que pensaba a menudo en el suicidio no pensó +en que fuese por hambre, ya que en medio de sus mayores pesares y +quebrantos nunca había perdido el apetito, tomó sus alforjas, colocó en +ellas alguna ropa blanca y los víveres que pudo hallar, se las echó al +hombro y se puso en camino, a paso redoblado, casi corriendo, como si +enemigos invisibles le persiguieran. + +Pronto recorrió algunas sendas de las que dividen las huertas que hay en +torno de la villa. La primavera, con todas sus galas, mostraba allí +entonces su hermosura y sus atractivos. En el borde de las acequias, por +donde corría con grato murmullo al lado de la senda el agua fresca y +clara, había violetas y mil silvestres y tempranas flores que daban olor +delicioso. Los manzanos y otros frutales estaban también en flor. Y la +hierba nueva en el suelo y los tiernos renuevos en los álamos y en otros +árboles lo esmaltaban todo de alegre y brillante verdura. Los pajarillos +cantaban; el sol naciente doraba ya con vivo resplandor los más altos +picos de los montes, y un ligero vientecillo doblegaba la hierba y +agitaba con leve susurro el alto follaje. + +Don Paco caminaba tan embebecido en sus malos y negros pensamientos, que +en nada de esto reparaba. + +No tardó en salir de las huertas y en encontrarse entre olivares y +viñedos; pero él huía de los hombres; no quería ver a nadie ni que nadie +le viese, y tomó por las menos frecuentadas veredas, dirigiéndose hacia +la sierra peñascosa, donde la escasez de capa vegetal no permite el +cultivo, donde no hay gente y donde está pelada la tierra o sólo +cubierta a trechos de maleza y ásperas jaras, de amargas retamas, de +tomillo oloroso y de ruines acebuches, chaparros y quejigos. + +Aunque le fatigó algo su precipitada carrera, don Paco no se detuvo a +reposar, sentándose en una peña, hasta que dio por seguro que se +hallaba en completa soledad, casi en el yermo, sin que nadie le viese, +le oyese y le perturbase. + +Apenas se sentó, se diría que los horribles recuerdos que le habían +arrojado de la villa, que venían persiguiéndole y que se habían quedado +algo atrás, le dieron alcance y empezaron a picarle y a morderle otra +vez. Recordaba con rabia la dependencia servil con que el interés y la +gratitud le tenían ligado al cacique, el yugo antinatural que le había +impuesto su hija, los desdenes que Juanita le había prodigado y los +favores con que a don Andrés regalaba. Pensó después en la burla de que +sería objeto por parte de todos sus compatriotas cuando se enterasen de +lo que pasaba en su alma, y se levantó con precipitación para huir más +lejos y a más esquivos lugares. + +Casi corriendo bajó por una cuesta muy pendiente y vino a encontrarse, +después de media hora de marcha, en una estrecha cañada que se extendía +entre dos cerros formando declive. Iba saltando por él un arroyuelo y +sonando al chocar en las piedras. El arroyuelo, al llegar a sitio llano +y más hondo, se dilataba en remanso circundado de espadaña y de verdes +juncos. Algunos alerces y gran abundancia de mimbrones daban sombra a +aquel lugar y lo hermoseaban frondosas adelfas, cubiertas de sus flores +rojas, y no pocos espinos, escaramujos y rosales silvestres, llenos de +blancas y encarnadas mosquetas. + +Sitio tan apacible convidaba al reposo, y convidaba a beber el agua +limpia del remanso, cuya haz tranquila, rizándose un poco, delataba la +mansa corriente o que el agua no estaba estancada y sin renovarse. + +El sol, que se había elevado ya sobre el horizonte y se acercaba al +cénit, difundía mucho calor y luz sobre la tierra; y don Paco, buscando +sombra, vino a sentarse en un ribazo y se puso a contemplar el agua +antes de beberla. + +En medio de su contemplación, sintió cierta angustia y escarabajeo en su +estómago, porque hacía cerca de veinte horas que no había comido, había +andado mucho y no había dormido nada. En suma, fuerza es confesarlo, don +Paco tuvo hambre. + +Miró a todos lados, como si fuese a cometer un crimen, muy receloso de +que alguien pudiera verle, y convencido ya de que su soledad no podía +ser mayor, metió la mano en las alforjas y sacó de aquí una blanca +rosquilla y un bulto envuelto, bien envuelto, en un antiguo número de +_El Imparcial_. + +¿Qué había en este envoltorio? El historiador no debe ocultar nada. En +el envoltorio que desplegó don Paco había media docena de hermosos +pedazos de lomo de cerdo, gruesos como el puño, de los que Juana la +Larga había adobado y frito; de los que con el aliño de orégano, +pimiento molido, comino y qué sé yo qué otras especias, ya calentados en +la propia manteca entre la que se conservan en orzas, ya extraídos de la +manteca y fiambres, seducen a las criaturas más desesperadas y afligidas +y les dicen: ¡comedme! + +Don Paco se preparó a obedecer el irresistible mandato; pero pensando en +aquel mismo instante en que Juana la Larga, la madre de quien causaba su +tormento, era quien había guisado aquel lomo, las más tristes memorias +se le recrudecieron, y con una magra entre los dedos, al ir ya a tirar +un bocado, se le atragantaron en la garganta los dos tan sabidos versos +de Garcilaso que dicen: + + + ¡Oh dulces prendas por mi mal halladas, + dulces y alegres cuando Dios quería! + + +No quiso Dios, a pesar de todo, que don Paco las hallase por su mal. +Aunque se le saltaron las lágrimas pudo más el apetito. Ganas tuvo +también, en su desesperación, de que las magras se le volviesen veneno; +pero, en fin, él se comió dos y también la rosquilla. + +Hubo un momento en que echó de menos el vino y deploró no haber traído +la bota. Luego se resignó y bebió agua, bajando la boca hasta la +superficie del remanso. + +Por último, como estaba molido de tanto andar, velar y rabiar, y sentía +en lo exterior el calor del sol y en lo interior el calor del lomo y de +la rosquilla, a pesar de su enorme pesadumbre, fue vencido por el sueño +y se confortó durmiendo profundamente la siesta, durante la cual sus +desventuras y sus penas se diría que se habían sumergido en aquel arroyo +como si fuese el Leteo. + + + + +XXX + + +Cuando despertó don Paco de su prolongado sueño, el sol se inclinaba +hacia Occidente; el día estaba expirando. + +Las vacilaciones que habían atormentado a don Paco volvieron a +atormentarle con mayor fuerza mientras más tiempo pasaba. Su fuga del +lugar le parecía, y no sin razón, que debía de haber sido notada por +todos y mirada con extrañeza. A él, que ejercía tantos oficios, le +habrían echado de menos en muchos puntos. + +Se le figuraba que, como no había pedido licencia a nadie, y como su +inusitada desaparición carecía de causa confesada por él, todos sus +compatricios se esforzarían por hallar esta causa y acabarían por +suponerla un acto de desesperación o de despecho. Nadie dejaría de +lamentar su fuga sí él no volvía al lugar; pero si volvía, la compasión +se transformaría inevitablemente en burla y rechifla. + +No quedaría un solo sujeto que no le preguntase con sorna qué había ido +a hacer al yermo y por qué lo dejaba tan pronto, arrepentido de ser +anacoreta. Y los que sospechasen, y no dudaba él que algunos +sospecharían, que había querido suicidarse, tomarían a risa lo del +suicidio y atribuirían a miedo el que no se hubiese realizado. + +Imaginaba él que, vuelto al lugar, no podría sufrir su nueva situación, +porque se le figuraría que se mofaban de él cuando le mirasen a la cara. + +Si se fue, dirían, porque había aquí algo que no podía aguantar, ¿por +qué vuelve ahora, se resigna y lo aguanta? + +Don Andrés, sobre todo, le despreciaría y le escarnecería, allá en sus +adentros, calculando que la fuga había sido por lo de los besos a +Juanita y que ahora volvía muy resignado a llevarlos con paciencia y +hasta a verlos dar de nuevo. + +A Juanita misma se la presentaba muy afligida por lo pronto, llena de +remordimientos porque era o iba a ser motivo u ocasión de su muerte y +muy inclinada a derramar lágrimas a la memoria de él o sobre su ignorada +tumba, si es que le enterraban y ella sabía dónde y no estaba lejos; +pero si Juanita le veía otra vez tan campante, y en las calles de +Villalegre, acudiendo a sus ordinarios quehaceres, ya en la tertulia de +doña Inés haciendo la corte a doña Agustina, Juanita le tendría por la +persona más ruin y cuitada del orbe. Juanita se mofaría de él, y don +Paco se estremecía al pensar sólo en la posibilidad de semejante +vilipendio. + +Era, sin embargo, muy duro matarse sin gana y sólo para que la gente +tome a uno en serio, le compadezca y no le embrome. + +Hubo momentos en que si don Paco hubiera tenido un revólver, acaso, en +contravención de todos sus preceptos religiosos y de todas sus sanas +filosofías, se hubiera pegado un tiro; pero, afortunadamente, don Paco +no gastaba armas de fuego y no llevaba ni pistola ni escopeta en aquella +disparatada excursión que estaba haciendo, perseguido por los celos +como Orestes por las Furias. Una vez se le ocurrió encaramarse en la +cima de un escarpado peñasco, precipitarse desde allí de cabeza y +hacerse una tortilla. Pero si no quedaba muerto al punto y sólo se +rompía un brazo, una pierna o las dos, ¿no le dolería mucho, y +quedándose vivo añadiría los dolores físicos a los dolores morales de +que había querido libertarse? + +Rumiando con amargura todo lo dicho, anduvo don Paco sin reparar el +camino que llevaba, hasta que le sorprendió la noche, oscura como boca +de lobo. Ni luna ni estrellas se veían en el cielo, cubierto de densas +nubes. Llovía recio y relampagueaba y tronaba. + +Nuestro peregrino advirtió con pena que estaba hecho una sopa, y temió +que la muerte, que anhelaba y repugnaba al mismo tiempo, pudiera +sobrevenir por la humedad esgrimiendo, en lugar de guadaña, reumas y +pulmonías. + +A la luz de los relámpagos descubrió que había llegado a una extensa +nava, entre las cumbres de dos cercanos cerros. Había en la nava mucho +heno, grama abundante y a trechos intrincados matorrales, en que +tropezaba, o alta hierba que subía hasta sus muslos, porque no había +senda o porque la había perdido. + +De pronto oyó mugidos, y al resplandor fugaz de los relámpagos creyó +entrever un gran tinglado o cobertizo, debajo del cual se movían bultos +mugidores, que eran sin duda toros bravos, cabestros, becerros y vacas. + +--Hombre del demonio--dijo una bronca voz--, ¿qué viene usted a hacer +por aquí a estas horas y con esta tormenta tan fuerte? + +Don Paco, ocultando el lugar de donde era y sin declarar su nombre, dijo +que yendo de camino se había extraviado, no sabía dónde estaba y buscaba +albergue en que pasar la noche. + +El boyero, que era piadoso, movido a compasión por la lamentable voz de +don Paco, salió de debajo del cobertizo, vino a él, le tomó de la mano y +le sirvió de guía. + +Así dieron ambos buen rodeo y llegaron a una choza bastante capaz, +donde, al amor de la lumbre y en torno de una gran chimenea que tenía +poco que envidiar a la de doña Inés, aunque carecía de escudo de armas, +había otros dos pastores, viejos ya, y un chiquillo de diez o doce años, +que debía de ser hijo del guía de don Paco. + +En el hogar ardía un monte de leña, con cuyo calor pudo don Paco +secarse los vestidos, porque le ofrecieron, y él aceptó, un banquillo +para que se sentase cerca del fuego. + +Apartada de él, sobre un poco de rescoldo y en una trébede se aparecía +una olla, exhalando a través de la rota y agujereada tapadera espesos y +olorosos vapores, con no sé qué de restaurante, lo cual produjo en las +narices de don Paco sensación muy grata, porque con tanto andar se le +había bajado a los pies el almuerzo. Era lo que había en la olla un +guiso de habas gordas y tiernas, con lonjas de tocino y cornetillas +picantes que habían de hacerlo suculento y sabroso. + +Los pastores, así como le habían dado techo amigo donde abrigarse de la +lluvia y pasar la noche, le ofrecieron también su rústica cena. + +El rubor tino las mejillas de don Paco al ir a aceptarla; pero no fue +tan descortés ni tan abstinente que no la aceptase, la agradeciese y aun +se aprovechase de ella, compitiendo en apetito con los boyeros. + +Sin querer le avergonzaron también por otro estilo con su leal +franqueza. A él, que se ocultaba y mentía, le contaron cuanto había que +contar de la vida de ellos y de sus lances de fortuna, y de los sucesos +de la pequeña cortijada, no muy lejos de allí, de que eran naturales. +Ponderaron también la ferocidad de los toros que ellos cuidaban, se +quejaron de la poca reputación que tenían y aún pronosticaron que al fin +habían de abrirse camino hasta la magnífica plaza de Madrid, donde +competirían con los de Veragua y los de Miura matando caballos a +porrillo y metiendo en puño los animosos corazones de _Lagartijo_ y de +_Frascuelo_. + +Terminada la cena y la conversación, todos se acostaron sobre sendos +montones de hierba seca y durmieron como unos patriarcas. + +Don Paco se despertó y levantó al rayar el día imitando a los que le +albergaban. Supuso, para salir del paso, que iba a Córdoba; en este +supuesto los boyeros le indicaron el camino que debía seguir. + +Se despidió don Paco mostrándose agradecidísimo, y pronto se alejó de la +nava, marchando de prisa por la senda que le habían indicado. + +A solas otra vez consigo mismo, los negros pensamientos resurgieron de +las profundidades de su alma y volvieron a atormentarle. + +Como él reflexionaba mucho, se estudiaba y se sumía en el abismo de su +propia conciencia, procuró explicarse el singular fenómeno que en ella +se estaba presentando. Entonces creyó percibir que él hasta muy tarde, +hasta ya viejo, había empleado y gastado la vida en ganarse la vida y +había carecido, acaso por dicha, de desahogo y de vagar para fingirse +primores ideales y ponérselos ante los ojos del alma, como atractivo de +su deseo. Toda aspiración suya había sido hasta entonces modesta, +prosaica y pacíficamente asequible; pero Juanita había venido en mal +hora a turbar su calma y a aguijonear su fantasía para que remontase el +vuelo a muy altas regiones, donde, si bien había más luz, había también +tempestades que su alma pacífica y sólo acostumbrada al sosiego apenas +podía sufrir. + +En resolución, don Paco vino a creer que la aparición tardía de lo +ideal, casi muerta ya su juventud, y el nacimiento póstumo de +aspiraciones que sólo por ella deben ser fomentadas, era lo que le traía +tan desatinado, tan infeliz y tan loco. Volver al lugar en aquel estado +de ánimo, con menos pretexto para volverse que el que había tenido para +irse, le harían sin duda objeto del escarnio de todos sus amigos +conocidos, como no hiciese la atrocidad de matar a dos o tres, y él, que +era blando de condición, se consideraba incapaz de ello. Por otra parte, +y mientras en Villalegre permaneciese, juzgaba él que sería ya inútil +para todo y que no valdría ni para secretario de Ayuntamiento, ni para +consejero de don Andrés, ni para colaborador del escribano, ni para +pasante de los abogados Peperris. + +En consecuencia de estos no articulados discursos, decidió al cabo: +decidió desterrarse para siempre de su patria e ir a otras villas o +ciudades en busca de reposo y de mejor fortuna. + +Sólo así lograría curarse de su amor por la pícara e indigna Juanita, +hacer pie y caminar por lo firme, en vez de ir por las nubes o de nadar +por el éter, y sin matarse y sin matar a nadie, sino siendo útil al +prójimo, ser de nuevo respetado y querido de las gentes. + +Ya que los boyeros le habían indicado el camino para ir a Córdoba, don +Paco, menos alborotado que el día anterior, siguió en aquella dirección, +pues camino no había. Las estrechas sendas eran muchas, y él a la +ventura las tomaba, sólo procurando hunde la vista de todo ser humano, +porque aún tenía vergüenza de que le viesen. + +Ora andando, ora parándose a reposar, se le pasó todo el día y llegó su +segunda noche de vagabundo. No sabía dónde se hallaba; pero creyó que se +despertaba en él una vaga reminiscencia de aquellos sitios. Era una +dilatada dehesa o coto, donde había de haber abundancia de conejos y +liebres. El terreno era quebrado y cubierto de matas o monte bajo. Sólo +a trechos descollaban algunos pinos, hayas y encinas. + +Pronto la oscuridad lo envolvió todo. Aunque no llovía, estaba muy +nublado, y él distinguía confusamente los objetos. El silencio era +profundo. Lo rompía sólo, de cuando en cuando, tal cual ráfaga de viento +suave que agitaba las hojas, o alguna liebre que brincaba o atravesaba +corriendo por entre las matas. + +No sé cómo reconoció o creyó reconocer don Paco que se hallaba en aquel +momento más cerca de Villalegre; que se hallaba a menos de dos leguas de +distancia, en un coto propiedad de don Andrés y donde don Andrés solía +venir a cazar. + +Se afirmó más en esta idea al ver de pronto una lucecita que a cierta +distancia brillaba en las tinieblas, según sucede a menudo a los niños +cuando en los cuentos de hadas se extravían en un bosque. + +Don Paco era valeroso y no propendía, sin ser incrédulo, a recelar +frecuentes y medrosas apariciones de vestigios, de almas del otro mundo +o de otros seres sobrenaturales. En aquella ocasión, sin embargo, tuvo +su poquito de miedo, pero lo venció y caminó resuelto y derecho hacia la +luz para ver lo que era. + +Se había fundado su miedo en que reconoció que la luz salía de la casita +del viejo guarda del coto, el cual había muerto la víspera de la salida +de don Paco de Villalegre, y era muy poco probable que don Andrés +hubiese nombrado en seguida a otro guarda para donde apenas había cosa +que guardar. La casilla, en opinión de don Paco, tenía que estar +desierta. ¿Quién había encendido luz y estaba en la casilla? ¿Sería el +alma en pena del viejo guarda, que tenía fama de haber sido más que +travieso en sus mocedades y hasta bandolero acogido a indulto? + +Don Paco se armó de valor y se dirigió a averiguarlo, contento de +tropezar con una aventura que de sus desventuras le distrajese. + + + + +XXXI + + +Sin hacer ruido, llegó don Paco a la casilla y vio que la puerta estaba +cerrada con cerrojo que había por dentro. La luz salía por un ventanucho +pequeño, donde en vez de vidrio había estirado un trapo sucio para +resguardo contra la lluvia y el frío. Con el estorbo del trapo no se +podían ver los objetos de dentro; pero don Paco se aproximó y reparó en +el trapo tres o cuatro agujeros. Aplicó el ojo al más cercano, que era +bastante capaz, y lo que vio por allí, antes de reflexionar y de +explicárselo, le llenó de susto. Imaginó que veía a Lucifer en persona, +aunque vestido de campesino andaluz, con sombrero calañés, chaquetón, +zahones y polainas. La cara del así vestido era casi negra, inmóvil, con +espantosa y ancha boca y con colosales narices llenas de verrugas y en +forma de pico de loro. Don Paco se tranquilizó, no obstante, al +reconocer que aquello era una carátula de las que se ponen los judíos en +las procesiones de Villalegre. + +El enmascarado guardaba silencio y estaba sentado en una silla, apoyados +los codos en una vieja y mugrienta mesa de pino. + +En otra silla estaba enfrente otra persona, en quien reconoció al punto +don Paco a don Ramón, el tendero murciano de su lugar, el hombre más +rico después de don Andrés y el más desaforado hablador que por entonces +existía en nuestro planeta. + +Don Ramón era pequeñuelo, viejo y flaco; pero tenía mucho espíritu y +agallas y no se acoquinaba por poco. + +Notó don Paco que tenía las manos atadas con un cordel a la espalda, y +dedujo que le habían llevado allí y que le retenían por violencia. +Pronto las mismas palabras del tendero murciano, tan pródigo de ellas, +confirmaron la deducción de don Paco. + +--Hombre o demonio--decía--, quienquiera que seas, apiádate de mí y no +me atormentes sin fruto. ¿Cómo había yo de imaginar, al volver esta +tarde desde mi caserío al pueblo, que no dista más que un cuarto de +legua, que había de topar contigo y con tu compañero, emboscados entre +las mimbreras del arroyo del Hondón, y que me habíais de traer por +fuerza a este lugar? Yo no sospechaba que hubiese secuestradores en el +día, y caminaba muy seguro. Convéncete, hombre: la ganancia que habíais +de hacer ya la habéis hecho. No tratéis ahora de lograr más ganancia. La +codicia rompe el saco. A mí me mataréis, pero también a vosotros os +darán garrote. + +El enmascarado persistió en su silencio, y a lo del garrote sólo +respondió con un ronquido, especie de interjección que en aquella tierra +se usa. Don Ramón continuó: + +--No acierto a explicarme por dónde llegasteis a averiguar que acababa +yo de vender mi mejor vino a los jerezanos y que llevaba doce mil reales +en el bolsillo. Pero, en fin, ya tenéis los doce mil reales. ¿Por qué no +os contentáis? Valiéndoos de ese tintero de cuerno que traíais +preparado me habéis hecho escribir a mi mujer para que entregue dos mil +duros si no quiere que me ahorquen. + +--Y te ahorcaremos y te descuartizaremos como no los entregues--dijo el +enmascarado con voz disimulada y extraña. + +--Pues bien: podéis ahorcarme y descuartizarme ya, sin seguir +moliéndome, porque mi mujer, ¡y vaya si la conozco!, antes que entregar +los dineros entregará mi vida y la de todos sus parientes, aunque nos +quiera y nos llore después a moco tendido. Oye: ¿has visto tú la +tragedia de Guzmán el Bueno? + +El enmascarado no dijo que sí ni que no; se limitó a dar otro ronquido. +Don Ramón continuó: + +--Pues Guzmán el Bueno, para no entregar a Tarifa, envió a los moros un +cuchillo con que degollasen a su hijo muy amado. Los dineros son la +Tarifa de mi mujer, y no los entregará aunque me degolléis. Lo que no +hará tampoco, echando con esto la zancadilla a Guzmán el Bueno, es el +gasto inútil de enviaros el cuchillo, aunque sea el peor de la cocina. +Ya lo tendréis vosotros, sin que ella lo envíe, para abrirme una gatera +en las tripas. Pero seamos razonables: ¿qué vais a conseguir con eso? +Compadécete de mí. Mira también por ti y no seas imprudente. Hará ya dos +horas que mí mujer me habrá echado de menos, y aun antes de recibir la +carta que lleva tu compañero, y que no sé cómo ni quién pondrá en sus +manos, habrá armado ella una revolución en el lugar, habrá tocado a +rebato, y la pareja de la Guardia Civil y muchos criados míos andarán ya +buscándome. No tientes más a Dios. Ponme en libertad. Déjame ir en mi +mulita y yo te lo pagaré si no quieres aguardar a que Dios te lo pague. + +El enmascarado siguió sin contestar, aunque dando más ronquidos. + +--¿No oyes que yo lo pagaré? Sobre los doce mil reales que tú y tu +compañero os habéis repartido, yo puedo darte otros ocho mil si me dejas +libre. + +--¿Y cómo?--dijo entonces el enmascarado--. ¿Dónde llevas escondidos +esos ocho mil reales? + +--No seas tonto, hijo mío, no seas tonto. ¿Dónde quieres que los lleve? +Yo no tenía más que lo que ya habéis tomado; pero tengo un medio seguro +de recompensar tu buena acción. + +--¿Y cuál? + +Don Ramón titubeó entonces. El deseo de seducir al de la carátula y +salir pronto de aquel mal paso, satisfaciendo su afán de hablar, de +contarlo todo y aun de lucirse, porque era muy jactancioso, luchaba en +su alma con el temor de empeorar la situación en que se hallaba, +sobreexcitando la codicia del bandido. + +La manía de hablar pudo más, al fin, que toda otra consideración +juiciosa, y don Ramón explicó que había un ingenioso procedimiento por +cuya virtud tenía él y ponía dinero donde le daba la gana. Bastaba para +ello que él escribiese en un papelito determinada cantidad, diciendo +_páguese_ y firmando. Cualquiera persona que llevase este papelito en la +faltriquera bien podía estar segura de que era como sí llevase la +cantidad expresada. + +Don Ramón, impulsado por su locuacidad y su fachenda, no supo lo que se +dijo.... Su explicación de lo que era un cheque o libranza al portador +entusiasmó al bandido, el cual le mandó al punto con amenazas que allí +mismo, y en el acto, por valor de dos mil duros, le escribiese y le +firmase un cheque. + +El tendero murciano conoció la tontería que había hecho, pero conoció +igualmente que tenía fácil enmienda, y explicó al de la carátula que los +papelitos que allí escribiese y firmase ningún valor tendrían, porque +habían de ir, para que valiesen, en hojas dispuestas de cierto modo y +arrancadas de un librejo que él se había dejado en casa. + +Nada le valió con todo para apaciguar al de la carátula. O por poner en +duda que fuesen indispensables tales hojas o por despecho de que se las +hubiese dejado en casa y no las trajese allí, el bandido, sin atender a +razones y diciendo repetidas veces «escríbeme el papelito», se puso a +maltratar a pezcozones al infeliz maniatado. + +Don Paco no pudo sufrir más: fue corriendo a la puerta de la casilla, +por fortuna vieja y desvencijada, y descargando sobre ella con todos sus +bríos un diluvio de patadas, de puñetazos y garrotazos, consiguió en +pocos segundos arrancarla de los goznes y derribarla por el suelo con +estrepitoso sacudimiento, que hizo retemblar las paredes. + +El bandido se sobrecogió de terror porque imaginó al principio que el +viejo guarda, o lleno de envidia por la ventura que otros iban a lograr, +o enojado porque le profanaban su mansión, donde el día antes había +estado todavía de cuerpo presente, venía ahora capitaneando una legión +de demonios para llevárselo al infierno. + +¿Qué criatura mortal podía aparecer a aquellas horas y en tan apartado +sitio? + +El bandido, no obstante, se recobró del susto y acudió a la defensa. + +Echó mano del trabuco, que tenía en un rincón de la estancia, y fue al +cuarto contiguo, donde había caído la puerta y estaba la entrada. + +Allí apenas se veía, porque la única luz era la de un candil atado en la +otra estancia a una tomiza que pendía de una viga del techo; pero el de +la carátula vio el bulto de un hombre que se precipitaba sobre él, y le +dijo: + +--¡Tente o mueres! + +Y le apuntó con el trabuco. + +Todo ello fue con rapidez maravillosa. Don Paco estaba ya casi encima +del bandido, y al mismo tiempo que éste disparaba, le sacudió tan +tremendo garrotazo en el brazo izquierdo, que le hizo soltar el arma y +dar con ella en el suelo. + +El tiro salió antes, pero torcida ya la dirección, las postas, sin tocar +a don Paco, fueron a agujerear el muro. + +El de la carátula retrocedió para evitar nuevo golpe, y aunque magullado +por el que había recibido, sacó de la faja que rodeaba su cintura una +truculenta navaja de Albacete, de las de virola y golpetillo, de las que +llevan la inscripción: + + + Si esta víbora te pica + no hay remedio en la botica; + + +la abrió con el temeroso ruido que produce la rodaja al encajar en el +muelle, y se lanzó otra vez sobre su adversario; pero el bandido estaba +ya falto de serenidad y quebrantado por el dolor del primer golpe. No +supo ser certero y en balde abanicó el ambiente con su mortífero +instrumento. + +Don Paco, sereno y decidido, se apartó a un lado, brincó y salvó el +bulto y sacudió otra vez tan fiero garrotazo en los lomos del de la +carátula, que le hizo caer en el suelo boca abajo. + +Tendido ya en el suelo el bandido, don Paco se ensañó algo, y sin +compasión le dio cuatro o cinco palos más. + +Como no se quejaba ni rebullía, don Paco le creyó muerto. Se agachó, no +obstante, con precaución y le quitó de la mano la navaja. + +En seguida llegó don Paco a donde estaba don Ramón, que le reconoció, y +con viva efusión le dio las gracias. + +Don Paco desató el cordel que mantenía a don Ramón amarrado. + +--Alúmbreme usted con el candil--le dijo--. Voy a ver si ha muerto ese +hombre. + +A la luz del candil se llegó don Paco al que estaba boca abajo tendido +por el suelo y le puso boca arriba. La carátula se le había caído. + +Don Paco y don Ramón se quedaron absortos al reconocer a Antoñuelo. + + + + +XXXII + + +Por dicha no había recibido ningún garrotazo en la cabeza; pero estaba +derrengado, molido y lleno de contusiones. + +Seguro ya de que vivía, y por instigación del tendero murciano, que no +se aquietaba hasta recobrar, en parte al menos, el dinero robado, don +Paco registró a Antoñuelo y le encontró cuatro mil reales, que devolvió +a su dueño. + +Los otros ocho mil se los había llevado el compañero de Antoñuelo, el +cual, por director y maestro en el arte, había tomado doble porción de +botín. + +Antoñuelo sentía agudos dolores; no formulaba palabra alguna, pero +lanzaba gemidos lastimeros. + +Don Paco se apresuró a salir de allí, volviendo cuanto antes al lugar +con el libertado y el vencido. + +La poderosa mula de don Ramón, aparejada aún con muy cómoda y ancha +albarda, se hallaba en un corralejo o pequeño cercado contiguo a la +casilla. + +Sacó don Paco la mula, hizo que montase en ella su dueño y levantando +después a Antoñuelo, que apenas se podía mover, y llevándole en peso con +alguna dificultad, le plantó a las ancas. El cargó luego con el trabuco +y la navaja, trofeos de su victoria, y echando delante la mula y su +doble carga se dirigió hacia el lugar. + +Al ir caminando daba infinitas gracias a Dios porque le había puesto en +ocasión de castigar un delito y de evitar otros mayores, y porque le +había proporcionado un medio de volver a la patria con justo motivo y +sin ningún sonrojo. + +Aunque caminaron despacio, llegaron al lugar entre una y dos de la +noche, sin hallar a nadie en el camino. + +Inquieto don Andrés por la suerte de don Paco, había enviado en balde a +muchas personas para que le buscasen. También la tendera había enviado +gente en busca de su marido. Todos con mal éxito se habían vuelto al +lugar antes de medianoche. + +Cuando mucho más tarde entraron en él don Paco y su comitiva, los +villalegrinos estaban durmiendo. + +Don Paco, procurando y logrando no llamar la atención, dejó a Antoñuelo +a la puerta del herrador, su padre. Libre ya don Ramón del poco +agradable socio de montura, se despidió de don Paco con nuevas y +fervorosas manifestaciones de gratitud y se largó a su casa. + +Don Paco se fue a reposar a la suya. + +Como el médico estaba viejo y averiado y tenía no poco que hacer, don +Policarpo ejercía también, con sentimiento del médico, la medicina y la +cirugía. El herrador le llamó al punto para que curase a su hijo. + +Don Policarpo le atendió muy bien y pronosticó que le curaría pronto, +porque sus contusiones, si bien en extremo dolorosas, no eran de peligro +ni daban que temer por su vida. + +Apenas amaneció, don Policarpo, sabedor de que don Andrés estaba +inquietísimo por la suerte de su amigo o como si dijéramos de su +ministro, fue a casa del cacique, que se despertaba con el alba, y le +pidió albricias y le dio la buena nueva de que don Paco había parecido. +Como el boticario sólo había visto al magullado Antoñuelo y no sabía +bien lo ocurrido, hizo su composición de lugar, y fantaseó y dijo a don +Andrés que entre don Paco y Antoñuelo había habido una muy reñida pelea, +sin duda por los bellos ojos de Juanita; que la pelea había sido en +mitad del campo, durante la noche; que don Paco había quedado ileso y +que el pobre Antoñuelo estaba tal que se lo podía comer con cuchara, +pero que él, con su ciencia y sus cuidados, le sanaría muy pronto. + +Don Andrés se holgó mucho de que hubiese vuelto sano y salvo el +secretario del Ayuntamiento, que le era utilísimo y a quien profesaba +más amistad que a nadie. + +No por eso quiso llamar a don Paco ni ir a verle en seguida, turbando el +reposo de que sin duda había menester; pero no creyó en el duelo o +pendencia que don Policarpo había supuesto y contado. + +Don Andrés, aunque muy estimulado por la curiosidad, se armó de +paciencia y de calma y aguardó dos o tres horas antes de dar un paso +para descubrir lo cierto. + +Bien sabía él que el mayor amigo y confidente de don Paco era el maestro +de escuela, y a eso de las ocho, cuando ya la escuela había empezado y +don Pascual debía de estar en ella, don Andrés le envió a llamar a su +casa. + +El mozo que llevó el recado volvió diciendo que don Pascual había salido +al rayar el alba, que no había vuelto aún, que los niños estaban dando +la lección con el ayudante y que no bien volviese don Pascual y supiese +que don Andrés le llamaba, iría a verle al punto. + + + + +XXXIII + + +Don Paco, después de vagar en la soledad por espacio de dos días y +después de tantas penas, emociones y lances, anheló para desahogo +confiarse por completo con alguien. ¿Y con quién mejor que con el +maestro de escuela, hombre de bien, sigiloso y tan excelente y +desinteresado amigo, primero de Juanita y de él más tarde? + +La mujer del alguacil fue, pues, a llamar a don Pascual de parte de don +Paco. + +Don Pascual vino y don Paco se lo contó todo. No le dio ninguna comisión +ni embajada para Juanita; pero don Pascual, por una benévola usurpación +de atribuciones y de empleo, se declaró él mismo y se nombró embajador, +se fue a ver a Juanita que, desvelada y triste, se acababa de levantar y +le refirió con fidelidad minuciosa los furores y penas de don Paco, sus +celos, su desesperación, sus propósitos de suicidio o de extrañamiento +perpetuo, y, por último, el combate de la casilla, el delito de +Antoñuelo, los golpes que éste había recibido, así como su vuelta y la +de don Paco a Villalegre. + +Contó también que el tendero murciano y su mujer, con más impaciente +furia, no se conformaban con callarse sin delatar a Antoñuelo y sin +enviarle a presidio, si no se les devolvían en el término de tres días +los ocho mil reales que no habían recobrado y que el cómplice de +Antoñuelo se había llevado consigo. + +Según informes adquiridos y comunicados por don Paco, Antoñuelo por nada +del mundo diría el nombre y la condición del forastero que había +cometido con él el delito. + +Por otra parte, aunque Antoñuelo le delatase, de nada valdría esto para +recobrar los ocho mil reales por medio de la Justicia, sin envolver en +el proceso al hijo del herrador y condenarle y perderle. + +El afecto profundo y extraño, como de madre o como de hermana, que +Juanita había sentido por Antoñuelo toda su vida, renació entonces con +vehemencia en su corazón, olvidándose de los groseros agravios con que +la había ofendido aquel mozo. + +Juanita se propuso salvarle, lograr que se echase tierra al asunto y +evitar su deshonra y su ida a presidio, aunque para ello fuera menester +buscar los ocho mil reales en el mismo infierno. + +A esta penosa agitación de Juanita se contraponía en su alma otra +agitación dulcísima, otro sentir, en vez de aflictivo, delicioso y +beatificante, que aumentaba y enardecía su amor al saberlo tan bien +pagado, y que lisonjeaba su orgullo. A pesar del dolor y del sobresalto +que la conducta criminal de Antoñuelo y sus consecuencias le causaban, +Juanita se juzgó venturosa, y sin duda lo era. + +Sólo faltaba ya, y urgía y no daba un instante de espera, el desengañar +a don Paco, el persuadirle de que ella era inocente, y el convencerle de +que ella le amaba. + +Ya don Pascual, en su largo coloquio con don Paco, había hecho esfuerzos +para convencerle de la inocencia de Juanita. Don Pascual le aseguró que +él conocía muy bien el noble y leal carácter de ella y cuan virtuosa y +honrada había sido siempre en medio de la completa libertad en que había +vivido, sin que su madre la vigilase y la tuviese siempre a su lado. + +Su madre había tenido que ir a las casas donde la llamaban a trabajar, +dejando a Juanita con una criada o completamente sola cuando ni criada +tenían. Juanita, además, sin que nadie la acompañase ni mirase por ella, +había pasado de la niñez a la mocedad en medio de las calles y en trato +y conversación con toda clase de personas. + +Nadie, sin embargo, se le había atrevido, porque ella sabía hacerse +respetar, y ni las personas maldicientes habían formulado nunca contra +ella una acusación fundada que pudiera, en manera alguna, deslustrar su +decoro. + +Lo que don Paco había visto, lo que había causado su enojo y su +desesperación no era, por consiguiente, culpa de Juanita, sino +inmotivado atrevimiento de don Andrés, quien, si algo logró por +sorpresa, fue rechazado violentamente en seguida. + +Don Pascual sostenía, además, que Juanita no había provocado la audaz +acometida de don Andrés, a la que daba por única causa el engreimiento +del cacique y su convicción de que todo había de rendirse a su voluntad +y ser propicio a su deseo. + +No bien se enteró Juanita de todo esto oyendo hablar al maestro de +escuela, procuró que terminase la visita y que éste se fuera. + +Cuando se vio sola, sin hablar a su madre para no perder tiempo, tomó el +pañolón, se lo echó de cualquier modo en la cabeza y se fue a casa de +don Paco, escapada. + + + + +XXXIV + + +Llegó Juanita a la casa, llamó a la puerta y salió a abrirle la mujer +del alguacil. Juanita le dijo: + +--¿Está don Paco en casa? ¿Está levantado y solo? Necesito verle y +hablarle sin tardanza. + +--Solo y levantado está en la sala de arriba--dijo la mujer del +alguacil. + +Sin aguardar más contestación ni más permiso, Juanita apartó a un lado a +su interlocutora, echó a correr, subió las escaleras, dejó el manto en +un banco de la antesalita y entró destocada en la sala donde estaba don +Paco. + +La sorpresa y el júbilo de éste fueron indescriptibles, por más que +estuviese receloso aún de que en los atrevimientos de don Andrés la +coquetería de Juanita había entrado por algo. Agradecido a la visita no +esperada, don Paco se mostró muy fino, pero disimuló su alegría y +procuró poner el rostro lo más grave y severo que pudo. + +--No estés enfurruñado conmigo--dijo Juanita, tuteándole por primera +vez--. Yo estaba celosa de doña Agustina y enojada contra ti con tan +poca razón como tú estás ahora enojado; yo quería darte picón. Soy leal. +Confieso mi culpa y me arrepiento de ella. Es cierto; provoqué a don +Andrés sin reflexionar lo que hacía. Perdónamelo. Me besó por sorpresa, +pero lo rechacé con furia. Te lo juro; créeme; te lo juro por la +salvación de mi alma; no le rechacé porque tú entraste, y más duramente +lo hubiera rechazado yo si tú no entras. Vengo a decírtelo para que me +perdones, porque te amo. Quiero que lo sepas: estoy arrepentida de +haberte despedido y me muero por ti y no puedo vivir sin ti. + +¿Qué había de hacer don Paco sino ufanarse, enternecerse, derretirse y +perdonarlo todo al oír tan dulces y apasionadas frases en tan linda y +fresca boca? No sabía, sin embargo, qué decir ni qué hacer, y, como +generalmente ocurre en tales ocasiones, dijo no pocas tonterías. + +--Apenas puedo creer--dijo--que no repares ya en mi vejez, que no +pienses en que puedo ser tu abuelo y que me quieras como aseguras. +¿Pretendes, acaso, burlarte de mí y trastornarme el juicio? ¿Te propones +halagarme con la esperanza de una felicidad que no me atrevería yo a +concebir en sueños, para matarme luego desvaneciéndola? + +--No, vida mía; yo no quiero desvanecer tu esperanza, sino realizarla. +Yo quiero darte la felicidad, si juzgas felicidad el que yo sea tuya. Si +no me desprecias, si me perdonas, si no me crees indigna, nos casaremos, +aunque rabie doña Inés de que yo no sea monja, aunque don Andrés te +retire su favor, aunque se nos haga imposible la permanencia en este +pueblo y aunque tengamos que irnos por ahí, acaso a vivir +miserablemente. No lo dudes; si fuese posible que don Andrés se prendase +de mí hasta el extremo de querer casarse conmigo, yo le despreciaría por +amor tuyo, aunque fueses tú mil veces más pobre de lo que eres; yo le +cantaría la copla que dice: + + + Más vale un jaleo probé + y unos pimientos asaos + que no tener un usía + esaborío a su lao. + + +Don Paco, al oír esto, apenas pudo ya contenerse y ocultar su emoción. +Un estremecimiento delicioso agitó sus venas, como si por ellas +corriesen luz y fuego en vez de sangre. Estuvo a punto de echarse a los +pies de Juanita y besárselos, pero aún se reportó y dijo: + +--Quiero creer, creo en tu sinceridad de este momento. Mi modestia, con +todo, me induce a temer que tal vez te alucinas, que tal vez tú misma te +engañas, que tal vez te arrepientas del paso que das ahora. Eres tan +hermosa, que puedes ambicionar cuanto se te antoje. Y don Andrés no es +un usía desabono como el de la copla; es una persona inteligente, +estimada y respetada por todos: mejor y mucho más joven que yo. + +--Será todo lo que tú quieras; mas para mí tú eres el más inteligente, +el más joven y el más guapo. + +Todavía, escudado por su humildad, trató don Paco de ocultar que estaba +ya satisfecho, que había depuesto su enojo y que sus recelos se habían +disipado. Con menos seriedad, sonriendo y entre veras y burlas, dijo; + +--Me fío de ti; conozco que hablas con el corazón. No, no piensas en +engañarme; pero, sin duda, tú misma te engañas. Y para poner más a +prueba la vehemencia y la firmeza del amor de Juanita, añadió luego: + +--Es inverosímil que tú, si don Andrés, como parece evidente, está +enamoradísimo de ti, le desdeñes y me prefieras y me ames ahora, cuando +antes, que no tenías a don Andrés, era a mí a quien despreciabas. Pues +qué, ¿ignoras que yo soy un pobre diablo, dependiente de él, y que él es +poderoso, rico, respetado y temido aquí, estimado y favorecido por el +Gobierno y caballero gran cruz con excelencia y todo? + +--¿Y qué me importa a mí su excelencia? A ti y no a él debió el Gobierno +dar la gran cruz, ya que todo lo bueno que se hace en este lugar eres tú +quien lo hace. + +Calló un momento y prosiguió con dulce risa, como quien de súbito tiene +una idea que le agrada: + +--Esta injusticia quiero remediarla yo; pero necesito antes que tú me +proclames y me jures por tu reina. Sé mi súbdito fiel. Sométeteme. +Júrame por tu reina y tu reina te premiará. Júrame. + +Don Paco se sometió sin más resistencia. Se hincó de rodillas a los pies +de ella y exclamó entusiasmado: + +--¡Te juro! + +Juanita, impulsada irresistiblemente por la idea rara que había +concebido, apartó con gran rapidez el pañolillo, que llevaba al pecho, +prendido con alfileres, sacó sus tijeras del bolsillo del delantal y se +desabrochó dos o tres corchetes del vestido. Don Paco, siempre de +hinojos, la contemplaba embelesado y curioso. + +Ella introdujo los dedos por bajo el vestido y desató un listoncillo de +seda azul que le ceñía al pecho la limpia camisa. Tiró de él y la sacó +de la jareta, calada y bordada, trabajo primoroso de su diestra mano. +Cortó, por último, con las tijeras un buen pedazo del listoncillo y se +lo puso a don Paco en el ojal del chaquetón, afirmándolo con una lazada. + +--Yo te concedo, en atención a tus altos méritos y servicios--dijo con +solemnidad--, esta bonita condecoración, que vale mil veces más que la +que tiene don Andrés, y te declaro mi caballero y gran cruz de la orden +de los celos disipados. Por eso es azul el listoncillo, como las flores +del romero. + +Don Paco se levantó sin pizca de celos, porque todo se convirtió en +amor, y dijo: + +--Tú me citaste una copla; no quiero ser menos; voy a citar otra, aunque +tenga que llamarte en ella no por tu nombre, sino como se llama la madre +de tu santo: + + + Las flores del romero + niña Isabel, + hoy son flores azules, + mañana serán miel. + + +--Y si han de ser miel mañana, ¿no es mejor que lo sean en este mismo +instante? + +Don Paco se acercó a Juanita para besarla. + +Ella le separó con suavidad y se esquivó poniéndose muy seria y +exclamando: + +--Déjame. No te llegues a mí. Respétame como a tu reina y como mi +caballero que eres. Las flores del romero serán miel en su día; ahora, +no. Ve mañana a mi casa, a las diez y media de la noche. Allí hablaremos +con mi madre. Adiós. + +Juanita se dirigió para salir hacía la puerta de la sala. Ya en la +puerta, volvió la cara, miró a don Paco, se dio a escape más de treinta +besos en la palma de la mano, sopló en ellos y se los envió a su amigo +por el aire. + +--De cerca y sin alas los quiero yo. + +--Ya les cortaremos las alas. En cuantito no sea pecado mortal, los +tendrás de cerca hasta que te hartes. + +Y dicho esto, recogió el mantón en la antesala, bajó brincando por la +escalera y se puso en la calle. + + + + +XXXV + + +En medio de su alegría por haberse reconciliado con don Paco, por estar +segura de su amor y resuelta a casarse con él, aunque doña Inés y el +cacique se opusiesen y tuvieran ella, su novio y su madre que ser +víctimas de la cólera de tan poderosos señores, Juanita sentía profunda +pena por la suerte de Antoñuelo. Su delito le daba horror y no quería +volver a verle ni hablarle en la vida; pero le amaba aún con cariño de +hermana y presentía que ello acibararía con algo como remordimiento las +mayores venturas que pudiera alcanzar sí no evitaba que Antoñuelo fuera +procesado, deshonrado públicamente y condenado a presidio. Con egoísmo +amoroso, sólo del amor mutuo que don Paco y ella se tenían, había ella +hablado con don Paco. Ya en la calle y separada de él, Juanita volvió a +pensar en Antoñuelo y a cavilar en un medio de salvarle sin que nadie le +diese auxilio y siendo ella su única salvadora. + +Con este propósito se presentó en casa del tendero murciano, que la +recibió estando con su mujer, doña Encarnación, solos en la trastienda. + +No lloró Juanita, porque tenía muy hondas las lágrimas y rara vez +lloraba; pero con acento conmovedor y apasionado les rogó que se +callasen sobre lo ocurrido, prometiéndoles que en el término de seis +meses ella les daría los ocho mil reales que el forastero se había +llevado. Contaba para esto con la voluntad de su madre, de la cual +estaba cierta de disponer como de su propia voluntad. Su madre tenía +dado a premio dinero bastante para salir de aquel compromiso, y en el +término marcado de los seis meses podía cobrar dicho dinero. Su madre, +además, era propietaria de la casa en que vivían, y si bien la casa +estaba fuertemente gravada con un censo, todavía podía producir, +vendiéndola, muy cerca de los mencionados ocho mil reales. + +Doña Encarnación habló antes que su marido, y dijo al oír aquellas +proposiciones: + +--Tú estas loca, hija mía, y yo supongo que ni tu locura será contagiosa +ni se la pegarás a tu madre. Imperdonable estupidez sería que ambas os +arruinaseis por salvar a un pillastre. Anda, déjale que vaya a presidio. +Aquel es su término natural e inevitable. Si ahora le salvaseis, en +seguida volvería a hacer de las suyas y a dar nuevo motivo para que le +apretasen el pescuezo. Vuestro sacrificio no sólo sería inútil, sino +también perjudicial. + +--Los consejos de usted--contestó Juanita--, y perdone usted que se lo +diga, son aquí los inútiles. Contra mi firme resolución no hay consejo +que valga. No son consejos, sino dinero o crédito lo que yo necesito. Si +tuviera yo en mi arca los ocho mil reales, los hubiera traído y se los +hubiera dado a ustedes en cambio de un papel, firmado por ustedes, donde +declarasen que Antoñuelo nada les debía y que no tenían contra él la +menor queja. + +No tengo dinero, peco estoy segura de poder reunirlo antes de seis +meses. ¿Quieren ustedes firmar el documento de que he hablado +desistiendo de toda queja contra Antoñuelo y recibir en cambio otro +documento en que yo me comprometa a pagar los ocho mil reales? Este es +el asunto, y no hay para qué andarse por las ramas. Conteste usted, don +Ramón, y diga que sí o que no. + +--Pues mira, Juanita--contestó el interpelado--, yo digo que no, porque +no quiero ser cómplice de tu locura y porque un papel firmado por ti, +que eres menor de edad, no vale un pitoche. + +--El pagaré, aunque apenas tengo veinte años, valdría tanto como si yo +tuviese treinta. Nunca he faltado a mi palabra escrita. Para cumplir el +compromiso que contrajese me vendería yo si no tuviera dinero. + +A don Ramón se le encandilaban algo los ojos, a pesar de que doña +Encarnación estaba presente, y dejó escapar estas palabras: + +--Si tú te vendieses, aunque en el lugar son casi todos pobres, yo no +dudo de que tendrías los ocho mil reales; pero yo no quiero que tú te +vendas. + +--Ni yo tampoco--replicó la muchacha--. Lo dije por decir. Fue una +ponderación. Los bienes de mi madre son míos; ella me quiere con toda su +alma y hará por mí los mayores sacrificios. No dude usted, pues, de que +dentro de seis meses tendrá los ocho mil reales que ahora me preste, sin +necesidad de que yo me venda para pagárselos. + +Doña Encarnación le interrumpió entonces diciendo: + +--Juanita, nosotros tenemos tan buena opinión de ti, que estamos seguros +de la sinceridad y de la firmeza con que prometes pagar; pero si dentro +de seis meses no allegas los dineros, o porque tu madre, queriéndote +mucho, no quiere darlos, o porque no os pagan vuestros deudores y no +lográis vender la casa, tu sinceridad y tu firmeza nada valdrán +pecuniariamente, aunque moralmente valgan mucho. Tu misma moralidad para +este asunto de los dineros, en vez de ser una garantía, es un indicio +claro del peligro que corremos, si te lo prestamos, de no volverlos a +ver nunca. + +--Sí, hija mía--interpuso don Ramón--; si en este caso me hipotecases tu +inmoralidad en vez de hipotecarme tu moralidad, estaría yo más seguro de +cobrar el dinero. Sería una prenda pretoria que daría ricos productos +por mal que se administrase. + +Juanita advirtió que el tendero murciano trataba de tomarle el pelo, +valiéndose de una expresión que ahora se emplea en estilo chusco, y, +como era poco sufrida, empezó a perder la paciencia y dijo bajando la +voz, pero aguzando cada una de sus palabras como si fuese una lanceta: + +--Es, déjese usted de bromas insolentes, tío marrano. Piense usted bien +mi proposición y verá que le tiene cuenta. Si acude a la Justicia, quizá +tendrá el gusto de ver en presidio a Antoñuelo; pero de fijo que no verá +nunca los ocho mil reales. En cambio, si los da ahora por recibidos y +acepta el pagaré que yo le firme, dentro de medio año o antes, y esto es +tan claro como el sol que nos alumbra, recuperará sus ocho mil reales y +además los intereses que me ponga por ellos, porque yo no quiero que me +los adelante por mi linda cara. + +--Aunque me insultes llamándome tío marrano, me permitirás que al menos +por tu linda cara te perdone el insulto. También me mueve tu linda cara, +y no las mezquinas reflexiones que has hecho por mí, a prestarte los +ocho mil reales si me prometes que tu madre ha de conformarse con el +contrato. De todos modos, ya comprenderás tú, porque tienes sobrado +talento, aunque eres inexperta, que yo corro mucho peligro al hacer el +préstamo; que el daño emergente no es flojo, y que, por tanto, tampoco +pueden ser flojos los intereses. No obstante, yo aspiro a que, en vez de +llamarme marrano, me llames generoso y espléndido. Asómbrate. + +Doña Encarnación, que hasta entonces había reprimido la cólera, +sufriendo el insulto hecho al enclenque de su marido, por temor de andar +a la gresca con Juanita y aun de quedar vencida y aporreada, no pudo ya +contenerse al ver y al oír a su marido tan melifluo y tan predispuesto a +ser dadivoso, y le interrumpió exclamando: + +--No te derritas, hombre; no te vuelvas una jalea, no me obligues a que +sea yo quien te llame tío marrano. Atiende a lo que haces, y ya que te +expones tanto prestando los dineros, que sea con algún fruto. + +--Yo no me derrito, yo atiendo a lo que hago--contestó don Ramón--; pero +en vez de responder a las injurias con otras injurias quiero ser +magnánimo y responder con favores y beneficios. Juanita, yo doy por +recibidos los ocho mil reales que me robaron con tal que tú me firmes +un pagaré, que vencerá dentro de seis meses, por la expresada cantidad, +más un pequeño tanto por ciento. + +--Mil gracias, señor don Ramón--dijo Juanita--. Escriba usted los dos +documentos. Yo me llevaré, firmado por usted, el que me asegure que +Antoñuelo quedará libre, y firmaré y dejaré en poder de usted el que +declare que le soy deudora. + +--Está bien. No hay más que hablar--dijo don Ramón. Y yendo a su +escritorio redactó los dos documentos en un periquete. En el pagaré se +comprometía Juanita a pagar, en el término de seis meses, la cantidad de +diez mil reales. + +--Ya ves mi moderación--dijo el tendero murciano al presentar a la +muchacha el documento para que lo firmase--. Me limito a cobrarte sólo +un veinticinco por ciento, a pesar del peligro que corro de quedarme sin +mi dinero, porque, a despecho de todos tus buenos propósitos, no tengas +un ochavo dentro de los seis meses y tengamos que renovar el pagaré, lo +cual me traería grandísimos perjuicios. + +--Ya lo creo--dijo doña Encarnación--; como que ahora andamos engolfados +en negocios tan productivos, que ganamos un ciento por ciento al año. +Créeme, Juanita: prestándote los ocho mil reales nos exponemos a +quedarnos sin ellos, y además a perder otro veinticinco por ciento, o +sea, otros dos mil reales, que hubiéramos ganado dando a los ocho mil +más lucrativo empleo; pero, en fin, ¿qué se ha de hacer? Mi señor esposo +pierde la chaveta cuando ve un palmito como el tuyo. + +--Sea como sea--dijo Juanita--, agradezco a ustedes mucho el favor que +me hacen. Y guardándose en la faltriquera el otro documento después de +haberío leído y estimado que estaba bien, se despidió de los mercaderes +y se fue a su casa. + + + + +XXXVI + + +Arrebatado yo por la corriente de los sucesos, por la importancia que +les doy y por la rapidez con que quiero narrarlos, he descuidado la +cronología. Está vaga y confusa y conviene fijarla un poco. + +Nada más fácil. Baste decir para ello que el día de la fuga de don Paco +acertó a ser Domingo de Ramos. + +Como don Paco vagó todo aquel día y el siguiente, resulta que volvió a +Villalegre al empezar el Martes Santo. + +Son tales las preocupaciones y el embeleso de todos los habitantes de +Villalegre durante aquella semana, que nadie hubiera notado ni la +desaparición ni la vuelta de don Paco si no hubiera sido el personaje +tan notable, tan activo y que por lo común andaba siempre en todo. + +Lo que no se hubiese sabido, ni aun en tiempos normales, eran las causas +de su ida y de su vuelta. Los celos siguieron sepultados en el más +profundo silencio por los que los causaron y los padecieron: por don +Andrés, Juanita y don Paco. Y los delitos de Antoñuelo y los medios que +don Paco empleó para remediar unos y frustrar otros hubo interés en +callarlos, y se logró que los callaran el tendero y su mujer, únicas +personas a quienes interesaba decirlos. + +Sólo se sabía que Antoñuelo había vuelto apaleado; pero, a pesar de los +comentarios que se hacían, nadie atinaba con el motivo y pocos +sospechaban quién había sido el autor del apaleo. + +El tiempo aquel era el menos a propósito para que en Villalegre fijase +el vulgo su atención en lance alguno, por extraordinario que fuese, de +la vida real contemporánea. La atención general estaba embelesada y +suspendida por la pasmosa representación simbólico-dramática que iba a +verificarse durante cuatro días consecutivos, teniendo por actores a la +mitad o quizá a más de la mitad de los hombres, y por espectadores a la +otra mitad de ellos, a todas las mujeres y niños y a no pocos +forasteros. + +Las procesiones de Semana Santa empiezan el miércoles y terminan el +sábado. Yo, pues, las he visto en mi niñez en otra población donde son +muy parecidas a las de Villalegre, conservo de ellas el más poético +recuerdo, por donde imagino que las personas que las censuran carecen de +facultades estéticas o las tienen embotadas. Hasta la rudeza campesina +de algunos accidentes presta a la representación de que hablo candoroso +hechizo. + +Acaso había accidentes o episodios en dicha representación en que lo +sagrado y lo profano, lo serio y lo chistoso y lo trágico y lo cómico +desentonaban algo. Celosos y discretos obispos han hecho sin duda muy +bien en suprimir estas discordancias o salidas de tono; pero lo esencial +de la representación, que consta de procesiones y _pasos_, sigue todavía +y hubiera sido lástima suprimirlo; hubiera sido un crimen de lesa poesía +popular. + +A mi ver, hasta en corregir, atildar y perfeccionar lo que se hace, +aunque no niego que se presta al atildamiento y a la mejora, es menester +andarse con tiento. Puede ocurrir, si es lícito que yo me valga de un +símil literario, lo que ocurre con un escrito en verso o prosa cuando el +autor, por el prurito de acicalar el estilo, manosea, soba y marchita lo +que escribió y lo deja mustio, lamido y sin espontaneidad ni gracia. + +Conviene, además, para ver aquello con fruto y penetrar su hondo +sentido, prescindir de refinamientos y de ideas de lujo y de exactitud +indumentaria, adquiridas en ciudades más ricas y populosas. Sólo así, y +reflexionándolo bien, se percibe lo sublime y lo bello de la verdad +dogmática que bajo el velo del símbolo resplandece. + +Menester es que no se arredre por lo áspero de la corteza el que anhele +gozar del dulce alimento que para el espíritu ella cela y contiene. + +La representación no se limita a ofrecer al pueblo un trasunto de la +pasión y muerte de Cristo y de la redención del mundo, sino que en +cierto modo abarca todo el plan divino y providencial de la Historia, +como el famoso discurso de Bossuet. + +Los seres humanos, sin duda, no se juzgan dignos de representar a los +seres divinos, ni se creen idóneos para ello, y temen profanar la acción +interviniendo en ella inmediatamente. De aquí que todos los momentos del +alto misterio de la redención se figuren por medio de imágenes que se +llevan en andas, y cuyos movimientos silenciosos y solemnes va +explicando un predicador desde un púlpito erigido en medio de la plaza y +que la muchedumbre rodea. Sólo hablan los seres humanos. Los +sobrehumanos callan, salvo algunos ángeles que cantan lo que dicen. + +Así, por ejemplo, el pregonero desde el balcón de las Casas +Consistoriales lee en voz alta la sentencia que condena a Jesús a muerte +afrentosa en una cruz, y entre dos ladrones, por enemigo del César y por +otros muchos delitos. + +El predicador exclama entonces: + +--Calla, falso pregonero; calla, viperina lengua, y oye la voz del +ángel, que dice.... + +En seguida aparece en otro balcón de la casa mejor que está enfrente del +Ayuntamiento el niño de seis o siete años más bonito, más inteligente y +de más dulce voz que en el lugar hay; y primorosamente vestido de ángel, +con tonelete de raso blanco bordado de estrellitas de oro, con +refulgentes y extendidas alas y con corona de flores, canta una sencilla +y sublime contraesencia, que comienza diciendo: «Esta es la justicia +que manda hacer el Eterno Padre....» + +Luego explica, con enérgica concisión que no se opone a la claridad, los +misterios de la encarnación y de la redención, cuando en la plenitud de +los tiempos se une el Verbo increado con la humana naturaleza, +glorificándola y haciéndola digna del cielo, padeciendo en ella y por +ella, a fin de lavar sus culpas. + +Sólo hechos meramente naturales, en que intervienen personajes +secundarios, son representados por hombres. + +Hay uno, no obstante, que es muy trascendental y que también los hombres +representan. Es la prefiguración, el reflejo profético del sacrificio +del Hijo por el Padre; es el sacrificio de Isaac por Abrahán en la +cumbre del monte Moria, y que otro ángel impide. El monte está +representado en medio de la plaza por un tablado cubierto de verdura. +Abrahán e Isaac no hablan; sólo accionan. Cuando Abrahán tiene ya +levantada la cuchilla para sacrificar a su hijo, el ángel le detiene +cantando un romance. Isaac recibe entonces la palma del martirio, que +ostenta en las procesiones de los días siguientes. Abrahán sacrifica un +cordero, según los antiguos ritos. + +Los principales personajes del Antiguo Testamento discurren en la +procesión silenciosos y solemnes, como si la Historia Sagrada tomase +cuerpo y apareciese ante nuestros ojos en visión ideal. ¿Qué daña a la +mente infantil y a la rústica buena fe que no se ajuste con exactitud +esta visión a la verdad arqueológica, y que en ella no se desplieguen el +lujo y la pompa, si la imaginación del vulgo los pone allí con creces? A +su vista aparecen, y van pasando, Elías, Ezequiel, Daniel, Isaías, Amós +y los demás profetas, así como los reyes, jueces y príncipes: +Melquisedec, David, Moisés, Salomón, y qué sé yo cuántos más. Todos +llevan el rostro inmóvil de la carátula, y en las potencias, aureola o +nimbo que coronan sus cabezas, inscrito el nombre de cada uno. +Distínguense, además, por los atributos que en sus manos tienen: David +lleva el arpa; Salomón, un modelo del templo, y Moisés, las Tablas de la +Ley. + +Como los profetas hicieron vida áspera y penitente, y no se cuidaron +mucho del primor y de la elegancia en el vestir, se llaman los +_ensabanados_, porque sus túnicas y mantos están hechos con sábanas. Y, +por el contrario, los monarcas y grandes señores se engalanan con todo +el lujo que pueden, llevando por túnica los mejores vestidos de sus +mujeres o de sus novias, y por mantos las colchas más ricas de las +camas, por lo cual se llaman los _encolchados_. + +Conforme va pasando cada procesión, que suele permanecer tres o cuatro +horas en la calle, se ejecutan pasillos, que casi siempre explica un +nazareno cantando una saeta. + +Para prevenir y llamar la atención del público hacia cada pasillo, otros +dos o tres nazarenos hacen sonar las trompetas con melancólico y +prolongado acento. Así, pongo por caso, cuando los evangelistas van +escribiendo en unas tablillas lo que pasa y unos judíos tunantes vienen +por detrás haciendo muchas muecas y contorsiones y les roban los +estilos, los evangelistas, resignados y tristes, abren entonces los +brazos y se ponen en cruz. Las trompetas resuenan otra vez para dar el +pasillo por terminado. + +Cosas hay de cierto primor artístico y de bien inspirada delicadeza. Así +la cruz que llevan en andas, grande y negra, como de ébano bruñido con +remates primorosos de plata, sin Cristo en ella, que ya se supone +resucitado y en el cielo, de la que penden siete anchas cintas verdes, +blancas y rojas, de los tres colores de las virtudes teologales. Del +extremo de cada cinta va asido un niño o un grupo de niños, +representando todos en su conjunto y muy lindamente los siete +sacramentos de la Santa Iglesia. + +Otros niños con vestiduras talares y con alas de querubines llevan en +sus hombros el arca de la alianza, como recuerdo de la ley antigua, +anterior a la Buena Nueva y la ley de gracia. + +En fin, para mi gusto todo está tan bien, que si no fuera por el temor +de que me tildasen de impertinente y de extenderme demasiado en +descripciones impropias de este lugar, seguiría relatando sin cansarme y +con deleite artístico cuanto se representa en Villalegre en aquellos +cuatro días. + +Baste indicar aquí que el Viernes Santo, al anochecer, se celebra el +santo entierro, en el que no parecen ya las figuras simbólicas de los +personajes de la antigua ley; sólo hay nazarenos, hermanos de Cruz, +llevando cada cual a cuestas la suya y haciendo gala de que sea pesada y +grande, y soldados romanos y no pocos judíos, convertidos ya, en prueba +de lo cual llevan en las manos sendos rosarios y van rezando +devotamente. Hay, por último, muchos hombres y niños piadosos que +alumbran el entierro con velas. + +Pero la procesión más solemne y conmovedora es la que se verifica el +Sábado Santo, desde las nueve de la mañana hasta mediodía. + +En ella sale únicamente la imagen de María Santísima de la Soledad, que +es como el paladión de la villa y que se custodia y venera en el templo +más antiguo que existe allí, al otro extremo de la nueva parroquia, en +la cumbre del cerro que domina la población, en la Acrópolis, como si +dijéramos, y al lado del abandonado castillo del duque, desde donde éste +salía con su mesnada a combatir a los moros fronterizos y a entrar en +algarada por las tierras granadinas. + +Aquella imagen es una obra maestra del arte cristiano en la época de su +mayor florecimiento en España. Es cierto que se puede decir que el +escultor no hizo más que la cabeza y las manos; el pensamiento puro y +celestial y el medio por cuya virtud puede convertirse en acción el +pensamiento. + +Pero aquellas manos y aquel rostro son de admirable belleza. Aquel +rostro parece divino, combinándose en él la expresión del dolor más +profundo y la humilde conformidad con la voluntad del Altísimo. Los ojos +de la Virgen son hermosos y dulces; el llanto los humedece. En las +mejillas de la imagen hay dos o tres lágrimas como el rocío en las +rosas. + +En el resto de la imagen no se advierte forma ni dibujo de cuerpo de +mujer. Todo está cubierto de un riquísimo y extenso manto de terciopelo +bordado de oro. + +El artista, al representar el _Eterno femenino_, la fusión en el dolor +de las dos excelencias de la mujer, como virgen y madre, se diría que +huyó de lo corpóreo y sólo quiso prestar forma visible al espíritu. + +Sobre los adornos y bordados de la túnica de la Virgen se ven las +empuñaduras de las siete espadas que le traspasan el pecho. + +En la procesión del Sábado Santo, todos los personajes del Antiguo +Testamento y los judíos y los soldados romanos se desvanecen y se +eclipsan ante la divina imagen de la Virgen. Sólo la acompañan el clero +y la muchedumbre piadosa con innumerables velas y cirios encendidos. + +Con devoción y recogimiento anda la procesión el camino marcado; pero +apenas vuelve y entra de nuevo en su iglesia, todas las campanas de la +villa tocan a gloria con estruendoso repique; un toro de cuerda muy +bravo sale a la calle, y los aficionados lo lidian y capean; en la +cárcel se da libertad a un preso, que hace de Barrabás, y en varios +sitios a propósito, donde hay poco peligro de matar a nadie, se ahorcan +sendos Judas, o sea, grandes muñecos de trapo, rellenos de estopa y de +triquitraques, contra los cuales disparan tiros los mozos que tienen +escopeta, hasta que los Judas arden dando muchos triquitracazos y +tronidos. De esta suerte terminan con el regocijo de la resurrección del +Señor las interesantes fiestas de Semana Santa. + + + + +XXXVII + + +Todo estaba revuelto aquel día en la parte baja de la casa del cacique. +Se entregaba la gente a diversos trabajos para preparar una gran fiesta +que había de realizarse al otro día, Miércoles Santo. La procesión, +preámbulo de las otras, y que debía ser en dicho miércoles por la tarde, +era dirigida y costeada todos los años por el señor don Andrés Rubio, +hermano mayor de la más importante Cofradía. + +Habían de salir en esta procesión tres obras maestras de escultura, tan +pesada cualquiera de ellas que para llevarlas en andas por las calles +era menester un ejército de nazarenos. + +La primera escultura representa al Señor de la Pollinita; Jesús cabalga +sobre el humilde animal y entra triunfante en Jerusalén. + +El pueblo, compuesto de gran número de nazarenos, de soldados romanos y +de judíos, debía marchar delante de la referida imagen con palmas y con +grandes y frondosas ramas de olivo. + +Después, precedida de todos los _ensabanados_, _encolchados_ y jumeones +que se pudiese, tenía que salir la _Cena_, cuyo peso es enorme, pues +consta la imagen completa de trece figuras de tamaño natural, y de la +mesa, que algo pesa también y que va cubierta y adornada de flores, de +las más exquisitas frutas que desde el otoño han podido conservarse +hasta aquel día con el mayor esmero, y de un elevado y complicadísimo +ramillete de dulces, donde echa el resto el más listo e ingenioso de los +confiteros. + +En pos de la _Cena_, y precedida también de mucha gente, había de salir +la _Oración del Huerto_, donde Cristo ora de rodillas; un ángel que +quiere estar en el aire, pero que se apoya en el ramaje de un olivo, +ofrece a Cristo el cáliz de la amargura, y los discípulos yacen por +tierra dormidos. + +Terminada la procesión, el señor don Andrés tenía que echar el bodegón +por la ventana y dar de cenar a los apóstoles, a los profetas, a los +antiguos personajes bíblicos, a la plebe de Jerusalén, a los nazarenos y +a la guarnición romana. + +Las tres obras de escultura de que hemos hablado estaban ya expuestas +al público el martes, no en las iglesias, sino en una inmensa sala baja +entapizada de rojo damasco, adornada de cornucopias, flores y verdura, e +iluminada por la noche con profusión de velas de cera. + +Para cuidar de todo esto había elegido don Andrés a Juana la Larga, +quien en los dos días del martes y del miércoles apenas podía salir de +casa de don Andrés e ir a la suya, a no ser a la hora de recogerse a +dormir. + +El miércoles, singularmente, el trabajo de Juana era atroz. Ella debía +condicionar para toda aquella tropa la espléndida cena de vigilia. +Habría potaje de garbanzos con espinacas; como principal plato de +resistencia, bacalao en sobrehúsa; y como plato ligero o de chanza +delicada, una exquisita alboronía, que pudiese celebrar, si resucitase, +el mismo famoso cocinero de Bagdad, que la inventó, dándole el nombre de +la bella Alborán, sultana favorita del califa Harun Al Raschid, héroe de +_Las mil y una noches_, princesa a quien dicho cocinero tuvo la honra de +dedicarla. + +Claro está que para postre no habían de faltar los ineludibles pestiños +y que había de abundar el vino para apagar la sed que causa la sal +conservada en el bacalao, a pesar del remojo, y al picante de las mil +ristras de guindillas y de cornetas que en tal día se consumen. + +Se esperaba, además, que llegase a tiempo de Málaga mucho cazón fresco, +que Juana guisaría y haría servir a todos, o bien solamente a los +apóstoles, profetas y reyes, si no llegaba cazón suficiente para el +vulgo. + +Por último, Juana había prometido hacer un plato de su invención, con el +que la gente menuda se chupa por allí los dedos de gusto; plato que +tiene la singularidad de remedar, en cuanto cabe en lo humano, el +milagro del pan y peces, pues con dos docenas de huevos y media hogaza +para pan rallado se hartan cien hombres, gracias al sabroso ajilimójili +en que ella rehogaba las livianas tortillas después de haberlas frito, y +en cuyo caldo se remoja pan y se convierte en sopas, que se engullen con +deleite. A este plato de su invención Juana dio el nombre de +_hartabellacos_. + +Prometía la cena del miércoles ser muy divertida, amenizándola con sus +chistes un criado muy gracioso que tenía don Andrés y que hacía en todas +las procesiones el papel de Longino, soldado fanfarrón y galante antes +de dar la sacrílega lanzada y ciego después, que persigue al lazarillo, +el cual se le escapa y le hace en las procesiones mil burlas y +perrerías. + +Lamentan algunas personas, pero yo no puedo menos de aplaudirlo en vez +de lamentarlo, que el señor obispo haya prohibido desde hace mucho +tiempo que salga en las procesiones otro personaje que salía antes, mil +veces más cómico que Longino. Era este personaje José, el hijo de Jacob, +porque, según decía el vulgo, no era ni fu ni fa. No era _ensabanado_, +porque, como primer ministro y favorito que había sido de Faraón, no +podía vestirse pobremente con sábanas. Y no era tampoco _encolchado_, +porque iba sólo con la túnica y no llevaba colcha, o sea, manto o capa, +a fin de indicar que la mujer de Putifar se había quedado con ella. El +que hacía de José solía ser el más chusco de los campesinos, que +aparentaba asustarse al ver muchachas bonitas en los balcones, y ya se +tapaba los ojos para no verlas, ya huía haciendo contorsiones y dando +chillidos. + +Menester es confesar que hizo muy bien el señor obispo en prohibir la +aparición de esta figura, dado que sea exacto lo que se cuenta y que no +se exageren los melindres y chistes del fingido casto José. Comoquiera +que ello sea, el punto se puede pasar por alto, porque no es de los +esenciales en esta historia. + +Lo esencial es que Juanita tuvo que pasarse sola y sin su madre casi los +dos días enteros y tuvo que esperar hasta las diez de la noche del +Miércoles Santo para poder hablar a su madre con reposo. + +Por eso Juanita había citado a don Paco en casa de ella para media hora +después, para las diez y media. + +Ahora me incumbe referir aquí, sin más digresiones, los casos memorables +en que intervino Juanita hasta que llegó dicha hora. + + + + +XXXVIII + + +Don Andrés Rubio, en medio del jaleo y trastorno que había en su casa, +estaba tranquilo sin mezclarse en cosa alguna. Sus dependientes y +criados, con la hacendosísima Juana a la cabeza, cuidaban de todo y se +esforzaban a porfía para que saliese con el mayor lucimiento. + +Como la casa era tan espaciosa que a no ser por su sencilla rustiquez y +carencia de adornos arquitectónicos, pudiera pasar por palacio, don +Andrés, refugiado en sus habitaciones del piso principal, se sustraía al +bullicio, y, según he indicado ya, estaba tranquilo. + +Enciéndase, con todo, que esta tranquilidad no era mental, sino +corpórea. Mentalmente el cacique estaba agitadísimo. Por medio del +maestro de escuela, a quien había hecho venir y con quien había hablado, +sabía ya cuanto el maestro de escuela sabía. + +Don Pascual, creyendo hacer un bien a sus amigos, había revelado a don +Andrés los celos y la desesperación de don Paco, causa de su fuga; lo +que a don Paco había ocurrido en sus dos días de campo; el amor de +Juanita, tan enamorada de él como él de ella, y el sentimentalismo de +Juanita en favor de Antoñuelo y su deseo vehemente de salvarle hallando +los ocho mil reales para tapar la boca del tendero murciano. + +Hasta aquí sabía don Pascual, y hasta aquí supo don Andrés, sin llegar a +saber lo del pagaré ni la visita de Juanita a don Paco, que fueron +sucesos posteriores y que don Pascual ignoraba. Don Andrés, por +experiencia propia, no era muy inclinado a creer en la virtud de las +mujeres. No tenía tampoco motivo alguno para hacer de Juanita una +excepción honrosa. Al contrario, la juzgaba desenvuelta, provocativa y +educada en plena libertad por una madre ordinaria e ignorante, de la +clase más baja de la sociedad y antigua pecadora más o menos +arrepentida. + +Como hombre a quien la elevada posición no venía de abolengo, porque su +padre y él se habían levantado por saber y esfuerzos sobre la plebe a +que pertenecían, don Andrés, sin poderlo remediar, y más bien a causa +que a pesar de su entendimiento, tenía peor opinión de la gente menuda +que aquellos que desde tiempo inmemorial o después de una larga serie de +antepasados ilustres descuellan entre el vulgo. Suelen estos atribuir la +superioridad que tienen y el acatamiento que se les da a circunstancias +dichosas: a haber nacido donde han nacido; a una ficción social y legal +de que en lo íntimo de su alma no pueden jactarse. De aquí que sean +modestos en el fondo y que por naturaleza consideren igual o superior a +ellos a la más ínfima y cuitada criatura humana. Por el contrario, don +Andrés, como no pocas otras personas que por ellas mismas se encumbran, +se sentía muy superior a cuantos prójimos le rodeaban. Y como él era, +además, inteligente escrutador del valer propio, y se encontraba, aunque +apenas osaba confesárselo, con no pocos defectos o vicios, no podía +menos de atribuir o de conceder muchísimos más a cuantas personas miraba +en torno de él, dominándolas y humillándolas. + +Así predispuesto y valiéndose de los datos que ya tenía, trazó don +Andrés en su mente el carácter de Juanita y compuso a su manera la +historia de la muchacha. + +Para explicarse el empeño que ella formaba en salvar al hijo del +herrador, dio por cierto que había sido muy prematuramente su amiga. Y +en el amor de Juanita a don Paco no vio más que el plan de casarse con +el hombre más importante que después de él había en la villa. + +Ambos planes repugnaban extraordinariamente al cacique. Querer salvar a +Antoñuelo, aunque Antoñuelo fuese su pariente más o menos lejano, le +parecía detestable y absurda aberración. Lo que convenía era la +condenación de Antoñuelo para escarmiento de otros pícaros y para +seguridad y descanso de las personas pacíficas y honradas. Don Andrés +había censurado siempre la compasión malsana que los criminales suelen +inspirar en nuestro país y había apludido la impaciente severidad con +que los yanquis linchan sin escrúpulo a quien la justicia anda reacia en +dar el merecido castigo. + +El casamiento de don Paco con Juanita le parecía aún mayor +monstruosidad. Acaso en un principio Juanita gustaría de don Paco, pero +pronto sentiría la desproporción de edad, porque la de don Paco era +triple que la de ella, de suerte que don Andrés preveía y deploraba +proféticamente que Juanita acabaría por poner en ridículo al ilustre +secretario del Ayuntamiento y por hacerle muy desgraciado. Por otra +parte, don Andrés temblaba al pensar en el furor de doña Inés cuando +descubriese que Juanita, con su hipocresía y sus embustes, la había +estado engañando, y que en vez de meterse monja se casaba con don Paco, +y daba por madrastra a ella, enlazada ya con la familia más noble de +toda aquella comarca después de la familia del duque, a la hija +ilegítima de una mondonguera. + +Doña Inés, si tal cosa se realizase, sería capaz de tener un ataque de +rabia o de estallar como una bomba. + +Calculaba don Andrés que él podía prestar dos muy importantes servicios: +uno, a doña Inés, impidiendo que su padre la avergonzase casándose con +una muchacha de tan ruin y humilde clase, y otro a don Paco, abriéndole +los ojos, para que al fin comprendiese que Juanita no le quería sino por +interés, y que él no debía casarse con ella por ser indigna de su +cariño. + +El desengaño sería cruel para don Paco; pero don Andrés se disculpaba la +crueldad recordando aquello de «quien bien te quiere te hará llorar» y +lo otro de «la letra con sangre entra». + +Al prestar estos dos servicios no se le ocultaba a don Andrés lo mucho +que él se exponía. Se exponía, por una parte, a que doña Inés llegase a +saber que él quería seducir o había seducido a Juanita, lo cual +enfurecería a doña Inés por dos razones: porque contrariaba sus planes +místicos de que Juanita fuese monja y porque deslucía o manchaba el +amor, sin duda platónico, con que el propio don Andrés la estaba, hacía +más de siete años, complaciendo, tal vez poetizándole la vida y +consolándola de tener un marido tan perdulario. Y se exponía, además, a +que don Paco no quisiese aguantar la lección, prescindiese de todos los +favores que le debía y le buscase camorra. + +Don Andrés no se arredraba ante la previsión de un duelo. Manejaba bien +la espada y la pistola, y don Paco no sabía de esgrima y jamás había +tomado una pistola en la mano; pero bien podía don Paco, como lugareño +que era y nada acostumbrado a perfiles y a ceremonias, perder un día la +cabeza y rompérsela a él, porque tenía la mano pesada y manejaba bien el +garrote, de lo cual, aunque pacífico, había dado ya diversas pruebas, +además de la que salió tan cara a Antoñuelo. + +La primera vez huyó don Paco porque se juzgaba desdeñado de Juanita y +razonablemente no podía darse por ofendido ni de que ella favoreciese a +otro, ni tampoco del amante favorecido. + +El caso era muy diferente; don Andrés, aunque no lo sabía, sospechaba +que Juanita y don Paco se verían o se habrían visto y estarían de +acuerdo. Cualquier favor, por consiguiente, que a él hiciera Juanita +sería una infidelidad de esta, y para don Paco un agravio, que +probablemente no se resignaría a sufrir y del que resolvería tomar +venganza. + +A pesar de tales inconvenientes, don Andrés no se arredraba. Se sentía +picado de que a él, omnipotente en Villalegre, se le desdeñase de aquel +modo. El mismo desdén estimulaba más su deseo. Hasta por amor propio +quería a toda costa triunfar de Juanita. Ardua era la empresa, pero él +no se la figuraba tan ardua. Juanita había coqueteado con él y le había +provocado. Era cierto que, cuando la besó en la antesala, ella le +rechazó con furia; pero ¿no fue, acaso, furia fingida porque entró don +Paco y le vio entrar ella? Don Andrés dio por seguro que fue furia +fingida. + +«Ya veremos--decía para sí--si me rechaza donde y cuando esté ella +segura de que no entrará don Paco a interrumpirnos.» + +A pesar de su momentánea rivalidad, don Andrés quería de corazón a don +Paco, reconocía todo su mérito, apreciaba todos sus servicios y distaba +mucho de querer hacerle el menor daño. Lejos de eso, lo que anhelaba +era desengañarle en sazón y oponerse a su absurda boda. + +De todos modos, a fin de precaverle contra el peligro de que don Paco no +gustase de ser desengañado, y de que en un instante de celosa locura +llegase al extremo de apelar al garrote, don Andrés, que de ordinario no +llevaba armas, tomó un pequeño revólver de seis tiros y se lo guardó en +la faltriquera. + +Antes de salir de casa, a eso de las diez de la mañana, habló don Andrés +con el criado de mayor confianza y más listo que tenía. Era su +secretario, su ayuda de cámara, su confidente favorito y al mismo tiempo +su bufón, porque tenía mucho chiste: baste decir que hacía de Longino en +las procesiones. + +Don Andrés, recomendándole el más profundo sigilo y la mayor cautela, +hubo de hablarle así: + +--Deseo y necesito tener una entrevista a solas con cierta persona, que +de seguro no querrá venir a mi casa, al menos la vez primera, aunque +después aprenda el camino y venga con gusto. Posible es también que +dicha persona se niegue a recibirme si yo directamente, o valiéndome de +ti, pido a ella que me reciba. Importa, pues, que tú te dirijas a la +criada de dicha persona y ganes su voluntad, con presentes o comoquiera +que sea, para que ella hable con su ama y la convenza y la incline a +darme la cita. Quiero que esto sea en todo el día de hoy o en el de +mañana, hasta las nueve de la noche. Durante este tiempo la ocasión es +propicia y conviene no perderla. Acaso ocurra que la persona que yo +pretendo me cite no se preste a confesar que accede a la cita y gusta de +aparentar que yo, por traición de su criada, entro, a pesar suyo, en su +casa y la sorprendo. Para que nadie se entere, porque no quiero +disgustar ni ofender a nadie, debe ser la cita, y debo ir yo a ella, +después de anochecido. + +--¿Y quién es la persona que ha de citar a vuecencia y que gasta tanto +melindre?--se atrevió a preguntar Longino. + +--Pues la persona--contestó don Andrés bajando más la voz--es Juanita la +Larga. + +Muy sorprendido se mostró Longino al oír esto, lo cual agradó sobre +manera a don Andrés, porque era prueba evidente del misterio y del +disimulo con que él hasta entonces había perseguido a la muchacha. +Cuando Longino no había sospechado lo más leve, era indudable que nadie +en el lugar lo sospechaba, y que el secreto hasta entonces se había +guardado entre don Paco, él y ella. + +Muy satisfecho Longino del encargo delicadísimo que su señor acababa de +confiarle, prometió hacer prodigios de destreza para que nada se +divulgase y para que todo se lograse. Informó, además, a su amo de que +Rafaela, la criada de ambas Juanas, a quien él conocía, era muy callada, +muy lista y muy experimentada, porque frisaba ya en los cincuenta años y +la había corrido en su mocedad, y si bien la Fortuna siempre le había +sido adversa, ella sabía dónde le apretaba el zapato. + +--Otro gallo le cantara--dijo Longino--y no estaría de fregona si la +Fortuna no fuese tan caprichosa y tan ciega. + +Terminado este coloquio, todavía antes de salir de casa tuvo don Andrés +otra conversación interesante. + +Quien habló con él fue una mujer que entraba a verle con frecuencia y +que le traía y llevaba recados de la señora doña Inés López de Roldán, +sin duda para los negocios y obras de caridad que ellos trataban y +hacían juntos. + +La interlocutora de don Andrés, ya comprenderá el lector que fue +Serafina. + +Venía a decirle que su ama quería hablar con él y que le rogaba que +fuese a su casa a la hora de la siesta. + +Tan preocupado estaba don Andrés que, por más que el menor deseo de doña +Inés fuese para él soberano mandato, se excusó de ir por la multitud de +quehaceres que le agobiaban y sólo prometió ir a la tertulia por la +noche. + +Para que doña Inés se entretuviese en su soledad o en compañía de +Juanita la Larga, dio don Andrés a Serafina dos bellísimos libros +devotos que acababan de reimprimirse en Madrid, y que el librero Fe le +enviaba, sabedor de las inclinaciones ascéticas y místicas de la señora +principal de Villalegre. Eran estos dos libros _Tratado de la +tribulación_, de fray Pedro de Ribadeneyra, y _La conquista del reino de +Dios_, de fray Juan de los Angeles. + +Serafina dio a entender a don Andrés que su ama tenía grandísima +curiosidad de saber quién había apaleado a Antoñuelo y por qué motivo. Y +juzgando don Andrés que la verdad era el mejor disimulo en este caso, +contó a Serafina, para que se lo refiriese a su ama, que don Paco, +después de haber vagado por extravagancia y capricho, descubrió el +secuestro del tendero murciano, y que para libertarle, y aun para +defender la propia vida, tuvo que apalear al hijo del herrador, sin +conocerle hasta después, porque llevaba carátula. Todo se explicaba así +con la misma verdad, y don Andrés alejaba de la mente de doña Inés hasta +la menor sospecha. + + + + +XXXIX + + +Juanita, después de haber declarado su amor a don Paco y después de +tener por seguro que no procesarían a Antoñuelo, se puso tan contenta y +se aquietó de tal suerte, que desistió de todo propósito de venganza +contra doña Inés, a pesar de lo mucho que doña Inés la había molido. Se +arrepintió también de su prolongado disimulo y se propuso, sin +retardarlo ya más que hasta el día siguiente, miércoles, entre diez y +once de la noche, hacer público su noviazgo y su futuro casamiento con +don Paco. + +Hasta entonces tenía ella una vaga esperanza de poder preparar el ánimo +de doña Inés, a fin de evitar su enojo; pero si esto no se lograba, +Juanita estaba decidida, contando con la decisión de don Paco, a +arrostrar el enojo de doña Inés y el de todo el mundo y a hacer su gusto +casándose, aunque ella, su futuro y su madre tuvieran que abandonar por +insufrible el pueblo de Villalegre, perdiendo la posición que en él +gozaban. + +A Juana la había visto un breve instante; pero confiaba tan poco en su +circunspección y en la serenidad de su juicio, que no se atrevió a +decirle nada ni a informarla de sus proyectos de repente y sin preámbulo +alguno. Aguardó, pues, hasta el día siguiente, cuando su madre volviese +ya de casa de don Andrés después de concluido su trabajo, a la hora en +que había citado a don Paco, para que él también hablase a su madre y +los tres se pusiesen de acuerdo. + +Entre tanto, Juanita creyó prudente y decoroso no ver a don Paco, y +violentándose, le impuso la condición de que no la buscase ni tratase de +verla. Juanita tenía tantos negocios que arreglar y tantas cosas en que +pensar y que hacer, que no quería que por lo pronto la distrajesen de +ello sus amores. Era Juanita devotísima de la Virgen de la Soledad, y +subió a la iglesia que está cerca del castillo y donde se venera su +imagen a darle gracias por los beneficios ya recibidos y a rogarle +fervorosamente para que le fortaleciese en sus propósitos, que ella +creía santos y buenos. + +Casi toda la gente estaba en la parte baja y llana de la villa. La parte +alta, donde está el castillo y la antigua iglesia, se hallaba aquel día +muy solitaria. + +Juanita oró largo rato en el templo, casi desierto. Al salir de él tuvo +la desagradable sorpresa de encontrarse con don Andrés, que la había +espiado, que la había visto subir, que la había seguido, y que la +aguardaba a la puerta. + +Grandes fueron la desazón y el sobresalto de la muchacha. Aunque ella +creía haber disipado todos los celos de don Paco y haberle inspirado +confianza bastante para que no la vigilara, todavía temió que don Paco, +o la viese en compañía de don Andrés o supiese por alguien que iba en su +compañía, y aunque contra ella no formase queja, acabase por ofenderse +de la obstinación con que don Andrés la perseguía y rompiese con él de +una manera estruendosa. + +Su desazón y sus temores se acrecentaron al ver que don Andrés se acercó +a ella; la acompañó mientras bajaba la cuesta, la requebró con más +fervor que respeto, le recordó los besos de la antesala y le hizo las +más atrevidas proposiciones. Como don Andrés ignoraba el concierto de +Juanita con el tendero murciano, venció su repugnancia a dejar impunes +ciertos delitos, y entre otras ofertas, hizo a Juanita la de dar los +ocho mil reales para que no fuese acusado Antoñuelo. + +--Ya no necesito el dinero, señor don Andrés--dijo Juanita--. Don Ramón +ha recuperado lo que se le debía y ha prometido callarse. Ahora yo +suplico a vuecencia que me deje y no me persiga, y que no me ofenda +proponiéndome lo que no puede ser. Y si vuecencia no se retrae de +seguirme por mí respeto, porque yo se lo suplico con humildad, +retráigase por el temor de ofender a personas que le son queridas. + +--Yo no temo que esas personas se ofendan. + +--Pues yo sí lo temo. Temo que se ofenda mi señora doña Inés, a quien +bien quiero y a quien debo mil favores. Y temo más aún que se ofenda don +Paco, quien..., fuera disimulo, ya es tiempo de que lo sepa vuecencia si +no lo sabe..., es mi novio. + +--¿Y cómo--dijo don Andrés--recelas tú que don Paco se escape otra vez y +se vaya a vagar por esos andurriales? + +--Mucho me pesaría--replicó Juanita--de que hiciese tal cosa; pero en +esta nueva ocasión no sería eso lo que él haría, sino algo que yo +lamentaría mil veces más. Yo quiero que él y vuecencia, a quien debe él +tantos favores, sigan siendo buenos amigos. Para ello es indispensable +que se reporte vuecencia y no me falte. + +--Al contrario--dijo don Andrés sonriendo con sonrisa algo forzada--. +Quien me falta eres tú. Dame una cita para verte en tu casa a solas y ya +verás cómo no te falto. Todo será con recato y sigilo. Nada sabrán ni +don Paco ni doña Inés, y no tendrán de qué quejarse ni de ti ni de mí. + +Llegaban en esto a la plaza, después de haber bajado la cuesta. Juanita, +sin hacer atención a las últimas palabras de don Andrés, y temerosa de +que la vieran con él, porque allí había mucha gente, exclamó con cierta +angustia: + +--Por amor de Dios, señor don Andrés, déjeme vuecencia en paz y no se +comprometa ni me comprometa. + +Don Andrés conoció sin duda que tenía razón la muchacha; cedió a su +súplica y se apartó de ella. Juanita volvió sola a su casa, +afligidísima, descorazonada y humillada al ver cuan poco respeto +infundía. + +Era mayor su humillación al considerar que en aquellos dos días últimos +hasta el idiota de don Alvaro, a pesar de los sofiones de que había sido +objeto, había vuelto a las andadas, mostrándose con ella insolente y +atrevido. + +Luego que entró Juanita en su cuarto, cerró los puños con cólera, se +echó boca abajo en la cama y sollozó con; amargura. + + + + +XL + + +Era doña Inés López de Roldán personaje de carácter tan enrevesado y +complejo, que a menudo me arrepiento de haberla sacado a relucir como +una de las dos heroínas de esta historia, porque hallo difícil +describirla bien y transmitir a mis lectores concepto igual al que tengo +formado de ella, investigando y dilucidando con claridad el móvil de sus +pasiones y de sus actos. + +Ella misma, como era reflexiva y pensadora, y como en sus ratos de ocio, +que no eran pocos, había leído y aprendido bastante, se afanaba por +lograr el propio conocimiento y lo encontraba harto oscuro. + +Las doctrinas de esto que llaman teosofía, novísima en Europa, aunque +antiquísimas en la India, no habían aportado aún por Villalegre, y doña +Inés no podía, fundándose en ellas, suponer que su ser íntimo constaba +de siete diversos principios; pero doña Inés sabía que Platón daba, poco +más o menos, tres almas a todo ser humano. Haciéndose, pues, platónica, +se puso a sospechar que ella tenía tres almas. + + +Confirmó sus sospechas y casi las convirtió en certidumbre el ver que, +lejos de tener algo de mérito aquel pensamiento, concordaba en cierto +modo con la más sana y católica filosofía. + +Uno de los libros que con frecuencia y gusto leía doña Inés era el que +escribió el iluminado y extático varón fray Miguel de la Fuente acerca +de _Las tres vidas del hombre_. De aquí que no titubease doña Inés en +compaginar que tenía tres vidas. Yo también lo imagino, y casi me atrevo +a darlo por seguro. Sólo de esta suerte atino a entrever el tenebroso +enigma de su figura moral y de su extraña condición y naturaleza. + +Había en doña Inés tres energías o poderes distintos, escalonados y +sobrepuestos, ora de acuerdo los tres, ora independientes y en guerra, +aunque formando, durante esta vida mortal, la unidad inseparable de su +singular individuo. + +Para cada uno de estos poderes se había buscado doña Inés un ministro, o +si se quiere, una ministra. Para su alma sensual, que entendía y se +empleaba en las cosas y negocios corpóreos y vulgares, tenía a Crispina, +que la ponía al corriente de todos los sucesos del lugar sin elevación +ni trascendencia. Para su alma sentimental, concupiscible, irascible y +discursiva; para su facultad y aptitud de aborrecer, amar y calcular, +sobre todo en relación con lo temporal visible, tenía a la discreta +criada Serafina. Y para el alma pura o ápice del alma para la suprema +porción de entendimiento y del afecto, porción toda espiritual y divina, +simple inteligencia o mente, había estado doña Inés sin ministra durante +largos años, hasta que por último la había hallado o la había creído +hallar en Juanita la Larga, a quien tan injustamente despreció y odió de +oídas y al verla por vez primera. + +Fue como perla que se descubre en un muladar y que se estima más cuando +el que la descubre se persuade de que es fina. Fue flor como hallada en +tierra inculta, fuera de la cerca del huerto que se cultiva, por eso +mismo sorprende y enamora más, celándola quien la posee por el temor de +que la huelle y pisotee a su paso algún animal inmundo. + +Así se comprende, en mi sentir, el amor y celoso cuidado con que doña +Inés miraba a Juanita, que era ya para ella lo más ideal de cuanto podía +concebir en lo humano. + +Tal vez doña Inés reconocía con dolor que su propia alma suprema se +había inficionado e impurificado un tanto por culpa de circunstancias +exteriores que habían hecho prevalecer y triunfar en varios puntos las +otras dos almas, inferior y media. Y a fin de que no se le inficionase +también el alma pura y superior de la amiga y ministra que había +encontrado y que era su regalo y consuelo, quería doña Inés que Juanita +fuese monja, o sea, transplantar la flor del campo abierto y sin defensa +al huerto cerrado y defendido; pero como al propio tiempo se complacía +y deleitaba con tener a Juanita cerca de sí, vacilaba aún y retardaba el +día en, que pensaba obligar a Juanita a retirarse al claustro. + +En el momento presente de nuestra historia prevalecía en doña Inés el +empeño de empujar a Juanita hacia el monjío. Preveía para ella peligros +inminentes y ansiaba salvarla, aun a costa de privarse de su agradable +presencia y de su dulce trato. + +Se comprenderá qué clase de peligros temía la señora de Roldán si +echamos una ligera ojeada retrospectiva y ponemos al lector en +antecedentes. + +Dios me libre de ser calumniador y de pecar de malicioso. Quizá fuesen +ponzoñosas hablillas de la malvada lengua del boticario, a lo que +parece, acérrimo enemigo de Serafina. + +Serafina, que era también burlona y maldiciente, murmuraba, y haciendo +mucha befa había referido por todas partes que la hija menor del +escribano, de cuya mala salud y ruin catadura se ha dado ya cuenta, +estaba prendada del boticario y le deseaba como marido, aunque sólo +fuese para no ser menos que su hermana mayor, doña Nicolasa, la cual iba +pronto a casarse con Pepito, el hijo del albardonero, famoso doctor en +leyes. Sólo se aguardaba para celebrar la boda que el diputado sacase al +novio un empleo de diez o doce mil reales que le habían pedido hacía más +de un año. Doña Nicolasita estaba más impaciente que nadie; echaba mil +maldiciones al diputado, decía que no servía de nada y conspiraba para +que en las próximas elecciones eligiesen a otro que sacase empleos con +más facilidad y prontitud. + +Entre tanto, o de veras o fingiéndolo, había enfermado su hermana menor, +y el boticario, que con permiso del médico visitaba también y tenía +bastantes igualas, era quien asistía a la enfermita, y tenía que +visitarla dos veces al día o por lo menos de diario. + +Don Policarpo no se daba por entendido de la verdadera enfermedad y +distaba mucho de querer aplicarle el conveniente remedio. + +La iguala que tenía con el escribano era de las más cuantiosas del +lugar: cada año cincuenta reales. Esto, no obstante, le parecía muy poco +para pagar tanta visita, por lo cual, según Serafina, el boticario +buscaba compensación recetando mucho y obligando al escribano a gastar +su dinero en potingues de los que él elaboraba en su casa. + +Yo me inclino a presumir que, ofendido el boticario por las burlas de +Serafina sobre el mencionado negocio, divulgó contra ella lo que voy a +contar como me lo han contado, sin responder de que sea verdad, +exageración o mentira. + +A lo que parece, don Alvaro Roldán, que andaba antes extraviadísimo, +lejos de su casa, muy a menudo en otras poblaciones entregado a mil +liviandades y francachelas y gastándose los dineros con doncellitas +andantes que hospedaba en sus caserías, se había vuelto sedentario, +casero, morigerado y mucho más económico. El pícaro del boticario +colgaba a Serafina el milagro de esta conversión, y aun se atrevía a +sostener que la señora doña Inés hacía la vista gorda y no se percataba +de tal milagro, cuya comodidad y baratura no podía menos de celebrar en +el fondo del alma. + +Como quiera que fuese, la verdad es que Serafina, que jamás notó que don +Andrés persiguiese a Juanita, aunque si lo hubiera notado no lo hubiera +dicho, porque no le convenía decirlo, notó muy bien los atrevimientos de +don Alvaro y sus persecuciones a Juanita, y enojada y temerosa de una +usurpación de atribuciones, acudió a doña Inés con el soplo. + +Al principio no dio doña Inés grande importancia a la acusación; pero en +aquellos últimos días la renovó Serafina con tal vehemencia e +insistencia, que doña Inés se puso sobre ascuas. + +Se puso como se pondría apasionada jardinera si viese que un sapo u otro +bicho feo y viscoso tratara de deshojar o marchitar la planta florida +que más la deleitase. + +Doña Inés estaba furiosa contra el sapo y llena de miedo también de que, +interviniendo el diablo, que todo lo añasca, pudiese conseguir el sapo +su detestable propósito. La misma inocencia de Juanita y la libertad y +el abandono en que vivía, sin el arrimo y el consejo que suele prestar la +prudencia de una madre, aumentaban el sobresalto de doña Inés. De aquí +que ahora estuviera impaciente por consumar su sacrificio de separarse +de la muchacha enviándola a un convento cuanto antes mejor. + + + + +XLI + + +De harto mal talante, y a fin de no faltar a la costumbre convertida ya +en deber, Juanita acudió a casa de doña Inés para las lecturas y +coloquios que ambas tenían a solas. + +Aquella tarde no hubo lectura, a pesar de los nuevos libros devotos que +doña Inés había recibido. + +La agitación de la ilustre señora no le consentía leer ni tratar de +nada que no estuviese en inmediata relación con el punto o que no fuese +el punto mismo que la traía tan inquieta y azarada. + +Lo que hizo doña Inés fue extremarse con Juanita en demostraciones de +cariño. Ella misma se calificó de pastora y apellidó a Juanita inocente +cordera, dándole a entender, casi con lágrimas y con entrecortados +suspiros, el fundado temor que la afligía de verla entre las uñas y los +dientes del lobo. Persistiendo en su metáfora pastoril, exclamó: + +--Sí, hija mía; mi dolor sería inmenso si por imprevisión y descuido te +dejase yo caer entre las garras de la infame bestia que anhela devorarte +y viese el cándido vellón de la cordera teñido en sangre y manchado con +la impura baba del monstruo. Es menester que yo te defienda y te ponga +en salvo. Por mí sola no puedo vigilarte. Lo que puedo hacer, y haré, es +conducirte pronto al redil, donde irás dócil y estarás segura. No +acierto a encarecer, ni tú acertarás a figurarte cuan inmenso será mi +sacrificio al separarme de ti, porque eres mi consuelo y mi encanto. +Pero Dios quiere que nos separemos y tendré que conformarme con su +voluntad. + +Juanita, más sorprendida que asustada, abría mucho los ojos y no sabía +qué responder ni qué pensar de todo aquello. Seguía silenciosa y sólo +decía para sí: + +«¿Qué monstruo será este que, según doña Inés, trata de devorarme? +¿Sabrá ella que don Andrés me persigue y me solicita, y le llamará por +eso monstruo e infame bestia? Como quiera que ello sea, yo no me atrevo +aún a decirle que no me da la gana de ir al redil y que fuera de él, y +sin pastora ni nada, ya cuidaré que no me coma el lobo. Lo mejor, por lo +pronto, es callarme y aguantar sus majaderías. El redil está lejos aún y +ya tendré ocasión de sublevarme, de arrancar el cayado de manos de la +pastora y hasta de sacudirle con él sí se obstina en guiarme y en +disponer de mí a su antojo.» + +Con esta bien meditada resolución, Juanita iba, sin embargo, agotándose. +Bien podríamos asegurar que a Juanita no le quedaba ya paciencia ni para +veinticuatro horas. Mucho le dolía no sacar al fin la menor ventaja de +su sufrimiento y de su disimulo durante año y medio, y tener que +retroceder al estado de guerra y a la situación en que después del +sermón del padre Anselmo se había colocado. Por esto determinó sufrir +aún y esperar hasta el siguiente día. + +Después de despedirse de doña Inés a las siete de la noche para volver a +su casa, Juanita se encontró en la antesala con el señor don Alvaro, el +cual vino hacia ella con suma galantería, y le dijo: + +--Ingrata, cruel hechizo de mi vida, ¿por qué eres tan tonta y tan +terca? Quiéreme y amánsate. No sabes lo que te pierdes con no quererme. + +--¿Qué he de perder yo, so peal?--contestó Juanita dándole un bufido, +porque allí no había la menor razón para que ella refrenase su cólera. + +Bajó las escaleras, y antes de salir a la calle se encontró en el zaguán +con don Andrés, que estaba aguardándola en acecho y que intentó +retenerla asiendo su cintura. + +Con ligereza se escapó Juanita sin que don Andrés la tocara, y se puso +en la calle de un brinco. Don Andrés la siguió. + +--Déjeme en paz vuecencia--dijo ella--; no sea pesado, no sea +imprudente. Mire que puede salirle mal este juego. + +--¡Hola, hola! ¿Te me vienes con amenazas? + +--No son amenazas, son advertencias amistosas, señor don Andrés. Yo no +pretendo asustarle, sino persuadirle de que tiene ya dueño lo que +vuecencia pretende poseer por un liviano capricho o por antojo de un +momento. + +--No quiero yo--replicó don Andrés con insolencia--privar al dueño de su +propiedad. Imagínatela como un hermoso jardín. ¿Dejará de ser suyo y +perderá el jardín su lozanía y sus primores porque un forastero de buen +gusto y sigiloso entre en él por algunos momentos o de cuando en cuando +y goce de sus flores, de su verdura y de sus galas? + +--Señor don Andrés, el jardín de que aquí se trata no tiene verduras ni +flores sino para su amo. Para los demás, sin excluir a vuecencia, sólo +tiene ortigas, aulagas, cardillos y cardos ajonjeros. Conque así no +suene vuecencia con entrar en él para deleitarse, porque se expone a +quedar preso y pegado con el ajonje, y a salir respingando, picado por +las ortigas y todo cubierto de pinchos y de púas. + +Mientras hablaba así y mortificaba a don Andrés, Juanita apretaba el +paso, y cuando estuvo ya cerca de su casa dio una carrerita, llegó a +ella, abrió a escape con la llave que guardaba en el bolsillo y cerró la +puerta de golpe. + +Tratando de distraer su mal humor, Juanita se puso a coser con +precipitación, como si tuviese que terminar una tarea. + +Rafaela, la vieja criada, entraba y salía con frecuencia en la sala +baja, donde se hallaba Juanita, y abandonando la cocina dejaba ver que +tenía mucha gana de enredar conversación con la joven. Le habló varias +veces, pero distraída Juanita por sus pensamientos, sólo respondía con +monosílabos, sin dar pábulo a la conversación, y la conversación +expiraba. + +Rafaela se quedó una vez mirando en silencio la costura de la joven, y +luego dijo: + +--¡Ay, niña, qué pena me da de verte tan afanada trabajando siempre! Tu +madre también trabaja mucho. ¿Y qué ganan ustedes con esto? Muy poco. El +trabajo de las mujeres está muy mal pagado. Es casi imposible el ahorro. +Lo comido por lo servido. Vienen las enfermedades y la vejez y traen +consigo la miseria. Entonces solemos arrepentimos de no haber sabido +aprovecha la juventud y de haber desperdiciado las buenas ocasiones. + +--Veo que estás muy sentenciosa, Rafaela--interpuso Juanita--. ¿Qué +quieres indicarme con eso? + +--Pues quiero indicar que tú vives con mil apuros, te cansas la vista y +te estropeas las manos trabajando, y dejas que tu madre trabaje también +como un azacán. Y todo ¿para qué? Para vivir pobremente, comer mal y +andar por esas calles hecha un guiñapo, cubierta la cabeza con un +mantoncillo de mala muerte, cuando si tú quisieras podrías ir vestida +como una reina y ser la envidia de las más encopetadas y ricas señoras +de este lugar, sin que la propia doña Inés dejara de contarse en el +número de las envidiosas. + +--¿Y cómo he de hacer yo ese milagro?--preguntó Juanita. + +--Nada hay más fácil--contestó Rafaela--. Estamos solas y te hablaré sin +rodeos. Hay un hombre, el más poderoso del lugar, que se pirra por tus +pedazos. Con tu sandunga le tienes embobado, y con tu desdén le tienes +frito. Todo depende de ti. Deja de ser arisca, pronuncia una sola +palabra y tendrás cuanto quieras. + +Disimulando su enojo con una sonrisa, dijo entonces la muchacha: + +--¿Y qué palabra es esa que he de pronunciar? ¿Qué conjuro es ese que ha +de poner en mis manos por arte mágico tan pasmosas riquezas? ¿Quién es +el hechicero que acudirá a mi evocación y que será tan generoso conmigo? + +--¿Pues quién ha de ser, niña?--contestó Rafaela al ver o al imaginar +que se recibían sin enojo sus insinuaciones--, ¿Quién ha de ser sino el +propio excelentísimo señor don Andrés Rubio? + +--¿Y por dónde lo sabes tú? ¿Quién te encomendó que me vinieses con ese +recado? + +--Me lo encomendó..., nada más natural..., el confidente de don Andrés. +Me lo encomendó Longino. + +--Ahora lo comprendo: como Longino es tan bromista ha querido darnos una +broma, porque supongo que no me tomará por Cristo ni pensará en darme la +lanzada. + +--Ni lanzada ni broma. Longino te mira con el mayor respeto porque eres +el ídolo de su señor, y pretende con toda seriedad, que recibas a su +señor en tu santuario. + +--Pues mira, Rafaela--contestó Juanita--, di a Longino con toda seriedad +también, que es un galopín sin vergüenza, y que él y su amo vayan a +escardar cebollinos. + +--No te alteres, hija; no te subas a la parra--dijo Rafaela al ver +enojada a Juanita--. ¿Qué se pierde ni qué ofensa se te hace en tentar +el vado? + +--Mejor será que tiente usted al diablo, tía bruja. ¡Arre, fuera de +aquí; móntese usted en el escobón y transponga al aquelarre! + +--No es para tanto furor. Yo te lo proponía por tu bien y sin interés +alguno. De desagradecidos está el infierno lleno. + +Rafaela se fue a la cocina refunfuñando. + +Juana volvió poco después de casa del cacique. + +Juanita siguió guardando silencio, sin decirle nada de lo ocurrido. + +Aquella noche estuvo Juanita inquieta y desvelada. Su orgullo, en su +sentir humillado, le hería el corazón y no le dejaba dormir. ¿Conque no +podría ella, por sí misma y libre, hacerse respetar? ¿Sería menester +acudir a don Paco para que la defendiera, comprometiéndose? ¿Tendría +razón doña Inés en aconsejarle que fuese monja? ¿Eran tan viles sus +antecedentes que no podría ella ser estimada y acatada sino bajo la +protección y tutela de un hombre generoso que le tendiese la mano y la +sacase del fango en que al parecer había vivido? + +Estas y otras semejantes reflexiones atormentaban horriblemente a la +muchacha y espoleaban su soberbia. + +Triste y ojerosa se levantó apenas fue de día. + +Dos o tres horas estuvo cavilando, rabiando y formando distintos +proyectos. + +Varias veces pensó en ir a ver a don Paco, a quien había prohibido venir +a verla hasta las diez y media de la noche, y a quien se había +propuesto no ver antes. Pensó contarle la insolente pretensión de don +Andrés para que don Paco le tuviese a raya; pero pronto desistió de tan +cobarde propósito. + +Al fin, como Juanita era muy devota, tomó su mantón y se fue a rezar a +la iglesia, esperando encontrar allí inspiración y consuelo. + +Juana se había ido ya de nuevo a casa de don Andrés a continuar sus +ocupaciones culinarias y sus preparativos de la gran cena. + +No ya esta vez en la iglesia de la Soledad, que está en lo alto del +cerro, sino en la nueva parroquia, antiguo convento de Santo Domingo, +donde fue tan maltratada por el sermón, Juanita estuvo rezando +fervorosamente durante mucho tiempo. + +Al salir de la iglesia para volver a su casa se encontró con Longino de +manos a boca. Longino se acercó a ella, la saludó con socarrona finura y +le dijo en voz baja, casi al oído: + +--No sea usted tan dura y tan sin entrañas. No deje morir a quien se +muere por usted de mal de amores. Déle la cita que humildemente le pide. + +Juanita dio un paso atrás, como quien se aparta de objeto que le inspira +asco, y lanzó a Longino una mirada de soberano desprecio. + +Longino no la comprendió. + +Después, con todo sosiego y con toda la frescura de quien ha tomado una +resolución firme y sabe lo que dice y lo que hace, Juanita contestó: + +--Diga usted a su amo que le aguardo esta noche en mí casa, a las ocho +en punto. Rafaela abrirá la puerta. Yo estaré sola en la sala alta. + + + + +XLII + + +Don Paco pasó varias veces aquel día por la puerta de la casa de +Juanita, pero no se atrevió a entrar en ella antes de la hora convenida. + +Aunque Juanita le vio no quiso llamarle ni hablarle, tal vez por temor +de revelar involuntariamente cosas que quería tener calladas. + +Hasta las cuatro de la tarde estuvo sin salir de casa, cosiendo con la +mayor tranquilidad. + +Entonces llamó a Rafaela y le dijo: + +--Oye, Rafaela: he mudado de opinión. Tus razones me han convencido. +Esta noche recibiré al señor don Andrés. Ya está avisado, y creo que no +faltará. Estáte a la mira tú; ábrele, si es posible, antes que llame, y +dile que suba a la sala alta, donde yo le aguardo. Tú no subirás ni +acudirás, suceda lo que suceda. Hasta que no vuelva mi madre ha de +parecer como si no hubiese nadie en esta casa, sino yo y el señor +Andrés. ¿Me has comprendido? + +--Te he comprendido, y haré como lo dices--contestó Rafaela. + +En seguida se marchó Juanita a pasar la tarde con doña Inés, según tenía +por costumbre. + +Con gran devoción y serenidad leyó a su madrina no pocas devociones y +rezos propios de la Semana Santa, en que estaban. + +Quiso en seguida doña Inés preparar y adoctrinar a Juanita para el +monjío, y echando mano a las obras del padre maestro Juan de Avila, a +que ella era muy aficionada, le leyó, con comentarios y anotaciones de +su cosecha, párrafos y aun capítulos enteros del muy edificante tratado +que el mencionado padre escribió para una monja, explanando profusamente +aquellas palabras del santo rey David, que dicen: «Oye, hija, e inclina +tu oreja y olvida tu pueblo y la casa de tu madre--aquí ponía doña Inés +madre en vez de padre, para que viniese mejor a cuento--, y codiciará el +rey tu hermosura.» Claro está que este rey era Cristo con quien quería +doña Inés que Juanita se desposase. + +En extremo alabó y ponderó doña Inés los elevados pensamientos de +Juanita; pero añadió que, a pesar de esos pensamientos elevados, podían +brotar en su alma imaginaciones feas, de cuyas importunidades y peligros +debía defenderse. + +El engreimiento y la soberbia son muy malos, enojan mucho al Cielo y tal +vez hacen que el Cielo, para castigarnos, para humillarnos o para +probarnos mejor, permita que los enemigos del alma le den feroces +ataques en la parte baja, mientras que su porción elevadísima se cree +punto menos que glorificada y en íntimos coloquios y en unión estrecha +con lo divino. Así Moisés, para ejemplo de esto, se hallaba en la cumbre +del Sinaí conversando con el Altísimo, y la plebe, entre tanto, se le +alborotó allá abajo, y se puso a adorar los ídolos y se entregó a +liviandades y torpezas. En vista de lo cual doña Inés aconsejó a Juanita +que desconfiase de sus bríos y que no se juzgase muy aprovechada y +segura de su poder sobre la plebe sediciosa ni muy adelantada en el +camino de la perfección, pues aunque siguiese el camino, bien podían +estar emboscados cerca de él y salirle al encuentro ladrones, que +intentasen robarle la joya de la castidad. Para la custodia de esta +joya, tanto más que la fortaleza, importan la modestia y el constante +cuidado. + +Conviene no desechar el temor de perderla, y conviene huir del peligro, +porque quien ama el peligro en él perece. + +Como doña Inés era muy elocuente, y los puntos susodichos se prestan a +variadas amplificaciones, el discurso de doña Inés, interrumpido a +trechos por Juanita, más que para acortarlo para avivarlo, duró hasta +después de las siete, que era lo que Juanita deseaba. + +Cercana ya la hora en que había citado a don Andrés, Juanita consideró +indispensable hacer a su amiga gravísimas revelaciones. + +--He oído con la debida atención--dijo la muchacha--todo lo que acabas +de decirme, y te confieso que estoy atribulada y amedrentada. + +--¿Y cuál es la causa, hija mía, de tu tribulación y de tu susto? + +--Pues..., fuera vergüenza...; a ti, que eres mi guía, debo confesarlo +todo. Tus consejos y advertencias de hoy vienen ya tarde. El +engreimiento y la soberbia se han apoderado de mí y me han hecho pecar +acaso mortalmente. + +--¿Y cómo es eso?--interrumpió doña Inés, sorprendida y sobresaltada. + +--Te diré la verdad--contestó Juanita--. Yo no he querido huir del +peligro, sino buscarlo y arrostrarlo para triunfar de él. No he querido +siquiera considerarlo peligro y lo he despreciado. Es más la necia y +constante amenaza me ha hecho perder la paciencia, y yo misma, para +acabar de una vez, he emplazado, citado y llamado a singular combate al +enemigo, que me tiene ya frita y harta de oír sus bravatas y +provocaciones. + +--No te entiendo, explícate bien. ¿De qué bravatas hablas? ¿Quién es el +enemigo que te provoca? + +--Es el enemigo un caballero principal, tan audaz como rico, el cual +entiende que no debe haber obstáculo que se le oponga ni voluntad que se +resista. + +Muy poética y elevada idea daban las palabras de la muchacha del +caballero su enemigo; pero doña Inés supuso que la elevación y la poesía +eran obra de la imaginación de la muchacha, y despojando el concepto de +las mencionadas cualidades, pensó reconocer en él, sin la menor duda, a +su marido, don Alvaro, de cuyas pretensiones estaba ya informada por +Serafina y de cuyos atrevimientos andaba recelosa. Por algo a modo de +pudor no excitó a Juanita a que pronunciase el nombre del atrevido. Ella +creía saberlo sin que Juanita lo pronunciara. + +Inquieta doña Inés, procuró investigar lo que más le importaba y dijo: + +--Pero ¿qué cita es esa a que aludes? ¿A qué duelo, a qué singular +combate te preparas? + +--Haré un esfuerzo--replicó la muchacha--; todo, todo lo sabrás, aunque +me condenes por audaz o me tengas por loca. El hombre de que te he +hablado me asedia, me acosa y viene a mí en la calle, en la iglesia y en +tu misma casa y me hace las más insolentes proposiciones. Espera +deslumbrarme y seducirme y que le rinda mi albedrío. La fatuidad con que +él presume y se jacta de lograr todo esto, me ha humillado, me ha vejado +y me ha ofendido. Quiero vengarme y me vengaré. Quiero desengañar a ese +hombre y le desengañaré con el más duro desengaño. Por sí mismo y por +medio de viles terceros se obstina en que yo le reciba a solas en mi +casa, y me pide una cita. Cansada yo de negársela, sin conseguir que +desista, que me respete, que forme de mí la opinión que debe y que me +trate como se trata a una mujer honrada, he accedido a la cita para que +venga y vea y sepa quién soy, y para tratarle como merece. + +--¡Animas benditas!--exclamó doña Inés, poniéndose las manos en la +cabeza--. Tú no sabes lo que has hecho. Eso es aventuradísimo. Aunque +sepas resistir, aunque no caigas en la tentación ni peques, ¿no ves que +te expones a echar tu reputación por los suelos y a que ese malvado +seductor te venza, y si no te vence se vengue de ti deshonrándote y +suponiendo que logró lo que deseaba? ¿No adviertes cuan indecoroso es +para una doncella conceder esas citas, aun cuando sea con el fin de +quedar en ellas triunfante? ¿Qué horrores no estará él pensando de ti +desde el momento en que le concediste la cita? Es indispensable que le +envíes a decir que te arrepientes y que la cita ya no tendrá lugar. + +Juanita conoció que el momento era llegado en que tenía que echar a +rodar su humildad y obediencia, declarándose independiente de su maestra +y amiga y manifestando lo enérgico e indómito de su voluntad, que a nada +ni a nadie se doblegaba. + +Puesta en pie y yendo hacia doña Inés, le dijo: + +--Tú no me conoces todavía. Yo no me arrepiento ni cejo. Bueno fuera que +creyese el tal señor que yo había tenido un momento de debilidad y que +luego me había arrepentido. ¿No adviertes que de ese modo me confesaba +yo culpada, si no del delito, del conato? No; yo no soy débil. Tú te has +empeñado en creerme cordera, y soy leona. Por el extraño afecto que me +has cobrado me requiebras y crees linsojearme comparándome a la Sulamita +y llamándome suave y graciosa como Jerusalén. Ya verás tú que también +soy terrible como un escuadrón de Caballería que carga a galope sobre el +enemigo. + +Juanita, cerca de doña Inés, la fascinaba mirándola con ojos felinos, +cuya luz roja parecía mezcla de fuego y de sangre. + +Luego prosiguió: + +--¿Y qué decoro es ese al que me recomiendas que no falte? ¿Quién +reconoce ese decoro en la mal nacida como yo, en la hija de una mujer +que lava mondongos y hace morcillas para ganar su sustento? Todos me +menosprecian, me tratan mal y piensan peor de mí. Hasta ahora lo he +sufrido; pero ya se me agotó el sufrimiento. He de ser atroz si es +necesario. En los mismos libros que tú me has hecho leer no se ensalza +sólo la servil mansedumbre de Rut, sino más, si cabe, la ferocidad de +Judit, que degüella al capitán de los asirios, y la espantosa hazaña de +Jahel, que atraviesa con martillo y clavo las sienes de Sisara. + +Notando Juanita que doña Inés se asustaba un poco al verla y al oírla +tan bárbaramente bíblica, prosiguió sonriendo: + +--Pero no te apures ni te sobrecojas. No será menester tocar en tales +extremos; no llegará la sangre al río. Aunque será severa la lección que +yo dé, no pasará a ser tragedia, y quedará en sainete. + +--Pero ¿qué piensas hacer, hija mía? ¿Qué frenesí es el tuyo?--preguntó +doña Inés, muy conmovida y cariñosa. + +--Ya lo verás, si quieres--contestó Juanita--. Todo lo tengo pensado; +mas no has de saberlo como no lo veas. + +--¿Y cómo? ¿Y dónde? + +--Ven conmigo a mi casa. Sólo faltan algunos minutos para que llegue la +hora de la cita. Con tu presencia me infundirás valor. + +--Eso ya es otra cosa--respondió doña Inés. + +Doña Inés pensó, sin duda, en el rato de gusto que iba a tener +contribuyendo a chasquear a don Alvaro, que acudiría muy ufano a la cita +y se encontraría en ella a su austera consorte. + +En efecto, si el lance pasaba así, más que tragedia sería sainete. + +Doña Inés perdió el miedo y sintió la irresistible tentación de ver el +sainete y aun de hacer en él uno de los principales papeles. + +--Está bien, Juanita--dijo--. Iré en tu compañía y te prestaré mi +auxilio. Muy fina prueba de mi amistad te daré con esto, porque yo +también puedo comprometerme. + +--Entendámonos--repuso Juanita--. Yo no quiero tu auxilio. ¿Qué mérito +tendría entonces mi victoria? Tú no te comprometerás, porque te quedarás +escondida y nadie sabrá que has estado en mi casa. Y tampoco te +expondrás a ningún percance, porque verás los toros desde el andamio. + +--Sí..., pero explícate...; no me hagas ir a ciegas...; explícate.... + +--Se va a pasar la hora. Urge ir a mi casa. No hay tiempo para darte +explicaciones, ni tú las necesitas. Ea, despáchate. Toma un mantón, +échalo bien a la cara para que no te la vean. La gente anda embelesada +con la procesión, que probablemente termina en este momento, y no +reparará ni en ti ni en mí. + +Y hablando de esta suerte, la misma Juanita buscó un mantón, se lo puso +a doña Inés en la cabeza y, llevándola por delante de sí, la empujó y la +hizo andar. + +Dominada doña Inés por aquella imperiosa criatura, se dejó llevar por +ella. + +Ambas llegaron a casa de Juanita. Esta, para que Rafaela no viese que +entraba en su casa acompañada de otra persona, abrió la puerta con la +llave que tenía en el bolsillo. + +Las dos mujeres, calladas y de puntillas, subieron a la sala alta. + +Faltaban ya pocos minutos para dar las ocho. + +La alcoba en que dormía Juanita no tenía más luz que la que entraba por +un ventanillo redondo, abierto sobre la puerta de la alcoba que daba +salida a la sala. En esta, y no en la alcoba, donde no había espacio +bastante, se lavaba, se peinaba y se vestía Juanita todas las mañanas. +En la alcoba apenas había más muebles que la cama, una mesita de noche, +un armario para vestidos y tres sillas. + +Juanita llevó a doña Inés a la alcoba. + +--Tú, subida en una silla, verás por ese ventanuco todo lo que pase. +Acaso no tengas poco de qué admirarte y de qué reírte. + +Dicho esto, salió Juanita de la alcoba y dejó en ella a doña Inés como +presa, cerrando de súbito la puerta y echando por fuera la llave. + +--¿Qué haces?--exclamó doña Inés--. ¿Qué necedad es la tuya? ¿Por qué me +encierras? + +Juanita contestó riendo: + +--Te encierro para estar segura de tu neutralidad. No te quiero por +aliada, sino por testigo. Cállate y mira. + +Doña Inés, bastante enojada, replicó todavía: + +--Abreme. ¿Tendré que arrepentirme de haberme fiado de ti? ¿Qué burlas +son estas? + +--Perdóname, perdóname--dijo Juanita con voz suplicante y dulce--. Tú +eres mí madrina, mi protectora y yo no quiero ni debo burlarme de ti. No +dudes que conviene lo que hago. Cállate, por Dios. Ten paciencia. Mira y +observa sin hablar. Cállate. Oigo ruido. Nuestro hombre ha entrado en +casa. Ya sube por la escalera. ¡Chitón! Si él sospecha que hay alguien +aquí, darás un escándalo y harás una tontería. + +Doña Inés se resignó y se calló. + +Pocos segundos después entró don Andrés Rubio en la sala. + + + + +XLIII + + +Juanita no se arrepentía nunca de lo que había hecho, después de haberlo +reflexionado bien o mal; pero si su voluntad era firme y hasta terca, su +entendimiento vacilaba y cambiaba a menudo, porque, sucesivamente cuando +no al mismo tiempo, veía el pro y el contra de todas las cosas. + +Al hallarse en presencia de don Andrés le asaltaron dudas y sintió algo +como remordimiento. + +«¿Hasta qué punto--pensó--me puedo permitir la burla que quiero hacer a +este hombre, y hasta qué punto se la tiene merecida? ¿He sido +suficientemente acosada para llegar a este extremo?» + +Como si ella misma se contestase, y sin dar tiempo a que don Andrés +dijese palabra, Juanita habló de esta suerte:--Perdone vuecencia, señor +don Andrés, si le he atraído a mi casa con algo que puede calificarse de +engaño. Me pidió vuecencia una cita amorosa, y yo se la he concedido.... + +--Pues entonces--dijo don Andrés--no es mi perdón, sino infinitas +gracias lo que tengo que darte. + +--Así sería--dijo la muchacha--si yo, desmintiendo la lealtad de mi +carácter, no hubiese en esta ocasión engañado a vuecencia. + +Don Andrés era un hombre de mucha calma y de bastante mundo. Presumió +que la muchacha quería hacerse valer, ir cediendo poco a poco y no +declararse, desde luego, vencida. Tomó, pues, una silla y se sentó con +mucho reposo, apercibiéndose a oír lo que la muchacha dijese y hasta a +contestarle discutiendo tranquilamente con ella. Aunque la discusión y +el coloquio durasen media hora, serían el andante de un dúo y harían más +vivo y más grato el _allegro_ que vendría después. + +Echados estos cálculos y ajustando a ellos su conducta, don Andrés dijo: + +--Veo con sorpresa que he venido a hacer aquí el extraño papel de tu +confesor. Te me confiesas desleal y engañosa. ¿Qué quieres? Feos pecados +son esos; pero la pecadora es tan bonita, que yo la perdonaré y la +absolveré si se arrepiente. + +--De nada tengo que arrepentirme. Lo que he hecho lo he hecho porque no +podía por menos. Vuecencia me perseguía, me comprometía, me exponía y se +exponía a sí mismo a tener un lance con mi novio. He sido leal y no he +ocultado a vuecencia que tengo novio y que le quiero y que por nada y +por nadie del mundo le faltaré nunca. Vuecencia ha sabido por mi boca +que ese novio mío es su amigo de toda la vida. Si él debe a vuecencia +muchos favores, también vuecencia se los debe. Y si esto no le arredra, +y si no desiste de perseguirme y solicitarme, ¿quién es aquí el desleal +y engañoso, vuecencia o yo? + +--No hay de mi parte--contestó don Andrés--ni deslealtad ni engaño. El +lazo reciente que a don Paco te une bien puede desatarse con la misma +prontitud con que se ha atado. Ni a él ni a ti os conviene. A él y a ti +os sirvo y os valgo interviniendo para que el lazo se rompa. Quizá le +dolería a él por lo pronto, pero más tarde me lo agradecería. Más tarde +sentiría la satisfacción de verse libre de un absurdo compromiso. + +--El compromiso--exclamó Juanita enojada--no es absurdo ni repentino. +Hace ya cerca de dos años que él me ama de amor, que me respeta cuando +todos me desdeñaban, que me trata como a una señora y como a una santa +cuando todos me juzgaban una perdida, que no ha sentido vergüenza ni ha +vacilado en ofrecerme su mano y en darme su nombre, que aun viéndose +desdeñado por mí ha seguido amándome y que me ha celado, y creyéndome +pocos días ha prendada de otro hombre o harto liviana para concederle +favores, ha faltado poco para que se muera de pena. ¿Qué hay, pues, de +absurdo ni de repentino en este compromiso? Yo le quiero, y sería la más +ingrata de las mujeres si no le quisiese. Yo le amo desde hace tiempo, +aunque hasta ayer no se lo he declarado y no le he dicho que soy suya. +Suya soy ahora y lo seré siempre, y sería yo muy vil si sólo con el +pensamiento y si sólo por un leve instante quebrantase la fe que le +tengo prometida. + +--Todo esto estará muy bien. No vengo aquí a discutirlo contigo. Ni para +que tú me lo digas ni para que yo lo discuta te he pedido yo y tú me has +concedido la cita. Yo no soy un personaje ridículo y tú no tienes +derecho para querer hacerme objeto de una necia burla. + +--Yo estaba exasperada, señor don Andrés, y si alguna falta hubo en mí, +harta disculpa tiene. Por mi humilde cuna, por mi baja condición social, +todos me despreciaban, incluso vuecencia. Confieso que he querido +vengarme de este desprecio, y aun convertirlo en acto de aprecio, +haciendo sentir a vuecencia que valgo más de lo que imagina. + +--Ahí está tu equivocación, Juanita--dijo don Andrés--. Yo no he creído +que te menospreciaba y que te humillaba al requebrarte. Sobre poco más o +menos, tan plebeyo soy yo como tú y tan humilde es mi cuna como la tuya. +Si tu madre se emplea en adobar cerdos, mi padre, antes de hacerse rico +como arriero y como labrador, guardó los cerdos en sus primeros años, +porque fue porquerizo. Conque ya ves que nada nos debemos. Ya ves que es +una tontería imaginar que yo te he solicitado por la bajeza de tu +extracción. Lo mismo te hubiera solicitado y te hubiera perseguido, +porque me enamoras, aunque fueses una reina extraviada por estos +andurriales o la princesa heredera del mayor imperio del mundo. Además, +tú eres libre y yo también lo soy. ¿A qué juramentos, a qué deberes +hubiéramos faltado queriéndonos? ¿Me habías tú dado seriamente parte de +tu compromiso con don Paco? ¿No podría yo suponer que era una coquetería +sin formalidad ni consecuencia? Desengáñate: tú has querido mofarte de +mí sin motivo alguno; tú has querido vengar en mí agravios, imaginados o +reales, que otros y no yo te han hecho. A decir verdad, tú debiste +enamorar al padre Anselmo y atraerle a esta cita, si es que la cita +sigue siendo de burla. El y no yo fue quien reprobó que te vistieses de +seda. Lo que es yo, aprobé y aplaudí el verte tan bien vestida. Y por +mi gusto cada día estrenarías tú trajes mejores y más lujosos. + +Juanita se aturdió un poco con esta no esperada salida del señor don +Andrés. + +Casi receló que él tenía razón y que ella se había conducido irreflexiva +y arrebatadamente. + +Al fin habló así: + +--Yo no voy a sostener ahora que he procedido contra vuecencia con +motivo bastante. Lo que digo es que estaba, y aún estoy, fuera de mí. +Nada me importaría que me considerasen con la obligación de no vestirme +ni de seda, ni de lana, ni de algodón siquiera, sino de esparto. Lo que +me importa es que me respeten. ¿Qué segundo pecado original es el mío, +que no hay bautismo que lave? ¿Qué mancha indeleble ha caído sobre mí +que no hay nada que limpie? ¿Qué vicio innato hay en mi sangre del que +yo no puedo purificarla? ¿Por qué se supone tal mi flaqueza que necesite +yo refugiarme en un convento para resistir las seducciones y los +peligros del mundo? Crea vuecencia, señor don Andrés, que, aunque yo +tuviera vocación de monja, la perdería si imaginase que era para huir de +peligros que desprecio y que me siento capaz de arrostrar con el mayor +denuedo. + +Don Andrés se sonrió, halló graciosa y algo disparatada a Juanita al +oírla quejarse y lamentarse de aquel modo, y le dijo con dulzura: + +--Pero, hija mía, con todo eso que dices sólo me pruebas que estás +quejosa de doña Inés. Quéjate enhorabuena y no me hagas a mí +responsable. Ni yo quiero que te metas monja, sino todo lo contrario, ni +por más que miro alrededor de ti descubro los peligros que te cercan. Yo +no deseo que te vengues de doña Inés ni de nadie; pero, en todo caso, de +ella y no de mí tendrás razón para vengarte. Y perdona, además, que sea +franco contigo y que te acuse de un pecado constante y aun prolijo en +ti: tu hipocresía tenaz. Ha tiempo que debiste tener el valor de no +fingirte mística y devota, si no lo eras, y de decírselo a doña Inés y +no seguir engañándola. En tu franqueza pudo haber peligro, aunque tú lo +exagerabas; pero ya que te jactas de valiente, debiste hacer cara a ese +peligro sin apartarlo de ti por medio de una falsía. + +Juanita se mordió los labios, se compungió un poco y empezó a sospechar +que, en vez de dar una lección, era ella quien iba a recibirla. Pronto, +no obstante, se repuso. La misma dureza de la acusación le hizo ver más +clara su injusticia. + +Juanita no había tomado asiento como don Andrés. En pie se agitaba, +hablaba e iba de un lado a otro. + +Parándose y encarándose con don Andrés, le dijo: + +--¡Cuán injustamente me acusa vuecencia de hipócrita y de falsa! ¿Qué +había de hacer yo? La aprobación y el aplauso que vuecencia dice que me +daba eran tan ocultos como inútiles; eran la carabina de Ambrosio. La +reprobación general cayó sobre mí y sobre mi madre, y vuecencia no +protestó ni volvió por nosotras. Se supuso que yo era una perdida. Huyó +la gente de mí para evitar el contagio, como si yo tuviera la peste. +Hasta ese desventurado de Antoñuelo me insultó y me abandonó. Sólo don +Paco fue constante en amarme y en respetarme. Pero, repito, ¿qué había +yo de hacer? Si yo apreciaba todo el valer de don Paco, aún no le amaba +de amor. ¿Podía yo abusar entonces de su caballerosidad y tomarle por +marido y por escudo, arrastrándole conmigo al basurero en que todos los +del lugar me habían echado? Si yo fuese en realidad una perdida o +tuviese inclinación a serlo, ¿me cree vuecencia tan estúpida que ignore +lo que valdría y lo que alcanzaría si a tal oficio me dedicase? Al verme +en aquel humillante aislamiento por haber querido lucir entre patanes la +gallardía de mi persona, en vez de quedarme aquí y de ser hipócrita y +falsa, como vuecencia dice, me hubiera ido a Madrid, a Barcelona, quién +sabe si a París, donde se entiende lo que es hermoso y elegante y se +paga bien cuando se pone a la venta, y hace tiempo que viviría yo en un +palacio y andaría en coche y gastaría en una semana más de lo que vale +todo el caudal de vuecencia bien dividido. Pues ¿qué ventaja he sacado +yo de la hipocresía de que vuecencia me acusa? Vivir con más apuros y +con más miseria que antes, emplear mí tiempo en oír discursos de doña +Inés y en leer con ella libros devotos y no haber logrado hasta ahora +con todo ello sino la amistad de doña Inés, que yo apreciaría infinito +si ella me la diese incondicionalmente y sin sujetarme a sus tiránicos +caprichos. También he logrado con mi hipocresía llamar hacia mí la +tardía atención de vuecencia, que ahora, y no antes, me aprueba y me +aplaude, pero de un modo según el cual no quiero yo ser aprobada ni +aplaudida. + +--Juanita--dijo don Andrés--, yo no he venido aquí a disputar contigo. +Tendrás razón en estar quejosa de todo el género humano, pero de mí +debes estar menos quejosa que de nadie. + +Mi pecado, si lo hubo, fue de tardanza. No volví por ti a tiempo; ahora +estoy dispuesto a enmendarme; pero quiéreme. ¿No gustas tú de que te +respeten? Pues yo también gusto de ser respetado. No debo sufrir que de +mí hagas tu juguete. + +--Yo soy una chica de tan buen humor, que, por fortuna, huyo de lo +trágico y todo lo tomo a risa. Y más vale así, porque mis compatricios +me han desesperado tanto, que si yo lo hubiese tomado más por lo serio, +hubiera sido cosa de armarme de una caja de fósforos y de una lata de +petróleo y de pegar fuego al lugar. Conque así, mejor es que yo tome a +vuecencia por juguete que no me le pegue fuego. + +--Prefiero el fuego a la burla que ahora quieres hacer de mí. + +--Cuánto yerra al decir eso el señor don Andrés--dijo Juanita casi +cariñosamente--. ¿Por qué ha de tenerse por burlado un hombre de noble +corazón, si en vez de lograr los fáciles favores y de gozar de las +compradas caricias de una mujer sin vergüenza, se halla con una mujer +digna y honrada que anhela merecer y obtener su estimación, que le +brinda con su más fervorosa amistad y que le tiende confiadamente las +manos? + +Al hablar así con verdadera efusión, Juanita tendió, en efecto, las +manos a don Andrés. Don Andrés las tomó entre las suyas. + +Juanita apareció entonces tan confiada y tan hermosa a los ojos del +cacique, que este le dijo: + +--¿Por qué tu amistad solamente? ¿Por qué no tu amor? Ambos somos +libres. Amándonos no tendremos que engañar a nadie. No tendremos que +disimular ni que ocultar nuestro amor como un delito, como un robo. + +--Eso no puede ser; yo no amo a vuecencia de amor--contestó Juanita--. +Yo amo de amor a otro hombre--y desprendió sus manos de las de don +Andrés, que aún las retenía. + +Durante todo este coloquio, doña Inés miraba por la claraboya, y a +menudo sentía la comenzón de tomar parte en él, hablando desde allí; +pero el temor de lo ridículo enfrenaba su lengua. + + + + +XLIV + + +Don Andrés perdió entonces su circunspección y su calma. No pudo +contenerse más. + +--Ámame--dijo. + +Y se abalanzó a Juanita y la ciñó con fuerza entre sus brazos. + +Juanita recordó en aquel trance toda su antigua destreza en la lucha, +cuando se peleaba con los muchachos a brazo partido y los tumbaba en +medio del arroyo. Ella también se abrazó a don Andrés, le puso la barba +en el pecho, le empujó al mismo tiempo en sus espaldas con las manos de +ella y le echó una zancadilla tan hábil, que le derribó al suelo. + +Con maravillosa rapidez apartó Juanita sus manos y su cuerpo del cuerpo +del enemigo, derribado, y quedó erguida sobre él, con la rodilla derecha +en tierra y con la rodilla izquierda sobre el estómago y el pecho de don +Andrés, donde pesaba y oprimía como pujante prensa de hierro. + +Con la mano izquierda había Juanita agarrado a don Andrés por el +pescuezo para que no levantase la cabeza, y con la mano derecha tenía +asido su siniestro brazo. + +Juanita estaba así tan guapa, que se parecía, aunque sin alas, al propio +arcángel San Miguel dando una soba al diablo. + +Don Andrés la contemplaba con tal embeleso, que apenas sentía enojo de +verse vencido. Y como era hombre muy versado en fábulas y en narraciones +verídicas, trajo a su pensamiento, para que quedasen eclipsadas por +Juanita, a Pentesilea, a Clorinda y a Bradamante y a otras mujeres +heroicas que han florecido en el mundo, desde el Ebro, glorioso por las +zaragozanas, hasta el claro Termodonte, en cuyas fértiles orillas +reinaron las amazonas. + +Por acaso se tocó don Andrés con la diestra, que tenía libre, en el +bolsillo del chaquetón y notó con amargura los medios inútiles que en él +traía: de conquista, de ofensa y de defensa. Traía allí un cartucho con +veinticinco onzas peluconas de Fernando VI y de Carlos III, dignas hoy +por su rareza de figurar en el más rico gabinete de numismática. Y traía +asimismo el revólver de seis tiros, bien preparado y cargado; pero como +hubiera sido felonía villana emplearlo contra una mujer, lo dejó allí +reposar tranquilo para mejor ocasión. + +Entre tanto, y todo esto fue en menos tiempo que el que yo empleo en +decirlo, la mencionada mano libre se hizo atrevida; pero contra todo +atrevimiento son valladar y estorbo los bríos del alma, y estos valieron +bien a la gallarda vencedora. + +Al sentir el insolente contacto, el rubor tino sus mejillas; brillaron +como ascuas sus ojos, la ira trocó en espantosa su linda cara. + +Aterrorizaba doña Inés, sacó la cabeza fuera del ventanuco y empezó a +gritar; pero nadie podía oírla, y menos aún don Andrés, que no estaba +para oír ni ver cosa alguna. + +Juanita le apretaba el cuello con ambas manos, haciéndole sacar tres +pulgadas de lengua fuera de la boca, como perro jadeante. + +Harto le pesaba tener que matarle. No había previsto Juanita que pudiese +llegar a aquel extremo; pero, puesta en él, estaba resuelta a todo por +más que le pesase. + +Apeando a don Andrés el ya inoportuno tratamiento de vuecencia, le dijo: + +--¡Ríndete, o mueres! + +Nada contestó don Andrés, porque no podía contestar. Lo que hizo fue +retirar la diestra atrevida. + +Aflojó entonces Juanita el dogal que tenía echado al cuello del cacique, +y le dijo: + +--¿Te rindes a discreción? ¿Te declaras vencido? + +--Me declaro vencido; haz de mí lo que quieras. + +--¿Aprobarás y aplaudirás ahora que yo me case con don Paco, y serás en +la boda su padrino? + +--Aprobaré, aplaudiré y seré padrino en la boda. + +--¿Serás, además, constante y bondadoso amigo mío, sin guardarme rencor +y pagándome como debes la amistad pura que yo te profeso y la estimación +con que te miro? + +--Seré tu mejor amigo, como lo mereces. + +Juanita, entonces, se levantó de un brinco, dejando libre a don Andrés, +que se levantó también, algo maltrecho, mohíno y humillado por la +derrota. + +Trocada así en piedad la cólera, Juanita hizo esfuerzos de imaginación, +y entre cándida y maliciosa inventó desatinos para disimular o explicar +su triunfo. + +--No te aflijas--dijo--. Lo que te pasa le hubiera pasado a un jayán: al +propio Goliat. No soy yo quien te ha vencido, sino el demonio que +ahogaba a los impuros novios o amantes de la que fue luego mujer de +Tobías, a fin de guardarla entera para él. Sin duda, don Paco, que es +muy devoto de San Rafael, Patrono de Córdoba, halló al tal demonio en el +desierto en que ha estado, y con el auxilio del arcángel le desató y le +envió a esta casa para que me defendiese. Por él estuviste poco ha, y +volverías a estar si de nuevo te desmandaras, muy a punto de morir +ahorcado como un zorzal entre mis dedos, convertidos en percha. Pero no +pienses más en eso. ¡Qué lástima si hubiera dado yo, sin querer, un día +de luto a la ya entonces mal llamada Villalegre! Ahora no debemos pensar +sino en el gran placer que hay en renovar amistades después de una brava +batalla. Aquí no ha habido ni vencido ni vencedor. Digamos ambos a la +vez, tú a mí y yo a ti: + + + Valiente eres, capitán, + y cortés como valiente; + con tu espada y con tu trato + me has cautivado dos veces. + + +Tú eres mi cautivo y yo quiero ser tu cautiva; es decir, más amiga tuya +que antes. + +Y diciendo así, tendió de nuevo ambas manos a don Andrés, más +cariñosamente y con mayor confianza que la vez primera. Luego añadió: + +--Ahora vete con Dios y vuelve por aquí dentro de poco, a las diez y +media, para que, en presencia de mi madre y de varios amigos, se +celebren con don Paco mis esponsales. + +--Volveré como deseas. Antes de irme te dejaré aquí, para rescate de mi +pariente Antoñuelo, a quien tanto o más que tú tengo obligación de +proteger, los ocho mil reales que hay que dar al tendero murciano. + +--Ya está arreglado eso. No necesito los ocho mil reales. + +--Pues aunque no los necesites, quédate con ellos, y tú y don Pablo +contad con otros ocho mil más, que os daré como regalo de boda. + +Dicho esto se fue don Andrés a la calle, no sin besar galantemente, al +despedirse, la linda mano que había estado a punto de estrangularle. + +Apenas salió don Andrés, Juanita abrió la puerta de su alcoba, donde, +como en chiquero, había estado doña Inés encerrada. Salió esta de allí +algo atontada y muda de espanto. Salió igualmente muy mansa y muy +benigna, y aunque perdidas sus ilusiones respecto al misticismo de +Juanita, casi tan prendada ahora de su patente bizarría como antes de su +misticismo, ya convertido en humo. + +De todos modos, doña Inés siguió admirando la virtud de Juanita, y aun +formó desde allí en adelante sobre su casta entereza un concepto muy +superior al que tenemos de las antiguas heroínas que nos ponen por +modelo las historias sagradas y profanas. + +Doña Inés, discurriendo sobre esto, pensó que al fin y al cabo Susana +sólo tuvo que defenderse de dos viejos petates y no de un hombre guapo, +rico y joven aún, como el cacique. Lucrecia, a lo que doña Inés +entendía, sucumbió, aunque se mató después. Y en cuanto a Timoclea, tan +ensalzada por Plutarco, y a la que el macedón Alejandro concedió su +admiración, todavía doña Inés tenía más que criticar, porque Timoclea, +durante el saco de Tebas, no acertó a defenderse del capitán de los +tracios, y sólo después le mató arrojándole a un pozo, porque aquel +bárbaro le pidió dinero; de suerte que, si se lo hubiera dado, en vez de +pedírselo, él hubiera quedado vivo y la anterior violencia impune. + +Razón tenía, pues, doña Inés en seguir admirando a Juanita; en decirle, +como le dijo, que se alegraría de tenerla por madre política; en +desistir con gusto de que Juanita se hiciese monja para que no eclipsase +a la Monja Alférez y fuese la Monja Generala, y en ofrecerle para el +regalo de su boda la cantidad que pensaba dar para la dote de su monjío. + +Llamada por Juanita, acudió Rafaela, que se quedó estupefacta y +boquiabierta al ver allí a doña Inés, a quien acompañó a su casa. Doña +Inés prometió volver con don Alvaro a las diez y media. + + + + +XLV + + +Cuando Juanita se quedó sola se lavó la cara y las manos, se alisó el +pelo y sacó del armario el famoso vestido de seda regalo de don Paco. + +Ella había tenido cuidado de refrescarlo y de modificarlo, dejándola a +la moda del día. Con tela que tenía de sobra el corte, y que ella había +guardado, se había hecho un nuevo corpiño de medio escote, a propósito +para recepciones y tertulias. Se puso este vestido, se miró al espejo y +quedó muy satisfecha encontrándose bien. + +Al volver Rafaela y al ver a Juanita vestida de gala, tuvo nuevo motivo +de admiración. + +Juanita y la criada encendieron después los tres velones que tenían, +cada uno con cuatro mecheros. + +Encendieron además veinte o veintidós velas de cera, y lo iluminaron +todo tan ricamente, que la casa parecía aderezada para una solemne +fiesta. + +A poco llegó Juana la Larga, no trastornada, porque era sobria y +prudente, pero algo sobreexcitada y de buen humor por haber presidido +la opípara cena en casa de don Andrés Rubio, cenando entre el rey David +y San Pedro. + +Al ver Juana la Larga la iluminación que en su casa había, y cuyo fin +ignoraba, receló por un instante que se había excedido en beber vino y +que a causa de aquel exceso veía tantas luces. + +Pronto la tranquilizó Juanita explicándoselo todo. + +Juana se puso más contenta que unas pascuas. + +No bien dieron las diez y media entraron casi a la vez todos los +convidados. Eran estos doña Inés y don Alvaro, don Andrés Rubio, el +maestro de escuela don Pascual, el tendero murciano y doña Encarnación, +su mujer; el padre Anselmo y don Paco, personaje principal de la fiesta. +Venía este hecho un brinquillo, muy bien afeitado y peinado, con la +levita nueva, regalo y obra de Juanita, y en el ojal con la +condecoración azul que ella le había concedido. + +Todos estaban ya informados de lo que iba a suceder, unos directamente +por Juanita, según ya hemos visto, y otros por medio del maestro de +escuela, a quien Juanita había dado el encargo de convidarlos. No +fueron, pues, indispensables ni discursos ni explicaciones. Reinó allí +muy cordial alegría. + +Rafaela, auxiliada por Calvete, a quien llamó para este fin, sirvió un +delicado piscolabis. Para los que no habían cenado o tenían suficiente +capacidad estomacal hubo chocolate con hojaldres y con torta de aceite; +y para todos, mostachones, roscos y bizcochos de espumilla con mistela y +dos o tres clases de rosolis. + +Cuando cundió el regocijo y se aumentó la animación de todos, Juanita +los formó en círculo, asidos de las manos, y se puso a cantar con mucha +gracia y con muy afinada y buena voz, aunque no había estudiado música, +el célebre cantar del conde de Cabra: + + + Yo no quiero al conde de Cabra, + conde Cabra, ¡triste de mí!, + que a quien quiero solamente, + solamente es, ¡ay!, a ti. + + +Al cantar ese «¡ay!, a ti», Juanita miró con ojos muy dulces a don Paco. +Luego siguió cantando: + + + Arroz con leche, + me quiero casar + con un guapo mozo + de porte real. + +Y tocando con sus manos en los hombros de cuantos había en el corro, sin +excluir al cura, que la miraba complacido, Juanita fue diciendo: + +--Ni con este, ni con este, ni con este. + +Al llegar a don Paco, que dejó Juanita para lo último, dijo: «Sino con +este», y le dio un abrazo muy apretado. + +Don Paco la tomó por la cintura, la chilló, la aupó y la levantó a pulso +dos o tres veces en el aire. + +Todos aplaudieron y gritaron: + +--¡Que vivan los novios! + +Anunciada ya la boda para lo más pronto posible, los futuros esposos +fueron felicitados. + +El padre Anselmo, viendo que don Andrés y los señores de Roldán hacían +regalos muy lucidos, no quiso ser menos, hasta donde sus recursos lo +consintieran. Y con el fin de que su regalo tuviese el significado de +retractación y palinodia, prometió hacer venir de Madrid un lujoso corte +para un vestido de seda. + +El maestro don Pascual estaba harto mal de dinero, pero tenía buenos +libros, y quiso dar inmediatamente, para regalo, a Juanita algunos tomos +de la Biblioteca de Ribadeneyra, entre ellos _El Romancero general_ y +las _Comedias_ Tirso, a cuyas heroínas era Juanita muy semejante por lo +desenfadada y traviesa. + +Don Ramón, que traía en cartera el pagaré para que Juana lo refrendase y +pusiese en él su visto bueno, en vez de dar o prometer, recibió, por lo +pronto, las veinticinco onzas peluconas, o sean los ocho mil reales. +Pero don Ramón se sintió estimulado a competir y hasta a vencer su +generosidad a los otros. Dijo al oído a su mujer el prurito que sentía +de ser generoso y doña Encarnación tuvo que dominarse para no arañarle. +La generosidad triunfó, a pesar de todo, en el corazón del tendero +murciano. + +--Juanita--dijo--, yo te doy dos mil reales para que te merques un +hermoso brazalete de oro, diamantes y perlas. + +Al hablar así, don Ramón devolvió a Juanita el pagaré que ella había +firmado. En seguida añadió: + +--Según el pagaré, tú me eres deudora de diez mil reales, y como me has +dado ocho mil, me debes dos mil aún. Yo te los perdono. + +La generosidad de don Ramón fue solemnizada por toda la concurrencia con +los más ruidosos aplausos. + + * * * * * + +Veinte días después de lo que acabamos de contar se celebraron las bodas +de Juanita y don Paco. + +Los mozos del lugar no prescindieron de la cencerrada que debía darse a +don Paco como viudo. + +El y Juanita la oyeron cómoda y alegremente desde la casa y alcoba de +don Paco, donde Juanita estaba ya, sin que hasta la una de la noche los +molestase el desvelo que podía causar aquel ruido. Cesó este al fin, +convirtiéndose en vivas y aclamaciones, merced a la simpatía que +inspiraban los novios y a una arroba de vino generoso y a bastantes +hornazos y bollos que el alguacil y su mujer repartieron entre los +tocadores de los cencerros. + +Así don Paco se durmió al fin con reposo y merced al silencio, y también +se durmió Juanita, a la vera suya, como mansa cordera y no como fiera +leona; suave y graciosa como Jerusalén y no terrible como un escuadrón +de Caballería. + + * * * * * + + + + +EPILOGO + + +Después de los sucesos referidos han pasado seis o siete años. + +Posible es, por más que a mí no me apesadumbre, que los personajes +principales que en esta historia figuran a nadie interesen; pero como yo +he tenido que tratar con ellos y que describir sus caracteres, les he +cobrado bastante afición, despertando en mi alma curioso interés la +situación y término en que hoy se hallan. + +Interrogado por mí el diputado novel a quien debo el relato, me ha +comunicado las noticias que voy a transcribir como contera o remate, +aunque los críticos lo tachen de superfluo. + +Don Paco sigue gozando de la privanza del cacique y gobernando en su +nombre cuanto hay que gobernar en la villa. Juanita, casada con él, le +adora, le mima y le ha dado dos hermosísimos pimpollos: una niña, que se +llama Juanita la Larga, tercera de este nombre y apellido, y que promete +valer tanto como su madre, porque ya es muy linda, picotera y graciosa; +y un Ricardito, como su abuelo materno, que es un diablejo, ágil, +robusto y bullicioso, por lo que sus padres le destinan a que sea, +también como su abuelo, oficial de Caballería. + +Juanita no ha embarnecido. Está gallarda y bonita como siempre. Se viste +de seda, sin que el padre Anselmo la censure en sus sermones, y parece +una princesa encantada, pues no pasan días por ella. Tampoco envejece +don Paco, porque la felicidad mantiene, conserva y hasta remoza, y él es +feliz de veras. + +El pobre don Alvaro de Roldán es el que está muy averiado. Hace ya +tiempo que se quedó lelo, paralítico y con los dedos engarabitados. No +se sabe si es falta de la lengua o de algún otro órgano del aparato +vocal; pero lo cierto es que ya no puede decir ni dice, sino: + +--Ta, ta, ta, ta, ta. + +Doña Inés le cuida con esmero y cariño de esposa; pero como es tan +moralizadora y tan conmocionante, le reprende a menudo con suavidad. + +Cuando, a pesar de su deplorable situación, a Serafina, que le cuida, la +mira con ojos encandilados y lo ve doña Inés, esta le dice: + + +--¿Es posible, Alvarito, que no te abandone el demonio que te posee? ¡El +vicio, que huye de todo tu cuerpo, se te mete en la cabeza y no te deja! +¡Da asco y vergüenza! + +--¡Ta, ta, ta, ta, ta!--contesta don Alvaro. Si por señas se queja del +estómago o del vientre, que le muge como si tuviera allí, no una +borrega, sino dos o tres becerras, doña Inés exclama: + +--Si te lo tengo dicho mil y mil veces: siempre has sido un glotón de +siete suelas; pero ya, hijo mío, no estás para eso. Tus fuerzas +digestivas son muy pocas. Menester es que te moderes y que seas sobrio +si no quieres reventar el día menos pensado. + +Y don Alvaro responde: + +--¡Ta, ta, ta, ta, ta! + +Calvete, que ha pasado de zagalón a ser un mozo muy gentil y brioso, que +es al mismo tiempo travieso y más malo que la quina, viendo que don +Alvaro no puede quejarse de sus travesuras, ya que ni habla ni escribe, +se deleita a menudo en ponerle furioso. + +Para ello acude a Serafina, que está muy frescachona y floreciente y que +sigue tan regocijada como en su primera juventud. En las barbas de don +Alvaro se pone el bellaco de Calvete a retozar amorosamente con +Serafina; y don Alvaro, fuera de sí, con espumarajos en la boca, grita +como un energúmeno: + +--¡Ta, ta, ta, ta, ta! + +Y cada «ta», por el tono con que don Alvaro lo suelta, parece un centón +de blasfemia y una letanía de maldiciones. + +Doña Inés suele acudir entonces, y dice: + +--¿Por qué chillas tanto, diantre de hombre? Lo que tú padeces nada vale +en comparación de la hiel y vinagre que dieron a Cristo. ¿Piensas tú que +chilló nunca Job en el muladar tanto como tú chillas ahora? ¡Sufre y +ganarás el cielo! + +--¡Ta, ta, ta, ta, ta!--dice don Alvaro, algo resignado. Doña Inés suele +también moverse a compasión y dice a Calvete: + +--¡Muchacho!, haz alguna de tus chuscadas para que el señor se distraiga +y regocije. + +Y contesta Calvete: + +--Pues si las hago a manta y el señor rabia y chilla más. Como está tan +jaquecoso.... + +Y exclama don Alvaro: + +--¡Ta, ta, ta, ta, ta! + +Se cuenta en el lugar--casi no queremos creerlo--que cuando está don +Alvaro muy mal y siente físicamente muchos dolores arma tan incesante y +fatigosa retahíla de «ta, ta, ta», que aburre a todo el mundo, alborota +la casa y hace que doña Inés pierda la circunspección y la paciencia que +ella suele recomendar, llegando una o dos veces hasta decir a su marido: + +--Cállate, hombre indigno, y padece por el amor de Dios, que no sin +justo motivo te castiga. No te verías así sí no hubieras tenido una vida +tan depravada. Y, al fin, yo creo que te quejas un poco de vicio. Tú +tienes miedo porque piensas que te vas a morir. Ya, ya; bien pesado has +sido para todo y me parece que vas a serlo también para morirte. + +Y como don Alvaro contesta con acento muy triste: «¡Ta, ta, ta, ta, +ta!», el noble corazón de su esposa se enternece; y arrepentida ella de +las frases duras que se le han escapado, se acerca a don Alvaro con +cariño, y para función de desagravios le da un blando cogotazo, le pasa +la blanca mano por la papada y le pega en las narices un amoroso +capirotazo. + +Don Alvaro sonríe consolado, y, beatificado, exclama: + +--¡Ta, ta, ta, ta, ta! + +Así va tirando aún el ilustre descendiente, según pretende su +ejecutoria, del más heroico de los doce pares. + +En cuanto a doña Inés, afirma mi amigo el diputado que está hermosa y +fresca todavía, y que pudiera hacer el papel de Angélica, aunque algo +metida en carnes. Conserva todas sus virtudes, incluso la prolífica, y +en estos últimos años ha conseguido que los vástagos de su ilustre casa +lleguen a la docena. + +El cacique permanece soltero e imperando en el lugar con la sabiduría y +la moderación de los Antonios en Roma. + +La señora doña Agustina Solís y Montes de Allende el Agua ha sufrido con +resignación algunos reveses de fortuna. Entre otros, ha perdido un +pleito de importancia. Sus rentas han quedado reducidas a menos de la +mitad. Apenas tendrá ahora doce mil reales al año. La disminución de sus +rentas, en vez de disminuir, ha aumentado sus ganas de casarse. Ha +buscado compañía doméstica que la consuele. Y tal vez por no encontrar +partido mejor ha apechugado con el boticario don Policarpo, el cual, si +bien es feo, es inteligente y tan gracioso que nadie debe maravillarse +de que seduzca y enamore con su labia a una mujer de talento. Doña +Agustina, además, se manifiesta muy ufana de haber vencido la +repugnancia al matrimonio de tan pertinaz solterón, y lo que es más +trascendental, de haber traído al gremio de los fieles a aquel impío +extraviado, que ahora va a misa y cumple con todos los preceptos. + +A lo que se presume, desde que doña Agustina empezó a mostrársele +propicia, don Policarpo discurrió sobre poco más o menos de esta suerte: + +«No se comprende ni se explica cómo el proceso evolutivo del ser, aunque +haya durado millones de años, por el concurso fortuito de los átomos, y +por su fatal y ciego prurito y constante tendencia a la perfección, ha +podido aparecer sobre nuestro planeta, después de prolongadísima serie +de transformaciones, un mamífero tan primoroso y apetecible como doña +Agustina, dotado, además, de claro entendimiento y de voluntad tan +benigna y con el portentoso don de la palabra, que le sirve para +transmitir las ideas agradables en contestación a las que salen de mi +cabeza y a las voliciones de mi corazón. Acrecienta lo inexplicable de +este prodigio, si no presuponemos una Providencia personal y +sapientísima que todo lo dirige, el que posea aún el mencionado mamífero +doce mil reales de renta y el que se vista y calce con sumo primor, +elegancia y decoro, lo cual implica, por un lado, el desenvolvimiento de +la sociedad a través de los siglos para crear las leyes, para hacer que +haya herencia y propiedades individuales; e implica por otro lado, según +se comprende muy bien cuando se estudia la economía política, la +multitud de milagros del comercio, de la industria, de las artes +textiles, indumentarias y de curtidos de cueros, y otras mil agudas +invenciones, como la división del trabajo y como el objeto que vale por +sí y representa además y mide con exactitud lo que valen los otros +objetos, facilitando la circulación y los cambios, sobre todo si se le +añade cierto descubrimiento más sutil aún, o sea, la virtud +representativa de todo lo que vale por algo que por sí vale poco o nada +y que se llama crédito, difícil de adquirir, no obstante, pues yo +carezco de él, aunque lo deseo. La primera causa de todo lo cual es +absurdo que sea el acaso, sino una potencia suprema y anterior a todo, +la cual dio el impulso inicial al linaje humano, le marcó el camino y +guió con orden su marcha por la interminable senda del progreso.» + +Esto o algo por el estilo pensaba don Policarpo, y era creyente. + +En aras de su amor a doña Agustina y de su renaciente fe, se cortó +aquella uña maldita del dedo meñique, vara de virtudes de Satanás, y no +volvió a electrizar, ni a magnetizar, ni a encender candiles, ni a tirar +cañonazos con ella. + +Se cortó la uña como se cortan los toreros la coleta cuando dejan de +torear y se retiran a la vida privada. + +Se cortó la uña despojándose de sus fuerzas taumatúrgicas y +teratológicas, por obra y gracia de las tijeras de doña Agustina, que +fue la piadosa Dalila de este Sansón de nuevo cuño. + +Doña Agustina, sobre un fondo de raso color de púrpura, para que +resaltase mejor, colocó y guardó la uña como trofeo de su victoria en un +passe-partout muy bonito que colocó en su alcoba. + +Por bajo de la uña quiso poner un letrero explicatorio, y rogó a don +Andrés que lo pusiese. Don Andrés, que, como ya sabemos era muy erudito +y que así mismo era algo guasón, recordó el cambio glorioso de Napoleón +I en los últimos años de su vida, y no creyendo menos glorioso el cambio +del boticario, le aplicó los versos de Manzoni y escribió de buena +letra, por bajo de la uña y defendido todo por un cristal: + + + _Bella_, _immortal_, _benéfica_, + _fede ai trionfi avezza_, + _scrivi ancor questo_. + +Juana la Larga es dichosísima al ver la felicidad de su hija y de su +yerno; adora a sus nietecillos, los consiente, los mima y les ríe todas +las gracias, hasta las más pesadas y olorosas. + +Para que se críen robustos, después que los ha amamantado Juanita, Juana +los desteta con chorizos, longaniza y asadura de cerdo. + +Su actividad culinaria no decae, a pesar de su edad. Sigue haciendo la +matanza, la carne de membrillo, el arrope y las frutas de sartén en las +casas más principales. Ha importado nuevos guisos en la cocina local y +hasta inventado dos o tres, con sorpresa y general aplauso de los +gastrónomos. + +El padre Anselmo está achacosillo y muy viejo, pero alegre y sereno con +la esperanza de su tránsito a mejor vida. Ya no le pesa, antes se +regocija, de que Juanita no sea monja, porque la quiere mucho y se le +cae la baba cuando la ve tan hermosa y cuando oye su dulce voz y sus +discretas razones. + +Doña Inés, no obstante, sigue siendo su preferida, por lo mística que es +y por la mucha teología que sabe. + +Por último, el diputado novel ha pedido y recibido con frecuencia las +noticias que de Antoñuelo se tienen en el lugar. Allá en el Río de la +Plata adonde el cacique le obligó a que emigrase, se dedicó al comercio +y prosperó mucho. Aunque nunca quiso inscribirse en el Consulado, por +ahorrarse tres o cuatro duros, acudió con frecuencia a la Legación +pidiendo que España reclamase diplomáticamente en su favor contra mil +agravios y danos que del Gobierno argentino había recibido, y que +exigiese, con amenazas de bombardeo, que dicho Gobierno le diera una +indemnización muy cuantiosa. Pero ni le indemnizaron de nada ni por amor +suyo hubo bombardeo, y él adquirió tan mala reputación y crédito, que +consideró prudente irse a Cuba. Ya en La Habana, como es mozo gentil y +de rostro blanco y sonrosado, logró cautivar el sensible corazón de una +rica heredera, muy subidita de color. Casado con ella, vivió con tanta +pompa y decoro, dando comidas y saraos y paseando en quitrín, acompañado +de su mujer, tan ricamente vestida que parecía la reina de Saba, que se +empeñó, hipotecó los predios urbanos y rústicos y acabó por tener más +deudas que pelos en la cabeza. + +A lo que parece, a fin de consolarle y de remediarse, se ha hecho ahora +partidario de la independencia de la Perla de las Antillas, y ya sueña +con ser en Cuba libre un dictador como el doctor Francia en el Paraguay +o como Rosas en Buenos Aires, o un emperador como Faustino I en Haití, +aunque tenga que tiznarse con hollín; ya con más modestia, forma un plan +que muchas personas creen desatino, aunque tal vez no lo sea. Espera que +por filibustero y laborante le secuestren los bienes, porque entonces, +según dice, se irá a Nueva York, se hará ciudadano de la gran República, +y, nuevo Coriolano español, obligará a su ingrata patria a darle una +indemnización _di primo cartello_. Aunque tenga que ceder a los +Fabricios, Cincinatos y Catones de escalera abajo y de quinta clase, que +acaso haya en las orillas del Potomac, las cuatro quintas partes de lo +que se extraiga a la paciente y semiforzada longanimidad de España, +siempre le quedará otra quinta parte, con la cual podrá vivir como un +príncipe en una magnífica casa de la Quinta Avenida. Allí brillará su +morena consorte, que habla ya el idioma de Shakespeare y de Milton, +como la más ilustrada _talkative_ y _funny_ inglesita. + + + De la fecunda zona, + que al sol enamorado circunscribe + el vago curso, y cuanto ser se anima + en cada vario clima, + acariciada de su luz, concibe. + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Juanita La Larga, by Juan Valera + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK JUANITA LA LARGA *** + +***** This file should be named 16484-8.txt or 16484-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/1/6/4/8/16484/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/16484-8.zip b/16484-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..49d1bb5 --- /dev/null +++ b/16484-8.zip diff --git a/16484-h.zip b/16484-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..a1c2f16 --- /dev/null +++ b/16484-h.zip diff --git a/16484-h/16484-h.htm b/16484-h/16484-h.htm new file mode 100644 index 0000000..20151c1 --- /dev/null +++ b/16484-h/16484-h.htm @@ -0,0 +1,8403 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Transitional//EN" + "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-transitional.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml"> + <head> + <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> + <title> + The Project Gutenberg eBook of Juanita La Larga, by Juan Valera. + </title> + <style type="text/css"> +/*<![CDATA[ XML blockout */ +<!-- + p { margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + text-indent: 2% + } + h1,h2,h3,h4,h5 { + text-align: center; /* all headings centered */ + clear: both; + } + hr { width: 50%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + margin-left: auto; + margin-right: auto; + clear: both; + } + body{margin-left: 2%; + margin-right: 2%; + } +span.pagenum {position: absolute; left: 86%; right: 1%; + font-size: 8pt;color: gray;} + a:link {color: blue; text-decoration: none; } + link {color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {color: red } + .center {text-align: center;} + // --> + /* XML end ]]>*/ + </style> + </head> +<body> + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of Juanita La Larga, by Juan Valera + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + +Title: Juanita La Larga + +Author: Juan Valera + +Commentator: Paulino Garagorri, prologue + +Release Date: August 8, 2005 [EBook #16484] +[Date last updated: February 22, 2011] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK JUANITA LA LARGA *** + +Produced by Chuck Greif + +</pre> + +<hr /> +<h1>JUAN VALERA</h1> +<h1><big>JUANITA LA LARGA</big></h1> +<span class="pagenum"><a name="page1" id="page1"></a></span> + +<h3><a href="#PROLOGO">PROLOGO DE PAULINO GARAGORRI</a></h3> +<h3>Capítulos:</h3> +<div class="center"> +<a href="#I"><b>I, </b></a> +<a href="#II"><b>II, </b></a> +<a href="#III"><b>III, </b></a> +<a href="#IV"><b>IV, </b></a> +<a href="#V"><b>V, </b></a> +<a href="#VI"><b>VI, </b></a> +<a href="#VII"><b>VII, </b></a> +<a href="#VIII"><b>VIII, </b></a> +<a href="#IX"><b>IX, </b></a> +<a href="#X"><b>X, </b></a> +<a href="#XI"><b>XI, </b></a> +<a href="#XII"><b>XII, </b></a> +<a href="#XIII"><b>XIII, </b></a> +<a href="#XIV"><b>XIV, </b></a> +<a href="#XV"><b>XV, </b></a> +<a href="#XVI"><b>XVI, </b></a> +<a href="#XVII"><b>XVII, </b></a> +<a href="#XVIII"><b>XVIII, </b></a> +<a href="#XIX"><b>XIX, </b></a> +<a href="#XX"><b>XX, </b></a> +<a href="#XXI"><b>XXI, </b></a> +<a href="#XXII"><b>XXII, </b></a> +<a href="#XXIII"><b>XXIII, </b></a> +<a href="#XXIV"><b>XXIV, </b></a> +<a href="#XXV"><b>XXV, </b></a> +<a href="#XXVI"><b>XXVI, </b></a> +<a href="#XXVII"><b>XXVII, </b></a> +<a href="#XXVIII"><b>XXVIII, </b></a> +<a href="#XXIX"><b>XXIX, </b></a> +<a href="#XXX"><b>XXX, </b></a> +<a href="#XXXI"><b>XXXI, </b></a> +<a href="#XXXII"><b>XXXII, </b></a> +<a href="#XXXIII"><b>XXXIII, </b></a> +<a href="#XXXIV"><b>XXXIV, </b></a> +<a href="#XXXV"><b>XXXV, </b></a> +<a href="#XXXVI"><b>XXXVI, </b></a> +<a href="#XXXVII"><b>XXXVII, </b></a> +<a href="#XXXVIII"><b>XXXVIII, </b></a> +<a href="#XXXIX"><b>XXXIX, </b></a> +<a href="#XL"><b>XL, </b></a> +<a href="#XLI"><b>XLI, </b></a> +<a href="#XLII"><b>XLII, </b></a> +<a href="#XLIII"><b>XLIII, </b></a> +<a href="#XLIV"><b>XLIV, </b></a> +<a href="#XLV"><b>XLV, </b></a><br /> +<a href="#EPILOGO"><b>EPILOGO</b></a> +</div> +<hr /> + +<h3>1982 SALVAT EDITORES, S.A.</h3> + +<h4>Impreso en: Gráficas Estella, S.A. Estella (Navarra)-1983</h4> +<h4>I.S.B.N. 84-345-8003-9 (obra completa)</h4> +<h4>I.S.B.N. 84-345-8011-X (tomo 8)</h4> +<h5>Depósito Legal: NA-40-1983</h5> +<h4>Printed in Spain</h4> +<h4>Edición Integra especialmente autorizada</h4> +<h4>para BIBLIOTECA BÁSICA SALVAT</h4> + +<hr /><p><span class="pagenum"><a name="page5" id="page5"></a></span></p> +<h2><a name="PROLOGO" id="PROLOGO"></a>PROLOGO</h2> +<p>Don Juan Valera no fue solamente novelista. Escribió mucho, Algo de +todo, según reza el título de uno de sus libros, y lo hizo a despecho de +vacilaciones y desengaños. «Varias veces me di ya por vencido, y hasta +por muerto; mas, apenas dejé de ser escritor, cuando reviví como tal +bajo diversa forma. Primero fui poeta; luego periodista; luego crítico; +luego aspiré a filósofo; luego tuve mis intenciones y conatos de +dramaturgo, y al cabo traté de figurar como novelista.... Bajo esta +última forma es como la gente me ha recibido menos mal; pero, aun así, +no las tengo todas conmigo.» Hoy, Valera es un autor clásico reconocido +en toda historia de nuestra literatura, pero la frase final de la cita +transcrita no es sólo fórmula de buena crianza para evitar la propia +ponderación, sino confidencia íntima de un hombre que ha corrido mucho +pero sin asiento ni rumbo seguro. Pues, además de tantear la carrera de +escritor, cultivando tan diversos géneros literarios, empeñó su tiempo +en otras profesiones. En su larga vida (muere cumplidos los ochenta y +uno) residió muchos años fuera de España—en Nápoles, Lisboa, Río, +Dresde, Moscú, Francfort, Washington, Bruselas, Viena—, con cargos +diplomáticos que le confería o retiraba el Gobierno según estuviese +regido por amigos o enemigos políticos. Y él quiso y logró intervenir +activamente en la política, como diputado en varias legislaturas, y aun +llegó a Subsecretario de Estado, pero por muy poco tiempo y al favor de +la Revolución de Septiembre de 1868, tan gloriosa como fugaz. Tenía, +además, algo de hacienda propia, heredada, en tierras de Córdoba, con lo +que a veces salía de apuros y otras se veía envuelto en obligaciones. +Casó ya cuarentón con una joven a la que doblaba en edad y cuyo<span class="pagenum"><a name="page6" id="page6"></a></span> +carácter resultó poco acordado a sus gustos. «Mi casa—escribe a un +amigo—es el rigor de las desdichas. No me ha valido la posición que +aquí tengo (de embajador, en Lisboa), los dineros, tal vez más de lo +conveniente, que gasto, ni nada, para que mi mujer esté alegre y +satisfecha y no me muela.... En suma, yo estoy archifastidiado. No se +case usted nunca. Razón tuvo la Iglesia católica en establecer el +celibato para los clérigos, y clérigos somos usted y yo» (Valera se +dirigía a Menéndez Pelayo). Su vida fue, pues, movediza, con paréntesis +y alternativas, y a los giros de la biografía personal hay que sumar los +grandes cambios que en la sociedad española le tocó presenciar y +compartir, desde el siniestro Fernando VII—nació en 1824—a las +frivolidades de don Alfonso XIII—muere en 1905—. Sufrió, además, +algunos pesares acerbos: la muerte de su hijo primogénito y predilecto, +cuando él estaba lejos y solo, en Washington; el caso de una distinguida +joven americana tan perdidamente enamorada, cuando él tenía cumplidos +los sesenta años, que se suicidó al abandonar Valera aquellas tierras. +Y, sin embargo, creo difícil hallar en toda la literatura castellana un +autor que pueda ofrecer tantas páginas risueñas, divertidas y penetradas +por un amor a la vida que anega las desventuras y limitaciones +inevitables en una comprensión optimista que, al cabo, valora más la +complacencia en lo realmente existente que en los defectos y ausencias +que se echan de menos. No es que don Juan Valera fuese hombre bondadoso +y contentadizo; por el contrario, sus dotes de crítico, su inteligencia +penetrante e irónica fueron superlativas, aunque embozadas, porque el +tiempo que le tocó vivir lo requería. Pero siempre el <i>panfilismo</i>—el +«amor a todo»—, como él decía, sobrenada en sus páginas. Y +principalmente en su labor, tardía, de novelista.</p> + +<p>Las novelas de Valera aparecen en dos etapas. En la primera, en los +cinco años que median entre 1874 y 1879, se publican <i>Pepita Jiménez</i>, +<i>Las ilusiones del doctor Faustino</i>, <i>El comendador Mendoza</i>, <i>Pasarse +de listo</i> y <i>Doña Luz</i>, en una racha de excepcional intensidad; tenía +Valera por entonces entre cincuenta y cincuenta y cinco años, y en la +dedicatoria que antepuso a <i>El comendador Mendoza</i> figuran las +confidencias que cité al comienzo. De haber continuado a ese aire, don +Juan Valera hubiese escrito tanto como Galdós—el más grande de los +novelistas españoles, y no sólo en cantidad—y su vida y su obra serían<span class="pagenum"><a name="page7" id="page7"></a></span> +otras. Mas, a pesar del esfuerzo del autor y de la benévola aceptación +del público, las cuentas domésticas no cuadraban, se acentuaba la +«escasez de metales preciosos» y, al amparo de otra oportunidad, Valera +volvió a la diplomacia. Son los años de Lisboa, Washington, Bruselas, +Viena. En Viena cumplirá los setenta años, pero al siguiente sale +Sagasta y entra Cánovas al Gobierno, y Valera se considero obligado a +dimitir del que sería su último cargo. Vuelto a Madrid, de nuevo se pone +seguidamente a escribir, o a dictar al amanuense cuando pierde la vista, +y continuará sin tregua hasta el fin de sus días. En esta última etapa, +su primer libro será, precisamente, Juanita la Larga (1895); luego +<i>Genio y figura</i> (1897) y <i>Morsamor</i> (1899), además de componer otros +varios libros, y aun otra novela, de edición póstuma e inacabada, <i>Elisa +la malagueña</i>.</p> + +<p>Las novelas fueron, pues, frutos tardíos en la vida de Valera y +resultado de dos etapas distantes y relativamente breves. Sin embargo, +su inspiración no procedía de factores azarosos ni circunstanciales. En +rigor, y salvando las excepciones que lo confirman, cabe decir que una y +otra vez Valera escribió y reescribió principalmente una sola novela, la +biografía de un determinado tipo de mujer, situada en un ambiente que no +procede de experiencias en tierras y con gentes extrañas, ni siquiera en +Madrid, sino el de su tierra natal, la ciudad de Cabra, y el municipio +próximo de Doña Mencía; en ambos lugares es donde sus padres tenían +alguna propiedad y él pasó en ellos su infancia y mocedad. Luego los +visitó poco, pero abrigó siempre el propósito de retirarse a Cabra solo +y con sus libros, a escribir y leer, y ocupar así sus postrimerías. Unas +estancias con ocasión de la vendimia, en torno al año 72, debieron +refrescarle emociones y sucesos vividos, y de ese renacimiento de +impresiones añejas salió precisamente la primera racha de sus novelas. +Para la segunda bastaron los recuerdos. Otro elemento se reitera +igualmente en sus novelas: el amor, difícil, entre el varón bastante +maduro y la mujer todavía en agraz.</p> + +<p>Entre las páginas más felices de Valera figuran las que título La +cordobesa, descripción y análisis precioso de la mujer de su tierra. +Pues bien, el héroe de sus novelas es precisamente una serie de +cordobesas a las que vemos vivir en el marco andaluz y lugareño que les +presta sus gracias y sus límites. Las novelas de Valera están llenas de +detalles, sin duda observados en <span class="pagenum"><a name="page8" id="page8"></a></span>la realidad, y no sólo detalles de +objetos y lugares, sino de gentes y aun personas reales. Sin embargo, +Valera, al explayarse en el plano teórico, solía insistir en los +ilimitados fueros de la fantasía y en la postura del arte por el arte. +Frente al naturalismo zolesco y frente a otros realismos más castizos, +estimaba que la novela no ha de recluirse en lo verosímil ni contener +una intención moralizante. Mediante esas afirmaciones amparaba, además, +a sus propias novelas, en las que presumía de libre invención y libres +de tesis. Pero, aludiendo en particular a Juanita la Larga, escribía: +«No sé si este libro es novela o no. Lo he escrito con poquísimo arte, +combinando recuerdos de mi primera mocedad y aun de mi niñez, pasada en +tal o cual lugar de la provincia de Córdoba. A fin de tener libre campo +en que fingir una acción, no determino el lugar en que la acción pasa e +invento uno, dándole nombre supuesto; pero yo creo que los usos y +costumbres, los caracteres, las pasiones y hasta los lances de mi relato +han podido suceder, naturalmente, y tal vez han sucedido, siendo yo, en +cierto modo, más bien historiador fiel y veraz que novelista rico de +imaginación y de inventiva. Si no fuese porque ahora está muy de moda +este género de novelas, copia exacta de la realidad y no creación del +espíritu poético, yo daría poquísimo valor a mi obra. No lo tiene +tampoco porque trate de demostrar una tesis metafísica, psicológica, +social, política o religiosa. Juanita la Larga no propende a demostrar +ni demuestra cosa alguna. Su mérito, si lo tuviese, ha de estar en que +divierta.» Y todavía agrega: «Mi libro puede considerarse como un espejo +o reproducción fotográfica de nombres y de cosas de la provincia en que +yo he nacido.» Es decir, que, al cabo, en esta obra de plena madurez, +reconoce el predominio de la vena realista, pero mantiene que en ella no +pretende demostrar nada oculto ni reservado.</p> + +<p>Y, sin embargo, la aventura reiteradamente encarnada en ese determinado +tipo de mujer que Valera, se complace en describir y animar constituye, +a mi entender, una tesis y su viviente demostración. Contra el pesimismo +y el determinismo propios del naturalismo, Valera nos mostrará un mundo +en el que la libre decisión y el optimismo alcanzan el triunfo. Todas +sus heroínas tienen algo grave—a los ojos de la sociedad de su +tiempo—que hacerse perdonar. Y lo que Valera nos muestra es, por así +decirlo, de lo que es capaz una mujer si tiene resolución y buenas +hechuras. Pobreza extrema y vileza de nacimiento cierran el <span class="pagenum"><a name="page9" id="page9"></a></span>horizonte +de Juanita, hija de Juana la Larga, y le prohíben, por ejemplo, vestirse +de seda, mas se trata de una criatura indómita y... el lector va a verla +actuar por sí mismo en las páginas que siguen, y no debo adelantarle las +sorpresas que le esperan. Pero Valera profesaba ciertamente la religión +del arte, y esa y otras tesis se hacen casi invisibles tras las +peripecias de los personajes y la prosa admirable que constituye su +sobrehaz y su atractivo.</p> + +<p>Es opinión compartida—a la que, en esta oportunidad, me sumo—que +<i>Juanita la Larga</i> es la mejor entre las novelas que escribió Valera. La +multiplicidad de los personajes con relieve en la trama, sin mengua del +protagonismo de la heroína; las sucesivas transformaciones de la +situación, que sin interrupción reinician y amplían la historia; el +razonable reparto de bondad y malicia entre los que hacen el<span class="pagenum"><a name="page10" id="page10"></a></span> +papel—inevitable—de buenos y malos; la perfección que alcanzan algunos +de los clisés, ya ensayados por el autor en anteriores producciones, son +algunas de entre las razones que lo justifican, y a las que me cabe +aludir en las contadas líneas de este prólogo.</p> + +<span style="margin-left: 8em;"><i>PAULINO GARAGORRI</i></span> + +<hr /> +<h2><a name="I" id="I"></a>I</h2> +<p><span class="pagenum"><a name="page11" id="page11"></a></span></p> + +<p>Cierto amigo mío, diputado novel, cuyo nombre no pongo aquí porque no +viene al caso, estaba entusiasmadísimo con su distrito y singularmente +con el lugar donde tenía su mayor fuerza, lugar que nosotros +designaremos con el nombre de Villalegre. Esta rica, aunque pequeña +población de Andalucía, estaba muy floreciente entonces, porque sus +fértiles viñedos, que aún no había destruido la filoxera, producían +exquisitos vinos, que iban a venderse a Jerez para convenirse en +jerezanos.</p> + +<p>No era Villalegre la cabeza del partido judicial, ni oficialmente la +población más importante del distrito electoral de nuestro amigo; pero +cuantos allí tenían voto estaban tan subordinados a un grande elector, +que todos votaban unánimes y, según suele decirse, volcaban el <i>puchero</i> +en favor de la persona que el gran elector designaba. Ya se comprende +que esta unanimidad daba a Villalegre, en todas las elecciones, la más +extraordinaria preponderancia.</p> + +<p>Agradecido nuestro amigo al cacique de Villalegre, que se llamaba don +Andrés Rubio, le ponía por las nubes y nos le citaba como prueba y +ejemplo de que la fortuna no es ciega y de que concede su favor a quien +es digno de él, pero con cierta limitación, o sea sin salir del círculo +en que vive y muestra su valer la persona afortunada.</p> + +<p>Sin duda, don Andrés Rubio, si hubiera vivido en Roma en los primeros +siglos de la era cristiana, hubiera sido un Marco Aurelio o un Trajano; +pero como vivía en Villalegre y en nuestra edad, se contentó y se +aquietó con ser el cacique, o más bien el César o el emperador de +Villalegre, donde ejercía mero y mixto imperio y donde le acataban todos +obedeciéndole gustosos.</p><p><span class="pagenum"><a name="page12" id="page12"></a></span></p> + +<p>El diputado novel, no obstante, ensalzaba más a otro sujeto del +distrito, porque sin él no se mostraba la omnipotencia bienhechora de +don Andrés Rubio. Así como Felipe II, Luis XIV, el papa León X y casi +todos los grandes soberanos han tenido un ministro favorito y constante, +sin el cual tal vez no hubieran desplegado su maravillosa actitud ni +hubieran obtenido la hegemonía para su patria, don Andrés Rubio tenía +también su ministro que, dentro del pequeño círculo donde funcionaba, +era un Bismarck o un Cavour. Se llamaba este personaje don Francisco +López y era secretario del Ayuntamiento, pero nadie le llamaba sino don +Paco.</p> + +<p>Aunque había cumplido ya cincuenta y tres años, estaba tan bien +conservado que parecía mucho más joven. Era alto, enjuto de carnes, ágil +y recio, con poquísimas canas aún, atusados y negros los bigotes y la +barba, muy atildado y pulcro en toda su persona y traje, y con ojos +zarcos, expresivos y grandes. No le faltaba ni muela ni diente, que los +tenía sanos, firmes y muy blancos e iguales.</p> + +<p>Pasaba don Paco por hombre de amenísima y regocijada conversación, +salpicada de chistes con que hacía reír sin ofender mucho ni lastimar al +prójimo, y por hábil narrador de historias, porque conocía perfectamente +la vida y milagros, los lances de amor y fortuna y la riqueza y la +pobreza de cuantos seres humanos respiraban y vivían en Villalegre y en +veinte leguas a la redonda.</p> + +<p>Esto, en lo tocante al agrado. Para lo útil, don Paco valía más: era un +verdadero factótum. Como en el pueblo, si bien había dos licenciados y +tres doctores en Derecho, eran abogados <i>Peperris</i>, o sea, de secano, +todos acudían a don Paco, que rábula y jurisperito, sabía más de leyes +que el que las inventó, y los ayudaba a componer o componía cualquier +pedimento o alegato sobre negocio litigioso de algún empeño y cuantía.</p> + +<p>El escribano era un zoquete, que había heredado la escribanía de su +padre, y que sin las luces y la colaboración de don Paco apenas se +atrevía a redactar ni testamento, ni contrato matrimonial, de +arrendamiento o de compraventa, ni escritura de particiones. El alcalde +y los concejales, rústicos labradores, por lo común, a quienes don +Andrés Rubio hacía elegir o nombrar, le estaban sometidos y devotos, y +como no entendían de reglamentos ni de disposiciones legales sobre +administración y hacienda, don Paco era quien repartía las +contribuciones y lo disponía todo. Cuidaba <span class="pagenum"><a name="page13" id="page13"></a></span>al mismo tiempo de la +limpieza de la villa, de la conservación de las Casas Consistoriales y +demás edificios públicos y del buen orden y abastecimiento de la +carnicería y de los mercados de granos, legumbres y frutas; y era tan +campechano y dicharachero, que alcanzaba envidiable favor entre los +hortelanos y verduleras, quienes solían enviar a su casa, para su +regalo, según la estación, ya higos almibarados, ya tiernas lechugas, ya +exquisitas ciruelas claudias o ya los melones más aromáticos y dulces.</p> + +<p>El carnicero estaba con don Paco a partir un piñón, y de seguro que si +alguna becerrita se perniquebraba y había que matarla, lo que es los +sesos, la lengua y lo mejorcito del lomo no se presentaba en otra mesa +sino en la de don Paco, a no ser en la de su hija, de quien hablaremos +después.</p> + +<p>Asombrosa era la actividad de don Paco, pero distaba mucho de ser +estéril. Con tantos oficios florecía él y medraba que era una bendición +del Cielo, y aunque había empezado en su mocedad por no poseer más que +el día y la noche, había acabado por ser propietario de buenas fincas. +Poseía dos hazas en el ruedo, de tres fanegas la una. La otra sólo tenía +una fanega y cinco celemines; pero como allá en lo antiguo había estado +el cementerio en aquel sitio, la tierra era muy generosa y producía los +garbanzos más mantecosos y más gordos y tiernos que se comían en toda la +provincia, y en cuya comparación eran balines los celebrados garbanzos +de Alfarnate. Poseía también don Paco quince aranzadas de olivar, cuyos +olivos no eran ningunos cantacucos, sino muy frondosos y que llevaban +casi todos los años abundante cosecha de aceitunas, siendo famosas las +gordales, que él hacía aliñar muy bien, y que, según los peritos en esta +materia, sobrepujaban a las más sabrosas aceitunas de Córdoba, tan +celebradas ya en <i>La gatomaquia</i> por el Fénix de los Ingenios, Lope de +Vega.</p> + +<p>Por último, poseía don Paco la casa en que vivía, donde no faltaban +bodega con diez tinajas de las mejores de Lucena, un pequeño lagar y una +candiotera con más de veinte pipas entre chicas y grandes. Para llenar +las pipas y las tinajas era don Paco dueño de un hermoso majuelo, que +casi tenía seis fanegas de extensión; y aunque su producto no bastaba, +solía él comprar mosto en tiempo de la vendimia, o más bien comprar uva, +que pisaba en el lagar de su casa.</p> + +<p>Era ésta de las buenas del pueblo, con corral donde había muchas +gallinas, y con patio enlosado y lleno de macetas de albahaca, brusco, +evónimo, miramelindos, dompedros y otras flores.</p><p><span class="pagenum"><a name="page14" id="page14"></a></span></p> + +<p>Claro está que para las faenas rústicas del lagar, del trasiego del vino +y de la confección del aceite, hombres y bestias entraban por una +puertecilla falsa que había en el corral. En suma, la casa era tal y tan +cómoda y señoril, que si la hubiera alquilado don Paco, en vez de +vivirla, no hubiese faltado quien le diese por ella cuatrocientos reales +al año, limpios de polvo y paja, esto es, pagando la contribución el +inquilino.</p> + +<p>Menester es confesar que todo este florecimiento tenía una terrible +contra: la dependencia de don Andrés Rubio, dependencia de que era +imposible o por lo menos dificilísimo zafarse.</p> + +<p>Por útiles y habilidosos que los hombres sean, y por muy aptos para +todo, no se me negará que rara vez llegan a ser de todo punto +necesarios, singularmente cuando hay por cima de ellos un hombre de +voluntad enérgica y de incontrastable poderío a quien sirven y de cuyo +capricho y merced están como colgados. Don Andrés Rubio había, digámoslo +así, hecho a don Paco; y así como le había hecho, podía deshacerle. No +le faltarían para ello persona o personas que reemplazasen a don Paco, +repartiéndose sus empleos, si una sola no era bastante a desempeñarlos +todos con igual eficacia y tino.</p> + +<p>Don Paco tenía plena conciencia de lo que debía y de lo que podía +esperar y temer aún de don Andrés; de suerte que tanto por gratitud +cuanto por prudencia previsora, le servía con la mayor lealtad y celo y +procuraba complacerle siempre. Don Paco, sin embargo, no recelaba mucho +perder su elevada posición y su envidiable privanza. Además de contar +con su rarísimo mérito, estaba agarrado a muy buenas aldabas.</p> + +<hr /> +<h2><a name="II" id="II"></a>II</h2> + +<p>Viudo hacía ya más de veinte años, tenía una hija de veintiocho, que +había sido la más real moza de todo el lugar, y que era entonces la +señora más elegante, empingorotada y guapa que en él había, culminando y +resplandeciendo por su edad, por su belleza y por su aristocrática +posición, como el sol en el meridiano. Hacía ya diez años que ella había +logrado cautivar la voluntad del más ilustre caballero del pueblo, del +mayorazgo don Alvaro Roldán, con quien se había casado y de quien había +tenido la friolera de siete robustos y florecientes vástagos entre hijos +e hijas.</p><p><span class="pagenum"><a name="page15" id="page15"></a></span></p> + +<p>El tal don Alvaro vivía aún con todo el aparato y la pompa que suelen +desplegar los nobles lugareños. Su casa era la mejor que había en +Villalegre, con una puerta principal adornada, a un lado y a otro, de +magníficas columnas de piedra berroqueña, estriadas y con capiteles +corintios. Sobre la puerta estaba el escudo de armas, de piedra también, +donde figuraban leones y perros, calderas, barcos y castillos y multitud +de monstruos y de otros objetos simbólicos que para los versados en la +utilísima ciencia del blasón daban claro testimonio de su antigüedad y +sublimidad de su prosapia.</p> + +<p>Decían las malas lenguas, y en los lugares nunca faltan, que don Alvaro +estaba atrasado, que tenía hipotecadas algunas de sus mejores fincas y +que debía bastante dinero; pero yo las supongo hablillas calumniosas, +porque él vivía como si nada debiese. Le servían muchos criados, +constantes unos y entrantes y salientes otros; y como era aficionadísimo +a la caza, no le faltaban una jauría de galgos, podencos y pachones, y +dos hábiles cazadores o escopetas negras, que solían acompañarle.</p> + +<p>En la casa había jardín, y además un desmesurado corralón, donde, para +mayor recreo y gala, no se encerraban sólo gallinas y pavos, sino, en +apartados recintos, venados y corzos traídos vivos de Sierra Morena, y +por último, amarrado a fuerte cadena de hierro, por temor a sus +travesuras y ferocidades, un enorme mono que había enviado de Marruecos +un capitán de Infantería, primo del señor.</p> + +<p>Doña Inés, que así se llamaba la hija de don Paco, venerada esposa de +don Alvaro Roldán, tenía también muchos costosos caprichos de varios +géneros. Se vestía con lujo y elegancia no comunes en los lugares; +sustentaba canarios, loros y cotorras; era golosísima y delicada de +paladar, y los mejores platos de carne y los almíbares más apetitosos se +comían en su mesa. El chocolate, que se elaboraba en su casa dos veces al +año, gozaba de nombradía en toda la comarca.</p> + +<p>Como don Alvaro Roldán estaba ausente más de la mitad del tiempo, ya +cazando conejos, perdices y liebres, ya en distantes monterías, ya en +las ferias más concurridas de los cuatro reinos andaluces, doña Inés se +quedaba sola, pero tenía para distraerse varios recursos, además de la +lectura de libros serios.</p> + +<p>Su criada favorita, llamada Serafina, era una verdadera joya, lo que se +llama un estuche. Sabía tocar la guitarra rasgueando y de punteo; +cantaba como una calandria, tanto las melancólicas <span class="pagenum"><a name="page16" id="page16"></a></span>playeras como el +regocijado fandango. Su memoria era rico arsenal o archivo de coplas, +tiernas o picantes, en que la casta musa popular no siempre merecía el +mencionado calificativo con que algunos la designaban.</p> + +<p>No se entienda por esto que doña Inés gustase de conversaciones libres y +escabrosas. Cuanto no era lícito y puro en el pensamiento y en la +palabra ofendía sus oídos de austera matrona; pero en un lugar hay que +sufrir tales libertades o hay que aparentar que no se oyen. El propio +don Alvaro no era nada mirado en el hablar, ni menos aún lo eran las +personas que le rodeaban. Valga para ejemplo cierto mozo, de unos quince +años de edad, hijo del aperador y favorito de don Alvaro, que este tenía +siempre en casa para que entretuviese a los niños. Como el aperador era +Calvo de apellido, al mozo le apellidaban Calvete. Y para que se vea lo +mucho que hubo de sufrir en ocasiones la pulcritud de doña Inés, he de +citar un caso que de Calvete me han referido.</p> + +<p>Antes que cumpliese dos años el primogénito de los Roldanes, logró +Calvete enseñarle a pronunciar con la mayor perfección cierto vocablo de +tres sílabas en que hay una aspiración muy fuerte. Encantado con su +triunfo pedagógico, corrió por toda la casa gritando como un loco:</p> + +<p>—¡Señor don Alvaro! ¡Ya lo dice claro! ¡El señorito lo dice claro!</p> + +<p>Doña Inés se disgustó y rabió, pero don Alvaro quedó más encantado que +Calvete y le dio en albricias un doblón de a cuatro duros, después que +el niño dijo delante de él la palabreja y él admiró el aprovechamiento y +la precocidad del discípulo y la virtud didáctica del maestro.</p> + +<p>Amigas tenía pocas doña Inés, porque casi todas las hidalguillas y +labradoras de la población estaban muy por bajo de ella en +entendimiento, ilustración, finura y riqueza.</p> + +<p>Quien más acompañaba, por consiguiente, en su soledad a la señora doña +Inés era el cacique don Andrés Rubio, embobado con el afable trato de +ella y cautivo de su discreción y de su hermosura. Daba esto ocasión a +que los maldicientes supusiesen y dijesen mil picardías. Pero ¿quién en +este mundo está libre de una mala lengua y de un testigo falso? ¿Cómo la +gente grosera de un lugar ha de comprender la amistad refinada y +platónica de dos espíritus selectos? El señor cura párroco era de los +pocos que verdaderamente la comprendían, y así encontraba muy bien +aquella amistad, y acaso daba gracias a Dios de que existiese, porque +redundaba <span class="pagenum"><a name="page17" id="page17"></a></span>en bien de los pobres y de la iglesia, a quien doña Inés y +don Andrés, puestos de acuerdo, hacían muchos presentes y limosnas.</p> + +<p>Era el cura párroco un fraile exclaustrado de Santo Domingo, muy severo +en su moral, muy religioso y muy amigo del orden, de la disciplina y del +respeto a la jerarquía social. Casi siempre en sus pláticas, en sus +conversaciones particulares y en los sermones, que predicaba con +frecuencia porque era excelente predicador, clamaba mucho contra la +falta de religión y contra la impiedad que va cundiendo por todas +partes, con lo cual los ricos pierden la caridad y los pobres la +resignación y la paciencia, y en unos y en otros germinan y fermentan +los vicios, las malas pasiones y las peores costumbres.</p> + +<p>El padre Anselmo, que así se llamaba el cura párroco, admiraba de buena +fe a la señora doña Inés como a un modelo de profunda fe religiosa y de +distinción aristocrática. Era el tipo ideal realizado de la gran señora, +tal como él se la imaginaba. Ni siquiera le faltaban a doña Inés +ocasiones en que ejercitar las raras virtudes del prudente disimulo para +no dar escándalos, de la santa conformidad con la voluntad de Dios y de +la longanimidad benigna para perdonar las ofensas. Bien sabía toda la +gente del lugar los malos pasos en que don Alvaro Roldán solía andar +metido. A menudo, sobre todo en las ferias, jugaba al monte y hasta al +cañé; y lo que es peor, era tan desgraciado o tan torpe, que casi +siempre perdía. Para consolarse apelaba a un lastimoso recurso: gustaba +de empinar el codo, y aunque tenía un vino regocijado y manso, siempre +era grandísimo tormento para una dama tan en sus puntos tener a su lado +y como compañero a un borracho.</p> + +<p>Por último, aquel empecatado de don Alvaro, aunque tenía tan egregia y +bella esposa, se dejaba llevar a menudo de las más villanas +inclinaciones, y en una o en otra de sus dos magníficas caserías alojaba +con mal disimulado recato a alguna daifa, por lo común forastera, que +había conocido y con quien había simpatizado, ya en esta feria, ya en la +otra.</p> + +<p>Como se ve, don Alvaro distaba mucho de ser un modelo de perfección. El +padre Anselmo no ignoraba sus extravíos, contribuyendo esto a hacer más +respetable a sus ojos a la prudente y sufrida señora.</p> + +<p>Era tal la distinción aristocrática de doña Inés, que, sin poder +remediarlo, hasta en su padre encontraba cierta vulgar ordinariez que la +afligía no poco; pero como doña Inés tenía muy presentes <span class="pagenum"><a name="page18" id="page18"></a></span>los +mandamientos de la Ley de Dios y los observaba con exactitud rigurosa, +nunca dejaba de honrar a su padre como debía, si bien procuraba honrarle +desde lejos y no verle con frecuencia, a fin de no perder las ilusiones.</p> + +<p>En suma, don Andrés el cacique era la única persona que por naturaleza +estaba a la altura de doña Inés y era capaz de comprenderla y admirarla. +Y digo por naturaleza, porque el padre Anselmo, aunque por naturaleza +era entendido, estaba, además, tan ayudado y tan ilustrado con la gracia +de Dios, que comprendía como nadie el valor y las excelencias de doña +Inés, y era muy digno de su trato familiar, teniendo con ella +piadosísimos coloquios, en los cuales se desataba contra la abominable +corrupción de nuestro siglo y contra la blasfema incredulidad que +prevalece en el día y que se va apoderando de todos los espíritus.</p> + +<hr /> +<h2><a name="III" id="III"></a>III</h2> + +<p>Sin el menor artificio he presentado ya a mis personajes, a varios de +los personajes principales que han de figurar en la presente historia; +pero me quedan dos todavía, de los cuales conviene dar previamente +alguna noticia.</p> + +<p>Don Paco, según hemos dicho, era un hombre enciclopédico, de varias +aptitudes y habilidades; la mano derecha del cacique y la subordinada +inteligencia que hacía que en el lugar la soberana voluntad del cacique +se respetase y cumpliese.</p> + +<p>Había, sin embargo, en Villalegre otra persona, que en más pequeña +esfera y en más reducidos términos, si no competía, se acercaba mucho al +mérito de don Paco por la multitud de sus conocimientos y habilidades y +por lo hacendosa y lista que era.</p> + +<p>Hablo aquí de la famosísima Juana la Larga. Imposible parece que esta +mujer atinase a hacer bien tantas cosas diversas. Ella trabajaba mucho, +pero no se ha de negar que con fruto. Tenía casa propia, sin lagar y sin +bodega, pero en lo restante casi tan buena como la de don Paco. Carecía +de olivares y de viñas, pero había hecho algunos ahorrillos, que, según +la voz pública, pasaban de doce mil reales, y que iban creciendo como la +espuma, porque los tenía dados a rédito a personas muy de fiar, y al +diez por ciento al año, porque como era mujer muy temerosa de Dios, de +muy estrecha conciencia y muy caritativa, no quería pasar por usurera.</p><p><span class="pagenum"><a name="page19" id="page19"></a></span></p> + +<p>En sus diferentes oficios, Juana la Larga ganaba por término medio, y +según los cálculos más juiciosos, sobre ocho reales al día, o dígase +cerca de tres mil cada año. Y esto sin contar las adehalas, propinas, +regalos y obsequios que recibía a menudo. Bien es verdad que todo y más +se lo merecía ella.</p> + +<p>Nadie era más a propósito para dirigir una matanza de cerdos. Salaba los +jamones con singular habilidad. El adobo con que preparaba los lomos +antes de freírlos en manteca era sabroso y delicadísimo, y teñía la +manteca de un rojo dorado que hechizaba la vista, daba delicado perfume +y despertaba el apetito de la persona más desganada cuando entraba por +sus narices y por sus ojos. Sus longanizas, morcillas, morcones y +embuchados dejaban muy atrás a lo mejor que en este género se condimenta +en Extremadura. Y tenía tan hábil mano para todo que hasta cuando +derretía las mantecas sacaba los más saladitos y crujientes chicharrones +que se han comido nunca. Así es que los labradores ricos y otras +personas desahogadas y de buen gusto se disputaban a Juana la Larga para +que fuese a la casa de ellos a hacer la matanza.</p> + +<p>En lo tocante a repostería no era nada inferior; y casi todo el año, y +particularmente en tres solemnes épocas, no sabía ella cómo acudir a las +mil partes adonde la llamaban: antes de Pascua de Navidad, a fin de +confeccionar las chucherías y delicadezas que las personas pudientes y +sibaríticas suelen entonces mandar hacer para su regalo; por ejemplo, +los hojaldres y las célebres empanadas con boquerones y picadillo de +tomate y cebolla que se toman por allí con el chocolate. Hacía, también, +como nadie, tortillas de azúcar y polvorones que se dejaban muy atrás a +los tan encomiados de Morón; roscos de huevo y de vino, y mucha variedad +de bizcochos y de almíbares.</p> + +<p>Si Juana no hubiera sabido tanto de otras cosas, se hubiera podido +asegurar que era una especialidad maravillosa para las frutas de sartén; +de modo que en los días que preceden a la Semana Santa no daba paz a la +mano ni a la mente, acudiendo a las casas de los hermanos mayores de las +cofradías para hacer las esponjosas hojuelas, los gajorros y los +exquisitos pestiños, que se deshacían en la boca y con los cuales se +regalaban los apóstoles, los nazarenos, el santo rey David y todos los +demás profetas y personajes gloriosos del Antiguo y del Nuevo Testamento +que figuraban en las deliciosas procesiones que por allí se estilan.</p> + +<p>No estaba ociosa Juana ni carecía de conveniente habilidad para +emplearla en la estación de la vendimia. Sus arropes no tenían <span class="pagenum"><a name="page20" id="page20"></a></span>rival en +toda aquella provincia, y lo mismo puede decirse de sus excelentes +gachas de mosto. En otoño, por ser cuando se dan los mejores frutos, se +castran las colmenas y está fresca la miel, se empleaba Juana en hacer +carne de membrillo y de manzana, gran variedad de turrones y legítimo y +esponjado piñonate, cuyos gruesos y dorados granos quedaban ligados con +la olorosa miel bien batida.</p> + +<p>Fuera de esto, Juana se pintaba sola para disponer cualquier pipiripao o +banquete que debía o quería dar algún señor del pueblo, ya con ocasión +de boda o bautizo, ya para obsequiar al diputado, al señor gobernador o +al propio obispo si venía a visitar la villa.</p> + +<p>Y no se crea que Juana sabía sólo hacer los guisos locales, sino que +también había importado y añadido a la cocina indígena no pocos platos +forasteros de más o menos remotos países, entre las cuales platos o +manjares descollaban los celebérrimos bizcochos de yema, que sólo hacían +unas monjas de Ecija, de cuyo secreto tradicional no se comprende por +qué arte o maña prodigiosa ella había sabido apoderarse. Confeccionaba, +por último, varios platos de origen francés, cuyos nombres enrevesados +habían venido a modificarse poniéndose de acuerdo con la pronunciación +española. Así, por ejemplo, chuletas a la <i>balsamela</i>, lenguados +<i>inglatines</i> y angulas fritas con salmorejo tártaro.</p> + +<p>No era todo esto lo más admirable. Lo más admirable era que Juana, sobre +ser la más sabia cocinera y repostera del lugar, era también su primera +modista.</p> + +<p>Casi siempre tenía una o dos oficialas que cosían para ella, y ella +cortaba vestidos con tanto arte y primor como Worth o la Doucet en la +capital de Francia.</p> + +<p>Las señoras y señoritas más pudientes y aficionadas al lujo acudían, +pues, a Juana para sus trajes de empeño, cuando había que lucirlos ya en +una boda, ya en una feria o ya en el baile que solía darse en las +Consistoriales el día del Santo Patrón.</p> + +<p>Juana, por último, no era sólo sabia y operosa en las artes del deleite, +sino que ejercía también, aunque no estaba examinada ni tenía título, un +menester o profesión de la más alta importancia social.</p> + +<p>Era peritísima y agilísima para ayudar a cualquier mujer en los más +duros trances de Lucina, y muchas se confiaban y se entregaban a ella, +porque jamás se le había desgraciado ninguna criatura, y porque la madre +como no fuese muy enclenque, a los seis <span class="pagenum"><a name="page21" id="page21"></a></span>o siete días de salir de su +cuidado estaba ya en pie, y a menudo iba a misa, y si se presentaba la +ocasión bailaba el bolero.</p> + +<p>Con todas estas habilidades y excelencias, Juana la Larga no podía menos +de ser querida y estimada en Villalegre, consiguiendo que su severa y +más alta sociedad o <i>high-life</i> le hubiese perdonado un desliz o +tropiezo que tuvo en sus mocedades.</p> + +<hr /> +<h2><a name="IV" id="IV"></a>IV</h2> + +<p>En el momento en que va a empezar la acción de esta verdadera historia, +Juana tendría unos cuarenta años muy cumplidos, si bien conservaba aún +restos de su antigua belleza, que había sido notable cuando ella tenía +veinte años; pero como entonces era muy pobre y no había descubierto ni +mostrado sus grandes habilidades, no encontró, a pesar de su mérito, +novio que le acomodase, y tuvo que permanecer soltera.</p> + +<p>A lo que se cuenta, cierto oficial de Caballería que vino por aquellos +lugares a comprar caballos para la Remonta, y que era guapísimo y muy +gracioso y divertido, se enamoró de Juana y logró enamorarla. No se sabe +si le dio palabra de casamiento o no se la dio; pero lo cierto es que el +bueno del oficial tuvo que irse a la guerra civil, que ardía en las +Provincias Vascongadas, y allí le mató una bala carlista, que le +agujereó el cráneo y se le entró en los sesos.</p> + +<p>Juana quedó, pues, semiviuda. Póstuma o no póstuma, tuvo una niña +preciosa, a quien dieron en la pila bautismal el mismo nombre que a su +madre. El vulgo añadió después al nombre el mismo epíteto, por donde +esta niña, que será la principal heroína de nuestra historia, vino a ser +apellidada Juanita la Larga.</p> + +<p>Su madre la crió con gran cariño y esmero, sin recatarse y sin disimular +que ella era su hija, lo cual hubiera sido en aquel lugar, donde todo se +sabía, el más inútil de los disimulos. Juana crió, pues, a sus pechos a +Juanita; siempre la llamaba hija, y Juanita desde que empezó a hablar, +llamaba a Juana madre a boca llena.</p> + +<p>Esto era considerado como una gran desvergüenza entre las personas +severas del lugar, que clamaban contra el escándalo y mal ejemplo; pero +poco a poco todos se fueron acostumbrando, y al cabo de algunos años +nada parecía más natural ni más justo sino que Juanita fuese hija de +Juana, a la cual no faltaron <span class="pagenum"><a name="page22" id="page22"></a></span>tampoco defensores, ya razonables, ya +fervorosos, que alababan el cariño y la devoción maternal de la madre a +la hija, y que cuando eran algo maldicientes no dejaban de comparar a +Juana con otras que pasaban por honradísimas y que hasta tenían la +insolencia de presumir de casi santas. De ellas se murmuraba, con más o +menos fundamento, que habían tenido también fruto, y no de bendición, +del cual se habían desprendido o enviándole a la Inclusa o sabe Dios o +el diablo de qué otra manera.</p> + +<p>El epíteto de Larga dado a Juanita no era sólo por herencia; sino que +era también por conquista.</p> + +<p>Juanita, a los diecisiete años, había espigado tanto, que era la moza +más alta y más esbelta que había en el lugar. Algo de la sangre belicosa +del oficial de Caballería se había infundido en ella, y la crianza libre +y hombruna que había recibido había desarrollado su agilidad y sus +bríos. Cuando andaba tenía un aire marcial, al par que gracioso; corría +como un gamo; tiraba pedradas con tanto tino que mataba los gorriones, y +de un brinco se plantaba sobre el lomo del mulo más resabiado o del +potro más cerril. Y no a horcajadas, porque esto no lo consentía su +decoro y su estética natural e inconsciente, sino sentada, lo cual es +más difícil; hacía trotar y galopar a la bestia, espoleándola con los +talones o azotándola con el extremo del ronzal o de la jáquima, cuando +la tenía y no iba a pelo, sin brida ni rienda de ninguna clase.</p> + +<p>Los primeros años de la mocedad de Juanita habían sido dificultosos, +porque su madre no había alcanzado aún la extraordinaria reputación de +que después gozaba, no tenía el bienestar y la riqueza de que ya hemos +hablado.</p> + +<p>Juanita no fue nunca a la miga, pero su madre le enseñó a coser y a +bordar primorosamente; y el maestro de escuela, que le tomó mucho +cariño, la enseñó a leer y a escribir gratis en sus ratos de ocio.</p> + +<p>Desde que tuvo nueve años, Juanita fue de grande auxilio a su madre, que +hasta mucho más tarde no se dio el lujo de tener una sirvienta.</p> + +<p>Juanita barría y aljofifaba, fregaba los platos, enjalbegaba algunos +cuartos y la fachada de la casa, que era la más limpia de la población, +y hasta agarraba su cantarillo e iba por agua a la milagrosa fuente del +ejido, cuyo caño vertía un chorro tan grueso como el brazo de un hombre +robusto, siendo tal la abundancia del agua, que con ella se regaban +muchísimas huertas y se hacían <span class="pagenum"><a name="page23" id="page23"></a></span>frondosos, amenos y deleitables los +alrededores de Villalegre, contribuyendo no poco a que la villa +mereciese este nombre.</p> + +<p>El agua, además, era exquisita por su transparencia y pureza, como +filtrada por entre rocas de los cercanos cerros, y tenía muy grato sabor +y muy saludables condiciones. La gente del pueblo le atribuía, por +último, algunas prodigiosas cualidades, calificándola de muy <i>vinagreta</i> +y de muy <i>triguera</i>. Quería significar con esto que el arriero que +compraba en Villalegre vinagre de yema, por lo común muy fuerte, llenaba +sólo dos tercios de la cavidad de la corambre, y la acababa de llenar +por la mañana temprano, antes de emprender su viaje, mitigando y +suavizando con el agua de la fuente la fortaleza y acritud del líquido, +y ganándose así, desde luego, un treinta y tres por ciento, aunque +vendiese el vinagre al mismo precio en que lo había comprado.</p> + +<p>Era también <i>triguera</i> el agua de la fuente, porque sus raras cualidades +consentían, aunque era difícil operación y que debía hacerse con gran +sigilo, que valiéndose de una escoba de palma enana, se rociase con ella +el trigo que se iba a vender, dejándolo expuesto al sol para que se +secase. Así el trigo recibía mejor sabor, y aunque por fuera quedaba +seco, guardaba por dentro algo del líquido, y se esponjaba y crecía en +peso y en volumen.</p> + +<p>Todavía esta fuente tenía otro mérito y prestaba otro notable servicio, +porque, además de un gran pilar en que iban a beber y bebían todas las +bestias de carga y de labor y los toros, vacas y bueyes, y además de +otro pilar bajo, que solía ser abrevadero del ganado lanar y de cerda, +llenaba con sus cristalinas ondas un espacioso albercón cercado de muros +que lo ocultaban a la vista de los transeúntes, adonde iban las mujeres +a lavar la ropa, remangadas las enaguas hasta los muslos y metidas en el +agua hasta la rodilla, como por allí es uso, aun en el rigor del +invierno. Frondosos y gigantescos álamos negros y pinos y mimbreras +circundan la fuente y hacen aquel sitio umbrío y deleitoso. Al pie de +los mejores árboles hay poyos hechos de piedra y de barro y cubiertos de +losas, en los cuales suelen sentarse los caballeros y las señoras que +salen de paseo. Casi todas las tardes se arma allí tertulia y grata +conversación, siendo los más constantes el escribano, el boticario, +nuestro don Paco y el señor cura, quien al toque de oraciones recita el +<i>Angelus Domini</i>, al que responden todos quitándose el sombrero y +santiguándose y persignándose.</p> + +<p>En torno del pilar charlan las mozas que vienen por agua, cada cual con +su cantarillo, y suelen hacer el papel de Rebecas <span class="pagenum"><a name="page24" id="page24"></a></span>con cuantos arrieros +Eliezeres acuden allí para que beban, si no sus camellos, sus muías y +sus borricos. También al lado y dentro del albercón, y a poca distancia +de él, donde hay un vallado o seto vivo de zarzamoras, granados y +madreselvas, que limita y defiende las huertas, y sobre el cual seto se +pone a secar la ropa lavada, se extiende y dilata la tertulia +democrática y popular con mucha charla, risotadas, jaleos y retozos, +pues no faltan nunca zagalones y hasta hombres ya maduros que acuden por +allí atraídos por las muchachas, como acuden los gorriones al trigo.</p> + +<hr /> +<h2><a name="V" id="V"></a>V</h2> + +<p>Juana la Larga, según queda indicado, gracias a su constante actividad, +buen orden y economía, en todo lo cual su hija la ayudaba con +inteligencia y celo, había mejorado de posición y de fortuna. Tenía una +criada muy trabajadora, que barría y fregaba, y bajo la dirección de las +señoras guisaba también, dejando a estas el tiempo libre para ejercer +sus lucrativos oficios. El oficio principal de Juanita era coser y +bordar, para lo cual había desplegado aptitud superior a la de su madre.</p> + +<p>Juanita no tenía que emplearse en más bajas ocupaciones. Sin embargo, +ora fuese por candorosa coquetería, o sea por deseo de lucir la +gallardía de su persona, deseo de que no se daba cuenta, ora porque +Juanita necesitase del ejercicio corporal y de mostrar y desplegar la +energía de su sana naturaleza, Juanita, aun cumplidos ya los diecisiete +años, gustaba de ir por agua a la fuente del ejido, allanándose a veces, +a pesar de la desahogada posición de su madre y de ella, a ir al +albercón a lavar alguna ropa, cuando la ropa era fina y temía ella, o +aparentaba temer, que manos más rudas que las suyas la estropeasen.</p> + +<p>La verdad era que esto de ir al albercón y a la fuente, más que fatiga +era recreo y solaz para Juanita, la cual divertía a las otras muchachas +con sus agudos dichos y felices ocurrencias, las hacía reír a casquillo +quitado y gozaba de popularidad y favor entre ellas.</p> + +<p>Era ya Juanita una guapa moza en toda la extensión de la palabra. Las +faenas caseras no habían estropeado sus lindas y bien torneadas manos, y +ni el sol ni el aire habían bronceado su tez trigueña. Su pelo negro, +con reflejos azules, estaba bien cuidado y limpio. No ponía en él ni +aceite de almendras dulces ni blandurilla <span class="pagenum"><a name="page25" id="page25"></a></span>de ninguna clase, sino agua +sola con alguna infusión de hierbas olorosas para lavarlo mejor. Lo +llevaba recogido muy alto, sobre el colodrillo, en trenza, que, atada +luego, formaba un moño en figura de dos triángulos equiláteros, que se +tocaban en uno de los vértices.</p> + +<p>Como Juanita decía que «cabeza loca no quiere toca», casi siempre iba a +la fuente sin pañuelo en la cabeza, luciendo así el primor y la +pulcritud de su peinado y dejando ver lo bien plantada que estaba la +cabeza sobre su airoso cuello, sólo sombreado por algunos ricillos +menudos que se sustraían a la cautividad en que tenía el moño los más +largos cabellos. Por delante, recogido el pelo, dejaba ver la tersa +frente, recta y chiquita, y sobre las sienes tenía grandes rizos +sostenidos con horquillas que llaman por allí <i>caracoles</i>, por debajo de +los cuales había una suave patillita, que no fijaba contra la cara con +zaragatona o pepitas de membrillo, como hacen otras muchachas, sino que +dejaba flotar libremente en vagas sortijas o más bien alcayatas donde +colgar corazones.</p> + +<p>La misma libertad en que se había criado, y el constante ejercicio +corporal, ya en útiles faenas, ya en juegos más de muchacho que de niña, +habían hecho que Juanita, aunque no tenía la santa ignorancia ni había +vivido con el recogimiento que recomiendan y procuran otras madres +celosas, no hubiese pensado todavía en cosas de amor. Era buscada, +requebrada y solicitada por no pocos mozos; pero, brava y arisca, sabía +despedir huéspedes, imponer respeto y tener a raya a los más atrevidos.</p> + +<p>Sólo se le conocía una inclinación que desde la niñez persistía en ella +con constancia; pero esta inclinación, al menos por su parte, más que de +afecto amoroso tenía trazas de fraternal cariño. Quien lo inspiraba, +compartiéndolo sin duda por menos inocente estilo, era Antoñuelo, el +hijo del maestro herrador y sobrino del cacique, quien tenía en el lugar +muy humilde parentela.</p> + +<p>Antoñuelo era un mocetón gentil y robusto, muy simpático, aunque de +cortos alcances, y decidido para todo, y singularmente para admirar a +Juanita, a quien consideraba y respetaba, sometiendo a ella toda su +voluntad como por virtud de fascinación o de hechizos.</p> + +<hr /> +<h2><a name="VI" id="VI"></a>VI</h2> + +<p>Entregado don Paco a sus constantes y diversos quehaceres, no o no había +pensado en casarse por segunda vez, sino que nunca <span class="pagenum"><a name="page26" id="page26"></a></span>había tenido +amoríos, o, al menos, si alguno había tenido, había sido con tan +maravilloso recato, que nadie se había enterado de ello en Villalegre, +lo cual es una inverosimilitud extraordinaria, porque en aquel lugar +apenas había persona, y menos aún si era de tanta importancia y viso +como don Paco, que pudiera hacer o decir cosa alguna que no se supiese. +Hasta los mismos pensamientos se adivinaban allí, se divulgaban y se +comentaban, como el pensador no pensase con mucho disimulo y muy para +dentro. Debemos, pues, creer que don Paco no había tenido amoríos, a no +ser muy efímeros y livianos, y que ni siquiera, durante su larga viudez, +había pensado en semejante cosa.</p> + +<p>Tenía, sin embargo, notable aptitud y tino para conocer y admirar la +belleza femenina, y hacía ya meses que, casi sin reparar en ello y muy +involuntariamente, cuando estaba de tertulia con el escribano y el +boticario y con otros señores en los poyos que había junto a la fuente, +sus ojos se fijaban con amorosa delectación en Juanita la Larga, que aún +solía venir a llenar su cántaro y a estar allí de charla con las otras +muchachas mientras que le llegase su turno.</p> + +<p>Indudablemente, don Paco había empezado a sentir hacia Juanita viva +inclinación, que era difícil de dominar; pero se le pasó bastante tiempo +sin dar muestra exterior de que la sentía, anhelando acaso ocultársela a +sí mismo por razones que él se daba.</p> + +<p>Fundado en la propia modestia, que le hacía formar un pobre concepto de +su persona, hallaba que con sus cincuenta y tres años, treinta y seis +más que Juanita, no podía ya enamorar a la muchacha, la cual o +desdeñaría su cariño o sólo por interés se movería a corresponderle. +Pensaba luego que Juanita, aunque en aparente libertad, estaba muy +vigilada por su madre, y como madre e hija vivían con cierto desahogo, +no era de presumir que, si él tuviese intenciones pecaminosas, ellas +cediesen, sino que en todo caso cederían <i>in facie Ecclesiae</i> y llevando +al cura por delante.</p> + +<p>La idea de casamiento aterrorizaba a don Paco, y no porque en absoluto +le repugnase estar casado, sino porque su hija, la señora doña Inés, le +inspiraba un entrañable cariño, mezclado de terror, y porque ella era +tan imperiosa como brava, y sin duda se pondría hecha una furia del +Averno si su padre le diese madrastra, sobre todo de tan ruin posición, +y si a los siete nietos que ella le había dado, y a los que calculaba +que podrían venir todavía persistiendo ella en su actitud productora, +quitase él la esperanza de heredar el majuelo, el olivar y la casa, y de +gozar en vida <span class="pagenum"><a name="page27" id="page27"></a></span>suya de no poco de lo que él fuese granjeando con sus +varias artes. Temblaba don Paco de incurrir en el enojo de su hija, y +aunque temblaba principalmente por el mismo enojo, no dejaba de recelar +sus malas consecuencias.</p> + +<p>Bien conocía él que no había en el lugar una persona, ni varias juntas, +que pudieran reemplazarle con éxito en sus diferentes empleos; pero el +mundo no estaba yermo ni falto de hombres de Estado rústicos, los cuales +podrían buscarse y traerse de fuera del lugar para que a él le +reemplazaran. Y bien conocía también que su hija era punto menos que +omnipotente, porque tenía subyugadas ambas potestades, la temporal y la +espiritual.</p> + +<p>El padre Anselmo la tenía por una santa y por una doctora, y cuanto ella +decía era para él, sin poderlo remediar, un legítimo corolario de los +Evangelios y de las Epístolas. El padre Anselmo sería capaz de +excomulgar a quien ella le mandase. Y en lo tocante al brazo secular, +era evidentísimo que doña Inés le tenía sujeto a sus caprichos y que +aplastaría con todo su peso a quien ella quisiese.</p> + +<p>Don Paco, en esta disposición de ánimo, razonablemente motivada, aunque +no hemos de negar que él era dulce, pacífico y algo débil de carácter, +adelantaba en su imaginación los casos futuros, y presuponiéndose ya +prendado de Juanita, declarado y aceptado, veía un tropel de males que +salían del corazón enfurecido de doña Inés como de nueva caja de +Pandora.</p> + +<p>Pesaban tanto en su espíritu estas consideraciones, que, notando que su +afición oculta iba creciendo, procuraba, o más bien se proponía huir de +la vista de Juanita, no pasar por su calle para no verla en el portal o +asomada a la ventana; y no ir a la tertulia de los poyetes, bajo los +álamos, para no tener que admirarla cuando charlaba con las demás +zagalonas o con los mozos en la fuente del ejido, o cuando subía o +bajaba gallardamente, con el cántaro apoyado en la cadera, por la +cuestecilla que se extiende desde la fuente hasta el lugar.</p> + +<p>A pesar de sus prudentes propósitos de retraimiento, una fuerza, al +parecer superior a su voluntad, le llevaba a veces a pasar por delante +de la casa de Juanita más de lo que era necesario, a ir a la iglesia +cuando él sabía que iba a ella con su madre a misa o a sus devociones, y +a acudir a la tertulia de los poyetes casi todas las tardes.</p> + +<p>Para Juanita, que se había pasado todo el día cosiendo y bordando <span class="pagenum"><a name="page28" id="page28"></a></span>en +casa, era pretexto solaz o de paseo el ir casi al anochecer a la fuente +por agua. Su madre encontraba que en la posición algo señoril, +desahogada y decorosa en que ya imaginaba hallarse, y atendido el +desenvolvimiento físico de Juanita, que había llegado a transformarse de +muchachuela en una magnífica y real moza, no estaba bien y era darse +poquísimo tono el ir por agua a la fuente como la más plebeya y humilde +pelafustana. Pero a Juanita le divertía este ejercicio, y tenía una +voluntad indómita. A las observaciones que su madre le hacía daba oídos +de mercader; acariciaba a su madre para vencer su oposición y disipar su +disgusto, y seguía yendo a la fuente a pesar de todas las observaciones.</p> + +<hr /> +<h2><a name="VII" id="VII"></a>VII</h2> + +<p>Una tarde del mes de mayo, Juanita se entretuvo en la fuente en larga y +alegre conversación con otras muchachas.</p> + +<p>Ya anochecido subía con su cántaro lleno por la cuesta, que en aquel +momento estaba sola.</p> + +<p>La tertulia de los poyetes solía, en primavera y en verano, durar hasta +las ánimas, hora en que los tertulianos se retiraban para cenar y +acostarse.</p> + +<p>Aquel día don Paco había estado haciendo esfuerzos o, como si dijéramos, +gimnasia con su voluntad para no ir a la tertulia y ver a Juanita. La +lucha entre su voluntad razonable y su inclinación había durado +bastante. Al fin, la voluntad sometida llevó, aunque tarde, a la +tertulia de los poyetes a toda la persona de don Paco.</p> + +<p>La pícara casualidad hizo que al bajar don Paco subiese Juanita, según +hemos dicho.</p> + +<p>Era ya de noche. El cielo estaba despejado, pero sin luna. Las +estrellas, si resplandecían en el éter infinito, vertían muy débil luz +sobre la tierra. Acrecentaban la oscuridad, en el punto en que ambos se +encontraron, algunos frondosos árboles que allí había y el alto vallado +de zarzamoras y de otros arbustos que se extendía a un lado y a otro por +casi todo el camino.</p> + +<p>Juanita era muy distraída e iba además pensando en sus travesuras de +muchacha. Don Paco era también distraído. El mismo no sabía en qué +estaba pensando. Era, además, algo corto de vista.</p> + +<p>Lo cierto es que no repararon uno en otro al venir en opuestas +<span class="pagenum"><a name="page29" id="page29"></a></span>direcciones, ni oyeron el ruido de los pasos. Chocaron, pues, y se +dieron un buen empellón.</p> + +<p>—Caramba, hombre—dijo Juanita—, mire usted por dónde va y no camine a +ciegas; por poco me tira el cántaro.</p> + +<p>Don Paco, que conoció a Juanita por la voz, contestó con mucha dulzura:</p> + +<p>—¡Perdona, hija mía! ¿Te he hecho daño? Ella, que también conoció a don +Paco en seguida, replicó riendo:</p> + +<p>—¿Qué daño me ha de haber hecho usted? Pues qué, ¿soy yo acaso de +alfeñique?</p> + +<p>—No, hija. Bien sólida y firme me pareces. Si en algo eres de +alfeñique, no es por lo quebradiza, sino por lo dulce.—Entonces seré +turrón de Alicante: dulce, pero duro.</p> + +<p>—Y vaya si me ha parecido duro.</p> + +<p>—Si advirtió usted dureza, hablará sólo de su dulzura por adivinanza.</p> + +<p>—Pues qué, ¿no podría yo probarla?</p> + +<p>—Ya está usted viejo, don Paco, y no podría meterle el diente.</p> + +<p>—Pues te equivocas, que yo no estoy tan viejo, y tengo los dientes tan +cabales y fuertes, que si se tratase de mordiscos, hasta en una piedra +los daría. Pero yo no quiero emplear contigo sino más blandas y amorosas +demostraciones.</p> + +<p>—¡Ea, quite usted allá, señor don Paco! ¿Qué demostraciones ha de hacer +usted, si puede ser mi abuelo?</p> + +<p>Y como don Paco seguía plantado delante atajándole el camino, Juanita +continuó:</p> + +<p>—Vamos, déjeme usted pasar. Si parece usted un espantajo. ¿Qué diría la +gente si le ve y le oye hablar aquí y requebrar en la oscuridad a una +mocita? Capaz será de decir que ha perdido usted la chaveta y que no +sirve para secretario del Ayuntamiento y consejero de don Andrés.</p> + +<p>Don Paco se apartó entonces y dejó pasar a Juanita; pero en vez de +dirigirse hacia la fuente, se volvió, siguiéndola, hacia el lugar.</p> + +<p>—¿Qué hace usted, señor? ¿Por qué no va a su tertulia? Todavía están en +los poyetes el señor cura, el boticario y el escribano. Váyase usted a +hablar con ellos.</p> + +<p>—Ya es tarde, pronto se volverá y desisto de ir hasta allí. Prefiero +volver charlando contigo.</p><p><span class="pagenum"><a name="page30" id="page30"></a></span></p> + +<p>—¿Y de qué hemos de charlar nosotros? Yo no sé decir sino tonterías. No +he leído los libros y papeles que usted lee, y como no le hable de los +guisos que mi madre hace o de mis bordados y costuras, no sé de qué +hablar a su merced.</p> + +<p>—Hablame de lo que hablas a Antoñuelo cuando estás con él de palique.</p> + +<p>—Yo no sé lo que es palique, ni sé si estoy o no estoy a veces de +palique con Antoñuelo. Lo que sé es que yo no puedo decir a su merced +las cosas que a él le digo.</p> + +<p>—¿Y qué le dices?</p> + +<p>—¡Pues no quiere usted saber poco! Ni el padre Anselmo, que es mi +confesor, pregunta tanto.</p> + +<p>—Algo de muy interesante y misterioso tendrá lo que dices a Antoñuelo, +cuando ni al padre Anselmo se lo confiesas.</p> + +<p>—No se lo confieso porque no es pecado, que si fuera pecado se lo +confesaría. Y no se lo cuento tampoco, porque a él no le importa nada, y +a usted debe importarle menos que a él.</p> + +<p>A todo esto, como iban a buen paso ambos interlocutores, habían ya +subido la cuesta y se hallaban en el altozano, a la entrada del lugar, +donde están la iglesia parroquial y las primeras casas.</p> + +<p>—Déjeme su merced ahora—dijo Juanita—y no venga, con perjuicio de su +autoridad, acompañando a una chicuela que lleva un cántaro. ¡Pues no se +enojaría poco la señora doña Inés, que tiene tantos humos, si viese a su +señor padre sirviendo de escolta, no a una princesa como ella, sino a +una pobrecita trabajadora!</p> + +<p>—¿Qué había de decir? Diría que yo te estaba encomendando algún +trabajo.</p> + +<p>—No es ésta hora ni ocasión para eso, y, por otra parte, no es a mí, +sino a mi madre, a quien los trabajos se encargan. Acuda usted a ella si +algo quiere encargar.</p> + +<p>Y diciendo esto, apresuró el paso, hizo a don Paco un gesto imperativo, +marcándole la calle por donde debía irse y ella se fue por otra que +formaba ángulo recto con la que don Paco debía seguir.</p> + +<hr /> +<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h2> + +<p>Mucho caviló don Paco sobre aquel diálogo, midiendo e interpretando la +palabras de Juanita.</p> + +<p>Le había llamado abuelo, pero con amable risa. Todos los <span class="pagenum"><a name="page31" id="page31"></a></span>hombres, +abuelos y nietos, solemos prometérnoslas felices y casi siempre nos +inclinamos a dar la más favorable interpretación a cuanto dicen las +mujeres que pretendemos.</p> + +<p>No se podía dudar, por ser cuestión de una ciencia tan exacta como la +aritmética, que él hubiera podido ser el abuelo de Juanita. Don Paco +hacía este cálculo:</p> + +<p>—Yo tengo cincuenta y tres años. De diecisiete a cincuenta y tres van +treinta y seis; a los diecinueve años bien pude yo haber tenido una +hija, y esta hija bien pudo haberse casado y tener a Juanita a los +diecisiete.</p> + +<p>Después sumaba don Paco:</p> + +<p>—Diecinueve más diecisiete, más otros diecisiete que tiene Juanita +ahora, son cincuenta y tres, que es mi edad; luego muy descansadamente +pudiera ser yo el abuelo de esa pícara muchacha. <i>Eppur</i>, <i>si +muove</i>—proseguía, pues era hombre erudito hasta cierto punto, sabía un +poco de italiano porque había oído cantar muchas óperas y conocía las +palabras que se atribuyen a Galileo, así como varias otras sentencias +expresadas en la lengua de Dante; verbigracia: <i>Chi va piano, va sano e +va lontano</i>.</p> + +<p>La primera sentencia, aplicada a su situación, quería significar que él, +a pesar de poder ser el abuelo de Juanita, quería y podía ser otra cosa +muy diferente; y la segunda sentencia, que también recordaba don Paco, +quería significar que él debía ir con tiento, con pies de plomo y sin +precipitarse, porque no se ganó Zamora en una hora y porque la muchacha +no era muy arisca en el fondo, ni, probablemente, tan firme y dura de +entrañas como, merced al encontrón que había tenido con ella, le +constaba que era de firme y dura en su juvenil superficie. Además, las +esperanzas, lejos de desvanecerse, crecían en su pecho, hallándose más +inverosímil abuelo que inverosímil amante. Para corroborar esta +lisonjera afirmación, se contemplaba don Paco en el espejo en que solía +afeitarse, el cual, aunque era pequeño, no lo era tanto que no reflejase +casi toda su persona. El exclamaba al verla, como el pastor Coridón de +Virgilio o como el Marramaquiz, de Lope:</p> + +<div class="center">¡Pues no soy tan feo!</div><br /> + +<p>Y, verdaderamente, no era feo don Paco, ni parecía viejo tampoco.</p> + +<p>A las últimas palabras de Juanita les dio don Paco una interpretación +lisonjera, pero acaso más comprometida de lo que él deseaba.</p><p><span class="pagenum"><a name="page32" id="page32"></a></span></p> + +<p>Al indicarle la muchacha que hablase con su madre y que le encargase la +obra de costura que ella debía hacer, ¿no estaba claro que Juanita se +mostraba propicia a entrar en cierto género de relaciones, aunque no a +hurto, sino a sabiendas y con beneplácito de la autoridad materna?</p> + +<p>Como quiera que fuese, don Paco, sintiéndose prendado de Juanita, se +allanaba a pasar por todo; pero se propuso, como hombre prudente, no +aventurarse más de lo necesario y no soltar prenda por lo pronto.</p> + +<p>A que él entrase en relaciones serias con Juanita y conducentes a la +<i>buena fin</i> se oponían dos consideraciones: era la primera la excesiva, +sospechosa e íntima familiaridad que tenía Juanita con Antoñuelo, el +hijo del herrador, y era la segunda la casi seguridad del furioso enojo +de doña Inés cuando llegase a saber que él tenía un compromiso serio con +Juanita. Doña Inés inspiraba a su padre terror pánico, y siempre trataba +de huir de su enojo como de una espada desnuda.</p> + +<p>Su decidida afición a la muchacha saltaba, no obstante, por encima de +los obstáculos, como un corcel generoso salta la valla que se le ha +puesto para atajar su carrera.</p> + +<p>En resolución, combatido don Paco por harto contrarios sentimientos, +aunque se propuso no desistir de la empresa que había formado de manera +muy vaga, se propuso también proceder con la mayor cautela y ser lo más +ladino que pudiese, aunque en estos negocios no le sucedía como en los +negocios del Municipio, y el ser ladino no era su fuerte.</p> + +<p>Así discurriendo, pasó don Paco revista a su ropa blanca. Vio que sólo +tenía media docena de camisas bastante estropeadas y con muchos +zurcidos. Y como esto era muy poco para él, persona de extremado aseo, +que, ¡cosa rara en un pequeño lugar!, se ponía limpia tres veces a la +semana, decidió que estaba justificadísimo el mandar que le hiciesen +media docena de camisas nuevas, que le hacían muchísima falta, ¿Y quién +había de hacerlas mejor que Juanita, que era la costurera más hábil de +Villalegre? ¿Y quién había de cortarlas mejor que su madre, la cual, lo +mismo que con el mango de la sartén en la izquierda y la paleta en la +diestra, era una mujer inspirada con las tijeras en la mano y con +cualquier tela extendida sobre la mesa y marcada ya artísticamente con +lápiz o con jaboncillo de sastre?</p> + +<p>Al día siguiente, decidido ya don Paco, acudió muy de mañana a casa de +Juana la Larga, y le mandó hacer seis hermosas camisas <span class="pagenum"><a name="page33" id="page33"></a></span>de madapolán con +puños y pechera de hilo, ajustándolas a treinta reales cada una. Para +ganarse la voluntad y excitar el celo de ambas Juanas, les llevó don +Paco, envuelto en un pañuelo y sin que los profanos viesen lo que +llevaba, un cestillo lleno de fresas, fruta muy rara en el lugar, y para +mayor esplendidez sacó, además, del bolsillo del holgado chaquetón que +solía vestir a diario, nada menos que tres bollos del exquisito +chocolate que solía hacer doña Inés en su casa, y del cual había +regalado a su padre una docena de bollos de cuatro onzas cada uno.</p> + +<p>Juana la Larga, que era muy golosa y muy aficionada a que la +obsequiasen, aceptó el presente con gratitud y complacencia; pero como +no era larga solamente de cuerpo, sino que lo era también de previsión, +y, si vale decirlo así, de olfato mental, al punto olió y caló la +intenciones que don Paco traía y sobre las cuales había ya sospechado +algo.</p> + +<hr /> +<h2><a name="IX" id="IX"></a>IX</h2> + +<p>Reza el refrán, que honra y provecho no caben en un saco; pero Juana la +Larga, sobre ser honrada, rayando su honradez en austeridad para que se +borrase la mala impresión de sus deslices juveniles, era además, una +matrona llena de discreción y de juicio, y sabía que el mencionado +refrán se equivocaba a menudo. Para ella, en el caso que se le acababa +de presentar, en vez de no caber en un saco, el provecho no podía ser +sin la honra, y la honra tenía que producir naturalmente el provecho.</p> + +<p>Si Juanita se dejaba camelar a tontas y a locas, se exponía a dar al +traste con su reputación y a ser el blanco de las más feroces +murmuraciones y a perder siempre la esperanza de hallar un buen marido. +Y todo ello por unas cuantas chucherías y regalillos de mala muerte. +Mientras que si Juanita acertaba a ser rígida sin disgustar y ahuyentar +al pretendiente, pero sin otorgarle tampoco el menor favor de +importancia antes que el cura diese en la iglesia el pasaporte para los +favores, convirtiéndolos en actos de deber y cargas de justicia, harto +posible era que don Paco se emberrenchinase hasta tal punto que entrase +por el aro, rompiendo todo el tejido de dificultades que al aro pusiesen +doña Inés y otras personas, y elevando a Juanita a ser legítimamente la +señora del personaje más importante del lugar, después de don Andrés +Rubio, el cacique.</p><p><span class="pagenum"><a name="page34" id="page34"></a></span></p> + +<p>Con tales pensamientos en la mente, a par que con notable destreza, y +desarrollando la cinta que estaba enrollada en una carretilla, tomó +Juana a don Paco las medidas convenientes. Estuvo con él más dulce que +una arropía, y aunque le dijo que no tenía que venir a su casa para +probarse la primera camisa, porque cuando estuviese medio hecha o +hilvanada se la enviaría para la prueba, le convidó a que algunas +noches, de nueve a once, cuando no tuviese nada mejor que hacer, +viniese, sí quería, un rato de tertulia a su casa, porque ni ella ni +Juanita gustaban de acostarse temprano, y aunque estaban casi siempre +solas, velaban hasta las doce. Juanita cosía o bordaba; pero como esto +se hace con las manos, su lengua quedaba expedita y charlaba más que una +cotorra.</p> + +<p>—Yo—añadía Juana la Larga—no coso ni bordo de noche, porque tengo la +vista perdida, y así estoy mano sobre mano o paso las cuentas de mí +rosario y rezo. Si alguna vez está usted de mal humor, podemos echar +juntos cuatro o cinco manos de tute, que yo sé que a usted le agrada. A +mí me agrada también, pero mi mala suerte y mis cortos medios no me +permiten jugarlo más que a real cada juego. Y aun así, si se le da a una +muy mal, bien puede perder veinte o treinta reales en una noche, como +quien no quiere la cosa.</p> + +<p>Ya se comprende que don Paco aceptó el convite y fue de tertulia a casa +de Juana; al principio, de cuando en cuando; al cabo de poco tiempo, +todas las noches. Casi siempre jugaba al tute y perdía. Sus pérdidas +podían evaluarse, una noche con otra, en una peseta diaria. Todo, no +obstante, lo daba don Paco por bien empleado.</p> + +<p>Las camisas estuvieron pronto concluidas y don Paco quedó muy +satisfecho. En la vida se había puesto otras que mejor le sentasen.</p> + +<p>No las hubiera hecho más lindas el camisero más acreditado de París. Las +lustrosas pecheras no hacían una arruga; los cuellos eran derechos, a la +diplomática, y los puños muy bonitos y para los botones que en el día se +estilan, Juana le regaló, en compensación de los muchos regalos que de +él recibía, un par de botones preciosos de plata sobredorada que mercó +en la tienda del <i>Murciano</i>, tienda bien abastecida, y donde, según +dicen por allí, había de cuanto Dios crió y de cuanto puede imaginar, +forjar, tejer y confeccionar la industria humana: naipes, fósforos, +telas de seda, lana y algodón, especiería, quesos, garbanzos y +habichuelas, ajonjolí, matalahúva y otras semillas. Casi eran los únicos +<span class="pagenum"><a name="page35" id="page35"></a></span>artículos que allí faltaban las carnes de vaca y de carnero y toda la +pasmosa variedad de sabrosos productos que resultan de la matanza y +sacrificio de los cerdos.</p> + +<p>Ya estuviesen hablando don Paco y Juana, ya estuviesen jugando al tute, +Juanita rara vez suspendía su costura o su bordado; pero, sin +suspenderlos, solía tomar parte en la conversación del modo más +agradable. Nadie venía a interrumpir esta tertulia de los tres, salvo +Antoñuelo, que escamaba mucho a don Paco y le llenaba de sobresalto y de +mal humor.</p> + +<p>Crecía este de punto porque mientras que don Paco estaba jugando al tute +y Juana le acusaba las cuarenta, Antoñuelo se sentaba muy cerca de +Juanita, en el otro extremo de la sala donde ella cosía, y ambos +cuchicheaban con mucha animación y en voz tan baja, que don Paco no +podía pescar ni palabra de lo que decían. Con esto se ponía como sobre +ascuas y muy alborotado y triste, sin que para ocultarlo le valiese el +disimulo.</p> + +<p>Entonces don Paco jugaba peor: solía tener rey y caballo del mismo palo +y se le olvidaba acusar veinte, o bien, si Juana le jugaba un oro y él +tenía el as o el tres, se lo guardaba y no lo echaba. Así es que las +noches en que venía Antoñuelo a la tertulia, sobre la desazón que daba a +don Paco, le hacía perder un par de pesetas y hasta tres a veces.</p> + +<p>Viniese o no viniese Antoñuelo a la tertulia, Juana la Larga estaba +siempre presente. Don Pablo no hallaba modo de hablar a solas con +Juanita, ni de abandonar a la madre e imitar a Antoñuelo enredándose en +cuchicheos con la hija.</p> + +<p>Alguna vez que lo intentó, hablando bajo a Juanita, esta le contestó +alto, haciendo la conversación general y despojándola de todo misterio.</p> + +<p>Bien hubiera querido don Paco, cuando Antoñuelo venía, rodear las cosas +de suerte que le obligase a entretener a la madre, hablando o jugando al +tute con ella; pero Antoñuelo aseguraba que no sabía jugar al tute y +daba a entender que nada tenía que decir a Juana.</p> + +<p>Con frecuencia salía don Paco tan cargado de esta tertulia, que se +proponía y casi resolvía no volver a ella o, al menos, ir poco a poco +retirándose. Pero ya había tomado la maldita costumbre de ir, y todas +las noches, si lo retardaba algo, empezaban al toque de ánimas a +hormiguearle y bullirle los pies, y ellos mismos, pronunciándose y +rebelándose contra su voluntad, le llevaban a escape y como por encanto +a casa de ambas Juanas.</p> + +<hr /><p><span class="pagenum"><a name="page36" id="page36"></a></span></p> +<h2><a name="X" id="X"></a>X</h2> + +<p>Pronto notaron todos los vecinos, cundiendo la noticia por el resto de +la población, las constantes visitas nocturnas de don Paco; pero como +Antoñuelo solía ir también, y entre don Paco y Juanita había tan grande +desproporción de edad, la gente murmuradora lo explicó todo suponiendo +que Antoñuelo era novio de Juanita, y que don Paco tenía o trataba de +tener relaciones amorosas con la madre, la cual, a pesar de sus cuarenta +y cinco años y de los muchos trabajos y disgustos que había pasado en +esta vida, apenas tenía canas, y estaba ágil, esbelta, y aunque de +pocas, de bien puestas, frescas, apretadas y al parecer jugosas carnes.</p> + +<p>La austeridad esquiva de Juana la Larga durante muchos años, desde que +tuvo su juvenil tropiezo, no pudo en esta ocasión eximirla de la +maledicencia. La gente decía que al fin se había dejado tentar y lo daba +todo por hecho. Cuando veía la gente que Antoñuelo y don Paco iban a las +nueve a la casa y permanecían allí hasta cerca de las doce, no juzgaba +aquella tertulia tan inocente como era en realidad, y la calificaba de +amor por partida doble.</p> + +<p>Las bromas que sobre ello dieron a don Paco algunos de sus amigos le +soliviantaron bastante.</p> + +<p>Así es que, excitado, si bien no tenía derecho para pedir explicaciones, +con más o menos disimulados rodeos, y cuando Antoñuelo no estaba +presente, se atrevió a pedirlas y a indagar por qué venía Antoñuelo con +tanta frecuencia y de qué trataba con Juanita en sus largos apartes y +cuchicheos.</p> + +<p>Ambas Juanas, sin alterarse en manera alguna y como la cosa más natural +y sencilla, lo explicaban todo, afirmando que Juanita y Antoñuelo eran +exactamente de la misma edad, se habían criado juntos desde que estaban +en pañales y podían considerarse como hermanos.</p> + +<p>Añadían ambas que Antoñuelo era travieso y muy tronera, que daba a su +padre grandes desazones, que de él podían temerse mayores males aún y +que a Juanita ni remotamente le convenía para novio; pero ella no +acertaba a prescindir del cariño fraternal que le tenía, ni a prohibirle +que viniese a verla, ni a dejar de darle buenos consejos y +amonestaciones, los cuales eran el asunto de los cuchicheos.</p> + +<p>Don Paco aparentaba aquietarse al oír tal explicación; pero en realidad +no se aquietaba; y mostrando el verdadero interés que <span class="pagenum"><a name="page37" id="page37"></a></span>el buen nombre de +Juanita le inspiraba, insinuaba que, aunque todo fuese moral e +inocentísimo, convenía, a fin de evitar el qué dirán, no recibir a +Antoñuelo con tanta frecuencia.</p> + +<p>Los sermones que predicaba don Paco, más que morales conducentes a +observar el decoro de Juanita, no se puede decir que fueron predicados +en desierto. Poco a poco dejaron de menudear las visitas de Antoñuelo; +sus cuchicheos con Juanita se acortaron, y al fin, cuchicheos y visitas +vinieron a ser raros.</p> + +<p>Esto dio ánimo a don Paco. Creyó notar que se prestaba dócil oído a sus +cariñosas reprimendas, y se atrevió a predicar también sobre otro punto.</p> + +<p>En extremo gustaba él de ver a Juanita charlar en la fuente o subir la +cuesta con el cantarillo en la cadera o con la ropa ya lavada sobre la +gentil cabeza, más airosa y gallarda que una ninfa del verde bosque, y +más majestuosa que la propia princesa Nausicaa, que también lavaba la +ropa cuando, sin desconcharse ni echar las ínfulas por el suelo, solían +hacerlo las princesas, allá en los siglos de oro.</p> + +<p>Don Paco, que tenía, según hemos apuntado ya, entendimiento de amor de +hermosura, se quedaba extasiado contemplando el andar de la moza, que no +tenía el liviano, provocativo y sucio movimiento de caderas y los +pasitos menudos que suelen tener las chulas, sino que era un andar +sereno, a grandes pasos, noble y lleno de gracia, como sin duda debía de +andar Diana Cazadora, o la misma Venus al revelarse al hijo de Anquises +en las selvas que rodeaban a Cartago.</p> + +<p>En Villalegre se gastaban corsés, y hasta era Juana la Larga quien mejor +los hacía; pero la indómita Juanita nunca quiso meterse en semejante +apretura ni llevar aquel cilicio que para nada necesitaba ella y que +entendía que hubiera desfigurado su cuerpo. Sólo llevaba, entre el +ligero vestido de percal y sobre la camisa y enaguas blancas un justillo +o corpiño sin hierros ni ballenas, cosa que bastaba a ceñir la estrecha +y virginal cintura, dejando libre lo demás que, derecho y firme, no había +menester de sostén ni apoyo.</p> + +<p>En el espíritu de don Paco pudo, sin embargo, más que el deleite de ver +a Juanita en la fuente o volviendo del albercón, la idea de que, estando +ya muy remotos los siglos de oro, no era posible imitar a la princesa +Nausicaa, sin rebajarse o avillanarse demasiado; y así, aconsejó y +amonestó tantas veces y con tan discretas razones a Juanita para que no +fuese a la fuente, apoyándole <span class="pagenum"><a name="page38" id="page38"></a></span>siempre la madre de ella, que Juanita +cedió, al cabo, y dejó de ir a la fuente y al albercón, retrayéndose, +además, de otros varios ejercicios y faenas que no son propios de una +señorita.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XI" id="XI"></a>XI</h2> + +<p>Doña Inés López de Roldán distaba mucho de ser una lugareña vulgar y +adocenada. Era, por el contrario, distinguidísima; y en su tanto de +méritos mirados, o sea guardando la debida proporción, pudiéramos +calificarla de una princesa de Lieveo o de una madame Récamier aldeana. +Su vida no pasaba ociosa, sino empleada en obras casi siempre buenas y +en fructuosos afanes. Su caridad para con los pobres era muy elogiada, +ayudándola en este ejercicio el señor don Andrés Rubio. No descuidaba +ella por eso el gobierno de su casa, que estaba saltando de limpia, y +todo muy en orden, a pesar de los siete chiquillos que tenía, el mayor +de ocho años; pero como la casa era muy grande, a los cinco mayores, +entregados a una mujer ya anciana y de toda confianza, los tenía en el +extremo opuesto de aquel en que estaba ella, a fin de que no turbasen +con sus chillidos y gritería, ya sus solitarias meditaciones, ya sus +lecturas, ya sus interesantes coloquios con el padre Anselmo, con el +cacique o con alguna persona de fuste que viniese a visitarla.</p> + +<p>A las nueve de la noche en verano, y a las ocho o antes en invierno, +mandaba acostar a los niños, y desde entonces, hasta las once, y a veces +hasta más tarde, tenía tertulia, en la cual se discreteaba, y a la cual +rara vez asistía el señor Roldán, que no presumía ni podía presumir de +discreto, y a quien las discreciones de su mujer pasmaban y +enorgullecían, pero al mismo tiempo le excitaban al sueño.</p> + +<p>En las horas que le dejaban libre los afanes y cuidados de la casa y aun +de la administración de la hacienda, de la que suavemente había +despojado a su marido por no considerarle capaz, doña Inés solía +ocuparse en lecturas que adornaban y levantaban su espíritu. Rara vez +perdía su tiempo en leer novelas, condenándolas por insípidas o +inmorales y libidinosas. De la poesía no era muy partidaria tampoco, y +sin plagiar a Platón, porque no sabía que Platón lo hubiese preceptuado, +desterraba de su casa y familia a casi todos los poetas como corruptores +de las buenas costumbres y enemigos de la verdadera religión y de la paz +que <span class="pagenum"><a name="page39" id="page39"></a></span>debe reinar en las bien concertadas repúblicas; pero en cambio, +doña Inés leía Historia de España y de otros países y, sobre todo, +muchos libros de devoción. El cura la admiraba tanto al oírle hablar de +teología que, mentalmente, adornaba sus espaldas con la muceta y su +cabeza con el bonete y la borla.</p> + +<p>Era tan grande la actividad de doña Inés, que a pesar de tan varias +ocupaciones, aún le quedaba tiempo para satisfacer su anhelo de +enterarse a fondo de la historia contemporánea y local, que tenía para +ella más atractivos que la Historia Universal o de épocas y países +remotos.</p> + +<p>Para conocer bien esta historia contemporánea y local y ejercer sobre +los hechos la más severa crítica, se valía doña Inés de diferentes +medios, siendo el más importante una criada antigua, que hacía recados, +que entraba y salía por todas partes y que se llamaba Crispina, émula en +su favor y privanza de Serafina, la doncella.</p> + +<p>Gracias a Crispina, doña Inés estaba al corriente de los noviazgos que +había en el pueblo, de las pendencias y de los amores, de las amistades +y enemistades, de lo que se gastaba en vestir en cada casa, de lo que +este debía y de lo que aquel había dado a premio, y hasta de lo que +comía o gastaba en comer cada familia. A los que comían bien, doña Inés +los censuraba por su glotonería y despilfarro, y a los que comían poco y +mal, los calificaba de miserables, de hambrones y de perecientes.</p> + +<p>No tardó, por consiguiente, doña Inés en tener noticia de las aficiones +de su padre y de sus visitas o tertulias en casa de ambas Juanas. +Muchísimo la molestó esta grosera bellaquería, que tan duramente la +apellidaba; pero disimuló y se reportó durante muchos días, sin decir +nada a su padre. Doña Inés estaba muy adelantada en sus concebidas +esperanzas de octavo vástago, y en tal delicada situación se cuidaba +mucho y procuraba no alterarse por ningún motivo, para que las dichas +esperanzas no se frustraran o se torcieran ruinmente, realizándose de un +modo prematuro, con deterioro y quebranto de su salud. Pero aunque doña +Inés no dijo por lo pronto nada a don Paco, se la tenía guardada y +seguía observando y averiguando por medio de Crispina, en la creencia de +que era a Juana y no a Juanita a quien su padre pretendía o cortejaba.</p> + +<p>Esta creencia mitigaba no poco el disgusto de doña Inés, porgue no podía +entrar en su cabeza que su padre intentase jamás contraer segundas +nupcias con Juana la Larga. Así es que lo que <span class="pagenum"><a name="page40" id="page40"></a></span>censuraba en este muy +ásperamente era la inmoralidad y el escándalo de unas relaciones +amorosas contraídas por hombre que tenía más de medio siglo y que iba a +ser pronto por octava vez abuelo. La enojaba también la condición harto +plebeya del objeto de los amores de su padre, los cuales, si no dignos +de aplauso, la hubieran parecido dignos de disculpa a haber sido con +alguna hidalga recatada y de su posición, como había dos o tres en el +lugar, que, según pensaba doña Inés, hubieran abierto a don Paco, si él +hubiera llamado a la puerta de ellas pidiendo entrada. No se cansaba, +pues, doña Inés de censurar las ruines inclinaciones de su padre. Le +dolía asimismo que su padre gustase tanto en obsequiar a Juana la Larga, +suponiendo, según las noticias que le trajo Crispina, que gastaba mucho +más de lo que ganaba.</p> + +<p>—¿Conque juega al tute con ella?</p> + +<p>—Sí, señora—contestó Crispina—. Y ya por echarla de fino, ya porque +está embobado y embelesado mirando a Juana con ojos de carnero a medio +morir y sin atender al juego, lo cierto es que Juana le pela, ganándole +diez o doce reales cada noche. Además, los regalos de don Paco llueven +sin descampar sobre aquella casa; ya envía un pavo, ya una docena de +morcillas, ya fruta, ya parte del chocolate que le regala su merced, +hecho por el hombre que viene expresamente desde Córdoba a hacerlo a +esta casa.</p> + +<p>Lo de que don Paco hubiese regalado también parte de su chocolate irritó +ferozmente a doña Inés; lo consideró una verdadera profanación y casi le +hizo perder los estribos; pero al fin pensó en la situación en que se +encontraba, ya fuera de cuenta, y logró reportarse. Su moderación y sus +cuidados no fueron inútiles.</p> + +<p>El 29 de junio, día de San Pedro Apóstol, sintió doña Inés desde muy de +mañana los primeros dolores, y con gran facilidad dio a luz en aquel +mismo día a un hermoso niño. La madre y el señor Roldán decidieron que +debía llamarse Pedro, en honor del Príncipe de los apóstoles en cuyo día +había nacido y del que eran muy devotos. El señor don Andrés Rubio +prometió tener al infante en sus brazos en la pila bautismal. Y como el +infante fue robustísimo y el médico asegurase que no corría peligro su +vida, retardaron su bautismo hasta mediados del mes de julio, así porque +ya estaría levantada la señora doña Inés y podría asistir a las fiestas +que se hiciesen, como porque para entonces se realizaría la anunciada +visita del señor obispo, el cual, a más de confirmar a todos los +muchachos que no lo estuviesen, les haría la honra de bautizar al futuro +Periquito.</p><p><span class="pagenum"><a name="page41" id="page41"></a></span></p> + +<p>El obispo sería hospedado en casa de los señores de Roldán los tres o +cuatro días que estuviese en Villalegre. Doña Inés, por tanto, pensando +en los preparativos y en todos los medios que había de emplear para +hacer con lucimiento recepción tan honrosa, perseveró en refrenar su ira +contra Juana la Larga, a quien imaginaba seductora de su padre. Y +disimulando el odio que le había tomado, no quiso dejar de valerse de +ella en ocasión de tanto empeño. Ya la había llamado el día del +alumbramiento, porque bien sabía por experiencia que no había en el +mundo conocido más hábil comadre que Juana.</p> + +<p>Y como tampoco había por allí mujer tan dispuesta para preparar y +dirigir los festines, con tiempo comprometió a Juana a fin de que desde +dos días antes de la llegada del obispo se viniese a su casa, sin volver +a la casa propia sino para dormir, y lo preparase y dirigiese todo. +Juana prometió hacerlo así y lo cumplió muy gustosa.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XII" id="XII"></a>XII</h2> + +<p>La víspera de la llegada del obispo, que fue el 15 de julio, víspera +también de la Virgen del Carmen, Juana había trabajado ya mucho, sudando +el quilo para condimentar los manjares y las golosinas, y hasta para +disponer el aparato y la magnificencia que habían de desplegarse en la +recepción y en el hospedaje de su señoría ilustrísima, y en el refresco +y ambigú que había de darse en aquella casa a todo lo más granado e +ilustre de la villa, después de terminadas las cristianas ceremonias de +la confirmación y del bautismo. En ella, doña Inés iba a dar al señor +obispo más trabajo que nadie, pues tenía siete chiquillos no confirmados +aún, y uno todavía <i>moro</i>, como apellidan en Andalucía a todo ser humano +antes de recibir el agua sacramental que le trae al gremio de la +Iglesia.</p> + +<p>La noche del 15 de julio hacía muchísimo calor. A eso de las nueve, don +Paco, según costumbre, se fue de tertulia a casa de Juana la Larga; pero +Juana seguía trabajando aún en la de los señores de Roldán, y Juanita +estaba sola con la criada, tomando el fresco en la reja de su sala baja.</p> + +<p>La vio don Paco, y llegó a hablarle antes de dirigirse a la puerta. +Juanita, después de los saludos de costumbre, dijo a don Paco, que +pretendía que le abriese:</p> + +<p>—Mi madre no ha vuelto aún. No sé cuándo volverá. Estando <span class="pagenum"><a name="page42" id="page42"></a></span>yo sola no +me atrevo a abrir a usted la puerta y a dejarle entrar. La gente murmura +ya contra nosotros, y murmurará mil veces más si yo tal cosa hiciera. +Váyase usted, pues, y perdóneme que no le reciba.</p> + +<p>Ninguna objeción acertó a poner don Paco, convencido de lo puesta en +razón que estaba Juanita. Solamente le dijo:</p> + +<p>—Ya que no me recibes, no te vayas de la reja y habla conmigo un rato. +Aunque la gente nos vea, ¿qué podrán decir?</p> + +<p>—Podrán decir que usted no viene a rezar el rosario conmigo; podrán +creer que yo interesadamente alboroto a usted y le levanto de cascos, y +podrán censurar que pudiendo ser yo nietecita de usted, tire a ser su +novia y tal vez su amiga. Con esta suposición me sacarán todos el +pellejo a túrdigas; y si llega a oídos de su hija de usted, mi señora +doña Inés López de Roldán y otras hierbas, que usted y yo estamos aquí +pelando la pava, será capaz de venir, aunque se halla delicada y +convaleciente, y nos pelará o nos desollará a ambos, ya que no envíe por +aquí al señor cura acompañado del monaguillo, con el caldero y el hisopo +del agua bendita, no para que nos case, sino para que nos rocíe y +refresque con ella, sacándonos los demonios del cuerpo.</p> + +<p>—Vamos, Juanita, no seas mala ni digas disparates. No es tan fiero el +león como lo pintan. Y si tú gustases un poquito de mí, y mi +conversación te divirtiese en vez de fastidiarte, no tendrías tanto +miedo de la maledicencia, ni de los furores de mi hija, ni de los +exorcismos del cura.</p> + +<p>—¿Y de dónde saca usted que yo no guste de tener con usted un rato de +palique? Pocas cosas encuentro yo más divertidas que la conversación de +usted, y además siempre aprendo algo y gano oyéndole hablar. Yo soy +ignorante, casi cerril; pero, si el amor propio no me engaña, me parece +que no soy tonta. Comprendo, pues, y aprecio el agrado y valor que +tienen sus palabras.</p> + +<p>—Entonces, ¿cómo es que no me quieres?</p> + +<p>—Entendámonos. ¿De qué suerte de quereres se trata?</p> + +<p>—De amor.</p> + +<p>—Ya esa es harina de otro costal. Si el amor es como el que tiene el +padre Anselmo a su breviario, como el que tiene doña Inés a sus libros +devotos o como el que tiene usted a las leyes o a los reglamentos que +estudia, mi amor es evidente y yo quiero a usted como ustedes quieren +esos libros. No menos que ustedes se deleitan en leerlos, me deleito yo +en oír a usted cuando habla.</p> + +<p>—Pero, traidora Juanita, tú me lisonjeas y me matas a la vez.<span class="pagenum"><a name="page43" id="page43"></a></span> Yo no +quiero instruirte, sino enamorarte. No aspiro a ser tu libro, sino tu +novio.</p> + +<p>—Jesús, María y José. ¿Está usted loco, don Paco? ¿En qué vendría a +parar, qué fin que no fuera desastroso podría tener ese noviazgo? ¿No le +tiemblan a usted las carnes al figurarse la estrepitosa cencerrada que +nos darían si nos casáramos? Y si el noviazgo no terminase en +casamiento, ¿adónde iría yo a ocultar mi vergüenza, arrojada de este +pueblo por seductora de señores ancianos?</p> + +<p>Lo de la ancianidad, tantas veces repetido, ofendió mucho a don Paco en +aquella ocasión, y muy picado, y con tono desabrido, exclamó haciendo +demostración de retirarse:</p> + +<p>—Veo que presientes graves peligros. No quiero que te expongas a ellos +por mi culpa. Adiós, Juanita.</p> + +<p>—Deténgase usted, don Paco; no se vaya usted enojado contra mí. ¿No +conoce usted muy a las claras que yo le quiero de corazón y que mi mayor +placer es verle y hablarle? Como soy franca y leal, procuro no retener a +usted con esperanzas vanas. Mucho me pesaría de que usted me acusase un +día de que yo le engañaba. Por esto digo a usted que de amor no le +quiero y me parece que no le querré nunca. Pero lo que es por amistad, +debe usted contar conmigo hasta la pared de enfrente. ¿Por qué no se +contenta usted con esa amistad? ¿Por qué me pide usted lo que no puedo +ni debo darle? No sería flojo el alboroto que se armaría en el pueblo si +usted y yo fuésemos novios y sí el noviazgo se supiese.</p> + +<p>Don Paco se atrevió a decir entonces, en mala hora y con poco acierto:</p> + +<p>—¿Pues qué necesidad hay de que nuestro noviazgo se sepa?</p> + +<p>—Y usted, ¿por quién me toma para insinuar ese sigilo, dado que sea +posible? Sólo se oculta lo poco decente, y, por tanto, yo no he de +ocultar nada aunque pueda. Si me decidiese yo a ser novia de usted, +sería por considerarlo bueno y honrado, y en vez de ocultarlo como fea +mancha, lo pregonaría y lo dejaría ver a todos con más orgullo que si +enseñase una joya, jactándome de ello, en vez de andar con tapujos. Ya +sabe usted mi modo de pensar. Nada más tenemos que decirnos. Ahora, lo +repito, váyase usted y déjeme tranquila. Malo es siempre dar que hablar; +pero dar que hablar sin motivo es malo y tonto.</p> + +<p>Don Paco depuso el enojo, no acertó a responder a Juanita con ninguna +frase concertada y se fue, despidiéndose de ella resignado y triste.</p> + +<hr /><p><span class="pagenum"><a name="page44" id="page44"></a></span></p> +<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h2> + +<p>Pasaron días y vino el obispo, como se esperaba.</p> + +<p>Su señoría ilustrísima bautizó a los niños <i>moros</i>, que aguardaban su +venida, como los padres del Limbo el santo advenimiento, y confirmó a +los no confirmados, que se contaban a centenares, entre ellos no pocos +harto talludos.</p> + +<p>Doña Inés se lució dando hospedaje al señor obispo, y este se fue del +lugar muy maravillado y gozoso de la magnificencia y primor con que allí +se vivía.</p> + +<p>Libre ya doña Inés de tanta extraordinaria faena, se consagró con mayor +atención al estudio de la historia contemporánea, y al cabo, auxiliada +por los datos que le suministraba Crispina, y valiéndose de su rara +sagacidad, vino a comprender que no era a la madre, sino a la hija, a +quien cortejaba don Paco. Su furor fue entonces muy grande; pero por lo +mismo se calló y no atormentó a su padre con insinuaciones ni bromas. El +asunto no se prestaba a bromas ni a medios términos. La ira de doña Inés +había de estallar y manifestarse de una manera más seria cuando +estuviese completamente convencida de la locura de su padre, pues de tal +la calificaba.</p> + +<p>Don Paco, entre tanto, si bien daba ya menos pretexto a la murmuración, +se sentía más enamorado que nunca de Juanita. Pensaba en sus dulces +desdenes, recapacitaba sobre ellos, hacía doloroso examen de conciencia +y miraba y cataba la herida de su corazón, como un enfermo contempla con +amargo deleite la llaga o el cáncer que le lastima y en el que prevé la +causa de su muerte.</p> + +<p>Toda la vida había sido don Paco el hombre más positivo y menos +romántico que puede imaginarse. Aquel imprevisto sentimentalismo que se +le había metido en las entrañas y se las abrasaba, le parecía tan +ridículo que, a par que le afectaba dolorosamente, le hacía reír cuando +estaba a solas, con risa descompuesta y que solía terminar en algo a +modo de ataque de nervios.</p> + +<p>Don Paco dejó, pues, de ir todas las noches a casa de ambas Juanas; ya +no veía a Juanita en la fuente y sola, porque él mismo había predicado +para que no fuese, y, sin embargo, no acertaba a sustraerse a la +obsesión que Juanita le causaba de continuo, presente siempre a los +perspicaces ojos de su espíritu, así en la vigilia como en el sueño.</p><p><span class="pagenum"><a name="page45" id="page45"></a></span></p> + +<p>Por dicha, no le atormentaban los celos. Juanita zapateaba, donosa o +duramente, a cuantos mozos la pretendían, y lo que es Antoñuelo iba ya +con menos frecuencia a casa de Juanita. Según en el lugar se sonaba, +andaba él muy extraviado, frecuentando las tabernas en harto malas +compañías y pasando muchas noches en francachelas y jaranas. Villalegre +no era el único teatro de sus proezas, sino que, a pesar de las +amonestaciones y reprensiones de su padre, a menudo muy duras, se solía +ir de parranda al campo o algunos lugares cercanos, y en dos o tres días +no aparecía por su casa.</p> + +<p>Don Paco no tenía, pues, rivales. Parecía completamente dueño del campo; +pero el campo estaba tan bien atrincherado, que don Paco no lograba +entrar en él y se quedaba fuera como los otros. No desistió por eso de +ir por las noches a casa de ambas Juanas, aunque no de diario.</p> + +<p>Como de costumbre, jugaba al tute con la madre; como de costumbre, +hablaba con Juanita en conversación general, y Juanita hablaba +igualmente y le oía muy atenta manifestándose finísima amiga suya y +hasta su admiradora; pero, como de costumbre también, las miradas +ardientes y los mal reprimidos suspiros de don Paco pasaban sin ser +notados y eran machacar en hierro frío, o hacían un efecto muy contrario +al que don Paco deseaba, poniendo a Juanita seria y de mal humor, +turbando su franca alegría y refrenando sus expansiones amistosas.</p> + +<p>De esta suerte, poco venturosa y triunfante para don Paco, se pasaron +algunos días y llegaron los últimos del mes de julio.</p> + +<p>Hacía un calor insufrible. Durante el día los pajaritos se asaban en el +aire cuando no hallaban sombra en que guarecerse. Durante la noche +refrescaba bastante. En el claro y sereno cielo resplandecían la luna y +multitud de estrellas, que, en vez de envolverlo en un manto negro, lo +teñían de azul con luminosos rasgos de plata y refulgentes bordados de +oro.</p> + +<p>Ambas Juanas no recibían a don Paco en la sala, sino en el patio, donde +se gozaba de mucha frescura y olía a los dompedros, que daban su más +rico olor por la noche, a la albahaca y a la hierba luisa, que había en +no pocos arriates y macetas, y a los jazmines y a las rosas de +enredadera, que en Andalucía llaman de <i>pitiminí</i>, y que trepan por las +rejas de las ventanas, en los cuartos del primer piso, donde dormían +Juanita y su madre.</p> + +<p>En aquel sitio, tan encantador como modesto, era recibido don Paco. +Todavía allí, a la luz de un bruñido velón de Lucena, <span class="pagenum"><a name="page46" id="page46"></a></span>de refulgente +azófar, se jugaba al tute en una mesilla portátil, pero no con la +persistencia que bajo techado. Otras distracciones, casi siempre +gastronómicas, suplían la falta del juego. Juana, que era tan +industriosa, solía hacer helado en una pequeña cantimplora que tenía; +pero con más frecuencia se entretenía comiendo ora piñones, ora +almendras y garbanzos tostados, ora flores de maíz, que Juanita tenía la +habilidad de hacer saltar muy bien en la sartén, y ora altramuces y, a +veces, hasta palmitos cuando los arrieros los traían de la provincia de +Málaga, porque en la de Córdoba no se crían.</p> + +<p>Estas rústicas semicenas, dignas de ser celebradas por don Francisco +Gregorio de Salas en su famoso <i>Observatorio</i>, deleitaban más a don Paco +que hubieran podido deleitarle las antiguas cenas de Trimalción o de +Apicio y las modernas de la Maison Dorée o del Café Inglés en París, +pareciéndole mejor aquellos groseros alimentos que la ambrosía que comen +las deidades del Olimpo, ya que Juanita, comiéndolos, les comunicaba +cierta celestial u olímpica naturaleza. Dichas chucherías, apéndices de +la verdadera cena que cada uno había tomado ya en su casa antes de +empezar la tertulia, probaban además, cuando las dos Juanas y don Paco +se las comían, sin el menor susto y sin ninguna mala resulta, que +nuestros tres héroes poseían tres estómagos de los más sanos, eficaces y +potentes que hay en el mundo.</p> + +<p>Una noche en que estaban aquellas señoras muy familiares, conversables y +benignas con don Paco, se atrevió este a ofrecer algo que pensaba en +ofrecer tiempo hacía, sin acabar de decidirse por temor de que no +aceptasen su obsequio.</p> + +<p>Desechado el temor, dijo al cabo:</p> + +<p>—De hoy en ocho días, el cuatro de agosto, habrá grandes fiestas en +este pueblo. Habrá procesión, feria, velada, función de iglesia y +sermón, que predicará el padre Anselmo, contando y celebrando la vida y +milagros del glorioso Santo Domingo de Guzmán, nuestro patrono y abogado +en el cielo. Tengo yo una pieza de tela de seda, flexible y rica, por el +estilo de la de estos mantones que llaman de espumilla o de Manila. +Carece de bordados y es de color verde oscuro. Me la envió meses ha de +regalo mi sobrino Jacinto, que está en Filipinas empleado en Hacienda. +Tiempo hay todavía de hacer con esta tela un precioso vestido de mujer. +¿Y quién lo llevaría con más garbo y lucimiento que Juanita, si aceptase +mi presente? La tela es pintiparada para hacer el traje, y si ustedes +quieren darse prisa, aún tienen tiempo de sobra.</p><p><span class="pagenum"><a name="page47" id="page47"></a></span></p> + +<p>Madre e hija dieron mil gracias a don Paco por su buena intención, +mostrando repugnancia en aceptar por el qué dirán y sosteniendo que +cuando viesen a Juanita con traje tan lujoso todo el lugar se +alborotaría, adivinaría que la seda era regalo de don Paco y él y ellas +darían una estruendosa campanada.</p> + +<p>Nada contestó don Paco a tan juiciosos razonamientos; pero hizo algo más +elocuente y persuasivo. Tomó de una silla un paquete que había traído +recatadamente envuelto en un pañuelo, y desdoblándolo, mostró la tela a +la luz del velón.</p> + +<p>Ambas mujeres admiraron aquella hermosura; la calificaron de divina. Los +ojos y el alma se les iban en pos de la tela. En suma, no pudieron +resistir y aceptaron el obsequio. Juana quiso mostrarse más difícil y +Juanita tuvo que ceder y que aceptar antes que ella.</p> + +<p>No bien se fue don Paco, a eso de las doce, Juanita dijo a su madre.</p> + +<p>—Yo no he sabido resistir. La tela es encantadora. Lo que más me agrada +de ella es su flexibilidad, porque no tiene tiesura como otras sedas. Se +ceñirá muy bien al cuerpo y se podrá dar mucho vuelo a las faldas, que +formarán pliegues muy graciosos. Vamos..., he caído en la tentación. +¿Qué no van a murmurar y a morder las envidiosas cuando me vean tan +peripuesta y tan guapa ir a la función de iglesia el día de Santo +Domingo? Porque tú, mamá, irás con tu mantilla de tul bordado, y me +emprestarás o me regalarás la otra que tienes de madroños, que me está +como pintada. Varias veces la he sacado del fondo del arca y me la he +probado, mirándome al espejo. Mucho van a rabiar cuando me vean tan maja +las hijas del escribano, que gastan tanta fantasía como si fueran dos +marquesas, aunque son dos esperpentos y van siempre mal pergeñadas.</p> + +<p>—Sí, hija; pues la menor está tan escuchimizada que parece una lombriz +de caño sucio, y la otra es tan pequeñuela y tan gorda como una bolita. +Si llega a casarse, a tener hijos y a engordar más, perderá la forma de +mujer y se convertirá en cochinillo de San Antón. Pero, dejando esto a +un lado, yo no las tengo todas conmigo. Despertaremos la más tremenda +envidia y nos pondrán como un regalado trapo.</p> + +<p>—Pecho al agua y preparémonos para la lucha. ¿Qué podrán decir de mí? +¿Que don Paco me viste? Pues yo voy a vestir a don Paco..., y patas. +Mira: con mis ahorrillos iré mañana a la tienda del <i>Murciano</i> y +compraré paño de Tarrasa o del mejor que tenga.<span class="pagenum"><a name="page48" id="page48"></a></span> Calcula tú cuántas +varas se necesitan. El tiene gabina, castora o como se llame; pero su +levita, aunque no se la pone más que diez o doce veces al año, está ya +desvergonzada de puro raída. Sin chistar, con mucho sigilo, vamos tú y +yo a hacerle una levita nueva, según el último figurín de <i>La Moda +Elegante e Ilustrada</i> que recibiste de Madrid el otro día. Como tú +tienes las medidas de don Paco y eres muy hábil, la levita, sin +probársela ni nada, le caerá muy bien, y ya verás con qué majestad y con +qué chiste la luce en la procesión, cuando marche en ella entre los +demás señores del Ayuntamiento. Así no seré yo sola, sino él también, +quien estrene prenda en tan solemne día.</p> + +<p>—Pero, muchacha, eso que dices no es apagar el fuego, sino echarle leña +para que arda más. Si han de murmurar como uno al verte con el vestido +nuevo, murmurarán como dos al ver con levita nueva a don Paco.</p> + +<p>—Pues que murmuren. Lo que yo me propongo al regalar la levita, además +de la satisfacción que me cause el obsequiar a don Paco, es que nadie me +acuse, y sobre todo, que no me acuse yo misma de tener el vestido sin +dar en pago algo equivalente.</p> + +<p>Decididas así las cosas, al otro día se compró el paño. Juana cortó con +segura destreza la levita y el traje de mujer, y madre e hija y dos +oficialas trabajaron con tal ahínco, que el tres de agosto, víspera del +santo, levita y vestido de mujer estaban terminados.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h2> + +<p>Cuando aquella noche vino don Paco de tertulia, le dieron la sorpresa de +enseñarle la levita.</p> + +<p>El casi se enojó, y hasta se le saltaron las lágrimas de puro +agradecido.</p> + +<p>En el patio mismo se probó la levita; le hicieron dar con ella cuatro o +cinco paseos, y ambas mujeres encontraron que con la levita estaba don +Paco muy airoso; y eso que no se veía todo el efecto, porque no había +traído la gabina, sino el hongo, como de costumbre, y la levita y el +hongo no armonizan bien.</p> + +<p>Animados ya los tres y de buen humor, dijo don Paco:</p> + +<p>—No comprendo por qué gustan ustedes tanto de la soledad y están tan +retraídas. La plaza esta noche estará animadísima. Todo el mundo habrá +acudido a la verbena y a ver los fuegos, <span class="pagenum"><a name="page49" id="page49"></a></span>que dicen que serán +magníficos. Empezarán en punto de las once, y como habrá muchos cohetes +y dos o tres soles o ruedas, y a lo último un gran castillo, que +terminará con un espantoso trueno gordo, durará la fiesta hasta después +de medianoche. La gente quiere que el trueno gordo estalle en el momento +mismo que empiece el día del santo, y espera que el santo lo oiga desde +el cielo y se alegre de que sus patrocinados le saluden y feliciten. +¿Por qué no se animan ustedes y van a gozar de todo esto? Iremos juntos. +Yo las acompañaré.</p> + +<p>—Bien quisiera yo ir—contestó Juana—; pero temo que nos pongan como +chupa de dómine cuando nos vean reunidos.</p> + +<p>—Pues mira, mamá, deja que nos pongan como les de la gana; a mí me sale +de adentro el ir, y no quiero andar con repulgos. Vamos allá, y arda +Troya. Como estamos, vamos bien, sin nada en la cabeza; no tenemos más +que echar a andar.</p> + +<p>Sin hacer más reparos, los tres se fueron en seguida a la velada y feria +que había en la plaza, la cual, con los muchos farolillos y candilejas +que la iluminaban, parecía una ascua de oro; y por el bullicio y por la +muchedumbre de gente, que casi la llenaba, era un hormiguero de seres +humanos.</p> + +<p>En los balcones, en las ventanas y en las puertas de las casas, las +personas de más edad y fuste estaban sentadas en sillas.</p> + +<p>Las jóvenes se paseaban o se paraban a contemplar las tiendas de +mercaderes ambulantes que se extendían por la plaza y por dos o tres +calles de las que en la plaza desembocan.</p> + +<p>Las tiendas a las que se agolpaba más gente eran las de juguetes y +muñecos. Apenas había chicuelo que no fuese obsequiado por sus padres o +por los amigos de sus padres con un pito, con una trompeta o con un +tambor. Y como casi todos desplegaban en seguida su capacidad musical en +los instrumentos que les habían mercado, el aire resonaba con marcial y +alegre, aunque algo discordante armonía. Ni faltaban en las tiendas de +muñecos trompas marinas, siempretiesos, sables y fusiles de madera y de +latón, y especialmente Santos Domingos de diversos tamaños, todos de +barro cocido y pintados de vivísimos colores. Estas imágenes eran las +que más se vendían, porque el santo inspiraba en el pueblo devoción +fervorosa.</p> + +<p>El ambiente estaba embalsamado por el aroma del aceite frito de más de +quince buñolerías, donde gitanas viejas y mozas freían y despachaban de +continuo esponjados buñuelos, que unas personas se comían allí mismo con +aguardiente o con chocolate y <span class="pagenum"><a name="page50" id="page50"></a></span>otras se los llevaban a su casa, +ensartados todos en un largo, flexible y verde junco.</p> + +<p>Ni faltaban allí tampoco puestos de exquisitas frutas; pero los que más +atraían la atención de los chicuelos eran los de almecinas, ya que, +además del gusto de comérselas, proporcionaban la diversión de ejercitar +la puntería tirando al blanco. Cada muchacho que compraba almecinas +compraba también un canuto de caña, cerbatana por donde, después de +haberse comido la poca y negra carne de la fruta, disparaba soplando el +huesecillo redondo y duro. Estos proyectiles corrían silbando por el +aire como las balas en una reñida batalla, salvo que eran mucho más +inocentes, pues apenas hacían daño, si por una maldita y rara casualidad +no acertaban a darle a alguien en un ojo, pues entonces bien podían +dejarle tuerto. Caso tan lastimoso, sin embargo, rara vez ocurre, y, por +consiguiente, la muchedumbre se paseaba tranquila en medio de aquel +feroz tiroteo. Había, por último, en la feria nocturna siete u ocho +mesillas de turrón, y hasta tres confiterías, donde lo que con más +abundancia se despachaba eran las yemas, los roscos de huevo y las +batatas confitadas.</p> + +<p>Se cuenta que cuando algún campesino que presume de muy rumboso quiere +obsequiar a su novia o a la muchacha a quien va acompañando, se dirige +al confitero y le pide yemas o batatas.</p> + +<p>—¿Cuántas quiere usted?—dice el confitero poniendo en uno de los +platillos del peso la pesa de cuarterón.</p> + +<p>—Eche usted <i>jierro</i>—responde el galán.</p> + +<p>El confitero pone la pesa de media libra.</p> + +<p>—Eche usted más <i>jierro</i>—repite varias veces el galán, y el confitero +va echando casi todas las pesas.</p> + +<p>Pero siempre la muchacha, llena de exquisita delicadeza, y con los más +modestos remilgos, alega la dificultad que hay en trasladar a casa tanta +balumba y pesadumbre de confites, y asegura que no se los podrá comer en +una o dos semanas, y que se pondrán agrios, secos o rancios. En fin, +ella está tan elocuente, que el galán, aunque al principio se resiste +llamando a la muchacha dama de la media almendra, al cabo se deja +convencer, pero no de repente, sino poquito a poco; y según va entrando +el convencimiento en su ánimo y ella sigue hablando, él la interrumpe a +trechos diciendo al confitero:</p> + +<p>—Quite usted <i>jierro</i>.</p> + +<p>Y de esta suerte acaba por no quedar en el platillo de las pesas más que +la de cuarterón, y a veces la de dos onzas.</p><p><span class="pagenum"><a name="page51" id="page51"></a></span></p> + +<p>Para que no careciere la velada de ningún atractivo, hubo en ella +también una banda de música militar, que se había conservado desde la +época en que hubo milicianos nacionales, gracias a los desvelos y +esfuerzos de don Andrés Rubio, que había sido comandante de la milicia. +Los ocho músicos de que constaba la banda vestían aún, cuando iban a +tocar de ceremonia, el antiguo uniforme de la extinguida institución +defensora de nuestras libertades. Eran los músicos menestrales o +jornaleros de los más listos; no tocaban mal, y siempre el Municipio les +pagaba un buen estipendio: seis y hasta ocho reales a cada uno. De este +modo se libertaba Villalegre del tributo a que estaba sometida en lo +antiguo, haciendo venir de la ciudad vecina, siempre que había función, +a los músicos, a quienes apellidaban en el lugar <i>tragalentejas</i>.</p> + +<p>Don Paco paseó a sus amigas por toda la feria, dando no poco que +murmurar, según habían previsto.</p> + +<p>Como ellas eran más finas que los jornaleros, ninguno se acercaba a +hablarles, y como estaban en más humilde posición que las ricas +labradoras, propietarias e hidalgas, la aristocracia las desdeñaba. El +nacimiento ilegítimo de Juanita hacía mayor este aislamiento. Juanita no +tenía ya una amiga. Entre los mozos, como había desdeñado a muchos, los +pobres no se le acercaban por ofendidos o tímidos, y los ricachos, que +si ella hubiera sido fácil hubieran porfiado por visitarla en su casa, +temían desconcharse o rebajarse acompañándola en público. Antoñuelo era +el único galán que aún se complacía en acompañar a Juanita; pero +Antoñuelo andaba entonces muy extraviado y se hallaba ausente en una de +sus correrías por los lugares cercanos.</p> + +<p>Las mozas que solían ir por agua a la fuente del ejido, y los arrieros, +pastores y porquerizos que acudían a dar agua al ganado, considerando +que desde que Juanita dejó de ir allí se daba tono de señora, no se +atrevían ya ni a saludarla.</p> + +<p>Toda la noche, o sea hasta que los fuegos terminaron, que fue ya cerca +de la una, madre e hija permanecieron en la plaza, y hubieran estado sin +otro acompañante que don Paco, si don Pascual, el maestro de escuela, no +se hubiera unido también a ellas.</p> + +<p>Era don Pascual un solterón de más de sesenta años, delicado de salud, +flaco y pequeño de cuerpo, pero inteligente y dulce de carácter.</p> + +<p>Desde que Juanita tuvo seis años don Pascual, prendado de <span class="pagenum"><a name="page52" id="page52"></a></span>su despejo y +de su viveza, se había esmerado en enseñarle a leer y escribir, algo de +cuentas y otros conocimientos elementales.</p> + +<p>Juanita había tenido en el maestro de escuela un admirador constante y +útil, porque había sido para ella, a falta de aya, ayo gratuito y +celosísimo.</p> + +<p>Ella, en cambio, hacía mucho honor a su maestro, pues tomando sus +lecciones en horas de asueto y cuando la escuela estaba desierta de +muchachos, salió discípula tan aventajada, que avergonzaba a casi todos +los que a la escuela asistían.</p> + +<p>Nadie sabía mejor que ella el Catecismo de Ripalda y el Epítome de la +gramática. Nadie conocía mejor las cuatro reglas.</p> + +<p>Había aprendido también Juanita algo de geografía y de historia; y ya, +cuando apenas tenía nueve años, recitaba con mucha gracia varios +antiguos romances y no pocas fábulas de Samaniego.</p> + +<p>Tiempo hacía que don Pascual no visitaba a Juanita ni a su madre.</p> + +<p>Primero, las frecuentes visitas de Antoñuelo le habían espantado. +Después le retrajo más de ir a casa de las dos Juanas el saber que tanto +las frecuentaba don Paco. Tal vez supuso el bueno del maestro que +Antoñuelo y don Paco bastaban en aquella casa, y que si él iba estaría +de non y sería un estorbo.</p> + +<p>Aquella noche pasó por acaso don Pascual cerca de Juanita, y esta se +dirigió a él diciéndole:</p> + +<p>—Buenas noches, maestro. ¿Qué le hemos hecho a usted, que tan caro se +vende y que nos tiene tan olvidadas?</p> + +<p>Fueron tantas las cordiales zalamerías de la muchacha, que la +preocupación de que él pudiera ser estorbo se le borró por completo del +magín y acompañó a ambas mujeres durante toda la velada, siendo el +cuarto personaje del grupo.</p> + +<p>Ya paseaban los cuatro, ya se sentaban en los bancos de piedra que hay +en la plaza. Siempre estaban o iban en medio las dos mujeres, y +alternando, a un lado y otro, ambos galanes.</p> + +<p>Ellos quisieron obsequiarlas con confites, pero ninguna de las dos +consintió tamaño despilfarro. Para que don Paco no lo tomase a desaire, +dejó Juana que le comprase un buen puñado de cacahuetes y cotufas, que +se echó en el bolsillo y que iba comiendo. Juanita, que gustaba mucho de +las castañas, como la Amarilis de Virgilio, se avino a que don Pascual +le comprase un cuarterón de pilongas, que también se iba comiendo sin el +menor melindre.</p> + +<p>A don Pascual le bastó con una que ella le dio con fineza, <span class="pagenum"><a name="page53" id="page53"></a></span>porque como +don Pascual no tenía dientes, no la podía roer ni mascar y la tuvo hora +y media en la boca, tratando en balde de ablandarla, y recordando que +sin duda por eso, así como por su baratura, se llaman las castañas +pilongas caramelos de cadete. Agradablemente pasaron, pues, la velada, y +fueron de los que más gozaron en ella, sin perdonar los fuegos con los +que la velada terminó, y que estuvieron espléndidos.</p> + +<p>Los galanes, ya cerca de la una, acompañaron a ambas Juanas hasta la +puerta de su casa.</p> + +<p>Cada mochuelo a su olivo, como suele decirse. Todos en el lugar se +retiraron a dormir y trataron de dormir profundamente y de prisa, a fin +de estar listos y bien apercibidos, desde muy temprano, para las +magníficas fiestas que había de haber al día siguiente.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XV" id="XV"></a>XV</h2> + +<p>Desde el amanecer empezó a solemnizarse el 4 de agosto de manera +estruendosa con repique general de campanas.</p> + +<p>Multitud de gente, tanto de la villa como de no pocos lugares cercanos, +circulaba por la vía pública, acudía a la plaza, donde seguía la feria +como en la noche antes, o se agolpaba en la carretera por donde había de +ir la procesión, saliendo de la iglesia de Santo Domingo, que era la +parroquia, y volviendo a entrar en ella después de haber dado gentil +paseo por las calles principales. Estas habían sido bien barridas y +alfombradas luego de juncia y gayomba. Aguardando ver pasar la procesión +se hallaban muchas personas en las puertas, ventanas y balcones, +pendientes de cuyas rejas y barandas lucían vistosas colgaduras de +damasco encarnado, verde y amarillo, o de colchas de algodón estampado +con enormes floripondios y orladas de rizados y cándidos faralaes.</p> + +<p>La población toda estaba de gala. Los hombres, bien afeitados, pues la +víspera quedaron abiertas las barberías y afeita que afeita hasta muy +dadas las doce. Los señores más importantes y ricos, cuantos recibían el +tratamiento de don, estaban de levita y castora, hasta con frac dos o +tres, el escribano entre ellos. Los jornaleros, de camisa limpia y con +sus mejores ropas; si eran jóvenes, iban en cuerpo, pero con chivata o +larga vara de membrillo, oliva o fresno; y si eran ya mayores de edad, +con capa, para el conveniente decoro, por ser por allí la capa el traje +de etiqueta, del que no se puede prescindir, aunque se achicharre o +derrita <span class="pagenum"><a name="page54" id="page54"></a></span>el humano linaje, como era entonces el caso, porque el sol +hacía chiribitas.</p> + +<p>Las mujeres de todas las clases sociales habían sacado sus trapitos de +cristianar para adornarse aquel día. Ninguna iba con la cabeza +descubierta. Todas, sí no tenían mantilla, llevaban mantones de lana +ligera, o bien pañuelos que denominaban allí <i>seáticos</i>, o sea percal +lustrosísimo, que imita la seda. Las damas pudientes, ya provectas, +vestían trajes negros u oscuros de tafetán, de sarga malagueña o de +alepín o de cúbica; y las señoritas, sus hijas, iban con trajes de +muselina o de otras telas aéreas y vaporosas, pero ninguna sin mantilla, +ora de tul bordado, ora de blonda catalana o manchega. Sobre la pulidez +y el aseo del peinado, y como matorral a pie de enhiesta torre, +relucían, junto a las peinetas de carey, las moñas de jazmines, la +albahaca y otras hierbas de olor, y las rosas y los claveles rojos, +amarillos, blancos y disciplinados.</p> + +<p>Las flores abundaban en Villalegre, gracias a la fuente del ejido, cuyas +milagrosas propiedades ya hemos elogiado, y gracias también a otros +caudalosos veneros, que brotan entre rocas al pie de la inmediata +sierra, y a varias norias y a no pocos pozos de agua dulce, con los +cuales se riegan huertos, macetas y arriates.</p> + +<p>Por entre los hierros de las cancelas que había en las mejores casas se +veían los floridos patios, en algunos de los cuales los naranjos y las +acacias prestaban grata sombra. Las plantas enredaderas trepaban por las +paredes y formaban tupido cortinaje en las ventanas del primer piso.</p> + +<p>En el centro del patio, o refrescaba el ambiente un surtidor que caía en +roja taza de bruñido jaspe, o se levantaba gran pirámide de tiestos, +formando compacta masa de flores y verdura.</p> + +<p>Las libélulas y las inquietas mariposas revoloteaban en torno, y las +avispas y las abejas zumbaban buscando miel.</p> + +<p>El territorio o término de Villalegre confina con la campiña, donde +todas son tierras de pan llevar o baldíos incultos, sin huertas, ni +olivares, ni viñedos. Si algo verdea por aquellos campos es tal cual +melonar en las hondonadas. Todo lo demás es en aquella estación pajizo, +ya sembrado, ya barbecho, ya rastrojos, los cuales arden como yesca y +suelen quemarse para fecundar el suelo. Las plantas que se elevan más +por allí y dan mayor sombra son las pitas. Son las más leñosas y +arborescentes los cardos y los girasoles. Así es que en los hogares se +guisa con cierto producto animal, que no sólo da calor, sino perfume, +salvando por el <span class="pagenum"><a name="page55" id="page55"></a></span>aire una o dos leguas de distancia, de suerte que las +poblaciones se huelen mucho antes de llegar a ellas, y aun de +columbrarse en el horizonte sus campanarios.</p> + +<p>Los gorriones, los jilgueros, las golondrinas y otras cien especies de +pintados y alegres pajarillos salen a la campiña con el alba, a coger +semillas, cigarrones y otros bichos con que alimentarse; pero todos +anidan en el término de Villalegre, y vuelven a él, después de sus +excursiones, para guarecerse en sus cotos y umbrías, para beber en sus +cristalinos arroyos y acequias, y para regocijar aquel oasis con sus +chirridos, trinos y gorjeos.</p> + +<p>Aquel día, que era en extremo caluroso, o no habían salido las aves a +merodear o habían vuelto tempranito, y trinando y piando, mientras que +arrullaban tórtolas y palomas, hacían salva y música al Santo Patrono, +así en los alrededores como dentro de la misma villa.</p> + +<p>Para mayor ornato y esplendor se habían erigido en ella seis triunfales +arcos de lozano y verde follaje.</p> + +<p>La procesión salió en buen orden de la iglesia a las ocho en punto de la +mañana. Rompían la marcha el sacristán y los monaguillos, que llevaban +el estandarte, la manga de la parroquia y dos cruces de plata, a uno y +otro lado de la manga. Después muchísima cera, esto es, multitud de +hombres con velas encendidas caminaban en dos hileras. A trechos +aparecían, conducidas en andas, hasta seis imágenes de santos, todas +policromas, de barro o de madera. La quinta imagen era la de Santo +Domingo. Su cara, severa y hermosa. Sobre su inspirada frente relucía +una estrella de plata sobredorada. Con su mano derecha echaba el santo +bendiciones. A sus pies había un perro, muy bien figurado, que llevaba +entre los dientes una antorcha, al parecer encendida, con la cual, según +el sueño de Santa Juana de Asas, abrasaba e ilustraba el mundo en amor y +en conocimiento de Dios. Caminaban luego las dos filas de hombres con +velas ardiendo, y por último venía una bella efigie de la Virgen, que +estaba sobre los cuernos de la luna, la cual luna era de plata, lo mismo +que la corona que llevaba la Santísima Celestial Señora.</p> + +<p>Era su manto de raso azul celeste, todo él bordado también de plata, y +que había costado un dineral. Tenía la Virgen en el brazo izquierdo, +apoyado contra el corazón, a un precioso Niño Jesús con la bola del +mundo, que ostentaba la cruz en lo más alto. En la mano derecha llevaba +la Virgen el escapulario del Carmen.</p><p><span class="pagenum"><a name="page56" id="page56"></a></span></p> + +<p>Iban delante de la Virgen, con dalmáticas e incensarios, dos diáconos, +que por allí llaman <i>jumeones</i>.</p> + +<p>En mitad de los <i>jumeones</i> descollaba el hermano mayor de la cofradía, +con túnica de seda azul sobre el frac, y empuñando larga pértiga de +plata. Este hermano mayor era nada menos que el marido de doña Inés y +yerno de don Paco, el ilustre don Alvaro Roldán, uno de cuyos +antepasados había costeado la imagen de la Virgen, así como la de Santo +Domingo, obras ambas de Montañés, según se jactaban de ello los +naturales de Villalegre.</p> + +<p>En pos de la Virgen, revestido de riquísima capa pluvial, aparecía el +padre Anselmo, y en torno de él varios capellanes, así indígenas como +forasteros, con roquetes y sobrepellices, sueltos algunos de ellos, y +otros seis sosteniendo los argentinos varales del magnífico palio, +debajo del cual se contoneaba con la debida prosopopeya el ya mencionado +cura párroco.</p> + +<p>Inmediatamente marchaban los individuos del Ayuntamiento, con el alcalde +a la cabeza, el cual llevaba bengala con puño y borlas de oro. El +secretario, don Paco, estaba al lado del alcalde, con su levita nueva, +elegantísimo, y excitando la envidia de otros señores cuyas levitas o +fraques eran viejos, fuera de moda, y algunos muy pelados, y ya que no +con remiendos y rasgones, con picaduras de polilla, zurcidos chapuceros +y tal cual lamparón o mancha de pringue o aceite, no menos conspicua que +las que notó y censuró el Cid en el hábito del monje don Bermudo.</p> + +<p>El cacique, don Andrés Rubio, brillaba en la procesión por su ausencia.</p> + +<p>Cercado de una caterva de muchachos, se mostraba luego el hombre más +forzudo del lugar, con la bandera del santo, cuya asta era larguísima. +La bandera estaba hecha de retazos cuadrados de tafetán de diversos y +vivísimos colores. Y era la gala que aquel jayán, cuando había para ello +espacio bastante, porque el paño de la bandera tenía lo menos cuatro +varas en cuadro, revolotease la bandera girándola en torno, paralela al +suelo, de modo que, agachándose los muchachos y hasta algunos hombres y +mujeres, eran por ella cobijados y benditos. Esta operación del +revoloteo y el cobijo iba siempre acompañada de un precipitado redoble +de tambor, tocado por un tamborilero hasta cierto punto eclesiástico y +consagrado a aquel menester.</p> + +<p>No cerraba la procesión ninguna tropa de veras, porque en el pueblo, +desde que se había extinguido la milicia nacional, no había soldados. +Sólo había dos guardias civiles. Sin embargo, en <span class="pagenum"><a name="page57" id="page57"></a></span>lugar de los +<i>tragalentejas</i>; que solían venir en lo antiguo de una ciudad cercana, +iban los músicos municipales casi siempre tocando y vistiendo aún el +uniforme de la extinguida milicia.</p> + +<p>No contentos con esto los del lugar y considerando y sabiendo, más o +menos confusamente, que el Santo Patrono había tenido algo de guerrero, +quisieron que aquella pompa fuese más militar, y tuvieron una felicísima +idea. A los soldados romanos que salen allí en las procesiones de Semana +Santa les pusieron en el pecho cruces de terciopelo carmesí y los +convirtieron de perseguidores de Cristo en perseguidores de herejes de +los que los amigos del santo habían metido en costura. Los soldados +romanos estaban vestidos con mucha propiedad, porque en el pueblo había +un santo nacido en él, el cual santo perteneció a la Legión Tebana; y +como en compañía de una de sus canillas, hallada en las catacumbas, vino +de Roma su imagen, el traje que llevaba sirvió de modelo para hacer los +de los soldados romanos.</p> + +<p>En cuanto al traje de los judíos, era tan fantástico, que podía valer +para cualquier época, si bien tenía el inconveniente de ser tan rico y +primoroso, que sólo los señoritos más acaudalados del pueblo lo podían +costear; así es que había pocos judíos, muchos menos que soldados +romanos; mas no por eso se sometían del todo, sino que de cuando en +cuando se enredaban a trancazos con los cruzados, armando muy graciosas +escaramuzas o simulacros de pelea, con los cuales el pueblo se reía y +era como el sainete o parte cómica de la procesión.</p> + +<p>Debemos advertir que estos judíos herejes, tan elegantes en el vestir, +gastaban ciertas espantosas carátulas, con enormes narices, a veces como +berenjenas amoratadas y llenas de verrugas, porque los judíos de los +tiempos antiguos eran más feos que los de ahora, si bien entonces tenían +la mar de dinero, cuando se vestían con tanto lujo.</p> + +<p>La devota muchedumbre no veía pasar la procesión en reverente y mustio +silencio, sino con alborozo y algazara, prorrumpiendo en nutridos y +sonoros vivas, entre los cuales se oían a veces proposiciones +candorosamente heterodoxas y aun un poco blasfemas de puro +entusiásticas, como, por ejemplo: «¡Viva nuestro glorioso Patriarca, que +joroba a todos los demonios!» «¡Viva nuestro Santo Patrono, que achica a +todos los otros santos!»</p> + +<p>Para colmo de la devoción y muestras de júbilo, varios mozos tenían +escopetas y trabucos, y disparaban tiros sin bala ni <span class="pagenum"><a name="page58" id="page58"></a></span>perdigones, pero +con mucha pólvora y muy apretada por el taco, a fin de que retumbase más +el tronido. En suma, la procesión no dejó nada que desear. El público +quedó muy satisfecho.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h2> + +<p>A las diez se cantó la misa mayor con órgano, que lo hay allí muy bueno, +y no sucede lo que en Tocina y en otros lugares de la Andalucía baja, +donde dicen que, a falta de órgano, tocan la guitarra en la iglesia. De +esto no respondemos. Puede que sea una calumnia. Lo contamos porque lo +hemos oído contar.</p> + +<p>La Virgen estaba ya de nuevo ocupando su camarín en el altar mayor, cuyo +retablo, todo de madera tallada y dorada, subía hasta la cumbre del +ábside, y era caprichoso y atrevido desate del estilo churrigueresco: +complicado laberinto de retorcidos tallos, colosal hojarasca, frutas, +armas, monstruos simbólicos y rosetones, por los cuales asomaban sus +infantiles y aladas cabezas los ángeles y los serafines.</p> + +<p>A la derecha, y sobre otro altar, estaba ya también en su nicho el Santo +Patrono.</p> + +<p>Ambos altares resplandecían con muchísimas velas y hachones ardiendo, y +ramilletes de flores y festones y guirnaldas de arrayán, laurel y +limonero los engalanaban.</p> + +<p>Las paredes del templo, si bien blanqueaban sin mácula por el reciente +enjalbiego, se veían en parte cubiertas de rojo damasco, aunque el +damasco era poco, y era más el filipichín que lo remeda.</p> + +<p>A ambos lados del altar de Santo Domingo admiraban los fieles multitud +de exvotos, claro testimonio de la potencia milagrosa de su celestial +abogado. Allí piernas, ojos, brazos y hasta niños completos, y bastantes +tablitas pintadas al óleo, donde el milagro se representaba, y por medio +de un largo letrero escrito al pie quedaba explicado.</p> + +<p>La multitud llenaba el templo. En el centro, las mujeres, de rodillas o +sentadas en el suelo, se abanicaban casi todas. El movimiento de los +abanicos de diversos colores alegraba la vista. Alrededor estaban los +hombres, en pie. Sólo ocupaban algunos escaños de nogal los señores del +Ayuntamiento y el cacique don Andrés, que vino a la iglesia, aunque no a +la procesión.</p><p><span class="pagenum"><a name="page59" id="page59"></a></span></p> + +<p>Las miradas de los asistentes se fijaban con pasmo en el pecho del +cacique, donde aquel día brillaba por vez primera la placa de oro, +diamantes y rubíes y lustrosa banda de una gran cruz que el Gobierno +acababa de concederle en premio de sus eminentes servicios.</p> + +<p>Ambas Juanas, que tampoco habían estado en la procesión, porque la +habían visto pasar por delante de su casa, sita en la carrera, +aparecieron en la iglesia cuando ya empezaba la misa. Involuntario y +general murmullo de admiración se escapó entonces del pecho de los +hombres. La madre iba delante abriéndose paso con los codos. Detrás +venía la hija, hecha un sol, con su lindo vestido de seda chinesca, su +mantilla de madroños, su alta peineta de concha y un montón de claveles +junto a la peineta. Como el vestido era alto, Juanita no llevaba pañuelo +y mostraba toda la gallardía y esbeltez de su talle. Parecía la señora +principal, la reina de aquella función, y apenas podían comprender sus +compatriotas que fuese ella misma la moza que hacía poco iba con un +cántaro por agua a la fuente. Era marcial y decidido su paso, pero al +mismo tiempo majestuoso y modesto.</p> + +<p>En la mano, que, en vez de emplearse en humildes y rudos trabajos +domésticos, se diría que había estado conservada entre algodones, como +delicada joven, tenía un pericón que manejaba con mucha gracia.</p> + +<p>El asombro que causó su entrada en la iglesia bien se puede decir que +durante tres o cuatro minutos turbó el orden y la tranquilidad que allí +reinaba. El maestro de escuela, hombre leído y que sabía de memoria el +Romancero, recordó a este propósito, hablando a la oreja de un concejal, +el efecto que hizo entrada semejante en la ermita de San Simón de cierta +niña sevillana, alborotando hasta a los monagos y a los sacristanes, +quienes</p> + +<div class="center">en vez de decir amén,<br /> +decían amor, amor.</div><br /> + +<p>Tan disparatado triunfo no cogió de susto a doña Inés. Ya tenía ella +averiguada la transformación de Juanita de zagalona rústica en algo que +presumía de dama, y ya sabía, merced a las investigaciones de Cristina, +que Juanita iba a lucir aquel día un maravilloso traje de lo más a la +moda y señoril que se había visto nunca en aquel lugar y en muchas +leguas a la redonda. El éxito sobrepujó, no obstante, todos los +presentimientos y temores de <span class="pagenum"><a name="page60" id="page60"></a></span>doña Inés. Aunque todavía estaba guapa, a +pesar de los ocho vástagos que había tenido, se sintió en el fondo del +alma, inferior a Juanita en hermosura; no dejó de notar, con profunda +mortificación, que Juanita estaba vestida con mejor gusto que ella; +hasta en la distinción, aunque doña Inés se preciaba de muy distinguida, +tuvo recelos de que Juanita le llevaba ventaja. Apenas se daba cuenta la +señora de Roldán del arte o de la adivinación con que una chicuela que +se había criado entre pillería andrajosa y casi en medio de la calle, +como vaca sin cencerro, se había hecho sujeto capaz de tan repentina +elegancia.</p> + +<p>Como Juana la Larga iba tan engreída y tan ufana con el asombroso +esplendor y con la rara belleza de su niña, no buscó para ponerse con +ella de rodillas un sitio muy apartado, sino el mejor y más visible. +Ambas mujeres fueron a plantificarse en un pequeño claro, inmediato a +los escaños en que estaba el Ayuntamiento y don Paco y don Andrés; claro +que el respeto y la humildad de otras mujeres habían contribuido a +formar, y en cuyo límite, no distante, se hallaba doña Inés López de +Roldán, la cual tomó aquella intrusión por desaforado atrevimiento, y +ardió en sed de imponerle pronto y severo castigo.</p> + +<p>Al efecto había ya prevenido al padre Anselmo, y le tenía muy +sobreexcitado contra Juanita y contra su madre.</p> + +<p>El padre Anselmo distaba mucho de ser malo y de ser ignorante. Sabía no +poco de teología dogmática y de moral, y poseía notable despejo y +prodigiosa facundia; pero era terco, persistente en las opiniones que +una vez aceptaba, y desconocedor de los asuntos mundanos. Doña Inés, +además, le tenía sorbidos los sesos. Doña Inés le infundía una veneración +y un cariño alambicadamente espirituales, que la convertían para él en +oráculo. Era el devoto afecto que se filtra y se cuela a menudo en el +virtuoso corazón de los ancianos: amor sin deseo y sin vicio; lo que +hasta llamándose platonismo escandalizaría al mismo que lo siente; lo +que es tan sutil, tan etéreo y tan limpio como aquel semidivino sentir +que describe y pinta con rasgos luminosos el conde Baltasar Castiglione +en las últimas áureas páginas de su <i>Cortesano</i>.</p> + +<p>El padre Anselmo jamás había leído este libro y no había caído ni podía +caer en que sentía inclinación tan dulce; pero sin tener conciencia de +ello reverenciaba a doña Inés como si fuera ángel o santa. Estaba ciego +para todos los defectos y pecados de ella, y no veía o no creía ver en +ella sino virtudes: la prudencia, la caridad, el recogimiento y la +piedad religiosa.<span class="pagenum"><a name="page61" id="page61"></a></span> Para el padre Anselmo era doña Inés modelo de casadas +y de madres de familia y dechado ejemplar de señoras distinguidas y +doctas. En todo cuanto le dijo acerca de Juanita no advirtió otro +intento que el de evitar o reprimir el escándalo y el mal ejemplo que en +el lugar se estaba ya dando.</p> + +<p>Influido por estas ideas, había preparado el sermón que predicó aquel +día y que versaba, con aplicación a las circunstancias, sobre el mismo +tema que él gustaba de tratar siempre: sobre la corrupción de nuestro +siglo y sobre sus síntomas ominosos, que son alternativamente efectos y +causas. Porque la falta de religión hace que se hunda la moralidad, como +edificio cuyos cimientos se socavan, mientras que el excesivo regalo y +el esmerado atildamiento del cuerpo apartan a las almas de toda seria +meditación diabólicamente hacia lo temporal y caduco, y abrasándolas en +el infernal apetito de poseerlo y de gozarlo. De aquí la ambición, la +codicia y la lascivia, red que Satanás nos tiende, cebo con que nos +atrae y anzuelo con que nos pesca y nos lleva consigo para devorarnos. +La incredulidad y la herejía nacen de la molicie y del lujo, y por la +ambición y la codicia, cunden, se propagan y lo inficionan todo.</p> + +<p>El padre ilustró su doctrina con citas históricas. Los albigenses, a +quienes convirtió Santo Domingo con ayuda de Simón de Monfort, habían +caído en abominable herejía porque se entregaban a los festines, +elegancias y malas pasiones. Una pícara mujer que sedujo a Martín Lutero +tuvo la culpa de que se hiciese protestante media Europa. Y la perversa +Ana Bolena fue el medio de que se valió el diablo para apoderarse de los +ingleses, que eran antes fervorosos católicos. La codicia había sido, +sin embargo, peor que la lascivia, ya que, si bien toda revolución +herética o impía empezaba con deportes, amoríos y relajación de +costumbres, siempre era la codicia la que lograba que triunfase, +convirtiendo la revolución en cucaña, en cuyo extremo superior se ponían +los bienes de la Iglesia.</p> + +<p>—Tal vez—añadía el padre—las personas honradas y pacíficas andarán +ahora muy confiadas imaginando que ya acabó la era de las revoluciones, +porque la Iglesia es pobre y no tiene bienes que le quiten; pero ¡ay, +cuán lastimosamente se equivocan! A falta de bienes de la Iglesia se +pondrán, o se ponen ya en lo alto de la cucaña, los bienes de los +particulares ricos. Y aún habrá menos escrúpulos para incautarse de +ellos, como ahora dicen, <span class="pagenum"><a name="page62" id="page62"></a></span>porque la incautación (socorrida palabra para +no emplear otra muy dura que cuadraría mejor) no será sacrílega.</p> + +<p>Entonces el padre habló del socialismo, refutándolo y procurando +demostrar que cada una de sus utopías es sueño y delirio insano. Según +él, siempre habrá pobres y ricos, y figurándose ya la revolución social +triunfante, dio por ineludible resultado que los que ahora son ricos +queden pobres; que algunos de los pobres más listos y audaces se hagan +ricos y que la muchedumbre de los pobres se aumente en número y padezca +mayor miseria, porque gran porción de la riqueza se habrá consumido o +destruido con las huelgas, alborotos y guerras civiles. En cambio, si el +orden establecido se conserva y se cuida de que nadie se haga rico +burlando el Código Penal, todos trabajarán y se ingeniarán decentemente, +por donde crecerán la riqueza y el bienestar; y los ricos serán más +ricos y serán más, y los pobres serán menos pobres y menesterosos; y +llegará el día, allá en lo por venir, en que los pobres estén mejor +tratados que los ricos de ahora. Pero ahora y entonces habrá clases y +jerarquías sociales, y será justo que se respeten, porque las hay hasta +en el cielo.</p> + +<p>Aquí declamó mucho el padre contra el feroz empeño que muestran hoy +tantas personas por salir de su clase y elevarse sin mérito suficiente: +el tendero, sólo porque se enriquece, pretende ser marqués; el usurero, +duque; el sargento, general, sin ir a la guerra, y las mozuelas +desvergonzadas, damas y grandes señoras. Contra todos estos abusos +disertó con vehemencia, o más bien lanzó centellas y rayos, discurriendo +más por extenso sobre el lujo femenino y encareciendo los males que de +él proceden.</p> + +<p>Al cuerpecito de una niña presumida y muy ataviada lo llamó colmena de +Lucifer, cuya miel endulza el veneno, y de donde salen las abejas y los +zánganos de punzantes aguijones, o sea un maldito enjambre de vicios, +pecados y sandeces.</p> + +<p>Además de escandalizar con aquel lujo y de provocar a los hombres hasta +en los lugares sagrados, turbando el sosiego de los espíritus e +impidiendo su elevación, se gasta para sustentar dicho lujo más de lo +que honradamente se gana; se aceptan regalos de los pretendientes y se +les sonsaca el dinero. Dejándose ir, pues, por pendiente tan +resbaladiza, las muchachas pobres que se ponen muy majas dan con +facilidad en busconas. «Bien lo comprendió así—dijo el padre—la sabia +y gloriosa reina doña Isabel la Católica, cuando se indignó al ver en +unas fiestas que hubo en Segovia a ciertas aventureras vestidas de seda, +y prohibió <span class="pagenum"><a name="page63" id="page63"></a></span>el uso de la seda a las que no fuesen hidalgas y +ricashembras, lo cual fue providencia discretísima y moralizadora.»</p> + +<p>En suma, el padre Anselmo estuvo muy bien aquel día: censuró el vicio +sin censurar al vicio, y no designó ni aludió a nadie.</p> + +<p>De esto se encargó la maliciosa envidia de las mujeres, excitada con +disimulo por doña Inés. Todas hicieron a la emperejilada Juanita blanco +de sus insolentes miradas. La consideración del origen ilegítimo de la +muchacha vino a corroborar la creencia de que era pecadora. Cada cual +recordó allá en sus adentros alguna de las varias sentencias vulgares +que sostienen como verdad la transmisión de la culpa por medio de la +sangre: de tal palo, tal astilla; la cabra tira al monte; quien lo +hereda, no lo hurta; de casta le viene al galgo el ser rabilargo, y así +la madre, así la hija y así la manta que las cobija.</p> + +<p>No pecaban las dos Juanas por encogidas ni por medrosas; pero apenas +pudieron resistir la muda y formidable tempestad que descargó sobre +ellas. Aparentemente estaba más conmovida la madre. Juanita no mostró +perder la serenidad y el reposo. Su orgullo y el convencimiento de que +no había incurrido en grave falta la sostuvieron. El dolor, no obstante, +y la cólera por la inmerecida afrenta bañaron sus mejillas en más +encendido carmín. Y bajando ella la vista, veló con los párpados y las +rizadas y largas pestañas la luz de sus ojos, que dos mal reprimidas +lágrimas humedecieron.</p> + +<p>Al terminar la función acertaron madre e hija a escabullirse sin ser +notadas y a volver precipitadamente a su casa.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII</h2> + +<p>Juanita se dejó caer desmadejada en un sillón de brazos. Juana paseaba, +yendo y volviendo a largos pasos en su salita, como leona en su jaula.</p> + +<p>—¡Habráse visto—exclamaba—mayor descoco! ¡Vaya... las mantesonas, las +pu...ercas! Pues si durase aún la prohibición de seda, ¿cuál de ellas la +llevaría sin contrabando? Mejores hidalgas y ricashembras nos dé Dios. +De seda y muy de seda iban las dos hijas del escribano, pero «aunque la +mona se vista de seda, mona se queda». Son más feas que noche de +truenos. ¿Y de dónde han sacado su hidalguía? Quizá no sabremos que son +hijas de la Frasquita, a quien Dios haya perdonado. Era viuda del +<span class="pagenum"><a name="page64" id="page64"></a></span>cagarrache del molino de Don Andrés cuando la pretendió y la tomó por +mujer el escribano. ¿Y por qué la tomó por mujer? Para remediarse, +porque ella había allegado bastante dinero con un gran corral de +gallinas, y más aún con su habilidad para aviar pollos. Aunque iba a la +chita callando y no gastaba pito, la llamaban la <i>gabacha</i>. ¡Qué tacto +en aquellos dedos verdugos! A escape entrecogía ella como con alicates +lo que andaba buscando a tientas en los pobres animalitos, y los dejaba +aviados por docenas, sin que se le desgraciase ninguno en la operación. +Luego los cebada y ponía gordísimos y los vendía muy caros. Yo +preguntaría al padre Anselmo si oficio tan cruel es propio de +ricashembras.</p> + +<p>Juanita se recobró pronto de su momentáneo abatimiento, y dijo:</p> + +<p>—Mira, mamá, no me hables de las hijas del escribano. No las quiero +mal. Si me miraban con descaro y con susto, fue de puro tontas.</p> + +<p>—Pues, hija mía, no sé de qué habían de asustarse. En la menor no se +reparaba, porque es tan chiquituela y consumida, que parece un gusarapo; +pero la mayor bien llamativa estaba. Vestida de colorado y tan gorda, +parecía un tomate enorme con patas. Y luego, ¡qué desvergüenza! Durante +toda la misa estuvo su novio a la vera de ella, todavía de judío, como +había figurado en la procesión. ¡Buena hidalguía está la de Pepito, el +hijo del albardonero! En vez de mercarle traje tan costoso, su padre +debió hacerle una albarda, que no le vendría mal. Aunque ha vuelto de +Granada licenciado en leyes, sigue tan burro como se fue, salvo que +rebuzna en latín y larga las coces ajustadas a Derecho. Pero, en fin, tú +tienes razón. No debemos quejarnos de ellos. Debemos despreciarlos. El +arrastrado del padre Anselmo tiene la culpa de todo.</p> + +<p>—No maldigas del padre—replicó Juanita—. Es un bendito, espejo de +santidad. Mucho de lo que dijo en el sermón era juicioso. Y si incurrió +en exageraciones, bien sé yo por qué. La Reina Católica prohibiría sin +duda la seda porque en su tiempo se entenderían las cosas de muy otra +manera que en el día, y además porque la seda costaría entonces un ojo +de la cara y arruinaría al país. En fin, yo no sé por qué prohibió la +reina la seda. Acaso no sea verdad que la prohibiese. Pero si lo es o no +lo es, ¿a mí qué me importa? Yo no me quejo de la reina ni del cura. De +quien me quejo es de aquella embustera gazmoña <span class="pagenum"><a name="page65" id="page65"></a></span>de doña Inés, que es la +que ha armado contra mí todo este gatuperio. Ella me las pagará. ¡Voto a +Cristo que me las pagará!</p> + +<p>Y levantándose entonces de la silla se dirigió hacia su madre con los +ojos echando chispas, y haciendo la cruz como para persignarse, dijo +solemnemente:</p> + +<p>—Por esta cruz lo juro: yo me vengaré. Ella se acordará de mi durante +toda su asquerosa vida o me han de borrar el nombre que tengo.</p> + +<p>—Sí, hija mía—repuso Juana—, véngate, véngate. Nada más natural y +razonable, pero sin hacer ninguna barrabasada. Y, sobre todo, no jures, +que es pecado mortal. Véngate sin juramento; con cachaza y mala +intención.</p> + +<p>—Pierde cuidado. No me faltará cachaza. He de disimular más y he de ser +más hipocritona que esa indina. Mala intención es lo que no tengo; mi +intención siempre será buena.</p> + +<p>Al llegar a este punto de su interesante diálogo, ambas interlocutoras +oyeron en la calle terrible estruendo de voces, silbidos y carreras. Se +asomaron a la ventana y miraron por la celosía. Apenas tuvieron tiempo +de ver pasar atropellada muchedumbre de gente, y una vaca brava, atada a +una larga y recia soga, de la que tiraban catorce o quince mozos de los +más robustos y ágiles. Otros mozos aguijoneaban y enfurecían a la vaca, +apaleándola con las chivatas y punzándola por detrás con pitacos o +bohordos de pita.</p> + +<p>No siguieron mirando las Juanas lo que ocurría en la calle, porque más +conmovedor espectáculo se ofreció de repente a sus ojos dentro de la +sala misma. Apareció don Paco, a quien la criada había abierto la +puerta, con una gran pelota colorada entre los brazos. Pronto +reconocieron en aquella pelota a la hija mayor del escribano, que venía +desmayada y con acardenalado y gordo chichón en la frente. Las mejillas +y las narices las traía embadurnadas en una sustancia amarilla y +pegajosa a la que las moscas acudían. Al pronto dio no poco que +sospechar tal sustancia, pero luego se supo que eran yemas +despachurradas.</p> + +<p>En un cucurucho, que le había feriado el novio, las llevaba doña +Nicolasita, y no se rompió las narices porque al caer dio con ellas +sobre las yemas.</p> + +<p>Embelesada con la conversación de su novio, que iba a su lado, con la +carátula en la cabeza como montera y casi tan majo como ella, y seguida +de su padre y de su hermanita, habían estado todos en la plaza, donde +Pepito se había despilfarrado feriando <span class="pagenum"><a name="page66" id="page66"></a></span>los dulces. Allí se habían +olvidado por completo de que formaba parte del programa de los regocijos +y festejos con que se celebraba el día del Santo, un toro de cuerda, que +entonces fue vaca, como hemos dicho.</p> + +<p>Al pasar un grupo por la calle donde ambas Juanas vivían, oyeron de +repente el alboroto y vieron el tropel de los que huían de la vaca, y +hasta entonces no recordaron el peligro a que se habían expuesto.</p> + +<p>El escribano, sin pensar en sus hijas, con frac y todo, se subió por los +hierros de una reja y logró ponerse en salvo. La hermanita menor, que +era muy ligera, tal vez por ser tan ruin y enjuta de carnes, se subió +también a otra reja, donde parecía un mico.</p> + +<p>El novio estuvo muy caballeroso y quiso imitar a Edgardo, el héroe de la +novela de Walter Scott, <i>Lucía de Lammermoor</i>, que él había leído; pero +la vaca no entendía de heroicidades y le derribó al suelo, dándole un +empellón con el testuz. Por fortuna, la vaca no le hizo daño ni caso, +porque sólo llamaba su atención y la atraía poderosamente aquella masa +redonda y colorada que corría delante de ella agitando mucho las faldas. +Como la calle estaba cubierta de gayomba y de juncia y con muchas gotas +de cera que habían caído al pasar la procesión, el piso resbalaba +demasiado. No es, pues, de extrañar que resbalase doña Nicolasita y +diese en el suelo de hocicos. Gracias a las dos libras de yemas que se +interpusieron entre su cara y las piedras no se despampanó la pobre. +Sólo se hizo en la frente el chichón ya mencionado. Su terror fue +inmenso y causa de su desmayo. Allá, en su fantasía febricitante, creyó +sentir el cuerno que penetraba traidoramente en sus delicadísimas +carnes, ya por un lado, ya por otro; y como por el terror, y antes que +sobreviniese el soponcio, le dio la pataleta, agitaba la falda roja y +llamaba al toro, o digamos a la vaca, que se le venía encima.</p> + +<p>La fuerza de los mozos que la detuvieron tirando de la cuerda impidió +que hubiese aquel día un desastre y que la función acabase en tragedia.</p> + +<p>Don Paco, que venía por allí para visitar a sus amigas, al ver desmayada +a doña Nicolasita, la levantó en sus brazos y se refugió en casa de +ellas.</p> + +<p>Cuando ambas se enteraron de lo sucedido, olvidando el enojo, cumplieron +piadosamente con las leyes de la hospitalidad. Hicieron volver de su +desmayo a la víctima de la vaca, aplicando <span class="pagenum"><a name="page67" id="page67"></a></span>a sus narices vinagre muy +fuerte; con el mismo vinagre aguado le pusieron compresas en el chichón +y se lo vendaron con un pañuelo blanco, de suerte que doña Nicolasita +parecía un Cupido. Y, por último, le lavaron la cara y le quitaron la +costra y churretes de yemas.</p> + +<p>Don Paco auxilió en todo esto a las dos caritativas mujeres.</p> + +<p>El escribano, Pepito y la hermana menor recobrados ya del susto, +vinieron a la puerta a llamar a doña Nicolasita, la cual, restablecida +también, salió en busca de ellos, sin dar ocasión ni tiempo a que +entrasen.</p> + +<p>Tal vez pudo creerse que esta precipitación en la partida y el no entrar +en la casa los otros había sido de puro avergonzado; pero como doña +Nicolasita no dio las gracias sino de un modo muy seco, y Juana y +Juanita estaban escamadas, ambas lo atribuyeron a desdén y a estúpido +recelo de rebajarse y contaminarse en el trato de ellas.</p> + +<p>Más amostazada entonces que nunca Juana la Larga, aprovechándose de un +momento en que Juanita había subido a su cuarto, habló a don Paco de +esta manera:</p> + +<p>—Señor don Paco, de sobra habrá visto usted la afrenta que nos han +hecho. Su hija de usted, mi señora doña Inés, tiene la culpa de todo. Se +le figura que le tenemos a usted engatusado, y que le queremos chupar y +le chupamos los parneses. Harto sabe usted que eso no es verdad. Mi niña +aceptó el corte de vestido y algún que otro regalo; pero los hemos +pagado, si no con creces, en lo justo. La levita que lleva usted puesta +bien vale la seda que mi hija ha lucido hoy y que tanto jaleo ha +causado. Nosotras queremos mucho a usted, como buenas amigas; pero no le +queremos tanto para que por usted nos sacrifiquemos; si seguimos +recibiéndole nos tendrán por unas perdidas, y hasta serán capaces de +echarnos del lugar. A Juanita le divierte mucho la conversación de +usted; pero yo no quiero conversación que a nada conduce y que nos puede +salir muy cara. Conque, con pena lo digo, y sin pensamiento de +ofenderle, transponga usted, y no vuelva a parecer por esta casa, al +menos hasta que cambien las circunstancias, sí es que cambian algún día, +y sí no cambian, no parezca usted nunca.</p> + +<p>Don Paco se compungió y se aturdió al oír este discurso y no acertó a +dar contestación. Algo tartamudeaba; pero la resuelta Juana no le dejaba +decir palabra. Le empujó hacia la puerta y le echó a la calle antes que +volviese su hija.</p> + +<hr /><p><span class="pagenum"><a name="page68" id="page68"></a></span></p> +<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII</h2> + +<p>Atolondrado don Paco con los sucesos de aquel día, y más aún con la +expulsión de que acababa de ser objeto, no sabía qué camino tomar ni a +qué carta quedarse, y maquinalmente se fue a su casa a meditar y a hacer +examen de conciencia. Lo primero que notó fue que la tenía muy limpia. +No era ningún delito, aunque pudiese pasar por extravagancia, el que +estuviese enamorado de aquella muchacha que podía ser su nieta. El haber +ido a su casa todas las noches durante algunas semanas apenas le parecía +imprudente y digno de censura. De Juanita formaba, sucesiva y a veces +simultáneamente, distintos conceptos, como sí en el fondo del ser de +ella hubiese algo de misterioso e indescifrable. De sobra reconocía él +que Juanita, si no le había dado calabazas, era porque él no se había +declarado en regla; pero con sus bromas de llamarle abuelo y con la maña +que ella empleaba para que él no le hablase al oído y para esquivar el +estar a solas con él, harto claro se veía que no quería admitirle por +novio ni por amante. Sin embargo, ¿sería esto cálculo o ladino instinto +de mujer para cautivarle mejor o para entretenerle con esperanzas vagas? +También recordaba don Paco los cuchicheos de Juanita con Antoñuelo y se +ponía celoso.</p> + +<p>¿Si estaría ella prendada de Antoñuelo, y considerando que como novio no +le convenía, pensaría en plantarle y en decidirse al fin por don Paco, +como mejor partido y conveniencia? ¿Si titubearía ella entre su propio +gusto y lo que su madre, sin duda, le aconsejaba? Como quiera que fuese, +don Paco tenía estampada en las telas del juicio la imagen de Juanita, y +cada vez le parecía más hermosa y más deseable. Harto bien notaba que ni +su madre ni ella habían tratado jamás de medrar a su costa de un modo +pecaminoso e ilegítimo. La madre acaso le deseaba para yerno. Lo que es +la hija, hasta entonces no había mostrado desearle, ni menos buscarle +para amante ni para marido. El había hecho todos los avances. Culpa suya +era todo aquel furor suscitado contra las dos mujeres, del cual no le +cabía la menor duda de que doña Inés era promovedora. Consideraba luego +don Paco, y esto le lisonjeaba y le ponía muy orondo, que Juanita, ya +que no le amase, se deleitaba con su conversación, le reía los chistes, +le aplaudía las discreciones, y oyéndole hablar, se mostraba muy atenta +y como pendiente de sus labios.</p> + +<p>En aquella casa, de donde le habían echado, no había recibido <span class="pagenum"><a name="page69" id="page69"></a></span>sino +honestos y amistosos favores, en pago de los cuales, y fuese por lo que +fuese, acababan de recibir ambas mujeres un agravio sangriento, para el +cual se creía él obligado de hallar satisfacción. Exaltado por estas +cavilaciones, se decidió don Paco a ir a ver a su hija, a explicarle con +franqueza y lealtad lo que había pasado y a pedirle cuentas de su +maligna conducta.</p> + +<p>De mucho valor tenía que revestirse para atreverse a dar aquel paso. +Doña Inés, con su severidad y su tiesura, casi le infundía miedo; pero +le venció la vergüenza, hizo cuanto pudo para apartarlo de sí, y se +dirigió, con todos los bríos que pudo recoger y acumular en su ánimo, a +casa de la señora doña Inés López Roldán, a quien sabía él que hallaría +sola a la hora de la siesta.</p> + +<p>En casa de doña Inés se comía entonces a las dos de la tarde. Don +Alvaro, cuando no estaba en el campo, se acostaba en seguida, y como +comía bastante y bebía más del exquisito vino que se cría por allí, y +que es mejor que el de Jerez, con perdón sea dicho, se tendía en su cama +y estaba roncando hasta las cuatro o las cinco de la tarde.</p> + +<p>A los niños se los llevaban Serafina, el ama, y Calvete al otro extremo +de la casa, donde no molestaban con su ruido. Doña Inés se quedaba +entonces sola en su estrado o en su despacho, ya haciendo cuentas, ya +entregada a sus oraciones, ya leyendo algún libro de devoción o de +historia.</p> + +<p>El cacique don Andrés y otros personajes importantes del lugar no venían +de visita o de tertulia sino por la noche. Las malas lenguas pueden +decir cuanto se les antoja, los mal pensados pueden suponer las mayores +diabluras; pero lo cierto es que doña Inés era recatadísima y, o bien +tenía razón el padre Anselmo y era una Lucrecia cristiana, o bien sabía, +con prodigioso artificio, practicar aquel famoso precepto que dice: «Si +no eres casta, sé cauta.» De aquí que doña Inés pudiese erguir muy alta +la frente y calificar de brutal y grosera calumnia la más leve +insinuación que contra su honestidad se atreviese a hacer algún +deslenguado.</p> + +<p>Muy entretenida se hallaba entonces leyendo la vida de Santo Domingo, +porque a causa de la función de iglesia no había leído aquel día muy de +mañana el <i>Año cristiano</i>, como tenía de costumbre, cuando entró +Serafina a anunciar que don Paco llegaba a visitarla. Don Paco tenía +entrada franca en aquella casa; pero Serafina le anunció para tener +prevenida a su ama. Apenas transcurrió un minuto entre el anuncio y la +entrada de don Paco diciendo buenos días.</p><p><span class="pagenum"><a name="page70" id="page70"></a></span></p> + +<p>—Buenos días dé Dios a usted, señor padre—dijo doña Inés, levantándose +de la silla, acudiendo respetuosamente a su padre para besarle la mano y +convidándole a sentarse, como se sentó, en un sillón, frente a ella.</p> + +<p>—Dichosos los ojos que ven a usted—prosiguió doña Inés—. Hace no sé +cuántas semanas que no pone usted los pies aquí. ¿Qué negocios le traen +a usted tan ocupado? ¿Qué le ha caído a usted que hacer que no le deja +siquiera una hora o dos libres por la noche para venir a mi tertulia, +verme y darme el gusto de que yo le vea, echar algunas manos de tresillo +o tener un rato de agradable conversación con el padre Anselmo y con los +demás señores que honran mi casa con su presencia?</p> + +<p>Estas cariñosas quejas parecían todas sin intención y como nacidas del +filial afecto; pero al mismo tiempo era un cruel interrogatorio, que +turbó a don Paco, y al que tuvo que hacer un esfuerzo para contestar. De +nada valía el disimulo. Era menester contestar con franqueza, y don +Paco, armándose de valor, contestó de esta suerte;</p> + +<p>—Tienes razón en quejarte, hija mía. Hace tiempo que no vengo a tu +tertulia, ¿qué quieres? Acaso han sido chocheces, extravagancias de +viejo; pero yo había tomado la maña de ir a otra tertulia más modesta y +menos elegante que la tuya, y que, sin embargo, lo confieso, tenía para +mí singular atractivo.</p> + +<p>—¡Válgame Dios, señor padre! Lo había oído decir, pero no lo había +querido creer hasta que lo oigo de su boca. Extraño me parece que una +persona de la posición, de la gravedad y de los conocimientos de usted +se deleite rebajándose y dando conversación, durante horas enteras, a +dos mujeres tan ordinarias y tan poco edificantes como las Juanas; pero +más extraño es todavía que no sea la conversación de usted y su tertulia +con ellas solas, sino que haya usted tenido casi siempre por contertulio +a Antoñuelo, el hijo del herrador, el más pillete y el más zafio de +todos los mozos de este lugar. ¡Singular tertulia! ¡Buen par de parejas +estaban ustedes! La verdad..., yo no sabía qué decir cuando me hablaban +de esto. Aseguraban unos que Antoñuelo es el novio, o sabe Dios qué, de +la Juanita, y le endosaban a usted a la Juana. Otros afirmaban que usted +pretendía a Juanita; pero entonces, ¿en qué se empleaba, qué papel hacía +el celebérrimo Antoñuelo? ¿Eran ustedes rivales? Confiese usted que ha +sido una locura, un disparate, lo que ha estado usted haciendo. No niego +yo que la Juanita es guapa, aunque más que de honrada mocita tiene +trazas de desaforada marimacho o de <span class="pagenum"><a name="page71" id="page71"></a></span>desenfrenada potranca. Pero aunque +fuese Juanita la propia diosa Venus, debía usted (perdóneme, señor +padre, si se lo digo, por el interés y el amor que me inspira), debía +usted no avillanarse yendo a diario a su casa. Pecado y vicio sería ir +allí solo y como favorecido vencedor; pero ir en competencia con +Antoñuelo, francamente, yo no acierto a calificarlo. Lo mejor que se +puede decir es que ha sido un delirio. Vuelva usted en su juicio; deje +de visitar a esas mujeres, y todos trataremos en el pueblo de hacer +olvidar que usted las ha visitado pretendiendo a una de ellas, hasta +ahora tal vez en balde. Si ha pecado sólo con la intención, no por eso +es menor el pecado. Al contrario, ya que no para las personas piadosas y +timoratas, para gente vulgar y profana es pecado más feo. No se ofenda +usted si me atrevo a declararlo, con harto dolor lo declaro: la +ridiculez le acompaña.</p> + +<p>Casi todo el valor de que se había armado don Paco a fin de hablar a su +hija y de quejarse de su conducta, cayó derribado a los pies de la +señora de Roldán. Sus contundentes razones abrumaban a su padre como una +lluvia de acicalados chuzos, cuyas puntas se le clavaban en el corazón. +Mirando todo por el lado poético, se explicaba satisfactoriamente: +Juanita era el recato, la virtud, el talento y la modestia en persona. +Era, además, hermosa como una ideal virgen espartana, como la propia +Diana Cazadora, rica en salud y gallardía; esbelta, fuerte y ágil; con +todos los atractivos de la más casta, limpia y juvenil hermosura. Si +Antoñuelo, que era un perdido, iba allí y trataba con la mayor +familiaridad a Juanita, esto consistía en que Antoñuelo se había criado +con ella desde la infancia; en que ella le miraba y candorosamente le +quería como a un hermano, y en que procuraba evitar que se extravíase y +cayese en el precipicio.</p> + +<p>La propia madre de Juanita, aunque había tenido en su mocedad lo que +llaman en aquellos lugares un tropiezo, estaba-ya purificada por la vida +ejemplar que había hecho después y por el honroso trabajo con que había +logrado sustentarse y criar y conservar el fruto de sus desventurados +amores. Todo esto y más podía valer como respuesta a las observaciones +de doña Inés. Pero lo cierto era que, despojado el caso de este tinte +poético, y tal como el prosaico vulgo podía entenderlo, doña Inés tenía +razón que le sobraba. Para la generalidad de los habitantes de +Villalegre, Juanita no era más que la mozuela del cántaro, la hija +ilegítima de Juana la Larga, la chica que había corrido y jugado con los +pilletes en medio de las calles hasta la edad de nueve o diez años, y la +que después <span class="pagenum"><a name="page72" id="page72"></a></span>había conservado una sospechosa e íntima amistad con +Antoñuelo, el cual pasaba entre todos por un tunante de la peor especie.</p> + +<p>De aquí el desairado y mal papel que una persona de los años, de la +seriedad y la importancia de don Paco no podía menos de hacer en +apariencia, o bien siendo rival de Antoñuelo, o bien de acuerdo con él +para cortejar a la madre uno y a la hija el otro. Reponiéndose, no +obstante, de la consternación que el tremendo discurso de doña Inés le +había causado, y por lo mismo que ella con su feroz acometida le +acorralaba y, como suele decirse, le ponía entre la espada y la pared, +don Paco habló, al fin, con energía, y dijo de esta suerte:</p> + +<p>—La gente podrá decir lo que le dé la gana. Yo me río de la gente, +porque lo que dice es injusto. Tal vez me acusen las apariencias. En +realidad, no hay culpa, ni falta, ni desdoro en lo que he hecho. Mi +yerno será un señor muy noble, pero yo no lo soy, y al tratarme con los +plebeyos, me trato con mis iguales. Sólo se puede exigir de mí que sean +decentes las personas que trato, y no hay el menor motivo para afirmar +que las Juanas no lo sean. La vista y la conversación de Juanita me +deleitaban, y por eso he estado yendo a casa de Juanita todas las +noches. Soy mayor que tú en edad, saber y gobierno. Sé lo que me hago. +No necesito de guía. No quiero ni debo aguantar tus sermones. Me basta +con aguantar el que nos ha echado hoy el padre Anselmo, inocente tal +vez, pero que tú y otras mujeres envidiosas habéis envenenado con +vuestra malicia.</p> + +<p>—¡Dios mío!—interrumpió doña Inés—. ¡Esto solo me faltaba: que llegue +la ceguedad de usted hasta suponer que yo envidio a esa hija... de su +madre! Lo ocurrido es muy natural; la desvergonzada mozuela se ha +encajado en la iglesia, no vestida humildemente, según su clase, sino +con el lujo escandaloso de las mujeres cortesanas que bullen en las +grandes ciudades y que son la perdición de los hombres. ¿De dónde ha +salido el traje que llevaba puesto? Aquí nadie lo ignora. Era regalo de +usted.</p> + +<p>—No he de negar yo que era regalo mío. Ella lo aceptó por no +desairarme; pero como me ha dado en cambio prenda de más valor, nadie +puede decir que se viste a mi costa. Juanita se viste bien o mal con lo +que gana trabajando de modo honrado y lícito, y no estando vigentes en +el día la pragmática contra la seda ni ningunas otras leyes suntuarias, +no sólo de seda, sino de oro y de perlas puede vestirse Juanita si tiene +dinero para comprar el vestido y si se le antoja engalanarse con él.</p><p><span class="pagenum"><a name="page73" id="page73"></a></span></p> + +<p>—Si el respeto que a usted debo no anudase mí lengua—replicó doña +Inés—, me atrevería a decir que está usted loco de atar. ¿Cómo defender +el escándalo, la campanada que ha dado esa chica, transformada de +repente en princesa, como en los cuentos de hadas? Tiene chiste el que +le haya dado a usted la levita. Ya se la cobrará con usura. Las puntadas +de ella y las morcillas y longanizas que sabe hacer su madre no bastan +para costear levitas a los caballeros, y para seguir emperejilándose con +ricos trajes y mantillas de madroños, como dicen que en Madrid van a los +toros las damas de alto copete y las majas de rumbo. El día menos +pensado, no sólo para ir tan pomposas, sino para comer, faltará dinero a +las Juanas, y entonces acudirán a usted y a otros a fin de retenerle, y +como no podrán dar en cambio levitas, harto sabe el diablo lo que darán, +sí ya no lo han dado.</p> + +<p>—Ni han dado ni darán lo que no debe darse—exclamó don Paco, perdiendo +ya los estribos—. Lo que yo te aseguro es que si Juanita quiere darme +su mano, yo la aceptaré gustoso, y tú tendrás que respetarla como madre.</p> + +<p>—¡Jesús, María y José!, respetar yo a ese arrapiezo.... Se me caería la +cara de vergüenza si hiciera usted semejante disparate.</p> + +<p>—Pues sólo de Juanita depende que no lo haga. Y como no es posible, sin +que nos peleemos, continuar esta conversación, me voy y te dejo. Adiós, +hija.</p> + +<p>—Señor padre, vaya usted con Dios y El le ilumine para que no continúe +usted desatinando tan lastimosamente.</p> + +<p>Don Paco salió con precipitación y muy enojado de casa de su hija, y no +quedó ella menos furiosa.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX</h2> + +<p>El sermón del padre Anselmo se comentó y se interpretó por todo el lugar +en perjuicio de ambas Juanas. Nadie sacó la cara por ellas, salvo el +maestro de escuela, aquella noche, en la Casilla.</p> + +<p>La Casilla era y es todavía en algunos lugares el Casino y el Ateneo +primitivos y castizos.</p> + +<p>Por lo general, y así sucedía en Villalegre, la Casilla estaba en sala +relativamente cómoda y espaciosa, detrás de la botica. Allí se leían los +periódicos, se fumaba, se charlaba y se jugaba malilla, al tresillo, al +truquiflor y al tute, y tal vez al ajedrez, al una a la dominó y a las +damas.</p><p><span class="pagenum"><a name="page74" id="page74"></a></span></p> + +<p>Don Policarpo, el boticario de Villalegre, hacía muy bien los honores +del establecimiento, donde concurrían casi todos los personajes del +lugar, a despecho de las mujeres, que eran devotas y que abominaban del +boticario, porque lejos de estar en olor de santidad, alcanzaba la poco +envidiable fama de descreído y materialista. Siempre había permanecido +soltero; tenía una lengua como un hacha, con la que destrozaba las +reputaciones; y en su maligno rostro, en sus ojos vivarachos y algo +bizcos, en su nariz aguileña y en su boca sumida y burlona se revelaba +cierta diabólica y punzante travesura.</p> + +<p>En el pueblo se referían estupendas singularidades sobre sus doctrinas y +facultades científicas, sosteniendo muchos que no todo lo que él hacía y +decía era natural, sino en gran parte por inspiración y con auxilio del +demonio; por lo cual, al hablar de sí propio, declaraba él que, si +hubiese Inquisición aún, ya no viviría, porque le hubieran quemado vivo. +Era dogma suyo que todas las cosas son lo mismo, y que la diferencia de +ellas es más aparente que real y más somera que profunda. Produce la +diferencia de las cosas una fuerza que vive y se agita en ellas, +ocultando la raíz de su ser, y que, según sus varios efectos y +operaciones ya se llama calor, ya luz, ya electricidad, ya magnetismo, +de donde transformaciones y mudanzas y vida y muerte. Esta fuerza era el +dios de don Policarpo. Por él se jactaba de estar poseído y de ser +energúmeno.</p> + +<p>Para hacer milagros por su medio y en su nombre no tenía don Policarpo +vara de virtudes; pero, en cambio, tenía una recia, puntiaguda y +larguísima uña en el dedo meñique de la mano derecha, la cual uña le +servía de ordinario como mondadientes. Las damas se llenaban de terror +cuando la veían, como si viesen la de Satanás en persona. Se decía que +el boticario ya magnetizaba, adormecía y sujetaba a su voluntad a las +gentes, despidiendo por dicha uña fluido magnético, ya se electrizaba +todo, restregando con rapidez sus pies contra una piel de lobo, y +lanzaba por dicha uña un chorro o penacho de chispas azuladas y +luminosas. Y no faltaba quien añadiese, jurando haberlo visto, que sólo +con acercar la uña, cuando estaba él bien cargado y saturado de +electricidad, encendía un candil o disparaba un cañoncito muy cuco que +se usaba para esta experiencia.</p> + +<p>Yo no respondo de que hubiese o no algo de exagerado en tales +afirmaciones; pero como quiera que fuese, el boticario, aunque +aborrecido de las damas, a lo que debía de contribuir su fealdad nada +común, era persona divertida y hospitalaria.</p><p><span class="pagenum"><a name="page75" id="page75"></a></span></p> + +<p>Ninguna noche faltaban en la tertulia de su casa ocho o diez +tertulianos. No iba el cura por culpa de la impiedad con que allí se +hablaba; pero iban el médico, dos o tres concejales, el propio señor +alcalde, varios de los mayores contribuyentes y don Pascual, el maestro +de escuela.</p> + +<p>Don Policarpo comentó el sermón de aquel día con maliciosa agudeza, +sosteniendo irónicamente que el padre tenía razón.</p> + +<p>—Sí, señores—dijo—; ya no hay bienes de la Iglesia que repartir. El +reparto se ha hecho mal y entre pocas personas que se han enriquecido. +La futura revolución tendrá, pues, por objeto apoderarse de otros bienes +y repartirlos con mayor equidad entre todos los pobres.</p> + +<p>El maestro de escuela, que era liberal e individualista, respondió de +este modo:</p> + +<p>—No es exacto que la revolución haya despojado inicuamente de sus +bienes a la Iglesia. Si se los ha expropiado, bien la indemniza. El +Estado puede expropiar, indemnizando, para utilidad pública. Sin +embargo, aunque no hubiera tal indemnización, el caso no es idéntico. +Ninguna asociación tiene por sí los derechos radicales e +imprescriptibles de los individuos que la componen. El Estado es +asociación suprema, a la cual están sometidas las otras, sin que puedan +existir en contra suya. Y si el Estado es árbitro de la vida de ellas, +¿cómo no ha de serlo de lo que poseen? Lejos de caminar hacia el +socialismo, yo creo que la civilización propende a extender y afirmar +más cada día los derechos individuales. ¿Quién se atreverá a decir hoy, +si no está loco rematado, que el Gobierno o el rey, por respetado y +poderoso que sea, es señor de vidas y haciendas?</p> + +<p>—No nos venga usted con sofismas—interrumpió el boticario—. Si cada +uno de los individuos que se asocian tienen singularmente derechos +imprescriptibles, incluso el de asociarse, y si no hay rey ni roque que +pueda despojar a nadie a su antojo de la hacienda y de la vida, ¿cómo se +explica que no persista en la suma lo que preexistía aisladamente en +cada uno de los sumandos?</p> + +<p>Apuradillo se vio el maestro de escuela para impugnar el nuevo argumento +del boticario; pero lo impugnó al fin con razones, si no juiciosas, +agudas.</p> + +<p>Por dicha, los que estaban allí presentes eran propietarios más o menos +ricos, y varios de ellos habían comprado bienes de la Iglesia. Todos, +por consiguiente, hallaron que don Pascual discurría mejor que Solón y +que Licurgo; se pusieron de su lado, dejaron <span class="pagenum"><a name="page76" id="page76"></a></span>al boticario solo, y +trataron de sofocar su voz y de aturdirle a fuerza de gritos.</p> + +<p>Don Policarpo no se dejaba convencer ni intimidar fácilmente, pero todos +se cansaron de chillar y se pusieron roncos, terminando por cansancio +una disputa en que los extremos se habían tocado y en que la impiedad +atea había estado de acuerdo con el más fervoroso catolicismo. Hubo un +entreacto: un rato no corto de sosiego. Después recayó de nuevo la +conversación sobre el sermón de aquel día, sobre el desenfrenado lujo de +las mujeres y sobre las elegancias de Juanita la Larga.</p> + +<p>En este punto, el maestro de escuela impugnó igualmente el sermón y +defendió con más calor, ahínco y acierto a Juanita.</p> + +<p>—Es—decía—una muchacha discreta, honrada y trabajadora. Dios la ha +hecho hermosísima, y casi, casi estoy por decir que no sólo tiene +derecho, sino que tiene el deber de acicalarse y de realzar y mostrar la +hermosura que Dios le ha dado. Lo contrario sería ingratitud para con +Dios y desdeñar lo que enseña la parábola de los cinco talentos. Y +extraño mucho que ustedes, que han estado conmigo defendiendo la +propiedad individual, se vuelvan ahora contra mí y se pongan del lado de +don Policarpo para impugnar dicha propiedad. Pues qué, si Juanita tiene +dinero, ¿por qué no ha de gastarlo en cuanto se le antoje y vestirse +como una reina? ¿Y qué le falta a ella para ser reina o para ser +emperatriz?</p> + +<p>Movido el boticario por su espíritu malicioso, e impulsados los demás +por el odio y envidia de sus mujeres, respondían, si no con buen +discurso, con desvergüenzas y con burlas a cuanto don Pascual alegaba.</p> + +<p>Juana la Larga fue declarada una largartona de primera fuerza; Juanita, +una moza extraviada que estaba ya pervirtiendo y corrompiendo las buenas +costumbres, y don Paco, un viejo chinadísimo, a quien hija y madre +ponían en ridículo e iban a chupar cuanto poseía.</p> + +<p>En lo más recio de la disputa acertó a entrar en la botica el señor don +Paco, y antes de llegar a la trastienda tuvo el disgusto de oír y de +comprender los horrores que allí se propalaban.</p> + +<p>Todos se callaron, porque cara a cara no querían ofenderle. La herida, +con todo, estaba ya hecha. Se dio otro giro a la conversación. Se habló +de cosas distintas. Y don Paco halló lo más prudente no dar a entender +que había oído, y no traer de nuevo la conversación a tema para él tan +enojoso.</p> + +<p>A fin de disimular, trató de aparecer sereno y alegre; habló <span class="pagenum"><a name="page77" id="page77"></a></span>de las +novedades políticas; se congratuló de que don Andrés Rubio acabase de +obtener una gran cruz y fuese ya excelentísimo; y, por último, echó unas +cuantas manos de tute con el maestro de escuela.</p> + +<p>Embromó al boticario diciendo que no creía en la fuerza electrizadora de +su uña; y el boticario, a fin de convencerle, le prometió que el día +menos pensado, cuando estuviese él bien dispuesto, le llamaría y haría +delante de él la experiencia de encender el candil y de disparar el +cañonazo.</p> + +<p>Don Paco se había reportado, disimulando su pena y su enojo; pero no +bien volvió a su casa, la pena le arrancó lágrimas y el enojo le hizo +crispar los puños como sí estuviese delante algún enemigo a quien dar de +puñaladas.</p> + +<p>No podía, sin embargo, reñir con la población entera. Su hija era la más +culpada, y él la había sufrido. Por más que cavilaba, no veía otro modo +de vengarse, de castigar a su hija y de adquirir el derecho e imponerse +el deber de defender a Juanita contra todos que el de ofrecerle su mano +y casarse con ella.</p> + +<p>¡Ay de aquel que se atreviese entonces a decir nada ofensivo contra +Juanita, aunque ella estrenase cada día otro vestido de seda!</p> + +<p>Pensó bien en todo, interrogó a su corazón-, y su corazón le respondió +que estaba perdidamente enamorado de la muchacha.</p> + +<p>Entonces no se paró don Paco en más reflexiones; fue a su bufete y +escribió a la señora doña Juana Gutiérrez (suprimiendo el alias de la +<i>Larga</i>) una grave epístola pidiendo en forma la mano de su hija.</p> + +<p>Llamó en seguida al alguacil y pregonero, que le servía al mismo tiempo +de criado y ayuda de cámara, y le encargó que al día siguiente, y muy de +mañana, llevase aquel pliego cerrado a Juana la Larga y se lo entregase +en mano propia.</p> + +<p>Hecho esto, se acostó y durmió con alguna tranquilidad, como quien ha +cumplido un deber, y con alguna satisfacción, como quien ha puesto una +pica en Flandes.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XX" id="XX"></a>XX</h2> + +<p>Juana la Larga se llenó de júbilo cuando, a las siete de la mañana, +recibió la carta y la deletreó con no poca fatiga, porque, si bien sabía +leer, no leía de corrido y le estorbaba lo negro.</p><p><span class="pagenum"><a name="page78" id="page78"></a></span></p> + +<p>No era Juana muy reflexiva ni previsora, y no pensó en las dificultades; +sólo pensó en el triunfo que ella y su hija, en su sentir, habían +alcanzado. Acudió, pues, a la sala baja, donde Juanita estaba cosiendo, +y con el mayor alborozo le dio parte de lo que ocurría.</p> + +<p>Como comentario, la madre no sabía sino exclamar:</p> + +<p>—¡Qué victoria! Todas esas perras, cochinas, van a reventar cuando lo +sepan.</p> + +<p>—Pues oye, mamá—contestó Juanita con el mayor reposo—: yo no quiero +que nadie reviente; lo mejor es que no lo sepa nadie.</p> + +<p>—¿Qué quieres decir con eso, muchacha?</p> + +<p>—Lo que quiero decir es que nosotros, tú, él y yo, seríamos los +reventados si hiciésemos tal desatino. No lo sufriría doña Inés; y el +cura y el cacique, la Iglesia y el Estado, lo temporal y lo eterno, +caerían sobre nosotros y nos aplastarían. Nos echarían del lugar a +patadas. Y quién sabe si en otro lugar lograríamos, y cuánto tiempo +tardaríamos en lograr, tú la reputación y clientela que aquí tienes, yo +tanta costura, y don Paco el poder que aquí alcanza y su mangoneo +provechoso, debido en mucha parte a su capacidad, pero no menos aún a la +sombra y al apoyo de don Andrés, con quien priva.</p> + +<p>—¿Y de dónde sacas tú esos agüeros tan angustiosos?</p> + +<p>—No es menester ser profeta ni adivino para sacarlos. Y además, ni yo +estoy enamorada de don Paco, ni él quizá esté enamorado de mí. ¿Para qué +el casorio? ¿Qué vamos ganando en ello? ¿No comprendes que si me pide es +por un extremo de delicadeza? Yo se lo agradezco; me lisonjea mucho la +prueba de aprecio que me da; pero no paso de agradecida y de lisonjeada. +Porque ha venido a casa de tertulia, y porque me ha regalado el traje, y +porque las malas lenguas murmuran, piensa él remediar el mal casándose +conmigo. Pues entonces la misma razón hay para que contigo se case, +porque también de él y de ti dijeron, o para que me case yo con el hijo +del herrador, ya que más y peor han hablado de mis relaciones con él que +de mi relaciones con don Paco. Nada, mamá: todo eso es una tontería, o +una prueba, si quieres, de que el bueno de don Paco es un caballero +cabal, aunque no tenga los leones, los pajarracos y los otros +chirimbolos que tiene su yerno en el escudo.</p> + +<p>—Y si tú, hija mía, reconoces y confiesas que don Paco es todo un +caballero, ¿por qué no le tomas por marido?</p><p><span class="pagenum"><a name="page79" id="page79"></a></span></p> + +<p>—Porque no quiero casarme por cálculo; porque aunque quisiese casarme +por cálculo, este cálculo de ahora estaría muy mal hecho, y, sobre todo, +porque yo por nada del mundo he de aprovecharme de la caballerosidad +generosa de ese hombre para cogerle la palabra y satisfacer mi vanidad y +mi ambición, ya que amor no le tengo. Su trato me deleita; celebro su +discreción; le oigo hablar con gusto; pero de esto a desear ser suya y +casarme con él hay todavía mucha distancia. No quiero salvarla de un +brinco. Aquí, para entre nosotras, algunas veces he sentido inclinación +a ir por esa senda, a andar ese camino, y sabe Dios si lo hubiera andado +sin estos tropezones que ha habido; pero, en fin, aún no lo he andado.</p> + +<p>—¡Ay niña, con qué tiquis miquis y sutilezas te me descuelgas! ¡Cómo se +conoce el saber de que don Pascual te ha atiborrado la mollera! Si +parece cuanto dices tomado de esos libros que don Pascual te da a leer. +Pero, en fin, ¿qué contestamos a la carta de don Paco? Yo haré lo que tú +desees, porque el asunto más importa a ti que a mí y porque tú sabes más +que Lepe.</p> + +<p>—¿Pues qué hemos de contestar sino darle las gracias y decirle que +nones?</p> + +<p>—¿Y a quién le toca escribir eso? Creo que debo escribir yo... y dorar +la píldora. Yo no lograré poner el oro con mí pluma. Tú lo pondrás. Tú +irás diciendo y yo iré escribiendo, aunque hago letras que parecen +garrapatos. ¡Ay!, y más en el día, porque mi escribir ha caído en +desuso. Desde que murió tu padre en la guerra contra los carlistas, yo +no escribo sino las cuentas.</p> + +<p>—Con buena o con mala letra, es menester que tú escribas la carta; yo +te la iré dictando.</p> + +<p>—Hoy todavía no. ¿Es acaso puñalada de pícaro? ¿Quién nos corre? Antes +de dar un paso tan importante, conviene que lo medites y consultes con +la almohada. No es mucho veinticuatro horas de término. Hoy no escribo. +Mañana, si todavía te aterras a la opinión que ahora tienes, escribiré, +aunque me pese, lo que tú me digas.</p> + +<p>Juanita estaba segura de que no había de variar su resolución por mucho +que lo meditase. Tuvo, no obstante, que ceder a los ruegos de Juana y +aguardó hasta el día siguiente, en el cual, dividiéndose el trabajo, +según queda dicho, fabricaron entre ambas la carta, que, por su +trascendencia e influjo en los ulteriores sucesos de esta sencilla y +verdadera historia, hemos de consignar aquí.</p> + +<p>La carta decía como sigue:</p><p><span class="pagenum"><a name="page80" id="page80"></a></span></p> + +<span style="margin-left: 2.5em;">Señor don Paco: Muy ufanas estamos mi hija y yo de la honra que</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">usted nos hace en la carta que acabo de recibir. Se lo agradecemos</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">con toda el alma. La niña le quiere a usted mucho y le estima más;</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">pero declara que no puede ni debe aceptar lo que usted propone.</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">Cree ella que fue una imprudencia de su parte ir al sermón vestida</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">como una princesa, para azuzar más en contra suya a la gente, que</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">ya deseaba morderla. Todo el lugar está ahora sublevado. Mal</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">remedio sería la boda. Aumentarían la sublevación y el motín. Su</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">Hija de usted se pondría a la cabeza. Nosotros no podríamos</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">resistir. Los tres tendríamos que irnos con la música a otra parte.</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">En fin, don Paco, Juanita sostiene que sería la boda una locura.</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">Dice, por último, que ella no manda en su corazón, que la</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">diferencia de edad es grande entre ustedes y no quiere a usted de</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">amor, aunque le profesa la amistad más fina. Sería, pues, muy feo</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">de parte de ella abusar de la generosidad de usted para satisfacer</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">su ambición o su vanidad casándose por cálculo, y también sería muy</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">tonto, porque el cálculo estaría mal hecho.</span><br /> + +<span style="margin-left: 2.5em;">Lo mejor y lo más discreto es que ustedes no se casen y que nadie</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">sepa que ha dado usted este paso. Doña Inés nos odiaría si</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">aceptásemos la proposición de usted; pero también nos odiará y nos</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">declarará más la guerra si averigua que no aceptamos, pareciendo</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">como que desdeñamos a su padre con infundada soberbia. Importa,</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">pues, ocultar todo esto.</span><br /> + +<span style="margin-left: 2.5em;">Ahí devuelvo a usted su carta. Rásguela y rasgue la mía, a fin de</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">que no quede prueba escrita de lo ocurrido, y conserve usted en su</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">memoria grato recuerdo de nosotras. Crea en nuestra profunda</span><br /> +<span style="margin-left: 2.5em;">gratitud y mande a su afectísima amiga y constante servidora, q.b.s.m.,</span><br /> +<span style="margin-left: 8.0em;"><i>Juana Gutiérrez</i>.</span><br /> + +<hr /> +<h2><a name="XXI" id="XXI"></a>XXI</h2> + +<p>Don Paco se sintió lastimado y encantado a la vez con la lectura de la +carta, que calificó de muy discreta y que miró como dictada por Juanita.</p> + +<p>Sí ella le hubiera aceptado por marido, el contento de don Paco hubiera +sido grande, pero menor su estimación del valor de Juanita que el que +era entonces al recibir las calabazas. Acaso una vaga sospecha de que +Juanita aprovechaba la ocasión hubiera aguado el contento de ver que +ella le aceptaba. Si en extremo le dolía que ella declarase que no le +amaba, no podía menos de aplaudir la lealtad de la declaración. Don Paco +estaba conforme en lo tocante al aprecio de las circunstancias que se +oponían a la boda y que la hacían aparecer a toda juiciosa previsión +<span class="pagenum"><a name="page81" id="page81"></a></span>como fuente de disgustos y de males.</p> + +<p>De aquí que sus sentimientos al leer la carta fuesen de dolor y de +mortificación de amor propio por el desamor de Juanita; de admiración y +aplauso por la prudente conducta de la muchacha, y de mayor cariño hacia +ella, así por la noble franqueza con que exponía las causas que +justificaban su desdén, como por las amistosas dulzuras con que +procuraba suavizarlo.</p> + +<p>Conoció también don Paco que importaba mucho que su petición y la +subsiguiente repulsa no llegaran a saberse, y aunque no tuvo valor para +rasgar o quemar lo que él escribió y la contestación de Juana, guardó +ambos documentos en el más secreto escondite de su escritorio.</p> + +<p>Trató, además, de hacerse superior a su pena y de ver si olvidaba a +Juanita, o al menos si seguía queriéndola con calma y con cierta +tibieza, a fin de esperar sin impacientarse que Dios mejorase las horas, +ya que la esperanza es lo último que se pierde en esta vida.</p> + +<p>Y por lo pronto, o bien para conseguir el olvido o bien para enfriar o +entibiar su fervorosa pasión, resolvió no volver a poner los pies en +casa de Juanita y evitar su encuentro en la iglesia, en las calles y en +la plaza.</p> + +<p>Juanita, entre tanto, como era poco amiga de la sociedad y gustaba mucho +de la conversación de don Paco, se afligía del aislamiento y deploraba +el sacrificio que había tenido que hacer. Allá, en el fondo de su alma, +cuando estaba a solas con su conciencia, y con el notabilísimo despejo y +la serenidad imparcial con que ella lo miraba todo, hacía repetidas +veces las sutiles reflexiones que trataremos de expresar aquí en el +siguiente soliloquio:</p> + +<p>«Me lo tengo bien merecido. He vivido hasta el día desgobernada y muy a +tontas y a locas. Mi madre, Dios me perdone si la ofendo, tiene poco +juicio, aunque bien puede ser que lo pierda por el entrañable amor que +me tiene. Lo cierto es que entre las dos hemos hecho una infinidad de +tonterías. Justo es que las paguemos. No debo quejarme. En primer lugar, +siendo yo mocita casadera, y si no ocupando cierta posición, aspirando a +ocuparla, debí dejar de ir por agua a la fuente y a lavar al albercón. +Debí darme más tono. Y ya que no me lo di, aún fue mayor disparate el +querer de repente transformarme en dama y eclipsar y aturdir y excitar +la envidia y la rabia del señorío mujeril de este lugar. Todavía mi +súbita transformación hubiera podido tener buen éxito si atino a ganarme +antes la buena voluntad de la muy poderosa <span class="pagenum"><a name="page82" id="page82"></a></span>e ilustre señora doña Inés +López de Roldán. Pero, lejos de eso, lo que hice fue provocar su enojo. +Si el trato de don Paco me agradaba y me divertía, jamás he pensado yo +en casarme con él, y aquí viene bien que yo lamente otra locura mía, +otra completísima falta de cautela en mi madre y en mí. ¿A qué fin +recibir de tertulia todas las noches a don Paco, sola a veces y a veces +en compañía de Antoñuelo, lo que casi es peor? Lo hacíamos porque nos +daba la real gana, sin atender a que somos pobres y a que la gana de los +pobres no es real, sino súbdita que necesita someterse y hasta morir sin +hallar satisfacción, a fin de no exponerse a muy crueles castigos. +Nuestra tertulia era muy inocente; bien puedo sostener que más inocente +que la de doña Inés. ¿Cómo evitar, no obstante, que doña Inés supiese y +hasta creyese de buena fe mil abominaciones, excitada por esa chismosa +de Crispina, que todo lo huele y cuando no lo huele lo inventa? Ella, +sin duda, le diría primero que Antoñuelo era mi amigo y don Paco el de +mamá, y después, que yo me había apoderado de los dos, de uno para el +gusto y del otro para el gasto, y que yo me estaba comiendo las mil +chucherías que él me traía de regalo y hasta el exquisito y sin par +chocolate que se fabrica en casa de ella. Comprendo lo furiosa que doña +Inés se pondría, y más aún al sospechar que don Paco pudiera casarse +conmigo, porque doña Inés quiere heredar o que hereden sus hijos los +ahorros y las finquillas que don Paco va reuniendo, para lo cual importa +que don Paco no se case, o bien que se case con una hidalga viuda que yo +me sé y que le daría cierto lustre aristocrático, y de seguro no le +daría hijos, porque está ya pasada y huera, y el caso de Abrahán y de +Sara no se repite.»</p> + +<p>Así, y si no en los términos de que me valgo, en términos muy parecidos, +discurría Juanita a sus solas. Luego continuaba:</p> + +<p>«Es indispensable que yo me enmiende y que ajuste mi conducta a la razón +y a la conveniencia. Debo tener doble juicio, por mi madre y por mí. Y +ya que (esto no puede negarse) soy cándida como la paloma, no está bien +que me olvide de la otra mitad de la sentencia evangélica que he oído +decir tantas veces al padre Anselmo en sus sermones. Por tanto, en lo +sucesivo me propongo ser astuta y prudente como la serpiente. La vida de +zagalona rústica no hay que pensar en hacerla de nuevo. Dios me libre +también de recaer en la mala tentación de presumir de princesa. Nada de +volver con la cabeza al aire y con el cántaro por esos andurriales; y +nada tampoco de ponerme el magnífico vestido de seda <span class="pagenum"><a name="page83" id="page83"></a></span>mientras no gane +posición, autoridad y título duradero, suficiente y legítimo, para +tamaña audacia. Ahora me conviene seguir por un justo término medio: +salir poco de casa, coser y bordar mucho e ir con frecuencia a la +iglesia, a misa y a mis devociones, muy humilde, con vestidito de +percal, y cobijada así, borrar la mala impresión que necia o +inocentemente he causado, y hasta llegar a adquirir reputación de +santa.»</p> + +<p>Aquí no podía menos de sonreírse Juanita, a pesar de lo fastidiada que +estaba, y luego proseguía:</p> + +<p>«Cierto que yo no soy mala y que amo a Dios sobre todas las cosas y que +me complazco en darle adoración y culto; pero también, ¡qué diantres!, +¿por qué no confesarlo?, también me amo y me doy culto a mí misma. Quizá +sea pecado. Lo que debo hacer es que este segundo culto, para no +escandalizar a nadie, no sea público, sino misterioso. En lo exterior he +de parecer como una beata pobre; mas ¿por qué he de privarme del placer +de cuidar, de asear y de pulir con el mayor esmero este cuerpecito que +Dios me ha dado? Sin que nadie lo sospeche, he de cuidarlo y he de +lavarlo como si fuera el de una infanta de España. ¡Qué horror, cielos +santos, sí llegase a saberlo, por ejemplo, Julián el arriero! Yo le oí +contar en la fuente mientras daba agua a sus mulos, y haciéndose cruces, +la indignación que le causó, cuando servía en Córdoba a una marquesa, el +averiguar, estando él en la cocina, que llevaban a dicha señora un +enorme lebrillo y dos grandes jarros de agua a su cuarto. "¿Qué harías +tú—le preguntó una chica—si tu mujer emplease también un lebrillo por +el estilo?" "Pues yo—contestó él—agarraría una vara y la pondría negra +a varazos, por indecente y por mantesona." Necesario es que yo haga un +misterio de mi limpieza, si no quiero que me excomulgue Julián y la +mayoría de mis compatricios que discurren como él. Mas no por eso he de +dejar de ser limpia. Además, quiero ser cuidadosa y muy regalada en mi +ropa blanca interior. En los ratos de ocio, con mis ahorrillos y cuando +no cosa para la calle, he de hacerme camisas finas y enaguas bordadas +como no las use mejores una archiduquesa de Austria. Tapado todo ello +con el mezquino traje exterior, me pareceré a la violeta, que, escondida +entre las verdes hojas y tal vez entre feos hierbajos, no deja conocer +que exista como no sea al que tenga la nariz muy fina y por su delicado +olor la descubra. Seré como aquel personaje de cierto romance que recita +don Pascual, el cual personaje vestía de peregrino y llevaba una +esclavina</p> +<p><span class="pagenum"><a name="page84" id="page84"></a></span></p> +<div class="center">que no valían un reale;<br /> +debajo llevaba otra<br /> +que valía una ciudade.»</div><br /> + +<p>Juanita, al citar estos versos y al aplicárselos, se olvidaba de sus +melancolías y soltaba una carcajada.</p> + +<p>—¿De qué te ríes, niña?—le dijo una vez su madre—. Pues no es cosa de +risa lo que nos está sucediendo.</p> + +<p>—Sí, mamá; es cosa de risa. Mejor es reír que rabiar. Cuando las cosas +se toman a risa, las penas que causan se mitigan o se consuelan.</p> + +<p>Juanita no se contentó con pensar y con proponerse cuanto queda dicho, +sino que lo cumplió todo con la mayor exactitud y perseverancia.</p> + +<p>Pasaron muchos meses.</p> + +<p>El cambio de Juanita empezó a notarse y a celebrarse entre las personas +más devotas del lugar. El padre Anselmo, singularmente, y sin poderlo +remediar, a despecho de su humildad cristiana y del menosprecio de sí +mismo, sintió un noble orgullo y se dio a entender que había hecho la +más repentina y milagrosa conversión, deteniendo a aquella joven y +simpática pecadora al borde del abismo en que iba ya a precipitarse.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXII" id="XXII"></a>XXII</h2> + +<p>Su rehabilitación costó a Juanita largo tiempo, y además no pocos +sacrificios, trabajos y esfuerzos de voluntad.</p> + +<p>Fue lo más duro para ella el tener que vivir, sobre todo al principio, +en soledad completa.</p> + +<p>Se aburría, y a menudo recelaba que iba a enfermar de ictericia. No +podía ni quería retroceder y charlar de nuevo y reanudar amistades con +las mozuelas que antes había tratado, las cuales, ofendidas ya, le +darían acaso mil sofiones; ni menos podía intimar, aunque lo desease, +con las hidalgas y con las hijas de los labradores ricos, que se +preciaban de señoritas y que huirían de ella, así por la humilde +posición de su madre como por su ilegítimo nacimiento y por la mala fama +que le habían dado en el lugar, y que entre todos sus habitantes cundía.</p> + +<p>Juanita tuvo que perder hasta la amistad y el trato de Antoñuelo. Y esto +no sólo para no seguir dando pábulo a la maledicencia, sino también +porque Antoñuelo estuvo muy tonto y ella <span class="pagenum"><a name="page85" id="page85"></a></span>se vio en la precisión de +despedirle con cajas destempladas y para siempre.</p> + +<p>Dos días después de haber predicado el padre Anselmo su famoso sermón, +Antoñuelo volvió de sus correrías. Entonces no se hablaba en el lugar +sino del escándalo que Juanita había dado y de la severa y merecida +lección que del padre Anselmo había recibido.</p> + +<p>Ya en la plaza, ya a la sombra de algunos álamos que están en el +altozano, cerca de la iglesia, y donde se reúne y platica la gente moza, +varios amigos y conocidos embromaron pesadamente a Antoñuelo por el +papel desairado y ridículo que suponían que había hecho reverenciando, +sirviendo y adorando casi como una deidad a una mozuela que le desdeñaba +y que aceptaba, quién sabe hasta qué punto, los regalos y el amor de un +rival dichoso.</p> + +<p>Las relaciones entre Juanita y Antoñuelo tal vez parecerán inverosímiles +a quien piense someramente en ello; pero yo creo que son más naturales y +frecuentes de lo que se imagina.</p> + +<p>Desde la infancia habían vivido en la mayor intimidad Antoñuelo y +Juanita.</p> + +<p>Con cortísima diferencia, tenían la misma edad, y podía asegurarse que +se habían criado juntos. El era zafio, mal educado, travieso y atrevido; +tenía pocos alcances y una voluntad tan realenga, que ni a su padre se +sometía; peto en estos mismos defectos se fundaba la amistad de Juanita +hacia él. Juanita había adquirido y conservaba tai imperio sobre aquel +muchacho, que lograba que la respetase, temiese y obedeciese como un +perro a su amo.</p> + +<p>A ella no se le pasó jamás por la imaginación el querer a Antoñuelo como +una mujer quiere a un hombre. Y él, como por una parte la tenía por un +ser superior y por otra parte sus instintos amorosos eran vulgarísimos, +procuraba emplearlos y satisfacerlos en más fáciles objetos, y sin darse +cuenta de ello, e ignorando su esencia y su nombre, consagraba a Juanita +un afecto puro, ideal y platónico. Sentimientos tales, si bien se +recapacita, no son extraños al alma de los más vulgares sujetos. Todos o +casi todos los hombres tienen sed, tienen necesidad de venerar y de +adorar algo. El espiritual, el sabio, el discreto, comprende con +facilidad y adora a una entidad metafísica; a Dios, a la virtud o a la +ciencia. Pero el rudo, el que apenas sabe sino confusamente lo que es +ciencia, lo que es virtud y lo que es Dios, consagra sin reflexionar ese +afecto, en él casi instintivo, a un ídolo visible, corpóreo, de bulto.</p><p><span class="pagenum"><a name="page86" id="page86"></a></span></p> + +<p>Juanita era este ídolo para Antoñuelo. Juanita era también su oráculo. +El oía con religioso respeto sus advertencias y amonestaciones, y de +buena fe se prometía y prometía al pronto tomarlas para pauta de su +conducta. Siempre que Antoñuelo se hallaba en la presencia de Juanita, +se sentía avasallado por su influjo, deslumbrado por su superior +inteligencia y ligado a la voluntad de ella. Por desgracia, no bien +Antoñuelo se hallaba ausente de Juanita, el influjo bienhechor +desaparecía, y los instintos brutales y las malas pasiones acudían en +tropel y desataban o rompían las ligaduras y arrojaban al olvido los +buenos consejos y preceptos que Juanita le había dado. Antoñuelo, lejos +de la fascinación y del encanto que casi milagrosamente le habían +conservado como ser racional, se convertía en un estúpido y en un +perdido.</p> + +<p>A pesar de la ineficacia, por falta de duración, de su poder purificante +sobre el alma de Antoñuelo, Juanita le quería, se interesaba por él y +sentía halagado su orgullo al dominarle, aunque fuera momentáneamente.</p> + +<p>Para dar una idea exacta de la inclinación de Juanita hacia aquel mozo, +diré que se parecía a la que yo he visto que tienen ciertas grandes +señoras ya por un alano, ya por un mastín corpulento y poderoso que hay +en casa de ellas, que inspira terror a las visitas, que parece capaz de +derribar a un hombre de un manotazo y de destrozarle de un mordisco, y +que, sin embargo, se echa con la mayor humildad a las plantas de su ama +y siente inexplicable placer si ella con su blanca mano le toca la +cabeza o con el pie le sacude o le pisa.</p> + +<p>En la ocasión de que vamos hablando, las feroces burlas de sus camaradas +habían transformado a Antoñuelo; su domesticidad y mansedumbre habían +desaparecido: ya no era perro, sino lobo.</p> + +<p>Traía muy estudiado el discurso, si puede llamarse discurso lo que iba a +decir; y a fin de que no se le borrara de la memoria o se le enmarañara +en el caletre, deseaba descargarse de él como quien suelta un peso y +decirlo sin preámbulos. La ocasión se presentó propicia a su deseo.</p> + +<p>Juana estaba en la cocina, y Antoñuelo halló sola a Juanita cosiendo en +la sala. Venía él con el entrecejo fruncido y con marcadas señales en +toda la cara de muy terrible enojo. Apenas se saludaron él y ella, +Antoñuelo dijo:</p> + +<p>—Vengo a quejarme de ti, a decirte que me has engañado. Por culpa tuya +he estado haciendo el tonto, y no quiero hacerlo más.</p><p><span class="pagenum"><a name="page87" id="page87"></a></span></p> + +<p>—Pues, hijo mío—dijo ella riendo—, yo no sé cómo te las compondrás +para no seguir haciendo el tonto. Lo que yo sé es que no tengo la culpa +de que lo hayas sido hasta ahora, y menos sé aún en qué y cuándo te he +engañado.</p> + +<p>—Me has engañado fingiéndote santa, para que yo, embaucado, te adorase, +cuando no eres santa, sino una mala mujer. Por todo el lugar no se habla +de otra cosa sino de tus relaciones con don Paco, y de que te mantiene y +te viste.</p> + +<p>—¿Y has creído tú esas calumnias? ¿Y en vez de defenderme y de +enfurecerte contra los calumniadores te enfureces contra mí? Juanita +dejó escapar irreflexiblemente estas últimas frases. Luego se reprimió y +procuró enmendarlas. Creía bruto a Antoñuelo, pero no lo creía cobarde.</p> + +<p>Si dejó de defenderla fue, no por cobardía, sino por maliciosa necesidad +que acepta lo malo como cierto. De todos modos, más valía así. Mucho +hubiera contrariado a Juanita que por sacar la cara por ella hubiera +reñido Antoñuelo, resultando tal vez de la riña heridas o mayores +desgracias, que hubieran empeorado la situación.</p> + +<p>Juanita añadió entonces:</p> + +<p>—Bien pensado, hiciste bien en no defenderme. He sido imprudentísima. +Los que no me conocen tienen algún fundamento para acusarme. Las +apariencias me condenan. Yo me resigno y perdono a los que me acusan. +Perdónalos tú también, pero no los creas. Tú, que me conoces de toda la +vida; tú, que sabes con qué pureza de afecto, con qué ternura de hermana +te he querido y te quiero aún, no debes, no puedes creer esas infamias; +pues qué, ¿no comprendes que yo soy capaz de querer a don Paco por el +mismo estilo que a ti te quiero?</p> + +<p>—Esa es grilla, esa es grilla—replicó Antoñuelo—. Tú, con tus +sutilezas y mentiras, quieres volverme tarumba; pero no lo conseguirás. +Te burlas de mí porque me crees bobo. No quiero callar. Aunque me pongas +el dedo en la boca, te morderé y no callaré. En adelante no quiero ser +tu juguete. Quien te conozca, que te compre. Me han abierto los ojos. Ya +te conozco. Eres una tramoyana y una perdida. Y tu madre es peor que tú.</p> + +<p>La última frase la decía Antoñuelo para desafiar también la cólera de +Juana, que entraba en la sala de vuelta de la cocina.</p> + +<p>—¡Ay niña, niña!—dijo Juana—. ¡Qué paciencia la tuya! ¿Por qué +aguantas los insultos de este animal de bellota, las coces de este mulo +resabiado?</p><p><span class="pagenum"><a name="page88" id="page88"></a></span></p> + +<p>—Señora—replicó Antoñuelo—, mire usted lo que dice y no se +desvergüence conmigo, si no quiere que me olvide yo de que es mujer y le +ponga las peras a cuarto o la emplume, como merece.</p> + +<p>Al oír esto Juana ya no contestó palabra, pero se precipitó sobre el que +tan atrozmente la ofendía Juanita se interpuso entre su madre y el mozo, +a fin de evitar la lucha.</p> + +<p>—Vete, vete al punto de esta casa y no vuelvas más en tu vida. Para mí +has muerto. Quiero olvidar hasta el santo de tu nombre. No tengo que +darte cuenta de mi conducta. Nada me importa ni me aflige el ruin +concepto que formes de mí. Vete.</p> + +<p>Y diciendo y haciendo, interpuesta siempre entre su madre y el mozo, +recelosa de que se empeñasen en un combate tragicómico, fue empujando +con suavidad a Antoñuelo hasta la puerta de la calle. Ella misma levantó +el picaporte, abrió la puerta y echó de su casa al amigo de toda la +vida. Al hacer esto, en el rostro de Juanita se mostraba más bien la +tristeza que la cólera; Antoñuelo, al mirarla tan digna, amainó en su +furor, no persistió en sus improperios, y se fue cabizbajo y silencioso.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a>XXIII</h2> + +<p>Al disgusto de vivir aisladas ambas Juanas se añadía otro no menor y más +positivo.</p> + +<p>Al principio se difundió tanto la idea de que Juana había llevado su +complacencia inmoral hasta ser tercera de su hija, que la llamaban menos +para trabajar en las casas principales por el temor de que fuese ella la +propia Celestina resucitada y tratara de pervertir a las Melibeas de +dichas casas. No obstante, y como ya he dicho, aquella malísima +situación se fue poco a poco suavizando. Además, eran tan notorios y tan +irreemplazables el arte y la inspiración de Juana para dirigir una +matanza, para hacer arrope, piñonate, empanadas y tortas, y para +preparar festines, que las personas de gusto y de medios desecharon los +recelosos escrúpulos, y, poniéndoles el correctivo de estar a la mira y +ojo avizor para que Juana no ejerciese sus presuntas artes +<i>proxenéticas</i>, siguieron llamándola a trabajar a sus casas; y los +ingresos y rentas de Juana, que habían disminuido, volvieron a su estado +normal, aunque no se aumentaron.</p> + +<p>El recogimiento y la austeridad de Juanita al fin surtieron efecto. La +idea que el padre Anselmo concibió de que había logrado <span class="pagenum"><a name="page89" id="page89"></a></span>convertir a +aquella pecadora incipiente y de atraer al aprisco a la ovejita +descarriada antes que cayese entre las uñas y la boca del lobo, fue +adquiriendo resonancia y eco entre el vulgo. Juanita fue, pues, mirada, +si no como paloma sin mancilla, como Magdalena arrepentida y penitente, +no de la culpa, sino del conato.</p> + +<p>Transcurrió más de un año antes que Juanita, a fuerza de ingenio y de +fatigas, lograse resultado tan brillante.</p> + +<p>La rígida doña Inés era la más difícil de ablandar. No quería creer en +la virtud de la muchacha, y sospechaba que era todo hipocresía.</p> + +<p>Cuando llegaban a oídos de Juanita noticias de la terca incredulidad de +doña Inés y de que la sospechaba de hipócrita, Juanita decía para sí: +«No es mal sastre el que conoce el paño»; y sin arredrarse seguía por el +camino que se había trazado.</p> + +<p>Llegó en esto el invierno, y doña Inés quiso vestir a todos sus niños +con buena ropa de abrigo; Juanita alcanzaba ya alta reputación de +costurera. Todo lo que pudiesen hacer Serafina y otras del lugar era una +chapucería cursi si se comparaba con las confecciones de nuestra +heroína, que estaba al corriente de las últimas modas de París, que +recibía los figurines y que, ajustándose a ellos, sin encadenar +servilmente su fantasía a una imitación minuciosa, ideaba, trazaba, +cortaba y hacía trajes para las mujeres, dignos de figurar en los +salones de la corte y de ser descritos por <i>Montecristo</i> o por +<i>Asmodeo</i>, y para los niños y niñas no inferiores por su gracia y por su +chic a aquellos con que la prole de un milord opulento o de un banquero +inglés se engalana.</p> + +<p>Ruego al lector que me dé entero crédito y que no imagine que son +ponderaciones andaluzas, o que mis simpatías hacia Juanita me ciegan. Lo +que digo es la verdad exacta, pura y no exagerada. Yo he estado en +Villalegre, he visto algunos trajes hechos por Juanita y me he quedado +estupefacto. Y cuenta que yo tengo buen gusto. Todo el mundo lo sabe.</p> + +<p>En fin, doña Inés se dio a pensar y a repensar en lo muy preciosos que +estarían sus niños con los trajes que Juanita les hiciese; venció la +repugnancia que sentía contra ella, la llamó a su casa y le encomendó +trajes para todos, según la edad y el sexo de cada uno.</p> + +<p>Fue Juanita a casa de doña Inés tan pobre y modestamente vestida como si +saliese de un beaterio, y tan modosita en el hablar, en la voz y en los +modales, que parecía, sin visos ni asomos de afectación, una criatura +seráfica.</p><p><span class="pagenum"><a name="page90" id="page90"></a></span></p> + +<p>Esto, sin duda, hubo ya de entreabrirle o de ponerle entornadas las +puertas del corazón de doña Inés, la cual sabía mucho y pensaría y diría +en su interior.</p> + +<p>—Si no lo finge, en verdad que es muy buena esta muchacha; y sí lo +finge, sabe más que Cardona: es admirable su fingimiento.</p> + +<p>Así, doña Inés se predispuso ya favorablemente.</p> + +<p>Su favor valía mucho, y doña Inés acertó a cobrárselo por instinto. +También hay su poco de gorronería en los grandes y poderosos de la +tierra. Viene o propósito esta sentencia, porque doña Inés pagó el +trabajo de Juanita en la tercera parte de lo que valía, aun en aquel +lugar donde se trabaja barato, y pagó las otras dos terceras partes en +el favor tan deseado y apetecido que empezó entonces a alcanzar la linda +costurera.</p> + +<p>Los niños, con los trajes hechos por Juanita, salieron tan bien vestidos +el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, que daba gloria verlos, y la +gente los miraba y los seguía en la calle. La vanidad maternal de doña +Inés quedó muy satisfecha. Ni la propia Cornelia se ufanó más cuando +enseñaba a sus Gracos. Pero doña Inés fue más allá de Cornelia: no se +contentó con lucir a sus hijos, sino que se propuso competir con ellos y +aun superarlos en indumentaria, y decidió que Juanita también la +vistiese.</p> + +<p>Juanita se prestó a todo con el mejor talante y prodigioso acierto e +hizo a doña Inés corsés y varios trajes.</p> + +<p>Nacieron de aquí la confianza y alguna familiaridad, hasta donde es +lícito y decoroso que la familiaridad se entable entre una dama +principal y una trabajadora plebeya; pero al fin, como doña Inés tenía +que mostrarse a Juanita en paños menores para probarse corsés y +vestidos, ¿qué mucho que la confianza naciese y creciese?</p> + +<p>Juanita supo después, con lentitud y por sus pasos contados, darse tal +maña, que doña Inés, que ya le había confiado su cuerpo para que lo +vistiese, empezó a confiarle también y a descubrirle su espíritu, aunque +sólo hasta cierto punto, porque el espíritu de doña Inés, según pensaba +Juanita, acaso con malicia sobrada, tenía más conchas que un galápago y +jamás se desnudaba y se descubría por completo.</p> + +<p>Juanita tenía una voz melodiosa y clara y sabía leer muy bien, lo cual +es bastante raro, dando a lo que leía entonación y sentido. Pronto atinó +a mostrar a doña Inés que ella poseía habilidad tan útil, y no tardó +doña Inés, que se fatigaba algo leyendo, en tomar a Juanita por +lectora.</p><p><span class="pagenum"><a name="page91" id="page91"></a></span></p> + +<p>Claro está que doña Inés, que era mística muy elevada en sus +pensamientos y un tanto cuanto asceta, aunque más en lo especulativo que +en lo práctico, hacía que Juanita le leyese vidas de santos y libros +devotos y morales como <i>Monte Calvario</i>, <i>Gracias de la gracia</i>, <i>Gritos +del infierno</i>, <i>Espejo de religiosos</i>, <i>Casos raros de vicios y virtudes +y Estragos de la lujuria</i>.</p> + +<p>Era doña Inés aficionadísima a disertar y a convencer a sus oyentes y +contradictores cuando disertaba. Si por algo se dolía de haber nacido +mujer, era por no poder transformarse en predicador o en catedrático.</p> + +<p>Juanita supo con tanto pulso seguirle el humor, que no se callaba ni lo +aceptaba todo desde luego, sino que impugnaba algo sus tesis y discursos +para darle ocasión de que hablase más y desplegase su elocuencia, a la +cual acababa por ceder, reconociéndose vencida. De esta suerte se +alegraba y se exaltaba el ánimo de doña Inés, corroborando la creencia +que ella tenía en su virtud persuasiva y en su saber y talento, y +haciéndole creer, además, que después de ella, aunque a muy razonable +distancia, no había en todo Villalegre, salvo quizá el padre Anselmo, +persona más talentosa y más sabia que Juanita.</p> + +<p>La privanza de esta con doña Inés llegó al fin a su colmo.</p> + +<p>En presencia de cualquier persona, Juanita seguía atendiéndola con el +mayor respeto y dándole el tratamiento de <i>su merced</i>; pero en momentos +de expansión, una vez que Juanita la oyó atentísimamente, impugnó sus +razones y terminó por ceder a ellas, doña Inés, entusiasmada, se allanó +hasta el extremo de mandarle que cuando estuviesen las dos solitas la +tutease.</p> + +<p>Estas prodigiosas conquistas de la paciente y despejada muchacha le +prestaron desde luego confianza en sí misma, y pudieron darle mucha +honra, sí ella entendiese que la necesitaba; mas apenas le dieron +material provechoso, que era de lo que más necesidad tenía.</p> + +<p>Pensaba doña Inés que no había mejor ni más espléndida paga que su +afecto. Suponía tal la elevación de alma de Juanita, que hubiera sido +injuriarla ofrecerle dinero. Un ochavo más que doña Inés le hubiese dado +sobre el jornal que de ordinario ganaba, hubiera parecido una limosna. +No era delicado socorrer a Juanita como a una pordiosera.</p> + +<p>Y después de estos razonamientos tan juiciosos, como doña Inés no pagaba +a Juanita sino lo que cosía, y no le pagaba, para no humillarla, ni las +horas que empleaba leyéndole libros ni el <span class="pagenum"><a name="page92" id="page92"></a></span>tiempo que perdía escuchando +sus disertaciones, resultaba doña Inés, por obra y gracia de lo mirada +que era, tenía lectora y auditorio y acompañante de balde.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXIV" id="XXIV"></a>XXIV</h2> + +<p>La gloriosa servidumbre en que Juanita había llegado a ponerse, si no +era útil, era molesta en extremo, porque la amistad de doña Inés no +podía ser más exigente ni más imperativa. Y mientras más rebosaba +entusiasmo y ternura, más se recrudecía también en exigencia y en +imperio.</p> + +<p>Había días en que no le quedaba a Juanita ni hora libre ni momento de +sosiego. Doña Inés la llamaba y se valía de ella para todo.</p> + +<p>En los lugares, al menos hace algunos años, pues no sé si habrán variado +las costumbres, nunca salía una señora principal de visita o de paseo +sin llevar a una acompañante. Juanita tuvo, por consiguiente, a más de +leer y de escuchar disertaciones, que acompañar a doña Inés en sus +visitas y en sus paseos. Y cuando a esta se le antojaba de súbito +visitar o pasear y no tenía a Juanita en casa, iba a buscarla a la suya, +haciéndose acompañar hasta allí por Serafina.</p> + +<p>En los paseos rara vez leía o hacía leer doña Inés; pero, convertida en +filósofa peripatética, disertaba de lo lindo, siempre sobre religión, +moral, menosprecio del mundo, alabanza del recogimiento y de la +conversión interior y aspiraciones a lo sobrenatural y divino.</p> + +<p>Conviene que se sepa que doña Inés tenía un carácter tan dominante, que +no se aquietaba ni se satisfacía como no decidiese y gobernase cuanto +hay que decidir y gobernar.</p> + +<p>Ella designaba el nombre que había de recibir en la pila bautismal cada +villalegrino que naciese; ella decretaba, después de estudiar aptitudes, +capacidades y recursos, el oficio que cada cual había de aprender y +ejercer, y ella escogía marido para cuantas niñas casaderas vivían en el +pueblo y pertenecían a familias merecedoras por algún título de su +atención y cuidado.</p> + +<p>El concepto que formaba doña Inés del universo visible y de cuantas +cosas hay en él y en él se sustentan, era concepto más pesimista que el +del propio Schopenhauer; pero el de doña Inés estaba dulcificado por dos +potencias benéficas y fecundas que había <span class="pagenum"><a name="page93" id="page93"></a></span>en su alma. Ella podría ser, o +era, más o menos pecadora. Yo no he llegado a ponerlo bien en claro, de +suerte que, al ir escribiendo esta historia, lo probable es que lo deje +turbio o nebuloso. De cualquier modo que fuese, y sin escudriñar los +secretos de doña Inés en lo tocante a la conducta, aseguro con evidencia +que ella, en lo teórico, sin afectación ni mentira, tenía la más +acendrada fe religiosa. Con esta fe, y con las otras dos consoladoras y +divinas virtudes que de ella nacen, doña Inés iluminaba el mundo, +hermoseándolo con celestiales resplandores.</p> + +<p>Toda deformidad moral, todo vicio, toda dolencia, la fealdad física, las +enfermedades, la miseria, el dolor y la muerte se despojaban en su +pensamiento de horror y de amargura al considerar que deben sufrirse por +el amor de Dios, y desvanecerse y disiparse, como la oscuridad de la +noche cuando aparece la aurora, ante la esperanza de lo trascendente y +de lo ultramontano. Para doña Inés, este mundo en que vivimos era un +valle de lágrimas y un transitorio lugar de prueba, indispensable camino +para otra vida mejor. La presente, pues, aunque fuese muy mala, no era +nunca mala, ya que en ella, si se padecía con resignación, mientras más +se padeciese, mejor y más abundante cosecha se recogía y se atesoraba de +frutos que no se corrompen y de riquezas que nadie roba. Y como doña +Inés no gustaba de quedarse atrás en nada, sino de adelantarse en todo, +y ser también importante cosechera de los mencionados frutos y riquezas, +muy candorosamente estaba persuadida de que padecía o había padecido +mucho ejerciendo y luciendo su paciencia, compitiendo un poquito con Job +y granjeándose los medios de ir al cielo derechita, sin tropezar en +rama, ya se entiende que contando con la misericordia de Dios, que le +perdonaría sus pecados, si los tenía, pues, según ya he dicho, no lo +sabemos.</p> + +<p>La otra potencia de que se valía doña Inés, sin estudio, espontánea y +sencillamente para blanquear y hasta para dorar la tenebrosa negrura de +su concepto <i>schopenhaueriano</i> del mundo, era el sentimiento vivísimo y +atinado, fuente inexhausta de puros deleites, con que percibía su alma +toda belleza, tanto espiritual cuanto corpórea. Llamar a esto buen gusto +me parece poco. El buen gusto, por lo general, es pasivo y estéril. En +doña Inés alcanzaba actividad creadora. La visión de la belleza +concebida por doña Inés relucía en las profundidades de su alma y creaba +allí otro universo ideal, semejante al exterior universo, salvo que de +él todo mal y toda mengua habían sido expulsados.</p> + +<p>Como se ve, no era doña Inés mujer adocenada, sino persona <span class="pagenum"><a name="page94" id="page94"></a></span>memorable, o +dígase digna de la historia, por lo cual me complazco yo en ponerla en +la mía.</p> + +<p>Doña Inés, y perdone el pío lector si me repito, a pesar de sus ocho +vástagos, estaba aún muy guapa; en lo mejor de su edad, bien cuidada, +alimentada y vestida.</p> + +<p>El asomo de rivalidad que brotó en su alma, el día de la intempestiva y +pomposa aparición de Juanita en la iglesia, había desaparecido +enteramente, merced a la humildad de la muchacha y a la sumisión con que +la acataba y servía. Desechados así los celos, la mente y el corazón de +doña Inés dieron entrada franca al afecto y a la admiración de la +bondad, del talento y de la hermosura de que Juanita estaba dotada.</p> + +<p>No había primor en Juanita que doña Inés no advirtiese, celebrase y +ponderase. Llegó a notar, a pesar del pobre pañolito con que se cubría +la chica espalda y pecho, la admirable perfección de toda aquella sana y +virginal estructura. De su rostro no quiero ni puedo decir más sino que +le parecía el de un ángel. Y, por último, ponía en Juanita casi, casi +tanta discreción, ingenio y bondad como en ella misma. En suma, doña +Inés miraba y estudiaba a Juanita como el sabio crítico, buen gramático +y mejor estético mira y estudia un bello poema, o como el gran conocedor +y perito en las artes plásticas mira y estudia una obra maestra de +escultura.</p> + +<p>Cualquiera imaginará que, llegadas las cosas a este punto, Juanita +podría apoderarse de la voluntad de doña Inés y hacer de ella lo que le +diese la gana; pero sucedió lo contrarío. Frecuentemente recelaba +Juanita que se le iba a acabar la paciencia, y allá en sus adentros +decía: «Peor está que estaba.» A fin de que se comprenda el fundamento +que tenía Juanita para decir «que estaba peor», pondré aquí uno de los +discursos que doña Inés, con frecuencia, le dirigía:</p> + +<p>—Hija mía—exclamaba—, hay en las condiciones y circunstancias que han +de influir en tu destino cierta contradicción que puede ser causa de mil +desventuras. Por tu belleza, por tu talento y por la elevación moral de +tu alma mereces casarte con un príncipe, dechado de todas las +perfecciones. Por tu desventurado nacimiento, por la clase humilde a que +perteneces y por la pobreza que te obliga a residir en este lugar, +tendrás que quedarte soltera o tendrás que casarte con un labrador rudo +y zafio. Si te quedas soltera, de continuo te verás expuesta a los tiros +de la envidia y a las emponzoñadas mordeduras de la calumnia, y te +rodearán, además, groseras seducciones, a alguna de las cuales quién +sabe si <span class="pagenum"><a name="page95" id="page95"></a></span>cederás en un momento de flaqueza, porque todas somos débiles y +ninguna puede estar segura de no tropezar y de no caer si en un solo +momento la deja Dios de su mano y no la sostiene con su gracia. Pues no +digo nada si, movida por la vanidad o por pasiones más tiernas y propias +de tus verdes años, y cegada por ellas hasta desconocer la ruindad del +sujeto que te enamora, te casas al fin con un hombre de tu clase, con +algún palurdo de esta tierra. ¡Qué desgracia la tuya entonces! ¡Pronto +llegaría el desengaño! Vaya..., me horrorizo de pensar en ello. Sería +una profanación. Sería un sacrilegio nefando. ¿Cómo entregar tanto +tesoro a quien sería incapaz de comprenderlo y de saber lo que vale? En +mi sentir, sería locura semejante a la de echar ramilletes de flores, en +vez de paja y cebada, en el pesebre del mulo, o la de derramar perlas en +la pocilga del marrano en vez de un celemín de bellotas. Por otra parte, +hija mía, ¿cuántos disgustos, desvelos y cuidados no vendrán sobre ti +con el matrimonio? Quiero prescindir de que tu marido acaso sería pobre; +y si era también torpe y holgazán, tendrías que matarte trabajando para +mantenerle; y quiero prescindir de los sobresaltos y penas que te darían +tus hijos, si los tenías. Lo más espantoso..., aunque no lo sé por +experiencia, me horripilo de imaginarlo..., es si descubrías en tu +consorte vicios y miserias que le hiciesen aborrecido y que hasta asco +te causasen. Acudiría entonces a tu espíritu, ¡obsesión diabólica!, un +pensamiento pertinaz que puede conducir a los mayores pecados. Figúrate +tú que pensase y discurriese como ser racional y filantrópico la +turquesa en que se forman las balas: ¡qué desesperación no tendría de +que la empleasen tan en perjuicio de la Humanidad! Pues no es menor la +rabia de la esposa que, cuando va a ser madre, recela que ha de dar al +mundo como copias exactas de la ruindad o de la perversidad de su +marido. Tan horrible pensamiento la inclinará a ser infiel o la +arrastrará a la locura.</p> + +<p>Esto, con adornos y variantes, era lo que decía doña Inés casi de diario +a su amiga y acompañante, sentando premisas, pero sin sacar por lo +pronto consecuencia alguna.</p> + +<p>Otras veces le describía con viveza y con sombríos colores la corrupción +de nuestro siglo, el bajo nivel en que estaban las almas, las +mezquindades y maldades del mundo y lo agradable y lo conveniente que +sería retirarse de él, en vista de que no puede satisfacer ninguna de +nuestras nobles aspiraciones.</p> + +<p>Afirmaba doña Inés que ella había deseado y deseaba siempre buscar un +santo retiro; pero ya que no podía ser por las mil obligaciones <span class="pagenum"><a name="page96" id="page96"></a></span>que +había contraído y que le era indispensable cumplir por enojosas que +fuesen; porque tenía hijos que criar y educar, marido de que cuidar y +hacienda que ir conservando y mejorando, a fin de transmitirla a los que +habían de heredar un nombre ilustre, que deslustrarían al quedar +huérfanos y abatidos por la villana pobreza.</p> + +<p>En resolución, doña Inés quiso persuadir a Juanita, y me parece que +hasta logró persuadirse ella misma, de que deseaba ser monja, de que por +imposibilidad no lo era y de que hacía un sacrificio en no serlo.</p> + +<p>De todo ello acabó por deducir y por declarar, como lógica solución, que +Juanita debía huir de los peligros, miserias y adversidades de esta +sociedad corrompida, la cual no merecía gozar de su presencia, y que +debía refugiarse en el claustro mientras permaneciese en la tierra, ya +que la tierra no la merecía y ya que por su valer, para el cielo, sin +duda, estaba predestinada.</p> + +<p>A pesar de las vehementes y sabias exhortaciones de doña Inés, Juanita +distaba más cada día de hallar peligroso el mundo (maldito el miedo que +le tenía ella), no lograba persuadirse de que la sociedad fuese tan +viciosa y tan mala, ni de que el enamorarse y el casarse pudieran +acarrear tamañas desventuras. De aquí que no tuviese la menor +inclinación ni vocación a la vida monástica. Pero como a doña Inés se le +había puesto en la cabeza que ella fuese monja, y cuando formaba un plan +era punto menos que imposible hacerla desistir, la pobre Juanita se veía +muy apurada.</p> + +<p>A cada momento sentía el conato de echarlo todo a rodar y de declarar a +doña Inés que Dios no la llamaba por el camino por donde ella quería que +fuese. Se contenía, no obstante, a fin de no armar la de Dios es Cristo, +de no perder en un minuto cuanto había conseguido trabajando más de un +año y de no verse de nuevo en guerra con los poderes constituidos y con +toda la población que respetaba y obedecía a dichos poderes.</p> + +<p>Juanita no dijo que sí; no aceptó lo del monjío, pero no dijo que no; +pronunció frases vagas o se calló y bajó la cabeza.</p> + +<p>Tomando doña Inés para regla de interpretación el refrán de «quien calla +otorga», dio por sentado que Juanita estaba decidida a entrar en un +convento, y ya, en su fantasía entusiástica, se la representaba santa, +cuya vida se intercalaría en las ediciones futuras del <i>Año Cristiano</i>. +Doña Inés dio parte de este triunfo al padre Anselmo, quien se llenó de +piadoso júbilo, y aun se sintió lisonjeado al prever que él figuraría en +la vida de la nueva santa <span class="pagenum"><a name="page97" id="page97"></a></span>como el instrumento de que se valía el Cielo +para convertirla y glorificarla.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXV" id="XXV"></a>XXV</h2> + +<p>Por dicha no se apresuraba doña Inés para que el plan del monjío de +Juanita se realizase, y así le daba tiempo de apercibirse a la rebelión +con fuerza bastante para sacudir el yugo sin menoscabo de sus intereses +y proyectos.</p> + +<p>Si bien doña Inés sentía y confesaba que iba a hacer un inmenso +sacrificio al desprenderse de Juanita, única mujer que la comprendía en +el mundo y que podía ser su compañera, en manera alguna quería +prescindir de este sacrificio, que le daría honra entre los mortales y +que Dios lo tendría en cuenta para pagárselo en el cielo. Persistía, +pues, con firmeza en su plan, pero lo retardaba, y mientras lo retardaba +lo iba completando en sus pormenores, consultándolo todo con el padre +Anselmo.</p> + +<p>Decidió doña Inés pagar ella el dote de Juanita. Sobre lo que vacilaba +aún era sobre el convento en que debía ponerla. Después de haber +desechado muchos, pensó en uno que hay en Ecija, con cuya abadesa se +carteaba, porque era allí donde se hacían los célebres bizcochos de yema +imitados por Juana la Larga. Afirmaba doña Inés que toda persona que +tenía buen paladar reconocía al punto la imitación de Juana, porque +carecía del <i>quid divinum</i> que hay en los legítimos, prestándoles tan +soberano sabor, que si con grosero y material supuesto pudiésemos +imaginar que los querubines, cuando bajan a la tierra con algún mensaje +de arriba, tienen el capricho o se allanan a comer algo, sin duda que no +comerían otra cosa que los tales bizcochos de yema hechos por las +mencionadas monjas.</p> + +<p>A despecho de tan importantes motivos, no sabemos por qué doña Inés +desistió de que Juanita fuera al convento de Ecija, y hubo de fijarse al +fin en las Comendadoras de Santiago, en Granada, donde, si no se hacen +aquellos peregrinos e inimitables bizcochos, se hacen los mejores +almíbares de toda Andalucía. Mientras trazaba y preparaba doña Inés todo +esto en favor de Juanita, de quien se había declarado protectora y +directora, su cariño hacia la protegida y la discípula iba creciendo más +y más, dando de sí raras muestras y combinándose en él lo sagrado y lo +profano.</p> + +<p>Un día estuvo doña Inés tan sentimental, que deshizo el <span class="pagenum"><a name="page98" id="page98"></a></span>peinado de +Juanita, admiró su abundante, undosa y suave mata de pelo, la besó +varias veces, calificó de horrible desacato el que las manos rudas e +impuras de un campesino lograsen tocarla y enredar los dedos en ella, y +se la figuró ya como cortada al pie del altar el día en que Juanita +profesase, rogándole que para entonces se la legase a ella, porque ella +la conservaría como reliquia del más subido precio.</p> + +<p>Juanita agradeció mucho esta lisonjera petición de doña Inés, y, casi +con lágrimas de gratitud en los ojos, prometió a doña Inés que la mata +de pelo sería suya cuando se la cortase.</p> + +<p>Merced a tantas entrevistas y confidencias de las dos amigas, Juanita +estaba casi todas las tardes en casa de doña Inés, no yéndose de su lado +o de su casa hasta pasada la hora en que solían venir los señores de la +tertulia.</p> + +<p>Algunos de estos veían a Juanita en la antesala, y como allí estaba sin +cubrirse la cabeza y sin ocultar y dar sombra a la cara, con el mantón +muy echado hacia adelante, según el recato y el beaterio lo exigen, +Juanita, sin poderlo evitar, no les parecía saco de paja, y a menudo la +miraban por estilo pecaminoso.</p> + +<p>Quien más se adelantó en esto fue el propio amo de la casa, el señor don +Alvaro Roldán, que era muy tentado de la risa. En varias ocasiones, +hallando a Juanita sola, la requebró con más fervor que chiste y finura, +y Juanita, que veía en aquel caballero sujeto a propósito para descargar +su mal humor, le respondía siempre con feroz desabrimiento o con +sangrienta burla. Y como don Alvaro ni por esas se desengañase y se +atreviese un día a dar a la muchacha una palmadita en la cara, ella le +dijo mirándole de arriba abajo con desprecio y enojo:</p> + +<p>—Las manos quietas, señor don Alvaro. Conténtese usted con tocar el +violón, y a mí no me toque. ¡Pues no faltaría más! ¿Será menester que me +queje yo a doña Inés de la insolencia de usted? Para que una mocita +decente esté tranquila en esta casa, ¿necesitará la señora atar a usted +con una cadena al lado del mono?</p> + +<p>Don Alvaro, que era tímido, blandengue y avezado a la servidumbre, +receló que Juanita armase un alboroto, le cobró miedo y desistió de su +amorosa empresa.</p> + +<p>Había al mismo tiempo, ya se entiende que en otras ocasiones y apartes, +otro personaje más emprendedor y menos asustadizo. Fue este el propio y +respetado cacique de Villalegre: el excelentísimo señor don Andrés +Rubio.</p> + +<p>También don Andrés, que no faltaba nunca a la tertulia,<span class="pagenum"><a name="page99" id="page99"></a></span> encontró no +pocas veces a Juanita, ya en la antesala, ya en los corredores, ya en la +escalera, ya en el zaguán cuando ella se iba.</p> + +<p>Don Andrés había admirado mucho a Juanita el día en que ella se mostró +imprudentemente tan engalanada en la iglesia, y había conservado de ella +muy buena impresión. No la defendió en la tertulia por no contradecir a +doña Inés y por no censurar indirectamente la excesiva severidad del +padre Anselmo contra el lujo de las mujeres; pero allá en su interior no +vio nunca malicia en lo que Juanita había hecho, y se limitó a +calificarlo de inoportuna ligereza, de que la madre era más culpable que +la hija. De suerte que don Andrés no creyó en su arrepentimiento y en su +deseo de ser monja.</p> + +<p>Don Andrés conocía el carácter de doña Inés y daba por evidente que doña +Inés, así como en un principio había hecho víctima a Juanita de su +enojo, imaginándosela, aunque en cierne, una desaforada pecadora, +después, trocado el enojo en estimación, admiración y cariño, se +proponía, con el mejor intento y por su manía de gobernarlo y de +arreglarlo todo, hacer víctima a Juanita empujándola a la santidad por +un camino que ella no tenía ganas de seguir.</p> + +<p>Así predispuesto, don Andrés empezó por mirar a Juanita con cierta +benigna curiosidad cuando casualmente pasaba cerca de ella y la hallaba +sola. Después, sin reflexionar en lo que hacía, don Andrés y quién sabe +si la muchacha misma, ya que hasta la más inocente suele dejarse guiar +por endiablados instintos, prestaron auxilio a la casualidad y la +convirtieron en providencia, hallándose casi todos los días y pasando +tan cerca de ella, que casi tropezaban o se tocaban.</p> + +<p>Es natural que Juanita no se escondiese ni huyese, porque ni ella era +medrosa ni don Andrés era el bu ni una fiera.</p> + +<p>Don Andrés era un caballero muy bien educado, pulcro y finísimo, +soltero, que no había cumplido aún cuarenta años, y verdadero amo y +señor de Villalegre, donde hacía ya ocho años que reinaba con lo que +podemos calificar de despotismo ilustrado.</p> + +<p>No me incumbe aprobar ni reprobar aquí el despotismo, aunque sea con +ilustración, ni mostrame partidario o adversario del cacicazgo. Yo tomo +y empleo el vocablo en cierta acepción, como generalmente se emplea, +aunque siento que contenga implícita una injuria para las poblaciones en +que hay cacique, porque es suponerlas salvajes, y no quiero calificar de +tales a los de Villalegre. Desecho, pues, la suposición implícita y +acepto y empleo los <span class="pagenum"><a name="page100" id="page100"></a></span>vocablos de «cacique» y «cacicazgo» como los más +usados y adecuados para expresar la condición de don Andrés y el poder +que en Villalegre ejercía. El había heredado este poder de su padre y +luego le había mejorado y engrandecido mucho, ayudado por la actividad y +variadas aptitudes de don Paco, y aun por los consejos e inspiraciones +de doña Inés, quien, según se decía, ya con malicia, ya con sencillo +aplauso, era la ninfa Egeria de aquel Numa.</p> + +<p>El, antes de retirarse al lugar después de la muerte de su padre para +cuidar de la hacienda y hacer vida de labriego, desengañado y harto del +estruendo de las grandes ciudades y de sus pompas vanas, había pasado +mucho tiempo en Madrid, en cuya Universidad había hecho sus estudios, y +hasta había viajado algo por Francia, Italia e Inglaterra.</p> + +<p>Era, por tanto, don Andrés un cacique archiculto y como hay pocos. Y +conviniendo yo en esto con mi entusiástico amigo el diputado novel, +afirmo que si todos los caciques fueran como don Andrés, sería gran +ventura que cada pueblo tuviese su cacique; todo en cada pueblo estaría +bien aseado y mejor cuidado; daría gusto andar por sus paseos y por sus +caminos; el maestro de escuela no se moriría de hambre, y se gozaría de +tan ordenada libertad, que el boticario podría ser impunemente, como don +Policarpo, brujo y ateo, sin que por esto se suprimiesen ni dejasen de +celebrarse con devoción, entusiasmo y regocijo hasta las más candorosas +procesiones, aunque hubiese en ellas judíos, soldados romanos, Longinos +con lanza y lazarillo después de quedarse ciego, paso de Abrahán y +apóstoles y profetas.</p> + +<p>Todas estas tradicionales, artísticas y pintorescas manifestaciones de +la piedad religiosa encantaban más a don Andrés que al más sencillo +devoto de todos los habitantes de Villalegre, y por su gusto no se +suprimía nada, sino que se aumentaba y se mejoraba bastante.</p> + +<p>Tal era el cacique don Andrés Rubio, inclinado a admirar todo lo bello y +candoroso. ¿Cómo, pues, no había de admirar también a Juanita, dejándose +llevar de su irreflexiva admiración a modo de quien se desliza y cae sin +sentir por un suave declive?</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXVI" id="XXVI"></a>XXVI</h2> + +<p>Era ya a mediados del mes de enero, y hacía todo el frío que puede hacer +en aquel clima tan benigno.</p><p><span class="pagenum"><a name="page101" id="page101"></a></span></p> + +<p>La tertulia de doña Inés estaba más animada y concurrida que nunca, +sobre todo los jueves, día de gran recepción. En la sala había una +hermosa chimenea de campana, sobre la cual, así como en la puerta de la +casa, relucía el escudo de armas de la familia. En el hogar, saliente y +no empotrado en la pared, alegraban la vista con sus llamas y daban +grato calor la pasta de orujo, los secos sarmientos y la leña de encina +y de olivo.</p> + +<p>Abundaban allí los muebles cómodos, y nunca faltaba, por lo menos, una +mesa de tresillo.</p> + +<p>De diario eran tertulianos constantes el padre Anselmo y don Andrés. Y +lo era, así mismo, el médico, ya bastante viejo y chapado a la antigua, +hombre de pocas palabras, pero sapientísimo tresillista, que solía hacer +el cuarto en la mesa cuando doña Inés jugaba. A fin de tener esta +satisfacción honrosa, y tal vez para ganar algunos reales, porque se +jugaba a diez por cada cien tantos, y él ganaba casi siempre, se +violentaba el médico hasta el extremo de afeitarse un día sí y otro no, +y dejar en la antesala la capa y el sombrero, sin entrar con la capa +sobre los hombros, cuando no embozado y con el sombrero encasquetado +hasta las cejas, según solía entrar en las demás casas donde iba de +visita. ¡Tan profundo era el respeto que doña Inés le inspiraba!</p> + +<p>Los jueves la concurrencia era mucho mayor y solía haber dos y aun tres +mesas de tresillo. Venían el alcalde, cuatro o cinco de los mayores +contribuyentes y el tendero murciano don Ramón, que era la persona más +acaudalada del lugar después de don Andrés. Venían, por último, don +Pascual, el maestro de escuela, y don Policarpo, el boticario.</p> + +<p>Doña Inés había mostrado cierta repugnancia a que el boticario viniese; +pero don Andrés había conseguido vencerla, no sin prometer antes leer al +boticario la cartilla para que no se desmandase ni dejase escapar alguna +barbaridad impía o librepensadora. Don Andrés le dijo que él respetaba +como nadie la libertad de conciencia y de enseñanza; pero que si quería +gozar de la tertulia de los señores de Roldán, debía ser como los +catedráticos pagados por el Gobierno, que si son prudentes y juiciosos, +se guardan sus impiedades para mejor ocasión, y en la cátedra, que es su +tertulia de doña Inés, son muy comedidos y procuran no decir nada que +ofenda las creencias de quien los paga o de quien los recibe.</p> + +<p>El boticario, que tenía mucha gana de ir a la tertulia, aceptó las +condiciones, y siempre que fue se dejó el libre pensamiento en <span class="pagenum"><a name="page102" id="page102"></a></span>su casa, +aunque no pudo dejarse ni quiso cortarse su endiablada y taumatúrgica +uña.</p> + +<p>Durante mucho tiempo fue doña Inés la única señora que en la tertulia +había. Parecía aquello un club de caballeros con una señora presidenta.</p> + +<p>Hacía poco tiempo, no obstante, que se había introducido una +sorprendente novedad.</p> + +<p>A la tertulia de los jueves primero, y más tarde a las de diario, +asistía otra señora. Era esta la noble viuda doña Agustina Solís y +Montes de Allende el Agua, matrona de treinta y pico de años, aunque +lozana, fresca, graciosa, de buenas carnes y mejor parecer, y con +veintiocho o treinta mil reales de renta sobre poco o más o menos.</p> + +<p>No era menester ser un lince para comprender que doña Inés, cuando +consentía que hubiese otra dama en su tertulia, y aun gustaba de ello, +era porque había decidido y decretado casarla con su padre, don Paco.</p> + +<p>Doña Agustina estaba tan satisfecha de aquella inusitada distinción y +tan agradecida y sumisa a doña Inés, que sin dificultad recibiera en su +corazón, como la blanda cera recibe el sello, el nombre, la imagen y el +afecto de la persona que doña Inés quisiese grabar en él. Y era tanto +más fácil este grabado cuanto que don Paco no sólo estaba muy de recibo, +sino que tenía hermosa presencia y la merecida reputación de ser el +hombre más entendido y discreto de Villalegre. Además, doña Agustina—y +doña Inés lo sabía de buena tinta—estaba harta de viudez y de tener el +corazón vacío o como tabla rasa y lisa, y deseaba hallar algo digno de +que en él se grabase.</p> + +<p>Tal vez para buscarlo se componía y se atildaba con esmero, y hasta +había ido a varias ferias y romerías en otras poblaciones; pero todo +había sido en balde y no había hallado hasta entonces sujeto que le +petara.</p> + +<p>Doña Inés esperaba con fundamento que le petaría don Paco. Y como +necesitaba para esto que don Paco la viese, hablase con ella y estuviese +muy fino, doña Inés, que antes de concebir este proyecto de boda no se +empeñaba mucho en que viniese su padre a la tertulia, le excitaba ahora +y casi le mandaba, con el desenfado imperatorio tan propio de ella, que +no dejase de venir ninguna noche.</p> + +<p>Don Paco obedecía y venía, de suerte que de diario Juanita le veía +entrar, cuando ella estaba en la antesala, si bien don Paco, <span class="pagenum"><a name="page103" id="page103"></a></span>desdeñado +y despedido, no se detenía a hablar con ella y pasaba de largo, +limitándose a decir buenas noches.</p> + +<p>Juanita contestaba al saludo con fingida indiferencia; pero a +hurtadillas miraba a su antiguo pretendiente, y cada vez que le miraba +le encontraba mejor. El tinte de melancolía que se mostraba en su +semblante le hacía parecer más digno y más hermoso. Juanita imaginaba, +ufanándose, que el amor de él, aunque mal pagado, había ennoblecido y +hermoseado su alma y sus facciones, desterrando de ellas aquella vulgar +expresión que solía tener antes, cuando él, exento de amor sublime y +poco venturoso, lucía su ingenio diciendo chuscadas a menudo +chocarreras.</p> + +<p>Así, y no muy poco a poco, sino de prisa, reconoció Juanita que el +aprecio y la amistad que siempre le había inspirado don Paco se +convertían en amor, y que el amor aumentaba a pesar de tener más de +medio siglo su objeto.</p> + +<p>Influía muchísimo en este aumento el recelo que Juanita tenía de perder +a su desdeñado adorador, de que este acabase por sanar de su pasión +desgraciada y de que al fin cediese a las insinuaciones o casi mandatos +de su hija.</p> + +<p>Dice un precepto vulgar: «Lo que no quieras comer déjalo cocer.» Pero +apenas hay hembra que cumpla con tal precepto cuando se aplica a cosa de +amores. Juanita no lo hubiera cumplido aunque no hubiera amado ya a don +Paco. La consolaba y la hechizaba tener aquella víctima constante y ver +arder aquel corazón, cual perpetuo holocausto, en aras de su hermosura. +Aun cuando ella no hubiese aceptado el sacrificio, se hubiese afligido +mucho de que viniese doña Agustina y le robase el corazón sacrificado. +Mayor era aún la aflicción de Juanita al notar que el sacrificio de don +Paco le era cada día más agradable. Tentaciones tenía a menudo de +detener a don Paco cuando pasaba por la antesala, de decirle que se +arrepentía de haberle escrito la carta despidiéndole y de encomendarle +que no entregase a doña Agustina el corazón, porque ella le quería para +sí y le cuidaría con más regalo y mimo que ninguna otra mujer de la +tierra.</p> + +<p>Cuando Juanita veía pasar por la antesala a doña Agustina, que iba muy +pomposa a la tertulia, la sangre del valiente oficial de Caballería que +circulaba en sus venas se alborotaba toda, y necesitaba ella del dominio +que tenía sobre sí para contener sus ímpetus y no arañar a doña +Agustina. Otras veces, recordando ciertas mañas, usos y costumbres que +había tenido en su venturosa y libre niñez, sentía el prurito de agarrar +a aquella señora y, según solía <span class="pagenum"><a name="page104" id="page104"></a></span>hacer <i>in tilo tempore</i> con otras niñas +de su edad y aun mayores, alzarle las faldas y darle una buena mano de +azotes.</p> + +<p>Pero si Juanita era brava, también era discretísima; y firme en sus +propósitos de ser prudente, se refrenaba y se vencía. Por coincidencia, +y aunque ella no hubiese leído el soneto de Lope, concebía imágenes +pastoriles y acaso se figuraba a doña Agustina como a una <i>mayorala</i> o +<i>rabadana</i> que llevaba en pos de sí, atado con un cordón, el manso que +ella, la zagala Juanita, había cuidado con esmero, dándole de su sal a +puñados. Y entonces se le antojaba decir a doña Agustina: «Suelta el +manso, que es mío; déjalo en libertad, y verás cómo viene a mí.</p> + +<div class="center">Que aún tienen sal las manos de su dueño.»</div><br /> + +<p>Sin embargo, Juanita se limitaba a cavilar y a recelar, permaneciendo +inactiva. Todo lo que entonces hubiese hecho en contradicción con los +dos proyectos de doña Inés del casamiento de su padre y del monjío de +ella, hubiera sido la más audaz rebelión contra la tiranía de la reina +absoluta de Villalegre, y a don Paco y a ella los hubiera puesto en +peligro de tener que emigrar, como Adán y Eva, expulsados del Paraíso.</p> + +<p>Por otra parte, Juanita era tan orgullosa, que por más que le doliese el +recelo de que doña Agustina le quitase a don Paco, no quería, llamándole +a sí, acudir al punto a evitarlo y quedarse con la duda de que él, no +llamado, hubiese podido ceder y entregarse a otro dueño.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXVII" id="XXVII"></a>XXVII</h2> + +<p>Como en el lugar entendía todo el mundo que cualquier decreto de doña +Inés infaliblemente había de cumplirse, y como se divulgó que estaba +decretado el casamiento de don Paco y de doña Agustina, apenas quedó +persona que no lo diese ya por cosa hecha. No sé encarecer cuan +fieramente soliviantaba esto y enojaba a Juanita.</p> + +<p>Todavía, sin embargo, disculpaba a don Paco recordando que ella le había +despedido y que él no tenía que guardarle fidelidad. Pensaba en que él +observaba quizá un prudente disimulo parecido al que ella observaba; y +de esta suerte se avenía a perdonarle que no se rebelase contra doña +Inés; que fuese tan obediente que de diario viniese a la tertulia; que +no pocas noches, según Juanita <span class="pagenum"><a name="page105" id="page105"></a></span>averiguó, cumpliendo don Paco con el +mandato de su hija, acompañase a doña Agustina hasta su domicilio, para +que no fuese sola con la criada que venía en su busca, y que tal vez se +mostrase cortés y galante con doña Agustina para que doña Inés no +rabiara.</p> + +<p>Con tal moderación discurría a veces Juanita, pero con más frecuencia +perdía la moderación y se ponía hecha un veneno.</p> + +<p>Entonces calificaba a don Paco de inconsecuente, de voluble y de +interesado; procuraba aborrecerle o despreciarle, y se sentía +predispuesta, tentada y ansiosa de tomar represalias.</p> + +<p>Don Andrés Rubio, entre tanto, seguía viniendo todas las noches en casa +de doña Inés, y Juanita, con no aprendida coquetería, le echaba miradas +extrañas, miradas de aquellas que parecen escritura misteriosa, donde la +misma persona que ha escrito ignora o tiene idea confusa de la +revelación que hace y donde el que lee cree leer la revelación y concibe +dulces esperanzas.</p> + +<p>De las miradas se pasa a las palabras con suma facilidad, y don Andrés, +procurando hallar siempre sola a Juanita, se acercaba a ella al ir a +entrar en la tertulia y le disparaba a boca de jarro, como si fuera su +boca la ametralladora del dios Cupido, un diluvio de flores y una +descarga cerrada de piropos ardientes.</p> + +<p>Ella, más cauta en el hablar que en el mirar, ya bajaba los ojos y se +esquivaba sin responder, ya respondía con desvío, si bien templado y +dulcificado por el respeto y por la afectuosa consideración que +personaje de tantas campanillas no podía menos de inspirarle. Tampoco +atinaba Juanita a disimular el contento consolador que tamaña lisonja y +tales halagos ponían en su pecho.</p> + +<p>—Repórtese vuecencia—decía—, y no se burle de una pobrecita muchacha. +¿Cómo he de creer yo que guste vuecencia de mi ordinariez cuando +vuecencia está acostumbrado a tantas delicadezas y a tantas finuras? +Vuecencia ha dado prueba de tan buen gusto, que... vamos, yo no quiero +creer que tenga ahora estragado el paladar. Déjeme, señor, sosegada; no +trate de sacarme de mis casillas. ¡Jesús!, bonita se pondría doña Inés +sí llegase a entender que vuecencia andaba requebrándome y que yo le oía +faltando al decoro que se debe a esta casa tan respetable.</p> + +<p>Y con estas palabras o con otras por el estilo se apartaba Juanita de +don Andrés y se iba a otro extremo de la antesala.</p> + +<p>Cuando don Andrés la perseguía, Juanita se fugaba por los corredores.</p> + +<p>Don Andrés cesaba en su persecución para evitar que le viesen.</p> + +<p>Deplorando lo poco o nada que adelantaba en la campaña en <span class="pagenum"><a name="page106" id="page106"></a></span>que se había +empeñado, y no queriendo ser otro Fabio Cunctator, apeló a más eficaz +estrategia y se apercibió para emboscadas y asaltos. En vez de buscar a +Juanita en la antesala, la aguardó en el zaguán, sin entrar en la casa +hasta que saliese Juanita para irse a dormir a la suya.</p> + +<p>Juanita no temía a nadie ni nadie se le atrevía, y se iba sola, aunque +las calles estuviesen oscuras. Su casa, además, no estaba lejos.</p> + +<p>Don Andrés no quiso hacerse el encontradizo; confesó con franqueza que +la estaba aguardando y la acompañó varias noches seguidas, aunque ella +siempre lo repugnaba.</p> + +<p>Pasmosos fueron el arte que empleó Juanita y el ingenio y la energía de +voluntad que supo desplegar para tener a raya a don Andrés y conseguir, +sin romper con él por completo, que no se viniese a las manos. El genio +de ella, de ordinario alegre y burlón, y la facilidad que tenía para +echarlo todo a broma le valieron de mucho en aquellas circunstancias +difíciles. Porque, a la verdad, ella no quería que don Andrés se +extralimitase, pero no quería tampoco que se le fuese, y era arduo +problema y cuestión de milagroso equilibrio el mantenerse sin caer ni a +un lado ni a otro, yendo sin balancín como por una maroma de cuerda +tirante.</p> + +<p>A cada requiebro, a cada proposición que don Andrés le hacía, Juanita +contestaba con un chiste o con un tan incoherente disparate, que don +Andrés, aunque mortificado y chafado, no podía tomarlo a mal y tenía que +reírse.</p> + +<p>Juanita, al verse acompañada por don Andrés, apresuraba el paso, y en +cuatro brincos se plantaba en la puerta de su casa. Don Andrés pugnaba +entonces por entrar.</p> + +<p>—¡Huy! ¡Huy!—exclamaba Juanita—. ¿Está dejado vuecencia de la mano de +Dios? Pues sería curioso que entrase a jugar al tute con mi mamá, que +aún está despierta con ansia. ¿Cómo puede querer vuecencia, en lugar de +hacer con doña Inés una partida de tresillo, hacerle conmigo una partida +serrana? ¡Válgame Santo Domingo, nuestro patrono! Yo no me lo +perdonaría.</p> + +<p>—Por Dios, no seas retrechera; déjame entrar, déjame entrar, encanto de +mis ojos.</p> + +<p>—¡Cielo santo y qué cosas dice vuecencia! ¡Qué lenguaje emplea! Ese +debe de ser «el mal lenguaje del demonio», del que tanto habla el +venerable padre maestro fray Juan de Avila en un libro que me hace leer +mi señora doña Inés para prepararme a monja.</p><p><span class="pagenum"><a name="page107" id="page107"></a></span></p> + +<p>—¿Y tú quieres serlo?</p> + +<p>—Allá lo veremos. A menudo se me antoja que la vocación me acude, sobre +todo al ver los peligros que rodean a una infeliz criatura desvalida y +tonta como yo. Pero, en fin, aunque tonta, yo no quiero ser ingrata con +doña Inés, que me guía por el mejor camino y que me va a pagar el dote +para entrar en el claustro.</p> + +<p>—¿Y qué ingratitud sería la tuya? ¿En qué ofenderías a doña Inés si me +quisieses?</p> + +<p>—¿Le parece a vuecencia que sería la ofensa chica si yo desconcertase +su plan de hacer de mí una santa y si me transformase?... Vamos, váyase +vuecencia a la tertulia de doña Inés y no sea pesado.</p> + +<p>Juanita repiqueteaba entonces estrepitosamente el aldabón de su puerta, +y no bien la entreabría o su madre o la criada, se colaba ella, cerraba +de golpe y casi daba a don Andrés con la puerta en los hocicos.</p> + +<p>Con estos lances, tratos y conversaciones, don Andrés se emberrenchinaba +más cada día, y su circunspección iba desapareciendo. Fuerza es +confesar, aunque no redunde en alabanza de Juanita, que esta no +desengañaba ni zapeaba a don Andrés por completo y que se deleitaba en +retenerle y en provocarle con sus retrecherías.</p> + +<p>Es cierto que reconociendo Juanita que era peligroso dejarse acompañar +por don Andrés todas las noches, espió con maña el momento en que don +Andrés no la aguardaba en el zaguán, y en lo sucesivo logró escaparse +siempre a su casa sin ser por don Andrés acompañada.</p> + +<p>Cuando pasaron muchas noches escapándose siempre ella, apesadumbrado don +Andrés, exaltado y como fuera de sí, le dio las más sentidas quejas, +hallándola sola en la antesala. La vehemencia de los sentimientos del +cacique se revelaba en su precipitado discurso, en su gesto, en su +ademán y en su acento conmovido. Sin reparar en nada levantó la voz.</p> + +<p>—¡Por las ánimas benditas!—dijo la moza—; témplese vuecencia y mire +por sí, ya que no mire por mí, y no promueva aquí un alboroto ridículo y +se convierta en la fábula del lugar y sea la comidilla de todos los +maldicientes.</p> + +<p>—Nada me importan los maldicientes si tú me bendices como yo te +bendigo. Bendita seas mil y mil veces, y bendita sea la madre que te +parió.</p> + +<p>Y diciendo esto, sin atender a más razones, se echó como loco <span class="pagenum"><a name="page108" id="page108"></a></span>sobre +ella, y tan de repente, que ella no pudo sustraerse a sus abrazos y a +sus besos. Cinco o seis, que en el número no están de acuerdo los +historiadores, le plantó en las frescas mejillas, que se pusieron rojas +como la grana. Y no contento, le buscó la boca para besársela, y se la +halló y se la besó.</p> + +<p>No estuvieron sus labios junto a los de ella el tiempo que los de don +Tristán de Leonís y la reina Iseo, de los que dice el antiguo romance:</p> + +<div class="center">Tanto estuvieron unidos<br /> +cuanto una misa rezada.</div><br /> + +<p>Al contrario, no bien se recobró Juanita del susto y de la sorpresa, +puso una cara tan feroz que daba miedo, a pesar de ser tan hermosa, y +agarrando con ambas manos por los hombros a don Andrés, le sacudió lejos +de sí con tal fuerza, que vaciló como ebrio y faltó poco para que cayese +por tierra. Poco antes había entrado don Paco en la antesala; de suerte +que si vio el empujón, vio también los besos que lo habían motivado.</p> + +<p>¿Qué había de hacer don Paco? Hizo como sí nada hubiese visto. Y él y +don Andrés entraron en la tertulia según costumbre.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a>XXVIII</h2> + +<p>Al día siguiente ocurrió en Villalegre un caso que sorprendió y dio +mucho que hablar.</p> + +<p>Ni por el Ayuntamiento, ni por casa del alcalde, ni por la escribanía, +ni por parte alguna pareció don Paco, que de diario acudía a todas para +desempeñar sus varias funciones. Fueron a casa de él, y tampoco le +hallaron allí. El alguacil y su mujer, que le servían y cuidaban, no +sabían cómo ni cuándo se había ido y no daban razón de su paradero.</p> + +<p>Pasó todo el día sin que don Paco volviese y sin que se averiguase dónde +estaba, y creció el asombro. Nadie acertaba a explicar la causa de +aquella desaparición. Mucho tiempo hacía que por aquella comarca, merced +al bienestar y prosperidad que reinaban y a la benemérita Guardia Civil, +no se hablaba de bandidos y secuestradores.</p> + +<p>¿Dónde, pues, estaba metido don Paco?</p> + +<p>La gente se lo preguntaba y no se daba contestación satisfactoria.</p><p><span class="pagenum"><a name="page109" id="page109"></a></span></p> + +<p>Los amigos, y simultáneamente don Andrés Rubio, se mostraban inquietos. +Sólo no se alteraba doña Inés. Su carácter estoico y su resignada y +cristiana conformidad con la voluntad del Altísimo conservaban casi +siempre inalterable la tranquilidad de su alma. Doña Inés, además, no +veía nada alarmante en el suceso, y a ella misma y a sus amigos don +Andrés y el padre Anselmo se lo explicaba del modo más natural. Suponía +y decía con sigilo que su señor padre, aunque estaba sano y bueno y +tenía más facha de mozo que de anciano, había empezado a envejecer, +claudicar y flaquear por el meollo; culpa quizá de lo mucho que con él +trabajaba y estudiaba. Ello era que, según doña Inés, su padre, desde +hacía tiempo, daba frecuentes aunque ligeros indicios de extravagancia y +de chochez prematura. Tal era la causa que hallaba doña Inés para la +desaparición de don Paco. Y afirmando que sin más razón que su capricho +se había ido paseando y tal vez vagaba por los desiertos y cercanos +cerros, pronosticaba que cuando se cansase de vagar volvería a la +población como tal cosa.</p> + +<p>Ni en toda aquella noche ni durante el día inmediato se cumplió, sin +embargo, el pronóstico de doña Inés.</p> + +<p>Cuando volvió Juanita a su casa, entre nueve y diez de la noche, don +Paco aún no había parecido.</p> + +<p>Juanita, que no era estoica ni tan buena cristiana como doña Inés, +estaba angustiadísima y llena de inquietud y de zozobra, por más que +hasta entonces lo había disimulado.</p> + +<p>Cuando se vio a solas con su madre, no pudo contenerse más y le abrió el +corazón buscando consuelo.</p> + +<p>—Don Paco no ha parecido—le dijo—. Mi corazón presiente mil +desventuras.</p> + +<p>—No te atormentes—contestó la madre—; don Paco parecerá. ¿Qué puede +haberle sucedido?</p> + +<p>—¿Que sé yo? Nada te he dicho, mamá; hasta hoy me lo he callado todo. +Ahora necesito desahogarme y voy a confesártelo. Soy una mujer +miserable, indigna, necia. Pude tenerlo por mío y le desdeñé. Ya que le +pierdo, y quizá para siempre, conozco cuánto vale, y le amo; +perdidamente le amo. Y para que veas mi indignidad y mi vileza, amándole +le he faltado: he atravesado su corazón con el puñal venenoso de los +celos. Yo tengo la culpa, y don Andrés está disculpado. Yo le atraje, yo +le provoqué, yo le trastorné el juicio, y sí me faltó al respeto, hizo +lo que yo merecía.</p> + +<p>—Niña, no comprendo bien lo que dices. O es que no estoy en autos, o es +que tú disparatas.</p><p><span class="pagenum"><a name="page110" id="page110"></a></span></p> + +<p>—No disparato ahora, pero he disparatado antes. Repito que he provocado +a don Andrés para vengarme de doña Inés y para dar picón a don Paco. Yo +estaba celosa. Temí que él se rindiese a doña Agustina. No comprendí +cuánto me quería él. Ahora lo comprendo. Y ve tú ahí lo que son las +mujeres: me halaga, me lisonjea creer que me ama tanto, y esta creencia +es al mismo tiempo causa de mi pena y del remordimiento que me destroza +el alma. Nada sé de fijo; pero en mi cabeza me lo imagino todo. Sin duda +él me espiaba, y en la oscuridad de las calles me vio y me reconoció, o +me oyó charlar y reír con don Andrés, que me acompañó varias noches. Y +él, lleno de sospechas y apesadumbrado de creerme liviana, siguió +espiándome, y anteanoche, en la misma antesala de doña Inés, me +sorprendió cuando don Andrés me abrazaba y me cubría de besos la cara y +hasta la boca. Yo le rechacé con furia; pero don Paco pudo suponer, y de +seguro supuso, que mi furia era fingida porque él había entrado y porque +yo le había visto y trataba de aparentar inocencia. ¿Sabes tú lo que yo +temo? Pues temo que don Paco, juzgando una perdida a la mujer que era +objeto de su adoración, se ha ido desesperado sabe Dios dónde.</p> + +<p>—De todo eso tiene la culpa—interpuso Juana—esa perra doña Inés; esa +degollante, que no pagaría sino quemada viva o frita en aceite.</p> + +<p>—Te aseguro, mamá, que no sé cómo la aguanto aún; pero si esto no para +en bien y ocurre algún estropicio, quien la va a quemar y a freír soy yo +con estas manos. No; no soy manca todavía. La desollaré, la mataré, la +descuartizaré. No creas tú que va a quedarse riendo.</p> + +<p>Juana, al ver tan exaltada a su hija, temió la posibilidad de un delito, +y exclamó como persona precavida y juiciosa:</p> + +<p>—Prudencia, niña, prudencia; no te aconsejaré yo que la perdones. Bueno +es ganar el cielo, pero gánalo por otro medio y no con el perdón de +quien te injuria. Dios es tan misericordioso que nos abre mil caminos +para llegar a él. Toma, pues, otro y no sigas el de la mansedumbre. +Conviene hacerse respetar y temer. Conviene que sepan quién eres. Lo que +yo te aconsejo es que tengas mucho cuidado con lo que haces, porque si +tú castigas a doña Inés sin precaución, la justicia te empapelaría como +un ochavo de especias, y hasta te podría meter en la cárcel o enviarte a +presidio.</p> + +<p>—No pretendas asustarme. Si ocurre una desgracia, yo no me paro en +pelillos; la pincho como a una rata, la araño y le retuerzo <span class="pagenum"><a name="page111" id="page111"></a></span>el +pescuezo. Lo haría yo en un arrebato de locura y no sería responsable.</p> + +<p>—No serías—replicó Juana—; pero te tendrían por loca y te encerrarían +en el <i>manoscomio</i>, <i>monomomio</i> o como se llame; yo me moriría de pena +de verte allí.</p> + +<p>—¿Pues qué he de hacer, mamá, para castigar bien a doña Inés sin que tú +te mueras de pena?</p> + +<p>—Lo que debes hacer, ya que tienes con ella tanta satisfacción y trato +íntimo, es cogerla sin testigos y entre cuatro paredes, darle allí tus +quejas, leerle la sentencia y ejecutarla en seguida.</p> + +<p>—¿Y qué quieres que ejecute?</p> + +<p>—Acuérdate de tu destreza de cuando niña, de cuando con la cólera +hervía ya en tus venas la sangre belicosa de tu heroico padre: agarra a +doña Inés, descorre el telón y ármale tal solfeo en el <i>nobilísimo +transportín</i>, que se lo pongas como un nobilísimo tomate. Ya verás cómo +lo sufre, se calla y no acude a los tribunales. Una señorona de tantos +dengues y de tantos pelendengues no ha de tener la sinvergüencería de +enseñar el cuerpo del delito al Jurado ni a los oidores.</p> + +<p>Al oír los sabios consejos de su mamá, Juanita mitigó su cólera, y a +pesar del dolor que tenía no pudo menos de reírse, figurándose a doña +Inés, con toda su majestad y entono, azotada e inulta. Luego dijo:</p> + +<p>—Aun sin propasarme hasta el extremo de la azotaina, y aun sin cometer +ningún crimen, he de castigarla valiéndome de la lengua, que ha de +lanzar contra ella palabras que le abrasen el pecho. Ha de lanzar mi +lengua más rayos de fuego que la uña del boticario. Cada una de las +palabras que yo le diga ha de ser como uña ponzoñosa de alacrán que le +desgarre y envenene las entrañas.</p> + +<p>La iracunda exaltación de Juanita no podía sostenerse y se trocó pronto +en abatimiento y desconsuelo.</p> + +<p>—¡Ay Dios mío!—exclamó—. ¡Ay María Santísima de mi alma! ¿Qué va a +ser de mí si hace él alguna tontería muy gorda, se tira por un tajo o se +mete fraile? Entonces sí que tendré yo que meterme monja. Pero yo no +quiero meterme monja. Yo no quiero cortarme el pelo y regalárselo a doña +Inés. Un esportón de basura será lo que yo le regale.</p> + +<p>Y diciendo esto, rompió Juanita en el más desesperado llanto. Abundantes +lágrimas brotaron de sus ojos y corrían por su hermosa cara; parecía que +iban a ahogarla los sollozos y se echó por el <span class="pagenum"><a name="page112" id="page112"></a></span>suelo, cubriéndose el +rostro con ambas manos y exhalando profundos gemidos.</p> + +<p>La madre, que estaba acostumbrada a los furores de Juanita, no había +tenido muy dolorosa inquietud al verla furiosa; pero como Juanita era +muy dura para llorar, y como su madre no le había visto verter una sola +lágrima desde que ella tomaba, cuando niña, alguna que otra perrera, su +llanto de entonces conmovió y afligió sobre manera a Juana.</p> + +<p>—No llores—le dijo—. Dios hará que parezca don Paco, y ni él será +fraile ni tú serás monja, como no entréis en el mismo convento y celda.</p> + +<p>En suma, Juana, llorando ella también, a pesar suyo, hizo prodigiosos +esfuerzos para calmar a su hija, levantarla del suelo y llevarla a que +se acostase en su cama. Al fin lo consiguió, la besó con mucho cariño en +la frente, y dejándola bien arropada y acurrucada, se salió de la alcoba +diciendo:</p> + +<p>—Amanecerá Dios y medraremos.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXIX" id="XXIX"></a>XXIX</h2> + +<p>No quiero tener por más tiempo suspenso y sobresaltado al lector y en +incertidumbre sobre la suerte de don Paco.</p> + +<p>Nuestro héroe, en efecto, había tenido el más cruel desengaño al ver +primero a Juanita, acompañada por don Andrés, atravesar a oscuras las +calles, charlando y riendo, y después al presenciar la última parte del +coloquio de la antesala y el animadísimo fin que tuvo en los abrazos y +en los besos.</p> + +<p>No quería conceder en su espíritu que Juanita fuese una pirujilla, y, no +obstante, tenía que dar crédito a sus ojos.</p> + +<p>Muy triste y muy callado y taciturno estuvo toda aquella noche en la +tertulia de su hija. Jugó al tresillo para no tener que hablar; hizo +malas jugadas y hasta renuncios, por lo embargado que le traían sus +melancólicas cavilaciones; apenas jugó una vez sin hacer puesta o +recibir codillo, y perdió quinientos tantos, equivalentes a cincuenta +reales.</p> + +<p>De mal humor se volvió a su casa antes que nadie se fuese.</p> + +<p>En balde procuró dormir. No pudo en toda la noche pegar los ojos. Los +más negros pensamientos caían sobre su alma, como se abate sobre un +cadáver famélica bandada de grajos y a picotazos le destrozan y le +comen.</p><p><span class="pagenum"><a name="page113" id="page113"></a></span></p> + +<p>Por lo mismo que él, durante toda la vida, había sido tan formal, tan +sereno y tan poco apasionado, extrañaba y deploraba ahora el verse presa +de una pasión vehemente y sin ventura. Se enfurecía, y discurriéndolo +bien, no hallaba a nadie contra quien descargar su furor con algún +fundamento. Juanita le había despedido; no era ni su mujer, ni su +querida, ni su novia. Bien podía hacer de su capa un sayo sin ofenderle. +Y menos le ofendía aún don Andrés, el cual sospecharía acaso que él +había tenido, hacía más de un año, relaciones con la muchacha; pero en +aquel momento le creía, según los informes que le daba doña Inés, +decidido pretendiente y casi futuro esposo de la fresca viuda doña +Agustina Solís y Montes de Allende el Agua.</p> + +<p>Don Paco se consideraba obligado a echar la absolución a Juanita y a don +Andrés. Y, sin embargo, contra toda razón y contra toda justicia, sentía +el prurito de buscar a Juanita, ponerla como hoja de perejil y darle una +soba, o bien de armar disputa a su valedor y protector el cacique y, con +un pretexto cualquiera, romperle la crisma.</p> + +<p>Todo esto, según la pasión se lo iba sugiriendo y según iba pasando y +volviendo a pasar por su cerebro como un tropel de diablos que giran en +danza frenética, no consentía que lograse un instante su reposo. En vez +de dormir se revolcaba en la cama, y sus nervios excitados le hacían dar +brincos.</p> + +<p>A pesar de todo, se encontraba más cómico que trágico, y se echaba a +reír, aunque con la risa que apellidan sardónica, no por una hierba, +sino porque—según había oído contar—entre los antiguos sardos se reían +así los que eran atormentados y quemados de feroz y sardesca manera en +honor de los ídolos.</p> + +<p>Juanita era el ídolo ante el cual el amor y los celos, sacerdotes y +ministros del altar de ella, atormentaban y quemaban a don Paco. Como no +podía sufrirse, pensó con insistencia en matarse, y luego sus doctrinas +y sus sentimientos religiosos y morales acudían a impedirlo. Y no bien +lo impedían, don Paco se burlaba de sí mismo y se despreciaba, +presumiendo que lo que llamaba él religión y moral fuese cobardía acaso.</p> + +<p>Después de aquel tempestuoso insomnio, que convirtió en siglos las +horas, don Paco se levantó del lecho y se vistió antes que llegase la +del alba.</p> + +<p>Abrió la ventana de su cuarto y vio amanecer.</p> + +<p>La frescura del aire matutino entibió, a su parecer, aquella a modo de +fiebre que en sus venas ardía. Y como no se hallaba bien <span class="pagenum"><a name="page114" id="page114"></a></span>en tan +estrecho recinto y anhelaba ancho espacio por donde tender la mirada, y +para techumbre toda la bóveda del cielo, determinó salir, no sólo de la +casa, sino también de la población, e irse sin rumbo ni propósito, a la +ventura, pero lejos de los hombres y por los sitios más esquivos y +solitarios.</p> + +<p>Se fue sin que despertasen ni le viesen el alguacil y su mujer. Tuvo, no +obstante, serenidad y calma relativa. No huyó como un loco, y tomó su +sombrero y su bastón, o más bien el garrote que de bastón le servía.</p> + +<p>Además, como se preparaba para larga peregrinación, aunque sin saber +adonde, y como a pesar de que pensaba a menudo en el suicidio no pensó +en que fuese por hambre, ya que en medio de sus mayores pesares y +quebrantos nunca había perdido el apetito, tomó sus alforjas, colocó en +ellas alguna ropa blanca y los víveres que pudo hallar, se las echó al +hombro y se puso en camino, a paso redoblado, casi corriendo, como si +enemigos invisibles le persiguieran.</p> + +<p>Pronto recorrió algunas sendas de las que dividen las huertas que hay en +torno de la villa. La primavera, con todas sus galas, mostraba allí +entonces su hermosura y sus atractivos. En el borde de las acequias, por +donde corría con grato murmullo al lado de la senda el agua fresca y +clara, había violetas y mil silvestres y tempranas flores que daban olor +delicioso. Los manzanos y otros frutales estaban también en flor. Y la +hierba nueva en el suelo y los tiernos renuevos en los álamos y en otros +árboles lo esmaltaban todo de alegre y brillante verdura. Los pajarillos +cantaban; el sol naciente doraba ya con vivo resplandor los más altos +picos de los montes, y un ligero vientecillo doblegaba la hierba y +agitaba con leve susurro el alto follaje.</p> + +<p>Don Paco caminaba tan embebecido en sus malos y negros pensamientos, que +en nada de esto reparaba.</p> + +<p>No tardó en salir de las huertas y en encontrarse entre olivares y +viñedos; pero él huía de los hombres; no quería ver a nadie ni que nadie +le viese, y tomó por las menos frecuentadas veredas, dirigiéndose hacia +la sierra peñascosa, donde la escasez de capa vegetal no permite el +cultivo, donde no hay gente y donde está pelada la tierra o sólo +cubierta a trechos de maleza y ásperas jaras, de amargas retamas, de +tomillo oloroso y de ruines acebuches, chaparros y quejigos.</p> + +<p>Aunque le fatigó algo su precipitada carrera, don Paco no se detuvo a +reposar, sentándose en una peña, hasta que dio por <span class="pagenum"><a name="page115" id="page115"></a></span>seguro que se +hallaba en completa soledad, casi en el yermo, sin que nadie le viese, +le oyese y le perturbase.</p> + +<p>Apenas se sentó, se diría que los horribles recuerdos que le habían +arrojado de la villa, que venían persiguiéndole y que se habían quedado +algo atrás, le dieron alcance y empezaron a picarle y a morderle otra +vez. Recordaba con rabia la dependencia servil con que el interés y la +gratitud le tenían ligado al cacique, el yugo antinatural que le había +impuesto su hija, los desdenes que Juanita le había prodigado y los +favores con que a don Andrés regalaba. Pensó después en la burla de que +sería objeto por parte de todos sus compatriotas cuando se enterasen de +lo que pasaba en su alma, y se levantó con precipitación para huir más +lejos y a más esquivos lugares.</p> + +<p>Casi corriendo bajó por una cuesta muy pendiente y vino a encontrarse, +después de media hora de marcha, en una estrecha cañada que se extendía +entre dos cerros formando declive. Iba saltando por él un arroyuelo y +sonando al chocar en las piedras. El arroyuelo, al llegar a sitio llano +y más hondo, se dilataba en remanso circundado de espadaña y de verdes +juncos. Algunos alerces y gran abundancia de mimbrones daban sombra a +aquel lugar y lo hermoseaban frondosas adelfas, cubiertas de sus flores +rojas, y no pocos espinos, escaramujos y rosales silvestres, llenos de +blancas y encarnadas mosquetas.</p> + +<p>Sitio tan apacible convidaba al reposo, y convidaba a beber el agua +limpia del remanso, cuya haz tranquila, rizándose un poco, delataba la +mansa corriente o que el agua no estaba estancada y sin renovarse.</p> + +<p>El sol, que se había elevado ya sobre el horizonte y se acercaba al +cénit, difundía mucho calor y luz sobre la tierra; y don Paco, buscando +sombra, vino a sentarse en un ribazo y se puso a contemplar el agua +antes de beberla.</p> + +<p>En medio de su contemplación, sintió cierta angustia y escarabajeo en su +estómago, porque hacía cerca de veinte horas que no había comido, había +andado mucho y no había dormido nada. En suma, fuerza es confesarlo, don +Paco tuvo hambre.</p> + +<p>Miró a todos lados, como si fuese a cometer un crimen, muy receloso de +que alguien pudiera verle, y convencido ya de que su soledad no podía +ser mayor, metió la mano en las alforjas y sacó de aquí una blanca +rosquilla y un bulto envuelto, bien envuelto, en un antiguo número de +<i>El Imparcial</i>.</p> + +<p>¿Qué había en este envoltorio? El historiador no debe ocultar <span class="pagenum"><a name="page116" id="page116"></a></span>nada. En +el envoltorio que desplegó don Paco había media docena de hermosos +pedazos de lomo de cerdo, gruesos como el puño, de los que Juana la +Larga había adobado y frito; de los que con el aliño de orégano, +pimiento molido, comino y qué sé yo qué otras especias, ya calentados en +la propia manteca entre la que se conservan en orzas, ya extraídos de la +manteca y fiambres, seducen a las criaturas más desesperadas y afligidas +y les dicen: ¡comedme!</p> + +<p>Don Paco se preparó a obedecer el irresistible mandato; pero pensando en +aquel mismo instante en que Juana la Larga, la madre de quien causaba su +tormento, era quien había guisado aquel lomo, las más tristes memorias +se le recrudecieron, y con una magra entre los dedos, al ir ya a tirar +un bocado, se le atragantaron en la garganta los dos tan sabidos versos +de Garcilaso que dicen:</p> + +<div class="center">¡Oh dulces y alegres cuando Dios quería!</div><br /> + +<p>No quiso Dios, a pesar de todo, que don Paco las hallase por su mal. +Aunque se le saltaron las lágrimas pudo más el apetito. Ganas tuvo +también, en su desesperación, de que las magras se le volviesen veneno; +pero, en fin, él se comió dos y también la rosquilla.</p> + +<p>Hubo un momento en que echó de menos el vino y deploró no haber traído +la bota. Luego se resignó y bebió agua, bajando la boca hasta la +superficie del remanso.</p> + +<p>Por último, como estaba molido de tanto andar, velar y rabiar, y sentía +en lo exterior el calor del sol y en lo interior el calor del lomo y de +la rosquilla, a pesar de su enorme pesadumbre, fue vencido por el sueño +y se confortó durmiendo profundamente la siesta, durante la cual sus +desventuras y sus penas se diría que se habían sumergido en aquel arroyo +como si fuese el Leteo.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXX" id="XXX"></a>XXX</h2> + +<p>Cuando despertó don Paco de su prolongado sueño, el sol se inclinaba +hacia Occidente; el día estaba expirando.</p> + +<p>Las vacilaciones que habían atormentado a don Paco volvieron a +atormentarle con mayor fuerza mientras más tiempo pasaba. Su fuga del +lugar le parecía, y no sin razón, que debía de haber <span class="pagenum"><a name="page117" id="page117"></a></span>sido notada por +todos y mirada con extrañeza. A él, que ejercía tantos oficios, le +habrían echado de menos en muchos puntos.</p> + +<p>Se le figuraba que, como no había pedido licencia a nadie, y como su +inusitada desaparición carecía de causa confesada por él, todos sus +compatricios se esforzarían por hallar esta causa y acabarían por +suponerla un acto de desesperación o de despecho. Nadie dejaría de +lamentar su fuga sí él no volvía al lugar; pero si volvía, la compasión +se transformaría inevitablemente en burla y rechifla.</p> + +<p>No quedaría un solo sujeto que no le preguntase con sorna qué había ido +a hacer al yermo y por qué lo dejaba tan pronto, arrepentido de ser +anacoreta. Y los que sospechasen, y no dudaba él que algunos +sospecharían, que había querido suicidarse, tomarían a risa lo del +suicidio y atribuirían a miedo el que no se hubiese realizado.</p> + +<p>Imaginaba él que, vuelto al lugar, no podría sufrir su nueva situación, +porque se le figuraría que se mofaban de él cuando le mirasen a la cara.</p> + +<p>Si se fue, dirían, porque había aquí algo que no podía aguantar, ¿por +qué vuelve ahora, se resigna y lo aguanta?</p> + +<p>Don Andrés, sobre todo, le despreciaría y le escarnecería, allá en sus +adentros, calculando que la fuga había sido por lo de los besos a +Juanita y que ahora volvía muy resignado a llevarlos con paciencia y +hasta a verlos dar de nuevo.</p> + +<p>A Juanita misma se la presentaba muy afligida por lo pronto, llena de +remordimientos porque era o iba a ser motivo u ocasión de su muerte y +muy inclinada a derramar lágrimas a la memoria de él o sobre su ignorada +tumba, si es que le enterraban y ella sabía dónde y no estaba lejos; +pero si Juanita le veía otra vez tan campante, y en las calles de +Villalegre, acudiendo a sus ordinarios quehaceres, ya en la tertulia de +doña Inés haciendo la corte a doña Agustina, Juanita le tendría por la +persona más ruin y cuitada del orbe. Juanita se mofaría de él, y don +Paco se estremecía al pensar sólo en la posibilidad de semejante +vilipendio.</p> + +<p>Era, sin embargo, muy duro matarse sin gana y sólo para que la gente +tome a uno en serio, le compadezca y no le embrome.</p> + +<p>Hubo momentos en que si don Paco hubiera tenido un revólver, acaso, en +contravención de todos sus preceptos religiosos y de todas sus sanas +filosofías, se hubiera pegado un tiro; pero, afortunadamente, don Paco +no gastaba armas de fuego y no llevaba ni pistola ni escopeta en aquella +disparatada excursión que <span class="pagenum"><a name="page118" id="page118"></a></span>estaba haciendo, perseguido por los celos +como Orestes por las Furias. Una vez se le ocurrió encaramarse en la +cima de un escarpado peñasco, precipitarse desde allí de cabeza y +hacerse una tortilla. Pero si no quedaba muerto al punto y sólo se +rompía un brazo, una pierna o las dos, ¿no le dolería mucho, y +quedándose vivo añadiría los dolores físicos a los dolores morales de +que había querido libertarse?</p> + +<p>Rumiando con amargura todo lo dicho, anduvo don Paco sin reparar el +camino que llevaba, hasta que le sorprendió la noche, oscura como boca +de lobo. Ni luna ni estrellas se veían en el cielo, cubierto de densas +nubes. Llovía recio y relampagueaba y tronaba.</p> + +<p>Nuestro peregrino advirtió con pena que estaba hecho una sopa, y temió +que la muerte, que anhelaba y repugnaba al mismo tiempo, pudiera +sobrevenir por la humedad esgrimiendo, en lugar de guadaña, reumas y +pulmonías.</p> + +<p>A la luz de los relámpagos descubrió que había llegado a una extensa +nava, entre las cumbres de dos cercanos cerros. Había en la nava mucho +heno, grama abundante y a trechos intrincados matorrales, en que +tropezaba, o alta hierba que subía hasta sus muslos, porque no había +senda o porque la había perdido.</p> + +<p>De pronto oyó mugidos, y al resplandor fugaz de los relámpagos creyó +entrever un gran tinglado o cobertizo, debajo del cual se movían bultos +mugidores, que eran sin duda toros bravos, cabestros, becerros y vacas.</p> + +<p>—Hombre del demonio—dijo una bronca voz—, ¿qué viene usted a hacer +por aquí a estas horas y con esta tormenta tan fuerte?</p> + +<p>Don Paco, ocultando el lugar de donde era y sin declarar su nombre, dijo +que yendo de camino se había extraviado, no sabía dónde estaba y buscaba +albergue en que pasar la noche.</p> + +<p>El boyero, que era piadoso, movido a compasión por la lamentable voz de +don Paco, salió de debajo del cobertizo, vino a él, le tomó de la mano y +le sirvió de guía.</p> + +<p>Así dieron ambos buen rodeo y llegaron a una choza bastante capaz, +donde, al amor de la lumbre y en torno de una gran chimenea que tenía +poco que envidiar a la de doña Inés, aunque carecía de escudo de armas, +había otros dos pastores, viejos ya, y un chiquillo de diez o doce años, +que debía de ser hijo del guía de don Paco.</p> + +<p>En el hogar ardía un monte de leña, con cuyo calor pudo don<span class="pagenum"><a name="page119" id="page119"></a></span> Paco +secarse los vestidos, porque le ofrecieron, y él aceptó, un banquillo +para que se sentase cerca del fuego.</p> + +<p>Apartada de él, sobre un poco de rescoldo y en una trébede se aparecía +una olla, exhalando a través de la rota y agujereada tapadera espesos y +olorosos vapores, con no sé qué de restaurante, lo cual produjo en las +narices de don Paco sensación muy grata, porque con tanto andar se le +había bajado a los pies el almuerzo. Era lo que había en la olla un +guiso de habas gordas y tiernas, con lonjas de tocino y cornetillas +picantes que habían de hacerlo suculento y sabroso.</p> + +<p>Los pastores, así como le habían dado techo amigo donde abrigarse de la +lluvia y pasar la noche, le ofrecieron también su rústica cena.</p> + +<p>El rubor tino las mejillas de don Paco al ir a aceptarla; pero no fue +tan descortés ni tan abstinente que no la aceptase, la agradeciese y aun +se aprovechase de ella, compitiendo en apetito con los boyeros.</p> + +<p>Sin querer le avergonzaron también por otro estilo con su leal +franqueza. A él, que se ocultaba y mentía, le contaron cuanto había que +contar de la vida de ellos y de sus lances de fortuna, y de los sucesos +de la pequeña cortijada, no muy lejos de allí, de que eran naturales. +Ponderaron también la ferocidad de los toros que ellos cuidaban, se +quejaron de la poca reputación que tenían y aún pronosticaron que al fin +habían de abrirse camino hasta la magnífica plaza de Madrid, donde +competirían con los de Veragua y los de Miura matando caballos a +porrillo y metiendo en puño los animosos corazones de <i>Lagartijo</i> y de +<i>Frascuelo</i>.</p> + +<p>Terminada la cena y la conversación, todos se acostaron sobre sendos +montones de hierba seca y durmieron como unos patriarcas.</p> + +<p>Don Paco se despertó y levantó al rayar el día imitando a los que le +albergaban. Supuso, para salir del paso, que iba a Córdoba; en este +supuesto los boyeros le indicaron el camino que debía seguir.</p> + +<p>Se despidió don Paco mostrándose agradecidísimo, y pronto se alejó de la +nava, marchando de prisa por la senda que le habían indicado.</p> + +<p>A solas otra vez consigo mismo, los negros pensamientos resurgieron de +las profundidades de su alma y volvieron a atormentarle.</p> + +<p>Como él reflexionaba mucho, se estudiaba y se sumía en el abismo de su +propia conciencia, procuró explicarse el singular <span class="pagenum"><a name="page120" id="page120"></a></span>fenómeno que en ella +se estaba presentando. Entonces creyó percibir que él hasta muy tarde, +hasta ya viejo, había empleado y gastado la vida en ganarse la vida y +había carecido, acaso por dicha, de desahogo y de vagar para fingirse +primores ideales y ponérselos ante los ojos del alma, como atractivo de +su deseo. Toda aspiración suya había sido hasta entonces modesta, +prosaica y pacíficamente asequible; pero Juanita había venido en mal +hora a turbar su calma y a aguijonear su fantasía para que remontase el +vuelo a muy altas regiones, donde, si bien había más luz, había también +tempestades que su alma pacífica y sólo acostumbrada al sosiego apenas +podía sufrir.</p> + +<p>En resolución, don Paco vino a creer que la aparición tardía de lo +ideal, casi muerta ya su juventud, y el nacimiento póstumo de +aspiraciones que sólo por ella deben ser fomentadas, era lo que le traía +tan desatinado, tan infeliz y tan loco. Volver al lugar en aquel estado +de ánimo, con menos pretexto para volverse que el que había tenido para +irse, le harían sin duda objeto del escarnio de todos sus amigos +conocidos, como no hiciese la atrocidad de matar a dos o tres, y él, que +era blando de condición, se consideraba incapaz de ello. Por otra parte, +y mientras en Villalegre permaneciese, juzgaba él que sería ya inútil +para todo y que no valdría ni para secretario de Ayuntamiento, ni para +consejero de don Andrés, ni para colaborador del escribano, ni para +pasante de los abogados Peperris.</p> + +<p>En consecuencia de estos no articulados discursos, decidió al cabo: +decidió desterrarse para siempre de su patria e ir a otras villas o +ciudades en busca de reposo y de mejor fortuna.</p> + +<p>Sólo así lograría curarse de su amor por la pícara e indigna Juanita, +hacer pie y caminar por lo firme, en vez de ir por las nubes o de nadar +por el éter, y sin matarse y sin matar a nadie, sino siendo útil al +prójimo, ser de nuevo respetado y querido de las gentes.</p> + +<p>Ya que los boyeros le habían indicado el camino para ir a Córdoba, don +Paco, menos alborotado que el día anterior, siguió en aquella dirección, +pues camino no había. Las estrechas sendas eran muchas, y él a la +ventura las tomaba, sólo procurando hunde la vista de todo ser humano, +porque aún tenía vergüenza de que le viesen.</p> + +<p>Ora andando, ora parándose a reposar, se le pasó todo el día y llegó su +segunda noche de vagabundo. No sabía dónde se hallaba; pero creyó que se +despertaba en <span class="pagenum"><a name="page121" id="page121"></a></span>él una vaga reminiscencia de aquellos sitios. Era una +dilatada dehesa o coto, donde había de haber abundancia de conejos y +liebres. El terreno era quebrado y cubierto de matas o monte bajo. Sólo +a trechos descollaban algunos pinos, hayas y encinas.</p> + +<p>Pronto la oscuridad lo envolvió todo. Aunque no llovía, estaba muy +nublado, y él distinguía confusamente los objetos. El silencio era +profundo. Lo rompía sólo, de cuando en cuando, tal cual ráfaga de viento +suave que agitaba las hojas, o alguna liebre que brincaba o atravesaba +corriendo por entre las matas.</p> + +<p>No sé cómo reconoció o creyó reconocer don Paco que se hallaba en aquel +momento más cerca de Villalegre; que se hallaba a menos de dos leguas de +distancia, en un coto propiedad de don Andrés y donde don Andrés solía +venir a cazar.</p> + +<p>Se afirmó más en esta idea al ver de pronto una lucecita que a cierta +distancia brillaba en las tinieblas, según sucede a menudo a los niños +cuando en los cuentos de hadas se extravían en un bosque.</p> + +<p>Don Paco era valeroso y no propendía, sin ser incrédulo, a recelar +frecuentes y medrosas apariciones de vestigios, de almas del otro mundo +o de otros seres sobrenaturales. En aquella ocasión, sin embargo, tuvo +su poquito de miedo, pero lo venció y caminó resuelto y derecho hacia la +luz para ver lo que era.</p> + +<p>Se había fundado su miedo en que reconoció que la luz salía de la casita +del viejo guarda del coto, el cual había muerto la víspera de la salida +de don Paco de Villalegre, y era muy poco probable que don Andrés +hubiese nombrado en seguida a otro guarda para donde apenas había cosa +que guardar. La casilla, en opinión de don Paco, tenía que estar +desierta. ¿Quién había encendido luz y estaba en la casilla? ¿Sería el +alma en pena del viejo guarda, que tenía fama de haber sido más que +travieso en sus mocedades y hasta bandolero acogido a indulto?</p> + +<p>Don Paco se armó de valor y se dirigió a averiguarlo, contento de +tropezar con una aventura que de sus desventuras le distrajese.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXXI" id="XXXI"></a>XXXI</h2> + +<p>Sin hacer ruido, llegó don Paco a la casilla y vio que la puerta estaba +cerrada con cerrojo que había por dentro. La luz salía por un ventanucho +pequeño, donde en vez de vidrio había estirado un trapo sucio para +resguardo contra la lluvia y el frío.<span class="pagenum"><a name="page122" id="page122"></a></span> Con el estorbo del trapo no se +podían ver los objetos de dentro; pero don Paco se aproximó y reparó en +el trapo tres o cuatro agujeros. Aplicó el ojo al más cercano, que era +bastante capaz, y lo que vio por allí, antes de reflexionar y de +explicárselo, le llenó de susto. Imaginó que veía a Lucifer en persona, +aunque vestido de campesino andaluz, con sombrero calañés, chaquetón, +zahones y polainas. La cara del así vestido era casi negra, inmóvil, con +espantosa y ancha boca y con colosales narices llenas de verrugas y en +forma de pico de loro. Don Paco se tranquilizó, no obstante, al +reconocer que aquello era una carátula de las que se ponen los judíos en +las procesiones de Villalegre.</p> + +<p>El enmascarado guardaba silencio y estaba sentado en una silla, apoyados +los codos en una vieja y mugrienta mesa de pino.</p> + +<p>En otra silla estaba enfrente otra persona, en quien reconoció al punto +don Paco a don Ramón, el tendero murciano de su lugar, el hombre más +rico después de don Andrés y el más desaforado hablador que por entonces +existía en nuestro planeta.</p> + +<p>Don Ramón era pequeñuelo, viejo y flaco; pero tenía mucho espíritu y +agallas y no se acoquinaba por poco.</p> + +<p>Notó don Paco que tenía las manos atadas con un cordel a la espalda, y +dedujo que le habían llevado allí y que le retenían por violencia. +Pronto las mismas palabras del tendero murciano, tan pródigo de ellas, +confirmaron la deducción de don Paco.</p> + +<p>—Hombre o demonio—decía—, quienquiera que seas, apiádate de mí y no +me atormentes sin fruto. ¿Cómo había yo de imaginar, al volver esta +tarde desde mi caserío al pueblo, que no dista más que un cuarto de +legua, que había de topar contigo y con tu compañero, emboscados entre +las mimbreras del arroyo del Hondón, y que me habíais de traer por +fuerza a este lugar? Yo no sospechaba que hubiese secuestradores en el +día, y caminaba muy seguro. Convéncete, hombre: la ganancia que habíais +de hacer ya la habéis hecho. No tratéis ahora de lograr más ganancia. La +codicia rompe el saco. A mí me mataréis, pero también a vosotros os +darán garrote.</p> + +<p>El enmascarado persistió en su silencio, y a lo del garrote sólo +respondió con un ronquido, especie de interjección que en aquella tierra +se usa. Don Ramón continuó:</p> + +<p>—No acierto a explicarme por dónde llegasteis a averiguar que acababa +yo de vender mi mejor vino a los jerezanos y que llevaba doce mil reales +en el bolsillo. Pero, en fin, ya tenéis los doce mil reales. ¿Por qué no +os contentáis? Valiéndoos de ese tintero <span class="pagenum"><a name="page123" id="page123"></a></span>de cuerno que traíais +preparado me habéis hecho escribir a mi mujer para que entregue dos mil +duros si no quiere que me ahorquen.</p> + +<p>—Y te ahorcaremos y te descuartizaremos como no los entregues—dijo el +enmascarado con voz disimulada y extraña.</p> + +<p>—Pues bien: podéis ahorcarme y descuartizarme ya, sin seguir +moliéndome, porque mi mujer, ¡y vaya si la conozco!, antes que entregar +los dineros entregará mi vida y la de todos sus parientes, aunque nos +quiera y nos llore después a moco tendido. Oye: ¿has visto tú la +tragedia de Guzmán el Bueno?</p> + +<p>El enmascarado no dijo que sí ni que no; se limitó a dar otro ronquido. +Don Ramón continuó:</p> + +<p>—Pues Guzmán el Bueno, para no entregar a Tarifa, envió a los moros un +cuchillo con que degollasen a su hijo muy amado. Los dineros son la +Tarifa de mi mujer, y no los entregará aunque me degolléis. Lo que no +hará tampoco, echando con esto la zancadilla a Guzmán el Bueno, es el +gasto inútil de enviaros el cuchillo, aunque sea el peor de la cocina. +Ya lo tendréis vosotros, sin que ella lo envíe, para abrirme una gatera +en las tripas. Pero seamos razonables: ¿qué vais a conseguir con eso? +Compadécete de mí. Mira también por ti y no seas imprudente. Hará ya dos +horas que mí mujer me habrá echado de menos, y aun antes de recibir la +carta que lleva tu compañero, y que no sé cómo ni quién pondrá en sus +manos, habrá armado ella una revolución en el lugar, habrá tocado a +rebato, y la pareja de la Guardia Civil y muchos criados míos andarán ya +buscándome. No tientes más a Dios. Ponme en libertad. Déjame ir en mi +mulita y yo te lo pagaré si no quieres aguardar a que Dios te lo pague.</p> + +<p>El enmascarado siguió sin contestar, aunque dando más ronquidos.</p> + +<p>—¿No oyes que yo lo pagaré? Sobre los doce mil reales que tú y tu +compañero os habéis repartido, yo puedo darte otros ocho mil si me dejas +libre.</p> + +<p>—¿Y cómo?—dijo entonces el enmascarado—. ¿Dónde llevas escondidos +esos ocho mil reales?</p> + +<p>—No seas tonto, hijo mío, no seas tonto. ¿Dónde quieres que los lleve? +Yo no tenía más que lo que ya habéis tomado; pero tengo un medio seguro +de recompensar tu buena acción.</p> + +<p>—¿Y cuál?</p> + +<p>Don Ramón titubeó entonces. El deseo de seducir al de la <span class="pagenum"><a name="page124" id="page124"></a></span>carátula y +salir pronto de aquel mal paso, satisfaciendo su afán de hablar, de +contarlo todo y aun de lucirse, porque era muy jactancioso, luchaba en +su alma con el temor de empeorar la situación en que se hallaba, +sobreexcitando la codicia del bandido.</p> + +<p>La manía de hablar pudo más, al fin, que toda otra consideración +juiciosa, y don Ramón explicó que había un ingenioso procedimiento por +cuya virtud tenía él y ponía dinero donde le daba la gana. Bastaba para +ello que él escribiese en un papelito determinada cantidad, diciendo +<i>páguese</i> y firmando. Cualquiera persona que llevase este papelito en la +faltriquera bien podía estar segura de que era como sí llevase la +cantidad expresada.</p> + +<p>Don Ramón, impulsado por su locuacidad y su fachenda, no supo lo que se +dijo.... Su explicación de lo que era un cheque o libranza al portador +entusiasmó al bandido, el cual le mandó al punto con amenazas que allí +mismo, y en el acto, por valor de dos mil duros, le escribiese y le +firmase un cheque.</p> + +<p>El tendero murciano conoció la tontería que había hecho, pero conoció +igualmente que tenía fácil enmienda, y explicó al de la carátula que los +papelitos que allí escribiese y firmase ningún valor tendrían, porque +habían de ir, para que valiesen, en hojas dispuestas de cierto modo y +arrancadas de un librejo que él se había dejado en casa.</p> + +<p>Nada le valió con todo para apaciguar al de la carátula. O por poner en +duda que fuesen indispensables tales hojas o por despecho de que se las +hubiese dejado en casa y no las trajese allí, el bandido, sin atender a +razones y diciendo repetidas veces «escríbeme el papelito», se puso a +maltratar a pezcozones al infeliz maniatado.</p> + +<p>Don Paco no pudo sufrir más: fue corriendo a la puerta de la casilla, +por fortuna vieja y desvencijada, y descargando sobre ella con todos sus +bríos un diluvio de patadas, de puñetazos y garrotazos, consiguió en +pocos segundos arrancarla de los goznes y derribarla por el suelo con +estrepitoso sacudimiento, que hizo retemblar las paredes.</p> + +<p>El bandido se sobrecogió de terror porque imaginó al principio que el +viejo guarda, o lleno de envidia por la ventura que otros iban a lograr, +o enojado porque le profanaban su mansión, donde el día antes había +estado todavía de cuerpo presente, venía ahora capitaneando una legión +de demonios para llevárselo al infierno.</p><p><span class="pagenum"><a name="page125" id="page125"></a></span></p> + +<p>¿Qué criatura mortal podía aparecer a aquellas horas y en tan apartado +sitio?</p> + +<p>El bandido, no obstante, se recobró del susto y acudió a la defensa.</p> + +<p>Echó mano del trabuco, que tenía en un rincón de la estancia, y fue al +cuarto contiguo, donde había caído la puerta y estaba la entrada.</p> + +<p>Allí apenas se veía, porque la única luz era la de un candil atado en la +otra estancia a una tomiza que pendía de una viga del techo; pero el de +la carátula vio el bulto de un hombre que se precipitaba sobre él, y le +dijo:</p> + +<p>—¡Tente o mueres!</p> + +<p>Y le apuntó con el trabuco.</p> + +<p>Todo ello fue con rapidez maravillosa. Don Paco estaba ya casi encima +del bandido, y al mismo tiempo que éste disparaba, le sacudió tan +tremendo garrotazo en el brazo izquierdo, que le hizo soltar el arma y +dar con ella en el suelo.</p> + +<p>El tiro salió antes, pero torcida ya la dirección, las postas, sin tocar +a don Paco, fueron a agujerear el muro.</p> + +<p>El de la carátula retrocedió para evitar nuevo golpe, y aunque magullado +por el que había recibido, sacó de la faja que rodeaba su cintura una +truculenta navaja de Albacete, de las de virola y golpetillo, de las que +llevan la inscripción:</p> + +<div class="center">Si esta víbora te pica<br /> +no hay remedio en la botica;</div><br /> + +<p>la abrió con el temeroso ruido que produce la rodaja al encajar en el +muelle, y se lanzó otra vez sobre su adversario; pero el bandido estaba +ya falto de serenidad y quebrantado por el dolor del primer golpe. No +supo ser certero y en balde abanicó el ambiente con su mortífero +instrumento.</p> + +<p>Don Paco, sereno y decidido, se apartó a un lado, brincó y salvó el +bulto y sacudió otra vez tan fiero garrotazo en los lomos del de la +carátula, que le hizo caer en el suelo boca abajo.</p> + +<p>Tendido ya en el suelo el bandido, don Paco se ensañó algo, y sin +compasión le dio cuatro o cinco palos más.</p> + +<p>Como no se quejaba ni rebullía, don Paco le creyó muerto. Se agachó, no +obstante, con precaución y le quitó de la mano la navaja.</p><p><span class="pagenum"><a name="page126" id="page126"></a></span></p> + +<p>En seguida llegó don Paco a donde estaba don Ramón, que le reconoció, y +con viva efusión le dio las gracias.</p> + +<p>Don Paco desató el cordel que mantenía a don Ramón amarrado.</p> + +<p>—Alúmbreme usted con el candil—le dijo—. Voy a ver si ha muerto ese +hombre.</p> + +<p>A la luz del candil se llegó don Paco al que estaba boca abajo tendido +por el suelo y le puso boca arriba. La carátula se le había caído.</p> + +<p>Don Paco y don Ramón se quedaron absortos al reconocer a Antoñuelo.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXXII" id="XXXII"></a>XXXII</h2> + +<p>Por dicha no había recibido ningún garrotazo en la cabeza; pero estaba +derrengado, molido y lleno de contusiones.</p> + +<p>Seguro ya de que vivía, y por instigación del tendero murciano, que no +se aquietaba hasta recobrar, en parte al menos, el dinero robado, don +Paco registró a Antoñuelo y le encontró cuatro mil reales, que devolvió +a su dueño.</p> + +<p>Los otros ocho mil se los había llevado el compañero de Antoñuelo, el +cual, por director y maestro en el arte, había tomado doble porción de +botín.</p> + +<p>Antoñuelo sentía agudos dolores; no formulaba palabra alguna, pero +lanzaba gemidos lastimeros.</p> + +<p>Don Paco se apresuró a salir de allí, volviendo cuanto antes al lugar +con el libertado y el vencido.</p> + +<p>La poderosa mula de don Ramón, aparejada aún con muy cómoda y ancha +albarda, se hallaba en un corralejo o pequeño cercado contiguo a la +casilla.</p> + +<p>Sacó don Paco la mula, hizo que montase en ella su dueño y levantando +después a Antoñuelo, que apenas se podía mover, y llevándole en peso con +alguna dificultad, le plantó a las ancas. El cargó luego con el trabuco +y la navaja, trofeos de su victoria, y echando delante la mula y su +doble carga se dirigió hacia el lugar.</p> + +<p>Al ir caminando daba infinitas gracias a Dios porque le había puesto en +ocasión de castigar un delito y de evitar otros mayores, y porque le +había proporcionado un medio de volver a la patria con justo motivo y +sin ningún sonrojo.</p><p><span class="pagenum"><a name="page127" id="page127"></a></span></p> + +<p>Aunque caminaron despacio, llegaron al lugar entre una y dos de la +noche, sin hallar a nadie en el camino.</p> + +<p>Inquieto don Andrés por la suerte de don Paco, había enviado en balde a +muchas personas para que le buscasen. También la tendera había enviado +gente en busca de su marido. Todos con mal éxito se habían vuelto al +lugar antes de medianoche.</p> + +<p>Cuando mucho más tarde entraron en él don Paco y su comitiva, los +villalegrinos estaban durmiendo.</p> + +<p>Don Paco, procurando y logrando no llamar la atención, dejó a Antoñuelo +a la puerta del herrador, su padre. Libre ya don Ramón del poco +agradable socio de montura, se despidió de don Paco con nuevas y +fervorosas manifestaciones de gratitud y se largó a su casa.</p> + +<p>Don Paco se fue a reposar a la suya.</p> + +<p>Como el médico estaba viejo y averiado y tenía no poco que hacer, don +Policarpo ejercía también, con sentimiento del médico, la medicina y la +cirugía. El herrador le llamó al punto para que curase a su hijo.</p> + +<p>Don Policarpo le atendió muy bien y pronosticó que le curaría pronto, +porque sus contusiones, si bien en extremo dolorosas, no eran de peligro +ni daban que temer por su vida.</p> + +<p>Apenas amaneció, don Policarpo, sabedor de que don Andrés estaba +inquietísimo por la suerte de su amigo o como si dijéramos de su +ministro, fue a casa del cacique, que se despertaba con el alba, y le +pidió albricias y le dio la buena nueva de que don Paco había parecido. +Como el boticario sólo había visto al magullado Antoñuelo y no sabía +bien lo ocurrido, hizo su composición de lugar, y fantaseó y dijo a don +Andrés que entre don Paco y Antoñuelo había habido una muy reñida pelea, +sin duda por los bellos ojos de Juanita; que la pelea había sido en +mitad del campo, durante la noche; que don Paco había quedado ileso y +que el pobre Antoñuelo estaba tal que se lo podía comer con cuchara, +pero que él, con su ciencia y sus cuidados, le sanaría muy pronto.</p> + +<p>Don Andrés se holgó mucho de que hubiese vuelto sano y salvo el +secretario del Ayuntamiento, que le era utilísimo y a quien profesaba +más amistad que a nadie.</p> + +<p>No por eso quiso llamar a don Paco ni ir a verle en seguida, turbando el +reposo de que sin duda había menester; pero no creyó en el duelo o +pendencia que don Policarpo había supuesto y contado.</p><p><span class="pagenum"><a name="page128" id="page128"></a></span></p> + +<p>Don Andrés, aunque muy estimulado por la curiosidad, se armó de +paciencia y de calma y aguardó dos o tres horas antes de dar un paso +para descubrir lo cierto.</p> + +<p>Bien sabía él que el mayor amigo y confidente de don Paco era el maestro +de escuela, y a eso de las ocho, cuando ya la escuela había empezado y +don Pascual debía de estar en ella, don Andrés le envió a llamar a su +casa.</p> + +<p>El mozo que llevó el recado volvió diciendo que don Pascual había salido +al rayar el alba, que no había vuelto aún, que los niños estaban dando +la lección con el ayudante y que no bien volviese don Pascual y supiese +que don Andrés le llamaba, iría a verle al punto.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXXIII" id="XXXIII"></a>XXXIII</h2> + +<p>Don Paco, después de vagar en la soledad por espacio de dos días y +después de tantas penas, emociones y lances, anheló para desahogo +confiarse por completo con alguien. ¿Y con quién mejor que con el +maestro de escuela, hombre de bien, sigiloso y tan excelente y +desinteresado amigo, primero de Juanita y de él más tarde?</p> + +<p>La mujer del alguacil fue, pues, a llamar a don Pascual de parte de don +Paco.</p> + +<p>Don Pascual vino y don Paco se lo contó todo. No le dio ninguna comisión +ni embajada para Juanita; pero don Pascual, por una benévola usurpación +de atribuciones y de empleo, se declaró él mismo y se nombró embajador, +se fue a ver a Juanita que, desvelada y triste, se acababa de levantar y +le refirió con fidelidad minuciosa los furores y penas de don Paco, sus +celos, su desesperación, sus propósitos de suicidio o de extrañamiento +perpetuo, y, por último, el combate de la casilla, el delito de +Antoñuelo, los golpes que éste había recibido, así como su vuelta y la +de don Paco a Villalegre.</p> + +<p>Contó también que el tendero murciano y su mujer, con más impaciente +furia, no se conformaban con callarse sin delatar a Antoñuelo y sin +enviarle a presidio, si no se les devolvían en el término de tres días +los ocho mil reales que no habían recobrado y que el cómplice de +Antoñuelo se había llevado consigo.</p> + +<p>Según informes adquiridos y comunicados por don Paco, Antoñuelo por nada +del mundo diría el nombre y la condición del forastero que había +cometido con él el delito.</p><p><span class="pagenum"><a name="page129" id="page129"></a></span></p> + +<p>Por otra parte, aunque Antoñuelo le delatase, de nada valdría esto para +recobrar los ocho mil reales por medio de la Justicia, sin envolver en +el proceso al hijo del herrador y condenarle y perderle.</p> + +<p>El afecto profundo y extraño, como de madre o como de hermana, que +Juanita había sentido por Antoñuelo toda su vida, renació entonces con +vehemencia en su corazón, olvidándose de los groseros agravios con que +la había ofendido aquel mozo.</p> + +<p>Juanita se propuso salvarle, lograr que se echase tierra al asunto y +evitar su deshonra y su ida a presidio, aunque para ello fuera menester +buscar los ocho mil reales en el mismo infierno.</p> + +<p>A esta penosa agitación de Juanita se contraponía en su alma otra +agitación dulcísima, otro sentir, en vez de aflictivo, delicioso y +beatificante, que aumentaba y enardecía su amor al saberlo tan bien +pagado, y que lisonjeaba su orgullo. A pesar del dolor y del sobresalto +que la conducta criminal de Antoñuelo y sus consecuencias le causaban, +Juanita se juzgó venturosa, y sin duda lo era.</p> + +<p>Sólo faltaba ya, y urgía y no daba un instante de espera, el desengañar +a don Paco, el persuadirle de que ella era inocente, y el convencerle de +que ella le amaba.</p> + +<p>Ya don Pascual, en su largo coloquio con don Paco, había hecho esfuerzos +para convencerle de la inocencia de Juanita. Don Pascual le aseguró que +él conocía muy bien el noble y leal carácter de ella y cuan virtuosa y +honrada había sido siempre en medio de la completa libertad en que había +vivido, sin que su madre la vigilase y la tuviese siempre a su lado.</p> + +<p>Su madre había tenido que ir a las casas donde la llamaban a trabajar, +dejando a Juanita con una criada o completamente sola cuando ni criada +tenían. Juanita, además, sin que nadie la acompañase ni mirase por ella, +había pasado de la niñez a la mocedad en medio de las calles y en trato +y conversación con toda clase de personas.</p> + +<p>Nadie, sin embargo, se le había atrevido, porque ella sabía hacerse +respetar, y ni las personas maldicientes habían formulado nunca contra +ella una acusación fundada que pudiera, en manera alguna, deslustrar su +decoro.</p> + +<p>Lo que don Paco había visto, lo que había causado su enojo y su +desesperación no era, por consiguiente, culpa de Juanita, sino +inmotivado atrevimiento de don Andrés, quien, si algo logró por +sorpresa, fue rechazado violentamente en seguida.</p> + +<p>Don Pascual sostenía, además, que Juanita no había provocado <span class="pagenum"><a name="page130" id="page130"></a></span>la audaz +acometida de don Andrés, a la que daba por única causa el engreimiento +del cacique y su convicción de que todo había de rendirse a su voluntad +y ser propicio a su deseo.</p> + +<p>No bien se enteró Juanita de todo esto oyendo hablar al maestro de +escuela, procuró que terminase la visita y que éste se fuera.</p> + +<p>Cuando se vio sola, sin hablar a su madre para no perder tiempo, tomó el +pañolón, se lo echó de cualquier modo en la cabeza y se fue a casa de +don Paco, escapada.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXXIV" id="XXXIV"></a>XXXIV</h2> + +<p>Llegó Juanita a la casa, llamó a la puerta y salió a abrirle la mujer +del alguacil. Juanita le dijo:</p> + +<p>—¿Está don Paco en casa? ¿Está levantado y solo? Necesito verle y +hablarle sin tardanza.</p> + +<p>—Solo y levantado está en la sala de arriba—dijo la mujer del +alguacil.</p> + +<p>Sin aguardar más contestación ni más permiso, Juanita apartó a un lado a +su interlocutora, echó a correr, subió las escaleras, dejó el manto en +un banco de la antesalita y entró destocada en la sala donde estaba don +Paco.</p> + +<p>La sorpresa y el júbilo de éste fueron indescriptibles, por más que +estuviese receloso aún de que en los atrevimientos de don Andrés la +coquetería de Juanita había entrado por algo. Agradecido a la visita no +esperada, don Paco se mostró muy fino, pero disimuló su alegría y +procuró poner el rostro lo más grave y severo que pudo.</p> + +<p>—No estés enfurruñado conmigo—dijo Juanita, tuteándole por primera +vez—. Yo estaba celosa de doña Agustina y enojada contra ti con tan +poca razón como tú estás ahora enojado; yo quería darte picón. Soy leal. +Confieso mi culpa y me arrepiento de ella. Es cierto; provoqué a don +Andrés sin reflexionar lo que hacía. Perdónamelo. Me besó por sorpresa, +pero lo rechacé con furia. Te lo juro; créeme; te lo juro por la +salvación de mi alma; no le rechacé porque tú entraste, y más duramente +lo hubiera rechazado yo si tú no entras. Vengo a decírtelo para que me +perdones, porque te amo. Quiero que lo sepas: estoy arrepentida de +haberte despedido y me muero por ti y no puedo vivir sin ti.</p> + +<p>¿Qué había de hacer don Paco sino ufanarse, enternecerse, <span class="pagenum"><a name="page131" id="page131"></a></span>derretirse y +perdonarlo todo al oír tan dulces y apasionadas frases en tan linda y +fresca boca? No sabía, sin embargo, qué decir ni qué hacer, y, como +generalmente ocurre en tales ocasiones, dijo no pocas tonterías.</p> + +<p>—Apenas puedo creer—dijo—que no repares ya en mi vejez, que no +pienses en que puedo ser tu abuelo y que me quieras como aseguras. +¿Pretendes, acaso, burlarte de mí y trastornarme el juicio? ¿Te propones +halagarme con la esperanza de una felicidad que no me atrevería yo a +concebir en sueños, para matarme luego desvaneciéndola?</p> + +<p>—No, vida mía; yo no quiero desvanecer tu esperanza, sino realizarla. +Yo quiero darte la felicidad, si juzgas felicidad el que yo sea tuya. Si +no me desprecias, si me perdonas, si no me crees indigna, nos casaremos, +aunque rabie doña Inés de que yo no sea monja, aunque don Andrés te +retire su favor, aunque se nos haga imposible la permanencia en este +pueblo y aunque tengamos que irnos por ahí, acaso a vivir +miserablemente. No lo dudes; si fuese posible que don Andrés se prendase +de mí hasta el extremo de querer casarse conmigo, yo le despreciaría por +amor tuyo, aunque fueses tú mil veces más pobre de lo que eres; yo le +cantaría la copla que dice:</p> + +<div class="center">Más vale un jaleo probé<br /> +y unos pimientos asaos<br /> +que no tener un usía<br /> +esaborío a su lao.</div><br /> + +<p>Don Paco, al oír esto, apenas pudo ya contenerse y ocultar su emoción. +Un estremecimiento delicioso agitó sus venas, como si por ellas +corriesen luz y fuego en vez de sangre. Estuvo a punto de echarse a los +pies de Juanita y besárselos, pero aún se reportó y dijo:</p> + +<p>—Quiero creer, creo en tu sinceridad de este momento. Mi modestia, con +todo, me induce a temer que tal vez te alucinas, que tal vez tú misma te +engañas, que tal vez te arrepientas del paso que das ahora. Eres tan +hermosa, que puedes ambicionar cuanto se te antoje. Y don Andrés no es +un usía desabono como el de la copla; es una persona inteligente, +estimada y respetada por todos: mejor y mucho más joven que yo.</p> + +<p>—Será todo lo que tú quieras; mas para mí tú eres el más inteligente, +el más joven y el más guapo.</p><p><span class="pagenum"><a name="page132" id="page132"></a></span></p> + +<p>Todavía, escudado por su humildad, trató don Paco de ocultar que estaba +ya satisfecho, que había depuesto su enojo y que sus recelos se habían +disipado. Con menos seriedad, sonriendo y entre veras y burlas, dijo;</p> + +<p>—Me fío de ti; conozco que hablas con el corazón. No, no piensas en +engañarme; pero, sin duda, tú misma te engañas. Y para poner más a +prueba la vehemencia y la firmeza del amor de Juanita, añadió luego:</p> + +<p>—Es inverosímil que tú, si don Andrés, como parece evidente, está +enamoradísimo de ti, le desdeñes y me prefieras y me ames ahora, cuando +antes, que no tenías a don Andrés, era a mí a quien despreciabas. Pues +qué, ¿ignoras que yo soy un pobre diablo, dependiente de él, y que él es +poderoso, rico, respetado y temido aquí, estimado y favorecido por el +Gobierno y caballero gran cruz con excelencia y todo?</p> + +<p>—¿Y qué me importa a mí su excelencia? A ti y no a él debió el Gobierno +dar la gran cruz, ya que todo lo bueno que se hace en este lugar eres tú +quien lo hace.</p> + +<p>Calló un momento y prosiguió con dulce risa, como quien de súbito tiene +una idea que le agrada:</p> + +<p>—Esta injusticia quiero remediarla yo; pero necesito antes que tú me +proclames y me jures por tu reina. Sé mi súbdito fiel. Sométeteme. +Júrame por tu reina y tu reina te premiará. Júrame.</p> + +<p>Don Paco se sometió sin más resistencia. Se hincó de rodillas a los pies +de ella y exclamó entusiasmado:</p> + +<p>—¡Te juro!</p> + +<p>Juanita, impulsada irresistiblemente por la idea rara que había +concebido, apartó con gran rapidez el pañolillo, que llevaba al pecho, +prendido con alfileres, sacó sus tijeras del bolsillo del delantal y se +desabrochó dos o tres corchetes del vestido. Don Paco, siempre de +hinojos, la contemplaba embelesado y curioso.</p> + +<p>Ella introdujo los dedos por bajo el vestido y desató un listoncillo de +seda azul que le ceñía al pecho la limpia camisa. Tiró de él y la sacó +de la jareta, calada y bordada, trabajo primoroso de su diestra mano. +Cortó, por último, con las tijeras un buen pedazo del listoncillo y se +lo puso a don Paco en el ojal del chaquetón, afirmándolo con una lazada.</p> + +<p>—Yo te concedo, en atención a tus altos méritos y servicios—dijo con +solemnidad—, esta bonita condecoración, que vale mil veces más que la +que tiene don Andrés, y te declaro mi <span class="pagenum"><a name="page133" id="page133"></a></span>caballero y gran cruz de la orden +de los celos disipados. Por eso es azul el listoncillo, como las flores +del romero.</p> + +<p>Don Paco se levantó sin pizca de celos, porque todo se convirtió en +amor, y dijo:</p> + +<p>—Tú me citaste una copla; no quiero ser menos; voy a citar otra, aunque +tenga que llamarte en ella no por tu nombre, sino como se llama la madre +de tu santo:</p> + +<div class="center">Las flores del romero<br /> +niña Isabel,<br /> +hoy son flores azules,<br /> +mañana serán miel.</div><br /> + +<p>—Y si han de ser miel mañana, ¿no es mejor que lo sean en este mismo +instante?</p> + +<p>Don Paco se acercó a Juanita para besarla.</p> + +<p>Ella le separó con suavidad y se esquivó poniéndose muy seria y +exclamando:</p> + +<p>—Déjame. No te llegues a mí. Respétame como a tu reina y como mi +caballero que eres. Las flores del romero serán miel en su día; ahora, +no. Ve mañana a mi casa, a las diez y media de la noche. Allí hablaremos +con mi madre. Adiós.</p> + +<p>Juanita se dirigió para salir hacía la puerta de la sala. Ya en la +puerta, volvió la cara, miró a don Paco, se dio a escape más de treinta +besos en la palma de la mano, sopló en ellos y se los envió a su amigo +por el aire.</p> + +<p>—De cerca y sin alas los quiero yo.</p> + +<p>—Ya les cortaremos las alas. En cuantito no sea pecado mortal, los +tendrás de cerca hasta que te hartes.</p> + +<p>Y dicho esto, recogió el mantón en la antesala, bajó brincando por la +escalera y se puso en la calle.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXXV" id="XXXV"></a>XXXV</h2> + +<p>En medio de su alegría por haberse reconciliado con don Paco, por estar +segura de su amor y resuelta a casarse con él, aunque doña Inés y el +cacique se opusiesen y tuvieran ella, su novio y su madre que ser +víctimas de la cólera de tan poderosos señores, Juanita sentía profunda +pena por la suerte de Antoñuelo. Su delito le daba horror y no quería +volver a verle ni hablarle en la <span class="pagenum"><a name="page134" id="page134"></a></span>vida; pero le amaba aún con cariño de +hermana y presentía que ello acibararía con algo como remordimiento las +mayores venturas que pudiera alcanzar sí no evitaba que Antoñuelo fuera +procesado, deshonrado públicamente y condenado a presidio. Con egoísmo +amoroso, sólo del amor mutuo que don Paco y ella se tenían, había ella +hablado con don Paco. Ya en la calle y separada de él, Juanita volvió a +pensar en Antoñuelo y a cavilar en un medio de salvarle sin que nadie le +diese auxilio y siendo ella su única salvadora.</p> + +<p>Con este propósito se presentó en casa del tendero murciano, que la +recibió estando con su mujer, doña Encarnación, solos en la trastienda.</p> + +<p>No lloró Juanita, porque tenía muy hondas las lágrimas y rara vez +lloraba; pero con acento conmovedor y apasionado les rogó que se +callasen sobre lo ocurrido, prometiéndoles que en el término de seis +meses ella les daría los ocho mil reales que el forastero se había +llevado. Contaba para esto con la voluntad de su madre, de la cual +estaba cierta de disponer como de su propia voluntad. Su madre tenía +dado a premio dinero bastante para salir de aquel compromiso, y en el +término marcado de los seis meses podía cobrar dicho dinero. Su madre, +además, era propietaria de la casa en que vivían, y si bien la casa +estaba fuertemente gravada con un censo, todavía podía producir, +vendiéndola, muy cerca de los mencionados ocho mil reales.</p> + +<p>Doña Encarnación habló antes que su marido, y dijo al oír aquellas +proposiciones:</p> + +<p>—Tú estas loca, hija mía, y yo supongo que ni tu locura será contagiosa +ni se la pegarás a tu madre. Imperdonable estupidez sería que ambas os +arruinaseis por salvar a un pillastre. Anda, déjale que vaya a presidio. +Aquel es su término natural e inevitable. Si ahora le salvaseis, en +seguida volvería a hacer de las suyas y a dar nuevo motivo para que le +apretasen el pescuezo. Vuestro sacrificio no sólo sería inútil, sino +también perjudicial.</p> + +<p>—Los consejos de usted—contestó Juanita—, y perdone usted que se lo +diga, son aquí los inútiles. Contra mi firme resolución no hay consejo +que valga. No son consejos, sino dinero o crédito lo que yo necesito. Si +tuviera yo en mi arca los ocho mil reales, los hubiera traído y se los +hubiera dado a ustedes en cambio de un papel, firmado por ustedes, donde +declarasen que Antoñuelo nada les debía y que no tenían contra él la +menor queja.</p><p><span class="pagenum"><a name="page135" id="page135"></a></span></p> + +<p>No tengo dinero, peco estoy segura de poder reunirlo antes de seis +meses. ¿Quieren ustedes firmar el documento de que he hablado +desistiendo de toda queja contra Antoñuelo y recibir en cambio otro +documento en que yo me comprometa a pagar los ocho mil reales? Este es +el asunto, y no hay para qué andarse por las ramas. Conteste usted, don +Ramón, y diga que sí o que no.</p> + +<p>—Pues mira, Juanita—contestó el interpelado—, yo digo que no, porque +no quiero ser cómplice de tu locura y porque un papel firmado por ti, +que eres menor de edad, no vale un pitoche.</p> + +<p>—El pagaré, aunque apenas tengo veinte años, valdría tanto como si yo +tuviese treinta. Nunca he faltado a mi palabra escrita. Para cumplir el +compromiso que contrajese me vendería yo si no tuviera dinero.</p> + +<p>A don Ramón se le encandilaban algo los ojos, a pesar de que doña +Encarnación estaba presente, y dejó escapar estas palabras:</p> + +<p>—Si tú te vendieses, aunque en el lugar son casi todos pobres, yo no +dudo de que tendrías los ocho mil reales; pero yo no quiero que tú te +vendas.</p> + +<p>—Ni yo tampoco—replicó la muchacha—. Lo dije por decir. Fue una +ponderación. Los bienes de mi madre son míos; ella me quiere con toda su +alma y hará por mí los mayores sacrificios. No dude usted, pues, de que +dentro de seis meses tendrá los ocho mil reales que ahora me preste, sin +necesidad de que yo me venda para pagárselos.</p> + +<p>Doña Encarnación le interrumpió entonces diciendo:</p> + +<p>—Juanita, nosotros tenemos tan buena opinión de ti, que estamos seguros +de la sinceridad y de la firmeza con que prometes pagar; pero si dentro +de seis meses no allegas los dineros, o porque tu madre, queriéndote +mucho, no quiere darlos, o porque no os pagan vuestros deudores y no +lográis vender la casa, tu sinceridad y tu firmeza nada valdrán +pecuniariamente, aunque moralmente valgan mucho. Tu misma moralidad para +este asunto de los dineros, en vez de ser una garantía, es un indicio +claro del peligro que corremos, si te lo prestamos, de no volverlos a +ver nunca.</p> + +<p>—Sí, hija mía—interpuso don Ramón—; si en este caso me hipotecases tu +inmoralidad en vez de hipotecarme tu moralidad, estaría yo más seguro de +cobrar el dinero. Sería una prenda <span class="pagenum"><a name="page136" id="page136"></a></span>pretoria que daría ricos productos +por mal que se administrase.</p> + +<p>Juanita advirtió que el tendero murciano trataba de tomarle el pelo, +valiéndose de una expresión que ahora se emplea en estilo chusco, y, +como era poco sufrida, empezó a perder la paciencia y dijo bajando la +voz, pero aguzando cada una de sus palabras como si fuese una lanceta:</p> + +<p>—Es, déjese usted de bromas insolentes, tío marrano. Piense usted bien +mi proposición y verá que le tiene cuenta. Si acude a la Justicia, quizá +tendrá el gusto de ver en presidio a Antoñuelo; pero de fijo que no verá +nunca los ocho mil reales. En cambio, si los da ahora por recibidos y +acepta el pagaré que yo le firme, dentro de medio año o antes, y esto es +tan claro como el sol que nos alumbra, recuperará sus ocho mil reales y +además los intereses que me ponga por ellos, porque yo no quiero que me +los adelante por mi linda cara.</p> + +<p>—Aunque me insultes llamándome tío marrano, me permitirás que al menos +por tu linda cara te perdone el insulto. También me mueve tu linda cara, +y no las mezquinas reflexiones que has hecho por mí, a prestarte los +ocho mil reales si me prometes que tu madre ha de conformarse con el +contrato. De todos modos, ya comprenderás tú, porque tienes sobrado +talento, aunque eres inexperta, que yo corro mucho peligro al hacer el +préstamo; que el daño emergente no es flojo, y que, por tanto, tampoco +pueden ser flojos los intereses. No obstante, yo aspiro a que, en vez de +llamarme marrano, me llames generoso y espléndido. Asómbrate.</p> + +<p>Doña Encarnación, que hasta entonces había reprimido la cólera, +sufriendo el insulto hecho al enclenque de su marido, por temor de andar +a la gresca con Juanita y aun de quedar vencida y aporreada, no pudo ya +contenerse al ver y al oír a su marido tan melifluo y tan predispuesto a +ser dadivoso, y le interrumpió exclamando:</p> + +<p>—No te derritas, hombre; no te vuelvas una jalea, no me obligues a que +sea yo quien te llame tío marrano. Atiende a lo que haces, y ya que te +expones tanto prestando los dineros, que sea con algún fruto.</p> + +<p>—Yo no me derrito, yo atiendo a lo que hago—contestó don Ramón—; pero +en vez de responder a las injurias con otras injurias quiero ser +magnánimo y responder con favores y beneficios. Juanita, yo doy por +recibidos los ocho mil reales que me robaron <span class="pagenum"><a name="page137" id="page137"></a></span>con tal que tú me firmes +un pagaré, que vencerá dentro de seis meses, por la expresada cantidad, +más un pequeño tanto por ciento.</p> + +<p>—Mil gracias, señor don Ramón—dijo Juanita—. Escriba usted los dos +documentos. Yo me llevaré, firmado por usted, el que me asegure que +Antoñuelo quedará libre, y firmaré y dejaré en poder de usted el que +declare que le soy deudora.</p> + +<p>—Está bien. No hay más que hablar—dijo don Ramón. Y yendo a su +escritorio redactó los dos documentos en un periquete. En el pagaré se +comprometía Juanita a pagar, en el término de seis meses, la cantidad de +diez mil reales.</p> + +<p>—Ya ves mi moderación—dijo el tendero murciano al presentar a la +muchacha el documento para que lo firmase—. Me limito a cobrarte sólo +un veinticinco por ciento, a pesar del peligro que corro de quedarme sin +mi dinero, porque, a despecho de todos tus buenos propósitos, no tengas +un ochavo dentro de los seis meses y tengamos que renovar el pagaré, lo +cual me traería grandísimos perjuicios.</p> + +<p>—Ya lo creo—dijo doña Encarnación—; como que ahora andamos engolfados +en negocios tan productivos, que ganamos un ciento por ciento al año. +Créeme, Juanita: prestándote los ocho mil reales nos exponemos a +quedarnos sin ellos, y además a perder otro veinticinco por ciento, o +sea, otros dos mil reales, que hubiéramos ganado dando a los ocho mil +más lucrativo empleo; pero, en fin, ¿qué se ha de hacer? Mi señor esposo +pierde la chaveta cuando ve un palmito como el tuyo.</p> + +<p>—Sea como sea—dijo Juanita—, agradezco a ustedes mucho el favor que +me hacen. Y guardándose en la faltriquera el otro documento después de +haberío leído y estimado que estaba bien, se despidió de los mercaderes +y se fue a su casa.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXXVI" id="XXXVI"></a>XXXVI</h2> + +<p>Arrebatado yo por la corriente de los sucesos, por la importancia que +les doy y por la rapidez con que quiero narrarlos, he descuidado la +cronología. Está vaga y confusa y conviene fijarla un poco.</p> + +<p>Nada más fácil. Baste decir para ello que el día de la fuga de don Paco +acertó a ser Domingo de Ramos.</p><p><span class="pagenum"><a name="page138" id="page138"></a></span></p> + +<p>Como don Paco vagó todo aquel día y el siguiente, resulta que volvió a +Villalegre al empezar el Martes Santo.</p> + +<p>Son tales las preocupaciones y el embeleso de todos los habitantes de +Villalegre durante aquella semana, que nadie hubiera notado ni la +desaparición ni la vuelta de don Paco si no hubiera sido el personaje +tan notable, tan activo y que por lo común andaba siempre en todo.</p> + +<p>Lo que no se hubiese sabido, ni aun en tiempos normales, eran las causas +de su ida y de su vuelta. Los celos siguieron sepultados en el más +profundo silencio por los que los causaron y los padecieron: por don +Andrés, Juanita y don Paco. Y los delitos de Antoñuelo y los medios que +don Paco empleó para remediar unos y frustrar otros hubo interés en +callarlos, y se logró que los callaran el tendero y su mujer, únicas +personas a quienes interesaba decirlos.</p> + +<p>Sólo se sabía que Antoñuelo había vuelto apaleado; pero, a pesar de los +comentarios que se hacían, nadie atinaba con el motivo y pocos +sospechaban quién había sido el autor del apaleo.</p> + +<p>El tiempo aquel era el menos a propósito para que en Villalegre fijase +el vulgo su atención en lance alguno, por extraordinario que fuese, de +la vida real contemporánea. La atención general estaba embelesada y +suspendida por la pasmosa representación simbólico-dramática que iba a +verificarse durante cuatro días consecutivos, teniendo por actores a la +mitad o quizá a más de la mitad de los hombres, y por espectadores a la +otra mitad de ellos, a todas las mujeres y niños y a no pocos +forasteros.</p> + +<p>Las procesiones de Semana Santa empiezan el miércoles y terminan el +sábado. Yo, pues, las he visto en mi niñez en otra población donde son +muy parecidas a las de Villalegre, conservo de ellas el más poético +recuerdo, por donde imagino que las personas que las censuran carecen de +facultades estéticas o las tienen embotadas. Hasta la rudeza campesina +de algunos accidentes presta a la representación de que hablo candoroso +hechizo.</p> + +<p>Acaso había accidentes o episodios en dicha representación en que lo +sagrado y lo profano, lo serio y lo chistoso y lo trágico y lo cómico +desentonaban algo. Celosos y discretos obispos han hecho sin duda muy +bien en suprimir estas discordancias o salidas de tono; pero lo esencial +de la representación, que consta de procesiones y <i>pasos</i>, sigue todavía +y hubiera sido lástima suprimirlo; hubiera sido un crimen de lesa poesía +popular.</p> + +<p>A mi ver, hasta en corregir, atildar y perfeccionar lo que se <span class="pagenum"><a name="page139" id="page139"></a></span>hace, +aunque no niego que se presta al atildamiento y a la mejora, es menester +andarse con tiento. Puede ocurrir, si es lícito que yo me valga de un +símil literario, lo que ocurre con un escrito en verso o prosa cuando el +autor, por el prurito de acicalar el estilo, manosea, soba y marchita lo +que escribió y lo deja mustio, lamido y sin espontaneidad ni gracia.</p> + +<p>Conviene, además, para ver aquello con fruto y penetrar su hondo +sentido, prescindir de refinamientos y de ideas de lujo y de exactitud +indumentaria, adquiridas en ciudades más ricas y populosas. Sólo así, y +reflexionándolo bien, se percibe lo sublime y lo bello de la verdad +dogmática que bajo el velo del símbolo resplandece.</p> + +<p>Menester es que no se arredre por lo áspero de la corteza el que anhele +gozar del dulce alimento que para el espíritu ella cela y contiene.</p> + +<p>La representación no se limita a ofrecer al pueblo un trasunto de la +pasión y muerte de Cristo y de la redención del mundo, sino que en +cierto modo abarca todo el plan divino y providencial de la Historia, +como el famoso discurso de Bossuet.</p> + +<p>Los seres humanos, sin duda, no se juzgan dignos de representar a los +seres divinos, ni se creen idóneos para ello, y temen profanar la acción +interviniendo en ella inmediatamente. De aquí que todos los momentos del +alto misterio de la redención se figuren por medio de imágenes que se +llevan en andas, y cuyos movimientos silenciosos y solemnes va +explicando un predicador desde un púlpito erigido en medio de la plaza y +que la muchedumbre rodea. Sólo hablan los seres humanos. Los +sobrehumanos callan, salvo algunos ángeles que cantan lo que dicen.</p> + +<p>Así, por ejemplo, el pregonero desde el balcón de las Casas +Consistoriales lee en voz alta la sentencia que condena a Jesús a muerte +afrentosa en una cruz, y entre dos ladrones, por enemigo del César y por +otros muchos delitos.</p> + +<p>El predicador exclama entonces:</p> + +<p>—Calla, falso pregonero; calla, viperina lengua, y oye la voz del +ángel, que dice....</p> + +<p>En seguida aparece en otro balcón de la casa mejor que está enfrente del +Ayuntamiento el niño de seis o siete años más bonito, más inteligente y +de más dulce voz que en el lugar hay; y primorosamente vestido de ángel, +con tonelete de raso blanco bordado de estrellitas de oro, con +refulgentes y extendidas alas y con corona de flores, canta una sencilla +y sublime contraesencia, <span class="pagenum"><a name="page140" id="page140"></a></span>que comienza diciendo: «Esta es la justicia +que manda hacer el Eterno Padre....»</p> + +<p>Luego explica, con enérgica concisión que no se opone a la claridad, los +misterios de la encarnación y de la redención, cuando en la plenitud de +los tiempos se une el Verbo increado con la humana naturaleza, +glorificándola y haciéndola digna del cielo, padeciendo en ella y por +ella, a fin de lavar sus culpas.</p> + +<p>Sólo hechos meramente naturales, en que intervienen personajes +secundarios, son representados por hombres.</p> + +<p>Hay uno, no obstante, que es muy trascendental y que también los hombres +representan. Es la prefiguración, el reflejo profético del sacrificio +del Hijo por el Padre; es el sacrificio de Isaac por Abrahán en la +cumbre del monte Moria, y que otro ángel impide. El monte está +representado en medio de la plaza por un tablado cubierto de verdura. +Abrahán e Isaac no hablan; sólo accionan. Cuando Abrahán tiene ya +levantada la cuchilla para sacrificar a su hijo, el ángel le detiene +cantando un romance. Isaac recibe entonces la palma del martirio, que +ostenta en las procesiones de los días siguientes. Abrahán sacrifica un +cordero, según los antiguos ritos.</p> + +<p>Los principales personajes del Antiguo Testamento discurren en la +procesión silenciosos y solemnes, como si la Historia Sagrada tomase +cuerpo y apareciese ante nuestros ojos en visión ideal. ¿Qué daña a la +mente infantil y a la rústica buena fe que no se ajuste con exactitud +esta visión a la verdad arqueológica, y que en ella no se desplieguen el +lujo y la pompa, si la imaginación del vulgo los pone allí con creces? A +su vista aparecen, y van pasando, Elías, Ezequiel, Daniel, Isaías, Amós +y los demás profetas, así como los reyes, jueces y príncipes: +Melquisedec, David, Moisés, Salomón, y qué sé yo cuántos más. Todos +llevan el rostro inmóvil de la carátula, y en las potencias, aureola o +nimbo que coronan sus cabezas, inscrito el nombre de cada uno. +Distínguense, además, por los atributos que en sus manos tienen: David +lleva el arpa; Salomón, un modelo del templo, y Moisés, las Tablas de la +Ley.</p> + +<p>Como los profetas hicieron vida áspera y penitente, y no se cuidaron +mucho del primor y de la elegancia en el vestir, se llaman los +<i>ensabanados</i>, porque sus túnicas y mantos están hechos con sábanas. Y, +por el contrario, los monarcas y grandes señores se engalanan con todo +el lujo que pueden, llevando por túnica los mejores vestidos de sus +mujeres o de sus novias, y por mantos <span class="pagenum"><a name="page141" id="page141"></a></span>las colchas más ricas de las +camas, por lo cual se llaman los <i>encolchados</i>.</p> + +<p>Conforme va pasando cada procesión, que suele permanecer tres o cuatro +horas en la calle, se ejecutan pasillos, que casi siempre explica un +nazareno cantando una saeta.</p> + +<p>Para prevenir y llamar la atención del público hacia cada pasillo, otros +dos o tres nazarenos hacen sonar las trompetas con melancólico y +prolongado acento. Así, pongo por caso, cuando los evangelistas van +escribiendo en unas tablillas lo que pasa y unos judíos tunantes vienen +por detrás haciendo muchas muecas y contorsiones y les roban los +estilos, los evangelistas, resignados y tristes, abren entonces los +brazos y se ponen en cruz. Las trompetas resuenan otra vez para dar el +pasillo por terminado.</p> + +<p>Cosas hay de cierto primor artístico y de bien inspirada delicadeza. Así +la cruz que llevan en andas, grande y negra, como de ébano bruñido con +remates primorosos de plata, sin Cristo en ella, que ya se supone +resucitado y en el cielo, de la que penden siete anchas cintas verdes, +blancas y rojas, de los tres colores de las virtudes teologales. Del +extremo de cada cinta va asido un niño o un grupo de niños, +representando todos en su conjunto y muy lindamente los siete +sacramentos de la Santa Iglesia.</p> + +<p>Otros niños con vestiduras talares y con alas de querubines llevan en +sus hombros el arca de la alianza, como recuerdo de la ley antigua, +anterior a la Buena Nueva y la ley de gracia.</p> + +<p>En fin, para mi gusto todo está tan bien, que si no fuera por el temor +de que me tildasen de impertinente y de extenderme demasiado en +descripciones impropias de este lugar, seguiría relatando sin cansarme y +con deleite artístico cuanto se representa en Villalegre en aquellos +cuatro días.</p> + +<p>Baste indicar aquí que el Viernes Santo, al anochecer, se celebra el +santo entierro, en el que no parecen ya las figuras simbólicas de los +personajes de la antigua ley; sólo hay nazarenos, hermanos de Cruz, +llevando cada cual a cuestas la suya y haciendo gala de que sea pesada y +grande, y soldados romanos y no pocos judíos, convertidos ya, en prueba +de lo cual llevan en las manos sendos rosarios y van rezando +devotamente. Hay, por último, muchos hombres y niños piadosos que +alumbran el entierro con velas.</p> + +<p>Pero la procesión más solemne y conmovedora es la que se verifica el +Sábado Santo, desde las nueve de la mañana hasta mediodía.</p> + +<p>En ella sale únicamente la imagen de María Santísima de la<span class="pagenum"><a name="page142" id="page142"></a></span> Soledad, que +es como el paladión de la villa y que se custodia y venera en el templo +más antiguo que existe allí, al otro extremo de la nueva parroquia, en +la cumbre del cerro que domina la población, en la Acrópolis, como si +dijéramos, y al lado del abandonado castillo del duque, desde donde éste +salía con su mesnada a combatir a los moros fronterizos y a entrar en +algarada por las tierras granadinas.</p> + +<p>Aquella imagen es una obra maestra del arte cristiano en la época de su +mayor florecimiento en España. Es cierto que se puede decir que el +escultor no hizo más que la cabeza y las manos; el pensamiento puro y +celestial y el medio por cuya virtud puede convertirse en acción el +pensamiento.</p> + +<p>Pero aquellas manos y aquel rostro son de admirable belleza. Aquel +rostro parece divino, combinándose en él la expresión del dolor más +profundo y la humilde conformidad con la voluntad del Altísimo. Los ojos +de la Virgen son hermosos y dulces; el llanto los humedece. En las +mejillas de la imagen hay dos o tres lágrimas como el rocío en las +rosas.</p> + +<p>En el resto de la imagen no se advierte forma ni dibujo de cuerpo de +mujer. Todo está cubierto de un riquísimo y extenso manto de terciopelo +bordado de oro.</p> + +<p>El artista, al representar el <i>Eterno femenino</i>, la fusión en el dolor +de las dos excelencias de la mujer, como virgen y madre, se diría que +huyó de lo corpóreo y sólo quiso prestar forma visible al espíritu.</p> + +<p>Sobre los adornos y bordados de la túnica de la Virgen se ven las +empuñaduras de las siete espadas que le traspasan el pecho.</p> + +<p>En la procesión del Sábado Santo, todos los personajes del Antiguo +Testamento y los judíos y los soldados romanos se desvanecen y se +eclipsan ante la divina imagen de la Virgen. Sólo la acompañan el clero +y la muchedumbre piadosa con innumerables velas y cirios encendidos.</p> + +<p>Con devoción y recogimiento anda la procesión el camino marcado; pero +apenas vuelve y entra de nuevo en su iglesia, todas las campanas de la +villa tocan a gloria con estruendoso repique; un toro de cuerda muy +bravo sale a la calle, y los aficionados lo lidian y capean; en la +cárcel se da libertad a un preso, que hace de Barrabás, y en varios +sitios a propósito, donde hay poco peligro de matar a nadie, se ahorcan +sendos Judas, o sea, grandes muñecos de trapo, rellenos de estopa y de +triquitraques, contra los cuales <span class="pagenum"><a name="page143" id="page143"></a></span>disparan tiros los mozos que tienen +escopeta, hasta que los Judas arden dando muchos triquitracazos y +tronidos. De esta suerte terminan con el regocijo de la resurrección del +Señor las interesantes fiestas de Semana Santa.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXXVII" id="XXXVII"></a>XXXVII</h2> + +<p>Todo estaba revuelto aquel día en la parte baja de la casa del cacique. +Se entregaba la gente a diversos trabajos para preparar una gran fiesta +que había de realizarse al otro día, Miércoles Santo. La procesión, +preámbulo de las otras, y que debía ser en dicho miércoles por la tarde, +era dirigida y costeada todos los años por el señor don Andrés Rubio, +hermano mayor de la más importante Cofradía.</p> + +<p>Habían de salir en esta procesión tres obras maestras de escultura, tan +pesada cualquiera de ellas que para llevarlas en andas por las calles +era menester un ejército de nazarenos.</p> + +<p>La primera escultura representa al Señor de la Pollinita; Jesús cabalga +sobre el humilde animal y entra triunfante en Jerusalén.</p> + +<p>El pueblo, compuesto de gran número de nazarenos, de soldados romanos y +de judíos, debía marchar delante de la referida imagen con palmas y con +grandes y frondosas ramas de olivo.</p> + +<p>Después, precedida de todos los <i>ensabanados</i>, <i>encolchados</i> y jumeones +que se pudiese, tenía que salir la <i>Cena</i>, cuyo peso es enorme, pues +consta la imagen completa de trece figuras de tamaño natural, y de la +mesa, que algo pesa también y que va cubierta y adornada de flores, de +las más exquisitas frutas que desde el otoño han podido conservarse +hasta aquel día con el mayor esmero, y de un elevado y complicadísimo +ramillete de dulces, donde echa el resto el más listo e ingenioso de los +confiteros.</p> + +<p>En pos de la <i>Cena</i>, y precedida también de mucha gente, había de salir +la <i>Oración del Huerto</i>, donde Cristo ora de rodillas; un ángel que +quiere estar en el aire, pero que se apoya en el ramaje de un olivo, +ofrece a Cristo el cáliz de la amargura, y los discípulos yacen por +tierra dormidos.</p> + +<p>Terminada la procesión, el señor don Andrés tenía que echar el bodegón +por la ventana y dar de cenar a los apóstoles, a los profetas, a los +antiguos personajes bíblicos, a la plebe de Jerusalén, a los nazarenos y +a la guarnición romana.</p> + +<p>Las tres obras de escultura de que hemos hablado estaban ya <span class="pagenum"><a name="page144" id="page144"></a></span>expuestas +al público el martes, no en las iglesias, sino en una inmensa sala baja +entapizada de rojo damasco, adornada de cornucopias, flores y verdura, e +iluminada por la noche con profusión de velas de cera.</p> + +<p>Para cuidar de todo esto había elegido don Andrés a Juana la Larga, +quien en los dos días del martes y del miércoles apenas podía salir de +casa de don Andrés e ir a la suya, a no ser a la hora de recogerse a +dormir.</p> + +<p>El miércoles, singularmente, el trabajo de Juana era atroz. Ella debía +condicionar para toda aquella tropa la espléndida cena de vigilia. +Habría potaje de garbanzos con espinacas; como principal plato de +resistencia, bacalao en sobrehúsa; y como plato ligero o de chanza +delicada, una exquisita alboronía, que pudiese celebrar, si resucitase, +el mismo famoso cocinero de Bagdad, que la inventó, dándole el nombre de +la bella Alborán, sultana favorita del califa Harun Al Raschid, héroe de +<i>Las mil y una noches</i>, princesa a quien dicho cocinero tuvo la honra de +dedicarla.</p> + +<p>Claro está que para postre no habían de faltar los ineludibles pestiños +y que había de abundar el vino para apagar la sed que causa la sal +conservada en el bacalao, a pesar del remojo, y al picante de las mil +ristras de guindillas y de cornetas que en tal día se consumen.</p> + +<p>Se esperaba, además, que llegase a tiempo de Málaga mucho cazón fresco, +que Juana guisaría y haría servir a todos, o bien solamente a los +apóstoles, profetas y reyes, si no llegaba cazón suficiente para el +vulgo.</p> + +<p>Por último, Juana había prometido hacer un plato de su invención, con el +que la gente menuda se chupa por allí los dedos de gusto; plato que +tiene la singularidad de remedar, en cuanto cabe en lo humano, el +milagro del pan y peces, pues con dos docenas de huevos y media hogaza +para pan rallado se hartan cien hombres, gracias al sabroso ajilimójili +en que ella rehogaba las livianas tortillas después de haberlas frito, y +en cuyo caldo se remoja pan y se convierte en sopas, que se engullen con +deleite. A este plato de su invención Juana dio el nombre de +<i>hartabellacos</i>.</p> + +<p>Prometía la cena del miércoles ser muy divertida, amenizándola con sus +chistes un criado muy gracioso que tenía don Andrés y que hacía en todas +las procesiones el papel de Longino, soldado fanfarrón y galante antes +de dar la sacrílega lanzada y ciego después, que persigue al lazarillo, +el cual se le escapa y le hace en las procesiones mil burlas y +perrerías.</p><p><span class="pagenum"><a name="page145" id="page145"></a></span></p> + +<p>Lamentan algunas personas, pero yo no puedo menos de aplaudirlo en vez +de lamentarlo, que el señor obispo haya prohibido desde hace mucho +tiempo que salga en las procesiones otro personaje que salía antes, mil +veces más cómico que Longino. Era este personaje José, el hijo de Jacob, +porque, según decía el vulgo, no era ni fu ni fa. No era <i>ensabanado</i>, +porque, como primer ministro y favorito que había sido de Faraón, no +podía vestirse pobremente con sábanas. Y no era tampoco <i>encolchado</i>, +porque iba sólo con la túnica y no llevaba colcha, o sea, manto o capa, +a fin de indicar que la mujer de Putifar se había quedado con ella. El +que hacía de José solía ser el más chusco de los campesinos, que +aparentaba asustarse al ver muchachas bonitas en los balcones, y ya se +tapaba los ojos para no verlas, ya huía haciendo contorsiones y dando +chillidos.</p> + +<p>Menester es confesar que hizo muy bien el señor obispo en prohibir la +aparición de esta figura, dado que sea exacto lo que se cuenta y que no +se exageren los melindres y chistes del fingido casto José. Comoquiera +que ello sea, el punto se puede pasar por alto, porque no es de los +esenciales en esta historia.</p> + +<p>Lo esencial es que Juanita tuvo que pasarse sola y sin su madre casi los +dos días enteros y tuvo que esperar hasta las diez de la noche del +Miércoles Santo para poder hablar a su madre con reposo.</p> + +<p>Por eso Juanita había citado a don Paco en casa de ella para media hora +después, para las diez y media.</p> + +<p>Ahora me incumbe referir aquí, sin más digresiones, los casos memorables +en que intervino Juanita hasta que llegó dicha hora.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XXXVIII" id="XXXVIII"></a>XXXVIII</h2> + +<p>Don Andrés Rubio, en medio del jaleo y trastorno que había en su casa, +estaba tranquilo sin mezclarse en cosa alguna. Sus dependientes y +criados, con la hacendosísima Juana a la cabeza, cuidaban de todo y se +esforzaban a porfía para que saliese con el mayor lucimiento.</p> + +<p>Como la casa era tan espaciosa que a no ser por su sencilla rustiquez y +carencia de adornos arquitectónicos, pudiera pasar por palacio, don +Andrés, refugiado en sus habitaciones del piso principal, se sustraía al +bullicio, y, según he indicado ya, estaba tranquilo.</p><p><span class="pagenum"><a name="page146" id="page146"></a></span></p> + +<p>Enciéndase, con todo, que esta tranquilidad no era mental, sino +corpórea. Mentalmente el cacique estaba agitadísimo. Por medio del +maestro de escuela, a quien había hecho venir y con quien había hablado, +sabía ya cuanto el maestro de escuela sabía.</p> + +<p>Don Pascual, creyendo hacer un bien a sus amigos, había revelado a don +Andrés los celos y la desesperación de don Paco, causa de su fuga; lo +que a don Paco había ocurrido en sus dos días de campo; el amor de +Juanita, tan enamorada de él como él de ella, y el sentimentalismo de +Juanita en favor de Antoñuelo y su deseo vehemente de salvarle hallando +los ocho mil reales para tapar la boca del tendero murciano.</p> + +<p>Hasta aquí sabía don Pascual, y hasta aquí supo don Andrés, sin llegar a +saber lo del pagaré ni la visita de Juanita a don Paco, que fueron +sucesos posteriores y que don Pascual ignoraba. Don Andrés, por +experiencia propia, no era muy inclinado a creer en la virtud de las +mujeres. No tenía tampoco motivo alguno para hacer de Juanita una +excepción honrosa. Al contrario, la juzgaba desenvuelta, provocativa y +educada en plena libertad por una madre ordinaria e ignorante, de la +clase más baja de la sociedad y antigua pecadora más o menos +arrepentida.</p> + +<p>Como hombre a quien la elevada posición no venía de abolengo, porque su +padre y él se habían levantado por saber y esfuerzos sobre la plebe a +que pertenecían, don Andrés, sin poderlo remediar, y más bien a causa +que a pesar de su entendimiento, tenía peor opinión de la gente menuda +que aquellos que desde tiempo inmemorial o después de una larga serie de +antepasados ilustres descuellan entre el vulgo. Suelen estos atribuir la +superioridad que tienen y el acatamiento que se les da a circunstancias +dichosas: a haber nacido donde han nacido; a una ficción social y legal +de que en lo íntimo de su alma no pueden jactarse. De aquí que sean +modestos en el fondo y que por naturaleza consideren igual o superior a +ellos a la más ínfima y cuitada criatura humana. Por el contrario, don +Andrés, como no pocas otras personas que por ellas mismas se encumbran, +se sentía muy superior a cuantos prójimos le rodeaban. Y como él era, +además, inteligente escrutador del valer propio, y se encontraba, aunque +apenas osaba confesárselo, con no pocos defectos o vicios, no podía +menos de atribuir o de conceder muchísimos más a cuantas personas miraba +en torno de él, dominándolas y humillándolas.</p> + +<p>Así predispuesto y valiéndose de los datos que ya tenía, trazó <span class="pagenum"><a name="page147" id="page147"></a></span>don +Andrés en su mente el carácter de Juanita y compuso a su manera la +historia de la muchacha.</p> + +<p>Para explicarse el empeño que ella formaba en salvar al hijo del +herrador, dio por cierto que había sido muy prematuramente su amiga. Y +en el amor de Juanita a don Paco no vio más que el plan de casarse con +el hombre más importante que después de él había en la villa.</p> + +<p>Ambos planes repugnaban extraordinariamente al cacique. Querer salvar a +Antoñuelo, aunque Antoñuelo fuese su pariente más o menos lejano, le +parecía detestable y absurda aberración. Lo que convenía era la +condenación de Antoñuelo para escarmiento de otros pícaros y para +seguridad y descanso de las personas pacíficas y honradas. Don Andrés +había censurado siempre la compasión malsana que los criminales suelen +inspirar en nuestro país y había apludido la impaciente severidad con +que los yanquis linchan sin escrúpulo a quien la justicia anda reacia en +dar el merecido castigo.</p> + +<p>El casamiento de don Paco con Juanita le parecía aún mayor +monstruosidad. Acaso en un principio Juanita gustaría de don Paco, pero +pronto sentiría la desproporción de edad, porque la de don Paco era +triple que la de ella, de suerte que don Andrés preveía y deploraba +proféticamente que Juanita acabaría por poner en ridículo al ilustre +secretario del Ayuntamiento y por hacerle muy desgraciado. Por otra +parte, don Andrés temblaba al pensar en el furor de doña Inés cuando +descubriese que Juanita, con su hipocresía y sus embustes, la había +estado engañando, y que en vez de meterse monja se casaba con don Paco, +y daba por madrastra a ella, enlazada ya con la familia más noble de +toda aquella comarca después de la familia del duque, a la hija +ilegítima de una mondonguera.</p> + +<p>Doña Inés, si tal cosa se realizase, sería capaz de tener un ataque de +rabia o de estallar como una bomba.</p> + +<p>Calculaba don Andrés que él podía prestar dos muy importantes servicios: +uno, a doña Inés, impidiendo que su padre la avergonzase casándose con +una muchacha de tan ruin y humilde clase, y otro a don Paco, abriéndole +los ojos, para que al fin comprendiese que Juanita no le quería sino por +interés, y que él no debía casarse con ella por ser indigna de su +cariño.</p> + +<p>El desengaño sería cruel para don Paco; pero don Andrés se disculpaba la +crueldad recordando aquello de «quien bien te quiere te hará llorar» y +lo otro de «la letra con sangre entra».</p> + +<p>Al prestar estos dos servicios no se le ocultaba a don Andrés lo mucho +que él se exponía. Se exponía, por una parte, a que doña<span class="pagenum"><a name="page148" id="page148"></a></span> Inés llegase a +saber que él quería seducir o había seducido a Juanita, lo cual +enfurecería a doña Inés por dos razones: porque contrariaba sus planes +místicos de que Juanita fuese monja y porque deslucía o manchaba el +amor, sin duda platónico, con que el propio don Andrés la estaba, hacía +más de siete años, complaciendo, tal vez poetizándole la vida y +consolándola de tener un marido tan perdulario. Y se exponía, además, a +que don Paco no quisiese aguantar la lección, prescindiese de todos los +favores que le debía y le buscase camorra.</p> + +<p>Don Andrés no se arredraba ante la previsión de un duelo. Manejaba bien +la espada y la pistola, y don Paco no sabía de esgrima y jamás había +tomado una pistola en la mano; pero bien podía don Paco, como lugareño +que era y nada acostumbrado a perfiles y a ceremonias, perder un día la +cabeza y rompérsela a él, porque tenía la mano pesada y manejaba bien el +garrote, de lo cual, aunque pacífico, había dado ya diversas pruebas, +además de la que salió tan cara a Antoñuelo.</p> + +<p>La primera vez huyó don Paco porque se juzgaba desdeñado de Juanita y +razonablemente no podía darse por ofendido ni de que ella favoreciese a +otro, ni tampoco del amante favorecido.</p> + +<p>El caso era muy diferente; don Andrés, aunque no lo sabía, sospechaba +que Juanita y don Paco se verían o se habrían visto y estarían de +acuerdo. Cualquier favor, por consiguiente, que a él hiciera Juanita +sería una infidelidad de esta, y para don Paco un agravio, que +probablemente no se resignaría a sufrir y del que resolvería tomar +venganza.</p> + +<p>A pesar de tales inconvenientes, don Andrés no se arredraba. Se sentía +picado de que a él, omnipotente en Villalegre, se le desdeñase de aquel +modo. El mismo desdén estimulaba más su deseo. Hasta por amor propio +quería a toda costa triunfar de Juanita. Ardua era la empresa, pero él +no se la figuraba tan ardua. Juanita había coqueteado con él y le había +provocado. Era cierto que, cuando la besó en la antesala, ella le +rechazó con furia; pero ¿no fue, acaso, furia fingida porque entró don +Paco y le vio entrar ella? Don Andrés dio por seguro que fue furia +fingida.</p> + +<p>«Ya veremos—decía para sí—si me rechaza donde y cuando esté ella +segura de que no entrará don Paco a interrumpirnos.»</p> + +<p>A pesar de su momentánea rivalidad, don Andrés quería de corazón a don +Paco, reconocía todo su mérito, apreciaba todos sus servicios y distaba +mucho de querer hacerle el menor daño. Lejos <span class="pagenum"><a name="page149" id="page149"></a></span>de eso, lo que anhelaba +era desengañarle en sazón y oponerse a su absurda boda.</p> + +<p>De todos modos, a fin de precaverle contra el peligro de que don Paco no +gustase de ser desengañado, y de que en un instante de celosa locura +llegase al extremo de apelar al garrote, don Andrés, que de ordinario no +llevaba armas, tomó un pequeño revólver de seis tiros y se lo guardó en +la faltriquera.</p> + +<p>Antes de salir de casa, a eso de las diez de la mañana, habló don Andrés +con el criado de mayor confianza y más listo que tenía. Era su +secretario, su ayuda de cámara, su confidente favorito y al mismo tiempo +su bufón, porque tenía mucho chiste: baste decir que hacía de Longino en +las procesiones.</p> + +<p>Don Andrés, recomendándole el más profundo sigilo y la mayor cautela, +hubo de hablarle así:</p> + +<p>—Deseo y necesito tener una entrevista a solas con cierta persona, que +de seguro no querrá venir a mi casa, al menos la vez primera, aunque +después aprenda el camino y venga con gusto. Posible es también que +dicha persona se niegue a recibirme si yo directamente, o valiéndome de +ti, pido a ella que me reciba. Importa, pues, que tú te dirijas a la +criada de dicha persona y ganes su voluntad, con presentes o comoquiera +que sea, para que ella hable con su ama y la convenza y la incline a +darme la cita. Quiero que esto sea en todo el día de hoy o en el de +mañana, hasta las nueve de la noche. Durante este tiempo la ocasión es +propicia y conviene no perderla. Acaso ocurra que la persona que yo +pretendo me cite no se preste a confesar que accede a la cita y gusta de +aparentar que yo, por traición de su criada, entro, a pesar suyo, en su +casa y la sorprendo. Para que nadie se entere, porque no quiero +disgustar ni ofender a nadie, debe ser la cita, y debo ir yo a ella, +después de anochecido.</p> + +<p>—¿Y quién es la persona que ha de citar a vuecencia y que gasta tanto +melindre?—se atrevió a preguntar Longino.</p> + +<p>—Pues la persona—contestó don Andrés bajando más la voz—es Juanita la +Larga.</p> + +<p>Muy sorprendido se mostró Longino al oír esto, lo cual agradó sobre +manera a don Andrés, porque era prueba evidente del misterio y del +disimulo con que él hasta entonces había perseguido a la muchacha. +Cuando Longino no había sospechado lo más leve, era indudable que nadie +en el lugar lo sospechaba, y que el secreto hasta entonces se había +guardado entre don Paco, él y ella.</p> + +<p>Muy satisfecho Longino del encargo delicadísimo que su señor <span class="pagenum"><a name="page150" id="page150"></a></span>acababa de +confiarle, prometió hacer prodigios de destreza para que nada se +divulgase y para que todo se lograse. Informó, además, a su amo de que +Rafaela, la criada de ambas Juanas, a quien él conocía, era muy callada, +muy lista y muy experimentada, porque frisaba ya en los cincuenta años y +la había corrido en su mocedad, y si bien la Fortuna siempre le había +sido adversa, ella sabía dónde le apretaba el zapato.</p> + +<p>—Otro gallo le cantara—dijo Longino—y no estaría de fregona si la +Fortuna no fuese tan caprichosa y tan ciega.</p> + +<p>Terminado este coloquio, todavía antes de salir de casa tuvo don Andrés +otra conversación interesante.</p> + +<p>Quien habló con él fue una mujer que entraba a verle con frecuencia y +que le traía y llevaba recados de la señora doña Inés López de Roldán, +sin duda para los negocios y obras de caridad que ellos trataban y +hacían juntos.</p> + +<p>La interlocutora de don Andrés, ya comprenderá el lector que fue +Serafina.</p> + +<p>Venía a decirle que su ama quería hablar con él y que le rogaba que +fuese a su casa a la hora de la siesta.</p> + +<p>Tan preocupado estaba don Andrés que, por más que el menor deseo de doña +Inés fuese para él soberano mandato, se excusó de ir por la multitud de +quehaceres que le agobiaban y sólo prometió ir a la tertulia por la +noche.</p> + +<p>Para que doña Inés se entretuviese en su soledad o en compañía de +Juanita la Larga, dio don Andrés a Serafina dos bellísimos libros +devotos que acababan de reimprimirse en Madrid, y que el librero Fe le +enviaba, sabedor de las inclinaciones ascéticas y místicas de la señora +principal de Villalegre. Eran estos dos libros <i>Tratado de la +tribulación</i>, de fray Pedro de Ribadeneyra, y <i>La conquista del reino de +Dios</i>, de fray Juan de los Angeles.</p> + +<p>Serafina dio a entender a don Andrés que su ama tenía grandísima +curiosidad de saber quién había apaleado a Antoñuelo y por qué motivo. Y +juzgando don Andrés que la verdad era el mejor disimulo en este caso, +contó a Serafina, para que se lo refiriese a su ama, que don Paco, +después de haber vagado por extravagancia y capricho, descubrió el +secuestro del tendero murciano, y que para libertarle, y aun para +defender la propia vida, tuvo que apalear al hijo del herrador, sin +conocerle hasta después, porque llevaba carátula. Todo se explicaba así +con la misma verdad, y don Andrés alejaba de la mente de doña Inés hasta +la menor sospecha.</p> + +<hr /><p><span class="pagenum"><a name="page151" id="page151"></a></span></p> +<h2><a name="XXXIX" id="XXXIX"></a>XXXIX</h2> + +<p>Juanita, después de haber declarado su amor a don Paco y después de +tener por seguro que no procesarían a Antoñuelo, se puso tan contenta y +se aquietó de tal suerte, que desistió de todo propósito de venganza +contra doña Inés, a pesar de lo mucho que doña Inés la había molido. Se +arrepintió también de su prolongado disimulo y se propuso, sin +retardarlo ya más que hasta el día siguiente, miércoles, entre diez y +once de la noche, hacer público su noviazgo y su futuro casamiento con +don Paco.</p> + +<p>Hasta entonces tenía ella una vaga esperanza de poder preparar el ánimo +de doña Inés, a fin de evitar su enojo; pero si esto no se lograba, +Juanita estaba decidida, contando con la decisión de don Paco, a +arrostrar el enojo de doña Inés y el de todo el mundo y a hacer su gusto +casándose, aunque ella, su futuro y su madre tuvieran que abandonar por +insufrible el pueblo de Villalegre, perdiendo la posición que en él +gozaban.</p> + +<p>A Juana la había visto un breve instante; pero confiaba tan poco en su +circunspección y en la serenidad de su juicio, que no se atrevió a +decirle nada ni a informarla de sus proyectos de repente y sin preámbulo +alguno. Aguardó, pues, hasta el día siguiente, cuando su madre volviese +ya de casa de don Andrés después de concluido su trabajo, a la hora en +que había citado a don Paco, para que él también hablase a su madre y +los tres se pusiesen de acuerdo.</p> + +<p>Entre tanto, Juanita creyó prudente y decoroso no ver a don Paco, y +violentándose, le impuso la condición de que no la buscase ni tratase de +verla. Juanita tenía tantos negocios que arreglar y tantas cosas en que +pensar y que hacer, que no quería que por lo pronto la distrajesen de +ello sus amores. Era Juanita devotísima de la Virgen de la Soledad, y +subió a la iglesia que está cerca del castillo y donde se venera su +imagen a darle gracias por los beneficios ya recibidos y a rogarle +fervorosamente para que le fortaleciese en sus propósitos, que ella +creía santos y buenos.</p> + +<p>Casi toda la gente estaba en la parte baja y llana de la villa. La parte +alta, donde está el castillo y la antigua iglesia, se hallaba aquel día +muy solitaria.</p> + +<p>Juanita oró largo rato en el templo, casi desierto. Al salir de él tuvo +la desagradable sorpresa de encontrarse con don Andrés, <span class="pagenum"><a name="page152" id="page152"></a></span>que la había +espiado, que la había visto subir, que la había seguido, y que la +aguardaba a la puerta.</p> + +<p>Grandes fueron la desazón y el sobresalto de la muchacha. Aunque ella +creía haber disipado todos los celos de don Paco y haberle inspirado +confianza bastante para que no la vigilara, todavía temió que don Paco, +o la viese en compañía de don Andrés o supiese por alguien que iba en su +compañía, y aunque contra ella no formase queja, acabase por ofenderse +de la obstinación con que don Andrés la perseguía y rompiese con él de +una manera estruendosa.</p> + +<p>Su desazón y sus temores se acrecentaron al ver que don Andrés se acercó +a ella; la acompañó mientras bajaba la cuesta, la requebró con más +fervor que respeto, le recordó los besos de la antesala y le hizo las +más atrevidas proposiciones. Como don Andrés ignoraba el concierto de +Juanita con el tendero murciano, venció su repugnancia a dejar impunes +ciertos delitos, y entre otras ofertas, hizo a Juanita la de dar los +ocho mil reales para que no fuese acusado Antoñuelo.</p> + +<p>—Ya no necesito el dinero, señor don Andrés—dijo Juanita—. Don Ramón +ha recuperado lo que se le debía y ha prometido callarse. Ahora yo +suplico a vuecencia que me deje y no me persiga, y que no me ofenda +proponiéndome lo que no puede ser. Y si vuecencia no se retrae de +seguirme por mí respeto, porque yo se lo suplico con humildad, +retráigase por el temor de ofender a personas que le son queridas.</p> + +<p>—Yo no temo que esas personas se ofendan.</p> + +<p>—Pues yo sí lo temo. Temo que se ofenda mi señora doña Inés, a quien +bien quiero y a quien debo mil favores. Y temo más aún que se ofenda don +Paco, quien..., fuera disimulo, ya es tiempo de que lo sepa vuecencia si +no lo sabe..., es mi novio.</p> + +<p>—¿Y cómo—dijo don Andrés—recelas tú que don Paco se escape otra vez y +se vaya a vagar por esos andurriales?</p> + +<p>—Mucho me pesaría—replicó Juanita—de que hiciese tal cosa; pero en +esta nueva ocasión no sería eso lo que él haría, sino algo que yo +lamentaría mil veces más. Yo quiero que él y vuecencia, a quien debe él +tantos favores, sigan siendo buenos amigos. Para ello es indispensable +que se reporte vuecencia y no me falte.</p> + +<p>—Al contrario—dijo don Andrés sonriendo con sonrisa algo forzada—. +Quien me falta eres tú. Dame una cita para verte en tu casa a solas y ya +verás cómo no te falto. Todo será con recato y sigilo. Nada sabrán ni +don Paco ni doña Inés, y no tendrán de qué quejarse ni de ti ni de mí.</p><p><span class="pagenum"><a name="page153" id="page153"></a></span></p> + +<p>Llegaban en esto a la plaza, después de haber bajado la cuesta. Juanita, +sin hacer atención a las últimas palabras de don Andrés, y temerosa de +que la vieran con él, porque allí había mucha gente, exclamó con cierta +angustia:</p> + +<p>—Por amor de Dios, señor don Andrés, déjeme vuecencia en paz y no se +comprometa ni me comprometa.</p> + +<p>Don Andrés conoció sin duda que tenía razón la muchacha; cedió a su +súplica y se apartó de ella. Juanita volvió sola a su casa, +afligidísima, descorazonada y humillada al ver cuan poco respeto +infundía.</p> + +<p>Era mayor su humillación al considerar que en aquellos dos días últimos +hasta el idiota de don Alvaro, a pesar de los sofiones de que había sido +objeto, había vuelto a las andadas, mostrándose con ella insolente y +atrevido.</p> + +<p>Luego que entró Juanita en su cuarto, cerró los puños con cólera, se +echó boca abajo en la cama y sollozó con; amargura.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XL" id="XL"></a>XL</h2> + +<p>Era doña Inés López de Roldán personaje de carácter tan enrevesado y +complejo, que a menudo me arrepiento de haberla sacado a relucir como +una de las dos heroínas de esta historia, porque hallo difícil +describirla bien y transmitir a mis lectores concepto igual al que tengo +formado de ella, investigando y dilucidando con claridad el móvil de sus +pasiones y de sus actos.</p> + +<p>Ella misma, como era reflexiva y pensadora, y como en sus ratos de ocio, +que no eran pocos, había leído y aprendido bastante, se afanaba por +lograr el propio conocimiento y lo encontraba harto oscuro.</p> + +<p>Las doctrinas de esto que llaman teosofía, novísima en Europa, aunque +antiquísimas en la India, no habían aportado aún por Villalegre, y doña +Inés no podía, fundándose en ellas, suponer que su ser íntimo constaba +de siete diversos principios; pero doña Inés sabía que Platón daba, poco +más o menos, tres almas a todo ser humano. Haciéndose, pues, platónica, +se puso a sospechar que ella tenía tres almas.</p> + +<p>Confirmó sus sospechas y casi las convirtió en certidumbre el ver que, +lejos de tener algo de mérito aquel pensamiento, concordaba en cierto +modo con la más sana y católica filosofía.</p> + +<p>Uno de los libros que con frecuencia y gusto leía doña Inés <span class="pagenum"><a name="page154" id="page154"></a></span>era el que +escribió el iluminado y extático varón fray Miguel de la Fuente acerca +de <i>Las tres vidas del hombre</i>. De aquí que no titubease doña Inés en +compaginar que tenía tres vidas. Yo también lo imagino, y casi me atrevo +a darlo por seguro. Sólo de esta suerte atino a entrever el tenebroso +enigma de su figura moral y de su extraña condición y naturaleza.</p> + +<p>Había en doña Inés tres energías o poderes distintos, escalonados y +sobrepuestos, ora de acuerdo los tres, ora independientes y en guerra, +aunque formando, durante esta vida mortal, la unidad inseparable de su +singular individuo.</p> + +<p>Para cada uno de estos poderes se había buscado doña Inés un ministro, o +si se quiere, una ministra. Para su alma sensual, que entendía y se +empleaba en las cosas y negocios corpóreos y vulgares, tenía a Crispina, +que la ponía al corriente de todos los sucesos del lugar sin elevación +ni trascendencia. Para su alma sentimental, concupiscible, irascible y +discursiva; para su facultad y aptitud de aborrecer, amar y calcular, +sobre todo en relación con lo temporal visible, tenía a la discreta +criada Serafina. Y para el alma pura o ápice del alma para la suprema +porción de entendimiento y del afecto, porción toda espiritual y divina, +simple inteligencia o mente, había estado doña Inés sin ministra durante +largos años, hasta que por último la había hallado o la había creído +hallar en Juanita la Larga, a quien tan injustamente despreció y odió de +oídas y al verla por vez primera.</p> + +<p>Fue como perla que se descubre en un muladar y que se estima más cuando +el que la descubre se persuade de que es fina. Fue flor como hallada en +tierra inculta, fuera de la cerca del huerto que se cultiva, por eso +mismo sorprende y enamora más, celándola quien la posee por el temor de +que la huelle y pisotee a su paso algún animal inmundo.</p> + +<p>Así se comprende, en mi sentir, el amor y celoso cuidado con que doña +Inés miraba a Juanita, que era ya para ella lo más ideal de cuanto podía +concebir en lo humano.</p> + +<p>Tal vez doña Inés reconocía con dolor que su propia alma suprema se +había inficionado e impurificado un tanto por culpa de circunstancias +exteriores que habían hecho prevalecer y triunfar en varios puntos las +otras dos almas, inferior y media. Y a fin de que no se le inficionase +también el alma pura y superior de la amiga y ministra que había +encontrado y que era su regalo y consuelo, quería doña Inés que Juanita +fuese monja, o sea, transplantar la flor del campo abierto y sin defensa +al huerto cerrado y defendido; pero <span class="pagenum"><a name="page155" id="page155"></a></span>como al propio tiempo se complacía +y deleitaba con tener a Juanita cerca de sí, vacilaba aún y retardaba el +día en, que pensaba obligar a Juanita a retirarse al claustro.</p> + +<p>En el momento presente de nuestra historia prevalecía en doña Inés el +empeño de empujar a Juanita hacia el monjío. Preveía para ella peligros +inminentes y ansiaba salvarla, aun a costa de privarse de su agradable +presencia y de su dulce trato.</p> + +<p>Se comprenderá qué clase de peligros temía la señora de Roldán si +echamos una ligera ojeada retrospectiva y ponemos al lector en +antecedentes.</p> + +<p>Dios me libre de ser calumniador y de pecar de malicioso. Quizá fuesen +ponzoñosas hablillas de la malvada lengua del boticario, a lo que +parece, acérrimo enemigo de Serafina.</p> + +<p>Serafina, que era también burlona y maldiciente, murmuraba, y haciendo +mucha befa había referido por todas partes que la hija menor del +escribano, de cuya mala salud y ruin catadura se ha dado ya cuenta, +estaba prendada del boticario y le deseaba como marido, aunque sólo +fuese para no ser menos que su hermana mayor, doña Nicolasa, la cual iba +pronto a casarse con Pepito, el hijo del albardonero, famoso doctor en +leyes. Sólo se aguardaba para celebrar la boda que el diputado sacase al +novio un empleo de diez o doce mil reales que le habían pedido hacía más +de un año. Doña Nicolasita estaba más impaciente que nadie; echaba mil +maldiciones al diputado, decía que no servía de nada y conspiraba para +que en las próximas elecciones eligiesen a otro que sacase empleos con +más facilidad y prontitud.</p> + +<p>Entre tanto, o de veras o fingiéndolo, había enfermado su hermana menor, +y el boticario, que con permiso del médico visitaba también y tenía +bastantes igualas, era quien asistía a la enfermita, y tenía que +visitarla dos veces al día o por lo menos de diario.</p> + +<p>Don Policarpo no se daba por entendido de la verdadera enfermedad y +distaba mucho de querer aplicarle el conveniente remedio.</p> + +<p>La iguala que tenía con el escribano era de las más cuantiosas del +lugar: cada año cincuenta reales. Esto, no obstante, le parecía muy poco +para pagar tanta visita, por lo cual, según Serafina, el boticario +buscaba compensación recetando mucho y obligando al escribano a gastar +su dinero en potingues de los que él elaboraba en su casa.</p> + +<p>Yo me inclino a presumir que, ofendido el boticario por las burlas de +Serafina sobre el mencionado negocio, divulgó contra <span class="pagenum"><a name="page156" id="page156"></a></span>ella lo que voy a +contar como me lo han contado, sin responder de que sea verdad, +exageración o mentira.</p> + +<p>A lo que parece, don Alvaro Roldán, que andaba antes extraviadísimo, +lejos de su casa, muy a menudo en otras poblaciones entregado a mil +liviandades y francachelas y gastándose los dineros con doncellitas +andantes que hospedaba en sus caserías, se había vuelto sedentario, +casero, morigerado y mucho más económico. El pícaro del boticario +colgaba a Serafina el milagro de esta conversión, y aun se atrevía a +sostener que la señora doña Inés hacía la vista gorda y no se percataba +de tal milagro, cuya comodidad y baratura no podía menos de celebrar en +el fondo del alma.</p> + +<p>Como quiera que fuese, la verdad es que Serafina, que jamás notó que don +Andrés persiguiese a Juanita, aunque si lo hubiera notado no lo hubiera +dicho, porque no le convenía decirlo, notó muy bien los atrevimientos de +don Alvaro y sus persecuciones a Juanita, y enojada y temerosa de una +usurpación de atribuciones, acudió a doña Inés con el soplo.</p> + +<p>Al principio no dio doña Inés grande importancia a la acusación; pero en +aquellos últimos días la renovó Serafina con tal vehemencia e +insistencia, que doña Inés se puso sobre ascuas.</p> + +<p>Se puso como se pondría apasionada jardinera si viese que un sapo u otro +bicho feo y viscoso tratara de deshojar o marchitar la planta florida +que más la deleitase.</p> + +<p>Doña Inés estaba furiosa contra el sapo y llena de miedo también de que, +interviniendo el diablo, que todo lo añasca, pudiese conseguir el sapo +su detestable propósito. La misma inocencia de Juanita y la libertad y +el abandono en que vivía, sin el arrimo y el consejo que suele prestar la +prudencia de una madre, aumentaban el sobresalto de doña Inés. De aquí +que ahora estuviera impaciente por consumar su sacrificio de separarse +de la muchacha enviándola a un convento cuanto antes mejor.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XLI" id="XLI"></a>XLI</h2> + +<p>De harto mal talante, y a fin de no faltar a la costumbre convertida ya +en deber, Juanita acudió a casa de doña Inés para las lecturas y +coloquios que ambas tenían a solas.</p> + +<p>Aquella tarde no hubo lectura, a pesar de los nuevos libros devotos que +doña Inés había recibido.</p> + +<p>La agitación de la ilustre señora no le consentía leer ni tratar <span class="pagenum"><a name="page157" id="page157"></a></span>de +nada que no estuviese en inmediata relación con el punto o que no fuese +el punto mismo que la traía tan inquieta y azarada.</p> + +<p>Lo que hizo doña Inés fue extremarse con Juanita en demostraciones de +cariño. Ella misma se calificó de pastora y apellidó a Juanita inocente +cordera, dándole a entender, casi con lágrimas y con entrecortados +suspiros, el fundado temor que la afligía de verla entre las uñas y los +dientes del lobo. Persistiendo en su metáfora pastoril, exclamó:</p> + +<p>—Sí, hija mía; mi dolor sería inmenso si por imprevisión y descuido te +dejase yo caer entre las garras de la infame bestia que anhela devorarte +y viese el cándido vellón de la cordera teñido en sangre y manchado con +la impura baba del monstruo. Es menester que yo te defienda y te ponga +en salvo. Por mí sola no puedo vigilarte. Lo que puedo hacer, y haré, es +conducirte pronto al redil, donde irás dócil y estarás segura. No +acierto a encarecer, ni tú acertarás a figurarte cuan inmenso será mi +sacrificio al separarme de ti, porque eres mi consuelo y mi encanto. +Pero Dios quiere que nos separemos y tendré que conformarme con su +voluntad.</p> + +<p>Juanita, más sorprendida que asustada, abría mucho los ojos y no sabía +qué responder ni qué pensar de todo aquello. Seguía silenciosa y sólo +decía para sí:</p> + +<p>«¿Qué monstruo será este que, según doña Inés, trata de devorarme? +¿Sabrá ella que don Andrés me persigue y me solicita, y le llamará por +eso monstruo e infame bestia? Como quiera que ello sea, yo no me atrevo +aún a decirle que no me da la gana de ir al redil y que fuera de él, y +sin pastora ni nada, ya cuidaré que no me coma el lobo. Lo mejor, por lo +pronto, es callarme y aguantar sus majaderías. El redil está lejos aún y +ya tendré ocasión de sublevarme, de arrancar el cayado de manos de la +pastora y hasta de sacudirle con él sí se obstina en guiarme y en +disponer de mí a su antojo.»</p> + +<p>Con esta bien meditada resolución, Juanita iba, sin embargo, agotándose. +Bien podríamos asegurar que a Juanita no le quedaba ya paciencia ni para +veinticuatro horas. Mucho le dolía no sacar al fin la menor ventaja de +su sufrimiento y de su disimulo durante año y medio, y tener que +retroceder al estado de guerra y a la situación en que después del +sermón del padre Anselmo se había colocado. Por esto determinó sufrir +aún y esperar hasta el siguiente día.</p> + +<p>Después de despedirse de doña Inés a las siete de la noche para volver a +su casa, Juanita se encontró en la antesala con el <span class="pagenum"><a name="page158" id="page158"></a></span>señor don Alvaro, el +cual vino hacia ella con suma galantería, y le dijo:</p> + +<p>—Ingrata, cruel hechizo de mi vida, ¿por qué eres tan tonta y tan +terca? Quiéreme y amánsate. No sabes lo que te pierdes con no quererme.</p> + +<p>—¿Qué he de perder yo, so peal?—contestó Juanita dándole un bufido, +porque allí no había la menor razón para que ella refrenase su cólera.</p> + +<p>Bajó las escaleras, y antes de salir a la calle se encontró en el zaguán +con don Andrés, que estaba aguardándola en acecho y que intentó +retenerla asiendo su cintura.</p> + +<p>Con ligereza se escapó Juanita sin que don Andrés la tocara, y se puso +en la calle de un brinco. Don Andrés la siguió.</p> + +<p>—Déjeme en paz vuecencia—dijo ella—; no sea pesado, no sea +imprudente. Mire que puede salirle mal este juego.</p> + +<p>—¡Hola, hola! ¿Te me vienes con amenazas?</p> + +<p>—No son amenazas, son advertencias amistosas, señor don Andrés. Yo no +pretendo asustarle, sino persuadirle de que tiene ya dueño lo que +vuecencia pretende poseer por un liviano capricho o por antojo de un +momento.</p> + +<p>—No quiero yo—replicó don Andrés con insolencia—privar al dueño de su +propiedad. Imagínatela como un hermoso jardín. ¿Dejará de ser suyo y +perderá el jardín su lozanía y sus primores porque un forastero de buen +gusto y sigiloso entre en él por algunos momentos o de cuando en cuando +y goce de sus flores, de su verdura y de sus galas?</p> + +<p>—Señor don Andrés, el jardín de que aquí se trata no tiene verduras ni +flores sino para su amo. Para los demás, sin excluir a vuecencia, sólo +tiene ortigas, aulagas, cardillos y cardos ajonjeros. Conque así no +suene vuecencia con entrar en él para deleitarse, porque se expone a +quedar preso y pegado con el ajonje, y a salir respingando, picado por +las ortigas y todo cubierto de pinchos y de púas.</p> + +<p>Mientras hablaba así y mortificaba a don Andrés, Juanita apretaba el +paso, y cuando estuvo ya cerca de su casa dio una carrerita, llegó a +ella, abrió a escape con la llave que guardaba en el bolsillo y cerró la +puerta de golpe.</p> + +<p>Tratando de distraer su mal humor, Juanita se puso a coser con +precipitación, como si tuviese que terminar una tarea.</p> + +<p>Rafaela, la vieja criada, entraba y salía con frecuencia en la sala +baja, donde se hallaba Juanita, y abandonando la cocina dejaba <span class="pagenum"><a name="page159" id="page159"></a></span>ver que +tenía mucha gana de enredar conversación con la joven. Le habló varias +veces, pero distraída Juanita por sus pensamientos, sólo respondía con +monosílabos, sin dar pábulo a la conversación, y la conversación +expiraba.</p> + +<p>Rafaela se quedó una vez mirando en silencio la costura de la joven, y +luego dijo:</p> + +<p>—¡Ay, niña, qué pena me da de verte tan afanada trabajando siempre! Tu +madre también trabaja mucho. ¿Y qué ganan ustedes con esto? Muy poco. El +trabajo de las mujeres está muy mal pagado. Es casi imposible el ahorro. +Lo comido por lo servido. Vienen las enfermedades y la vejez y traen +consigo la miseria. Entonces solemos arrepentimos de no haber sabido +aprovecha la juventud y de haber desperdiciado las buenas ocasiones.</p> + +<p>—Veo que estás muy sentenciosa, Rafaela—interpuso Juanita—. ¿Qué +quieres indicarme con eso?</p> + +<p>—Pues quiero indicar que tú vives con mil apuros, te cansas la vista y +te estropeas las manos trabajando, y dejas que tu madre trabaje también +como un azacán. Y todo ¿para qué? Para vivir pobremente, comer mal y +andar por esas calles hecha un guiñapo, cubierta la cabeza con un +mantoncillo de mala muerte, cuando si tú quisieras podrías ir vestida +como una reina y ser la envidia de las más encopetadas y ricas señoras +de este lugar, sin que la propia doña Inés dejara de contarse en el +número de las envidiosas.</p> + +<p>—¿Y cómo he de hacer yo ese milagro?—preguntó Juanita.</p> + +<p>—Nada hay más fácil—contestó Rafaela—. Estamos solas y te hablaré sin +rodeos. Hay un hombre, el más poderoso del lugar, que se pirra por tus +pedazos. Con tu sandunga le tienes embobado, y con tu desdén le tienes +frito. Todo depende de ti. Deja de ser arisca, pronuncia una sola +palabra y tendrás cuanto quieras.</p> + +<p>Disimulando su enojo con una sonrisa, dijo entonces la muchacha:</p> + +<p>—¿Y qué palabra es esa que he de pronunciar? ¿Qué conjuro es ese que ha +de poner en mis manos por arte mágico tan pasmosas riquezas? ¿Quién es +el hechicero que acudirá a mi evocación y que será tan generoso conmigo?</p> + +<p>—¿Pues quién ha de ser, niña?—contestó Rafaela al ver o al imaginar +que se recibían sin enojo sus insinuaciones—, ¿Quién ha de ser sino el +propio excelentísimo señor don Andrés Rubio?</p><p><span class="pagenum"><a name="page160" id="page160"></a></span></p> + +<p>—¿Y por dónde lo sabes tú? ¿Quién te encomendó que me vinieses con ese +recado?</p> + +<p>—Me lo encomendó..., nada más natural..., el confidente de don Andrés. +Me lo encomendó Longino.</p> + +<p>—Ahora lo comprendo: como Longino es tan bromista ha querido darnos una +broma, porque supongo que no me tomará por Cristo ni pensará en darme la +lanzada.</p> + +<p>—Ni lanzada ni broma. Longino te mira con el mayor respeto porque eres +el ídolo de su señor, y pretende con toda seriedad, que recibas a su +señor en tu santuario.</p> + +<p>—Pues mira, Rafaela—contestó Juanita—, di a Longino con toda seriedad +también, que es un galopín sin vergüenza, y que él y su amo vayan a +escardar cebollinos.</p> + +<p>—No te alteres, hija; no te subas a la parra—dijo Rafaela al ver +enojada a Juanita—. ¿Qué se pierde ni qué ofensa se te hace en tentar +el vado?</p> + +<p>—Mejor será que tiente usted al diablo, tía bruja. ¡Arre, fuera de +aquí; móntese usted en el escobón y transponga al aquelarre!</p> + +<p>—No es para tanto furor. Yo te lo proponía por tu bien y sin interés +alguno. De desagradecidos está el infierno lleno.</p> + +<p>Rafaela se fue a la cocina refunfuñando.</p> + +<p>Juana volvió poco después de casa del cacique.</p> + +<p>Juanita siguió guardando silencio, sin decirle nada de lo ocurrido.</p> + +<p>Aquella noche estuvo Juanita inquieta y desvelada. Su orgullo, en su +sentir humillado, le hería el corazón y no le dejaba dormir. ¿Conque no +podría ella, por sí misma y libre, hacerse respetar? ¿Sería menester +acudir a don Paco para que la defendiera, comprometiéndose? ¿Tendría +razón doña Inés en aconsejarle que fuese monja? ¿Eran tan viles sus +antecedentes que no podría ella ser estimada y acatada sino bajo la +protección y tutela de un hombre generoso que le tendiese la mano y la +sacase del fango en que al parecer había vivido?</p> + +<p>Estas y otras semejantes reflexiones atormentaban horriblemente a la +muchacha y espoleaban su soberbia.</p> + +<p>Triste y ojerosa se levantó apenas fue de día.</p> + +<p>Dos o tres horas estuvo cavilando, rabiando y formando distintos +proyectos.</p> + +<p>Varias veces pensó en ir a ver a don Paco, a quien había prohibido venir +a verla hasta las diez y media de la noche, y a quien <span class="pagenum"><a name="page161" id="page161"></a></span>se había +propuesto no ver antes. Pensó contarle la insolente pretensión de don +Andrés para que don Paco le tuviese a raya; pero pronto desistió de tan +cobarde propósito.</p> + +<p>Al fin, como Juanita era muy devota, tomó su mantón y se fue a rezar a +la iglesia, esperando encontrar allí inspiración y consuelo.</p> + +<p>Juana se había ido ya de nuevo a casa de don Andrés a continuar sus +ocupaciones culinarias y sus preparativos de la gran cena.</p> + +<p>No ya esta vez en la iglesia de la Soledad, que está en lo alto del +cerro, sino en la nueva parroquia, antiguo convento de Santo Domingo, +donde fue tan maltratada por el sermón, Juanita estuvo rezando +fervorosamente durante mucho tiempo.</p> + +<p>Al salir de la iglesia para volver a su casa se encontró con Longino de +manos a boca. Longino se acercó a ella, la saludó con socarrona finura y +le dijo en voz baja, casi al oído:</p> + +<p>—No sea usted tan dura y tan sin entrañas. No deje morir a quien se +muere por usted de mal de amores. Déle la cita que humildemente le pide.</p> + +<p>Juanita dio un paso atrás, como quien se aparta de objeto que le inspira +asco, y lanzó a Longino una mirada de soberano desprecio.</p> + +<p>Longino no la comprendió.</p> + +<p>Después, con todo sosiego y con toda la frescura de quien ha tomado una +resolución firme y sabe lo que dice y lo que hace, Juanita contestó:</p> + +<p>—Diga usted a su amo que le aguardo esta noche en mí casa, a las ocho +en punto. Rafaela abrirá la puerta. Yo estaré sola en la sala alta.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XLII" id="XLII"></a>XLII</h2> + +<p>Don Paco pasó varias veces aquel día por la puerta de la casa de +Juanita, pero no se atrevió a entrar en ella antes de la hora convenida.</p> + +<p>Aunque Juanita le vio no quiso llamarle ni hablarle, tal vez por temor +de revelar involuntariamente cosas que quería tener calladas.</p> + +<p>Hasta las cuatro de la tarde estuvo sin salir de casa, cosiendo con la +mayor tranquilidad.</p> + +<p>Entonces llamó a Rafaela y le dijo:</p><p><span class="pagenum"><a name="page162" id="page162"></a></span></p> + +<p>—Oye, Rafaela: he mudado de opinión. Tus razones me han convencido. +Esta noche recibiré al señor don Andrés. Ya está avisado, y creo que no +faltará. Estáte a la mira tú; ábrele, si es posible, antes que llame, y +dile que suba a la sala alta, donde yo le aguardo. Tú no subirás ni +acudirás, suceda lo que suceda. Hasta que no vuelva mi madre ha de +parecer como si no hubiese nadie en esta casa, sino yo y el señor +Andrés. ¿Me has comprendido?</p> + +<p>—Te he comprendido, y haré como lo dices—contestó Rafaela.</p> + +<p>En seguida se marchó Juanita a pasar la tarde con doña Inés, según tenía +por costumbre.</p> + +<p>Con gran devoción y serenidad leyó a su madrina no pocas devociones y +rezos propios de la Semana Santa, en que estaban.</p> + +<p>Quiso en seguida doña Inés preparar y adoctrinar a Juanita para el +monjío, y echando mano a las obras del padre maestro Juan de Avila, a +que ella era muy aficionada, le leyó, con comentarios y anotaciones de +su cosecha, párrafos y aun capítulos enteros del muy edificante tratado +que el mencionado padre escribió para una monja, explanando profusamente +aquellas palabras del santo rey David, que dicen: «Oye, hija, e inclina +tu oreja y olvida tu pueblo y la casa de tu madre—aquí ponía doña Inés +madre en vez de padre, para que viniese mejor a cuento—, y codiciará el +rey tu hermosura.» Claro está que este rey era Cristo con quien quería +doña Inés que Juanita se desposase.</p> + +<p>En extremo alabó y ponderó doña Inés los elevados pensamientos de +Juanita; pero añadió que, a pesar de esos pensamientos elevados, podían +brotar en su alma imaginaciones feas, de cuyas importunidades y peligros +debía defenderse.</p> + +<p>El engreimiento y la soberbia son muy malos, enojan mucho al Cielo y tal +vez hacen que el Cielo, para castigarnos, para humillarnos o para +probarnos mejor, permita que los enemigos del alma le den feroces +ataques en la parte baja, mientras que su porción elevadísima se cree +punto menos que glorificada y en íntimos coloquios y en unión estrecha +con lo divino. Así Moisés, para ejemplo de esto, se hallaba en la cumbre +del Sinaí conversando con el Altísimo, y la plebe, entre tanto, se le +alborotó allá abajo, y se puso a adorar los ídolos y se entregó a +liviandades y torpezas. En vista de lo cual doña Inés aconsejó a Juanita +que desconfiase de sus bríos y que no se juzgase muy aprovechada y +segura de su poder sobre la plebe sediciosa ni muy adelantada <span class="pagenum"><a name="page163" id="page163"></a></span>en el +camino de la perfección, pues aunque siguiese el camino, bien podían +estar emboscados cerca de él y salirle al encuentro ladrones, que +intentasen robarle la joya de la castidad. Para la custodia de esta +joya, tanto más que la fortaleza, importan la modestia y el constante +cuidado.</p> + +<p>Conviene no desechar el temor de perderla, y conviene huir del peligro, +porque quien ama el peligro en él perece.</p> + +<p>Como doña Inés era muy elocuente, y los puntos susodichos se prestan a +variadas amplificaciones, el discurso de doña Inés, interrumpido a +trechos por Juanita, más que para acortarlo para avivarlo, duró hasta +después de las siete, que era lo que Juanita deseaba.</p> + +<p>Cercana ya la hora en que había citado a don Andrés, Juanita consideró +indispensable hacer a su amiga gravísimas revelaciones.</p> + +<p>—He oído con la debida atención—dijo la muchacha—todo lo que acabas +de decirme, y te confieso que estoy atribulada y amedrentada.</p> + +<p>—¿Y cuál es la causa, hija mía, de tu tribulación y de tu susto?</p> + +<p>—Pues..., fuera vergüenza...; a ti, que eres mi guía, debo confesarlo +todo. Tus consejos y advertencias de hoy vienen ya tarde. El +engreimiento y la soberbia se han apoderado de mí y me han hecho pecar +acaso mortalmente.</p> + +<p>—¿Y cómo es eso?—interrumpió doña Inés, sorprendida y sobresaltada.</p> + +<p>—Te diré la verdad—contestó Juanita—. Yo no he querido huir del +peligro, sino buscarlo y arrostrarlo para triunfar de él. No he querido +siquiera considerarlo peligro y lo he despreciado. Es más la necia y +constante amenaza me ha hecho perder la paciencia, y yo misma, para +acabar de una vez, he emplazado, citado y llamado a singular combate al +enemigo, que me tiene ya frita y harta de oír sus bravatas y +provocaciones.</p> + +<p>—No te entiendo, explícate bien. ¿De qué bravatas hablas? ¿Quién es el +enemigo que te provoca?</p> + +<p>—Es el enemigo un caballero principal, tan audaz como rico, el cual +entiende que no debe haber obstáculo que se le oponga ni voluntad que se +resista.</p> + +<p>Muy poética y elevada idea daban las palabras de la muchacha del +caballero su enemigo; pero doña Inés supuso que la elevación y la poesía +eran obra de la imaginación de la muchacha, y despojando el concepto de +las mencionadas cualidades, pensó <span class="pagenum"><a name="page164" id="page164"></a></span>reconocer en él, sin la menor duda, a +su marido, don Alvaro, de cuyas pretensiones estaba ya informada por +Serafina y de cuyos atrevimientos andaba recelosa. Por algo a modo de +pudor no excitó a Juanita a que pronunciase el nombre del atrevido. Ella +creía saberlo sin que Juanita lo pronunciara.</p> + +<p>Inquieta doña Inés, procuró investigar lo que más le importaba y dijo:</p> + +<p>—Pero ¿qué cita es esa a que aludes? ¿A qué duelo, a qué singular +combate te preparas?</p> + +<p>—Haré un esfuerzo—replicó la muchacha—; todo, todo lo sabrás, aunque +me condenes por audaz o me tengas por loca. El hombre de que te he +hablado me asedia, me acosa y viene a mí en la calle, en la iglesia y en +tu misma casa y me hace las más insolentes proposiciones. Espera +deslumbrarme y seducirme y que le rinda mi albedrío. La fatuidad con que +él presume y se jacta de lograr todo esto, me ha humillado, me ha vejado +y me ha ofendido. Quiero vengarme y me vengaré. Quiero desengañar a ese +hombre y le desengañaré con el más duro desengaño. Por sí mismo y por +medio de viles terceros se obstina en que yo le reciba a solas en mi +casa, y me pide una cita. Cansada yo de negársela, sin conseguir que +desista, que me respete, que forme de mí la opinión que debe y que me +trate como se trata a una mujer honrada, he accedido a la cita para que +venga y vea y sepa quién soy, y para tratarle como merece.</p> + +<p>—¡Animas benditas!—exclamó doña Inés, poniéndose las manos en la +cabeza—. Tú no sabes lo que has hecho. Eso es aventuradísimo. Aunque +sepas resistir, aunque no caigas en la tentación ni peques, ¿no ves que +te expones a echar tu reputación por los suelos y a que ese malvado +seductor te venza, y si no te vence se vengue de ti deshonrándote y +suponiendo que logró lo que deseaba? ¿No adviertes cuan indecoroso es +para una doncella conceder esas citas, aun cuando sea con el fin de +quedar en ellas triunfante? ¿Qué horrores no estará él pensando de ti +desde el momento en que le concediste la cita? Es indispensable que le +envíes a decir que te arrepientes y que la cita ya no tendrá lugar.</p> + +<p>Juanita conoció que el momento era llegado en que tenía que echar a +rodar su humildad y obediencia, declarándose independiente de su maestra +y amiga y manifestando lo enérgico e indómito de su voluntad, que a nada +ni a nadie se doblegaba.</p> + +<p>Puesta en pie y yendo hacia doña Inés, le dijo:</p><p><span class="pagenum"><a name="page165" id="page165"></a></span></p> + +<p>—Tú no me conoces todavía. Yo no me arrepiento ni cejo. Bueno fuera que +creyese el tal señor que yo había tenido un momento de debilidad y que +luego me había arrepentido. ¿No adviertes que de ese modo me confesaba +yo culpada, si no del delito, del conato? No; yo no soy débil. Tú te has +empeñado en creerme cordera, y soy leona. Por el extraño afecto que me +has cobrado me requiebras y crees linsojearme comparándome a la Sulamita +y llamándome suave y graciosa como Jerusalén. Ya verás tú que también +soy terrible como un escuadrón de Caballería que carga a galope sobre el +enemigo.</p> + +<p>Juanita, cerca de doña Inés, la fascinaba mirándola con ojos felinos, +cuya luz roja parecía mezcla de fuego y de sangre.</p> + +<p>Luego prosiguió:</p> + +<p>—¿Y qué decoro es ese al que me recomiendas que no falte? ¿Quién +reconoce ese decoro en la mal nacida como yo, en la hija de una mujer +que lava mondongos y hace morcillas para ganar su sustento? Todos me +menosprecian, me tratan mal y piensan peor de mí. Hasta ahora lo he +sufrido; pero ya se me agotó el sufrimiento. He de ser atroz si es +necesario. En los mismos libros que tú me has hecho leer no se ensalza +sólo la servil mansedumbre de Rut, sino más, si cabe, la ferocidad de +Judit, que degüella al capitán de los asirios, y la espantosa hazaña de +Jahel, que atraviesa con martillo y clavo las sienes de Sisara.</p> + +<p>Notando Juanita que doña Inés se asustaba un poco al verla y al oírla +tan bárbaramente bíblica, prosiguió sonriendo:</p> + +<p>—Pero no te apures ni te sobrecojas. No será menester tocar en tales +extremos; no llegará la sangre al río. Aunque será severa la lección que +yo dé, no pasará a ser tragedia, y quedará en sainete.</p> + +<p>—Pero ¿qué piensas hacer, hija mía? ¿Qué frenesí es el tuyo?—preguntó +doña Inés, muy conmovida y cariñosa.</p> + +<p>—Ya lo verás, si quieres—contestó Juanita—. Todo lo tengo pensado; +mas no has de saberlo como no lo veas.</p> + +<p>—¿Y cómo? ¿Y dónde?</p> + +<p>—Ven conmigo a mi casa. Sólo faltan algunos minutos para que llegue la +hora de la cita. Con tu presencia me infundirás valor.</p> + +<p>—Eso ya es otra cosa—respondió doña Inés.</p> + +<p>Doña Inés pensó, sin duda, en el rato de gusto que iba a tener +contribuyendo a chasquear a don Alvaro, que acudiría muy ufano a la cita +y se encontraría en ella a su austera consorte.</p><p><span class="pagenum"><a name="page166" id="page166"></a></span></p> + +<p>En efecto, si el lance pasaba así, más que tragedia sería sainete.</p> + +<p>Doña Inés perdió el miedo y sintió la irresistible tentación de ver el +sainete y aun de hacer en él uno de los principales papeles.</p> + +<p>—Está bien, Juanita—dijo—. Iré en tu compañía y te prestaré mi +auxilio. Muy fina prueba de mi amistad te daré con esto, porque yo +también puedo comprometerme.</p> + +<p>—Entendámonos—repuso Juanita—. Yo no quiero tu auxilio. ¿Qué mérito +tendría entonces mi victoria? Tú no te comprometerás, porque te quedarás +escondida y nadie sabrá que has estado en mi casa. Y tampoco te +expondrás a ningún percance, porque verás los toros desde el andamio.</p> + +<p>—Sí..., pero explícate...; no me hagas ir a ciegas...; explícate....</p> + +<p>—Se va a pasar la hora. Urge ir a mi casa. No hay tiempo para darte +explicaciones, ni tú las necesitas. Ea, despáchate. Toma un mantón, +échalo bien a la cara para que no te la vean. La gente anda embelesada +con la procesión, que probablemente termina en este momento, y no +reparará ni en ti ni en mí.</p> + +<p>Y hablando de esta suerte, la misma Juanita buscó un mantón, se lo puso +a doña Inés en la cabeza y, llevándola por delante de sí, la empujó y la +hizo andar.</p> + +<p>Dominada doña Inés por aquella imperiosa criatura, se dejó llevar por +ella.</p> + +<p>Ambas llegaron a casa de Juanita. Esta, para que Rafaela no viese que +entraba en su casa acompañada de otra persona, abrió la puerta con la +llave que tenía en el bolsillo.</p> + +<p>Las dos mujeres, calladas y de puntillas, subieron a la sala alta.</p> + +<p>Faltaban ya pocos minutos para dar las ocho.</p> + +<p>La alcoba en que dormía Juanita no tenía más luz que la que entraba por +un ventanillo redondo, abierto sobre la puerta de la alcoba que daba +salida a la sala. En esta, y no en la alcoba, donde no había espacio +bastante, se lavaba, se peinaba y se vestía Juanita todas las mañanas. +En la alcoba apenas había más muebles que la cama, una mesita de noche, +un armario para vestidos y tres sillas.</p> + +<p>Juanita llevó a doña Inés a la alcoba.</p> + +<p>—Tú, subida en una silla, verás por ese ventanuco todo lo que pase. +Acaso no tengas poco de qué admirarte y de qué reírte.</p> + +<p>Dicho esto, salió Juanita de la alcoba y dejó en ella a doña<span class="pagenum"><a name="page167" id="page167"></a></span> Inés como +presa, cerrando de súbito la puerta y echando por fuera la llave.</p> + +<p>—¿Qué haces?—exclamó doña Inés—. ¿Qué necedad es la tuya? ¿Por qué me +encierras?</p> + +<p>Juanita contestó riendo:</p> + +<p>—Te encierro para estar segura de tu neutralidad. No te quiero por +aliada, sino por testigo. Cállate y mira.</p> + +<p>Doña Inés, bastante enojada, replicó todavía:</p> + +<p>—Abreme. ¿Tendré que arrepentirme de haberme fiado de ti? ¿Qué burlas +son estas?</p> + +<p>—Perdóname, perdóname—dijo Juanita con voz suplicante y dulce—. Tú +eres mí madrina, mi protectora y yo no quiero ni debo burlarme de ti. No +dudes que conviene lo que hago. Cállate, por Dios. Ten paciencia. Mira y +observa sin hablar. Cállate. Oigo ruido. Nuestro hombre ha entrado en +casa. Ya sube por la escalera. ¡Chitón! Si él sospecha que hay alguien +aquí, darás un escándalo y harás una tontería.</p> + +<p>Doña Inés se resignó y se calló.</p> + +<p>Pocos segundos después entró don Andrés Rubio en la sala.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XLIII" id="XLIII"></a>XLIII</h2> + +<p>Juanita no se arrepentía nunca de lo que había hecho, después de haberlo +reflexionado bien o mal; pero si su voluntad era firme y hasta terca, su +entendimiento vacilaba y cambiaba a menudo, porque, sucesivamente cuando +no al mismo tiempo, veía el pro y el contra de todas las cosas.</p> + +<p>Al hallarse en presencia de don Andrés le asaltaron dudas y sintió algo +como remordimiento.</p> + +<p>«¿Hasta qué punto—pensó—me puedo permitir la burla que quiero hacer a +este hombre, y hasta qué punto se la tiene merecida? ¿He sido +suficientemente acosada para llegar a este extremo?»</p> + +<p>Como si ella misma se contestase, y sin dar tiempo a que don Andrés +dijese palabra, Juanita habló de esta suerte:—Perdone vuecencia, señor +don Andrés, si le he atraído a mi casa con algo que puede calificarse de +engaño. Me pidió vuecencia una cita amorosa, y yo se la he concedido....</p> + +<p>—Pues entonces—dijo don Andrés—no es mi perdón, sino infinitas +gracias lo que tengo que darte.</p><p><span class="pagenum"><a name="page168" id="page168"></a></span></p> + +<p>—Así sería—dijo la muchacha—si yo, desmintiendo la lealtad de mi +carácter, no hubiese en esta ocasión engañado a vuecencia.</p> + +<p>Don Andrés era un hombre de mucha calma y de bastante mundo. Presumió +que la muchacha quería hacerse valer, ir cediendo poco a poco y no +declararse, desde luego, vencida. Tomó, pues, una silla y se sentó con +mucho reposo, apercibiéndose a oír lo que la muchacha dijese y hasta a +contestarle discutiendo tranquilamente con ella. Aunque la discusión y +el coloquio durasen media hora, serían el andante de un dúo y harían más +vivo y más grato el <i>allegro</i> que vendría después.</p> + +<p>Echados estos cálculos y ajustando a ellos su conducta, don Andrés dijo:</p> + +<p>—Veo con sorpresa que he venido a hacer aquí el extraño papel de tu +confesor. Te me confiesas desleal y engañosa. ¿Qué quieres? Feos pecados +son esos; pero la pecadora es tan bonita, que yo la perdonaré y la +absolveré si se arrepiente.</p> + +<p>—De nada tengo que arrepentirme. Lo que he hecho lo he hecho porque no +podía por menos. Vuecencia me perseguía, me comprometía, me exponía y se +exponía a sí mismo a tener un lance con mi novio. He sido leal y no he +ocultado a vuecencia que tengo novio y que le quiero y que por nada y +por nadie del mundo le faltaré nunca. Vuecencia ha sabido por mi boca +que ese novio mío es su amigo de toda la vida. Si él debe a vuecencia +muchos favores, también vuecencia se los debe. Y si esto no le arredra, +y si no desiste de perseguirme y solicitarme, ¿quién es aquí el desleal +y engañoso, vuecencia o yo?</p> + +<p>—No hay de mi parte—contestó don Andrés—ni deslealtad ni engaño. El +lazo reciente que a don Paco te une bien puede desatarse con la misma +prontitud con que se ha atado. Ni a él ni a ti os conviene. A él y a ti +os sirvo y os valgo interviniendo para que el lazo se rompa. Quizá le +dolería a él por lo pronto, pero más tarde me lo agradecería. Más tarde +sentiría la satisfacción de verse libre de un absurdo compromiso.</p> + +<p>—El compromiso—exclamó Juanita enojada—no es absurdo ni repentino. +Hace ya cerca de dos años que él me ama de amor, que me respeta cuando +todos me desdeñaban, que me trata como a una señora y como a una santa +cuando todos me juzgaban una perdida, que no ha sentido vergüenza ni ha +vacilado en ofrecerme su mano y en darme su nombre, que aun viéndose +desdeñado por mí ha seguido amándome y que me ha celado, y <span class="pagenum"><a name="page169" id="page169"></a></span>creyéndome +pocos días ha prendada de otro hombre o harto liviana para concederle +favores, ha faltado poco para que se muera de pena. ¿Qué hay, pues, de +absurdo ni de repentino en este compromiso? Yo le quiero, y sería la más +ingrata de las mujeres si no le quisiese. Yo le amo desde hace tiempo, +aunque hasta ayer no se lo he declarado y no le he dicho que soy suya. +Suya soy ahora y lo seré siempre, y sería yo muy vil si sólo con el +pensamiento y si sólo por un leve instante quebrantase la fe que le +tengo prometida.</p> + +<p>—Todo esto estará muy bien. No vengo aquí a discutirlo contigo. Ni para +que tú me lo digas ni para que yo lo discuta te he pedido yo y tú me has +concedido la cita. Yo no soy un personaje ridículo y tú no tienes +derecho para querer hacerme objeto de una necia burla.</p> + +<p>—Yo estaba exasperada, señor don Andrés, y si alguna falta hubo en mí, +harta disculpa tiene. Por mi humilde cuna, por mi baja condición social, +todos me despreciaban, incluso vuecencia. Confieso que he querido +vengarme de este desprecio, y aun convertirlo en acto de aprecio, +haciendo sentir a vuecencia que valgo más de lo que imagina.</p> + +<p>—Ahí está tu equivocación, Juanita—dijo don Andrés—. Yo no he creído +que te menospreciaba y que te humillaba al requebrarte. Sobre poco más o +menos, tan plebeyo soy yo como tú y tan humilde es mi cuna como la tuya. +Si tu madre se emplea en adobar cerdos, mi padre, antes de hacerse rico +como arriero y como labrador, guardó los cerdos en sus primeros años, +porque fue porquerizo. Conque ya ves que nada nos debemos. Ya ves que es +una tontería imaginar que yo te he solicitado por la bajeza de tu +extracción. Lo mismo te hubiera solicitado y te hubiera perseguido, +porque me enamoras, aunque fueses una reina extraviada por estos +andurriales o la princesa heredera del mayor imperio del mundo. Además, +tú eres libre y yo también lo soy. ¿A qué juramentos, a qué deberes +hubiéramos faltado queriéndonos? ¿Me habías tú dado seriamente parte de +tu compromiso con don Paco? ¿No podría yo suponer que era una coquetería +sin formalidad ni consecuencia? Desengáñate: tú has querido mofarte de +mí sin motivo alguno; tú has querido vengar en mí agravios, imaginados o +reales, que otros y no yo te han hecho. A decir verdad, tú debiste +enamorar al padre Anselmo y atraerle a esta cita, si es que la cita +sigue siendo de burla. El y no yo fue quien reprobó que te vistieses de +seda. Lo que es yo, aprobé y aplaudí el verte <span class="pagenum"><a name="page170" id="page170"></a></span>tan bien vestida. Y por +mi gusto cada día estrenarías tú trajes mejores y más lujosos.</p> + +<p>Juanita se aturdió un poco con esta no esperada salida del señor don +Andrés.</p> + +<p>Casi receló que él tenía razón y que ella se había conducido irreflexiva +y arrebatadamente.</p> + +<p>Al fin habló así:</p> + +<p>—Yo no voy a sostener ahora que he procedido contra vuecencia con +motivo bastante. Lo que digo es que estaba, y aún estoy, fuera de mí. +Nada me importaría que me considerasen con la obligación de no vestirme +ni de seda, ni de lana, ni de algodón siquiera, sino de esparto. Lo que +me importa es que me respeten. ¿Qué segundo pecado original es el mío, +que no hay bautismo que lave? ¿Qué mancha indeleble ha caído sobre mí +que no hay nada que limpie? ¿Qué vicio innato hay en mi sangre del que +yo no puedo purificarla? ¿Por qué se supone tal mi flaqueza que necesite +yo refugiarme en un convento para resistir las seducciones y los +peligros del mundo? Crea vuecencia, señor don Andrés, que, aunque yo +tuviera vocación de monja, la perdería si imaginase que era para huir de +peligros que desprecio y que me siento capaz de arrostrar con el mayor +denuedo.</p> + +<p>Don Andrés se sonrió, halló graciosa y algo disparatada a Juanita al +oírla quejarse y lamentarse de aquel modo, y le dijo con dulzura:</p> + +<p>—Pero, hija mía, con todo eso que dices sólo me pruebas que estás +quejosa de doña Inés. Quéjate enhorabuena y no me hagas a mí +responsable. Ni yo quiero que te metas monja, sino todo lo contrario, ni +por más que miro alrededor de ti descubro los peligros que te cercan. Yo +no deseo que te vengues de doña Inés ni de nadie; pero, en todo caso, de +ella y no de mí tendrás razón para vengarte. Y perdona, además, que sea +franco contigo y que te acuse de un pecado constante y aun prolijo en +ti: tu hipocresía tenaz. Ha tiempo que debiste tener el valor de no +fingirte mística y devota, si no lo eras, y de decírselo a doña Inés y +no seguir engañándola. En tu franqueza pudo haber peligro, aunque tú lo +exagerabas; pero ya que te jactas de valiente, debiste hacer cara a ese +peligro sin apartarlo de ti por medio de una falsía.</p> + +<p>Juanita se mordió los labios, se compungió un poco y empezó a sospechar +que, en vez de dar una lección, era ella quien iba a <span class="pagenum"><a name="page171" id="page171"></a></span>recibirla. Pronto, +no obstante, se repuso. La misma dureza de la acusación le hizo ver más +clara su injusticia.</p> + +<p>Juanita no había tomado asiento como don Andrés. En pie se agitaba, +hablaba e iba de un lado a otro.</p> + +<p>Parándose y encarándose con don Andrés, le dijo:</p> + +<p>—¡Cuán injustamente me acusa vuecencia de hipócrita y de falsa! ¿Qué +había de hacer yo? La aprobación y el aplauso que vuecencia dice que me +daba eran tan ocultos como inútiles; eran la carabina de Ambrosio. La +reprobación general cayó sobre mí y sobre mi madre, y vuecencia no +protestó ni volvió por nosotras. Se supuso que yo era una perdida. Huyó +la gente de mí para evitar el contagio, como si yo tuviera la peste. +Hasta ese desventurado de Antoñuelo me insultó y me abandonó. Sólo don +Paco fue constante en amarme y en respetarme. Pero, repito, ¿qué había +yo de hacer? Si yo apreciaba todo el valer de don Paco, aún no le amaba +de amor. ¿Podía yo abusar entonces de su caballerosidad y tomarle por +marido y por escudo, arrastrándole conmigo al basurero en que todos los +del lugar me habían echado? Si yo fuese en realidad una perdida o +tuviese inclinación a serlo, ¿me cree vuecencia tan estúpida que ignore +lo que valdría y lo que alcanzaría si a tal oficio me dedicase? Al verme +en aquel humillante aislamiento por haber querido lucir entre patanes la +gallardía de mi persona, en vez de quedarme aquí y de ser hipócrita y +falsa, como vuecencia dice, me hubiera ido a Madrid, a Barcelona, quién +sabe si a París, donde se entiende lo que es hermoso y elegante y se +paga bien cuando se pone a la venta, y hace tiempo que viviría yo en un +palacio y andaría en coche y gastaría en una semana más de lo que vale +todo el caudal de vuecencia bien dividido. Pues ¿qué ventaja he sacado +yo de la hipocresía de que vuecencia me acusa? Vivir con más apuros y +con más miseria que antes, emplear mí tiempo en oír discursos de doña +Inés y en leer con ella libros devotos y no haber logrado hasta ahora +con todo ello sino la amistad de doña Inés, que yo apreciaría infinito +si ella me la diese incondicionalmente y sin sujetarme a sus tiránicos +caprichos. También he logrado con mi hipocresía llamar hacia mí la +tardía atención de vuecencia, que ahora, y no antes, me aprueba y me +aplaude, pero de un modo según el cual no quiero yo ser aprobada ni +aplaudida.</p> + +<p>—Juanita—dijo don Andrés—, yo no he venido aquí a disputar contigo. +Tendrás razón en estar quejosa de todo el género humano, pero de mí +debes estar menos quejosa que de nadie.</p><p><span class="pagenum"><a name="page172" id="page172"></a></span></p> + +<p>Mi pecado, si lo hubo, fue de tardanza. No volví por ti a tiempo; ahora +estoy dispuesto a enmendarme; pero quiéreme. ¿No gustas tú de que te +respeten? Pues yo también gusto de ser respetado. No debo sufrir que de +mí hagas tu juguete.</p> + +<p>—Yo soy una chica de tan buen humor, que, por fortuna, huyo de lo +trágico y todo lo tomo a risa. Y más vale así, porque mis compatricios +me han desesperado tanto, que si yo lo hubiese tomado más por lo serio, +hubiera sido cosa de armarme de una caja de fósforos y de una lata de +petróleo y de pegar fuego al lugar. Conque así, mejor es que yo tome a +vuecencia por juguete que no me le pegue fuego.</p> + +<p>—Prefiero el fuego a la burla que ahora quieres hacer de mí.</p> + +<p>—Cuánto yerra al decir eso el señor don Andrés—dijo Juanita casi +cariñosamente—. ¿Por qué ha de tenerse por burlado un hombre de noble +corazón, si en vez de lograr los fáciles favores y de gozar de las +compradas caricias de una mujer sin vergüenza, se halla con una mujer +digna y honrada que anhela merecer y obtener su estimación, que le +brinda con su más fervorosa amistad y que le tiende confiadamente las +manos?</p> + +<p>Al hablar así con verdadera efusión, Juanita tendió, en efecto, las +manos a don Andrés. Don Andrés las tomó entre las suyas.</p> + +<p>Juanita apareció entonces tan confiada y tan hermosa a los ojos del +cacique, que este le dijo:</p> + +<p>—¿Por qué tu amistad solamente? ¿Por qué no tu amor? Ambos somos +libres. Amándonos no tendremos que engañar a nadie. No tendremos que +disimular ni que ocultar nuestro amor como un delito, como un robo.</p> + +<p>—Eso no puede ser; yo no amo a vuecencia de amor—contestó Juanita—. +Yo amo de amor a otro hombre—y desprendió sus manos de las de don +Andrés, que aún las retenía.</p> + +<p>Durante todo este coloquio, doña Inés miraba por la claraboya, y a +menudo sentía la comenzón de tomar parte en él, hablando desde allí; +pero el temor de lo ridículo enfrenaba su lengua.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XLIV" id="XLIV"></a>XLIV</h2> + +<p>Don Andrés perdió entonces su circunspección y su calma. No pudo +contenerse más.</p> + +<p>—Ámame—dijo.</p> + +<p>Y se abalanzó a Juanita y la ciñó con fuerza entre sus brazos.</p><p><span class="pagenum"><a name="page173" id="page173"></a></span></p> + +<p>Juanita recordó en aquel trance toda su antigua destreza en la lucha, +cuando se peleaba con los muchachos a brazo partido y los tumbaba en +medio del arroyo. Ella también se abrazó a don Andrés, le puso la barba +en el pecho, le empujó al mismo tiempo en sus espaldas con las manos de +ella y le echó una zancadilla tan hábil, que le derribó al suelo.</p> + +<p>Con maravillosa rapidez apartó Juanita sus manos y su cuerpo del cuerpo +del enemigo, derribado, y quedó erguida sobre él, con la rodilla derecha +en tierra y con la rodilla izquierda sobre el estómago y el pecho de don +Andrés, donde pesaba y oprimía como pujante prensa de hierro.</p> + +<p>Con la mano izquierda había Juanita agarrado a don Andrés por el +pescuezo para que no levantase la cabeza, y con la mano derecha tenía +asido su siniestro brazo.</p> + +<p>Juanita estaba así tan guapa, que se parecía, aunque sin alas, al propio +arcángel San Miguel dando una soba al diablo.</p> + +<p>Don Andrés la contemplaba con tal embeleso, que apenas sentía enojo de +verse vencido. Y como era hombre muy versado en fábulas y en narraciones +verídicas, trajo a su pensamiento, para que quedasen eclipsadas por +Juanita, a Pentesilea, a Clorinda y a Bradamante y a otras mujeres +heroicas que han florecido en el mundo, desde el Ebro, glorioso por las +zaragozanas, hasta el claro Termodonte, en cuyas fértiles orillas +reinaron las amazonas.</p> + +<p>Por acaso se tocó don Andrés con la diestra, que tenía libre, en el +bolsillo del chaquetón y notó con amargura los medios inútiles que en él +traía: de conquista, de ofensa y de defensa. Traía allí un cartucho con +veinticinco onzas peluconas de Fernando VI y de Carlos III, dignas hoy +por su rareza de figurar en el más rico gabinete de numismática. Y traía +asimismo el revólver de seis tiros, bien preparado y cargado; pero como +hubiera sido felonía villana emplearlo contra una mujer, lo dejó allí +reposar tranquilo para mejor ocasión.</p> + +<p>Entre tanto, y todo esto fue en menos tiempo que el que yo empleo en +decirlo, la mencionada mano libre se hizo atrevida; pero contra todo +atrevimiento son valladar y estorbo los bríos del alma, y estos valieron +bien a la gallarda vencedora.</p> + +<p>Al sentir el insolente contacto, el rubor tino sus mejillas; brillaron +como ascuas sus ojos, la ira trocó en espantosa su linda cara.</p> + +<p>Aterrorizaba doña Inés, sacó la cabeza fuera del ventanuco <span class="pagenum"><a name="page174" id="page174"></a></span>y empezó a +gritar; pero nadie podía oírla, y menos aún don Andrés, que no estaba +para oír ni ver cosa alguna.</p> + +<p>Juanita le apretaba el cuello con ambas manos, haciéndole sacar tres +pulgadas de lengua fuera de la boca, como perro jadeante.</p> + +<p>Harto le pesaba tener que matarle. No había previsto Juanita que pudiese +llegar a aquel extremo; pero, puesta en él, estaba resuelta a todo por +más que le pesase.</p> + +<p>Apeando a don Andrés el ya inoportuno tratamiento de vuecencia, le dijo:</p> + +<p>—¡Ríndete, o mueres!</p> + +<p>Nada contestó don Andrés, porque no podía contestar. Lo que hizo fue +retirar la diestra atrevida.</p> + +<p>Aflojó entonces Juanita el dogal que tenía echado al cuello del cacique, +y le dijo:</p> + +<p>—¿Te rindes a discreción? ¿Te declaras vencido?</p> + +<p>—Me declaro vencido; haz de mí lo que quieras.</p> + +<p>—¿Aprobarás y aplaudirás ahora que yo me case con don Paco, y serás en +la boda su padrino?</p> + +<p>—Aprobaré, aplaudiré y seré padrino en la boda.</p> + +<p>—¿Serás, además, constante y bondadoso amigo mío, sin guardarme rencor +y pagándome como debes la amistad pura que yo te profeso y la estimación +con que te miro?</p> + +<p>—Seré tu mejor amigo, como lo mereces.</p> + +<p>Juanita, entonces, se levantó de un brinco, dejando libre a don Andrés, +que se levantó también, algo maltrecho, mohíno y humillado por la +derrota.</p> + +<p>Trocada así en piedad la cólera, Juanita hizo esfuerzos de imaginación, +y entre cándida y maliciosa inventó desatinos para disimular o explicar +su triunfo.</p> + +<p>—No te aflijas—dijo—. Lo que te pasa le hubiera pasado a un jayán: al +propio Goliat. No soy yo quien te ha vencido, sino el demonio que +ahogaba a los impuros novios o amantes de la que fue luego mujer de +Tobías, a fin de guardarla entera para él. Sin duda, don Paco, que es +muy devoto de San Rafael, Patrono de Córdoba, halló al tal demonio en el +desierto en que ha estado, y con el auxilio del arcángel le desató y le +envió a esta casa para que me defendiese. Por él estuviste poco ha, y +volverías a estar si de nuevo te desmandaras, muy a punto de morir +ahorcado como un zorzal entre mis dedos, convertidos en percha. Pero no +pienses más en eso. ¡Qué lástima si hubiera dado <span class="pagenum"><a name="page175" id="page175"></a></span>yo, sin querer, un día +de luto a la ya entonces mal llamada Villalegre! Ahora no debemos pensar +sino en el gran placer que hay en renovar amistades después de una brava +batalla. Aquí no ha habido ni vencido ni vencedor. Digamos ambos a la +vez, tú a mí y yo a ti:</p> + +<div class="center">Valiente eres, capitán,<br /> +y cortés como valiente;<br /> +con tu espada y con tu trato<br /> +me has cautivado dos veces.</div><br /> + +<p>Tú eres mi cautivo y yo quiero ser tu cautiva; es decir, más amiga tuya +que antes.</p> + +<p>Y diciendo así, tendió de nuevo ambas manos a don Andrés, más +cariñosamente y con mayor confianza que la vez primera. Luego añadió:</p> + +<p>—Ahora vete con Dios y vuelve por aquí dentro de poco, a las diez y +media, para que, en presencia de mi madre y de varios amigos, se +celebren con don Paco mis esponsales.</p> + +<p>—Volveré como deseas. Antes de irme te dejaré aquí, para rescate de mi +pariente Antoñuelo, a quien tanto o más que tú tengo obligación de +proteger, los ocho mil reales que hay que dar al tendero murciano.</p> + +<p>—Ya está arreglado eso. No necesito los ocho mil reales.</p> + +<p>—Pues aunque no los necesites, quédate con ellos, y tú y don Pablo +contad con otros ocho mil más, que os daré como regalo de boda.</p> + +<p>Dicho esto se fue don Andrés a la calle, no sin besar galantemente, al +despedirse, la linda mano que había estado a punto de estrangularle.</p> + +<p>Apenas salió don Andrés, Juanita abrió la puerta de su alcoba, donde, +como en chiquero, había estado doña Inés encerrada. Salió esta de allí +algo atontada y muda de espanto. Salió igualmente muy mansa y muy +benigna, y aunque perdidas sus ilusiones respecto al misticismo de +Juanita, casi tan prendada ahora de su patente bizarría como antes de su +misticismo, ya convertido en humo.</p> + +<p>De todos modos, doña Inés siguió admirando la virtud de Juanita, y aun +formó desde allí en adelante sobre su casta entereza un concepto muy +superior al que tenemos de las antiguas heroínas que nos ponen por +modelo las historias sagradas y profanas.</p> + +<p>Doña Inés, discurriendo sobre esto, pensó que al fin y al cabo<span class="pagenum"><a name="page176" id="page176"></a></span> Susana +sólo tuvo que defenderse de dos viejos petates y no de un hombre guapo, +rico y joven aún, como el cacique. Lucrecia, a lo que doña Inés +entendía, sucumbió, aunque se mató después. Y en cuanto a Timoclea, tan +ensalzada por Plutarco, y a la que el macedón Alejandro concedió su +admiración, todavía doña Inés tenía más que criticar, porque Timoclea, +durante el saco de Tebas, no acertó a defenderse del capitán de los +tracios, y sólo después le mató arrojándole a un pozo, porque aquel +bárbaro le pidió dinero; de suerte que, si se lo hubiera dado, en vez de +pedírselo, él hubiera quedado vivo y la anterior violencia impune.</p> + +<p>Razón tenía, pues, doña Inés en seguir admirando a Juanita; en decirle, +como le dijo, que se alegraría de tenerla por madre política; en +desistir con gusto de que Juanita se hiciese monja para que no eclipsase +a la Monja Alférez y fuese la Monja Generala, y en ofrecerle para el +regalo de su boda la cantidad que pensaba dar para la dote de su monjío.</p> + +<p>Llamada por Juanita, acudió Rafaela, que se quedó estupefacta y +boquiabierta al ver allí a doña Inés, a quien acompañó a su casa. Doña +Inés prometió volver con don Alvaro a las diez y media.</p> + +<hr /> +<h2><a name="XLV" id="XLV"></a>XLV</h2> + +<p>Cuando Juanita se quedó sola se lavó la cara y las manos, se alisó el +pelo y sacó del armario el famoso vestido de seda regalo de don Paco.</p> + +<p>Ella había tenido cuidado de refrescarlo y de modificarlo, dejándola a +la moda del día. Con tela que tenía de sobra el corte, y que ella había +guardado, se había hecho un nuevo corpiño de medio escote, a propósito +para recepciones y tertulias. Se puso este vestido, se miró al espejo y +quedó muy satisfecha encontrándose bien.</p> + +<p>Al volver Rafaela y al ver a Juanita vestida de gala, tuvo nuevo motivo +de admiración.</p> + +<p>Juanita y la criada encendieron después los tres velones que tenían, +cada uno con cuatro mecheros.</p> + +<p>Encendieron además veinte o veintidós velas de cera, y lo iluminaron +todo tan ricamente, que la casa parecía aderezada para una solemne +fiesta.</p> + +<p>A poco llegó Juana la Larga, no trastornada, porque era sobria y +prudente, pero algo sobreexcitada y de buen humor por <span class="pagenum"><a name="page177" id="page177"></a></span>haber presidido +la opípara cena en casa de don Andrés Rubio, cenando entre el rey David +y San Pedro.</p> + +<p>Al ver Juana la Larga la iluminación que en su casa había, y cuyo fin +ignoraba, receló por un instante que se había excedido en beber vino y +que a causa de aquel exceso veía tantas luces.</p> + +<p>Pronto la tranquilizó Juanita explicándoselo todo.</p> + +<p>Juana se puso más contenta que unas pascuas.</p> + +<p>No bien dieron las diez y media entraron casi a la vez todos los +convidados. Eran estos doña Inés y don Alvaro, don Andrés Rubio, el +maestro de escuela don Pascual, el tendero murciano y doña Encarnación, +su mujer; el padre Anselmo y don Paco, personaje principal de la fiesta. +Venía este hecho un brinquillo, muy bien afeitado y peinado, con la +levita nueva, regalo y obra de Juanita, y en el ojal con la +condecoración azul que ella le había concedido.</p> + +<p>Todos estaban ya informados de lo que iba a suceder, unos directamente +por Juanita, según ya hemos visto, y otros por medio del maestro de +escuela, a quien Juanita había dado el encargo de convidarlos. No +fueron, pues, indispensables ni discursos ni explicaciones. Reinó allí +muy cordial alegría.</p> + +<p>Rafaela, auxiliada por Calvete, a quien llamó para este fin, sirvió un +delicado piscolabis. Para los que no habían cenado o tenían suficiente +capacidad estomacal hubo chocolate con hojaldres y con torta de aceite; +y para todos, mostachones, roscos y bizcochos de espumilla con mistela y +dos o tres clases de rosolis.</p> + +<p>Cuando cundió el regocijo y se aumentó la animación de todos, Juanita +los formó en círculo, asidos de las manos, y se puso a cantar con mucha +gracia y con muy afinada y buena voz, aunque no había estudiado música, +el célebre cantar del conde de Cabra:</p> + +<div class="center">Yo no quiero al conde de Cabra,<br /> +conde Cabra, ¡triste de mí!,<br /> +que a quien quiero solamente,<br /> +solamente es, ¡ay!, a ti.</div><br /> + +<p>Al cantar ese «¡ay!, a ti», Juanita miró con ojos muy dulces a don Paco. +Luego siguió cantando:</p> + +<div class="center">Arroz con leche,<br /> +me quiero casar<br /> +con un guapo mozo<br /> +de porte real.</div><br /> +<p><span class="pagenum"><a name="page178" id="page178"></a></span></p> + +<p>Y tocando con sus manos en los hombros de cuantos había en el corro, sin +excluir al cura, que la miraba complacido, Juanita fue diciendo:</p> + +<p>—Ni con este, ni con este, ni con este.</p> + +<p>Al llegar a don Paco, que dejó Juanita para lo último, dijo: «Sino con +este», y le dio un abrazo muy apretado.</p> + +<p>Don Paco la tomó por la cintura, la chilló, la aupó y la levantó a pulso +dos o tres veces en el aire.</p> + +<p>Todos aplaudieron y gritaron:</p> + +<p>—¡Que vivan los novios!</p> + +<p>Anunciada ya la boda para lo más pronto posible, los futuros esposos +fueron felicitados.</p> + +<p>El padre Anselmo, viendo que don Andrés y los señores de Roldán hacían +regalos muy lucidos, no quiso ser menos, hasta donde sus recursos lo +consintieran. Y con el fin de que su regalo tuviese el significado de +retractación y palinodia, prometió hacer venir de Madrid un lujoso corte +para un vestido de seda.</p> + +<p>El maestro don Pascual estaba harto mal de dinero, pero tenía buenos +libros, y quiso dar inmediatamente, para regalo, a Juanita algunos tomos +de la Biblioteca de Ribadeneyra, entre ellos <i>El Romancero general</i> y +las <i>Comedias</i> Tirso, a cuyas heroínas era Juanita muy semejante por lo +desenfadada y traviesa.</p> + +<p>Don Ramón, que traía en cartera el pagaré para que Juana lo refrendase y +pusiese en él su visto bueno, en vez de dar o prometer, recibió, por lo +pronto, las veinticinco onzas peluconas, o sean los ocho mil reales. +Pero don Ramón se sintió estimulado a competir y hasta a vencer su +generosidad a los otros. Dijo al oído a su mujer el prurito que sentía +de ser generoso y doña Encarnación tuvo que dominarse para no arañarle. +La generosidad triunfó, a pesar de todo, en el corazón del tendero +murciano.</p> + +<p>—Juanita—dijo—, yo te doy dos mil reales para que te merques un +hermoso brazalete de oro, diamantes y perlas.</p> + +<p>Al hablar así, don Ramón devolvió a Juanita el pagaré que ella había +firmado. En seguida añadió:</p> + +<p>—Según el pagaré, tú me eres deudora de diez mil reales, y como me has +dado ocho mil, me debes dos mil aún. Yo te los perdono.</p> + +<p>La generosidad de don Ramón fue solemnizada por toda la concurrencia con +los más ruidosos aplausos.</p> + +<hr style='width: 45%;' /><p><span class="pagenum"><a name="page179" id="page179"></a></span></p> + +<p>Veinte días después de lo que acabamos de contar se celebraron las bodas +de Juanita y don Paco.</p> + +<p>Los mozos del lugar no prescindieron de la cencerrada que debía darse a +don Paco como viudo.</p> + +<p>El y Juanita la oyeron cómoda y alegremente desde la casa y alcoba de +don Paco, donde Juanita estaba ya, sin que hasta la una de la noche los +molestase el desvelo que podía causar aquel ruido. Cesó este al fin, +convirtiéndose en vivas y aclamaciones, merced a la simpatía que +inspiraban los novios y a una arroba de vino generoso y a bastantes +hornazos y bollos que el alguacil y su mujer repartieron entre los +tocadores de los cencerros.</p> + +<p>Así don Paco se durmió al fin con reposo y merced al silencio, y también +se durmió Juanita, a la vera suya, como mansa cordera y no como fiera +leona; suave y graciosa como Jerusalén y no terrible como un escuadrón +de Caballería.</p> + +<hr /> +<h2><a name="EPILOGO" id="EPILOGO"></a>EPILOGO</h2> + +<p>Después de los sucesos referidos han pasado seis o siete años.</p> + +<p>Posible es, por más que a mí no me apesadumbre, que los personajes +principales que en esta historia figuran a nadie interesen; pero como yo +he tenido que tratar con ellos y que describir sus caracteres, les he +cobrado bastante afición, despertando en mi alma curioso interés la +situación y término en que hoy se hallan.</p> + +<p>Interrogado por mí el diputado novel a quien debo el relato, me ha +comunicado las noticias que voy a transcribir como contera o remate, +aunque los críticos lo tachen de superfluo.</p> + +<p>Don Paco sigue gozando de la privanza del cacique y gobernando en su +nombre cuanto hay que gobernar en la villa. Juanita, casada con él, le +adora, le mima y le ha dado dos hermosísimos pimpollos: una niña, que se +llama Juanita la Larga, tercera de este nombre y apellido, y que promete +valer tanto como su madre, porque ya es muy linda, picotera y graciosa; +y un Ricardito, como su abuelo materno, que es un diablejo, ágil, +robusto y bullicioso, por lo que sus padres le destinan a que sea, +también como su abuelo, oficial de Caballería.</p> + +<p>Juanita no ha embarnecido. Está gallarda y bonita como siempre. Se viste +de seda, sin que el padre Anselmo la censure en sus sermones, y parece +una princesa encantada, pues no pasan días por ella. Tampoco envejece +don Paco, porque la felicidad mantiene, conserva y hasta remoza, y él es +feliz de veras.</p> + +<p>El pobre don Alvaro de Roldán es el que está muy averiado. Hace ya +tiempo que se quedó lelo, paralítico y con los dedos engarabitados. No +se sabe si es falta de la lengua o de algún otro órgano del aparato +vocal; pero lo cierto es que ya no puede decir ni dice, sino:</p><p><span class="pagenum"><a name="page181" id="page181"></a></span></p> + +<p>—Ta, ta, ta, ta, ta.</p> + +<p>Doña Inés le cuida con esmero y cariño de esposa; pero como es tan +moralizadora y tan conmocionante, le reprende a menudo con suavidad.</p> + +<p>Cuando, a pesar de su deplorable situación, a Serafina, que le cuida, la +mira con ojos encandilados y lo ve doña Inés, esta le dice:</p> + +<p>—¿Es posible, Alvarito, que no te abandone el demonio que te posee? ¡El +vicio, que huye de todo tu cuerpo, se te mete en la cabeza y no te deja! +¡Da asco y vergüenza!</p> + +<p>—¡Ta, ta, ta, ta, ta!—contesta don Alvaro. Si por señas se queja del +estómago o del vientre, que le muge como si tuviera allí, no una +borrega, sino dos o tres becerras, doña Inés exclama:</p> + +<p>—Si te lo tengo dicho mil y mil veces: siempre has sido un glotón de +siete suelas; pero ya, hijo mío, no estás para eso. Tus fuerzas +digestivas son muy pocas. Menester es que te moderes y que seas sobrio +si no quieres reventar el día menos pensado.</p> + +<p>Y don Alvaro responde:</p> + +<p>—¡Ta, ta, ta, ta, ta!</p> + +<p>Calvete, que ha pasado de zagalón a ser un mozo muy gentil y brioso, que +es al mismo tiempo travieso y más malo que la quina, viendo que don +Alvaro no puede quejarse de sus travesuras, ya que ni habla ni escribe, +se deleita a menudo en ponerle furioso.</p> + +<p>Para ello acude a Serafina, que está muy frescachona y floreciente y que +sigue tan regocijada como en su primera juventud. En las barbas de don +Alvaro se pone el bellaco de Calvete a retozar amorosamente con +Serafina; y don Alvaro, fuera de sí, con espumarajos en la boca, grita +como un energúmeno:</p> + +<p>—¡Ta, ta, ta, ta, ta!</p> + +<p>Y cada «ta», por el tono con que don Alvaro lo suelta, parece un centón +de blasfemia y una letanía de maldiciones.</p> + +<p>Doña Inés suele acudir entonces, y dice:</p> + +<p>—¿Por qué chillas tanto, diantre de hombre? Lo que tú padeces nada vale +en comparación de la hiel y vinagre que dieron a Cristo. ¿Piensas tú que +chilló nunca Job en el muladar tanto como tú chillas ahora? ¡Sufre y +ganarás el cielo!</p> + +<p>—¡Ta, ta, ta, ta, ta!—dice don Alvaro, algo resignado. Doña Inés suele +también moverse a compasión y dice a Calvete:</p><p><span class="pagenum"><a name="page182" id="page182"></a></span></p> + +<p>—¡Muchacho!, haz alguna de tus chuscadas para que el señor se distraiga +y regocije.</p> + +<p>Y contesta Calvete:</p> + +<p>—Pues si las hago a manta y el señor rabia y chilla más. Como está tan +jaquecoso....</p> + +<p>Y exclama don Alvaro:</p> + +<p>—¡Ta, ta, ta, ta, ta!</p> + +<p>Se cuenta en el lugar—casi no queremos creerlo—que cuando está don +Alvaro muy mal y siente físicamente muchos dolores arma tan incesante y +fatigosa retahíla de «ta, ta, ta», que aburre a todo el mundo, alborota +la casa y hace que doña Inés pierda la circunspección y la paciencia que +ella suele recomendar, llegando una o dos veces hasta decir a su marido:</p> + +<p>—Cállate, hombre indigno, y padece por el amor de Dios, que no sin +justo motivo te castiga. No te verías así sí no hubieras tenido una vida +tan depravada. Y, al fin, yo creo que te quejas un poco de vicio. Tú +tienes miedo porque piensas que te vas a morir. Ya, ya; bien pesado has +sido para todo y me parece que vas a serlo también para morirte.</p> + +<p>Y como don Alvaro contesta con acento muy triste: «¡Ta, ta, ta, ta, +ta!», el noble corazón de su esposa se enternece; y arrepentida ella de +las frases duras que se le han escapado, se acerca a don Alvaro con +cariño, y para función de desagravios le da un blando cogotazo, le pasa +la blanca mano por la papada y le pega en las narices un amoroso +capirotazo.</p> + +<p>Don Alvaro sonríe consolado, y, beatificado, exclama:</p> + +<p>—¡Ta, ta, ta, ta, ta!</p> + +<p>Así va tirando aún el ilustre descendiente, según pretende su +ejecutoria, del más heroico de los doce pares.</p> + +<p>En cuanto a doña Inés, afirma mi amigo el diputado que está hermosa y +fresca todavía, y que pudiera hacer el papel de Angélica, aunque algo +metida en carnes. Conserva todas sus virtudes, incluso la prolífica, y +en estos últimos años ha conseguido que los vástagos de su ilustre casa +lleguen a la docena.</p> + +<p>El cacique permanece soltero e imperando en el lugar con la sabiduría y +la moderación de los Antonios en Roma.</p> + +<p>La señora doña Agustina Solís y Montes de Allende el Agua ha sufrido con +resignación algunos reveses de fortuna. Entre otros, ha perdido un +pleito de importancia. Sus rentas han quedado reducidas a menos de la +mitad. Apenas tendrá ahora doce mil reales al año. La disminución de sus +rentas, en vez de disminuir, ha aumentado <span class="pagenum"><a name="page183" id="page183"></a></span>sus ganas de casarse. Ha +buscado compañía doméstica que la consuele. Y tal vez por no encontrar +partido mejor ha apechugado con el boticario don Policarpo, el cual, si +bien es feo, es inteligente y tan gracioso que nadie debe maravillarse +de que seduzca y enamore con su labia a una mujer de talento. Doña +Agustina, además, se manifiesta muy ufana de haber vencido la +repugnancia al matrimonio de tan pertinaz solterón, y lo que es más +trascendental, de haber traído al gremio de los fieles a aquel impío +extraviado, que ahora va a misa y cumple con todos los preceptos.</p> + +<p>A lo que se presume, desde que doña Agustina empezó a mostrársele +propicia, don Policarpo discurrió sobre poco más o menos de esta suerte:</p> + +<p>«No se comprende ni se explica cómo el proceso evolutivo del ser, aunque +haya durado millones de años, por el concurso fortuito de los átomos, y +por su fatal y ciego prurito y constante tendencia a la perfección, ha +podido aparecer sobre nuestro planeta, después de prolongadísima serie +de transformaciones, un mamífero tan primoroso y apetecible como doña +Agustina, dotado, además, de claro entendimiento y de voluntad tan +benigna y con el portentoso don de la palabra, que le sirve para +transmitir las ideas agradables en contestación a las que salen de mi +cabeza y a las voliciones de mi corazón. Acrecienta lo inexplicable de +este prodigio, si no presuponemos una Providencia personal y +sapientísima que todo lo dirige, el que posea aún el mencionado mamífero +doce mil reales de renta y el que se vista y calce con sumo primor, +elegancia y decoro, lo cual implica, por un lado, el desenvolvimiento de +la sociedad a través de los siglos para crear las leyes, para hacer que +haya herencia y propiedades individuales; e implica por otro lado, según +se comprende muy bien cuando se estudia la economía política, la +multitud de milagros del comercio, de la industria, de las artes +textiles, indumentarias y de curtidos de cueros, y otras mil agudas +invenciones, como la división del trabajo y como el objeto que vale por +sí y representa además y mide con exactitud lo que valen los otros +objetos, facilitando la circulación y los cambios, sobre todo si se le +añade cierto descubrimiento más sutil aún, o sea, la virtud +representativa de todo lo que vale por algo que por sí vale poco o nada +y que se llama crédito, difícil de adquirir, no obstante, pues yo +carezco de él, aunque lo deseo. La primera causa de todo lo cual es +absurdo que sea el acaso, sino una potencia suprema y anterior a todo, +la cual dio el impulso inicial al linaje <span class="pagenum"><a name="page184" id="page184"></a></span>humano, le marcó el camino y +guió con orden su marcha por la interminable senda del progreso.»</p> + +<p>Esto o algo por el estilo pensaba don Policarpo, y era creyente.</p> + +<p>En aras de su amor a doña Agustina y de su renaciente fe, se cortó +aquella uña maldita del dedo meñique, vara de virtudes de Satanás, y no +volvió a electrizar, ni a magnetizar, ni a encender candiles, ni a tirar +cañonazos con ella.</p> + +<p>Se cortó la uña como se cortan los toreros la coleta cuando dejan de +torear y se retiran a la vida privada.</p> + +<p>Se cortó la uña despojándose de sus fuerzas taumatúrgicas y +teratológicas, por obra y gracia de las tijeras de doña Agustina, que +fue la piadosa Dalila de este Sansón de nuevo cuño.</p> + +<p>Doña Agustina, sobre un fondo de raso color de púrpura, para que +resaltase mejor, colocó y guardó la uña como trofeo de su victoria en un +passe-partout muy bonito que colocó en su alcoba.</p> + +<p>Por bajo de la uña quiso poner un letrero explicatorio, y rogó a don +Andrés que lo pusiese. Don Andrés, que, como ya sabemos era muy erudito +y que así mismo era algo guasón, recordó el cambio glorioso de Napoleón +I en los últimos años de su vida, y no creyendo menos glorioso el cambio +del boticario, le aplicó los versos de Manzoni y escribió de buena +letra, por bajo de la uña y defendido todo por un cristal:</p> + +<div class="center"><i>Bella</i>, <i>immortal</i>, <i>benéfica</i>,<br /> +<i>fede ai trionfi avezza</i>,<br /> +<i>scrivi ancor questo</i>.</div><br /> + +<p>Juana la Larga es dichosísima al ver la felicidad de su hija y de su +yerno; adora a sus nietecillos, los consiente, los mima y les ríe todas +las gracias, hasta las más pesadas y olorosas.</p> + +<p>Para que se críen robustos, después que los ha amamantado Juanita, Juana +los desteta con chorizos, longaniza y asadura de cerdo.</p> + +<p>Su actividad culinaria no decae, a pesar de su edad. Sigue haciendo la +matanza, la carne de membrillo, el arrope y las frutas de sartén en las +casas más principales. Ha importado nuevos guisos en la cocina local y +hasta inventado dos o tres, con sorpresa y general aplauso de los +gastrónomos.</p> + +<p>El padre Anselmo está achacosillo y muy viejo, pero alegre y sereno con +la esperanza de su tránsito a mejor vida. Ya no le pesa, <span class="pagenum"><a name="page185" id="page185"></a></span>antes se +regocija, de que Juanita no sea monja, porque la quiere mucho y se le +cae la baba cuando la ve tan hermosa y cuando oye su dulce voz y sus +discretas razones.</p> + +<p>Doña Inés, no obstante, sigue siendo su preferida, por lo mística que es +y por la mucha teología que sabe.</p> + +<p>Por último, el diputado novel ha pedido y recibido con frecuencia las +noticias que de Antoñuelo se tienen en el lugar. Allá en el Río de la +Plata adonde el cacique le obligó a que emigrase, se dedicó al comercio +y prosperó mucho. Aunque nunca quiso inscribirse en el Consulado, por +ahorrarse tres o cuatro duros, acudió con frecuencia a la Legación +pidiendo que España reclamase diplomáticamente en su favor contra mil +agravios y danos que del Gobierno argentino había recibido, y que +exigiese, con amenazas de bombardeo, que dicho Gobierno le diera una +indemnización muy cuantiosa. Pero ni le indemnizaron de nada ni por amor +suyo hubo bombardeo, y él adquirió tan mala reputación y crédito, que +consideró prudente irse a Cuba. Ya en La Habana, como es mozo gentil y +de rostro blanco y sonrosado, logró cautivar el sensible corazón de una +rica heredera, muy subidita de color. Casado con ella, vivió con tanta +pompa y decoro, dando comidas y saraos y paseando en quitrín, acompañado +de su mujer, tan ricamente vestida que parecía la reina de Saba, que se +empeñó, hipotecó los predios urbanos y rústicos y acabó por tener más +deudas que pelos en la cabeza.</p> + +<p>A lo que parece, a fin de consolarle y de remediarse, se ha hecho ahora +partidario de la independencia de la Perla de las Antillas, y ya sueña +con ser en Cuba libre un dictador como el doctor Francia en el Paraguay +o como Rosas en Buenos Aires, o un emperador como Faustino I en Haití, +aunque tenga que tiznarse con hollín; ya con más modestia, forma un plan +que muchas personas creen desatino, aunque tal vez no lo sea. Espera que +por filibustero y laborante le secuestren los bienes, porque entonces, +según dice, se irá a Nueva York, se hará ciudadano de la gran República, +y, nuevo Coriolano español, obligará a su ingrata patria a darle una +indemnización <i>di primo cartello</i>. Aunque tenga que ceder a los +Fabricios, Cincinatos y Catones de escalera abajo y de quinta clase, que +acaso haya en las orillas del Potomac, las cuatro quintas partes de lo +que se extraiga a la paciente y semiforzada longanimidad de España, +siempre le quedará otra quinta parte, con la cual podrá vivir como un +príncipe en una magnífica casa de la Quinta Avenida. Allí brillará su +morena consorte, que habla <span class="pagenum"><a name="page186" id="page186"></a></span>ya el idioma de Shakespeare y de Milton, +como la más ilustrada <i>talkative</i> y <i>funny</i> inglesita.</p> + +<div class="center">De la fecunda zona,<br /> +que al sol enamorado circunscribe<br /> +el vago curso, y cuanto ser se anima<br /> +en cada vario clima,<br /> +acariciada de su luz, concibe.</div><br /> + +<pre> + +End of the Project Gutenberg EBook of Juanita La Larga, by Juan Valera + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK JUANITA LA LARGA *** + +***** This file should be named 16484-h.htm or 16484-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/1/6/4/8/16484/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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