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+The Project Gutenberg EBook of Juanita La Larga, by Juan Valera
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Juanita La Larga
+
+Author: Juan Valera
+
+Commentator: Paulino Garagorri, prologue
+
+Release Date: August 8, 2005 [EBook #16484]
+[Date last updated: February 22, 2011]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK JUANITA LA LARGA ***
+
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+Produced by Chuck Greif
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+JUAN VALERA
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+JUANITA LA LARGA
+
+PROLOGO DE PAULINO GARAGORRI
+
+SALVAT EDITORES, S.A.
+
+1982 Salvat Editores, S.A.
+Impreso en:
+Gráficas Estella, S.A. Estella (Navarra)-1983
+I.S.B.N. 84-345-8003-9 (obra completa)
+I.S.B.N. 84-345-8011-X (tomo 8)
+Depósito Legal: NA-40-1983
+Printed in Spain
+Edición Integra especialmente autorizada
+para BIBLIOTECA BÁSICA SALVAT
+
+
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+PROLOGO
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+Don Juan Valera no fue solamente novelista. Escribió mucho, Algo de
+todo, según reza el título de uno de sus libros, y lo hizo a despecho de
+vacilaciones y desengaños. «Varias veces me di ya por vencido, y hasta
+por muerto; mas, apenas dejé de ser escritor, cuando reviví como tal
+bajo diversa forma. Primero fui poeta; luego periodista; luego crítico;
+luego aspiré a filósofo; luego tuve mis intenciones y conatos de
+dramaturgo, y al cabo traté de figurar como novelista.... Bajo esta
+última forma es como la gente me ha recibido menos mal; pero, aun así,
+no las tengo todas conmigo.» Hoy, Valera es un autor clásico reconocido
+en toda historia de nuestra literatura, pero la frase final de la cita
+transcrita no es sólo fórmula de buena crianza para evitar la propia
+ponderación, sino confidencia íntima de un hombre que ha corrido mucho
+pero sin asiento ni rumbo seguro. Pues, además de tantear la carrera de
+escritor, cultivando tan diversos géneros literarios, empeñó su tiempo
+en otras profesiones. En su larga vida (muere cumplidos los ochenta y
+uno) residió muchos años fuera de España--en Nápoles, Lisboa, Río,
+Dresde, Moscú, Francfort, Washington, Bruselas, Viena--, con cargos
+diplomáticos que le confería o retiraba el Gobierno según estuviese
+regido por amigos o enemigos políticos. Y él quiso y logró intervenir
+activamente en la política, como diputado en varias legislaturas, y aun
+llegó a Subsecretario de Estado, pero por muy poco tiempo y al favor de
+la Revolución de Septiembre de 1868, tan gloriosa como fugaz. Tenía,
+además, algo de hacienda propia, heredada, en tierras de Córdoba, con lo
+que a veces salía de apuros y otras se veía envuelto en obligaciones.
+Casó ya cuarentón con una joven a la que doblaba en edad y cuyo
+carácter resultó poco acordado a sus gustos. «Mi casa--escribe a un
+amigo--es el rigor de las desdichas. No me ha valido la posición que
+aquí tengo (de embajador, en Lisboa), los dineros, tal vez más de lo
+conveniente, que gasto, ni nada, para que mi mujer esté alegre y
+satisfecha y no me muela.... En suma, yo estoy archifastidiado. No se
+case usted nunca. Razón tuvo la Iglesia católica en establecer el
+celibato para los clérigos, y clérigos somos usted y yo» (Valera se
+dirigía a Menéndez Pelayo). Su vida fue, pues, movediza, con paréntesis
+y alternativas, y a los giros de la biografía personal hay que sumar los
+grandes cambios que en la sociedad española le tocó presenciar y
+compartir, desde el siniestro Fernando VII--nació en 1824--a las
+frivolidades de don Alfonso XIII--muere en 1905--. Sufrió, además,
+algunos pesares acerbos: la muerte de su hijo primogénito y predilecto,
+cuando él estaba lejos y solo, en Washington; el caso de una distinguida
+joven americana tan perdidamente enamorada, cuando él tenía cumplidos
+los sesenta años, que se suicidó al abandonar Valera aquellas tierras.
+Y, sin embargo, creo difícil hallar en toda la literatura castellana un
+autor que pueda ofrecer tantas páginas risueñas, divertidas y penetradas
+por un amor a la vida que anega las desventuras y limitaciones
+inevitables en una comprensión optimista que, al cabo, valora más la
+complacencia en lo realmente existente que en los defectos y ausencias
+que se echan de menos. No es que don Juan Valera fuese hombre bondadoso
+y contentadizo; por el contrario, sus dotes de crítico, su inteligencia
+penetrante e irónica fueron superlativas, aunque embozadas, porque el
+tiempo que le tocó vivir lo requería. Pero siempre el _panfilismo_--el
+«amor a todo»--, como él decía, sobrenada en sus páginas. Y
+principalmente en su labor, tardía, de novelista.
+
+Las novelas de Valera aparecen en dos etapas. En la primera, en los
+cinco años que median entre 1874 y 1879, se publican _Pepita Jiménez_,
+_Las ilusiones del doctor Faustino_, _El comendador Mendoza_, _Pasarse
+de listo_ y _Doña Luz_, en una racha de excepcional intensidad; tenía
+Valera por entonces entre cincuenta y cincuenta y cinco años, y en la
+dedicatoria que antepuso a _El comendador Mendoza_ figuran las
+confidencias que cité al comienzo. De haber continuado a ese aire, don
+Juan Valera hubiese escrito tanto como Galdós--el más grande de los
+novelistas españoles, y no sólo en cantidad--y su vida y su obra serían
+otras. Mas, a pesar del esfuerzo del autor y de la benévola aceptación
+del público, las cuentas domésticas no cuadraban, se acentuaba la
+«escasez de metales preciosos» y, al amparo de otra oportunidad, Valera
+volvió a la diplomacia. Son los años de Lisboa, Washington, Bruselas,
+Viena. En Viena cumplirá los setenta años, pero al siguiente sale
+Sagasta y entra Cánovas al Gobierno, y Valera se considero obligado a
+dimitir del que sería su último cargo. Vuelto a Madrid, de nuevo se pone
+seguidamente a escribir, o a dictar al amanuense cuando pierde la vista,
+y continuará sin tregua hasta el fin de sus días. En esta última etapa,
+su primer libro será, precisamente, Juanita la Larga (1895); luego
+_Genio y figura_ (1897) y _Morsamor_ (1899), además de componer otros
+varios libros, y aun otra novela, de edición póstuma e inacabada, _Elisa
+la malagueña_.
+
+Las novelas fueron, pues, frutos tardíos en la vida de Valera y
+resultado de dos etapas distantes y relativamente breves. Sin embargo,
+su inspiración no procedía de factores azarosos ni circunstanciales. En
+rigor, y salvando las excepciones que lo confirman, cabe decir que una y
+otra vez Valera escribió y reescribió principalmente una sola novela, la
+biografía de un determinado tipo de mujer, situada en un ambiente que no
+procede de experiencias en tierras y con gentes extrañas, ni siquiera en
+Madrid, sino el de su tierra natal, la ciudad de Cabra, y el municipio
+próximo de Doña Mencía; en ambos lugares es donde sus padres tenían
+alguna propiedad y él pasó en ellos su infancia y mocedad. Luego los
+visitó poco, pero abrigó siempre el propósito de retirarse a Cabra solo
+y con sus libros, a escribir y leer, y ocupar así sus postrimerías. Unas
+estancias con ocasión de la vendimia, en torno al año 72, debieron
+refrescarle emociones y sucesos vividos, y de ese renacimiento de
+impresiones añejas salió precisamente la primera racha de sus novelas.
+Para la segunda bastaron los recuerdos. Otro elemento se reitera
+igualmente en sus novelas: el amor, difícil, entre el varón bastante
+maduro y la mujer todavía en agraz.
+
+Entre las páginas más felices de Valera figuran las que título La
+cordobesa, descripción y análisis precioso de la mujer de su tierra.
+Pues bien, el héroe de sus novelas es precisamente una serie de
+cordobesas a las que vemos vivir en el marco andaluz y lugareño que les
+presta sus gracias y sus límites. Las novelas de Valera están llenas de
+detalles, sin duda observados en la realidad, y no sólo detalles de
+objetos y lugares, sino de gentes y aun personas reales. Sin embargo,
+Valera, al explayarse en el plano teórico, solía insistir en los
+ilimitados fueros de la fantasía y en la postura del arte por el arte.
+Frente al naturalismo zolesco y frente a otros realismos más castizos,
+estimaba que la novela no ha de recluirse en lo verosímil ni contener
+una intención moralizante. Mediante esas afirmaciones amparaba, además,
+a sus propias novelas, en las que presumía de libre invención y libres
+de tesis. Pero, aludiendo en particular a Juanita la Larga, escribía:
+«No sé si este libro es novela o no. Lo he escrito con poquísimo arte,
+combinando recuerdos de mi primera mocedad y aun de mi niñez, pasada en
+tal o cual lugar de la provincia de Córdoba. A fin de tener libre campo
+en que fingir una acción, no determino el lugar en que la acción pasa e
+invento uno, dándole nombre supuesto; pero yo creo que los usos y
+costumbres, los caracteres, las pasiones y hasta los lances de mi relato
+han podido suceder, naturalmente, y tal vez han sucedido, siendo yo, en
+cierto modo, más bien historiador fiel y veraz que novelista rico de
+imaginación y de inventiva. Si no fuese porque ahora está muy de moda
+este género de novelas, copia exacta de la realidad y no creación del
+espíritu poético, yo daría poquísimo valor a mi obra. No lo tiene
+tampoco porque trate de demostrar una tesis metafísica, psicológica,
+social, política o religiosa. Juanita la Larga no propende a demostrar
+ni demuestra cosa alguna. Su mérito, si lo tuviese, ha de estar en que
+divierta.» Y todavía agrega: «Mi libro puede considerarse como un espejo
+o reproducción fotográfica de nombres y de cosas de la provincia en que
+yo he nacido.» Es decir, que, al cabo, en esta obra de plena madurez,
+reconoce el predominio de la vena realista, pero mantiene que en ella no
+pretende demostrar nada oculto ni reservado.
+
+Y, sin embargo, la aventura reiteradamente encarnada en ese determinado
+tipo de mujer que Valera, se complace en describir y animar constituye,
+a mi entender, una tesis y su viviente demostración. Contra el pesimismo
+y el determinismo propios del naturalismo, Valera nos mostrará un mundo
+en el que la libre decisión y el optimismo alcanzan el triunfo. Todas
+sus heroínas tienen algo grave--a los ojos de la sociedad de su
+tiempo--que hacerse perdonar. Y lo que Valera nos muestra es, por así
+decirlo, de lo que es capaz una mujer si tiene resolución y buenas
+hechuras. Pobreza extrema y vileza de nacimiento cierran el horizonte
+de Juanita, hija de Juana la Larga, y le prohíben, por ejemplo, vestirse
+de seda, mas se trata de una criatura indómita y... el lector va a verla
+actuar por sí mismo en las páginas que siguen, y no debo adelantarle las
+sorpresas que le esperan. Pero Valera profesaba ciertamente la religión
+del arte, y esa y otras tesis se hacen casi invisibles tras las
+peripecias de los personajes y la prosa admirable que constituye su
+sobrehaz y su atractivo.
+
+Es opinión compartida--a la que, en esta oportunidad, me sumo--que
+_Juanita la Larga_ es la mejor entre las novelas que escribió Valera. La
+multiplicidad de los personajes con relieve en la trama, sin mengua del
+protagonismo de la heroína; las sucesivas transformaciones de la
+situación, que sin interrupción reinician y amplían la historia; el
+razonable reparto de bondad y malicia entre los que hacen el
+papel--inevitable--de buenos y malos; la perfección que alcanzan algunos
+de los clisés, ya ensayados por el autor en anteriores producciones, son
+algunas de entre las razones que lo justifican, y a las que me cabe
+aludir en las contadas líneas de este prólogo.
+
+_PAULINO GARAGORRI_
+
+
+
+
+I
+
+
+Cierto amigo mío, diputado novel, cuyo nombre no pongo aquí porque no
+viene al caso, estaba entusiasmadísimo con su distrito y singularmente
+con el lugar donde tenía su mayor fuerza, lugar que nosotros
+designaremos con el nombre de Villalegre. Esta rica, aunque pequeña
+población de Andalucía, estaba muy floreciente entonces, porque sus
+fértiles viñedos, que aún no había destruido la filoxera, producían
+exquisitos vinos, que iban a venderse a Jerez para convenirse en
+jerezanos.
+
+No era Villalegre la cabeza del partido judicial, ni oficialmente la
+población más importante del distrito electoral de nuestro amigo; pero
+cuantos allí tenían voto estaban tan subordinados a un grande elector,
+que todos votaban unánimes y, según suele decirse, volcaban el _puchero_
+en favor de la persona que el gran elector designaba. Ya se comprende
+que esta unanimidad daba a Villalegre, en todas las elecciones, la más
+extraordinaria preponderancia.
+
+Agradecido nuestro amigo al cacique de Villalegre, que se llamaba don
+Andrés Rubio, le ponía por las nubes y nos le citaba como prueba y
+ejemplo de que la fortuna no es ciega y de que concede su favor a quien
+es digno de él, pero con cierta limitación, o sea sin salir del círculo
+en que vive y muestra su valer la persona afortunada.
+
+Sin duda, don Andrés Rubio, si hubiera vivido en Roma en los primeros
+siglos de la era cristiana, hubiera sido un Marco Aurelio o un Trajano;
+pero como vivía en Villalegre y en nuestra edad, se contentó y se
+aquietó con ser el cacique, o más bien el César o el emperador de
+Villalegre, donde ejercía mero y mixto imperio y donde le acataban todos
+obedeciéndole gustosos.
+
+El diputado novel, no obstante, ensalzaba más a otro sujeto del
+distrito, porque sin él no se mostraba la omnipotencia bienhechora de
+don Andrés Rubio. Así como Felipe II, Luis XIV, el papa León X y casi
+todos los grandes soberanos han tenido un ministro favorito y constante,
+sin el cual tal vez no hubieran desplegado su maravillosa actitud ni
+hubieran obtenido la hegemonía para su patria, don Andrés Rubio tenía
+también su ministro que, dentro del pequeño círculo donde funcionaba,
+era un Bismarck o un Cavour. Se llamaba este personaje don Francisco
+López y era secretario del Ayuntamiento, pero nadie le llamaba sino don
+Paco.
+
+Aunque había cumplido ya cincuenta y tres años, estaba tan bien
+conservado que parecía mucho más joven. Era alto, enjuto de carnes, ágil
+y recio, con poquísimas canas aún, atusados y negros los bigotes y la
+barba, muy atildado y pulcro en toda su persona y traje, y con ojos
+zarcos, expresivos y grandes. No le faltaba ni muela ni diente, que los
+tenía sanos, firmes y muy blancos e iguales.
+
+Pasaba don Paco por hombre de amenísima y regocijada conversación,
+salpicada de chistes con que hacía reír sin ofender mucho ni lastimar al
+prójimo, y por hábil narrador de historias, porque conocía perfectamente
+la vida y milagros, los lances de amor y fortuna y la riqueza y la
+pobreza de cuantos seres humanos respiraban y vivían en Villalegre y en
+veinte leguas a la redonda.
+
+Esto, en lo tocante al agrado. Para lo útil, don Paco valía más: era un
+verdadero factótum. Como en el pueblo, si bien había dos licenciados y
+tres doctores en Derecho, eran abogados _Peperris_, o sea, de secano,
+todos acudían a don Paco, que rábula y jurisperito, sabía más de leyes
+que el que las inventó, y los ayudaba a componer o componía cualquier
+pedimento o alegato sobre negocio litigioso de algún empeño y cuantía.
+
+El escribano era un zoquete, que había heredado la escribanía de su
+padre, y que sin las luces y la colaboración de don Paco apenas se
+atrevía a redactar ni testamento, ni contrato matrimonial, de
+arrendamiento o de compraventa, ni escritura de particiones. El alcalde
+y los concejales, rústicos labradores, por lo común, a quienes don
+Andrés Rubio hacía elegir o nombrar, le estaban sometidos y devotos, y
+como no entendían de reglamentos ni de disposiciones legales sobre
+administración y hacienda, don Paco era quien repartía las
+contribuciones y lo disponía todo. Cuidaba al mismo tiempo de la
+limpieza de la villa, de la conservación de las Casas Consistoriales y
+demás edificios públicos y del buen orden y abastecimiento de la
+carnicería y de los mercados de granos, legumbres y frutas; y era tan
+campechano y dicharachero, que alcanzaba envidiable favor entre los
+hortelanos y verduleras, quienes solían enviar a su casa, para su
+regalo, según la estación, ya higos almibarados, ya tiernas lechugas, ya
+exquisitas ciruelas claudias o ya los melones más aromáticos y dulces.
+
+El carnicero estaba con don Paco a partir un piñón, y de seguro que si
+alguna becerrita se perniquebraba y había que matarla, lo que es los
+sesos, la lengua y lo mejorcito del lomo no se presentaba en otra mesa
+sino en la de don Paco, a no ser en la de su hija, de quien hablaremos
+después.
+
+Asombrosa era la actividad de don Paco, pero distaba mucho de ser
+estéril. Con tantos oficios florecía él y medraba que era una bendición
+del Cielo, y aunque había empezado en su mocedad por no poseer más que
+el día y la noche, había acabado por ser propietario de buenas fincas.
+Poseía dos hazas en el ruedo, de tres fanegas la una. La otra sólo tenía
+una fanega y cinco celemines; pero como allá en lo antiguo había estado
+el cementerio en aquel sitio, la tierra era muy generosa y producía los
+garbanzos más mantecosos y más gordos y tiernos que se comían en toda la
+provincia, y en cuya comparación eran balines los celebrados garbanzos
+de Alfarnate. Poseía también don Paco quince aranzadas de olivar, cuyos
+olivos no eran ningunos cantacucos, sino muy frondosos y que llevaban
+casi todos los años abundante cosecha de aceitunas, siendo famosas las
+gordales, que él hacía aliñar muy bien, y que, según los peritos en esta
+materia, sobrepujaban a las más sabrosas aceitunas de Córdoba, tan
+celebradas ya en _La gatomaquia_ por el Fénix de los Ingenios, Lope de
+Vega.
+
+Por último, poseía don Paco la casa en que vivía, donde no faltaban
+bodega con diez tinajas de las mejores de Lucena, un pequeño lagar y una
+candiotera con más de veinte pipas entre chicas y grandes. Para llenar
+las pipas y las tinajas era don Paco dueño de un hermoso majuelo, que
+casi tenía seis fanegas de extensión; y aunque su producto no bastaba,
+solía él comprar mosto en tiempo de la vendimia, o más bien comprar uva,
+que pisaba en el lagar de su casa.
+
+Era ésta de las buenas del pueblo, con corral donde había muchas
+gallinas, y con patio enlosado y lleno de macetas de albahaca, brusco,
+evónimo, miramelindos, dompedros y otras flores.
+
+Claro está que para las faenas rústicas del lagar, del trasiego del vino
+y de la confección del aceite, hombres y bestias entraban por una
+puertecilla falsa que había en el corral. En suma, la casa era tal y tan
+cómoda y señoril, que si la hubiera alquilado don Paco, en vez de
+vivirla, no hubiese faltado quien le diese por ella cuatrocientos reales
+al año, limpios de polvo y paja, esto es, pagando la contribución el
+inquilino.
+
+Menester es confesar que todo este florecimiento tenía una terrible
+contra: la dependencia de don Andrés Rubio, dependencia de que era
+imposible o por lo menos dificilísimo zafarse.
+
+Por útiles y habilidosos que los hombres sean, y por muy aptos para
+todo, no se me negará que rara vez llegan a ser de todo punto
+necesarios, singularmente cuando hay por cima de ellos un hombre de
+voluntad enérgica y de incontrastable poderío a quien sirven y de cuyo
+capricho y merced están como colgados. Don Andrés Rubio había, digámoslo
+así, hecho a don Paco; y así como le había hecho, podía deshacerle. No
+le faltarían para ello persona o personas que reemplazasen a don Paco,
+repartiéndose sus empleos, si una sola no era bastante a desempeñarlos
+todos con igual eficacia y tino.
+
+Don Paco tenía plena conciencia de lo que debía y de lo que podía
+esperar y temer aún de don Andrés; de suerte que tanto por gratitud
+cuanto por prudencia previsora, le servía con la mayor lealtad y celo y
+procuraba complacerle siempre. Don Paco, sin embargo, no recelaba mucho
+perder su elevada posición y su envidiable privanza. Además de contar
+con su rarísimo mérito, estaba agarrado a muy buenas aldabas.
+
+
+
+
+II
+
+
+Viudo hacía ya más de veinte años, tenía una hija de veintiocho, que
+había sido la más real moza de todo el lugar, y que era entonces la
+señora más elegante, empingorotada y guapa que en él había, culminando y
+resplandeciendo por su edad, por su belleza y por su aristocrática
+posición, como el sol en el meridiano. Hacía ya diez años que ella había
+logrado cautivar la voluntad del más ilustre caballero del pueblo, del
+mayorazgo don Alvaro Roldán, con quien se había casado y de quien había
+tenido la friolera de siete robustos y florecientes vástagos entre hijos
+e hijas.
+
+El tal don Alvaro vivía aún con todo el aparato y la pompa que suelen
+desplegar los nobles lugareños. Su casa era la mejor que había en
+Villalegre, con una puerta principal adornada, a un lado y a otro, de
+magníficas columnas de piedra berroqueña, estriadas y con capiteles
+corintios. Sobre la puerta estaba el escudo de armas, de piedra también,
+donde figuraban leones y perros, calderas, barcos y castillos y multitud
+de monstruos y de otros objetos simbólicos que para los versados en la
+utilísima ciencia del blasón daban claro testimonio de su antigüedad y
+sublimidad de su prosapia.
+
+Decían las malas lenguas, y en los lugares nunca faltan, que don Alvaro
+estaba atrasado, que tenía hipotecadas algunas de sus mejores fincas y
+que debía bastante dinero; pero yo las supongo hablillas calumniosas,
+porque él vivía como si nada debiese. Le servían muchos criados,
+constantes unos y entrantes y salientes otros; y como era aficionadísimo
+a la caza, no le faltaban una jauría de galgos, podencos y pachones, y
+dos hábiles cazadores o escopetas negras, que solían acompañarle.
+
+En la casa había jardín, y además un desmesurado corralón, donde, para
+mayor recreo y gala, no se encerraban sólo gallinas y pavos, sino, en
+apartados recintos, venados y corzos traídos vivos de Sierra Morena, y
+por último, amarrado a fuerte cadena de hierro, por temor a sus
+travesuras y ferocidades, un enorme mono que había enviado de Marruecos
+un capitán de Infantería, primo del señor.
+
+Doña Inés, que así se llamaba la hija de don Paco, venerada esposa de
+don Alvaro Roldán, tenía también muchos costosos caprichos de varios
+géneros. Se vestía con lujo y elegancia no comunes en los lugares;
+sustentaba canarios, loros y cotorras; era golosísima y delicada de
+paladar, y los mejores platos de carne y los almíbares más apetitosos se
+comían en su mesa. El chocolate, que se elaboraba en su casa dos veces al
+año, gozaba de nombradía en toda la comarca.
+
+Como don Alvaro Roldán estaba ausente más de la mitad del tiempo, ya
+cazando conejos, perdices y liebres, ya en distantes monterías, ya en
+las ferias más concurridas de los cuatro reinos andaluces, doña Inés se
+quedaba sola, pero tenía para distraerse varios recursos, además de la
+lectura de libros serios.
+
+Su criada favorita, llamada Serafina, era una verdadera joya, lo que se
+llama un estuche. Sabía tocar la guitarra rasgueando y de punteo;
+cantaba como una calandria, tanto las melancólicas playeras como el
+regocijado fandango. Su memoria era rico arsenal o archivo de coplas,
+tiernas o picantes, en que la casta musa popular no siempre merecía el
+mencionado calificativo con que algunos la designaban.
+
+No se entienda por esto que doña Inés gustase de conversaciones libres y
+escabrosas. Cuanto no era lícito y puro en el pensamiento y en la
+palabra ofendía sus oídos de austera matrona; pero en un lugar hay que
+sufrir tales libertades o hay que aparentar que no se oyen. El propio
+don Alvaro no era nada mirado en el hablar, ni menos aún lo eran las
+personas que le rodeaban. Valga para ejemplo cierto mozo, de unos quince
+años de edad, hijo del aperador y favorito de don Alvaro, que este tenía
+siempre en casa para que entretuviese a los niños. Como el aperador era
+Calvo de apellido, al mozo le apellidaban Calvete. Y para que se vea lo
+mucho que hubo de sufrir en ocasiones la pulcritud de doña Inés, he de
+citar un caso que de Calvete me han referido.
+
+Antes que cumpliese dos años el primogénito de los Roldanes, logró
+Calvete enseñarle a pronunciar con la mayor perfección cierto vocablo de
+tres sílabas en que hay una aspiración muy fuerte. Encantado con su
+triunfo pedagógico, corrió por toda la casa gritando como un loco:
+
+--¡Señor don Alvaro! ¡Ya lo dice claro! ¡El señorito lo dice claro!
+
+Doña Inés se disgustó y rabió, pero don Alvaro quedó más encantado que
+Calvete y le dio en albricias un doblón de a cuatro duros, después que
+el niño dijo delante de él la palabreja y él admiró el aprovechamiento y
+la precocidad del discípulo y la virtud didáctica del maestro.
+
+Amigas tenía pocas doña Inés, porque casi todas las hidalguillas y
+labradoras de la población estaban muy por bajo de ella en
+entendimiento, ilustración, finura y riqueza.
+
+Quien más acompañaba, por consiguiente, en su soledad a la señora doña
+Inés era el cacique don Andrés Rubio, embobado con el afable trato de
+ella y cautivo de su discreción y de su hermosura. Daba esto ocasión a
+que los maldicientes supusiesen y dijesen mil picardías. Pero ¿quién en
+este mundo está libre de una mala lengua y de un testigo falso? ¿Cómo la
+gente grosera de un lugar ha de comprender la amistad refinada y
+platónica de dos espíritus selectos? El señor cura párroco era de los
+pocos que verdaderamente la comprendían, y así encontraba muy bien
+aquella amistad, y acaso daba gracias a Dios de que existiese, porque
+redundaba en bien de los pobres y de la iglesia, a quien doña Inés y
+don Andrés, puestos de acuerdo, hacían muchos presentes y limosnas.
+
+Era el cura párroco un fraile exclaustrado de Santo Domingo, muy severo
+en su moral, muy religioso y muy amigo del orden, de la disciplina y del
+respeto a la jerarquía social. Casi siempre en sus pláticas, en sus
+conversaciones particulares y en los sermones, que predicaba con
+frecuencia porque era excelente predicador, clamaba mucho contra la
+falta de religión y contra la impiedad que va cundiendo por todas
+partes, con lo cual los ricos pierden la caridad y los pobres la
+resignación y la paciencia, y en unos y en otros germinan y fermentan
+los vicios, las malas pasiones y las peores costumbres.
+
+El padre Anselmo, que así se llamaba el cura párroco, admiraba de buena
+fe a la señora doña Inés como a un modelo de profunda fe religiosa y de
+distinción aristocrática. Era el tipo ideal realizado de la gran señora,
+tal como él se la imaginaba. Ni siquiera le faltaban a doña Inés
+ocasiones en que ejercitar las raras virtudes del prudente disimulo para
+no dar escándalos, de la santa conformidad con la voluntad de Dios y de
+la longanimidad benigna para perdonar las ofensas. Bien sabía toda la
+gente del lugar los malos pasos en que don Alvaro Roldán solía andar
+metido. A menudo, sobre todo en las ferias, jugaba al monte y hasta al
+cañé; y lo que es peor, era tan desgraciado o tan torpe, que casi
+siempre perdía. Para consolarse apelaba a un lastimoso recurso: gustaba
+de empinar el codo, y aunque tenía un vino regocijado y manso, siempre
+era grandísimo tormento para una dama tan en sus puntos tener a su lado
+y como compañero a un borracho.
+
+Por último, aquel empecatado de don Alvaro, aunque tenía tan egregia y
+bella esposa, se dejaba llevar a menudo de las más villanas
+inclinaciones, y en una o en otra de sus dos magníficas caserías alojaba
+con mal disimulado recato a alguna daifa, por lo común forastera, que
+había conocido y con quien había simpatizado, ya en esta feria, ya en la
+otra.
+
+Como se ve, don Alvaro distaba mucho de ser un modelo de perfección. El
+padre Anselmo no ignoraba sus extravíos, contribuyendo esto a hacer más
+respetable a sus ojos a la prudente y sufrida señora.
+
+Era tal la distinción aristocrática de doña Inés, que, sin poder
+remediarlo, hasta en su padre encontraba cierta vulgar ordinariez que la
+afligía no poco; pero como doña Inés tenía muy presentes los
+mandamientos de la Ley de Dios y los observaba con exactitud rigurosa,
+nunca dejaba de honrar a su padre como debía, si bien procuraba honrarle
+desde lejos y no verle con frecuencia, a fin de no perder las ilusiones.
+
+En suma, don Andrés el cacique era la única persona que por naturaleza
+estaba a la altura de doña Inés y era capaz de comprenderla y admirarla.
+Y digo por naturaleza, porque el padre Anselmo, aunque por naturaleza
+era entendido, estaba, además, tan ayudado y tan ilustrado con la gracia
+de Dios, que comprendía como nadie el valor y las excelencias de doña
+Inés, y era muy digno de su trato familiar, teniendo con ella
+piadosísimos coloquios, en los cuales se desataba contra la abominable
+corrupción de nuestro siglo y contra la blasfema incredulidad que
+prevalece en el día y que se va apoderando de todos los espíritus.
+
+
+
+
+III
+
+
+Sin el menor artificio he presentado ya a mis personajes, a varios de
+los personajes principales que han de figurar en la presente historia;
+pero me quedan dos todavía, de los cuales conviene dar previamente
+alguna noticia.
+
+Don Paco, según hemos dicho, era un hombre enciclopédico, de varias
+aptitudes y habilidades; la mano derecha del cacique y la subordinada
+inteligencia que hacía que en el lugar la soberana voluntad del cacique
+se respetase y cumpliese.
+
+Había, sin embargo, en Villalegre otra persona, que en más pequeña
+esfera y en más reducidos términos, si no competía, se acercaba mucho al
+mérito de don Paco por la multitud de sus conocimientos y habilidades y
+por lo hacendosa y lista que era.
+
+Hablo aquí de la famosísima Juana la Larga. Imposible parece que esta
+mujer atinase a hacer bien tantas cosas diversas. Ella trabajaba mucho,
+pero no se ha de negar que con fruto. Tenía casa propia, sin lagar y sin
+bodega, pero en lo restante casi tan buena como la de don Paco. Carecía
+de olivares y de viñas, pero había hecho algunos ahorrillos, que, según
+la voz pública, pasaban de doce mil reales, y que iban creciendo como la
+espuma, porque los tenía dados a rédito a personas muy de fiar, y al
+diez por ciento al año, porque como era mujer muy temerosa de Dios, de
+muy estrecha conciencia y muy caritativa, no quería pasar por usurera.
+
+En sus diferentes oficios, Juana la Larga ganaba por término medio, y
+según los cálculos más juiciosos, sobre ocho reales al día, o dígase
+cerca de tres mil cada año. Y esto sin contar las adehalas, propinas,
+regalos y obsequios que recibía a menudo. Bien es verdad que todo y más
+se lo merecía ella.
+
+Nadie era más a propósito para dirigir una matanza de cerdos. Salaba los
+jamones con singular habilidad. El adobo con que preparaba los lomos
+antes de freírlos en manteca era sabroso y delicadísimo, y teñía la
+manteca de un rojo dorado que hechizaba la vista, daba delicado perfume
+y despertaba el apetito de la persona más desganada cuando entraba por
+sus narices y por sus ojos. Sus longanizas, morcillas, morcones y
+embuchados dejaban muy atrás a lo mejor que en este género se condimenta
+en Extremadura. Y tenía tan hábil mano para todo que hasta cuando
+derretía las mantecas sacaba los más saladitos y crujientes chicharrones
+que se han comido nunca. Así es que los labradores ricos y otras
+personas desahogadas y de buen gusto se disputaban a Juana la Larga para
+que fuese a la casa de ellos a hacer la matanza.
+
+En lo tocante a repostería no era nada inferior; y casi todo el año, y
+particularmente en tres solemnes épocas, no sabía ella cómo acudir a las
+mil partes adonde la llamaban: antes de Pascua de Navidad, a fin de
+confeccionar las chucherías y delicadezas que las personas pudientes y
+sibaríticas suelen entonces mandar hacer para su regalo; por ejemplo,
+los hojaldres y las célebres empanadas con boquerones y picadillo de
+tomate y cebolla que se toman por allí con el chocolate. Hacía, también,
+como nadie, tortillas de azúcar y polvorones que se dejaban muy atrás a
+los tan encomiados de Morón; roscos de huevo y de vino, y mucha variedad
+de bizcochos y de almíbares.
+
+Si Juana no hubiera sabido tanto de otras cosas, se hubiera podido
+asegurar que era una especialidad maravillosa para las frutas de sartén;
+de modo que en los días que preceden a la Semana Santa no daba paz a la
+mano ni a la mente, acudiendo a las casas de los hermanos mayores de las
+cofradías para hacer las esponjosas hojuelas, los gajorros y los
+exquisitos pestiños, que se deshacían en la boca y con los cuales se
+regalaban los apóstoles, los nazarenos, el santo rey David y todos los
+demás profetas y personajes gloriosos del Antiguo y del Nuevo Testamento
+que figuraban en las deliciosas procesiones que por allí se estilan.
+
+No estaba ociosa Juana ni carecía de conveniente habilidad para
+emplearla en la estación de la vendimia. Sus arropes no tenían rival en
+toda aquella provincia, y lo mismo puede decirse de sus excelentes
+gachas de mosto. En otoño, por ser cuando se dan los mejores frutos, se
+castran las colmenas y está fresca la miel, se empleaba Juana en hacer
+carne de membrillo y de manzana, gran variedad de turrones y legítimo y
+esponjado piñonate, cuyos gruesos y dorados granos quedaban ligados con
+la olorosa miel bien batida.
+
+Fuera de esto, Juana se pintaba sola para disponer cualquier pipiripao o
+banquete que debía o quería dar algún señor del pueblo, ya con ocasión
+de boda o bautizo, ya para obsequiar al diputado, al señor gobernador o
+al propio obispo si venía a visitar la villa.
+
+Y no se crea que Juana sabía sólo hacer los guisos locales, sino que
+también había importado y añadido a la cocina indígena no pocos platos
+forasteros de más o menos remotos países, entre las cuales platos o
+manjares descollaban los celebérrimos bizcochos de yema, que sólo hacían
+unas monjas de Ecija, de cuyo secreto tradicional no se comprende por
+qué arte o maña prodigiosa ella había sabido apoderarse. Confeccionaba,
+por último, varios platos de origen francés, cuyos nombres enrevesados
+habían venido a modificarse poniéndose de acuerdo con la pronunciación
+española. Así, por ejemplo, chuletas a la _balsamela_, lenguados
+_inglatines_ y angulas fritas con salmorejo tártaro.
+
+No era todo esto lo más admirable. Lo más admirable era que Juana, sobre
+ser la más sabia cocinera y repostera del lugar, era también su primera
+modista.
+
+Casi siempre tenía una o dos oficialas que cosían para ella, y ella
+cortaba vestidos con tanto arte y primor como Worth o la Doucet en la
+capital de Francia.
+
+Las señoras y señoritas más pudientes y aficionadas al lujo acudían,
+pues, a Juana para sus trajes de empeño, cuando había que lucirlos ya en
+una boda, ya en una feria o ya en el baile que solía darse en las
+Consistoriales el día del Santo Patrón.
+
+Juana, por último, no era sólo sabia y operosa en las artes del deleite,
+sino que ejercía también, aunque no estaba examinada ni tenía título, un
+menester o profesión de la más alta importancia social.
+
+Era peritísima y agilísima para ayudar a cualquier mujer en los más
+duros trances de Lucina, y muchas se confiaban y se entregaban a ella,
+porque jamás se le había desgraciado ninguna criatura, y porque la madre
+como no fuese muy enclenque, a los seis o siete días de salir de su
+cuidado estaba ya en pie, y a menudo iba a misa, y si se presentaba la
+ocasión bailaba el bolero.
+
+Con todas estas habilidades y excelencias, Juana la Larga no podía menos
+de ser querida y estimada en Villalegre, consiguiendo que su severa y
+más alta sociedad o _high-life_ le hubiese perdonado un desliz o
+tropiezo que tuvo en sus mocedades.
+
+
+
+
+IV
+
+
+En el momento en que va a empezar la acción de esta verdadera historia,
+Juana tendría unos cuarenta años muy cumplidos, si bien conservaba aún
+restos de su antigua belleza, que había sido notable cuando ella tenía
+veinte años; pero como entonces era muy pobre y no había descubierto ni
+mostrado sus grandes habilidades, no encontró, a pesar de su mérito,
+novio que le acomodase, y tuvo que permanecer soltera.
+
+A lo que se cuenta, cierto oficial de Caballería que vino por aquellos
+lugares a comprar caballos para la Remonta, y que era guapísimo y muy
+gracioso y divertido, se enamoró de Juana y logró enamorarla. No se sabe
+si le dio palabra de casamiento o no se la dio; pero lo cierto es que el
+bueno del oficial tuvo que irse a la guerra civil, que ardía en las
+Provincias Vascongadas, y allí le mató una bala carlista, que le
+agujereó el cráneo y se le entró en los sesos.
+
+Juana quedó, pues, semiviuda. Póstuma o no póstuma, tuvo una niña
+preciosa, a quien dieron en la pila bautismal el mismo nombre que a su
+madre. El vulgo añadió después al nombre el mismo epíteto, por donde
+esta niña, que será la principal heroína de nuestra historia, vino a ser
+apellidada Juanita la Larga.
+
+Su madre la crió con gran cariño y esmero, sin recatarse y sin disimular
+que ella era su hija, lo cual hubiera sido en aquel lugar, donde todo se
+sabía, el más inútil de los disimulos. Juana crió, pues, a sus pechos a
+Juanita; siempre la llamaba hija, y Juanita desde que empezó a hablar,
+llamaba a Juana madre a boca llena.
+
+Esto era considerado como una gran desvergüenza entre las personas
+severas del lugar, que clamaban contra el escándalo y mal ejemplo; pero
+poco a poco todos se fueron acostumbrando, y al cabo de algunos años
+nada parecía más natural ni más justo sino que Juanita fuese hija de
+Juana, a la cual no faltaron tampoco defensores, ya razonables, ya
+fervorosos, que alababan el cariño y la devoción maternal de la madre a
+la hija, y que cuando eran algo maldicientes no dejaban de comparar a
+Juana con otras que pasaban por honradísimas y que hasta tenían la
+insolencia de presumir de casi santas. De ellas se murmuraba, con más o
+menos fundamento, que habían tenido también fruto, y no de bendición,
+del cual se habían desprendido o enviándole a la Inclusa o sabe Dios o
+el diablo de qué otra manera.
+
+El epíteto de Larga dado a Juanita no era sólo por herencia; sino que
+era también por conquista.
+
+Juanita, a los diecisiete años, había espigado tanto, que era la moza
+más alta y más esbelta que había en el lugar. Algo de la sangre belicosa
+del oficial de Caballería se había infundido en ella, y la crianza libre
+y hombruna que había recibido había desarrollado su agilidad y sus
+bríos. Cuando andaba tenía un aire marcial, al par que gracioso; corría
+como un gamo; tiraba pedradas con tanto tino que mataba los gorriones, y
+de un brinco se plantaba sobre el lomo del mulo más resabiado o del
+potro más cerril. Y no a horcajadas, porque esto no lo consentía su
+decoro y su estética natural e inconsciente, sino sentada, lo cual es
+más difícil; hacía trotar y galopar a la bestia, espoleándola con los
+talones o azotándola con el extremo del ronzal o de la jáquima, cuando
+la tenía y no iba a pelo, sin brida ni rienda de ninguna clase.
+
+Los primeros años de la mocedad de Juanita habían sido dificultosos,
+porque su madre no había alcanzado aún la extraordinaria reputación de
+que después gozaba, no tenía el bienestar y la riqueza de que ya hemos
+hablado.
+
+Juanita no fue nunca a la miga, pero su madre le enseñó a coser y a
+bordar primorosamente; y el maestro de escuela, que le tomó mucho
+cariño, la enseñó a leer y a escribir gratis en sus ratos de ocio.
+
+Desde que tuvo nueve años, Juanita fue de grande auxilio a su madre, que
+hasta mucho más tarde no se dio el lujo de tener una sirvienta.
+
+Juanita barría y aljofifaba, fregaba los platos, enjalbegaba algunos
+cuartos y la fachada de la casa, que era la más limpia de la población,
+y hasta agarraba su cantarillo e iba por agua a la milagrosa fuente del
+ejido, cuyo caño vertía un chorro tan grueso como el brazo de un hombre
+robusto, siendo tal la abundancia del agua, que con ella se regaban
+muchísimas huertas y se hacían frondosos, amenos y deleitables los
+alrededores de Villalegre, contribuyendo no poco a que la villa
+mereciese este nombre.
+
+El agua, además, era exquisita por su transparencia y pureza, como
+filtrada por entre rocas de los cercanos cerros, y tenía muy grato sabor
+y muy saludables condiciones. La gente del pueblo le atribuía, por
+último, algunas prodigiosas cualidades, calificándola de muy _vinagreta_
+y de muy _triguera_. Quería significar con esto que el arriero que
+compraba en Villalegre vinagre de yema, por lo común muy fuerte, llenaba
+sólo dos tercios de la cavidad de la corambre, y la acababa de llenar
+por la mañana temprano, antes de emprender su viaje, mitigando y
+suavizando con el agua de la fuente la fortaleza y acritud del líquido,
+y ganándose así, desde luego, un treinta y tres por ciento, aunque
+vendiese el vinagre al mismo precio en que lo había comprado.
+
+Era también _triguera_ el agua de la fuente, porque sus raras cualidades
+consentían, aunque era difícil operación y que debía hacerse con gran
+sigilo, que valiéndose de una escoba de palma enana, se rociase con ella
+el trigo que se iba a vender, dejándolo expuesto al sol para que se
+secase. Así el trigo recibía mejor sabor, y aunque por fuera quedaba
+seco, guardaba por dentro algo del líquido, y se esponjaba y crecía en
+peso y en volumen.
+
+Todavía esta fuente tenía otro mérito y prestaba otro notable servicio,
+porque, además de un gran pilar en que iban a beber y bebían todas las
+bestias de carga y de labor y los toros, vacas y bueyes, y además de
+otro pilar bajo, que solía ser abrevadero del ganado lanar y de cerda,
+llenaba con sus cristalinas ondas un espacioso albercón cercado de muros
+que lo ocultaban a la vista de los transeúntes, adonde iban las mujeres
+a lavar la ropa, remangadas las enaguas hasta los muslos y metidas en el
+agua hasta la rodilla, como por allí es uso, aun en el rigor del
+invierno. Frondosos y gigantescos álamos negros y pinos y mimbreras
+circundan la fuente y hacen aquel sitio umbrío y deleitoso. Al pie de
+los mejores árboles hay poyos hechos de piedra y de barro y cubiertos de
+losas, en los cuales suelen sentarse los caballeros y las señoras que
+salen de paseo. Casi todas las tardes se arma allí tertulia y grata
+conversación, siendo los más constantes el escribano, el boticario,
+nuestro don Paco y el señor cura, quien al toque de oraciones recita el
+_Angelus Domini_, al que responden todos quitándose el sombrero y
+santiguándose y persignándose.
+
+En torno del pilar charlan las mozas que vienen por agua, cada cual con
+su cantarillo, y suelen hacer el papel de Rebecas con cuantos arrieros
+Eliezeres acuden allí para que beban, si no sus camellos, sus muías y
+sus borricos. También al lado y dentro del albercón, y a poca distancia
+de él, donde hay un vallado o seto vivo de zarzamoras, granados y
+madreselvas, que limita y defiende las huertas, y sobre el cual seto se
+pone a secar la ropa lavada, se extiende y dilata la tertulia
+democrática y popular con mucha charla, risotadas, jaleos y retozos,
+pues no faltan nunca zagalones y hasta hombres ya maduros que acuden por
+allí atraídos por las muchachas, como acuden los gorriones al trigo.
+
+
+
+
+V
+
+
+Juana la Larga, según queda indicado, gracias a su constante actividad,
+buen orden y economía, en todo lo cual su hija la ayudaba con
+inteligencia y celo, había mejorado de posición y de fortuna. Tenía una
+criada muy trabajadora, que barría y fregaba, y bajo la dirección de las
+señoras guisaba también, dejando a estas el tiempo libre para ejercer
+sus lucrativos oficios. El oficio principal de Juanita era coser y
+bordar, para lo cual había desplegado aptitud superior a la de su madre.
+
+Juanita no tenía que emplearse en más bajas ocupaciones. Sin embargo,
+ora fuese por candorosa coquetería, o sea por deseo de lucir la
+gallardía de su persona, deseo de que no se daba cuenta, ora porque
+Juanita necesitase del ejercicio corporal y de mostrar y desplegar la
+energía de su sana naturaleza, Juanita, aun cumplidos ya los diecisiete
+años, gustaba de ir por agua a la fuente del ejido, allanándose a veces,
+a pesar de la desahogada posición de su madre y de ella, a ir al
+albercón a lavar alguna ropa, cuando la ropa era fina y temía ella, o
+aparentaba temer, que manos más rudas que las suyas la estropeasen.
+
+La verdad era que esto de ir al albercón y a la fuente, más que fatiga
+era recreo y solaz para Juanita, la cual divertía a las otras muchachas
+con sus agudos dichos y felices ocurrencias, las hacía reír a casquillo
+quitado y gozaba de popularidad y favor entre ellas.
+
+Era ya Juanita una guapa moza en toda la extensión de la palabra. Las
+faenas caseras no habían estropeado sus lindas y bien torneadas manos, y
+ni el sol ni el aire habían bronceado su tez trigueña. Su pelo negro,
+con reflejos azules, estaba bien cuidado y limpio. No ponía en él ni
+aceite de almendras dulces ni blandurilla de ninguna clase, sino agua
+sola con alguna infusión de hierbas olorosas para lavarlo mejor. Lo
+llevaba recogido muy alto, sobre el colodrillo, en trenza, que, atada
+luego, formaba un moño en figura de dos triángulos equiláteros, que se
+tocaban en uno de los vértices.
+
+Como Juanita decía que «cabeza loca no quiere toca», casi siempre iba a
+la fuente sin pañuelo en la cabeza, luciendo así el primor y la
+pulcritud de su peinado y dejando ver lo bien plantada que estaba la
+cabeza sobre su airoso cuello, sólo sombreado por algunos ricillos
+menudos que se sustraían a la cautividad en que tenía el moño los más
+largos cabellos. Por delante, recogido el pelo, dejaba ver la tersa
+frente, recta y chiquita, y sobre las sienes tenía grandes rizos
+sostenidos con horquillas que llaman por allí _caracoles_, por debajo de
+los cuales había una suave patillita, que no fijaba contra la cara con
+zaragatona o pepitas de membrillo, como hacen otras muchachas, sino que
+dejaba flotar libremente en vagas sortijas o más bien alcayatas donde
+colgar corazones.
+
+La misma libertad en que se había criado, y el constante ejercicio
+corporal, ya en útiles faenas, ya en juegos más de muchacho que de niña,
+habían hecho que Juanita, aunque no tenía la santa ignorancia ni había
+vivido con el recogimiento que recomiendan y procuran otras madres
+celosas, no hubiese pensado todavía en cosas de amor. Era buscada,
+requebrada y solicitada por no pocos mozos; pero, brava y arisca, sabía
+despedir huéspedes, imponer respeto y tener a raya a los más atrevidos.
+
+Sólo se le conocía una inclinación que desde la niñez persistía en ella
+con constancia; pero esta inclinación, al menos por su parte, más que de
+afecto amoroso tenía trazas de fraternal cariño. Quien lo inspiraba,
+compartiéndolo sin duda por menos inocente estilo, era Antoñuelo, el
+hijo del maestro herrador y sobrino del cacique, quien tenía en el lugar
+muy humilde parentela.
+
+Antoñuelo era un mocetón gentil y robusto, muy simpático, aunque de
+cortos alcances, y decidido para todo, y singularmente para admirar a
+Juanita, a quien consideraba y respetaba, sometiendo a ella toda su
+voluntad como por virtud de fascinación o de hechizos.
+
+
+
+
+VI
+
+
+Entregado don Paco a sus constantes y diversos quehaceres, no o no había
+pensado en casarse por segunda vez, sino que nunca había tenido
+amoríos, o, al menos, si alguno había tenido, había sido con tan
+maravilloso recato, que nadie se había enterado de ello en Villalegre,
+lo cual es una inverosimilitud extraordinaria, porque en aquel lugar
+apenas había persona, y menos aún si era de tanta importancia y viso
+como don Paco, que pudiera hacer o decir cosa alguna que no se supiese.
+Hasta los mismos pensamientos se adivinaban allí, se divulgaban y se
+comentaban, como el pensador no pensase con mucho disimulo y muy para
+dentro. Debemos, pues, creer que don Paco no había tenido amoríos, a no
+ser muy efímeros y livianos, y que ni siquiera, durante su larga viudez,
+había pensado en semejante cosa.
+
+Tenía, sin embargo, notable aptitud y tino para conocer y admirar la
+belleza femenina, y hacía ya meses que, casi sin reparar en ello y muy
+involuntariamente, cuando estaba de tertulia con el escribano y el
+boticario y con otros señores en los poyos que había junto a la fuente,
+sus ojos se fijaban con amorosa delectación en Juanita la Larga, que aún
+solía venir a llenar su cántaro y a estar allí de charla con las otras
+muchachas mientras que le llegase su turno.
+
+Indudablemente, don Paco había empezado a sentir hacia Juanita viva
+inclinación, que era difícil de dominar; pero se le pasó bastante tiempo
+sin dar muestra exterior de que la sentía, anhelando acaso ocultársela a
+sí mismo por razones que él se daba.
+
+Fundado en la propia modestia, que le hacía formar un pobre concepto de
+su persona, hallaba que con sus cincuenta y tres años, treinta y seis
+más que Juanita, no podía ya enamorar a la muchacha, la cual o
+desdeñaría su cariño o sólo por interés se movería a correspondele.
+Pensaba luego que Juanita, aunque en aparente libertad, estaba muy
+vigilada por su madre, y como madre e hija vivían con cierto desahogo,
+no era de presumir que, si él tuviese intenciones pecaminosas, ellas
+cediesen, sino que en todo caso cederían _in facie Ecclesiae_ y llevando
+al cura por delante.
+
+La idea de casamiento aterrorizaba a don Paco, y no porque en absoluto
+le repugnase estar casado, sino porque su hija, la señora doña Inés, le
+inspiraba un entrañable cariño, mezclado de terror, y porque ella era
+tan imperiosa como brava, y sin duda se pondría hecha una furia del
+Averno si su padre le diese madrastra, sobre todo de tan ruin posición,
+y si a los siete nietos que ella le había dado, y a los que calculaba
+que podrían venir todavía persistiendo ella en su actitud productora,
+quitase él la esperanza de heredar el majuelo, el olivar y la casa, y de
+gozar en vida suya de no poco de lo que él fuese granjeando con sus
+varias artes. Temblaba don Paco de incurrir en el enojo de su hija, y
+aunque temblaba principalmente por el mismo enojo, no dejaba de recelar
+sus malas consecuencias.
+
+Bien conocía él que no había en el lugar una persona, ni varias juntas,
+que pudieran reemplazarle con éxito en sus diferentes empleos; pero el
+mundo no estaba yermo ni falto de hombres de Estado rústicos, los cuales
+podrían buscarse y traerse de fuera del lugar para que a él le
+reemplazaran. Y bien conocía también que su hija era punto menos que
+omnipotente, porque tenía subyugadas ambas potestades, la temporal y la
+espiritual.
+
+El padre Anselmo la tenía por una santa y por una doctora, y cuanto ella
+decía era para él, sin poderlo remediar, un legítimo corolario de los
+Evangelios y de las Epístolas. El padre Anselmo sería capaz de
+excomulgar a quien ella le mandase. Y en lo tocante al brazo secular,
+era evidentísimo que doña Inés le tenía sujeto a sus caprichos y que
+aplastaría con todo su peso a quien ella quisiese.
+
+Don Paco, en esta disposición de ánimo, razonablemente motivada, aunque
+no hemos de negar que él era dulce, pacífico y algo débil de carácter,
+adelantaba en su imaginación los casos futuros, y presuponiéndose ya
+prendado de Juanita, declarado y aceptado, veía un tropel de males que
+salían del corazón enfurecido de doña Inés como de nueva caja de
+Pandora.
+
+Pesaban tanto en su espíritu estas consideraciones, que, notando que su
+afición oculta iba creciendo, procuraba, o más bien se proponía huir de
+la vista de Juanita, no pasar por su calle para no verla en el portal o
+asomada a la ventana; y no ir a la tertulia de los poyetes, bajo los
+álamos, para no tener que admirarla cuando charlaba con las demás
+zagalonas o con los mozos en la fuente del ejido, o cuando subía o
+bajaba gallardamente, con el cántaro apoyado en la cadera, por la
+cuestecilla que se extiende desde la fuente hasta el lugar.
+
+A pesar de sus prudentes propósitos de retraimiento, una fuerza, al
+parecer superior a su voluntad, le llevaba a veces a pasar por delante
+de la casa de Juanita más de lo que era necesario, a ir a la iglesia
+cuando él sabía que iba a ella con su madre a misa o a sus devociones, y
+a acudir a la tertulia de los poyetes casi todas las tardes.
+
+Para Juanita, que se había pasado todo el día cosiendo y bordando en
+casa, era pretexto solaz o de paseo el ir casi al anochecer a la fuente
+por agua. Su madre encontraba que en la posición algo señoril,
+desahogada y decorosa en que ya imaginaba hallarse, y atendido el
+desenvolvimiento físico de Juanita, que había llegado a transformarse de
+muchachuela en una magnífica y real moza, no estaba bien y era darse
+poquísimo tono el ir por agua a la fuente como la más plebeya y humilde
+pelafustana. Pero a Juanita le divertía este ejercicio, y tenía una
+voluntad indómita. A las observaciones que su madre le hacía daba oídos
+de mercader; acariciaba a su madre para vencer su oposición y disipar su
+disgusto, y seguía yendo a la fuente a pesar de todas las observaciones.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Una tarde del mes de mayo, Juanita se entretuvo en la fuente en larga y
+alegre conversación con otras muchachas.
+
+Ya anochecido subía con su cántaro lleno por la cuesta, que en aquel
+momento estaba sola.
+
+La tertulia de los poyetes solía, en primavera y en verano, durar hasta
+las ánimas, hora en que los tertulianos se retiraban para cenar y
+acostarse.
+
+Aquel día don Paco había estado haciendo esfuerzos o, como si dijéramos,
+gimnasia con su voluntad para no ir a la tertulia y ver a Juanita. La
+lucha entre su voluntad razonable y su inclinación había durado
+bastante. Al fin, la voluntad sometida llevó, aunque tarde, a la
+tertulia de los poyetes a toda la persona de don Paco.
+
+La pícara casualidad hizo que al bajar don Paco subiese Juanita, según
+hemos dicho.
+
+Era ya de noche. El cielo estaba despejado, pero sin luna. Las
+estrellas, si resplandecían en el éter infinito, vertían muy débil luz
+sobre la tierra. Acrecentaban la oscuridad, en el punto en que ambos se
+encontraron, algunos frondosos árboles que allí había y el alto vallado
+de zarzamoras y de otros arbustos que se extendía a un lado y a otro por
+casi todo el camino.
+
+Juanita era muy distraída e iba además pensando en sus travesuras de
+muchacha. Don Paco era también distraído. El mismo no sabía en qué
+estaba pensando. Era, además, algo corto de vista.
+
+Lo cierto es que no repararon uno en otro al venir en opuestas
+direcciones, ni oyeron el ruido de los pasos. Chocaron, pues, y se
+dieron un buen empellón.
+
+--Caramba, hombre--dijo Juanita--, mire usted por dónde va y no camine a
+ciegas; por poco me tira el cántaro.
+
+Don Paco, que conoció a Juanita por la voz, contestó con mucha dulzura:
+
+--¡Perdona, hija mía! ¿Te he hecho daño? Ella, que también conoció a don
+Paco en seguida, replicó riendo:
+
+--¿Qué daño me ha de haber hecho usted? Pues qué, ¿soy yo acaso de
+alfeñique?
+
+--No, hija. Bien sólida y firme me pareces. Si en algo eres de
+alfeñique, no es por lo quebradiza, sino por lo dulce.--Entonces seré
+turrón de Alicante: dulce, pero duro.
+
+--Y vaya si me ha parecido duro.
+
+--Si advirtió usted dureza, hablará sólo de su dulzura por adivinanza.
+
+--Pues qué, ¿no podría yo probarla?
+
+--Ya está usted viejo, don Paco, y no podría meterle el diente.
+
+--Pues te equivocas, que yo no estoy tan viejo, y tengo los dientes tan
+cabales y fuertes, que si se tratase de mordiscos, hasta en una piedra
+los daría. Pero yo no quiero emplear contigo sino más blandas y amorosas
+demostraciones.
+
+--¡Ea, quite usted allá, señor don Paco! ¿Qué demostraciones ha de hacer
+usted, si puede ser mi abuelo?
+
+Y como don Paco seguía plantado delante atajándole el camino, Juanita
+continuó:
+
+--Vamos, déjeme usted pasar. Si parece usted un espantajo. ¿Qué diría la
+gente si le ve y le oye hablar aquí y requebrar en la oscuridad a una
+mocita? Capaz será de decir que ha perdido usted la chaveta y que no
+sirve para secretario del Ayuntamiento y consejero de don Andrés.
+
+Don Paco se apartó entonces y dejó pasar a Juanita; pero en vez de
+dirigirse hacia la fuente, se volvió, siguiéndola, hacia el lugar.
+
+--¿Qué hace usted, señor? ¿Por qué no va a su tertulia? Todavía están en
+los poyetes el señor cura, el boticario y el escribano. Váyase usted a
+hablar con ellos.
+
+--Ya es tarde, pronto se volverá y desisto de ir hasta allí. Prefiero
+volver charlando contigo.
+
+--¿Y de qué hemos de charlar nosotros? Yo no sé decir sino tonterías. No
+he leído los libros y papeles que usted lee, y como no le hable de los
+guisos que mi madre hace o de mis bordados y costuras, no sé de qué
+hablar a su merced.
+
+--Hablame de lo que hablas a Antoñuelo cuando estás con él de palique.
+
+--Yo no sé lo que es palique, ni sé si estoy o no estoy a veces de
+palique con Antoñuelo. Lo que sé es que yo no puedo decir a su merced
+las cosas que a él le digo.
+
+--¿Y qué le dices?
+
+--¡Pues no quiere usted saber poco! Ni el padre Anselmo, que es mi
+confesor, pregunta tanto.
+
+--Algo de muy interesante y misterioso tendrá lo que dices a Antoñuelo,
+cuando ni al padre Anselmo se lo confiesas.
+
+--No se lo confieso porque no es pecado, que si fuera pecado se lo
+confesaría. Y no se lo cuento tampoco, porque a él no le importa nada, y
+a usted debe importarle menos que a él.
+
+A todo esto, como iban a buen paso ambos interlocutores, habían ya
+subido la cuesta y se hallaban en el altozano, a la entrada del lugar,
+donde están la iglesia parroquial y las primeras casas.
+
+--Déjeme su merced ahora--dijo Juanita--y no venga, con perjuicio de su
+autoridad, acompañando a una chicuela que lleva un cántaro. ¡Pues no se
+enojaría poco la señora doña Inés, que tiene tantos humos, si viese a su
+señor padre sirviendo de escolta, no a una princesa como ella, sino a
+una pobrecita trabajadora!
+
+--¿Qué había de decir? Diría que yo te estaba encomendando algún
+trabajo.
+
+--No es ésta hora ni ocasión para eso, y, por otra parte, no es a mí,
+sino a mi madre, a quien los trabajos se encargan. Acuda usted a ella si
+algo quiere encargar.
+
+Y diciendo esto, apresuró el paso, hizo a don Paco un gesto imperativo,
+marcándole la calle por donde debía irse y ella se fue por otra que
+formaba ángulo recto con la que don Paco debía seguir.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Mucho caviló don Paco sobre aquel diálogo, midiendo e interpretando la
+palabras de Juanita.
+
+Le había llamado abuelo, pero con amable risa. Todos los hombres,
+abuelos y nietos, solemos prometérnoslas felices y casi siempre nos
+inclinamos a dar la más favorable interpretación a cuanto dicen las
+mujeres que pretendemos.
+
+No se podía dudar, por ser cuestión de una ciencia tan exacta como la
+aritmética, que él hubiera podido ser el abuelo de Juanita. Don Paco
+hacía este cálculo:
+
+--Yo tengo cincuenta y tres años. De diecisiete a cincuenta y tres van
+treinta y seis; a los diecinueve años bien pude yo haber tenido una
+hija, y esta hija bien pudo haberse casado y tener a Juanita a los
+diecisiete.
+
+Después sumaba don Paco:
+
+--Diecinueve más diecisiete, más otros diecisiete que tiene Juanita
+ahora, son cincuenta y tres, que es mi edad; luego muy descansadamente
+pudiera ser yo el abuelo de esa pícara muchacha. _Eppur_, _si
+muove_--proseguía, pues era hombre erudito hasta cierto punto, sabía un
+poco de italiano porque había oído cantar muchas óperas y conocía las
+palabras que se atribuyen a Galileo, así como varias otras sentencias
+expresadas en la lengua de Dante; verbigracia: _Chi va piano, va sano e
+va lontano_.
+
+La primera sentencia, aplicada a su situación, quería significar que él,
+a pesar de poder ser el abuelo de Juanita, quería y podía ser otra cosa
+muy diferente; y la segunda sentencia, que también recordaba don Paco,
+quería significar que él debía ir con tiento, con pies de plomo y sin
+precipitarse, porque no se ganó Zamora en una hora y porque la muchacha
+no era muy arisca en el fondo, ni, probablemente, tan firme y dura de
+entrañas como, merced al encontrón que había tenido con ella, le
+constaba que era de firme y dura en su juvenil superficie. Además, las
+esperanzas, lejos de desvanecerse, crecían en su pecho, hallándose más
+inverosímil abuelo que inverosímil amante. Para corroborar esta
+lisonjera afirmación, se contemplaba don Paco en el espejo en que solía
+afeitarse, el cual, aunque era pequeño, no lo era tanto que no reflejase
+casi toda su persona. El exclamaba al verla, como el pastor Coridón de
+Virgilio o como el Marramaquiz, de Lope:
+
+ ¡Pues no soy tan feo!
+
+Y, verdaderamente, no era feo don Paco, ni parecía viejo tampoco.
+
+A las últimas palabras de Juanita les dio don Paco una interpretación
+lisonjera, pero acaso más comprometida de lo que él deseaba.
+
+Al indicarle la muchacha que hablase con su madre y que le encargase la
+obra de costura que ella debía hacer, ¿no estaba claro que Juanita se
+mostraba propicia a entrar en cierto género de relaciones, aunque no a
+hurto, sino a sabiendas y con beneplácito de la autoridad materna?
+
+Como quiera que fuese, don Paco, sintiéndose prendado de Juanita, se
+allanaba a pasar por todo; pero se propuso, como hombre prudente, no
+aventurarse más de lo necesario y no soltar prenda por lo pronto.
+
+A que él entrase en relaciones serias con Juanita y conducentes a la
+_buena fin_ se oponían dos consideraciones: era la primera la excesiva,
+sospechosa e íntima familiaridad que tenía Juanita con Antoñuelo, el
+hijo del herrador, y era la segunda la casi seguridad del furioso enojo
+de doña Inés cuando llegase a saber que él tenía un compromiso serio con
+Juanita. Doña Inés inspiraba a su padre terror pánico, y siempre trataba
+de huir de su enojo como de una espada desnuda.
+
+Su decidida afición a la muchacha saltaba, no obstante, por encima de
+los obstáculos, como un corcel generoso salta la valla que se le ha
+puesto para atajar su carrera.
+
+En resolución, combatido don Paco por harto contrarios sentimientos,
+aunque se propuso no desistir de la empresa que había formado de manera
+muy vaga, se propuso también proceder con la mayor cautela y ser lo más
+ladino que pudiese, aunque en estos negocios no le sucedía como en los
+negocios del Municipio, y el ser ladino no era su fuerte.
+
+Así discurriendo, pasó don Paco revista a su ropa blanca. Vio que sólo
+tenía media docena de camisas bastante estropeadas y con muchos
+zurcidos. Y como esto era muy poco para él, persona de extremado aseo,
+que, ¡cosa rara en un pequeño lugar!, se ponía limpia tres veces a la
+semana, decidió que estaba justificadísimo el mandar que le hiciesen
+media docena de camisas nuevas, que le hacían muchísima falta, ¿Y quién
+había de hacerlas mejor que Juanita, que era la costurera más hábil de
+Villalegre? ¿Y quién había de cortarlas mejor que su madre, la cual, lo
+mismo que con el mango de la sartén en la izquierda y la paleta en la
+diestra, era una mujer inspirada con las tijeras en la mano y con
+cualquier tela extendida sobre la mesa y marcada ya artísticamente con
+lápiz o con jaboncillo de sastre?
+
+Al día siguiente, decidido ya don Paco, acudió muy de mañana a casa de
+Juana la Larga, y le mandó hacer seis hermosas camisas de madapolán con
+puños y pechera de hilo, ajustándolas a treinta reales cada una. Para
+ganarse la voluntad y excitar el celo de ambas Juanas, les llevó don
+Paco, envuelto en un pañuelo y sin que los profanos viesen lo que
+llevaba, un cestillo lleno de fresas, fruta muy rara en el lugar, y para
+mayor esplendidez sacó, además, del bolsillo del holgado chaquetón que
+solía vestir a diario, nada menos que tres bollos del exquisito
+chocolate que solía hacer doña Inés en su casa, y del cual había
+regalado a su padre una docena de bollos de cuatro onzas cada uno.
+
+Juana la Larga, que era muy golosa y muy aficionada a que la
+obsequiasen, aceptó el presente con gratitud y complacencia; pero como
+no era larga solamente de cuerpo, sino que lo era también de previsión,
+y, si vale decirlo así, de olfato mental, al punto olió y caló la
+intenciones que don Paco traía y sobre las cuales había ya sospechado
+algo.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Reza el refrán, que honra y provecho no caben en un saco; pero Juana la
+Larga, sobre ser honrada, rayando su honradez en austeridad para que se
+borrase la mala impresión de sus deslices juveniles, era además, una
+matrona llena de discreción y de juicio, y sabía que el mencionado
+refrán se equivocaba a menudo. Para ella, en el caso que se le acababa
+de presentar, en vez de no caber en un saco, el provecho no podía ser
+sin la honra, y la honra tenía que producir naturalmente el provecho.
+
+Si Juanita se dejaba camelar a tontas y a locas, se exponía a dar al
+traste con su reputación y a ser el blanco de las más feroces
+murmuraciones y a perder siempre la esperanza de hallar un buen marido.
+Y todo ello por unas cuantas chucherías y regalillos de mala muerte.
+Mientras que si Juanita acertaba a ser rígida sin disgustar y ahuyentar
+al pretendiente, pero sin otorgarle tampoco el menor favor de
+importancia antes que el cura diese en la iglesia el pasaporte para los
+favores, convirtiéndolos en actos de deber y cargas de justicia, harto
+posible era que don Paco se emberrenchinase hasta tal punto que entrase
+por el aro, rompiendo todo el tejido de dificultades que al aro pusiesen
+doña Inés y otras personas, y elevando a Juanita a ser legítimamente la
+señora del personaje más importante del lugar, después de don Andrés
+Rubio, el cacique.
+
+Con tales pensamientos en la mente, a par que con notable destreza, y
+desarrollando la cinta que estaba enrollada en una carretilla, tomó
+Juana a don Paco las medidas convenientes. Estuvo con él más dulce que
+una arropía, y aunque le dijo que no tenía que venir a su casa para
+probarse la primera camisa, porque cuando estuviese medio hecha o
+hilvanada se la enviaría para la prueba, le convidó a que algunas
+noches, de nueve a once, cuando no tuviese nada mejor que hacer,
+viniese, sí quería, un rato de tertulia a su casa, porque ni ella ni
+Juanita gustaban de acostarse temprano, y aunque estaban casi siempre
+solas, velaban hasta las doce. Juanita cosía o bordaba; pero como esto
+se hace con las manos, su lengua quedaba expedita y charlaba más que una
+cotorra.
+
+--Yo--añadía Juana la Larga--no coso ni bordo de noche, porque tengo la
+vista perdida, y así estoy mano sobre mano o paso las cuentas de mí
+rosario y rezo. Si alguna vez está usted de mal humor, podemos echar
+juntos cuatro o cinco manos de tute, que yo sé que a usted le agrada. A
+mí me agrada también, pero mi mala suerte y mis cortos medios no me
+permiten jugarlo más que a real cada juego. Y aun así, si se le da a una
+muy mal, bien puede perder veinte o treinta reales en una noche, como
+quien no quiere la cosa.
+
+Ya se comprende que don Paco aceptó el convite y fue de tertulia a casa
+de Juana; al principio, de cuando en cuando; al cabo de poco tiempo,
+todas las noches. Casi siempre jugaba al tute y perdía. Sus pérdidas
+podían evaluarse, una noche con otra, en una peseta diaria. Todo, no
+obstante, lo daba don Paco por bien empleado.
+
+Las camisas estuvieron pronto concluidas y don Paco quedó muy
+satisfecho. En la vida se había puesto otras que mejor le sentasen.
+
+No las hubiera hecho más lindas el camisero más acreditado de París. Las
+lustrosas pecheras no hacían una arruga; los cuellos eran derechos, a la
+diplomática, y los puños muy bonitos y para los botones que en el día se
+estilan, Juana le regaló, en compensación de los muchos regalos que de
+él recibía, un par de botones preciosos de plata sobredorada que mercó
+en la tienda del _Murciano_, tienda bien abastecida, y donde, según
+dicen por allí, había de cuanto Dios crió y de cuanto puede imaginar,
+forjar, tejer y confeccionar la industria humana: naipes, fósforos,
+telas de seda, lana y algodón, especiería, quesos, garbanzos y
+habichuelas, ajonjolí, matalahúva y otras semillas. Casi eran los únicos
+artículos que allí faltaban las carnes de vaca y de carnero y toda la
+pasmosa variedad de sabrosos productos que resultan de la matanza y
+sacrificio de los cerdos.
+
+Ya estuviesen hablando don Paco y Juana, ya estuviesen jugando al tute,
+Juanita rara vez suspendía su costura o su bordado; pero, sin
+suspenderlos, solía tomar parte en la conversación del modo más
+agradable. Nadie venía a interrumpir esta tertulia de los tres, salvo
+Antoñuelo, que escamaba mucho a don Paco y le llenaba de sobresalto y de
+mal humor.
+
+Crecía este de punto porque mientras que don Paco estaba jugando al tute
+y Juana le acusaba las cuarenta, Antoñuelo se sentaba muy cerca de
+Juanita, en el otro extremo de la sala donde ella cosía, y ambos
+cuchicheaban con mucha animación y en voz tan baja, que don Paco no
+podía pescar ni palabra de lo que decían. Con esto se ponía como sobre
+ascuas y muy alborotado y triste, sin que para ocultarlo le valiese el
+disimulo.
+
+Entonces don Paco jugaba peor: solía tener rey y caballo del mismo palo
+y se le olvidaba acusar veinte, o bien, si Juana le jugaba un oro y él
+tenía el as o el tres, se lo guardaba y no lo echaba. Así es que las
+noches en que venía Antoñuelo a la tertulia, sobre la desazón que daba a
+don Paco, le hacía perder un par de pesetas y hasta tres a veces.
+
+Viniese o no viniese Antoñuelo a la tertulia, Juana la Larga estaba
+siempre presente. Don Pablo no hallaba modo de hablar a solas con
+Juanita, ni de abandonar a la madre e imitar a Antoñuelo enredándose en
+cuchicheos con la hija.
+
+Alguna vez que lo intentó, hablando bajo a Juanita, esta le contestó
+alto, haciendo la conversación general y despojándola de todo misterio.
+
+Bien hubiera querido don Paco, cuando Antoñuelo venía, rodear las cosas
+de suerte que le obligase a entretener a la madre, hablando o jugando al
+tute con ella; pero Antoñuelo aseguraba que no sabía jugar al tute y
+daba a entender que nada tenía que decir a Juana.
+
+Con frecuencia salía don Paco tan cargado de esta tertulia, que se
+proponía y casi resolvía no volver a ella o, al menos, ir poco a poco
+retirándose. Pero ya había tomado la maldita costumbre de ir, y todas
+las noches, si lo retardaba algo, empezaban al toque de ánimas a
+hormiguearle y bullirle los pies, y ellos mismos, pronunciándose y
+rebelándose contra su voluntad, le llevaban a escape y como por encanto
+a casa de ambas Juanas.
+
+
+
+
+X
+
+
+Pronto notaron todos los vecinos, cundiendo la noticia por el resto de
+la población, las constantes visitas nocturnas de don Paco; pero como
+Antoñuelo solía ir también, y entre don Paco y Juanita había tan grande
+desproporción de edad, la gente murmuradora lo explicó todo suponiendo
+que Antoñuelo era novio de Juanita, y que don Paco tenía o trataba de
+tener relaciones amorosas con la madre, la cual, a pesar de sus cuarenta
+y cinco años y de los muchos trabajos y disgustos que había pasado en
+esta vida, apenas tenía canas, y estaba ágil, esbelta, y aunque de
+pocas, de bien puestas, frescas, apretadas y al parecer jugosas carnes.
+
+La austeridad esquiva de Juana la Larga durante muchos años, desde que
+tuvo su juvenil tropiezo, no pudo en esta ocasión eximirla de la
+maledicencia. La gente decía que al fin se había dejado tentar y lo daba
+todo por hecho. Cuando veía la gente que Antoñuelo y don Paco iban a las
+nueve a la casa y permanecían allí hasta cerca de las doce, no juzgaba
+aquella tertulia tan inocente como era en realidad, y la calificaba de
+amor por partida doble.
+
+Las bromas que sobre ello dieron a don Paco algunos de sus amigos le
+soliviantaron bastante.
+
+Así es que, excitado, si bien no tenía derecho para pedir explicaciones,
+con más o menos disimulados rodeos, y cuando Antoñuelo no estaba
+presente, se atrevió a pedirlas y a indagar por qué venía Antoñuelo con
+tanta frecuencia y de qué trataba con Juanita en sus largos apartes y
+cuchicheos.
+
+Ambas Juanas, sin alterarse en manera alguna y como la cosa más natural
+y sencilla, lo explicaban todo, afirmando que Juanita y Antoñuelo eran
+exactamente de la misma edad, se habían criado juntos desde que estaban
+en pañales y podían considerarse como hermanos.
+
+Añadían ambas que Antoñuelo era travieso y muy tronera, que daba a su
+padre grandes desazones, que de él podían temerse mayores males aún y
+que a Juanita ni remotamente le convenía para novio; pero ella no
+acertaba a prescindir del cariño fraternal que le tenía, ni a prohibirle
+que viniese a verla, ni a dejar de darle buenos consejos y
+amonestaciones, los cuales eran el asunto de los cuchicheos.
+
+Don Paco aparentaba aquietarse al oír tal explicación; pero en realidad
+no se aquietaba; y mostrando el verdadero interés que el buen nombre de
+Juanita le inspiraba, insinuaba que, aunque todo fuese moral e
+inocentísimo, convenía, a fin de evitar el qué dirán, no recibir a
+Antoñuelo con tanta frecuencia.
+
+Los sermones que predicaba don Paco, más que morales conducentes a
+observar el decoro de Juanita, no se puede decir que fueron predicados
+en desierto. Poco a poco dejaron de menudear las visitas de Antoñuelo;
+sus cuchicheos con Juanita se acortaron, y al fin, cuchicheos y visitas
+vinieron a ser raros.
+
+Esto dio ánimo a don Paco. Creyó notar que se prestaba dócil oído a sus
+cariñosas reprimendas, y se atrevió a predicar también sobre otro punto.
+
+En extremo gustaba él de ver a Juanita charlar en la fuente o subir la
+cuesta con el cantarillo en la cadera o con la ropa ya lavada sobre la
+gentil cabeza, más airosa y gallarda que una ninfa del verde bosque, y
+más majestuosa que la propia princesa Nausicaa, que también lavaba la
+ropa cuando, sin desconcharse ni echar las ínfulas por el suelo, solían
+hacerlo las princesas, allá en los siglos de oro.
+
+Don Paco, que tenía, según hemos apuntado ya, entendimiento de amor de
+hermosura, se quedaba extasiado contemplando el andar de la moza, que no
+tenía el liviano, provocativo y sucio movimiento de caderas y los
+pasitos menudos que suelen tener las chulas, sino que era un andar
+sereno, a grandes pasos, noble y lleno de gracia, como sin duda debía de
+andar Diana Cazadora, o la misma Venus al revelarse al hijo de Anquises
+en las selvas que rodeaban a Cartago.
+
+En Villalegre se gastaban corsés, y hasta era Juana la Larga quien mejor
+los hacía; pero la indómita Juanita nunca quiso meterse en semejante
+apretura ni llevar aquel cilicio que para nada necesitaba ella y que
+entendía que hubiera desfigurado su cuerpo. Sólo llevaba, entre el
+ligero vestido de percal y sobre la camisa y enaguas blancas un justillo
+o corpiño sin hierros ni ballenas, cosa que bastaba a ceñir la estrecha
+y virginal cintura, dejando libre lo demás que, derecho y firme, no había
+menester de sostén ni apoyo.
+
+En el espíritu de don Paco pudo, sin embargo, más que el deleite de ver
+a Juanita en la fuente o volviendo del albercón, la idea de que, estando
+ya muy remotos los siglos de oro, no era posible imitar a la princesa
+Nausicaa, sin rebajarse o avillanarse demasiado; y así, aconsejó y
+amonestó tantas veces y con tan discretas razones a Juanita para que no
+fuese a la fuente, apoyándole siempre la madre de ella, que Juanita
+cedió, al cabo, y dejó de ir a la fuente y al albercón, retrayéndose,
+además, de otros varios ejercicios y faenas que no son propios de una
+señorita.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Doña Inés López de Roldán distaba mucho de ser una lugareña vulgar y
+adocenada. Era, por el contrario, distinguidísima; y en su tanto de
+méritos mirados, o sea guardando la debida proporción, pudiéramos
+calificarla de una princesa de Lieveo o de una madame Récamier aldeana.
+Su vida no pasaba ociosa, sino empleada en obras casi siempre buenas y
+en fructuosos afanes. Su caridad para con los pobres era muy elogiada,
+ayudándola en este ejercicio el señor don Andrés Rubio. No descuidaba
+ella por eso el gobierno de su casa, que estaba saltando de limpia, y
+todo muy en orden, a pesar de los siete chiquillos que tenía, el mayor
+de ocho años; pero como la casa era muy grande, a los cinco mayores,
+entregados a una mujer ya anciana y de toda confianza, los tenía en el
+extremo opuesto de aquel en que estaba ella, a fin de que no turbasen
+con sus chillidos y gritería, ya sus solitarias meditaciones, ya sus
+lecturas, ya sus interesantes coloquios con el padre Anselmo, con el
+cacique o con alguna persona de fuste que viniese a visitarla.
+
+A las nueve de la noche en verano, y a las ocho o antes en invierno,
+mandaba acostar a los niños, y desde entonces, hasta las once, y a veces
+hasta más tarde, tenía tertulia, en la cual se discreteaba, y a la cual
+rara vez asistía el señor Roldán, que no presumía ni podía presumir de
+discreto, y a quien las discreciones de su mujer pasmaban y
+enorgullecían, pero al mismo tiempo le excitaban al sueño.
+
+En las horas que le dejaban libre los afanes y cuidados de la casa y aun
+de la administración de la hacienda, de la que suavemente había
+despojado a su marido por no considerarle capaz, doña Inés solía
+ocuparse en lecturas que adornaban y levantaban su espíritu. Rara vez
+perdía su tiempo en leer novelas, condenándolas por insípidas o
+inmorales y libidinosas. De la poesía no era muy partidaria tampoco, y
+sin plagiar a Platón, porque no sabía que Platón lo hubiese preceptuado,
+desterraba de su casa y familia a casi todos los poetas como corruptores
+de las buenas costumbres y enemigos de la verdadera religión y de la paz
+que debe reinar en las bien concertadas repúblicas; pero en cambio,
+doña Inés leía Historia de España y de otros países y, sobre todo,
+muchos libros de devoción. El cura la admiraba tanto al oírle hablar de
+teología que, mentalmente, adornaba sus espaldas con la muceta y su
+cabeza con el bonete y la borla.
+
+Era tan grande la actividad de doña Inés, que a pesar de tan varias
+ocupaciones, aún le quedaba tiempo para satisfacer su anhelo de
+enterarse a fondo de la historia contemporánea y local, que tenía para
+ella más atractivos que la Historia Universal o de épocas y países
+remotos.
+
+Para conocer bien esta historia contemporánea y local y ejercer sobre
+los hechos la más severa crítica, se valía doña Inés de diferentes
+medios, siendo el más importante una criada antigua, que hacía recados,
+que entraba y salía por todas partes y que se llamaba Crispina, émula en
+su favor y privanza de Serafina, la doncella.
+
+Gracias a Crispina, doña Inés estaba al corriente de los noviazgos que
+había en el pueblo, de las pendencias y de los amores, de las amistades
+y enemistades, de lo que se gastaba en vestir en cada casa, de lo que
+este debía y de lo que aquel había dado a premio, y hasta de lo que
+comía o gastaba en comer cada familia. A los que comían bien, doña Inés
+los censuraba por su glotonería y despilfarro, y a los que comían poco y
+mal, los calificaba de miserables, de hambrones y de perecientes.
+
+No tardó, por consiguiente, doña Inés en tener noticia de las aficiones
+de su padre y de sus visitas o tertulias en casa de ambas Juanas.
+Muchísimo la molestó esta grosera bellaquería, que tan duramente la
+apellidaba; pero disimuló y se reportó durante muchos días, sin decir
+nada a su padre. Doña Inés estaba muy adelantada en sus concebidas
+esperanzas de octavo vástago, y en tal delicada situación se cuidaba
+mucho y procuraba no alterarse por ningún motivo, para que las dichas
+esperanzas no se frustraran o se torcieran ruinmente, realizándose de un
+modo prematuro, con deterioro y quebranto de su salud. Pero aunque doña
+Inés no dijo por lo pronto nada a don Paco, se la tenía guardada y
+seguía observando y averiguando por medio de Crispina, en la creencia de
+que era a Juana y no a Juanita a quien su padre pretendía o cortejaba.
+
+Esta creencia mitigaba no poco el disgusto de doña Inés, porgue no podía
+entrar en su cabeza que su padre intentase jamás contraer segundas
+nupcias con Juana la Larga. Así es que lo que censuraba en este muy
+ásperamente era la inmoralidad y el escándalo de unas relaciones
+amorosas contraídas por hombre que tenía más de medio siglo y que iba a
+ser pronto por octava vez abuelo. La enojaba también la condición harto
+plebeya del objeto de los amores de su padre, los cuales, si no dignos
+de aplauso, la hubieran parecido dignos de disculpa a haber sido con
+alguna hidalga recatada y de su posición, como había dos o tres en el
+lugar, que, según pensaba doña Inés, hubieran abierto a don Paco, si él
+hubiera llamado a la puerta de ellas pidiendo entrada. No se cansaba,
+pues, doña Inés de censurar las ruines inclinaciones de su padre. Le
+dolía asimismo que su padre gustase tanto en obsequiar a Juana la Larga,
+suponiendo, según las noticias que le trajo Crispina, que gastaba mucho
+más de lo que ganaba.
+
+--¿Conque juega al tute con ella?
+
+--Sí, señora--contestó Crispina--. Y ya por echarla de fino, ya porque
+está embobado y embelesado mirando a Juana con ojos de carnero a medio
+morir y sin atender al juego, lo cierto es que Juana le pela, ganándole
+diez o doce reales cada noche. Además, los regalos de don Paco llueven
+sin descampar sobre aquella casa; ya envía un pavo, ya una docena de
+morcillas, ya fruta, ya parte del chocolate que le regala su merced,
+hecho por el hombre que viene expresamente desde Córdoba a hacerlo a
+esta casa.
+
+Lo de que don Paco hubiese regalado también parte de su chocolate irritó
+ferozmente a doña Inés; lo consideró una verdadera profanación y casi le
+hizo perder los estribos; pero al fin pensó en la situación en que se
+encontraba, ya fuera de cuenta, y logró reportarse. Su moderación y sus
+cuidados no fueron inútiles.
+
+El 29 de junio, día de San Pedro Apóstol, sintió doña Inés desde muy de
+mañana los primeros dolores, y con gran facilidad dio a luz en aquel
+mismo día a un hermoso niño. La madre y el señor Roldán decidieron que
+debía llamarse Pedro, en honor del Príncipe de los apóstoles en cuyo día
+había nacido y del que eran muy devotos. El señor don Andrés Rubio
+prometió tener al infante en sus brazos en la pila bautismal. Y como el
+infante fue robustísimo y el médico asegurase que no corría peligro su
+vida, retardaron su bautismo hasta mediados del mes de julio, así porque
+ya estaría levantada la señora doña Inés y podría asistir a las fiestas
+que se hiciesen, como porque para entonces se realizaría la anunciada
+visita del señor obispo, el cual, a más de confirmar a todos los
+muchachos que no lo estuviesen, les haría la honra de bautizar al futuro
+Periquito.
+
+El obispo sería hospedado en casa de los señores de Roldán los tres o
+cuatro días que estuviese en Villalegre. Doña Inés, por tanto, pensando
+en los preparativos y en todos los medios que había de emplear para
+hacer con lucimiento recepción tan honrosa, perseveró en refrenar su ira
+contra Juana la Larga, a quien imaginaba seductora de su padre. Y
+disimulando el odio que le había tomado, no quiso dejar de valerse de
+ella en ocasión de tanto empeño. Ya la había llamado el día del
+alumbramiento, porque bien sabía por experiencia que no había en el
+mundo conocido más hábil comadre que Juana.
+
+Y como tampoco había por allí mujer tan dispuesta para preparar y
+dirigir los festines, con tiempo comprometió a Juana a fin de que desde
+dos días antes de la llegada del obispo se viniese a su casa, sin volver
+a la casa propia sino para dormir, y lo preparase y dirigiese todo.
+Juana prometió hacerlo así y lo cumplió muy gustosa.
+
+
+
+
+XII
+
+
+La víspera de la llegada del obispo, que fue el 15 de julio, víspera
+también de la Virgen del Carmen, Juana había trabajado ya mucho, sudando
+el quilo para condimentar los manjares y las golosinas, y hasta para
+disponer el aparato y la magnificencia que habían de desplegarse en la
+recepción y en el hospedaje de su señoría ilustrísima, y en el refresco
+y ambigú que había de darse en aquella casa a todo lo más granado e
+ilustre de la villa, después de terminadas las cristianas ceremonias de
+la confirmación y del bautismo. En ella, doña Inés iba a dar al señor
+obispo más trabajo que nadie, pues tenía siete chiquillos no confirmados
+aún, y uno todavía _moro_, como apellidan en Andalucía a todo ser humano
+antes de recibir el agua sacramental que le trae al gremio de la
+Iglesia.
+
+La noche del 15 de julio hacía muchísimo calor. A eso de las nueve, don
+Paco, según costumbre, se fue de tertulia a casa de Juana la Larga; pero
+Juana seguía trabajando aún en la de los señores de Roldán, y Juanita
+estaba sola con la criada, tomando el fresco en la reja de su sala baja.
+
+La vio don Paco, y llegó a hablarle antes de dirigirse a la puerta.
+Juanita, después de los saludos de costumbre, dijo a don Paco, que
+pretendía que le abriese:
+
+--Mi madre no ha vuelto aún. No sé cuándo volverá. Estando yo sola no
+me atrevo a abrir a usted la puerta y a dejarle entrar. La gente murmura
+ya contra nosotros, y murmurará mil veces más si yo tal cosa hiciera.
+Váyase usted, pues, y perdóneme que no le reciba.
+
+Ninguna objeción acertó a poner don Paco, convencido de lo puesta en
+razón que estaba Juanita. Solamente le dijo:
+
+--Ya que no me recibes, no te vayas de la reja y habla conmigo un rato.
+Aunque la gente nos vea, ¿qué podrán decir?
+
+--Podrán decir que usted no viene a rezar el rosario conmigo; podrán
+creer que yo interesadamente alboroto a usted y le levanto de cascos, y
+podrán censurar que pudiendo ser yo nietecita de usted, tire a ser su
+novia y tal vez su amiga. Con esta suposición me sacarán todos el
+pellejo a túrdigas; y si llega a oídos de su hija de usted, mi señora
+doña Inés López de Roldán y otras hierbas, que usted y yo estamos aquí
+pelando la pava, será capaz de venir, aunque se halla delicada y
+convaleciente, y nos pelará o nos desollará a ambos, ya que no envíe por
+aquí al señor cura acompañado del monaguillo, con el caldero y el hisopo
+del agua bendita, no para que nos case, sino para que nos rocíe y
+refresque con ella, sacándonos los demonios del cuerpo.
+
+--Vamos, Juanita, no seas mala ni digas disparates. No es tan fiero el
+león como lo pintan. Y si tú gustases un poquito de mí, y mi
+conversación te divirtiese en vez de fastidiarte, no tendrías tanto
+miedo de la maledicencia, ni de los furores de mi hija, ni de los
+exorcismos del cura.
+
+--¿Y de dónde saca usted que yo no guste de tener con usted un rato de
+palique? Pocas cosas encuentro yo más divertidas que la conversación de
+usted, y además siempre aprendo algo y gano oyéndole hablar. Yo soy
+ignorante, casi cerril; pero, si el amor propio no me engaña, me parece
+que no soy tonta. Comprendo, pues, y aprecio el agrado y valor que
+tienen sus palabras.
+
+--Entonces, ¿cómo es que no me quieres?
+
+--Entendámonos. ¿De qué suerte de quereres se trata?
+
+--De amor.
+
+--Ya esa es harina de otro costal. Si el amor es como el que tiene el
+padre Anselmo a su breviario, como el que tiene doña Inés a sus libros
+devotos o como el que tiene usted a las leyes o a los reglamentos que
+estudia, mi amor es evidente y yo quiero a usted como ustedes quieren
+esos libros. No menos que ustedes se deleitan en leerlos, me deleito yo
+en oír a usted cuando habla.
+
+--Pero, traidora Juanita, tú me lisonjeas y me matas a la vez. Yo no
+quiero instruirte, sino enamorarte. No aspiro a ser tu libro, sino tu
+novio.
+
+--Jesús, María y José. ¿Está usted loco, don Paco? ¿En qué vendría a
+parar, qué fin que no fuera desastroso podría tener ese noviazgo? ¿No le
+tiemblan a usted las carnes al figurarse la estrepitosa cencerrada que
+nos darían si nos casáramos? Y si el noviazgo no terminase en
+casamiento, ¿adónde iría yo a ocultar mi vergüenza, arrojada de este
+pueblo por seductora de señores ancianos?
+
+Lo de la ancianidad, tantas veces repetido, ofendió mucho a don Paco en
+aquella ocasión, y muy picado, y con tono desabrido, exclamó haciendo
+demostración de retirarse:
+
+--Veo que presientes graves peligros. No quiero que te expongas a ellos
+por mi culpa. Adiós, Juanita.
+
+--Deténgase usted, don Paco; no se vaya usted enojado contra mí. ¿No
+conoce usted muy a las claras que yo le quiero de corazón y que mi mayor
+placer es verle y hablarle? Como soy franca y leal, procuro no retener a
+usted con esperanzas vanas. Mucho me pesaría de que usted me acusase un
+día de que yo le engañaba. Por esto digo a usted que de amor no le
+quiero y me parece que no le querré nunca. Pero lo que es por amistad,
+debe usted contar conmigo hasta la pared de enfrente. ¿Por qué no se
+contenta usted con esa amistad? ¿Por qué me pide usted lo que no puedo
+ni debo darle? No sería flojo el alboroto que se armaría en el pueblo si
+usted y yo fuésemos novios y sí el noviazgo se supiese.
+
+Don Paco se atrevió a decir entonces, en mala hora y con poco acierto:
+
+--¿Pues qué necesidad hay de que nuestro noviazgo se sepa?
+
+--Y usted, ¿por quién me toma para insinuar ese sigilo, dado que sea
+posible? Sólo se oculta lo poco decente, y, por tanto, yo no he de
+ocultar nada aunque pueda. Si me decidiese yo a ser novia de usted,
+sería por considerarlo bueno y honrado, y en vez de ocultarlo como fea
+mancha, lo pregonaría y lo dejaría ver a todos con más orgullo que si
+enseñase una joya, jactándome de ello, en vez de andar con tapujos. Ya
+sabe usted mi modo de pensar. Nada más tenemos que decirnos. Ahora, lo
+repito, váyase usted y déjeme tranquila. Malo es siempre dar que hablar;
+pero dar que hablar sin motivo es malo y tonto.
+
+Don Paco depuso el enojo, no acertó a responder a Juanita con ninguna
+frase concertada y se fue, despidiéndose de ella resignado y triste.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Pasaron días y vino el obispo, como se esperaba.
+
+Su señoría ilustrísima bautizó a los niños _moros_, que aguardaban su
+venida, como los padres del Limbo el santo advenimiento, y confirmó a
+los no confirmados, que se contaban a centenares, entre ellos no pocos
+harto talludos.
+
+Doña Inés se lució dando hospedaje al señor obispo, y este se fue del
+lugar muy maravillado y gozoso de la magnificencia y primor con que allí
+se vivía.
+
+Libre ya doña Inés de tanta extraordinaria faena, se consagró con mayor
+atención al estudio de la historia contemporánea, y al cabo, auxiliada
+por los datos que le suministraba Crispina, y valiéndose de su rara
+sagacidad, vino a comprender que no era a la madre, sino a la hija, a
+quien cortejaba don Paco. Su furor fue entonces muy grande; pero por lo
+mismo se calló y no atormentó a su padre con insinuaciones ni bromas. El
+asunto no se prestaba a bromas ni a medios términos. La ira de doña Inés
+había de estallar y manifestarse de una manera más seria cuando
+estuviese completamente convencida de la locura de su padre, pues de tal
+la calificaba.
+
+Don Paco, entre tanto, si bien daba ya menos pretexto a la murmuración,
+se sentía más enamorado que nunca de Juanita. Pensaba en sus dulces
+desdenes, recapacitaba sobre ellos, hacía doloroso examen de conciencia
+y miraba y cataba la herida de su corazón, como un enfermo contempla con
+amargo deleite la llaga o el cáncer que le lastima y en el que prevé la
+causa de su muerte.
+
+Toda la vida había sido don Paco el hombre más positivo y menos
+romántico que puede imaginarse. Aquel imprevisto sentimentalismo que se
+le había metido en las entrañas y se las abrasaba, le parecía tan
+ridículo que, a par que le afectaba dolorosamente, le hacía reír cuando
+estaba a solas, con risa descompuesta y que solía terminar en algo a
+modo de ataque de nervios.
+
+Don Paco dejó, pues, de ir todas las noches a casa de ambas Juanas; ya
+no veía a Juanita en la fuente y sola, porque él mismo había predicado
+para que no fuese, y, sin embargo, no acertaba a sustraerse a la
+obsesión que Juanita le causaba de continuo, presente siempre a los
+perspicaces ojos de su espíritu, así en la vigilia como en el sueño.
+
+Por dicha, no le atormentaban los celos. Juanita zapateaba, donosa o
+duramente, a cuantos mozos la pretendían, y lo que es Antoñuelo iba ya
+con menos frecuencia a casa de Juanita. Según en el lugar se sonaba,
+andaba él muy extraviado, frecuentando las tabernas en harto malas
+compañías y pasando muchas noches en francachelas y jaranas. Villalegre
+no era el único teatro de sus proezas, sino que, a pesar de las
+amonestaciones y reprensiones de su padre, a menudo muy duras, se solía
+ir de parranda al campo o algunos lugares cercanos, y en dos o tres días
+no aparecía por su casa.
+
+Don Paco no tenía, pues, rivales. Parecía completamente dueño del campo;
+pero el campo estaba tan bien atrincherado, que don Paco no lograba
+entrar en él y se quedaba fuera como los otros. No desistió por eso de
+ir por las noches a casa de ambas Juanas, aunque no de diario.
+
+Como de costumbre, jugaba al tute con la madre; como de costumbre,
+hablaba con Juanita en conversación general, y Juanita hablaba
+igualmente y le oía muy atenta manifestándose finísima amiga suya y
+hasta su admiradora; pero, como de costumbre también, las miradas
+ardientes y los mal reprimidos suspiros de don Paco pasaban sin ser
+notados y eran machacar en hierro frío, o hacían un efecto muy contrario
+al que don Paco deseaba, poniendo a Juanita seria y de mal humor,
+turbando su franca alegría y refrenando sus expansiones amistosas.
+
+De esta suerte, poco venturosa y triunfante para don Paco, se pasaron
+algunos días y llegaron los últimos del mes de julio.
+
+Hacía un calor insufrible. Durante el día los pajaritos se asaban en el
+aire cuando no hallaban sombra en que guarecerse. Durante la noche
+refrescaba bastante. En el claro y sereno cielo resplandecían la luna y
+multitud de estrellas, que, en vez de envolverlo en un manto negro, lo
+teñían de azul con luminosos rasgos de plata y refulgentes bordados de
+oro.
+
+Ambas Juanas no recibían a don Paco en la sala, sino en el patio, donde
+se gozaba de mucha frescura y olía a los dompedros, que daban su más
+rico olor por la noche, a la albahaca y a la hierba luisa, que había en
+no pocos arriates y macetas, y a los jazmines y a las rosas de
+enredadera, que en Andalucía llaman de _pitiminí_, y que trepan por las
+rejas de las ventanas, en los cuartos del primer piso, donde dormían
+Juanita y su madre.
+
+En aquel sitio, tan encantador como modesto, era recibido don Paco.
+Todavía allí, a la luz de un bruñido velón de Lucena, de refulgente
+azófar, se jugaba al tute en una mesilla portátil, pero no con la
+persistencia que bajo techado. Otras distracciones, casi siempre
+gastronómicas, suplían la falta del juego. Juana, que era tan
+industriosa, solía hacer helado en una pequeña cantimplora que tenía;
+pero con más frecuencia se entretenía comiendo ora piñones, ora
+almendras y garbanzos tostados, ora flores de maíz, que Juanita tenía la
+habilidad de hacer saltar muy bien en la sartén, y ora altramuces y, a
+veces, hasta palmitos cuando los arrieros los traían de la provincia de
+Málaga, porque en la de Córdoba no se crían.
+
+Estas rústicas semicenas, dignas de ser celebradas por don Francisco
+Gregorio de Salas en su famoso _Observatorio_, deleitaban más a don Paco
+que hubieran podido deleitarle las antiguas cenas de Trimalción o de
+Apicio y las modernas de la Maison Dorée o del Café Inglés en París,
+pareciéndole mejor aquellos groseros alimentos que la ambrosía que comen
+las deidades del Olimpo, ya que Juanita, comiéndolos, les comunicaba
+cierta celestial u olímpica naturaleza. Dichas chucherías, apéndices de
+la verdadera cena que cada uno había tomado ya en su casa antes de
+empezar la tertulia, probaban además, cuando las dos Juanas y don Paco
+se las comían, sin el menor susto y sin ninguna mala resulta, que
+nuestros tres héroes poseían tres estómagos de los más sanos, eficaces y
+potentes que hay en el mundo.
+
+Una noche en que estaban aquellas señoras muy familiares, conversables y
+benignas con don Paco, se atrevió este a ofrecer algo que pensaba en
+ofrecer tiempo hacía, sin acabar de decidirse por temor de que no
+aceptasen su obsequio.
+
+Desechado el temor, dijo al cabo:
+
+--De hoy en ocho días, el cuatro de agosto, habrá grandes fiestas en
+este pueblo. Habrá procesión, feria, velada, función de iglesia y
+sermón, que predicará el padre Anselmo, contando y celebrando la vida y
+milagros del glorioso Santo Domingo de Guzmán, nuestro patrono y abogado
+en el cielo. Tengo yo una pieza de tela de seda, flexible y rica, por el
+estilo de la de estos mantones que llaman de espumilla o de Manila.
+Carece de bordados y es de color verde oscuro. Me la envió meses ha de
+regalo mi sobrino Jacinto, que está en Filipinas empleado en Hacienda.
+Tiempo hay todavía de hacer con esta tela un precioso vestido de mujer.
+¿Y quién lo llevaría con más garbo y lucimiento que Juanita, si aceptase
+mi presente? La tela es pintiparada para hacer el traje, y si ustedes
+quieren darse prisa, aún tienen tiempo de sobra.
+
+Madre e hija dieron mil gracias a don Paco por su buena intención,
+mostrando repugnancia en aceptar por el qué dirán y sosteniendo que
+cuando viesen a Juanita con traje tan lujoso todo el lugar se
+alborotaría, adivinaría que la seda era regalo de don Paco y él y ellas
+darían una estruendosa campanada.
+
+Nada contestó don Paco a tan juiciosos razonamientos; pero hizo algo más
+elocuente y persuasivo. Tomó de una silla un paquete que había traído
+recatadamente envuelto en un pañuelo, y desdoblándolo, mostró la tela a
+la luz del velón.
+
+Ambas mujeres admiraron aquella hermosura; la calificaron de divina. Los
+ojos y el alma se les iban en pos de la tela. En suma, no pudieron
+resistir y aceptaron el obsequio. Juana quiso mostrarse más difícil y
+Juanita tuvo que ceder y que aceptar antes que ella.
+
+No bien se fue don Paco, a eso de las doce, Juanita dijo a su madre.
+
+--Yo no he sabido resistir. La tela es encantadora. Lo que más me agrada
+de ella es su flexibilidad, porque no tiene tiesura como otras sedas. Se
+ceñirá muy bien al cuerpo y se podrá dar mucho vuelo a las faldas, que
+formarán pliegues muy graciosos. Vamos..., he caído en la tentación.
+¿Qué no van a murmurar y a morder las envidiosas cuando me vean tan
+peripuesta y tan guapa ir a la función de iglesia el día de Santo
+Domingo? Porque tú, mamá, irás con tu mantilla de tul bordado, y me
+emprestarás o me regalarás la otra que tienes de madroños, que me está
+como pintada. Varias veces la he sacado del fondo del arca y me la he
+probado, mirándome al espejo. Mucho van a rabiar cuando me vean tan maja
+las hijas del escribano, que gastan tanta fantasía como si fueran dos
+marquesas, aunque son dos esperpentos y van siempre mal pergeñadas.
+
+--Sí, hija; pues la menor está tan escuchimizada que parece una lombriz
+de caño sucio, y la otra es tan pequeñuela y tan gorda como una bolita.
+Si llega a casarse, a tener hijos y a engordar más, perderá la forma de
+mujer y se convertirá en cochinillo de San Antón. Pero, dejando esto a
+un lado, yo no las tengo todas conmigo. Despertaremos la más tremenda
+envidia y nos pondrán como un regalado trapo.
+
+--Pecho al agua y preparémonos para la lucha. ¿Qué podrán decir de mí?
+¿Que don Paco me viste? Pues yo voy a vestir a don Paco..., y patas.
+Mira: con mis ahorrillos iré mañana a la tienda del _Murciano_ y
+compraré paño de Tarrasa o del mejor que tenga. Calcula tú cuántas
+varas se necesitan. El tiene gabina, castora o como se llame; pero su
+levita, aunque no se la pone más que diez o doce veces al año, está ya
+desvergonzada de puro raída. Sin chistar, con mucho sigilo, vamos tú y
+yo a hacerle una levita nueva, según el último figurín de _La Moda
+Elegante e Ilustrada_ que recibiste de Madrid el otro día. Como tú
+tienes las medidas de don Paco y eres muy hábil, la levita, sin
+probársela ni nada, le caerá muy bien, y ya verás con qué majestad y con
+qué chiste la luce en la procesión, cuando marche en ella entre los
+demás señores del Ayuntamiento. Así no seré yo sola, sino él también,
+quien estrene prenda en tan solemne día.
+
+--Pero, muchacha, eso que dices no es apagar el fuego, sino echarle leña
+para que arda más. Si han de murmurar como uno al verte con el vestido
+nuevo, murmurarán como dos al ver con levita nueva a don Paco.
+
+--Pues que murmuren. Lo que yo me propongo al regalar la levita, además
+de la satisfacción que me cause el obsequiar a don Paco, es que nadie me
+acuse, y sobre todo, que no me acuse yo misma de tener el vestido sin
+dar en pago algo equivalente.
+
+Decididas así las cosas, al otro día se compró el paño. Juana cortó con
+segura destreza la levita y el traje de mujer, y madre e hija y dos
+oficialas trabajaron con tal ahínco, que el tres de agosto, víspera del
+santo, levita y vestido de mujer estaban terminados.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Cuando aquella noche vino don Paco de tertulia, le dieron la sorpresa de
+enseñarle la levita.
+
+El casi se enojó, y hasta se le saltaron las lágrimas de puro
+agradecido.
+
+En el patio mismo se probó la levita; le hicieron dar con ella cuatro o
+cinco paseos, y ambas mujeres encontraron que con la levita estaba don
+Paco muy airoso; y eso que no se veía todo el efecto, porque no había
+traído la gabina, sino el hongo, como de costumbre, y la levita y el
+hongo no armonizan bien.
+
+Animados ya los tres y de buen humor, dijo don Paco:
+
+--No comprendo por qué gustan ustedes tanto de la soledad y están tan
+retraídas. La plaza esta noche estará animadísima. Todo el mundo habrá
+acudido a la verbena y a ver los fuegos, que dicen que serán
+magníficos. Empezarán en punto de las once, y como habrá muchos cohetes
+y dos o tres soles o ruedas, y a lo último un gran castillo, que
+terminará con un espantoso trueno gordo, durará la fiesta hasta después
+de medianoche. La gente quiere que el trueno gordo estalle en el momento
+mismo que empiece el día del santo, y espera que el santo lo oiga desde
+el cielo y se alegre de que sus patrocinados le saluden y feliciten.
+¿Por qué no se animan ustedes y van a gozar de todo esto? Iremos juntos.
+Yo las acompañaré.
+
+--Bien quisiera yo ir--contestó Juana--; pero temo que nos pongan como
+chupa de dómine cuando nos vean reunidos.
+
+--Pues mira, mamá, deja que nos pongan como les de la gana; a mí me sale
+de adentro el ir, y no quiero andar con repulgos. Vamos allá, y arda
+Troya. Como estamos, vamos bien, sin nada en la cabeza; no tenemos más
+que echar a andar.
+
+Sin hacer más reparos, los tres se fueron en seguida a la velada y feria
+que había en la plaza, la cual, con los muchos farolillos y candilejas
+que la iluminaban, parecía una ascua de oro; y por el bullicio y por la
+muchedumbre de gente, que casi la llenaba, era un hormiguero de seres
+humanos.
+
+En los balcones, en las ventanas y en las puertas de las casas, las
+personas de más edad y fuste estaban sentadas en sillas.
+
+Las jóvenes se paseaban o se paraban a contemplar las tiendas de
+mercaderes ambulantes que se extendían por la plaza y por dos o tres
+calles de las que en la plaza desembocan.
+
+Las tiendas a las que se agolpaba más gente eran las de juguetes y
+muñecos. Apenas había chicuelo que no fuese obsequiado por sus padres o
+por los amigos de sus padres con un pito, con una trompeta o con un
+tambor. Y como casi todos desplegaban en seguida su capacidad musical en
+los instrumentos que les habían mercado, el aire resonaba con marcial y
+alegre, aunque algo discordante armonía. Ni faltaban en las tiendas de
+muñecos trompas marinas, siempretiesos, sables y fusiles de madera y de
+latón, y especialmente Santos Domingos de diversos tamaños, todos de
+barro cocido y pintados de vivísimos colores. Estas imágenes eran las
+que más se vendían, porque el santo inspiraba en el pueblo devoción
+fervorosa.
+
+El ambiente estaba embalsamado por el aroma del aceite frito de más de
+quince buñolerías, donde gitanas viejas y mozas freían y despachaban de
+continuo esponjados buñuelos, que unas personas se comían allí mismo con
+aguardiente o con chocolate y otras se los llevaban a su casa,
+ensartados todos en un largo, flexible y verde junco.
+
+Ni faltaban allí tampoco puestos de exquisitas frutas; pero los que más
+atraían la atención de los chicuelos eran los de almecinas, ya que,
+además del gusto de comérselas, proporcionaban la diversión de ejercitar
+la puntería tirando al blanco. Cada muchacho que compraba almecinas
+compraba también un canuto de caña, cerbatana por donde, después de
+haberse comido la poca y negra carne de la fruta, disparaba soplando el
+huesecillo redondo y duro. Estos proyectiles corrían silbando por el
+aire como las balas en una reñida batalla, salvo que eran mucho más
+inocentes, pues apenas hacían daño, si por una maldita y rara casualidad
+no acertaban a darle a alguien en un ojo, pues entonces bien podían
+dejarle tuerto. Caso tan lastimoso, sin embargo, rara vez ocurre, y, por
+consiguiente, la muchedumbre se paseaba tranquila en medio de aquel
+feroz tiroteo. Había, por último, en la feria nocturna siete u ocho
+mesillas de turrón, y hasta tres confiterías, donde lo que con más
+abundancia se despachaba eran las yemas, los roscos de huevo y las
+batatas confitadas.
+
+Se cuenta que cuando algún campesino que presume de muy rumboso quiere
+obsequiar a su novia o a la muchacha a quien va acompañando, se dirige
+al confitero y le pide yemas o batatas.
+
+--¿Cuántas quiere usted?--dice el confitero poniendo en uno de los
+platillos del peso la pesa de cuarterón.
+
+--Eche usted _jierro_--responde el galán.
+
+El confitero pone la pesa de media libra.
+
+--Eche usted más _jierro_--repite varias veces el galán, y el confitero
+va echando casi todas las pesas.
+
+Pero siempre la muchacha, llena de exquisita delicadeza, y con los más
+modestos remilgos, alega la dificultad que hay en trasladar a casa tanta
+balumba y pesadumbre de confites, y asegura que no se los podrá comer en
+una o dos semanas, y que se pondrán agrios, secos o rancios. En fin,
+ella está tan elocuente, que el galán, aunque al principio se resiste
+llamando a la muchacha dama de la media almendra, al cabo se deja
+convencer, pero no de repente, sino poquito a poco; y según va entrando
+el convencimiento en su ánimo y ella sigue hablando, él la interrumpe a
+trechos diciendo al confitero:
+
+--Quite usted _jierro_.
+
+Y de esta suerte acaba por no quedar en el platillo de las pesas más que
+la de cuarterón, y a veces la de dos onzas.
+
+Para que no careciere la velada de ningún atractivo, hubo en ella
+también una banda de música militar, que se había conservado desde la
+época en que hubo milicianos nacionales, gracias a los desvelos y
+esfuerzos de don Andrés Rubio, que había sido comandante de la milicia.
+Los ocho músicos de que constaba la banda vestían aún, cuando iban a
+tocar de ceremonia, el antiguo uniforme de la extinguida institución
+defensora de nuestras libertades. Eran los músicos menestrales o
+jornaleros de los más listos; no tocaban mal, y siempre el Municipio les
+pagaba un buen estipendio: seis y hasta ocho reales a cada uno. De este
+modo se libertaba Villalegre del tributo a que estaba sometida en lo
+antiguo, haciendo venir de la ciudad vecina, siempre que había función,
+a los músicos, a quienes apellidaban en el lugar _tragalentejas_.
+
+Don Paco paseó a sus amigas por toda la feria, dando no poco que
+murmurar, según habían previsto.
+
+Como ellas eran más finas que los jornaleros, ninguno se acercaba a
+hablarles, y como estaban en más humilde posición que las ricas
+labradoras, propietarias e hidalgas, la aristocracia las desdeñaba. El
+nacimiento ilegítimo de Juanita hacía mayor este aislamiento. Juanita no
+tenía ya una amiga. Entre los mozos, como había desdeñado a muchos, los
+pobres no se le acercaban por ofendidos o tímidos, y los ricachos, que
+si ella hubiera sido fácil hubieran porfiado por visitarla en su casa,
+temían desconcharse o rebajarse acompañándola en público. Antoñuelo era
+el único galán que aún se complacía en acompañar a Juanita; pero
+Antoñuelo andaba entonces muy extraviado y se hallaba ausente en una de
+sus correrías por los lugares cercanos.
+
+Las mozas que solían ir por agua a la fuente del ejido, y los arrieros,
+pastores y porquerizos que acudían a dar agua al ganado, considerando
+que desde que Juanita dejó de ir allí se daba tono de señora, no se
+atrevían ya ni a saludarla.
+
+Toda la noche, o sea hasta que los fuegos terminaron, que fue ya cerca
+de la una, madre e hija permanecieron en la plaza, y hubieran estado sin
+otro acompañante que don Paco, si don Pascual, el maestro de escuela, no
+se hubiera unido también a ellas.
+
+Era don Pascual un solterón de más de sesenta años, delicado de salud,
+flaco y pequeño de cuerpo, pero inteligente y dulce de carácter.
+
+Desde que Juanita tuvo seis años don Pascual, prendado de su despejo y
+de su viveza, se había esmerado en enseñarle a leer y escribir, algo de
+cuentas y otros conocimientos elementales.
+
+Juanita había tenido en el maestro de escuela un admirador constante y
+útil, porque había sido para ella, a falta de aya, ayo gratuito y
+celosísimo.
+
+Ella, en cambio, hacía mucho honor a su maestro, pues tomando sus
+lecciones en horas de asueto y cuando la escuela estaba desierta de
+muchachos, salió discípula tan aventajada, que avergonzaba a casi todos
+los que a la escuela asistían.
+
+Nadie sabía mejor que ella el Catecismo de Ripalda y el Epítome de la
+gramática. Nadie conocía mejor las cuatro reglas.
+
+Había aprendido también Juanita algo de geografía y de historia; y ya,
+cuando apenas tenía nueve años, recitaba con mucha gracia varios
+antiguos romances y no pocas fábulas de Samaniego.
+
+Tiempo hacía que don Pascual no visitaba a Juanita ni a su madre.
+
+Primero, las frecuentes visitas de Antoñuelo le habían espantado.
+Después le retrajo más de ir a casa de las dos Juanas el saber que tanto
+las frecuentaba don Paco. Tal vez supuso el bueno del maestro que
+Antoñuelo y don Paco bastaban en aquella casa, y que si él iba estaría
+de non y sería un estorbo.
+
+Aquella noche pasó por acaso don Pascual cerca de Juanita, y esta se
+dirigió a él diciéndole:
+
+--Buenas noches, maestro. ¿Qué le hemos hecho a usted, que tan caro se
+vende y que nos tiene tan olvidadas?
+
+Fueron tantas las cordiales zalamerías de la muchacha, que la
+preocupación de que él pudiera ser estorbo se le borró por completo del
+magín y acompañó a ambas mujeres durante toda la velada, siendo el
+cuarto personaje del grupo.
+
+Ya paseaban los cuatro, ya se sentaban en los bancos de piedra que hay
+en la plaza. Siempre estaban o iban en medio las dos mujeres, y
+alternando, a un lado y otro, ambos galanes.
+
+Ellos quisieron obsequiarlas con confites, pero ninguna de las dos
+consintió tamaño despilfarro. Para que don Paco no lo tomase a desaire,
+dejó Juana que le comprase un buen puñado de cacahuetes y cotufas, que
+se echó en el bolsillo y que iba comiendo. Juanita, que gustaba mucho de
+las castañas, como la Amarilis de Virgilio, se avino a que don Pascual
+le comprase un cuarterón de pilongas, que también se iba comiendo sin el
+menor melindre.
+
+A don Pascual le bastó con una que ella le dio con fineza, porque como
+don Pascual no tenía dientes, no la podía roer ni mascar y la tuvo hora
+y media en la boca, tratando en balde de ablandarla, y recordando que
+sin duda por eso, así como por su baratura, se llaman las castañas
+pilongas caramelos de cadete. Agradablemente pasaron, pues, la velada, y
+fueron de los que más gozaron en ella, sin perdonar los fuegos con los
+que la velada terminó, y que estuvieron espléndidos.
+
+
+Los galanes, ya cerca de la una, acompañaron a ambas Juanas hasta la
+puerta de su casa.
+
+Cada mochuelo a su olivo, como suele decirse. Todos en el lugar se
+retiraron a dormir y trataron de dormir profundamente y de prisa, a fin
+de estar listos y bien apercibidos, desde muy temprano, para las
+magníficas fiestas que había de haber al día siguiente.
+
+
+
+
+XV
+
+
+Desde el amanecer empezó a solemnizarse el 4 de agosto de manera
+estruendosa con repique general de campanas.
+
+Multitud de gente, tanto de la villa como de no pocos lugares cercanos,
+circulaba por la vía pública, acudía a la plaza, donde seguía la feria
+como en la noche antes, o se agolpaba en la carretera por donde había de
+ir la procesión, saliendo de la iglesia de Santo Domingo, que era la
+parroquia, y volviendo a entrar en ella después de haber dado gentil
+paseo por las calles principales. Estas habían sido bien barridas y
+alfombradas luego de juncia y gayomba. Aguardando ver pasar la procesión
+se hallaban muchas personas en las puertas, ventanas y balcones,
+pendientes de cuyas rejas y barandas lucían vistosas colgaduras de
+damasco encarnado, verde y amarillo, o de colchas de algodón estampado
+con enormes floripondios y orladas de rizados y cándidos faralaes.
+
+La población toda estaba de gala. Los hombres, bien afeitados, pues la
+víspera quedaron abiertas las barberías y afeita que afeita hasta muy
+dadas las doce. Los señores más importantes y ricos, cuantos recibían el
+tratamiento de don, estaban de levita y castora, hasta con frac dos o
+tres, el escribano entre ellos. Los jornaleros, de camisa limpia y con
+sus mejores ropas; si eran jóvenes, iban en cuerpo, pero con chivata o
+larga vara de membrillo, oliva o fresno; y si eran ya mayores de edad,
+con capa, para el conveniente decoro, por ser por allí la capa el traje
+de etiqueta, del que no se puede prescindir, aunque se achicharre o
+derrita el humano linaje, como era entonces el caso, porque el sol
+hacía chiribitas.
+
+Las mujeres de todas las clases sociales habían sacado sus trapitos de
+cristianar para adornarse aquel día. Ninguna iba con la cabeza
+descubierta. Todas, sí no tenían mantilla, llevaban mantones de lana
+ligera, o bien pañuelos que denominaban allí _seáticos_, o sea percal
+lustrosísimo, que imita la seda. Las damas pudientes, ya provectas,
+vestían trajes negros u oscuros de tafetán, de sarga malagueña o de
+alepín o de cúbica; y las señoritas, sus hijas, iban con trajes de
+muselina o de otras telas aéreas y vaporosas, pero ninguna sin mantilla,
+ora de tul bordado, ora de blonda catalana o manchega. Sobre la pulidez
+y el aseo del peinado, y como matorral a pie de enhiesta torre,
+relucían, junto a las peinetas de carey, las moñas de jazmines, la
+albahaca y otras hierbas de olor, y las rosas y los claveles rojos,
+amarillos, blancos y disciplinados.
+
+Las flores abundaban en Villalegre, gracias a la fuente del ejido, cuyas
+milagrosas propiedades ya hemos elogiado, y gracias también a otros
+caudalosos veneros, que brotan entre rocas al pie de la inmediata
+sierra, y a varias norias y a no pocos pozos de agua dulce, con los
+cuales se riegan huertos, macetas y arriates.
+
+Por entre los hierros de las cancelas que había en las mejores casas se
+veían los floridos patios, en algunos de los cuales los naranjos y las
+acacias prestaban grata sombra. Las plantas enredaderas trepaban por las
+paredes y formaban tupido cortinaje en las ventanas del primer piso.
+
+En el centro del patio, o refrescaba el ambiente un surtidor que caía en
+roja taza de bruñido jaspe, o se levantaba gran pirámide de tiestos,
+formando compacta masa de flores y verdura.
+
+Las libélulas y las inquietas mariposas revoloteaban en torno, y las
+avispas y las abejas zumbaban buscando miel.
+
+El territorio o término de Villalegre confina con la campiña, donde
+todas son tierras de pan llevar o baldíos incultos, sin huertas, ni
+olivares, ni viñedos. Si algo verdea por aquellos campos es tal cual
+melonar en las hondonadas. Todo lo demás es en aquella estación pajizo,
+ya sembrado, ya barbecho, ya rastrojos, los cuales arden como yesca y
+suelen quemarse para fecundar el suelo. Las plantas que se elevan más
+por allí y dan mayor sombra son las pitas. Son las más leñosas y
+arborescentes los cardos y los girasoles. Así es que en los hogares se
+guisa con cierto producto animal, que no sólo da calor, sino perfume,
+salvando por el aire una o dos leguas de distancia, de suerte que las
+poblaciones se huelen mucho antes de llegar a ellas, y aun de
+columbrarse en el horizonte sus campanarios.
+
+Los gorriones, los jilgueros, las golondrinas y otras cien especies de
+pintados y alegres pajarillos salen a la campiña con el alba, a coger
+semillas, cigarrones y otros bichos con que alimentarse; pero todos
+anidan en el término de Villalegre, y vuelven a él, después de sus
+excursiones, para guarecerse en sus cotos y umbrías, para beber en sus
+cristalinos arroyos y acequias, y para regocijar aquel oasis con sus
+chirridos, trinos y gorjeos.
+
+Aquel día, que era en extremo caluroso, o no habían salido las aves a
+merodear o habían vuelto tempranito, y trinando y piando, mientras que
+arrullaban tórtolas y palomas, hacían salva y música al Santo Patrono,
+así en los alrededores como dentro de la misma villa.
+
+Para mayor ornato y esplendor se habían erigido en ella seis triunfales
+arcos de lozano y verde follaje.
+
+La procesión salió en buen orden de la iglesia a las ocho en punto de la
+mañana. Rompían la marcha el sacristán y los monaguillos, que llevaban
+el estandarte, la manga de la parroquia y dos cruces de plata, a uno y
+otro lado de la manga. Después muchísima cera, esto es, multitud de
+hombres con velas encendidas caminaban en dos hileras. A trechos
+aparecían, conducidas en andas, hasta seis imágenes de santos, todas
+policromas, de barro o de madera. La quinta imagen era la de Santo
+Domingo. Su cara, severa y hermosa. Sobre su inspirada frente relucía
+una estrella de plata sobredorada. Con su mano derecha echaba el santo
+bendiciones. A sus pies había un perro, muy bien figurado, que llevaba
+entre los dientes una antorcha, al parecer encendida, con la cual, según
+el sueño de Santa Juana de Asas, abrasaba e ilustraba el mundo en amor y
+en conocimiento de Dios. Caminaban luego las dos filas de hombres con
+velas ardiendo, y por último venía una bella efigie de la Virgen, que
+estaba sobre los cuernos de la luna, la cual luna era de plata, lo mismo
+que la corona que llevaba la Santísima Celestial Señora.
+
+Era su manto de raso azul celeste, todo él bordado también de plata, y
+que había costado un dineral. Tenía la Virgen en el brazo izquierdo,
+apoyado contra el corazón, a un precioso Niño Jesús con la bola del
+mundo, que ostentaba la cruz en lo más alto. En la mano derecha llevaba
+la Virgen el escapulario del Carmen.
+
+Iban delante de la Virgen, con dalmáticas e incensarios, dos diáconos,
+que por allí llaman _jumeones_.
+
+En mitad de los _jumeones_ descollaba el hermano mayor de la cofradía,
+con túnica de seda azul sobre el frac, y empuñando larga pértiga de
+plata. Este hermano mayor era nada menos que el marido de doña Inés y
+yerno de don Paco, el ilustre don Alvaro Roldán, uno de cuyos
+antepasados había costeado la imagen de la Virgen, así como la de Santo
+Domingo, obras ambas de Montañés, según se jactaban de ello los
+naturales de Villalegre.
+
+En pos de la Virgen, revestido de riquísima capa pluvial, aparecía el
+padre Anselmo, y en torno de él varios capellanes, así indígenas como
+forasteros, con roquetes y sobrepellices, sueltos algunos de ellos, y
+otros seis sosteniendo los argentinos varales del magnífico palio,
+debajo del cual se contoneaba con la debida prosopopeya el ya mencionado
+cura párroco.
+
+Inmediatamente marchaban los individuos del Ayuntamiento, con el alcalde
+a la cabeza, el cual llevaba bengala con puño y borlas de oro. El
+secretario, don Paco, estaba al lado del alcalde, con su levita nueva,
+elegantísimo, y excitando la envidia de otros señores cuyas levitas o
+fraques eran viejos, fuera de moda, y algunos muy pelados, y ya que no
+con remiendos y rasgones, con picaduras de polilla, zurcidos chapuceros
+y tal cual lamparón o mancha de pringue o aceite, no menos conspicua que
+las que notó y censuró el Cid en el hábito del monje don Bermudo.
+
+El cacique, don Andrés Rubio, brillaba en la procesión por su ausencia.
+
+Cercado de una caterva de muchachos, se mostraba luego el hombre más
+forzudo del lugar, con la bandera del santo, cuya asta era larguísima.
+La bandera estaba hecha de retazos cuadrados de tafetán de diversos y
+vivísimos colores. Y era la gala que aquel jayán, cuando había para ello
+espacio bastante, porque el paño de la bandera tenía lo menos cuatro
+varas en cuadro, revolotease la bandera girándola en torno, paralela al
+suelo, de modo que, agachándose los muchachos y hasta algunos hombres y
+mujeres, eran por ella cobijados y benditos. Esta operación del
+revoloteo y el cobijo iba siempre acompañada de un precipitado redoble
+de tambor, tocado por un tamborilero hasta cierto punto eclesiástico y
+consagrado a aquel menester.
+
+No cerraba la procesión ninguna tropa de veras, porque en el pueblo,
+desde que se había extinguido la milicia nacional, no había soldados.
+Sólo había dos guardias civiles. Sin embargo, en lugar de los
+_tragalentejas_; que solían venir en lo antiguo de una ciudad cercana,
+iban los músicos municipales casi siempre tocando y vistiendo aún el
+uniforme de la extinguida milicia.
+
+No contentos con esto los del lugar y considerando y sabiendo, más o
+menos confusamente, que el Santo Patrono había tenido algo de guerrero,
+quisieron que aquella pompa fuese más militar, y tuvieron una felicísima
+idea. A los soldados romanos que salen allí en las procesiones de Semana
+Santa les pusieron en el pecho cruces de terciopelo carmesí y los
+convirtieron de perseguidores de Cristo en perseguidores de herejes de
+los que los amigos del santo habían metido en costura. Los soldados
+romanos estaban vestidos con mucha propiedad, porque en el pueblo había
+un santo nacido en él, el cual santo perteneció a la Legión Tebana; y
+como en compañía de una de sus canillas, hallada en las catacumbas, vino
+de Roma su imagen, el traje que llevaba sirvió de modelo para hacer los
+de los soldados romanos.
+
+En cuanto al traje de los judíos, era tan fantástico, que podía valer
+para cualquier época, si bien tenía el inconveniente de ser tan rico y
+primoroso, que sólo los señoritos más acaudalados del pueblo lo podían
+costear; así es que había pocos judíos, muchos menos que soldados
+romanos; mas no por eso se sometían del todo, sino que de cuando en
+cuando se enredaban a trancazos con los cruzados, armando muy graciosas
+escaramuzas o simulacros de pelea, con los cuales el pueblo se reía y
+era como el sainete o parte cómica de la procesión.
+
+Debemos advertir que estos judíos herejes, tan elegantes en el vestir,
+gastaban ciertas espantosas carátulas, con enormes narices, a veces como
+berenjenas amoratadas y llenas de verrugas, porque los judíos de los
+tiempos antiguos eran más feos que los de ahora, si bien entonces tenían
+la mar de dinero, cuando se vestían con tanto lujo.
+
+La devota muchedumbre no veía pasar la procesión en reverente y mustio
+silencio, sino con alborozo y algazara, prorrumpiendo en nutridos y
+sonoros vivas, entre los cuales se oían a veces proposiciones
+candorosamente heterodoxas y aun un poco blasfemas de puro
+entusiásticas, como, por ejemplo: «¡Viva nuestro glorioso Patriarca, que
+joroba a todos los demonios!» «¡Viva nuestro Santo Patrono, que achica a
+todos los otros santos!»
+
+Para colmo de la devoción y muestras de júbilo, varios mozos tenían
+escopetas y trabucos, y disparaban tiros sin bala ni perdigones, pero
+con mucha pólvora y muy apretada por el taco, a fin de que retumbase más
+el tronido. En suma, la procesión no dejó nada que desear. El público
+quedó muy satisfecho.
+
+
+
+
+XVI
+
+
+A las diez se cantó la misa mayor con órgano, que lo hay allí muy bueno,
+y no sucede lo que en Tocina y en otros lugares de la Andalucía baja,
+donde dicen que, a falta de órgano, tocan la guitarra en la iglesia. De
+esto no respondemos. Puede que sea una calumnia. Lo contamos porque lo
+hemos oído contar.
+
+La Virgen estaba ya de nuevo ocupando su camarín en el altar mayor, cuyo
+retablo, todo de madera tallada y dorada, subía hasta la cumbre del
+ábside, y era caprichoso y atrevido desate del estilo churrigueresco:
+complicado laberinto de retorcidos tallos, colosal hojarasca, frutas,
+armas, monstruos simbólicos y rosetones, por los cuales asomaban sus
+infantiles y aladas cabezas los ángeles y los serafines.
+
+A la derecha, y sobre otro altar, estaba ya también en su nicho el Santo
+Patrono.
+
+Ambos altares resplandecían con muchísimas velas y hachones ardiendo, y
+ramilletes de flores y festones y guirnaldas de arrayán, laurel y
+limonero los engalanaban.
+
+Las paredes del templo, si bien blanqueaban sin mácula por el reciente
+enjalbiego, se veían en parte cubiertas de rojo damasco, aunque el
+damasco era poco, y era más el filipichín que lo remeda.
+
+A ambos lados del altar de Santo Domingo admiraban los fieles multitud
+de exvotos, claro testimonio de la potencia milagrosa de su celestial
+abogado. Allí piernas, ojos, brazos y hasta niños completos, y bastantes
+tablitas pintadas al óleo, donde el milagro se representaba, y por medio
+de un largo letrero escrito al pie quedaba explicado.
+
+La multitud llenaba el templo. En el centro, las mujeres, de rodillas o
+sentadas en el suelo, se abanicaban casi todas. El movimiento de los
+abanicos de diversos colores alegraba la vista. Alrededor estaban los
+hombres, en pie. Sólo ocupaban algunos escaños de nogal los señores del
+Ayuntamiento y el cacique don Andrés, que vino a la iglesia, aunque no a
+la procesión.
+
+Las miradas de los asistentes se fijaban con pasmo en el pecho del
+cacique, donde aquel día brillaba por vez primera la placa de oro,
+diamantes y rubíes y lustrosa banda de una gran cruz que el Gobierno
+acababa de concederle en premio de sus eminentes servicios.
+
+Ambas Juanas, que tampoco habían estado en la procesión, porque la
+habían visto pasar por delante de su casa, sita en la carrera,
+aparecieron en la iglesia cuando ya empezaba la misa. Involuntario y
+general murmullo de admiración se escapó entonces del pecho de los
+hombres. La madre iba delante abriéndose paso con los codos. Detrás
+venía la hija, hecha un sol, con su lindo vestido de seda chinesca, su
+mantilla de madroños, su alta peineta de concha y un montón de claveles
+junto a la peineta. Como el vestido era alto, Juanita no llevaba pañuelo
+y mostraba toda la gallardía y esbeltez de su talle. Parecía la señora
+principal, la reina de aquella función, y apenas podían comprender sus
+compatriotas que fuese ella misma la moza que hacía poco iba con un
+cántaro por agua a la fuente. Era marcial y decidido su paso, pero al
+mismo tiempo majestuoso y modesto.
+
+En la mano, que, en vez de emplearse en humildes y rudos trabajos
+domésticos, se diría que había estado conservada entre algodones, como
+delicada joven, tenía un pericón que manejaba con mucha gracia.
+
+El asombro que causó su entrada en la iglesia bien se puede decir que
+durante tres o cuatro minutos turbó el orden y la tranquilidad que allí
+reinaba. El maestro de escuela, hombre leído y que sabía de memoria el
+Romancero, recordó a este propósito, hablando a la oreja de un concejal,
+el efecto que hizo entrada semejante en la ermita de San Simón de cierta
+niña sevillana, alborotando hasta a los monagos y a los sacristanes,
+quienes
+
+ en vez de decir amén,
+ decían amor, amor.
+
+Tan disparatado triunfo no cogió de susto a doña Inés. Ya tenía ella
+averiguada la transformación de Juanita de zagalona rústica en algo que
+presumía de dama, y ya sabía, merced a las investigaciones de Cristina,
+que Juanita iba a lucir aquel día un maravilloso traje de lo más a la
+moda y señoril que se había visto nunca en aquel lugar y en muchas
+leguas a la redonda. El éxito sobrepujó, no obstante, todos los
+presentimientos y temores de doña Inés. Aunque todavía estaba guapa, a
+pesar de los ocho vástagos que había tenido, se sintió en el fondo del
+alma, inferior a Juanita en hermosura; no dejó de notar, con profunda
+mortificación, que Juanita estaba vestida con mejor gusto que ella;
+hasta en la distinción, aunque doña Inés se preciaba de muy distinguida,
+tuvo recelos de que Juanita le llevaba ventaja. Apenas se daba cuenta la
+señora de Roldán del arte o de la adivinación con que una chicuela que
+se había criado entre pillería andrajosa y casi en medio de la calle,
+como vaca sin cencerro, se había hecho sujeto capaz de tan repentina
+elegancia.
+
+Como Juana la Larga iba tan engreída y tan ufana con el asombroso
+esplendor y con la rara belleza de su niña, no buscó para ponerse con
+ella de rodillas un sitio muy apartado, sino el mejor y más visible.
+Ambas mujeres fueron a plantificarse en un pequeño claro, inmediato a
+los escaños en que estaba el Ayuntamiento y don Paco y don Andrés; claro
+que el respeto y la humildad de otras mujeres habían contribuido a
+formar, y en cuyo límite, no distante, se hallaba doña Inés López de
+Roldán, la cual tomó aquella intrusión por desaforado atrevimiento, y
+ardió en sed de imponerle pronto y severo castigo.
+
+Al efecto había ya prevenido al padre Anselmo, y le tenía muy
+sobreexcitado contra Juanita y contra su madre.
+
+El padre Anselmo distaba mucho de ser malo y de ser ignorante. Sabía no
+poco de teología dogmática y de moral, y poseía notable despejo y
+prodigiosa facundia; pero era terco, persistente en las opiniones que
+una vez aceptaba, y desconocedor de los asuntos mundanos. Doña Inés,
+además, le tenía sorbidos los sesos. Doña Inés le infundía una veneración
+y un cariño alambicadamente espirituales, que la convertían para él en
+oráculo. Era el devoto afecto que se filtra y se cuela a menudo en el
+virtuoso corazón de los ancianos: amor sin deseo y sin vicio; lo que
+hasta llamándose platonismo escandalizaría al mismo que lo siente; lo
+que es tan sutil, tan etéreo y tan limpio como aquel semidivino sentir
+que describe y pinta con rasgos luminosos el conde Baltasar Castiglione
+en las últimas áureas páginas de su _Cortesano_.
+
+El padre Anselmo jamás había leído este libro y no había caído ni podía
+caer en que sentía inclinación tan dulce; pero sin tener conciencia de
+ello reverenciaba a doña Inés como si fuera ángel o santa. Estaba ciego
+para todos los defectos y pecados de ella, y no veía o no creía ver en
+ella sino virtudes: la prudencia, la caridad, el recogimiento y la
+piedad religiosa. Para el padre Anselmo era doña Inés modelo de casadas
+y de madres de familia y dechado ejemplar de señoras distinguidas y
+doctas. En todo cuanto le dijo acerca de Juanita no advirtió otro
+intento que el de evitar o reprimir el escándalo y el mal ejemplo que en
+el lugar se estaba ya dando.
+
+Influido por estas ideas, había preparado el sermón que predicó aquel
+día y que versaba, con aplicación a las circunstancias, sobre el mismo
+tema que él gustaba de tratar siempre: sobre la corrupción de nuestro
+siglo y sobre sus síntomas ominosos, que son alternativamente efectos y
+causas. Porque la falta de religión hace que se hunda la moralidad, como
+edificio cuyos cimientos se socavan, mientras que el excesivo regalo y
+el esmerado atildamiento del cuerpo apartan a las almas de toda seria
+meditación diabólicamente hacia lo temporal y caduco, y abrasándolas en
+el infernal apetito de poseerlo y de gozarlo. De aquí la ambición, la
+codicia y la lascivia, red que Satanás nos tiende, cebo con que nos
+atrae y anzuelo con que nos pesca y nos lleva consigo para devorarnos.
+La incredulidad y la herejía nacen de la molicie y del lujo, y por la
+ambición y la codicia, cunden, se propagan y lo inficionan todo.
+
+El padre ilustró su doctrina con citas históricas. Los albigenses, a
+quienes convirtió Santo Domingo con ayuda de Simón de Monfort, habían
+caído en abominable herejía porque se entregaban a los festines,
+elegancias y malas pasiones. Una pícara mujer que sedujo a Martín Lutero
+tuvo la culpa de que se hiciese protestante media Europa. Y la perversa
+Ana Bolena fue el medio de que se valió el diablo para apoderarse de los
+ingleses, que eran antes fervorosos católicos. La codicia había sido,
+sin embargo, peor que la lascivia, ya que, si bien toda revolución
+herética o impía empezaba con deportes, amoríos y relajación de
+costumbres, siempre era la codicia la que lograba que triunfase,
+convirtiendo la revolución en cucaña, en cuyo extremo superior se ponían
+los bienes de la Iglesia.
+
+--Tal vez--añadía el padre--las personas honradas y pacíficas andarán
+ahora muy confiadas imaginando que ya acabó la era de las revoluciones,
+porque la Iglesia es pobre y no tiene bienes que le quiten; pero ¡ay,
+cuán lastimosamente se equivocan! A falta de bienes de la Iglesia se
+pondrán, o se ponen ya en lo alto de la cucaña, los bienes de los
+particulares ricos. Y aún habrá menos escrúpulos para incautarse de
+ellos, como ahora dicen, porque la incautación (socorrida palabra para
+no emplear otra muy dura que cuadraría mejor) no será sacrílega.
+
+Entonces el padre habló del socialismo, refutándolo y procurando
+demostrar que cada una de sus utopías es sueño y delirio insano. Según
+él, siempre habrá pobres y ricos, y figurándose ya la revolución social
+triunfante, dio por ineludible resultado que los que ahora son ricos
+queden pobres; que algunos de los pobres más listos y audaces se hagan
+ricos y que la muchedumbre de los pobres se aumente en número y padezca
+mayor miseria, porque gran porción de la riqueza se habrá consumido o
+destruido con las huelgas, alborotos y guerras civiles. En cambio, si el
+orden establecido se conserva y se cuida de que nadie se haga rico
+burlando el Código Penal, todos trabajarán y se ingeniarán decentemente,
+por donde crecerán la riqueza y el bienestar; y los ricos serán más
+ricos y serán más, y los pobres serán menos pobres y menesterosos; y
+llegará el día, allá en lo por venir, en que los pobres estén mejor
+tratados que los ricos de ahora. Pero ahora y entonces habrá clases y
+jerarquías sociales, y será justo que se respeten, porque las hay hasta
+en el cielo.
+
+Aquí declamó mucho el padre contra el feroz empeño que muestran hoy
+tantas personas por salir de su clase y elevarse sin mérito suficiente:
+el tendero, sólo porque se enriquece, pretende ser marqués; el usurero,
+duque; el sargento, general, sin ir a la guerra, y las mozuelas
+desvergonzadas, damas y grandes señoras. Contra todos estos abusos
+disertó con vehemencia, o más bien lanzó centellas y rayos, discurriendo
+más por extenso sobre el lujo femenino y encareciendo los males que de
+él proceden.
+
+Al cuerpecito de una niña presumida y muy ataviada lo llamó colmena de
+Lucifer, cuya miel endulza el veneno, y de donde salen las abejas y los
+zánganos de punzantes aguijones, o sea un maldito enjambre de vicios,
+pecados y sandeces.
+
+Además de escandalizar con aquel lujo y de provocar a los hombres hasta
+en los lugares sagrados, turbando el sosiego de los espíritus e
+impidiendo su elevación, se gasta para sustentar dicho lujo más de lo
+que honradamente se gana; se aceptan regalos de los pretendientes y se
+les sonsaca el dinero. Dejándose ir, pues, por pendiente tan
+resbaladiza, las muchachas pobres que se ponen muy majas dan con
+facilidad en busconas. «Bien lo comprendió así--dijo el padre--la sabia
+y gloriosa reina doña Isabel la Católica, cuando se indignó al ver en
+unas fiestas que hubo en Segovia a ciertas aventureras vestidas de seda,
+y prohibió el uso de la seda a las que no fuesen hidalgas y
+ricashembras, lo cual fue providencia discretísima y moralizadora.»
+
+En suma, el padre Anselmo estuvo muy bien aquel día: censuró el vicio
+sin censurar al vicio, y no designó ni aludió a nadie.
+
+De esto se encargó la maliciosa envidia de las mujeres, excitada con
+disimulo por doña Inés. Todas hicieron a la emperejilada Juanita blanco
+de sus insolentes miradas. La consideración del origen ilegítimo de la
+muchacha vino a corroborar la creencia de que era pecadora. Cada cual
+recordó allá en sus adentros alguna de las varias sentencias vulgares
+que sostienen como verdad la transmisión de la culpa por medio de la
+sangre: de tal palo, tal astilla; la cabra tira al monte; quien lo
+hereda, no lo hurta; de casta le viene al galgo el ser rabilargo, y así
+la madre, así la hija y así la manta que las cobija.
+
+No pecaban las dos Juanas por encogidas ni por medrosas; pero apenas
+pudieron resistir la muda y formidable tempestad que descargó sobre
+ellas. Aparentemente estaba más conmovida la madre. Juanita no mostró
+perder la serenidad y el reposo. Su orgullo y el convencimiento de que
+no había incurrido en grave falta la sostuvieron. El dolor, no obstante,
+y la cólera por la inmerecida afrenta bañaron sus mejillas en más
+encendido carmín. Y bajando ella la vista, veló con los párpados y las
+rizadas y largas pestañas la luz de sus ojos, que dos mal reprimidas
+lágrimas humedecieron.
+
+Al terminar la función acertaron madre e hija a escabullirse sin ser
+notadas y a volver precipitadamente a su casa.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Juanita se dejó caer desmadejada en un sillón de brazos. Juana paseaba,
+yendo y volviendo a largos pasos en su salita, como leona en su jaula.
+
+--¡Habráse visto--exclamaba--mayor descoco! ¡Vaya... las mantesonas, las
+pu...ercas! Pues si durase aún la prohibición de seda, ¿cuál de ellas la
+llevaría sin contrabando? Mejores hidalgas y ricashembras nos dé Dios.
+De seda y muy de seda iban las dos hijas del escribano, pero «aunque la
+mona se vista de seda, mona se queda». Son más feas que noche de
+truenos. ¿Y de dónde han sacado su hidalguía? Quizá no sabremos que son
+hijas de la Frasquita, a quien Dios haya perdonado. Era viuda del
+cagarrache del molino de Don Andrés cuando la pretendió y la tomó por
+mujer el escribano. ¿Y por qué la tomó por mujer? Para remediarse,
+porque ella había allegado bastante dinero con un gran corral de
+gallinas, y más aún con su habilidad para aviar pollos. Aunque iba a la
+chita callando y no gastaba pito, la llamaban la _gabacha_. ¡Qué tacto
+en aquellos dedos verdugos! A escape entrecogía ella como con alicates
+lo que andaba buscando a tientas en los pobres animalitos, y los dejaba
+aviados por docenas, sin que se le desgraciase ninguno en la operación.
+Luego los cebada y ponía gordísimos y los vendía muy caros. Yo
+preguntaría al padre Anselmo si oficio tan cruel es propio de
+ricashembras.
+
+Juanita se recobró pronto de su momentáneo abatimiento, y dijo:
+
+--Mira, mamá, no me hables de las hijas del escribano. No las quiero
+mal. Si me miraban con descaro y con susto, fue de puro tontas.
+
+--Pues, hija mía, no sé de qué habían de asustarse. En la menor no se
+reparaba, porque es tan chiquituela y consumida, que parece un gusarapo;
+pero la mayor bien llamativa estaba. Vestida de colorado y tan gorda,
+parecía un tomate enorme con patas. Y luego, ¡qué desvergüenza! Durante
+toda la misa estuvo su novio a la vera de ella, todavía de judío, como
+había figurado en la procesión. ¡Buena hidalguía está la de Pepito, el
+hijo del albardonero! En vez de mercarle traje tan costoso, su padre
+debió hacerle una albarda, que no le vendría mal. Aunque ha vuelto de
+Granada licenciado en leyes, sigue tan burro como se fue, salvo que
+rebuzna en latín y larga las coces ajustadas a Derecho. Pero, en fin, tú
+tienes razón. No debemos quejarnos de ellos. Debemos despreciarlos. El
+arrastrado del padre Anselmo tiene la culpa de todo.
+
+--No maldigas del padre--replicó Juanita--. Es un bendito, espejo de
+santidad. Mucho de lo que dijo en el sermón era juicioso. Y si incurrió
+en exageraciones, bien sé yo por qué. La Reina Católica prohibiría sin
+duda la seda porque en su tiempo se entenderían las cosas de muy otra
+manera que en el día, y además porque la seda costaría entonces un ojo
+de la cara y arruinaría al país. En fin, yo no sé por qué prohibió la
+reina la seda. Acaso no sea verdad que la prohibiese. Pero si lo es o no
+lo es, ¿a mí qué me importa? Yo no me quejo de la reina ni del cura. De
+quien me quejo es de aquella embustera gazmoña de doña Inés, que es la
+que ha armado contra mí todo este gatuperio. Ella me las pagará. ¡Voto a
+Cristo que me las pagará!
+
+Y levantándose entonces de la silla se dirigió hacia su madre con los
+ojos echando chispas, y haciendo la cruz como para persignarse, dijo
+solemnemente:
+
+--Por esta cruz lo juro: yo me vengaré. Ella se acordará de mi durante
+toda su asquerosa vida o me han de borrar el nombre que tengo.
+
+--Sí, hija mía--repuso Juana--, véngate, véngate. Nada más natural y
+razonable, pero sin hacer ninguna barrabasada. Y, sobre todo, no jures,
+que es pecado mortal. Véngate sin juramento; con cachaza y mala
+intención.
+
+--Pierde cuidado. No me faltará cachaza. He de disimular más y he de ser
+más hipocritona que esa indina. Mala intención es lo que no tengo; mi
+intención siempre será buena.
+
+Al llegar a este punto de su interesante diálogo, ambas interlocutoras
+oyeron en la calle terrible estruendo de voces, silbidos y carreras. Se
+asomaron a la ventana y miraron por la celosía. Apenas tuvieron tiempo
+de ver pasar atropellada muchedumbre de gente, y una vaca brava, atada a
+una larga y recia soga, de la que tiraban catorce o quince mozos de los
+más robustos y ágiles. Otros mozos aguijoneaban y enfurecían a la vaca,
+apaleándola con las chivatas y punzándola por detrás con pitacos o
+bohordos de pita.
+
+No siguieron mirando las Juanas lo que ocurría en la calle, porque más
+conmovedor espectáculo se ofreció de repente a sus ojos dentro de la
+sala misma. Apareció don Paco, a quien la criada había abierto la
+puerta, con una gran pelota colorada entre los brazos. Pronto
+reconocieron en aquella pelota a la hija mayor del escribano, que venía
+desmayada y con acardenalado y gordo chichón en la frente. Las mejillas
+y las narices las traía embadurnadas en una sustancia amarilla y
+pegajosa a la que las moscas acudían. Al pronto dio no poco que
+sospechar tal sustancia, pero luego se supo que eran yemas
+despachurradas.
+
+En un cucurucho, que le había feriado el novio, las llevaba doña
+Nicolasita, y no se rompió las narices porque al caer dio con ellas
+sobre las yemas.
+
+Embelesada con la conversación de su novio, que iba a su lado, con la
+carátula en la cabeza como montera y casi tan majo como ella, y seguida
+de su padre y de su hermanita, habían estado todos en la plaza, donde
+Pepito se había despilfarrado feriando los dulces. Allí se habían
+olvidado por completo de que formaba parte del programa de los regocijos
+y festejos con que se celebraba el día del Santo, un toro de cuerda, que
+entonces fue vaca, como hemos dicho.
+
+Al pasar un grupo por la calle donde ambas Juanas vivían, oyeron de
+repente el alboroto y vieron el tropel de los que huían de la vaca, y
+hasta entonces no recordaron el peligro a que se habían expuesto.
+
+El escribano, sin pensar en sus hijas, con frac y todo, se subió por los
+hierros de una reja y logró ponerse en salvo. La hermanita menor, que
+era muy ligera, tal vez por ser tan ruin y enjuta de carnes, se subió
+también a otra reja, donde parecía un mico.
+
+El novio estuvo muy caballeroso y quiso imitar a Edgardo, el héroe de la
+novela de Walter Scott, _Lucía de Lammermoor_, que él había leído; pero
+la vaca no entendía de heroicidades y le derribó al suelo, dándole un
+empellón con el testuz. Por fortuna, la vaca no le hizo daño ni caso,
+porque sólo llamaba su atención y la atraía poderosamente aquella masa
+redonda y colorada que corría delante de ella agitando mucho las faldas.
+Como la calle estaba cubierta de gayomba y de juncia y con muchas gotas
+de cera que habían caído al pasar la procesión, el piso resbalaba
+demasiado. No es, pues, de extrañar que resbalase doña Nicolasita y
+diese en el suelo de hocicos. Gracias a las dos libras de yemas que se
+interpusieron entre su cara y las piedras no se despampanó la pobre.
+Sólo se hizo en la frente el chichón ya mencionado. Su terror fue
+inmenso y causa de su desmayo. Allá, en su fantasía febricitante, creyó
+sentir el cuerno que penetraba traidoramente en sus delicadísimas
+carnes, ya por un lado, ya por otro; y como por el terror, y antes que
+sobreviniese el soponcio, le dio la pataleta, agitaba la falda roja y
+llamaba al toro, o digamos a la vaca, que se le venía encima.
+
+La fuerza de los mozos que la detuvieron tirando de la cuerda impidió
+que hubiese aquel día un desastre y que la función acabase en tragedia.
+
+Don Paco, que venía por allí para visitar a sus amigas, al ver desmayada
+a doña Nicolasita, la levantó en sus brazos y se refugió en casa de
+ellas.
+
+Cuando ambas se enteraron de lo sucedido, olvidando el enojo, cumplieron
+piadosamente con las leyes de la hospitalidad. Hicieron volver de su
+desmayo a la víctima de la vaca, aplicando a sus narices vinagre muy
+fuerte; con el mismo vinagre aguado le pusieron compresas en el chichón
+y se lo vendaron con un pañuelo blanco, de suerte que doña Nicolasita
+parecía un Cupido. Y, por último, le lavaron la cara y le quitaron la
+costra y churretes de yemas.
+
+Don Paco auxilió en todo esto a las dos caritativas mujeres.
+
+El escribano, Pepito y la hermana menor recobrados ya del susto,
+vinieron a la puerta a llamar a doña Nicolasita, la cual, restablecida
+también, salió en busca de ellos, sin dar ocasión ni tiempo a que
+entrasen.
+
+Tal vez pudo creerse que esta precipitación en la partida y el no entrar
+en la casa los otros había sido de puro avergonzado; pero como doña
+Nicolasita no dio las gracias sino de un modo muy seco, y Juana y
+Juanita estaban escamadas, ambas lo atribuyeron a desdén y a estúpido
+recelo de rebajarse y contaminarse en el trato de ellas.
+
+Más amostazada entonces que nunca Juana la Larga, aprovechándose de un
+momento en que Juanita había subido a su cuarto, habló a don Paco de
+esta manera:
+
+--Señor don Paco, de sobra habrá visto usted la afrenta que nos han
+hecho. Su hija de usted, mi señora doña Inés, tiene la culpa de todo. Se
+le figura que le tenemos a usted engatusado, y que le queremos chupar y
+le chupamos los parneses. Harto sabe usted que eso no es verdad. Mi niña
+aceptó el corte de vestido y algún que otro regalo; pero los hemos
+pagado, si no con creces, en lo justo. La levita que lleva usted puesta
+bien vale la seda que mi hija ha lucido hoy y que tanto jaleo ha
+causado. Nosotras queremos mucho a usted, como buenas amigas; pero no le
+queremos tanto para que por usted nos sacrifiquemos; si seguimos
+recibiéndole nos tendrán por unas perdidas, y hasta serán capaces de
+echarnos del lugar. A Juanita le divierte mucho la conversación de
+usted; pero yo no quiero conversación que a nada conduce y que nos puede
+salir muy cara. Conque, con pena lo digo, y sin pensamiento de
+ofenderle, transponga usted, y no vuelva a parecer por esta casa, al
+menos hasta que cambien las circunstancias, sí es que cambian algún día,
+y sí no cambian, no parezca usted nunca.
+
+Don Paco se compungió y se aturdió al oír este discurso y no acertó a
+dar contestación. Algo tartamudeaba; pero la resuelta Juana no le dejaba
+decir palabra. Le empujó hacia la puerta y le echó a la calle antes que
+volviese su hija.
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Atolondrado don Paco con los sucesos de aquel día, y más aún con la
+expulsión de que acababa de ser objeto, no sabía qué camino tomar ni a
+qué carta quedarse, y maquinalmente se fue a su casa a meditar y a hacer
+examen de conciencia. Lo primero que notó fue que la tenía muy limpia.
+No era ningún delito, aunque pudiese pasar por extravagancia, el que
+estuviese enamorado de aquella muchacha que podía ser su nieta. El haber
+ido a su casa todas las noches durante algunas semanas apenas le parecía
+imprudente y digno de censura. De Juanita formaba, sucesiva y a veces
+simultáneamente, distintos conceptos, como sí en el fondo del ser de
+ella hubiese algo de misterioso e indescifrable. De sobra reconocía él
+que Juanita, si no le había dado calabazas, era porque él no se había
+declarado en regla; pero con sus bromas de llamarle abuelo y con la maña
+que ella empleaba para que él no le hablase al oído y para esquivar el
+estar a solas con él, harto claro se veía que no quería admitirle por
+novio ni por amante. Sin embargo, ¿sería esto cálculo o ladino instinto
+de mujer para cautivarle mejor o para entretenerle con esperanzas vagas?
+También recordaba don Paco los cuchicheos de Juanita con Antoñuelo y se
+ponía celoso.
+
+¿Si estaría ella prendada de Antoñuelo, y considerando que como novio no
+le convenía, pensaría en plantarle y en decidirse al fin por don Paco,
+como mejor partido y conveniencia? ¿Si titubearía ella entre su propio
+gusto y lo que su madre, sin duda, le aconsejaba? Como quiera que fuese,
+don Paco tenía estampada en las telas del juicio la imagen de Juanita, y
+cada vez le parecía más hermosa y más deseable. Harto bien notaba que ni
+su madre ni ella habían tratado jamás de medrar a su costa de un modo
+pecaminoso e ilegítimo. La madre acaso le deseaba para yerno. Lo que es
+la hija, hasta entonces no había mostrado desearle, ni menos buscarle
+para amante ni para marido. El había hecho todos los avances. Culpa suya
+era todo aquel furor suscitado contra las dos mujeres, del cual no le
+cabía la menor duda de que doña Inés era promovedora. Consideraba luego
+don Paco, y esto le lisonjeaba y le ponía muy orondo, que Juanita, ya
+que no le amase, se deleitaba con su conversación, le reía los chistes,
+le aplaudía las discreciones, y oyéndole hablar, se mostraba muy atenta
+y como pendiente de sus labios.
+
+En aquella casa, de donde le habían echado, no había recibido sino
+honestos y amistosos favores, en pago de los cuales, y fuese por lo que
+fuese, acababan de recibir ambas mujeres un agravio sangriento, para el
+cual se creía él obligado de hallar satisfacción. Exaltado por estas
+cavilaciones, se decidió don Paco a ir a ver a su hija, a explicarle con
+franqueza y lealtad lo que había pasado y a pedirle cuentas de su
+maligna conducta.
+
+De mucho valor tenía que revestirse para atreverse a dar aquel paso.
+Doña Inés, con su severidad y su tiesura, casi le infundía miedo; pero
+le venció la vergüenza, hizo cuanto pudo para apartarlo de sí, y se
+dirigió, con todos los bríos que pudo recoger y acumular en su ánimo, a
+casa de la señora doña Inés López Roldán, a quien sabía él que hallaría
+sola a la hora de la siesta.
+
+En casa de doña Inés se comía entonces a las dos de la tarde. Don
+Alvaro, cuando no estaba en el campo, se acostaba en seguida, y como
+comía bastante y bebía más del exquisito vino que se cría por allí, y
+que es mejor que el de Jerez, con perdón sea dicho, se tendía en su cama
+y estaba roncando hasta las cuatro o las cinco de la tarde.
+
+A los niños se los llevaban Serafina, el ama, y Calvete al otro extremo
+de la casa, donde no molestaban con su ruido. Doña Inés se quedaba
+entonces sola en su estrado o en su despacho, ya haciendo cuentas, ya
+entregada a sus oraciones, ya leyendo algún libro de devoción o de
+historia.
+
+El cacique don Andrés y otros personajes importantes del lugar no venían
+de visita o de tertulia sino por la noche. Las malas lenguas pueden
+decir cuanto se les antoja, los mal pensados pueden suponer las mayores
+diabluras; pero lo cierto es que doña Inés era recatadísima y, o bien
+tenía razón el padre Anselmo y era una Lucrecia cristiana, o bien sabía,
+con prodigioso artificio, practicar aquel famoso precepto que dice: «Si
+no eres casta, sé cauta.» De aquí que doña Inés pudiese erguir muy alta
+la frente y calificar de brutal y grosera calumnia la más leve
+insinuación que contra su honestidad se atreviese a hacer algún
+deslenguado.
+
+Muy entretenida se hallaba entonces leyendo la vida de Santo Domingo,
+porque a causa de la función de iglesia no había leído aquel día muy de
+mañana el _Año cristiano_, como tenía de costumbre, cuando entró
+Serafina a anunciar que don Paco llegaba a visitarla. Don Paco tenía
+entrada franca en aquella casa; pero Serafina le anunció para tener
+prevenida a su ama. Apenas transcurrió un minuto entre el anuncio y la
+entrada de don Paco diciendo buenos días.
+
+--Buenos días dé Dios a usted, señor padre--dijo doña Inés, levantándose
+de la silla, acudiendo respetuosamente a su padre para besarle la mano y
+convidándole a sentarse, como se sentó, en un sillón, frente a ella.
+
+--Dichosos los ojos que ven a usted--prosiguió doña Inés--. Hace no sé
+cuántas semanas que no pone usted los pies aquí. ¿Qué negocios le traen
+a usted tan ocupado? ¿Qué le ha caído a usted que hacer que no le deja
+siquiera una hora o dos libres por la noche para venir a mi tertulia,
+verme y darme el gusto de que yo le vea, echar algunas manos de tresillo
+o tener un rato de agradable conversación con el padre Anselmo y con los
+demás señores que honran mi casa con su presencia?
+
+Estas cariñosas quejas parecían todas sin intención y como nacidas del
+filial afecto; pero al mismo tiempo era un cruel interrogatorio, que
+turbó a don Paco, y al que tuvo que hacer un esfuerzo para contestar. De
+nada valía el disimulo. Era menester contestar con franqueza, y don
+Paco, armándose de valor, contestó de esta suerte;
+
+--Tienes razón en quejarte, hija mía. Hace tiempo que no vengo a tu
+tertulia, ¿qué quieres? Acaso han sido chocheces, extravagancias de
+viejo; pero yo había tomado la maña de ir a otra tertulia más modesta y
+menos elegante que la tuya, y que, sin embargo, lo confieso, tenía para
+mí singular atractivo.
+
+--¡Válgame Dios, señor padre! Lo había oído decir, pero no lo había
+querido creer hasta que lo oigo de su boca. Extraño me parece que una
+persona de la posición, de la gravedad y de los conocimientos de usted
+se deleite rebajándose y dando conversación, durante horas enteras, a
+dos mujeres tan ordinarias y tan poco edificantes como las Juanas; pero
+más extraño es todavía que no sea la conversación de usted y su tertulia
+con ellas solas, sino que haya usted tenido casi siempre por contertulio
+a Antoñuelo, el hijo del herrador, el más pillete y el más zafio de
+todos los mozos de este lugar. ¡Singular tertulia! ¡Buen par de parejas
+estaban ustedes! La verdad..., yo no sabía qué decir cuando me hablaban
+de esto. Aseguraban unos que Antoñuelo es el novio, o sabe Dios qué, de
+la Juanita, y le endosaban a usted a la Juana. Otros afirmaban que usted
+pretendía a Juanita; pero entonces, ¿en qué se empleaba, qué papel hacía
+el celebérrimo Antoñuelo? ¿Eran ustedes rivales? Confiese usted que ha
+sido una locura, un disparate, lo que ha estado usted haciendo. No niego
+yo que la Juanita es guapa, aunque más que de honrada mocita tiene
+trazas de desaforada marimacho o de desenfrenada potranca. Pero aunque
+fuese Juanita la propia diosa Venus, debía usted (perdóneme, señor
+padre, si se lo digo, por el interés y el amor que me inspira), debía
+usted no avillanarse yendo a diario a su casa. Pecado y vicio sería ir
+allí solo y como favorecido vencedor; pero ir en competencia con
+Antoñuelo, francamente, yo no acierto a calificarlo. Lo mejor que se
+puede decir es que ha sido un delirio. Vuelva usted en su juicio; deje
+de visitar a esas mujeres, y todos trataremos en el pueblo de hacer
+olvidar que usted las ha visitado pretendiendo a una de ellas, hasta
+ahora tal vez en balde. Si ha pecado sólo con la intención, no por eso
+es menor el pecado. Al contrario, ya que no para las personas piadosas y
+timoratas, para gente vulgar y profana es pecado más feo. No se ofenda
+usted si me atrevo a declararlo, con harto dolor lo declaro: la
+ridiculez le acompaña.
+
+Casi todo el valor de que se había armado don Paco a fin de hablar a su
+hija y de quejarse de su conducta, cayó derribado a los pies de la
+señora de Roldán. Sus contundentes razones abrumaban a su padre como una
+lluvia de acicalados chuzos, cuyas puntas se le clavaban en el corazón.
+Mirando todo por el lado poético, se explicaba satisfactoriamente:
+Juanita era el recato, la virtud, el talento y la modestia en persona.
+Era, además, hermosa como una ideal virgen espartana, como la propia
+Diana Cazadora, rica en salud y gallardía; esbelta, fuerte y ágil; con
+todos los atractivos de la más casta, limpia y juvenil hermosura. Si
+Antoñuelo, que era un perdido, iba allí y trataba con la mayor
+familiaridad a Juanita, esto consistía en que Antoñuelo se había criado
+con ella desde la infancia; en que ella le miraba y candorosamente le
+quería como a un hermano, y en que procuraba evitar que se extravíase y
+cayese en el precipicio.
+
+La propia madre de Juanita, aunque había tenido en su mocedad lo que
+llaman en aquellos lugares un tropiezo, estaba-ya purificada por la vida
+ejemplar que había hecho después y por el honroso trabajo con que había
+logrado sustentarse y criar y conservar el fruto de sus desventurados
+amores. Todo esto y más podía valer como respuesta a las observaciones
+de doña Inés. Pero lo cierto era que, despojado el caso de este tinte
+poético, y tal como el prosaico vulgo podía entenderlo, doña Inés tenía
+razón que le sobraba. Para la generalidad de los habitantes de
+Villalegre, Juanita no era más que la mozuela del cántaro, la hija
+ilegítima de Juana la Larga, la chica que había corrido y jugado con los
+pilletes en medio de las calles hasta la edad de nueve o diez años, y la
+que después había conservado una sospechosa e íntima amistad con
+Antoñuelo, el cual pasaba entre todos por un tunante de la peor especie.
+
+De aquí el desairado y mal papel que una persona de los años, de la
+seriedad y la importancia de don Paco no podía menos de hacer en
+apariencia, o bien siendo rival de Antoñuelo, o bien de acuerdo con él
+para cortejar a la madre uno y a la hija el otro. Reponiéndose, no
+obstante, de la consternación que el tremendo discurso de doña Inés le
+había causado, y por lo mismo que ella con su feroz acometida le
+acorralaba y, como suele decirse, le ponía entre la espada y la pared,
+don Paco habló, al fin, con energía, y dijo de esta suerte:
+
+--La gente podrá decir lo que le dé la gana. Yo me río de la gente,
+porque lo que dice es injusto. Tal vez me acusen las apariencias. En
+realidad, no hay culpa, ni falta, ni desdoro en lo que he hecho. Mi
+yerno será un señor muy noble, pero yo no lo soy, y al tratarme con los
+plebeyos, me trato con mis iguales. Sólo se puede exigir de mí que sean
+decentes las personas que trato, y no hay el menor motivo para afirmar
+que las Juanas no lo sean. La vista y la conversación de Juanita me
+deleitaban, y por eso he estado yendo a casa de Juanita todas las
+noches. Soy mayor que tú en edad, saber y gobierno. Sé lo que me hago.
+No necesito de guía. No quiero ni debo aguantar tus sermones. Me basta
+con aguantar el que nos ha echado hoy el padre Anselmo, inocente tal
+vez, pero que tú y otras mujeres envidiosas habéis envenenado con
+vuestra malicia.
+
+--¡Dios mío!--interrumpió doña Inés--. ¡Esto solo me faltaba: que llegue
+la ceguedad de usted hasta suponer que yo envidio a esa hija... de su
+madre! Lo ocurrido es muy natural; la desvergonzada mozuela se ha
+encajado en la iglesia, no vestida humildemente, según su clase, sino
+con el lujo escandaloso de las mujeres cortesanas que bullen en las
+grandes ciudades y que son la perdición de los hombres. ¿De dónde ha
+salido el traje que llevaba puesto? Aquí nadie lo ignora. Era regalo de
+usted.
+
+--No he de negar yo que era regalo mío. Ella lo aceptó por no
+desairarme; pero como me ha dado en cambio prenda de más valor, nadie
+puede decir que se viste a mi costa. Juanita se viste bien o mal con lo
+que gana trabajando de modo honrado y lícito, y no estando vigentes en
+el día la pragmática contra la seda ni ningunas otras leyes suntuarias,
+no sólo de seda, sino de oro y de perlas puede vestirse Juanita si tiene
+dinero para comprar el vestido y si se le antoja engalanarse con él.
+
+--Si el respeto que a usted debo no anudase mí lengua--replicó doña
+Inés--, me atrevería a decir que está usted loco de atar. ¿Cómo defender
+el escándalo, la campanada que ha dado esa chica, transformada de
+repente en princesa, como en los cuentos de hadas? Tiene chiste el que
+le haya dado a usted la levita. Ya se la cobrará con usura. Las puntadas
+de ella y las morcillas y longanizas que sabe hacer su madre no bastan
+para costear levitas a los caballeros, y para seguir emperejilándose con
+ricos trajes y mantillas de madroños, como dicen que en Madrid van a los
+toros las damas de alto copete y las majas de rumbo. El día menos
+pensado, no sólo para ir tan pomposas, sino para comer, faltará dinero a
+las Juanas, y entonces acudirán a usted y a otros a fin de retenerle, y
+como no podrán dar en cambio levitas, harto sabe el diablo lo que darán,
+sí ya no lo han dado.
+
+--Ni han dado ni darán lo que no debe darse--exclamó don Paco, perdiendo
+ya los estribos--. Lo que yo te aseguro es que si Juanita quiere darme
+su mano, yo la aceptaré gustoso, y tú tendrás que respetarla como madre.
+
+--¡Jesús, María y José!, respetar yo a ese arrapiezo.... Se me caería la
+cara de vergüenza si hiciera usted semejante disparate.
+
+--Pues sólo de Juanita depende que no lo haga. Y como no es posible, sin
+que nos peleemos, continuar esta conversación, me voy y te dejo. Adiós,
+hija.
+
+--Señor padre, vaya usted con Dios y El le ilumine para que no continúe
+usted desatinando tan lastimosamente.
+
+Don Paco salió con precipitación y muy enojado de casa de su hija, y no
+quedó ella menos furiosa.
+
+
+
+
+XIX
+
+
+El sermón del padre Anselmo se comentó y se interpretó por todo el lugar
+en perjuicio de ambas Juanas. Nadie sacó la cara por ellas, salvo el
+maestro de escuela, aquella noche, en la Casilla.
+
+La Casilla era y es todavía en algunos lugares el Casino y el Ateneo
+primitivos y castizos.
+
+Por lo general, y así sucedía en Villalegre, la Casilla estaba en sala
+relativamente cómoda y espaciosa, detrás de la botica. Allí se leían los
+periódicos, se fumaba, se charlaba y se jugaba malilla, al tresillo, al
+truquiflor y al tute, y tal vez al ajedrez, al una a la dominó y a las
+damas.
+
+Don Policarpo, el boticario de Villalegre, hacía muy bien los honores
+del establecimiento, donde concurrían casi todos los personajes del
+lugar, a despecho de las mujeres, que eran devotas y que abominaban del
+boticario, porque lejos de estar en olor de santidad, alcanzaba la poco
+envidiable fama de descreído y materialista. Siempre había permanecido
+soltero; tenía una lengua como un hacha, con la que destrozaba las
+reputaciones; y en su maligno rostro, en sus ojos vivarachos y algo
+bizcos, en su nariz aguileña y en su boca sumida y burlona se revelaba
+cierta diabólica y punzante travesura.
+
+En el pueblo se referían estupendas singularidades sobre sus doctrinas y
+facultades científicas, sosteniendo muchos que no todo lo que él hacía y
+decía era natural, sino en gran parte por inspiración y con auxilio del
+demonio; por lo cual, al hablar de sí propio, declaraba él que, si
+hubiese Inquisición aún, ya no viviría, porque le hubieran quemado vivo.
+Era dogma suyo que todas las cosas son lo mismo, y que la diferencia de
+ellas es más aparente que real y más somera que profunda. Produce la
+diferencia de las cosas una fuerza que vive y se agita en ellas,
+ocultando la raíz de su ser, y que, según sus varios efectos y
+operaciones ya se llama calor, ya luz, ya electricidad, ya magnetismo,
+de donde transformaciones y mudanzas y vida y muerte. Esta fuerza era el
+dios de don Policarpo. Por él se jactaba de estar poseído y de ser
+energúmeno.
+
+Para hacer milagros por su medio y en su nombre no tenía don Policarpo
+vara de virtudes; pero, en cambio, tenía una recia, puntiaguda y
+larguísima uña en el dedo meñique de la mano derecha, la cual uña le
+servía de ordinario como mondadientes. Las damas se llenaban de terror
+cuando la veían, como si viesen la de Satanás en persona. Se decía que
+el boticario ya magnetizaba, adormecía y sujetaba a su voluntad a las
+gentes, despidiendo por dicha uña fluido magnético, ya se electrizaba
+todo, restregando con rapidez sus pies contra una piel de lobo, y
+lanzaba por dicha uña un chorro o penacho de chispas azuladas y
+luminosas. Y no faltaba quien añadiese, jurando haberlo visto, que sólo
+con acercar la uña, cuando estaba él bien cargado y saturado de
+electricidad, encendía un candil o disparaba un cañoncito muy cuco que
+se usaba para esta experiencia.
+
+Yo no respondo de que hubiese o no algo de exagerado en tales
+afirmaciones; pero como quiera que fuese, el boticario, aunque
+aborrecido de las damas, a lo que debía de contribuir su fealdad nada
+común, era persona divertida y hospitalaria.
+
+Ninguna noche faltaban en la tertulia de su casa ocho o diez
+tertulianos. No iba el cura por culpa de la impiedad con que allí se
+hablaba; pero iban el médico, dos o tres concejales, el propio señor
+alcalde, varios de los mayores contribuyentes y don Pascual, el maestro
+de escuela.
+
+Don Policarpo comentó el sermón de aquel día con maliciosa agudeza,
+sosteniendo irónicamente que el padre tenía razón.
+
+--Sí, señores--dijo--; ya no hay bienes de la Iglesia que repartir. El
+reparto se ha hecho mal y entre pocas personas que se han enriquecido.
+La futura revolución tendrá, pues, por objeto apoderarse de otros bienes
+y repartirlos con mayor equidad entre todos los pobres.
+
+El maestro de escuela, que era liberal e individualista, respondió de
+este modo:
+
+--No es exacto que la revolución haya despojado inicuamente de sus
+bienes a la Iglesia. Si se los ha expropiado, bien la indemniza. El
+Estado puede expropiar, indemnizando, para utilidad pública. Sin
+embargo, aunque no hubiera tal indemnización, el caso no es idéntico.
+Ninguna asociación tiene por sí los derechos radicales e
+imprescriptibles de los individuos que la componen. El Estado es
+asociación suprema, a la cual están sometidas las otras, sin que puedan
+existir en contra suya. Y si el Estado es árbitro de la vida de ellas,
+¿cómo no ha de serlo de lo que poseen? Lejos de caminar hacia el
+socialismo, yo creo que la civilización propende a extender y afirmar
+más cada día los derechos individuales. ¿Quién se atreverá a decir hoy,
+si no está loco rematado, que el Gobierno o el rey, por respetado y
+poderoso que sea, es señor de vidas y haciendas?
+
+--No nos venga usted con sofismas--interrumpió el boticario--. Si cada
+uno de los individuos que se asocian tienen singularmente derechos
+imprescriptibles, incluso el de asociarse, y si no hay rey ni roque que
+pueda despojar a nadie a su antojo de la hacienda y de la vida, ¿cómo se
+explica que no persista en la suma lo que preexistía aisladamente en
+cada uno de los sumandos?
+
+Apuradillo se vio el maestro de escuela para impugnar el nuevo argumento
+del boticario; pero lo impugnó al fin con razones, si no juiciosas,
+agudas.
+
+Por dicha, los que estaban allí presentes eran propietarios más o menos
+ricos, y varios de ellos habían comprado bienes de la Iglesia. Todos,
+por consiguiente, hallaron que don Pascual discurría mejor que Solón y
+que Licurgo; se pusieron de su lado, dejaron al boticario solo, y
+trataron de sofocar su voz y de aturdirle a fuerza de gritos.
+
+Don Policarpo no se dejaba convencer ni intimidar fácilmente, pero todos
+se cansaron de chillar y se pusieron roncos, terminando por cansancio
+una disputa en que los extremos se habían tocado y en que la impiedad
+atea había estado de acuerdo con el más fervoroso catolicismo. Hubo un
+entreacto: un rato no corto de sosiego. Después recayó de nuevo la
+conversación sobre el sermón de aquel día, sobre el desenfrenado lujo de
+las mujeres y sobre las elegancias de Juanita la Larga.
+
+En este punto, el maestro de escuela impugnó igualmente el sermón y
+defendió con más calor, ahínco y acierto a Juanita.
+
+--Es--decía--una muchacha discreta, honrada y trabajadora. Dios la ha
+hecho hermosísima, y casi, casi estoy por decir que no sólo tiene
+derecho, sino que tiene el deber de acicalarse y de realzar y mostrar la
+hermosura que Dios le ha dado. Lo contrario sería ingratitud para con
+Dios y desdeñar lo que enseña la parábola de los cinco talentos. Y
+extraño mucho que ustedes, que han estado conmigo defendiendo la
+propiedad individual, se vuelvan ahora contra mí y se pongan del lado de
+don Policarpo para impugnar dicha propiedad. Pues qué, si Juanita tiene
+dinero, ¿por qué no ha de gastarlo en cuanto se le antoje y vestirse
+como una reina? ¿Y qué le falta a ella para ser reina o para ser
+emperatriz?
+
+Movido el boticario por su espíritu malicioso, e impulsados los demás
+por el odio y envidia de sus mujeres, respondían, si no con buen
+discurso, con desvergüenzas y con burlas a cuanto don Pascual alegaba.
+
+Juana la Larga fue declarada una largartona de primera fuerza; Juanita,
+una moza extraviada que estaba ya pervirtiendo y corrompiendo las buenas
+costumbres, y don Paco, un viejo chinadísimo, a quien hija y madre
+ponían en ridículo e iban a chupar cuanto poseía.
+
+En lo más recio de la disputa acertó a entrar en la botica el señor don
+Paco, y antes de llegar a la trastienda tuvo el disgusto de oír y de
+comprender los horrores que allí se propalaban.
+
+Todos se callaron, porque cara a cara no querían ofenderle. La herida,
+con todo, estaba ya hecha. Se dio otro giro a la conversación. Se habló
+de cosas distintas. Y don Paco halló lo más prudente no dar a entender
+que había oído, y no traer de nuevo la conversación a tema para él tan
+enojoso.
+
+A fin de disimular, trató de aparecer sereno y alegre; habló de las
+novedades políticas; se congratuló de que don Andrés Rubio acabase de
+obtener una gran cruz y fuese ya excelentísimo; y, por último, echó unas
+cuantas manos de tute con el maestro de escuela.
+
+Embromó al boticario diciendo que no creía en la fuerza electrizadora de
+su uña; y el boticario, a fin de convencerle, le prometió que el día
+menos pensado, cuando estuviese él bien dispuesto, le llamaría y haría
+delante de él la experiencia de encender el candil y de disparar el
+cañonazo.
+
+Don Paco se había reportado, disimulando su pena y su enojo; pero no
+bien volvió a su casa, la pena le arrancó lágrimas y el enojo le hizo
+crispar los puños como sí estuviese delante algún enemigo a quien dar de
+puñaladas.
+
+No podía, sin embargo, reñir con la población entera. Su hija era la más
+culpada, y él la había sufrido. Por más que cavilaba, no veía otro modo
+de vengarse, de castigar a su hija y de adquirir el derecho e imponerse
+el deber de defender a Juanita contra todos que el de ofrecerle su mano
+y casarse con ella.
+
+¡Ay de aquel que se atreviese entonces a decir nada ofensivo contra
+Juanita, aunque ella estrenase cada día otro vestido de seda!
+
+Pensó bien en todo, interrogó a su corazón-, y su corazón le respondió
+que estaba perdidamente enamorado de la muchacha.
+
+Entonces no se paró don Paco en más reflexiones; fue a su bufete y
+escribió a la señora doña Juana Gutiérrez (suprimiendo el alias de la
+_Larga_) una grave epístola pidiendo en forma la mano de su hija.
+
+Llamó en seguida al alguacil y pregonero, que le servía al mismo tiempo
+de criado y ayuda de cámara, y le encargó que al día siguiente, y muy de
+mañana, llevase aquel pliego cerrado a Juana la Larga y se lo entregase
+en mano propia.
+
+
+Hecho esto, se acostó y durmió con alguna tranquilidad, como quien ha
+cumplido un deber, y con alguna satisfacción, como quien ha puesto una
+pica en Flandes.
+
+
+
+
+XX
+
+
+Juana la Larga se llenó de júbilo cuando, a las siete de la mañana,
+recibió la carta y la deletreó con no poca fatiga, porque, si bien sabía
+leer, no leía de corrido y le estorbaba lo negro.
+
+No era Juana muy reflexiva ni previsora, y no pensó en las dificultades;
+sólo pensó en el triunfo que ella y su hija, en su sentir, habían
+alcanzado. Acudió, pues, a la sala baja, donde Juanita estaba cosiendo,
+y con el mayor alborozo le dio parte de lo que ocurría.
+
+Como comentario, la madre no sabía sino exclamar:
+
+--¡Qué victoria! Todas esas perras, cochinas, van a reventar cuando lo
+sepan.
+
+--Pues oye, mamá--contestó Juanita con el mayor reposo--: yo no quiero
+que nadie reviente; lo mejor es que no lo sepa nadie.
+
+--¿Qué quieres decir con eso, muchacha?
+
+--Lo que quiero decir es que nosotros, tú, él y yo, seríamos los
+reventados si hiciésemos tal desatino. No lo sufriría doña Inés; y el
+cura y el cacique, la Iglesia y el Estado, lo temporal y lo eterno,
+caerían sobre nosotros y nos aplastarían. Nos echarían del lugar a
+patadas. Y quién sabe si en otro lugar lograríamos, y cuánto tiempo
+tardaríamos en lograr, tú la reputación y clientela que aquí tienes, yo
+tanta costura, y don Paco el poder que aquí alcanza y su mangoneo
+provechoso, debido en mucha parte a su capacidad, pero no menos aún a la
+sombra y al apoyo de don Andrés, con quien priva.
+
+--¿Y de dónde sacas tú esos agüeros tan angustiosos?
+
+--No es menester ser profeta ni adivino para sacarlos. Y además, ni yo
+estoy enamorada de don Paco, ni él quizá esté enamorado de mí. ¿Para qué
+el casorio? ¿Qué vamos ganando en ello? ¿No comprendes que si me pide es
+por un extremo de delicadeza? Yo se lo agradezco; me lisonjea mucho la
+prueba de aprecio que me da; pero no paso de agradecida y de lisonjeada.
+Porque ha venido a casa de tertulia, y porque me ha regalado el traje, y
+porque las malas lenguas murmuran, piensa él remediar el mal casándose
+conmigo. Pues entonces la misma razón hay para que contigo se case,
+porque también de él y de ti dijeron, o para que me case yo con el hijo
+del herrador, ya que más y peor han hablado de mis relaciones con él que
+de mi relaciones con don Paco. Nada, mamá: todo eso es una tontería, o
+una prueba, si quieres, de que el bueno de don Paco es un caballero
+cabal, aunque no tenga los leones, los pajarracos y los otros
+chirimbolos que tiene su yerno en el escudo.
+
+--Y si tú, hija mía, reconoces y confiesas que don Paco es todo un
+caballero, ¿por qué no le tomas por marido?
+
+--Porque no quiero casarme por cálculo; porque aunque quisiese casarme
+por cálculo, este cálculo de ahora estaría muy mal hecho, y, sobre todo,
+porque yo por nada del mundo he de aprovecharme de la caballerosidad
+generosa de ese hombre para cogerle la palabra y satisfacer mi vanidad y
+mi ambición, ya que amor no le tengo. Su trato me deleita; celebro su
+discreción; le oigo hablar con gusto; pero de esto a desear ser suya y
+casarme con él hay todavía mucha distancia. No quiero salvarla de un
+brinco. Aquí, para entre nosotras, algunas veces he sentido inclinación
+a ir por esa senda, a andar ese camino, y sabe Dios si lo hubiera andado
+sin estos tropezones que ha habido; pero, en fin, aún no lo he andado.
+
+--¡Ay niña, con qué tiquis miquis y sutilezas te me descuelgas! ¡Cómo se
+conoce el saber de que don Pascual te ha atiborrado la mollera! Si
+parece cuanto dices tomado de esos libros que don Pascual te da a leer.
+Pero, en fin, ¿qué contestamos a la carta de don Paco? Yo haré lo que tú
+desees, porque el asunto más importa a ti que a mí y porque tú sabes más
+que Lepe.
+
+--¿Pues qué hemos de contestar sino darle las gracias y decirle que
+nones?
+
+--¿Y a quién le toca escribir eso? Creo que debo escribir yo... y dorar
+la píldora. Yo no lograré poner el oro con mí pluma. Tú lo pondrás. Tú
+irás diciendo y yo iré escribiendo, aunque hago letras que parecen
+garrapatos. ¡Ay!, y más en el día, porque mi escribir ha caído en
+desuso. Desde que murió tu padre en la guerra contra los carlistas, yo
+no escribo sino las cuentas.
+
+--Con buena o con mala letra, es menester que tú escribas la carta; yo
+te la iré dictando.
+
+--Hoy todavía no. ¿Es acaso puñalada de pícaro? ¿Quién nos corre? Antes
+de dar un paso tan importante, conviene que lo medites y consultes con
+la almohada. No es mucho veinticuatro horas de término. Hoy no escribo.
+Mañana, si todavía te aterras a la opinión que ahora tienes, escribiré,
+aunque me pese, lo que tú me digas.
+
+Juanita estaba segura de que no había de variar su resolución por mucho
+que lo meditase. Tuvo, no obstante, que ceder a los ruegos de Juana y
+aguardó hasta el día siguiente, en el cual, dividiéndose el trabajo,
+según queda dicho, fabricaron entre ambas la carta, que, por su
+trascendencia e influjo en los ulteriores sucesos de esta sencilla y
+verdadera historia, hemos de consignar aquí.
+
+La carta decía como sigue:
+
+ Señor don Paco: Muy ufanas estamos mi hija y yo de la honra que
+ usted nos hace en la carta que acabo de recibir. Se lo agradecemos
+ con toda el alma. La niña le quiere a usted mucho y le estima más;
+ pero declara que no puede ni debe aceptar lo que usted propone.
+ Cree ella que fue una imprudencia de su parte ir al sermón vestida
+ como una princesa, para azuzar más en contra suya a la gente, que
+ ya deseaba morderla. Todo el lugar está ahora sublevado. Mal
+ remedio sería la boda. Aumentarían la sublevación y el motín. Su
+ Hija de usted se pondría a la cabeza. Nosotros no podríamos
+ resistir. Los tres tendríamos que irnos con la música a otra parte.
+ En fin, don Paco, Juanita sostiene que sería la boda una locura.
+ Dice, por último, que ella no manda en su corazón, que la
+ diferencia de edad es grande entre ustedes y no quiere a usted de
+ amor, aunque le profesa la amistad más fina. Sería, pues, muy feo
+ de parte de ella abusar de la generosidad de usted para satisfacer
+ su ambición o su vanidad casándose por cálculo, y también sería muy
+ tonto, porque el cálculo estaría mal hecho.
+
+ Lo mejor y lo más discreto es que ustedes no se casen y que nadie
+ sepa que ha dado usted este paso. Doña Inés nos odiaría si
+ aceptásemos la proposición de usted; pero también nos odiará y nos
+ declarará más la guerra si averigua que no aceptamos, pareciendo
+ como que desdeñamos a su padre con infundada soberbia. Importa,
+ pues, ocultar todo esto.
+
+ Ahí devuelvo a usted su carta. Rásguela y rasgue la mía, a fin de
+ que no quede prueba escrita de lo ocurrido, y conserve usted en su
+ memoria grato recuerdo de nosotras. Crea en nuestra profunda
+ gratitud y mande a su afectísima amiga y constante servidora,
+ q.b.s.m.,
+
+ _Juana Gutiérrez_.
+
+
+
+
+XXI
+
+
+Don Paco se sintió lastimado y encantado a la vez con la lectura de la
+carta, que calificó de muy discreta y que miró como dictada por Juanita.
+
+Sí ella le hubiera aceptado por marido, el contento de don Paco hubiera
+sido grande, pero menor su estimación del valor de Juanita que el que
+era entonces al recibir las calabazas. Acaso una vaga sospecha de que
+Juanita aprovechaba la ocasión hubiera aguado el contento de ver que
+ella le aceptaba. Si en extremo le dolía que ella declarase que no le
+amaba, no podía menos de aplaudir la lealtad de la declaración. Don Paco
+estaba conforme en lo tocante al aprecio de las circunstancias que se
+oponían a la boda y que la hacían aparecer a toda juiciosa previsión
+como fuente de disgustos y de males.
+
+
+De aquí que sus sentimientos al leer la carta fuesen de dolor y de
+mortificación de amor propio por el desamor de Juanita; de admiración y
+aplauso por la prudente conducta de la muchacha, y de mayor cariño hacia
+ella, así por la noble franqueza con que exponía las causas que
+justificaban su desdén, como por las amistosas dulzuras con que
+procuraba suavizarlo.
+
+Conoció también don Paco que importaba mucho que su petición y la
+subsiguiente repulsa no llegaran a saberse, y aunque no tuvo valor para
+rasgar o quemar lo que él escribió y la contestación de Juana, guardó
+ambos documentos en el más secreto escondite de su escritorio.
+
+Trató, además, de hacerse superior a su pena y de ver si olvidaba a
+Juanita, o al menos si seguía queriéndola con calma y con cierta
+tibieza, a fin de esperar sin impacientarse que Dios mejorase las horas,
+ya que la esperanza es lo último que se pierde en esta vida.
+
+Y por lo pronto, o bien para conseguir el olvido o bien para enfriar o
+entibiar su fervorosa pasión, resolvió no volver a poner los pies en
+casa de Juanita y evitar su encuentro en la iglesia, en las calles y en
+la plaza.
+
+Juanita, entre tanto, como era poco amiga de la sociedad y gustaba mucho
+de la conversación de don Paco, se afligía del aislamiento y deploraba
+el sacrificio que había tenido que hacer. Allá, en el fondo de su alma,
+cuando estaba a solas con su conciencia, y con el notabilísimo despejo y
+la serenidad imparcial con que ella lo miraba todo, hacía repetidas
+veces las sutiles reflexiones que trataremos de expresar aquí en el
+siguiente soliloquio:
+
+«Me lo tengo bien merecido. He vivido hasta el día desgobernada y muy a
+tontas y a locas. Mi madre, Dios me perdone si la ofendo, tiene poco
+juicio, aunque bien puede ser que lo pierda por el entrañable amor que
+me tiene. Lo cierto es que entre las dos hemos hecho una infinidad de
+tonterías. Justo es que las paguemos. No debo quejarme. En primer lugar,
+siendo yo mocita casadera, y si no ocupando cierta posición, aspirando a
+ocuparla, debí dejar de ir por agua a la fuente y a lavar al albercón.
+Debí darme más tono. Y ya que no me lo di, aún fue mayor disparate el
+querer de repente transformarme en dama y eclipsar y aturdir y excitar
+la envidia y la rabia del señorío mujeril de este lugar. Todavía mi
+súbita transformación hubiera podido tener buen éxito si atino a ganarme
+antes la buena voluntad de la muy poderosa e ilustre señora doña Inés
+López de Roldán. Pero, lejos de eso, lo que hice fue provocar su enojo.
+Si el trato de don Paco me agradaba y me divertía, jamás he pensado yo
+en casarme con él, y aquí viene bien que yo lamente otra locura mía,
+otra completísima falta de cautela en mi madre y en mí. ¿A qué fin
+recibir de tertulia todas las noches a don Paco, sola a veces y a veces
+en compañía de Antoñuelo, lo que casi es peor? Lo hacíamos porque nos
+daba la real gana, sin atender a que somos pobres y a que la gana de los
+pobres no es real, sino súbdita que necesita someterse y hasta morir sin
+hallar satisfacción, a fin de no exponerse a muy crueles castigos.
+Nuestra tertulia era muy inocente; bien puedo sostener que más inocente
+que la de doña Inés. ¿Cómo evitar, no obstante, que doña Inés supiese y
+hasta creyese de buena fe mil abominaciones, excitada por esa chismosa
+de Crispina, que todo lo huele y cuando no lo huele lo inventa? Ella,
+sin duda, le diría primero que Antoñuelo era mi amigo y don Paco el de
+mamá, y después, que yo me había apoderado de los dos, de uno para el
+gusto y del otro para el gasto, y que yo me estaba comiendo las mil
+chucherías que él me traía de regalo y hasta el exquisito y sin par
+chocolate que se fabrica en casa de ella. Comprendo lo furiosa que doña
+Inés se pondría, y más aún al sospechar que don Paco pudiera casarse
+conmigo, porque doña Inés quiere heredar o que hereden sus hijos los
+ahorros y las finquillas que don Paco va reuniendo, para lo cual importa
+que don Paco no se case, o bien que se case con una hidalga viuda que yo
+me sé y que le daría cierto lustre aristocrático, y de seguro no le
+daría hijos, porque está ya pasada y huera, y el caso de Abrahán y de
+Sara no se repite.»
+
+Así, y si no en los términos de que me valgo, en términos muy parecidos,
+discurría Juanita a sus solas. Luego continuaba:
+
+«Es indispensable que yo me enmiende y que ajuste mi conducta a la razón
+y a la conveniencia. Debo tener doble juicio, por mi madre y por mí. Y
+ya que (esto no puede negarse) soy cándida como la paloma, no está bien
+que me olvide de la otra mitad de la sentencia evangélica que he oído
+decir tantas veces al padre Anselmo en sus sermones. Por tanto, en lo
+sucesivo me propongo ser astuta y prudente como la serpiente. La vida de
+zagalona rústica no hay que pensar en hacerla de nuevo. Dios me libre
+también de recaer en la mala tentación de presumir de princesa. Nada de
+volver con la cabeza al aire y con el cántaro por esos andurriales; y
+nada tampoco de ponerme el magnífico vestido de seda mientras no gane
+posición, autoridad y título duradero, suficiente y legítimo, para
+tamaña audacia. Ahora me conviene seguir por un justo término medio:
+salir poco de casa, coser y bordar mucho e ir con frecuencia a la
+iglesia, a misa y a mis devociones, muy humilde, con vestidito de
+percal, y cobijada así, borrar la mala impresión que necia o
+inocentemente he causado, y hasta llegar a adquirir reputación de
+santa.»
+
+Aquí no podía menos de sonreírse Juanita, a pesar de lo fastidiada que
+estaba, y luego proseguía:
+
+«Cierto que yo no soy mala y que amo a Dios sobre todas las cosas y que
+me complazco en darle adoración y culto; pero también, ¡qué diantres!,
+¿por qué no confesarlo?, también me amo y me doy culto a mí misma. Quizá
+sea pecado. Lo que debo hacer es que este segundo culto, para no
+escandalizar a nadie, no sea público, sino misterioso. En lo exterior he
+de parecer como una beata pobre; mas ¿por qué he de privarme del placer
+de cuidar, de asear y de pulir con el mayor esmero este cuerpecito que
+Dios me ha dado? Sin que nadie lo sospeche, he de cuidarlo y he de
+lavarlo como si fuera el de una infanta de España. ¡Qué horror, cielos
+santos, sí llegase a saberlo, por ejemplo, Julián el arriero! Yo le oí
+contar en la fuente mientras daba agua a sus mulos, y haciéndose cruces,
+la indignación que le causó, cuando servía en Córdoba a una marquesa, el
+averiguar, estando él en la cocina, que llevaban a dicha señora un
+enorme lebrillo y dos grandes jarros de agua a su cuarto. "¿Qué harías
+tú--le preguntó una chica--si tu mujer emplease también un lebrillo por
+el estilo?" "Pues yo--contestó él--agarraría una vara y la pondría negra
+a varazos, por indecente y por mantesona." Necesario es que yo haga un
+misterio de mi limpieza, si no quiero que me excomulgue Julián y la
+mayoría de mis compatricios que discurren como él. Mas no por eso he de
+dejar de ser limpia. Además, quiero ser cuidadosa y muy regalada en mi
+ropa blanca interior. En los ratos de ocio, con mis ahorrillos y cuando
+no cosa para la calle, he de hacerme camisas finas y enaguas bordadas
+como no las use mejores una archiduquesa de Austria. Tapado todo ello
+con el mezquino traje exterior, me pareceré a la violeta, que, escondida
+entre las verdes hojas y tal vez entre feos hierbajos, no deja conocer
+que exista como no sea al que tenga la nariz muy fina y por su delicado
+olor la descubra. Seré como aquel personaje de cierto romance que recita
+don Pascual, el cual personaje vestía de peregrino y llevaba una
+esclavina
+
+ que no valían un reale;
+ debajo llevaba otra
+ que valía una ciudade.»
+
+Juanita, al citar estos versos y al aplicárselos, se olvidaba de sus
+melancolías y soltaba una carcajada.
+
+--¿De qué te ríes, niña?--le dijo una vez su madre--. Pues no es cosa de
+risa lo que nos está sucediendo.
+
+--Sí, mamá; es cosa de risa. Mejor es reír que rabiar. Cuando las cosas
+se toman a risa, las penas que causan se mitigan o se consuelan.
+
+Juanita no se contentó con pensar y con proponerse cuanto queda dicho,
+sino que lo cumplió todo con la mayor exactitud y perseverancia.
+
+Pasaron muchos meses.
+
+El cambio de Juanita empezó a notarse y a celebrarse entre las personas
+más devotas del lugar. El padre Anselmo, singularmente, y sin poderlo
+remediar, a despecho de su humildad cristiana y del menosprecio de sí
+mismo, sintió un noble orgullo y se dio a entender que había hecho la
+más repentina y milagrosa conversión, deteniendo a aquella joven y
+simpática pecadora al borde del abismo en que iba ya a precipitarse.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+Su rehabilitación costó a Juanita largo tiempo, y además no pocos
+sacrificios, trabajos y esfuerzos de voluntad.
+
+Fue lo más duro para ella el tener que vivir, sobre todo al principio,
+en soledad completa.
+
+
+Se aburría, y a menudo recelaba que iba a enfermar de ictericia. No
+podía ni quería retroceder y charlar de nuevo y reanudar amistades con
+las mozuelas que antes había tratado, las cuales, ofendidas ya, le
+darían acaso mil sofiones; ni menos podía intimar, aunque lo desease,
+con las hidalgas y con las hijas de los labradores ricos, que se
+preciaban de señoritas y que huirían de ella, así por la humilde
+posición de su madre como por su ilegítimo nacimiento y por la mala fama
+que le habían dado en el lugar, y que entre todos sus habitantes cundía.
+
+Juanita tuvo que perder hasta la amistad y el trato de Antoñuelo. Y esto
+no sólo para no seguir dando pábulo a la maledicencia, sino también
+porque Antoñuelo estuvo muy tonto y ella se vio en la precisión de
+despedirle con cajas destempladas y para siempre.
+
+Dos días después de haber predicado el padre Anselmo su famoso sermón,
+Antoñuelo volvió de sus correrías. Entonces no se hablaba en el lugar
+sino del escándalo que Juanita había dado y de la severa y merecida
+lección que del padre Anselmo había recibido.
+
+Ya en la plaza, ya a la sombra de algunos álamos que están en el
+altozano, cerca de la iglesia, y donde se reúne y platica la gente moza,
+varios amigos y conocidos embromaron pesadamente a Antoñuelo por el
+papel desairado y ridículo que suponían que había hecho reverenciando,
+sirviendo y adorando casi como una deidad a una mozuela que le desdeñaba
+y que aceptaba, quién sabe hasta qué punto, los regalos y el amor de un
+rival dichoso.
+
+Las relaciones entre Juanita y Antoñuelo tal vez parecerán inverosímiles
+a quien piense someramente en ello; pero yo creo que son más naturales y
+frecuentes de lo que se imagina.
+
+Desde la infancia habían vivido en la mayor intimidad Antoñuelo y
+Juanita.
+
+Con cortísima diferencia, tenían la misma edad, y podía asegurarse que
+se habían criado juntos. El era zafio, mal educado, travieso y atrevido;
+tenía pocos alcances y una voluntad tan realenga, que ni a su padre se
+sometía; peto en estos mismos defectos se fundaba la amistad de Juanita
+hacia él. Juanita había adquirido y conservaba tai imperio sobre aquel
+muchacho, que lograba que la respetase, temiese y obedeciese como un
+perro a su amo.
+
+A ella no se le pasó jamás por la imaginación el querer a Antoñuelo como
+una mujer quiere a un hombre. Y él, como por una parte la tenía por un
+ser superior y por otra parte sus instintos amorosos eran vulgarísimos,
+procuraba emplearlos y satisfacerlos en más fáciles objetos, y sin darse
+cuenta de ello, e ignorando su esencia y su nombre, consagraba a Juanita
+un afecto puro, ideal y platónico. Sentimientos tales, si bien se
+recapacita, no son extraños al alma de los más vulgares sujetos. Todos o
+casi todos los hombres tienen sed, tienen necesidad de venerar y de
+adorar algo. El espiritual, el sabio, el discreto, comprende con
+facilidad y adora a una entidad metafísica; a Dios, a la virtud o a la
+ciencia. Pero el rudo, el que apenas sabe sino confusamente lo que es
+ciencia, lo que es virtud y lo que es Dios, consagra sin reflexionar ese
+afecto, en él casi instintivo, a un ídolo visible, corpóreo, de bulto.
+
+Juanita era este ídolo para Antoñuelo. Juanita era también su oráculo.
+El oía con religioso respeto sus advertencias y amonestaciones, y de
+buena fe se prometía y prometía al pronto tomarlas para pauta de su
+conducta. Siempre que Antoñuelo se hallaba en la presencia de Juanita,
+se sentía avasallado por su influjo, deslumbrado por su superior
+inteligencia y ligado a la voluntad de ella. Por desgracia, no bien
+Antoñuelo se hallaba ausente de Juanita, el influjo bienhechor
+desaparecía, y los instintos brutales y las malas pasiones acudían en
+tropel y desataban o rompían las ligaduras y arrojaban al olvido los
+buenos consejos y preceptos que Juanita le había dado. Antoñuelo, lejos
+de la fascinación y del encanto que casi milagrosamente le habían
+conservado como ser racional, se convertía en un estúpido y en un
+perdido.
+
+A pesar de la ineficacia, por falta de duración, de su poder purificante
+sobre el alma de Antoñuelo, Juanita le quería, se interesaba por él y
+sentía halagado su orgullo al dominarle, aunque fuera momentáneamente.
+
+Para dar una idea exacta de la inclinación de Juanita hacia aquel mozo,
+diré que se parecía a la que yo he visto que tienen ciertas grandes
+señoras ya por un alano, ya por un mastín corpulento y poderoso que hay
+en casa de ellas, que inspira terror a las visitas, que parece capaz de
+derribar a un hombre de un manotazo y de destrozarle de un mordisco, y
+que, sin embargo, se echa con la mayor humildad a las plantas de su ama
+y siente inexplicable placer si ella con su blanca mano le toca la
+cabeza o con el pie le sacude o le pisa.
+
+En la ocasión de que vamos hablando, las feroces burlas de sus camaradas
+habían transformado a Antoñuelo; su domesticidad y mansedumbre habían
+desaparecido: ya no era perro, sino lobo.
+
+Traía muy estudiado el discurso, si puede llamarse discurso lo que iba a
+decir; y a fin de que no se le borrara de la memoria o se le enmarañara
+en el caletre, deseaba descargarse de él como quien suelta un peso y
+decirlo sin preámbulos. La ocasión se presentó propicia a su deseo.
+
+Juana estaba en la cocina, y Antoñuelo halló sola a Juanita cosiendo en
+la sala. Venía él con el entrecejo fruncido y con marcadas señales en
+toda la cara de muy terrible enojo. Apenas se saludaron él y ella,
+Antoñuelo dijo:
+
+--Vengo a quejarme de ti, a decirte que me has engañado. Por culpa tuya
+he estado haciendo el tonto, y no quiero hacerlo más.
+
+--Pues, hijo mío--dijo ella riendo--, yo no sé cómo te las compondrás
+para no seguir haciendo el tonto. Lo que yo sé es que no tengo la culpa
+de que lo hayas sido hasta ahora, y menos sé aún en qué y cuándo te he
+engañado.
+
+--Me has engañado fingiéndote santa, para que yo, embaucado, te adorase,
+cuando no eres santa, sino una mala mujer. Por todo el lugar no se habla
+de otra cosa sino de tus relaciones con don Paco, y de que te mantiene y
+te viste.
+
+--¿Y has creído tú esas calumnias? ¿Y en vez de defenderme y de
+enfurecerte contra los calumniadores te enfureces contra mí? Juanita
+dejó escapar irreflexiblemente estas últimas frases. Luego se reprimió y
+procuró enmendarlas. Creía bruto a Antoñuelo, pero no lo creía cobarde.
+
+Si dejó de defenderla fue, no por cobardía, sino por maliciosa necesidad
+que acepta lo malo como cierto. De todos modos, más valía así. Mucho
+hubiera contrariado a Juanita que por sacar la cara por ella hubiera
+reñido Antoñuelo, resultando tal vez de la riña heridas o mayores
+desgracias, que hubieran empeorado la situación.
+
+Juanita añadió entonces:
+
+--Bien pensado, hiciste bien en no defenderme. He sido imprudentísima.
+Los que no me conocen tienen algún fundamento para acusarme. Las
+apariencias me condenan. Yo me resigno y perdono a los que me acusan.
+Perdónalos tú también, pero no los creas. Tú, que me conoces de toda la
+vida; tú, que sabes con qué pureza de afecto, con qué ternura de hermana
+te he querido y te quiero aún, no debes, no puedes creer esas infamias;
+pues qué, ¿no comprendes que yo soy capaz de querer a don Paco por el
+mismo estilo que a ti te quiero?
+
+--Esa es grilla, esa es grilla--replicó Antoñuelo--. Tú, con tus
+sutilezas y mentiras, quieres volverme tarumba; pero no lo conseguirás.
+Te burlas de mí porque me crees bobo. No quiero callar. Aunque me pongas
+el dedo en la boca, te morderé y no callaré. En adelante no quiero ser
+tu juguete. Quien te conozca, que te compre. Me han abierto los ojos. Ya
+te conozco. Eres una tramoyana y una perdida. Y tu madre es peor que tú.
+
+La última frase la decía Antoñuelo para desafiar también la cólera de
+Juana, que entraba en la sala de vuelta de la cocina.
+
+--¡Ay niña, niña!--dijo Juana--. ¡Qué paciencia la tuya! ¿Por qué
+aguantas los insultos de este animal de bellota, las coces de este mulo
+resabiado?
+
+--Señora--replicó Antoñuelo--, mire usted lo que dice y no se
+desvergüence conmigo, si no quiere que me olvide yo de que es mujer y le
+ponga las peras a cuarto o la emplume, como merece.
+
+Al oír esto Juana ya no contestó palabra, pero se precipitó sobre el que
+tan atrozmente la ofendía Juanita se interpuso entre su madre y el mozo,
+a fin de evitar la lucha.
+
+--Vete, vete al punto de esta casa y no vuelvas más en tu vida. Para mí
+has muerto. Quiero olvidar hasta el santo de tu nombre. No tengo que
+darte cuenta de mi conducta. Nada me importa ni me aflige el ruin
+concepto que formes de mí. Vete.
+
+Y diciendo y haciendo, interpuesta siempre entre su madre y el mozo,
+recelosa de que se empeñasen en un combate tragicómico, fue empujando
+con suavidad a Antoñuelo hasta la puerta de la calle. Ella misma levantó
+el picaporte, abrió la puerta y echó de su casa al amigo de toda la
+vida. Al hacer esto, en el rostro de Juanita se mostraba más bien la
+tristeza que la cólera; Antoñuelo, al mirarla tan digna, amainó en su
+furor, no persistió en sus improperios, y se fue cabizbajo y silencioso.
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+Al disgusto de vivir aisladas ambas Juanas se añadía otro no menor y más
+positivo.
+
+Al principio se difundió tanto la idea de que Juana había llevado su
+complacencia inmoral hasta ser tercera de su hija, que la llamaban menos
+para trabajar en las casas principales por el temor de que fuese ella la
+propia Celestina resucitada y tratara de pervertir a las Melibeas de
+dichas casas. No obstante, y como ya he dicho, aquella malísima
+situación se fue poco a poco suavizando. Además, eran tan notorios y tan
+irreemplazables el arte y la inspiración de Juana para dirigir una
+matanza, para hacer arrope, piñonate, empanadas y tortas, y para
+preparar festines, que las personas de gusto y de medios desecharon los
+recelosos escrúpulos, y, poniéndoles el correctivo de estar a la mira y
+ojo avizor para que Juana no ejerciese sus presuntas artes
+_proxenéticas_, siguieron llamándola a trabajar a sus casas; y los
+ingresos y rentas de Juana, que habían disminuido, volvieron a su estado
+normal, aunque no se aumentaron.
+
+El recogimiento y la austeridad de Juanita al fin surtieron efecto. La
+idea que el padre Anselmo concibió de que había logrado convertir a
+aquella pecadora incipiente y de atraer al aprisco a la ovejita
+descarriada antes que cayese entre las uñas y la boca del lobo, fue
+adquiriendo resonancia y eco entre el vulgo. Juanita fue, pues, mirada,
+si no como paloma sin mancilla, como Magdalena arrepentida y penitente,
+no de la culpa, sino del conato.
+
+Transcurrió más de un año antes que Juanita, a fuerza de ingenio y de
+fatigas, lograse resultado tan brillante.
+
+La rígida doña Inés era la más difícil de ablandar. No quería creer en
+la virtud de la muchacha, y sospechaba que era todo hipocresía.
+
+Cuando llegaban a oídos de Juanita noticias de la terca incredulidad de
+doña Inés y de que la sospechaba de hipócrita, Juanita decía para sí:
+«No es mal sastre el que conoce el paño»; y sin arredrarse seguía por el
+camino que se había trazado.
+
+Llegó en esto el invierno, y doña Inés quiso vestir a todos sus niños
+con buena ropa de abrigo; Juanita alcanzaba ya alta reputación de
+costurera. Todo lo que pudiesen hacer Serafina y otras del lugar era una
+chapucería cursi si se comparaba con las confecciones de nuestra
+heroína, que estaba al corriente de las últimas modas de París, que
+recibía los figurines y que, ajustándose a ellos, sin encadenar
+servilmente su fantasía a una imitación minuciosa, ideaba, trazaba,
+cortaba y hacía trajes para las mujeres, dignos de figurar en los
+salones de la corte y de ser descritos por _Montecristo_ o por
+_Asmodeo_, y para los niños y niñas no inferiores por su gracia y por su
+chic a aquellos con que la prole de un milord opulento o de un banquero
+inglés se engalana.
+
+Ruego al lector que me dé entero crédito y que no imagine que son
+ponderaciones andaluzas, o que mis simpatías hacia Juanita me ciegan. Lo
+que digo es la verdad exacta, pura y no exagerada. Yo he estado en
+Villalegre, he visto algunos trajes hechos por Juanita y me he quedado
+estupefacto. Y cuenta que yo tengo buen gusto. Todo el mundo lo sabe.
+
+En fin, doña Inés se dio a pensar y a repensar en lo muy preciosos que
+estarían sus niños con los trajes que Juanita les hiciese; venció la
+repugnancia que sentía contra ella, la llamó a su casa y le encomendó
+trajes para todos, según la edad y el sexo de cada uno.
+
+Fue Juanita a casa de doña Inés tan pobre y modestamente vestida como si
+saliese de un beaterio, y tan modosita en el hablar, en la voz y en los
+modales, que parecía, sin visos ni asomos de afectación, una criatura
+seráfica.
+
+Esto, sin duda, hubo ya de entreabrirle o de ponerle entornadas las
+puertas del corazón de doña Inés, la cual sabía mucho y pensaría y diría
+en su interior.
+
+--Si no lo finge, en verdad que es muy buena esta muchacha; y sí lo
+finge, sabe más que Cardona: es admirable su fingimiento.
+
+Así, doña Inés se predispuso ya favorablemente.
+
+Su favor valía mucho, y doña Inés acertó a cobrárselo por instinto.
+También hay su poco de gorronería en los grandes y poderosos de la
+tierra. Viene o propósito esta sentencia, porque doña Inés pagó el
+trabajo de Juanita en la tercera parte de lo que valía, aun en aquel
+lugar donde se trabaja barato, y pagó las otras dos terceras partes en
+el favor tan deseado y apetecido que empezó entonces a alcanzar la linda
+costurera.
+
+Los niños, con los trajes hechos por Juanita, salieron tan bien vestidos
+el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, que daba gloria verlos, y la
+gente los miraba y los seguía en la calle. La vanidad maternal de doña
+Inés quedó muy satisfecha. Ni la propia Cornelia se ufanó más cuando
+enseñaba a sus Gracos. Pero doña Inés fue más allá de Cornelia: no se
+contentó con lucir a sus hijos, sino que se propuso competir con ellos y
+aun superarlos en indumentaria, y decidió que Juanita también la
+vistiese.
+
+Juanita se prestó a todo con el mejor talante y prodigioso acierto e
+hizo a doña Inés corsés y varios trajes.
+
+Nacieron de aquí la confianza y alguna familiaridad, hasta donde es
+lícito y decoroso que la familiaridad se entable entre una dama
+principal y una trabajadora plebeya; pero al fin, como doña Inés tenía
+que mostrarse a Juanita en paños menores para probarse corsés y
+vestidos, ¿qué mucho que la confianza naciese y creciese?
+
+Juanita supo después, con lentitud y por sus pasos contados, darse tal
+maña, que doña Inés, que ya le había confiado su cuerpo para que lo
+vistiese, empezó a confiarle también y a descubrirle su espíritu, aunque
+sólo hasta cierto punto, porque el espíritu de doña Inés, según pensaba
+Juanita, acaso con malicia sobrada, tenía más conchas que un galápago y
+jamás se desnudaba y se descubría por completo.
+
+Juanita tenía una voz melodiosa y clara y sabía leer muy bien, lo cual
+es bastante raro, dando a lo que leía entonación y sentido. Pronto atinó
+a mostrar a doña Inés que ella poseía habilidad tan útil, y no tardó
+doña Inés, que se fatigaba algo leyendo, en tomar a Juanita por
+lectora.
+
+Claro está que doña Inés, que era mística muy elevada en sus
+pensamientos y un tanto cuanto asceta, aunque más en lo especulativo que
+en lo práctico, hacía que Juanita le leyese vidas de santos y libros
+devotos y morales como _Monte Calvario_, _Gracias de la gracia_, _Gritos
+del infierno_, _Espejo de religiosos_, _Casos raros de vicios y virtudes
+y Estragos de la lujuria_.
+
+Era doña Inés aficionadísima a disertar y a convencer a sus oyentes y
+contradictores cuando disertaba. Si por algo se dolía de haber nacido
+mujer, era por no poder transformarse en predicador o en catedrático.
+
+Juanita supo con tanto pulso seguirle el humor, que no se callaba ni lo
+aceptaba todo desde luego, sino que impugnaba algo sus tesis y discursos
+para darle ocasión de que hablase más y desplegase su elocuencia, a la
+cual acababa por ceder, reconociéndose vencida. De esta suerte se
+alegraba y se exaltaba el ánimo de doña Inés, corroborando la creencia
+que ella tenía en su virtud persuasiva y en su saber y talento, y
+haciéndole creer, además, que después de ella, aunque a muy razonable
+distancia, no había en todo Villalegre, salvo quizá el padre Anselmo,
+persona más talentosa y más sabia que Juanita.
+
+La privanza de esta con doña Inés llegó al fin a su colmo.
+
+En presencia de cualquier persona, Juanita seguía atendiéndola con el
+mayor respeto y dándole el tratamiento de _su merced_; pero en momentos
+de expansión, una vez que Juanita la oyó atentísimamente, impugnó sus
+razones y terminó por ceder a ellas, doña Inés, entusiasmada, se allanó
+hasta el extremo de mandarle que cuando estuviesen las dos solitas la
+tutease.
+
+Estas prodigiosas conquistas de la paciente y despejada muchacha le
+prestaron desde luego confianza en sí misma, y pudieron darle mucha
+honra, sí ella entendiese que la necesitaba; mas apenas le dieron
+material provechoso, que era de lo que más necesidad tenía.
+
+Pensaba doña Inés que no había mejor ni más espléndida paga que su
+afecto. Suponía tal la elevación de alma de Juanita, que hubiera sido
+injuriarla ofrecerle dinero. Un ochavo más que doña Inés le hubiese dado
+sobre el jornal que de ordinario ganaba, hubiera parecido una limosna.
+No era delicado socorrer a Juanita como a una pordiosera.
+
+Y después de estos razonamientos tan juiciosos, como doña Inés no pagaba
+a Juanita sino lo que cosía, y no le pagaba, para no humillarla, ni las
+horas que empleaba leyéndole libros ni el tiempo que perdía escuchando
+sus disertaciones, resultaba doña Inés, por obra y gracia de lo mirada
+que era, tenía lectora y auditorio y acompañante de balde.
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+La gloriosa servidumbre en que Juanita había llegado a ponerse, si no
+era útil, era molesta en extremo, porque la amistad de doña Inés no
+podía ser más exigente ni más imperativa. Y mientras más rebosaba
+entusiasmo y ternura, más se recrudecía también en exigencia y en
+imperio.
+
+Había días en que no le quedaba a Juanita ni hora libre ni momento de
+sosiego. Doña Inés la llamaba y se valía de ella para todo.
+
+En los lugares, al menos hace algunos años, pues no sé si habrán variado
+las costumbres, nunca salía una señora principal de visita o de paseo
+sin llevar a una acompañante. Juanita tuvo, por consiguiente, a más de
+leer y de escuchar disertaciones, que acompañar a doña Inés en sus
+visitas y en sus paseos. Y cuando a esta se le antojaba de súbito
+visitar o pasear y no tenía a Juanita en casa, iba a buscarla a la suya,
+haciéndose acompañar hasta allí por Serafina.
+
+En los paseos rara vez leía o hacía leer doña Inés; pero, convertida en
+filósofa peripatética, disertaba de lo lindo, siempre sobre religión,
+moral, menosprecio del mundo, alabanza del recogimiento y de la
+conversión interior y aspiraciones a lo sobrenatural y divino.
+
+Conviene que se sepa que doña Inés tenía un carácter tan dominante, que
+no se aquietaba ni se satisfacía como no decidiese y gobernase cuanto
+hay que decidir y gobernar.
+
+Ella designaba el nombre que había de recibir en la pila bautismal cada
+villalegrino que naciese; ella decretaba, después de estudiar aptitudes,
+capacidades y recursos, el oficio que cada cual había de aprender y
+ejercer, y ella escogía marido para cuantas niñas casaderas vivían en el
+pueblo y pertenecían a familias merecedoras por algún título de su
+atención y cuidado.
+
+El concepto que formaba doña Inés del universo visible y de cuantas
+cosas hay en él y en él se sustentan, era concepto más pesimista que el
+del propio Schopenhauer; pero el de doña Inés estaba dulcificado por dos
+potencias benéficas y fecundas que había en su alma. Ella podría ser, o
+era, más o menos pecadora. Yo no he llegado a ponerlo bien en claro, de
+suerte que, al ir escribiendo esta historia, lo probable es que lo deje
+turbio o nebuloso. De cualquier modo que fuese, y sin escudriñar los
+secretos de doña Inés en lo tocante a la conducta, aseguro con evidencia
+que ella, en lo teórico, sin afectación ni mentira, tenía la más
+acendrada fe religiosa. Con esta fe, y con las otras dos consoladoras y
+divinas virtudes que de ella nacen, doña Inés iluminaba el mundo,
+hermoseándolo con celestiales resplandores.
+
+Toda deformidad moral, todo vicio, toda dolencia, la fealdad física, las
+enfermedades, la miseria, el dolor y la muerte se despojaban en su
+pensamiento de horror y de amargura al considerar que deben sufrirse por
+el amor de Dios, y desvanecerse y disiparse, como la oscuridad de la
+noche cuando aparece la aurora, ante la esperanza de lo trascendente y
+de lo ultramontano. Para doña Inés, este mundo en que vivimos era un
+valle de lágrimas y un transitorio lugar de prueba, indispensable camino
+para otra vida mejor. La presente, pues, aunque fuese muy mala, no era
+nunca mala, ya que en ella, si se padecía con resignación, mientras más
+se padeciese, mejor y más abundante cosecha se recogía y se atesoraba de
+frutos que no se corrompen y de riquezas que nadie roba. Y como doña
+Inés no gustaba de quedarse atrás en nada, sino de adelantarse en todo,
+y ser también importante cosechera de los mencionados frutos y riquezas,
+muy candorosamente estaba persuadida de que padecía o había padecido
+mucho ejerciendo y luciendo su paciencia, compitiendo un poquito con Job
+y granjeándose los medios de ir al cielo derechita, sin tropezar en
+rama, ya se entiende que contando con la misericordia de Dios, que le
+perdonaría sus pecados, si los tenía, pues, según ya he dicho, no lo
+sabemos.
+
+La otra potencia de que se valía doña Inés, sin estudio, espontánea y
+sencillamente para blanquear y hasta para dorar la tenebrosa negrura de
+su concepto _schopenhaueriano_ del mundo, era el sentimiento vivísimo y
+atinado, fuente inexhausta de puros deleites, con que percibía su alma
+toda belleza, tanto espiritual cuanto corpórea. Llamar a esto buen gusto
+me parece poco. El buen gusto, por lo general, es pasivo y estéril. En
+doña Inés alcanzaba actividad creadora. La visión de la belleza
+concebida por doña Inés relucía en las profundidades de su alma y creaba
+allí otro universo ideal, semejante al exterior universo, salvo que de
+él todo mal y toda mengua habían sido expulsados.
+
+Como se ve, no era doña Inés mujer adocenada, sino persona memorable, o
+dígase digna de la historia, por lo cual me complazco yo en ponerla en
+la mía.
+
+Doña Inés, y perdone el pío lector si me repito, a pesar de sus ocho
+vástagos, estaba aún muy guapa; en lo mejor de su edad, bien cuidada,
+alimentada y vestida.
+
+El asomo de rivalidad que brotó en su alma, el día de la intempestiva y
+pomposa aparición de Juanita en la iglesia, había desaparecido
+enteramente, merced a la humildad de la muchacha y a la sumisión con que
+la acataba y servía. Desechados así los celos, la mente y el corazón de
+doña Inés dieron entrada franca al afecto y a la admiración de la
+bondad, del talento y de la hermosura de que Juanita estaba dotada.
+
+No había primor en Juanita que doña Inés no advirtiese, celebrase y
+ponderase. Llegó a notar, a pesar del pobre pañolito con que se cubría
+la chica espalda y pecho, la admirable perfección de toda aquella sana y
+virginal estructura. De su rostro no quiero ni puedo decir más sino que
+le parecía el de un ángel. Y, por último, ponía en Juanita casi, casi
+tanta discreción, ingenio y bondad como en ella misma. En suma, doña
+Inés miraba y estudiaba a Juanita como el sabio crítico, buen gramático
+y mejor estético mira y estudia un bello poema, o como el gran conocedor
+y perito en las artes plásticas mira y estudia una obra maestra de
+escultura.
+
+Cualquiera imaginará que, llegadas las cosas a este punto, Juanita
+podría apoderarse de la voluntad de doña Inés y hacer de ella lo que le
+diese la gana; pero sucedió lo contrarío. Frecuentemente recelaba
+Juanita que se le iba a acabar la paciencia, y allá en sus adentros
+decía: «Peor está que estaba.» A fin de que se comprenda el fundamento
+que tenía Juanita para decir «que estaba peor», pondré aquí uno de los
+discursos que doña Inés, con frecuencia, le dirigía:
+
+--Hija mía--exclamaba--, hay en las condiciones y circunstancias que han
+de influir en tu destino cierta contradicción que puede ser causa de mil
+desventuras. Por tu belleza, por tu talento y por la elevación moral de
+tu alma mereces casarte con un príncipe, dechado de todas las
+perfecciones. Por tu desventurado nacimiento, por la clase humilde a que
+perteneces y por la pobreza que te obliga a residir en este lugar,
+tendrás que quedarte soltera o tendrás que casarte con un labrador rudo
+y zafio. Si te quedas soltera, de continuo te verás expuesta a los tiros
+de la envidia y a las emponzoñadas mordeduras de la calumnia, y te
+rodearán, además, groseras seducciones, a alguna de las cuales quién
+sabe si cederás en un momento de flaqueza, porque todas somos débiles y
+ninguna puede estar segura de no tropezar y de no caer si en un solo
+momento la deja Dios de su mano y no la sostiene con su gracia. Pues no
+digo nada si, movida por la vanidad o por pasiones más tiernas y propias
+de tus verdes años, y cegada por ellas hasta desconocer la ruindad del
+sujeto que te enamora, te casas al fin con un hombre de tu clase, con
+algún palurdo de esta tierra. ¡Qué desgracia la tuya entonces! ¡Pronto
+llegaría el desengaño! Vaya..., me horrorizo de pensar en ello. Sería
+una profanación. Sería un sacrilegio nefando. ¿Cómo entregar tanto
+tesoro a quien sería incapaz de comprenderlo y de saber lo que vale? En
+mi sentir, sería locura semejante a la de echar ramilletes de flores, en
+vez de paja y cebada, en el pesebre del mulo, o la de derramar perlas en
+la pocilga del marrano en vez de un celemín de bellotas. Por otra parte,
+hija mía, ¿cuántos disgustos, desvelos y cuidados no vendrán sobre ti
+con el matrimonio? Quiero prescindir de que tu marido acaso sería pobre;
+y si era también torpe y holgazán, tendrías que matarte trabajando para
+mantenerle; y quiero prescindir de los sobresaltos y penas que te darían
+tus hijos, si los tenías. Lo más espantoso..., aunque no lo sé por
+experiencia, me horripilo de imaginarlo..., es si descubrías en tu
+consorte vicios y miserias que le hiciesen aborrecido y que hasta asco
+te causasen. Acudiría entonces a tu espíritu, ¡obsesión diabólica!, un
+pensamiento pertinaz que puede conducir a los mayores pecados. Figúrate
+tú que pensase y discurriese como ser racional y filantrópico la
+turquesa en que se forman las balas: ¡qué desesperación no tendría de
+que la empleasen tan en perjuicio de la Humanidad! Pues no es menor la
+rabia de la esposa que, cuando va a ser madre, recela que ha de dar al
+mundo como copias exactas de la ruindad o de la perversidad de su
+marido. Tan horrible pensamiento la inclinará a ser infiel o la
+arrastrará a la locura.
+
+Esto, con adornos y variantes, era lo que decía doña Inés casi de diario
+a su amiga y acompañante, sentando premisas, pero sin sacar por lo
+pronto consecuencia alguna.
+
+Otras veces le describía con viveza y con sombríos colores la corrupción
+de nuestro siglo, el bajo nivel en que estaban las almas, las
+mezquindades y maldades del mundo y lo agradable y lo conveniente que
+sería retirarse de él, en vista de que no puede satisfacer ninguna de
+nuestras nobles aspiraciones.
+
+Afirmaba doña Inés que ella había deseado y deseaba siempre buscar un
+santo retiro; pero ya que no podía ser por las mil obligaciones que
+había contraído y que le era indispensable cumplir por enojosas que
+fuesen; porque tenía hijos que criar y educar, marido de que cuidar y
+hacienda que ir conservando y mejorando, a fin de transmitirla a los que
+habían de heredar un nombre ilustre, que deslustrarían al quedar
+huérfanos y abatidos por la villana pobreza.
+
+En resolución, doña Inés quiso persuadir a Juanita, y me parece que
+hasta logró persuadirse ella misma, de que deseaba ser monja, de que por
+imposibilidad no lo era y de que hacía un sacrificio en no serlo.
+
+De todo ello acabó por deducir y por declarar, como lógica solución, que
+Juanita debía huir de los peligros, miserias y adversidades de esta
+sociedad corrompida, la cual no merecía gozar de su presencia, y que
+debía refugiarse en el claustro mientras permaneciese en la tierra, ya
+que la tierra no la merecía y ya que por su valer, para el cielo, sin
+duda, estaba predestinada.
+
+A pesar de las vehementes y sabias exhortaciones de doña Inés, Juanita
+distaba más cada día de hallar peligroso el mundo (maldito el miedo que
+le tenía ella), no lograba persuadirse de que la sociedad fuese tan
+viciosa y tan mala, ni de que el enamorarse y el casarse pudieran
+acarrear tamañas desventuras. De aquí que no tuviese la menor
+inclinación ni vocación a la vida monástica. Pero como a doña Inés se le
+había puesto en la cabeza que ella fuese monja, y cuando formaba un plan
+era punto menos que imposible hacerla desistir, la pobre Juanita se veía
+muy apurada.
+
+A cada momento sentía el conato de echarlo todo a rodar y de declarar a
+doña Inés que Dios no la llamaba por el camino por donde ella quería que
+fuese. Se contenía, no obstante, a fin de no armar la de Dios es Cristo,
+de no perder en un minuto cuanto había conseguido trabajando más de un
+año y de no verse de nuevo en guerra con los poderes constituidos y con
+toda la población que respetaba y obedecía a dichos poderes.
+
+Juanita no dijo que sí; no aceptó lo del monjío, pero no dijo que no;
+pronunció frases vagas o se calló y bajó la cabeza.
+
+Tomando doña Inés para regla de interpretación el refrán de «quien calla
+otorga», dio por sentado que Juanita estaba decidida a entrar en un
+convento, y ya, en su fantasía entusiástica, se la representaba santa,
+cuya vida se intercalaría en las ediciones futuras del _Año Cristiano_.
+Doña Inés dio parte de este triunfo al padre Anselmo, quien se llenó de
+piadoso júbilo, y aun se sintió lisonjeado al prever que él figuraría en
+la vida de la nueva santa como el instrumento de que se valía el Cielo
+para convertirla y glorificarla.
+
+
+
+
+XXV
+
+
+Por dicha no se apresuraba doña Inés para que el plan del monjío de
+Juanita se realizase, y así le daba tiempo de apercibirse a la rebelión
+con fuerza bastante para sacudir el yugo sin menoscabo de sus intereses
+y proyectos.
+
+Si bien doña Inés sentía y confesaba que iba a hacer un inmenso
+sacrificio al desprenderse de Juanita, única mujer que la comprendía en
+el mundo y que podía ser su compañera, en manera alguna quería
+prescindir de este sacrificio, que le daría honra entre los mortales y
+que Dios lo tendría en cuenta para pagárselo en el cielo. Persistía,
+pues, con firmeza en su plan, pero lo retardaba, y mientras lo retardaba
+lo iba completando en sus pormenores, consultándolo todo con el padre
+Anselmo.
+
+Decidió doña Inés pagar ella el dote de Juanita. Sobre lo que vacilaba
+aún era sobre el convento en que debía ponerla. Después de haber
+desechado muchos, pensó en uno que hay en Ecija, con cuya abadesa se
+carteaba, porque era allí donde se hacían los célebres bizcochos de yema
+imitados por Juana la Larga. Afirmaba doña Inés que toda persona que
+tenía buen paladar reconocía al punto la imitación de Juana, porque
+carecía del _quid divinum_ que hay en los legítimos, prestándoles tan
+soberano sabor, que si con grosero y material supuesto pudiésemos
+imaginar que los querubines, cuando bajan a la tierra con algún mensaje
+de arriba, tienen el capricho o se allanan a comer algo, sin duda que no
+comerían otra cosa que los tales bizcochos de yema hechos por las
+mencionadas monjas.
+
+A despecho de tan importantes motivos, no sabemos por qué doña Inés
+desistió de que Juanita fuera al convento de Ecija, y hubo de fijarse al
+fin en las Comendadoras de Santiago, en Granada, donde, si no se hacen
+aquellos peregrinos e inimitables bizcochos, se hacen los mejores
+almíbares de toda Andalucía. Mientras trazaba y preparaba doña Inés todo
+esto en favor de Juanita, de quien se había declarado protectora y
+directora, su cariño hacia la protegida y la discípula iba creciendo más
+y más, dando de sí raras muestras y combinándose en él lo sagrado y lo
+profano.
+
+Un día estuvo doña Inés tan sentimental, que deshizo el peinado de
+Juanita, admiró su abundante, undosa y suave mata de pelo, la besó
+varias veces, calificó de horrible desacato el que las manos rudas e
+impuras de un campesino lograsen tocarla y enredar los dedos en ella, y
+se la figuró ya como cortada al pie del altar el día en que Juanita
+profesase, rogándole que para entonces se la legase a ella, porque ella
+la conservaría como reliquia del más subido precio.
+
+Juanita agradeció mucho esta lisonjera petición de doña Inés, y, casi
+con lágrimas de gratitud en los ojos, prometió a doña Inés que la mata
+de pelo sería suya cuando se la cortase.
+
+Merced a tantas entrevistas y confidencias de las dos amigas, Juanita
+estaba casi todas las tardes en casa de doña Inés, no yéndose de su lado
+o de su casa hasta pasada la hora en que solían venir los señores de la
+tertulia.
+
+Algunos de estos veían a Juanita en la antesala, y como allí estaba sin
+cubrirse la cabeza y sin ocultar y dar sombra a la cara, con el mantón
+muy echado hacia adelante, según el recato y el beaterio lo exigen,
+Juanita, sin poderlo evitar, no les parecía saco de paja, y a menudo la
+miraban por estilo pecaminoso.
+
+Quien más se adelantó en esto fue el propio amo de la casa, el señor don
+Alvaro Roldán, que era muy tentado de la risa. En varias ocasiones,
+hallando a Juanita sola, la requebró con más fervor que chiste y finura,
+y Juanita, que veía en aquel caballero sujeto a propósito para descargar
+su mal humor, le respondía siempre con feroz desabrimiento o con
+sangrienta burla. Y como don Alvaro ni por esas se desengañase y se
+atreviese un día a dar a la muchacha una palmadita en la cara, ella le
+dijo mirándole de arriba abajo con desprecio y enojo:
+
+--Las manos quietas, señor don Alvaro. Conténtese usted con tocar el
+violón, y a mí no me toque. ¡Pues no faltaría más! ¿Será menester que me
+queje yo a doña Inés de la insolencia de usted? Para que una mocita
+decente esté tranquila en esta casa, ¿necesitará la señora atar a usted
+con una cadena al lado del mono?
+
+Don Alvaro, que era tímido, blandengue y avezado a la servidumbre,
+receló que Juanita armase un alboroto, le cobró miedo y desistió de su
+amorosa empresa.
+
+Había al mismo tiempo, ya se entiende que en otras ocasiones y apartes,
+otro personaje más emprendedor y menos asustadizo. Fue este el propio y
+respetado cacique de Villalegre: el excelentísimo señor don Andrés
+Rubio.
+
+También don Andrés, que no faltaba nunca a la tertulia, encontró no
+pocas veces a Juanita, ya en la antesala, ya en los corredores, ya en la
+escalera, ya en el zaguán cuando ella se iba.
+
+Don Andrés había admirado mucho a Juanita el día en que ella se mostró
+imprudentemente tan engalanada en la iglesia, y había conservado de ella
+muy buena impresión. No la defendió en la tertulia por no contradecir a
+doña Inés y por no censurar indirectamente la excesiva severidad del
+padre Anselmo contra el lujo de las mujeres; pero allá en su interior no
+vio nunca malicia en lo que Juanita había hecho, y se limitó a
+calificarlo de inoportuna ligereza, de que la madre era más culpable que
+la hija. De suerte que don Andrés no creyó en su arrepentimiento y en su
+deseo de ser monja.
+
+Don Andrés conocía el carácter de doña Inés y daba por evidente que doña
+Inés, así como en un principio había hecho víctima a Juanita de su
+enojo, imaginándosela, aunque en cierne, una desaforada pecadora,
+después, trocado el enojo en estimación, admiración y cariño, se
+proponía, con el mejor intento y por su manía de gobernarlo y de
+arreglarlo todo, hacer víctima a Juanita empujándola a la santidad por
+un camino que ella no tenía ganas de seguir.
+
+Así predispuesto, don Andrés empezó por mirar a Juanita con cierta
+benigna curiosidad cuando casualmente pasaba cerca de ella y la hallaba
+sola. Después, sin reflexionar en lo que hacía, don Andrés y quién sabe
+si la muchacha misma, ya que hasta la más inocente suele dejarse guiar
+por endiablados instintos, prestaron auxilio a la casualidad y la
+convirtieron en providencia, hallándose casi todos los días y pasando
+tan cerca de ella, que casi tropezaban o se tocaban.
+
+Es natural que Juanita no se escondiese ni huyese, porque ni ella era
+medrosa ni don Andrés era el bu ni una fiera.
+
+Don Andrés era un caballero muy bien educado, pulcro y finísimo,
+soltero, que no había cumplido aún cuarenta años, y verdadero amo y
+señor de Villalegre, donde hacía ya ocho años que reinaba con lo que
+podemos calificar de despotismo ilustrado.
+
+No me incumbe aprobar ni reprobar aquí el despotismo, aunque sea con
+ilustración, ni mostrame partidario o adversario del cacicazgo. Yo tomo
+y empleo el vocablo en cierta acepción, como generalmente se emplea,
+aunque siento que contenga implícita una injuria para las poblaciones en
+que hay cacique, porque es suponerlas salvajes, y no quiero calificar de
+tales a los de Villalegre. Desecho, pues, la suposición implícita y
+acepto y empleo los vocablos de «cacique» y «cacicazgo» como los más
+usados y adecuados para expresar la condición de don Andrés y el poder
+que en Villalegre ejercía. El había heredado este poder de su padre y
+luego le había mejorado y engrandecido mucho, ayudado por la actividad y
+variadas aptitudes de don Paco, y aun por los consejos e inspiraciones
+de doña Inés, quien, según se decía, ya con malicia, ya con sencillo
+aplauso, era la ninfa Egeria de aquel Numa.
+
+El, antes de retirarse al lugar después de la muerte de su padre para
+cuidar de la hacienda y hacer vida de labriego, desengañado y harto del
+estruendo de las grandes ciudades y de sus pompas vanas, había pasado
+mucho tiempo en Madrid, en cuya Universidad había hecho sus estudios, y
+hasta había viajado algo por Francia, Italia e Inglaterra.
+
+Era, por tanto, don Andrés un cacique archiculto y como hay pocos. Y
+conviniendo yo en esto con mi entusiástico amigo el diputado novel,
+afirmo que si todos los caciques fueran como don Andrés, sería gran
+ventura que cada pueblo tuviese su cacique; todo en cada pueblo estaría
+bien aseado y mejor cuidado; daría gusto andar por sus paseos y por sus
+caminos; el maestro de escuela no se moriría de hambre, y se gozaría de
+tan ordenada libertad, que el boticario podría ser impunemente, como don
+Policarpo, brujo y ateo, sin que por esto se suprimiesen ni dejasen de
+celebrarse con devoción, entusiasmo y regocijo hasta las más candorosas
+procesiones, aunque hubiese en ellas judíos, soldados romanos, Longinos
+con lanza y lazarillo después de quedarse ciego, paso de Abrahán y
+apóstoles y profetas.
+
+Todas estas tradicionales, artísticas y pintorescas manifestaciones de
+la piedad religiosa encantaban más a don Andrés que al más sencillo
+devoto de todos los habitantes de Villalegre, y por su gusto no se
+suprimía nada, sino que se aumentaba y se mejoraba bastante.
+
+Tal era el cacique don Andrés Rubio, inclinado a admirar todo lo bello y
+candoroso. ¿Cómo, pues, no había de admirar también a Juanita, dejándose
+llevar de su irreflexiva admiración a modo de quien se desliza y cae sin
+sentir por un suave declive?
+
+
+
+
+XXVI
+
+
+Era ya a mediados del mes de enero, y hacía todo el frío que puede hacer
+en aquel clima tan benigno.
+
+La tertulia de doña Inés estaba más animada y concurrida que nunca,
+sobre todo los jueves, día de gran recepción. En la sala había una
+hermosa chimenea de campana, sobre la cual, así como en la puerta de la
+casa, relucía el escudo de armas de la familia. En el hogar, saliente y
+no empotrado en la pared, alegraban la vista con sus llamas y daban
+grato calor la pasta de orujo, los secos sarmientos y la leña de encina
+y de olivo.
+
+Abundaban allí los muebles cómodos, y nunca faltaba, por lo menos, una
+mesa de tresillo.
+
+De diario eran tertulianos constantes el padre Anselmo y don Andrés. Y
+lo era, así mismo, el médico, ya bastante viejo y chapado a la antigua,
+hombre de pocas palabras, pero sapientísimo tresillista, que solía hacer
+el cuarto en la mesa cuando doña Inés jugaba. A fin de tener esta
+satisfacción honrosa, y tal vez para ganar algunos reales, porque se
+jugaba a diez por cada cien tantos, y él ganaba casi siempre, se
+violentaba el médico hasta el extremo de afeitarse un día sí y otro no,
+y dejar en la antesala la capa y el sombrero, sin entrar con la capa
+sobre los hombros, cuando no embozado y con el sombrero encasquetado
+hasta las cejas, según solía entrar en las demás casas donde iba de
+visita. ¡Tan profundo era el respeto que doña Inés le inspiraba!
+
+Los jueves la concurrencia era mucho mayor y solía haber dos y aun tres
+mesas de tresillo. Venían el alcalde, cuatro o cinco de los mayores
+contribuyentes y el tendero murciano don Ramón, que era la persona más
+acaudalada del lugar después de don Andrés. Venían, por último, don
+Pascual, el maestro de escuela, y don Policarpo, el boticario.
+
+Doña Inés había mostrado cierta repugnancia a que el boticario viniese;
+pero don Andrés había conseguido vencerla, no sin prometer antes leer al
+boticario la cartilla para que no se desmandase ni dejase escapar alguna
+barbaridad impía o librepensadora. Don Andrés le dijo que él respetaba
+como nadie la libertad de conciencia y de enseñanza; pero que si quería
+gozar de la tertulia de los señores de Roldán, debía ser como los
+catedráticos pagados por el Gobierno, que si son prudentes y juiciosos,
+se guardan sus impiedades para mejor ocasión, y en la cátedra, que es su
+tertulia de doña Inés, son muy comedidos y procuran no decir nada que
+ofenda las creencias de quien los paga o de quien los recibe.
+
+El boticario, que tenía mucha gana de ir a la tertulia, aceptó las
+condiciones, y siempre que fue se dejó el libre pensamiento en su casa,
+aunque no pudo dejarse ni quiso cortarse su endiablada y taumatúrgica
+uña.
+
+Durante mucho tiempo fue doña Inés la única señora que en la tertulia
+había. Parecía aquello un club de caballeros con una señora presidenta.
+
+Hacía poco tiempo, no obstante, que se había introducido una
+sorprendente novedad.
+
+A la tertulia de los jueves primero, y más tarde a las de diario,
+asistía otra señora. Era esta la noble viuda doña Agustina Solís y
+Montes de Allende el Agua, matrona de treinta y pico de años, aunque
+lozana, fresca, graciosa, de buenas carnes y mejor parecer, y con
+veintiocho o treinta mil reales de renta sobre poco o más o menos.
+
+No era menester ser un lince para comprender que doña Inés, cuando
+consentía que hubiese otra dama en su tertulia, y aun gustaba de ello,
+era porque había decidido y decretado casarla con su padre, don Paco.
+
+Doña Agustina estaba tan satisfecha de aquella inusitada distinción y
+tan agradecida y sumisa a doña Inés, que sin dificultad recibiera en su
+corazón, como la blanda cera recibe el sello, el nombre, la imagen y el
+afecto de la persona que doña Inés quisiese grabar en él. Y era tanto
+más fácil este grabado cuanto que don Paco no sólo estaba muy de recibo,
+sino que tenía hermosa presencia y la merecida reputación de ser el
+hombre más entendido y discreto de Villalegre. Además, doña Agustina--y
+doña Inés lo sabía de buena tinta--estaba harta de viudez y de tener el
+corazón vacío o como tabla rasa y lisa, y deseaba hallar algo digno de
+que en él se grabase.
+
+Tal vez para buscarlo se componía y se atildaba con esmero, y hasta
+había ido a varias ferias y romerías en otras poblaciones; pero todo
+había sido en balde y no había hallado hasta entonces sujeto que le
+petara.
+
+Doña Inés esperaba con fundamento que le petaría don Paco. Y como
+necesitaba para esto que don Paco la viese, hablase con ella y estuviese
+muy fino, doña Inés, que antes de concebir este proyecto de boda no se
+empeñaba mucho en que viniese su padre a la tertulia, le excitaba ahora
+y casi le mandaba, con el desenfado imperatorio tan propio de ella, que
+no dejase de venir ninguna noche.
+
+Don Paco obedecía y venía, de suerte que de diario Juanita le veía
+entrar, cuando ella estaba en la antesala, si bien don Paco, desdeñado
+y despedido, no se detenía a hablar con ella y pasaba de largo,
+limitándose a decir buenas noches.
+
+Juanita contestaba al saludo con fingida indiferencia; pero a
+hurtadillas miraba a su antiguo pretendiente, y cada vez que le miraba
+le encontraba mejor. El tinte de melancolía que se mostraba en su
+semblante le hacía parecer más digno y más hermoso. Juanita imaginaba,
+ufanándose, que el amor de él, aunque mal pagado, había ennoblecido y
+hermoseado su alma y sus facciones, desterrando de ellas aquella vulgar
+expresión que solía tener antes, cuando él, exento de amor sublime y
+poco venturoso, lucía su ingenio diciendo chuscadas a menudo
+chocarreras.
+
+Así, y no muy poco a poco, sino de prisa, reconoció Juanita que el
+aprecio y la amistad que siempre le había inspirado don Paco se
+convertían en amor, y que el amor aumentaba a pesar de tener más de
+medio siglo su objeto.
+
+Influía muchísimo en este aumento el recelo que Juanita tenía de perder
+a su desdeñado adorador, de que este acabase por sanar de su pasión
+desgraciada y de que al fin cediese a las insinuaciones o casi mandatos
+de su hija.
+
+Dice un precepto vulgar: «Lo que no quieras comer déjalo cocer.» Pero
+apenas hay hembra que cumpla con tal precepto cuando se aplica a cosa de
+amores. Juanita no lo hubiera cumplido aunque no hubiera amado ya a don
+Paco. La consolaba y la hechizaba tener aquella víctima constante y ver
+arder aquel corazón, cual perpetuo holocausto, en aras de su hermosura.
+Aun cuando ella no hubiese aceptado el sacrificio, se hubiese afligido
+mucho de que viniese doña Agustina y le robase el corazón sacrificado.
+Mayor era aún la aflicción de Juanita al notar que el sacrificio de don
+Paco le era cada día más agradable. Tentaciones tenía a menudo de
+detener a don Paco cuando pasaba por la antesala, de decirle que se
+arrepentía de haberle escrito la carta despidiéndole y de encomendarle
+que no entregase a doña Agustina el corazón, porque ella le quería para
+sí y le cuidaría con más regalo y mimo que ninguna otra mujer de la
+tierra.
+
+Cuando Juanita veía pasar por la antesala a doña Agustina, que iba muy
+pomposa a la tertulia, la sangre del valiente oficial de Caballería que
+circulaba en sus venas se alborotaba toda, y necesitaba ella del dominio
+que tenía sobre sí para contener sus ímpetus y no arañar a doña
+Agustina. Otras veces, recordando ciertas mañas, usos y costumbres que
+había tenido en su venturosa y libre niñez, sentía el prurito de agarrar
+a aquella señora y, según solía hacer _in tilo tempore_ con otras niñas
+de su edad y aun mayores, alzarle las faldas y darle una buena mano de
+azotes.
+
+Pero si Juanita era brava, también era discretísima; y firme en sus
+propósitos de ser prudente, se refrenaba y se vencía. Por coincidencia,
+y aunque ella no hubiese leído el soneto de Lope, concebía imágenes
+pastoriles y acaso se figuraba a doña Agustina como a una _mayorala_ o
+_rabadana_ que llevaba en pos de sí, atado con un cordón, el manso que
+ella, la zagala Juanita, había cuidado con esmero, dándole de su sal a
+puñados. Y entonces se le antojaba decir a doña Agustina: «Suelta el
+manso, que es mío; déjalo en libertad, y verás cómo viene a mí.
+
+ Que aún tienen sal las manos de su dueño.»
+
+Sin embargo, Juanita se limitaba a cavilar y a recelar, permaneciendo
+inactiva. Todo lo que entonces hubiese hecho en contradicción con los
+dos proyectos de doña Inés del casamiento de su padre y del monjío de
+ella, hubiera sido la más audaz rebelión contra la tiranía de la reina
+absoluta de Villalegre, y a don Paco y a ella los hubiera puesto en
+peligro de tener que emigrar, como Adán y Eva, expulsados del Paraíso.
+
+Por otra parte, Juanita era tan orgullosa, que por más que le doliese el
+recelo de que doña Agustina le quitase a don Paco, no quería, llamándole
+a sí, acudir al punto a evitarlo y quedarse con la duda de que él, no
+llamado, hubiese podido ceder y entregarse a otro dueño.
+
+
+
+
+XXVII
+
+
+Como en el lugar entendía todo el mundo que cualquier decreto de doña
+Inés infaliblemente había de cumplirse, y como se divulgó que estaba
+decretado el casamiento de don Paco y de doña Agustina, apenas quedó
+persona que no lo diese ya por cosa hecha. No sé encarecer cuan
+fieramente soliviantaba esto y enojaba a Juanita.
+
+Todavía, sin embargo, disculpaba a don Paco recordando que ella le había
+despedido y que él no tenía que guardarle fidelidad. Pensaba en que él
+observaba quizá un prudente disimulo parecido al que ella observaba; y
+de esta suerte se avenía a perdonarle que no se rebelase contra doña
+Inés; que fuese tan obediente que de diario viniese a la tertulia; que
+no pocas noches, según Juanita averiguó, cumpliendo don Paco con el
+mandato de su hija, acompañase a doña Agustina hasta su domicilio, para
+que no fuese sola con la criada que venía en su busca, y que tal vez se
+mostrase cortés y galante con doña Agustina para que doña Inés no
+rabiara.
+
+Con tal moderación discurría a veces Juanita, pero con más frecuencia
+perdía la moderación y se ponía hecha un veneno.
+
+Entonces calificaba a don Paco de inconsecuente, de voluble y de
+interesado; procuraba aborrecerle o despreciarle, y se sentía
+predispuesta, tentada y ansiosa de tomar represalias.
+
+Don Andrés Rubio, entre tanto, seguía viniendo todas las noches en casa
+de doña Inés, y Juanita, con no aprendida coquetería, le echaba miradas
+extrañas, miradas de aquellas que parecen escritura misteriosa, donde la
+misma persona que ha escrito ignora o tiene idea confusa de la
+revelación que hace y donde el que lee cree leer la revelación y concibe
+dulces esperanzas.
+
+De las miradas se pasa a las palabras con suma facilidad, y don Andrés,
+procurando hallar siempre sola a Juanita, se acercaba a ella al ir a
+entrar en la tertulia y le disparaba a boca de jarro, como si fuera su
+boca la ametralladora del dios Cupido, un diluvio de flores y una
+descarga cerrada de piropos ardientes.
+
+Ella, más cauta en el hablar que en el mirar, ya bajaba los ojos y se
+esquivaba sin responder, ya respondía con desvío, si bien templado y
+dulcificado por el respeto y por la afectuosa consideración que
+personaje de tantas campanillas no podía menos de inspirarle. Tampoco
+atinaba Juanita a disimular el contento consolador que tamaña lisonja y
+tales halagos ponían en su pecho.
+
+--Repórtese vuecencia--decía--, y no se burle de una pobrecita muchacha.
+¿Cómo he de creer yo que guste vuecencia de mi ordinariez cuando
+vuecencia está acostumbrado a tantas delicadezas y a tantas finuras?
+Vuecencia ha dado prueba de tan buen gusto, que... vamos, yo no quiero
+creer que tenga ahora estragado el paladar. Déjeme, señor, sosegada; no
+trate de sacarme de mis casillas. ¡Jesús!, bonita se pondría doña Inés
+sí llegase a entender que vuecencia andaba requebrándome y que yo le oía
+faltando al decoro que se debe a esta casa tan respetable.
+
+Y con estas palabras o con otras por el estilo se apartaba Juanita de
+don Andrés y se iba a otro extremo de la antesala.
+
+Cuando don Andrés la perseguía, Juanita se fugaba por los corredores.
+
+Don Andrés cesaba en su persecución para evitar que le viesen.
+
+Deplorando lo poco o nada que adelantaba en la campaña en que se había
+empeñado, y no queriendo ser otro Fabio Cunctator, apeló a más eficaz
+estrategia y se apercibió para emboscadas y asaltos. En vez de buscar a
+Juanita en la antesala, la aguardó en el zaguán, sin entrar en la casa
+hasta que saliese Juanita para irse a dormir a la suya.
+
+Juanita no temía a nadie ni nadie se le atrevía, y se iba sola, aunque
+las calles estuviesen oscuras. Su casa, además, no estaba lejos.
+
+Don Andrés no quiso hacerse el encontradizo; confesó con franqueza que
+la estaba aguardando y la acompañó varias noches seguidas, aunque ella
+siempre lo repugnaba.
+
+Pasmosos fueron el arte que empleó Juanita y el ingenio y la energía de
+voluntad que supo desplegar para tener a raya a don Andrés y conseguir,
+sin romper con él por completo, que no se viniese a las manos. El genio
+de ella, de ordinario alegre y burlón, y la facilidad que tenía para
+echarlo todo a broma le valieron de mucho en aquellas circunstancias
+difíciles. Porque, a la verdad, ella no quería que don Andrés se
+extralimitase, pero no quería tampoco que se le fuese, y era arduo
+problema y cuestión de milagroso equilibrio el mantenerse sin caer ni a
+un lado ni a otro, yendo sin balancín como por una maroma de cuerda
+tirante.
+
+A cada requiebro, a cada proposición que don Andrés le hacía, Juanita
+contestaba con un chiste o con un tan incoherente disparate, que don
+Andrés, aunque mortificado y chafado, no podía tomarlo a mal y tenía que
+reírse.
+
+Juanita, al verse acompañada por don Andrés, apresuraba el paso, y en
+cuatro brincos se plantaba en la puerta de su casa. Don Andrés pugnaba
+entonces por entrar.
+
+--¡Huy! ¡Huy!--exclamaba Juanita--. ¿Está dejado vuecencia de la mano de
+Dios? Pues sería curioso que entrase a jugar al tute con mi mamá, que
+aún está despierta con ansia. ¿Cómo puede querer vuecencia, en lugar de
+hacer con doña Inés una partida de tresillo, hacerle conmigo una partida
+serrana? ¡Válgame Santo Domingo, nuestro patrono! Yo no me lo
+perdonaría.
+
+--Por Dios, no seas retrechera; déjame entrar, déjame entrar, encanto de
+mis ojos.
+
+--¡Cielo santo y qué cosas dice vuecencia! ¡Qué lenguaje emplea! Ese
+debe de ser «el mal lenguaje del demonio», del que tanto habla el
+venerable padre maestro fray Juan de Avila en un libro que me hace leer
+mi señora doña Inés para prepararme a monja.
+
+--¿Y tú quieres serlo?
+
+--Allá lo veremos. A menudo se me antoja que la vocación me acude, sobre
+todo al ver los peligros que rodean a una infeliz criatura desvalida y
+tonta como yo. Pero, en fin, aunque tonta, yo no quiero ser ingrata con
+doña Inés, que me guía por el mejor camino y que me va a pagar el dote
+para entrar en el claustro.
+
+--¿Y qué ingratitud sería la tuya? ¿En qué ofenderías a doña Inés si me
+quisieses?
+
+--¿Le parece a vuecencia que sería la ofensa chica si yo desconcertase
+su plan de hacer de mí una santa y si me transformase?... Vamos, váyase
+vuecencia a la tertulia de doña Inés y no sea pesado.
+
+Juanita repiqueteaba entonces estrepitosamente el aldabón de su puerta,
+y no bien la entreabría o su madre o la criada, se colaba ella, cerraba
+de golpe y casi daba a don Andrés con la puerta en los hocicos.
+
+Con estos lances, tratos y conversaciones, don Andrés se emberrenchinaba
+más cada día, y su circunspección iba desapareciendo. Fuerza es
+confesar, aunque no redunde en alabanza de Juanita, que esta no
+desengañaba ni zapeaba a don Andrés por completo y que se deleitaba en
+retenerle y en provocarle con sus retrecherías.
+
+Es cierto que reconociendo Juanita que era peligroso dejarse acompañar
+por don Andrés todas las noches, espió con maña el momento en que don
+Andrés no la aguardaba en el zaguán, y en lo sucesivo logró escaparse
+siempre a su casa sin ser por don Andrés acompañada.
+
+Cuando pasaron muchas noches escapándose siempre ella, apesadumbrado don
+Andrés, exaltado y como fuera de sí, le dio las más sentidas quejas,
+hallándola sola en la antesala. La vehemencia de los sentimientos del
+cacique se revelaba en su precipitado discurso, en su gesto, en su
+ademán y en su acento conmovido. Sin reparar en nada levantó la voz.
+
+--¡Por las ánimas benditas!--dijo la moza--; témplese vuecencia y mire
+por sí, ya que no mire por mí, y no promueva aquí un alboroto ridículo y
+se convierta en la fábula del lugar y sea la comidilla de todos los
+maldicientes.
+
+--Nada me importan los maldicientes si tú me bendices como yo te
+bendigo. Bendita seas mil y mil veces, y bendita sea la madre que te
+parió.
+
+Y diciendo esto, sin atender a más razones, se echó como loco sobre
+ella, y tan de repente, que ella no pudo sustraerse a sus abrazos y a
+sus besos. Cinco o seis, que en el número no están de acuerdo los
+historiadores, le plantó en las frescas mejillas, que se pusieron rojas
+como la grana. Y no contento, le buscó la boca para besársela, y se la
+halló y se la besó.
+
+No estuvieron sus labios junto a los de ella el tiempo que los de don
+Tristán de Leonís y la reina Iseo, de los que dice el antiguo romance:
+
+
+ Tanto estuvieron unidos
+ cuanto una misa rezada.
+
+
+Al contrario, no bien se recobró Juanita del susto y de la sorpresa,
+puso una cara tan feroz que daba miedo, a pesar de ser tan hermosa, y
+agarrando con ambas manos por los hombros a don Andrés, le sacudió lejos
+de sí con tal fuerza, que vaciló como ebrio y faltó poco para que cayese
+por tierra. Poco antes había entrado don Paco en la antesala; de suerte
+que si vio el empujón, vio también los besos que lo habían motivado.
+
+¿Qué había de hacer don Paco? Hizo como sí nada hubiese visto. Y él y
+don Andrés entraron en la tertulia según costumbre.
+
+
+
+
+XXVIII
+
+
+Al día siguiente ocurrió en Villalegre un caso que sorprendió y dio
+mucho que hablar.
+
+Ni por el Ayuntamiento, ni por casa del alcalde, ni por la escribanía,
+ni por parte alguna pareció don Paco, que de diario acudía a todas para
+desempeñar sus varias funciones. Fueron a casa de él, y tampoco le
+hallaron allí. El alguacil y su mujer, que le servían y cuidaban, no
+sabían cómo ni cuándo se había ido y no daban razón de su paradero.
+
+Pasó todo el día sin que don Paco volviese y sin que se averiguase dónde
+estaba, y creció el asombro. Nadie acertaba a explicar la causa de
+aquella desaparición. Mucho tiempo hacía que por aquella comarca, merced
+al bienestar y prosperidad que reinaban y a la benemérita Guardia Civil,
+no se hablaba de bandidos y secuestradores.
+
+¿Dónde, pues, estaba metido don Paco?
+
+La gente se lo preguntaba y no se daba contestación satisfactoria.
+
+Los amigos, y simultáneamente don Andrés Rubio, se mostraban inquietos.
+Sólo no se alteraba doña Inés. Su carácter estoico y su resignada y
+cristiana conformidad con la voluntad del Altísimo conservaban casi
+siempre inalterable la tranquilidad de su alma. Doña Inés, además, no
+veía nada alarmante en el suceso, y a ella misma y a sus amigos don
+Andrés y el padre Anselmo se lo explicaba del modo más natural. Suponía
+y decía con sigilo que su señor padre, aunque estaba sano y bueno y
+tenía más facha de mozo que de anciano, había empezado a envejecer,
+claudicar y flaquear por el meollo; culpa quizá de lo mucho que con él
+trabajaba y estudiaba. Ello era que, según doña Inés, su padre, desde
+hacía tiempo, daba frecuentes aunque ligeros indicios de extravagancia y
+de chochez prematura. Tal era la causa que hallaba doña Inés para la
+desaparición de don Paco. Y afirmando que sin más razón que su capricho
+se había ido paseando y tal vez vagaba por los desiertos y cercanos
+cerros, pronosticaba que cuando se cansase de vagar volvería a la
+población como tal cosa.
+
+Ni en toda aquella noche ni durante el día inmediato se cumplió, sin
+embargo, el pronóstico de doña Inés.
+
+Cuando volvió Juanita a su casa, entre nueve y diez de la noche, don
+Paco aún no había parecido.
+
+Juanita, que no era estoica ni tan buena cristiana como doña Inés,
+estaba angustiadísima y llena de inquietud y de zozobra, por más que
+hasta entonces lo había disimulado.
+
+Cuando se vio a solas con su madre, no pudo contenerse más y le abrió el
+corazón buscando consuelo.
+
+--Don Paco no ha parecido--le dijo--. Mi corazón presiente mil
+desventuras.
+
+--No te atormentes--contestó la madre--; don Paco parecerá. ¿Qué puede
+haberle sucedido?
+
+--¿Que sé yo? Nada te he dicho, mamá; hasta hoy me lo he callado todo.
+Ahora necesito desahogarme y voy a confesártelo. Soy una mujer
+miserable, indigna, necia. Pude tenerlo por mío y le desdeñé. Ya que le
+pierdo, y quizá para siempre, conozco cuánto vale, y le amo;
+perdidamente le amo. Y para que veas mi indignidad y mi vileza, amándole
+le he faltado: he atravesado su corazón con el puñal venenoso de los
+celos. Yo tengo la culpa, y don Andrés está disculpado. Yo le atraje, yo
+le provoqué, yo le trastorné el juicio, y sí me faltó al respeto, hizo
+lo que yo merecía.
+
+--Niña, no comprendo bien lo que dices. O es que no estoy en autos, o es
+que tú disparatas.
+
+--No disparato ahora, pero he disparatado antes. Repito que he provocado
+a don Andrés para vengarme de doña Inés y para dar picón a don Paco. Yo
+estaba celosa. Temí que él se rindiese a doña Agustina. No comprendí
+cuánto me quería él. Ahora lo comprendo. Y ve tú ahí lo que son las
+mujeres: me halaga, me lisonjea creer que me ama tanto, y esta creencia
+es al mismo tiempo causa de mi pena y del remordimiento que me destroza
+el alma. Nada sé de fijo; pero en mi cabeza me lo imagino todo. Sin duda
+él me espiaba, y en la oscuridad de las calles me vio y me reconoció, o
+me oyó charlar y reír con don Andrés, que me acompañó varias noches. Y
+él, lleno de sospechas y apesadumbrado de creerme liviana, siguió
+espiándome, y anteanoche, en la misma antesala de doña Inés, me
+sorprendió cuando don Andrés me abrazaba y me cubría de besos la cara y
+hasta la boca. Yo le rechacé con furia; pero don Paco pudo suponer, y de
+seguro supuso, que mi furia era fingida porque él había entrado y porque
+yo le había visto y trataba de aparentar inocencia. ¿Sabes tú lo que yo
+temo? Pues temo que don Paco, juzgando una perdida a la mujer que era
+objeto de su adoración, se ha ido desesperado sabe Dios dónde.
+
+--De todo eso tiene la culpa--interpuso Juana--esa perra doña Inés; esa
+degollante, que no pagaría sino quemada viva o frita en aceite.
+
+--Te aseguro, mamá, que no sé cómo la aguanto aún; pero si esto no para
+en bien y ocurre algún estropicio, quien la va a quemar y a freír soy yo
+con estas manos. No; no soy manca todavía. La desollaré, la mataré, la
+descuartizaré. No creas tú que va a quedarse riendo.
+
+Juana, al ver tan exaltada a su hija, temió la posibilidad de un delito,
+y exclamó como persona precavida y juiciosa:
+
+--Prudencia, niña, prudencia; no te aconsejaré yo que la perdones. Bueno
+es ganar el cielo, pero gánalo por otro medio y no con el perdón de
+quien te injuria. Dios es tan misericordioso que nos abre mil caminos
+para llegar a él. Toma, pues, otro y no sigas el de la mansedumbre.
+Conviene hacerse respetar y temer. Conviene que sepan quién eres. Lo que
+yo te aconsejo es que tengas mucho cuidado con lo que haces, porque si
+tú castigas a doña Inés sin precaución, la justicia te empapelaría como
+un ochavo de especias, y hasta te podría meter en la cárcel o enviarte a
+presidio.
+
+--No pretendas asustarme. Si ocurre una desgracia, yo no me paro en
+pelillos; la pincho como a una rata, la araño y le retuerzo el
+pescuezo. Lo haría yo en un arrebato de locura y no sería responsable.
+
+--No serías--replicó Juana--; pero te tendrían por loca y te encerrarían
+en el _manoscomio_, _monomomio_ o como se llame; yo me moriría de pena
+de verte allí.
+
+--¿Pues qué he de hacer, mamá, para castigar bien a doña Inés sin que tú
+te mueras de pena?
+
+--Lo que debes hacer, ya que tienes con ella tanta satisfacción y trato
+íntimo, es cogerla sin testigos y entre cuatro paredes, darle allí tus
+quejas, leerle la sentencia y ejecutarla en seguida.
+
+--¿Y qué quieres que ejecute?
+
+--Acuérdate de tu destreza de cuando niña, de cuando con la cólera
+hervía ya en tus venas la sangre belicosa de tu heroico padre: agarra a
+doña Inés, descorre el telón y ármale tal solfeo en el _nobilísimo
+transportín_, que se lo pongas como un nobilísimo tomate. Ya verás cómo
+lo sufre, se calla y no acude a los tribunales. Una señorona de tantos
+dengues y de tantos pelendengues no ha de tener la sinvergüencería de
+enseñar el cuerpo del delito al Jurado ni a los oidores.
+
+Al oír los sabios consejos de su mamá, Juanita mitigó su cólera, y a
+pesar del dolor que tenía no pudo menos de reírse, figurándose a doña
+Inés, con toda su majestad y entono, azotada e inulta. Luego dijo:
+
+--Aun sin propasarme hasta el extremo de la azotaina, y aun sin cometer
+ningún crimen, he de castigarla valiéndome de la lengua, que ha de
+lanzar contra ella palabras que le abrasen el pecho. Ha de lanzar mi
+lengua más rayos de fuego que la uña del boticario. Cada una de las
+palabras que yo le diga ha de ser como uña ponzoñosa de alacrán que le
+desgarre y envenene las entrañas.
+
+La iracunda exaltación de Juanita no podía sostenerse y se trocó pronto
+en abatimiento y desconsuelo.
+
+--¡Ay Dios mío!--exclamó--. ¡Ay María Santísima de mi alma! ¿Qué va a
+ser de mí si hace él alguna tontería muy gorda, se tira por un tajo o se
+mete fraile? Entonces sí que tendré yo que meterme monja. Pero yo no
+quiero meterme monja. Yo no quiero cortarme el pelo y regalárselo a doña
+Inés. Un esportón de basura será lo que yo le regale.
+
+Y diciendo esto, rompió Juanita en el más desesperado llanto. Abundantes
+lágrimas brotaron de sus ojos y corrían por su hermosa cara; parecía que
+iban a ahogarla los sollozos y se echó por el suelo, cubriéndose el
+rostro con ambas manos y exhalando profundos gemidos.
+
+La madre, que estaba acostumbrada a los furores de Juanita, no había
+tenido muy dolorosa inquietud al verla furiosa; pero como Juanita era
+muy dura para llorar, y como su madre no le había visto verter una sola
+lágrima desde que ella tomaba, cuando niña, alguna que otra perrera, su
+llanto de entonces conmovió y afligió sobre manera a Juana.
+
+--No llores--le dijo--. Dios hará que parezca don Paco, y ni él será
+fraile ni tú serás monja, como no entréis en el mismo convento y celda.
+
+En suma, Juana, llorando ella también, a pesar suyo, hizo prodigiosos
+esfuerzos para calmar a su hija, levantarla del suelo y llevarla a que
+se acostase en su cama. Al fin lo consiguió, la besó con mucho cariño en
+la frente, y dejándola bien arropada y acurrucada, se salió de la alcoba
+diciendo:
+
+--Amanecerá Dios y medraremos.
+
+
+
+
+XXIX
+
+
+No quiero tener por más tiempo suspenso y sobresaltado al lector y en
+incertidumbre sobre la suerte de don Paco.
+
+Nuestro héroe, en efecto, había tenido el más cruel desengaño al ver
+primero a Juanita, acompañada por don Andrés, atravesar a oscuras las
+calles, charlando y riendo, y después al presenciar la última parte del
+coloquio de la antesala y el animadísimo fin que tuvo en los abrazos y
+en los besos.
+
+No quería conceder en su espíritu que Juanita fuese una pirujilla, y, no
+obstante, tenía que dar crédito a sus ojos.
+
+Muy triste y muy callado y taciturno estuvo toda aquella noche en la
+tertulia de su hija. Jugó al tresillo para no tener que hablar; hizo
+malas jugadas y hasta renuncios, por lo embargado que le traían sus
+melancólicas cavilaciones; apenas jugó una vez sin hacer puesta o
+recibir codillo, y perdió quinientos tantos, equivalentes a cincuenta
+reales.
+
+De mal humor se volvió a su casa antes que nadie se fuese.
+
+En balde procuró dormir. No pudo en toda la noche pegar los ojos. Los
+más negros pensamientos caían sobre su alma, como se abate sobre un
+cadáver famélica bandada de grajos y a picotazos le destrozan y le
+comen.
+
+Por lo mismo que él, durante toda la vida, había sido tan formal, tan
+sereno y tan poco apasionado, extrañaba y deploraba ahora el verse presa
+de una pasión vehemente y sin ventura. Se enfurecía, y discurriéndolo
+bien, no hallaba a nadie contra quien descargar su furor con algún
+fundamento. Juanita le había despedido; no era ni su mujer, ni su
+querida, ni su novia. Bien podía hacer de su capa un sayo sin ofenderle.
+Y menos le ofendía aún don Andrés, el cual sospecharía acaso que él
+había tenido, hacía más de un año, relaciones con la muchacha; pero en
+aquel momento le creía, según los informes que le daba doña Inés,
+decidido pretendiente y casi futuro esposo de la fresca viuda doña
+Agustina Solís y Montes de Allende el Agua.
+
+Don Paco se consideraba obligado a echar la absolución a Juanita y a don
+Andrés. Y, sin embargo, contra toda razón y contra toda justicia, sentía
+el prurito de buscar a Juanita, ponerla como hoja de perejil y darle una
+soba, o bien de armar disputa a su valedor y protector el cacique y, con
+un pretexto cualquiera, romperle la crisma.
+
+Todo esto, según la pasión se lo iba sugiriendo y según iba pasando y
+volviendo a pasar por su cerebro como un tropel de diablos que giran en
+danza frenética, no consentía que lograse un instante su reposo. En vez
+de dormir se revolcaba en la cama, y sus nervios excitados le hacían dar
+brincos.
+
+A pesar de todo, se encontraba más cómico que trágico, y se echaba a
+reír, aunque con la risa que apellidan sardónica, no por una hierba,
+sino porque--según había oído contar--entre los antiguos sardos se reían
+así los que eran atormentados y quemados de feroz y sardesca manera en
+honor de los ídolos.
+
+Juanita era el ídolo ante el cual el amor y los celos, sacerdotes y
+ministros del altar de ella, atormentaban y quemaban a don Paco. Como no
+podía sufrirse, pensó con insistencia en matarse, y luego sus doctrinas
+y sus sentimientos religiosos y morales acudían a impedirlo. Y no bien
+lo impedían, don Paco se burlaba de sí mismo y se despreciaba,
+presumiendo que lo que llamaba él religión y moral fuese cobardía acaso.
+
+Después de aquel tempestuoso insomnio, que convirtió en siglos las
+horas, don Paco se levantó del lecho y se vistió antes que llegase la
+del alba.
+
+Abrió la ventana de su cuarto y vio amanecer.
+
+La frescura del aire matutino entibió, a su parecer, aquella a modo de
+fiebre que en sus venas ardía. Y como no se hallaba bien en tan
+estrecho recinto y anhelaba ancho espacio por donde tender la mirada, y
+para techumbre toda la bóveda del cielo, determinó salir, no sólo de la
+casa, sino también de la población, e irse sin rumbo ni propósito, a la
+ventura, pero lejos de los hombres y por los sitios más esquivos y
+solitarios.
+
+Se fue sin que despertasen ni le viesen el alguacil y su mujer. Tuvo, no
+obstante, serenidad y calma relativa. No huyó como un loco, y tomó su
+sombrero y su bastón, o más bien el garrote que de bastón le servía.
+
+Además, como se preparaba para larga peregrinación, aunque sin saber
+adonde, y como a pesar de que pensaba a menudo en el suicidio no pensó
+en que fuese por hambre, ya que en medio de sus mayores pesares y
+quebrantos nunca había perdido el apetito, tomó sus alforjas, colocó en
+ellas alguna ropa blanca y los víveres que pudo hallar, se las echó al
+hombro y se puso en camino, a paso redoblado, casi corriendo, como si
+enemigos invisibles le persiguieran.
+
+Pronto recorrió algunas sendas de las que dividen las huertas que hay en
+torno de la villa. La primavera, con todas sus galas, mostraba allí
+entonces su hermosura y sus atractivos. En el borde de las acequias, por
+donde corría con grato murmullo al lado de la senda el agua fresca y
+clara, había violetas y mil silvestres y tempranas flores que daban olor
+delicioso. Los manzanos y otros frutales estaban también en flor. Y la
+hierba nueva en el suelo y los tiernos renuevos en los álamos y en otros
+árboles lo esmaltaban todo de alegre y brillante verdura. Los pajarillos
+cantaban; el sol naciente doraba ya con vivo resplandor los más altos
+picos de los montes, y un ligero vientecillo doblegaba la hierba y
+agitaba con leve susurro el alto follaje.
+
+Don Paco caminaba tan embebecido en sus malos y negros pensamientos, que
+en nada de esto reparaba.
+
+No tardó en salir de las huertas y en encontrarse entre olivares y
+viñedos; pero él huía de los hombres; no quería ver a nadie ni que nadie
+le viese, y tomó por las menos frecuentadas veredas, dirigiéndose hacia
+la sierra peñascosa, donde la escasez de capa vegetal no permite el
+cultivo, donde no hay gente y donde está pelada la tierra o sólo
+cubierta a trechos de maleza y ásperas jaras, de amargas retamas, de
+tomillo oloroso y de ruines acebuches, chaparros y quejigos.
+
+Aunque le fatigó algo su precipitada carrera, don Paco no se detuvo a
+reposar, sentándose en una peña, hasta que dio por seguro que se
+hallaba en completa soledad, casi en el yermo, sin que nadie le viese,
+le oyese y le perturbase.
+
+Apenas se sentó, se diría que los horribles recuerdos que le habían
+arrojado de la villa, que venían persiguiéndole y que se habían quedado
+algo atrás, le dieron alcance y empezaron a picarle y a morderle otra
+vez. Recordaba con rabia la dependencia servil con que el interés y la
+gratitud le tenían ligado al cacique, el yugo antinatural que le había
+impuesto su hija, los desdenes que Juanita le había prodigado y los
+favores con que a don Andrés regalaba. Pensó después en la burla de que
+sería objeto por parte de todos sus compatriotas cuando se enterasen de
+lo que pasaba en su alma, y se levantó con precipitación para huir más
+lejos y a más esquivos lugares.
+
+Casi corriendo bajó por una cuesta muy pendiente y vino a encontrarse,
+después de media hora de marcha, en una estrecha cañada que se extendía
+entre dos cerros formando declive. Iba saltando por él un arroyuelo y
+sonando al chocar en las piedras. El arroyuelo, al llegar a sitio llano
+y más hondo, se dilataba en remanso circundado de espadaña y de verdes
+juncos. Algunos alerces y gran abundancia de mimbrones daban sombra a
+aquel lugar y lo hermoseaban frondosas adelfas, cubiertas de sus flores
+rojas, y no pocos espinos, escaramujos y rosales silvestres, llenos de
+blancas y encarnadas mosquetas.
+
+Sitio tan apacible convidaba al reposo, y convidaba a beber el agua
+limpia del remanso, cuya haz tranquila, rizándose un poco, delataba la
+mansa corriente o que el agua no estaba estancada y sin renovarse.
+
+El sol, que se había elevado ya sobre el horizonte y se acercaba al
+cénit, difundía mucho calor y luz sobre la tierra; y don Paco, buscando
+sombra, vino a sentarse en un ribazo y se puso a contemplar el agua
+antes de beberla.
+
+En medio de su contemplación, sintió cierta angustia y escarabajeo en su
+estómago, porque hacía cerca de veinte horas que no había comido, había
+andado mucho y no había dormido nada. En suma, fuerza es confesarlo, don
+Paco tuvo hambre.
+
+Miró a todos lados, como si fuese a cometer un crimen, muy receloso de
+que alguien pudiera verle, y convencido ya de que su soledad no podía
+ser mayor, metió la mano en las alforjas y sacó de aquí una blanca
+rosquilla y un bulto envuelto, bien envuelto, en un antiguo número de
+_El Imparcial_.
+
+¿Qué había en este envoltorio? El historiador no debe ocultar nada. En
+el envoltorio que desplegó don Paco había media docena de hermosos
+pedazos de lomo de cerdo, gruesos como el puño, de los que Juana la
+Larga había adobado y frito; de los que con el aliño de orégano,
+pimiento molido, comino y qué sé yo qué otras especias, ya calentados en
+la propia manteca entre la que se conservan en orzas, ya extraídos de la
+manteca y fiambres, seducen a las criaturas más desesperadas y afligidas
+y les dicen: ¡comedme!
+
+Don Paco se preparó a obedecer el irresistible mandato; pero pensando en
+aquel mismo instante en que Juana la Larga, la madre de quien causaba su
+tormento, era quien había guisado aquel lomo, las más tristes memorias
+se le recrudecieron, y con una magra entre los dedos, al ir ya a tirar
+un bocado, se le atragantaron en la garganta los dos tan sabidos versos
+de Garcilaso que dicen:
+
+
+ ¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
+ dulces y alegres cuando Dios quería!
+
+
+No quiso Dios, a pesar de todo, que don Paco las hallase por su mal.
+Aunque se le saltaron las lágrimas pudo más el apetito. Ganas tuvo
+también, en su desesperación, de que las magras se le volviesen veneno;
+pero, en fin, él se comió dos y también la rosquilla.
+
+Hubo un momento en que echó de menos el vino y deploró no haber traído
+la bota. Luego se resignó y bebió agua, bajando la boca hasta la
+superficie del remanso.
+
+Por último, como estaba molido de tanto andar, velar y rabiar, y sentía
+en lo exterior el calor del sol y en lo interior el calor del lomo y de
+la rosquilla, a pesar de su enorme pesadumbre, fue vencido por el sueño
+y se confortó durmiendo profundamente la siesta, durante la cual sus
+desventuras y sus penas se diría que se habían sumergido en aquel arroyo
+como si fuese el Leteo.
+
+
+
+
+XXX
+
+
+Cuando despertó don Paco de su prolongado sueño, el sol se inclinaba
+hacia Occidente; el día estaba expirando.
+
+Las vacilaciones que habían atormentado a don Paco volvieron a
+atormentarle con mayor fuerza mientras más tiempo pasaba. Su fuga del
+lugar le parecía, y no sin razón, que debía de haber sido notada por
+todos y mirada con extrañeza. A él, que ejercía tantos oficios, le
+habrían echado de menos en muchos puntos.
+
+Se le figuraba que, como no había pedido licencia a nadie, y como su
+inusitada desaparición carecía de causa confesada por él, todos sus
+compatricios se esforzarían por hallar esta causa y acabarían por
+suponerla un acto de desesperación o de despecho. Nadie dejaría de
+lamentar su fuga sí él no volvía al lugar; pero si volvía, la compasión
+se transformaría inevitablemente en burla y rechifla.
+
+No quedaría un solo sujeto que no le preguntase con sorna qué había ido
+a hacer al yermo y por qué lo dejaba tan pronto, arrepentido de ser
+anacoreta. Y los que sospechasen, y no dudaba él que algunos
+sospecharían, que había querido suicidarse, tomarían a risa lo del
+suicidio y atribuirían a miedo el que no se hubiese realizado.
+
+Imaginaba él que, vuelto al lugar, no podría sufrir su nueva situación,
+porque se le figuraría que se mofaban de él cuando le mirasen a la cara.
+
+Si se fue, dirían, porque había aquí algo que no podía aguantar, ¿por
+qué vuelve ahora, se resigna y lo aguanta?
+
+Don Andrés, sobre todo, le despreciaría y le escarnecería, allá en sus
+adentros, calculando que la fuga había sido por lo de los besos a
+Juanita y que ahora volvía muy resignado a llevarlos con paciencia y
+hasta a verlos dar de nuevo.
+
+A Juanita misma se la presentaba muy afligida por lo pronto, llena de
+remordimientos porque era o iba a ser motivo u ocasión de su muerte y
+muy inclinada a derramar lágrimas a la memoria de él o sobre su ignorada
+tumba, si es que le enterraban y ella sabía dónde y no estaba lejos;
+pero si Juanita le veía otra vez tan campante, y en las calles de
+Villalegre, acudiendo a sus ordinarios quehaceres, ya en la tertulia de
+doña Inés haciendo la corte a doña Agustina, Juanita le tendría por la
+persona más ruin y cuitada del orbe. Juanita se mofaría de él, y don
+Paco se estremecía al pensar sólo en la posibilidad de semejante
+vilipendio.
+
+Era, sin embargo, muy duro matarse sin gana y sólo para que la gente
+tome a uno en serio, le compadezca y no le embrome.
+
+Hubo momentos en que si don Paco hubiera tenido un revólver, acaso, en
+contravención de todos sus preceptos religiosos y de todas sus sanas
+filosofías, se hubiera pegado un tiro; pero, afortunadamente, don Paco
+no gastaba armas de fuego y no llevaba ni pistola ni escopeta en aquella
+disparatada excursión que estaba haciendo, perseguido por los celos
+como Orestes por las Furias. Una vez se le ocurrió encaramarse en la
+cima de un escarpado peñasco, precipitarse desde allí de cabeza y
+hacerse una tortilla. Pero si no quedaba muerto al punto y sólo se
+rompía un brazo, una pierna o las dos, ¿no le dolería mucho, y
+quedándose vivo añadiría los dolores físicos a los dolores morales de
+que había querido libertarse?
+
+Rumiando con amargura todo lo dicho, anduvo don Paco sin reparar el
+camino que llevaba, hasta que le sorprendió la noche, oscura como boca
+de lobo. Ni luna ni estrellas se veían en el cielo, cubierto de densas
+nubes. Llovía recio y relampagueaba y tronaba.
+
+Nuestro peregrino advirtió con pena que estaba hecho una sopa, y temió
+que la muerte, que anhelaba y repugnaba al mismo tiempo, pudiera
+sobrevenir por la humedad esgrimiendo, en lugar de guadaña, reumas y
+pulmonías.
+
+A la luz de los relámpagos descubrió que había llegado a una extensa
+nava, entre las cumbres de dos cercanos cerros. Había en la nava mucho
+heno, grama abundante y a trechos intrincados matorrales, en que
+tropezaba, o alta hierba que subía hasta sus muslos, porque no había
+senda o porque la había perdido.
+
+De pronto oyó mugidos, y al resplandor fugaz de los relámpagos creyó
+entrever un gran tinglado o cobertizo, debajo del cual se movían bultos
+mugidores, que eran sin duda toros bravos, cabestros, becerros y vacas.
+
+--Hombre del demonio--dijo una bronca voz--, ¿qué viene usted a hacer
+por aquí a estas horas y con esta tormenta tan fuerte?
+
+Don Paco, ocultando el lugar de donde era y sin declarar su nombre, dijo
+que yendo de camino se había extraviado, no sabía dónde estaba y buscaba
+albergue en que pasar la noche.
+
+El boyero, que era piadoso, movido a compasión por la lamentable voz de
+don Paco, salió de debajo del cobertizo, vino a él, le tomó de la mano y
+le sirvió de guía.
+
+Así dieron ambos buen rodeo y llegaron a una choza bastante capaz,
+donde, al amor de la lumbre y en torno de una gran chimenea que tenía
+poco que envidiar a la de doña Inés, aunque carecía de escudo de armas,
+había otros dos pastores, viejos ya, y un chiquillo de diez o doce años,
+que debía de ser hijo del guía de don Paco.
+
+En el hogar ardía un monte de leña, con cuyo calor pudo don Paco
+secarse los vestidos, porque le ofrecieron, y él aceptó, un banquillo
+para que se sentase cerca del fuego.
+
+Apartada de él, sobre un poco de rescoldo y en una trébede se aparecía
+una olla, exhalando a través de la rota y agujereada tapadera espesos y
+olorosos vapores, con no sé qué de restaurante, lo cual produjo en las
+narices de don Paco sensación muy grata, porque con tanto andar se le
+había bajado a los pies el almuerzo. Era lo que había en la olla un
+guiso de habas gordas y tiernas, con lonjas de tocino y cornetillas
+picantes que habían de hacerlo suculento y sabroso.
+
+Los pastores, así como le habían dado techo amigo donde abrigarse de la
+lluvia y pasar la noche, le ofrecieron también su rústica cena.
+
+El rubor tino las mejillas de don Paco al ir a aceptarla; pero no fue
+tan descortés ni tan abstinente que no la aceptase, la agradeciese y aun
+se aprovechase de ella, compitiendo en apetito con los boyeros.
+
+Sin querer le avergonzaron también por otro estilo con su leal
+franqueza. A él, que se ocultaba y mentía, le contaron cuanto había que
+contar de la vida de ellos y de sus lances de fortuna, y de los sucesos
+de la pequeña cortijada, no muy lejos de allí, de que eran naturales.
+Ponderaron también la ferocidad de los toros que ellos cuidaban, se
+quejaron de la poca reputación que tenían y aún pronosticaron que al fin
+habían de abrirse camino hasta la magnífica plaza de Madrid, donde
+competirían con los de Veragua y los de Miura matando caballos a
+porrillo y metiendo en puño los animosos corazones de _Lagartijo_ y de
+_Frascuelo_.
+
+Terminada la cena y la conversación, todos se acostaron sobre sendos
+montones de hierba seca y durmieron como unos patriarcas.
+
+Don Paco se despertó y levantó al rayar el día imitando a los que le
+albergaban. Supuso, para salir del paso, que iba a Córdoba; en este
+supuesto los boyeros le indicaron el camino que debía seguir.
+
+Se despidió don Paco mostrándose agradecidísimo, y pronto se alejó de la
+nava, marchando de prisa por la senda que le habían indicado.
+
+A solas otra vez consigo mismo, los negros pensamientos resurgieron de
+las profundidades de su alma y volvieron a atormentarle.
+
+Como él reflexionaba mucho, se estudiaba y se sumía en el abismo de su
+propia conciencia, procuró explicarse el singular fenómeno que en ella
+se estaba presentando. Entonces creyó percibir que él hasta muy tarde,
+hasta ya viejo, había empleado y gastado la vida en ganarse la vida y
+había carecido, acaso por dicha, de desahogo y de vagar para fingirse
+primores ideales y ponérselos ante los ojos del alma, como atractivo de
+su deseo. Toda aspiración suya había sido hasta entonces modesta,
+prosaica y pacíficamente asequible; pero Juanita había venido en mal
+hora a turbar su calma y a aguijonear su fantasía para que remontase el
+vuelo a muy altas regiones, donde, si bien había más luz, había también
+tempestades que su alma pacífica y sólo acostumbrada al sosiego apenas
+podía sufrir.
+
+En resolución, don Paco vino a creer que la aparición tardía de lo
+ideal, casi muerta ya su juventud, y el nacimiento póstumo de
+aspiraciones que sólo por ella deben ser fomentadas, era lo que le traía
+tan desatinado, tan infeliz y tan loco. Volver al lugar en aquel estado
+de ánimo, con menos pretexto para volverse que el que había tenido para
+irse, le harían sin duda objeto del escarnio de todos sus amigos
+conocidos, como no hiciese la atrocidad de matar a dos o tres, y él, que
+era blando de condición, se consideraba incapaz de ello. Por otra parte,
+y mientras en Villalegre permaneciese, juzgaba él que sería ya inútil
+para todo y que no valdría ni para secretario de Ayuntamiento, ni para
+consejero de don Andrés, ni para colaborador del escribano, ni para
+pasante de los abogados Peperris.
+
+En consecuencia de estos no articulados discursos, decidió al cabo:
+decidió desterrarse para siempre de su patria e ir a otras villas o
+ciudades en busca de reposo y de mejor fortuna.
+
+Sólo así lograría curarse de su amor por la pícara e indigna Juanita,
+hacer pie y caminar por lo firme, en vez de ir por las nubes o de nadar
+por el éter, y sin matarse y sin matar a nadie, sino siendo útil al
+prójimo, ser de nuevo respetado y querido de las gentes.
+
+Ya que los boyeros le habían indicado el camino para ir a Córdoba, don
+Paco, menos alborotado que el día anterior, siguió en aquella dirección,
+pues camino no había. Las estrechas sendas eran muchas, y él a la
+ventura las tomaba, sólo procurando hunde la vista de todo ser humano,
+porque aún tenía vergüenza de que le viesen.
+
+Ora andando, ora parándose a reposar, se le pasó todo el día y llegó su
+segunda noche de vagabundo. No sabía dónde se hallaba; pero creyó que se
+despertaba en él una vaga reminiscencia de aquellos sitios. Era una
+dilatada dehesa o coto, donde había de haber abundancia de conejos y
+liebres. El terreno era quebrado y cubierto de matas o monte bajo. Sólo
+a trechos descollaban algunos pinos, hayas y encinas.
+
+Pronto la oscuridad lo envolvió todo. Aunque no llovía, estaba muy
+nublado, y él distinguía confusamente los objetos. El silencio era
+profundo. Lo rompía sólo, de cuando en cuando, tal cual ráfaga de viento
+suave que agitaba las hojas, o alguna liebre que brincaba o atravesaba
+corriendo por entre las matas.
+
+No sé cómo reconoció o creyó reconocer don Paco que se hallaba en aquel
+momento más cerca de Villalegre; que se hallaba a menos de dos leguas de
+distancia, en un coto propiedad de don Andrés y donde don Andrés solía
+venir a cazar.
+
+Se afirmó más en esta idea al ver de pronto una lucecita que a cierta
+distancia brillaba en las tinieblas, según sucede a menudo a los niños
+cuando en los cuentos de hadas se extravían en un bosque.
+
+Don Paco era valeroso y no propendía, sin ser incrédulo, a recelar
+frecuentes y medrosas apariciones de vestigios, de almas del otro mundo
+o de otros seres sobrenaturales. En aquella ocasión, sin embargo, tuvo
+su poquito de miedo, pero lo venció y caminó resuelto y derecho hacia la
+luz para ver lo que era.
+
+Se había fundado su miedo en que reconoció que la luz salía de la casita
+del viejo guarda del coto, el cual había muerto la víspera de la salida
+de don Paco de Villalegre, y era muy poco probable que don Andrés
+hubiese nombrado en seguida a otro guarda para donde apenas había cosa
+que guardar. La casilla, en opinión de don Paco, tenía que estar
+desierta. ¿Quién había encendido luz y estaba en la casilla? ¿Sería el
+alma en pena del viejo guarda, que tenía fama de haber sido más que
+travieso en sus mocedades y hasta bandolero acogido a indulto?
+
+Don Paco se armó de valor y se dirigió a averiguarlo, contento de
+tropezar con una aventura que de sus desventuras le distrajese.
+
+
+
+
+XXXI
+
+
+Sin hacer ruido, llegó don Paco a la casilla y vio que la puerta estaba
+cerrada con cerrojo que había por dentro. La luz salía por un ventanucho
+pequeño, donde en vez de vidrio había estirado un trapo sucio para
+resguardo contra la lluvia y el frío. Con el estorbo del trapo no se
+podían ver los objetos de dentro; pero don Paco se aproximó y reparó en
+el trapo tres o cuatro agujeros. Aplicó el ojo al más cercano, que era
+bastante capaz, y lo que vio por allí, antes de reflexionar y de
+explicárselo, le llenó de susto. Imaginó que veía a Lucifer en persona,
+aunque vestido de campesino andaluz, con sombrero calañés, chaquetón,
+zahones y polainas. La cara del así vestido era casi negra, inmóvil, con
+espantosa y ancha boca y con colosales narices llenas de verrugas y en
+forma de pico de loro. Don Paco se tranquilizó, no obstante, al
+reconocer que aquello era una carátula de las que se ponen los judíos en
+las procesiones de Villalegre.
+
+El enmascarado guardaba silencio y estaba sentado en una silla, apoyados
+los codos en una vieja y mugrienta mesa de pino.
+
+En otra silla estaba enfrente otra persona, en quien reconoció al punto
+don Paco a don Ramón, el tendero murciano de su lugar, el hombre más
+rico después de don Andrés y el más desaforado hablador que por entonces
+existía en nuestro planeta.
+
+Don Ramón era pequeñuelo, viejo y flaco; pero tenía mucho espíritu y
+agallas y no se acoquinaba por poco.
+
+Notó don Paco que tenía las manos atadas con un cordel a la espalda, y
+dedujo que le habían llevado allí y que le retenían por violencia.
+Pronto las mismas palabras del tendero murciano, tan pródigo de ellas,
+confirmaron la deducción de don Paco.
+
+--Hombre o demonio--decía--, quienquiera que seas, apiádate de mí y no
+me atormentes sin fruto. ¿Cómo había yo de imaginar, al volver esta
+tarde desde mi caserío al pueblo, que no dista más que un cuarto de
+legua, que había de topar contigo y con tu compañero, emboscados entre
+las mimbreras del arroyo del Hondón, y que me habíais de traer por
+fuerza a este lugar? Yo no sospechaba que hubiese secuestradores en el
+día, y caminaba muy seguro. Convéncete, hombre: la ganancia que habíais
+de hacer ya la habéis hecho. No tratéis ahora de lograr más ganancia. La
+codicia rompe el saco. A mí me mataréis, pero también a vosotros os
+darán garrote.
+
+El enmascarado persistió en su silencio, y a lo del garrote sólo
+respondió con un ronquido, especie de interjección que en aquella tierra
+se usa. Don Ramón continuó:
+
+--No acierto a explicarme por dónde llegasteis a averiguar que acababa
+yo de vender mi mejor vino a los jerezanos y que llevaba doce mil reales
+en el bolsillo. Pero, en fin, ya tenéis los doce mil reales. ¿Por qué no
+os contentáis? Valiéndoos de ese tintero de cuerno que traíais
+preparado me habéis hecho escribir a mi mujer para que entregue dos mil
+duros si no quiere que me ahorquen.
+
+--Y te ahorcaremos y te descuartizaremos como no los entregues--dijo el
+enmascarado con voz disimulada y extraña.
+
+--Pues bien: podéis ahorcarme y descuartizarme ya, sin seguir
+moliéndome, porque mi mujer, ¡y vaya si la conozco!, antes que entregar
+los dineros entregará mi vida y la de todos sus parientes, aunque nos
+quiera y nos llore después a moco tendido. Oye: ¿has visto tú la
+tragedia de Guzmán el Bueno?
+
+El enmascarado no dijo que sí ni que no; se limitó a dar otro ronquido.
+Don Ramón continuó:
+
+--Pues Guzmán el Bueno, para no entregar a Tarifa, envió a los moros un
+cuchillo con que degollasen a su hijo muy amado. Los dineros son la
+Tarifa de mi mujer, y no los entregará aunque me degolléis. Lo que no
+hará tampoco, echando con esto la zancadilla a Guzmán el Bueno, es el
+gasto inútil de enviaros el cuchillo, aunque sea el peor de la cocina.
+Ya lo tendréis vosotros, sin que ella lo envíe, para abrirme una gatera
+en las tripas. Pero seamos razonables: ¿qué vais a conseguir con eso?
+Compadécete de mí. Mira también por ti y no seas imprudente. Hará ya dos
+horas que mí mujer me habrá echado de menos, y aun antes de recibir la
+carta que lleva tu compañero, y que no sé cómo ni quién pondrá en sus
+manos, habrá armado ella una revolución en el lugar, habrá tocado a
+rebato, y la pareja de la Guardia Civil y muchos criados míos andarán ya
+buscándome. No tientes más a Dios. Ponme en libertad. Déjame ir en mi
+mulita y yo te lo pagaré si no quieres aguardar a que Dios te lo pague.
+
+El enmascarado siguió sin contestar, aunque dando más ronquidos.
+
+--¿No oyes que yo lo pagaré? Sobre los doce mil reales que tú y tu
+compañero os habéis repartido, yo puedo darte otros ocho mil si me dejas
+libre.
+
+--¿Y cómo?--dijo entonces el enmascarado--. ¿Dónde llevas escondidos
+esos ocho mil reales?
+
+--No seas tonto, hijo mío, no seas tonto. ¿Dónde quieres que los lleve?
+Yo no tenía más que lo que ya habéis tomado; pero tengo un medio seguro
+de recompensar tu buena acción.
+
+--¿Y cuál?
+
+Don Ramón titubeó entonces. El deseo de seducir al de la carátula y
+salir pronto de aquel mal paso, satisfaciendo su afán de hablar, de
+contarlo todo y aun de lucirse, porque era muy jactancioso, luchaba en
+su alma con el temor de empeorar la situación en que se hallaba,
+sobreexcitando la codicia del bandido.
+
+La manía de hablar pudo más, al fin, que toda otra consideración
+juiciosa, y don Ramón explicó que había un ingenioso procedimiento por
+cuya virtud tenía él y ponía dinero donde le daba la gana. Bastaba para
+ello que él escribiese en un papelito determinada cantidad, diciendo
+_páguese_ y firmando. Cualquiera persona que llevase este papelito en la
+faltriquera bien podía estar segura de que era como sí llevase la
+cantidad expresada.
+
+Don Ramón, impulsado por su locuacidad y su fachenda, no supo lo que se
+dijo.... Su explicación de lo que era un cheque o libranza al portador
+entusiasmó al bandido, el cual le mandó al punto con amenazas que allí
+mismo, y en el acto, por valor de dos mil duros, le escribiese y le
+firmase un cheque.
+
+El tendero murciano conoció la tontería que había hecho, pero conoció
+igualmente que tenía fácil enmienda, y explicó al de la carátula que los
+papelitos que allí escribiese y firmase ningún valor tendrían, porque
+habían de ir, para que valiesen, en hojas dispuestas de cierto modo y
+arrancadas de un librejo que él se había dejado en casa.
+
+Nada le valió con todo para apaciguar al de la carátula. O por poner en
+duda que fuesen indispensables tales hojas o por despecho de que se las
+hubiese dejado en casa y no las trajese allí, el bandido, sin atender a
+razones y diciendo repetidas veces «escríbeme el papelito», se puso a
+maltratar a pezcozones al infeliz maniatado.
+
+Don Paco no pudo sufrir más: fue corriendo a la puerta de la casilla,
+por fortuna vieja y desvencijada, y descargando sobre ella con todos sus
+bríos un diluvio de patadas, de puñetazos y garrotazos, consiguió en
+pocos segundos arrancarla de los goznes y derribarla por el suelo con
+estrepitoso sacudimiento, que hizo retemblar las paredes.
+
+El bandido se sobrecogió de terror porque imaginó al principio que el
+viejo guarda, o lleno de envidia por la ventura que otros iban a lograr,
+o enojado porque le profanaban su mansión, donde el día antes había
+estado todavía de cuerpo presente, venía ahora capitaneando una legión
+de demonios para llevárselo al infierno.
+
+¿Qué criatura mortal podía aparecer a aquellas horas y en tan apartado
+sitio?
+
+El bandido, no obstante, se recobró del susto y acudió a la defensa.
+
+Echó mano del trabuco, que tenía en un rincón de la estancia, y fue al
+cuarto contiguo, donde había caído la puerta y estaba la entrada.
+
+Allí apenas se veía, porque la única luz era la de un candil atado en la
+otra estancia a una tomiza que pendía de una viga del techo; pero el de
+la carátula vio el bulto de un hombre que se precipitaba sobre él, y le
+dijo:
+
+--¡Tente o mueres!
+
+Y le apuntó con el trabuco.
+
+Todo ello fue con rapidez maravillosa. Don Paco estaba ya casi encima
+del bandido, y al mismo tiempo que éste disparaba, le sacudió tan
+tremendo garrotazo en el brazo izquierdo, que le hizo soltar el arma y
+dar con ella en el suelo.
+
+El tiro salió antes, pero torcida ya la dirección, las postas, sin tocar
+a don Paco, fueron a agujerear el muro.
+
+El de la carátula retrocedió para evitar nuevo golpe, y aunque magullado
+por el que había recibido, sacó de la faja que rodeaba su cintura una
+truculenta navaja de Albacete, de las de virola y golpetillo, de las que
+llevan la inscripción:
+
+
+ Si esta víbora te pica
+ no hay remedio en la botica;
+
+
+la abrió con el temeroso ruido que produce la rodaja al encajar en el
+muelle, y se lanzó otra vez sobre su adversario; pero el bandido estaba
+ya falto de serenidad y quebrantado por el dolor del primer golpe. No
+supo ser certero y en balde abanicó el ambiente con su mortífero
+instrumento.
+
+Don Paco, sereno y decidido, se apartó a un lado, brincó y salvó el
+bulto y sacudió otra vez tan fiero garrotazo en los lomos del de la
+carátula, que le hizo caer en el suelo boca abajo.
+
+Tendido ya en el suelo el bandido, don Paco se ensañó algo, y sin
+compasión le dio cuatro o cinco palos más.
+
+Como no se quejaba ni rebullía, don Paco le creyó muerto. Se agachó, no
+obstante, con precaución y le quitó de la mano la navaja.
+
+En seguida llegó don Paco a donde estaba don Ramón, que le reconoció, y
+con viva efusión le dio las gracias.
+
+Don Paco desató el cordel que mantenía a don Ramón amarrado.
+
+--Alúmbreme usted con el candil--le dijo--. Voy a ver si ha muerto ese
+hombre.
+
+A la luz del candil se llegó don Paco al que estaba boca abajo tendido
+por el suelo y le puso boca arriba. La carátula se le había caído.
+
+Don Paco y don Ramón se quedaron absortos al reconocer a Antoñuelo.
+
+
+
+
+XXXII
+
+
+Por dicha no había recibido ningún garrotazo en la cabeza; pero estaba
+derrengado, molido y lleno de contusiones.
+
+Seguro ya de que vivía, y por instigación del tendero murciano, que no
+se aquietaba hasta recobrar, en parte al menos, el dinero robado, don
+Paco registró a Antoñuelo y le encontró cuatro mil reales, que devolvió
+a su dueño.
+
+Los otros ocho mil se los había llevado el compañero de Antoñuelo, el
+cual, por director y maestro en el arte, había tomado doble porción de
+botín.
+
+Antoñuelo sentía agudos dolores; no formulaba palabra alguna, pero
+lanzaba gemidos lastimeros.
+
+Don Paco se apresuró a salir de allí, volviendo cuanto antes al lugar
+con el libertado y el vencido.
+
+La poderosa mula de don Ramón, aparejada aún con muy cómoda y ancha
+albarda, se hallaba en un corralejo o pequeño cercado contiguo a la
+casilla.
+
+Sacó don Paco la mula, hizo que montase en ella su dueño y levantando
+después a Antoñuelo, que apenas se podía mover, y llevándole en peso con
+alguna dificultad, le plantó a las ancas. El cargó luego con el trabuco
+y la navaja, trofeos de su victoria, y echando delante la mula y su
+doble carga se dirigió hacia el lugar.
+
+Al ir caminando daba infinitas gracias a Dios porque le había puesto en
+ocasión de castigar un delito y de evitar otros mayores, y porque le
+había proporcionado un medio de volver a la patria con justo motivo y
+sin ningún sonrojo.
+
+Aunque caminaron despacio, llegaron al lugar entre una y dos de la
+noche, sin hallar a nadie en el camino.
+
+Inquieto don Andrés por la suerte de don Paco, había enviado en balde a
+muchas personas para que le buscasen. También la tendera había enviado
+gente en busca de su marido. Todos con mal éxito se habían vuelto al
+lugar antes de medianoche.
+
+Cuando mucho más tarde entraron en él don Paco y su comitiva, los
+villalegrinos estaban durmiendo.
+
+Don Paco, procurando y logrando no llamar la atención, dejó a Antoñuelo
+a la puerta del herrador, su padre. Libre ya don Ramón del poco
+agradable socio de montura, se despidió de don Paco con nuevas y
+fervorosas manifestaciones de gratitud y se largó a su casa.
+
+Don Paco se fue a reposar a la suya.
+
+Como el médico estaba viejo y averiado y tenía no poco que hacer, don
+Policarpo ejercía también, con sentimiento del médico, la medicina y la
+cirugía. El herrador le llamó al punto para que curase a su hijo.
+
+Don Policarpo le atendió muy bien y pronosticó que le curaría pronto,
+porque sus contusiones, si bien en extremo dolorosas, no eran de peligro
+ni daban que temer por su vida.
+
+Apenas amaneció, don Policarpo, sabedor de que don Andrés estaba
+inquietísimo por la suerte de su amigo o como si dijéramos de su
+ministro, fue a casa del cacique, que se despertaba con el alba, y le
+pidió albricias y le dio la buena nueva de que don Paco había parecido.
+Como el boticario sólo había visto al magullado Antoñuelo y no sabía
+bien lo ocurrido, hizo su composición de lugar, y fantaseó y dijo a don
+Andrés que entre don Paco y Antoñuelo había habido una muy reñida pelea,
+sin duda por los bellos ojos de Juanita; que la pelea había sido en
+mitad del campo, durante la noche; que don Paco había quedado ileso y
+que el pobre Antoñuelo estaba tal que se lo podía comer con cuchara,
+pero que él, con su ciencia y sus cuidados, le sanaría muy pronto.
+
+Don Andrés se holgó mucho de que hubiese vuelto sano y salvo el
+secretario del Ayuntamiento, que le era utilísimo y a quien profesaba
+más amistad que a nadie.
+
+No por eso quiso llamar a don Paco ni ir a verle en seguida, turbando el
+reposo de que sin duda había menester; pero no creyó en el duelo o
+pendencia que don Policarpo había supuesto y contado.
+
+Don Andrés, aunque muy estimulado por la curiosidad, se armó de
+paciencia y de calma y aguardó dos o tres horas antes de dar un paso
+para descubrir lo cierto.
+
+Bien sabía él que el mayor amigo y confidente de don Paco era el maestro
+de escuela, y a eso de las ocho, cuando ya la escuela había empezado y
+don Pascual debía de estar en ella, don Andrés le envió a llamar a su
+casa.
+
+El mozo que llevó el recado volvió diciendo que don Pascual había salido
+al rayar el alba, que no había vuelto aún, que los niños estaban dando
+la lección con el ayudante y que no bien volviese don Pascual y supiese
+que don Andrés le llamaba, iría a verle al punto.
+
+
+
+
+XXXIII
+
+
+Don Paco, después de vagar en la soledad por espacio de dos días y
+después de tantas penas, emociones y lances, anheló para desahogo
+confiarse por completo con alguien. ¿Y con quién mejor que con el
+maestro de escuela, hombre de bien, sigiloso y tan excelente y
+desinteresado amigo, primero de Juanita y de él más tarde?
+
+La mujer del alguacil fue, pues, a llamar a don Pascual de parte de don
+Paco.
+
+Don Pascual vino y don Paco se lo contó todo. No le dio ninguna comisión
+ni embajada para Juanita; pero don Pascual, por una benévola usurpación
+de atribuciones y de empleo, se declaró él mismo y se nombró embajador,
+se fue a ver a Juanita que, desvelada y triste, se acababa de levantar y
+le refirió con fidelidad minuciosa los furores y penas de don Paco, sus
+celos, su desesperación, sus propósitos de suicidio o de extrañamiento
+perpetuo, y, por último, el combate de la casilla, el delito de
+Antoñuelo, los golpes que éste había recibido, así como su vuelta y la
+de don Paco a Villalegre.
+
+Contó también que el tendero murciano y su mujer, con más impaciente
+furia, no se conformaban con callarse sin delatar a Antoñuelo y sin
+enviarle a presidio, si no se les devolvían en el término de tres días
+los ocho mil reales que no habían recobrado y que el cómplice de
+Antoñuelo se había llevado consigo.
+
+Según informes adquiridos y comunicados por don Paco, Antoñuelo por nada
+del mundo diría el nombre y la condición del forastero que había
+cometido con él el delito.
+
+Por otra parte, aunque Antoñuelo le delatase, de nada valdría esto para
+recobrar los ocho mil reales por medio de la Justicia, sin envolver en
+el proceso al hijo del herrador y condenarle y perderle.
+
+El afecto profundo y extraño, como de madre o como de hermana, que
+Juanita había sentido por Antoñuelo toda su vida, renació entonces con
+vehemencia en su corazón, olvidándose de los groseros agravios con que
+la había ofendido aquel mozo.
+
+Juanita se propuso salvarle, lograr que se echase tierra al asunto y
+evitar su deshonra y su ida a presidio, aunque para ello fuera menester
+buscar los ocho mil reales en el mismo infierno.
+
+A esta penosa agitación de Juanita se contraponía en su alma otra
+agitación dulcísima, otro sentir, en vez de aflictivo, delicioso y
+beatificante, que aumentaba y enardecía su amor al saberlo tan bien
+pagado, y que lisonjeaba su orgullo. A pesar del dolor y del sobresalto
+que la conducta criminal de Antoñuelo y sus consecuencias le causaban,
+Juanita se juzgó venturosa, y sin duda lo era.
+
+Sólo faltaba ya, y urgía y no daba un instante de espera, el desengañar
+a don Paco, el persuadirle de que ella era inocente, y el convencerle de
+que ella le amaba.
+
+Ya don Pascual, en su largo coloquio con don Paco, había hecho esfuerzos
+para convencerle de la inocencia de Juanita. Don Pascual le aseguró que
+él conocía muy bien el noble y leal carácter de ella y cuan virtuosa y
+honrada había sido siempre en medio de la completa libertad en que había
+vivido, sin que su madre la vigilase y la tuviese siempre a su lado.
+
+Su madre había tenido que ir a las casas donde la llamaban a trabajar,
+dejando a Juanita con una criada o completamente sola cuando ni criada
+tenían. Juanita, además, sin que nadie la acompañase ni mirase por ella,
+había pasado de la niñez a la mocedad en medio de las calles y en trato
+y conversación con toda clase de personas.
+
+Nadie, sin embargo, se le había atrevido, porque ella sabía hacerse
+respetar, y ni las personas maldicientes habían formulado nunca contra
+ella una acusación fundada que pudiera, en manera alguna, deslustrar su
+decoro.
+
+Lo que don Paco había visto, lo que había causado su enojo y su
+desesperación no era, por consiguiente, culpa de Juanita, sino
+inmotivado atrevimiento de don Andrés, quien, si algo logró por
+sorpresa, fue rechazado violentamente en seguida.
+
+Don Pascual sostenía, además, que Juanita no había provocado la audaz
+acometida de don Andrés, a la que daba por única causa el engreimiento
+del cacique y su convicción de que todo había de rendirse a su voluntad
+y ser propicio a su deseo.
+
+No bien se enteró Juanita de todo esto oyendo hablar al maestro de
+escuela, procuró que terminase la visita y que éste se fuera.
+
+Cuando se vio sola, sin hablar a su madre para no perder tiempo, tomó el
+pañolón, se lo echó de cualquier modo en la cabeza y se fue a casa de
+don Paco, escapada.
+
+
+
+
+XXXIV
+
+
+Llegó Juanita a la casa, llamó a la puerta y salió a abrirle la mujer
+del alguacil. Juanita le dijo:
+
+--¿Está don Paco en casa? ¿Está levantado y solo? Necesito verle y
+hablarle sin tardanza.
+
+--Solo y levantado está en la sala de arriba--dijo la mujer del
+alguacil.
+
+Sin aguardar más contestación ni más permiso, Juanita apartó a un lado a
+su interlocutora, echó a correr, subió las escaleras, dejó el manto en
+un banco de la antesalita y entró destocada en la sala donde estaba don
+Paco.
+
+La sorpresa y el júbilo de éste fueron indescriptibles, por más que
+estuviese receloso aún de que en los atrevimientos de don Andrés la
+coquetería de Juanita había entrado por algo. Agradecido a la visita no
+esperada, don Paco se mostró muy fino, pero disimuló su alegría y
+procuró poner el rostro lo más grave y severo que pudo.
+
+--No estés enfurruñado conmigo--dijo Juanita, tuteándole por primera
+vez--. Yo estaba celosa de doña Agustina y enojada contra ti con tan
+poca razón como tú estás ahora enojado; yo quería darte picón. Soy leal.
+Confieso mi culpa y me arrepiento de ella. Es cierto; provoqué a don
+Andrés sin reflexionar lo que hacía. Perdónamelo. Me besó por sorpresa,
+pero lo rechacé con furia. Te lo juro; créeme; te lo juro por la
+salvación de mi alma; no le rechacé porque tú entraste, y más duramente
+lo hubiera rechazado yo si tú no entras. Vengo a decírtelo para que me
+perdones, porque te amo. Quiero que lo sepas: estoy arrepentida de
+haberte despedido y me muero por ti y no puedo vivir sin ti.
+
+¿Qué había de hacer don Paco sino ufanarse, enternecerse, derretirse y
+perdonarlo todo al oír tan dulces y apasionadas frases en tan linda y
+fresca boca? No sabía, sin embargo, qué decir ni qué hacer, y, como
+generalmente ocurre en tales ocasiones, dijo no pocas tonterías.
+
+--Apenas puedo creer--dijo--que no repares ya en mi vejez, que no
+pienses en que puedo ser tu abuelo y que me quieras como aseguras.
+¿Pretendes, acaso, burlarte de mí y trastornarme el juicio? ¿Te propones
+halagarme con la esperanza de una felicidad que no me atrevería yo a
+concebir en sueños, para matarme luego desvaneciéndola?
+
+--No, vida mía; yo no quiero desvanecer tu esperanza, sino realizarla.
+Yo quiero darte la felicidad, si juzgas felicidad el que yo sea tuya. Si
+no me desprecias, si me perdonas, si no me crees indigna, nos casaremos,
+aunque rabie doña Inés de que yo no sea monja, aunque don Andrés te
+retire su favor, aunque se nos haga imposible la permanencia en este
+pueblo y aunque tengamos que irnos por ahí, acaso a vivir
+miserablemente. No lo dudes; si fuese posible que don Andrés se prendase
+de mí hasta el extremo de querer casarse conmigo, yo le despreciaría por
+amor tuyo, aunque fueses tú mil veces más pobre de lo que eres; yo le
+cantaría la copla que dice:
+
+
+ Más vale un jaleo probé
+ y unos pimientos asaos
+ que no tener un usía
+ esaborío a su lao.
+
+
+Don Paco, al oír esto, apenas pudo ya contenerse y ocultar su emoción.
+Un estremecimiento delicioso agitó sus venas, como si por ellas
+corriesen luz y fuego en vez de sangre. Estuvo a punto de echarse a los
+pies de Juanita y besárselos, pero aún se reportó y dijo:
+
+--Quiero creer, creo en tu sinceridad de este momento. Mi modestia, con
+todo, me induce a temer que tal vez te alucinas, que tal vez tú misma te
+engañas, que tal vez te arrepientas del paso que das ahora. Eres tan
+hermosa, que puedes ambicionar cuanto se te antoje. Y don Andrés no es
+un usía desabono como el de la copla; es una persona inteligente,
+estimada y respetada por todos: mejor y mucho más joven que yo.
+
+--Será todo lo que tú quieras; mas para mí tú eres el más inteligente,
+el más joven y el más guapo.
+
+Todavía, escudado por su humildad, trató don Paco de ocultar que estaba
+ya satisfecho, que había depuesto su enojo y que sus recelos se habían
+disipado. Con menos seriedad, sonriendo y entre veras y burlas, dijo;
+
+--Me fío de ti; conozco que hablas con el corazón. No, no piensas en
+engañarme; pero, sin duda, tú misma te engañas. Y para poner más a
+prueba la vehemencia y la firmeza del amor de Juanita, añadió luego:
+
+--Es inverosímil que tú, si don Andrés, como parece evidente, está
+enamoradísimo de ti, le desdeñes y me prefieras y me ames ahora, cuando
+antes, que no tenías a don Andrés, era a mí a quien despreciabas. Pues
+qué, ¿ignoras que yo soy un pobre diablo, dependiente de él, y que él es
+poderoso, rico, respetado y temido aquí, estimado y favorecido por el
+Gobierno y caballero gran cruz con excelencia y todo?
+
+--¿Y qué me importa a mí su excelencia? A ti y no a él debió el Gobierno
+dar la gran cruz, ya que todo lo bueno que se hace en este lugar eres tú
+quien lo hace.
+
+Calló un momento y prosiguió con dulce risa, como quien de súbito tiene
+una idea que le agrada:
+
+--Esta injusticia quiero remediarla yo; pero necesito antes que tú me
+proclames y me jures por tu reina. Sé mi súbdito fiel. Sométeteme.
+Júrame por tu reina y tu reina te premiará. Júrame.
+
+Don Paco se sometió sin más resistencia. Se hincó de rodillas a los pies
+de ella y exclamó entusiasmado:
+
+--¡Te juro!
+
+Juanita, impulsada irresistiblemente por la idea rara que había
+concebido, apartó con gran rapidez el pañolillo, que llevaba al pecho,
+prendido con alfileres, sacó sus tijeras del bolsillo del delantal y se
+desabrochó dos o tres corchetes del vestido. Don Paco, siempre de
+hinojos, la contemplaba embelesado y curioso.
+
+Ella introdujo los dedos por bajo el vestido y desató un listoncillo de
+seda azul que le ceñía al pecho la limpia camisa. Tiró de él y la sacó
+de la jareta, calada y bordada, trabajo primoroso de su diestra mano.
+Cortó, por último, con las tijeras un buen pedazo del listoncillo y se
+lo puso a don Paco en el ojal del chaquetón, afirmándolo con una lazada.
+
+--Yo te concedo, en atención a tus altos méritos y servicios--dijo con
+solemnidad--, esta bonita condecoración, que vale mil veces más que la
+que tiene don Andrés, y te declaro mi caballero y gran cruz de la orden
+de los celos disipados. Por eso es azul el listoncillo, como las flores
+del romero.
+
+Don Paco se levantó sin pizca de celos, porque todo se convirtió en
+amor, y dijo:
+
+--Tú me citaste una copla; no quiero ser menos; voy a citar otra, aunque
+tenga que llamarte en ella no por tu nombre, sino como se llama la madre
+de tu santo:
+
+
+ Las flores del romero
+ niña Isabel,
+ hoy son flores azules,
+ mañana serán miel.
+
+
+--Y si han de ser miel mañana, ¿no es mejor que lo sean en este mismo
+instante?
+
+Don Paco se acercó a Juanita para besarla.
+
+Ella le separó con suavidad y se esquivó poniéndose muy seria y
+exclamando:
+
+--Déjame. No te llegues a mí. Respétame como a tu reina y como mi
+caballero que eres. Las flores del romero serán miel en su día; ahora,
+no. Ve mañana a mi casa, a las diez y media de la noche. Allí hablaremos
+con mi madre. Adiós.
+
+Juanita se dirigió para salir hacía la puerta de la sala. Ya en la
+puerta, volvió la cara, miró a don Paco, se dio a escape más de treinta
+besos en la palma de la mano, sopló en ellos y se los envió a su amigo
+por el aire.
+
+--De cerca y sin alas los quiero yo.
+
+--Ya les cortaremos las alas. En cuantito no sea pecado mortal, los
+tendrás de cerca hasta que te hartes.
+
+Y dicho esto, recogió el mantón en la antesala, bajó brincando por la
+escalera y se puso en la calle.
+
+
+
+
+XXXV
+
+
+En medio de su alegría por haberse reconciliado con don Paco, por estar
+segura de su amor y resuelta a casarse con él, aunque doña Inés y el
+cacique se opusiesen y tuvieran ella, su novio y su madre que ser
+víctimas de la cólera de tan poderosos señores, Juanita sentía profunda
+pena por la suerte de Antoñuelo. Su delito le daba horror y no quería
+volver a verle ni hablarle en la vida; pero le amaba aún con cariño de
+hermana y presentía que ello acibararía con algo como remordimiento las
+mayores venturas que pudiera alcanzar sí no evitaba que Antoñuelo fuera
+procesado, deshonrado públicamente y condenado a presidio. Con egoísmo
+amoroso, sólo del amor mutuo que don Paco y ella se tenían, había ella
+hablado con don Paco. Ya en la calle y separada de él, Juanita volvió a
+pensar en Antoñuelo y a cavilar en un medio de salvarle sin que nadie le
+diese auxilio y siendo ella su única salvadora.
+
+Con este propósito se presentó en casa del tendero murciano, que la
+recibió estando con su mujer, doña Encarnación, solos en la trastienda.
+
+No lloró Juanita, porque tenía muy hondas las lágrimas y rara vez
+lloraba; pero con acento conmovedor y apasionado les rogó que se
+callasen sobre lo ocurrido, prometiéndoles que en el término de seis
+meses ella les daría los ocho mil reales que el forastero se había
+llevado. Contaba para esto con la voluntad de su madre, de la cual
+estaba cierta de disponer como de su propia voluntad. Su madre tenía
+dado a premio dinero bastante para salir de aquel compromiso, y en el
+término marcado de los seis meses podía cobrar dicho dinero. Su madre,
+además, era propietaria de la casa en que vivían, y si bien la casa
+estaba fuertemente gravada con un censo, todavía podía producir,
+vendiéndola, muy cerca de los mencionados ocho mil reales.
+
+Doña Encarnación habló antes que su marido, y dijo al oír aquellas
+proposiciones:
+
+--Tú estas loca, hija mía, y yo supongo que ni tu locura será contagiosa
+ni se la pegarás a tu madre. Imperdonable estupidez sería que ambas os
+arruinaseis por salvar a un pillastre. Anda, déjale que vaya a presidio.
+Aquel es su término natural e inevitable. Si ahora le salvaseis, en
+seguida volvería a hacer de las suyas y a dar nuevo motivo para que le
+apretasen el pescuezo. Vuestro sacrificio no sólo sería inútil, sino
+también perjudicial.
+
+--Los consejos de usted--contestó Juanita--, y perdone usted que se lo
+diga, son aquí los inútiles. Contra mi firme resolución no hay consejo
+que valga. No son consejos, sino dinero o crédito lo que yo necesito. Si
+tuviera yo en mi arca los ocho mil reales, los hubiera traído y se los
+hubiera dado a ustedes en cambio de un papel, firmado por ustedes, donde
+declarasen que Antoñuelo nada les debía y que no tenían contra él la
+menor queja.
+
+No tengo dinero, peco estoy segura de poder reunirlo antes de seis
+meses. ¿Quieren ustedes firmar el documento de que he hablado
+desistiendo de toda queja contra Antoñuelo y recibir en cambio otro
+documento en que yo me comprometa a pagar los ocho mil reales? Este es
+el asunto, y no hay para qué andarse por las ramas. Conteste usted, don
+Ramón, y diga que sí o que no.
+
+--Pues mira, Juanita--contestó el interpelado--, yo digo que no, porque
+no quiero ser cómplice de tu locura y porque un papel firmado por ti,
+que eres menor de edad, no vale un pitoche.
+
+--El pagaré, aunque apenas tengo veinte años, valdría tanto como si yo
+tuviese treinta. Nunca he faltado a mi palabra escrita. Para cumplir el
+compromiso que contrajese me vendería yo si no tuviera dinero.
+
+A don Ramón se le encandilaban algo los ojos, a pesar de que doña
+Encarnación estaba presente, y dejó escapar estas palabras:
+
+--Si tú te vendieses, aunque en el lugar son casi todos pobres, yo no
+dudo de que tendrías los ocho mil reales; pero yo no quiero que tú te
+vendas.
+
+--Ni yo tampoco--replicó la muchacha--. Lo dije por decir. Fue una
+ponderación. Los bienes de mi madre son míos; ella me quiere con toda su
+alma y hará por mí los mayores sacrificios. No dude usted, pues, de que
+dentro de seis meses tendrá los ocho mil reales que ahora me preste, sin
+necesidad de que yo me venda para pagárselos.
+
+Doña Encarnación le interrumpió entonces diciendo:
+
+--Juanita, nosotros tenemos tan buena opinión de ti, que estamos seguros
+de la sinceridad y de la firmeza con que prometes pagar; pero si dentro
+de seis meses no allegas los dineros, o porque tu madre, queriéndote
+mucho, no quiere darlos, o porque no os pagan vuestros deudores y no
+lográis vender la casa, tu sinceridad y tu firmeza nada valdrán
+pecuniariamente, aunque moralmente valgan mucho. Tu misma moralidad para
+este asunto de los dineros, en vez de ser una garantía, es un indicio
+claro del peligro que corremos, si te lo prestamos, de no volverlos a
+ver nunca.
+
+--Sí, hija mía--interpuso don Ramón--; si en este caso me hipotecases tu
+inmoralidad en vez de hipotecarme tu moralidad, estaría yo más seguro de
+cobrar el dinero. Sería una prenda pretoria que daría ricos productos
+por mal que se administrase.
+
+Juanita advirtió que el tendero murciano trataba de tomarle el pelo,
+valiéndose de una expresión que ahora se emplea en estilo chusco, y,
+como era poco sufrida, empezó a perder la paciencia y dijo bajando la
+voz, pero aguzando cada una de sus palabras como si fuese una lanceta:
+
+--Es, déjese usted de bromas insolentes, tío marrano. Piense usted bien
+mi proposición y verá que le tiene cuenta. Si acude a la Justicia, quizá
+tendrá el gusto de ver en presidio a Antoñuelo; pero de fijo que no verá
+nunca los ocho mil reales. En cambio, si los da ahora por recibidos y
+acepta el pagaré que yo le firme, dentro de medio año o antes, y esto es
+tan claro como el sol que nos alumbra, recuperará sus ocho mil reales y
+además los intereses que me ponga por ellos, porque yo no quiero que me
+los adelante por mi linda cara.
+
+--Aunque me insultes llamándome tío marrano, me permitirás que al menos
+por tu linda cara te perdone el insulto. También me mueve tu linda cara,
+y no las mezquinas reflexiones que has hecho por mí, a prestarte los
+ocho mil reales si me prometes que tu madre ha de conformarse con el
+contrato. De todos modos, ya comprenderás tú, porque tienes sobrado
+talento, aunque eres inexperta, que yo corro mucho peligro al hacer el
+préstamo; que el daño emergente no es flojo, y que, por tanto, tampoco
+pueden ser flojos los intereses. No obstante, yo aspiro a que, en vez de
+llamarme marrano, me llames generoso y espléndido. Asómbrate.
+
+Doña Encarnación, que hasta entonces había reprimido la cólera,
+sufriendo el insulto hecho al enclenque de su marido, por temor de andar
+a la gresca con Juanita y aun de quedar vencida y aporreada, no pudo ya
+contenerse al ver y al oír a su marido tan melifluo y tan predispuesto a
+ser dadivoso, y le interrumpió exclamando:
+
+--No te derritas, hombre; no te vuelvas una jalea, no me obligues a que
+sea yo quien te llame tío marrano. Atiende a lo que haces, y ya que te
+expones tanto prestando los dineros, que sea con algún fruto.
+
+--Yo no me derrito, yo atiendo a lo que hago--contestó don Ramón--; pero
+en vez de responder a las injurias con otras injurias quiero ser
+magnánimo y responder con favores y beneficios. Juanita, yo doy por
+recibidos los ocho mil reales que me robaron con tal que tú me firmes
+un pagaré, que vencerá dentro de seis meses, por la expresada cantidad,
+más un pequeño tanto por ciento.
+
+--Mil gracias, señor don Ramón--dijo Juanita--. Escriba usted los dos
+documentos. Yo me llevaré, firmado por usted, el que me asegure que
+Antoñuelo quedará libre, y firmaré y dejaré en poder de usted el que
+declare que le soy deudora.
+
+--Está bien. No hay más que hablar--dijo don Ramón. Y yendo a su
+escritorio redactó los dos documentos en un periquete. En el pagaré se
+comprometía Juanita a pagar, en el término de seis meses, la cantidad de
+diez mil reales.
+
+--Ya ves mi moderación--dijo el tendero murciano al presentar a la
+muchacha el documento para que lo firmase--. Me limito a cobrarte sólo
+un veinticinco por ciento, a pesar del peligro que corro de quedarme sin
+mi dinero, porque, a despecho de todos tus buenos propósitos, no tengas
+un ochavo dentro de los seis meses y tengamos que renovar el pagaré, lo
+cual me traería grandísimos perjuicios.
+
+--Ya lo creo--dijo doña Encarnación--; como que ahora andamos engolfados
+en negocios tan productivos, que ganamos un ciento por ciento al año.
+Créeme, Juanita: prestándote los ocho mil reales nos exponemos a
+quedarnos sin ellos, y además a perder otro veinticinco por ciento, o
+sea, otros dos mil reales, que hubiéramos ganado dando a los ocho mil
+más lucrativo empleo; pero, en fin, ¿qué se ha de hacer? Mi señor esposo
+pierde la chaveta cuando ve un palmito como el tuyo.
+
+--Sea como sea--dijo Juanita--, agradezco a ustedes mucho el favor que
+me hacen. Y guardándose en la faltriquera el otro documento después de
+haberío leído y estimado que estaba bien, se despidió de los mercaderes
+y se fue a su casa.
+
+
+
+
+XXXVI
+
+
+Arrebatado yo por la corriente de los sucesos, por la importancia que
+les doy y por la rapidez con que quiero narrarlos, he descuidado la
+cronología. Está vaga y confusa y conviene fijarla un poco.
+
+Nada más fácil. Baste decir para ello que el día de la fuga de don Paco
+acertó a ser Domingo de Ramos.
+
+Como don Paco vagó todo aquel día y el siguiente, resulta que volvió a
+Villalegre al empezar el Martes Santo.
+
+Son tales las preocupaciones y el embeleso de todos los habitantes de
+Villalegre durante aquella semana, que nadie hubiera notado ni la
+desaparición ni la vuelta de don Paco si no hubiera sido el personaje
+tan notable, tan activo y que por lo común andaba siempre en todo.
+
+Lo que no se hubiese sabido, ni aun en tiempos normales, eran las causas
+de su ida y de su vuelta. Los celos siguieron sepultados en el más
+profundo silencio por los que los causaron y los padecieron: por don
+Andrés, Juanita y don Paco. Y los delitos de Antoñuelo y los medios que
+don Paco empleó para remediar unos y frustrar otros hubo interés en
+callarlos, y se logró que los callaran el tendero y su mujer, únicas
+personas a quienes interesaba decirlos.
+
+Sólo se sabía que Antoñuelo había vuelto apaleado; pero, a pesar de los
+comentarios que se hacían, nadie atinaba con el motivo y pocos
+sospechaban quién había sido el autor del apaleo.
+
+El tiempo aquel era el menos a propósito para que en Villalegre fijase
+el vulgo su atención en lance alguno, por extraordinario que fuese, de
+la vida real contemporánea. La atención general estaba embelesada y
+suspendida por la pasmosa representación simbólico-dramática que iba a
+verificarse durante cuatro días consecutivos, teniendo por actores a la
+mitad o quizá a más de la mitad de los hombres, y por espectadores a la
+otra mitad de ellos, a todas las mujeres y niños y a no pocos
+forasteros.
+
+Las procesiones de Semana Santa empiezan el miércoles y terminan el
+sábado. Yo, pues, las he visto en mi niñez en otra población donde son
+muy parecidas a las de Villalegre, conservo de ellas el más poético
+recuerdo, por donde imagino que las personas que las censuran carecen de
+facultades estéticas o las tienen embotadas. Hasta la rudeza campesina
+de algunos accidentes presta a la representación de que hablo candoroso
+hechizo.
+
+Acaso había accidentes o episodios en dicha representación en que lo
+sagrado y lo profano, lo serio y lo chistoso y lo trágico y lo cómico
+desentonaban algo. Celosos y discretos obispos han hecho sin duda muy
+bien en suprimir estas discordancias o salidas de tono; pero lo esencial
+de la representación, que consta de procesiones y _pasos_, sigue todavía
+y hubiera sido lástima suprimirlo; hubiera sido un crimen de lesa poesía
+popular.
+
+A mi ver, hasta en corregir, atildar y perfeccionar lo que se hace,
+aunque no niego que se presta al atildamiento y a la mejora, es menester
+andarse con tiento. Puede ocurrir, si es lícito que yo me valga de un
+símil literario, lo que ocurre con un escrito en verso o prosa cuando el
+autor, por el prurito de acicalar el estilo, manosea, soba y marchita lo
+que escribió y lo deja mustio, lamido y sin espontaneidad ni gracia.
+
+Conviene, además, para ver aquello con fruto y penetrar su hondo
+sentido, prescindir de refinamientos y de ideas de lujo y de exactitud
+indumentaria, adquiridas en ciudades más ricas y populosas. Sólo así, y
+reflexionándolo bien, se percibe lo sublime y lo bello de la verdad
+dogmática que bajo el velo del símbolo resplandece.
+
+Menester es que no se arredre por lo áspero de la corteza el que anhele
+gozar del dulce alimento que para el espíritu ella cela y contiene.
+
+La representación no se limita a ofrecer al pueblo un trasunto de la
+pasión y muerte de Cristo y de la redención del mundo, sino que en
+cierto modo abarca todo el plan divino y providencial de la Historia,
+como el famoso discurso de Bossuet.
+
+Los seres humanos, sin duda, no se juzgan dignos de representar a los
+seres divinos, ni se creen idóneos para ello, y temen profanar la acción
+interviniendo en ella inmediatamente. De aquí que todos los momentos del
+alto misterio de la redención se figuren por medio de imágenes que se
+llevan en andas, y cuyos movimientos silenciosos y solemnes va
+explicando un predicador desde un púlpito erigido en medio de la plaza y
+que la muchedumbre rodea. Sólo hablan los seres humanos. Los
+sobrehumanos callan, salvo algunos ángeles que cantan lo que dicen.
+
+Así, por ejemplo, el pregonero desde el balcón de las Casas
+Consistoriales lee en voz alta la sentencia que condena a Jesús a muerte
+afrentosa en una cruz, y entre dos ladrones, por enemigo del César y por
+otros muchos delitos.
+
+El predicador exclama entonces:
+
+--Calla, falso pregonero; calla, viperina lengua, y oye la voz del
+ángel, que dice....
+
+En seguida aparece en otro balcón de la casa mejor que está enfrente del
+Ayuntamiento el niño de seis o siete años más bonito, más inteligente y
+de más dulce voz que en el lugar hay; y primorosamente vestido de ángel,
+con tonelete de raso blanco bordado de estrellitas de oro, con
+refulgentes y extendidas alas y con corona de flores, canta una sencilla
+y sublime contraesencia, que comienza diciendo: «Esta es la justicia
+que manda hacer el Eterno Padre....»
+
+Luego explica, con enérgica concisión que no se opone a la claridad, los
+misterios de la encarnación y de la redención, cuando en la plenitud de
+los tiempos se une el Verbo increado con la humana naturaleza,
+glorificándola y haciéndola digna del cielo, padeciendo en ella y por
+ella, a fin de lavar sus culpas.
+
+Sólo hechos meramente naturales, en que intervienen personajes
+secundarios, son representados por hombres.
+
+Hay uno, no obstante, que es muy trascendental y que también los hombres
+representan. Es la prefiguración, el reflejo profético del sacrificio
+del Hijo por el Padre; es el sacrificio de Isaac por Abrahán en la
+cumbre del monte Moria, y que otro ángel impide. El monte está
+representado en medio de la plaza por un tablado cubierto de verdura.
+Abrahán e Isaac no hablan; sólo accionan. Cuando Abrahán tiene ya
+levantada la cuchilla para sacrificar a su hijo, el ángel le detiene
+cantando un romance. Isaac recibe entonces la palma del martirio, que
+ostenta en las procesiones de los días siguientes. Abrahán sacrifica un
+cordero, según los antiguos ritos.
+
+Los principales personajes del Antiguo Testamento discurren en la
+procesión silenciosos y solemnes, como si la Historia Sagrada tomase
+cuerpo y apareciese ante nuestros ojos en visión ideal. ¿Qué daña a la
+mente infantil y a la rústica buena fe que no se ajuste con exactitud
+esta visión a la verdad arqueológica, y que en ella no se desplieguen el
+lujo y la pompa, si la imaginación del vulgo los pone allí con creces? A
+su vista aparecen, y van pasando, Elías, Ezequiel, Daniel, Isaías, Amós
+y los demás profetas, así como los reyes, jueces y príncipes:
+Melquisedec, David, Moisés, Salomón, y qué sé yo cuántos más. Todos
+llevan el rostro inmóvil de la carátula, y en las potencias, aureola o
+nimbo que coronan sus cabezas, inscrito el nombre de cada uno.
+Distínguense, además, por los atributos que en sus manos tienen: David
+lleva el arpa; Salomón, un modelo del templo, y Moisés, las Tablas de la
+Ley.
+
+Como los profetas hicieron vida áspera y penitente, y no se cuidaron
+mucho del primor y de la elegancia en el vestir, se llaman los
+_ensabanados_, porque sus túnicas y mantos están hechos con sábanas. Y,
+por el contrario, los monarcas y grandes señores se engalanan con todo
+el lujo que pueden, llevando por túnica los mejores vestidos de sus
+mujeres o de sus novias, y por mantos las colchas más ricas de las
+camas, por lo cual se llaman los _encolchados_.
+
+Conforme va pasando cada procesión, que suele permanecer tres o cuatro
+horas en la calle, se ejecutan pasillos, que casi siempre explica un
+nazareno cantando una saeta.
+
+Para prevenir y llamar la atención del público hacia cada pasillo, otros
+dos o tres nazarenos hacen sonar las trompetas con melancólico y
+prolongado acento. Así, pongo por caso, cuando los evangelistas van
+escribiendo en unas tablillas lo que pasa y unos judíos tunantes vienen
+por detrás haciendo muchas muecas y contorsiones y les roban los
+estilos, los evangelistas, resignados y tristes, abren entonces los
+brazos y se ponen en cruz. Las trompetas resuenan otra vez para dar el
+pasillo por terminado.
+
+Cosas hay de cierto primor artístico y de bien inspirada delicadeza. Así
+la cruz que llevan en andas, grande y negra, como de ébano bruñido con
+remates primorosos de plata, sin Cristo en ella, que ya se supone
+resucitado y en el cielo, de la que penden siete anchas cintas verdes,
+blancas y rojas, de los tres colores de las virtudes teologales. Del
+extremo de cada cinta va asido un niño o un grupo de niños,
+representando todos en su conjunto y muy lindamente los siete
+sacramentos de la Santa Iglesia.
+
+Otros niños con vestiduras talares y con alas de querubines llevan en
+sus hombros el arca de la alianza, como recuerdo de la ley antigua,
+anterior a la Buena Nueva y la ley de gracia.
+
+En fin, para mi gusto todo está tan bien, que si no fuera por el temor
+de que me tildasen de impertinente y de extenderme demasiado en
+descripciones impropias de este lugar, seguiría relatando sin cansarme y
+con deleite artístico cuanto se representa en Villalegre en aquellos
+cuatro días.
+
+Baste indicar aquí que el Viernes Santo, al anochecer, se celebra el
+santo entierro, en el que no parecen ya las figuras simbólicas de los
+personajes de la antigua ley; sólo hay nazarenos, hermanos de Cruz,
+llevando cada cual a cuestas la suya y haciendo gala de que sea pesada y
+grande, y soldados romanos y no pocos judíos, convertidos ya, en prueba
+de lo cual llevan en las manos sendos rosarios y van rezando
+devotamente. Hay, por último, muchos hombres y niños piadosos que
+alumbran el entierro con velas.
+
+Pero la procesión más solemne y conmovedora es la que se verifica el
+Sábado Santo, desde las nueve de la mañana hasta mediodía.
+
+En ella sale únicamente la imagen de María Santísima de la Soledad, que
+es como el paladión de la villa y que se custodia y venera en el templo
+más antiguo que existe allí, al otro extremo de la nueva parroquia, en
+la cumbre del cerro que domina la población, en la Acrópolis, como si
+dijéramos, y al lado del abandonado castillo del duque, desde donde éste
+salía con su mesnada a combatir a los moros fronterizos y a entrar en
+algarada por las tierras granadinas.
+
+Aquella imagen es una obra maestra del arte cristiano en la época de su
+mayor florecimiento en España. Es cierto que se puede decir que el
+escultor no hizo más que la cabeza y las manos; el pensamiento puro y
+celestial y el medio por cuya virtud puede convertirse en acción el
+pensamiento.
+
+Pero aquellas manos y aquel rostro son de admirable belleza. Aquel
+rostro parece divino, combinándose en él la expresión del dolor más
+profundo y la humilde conformidad con la voluntad del Altísimo. Los ojos
+de la Virgen son hermosos y dulces; el llanto los humedece. En las
+mejillas de la imagen hay dos o tres lágrimas como el rocío en las
+rosas.
+
+En el resto de la imagen no se advierte forma ni dibujo de cuerpo de
+mujer. Todo está cubierto de un riquísimo y extenso manto de terciopelo
+bordado de oro.
+
+El artista, al representar el _Eterno femenino_, la fusión en el dolor
+de las dos excelencias de la mujer, como virgen y madre, se diría que
+huyó de lo corpóreo y sólo quiso prestar forma visible al espíritu.
+
+Sobre los adornos y bordados de la túnica de la Virgen se ven las
+empuñaduras de las siete espadas que le traspasan el pecho.
+
+En la procesión del Sábado Santo, todos los personajes del Antiguo
+Testamento y los judíos y los soldados romanos se desvanecen y se
+eclipsan ante la divina imagen de la Virgen. Sólo la acompañan el clero
+y la muchedumbre piadosa con innumerables velas y cirios encendidos.
+
+Con devoción y recogimiento anda la procesión el camino marcado; pero
+apenas vuelve y entra de nuevo en su iglesia, todas las campanas de la
+villa tocan a gloria con estruendoso repique; un toro de cuerda muy
+bravo sale a la calle, y los aficionados lo lidian y capean; en la
+cárcel se da libertad a un preso, que hace de Barrabás, y en varios
+sitios a propósito, donde hay poco peligro de matar a nadie, se ahorcan
+sendos Judas, o sea, grandes muñecos de trapo, rellenos de estopa y de
+triquitraques, contra los cuales disparan tiros los mozos que tienen
+escopeta, hasta que los Judas arden dando muchos triquitracazos y
+tronidos. De esta suerte terminan con el regocijo de la resurrección del
+Señor las interesantes fiestas de Semana Santa.
+
+
+
+
+XXXVII
+
+
+Todo estaba revuelto aquel día en la parte baja de la casa del cacique.
+Se entregaba la gente a diversos trabajos para preparar una gran fiesta
+que había de realizarse al otro día, Miércoles Santo. La procesión,
+preámbulo de las otras, y que debía ser en dicho miércoles por la tarde,
+era dirigida y costeada todos los años por el señor don Andrés Rubio,
+hermano mayor de la más importante Cofradía.
+
+Habían de salir en esta procesión tres obras maestras de escultura, tan
+pesada cualquiera de ellas que para llevarlas en andas por las calles
+era menester un ejército de nazarenos.
+
+La primera escultura representa al Señor de la Pollinita; Jesús cabalga
+sobre el humilde animal y entra triunfante en Jerusalén.
+
+El pueblo, compuesto de gran número de nazarenos, de soldados romanos y
+de judíos, debía marchar delante de la referida imagen con palmas y con
+grandes y frondosas ramas de olivo.
+
+Después, precedida de todos los _ensabanados_, _encolchados_ y jumeones
+que se pudiese, tenía que salir la _Cena_, cuyo peso es enorme, pues
+consta la imagen completa de trece figuras de tamaño natural, y de la
+mesa, que algo pesa también y que va cubierta y adornada de flores, de
+las más exquisitas frutas que desde el otoño han podido conservarse
+hasta aquel día con el mayor esmero, y de un elevado y complicadísimo
+ramillete de dulces, donde echa el resto el más listo e ingenioso de los
+confiteros.
+
+En pos de la _Cena_, y precedida también de mucha gente, había de salir
+la _Oración del Huerto_, donde Cristo ora de rodillas; un ángel que
+quiere estar en el aire, pero que se apoya en el ramaje de un olivo,
+ofrece a Cristo el cáliz de la amargura, y los discípulos yacen por
+tierra dormidos.
+
+Terminada la procesión, el señor don Andrés tenía que echar el bodegón
+por la ventana y dar de cenar a los apóstoles, a los profetas, a los
+antiguos personajes bíblicos, a la plebe de Jerusalén, a los nazarenos y
+a la guarnición romana.
+
+Las tres obras de escultura de que hemos hablado estaban ya expuestas
+al público el martes, no en las iglesias, sino en una inmensa sala baja
+entapizada de rojo damasco, adornada de cornucopias, flores y verdura, e
+iluminada por la noche con profusión de velas de cera.
+
+Para cuidar de todo esto había elegido don Andrés a Juana la Larga,
+quien en los dos días del martes y del miércoles apenas podía salir de
+casa de don Andrés e ir a la suya, a no ser a la hora de recogerse a
+dormir.
+
+El miércoles, singularmente, el trabajo de Juana era atroz. Ella debía
+condicionar para toda aquella tropa la espléndida cena de vigilia.
+Habría potaje de garbanzos con espinacas; como principal plato de
+resistencia, bacalao en sobrehúsa; y como plato ligero o de chanza
+delicada, una exquisita alboronía, que pudiese celebrar, si resucitase,
+el mismo famoso cocinero de Bagdad, que la inventó, dándole el nombre de
+la bella Alborán, sultana favorita del califa Harun Al Raschid, héroe de
+_Las mil y una noches_, princesa a quien dicho cocinero tuvo la honra de
+dedicarla.
+
+Claro está que para postre no habían de faltar los ineludibles pestiños
+y que había de abundar el vino para apagar la sed que causa la sal
+conservada en el bacalao, a pesar del remojo, y al picante de las mil
+ristras de guindillas y de cornetas que en tal día se consumen.
+
+Se esperaba, además, que llegase a tiempo de Málaga mucho cazón fresco,
+que Juana guisaría y haría servir a todos, o bien solamente a los
+apóstoles, profetas y reyes, si no llegaba cazón suficiente para el
+vulgo.
+
+Por último, Juana había prometido hacer un plato de su invención, con el
+que la gente menuda se chupa por allí los dedos de gusto; plato que
+tiene la singularidad de remedar, en cuanto cabe en lo humano, el
+milagro del pan y peces, pues con dos docenas de huevos y media hogaza
+para pan rallado se hartan cien hombres, gracias al sabroso ajilimójili
+en que ella rehogaba las livianas tortillas después de haberlas frito, y
+en cuyo caldo se remoja pan y se convierte en sopas, que se engullen con
+deleite. A este plato de su invención Juana dio el nombre de
+_hartabellacos_.
+
+Prometía la cena del miércoles ser muy divertida, amenizándola con sus
+chistes un criado muy gracioso que tenía don Andrés y que hacía en todas
+las procesiones el papel de Longino, soldado fanfarrón y galante antes
+de dar la sacrílega lanzada y ciego después, que persigue al lazarillo,
+el cual se le escapa y le hace en las procesiones mil burlas y
+perrerías.
+
+Lamentan algunas personas, pero yo no puedo menos de aplaudirlo en vez
+de lamentarlo, que el señor obispo haya prohibido desde hace mucho
+tiempo que salga en las procesiones otro personaje que salía antes, mil
+veces más cómico que Longino. Era este personaje José, el hijo de Jacob,
+porque, según decía el vulgo, no era ni fu ni fa. No era _ensabanado_,
+porque, como primer ministro y favorito que había sido de Faraón, no
+podía vestirse pobremente con sábanas. Y no era tampoco _encolchado_,
+porque iba sólo con la túnica y no llevaba colcha, o sea, manto o capa,
+a fin de indicar que la mujer de Putifar se había quedado con ella. El
+que hacía de José solía ser el más chusco de los campesinos, que
+aparentaba asustarse al ver muchachas bonitas en los balcones, y ya se
+tapaba los ojos para no verlas, ya huía haciendo contorsiones y dando
+chillidos.
+
+Menester es confesar que hizo muy bien el señor obispo en prohibir la
+aparición de esta figura, dado que sea exacto lo que se cuenta y que no
+se exageren los melindres y chistes del fingido casto José. Comoquiera
+que ello sea, el punto se puede pasar por alto, porque no es de los
+esenciales en esta historia.
+
+Lo esencial es que Juanita tuvo que pasarse sola y sin su madre casi los
+dos días enteros y tuvo que esperar hasta las diez de la noche del
+Miércoles Santo para poder hablar a su madre con reposo.
+
+Por eso Juanita había citado a don Paco en casa de ella para media hora
+después, para las diez y media.
+
+Ahora me incumbe referir aquí, sin más digresiones, los casos memorables
+en que intervino Juanita hasta que llegó dicha hora.
+
+
+
+
+XXXVIII
+
+
+Don Andrés Rubio, en medio del jaleo y trastorno que había en su casa,
+estaba tranquilo sin mezclarse en cosa alguna. Sus dependientes y
+criados, con la hacendosísima Juana a la cabeza, cuidaban de todo y se
+esforzaban a porfía para que saliese con el mayor lucimiento.
+
+Como la casa era tan espaciosa que a no ser por su sencilla rustiquez y
+carencia de adornos arquitectónicos, pudiera pasar por palacio, don
+Andrés, refugiado en sus habitaciones del piso principal, se sustraía al
+bullicio, y, según he indicado ya, estaba tranquilo.
+
+Enciéndase, con todo, que esta tranquilidad no era mental, sino
+corpórea. Mentalmente el cacique estaba agitadísimo. Por medio del
+maestro de escuela, a quien había hecho venir y con quien había hablado,
+sabía ya cuanto el maestro de escuela sabía.
+
+Don Pascual, creyendo hacer un bien a sus amigos, había revelado a don
+Andrés los celos y la desesperación de don Paco, causa de su fuga; lo
+que a don Paco había ocurrido en sus dos días de campo; el amor de
+Juanita, tan enamorada de él como él de ella, y el sentimentalismo de
+Juanita en favor de Antoñuelo y su deseo vehemente de salvarle hallando
+los ocho mil reales para tapar la boca del tendero murciano.
+
+Hasta aquí sabía don Pascual, y hasta aquí supo don Andrés, sin llegar a
+saber lo del pagaré ni la visita de Juanita a don Paco, que fueron
+sucesos posteriores y que don Pascual ignoraba. Don Andrés, por
+experiencia propia, no era muy inclinado a creer en la virtud de las
+mujeres. No tenía tampoco motivo alguno para hacer de Juanita una
+excepción honrosa. Al contrario, la juzgaba desenvuelta, provocativa y
+educada en plena libertad por una madre ordinaria e ignorante, de la
+clase más baja de la sociedad y antigua pecadora más o menos
+arrepentida.
+
+Como hombre a quien la elevada posición no venía de abolengo, porque su
+padre y él se habían levantado por saber y esfuerzos sobre la plebe a
+que pertenecían, don Andrés, sin poderlo remediar, y más bien a causa
+que a pesar de su entendimiento, tenía peor opinión de la gente menuda
+que aquellos que desde tiempo inmemorial o después de una larga serie de
+antepasados ilustres descuellan entre el vulgo. Suelen estos atribuir la
+superioridad que tienen y el acatamiento que se les da a circunstancias
+dichosas: a haber nacido donde han nacido; a una ficción social y legal
+de que en lo íntimo de su alma no pueden jactarse. De aquí que sean
+modestos en el fondo y que por naturaleza consideren igual o superior a
+ellos a la más ínfima y cuitada criatura humana. Por el contrario, don
+Andrés, como no pocas otras personas que por ellas mismas se encumbran,
+se sentía muy superior a cuantos prójimos le rodeaban. Y como él era,
+además, inteligente escrutador del valer propio, y se encontraba, aunque
+apenas osaba confesárselo, con no pocos defectos o vicios, no podía
+menos de atribuir o de conceder muchísimos más a cuantas personas miraba
+en torno de él, dominándolas y humillándolas.
+
+Así predispuesto y valiéndose de los datos que ya tenía, trazó don
+Andrés en su mente el carácter de Juanita y compuso a su manera la
+historia de la muchacha.
+
+Para explicarse el empeño que ella formaba en salvar al hijo del
+herrador, dio por cierto que había sido muy prematuramente su amiga. Y
+en el amor de Juanita a don Paco no vio más que el plan de casarse con
+el hombre más importante que después de él había en la villa.
+
+Ambos planes repugnaban extraordinariamente al cacique. Querer salvar a
+Antoñuelo, aunque Antoñuelo fuese su pariente más o menos lejano, le
+parecía detestable y absurda aberración. Lo que convenía era la
+condenación de Antoñuelo para escarmiento de otros pícaros y para
+seguridad y descanso de las personas pacíficas y honradas. Don Andrés
+había censurado siempre la compasión malsana que los criminales suelen
+inspirar en nuestro país y había apludido la impaciente severidad con
+que los yanquis linchan sin escrúpulo a quien la justicia anda reacia en
+dar el merecido castigo.
+
+El casamiento de don Paco con Juanita le parecía aún mayor
+monstruosidad. Acaso en un principio Juanita gustaría de don Paco, pero
+pronto sentiría la desproporción de edad, porque la de don Paco era
+triple que la de ella, de suerte que don Andrés preveía y deploraba
+proféticamente que Juanita acabaría por poner en ridículo al ilustre
+secretario del Ayuntamiento y por hacerle muy desgraciado. Por otra
+parte, don Andrés temblaba al pensar en el furor de doña Inés cuando
+descubriese que Juanita, con su hipocresía y sus embustes, la había
+estado engañando, y que en vez de meterse monja se casaba con don Paco,
+y daba por madrastra a ella, enlazada ya con la familia más noble de
+toda aquella comarca después de la familia del duque, a la hija
+ilegítima de una mondonguera.
+
+Doña Inés, si tal cosa se realizase, sería capaz de tener un ataque de
+rabia o de estallar como una bomba.
+
+Calculaba don Andrés que él podía prestar dos muy importantes servicios:
+uno, a doña Inés, impidiendo que su padre la avergonzase casándose con
+una muchacha de tan ruin y humilde clase, y otro a don Paco, abriéndole
+los ojos, para que al fin comprendiese que Juanita no le quería sino por
+interés, y que él no debía casarse con ella por ser indigna de su
+cariño.
+
+El desengaño sería cruel para don Paco; pero don Andrés se disculpaba la
+crueldad recordando aquello de «quien bien te quiere te hará llorar» y
+lo otro de «la letra con sangre entra».
+
+Al prestar estos dos servicios no se le ocultaba a don Andrés lo mucho
+que él se exponía. Se exponía, por una parte, a que doña Inés llegase a
+saber que él quería seducir o había seducido a Juanita, lo cual
+enfurecería a doña Inés por dos razones: porque contrariaba sus planes
+místicos de que Juanita fuese monja y porque deslucía o manchaba el
+amor, sin duda platónico, con que el propio don Andrés la estaba, hacía
+más de siete años, complaciendo, tal vez poetizándole la vida y
+consolándola de tener un marido tan perdulario. Y se exponía, además, a
+que don Paco no quisiese aguantar la lección, prescindiese de todos los
+favores que le debía y le buscase camorra.
+
+Don Andrés no se arredraba ante la previsión de un duelo. Manejaba bien
+la espada y la pistola, y don Paco no sabía de esgrima y jamás había
+tomado una pistola en la mano; pero bien podía don Paco, como lugareño
+que era y nada acostumbrado a perfiles y a ceremonias, perder un día la
+cabeza y rompérsela a él, porque tenía la mano pesada y manejaba bien el
+garrote, de lo cual, aunque pacífico, había dado ya diversas pruebas,
+además de la que salió tan cara a Antoñuelo.
+
+La primera vez huyó don Paco porque se juzgaba desdeñado de Juanita y
+razonablemente no podía darse por ofendido ni de que ella favoreciese a
+otro, ni tampoco del amante favorecido.
+
+El caso era muy diferente; don Andrés, aunque no lo sabía, sospechaba
+que Juanita y don Paco se verían o se habrían visto y estarían de
+acuerdo. Cualquier favor, por consiguiente, que a él hiciera Juanita
+sería una infidelidad de esta, y para don Paco un agravio, que
+probablemente no se resignaría a sufrir y del que resolvería tomar
+venganza.
+
+A pesar de tales inconvenientes, don Andrés no se arredraba. Se sentía
+picado de que a él, omnipotente en Villalegre, se le desdeñase de aquel
+modo. El mismo desdén estimulaba más su deseo. Hasta por amor propio
+quería a toda costa triunfar de Juanita. Ardua era la empresa, pero él
+no se la figuraba tan ardua. Juanita había coqueteado con él y le había
+provocado. Era cierto que, cuando la besó en la antesala, ella le
+rechazó con furia; pero ¿no fue, acaso, furia fingida porque entró don
+Paco y le vio entrar ella? Don Andrés dio por seguro que fue furia
+fingida.
+
+«Ya veremos--decía para sí--si me rechaza donde y cuando esté ella
+segura de que no entrará don Paco a interrumpirnos.»
+
+A pesar de su momentánea rivalidad, don Andrés quería de corazón a don
+Paco, reconocía todo su mérito, apreciaba todos sus servicios y distaba
+mucho de querer hacerle el menor daño. Lejos de eso, lo que anhelaba
+era desengañarle en sazón y oponerse a su absurda boda.
+
+De todos modos, a fin de precaverle contra el peligro de que don Paco no
+gustase de ser desengañado, y de que en un instante de celosa locura
+llegase al extremo de apelar al garrote, don Andrés, que de ordinario no
+llevaba armas, tomó un pequeño revólver de seis tiros y se lo guardó en
+la faltriquera.
+
+Antes de salir de casa, a eso de las diez de la mañana, habló don Andrés
+con el criado de mayor confianza y más listo que tenía. Era su
+secretario, su ayuda de cámara, su confidente favorito y al mismo tiempo
+su bufón, porque tenía mucho chiste: baste decir que hacía de Longino en
+las procesiones.
+
+Don Andrés, recomendándole el más profundo sigilo y la mayor cautela,
+hubo de hablarle así:
+
+--Deseo y necesito tener una entrevista a solas con cierta persona, que
+de seguro no querrá venir a mi casa, al menos la vez primera, aunque
+después aprenda el camino y venga con gusto. Posible es también que
+dicha persona se niegue a recibirme si yo directamente, o valiéndome de
+ti, pido a ella que me reciba. Importa, pues, que tú te dirijas a la
+criada de dicha persona y ganes su voluntad, con presentes o comoquiera
+que sea, para que ella hable con su ama y la convenza y la incline a
+darme la cita. Quiero que esto sea en todo el día de hoy o en el de
+mañana, hasta las nueve de la noche. Durante este tiempo la ocasión es
+propicia y conviene no perderla. Acaso ocurra que la persona que yo
+pretendo me cite no se preste a confesar que accede a la cita y gusta de
+aparentar que yo, por traición de su criada, entro, a pesar suyo, en su
+casa y la sorprendo. Para que nadie se entere, porque no quiero
+disgustar ni ofender a nadie, debe ser la cita, y debo ir yo a ella,
+después de anochecido.
+
+--¿Y quién es la persona que ha de citar a vuecencia y que gasta tanto
+melindre?--se atrevió a preguntar Longino.
+
+--Pues la persona--contestó don Andrés bajando más la voz--es Juanita la
+Larga.
+
+Muy sorprendido se mostró Longino al oír esto, lo cual agradó sobre
+manera a don Andrés, porque era prueba evidente del misterio y del
+disimulo con que él hasta entonces había perseguido a la muchacha.
+Cuando Longino no había sospechado lo más leve, era indudable que nadie
+en el lugar lo sospechaba, y que el secreto hasta entonces se había
+guardado entre don Paco, él y ella.
+
+Muy satisfecho Longino del encargo delicadísimo que su señor acababa de
+confiarle, prometió hacer prodigios de destreza para que nada se
+divulgase y para que todo se lograse. Informó, además, a su amo de que
+Rafaela, la criada de ambas Juanas, a quien él conocía, era muy callada,
+muy lista y muy experimentada, porque frisaba ya en los cincuenta años y
+la había corrido en su mocedad, y si bien la Fortuna siempre le había
+sido adversa, ella sabía dónde le apretaba el zapato.
+
+--Otro gallo le cantara--dijo Longino--y no estaría de fregona si la
+Fortuna no fuese tan caprichosa y tan ciega.
+
+Terminado este coloquio, todavía antes de salir de casa tuvo don Andrés
+otra conversación interesante.
+
+Quien habló con él fue una mujer que entraba a verle con frecuencia y
+que le traía y llevaba recados de la señora doña Inés López de Roldán,
+sin duda para los negocios y obras de caridad que ellos trataban y
+hacían juntos.
+
+La interlocutora de don Andrés, ya comprenderá el lector que fue
+Serafina.
+
+Venía a decirle que su ama quería hablar con él y que le rogaba que
+fuese a su casa a la hora de la siesta.
+
+Tan preocupado estaba don Andrés que, por más que el menor deseo de doña
+Inés fuese para él soberano mandato, se excusó de ir por la multitud de
+quehaceres que le agobiaban y sólo prometió ir a la tertulia por la
+noche.
+
+Para que doña Inés se entretuviese en su soledad o en compañía de
+Juanita la Larga, dio don Andrés a Serafina dos bellísimos libros
+devotos que acababan de reimprimirse en Madrid, y que el librero Fe le
+enviaba, sabedor de las inclinaciones ascéticas y místicas de la señora
+principal de Villalegre. Eran estos dos libros _Tratado de la
+tribulación_, de fray Pedro de Ribadeneyra, y _La conquista del reino de
+Dios_, de fray Juan de los Angeles.
+
+Serafina dio a entender a don Andrés que su ama tenía grandísima
+curiosidad de saber quién había apaleado a Antoñuelo y por qué motivo. Y
+juzgando don Andrés que la verdad era el mejor disimulo en este caso,
+contó a Serafina, para que se lo refiriese a su ama, que don Paco,
+después de haber vagado por extravagancia y capricho, descubrió el
+secuestro del tendero murciano, y que para libertarle, y aun para
+defender la propia vida, tuvo que apalear al hijo del herrador, sin
+conocerle hasta después, porque llevaba carátula. Todo se explicaba así
+con la misma verdad, y don Andrés alejaba de la mente de doña Inés hasta
+la menor sospecha.
+
+
+
+
+XXXIX
+
+
+Juanita, después de haber declarado su amor a don Paco y después de
+tener por seguro que no procesarían a Antoñuelo, se puso tan contenta y
+se aquietó de tal suerte, que desistió de todo propósito de venganza
+contra doña Inés, a pesar de lo mucho que doña Inés la había molido. Se
+arrepintió también de su prolongado disimulo y se propuso, sin
+retardarlo ya más que hasta el día siguiente, miércoles, entre diez y
+once de la noche, hacer público su noviazgo y su futuro casamiento con
+don Paco.
+
+Hasta entonces tenía ella una vaga esperanza de poder preparar el ánimo
+de doña Inés, a fin de evitar su enojo; pero si esto no se lograba,
+Juanita estaba decidida, contando con la decisión de don Paco, a
+arrostrar el enojo de doña Inés y el de todo el mundo y a hacer su gusto
+casándose, aunque ella, su futuro y su madre tuvieran que abandonar por
+insufrible el pueblo de Villalegre, perdiendo la posición que en él
+gozaban.
+
+A Juana la había visto un breve instante; pero confiaba tan poco en su
+circunspección y en la serenidad de su juicio, que no se atrevió a
+decirle nada ni a informarla de sus proyectos de repente y sin preámbulo
+alguno. Aguardó, pues, hasta el día siguiente, cuando su madre volviese
+ya de casa de don Andrés después de concluido su trabajo, a la hora en
+que había citado a don Paco, para que él también hablase a su madre y
+los tres se pusiesen de acuerdo.
+
+Entre tanto, Juanita creyó prudente y decoroso no ver a don Paco, y
+violentándose, le impuso la condición de que no la buscase ni tratase de
+verla. Juanita tenía tantos negocios que arreglar y tantas cosas en que
+pensar y que hacer, que no quería que por lo pronto la distrajesen de
+ello sus amores. Era Juanita devotísima de la Virgen de la Soledad, y
+subió a la iglesia que está cerca del castillo y donde se venera su
+imagen a darle gracias por los beneficios ya recibidos y a rogarle
+fervorosamente para que le fortaleciese en sus propósitos, que ella
+creía santos y buenos.
+
+Casi toda la gente estaba en la parte baja y llana de la villa. La parte
+alta, donde está el castillo y la antigua iglesia, se hallaba aquel día
+muy solitaria.
+
+Juanita oró largo rato en el templo, casi desierto. Al salir de él tuvo
+la desagradable sorpresa de encontrarse con don Andrés, que la había
+espiado, que la había visto subir, que la había seguido, y que la
+aguardaba a la puerta.
+
+Grandes fueron la desazón y el sobresalto de la muchacha. Aunque ella
+creía haber disipado todos los celos de don Paco y haberle inspirado
+confianza bastante para que no la vigilara, todavía temió que don Paco,
+o la viese en compañía de don Andrés o supiese por alguien que iba en su
+compañía, y aunque contra ella no formase queja, acabase por ofenderse
+de la obstinación con que don Andrés la perseguía y rompiese con él de
+una manera estruendosa.
+
+Su desazón y sus temores se acrecentaron al ver que don Andrés se acercó
+a ella; la acompañó mientras bajaba la cuesta, la requebró con más
+fervor que respeto, le recordó los besos de la antesala y le hizo las
+más atrevidas proposiciones. Como don Andrés ignoraba el concierto de
+Juanita con el tendero murciano, venció su repugnancia a dejar impunes
+ciertos delitos, y entre otras ofertas, hizo a Juanita la de dar los
+ocho mil reales para que no fuese acusado Antoñuelo.
+
+--Ya no necesito el dinero, señor don Andrés--dijo Juanita--. Don Ramón
+ha recuperado lo que se le debía y ha prometido callarse. Ahora yo
+suplico a vuecencia que me deje y no me persiga, y que no me ofenda
+proponiéndome lo que no puede ser. Y si vuecencia no se retrae de
+seguirme por mí respeto, porque yo se lo suplico con humildad,
+retráigase por el temor de ofender a personas que le son queridas.
+
+--Yo no temo que esas personas se ofendan.
+
+--Pues yo sí lo temo. Temo que se ofenda mi señora doña Inés, a quien
+bien quiero y a quien debo mil favores. Y temo más aún que se ofenda don
+Paco, quien..., fuera disimulo, ya es tiempo de que lo sepa vuecencia si
+no lo sabe..., es mi novio.
+
+--¿Y cómo--dijo don Andrés--recelas tú que don Paco se escape otra vez y
+se vaya a vagar por esos andurriales?
+
+--Mucho me pesaría--replicó Juanita--de que hiciese tal cosa; pero en
+esta nueva ocasión no sería eso lo que él haría, sino algo que yo
+lamentaría mil veces más. Yo quiero que él y vuecencia, a quien debe él
+tantos favores, sigan siendo buenos amigos. Para ello es indispensable
+que se reporte vuecencia y no me falte.
+
+--Al contrario--dijo don Andrés sonriendo con sonrisa algo forzada--.
+Quien me falta eres tú. Dame una cita para verte en tu casa a solas y ya
+verás cómo no te falto. Todo será con recato y sigilo. Nada sabrán ni
+don Paco ni doña Inés, y no tendrán de qué quejarse ni de ti ni de mí.
+
+Llegaban en esto a la plaza, después de haber bajado la cuesta. Juanita,
+sin hacer atención a las últimas palabras de don Andrés, y temerosa de
+que la vieran con él, porque allí había mucha gente, exclamó con cierta
+angustia:
+
+--Por amor de Dios, señor don Andrés, déjeme vuecencia en paz y no se
+comprometa ni me comprometa.
+
+Don Andrés conoció sin duda que tenía razón la muchacha; cedió a su
+súplica y se apartó de ella. Juanita volvió sola a su casa,
+afligidísima, descorazonada y humillada al ver cuan poco respeto
+infundía.
+
+Era mayor su humillación al considerar que en aquellos dos días últimos
+hasta el idiota de don Alvaro, a pesar de los sofiones de que había sido
+objeto, había vuelto a las andadas, mostrándose con ella insolente y
+atrevido.
+
+Luego que entró Juanita en su cuarto, cerró los puños con cólera, se
+echó boca abajo en la cama y sollozó con; amargura.
+
+
+
+
+XL
+
+
+Era doña Inés López de Roldán personaje de carácter tan enrevesado y
+complejo, que a menudo me arrepiento de haberla sacado a relucir como
+una de las dos heroínas de esta historia, porque hallo difícil
+describirla bien y transmitir a mis lectores concepto igual al que tengo
+formado de ella, investigando y dilucidando con claridad el móvil de sus
+pasiones y de sus actos.
+
+Ella misma, como era reflexiva y pensadora, y como en sus ratos de ocio,
+que no eran pocos, había leído y aprendido bastante, se afanaba por
+lograr el propio conocimiento y lo encontraba harto oscuro.
+
+Las doctrinas de esto que llaman teosofía, novísima en Europa, aunque
+antiquísimas en la India, no habían aportado aún por Villalegre, y doña
+Inés no podía, fundándose en ellas, suponer que su ser íntimo constaba
+de siete diversos principios; pero doña Inés sabía que Platón daba, poco
+más o menos, tres almas a todo ser humano. Haciéndose, pues, platónica,
+se puso a sospechar que ella tenía tres almas.
+
+
+Confirmó sus sospechas y casi las convirtió en certidumbre el ver que,
+lejos de tener algo de mérito aquel pensamiento, concordaba en cierto
+modo con la más sana y católica filosofía.
+
+Uno de los libros que con frecuencia y gusto leía doña Inés era el que
+escribió el iluminado y extático varón fray Miguel de la Fuente acerca
+de _Las tres vidas del hombre_. De aquí que no titubease doña Inés en
+compaginar que tenía tres vidas. Yo también lo imagino, y casi me atrevo
+a darlo por seguro. Sólo de esta suerte atino a entrever el tenebroso
+enigma de su figura moral y de su extraña condición y naturaleza.
+
+Había en doña Inés tres energías o poderes distintos, escalonados y
+sobrepuestos, ora de acuerdo los tres, ora independientes y en guerra,
+aunque formando, durante esta vida mortal, la unidad inseparable de su
+singular individuo.
+
+Para cada uno de estos poderes se había buscado doña Inés un ministro, o
+si se quiere, una ministra. Para su alma sensual, que entendía y se
+empleaba en las cosas y negocios corpóreos y vulgares, tenía a Crispina,
+que la ponía al corriente de todos los sucesos del lugar sin elevación
+ni trascendencia. Para su alma sentimental, concupiscible, irascible y
+discursiva; para su facultad y aptitud de aborrecer, amar y calcular,
+sobre todo en relación con lo temporal visible, tenía a la discreta
+criada Serafina. Y para el alma pura o ápice del alma para la suprema
+porción de entendimiento y del afecto, porción toda espiritual y divina,
+simple inteligencia o mente, había estado doña Inés sin ministra durante
+largos años, hasta que por último la había hallado o la había creído
+hallar en Juanita la Larga, a quien tan injustamente despreció y odió de
+oídas y al verla por vez primera.
+
+Fue como perla que se descubre en un muladar y que se estima más cuando
+el que la descubre se persuade de que es fina. Fue flor como hallada en
+tierra inculta, fuera de la cerca del huerto que se cultiva, por eso
+mismo sorprende y enamora más, celándola quien la posee por el temor de
+que la huelle y pisotee a su paso algún animal inmundo.
+
+Así se comprende, en mi sentir, el amor y celoso cuidado con que doña
+Inés miraba a Juanita, que era ya para ella lo más ideal de cuanto podía
+concebir en lo humano.
+
+Tal vez doña Inés reconocía con dolor que su propia alma suprema se
+había inficionado e impurificado un tanto por culpa de circunstancias
+exteriores que habían hecho prevalecer y triunfar en varios puntos las
+otras dos almas, inferior y media. Y a fin de que no se le inficionase
+también el alma pura y superior de la amiga y ministra que había
+encontrado y que era su regalo y consuelo, quería doña Inés que Juanita
+fuese monja, o sea, transplantar la flor del campo abierto y sin defensa
+al huerto cerrado y defendido; pero como al propio tiempo se complacía
+y deleitaba con tener a Juanita cerca de sí, vacilaba aún y retardaba el
+día en, que pensaba obligar a Juanita a retirarse al claustro.
+
+En el momento presente de nuestra historia prevalecía en doña Inés el
+empeño de empujar a Juanita hacia el monjío. Preveía para ella peligros
+inminentes y ansiaba salvarla, aun a costa de privarse de su agradable
+presencia y de su dulce trato.
+
+Se comprenderá qué clase de peligros temía la señora de Roldán si
+echamos una ligera ojeada retrospectiva y ponemos al lector en
+antecedentes.
+
+Dios me libre de ser calumniador y de pecar de malicioso. Quizá fuesen
+ponzoñosas hablillas de la malvada lengua del boticario, a lo que
+parece, acérrimo enemigo de Serafina.
+
+Serafina, que era también burlona y maldiciente, murmuraba, y haciendo
+mucha befa había referido por todas partes que la hija menor del
+escribano, de cuya mala salud y ruin catadura se ha dado ya cuenta,
+estaba prendada del boticario y le deseaba como marido, aunque sólo
+fuese para no ser menos que su hermana mayor, doña Nicolasa, la cual iba
+pronto a casarse con Pepito, el hijo del albardonero, famoso doctor en
+leyes. Sólo se aguardaba para celebrar la boda que el diputado sacase al
+novio un empleo de diez o doce mil reales que le habían pedido hacía más
+de un año. Doña Nicolasita estaba más impaciente que nadie; echaba mil
+maldiciones al diputado, decía que no servía de nada y conspiraba para
+que en las próximas elecciones eligiesen a otro que sacase empleos con
+más facilidad y prontitud.
+
+Entre tanto, o de veras o fingiéndolo, había enfermado su hermana menor,
+y el boticario, que con permiso del médico visitaba también y tenía
+bastantes igualas, era quien asistía a la enfermita, y tenía que
+visitarla dos veces al día o por lo menos de diario.
+
+Don Policarpo no se daba por entendido de la verdadera enfermedad y
+distaba mucho de querer aplicarle el conveniente remedio.
+
+La iguala que tenía con el escribano era de las más cuantiosas del
+lugar: cada año cincuenta reales. Esto, no obstante, le parecía muy poco
+para pagar tanta visita, por lo cual, según Serafina, el boticario
+buscaba compensación recetando mucho y obligando al escribano a gastar
+su dinero en potingues de los que él elaboraba en su casa.
+
+Yo me inclino a presumir que, ofendido el boticario por las burlas de
+Serafina sobre el mencionado negocio, divulgó contra ella lo que voy a
+contar como me lo han contado, sin responder de que sea verdad,
+exageración o mentira.
+
+A lo que parece, don Alvaro Roldán, que andaba antes extraviadísimo,
+lejos de su casa, muy a menudo en otras poblaciones entregado a mil
+liviandades y francachelas y gastándose los dineros con doncellitas
+andantes que hospedaba en sus caserías, se había vuelto sedentario,
+casero, morigerado y mucho más económico. El pícaro del boticario
+colgaba a Serafina el milagro de esta conversión, y aun se atrevía a
+sostener que la señora doña Inés hacía la vista gorda y no se percataba
+de tal milagro, cuya comodidad y baratura no podía menos de celebrar en
+el fondo del alma.
+
+Como quiera que fuese, la verdad es que Serafina, que jamás notó que don
+Andrés persiguiese a Juanita, aunque si lo hubiera notado no lo hubiera
+dicho, porque no le convenía decirlo, notó muy bien los atrevimientos de
+don Alvaro y sus persecuciones a Juanita, y enojada y temerosa de una
+usurpación de atribuciones, acudió a doña Inés con el soplo.
+
+Al principio no dio doña Inés grande importancia a la acusación; pero en
+aquellos últimos días la renovó Serafina con tal vehemencia e
+insistencia, que doña Inés se puso sobre ascuas.
+
+Se puso como se pondría apasionada jardinera si viese que un sapo u otro
+bicho feo y viscoso tratara de deshojar o marchitar la planta florida
+que más la deleitase.
+
+Doña Inés estaba furiosa contra el sapo y llena de miedo también de que,
+interviniendo el diablo, que todo lo añasca, pudiese conseguir el sapo
+su detestable propósito. La misma inocencia de Juanita y la libertad y
+el abandono en que vivía, sin el arrimo y el consejo que suele prestar la
+prudencia de una madre, aumentaban el sobresalto de doña Inés. De aquí
+que ahora estuviera impaciente por consumar su sacrificio de separarse
+de la muchacha enviándola a un convento cuanto antes mejor.
+
+
+
+
+XLI
+
+
+De harto mal talante, y a fin de no faltar a la costumbre convertida ya
+en deber, Juanita acudió a casa de doña Inés para las lecturas y
+coloquios que ambas tenían a solas.
+
+Aquella tarde no hubo lectura, a pesar de los nuevos libros devotos que
+doña Inés había recibido.
+
+La agitación de la ilustre señora no le consentía leer ni tratar de
+nada que no estuviese en inmediata relación con el punto o que no fuese
+el punto mismo que la traía tan inquieta y azarada.
+
+Lo que hizo doña Inés fue extremarse con Juanita en demostraciones de
+cariño. Ella misma se calificó de pastora y apellidó a Juanita inocente
+cordera, dándole a entender, casi con lágrimas y con entrecortados
+suspiros, el fundado temor que la afligía de verla entre las uñas y los
+dientes del lobo. Persistiendo en su metáfora pastoril, exclamó:
+
+--Sí, hija mía; mi dolor sería inmenso si por imprevisión y descuido te
+dejase yo caer entre las garras de la infame bestia que anhela devorarte
+y viese el cándido vellón de la cordera teñido en sangre y manchado con
+la impura baba del monstruo. Es menester que yo te defienda y te ponga
+en salvo. Por mí sola no puedo vigilarte. Lo que puedo hacer, y haré, es
+conducirte pronto al redil, donde irás dócil y estarás segura. No
+acierto a encarecer, ni tú acertarás a figurarte cuan inmenso será mi
+sacrificio al separarme de ti, porque eres mi consuelo y mi encanto.
+Pero Dios quiere que nos separemos y tendré que conformarme con su
+voluntad.
+
+Juanita, más sorprendida que asustada, abría mucho los ojos y no sabía
+qué responder ni qué pensar de todo aquello. Seguía silenciosa y sólo
+decía para sí:
+
+«¿Qué monstruo será este que, según doña Inés, trata de devorarme?
+¿Sabrá ella que don Andrés me persigue y me solicita, y le llamará por
+eso monstruo e infame bestia? Como quiera que ello sea, yo no me atrevo
+aún a decirle que no me da la gana de ir al redil y que fuera de él, y
+sin pastora ni nada, ya cuidaré que no me coma el lobo. Lo mejor, por lo
+pronto, es callarme y aguantar sus majaderías. El redil está lejos aún y
+ya tendré ocasión de sublevarme, de arrancar el cayado de manos de la
+pastora y hasta de sacudirle con él sí se obstina en guiarme y en
+disponer de mí a su antojo.»
+
+Con esta bien meditada resolución, Juanita iba, sin embargo, agotándose.
+Bien podríamos asegurar que a Juanita no le quedaba ya paciencia ni para
+veinticuatro horas. Mucho le dolía no sacar al fin la menor ventaja de
+su sufrimiento y de su disimulo durante año y medio, y tener que
+retroceder al estado de guerra y a la situación en que después del
+sermón del padre Anselmo se había colocado. Por esto determinó sufrir
+aún y esperar hasta el siguiente día.
+
+Después de despedirse de doña Inés a las siete de la noche para volver a
+su casa, Juanita se encontró en la antesala con el señor don Alvaro, el
+cual vino hacia ella con suma galantería, y le dijo:
+
+--Ingrata, cruel hechizo de mi vida, ¿por qué eres tan tonta y tan
+terca? Quiéreme y amánsate. No sabes lo que te pierdes con no quererme.
+
+--¿Qué he de perder yo, so peal?--contestó Juanita dándole un bufido,
+porque allí no había la menor razón para que ella refrenase su cólera.
+
+Bajó las escaleras, y antes de salir a la calle se encontró en el zaguán
+con don Andrés, que estaba aguardándola en acecho y que intentó
+retenerla asiendo su cintura.
+
+Con ligereza se escapó Juanita sin que don Andrés la tocara, y se puso
+en la calle de un brinco. Don Andrés la siguió.
+
+--Déjeme en paz vuecencia--dijo ella--; no sea pesado, no sea
+imprudente. Mire que puede salirle mal este juego.
+
+--¡Hola, hola! ¿Te me vienes con amenazas?
+
+--No son amenazas, son advertencias amistosas, señor don Andrés. Yo no
+pretendo asustarle, sino persuadirle de que tiene ya dueño lo que
+vuecencia pretende poseer por un liviano capricho o por antojo de un
+momento.
+
+--No quiero yo--replicó don Andrés con insolencia--privar al dueño de su
+propiedad. Imagínatela como un hermoso jardín. ¿Dejará de ser suyo y
+perderá el jardín su lozanía y sus primores porque un forastero de buen
+gusto y sigiloso entre en él por algunos momentos o de cuando en cuando
+y goce de sus flores, de su verdura y de sus galas?
+
+--Señor don Andrés, el jardín de que aquí se trata no tiene verduras ni
+flores sino para su amo. Para los demás, sin excluir a vuecencia, sólo
+tiene ortigas, aulagas, cardillos y cardos ajonjeros. Conque así no
+suene vuecencia con entrar en él para deleitarse, porque se expone a
+quedar preso y pegado con el ajonje, y a salir respingando, picado por
+las ortigas y todo cubierto de pinchos y de púas.
+
+Mientras hablaba así y mortificaba a don Andrés, Juanita apretaba el
+paso, y cuando estuvo ya cerca de su casa dio una carrerita, llegó a
+ella, abrió a escape con la llave que guardaba en el bolsillo y cerró la
+puerta de golpe.
+
+Tratando de distraer su mal humor, Juanita se puso a coser con
+precipitación, como si tuviese que terminar una tarea.
+
+Rafaela, la vieja criada, entraba y salía con frecuencia en la sala
+baja, donde se hallaba Juanita, y abandonando la cocina dejaba ver que
+tenía mucha gana de enredar conversación con la joven. Le habló varias
+veces, pero distraída Juanita por sus pensamientos, sólo respondía con
+monosílabos, sin dar pábulo a la conversación, y la conversación
+expiraba.
+
+Rafaela se quedó una vez mirando en silencio la costura de la joven, y
+luego dijo:
+
+--¡Ay, niña, qué pena me da de verte tan afanada trabajando siempre! Tu
+madre también trabaja mucho. ¿Y qué ganan ustedes con esto? Muy poco. El
+trabajo de las mujeres está muy mal pagado. Es casi imposible el ahorro.
+Lo comido por lo servido. Vienen las enfermedades y la vejez y traen
+consigo la miseria. Entonces solemos arrepentimos de no haber sabido
+aprovecha la juventud y de haber desperdiciado las buenas ocasiones.
+
+--Veo que estás muy sentenciosa, Rafaela--interpuso Juanita--. ¿Qué
+quieres indicarme con eso?
+
+--Pues quiero indicar que tú vives con mil apuros, te cansas la vista y
+te estropeas las manos trabajando, y dejas que tu madre trabaje también
+como un azacán. Y todo ¿para qué? Para vivir pobremente, comer mal y
+andar por esas calles hecha un guiñapo, cubierta la cabeza con un
+mantoncillo de mala muerte, cuando si tú quisieras podrías ir vestida
+como una reina y ser la envidia de las más encopetadas y ricas señoras
+de este lugar, sin que la propia doña Inés dejara de contarse en el
+número de las envidiosas.
+
+--¿Y cómo he de hacer yo ese milagro?--preguntó Juanita.
+
+--Nada hay más fácil--contestó Rafaela--. Estamos solas y te hablaré sin
+rodeos. Hay un hombre, el más poderoso del lugar, que se pirra por tus
+pedazos. Con tu sandunga le tienes embobado, y con tu desdén le tienes
+frito. Todo depende de ti. Deja de ser arisca, pronuncia una sola
+palabra y tendrás cuanto quieras.
+
+Disimulando su enojo con una sonrisa, dijo entonces la muchacha:
+
+--¿Y qué palabra es esa que he de pronunciar? ¿Qué conjuro es ese que ha
+de poner en mis manos por arte mágico tan pasmosas riquezas? ¿Quién es
+el hechicero que acudirá a mi evocación y que será tan generoso conmigo?
+
+--¿Pues quién ha de ser, niña?--contestó Rafaela al ver o al imaginar
+que se recibían sin enojo sus insinuaciones--, ¿Quién ha de ser sino el
+propio excelentísimo señor don Andrés Rubio?
+
+--¿Y por dónde lo sabes tú? ¿Quién te encomendó que me vinieses con ese
+recado?
+
+--Me lo encomendó..., nada más natural..., el confidente de don Andrés.
+Me lo encomendó Longino.
+
+--Ahora lo comprendo: como Longino es tan bromista ha querido darnos una
+broma, porque supongo que no me tomará por Cristo ni pensará en darme la
+lanzada.
+
+--Ni lanzada ni broma. Longino te mira con el mayor respeto porque eres
+el ídolo de su señor, y pretende con toda seriedad, que recibas a su
+señor en tu santuario.
+
+--Pues mira, Rafaela--contestó Juanita--, di a Longino con toda seriedad
+también, que es un galopín sin vergüenza, y que él y su amo vayan a
+escardar cebollinos.
+
+--No te alteres, hija; no te subas a la parra--dijo Rafaela al ver
+enojada a Juanita--. ¿Qué se pierde ni qué ofensa se te hace en tentar
+el vado?
+
+--Mejor será que tiente usted al diablo, tía bruja. ¡Arre, fuera de
+aquí; móntese usted en el escobón y transponga al aquelarre!
+
+--No es para tanto furor. Yo te lo proponía por tu bien y sin interés
+alguno. De desagradecidos está el infierno lleno.
+
+Rafaela se fue a la cocina refunfuñando.
+
+Juana volvió poco después de casa del cacique.
+
+Juanita siguió guardando silencio, sin decirle nada de lo ocurrido.
+
+Aquella noche estuvo Juanita inquieta y desvelada. Su orgullo, en su
+sentir humillado, le hería el corazón y no le dejaba dormir. ¿Conque no
+podría ella, por sí misma y libre, hacerse respetar? ¿Sería menester
+acudir a don Paco para que la defendiera, comprometiéndose? ¿Tendría
+razón doña Inés en aconsejarle que fuese monja? ¿Eran tan viles sus
+antecedentes que no podría ella ser estimada y acatada sino bajo la
+protección y tutela de un hombre generoso que le tendiese la mano y la
+sacase del fango en que al parecer había vivido?
+
+Estas y otras semejantes reflexiones atormentaban horriblemente a la
+muchacha y espoleaban su soberbia.
+
+Triste y ojerosa se levantó apenas fue de día.
+
+Dos o tres horas estuvo cavilando, rabiando y formando distintos
+proyectos.
+
+Varias veces pensó en ir a ver a don Paco, a quien había prohibido venir
+a verla hasta las diez y media de la noche, y a quien se había
+propuesto no ver antes. Pensó contarle la insolente pretensión de don
+Andrés para que don Paco le tuviese a raya; pero pronto desistió de tan
+cobarde propósito.
+
+Al fin, como Juanita era muy devota, tomó su mantón y se fue a rezar a
+la iglesia, esperando encontrar allí inspiración y consuelo.
+
+Juana se había ido ya de nuevo a casa de don Andrés a continuar sus
+ocupaciones culinarias y sus preparativos de la gran cena.
+
+No ya esta vez en la iglesia de la Soledad, que está en lo alto del
+cerro, sino en la nueva parroquia, antiguo convento de Santo Domingo,
+donde fue tan maltratada por el sermón, Juanita estuvo rezando
+fervorosamente durante mucho tiempo.
+
+Al salir de la iglesia para volver a su casa se encontró con Longino de
+manos a boca. Longino se acercó a ella, la saludó con socarrona finura y
+le dijo en voz baja, casi al oído:
+
+--No sea usted tan dura y tan sin entrañas. No deje morir a quien se
+muere por usted de mal de amores. Déle la cita que humildemente le pide.
+
+Juanita dio un paso atrás, como quien se aparta de objeto que le inspira
+asco, y lanzó a Longino una mirada de soberano desprecio.
+
+Longino no la comprendió.
+
+Después, con todo sosiego y con toda la frescura de quien ha tomado una
+resolución firme y sabe lo que dice y lo que hace, Juanita contestó:
+
+--Diga usted a su amo que le aguardo esta noche en mí casa, a las ocho
+en punto. Rafaela abrirá la puerta. Yo estaré sola en la sala alta.
+
+
+
+
+XLII
+
+
+Don Paco pasó varias veces aquel día por la puerta de la casa de
+Juanita, pero no se atrevió a entrar en ella antes de la hora convenida.
+
+Aunque Juanita le vio no quiso llamarle ni hablarle, tal vez por temor
+de revelar involuntariamente cosas que quería tener calladas.
+
+Hasta las cuatro de la tarde estuvo sin salir de casa, cosiendo con la
+mayor tranquilidad.
+
+Entonces llamó a Rafaela y le dijo:
+
+--Oye, Rafaela: he mudado de opinión. Tus razones me han convencido.
+Esta noche recibiré al señor don Andrés. Ya está avisado, y creo que no
+faltará. Estáte a la mira tú; ábrele, si es posible, antes que llame, y
+dile que suba a la sala alta, donde yo le aguardo. Tú no subirás ni
+acudirás, suceda lo que suceda. Hasta que no vuelva mi madre ha de
+parecer como si no hubiese nadie en esta casa, sino yo y el señor
+Andrés. ¿Me has comprendido?
+
+--Te he comprendido, y haré como lo dices--contestó Rafaela.
+
+En seguida se marchó Juanita a pasar la tarde con doña Inés, según tenía
+por costumbre.
+
+Con gran devoción y serenidad leyó a su madrina no pocas devociones y
+rezos propios de la Semana Santa, en que estaban.
+
+Quiso en seguida doña Inés preparar y adoctrinar a Juanita para el
+monjío, y echando mano a las obras del padre maestro Juan de Avila, a
+que ella era muy aficionada, le leyó, con comentarios y anotaciones de
+su cosecha, párrafos y aun capítulos enteros del muy edificante tratado
+que el mencionado padre escribió para una monja, explanando profusamente
+aquellas palabras del santo rey David, que dicen: «Oye, hija, e inclina
+tu oreja y olvida tu pueblo y la casa de tu madre--aquí ponía doña Inés
+madre en vez de padre, para que viniese mejor a cuento--, y codiciará el
+rey tu hermosura.» Claro está que este rey era Cristo con quien quería
+doña Inés que Juanita se desposase.
+
+En extremo alabó y ponderó doña Inés los elevados pensamientos de
+Juanita; pero añadió que, a pesar de esos pensamientos elevados, podían
+brotar en su alma imaginaciones feas, de cuyas importunidades y peligros
+debía defenderse.
+
+El engreimiento y la soberbia son muy malos, enojan mucho al Cielo y tal
+vez hacen que el Cielo, para castigarnos, para humillarnos o para
+probarnos mejor, permita que los enemigos del alma le den feroces
+ataques en la parte baja, mientras que su porción elevadísima se cree
+punto menos que glorificada y en íntimos coloquios y en unión estrecha
+con lo divino. Así Moisés, para ejemplo de esto, se hallaba en la cumbre
+del Sinaí conversando con el Altísimo, y la plebe, entre tanto, se le
+alborotó allá abajo, y se puso a adorar los ídolos y se entregó a
+liviandades y torpezas. En vista de lo cual doña Inés aconsejó a Juanita
+que desconfiase de sus bríos y que no se juzgase muy aprovechada y
+segura de su poder sobre la plebe sediciosa ni muy adelantada en el
+camino de la perfección, pues aunque siguiese el camino, bien podían
+estar emboscados cerca de él y salirle al encuentro ladrones, que
+intentasen robarle la joya de la castidad. Para la custodia de esta
+joya, tanto más que la fortaleza, importan la modestia y el constante
+cuidado.
+
+Conviene no desechar el temor de perderla, y conviene huir del peligro,
+porque quien ama el peligro en él perece.
+
+Como doña Inés era muy elocuente, y los puntos susodichos se prestan a
+variadas amplificaciones, el discurso de doña Inés, interrumpido a
+trechos por Juanita, más que para acortarlo para avivarlo, duró hasta
+después de las siete, que era lo que Juanita deseaba.
+
+Cercana ya la hora en que había citado a don Andrés, Juanita consideró
+indispensable hacer a su amiga gravísimas revelaciones.
+
+--He oído con la debida atención--dijo la muchacha--todo lo que acabas
+de decirme, y te confieso que estoy atribulada y amedrentada.
+
+--¿Y cuál es la causa, hija mía, de tu tribulación y de tu susto?
+
+--Pues..., fuera vergüenza...; a ti, que eres mi guía, debo confesarlo
+todo. Tus consejos y advertencias de hoy vienen ya tarde. El
+engreimiento y la soberbia se han apoderado de mí y me han hecho pecar
+acaso mortalmente.
+
+--¿Y cómo es eso?--interrumpió doña Inés, sorprendida y sobresaltada.
+
+--Te diré la verdad--contestó Juanita--. Yo no he querido huir del
+peligro, sino buscarlo y arrostrarlo para triunfar de él. No he querido
+siquiera considerarlo peligro y lo he despreciado. Es más la necia y
+constante amenaza me ha hecho perder la paciencia, y yo misma, para
+acabar de una vez, he emplazado, citado y llamado a singular combate al
+enemigo, que me tiene ya frita y harta de oír sus bravatas y
+provocaciones.
+
+--No te entiendo, explícate bien. ¿De qué bravatas hablas? ¿Quién es el
+enemigo que te provoca?
+
+--Es el enemigo un caballero principal, tan audaz como rico, el cual
+entiende que no debe haber obstáculo que se le oponga ni voluntad que se
+resista.
+
+Muy poética y elevada idea daban las palabras de la muchacha del
+caballero su enemigo; pero doña Inés supuso que la elevación y la poesía
+eran obra de la imaginación de la muchacha, y despojando el concepto de
+las mencionadas cualidades, pensó reconocer en él, sin la menor duda, a
+su marido, don Alvaro, de cuyas pretensiones estaba ya informada por
+Serafina y de cuyos atrevimientos andaba recelosa. Por algo a modo de
+pudor no excitó a Juanita a que pronunciase el nombre del atrevido. Ella
+creía saberlo sin que Juanita lo pronunciara.
+
+Inquieta doña Inés, procuró investigar lo que más le importaba y dijo:
+
+--Pero ¿qué cita es esa a que aludes? ¿A qué duelo, a qué singular
+combate te preparas?
+
+--Haré un esfuerzo--replicó la muchacha--; todo, todo lo sabrás, aunque
+me condenes por audaz o me tengas por loca. El hombre de que te he
+hablado me asedia, me acosa y viene a mí en la calle, en la iglesia y en
+tu misma casa y me hace las más insolentes proposiciones. Espera
+deslumbrarme y seducirme y que le rinda mi albedrío. La fatuidad con que
+él presume y se jacta de lograr todo esto, me ha humillado, me ha vejado
+y me ha ofendido. Quiero vengarme y me vengaré. Quiero desengañar a ese
+hombre y le desengañaré con el más duro desengaño. Por sí mismo y por
+medio de viles terceros se obstina en que yo le reciba a solas en mi
+casa, y me pide una cita. Cansada yo de negársela, sin conseguir que
+desista, que me respete, que forme de mí la opinión que debe y que me
+trate como se trata a una mujer honrada, he accedido a la cita para que
+venga y vea y sepa quién soy, y para tratarle como merece.
+
+--¡Animas benditas!--exclamó doña Inés, poniéndose las manos en la
+cabeza--. Tú no sabes lo que has hecho. Eso es aventuradísimo. Aunque
+sepas resistir, aunque no caigas en la tentación ni peques, ¿no ves que
+te expones a echar tu reputación por los suelos y a que ese malvado
+seductor te venza, y si no te vence se vengue de ti deshonrándote y
+suponiendo que logró lo que deseaba? ¿No adviertes cuan indecoroso es
+para una doncella conceder esas citas, aun cuando sea con el fin de
+quedar en ellas triunfante? ¿Qué horrores no estará él pensando de ti
+desde el momento en que le concediste la cita? Es indispensable que le
+envíes a decir que te arrepientes y que la cita ya no tendrá lugar.
+
+Juanita conoció que el momento era llegado en que tenía que echar a
+rodar su humildad y obediencia, declarándose independiente de su maestra
+y amiga y manifestando lo enérgico e indómito de su voluntad, que a nada
+ni a nadie se doblegaba.
+
+Puesta en pie y yendo hacia doña Inés, le dijo:
+
+--Tú no me conoces todavía. Yo no me arrepiento ni cejo. Bueno fuera que
+creyese el tal señor que yo había tenido un momento de debilidad y que
+luego me había arrepentido. ¿No adviertes que de ese modo me confesaba
+yo culpada, si no del delito, del conato? No; yo no soy débil. Tú te has
+empeñado en creerme cordera, y soy leona. Por el extraño afecto que me
+has cobrado me requiebras y crees linsojearme comparándome a la Sulamita
+y llamándome suave y graciosa como Jerusalén. Ya verás tú que también
+soy terrible como un escuadrón de Caballería que carga a galope sobre el
+enemigo.
+
+Juanita, cerca de doña Inés, la fascinaba mirándola con ojos felinos,
+cuya luz roja parecía mezcla de fuego y de sangre.
+
+Luego prosiguió:
+
+--¿Y qué decoro es ese al que me recomiendas que no falte? ¿Quién
+reconoce ese decoro en la mal nacida como yo, en la hija de una mujer
+que lava mondongos y hace morcillas para ganar su sustento? Todos me
+menosprecian, me tratan mal y piensan peor de mí. Hasta ahora lo he
+sufrido; pero ya se me agotó el sufrimiento. He de ser atroz si es
+necesario. En los mismos libros que tú me has hecho leer no se ensalza
+sólo la servil mansedumbre de Rut, sino más, si cabe, la ferocidad de
+Judit, que degüella al capitán de los asirios, y la espantosa hazaña de
+Jahel, que atraviesa con martillo y clavo las sienes de Sisara.
+
+Notando Juanita que doña Inés se asustaba un poco al verla y al oírla
+tan bárbaramente bíblica, prosiguió sonriendo:
+
+--Pero no te apures ni te sobrecojas. No será menester tocar en tales
+extremos; no llegará la sangre al río. Aunque será severa la lección que
+yo dé, no pasará a ser tragedia, y quedará en sainete.
+
+--Pero ¿qué piensas hacer, hija mía? ¿Qué frenesí es el tuyo?--preguntó
+doña Inés, muy conmovida y cariñosa.
+
+--Ya lo verás, si quieres--contestó Juanita--. Todo lo tengo pensado;
+mas no has de saberlo como no lo veas.
+
+--¿Y cómo? ¿Y dónde?
+
+--Ven conmigo a mi casa. Sólo faltan algunos minutos para que llegue la
+hora de la cita. Con tu presencia me infundirás valor.
+
+--Eso ya es otra cosa--respondió doña Inés.
+
+Doña Inés pensó, sin duda, en el rato de gusto que iba a tener
+contribuyendo a chasquear a don Alvaro, que acudiría muy ufano a la cita
+y se encontraría en ella a su austera consorte.
+
+En efecto, si el lance pasaba así, más que tragedia sería sainete.
+
+Doña Inés perdió el miedo y sintió la irresistible tentación de ver el
+sainete y aun de hacer en él uno de los principales papeles.
+
+--Está bien, Juanita--dijo--. Iré en tu compañía y te prestaré mi
+auxilio. Muy fina prueba de mi amistad te daré con esto, porque yo
+también puedo comprometerme.
+
+--Entendámonos--repuso Juanita--. Yo no quiero tu auxilio. ¿Qué mérito
+tendría entonces mi victoria? Tú no te comprometerás, porque te quedarás
+escondida y nadie sabrá que has estado en mi casa. Y tampoco te
+expondrás a ningún percance, porque verás los toros desde el andamio.
+
+--Sí..., pero explícate...; no me hagas ir a ciegas...; explícate....
+
+--Se va a pasar la hora. Urge ir a mi casa. No hay tiempo para darte
+explicaciones, ni tú las necesitas. Ea, despáchate. Toma un mantón,
+échalo bien a la cara para que no te la vean. La gente anda embelesada
+con la procesión, que probablemente termina en este momento, y no
+reparará ni en ti ni en mí.
+
+Y hablando de esta suerte, la misma Juanita buscó un mantón, se lo puso
+a doña Inés en la cabeza y, llevándola por delante de sí, la empujó y la
+hizo andar.
+
+Dominada doña Inés por aquella imperiosa criatura, se dejó llevar por
+ella.
+
+Ambas llegaron a casa de Juanita. Esta, para que Rafaela no viese que
+entraba en su casa acompañada de otra persona, abrió la puerta con la
+llave que tenía en el bolsillo.
+
+Las dos mujeres, calladas y de puntillas, subieron a la sala alta.
+
+Faltaban ya pocos minutos para dar las ocho.
+
+La alcoba en que dormía Juanita no tenía más luz que la que entraba por
+un ventanillo redondo, abierto sobre la puerta de la alcoba que daba
+salida a la sala. En esta, y no en la alcoba, donde no había espacio
+bastante, se lavaba, se peinaba y se vestía Juanita todas las mañanas.
+En la alcoba apenas había más muebles que la cama, una mesita de noche,
+un armario para vestidos y tres sillas.
+
+Juanita llevó a doña Inés a la alcoba.
+
+--Tú, subida en una silla, verás por ese ventanuco todo lo que pase.
+Acaso no tengas poco de qué admirarte y de qué reírte.
+
+Dicho esto, salió Juanita de la alcoba y dejó en ella a doña Inés como
+presa, cerrando de súbito la puerta y echando por fuera la llave.
+
+--¿Qué haces?--exclamó doña Inés--. ¿Qué necedad es la tuya? ¿Por qué me
+encierras?
+
+Juanita contestó riendo:
+
+--Te encierro para estar segura de tu neutralidad. No te quiero por
+aliada, sino por testigo. Cállate y mira.
+
+Doña Inés, bastante enojada, replicó todavía:
+
+--Abreme. ¿Tendré que arrepentirme de haberme fiado de ti? ¿Qué burlas
+son estas?
+
+--Perdóname, perdóname--dijo Juanita con voz suplicante y dulce--. Tú
+eres mí madrina, mi protectora y yo no quiero ni debo burlarme de ti. No
+dudes que conviene lo que hago. Cállate, por Dios. Ten paciencia. Mira y
+observa sin hablar. Cállate. Oigo ruido. Nuestro hombre ha entrado en
+casa. Ya sube por la escalera. ¡Chitón! Si él sospecha que hay alguien
+aquí, darás un escándalo y harás una tontería.
+
+Doña Inés se resignó y se calló.
+
+Pocos segundos después entró don Andrés Rubio en la sala.
+
+
+
+
+XLIII
+
+
+Juanita no se arrepentía nunca de lo que había hecho, después de haberlo
+reflexionado bien o mal; pero si su voluntad era firme y hasta terca, su
+entendimiento vacilaba y cambiaba a menudo, porque, sucesivamente cuando
+no al mismo tiempo, veía el pro y el contra de todas las cosas.
+
+Al hallarse en presencia de don Andrés le asaltaron dudas y sintió algo
+como remordimiento.
+
+«¿Hasta qué punto--pensó--me puedo permitir la burla que quiero hacer a
+este hombre, y hasta qué punto se la tiene merecida? ¿He sido
+suficientemente acosada para llegar a este extremo?»
+
+Como si ella misma se contestase, y sin dar tiempo a que don Andrés
+dijese palabra, Juanita habló de esta suerte:--Perdone vuecencia, señor
+don Andrés, si le he atraído a mi casa con algo que puede calificarse de
+engaño. Me pidió vuecencia una cita amorosa, y yo se la he concedido....
+
+--Pues entonces--dijo don Andrés--no es mi perdón, sino infinitas
+gracias lo que tengo que darte.
+
+--Así sería--dijo la muchacha--si yo, desmintiendo la lealtad de mi
+carácter, no hubiese en esta ocasión engañado a vuecencia.
+
+Don Andrés era un hombre de mucha calma y de bastante mundo. Presumió
+que la muchacha quería hacerse valer, ir cediendo poco a poco y no
+declararse, desde luego, vencida. Tomó, pues, una silla y se sentó con
+mucho reposo, apercibiéndose a oír lo que la muchacha dijese y hasta a
+contestarle discutiendo tranquilamente con ella. Aunque la discusión y
+el coloquio durasen media hora, serían el andante de un dúo y harían más
+vivo y más grato el _allegro_ que vendría después.
+
+Echados estos cálculos y ajustando a ellos su conducta, don Andrés dijo:
+
+--Veo con sorpresa que he venido a hacer aquí el extraño papel de tu
+confesor. Te me confiesas desleal y engañosa. ¿Qué quieres? Feos pecados
+son esos; pero la pecadora es tan bonita, que yo la perdonaré y la
+absolveré si se arrepiente.
+
+--De nada tengo que arrepentirme. Lo que he hecho lo he hecho porque no
+podía por menos. Vuecencia me perseguía, me comprometía, me exponía y se
+exponía a sí mismo a tener un lance con mi novio. He sido leal y no he
+ocultado a vuecencia que tengo novio y que le quiero y que por nada y
+por nadie del mundo le faltaré nunca. Vuecencia ha sabido por mi boca
+que ese novio mío es su amigo de toda la vida. Si él debe a vuecencia
+muchos favores, también vuecencia se los debe. Y si esto no le arredra,
+y si no desiste de perseguirme y solicitarme, ¿quién es aquí el desleal
+y engañoso, vuecencia o yo?
+
+--No hay de mi parte--contestó don Andrés--ni deslealtad ni engaño. El
+lazo reciente que a don Paco te une bien puede desatarse con la misma
+prontitud con que se ha atado. Ni a él ni a ti os conviene. A él y a ti
+os sirvo y os valgo interviniendo para que el lazo se rompa. Quizá le
+dolería a él por lo pronto, pero más tarde me lo agradecería. Más tarde
+sentiría la satisfacción de verse libre de un absurdo compromiso.
+
+--El compromiso--exclamó Juanita enojada--no es absurdo ni repentino.
+Hace ya cerca de dos años que él me ama de amor, que me respeta cuando
+todos me desdeñaban, que me trata como a una señora y como a una santa
+cuando todos me juzgaban una perdida, que no ha sentido vergüenza ni ha
+vacilado en ofrecerme su mano y en darme su nombre, que aun viéndose
+desdeñado por mí ha seguido amándome y que me ha celado, y creyéndome
+pocos días ha prendada de otro hombre o harto liviana para concederle
+favores, ha faltado poco para que se muera de pena. ¿Qué hay, pues, de
+absurdo ni de repentino en este compromiso? Yo le quiero, y sería la más
+ingrata de las mujeres si no le quisiese. Yo le amo desde hace tiempo,
+aunque hasta ayer no se lo he declarado y no le he dicho que soy suya.
+Suya soy ahora y lo seré siempre, y sería yo muy vil si sólo con el
+pensamiento y si sólo por un leve instante quebrantase la fe que le
+tengo prometida.
+
+--Todo esto estará muy bien. No vengo aquí a discutirlo contigo. Ni para
+que tú me lo digas ni para que yo lo discuta te he pedido yo y tú me has
+concedido la cita. Yo no soy un personaje ridículo y tú no tienes
+derecho para querer hacerme objeto de una necia burla.
+
+--Yo estaba exasperada, señor don Andrés, y si alguna falta hubo en mí,
+harta disculpa tiene. Por mi humilde cuna, por mi baja condición social,
+todos me despreciaban, incluso vuecencia. Confieso que he querido
+vengarme de este desprecio, y aun convertirlo en acto de aprecio,
+haciendo sentir a vuecencia que valgo más de lo que imagina.
+
+--Ahí está tu equivocación, Juanita--dijo don Andrés--. Yo no he creído
+que te menospreciaba y que te humillaba al requebrarte. Sobre poco más o
+menos, tan plebeyo soy yo como tú y tan humilde es mi cuna como la tuya.
+Si tu madre se emplea en adobar cerdos, mi padre, antes de hacerse rico
+como arriero y como labrador, guardó los cerdos en sus primeros años,
+porque fue porquerizo. Conque ya ves que nada nos debemos. Ya ves que es
+una tontería imaginar que yo te he solicitado por la bajeza de tu
+extracción. Lo mismo te hubiera solicitado y te hubiera perseguido,
+porque me enamoras, aunque fueses una reina extraviada por estos
+andurriales o la princesa heredera del mayor imperio del mundo. Además,
+tú eres libre y yo también lo soy. ¿A qué juramentos, a qué deberes
+hubiéramos faltado queriéndonos? ¿Me habías tú dado seriamente parte de
+tu compromiso con don Paco? ¿No podría yo suponer que era una coquetería
+sin formalidad ni consecuencia? Desengáñate: tú has querido mofarte de
+mí sin motivo alguno; tú has querido vengar en mí agravios, imaginados o
+reales, que otros y no yo te han hecho. A decir verdad, tú debiste
+enamorar al padre Anselmo y atraerle a esta cita, si es que la cita
+sigue siendo de burla. El y no yo fue quien reprobó que te vistieses de
+seda. Lo que es yo, aprobé y aplaudí el verte tan bien vestida. Y por
+mi gusto cada día estrenarías tú trajes mejores y más lujosos.
+
+Juanita se aturdió un poco con esta no esperada salida del señor don
+Andrés.
+
+Casi receló que él tenía razón y que ella se había conducido irreflexiva
+y arrebatadamente.
+
+Al fin habló así:
+
+--Yo no voy a sostener ahora que he procedido contra vuecencia con
+motivo bastante. Lo que digo es que estaba, y aún estoy, fuera de mí.
+Nada me importaría que me considerasen con la obligación de no vestirme
+ni de seda, ni de lana, ni de algodón siquiera, sino de esparto. Lo que
+me importa es que me respeten. ¿Qué segundo pecado original es el mío,
+que no hay bautismo que lave? ¿Qué mancha indeleble ha caído sobre mí
+que no hay nada que limpie? ¿Qué vicio innato hay en mi sangre del que
+yo no puedo purificarla? ¿Por qué se supone tal mi flaqueza que necesite
+yo refugiarme en un convento para resistir las seducciones y los
+peligros del mundo? Crea vuecencia, señor don Andrés, que, aunque yo
+tuviera vocación de monja, la perdería si imaginase que era para huir de
+peligros que desprecio y que me siento capaz de arrostrar con el mayor
+denuedo.
+
+Don Andrés se sonrió, halló graciosa y algo disparatada a Juanita al
+oírla quejarse y lamentarse de aquel modo, y le dijo con dulzura:
+
+--Pero, hija mía, con todo eso que dices sólo me pruebas que estás
+quejosa de doña Inés. Quéjate enhorabuena y no me hagas a mí
+responsable. Ni yo quiero que te metas monja, sino todo lo contrario, ni
+por más que miro alrededor de ti descubro los peligros que te cercan. Yo
+no deseo que te vengues de doña Inés ni de nadie; pero, en todo caso, de
+ella y no de mí tendrás razón para vengarte. Y perdona, además, que sea
+franco contigo y que te acuse de un pecado constante y aun prolijo en
+ti: tu hipocresía tenaz. Ha tiempo que debiste tener el valor de no
+fingirte mística y devota, si no lo eras, y de decírselo a doña Inés y
+no seguir engañándola. En tu franqueza pudo haber peligro, aunque tú lo
+exagerabas; pero ya que te jactas de valiente, debiste hacer cara a ese
+peligro sin apartarlo de ti por medio de una falsía.
+
+Juanita se mordió los labios, se compungió un poco y empezó a sospechar
+que, en vez de dar una lección, era ella quien iba a recibirla. Pronto,
+no obstante, se repuso. La misma dureza de la acusación le hizo ver más
+clara su injusticia.
+
+Juanita no había tomado asiento como don Andrés. En pie se agitaba,
+hablaba e iba de un lado a otro.
+
+Parándose y encarándose con don Andrés, le dijo:
+
+--¡Cuán injustamente me acusa vuecencia de hipócrita y de falsa! ¿Qué
+había de hacer yo? La aprobación y el aplauso que vuecencia dice que me
+daba eran tan ocultos como inútiles; eran la carabina de Ambrosio. La
+reprobación general cayó sobre mí y sobre mi madre, y vuecencia no
+protestó ni volvió por nosotras. Se supuso que yo era una perdida. Huyó
+la gente de mí para evitar el contagio, como si yo tuviera la peste.
+Hasta ese desventurado de Antoñuelo me insultó y me abandonó. Sólo don
+Paco fue constante en amarme y en respetarme. Pero, repito, ¿qué había
+yo de hacer? Si yo apreciaba todo el valer de don Paco, aún no le amaba
+de amor. ¿Podía yo abusar entonces de su caballerosidad y tomarle por
+marido y por escudo, arrastrándole conmigo al basurero en que todos los
+del lugar me habían echado? Si yo fuese en realidad una perdida o
+tuviese inclinación a serlo, ¿me cree vuecencia tan estúpida que ignore
+lo que valdría y lo que alcanzaría si a tal oficio me dedicase? Al verme
+en aquel humillante aislamiento por haber querido lucir entre patanes la
+gallardía de mi persona, en vez de quedarme aquí y de ser hipócrita y
+falsa, como vuecencia dice, me hubiera ido a Madrid, a Barcelona, quién
+sabe si a París, donde se entiende lo que es hermoso y elegante y se
+paga bien cuando se pone a la venta, y hace tiempo que viviría yo en un
+palacio y andaría en coche y gastaría en una semana más de lo que vale
+todo el caudal de vuecencia bien dividido. Pues ¿qué ventaja he sacado
+yo de la hipocresía de que vuecencia me acusa? Vivir con más apuros y
+con más miseria que antes, emplear mí tiempo en oír discursos de doña
+Inés y en leer con ella libros devotos y no haber logrado hasta ahora
+con todo ello sino la amistad de doña Inés, que yo apreciaría infinito
+si ella me la diese incondicionalmente y sin sujetarme a sus tiránicos
+caprichos. También he logrado con mi hipocresía llamar hacia mí la
+tardía atención de vuecencia, que ahora, y no antes, me aprueba y me
+aplaude, pero de un modo según el cual no quiero yo ser aprobada ni
+aplaudida.
+
+--Juanita--dijo don Andrés--, yo no he venido aquí a disputar contigo.
+Tendrás razón en estar quejosa de todo el género humano, pero de mí
+debes estar menos quejosa que de nadie.
+
+Mi pecado, si lo hubo, fue de tardanza. No volví por ti a tiempo; ahora
+estoy dispuesto a enmendarme; pero quiéreme. ¿No gustas tú de que te
+respeten? Pues yo también gusto de ser respetado. No debo sufrir que de
+mí hagas tu juguete.
+
+--Yo soy una chica de tan buen humor, que, por fortuna, huyo de lo
+trágico y todo lo tomo a risa. Y más vale así, porque mis compatricios
+me han desesperado tanto, que si yo lo hubiese tomado más por lo serio,
+hubiera sido cosa de armarme de una caja de fósforos y de una lata de
+petróleo y de pegar fuego al lugar. Conque así, mejor es que yo tome a
+vuecencia por juguete que no me le pegue fuego.
+
+--Prefiero el fuego a la burla que ahora quieres hacer de mí.
+
+--Cuánto yerra al decir eso el señor don Andrés--dijo Juanita casi
+cariñosamente--. ¿Por qué ha de tenerse por burlado un hombre de noble
+corazón, si en vez de lograr los fáciles favores y de gozar de las
+compradas caricias de una mujer sin vergüenza, se halla con una mujer
+digna y honrada que anhela merecer y obtener su estimación, que le
+brinda con su más fervorosa amistad y que le tiende confiadamente las
+manos?
+
+Al hablar así con verdadera efusión, Juanita tendió, en efecto, las
+manos a don Andrés. Don Andrés las tomó entre las suyas.
+
+Juanita apareció entonces tan confiada y tan hermosa a los ojos del
+cacique, que este le dijo:
+
+--¿Por qué tu amistad solamente? ¿Por qué no tu amor? Ambos somos
+libres. Amándonos no tendremos que engañar a nadie. No tendremos que
+disimular ni que ocultar nuestro amor como un delito, como un robo.
+
+--Eso no puede ser; yo no amo a vuecencia de amor--contestó Juanita--.
+Yo amo de amor a otro hombre--y desprendió sus manos de las de don
+Andrés, que aún las retenía.
+
+Durante todo este coloquio, doña Inés miraba por la claraboya, y a
+menudo sentía la comenzón de tomar parte en él, hablando desde allí;
+pero el temor de lo ridículo enfrenaba su lengua.
+
+
+
+
+XLIV
+
+
+Don Andrés perdió entonces su circunspección y su calma. No pudo
+contenerse más.
+
+--Ámame--dijo.
+
+Y se abalanzó a Juanita y la ciñó con fuerza entre sus brazos.
+
+Juanita recordó en aquel trance toda su antigua destreza en la lucha,
+cuando se peleaba con los muchachos a brazo partido y los tumbaba en
+medio del arroyo. Ella también se abrazó a don Andrés, le puso la barba
+en el pecho, le empujó al mismo tiempo en sus espaldas con las manos de
+ella y le echó una zancadilla tan hábil, que le derribó al suelo.
+
+Con maravillosa rapidez apartó Juanita sus manos y su cuerpo del cuerpo
+del enemigo, derribado, y quedó erguida sobre él, con la rodilla derecha
+en tierra y con la rodilla izquierda sobre el estómago y el pecho de don
+Andrés, donde pesaba y oprimía como pujante prensa de hierro.
+
+Con la mano izquierda había Juanita agarrado a don Andrés por el
+pescuezo para que no levantase la cabeza, y con la mano derecha tenía
+asido su siniestro brazo.
+
+Juanita estaba así tan guapa, que se parecía, aunque sin alas, al propio
+arcángel San Miguel dando una soba al diablo.
+
+Don Andrés la contemplaba con tal embeleso, que apenas sentía enojo de
+verse vencido. Y como era hombre muy versado en fábulas y en narraciones
+verídicas, trajo a su pensamiento, para que quedasen eclipsadas por
+Juanita, a Pentesilea, a Clorinda y a Bradamante y a otras mujeres
+heroicas que han florecido en el mundo, desde el Ebro, glorioso por las
+zaragozanas, hasta el claro Termodonte, en cuyas fértiles orillas
+reinaron las amazonas.
+
+Por acaso se tocó don Andrés con la diestra, que tenía libre, en el
+bolsillo del chaquetón y notó con amargura los medios inútiles que en él
+traía: de conquista, de ofensa y de defensa. Traía allí un cartucho con
+veinticinco onzas peluconas de Fernando VI y de Carlos III, dignas hoy
+por su rareza de figurar en el más rico gabinete de numismática. Y traía
+asimismo el revólver de seis tiros, bien preparado y cargado; pero como
+hubiera sido felonía villana emplearlo contra una mujer, lo dejó allí
+reposar tranquilo para mejor ocasión.
+
+Entre tanto, y todo esto fue en menos tiempo que el que yo empleo en
+decirlo, la mencionada mano libre se hizo atrevida; pero contra todo
+atrevimiento son valladar y estorbo los bríos del alma, y estos valieron
+bien a la gallarda vencedora.
+
+Al sentir el insolente contacto, el rubor tino sus mejillas; brillaron
+como ascuas sus ojos, la ira trocó en espantosa su linda cara.
+
+Aterrorizaba doña Inés, sacó la cabeza fuera del ventanuco y empezó a
+gritar; pero nadie podía oírla, y menos aún don Andrés, que no estaba
+para oír ni ver cosa alguna.
+
+Juanita le apretaba el cuello con ambas manos, haciéndole sacar tres
+pulgadas de lengua fuera de la boca, como perro jadeante.
+
+Harto le pesaba tener que matarle. No había previsto Juanita que pudiese
+llegar a aquel extremo; pero, puesta en él, estaba resuelta a todo por
+más que le pesase.
+
+Apeando a don Andrés el ya inoportuno tratamiento de vuecencia, le dijo:
+
+--¡Ríndete, o mueres!
+
+Nada contestó don Andrés, porque no podía contestar. Lo que hizo fue
+retirar la diestra atrevida.
+
+Aflojó entonces Juanita el dogal que tenía echado al cuello del cacique,
+y le dijo:
+
+--¿Te rindes a discreción? ¿Te declaras vencido?
+
+--Me declaro vencido; haz de mí lo que quieras.
+
+--¿Aprobarás y aplaudirás ahora que yo me case con don Paco, y serás en
+la boda su padrino?
+
+--Aprobaré, aplaudiré y seré padrino en la boda.
+
+--¿Serás, además, constante y bondadoso amigo mío, sin guardarme rencor
+y pagándome como debes la amistad pura que yo te profeso y la estimación
+con que te miro?
+
+--Seré tu mejor amigo, como lo mereces.
+
+Juanita, entonces, se levantó de un brinco, dejando libre a don Andrés,
+que se levantó también, algo maltrecho, mohíno y humillado por la
+derrota.
+
+Trocada así en piedad la cólera, Juanita hizo esfuerzos de imaginación,
+y entre cándida y maliciosa inventó desatinos para disimular o explicar
+su triunfo.
+
+--No te aflijas--dijo--. Lo que te pasa le hubiera pasado a un jayán: al
+propio Goliat. No soy yo quien te ha vencido, sino el demonio que
+ahogaba a los impuros novios o amantes de la que fue luego mujer de
+Tobías, a fin de guardarla entera para él. Sin duda, don Paco, que es
+muy devoto de San Rafael, Patrono de Córdoba, halló al tal demonio en el
+desierto en que ha estado, y con el auxilio del arcángel le desató y le
+envió a esta casa para que me defendiese. Por él estuviste poco ha, y
+volverías a estar si de nuevo te desmandaras, muy a punto de morir
+ahorcado como un zorzal entre mis dedos, convertidos en percha. Pero no
+pienses más en eso. ¡Qué lástima si hubiera dado yo, sin querer, un día
+de luto a la ya entonces mal llamada Villalegre! Ahora no debemos pensar
+sino en el gran placer que hay en renovar amistades después de una brava
+batalla. Aquí no ha habido ni vencido ni vencedor. Digamos ambos a la
+vez, tú a mí y yo a ti:
+
+
+ Valiente eres, capitán,
+ y cortés como valiente;
+ con tu espada y con tu trato
+ me has cautivado dos veces.
+
+
+Tú eres mi cautivo y yo quiero ser tu cautiva; es decir, más amiga tuya
+que antes.
+
+Y diciendo así, tendió de nuevo ambas manos a don Andrés, más
+cariñosamente y con mayor confianza que la vez primera. Luego añadió:
+
+--Ahora vete con Dios y vuelve por aquí dentro de poco, a las diez y
+media, para que, en presencia de mi madre y de varios amigos, se
+celebren con don Paco mis esponsales.
+
+--Volveré como deseas. Antes de irme te dejaré aquí, para rescate de mi
+pariente Antoñuelo, a quien tanto o más que tú tengo obligación de
+proteger, los ocho mil reales que hay que dar al tendero murciano.
+
+--Ya está arreglado eso. No necesito los ocho mil reales.
+
+--Pues aunque no los necesites, quédate con ellos, y tú y don Pablo
+contad con otros ocho mil más, que os daré como regalo de boda.
+
+Dicho esto se fue don Andrés a la calle, no sin besar galantemente, al
+despedirse, la linda mano que había estado a punto de estrangularle.
+
+Apenas salió don Andrés, Juanita abrió la puerta de su alcoba, donde,
+como en chiquero, había estado doña Inés encerrada. Salió esta de allí
+algo atontada y muda de espanto. Salió igualmente muy mansa y muy
+benigna, y aunque perdidas sus ilusiones respecto al misticismo de
+Juanita, casi tan prendada ahora de su patente bizarría como antes de su
+misticismo, ya convertido en humo.
+
+De todos modos, doña Inés siguió admirando la virtud de Juanita, y aun
+formó desde allí en adelante sobre su casta entereza un concepto muy
+superior al que tenemos de las antiguas heroínas que nos ponen por
+modelo las historias sagradas y profanas.
+
+Doña Inés, discurriendo sobre esto, pensó que al fin y al cabo Susana
+sólo tuvo que defenderse de dos viejos petates y no de un hombre guapo,
+rico y joven aún, como el cacique. Lucrecia, a lo que doña Inés
+entendía, sucumbió, aunque se mató después. Y en cuanto a Timoclea, tan
+ensalzada por Plutarco, y a la que el macedón Alejandro concedió su
+admiración, todavía doña Inés tenía más que criticar, porque Timoclea,
+durante el saco de Tebas, no acertó a defenderse del capitán de los
+tracios, y sólo después le mató arrojándole a un pozo, porque aquel
+bárbaro le pidió dinero; de suerte que, si se lo hubiera dado, en vez de
+pedírselo, él hubiera quedado vivo y la anterior violencia impune.
+
+Razón tenía, pues, doña Inés en seguir admirando a Juanita; en decirle,
+como le dijo, que se alegraría de tenerla por madre política; en
+desistir con gusto de que Juanita se hiciese monja para que no eclipsase
+a la Monja Alférez y fuese la Monja Generala, y en ofrecerle para el
+regalo de su boda la cantidad que pensaba dar para la dote de su monjío.
+
+Llamada por Juanita, acudió Rafaela, que se quedó estupefacta y
+boquiabierta al ver allí a doña Inés, a quien acompañó a su casa. Doña
+Inés prometió volver con don Alvaro a las diez y media.
+
+
+
+
+XLV
+
+
+Cuando Juanita se quedó sola se lavó la cara y las manos, se alisó el
+pelo y sacó del armario el famoso vestido de seda regalo de don Paco.
+
+Ella había tenido cuidado de refrescarlo y de modificarlo, dejándola a
+la moda del día. Con tela que tenía de sobra el corte, y que ella había
+guardado, se había hecho un nuevo corpiño de medio escote, a propósito
+para recepciones y tertulias. Se puso este vestido, se miró al espejo y
+quedó muy satisfecha encontrándose bien.
+
+Al volver Rafaela y al ver a Juanita vestida de gala, tuvo nuevo motivo
+de admiración.
+
+Juanita y la criada encendieron después los tres velones que tenían,
+cada uno con cuatro mecheros.
+
+Encendieron además veinte o veintidós velas de cera, y lo iluminaron
+todo tan ricamente, que la casa parecía aderezada para una solemne
+fiesta.
+
+A poco llegó Juana la Larga, no trastornada, porque era sobria y
+prudente, pero algo sobreexcitada y de buen humor por haber presidido
+la opípara cena en casa de don Andrés Rubio, cenando entre el rey David
+y San Pedro.
+
+Al ver Juana la Larga la iluminación que en su casa había, y cuyo fin
+ignoraba, receló por un instante que se había excedido en beber vino y
+que a causa de aquel exceso veía tantas luces.
+
+Pronto la tranquilizó Juanita explicándoselo todo.
+
+Juana se puso más contenta que unas pascuas.
+
+No bien dieron las diez y media entraron casi a la vez todos los
+convidados. Eran estos doña Inés y don Alvaro, don Andrés Rubio, el
+maestro de escuela don Pascual, el tendero murciano y doña Encarnación,
+su mujer; el padre Anselmo y don Paco, personaje principal de la fiesta.
+Venía este hecho un brinquillo, muy bien afeitado y peinado, con la
+levita nueva, regalo y obra de Juanita, y en el ojal con la
+condecoración azul que ella le había concedido.
+
+Todos estaban ya informados de lo que iba a suceder, unos directamente
+por Juanita, según ya hemos visto, y otros por medio del maestro de
+escuela, a quien Juanita había dado el encargo de convidarlos. No
+fueron, pues, indispensables ni discursos ni explicaciones. Reinó allí
+muy cordial alegría.
+
+Rafaela, auxiliada por Calvete, a quien llamó para este fin, sirvió un
+delicado piscolabis. Para los que no habían cenado o tenían suficiente
+capacidad estomacal hubo chocolate con hojaldres y con torta de aceite;
+y para todos, mostachones, roscos y bizcochos de espumilla con mistela y
+dos o tres clases de rosolis.
+
+Cuando cundió el regocijo y se aumentó la animación de todos, Juanita
+los formó en círculo, asidos de las manos, y se puso a cantar con mucha
+gracia y con muy afinada y buena voz, aunque no había estudiado música,
+el célebre cantar del conde de Cabra:
+
+
+ Yo no quiero al conde de Cabra,
+ conde Cabra, ¡triste de mí!,
+ que a quien quiero solamente,
+ solamente es, ¡ay!, a ti.
+
+
+Al cantar ese «¡ay!, a ti», Juanita miró con ojos muy dulces a don Paco.
+Luego siguió cantando:
+
+
+ Arroz con leche,
+ me quiero casar
+ con un guapo mozo
+ de porte real.
+
+Y tocando con sus manos en los hombros de cuantos había en el corro, sin
+excluir al cura, que la miraba complacido, Juanita fue diciendo:
+
+--Ni con este, ni con este, ni con este.
+
+Al llegar a don Paco, que dejó Juanita para lo último, dijo: «Sino con
+este», y le dio un abrazo muy apretado.
+
+Don Paco la tomó por la cintura, la chilló, la aupó y la levantó a pulso
+dos o tres veces en el aire.
+
+Todos aplaudieron y gritaron:
+
+--¡Que vivan los novios!
+
+Anunciada ya la boda para lo más pronto posible, los futuros esposos
+fueron felicitados.
+
+El padre Anselmo, viendo que don Andrés y los señores de Roldán hacían
+regalos muy lucidos, no quiso ser menos, hasta donde sus recursos lo
+consintieran. Y con el fin de que su regalo tuviese el significado de
+retractación y palinodia, prometió hacer venir de Madrid un lujoso corte
+para un vestido de seda.
+
+El maestro don Pascual estaba harto mal de dinero, pero tenía buenos
+libros, y quiso dar inmediatamente, para regalo, a Juanita algunos tomos
+de la Biblioteca de Ribadeneyra, entre ellos _El Romancero general_ y
+las _Comedias_ Tirso, a cuyas heroínas era Juanita muy semejante por lo
+desenfadada y traviesa.
+
+Don Ramón, que traía en cartera el pagaré para que Juana lo refrendase y
+pusiese en él su visto bueno, en vez de dar o prometer, recibió, por lo
+pronto, las veinticinco onzas peluconas, o sean los ocho mil reales.
+Pero don Ramón se sintió estimulado a competir y hasta a vencer su
+generosidad a los otros. Dijo al oído a su mujer el prurito que sentía
+de ser generoso y doña Encarnación tuvo que dominarse para no arañarle.
+La generosidad triunfó, a pesar de todo, en el corazón del tendero
+murciano.
+
+--Juanita--dijo--, yo te doy dos mil reales para que te merques un
+hermoso brazalete de oro, diamantes y perlas.
+
+Al hablar así, don Ramón devolvió a Juanita el pagaré que ella había
+firmado. En seguida añadió:
+
+--Según el pagaré, tú me eres deudora de diez mil reales, y como me has
+dado ocho mil, me debes dos mil aún. Yo te los perdono.
+
+La generosidad de don Ramón fue solemnizada por toda la concurrencia con
+los más ruidosos aplausos.
+
+ * * * * *
+
+Veinte días después de lo que acabamos de contar se celebraron las bodas
+de Juanita y don Paco.
+
+Los mozos del lugar no prescindieron de la cencerrada que debía darse a
+don Paco como viudo.
+
+El y Juanita la oyeron cómoda y alegremente desde la casa y alcoba de
+don Paco, donde Juanita estaba ya, sin que hasta la una de la noche los
+molestase el desvelo que podía causar aquel ruido. Cesó este al fin,
+convirtiéndose en vivas y aclamaciones, merced a la simpatía que
+inspiraban los novios y a una arroba de vino generoso y a bastantes
+hornazos y bollos que el alguacil y su mujer repartieron entre los
+tocadores de los cencerros.
+
+Así don Paco se durmió al fin con reposo y merced al silencio, y también
+se durmió Juanita, a la vera suya, como mansa cordera y no como fiera
+leona; suave y graciosa como Jerusalén y no terrible como un escuadrón
+de Caballería.
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+EPILOGO
+
+
+Después de los sucesos referidos han pasado seis o siete años.
+
+Posible es, por más que a mí no me apesadumbre, que los personajes
+principales que en esta historia figuran a nadie interesen; pero como yo
+he tenido que tratar con ellos y que describir sus caracteres, les he
+cobrado bastante afición, despertando en mi alma curioso interés la
+situación y término en que hoy se hallan.
+
+Interrogado por mí el diputado novel a quien debo el relato, me ha
+comunicado las noticias que voy a transcribir como contera o remate,
+aunque los críticos lo tachen de superfluo.
+
+Don Paco sigue gozando de la privanza del cacique y gobernando en su
+nombre cuanto hay que gobernar en la villa. Juanita, casada con él, le
+adora, le mima y le ha dado dos hermosísimos pimpollos: una niña, que se
+llama Juanita la Larga, tercera de este nombre y apellido, y que promete
+valer tanto como su madre, porque ya es muy linda, picotera y graciosa;
+y un Ricardito, como su abuelo materno, que es un diablejo, ágil,
+robusto y bullicioso, por lo que sus padres le destinan a que sea,
+también como su abuelo, oficial de Caballería.
+
+Juanita no ha embarnecido. Está gallarda y bonita como siempre. Se viste
+de seda, sin que el padre Anselmo la censure en sus sermones, y parece
+una princesa encantada, pues no pasan días por ella. Tampoco envejece
+don Paco, porque la felicidad mantiene, conserva y hasta remoza, y él es
+feliz de veras.
+
+El pobre don Alvaro de Roldán es el que está muy averiado. Hace ya
+tiempo que se quedó lelo, paralítico y con los dedos engarabitados. No
+se sabe si es falta de la lengua o de algún otro órgano del aparato
+vocal; pero lo cierto es que ya no puede decir ni dice, sino:
+
+--Ta, ta, ta, ta, ta.
+
+Doña Inés le cuida con esmero y cariño de esposa; pero como es tan
+moralizadora y tan conmocionante, le reprende a menudo con suavidad.
+
+Cuando, a pesar de su deplorable situación, a Serafina, que le cuida, la
+mira con ojos encandilados y lo ve doña Inés, esta le dice:
+
+
+--¿Es posible, Alvarito, que no te abandone el demonio que te posee? ¡El
+vicio, que huye de todo tu cuerpo, se te mete en la cabeza y no te deja!
+¡Da asco y vergüenza!
+
+--¡Ta, ta, ta, ta, ta!--contesta don Alvaro. Si por señas se queja del
+estómago o del vientre, que le muge como si tuviera allí, no una
+borrega, sino dos o tres becerras, doña Inés exclama:
+
+--Si te lo tengo dicho mil y mil veces: siempre has sido un glotón de
+siete suelas; pero ya, hijo mío, no estás para eso. Tus fuerzas
+digestivas son muy pocas. Menester es que te moderes y que seas sobrio
+si no quieres reventar el día menos pensado.
+
+Y don Alvaro responde:
+
+--¡Ta, ta, ta, ta, ta!
+
+Calvete, que ha pasado de zagalón a ser un mozo muy gentil y brioso, que
+es al mismo tiempo travieso y más malo que la quina, viendo que don
+Alvaro no puede quejarse de sus travesuras, ya que ni habla ni escribe,
+se deleita a menudo en ponerle furioso.
+
+Para ello acude a Serafina, que está muy frescachona y floreciente y que
+sigue tan regocijada como en su primera juventud. En las barbas de don
+Alvaro se pone el bellaco de Calvete a retozar amorosamente con
+Serafina; y don Alvaro, fuera de sí, con espumarajos en la boca, grita
+como un energúmeno:
+
+--¡Ta, ta, ta, ta, ta!
+
+Y cada «ta», por el tono con que don Alvaro lo suelta, parece un centón
+de blasfemia y una letanía de maldiciones.
+
+Doña Inés suele acudir entonces, y dice:
+
+--¿Por qué chillas tanto, diantre de hombre? Lo que tú padeces nada vale
+en comparación de la hiel y vinagre que dieron a Cristo. ¿Piensas tú que
+chilló nunca Job en el muladar tanto como tú chillas ahora? ¡Sufre y
+ganarás el cielo!
+
+--¡Ta, ta, ta, ta, ta!--dice don Alvaro, algo resignado. Doña Inés suele
+también moverse a compasión y dice a Calvete:
+
+--¡Muchacho!, haz alguna de tus chuscadas para que el señor se distraiga
+y regocije.
+
+Y contesta Calvete:
+
+--Pues si las hago a manta y el señor rabia y chilla más. Como está tan
+jaquecoso....
+
+Y exclama don Alvaro:
+
+--¡Ta, ta, ta, ta, ta!
+
+Se cuenta en el lugar--casi no queremos creerlo--que cuando está don
+Alvaro muy mal y siente físicamente muchos dolores arma tan incesante y
+fatigosa retahíla de «ta, ta, ta», que aburre a todo el mundo, alborota
+la casa y hace que doña Inés pierda la circunspección y la paciencia que
+ella suele recomendar, llegando una o dos veces hasta decir a su marido:
+
+--Cállate, hombre indigno, y padece por el amor de Dios, que no sin
+justo motivo te castiga. No te verías así sí no hubieras tenido una vida
+tan depravada. Y, al fin, yo creo que te quejas un poco de vicio. Tú
+tienes miedo porque piensas que te vas a morir. Ya, ya; bien pesado has
+sido para todo y me parece que vas a serlo también para morirte.
+
+Y como don Alvaro contesta con acento muy triste: «¡Ta, ta, ta, ta,
+ta!», el noble corazón de su esposa se enternece; y arrepentida ella de
+las frases duras que se le han escapado, se acerca a don Alvaro con
+cariño, y para función de desagravios le da un blando cogotazo, le pasa
+la blanca mano por la papada y le pega en las narices un amoroso
+capirotazo.
+
+Don Alvaro sonríe consolado, y, beatificado, exclama:
+
+--¡Ta, ta, ta, ta, ta!
+
+Así va tirando aún el ilustre descendiente, según pretende su
+ejecutoria, del más heroico de los doce pares.
+
+En cuanto a doña Inés, afirma mi amigo el diputado que está hermosa y
+fresca todavía, y que pudiera hacer el papel de Angélica, aunque algo
+metida en carnes. Conserva todas sus virtudes, incluso la prolífica, y
+en estos últimos años ha conseguido que los vástagos de su ilustre casa
+lleguen a la docena.
+
+El cacique permanece soltero e imperando en el lugar con la sabiduría y
+la moderación de los Antonios en Roma.
+
+La señora doña Agustina Solís y Montes de Allende el Agua ha sufrido con
+resignación algunos reveses de fortuna. Entre otros, ha perdido un
+pleito de importancia. Sus rentas han quedado reducidas a menos de la
+mitad. Apenas tendrá ahora doce mil reales al año. La disminución de sus
+rentas, en vez de disminuir, ha aumentado sus ganas de casarse. Ha
+buscado compañía doméstica que la consuele. Y tal vez por no encontrar
+partido mejor ha apechugado con el boticario don Policarpo, el cual, si
+bien es feo, es inteligente y tan gracioso que nadie debe maravillarse
+de que seduzca y enamore con su labia a una mujer de talento. Doña
+Agustina, además, se manifiesta muy ufana de haber vencido la
+repugnancia al matrimonio de tan pertinaz solterón, y lo que es más
+trascendental, de haber traído al gremio de los fieles a aquel impío
+extraviado, que ahora va a misa y cumple con todos los preceptos.
+
+A lo que se presume, desde que doña Agustina empezó a mostrársele
+propicia, don Policarpo discurrió sobre poco más o menos de esta suerte:
+
+«No se comprende ni se explica cómo el proceso evolutivo del ser, aunque
+haya durado millones de años, por el concurso fortuito de los átomos, y
+por su fatal y ciego prurito y constante tendencia a la perfección, ha
+podido aparecer sobre nuestro planeta, después de prolongadísima serie
+de transformaciones, un mamífero tan primoroso y apetecible como doña
+Agustina, dotado, además, de claro entendimiento y de voluntad tan
+benigna y con el portentoso don de la palabra, que le sirve para
+transmitir las ideas agradables en contestación a las que salen de mi
+cabeza y a las voliciones de mi corazón. Acrecienta lo inexplicable de
+este prodigio, si no presuponemos una Providencia personal y
+sapientísima que todo lo dirige, el que posea aún el mencionado mamífero
+doce mil reales de renta y el que se vista y calce con sumo primor,
+elegancia y decoro, lo cual implica, por un lado, el desenvolvimiento de
+la sociedad a través de los siglos para crear las leyes, para hacer que
+haya herencia y propiedades individuales; e implica por otro lado, según
+se comprende muy bien cuando se estudia la economía política, la
+multitud de milagros del comercio, de la industria, de las artes
+textiles, indumentarias y de curtidos de cueros, y otras mil agudas
+invenciones, como la división del trabajo y como el objeto que vale por
+sí y representa además y mide con exactitud lo que valen los otros
+objetos, facilitando la circulación y los cambios, sobre todo si se le
+añade cierto descubrimiento más sutil aún, o sea, la virtud
+representativa de todo lo que vale por algo que por sí vale poco o nada
+y que se llama crédito, difícil de adquirir, no obstante, pues yo
+carezco de él, aunque lo deseo. La primera causa de todo lo cual es
+absurdo que sea el acaso, sino una potencia suprema y anterior a todo,
+la cual dio el impulso inicial al linaje humano, le marcó el camino y
+guió con orden su marcha por la interminable senda del progreso.»
+
+Esto o algo por el estilo pensaba don Policarpo, y era creyente.
+
+En aras de su amor a doña Agustina y de su renaciente fe, se cortó
+aquella uña maldita del dedo meñique, vara de virtudes de Satanás, y no
+volvió a electrizar, ni a magnetizar, ni a encender candiles, ni a tirar
+cañonazos con ella.
+
+Se cortó la uña como se cortan los toreros la coleta cuando dejan de
+torear y se retiran a la vida privada.
+
+Se cortó la uña despojándose de sus fuerzas taumatúrgicas y
+teratológicas, por obra y gracia de las tijeras de doña Agustina, que
+fue la piadosa Dalila de este Sansón de nuevo cuño.
+
+Doña Agustina, sobre un fondo de raso color de púrpura, para que
+resaltase mejor, colocó y guardó la uña como trofeo de su victoria en un
+passe-partout muy bonito que colocó en su alcoba.
+
+Por bajo de la uña quiso poner un letrero explicatorio, y rogó a don
+Andrés que lo pusiese. Don Andrés, que, como ya sabemos era muy erudito
+y que así mismo era algo guasón, recordó el cambio glorioso de Napoleón
+I en los últimos años de su vida, y no creyendo menos glorioso el cambio
+del boticario, le aplicó los versos de Manzoni y escribió de buena
+letra, por bajo de la uña y defendido todo por un cristal:
+
+
+ _Bella_, _immortal_, _benéfica_,
+ _fede ai trionfi avezza_,
+ _scrivi ancor questo_.
+
+Juana la Larga es dichosísima al ver la felicidad de su hija y de su
+yerno; adora a sus nietecillos, los consiente, los mima y les ríe todas
+las gracias, hasta las más pesadas y olorosas.
+
+Para que se críen robustos, después que los ha amamantado Juanita, Juana
+los desteta con chorizos, longaniza y asadura de cerdo.
+
+Su actividad culinaria no decae, a pesar de su edad. Sigue haciendo la
+matanza, la carne de membrillo, el arrope y las frutas de sartén en las
+casas más principales. Ha importado nuevos guisos en la cocina local y
+hasta inventado dos o tres, con sorpresa y general aplauso de los
+gastrónomos.
+
+El padre Anselmo está achacosillo y muy viejo, pero alegre y sereno con
+la esperanza de su tránsito a mejor vida. Ya no le pesa, antes se
+regocija, de que Juanita no sea monja, porque la quiere mucho y se le
+cae la baba cuando la ve tan hermosa y cuando oye su dulce voz y sus
+discretas razones.
+
+Doña Inés, no obstante, sigue siendo su preferida, por lo mística que es
+y por la mucha teología que sabe.
+
+Por último, el diputado novel ha pedido y recibido con frecuencia las
+noticias que de Antoñuelo se tienen en el lugar. Allá en el Río de la
+Plata adonde el cacique le obligó a que emigrase, se dedicó al comercio
+y prosperó mucho. Aunque nunca quiso inscribirse en el Consulado, por
+ahorrarse tres o cuatro duros, acudió con frecuencia a la Legación
+pidiendo que España reclamase diplomáticamente en su favor contra mil
+agravios y danos que del Gobierno argentino había recibido, y que
+exigiese, con amenazas de bombardeo, que dicho Gobierno le diera una
+indemnización muy cuantiosa. Pero ni le indemnizaron de nada ni por amor
+suyo hubo bombardeo, y él adquirió tan mala reputación y crédito, que
+consideró prudente irse a Cuba. Ya en La Habana, como es mozo gentil y
+de rostro blanco y sonrosado, logró cautivar el sensible corazón de una
+rica heredera, muy subidita de color. Casado con ella, vivió con tanta
+pompa y decoro, dando comidas y saraos y paseando en quitrín, acompañado
+de su mujer, tan ricamente vestida que parecía la reina de Saba, que se
+empeñó, hipotecó los predios urbanos y rústicos y acabó por tener más
+deudas que pelos en la cabeza.
+
+A lo que parece, a fin de consolarle y de remediarse, se ha hecho ahora
+partidario de la independencia de la Perla de las Antillas, y ya sueña
+con ser en Cuba libre un dictador como el doctor Francia en el Paraguay
+o como Rosas en Buenos Aires, o un emperador como Faustino I en Haití,
+aunque tenga que tiznarse con hollín; ya con más modestia, forma un plan
+que muchas personas creen desatino, aunque tal vez no lo sea. Espera que
+por filibustero y laborante le secuestren los bienes, porque entonces,
+según dice, se irá a Nueva York, se hará ciudadano de la gran República,
+y, nuevo Coriolano español, obligará a su ingrata patria a darle una
+indemnización _di primo cartello_. Aunque tenga que ceder a los
+Fabricios, Cincinatos y Catones de escalera abajo y de quinta clase, que
+acaso haya en las orillas del Potomac, las cuatro quintas partes de lo
+que se extraiga a la paciente y semiforzada longanimidad de España,
+siempre le quedará otra quinta parte, con la cual podrá vivir como un
+príncipe en una magnífica casa de la Quinta Avenida. Allí brillará su
+morena consorte, que habla ya el idioma de Shakespeare y de Milton,
+como la más ilustrada _talkative_ y _funny_ inglesita.
+
+
+ De la fecunda zona,
+ que al sol enamorado circunscribe
+ el vago curso, y cuanto ser se anima
+ en cada vario clima,
+ acariciada de su luz, concibe.
+
+
+
+
+
+
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+
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+<pre>
+
+The Project Gutenberg EBook of Juanita La Larga, by Juan Valera
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+Title: Juanita La Larga
+
+Author: Juan Valera
+
+Commentator: Paulino Garagorri, prologue
+
+Release Date: August 8, 2005 [EBook #16484]
+[Date last updated: February 22, 2011]
+
+Language: Spanish
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+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK JUANITA LA LARGA ***
+
+Produced by Chuck Greif
+
+</pre>
+
+<hr />
+<h1>JUAN VALERA</h1>
+<h1><big>JUANITA LA LARGA</big></h1>
+<span class="pagenum"><a name="page1" id="page1"></a></span>
+
+<h3><a href="#PROLOGO">PROLOGO DE PAULINO GARAGORRI</a></h3>
+<h3>Capítulos:</h3>
+<div class="center">
+<a href="#I"><b>I,&nbsp;</b></a>
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+<a href="#III"><b>III,&nbsp;</b></a>
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+<a href="#XLV"><b>XLV,&nbsp;</b></a><br />
+<a href="#EPILOGO"><b>EPILOGO</b></a>
+</div>
+<hr />
+
+<h3>1982 SALVAT EDITORES, S.A.</h3>
+
+<h4>Impreso en: Gr&aacute;ficas Estella, S.A. Estella (Navarra)-1983</h4>
+<h4>I.S.B.N. 84-345-8003-9 (obra completa)</h4>
+<h4>I.S.B.N. 84-345-8011-X (tomo 8)</h4>
+<h5>Dep&oacute;sito Legal: NA-40-1983</h5>
+<h4>Printed in Spain</h4>
+<h4>Edici&oacute;n Integra especialmente autorizada</h4>
+<h4>para BIBLIOTECA B&Aacute;SICA SALVAT</h4>
+
+<hr /><p><span class="pagenum"><a name="page5" id="page5"></a></span></p>
+<h2><a name="PROLOGO" id="PROLOGO"></a>PROLOGO</h2>
+<p>Don Juan Valera no fue solamente novelista. Escribi&oacute; mucho, Algo de
+todo, seg&uacute;n reza el t&iacute;tulo de uno de sus libros, y lo hizo a despecho de
+vacilaciones y desenga&ntilde;os. &laquo;Varias veces me di ya por vencido, y hasta
+por muerto; mas, apenas dej&eacute; de ser escritor, cuando reviv&iacute; como tal
+bajo diversa forma. Primero fui poeta; luego periodista; luego cr&iacute;tico;
+luego aspir&eacute; a fil&oacute;sofo; luego tuve mis intenciones y conatos de
+dramaturgo, y al cabo trat&eacute; de figurar como novelista.... Bajo esta
+&uacute;ltima forma es como la gente me ha recibido menos mal; pero, aun as&iacute;,
+no las tengo todas conmigo.&raquo; Hoy, Valera es un autor cl&aacute;sico reconocido
+en toda historia de nuestra literatura, pero la frase final de la cita
+transcrita no es s&oacute;lo f&oacute;rmula de buena crianza para evitar la propia
+ponderaci&oacute;n, sino confidencia &iacute;ntima de un hombre que ha corrido mucho
+pero sin asiento ni rumbo seguro. Pues, adem&aacute;s de tantear la carrera de
+escritor, cultivando tan diversos g&eacute;neros literarios, empe&ntilde;&oacute; su tiempo
+en otras profesiones. En su larga vida (muere cumplidos los ochenta y
+uno) residi&oacute; muchos a&ntilde;os fuera de Espa&ntilde;a&mdash;en N&aacute;poles, Lisboa, R&iacute;o,
+Dresde, Mosc&uacute;, Francfort, Washington, Bruselas, Viena&mdash;, con cargos
+diplom&aacute;ticos que le confer&iacute;a o retiraba el Gobierno seg&uacute;n estuviese
+regido por amigos o enemigos pol&iacute;ticos. Y &eacute;l quiso y logr&oacute; intervenir
+activamente en la pol&iacute;tica, como diputado en varias legislaturas, y aun
+lleg&oacute; a Subsecretario de Estado, pero por muy poco tiempo y al favor de
+la Revoluci&oacute;n de Septiembre de 1868, tan gloriosa como fugaz. Ten&iacute;a,
+adem&aacute;s, algo de hacienda propia, heredada, en tierras de C&oacute;rdoba, con lo
+que a veces sal&iacute;a de apuros y otras se ve&iacute;a envuelto en obligaciones.
+Cas&oacute; ya cuarent&oacute;n con una joven a la que doblaba en edad y cuyo<span class="pagenum"><a name="page6" id="page6"></a></span>
+car&aacute;cter result&oacute; poco acordado a sus gustos. &laquo;Mi casa&mdash;escribe a un
+amigo&mdash;es el rigor de las desdichas. No me ha valido la posici&oacute;n que
+aqu&iacute; tengo (de embajador, en Lisboa), los dineros, tal vez m&aacute;s de lo
+conveniente, que gasto, ni nada, para que mi mujer est&eacute; alegre y
+satisfecha y no me muela.... En suma, yo estoy archifastidiado. No se
+case usted nunca. Raz&oacute;n tuvo la Iglesia cat&oacute;lica en establecer el
+celibato para los cl&eacute;rigos, y cl&eacute;rigos somos usted y yo&raquo; (Valera se
+dirig&iacute;a a Men&eacute;ndez Pelayo). Su vida fue, pues, movediza, con par&eacute;ntesis
+y alternativas, y a los giros de la biograf&iacute;a personal hay que sumar los
+grandes cambios que en la sociedad espa&ntilde;ola le toc&oacute; presenciar y
+compartir, desde el siniestro Fernando VII&mdash;naci&oacute; en 1824&mdash;a las
+frivolidades de don Alfonso XIII&mdash;muere en 1905&mdash;. Sufri&oacute;, adem&aacute;s,
+algunos pesares acerbos: la muerte de su hijo primog&eacute;nito y predilecto,
+cuando &eacute;l estaba lejos y solo, en Washington; el caso de una distinguida
+joven americana tan perdidamente enamorada, cuando &eacute;l ten&iacute;a cumplidos
+los sesenta a&ntilde;os, que se suicid&oacute; al abandonar Valera aquellas tierras.
+Y, sin embargo, creo dif&iacute;cil hallar en toda la literatura castellana un
+autor que pueda ofrecer tantas p&aacute;ginas risue&ntilde;as, divertidas y penetradas
+por un amor a la vida que anega las desventuras y limitaciones
+inevitables en una comprensi&oacute;n optimista que, al cabo, valora m&aacute;s la
+complacencia en lo realmente existente que en los defectos y ausencias
+que se echan de menos. No es que don Juan Valera fuese hombre bondadoso
+y contentadizo; por el contrario, sus dotes de cr&iacute;tico, su inteligencia
+penetrante e ir&oacute;nica fueron superlativas, aunque embozadas, porque el
+tiempo que le toc&oacute; vivir lo requer&iacute;a. Pero siempre el <i>panfilismo</i>&mdash;el
+&laquo;amor a todo&raquo;&mdash;, como &eacute;l dec&iacute;a, sobrenada en sus p&aacute;ginas. Y
+principalmente en su labor, tard&iacute;a, de novelista.</p>
+
+<p>Las novelas de Valera aparecen en dos etapas. En la primera, en los
+cinco a&ntilde;os que median entre 1874 y 1879, se publican <i>Pepita Jim&eacute;nez</i>,
+<i>Las ilusiones del doctor Faustino</i>, <i>El comendador Mendoza</i>, <i>Pasarse
+de listo</i> y <i>Do&ntilde;a Luz</i>, en una racha de excepcional intensidad; ten&iacute;a
+Valera por entonces entre cincuenta y cincuenta y cinco a&ntilde;os, y en la
+dedicatoria que antepuso a <i>El comendador Mendoza</i> figuran las
+confidencias que cit&eacute; al comienzo. De haber continuado a ese aire, don
+Juan Valera hubiese escrito tanto como Gald&oacute;s&mdash;el m&aacute;s grande de los
+novelistas espa&ntilde;oles, y no s&oacute;lo en cantidad&mdash;y su vida y su obra ser&iacute;an<span class="pagenum"><a name="page7" id="page7"></a></span>
+otras. Mas, a pesar del esfuerzo del autor y de la ben&eacute;vola aceptaci&oacute;n
+del p&uacute;blico, las cuentas dom&eacute;sticas no cuadraban, se acentuaba la
+&laquo;escasez de metales preciosos&raquo; y, al amparo de otra oportunidad, Valera
+volvi&oacute; a la diplomacia. Son los a&ntilde;os de Lisboa, Washington, Bruselas,
+Viena. En Viena cumplir&aacute; los setenta a&ntilde;os, pero al siguiente sale
+Sagasta y entra C&aacute;novas al Gobierno, y Valera se considero obligado a
+dimitir del que ser&iacute;a su &uacute;ltimo cargo. Vuelto a Madrid, de nuevo se pone
+seguidamente a escribir, o a dictar al amanuense cuando pierde la vista,
+y continuar&aacute; sin tregua hasta el fin de sus d&iacute;as. En esta &uacute;ltima etapa,
+su primer libro ser&aacute;, precisamente, Juanita la Larga (1895); luego
+<i>Genio y figura</i> (1897) y <i>Morsamor</i> (1899), adem&aacute;s de componer otros
+varios libros, y aun otra novela, de edici&oacute;n p&oacute;stuma e inacabada, <i>Elisa
+la malague&ntilde;a</i>.</p>
+
+<p>Las novelas fueron, pues, frutos tard&iacute;os en la vida de Valera y
+resultado de dos etapas distantes y relativamente breves. Sin embargo,
+su inspiraci&oacute;n no proced&iacute;a de factores azarosos ni circunstanciales. En
+rigor, y salvando las excepciones que lo confirman, cabe decir que una y
+otra vez Valera escribi&oacute; y reescribi&oacute; principalmente una sola novela, la
+biograf&iacute;a de un determinado tipo de mujer, situada en un ambiente que no
+procede de experiencias en tierras y con gentes extra&ntilde;as, ni siquiera en
+Madrid, sino el de su tierra natal, la ciudad de Cabra, y el municipio
+pr&oacute;ximo de Do&ntilde;a Menc&iacute;a; en ambos lugares es donde sus padres ten&iacute;an
+alguna propiedad y &eacute;l pas&oacute; en ellos su infancia y mocedad. Luego los
+visit&oacute; poco, pero abrig&oacute; siempre el prop&oacute;sito de retirarse a Cabra solo
+y con sus libros, a escribir y leer, y ocupar as&iacute; sus postrimer&iacute;as. Unas
+estancias con ocasi&oacute;n de la vendimia, en torno al a&ntilde;o 72, debieron
+refrescarle emociones y sucesos vividos, y de ese renacimiento de
+impresiones a&ntilde;ejas sali&oacute; precisamente la primera racha de sus novelas.
+Para la segunda bastaron los recuerdos. Otro elemento se reitera
+igualmente en sus novelas: el amor, dif&iacute;cil, entre el var&oacute;n bastante
+maduro y la mujer todav&iacute;a en agraz.</p>
+
+<p>Entre las p&aacute;ginas m&aacute;s felices de Valera figuran las que t&iacute;tulo La
+cordobesa, descripci&oacute;n y an&aacute;lisis precioso de la mujer de su tierra.
+Pues bien, el h&eacute;roe de sus novelas es precisamente una serie de
+cordobesas a las que vemos vivir en el marco andaluz y lugare&ntilde;o que les
+presta sus gracias y sus l&iacute;mites. Las novelas de Valera est&aacute;n llenas de
+detalles, sin duda observados en <span class="pagenum"><a name="page8" id="page8"></a></span>la realidad, y no s&oacute;lo detalles de
+objetos y lugares, sino de gentes y aun personas reales. Sin embargo,
+Valera, al explayarse en el plano te&oacute;rico, sol&iacute;a insistir en los
+ilimitados fueros de la fantas&iacute;a y en la postura del arte por el arte.
+Frente al naturalismo zolesco y frente a otros realismos m&aacute;s castizos,
+estimaba que la novela no ha de recluirse en lo veros&iacute;mil ni contener
+una intenci&oacute;n moralizante. Mediante esas afirmaciones amparaba, adem&aacute;s,
+a sus propias novelas, en las que presum&iacute;a de libre invenci&oacute;n y libres
+de tesis. Pero, aludiendo en particular a Juanita la Larga, escrib&iacute;a:
+&laquo;No s&eacute; si este libro es novela o no. Lo he escrito con poqu&iacute;simo arte,
+combinando recuerdos de mi primera mocedad y aun de mi ni&ntilde;ez, pasada en
+tal o cual lugar de la provincia de C&oacute;rdoba. A fin de tener libre campo
+en que fingir una acci&oacute;n, no determino el lugar en que la acci&oacute;n pasa e
+invento uno, d&aacute;ndole nombre supuesto; pero yo creo que los usos y
+costumbres, los caracteres, las pasiones y hasta los lances de mi relato
+han podido suceder, naturalmente, y tal vez han sucedido, siendo yo, en
+cierto modo, m&aacute;s bien historiador fiel y veraz que novelista rico de
+imaginaci&oacute;n y de inventiva. Si no fuese porque ahora est&aacute; muy de moda
+este g&eacute;nero de novelas, copia exacta de la realidad y no creaci&oacute;n del
+esp&iacute;ritu po&eacute;tico, yo dar&iacute;a poqu&iacute;simo valor a mi obra. No lo tiene
+tampoco porque trate de demostrar una tesis metaf&iacute;sica, psicol&oacute;gica,
+social, pol&iacute;tica o religiosa. Juanita la Larga no propende a demostrar
+ni demuestra cosa alguna. Su m&eacute;rito, si lo tuviese, ha de estar en que
+divierta.&raquo; Y todav&iacute;a agrega: &laquo;Mi libro puede considerarse como un espejo
+o reproducci&oacute;n fotogr&aacute;fica de nombres y de cosas de la provincia en que
+yo he nacido.&raquo; Es decir, que, al cabo, en esta obra de plena madurez,
+reconoce el predominio de la vena realista, pero mantiene que en ella no
+pretende demostrar nada oculto ni reservado.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, la aventura reiteradamente encarnada en ese determinado
+tipo de mujer que Valera, se complace en describir y animar constituye,
+a mi entender, una tesis y su viviente demostraci&oacute;n. Contra el pesimismo
+y el determinismo propios del naturalismo, Valera nos mostrar&aacute; un mundo
+en el que la libre decisi&oacute;n y el optimismo alcanzan el triunfo. Todas
+sus hero&iacute;nas tienen algo grave&mdash;a los ojos de la sociedad de su
+tiempo&mdash;que hacerse perdonar. Y lo que Valera nos muestra es, por as&iacute;
+decirlo, de lo que es capaz una mujer si tiene resoluci&oacute;n y buenas
+hechuras. Pobreza extrema y vileza de nacimiento cierran el <span class="pagenum"><a name="page9" id="page9"></a></span>horizonte
+de Juanita, hija de Juana la Larga, y le proh&iacute;ben, por ejemplo, vestirse
+de seda, mas se trata de una criatura ind&oacute;mita y... el lector va a verla
+actuar por s&iacute; mismo en las p&aacute;ginas que siguen, y no debo adelantarle las
+sorpresas que le esperan. Pero Valera profesaba ciertamente la religi&oacute;n
+del arte, y esa y otras tesis se hacen casi invisibles tras las
+peripecias de los personajes y la prosa admirable que constituye su
+sobrehaz y su atractivo.</p>
+
+<p>Es opini&oacute;n compartida&mdash;a la que, en esta oportunidad, me sumo&mdash;que
+<i>Juanita la Larga</i> es la mejor entre las novelas que escribi&oacute; Valera. La
+multiplicidad de los personajes con relieve en la trama, sin mengua del
+protagonismo de la hero&iacute;na; las sucesivas transformaciones de la
+situaci&oacute;n, que sin interrupci&oacute;n reinician y ampl&iacute;an la historia; el
+razonable reparto de bondad y malicia entre los que hacen el<span class="pagenum"><a name="page10" id="page10"></a></span>
+papel&mdash;inevitable&mdash;de buenos y malos; la perfecci&oacute;n que alcanzan algunos
+de los clis&eacute;s, ya ensayados por el autor en anteriores producciones, son
+algunas de entre las razones que lo justifican, y a las que me cabe
+aludir en las contadas l&iacute;neas de este pr&oacute;logo.</p>
+
+<span style="margin-left: 8em;"><i>PAULINO GARAGORRI</i></span>
+
+<hr />
+<h2><a name="I" id="I"></a>I</h2>
+<p><span class="pagenum"><a name="page11" id="page11"></a></span></p>
+
+<p>Cierto amigo m&iacute;o, diputado novel, cuyo nombre no pongo aqu&iacute; porque no
+viene al caso, estaba entusiasmad&iacute;simo con su distrito y singularmente
+con el lugar donde ten&iacute;a su mayor fuerza, lugar que nosotros
+designaremos con el nombre de Villalegre. Esta rica, aunque peque&ntilde;a
+poblaci&oacute;n de Andaluc&iacute;a, estaba muy floreciente entonces, porque sus
+f&eacute;rtiles vi&ntilde;edos, que a&uacute;n no hab&iacute;a destruido la filoxera, produc&iacute;an
+exquisitos vinos, que iban a venderse a Jerez para convenirse en
+jerezanos.</p>
+
+<p>No era Villalegre la cabeza del partido judicial, ni oficialmente la
+poblaci&oacute;n más importante del distrito electoral de nuestro amigo; pero
+cuantos all&iacute; ten&iacute;an voto estaban tan subordinados a un grande elector,
+que todos votaban un&aacute;nimes y, seg&uacute;n suele decirse, volcaban el <i>puchero</i>
+en favor de la persona que el gran elector designaba. Ya se comprende
+que esta unanimidad daba a Villalegre, en todas las elecciones, la m&aacute;s
+extraordinaria preponderancia.</p>
+
+<p>Agradecido nuestro amigo al cacique de Villalegre, que se llamaba don
+Andr&eacute;s Rubio, le pon&iacute;a por las nubes y nos le citaba como prueba y
+ejemplo de que la fortuna no es ciega y de que concede su favor a quien
+es digno de &eacute;l, pero con cierta limitaci&oacute;n, o sea sin salir del c&iacute;rculo
+en que vive y muestra su valer la persona afortunada.</p>
+
+<p>Sin duda, don Andr&eacute;s Rubio, si hubiera vivido en Roma en los primeros
+siglos de la era cristiana, hubiera sido un Marco Aurelio o un Trajano;
+pero como viv&iacute;a en Villalegre y en nuestra edad, se content&oacute; y se
+aquiet&oacute; con ser el cacique, o m&aacute;s bien el César o el emperador de
+Villalegre, donde ejerc&iacute;a mero y mixto imperio y donde le acataban todos
+obedeci&eacute;ndole gustosos.</p><p><span class="pagenum"><a name="page12" id="page12"></a></span></p>
+
+<p>El diputado novel, no obstante, ensalzaba m&aacute;s a otro sujeto del
+distrito, porque sin &eacute;l no se mostraba la omnipotencia bienhechora de
+don Andr&eacute;s Rubio. As&iacute; como Felipe II, Luis XIV, el papa Le&oacute;n X y casi
+todos los grandes soberanos han tenido un ministro favorito y constante,
+sin el cual tal vez no hubieran desplegado su maravillosa actitud ni
+hubieran obtenido la hegemon&iacute;a para su patria, don Andr&eacute;s Rubio ten&iacute;a
+tambi&eacute;n su ministro que, dentro del peque&ntilde;o c&iacute;rculo donde funcionaba,
+era un Bismarck o un Cavour. Se llamaba este personaje don Francisco
+L&oacute;pez y era secretario del Ayuntamiento, pero nadie le llamaba sino don
+Paco.</p>
+
+<p>Aunque hab&iacute;a cumplido ya cincuenta y tres a&ntilde;os, estaba tan bien
+conservado que parec&iacute;a mucho m&aacute;s joven. Era alto, enjuto de carnes, &aacute;gil
+y recio, con poqu&iacute;simas canas a&uacute;n, atusados y negros los bigotes y la
+barba, muy atildado y pulcro en toda su persona y traje, y con ojos
+zarcos, expresivos y grandes. No le faltaba ni muela ni diente, que los
+ten&iacute;a sanos, firmes y muy blancos e iguales.</p>
+
+<p>Pasaba don Paco por hombre de amen&iacute;sima y regocijada conversaci&oacute;n,
+salpicada de chistes con que hac&iacute;a re&iacute;r sin ofender mucho ni lastimar al
+pr&oacute;jimo, y por h&aacute;bil narrador de historias, porque conoc&iacute;a perfectamente
+la vida y milagros, los lances de amor y fortuna y la riqueza y la
+pobreza de cuantos seres humanos respiraban y viv&iacute;an en Villalegre y en
+veinte leguas a la redonda.</p>
+
+<p>Esto, en lo tocante al agrado. Para lo &uacute;til, don Paco val&iacute;a m&aacute;s: era un
+verdadero fact&oacute;tum. Como en el pueblo, si bien hab&iacute;a dos licenciados y
+tres doctores en Derecho, eran abogados <i>Peperris</i>, o sea, de secano,
+todos acud&iacute;an a don Paco, que r&aacute;bula y jurisperito, sab&iacute;a m&aacute;s de leyes
+que el que las invent&oacute;, y los ayudaba a componer o compon&iacute;a cualquier
+pedimento o alegato sobre negocio litigioso de alg&uacute;n empe&ntilde;o y cuant&iacute;a.</p>
+
+<p>El escribano era un zoquete, que hab&iacute;a heredado la escriban&iacute;a de su
+padre, y que sin las luces y la colaboraci&oacute;n de don Paco apenas se
+atrev&iacute;a a redactar ni testamento, ni contrato matrimonial, de
+arrendamiento o de compraventa, ni escritura de particiones. El alcalde
+y los concejales, r&uacute;sticos labradores, por lo com&uacute;n, a quienes don
+Andr&eacute;s Rubio hac&iacute;a elegir o nombrar, le estaban sometidos y devotos, y
+como no entend&iacute;an de reglamentos ni de disposiciones legales sobre
+administraci&oacute;n y hacienda, don Paco era quien repart&iacute;a las
+contribuciones y lo dispon&iacute;a todo. Cuidaba <span class="pagenum"><a name="page13" id="page13"></a></span>al mismo tiempo de la
+limpieza de la villa, de la conservaci&oacute;n de las Casas Consistoriales y
+dem&aacute;s edificios p&uacute;blicos y del buen orden y abastecimiento de la
+carnicer&iacute;a y de los mercados de granos, legumbres y frutas; y era tan
+campechano y dicharachero, que alcanzaba envidiable favor entre los
+hortelanos y verduleras, quienes sol&iacute;an enviar a su casa, para su
+regalo, seg&uacute;n la estaci&oacute;n, ya higos almibarados, ya tiernas lechugas, ya
+exquisitas ciruelas claudias o ya los melones m&aacute;s arom&aacute;ticos y dulces.</p>
+
+<p>El carnicero estaba con don Paco a partir un pi&ntilde;&oacute;n, y de seguro que si
+alguna becerrita se perniquebraba y hab&iacute;a que matarla, lo que es los
+sesos, la lengua y lo mejorcito del lomo no se presentaba en otra mesa
+sino en la de don Paco, a no ser en la de su hija, de quien hablaremos
+despu&eacute;s.</p>
+
+<p>Asombrosa era la actividad de don Paco, pero distaba mucho de ser
+est&eacute;ril. Con tantos oficios florec&iacute;a &eacute;l y medraba que era una bendici&oacute;n
+del Cielo, y aunque hab&iacute;a empezado en su mocedad por no poseer m&aacute;s que
+el d&iacute;a y la noche, hab&iacute;a acabado por ser propietario de buenas fincas.
+Pose&iacute;a dos hazas en el ruedo, de tres fanegas la una. La otra s&oacute;lo ten&iacute;a
+una fanega y cinco celemines; pero como all&aacute; en lo antiguo hab&iacute;a estado
+el cementerio en aquel sitio, la tierra era muy generosa y produc&iacute;a los
+garbanzos m&aacute;s mantecosos y m&aacute;s gordos y tiernos que se com&iacute;an en toda la
+provincia, y en cuya comparaci&oacute;n eran balines los celebrados garbanzos
+de Alfarnate. Pose&iacute;a tambi&eacute;n don Paco quince aranzadas de olivar, cuyos
+olivos no eran ningunos cantacucos, sino muy frondosos y que llevaban
+casi todos los a&ntilde;os abundante cosecha de aceitunas, siendo famosas las
+gordales, que &eacute;l hac&iacute;a ali&ntilde;ar muy bien, y que, seg&uacute;n los peritos en esta
+materia, sobrepujaban a las m&aacute;s sabrosas aceitunas de C&oacute;rdoba, tan
+celebradas ya en <i>La gatomaquia</i> por el F&eacute;nix de los Ingenios, Lope de
+Vega.</p>
+
+<p>Por &uacute;ltimo, pose&iacute;a don Paco la casa en que viv&iacute;a, donde no faltaban
+bodega con diez tinajas de las mejores de Lucena, un peque&ntilde;o lagar y una
+candiotera con m&aacute;s de veinte pipas entre chicas y grandes. Para llenar
+las pipas y las tinajas era don Paco due&ntilde;o de un hermoso majuelo, que
+casi ten&iacute;a seis fanegas de extensi&oacute;n; y aunque su producto no bastaba,
+sol&iacute;a &eacute;l comprar mosto en tiempo de la vendimia, o m&aacute;s bien comprar uva,
+que pisaba en el lagar de su casa.</p>
+
+<p>Era ésta de las buenas del pueblo, con corral donde hab&iacute;a muchas
+gallinas, y con patio enlosado y lleno de macetas de albahaca, brusco,
+ev&oacute;nimo, miramelindos, dompedros y otras flores.</p><p><span class="pagenum"><a name="page14" id="page14"></a></span></p>
+
+<p>Claro est&aacute; que para las faenas r&uacute;sticas del lagar, del trasiego del vino
+y de la confecci&oacute;n del aceite, hombres y bestias entraban por una
+puertecilla falsa que hab&iacute;a en el corral. En suma, la casa era tal y tan
+c&oacute;moda y se&ntilde;oril, que si la hubiera alquilado don Paco, en vez de
+vivirla, no hubiese faltado quien le diese por ella cuatrocientos reales
+al a&ntilde;o, limpios de polvo y paja, esto es, pagando la contribuci&oacute;n el
+inquilino.</p>
+
+<p>Menester es confesar que todo este florecimiento ten&iacute;a una terrible
+contra: la dependencia de don Andr&eacute;s Rubio, dependencia de que era
+imposible o por lo menos dificil&iacute;simo zafarse.</p>
+
+<p>Por &uacute;tiles y habilidosos que los hombres sean, y por muy aptos para
+todo, no se me negar&aacute; que rara vez llegan a ser de todo punto
+necesarios, singularmente cuando hay por cima de ellos un hombre de
+voluntad en&eacute;rgica y de incontrastable poder&iacute;o a quien sirven y de cuyo
+capricho y merced est&aacute;n como colgados. Don Andr&eacute;s Rubio hab&iacute;a, dig&aacute;moslo
+as&iacute;, hecho a don Paco; y as&iacute; como le hab&iacute;a hecho, pod&iacute;a deshacerle. No
+le faltar&iacute;an para ello persona o personas que reemplazasen a don Paco,
+reparti&eacute;ndose sus empleos, si una sola no era bastante a desempe&ntilde;arlos
+todos con igual eficacia y tino.</p>
+
+<p>Don Paco ten&iacute;a plena conciencia de lo que deb&iacute;a y de lo que pod&iacute;a
+esperar y temer a&uacute;n de don Andr&eacute;s; de suerte que tanto por gratitud
+cuanto por prudencia previsora, le serv&iacute;a con la mayor lealtad y celo y
+procuraba complacerle siempre. Don Paco, sin embargo, no recelaba mucho
+perder su elevada posici&oacute;n y su envidiable privanza. Adem&aacute;s de contar
+con su rar&iacute;simo m&eacute;rito, estaba agarrado a muy buenas aldabas.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="II" id="II"></a>II</h2>
+
+<p>Viudo hac&iacute;a ya m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, ten&iacute;a una hija de veintiocho, que
+hab&iacute;a sido la m&aacute;s real moza de todo el lugar, y que era entonces la
+se&ntilde;ora m&aacute;s elegante, empingorotada y guapa que en &eacute;l hab&iacute;a, culminando y
+resplandeciendo por su edad, por su belleza y por su aristocr&aacute;tica
+posici&oacute;n, como el sol en el meridiano. Hac&iacute;a ya diez a&ntilde;os que ella hab&iacute;a
+logrado cautivar la voluntad del m&aacute;s ilustre caballero del pueblo, del
+mayorazgo don Alvaro Roldán, con quien se hab&iacute;a casado y de quien hab&iacute;a
+tenido la friolera de siete robustos y florecientes v&aacute;stagos entre hijos
+e hijas.</p><p><span class="pagenum"><a name="page15" id="page15"></a></span></p>
+
+<p>El tal don Alvaro viv&iacute;a a&uacute;n con todo el aparato y la pompa que suelen
+desplegar los nobles lugare&ntilde;os. Su casa era la mejor que hab&iacute;a en
+Villalegre, con una puerta principal adornada, a un lado y a otro, de
+magn&iacute;ficas columnas de piedra berroque&ntilde;a, estriadas y con capiteles
+corintios. Sobre la puerta estaba el escudo de armas, de piedra tambi&eacute;n,
+donde figuraban leones y perros, calderas, barcos y castillos y multitud
+de monstruos y de otros objetos simb&oacute;licos que para los versados en la
+util&iacute;sima ciencia del blas&oacute;n daban claro testimonio de su antig&uuml;edad y
+sublimidad de su prosapia.</p>
+
+<p>Dec&iacute;an las malas lenguas, y en los lugares nunca faltan, que don Alvaro
+estaba atrasado, que ten&iacute;a hipotecadas algunas de sus mejores fincas y
+que deb&iacute;a bastante dinero; pero yo las supongo hablillas calumniosas,
+porque &eacute;l viv&iacute;a como si nada debiese. Le serv&iacute;an muchos criados,
+constantes unos y entrantes y salientes otros; y como era aficionad&iacute;simo
+a la caza, no le faltaban una jaur&iacute;a de galgos, podencos y pachones, y
+dos h&aacute;biles cazadores o escopetas negras, que sol&iacute;an acompa&ntilde;arle.</p>
+
+<p>En la casa hab&iacute;a jard&iacute;n, y adem&aacute;s un desmesurado corral&oacute;n, donde, para
+mayor recreo y gala, no se encerraban s&oacute;lo gallinas y pavos, sino, en
+apartados recintos, venados y corzos tra&iacute;dos vivos de Sierra Morena, y
+por &uacute;ltimo, amarrado a fuerte cadena de hierro, por temor a sus
+travesuras y ferocidades, un enorme mono que hab&iacute;a enviado de Marruecos
+un capit&aacute;n de Infanter&iacute;a, primo del se&ntilde;or.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s, que as&iacute; se llamaba la hija de don Paco, venerada esposa de
+don Alvaro Roldán, ten&iacute;a tambi&eacute;n muchos costosos caprichos de varios
+g&eacute;neros. Se vest&iacute;a con lujo y elegancia no comunes en los lugares;
+sustentaba canarios, loros y cotorras; era golos&iacute;sima y delicada de
+paladar, y los mejores platos de carne y los almíbares m&aacute;s apetitosos se
+com&iacute;an en su mesa. El chocolate, que se elaboraba en su casa dos veces al
+a&ntilde;o, gozaba de nombradía en toda la comarca.</p>
+
+<p>Como don Alvaro Roldán estaba ausente m&aacute;s de la mitad del tiempo, ya
+cazando conejos, perdices y liebres, ya en distantes monter&iacute;as, ya en
+las ferias m&aacute;s concurridas de los cuatro reinos andaluces, do&ntilde;a In&eacute;s se
+quedaba sola, pero ten&iacute;a para distraerse varios recursos, adem&aacute;s de la
+lectura de libros serios.</p>
+
+<p>Su criada favorita, llamada Serafina, era una verdadera joya, lo que se
+llama un estuche. Sab&iacute;a tocar la guitarra rasgueando y de punteo;
+cantaba como una calandria, tanto las melanc&oacute;licas <span class="pagenum"><a name="page16" id="page16"></a></span>playeras como el
+regocijado fandango. Su memoria era rico arsenal o archivo de coplas,
+tiernas o picantes, en que la casta musa popular no siempre merec&iacute;a el
+mencionado calificativo con que algunos la designaban.</p>
+
+<p>No se entienda por esto que do&ntilde;a In&eacute;s gustase de conversaciones libres y
+escabrosas. Cuanto no era l&iacute;cito y puro en el pensamiento y en la
+palabra ofend&iacute;a sus o&iacute;dos de austera matrona; pero en un lugar hay que
+sufrir tales libertades o hay que aparentar que no se oyen. El propio
+don Alvaro no era nada mirado en el hablar, ni menos a&uacute;n lo eran las
+personas que le rodeaban. Valga para ejemplo cierto mozo, de unos quince
+a&ntilde;os de edad, hijo del aperador y favorito de don Alvaro, que este ten&iacute;a
+siempre en casa para que entretuviese a los ni&ntilde;os. Como el aperador era
+Calvo de apellido, al mozo le apellidaban Calvete. Y para que se vea lo
+mucho que hubo de sufrir en ocasiones la pulcritud de do&ntilde;a In&eacute;s, he de
+citar un caso que de Calvete me han referido.</p>
+
+<p>Antes que cumpliese dos a&ntilde;os el primog&eacute;nito de los Roldanes, logr&oacute;
+Calvete ense&ntilde;arle a pronunciar con la mayor perfecci&oacute;n cierto vocablo de
+tres s&iacute;labas en que hay una aspiraci&oacute;n muy fuerte. Encantado con su
+triunfo pedag&oacute;gico, corri&oacute; por toda la casa gritando como un loco:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or don Alvaro! &iexcl;Ya lo dice claro! &iexcl;El se&ntilde;orito lo dice claro!</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s se disgust&oacute; y rabi&oacute;, pero don Alvaro qued&oacute; m&aacute;s encantado que
+Calvete y le dio en albricias un dobl&oacute;n de a cuatro duros, despu&eacute;s que
+el ni&ntilde;o dijo delante de &eacute;l la palabreja y &eacute;l admir&oacute; el aprovechamiento y
+la precocidad del disc&iacute;pulo y la virtud did&aacute;ctica del maestro.</p>
+
+<p>Amigas ten&iacute;a pocas do&ntilde;a In&eacute;s, porque casi todas las hidalguillas y
+labradoras de la poblaci&oacute;n estaban muy por bajo de ella en
+entendimiento, ilustraci&oacute;n, finura y riqueza.</p>
+
+<p>Quien m&aacute;s acompa&ntilde;aba, por consiguiente, en su soledad a la se&ntilde;ora do&ntilde;a
+In&eacute;s era el cacique don Andr&eacute;s Rubio, embobado con el afable trato de
+ella y cautivo de su discreci&oacute;n y de su hermosura. Daba esto ocasi&oacute;n a
+que los maldicientes supusiesen y dijesen mil picard&iacute;as. Pero &iquest;qui&eacute;n en
+este mundo est&aacute; libre de una mala lengua y de un testigo falso? &iquest;C&oacute;mo la
+gente grosera de un lugar ha de comprender la amistad refinada y
+plat&oacute;nica de dos esp&iacute;ritus selectos? El se&ntilde;or cura p&aacute;rroco era de los
+pocos que verdaderamente la comprend&iacute;an, y as&iacute; encontraba muy bien
+aquella amistad, y acaso daba gracias a Dios de que existiese, porque
+redundaba <span class="pagenum"><a name="page17" id="page17"></a></span>en bien de los pobres y de la iglesia, a quien do&ntilde;a In&eacute;s y
+don Andr&eacute;s, puestos de acuerdo, hac&iacute;an muchos presentes y limosnas.</p>
+
+<p>Era el cura p&aacute;rroco un fraile exclaustrado de Santo Domingo, muy severo
+en su moral, muy religioso y muy amigo del orden, de la disciplina y del
+respeto a la jerarqu&iacute;a social. Casi siempre en sus pl&aacute;ticas, en sus
+conversaciones particulares y en los sermones, que predicaba con
+frecuencia porque era excelente predicador, clamaba mucho contra la
+falta de religi&oacute;n y contra la impiedad que va cundiendo por todas
+partes, con lo cual los ricos pierden la caridad y los pobres la
+resignaci&oacute;n y la paciencia, y en unos y en otros germinan y fermentan
+los vicios, las malas pasiones y las peores costumbres.</p>
+
+<p>El padre Anselmo, que as&iacute; se llamaba el cura p&aacute;rroco, admiraba de buena
+fe a la se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s como a un modelo de profunda fe religiosa y de
+distinci&oacute;n aristocr&aacute;tica. Era el tipo ideal realizado de la gran se&ntilde;ora,
+tal como &eacute;l se la imaginaba. Ni siquiera le faltaban a do&ntilde;a In&eacute;s
+ocasiones en que ejercitar las raras virtudes del prudente disimulo para
+no dar esc&aacute;ndalos, de la santa conformidad con la voluntad de Dios y de
+la longanimidad benigna para perdonar las ofensas. Bien sab&iacute;a toda la
+gente del lugar los malos pasos en que don Alvaro Roldán sol&iacute;a andar
+metido. A menudo, sobre todo en las ferias, jugaba al monte y hasta al
+ca&ntilde;&eacute;; y lo que es peor, era tan desgraciado o tan torpe, que casi
+siempre perd&iacute;a. Para consolarse apelaba a un lastimoso recurso: gustaba
+de empinar el codo, y aunque ten&iacute;a un vino regocijado y manso, siempre
+era grand&iacute;simo tormento para una dama tan en sus puntos tener a su lado
+y como compa&ntilde;ero a un borracho.</p>
+
+<p>Por &uacute;ltimo, aquel empecatado de don Alvaro, aunque ten&iacute;a tan egregia y
+bella esposa, se dejaba llevar a menudo de las m&aacute;s villanas
+inclinaciones, y en una o en otra de sus dos magn&iacute;ficas caser&iacute;as alojaba
+con mal disimulado recato a alguna daifa, por lo com&uacute;n forastera, que
+hab&iacute;a conocido y con quien hab&iacute;a simpatizado, ya en esta feria, ya en la
+otra.</p>
+
+<p>Como se ve, don Alvaro distaba mucho de ser un modelo de perfecci&oacute;n. El
+padre Anselmo no ignoraba sus extrav&iacute;os, contribuyendo esto a hacer m&aacute;s
+respetable a sus ojos a la prudente y sufrida se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Era tal la distinci&oacute;n aristocr&aacute;tica de do&ntilde;a In&eacute;s, que, sin poder
+remediarlo, hasta en su padre encontraba cierta vulgar ordinariez que la
+aflig&iacute;a no poco; pero como do&ntilde;a In&eacute;s ten&iacute;a muy presentes <span class="pagenum"><a name="page18" id="page18"></a></span>los
+mandamientos de la Ley de Dios y los observaba con exactitud rigurosa,
+nunca dejaba de honrar a su padre como deb&iacute;a, si bien procuraba honrarle
+desde lejos y no verle con frecuencia, a fin de no perder las ilusiones.</p>
+
+<p>En suma, don Andr&eacute;s el cacique era la &uacute;nica persona que por naturaleza
+estaba a la altura de do&ntilde;a In&eacute;s y era capaz de comprenderla y admirarla.
+Y digo por naturaleza, porque el padre Anselmo, aunque por naturaleza
+era entendido, estaba, adem&aacute;s, tan ayudado y tan ilustrado con la gracia
+de Dios, que comprend&iacute;a como nadie el valor y las excelencias de do&ntilde;a
+In&eacute;s, y era muy digno de su trato familiar, teniendo con ella
+piados&iacute;simos coloquios, en los cuales se desataba contra la abominable
+corrupci&oacute;n de nuestro siglo y contra la blasfema incredulidad que
+prevalece en el d&iacute;a y que se va apoderando de todos los esp&iacute;ritus.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="III" id="III"></a>III</h2>
+
+<p>Sin el menor artificio he presentado ya a mis personajes, a varios de
+los personajes principales que han de figurar en la presente historia;
+pero me quedan dos todav&iacute;a, de los cuales conviene dar previamente
+alguna noticia.</p>
+
+<p>Don Paco, seg&uacute;n hemos dicho, era un hombre enciclop&eacute;dico, de varias
+aptitudes y habilidades; la mano derecha del cacique y la subordinada
+inteligencia que hac&iacute;a que en el lugar la soberana voluntad del cacique
+se respetase y cumpliese.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a, sin embargo, en Villalegre otra persona, que en m&aacute;s peque&ntilde;a
+esfera y en m&aacute;s reducidos t&eacute;rminos, si no compet&iacute;a, se acercaba mucho al
+m&eacute;rito de don Paco por la multitud de sus conocimientos y habilidades y
+por lo hacendosa y lista que era.</p>
+
+<p>Hablo aqu&iacute; de la famos&iacute;sima Juana la Larga. Imposible parece que esta
+mujer atinase a hacer bien tantas cosas diversas. Ella trabajaba mucho,
+pero no se ha de negar que con fruto. Ten&iacute;a casa propia, sin lagar y sin
+bodega, pero en lo restante casi tan buena como la de don Paco. Carec&iacute;a
+de olivares y de vi&ntilde;as, pero hab&iacute;a hecho algunos ahorrillos, que, seg&uacute;n
+la voz p&uacute;blica, pasaban de doce mil reales, y que iban creciendo como la
+espuma, porque los ten&iacute;a dados a r&eacute;dito a personas muy de fiar, y al
+diez por ciento al a&ntilde;o, porque como era mujer muy temerosa de Dios, de
+muy estrecha conciencia y muy caritativa, no quer&iacute;a pasar por usurera.</p><p><span class="pagenum"><a name="page19" id="page19"></a></span></p>
+
+<p>En sus diferentes oficios, Juana la Larga ganaba por t&eacute;rmino medio, y
+seg&uacute;n los c&aacute;lculos m&aacute;s juiciosos, sobre ocho reales al d&iacute;a, o d&iacute;gase
+cerca de tres mil cada a&ntilde;o. Y esto sin contar las adehalas, propinas,
+regalos y obsequios que recib&iacute;a a menudo. Bien es verdad que todo y m&aacute;s
+se lo merec&iacute;a ella.</p>
+
+<p>Nadie era m&aacute;s a prop&oacute;sito para dirigir una matanza de cerdos. Salaba los
+jamones con singular habilidad. El adobo con que preparaba los lomos
+antes de fre&iacute;rlos en manteca era sabroso y delicad&iacute;simo, y te&ntilde;&iacute;a la
+manteca de un rojo dorado que hechizaba la vista, daba delicado perfume
+y despertaba el apetito de la persona m&aacute;s desganada cuando entraba por
+sus narices y por sus ojos. Sus longanizas, morcillas, morcones y
+embuchados dejaban muy atr&aacute;s a lo mejor que en este g&eacute;nero se condimenta
+en Extremadura. Y ten&iacute;a tan h&aacute;bil mano para todo que hasta cuando
+derret&iacute;a las mantecas sacaba los m&aacute;s saladitos y crujientes chicharrones
+que se han comido nunca. As&iacute; es que los labradores ricos y otras
+personas desahogadas y de buen gusto se disputaban a Juana la Larga para
+que fuese a la casa de ellos a hacer la matanza.</p>
+
+<p>En lo tocante a reposter&iacute;a no era nada inferior; y casi todo el a&ntilde;o, y
+particularmente en tres solemnes &eacute;pocas, no sab&iacute;a ella c&oacute;mo acudir a las
+mil partes adonde la llamaban: antes de Pascua de Navidad, a fin de
+confeccionar las chucher&iacute;as y delicadezas que las personas pudientes y
+sibar&iacute;ticas suelen entonces mandar hacer para su regalo; por ejemplo,
+los hojaldres y las c&eacute;lebres empanadas con boquerones y picadillo de
+tomate y cebolla que se toman por all&iacute; con el chocolate. Hac&iacute;a, tambi&eacute;n,
+como nadie, tortillas de az&uacute;car y polvorones que se dejaban muy atr&aacute;s a
+los tan encomiados de Mor&oacute;n; roscos de huevo y de vino, y mucha variedad
+de bizcochos y de alm&iacute;bares.</p>
+
+<p>Si Juana no hubiera sabido tanto de otras cosas, se hubiera podido
+asegurar que era una especialidad maravillosa para las frutas de sart&eacute;n;
+de modo que en los d&iacute;as que preceden a la Semana Santa no daba paz a la
+mano ni a la mente, acudiendo a las casas de los hermanos mayores de las
+cofrad&iacute;as para hacer las esponjosas hojuelas, los gajorros y los
+exquisitos pesti&ntilde;os, que se deshac&iacute;an en la boca y con los cuales se
+regalaban los ap&oacute;stoles, los nazarenos, el santo rey David y todos los
+dem&aacute;s profetas y personajes gloriosos del Antiguo y del Nuevo Testamento
+que figuraban en las deliciosas procesiones que por all&iacute; se estilan.</p>
+
+<p>No estaba ociosa Juana ni carec&iacute;a de conveniente habilidad para
+emplearla en la estaci&oacute;n de la vendimia. Sus arropes no ten&iacute;an <span class="pagenum"><a name="page20" id="page20"></a></span>rival en
+toda aquella provincia, y lo mismo puede decirse de sus excelentes
+gachas de mosto. En oto&ntilde;o, por ser cuando se dan los mejores frutos, se
+castran las colmenas y est&aacute; fresca la miel, se empleaba Juana en hacer
+carne de membrillo y de manzana, gran variedad de turrones y leg&iacute;timo y
+esponjado pi&ntilde;onate, cuyos gruesos y dorados granos quedaban ligados con
+la olorosa miel bien batida.</p>
+
+<p>Fuera de esto, Juana se pintaba sola para disponer cualquier pipiripao o
+banquete que deb&iacute;a o quer&iacute;a dar alg&uacute;n se&ntilde;or del pueblo, ya con ocasi&oacute;n
+de boda o bautizo, ya para obsequiar al diputado, al se&ntilde;or gobernador o
+al propio obispo si ven&iacute;a a visitar la villa.</p>
+
+<p>Y no se crea que Juana sab&iacute;a s&oacute;lo hacer los guisos locales, sino que
+tambi&eacute;n hab&iacute;a importado y a&ntilde;adido a la cocina ind&iacute;gena no pocos platos
+forasteros de m&aacute;s o menos remotos pa&iacute;ses, entre las cuales platos o
+manjares descollaban los celeb&eacute;rrimos bizcochos de yema, que s&oacute;lo hac&iacute;an
+unas monjas de Ecija, de cuyo secreto tradicional no se comprende por
+qu&eacute; arte o ma&ntilde;a prodigiosa ella hab&iacute;a sabido apoderarse. Confeccionaba,
+por &uacute;ltimo, varios platos de origen franc&eacute;s, cuyos nombres enrevesados
+hab&iacute;an venido a modificarse poni&eacute;ndose de acuerdo con la pronunciaci&oacute;n
+espa&ntilde;ola. As&iacute;, por ejemplo, chuletas a la <i>balsamela</i>, lenguados
+<i>inglatines</i> y angulas fritas con salmorejo t&aacute;rtaro.</p>
+
+<p>No era todo esto lo m&aacute;s admirable. Lo m&aacute;s admirable era que Juana, sobre
+ser la m&aacute;s sabia cocinera y repostera del lugar, era tambi&eacute;n su primera
+modista.</p>
+
+<p>Casi siempre ten&iacute;a una o dos oficialas que cos&iacute;an para ella, y ella
+cortaba vestidos con tanto arte y primor como Worth o la Doucet en la
+capital de Francia.</p>
+
+<p>Las se&ntilde;oras y se&ntilde;oritas m&aacute;s pudientes y aficionadas al lujo acud&iacute;an,
+pues, a Juana para sus trajes de empe&ntilde;o, cuando hab&iacute;a que lucirlos ya en
+una boda, ya en una feria o ya en el baile que sol&iacute;a darse en las
+Consistoriales el d&iacute;a del Santo Patr&oacute;n.</p>
+
+<p>Juana, por &uacute;ltimo, no era s&oacute;lo sabia y operosa en las artes del deleite,
+sino que ejerc&iacute;a tambi&eacute;n, aunque no estaba examinada ni ten&iacute;a t&iacute;tulo, un
+menester o profesi&oacute;n de la m&aacute;s alta importancia social.</p>
+
+<p>Era perit&iacute;sima y agil&iacute;sima para ayudar a cualquier mujer en los m&aacute;s
+duros trances de Lucina, y muchas se confiaban y se entregaban a ella,
+porque jam&aacute;s se le hab&iacute;a desgraciado ninguna criatura, y porque la madre
+como no fuese muy enclenque, a los seis <span class="pagenum"><a name="page21" id="page21"></a></span>o siete d&iacute;as de salir de su
+cuidado estaba ya en pie, y a menudo iba a misa, y si se presentaba la
+ocasi&oacute;n bailaba el bolero.</p>
+
+<p>Con todas estas habilidades y excelencias, Juana la Larga no pod&iacute;a menos
+de ser querida y estimada en Villalegre, consiguiendo que su severa y
+m&aacute;s alta sociedad o <i>high-life</i> le hubiese perdonado un desliz o
+tropiezo que tuvo en sus mocedades.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="IV" id="IV"></a>IV</h2>
+
+<p>En el momento en que va a empezar la acci&oacute;n de esta verdadera historia,
+Juana tendr&iacute;a unos cuarenta a&ntilde;os muy cumplidos, si bien conservaba a&uacute;n
+restos de su antigua belleza, que hab&iacute;a sido notable cuando ella ten&iacute;a
+veinte a&ntilde;os; pero como entonces era muy pobre y no hab&iacute;a descubierto ni
+mostrado sus grandes habilidades, no encontr&oacute;, a pesar de su m&eacute;rito,
+novio que le acomodase, y tuvo que permanecer soltera.</p>
+
+<p>A lo que se cuenta, cierto oficial de Caballer&iacute;a que vino por aquellos
+lugares a comprar caballos para la Remonta, y que era guap&iacute;simo y muy
+gracioso y divertido, se enamor&oacute; de Juana y logr&oacute; enamorarla. No se sabe
+si le dio palabra de casamiento o no se la dio; pero lo cierto es que el
+bueno del oficial tuvo que irse a la guerra civil, que ard&iacute;a en las
+Provincias Vascongadas, y all&iacute; le mat&oacute; una bala carlista, que le
+agujere&oacute; el cr&aacute;neo y se le entr&oacute; en los sesos.</p>
+
+<p>Juana qued&oacute;, pues, semiviuda. P&oacute;stuma o no p&oacute;stuma, tuvo una ni&ntilde;a
+preciosa, a quien dieron en la pila bautismal el mismo nombre que a su
+madre. El vulgo a&ntilde;adi&oacute; despu&eacute;s al nombre el mismo ep&iacute;teto, por donde
+esta ni&ntilde;a, que ser&aacute; la principal hero&iacute;na de nuestra historia, vino a ser
+apellidada Juanita la Larga.</p>
+
+<p>Su madre la cri&oacute; con gran cari&ntilde;o y esmero, sin recatarse y sin disimular
+que ella era su hija, lo cual hubiera sido en aquel lugar, donde todo se
+sab&iacute;a, el m&aacute;s in&uacute;til de los disimulos. Juana cri&oacute;, pues, a sus pechos a
+Juanita; siempre la llamaba hija, y Juanita desde que empez&oacute; a hablar,
+llamaba a Juana madre a boca llena.</p>
+
+<p>Esto era considerado como una gran desverg&uuml;enza entre las personas
+severas del lugar, que clamaban contra el esc&aacute;ndalo y mal ejemplo; pero
+poco a poco todos se fueron acostumbrando, y al cabo de algunos a&ntilde;os
+nada parec&iacute;a m&aacute;s natural ni m&aacute;s justo sino que Juanita fuese hija de
+Juana, a la cual no faltaron <span class="pagenum"><a name="page22" id="page22"></a></span>tampoco defensores, ya razonables, ya
+fervorosos, que alababan el cari&ntilde;o y la devoci&oacute;n maternal de la madre a
+la hija, y que cuando eran algo maldicientes no dejaban de comparar a
+Juana con otras que pasaban por honrad&iacute;simas y que hasta ten&iacute;an la
+insolencia de presumir de casi santas. De ellas se murmuraba, con m&aacute;s o
+menos fundamento, que hab&iacute;an tenido tambi&eacute;n fruto, y no de bendici&oacute;n,
+del cual se hab&iacute;an desprendido o envi&aacute;ndole a la Inclusa o sabe Dios o
+el diablo de qu&eacute; otra manera.</p>
+
+<p>El ep&iacute;teto de Larga dado a Juanita no era s&oacute;lo por herencia; sino que
+era tambi&eacute;n por conquista.</p>
+
+<p>Juanita, a los diecisiete a&ntilde;os, hab&iacute;a espigado tanto, que era la moza
+m&aacute;s alta y m&aacute;s esbelta que hab&iacute;a en el lugar. Algo de la sangre belicosa
+del oficial de Caballer&iacute;a se hab&iacute;a infundido en ella, y la crianza libre
+y hombruna que hab&iacute;a recibido hab&iacute;a desarrollado su agilidad y sus
+br&iacute;os. Cuando andaba ten&iacute;a un aire marcial, al par que gracioso; corr&iacute;a
+como un gamo; tiraba pedradas con tanto tino que mataba los gorriones, y
+de un brinco se plantaba sobre el lomo del mulo m&aacute;s resabiado o del
+potro m&aacute;s cerril. Y no a horcajadas, porque esto no lo consent&iacute;a su
+decoro y su est&eacute;tica natural e inconsciente, sino sentada, lo cual es
+m&aacute;s dif&iacute;cil; hac&iacute;a trotar y galopar a la bestia, espole&aacute;ndola con los
+talones o azot&aacute;ndola con el extremo del ronzal o de la j&aacute;quima, cuando
+la ten&iacute;a y no iba a pelo, sin brida ni rienda de ninguna clase.</p>
+
+<p>Los primeros a&ntilde;os de la mocedad de Juanita hab&iacute;an sido dificultosos,
+porque su madre no hab&iacute;a alcanzado a&uacute;n la extraordinaria reputaci&oacute;n de
+que despu&eacute;s gozaba, no ten&iacute;a el bienestar y la riqueza de que ya hemos
+hablado.</p>
+
+<p>Juanita no fue nunca a la miga, pero su madre le ense&ntilde;&oacute; a coser y a
+bordar primorosamente; y el maestro de escuela, que le tom&oacute; mucho
+cari&ntilde;o, la ense&ntilde;&oacute; a leer y a escribir gratis en sus ratos de ocio.</p>
+
+<p>Desde que tuvo nueve a&ntilde;os, Juanita fue de grande auxilio a su madre, que
+hasta mucho m&aacute;s tarde no se dio el lujo de tener una sirvienta.</p>
+
+<p>Juanita barr&iacute;a y aljofifaba, fregaba los platos, enjalbegaba algunos
+cuartos y la fachada de la casa, que era la m&aacute;s limpia de la poblaci&oacute;n,
+y hasta agarraba su cantarillo e iba por agua a la milagrosa fuente del
+ejido, cuyo ca&ntilde;o vert&iacute;a un chorro tan grueso como el brazo de un hombre
+robusto, siendo tal la abundancia del agua, que con ella se regaban
+much&iacute;simas huertas y se hac&iacute;an <span class="pagenum"><a name="page23" id="page23"></a></span>frondosos, amenos y deleitables los
+alrededores de Villalegre, contribuyendo no poco a que la villa
+mereciese este nombre.</p>
+
+<p>El agua, adem&aacute;s, era exquisita por su transparencia y pureza, como
+filtrada por entre rocas de los cercanos cerros, y ten&iacute;a muy grato sabor
+y muy saludables condiciones. La gente del pueblo le atribu&iacute;a, por
+&uacute;ltimo, algunas prodigiosas cualidades, calific&aacute;ndola de muy <i>vinagreta</i>
+y de muy <i>triguera</i>. Quer&iacute;a significar con esto que el arriero que
+compraba en Villalegre vinagre de yema, por lo com&uacute;n muy fuerte, llenaba
+s&oacute;lo dos tercios de la cavidad de la corambre, y la acababa de llenar
+por la ma&ntilde;ana temprano, antes de emprender su viaje, mitigando y
+suavizando con el agua de la fuente la fortaleza y acritud del l&iacute;quido,
+y gan&aacute;ndose as&iacute;, desde luego, un treinta y tres por ciento, aunque
+vendiese el vinagre al mismo precio en que lo hab&iacute;a comprado.</p>
+
+<p>Era tambi&eacute;n <i>triguera</i> el agua de la fuente, porque sus raras cualidades
+consent&iacute;an, aunque era dif&iacute;cil operaci&oacute;n y que deb&iacute;a hacerse con gran
+sigilo, que vali&eacute;ndose de una escoba de palma enana, se rociase con ella
+el trigo que se iba a vender, dej&aacute;ndolo expuesto al sol para que se
+secase. As&iacute; el trigo recib&iacute;a mejor sabor, y aunque por fuera quedaba
+seco, guardaba por dentro algo del l&iacute;quido, y se esponjaba y crec&iacute;a en
+peso y en volumen.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a esta fuente ten&iacute;a otro m&eacute;rito y prestaba otro notable servicio,
+porque, adem&aacute;s de un gran pilar en que iban a beber y beb&iacute;an todas las
+bestias de carga y de labor y los toros, vacas y bueyes, y adem&aacute;s de
+otro pilar bajo, que sol&iacute;a ser abrevadero del ganado lanar y de cerda,
+llenaba con sus cristalinas ondas un espacioso alberc&oacute;n cercado de muros
+que lo ocultaban a la vista de los transe&uacute;ntes, adonde iban las mujeres
+a lavar la ropa, remangadas las enaguas hasta los muslos y metidas en el
+agua hasta la rodilla, como por all&iacute; es uso, aun en el rigor del
+invierno. Frondosos y gigantescos &aacute;lamos negros y pinos y mimbreras
+circundan la fuente y hacen aquel sitio umbr&iacute;o y deleitoso. Al pie de
+los mejores &aacute;rboles hay poyos hechos de piedra y de barro y cubiertos de
+losas, en los cuales suelen sentarse los caballeros y las se&ntilde;oras que
+salen de paseo. Casi todas las tardes se arma all&iacute; tertulia y grata
+conversaci&oacute;n, siendo los m&aacute;s constantes el escribano, el boticario,
+nuestro don Paco y el se&ntilde;or cura, quien al toque de oraciones recita el
+<i>Angelus Domini</i>, al que responden todos quit&aacute;ndose el sombrero y
+santigu&aacute;ndose y persign&aacute;ndose.</p>
+
+<p>En torno del pilar charlan las mozas que vienen por agua, cada cual con
+su cantarillo, y suelen hacer el papel de Rebecas <span class="pagenum"><a name="page24" id="page24"></a></span>con cuantos arrieros
+Eliezeres acuden all&iacute; para que beban, si no sus camellos, sus mu&iacute;as y
+sus borricos. Tambi&eacute;n al lado y dentro del alberc&oacute;n, y a poca distancia
+de &eacute;l, donde hay un vallado o seto vivo de zarzamoras, granados y
+madreselvas, que limita y defiende las huertas, y sobre el cual seto se
+pone a secar la ropa lavada, se extiende y dilata la tertulia
+democr&aacute;tica y popular con mucha charla, risotadas, jaleos y retozos,
+pues no faltan nunca zagalones y hasta hombres ya maduros que acuden por
+all&iacute; atra&iacute;dos por las muchachas, como acuden los gorriones al trigo.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="V" id="V"></a>V</h2>
+
+<p>Juana la Larga, seg&uacute;n queda indicado, gracias a su constante actividad,
+buen orden y econom&iacute;a, en todo lo cual su hija la ayudaba con
+inteligencia y celo, hab&iacute;a mejorado de posici&oacute;n y de fortuna. Ten&iacute;a una
+criada muy trabajadora, que barr&iacute;a y fregaba, y bajo la direcci&oacute;n de las
+se&ntilde;oras guisaba tambi&eacute;n, dejando a estas el tiempo libre para ejercer
+sus lucrativos oficios. El oficio principal de Juanita era coser y
+bordar, para lo cual hab&iacute;a desplegado aptitud superior a la de su madre.</p>
+
+<p>Juanita no ten&iacute;a que emplearse en m&aacute;s bajas ocupaciones. Sin embargo,
+ora fuese por candorosa coqueter&iacute;a, o sea por deseo de lucir la
+gallard&iacute;a de su persona, deseo de que no se daba cuenta, ora porque
+Juanita necesitase del ejercicio corporal y de mostrar y desplegar la
+energ&iacute;a de su sana naturaleza, Juanita, aun cumplidos ya los diecisiete
+a&ntilde;os, gustaba de ir por agua a la fuente del ejido, allan&aacute;ndose a veces,
+a pesar de la desahogada posici&oacute;n de su madre y de ella, a ir al
+alberc&oacute;n a lavar alguna ropa, cuando la ropa era fina y tem&iacute;a ella, o
+aparentaba temer, que manos m&aacute;s rudas que las suyas la estropeasen.</p>
+
+<p>La verdad era que esto de ir al alberc&oacute;n y a la fuente, m&aacute;s que fatiga
+era recreo y solaz para Juanita, la cual divert&iacute;a a las otras muchachas
+con sus agudos dichos y felices ocurrencias, las hac&iacute;a re&iacute;r a casquillo
+quitado y gozaba de popularidad y favor entre ellas.</p>
+
+<p>Era ya Juanita una guapa moza en toda la extensi&oacute;n de la palabra. Las
+faenas caseras no hab&iacute;an estropeado sus lindas y bien torneadas manos, y
+ni el sol ni el aire hab&iacute;an bronceado su tez trigue&ntilde;a. Su pelo negro,
+con reflejos azules, estaba bien cuidado y limpio. No pon&iacute;a en &eacute;l ni
+aceite de almendras dulces ni blandurilla <span class="pagenum"><a name="page25" id="page25"></a></span>de ninguna clase, sino agua
+sola con alguna infusi&oacute;n de hierbas olorosas para lavarlo mejor. Lo
+llevaba recogido muy alto, sobre el colodrillo, en trenza, que, atada
+luego, formaba un mo&ntilde;o en figura de dos tri&aacute;ngulos equil&aacute;teros, que se
+tocaban en uno de los v&eacute;rtices.</p>
+
+<p>Como Juanita dec&iacute;a que &laquo;cabeza loca no quiere toca&raquo;, casi siempre iba a
+la fuente sin pa&ntilde;uelo en la cabeza, luciendo as&iacute; el primor y la
+pulcritud de su peinado y dejando ver lo bien plantada que estaba la
+cabeza sobre su airoso cuello, s&oacute;lo sombreado por algunos ricillos
+menudos que se sustra&iacute;an a la cautividad en que ten&iacute;a el mo&ntilde;o los m&aacute;s
+largos cabellos. Por delante, recogido el pelo, dejaba ver la tersa
+frente, recta y chiquita, y sobre las sienes ten&iacute;a grandes rizos
+sostenidos con horquillas que llaman por all&iacute; <i>caracoles</i>, por debajo de
+los cuales hab&iacute;a una suave patillita, que no fijaba contra la cara con
+zaragatona o pepitas de membrillo, como hacen otras muchachas, sino que
+dejaba flotar libremente en vagas sortijas o m&aacute;s bien alcayatas donde
+colgar corazones.</p>
+
+<p>La misma libertad en que se hab&iacute;a criado, y el constante ejercicio
+corporal, ya en &uacute;tiles faenas, ya en juegos m&aacute;s de muchacho que de ni&ntilde;a,
+hab&iacute;an hecho que Juanita, aunque no ten&iacute;a la santa ignorancia ni hab&iacute;a
+vivido con el recogimiento que recomiendan y procuran otras madres
+celosas, no hubiese pensado todav&iacute;a en cosas de amor. Era buscada,
+requebrada y solicitada por no pocos mozos; pero, brava y arisca, sab&iacute;a
+despedir hu&eacute;spedes, imponer respeto y tener a raya a los m&aacute;s atrevidos.</p>
+
+<p>S&oacute;lo se le conoc&iacute;a una inclinaci&oacute;n que desde la ni&ntilde;ez persist&iacute;a en ella
+con constancia; pero esta inclinaci&oacute;n, al menos por su parte, m&aacute;s que de
+afecto amoroso ten&iacute;a trazas de fraternal cari&ntilde;o. Quien lo inspiraba,
+comparti&eacute;ndolo sin duda por menos inocente estilo, era Anto&ntilde;uelo, el
+hijo del maestro herrador y sobrino del cacique, quien ten&iacute;a en el lugar
+muy humilde parentela.</p>
+
+<p>Anto&ntilde;uelo era un mocet&oacute;n gentil y robusto, muy simp&aacute;tico, aunque de
+cortos alcances, y decidido para todo, y singularmente para admirar a
+Juanita, a quien consideraba y respetaba, sometiendo a ella toda su
+voluntad como por virtud de fascinaci&oacute;n o de hechizos.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="VI" id="VI"></a>VI</h2>
+
+<p>Entregado don Paco a sus constantes y diversos quehaceres, no o no hab&iacute;a
+pensado en casarse por segunda vez, sino que nunca <span class="pagenum"><a name="page26" id="page26"></a></span>hab&iacute;a tenido
+amor&iacute;os, o, al menos, si alguno hab&iacute;a tenido, hab&iacute;a sido con tan
+maravilloso recato, que nadie se hab&iacute;a enterado de ello en Villalegre,
+lo cual es una inverosimilitud extraordinaria, porque en aquel lugar
+apenas hab&iacute;a persona, y menos a&uacute;n si era de tanta importancia y viso
+como don Paco, que pudiera hacer o decir cosa alguna que no se supiese.
+Hasta los mismos pensamientos se adivinaban all&iacute;, se divulgaban y se
+comentaban, como el pensador no pensase con mucho disimulo y muy para
+dentro. Debemos, pues, creer que don Paco no hab&iacute;a tenido amor&iacute;os, a no
+ser muy ef&iacute;meros y livianos, y que ni siquiera, durante su larga viudez,
+hab&iacute;a pensado en semejante cosa.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a, sin embargo, notable aptitud y tino para conocer y admirar la
+belleza femenina, y hac&iacute;a ya meses que, casi sin reparar en ello y muy
+involuntariamente, cuando estaba de tertulia con el escribano y el
+boticario y con otros se&ntilde;ores en los poyos que hab&iacute;a junto a la fuente,
+sus ojos se fijaban con amorosa delectaci&oacute;n en Juanita la Larga, que a&uacute;n
+sol&iacute;a venir a llenar su c&aacute;ntaro y a estar all&iacute; de charla con las otras
+muchachas mientras que le llegase su turno.</p>
+
+<p>Indudablemente, don Paco hab&iacute;a empezado a sentir hacia Juanita viva
+inclinaci&oacute;n, que era dif&iacute;cil de dominar; pero se le pas&oacute; bastante tiempo
+sin dar muestra exterior de que la sent&iacute;a, anhelando acaso ocult&aacute;rsela a
+s&iacute; mismo por razones que &eacute;l se daba.</p>
+
+<p>Fundado en la propia modestia, que le hac&iacute;a formar un pobre concepto de
+su persona, hallaba que con sus cincuenta y tres a&ntilde;os, treinta y seis
+m&aacute;s que Juanita, no pod&iacute;a ya enamorar a la muchacha, la cual o
+desde&ntilde;ar&iacute;a su cari&ntilde;o o s&oacute;lo por inter&eacute;s se mover&iacute;a a corresponderle.
+Pensaba luego que Juanita, aunque en aparente libertad, estaba muy
+vigilada por su madre, y como madre e hija viv&iacute;an con cierto desahogo,
+no era de presumir que, si &eacute;l tuviese intenciones pecaminosas, ellas
+cediesen, sino que en todo caso ceder&iacute;an <i>in facie Ecclesiae</i> y llevando
+al cura por delante.</p>
+
+<p>La idea de casamiento aterrorizaba a don Paco, y no porque en absoluto
+le repugnase estar casado, sino porque su hija, la se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s, le
+inspiraba un entra&ntilde;able cari&ntilde;o, mezclado de terror, y porque ella era
+tan imperiosa como brava, y sin duda se pondr&iacute;a hecha una furia del
+Averno si su padre le diese madrastra, sobre todo de tan ruin posici&oacute;n,
+y si a los siete nietos que ella le hab&iacute;a dado, y a los que calculaba
+que podr&iacute;an venir todav&iacute;a persistiendo ella en su actitud productora,
+quitase &eacute;l la esperanza de heredar el majuelo, el olivar y la casa, y de
+gozar en vida <span class="pagenum"><a name="page27" id="page27"></a></span>suya de no poco de lo que &eacute;l fuese granjeando con sus
+varias artes. Temblaba don Paco de incurrir en el enojo de su hija, y
+aunque temblaba principalmente por el mismo enojo, no dejaba de recelar
+sus malas consecuencias.</p>
+
+<p>Bien conoc&iacute;a &eacute;l que no hab&iacute;a en el lugar una persona, ni varias juntas,
+que pudieran reemplazarle con &eacute;xito en sus diferentes empleos; pero el
+mundo no estaba yermo ni falto de hombres de Estado r&uacute;sticos, los cuales
+podr&iacute;an buscarse y traerse de fuera del lugar para que a &eacute;l le
+reemplazaran. Y bien conoc&iacute;a tambi&eacute;n que su hija era punto menos que
+omnipotente, porque ten&iacute;a subyugadas ambas potestades, la temporal y la
+espiritual.</p>
+
+<p>El padre Anselmo la ten&iacute;a por una santa y por una doctora, y cuanto ella
+dec&iacute;a era para &eacute;l, sin poderlo remediar, un leg&iacute;timo corolario de los
+Evangelios y de las Ep&iacute;stolas. El padre Anselmo ser&iacute;a capaz de
+excomulgar a quien ella le mandase. Y en lo tocante al brazo secular,
+era evident&iacute;simo que do&ntilde;a In&eacute;s le ten&iacute;a sujeto a sus caprichos y que
+aplastar&iacute;a con todo su peso a quien ella quisiese.</p>
+
+<p>Don Paco, en esta disposici&oacute;n de &aacute;nimo, razonablemente motivada, aunque
+no hemos de negar que &eacute;l era dulce, pac&iacute;fico y algo d&eacute;bil de car&aacute;cter,
+adelantaba en su imaginaci&oacute;n los casos futuros, y presuponi&eacute;ndose ya
+prendado de Juanita, declarado y aceptado, ve&iacute;a un tropel de males que
+sal&iacute;an del coraz&oacute;n enfurecido de do&ntilde;a In&eacute;s como de nueva caja de
+Pandora.</p>
+
+<p>Pesaban tanto en su esp&iacute;ritu estas consideraciones, que, notando que su
+afici&oacute;n oculta iba creciendo, procuraba, o m&aacute;s bien se propon&iacute;a huir de
+la vista de Juanita, no pasar por su calle para no verla en el portal o
+asomada a la ventana; y no ir a la tertulia de los poyetes, bajo los
+&aacute;lamos, para no tener que admirarla cuando charlaba con las dem&aacute;s
+zagalonas o con los mozos en la fuente del ejido, o cuando sub&iacute;a o
+bajaba gallardamente, con el c&aacute;ntaro apoyado en la cadera, por la
+cuestecilla que se extiende desde la fuente hasta el lugar.</p>
+
+<p>A pesar de sus prudentes prop&oacute;sitos de retraimiento, una fuerza, al
+parecer superior a su voluntad, le llevaba a veces a pasar por delante
+de la casa de Juanita m&aacute;s de lo que era necesario, a ir a la iglesia
+cuando &eacute;l sab&iacute;a que iba a ella con su madre a misa o a sus devociones, y
+a acudir a la tertulia de los poyetes casi todas las tardes.</p>
+
+<p>Para Juanita, que se hab&iacute;a pasado todo el d&iacute;a cosiendo y bordando <span class="pagenum"><a name="page28" id="page28"></a></span>en
+casa, era pretexto solaz o de paseo el ir casi al anochecer a la fuente
+por agua. Su madre encontraba que en la posici&oacute;n algo se&ntilde;oril,
+desahogada y decorosa en que ya imaginaba hallarse, y atendido el
+desenvolvimiento f&iacute;sico de Juanita, que hab&iacute;a llegado a transformarse de
+muchachuela en una magn&iacute;fica y real moza, no estaba bien y era darse
+poqu&iacute;simo tono el ir por agua a la fuente como la m&aacute;s plebeya y humilde
+pelafustana. Pero a Juanita le divert&iacute;a este ejercicio, y ten&iacute;a una
+voluntad ind&oacute;mita. A las observaciones que su madre le hac&iacute;a daba o&iacute;dos
+de mercader; acariciaba a su madre para vencer su oposici&oacute;n y disipar su
+disgusto, y segu&iacute;a yendo a la fuente a pesar de todas las observaciones.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="VII" id="VII"></a>VII</h2>
+
+<p>Una tarde del mes de mayo, Juanita se entretuvo en la fuente en larga y
+alegre conversaci&oacute;n con otras muchachas.</p>
+
+<p>Ya anochecido sub&iacute;a con su c&aacute;ntaro lleno por la cuesta, que en aquel
+momento estaba sola.</p>
+
+<p>La tertulia de los poyetes sol&iacute;a, en primavera y en verano, durar hasta
+las &aacute;nimas, hora en que los tertulianos se retiraban para cenar y
+acostarse.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a don Paco hab&iacute;a estado haciendo esfuerzos o, como si dij&eacute;ramos,
+gimnasia con su voluntad para no ir a la tertulia y ver a Juanita. La
+lucha entre su voluntad razonable y su inclinaci&oacute;n hab&iacute;a durado
+bastante. Al fin, la voluntad sometida llev&oacute;, aunque tarde, a la
+tertulia de los poyetes a toda la persona de don Paco.</p>
+
+<p>La pícara casualidad hizo que al bajar don Paco subiese Juanita, seg&uacute;n
+hemos dicho.</p>
+
+<p>Era ya de noche. El cielo estaba despejado, pero sin luna. Las
+estrellas, si resplandec&iacute;an en el &eacute;ter infinito, vert&iacute;an muy d&eacute;bil luz
+sobre la tierra. Acrecentaban la oscuridad, en el punto en que ambos se
+encontraron, algunos frondosos &aacute;rboles que all&iacute; hab&iacute;a y el alto vallado
+de zarzamoras y de otros arbustos que se extend&iacute;a a un lado y a otro por
+casi todo el camino.</p>
+
+<p>Juanita era muy distra&iacute;da e iba adem&aacute;s pensando en sus travesuras de
+muchacha. Don Paco era tambi&eacute;n distra&iacute;do. El mismo no sab&iacute;a en qu&eacute;
+estaba pensando. Era, adem&aacute;s, algo corto de vista.</p>
+
+<p>Lo cierto es que no repararon uno en otro al venir en opuestas
+<span class="pagenum"><a name="page29" id="page29"></a></span>direcciones, ni oyeron el ruido de los pasos. Chocaron, pues, y se
+dieron un buen empell&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Caramba, hombre&mdash;dijo Juanita&mdash;, mire usted por d&oacute;nde va y no camine a
+ciegas; por poco me tira el c&aacute;ntaro.</p>
+
+<p>Don Paco, que conoci&oacute; a Juanita por la voz, contest&oacute; con mucha dulzura:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Perdona, hija m&iacute;a! &iquest;Te he hecho da&ntilde;o? Ella, que tambi&eacute;n conoci&oacute; a don
+Paco en seguida, replic&oacute; riendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; da&ntilde;o me ha de haber hecho usted? Pues qu&eacute;, &iquest;soy yo acaso de
+alfe&ntilde;ique?</p>
+
+<p>&mdash;No, hija. Bien s&oacute;lida y firme me pareces. Si en algo eres de
+alfe&ntilde;ique, no es por lo quebradiza, sino por lo dulce.&mdash;Entonces ser&eacute;
+turr&oacute;n de Alicante: dulce, pero duro.</p>
+
+<p>&mdash;Y vaya si me ha parecido duro.</p>
+
+<p>&mdash;Si advirti&oacute; usted dureza, hablar&aacute; s&oacute;lo de su dulzura por adivinanza.</p>
+
+<p>&mdash;Pues qu&eacute;, &iquest;no podr&iacute;a yo probarla?</p>
+
+<p>&mdash;Ya est&aacute; usted viejo, don Paco, y no podr&iacute;a meterle el diente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues te equivocas, que yo no estoy tan viejo, y tengo los dientes tan
+cabales y fuertes, que si se tratase de mordiscos, hasta en una piedra
+los dar&iacute;a. Pero yo no quiero emplear contigo sino m&aacute;s blandas y amorosas
+demostraciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ea, quite usted all&aacute;, se&ntilde;or don Paco! &iquest;Qu&eacute; demostraciones ha de hacer
+usted, si puede ser mi abuelo?</p>
+
+<p>Y como don Paco segu&iacute;a plantado delante ataj&aacute;ndole el camino, Juanita
+continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, d&eacute;jeme usted pasar. Si parece usted un espantajo. &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a la
+gente si le ve y le oye hablar aqu&iacute; y requebrar en la oscuridad a una
+mocita? Capaz ser&aacute; de decir que ha perdido usted la chaveta y que no
+sirve para secretario del Ayuntamiento y consejero de don Andr&eacute;s.</p>
+
+<p>Don Paco se apart&oacute; entonces y dej&oacute; pasar a Juanita; pero en vez de
+dirigirse hacia la fuente, se volvi&oacute;, sigui&eacute;ndola, hacia el lugar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hace usted, se&ntilde;or? &iquest;Por qu&eacute; no va a su tertulia? Todav&iacute;a est&aacute;n en
+los poyetes el se&ntilde;or cura, el boticario y el escribano. V&aacute;yase usted a
+hablar con ellos.</p>
+
+<p>&mdash;Ya es tarde, pronto se volver&aacute; y desisto de ir hasta all&iacute;. Prefiero
+volver charlando contigo.</p><p><span class="pagenum"><a name="page30" id="page30"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y de qu&eacute; hemos de charlar nosotros? Yo no s&eacute; decir sino tonter&iacute;as. No
+he le&iacute;do los libros y papeles que usted lee, y como no le hable de los
+guisos que mi madre hace o de mis bordados y costuras, no s&eacute; de qu&eacute;
+hablar a su merced.</p>
+
+<p>&mdash;Hablame de lo que hablas a Anto&ntilde;uelo cuando est&aacute;s con &eacute;l de palique.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no s&eacute; lo que es palique, ni s&eacute; si estoy o no estoy a veces de
+palique con Anto&ntilde;uelo. Lo que s&eacute; es que yo no puedo decir a su merced
+las cosas que a &eacute;l le digo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; le dices?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues no quiere usted saber poco! Ni el padre Anselmo, que es mi
+confesor, pregunta tanto.</p>
+
+<p>&mdash;Algo de muy interesante y misterioso tendr&aacute; lo que dices a Anto&ntilde;uelo,
+cuando ni al padre Anselmo se lo confiesas.</p>
+
+<p>&mdash;No se lo confieso porque no es pecado, que si fuera pecado se lo
+confesar&iacute;a. Y no se lo cuento tampoco, porque a &eacute;l no le importa nada, y
+a usted debe importarle menos que a &eacute;l.</p>
+
+<p>A todo esto, como iban a buen paso ambos interlocutores, hab&iacute;an ya
+subido la cuesta y se hallaban en el altozano, a la entrada del lugar,
+donde est&aacute;n la iglesia parroquial y las primeras casas.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jeme su merced ahora&mdash;dijo Juanita&mdash;y no venga, con perjuicio de su
+autoridad, acompa&ntilde;ando a una chicuela que lleva un c&aacute;ntaro. &iexcl;Pues no se
+enojar&iacute;a poco la se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s, que tiene tantos humos, si viese a su
+se&ntilde;or padre sirviendo de escolta, no a una princesa como ella, sino a
+una pobrecita trabajadora!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a de decir? Dir&iacute;a que yo te estaba encomendando alg&uacute;n
+trabajo.</p>
+
+<p>&mdash;No es &eacute;sta hora ni ocasi&oacute;n para eso, y, por otra parte, no es a m&iacute;,
+sino a mi madre, a quien los trabajos se encargan. Acuda usted a ella si
+algo quiere encargar.</p>
+
+<p>Y diciendo esto, apresur&oacute; el paso, hizo a don Paco un gesto imperativo,
+marc&aacute;ndole la calle por donde deb&iacute;a irse y ella se fue por otra que
+formaba &aacute;ngulo recto con la que don Paco deb&iacute;a seguir.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h2>
+
+<p>Mucho cavil&oacute; don Paco sobre aquel di&aacute;logo, midiendo e interpretando la
+palabras de Juanita.</p>
+
+<p>Le hab&iacute;a llamado abuelo, pero con amable risa. Todos los <span class="pagenum"><a name="page31" id="page31"></a></span>hombres,
+abuelos y nietos, solemos promet&eacute;rnoslas felices y casi siempre nos
+inclinamos a dar la m&aacute;s favorable interpretaci&oacute;n a cuanto dicen las
+mujeres que pretendemos.</p>
+
+<p>No se pod&iacute;a dudar, por ser cuesti&oacute;n de una ciencia tan exacta como la
+aritm&eacute;tica, que &eacute;l hubiera podido ser el abuelo de Juanita. Don Paco
+hac&iacute;a este c&aacute;lculo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo tengo cincuenta y tres a&ntilde;os. De diecisiete a cincuenta y tres van
+treinta y seis; a los diecinueve a&ntilde;os bien pude yo haber tenido una
+hija, y esta hija bien pudo haberse casado y tener a Juanita a los
+diecisiete.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s sumaba don Paco:</p>
+
+<p>&mdash;Diecinueve m&aacute;s diecisiete, m&aacute;s otros diecisiete que tiene Juanita
+ahora, son cincuenta y tres, que es mi edad; luego muy descansadamente
+pudiera ser yo el abuelo de esa pícara muchacha. <i>Eppur</i>, <i>si
+muove</i>&mdash;prosegu&iacute;a, pues era hombre erudito hasta cierto punto, sab&iacute;a un
+poco de italiano porque hab&iacute;a o&iacute;do cantar muchas &oacute;peras y conoc&iacute;a las
+palabras que se atribuyen a Galileo, as&iacute; como varias otras sentencias
+expresadas en la lengua de Dante; verbigracia: <i>Chi va piano, va sano e
+va lontano</i>.</p>
+
+<p>La primera sentencia, aplicada a su situaci&oacute;n, quer&iacute;a significar que &eacute;l,
+a pesar de poder ser el abuelo de Juanita, quer&iacute;a y pod&iacute;a ser otra cosa
+muy diferente; y la segunda sentencia, que tambi&eacute;n recordaba don Paco,
+quer&iacute;a significar que &eacute;l deb&iacute;a ir con tiento, con pies de plomo y sin
+precipitarse, porque no se gan&oacute; Zamora en una hora y porque la muchacha
+no era muy arisca en el fondo, ni, probablemente, tan firme y dura de
+entra&ntilde;as como, merced al encontr&oacute;n que hab&iacute;a tenido con ella, le
+constaba que era de firme y dura en su juvenil superficie. Adem&aacute;s, las
+esperanzas, lejos de desvanecerse, crec&iacute;an en su pecho, hall&aacute;ndose m&aacute;s
+inveros&iacute;mil abuelo que inveros&iacute;mil amante. Para corroborar esta
+lisonjera afirmaci&oacute;n, se contemplaba don Paco en el espejo en que sol&iacute;a
+afeitarse, el cual, aunque era peque&ntilde;o, no lo era tanto que no reflejase
+casi toda su persona. El exclamaba al verla, como el pastor Corid&oacute;n de
+Virgilio o como el Marramaquiz, de Lope:</p>
+
+<div class="center">&iexcl;Pues no soy tan feo!</div><br />
+
+<p>Y, verdaderamente, no era feo don Paco, ni parec&iacute;a viejo tampoco.</p>
+
+<p>A las &uacute;ltimas palabras de Juanita les dio don Paco una interpretaci&oacute;n
+lisonjera, pero acaso m&aacute;s comprometida de lo que &eacute;l deseaba.</p><p><span class="pagenum"><a name="page32" id="page32"></a></span></p>
+
+<p>Al indicarle la muchacha que hablase con su madre y que le encargase la
+obra de costura que ella deb&iacute;a hacer, &iquest;no estaba claro que Juanita se
+mostraba propicia a entrar en cierto g&eacute;nero de relaciones, aunque no a
+hurto, sino a sabiendas y con benepl&aacute;cito de la autoridad materna?</p>
+
+<p>Como quiera que fuese, don Paco, sinti&eacute;ndose prendado de Juanita, se
+allanaba a pasar por todo; pero se propuso, como hombre prudente, no
+aventurarse m&aacute;s de lo necesario y no soltar prenda por lo pronto.</p>
+
+<p>A que &eacute;l entrase en relaciones serias con Juanita y conducentes a la
+<i>buena fin</i> se opon&iacute;an dos consideraciones: era la primera la excesiva,
+sospechosa e &iacute;ntima familiaridad que ten&iacute;a Juanita con Anto&ntilde;uelo, el
+hijo del herrador, y era la segunda la casi seguridad del furioso enojo
+de do&ntilde;a In&eacute;s cuando llegase a saber que &eacute;l ten&iacute;a un compromiso serio con
+Juanita. Do&ntilde;a In&eacute;s inspiraba a su padre terror p&aacute;nico, y siempre trataba
+de huir de su enojo como de una espada desnuda.</p>
+
+<p>Su decidida afici&oacute;n a la muchacha saltaba, no obstante, por encima de
+los obst&aacute;culos, como un corcel generoso salta la valla que se le ha
+puesto para atajar su carrera.</p>
+
+<p>En resoluci&oacute;n, combatido don Paco por harto contrarios sentimientos,
+aunque se propuso no desistir de la empresa que hab&iacute;a formado de manera
+muy vaga, se propuso tambi&eacute;n proceder con la mayor cautela y ser lo m&aacute;s
+ladino que pudiese, aunque en estos negocios no le suced&iacute;a como en los
+negocios del Municipio, y el ser ladino no era su fuerte.</p>
+
+<p>As&iacute; discurriendo, pas&oacute; don Paco revista a su ropa blanca. Vio que s&oacute;lo
+ten&iacute;a media docena de camisas bastante estropeadas y con muchos
+zurcidos. Y como esto era muy poco para &eacute;l, persona de extremado aseo,
+que, &iexcl;cosa rara en un peque&ntilde;o lugar!, se pon&iacute;a limpia tres veces a la
+semana, decidi&oacute; que estaba justificad&iacute;simo el mandar que le hiciesen
+media docena de camisas nuevas, que le hac&iacute;an much&iacute;sima falta, &iquest;Y qui&eacute;n
+hab&iacute;a de hacerlas mejor que Juanita, que era la costurera m&aacute;s h&aacute;bil de
+Villalegre? &iquest;Y qui&eacute;n hab&iacute;a de cortarlas mejor que su madre, la cual, lo
+mismo que con el mango de la sart&eacute;n en la izquierda y la paleta en la
+diestra, era una mujer inspirada con las tijeras en la mano y con
+cualquier tela extendida sobre la mesa y marcada ya art&iacute;sticamente con
+l&aacute;piz o con jaboncillo de sastre?</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, decidido ya don Paco, acudi&oacute; muy de ma&ntilde;ana a casa de
+Juana la Larga, y le mand&oacute; hacer seis hermosas camisas <span class="pagenum"><a name="page33" id="page33"></a></span>de madapol&aacute;n con
+pu&ntilde;os y pechera de hilo, ajust&aacute;ndolas a treinta reales cada una. Para
+ganarse la voluntad y excitar el celo de ambas Juanas, les llev&oacute; don
+Paco, envuelto en un pa&ntilde;uelo y sin que los profanos viesen lo que
+llevaba, un cestillo lleno de fresas, fruta muy rara en el lugar, y para
+mayor esplendidez sac&oacute;, adem&aacute;s, del bolsillo del holgado chaquet&oacute;n que
+sol&iacute;a vestir a diario, nada menos que tres bollos del exquisito
+chocolate que sol&iacute;a hacer do&ntilde;a In&eacute;s en su casa, y del cual hab&iacute;a
+regalado a su padre una docena de bollos de cuatro onzas cada uno.</p>
+
+<p>Juana la Larga, que era muy golosa y muy aficionada a que la
+obsequiasen, acept&oacute; el presente con gratitud y complacencia; pero como
+no era larga solamente de cuerpo, sino que lo era tambi&eacute;n de previsi&oacute;n,
+y, si vale decirlo as&iacute;, de olfato mental, al punto oli&oacute; y cal&oacute; la
+intenciones que don Paco tra&iacute;a y sobre las cuales hab&iacute;a ya sospechado
+algo.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="IX" id="IX"></a>IX</h2>
+
+<p>Reza el refr&aacute;n, que honra y provecho no caben en un saco; pero Juana la
+Larga, sobre ser honrada, rayando su honradez en austeridad para que se
+borrase la mala impresi&oacute;n de sus deslices juveniles, era adem&aacute;s, una
+matrona llena de discreci&oacute;n y de juicio, y sab&iacute;a que el mencionado
+refr&aacute;n se equivocaba a menudo. Para ella, en el caso que se le acababa
+de presentar, en vez de no caber en un saco, el provecho no pod&iacute;a ser
+sin la honra, y la honra ten&iacute;a que producir naturalmente el provecho.</p>
+
+<p>Si Juanita se dejaba camelar a tontas y a locas, se expon&iacute;a a dar al
+traste con su reputaci&oacute;n y a ser el blanco de las m&aacute;s feroces
+murmuraciones y a perder siempre la esperanza de hallar un buen marido.
+Y todo ello por unas cuantas chucher&iacute;as y regalillos de mala muerte.
+Mientras que si Juanita acertaba a ser r&iacute;gida sin disgustar y ahuyentar
+al pretendiente, pero sin otorgarle tampoco el menor favor de
+importancia antes que el cura diese en la iglesia el pasaporte para los
+favores, convirti&eacute;ndolos en actos de deber y cargas de justicia, harto
+posible era que don Paco se emberrenchinase hasta tal punto que entrase
+por el aro, rompiendo todo el tejido de dificultades que al aro pusiesen
+do&ntilde;a In&eacute;s y otras personas, y elevando a Juanita a ser leg&iacute;timamente la
+se&ntilde;ora del personaje m&aacute;s importante del lugar, despu&eacute;s de don Andr&eacute;s
+Rubio, el cacique.</p><p><span class="pagenum"><a name="page34" id="page34"></a></span></p>
+
+<p>Con tales pensamientos en la mente, a par que con notable destreza, y
+desarrollando la cinta que estaba enrollada en una carretilla, tom&oacute;
+Juana a don Paco las medidas convenientes. Estuvo con &eacute;l m&aacute;s dulce que
+una arrop&iacute;a, y aunque le dijo que no ten&iacute;a que venir a su casa para
+probarse la primera camisa, porque cuando estuviese medio hecha o
+hilvanada se la enviar&iacute;a para la prueba, le convid&oacute; a que algunas
+noches, de nueve a once, cuando no tuviese nada mejor que hacer,
+viniese, s&iacute; quer&iacute;a, un rato de tertulia a su casa, porque ni ella ni
+Juanita gustaban de acostarse temprano, y aunque estaban casi siempre
+solas, velaban hasta las doce. Juanita cos&iacute;a o bordaba; pero como esto
+se hace con las manos, su lengua quedaba expedita y charlaba m&aacute;s que una
+cotorra.</p>
+
+<p>&mdash;Yo&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a Juana la Larga&mdash;no coso ni bordo de noche, porque tengo la
+vista perdida, y as&iacute; estoy mano sobre mano o paso las cuentas de m&iacute;
+rosario y rezo. Si alguna vez est&aacute; usted de mal humor, podemos echar
+juntos cuatro o cinco manos de tute, que yo s&eacute; que a usted le agrada. A
+m&iacute; me agrada tambi&eacute;n, pero mi mala suerte y mis cortos medios no me
+permiten jugarlo m&aacute;s que a real cada juego. Y aun as&iacute;, si se le da a una
+muy mal, bien puede perder veinte o treinta reales en una noche, como
+quien no quiere la cosa.</p>
+
+<p>Ya se comprende que don Paco acept&oacute; el convite y fue de tertulia a casa
+de Juana; al principio, de cuando en cuando; al cabo de poco tiempo,
+todas las noches. Casi siempre jugaba al tute y perd&iacute;a. Sus p&eacute;rdidas
+pod&iacute;an evaluarse, una noche con otra, en una peseta diaria. Todo, no
+obstante, lo daba don Paco por bien empleado.</p>
+
+<p>Las camisas estuvieron pronto concluidas y don Paco qued&oacute; muy
+satisfecho. En la vida se hab&iacute;a puesto otras que mejor le sentasen.</p>
+
+<p>No las hubiera hecho m&aacute;s lindas el camisero m&aacute;s acreditado de Par&iacute;s. Las
+lustrosas pecheras no hac&iacute;an una arruga; los cuellos eran derechos, a la
+diplom&aacute;tica, y los pu&ntilde;os muy bonitos y para los botones que en el d&iacute;a se
+estilan, Juana le regal&oacute;, en compensaci&oacute;n de los muchos regalos que de
+&eacute;l recib&iacute;a, un par de botones preciosos de plata sobredorada que merc&oacute;
+en la tienda del <i>Murciano</i>, tienda bien abastecida, y donde, seg&uacute;n
+dicen por all&iacute;, hab&iacute;a de cuanto Dios cri&oacute; y de cuanto puede imaginar,
+forjar, tejer y confeccionar la industria humana: naipes, f&oacute;sforos,
+telas de seda, lana y algod&oacute;n, especier&iacute;a, quesos, garbanzos y
+habichuelas, ajonjol&iacute;, matalah&uacute;va y otras semillas. Casi eran los &uacute;nicos
+<span class="pagenum"><a name="page35" id="page35"></a></span>art&iacute;culos que all&iacute; faltaban las carnes de vaca y de carnero y toda la
+pasmosa variedad de sabrosos productos que resultan de la matanza y
+sacrificio de los cerdos.</p>
+
+<p>Ya estuviesen hablando don Paco y Juana, ya estuviesen jugando al tute,
+Juanita rara vez suspend&iacute;a su costura o su bordado; pero, sin
+suspenderlos, sol&iacute;a tomar parte en la conversaci&oacute;n del modo m&aacute;s
+agradable. Nadie ven&iacute;a a interrumpir esta tertulia de los tres, salvo
+Anto&ntilde;uelo, que escamaba mucho a don Paco y le llenaba de sobresalto y de
+mal humor.</p>
+
+<p>Crec&iacute;a este de punto porque mientras que don Paco estaba jugando al tute
+y Juana le acusaba las cuarenta, Anto&ntilde;uelo se sentaba muy cerca de
+Juanita, en el otro extremo de la sala donde ella cos&iacute;a, y ambos
+cuchicheaban con mucha animaci&oacute;n y en voz tan baja, que don Paco no
+pod&iacute;a pescar ni palabra de lo que dec&iacute;an. Con esto se pon&iacute;a como sobre
+ascuas y muy alborotado y triste, sin que para ocultarlo le valiese el
+disimulo.</p>
+
+<p>Entonces don Paco jugaba peor: sol&iacute;a tener rey y caballo del mismo palo
+y se le olvidaba acusar veinte, o bien, si Juana le jugaba un oro y &eacute;l
+ten&iacute;a el as o el tres, se lo guardaba y no lo echaba. As&iacute; es que las
+noches en que ven&iacute;a Anto&ntilde;uelo a la tertulia, sobre la desaz&oacute;n que daba a
+don Paco, le hac&iacute;a perder un par de pesetas y hasta tres a veces.</p>
+
+<p>Viniese o no viniese Anto&ntilde;uelo a la tertulia, Juana la Larga estaba
+siempre presente. Don Pablo no hallaba modo de hablar a solas con
+Juanita, ni de abandonar a la madre e imitar a Anto&ntilde;uelo enred&aacute;ndose en
+cuchicheos con la hija.</p>
+
+<p>Alguna vez que lo intent&oacute;, hablando bajo a Juanita, esta le contest&oacute;
+alto, haciendo la conversaci&oacute;n general y despoj&aacute;ndola de todo misterio.</p>
+
+<p>Bien hubiera querido don Paco, cuando Anto&ntilde;uelo ven&iacute;a, rodear las cosas
+de suerte que le obligase a entretener a la madre, hablando o jugando al
+tute con ella; pero Anto&ntilde;uelo aseguraba que no sab&iacute;a jugar al tute y
+daba a entender que nada ten&iacute;a que decir a Juana.</p>
+
+<p>Con frecuencia sal&iacute;a don Paco tan cargado de esta tertulia, que se
+propon&iacute;a y casi resolv&iacute;a no volver a ella o, al menos, ir poco a poco
+retir&aacute;ndose. Pero ya hab&iacute;a tomado la maldita costumbre de ir, y todas
+las noches, si lo retardaba algo, empezaban al toque de &aacute;nimas a
+hormiguearle y bullirle los pies, y ellos mismos, pronunci&aacute;ndose y
+rebel&aacute;ndose contra su voluntad, le llevaban a escape y como por encanto
+a casa de ambas Juanas.</p>
+
+<hr /><p><span class="pagenum"><a name="page36" id="page36"></a></span></p>
+<h2><a name="X" id="X"></a>X</h2>
+
+<p>Pronto notaron todos los vecinos, cundiendo la noticia por el resto de
+la poblaci&oacute;n, las constantes visitas nocturnas de don Paco; pero como
+Anto&ntilde;uelo sol&iacute;a ir tambi&eacute;n, y entre don Paco y Juanita hab&iacute;a tan grande
+desproporci&oacute;n de edad, la gente murmuradora lo explic&oacute; todo suponiendo
+que Anto&ntilde;uelo era novio de Juanita, y que don Paco ten&iacute;a o trataba de
+tener relaciones amorosas con la madre, la cual, a pesar de sus cuarenta
+y cinco a&ntilde;os y de los muchos trabajos y disgustos que hab&iacute;a pasado en
+esta vida, apenas ten&iacute;a canas, y estaba &aacute;gil, esbelta, y aunque de
+pocas, de bien puestas, frescas, apretadas y al parecer jugosas carnes.</p>
+
+<p>La austeridad esquiva de Juana la Larga durante muchos a&ntilde;os, desde que
+tuvo su juvenil tropiezo, no pudo en esta ocasi&oacute;n eximirla de la
+maledicencia. La gente dec&iacute;a que al fin se hab&iacute;a dejado tentar y lo daba
+todo por hecho. Cuando ve&iacute;a la gente que Anto&ntilde;uelo y don Paco iban a las
+nueve a la casa y permanec&iacute;an all&iacute; hasta cerca de las doce, no juzgaba
+aquella tertulia tan inocente como era en realidad, y la calificaba de
+amor por partida doble.</p>
+
+<p>Las bromas que sobre ello dieron a don Paco algunos de sus amigos le
+soliviantaron bastante.</p>
+
+<p>As&iacute; es que, excitado, si bien no ten&iacute;a derecho para pedir explicaciones,
+con m&aacute;s o menos disimulados rodeos, y cuando Anto&ntilde;uelo no estaba
+presente, se atrevi&oacute; a pedirlas y a indagar por qu&eacute; ven&iacute;a Anto&ntilde;uelo con
+tanta frecuencia y de qu&eacute; trataba con Juanita en sus largos apartes y
+cuchicheos.</p>
+
+<p>Ambas Juanas, sin alterarse en manera alguna y como la cosa m&aacute;s natural
+y sencilla, lo explicaban todo, afirmando que Juanita y Anto&ntilde;uelo eran
+exactamente de la misma edad, se hab&iacute;an criado juntos desde que estaban
+en pa&ntilde;ales y pod&iacute;an considerarse como hermanos.</p>
+
+<p>A&ntilde;ad&iacute;an ambas que Anto&ntilde;uelo era travieso y muy tronera, que daba a su
+padre grandes desazones, que de &eacute;l pod&iacute;an temerse mayores males a&uacute;n y
+que a Juanita ni remotamente le conven&iacute;a para novio; pero ella no
+acertaba a prescindir del cari&ntilde;o fraternal que le ten&iacute;a, ni a prohibirle
+que viniese a verla, ni a dejar de darle buenos consejos y
+amonestaciones, los cuales eran el asunto de los cuchicheos.</p>
+
+<p>Don Paco aparentaba aquietarse al o&iacute;r tal explicaci&oacute;n; pero en realidad
+no se aquietaba; y mostrando el verdadero inter&eacute;s que <span class="pagenum"><a name="page37" id="page37"></a></span>el buen nombre de
+Juanita le inspiraba, insinuaba que, aunque todo fuese moral e
+inocent&iacute;simo, conven&iacute;a, a fin de evitar el qu&eacute; dir&aacute;n, no recibir a
+Anto&ntilde;uelo con tanta frecuencia.</p>
+
+<p>Los sermones que predicaba don Paco, m&aacute;s que morales conducentes a
+observar el decoro de Juanita, no se puede decir que fueron predicados
+en desierto. Poco a poco dejaron de menudear las visitas de Anto&ntilde;uelo;
+sus cuchicheos con Juanita se acortaron, y al fin, cuchicheos y visitas
+vinieron a ser raros.</p>
+
+<p>Esto dio &aacute;nimo a don Paco. Crey&oacute; notar que se prestaba d&oacute;cil o&iacute;do a sus
+cari&ntilde;osas reprimendas, y se atrevi&oacute; a predicar tambi&eacute;n sobre otro punto.</p>
+
+<p>En extremo gustaba &eacute;l de ver a Juanita charlar en la fuente o subir la
+cuesta con el cantarillo en la cadera o con la ropa ya lavada sobre la
+gentil cabeza, m&aacute;s airosa y gallarda que una ninfa del verde bosque, y
+m&aacute;s majestuosa que la propia princesa Nausicaa, que tambi&eacute;n lavaba la
+ropa cuando, sin desconcharse ni echar las &iacute;nfulas por el suelo, sol&iacute;an
+hacerlo las princesas, all&aacute; en los siglos de oro.</p>
+
+<p>Don Paco, que ten&iacute;a, seg&uacute;n hemos apuntado ya, entendimiento de amor de
+hermosura, se quedaba extasiado contemplando el andar de la moza, que no
+ten&iacute;a el liviano, provocativo y sucio movimiento de caderas y los
+pasitos menudos que suelen tener las chulas, sino que era un andar
+sereno, a grandes pasos, noble y lleno de gracia, como sin duda deb&iacute;a de
+andar Diana Cazadora, o la misma Venus al revelarse al hijo de Anquises
+en las selvas que rodeaban a Cartago.</p>
+
+<p>En Villalegre se gastaban cors&eacute;s, y hasta era Juana la Larga quien mejor
+los hac&iacute;a; pero la ind&oacute;mita Juanita nunca quiso meterse en semejante
+apretura ni llevar aquel cilicio que para nada necesitaba ella y que
+entend&iacute;a que hubiera desfigurado su cuerpo. S&oacute;lo llevaba, entre el
+ligero vestido de percal y sobre la camisa y enaguas blancas un justillo
+o corpi&ntilde;o sin hierros ni ballenas, cosa que bastaba a ce&ntilde;ir la estrecha
+y virginal cintura, dejando libre lo dem&aacute;s que, derecho y firme, no hab&iacute;a
+menester de sost&eacute;n ni apoyo.</p>
+
+<p>En el esp&iacute;ritu de don Paco pudo, sin embargo, m&aacute;s que el deleite de ver
+a Juanita en la fuente o volviendo del alberc&oacute;n, la idea de que, estando
+ya muy remotos los siglos de oro, no era posible imitar a la princesa
+Nausicaa, sin rebajarse o avillanarse demasiado; y as&iacute;, aconsej&oacute; y
+amonest&oacute; tantas veces y con tan discretas razones a Juanita para que no
+fuese a la fuente, apoy&aacute;ndole <span class="pagenum"><a name="page38" id="page38"></a></span>siempre la madre de ella, que Juanita
+cedi&oacute;, al cabo, y dej&oacute; de ir a la fuente y al alberc&oacute;n, retray&eacute;ndose,
+adem&aacute;s, de otros varios ejercicios y faenas que no son propios de una
+se&ntilde;orita.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XI" id="XI"></a>XI</h2>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s L&oacute;pez de Roldán distaba mucho de ser una lugare&ntilde;a vulgar y
+adocenada. Era, por el contrario, distinguid&iacute;sima; y en su tanto de
+m&eacute;ritos mirados, o sea guardando la debida proporci&oacute;n, pudi&eacute;ramos
+calificarla de una princesa de Lieveo o de una madame R&eacute;camier aldeana.
+Su vida no pasaba ociosa, sino empleada en obras casi siempre buenas y
+en fructuosos afanes. Su caridad para con los pobres era muy elogiada,
+ayud&aacute;ndola en este ejercicio el se&ntilde;or don Andr&eacute;s Rubio. No descuidaba
+ella por eso el gobierno de su casa, que estaba saltando de limpia, y
+todo muy en orden, a pesar de los siete chiquillos que ten&iacute;a, el mayor
+de ocho a&ntilde;os; pero como la casa era muy grande, a los cinco mayores,
+entregados a una mujer ya anciana y de toda confianza, los ten&iacute;a en el
+extremo opuesto de aquel en que estaba ella, a fin de que no turbasen
+con sus chillidos y griter&iacute;a, ya sus solitarias meditaciones, ya sus
+lecturas, ya sus interesantes coloquios con el padre Anselmo, con el
+cacique o con alguna persona de fuste que viniese a visitarla.</p>
+
+<p>A las nueve de la noche en verano, y a las ocho o antes en invierno,
+mandaba acostar a los ni&ntilde;os, y desde entonces, hasta las once, y a veces
+hasta m&aacute;s tarde, ten&iacute;a tertulia, en la cual se discreteaba, y a la cual
+rara vez asist&iacute;a el se&ntilde;or Roldán, que no presum&iacute;a ni pod&iacute;a presumir de
+discreto, y a quien las discreciones de su mujer pasmaban y
+enorgullec&iacute;an, pero al mismo tiempo le excitaban al sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>En las horas que le dejaban libre los afanes y cuidados de la casa y aun
+de la administraci&oacute;n de la hacienda, de la que suavemente hab&iacute;a
+despojado a su marido por no considerarle capaz, do&ntilde;a In&eacute;s sol&iacute;a
+ocuparse en lecturas que adornaban y levantaban su esp&iacute;ritu. Rara vez
+perd&iacute;a su tiempo en leer novelas, conden&aacute;ndolas por ins&iacute;pidas o
+inmorales y libidinosas. De la poes&iacute;a no era muy partidaria tampoco, y
+sin plagiar a Plat&oacute;n, porque no sab&iacute;a que Plat&oacute;n lo hubiese preceptuado,
+desterraba de su casa y familia a casi todos los poetas como corruptores
+de las buenas costumbres y enemigos de la verdadera religi&oacute;n y de la paz
+que <span class="pagenum"><a name="page39" id="page39"></a></span>debe reinar en las bien concertadas rep&uacute;blicas; pero en cambio,
+do&ntilde;a In&eacute;s le&iacute;a Historia de Espa&ntilde;a y de otros pa&iacute;ses y, sobre todo,
+muchos libros de devoci&oacute;n. El cura la admiraba tanto al o&iacute;rle hablar de
+teolog&iacute;a que, mentalmente, adornaba sus espaldas con la muceta y su
+cabeza con el bonete y la borla.</p>
+
+<p>Era tan grande la actividad de do&ntilde;a In&eacute;s, que a pesar de tan varias
+ocupaciones, a&uacute;n le quedaba tiempo para satisfacer su anhelo de
+enterarse a fondo de la historia contempor&aacute;nea y local, que ten&iacute;a para
+ella m&aacute;s atractivos que la Historia Universal o de &eacute;pocas y pa&iacute;ses
+remotos.</p>
+
+<p>Para conocer bien esta historia contempor&aacute;nea y local y ejercer sobre
+los hechos la m&aacute;s severa cr&iacute;tica, se val&iacute;a do&ntilde;a In&eacute;s de diferentes
+medios, siendo el m&aacute;s importante una criada antigua, que hac&iacute;a recados,
+que entraba y sal&iacute;a por todas partes y que se llamaba Crispina, &eacute;mula en
+su favor y privanza de Serafina, la doncella.</p>
+
+<p>Gracias a Crispina, do&ntilde;a In&eacute;s estaba al corriente de los noviazgos que
+hab&iacute;a en el pueblo, de las pendencias y de los amores, de las amistades
+y enemistades, de lo que se gastaba en vestir en cada casa, de lo que
+este deb&iacute;a y de lo que aquel hab&iacute;a dado a premio, y hasta de lo que
+com&iacute;a o gastaba en comer cada familia. A los que com&iacute;an bien, do&ntilde;a In&eacute;s
+los censuraba por su glotoner&iacute;a y despilfarro, y a los que com&iacute;an poco y
+mal, los calificaba de miserables, de hambrones y de perecientes.</p>
+
+<p>No tard&oacute;, por consiguiente, do&ntilde;a In&eacute;s en tener noticia de las aficiones
+de su padre y de sus visitas o tertulias en casa de ambas Juanas.
+Much&iacute;simo la molest&oacute; esta grosera bellaquer&iacute;a, que tan duramente la
+apellidaba; pero disimul&oacute; y se report&oacute; durante muchos d&iacute;as, sin decir
+nada a su padre. Do&ntilde;a In&eacute;s estaba muy adelantada en sus concebidas
+esperanzas de octavo v&aacute;stago, y en tal delicada situaci&oacute;n se cuidaba
+mucho y procuraba no alterarse por ning&uacute;n motivo, para que las dichas
+esperanzas no se frustraran o se torcieran ruinmente, realiz&aacute;ndose de un
+modo prematuro, con deterioro y quebranto de su salud. Pero aunque do&ntilde;a
+In&eacute;s no dijo por lo pronto nada a don Paco, se la ten&iacute;a guardada y
+segu&iacute;a observando y averiguando por medio de Crispina, en la creencia de
+que era a Juana y no a Juanita a quien su padre pretend&iacute;a o cortejaba.</p>
+
+<p>Esta creencia mitigaba no poco el disgusto de do&ntilde;a In&eacute;s, porgue no pod&iacute;a
+entrar en su cabeza que su padre intentase jam&aacute;s contraer segundas
+nupcias con Juana la Larga. As&iacute; es que lo que <span class="pagenum"><a name="page40" id="page40"></a></span>censuraba en este muy
+&aacute;speramente era la inmoralidad y el esc&aacute;ndalo de unas relaciones
+amorosas contra&iacute;das por hombre que ten&iacute;a m&aacute;s de medio siglo y que iba a
+ser pronto por octava vez abuelo. La enojaba tambi&eacute;n la condici&oacute;n harto
+plebeya del objeto de los amores de su padre, los cuales, si no dignos
+de aplauso, la hubieran parecido dignos de disculpa a haber sido con
+alguna hidalga recatada y de su posici&oacute;n, como hab&iacute;a dos o tres en el
+lugar, que, seg&uacute;n pensaba do&ntilde;a In&eacute;s, hubieran abierto a don Paco, si &eacute;l
+hubiera llamado a la puerta de ellas pidiendo entrada. No se cansaba,
+pues, do&ntilde;a In&eacute;s de censurar las ruines inclinaciones de su padre. Le
+dol&iacute;a asimismo que su padre gustase tanto en obsequiar a Juana la Larga,
+suponiendo, seg&uacute;n las noticias que le trajo Crispina, que gastaba mucho
+m&aacute;s de lo que ganaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conque juega al tute con ella?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora&mdash;contest&oacute; Crispina&mdash;. Y ya por echarla de fino, ya porque
+est&aacute; embobado y embelesado mirando a Juana con ojos de carnero a medio
+morir y sin atender al juego, lo cierto es que Juana le pela, gan&aacute;ndole
+diez o doce reales cada noche. Adem&aacute;s, los regalos de don Paco llueven
+sin descampar sobre aquella casa; ya env&iacute;a un pavo, ya una docena de
+morcillas, ya fruta, ya parte del chocolate que le regala su merced,
+hecho por el hombre que viene expresamente desde C&oacute;rdoba a hacerlo a
+esta casa.</p>
+
+<p>Lo de que don Paco hubiese regalado tambi&eacute;n parte de su chocolate irrit&oacute;
+ferozmente a do&ntilde;a In&eacute;s; lo consider&oacute; una verdadera profanaci&oacute;n y casi le
+hizo perder los estribos; pero al fin pens&oacute; en la situaci&oacute;n en que se
+encontraba, ya fuera de cuenta, y logr&oacute; reportarse. Su moderaci&oacute;n y sus
+cuidados no fueron in&uacute;tiles.</p>
+
+<p>El 29 de junio, d&iacute;a de San Pedro Ap&oacute;stol, sinti&oacute; do&ntilde;a In&eacute;s desde muy de
+ma&ntilde;ana los primeros dolores, y con gran facilidad dio a luz en aquel
+mismo d&iacute;a a un hermoso ni&ntilde;o. La madre y el se&ntilde;or Roldán decidieron que
+deb&iacute;a llamarse Pedro, en honor del Pr&iacute;ncipe de los ap&oacute;stoles en cuyo d&iacute;a
+hab&iacute;a nacido y del que eran muy devotos. El se&ntilde;or don Andr&eacute;s Rubio
+prometi&oacute; tener al infante en sus brazos en la pila bautismal. Y como el
+infante fue robust&iacute;simo y el m&eacute;dico asegurase que no corr&iacute;a peligro su
+vida, retardaron su bautismo hasta mediados del mes de julio, as&iacute; porque
+ya estar&iacute;a levantada la se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s y podr&iacute;a asistir a las fiestas
+que se hiciesen, como porque para entonces se realizar&iacute;a la anunciada
+visita del se&ntilde;or obispo, el cual, a m&aacute;s de confirmar a todos los
+muchachos que no lo estuviesen, les har&iacute;a la honra de bautizar al futuro
+Periquito.</p><p><span class="pagenum"><a name="page41" id="page41"></a></span></p>
+
+<p>El obispo ser&iacute;a hospedado en casa de los se&ntilde;ores de Roldán los tres o
+cuatro d&iacute;as que estuviese en Villalegre. Do&ntilde;a In&eacute;s, por tanto, pensando
+en los preparativos y en todos los medios que hab&iacute;a de emplear para
+hacer con lucimiento recepci&oacute;n tan honrosa, persever&oacute; en refrenar su ira
+contra Juana la Larga, a quien imaginaba seductora de su padre. Y
+disimulando el odio que le hab&iacute;a tomado, no quiso dejar de valerse de
+ella en ocasi&oacute;n de tanto empe&ntilde;o. Ya la hab&iacute;a llamado el d&iacute;a del
+alumbramiento, porque bien sab&iacute;a por experiencia que no hab&iacute;a en el
+mundo conocido m&aacute;s h&aacute;bil comadre que Juana.</p>
+
+<p>Y como tampoco hab&iacute;a por all&iacute; mujer tan dispuesta para preparar y
+dirigir los festines, con tiempo comprometi&oacute; a Juana a fin de que desde
+dos d&iacute;as antes de la llegada del obispo se viniese a su casa, sin volver
+a la casa propia sino para dormir, y lo preparase y dirigiese todo.
+Juana prometi&oacute; hacerlo as&iacute; y lo cumpli&oacute; muy gustosa.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XII" id="XII"></a>XII</h2>
+
+<p>La v&iacute;spera de la llegada del obispo, que fue el 15 de julio, v&iacute;spera
+tambi&eacute;n de la Virgen del Carmen, Juana hab&iacute;a trabajado ya mucho, sudando
+el quilo para condimentar los manjares y las golosinas, y hasta para
+disponer el aparato y la magnificencia que hab&iacute;an de desplegarse en la
+recepci&oacute;n y en el hospedaje de su se&ntilde;or&iacute;a ilustr&iacute;sima, y en el refresco
+y ambig&uacute; que hab&iacute;a de darse en aquella casa a todo lo m&aacute;s granado e
+ilustre de la villa, despu&eacute;s de terminadas las cristianas ceremonias de
+la confirmaci&oacute;n y del bautismo. En ella, do&ntilde;a In&eacute;s iba a dar al se&ntilde;or
+obispo m&aacute;s trabajo que nadie, pues ten&iacute;a siete chiquillos no confirmados
+a&uacute;n, y uno todav&iacute;a <i>moro</i>, como apellidan en Andaluc&iacute;a a todo ser humano
+antes de recibir el agua sacramental que le trae al gremio de la
+Iglesia.</p>
+
+<p>La noche del 15 de julio hac&iacute;a much&iacute;simo calor. A eso de las nueve, don
+Paco, seg&uacute;n costumbre, se fue de tertulia a casa de Juana la Larga; pero
+Juana segu&iacute;a trabajando a&uacute;n en la de los se&ntilde;ores de Roldán, y Juanita
+estaba sola con la criada, tomando el fresco en la reja de su sala baja.</p>
+
+<p>La vio don Paco, y lleg&oacute; a hablarle antes de dirigirse a la puerta.
+Juanita, despu&eacute;s de los saludos de costumbre, dijo a don Paco, que
+pretend&iacute;a que le abriese:</p>
+
+<p>&mdash;Mi madre no ha vuelto a&uacute;n. No s&eacute; cu&aacute;ndo volver&aacute;. Estando <span class="pagenum"><a name="page42" id="page42"></a></span>yo sola no
+me atrevo a abrir a usted la puerta y a dejarle entrar. La gente murmura
+ya contra nosotros, y murmurar&aacute; mil veces m&aacute;s si yo tal cosa hiciera.
+V&aacute;yase usted, pues, y perd&oacute;neme que no le reciba.</p>
+
+<p>Ninguna objeci&oacute;n acert&oacute; a poner don Paco, convencido de lo puesta en
+raz&oacute;n que estaba Juanita. Solamente le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ya que no me recibes, no te vayas de la reja y habla conmigo un rato.
+Aunque la gente nos vea, &iquest;qu&eacute; podr&aacute;n decir?</p>
+
+<p>&mdash;Podr&aacute;n decir que usted no viene a rezar el rosario conmigo; podr&aacute;n
+creer que yo interesadamente alboroto a usted y le levanto de cascos, y
+podr&aacute;n censurar que pudiendo ser yo nietecita de usted, tire a ser su
+novia y tal vez su amiga. Con esta suposici&oacute;n me sacar&aacute;n todos el
+pellejo a t&uacute;rdigas; y si llega a o&iacute;dos de su hija de usted, mi se&ntilde;ora
+do&ntilde;a In&eacute;s L&oacute;pez de Roldán y otras hierbas, que usted y yo estamos aqu&iacute;
+pelando la pava, ser&aacute; capaz de venir, aunque se halla delicada y
+convaleciente, y nos pelar&aacute; o nos desollar&aacute; a ambos, ya que no env&iacute;e por
+aqu&iacute; al se&ntilde;or cura acompa&ntilde;ado del monaguillo, con el caldero y el hisopo
+del agua bendita, no para que nos case, sino para que nos roc&iacute;e y
+refresque con ella, sac&aacute;ndonos los demonios del cuerpo.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Juanita, no seas mala ni digas disparates. No es tan fiero el
+le&oacute;n como lo pintan. Y si t&uacute; gustases un poquito de m&iacute;, y mi
+conversaci&oacute;n te divirtiese en vez de fastidiarte, no tendr&iacute;as tanto
+miedo de la maledicencia, ni de los furores de mi hija, ni de los
+exorcismos del cura.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y de d&oacute;nde saca usted que yo no guste de tener con usted un rato de
+palique? Pocas cosas encuentro yo m&aacute;s divertidas que la conversaci&oacute;n de
+usted, y adem&aacute;s siempre aprendo algo y gano oy&eacute;ndole hablar. Yo soy
+ignorante, casi cerril; pero, si el amor propio no me enga&ntilde;a, me parece
+que no soy tonta. Comprendo, pues, y aprecio el agrado y valor que
+tienen sus palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, &iquest;c&oacute;mo es que no me quieres?</p>
+
+<p>&mdash;Entend&aacute;monos. &iquest;De qu&eacute; suerte de quereres se trata?</p>
+
+<p>&mdash;De amor.</p>
+
+<p>&mdash;Ya esa es harina de otro costal. Si el amor es como el que tiene el
+padre Anselmo a su breviario, como el que tiene do&ntilde;a In&eacute;s a sus libros
+devotos o como el que tiene usted a las leyes o a los reglamentos que
+estudia, mi amor es evidente y yo quiero a usted como ustedes quieren
+esos libros. No menos que ustedes se deleitan en leerlos, me deleito yo
+en o&iacute;r a usted cuando habla.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, traidora Juanita, t&uacute; me lisonjeas y me matas a la vez.<span class="pagenum"><a name="page43" id="page43"></a></span> Yo no
+quiero instruirte, sino enamorarte. No aspiro a ser tu libro, sino tu
+novio.</p>
+
+<p>&mdash;Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;. &iquest;Est&aacute; usted loco, don Paco? &iquest;En qu&eacute; vendr&iacute;a a
+parar, qu&eacute; fin que no fuera desastroso podr&iacute;a tener ese noviazgo? &iquest;No le
+tiemblan a usted las carnes al figurarse la estrepitosa cencerrada que
+nos dar&iacute;an si nos cas&aacute;ramos? Y si el noviazgo no terminase en
+casamiento, &iquest;ad&oacute;nde ir&iacute;a yo a ocultar mi verg&uuml;enza, arrojada de este
+pueblo por seductora de se&ntilde;ores ancianos?</p>
+
+<p>Lo de la ancianidad, tantas veces repetido, ofendi&oacute; mucho a don Paco en
+aquella ocasi&oacute;n, y muy picado, y con tono desabrido, exclam&oacute; haciendo
+demostraci&oacute;n de retirarse:</p>
+
+<p>&mdash;Veo que presientes graves peligros. No quiero que te expongas a ellos
+por mi culpa. Adi&oacute;s, Juanita.</p>
+
+<p>&mdash;Det&eacute;ngase usted, don Paco; no se vaya usted enojado contra m&iacute;. &iquest;No
+conoce usted muy a las claras que yo le quiero de coraz&oacute;n y que mi mayor
+placer es verle y hablarle? Como soy franca y leal, procuro no retener a
+usted con esperanzas vanas. Mucho me pesar&iacute;a de que usted me acusase un
+d&iacute;a de que yo le enga&ntilde;aba. Por esto digo a usted que de amor no le
+quiero y me parece que no le querr&eacute; nunca. Pero lo que es por amistad,
+debe usted contar conmigo hasta la pared de enfrente. &iquest;Por qu&eacute; no se
+contenta usted con esa amistad? &iquest;Por qu&eacute; me pide usted lo que no puedo
+ni debo darle? No ser&iacute;a flojo el alboroto que se armar&iacute;a en el pueblo si
+usted y yo fu&eacute;semos novios y s&iacute; el noviazgo se supiese.</p>
+
+<p>Don Paco se atrevi&oacute; a decir entonces, en mala hora y con poco acierto:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; necesidad hay de que nuestro noviazgo se sepa?</p>
+
+<p>&mdash;Y usted, &iquest;por qui&eacute;n me toma para insinuar ese sigilo, dado que sea
+posible? S&oacute;lo se oculta lo poco decente, y, por tanto, yo no he de
+ocultar nada aunque pueda. Si me decidiese yo a ser novia de usted,
+ser&iacute;a por considerarlo bueno y honrado, y en vez de ocultarlo como fea
+mancha, lo pregonar&iacute;a y lo dejar&iacute;a ver a todos con m&aacute;s orgullo que si
+ense&ntilde;ase una joya, jact&aacute;ndome de ello, en vez de andar con tapujos. Ya
+sabe usted mi modo de pensar. Nada m&aacute;s tenemos que decirnos. Ahora, lo
+repito, v&aacute;yase usted y d&eacute;jeme tranquila. Malo es siempre dar que hablar;
+pero dar que hablar sin motivo es malo y tonto.</p>
+
+<p>Don Paco depuso el enojo, no acert&oacute; a responder a Juanita con ninguna
+frase concertada y se fue, despidi&eacute;ndose de ella resignado y triste.</p>
+
+<hr /><p><span class="pagenum"><a name="page44" id="page44"></a></span></p>
+<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h2>
+
+<p>Pasaron d&iacute;as y vino el obispo, como se esperaba.</p>
+
+<p>Su se&ntilde;or&iacute;a ilustr&iacute;sima bautizó a los ni&ntilde;os <i>moros</i>, que aguardaban su
+venida, como los padres del Limbo el santo advenimiento, y confirm&oacute; a
+los no confirmados, que se contaban a centenares, entre ellos no pocos
+harto talludos.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s se luci&oacute; dando hospedaje al se&ntilde;or obispo, y este se fue del
+lugar muy maravillado y gozoso de la magnificencia y primor con que all&iacute;
+se viv&iacute;a.</p>
+
+<p>Libre ya do&ntilde;a In&eacute;s de tanta extraordinaria faena, se consagr&oacute; con mayor
+atenci&oacute;n al estudio de la historia contempor&aacute;nea, y al cabo, auxiliada
+por los datos que le suministraba Crispina, y vali&eacute;ndose de su rara
+sagacidad, vino a comprender que no era a la madre, sino a la hija, a
+quien cortejaba don Paco. Su furor fue entonces muy grande; pero por lo
+mismo se call&oacute; y no atorment&oacute; a su padre con insinuaciones ni bromas. El
+asunto no se prestaba a bromas ni a medios t&eacute;rminos. La ira de do&ntilde;a In&eacute;s
+hab&iacute;a de estallar y manifestarse de una manera m&aacute;s seria cuando
+estuviese completamente convencida de la locura de su padre, pues de tal
+la calificaba.</p>
+
+<p>Don Paco, entre tanto, si bien daba ya menos pretexto a la murmuraci&oacute;n,
+se sent&iacute;a m&aacute;s enamorado que nunca de Juanita. Pensaba en sus dulces
+desdenes, recapacitaba sobre ellos, hac&iacute;a doloroso examen de conciencia
+y miraba y cataba la herida de su coraz&oacute;n, como un enfermo contempla con
+amargo deleite la llaga o el c&aacute;ncer que le lastima y en el que prev&eacute; la
+causa de su muerte.</p>
+
+<p>Toda la vida hab&iacute;a sido don Paco el hombre m&aacute;s positivo y menos
+rom&aacute;ntico que puede imaginarse. Aquel imprevisto sentimentalismo que se
+le hab&iacute;a metido en las entra&ntilde;as y se las abrasaba, le parec&iacute;a tan
+rid&iacute;culo que, a par que le afectaba dolorosamente, le hac&iacute;a re&iacute;r cuando
+estaba a solas, con risa descompuesta y que sol&iacute;a terminar en algo a
+modo de ataque de nervios.</p>
+
+<p>Don Paco dej&oacute;, pues, de ir todas las noches a casa de ambas Juanas; ya
+no ve&iacute;a a Juanita en la fuente y sola, porque &eacute;l mismo hab&iacute;a predicado
+para que no fuese, y, sin embargo, no acertaba a sustraerse a la
+obsesi&oacute;n que Juanita le causaba de continuo, presente siempre a los
+perspicaces ojos de su esp&iacute;ritu, as&iacute; en la vigilia como en el sue&ntilde;o.</p><p><span class="pagenum"><a name="page45" id="page45"></a></span></p>
+
+<p>Por dicha, no le atormentaban los celos. Juanita zapateaba, donosa o
+duramente, a cuantos mozos la pretend&iacute;an, y lo que es Anto&ntilde;uelo iba ya
+con menos frecuencia a casa de Juanita. Seg&uacute;n en el lugar se sonaba,
+andaba &eacute;l muy extraviado, frecuentando las tabernas en harto malas
+compa&ntilde;&iacute;as y pasando muchas noches en francachelas y jaranas. Villalegre
+no era el &uacute;nico teatro de sus proezas, sino que, a pesar de las
+amonestaciones y reprensiones de su padre, a menudo muy duras, se sol&iacute;a
+ir de parranda al campo o algunos lugares cercanos, y en dos o tres d&iacute;as
+no aparec&iacute;a por su casa.</p>
+
+<p>Don Paco no ten&iacute;a, pues, rivales. Parec&iacute;a completamente due&ntilde;o del campo;
+pero el campo estaba tan bien atrincherado, que don Paco no lograba
+entrar en &eacute;l y se quedaba fuera como los otros. No desisti&oacute; por eso de
+ir por las noches a casa de ambas Juanas, aunque no de diario.</p>
+
+<p>Como de costumbre, jugaba al tute con la madre; como de costumbre,
+hablaba con Juanita en conversaci&oacute;n general, y Juanita hablaba
+igualmente y le o&iacute;a muy atenta manifest&aacute;ndose fin&iacute;sima amiga suya y
+hasta su admiradora; pero, como de costumbre tambi&eacute;n, las miradas
+ardientes y los mal reprimidos suspiros de don Paco pasaban sin ser
+notados y eran machacar en hierro fr&iacute;o, o hac&iacute;an un efecto muy contrario
+al que don Paco deseaba, poniendo a Juanita seria y de mal humor,
+turbando su franca alegr&iacute;a y refrenando sus expansiones amistosas.</p>
+
+<p>De esta suerte, poco venturosa y triunfante para don Paco, se pasaron
+algunos d&iacute;as y llegaron los &uacute;ltimos del mes de julio.</p>
+
+<p>Hac&iacute;a un calor insufrible. Durante el d&iacute;a los pajaritos se asaban en el
+aire cuando no hallaban sombra en que guarecerse. Durante la noche
+refrescaba bastante. En el claro y sereno cielo resplandec&iacute;an la luna y
+multitud de estrellas, que, en vez de envolverlo en un manto negro, lo
+te&ntilde;&iacute;an de azul con luminosos rasgos de plata y refulgentes bordados de
+oro.</p>
+
+<p>Ambas Juanas no recib&iacute;an a don Paco en la sala, sino en el patio, donde
+se gozaba de mucha frescura y ol&iacute;a a los dompedros, que daban su m&aacute;s
+rico olor por la noche, a la albahaca y a la hierba luisa, que hab&iacute;a en
+no pocos arriates y macetas, y a los jazmines y a las rosas de
+enredadera, que en Andaluc&iacute;a llaman de <i>pitimin&iacute;</i>, y que trepan por las
+rejas de las ventanas, en los cuartos del primer piso, donde dorm&iacute;an
+Juanita y su madre.</p>
+
+<p>En aquel sitio, tan encantador como modesto, era recibido don Paco.
+Todav&iacute;a all&iacute;, a la luz de un bru&ntilde;ido vel&oacute;n de Lucena, <span class="pagenum"><a name="page46" id="page46"></a></span>de refulgente
+az&oacute;far, se jugaba al tute en una mesilla port&aacute;til, pero no con la
+persistencia que bajo techado. Otras distracciones, casi siempre
+gastron&oacute;micas, supl&iacute;an la falta del juego. Juana, que era tan
+industriosa, sol&iacute;a hacer helado en una peque&ntilde;a cantimplora que ten&iacute;a;
+pero con m&aacute;s frecuencia se entreten&iacute;a comiendo ora pi&ntilde;ones, ora
+almendras y garbanzos tostados, ora flores de ma&iacute;z, que Juanita ten&iacute;a la
+habilidad de hacer saltar muy bien en la sart&eacute;n, y ora altramuces y, a
+veces, hasta palmitos cuando los arrieros los tra&iacute;an de la provincia de
+M&aacute;laga, porque en la de C&oacute;rdoba no se cr&iacute;an.</p>
+
+<p>Estas r&uacute;sticas semicenas, dignas de ser celebradas por don Francisco
+Gregorio de Salas en su famoso <i>Observatorio</i>, deleitaban m&aacute;s a don Paco
+que hubieran podido deleitarle las antiguas cenas de Trimalci&oacute;n o de
+Apicio y las modernas de la Maison Dor&eacute;e o del Caf&eacute; Ingl&eacute;s en Par&iacute;s,
+pareci&eacute;ndole mejor aquellos groseros alimentos que la ambros&iacute;a que comen
+las deidades del Olimpo, ya que Juanita, comi&eacute;ndolos, les comunicaba
+cierta celestial u ol&iacute;mpica naturaleza. Dichas chucher&iacute;as, ap&eacute;ndices de
+la verdadera cena que cada uno hab&iacute;a tomado ya en su casa antes de
+empezar la tertulia, probaban adem&aacute;s, cuando las dos Juanas y don Paco
+se las com&iacute;an, sin el menor susto y sin ninguna mala resulta, que
+nuestros tres h&eacute;roes pose&iacute;an tres est&oacute;magos de los m&aacute;s sanos, eficaces y
+potentes que hay en el mundo.</p>
+
+<p>Una noche en que estaban aquellas se&ntilde;oras muy familiares, conversables y
+benignas con don Paco, se atrevi&oacute; este a ofrecer algo que pensaba en
+ofrecer tiempo hac&iacute;a, sin acabar de decidirse por temor de que no
+aceptasen su obsequio.</p>
+
+<p>Desechado el temor, dijo al cabo:</p>
+
+<p>&mdash;De hoy en ocho d&iacute;as, el cuatro de agosto, habr&aacute; grandes fiestas en
+este pueblo. Habr&aacute; procesi&oacute;n, feria, velada, funci&oacute;n de iglesia y
+serm&oacute;n, que predicar&aacute; el padre Anselmo, contando y celebrando la vida y
+milagros del glorioso Santo Domingo de Guzm&aacute;n, nuestro patrono y abogado
+en el cielo. Tengo yo una pieza de tela de seda, flexible y rica, por el
+estilo de la de estos mantones que llaman de espumilla o de Manila.
+Carece de bordados y es de color verde oscuro. Me la envi&oacute; meses ha de
+regalo mi sobrino Jacinto, que est&aacute; en Filipinas empleado en Hacienda.
+Tiempo hay todav&iacute;a de hacer con esta tela un precioso vestido de mujer.
+&iquest;Y qui&eacute;n lo llevar&iacute;a con m&aacute;s garbo y lucimiento que Juanita, si aceptase
+mi presente? La tela es pintiparada para hacer el traje, y si ustedes
+quieren darse prisa, a&uacute;n tienen tiempo de sobra.</p><p><span class="pagenum"><a name="page47" id="page47"></a></span></p>
+
+<p>Madre e hija dieron mil gracias a don Paco por su buena intenci&oacute;n,
+mostrando repugnancia en aceptar por el qu&eacute; dir&aacute;n y sosteniendo que
+cuando viesen a Juanita con traje tan lujoso todo el lugar se
+alborotar&iacute;a, adivinar&iacute;a que la seda era regalo de don Paco y &eacute;l y ellas
+dar&iacute;an una estruendosa campanada.</p>
+
+<p>Nada contest&oacute; don Paco a tan juiciosos razonamientos; pero hizo algo m&aacute;s
+elocuente y persuasivo. Tom&oacute; de una silla un paquete que hab&iacute;a tra&iacute;do
+recatadamente envuelto en un pa&ntilde;uelo, y desdobl&aacute;ndolo, mostr&oacute; la tela a
+la luz del vel&oacute;n.</p>
+
+<p>Ambas mujeres admiraron aquella hermosura; la calificaron de divina. Los
+ojos y el alma se les iban en pos de la tela. En suma, no pudieron
+resistir y aceptaron el obsequio. Juana quiso mostrarse m&aacute;s dif&iacute;cil y
+Juanita tuvo que ceder y que aceptar antes que ella.</p>
+
+<p>No bien se fue don Paco, a eso de las doce, Juanita dijo a su madre.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no he sabido resistir. La tela es encantadora. Lo que m&aacute;s me agrada
+de ella es su flexibilidad, porque no tiene tiesura como otras sedas. Se
+ce&ntilde;ir&aacute; muy bien al cuerpo y se podr&aacute; dar mucho vuelo a las faldas, que
+formar&aacute;n pliegues muy graciosos. Vamos..., he ca&iacute;do en la tentaci&oacute;n.
+&iquest;Qu&eacute; no van a murmurar y a morder las envidiosas cuando me vean tan
+peripuesta y tan guapa ir a la funci&oacute;n de iglesia el d&iacute;a de Santo
+Domingo? Porque t&uacute;, mam&aacute;, ir&aacute;s con tu mantilla de tul bordado, y me
+emprestar&aacute;s o me regalar&aacute;s la otra que tienes de madro&ntilde;os, que me est&aacute;
+como pintada. Varias veces la he sacado del fondo del arca y me la he
+probado, mir&aacute;ndome al espejo. Mucho van a rabiar cuando me vean tan maja
+las hijas del escribano, que gastan tanta fantas&iacute;a como si fueran dos
+marquesas, aunque son dos esperpentos y van siempre mal perge&ntilde;adas.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hija; pues la menor est&aacute; tan escuchimizada que parece una lombriz
+de ca&ntilde;o sucio, y la otra es tan peque&ntilde;uela y tan gorda como una bolita.
+Si llega a casarse, a tener hijos y a engordar m&aacute;s, perder&aacute; la forma de
+mujer y se convertir&aacute; en cochinillo de San Ant&oacute;n. Pero, dejando esto a
+un lado, yo no las tengo todas conmigo. Despertaremos la m&aacute;s tremenda
+envidia y nos pondr&aacute;n como un regalado trapo.</p>
+
+<p>&mdash;Pecho al agua y prepar&eacute;monos para la lucha. &iquest;Qu&eacute; podr&aacute;n decir de m&iacute;?
+&iquest;Que don Paco me viste? Pues yo voy a vestir a don Paco..., y patas.
+Mira: con mis ahorrillos ir&eacute; ma&ntilde;ana a la tienda del <i>Murciano</i> y
+comprar&eacute; pa&ntilde;o de Tarrasa o del mejor que tenga.<span class="pagenum"><a name="page48" id="page48"></a></span> Calcula t&uacute; cu&aacute;ntas
+varas se necesitan. El tiene gabina, castora o como se llame; pero su
+levita, aunque no se la pone m&aacute;s que diez o doce veces al a&ntilde;o, est&aacute; ya
+desvergonzada de puro ra&iacute;da. Sin chistar, con mucho sigilo, vamos t&uacute; y
+yo a hacerle una levita nueva, seg&uacute;n el &uacute;ltimo figur&iacute;n de <i>La Moda
+Elegante e Ilustrada</i> que recibiste de Madrid el otro d&iacute;a. Como t&uacute;
+tienes las medidas de don Paco y eres muy h&aacute;bil, la levita, sin
+prob&aacute;rsela ni nada, le caer&aacute; muy bien, y ya ver&aacute;s con qu&eacute; majestad y con
+qu&eacute; chiste la luce en la procesi&oacute;n, cuando marche en ella entre los
+dem&aacute;s se&ntilde;ores del Ayuntamiento. As&iacute; no ser&eacute; yo sola, sino &eacute;l tambi&eacute;n,
+quien estrene prenda en tan solemne d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, muchacha, eso que dices no es apagar el fuego, sino echarle le&ntilde;a
+para que arda m&aacute;s. Si han de murmurar como uno al verte con el vestido
+nuevo, murmurar&aacute;n como dos al ver con levita nueva a don Paco.</p>
+
+<p>&mdash;Pues que murmuren. Lo que yo me propongo al regalar la levita, adem&aacute;s
+de la satisfacci&oacute;n que me cause el obsequiar a don Paco, es que nadie me
+acuse, y sobre todo, que no me acuse yo misma de tener el vestido sin
+dar en pago algo equivalente.</p>
+
+<p>Decididas as&iacute; las cosas, al otro d&iacute;a se compr&oacute; el pa&ntilde;o. Juana cort&oacute; con
+segura destreza la levita y el traje de mujer, y madre e hija y dos
+oficialas trabajaron con tal ah&iacute;nco, que el tres de agosto, v&iacute;spera del
+santo, levita y vestido de mujer estaban terminados.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h2>
+
+<p>Cuando aquella noche vino don Paco de tertulia, le dieron la sorpresa de
+ense&ntilde;arle la levita.</p>
+
+<p>El casi se enoj&oacute;, y hasta se le saltaron las l&aacute;grimas de puro
+agradecido.</p>
+
+<p>En el patio mismo se prob&oacute; la levita; le hicieron dar con ella cuatro o
+cinco paseos, y ambas mujeres encontraron que con la levita estaba don
+Paco muy airoso; y eso que no se ve&iacute;a todo el efecto, porque no hab&iacute;a
+tra&iacute;do la gabina, sino el hongo, como de costumbre, y la levita y el
+hongo no armonizan bien.</p>
+
+<p>Animados ya los tres y de buen humor, dijo don Paco:</p>
+
+<p>&mdash;No comprendo por qu&eacute; gustan ustedes tanto de la soledad y est&aacute;n tan
+retra&iacute;das. La plaza esta noche estar&aacute; animad&iacute;sima. Todo el mundo habr&aacute;
+acudido a la verbena y a ver los fuegos, <span class="pagenum"><a name="page49" id="page49"></a></span>que dicen que ser&aacute;n
+magn&iacute;ficos. Empezar&aacute;n en punto de las once, y como habr&aacute; muchos cohetes
+y dos o tres soles o ruedas, y a lo &uacute;ltimo un gran castillo, que
+terminar&aacute; con un espantoso trueno gordo, durar&aacute; la fiesta hasta despu&eacute;s
+de medianoche. La gente quiere que el trueno gordo estalle en el momento
+mismo que empiece el d&iacute;a del santo, y espera que el santo lo oiga desde
+el cielo y se alegre de que sus patrocinados le saluden y feliciten.
+&iquest;Por qu&eacute; no se animan ustedes y van a gozar de todo esto? Iremos juntos.
+Yo las acompa&ntilde;ar&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Bien quisiera yo ir&mdash;contest&oacute; Juana&mdash;; pero temo que nos pongan como
+chupa de d&oacute;mine cuando nos vean reunidos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, mam&aacute;, deja que nos pongan como les de la gana; a m&iacute; me sale
+de adentro el ir, y no quiero andar con repulgos. Vamos all&aacute;, y arda
+Troya. Como estamos, vamos bien, sin nada en la cabeza; no tenemos m&aacute;s
+que echar a andar.</p>
+
+<p>Sin hacer m&aacute;s reparos, los tres se fueron en seguida a la velada y feria
+que hab&iacute;a en la plaza, la cual, con los muchos farolillos y candilejas
+que la iluminaban, parec&iacute;a una ascua de oro; y por el bullicio y por la
+muchedumbre de gente, que casi la llenaba, era un hormiguero de seres
+humanos.</p>
+
+<p>En los balcones, en las ventanas y en las puertas de las casas, las
+personas de m&aacute;s edad y fuste estaban sentadas en sillas.</p>
+
+<p>Las j&oacute;venes se paseaban o se paraban a contemplar las tiendas de
+mercaderes ambulantes que se extend&iacute;an por la plaza y por dos o tres
+calles de las que en la plaza desembocan.</p>
+
+<p>Las tiendas a las que se agolpaba m&aacute;s gente eran las de juguetes y
+mu&ntilde;ecos. Apenas hab&iacute;a chicuelo que no fuese obsequiado por sus padres o
+por los amigos de sus padres con un pito, con una trompeta o con un
+tambor. Y como casi todos desplegaban en seguida su capacidad musical en
+los instrumentos que les hab&iacute;an mercado, el aire resonaba con marcial y
+alegre, aunque algo discordante armon&iacute;a. Ni faltaban en las tiendas de
+mu&ntilde;ecos trompas marinas, siempretiesos, sables y fusiles de madera y de
+lat&oacute;n, y especialmente Santos Domingos de diversos tama&ntilde;os, todos de
+barro cocido y pintados de viv&iacute;simos colores. Estas im&aacute;genes eran las
+que m&aacute;s se vend&iacute;an, porque el santo inspiraba en el pueblo devoci&oacute;n
+fervorosa.</p>
+
+<p>El ambiente estaba embalsamado por el aroma del aceite frito de m&aacute;s de
+quince bu&ntilde;oler&iacute;as, donde gitanas viejas y mozas fre&iacute;an y despachaban de
+continuo esponjados bu&ntilde;uelos, que unas personas se com&iacute;an all&iacute; mismo con
+aguardiente o con chocolate y <span class="pagenum"><a name="page50" id="page50"></a></span>otras se los llevaban a su casa,
+ensartados todos en un largo, flexible y verde junco.</p>
+
+<p>Ni faltaban all&iacute; tampoco puestos de exquisitas frutas; pero los que m&aacute;s
+atra&iacute;an la atenci&oacute;n de los chicuelos eran los de almecinas, ya que,
+adem&aacute;s del gusto de com&eacute;rselas, proporcionaban la diversi&oacute;n de ejercitar
+la punter&iacute;a tirando al blanco. Cada muchacho que compraba almecinas
+compraba tambi&eacute;n un canuto de ca&ntilde;a, cerbatana por donde, despu&eacute;s de
+haberse comido la poca y negra carne de la fruta, disparaba soplando el
+huesecillo redondo y duro. Estos proyectiles corr&iacute;an silbando por el
+aire como las balas en una re&ntilde;ida batalla, salvo que eran mucho m&aacute;s
+inocentes, pues apenas hac&iacute;an da&ntilde;o, si por una maldita y rara casualidad
+no acertaban a darle a alguien en un ojo, pues entonces bien pod&iacute;an
+dejarle tuerto. Caso tan lastimoso, sin embargo, rara vez ocurre, y, por
+consiguiente, la muchedumbre se paseaba tranquila en medio de aquel
+feroz tiroteo. Hab&iacute;a, por &uacute;ltimo, en la feria nocturna siete u ocho
+mesillas de turr&oacute;n, y hasta tres confiter&iacute;as, donde lo que con m&aacute;s
+abundancia se despachaba eran las yemas, los roscos de huevo y las
+batatas confitadas.</p>
+
+<p>Se cuenta que cuando alg&uacute;n campesino que presume de muy rumboso quiere
+obsequiar a su novia o a la muchacha a quien va acompa&ntilde;ando, se dirige
+al confitero y le pide yemas o batatas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ntas quiere usted?&mdash;dice el confitero poniendo en uno de los
+platillos del peso la pesa de cuarter&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Eche usted <i>jierro</i>&mdash;responde el gal&aacute;n.</p>
+
+<p>El confitero pone la pesa de media libra.</p>
+
+<p>&mdash;Eche usted m&aacute;s <i>jierro</i>&mdash;repite varias veces el gal&aacute;n, y el confitero
+va echando casi todas las pesas.</p>
+
+<p>Pero siempre la muchacha, llena de exquisita delicadeza, y con los m&aacute;s
+modestos remilgos, alega la dificultad que hay en trasladar a casa tanta
+balumba y pesadumbre de confites, y asegura que no se los podr&aacute; comer en
+una o dos semanas, y que se pondr&aacute;n agrios, secos o rancios. En fin,
+ella est&aacute; tan elocuente, que el gal&aacute;n, aunque al principio se resiste
+llamando a la muchacha dama de la media almendra, al cabo se deja
+convencer, pero no de repente, sino poquito a poco; y seg&uacute;n va entrando
+el convencimiento en su &aacute;nimo y ella sigue hablando, &eacute;l la interrumpe a
+trechos diciendo al confitero:</p>
+
+<p>&mdash;Quite usted <i>jierro</i>.</p>
+
+<p>Y de esta suerte acaba por no quedar en el platillo de las pesas m&aacute;s que
+la de cuarter&oacute;n, y a veces la de dos onzas.</p><p><span class="pagenum"><a name="page51" id="page51"></a></span></p>
+
+<p>Para que no careciere la velada de ning&uacute;n atractivo, hubo en ella
+tambi&eacute;n una banda de m&uacute;sica militar, que se hab&iacute;a conservado desde la
+&eacute;poca en que hubo milicianos nacionales, gracias a los desvelos y
+esfuerzos de don Andr&eacute;s Rubio, que hab&iacute;a sido comandante de la milicia.
+Los ocho m&uacute;sicos de que constaba la banda vest&iacute;an a&uacute;n, cuando iban a
+tocar de ceremonia, el antiguo uniforme de la extinguida instituci&oacute;n
+defensora de nuestras libertades. Eran los m&uacute;sicos menestrales o
+jornaleros de los m&aacute;s listos; no tocaban mal, y siempre el Municipio les
+pagaba un buen estipendio: seis y hasta ocho reales a cada uno. De este
+modo se libertaba Villalegre del tributo a que estaba sometida en lo
+antiguo, haciendo venir de la ciudad vecina, siempre que hab&iacute;a funci&oacute;n,
+a los m&uacute;sicos, a quienes apellidaban en el lugar <i>tragalentejas</i>.</p>
+
+<p>Don Paco pase&oacute; a sus amigas por toda la feria, dando no poco que
+murmurar, seg&uacute;n hab&iacute;an previsto.</p>
+
+<p>Como ellas eran m&aacute;s finas que los jornaleros, ninguno se acercaba a
+hablarles, y como estaban en m&aacute;s humilde posici&oacute;n que las ricas
+labradoras, propietarias e hidalgas, la aristocracia las desde&ntilde;aba. El
+nacimiento ileg&iacute;timo de Juanita hac&iacute;a mayor este aislamiento. Juanita no
+ten&iacute;a ya una amiga. Entre los mozos, como hab&iacute;a desde&ntilde;ado a muchos, los
+pobres no se le acercaban por ofendidos o t&iacute;midos, y los ricachos, que
+si ella hubiera sido f&aacute;cil hubieran porfiado por visitarla en su casa,
+tem&iacute;an desconcharse o rebajarse acompa&ntilde;&aacute;ndola en p&uacute;blico. Anto&ntilde;uelo era
+el &uacute;nico gal&aacute;n que a&uacute;n se complac&iacute;a en acompa&ntilde;ar a Juanita; pero
+Anto&ntilde;uelo andaba entonces muy extraviado y se hallaba ausente en una de
+sus correr&iacute;as por los lugares cercanos.</p>
+
+<p>Las mozas que sol&iacute;an ir por agua a la fuente del ejido, y los arrieros,
+pastores y porquerizos que acud&iacute;an a dar agua al ganado, considerando
+que desde que Juanita dej&oacute; de ir all&iacute; se daba tono de se&ntilde;ora, no se
+atrev&iacute;an ya ni a saludarla.</p>
+
+<p>Toda la noche, o sea hasta que los fuegos terminaron, que fue ya cerca
+de la una, madre e hija permanecieron en la plaza, y hubieran estado sin
+otro acompa&ntilde;ante que don Paco, si don Pascual, el maestro de escuela, no
+se hubiera unido tambi&eacute;n a ellas.</p>
+
+<p>Era don Pascual un solter&oacute;n de m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os, delicado de salud,
+flaco y peque&ntilde;o de cuerpo, pero inteligente y dulce de car&aacute;cter.</p>
+
+<p>Desde que Juanita tuvo seis a&ntilde;os don Pascual, prendado de <span class="pagenum"><a name="page52" id="page52"></a></span>su despejo y
+de su viveza, se hab&iacute;a esmerado en ense&ntilde;arle a leer y escribir, algo de
+cuentas y otros conocimientos elementales.</p>
+
+<p>Juanita hab&iacute;a tenido en el maestro de escuela un admirador constante y
+&uacute;til, porque hab&iacute;a sido para ella, a falta de aya, ayo gratuito y
+celos&iacute;simo.</p>
+
+<p>Ella, en cambio, hac&iacute;a mucho honor a su maestro, pues tomando sus
+lecciones en horas de asueto y cuando la escuela estaba desierta de
+muchachos, sali&oacute; disc&iacute;pula tan aventajada, que avergonzaba a casi todos
+los que a la escuela asist&iacute;an.</p>
+
+<p>Nadie sab&iacute;a mejor que ella el Catecismo de Ripalda y el Ep&iacute;tome de la
+gram&aacute;tica. Nadie conoc&iacute;a mejor las cuatro reglas.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a aprendido tambi&eacute;n Juanita algo de geograf&iacute;a y de historia; y ya,
+cuando apenas ten&iacute;a nueve a&ntilde;os, recitaba con mucha gracia varios
+antiguos romances y no pocas f&aacute;bulas de Samaniego.</p>
+
+<p>Tiempo hac&iacute;a que don Pascual no visitaba a Juanita ni a su madre.</p>
+
+<p>Primero, las frecuentes visitas de Anto&ntilde;uelo le hab&iacute;an espantado.
+Despu&eacute;s le retrajo m&aacute;s de ir a casa de las dos Juanas el saber que tanto
+las frecuentaba don Paco. Tal vez supuso el bueno del maestro que
+Anto&ntilde;uelo y don Paco bastaban en aquella casa, y que si &eacute;l iba estar&iacute;a
+de non y ser&iacute;a un estorbo.</p>
+
+<p>Aquella noche pas&oacute; por acaso don Pascual cerca de Juanita, y esta se
+dirigi&oacute; a &eacute;l dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, maestro. &iquest;Qu&eacute; le hemos hecho a usted, que tan caro se
+vende y que nos tiene tan olvidadas?</p>
+
+<p>Fueron tantas las cordiales zalamer&iacute;as de la muchacha, que la
+preocupaci&oacute;n de que &eacute;l pudiera ser estorbo se le borr&oacute; por completo del
+mag&iacute;n y acompa&ntilde;&oacute; a ambas mujeres durante toda la velada, siendo el
+cuarto personaje del grupo.</p>
+
+<p>Ya paseaban los cuatro, ya se sentaban en los bancos de piedra que hay
+en la plaza. Siempre estaban o iban en medio las dos mujeres, y
+alternando, a un lado y otro, ambos galanes.</p>
+
+<p>Ellos quisieron obsequiarlas con confites, pero ninguna de las dos
+consinti&oacute; tama&ntilde;o despilfarro. Para que don Paco no lo tomase a desaire,
+dej&oacute; Juana que le comprase un buen pu&ntilde;ado de cacahuetes y cotufas, que
+se ech&oacute; en el bolsillo y que iba comiendo. Juanita, que gustaba mucho de
+las casta&ntilde;as, como la Amarilis de Virgilio, se avino a que don Pascual
+le comprase un cuarter&oacute;n de pilongas, que tambi&eacute;n se iba comiendo sin el
+menor melindre.</p>
+
+<p>A don Pascual le bast&oacute; con una que ella le dio con fineza, <span class="pagenum"><a name="page53" id="page53"></a></span>porque como
+don Pascual no ten&iacute;a dientes, no la pod&iacute;a roer ni mascar y la tuvo hora
+y media en la boca, tratando en balde de ablandarla, y recordando que
+sin duda por eso, as&iacute; como por su baratura, se llaman las casta&ntilde;as
+pilongas caramelos de cadete. Agradablemente pasaron, pues, la velada, y
+fueron de los que m&aacute;s gozaron en ella, sin perdonar los fuegos con los
+que la velada termin&oacute;, y que estuvieron espl&eacute;ndidos.</p>
+
+<p>Los galanes, ya cerca de la una, acompa&ntilde;aron a ambas Juanas hasta la
+puerta de su casa.</p>
+
+<p>Cada mochuelo a su olivo, como suele decirse. Todos en el lugar se
+retiraron a dormir y trataron de dormir profundamente y de prisa, a fin
+de estar listos y bien apercibidos, desde muy temprano, para las
+magn&iacute;ficas fiestas que hab&iacute;a de haber al d&iacute;a siguiente.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XV" id="XV"></a>XV</h2>
+
+<p>Desde el amanecer empez&oacute; a solemnizarse el 4 de agosto de manera
+estruendosa con repique general de campanas.</p>
+
+<p>Multitud de gente, tanto de la villa como de no pocos lugares cercanos,
+circulaba por la v&iacute;a p&uacute;blica, acud&iacute;a a la plaza, donde segu&iacute;a la feria
+como en la noche antes, o se agolpaba en la carretera por donde hab&iacute;a de
+ir la procesi&oacute;n, saliendo de la iglesia de Santo Domingo, que era la
+parroquia, y volviendo a entrar en ella despu&eacute;s de haber dado gentil
+paseo por las calles principales. Estas hab&iacute;an sido bien barridas y
+alfombradas luego de juncia y gayomba. Aguardando ver pasar la procesi&oacute;n
+se hallaban muchas personas en las puertas, ventanas y balcones,
+pendientes de cuyas rejas y barandas luc&iacute;an vistosas colgaduras de
+damasco encarnado, verde y amarillo, o de colchas de algod&oacute;n estampado
+con enormes floripondios y orladas de rizados y c&aacute;ndidos faralaes.</p>
+
+<p>La poblaci&oacute;n toda estaba de gala. Los hombres, bien afeitados, pues la
+v&iacute;spera quedaron abiertas las barber&iacute;as y afeita que afeita hasta muy
+dadas las doce. Los se&ntilde;ores m&aacute;s importantes y ricos, cuantos recib&iacute;an el
+tratamiento de don, estaban de levita y castora, hasta con frac dos o
+tres, el escribano entre ellos. Los jornaleros, de camisa limpia y con
+sus mejores ropas; si eran j&oacute;venes, iban en cuerpo, pero con chivata o
+larga vara de membrillo, oliva o fresno; y si eran ya mayores de edad,
+con capa, para el conveniente decoro, por ser por all&iacute; la capa el traje
+de etiqueta, del que no se puede prescindir, aunque se achicharre o
+derrita <span class="pagenum"><a name="page54" id="page54"></a></span>el humano linaje, como era entonces el caso, porque el sol
+hac&iacute;a chiribitas.</p>
+
+<p>Las mujeres de todas las clases sociales hab&iacute;an sacado sus trapitos de
+cristianar para adornarse aquel d&iacute;a. Ninguna iba con la cabeza
+descubierta. Todas, s&iacute; no ten&iacute;an mantilla, llevaban mantones de lana
+ligera, o bien pa&ntilde;uelos que denominaban all&iacute; <i>se&aacute;ticos</i>, o sea percal
+lustros&iacute;simo, que imita la seda. Las damas pudientes, ya provectas,
+vest&iacute;an trajes negros u oscuros de tafet&aacute;n, de sarga malague&ntilde;a o de
+alep&iacute;n o de c&uacute;bica; y las se&ntilde;oritas, sus hijas, iban con trajes de
+muselina o de otras telas a&eacute;reas y vaporosas, pero ninguna sin mantilla,
+ora de tul bordado, ora de blonda catalana o manchega. Sobre la pulidez
+y el aseo del peinado, y como matorral a pie de enhiesta torre,
+reluc&iacute;an, junto a las peinetas de carey, las mo&ntilde;as de jazmines, la
+albahaca y otras hierbas de olor, y las rosas y los claveles rojos,
+amarillos, blancos y disciplinados.</p>
+
+<p>Las flores abundaban en Villalegre, gracias a la fuente del ejido, cuyas
+milagrosas propiedades ya hemos elogiado, y gracias tambi&eacute;n a otros
+caudalosos veneros, que brotan entre rocas al pie de la inmediata
+sierra, y a varias norias y a no pocos pozos de agua dulce, con los
+cuales se riegan huertos, macetas y arriates.</p>
+
+<p>Por entre los hierros de las cancelas que hab&iacute;a en las mejores casas se
+ve&iacute;an los floridos patios, en algunos de los cuales los naranjos y las
+acacias prestaban grata sombra. Las plantas enredaderas trepaban por las
+paredes y formaban tupido cortinaje en las ventanas del primer piso.</p>
+
+<p>En el centro del patio, o refrescaba el ambiente un surtidor que ca&iacute;a en
+roja taza de bru&ntilde;ido jaspe, o se levantaba gran pir&aacute;mide de tiestos,
+formando compacta masa de flores y verdura.</p>
+
+<p>Las lib&eacute;lulas y las inquietas mariposas revoloteaban en torno, y las
+avispas y las abejas zumbaban buscando miel.</p>
+
+<p>El territorio o t&eacute;rmino de Villalegre confina con la campi&ntilde;a, donde
+todas son tierras de pan llevar o bald&iacute;os incultos, sin huertas, ni
+olivares, ni vi&ntilde;edos. Si algo verdea por aquellos campos es tal cual
+melonar en las hondonadas. Todo lo dem&aacute;s es en aquella estaci&oacute;n pajizo,
+ya sembrado, ya barbecho, ya rastrojos, los cuales arden como yesca y
+suelen quemarse para fecundar el suelo. Las plantas que se elevan m&aacute;s
+por all&iacute; y dan mayor sombra son las pitas. Son las m&aacute;s le&ntilde;osas y
+arborescentes los cardos y los girasoles. As&iacute; es que en los hogares se
+guisa con cierto producto animal, que no s&oacute;lo da calor, sino perfume,
+salvando por el <span class="pagenum"><a name="page55" id="page55"></a></span>aire una o dos leguas de distancia, de suerte que las
+poblaciones se huelen mucho antes de llegar a ellas, y aun de
+columbrarse en el horizonte sus campanarios.</p>
+
+<p>Los gorriones, los jilgueros, las golondrinas y otras cien especies de
+pintados y alegres pajarillos salen a la campi&ntilde;a con el alba, a coger
+semillas, cigarrones y otros bichos con que alimentarse; pero todos
+anidan en el t&eacute;rmino de Villalegre, y vuelven a &eacute;l, despu&eacute;s de sus
+excursiones, para guarecerse en sus cotos y umbr&iacute;as, para beber en sus
+cristalinos arroyos y acequias, y para regocijar aquel oasis con sus
+chirridos, trinos y gorjeos.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a, que era en extremo caluroso, o no hab&iacute;an salido las aves a
+merodear o hab&iacute;an vuelto tempranito, y trinando y piando, mientras que
+arrullaban t&oacute;rtolas y palomas, hac&iacute;an salva y m&uacute;sica al Santo Patrono,
+as&iacute; en los alrededores como dentro de la misma villa.</p>
+
+<p>Para mayor ornato y esplendor se hab&iacute;an erigido en ella seis triunfales
+arcos de lozano y verde follaje.</p>
+
+<p>La procesi&oacute;n sali&oacute; en buen orden de la iglesia a las ocho en punto de la
+ma&ntilde;ana. Romp&iacute;an la marcha el sacrist&aacute;n y los monaguillos, que llevaban
+el estandarte, la manga de la parroquia y dos cruces de plata, a uno y
+otro lado de la manga. Despu&eacute;s much&iacute;sima cera, esto es, multitud de
+hombres con velas encendidas caminaban en dos hileras. A trechos
+aparec&iacute;an, conducidas en andas, hasta seis im&aacute;genes de santos, todas
+policromas, de barro o de madera. La quinta imagen era la de Santo
+Domingo. Su cara, severa y hermosa. Sobre su inspirada frente reluc&iacute;a
+una estrella de plata sobredorada. Con su mano derecha echaba el santo
+bendiciones. A sus pies hab&iacute;a un perro, muy bien figurado, que llevaba
+entre los dientes una antorcha, al parecer encendida, con la cual, seg&uacute;n
+el sue&ntilde;o de Santa Juana de Asas, abrasaba e ilustraba el mundo en amor y
+en conocimiento de Dios. Caminaban luego las dos filas de hombres con
+velas ardiendo, y por &uacute;ltimo ven&iacute;a una bella efigie de la Virgen, que
+estaba sobre los cuernos de la luna, la cual luna era de plata, lo mismo
+que la corona que llevaba la Sant&iacute;sima Celestial Se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Era su manto de raso azul celeste, todo &eacute;l bordado tambi&eacute;n de plata, y
+que hab&iacute;a costado un dineral. Ten&iacute;a la Virgen en el brazo izquierdo,
+apoyado contra el coraz&oacute;n, a un precioso Ni&ntilde;o Jes&uacute;s con la bola del
+mundo, que ostentaba la cruz en lo m&aacute;s alto. En la mano derecha llevaba
+la Virgen el escapulario del Carmen.</p><p><span class="pagenum"><a name="page56" id="page56"></a></span></p>
+
+<p>Iban delante de la Virgen, con dalm&aacute;ticas e incensarios, dos di&aacute;conos,
+que por all&iacute; llaman <i>jumeones</i>.</p>
+
+<p>En mitad de los <i>jumeones</i> descollaba el hermano mayor de la cofrad&iacute;a,
+con t&uacute;nica de seda azul sobre el frac, y empu&ntilde;ando larga p&eacute;rtiga de
+plata. Este hermano mayor era nada menos que el marido de do&ntilde;a In&eacute;s y
+yerno de don Paco, el ilustre don Alvaro Roldán, uno de cuyos
+antepasados hab&iacute;a costeado la imagen de la Virgen, as&iacute; como la de Santo
+Domingo, obras ambas de Monta&ntilde;&eacute;s, seg&uacute;n se jactaban de ello los
+naturales de Villalegre.</p>
+
+<p>En pos de la Virgen, revestido de riqu&iacute;sima capa pluvial, aparec&iacute;a el
+padre Anselmo, y en torno de &eacute;l varios capellanes, as&iacute; ind&iacute;genas como
+forasteros, con roquetes y sobrepellices, sueltos algunos de ellos, y
+otros seis sosteniendo los argentinos varales del magn&iacute;fico palio,
+debajo del cual se contoneaba con la debida prosopopeya el ya mencionado
+cura p&aacute;rroco.</p>
+
+<p>Inmediatamente marchaban los individuos del Ayuntamiento, con el alcalde
+a la cabeza, el cual llevaba bengala con pu&ntilde;o y borlas de oro. El
+secretario, don Paco, estaba al lado del alcalde, con su levita nueva,
+elegant&iacute;simo, y excitando la envidia de otros se&ntilde;ores cuyas levitas o
+fraques eran viejos, fuera de moda, y algunos muy pelados, y ya que no
+con remiendos y rasgones, con picaduras de polilla, zurcidos chapuceros
+y tal cual lampar&oacute;n o mancha de pringue o aceite, no menos conspicua que
+las que not&oacute; y censur&oacute; el Cid en el h&aacute;bito del monje don Bermudo.</p>
+
+<p>El cacique, don Andr&eacute;s Rubio, brillaba en la procesi&oacute;n por su ausencia.</p>
+
+<p>Cercado de una caterva de muchachos, se mostraba luego el hombre m&aacute;s
+forzudo del lugar, con la bandera del santo, cuya asta era largu&iacute;sima.
+La bandera estaba hecha de retazos cuadrados de tafet&aacute;n de diversos y
+viv&iacute;simos colores. Y era la gala que aquel jay&aacute;n, cuando hab&iacute;a para ello
+espacio bastante, porque el pa&ntilde;o de la bandera ten&iacute;a lo menos cuatro
+varas en cuadro, revolotease la bandera gir&aacute;ndola en torno, paralela al
+suelo, de modo que, agach&aacute;ndose los muchachos y hasta algunos hombres y
+mujeres, eran por ella cobijados y benditos. Esta operaci&oacute;n del
+revoloteo y el cobijo iba siempre acompa&ntilde;ada de un precipitado redoble
+de tambor, tocado por un tamborilero hasta cierto punto eclesi&aacute;stico y
+consagrado a aquel menester.</p>
+
+<p>No cerraba la procesi&oacute;n ninguna tropa de veras, porque en el pueblo,
+desde que se hab&iacute;a extinguido la milicia nacional, no hab&iacute;a soldados.
+S&oacute;lo hab&iacute;a dos guardias civiles. Sin embargo, en <span class="pagenum"><a name="page57" id="page57"></a></span>lugar de los
+<i>tragalentejas</i>; que sol&iacute;an venir en lo antiguo de una ciudad cercana,
+iban los m&uacute;sicos municipales casi siempre tocando y vistiendo a&uacute;n el
+uniforme de la extinguida milicia.</p>
+
+<p>No contentos con esto los del lugar y considerando y sabiendo, m&aacute;s o
+menos confusamente, que el Santo Patrono hab&iacute;a tenido algo de guerrero,
+quisieron que aquella pompa fuese m&aacute;s militar, y tuvieron una felic&iacute;sima
+idea. A los soldados romanos que salen all&iacute; en las procesiones de Semana
+Santa les pusieron en el pecho cruces de terciopelo carmes&iacute; y los
+convirtieron de perseguidores de Cristo en perseguidores de herejes de
+los que los amigos del santo hab&iacute;an metido en costura. Los soldados
+romanos estaban vestidos con mucha propiedad, porque en el pueblo hab&iacute;a
+un santo nacido en &eacute;l, el cual santo perteneci&oacute; a la Legi&oacute;n Tebana; y
+como en compa&ntilde;&iacute;a de una de sus canillas, hallada en las catacumbas, vino
+de Roma su imagen, el traje que llevaba sirvi&oacute; de modelo para hacer los
+de los soldados romanos.</p>
+
+<p>En cuanto al traje de los jud&iacute;os, era tan fant&aacute;stico, que pod&iacute;a valer
+para cualquier &eacute;poca, si bien ten&iacute;a el inconveniente de ser tan rico y
+primoroso, que s&oacute;lo los se&ntilde;oritos m&aacute;s acaudalados del pueblo lo pod&iacute;an
+costear; as&iacute; es que hab&iacute;a pocos jud&iacute;os, muchos menos que soldados
+romanos; mas no por eso se somet&iacute;an del todo, sino que de cuando en
+cuando se enredaban a trancazos con los cruzados, armando muy graciosas
+escaramuzas o simulacros de pelea, con los cuales el pueblo se re&iacute;a y
+era como el sainete o parte c&oacute;mica de la procesi&oacute;n.</p>
+
+<p>Debemos advertir que estos jud&iacute;os herejes, tan elegantes en el vestir,
+gastaban ciertas espantosas car&aacute;tulas, con enormes narices, a veces como
+berenjenas amoratadas y llenas de verrugas, porque los jud&iacute;os de los
+tiempos antiguos eran m&aacute;s feos que los de ahora, si bien entonces ten&iacute;an
+la mar de dinero, cuando se vest&iacute;an con tanto lujo.</p>
+
+<p>La devota muchedumbre no ve&iacute;a pasar la procesi&oacute;n en reverente y mustio
+silencio, sino con alborozo y algazara, prorrumpiendo en nutridos y
+sonoros vivas, entre los cuales se o&iacute;an a veces proposiciones
+candorosamente heterodoxas y aun un poco blasfemas de puro
+entusi&aacute;sticas, como, por ejemplo: &laquo;&iexcl;Viva nuestro glorioso Patriarca, que
+joroba a todos los demonios!&raquo; &laquo;&iexcl;Viva nuestro Santo Patrono, que achica a
+todos los otros santos!&raquo;</p>
+
+<p>Para colmo de la devoci&oacute;n y muestras de j&uacute;bilo, varios mozos ten&iacute;an
+escopetas y trabucos, y disparaban tiros sin bala ni <span class="pagenum"><a name="page58" id="page58"></a></span>perdigones, pero
+con mucha p&oacute;lvora y muy apretada por el taco, a fin de que retumbase m&aacute;s
+el tronido. En suma, la procesi&oacute;n no dej&oacute; nada que desear. El p&uacute;blico
+qued&oacute; muy satisfecho.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h2>
+
+<p>A las diez se cant&oacute; la misa mayor con &oacute;rgano, que lo hay all&iacute; muy bueno,
+y no sucede lo que en Tocina y en otros lugares de la Andaluc&iacute;a baja,
+donde dicen que, a falta de &oacute;rgano, tocan la guitarra en la iglesia. De
+esto no respondemos. Puede que sea una calumnia. Lo contamos porque lo
+hemos o&iacute;do contar.</p>
+
+<p>La Virgen estaba ya de nuevo ocupando su camar&iacute;n en el altar mayor, cuyo
+retablo, todo de madera tallada y dorada, sub&iacute;a hasta la cumbre del
+&aacute;bside, y era caprichoso y atrevido desate del estilo churrigueresco:
+complicado laberinto de retorcidos tallos, colosal hojarasca, frutas,
+armas, monstruos simb&oacute;licos y rosetones, por los cuales asomaban sus
+infantiles y aladas cabezas los &aacute;ngeles y los serafines.</p>
+
+<p>A la derecha, y sobre otro altar, estaba ya tambi&eacute;n en su nicho el Santo
+Patrono.</p>
+
+<p>Ambos altares resplandec&iacute;an con much&iacute;simas velas y hachones ardiendo, y
+ramilletes de flores y festones y guirnaldas de array&aacute;n, laurel y
+limonero los engalanaban.</p>
+
+<p>Las paredes del templo, si bien blanqueaban sin m&aacute;cula por el reciente
+enjalbiego, se ve&iacute;an en parte cubiertas de rojo damasco, aunque el
+damasco era poco, y era m&aacute;s el filipich&iacute;n que lo remeda.</p>
+
+<p>A ambos lados del altar de Santo Domingo admiraban los fieles multitud
+de exvotos, claro testimonio de la potencia milagrosa de su celestial
+abogado. All&iacute; piernas, ojos, brazos y hasta ni&ntilde;os completos, y bastantes
+tablitas pintadas al &oacute;leo, donde el milagro se representaba, y por medio
+de un largo letrero escrito al pie quedaba explicado.</p>
+
+<p>La multitud llenaba el templo. En el centro, las mujeres, de rodillas o
+sentadas en el suelo, se abanicaban casi todas. El movimiento de los
+abanicos de diversos colores alegraba la vista. Alrededor estaban los
+hombres, en pie. S&oacute;lo ocupaban algunos esca&ntilde;os de nogal los se&ntilde;ores del
+Ayuntamiento y el cacique don Andr&eacute;s, que vino a la iglesia, aunque no a
+la procesi&oacute;n.</p><p><span class="pagenum"><a name="page59" id="page59"></a></span></p>
+
+<p>Las miradas de los asistentes se fijaban con pasmo en el pecho del
+cacique, donde aquel d&iacute;a brillaba por vez primera la placa de oro,
+diamantes y rub&iacute;es y lustrosa banda de una gran cruz que el Gobierno
+acababa de concederle en premio de sus eminentes servicios.</p>
+
+<p>Ambas Juanas, que tampoco hab&iacute;an estado en la procesi&oacute;n, porque la
+hab&iacute;an visto pasar por delante de su casa, sita en la carrera,
+aparecieron en la iglesia cuando ya empezaba la misa. Involuntario y
+general murmullo de admiraci&oacute;n se escap&oacute; entonces del pecho de los
+hombres. La madre iba delante abri&eacute;ndose paso con los codos. Detr&aacute;s
+ven&iacute;a la hija, hecha un sol, con su lindo vestido de seda chinesca, su
+mantilla de madro&ntilde;os, su alta peineta de concha y un mont&oacute;n de claveles
+junto a la peineta. Como el vestido era alto, Juanita no llevaba pa&ntilde;uelo
+y mostraba toda la gallard&iacute;a y esbeltez de su talle. Parec&iacute;a la se&ntilde;ora
+principal, la reina de aquella funci&oacute;n, y apenas pod&iacute;an comprender sus
+compatriotas que fuese ella misma la moza que hac&iacute;a poco iba con un
+c&aacute;ntaro por agua a la fuente. Era marcial y decidido su paso, pero al
+mismo tiempo majestuoso y modesto.</p>
+
+<p>En la mano, que, en vez de emplearse en humildes y rudos trabajos
+dom&eacute;sticos, se dir&iacute;a que hab&iacute;a estado conservada entre algodones, como
+delicada joven, ten&iacute;a un peric&oacute;n que manejaba con mucha gracia.</p>
+
+<p>El asombro que caus&oacute; su entrada en la iglesia bien se puede decir que
+durante tres o cuatro minutos turb&oacute; el orden y la tranquilidad que all&iacute;
+reinaba. El maestro de escuela, hombre le&iacute;do y que sab&iacute;a de memoria el
+Romancero, record&oacute; a este prop&oacute;sito, hablando a la oreja de un concejal,
+el efecto que hizo entrada semejante en la ermita de San Sim&oacute;n de cierta
+ni&ntilde;a sevillana, alborotando hasta a los monagos y a los sacristanes,
+quienes</p>
+
+<div class="center">en vez de decir am&eacute;n,<br />
+dec&iacute;an amor, amor.</div><br />
+
+<p>Tan disparatado triunfo no cogi&oacute; de susto a do&ntilde;a In&eacute;s. Ya ten&iacute;a ella
+averiguada la transformaci&oacute;n de Juanita de zagalona r&uacute;stica en algo que
+presum&iacute;a de dama, y ya sab&iacute;a, merced a las investigaciones de Cristina,
+que Juanita iba a lucir aquel d&iacute;a un maravilloso traje de lo m&aacute;s a la
+moda y se&ntilde;oril que se hab&iacute;a visto nunca en aquel lugar y en muchas
+leguas a la redonda. El &eacute;xito sobrepuj&oacute;, no obstante, todos los
+presentimientos y temores de <span class="pagenum"><a name="page60" id="page60"></a></span>do&ntilde;a In&eacute;s. Aunque todav&iacute;a estaba guapa, a
+pesar de los ocho v&aacute;stagos que hab&iacute;a tenido, se sinti&oacute; en el fondo del
+alma, inferior a Juanita en hermosura; no dej&oacute; de notar, con profunda
+mortificaci&oacute;n, que Juanita estaba vestida con mejor gusto que ella;
+hasta en la distinci&oacute;n, aunque do&ntilde;a In&eacute;s se preciaba de muy distinguida,
+tuvo recelos de que Juanita le llevaba ventaja. Apenas se daba cuenta la
+se&ntilde;ora de Roldán del arte o de la adivinaci&oacute;n con que una chicuela que
+se hab&iacute;a criado entre piller&iacute;a andrajosa y casi en medio de la calle,
+como vaca sin cencerro, se hab&iacute;a hecho sujeto capaz de tan repentina
+elegancia.</p>
+
+<p>Como Juana la Larga iba tan engre&iacute;da y tan ufana con el asombroso
+esplendor y con la rara belleza de su ni&ntilde;a, no busc&oacute; para ponerse con
+ella de rodillas un sitio muy apartado, sino el mejor y m&aacute;s visible.
+Ambas mujeres fueron a plantificarse en un peque&ntilde;o claro, inmediato a
+los esca&ntilde;os en que estaba el Ayuntamiento y don Paco y don Andr&eacute;s; claro
+que el respeto y la humildad de otras mujeres hab&iacute;an contribuido a
+formar, y en cuyo l&iacute;mite, no distante, se hallaba do&ntilde;a In&eacute;s L&oacute;pez de
+Roldán, la cual tom&oacute; aquella intrusi&oacute;n por desaforado atrevimiento, y
+ardi&oacute; en sed de imponerle pronto y severo castigo.</p>
+
+<p>Al efecto hab&iacute;a ya prevenido al padre Anselmo, y le ten&iacute;a muy
+sobreexcitado contra Juanita y contra su madre.</p>
+
+<p>El padre Anselmo distaba mucho de ser malo y de ser ignorante. Sab&iacute;a no
+poco de teolog&iacute;a dogm&aacute;tica y de moral, y pose&iacute;a notable despejo y
+prodigiosa facundia; pero era terco, persistente en las opiniones que
+una vez aceptaba, y desconocedor de los asuntos mundanos. Do&ntilde;a In&eacute;s,
+adem&aacute;s, le ten&iacute;a sorbidos los sesos. Do&ntilde;a In&eacute;s le infund&iacute;a una veneraci&oacute;n
+y un cari&ntilde;o alambicadamente espirituales, que la convert&iacute;an para &eacute;l en
+or&aacute;culo. Era el devoto afecto que se filtra y se cuela a menudo en el
+virtuoso coraz&oacute;n de los ancianos: amor sin deseo y sin vicio; lo que
+hasta llam&aacute;ndose platonismo escandalizar&iacute;a al mismo que lo siente; lo
+que es tan sutil, tan et&eacute;reo y tan limpio como aquel semidivino sentir
+que describe y pinta con rasgos luminosos el conde Baltasar Castiglione
+en las &uacute;ltimas &aacute;ureas p&aacute;ginas de su <i>Cortesano</i>.</p>
+
+<p>El padre Anselmo jam&aacute;s hab&iacute;a le&iacute;do este libro y no hab&iacute;a ca&iacute;do ni pod&iacute;a
+caer en que sent&iacute;a inclinaci&oacute;n tan dulce; pero sin tener conciencia de
+ello reverenciaba a do&ntilde;a In&eacute;s como si fuera &aacute;ngel o santa. Estaba ciego
+para todos los defectos y pecados de ella, y no ve&iacute;a o no cre&iacute;a ver en
+ella sino virtudes: la prudencia, la caridad, el recogimiento y la
+piedad religiosa.<span class="pagenum"><a name="page61" id="page61"></a></span> Para el padre Anselmo era do&ntilde;a In&eacute;s modelo de casadas
+y de madres de familia y dechado ejemplar de se&ntilde;oras distinguidas y
+doctas. En todo cuanto le dijo acerca de Juanita no advirti&oacute; otro
+intento que el de evitar o reprimir el esc&aacute;ndalo y el mal ejemplo que en
+el lugar se estaba ya dando.</p>
+
+<p>Influido por estas ideas, hab&iacute;a preparado el serm&oacute;n que predic&oacute; aquel
+d&iacute;a y que versaba, con aplicaci&oacute;n a las circunstancias, sobre el mismo
+tema que &eacute;l gustaba de tratar siempre: sobre la corrupci&oacute;n de nuestro
+siglo y sobre sus s&iacute;ntomas ominosos, que son alternativamente efectos y
+causas. Porque la falta de religi&oacute;n hace que se hunda la moralidad, como
+edificio cuyos cimientos se socavan, mientras que el excesivo regalo y
+el esmerado atildamiento del cuerpo apartan a las almas de toda seria
+meditaci&oacute;n diab&oacute;licamente hacia lo temporal y caduco, y abras&aacute;ndolas en
+el infernal apetito de poseerlo y de gozarlo. De aqu&iacute; la ambici&oacute;n, la
+codicia y la lascivia, red que Satan&aacute;s nos tiende, cebo con que nos
+atrae y anzuelo con que nos pesca y nos lleva consigo para devorarnos.
+La incredulidad y la herej&iacute;a nacen de la molicie y del lujo, y por la
+ambici&oacute;n y la codicia, cunden, se propagan y lo inficionan todo.</p>
+
+<p>El padre ilustr&oacute; su doctrina con citas hist&oacute;ricas. Los albigenses, a
+quienes convirti&oacute; Santo Domingo con ayuda de Sim&oacute;n de Monfort, hab&iacute;an
+ca&iacute;do en abominable herej&iacute;a porque se entregaban a los festines,
+elegancias y malas pasiones. Una pícara mujer que sedujo a Mart&iacute;n Lutero
+tuvo la culpa de que se hiciese protestante media Europa. Y la perversa
+Ana Bolena fue el medio de que se vali&oacute; el diablo para apoderarse de los
+ingleses, que eran antes fervorosos cat&oacute;licos. La codicia hab&iacute;a sido,
+sin embargo, peor que la lascivia, ya que, si bien toda revoluci&oacute;n
+her&eacute;tica o imp&iacute;a empezaba con deportes, amor&iacute;os y relajaci&oacute;n de
+costumbres, siempre era la codicia la que lograba que triunfase,
+convirtiendo la revoluci&oacute;n en cuca&ntilde;a, en cuyo extremo superior se pon&iacute;an
+los bienes de la Iglesia.</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a el padre&mdash;las personas honradas y pac&iacute;ficas andar&aacute;n
+ahora muy confiadas imaginando que ya acab&oacute; la era de las revoluciones,
+porque la Iglesia es pobre y no tiene bienes que le quiten; pero &iexcl;ay,
+cu&aacute;n lastimosamente se equivocan! A falta de bienes de la Iglesia se
+pondr&aacute;n, o se ponen ya en lo alto de la cuca&ntilde;a, los bienes de los
+particulares ricos. Y a&uacute;n habr&aacute; menos escr&uacute;pulos para incautarse de
+ellos, como ahora dicen, <span class="pagenum"><a name="page62" id="page62"></a></span>porque la incautaci&oacute;n (socorrida palabra para
+no emplear otra muy dura que cuadrar&iacute;a mejor) no ser&aacute; sacr&iacute;lega.</p>
+
+<p>Entonces el padre habl&oacute; del socialismo, refut&aacute;ndolo y procurando
+demostrar que cada una de sus utop&iacute;as es sue&ntilde;o y delirio insano. Seg&uacute;n
+&eacute;l, siempre habr&aacute; pobres y ricos, y figur&aacute;ndose ya la revoluci&oacute;n social
+triunfante, dio por ineludible resultado que los que ahora son ricos
+queden pobres; que algunos de los pobres m&aacute;s listos y audaces se hagan
+ricos y que la muchedumbre de los pobres se aumente en n&uacute;mero y padezca
+mayor miseria, porque gran porci&oacute;n de la riqueza se habr&aacute; consumido o
+destruido con las huelgas, alborotos y guerras civiles. En cambio, si el
+orden establecido se conserva y se cuida de que nadie se haga rico
+burlando el C&oacute;digo Penal, todos trabajar&aacute;n y se ingeniar&aacute;n decentemente,
+por donde crecer&aacute;n la riqueza y el bienestar; y los ricos ser&aacute;n m&aacute;s
+ricos y ser&aacute;n m&aacute;s, y los pobres ser&aacute;n menos pobres y menesterosos; y
+llegar&aacute; el d&iacute;a, all&aacute; en lo por venir, en que los pobres est&eacute;n mejor
+tratados que los ricos de ahora. Pero ahora y entonces habr&aacute; clases y
+jerarqu&iacute;as sociales, y ser&aacute; justo que se respeten, porque las hay hasta
+en el cielo.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; declam&oacute; mucho el padre contra el feroz empe&ntilde;o que muestran hoy
+tantas personas por salir de su clase y elevarse sin m&eacute;rito suficiente:
+el tendero, s&oacute;lo porque se enriquece, pretende ser marqu&eacute;s; el usurero,
+duque; el sargento, general, sin ir a la guerra, y las mozuelas
+desvergonzadas, damas y grandes se&ntilde;oras. Contra todos estos abusos
+disert&oacute; con vehemencia, o m&aacute;s bien lanz&oacute; centellas y rayos, discurriendo
+m&aacute;s por extenso sobre el lujo femenino y encareciendo los males que de
+&eacute;l proceden.</p>
+
+<p>Al cuerpecito de una ni&ntilde;a presumida y muy ataviada lo llam&oacute; colmena de
+Lucifer, cuya miel endulza el veneno, y de donde salen las abejas y los
+z&aacute;nganos de punzantes aguijones, o sea un maldito enjambre de vicios,
+pecados y sandeces.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s de escandalizar con aquel lujo y de provocar a los hombres hasta
+en los lugares sagrados, turbando el sosiego de los esp&iacute;ritus e
+impidiendo su elevaci&oacute;n, se gasta para sustentar dicho lujo m&aacute;s de lo
+que honradamente se gana; se aceptan regalos de los pretendientes y se
+les sonsaca el dinero. Dej&aacute;ndose ir, pues, por pendiente tan
+resbaladiza, las muchachas pobres que se ponen muy majas dan con
+facilidad en busconas. &laquo;Bien lo comprendi&oacute; as&iacute;&mdash;dijo el padre&mdash;la sabia
+y gloriosa reina do&ntilde;a Isabel la Cat&oacute;lica, cuando se indign&oacute; al ver en
+unas fiestas que hubo en Segovia a ciertas aventureras vestidas de seda,
+y prohibi&oacute; <span class="pagenum"><a name="page63" id="page63"></a></span>el uso de la seda a las que no fuesen hidalgas y
+ricashembras, lo cual fue providencia discret&iacute;sima y moralizadora.&raquo;</p>
+
+<p>En suma, el padre Anselmo estuvo muy bien aquel d&iacute;a: censur&oacute; el vicio
+sin censurar al vicio, y no design&oacute; ni aludi&oacute; a nadie.</p>
+
+<p>De esto se encarg&oacute; la maliciosa envidia de las mujeres, excitada con
+disimulo por do&ntilde;a In&eacute;s. Todas hicieron a la emperejilada Juanita blanco
+de sus insolentes miradas. La consideraci&oacute;n del origen ileg&iacute;timo de la
+muchacha vino a corroborar la creencia de que era pecadora. Cada cual
+record&oacute; all&aacute; en sus adentros alguna de las varias sentencias vulgares
+que sostienen como verdad la transmisi&oacute;n de la culpa por medio de la
+sangre: de tal palo, tal astilla; la cabra tira al monte; quien lo
+hereda, no lo hurta; de casta le viene al galgo el ser rabilargo, y as&iacute;
+la madre, as&iacute; la hija y as&iacute; la manta que las cobija.</p>
+
+<p>No pecaban las dos Juanas por encogidas ni por medrosas; pero apenas
+pudieron resistir la muda y formidable tempestad que descarg&oacute; sobre
+ellas. Aparentemente estaba m&aacute;s conmovida la madre. Juanita no mostr&oacute;
+perder la serenidad y el reposo. Su orgullo y el convencimiento de que
+no hab&iacute;a incurrido en grave falta la sostuvieron. El dolor, no obstante,
+y la c&oacute;lera por la inmerecida afrenta ba&ntilde;aron sus mejillas en m&aacute;s
+encendido carm&iacute;n. Y bajando ella la vista, vel&oacute; con los p&aacute;rpados y las
+rizadas y largas pesta&ntilde;as la luz de sus ojos, que dos mal reprimidas
+l&aacute;grimas humedecieron.</p>
+
+<p>Al terminar la funci&oacute;n acertaron madre e hija a escabullirse sin ser
+notadas y a volver precipitadamente a su casa.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII</h2>
+
+<p>Juanita se dej&oacute; caer desmadejada en un sill&oacute;n de brazos. Juana paseaba,
+yendo y volviendo a largos pasos en su salita, como leona en su jaula.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Habr&aacute;se visto&mdash;exclamaba&mdash;mayor descoco! &iexcl;Vaya... las mantesonas, las
+pu...ercas! Pues si durase a&uacute;n la prohibici&oacute;n de seda, &iquest;cu&aacute;l de ellas la
+llevar&iacute;a sin contrabando? Mejores hidalgas y ricashembras nos d&eacute; Dios.
+De seda y muy de seda iban las dos hijas del escribano, pero &laquo;aunque la
+mona se vista de seda, mona se queda&raquo;. Son m&aacute;s feas que noche de
+truenos. &iquest;Y de d&oacute;nde han sacado su hidalgu&iacute;a? Quiz&aacute; no sabremos que son
+hijas de la Frasquita, a quien Dios haya perdonado. Era viuda del
+<span class="pagenum"><a name="page64" id="page64"></a></span>cagarrache del molino de Don Andr&eacute;s cuando la pretendi&oacute; y la tom&oacute; por
+mujer el escribano. &iquest;Y por qu&eacute; la tom&oacute; por mujer? Para remediarse,
+porque ella hab&iacute;a allegado bastante dinero con un gran corral de
+gallinas, y m&aacute;s a&uacute;n con su habilidad para aviar pollos. Aunque iba a la
+chita callando y no gastaba pito, la llamaban la <i>gabacha</i>. &iexcl;Qu&eacute; tacto
+en aquellos dedos verdugos! A escape entrecog&iacute;a ella como con alicates
+lo que andaba buscando a tientas en los pobres animalitos, y los dejaba
+aviados por docenas, sin que se le desgraciase ninguno en la operaci&oacute;n.
+Luego los cebada y pon&iacute;a gord&iacute;simos y los vend&iacute;a muy caros. Yo
+preguntar&iacute;a al padre Anselmo si oficio tan cruel es propio de
+ricashembras.</p>
+
+<p>Juanita se recobr&oacute; pronto de su moment&aacute;neo abatimiento, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, mam&aacute;, no me hables de las hijas del escribano. No las quiero
+mal. Si me miraban con descaro y con susto, fue de puro tontas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hija m&iacute;a, no s&eacute; de qu&eacute; hab&iacute;an de asustarse. En la menor no se
+reparaba, porque es tan chiquituela y consumida, que parece un gusarapo;
+pero la mayor bien llamativa estaba. Vestida de colorado y tan gorda,
+parec&iacute;a un tomate enorme con patas. Y luego, &iexcl;qu&eacute; desverg&uuml;enza! Durante
+toda la misa estuvo su novio a la vera de ella, todav&iacute;a de jud&iacute;o, como
+hab&iacute;a figurado en la procesi&oacute;n. &iexcl;Buena hidalgu&iacute;a est&aacute; la de Pepito, el
+hijo del albardonero! En vez de mercarle traje tan costoso, su padre
+debi&oacute; hacerle una albarda, que no le vendr&iacute;a mal. Aunque ha vuelto de
+Granada licenciado en leyes, sigue tan burro como se fue, salvo que
+rebuzna en lat&iacute;n y larga las coces ajustadas a Derecho. Pero, en fin, t&uacute;
+tienes raz&oacute;n. No debemos quejarnos de ellos. Debemos despreciarlos. El
+arrastrado del padre Anselmo tiene la culpa de todo.</p>
+
+<p>&mdash;No maldigas del padre&mdash;replic&oacute; Juanita&mdash;. Es un bendito, espejo de
+santidad. Mucho de lo que dijo en el serm&oacute;n era juicioso. Y si incurri&oacute;
+en exageraciones, bien s&eacute; yo por qu&eacute;. La Reina Cat&oacute;lica prohibir&iacute;a sin
+duda la seda porque en su tiempo se entender&iacute;an las cosas de muy otra
+manera que en el d&iacute;a, y adem&aacute;s porque la seda costar&iacute;a entonces un ojo
+de la cara y arruinar&iacute;a al pa&iacute;s. En fin, yo no s&eacute; por qu&eacute; prohibi&oacute; la
+reina la seda. Acaso no sea verdad que la prohibiese. Pero si lo es o no
+lo es, &iquest;a m&iacute; qu&eacute; me importa? Yo no me quejo de la reina ni del cura. De
+quien me quejo es de aquella embustera gazmo&ntilde;a <span class="pagenum"><a name="page65" id="page65"></a></span>de do&ntilde;a In&eacute;s, que es la
+que ha armado contra m&iacute; todo este gatuperio. Ella me las pagar&aacute;. &iexcl;Voto a
+Cristo que me las pagar&aacute;!</p>
+
+<p>Y levant&aacute;ndose entonces de la silla se dirigi&oacute; hacia su madre con los
+ojos echando chispas, y haciendo la cruz como para persignarse, dijo
+solemnemente:</p>
+
+<p>&mdash;Por esta cruz lo juro: yo me vengar&eacute;. Ella se acordar&aacute; de mi durante
+toda su asquerosa vida o me han de borrar el nombre que tengo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hija m&iacute;a&mdash;repuso Juana&mdash;, v&eacute;ngate, v&eacute;ngate. Nada m&aacute;s natural y
+razonable, pero sin hacer ninguna barrabasada. Y, sobre todo, no jures,
+que es pecado mortal. V&eacute;ngate sin juramento; con cachaza y mala
+intenci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pierde cuidado. No me faltar&aacute; cachaza. He de disimular m&aacute;s y he de ser
+m&aacute;s hipocritona que esa indina. Mala intenci&oacute;n es lo que no tengo; mi
+intenci&oacute;n siempre ser&aacute; buena.</p>
+
+<p>Al llegar a este punto de su interesante di&aacute;logo, ambas interlocutoras
+oyeron en la calle terrible estruendo de voces, silbidos y carreras. Se
+asomaron a la ventana y miraron por la celos&iacute;a. Apenas tuvieron tiempo
+de ver pasar atropellada muchedumbre de gente, y una vaca brava, atada a
+una larga y recia soga, de la que tiraban catorce o quince mozos de los
+m&aacute;s robustos y &aacute;giles. Otros mozos aguijoneaban y enfurec&iacute;an a la vaca,
+apale&aacute;ndola con las chivatas y punz&aacute;ndola por detr&aacute;s con pitacos o
+bohordos de pita.</p>
+
+<p>No siguieron mirando las Juanas lo que ocurr&iacute;a en la calle, porque m&aacute;s
+conmovedor espect&aacute;culo se ofreci&oacute; de repente a sus ojos dentro de la
+sala misma. Apareci&oacute; don Paco, a quien la criada hab&iacute;a abierto la
+puerta, con una gran pelota colorada entre los brazos. Pronto
+reconocieron en aquella pelota a la hija mayor del escribano, que ven&iacute;a
+desmayada y con acardenalado y gordo chich&oacute;n en la frente. Las mejillas
+y las narices las tra&iacute;a embadurnadas en una sustancia amarilla y
+pegajosa a la que las moscas acud&iacute;an. Al pronto dio no poco que
+sospechar tal sustancia, pero luego se supo que eran yemas
+despachurradas.</p>
+
+<p>En un cucurucho, que le hab&iacute;a feriado el novio, las llevaba do&ntilde;a
+Nicolasita, y no se rompi&oacute; las narices porque al caer dio con ellas
+sobre las yemas.</p>
+
+<p>Embelesada con la conversaci&oacute;n de su novio, que iba a su lado, con la
+car&aacute;tula en la cabeza como montera y casi tan majo como ella, y seguida
+de su padre y de su hermanita, hab&iacute;an estado todos en la plaza, donde
+Pepito se hab&iacute;a despilfarrado feriando <span class="pagenum"><a name="page66" id="page66"></a></span>los dulces. All&iacute; se hab&iacute;an
+olvidado por completo de que formaba parte del programa de los regocijos
+y festejos con que se celebraba el d&iacute;a del Santo, un toro de cuerda, que
+entonces fue vaca, como hemos dicho.</p>
+
+<p>Al pasar un grupo por la calle donde ambas Juanas viv&iacute;an, oyeron de
+repente el alboroto y vieron el tropel de los que hu&iacute;an de la vaca, y
+hasta entonces no recordaron el peligro a que se hab&iacute;an expuesto.</p>
+
+<p>El escribano, sin pensar en sus hijas, con frac y todo, se subi&oacute; por los
+hierros de una reja y logr&oacute; ponerse en salvo. La hermanita menor, que
+era muy ligera, tal vez por ser tan ruin y enjuta de carnes, se subi&oacute;
+tambi&eacute;n a otra reja, donde parec&iacute;a un mico.</p>
+
+<p>El novio estuvo muy caballeroso y quiso imitar a Edgardo, el h&eacute;roe de la
+novela de Walter Scott, <i>Luc&iacute;a de Lammermoor</i>, que &eacute;l hab&iacute;a le&iacute;do; pero
+la vaca no entend&iacute;a de heroicidades y le derrib&oacute; al suelo, d&aacute;ndole un
+empell&oacute;n con el testuz. Por fortuna, la vaca no le hizo da&ntilde;o ni caso,
+porque s&oacute;lo llamaba su atenci&oacute;n y la atra&iacute;a poderosamente aquella masa
+redonda y colorada que corr&iacute;a delante de ella agitando mucho las faldas.
+Como la calle estaba cubierta de gayomba y de juncia y con muchas gotas
+de cera que hab&iacute;an ca&iacute;do al pasar la procesi&oacute;n, el piso resbalaba
+demasiado. No es, pues, de extra&ntilde;ar que resbalase do&ntilde;a Nicolasita y
+diese en el suelo de hocicos. Gracias a las dos libras de yemas que se
+interpusieron entre su cara y las piedras no se despampan&oacute; la pobre.
+S&oacute;lo se hizo en la frente el chich&oacute;n ya mencionado. Su terror fue
+inmenso y causa de su desmayo. All&aacute;, en su fantas&iacute;a febricitante, crey&oacute;
+sentir el cuerno que penetraba traidoramente en sus delicad&iacute;simas
+carnes, ya por un lado, ya por otro; y como por el terror, y antes que
+sobreviniese el soponcio, le dio la pataleta, agitaba la falda roja y
+llamaba al toro, o digamos a la vaca, que se le ven&iacute;a encima.</p>
+
+<p>La fuerza de los mozos que la detuvieron tirando de la cuerda impidi&oacute;
+que hubiese aquel d&iacute;a un desastre y que la funci&oacute;n acabase en tragedia.</p>
+
+<p>Don Paco, que ven&iacute;a por all&iacute; para visitar a sus amigas, al ver desmayada
+a do&ntilde;a Nicolasita, la levant&oacute; en sus brazos y se refugi&oacute; en casa de
+ellas.</p>
+
+<p>Cuando ambas se enteraron de lo sucedido, olvidando el enojo, cumplieron
+piadosamente con las leyes de la hospitalidad. Hicieron volver de su
+desmayo a la v&iacute;ctima de la vaca, aplicando <span class="pagenum"><a name="page67" id="page67"></a></span>a sus narices vinagre muy
+fuerte; con el mismo vinagre aguado le pusieron compresas en el chich&oacute;n
+y se lo vendaron con un pa&ntilde;uelo blanco, de suerte que do&ntilde;a Nicolasita
+parec&iacute;a un Cupido. Y, por &uacute;ltimo, le lavaron la cara y le quitaron la
+costra y churretes de yemas.</p>
+
+<p>Don Paco auxili&oacute; en todo esto a las dos caritativas mujeres.</p>
+
+<p>El escribano, Pepito y la hermana menor recobrados ya del susto,
+vinieron a la puerta a llamar a do&ntilde;a Nicolasita, la cual, restablecida
+tambi&eacute;n, sali&oacute; en busca de ellos, sin dar ocasi&oacute;n ni tiempo a que
+entrasen.</p>
+
+<p>Tal vez pudo creerse que esta precipitaci&oacute;n en la partida y el no entrar
+en la casa los otros hab&iacute;a sido de puro avergonzado; pero como do&ntilde;a
+Nicolasita no dio las gracias sino de un modo muy seco, y Juana y
+Juanita estaban escamadas, ambas lo atribuyeron a desd&eacute;n y a est&uacute;pido
+recelo de rebajarse y contaminarse en el trato de ellas.</p>
+
+<p>M&aacute;s amostazada entonces que nunca Juana la Larga, aprovech&aacute;ndose de un
+momento en que Juanita hab&iacute;a subido a su cuarto, habl&oacute; a don Paco de
+esta manera:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or don Paco, de sobra habr&aacute; visto usted la afrenta que nos han
+hecho. Su hija de usted, mi se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s, tiene la culpa de todo. Se
+le figura que le tenemos a usted engatusado, y que le queremos chupar y
+le chupamos los parneses. Harto sabe usted que eso no es verdad. Mi ni&ntilde;a
+acept&oacute; el corte de vestido y alg&uacute;n que otro regalo; pero los hemos
+pagado, si no con creces, en lo justo. La levita que lleva usted puesta
+bien vale la seda que mi hija ha lucido hoy y que tanto jaleo ha
+causado. Nosotras queremos mucho a usted, como buenas amigas; pero no le
+queremos tanto para que por usted nos sacrifiquemos; si seguimos
+recibi&eacute;ndole nos tendr&aacute;n por unas perdidas, y hasta ser&aacute;n capaces de
+echarnos del lugar. A Juanita le divierte mucho la conversaci&oacute;n de
+usted; pero yo no quiero conversaci&oacute;n que a nada conduce y que nos puede
+salir muy cara. Conque, con pena lo digo, y sin pensamiento de
+ofenderle, transponga usted, y no vuelva a parecer por esta casa, al
+menos hasta que cambien las circunstancias, s&iacute; es que cambian alg&uacute;n d&iacute;a,
+y s&iacute; no cambian, no parezca usted nunca.</p>
+
+<p>Don Paco se compungi&oacute; y se aturdi&oacute; al o&iacute;r este discurso y no acert&oacute; a
+dar contestaci&oacute;n. Algo tartamudeaba; pero la resuelta Juana no le dejaba
+decir palabra. Le empuj&oacute; hacia la puerta y le ech&oacute; a la calle antes que
+volviese su hija.</p>
+
+<hr /><p><span class="pagenum"><a name="page68" id="page68"></a></span></p>
+<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII</h2>
+
+<p>Atolondrado don Paco con los sucesos de aquel d&iacute;a, y m&aacute;s a&uacute;n con la
+expulsi&oacute;n de que acababa de ser objeto, no sab&iacute;a qu&eacute; camino tomar ni a
+qu&eacute; carta quedarse, y maquinalmente se fue a su casa a meditar y a hacer
+examen de conciencia. Lo primero que not&oacute; fue que la ten&iacute;a muy limpia.
+No era ning&uacute;n delito, aunque pudiese pasar por extravagancia, el que
+estuviese enamorado de aquella muchacha que pod&iacute;a ser su nieta. El haber
+ido a su casa todas las noches durante algunas semanas apenas le parec&iacute;a
+imprudente y digno de censura. De Juanita formaba, sucesiva y a veces
+simult&aacute;neamente, distintos conceptos, como s&iacute; en el fondo del ser de
+ella hubiese algo de misterioso e indescifrable. De sobra reconoc&iacute;a &eacute;l
+que Juanita, si no le hab&iacute;a dado calabazas, era porque &eacute;l no se hab&iacute;a
+declarado en regla; pero con sus bromas de llamarle abuelo y con la ma&ntilde;a
+que ella empleaba para que &eacute;l no le hablase al o&iacute;do y para esquivar el
+estar a solas con &eacute;l, harto claro se ve&iacute;a que no quer&iacute;a admitirle por
+novio ni por amante. Sin embargo, &iquest;ser&iacute;a esto c&aacute;lculo o ladino instinto
+de mujer para cautivarle mejor o para entretenerle con esperanzas vagas?
+Tambi&eacute;n recordaba don Paco los cuchicheos de Juanita con Anto&ntilde;uelo y se
+pon&iacute;a celoso.</p>
+
+<p>&iquest;Si estar&iacute;a ella prendada de Anto&ntilde;uelo, y considerando que como novio no
+le conven&iacute;a, pensar&iacute;a en plantarle y en decidirse al fin por don Paco,
+como mejor partido y conveniencia? &iquest;Si titubear&iacute;a ella entre su propio
+gusto y lo que su madre, sin duda, le aconsejaba? Como quiera que fuese,
+don Paco ten&iacute;a estampada en las telas del juicio la imagen de Juanita, y
+cada vez le parec&iacute;a m&aacute;s hermosa y m&aacute;s deseable. Harto bien notaba que ni
+su madre ni ella hab&iacute;an tratado jam&aacute;s de medrar a su costa de un modo
+pecaminoso e ileg&iacute;timo. La madre acaso le deseaba para yerno. Lo que es
+la hija, hasta entonces no hab&iacute;a mostrado desearle, ni menos buscarle
+para amante ni para marido. El hab&iacute;a hecho todos los avances. Culpa suya
+era todo aquel furor suscitado contra las dos mujeres, del cual no le
+cab&iacute;a la menor duda de que do&ntilde;a In&eacute;s era promovedora. Consideraba luego
+don Paco, y esto le lisonjeaba y le pon&iacute;a muy orondo, que Juanita, ya
+que no le amase, se deleitaba con su conversaci&oacute;n, le re&iacute;a los chistes,
+le aplaud&iacute;a las discreciones, y oy&eacute;ndole hablar, se mostraba muy atenta
+y como pendiente de sus labios.</p>
+
+<p>En aquella casa, de donde le hab&iacute;an echado, no hab&iacute;a recibido <span class="pagenum"><a name="page69" id="page69"></a></span>sino
+honestos y amistosos favores, en pago de los cuales, y fuese por lo que
+fuese, acababan de recibir ambas mujeres un agravio sangriento, para el
+cual se cre&iacute;a &eacute;l obligado de hallar satisfacci&oacute;n. Exaltado por estas
+cavilaciones, se decidi&oacute; don Paco a ir a ver a su hija, a explicarle con
+franqueza y lealtad lo que hab&iacute;a pasado y a pedirle cuentas de su
+maligna conducta.</p>
+
+<p>De mucho valor ten&iacute;a que revestirse para atreverse a dar aquel paso.
+Do&ntilde;a In&eacute;s, con su severidad y su tiesura, casi le infund&iacute;a miedo; pero
+le venci&oacute; la verg&uuml;enza, hizo cuanto pudo para apartarlo de s&iacute;, y se
+dirigi&oacute;, con todos los br&iacute;os que pudo recoger y acumular en su &aacute;nimo, a
+casa de la se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s L&oacute;pez Roldán, a quien sab&iacute;a &eacute;l que hallar&iacute;a
+sola a la hora de la siesta.</p>
+
+<p>En casa de do&ntilde;a In&eacute;s se com&iacute;a entonces a las dos de la tarde. Don
+Alvaro, cuando no estaba en el campo, se acostaba en seguida, y como
+com&iacute;a bastante y beb&iacute;a m&aacute;s del exquisito vino que se cr&iacute;a por all&iacute;, y
+que es mejor que el de Jerez, con perd&oacute;n sea dicho, se tend&iacute;a en su cama
+y estaba roncando hasta las cuatro o las cinco de la tarde.</p>
+
+<p>A los ni&ntilde;os se los llevaban Serafina, el ama, y Calvete al otro extremo
+de la casa, donde no molestaban con su ruido. Do&ntilde;a In&eacute;s se quedaba
+entonces sola en su estrado o en su despacho, ya haciendo cuentas, ya
+entregada a sus oraciones, ya leyendo alg&uacute;n libro de devoci&oacute;n o de
+historia.</p>
+
+<p>El cacique don Andr&eacute;s y otros personajes importantes del lugar no ven&iacute;an
+de visita o de tertulia sino por la noche. Las malas lenguas pueden
+decir cuanto se les antoja, los mal pensados pueden suponer las mayores
+diabluras; pero lo cierto es que do&ntilde;a In&eacute;s era recatad&iacute;sima y, o bien
+ten&iacute;a raz&oacute;n el padre Anselmo y era una Lucrecia cristiana, o bien sab&iacute;a,
+con prodigioso artificio, practicar aquel famoso precepto que dice: &laquo;Si
+no eres casta, s&eacute; cauta.&raquo; De aqu&iacute; que do&ntilde;a In&eacute;s pudiese erguir muy alta
+la frente y calificar de brutal y grosera calumnia la m&aacute;s leve
+insinuaci&oacute;n que contra su honestidad se atreviese a hacer alg&uacute;n
+deslenguado.</p>
+
+<p>Muy entretenida se hallaba entonces leyendo la vida de Santo Domingo,
+porque a causa de la funci&oacute;n de iglesia no hab&iacute;a le&iacute;do aquel d&iacute;a muy de
+ma&ntilde;ana el <i>A&ntilde;o cristiano</i>, como ten&iacute;a de costumbre, cuando entr&oacute;
+Serafina a anunciar que don Paco llegaba a visitarla. Don Paco ten&iacute;a
+entrada franca en aquella casa; pero Serafina le anunci&oacute; para tener
+prevenida a su ama. Apenas transcurri&oacute; un minuto entre el anuncio y la
+entrada de don Paco diciendo buenos d&iacute;as.</p><p><span class="pagenum"><a name="page70" id="page70"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;Buenos d&iacute;as d&eacute; Dios a usted, se&ntilde;or padre&mdash;dijo do&ntilde;a In&eacute;s, levant&aacute;ndose
+de la silla, acudiendo respetuosamente a su padre para besarle la mano y
+convid&aacute;ndole a sentarse, como se sent&oacute;, en un sill&oacute;n, frente a ella.</p>
+
+<p>&mdash;Dichosos los ojos que ven a usted&mdash;prosigui&oacute; do&ntilde;a In&eacute;s&mdash;. Hace no s&eacute;
+cu&aacute;ntas semanas que no pone usted los pies aqu&iacute;. &iquest;Qu&eacute; negocios le traen
+a usted tan ocupado? &iquest;Qu&eacute; le ha ca&iacute;do a usted que hacer que no le deja
+siquiera una hora o dos libres por la noche para venir a mi tertulia,
+verme y darme el gusto de que yo le vea, echar algunas manos de tresillo
+o tener un rato de agradable conversaci&oacute;n con el padre Anselmo y con los
+dem&aacute;s se&ntilde;ores que honran mi casa con su presencia?</p>
+
+<p>Estas cari&ntilde;osas quejas parec&iacute;an todas sin intenci&oacute;n y como nacidas del
+filial afecto; pero al mismo tiempo era un cruel interrogatorio, que
+turb&oacute; a don Paco, y al que tuvo que hacer un esfuerzo para contestar. De
+nada val&iacute;a el disimulo. Era menester contestar con franqueza, y don
+Paco, arm&aacute;ndose de valor, contest&oacute; de esta suerte;</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n en quejarte, hija m&iacute;a. Hace tiempo que no vengo a tu
+tertulia, &iquest;qu&eacute; quieres? Acaso han sido chocheces, extravagancias de
+viejo; pero yo hab&iacute;a tomado la ma&ntilde;a de ir a otra tertulia m&aacute;s modesta y
+menos elegante que la tuya, y que, sin embargo, lo confieso, ten&iacute;a para
+m&iacute; singular atractivo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;V&aacute;lgame Dios, se&ntilde;or padre! Lo hab&iacute;a o&iacute;do decir, pero no lo hab&iacute;a
+querido creer hasta que lo oigo de su boca. Extra&ntilde;o me parece que una
+persona de la posici&oacute;n, de la gravedad y de los conocimientos de usted
+se deleite rebaj&aacute;ndose y dando conversaci&oacute;n, durante horas enteras, a
+dos mujeres tan ordinarias y tan poco edificantes como las Juanas; pero
+m&aacute;s extra&ntilde;o es todav&iacute;a que no sea la conversaci&oacute;n de usted y su tertulia
+con ellas solas, sino que haya usted tenido casi siempre por contertulio
+a Anto&ntilde;uelo, el hijo del herrador, el m&aacute;s pillete y el m&aacute;s zafio de
+todos los mozos de este lugar. &iexcl;Singular tertulia! &iexcl;Buen par de parejas
+estaban ustedes! La verdad..., yo no sab&iacute;a qu&eacute; decir cuando me hablaban
+de esto. Aseguraban unos que Anto&ntilde;uelo es el novio, o sabe Dios qu&eacute;, de
+la Juanita, y le endosaban a usted a la Juana. Otros afirmaban que usted
+pretend&iacute;a a Juanita; pero entonces, &iquest;en qu&eacute; se empleaba, qu&eacute; papel hac&iacute;a
+el celeb&eacute;rrimo Anto&ntilde;uelo? &iquest;Eran ustedes rivales? Confiese usted que ha
+sido una locura, un disparate, lo que ha estado usted haciendo. No niego
+yo que la Juanita es guapa, aunque m&aacute;s que de honrada mocita tiene
+trazas de desaforada marimacho o de <span class="pagenum"><a name="page71" id="page71"></a></span>desenfrenada potranca. Pero aunque
+fuese Juanita la propia diosa Venus, deb&iacute;a usted (perd&oacute;neme, se&ntilde;or
+padre, si se lo digo, por el inter&eacute;s y el amor que me inspira), deb&iacute;a
+usted no avillanarse yendo a diario a su casa. Pecado y vicio ser&iacute;a ir
+all&iacute; solo y como favorecido vencedor; pero ir en competencia con
+Anto&ntilde;uelo, francamente, yo no acierto a calificarlo. Lo mejor que se
+puede decir es que ha sido un delirio. Vuelva usted en su juicio; deje
+de visitar a esas mujeres, y todos trataremos en el pueblo de hacer
+olvidar que usted las ha visitado pretendiendo a una de ellas, hasta
+ahora tal vez en balde. Si ha pecado s&oacute;lo con la intenci&oacute;n, no por eso
+es menor el pecado. Al contrario, ya que no para las personas piadosas y
+timoratas, para gente vulgar y profana es pecado m&aacute;s feo. No se ofenda
+usted si me atrevo a declararlo, con harto dolor lo declaro: la
+ridiculez le acompa&ntilde;a.</p>
+
+<p>Casi todo el valor de que se hab&iacute;a armado don Paco a fin de hablar a su
+hija y de quejarse de su conducta, cay&oacute; derribado a los pies de la
+se&ntilde;ora de Roldán. Sus contundentes razones abrumaban a su padre como una
+lluvia de acicalados chuzos, cuyas puntas se le clavaban en el coraz&oacute;n.
+Mirando todo por el lado po&eacute;tico, se explicaba satisfactoriamente:
+Juanita era el recato, la virtud, el talento y la modestia en persona.
+Era, adem&aacute;s, hermosa como una ideal virgen espartana, como la propia
+Diana Cazadora, rica en salud y gallard&iacute;a; esbelta, fuerte y &aacute;gil; con
+todos los atractivos de la m&aacute;s casta, limpia y juvenil hermosura. Si
+Anto&ntilde;uelo, que era un perdido, iba all&iacute; y trataba con la mayor
+familiaridad a Juanita, esto consist&iacute;a en que Anto&ntilde;uelo se hab&iacute;a criado
+con ella desde la infancia; en que ella le miraba y candorosamente le
+quer&iacute;a como a un hermano, y en que procuraba evitar que se extrav&iacute;ase y
+cayese en el precipicio.</p>
+
+<p>La propia madre de Juanita, aunque hab&iacute;a tenido en su mocedad lo que
+llaman en aquellos lugares un tropiezo, estaba-ya purificada por la vida
+ejemplar que hab&iacute;a hecho despu&eacute;s y por el honroso trabajo con que hab&iacute;a
+logrado sustentarse y criar y conservar el fruto de sus desventurados
+amores. Todo esto y m&aacute;s pod&iacute;a valer como respuesta a las observaciones
+de do&ntilde;a In&eacute;s. Pero lo cierto era que, despojado el caso de este tinte
+po&eacute;tico, y tal como el prosaico vulgo pod&iacute;a entenderlo, do&ntilde;a In&eacute;s ten&iacute;a
+raz&oacute;n que le sobraba. Para la generalidad de los habitantes de
+Villalegre, Juanita no era m&aacute;s que la mozuela del c&aacute;ntaro, la hija
+ileg&iacute;tima de Juana la Larga, la chica que hab&iacute;a corrido y jugado con los
+pilletes en medio de las calles hasta la edad de nueve o diez a&ntilde;os, y la
+que despu&eacute;s <span class="pagenum"><a name="page72" id="page72"></a></span>hab&iacute;a conservado una sospechosa e &iacute;ntima amistad con
+Anto&ntilde;uelo, el cual pasaba entre todos por un tunante de la peor especie.</p>
+
+<p>De aqu&iacute; el desairado y mal papel que una persona de los a&ntilde;os, de la
+seriedad y la importancia de don Paco no pod&iacute;a menos de hacer en
+apariencia, o bien siendo rival de Anto&ntilde;uelo, o bien de acuerdo con &eacute;l
+para cortejar a la madre uno y a la hija el otro. Reponi&eacute;ndose, no
+obstante, de la consternaci&oacute;n que el tremendo discurso de do&ntilde;a In&eacute;s le
+hab&iacute;a causado, y por lo mismo que ella con su feroz acometida le
+acorralaba y, como suele decirse, le pon&iacute;a entre la espada y la pared,
+don Paco habl&oacute;, al fin, con energ&iacute;a, y dijo de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;La gente podr&aacute; decir lo que le d&eacute; la gana. Yo me r&iacute;o de la gente,
+porque lo que dice es injusto. Tal vez me acusen las apariencias. En
+realidad, no hay culpa, ni falta, ni desdoro en lo que he hecho. Mi
+yerno ser&aacute; un se&ntilde;or muy noble, pero yo no lo soy, y al tratarme con los
+plebeyos, me trato con mis iguales. S&oacute;lo se puede exigir de m&iacute; que sean
+decentes las personas que trato, y no hay el menor motivo para afirmar
+que las Juanas no lo sean. La vista y la conversaci&oacute;n de Juanita me
+deleitaban, y por eso he estado yendo a casa de Juanita todas las
+noches. Soy mayor que t&uacute; en edad, saber y gobierno. S&eacute; lo que me hago.
+No necesito de gu&iacute;a. No quiero ni debo aguantar tus sermones. Me basta
+con aguantar el que nos ha echado hoy el padre Anselmo, inocente tal
+vez, pero que t&uacute; y otras mujeres envidiosas hab&eacute;is envenenado con
+vuestra malicia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o!&mdash;interrumpi&oacute; do&ntilde;a In&eacute;s&mdash;. &iexcl;Esto solo me faltaba: que llegue
+la ceguedad de usted hasta suponer que yo envidio a esa hija... de su
+madre! Lo ocurrido es muy natural; la desvergonzada mozuela se ha
+encajado en la iglesia, no vestida humildemente, seg&uacute;n su clase, sino
+con el lujo escandaloso de las mujeres cortesanas que bullen en las
+grandes ciudades y que son la perdici&oacute;n de los hombres. &iquest;De d&oacute;nde ha
+salido el traje que llevaba puesto? Aqu&iacute; nadie lo ignora. Era regalo de
+usted.</p>
+
+<p>&mdash;No he de negar yo que era regalo m&iacute;o. Ella lo acept&oacute; por no
+desairarme; pero como me ha dado en cambio prenda de m&aacute;s valor, nadie
+puede decir que se viste a mi costa. Juanita se viste bien o mal con lo
+que gana trabajando de modo honrado y l&iacute;cito, y no estando vigentes en
+el d&iacute;a la pragm&aacute;tica contra la seda ni ningunas otras leyes suntuarias,
+no s&oacute;lo de seda, sino de oro y de perlas puede vestirse Juanita si tiene
+dinero para comprar el vestido y si se le antoja engalanarse con &eacute;l.</p><p><span class="pagenum"><a name="page73" id="page73"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;Si el respeto que a usted debo no anudase m&iacute; lengua&mdash;replic&oacute; do&ntilde;a
+In&eacute;s&mdash;, me atrever&iacute;a a decir que est&aacute; usted loco de atar. &iquest;C&oacute;mo defender
+el esc&aacute;ndalo, la campanada que ha dado esa chica, transformada de
+repente en princesa, como en los cuentos de hadas? Tiene chiste el que
+le haya dado a usted la levita. Ya se la cobrar&aacute; con usura. Las puntadas
+de ella y las morcillas y longanizas que sabe hacer su madre no bastan
+para costear levitas a los caballeros, y para seguir emperejil&aacute;ndose con
+ricos trajes y mantillas de madro&ntilde;os, como dicen que en Madrid van a los
+toros las damas de alto copete y las majas de rumbo. El d&iacute;a menos
+pensado, no s&oacute;lo para ir tan pomposas, sino para comer, faltar&aacute; dinero a
+las Juanas, y entonces acudir&aacute;n a usted y a otros a fin de retenerle, y
+como no podr&aacute;n dar en cambio levitas, harto sabe el diablo lo que dar&aacute;n,
+s&iacute; ya no lo han dado.</p>
+
+<p>&mdash;Ni han dado ni dar&aacute;n lo que no debe darse&mdash;exclam&oacute; don Paco, perdiendo
+ya los estribos&mdash;. Lo que yo te aseguro es que si Juanita quiere darme
+su mano, yo la aceptar&eacute; gustoso, y t&uacute; tendr&aacute;s que respetarla como madre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;!, respetar yo a ese arrapiezo.... Se me caer&iacute;a la
+cara de verg&uuml;enza si hiciera usted semejante disparate.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&oacute;lo de Juanita depende que no lo haga. Y como no es posible, sin
+que nos peleemos, continuar esta conversaci&oacute;n, me voy y te dejo. Adi&oacute;s,
+hija.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or padre, vaya usted con Dios y El le ilumine para que no contin&uacute;e
+usted desatinando tan lastimosamente.</p>
+
+<p>Don Paco sali&oacute; con precipitaci&oacute;n y muy enojado de casa de su hija, y no
+qued&oacute; ella menos furiosa.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX</h2>
+
+<p>El serm&oacute;n del padre Anselmo se coment&oacute; y se interpret&oacute; por todo el lugar
+en perjuicio de ambas Juanas. Nadie sac&oacute; la cara por ellas, salvo el
+maestro de escuela, aquella noche, en la Casilla.</p>
+
+<p>La Casilla era y es todav&iacute;a en algunos lugares el Casino y el Ateneo
+primitivos y castizos.</p>
+
+<p>Por lo general, y as&iacute; suced&iacute;a en Villalegre, la Casilla estaba en sala
+relativamente c&oacute;moda y espaciosa, detr&aacute;s de la botica. All&iacute; se le&iacute;an los
+peri&oacute;dicos, se fumaba, se charlaba y se jugaba malilla, al tresillo, al
+truquiflor y al tute, y tal vez al ajedrez, al una a la domin&oacute; y a las
+damas.</p><p><span class="pagenum"><a name="page74" id="page74"></a></span></p>
+
+<p>Don Policarpo, el boticario de Villalegre, hac&iacute;a muy bien los honores
+del establecimiento, donde concurr&iacute;an casi todos los personajes del
+lugar, a despecho de las mujeres, que eran devotas y que abominaban del
+boticario, porque lejos de estar en olor de santidad, alcanzaba la poco
+envidiable fama de descre&iacute;do y materialista. Siempre hab&iacute;a permanecido
+soltero; ten&iacute;a una lengua como un hacha, con la que destrozaba las
+reputaciones; y en su maligno rostro, en sus ojos vivarachos y algo
+bizcos, en su nariz aguile&ntilde;a y en su boca sumida y burlona se revelaba
+cierta diab&oacute;lica y punzante travesura.</p>
+
+<p>En el pueblo se refer&iacute;an estupendas singularidades sobre sus doctrinas y
+facultades cient&iacute;ficas, sosteniendo muchos que no todo lo que &eacute;l hac&iacute;a y
+dec&iacute;a era natural, sino en gran parte por inspiraci&oacute;n y con auxilio del
+demonio; por lo cual, al hablar de s&iacute; propio, declaraba &eacute;l que, si
+hubiese Inquisici&oacute;n a&uacute;n, ya no vivir&iacute;a, porque le hubieran quemado vivo.
+Era dogma suyo que todas las cosas son lo mismo, y que la diferencia de
+ellas es m&aacute;s aparente que real y m&aacute;s somera que profunda. Produce la
+diferencia de las cosas una fuerza que vive y se agita en ellas,
+ocultando la ra&iacute;z de su ser, y que, seg&uacute;n sus varios efectos y
+operaciones ya se llama calor, ya luz, ya electricidad, ya magnetismo,
+de donde transformaciones y mudanzas y vida y muerte. Esta fuerza era el
+dios de don Policarpo. Por &eacute;l se jactaba de estar pose&iacute;do y de ser
+energ&uacute;meno.</p>
+
+<p>Para hacer milagros por su medio y en su nombre no ten&iacute;a don Policarpo
+vara de virtudes; pero, en cambio, ten&iacute;a una recia, puntiaguda y
+largu&iacute;sima u&ntilde;a en el dedo me&ntilde;ique de la mano derecha, la cual u&ntilde;a le
+serv&iacute;a de ordinario como mondadientes. Las damas se llenaban de terror
+cuando la veían, como si viesen la de Satan&aacute;s en persona. Se dec&iacute;a que
+el boticario ya magnetizaba, adormec&iacute;a y sujetaba a su voluntad a las
+gentes, despidiendo por dicha u&ntilde;a fluido magn&eacute;tico, ya se electrizaba
+todo, restregando con rapidez sus pies contra una piel de lobo, y
+lanzaba por dicha u&ntilde;a un chorro o penacho de chispas azuladas y
+luminosas. Y no faltaba quien a&ntilde;adiese, jurando haberlo visto, que s&oacute;lo
+con acercar la u&ntilde;a, cuando estaba &eacute;l bien cargado y saturado de
+electricidad, encend&iacute;a un candil o disparaba un ca&ntilde;oncito muy cuco que
+se usaba para esta experiencia.</p>
+
+<p>Yo no respondo de que hubiese o no algo de exagerado en tales
+afirmaciones; pero como quiera que fuese, el boticario, aunque
+aborrecido de las damas, a lo que deb&iacute;a de contribuir su fealdad nada
+com&uacute;n, era persona divertida y hospitalaria.</p><p><span class="pagenum"><a name="page75" id="page75"></a></span></p>
+
+<p>Ninguna noche faltaban en la tertulia de su casa ocho o diez
+tertulianos. No iba el cura por culpa de la impiedad con que all&iacute; se
+hablaba; pero iban el m&eacute;dico, dos o tres concejales, el propio se&ntilde;or
+alcalde, varios de los mayores contribuyentes y don Pascual, el maestro
+de escuela.</p>
+
+<p>Don Policarpo coment&oacute; el serm&oacute;n de aquel d&iacute;a con maliciosa agudeza,
+sosteniendo ir&oacute;nicamente que el padre ten&iacute;a raz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, se&ntilde;ores&mdash;dijo&mdash;; ya no hay bienes de la Iglesia que repartir. El
+reparto se ha hecho mal y entre pocas personas que se han enriquecido.
+La futura revoluci&oacute;n tendr&aacute;, pues, por objeto apoderarse de otros bienes
+y repartirlos con mayor equidad entre todos los pobres.</p>
+
+<p>El maestro de escuela, que era liberal e individualista, respondi&oacute; de
+este modo:</p>
+
+<p>&mdash;No es exacto que la revoluci&oacute;n haya despojado inicuamente de sus
+bienes a la Iglesia. Si se los ha expropiado, bien la indemniza. El
+Estado puede expropiar, indemnizando, para utilidad p&uacute;blica. Sin
+embargo, aunque no hubiera tal indemnizaci&oacute;n, el caso no es id&eacute;ntico.
+Ninguna asociaci&oacute;n tiene por s&iacute; los derechos radicales e
+imprescriptibles de los individuos que la componen. El Estado es
+asociaci&oacute;n suprema, a la cual est&aacute;n sometidas las otras, sin que puedan
+existir en contra suya. Y si el Estado es árbitro de la vida de ellas,
+&iquest;c&oacute;mo no ha de serlo de lo que poseen? Lejos de caminar hacia el
+socialismo, yo creo que la civilizaci&oacute;n propende a extender y afirmar
+m&aacute;s cada d&iacute;a los derechos individuales. &iquest;Qui&eacute;n se atrever&aacute; a decir hoy,
+si no est&aacute; loco rematado, que el Gobierno o el rey, por respetado y
+poderoso que sea, es se&ntilde;or de vidas y haciendas?</p>
+
+<p>&mdash;No nos venga usted con sofismas&mdash;interrumpi&oacute; el boticario&mdash;. Si cada
+uno de los individuos que se asocian tienen singularmente derechos
+imprescriptibles, incluso el de asociarse, y si no hay rey ni roque que
+pueda despojar a nadie a su antojo de la hacienda y de la vida, &iquest;c&oacute;mo se
+explica que no persista en la suma lo que preexist&iacute;a aisladamente en
+cada uno de los sumandos?</p>
+
+<p>Apuradillo se vio el maestro de escuela para impugnar el nuevo argumento
+del boticario; pero lo impugn&oacute; al fin con razones, si no juiciosas,
+agudas.</p>
+
+<p>Por dicha, los que estaban all&iacute; presentes eran propietarios m&aacute;s o menos
+ricos, y varios de ellos hab&iacute;an comprado bienes de la Iglesia. Todos,
+por consiguiente, hallaron que don Pascual discurr&iacute;a mejor que Sol&oacute;n y
+que Licurgo; se pusieron de su lado, dejaron <span class="pagenum"><a name="page76" id="page76"></a></span>al boticario solo, y
+trataron de sofocar su voz y de aturdirle a fuerza de gritos.</p>
+
+<p>Don Policarpo no se dejaba convencer ni intimidar f&aacute;cilmente, pero todos
+se cansaron de chillar y se pusieron roncos, terminando por cansancio
+una disputa en que los extremos se hab&iacute;an tocado y en que la impiedad
+atea hab&iacute;a estado de acuerdo con el m&aacute;s fervoroso catolicismo. Hubo un
+entreacto: un rato no corto de sosiego. Despu&eacute;s recay&oacute; de nuevo la
+conversaci&oacute;n sobre el serm&oacute;n de aquel d&iacute;a, sobre el desenfrenado lujo de
+las mujeres y sobre las elegancias de Juanita la Larga.</p>
+
+<p>En este punto, el maestro de escuela impugn&oacute; igualmente el serm&oacute;n y
+defendi&oacute; con m&aacute;s calor, ah&iacute;nco y acierto a Juanita.</p>
+
+<p>&mdash;Es&mdash;dec&iacute;a&mdash;una muchacha discreta, honrada y trabajadora. Dios la ha
+hecho hermos&iacute;sima, y casi, casi estoy por decir que no s&oacute;lo tiene
+derecho, sino que tiene el deber de acicalarse y de realzar y mostrar la
+hermosura que Dios le ha dado. Lo contrario ser&iacute;a ingratitud para con
+Dios y desde&ntilde;ar lo que ense&ntilde;a la par&aacute;bola de los cinco talentos. Y
+extra&ntilde;o mucho que ustedes, que han estado conmigo defendiendo la
+propiedad individual, se vuelvan ahora contra m&iacute; y se pongan del lado de
+don Policarpo para impugnar dicha propiedad. Pues qu&eacute;, si Juanita tiene
+dinero, &iquest;por qu&eacute; no ha de gastarlo en cuanto se le antoje y vestirse
+como una reina? &iquest;Y qu&eacute; le falta a ella para ser reina o para ser
+emperatriz?</p>
+
+<p>Movido el boticario por su esp&iacute;ritu malicioso, e impulsados los dem&aacute;s
+por el odio y envidia de sus mujeres, respond&iacute;an, si no con buen
+discurso, con desverg&uuml;enzas y con burlas a cuanto don Pascual alegaba.</p>
+
+<p>Juana la Larga fue declarada una largartona de primera fuerza; Juanita,
+una moza extraviada que estaba ya pervirtiendo y corrompiendo las buenas
+costumbres, y don Paco, un viejo chinad&iacute;simo, a quien hija y madre
+pon&iacute;an en rid&iacute;culo e iban a chupar cuanto pose&iacute;a.</p>
+
+<p>En lo m&aacute;s recio de la disputa acert&oacute; a entrar en la botica el se&ntilde;or don
+Paco, y antes de llegar a la trastienda tuvo el disgusto de o&iacute;r y de
+comprender los horrores que all&iacute; se propalaban.</p>
+
+<p>Todos se callaron, porque cara a cara no quer&iacute;an ofenderle. La herida,
+con todo, estaba ya hecha. Se dio otro giro a la conversaci&oacute;n. Se habl&oacute;
+de cosas distintas. Y don Paco hall&oacute; lo m&aacute;s prudente no dar a entender
+que hab&iacute;a o&iacute;do, y no traer de nuevo la conversaci&oacute;n a tema para &eacute;l tan
+enojoso.</p>
+
+<p>A fin de disimular, trat&oacute; de aparecer sereno y alegre; habl&oacute; <span class="pagenum"><a name="page77" id="page77"></a></span>de las
+novedades pol&iacute;ticas; se congratul&oacute; de que don Andr&eacute;s Rubio acabase de
+obtener una gran cruz y fuese ya excelent&iacute;simo; y, por &uacute;ltimo, ech&oacute; unas
+cuantas manos de tute con el maestro de escuela.</p>
+
+<p>Embrom&oacute; al boticario diciendo que no cre&iacute;a en la fuerza electrizadora de
+su u&ntilde;a; y el boticario, a fin de convencerle, le prometi&oacute; que el d&iacute;a
+menos pensado, cuando estuviese &eacute;l bien dispuesto, le llamar&iacute;a y har&iacute;a
+delante de &eacute;l la experiencia de encender el candil y de disparar el
+ca&ntilde;onazo.</p>
+
+<p>Don Paco se hab&iacute;a reportado, disimulando su pena y su enojo; pero no
+bien volvi&oacute; a su casa, la pena le arranc&oacute; l&aacute;grimas y el enojo le hizo
+crispar los pu&ntilde;os como s&iacute; estuviese delante alg&uacute;n enemigo a quien dar de
+pu&ntilde;aladas.</p>
+
+<p>No pod&iacute;a, sin embargo, re&ntilde;ir con la poblaci&oacute;n entera. Su hija era la m&aacute;s
+culpada, y &eacute;l la hab&iacute;a sufrido. Por m&aacute;s que cavilaba, no ve&iacute;a otro modo
+de vengarse, de castigar a su hija y de adquirir el derecho e imponerse
+el deber de defender a Juanita contra todos que el de ofrecerle su mano
+y casarse con ella.</p>
+
+<p>&iexcl;Ay de aquel que se atreviese entonces a decir nada ofensivo contra
+Juanita, aunque ella estrenase cada d&iacute;a otro vestido de seda!</p>
+
+<p>Pens&oacute; bien en todo, interrog&oacute; a su coraz&oacute;n-, y su coraz&oacute;n le respondi&oacute;
+que estaba perdidamente enamorado de la muchacha.</p>
+
+<p>Entonces no se par&oacute; don Paco en m&aacute;s reflexiones; fue a su bufete y
+escribi&oacute; a la se&ntilde;ora do&ntilde;a Juana Guti&eacute;rrez (suprimiendo el alias de la
+<i>Larga</i>) una grave ep&iacute;stola pidiendo en forma la mano de su hija.</p>
+
+<p>Llam&oacute; en seguida al alguacil y pregonero, que le serv&iacute;a al mismo tiempo
+de criado y ayuda de c&aacute;mara, y le encarg&oacute; que al d&iacute;a siguiente, y muy de
+ma&ntilde;ana, llevase aquel pliego cerrado a Juana la Larga y se lo entregase
+en mano propia.</p>
+
+<p>Hecho esto, se acost&oacute; y durmi&oacute; con alguna tranquilidad, como quien ha
+cumplido un deber, y con alguna satisfacci&oacute;n, como quien ha puesto una
+pica en Flandes.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XX" id="XX"></a>XX</h2>
+
+<p>Juana la Larga se llen&oacute; de j&uacute;bilo cuando, a las siete de la ma&ntilde;ana,
+recibi&oacute; la carta y la deletre&oacute; con no poca fatiga, porque, si bien sab&iacute;a
+leer, no le&iacute;a de corrido y le estorbaba lo negro.</p><p><span class="pagenum"><a name="page78" id="page78"></a></span></p>
+
+<p>No era Juana muy reflexiva ni previsora, y no pens&oacute; en las dificultades;
+s&oacute;lo pens&oacute; en el triunfo que ella y su hija, en su sentir, hab&iacute;an
+alcanzado. Acudi&oacute;, pues, a la sala baja, donde Juanita estaba cosiendo,
+y con el mayor alborozo le dio parte de lo que ocurr&iacute;a.</p>
+
+<p>Como comentario, la madre no sab&iacute;a sino exclamar:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; victoria! Todas esas perras, cochinas, van a reventar cuando lo
+sepan.</p>
+
+<p>&mdash;Pues oye, mam&aacute;&mdash;contest&oacute; Juanita con el mayor reposo&mdash;: yo no quiero
+que nadie reviente; lo mejor es que no lo sepa nadie.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres decir con eso, muchacha?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que quiero decir es que nosotros, t&uacute;, &eacute;l y yo, ser&iacute;amos los
+reventados si hici&eacute;semos tal desatino. No lo sufrir&iacute;a do&ntilde;a In&eacute;s; y el
+cura y el cacique, la Iglesia y el Estado, lo temporal y lo eterno,
+caer&iacute;an sobre nosotros y nos aplastar&iacute;an. Nos echar&iacute;an del lugar a
+patadas. Y qui&eacute;n sabe si en otro lugar lograr&iacute;amos, y cu&aacute;nto tiempo
+tardar&iacute;amos en lograr, t&uacute; la reputaci&oacute;n y clientela que aqu&iacute; tienes, yo
+tanta costura, y don Paco el poder que aqu&iacute; alcanza y su mangoneo
+provechoso, debido en mucha parte a su capacidad, pero no menos a&uacute;n a la
+sombra y al apoyo de don Andr&eacute;s, con quien priva.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y de d&oacute;nde sacas t&uacute; esos ag&uuml;eros tan angustiosos?</p>
+
+<p>&mdash;No es menester ser profeta ni adivino para sacarlos. Y adem&aacute;s, ni yo
+estoy enamorada de don Paco, ni &eacute;l quiz&aacute; est&eacute; enamorado de m&iacute;. &iquest;Para qu&eacute;
+el casorio? &iquest;Qu&eacute; vamos ganando en ello? &iquest;No comprendes que si me pide es
+por un extremo de delicadeza? Yo se lo agradezco; me lisonjea mucho la
+prueba de aprecio que me da; pero no paso de agradecida y de lisonjeada.
+Porque ha venido a casa de tertulia, y porque me ha regalado el traje, y
+porque las malas lenguas murmuran, piensa &eacute;l remediar el mal cas&aacute;ndose
+conmigo. Pues entonces la misma raz&oacute;n hay para que contigo se case,
+porque tambi&eacute;n de &eacute;l y de ti dijeron, o para que me case yo con el hijo
+del herrador, ya que m&aacute;s y peor han hablado de mis relaciones con &eacute;l que
+de mi relaciones con don Paco. Nada, mam&aacute;: todo eso es una tonter&iacute;a, o
+una prueba, si quieres, de que el bueno de don Paco es un caballero
+cabal, aunque no tenga los leones, los pajarracos y los otros
+chirimbolos que tiene su yerno en el escudo.</p>
+
+<p>&mdash;Y si t&uacute;, hija m&iacute;a, reconoces y confiesas que don Paco es todo un
+caballero, &iquest;por qu&eacute; no le tomas por marido?</p><p><span class="pagenum"><a name="page79" id="page79"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;Porque no quiero casarme por c&aacute;lculo; porque aunque quisiese casarme
+por c&aacute;lculo, este c&aacute;lculo de ahora estar&iacute;a muy mal hecho, y, sobre todo,
+porque yo por nada del mundo he de aprovecharme de la caballerosidad
+generosa de ese hombre para cogerle la palabra y satisfacer mi vanidad y
+mi ambici&oacute;n, ya que amor no le tengo. Su trato me deleita; celebro su
+discreci&oacute;n; le oigo hablar con gusto; pero de esto a desear ser suya y
+casarme con &eacute;l hay todav&iacute;a mucha distancia. No quiero salvarla de un
+brinco. Aqu&iacute;, para entre nosotras, algunas veces he sentido inclinaci&oacute;n
+a ir por esa senda, a andar ese camino, y sabe Dios si lo hubiera andado
+sin estos tropezones que ha habido; pero, en fin, a&uacute;n no lo he andado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay ni&ntilde;a, con qu&eacute; tiquis miquis y sutilezas te me descuelgas! &iexcl;C&oacute;mo se
+conoce el saber de que don Pascual te ha atiborrado la mollera! Si
+parece cuanto dices tomado de esos libros que don Pascual te da a leer.
+Pero, en fin, &iquest;qu&eacute; contestamos a la carta de don Paco? Yo har&eacute; lo que t&uacute;
+desees, porque el asunto m&aacute;s importa a ti que a m&iacute; y porque t&uacute; sabes m&aacute;s
+que Lepe.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; hemos de contestar sino darle las gracias y decirle que
+nones?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y a qui&eacute;n le toca escribir eso? Creo que debo escribir yo... y dorar
+la p&iacute;ldora. Yo no lograr&eacute; poner el oro con m&iacute; pluma. T&uacute; lo pondr&aacute;s. T&uacute;
+ir&aacute;s diciendo y yo ir&eacute; escribiendo, aunque hago letras que parecen
+garrapatos. &iexcl;Ay!, y m&aacute;s en el d&iacute;a, porque mi escribir ha ca&iacute;do en
+desuso. Desde que muri&oacute; tu padre en la guerra contra los carlistas, yo
+no escribo sino las cuentas.</p>
+
+<p>&mdash;Con buena o con mala letra, es menester que t&uacute; escribas la carta; yo
+te la ir&eacute; dictando.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy todav&iacute;a no. &iquest;Es acaso pu&ntilde;alada de p&iacute;caro? &iquest;Qui&eacute;n nos corre? Antes
+de dar un paso tan importante, conviene que lo medites y consultes con
+la almohada. No es mucho veinticuatro horas de t&eacute;rmino. Hoy no escribo.
+Ma&ntilde;ana, si todav&iacute;a te aterras a la opini&oacute;n que ahora tienes, escribir&eacute;,
+aunque me pese, lo que t&uacute; me digas.</p>
+
+<p>Juanita estaba segura de que no hab&iacute;a de variar su resoluci&oacute;n por mucho
+que lo meditase. Tuvo, no obstante, que ceder a los ruegos de Juana y
+aguard&oacute; hasta el d&iacute;a siguiente, en el cual, dividi&eacute;ndose el trabajo,
+seg&uacute;n queda dicho, fabricaron entre ambas la carta, que, por su
+trascendencia e influjo en los ulteriores sucesos de esta sencilla y
+verdadera historia, hemos de consignar aqu&iacute;.</p>
+
+<p>La carta dec&iacute;a como sigue:</p><p><span class="pagenum"><a name="page80" id="page80"></a></span></p>
+
+<span style="margin-left: 2.5em;">Se&ntilde;or don Paco: Muy ufanas estamos mi hija y yo de la honra que</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">usted nos hace en la carta que acabo de recibir. Se lo agradecemos</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">con toda el alma. La ni&ntilde;a le quiere a usted mucho y le estima m&aacute;s;</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">pero declara que no puede ni debe aceptar lo que usted propone.</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">Cree ella que fue una imprudencia de su parte ir al serm&oacute;n vestida</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">como una princesa, para azuzar m&aacute;s en contra suya a la gente, que</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">ya deseaba morderla. Todo el lugar est&aacute; ahora sublevado. Mal</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">remedio ser&iacute;a la boda. Aumentar&iacute;an la sublevaci&oacute;n y el mot&iacute;n. Su</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">Hija de usted se pondr&iacute;a a la cabeza. Nosotros no podr&iacute;amos</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">resistir. Los tres tendr&iacute;amos que irnos con la m&uacute;sica a otra parte.</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">En fin, don Paco, Juanita sostiene que ser&iacute;a la boda una locura.</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">Dice, por &uacute;ltimo, que ella no manda en su coraz&oacute;n, que la</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">diferencia de edad es grande entre ustedes y no quiere a usted de</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">amor, aunque le profesa la amistad m&aacute;s fina. Ser&iacute;a, pues, muy feo</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">de parte de ella abusar de la generosidad de usted para satisfacer</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">su ambici&oacute;n o su vanidad cas&aacute;ndose por c&aacute;lculo, y tambi&eacute;n ser&iacute;a muy</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">tonto, porque el c&aacute;lculo estar&iacute;a mal hecho.</span><br />
+
+<span style="margin-left: 2.5em;">Lo mejor y lo m&aacute;s discreto es que ustedes no se casen y que nadie</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">sepa que ha dado usted este paso. Do&ntilde;a In&eacute;s nos odiar&iacute;a si</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">acept&aacute;semos la proposici&oacute;n de usted; pero tambi&eacute;n nos odiar&aacute; y nos</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">declarar&aacute; m&aacute;s la guerra si averigua que no aceptamos, pareciendo</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">como que desde&ntilde;amos a su padre con infundada soberbia. Importa,</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">pues, ocultar todo esto.</span><br />
+
+<span style="margin-left: 2.5em;">Ah&iacute; devuelvo a usted su carta. R&aacute;sguela y rasgue la m&iacute;a, a fin de</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">que no quede prueba escrita de lo ocurrido, y conserve usted en su</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">memoria grato recuerdo de nosotras. Crea en nuestra profunda</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">gratitud y mande a su afect&iacute;sima amiga y constante servidora, q.b.s.m.,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.0em;"><i>Juana Guti&eacute;rrez</i>.</span><br />
+
+<hr />
+<h2><a name="XXI" id="XXI"></a>XXI</h2>
+
+<p>Don Paco se sinti&oacute; lastimado y encantado a la vez con la lectura de la
+carta, que calific&oacute; de muy discreta y que mir&oacute; como dictada por Juanita.</p>
+
+<p>S&iacute; ella le hubiera aceptado por marido, el contento de don Paco hubiera
+sido grande, pero menor su estimaci&oacute;n del valor de Juanita que el que
+era entonces al recibir las calabazas. Acaso una vaga sospecha de que
+Juanita aprovechaba la ocasi&oacute;n hubiera aguado el contento de ver que
+ella le aceptaba. Si en extremo le dol&iacute;a que ella declarase que no le
+amaba, no pod&iacute;a menos de aplaudir la lealtad de la declaraci&oacute;n. Don Paco
+estaba conforme en lo tocante al aprecio de las circunstancias que se
+opon&iacute;an a la boda y que la hac&iacute;an aparecer a toda juiciosa previsi&oacute;n
+<span class="pagenum"><a name="page81" id="page81"></a></span>como fuente de disgustos y de males.</p>
+
+<p>De aqu&iacute; que sus sentimientos al leer la carta fuesen de dolor y de
+mortificaci&oacute;n de amor propio por el desamor de Juanita; de admiraci&oacute;n y
+aplauso por la prudente conducta de la muchacha, y de mayor cari&ntilde;o hacia
+ella, as&iacute; por la noble franqueza con que expon&iacute;a las causas que
+justificaban su desd&eacute;n, como por las amistosas dulzuras con que
+procuraba suavizarlo.</p>
+
+<p>Conoci&oacute; tambi&eacute;n don Paco que importaba mucho que su petici&oacute;n y la
+subsiguiente repulsa no llegaran a saberse, y aunque no tuvo valor para
+rasgar o quemar lo que &eacute;l escribi&oacute; y la contestaci&oacute;n de Juana, guard&oacute;
+ambos documentos en el m&aacute;s secreto escondite de su escritorio.</p>
+
+<p>Trat&oacute;, adem&aacute;s, de hacerse superior a su pena y de ver si olvidaba a
+Juanita, o al menos si segu&iacute;a queri&eacute;ndola con calma y con cierta
+tibieza, a fin de esperar sin impacientarse que Dios mejorase las horas,
+ya que la esperanza es lo &uacute;ltimo que se pierde en esta vida.</p>
+
+<p>Y por lo pronto, o bien para conseguir el olvido o bien para enfriar o
+entibiar su fervorosa pasi&oacute;n, resolvi&oacute; no volver a poner los pies en
+casa de Juanita y evitar su encuentro en la iglesia, en las calles y en
+la plaza.</p>
+
+<p>Juanita, entre tanto, como era poco amiga de la sociedad y gustaba mucho
+de la conversaci&oacute;n de don Paco, se aflig&iacute;a del aislamiento y deploraba
+el sacrificio que hab&iacute;a tenido que hacer. All&aacute;, en el fondo de su alma,
+cuando estaba a solas con su conciencia, y con el notabil&iacute;simo despejo y
+la serenidad imparcial con que ella lo miraba todo, hac&iacute;a repetidas
+veces las sutiles reflexiones que trataremos de expresar aqu&iacute; en el
+siguiente soliloquio:</p>
+
+<p>&laquo;Me lo tengo bien merecido. He vivido hasta el d&iacute;a desgobernada y muy a
+tontas y a locas. Mi madre, Dios me perdone si la ofendo, tiene poco
+juicio, aunque bien puede ser que lo pierda por el entra&ntilde;able amor que
+me tiene. Lo cierto es que entre las dos hemos hecho una infinidad de
+tonter&iacute;as. Justo es que las paguemos. No debo quejarme. En primer lugar,
+siendo yo mocita casadera, y si no ocupando cierta posici&oacute;n, aspirando a
+ocuparla, deb&iacute; dejar de ir por agua a la fuente y a lavar al alberc&oacute;n.
+Deb&iacute; darme m&aacute;s tono. Y ya que no me lo di, a&uacute;n fue mayor disparate el
+querer de repente transformarme en dama y eclipsar y aturdir y excitar
+la envidia y la rabia del se&ntilde;or&iacute;o mujeril de este lugar. Todav&iacute;a mi
+s&uacute;bita transformaci&oacute;n hubiera podido tener buen &eacute;xito si atino a ganarme
+antes la buena voluntad de la muy poderosa <span class="pagenum"><a name="page82" id="page82"></a></span>e ilustre se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s
+L&oacute;pez de Roldán. Pero, lejos de eso, lo que hice fue provocar su enojo.
+Si el trato de don Paco me agradaba y me divert&iacute;a, jam&aacute;s he pensado yo
+en casarme con &eacute;l, y aqu&iacute; viene bien que yo lamente otra locura m&iacute;a,
+otra complet&iacute;sima falta de cautela en mi madre y en m&iacute;. &iquest;A qu&eacute; fin
+recibir de tertulia todas las noches a don Paco, sola a veces y a veces
+en compa&ntilde;&iacute;a de Anto&ntilde;uelo, lo que casi es peor? Lo hac&iacute;amos porque nos
+daba la real gana, sin atender a que somos pobres y a que la gana de los
+pobres no es real, sino s&uacute;bdita que necesita someterse y hasta morir sin
+hallar satisfacci&oacute;n, a fin de no exponerse a muy crueles castigos.
+Nuestra tertulia era muy inocente; bien puedo sostener que m&aacute;s inocente
+que la de do&ntilde;a In&eacute;s. &iquest;C&oacute;mo evitar, no obstante, que do&ntilde;a In&eacute;s supiese y
+hasta creyese de buena fe mil abominaciones, excitada por esa chismosa
+de Crispina, que todo lo huele y cuando no lo huele lo inventa? Ella,
+sin duda, le dir&iacute;a primero que Anto&ntilde;uelo era mi amigo y don Paco el de
+mam&aacute;, y despu&eacute;s, que yo me hab&iacute;a apoderado de los dos, de uno para el
+gusto y del otro para el gasto, y que yo me estaba comiendo las mil
+chucher&iacute;as que &eacute;l me tra&iacute;a de regalo y hasta el exquisito y sin par
+chocolate que se fabrica en casa de ella. Comprendo lo furiosa que do&ntilde;a
+In&eacute;s se pondr&iacute;a, y m&aacute;s a&uacute;n al sospechar que don Paco pudiera casarse
+conmigo, porque do&ntilde;a In&eacute;s quiere heredar o que hereden sus hijos los
+ahorros y las finquillas que don Paco va reuniendo, para lo cual importa
+que don Paco no se case, o bien que se case con una hidalga viuda que yo
+me s&eacute; y que le dar&iacute;a cierto lustre aristocr&aacute;tico, y de seguro no le
+dar&iacute;a hijos, porque est&aacute; ya pasada y huera, y el caso de Abrah&aacute;n y de
+Sara no se repite.&raquo;</p>
+
+<p>As&iacute;, y si no en los t&eacute;rminos de que me valgo, en t&eacute;rminos muy parecidos,
+discurr&iacute;a Juanita a sus solas. Luego continuaba:</p>
+
+<p>&laquo;Es indispensable que yo me enmiende y que ajuste mi conducta a la raz&oacute;n
+y a la conveniencia. Debo tener doble juicio, por mi madre y por m&iacute;. Y
+ya que (esto no puede negarse) soy c&aacute;ndida como la paloma, no est&aacute; bien
+que me olvide de la otra mitad de la sentencia evang&eacute;lica que he o&iacute;do
+decir tantas veces al padre Anselmo en sus sermones. Por tanto, en lo
+sucesivo me propongo ser astuta y prudente como la serpiente. La vida de
+zagalona r&uacute;stica no hay que pensar en hacerla de nuevo. Dios me libre
+tambi&eacute;n de recaer en la mala tentaci&oacute;n de presumir de princesa. Nada de
+volver con la cabeza al aire y con el c&aacute;ntaro por esos andurriales; y
+nada tampoco de ponerme el magn&iacute;fico vestido de seda <span class="pagenum"><a name="page83" id="page83"></a></span>mientras no gane
+posici&oacute;n, autoridad y t&iacute;tulo duradero, suficiente y leg&iacute;timo, para
+tama&ntilde;a audacia. Ahora me conviene seguir por un justo t&eacute;rmino medio:
+salir poco de casa, coser y bordar mucho e ir con frecuencia a la
+iglesia, a misa y a mis devociones, muy humilde, con vestidito de
+percal, y cobijada as&iacute;, borrar la mala impresi&oacute;n que necia o
+inocentemente he causado, y hasta llegar a adquirir reputaci&oacute;n de
+santa.&raquo;</p>
+
+<p>Aqu&iacute; no pod&iacute;a menos de sonre&iacute;rse Juanita, a pesar de lo fastidiada que
+estaba, y luego prosegu&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;Cierto que yo no soy mala y que amo a Dios sobre todas las cosas y que
+me complazco en darle adoraci&oacute;n y culto; pero tambi&eacute;n, &iexcl;qu&eacute; diantres!,
+&iquest;por qu&eacute; no confesarlo?, tambi&eacute;n me amo y me doy culto a m&iacute; misma. Quiz&aacute;
+sea pecado. Lo que debo hacer es que este segundo culto, para no
+escandalizar a nadie, no sea p&uacute;blico, sino misterioso. En lo exterior he
+de parecer como una beata pobre; mas &iquest;por qu&eacute; he de privarme del placer
+de cuidar, de asear y de pulir con el mayor esmero este cuerpecito que
+Dios me ha dado? Sin que nadie lo sospeche, he de cuidarlo y he de
+lavarlo como si fuera el de una infanta de Espa&ntilde;a. &iexcl;Qu&eacute; horror, cielos
+santos, s&iacute; llegase a saberlo, por ejemplo, Juli&aacute;n el arriero! Yo le o&iacute;
+contar en la fuente mientras daba agua a sus mulos, y haci&eacute;ndose cruces,
+la indignaci&oacute;n que le caus&oacute;, cuando serv&iacute;a en C&oacute;rdoba a una marquesa, el
+averiguar, estando &eacute;l en la cocina, que llevaban a dicha se&ntilde;ora un
+enorme lebrillo y dos grandes jarros de agua a su cuarto. "&iquest;Qu&eacute; har&iacute;as
+t&uacute;&mdash;le pregunt&oacute; una chica&mdash;si tu mujer emplease tambi&eacute;n un lebrillo por
+el estilo?" "Pues yo&mdash;contest&oacute; &eacute;l&mdash;agarrar&iacute;a una vara y la pondr&iacute;a negra
+a varazos, por indecente y por mantesona." Necesario es que yo haga un
+misterio de mi limpieza, si no quiero que me excomulgue Juli&aacute;n y la
+mayor&iacute;a de mis compatricios que discurren como &eacute;l. Mas no por eso he de
+dejar de ser limpia. Adem&aacute;s, quiero ser cuidadosa y muy regalada en mi
+ropa blanca interior. En los ratos de ocio, con mis ahorrillos y cuando
+no cosa para la calle, he de hacerme camisas finas y enaguas bordadas
+como no las use mejores una archiduquesa de Austria. Tapado todo ello
+con el mezquino traje exterior, me parecer&eacute; a la violeta, que, escondida
+entre las verdes hojas y tal vez entre feos hierbajos, no deja conocer
+que exista como no sea al que tenga la nariz muy fina y por su delicado
+olor la descubra. Ser&eacute; como aquel personaje de cierto romance que recita
+don Pascual, el cual personaje vest&iacute;a de peregrino y llevaba una
+esclavina</p>
+<p><span class="pagenum"><a name="page84" id="page84"></a></span></p>
+<div class="center">que no val&iacute;an un reale;<br />
+debajo llevaba otra<br />
+que val&iacute;a una ciudade.&raquo;</div><br />
+
+<p>Juanita, al citar estos versos y al aplic&aacute;rselos, se olvidaba de sus
+melancol&iacute;as y soltaba una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; te r&iacute;es, ni&ntilde;a?&mdash;le dijo una vez su madre&mdash;. Pues no es cosa de
+risa lo que nos est&aacute; sucediendo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, mam&aacute;; es cosa de risa. Mejor es re&iacute;r que rabiar. Cuando las cosas
+se toman a risa, las penas que causan se mitigan o se consuelan.</p>
+
+<p>Juanita no se content&oacute; con pensar y con proponerse cuanto queda dicho,
+sino que lo cumpli&oacute; todo con la mayor exactitud y perseverancia.</p>
+
+<p>Pasaron muchos meses.</p>
+
+<p>El cambio de Juanita empez&oacute; a notarse y a celebrarse entre las personas
+m&aacute;s devotas del lugar. El padre Anselmo, singularmente, y sin poderlo
+remediar, a despecho de su humildad cristiana y del menosprecio de s&iacute;
+mismo, sinti&oacute; un noble orgullo y se dio a entender que hab&iacute;a hecho la
+m&aacute;s repentina y milagrosa conversi&oacute;n, deteniendo a aquella joven y
+simp&aacute;tica pecadora al borde del abismo en que iba ya a precipitarse.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXII" id="XXII"></a>XXII</h2>
+
+<p>Su rehabilitaci&oacute;n cost&oacute; a Juanita largo tiempo, y adem&aacute;s no pocos
+sacrificios, trabajos y esfuerzos de voluntad.</p>
+
+<p>Fue lo m&aacute;s duro para ella el tener que vivir, sobre todo al principio,
+en soledad completa.</p>
+
+<p>Se aburr&iacute;a, y a menudo recelaba que iba a enfermar de ictericia. No
+pod&iacute;a ni quer&iacute;a retroceder y charlar de nuevo y reanudar amistades con
+las mozuelas que antes hab&iacute;a tratado, las cuales, ofendidas ya, le
+dar&iacute;an acaso mil sofiones; ni menos pod&iacute;a intimar, aunque lo desease,
+con las hidalgas y con las hijas de los labradores ricos, que se
+preciaban de se&ntilde;oritas y que huir&iacute;an de ella, as&iacute; por la humilde
+posici&oacute;n de su madre como por su ileg&iacute;timo nacimiento y por la mala fama
+que le hab&iacute;an dado en el lugar, y que entre todos sus habitantes cund&iacute;a.</p>
+
+<p>Juanita tuvo que perder hasta la amistad y el trato de Anto&ntilde;uelo. Y esto
+no s&oacute;lo para no seguir dando p&aacute;bulo a la maledicencia, sino tambi&eacute;n
+porque Anto&ntilde;uelo estuvo muy tonto y ella <span class="pagenum"><a name="page85" id="page85"></a></span>se vio en la precisi&oacute;n de
+despedirle con cajas destempladas y para siempre.</p>
+
+<p>Dos d&iacute;as despu&eacute;s de haber predicado el padre Anselmo su famoso serm&oacute;n,
+Anto&ntilde;uelo volvi&oacute; de sus correr&iacute;as. Entonces no se hablaba en el lugar
+sino del esc&aacute;ndalo que Juanita hab&iacute;a dado y de la severa y merecida
+lecci&oacute;n que del padre Anselmo hab&iacute;a recibido.</p>
+
+<p>Ya en la plaza, ya a la sombra de algunos &aacute;lamos que est&aacute;n en el
+altozano, cerca de la iglesia, y donde se re&uacute;ne y platica la gente moza,
+varios amigos y conocidos embromaron pesadamente a Anto&ntilde;uelo por el
+papel desairado y rid&iacute;culo que supon&iacute;an que hab&iacute;a hecho reverenciando,
+sirviendo y adorando casi como una deidad a una mozuela que le desde&ntilde;aba
+y que aceptaba, qui&eacute;n sabe hasta qu&eacute; punto, los regalos y el amor de un
+rival dichoso.</p>
+
+<p>Las relaciones entre Juanita y Anto&ntilde;uelo tal vez parecer&aacute;n inveros&iacute;miles
+a quien piense someramente en ello; pero yo creo que son m&aacute;s naturales y
+frecuentes de lo que se imagina.</p>
+
+<p>Desde la infancia hab&iacute;an vivido en la mayor intimidad Anto&ntilde;uelo y
+Juanita.</p>
+
+<p>Con cort&iacute;sima diferencia, ten&iacute;an la misma edad, y pod&iacute;a asegurarse que
+se hab&iacute;an criado juntos. El era zafio, mal educado, travieso y atrevido;
+ten&iacute;a pocos alcances y una voluntad tan realenga, que ni a su padre se
+somet&iacute;a; peto en estos mismos defectos se fundaba la amistad de Juanita
+hacia &eacute;l. Juanita hab&iacute;a adquirido y conservaba tai imperio sobre aquel
+muchacho, que lograba que la respetase, temiese y obedeciese como un
+perro a su amo.</p>
+
+<p>A ella no se le pas&oacute; jam&aacute;s por la imaginaci&oacute;n el querer a Anto&ntilde;uelo como
+una mujer quiere a un hombre. Y &eacute;l, como por una parte la ten&iacute;a por un
+ser superior y por otra parte sus instintos amorosos eran vulgar&iacute;simos,
+procuraba emplearlos y satisfacerlos en m&aacute;s f&aacute;ciles objetos, y sin darse
+cuenta de ello, e ignorando su esencia y su nombre, consagraba a Juanita
+un afecto puro, ideal y plat&oacute;nico. Sentimientos tales, si bien se
+recapacita, no son extra&ntilde;os al alma de los m&aacute;s vulgares sujetos. Todos o
+casi todos los hombres tienen sed, tienen necesidad de venerar y de
+adorar algo. El espiritual, el sabio, el discreto, comprende con
+facilidad y adora a una entidad metaf&iacute;sica; a Dios, a la virtud o a la
+ciencia. Pero el rudo, el que apenas sabe sino confusamente lo que es
+ciencia, lo que es virtud y lo que es Dios, consagra sin reflexionar ese
+afecto, en &eacute;l casi instintivo, a un &iacute;dolo visible, corp&oacute;reo, de bulto.</p><p><span class="pagenum"><a name="page86" id="page86"></a></span></p>
+
+<p>Juanita era este &iacute;dolo para Anto&ntilde;uelo. Juanita era tambi&eacute;n su or&aacute;culo.
+El o&iacute;a con religioso respeto sus advertencias y amonestaciones, y de
+buena fe se promet&iacute;a y promet&iacute;a al pronto tomarlas para pauta de su
+conducta. Siempre que Anto&ntilde;uelo se hallaba en la presencia de Juanita,
+se sent&iacute;a avasallado por su influjo, deslumbrado por su superior
+inteligencia y ligado a la voluntad de ella. Por desgracia, no bien
+Anto&ntilde;uelo se hallaba ausente de Juanita, el influjo bienhechor
+desaparec&iacute;a, y los instintos brutales y las malas pasiones acud&iacute;an en
+tropel y desataban o romp&iacute;an las ligaduras y arrojaban al olvido los
+buenos consejos y preceptos que Juanita le hab&iacute;a dado. Anto&ntilde;uelo, lejos
+de la fascinaci&oacute;n y del encanto que casi milagrosamente le hab&iacute;an
+conservado como ser racional, se convert&iacute;a en un est&uacute;pido y en un
+perdido.</p>
+
+<p>A pesar de la ineficacia, por falta de duraci&oacute;n, de su poder purificante
+sobre el alma de Anto&ntilde;uelo, Juanita le quer&iacute;a, se interesaba por &eacute;l y
+sent&iacute;a halagado su orgullo al dominarle, aunque fuera moment&aacute;neamente.</p>
+
+<p>Para dar una idea exacta de la inclinaci&oacute;n de Juanita hacia aquel mozo,
+dir&eacute; que se parec&iacute;a a la que yo he visto que tienen ciertas grandes
+se&ntilde;oras ya por un alano, ya por un mast&iacute;n corpulento y poderoso que hay
+en casa de ellas, que inspira terror a las visitas, que parece capaz de
+derribar a un hombre de un manotazo y de destrozarle de un mordisco, y
+que, sin embargo, se echa con la mayor humildad a las plantas de su ama
+y siente inexplicable placer si ella con su blanca mano le toca la
+cabeza o con el pie le sacude o le pisa.</p>
+
+<p>En la ocasi&oacute;n de que vamos hablando, las feroces burlas de sus camaradas
+hab&iacute;an transformado a Anto&ntilde;uelo; su domesticidad y mansedumbre hab&iacute;an
+desaparecido: ya no era perro, sino lobo.</p>
+
+<p>Tra&iacute;a muy estudiado el discurso, si puede llamarse discurso lo que iba a
+decir; y a fin de que no se le borrara de la memoria o se le enmara&ntilde;ara
+en el caletre, deseaba descargarse de &eacute;l como quien suelta un peso y
+decirlo sin pre&aacute;mbulos. La ocasi&oacute;n se present&oacute; propicia a su deseo.</p>
+
+<p>Juana estaba en la cocina, y Anto&ntilde;uelo hall&oacute; sola a Juanita cosiendo en
+la sala. Ven&iacute;a &eacute;l con el entrecejo fruncido y con marcadas se&ntilde;ales en
+toda la cara de muy terrible enojo. Apenas se saludaron &eacute;l y ella,
+Anto&ntilde;uelo dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Vengo a quejarme de ti, a decirte que me has enga&ntilde;ado. Por culpa tuya
+he estado haciendo el tonto, y no quiero hacerlo m&aacute;s.</p><p><span class="pagenum"><a name="page87" id="page87"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;Pues, hijo m&iacute;o&mdash;dijo ella riendo&mdash;, yo no s&eacute; c&oacute;mo te las compondr&aacute;s
+para no seguir haciendo el tonto. Lo que yo s&eacute; es que no tengo la culpa
+de que lo hayas sido hasta ahora, y menos s&eacute; a&uacute;n en qu&eacute; y cu&aacute;ndo te he
+enga&ntilde;ado.</p>
+
+<p>&mdash;Me has enga&ntilde;ado fingi&eacute;ndote santa, para que yo, embaucado, te adorase,
+cuando no eres santa, sino una mala mujer. Por todo el lugar no se habla
+de otra cosa sino de tus relaciones con don Paco, y de que te mantiene y
+te viste.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y has cre&iacute;do t&uacute; esas calumnias? &iquest;Y en vez de defenderme y de
+enfurecerte contra los calumniadores te enfureces contra m&iacute;? Juanita
+dej&oacute; escapar irreflexiblemente estas &uacute;ltimas frases. Luego se reprimi&oacute; y
+procur&oacute; enmendarlas. Cre&iacute;a bruto a Anto&ntilde;uelo, pero no lo cre&iacute;a cobarde.</p>
+
+<p>Si dej&oacute; de defenderla fue, no por cobard&iacute;a, sino por maliciosa necesidad
+que acepta lo malo como cierto. De todos modos, m&aacute;s val&iacute;a as&iacute;. Mucho
+hubiera contrariado a Juanita que por sacar la cara por ella hubiera
+re&ntilde;ido Anto&ntilde;uelo, resultando tal vez de la ri&ntilde;a heridas o mayores
+desgracias, que hubieran empeorado la situaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Juanita a&ntilde;adi&oacute; entonces:</p>
+
+<p>&mdash;Bien pensado, hiciste bien en no defenderme. He sido imprudent&iacute;sima.
+Los que no me conocen tienen alg&uacute;n fundamento para acusarme. Las
+apariencias me condenan. Yo me resigno y perdono a los que me acusan.
+Perd&oacute;nalos t&uacute; tambi&eacute;n, pero no los creas. T&uacute;, que me conoces de toda la
+vida; t&uacute;, que sabes con qu&eacute; pureza de afecto, con qu&eacute; ternura de hermana
+te he querido y te quiero a&uacute;n, no debes, no puedes creer esas infamias;
+pues qu&eacute;, &iquest;no comprendes que yo soy capaz de querer a don Paco por el
+mismo estilo que a ti te quiero?</p>
+
+<p>&mdash;Esa es grilla, esa es grilla&mdash;replic&oacute; Anto&ntilde;uelo&mdash;. T&uacute;, con tus
+sutilezas y mentiras, quieres volverme tarumba; pero no lo conseguir&aacute;s.
+Te burlas de m&iacute; porque me crees bobo. No quiero callar. Aunque me pongas
+el dedo en la boca, te morder&eacute; y no callar&eacute;. En adelante no quiero ser
+tu juguete. Quien te conozca, que te compre. Me han abierto los ojos. Ya
+te conozco. Eres una tramoyana y una perdida. Y tu madre es peor que t&uacute;.</p>
+
+<p>La &uacute;ltima frase la dec&iacute;a Anto&ntilde;uelo para desafiar tambi&eacute;n la c&oacute;lera de
+Juana, que entraba en la sala de vuelta de la cocina.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay ni&ntilde;a, ni&ntilde;a!&mdash;dijo Juana&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; paciencia la tuya! &iquest;Por qu&eacute;
+aguantas los insultos de este animal de bellota, las coces de este mulo
+resabiado?</p><p><span class="pagenum"><a name="page88" id="page88"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;replic&oacute; Anto&ntilde;uelo&mdash;, mire usted lo que dice y no se
+desverg&uuml;ence conmigo, si no quiere que me olvide yo de que es mujer y le
+ponga las peras a cuarto o la emplume, como merece.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r esto Juana ya no contest&oacute; palabra, pero se precipit&oacute; sobre el que
+tan atrozmente la ofend&iacute;a Juanita se interpuso entre su madre y el mozo,
+a fin de evitar la lucha.</p>
+
+<p>&mdash;Vete, vete al punto de esta casa y no vuelvas m&aacute;s en tu vida. Para m&iacute;
+has muerto. Quiero olvidar hasta el santo de tu nombre. No tengo que
+darte cuenta de mi conducta. Nada me importa ni me aflige el ruin
+concepto que formes de m&iacute;. Vete.</p>
+
+<p>Y diciendo y haciendo, interpuesta siempre entre su madre y el mozo,
+recelosa de que se empe&ntilde;asen en un combate tragic&oacute;mico, fue empujando
+con suavidad a Anto&ntilde;uelo hasta la puerta de la calle. Ella misma levant&oacute;
+el picaporte, abri&oacute; la puerta y ech&oacute; de su casa al amigo de toda la
+vida. Al hacer esto, en el rostro de Juanita se mostraba m&aacute;s bien la
+tristeza que la c&oacute;lera; Anto&ntilde;uelo, al mirarla tan digna, amain&oacute; en su
+furor, no persisti&oacute; en sus improperios, y se fue cabizbajo y silencioso.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a>XXIII</h2>
+
+<p>Al disgusto de vivir aisladas ambas Juanas se a&ntilde;ad&iacute;a otro no menor y m&aacute;s
+positivo.</p>
+
+<p>Al principio se difundi&oacute; tanto la idea de que Juana hab&iacute;a llevado su
+complacencia inmoral hasta ser tercera de su hija, que la llamaban menos
+para trabajar en las casas principales por el temor de que fuese ella la
+propia Celestina resucitada y tratara de pervertir a las Melibeas de
+dichas casas. No obstante, y como ya he dicho, aquella mal&iacute;sima
+situaci&oacute;n se fue poco a poco suavizando. Adem&aacute;s, eran tan notorios y tan
+irreemplazables el arte y la inspiraci&oacute;n de Juana para dirigir una
+matanza, para hacer arrope, pi&ntilde;onate, empanadas y tortas, y para
+preparar festines, que las personas de gusto y de medios desecharon los
+recelosos escr&uacute;pulos, y, poni&eacute;ndoles el correctivo de estar a la mira y
+ojo avizor para que Juana no ejerciese sus presuntas artes
+<i>proxen&eacute;ticas</i>, siguieron llam&aacute;ndola a trabajar a sus casas; y los
+ingresos y rentas de Juana, que hab&iacute;an disminuido, volvieron a su estado
+normal, aunque no se aumentaron.</p>
+
+<p>El recogimiento y la austeridad de Juanita al fin surtieron efecto. La
+idea que el padre Anselmo concibi&oacute; de que hab&iacute;a logrado <span class="pagenum"><a name="page89" id="page89"></a></span>convertir a
+aquella pecadora incipiente y de atraer al aprisco a la ovejita
+descarriada antes que cayese entre las u&ntilde;as y la boca del lobo, fue
+adquiriendo resonancia y eco entre el vulgo. Juanita fue, pues, mirada,
+si no como paloma sin mancilla, como Magdalena arrepentida y penitente,
+no de la culpa, sino del conato.</p>
+
+<p>Transcurri&oacute; m&aacute;s de un a&ntilde;o antes que Juanita, a fuerza de ingenio y de
+fatigas, lograse resultado tan brillante.</p>
+
+<p>La r&iacute;gida do&ntilde;a In&eacute;s era la m&aacute;s dif&iacute;cil de ablandar. No quer&iacute;a creer en
+la virtud de la muchacha, y sospechaba que era todo hipocres&iacute;a.</p>
+
+<p>Cuando llegaban a o&iacute;dos de Juanita noticias de la terca incredulidad de
+do&ntilde;a In&eacute;s y de que la sospechaba de hip&oacute;crita, Juanita dec&iacute;a para s&iacute;:
+&laquo;No es mal sastre el que conoce el pa&ntilde;o&raquo;; y sin arredrarse segu&iacute;a por el
+camino que se hab&iacute;a trazado.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; en esto el invierno, y do&ntilde;a In&eacute;s quiso vestir a todos sus ni&ntilde;os
+con buena ropa de abrigo; Juanita alcanzaba ya alta reputaci&oacute;n de
+costurera. Todo lo que pudiesen hacer Serafina y otras del lugar era una
+chapucer&iacute;a cursi si se comparaba con las confecciones de nuestra
+hero&iacute;na, que estaba al corriente de las &uacute;ltimas modas de Par&iacute;s, que
+recib&iacute;a los figurines y que, ajust&aacute;ndose a ellos, sin encadenar
+servilmente su fantas&iacute;a a una imitaci&oacute;n minuciosa, ideaba, trazaba,
+cortaba y hac&iacute;a trajes para las mujeres, dignos de figurar en los
+salones de la corte y de ser descritos por <i>Montecristo</i> o por
+<i>Asmodeo</i>, y para los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as no inferiores por su gracia y por su
+chic a aquellos con que la prole de un milord opulento o de un banquero
+ingl&eacute;s se engalana.</p>
+
+<p>Ruego al lector que me d&eacute; entero cr&eacute;dito y que no imagine que son
+ponderaciones andaluzas, o que mis simpat&iacute;as hacia Juanita me ciegan. Lo
+que digo es la verdad exacta, pura y no exagerada. Yo he estado en
+Villalegre, he visto algunos trajes hechos por Juanita y me he quedado
+estupefacto. Y cuenta que yo tengo buen gusto. Todo el mundo lo sabe.</p>
+
+<p>En fin, do&ntilde;a In&eacute;s se dio a pensar y a repensar en lo muy preciosos que
+estar&iacute;an sus ni&ntilde;os con los trajes que Juanita les hiciese; venci&oacute; la
+repugnancia que sent&iacute;a contra ella, la llam&oacute; a su casa y le encomend&oacute;
+trajes para todos, seg&uacute;n la edad y el sexo de cada uno.</p>
+
+<p>Fue Juanita a casa de do&ntilde;a In&eacute;s tan pobre y modestamente vestida como si
+saliese de un beaterio, y tan modosita en el hablar, en la voz y en los
+modales, que parec&iacute;a, sin visos ni asomos de afectaci&oacute;n, una criatura
+ser&aacute;fica.</p><p><span class="pagenum"><a name="page90" id="page90"></a></span></p>
+
+<p>Esto, sin duda, hubo ya de entreabrirle o de ponerle entornadas las
+puertas del coraz&oacute;n de do&ntilde;a In&eacute;s, la cual sab&iacute;a mucho y pensar&iacute;a y dir&iacute;a
+en su interior.</p>
+
+<p>&mdash;Si no lo finge, en verdad que es muy buena esta muchacha; y s&iacute; lo
+finge, sabe m&aacute;s que Cardona: es admirable su fingimiento.</p>
+
+<p>As&iacute;, do&ntilde;a In&eacute;s se predispuso ya favorablemente.</p>
+
+<p>Su favor val&iacute;a mucho, y do&ntilde;a In&eacute;s acert&oacute; a cobr&aacute;rselo por instinto.
+Tambi&eacute;n hay su poco de gorroner&iacute;a en los grandes y poderosos de la
+tierra. Viene o prop&oacute;sito esta sentencia, porque do&ntilde;a In&eacute;s pag&oacute; el
+trabajo de Juanita en la tercera parte de lo que val&iacute;a, aun en aquel
+lugar donde se trabaja barato, y pag&oacute; las otras dos terceras partes en
+el favor tan deseado y apetecido que empez&oacute; entonces a alcanzar la linda
+costurera.</p>
+
+<p>Los ni&ntilde;os, con los trajes hechos por Juanita, salieron tan bien vestidos
+el 1 de noviembre, d&iacute;a de Todos los Santos, que daba gloria verlos, y la
+gente los miraba y los segu&iacute;a en la calle. La vanidad maternal de do&ntilde;a
+In&eacute;s qued&oacute; muy satisfecha. Ni la propia Cornelia se ufan&oacute; m&aacute;s cuando
+ense&ntilde;aba a sus Gracos. Pero do&ntilde;a In&eacute;s fue m&aacute;s all&aacute; de Cornelia: no se
+content&oacute; con lucir a sus hijos, sino que se propuso competir con ellos y
+aun superarlos en indumentaria, y decidi&oacute; que Juanita tambi&eacute;n la
+vistiese.</p>
+
+<p>Juanita se prest&oacute; a todo con el mejor talante y prodigioso acierto e
+hizo a do&ntilde;a In&eacute;s cors&eacute;s y varios trajes.</p>
+
+<p>Nacieron de aqu&iacute; la confianza y alguna familiaridad, hasta donde es
+l&iacute;cito y decoroso que la familiaridad se entable entre una dama
+principal y una trabajadora plebeya; pero al fin, como do&ntilde;a In&eacute;s ten&iacute;a
+que mostrarse a Juanita en pa&ntilde;os menores para probarse cors&eacute;s y
+vestidos, &iquest;qu&eacute; mucho que la confianza naciese y creciese?</p>
+
+<p>Juanita supo despu&eacute;s, con lentitud y por sus pasos contados, darse tal
+ma&ntilde;a, que do&ntilde;a In&eacute;s, que ya le hab&iacute;a confiado su cuerpo para que lo
+vistiese, empez&oacute; a confiarle tambi&eacute;n y a descubrirle su esp&iacute;ritu, aunque
+s&oacute;lo hasta cierto punto, porque el esp&iacute;ritu de do&ntilde;a In&eacute;s, seg&uacute;n pensaba
+Juanita, acaso con malicia sobrada, ten&iacute;a m&aacute;s conchas que un gal&aacute;pago y
+jam&aacute;s se desnudaba y se descubr&iacute;a por completo.</p>
+
+<p>Juanita ten&iacute;a una voz melodiosa y clara y sab&iacute;a leer muy bien, lo cual
+es bastante raro, dando a lo que le&iacute;a entonaci&oacute;n y sentido. Pronto atin&oacute;
+a mostrar a do&ntilde;a In&eacute;s que ella pose&iacute;a habilidad tan &uacute;til, y no tard&oacute;
+do&ntilde;a In&eacute;s, que se fatigaba algo leyendo, en tomar a Juanita por
+lectora.</p><p><span class="pagenum"><a name="page91" id="page91"></a></span></p>
+
+<p>Claro est&aacute; que do&ntilde;a In&eacute;s, que era m&iacute;stica muy elevada en sus
+pensamientos y un tanto cuanto asceta, aunque m&aacute;s en lo especulativo que
+en lo pr&aacute;ctico, hac&iacute;a que Juanita le leyese vidas de santos y libros
+devotos y morales como <i>Monte Calvario</i>, <i>Gracias de la gracia</i>, <i>Gritos
+del infierno</i>, <i>Espejo de religiosos</i>, <i>Casos raros de vicios y virtudes
+y Estragos de la lujuria</i>.</p>
+
+<p>Era do&ntilde;a In&eacute;s aficionad&iacute;sima a disertar y a convencer a sus oyentes y
+contradictores cuando disertaba. Si por algo se dol&iacute;a de haber nacido
+mujer, era por no poder transformarse en predicador o en catedr&aacute;tico.</p>
+
+<p>Juanita supo con tanto pulso seguirle el humor, que no se callaba ni lo
+aceptaba todo desde luego, sino que impugnaba algo sus tesis y discursos
+para darle ocasi&oacute;n de que hablase m&aacute;s y desplegase su elocuencia, a la
+cual acababa por ceder, reconoci&eacute;ndose vencida. De esta suerte se
+alegraba y se exaltaba el &aacute;nimo de do&ntilde;a In&eacute;s, corroborando la creencia
+que ella ten&iacute;a en su virtud persuasiva y en su saber y talento, y
+haci&eacute;ndole creer, adem&aacute;s, que despu&eacute;s de ella, aunque a muy razonable
+distancia, no hab&iacute;a en todo Villalegre, salvo quiz&aacute; el padre Anselmo,
+persona m&aacute;s talentosa y m&aacute;s sabia que Juanita.</p>
+
+<p>La privanza de esta con do&ntilde;a In&eacute;s lleg&oacute; al fin a su colmo.</p>
+
+<p>En presencia de cualquier persona, Juanita segu&iacute;a atendi&eacute;ndola con el
+mayor respeto y d&aacute;ndole el tratamiento de <i>su merced</i>; pero en momentos
+de expansi&oacute;n, una vez que Juanita la oy&oacute; atent&iacute;simamente, impugn&oacute; sus
+razones y termin&oacute; por ceder a ellas, do&ntilde;a In&eacute;s, entusiasmada, se allan&oacute;
+hasta el extremo de mandarle que cuando estuviesen las dos solitas la
+tutease.</p>
+
+<p>Estas prodigiosas conquistas de la paciente y despejada muchacha le
+prestaron desde luego confianza en s&iacute; misma, y pudieron darle mucha
+honra, s&iacute; ella entendiese que la necesitaba; mas apenas le dieron
+material provechoso, que era de lo que m&aacute;s necesidad ten&iacute;a.</p>
+
+<p>Pensaba do&ntilde;a In&eacute;s que no hab&iacute;a mejor ni m&aacute;s espl&eacute;ndida paga que su
+afecto. Supon&iacute;a tal la elevaci&oacute;n de alma de Juanita, que hubiera sido
+injuriarla ofrecerle dinero. Un ochavo m&aacute;s que do&ntilde;a In&eacute;s le hubiese dado
+sobre el jornal que de ordinario ganaba, hubiera parecido una limosna.
+No era delicado socorrer a Juanita como a una pordiosera.</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s de estos razonamientos tan juiciosos, como do&ntilde;a In&eacute;s no pagaba
+a Juanita sino lo que cos&iacute;a, y no le pagaba, para no humillarla, ni las
+horas que empleaba ley&eacute;ndole libros ni el <span class="pagenum"><a name="page92" id="page92"></a></span>tiempo que perd&iacute;a escuchando
+sus disertaciones, resultaba do&ntilde;a In&eacute;s, por obra y gracia de lo mirada
+que era, ten&iacute;a lectora y auditorio y acompa&ntilde;ante de balde.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXIV" id="XXIV"></a>XXIV</h2>
+
+<p>La gloriosa servidumbre en que Juanita hab&iacute;a llegado a ponerse, si no
+era &uacute;til, era molesta en extremo, porque la amistad de do&ntilde;a In&eacute;s no
+pod&iacute;a ser m&aacute;s exigente ni m&aacute;s imperativa. Y mientras m&aacute;s rebosaba
+entusiasmo y ternura, m&aacute;s se recrudec&iacute;a tambi&eacute;n en exigencia y en
+imperio.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a d&iacute;as en que no le quedaba a Juanita ni hora libre ni momento de
+sosiego. Do&ntilde;a In&eacute;s la llamaba y se val&iacute;a de ella para todo.</p>
+
+<p>En los lugares, al menos hace algunos a&ntilde;os, pues no s&eacute; si habr&aacute;n variado
+las costumbres, nunca sal&iacute;a una se&ntilde;ora principal de visita o de paseo
+sin llevar a una acompa&ntilde;ante. Juanita tuvo, por consiguiente, a m&aacute;s de
+leer y de escuchar disertaciones, que acompa&ntilde;ar a do&ntilde;a In&eacute;s en sus
+visitas y en sus paseos. Y cuando a esta se le antojaba de s&uacute;bito
+visitar o pasear y no ten&iacute;a a Juanita en casa, iba a buscarla a la suya,
+haci&eacute;ndose acompa&ntilde;ar hasta all&iacute; por Serafina.</p>
+
+<p>En los paseos rara vez le&iacute;a o hac&iacute;a leer do&ntilde;a In&eacute;s; pero, convertida en
+fil&oacute;sofa peripat&eacute;tica, disertaba de lo lindo, siempre sobre religi&oacute;n,
+moral, menosprecio del mundo, alabanza del recogimiento y de la
+conversi&oacute;n interior y aspiraciones a lo sobrenatural y divino.</p>
+
+<p>Conviene que se sepa que do&ntilde;a In&eacute;s ten&iacute;a un car&aacute;cter tan dominante, que
+no se aquietaba ni se satisfac&iacute;a como no decidiese y gobernase cuanto
+hay que decidir y gobernar.</p>
+
+<p>Ella designaba el nombre que hab&iacute;a de recibir en la pila bautismal cada
+villalegrino que naciese; ella decretaba, despu&eacute;s de estudiar aptitudes,
+capacidades y recursos, el oficio que cada cual hab&iacute;a de aprender y
+ejercer, y ella escog&iacute;a marido para cuantas ni&ntilde;as casaderas viv&iacute;an en el
+pueblo y pertenec&iacute;an a familias merecedoras por alg&uacute;n t&iacute;tulo de su
+atenci&oacute;n y cuidado.</p>
+
+<p>El concepto que formaba do&ntilde;a In&eacute;s del universo visible y de cuantas
+cosas hay en &eacute;l y en &eacute;l se sustentan, era concepto m&aacute;s pesimista que el
+del propio Schopenhauer; pero el de do&ntilde;a In&eacute;s estaba dulcificado por dos
+potencias ben&eacute;ficas y fecundas que hab&iacute;a <span class="pagenum"><a name="page93" id="page93"></a></span>en su alma. Ella podr&iacute;a ser, o
+era, m&aacute;s o menos pecadora. Yo no he llegado a ponerlo bien en claro, de
+suerte que, al ir escribiendo esta historia, lo probable es que lo deje
+turbio o nebuloso. De cualquier modo que fuese, y sin escudri&ntilde;ar los
+secretos de do&ntilde;a In&eacute;s en lo tocante a la conducta, aseguro con evidencia
+que ella, en lo te&oacute;rico, sin afectaci&oacute;n ni mentira, ten&iacute;a la m&aacute;s
+acendrada fe religiosa. Con esta fe, y con las otras dos consoladoras y
+divinas virtudes que de ella nacen, do&ntilde;a In&eacute;s iluminaba el mundo,
+hermose&aacute;ndolo con celestiales resplandores.</p>
+
+<p>Toda deformidad moral, todo vicio, toda dolencia, la fealdad f&iacute;sica, las
+enfermedades, la miseria, el dolor y la muerte se despojaban en su
+pensamiento de horror y de amargura al considerar que deben sufrirse por
+el amor de Dios, y desvanecerse y disiparse, como la oscuridad de la
+noche cuando aparece la aurora, ante la esperanza de lo trascendente y
+de lo ultramontano. Para do&ntilde;a In&eacute;s, este mundo en que vivimos era un
+valle de l&aacute;grimas y un transitorio lugar de prueba, indispensable camino
+para otra vida mejor. La presente, pues, aunque fuese muy mala, no era
+nunca mala, ya que en ella, si se padec&iacute;a con resignaci&oacute;n, mientras m&aacute;s
+se padeciese, mejor y m&aacute;s abundante cosecha se recog&iacute;a y se atesoraba de
+frutos que no se corrompen y de riquezas que nadie roba. Y como do&ntilde;a
+In&eacute;s no gustaba de quedarse atr&aacute;s en nada, sino de adelantarse en todo,
+y ser tambi&eacute;n importante cosechera de los mencionados frutos y riquezas,
+muy candorosamente estaba persuadida de que padec&iacute;a o hab&iacute;a padecido
+mucho ejerciendo y luciendo su paciencia, compitiendo un poquito con Job
+y granje&aacute;ndose los medios de ir al cielo derechita, sin tropezar en
+rama, ya se entiende que contando con la misericordia de Dios, que le
+perdonar&iacute;a sus pecados, si los ten&iacute;a, pues, seg&uacute;n ya he dicho, no lo
+sabemos.</p>
+
+<p>La otra potencia de que se val&iacute;a do&ntilde;a In&eacute;s, sin estudio, espont&aacute;nea y
+sencillamente para blanquear y hasta para dorar la tenebrosa negrura de
+su concepto <i>schopenhaueriano</i> del mundo, era el sentimiento viv&iacute;simo y
+atinado, fuente inexhausta de puros deleites, con que percib&iacute;a su alma
+toda belleza, tanto espiritual cuanto corp&oacute;rea. Llamar a esto buen gusto
+me parece poco. El buen gusto, por lo general, es pasivo y est&eacute;ril. En
+do&ntilde;a In&eacute;s alcanzaba actividad creadora. La visi&oacute;n de la belleza
+concebida por do&ntilde;a In&eacute;s reluc&iacute;a en las profundidades de su alma y creaba
+all&iacute; otro universo ideal, semejante al exterior universo, salvo que de
+&eacute;l todo mal y toda mengua hab&iacute;an sido expulsados.</p>
+
+<p>Como se ve, no era do&ntilde;a In&eacute;s mujer adocenada, sino persona <span class="pagenum"><a name="page94" id="page94"></a></span>memorable, o
+d&iacute;gase digna de la historia, por lo cual me complazco yo en ponerla en
+la m&iacute;a.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s, y perdone el p&iacute;o lector si me repito, a pesar de sus ocho
+v&aacute;stagos, estaba a&uacute;n muy guapa; en lo mejor de su edad, bien cuidada,
+alimentada y vestida.</p>
+
+<p>El asomo de rivalidad que brot&oacute; en su alma, el d&iacute;a de la intempestiva y
+pomposa aparici&oacute;n de Juanita en la iglesia, hab&iacute;a desaparecido
+enteramente, merced a la humildad de la muchacha y a la sumisi&oacute;n con que
+la acataba y serv&iacute;a. Desechados as&iacute; los celos, la mente y el coraz&oacute;n de
+do&ntilde;a In&eacute;s dieron entrada franca al afecto y a la admiraci&oacute;n de la
+bondad, del talento y de la hermosura de que Juanita estaba dotada.</p>
+
+<p>No hab&iacute;a primor en Juanita que do&ntilde;a In&eacute;s no advirtiese, celebrase y
+ponderase. Lleg&oacute; a notar, a pesar del pobre pa&ntilde;olito con que se cubr&iacute;a
+la chica espalda y pecho, la admirable perfecci&oacute;n de toda aquella sana y
+virginal estructura. De su rostro no quiero ni puedo decir m&aacute;s sino que
+le parec&iacute;a el de un &aacute;ngel. Y, por &uacute;ltimo, pon&iacute;a en Juanita casi, casi
+tanta discreci&oacute;n, ingenio y bondad como en ella misma. En suma, do&ntilde;a
+In&eacute;s miraba y estudiaba a Juanita como el sabio cr&iacute;tico, buen gram&aacute;tico
+y mejor est&eacute;tico mira y estudia un bello poema, o como el gran conocedor
+y perito en las artes pl&aacute;sticas mira y estudia una obra maestra de
+escultura.</p>
+
+<p>Cualquiera imaginar&aacute; que, llegadas las cosas a este punto, Juanita
+podr&iacute;a apoderarse de la voluntad de do&ntilde;a In&eacute;s y hacer de ella lo que le
+diese la gana; pero sucedi&oacute; lo contrar&iacute;o. Frecuentemente recelaba
+Juanita que se le iba a acabar la paciencia, y all&aacute; en sus adentros
+dec&iacute;a: &laquo;Peor est&aacute; que estaba.&raquo; A fin de que se comprenda el fundamento
+que ten&iacute;a Juanita para decir &laquo;que estaba peor&raquo;, pondr&eacute; aqu&iacute; uno de los
+discursos que do&ntilde;a In&eacute;s, con frecuencia, le dirig&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Hija m&iacute;a&mdash;exclamaba&mdash;, hay en las condiciones y circunstancias que han
+de influir en tu destino cierta contradicci&oacute;n que puede ser causa de mil
+desventuras. Por tu belleza, por tu talento y por la elevaci&oacute;n moral de
+tu alma mereces casarte con un pr&iacute;ncipe, dechado de todas las
+perfecciones. Por tu desventurado nacimiento, por la clase humilde a que
+perteneces y por la pobreza que te obliga a residir en este lugar,
+tendr&aacute;s que quedarte soltera o tendr&aacute;s que casarte con un labrador rudo
+y zafio. Si te quedas soltera, de continuo te ver&aacute;s expuesta a los tiros
+de la envidia y a las emponzo&ntilde;adas mordeduras de la calumnia, y te
+rodear&aacute;n, adem&aacute;s, groseras seducciones, a alguna de las cuales qui&eacute;n
+sabe si <span class="pagenum"><a name="page95" id="page95"></a></span>ceder&aacute;s en un momento de flaqueza, porque todas somos d&eacute;biles y
+ninguna puede estar segura de no tropezar y de no caer si en un solo
+momento la deja Dios de su mano y no la sostiene con su gracia. Pues no
+digo nada si, movida por la vanidad o por pasiones m&aacute;s tiernas y propias
+de tus verdes a&ntilde;os, y cegada por ellas hasta desconocer la ruindad del
+sujeto que te enamora, te casas al fin con un hombre de tu clase, con
+alg&uacute;n palurdo de esta tierra. &iexcl;Qu&eacute; desgracia la tuya entonces! &iexcl;Pronto
+llegar&iacute;a el desenga&ntilde;o! Vaya..., me horrorizo de pensar en ello. Ser&iacute;a
+una profanaci&oacute;n. Ser&iacute;a un sacrilegio nefando. &iquest;C&oacute;mo entregar tanto
+tesoro a quien ser&iacute;a incapaz de comprenderlo y de saber lo que vale? En
+mi sentir, ser&iacute;a locura semejante a la de echar ramilletes de flores, en
+vez de paja y cebada, en el pesebre del mulo, o la de derramar perlas en
+la pocilga del marrano en vez de un celem&iacute;n de bellotas. Por otra parte,
+hija m&iacute;a, &iquest;cu&aacute;ntos disgustos, desvelos y cuidados no vendr&aacute;n sobre ti
+con el matrimonio? Quiero prescindir de que tu marido acaso ser&iacute;a pobre;
+y si era tambi&eacute;n torpe y holgaz&aacute;n, tendr&iacute;as que matarte trabajando para
+mantenerle; y quiero prescindir de los sobresaltos y penas que te dar&iacute;an
+tus hijos, si los ten&iacute;as. Lo m&aacute;s espantoso..., aunque no lo s&eacute; por
+experiencia, me horripilo de imaginarlo..., es si descubr&iacute;as en tu
+consorte vicios y miserias que le hiciesen aborrecido y que hasta asco
+te causasen. Acudir&iacute;a entonces a tu esp&iacute;ritu, &iexcl;obsesi&oacute;n diab&oacute;lica!, un
+pensamiento pertinaz que puede conducir a los mayores pecados. Fig&uacute;rate
+t&uacute; que pensase y discurriese como ser racional y filantr&oacute;pico la
+turquesa en que se forman las balas: &iexcl;qu&eacute; desesperaci&oacute;n no tendr&iacute;a de
+que la empleasen tan en perjuicio de la Humanidad! Pues no es menor la
+rabia de la esposa que, cuando va a ser madre, recela que ha de dar al
+mundo como copias exactas de la ruindad o de la perversidad de su
+marido. Tan horrible pensamiento la inclinar&aacute; a ser infiel o la
+arrastrar&aacute; a la locura.</p>
+
+<p>Esto, con adornos y variantes, era lo que dec&iacute;a do&ntilde;a In&eacute;s casi de diario
+a su amiga y acompa&ntilde;ante, sentando premisas, pero sin sacar por lo
+pronto consecuencia alguna.</p>
+
+<p>Otras veces le describ&iacute;a con viveza y con sombr&iacute;os colores la corrupci&oacute;n
+de nuestro siglo, el bajo nivel en que estaban las almas, las
+mezquindades y maldades del mundo y lo agradable y lo conveniente que
+ser&iacute;a retirarse de &eacute;l, en vista de que no puede satisfacer ninguna de
+nuestras nobles aspiraciones.</p>
+
+<p>Afirmaba do&ntilde;a In&eacute;s que ella hab&iacute;a deseado y deseaba siempre buscar un
+santo retiro; pero ya que no pod&iacute;a ser por las mil obligaciones <span class="pagenum"><a name="page96" id="page96"></a></span>que
+hab&iacute;a contra&iacute;do y que le era indispensable cumplir por enojosas que
+fuesen; porque ten&iacute;a hijos que criar y educar, marido de que cuidar y
+hacienda que ir conservando y mejorando, a fin de transmitirla a los que
+hab&iacute;an de heredar un nombre ilustre, que deslustrar&iacute;an al quedar
+hu&eacute;rfanos y abatidos por la villana pobreza.</p>
+
+<p>En resoluci&oacute;n, do&ntilde;a In&eacute;s quiso persuadir a Juanita, y me parece que
+hasta logr&oacute; persuadirse ella misma, de que deseaba ser monja, de que por
+imposibilidad no lo era y de que hac&iacute;a un sacrificio en no serlo.</p>
+
+<p>De todo ello acab&oacute; por deducir y por declarar, como l&oacute;gica soluci&oacute;n, que
+Juanita deb&iacute;a huir de los peligros, miserias y adversidades de esta
+sociedad corrompida, la cual no merec&iacute;a gozar de su presencia, y que
+deb&iacute;a refugiarse en el claustro mientras permaneciese en la tierra, ya
+que la tierra no la merec&iacute;a y ya que por su valer, para el cielo, sin
+duda, estaba predestinada.</p>
+
+<p>A pesar de las vehementes y sabias exhortaciones de do&ntilde;a In&eacute;s, Juanita
+distaba m&aacute;s cada d&iacute;a de hallar peligroso el mundo (maldito el miedo que
+le ten&iacute;a ella), no lograba persuadirse de que la sociedad fuese tan
+viciosa y tan mala, ni de que el enamorarse y el casarse pudieran
+acarrear tama&ntilde;as desventuras. De aqu&iacute; que no tuviese la menor
+inclinaci&oacute;n ni vocaci&oacute;n a la vida mon&aacute;stica. Pero como a do&ntilde;a In&eacute;s se le
+hab&iacute;a puesto en la cabeza que ella fuese monja, y cuando formaba un plan
+era punto menos que imposible hacerla desistir, la pobre Juanita se ve&iacute;a
+muy apurada.</p>
+
+<p>A cada momento sent&iacute;a el conato de echarlo todo a rodar y de declarar a
+do&ntilde;a In&eacute;s que Dios no la llamaba por el camino por donde ella quer&iacute;a que
+fuese. Se conten&iacute;a, no obstante, a fin de no armar la de Dios es Cristo,
+de no perder en un minuto cuanto hab&iacute;a conseguido trabajando m&aacute;s de un
+a&ntilde;o y de no verse de nuevo en guerra con los poderes constituidos y con
+toda la poblaci&oacute;n que respetaba y obedec&iacute;a a dichos poderes.</p>
+
+<p>Juanita no dijo que s&iacute;; no acept&oacute; lo del monj&iacute;o, pero no dijo que no;
+pronunci&oacute; frases vagas o se call&oacute; y baj&oacute; la cabeza.</p>
+
+<p>Tomando do&ntilde;a In&eacute;s para regla de interpretaci&oacute;n el refr&aacute;n de &laquo;quien calla
+otorga&raquo;, dio por sentado que Juanita estaba decidida a entrar en un
+convento, y ya, en su fantas&iacute;a entusi&aacute;stica, se la representaba santa,
+cuya vida se intercalar&iacute;a en las ediciones futuras del <i>A&ntilde;o Cristiano</i>.
+Do&ntilde;a In&eacute;s dio parte de este triunfo al padre Anselmo, quien se llen&oacute; de
+piadoso j&uacute;bilo, y aun se sinti&oacute; lisonjeado al prever que &eacute;l figurar&iacute;a en
+la vida de la nueva santa <span class="pagenum"><a name="page97" id="page97"></a></span>como el instrumento de que se val&iacute;a el Cielo
+para convertirla y glorificarla.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXV" id="XXV"></a>XXV</h2>
+
+<p>Por dicha no se apresuraba do&ntilde;a In&eacute;s para que el plan del monj&iacute;o de
+Juanita se realizase, y as&iacute; le daba tiempo de apercibirse a la rebeli&oacute;n
+con fuerza bastante para sacudir el yugo sin menoscabo de sus intereses
+y proyectos.</p>
+
+<p>Si bien do&ntilde;a In&eacute;s sent&iacute;a y confesaba que iba a hacer un inmenso
+sacrificio al desprenderse de Juanita, &uacute;nica mujer que la comprend&iacute;a en
+el mundo y que pod&iacute;a ser su compa&ntilde;era, en manera alguna quer&iacute;a
+prescindir de este sacrificio, que le dar&iacute;a honra entre los mortales y
+que Dios lo tendr&iacute;a en cuenta para pag&aacute;rselo en el cielo. Persist&iacute;a,
+pues, con firmeza en su plan, pero lo retardaba, y mientras lo retardaba
+lo iba completando en sus pormenores, consult&aacute;ndolo todo con el padre
+Anselmo.</p>
+
+<p>Decidi&oacute; do&ntilde;a In&eacute;s pagar ella el dote de Juanita. Sobre lo que vacilaba
+a&uacute;n era sobre el convento en que deb&iacute;a ponerla. Despu&eacute;s de haber
+desechado muchos, pens&oacute; en uno que hay en Ecija, con cuya abadesa se
+carteaba, porque era all&iacute; donde se hac&iacute;an los c&eacute;lebres bizcochos de yema
+imitados por Juana la Larga. Afirmaba do&ntilde;a In&eacute;s que toda persona que
+ten&iacute;a buen paladar reconoc&iacute;a al punto la imitaci&oacute;n de Juana, porque
+carec&iacute;a del <i>quid divinum</i> que hay en los leg&iacute;timos, prest&aacute;ndoles tan
+soberano sabor, que si con grosero y material supuesto pudi&eacute;semos
+imaginar que los querubines, cuando bajan a la tierra con alg&uacute;n mensaje
+de arriba, tienen el capricho o se allanan a comer algo, sin duda que no
+comer&iacute;an otra cosa que los tales bizcochos de yema hechos por las
+mencionadas monjas.</p>
+
+<p>A despecho de tan importantes motivos, no sabemos por qu&eacute; do&ntilde;a In&eacute;s
+desisti&oacute; de que Juanita fuera al convento de Ecija, y hubo de fijarse al
+fin en las Comendadoras de Santiago, en Granada, donde, si no se hacen
+aquellos peregrinos e inimitables bizcochos, se hacen los mejores
+alm&iacute;bares de toda Andaluc&iacute;a. Mientras trazaba y preparaba do&ntilde;a In&eacute;s todo
+esto en favor de Juanita, de quien se hab&iacute;a declarado protectora y
+directora, su cari&ntilde;o hacia la protegida y la disc&iacute;pula iba creciendo m&aacute;s
+y m&aacute;s, dando de s&iacute; raras muestras y combin&aacute;ndose en &eacute;l lo sagrado y lo
+profano.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a estuvo do&ntilde;a In&eacute;s tan sentimental, que deshizo el <span class="pagenum"><a name="page98" id="page98"></a></span>peinado de
+Juanita, admir&oacute; su abundante, undosa y suave mata de pelo, la bes&oacute;
+varias veces, calific&oacute; de horrible desacato el que las manos rudas e
+impuras de un campesino lograsen tocarla y enredar los dedos en ella, y
+se la figur&oacute; ya como cortada al pie del altar el d&iacute;a en que Juanita
+profesase, rog&aacute;ndole que para entonces se la legase a ella, porque ella
+la conservar&iacute;a como reliquia del m&aacute;s subido precio.</p>
+
+<p>Juanita agradeci&oacute; mucho esta lisonjera petici&oacute;n de do&ntilde;a In&eacute;s, y, casi
+con l&aacute;grimas de gratitud en los ojos, prometi&oacute; a do&ntilde;a In&eacute;s que la mata
+de pelo ser&iacute;a suya cuando se la cortase.</p>
+
+<p>Merced a tantas entrevistas y confidencias de las dos amigas, Juanita
+estaba casi todas las tardes en casa de do&ntilde;a In&eacute;s, no y&eacute;ndose de su lado
+o de su casa hasta pasada la hora en que sol&iacute;an venir los se&ntilde;ores de la
+tertulia.</p>
+
+<p>Algunos de estos ve&iacute;an a Juanita en la antesala, y como all&iacute; estaba sin
+cubrirse la cabeza y sin ocultar y dar sombra a la cara, con el mant&oacute;n
+muy echado hacia adelante, seg&uacute;n el recato y el beaterio lo exigen,
+Juanita, sin poderlo evitar, no les parec&iacute;a saco de paja, y a menudo la
+miraban por estilo pecaminoso.</p>
+
+<p>Quien m&aacute;s se adelant&oacute; en esto fue el propio amo de la casa, el se&ntilde;or don
+Alvaro Roldán, que era muy tentado de la risa. En varias ocasiones,
+hallando a Juanita sola, la requebr&oacute; con m&aacute;s fervor que chiste y finura,
+y Juanita, que ve&iacute;a en aquel caballero sujeto a prop&oacute;sito para descargar
+su mal humor, le respond&iacute;a siempre con feroz desabrimiento o con
+sangrienta burla. Y como don Alvaro ni por esas se desenga&ntilde;ase y se
+atreviese un d&iacute;a a dar a la muchacha una palmadita en la cara, ella le
+dijo mir&aacute;ndole de arriba abajo con desprecio y enojo:</p>
+
+<p>&mdash;Las manos quietas, se&ntilde;or don Alvaro. Cont&eacute;ntese usted con tocar el
+viol&oacute;n, y a m&iacute; no me toque. &iexcl;Pues no faltar&iacute;a m&aacute;s! &iquest;Ser&aacute; menester que me
+queje yo a do&ntilde;a In&eacute;s de la insolencia de usted? Para que una mocita
+decente est&eacute; tranquila en esta casa, &iquest;necesitar&aacute; la se&ntilde;ora atar a usted
+con una cadena al lado del mono?</p>
+
+<p>Don Alvaro, que era t&iacute;mido, blandengue y avezado a la servidumbre,
+recel&oacute; que Juanita armase un alboroto, le cobr&oacute; miedo y desisti&oacute; de su
+amorosa empresa.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a al mismo tiempo, ya se entiende que en otras ocasiones y apartes,
+otro personaje m&aacute;s emprendedor y menos asustadizo. Fue este el propio y
+respetado cacique de Villalegre: el excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Andr&eacute;s
+Rubio.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n don Andr&eacute;s, que no faltaba nunca a la tertulia,<span class="pagenum"><a name="page99" id="page99"></a></span> encontr&oacute; no
+pocas veces a Juanita, ya en la antesala, ya en los corredores, ya en la
+escalera, ya en el zagu&aacute;n cuando ella se iba.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s hab&iacute;a admirado mucho a Juanita el d&iacute;a en que ella se mostr&oacute;
+imprudentemente tan engalanada en la iglesia, y hab&iacute;a conservado de ella
+muy buena impresi&oacute;n. No la defendi&oacute; en la tertulia por no contradecir a
+do&ntilde;a In&eacute;s y por no censurar indirectamente la excesiva severidad del
+padre Anselmo contra el lujo de las mujeres; pero all&aacute; en su interior no
+vio nunca malicia en lo que Juanita hab&iacute;a hecho, y se limit&oacute; a
+calificarlo de inoportuna ligereza, de que la madre era m&aacute;s culpable que
+la hija. De suerte que don Andr&eacute;s no crey&oacute; en su arrepentimiento y en su
+deseo de ser monja.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s conoc&iacute;a el car&aacute;cter de do&ntilde;a In&eacute;s y daba por evidente que do&ntilde;a
+In&eacute;s, as&iacute; como en un principio hab&iacute;a hecho v&iacute;ctima a Juanita de su
+enojo, imagin&aacute;ndosela, aunque en cierne, una desaforada pecadora,
+despu&eacute;s, trocado el enojo en estimaci&oacute;n, admiraci&oacute;n y cari&ntilde;o, se
+propon&iacute;a, con el mejor intento y por su man&iacute;a de gobernarlo y de
+arreglarlo todo, hacer v&iacute;ctima a Juanita empuj&aacute;ndola a la santidad por
+un camino que ella no ten&iacute;a ganas de seguir.</p>
+
+<p>As&iacute; predispuesto, don Andr&eacute;s empez&oacute; por mirar a Juanita con cierta
+benigna curiosidad cuando casualmente pasaba cerca de ella y la hallaba
+sola. Despu&eacute;s, sin reflexionar en lo que hac&iacute;a, don Andr&eacute;s y qui&eacute;n sabe
+si la muchacha misma, ya que hasta la m&aacute;s inocente suele dejarse guiar
+por endiablados instintos, prestaron auxilio a la casualidad y la
+convirtieron en providencia, hall&aacute;ndose casi todos los d&iacute;as y pasando
+tan cerca de ella, que casi tropezaban o se tocaban.</p>
+
+<p>Es natural que Juanita no se escondiese ni huyese, porque ni ella era
+medrosa ni don Andr&eacute;s era el bu ni una fiera.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s era un caballero muy bien educado, pulcro y fin&iacute;simo,
+soltero, que no hab&iacute;a cumplido a&uacute;n cuarenta a&ntilde;os, y verdadero amo y
+se&ntilde;or de Villalegre, donde hac&iacute;a ya ocho a&ntilde;os que reinaba con lo que
+podemos calificar de despotismo ilustrado.</p>
+
+<p>No me incumbe aprobar ni reprobar aqu&iacute; el despotismo, aunque sea con
+ilustraci&oacute;n, ni mostrame partidario o adversario del cacicazgo. Yo tomo
+y empleo el vocablo en cierta acepci&oacute;n, como generalmente se emplea,
+aunque siento que contenga impl&iacute;cita una injuria para las poblaciones en
+que hay cacique, porque es suponerlas salvajes, y no quiero calificar de
+tales a los de Villalegre. Desecho, pues, la suposici&oacute;n impl&iacute;cita y
+acepto y empleo los <span class="pagenum"><a name="page100" id="page100"></a></span>vocablos de &laquo;cacique&raquo; y &laquo;cacicazgo&raquo; como los m&aacute;s
+usados y adecuados para expresar la condici&oacute;n de don Andr&eacute;s y el poder
+que en Villalegre ejerc&iacute;a. El hab&iacute;a heredado este poder de su padre y
+luego le hab&iacute;a mejorado y engrandecido mucho, ayudado por la actividad y
+variadas aptitudes de don Paco, y aun por los consejos e inspiraciones
+de do&ntilde;a In&eacute;s, quien, seg&uacute;n se dec&iacute;a, ya con malicia, ya con sencillo
+aplauso, era la ninfa Egeria de aquel Numa.</p>
+
+<p>El, antes de retirarse al lugar despu&eacute;s de la muerte de su padre para
+cuidar de la hacienda y hacer vida de labriego, desenga&ntilde;ado y harto del
+estruendo de las grandes ciudades y de sus pompas vanas, hab&iacute;a pasado
+mucho tiempo en Madrid, en cuya Universidad hab&iacute;a hecho sus estudios, y
+hasta hab&iacute;a viajado algo por Francia, Italia e Inglaterra.</p>
+
+<p>Era, por tanto, don Andr&eacute;s un cacique archiculto y como hay pocos. Y
+conviniendo yo en esto con mi entusi&aacute;stico amigo el diputado novel,
+afirmo que si todos los caciques fueran como don Andr&eacute;s, ser&iacute;a gran
+ventura que cada pueblo tuviese su cacique; todo en cada pueblo estar&iacute;a
+bien aseado y mejor cuidado; dar&iacute;a gusto andar por sus paseos y por sus
+caminos; el maestro de escuela no se morir&iacute;a de hambre, y se gozar&iacute;a de
+tan ordenada libertad, que el boticario podr&iacute;a ser impunemente, como don
+Policarpo, brujo y ateo, sin que por esto se suprimiesen ni dejasen de
+celebrarse con devoci&oacute;n, entusiasmo y regocijo hasta las m&aacute;s candorosas
+procesiones, aunque hubiese en ellas jud&iacute;os, soldados romanos, Longinos
+con lanza y lazarillo despu&eacute;s de quedarse ciego, paso de Abrah&aacute;n y
+ap&oacute;stoles y profetas.</p>
+
+<p>Todas estas tradicionales, art&iacute;sticas y pintorescas manifestaciones de
+la piedad religiosa encantaban m&aacute;s a don Andr&eacute;s que al m&aacute;s sencillo
+devoto de todos los habitantes de Villalegre, y por su gusto no se
+suprim&iacute;a nada, sino que se aumentaba y se mejoraba bastante.</p>
+
+<p>Tal era el cacique don Andr&eacute;s Rubio, inclinado a admirar todo lo bello y
+candoroso. &iquest;C&oacute;mo, pues, no hab&iacute;a de admirar tambi&eacute;n a Juanita, dej&aacute;ndose
+llevar de su irreflexiva admiraci&oacute;n a modo de quien se desliza y cae sin
+sentir por un suave declive?</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXVI" id="XXVI"></a>XXVI</h2>
+
+<p>Era ya a mediados del mes de enero, y hac&iacute;a todo el fr&iacute;o que puede hacer
+en aquel clima tan benigno.</p><p><span class="pagenum"><a name="page101" id="page101"></a></span></p>
+
+<p>La tertulia de do&ntilde;a In&eacute;s estaba m&aacute;s animada y concurrida que nunca,
+sobre todo los jueves, d&iacute;a de gran recepci&oacute;n. En la sala hab&iacute;a una
+hermosa chimenea de campana, sobre la cual, as&iacute; como en la puerta de la
+casa, reluc&iacute;a el escudo de armas de la familia. En el hogar, saliente y
+no empotrado en la pared, alegraban la vista con sus llamas y daban
+grato calor la pasta de orujo, los secos sarmientos y la le&ntilde;a de encina
+y de olivo.</p>
+
+<p>Abundaban all&iacute; los muebles c&oacute;modos, y nunca faltaba, por lo menos, una
+mesa de tresillo.</p>
+
+<p>De diario eran tertulianos constantes el padre Anselmo y don Andr&eacute;s. Y
+lo era, as&iacute; mismo, el m&eacute;dico, ya bastante viejo y chapado a la antigua,
+hombre de pocas palabras, pero sapient&iacute;simo tresillista, que sol&iacute;a hacer
+el cuarto en la mesa cuando do&ntilde;a In&eacute;s jugaba. A fin de tener esta
+satisfacci&oacute;n honrosa, y tal vez para ganar algunos reales, porque se
+jugaba a diez por cada cien tantos, y &eacute;l ganaba casi siempre, se
+violentaba el m&eacute;dico hasta el extremo de afeitarse un d&iacute;a s&iacute; y otro no,
+y dejar en la antesala la capa y el sombrero, sin entrar con la capa
+sobre los hombros, cuando no embozado y con el sombrero encasquetado
+hasta las cejas, seg&uacute;n sol&iacute;a entrar en las dem&aacute;s casas donde iba de
+visita. &iexcl;Tan profundo era el respeto que do&ntilde;a In&eacute;s le inspiraba!</p>
+
+<p>Los jueves la concurrencia era mucho mayor y sol&iacute;a haber dos y aun tres
+mesas de tresillo. Ven&iacute;an el alcalde, cuatro o cinco de los mayores
+contribuyentes y el tendero murciano don Ram&oacute;n, que era la persona m&aacute;s
+acaudalada del lugar despu&eacute;s de don Andr&eacute;s. Ven&iacute;an, por &uacute;ltimo, don
+Pascual, el maestro de escuela, y don Policarpo, el boticario.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s hab&iacute;a mostrado cierta repugnancia a que el boticario viniese;
+pero don Andr&eacute;s hab&iacute;a conseguido vencerla, no sin prometer antes leer al
+boticario la cartilla para que no se desmandase ni dejase escapar alguna
+barbaridad imp&iacute;a o librepensadora. Don Andr&eacute;s le dijo que &eacute;l respetaba
+como nadie la libertad de conciencia y de ense&ntilde;anza; pero que si quer&iacute;a
+gozar de la tertulia de los se&ntilde;ores de Roldán, deb&iacute;a ser como los
+catedr&aacute;ticos pagados por el Gobierno, que si son prudentes y juiciosos,
+se guardan sus impiedades para mejor ocasi&oacute;n, y en la c&aacute;tedra, que es su
+tertulia de do&ntilde;a In&eacute;s, son muy comedidos y procuran no decir nada que
+ofenda las creencias de quien los paga o de quien los recibe.</p>
+
+<p>El boticario, que ten&iacute;a mucha gana de ir a la tertulia, acept&oacute; las
+condiciones, y siempre que fue se dej&oacute; el libre pensamiento en <span class="pagenum"><a name="page102" id="page102"></a></span>su casa,
+aunque no pudo dejarse ni quiso cortarse su endiablada y taumat&uacute;rgica
+u&ntilde;a.</p>
+
+<p>Durante mucho tiempo fue do&ntilde;a In&eacute;s la &uacute;nica se&ntilde;ora que en la tertulia
+hab&iacute;a. Parec&iacute;a aquello un club de caballeros con una se&ntilde;ora presidenta.</p>
+
+<p>Hac&iacute;a poco tiempo, no obstante, que se hab&iacute;a introducido una
+sorprendente novedad.</p>
+
+<p>A la tertulia de los jueves primero, y m&aacute;s tarde a las de diario,
+asist&iacute;a otra se&ntilde;ora. Era esta la noble viuda do&ntilde;a Agustina Sol&iacute;s y
+Montes de Allende el Agua, matrona de treinta y pico de a&ntilde;os, aunque
+lozana, fresca, graciosa, de buenas carnes y mejor parecer, y con
+veintiocho o treinta mil reales de renta sobre poco o m&aacute;s o menos.</p>
+
+<p>No era menester ser un lince para comprender que do&ntilde;a In&eacute;s, cuando
+consent&iacute;a que hubiese otra dama en su tertulia, y aun gustaba de ello,
+era porque hab&iacute;a decidido y decretado casarla con su padre, don Paco.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Agustina estaba tan satisfecha de aquella inusitada distinci&oacute;n y
+tan agradecida y sumisa a do&ntilde;a In&eacute;s, que sin dificultad recibiera en su
+coraz&oacute;n, como la blanda cera recibe el sello, el nombre, la imagen y el
+afecto de la persona que do&ntilde;a In&eacute;s quisiese grabar en &eacute;l. Y era tanto
+m&aacute;s f&aacute;cil este grabado cuanto que don Paco no s&oacute;lo estaba muy de recibo,
+sino que ten&iacute;a hermosa presencia y la merecida reputaci&oacute;n de ser el
+hombre m&aacute;s entendido y discreto de Villalegre. Adem&aacute;s, do&ntilde;a Agustina&mdash;y
+do&ntilde;a In&eacute;s lo sab&iacute;a de buena tinta&mdash;estaba harta de viudez y de tener el
+coraz&oacute;n vac&iacute;o o como tabla rasa y lisa, y deseaba hallar algo digno de
+que en &eacute;l se grabase.</p>
+
+<p>Tal vez para buscarlo se compon&iacute;a y se atildaba con esmero, y hasta
+hab&iacute;a ido a varias ferias y romer&iacute;as en otras poblaciones; pero todo
+hab&iacute;a sido en balde y no hab&iacute;a hallado hasta entonces sujeto que le
+petara.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s esperaba con fundamento que le petar&iacute;a don Paco. Y como
+necesitaba para esto que don Paco la viese, hablase con ella y estuviese
+muy fino, do&ntilde;a In&eacute;s, que antes de concebir este proyecto de boda no se
+empe&ntilde;aba mucho en que viniese su padre a la tertulia, le excitaba ahora
+y casi le mandaba, con el desenfado imperatorio tan propio de ella, que
+no dejase de venir ninguna noche.</p>
+
+<p>Don Paco obedec&iacute;a y ven&iacute;a, de suerte que de diario Juanita le ve&iacute;a
+entrar, cuando ella estaba en la antesala, si bien don Paco, <span class="pagenum"><a name="page103" id="page103"></a></span>desde&ntilde;ado
+y despedido, no se deten&iacute;a a hablar con ella y pasaba de largo,
+limit&aacute;ndose a decir buenas noches.</p>
+
+<p>Juanita contestaba al saludo con fingida indiferencia; pero a
+hurtadillas miraba a su antiguo pretendiente, y cada vez que le miraba
+le encontraba mejor. El tinte de melancol&iacute;a que se mostraba en su
+semblante le hac&iacute;a parecer m&aacute;s digno y m&aacute;s hermoso. Juanita imaginaba,
+ufan&aacute;ndose, que el amor de &eacute;l, aunque mal pagado, hab&iacute;a ennoblecido y
+hermoseado su alma y sus facciones, desterrando de ellas aquella vulgar
+expresi&oacute;n que sol&iacute;a tener antes, cuando &eacute;l, exento de amor sublime y
+poco venturoso, luc&iacute;a su ingenio diciendo chuscadas a menudo
+chocarreras.</p>
+
+<p>As&iacute;, y no muy poco a poco, sino de prisa, reconoci&oacute; Juanita que el
+aprecio y la amistad que siempre le hab&iacute;a inspirado don Paco se
+convert&iacute;an en amor, y que el amor aumentaba a pesar de tener más de
+medio siglo su objeto.</p>
+
+<p>Influ&iacute;a much&iacute;simo en este aumento el recelo que Juanita ten&iacute;a de perder
+a su desde&ntilde;ado adorador, de que este acabase por sanar de su pasi&oacute;n
+desgraciada y de que al fin cediese a las insinuaciones o casi mandatos
+de su hija.</p>
+
+<p>Dice un precepto vulgar: &laquo;Lo que no quieras comer d&eacute;jalo cocer.&raquo; Pero
+apenas hay hembra que cumpla con tal precepto cuando se aplica a cosa de
+amores. Juanita no lo hubiera cumplido aunque no hubiera amado ya a don
+Paco. La consolaba y la hechizaba tener aquella v&iacute;ctima constante y ver
+arder aquel coraz&oacute;n, cual perpetuo holocausto, en aras de su hermosura.
+Aun cuando ella no hubiese aceptado el sacrificio, se hubiese afligido
+mucho de que viniese do&ntilde;a Agustina y le robase el coraz&oacute;n sacrificado.
+Mayor era a&uacute;n la aflicci&oacute;n de Juanita al notar que el sacrificio de don
+Paco le era cada d&iacute;a m&aacute;s agradable. Tentaciones ten&iacute;a a menudo de
+detener a don Paco cuando pasaba por la antesala, de decirle que se
+arrepent&iacute;a de haberle escrito la carta despidi&eacute;ndole y de encomendarle
+que no entregase a do&ntilde;a Agustina el coraz&oacute;n, porque ella le quer&iacute;a para
+s&iacute; y le cuidar&iacute;a con m&aacute;s regalo y mimo que ninguna otra mujer de la
+tierra.</p>
+
+<p>Cuando Juanita ve&iacute;a pasar por la antesala a do&ntilde;a Agustina, que iba muy
+pomposa a la tertulia, la sangre del valiente oficial de Caballer&iacute;a que
+circulaba en sus venas se alborotaba toda, y necesitaba ella del dominio
+que ten&iacute;a sobre s&iacute; para contener sus &iacute;mpetus y no ara&ntilde;ar a do&ntilde;a
+Agustina. Otras veces, recordando ciertas ma&ntilde;as, usos y costumbres que
+hab&iacute;a tenido en su venturosa y libre ni&ntilde;ez, sent&iacute;a el prurito de agarrar
+a aquella se&ntilde;ora y, seg&uacute;n sol&iacute;a <span class="pagenum"><a name="page104" id="page104"></a></span>hacer <i>in tilo tempore</i> con otras ni&ntilde;as
+de su edad y aun mayores, alzarle las faldas y darle una buena mano de
+azotes.</p>
+
+<p>Pero si Juanita era brava, tambi&eacute;n era discret&iacute;sima; y firme en sus
+prop&oacute;sitos de ser prudente, se refrenaba y se venc&iacute;a. Por coincidencia,
+y aunque ella no hubiese le&iacute;do el soneto de Lope, conceb&iacute;a im&aacute;genes
+pastoriles y acaso se figuraba a do&ntilde;a Agustina como a una <i>mayorala</i> o
+<i>rabadana</i> que llevaba en pos de s&iacute;, atado con un cord&oacute;n, el manso que
+ella, la zagala Juanita, hab&iacute;a cuidado con esmero, d&aacute;ndole de su sal a
+pu&ntilde;ados. Y entonces se le antojaba decir a do&ntilde;a Agustina: &laquo;Suelta el
+manso, que es m&iacute;o; d&eacute;jalo en libertad, y ver&aacute;s c&oacute;mo viene a m&iacute;.</p>
+
+<div class="center">Que a&uacute;n tienen sal las manos de su due&ntilde;o.&raquo;</div><br />
+
+<p>Sin embargo, Juanita se limitaba a cavilar y a recelar, permaneciendo
+inactiva. Todo lo que entonces hubiese hecho en contradicci&oacute;n con los
+dos proyectos de do&ntilde;a In&eacute;s del casamiento de su padre y del monj&iacute;o de
+ella, hubiera sido la m&aacute;s audaz rebeli&oacute;n contra la tiran&iacute;a de la reina
+absoluta de Villalegre, y a don Paco y a ella los hubiera puesto en
+peligro de tener que emigrar, como Ad&aacute;n y Eva, expulsados del Para&iacute;so.</p>
+
+<p>Por otra parte, Juanita era tan orgullosa, que por m&aacute;s que le doliese el
+recelo de que do&ntilde;a Agustina le quitase a don Paco, no quer&iacute;a, llam&aacute;ndole
+a s&iacute;, acudir al punto a evitarlo y quedarse con la duda de que &eacute;l, no
+llamado, hubiese podido ceder y entregarse a otro due&ntilde;o.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXVII" id="XXVII"></a>XXVII</h2>
+
+<p>Como en el lugar entend&iacute;a todo el mundo que cualquier decreto de do&ntilde;a
+In&eacute;s infaliblemente hab&iacute;a de cumplirse, y como se divulg&oacute; que estaba
+decretado el casamiento de don Paco y de do&ntilde;a Agustina, apenas qued&oacute;
+persona que no lo diese ya por cosa hecha. No s&eacute; encarecer cuan
+fieramente soliviantaba esto y enojaba a Juanita.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a, sin embargo, disculpaba a don Paco recordando que ella le hab&iacute;a
+despedido y que &eacute;l no ten&iacute;a que guardarle fidelidad. Pensaba en que &eacute;l
+observaba quiz&aacute; un prudente disimulo parecido al que ella observaba; y
+de esta suerte se aven&iacute;a a perdonarle que no se rebelase contra do&ntilde;a
+In&eacute;s; que fuese tan obediente que de diario viniese a la tertulia; que
+no pocas noches, seg&uacute;n Juanita <span class="pagenum"><a name="page105" id="page105"></a></span>averigu&oacute;, cumpliendo don Paco con el
+mandato de su hija, acompa&ntilde;ase a do&ntilde;a Agustina hasta su domicilio, para
+que no fuese sola con la criada que ven&iacute;a en su busca, y que tal vez se
+mostrase cort&eacute;s y galante con do&ntilde;a Agustina para que do&ntilde;a In&eacute;s no
+rabiara.</p>
+
+<p>Con tal moderaci&oacute;n discurr&iacute;a a veces Juanita, pero con m&aacute;s frecuencia
+perd&iacute;a la moderaci&oacute;n y se pon&iacute;a hecha un veneno.</p>
+
+<p>Entonces calificaba a don Paco de inconsecuente, de voluble y de
+interesado; procuraba aborrecerle o despreciarle, y se sent&iacute;a
+predispuesta, tentada y ansiosa de tomar represalias.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s Rubio, entre tanto, segu&iacute;a viniendo todas las noches en casa
+de do&ntilde;a In&eacute;s, y Juanita, con no aprendida coqueter&iacute;a, le echaba miradas
+extra&ntilde;as, miradas de aquellas que parecen escritura misteriosa, donde la
+misma persona que ha escrito ignora o tiene idea confusa de la
+revelaci&oacute;n que hace y donde el que lee cree leer la revelaci&oacute;n y concibe
+dulces esperanzas.</p>
+
+<p>De las miradas se pasa a las palabras con suma facilidad, y don Andr&eacute;s,
+procurando hallar siempre sola a Juanita, se acercaba a ella al ir a
+entrar en la tertulia y le disparaba a boca de jarro, como si fuera su
+boca la ametralladora del dios Cupido, un diluvio de flores y una
+descarga cerrada de piropos ardientes.</p>
+
+<p>Ella, m&aacute;s cauta en el hablar que en el mirar, ya bajaba los ojos y se
+esquivaba sin responder, ya respond&iacute;a con desv&iacute;o, si bien templado y
+dulcificado por el respeto y por la afectuosa consideraci&oacute;n que
+personaje de tantas campanillas no pod&iacute;a menos de inspirarle. Tampoco
+atinaba Juanita a disimular el contento consolador que tama&ntilde;a lisonja y
+tales halagos pon&iacute;an en su pecho.</p>
+
+<p>&mdash;Rep&oacute;rtese vuecencia&mdash;dec&iacute;a&mdash;, y no se burle de una pobrecita muchacha.
+&iquest;C&oacute;mo he de creer yo que guste vuecencia de mi ordinariez cuando
+vuecencia est&aacute; acostumbrado a tantas delicadezas y a tantas finuras?
+Vuecencia ha dado prueba de tan buen gusto, que... vamos, yo no quiero
+creer que tenga ahora estragado el paladar. D&eacute;jeme, se&ntilde;or, sosegada; no
+trate de sacarme de mis casillas. &iexcl;Jes&uacute;s!, bonita se pondr&iacute;a do&ntilde;a In&eacute;s
+s&iacute; llegase a entender que vuecencia andaba requebr&aacute;ndome y que yo le o&iacute;a
+faltando al decoro que se debe a esta casa tan respetable.</p>
+
+<p>Y con estas palabras o con otras por el estilo se apartaba Juanita de
+don Andr&eacute;s y se iba a otro extremo de la antesala.</p>
+
+<p>Cuando don Andr&eacute;s la persegu&iacute;a, Juanita se fugaba por los corredores.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s cesaba en su persecuci&oacute;n para evitar que le viesen.</p>
+
+<p>Deplorando lo poco o nada que adelantaba en la campa&ntilde;a en <span class="pagenum"><a name="page106" id="page106"></a></span>que se hab&iacute;a
+empe&ntilde;ado, y no queriendo ser otro Fabio Cunctator, apel&oacute; a m&aacute;s eficaz
+estrategia y se apercibi&oacute; para emboscadas y asaltos. En vez de buscar a
+Juanita en la antesala, la aguard&oacute; en el zagu&aacute;n, sin entrar en la casa
+hasta que saliese Juanita para irse a dormir a la suya.</p>
+
+<p>Juanita no tem&iacute;a a nadie ni nadie se le atrev&iacute;a, y se iba sola, aunque
+las calles estuviesen oscuras. Su casa, adem&aacute;s, no estaba lejos.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s no quiso hacerse el encontradizo; confes&oacute; con franqueza que
+la estaba aguardando y la acompa&ntilde;&oacute; varias noches seguidas, aunque ella
+siempre lo repugnaba.</p>
+
+<p>Pasmosos fueron el arte que emple&oacute; Juanita y el ingenio y la energ&iacute;a de
+voluntad que supo desplegar para tener a raya a don Andr&eacute;s y conseguir,
+sin romper con &eacute;l por completo, que no se viniese a las manos. El genio
+de ella, de ordinario alegre y burl&oacute;n, y la facilidad que ten&iacute;a para
+echarlo todo a broma le valieron de mucho en aquellas circunstancias
+dif&iacute;ciles. Porque, a la verdad, ella no quer&iacute;a que don Andr&eacute;s se
+extralimitase, pero no quer&iacute;a tampoco que se le fuese, y era arduo
+problema y cuesti&oacute;n de milagroso equilibrio el mantenerse sin caer ni a
+un lado ni a otro, yendo sin balanc&iacute;n como por una maroma de cuerda
+tirante.</p>
+
+<p>A cada requiebro, a cada proposici&oacute;n que don Andr&eacute;s le hac&iacute;a, Juanita
+contestaba con un chiste o con un tan incoherente disparate, que don
+Andr&eacute;s, aunque mortificado y chafado, no pod&iacute;a tomarlo a mal y ten&iacute;a que
+re&iacute;rse.</p>
+
+<p>Juanita, al verse acompa&ntilde;ada por don Andr&eacute;s, apresuraba el paso, y en
+cuatro brincos se plantaba en la puerta de su casa. Don Andr&eacute;s pugnaba
+entonces por entrar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Huy! &iexcl;Huy!&mdash;exclamaba Juanita&mdash;. &iquest;Est&aacute; dejado vuecencia de la mano de
+Dios? Pues ser&iacute;a curioso que entrase a jugar al tute con mi mam&aacute;, que
+a&uacute;n est&aacute; despierta con ansia. &iquest;C&oacute;mo puede querer vuecencia, en lugar de
+hacer con do&ntilde;a In&eacute;s una partida de tresillo, hacerle conmigo una partida
+serrana? &iexcl;V&aacute;lgame Santo Domingo, nuestro patrono! Yo no me lo
+perdonar&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, no seas retrechera; d&eacute;jame entrar, d&eacute;jame entrar, encanto de
+mis ojos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cielo santo y qu&eacute; cosas dice vuecencia! &iexcl;Qu&eacute; lenguaje emplea! Ese
+debe de ser &laquo;el mal lenguaje del demonio&raquo;, del que tanto habla el
+venerable padre maestro fray Juan de Avila en un libro que me hace leer
+mi se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s para prepararme a monja.</p><p><span class="pagenum"><a name="page107" id="page107"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute; quieres serlo?</p>
+
+<p>&mdash;All&aacute; lo veremos. A menudo se me antoja que la vocaci&oacute;n me acude, sobre
+todo al ver los peligros que rodean a una infeliz criatura desvalida y
+tonta como yo. Pero, en fin, aunque tonta, yo no quiero ser ingrata con
+do&ntilde;a In&eacute;s, que me gu&iacute;a por el mejor camino y que me va a pagar el dote
+para entrar en el claustro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; ingratitud ser&iacute;a la tuya? &iquest;En qu&eacute; ofender&iacute;as a do&ntilde;a In&eacute;s si me
+quisieses?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le parece a vuecencia que ser&iacute;a la ofensa chica si yo desconcertase
+su plan de hacer de m&iacute; una santa y si me transformase?... Vamos, v&aacute;yase
+vuecencia a la tertulia de do&ntilde;a In&eacute;s y no sea pesado.</p>
+
+<p>Juanita repiqueteaba entonces estrepitosamente el aldab&oacute;n de su puerta,
+y no bien la entreabr&iacute;a o su madre o la criada, se colaba ella, cerraba
+de golpe y casi daba a don Andr&eacute;s con la puerta en los hocicos.</p>
+
+<p>Con estos lances, tratos y conversaciones, don Andr&eacute;s se emberrenchinaba
+m&aacute;s cada d&iacute;a, y su circunspecci&oacute;n iba desapareciendo. Fuerza es
+confesar, aunque no redunde en alabanza de Juanita, que esta no
+desenga&ntilde;aba ni zapeaba a don Andr&eacute;s por completo y que se deleitaba en
+retenerle y en provocarle con sus retrecher&iacute;as.</p>
+
+<p>Es cierto que reconociendo Juanita que era peligroso dejarse acompa&ntilde;ar
+por don Andr&eacute;s todas las noches, espi&oacute; con ma&ntilde;a el momento en que don
+Andr&eacute;s no la aguardaba en el zagu&aacute;n, y en lo sucesivo logr&oacute; escaparse
+siempre a su casa sin ser por don Andr&eacute;s acompa&ntilde;ada.</p>
+
+<p>Cuando pasaron muchas noches escap&aacute;ndose siempre ella, apesadumbrado don
+Andr&eacute;s, exaltado y como fuera de s&iacute;, le dio las m&aacute;s sentidas quejas,
+hall&aacute;ndola sola en la antesala. La vehemencia de los sentimientos del
+cacique se revelaba en su precipitado discurso, en su gesto, en su
+adem&aacute;n y en su acento conmovido. Sin reparar en nada levant&oacute; la voz.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por las &aacute;nimas benditas!&mdash;dijo la moza&mdash;; t&eacute;mplese vuecencia y mire
+por s&iacute;, ya que no mire por m&iacute;, y no promueva aqu&iacute; un alboroto rid&iacute;culo y
+se convierta en la f&aacute;bula del lugar y sea la comidilla de todos los
+maldicientes.</p>
+
+<p>&mdash;Nada me importan los maldicientes si t&uacute; me bendices como yo te
+bendigo. Bendita seas mil y mil veces, y bendita sea la madre que te
+pari&oacute;.</p>
+
+<p>Y diciendo esto, sin atender a m&aacute;s razones, se ech&oacute; como loco <span class="pagenum"><a name="page108" id="page108"></a></span>sobre
+ella, y tan de repente, que ella no pudo sustraerse a sus abrazos y a
+sus besos. Cinco o seis, que en el n&uacute;mero no est&aacute;n de acuerdo los
+historiadores, le plant&oacute; en las frescas mejillas, que se pusieron rojas
+como la grana. Y no contento, le busc&oacute; la boca para bes&aacute;rsela, y se la
+hall&oacute; y se la bes&oacute;.</p>
+
+<p>No estuvieron sus labios junto a los de ella el tiempo que los de don
+Trist&aacute;n de Leon&iacute;s y la reina Iseo, de los que dice el antiguo romance:</p>
+
+<div class="center">Tanto estuvieron unidos<br />
+cuanto una misa rezada.</div><br />
+
+<p>Al contrario, no bien se recobr&oacute; Juanita del susto y de la sorpresa,
+puso una cara tan feroz que daba miedo, a pesar de ser tan hermosa, y
+agarrando con ambas manos por los hombros a don Andr&eacute;s, le sacudi&oacute; lejos
+de s&iacute; con tal fuerza, que vacil&oacute; como ebrio y falt&oacute; poco para que cayese
+por tierra. Poco antes hab&iacute;a entrado don Paco en la antesala; de suerte
+que si vio el empuj&oacute;n, vio tambi&eacute;n los besos que lo hab&iacute;an motivado.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a de hacer don Paco? Hizo como s&iacute; nada hubiese visto. Y &eacute;l y
+don Andr&eacute;s entraron en la tertulia seg&uacute;n costumbre.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a>XXVIII</h2>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente ocurri&oacute; en Villalegre un caso que sorprendi&oacute; y dio
+mucho que hablar.</p>
+
+<p>Ni por el Ayuntamiento, ni por casa del alcalde, ni por la escriban&iacute;a,
+ni por parte alguna pareci&oacute; don Paco, que de diario acud&iacute;a a todas para
+desempe&ntilde;ar sus varias funciones. Fueron a casa de &eacute;l, y tampoco le
+hallaron all&iacute;. El alguacil y su mujer, que le serv&iacute;an y cuidaban, no
+sab&iacute;an c&oacute;mo ni cu&aacute;ndo se hab&iacute;a ido y no daban raz&oacute;n de su paradero.</p>
+
+<p>Pas&oacute; todo el d&iacute;a sin que don Paco volviese y sin que se averiguase d&oacute;nde
+estaba, y creci&oacute; el asombro. Nadie acertaba a explicar la causa de
+aquella desaparici&oacute;n. Mucho tiempo hac&iacute;a que por aquella comarca, merced
+al bienestar y prosperidad que reinaban y a la benem&eacute;rita Guardia Civil,
+no se hablaba de bandidos y secuestradores.</p>
+
+<p>&iquest;D&oacute;nde, pues, estaba metido don Paco?</p>
+
+<p>La gente se lo preguntaba y no se daba contestaci&oacute;n satisfactoria.</p><p><span class="pagenum"><a name="page109" id="page109"></a></span></p>
+
+<p>Los amigos, y simult&aacute;neamente don Andr&eacute;s Rubio, se mostraban inquietos.
+S&oacute;lo no se alteraba do&ntilde;a In&eacute;s. Su car&aacute;cter estoico y su resignada y
+cristiana conformidad con la voluntad del Alt&iacute;simo conservaban casi
+siempre inalterable la tranquilidad de su alma. Do&ntilde;a In&eacute;s, adem&aacute;s, no
+ve&iacute;a nada alarmante en el suceso, y a ella misma y a sus amigos don
+Andr&eacute;s y el padre Anselmo se lo explicaba del modo m&aacute;s natural. Supon&iacute;a
+y dec&iacute;a con sigilo que su se&ntilde;or padre, aunque estaba sano y bueno y
+ten&iacute;a m&aacute;s facha de mozo que de anciano, hab&iacute;a empezado a envejecer,
+claudicar y flaquear por el meollo; culpa quiz&aacute; de lo mucho que con &eacute;l
+trabajaba y estudiaba. Ello era que, seg&uacute;n do&ntilde;a In&eacute;s, su padre, desde
+hac&iacute;a tiempo, daba frecuentes aunque ligeros indicios de extravagancia y
+de chochez prematura. Tal era la causa que hallaba do&ntilde;a In&eacute;s para la
+desaparici&oacute;n de don Paco. Y afirmando que sin m&aacute;s raz&oacute;n que su capricho
+se hab&iacute;a ido paseando y tal vez vagaba por los desiertos y cercanos
+cerros, pronosticaba que cuando se cansase de vagar volver&iacute;a a la
+poblaci&oacute;n como tal cosa.</p>
+
+<p>Ni en toda aquella noche ni durante el d&iacute;a inmediato se cumpli&oacute;, sin
+embargo, el pron&oacute;stico de do&ntilde;a In&eacute;s.</p>
+
+<p>Cuando volvi&oacute; Juanita a su casa, entre nueve y diez de la noche, don
+Paco a&uacute;n no hab&iacute;a parecido.</p>
+
+<p>Juanita, que no era estoica ni tan buena cristiana como do&ntilde;a In&eacute;s,
+estaba angustiad&iacute;sima y llena de inquietud y de zozobra, por m&aacute;s que
+hasta entonces lo hab&iacute;a disimulado.</p>
+
+<p>Cuando se vio a solas con su madre, no pudo contenerse m&aacute;s y le abri&oacute; el
+coraz&oacute;n buscando consuelo.</p>
+
+<p>&mdash;Don Paco no ha parecido&mdash;le dijo&mdash;. Mi coraz&oacute;n presiente mil
+desventuras.</p>
+
+<p>&mdash;No te atormentes&mdash;contest&oacute; la madre&mdash;; don Paco parecer&aacute;. &iquest;Qu&eacute; puede
+haberle sucedido?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que s&eacute; yo? Nada te he dicho, mam&aacute;; hasta hoy me lo he callado todo.
+Ahora necesito desahogarme y voy a confes&aacute;rtelo. Soy una mujer
+miserable, indigna, necia. Pude tenerlo por m&iacute;o y le desde&ntilde;&eacute;. Ya que le
+pierdo, y quiz&aacute; para siempre, conozco cu&aacute;nto vale, y le amo;
+perdidamente le amo. Y para que veas mi indignidad y mi vileza, am&aacute;ndole
+le he faltado: he atravesado su coraz&oacute;n con el pu&ntilde;al venenoso de los
+celos. Yo tengo la culpa, y don Andr&eacute;s est&aacute; disculpado. Yo le atraje, yo
+le provoqu&eacute;, yo le trastorn&eacute; el juicio, y s&iacute; me falt&oacute; al respeto, hizo
+lo que yo merec&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Ni&ntilde;a, no comprendo bien lo que dices. O es que no estoy en autos, o es
+que t&uacute; disparatas.</p><p><span class="pagenum"><a name="page110" id="page110"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;No disparato ahora, pero he disparatado antes. Repito que he provocado
+a don Andr&eacute;s para vengarme de do&ntilde;a In&eacute;s y para dar pic&oacute;n a don Paco. Yo
+estaba celosa. Tem&iacute; que &eacute;l se rindiese a do&ntilde;a Agustina. No comprend&iacute;
+cu&aacute;nto me quer&iacute;a &eacute;l. Ahora lo comprendo. Y ve t&uacute; ah&iacute; lo que son las
+mujeres: me halaga, me lisonjea creer que me ama tanto, y esta creencia
+es al mismo tiempo causa de mi pena y del remordimiento que me destroza
+el alma. Nada s&eacute; de fijo; pero en mi cabeza me lo imagino todo. Sin duda
+&eacute;l me espiaba, y en la oscuridad de las calles me vio y me reconoci&oacute;, o
+me oy&oacute; charlar y re&iacute;r con don Andr&eacute;s, que me acompa&ntilde;&oacute; varias noches. Y
+&eacute;l, lleno de sospechas y apesadumbrado de creerme liviana, sigui&oacute;
+espi&aacute;ndome, y anteanoche, en la misma antesala de do&ntilde;a In&eacute;s, me
+sorprendi&oacute; cuando don Andr&eacute;s me abrazaba y me cubr&iacute;a de besos la cara y
+hasta la boca. Yo le rechac&eacute; con furia; pero don Paco pudo suponer, y de
+seguro supuso, que mi furia era fingida porque &eacute;l hab&iacute;a entrado y porque
+yo le hab&iacute;a visto y trataba de aparentar inocencia. &iquest;Sabes t&uacute; lo que yo
+temo? Pues temo que don Paco, juzgando una perdida a la mujer que era
+objeto de su adoraci&oacute;n, se ha ido desesperado sabe Dios d&oacute;nde.</p>
+
+<p>&mdash;De todo eso tiene la culpa&mdash;interpuso Juana&mdash;esa perra do&ntilde;a In&eacute;s; esa
+degollante, que no pagar&iacute;a sino quemada viva o frita en aceite.</p>
+
+<p>&mdash;Te aseguro, mam&aacute;, que no s&eacute; c&oacute;mo la aguanto a&uacute;n; pero si esto no para
+en bien y ocurre alg&uacute;n estropicio, quien la va a quemar y a fre&iacute;r soy yo
+con estas manos. No; no soy manca todav&iacute;a. La desollar&eacute;, la matar&eacute;, la
+descuartizar&eacute;. No creas t&uacute; que va a quedarse riendo.</p>
+
+<p>Juana, al ver tan exaltada a su hija, temi&oacute; la posibilidad de un delito,
+y exclam&oacute; como persona precavida y juiciosa:</p>
+
+<p>&mdash;Prudencia, ni&ntilde;a, prudencia; no te aconsejar&eacute; yo que la perdones. Bueno
+es ganar el cielo, pero g&aacute;nalo por otro medio y no con el perd&oacute;n de
+quien te injuria. Dios es tan misericordioso que nos abre mil caminos
+para llegar a &eacute;l. Toma, pues, otro y no sigas el de la mansedumbre.
+Conviene hacerse respetar y temer. Conviene que sepan qui&eacute;n eres. Lo que
+yo te aconsejo es que tengas mucho cuidado con lo que haces, porque si
+t&uacute; castigas a do&ntilde;a In&eacute;s sin precauci&oacute;n, la justicia te empapelar&iacute;a como
+un ochavo de especias, y hasta te podr&iacute;a meter en la c&aacute;rcel o enviarte a
+presidio.</p>
+
+<p>&mdash;No pretendas asustarme. Si ocurre una desgracia, yo no me paro en
+pelillos; la pincho como a una rata, la ara&ntilde;o y le retuerzo <span class="pagenum"><a name="page111" id="page111"></a></span>el
+pescuezo. Lo har&iacute;a yo en un arrebato de locura y no ser&iacute;a responsable.</p>
+
+<p>&mdash;No ser&iacute;as&mdash;replic&oacute; Juana&mdash;; pero te tendr&iacute;an por loca y te encerrar&iacute;an
+en el <i>manoscomio</i>, <i>monomomio</i> o como se llame; yo me morir&iacute;a de pena
+de verte all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; he de hacer, mam&aacute;, para castigar bien a do&ntilde;a In&eacute;s sin que t&uacute;
+te mueras de pena?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que debes hacer, ya que tienes con ella tanta satisfacci&oacute;n y trato
+&iacute;ntimo, es cogerla sin testigos y entre cuatro paredes, darle all&iacute; tus
+quejas, leerle la sentencia y ejecutarla en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; quieres que ejecute?</p>
+
+<p>&mdash;Acu&eacute;rdate de tu destreza de cuando ni&ntilde;a, de cuando con la c&oacute;lera
+herv&iacute;a ya en tus venas la sangre belicosa de tu heroico padre: agarra a
+do&ntilde;a In&eacute;s, descorre el tel&oacute;n y &aacute;rmale tal solfeo en el <i>nobil&iacute;simo
+transport&iacute;n</i>, que se lo pongas como un nobil&iacute;simo tomate. Ya ver&aacute;s c&oacute;mo
+lo sufre, se calla y no acude a los tribunales. Una se&ntilde;orona de tantos
+dengues y de tantos pelendengues no ha de tener la sinverg&uuml;encer&iacute;a de
+ense&ntilde;ar el cuerpo del delito al Jurado ni a los oidores.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r los sabios consejos de su mam&aacute;, Juanita mitig&oacute; su c&oacute;lera, y a
+pesar del dolor que ten&iacute;a no pudo menos de re&iacute;rse, figur&aacute;ndose a do&ntilde;a
+In&eacute;s, con toda su majestad y entono, azotada e inulta. Luego dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Aun sin propasarme hasta el extremo de la azotaina, y aun sin cometer
+ning&uacute;n crimen, he de castigarla vali&eacute;ndome de la lengua, que ha de
+lanzar contra ella palabras que le abrasen el pecho. Ha de lanzar mi
+lengua m&aacute;s rayos de fuego que la u&ntilde;a del boticario. Cada una de las
+palabras que yo le diga ha de ser como u&ntilde;a ponzo&ntilde;osa de alacr&aacute;n que le
+desgarre y envenene las entra&ntilde;as.</p>
+
+<p>La iracunda exaltaci&oacute;n de Juanita no pod&iacute;a sostenerse y se troc&oacute; pronto
+en abatimiento y desconsuelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay Dios m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute;&mdash;. &iexcl;Ay Mar&iacute;a Sant&iacute;sima de mi alma! &iquest;Qu&eacute; va a
+ser de m&iacute; si hace &eacute;l alguna tonter&iacute;a muy gorda, se tira por un tajo o se
+mete fraile? Entonces s&iacute; que tendr&eacute; yo que meterme monja. Pero yo no
+quiero meterme monja. Yo no quiero cortarme el pelo y regal&aacute;rselo a do&ntilde;a
+In&eacute;s. Un esport&oacute;n de basura ser&aacute; lo que yo le regale.</p>
+
+<p>Y diciendo esto, rompi&oacute; Juanita en el m&aacute;s desesperado llanto. Abundantes
+l&aacute;grimas brotaron de sus ojos y corr&iacute;an por su hermosa cara; parec&iacute;a que
+iban a ahogarla los sollozos y se ech&oacute; por el <span class="pagenum"><a name="page112" id="page112"></a></span>suelo, cubri&eacute;ndose el
+rostro con ambas manos y exhalando profundos gemidos.</p>
+
+<p>La madre, que estaba acostumbrada a los furores de Juanita, no hab&iacute;a
+tenido muy dolorosa inquietud al verla furiosa; pero como Juanita era
+muy dura para llorar, y como su madre no le hab&iacute;a visto verter una sola
+l&aacute;grima desde que ella tomaba, cuando ni&ntilde;a, alguna que otra perrera, su
+llanto de entonces conmovi&oacute; y afligi&oacute; sobre manera a Juana.</p>
+
+<p>&mdash;No llores&mdash;le dijo&mdash;. Dios har&aacute; que parezca don Paco, y ni &eacute;l ser&aacute;
+fraile ni t&uacute; ser&aacute;s monja, como no entr&eacute;is en el mismo convento y celda.</p>
+
+<p>En suma, Juana, llorando ella tambi&eacute;n, a pesar suyo, hizo prodigiosos
+esfuerzos para calmar a su hija, levantarla del suelo y llevarla a que
+se acostase en su cama. Al fin lo consigui&oacute;, la bes&oacute; con mucho cari&ntilde;o en
+la frente, y dej&aacute;ndola bien arropada y acurrucada, se sali&oacute; de la alcoba
+diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Amanecer&aacute; Dios y medraremos.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXIX" id="XXIX"></a>XXIX</h2>
+
+<p>No quiero tener por m&aacute;s tiempo suspenso y sobresaltado al lector y en
+incertidumbre sobre la suerte de don Paco.</p>
+
+<p>Nuestro h&eacute;roe, en efecto, hab&iacute;a tenido el m&aacute;s cruel desenga&ntilde;o al ver
+primero a Juanita, acompa&ntilde;ada por don Andr&eacute;s, atravesar a oscuras las
+calles, charlando y riendo, y despu&eacute;s al presenciar la &uacute;ltima parte del
+coloquio de la antesala y el animad&iacute;simo fin que tuvo en los abrazos y
+en los besos.</p>
+
+<p>No quer&iacute;a conceder en su esp&iacute;ritu que Juanita fuese una pirujilla, y, no
+obstante, ten&iacute;a que dar cr&eacute;dito a sus ojos.</p>
+
+<p>Muy triste y muy callado y taciturno estuvo toda aquella noche en la
+tertulia de su hija. Jug&oacute; al tresillo para no tener que hablar; hizo
+malas jugadas y hasta renuncios, por lo embargado que le tra&iacute;an sus
+melanc&oacute;licas cavilaciones; apenas jug&oacute; una vez sin hacer puesta o
+recibir codillo, y perdi&oacute; quinientos tantos, equivalentes a cincuenta
+reales.</p>
+
+<p>De mal humor se volvi&oacute; a su casa antes que nadie se fuese.</p>
+
+<p>En balde procur&oacute; dormir. No pudo en toda la noche pegar los ojos. Los
+m&aacute;s negros pensamientos ca&iacute;an sobre su alma, como se abate sobre un
+cad&aacute;ver fam&eacute;lica bandada de grajos y a picotazos le destrozan y le
+comen.</p><p><span class="pagenum"><a name="page113" id="page113"></a></span></p>
+
+<p>Por lo mismo que &eacute;l, durante toda la vida, hab&iacute;a sido tan formal, tan
+sereno y tan poco apasionado, extra&ntilde;aba y deploraba ahora el verse presa
+de una pasi&oacute;n vehemente y sin ventura. Se enfurec&iacute;a, y discurri&eacute;ndolo
+bien, no hallaba a nadie contra quien descargar su furor con alg&uacute;n
+fundamento. Juanita le hab&iacute;a despedido; no era ni su mujer, ni su
+querida, ni su novia. Bien pod&iacute;a hacer de su capa un sayo sin ofenderle.
+Y menos le ofend&iacute;a a&uacute;n don Andr&eacute;s, el cual sospechar&iacute;a acaso que &eacute;l
+hab&iacute;a tenido, hac&iacute;a m&aacute;s de un a&ntilde;o, relaciones con la muchacha; pero en
+aquel momento le cre&iacute;a, seg&uacute;n los informes que le daba do&ntilde;a In&eacute;s,
+decidido pretendiente y casi futuro esposo de la fresca viuda do&ntilde;a
+Agustina Sol&iacute;s y Montes de Allende el Agua.</p>
+
+<p>Don Paco se consideraba obligado a echar la absoluci&oacute;n a Juanita y a don
+Andr&eacute;s. Y, sin embargo, contra toda raz&oacute;n y contra toda justicia, sent&iacute;a
+el prurito de buscar a Juanita, ponerla como hoja de perejil y darle una
+soba, o bien de armar disputa a su valedor y protector el cacique y, con
+un pretexto cualquiera, romperle la crisma.</p>
+
+<p>Todo esto, seg&uacute;n la pasi&oacute;n se lo iba sugiriendo y seg&uacute;n iba pasando y
+volviendo a pasar por su cerebro como un tropel de diablos que giran en
+danza fren&eacute;tica, no consent&iacute;a que lograse un instante su reposo. En vez
+de dormir se revolcaba en la cama, y sus nervios excitados le hac&iacute;an dar
+brincos.</p>
+
+<p>A pesar de todo, se encontraba m&aacute;s c&oacute;mico que tr&aacute;gico, y se echaba a
+re&iacute;r, aunque con la risa que apellidan sard&oacute;nica, no por una hierba,
+sino porque&mdash;seg&uacute;n hab&iacute;a o&iacute;do contar&mdash;entre los antiguos sardos se re&iacute;an
+as&iacute; los que eran atormentados y quemados de feroz y sardesca manera en
+honor de los &iacute;dolos.</p>
+
+<p>Juanita era el &iacute;dolo ante el cual el amor y los celos, sacerdotes y
+ministros del altar de ella, atormentaban y quemaban a don Paco. Como no
+pod&iacute;a sufrirse, pens&oacute; con insistencia en matarse, y luego sus doctrinas
+y sus sentimientos religiosos y morales acud&iacute;an a impedirlo. Y no bien
+lo imped&iacute;an, don Paco se burlaba de s&iacute; mismo y se despreciaba,
+presumiendo que lo que llamaba &eacute;l religi&oacute;n y moral fuese cobard&iacute;a acaso.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de aquel tempestuoso insomnio, que convirti&oacute; en siglos las
+horas, don Paco se levant&oacute; del lecho y se visti&oacute; antes que llegase la
+del alba.</p>
+
+<p>Abri&oacute; la ventana de su cuarto y vio amanecer.</p>
+
+<p>La frescura del aire matutino entibi&oacute;, a su parecer, aquella a modo de
+fiebre que en sus venas ard&iacute;a. Y como no se hallaba bien <span class="pagenum"><a name="page114" id="page114"></a></span>en tan
+estrecho recinto y anhelaba ancho espacio por donde tender la mirada, y
+para techumbre toda la b&oacute;veda del cielo, determin&oacute; salir, no s&oacute;lo de la
+casa, sino tambi&eacute;n de la poblaci&oacute;n, e irse sin rumbo ni prop&oacute;sito, a la
+ventura, pero lejos de los hombres y por los sitios m&aacute;s esquivos y
+solitarios.</p>
+
+<p>Se fue sin que despertasen ni le viesen el alguacil y su mujer. Tuvo, no
+obstante, serenidad y calma relativa. No huy&oacute; como un loco, y tom&oacute; su
+sombrero y su bast&oacute;n, o m&aacute;s bien el garrote que de bast&oacute;n le serv&iacute;a.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, como se preparaba para larga peregrinaci&oacute;n, aunque sin saber
+adonde, y como a pesar de que pensaba a menudo en el suicidio no pens&oacute;
+en que fuese por hambre, ya que en medio de sus mayores pesares y
+quebrantos nunca hab&iacute;a perdido el apetito, tom&oacute; sus alforjas, coloc&oacute; en
+ellas alguna ropa blanca y los v&iacute;veres que pudo hallar, se las ech&oacute; al
+hombro y se puso en camino, a paso redoblado, casi corriendo, como si
+enemigos invisibles le persiguieran.</p>
+
+<p>Pronto recorri&oacute; algunas sendas de las que dividen las huertas que hay en
+torno de la villa. La primavera, con todas sus galas, mostraba all&iacute;
+entonces su hermosura y sus atractivos. En el borde de las acequias, por
+donde corr&iacute;a con grato murmullo al lado de la senda el agua fresca y
+clara, hab&iacute;a violetas y mil silvestres y tempranas flores que daban olor
+delicioso. Los manzanos y otros frutales estaban tambi&eacute;n en flor. Y la
+hierba nueva en el suelo y los tiernos renuevos en los &aacute;lamos y en otros
+&aacute;rboles lo esmaltaban todo de alegre y brillante verdura. Los pajarillos
+cantaban; el sol naciente doraba ya con vivo resplandor los m&aacute;s altos
+picos de los montes, y un ligero vientecillo doblegaba la hierba y
+agitaba con leve susurro el alto follaje.</p>
+
+<p>Don Paco caminaba tan embebecido en sus malos y negros pensamientos, que
+en nada de esto reparaba.</p>
+
+<p>No tard&oacute; en salir de las huertas y en encontrarse entre olivares y
+vi&ntilde;edos; pero &eacute;l hu&iacute;a de los hombres; no quer&iacute;a ver a nadie ni que nadie
+le viese, y tom&oacute; por las menos frecuentadas veredas, dirigi&eacute;ndose hacia
+la sierra pe&ntilde;ascosa, donde la escasez de capa vegetal no permite el
+cultivo, donde no hay gente y donde est&aacute; pelada la tierra o s&oacute;lo
+cubierta a trechos de maleza y &aacute;speras jaras, de amargas retamas, de
+tomillo oloroso y de ruines acebuches, chaparros y quejigos.</p>
+
+<p>Aunque le fatig&oacute; algo su precipitada carrera, don Paco no se detuvo a
+reposar, sent&aacute;ndose en una pe&ntilde;a, hasta que dio por <span class="pagenum"><a name="page115" id="page115"></a></span>seguro que se
+hallaba en completa soledad, casi en el yermo, sin que nadie le viese,
+le oyese y le perturbase.</p>
+
+<p>Apenas se sent&oacute;, se dir&iacute;a que los horribles recuerdos que le hab&iacute;an
+arrojado de la villa, que ven&iacute;an persigui&eacute;ndole y que se hab&iacute;an quedado
+algo atr&aacute;s, le dieron alcance y empezaron a picarle y a morderle otra
+vez. Recordaba con rabia la dependencia servil con que el inter&eacute;s y la
+gratitud le ten&iacute;an ligado al cacique, el yugo antinatural que le hab&iacute;a
+impuesto su hija, los desdenes que Juanita le hab&iacute;a prodigado y los
+favores con que a don Andr&eacute;s regalaba. Pens&oacute; despu&eacute;s en la burla de que
+ser&iacute;a objeto por parte de todos sus compatriotas cuando se enterasen de
+lo que pasaba en su alma, y se levant&oacute; con precipitaci&oacute;n para huir m&aacute;s
+lejos y a m&aacute;s esquivos lugares.</p>
+
+<p>Casi corriendo baj&oacute; por una cuesta muy pendiente y vino a encontrarse,
+despu&eacute;s de media hora de marcha, en una estrecha ca&ntilde;ada que se extend&iacute;a
+entre dos cerros formando declive. Iba saltando por &eacute;l un arroyuelo y
+sonando al chocar en las piedras. El arroyuelo, al llegar a sitio llano
+y m&aacute;s hondo, se dilataba en remanso circundado de espada&ntilde;a y de verdes
+juncos. Algunos alerces y gran abundancia de mimbrones daban sombra a
+aquel lugar y lo hermoseaban frondosas adelfas, cubiertas de sus flores
+rojas, y no pocos espinos, escaramujos y rosales silvestres, llenos de
+blancas y encarnadas mosquetas.</p>
+
+<p>Sitio tan apacible convidaba al reposo, y convidaba a beber el agua
+limpia del remanso, cuya haz tranquila, riz&aacute;ndose un poco, delataba la
+mansa corriente o que el agua no estaba estancada y sin renovarse.</p>
+
+<p>El sol, que se hab&iacute;a elevado ya sobre el horizonte y se acercaba al
+c&eacute;nit, difund&iacute;a mucho calor y luz sobre la tierra; y don Paco, buscando
+sombra, vino a sentarse en un ribazo y se puso a contemplar el agua
+antes de beberla.</p>
+
+<p>En medio de su contemplaci&oacute;n, sinti&oacute; cierta angustia y escarabajeo en su
+est&oacute;mago, porque hac&iacute;a cerca de veinte horas que no hab&iacute;a comido, hab&iacute;a
+andado mucho y no hab&iacute;a dormido nada. En suma, fuerza es confesarlo, don
+Paco tuvo hambre.</p>
+
+<p>Mir&oacute; a todos lados, como si fuese a cometer un crimen, muy receloso de
+que alguien pudiera verle, y convencido ya de que su soledad no pod&iacute;a
+ser mayor, meti&oacute; la mano en las alforjas y sac&oacute; de aqu&iacute; una blanca
+rosquilla y un bulto envuelto, bien envuelto, en un antiguo n&uacute;mero de
+<i>El Imparcial</i>.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a en este envoltorio? El historiador no debe ocultar <span class="pagenum"><a name="page116" id="page116"></a></span>nada. En
+el envoltorio que despleg&oacute; don Paco hab&iacute;a media docena de hermosos
+pedazos de lomo de cerdo, gruesos como el pu&ntilde;o, de los que Juana la
+Larga hab&iacute;a adobado y frito; de los que con el ali&ntilde;o de or&eacute;gano,
+pimiento molido, comino y qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute; otras especias, ya calentados en
+la propia manteca entre la que se conservan en orzas, ya extra&iacute;dos de la
+manteca y fiambres, seducen a las criaturas m&aacute;s desesperadas y afligidas
+y les dicen: &iexcl;comedme!</p>
+
+<p>Don Paco se prepar&oacute; a obedecer el irresistible mandato; pero pensando en
+aquel mismo instante en que Juana la Larga, la madre de quien causaba su
+tormento, era quien hab&iacute;a guisado aquel lomo, las m&aacute;s tristes memorias
+se le recrudecieron, y con una magra entre los dedos, al ir ya a tirar
+un bocado, se le atragantaron en la garganta los dos tan sabidos versos
+de Garcilaso que dicen:</p>
+
+<div class="center">&iexcl;Oh dulces y alegres cuando Dios quer&iacute;a!</div><br />
+
+<p>No quiso Dios, a pesar de todo, que don Paco las hallase por su mal.
+Aunque se le saltaron las l&aacute;grimas pudo m&aacute;s el apetito. Ganas tuvo
+tambi&eacute;n, en su desesperaci&oacute;n, de que las magras se le volviesen veneno;
+pero, en fin, &eacute;l se comi&oacute; dos y tambi&eacute;n la rosquilla.</p>
+
+<p>Hubo un momento en que ech&oacute; de menos el vino y deplor&oacute; no haber tra&iacute;do
+la bota. Luego se resign&oacute; y bebi&oacute; agua, bajando la boca hasta la
+superficie del remanso.</p>
+
+<p>Por &uacute;ltimo, como estaba molido de tanto andar, velar y rabiar, y sent&iacute;a
+en lo exterior el calor del sol y en lo interior el calor del lomo y de
+la rosquilla, a pesar de su enorme pesadumbre, fue vencido por el sue&ntilde;o
+y se confort&oacute; durmiendo profundamente la siesta, durante la cual sus
+desventuras y sus penas se dir&iacute;a que se hab&iacute;an sumergido en aquel arroyo
+como si fuese el Leteo.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXX" id="XXX"></a>XXX</h2>
+
+<p>Cuando despert&oacute; don Paco de su prolongado sue&ntilde;o, el sol se inclinaba
+hacia Occidente; el d&iacute;a estaba expirando.</p>
+
+<p>Las vacilaciones que hab&iacute;an atormentado a don Paco volvieron a
+atormentarle con mayor fuerza mientras m&aacute;s tiempo pasaba. Su fuga del
+lugar le parec&iacute;a, y no sin raz&oacute;n, que deb&iacute;a de haber <span class="pagenum"><a name="page117" id="page117"></a></span>sido notada por
+todos y mirada con extra&ntilde;eza. A &eacute;l, que ejerc&iacute;a tantos oficios, le
+habr&iacute;an echado de menos en muchos puntos.</p>
+
+<p>Se le figuraba que, como no hab&iacute;a pedido licencia a nadie, y como su
+inusitada desaparici&oacute;n carec&iacute;a de causa confesada por &eacute;l, todos sus
+compatricios se esforzar&iacute;an por hallar esta causa y acabar&iacute;an por
+suponerla un acto de desesperaci&oacute;n o de despecho. Nadie dejar&iacute;a de
+lamentar su fuga s&iacute; &eacute;l no volv&iacute;a al lugar; pero si volv&iacute;a, la compasi&oacute;n
+se transformar&iacute;a inevitablemente en burla y rechifla.</p>
+
+<p>No quedar&iacute;a un solo sujeto que no le preguntase con sorna qu&eacute; hab&iacute;a ido
+a hacer al yermo y por qu&eacute; lo dejaba tan pronto, arrepentido de ser
+anacoreta. Y los que sospechasen, y no dudaba &eacute;l que algunos
+sospechar&iacute;an, que hab&iacute;a querido suicidarse, tomar&iacute;an a risa lo del
+suicidio y atribuir&iacute;an a miedo el que no se hubiese realizado.</p>
+
+<p>Imaginaba &eacute;l que, vuelto al lugar, no podr&iacute;a sufrir su nueva situaci&oacute;n,
+porque se le figurar&iacute;a que se mofaban de &eacute;l cuando le mirasen a la cara.</p>
+
+<p>Si se fue, dir&iacute;an, porque hab&iacute;a aqu&iacute; algo que no pod&iacute;a aguantar, &iquest;por
+qu&eacute; vuelve ahora, se resigna y lo aguanta?</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s, sobre todo, le despreciar&iacute;a y le escarnecer&iacute;a, all&aacute; en sus
+adentros, calculando que la fuga hab&iacute;a sido por lo de los besos a
+Juanita y que ahora volv&iacute;a muy resignado a llevarlos con paciencia y
+hasta a verlos dar de nuevo.</p>
+
+<p>A Juanita misma se la presentaba muy afligida por lo pronto, llena de
+remordimientos porque era o iba a ser motivo u ocasi&oacute;n de su muerte y
+muy inclinada a derramar l&aacute;grimas a la memoria de &eacute;l o sobre su ignorada
+tumba, si es que le enterraban y ella sab&iacute;a d&oacute;nde y no estaba lejos;
+pero si Juanita le ve&iacute;a otra vez tan campante, y en las calles de
+Villalegre, acudiendo a sus ordinarios quehaceres, ya en la tertulia de
+do&ntilde;a In&eacute;s haciendo la corte a do&ntilde;a Agustina, Juanita le tendr&iacute;a por la
+persona m&aacute;s ruin y cuitada del orbe. Juanita se mofar&iacute;a de &eacute;l, y don
+Paco se estremec&iacute;a al pensar s&oacute;lo en la posibilidad de semejante
+vilipendio.</p>
+
+<p>Era, sin embargo, muy duro matarse sin gana y s&oacute;lo para que la gente
+tome a uno en serio, le compadezca y no le embrome.</p>
+
+<p>Hubo momentos en que si don Paco hubiera tenido un rev&oacute;lver, acaso, en
+contravenci&oacute;n de todos sus preceptos religiosos y de todas sus sanas
+filosof&iacute;as, se hubiera pegado un tiro; pero, afortunadamente, don Paco
+no gastaba armas de fuego y no llevaba ni pistola ni escopeta en aquella
+disparatada excursi&oacute;n que <span class="pagenum"><a name="page118" id="page118"></a></span>estaba haciendo, perseguido por los celos
+como Orestes por las Furias. Una vez se le ocurri&oacute; encaramarse en la
+cima de un escarpado pe&ntilde;asco, precipitarse desde all&iacute; de cabeza y
+hacerse una tortilla. Pero si no quedaba muerto al punto y s&oacute;lo se
+romp&iacute;a un brazo, una pierna o las dos, &iquest;no le doler&iacute;a mucho, y
+qued&aacute;ndose vivo a&ntilde;adir&iacute;a los dolores f&iacute;sicos a los dolores morales de
+que hab&iacute;a querido libertarse?</p>
+
+<p>Rumiando con amargura todo lo dicho, anduvo don Paco sin reparar el
+camino que llevaba, hasta que le sorprendi&oacute; la noche, oscura como boca
+de lobo. Ni luna ni estrellas se ve&iacute;an en el cielo, cubierto de densas
+nubes. Llov&iacute;a recio y relampagueaba y tronaba.</p>
+
+<p>Nuestro peregrino advirti&oacute; con pena que estaba hecho una sopa, y temi&oacute;
+que la muerte, que anhelaba y repugnaba al mismo tiempo, pudiera
+sobrevenir por la humedad esgrimiendo, en lugar de guada&ntilde;a, reumas y
+pulmon&iacute;as.</p>
+
+<p>A la luz de los rel&aacute;mpagos descubri&oacute; que hab&iacute;a llegado a una extensa
+nava, entre las cumbres de dos cercanos cerros. Hab&iacute;a en la nava mucho
+heno, grama abundante y a trechos intrincados matorrales, en que
+tropezaba, o alta hierba que sub&iacute;a hasta sus muslos, porque no hab&iacute;a
+senda o porque la hab&iacute;a perdido.</p>
+
+<p>De pronto oy&oacute; mugidos, y al resplandor fugaz de los rel&aacute;mpagos crey&oacute;
+entrever un gran tinglado o cobertizo, debajo del cual se mov&iacute;an bultos
+mugidores, que eran sin duda toros bravos, cabestros, becerros y vacas.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre del demonio&mdash;dijo una bronca voz&mdash;, &iquest;qu&eacute; viene usted a hacer
+por aqu&iacute; a estas horas y con esta tormenta tan fuerte?</p>
+
+<p>Don Paco, ocultando el lugar de donde era y sin declarar su nombre, dijo
+que yendo de camino se hab&iacute;a extraviado, no sab&iacute;a d&oacute;nde estaba y buscaba
+albergue en que pasar la noche.</p>
+
+<p>El boyero, que era piadoso, movido a compasi&oacute;n por la lamentable voz de
+don Paco, sali&oacute; de debajo del cobertizo, vino a &eacute;l, le tom&oacute; de la mano y
+le sirvi&oacute; de gu&iacute;a.</p>
+
+<p>As&iacute; dieron ambos buen rodeo y llegaron a una choza bastante capaz,
+donde, al amor de la lumbre y en torno de una gran chimenea que ten&iacute;a
+poco que envidiar a la de do&ntilde;a In&eacute;s, aunque carec&iacute;a de escudo de armas,
+hab&iacute;a otros dos pastores, viejos ya, y un chiquillo de diez o doce a&ntilde;os,
+que deb&iacute;a de ser hijo del gu&iacute;a de don Paco.</p>
+
+<p>En el hogar ard&iacute;a un monte de le&ntilde;a, con cuyo calor pudo don<span class="pagenum"><a name="page119" id="page119"></a></span> Paco
+secarse los vestidos, porque le ofrecieron, y &eacute;l acept&oacute;, un banquillo
+para que se sentase cerca del fuego.</p>
+
+<p>Apartada de &eacute;l, sobre un poco de rescoldo y en una tr&eacute;bede se aparec&iacute;a
+una olla, exhalando a trav&eacute;s de la rota y agujereada tapadera espesos y
+olorosos vapores, con no s&eacute; qu&eacute; de restaurante, lo cual produjo en las
+narices de don Paco sensaci&oacute;n muy grata, porque con tanto andar se le
+hab&iacute;a bajado a los pies el almuerzo. Era lo que hab&iacute;a en la olla un
+guiso de habas gordas y tiernas, con lonjas de tocino y cornetillas
+picantes que hab&iacute;an de hacerlo suculento y sabroso.</p>
+
+<p>Los pastores, as&iacute; como le hab&iacute;an dado techo amigo donde abrigarse de la
+lluvia y pasar la noche, le ofrecieron tambi&eacute;n su r&uacute;stica cena.</p>
+
+<p>El rubor tino las mejillas de don Paco al ir a aceptarla; pero no fue
+tan descort&eacute;s ni tan abstinente que no la aceptase, la agradeciese y aun
+se aprovechase de ella, compitiendo en apetito con los boyeros.</p>
+
+<p>Sin querer le avergonzaron tambi&eacute;n por otro estilo con su leal
+franqueza. A &eacute;l, que se ocultaba y ment&iacute;a, le contaron cuanto hab&iacute;a que
+contar de la vida de ellos y de sus lances de fortuna, y de los sucesos
+de la peque&ntilde;a cortijada, no muy lejos de all&iacute;, de que eran naturales.
+Ponderaron tambi&eacute;n la ferocidad de los toros que ellos cuidaban, se
+quejaron de la poca reputaci&oacute;n que ten&iacute;an y a&uacute;n pronosticaron que al fin
+hab&iacute;an de abrirse camino hasta la magn&iacute;fica plaza de Madrid, donde
+competir&iacute;an con los de Veragua y los de Miura matando caballos a
+porrillo y metiendo en pu&ntilde;o los animosos corazones de <i>Lagartijo</i> y de
+<i>Frascuelo</i>.</p>
+
+<p>Terminada la cena y la conversaci&oacute;n, todos se acostaron sobre sendos
+montones de hierba seca y durmieron como unos patriarcas.</p>
+
+<p>Don Paco se despert&oacute; y levant&oacute; al rayar el d&iacute;a imitando a los que le
+albergaban. Supuso, para salir del paso, que iba a C&oacute;rdoba; en este
+supuesto los boyeros le indicaron el camino que deb&iacute;a seguir.</p>
+
+<p>Se despidi&oacute; don Paco mostr&aacute;ndose agradecid&iacute;simo, y pronto se alej&oacute; de la
+nava, marchando de prisa por la senda que le hab&iacute;an indicado.</p>
+
+<p>A solas otra vez consigo mismo, los negros pensamientos resurgieron de
+las profundidades de su alma y volvieron a atormentarle.</p>
+
+<p>Como &eacute;l reflexionaba mucho, se estudiaba y se sum&iacute;a en el abismo de su
+propia conciencia, procur&oacute; explicarse el singular <span class="pagenum"><a name="page120" id="page120"></a></span>fen&oacute;meno que en ella
+se estaba presentando. Entonces crey&oacute; percibir que &eacute;l hasta muy tarde,
+hasta ya viejo, hab&iacute;a empleado y gastado la vida en ganarse la vida y
+hab&iacute;a carecido, acaso por dicha, de desahogo y de vagar para fingirse
+primores ideales y pon&eacute;rselos ante los ojos del alma, como atractivo de
+su deseo. Toda aspiraci&oacute;n suya hab&iacute;a sido hasta entonces modesta,
+prosaica y pac&iacute;ficamente asequible; pero Juanita hab&iacute;a venido en mal
+hora a turbar su calma y a aguijonear su fantas&iacute;a para que remontase el
+vuelo a muy altas regiones, donde, si bien hab&iacute;a m&aacute;s luz, hab&iacute;a tambi&eacute;n
+tempestades que su alma pac&iacute;fica y s&oacute;lo acostumbrada al sosiego apenas
+pod&iacute;a sufrir.</p>
+
+<p>En resoluci&oacute;n, don Paco vino a creer que la aparici&oacute;n tard&iacute;a de lo
+ideal, casi muerta ya su juventud, y el nacimiento p&oacute;stumo de
+aspiraciones que s&oacute;lo por ella deben ser fomentadas, era lo que le tra&iacute;a
+tan desatinado, tan infeliz y tan loco. Volver al lugar en aquel estado
+de &aacute;nimo, con menos pretexto para volverse que el que hab&iacute;a tenido para
+irse, le har&iacute;an sin duda objeto del escarnio de todos sus amigos
+conocidos, como no hiciese la atrocidad de matar a dos o tres, y &eacute;l, que
+era blando de condici&oacute;n, se consideraba incapaz de ello. Por otra parte,
+y mientras en Villalegre permaneciese, juzgaba &eacute;l que ser&iacute;a ya in&uacute;til
+para todo y que no valdr&iacute;a ni para secretario de Ayuntamiento, ni para
+consejero de don Andr&eacute;s, ni para colaborador del escribano, ni para
+pasante de los abogados Peperris.</p>
+
+<p>En consecuencia de estos no articulados discursos, decidi&oacute; al cabo:
+decidi&oacute; desterrarse para siempre de su patria e ir a otras villas o
+ciudades en busca de reposo y de mejor fortuna.</p>
+
+<p>S&oacute;lo as&iacute; lograr&iacute;a curarse de su amor por la pícara e indigna Juanita,
+hacer pie y caminar por lo firme, en vez de ir por las nubes o de nadar
+por el &eacute;ter, y sin matarse y sin matar a nadie, sino siendo &uacute;til al
+pr&oacute;jimo, ser de nuevo respetado y querido de las gentes.</p>
+
+<p>Ya que los boyeros le hab&iacute;an indicado el camino para ir a C&oacute;rdoba, don
+Paco, menos alborotado que el d&iacute;a anterior, sigui&oacute; en aquella direcci&oacute;n,
+pues camino no hab&iacute;a. Las estrechas sendas eran muchas, y &eacute;l a la
+ventura las tomaba, s&oacute;lo procurando hunde la vista de todo ser humano,
+porque a&uacute;n ten&iacute;a verg&uuml;enza de que le viesen.</p>
+
+<p>Ora andando, ora par&aacute;ndose a reposar, se le pas&oacute; todo el d&iacute;a y lleg&oacute; su
+segunda noche de vagabundo. No sab&iacute;a d&oacute;nde se hallaba; pero crey&oacute; que se
+despertaba en <span class="pagenum"><a name="page121" id="page121"></a></span>&eacute;l una vaga reminiscencia de aquellos sitios. Era una
+dilatada dehesa o coto, donde hab&iacute;a de haber abundancia de conejos y
+liebres. El terreno era quebrado y cubierto de matas o monte bajo. S&oacute;lo
+a trechos descollaban algunos pinos, hayas y encinas.</p>
+
+<p>Pronto la oscuridad lo envolvi&oacute; todo. Aunque no llov&iacute;a, estaba muy
+nublado, y &eacute;l distingu&iacute;a confusamente los objetos. El silencio era
+profundo. Lo romp&iacute;a s&oacute;lo, de cuando en cuando, tal cual r&aacute;faga de viento
+suave que agitaba las hojas, o alguna liebre que brincaba o atravesaba
+corriendo por entre las matas.</p>
+
+<p>No s&eacute; c&oacute;mo reconoci&oacute; o crey&oacute; reconocer don Paco que se hallaba en aquel
+momento m&aacute;s cerca de Villalegre; que se hallaba a menos de dos leguas de
+distancia, en un coto propiedad de don Andr&eacute;s y donde don Andr&eacute;s sol&iacute;a
+venir a cazar.</p>
+
+<p>Se afirm&oacute; m&aacute;s en esta idea al ver de pronto una lucecita que a cierta
+distancia brillaba en las tinieblas, seg&uacute;n sucede a menudo a los ni&ntilde;os
+cuando en los cuentos de hadas se extrav&iacute;an en un bosque.</p>
+
+<p>Don Paco era valeroso y no propend&iacute;a, sin ser incr&eacute;dulo, a recelar
+frecuentes y medrosas apariciones de vestigios, de almas del otro mundo
+o de otros seres sobrenaturales. En aquella ocasi&oacute;n, sin embargo, tuvo
+su poquito de miedo, pero lo venci&oacute; y camin&oacute; resuelto y derecho hacia la
+luz para ver lo que era.</p>
+
+<p>Se hab&iacute;a fundado su miedo en que reconoci&oacute; que la luz sal&iacute;a de la casita
+del viejo guarda del coto, el cual hab&iacute;a muerto la v&iacute;spera de la salida
+de don Paco de Villalegre, y era muy poco probable que don Andr&eacute;s
+hubiese nombrado en seguida a otro guarda para donde apenas hab&iacute;a cosa
+que guardar. La casilla, en opini&oacute;n de don Paco, ten&iacute;a que estar
+desierta. &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a encendido luz y estaba en la casilla? &iquest;Ser&iacute;a el
+alma en pena del viejo guarda, que ten&iacute;a fama de haber sido m&aacute;s que
+travieso en sus mocedades y hasta bandolero acogido a indulto?</p>
+
+<p>Don Paco se arm&oacute; de valor y se dirigi&oacute; a averiguarlo, contento de
+tropezar con una aventura que de sus desventuras le distrajese.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXI" id="XXXI"></a>XXXI</h2>
+
+<p>Sin hacer ruido, lleg&oacute; don Paco a la casilla y vio que la puerta estaba
+cerrada con cerrojo que hab&iacute;a por dentro. La luz sal&iacute;a por un ventanucho
+peque&ntilde;o, donde en vez de vidrio hab&iacute;a estirado un trapo sucio para
+resguardo contra la lluvia y el fr&iacute;o.<span class="pagenum"><a name="page122" id="page122"></a></span> Con el estorbo del trapo no se
+pod&iacute;an ver los objetos de dentro; pero don Paco se aproxim&oacute; y repar&oacute; en
+el trapo tres o cuatro agujeros. Aplic&oacute; el ojo al m&aacute;s cercano, que era
+bastante capaz, y lo que vio por all&iacute;, antes de reflexionar y de
+explic&aacute;rselo, le llen&oacute; de susto. Imagin&oacute; que ve&iacute;a a Lucifer en persona,
+aunque vestido de campesino andaluz, con sombrero cala&ntilde;&eacute;s, chaquet&oacute;n,
+zahones y polainas. La cara del as&iacute; vestido era casi negra, inm&oacute;vil, con
+espantosa y ancha boca y con colosales narices llenas de verrugas y en
+forma de pico de loro. Don Paco se tranquiliz&oacute;, no obstante, al
+reconocer que aquello era una car&aacute;tula de las que se ponen los jud&iacute;os en
+las procesiones de Villalegre.</p>
+
+<p>El enmascarado guardaba silencio y estaba sentado en una silla, apoyados
+los codos en una vieja y mugrienta mesa de pino.</p>
+
+<p>En otra silla estaba enfrente otra persona, en quien reconoci&oacute; al punto
+don Paco a don Ram&oacute;n, el tendero murciano de su lugar, el hombre m&aacute;s
+rico despu&eacute;s de don Andr&eacute;s y el m&aacute;s desaforado hablador que por entonces
+exist&iacute;a en nuestro planeta.</p>
+
+<p>Don Ram&oacute;n era peque&ntilde;uelo, viejo y flaco; pero ten&iacute;a mucho esp&iacute;ritu y
+agallas y no se acoquinaba por poco.</p>
+
+<p>Not&oacute; don Paco que ten&iacute;a las manos atadas con un cordel a la espalda, y
+dedujo que le hab&iacute;an llevado all&iacute; y que le reten&iacute;an por violencia.
+Pronto las mismas palabras del tendero murciano, tan pr&oacute;digo de ellas,
+confirmaron la deducci&oacute;n de don Paco.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre o demonio&mdash;dec&iacute;a&mdash;, quienquiera que seas, api&aacute;date de m&iacute; y no
+me atormentes sin fruto. &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;a yo de imaginar, al volver esta
+tarde desde mi caser&iacute;o al pueblo, que no dista m&aacute;s que un cuarto de
+legua, que hab&iacute;a de topar contigo y con tu compa&ntilde;ero, emboscados entre
+las mimbreras del arroyo del Hond&oacute;n, y que me hab&iacute;ais de traer por
+fuerza a este lugar? Yo no sospechaba que hubiese secuestradores en el
+d&iacute;a, y caminaba muy seguro. Conv&eacute;ncete, hombre: la ganancia que hab&iacute;ais
+de hacer ya la hab&eacute;is hecho. No trat&eacute;is ahora de lograr m&aacute;s ganancia. La
+codicia rompe el saco. A m&iacute; me matar&eacute;is, pero tambi&eacute;n a vosotros os
+dar&aacute;n garrote.</p>
+
+<p>El enmascarado persisti&oacute; en su silencio, y a lo del garrote s&oacute;lo
+respondi&oacute; con un ronquido, especie de interjecci&oacute;n que en aquella tierra
+se usa. Don Ram&oacute;n continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;No acierto a explicarme por d&oacute;nde llegasteis a averiguar que acababa
+yo de vender mi mejor vino a los jerezanos y que llevaba doce mil reales
+en el bolsillo. Pero, en fin, ya ten&eacute;is los doce mil reales. &iquest;Por qu&eacute; no
+os content&aacute;is? Vali&eacute;ndoos de ese tintero <span class="pagenum"><a name="page123" id="page123"></a></span>de cuerno que tra&iacute;ais
+preparado me hab&eacute;is hecho escribir a mi mujer para que entregue dos mil
+duros si no quiere que me ahorquen.</p>
+
+<p>&mdash;Y te ahorcaremos y te descuartizaremos como no los entregues&mdash;dijo el
+enmascarado con voz disimulada y extra&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien: pod&eacute;is ahorcarme y descuartizarme ya, sin seguir
+moli&eacute;ndome, porque mi mujer, &iexcl;y vaya si la conozco!, antes que entregar
+los dineros entregar&aacute; mi vida y la de todos sus parientes, aunque nos
+quiera y nos llore despu&eacute;s a moco tendido. Oye: &iquest;has visto t&uacute; la
+tragedia de Guzm&aacute;n el Bueno?</p>
+
+<p>El enmascarado no dijo que s&iacute; ni que no; se limit&oacute; a dar otro ronquido.
+Don Ram&oacute;n continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Pues Guzm&aacute;n el Bueno, para no entregar a Tarifa, envi&oacute; a los moros un
+cuchillo con que degollasen a su hijo muy amado. Los dineros son la
+Tarifa de mi mujer, y no los entregar&aacute; aunque me degoll&eacute;is. Lo que no
+har&aacute; tampoco, echando con esto la zancadilla a Guzm&aacute;n el Bueno, es el
+gasto in&uacute;til de enviaros el cuchillo, aunque sea el peor de la cocina.
+Ya lo tendr&eacute;is vosotros, sin que ella lo env&iacute;e, para abrirme una gatera
+en las tripas. Pero seamos razonables: &iquest;qu&eacute; vais a conseguir con eso?
+Compad&eacute;cete de m&iacute;. Mira tambi&eacute;n por ti y no seas imprudente. Har&aacute; ya dos
+horas que m&iacute; mujer me habr&aacute; echado de menos, y aun antes de recibir la
+carta que lleva tu compa&ntilde;ero, y que no s&eacute; c&oacute;mo ni qui&eacute;n pondr&aacute; en sus
+manos, habr&aacute; armado ella una revoluci&oacute;n en el lugar, habr&aacute; tocado a
+rebato, y la pareja de la Guardia Civil y muchos criados m&iacute;os andar&aacute;n ya
+busc&aacute;ndome. No tientes m&aacute;s a Dios. Ponme en libertad. D&eacute;jame ir en mi
+mulita y yo te lo pagar&eacute; si no quieres aguardar a que Dios te lo pague.</p>
+
+<p>El enmascarado sigui&oacute; sin contestar, aunque dando m&aacute;s ronquidos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No oyes que yo lo pagar&eacute;? Sobre los doce mil reales que t&uacute; y tu
+compa&ntilde;ero os hab&eacute;is repartido, yo puedo darte otros ocho mil si me dejas
+libre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo?&mdash;dijo entonces el enmascarado&mdash;. &iquest;D&oacute;nde llevas escondidos
+esos ocho mil reales?</p>
+
+<p>&mdash;No seas tonto, hijo m&iacute;o, no seas tonto. &iquest;D&oacute;nde quieres que los lleve?
+Yo no ten&iacute;a m&aacute;s que lo que ya hab&eacute;is tomado; pero tengo un medio seguro
+de recompensar tu buena acci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;l?</p>
+
+<p>Don Ram&oacute;n titube&oacute; entonces. El deseo de seducir al de la <span class="pagenum"><a name="page124" id="page124"></a></span>car&aacute;tula y
+salir pronto de aquel mal paso, satisfaciendo su af&aacute;n de hablar, de
+contarlo todo y aun de lucirse, porque era muy jactancioso, luchaba en
+su alma con el temor de empeorar la situaci&oacute;n en que se hallaba,
+sobreexcitando la codicia del bandido.</p>
+
+<p>La man&iacute;a de hablar pudo m&aacute;s, al fin, que toda otra consideraci&oacute;n
+juiciosa, y don Ram&oacute;n explic&oacute; que hab&iacute;a un ingenioso procedimiento por
+cuya virtud ten&iacute;a &eacute;l y pon&iacute;a dinero donde le daba la gana. Bastaba para
+ello que &eacute;l escribiese en un papelito determinada cantidad, diciendo
+<i>p&aacute;guese</i> y firmando. Cualquiera persona que llevase este papelito en la
+faltriquera bien pod&iacute;a estar segura de que era como s&iacute; llevase la
+cantidad expresada.</p>
+
+<p>Don Ram&oacute;n, impulsado por su locuacidad y su fachenda, no supo lo que se
+dijo.... Su explicaci&oacute;n de lo que era un cheque o libranza al portador
+entusiasm&oacute; al bandido, el cual le mand&oacute; al punto con amenazas que all&iacute;
+mismo, y en el acto, por valor de dos mil duros, le escribiese y le
+firmase un cheque.</p>
+
+<p>El tendero murciano conoci&oacute; la tonter&iacute;a que hab&iacute;a hecho, pero conoci&oacute;
+igualmente que ten&iacute;a f&aacute;cil enmienda, y explic&oacute; al de la car&aacute;tula que los
+papelitos que all&iacute; escribiese y firmase ning&uacute;n valor tendr&iacute;an, porque
+hab&iacute;an de ir, para que valiesen, en hojas dispuestas de cierto modo y
+arrancadas de un librejo que &eacute;l se hab&iacute;a dejado en casa.</p>
+
+<p>Nada le vali&oacute; con todo para apaciguar al de la car&aacute;tula. O por poner en
+duda que fuesen indispensables tales hojas o por despecho de que se las
+hubiese dejado en casa y no las trajese all&iacute;, el bandido, sin atender a
+razones y diciendo repetidas veces &laquo;escr&iacute;beme el papelito&raquo;, se puso a
+maltratar a pezcozones al infeliz maniatado.</p>
+
+<p>Don Paco no pudo sufrir m&aacute;s: fue corriendo a la puerta de la casilla,
+por fortuna vieja y desvencijada, y descargando sobre ella con todos sus
+br&iacute;os un diluvio de patadas, de pu&ntilde;etazos y garrotazos, consigui&oacute; en
+pocos segundos arrancarla de los goznes y derribarla por el suelo con
+estrepitoso sacudimiento, que hizo retemblar las paredes.</p>
+
+<p>El bandido se sobrecogi&oacute; de terror porque imagin&oacute; al principio que el
+viejo guarda, o lleno de envidia por la ventura que otros iban a lograr,
+o enojado porque le profanaban su mansi&oacute;n, donde el d&iacute;a antes hab&iacute;a
+estado todav&iacute;a de cuerpo presente, ven&iacute;a ahora capitaneando una legi&oacute;n
+de demonios para llev&aacute;rselo al infierno.</p><p><span class="pagenum"><a name="page125" id="page125"></a></span></p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; criatura mortal pod&iacute;a aparecer a aquellas horas y en tan apartado
+sitio?</p>
+
+<p>El bandido, no obstante, se recobr&oacute; del susto y acudi&oacute; a la defensa.</p>
+
+<p>Ech&oacute; mano del trabuco, que ten&iacute;a en un rinc&oacute;n de la estancia, y fue al
+cuarto contiguo, donde hab&iacute;a ca&iacute;do la puerta y estaba la entrada.</p>
+
+<p>All&iacute; apenas se ve&iacute;a, porque la &uacute;nica luz era la de un candil atado en la
+otra estancia a una tomiza que pend&iacute;a de una viga del techo; pero el de
+la car&aacute;tula vio el bulto de un hombre que se precipitaba sobre &eacute;l, y le
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tente o mueres!</p>
+
+<p>Y le apunt&oacute; con el trabuco.</p>
+
+<p>Todo ello fue con rapidez maravillosa. Don Paco estaba ya casi encima
+del bandido, y al mismo tiempo que &eacute;ste disparaba, le sacudi&oacute; tan
+tremendo garrotazo en el brazo izquierdo, que le hizo soltar el arma y
+dar con ella en el suelo.</p>
+
+<p>El tiro sali&oacute; antes, pero torcida ya la direcci&oacute;n, las postas, sin tocar
+a don Paco, fueron a agujerear el muro.</p>
+
+<p>El de la car&aacute;tula retrocedi&oacute; para evitar nuevo golpe, y aunque magullado
+por el que hab&iacute;a recibido, sac&oacute; de la faja que rodeaba su cintura una
+truculenta navaja de Albacete, de las de virola y golpetillo, de las que
+llevan la inscripci&oacute;n:</p>
+
+<div class="center">Si esta v&iacute;bora te pica<br />
+no hay remedio en la botica;</div><br />
+
+<p>la abri&oacute; con el temeroso ruido que produce la rodaja al encajar en el
+muelle, y se lanz&oacute; otra vez sobre su adversario; pero el bandido estaba
+ya falto de serenidad y quebrantado por el dolor del primer golpe. No
+supo ser certero y en balde abanic&oacute; el ambiente con su mort&iacute;fero
+instrumento.</p>
+
+<p>Don Paco, sereno y decidido, se apart&oacute; a un lado, brinc&oacute; y salv&oacute; el
+bulto y sacudi&oacute; otra vez tan fiero garrotazo en los lomos del de la
+car&aacute;tula, que le hizo caer en el suelo boca abajo.</p>
+
+<p>Tendido ya en el suelo el bandido, don Paco se ensa&ntilde;&oacute; algo, y sin
+compasi&oacute;n le dio cuatro o cinco palos m&aacute;s.</p>
+
+<p>Como no se quejaba ni rebull&iacute;a, don Paco le crey&oacute; muerto. Se agach&oacute;, no
+obstante, con precauci&oacute;n y le quit&oacute; de la mano la navaja.</p><p><span class="pagenum"><a name="page126" id="page126"></a></span></p>
+
+<p>En seguida lleg&oacute; don Paco a donde estaba don Ram&oacute;n, que le reconoci&oacute;, y
+con viva efusi&oacute;n le dio las gracias.</p>
+
+<p>Don Paco desat&oacute; el cordel que manten&iacute;a a don Ram&oacute;n amarrado.</p>
+
+<p>&mdash;Al&uacute;mbreme usted con el candil&mdash;le dijo&mdash;. Voy a ver si ha muerto ese
+hombre.</p>
+
+<p>A la luz del candil se lleg&oacute; don Paco al que estaba boca abajo tendido
+por el suelo y le puso boca arriba. La car&aacute;tula se le hab&iacute;a ca&iacute;do.</p>
+
+<p>Don Paco y don Ram&oacute;n se quedaron absortos al reconocer a Anto&ntilde;uelo.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXII" id="XXXII"></a>XXXII</h2>
+
+<p>Por dicha no hab&iacute;a recibido ning&uacute;n garrotazo en la cabeza; pero estaba
+derrengado, molido y lleno de contusiones.</p>
+
+<p>Seguro ya de que viv&iacute;a, y por instigaci&oacute;n del tendero murciano, que no
+se aquietaba hasta recobrar, en parte al menos, el dinero robado, don
+Paco registr&oacute; a Anto&ntilde;uelo y le encontr&oacute; cuatro mil reales, que devolvi&oacute;
+a su due&ntilde;o.</p>
+
+<p>Los otros ocho mil se los hab&iacute;a llevado el compa&ntilde;ero de Anto&ntilde;uelo, el
+cual, por director y maestro en el arte, hab&iacute;a tomado doble porci&oacute;n de
+bot&iacute;n.</p>
+
+<p>Anto&ntilde;uelo sent&iacute;a agudos dolores; no formulaba palabra alguna, pero
+lanzaba gemidos lastimeros.</p>
+
+<p>Don Paco se apresur&oacute; a salir de all&iacute;, volviendo cuanto antes al lugar
+con el libertado y el vencido.</p>
+
+<p>La poderosa mula de don Ram&oacute;n, aparejada a&uacute;n con muy c&oacute;moda y ancha
+albarda, se hallaba en un corralejo o peque&ntilde;o cercado contiguo a la
+casilla.</p>
+
+<p>Sac&oacute; don Paco la mula, hizo que montase en ella su due&ntilde;o y levantando
+despu&eacute;s a Anto&ntilde;uelo, que apenas se pod&iacute;a mover, y llev&aacute;ndole en peso con
+alguna dificultad, le plant&oacute; a las ancas. El carg&oacute; luego con el trabuco
+y la navaja, trofeos de su victoria, y echando delante la mula y su
+doble carga se dirigi&oacute; hacia el lugar.</p>
+
+<p>Al ir caminando daba infinitas gracias a Dios porque le hab&iacute;a puesto en
+ocasi&oacute;n de castigar un delito y de evitar otros mayores, y porque le
+hab&iacute;a proporcionado un medio de volver a la patria con justo motivo y
+sin ning&uacute;n sonrojo.</p><p><span class="pagenum"><a name="page127" id="page127"></a></span></p>
+
+<p>Aunque caminaron despacio, llegaron al lugar entre una y dos de la
+noche, sin hallar a nadie en el camino.</p>
+
+<p>Inquieto don Andr&eacute;s por la suerte de don Paco, hab&iacute;a enviado en balde a
+muchas personas para que le buscasen. Tambi&eacute;n la tendera hab&iacute;a enviado
+gente en busca de su marido. Todos con mal &eacute;xito se hab&iacute;an vuelto al
+lugar antes de medianoche.</p>
+
+<p>Cuando mucho m&aacute;s tarde entraron en &eacute;l don Paco y su comitiva, los
+villalegrinos estaban durmiendo.</p>
+
+<p>Don Paco, procurando y logrando no llamar la atenci&oacute;n, dej&oacute; a Anto&ntilde;uelo
+a la puerta del herrador, su padre. Libre ya don Ram&oacute;n del poco
+agradable socio de montura, se despidi&oacute; de don Paco con nuevas y
+fervorosas manifestaciones de gratitud y se larg&oacute; a su casa.</p>
+
+<p>Don Paco se fue a reposar a la suya.</p>
+
+<p>Como el m&eacute;dico estaba viejo y averiado y ten&iacute;a no poco que hacer, don
+Policarpo ejerc&iacute;a tambi&eacute;n, con sentimiento del m&eacute;dico, la medicina y la
+cirug&iacute;a. El herrador le llam&oacute; al punto para que curase a su hijo.</p>
+
+<p>Don Policarpo le atendi&oacute; muy bien y pronostic&oacute; que le curar&iacute;a pronto,
+porque sus contusiones, si bien en extremo dolorosas, no eran de peligro
+ni daban que temer por su vida.</p>
+
+<p>Apenas amaneci&oacute;, don Policarpo, sabedor de que don Andr&eacute;s estaba
+inquiet&iacute;simo por la suerte de su amigo o como si dij&eacute;ramos de su
+ministro, fue a casa del cacique, que se despertaba con el alba, y le
+pidi&oacute; albricias y le dio la buena nueva de que don Paco hab&iacute;a parecido.
+Como el boticario s&oacute;lo hab&iacute;a visto al magullado Anto&ntilde;uelo y no sab&iacute;a
+bien lo ocurrido, hizo su composici&oacute;n de lugar, y fantase&oacute; y dijo a don
+Andr&eacute;s que entre don Paco y Anto&ntilde;uelo hab&iacute;a habido una muy re&ntilde;ida pelea,
+sin duda por los bellos ojos de Juanita; que la pelea hab&iacute;a sido en
+mitad del campo, durante la noche; que don Paco hab&iacute;a quedado ileso y
+que el pobre Anto&ntilde;uelo estaba tal que se lo pod&iacute;a comer con cuchara,
+pero que &eacute;l, con su ciencia y sus cuidados, le sanar&iacute;a muy pronto.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s se holg&oacute; mucho de que hubiese vuelto sano y salvo el
+secretario del Ayuntamiento, que le era util&iacute;simo y a quien profesaba
+m&aacute;s amistad que a nadie.</p>
+
+<p>No por eso quiso llamar a don Paco ni ir a verle en seguida, turbando el
+reposo de que sin duda hab&iacute;a menester; pero no crey&oacute; en el duelo o
+pendencia que don Policarpo hab&iacute;a supuesto y contado.</p><p><span class="pagenum"><a name="page128" id="page128"></a></span></p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s, aunque muy estimulado por la curiosidad, se arm&oacute; de
+paciencia y de calma y aguard&oacute; dos o tres horas antes de dar un paso
+para descubrir lo cierto.</p>
+
+<p>Bien sab&iacute;a &eacute;l que el mayor amigo y confidente de don Paco era el maestro
+de escuela, y a eso de las ocho, cuando ya la escuela hab&iacute;a empezado y
+don Pascual deb&iacute;a de estar en ella, don Andr&eacute;s le envi&oacute; a llamar a su
+casa.</p>
+
+<p>El mozo que llev&oacute; el recado volvi&oacute; diciendo que don Pascual hab&iacute;a salido
+al rayar el alba, que no hab&iacute;a vuelto a&uacute;n, que los ni&ntilde;os estaban dando
+la lecci&oacute;n con el ayudante y que no bien volviese don Pascual y supiese
+que don Andr&eacute;s le llamaba, ir&iacute;a a verle al punto.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXIII" id="XXXIII"></a>XXXIII</h2>
+
+<p>Don Paco, despu&eacute;s de vagar en la soledad por espacio de dos d&iacute;as y
+despu&eacute;s de tantas penas, emociones y lances, anhel&oacute; para desahogo
+confiarse por completo con alguien. &iquest;Y con qui&eacute;n mejor que con el
+maestro de escuela, hombre de bien, sigiloso y tan excelente y
+desinteresado amigo, primero de Juanita y de &eacute;l m&aacute;s tarde?</p>
+
+<p>La mujer del alguacil fue, pues, a llamar a don Pascual de parte de don
+Paco.</p>
+
+<p>Don Pascual vino y don Paco se lo cont&oacute; todo. No le dio ninguna comisi&oacute;n
+ni embajada para Juanita; pero don Pascual, por una ben&eacute;vola usurpaci&oacute;n
+de atribuciones y de empleo, se declar&oacute; &eacute;l mismo y se nombr&oacute; embajador,
+se fue a ver a Juanita que, desvelada y triste, se acababa de levantar y
+le refiri&oacute; con fidelidad minuciosa los furores y penas de don Paco, sus
+celos, su desesperaci&oacute;n, sus prop&oacute;sitos de suicidio o de extra&ntilde;amiento
+perpetuo, y, por &uacute;ltimo, el combate de la casilla, el delito de
+Anto&ntilde;uelo, los golpes que &eacute;ste hab&iacute;a recibido, as&iacute; como su vuelta y la
+de don Paco a Villalegre.</p>
+
+<p>Cont&oacute; tambi&eacute;n que el tendero murciano y su mujer, con m&aacute;s impaciente
+furia, no se conformaban con callarse sin delatar a Anto&ntilde;uelo y sin
+enviarle a presidio, si no se les devolv&iacute;an en el t&eacute;rmino de tres d&iacute;as
+los ocho mil reales que no hab&iacute;an recobrado y que el c&oacute;mplice de
+Anto&ntilde;uelo se hab&iacute;a llevado consigo.</p>
+
+<p>Seg&uacute;n informes adquiridos y comunicados por don Paco, Anto&ntilde;uelo por nada
+del mundo dir&iacute;a el nombre y la condici&oacute;n del forastero que hab&iacute;a
+cometido con &eacute;l el delito.</p><p><span class="pagenum"><a name="page129" id="page129"></a></span></p>
+
+<p>Por otra parte, aunque Anto&ntilde;uelo le delatase, de nada valdr&iacute;a esto para
+recobrar los ocho mil reales por medio de la Justicia, sin envolver en
+el proceso al hijo del herrador y condenarle y perderle.</p>
+
+<p>El afecto profundo y extra&ntilde;o, como de madre o como de hermana, que
+Juanita hab&iacute;a sentido por Anto&ntilde;uelo toda su vida, renaci&oacute; entonces con
+vehemencia en su coraz&oacute;n, olvid&aacute;ndose de los groseros agravios con que
+la hab&iacute;a ofendido aquel mozo.</p>
+
+<p>Juanita se propuso salvarle, lograr que se echase tierra al asunto y
+evitar su deshonra y su ida a presidio, aunque para ello fuera menester
+buscar los ocho mil reales en el mismo infierno.</p>
+
+<p>A esta penosa agitaci&oacute;n de Juanita se contrapon&iacute;a en su alma otra
+agitaci&oacute;n dulc&iacute;sima, otro sentir, en vez de aflictivo, delicioso y
+beatificante, que aumentaba y enardec&iacute;a su amor al saberlo tan bien
+pagado, y que lisonjeaba su orgullo. A pesar del dolor y del sobresalto
+que la conducta criminal de Anto&ntilde;uelo y sus consecuencias le causaban,
+Juanita se juzg&oacute; venturosa, y sin duda lo era.</p>
+
+<p>S&oacute;lo faltaba ya, y urg&iacute;a y no daba un instante de espera, el desenga&ntilde;ar
+a don Paco, el persuadirle de que ella era inocente, y el convencerle de
+que ella le amaba.</p>
+
+<p>Ya don Pascual, en su largo coloquio con don Paco, hab&iacute;a hecho esfuerzos
+para convencerle de la inocencia de Juanita. Don Pascual le asegur&oacute; que
+&eacute;l conoc&iacute;a muy bien el noble y leal car&aacute;cter de ella y cuan virtuosa y
+honrada hab&iacute;a sido siempre en medio de la completa libertad en que hab&iacute;a
+vivido, sin que su madre la vigilase y la tuviese siempre a su lado.</p>
+
+<p>Su madre hab&iacute;a tenido que ir a las casas donde la llamaban a trabajar,
+dejando a Juanita con una criada o completamente sola cuando ni criada
+ten&iacute;an. Juanita, adem&aacute;s, sin que nadie la acompa&ntilde;ase ni mirase por ella,
+hab&iacute;a pasado de la ni&ntilde;ez a la mocedad en medio de las calles y en trato
+y conversaci&oacute;n con toda clase de personas.</p>
+
+<p>Nadie, sin embargo, se le hab&iacute;a atrevido, porque ella sab&iacute;a hacerse
+respetar, y ni las personas maldicientes hab&iacute;an formulado nunca contra
+ella una acusaci&oacute;n fundada que pudiera, en manera alguna, deslustrar su
+decoro.</p>
+
+<p>Lo que don Paco hab&iacute;a visto, lo que hab&iacute;a causado su enojo y su
+desesperaci&oacute;n no era, por consiguiente, culpa de Juanita, sino
+inmotivado atrevimiento de don Andr&eacute;s, quien, si algo logr&oacute; por
+sorpresa, fue rechazado violentamente en seguida.</p>
+
+<p>Don Pascual sosten&iacute;a, adem&aacute;s, que Juanita no hab&iacute;a provocado <span class="pagenum"><a name="page130" id="page130"></a></span>la audaz
+acometida de don Andr&eacute;s, a la que daba por &uacute;nica causa el engreimiento
+del cacique y su convicci&oacute;n de que todo hab&iacute;a de rendirse a su voluntad
+y ser propicio a su deseo.</p>
+
+<p>No bien se enter&oacute; Juanita de todo esto oyendo hablar al maestro de
+escuela, procur&oacute; que terminase la visita y que éste se fuera.</p>
+
+<p>Cuando se vio sola, sin hablar a su madre para no perder tiempo, tom&oacute; el
+pa&ntilde;ol&oacute;n, se lo ech&oacute; de cualquier modo en la cabeza y se fue a casa de
+don Paco, escapada.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXIV" id="XXXIV"></a>XXXIV</h2>
+
+<p>Lleg&oacute; Juanita a la casa, llam&oacute; a la puerta y sali&oacute; a abrirle la mujer
+del alguacil. Juanita le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; don Paco en casa? &iquest;Est&aacute; levantado y solo? Necesito verle y
+hablarle sin tardanza.</p>
+
+<p>&mdash;Solo y levantado est&aacute; en la sala de arriba&mdash;dijo la mujer del
+alguacil.</p>
+
+<p>Sin aguardar m&aacute;s contestaci&oacute;n ni m&aacute;s permiso, Juanita apart&oacute; a un lado a
+su interlocutora, ech&oacute; a correr, subi&oacute; las escaleras, dej&oacute; el manto en
+un banco de la antesalita y entr&oacute; destocada en la sala donde estaba don
+Paco.</p>
+
+<p>La sorpresa y el j&uacute;bilo de éste fueron indescriptibles, por m&aacute;s que
+estuviese receloso a&uacute;n de que en los atrevimientos de don Andr&eacute;s la
+coqueter&iacute;a de Juanita hab&iacute;a entrado por algo. Agradecido a la visita no
+esperada, don Paco se mostr&oacute; muy fino, pero disimul&oacute; su alegr&iacute;a y
+procur&oacute; poner el rostro lo m&aacute;s grave y severo que pudo.</p>
+
+<p>&mdash;No est&eacute;s enfurru&ntilde;ado conmigo&mdash;dijo Juanita, tute&aacute;ndole por primera
+vez&mdash;. Yo estaba celosa de do&ntilde;a Agustina y enojada contra ti con tan
+poca raz&oacute;n como t&uacute; est&aacute;s ahora enojado; yo quer&iacute;a darte pic&oacute;n. Soy leal.
+Confieso mi culpa y me arrepiento de ella. Es cierto; provoqu&eacute; a don
+Andr&eacute;s sin reflexionar lo que hac&iacute;a. Perd&oacute;namelo. Me bes&oacute; por sorpresa,
+pero lo rechac&eacute; con furia. Te lo juro; cr&eacute;eme; te lo juro por la
+salvaci&oacute;n de mi alma; no le rechac&eacute; porque t&uacute; entraste, y m&aacute;s duramente
+lo hubiera rechazado yo si t&uacute; no entras. Vengo a dec&iacute;rtelo para que me
+perdones, porque te amo. Quiero que lo sepas: estoy arrepentida de
+haberte despedido y me muero por ti y no puedo vivir sin ti.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a de hacer don Paco sino ufanarse, enternecerse, <span class="pagenum"><a name="page131" id="page131"></a></span>derretirse y
+perdonarlo todo al o&iacute;r tan dulces y apasionadas frases en tan linda y
+fresca boca? No sab&iacute;a, sin embargo, qu&eacute; decir ni qu&eacute; hacer, y, como
+generalmente ocurre en tales ocasiones, dijo no pocas tonter&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Apenas puedo creer&mdash;dijo&mdash;que no repares ya en mi vejez, que no
+pienses en que puedo ser tu abuelo y que me quieras como aseguras.
+&iquest;Pretendes, acaso, burlarte de m&iacute; y trastornarme el juicio? &iquest;Te propones
+halagarme con la esperanza de una felicidad que no me atrever&iacute;a yo a
+concebir en sue&ntilde;os, para matarme luego desvaneci&eacute;ndola?</p>
+
+<p>&mdash;No, vida m&iacute;a; yo no quiero desvanecer tu esperanza, sino realizarla.
+Yo quiero darte la felicidad, si juzgas felicidad el que yo sea tuya. Si
+no me desprecias, si me perdonas, si no me crees indigna, nos casaremos,
+aunque rabie do&ntilde;a In&eacute;s de que yo no sea monja, aunque don Andr&eacute;s te
+retire su favor, aunque se nos haga imposible la permanencia en este
+pueblo y aunque tengamos que irnos por ah&iacute;, acaso a vivir
+miserablemente. No lo dudes; si fuese posible que don Andr&eacute;s se prendase
+de m&iacute; hasta el extremo de querer casarse conmigo, yo le despreciar&iacute;a por
+amor tuyo, aunque fueses t&uacute; mil veces m&aacute;s pobre de lo que eres; yo le
+cantar&iacute;a la copla que dice:</p>
+
+<div class="center">M&aacute;s vale un jaleo prob&eacute;<br />
+y unos pimientos asaos<br />
+que no tener un us&iacute;a<br />
+esabor&iacute;o a su lao.</div><br />
+
+<p>Don Paco, al o&iacute;r esto, apenas pudo ya contenerse y ocultar su emoci&oacute;n.
+Un estremecimiento delicioso agit&oacute; sus venas, como si por ellas
+corriesen luz y fuego en vez de sangre. Estuvo a punto de echarse a los
+pies de Juanita y bes&aacute;rselos, pero a&uacute;n se report&oacute; y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Quiero creer, creo en tu sinceridad de este momento. Mi modestia, con
+todo, me induce a temer que tal vez te alucinas, que tal vez t&uacute; misma te
+enga&ntilde;as, que tal vez te arrepientas del paso que das ahora. Eres tan
+hermosa, que puedes ambicionar cuanto se te antoje. Y don Andr&eacute;s no es
+un us&iacute;a desabono como el de la copla; es una persona inteligente,
+estimada y respetada por todos: mejor y mucho m&aacute;s joven que yo.</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; todo lo que t&uacute; quieras; mas para m&iacute; t&uacute; eres el m&aacute;s inteligente,
+el m&aacute;s joven y el m&aacute;s guapo.</p><p><span class="pagenum"><a name="page132" id="page132"></a></span></p>
+
+<p>Todav&iacute;a, escudado por su humildad, trat&oacute; don Paco de ocultar que estaba
+ya satisfecho, que hab&iacute;a depuesto su enojo y que sus recelos se hab&iacute;an
+disipado. Con menos seriedad, sonriendo y entre veras y burlas, dijo;</p>
+
+<p>&mdash;Me f&iacute;o de ti; conozco que hablas con el coraz&oacute;n. No, no piensas en
+enga&ntilde;arme; pero, sin duda, t&uacute; misma te enga&ntilde;as. Y para poner m&aacute;s a
+prueba la vehemencia y la firmeza del amor de Juanita, a&ntilde;adi&oacute; luego:</p>
+
+<p>&mdash;Es inveros&iacute;mil que t&uacute;, si don Andr&eacute;s, como parece evidente, est&aacute;
+enamorad&iacute;simo de ti, le desde&ntilde;es y me prefieras y me ames ahora, cuando
+antes, que no ten&iacute;as a don Andr&eacute;s, era a m&iacute; a quien despreciabas. Pues
+qu&eacute;, &iquest;ignoras que yo soy un pobre diablo, dependiente de &eacute;l, y que &eacute;l es
+poderoso, rico, respetado y temido aqu&iacute;, estimado y favorecido por el
+Gobierno y caballero gran cruz con excelencia y todo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; me importa a m&iacute; su excelencia? A ti y no a &eacute;l debi&oacute; el Gobierno
+dar la gran cruz, ya que todo lo bueno que se hace en este lugar eres t&uacute;
+quien lo hace.</p>
+
+<p>Call&oacute; un momento y prosigui&oacute; con dulce risa, como quien de s&uacute;bito tiene
+una idea que le agrada:</p>
+
+<p>&mdash;Esta injusticia quiero remediarla yo; pero necesito antes que t&uacute; me
+proclames y me jures por tu reina. S&eacute; mi s&uacute;bdito fiel. Som&eacute;teteme.
+J&uacute;rame por tu reina y tu reina te premiar&aacute;. J&uacute;rame.</p>
+
+<p>Don Paco se someti&oacute; sin m&aacute;s resistencia. Se hinc&oacute; de rodillas a los pies
+de ella y exclam&oacute; entusiasmado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Te juro!</p>
+
+<p>Juanita, impulsada irresistiblemente por la idea rara que hab&iacute;a
+concebido, apart&oacute; con gran rapidez el pa&ntilde;olillo, que llevaba al pecho,
+prendido con alfileres, sac&oacute; sus tijeras del bolsillo del delantal y se
+desabroch&oacute; dos o tres corchetes del vestido. Don Paco, siempre de
+hinojos, la contemplaba embelesado y curioso.</p>
+
+<p>Ella introdujo los dedos por bajo el vestido y desat&oacute; un listoncillo de
+seda azul que le ce&ntilde;&iacute;a al pecho la limpia camisa. Tir&oacute; de &eacute;l y la sac&oacute;
+de la jareta, calada y bordada, trabajo primoroso de su diestra mano.
+Cort&oacute;, por &uacute;ltimo, con las tijeras un buen pedazo del listoncillo y se
+lo puso a don Paco en el ojal del chaquet&oacute;n, afirm&aacute;ndolo con una lazada.</p>
+
+<p>&mdash;Yo te concedo, en atenci&oacute;n a tus altos m&eacute;ritos y servicios&mdash;dijo con
+solemnidad&mdash;, esta bonita condecoraci&oacute;n, que vale mil veces m&aacute;s que la
+que tiene don Andr&eacute;s, y te declaro mi <span class="pagenum"><a name="page133" id="page133"></a></span>caballero y gran cruz de la orden
+de los celos disipados. Por eso es azul el listoncillo, como las flores
+del romero.</p>
+
+<p>Don Paco se levant&oacute; sin pizca de celos, porque todo se convirti&oacute; en
+amor, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; me citaste una copla; no quiero ser menos; voy a citar otra, aunque
+tenga que llamarte en ella no por tu nombre, sino como se llama la madre
+de tu santo:</p>
+
+<div class="center">Las flores del romero<br />
+ni&ntilde;a Isabel,<br />
+hoy son flores azules,<br />
+ma&ntilde;ana ser&aacute;n miel.</div><br />
+
+<p>&mdash;Y si han de ser miel ma&ntilde;ana, &iquest;no es mejor que lo sean en este mismo
+instante?</p>
+
+<p>Don Paco se acerc&oacute; a Juanita para besarla.</p>
+
+<p>Ella le separ&oacute; con suavidad y se esquiv&oacute; poni&eacute;ndose muy seria y
+exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jame. No te llegues a m&iacute;. Resp&eacute;tame como a tu reina y como mi
+caballero que eres. Las flores del romero ser&aacute;n miel en su d&iacute;a; ahora,
+no. Ve ma&ntilde;ana a mi casa, a las diez y media de la noche. All&iacute; hablaremos
+con mi madre. Adi&oacute;s.</p>
+
+<p>Juanita se dirigi&oacute; para salir hac&iacute;a la puerta de la sala. Ya en la
+puerta, volvi&oacute; la cara, mir&oacute; a don Paco, se dio a escape m&aacute;s de treinta
+besos en la palma de la mano, sopl&oacute; en ellos y se los envi&oacute; a su amigo
+por el aire.</p>
+
+<p>&mdash;De cerca y sin alas los quiero yo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya les cortaremos las alas. En cuantito no sea pecado mortal, los
+tendr&aacute;s de cerca hasta que te hartes.</p>
+
+<p>Y dicho esto, recogi&oacute; el mant&oacute;n en la antesala, baj&oacute; brincando por la
+escalera y se puso en la calle.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXV" id="XXXV"></a>XXXV</h2>
+
+<p>En medio de su alegr&iacute;a por haberse reconciliado con don Paco, por estar
+segura de su amor y resuelta a casarse con &eacute;l, aunque do&ntilde;a In&eacute;s y el
+cacique se opusiesen y tuvieran ella, su novio y su madre que ser
+v&iacute;ctimas de la c&oacute;lera de tan poderosos se&ntilde;ores, Juanita sent&iacute;a profunda
+pena por la suerte de Anto&ntilde;uelo. Su delito le daba horror y no quer&iacute;a
+volver a verle ni hablarle en la <span class="pagenum"><a name="page134" id="page134"></a></span>vida; pero le amaba a&uacute;n con cari&ntilde;o de
+hermana y present&iacute;a que ello acibarar&iacute;a con algo como remordimiento las
+mayores venturas que pudiera alcanzar s&iacute; no evitaba que Anto&ntilde;uelo fuera
+procesado, deshonrado p&uacute;blicamente y condenado a presidio. Con ego&iacute;smo
+amoroso, s&oacute;lo del amor mutuo que don Paco y ella se ten&iacute;an, hab&iacute;a ella
+hablado con don Paco. Ya en la calle y separada de &eacute;l, Juanita volvi&oacute; a
+pensar en Anto&ntilde;uelo y a cavilar en un medio de salvarle sin que nadie le
+diese auxilio y siendo ella su &uacute;nica salvadora.</p>
+
+<p>Con este prop&oacute;sito se present&oacute; en casa del tendero murciano, que la
+recibi&oacute; estando con su mujer, do&ntilde;a Encarnaci&oacute;n, solos en la trastienda.</p>
+
+<p>No llor&oacute; Juanita, porque ten&iacute;a muy hondas las l&aacute;grimas y rara vez
+lloraba; pero con acento conmovedor y apasionado les rog&oacute; que se
+callasen sobre lo ocurrido, prometi&eacute;ndoles que en el t&eacute;rmino de seis
+meses ella les dar&iacute;a los ocho mil reales que el forastero se hab&iacute;a
+llevado. Contaba para esto con la voluntad de su madre, de la cual
+estaba cierta de disponer como de su propia voluntad. Su madre ten&iacute;a
+dado a premio dinero bastante para salir de aquel compromiso, y en el
+t&eacute;rmino marcado de los seis meses pod&iacute;a cobrar dicho dinero. Su madre,
+adem&aacute;s, era propietaria de la casa en que viv&iacute;an, y si bien la casa
+estaba fuertemente gravada con un censo, todav&iacute;a pod&iacute;a producir,
+vendi&eacute;ndola, muy cerca de los mencionados ocho mil reales.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Encarnaci&oacute;n habl&oacute; antes que su marido, y dijo al o&iacute;r aquellas
+proposiciones:</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; estas loca, hija m&iacute;a, y yo supongo que ni tu locura ser&aacute; contagiosa
+ni se la pegar&aacute;s a tu madre. Imperdonable estupidez ser&iacute;a que ambas os
+arruinaseis por salvar a un pillastre. Anda, d&eacute;jale que vaya a presidio.
+Aquel es su t&eacute;rmino natural e inevitable. Si ahora le salvaseis, en
+seguida volver&iacute;a a hacer de las suyas y a dar nuevo motivo para que le
+apretasen el pescuezo. Vuestro sacrificio no s&oacute;lo ser&iacute;a in&uacute;til, sino
+tambi&eacute;n perjudicial.</p>
+
+<p>&mdash;Los consejos de usted&mdash;contest&oacute; Juanita&mdash;, y perdone usted que se lo
+diga, son aqu&iacute; los in&uacute;tiles. Contra mi firme resoluci&oacute;n no hay consejo
+que valga. No son consejos, sino dinero o cr&eacute;dito lo que yo necesito. Si
+tuviera yo en mi arca los ocho mil reales, los hubiera tra&iacute;do y se los
+hubiera dado a ustedes en cambio de un papel, firmado por ustedes, donde
+declarasen que Anto&ntilde;uelo nada les deb&iacute;a y que no ten&iacute;an contra &eacute;l la
+menor queja.</p><p><span class="pagenum"><a name="page135" id="page135"></a></span></p>
+
+<p>No tengo dinero, peco estoy segura de poder reunirlo antes de seis
+meses. &iquest;Quieren ustedes firmar el documento de que he hablado
+desistiendo de toda queja contra Anto&ntilde;uelo y recibir en cambio otro
+documento en que yo me comprometa a pagar los ocho mil reales? Este es
+el asunto, y no hay para qu&eacute; andarse por las ramas. Conteste usted, don
+Ram&oacute;n, y diga que s&iacute; o que no.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, Juanita&mdash;contest&oacute; el interpelado&mdash;, yo digo que no, porque
+no quiero ser c&oacute;mplice de tu locura y porque un papel firmado por ti,
+que eres menor de edad, no vale un pitoche.</p>
+
+<p>&mdash;El pagar&eacute;, aunque apenas tengo veinte a&ntilde;os, valdr&iacute;a tanto como si yo
+tuviese treinta. Nunca he faltado a mi palabra escrita. Para cumplir el
+compromiso que contrajese me vender&iacute;a yo si no tuviera dinero.</p>
+
+<p>A don Ram&oacute;n se le encandilaban algo los ojos, a pesar de que do&ntilde;a
+Encarnaci&oacute;n estaba presente, y dej&oacute; escapar estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Si t&uacute; te vendieses, aunque en el lugar son casi todos pobres, yo no
+dudo de que tendr&iacute;as los ocho mil reales; pero yo no quiero que t&uacute; te
+vendas.</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo tampoco&mdash;replic&oacute; la muchacha&mdash;. Lo dije por decir. Fue una
+ponderaci&oacute;n. Los bienes de mi madre son m&iacute;os; ella me quiere con toda su
+alma y har&aacute; por m&iacute; los mayores sacrificios. No dude usted, pues, de que
+dentro de seis meses tendr&aacute; los ocho mil reales que ahora me preste, sin
+necesidad de que yo me venda para pag&aacute;rselos.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Encarnaci&oacute;n le interrumpi&oacute; entonces diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Juanita, nosotros tenemos tan buena opini&oacute;n de ti, que estamos seguros
+de la sinceridad y de la firmeza con que prometes pagar; pero si dentro
+de seis meses no allegas los dineros, o porque tu madre, queri&eacute;ndote
+mucho, no quiere darlos, o porque no os pagan vuestros deudores y no
+logr&aacute;is vender la casa, tu sinceridad y tu firmeza nada valdr&aacute;n
+pecuniariamente, aunque moralmente valgan mucho. Tu misma moralidad para
+este asunto de los dineros, en vez de ser una garant&iacute;a, es un indicio
+claro del peligro que corremos, si te lo prestamos, de no volverlos a
+ver nunca.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hija m&iacute;a&mdash;interpuso don Ram&oacute;n&mdash;; si en este caso me hipotecases tu
+inmoralidad en vez de hipotecarme tu moralidad, estar&iacute;a yo m&aacute;s seguro de
+cobrar el dinero. Ser&iacute;a una prenda <span class="pagenum"><a name="page136" id="page136"></a></span>pretoria que dar&iacute;a ricos productos
+por mal que se administrase.</p>
+
+<p>Juanita advirti&oacute; que el tendero murciano trataba de tomarle el pelo,
+vali&eacute;ndose de una expresi&oacute;n que ahora se emplea en estilo chusco, y,
+como era poco sufrida, empez&oacute; a perder la paciencia y dijo bajando la
+voz, pero aguzando cada una de sus palabras como si fuese una lanceta:</p>
+
+<p>&mdash;Es, d&eacute;jese usted de bromas insolentes, t&iacute;o marrano. Piense usted bien
+mi proposici&oacute;n y ver&aacute; que le tiene cuenta. Si acude a la Justicia, quiz&aacute;
+tendr&aacute; el gusto de ver en presidio a Anto&ntilde;uelo; pero de fijo que no ver&aacute;
+nunca los ocho mil reales. En cambio, si los da ahora por recibidos y
+acepta el pagar&eacute; que yo le firme, dentro de medio a&ntilde;o o antes, y esto es
+tan claro como el sol que nos alumbra, recuperar&aacute; sus ocho mil reales y
+adem&aacute;s los intereses que me ponga por ellos, porque yo no quiero que me
+los adelante por mi linda cara.</p>
+
+<p>&mdash;Aunque me insultes llam&aacute;ndome t&iacute;o marrano, me permitir&aacute;s que al menos
+por tu linda cara te perdone el insulto. Tambi&eacute;n me mueve tu linda cara,
+y no las mezquinas reflexiones que has hecho por m&iacute;, a prestarte los
+ocho mil reales si me prometes que tu madre ha de conformarse con el
+contrato. De todos modos, ya comprender&aacute;s t&uacute;, porque tienes sobrado
+talento, aunque eres inexperta, que yo corro mucho peligro al hacer el
+pr&eacute;stamo; que el da&ntilde;o emergente no es flojo, y que, por tanto, tampoco
+pueden ser flojos los intereses. No obstante, yo aspiro a que, en vez de
+llamarme marrano, me llames generoso y espl&eacute;ndido. As&oacute;mbrate.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Encarnaci&oacute;n, que hasta entonces hab&iacute;a reprimido la c&oacute;lera,
+sufriendo el insulto hecho al enclenque de su marido, por temor de andar
+a la gresca con Juanita y aun de quedar vencida y aporreada, no pudo ya
+contenerse al ver y al o&iacute;r a su marido tan melifluo y tan predispuesto a
+ser dadivoso, y le interrumpi&oacute; exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;No te derritas, hombre; no te vuelvas una jalea, no me obligues a que
+sea yo quien te llame t&iacute;o marrano. Atiende a lo que haces, y ya que te
+expones tanto prestando los dineros, que sea con alg&uacute;n fruto.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no me derrito, yo atiendo a lo que hago&mdash;contest&oacute; don Ram&oacute;n&mdash;; pero
+en vez de responder a las injurias con otras injurias quiero ser
+magn&aacute;nimo y responder con favores y beneficios. Juanita, yo doy por
+recibidos los ocho mil reales que me robaron <span class="pagenum"><a name="page137" id="page137"></a></span>con tal que t&uacute; me firmes
+un pagar&eacute;, que vencer&aacute; dentro de seis meses, por la expresada cantidad,
+m&aacute;s un peque&ntilde;o tanto por ciento.</p>
+
+<p>&mdash;Mil gracias, se&ntilde;or don Ram&oacute;n&mdash;dijo Juanita&mdash;. Escriba usted los dos
+documentos. Yo me llevar&eacute;, firmado por usted, el que me asegure que
+Anto&ntilde;uelo quedar&aacute; libre, y firmar&eacute; y dejar&eacute; en poder de usted el que
+declare que le soy deudora.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien. No hay m&aacute;s que hablar&mdash;dijo don Ram&oacute;n. Y yendo a su
+escritorio redact&oacute; los dos documentos en un periquete. En el pagar&eacute; se
+compromet&iacute;a Juanita a pagar, en el t&eacute;rmino de seis meses, la cantidad de
+diez mil reales.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves mi moderaci&oacute;n&mdash;dijo el tendero murciano al presentar a la
+muchacha el documento para que lo firmase&mdash;. Me limito a cobrarte s&oacute;lo
+un veinticinco por ciento, a pesar del peligro que corro de quedarme sin
+mi dinero, porque, a despecho de todos tus buenos prop&oacute;sitos, no tengas
+un ochavo dentro de los seis meses y tengamos que renovar el pagar&eacute;, lo
+cual me traer&iacute;a grand&iacute;simos perjuicios.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo&mdash;dijo do&ntilde;a Encarnaci&oacute;n&mdash;; como que ahora andamos engolfados
+en negocios tan productivos, que ganamos un ciento por ciento al a&ntilde;o.
+Cr&eacute;eme, Juanita: prest&aacute;ndote los ocho mil reales nos exponemos a
+quedarnos sin ellos, y adem&aacute;s a perder otro veinticinco por ciento, o
+sea, otros dos mil reales, que hubi&eacute;ramos ganado dando a los ocho mil
+m&aacute;s lucrativo empleo; pero, en fin, &iquest;qu&eacute; se ha de hacer? Mi se&ntilde;or esposo
+pierde la chaveta cuando ve un palmito como el tuyo.</p>
+
+<p>&mdash;Sea como sea&mdash;dijo Juanita&mdash;, agradezco a ustedes mucho el favor que
+me hacen. Y guard&aacute;ndose en la faltriquera el otro documento despu&eacute;s de
+haber&iacute;o le&iacute;do y estimado que estaba bien, se despidi&oacute; de los mercaderes
+y se fue a su casa.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXVI" id="XXXVI"></a>XXXVI</h2>
+
+<p>Arrebatado yo por la corriente de los sucesos, por la importancia que
+les doy y por la rapidez con que quiero narrarlos, he descuidado la
+cronolog&iacute;a. Est&aacute; vaga y confusa y conviene fijarla un poco.</p>
+
+<p>Nada m&aacute;s f&aacute;cil. Baste decir para ello que el d&iacute;a de la fuga de don Paco
+acert&oacute; a ser Domingo de Ramos.</p><p><span class="pagenum"><a name="page138" id="page138"></a></span></p>
+
+<p>Como don Paco vag&oacute; todo aquel d&iacute;a y el siguiente, resulta que volvi&oacute; a
+Villalegre al empezar el Martes Santo.</p>
+
+<p>Son tales las preocupaciones y el embeleso de todos los habitantes de
+Villalegre durante aquella semana, que nadie hubiera notado ni la
+desaparici&oacute;n ni la vuelta de don Paco si no hubiera sido el personaje
+tan notable, tan activo y que por lo com&uacute;n andaba siempre en todo.</p>
+
+<p>Lo que no se hubiese sabido, ni aun en tiempos normales, eran las causas
+de su ida y de su vuelta. Los celos siguieron sepultados en el m&aacute;s
+profundo silencio por los que los causaron y los padecieron: por don
+Andr&eacute;s, Juanita y don Paco. Y los delitos de Anto&ntilde;uelo y los medios que
+don Paco emple&oacute; para remediar unos y frustrar otros hubo inter&eacute;s en
+callarlos, y se logr&oacute; que los callaran el tendero y su mujer, &uacute;nicas
+personas a quienes interesaba decirlos.</p>
+
+<p>S&oacute;lo se sab&iacute;a que Anto&ntilde;uelo hab&iacute;a vuelto apaleado; pero, a pesar de los
+comentarios que se hac&iacute;an, nadie atinaba con el motivo y pocos
+sospechaban qui&eacute;n hab&iacute;a sido el autor del apaleo.</p>
+
+<p>El tiempo aquel era el menos a prop&oacute;sito para que en Villalegre fijase
+el vulgo su atenci&oacute;n en lance alguno, por extraordinario que fuese, de
+la vida real contempor&aacute;nea. La atenci&oacute;n general estaba embelesada y
+suspendida por la pasmosa representaci&oacute;n simb&oacute;lico-dram&aacute;tica que iba a
+verificarse durante cuatro d&iacute;as consecutivos, teniendo por actores a la
+mitad o quiz&aacute; a m&aacute;s de la mitad de los hombres, y por espectadores a la
+otra mitad de ellos, a todas las mujeres y ni&ntilde;os y a no pocos
+forasteros.</p>
+
+<p>Las procesiones de Semana Santa empiezan el mi&eacute;rcoles y terminan el
+s&aacute;bado. Yo, pues, las he visto en mi ni&ntilde;ez en otra poblaci&oacute;n donde son
+muy parecidas a las de Villalegre, conservo de ellas el m&aacute;s po&eacute;tico
+recuerdo, por donde imagino que las personas que las censuran carecen de
+facultades est&eacute;ticas o las tienen embotadas. Hasta la rudeza campesina
+de algunos accidentes presta a la representaci&oacute;n de que hablo candoroso
+hechizo.</p>
+
+<p>Acaso hab&iacute;a accidentes o episodios en dicha representaci&oacute;n en que lo
+sagrado y lo profano, lo serio y lo chistoso y lo tr&aacute;gico y lo c&oacute;mico
+desentonaban algo. Celosos y discretos obispos han hecho sin duda muy
+bien en suprimir estas discordancias o salidas de tono; pero lo esencial
+de la representaci&oacute;n, que consta de procesiones y <i>pasos</i>, sigue todav&iacute;a
+y hubiera sido l&aacute;stima suprimirlo; hubiera sido un crimen de lesa poes&iacute;a
+popular.</p>
+
+<p>A mi ver, hasta en corregir, atildar y perfeccionar lo que se <span class="pagenum"><a name="page139" id="page139"></a></span>hace,
+aunque no niego que se presta al atildamiento y a la mejora, es menester
+andarse con tiento. Puede ocurrir, si es l&iacute;cito que yo me valga de un
+s&iacute;mil literario, lo que ocurre con un escrito en verso o prosa cuando el
+autor, por el prurito de acicalar el estilo, manosea, soba y marchita lo
+que escribi&oacute; y lo deja mustio, lamido y sin espontaneidad ni gracia.</p>
+
+<p>Conviene, adem&aacute;s, para ver aquello con fruto y penetrar su hondo
+sentido, prescindir de refinamientos y de ideas de lujo y de exactitud
+indumentaria, adquiridas en ciudades m&aacute;s ricas y populosas. S&oacute;lo as&iacute;, y
+reflexion&aacute;ndolo bien, se percibe lo sublime y lo bello de la verdad
+dogm&aacute;tica que bajo el velo del s&iacute;mbolo resplandece.</p>
+
+<p>Menester es que no se arredre por lo &aacute;spero de la corteza el que anhele
+gozar del dulce alimento que para el esp&iacute;ritu ella cela y contiene.</p>
+
+<p>La representaci&oacute;n no se limita a ofrecer al pueblo un trasunto de la
+pasi&oacute;n y muerte de Cristo y de la redenci&oacute;n del mundo, sino que en
+cierto modo abarca todo el plan divino y providencial de la Historia,
+como el famoso discurso de Bossuet.</p>
+
+<p>Los seres humanos, sin duda, no se juzgan dignos de representar a los
+seres divinos, ni se creen id&oacute;neos para ello, y temen profanar la acci&oacute;n
+interviniendo en ella inmediatamente. De aqu&iacute; que todos los momentos del
+alto misterio de la redenci&oacute;n se figuren por medio de im&aacute;genes que se
+llevan en andas, y cuyos movimientos silenciosos y solemnes va
+explicando un predicador desde un púlpito erigido en medio de la plaza y
+que la muchedumbre rodea. S&oacute;lo hablan los seres humanos. Los
+sobrehumanos callan, salvo algunos &aacute;ngeles que cantan lo que dicen.</p>
+
+<p>As&iacute;, por ejemplo, el pregonero desde el balc&oacute;n de las Casas
+Consistoriales lee en voz alta la sentencia que condena a Jes&uacute;s a muerte
+afrentosa en una cruz, y entre dos ladrones, por enemigo del C&eacute;sar y por
+otros muchos delitos.</p>
+
+<p>El predicador exclama entonces:</p>
+
+<p>&mdash;Calla, falso pregonero; calla, viperina lengua, y oye la voz del
+&aacute;ngel, que dice....</p>
+
+<p>En seguida aparece en otro balc&oacute;n de la casa mejor que est&aacute; enfrente del
+Ayuntamiento el ni&ntilde;o de seis o siete a&ntilde;os m&aacute;s bonito, m&aacute;s inteligente y
+de m&aacute;s dulce voz que en el lugar hay; y primorosamente vestido de &aacute;ngel,
+con tonelete de raso blanco bordado de estrellitas de oro, con
+refulgentes y extendidas alas y con corona de flores, canta una sencilla
+y sublime contraesencia, <span class="pagenum"><a name="page140" id="page140"></a></span>que comienza diciendo: &laquo;Esta es la justicia
+que manda hacer el Eterno Padre....&raquo;</p>
+
+<p>Luego explica, con en&eacute;rgica concisi&oacute;n que no se opone a la claridad, los
+misterios de la encarnaci&oacute;n y de la redenci&oacute;n, cuando en la plenitud de
+los tiempos se une el Verbo increado con la humana naturaleza,
+glorific&aacute;ndola y haci&eacute;ndola digna del cielo, padeciendo en ella y por
+ella, a fin de lavar sus culpas.</p>
+
+<p>S&oacute;lo hechos meramente naturales, en que intervienen personajes
+secundarios, son representados por hombres.</p>
+
+<p>Hay uno, no obstante, que es muy trascendental y que tambi&eacute;n los hombres
+representan. Es la prefiguraci&oacute;n, el reflejo prof&eacute;tico del sacrificio
+del Hijo por el Padre; es el sacrificio de Isaac por Abrah&aacute;n en la
+cumbre del monte Moria, y que otro &aacute;ngel impide. El monte est&aacute;
+representado en medio de la plaza por un tablado cubierto de verdura.
+Abrah&aacute;n e Isaac no hablan; s&oacute;lo accionan. Cuando Abrah&aacute;n tiene ya
+levantada la cuchilla para sacrificar a su hijo, el &aacute;ngel le detiene
+cantando un romance. Isaac recibe entonces la palma del martirio, que
+ostenta en las procesiones de los d&iacute;as siguientes. Abrah&aacute;n sacrifica un
+cordero, seg&uacute;n los antiguos ritos.</p>
+
+<p>Los principales personajes del Antiguo Testamento discurren en la
+procesi&oacute;n silenciosos y solemnes, como si la Historia Sagrada tomase
+cuerpo y apareciese ante nuestros ojos en visi&oacute;n ideal. &iquest;Qu&eacute; da&ntilde;a a la
+mente infantil y a la r&uacute;stica buena fe que no se ajuste con exactitud
+esta visi&oacute;n a la verdad arqueol&oacute;gica, y que en ella no se desplieguen el
+lujo y la pompa, si la imaginaci&oacute;n del vulgo los pone all&iacute; con creces? A
+su vista aparecen, y van pasando, Elías, Ezequiel, Daniel, Isa&iacute;as, Amós
+y los dem&aacute;s profetas, as&iacute; como los reyes, jueces y pr&iacute;ncipes:
+Melquisedec, David, Mois&eacute;s, Salom&oacute;n, y qu&eacute; s&eacute; yo cu&aacute;ntos m&aacute;s. Todos
+llevan el rostro inm&oacute;vil de la car&aacute;tula, y en las potencias, aureola o
+nimbo que coronan sus cabezas, inscrito el nombre de cada uno.
+Dist&iacute;nguense, adem&aacute;s, por los atributos que en sus manos tienen: David
+lleva el arpa; Salom&oacute;n, un modelo del templo, y Mois&eacute;s, las Tablas de la
+Ley.</p>
+
+<p>Como los profetas hicieron vida &aacute;spera y penitente, y no se cuidaron
+mucho del primor y de la elegancia en el vestir, se llaman los
+<i>ensabanados</i>, porque sus t&uacute;nicas y mantos est&aacute;n hechos con s&aacute;banas. Y,
+por el contrario, los monarcas y grandes se&ntilde;ores se engalanan con todo
+el lujo que pueden, llevando por t&uacute;nica los mejores vestidos de sus
+mujeres o de sus novias, y por mantos <span class="pagenum"><a name="page141" id="page141"></a></span>las colchas m&aacute;s ricas de las
+camas, por lo cual se llaman los <i>encolchados</i>.</p>
+
+<p>Conforme va pasando cada procesi&oacute;n, que suele permanecer tres o cuatro
+horas en la calle, se ejecutan pasillos, que casi siempre explica un
+nazareno cantando una saeta.</p>
+
+<p>Para prevenir y llamar la atenci&oacute;n del p&uacute;blico hacia cada pasillo, otros
+dos o tres nazarenos hacen sonar las trompetas con melanc&oacute;lico y
+prolongado acento. As&iacute;, pongo por caso, cuando los evangelistas van
+escribiendo en unas tablillas lo que pasa y unos jud&iacute;os tunantes vienen
+por detr&aacute;s haciendo muchas muecas y contorsiones y les roban los
+estilos, los evangelistas, resignados y tristes, abren entonces los
+brazos y se ponen en cruz. Las trompetas resuenan otra vez para dar el
+pasillo por terminado.</p>
+
+<p>Cosas hay de cierto primor art&iacute;stico y de bien inspirada delicadeza. As&iacute;
+la cruz que llevan en andas, grande y negra, como de &eacute;bano bru&ntilde;ido con
+remates primorosos de plata, sin Cristo en ella, que ya se supone
+resucitado y en el cielo, de la que penden siete anchas cintas verdes,
+blancas y rojas, de los tres colores de las virtudes teologales. Del
+extremo de cada cinta va asido un ni&ntilde;o o un grupo de ni&ntilde;os,
+representando todos en su conjunto y muy lindamente los siete
+sacramentos de la Santa Iglesia.</p>
+
+<p>Otros ni&ntilde;os con vestiduras talares y con alas de querubines llevan en
+sus hombros el arca de la alianza, como recuerdo de la ley antigua,
+anterior a la Buena Nueva y la ley de gracia.</p>
+
+<p>En fin, para mi gusto todo est&aacute; tan bien, que si no fuera por el temor
+de que me tildasen de impertinente y de extenderme demasiado en
+descripciones impropias de este lugar, seguir&iacute;a relatando sin cansarme y
+con deleite art&iacute;stico cuanto se representa en Villalegre en aquellos
+cuatro d&iacute;as.</p>
+
+<p>Baste indicar aqu&iacute; que el Viernes Santo, al anochecer, se celebra el
+santo entierro, en el que no parecen ya las figuras simb&oacute;licas de los
+personajes de la antigua ley; s&oacute;lo hay nazarenos, hermanos de Cruz,
+llevando cada cual a cuestas la suya y haciendo gala de que sea pesada y
+grande, y soldados romanos y no pocos jud&iacute;os, convertidos ya, en prueba
+de lo cual llevan en las manos sendos rosarios y van rezando
+devotamente. Hay, por &uacute;ltimo, muchos hombres y ni&ntilde;os piadosos que
+alumbran el entierro con velas.</p>
+
+<p>Pero la procesi&oacute;n m&aacute;s solemne y conmovedora es la que se verifica el
+S&aacute;bado Santo, desde las nueve de la ma&ntilde;ana hasta mediod&iacute;a.</p>
+
+<p>En ella sale &uacute;nicamente la imagen de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima de la<span class="pagenum"><a name="page142" id="page142"></a></span> Soledad, que
+es como el paladi&oacute;n de la villa y que se custodia y venera en el templo
+m&aacute;s antiguo que existe all&iacute;, al otro extremo de la nueva parroquia, en
+la cumbre del cerro que domina la poblaci&oacute;n, en la Acr&oacute;polis, como si
+dij&eacute;ramos, y al lado del abandonado castillo del duque, desde donde éste
+sal&iacute;a con su mesnada a combatir a los moros fronterizos y a entrar en
+algarada por las tierras granadinas.</p>
+
+<p>Aquella imagen es una obra maestra del arte cristiano en la &eacute;poca de su
+mayor florecimiento en Espa&ntilde;a. Es cierto que se puede decir que el
+escultor no hizo m&aacute;s que la cabeza y las manos; el pensamiento puro y
+celestial y el medio por cuya virtud puede convertirse en acci&oacute;n el
+pensamiento.</p>
+
+<p>Pero aquellas manos y aquel rostro son de admirable belleza. Aquel
+rostro parece divino, combin&aacute;ndose en &eacute;l la expresi&oacute;n del dolor m&aacute;s
+profundo y la humilde conformidad con la voluntad del Alt&iacute;simo. Los ojos
+de la Virgen son hermosos y dulces; el llanto los humedece. En las
+mejillas de la imagen hay dos o tres l&aacute;grimas como el roc&iacute;o en las
+rosas.</p>
+
+<p>En el resto de la imagen no se advierte forma ni dibujo de cuerpo de
+mujer. Todo est&aacute; cubierto de un riqu&iacute;simo y extenso manto de terciopelo
+bordado de oro.</p>
+
+<p>El artista, al representar el <i>Eterno femenino</i>, la fusi&oacute;n en el dolor
+de las dos excelencias de la mujer, como virgen y madre, se dir&iacute;a que
+huy&oacute; de lo corp&oacute;reo y s&oacute;lo quiso prestar forma visible al esp&iacute;ritu.</p>
+
+<p>Sobre los adornos y bordados de la t&uacute;nica de la Virgen se ven las
+empu&ntilde;aduras de las siete espadas que le traspasan el pecho.</p>
+
+<p>En la procesi&oacute;n del S&aacute;bado Santo, todos los personajes del Antiguo
+Testamento y los jud&iacute;os y los soldados romanos se desvanecen y se
+eclipsan ante la divina imagen de la Virgen. S&oacute;lo la acompa&ntilde;an el clero
+y la muchedumbre piadosa con innumerables velas y cirios encendidos.</p>
+
+<p>Con devoci&oacute;n y recogimiento anda la procesi&oacute;n el camino marcado; pero
+apenas vuelve y entra de nuevo en su iglesia, todas las campanas de la
+villa tocan a gloria con estruendoso repique; un toro de cuerda muy
+bravo sale a la calle, y los aficionados lo lidian y capean; en la
+c&aacute;rcel se da libertad a un preso, que hace de Barrab&aacute;s, y en varios
+sitios a prop&oacute;sito, donde hay poco peligro de matar a nadie, se ahorcan
+sendos Judas, o sea, grandes mu&ntilde;ecos de trapo, rellenos de estopa y de
+triquitraques, contra los cuales <span class="pagenum"><a name="page143" id="page143"></a></span>disparan tiros los mozos que tienen
+escopeta, hasta que los Judas arden dando muchos triquitracazos y
+tronidos. De esta suerte terminan con el regocijo de la resurrecci&oacute;n del
+Se&ntilde;or las interesantes fiestas de Semana Santa.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXVII" id="XXXVII"></a>XXXVII</h2>
+
+<p>Todo estaba revuelto aquel d&iacute;a en la parte baja de la casa del cacique.
+Se entregaba la gente a diversos trabajos para preparar una gran fiesta
+que hab&iacute;a de realizarse al otro d&iacute;a, Mi&eacute;rcoles Santo. La procesi&oacute;n,
+pre&aacute;mbulo de las otras, y que deb&iacute;a ser en dicho mi&eacute;rcoles por la tarde,
+era dirigida y costeada todos los a&ntilde;os por el se&ntilde;or don Andr&eacute;s Rubio,
+hermano mayor de la m&aacute;s importante Cofrad&iacute;a.</p>
+
+<p>Hab&iacute;an de salir en esta procesi&oacute;n tres obras maestras de escultura, tan
+pesada cualquiera de ellas que para llevarlas en andas por las calles
+era menester un ej&eacute;rcito de nazarenos.</p>
+
+<p>La primera escultura representa al Se&ntilde;or de la Pollinita; Jes&uacute;s cabalga
+sobre el humilde animal y entra triunfante en Jerusal&eacute;n.</p>
+
+<p>El pueblo, compuesto de gran n&uacute;mero de nazarenos, de soldados romanos y
+de jud&iacute;os, deb&iacute;a marchar delante de la referida imagen con palmas y con
+grandes y frondosas ramas de olivo.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, precedida de todos los <i>ensabanados</i>, <i>encolchados</i> y jumeones
+que se pudiese, ten&iacute;a que salir la <i>Cena</i>, cuyo peso es enorme, pues
+consta la imagen completa de trece figuras de tama&ntilde;o natural, y de la
+mesa, que algo pesa tambi&eacute;n y que va cubierta y adornada de flores, de
+las m&aacute;s exquisitas frutas que desde el oto&ntilde;o han podido conservarse
+hasta aquel d&iacute;a con el mayor esmero, y de un elevado y complicad&iacute;simo
+ramillete de dulces, donde echa el resto el m&aacute;s listo e ingenioso de los
+confiteros.</p>
+
+<p>En pos de la <i>Cena</i>, y precedida tambi&eacute;n de mucha gente, hab&iacute;a de salir
+la <i>Oraci&oacute;n del Huerto</i>, donde Cristo ora de rodillas; un &aacute;ngel que
+quiere estar en el aire, pero que se apoya en el ramaje de un olivo,
+ofrece a Cristo el c&aacute;liz de la amargura, y los disc&iacute;pulos yacen por
+tierra dormidos.</p>
+
+<p>Terminada la procesi&oacute;n, el se&ntilde;or don Andr&eacute;s ten&iacute;a que echar el bodeg&oacute;n
+por la ventana y dar de cenar a los ap&oacute;stoles, a los profetas, a los
+antiguos personajes b&iacute;blicos, a la plebe de Jerusal&eacute;n, a los nazarenos y
+a la guarnici&oacute;n romana.</p>
+
+<p>Las tres obras de escultura de que hemos hablado estaban ya <span class="pagenum"><a name="page144" id="page144"></a></span>expuestas
+al p&uacute;blico el martes, no en las iglesias, sino en una inmensa sala baja
+entapizada de rojo damasco, adornada de cornucopias, flores y verdura, e
+iluminada por la noche con profusi&oacute;n de velas de cera.</p>
+
+<p>Para cuidar de todo esto hab&iacute;a elegido don Andr&eacute;s a Juana la Larga,
+quien en los dos d&iacute;as del martes y del mi&eacute;rcoles apenas pod&iacute;a salir de
+casa de don Andr&eacute;s e ir a la suya, a no ser a la hora de recogerse a
+dormir.</p>
+
+<p>El mi&eacute;rcoles, singularmente, el trabajo de Juana era atroz. Ella deb&iacute;a
+condicionar para toda aquella tropa la espl&eacute;ndida cena de vigilia.
+Habr&iacute;a potaje de garbanzos con espinacas; como principal plato de
+resistencia, bacalao en sobreh&uacute;sa; y como plato ligero o de chanza
+delicada, una exquisita alboron&iacute;a, que pudiese celebrar, si resucitase,
+el mismo famoso cocinero de Bagdad, que la invent&oacute;, d&aacute;ndole el nombre de
+la bella Albor&aacute;n, sultana favorita del califa Harun Al Raschid, h&eacute;roe de
+<i>Las mil y una noches</i>, princesa a quien dicho cocinero tuvo la honra de
+dedicarla.</p>
+
+<p>Claro est&aacute; que para postre no hab&iacute;an de faltar los ineludibles pesti&ntilde;os
+y que hab&iacute;a de abundar el vino para apagar la sed que causa la sal
+conservada en el bacalao, a pesar del remojo, y al picante de las mil
+ristras de guindillas y de cornetas que en tal d&iacute;a se consumen.</p>
+
+<p>Se esperaba, adem&aacute;s, que llegase a tiempo de M&aacute;laga mucho caz&oacute;n fresco,
+que Juana guisar&iacute;a y har&iacute;a servir a todos, o bien solamente a los
+ap&oacute;stoles, profetas y reyes, si no llegaba caz&oacute;n suficiente para el
+vulgo.</p>
+
+<p>Por &uacute;ltimo, Juana hab&iacute;a prometido hacer un plato de su invenci&oacute;n, con el
+que la gente menuda se chupa por all&iacute; los dedos de gusto; plato que
+tiene la singularidad de remedar, en cuanto cabe en lo humano, el
+milagro del pan y peces, pues con dos docenas de huevos y media hogaza
+para pan rallado se hartan cien hombres, gracias al sabroso ajilim&oacute;jili
+en que ella rehogaba las livianas tortillas despu&eacute;s de haberlas frito, y
+en cuyo caldo se remoja pan y se convierte en sopas, que se engullen con
+deleite. A este plato de su invenci&oacute;n Juana dio el nombre de
+<i>hartabellacos</i>.</p>
+
+<p>Promet&iacute;a la cena del mi&eacute;rcoles ser muy divertida, ameniz&aacute;ndola con sus
+chistes un criado muy gracioso que ten&iacute;a don Andr&eacute;s y que hac&iacute;a en todas
+las procesiones el papel de Longino, soldado fanfarr&oacute;n y galante antes
+de dar la sacr&iacute;lega lanzada y ciego despu&eacute;s, que persigue al lazarillo,
+el cual se le escapa y le hace en las procesiones mil burlas y
+perrer&iacute;as.</p><p><span class="pagenum"><a name="page145" id="page145"></a></span></p>
+
+<p>Lamentan algunas personas, pero yo no puedo menos de aplaudirlo en vez
+de lamentarlo, que el se&ntilde;or obispo haya prohibido desde hace mucho
+tiempo que salga en las procesiones otro personaje que sal&iacute;a antes, mil
+veces m&aacute;s c&oacute;mico que Longino. Era este personaje Jos&eacute;, el hijo de Jacob,
+porque, seg&uacute;n dec&iacute;a el vulgo, no era ni fu ni fa. No era <i>ensabanado</i>,
+porque, como primer ministro y favorito que hab&iacute;a sido de Fara&oacute;n, no
+pod&iacute;a vestirse pobremente con s&aacute;banas. Y no era tampoco <i>encolchado</i>,
+porque iba s&oacute;lo con la t&uacute;nica y no llevaba colcha, o sea, manto o capa,
+a fin de indicar que la mujer de Putifar se hab&iacute;a quedado con ella. El
+que hac&iacute;a de Jos&eacute; sol&iacute;a ser el m&aacute;s chusco de los campesinos, que
+aparentaba asustarse al ver muchachas bonitas en los balcones, y ya se
+tapaba los ojos para no verlas, ya hu&iacute;a haciendo contorsiones y dando
+chillidos.</p>
+
+<p>Menester es confesar que hizo muy bien el se&ntilde;or obispo en prohibir la
+aparici&oacute;n de esta figura, dado que sea exacto lo que se cuenta y que no
+se exageren los melindres y chistes del fingido casto Jos&eacute;. Comoquiera
+que ello sea, el punto se puede pasar por alto, porque no es de los
+esenciales en esta historia.</p>
+
+<p>Lo esencial es que Juanita tuvo que pasarse sola y sin su madre casi los
+dos d&iacute;as enteros y tuvo que esperar hasta las diez de la noche del
+Mi&eacute;rcoles Santo para poder hablar a su madre con reposo.</p>
+
+<p>Por eso Juanita hab&iacute;a citado a don Paco en casa de ella para media hora
+despu&eacute;s, para las diez y media.</p>
+
+<p>Ahora me incumbe referir aqu&iacute;, sin m&aacute;s digresiones, los casos memorables
+en que intervino Juanita hasta que lleg&oacute; dicha hora.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXVIII" id="XXXVIII"></a>XXXVIII</h2>
+
+<p>Don Andr&eacute;s Rubio, en medio del jaleo y trastorno que hab&iacute;a en su casa,
+estaba tranquilo sin mezclarse en cosa alguna. Sus dependientes y
+criados, con la hacendos&iacute;sima Juana a la cabeza, cuidaban de todo y se
+esforzaban a porf&iacute;a para que saliese con el mayor lucimiento.</p>
+
+<p>Como la casa era tan espaciosa que a no ser por su sencilla rustiquez y
+carencia de adornos arquitect&oacute;nicos, pudiera pasar por palacio, don
+Andr&eacute;s, refugiado en sus habitaciones del piso principal, se sustra&iacute;a al
+bullicio, y, seg&uacute;n he indicado ya, estaba tranquilo.</p><p><span class="pagenum"><a name="page146" id="page146"></a></span></p>
+
+<p>Enci&eacute;ndase, con todo, que esta tranquilidad no era mental, sino
+corp&oacute;rea. Mentalmente el cacique estaba agitad&iacute;simo. Por medio del
+maestro de escuela, a quien hab&iacute;a hecho venir y con quien hab&iacute;a hablado,
+sab&iacute;a ya cuanto el maestro de escuela sab&iacute;a.</p>
+
+<p>Don Pascual, creyendo hacer un bien a sus amigos, hab&iacute;a revelado a don
+Andr&eacute;s los celos y la desesperaci&oacute;n de don Paco, causa de su fuga; lo
+que a don Paco hab&iacute;a ocurrido en sus dos d&iacute;as de campo; el amor de
+Juanita, tan enamorada de &eacute;l como &eacute;l de ella, y el sentimentalismo de
+Juanita en favor de Anto&ntilde;uelo y su deseo vehemente de salvarle hallando
+los ocho mil reales para tapar la boca del tendero murciano.</p>
+
+<p>Hasta aqu&iacute; sab&iacute;a don Pascual, y hasta aqu&iacute; supo don Andr&eacute;s, sin llegar a
+saber lo del pagar&eacute; ni la visita de Juanita a don Paco, que fueron
+sucesos posteriores y que don Pascual ignoraba. Don Andr&eacute;s, por
+experiencia propia, no era muy inclinado a creer en la virtud de las
+mujeres. No ten&iacute;a tampoco motivo alguno para hacer de Juanita una
+excepci&oacute;n honrosa. Al contrario, la juzgaba desenvuelta, provocativa y
+educada en plena libertad por una madre ordinaria e ignorante, de la
+clase m&aacute;s baja de la sociedad y antigua pecadora m&aacute;s o menos
+arrepentida.</p>
+
+<p>Como hombre a quien la elevada posici&oacute;n no ven&iacute;a de abolengo, porque su
+padre y &eacute;l se hab&iacute;an levantado por saber y esfuerzos sobre la plebe a
+que pertenec&iacute;an, don Andr&eacute;s, sin poderlo remediar, y m&aacute;s bien a causa
+que a pesar de su entendimiento, ten&iacute;a peor opini&oacute;n de la gente menuda
+que aquellos que desde tiempo inmemorial o despu&eacute;s de una larga serie de
+antepasados ilustres descuellan entre el vulgo. Suelen estos atribuir la
+superioridad que tienen y el acatamiento que se les da a circunstancias
+dichosas: a haber nacido donde han nacido; a una ficci&oacute;n social y legal
+de que en lo &iacute;ntimo de su alma no pueden jactarse. De aqu&iacute; que sean
+modestos en el fondo y que por naturaleza consideren igual o superior a
+ellos a la m&aacute;s &iacute;nfima y cuitada criatura humana. Por el contrario, don
+Andr&eacute;s, como no pocas otras personas que por ellas mismas se encumbran,
+se sent&iacute;a muy superior a cuantos pr&oacute;jimos le rodeaban. Y como &eacute;l era,
+adem&aacute;s, inteligente escrutador del valer propio, y se encontraba, aunque
+apenas osaba confes&aacute;rselo, con no pocos defectos o vicios, no pod&iacute;a
+menos de atribuir o de conceder much&iacute;simos m&aacute;s a cuantas personas miraba
+en torno de &eacute;l, domin&aacute;ndolas y humill&aacute;ndolas.</p>
+
+<p>As&iacute; predispuesto y vali&eacute;ndose de los datos que ya ten&iacute;a, traz&oacute; <span class="pagenum"><a name="page147" id="page147"></a></span>don
+Andr&eacute;s en su mente el car&aacute;cter de Juanita y compuso a su manera la
+historia de la muchacha.</p>
+
+<p>Para explicarse el empe&ntilde;o que ella formaba en salvar al hijo del
+herrador, dio por cierto que hab&iacute;a sido muy prematuramente su amiga. Y
+en el amor de Juanita a don Paco no vio m&aacute;s que el plan de casarse con
+el hombre m&aacute;s importante que despu&eacute;s de &eacute;l hab&iacute;a en la villa.</p>
+
+<p>Ambos planes repugnaban extraordinariamente al cacique. Querer salvar a
+Anto&ntilde;uelo, aunque Anto&ntilde;uelo fuese su pariente m&aacute;s o menos lejano, le
+parec&iacute;a detestable y absurda aberraci&oacute;n. Lo que conven&iacute;a era la
+condenaci&oacute;n de Anto&ntilde;uelo para escarmiento de otros p&iacute;caros y para
+seguridad y descanso de las personas pac&iacute;ficas y honradas. Don Andr&eacute;s
+hab&iacute;a censurado siempre la compasi&oacute;n malsana que los criminales suelen
+inspirar en nuestro pa&iacute;s y hab&iacute;a apludido la impaciente severidad con
+que los yanquis linchan sin escr&uacute;pulo a quien la justicia anda reacia en
+dar el merecido castigo.</p>
+
+<p>El casamiento de don Paco con Juanita le parec&iacute;a a&uacute;n mayor
+monstruosidad. Acaso en un principio Juanita gustar&iacute;a de don Paco, pero
+pronto sentir&iacute;a la desproporci&oacute;n de edad, porque la de don Paco era
+triple que la de ella, de suerte que don Andr&eacute;s preve&iacute;a y deploraba
+prof&eacute;ticamente que Juanita acabar&iacute;a por poner en rid&iacute;culo al ilustre
+secretario del Ayuntamiento y por hacerle muy desgraciado. Por otra
+parte, don Andr&eacute;s temblaba al pensar en el furor de do&ntilde;a In&eacute;s cuando
+descubriese que Juanita, con su hipocres&iacute;a y sus embustes, la hab&iacute;a
+estado enga&ntilde;ando, y que en vez de meterse monja se casaba con don Paco,
+y daba por madrastra a ella, enlazada ya con la familia m&aacute;s noble de
+toda aquella comarca despu&eacute;s de la familia del duque, a la hija
+ileg&iacute;tima de una mondonguera.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s, si tal cosa se realizase, ser&iacute;a capaz de tener un ataque de
+rabia o de estallar como una bomba.</p>
+
+<p>Calculaba don Andr&eacute;s que &eacute;l pod&iacute;a prestar dos muy importantes servicios:
+uno, a do&ntilde;a In&eacute;s, impidiendo que su padre la avergonzase cas&aacute;ndose con
+una muchacha de tan ruin y humilde clase, y otro a don Paco, abri&eacute;ndole
+los ojos, para que al fin comprendiese que Juanita no le quer&iacute;a sino por
+inter&eacute;s, y que &eacute;l no deb&iacute;a casarse con ella por ser indigna de su
+cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>El desenga&ntilde;o ser&iacute;a cruel para don Paco; pero don Andr&eacute;s se disculpaba la
+crueldad recordando aquello de &laquo;quien bien te quiere te har&aacute; llorar&raquo; y
+lo otro de &laquo;la letra con sangre entra&raquo;.</p>
+
+<p>Al prestar estos dos servicios no se le ocultaba a don Andr&eacute;s lo mucho
+que &eacute;l se expon&iacute;a. Se expon&iacute;a, por una parte, a que do&ntilde;a<span class="pagenum"><a name="page148" id="page148"></a></span> In&eacute;s llegase a
+saber que &eacute;l quer&iacute;a seducir o hab&iacute;a seducido a Juanita, lo cual
+enfurecer&iacute;a a do&ntilde;a In&eacute;s por dos razones: porque contrariaba sus planes
+m&iacute;sticos de que Juanita fuese monja y porque desluc&iacute;a o manchaba el
+amor, sin duda plat&oacute;nico, con que el propio don Andr&eacute;s la estaba, hac&iacute;a
+m&aacute;s de siete a&ntilde;os, complaciendo, tal vez poetiz&aacute;ndole la vida y
+consol&aacute;ndola de tener un marido tan perdulario. Y se expon&iacute;a, adem&aacute;s, a
+que don Paco no quisiese aguantar la lecci&oacute;n, prescindiese de todos los
+favores que le deb&iacute;a y le buscase camorra.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s no se arredraba ante la previsi&oacute;n de un duelo. Manejaba bien
+la espada y la pistola, y don Paco no sab&iacute;a de esgrima y jam&aacute;s hab&iacute;a
+tomado una pistola en la mano; pero bien pod&iacute;a don Paco, como lugare&ntilde;o
+que era y nada acostumbrado a perfiles y a ceremonias, perder un d&iacute;a la
+cabeza y romp&eacute;rsela a &eacute;l, porque ten&iacute;a la mano pesada y manejaba bien el
+garrote, de lo cual, aunque pac&iacute;fico, hab&iacute;a dado ya diversas pruebas,
+adem&aacute;s de la que sali&oacute; tan cara a Anto&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>La primera vez huy&oacute; don Paco porque se juzgaba desde&ntilde;ado de Juanita y
+razonablemente no pod&iacute;a darse por ofendido ni de que ella favoreciese a
+otro, ni tampoco del amante favorecido.</p>
+
+<p>El caso era muy diferente; don Andr&eacute;s, aunque no lo sab&iacute;a, sospechaba
+que Juanita y don Paco se ver&iacute;an o se habr&iacute;an visto y estar&iacute;an de
+acuerdo. Cualquier favor, por consiguiente, que a &eacute;l hiciera Juanita
+ser&iacute;a una infidelidad de esta, y para don Paco un agravio, que
+probablemente no se resignar&iacute;a a sufrir y del que resolver&iacute;a tomar
+venganza.</p>
+
+<p>A pesar de tales inconvenientes, don Andr&eacute;s no se arredraba. Se sent&iacute;a
+picado de que a &eacute;l, omnipotente en Villalegre, se le desde&ntilde;ase de aquel
+modo. El mismo desd&eacute;n estimulaba m&aacute;s su deseo. Hasta por amor propio
+quer&iacute;a a toda costa triunfar de Juanita. Ardua era la empresa, pero &eacute;l
+no se la figuraba tan ardua. Juanita hab&iacute;a coqueteado con &eacute;l y le hab&iacute;a
+provocado. Era cierto que, cuando la bes&oacute; en la antesala, ella le
+rechaz&oacute; con furia; pero &iquest;no fue, acaso, furia fingida porque entr&oacute; don
+Paco y le vio entrar ella? Don Andr&eacute;s dio por seguro que fue furia
+fingida.</p>
+
+<p>&laquo;Ya veremos&mdash;dec&iacute;a para s&iacute;&mdash;si me rechaza donde y cuando est&eacute; ella
+segura de que no entrar&aacute; don Paco a interrumpirnos.&raquo;</p>
+
+<p>A pesar de su moment&aacute;nea rivalidad, don Andr&eacute;s quer&iacute;a de coraz&oacute;n a don
+Paco, reconoc&iacute;a todo su m&eacute;rito, apreciaba todos sus servicios y distaba
+mucho de querer hacerle el menor da&ntilde;o. Lejos <span class="pagenum"><a name="page149" id="page149"></a></span>de eso, lo que anhelaba
+era desenga&ntilde;arle en saz&oacute;n y oponerse a su absurda boda.</p>
+
+<p>De todos modos, a fin de precaverle contra el peligro de que don Paco no
+gustase de ser desenga&ntilde;ado, y de que en un instante de celosa locura
+llegase al extremo de apelar al garrote, don Andr&eacute;s, que de ordinario no
+llevaba armas, tom&oacute; un peque&ntilde;o rev&oacute;lver de seis tiros y se lo guard&oacute; en
+la faltriquera.</p>
+
+<p>Antes de salir de casa, a eso de las diez de la ma&ntilde;ana, habl&oacute; don Andr&eacute;s
+con el criado de mayor confianza y m&aacute;s listo que ten&iacute;a. Era su
+secretario, su ayuda de c&aacute;mara, su confidente favorito y al mismo tiempo
+su buf&oacute;n, porque ten&iacute;a mucho chiste: baste decir que hac&iacute;a de Longino en
+las procesiones.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s, recomend&aacute;ndole el m&aacute;s profundo sigilo y la mayor cautela,
+hubo de hablarle as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Deseo y necesito tener una entrevista a solas con cierta persona, que
+de seguro no querr&aacute; venir a mi casa, al menos la vez primera, aunque
+despu&eacute;s aprenda el camino y venga con gusto. Posible es tambi&eacute;n que
+dicha persona se niegue a recibirme si yo directamente, o vali&eacute;ndome de
+ti, pido a ella que me reciba. Importa, pues, que t&uacute; te dirijas a la
+criada de dicha persona y ganes su voluntad, con presentes o comoquiera
+que sea, para que ella hable con su ama y la convenza y la incline a
+darme la cita. Quiero que esto sea en todo el d&iacute;a de hoy o en el de
+ma&ntilde;ana, hasta las nueve de la noche. Durante este tiempo la ocasi&oacute;n es
+propicia y conviene no perderla. Acaso ocurra que la persona que yo
+pretendo me cite no se preste a confesar que accede a la cita y gusta de
+aparentar que yo, por traici&oacute;n de su criada, entro, a pesar suyo, en su
+casa y la sorprendo. Para que nadie se entere, porque no quiero
+disgustar ni ofender a nadie, debe ser la cita, y debo ir yo a ella,
+despu&eacute;s de anochecido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n es la persona que ha de citar a vuecencia y que gasta tanto
+melindre?&mdash;se atrevi&oacute; a preguntar Longino.</p>
+
+<p>&mdash;Pues la persona&mdash;contest&oacute; don Andr&eacute;s bajando m&aacute;s la voz&mdash;es Juanita la
+Larga.</p>
+
+<p>Muy sorprendido se mostr&oacute; Longino al o&iacute;r esto, lo cual agrad&oacute; sobre
+manera a don Andr&eacute;s, porque era prueba evidente del misterio y del
+disimulo con que &eacute;l hasta entonces hab&iacute;a perseguido a la muchacha.
+Cuando Longino no hab&iacute;a sospechado lo m&aacute;s leve, era indudable que nadie
+en el lugar lo sospechaba, y que el secreto hasta entonces se hab&iacute;a
+guardado entre don Paco, &eacute;l y ella.</p>
+
+<p>Muy satisfecho Longino del encargo delicad&iacute;simo que su se&ntilde;or <span class="pagenum"><a name="page150" id="page150"></a></span>acababa de
+confiarle, prometi&oacute; hacer prodigios de destreza para que nada se
+divulgase y para que todo se lograse. Inform&oacute;, adem&aacute;s, a su amo de que
+Rafaela, la criada de ambas Juanas, a quien &eacute;l conoc&iacute;a, era muy callada,
+muy lista y muy experimentada, porque frisaba ya en los cincuenta a&ntilde;os y
+la hab&iacute;a corrido en su mocedad, y si bien la Fortuna siempre le hab&iacute;a
+sido adversa, ella sab&iacute;a d&oacute;nde le apretaba el zapato.</p>
+
+<p>&mdash;Otro gallo le cantara&mdash;dijo Longino&mdash;y no estar&iacute;a de fregona si la
+Fortuna no fuese tan caprichosa y tan ciega.</p>
+
+<p>Terminado este coloquio, todav&iacute;a antes de salir de casa tuvo don Andr&eacute;s
+otra conversaci&oacute;n interesante.</p>
+
+<p>Quien habl&oacute; con &eacute;l fue una mujer que entraba a verle con frecuencia y
+que le tra&iacute;a y llevaba recados de la se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s L&oacute;pez de Roldán,
+sin duda para los negocios y obras de caridad que ellos trataban y
+hac&iacute;an juntos.</p>
+
+<p>La interlocutora de don Andr&eacute;s, ya comprender&aacute; el lector que fue
+Serafina.</p>
+
+<p>Ven&iacute;a a decirle que su ama quer&iacute;a hablar con &eacute;l y que le rogaba que
+fuese a su casa a la hora de la siesta.</p>
+
+<p>Tan preocupado estaba don Andr&eacute;s que, por m&aacute;s que el menor deseo de do&ntilde;a
+In&eacute;s fuese para &eacute;l soberano mandato, se excus&oacute; de ir por la multitud de
+quehaceres que le agobiaban y s&oacute;lo prometi&oacute; ir a la tertulia por la
+noche.</p>
+
+<p>Para que do&ntilde;a In&eacute;s se entretuviese en su soledad o en compa&ntilde;&iacute;a de
+Juanita la Larga, dio don Andr&eacute;s a Serafina dos bell&iacute;simos libros
+devotos que acababan de reimprimirse en Madrid, y que el librero Fe le
+enviaba, sabedor de las inclinaciones asc&eacute;ticas y m&iacute;sticas de la se&ntilde;ora
+principal de Villalegre. Eran estos dos libros <i>Tratado de la
+tribulaci&oacute;n</i>, de fray Pedro de Ribadeneyra, y <i>La conquista del reino de
+Dios</i>, de fray Juan de los Angeles.</p>
+
+<p>Serafina dio a entender a don Andr&eacute;s que su ama ten&iacute;a grand&iacute;sima
+curiosidad de saber qui&eacute;n hab&iacute;a apaleado a Anto&ntilde;uelo y por qu&eacute; motivo. Y
+juzgando don Andr&eacute;s que la verdad era el mejor disimulo en este caso,
+cont&oacute; a Serafina, para que se lo refiriese a su ama, que don Paco,
+despu&eacute;s de haber vagado por extravagancia y capricho, descubri&oacute; el
+secuestro del tendero murciano, y que para libertarle, y aun para
+defender la propia vida, tuvo que apalear al hijo del herrador, sin
+conocerle hasta despu&eacute;s, porque llevaba car&aacute;tula. Todo se explicaba as&iacute;
+con la misma verdad, y don Andr&eacute;s alejaba de la mente de do&ntilde;a In&eacute;s hasta
+la menor sospecha.</p>
+
+<hr /><p><span class="pagenum"><a name="page151" id="page151"></a></span></p>
+<h2><a name="XXXIX" id="XXXIX"></a>XXXIX</h2>
+
+<p>Juanita, despu&eacute;s de haber declarado su amor a don Paco y despu&eacute;s de
+tener por seguro que no procesar&iacute;an a Anto&ntilde;uelo, se puso tan contenta y
+se aquiet&oacute; de tal suerte, que desisti&oacute; de todo prop&oacute;sito de venganza
+contra do&ntilde;a In&eacute;s, a pesar de lo mucho que do&ntilde;a In&eacute;s la hab&iacute;a molido. Se
+arrepinti&oacute; tambi&eacute;n de su prolongado disimulo y se propuso, sin
+retardarlo ya m&aacute;s que hasta el d&iacute;a siguiente, mi&eacute;rcoles, entre diez y
+once de la noche, hacer p&uacute;blico su noviazgo y su futuro casamiento con
+don Paco.</p>
+
+<p>Hasta entonces ten&iacute;a ella una vaga esperanza de poder preparar el &aacute;nimo
+de do&ntilde;a In&eacute;s, a fin de evitar su enojo; pero si esto no se lograba,
+Juanita estaba decidida, contando con la decisi&oacute;n de don Paco, a
+arrostrar el enojo de do&ntilde;a In&eacute;s y el de todo el mundo y a hacer su gusto
+cas&aacute;ndose, aunque ella, su futuro y su madre tuvieran que abandonar por
+insufrible el pueblo de Villalegre, perdiendo la posici&oacute;n que en &eacute;l
+gozaban.</p>
+
+<p>A Juana la hab&iacute;a visto un breve instante; pero confiaba tan poco en su
+circunspecci&oacute;n y en la serenidad de su juicio, que no se atrevi&oacute; a
+decirle nada ni a informarla de sus proyectos de repente y sin pre&aacute;mbulo
+alguno. Aguard&oacute;, pues, hasta el d&iacute;a siguiente, cuando su madre volviese
+ya de casa de don Andr&eacute;s despu&eacute;s de concluido su trabajo, a la hora en
+que hab&iacute;a citado a don Paco, para que &eacute;l tambi&eacute;n hablase a su madre y
+los tres se pusiesen de acuerdo.</p>
+
+<p>Entre tanto, Juanita crey&oacute; prudente y decoroso no ver a don Paco, y
+violent&aacute;ndose, le impuso la condici&oacute;n de que no la buscase ni tratase de
+verla. Juanita ten&iacute;a tantos negocios que arreglar y tantas cosas en que
+pensar y que hacer, que no quer&iacute;a que por lo pronto la distrajesen de
+ello sus amores. Era Juanita devot&iacute;sima de la Virgen de la Soledad, y
+subi&oacute; a la iglesia que est&aacute; cerca del castillo y donde se venera su
+imagen a darle gracias por los beneficios ya recibidos y a rogarle
+fervorosamente para que le fortaleciese en sus prop&oacute;sitos, que ella
+cre&iacute;a santos y buenos.</p>
+
+<p>Casi toda la gente estaba en la parte baja y llana de la villa. La parte
+alta, donde est&aacute; el castillo y la antigua iglesia, se hallaba aquel d&iacute;a
+muy solitaria.</p>
+
+<p>Juanita or&oacute; largo rato en el templo, casi desierto. Al salir de &eacute;l tuvo
+la desagradable sorpresa de encontrarse con don Andr&eacute;s, <span class="pagenum"><a name="page152" id="page152"></a></span>que la hab&iacute;a
+espiado, que la hab&iacute;a visto subir, que la hab&iacute;a seguido, y que la
+aguardaba a la puerta.</p>
+
+<p>Grandes fueron la desaz&oacute;n y el sobresalto de la muchacha. Aunque ella
+cre&iacute;a haber disipado todos los celos de don Paco y haberle inspirado
+confianza bastante para que no la vigilara, todav&iacute;a temi&oacute; que don Paco,
+o la viese en compa&ntilde;&iacute;a de don Andr&eacute;s o supiese por alguien que iba en su
+compa&ntilde;&iacute;a, y aunque contra ella no formase queja, acabase por ofenderse
+de la obstinaci&oacute;n con que don Andr&eacute;s la persegu&iacute;a y rompiese con &eacute;l de
+una manera estruendosa.</p>
+
+<p>Su desaz&oacute;n y sus temores se acrecentaron al ver que don Andr&eacute;s se acerc&oacute;
+a ella; la acompa&ntilde;&oacute; mientras bajaba la cuesta, la requebr&oacute; con m&aacute;s
+fervor que respeto, le record&oacute; los besos de la antesala y le hizo las
+m&aacute;s atrevidas proposiciones. Como don Andr&eacute;s ignoraba el concierto de
+Juanita con el tendero murciano, venci&oacute; su repugnancia a dejar impunes
+ciertos delitos, y entre otras ofertas, hizo a Juanita la de dar los
+ocho mil reales para que no fuese acusado Anto&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya no necesito el dinero, se&ntilde;or don Andr&eacute;s&mdash;dijo Juanita&mdash;. Don Ram&oacute;n
+ha recuperado lo que se le deb&iacute;a y ha prometido callarse. Ahora yo
+suplico a vuecencia que me deje y no me persiga, y que no me ofenda
+proponi&eacute;ndome lo que no puede ser. Y si vuecencia no se retrae de
+seguirme por m&iacute; respeto, porque yo se lo suplico con humildad,
+retr&aacute;igase por el temor de ofender a personas que le son queridas.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no temo que esas personas se ofendan.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo s&iacute; lo temo. Temo que se ofenda mi se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s, a quien
+bien quiero y a quien debo mil favores. Y temo m&aacute;s a&uacute;n que se ofenda don
+Paco, quien..., fuera disimulo, ya es tiempo de que lo sepa vuecencia si
+no lo sabe..., es mi novio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo&mdash;dijo don Andr&eacute;s&mdash;recelas t&uacute; que don Paco se escape otra vez y
+se vaya a vagar por esos andurriales?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho me pesar&iacute;a&mdash;replic&oacute; Juanita&mdash;de que hiciese tal cosa; pero en
+esta nueva ocasi&oacute;n no ser&iacute;a eso lo que &eacute;l har&iacute;a, sino algo que yo
+lamentar&iacute;a mil veces m&aacute;s. Yo quiero que &eacute;l y vuecencia, a quien debe &eacute;l
+tantos favores, sigan siendo buenos amigos. Para ello es indispensable
+que se reporte vuecencia y no me falte.</p>
+
+<p>&mdash;Al contrario&mdash;dijo don Andr&eacute;s sonriendo con sonrisa algo forzada&mdash;.
+Quien me falta eres t&uacute;. Dame una cita para verte en tu casa a solas y ya
+ver&aacute;s c&oacute;mo no te falto. Todo ser&aacute; con recato y sigilo. Nada sabr&aacute;n ni
+don Paco ni do&ntilde;a In&eacute;s, y no tendr&aacute;n de qu&eacute; quejarse ni de ti ni de m&iacute;.</p><p><span class="pagenum"><a name="page153" id="page153"></a></span></p>
+
+<p>Llegaban en esto a la plaza, despu&eacute;s de haber bajado la cuesta. Juanita,
+sin hacer atenci&oacute;n a las &uacute;ltimas palabras de don Andr&eacute;s, y temerosa de
+que la vieran con &eacute;l, porque all&iacute; hab&iacute;a mucha gente, exclam&oacute; con cierta
+angustia:</p>
+
+<p>&mdash;Por amor de Dios, se&ntilde;or don Andr&eacute;s, d&eacute;jeme vuecencia en paz y no se
+comprometa ni me comprometa.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s conoci&oacute; sin duda que ten&iacute;a raz&oacute;n la muchacha; cedi&oacute; a su
+s&uacute;plica y se apart&oacute; de ella. Juanita volvi&oacute; sola a su casa,
+afligid&iacute;sima, descorazonada y humillada al ver cuan poco respeto
+infund&iacute;a.</p>
+
+<p>Era mayor su humillaci&oacute;n al considerar que en aquellos dos d&iacute;as &uacute;ltimos
+hasta el idiota de don Alvaro, a pesar de los sofiones de que hab&iacute;a sido
+objeto, hab&iacute;a vuelto a las andadas, mostr&aacute;ndose con ella insolente y
+atrevido.</p>
+
+<p>Luego que entr&oacute; Juanita en su cuarto, cerr&oacute; los pu&ntilde;os con c&oacute;lera, se
+ech&oacute; boca abajo en la cama y solloz&oacute; con; amargura.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XL" id="XL"></a>XL</h2>
+
+<p>Era do&ntilde;a In&eacute;s L&oacute;pez de Roldán personaje de car&aacute;cter tan enrevesado y
+complejo, que a menudo me arrepiento de haberla sacado a relucir como
+una de las dos hero&iacute;nas de esta historia, porque hallo dif&iacute;cil
+describirla bien y transmitir a mis lectores concepto igual al que tengo
+formado de ella, investigando y dilucidando con claridad el m&oacute;vil de sus
+pasiones y de sus actos.</p>
+
+<p>Ella misma, como era reflexiva y pensadora, y como en sus ratos de ocio,
+que no eran pocos, hab&iacute;a le&iacute;do y aprendido bastante, se afanaba por
+lograr el propio conocimiento y lo encontraba harto oscuro.</p>
+
+<p>Las doctrinas de esto que llaman teosof&iacute;a, nov&iacute;sima en Europa, aunque
+antiqu&iacute;simas en la India, no hab&iacute;an aportado a&uacute;n por Villalegre, y do&ntilde;a
+In&eacute;s no pod&iacute;a, fund&aacute;ndose en ellas, suponer que su ser &iacute;ntimo constaba
+de siete diversos principios; pero do&ntilde;a In&eacute;s sab&iacute;a que Plat&oacute;n daba, poco
+m&aacute;s o menos, tres almas a todo ser humano. Haci&eacute;ndose, pues, plat&oacute;nica,
+se puso a sospechar que ella ten&iacute;a tres almas.</p>
+
+<p>Confirm&oacute; sus sospechas y casi las convirti&oacute; en certidumbre el ver que,
+lejos de tener algo de m&eacute;rito aquel pensamiento, concordaba en cierto
+modo con la m&aacute;s sana y cat&oacute;lica filosof&iacute;a.</p>
+
+<p>Uno de los libros que con frecuencia y gusto le&iacute;a do&ntilde;a In&eacute;s <span class="pagenum"><a name="page154" id="page154"></a></span>era el que
+escribi&oacute; el iluminado y ext&aacute;tico var&oacute;n fray Miguel de la Fuente acerca
+de <i>Las tres vidas del hombre</i>. De aqu&iacute; que no titubease do&ntilde;a In&eacute;s en
+compaginar que ten&iacute;a tres vidas. Yo tambi&eacute;n lo imagino, y casi me atrevo
+a darlo por seguro. S&oacute;lo de esta suerte atino a entrever el tenebroso
+enigma de su figura moral y de su extra&ntilde;a condici&oacute;n y naturaleza.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a en do&ntilde;a In&eacute;s tres energ&iacute;as o poderes distintos, escalonados y
+sobrepuestos, ora de acuerdo los tres, ora independientes y en guerra,
+aunque formando, durante esta vida mortal, la unidad inseparable de su
+singular individuo.</p>
+
+<p>Para cada uno de estos poderes se hab&iacute;a buscado do&ntilde;a In&eacute;s un ministro, o
+si se quiere, una ministra. Para su alma sensual, que entend&iacute;a y se
+empleaba en las cosas y negocios corp&oacute;reos y vulgares, ten&iacute;a a Crispina,
+que la pon&iacute;a al corriente de todos los sucesos del lugar sin elevaci&oacute;n
+ni trascendencia. Para su alma sentimental, concupiscible, irascible y
+discursiva; para su facultad y aptitud de aborrecer, amar y calcular,
+sobre todo en relaci&oacute;n con lo temporal visible, ten&iacute;a a la discreta
+criada Serafina. Y para el alma pura o &aacute;pice del alma para la suprema
+porci&oacute;n de entendimiento y del afecto, porci&oacute;n toda espiritual y divina,
+simple inteligencia o mente, hab&iacute;a estado do&ntilde;a In&eacute;s sin ministra durante
+largos a&ntilde;os, hasta que por &uacute;ltimo la hab&iacute;a hallado o la hab&iacute;a cre&iacute;do
+hallar en Juanita la Larga, a quien tan injustamente despreci&oacute; y odi&oacute; de
+o&iacute;das y al verla por vez primera.</p>
+
+<p>Fue como perla que se descubre en un muladar y que se estima m&aacute;s cuando
+el que la descubre se persuade de que es fina. Fue flor como hallada en
+tierra inculta, fuera de la cerca del huerto que se cultiva, por eso
+mismo sorprende y enamora m&aacute;s, cel&aacute;ndola quien la posee por el temor de
+que la huelle y pisotee a su paso alg&uacute;n animal inmundo.</p>
+
+<p>As&iacute; se comprende, en mi sentir, el amor y celoso cuidado con que do&ntilde;a
+In&eacute;s miraba a Juanita, que era ya para ella lo m&aacute;s ideal de cuanto pod&iacute;a
+concebir en lo humano.</p>
+
+<p>Tal vez do&ntilde;a In&eacute;s reconoc&iacute;a con dolor que su propia alma suprema se
+hab&iacute;a inficionado e impurificado un tanto por culpa de circunstancias
+exteriores que hab&iacute;an hecho prevalecer y triunfar en varios puntos las
+otras dos almas, inferior y media. Y a fin de que no se le inficionase
+tambi&eacute;n el alma pura y superior de la amiga y ministra que hab&iacute;a
+encontrado y que era su regalo y consuelo, quer&iacute;a do&ntilde;a In&eacute;s que Juanita
+fuese monja, o sea, transplantar la flor del campo abierto y sin defensa
+al huerto cerrado y defendido; pero <span class="pagenum"><a name="page155" id="page155"></a></span>como al propio tiempo se complac&iacute;a
+y deleitaba con tener a Juanita cerca de s&iacute;, vacilaba a&uacute;n y retardaba el
+d&iacute;a en, que pensaba obligar a Juanita a retirarse al claustro.</p>
+
+<p>En el momento presente de nuestra historia prevalec&iacute;a en do&ntilde;a In&eacute;s el
+empe&ntilde;o de empujar a Juanita hacia el monj&iacute;o. Preve&iacute;a para ella peligros
+inminentes y ansiaba salvarla, aun a costa de privarse de su agradable
+presencia y de su dulce trato.</p>
+
+<p>Se comprender&aacute; qu&eacute; clase de peligros tem&iacute;a la se&ntilde;ora de Roldán si
+echamos una ligera ojeada retrospectiva y ponemos al lector en
+antecedentes.</p>
+
+<p>Dios me libre de ser calumniador y de pecar de malicioso. Quiz&aacute; fuesen
+ponzo&ntilde;osas hablillas de la malvada lengua del boticario, a lo que
+parece, ac&eacute;rrimo enemigo de Serafina.</p>
+
+<p>Serafina, que era tambi&eacute;n burlona y maldiciente, murmuraba, y haciendo
+mucha befa hab&iacute;a referido por todas partes que la hija menor del
+escribano, de cuya mala salud y ruin catadura se ha dado ya cuenta,
+estaba prendada del boticario y le deseaba como marido, aunque s&oacute;lo
+fuese para no ser menos que su hermana mayor, do&ntilde;a Nicolasa, la cual iba
+pronto a casarse con Pepito, el hijo del albardonero, famoso doctor en
+leyes. S&oacute;lo se aguardaba para celebrar la boda que el diputado sacase al
+novio un empleo de diez o doce mil reales que le hab&iacute;an pedido hac&iacute;a m&aacute;s
+de un a&ntilde;o. Do&ntilde;a Nicolasita estaba m&aacute;s impaciente que nadie; echaba mil
+maldiciones al diputado, dec&iacute;a que no serv&iacute;a de nada y conspiraba para
+que en las pr&oacute;ximas elecciones eligiesen a otro que sacase empleos con
+m&aacute;s facilidad y prontitud.</p>
+
+<p>Entre tanto, o de veras o fingi&eacute;ndolo, hab&iacute;a enfermado su hermana menor,
+y el boticario, que con permiso del m&eacute;dico visitaba tambi&eacute;n y ten&iacute;a
+bastantes igualas, era quien asist&iacute;a a la enfermita, y ten&iacute;a que
+visitarla dos veces al d&iacute;a o por lo menos de diario.</p>
+
+<p>Don Policarpo no se daba por entendido de la verdadera enfermedad y
+distaba mucho de querer aplicarle el conveniente remedio.</p>
+
+<p>La iguala que ten&iacute;a con el escribano era de las m&aacute;s cuantiosas del
+lugar: cada a&ntilde;o cincuenta reales. Esto, no obstante, le parec&iacute;a muy poco
+para pagar tanta visita, por lo cual, seg&uacute;n Serafina, el boticario
+buscaba compensaci&oacute;n recetando mucho y obligando al escribano a gastar
+su dinero en potingues de los que &eacute;l elaboraba en su casa.</p>
+
+<p>Yo me inclino a presumir que, ofendido el boticario por las burlas de
+Serafina sobre el mencionado negocio, divulg&oacute; contra <span class="pagenum"><a name="page156" id="page156"></a></span>ella lo que voy a
+contar como me lo han contado, sin responder de que sea verdad,
+exageraci&oacute;n o mentira.</p>
+
+<p>A lo que parece, don Alvaro Roldán, que andaba antes extraviad&iacute;simo,
+lejos de su casa, muy a menudo en otras poblaciones entregado a mil
+liviandades y francachelas y gast&aacute;ndose los dineros con doncellitas
+andantes que hospedaba en sus caser&iacute;as, se hab&iacute;a vuelto sedentario,
+casero, morigerado y mucho m&aacute;s econ&oacute;mico. El p&iacute;caro del boticario
+colgaba a Serafina el milagro de esta conversi&oacute;n, y aun se atrev&iacute;a a
+sostener que la se&ntilde;ora do&ntilde;a In&eacute;s hac&iacute;a la vista gorda y no se percataba
+de tal milagro, cuya comodidad y baratura no pod&iacute;a menos de celebrar en
+el fondo del alma.</p>
+
+<p>Como quiera que fuese, la verdad es que Serafina, que jam&aacute;s not&oacute; que don
+Andr&eacute;s persiguiese a Juanita, aunque si lo hubiera notado no lo hubiera
+dicho, porque no le conven&iacute;a decirlo, not&oacute; muy bien los atrevimientos de
+don Alvaro y sus persecuciones a Juanita, y enojada y temerosa de una
+usurpaci&oacute;n de atribuciones, acudi&oacute; a do&ntilde;a In&eacute;s con el soplo.</p>
+
+<p>Al principio no dio do&ntilde;a In&eacute;s grande importancia a la acusaci&oacute;n; pero en
+aquellos &uacute;ltimos d&iacute;as la renov&oacute; Serafina con tal vehemencia e
+insistencia, que do&ntilde;a In&eacute;s se puso sobre ascuas.</p>
+
+<p>Se puso como se pondr&iacute;a apasionada jardinera si viese que un sapo u otro
+bicho feo y viscoso tratara de deshojar o marchitar la planta florida
+que m&aacute;s la deleitase.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s estaba furiosa contra el sapo y llena de miedo tambi&eacute;n de que,
+interviniendo el diablo, que todo lo a&ntilde;asca, pudiese conseguir el sapo
+su detestable prop&oacute;sito. La misma inocencia de Juanita y la libertad y
+el abandono en que viv&iacute;a, sin el arrimo y el consejo que suele prestar la
+prudencia de una madre, aumentaban el sobresalto de do&ntilde;a In&eacute;s. De aqu&iacute;
+que ahora estuviera impaciente por consumar su sacrificio de separarse
+de la muchacha envi&aacute;ndola a un convento cuanto antes mejor.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XLI" id="XLI"></a>XLI</h2>
+
+<p>De harto mal talante, y a fin de no faltar a la costumbre convertida ya
+en deber, Juanita acudi&oacute; a casa de do&ntilde;a In&eacute;s para las lecturas y
+coloquios que ambas ten&iacute;an a solas.</p>
+
+<p>Aquella tarde no hubo lectura, a pesar de los nuevos libros devotos que
+do&ntilde;a In&eacute;s hab&iacute;a recibido.</p>
+
+<p>La agitaci&oacute;n de la ilustre se&ntilde;ora no le consent&iacute;a leer ni tratar <span class="pagenum"><a name="page157" id="page157"></a></span>de
+nada que no estuviese en inmediata relaci&oacute;n con el punto o que no fuese
+el punto mismo que la tra&iacute;a tan inquieta y azarada.</p>
+
+<p>Lo que hizo do&ntilde;a In&eacute;s fue extremarse con Juanita en demostraciones de
+cari&ntilde;o. Ella misma se calific&oacute; de pastora y apellid&oacute; a Juanita inocente
+cordera, d&aacute;ndole a entender, casi con l&aacute;grimas y con entrecortados
+suspiros, el fundado temor que la aflig&iacute;a de verla entre las u&ntilde;as y los
+dientes del lobo. Persistiendo en su met&aacute;fora pastoril, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hija m&iacute;a; mi dolor ser&iacute;a inmenso si por imprevisi&oacute;n y descuido te
+dejase yo caer entre las garras de la infame bestia que anhela devorarte
+y viese el c&aacute;ndido vell&oacute;n de la cordera te&ntilde;ido en sangre y manchado con
+la impura baba del monstruo. Es menester que yo te defienda y te ponga
+en salvo. Por m&iacute; sola no puedo vigilarte. Lo que puedo hacer, y har&eacute;, es
+conducirte pronto al redil, donde ir&aacute;s d&oacute;cil y estar&aacute;s segura. No
+acierto a encarecer, ni t&uacute; acertar&aacute;s a figurarte cuan inmenso ser&aacute; mi
+sacrificio al separarme de ti, porque eres mi consuelo y mi encanto.
+Pero Dios quiere que nos separemos y tendr&eacute; que conformarme con su
+voluntad.</p>
+
+<p>Juanita, m&aacute;s sorprendida que asustada, abr&iacute;a mucho los ojos y no sab&iacute;a
+qu&eacute; responder ni qu&eacute; pensar de todo aquello. Segu&iacute;a silenciosa y s&oacute;lo
+dec&iacute;a para s&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; monstruo ser&aacute; este que, seg&uacute;n do&ntilde;a In&eacute;s, trata de devorarme?
+&iquest;Sabr&aacute; ella que don Andr&eacute;s me persigue y me solicita, y le llamar&aacute; por
+eso monstruo e infame bestia? Como quiera que ello sea, yo no me atrevo
+a&uacute;n a decirle que no me da la gana de ir al redil y que fuera de &eacute;l, y
+sin pastora ni nada, ya cuidar&eacute; que no me coma el lobo. Lo mejor, por lo
+pronto, es callarme y aguantar sus majader&iacute;as. El redil est&aacute; lejos a&uacute;n y
+ya tendr&eacute; ocasi&oacute;n de sublevarme, de arrancar el cayado de manos de la
+pastora y hasta de sacudirle con &eacute;l s&iacute; se obstina en guiarme y en
+disponer de m&iacute; a su antojo.&raquo;</p>
+
+<p>Con esta bien meditada resoluci&oacute;n, Juanita iba, sin embargo, agot&aacute;ndose.
+Bien podr&iacute;amos asegurar que a Juanita no le quedaba ya paciencia ni para
+veinticuatro horas. Mucho le dol&iacute;a no sacar al fin la menor ventaja de
+su sufrimiento y de su disimulo durante a&ntilde;o y medio, y tener que
+retroceder al estado de guerra y a la situaci&oacute;n en que despu&eacute;s del
+serm&oacute;n del padre Anselmo se hab&iacute;a colocado. Por esto determin&oacute; sufrir
+a&uacute;n y esperar hasta el siguiente d&iacute;a.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de despedirse de do&ntilde;a In&eacute;s a las siete de la noche para volver a
+su casa, Juanita se encontr&oacute; en la antesala con el <span class="pagenum"><a name="page158" id="page158"></a></span>se&ntilde;or don Alvaro, el
+cual vino hacia ella con suma galanter&iacute;a, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ingrata, cruel hechizo de mi vida, &iquest;por qu&eacute; eres tan tonta y tan
+terca? Qui&eacute;reme y am&aacute;nsate. No sabes lo que te pierdes con no quererme.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; he de perder yo, so peal?&mdash;contest&oacute; Juanita d&aacute;ndole un bufido,
+porque all&iacute; no hab&iacute;a la menor raz&oacute;n para que ella refrenase su c&oacute;lera.</p>
+
+<p>Baj&oacute; las escaleras, y antes de salir a la calle se encontr&oacute; en el zagu&aacute;n
+con don Andr&eacute;s, que estaba aguard&aacute;ndola en acecho y que intent&oacute;
+retenerla asiendo su cintura.</p>
+
+<p>Con ligereza se escap&oacute; Juanita sin que don Andr&eacute;s la tocara, y se puso
+en la calle de un brinco. Don Andr&eacute;s la sigui&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jeme en paz vuecencia&mdash;dijo ella&mdash;; no sea pesado, no sea
+imprudente. Mire que puede salirle mal este juego.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola, hola! &iquest;Te me vienes con amenazas?</p>
+
+<p>&mdash;No son amenazas, son advertencias amistosas, se&ntilde;or don Andr&eacute;s. Yo no
+pretendo asustarle, sino persuadirle de que tiene ya due&ntilde;o lo que
+vuecencia pretende poseer por un liviano capricho o por antojo de un
+momento.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero yo&mdash;replic&oacute; don Andr&eacute;s con insolencia&mdash;privar al due&ntilde;o de su
+propiedad. Imag&iacute;natela como un hermoso jard&iacute;n. &iquest;Dejar&aacute; de ser suyo y
+perder&aacute; el jard&iacute;n su lozan&iacute;a y sus primores porque un forastero de buen
+gusto y sigiloso entre en &eacute;l por algunos momentos o de cuando en cuando
+y goce de sus flores, de su verdura y de sus galas?</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or don Andr&eacute;s, el jard&iacute;n de que aqu&iacute; se trata no tiene verduras ni
+flores sino para su amo. Para los dem&aacute;s, sin excluir a vuecencia, s&oacute;lo
+tiene ortigas, aulagas, cardillos y cardos ajonjeros. Conque as&iacute; no
+suene vuecencia con entrar en &eacute;l para deleitarse, porque se expone a
+quedar preso y pegado con el ajonje, y a salir respingando, picado por
+las ortigas y todo cubierto de pinchos y de p&uacute;as.</p>
+
+<p>Mientras hablaba as&iacute; y mortificaba a don Andr&eacute;s, Juanita apretaba el
+paso, y cuando estuvo ya cerca de su casa dio una carrerita, lleg&oacute; a
+ella, abri&oacute; a escape con la llave que guardaba en el bolsillo y cerr&oacute; la
+puerta de golpe.</p>
+
+<p>Tratando de distraer su mal humor, Juanita se puso a coser con
+precipitaci&oacute;n, como si tuviese que terminar una tarea.</p>
+
+<p>Rafaela, la vieja criada, entraba y sal&iacute;a con frecuencia en la sala
+baja, donde se hallaba Juanita, y abandonando la cocina dejaba <span class="pagenum"><a name="page159" id="page159"></a></span>ver que
+ten&iacute;a mucha gana de enredar conversaci&oacute;n con la joven. Le habl&oacute; varias
+veces, pero distra&iacute;da Juanita por sus pensamientos, s&oacute;lo respond&iacute;a con
+monos&iacute;labos, sin dar p&aacute;bulo a la conversaci&oacute;n, y la conversaci&oacute;n
+expiraba.</p>
+
+<p>Rafaela se qued&oacute; una vez mirando en silencio la costura de la joven, y
+luego dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, ni&ntilde;a, qu&eacute; pena me da de verte tan afanada trabajando siempre! Tu
+madre tambi&eacute;n trabaja mucho. &iquest;Y qu&eacute; ganan ustedes con esto? Muy poco. El
+trabajo de las mujeres est&aacute; muy mal pagado. Es casi imposible el ahorro.
+Lo comido por lo servido. Vienen las enfermedades y la vejez y traen
+consigo la miseria. Entonces solemos arrepentimos de no haber sabido
+aprovecha la juventud y de haber desperdiciado las buenas ocasiones.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que est&aacute;s muy sentenciosa, Rafaela&mdash;interpuso Juanita&mdash;. &iquest;Qu&eacute;
+quieres indicarme con eso?</p>
+
+<p>&mdash;Pues quiero indicar que t&uacute; vives con mil apuros, te cansas la vista y
+te estropeas las manos trabajando, y dejas que tu madre trabaje tambi&eacute;n
+como un azac&aacute;n. Y todo &iquest;para qu&eacute;? Para vivir pobremente, comer mal y
+andar por esas calles hecha un gui&ntilde;apo, cubierta la cabeza con un
+mantoncillo de mala muerte, cuando si t&uacute; quisieras podr&iacute;as ir vestida
+como una reina y ser la envidia de las m&aacute;s encopetadas y ricas se&ntilde;oras
+de este lugar, sin que la propia do&ntilde;a In&eacute;s dejara de contarse en el
+n&uacute;mero de las envidiosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo he de hacer yo ese milagro?&mdash;pregunt&oacute; Juanita.</p>
+
+<p>&mdash;Nada hay m&aacute;s f&aacute;cil&mdash;contest&oacute; Rafaela&mdash;. Estamos solas y te hablar&eacute; sin
+rodeos. Hay un hombre, el m&aacute;s poderoso del lugar, que se pirra por tus
+pedazos. Con tu sandunga le tienes embobado, y con tu desd&eacute;n le tienes
+frito. Todo depende de ti. Deja de ser arisca, pronuncia una sola
+palabra y tendr&aacute;s cuanto quieras.</p>
+
+<p>Disimulando su enojo con una sonrisa, dijo entonces la muchacha:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; palabra es esa que he de pronunciar? &iquest;Qu&eacute; conjuro es ese que ha
+de poner en mis manos por arte m&aacute;gico tan pasmosas riquezas? &iquest;Qui&eacute;n es
+el hechicero que acudir&aacute; a mi evocaci&oacute;n y que ser&aacute; tan generoso conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qui&eacute;n ha de ser, ni&ntilde;a?&mdash;contest&oacute; Rafaela al ver o al imaginar
+que se recib&iacute;an sin enojo sus insinuaciones&mdash;, &iquest;Qui&eacute;n ha de ser sino el
+propio excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Andr&eacute;s Rubio?</p><p><span class="pagenum"><a name="page160" id="page160"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por d&oacute;nde lo sabes t&uacute;? &iquest;Qui&eacute;n te encomend&oacute; que me vinieses con ese
+recado?</p>
+
+<p>&mdash;Me lo encomend&oacute;..., nada m&aacute;s natural..., el confidente de don Andr&eacute;s.
+Me lo encomend&oacute; Longino.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora lo comprendo: como Longino es tan bromista ha querido darnos una
+broma, porque supongo que no me tomar&aacute; por Cristo ni pensar&aacute; en darme la
+lanzada.</p>
+
+<p>&mdash;Ni lanzada ni broma. Longino te mira con el mayor respeto porque eres
+el &iacute;dolo de su se&ntilde;or, y pretende con toda seriedad, que recibas a su
+se&ntilde;or en tu santuario.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, Rafaela&mdash;contest&oacute; Juanita&mdash;, di a Longino con toda seriedad
+tambi&eacute;n, que es un galop&iacute;n sin verg&uuml;enza, y que &eacute;l y su amo vayan a
+escardar cebollinos.</p>
+
+<p>&mdash;No te alteres, hija; no te subas a la parra&mdash;dijo Rafaela al ver
+enojada a Juanita&mdash;. &iquest;Qu&eacute; se pierde ni qu&eacute; ofensa se te hace en tentar
+el vado?</p>
+
+<p>&mdash;Mejor ser&aacute; que tiente usted al diablo, t&iacute;a bruja. &iexcl;Arre, fuera de
+aqu&iacute;; m&oacute;ntese usted en el escob&oacute;n y transponga al aquelarre!</p>
+
+<p>&mdash;No es para tanto furor. Yo te lo propon&iacute;a por tu bien y sin inter&eacute;s
+alguno. De desagradecidos est&aacute; el infierno lleno.</p>
+
+<p>Rafaela se fue a la cocina refunfu&ntilde;ando.</p>
+
+<p>Juana volvi&oacute; poco despu&eacute;s de casa del cacique.</p>
+
+<p>Juanita sigui&oacute; guardando silencio, sin decirle nada de lo ocurrido.</p>
+
+<p>Aquella noche estuvo Juanita inquieta y desvelada. Su orgullo, en su
+sentir humillado, le her&iacute;a el coraz&oacute;n y no le dejaba dormir. &iquest;Conque no
+podr&iacute;a ella, por s&iacute; misma y libre, hacerse respetar? &iquest;Ser&iacute;a menester
+acudir a don Paco para que la defendiera, comprometi&eacute;ndose? &iquest;Tendr&iacute;a
+raz&oacute;n do&ntilde;a In&eacute;s en aconsejarle que fuese monja? &iquest;Eran tan viles sus
+antecedentes que no podr&iacute;a ella ser estimada y acatada sino bajo la
+protecci&oacute;n y tutela de un hombre generoso que le tendiese la mano y la
+sacase del fango en que al parecer hab&iacute;a vivido?</p>
+
+<p>Estas y otras semejantes reflexiones atormentaban horriblemente a la
+muchacha y espoleaban su soberbia.</p>
+
+<p>Triste y ojerosa se levant&oacute; apenas fue de d&iacute;a.</p>
+
+<p>Dos o tres horas estuvo cavilando, rabiando y formando distintos
+proyectos.</p>
+
+<p>Varias veces pens&oacute; en ir a ver a don Paco, a quien hab&iacute;a prohibido venir
+a verla hasta las diez y media de la noche, y a quien <span class="pagenum"><a name="page161" id="page161"></a></span>se hab&iacute;a
+propuesto no ver antes. Pens&oacute; contarle la insolente pretensi&oacute;n de don
+Andr&eacute;s para que don Paco le tuviese a raya; pero pronto desisti&oacute; de tan
+cobarde prop&oacute;sito.</p>
+
+<p>Al fin, como Juanita era muy devota, tom&oacute; su mant&oacute;n y se fue a rezar a
+la iglesia, esperando encontrar all&iacute; inspiraci&oacute;n y consuelo.</p>
+
+<p>Juana se hab&iacute;a ido ya de nuevo a casa de don Andr&eacute;s a continuar sus
+ocupaciones culinarias y sus preparativos de la gran cena.</p>
+
+<p>No ya esta vez en la iglesia de la Soledad, que est&aacute; en lo alto del
+cerro, sino en la nueva parroquia, antiguo convento de Santo Domingo,
+donde fue tan maltratada por el serm&oacute;n, Juanita estuvo rezando
+fervorosamente durante mucho tiempo.</p>
+
+<p>Al salir de la iglesia para volver a su casa se encontr&oacute; con Longino de
+manos a boca. Longino se acerc&oacute; a ella, la salud&oacute; con socarrona finura y
+le dijo en voz baja, casi al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;No sea usted tan dura y tan sin entra&ntilde;as. No deje morir a quien se
+muere por usted de mal de amores. D&eacute;le la cita que humildemente le pide.</p>
+
+<p>Juanita dio un paso atr&aacute;s, como quien se aparta de objeto que le inspira
+asco, y lanz&oacute; a Longino una mirada de soberano desprecio.</p>
+
+<p>Longino no la comprendi&oacute;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, con todo sosiego y con toda la frescura de quien ha tomado una
+resoluci&oacute;n firme y sabe lo que dice y lo que hace, Juanita contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Diga usted a su amo que le aguardo esta noche en m&iacute; casa, a las ocho
+en punto. Rafaela abrir&aacute; la puerta. Yo estar&eacute; sola en la sala alta.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XLII" id="XLII"></a>XLII</h2>
+
+<p>Don Paco pas&oacute; varias veces aquel d&iacute;a por la puerta de la casa de
+Juanita, pero no se atrevi&oacute; a entrar en ella antes de la hora convenida.</p>
+
+<p>Aunque Juanita le vio no quiso llamarle ni hablarle, tal vez por temor
+de revelar involuntariamente cosas que quer&iacute;a tener calladas.</p>
+
+<p>Hasta las cuatro de la tarde estuvo sin salir de casa, cosiendo con la
+mayor tranquilidad.</p>
+
+<p>Entonces llam&oacute; a Rafaela y le dijo:</p><p><span class="pagenum"><a name="page162" id="page162"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;Oye, Rafaela: he mudado de opini&oacute;n. Tus razones me han convencido.
+Esta noche recibir&eacute; al se&ntilde;or don Andr&eacute;s. Ya est&aacute; avisado, y creo que no
+faltar&aacute;. Est&aacute;te a la mira t&uacute;; &aacute;brele, si es posible, antes que llame, y
+dile que suba a la sala alta, donde yo le aguardo. T&uacute; no subir&aacute;s ni
+acudir&aacute;s, suceda lo que suceda. Hasta que no vuelva mi madre ha de
+parecer como si no hubiese nadie en esta casa, sino yo y el se&ntilde;or
+Andr&eacute;s. &iquest;Me has comprendido?</p>
+
+<p>&mdash;Te he comprendido, y har&eacute; como lo dices&mdash;contest&oacute; Rafaela.</p>
+
+<p>En seguida se march&oacute; Juanita a pasar la tarde con do&ntilde;a In&eacute;s, seg&uacute;n ten&iacute;a
+por costumbre.</p>
+
+<p>Con gran devoci&oacute;n y serenidad ley&oacute; a su madrina no pocas devociones y
+rezos propios de la Semana Santa, en que estaban.</p>
+
+<p>Quiso en seguida do&ntilde;a In&eacute;s preparar y adoctrinar a Juanita para el
+monj&iacute;o, y echando mano a las obras del padre maestro Juan de Avila, a
+que ella era muy aficionada, le ley&oacute;, con comentarios y anotaciones de
+su cosecha, p&aacute;rrafos y aun cap&iacute;tulos enteros del muy edificante tratado
+que el mencionado padre escribi&oacute; para una monja, explanando profusamente
+aquellas palabras del santo rey David, que dicen: &laquo;Oye, hija, e inclina
+tu oreja y olvida tu pueblo y la casa de tu madre&mdash;aqu&iacute; pon&iacute;a do&ntilde;a In&eacute;s
+madre en vez de padre, para que viniese mejor a cuento&mdash;, y codiciar&aacute; el
+rey tu hermosura.&raquo; Claro est&aacute; que este rey era Cristo con quien quer&iacute;a
+do&ntilde;a In&eacute;s que Juanita se desposase.</p>
+
+<p>En extremo alab&oacute; y ponder&oacute; do&ntilde;a In&eacute;s los elevados pensamientos de
+Juanita; pero a&ntilde;adi&oacute; que, a pesar de esos pensamientos elevados, pod&iacute;an
+brotar en su alma imaginaciones feas, de cuyas importunidades y peligros
+deb&iacute;a defenderse.</p>
+
+<p>El engreimiento y la soberbia son muy malos, enojan mucho al Cielo y tal
+vez hacen que el Cielo, para castigarnos, para humillarnos o para
+probarnos mejor, permita que los enemigos del alma le den feroces
+ataques en la parte baja, mientras que su porci&oacute;n elevad&iacute;sima se cree
+punto menos que glorificada y en &iacute;ntimos coloquios y en uni&oacute;n estrecha
+con lo divino. As&iacute; Mois&eacute;s, para ejemplo de esto, se hallaba en la cumbre
+del Sina&iacute; conversando con el Alt&iacute;simo, y la plebe, entre tanto, se le
+alborot&oacute; all&aacute; abajo, y se puso a adorar los &iacute;dolos y se entreg&oacute; a
+liviandades y torpezas. En vista de lo cual do&ntilde;a In&eacute;s aconsej&oacute; a Juanita
+que desconfiase de sus br&iacute;os y que no se juzgase muy aprovechada y
+segura de su poder sobre la plebe sediciosa ni muy adelantada <span class="pagenum"><a name="page163" id="page163"></a></span>en el
+camino de la perfecci&oacute;n, pues aunque siguiese el camino, bien pod&iacute;an
+estar emboscados cerca de &eacute;l y salirle al encuentro ladrones, que
+intentasen robarle la joya de la castidad. Para la custodia de esta
+joya, tanto m&aacute;s que la fortaleza, importan la modestia y el constante
+cuidado.</p>
+
+<p>Conviene no desechar el temor de perderla, y conviene huir del peligro,
+porque quien ama el peligro en &eacute;l perece.</p>
+
+<p>Como do&ntilde;a In&eacute;s era muy elocuente, y los puntos susodichos se prestan a
+variadas amplificaciones, el discurso de do&ntilde;a In&eacute;s, interrumpido a
+trechos por Juanita, m&aacute;s que para acortarlo para avivarlo, dur&oacute; hasta
+despu&eacute;s de las siete, que era lo que Juanita deseaba.</p>
+
+<p>Cercana ya la hora en que hab&iacute;a citado a don Andr&eacute;s, Juanita consider&oacute;
+indispensable hacer a su amiga grav&iacute;simas revelaciones.</p>
+
+<p>&mdash;He o&iacute;do con la debida atenci&oacute;n&mdash;dijo la muchacha&mdash;todo lo que acabas
+de decirme, y te confieso que estoy atribulada y amedrentada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;l es la causa, hija m&iacute;a, de tu tribulaci&oacute;n y de tu susto?</p>
+
+<p>&mdash;Pues..., fuera verg&uuml;enza...; a ti, que eres mi gu&iacute;a, debo confesarlo
+todo. Tus consejos y advertencias de hoy vienen ya tarde. El
+engreimiento y la soberbia se han apoderado de m&iacute; y me han hecho pecar
+acaso mortalmente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo es eso?&mdash;interrumpi&oacute; do&ntilde;a In&eacute;s, sorprendida y sobresaltada.</p>
+
+<p>&mdash;Te dir&eacute; la verdad&mdash;contest&oacute; Juanita&mdash;. Yo no he querido huir del
+peligro, sino buscarlo y arrostrarlo para triunfar de &eacute;l. No he querido
+siquiera considerarlo peligro y lo he despreciado. Es m&aacute;s la necia y
+constante amenaza me ha hecho perder la paciencia, y yo misma, para
+acabar de una vez, he emplazado, citado y llamado a singular combate al
+enemigo, que me tiene ya frita y harta de o&iacute;r sus bravatas y
+provocaciones.</p>
+
+<p>&mdash;No te entiendo, expl&iacute;cate bien. &iquest;De qu&eacute; bravatas hablas? &iquest;Qui&eacute;n es el
+enemigo que te provoca?</p>
+
+<p>&mdash;Es el enemigo un caballero principal, tan audaz como rico, el cual
+entiende que no debe haber obst&aacute;culo que se le oponga ni voluntad que se
+resista.</p>
+
+<p>Muy po&eacute;tica y elevada idea daban las palabras de la muchacha del
+caballero su enemigo; pero do&ntilde;a In&eacute;s supuso que la elevaci&oacute;n y la poes&iacute;a
+eran obra de la imaginaci&oacute;n de la muchacha, y despojando el concepto de
+las mencionadas cualidades, pens&oacute; <span class="pagenum"><a name="page164" id="page164"></a></span>reconocer en &eacute;l, sin la menor duda, a
+su marido, don Alvaro, de cuyas pretensiones estaba ya informada por
+Serafina y de cuyos atrevimientos andaba recelosa. Por algo a modo de
+pudor no excit&oacute; a Juanita a que pronunciase el nombre del atrevido. Ella
+cre&iacute;a saberlo sin que Juanita lo pronunciara.</p>
+
+<p>Inquieta do&ntilde;a In&eacute;s, procur&oacute; investigar lo que m&aacute;s le importaba y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;qu&eacute; cita es esa a que aludes? &iquest;A qu&eacute; duelo, a qu&eacute; singular
+combate te preparas?</p>
+
+<p>&mdash;Har&eacute; un esfuerzo&mdash;replic&oacute; la muchacha&mdash;; todo, todo lo sabr&aacute;s, aunque
+me condenes por audaz o me tengas por loca. El hombre de que te he
+hablado me asedia, me acosa y viene a m&iacute; en la calle, en la iglesia y en
+tu misma casa y me hace las m&aacute;s insolentes proposiciones. Espera
+deslumbrarme y seducirme y que le rinda mi albedr&iacute;o. La fatuidad con que
+&eacute;l presume y se jacta de lograr todo esto, me ha humillado, me ha vejado
+y me ha ofendido. Quiero vengarme y me vengar&eacute;. Quiero desenga&ntilde;ar a ese
+hombre y le desenga&ntilde;ar&eacute; con el m&aacute;s duro desenga&ntilde;o. Por s&iacute; mismo y por
+medio de viles terceros se obstina en que yo le reciba a solas en mi
+casa, y me pide una cita. Cansada yo de neg&aacute;rsela, sin conseguir que
+desista, que me respete, que forme de m&iacute; la opini&oacute;n que debe y que me
+trate como se trata a una mujer honrada, he accedido a la cita para que
+venga y vea y sepa qui&eacute;n soy, y para tratarle como merece.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Animas benditas!&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a In&eacute;s, poni&eacute;ndose las manos en la
+cabeza&mdash;. T&uacute; no sabes lo que has hecho. Eso es aventurad&iacute;simo. Aunque
+sepas resistir, aunque no caigas en la tentaci&oacute;n ni peques, &iquest;no ves que
+te expones a echar tu reputaci&oacute;n por los suelos y a que ese malvado
+seductor te venza, y si no te vence se vengue de ti deshonr&aacute;ndote y
+suponiendo que logr&oacute; lo que deseaba? &iquest;No adviertes cuan indecoroso es
+para una doncella conceder esas citas, aun cuando sea con el fin de
+quedar en ellas triunfante? &iquest;Qu&eacute; horrores no estar&aacute; &eacute;l pensando de ti
+desde el momento en que le concediste la cita? Es indispensable que le
+env&iacute;es a decir que te arrepientes y que la cita ya no tendr&aacute; lugar.</p>
+
+<p>Juanita conoci&oacute; que el momento era llegado en que ten&iacute;a que echar a
+rodar su humildad y obediencia, declar&aacute;ndose independiente de su maestra
+y amiga y manifestando lo en&eacute;rgico e ind&oacute;mito de su voluntad, que a nada
+ni a nadie se doblegaba.</p>
+
+<p>Puesta en pie y yendo hacia do&ntilde;a In&eacute;s, le dijo:</p><p><span class="pagenum"><a name="page165" id="page165"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; no me conoces todav&iacute;a. Yo no me arrepiento ni cejo. Bueno fuera que
+creyese el tal se&ntilde;or que yo hab&iacute;a tenido un momento de debilidad y que
+luego me hab&iacute;a arrepentido. &iquest;No adviertes que de ese modo me confesaba
+yo culpada, si no del delito, del conato? No; yo no soy d&eacute;bil. T&uacute; te has
+empe&ntilde;ado en creerme cordera, y soy leona. Por el extra&ntilde;o afecto que me
+has cobrado me requiebras y crees linsojearme compar&aacute;ndome a la Sulamita
+y llam&aacute;ndome suave y graciosa como Jerusal&eacute;n. Ya ver&aacute;s t&uacute; que tambi&eacute;n
+soy terrible como un escuadr&oacute;n de Caballer&iacute;a que carga a galope sobre el
+enemigo.</p>
+
+<p>Juanita, cerca de do&ntilde;a In&eacute;s, la fascinaba mir&aacute;ndola con ojos felinos,
+cuya luz roja parec&iacute;a mezcla de fuego y de sangre.</p>
+
+<p>Luego prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; decoro es ese al que me recomiendas que no falte? &iquest;Qui&eacute;n
+reconoce ese decoro en la mal nacida como yo, en la hija de una mujer
+que lava mondongos y hace morcillas para ganar su sustento? Todos me
+menosprecian, me tratan mal y piensan peor de m&iacute;. Hasta ahora lo he
+sufrido; pero ya se me agot&oacute; el sufrimiento. He de ser atroz si es
+necesario. En los mismos libros que t&uacute; me has hecho leer no se ensalza
+s&oacute;lo la servil mansedumbre de Rut, sino m&aacute;s, si cabe, la ferocidad de
+Judit, que deg&uuml;ella al capit&aacute;n de los asirios, y la espantosa haza&ntilde;a de
+Jahel, que atraviesa con martillo y clavo las sienes de Sisara.</p>
+
+<p>Notando Juanita que do&ntilde;a In&eacute;s se asustaba un poco al verla y al o&iacute;rla
+tan b&aacute;rbaramente b&iacute;blica, prosigui&oacute; sonriendo:</p>
+
+<p>&mdash;Pero no te apures ni te sobrecojas. No ser&aacute; menester tocar en tales
+extremos; no llegar&aacute; la sangre al r&iacute;o. Aunque ser&aacute; severa la lecci&oacute;n que
+yo d&eacute;, no pasar&aacute; a ser tragedia, y quedar&aacute; en sainete.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;qu&eacute; piensas hacer, hija m&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; frenes&iacute; es el tuyo?&mdash;pregunt&oacute;
+do&ntilde;a In&eacute;s, muy conmovida y cari&ntilde;osa.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ver&aacute;s, si quieres&mdash;contest&oacute; Juanita&mdash;. Todo lo tengo pensado;
+mas no has de saberlo como no lo veas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo? &iquest;Y d&oacute;nde?</p>
+
+<p>&mdash;Ven conmigo a mi casa. S&oacute;lo faltan algunos minutos para que llegue la
+hora de la cita. Con tu presencia me infundir&aacute;s valor.</p>
+
+<p>&mdash;Eso ya es otra cosa&mdash;respondi&oacute; do&ntilde;a In&eacute;s.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s pens&oacute;, sin duda, en el rato de gusto que iba a tener
+contribuyendo a chasquear a don Alvaro, que acudir&iacute;a muy ufano a la cita
+y se encontrar&iacute;a en ella a su austera consorte.</p><p><span class="pagenum"><a name="page166" id="page166"></a></span></p>
+
+<p>En efecto, si el lance pasaba as&iacute;, m&aacute;s que tragedia ser&iacute;a sainete.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s perdi&oacute; el miedo y sinti&oacute; la irresistible tentaci&oacute;n de ver el
+sainete y aun de hacer en &eacute;l uno de los principales papeles.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien, Juanita&mdash;dijo&mdash;. Ir&eacute; en tu compa&ntilde;&iacute;a y te prestar&eacute; mi
+auxilio. Muy fina prueba de mi amistad te dar&eacute; con esto, porque yo
+tambi&eacute;n puedo comprometerme.</p>
+
+<p>&mdash;Entend&aacute;monos&mdash;repuso Juanita&mdash;. Yo no quiero tu auxilio. &iquest;Qu&eacute; m&eacute;rito
+tendr&iacute;a entonces mi victoria? T&uacute; no te comprometer&aacute;s, porque te quedar&aacute;s
+escondida y nadie sabr&aacute; que has estado en mi casa. Y tampoco te
+expondr&aacute;s a ning&uacute;n percance, porque ver&aacute;s los toros desde el andamio.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;..., pero expl&iacute;cate...; no me hagas ir a ciegas...; expl&iacute;cate....</p>
+
+<p>&mdash;Se va a pasar la hora. Urge ir a mi casa. No hay tiempo para darte
+explicaciones, ni t&uacute; las necesitas. Ea, desp&aacute;chate. Toma un mant&oacute;n,
+&eacute;chalo bien a la cara para que no te la vean. La gente anda embelesada
+con la procesi&oacute;n, que probablemente termina en este momento, y no
+reparar&aacute; ni en ti ni en m&iacute;.</p>
+
+<p>Y hablando de esta suerte, la misma Juanita busc&oacute; un mant&oacute;n, se lo puso
+a do&ntilde;a In&eacute;s en la cabeza y, llev&aacute;ndola por delante de s&iacute;, la empuj&oacute; y la
+hizo andar.</p>
+
+<p>Dominada do&ntilde;a In&eacute;s por aquella imperiosa criatura, se dej&oacute; llevar por
+ella.</p>
+
+<p>Ambas llegaron a casa de Juanita. Esta, para que Rafaela no viese que
+entraba en su casa acompa&ntilde;ada de otra persona, abri&oacute; la puerta con la
+llave que ten&iacute;a en el bolsillo.</p>
+
+<p>Las dos mujeres, calladas y de puntillas, subieron a la sala alta.</p>
+
+<p>Faltaban ya pocos minutos para dar las ocho.</p>
+
+<p>La alcoba en que dorm&iacute;a Juanita no ten&iacute;a m&aacute;s luz que la que entraba por
+un ventanillo redondo, abierto sobre la puerta de la alcoba que daba
+salida a la sala. En esta, y no en la alcoba, donde no hab&iacute;a espacio
+bastante, se lavaba, se peinaba y se vest&iacute;a Juanita todas las ma&ntilde;anas.
+En la alcoba apenas hab&iacute;a m&aacute;s muebles que la cama, una mesita de noche,
+un armario para vestidos y tres sillas.</p>
+
+<p>Juanita llev&oacute; a do&ntilde;a In&eacute;s a la alcoba.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute;, subida en una silla, ver&aacute;s por ese ventanuco todo lo que pase.
+Acaso no tengas poco de qu&eacute; admirarte y de qu&eacute; re&iacute;rte.</p>
+
+<p>Dicho esto, sali&oacute; Juanita de la alcoba y dej&oacute; en ella a do&ntilde;a<span class="pagenum"><a name="page167" id="page167"></a></span> In&eacute;s como
+presa, cerrando de s&uacute;bito la puerta y echando por fuera la llave.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; haces?&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a In&eacute;s&mdash;. &iquest;Qu&eacute; necedad es la tuya? &iquest;Por qu&eacute; me
+encierras?</p>
+
+<p>Juanita contest&oacute; riendo:</p>
+
+<p>&mdash;Te encierro para estar segura de tu neutralidad. No te quiero por
+aliada, sino por testigo. C&aacute;llate y mira.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s, bastante enojada, replic&oacute; todav&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Abreme. &iquest;Tendr&eacute; que arrepentirme de haberme fiado de ti? &iquest;Qu&eacute; burlas
+son estas?</p>
+
+<p>&mdash;Perd&oacute;name, perd&oacute;name&mdash;dijo Juanita con voz suplicante y dulce&mdash;. T&uacute;
+eres m&iacute; madrina, mi protectora y yo no quiero ni debo burlarme de ti. No
+dudes que conviene lo que hago. C&aacute;llate, por Dios. Ten paciencia. Mira y
+observa sin hablar. C&aacute;llate. Oigo ruido. Nuestro hombre ha entrado en
+casa. Ya sube por la escalera. &iexcl;Chit&oacute;n! Si &eacute;l sospecha que hay alguien
+aqu&iacute;, dar&aacute;s un esc&aacute;ndalo y har&aacute;s una tonter&iacute;a.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s se resign&oacute; y se call&oacute;.</p>
+
+<p>Pocos segundos despu&eacute;s entr&oacute; don Andr&eacute;s Rubio en la sala.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XLIII" id="XLIII"></a>XLIII</h2>
+
+<p>Juanita no se arrepent&iacute;a nunca de lo que hab&iacute;a hecho, despu&eacute;s de haberlo
+reflexionado bien o mal; pero si su voluntad era firme y hasta terca, su
+entendimiento vacilaba y cambiaba a menudo, porque, sucesivamente cuando
+no al mismo tiempo, ve&iacute;a el pro y el contra de todas las cosas.</p>
+
+<p>Al hallarse en presencia de don Andr&eacute;s le asaltaron dudas y sinti&oacute; algo
+como remordimiento.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Hasta qu&eacute; punto&mdash;pens&oacute;&mdash;me puedo permitir la burla que quiero hacer a
+este hombre, y hasta qu&eacute; punto se la tiene merecida? &iquest;He sido
+suficientemente acosada para llegar a este extremo?&raquo;</p>
+
+<p>Como si ella misma se contestase, y sin dar tiempo a que don Andr&eacute;s
+dijese palabra, Juanita habl&oacute; de esta suerte:&mdash;Perdone vuecencia, se&ntilde;or
+don Andr&eacute;s, si le he atra&iacute;do a mi casa con algo que puede calificarse de
+enga&ntilde;o. Me pidi&oacute; vuecencia una cita amorosa, y yo se la he concedido....</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces&mdash;dijo don Andr&eacute;s&mdash;no es mi perd&oacute;n, sino infinitas
+gracias lo que tengo que darte.</p><p><span class="pagenum"><a name="page168" id="page168"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; ser&iacute;a&mdash;dijo la muchacha&mdash;si yo, desmintiendo la lealtad de mi
+car&aacute;cter, no hubiese en esta ocasi&oacute;n enga&ntilde;ado a vuecencia.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s era un hombre de mucha calma y de bastante mundo. Presumi&oacute;
+que la muchacha quer&iacute;a hacerse valer, ir cediendo poco a poco y no
+declararse, desde luego, vencida. Tom&oacute;, pues, una silla y se sent&oacute; con
+mucho reposo, apercibi&eacute;ndose a o&iacute;r lo que la muchacha dijese y hasta a
+contestarle discutiendo tranquilamente con ella. Aunque la discusi&oacute;n y
+el coloquio durasen media hora, ser&iacute;an el andante de un d&uacute;o y har&iacute;an m&aacute;s
+vivo y m&aacute;s grato el <i>allegro</i> que vendr&iacute;a despu&eacute;s.</p>
+
+<p>Echados estos c&aacute;lculos y ajustando a ellos su conducta, don Andr&eacute;s dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Veo con sorpresa que he venido a hacer aqu&iacute; el extra&ntilde;o papel de tu
+confesor. Te me confiesas desleal y enga&ntilde;osa. &iquest;Qu&eacute; quieres? Feos pecados
+son esos; pero la pecadora es tan bonita, que yo la perdonar&eacute; y la
+absolver&eacute; si se arrepiente.</p>
+
+<p>&mdash;De nada tengo que arrepentirme. Lo que he hecho lo he hecho porque no
+pod&iacute;a por menos. Vuecencia me persegu&iacute;a, me compromet&iacute;a, me expon&iacute;a y se
+expon&iacute;a a s&iacute; mismo a tener un lance con mi novio. He sido leal y no he
+ocultado a vuecencia que tengo novio y que le quiero y que por nada y
+por nadie del mundo le faltar&eacute; nunca. Vuecencia ha sabido por mi boca
+que ese novio m&iacute;o es su amigo de toda la vida. Si &eacute;l debe a vuecencia
+muchos favores, tambi&eacute;n vuecencia se los debe. Y si esto no le arredra,
+y si no desiste de perseguirme y solicitarme, &iquest;qui&eacute;n es aqu&iacute; el desleal
+y enga&ntilde;oso, vuecencia o yo?</p>
+
+<p>&mdash;No hay de mi parte&mdash;contest&oacute; don Andr&eacute;s&mdash;ni deslealtad ni enga&ntilde;o. El
+lazo reciente que a don Paco te une bien puede desatarse con la misma
+prontitud con que se ha atado. Ni a &eacute;l ni a ti os conviene. A &eacute;l y a ti
+os sirvo y os valgo interviniendo para que el lazo se rompa. Quiz&aacute; le
+doler&iacute;a a &eacute;l por lo pronto, pero m&aacute;s tarde me lo agradecer&iacute;a. M&aacute;s tarde
+sentir&iacute;a la satisfacci&oacute;n de verse libre de un absurdo compromiso.</p>
+
+<p>&mdash;El compromiso&mdash;exclam&oacute; Juanita enojada&mdash;no es absurdo ni repentino.
+Hace ya cerca de dos a&ntilde;os que &eacute;l me ama de amor, que me respeta cuando
+todos me desde&ntilde;aban, que me trata como a una se&ntilde;ora y como a una santa
+cuando todos me juzgaban una perdida, que no ha sentido verg&uuml;enza ni ha
+vacilado en ofrecerme su mano y en darme su nombre, que aun vi&eacute;ndose
+desde&ntilde;ado por m&iacute; ha seguido am&aacute;ndome y que me ha celado, y <span class="pagenum"><a name="page169" id="page169"></a></span>crey&eacute;ndome
+pocos d&iacute;as ha prendada de otro hombre o harto liviana para concederle
+favores, ha faltado poco para que se muera de pena. &iquest;Qu&eacute; hay, pues, de
+absurdo ni de repentino en este compromiso? Yo le quiero, y ser&iacute;a la m&aacute;s
+ingrata de las mujeres si no le quisiese. Yo le amo desde hace tiempo,
+aunque hasta ayer no se lo he declarado y no le he dicho que soy suya.
+Suya soy ahora y lo ser&eacute; siempre, y ser&iacute;a yo muy vil si s&oacute;lo con el
+pensamiento y si s&oacute;lo por un leve instante quebrantase la fe que le
+tengo prometida.</p>
+
+<p>&mdash;Todo esto estar&aacute; muy bien. No vengo aqu&iacute; a discutirlo contigo. Ni para
+que t&uacute; me lo digas ni para que yo lo discuta te he pedido yo y t&uacute; me has
+concedido la cita. Yo no soy un personaje rid&iacute;culo y t&uacute; no tienes
+derecho para querer hacerme objeto de una necia burla.</p>
+
+<p>&mdash;Yo estaba exasperada, se&ntilde;or don Andr&eacute;s, y si alguna falta hubo en m&iacute;,
+harta disculpa tiene. Por mi humilde cuna, por mi baja condici&oacute;n social,
+todos me despreciaban, incluso vuecencia. Confieso que he querido
+vengarme de este desprecio, y aun convertirlo en acto de aprecio,
+haciendo sentir a vuecencia que valgo m&aacute;s de lo que imagina.</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute; est&aacute; tu equivocaci&oacute;n, Juanita&mdash;dijo don Andr&eacute;s&mdash;. Yo no he cre&iacute;do
+que te menospreciaba y que te humillaba al requebrarte. Sobre poco m&aacute;s o
+menos, tan plebeyo soy yo como t&uacute; y tan humilde es mi cuna como la tuya.
+Si tu madre se emplea en adobar cerdos, mi padre, antes de hacerse rico
+como arriero y como labrador, guard&oacute; los cerdos en sus primeros a&ntilde;os,
+porque fue porquerizo. Conque ya ves que nada nos debemos. Ya ves que es
+una tonter&iacute;a imaginar que yo te he solicitado por la bajeza de tu
+extracci&oacute;n. Lo mismo te hubiera solicitado y te hubiera perseguido,
+porque me enamoras, aunque fueses una reina extraviada por estos
+andurriales o la princesa heredera del mayor imperio del mundo. Adem&aacute;s,
+t&uacute; eres libre y yo tambi&eacute;n lo soy. &iquest;A qu&eacute; juramentos, a qu&eacute; deberes
+hubi&eacute;ramos faltado queri&eacute;ndonos? &iquest;Me hab&iacute;as t&uacute; dado seriamente parte de
+tu compromiso con don Paco? &iquest;No podr&iacute;a yo suponer que era una coqueter&iacute;a
+sin formalidad ni consecuencia? Deseng&aacute;&ntilde;ate: t&uacute; has querido mofarte de
+m&iacute; sin motivo alguno; t&uacute; has querido vengar en m&iacute; agravios, imaginados o
+reales, que otros y no yo te han hecho. A decir verdad, t&uacute; debiste
+enamorar al padre Anselmo y atraerle a esta cita, si es que la cita
+sigue siendo de burla. El y no yo fue quien reprob&oacute; que te vistieses de
+seda. Lo que es yo, aprob&eacute; y aplaud&iacute; el verte <span class="pagenum"><a name="page170" id="page170"></a></span>tan bien vestida. Y por
+mi gusto cada d&iacute;a estrenar&iacute;as t&uacute; trajes mejores y m&aacute;s lujosos.</p>
+
+<p>Juanita se aturdi&oacute; un poco con esta no esperada salida del se&ntilde;or don
+Andr&eacute;s.</p>
+
+<p>Casi recel&oacute; que &eacute;l ten&iacute;a raz&oacute;n y que ella se hab&iacute;a conducido irreflexiva
+y arrebatadamente.</p>
+
+<p>Al fin habl&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Yo no voy a sostener ahora que he procedido contra vuecencia con
+motivo bastante. Lo que digo es que estaba, y a&uacute;n estoy, fuera de m&iacute;.
+Nada me importar&iacute;a que me considerasen con la obligaci&oacute;n de no vestirme
+ni de seda, ni de lana, ni de algod&oacute;n siquiera, sino de esparto. Lo que
+me importa es que me respeten. &iquest;Qu&eacute; segundo pecado original es el m&iacute;o,
+que no hay bautismo que lave? &iquest;Qu&eacute; mancha indeleble ha ca&iacute;do sobre m&iacute;
+que no hay nada que limpie? &iquest;Qu&eacute; vicio innato hay en mi sangre del que
+yo no puedo purificarla? &iquest;Por qu&eacute; se supone tal mi flaqueza que necesite
+yo refugiarme en un convento para resistir las seducciones y los
+peligros del mundo? Crea vuecencia, se&ntilde;or don Andr&eacute;s, que, aunque yo
+tuviera vocaci&oacute;n de monja, la perder&iacute;a si imaginase que era para huir de
+peligros que desprecio y que me siento capaz de arrostrar con el mayor
+denuedo.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s se sonri&oacute;, hall&oacute; graciosa y algo disparatada a Juanita al
+o&iacute;rla quejarse y lamentarse de aquel modo, y le dijo con dulzura:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija m&iacute;a, con todo eso que dices s&oacute;lo me pruebas que est&aacute;s
+quejosa de do&ntilde;a In&eacute;s. Qu&eacute;jate enhorabuena y no me hagas a m&iacute;
+responsable. Ni yo quiero que te metas monja, sino todo lo contrario, ni
+por m&aacute;s que miro alrededor de ti descubro los peligros que te cercan. Yo
+no deseo que te vengues de do&ntilde;a In&eacute;s ni de nadie; pero, en todo caso, de
+ella y no de m&iacute; tendr&aacute;s raz&oacute;n para vengarte. Y perdona, adem&aacute;s, que sea
+franco contigo y que te acuse de un pecado constante y aun prolijo en
+ti: tu hipocres&iacute;a tenaz. Ha tiempo que debiste tener el valor de no
+fingirte m&iacute;stica y devota, si no lo eras, y de dec&iacute;rselo a do&ntilde;a In&eacute;s y
+no seguir enga&ntilde;&aacute;ndola. En tu franqueza pudo haber peligro, aunque t&uacute; lo
+exagerabas; pero ya que te jactas de valiente, debiste hacer cara a ese
+peligro sin apartarlo de ti por medio de una fals&iacute;a.</p>
+
+<p>Juanita se mordi&oacute; los labios, se compungi&oacute; un poco y empez&oacute; a sospechar
+que, en vez de dar una lecci&oacute;n, era ella quien iba a <span class="pagenum"><a name="page171" id="page171"></a></span>recibirla. Pronto,
+no obstante, se repuso. La misma dureza de la acusaci&oacute;n le hizo ver m&aacute;s
+clara su injusticia.</p>
+
+<p>Juanita no hab&iacute;a tomado asiento como don Andr&eacute;s. En pie se agitaba,
+hablaba e iba de un lado a otro.</p>
+
+<p>Par&aacute;ndose y encar&aacute;ndose con don Andr&eacute;s, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;n injustamente me acusa vuecencia de hip&oacute;crita y de falsa! &iquest;Qu&eacute;
+hab&iacute;a de hacer yo? La aprobaci&oacute;n y el aplauso que vuecencia dice que me
+daba eran tan ocultos como in&uacute;tiles; eran la carabina de Ambrosio. La
+reprobaci&oacute;n general cay&oacute; sobre m&iacute; y sobre mi madre, y vuecencia no
+protest&oacute; ni volvi&oacute; por nosotras. Se supuso que yo era una perdida. Huy&oacute;
+la gente de m&iacute; para evitar el contagio, como si yo tuviera la peste.
+Hasta ese desventurado de Anto&ntilde;uelo me insult&oacute; y me abandon&oacute;. S&oacute;lo don
+Paco fue constante en amarme y en respetarme. Pero, repito, &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a
+yo de hacer? Si yo apreciaba todo el valer de don Paco, a&uacute;n no le amaba
+de amor. &iquest;Pod&iacute;a yo abusar entonces de su caballerosidad y tomarle por
+marido y por escudo, arrastr&aacute;ndole conmigo al basurero en que todos los
+del lugar me hab&iacute;an echado? Si yo fuese en realidad una perdida o
+tuviese inclinaci&oacute;n a serlo, &iquest;me cree vuecencia tan est&uacute;pida que ignore
+lo que valdr&iacute;a y lo que alcanzar&iacute;a si a tal oficio me dedicase? Al verme
+en aquel humillante aislamiento por haber querido lucir entre patanes la
+gallard&iacute;a de mi persona, en vez de quedarme aqu&iacute; y de ser hip&oacute;crita y
+falsa, como vuecencia dice, me hubiera ido a Madrid, a Barcelona, qui&eacute;n
+sabe si a Par&iacute;s, donde se entiende lo que es hermoso y elegante y se
+paga bien cuando se pone a la venta, y hace tiempo que vivir&iacute;a yo en un
+palacio y andar&iacute;a en coche y gastar&iacute;a en una semana m&aacute;s de lo que vale
+todo el caudal de vuecencia bien dividido. Pues &iquest;qu&eacute; ventaja he sacado
+yo de la hipocres&iacute;a de que vuecencia me acusa? Vivir con m&aacute;s apuros y
+con m&aacute;s miseria que antes, emplear m&iacute; tiempo en o&iacute;r discursos de do&ntilde;a
+In&eacute;s y en leer con ella libros devotos y no haber logrado hasta ahora
+con todo ello sino la amistad de do&ntilde;a In&eacute;s, que yo apreciar&iacute;a infinito
+si ella me la diese incondicionalmente y sin sujetarme a sus tir&aacute;nicos
+caprichos. Tambi&eacute;n he logrado con mi hipocres&iacute;a llamar hacia m&iacute; la
+tard&iacute;a atenci&oacute;n de vuecencia, que ahora, y no antes, me aprueba y me
+aplaude, pero de un modo seg&uacute;n el cual no quiero yo ser aprobada ni
+aplaudida.</p>
+
+<p>&mdash;Juanita&mdash;dijo don Andr&eacute;s&mdash;, yo no he venido aqu&iacute; a disputar contigo.
+Tendr&aacute;s raz&oacute;n en estar quejosa de todo el g&eacute;nero humano, pero de m&iacute;
+debes estar menos quejosa que de nadie.</p><p><span class="pagenum"><a name="page172" id="page172"></a></span></p>
+
+<p>Mi pecado, si lo hubo, fue de tardanza. No volv&iacute; por ti a tiempo; ahora
+estoy dispuesto a enmendarme; pero qui&eacute;reme. &iquest;No gustas t&uacute; de que te
+respeten? Pues yo tambi&eacute;n gusto de ser respetado. No debo sufrir que de
+m&iacute; hagas tu juguete.</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy una chica de tan buen humor, que, por fortuna, huyo de lo
+tr&aacute;gico y todo lo tomo a risa. Y m&aacute;s vale as&iacute;, porque mis compatricios
+me han desesperado tanto, que si yo lo hubiese tomado m&aacute;s por lo serio,
+hubiera sido cosa de armarme de una caja de f&oacute;sforos y de una lata de
+petr&oacute;leo y de pegar fuego al lugar. Conque as&iacute;, mejor es que yo tome a
+vuecencia por juguete que no me le pegue fuego.</p>
+
+<p>&mdash;Prefiero el fuego a la burla que ahora quieres hacer de m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Cu&aacute;nto yerra al decir eso el se&ntilde;or don Andr&eacute;s&mdash;dijo Juanita casi
+cari&ntilde;osamente&mdash;. &iquest;Por qu&eacute; ha de tenerse por burlado un hombre de noble
+coraz&oacute;n, si en vez de lograr los f&aacute;ciles favores y de gozar de las
+compradas caricias de una mujer sin verg&uuml;enza, se halla con una mujer
+digna y honrada que anhela merecer y obtener su estimaci&oacute;n, que le
+brinda con su m&aacute;s fervorosa amistad y que le tiende confiadamente las
+manos?</p>
+
+<p>Al hablar as&iacute; con verdadera efusi&oacute;n, Juanita tendi&oacute;, en efecto, las
+manos a don Andr&eacute;s. Don Andr&eacute;s las tom&oacute; entre las suyas.</p>
+
+<p>Juanita apareci&oacute; entonces tan confiada y tan hermosa a los ojos del
+cacique, que este le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; tu amistad solamente? &iquest;Por qu&eacute; no tu amor? Ambos somos
+libres. Am&aacute;ndonos no tendremos que enga&ntilde;ar a nadie. No tendremos que
+disimular ni que ocultar nuestro amor como un delito, como un robo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no puede ser; yo no amo a vuecencia de amor&mdash;contest&oacute; Juanita&mdash;.
+Yo amo de amor a otro hombre&mdash;y desprendi&oacute; sus manos de las de don
+Andr&eacute;s, que a&uacute;n las reten&iacute;a.</p>
+
+<p>Durante todo este coloquio, do&ntilde;a In&eacute;s miraba por la claraboya, y a
+menudo sent&iacute;a la comenz&oacute;n de tomar parte en &eacute;l, hablando desde all&iacute;;
+pero el temor de lo rid&iacute;culo enfrenaba su lengua.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XLIV" id="XLIV"></a>XLIV</h2>
+
+<p>Don Andr&eacute;s perdi&oacute; entonces su circunspecci&oacute;n y su calma. No pudo
+contenerse m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&Aacute;mame&mdash;dijo.</p>
+
+<p>Y se abalanz&oacute; a Juanita y la ci&ntilde;&oacute; con fuerza entre sus brazos.</p><p><span class="pagenum"><a name="page173" id="page173"></a></span></p>
+
+<p>Juanita record&oacute; en aquel trance toda su antigua destreza en la lucha,
+cuando se peleaba con los muchachos a brazo partido y los tumbaba en
+medio del arroyo. Ella tambi&eacute;n se abraz&oacute; a don Andr&eacute;s, le puso la barba
+en el pecho, le empuj&oacute; al mismo tiempo en sus espaldas con las manos de
+ella y le ech&oacute; una zancadilla tan h&aacute;bil, que le derrib&oacute; al suelo.</p>
+
+<p>Con maravillosa rapidez apart&oacute; Juanita sus manos y su cuerpo del cuerpo
+del enemigo, derribado, y qued&oacute; erguida sobre &eacute;l, con la rodilla derecha
+en tierra y con la rodilla izquierda sobre el est&oacute;mago y el pecho de don
+Andr&eacute;s, donde pesaba y oprim&iacute;a como pujante prensa de hierro.</p>
+
+<p>Con la mano izquierda hab&iacute;a Juanita agarrado a don Andr&eacute;s por el
+pescuezo para que no levantase la cabeza, y con la mano derecha ten&iacute;a
+asido su siniestro brazo.</p>
+
+<p>Juanita estaba as&iacute; tan guapa, que se parec&iacute;a, aunque sin alas, al propio
+arc&aacute;ngel San Miguel dando una soba al diablo.</p>
+
+<p>Don Andr&eacute;s la contemplaba con tal embeleso, que apenas sent&iacute;a enojo de
+verse vencido. Y como era hombre muy versado en f&aacute;bulas y en narraciones
+ver&iacute;dicas, trajo a su pensamiento, para que quedasen eclipsadas por
+Juanita, a Pentesilea, a Clorinda y a Bradamante y a otras mujeres
+heroicas que han florecido en el mundo, desde el Ebro, glorioso por las
+zaragozanas, hasta el claro Termodonte, en cuyas f&eacute;rtiles orillas
+reinaron las amazonas.</p>
+
+<p>Por acaso se toc&oacute; don Andr&eacute;s con la diestra, que ten&iacute;a libre, en el
+bolsillo del chaquet&oacute;n y not&oacute; con amargura los medios in&uacute;tiles que en &eacute;l
+tra&iacute;a: de conquista, de ofensa y de defensa. Tra&iacute;a all&iacute; un cartucho con
+veinticinco onzas peluconas de Fernando VI y de Carlos III, dignas hoy
+por su rareza de figurar en el m&aacute;s rico gabinete de numism&aacute;tica. Y tra&iacute;a
+asimismo el rev&oacute;lver de seis tiros, bien preparado y cargado; pero como
+hubiera sido felon&iacute;a villana emplearlo contra una mujer, lo dej&oacute; all&iacute;
+reposar tranquilo para mejor ocasi&oacute;n.</p>
+
+<p>Entre tanto, y todo esto fue en menos tiempo que el que yo empleo en
+decirlo, la mencionada mano libre se hizo atrevida; pero contra todo
+atrevimiento son valladar y estorbo los br&iacute;os del alma, y estos valieron
+bien a la gallarda vencedora.</p>
+
+<p>Al sentir el insolente contacto, el rubor tino sus mejillas; brillaron
+como ascuas sus ojos, la ira troc&oacute; en espantosa su linda cara.</p>
+
+<p>Aterrorizaba do&ntilde;a In&eacute;s, sac&oacute; la cabeza fuera del ventanuco <span class="pagenum"><a name="page174" id="page174"></a></span>y empez&oacute; a
+gritar; pero nadie pod&iacute;a o&iacute;rla, y menos a&uacute;n don Andr&eacute;s, que no estaba
+para o&iacute;r ni ver cosa alguna.</p>
+
+<p>Juanita le apretaba el cuello con ambas manos, haci&eacute;ndole sacar tres
+pulgadas de lengua fuera de la boca, como perro jadeante.</p>
+
+<p>Harto le pesaba tener que matarle. No hab&iacute;a previsto Juanita que pudiese
+llegar a aquel extremo; pero, puesta en &eacute;l, estaba resuelta a todo por
+m&aacute;s que le pesase.</p>
+
+<p>Apeando a don Andr&eacute;s el ya inoportuno tratamiento de vuecencia, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;R&iacute;ndete, o mueres!</p>
+
+<p>Nada contest&oacute; don Andr&eacute;s, porque no pod&iacute;a contestar. Lo que hizo fue
+retirar la diestra atrevida.</p>
+
+<p>Afloj&oacute; entonces Juanita el dogal que ten&iacute;a echado al cuello del cacique,
+y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te rindes a discreci&oacute;n? &iquest;Te declaras vencido?</p>
+
+<p>&mdash;Me declaro vencido; haz de m&iacute; lo que quieras.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Aprobar&aacute;s y aplaudir&aacute;s ahora que yo me case con don Paco, y ser&aacute;s en
+la boda su padrino?</p>
+
+<p>&mdash;Aprobar&eacute;, aplaudir&eacute; y ser&eacute; padrino en la boda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ser&aacute;s, adem&aacute;s, constante y bondadoso amigo m&iacute;o, sin guardarme rencor
+y pag&aacute;ndome como debes la amistad pura que yo te profeso y la estimaci&oacute;n
+con que te miro?</p>
+
+<p>&mdash;Ser&eacute; tu mejor amigo, como lo mereces.</p>
+
+<p>Juanita, entonces, se levant&oacute; de un brinco, dejando libre a don Andr&eacute;s,
+que se levant&oacute; tambi&eacute;n, algo maltrecho, moh&iacute;no y humillado por la
+derrota.</p>
+
+<p>Trocada as&iacute; en piedad la c&oacute;lera, Juanita hizo esfuerzos de imaginaci&oacute;n,
+y entre c&aacute;ndida y maliciosa invent&oacute; desatinos para disimular o explicar
+su triunfo.</p>
+
+<p>&mdash;No te aflijas&mdash;dijo&mdash;. Lo que te pasa le hubiera pasado a un jay&aacute;n: al
+propio Goliat. No soy yo quien te ha vencido, sino el demonio que
+ahogaba a los impuros novios o amantes de la que fue luego mujer de
+Tob&iacute;as, a fin de guardarla entera para &eacute;l. Sin duda, don Paco, que es
+muy devoto de San Rafael, Patrono de C&oacute;rdoba, hall&oacute; al tal demonio en el
+desierto en que ha estado, y con el auxilio del arc&aacute;ngel le desat&oacute; y le
+envi&oacute; a esta casa para que me defendiese. Por &eacute;l estuviste poco ha, y
+volver&iacute;as a estar si de nuevo te desmandaras, muy a punto de morir
+ahorcado como un zorzal entre mis dedos, convertidos en percha. Pero no
+pienses m&aacute;s en eso. &iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima si hubiera dado <span class="pagenum"><a name="page175" id="page175"></a></span>yo, sin querer, un d&iacute;a
+de luto a la ya entonces mal llamada Villalegre! Ahora no debemos pensar
+sino en el gran placer que hay en renovar amistades despu&eacute;s de una brava
+batalla. Aqu&iacute; no ha habido ni vencido ni vencedor. Digamos ambos a la
+vez, t&uacute; a m&iacute; y yo a ti:</p>
+
+<div class="center">Valiente eres, capit&aacute;n,<br />
+y cort&eacute;s como valiente;<br />
+con tu espada y con tu trato<br />
+me has cautivado dos veces.</div><br />
+
+<p>T&uacute; eres mi cautivo y yo quiero ser tu cautiva; es decir, m&aacute;s amiga tuya
+que antes.</p>
+
+<p>Y diciendo as&iacute;, tendi&oacute; de nuevo ambas manos a don Andr&eacute;s, m&aacute;s
+cari&ntilde;osamente y con mayor confianza que la vez primera. Luego a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Ahora vete con Dios y vuelve por aqu&iacute; dentro de poco, a las diez y
+media, para que, en presencia de mi madre y de varios amigos, se
+celebren con don Paco mis esponsales.</p>
+
+<p>&mdash;Volver&eacute; como deseas. Antes de irme te dejar&eacute; aqu&iacute;, para rescate de mi
+pariente Anto&ntilde;uelo, a quien tanto o m&aacute;s que t&uacute; tengo obligaci&oacute;n de
+proteger, los ocho mil reales que hay que dar al tendero murciano.</p>
+
+<p>&mdash;Ya est&aacute; arreglado eso. No necesito los ocho mil reales.</p>
+
+<p>&mdash;Pues aunque no los necesites, qu&eacute;date con ellos, y t&uacute; y don Pablo
+contad con otros ocho mil m&aacute;s, que os dar&eacute; como regalo de boda.</p>
+
+<p>Dicho esto se fue don Andr&eacute;s a la calle, no sin besar galantemente, al
+despedirse, la linda mano que hab&iacute;a estado a punto de estrangularle.</p>
+
+<p>Apenas sali&oacute; don Andr&eacute;s, Juanita abri&oacute; la puerta de su alcoba, donde,
+como en chiquero, hab&iacute;a estado do&ntilde;a In&eacute;s encerrada. Sali&oacute; esta de all&iacute;
+algo atontada y muda de espanto. Sali&oacute; igualmente muy mansa y muy
+benigna, y aunque perdidas sus ilusiones respecto al misticismo de
+Juanita, casi tan prendada ahora de su patente bizarr&iacute;a como antes de su
+misticismo, ya convertido en humo.</p>
+
+<p>De todos modos, do&ntilde;a In&eacute;s sigui&oacute; admirando la virtud de Juanita, y aun
+form&oacute; desde all&iacute; en adelante sobre su casta entereza un concepto muy
+superior al que tenemos de las antiguas hero&iacute;nas que nos ponen por
+modelo las historias sagradas y profanas.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s, discurriendo sobre esto, pens&oacute; que al fin y al cabo<span class="pagenum"><a name="page176" id="page176"></a></span> Susana
+s&oacute;lo tuvo que defenderse de dos viejos petates y no de un hombre guapo,
+rico y joven a&uacute;n, como el cacique. Lucrecia, a lo que do&ntilde;a In&eacute;s
+entend&iacute;a, sucumbi&oacute;, aunque se mat&oacute; despu&eacute;s. Y en cuanto a Timoclea, tan
+ensalzada por Plutarco, y a la que el maced&oacute;n Alejandro concedi&oacute; su
+admiraci&oacute;n, todav&iacute;a do&ntilde;a In&eacute;s ten&iacute;a m&aacute;s que criticar, porque Timoclea,
+durante el saco de Tebas, no acert&oacute; a defenderse del capit&aacute;n de los
+tracios, y s&oacute;lo despu&eacute;s le mat&oacute; arroj&aacute;ndole a un pozo, porque aquel
+b&aacute;rbaro le pidi&oacute; dinero; de suerte que, si se lo hubiera dado, en vez de
+ped&iacute;rselo, &eacute;l hubiera quedado vivo y la anterior violencia impune.</p>
+
+<p>Raz&oacute;n ten&iacute;a, pues, do&ntilde;a In&eacute;s en seguir admirando a Juanita; en decirle,
+como le dijo, que se alegrar&iacute;a de tenerla por madre pol&iacute;tica; en
+desistir con gusto de que Juanita se hiciese monja para que no eclipsase
+a la Monja Alf&eacute;rez y fuese la Monja Generala, y en ofrecerle para el
+regalo de su boda la cantidad que pensaba dar para la dote de su monj&iacute;o.</p>
+
+<p>Llamada por Juanita, acudi&oacute; Rafaela, que se qued&oacute; estupefacta y
+boquiabierta al ver all&iacute; a do&ntilde;a In&eacute;s, a quien acompa&ntilde;&oacute; a su casa. Do&ntilde;a
+In&eacute;s prometi&oacute; volver con don Alvaro a las diez y media.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="XLV" id="XLV"></a>XLV</h2>
+
+<p>Cuando Juanita se qued&oacute; sola se lav&oacute; la cara y las manos, se alis&oacute; el
+pelo y sac&oacute; del armario el famoso vestido de seda regalo de don Paco.</p>
+
+<p>Ella hab&iacute;a tenido cuidado de refrescarlo y de modificarlo, dej&aacute;ndola a
+la moda del d&iacute;a. Con tela que ten&iacute;a de sobra el corte, y que ella hab&iacute;a
+guardado, se hab&iacute;a hecho un nuevo corpi&ntilde;o de medio escote, a prop&oacute;sito
+para recepciones y tertulias. Se puso este vestido, se mir&oacute; al espejo y
+qued&oacute; muy satisfecha encontr&aacute;ndose bien.</p>
+
+<p>Al volver Rafaela y al ver a Juanita vestida de gala, tuvo nuevo motivo
+de admiraci&oacute;n.</p>
+
+<p>Juanita y la criada encendieron despu&eacute;s los tres velones que ten&iacute;an,
+cada uno con cuatro mecheros.</p>
+
+<p>Encendieron adem&aacute;s veinte o veintid&oacute;s velas de cera, y lo iluminaron
+todo tan ricamente, que la casa parec&iacute;a aderezada para una solemne
+fiesta.</p>
+
+<p>A poco lleg&oacute; Juana la Larga, no trastornada, porque era sobria y
+prudente, pero algo sobreexcitada y de buen humor por <span class="pagenum"><a name="page177" id="page177"></a></span>haber presidido
+la op&iacute;para cena en casa de don Andr&eacute;s Rubio, cenando entre el rey David
+y San Pedro.</p>
+
+<p>Al ver Juana la Larga la iluminaci&oacute;n que en su casa hab&iacute;a, y cuyo fin
+ignoraba, recel&oacute; por un instante que se hab&iacute;a excedido en beber vino y
+que a causa de aquel exceso ve&iacute;a tantas luces.</p>
+
+<p>Pronto la tranquiliz&oacute; Juanita explic&aacute;ndoselo todo.</p>
+
+<p>Juana se puso m&aacute;s contenta que unas pascuas.</p>
+
+<p>No bien dieron las diez y media entraron casi a la vez todos los
+convidados. Eran estos do&ntilde;a In&eacute;s y don Alvaro, don Andr&eacute;s Rubio, el
+maestro de escuela don Pascual, el tendero murciano y do&ntilde;a Encarnaci&oacute;n,
+su mujer; el padre Anselmo y don Paco, personaje principal de la fiesta.
+Ven&iacute;a este hecho un brinquillo, muy bien afeitado y peinado, con la
+levita nueva, regalo y obra de Juanita, y en el ojal con la
+condecoraci&oacute;n azul que ella le hab&iacute;a concedido.</p>
+
+<p>Todos estaban ya informados de lo que iba a suceder, unos directamente
+por Juanita, seg&uacute;n ya hemos visto, y otros por medio del maestro de
+escuela, a quien Juanita hab&iacute;a dado el encargo de convidarlos. No
+fueron, pues, indispensables ni discursos ni explicaciones. Rein&oacute; all&iacute;
+muy cordial alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Rafaela, auxiliada por Calvete, a quien llam&oacute; para este fin, sirvi&oacute; un
+delicado piscolabis. Para los que no hab&iacute;an cenado o ten&iacute;an suficiente
+capacidad estomacal hubo chocolate con hojaldres y con torta de aceite;
+y para todos, mostachones, roscos y bizcochos de espumilla con mistela y
+dos o tres clases de rosolis.</p>
+
+<p>Cuando cundi&oacute; el regocijo y se aument&oacute; la animaci&oacute;n de todos, Juanita
+los form&oacute; en c&iacute;rculo, asidos de las manos, y se puso a cantar con mucha
+gracia y con muy afinada y buena voz, aunque no hab&iacute;a estudiado m&uacute;sica,
+el c&eacute;lebre cantar del conde de Cabra:</p>
+
+<div class="center">Yo no quiero al conde de Cabra,<br />
+conde Cabra, &iexcl;triste de m&iacute;!,<br />
+que a quien quiero solamente,<br />
+solamente es, &iexcl;ay!, a ti.</div><br />
+
+<p>Al cantar ese &laquo;&iexcl;ay!, a ti&raquo;, Juanita mir&oacute; con ojos muy dulces a don Paco.
+Luego sigui&oacute; cantando:</p>
+
+<div class="center">Arroz con leche,<br />
+me quiero casar<br />
+con un guapo mozo<br />
+de porte real.</div><br />
+<p><span class="pagenum"><a name="page178" id="page178"></a></span></p>
+
+<p>Y tocando con sus manos en los hombros de cuantos hab&iacute;a en el corro, sin
+excluir al cura, que la miraba complacido, Juanita fue diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Ni con este, ni con este, ni con este.</p>
+
+<p>Al llegar a don Paco, que dej&oacute; Juanita para lo &uacute;ltimo, dijo: &laquo;Sino con
+este&raquo;, y le dio un abrazo muy apretado.</p>
+
+<p>Don Paco la tom&oacute; por la cintura, la chill&oacute;, la aup&oacute; y la levant&oacute; a pulso
+dos o tres veces en el aire.</p>
+
+<p>Todos aplaudieron y gritaron:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que vivan los novios!</p>
+
+<p>Anunciada ya la boda para lo m&aacute;s pronto posible, los futuros esposos
+fueron felicitados.</p>
+
+<p>El padre Anselmo, viendo que don Andr&eacute;s y los se&ntilde;ores de Roldán hac&iacute;an
+regalos muy lucidos, no quiso ser menos, hasta donde sus recursos lo
+consintieran. Y con el fin de que su regalo tuviese el significado de
+retractaci&oacute;n y palinodia, prometi&oacute; hacer venir de Madrid un lujoso corte
+para un vestido de seda.</p>
+
+<p>El maestro don Pascual estaba harto mal de dinero, pero ten&iacute;a buenos
+libros, y quiso dar inmediatamente, para regalo, a Juanita algunos tomos
+de la Biblioteca de Ribadeneyra, entre ellos <i>El Romancero general</i> y
+las <i>Comedias</i> Tirso, a cuyas hero&iacute;nas era Juanita muy semejante por lo
+desenfadada y traviesa.</p>
+
+<p>Don Ram&oacute;n, que tra&iacute;a en cartera el pagar&eacute; para que Juana lo refrendase y
+pusiese en &eacute;l su visto bueno, en vez de dar o prometer, recibi&oacute;, por lo
+pronto, las veinticinco onzas peluconas, o sean los ocho mil reales.
+Pero don Ram&oacute;n se sinti&oacute; estimulado a competir y hasta a vencer su
+generosidad a los otros. Dijo al o&iacute;do a su mujer el prurito que sent&iacute;a
+de ser generoso y do&ntilde;a Encarnaci&oacute;n tuvo que dominarse para no ara&ntilde;arle.
+La generosidad triunf&oacute;, a pesar de todo, en el coraz&oacute;n del tendero
+murciano.</p>
+
+<p>&mdash;Juanita&mdash;dijo&mdash;, yo te doy dos mil reales para que te merques un
+hermoso brazalete de oro, diamantes y perlas.</p>
+
+<p>Al hablar as&iacute;, don Ram&oacute;n devolvi&oacute; a Juanita el pagar&eacute; que ella hab&iacute;a
+firmado. En seguida a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Seg&uacute;n el pagar&eacute;, t&uacute; me eres deudora de diez mil reales, y como me has
+dado ocho mil, me debes dos mil a&uacute;n. Yo te los perdono.</p>
+
+<p>La generosidad de don Ram&oacute;n fue solemnizada por toda la concurrencia con
+los m&aacute;s ruidosos aplausos.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' /><p><span class="pagenum"><a name="page179" id="page179"></a></span></p>
+
+<p>Veinte d&iacute;as despu&eacute;s de lo que acabamos de contar se celebraron las bodas
+de Juanita y don Paco.</p>
+
+<p>Los mozos del lugar no prescindieron de la cencerrada que deb&iacute;a darse a
+don Paco como viudo.</p>
+
+<p>El y Juanita la oyeron c&oacute;moda y alegremente desde la casa y alcoba de
+don Paco, donde Juanita estaba ya, sin que hasta la una de la noche los
+molestase el desvelo que pod&iacute;a causar aquel ruido. Ces&oacute; este al fin,
+convirti&eacute;ndose en vivas y aclamaciones, merced a la simpat&iacute;a que
+inspiraban los novios y a una arroba de vino generoso y a bastantes
+hornazos y bollos que el alguacil y su mujer repartieron entre los
+tocadores de los cencerros.</p>
+
+<p>As&iacute; don Paco se durmi&oacute; al fin con reposo y merced al silencio, y tambi&eacute;n
+se durmi&oacute; Juanita, a la vera suya, como mansa cordera y no como fiera
+leona; suave y graciosa como Jerusal&eacute;n y no terrible como un escuadr&oacute;n
+de Caballer&iacute;a.</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="EPILOGO" id="EPILOGO"></a>EPILOGO</h2>
+
+<p>Despu&eacute;s de los sucesos referidos han pasado seis o siete a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Posible es, por m&aacute;s que a m&iacute; no me apesadumbre, que los personajes
+principales que en esta historia figuran a nadie interesen; pero como yo
+he tenido que tratar con ellos y que describir sus caracteres, les he
+cobrado bastante afici&oacute;n, despertando en mi alma curioso inter&eacute;s la
+situaci&oacute;n y t&eacute;rmino en que hoy se hallan.</p>
+
+<p>Interrogado por m&iacute; el diputado novel a quien debo el relato, me ha
+comunicado las noticias que voy a transcribir como contera o remate,
+aunque los cr&iacute;ticos lo tachen de superfluo.</p>
+
+<p>Don Paco sigue gozando de la privanza del cacique y gobernando en su
+nombre cuanto hay que gobernar en la villa. Juanita, casada con &eacute;l, le
+adora, le mima y le ha dado dos hermos&iacute;simos pimpollos: una ni&ntilde;a, que se
+llama Juanita la Larga, tercera de este nombre y apellido, y que promete
+valer tanto como su madre, porque ya es muy linda, picotera y graciosa;
+y un Ricardito, como su abuelo materno, que es un diablejo, &aacute;gil,
+robusto y bullicioso, por lo que sus padres le destinan a que sea,
+tambi&eacute;n como su abuelo, oficial de Caballer&iacute;a.</p>
+
+<p>Juanita no ha embarnecido. Est&aacute; gallarda y bonita como siempre. Se viste
+de seda, sin que el padre Anselmo la censure en sus sermones, y parece
+una princesa encantada, pues no pasan d&iacute;as por ella. Tampoco envejece
+don Paco, porque la felicidad mantiene, conserva y hasta remoza, y &eacute;l es
+feliz de veras.</p>
+
+<p>El pobre don Alvaro de Roldán es el que est&aacute; muy averiado. Hace ya
+tiempo que se qued&oacute; lelo, paral&iacute;tico y con los dedos engarabitados. No
+se sabe si es falta de la lengua o de alg&uacute;n otro &oacute;rgano del aparato
+vocal; pero lo cierto es que ya no puede decir ni dice, sino:</p><p><span class="pagenum"><a name="page181" id="page181"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;Ta, ta, ta, ta, ta.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s le cuida con esmero y cari&ntilde;o de esposa; pero como es tan
+moralizadora y tan conmocionante, le reprende a menudo con suavidad.</p>
+
+<p>Cuando, a pesar de su deplorable situaci&oacute;n, a Serafina, que le cuida, la
+mira con ojos encandilados y lo ve do&ntilde;a In&eacute;s, esta le dice:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es posible, Alvarito, que no te abandone el demonio que te posee? &iexcl;El
+vicio, que huye de todo tu cuerpo, se te mete en la cabeza y no te deja!
+&iexcl;Da asco y verg&uuml;enza!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ta, ta, ta, ta, ta!&mdash;contesta don Alvaro. Si por se&ntilde;as se queja del
+est&oacute;mago o del vientre, que le muge como si tuviera all&iacute;, no una
+borrega, sino dos o tres becerras, do&ntilde;a In&eacute;s exclama:</p>
+
+<p>&mdash;Si te lo tengo dicho mil y mil veces: siempre has sido un glot&oacute;n de
+siete suelas; pero ya, hijo m&iacute;o, no est&aacute;s para eso. Tus fuerzas
+digestivas son muy pocas. Menester es que te moderes y que seas sobrio
+si no quieres reventar el d&iacute;a menos pensado.</p>
+
+<p>Y don Alvaro responde:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ta, ta, ta, ta, ta!</p>
+
+<p>Calvete, que ha pasado de zagal&oacute;n a ser un mozo muy gentil y brioso, que
+es al mismo tiempo travieso y m&aacute;s malo que la quina, viendo que don
+Alvaro no puede quejarse de sus travesuras, ya que ni habla ni escribe,
+se deleita a menudo en ponerle furioso.</p>
+
+<p>Para ello acude a Serafina, que est&aacute; muy frescachona y floreciente y que
+sigue tan regocijada como en su primera juventud. En las barbas de don
+Alvaro se pone el bellaco de Calvete a retozar amorosamente con
+Serafina; y don Alvaro, fuera de s&iacute;, con espumarajos en la boca, grita
+como un energ&uacute;meno:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ta, ta, ta, ta, ta!</p>
+
+<p>Y cada &laquo;ta&raquo;, por el tono con que don Alvaro lo suelta, parece un cent&oacute;n
+de blasfemia y una letan&iacute;a de maldiciones.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s suele acudir entonces, y dice:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; chillas tanto, diantre de hombre? Lo que t&uacute; padeces nada vale
+en comparaci&oacute;n de la hiel y vinagre que dieron a Cristo. &iquest;Piensas t&uacute; que
+chill&oacute; nunca Job en el muladar tanto como t&uacute; chillas ahora? &iexcl;Sufre y
+ganar&aacute;s el cielo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ta, ta, ta, ta, ta!&mdash;dice don Alvaro, algo resignado. Do&ntilde;a In&eacute;s suele
+tambi&eacute;n moverse a compasi&oacute;n y dice a Calvete:</p><p><span class="pagenum"><a name="page182" id="page182"></a></span></p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muchacho!, haz alguna de tus chuscadas para que el se&ntilde;or se distraiga
+y regocije.</p>
+
+<p>Y contesta Calvete:</p>
+
+<p>&mdash;Pues si las hago a manta y el se&ntilde;or rabia y chilla m&aacute;s. Como est&aacute; tan
+jaquecoso....</p>
+
+<p>Y exclama don Alvaro:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ta, ta, ta, ta, ta!</p>
+
+<p>Se cuenta en el lugar&mdash;casi no queremos creerlo&mdash;que cuando est&aacute; don
+Alvaro muy mal y siente f&iacute;sicamente muchos dolores arma tan incesante y
+fatigosa retah&iacute;la de &laquo;ta, ta, ta&raquo;, que aburre a todo el mundo, alborota
+la casa y hace que do&ntilde;a In&eacute;s pierda la circunspecci&oacute;n y la paciencia que
+ella suele recomendar, llegando una o dos veces hasta decir a su marido:</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate, hombre indigno, y padece por el amor de Dios, que no sin
+justo motivo te castiga. No te ver&iacute;as as&iacute; s&iacute; no hubieras tenido una vida
+tan depravada. Y, al fin, yo creo que te quejas un poco de vicio. T&uacute;
+tienes miedo porque piensas que te vas a morir. Ya, ya; bien pesado has
+sido para todo y me parece que vas a serlo tambi&eacute;n para morirte.</p>
+
+<p>Y como don Alvaro contesta con acento muy triste: &laquo;&iexcl;Ta, ta, ta, ta,
+ta!&raquo;, el noble coraz&oacute;n de su esposa se enternece; y arrepentida ella de
+las frases duras que se le han escapado, se acerca a don Alvaro con
+cari&ntilde;o, y para funci&oacute;n de desagravios le da un blando cogotazo, le pasa
+la blanca mano por la papada y le pega en las narices un amoroso
+capirotazo.</p>
+
+<p>Don Alvaro sonr&iacute;e consolado, y, beatificado, exclama:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ta, ta, ta, ta, ta!</p>
+
+<p>As&iacute; va tirando a&uacute;n el ilustre descendiente, seg&uacute;n pretende su
+ejecutoria, del m&aacute;s heroico de los doce pares.</p>
+
+<p>En cuanto a do&ntilde;a In&eacute;s, afirma mi amigo el diputado que est&aacute; hermosa y
+fresca todav&iacute;a, y que pudiera hacer el papel de Ang&eacute;lica, aunque algo
+metida en carnes. Conserva todas sus virtudes, incluso la prol&iacute;fica, y
+en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os ha conseguido que los v&aacute;stagos de su ilustre casa
+lleguen a la docena.</p>
+
+<p>El cacique permanece soltero e imperando en el lugar con la sabidur&iacute;a y
+la moderaci&oacute;n de los Antonios en Roma.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora do&ntilde;a Agustina Sol&iacute;s y Montes de Allende el Agua ha sufrido con
+resignaci&oacute;n algunos reveses de fortuna. Entre otros, ha perdido un
+pleito de importancia. Sus rentas han quedado reducidas a menos de la
+mitad. Apenas tendr&aacute; ahora doce mil reales al a&ntilde;o. La disminuci&oacute;n de sus
+rentas, en vez de disminuir, ha aumentado <span class="pagenum"><a name="page183" id="page183"></a></span>sus ganas de casarse. Ha
+buscado compa&ntilde;&iacute;a dom&eacute;stica que la consuele. Y tal vez por no encontrar
+partido mejor ha apechugado con el boticario don Policarpo, el cual, si
+bien es feo, es inteligente y tan gracioso que nadie debe maravillarse
+de que seduzca y enamore con su labia a una mujer de talento. Do&ntilde;a
+Agustina, adem&aacute;s, se manifiesta muy ufana de haber vencido la
+repugnancia al matrimonio de tan pertinaz solter&oacute;n, y lo que es m&aacute;s
+trascendental, de haber tra&iacute;do al gremio de los fieles a aquel imp&iacute;o
+extraviado, que ahora va a misa y cumple con todos los preceptos.</p>
+
+<p>A lo que se presume, desde que do&ntilde;a Agustina empez&oacute; a mostr&aacute;rsele
+propicia, don Policarpo discurri&oacute; sobre poco m&aacute;s o menos de esta suerte:</p>
+
+<p>&laquo;No se comprende ni se explica c&oacute;mo el proceso evolutivo del ser, aunque
+haya durado millones de a&ntilde;os, por el concurso fortuito de los &aacute;tomos, y
+por su fatal y ciego prurito y constante tendencia a la perfecci&oacute;n, ha
+podido aparecer sobre nuestro planeta, despu&eacute;s de prolongad&iacute;sima serie
+de transformaciones, un mam&iacute;fero tan primoroso y apetecible como do&ntilde;a
+Agustina, dotado, adem&aacute;s, de claro entendimiento y de voluntad tan
+benigna y con el portentoso don de la palabra, que le sirve para
+transmitir las ideas agradables en contestaci&oacute;n a las que salen de mi
+cabeza y a las voliciones de mi coraz&oacute;n. Acrecienta lo inexplicable de
+este prodigio, si no presuponemos una Providencia personal y
+sapient&iacute;sima que todo lo dirige, el que posea a&uacute;n el mencionado mam&iacute;fero
+doce mil reales de renta y el que se vista y calce con sumo primor,
+elegancia y decoro, lo cual implica, por un lado, el desenvolvimiento de
+la sociedad a trav&eacute;s de los siglos para crear las leyes, para hacer que
+haya herencia y propiedades individuales; e implica por otro lado, seg&uacute;n
+se comprende muy bien cuando se estudia la econom&iacute;a pol&iacute;tica, la
+multitud de milagros del comercio, de la industria, de las artes
+textiles, indumentarias y de curtidos de cueros, y otras mil agudas
+invenciones, como la divisi&oacute;n del trabajo y como el objeto que vale por
+s&iacute; y representa adem&aacute;s y mide con exactitud lo que valen los otros
+objetos, facilitando la circulaci&oacute;n y los cambios, sobre todo si se le
+a&ntilde;ade cierto descubrimiento m&aacute;s sutil a&uacute;n, o sea, la virtud
+representativa de todo lo que vale por algo que por s&iacute; vale poco o nada
+y que se llama cr&eacute;dito, dif&iacute;cil de adquirir, no obstante, pues yo
+carezco de &eacute;l, aunque lo deseo. La primera causa de todo lo cual es
+absurdo que sea el acaso, sino una potencia suprema y anterior a todo,
+la cual dio el impulso inicial al linaje <span class="pagenum"><a name="page184" id="page184"></a></span>humano, le marc&oacute; el camino y
+gui&oacute; con orden su marcha por la interminable senda del progreso.&raquo;</p>
+
+<p>Esto o algo por el estilo pensaba don Policarpo, y era creyente.</p>
+
+<p>En aras de su amor a do&ntilde;a Agustina y de su renaciente fe, se cort&oacute;
+aquella u&ntilde;a maldita del dedo me&ntilde;ique, vara de virtudes de Satan&aacute;s, y no
+volvi&oacute; a electrizar, ni a magnetizar, ni a encender candiles, ni a tirar
+ca&ntilde;onazos con ella.</p>
+
+<p>Se cort&oacute; la u&ntilde;a como se cortan los toreros la coleta cuando dejan de
+torear y se retiran a la vida privada.</p>
+
+<p>Se cort&oacute; la u&ntilde;a despoj&aacute;ndose de sus fuerzas taumat&uacute;rgicas y
+teratol&oacute;gicas, por obra y gracia de las tijeras de do&ntilde;a Agustina, que
+fue la piadosa Dalila de este Sans&oacute;n de nuevo cu&ntilde;o.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Agustina, sobre un fondo de raso color de p&uacute;rpura, para que
+resaltase mejor, coloc&oacute; y guard&oacute; la u&ntilde;a como trofeo de su victoria en un
+passe-partout muy bonito que coloc&oacute; en su alcoba.</p>
+
+<p>Por bajo de la u&ntilde;a quiso poner un letrero explicatorio, y rog&oacute; a don
+Andr&eacute;s que lo pusiese. Don Andr&eacute;s, que, como ya sabemos era muy erudito
+y que as&iacute; mismo era algo guas&oacute;n, record&oacute; el cambio glorioso de Napole&oacute;n
+I en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida, y no creyendo menos glorioso el cambio
+del boticario, le aplic&oacute; los versos de Manzoni y escribi&oacute; de buena
+letra, por bajo de la u&ntilde;a y defendido todo por un cristal:</p>
+
+<div class="center"><i>Bella</i>, <i>immortal</i>, <i>ben&eacute;fica</i>,<br />
+<i>fede ai trionfi avezza</i>,<br />
+<i>scrivi ancor questo</i>.</div><br />
+
+<p>Juana la Larga es dichos&iacute;sima al ver la felicidad de su hija y de su
+yerno; adora a sus nietecillos, los consiente, los mima y les r&iacute;e todas
+las gracias, hasta las m&aacute;s pesadas y olorosas.</p>
+
+<p>Para que se cr&iacute;en robustos, despu&eacute;s que los ha amamantado Juanita, Juana
+los desteta con chorizos, longaniza y asadura de cerdo.</p>
+
+<p>Su actividad culinaria no decae, a pesar de su edad. Sigue haciendo la
+matanza, la carne de membrillo, el arrope y las frutas de sart&eacute;n en las
+casas m&aacute;s principales. Ha importado nuevos guisos en la cocina local y
+hasta inventado dos o tres, con sorpresa y general aplauso de los
+gastr&oacute;nomos.</p>
+
+<p>El padre Anselmo est&aacute; achacosillo y muy viejo, pero alegre y sereno con
+la esperanza de su tr&aacute;nsito a mejor vida. Ya no le pesa, <span class="pagenum"><a name="page185" id="page185"></a></span>antes se
+regocija, de que Juanita no sea monja, porque la quiere mucho y se le
+cae la baba cuando la ve tan hermosa y cuando oye su dulce voz y sus
+discretas razones.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a In&eacute;s, no obstante, sigue siendo su preferida, por lo m&iacute;stica que es
+y por la mucha teolog&iacute;a que sabe.</p>
+
+<p>Por &uacute;ltimo, el diputado novel ha pedido y recibido con frecuencia las
+noticias que de Anto&ntilde;uelo se tienen en el lugar. All&aacute; en el R&iacute;o de la
+Plata adonde el cacique le oblig&oacute; a que emigrase, se dedic&oacute; al comercio
+y prosper&oacute; mucho. Aunque nunca quiso inscribirse en el Consulado, por
+ahorrarse tres o cuatro duros, acudi&oacute; con frecuencia a la Legaci&oacute;n
+pidiendo que Espa&ntilde;a reclamase diplom&aacute;ticamente en su favor contra mil
+agravios y danos que del Gobierno argentino hab&iacute;a recibido, y que
+exigiese, con amenazas de bombardeo, que dicho Gobierno le diera una
+indemnizaci&oacute;n muy cuantiosa. Pero ni le indemnizaron de nada ni por amor
+suyo hubo bombardeo, y &eacute;l adquiri&oacute; tan mala reputaci&oacute;n y cr&eacute;dito, que
+consider&oacute; prudente irse a Cuba. Ya en La Habana, como es mozo gentil y
+de rostro blanco y sonrosado, logr&oacute; cautivar el sensible coraz&oacute;n de una
+rica heredera, muy subidita de color. Casado con ella, vivi&oacute; con tanta
+pompa y decoro, dando comidas y saraos y paseando en quitr&iacute;n, acompa&ntilde;ado
+de su mujer, tan ricamente vestida que parec&iacute;a la reina de Saba, que se
+empe&ntilde;&oacute;, hipotec&oacute; los predios urbanos y r&uacute;sticos y acab&oacute; por tener m&aacute;s
+deudas que pelos en la cabeza.</p>
+
+<p>A lo que parece, a fin de consolarle y de remediarse, se ha hecho ahora
+partidario de la independencia de la Perla de las Antillas, y ya sue&ntilde;a
+con ser en Cuba libre un dictador como el doctor Francia en el Paraguay
+o como Rosas en Buenos Aires, o un emperador como Faustino I en Hait&iacute;,
+aunque tenga que tiznarse con holl&iacute;n; ya con m&aacute;s modestia, forma un plan
+que muchas personas creen desatino, aunque tal vez no lo sea. Espera que
+por filibustero y laborante le secuestren los bienes, porque entonces,
+seg&uacute;n dice, se ir&aacute; a Nueva York, se har&aacute; ciudadano de la gran Rep&uacute;blica,
+y, nuevo Coriolano espa&ntilde;ol, obligar&aacute; a su ingrata patria a darle una
+indemnizaci&oacute;n <i>di primo cartello</i>. Aunque tenga que ceder a los
+Fabricios, Cincinatos y Catones de escalera abajo y de quinta clase, que
+acaso haya en las orillas del Potomac, las cuatro quintas partes de lo
+que se extraiga a la paciente y semiforzada longanimidad de Espa&ntilde;a,
+siempre le quedar&aacute; otra quinta parte, con la cual podr&aacute; vivir como un
+pr&iacute;ncipe en una magn&iacute;fica casa de la Quinta Avenida. All&iacute; brillar&aacute; su
+morena consorte, que habla <span class="pagenum"><a name="page186" id="page186"></a></span>ya el idioma de Shakespeare y de Milton,
+como la m&aacute;s ilustrada <i>talkative</i> y <i>funny</i> inglesita.</p>
+
+<div class="center">De la fecunda zona,<br />
+que al sol enamorado circunscribe<br />
+el vago curso, y cuanto ser se anima<br />
+en cada vario clima,<br />
+acariciada de su luz, concibe.</div><br />
+
+<pre>
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Juanita La Larga, by Juan Valera
+
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+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
+this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
+keeping this work in the same format with its attached full Project
+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
+
+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
+a constant state of change. If you are outside the United States, check
+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
+before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
+creating derivative works based on this work or any other Project
+Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning
+the copyright status of any work in any country outside the United
+States.
+
+1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
+
+1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate
+access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
+whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
+phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
+Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
+copied or distributed:
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
+from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
+posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
+and distributed to anyone in the United States without paying any fees
+or charges. If you are redistributing or providing access to a work
+with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
+work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
+Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
+1.E.9.
+
+1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
+with the permission of the copyright holder, your use and distribution
+must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
+terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked
+to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
+permission of the copyright holder found at the beginning of this work.
+
+1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
+License terms from this work, or any files containing a part of this
+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
+
+1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
+electronic work, or any part of this electronic work, without
+prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
+active links or immediate access to the full terms of the Project
+Gutenberg-tm License.
+
+1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
+compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
+word processing or hypertext form. However, if you provide access to or
+distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
+"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
+posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
+you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
+copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
+request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
+License as specified in paragraph 1.E.1.
+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
+performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
+unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
+
+1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
+access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
+that
+
+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
+ owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
+- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
+"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
+corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
+property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
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+of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
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+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
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+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
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+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
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+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
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+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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